Ciorgio^gambcn

Inf
ancia e historia
Destrucción de l exeriencia
y origen d l historia
Tr
aducción de Silvia Matroni
1drÍana tÍdaÌ_o cdÍtora
Agamben, Giorgio.
Infancia e historia.-2;. ed., Za reimp.
Buenos Aires : Adriana Hidalgo edicra, 2007
224 p.; l9xl3 cm.- (flosofa e historia)
Traducido por: Silvia Mattoni.
ISBN 978-987-9396-53-7
l. Ensayo Filos6fco Histórico. l. Manoni, Silvio, trad. Il. Título
CDD 854
flosofa e hitoria
Tí rulo original: lnfnzia e storia
Traducción de Silvia Mattoni
Editor:
Fabián Lebenglik
Oiseio de cubierta e interiores:
Eduardo Srupía y Gabriela Di Giuseppe
© Giulio Einaudi, Torino, 1978 y 2001
© Adriana Hidalgo editora S.A., 2001, 2003, 2004; 200
7
Córdoba 836 - P 13 ¯ O f. 1301
(1054) Buenos Aires
e-mail: info@adríanahidalgo.com
ww .adrianahidalgo.com
ISBN: 978-987-9396-53-7
Impreso en Argentina
Printed in Argentina
Queda hecho el depósito que indica la ley 11.723
Prohibida la reproducción parcial o rotal sin permiso escrit
o
de la editorial. Todos los derechos reservados.
Infncia e hitoria
Ensayo sobre la destrucción de la experiencia
a Cludio Rugafor
¡Oh, matemáticos, aclaren el error!
El espíritu no tiene voz, porque donde
hay voz hay. cuerpo
LEONAO
1
En la actualidad, cualquier discurso sobre la experiencia
debe partir de la constatación de que ya no es algo realiza­
ble. Pues así como fe privado de su biografa, al hombre
contemporáneo se le ha expropiado su experiencia: más bien
la incapacidad de tener y transmitir experiencias quizás sea
uno de los pocos datos ciertos de que dispone sobre sí mis­
mo. Benjamín; que ya en 1 933 había diagnosticado con
precisión esa ((pobreza de experiencia' de la época moder-
na, señalaba sus causas en la catástrofe de la guerra mun.:
dial, de cuyos campos de batalla "la gente regresaba enmu­
decida ... no más rica, sino más pobre en experiencias
compartibles: .. Porque jamás ha habido experiencias tan
desmentidas como la$ estratégicas por la guerra de trinche­
ras, las económicas por la infación, las corporales por el
7
hambre, las morales por el tirano. Una generación que ha­
bía ido a la escuela en tranvías tirados por caballos, estaba
parada bajo el cielo en un paisaje en el cual solamente las
nubes seguían siendo iguales y en cuyo centro, en un cam­
po de fenas de corrientes destructivas y explosiones, esta­
ba el frágil y minúsculo cuerpo humano".
Sin embargo hoy sabemos que para efec la destrucción
de la eperiencia no se neceita en absoluto de una catástrofe y '
que para ello basta perfectamente con la pacífica eistencia
cotidiana en una gran ciudad. Pues la jorada del hombre con­
temporáneo ya casi no contiene nada que todavía pueda
traducirse en experiencia: ni la lectura del diario, t rica en
noticias que lo contemplan desde una insalvable lejanía, n los
minutos pasados al volante de un auto en un embotellamien­
to; tampoco e viaje a los inferos en los trenes del subterrá­
neo, ni la manifestación que de improviso bloquea la calle, ni
la niebla de los ge lacrimógenos que se disipa lentamente
entre los edicios del centro, ni siquiera los breves disparos de
un revólver retumbando en alguna parte; tampoco la cola fente
a las ventanillas de una ofcina o la visita a paí de Jauja del
supermercado, ni los momentos eternos de muda promiscui­
dad con desconocidos en el ascensor o en el ómnibus. El hom­
bre modero vuelve a la noche a su casa etenuado por un
fárrago de acontecimientos -ivertidos o tediosos, insólitos o
comunes, atroces o placenteros- sin que ninguno de ellos se
haya convertido en experiencia.
Esa incapacidad para traducirse en experiencia es lo que
vuelve hoy insoportable �omo nunca antes- la existencia
8
cotidiana, y no una supuesta mala calidad o insignifcancia
de la vida contemporánea respecto a la del pasado (al con­
trario, quizás la existencia cotidiana nunca fe más rica en
acontecimientos signifcativos). Es preciso aguardar al siglo
X para encontrar las primeras manifestaciones literarias
de la opresión de lo cotidiano. Si algunas célebres páginas
de El ser y el tiempo sobre la "banalidad" de lo cotidiano -en
las cuales la sociedad europea de entreguerras se sintió de­
masiado indinada a reconocerse- simplemente no hubie­
ran tenido sentido apenas un siglo antes, es precisamente
porque lo cotidiano -y no lo�extraordinario-- constituía la
materia prima de la experiencia que cada generación le trans­
mitía a la siguiente (a esto se debe lo infndado de los rela­
tos de viaje y de los bestiarios medievales, que no contienen
nada de "fantástico", sino que simplemente muestran cómo
en ningún caso lo extraordinario podría traducirse en expe­
riencia). Cada acontecimiento, en tanto que común e in­
signifcante, se volvía así la partícula de impureza en torno
a la cual la experiencia condensaba, como una perla, su
propia autoridad. Porque la experiencia no tiene su correlato
necesario en el conocimiento, sino en la autoridad, es decir,
en la palabta y el relato. Actualmente ya nadie parece dis­
poner de autoridad sufciente para garantizar una experien­
cia y, si dispone de ella, ni siquiera es rozado por la idea de
basar en una experiencia el fndamento de su propia auto­
ridad. Por el contrario, lo que caracteriza al tiempo presente
es que toda autoridad se fndamenta en lo inexperimentable
y nadie podría aceptar como válida una autoridad cuyo úni-
9
co título de legitimación fese una experiencia. (Efrechazo a
las razones de la experiencia de parte de los movimientos ju­
veniles es una prueba elocuente de ello.)
De allí la desaparición de la máxima y del proverbio, que
eran las formas en que la experiencia se situaba como auto­
ridad. El eslogan que los ha reemplazado es el proverbio de
una humanidad que ha perdido la experiencia. Lo cual no
significa que hoy ya no existan experiencias. Pero éstas se
efectúan fuera del hombre. Y curiosamente e hombre se
queda contemplándolas con alivio. Desde este punto de vista,
resulta particularmente instructiva una visita a un museo o
a un lugar de peregrinaje turístico. Frente a las mayores
maravillas de la tierra (por ejemplo, el Patio d los lones en
la Alhambra), la aplastante mayoría de la humanidad se
niega a adquirir una experiencia: prefere que la experiencia
sea capturada por la máquina de fotos. Naturalmente, no
se trata de deplora esa realidad, sino de tenerla en cuenta.
Ya que tal vez en el fondo de ese rechazo en apariencia de­
mente se esconda u germen de sabiduría donde podamos
adivinar la semilla en hibernación de una experiencia futú­
ra. La tarea que nos proponemos -recogiendo la herencia
del programa benjaminiano "de la filosofía 'enidera"- es
preparar el lugar lógico donde esa semilla pueda alcanzar su
maduración.
1 o
Glosa
Un relato de Tieck, que se titula "L superfluo
en la vida", nos muestra a una pareja de amantes
arruinados que poco a poco renuncian a todos los
bienes y a toda actividad externa y terminan vivien­
do encerrados en su habitación. Finalmente, ya sin
disponer de leña para el fego, para calentarse que;
man también la escalera de madera que conectabd
su habitación con el resto de la casa y quedan aisla¸
dos del mundo exterior, sin otra posciión y sin otd
ocupación que su amor . . Esa escalera -nos da a en­
tender Tieck- es la experiencia, que ellos sacrifc±
en las llamas del "conocimiento puro". Cuando el
dueño de casa (que representa las raones de la expe.
riencia) regresa y busca la vieja escalera que condu­
cía al piso alquilado a los dos jóvenes inquilinos,
Enrique (es el nombre del protagonista) lo ridiculi­
z con estas palabras: "Pretende basarse en la vieja
experiencia del que permanece en el piso y quiere
moverse lentamente, subiendo un peldaño después
de otro, hasta la más alta comprensión, pero nunca
podrá alcanz nuestra intuición inmediata, pues
nosotros ya hemos abolido todos esos triviales mo­
mentos de la experiencia y de la sucesión para sacri­
fcarlos al conocimiento puro, siguiendo la antigua
ley de los Parsis,.con la llama que limpia y vivifica".
1 1
Tieck justifica la supresión de la escalera, es de­
cir, de la experiencia, como una "filosofía de la
pobreza que les impuso el destino". Una similar
"flosofía de la pobreza" puede explicat el actual
rechazo a la experiencia de parte de los jóvenes (aun-·
que no sólo de los jóvenes: indios metropolitanos y
turistas, hippies y padres de familia están manco­
munados -mucho más de lo que estatían dispues­
tos a reconocer- por una idéntica expropiación de
la experiencia). Pues son como aquellos personajes
de historieta de nuestra infancia que pueden cami­
nar en el vacío hasta tanto no se den cuenta de
ello: si lo advierten, si lo experimentan, caen irre­
mediablemente.
Por eso, si bien su condición es objetivamente
terrible, nunca se vio sin embargo un espectáculo
más repugnante de una generación de adultos que
tras haber destruido hasta la última posibilidad
de una experiencia auténtica, le reprocha su mi­
seria a una juventud que ya no es capaz de expe­
riencia. En un momento en que se le quisiera
imponer a una humanidad a la que de hecho le
ha sido expropiada la experiencia una experiencia
manipulada y guiada como en un laberinto para
ratas, cuando la única experiencia posible es ho­
rror o mentira, el rechazo a la experiencia puede
entonces constituir -provisoriamente- una defen­
sa legítima.
12
Incluso la actual toxicomanía de masas debe ser
vista en la perspectiva de esa destrucción de la ex­
periencia. Quienes descubrieron la droga en el si­
glo X (acaso los menos lúcidos entre ellos) toda­
vía podían abrigar la ilusión de que efectuaban una
nueva experiencia, mientras que para los hombres
actuales ya sólo se trata de desembarazarse de toda
expenenc1a.
11
En cierto sentido, la expropiación de la experiencia esta­
ba implícita en el proyecto fndamental de la ciencia mo­
derna. "La experiencia, si se encuentra espontáneamente,
se llama 'caso', si es expresamente buscada tora el nombre
de 'experimento'. Pero la experiencia común no es más que
una escoba rota, un proceder a tientas como quien de no­
che fuera merodeando aquí y allá con la esperanza de acer­
tar el camino justo, cuando sería mucho más útil y pruden­
te esperar el día, encender una luz y luego
dar eón la calle.
El verdadero orden de la experiencia comienza al encender
la luz; después se alumbra el camino, empezando por la
experiencia ordenada y madura, y no por
aquella discontinua
13
y enrevesada; primero deduce los axiomas y luego procede
con nuevos experimentos". En esta frase de Francis Bacon,
la experiencia en sentido tradicional -la que se traduce en
máximas y proverbios- ya es condenada sin apelación. La
distinción entre verdd d hecho y verdd de raz6n
(que
Leibniz formula al afrmar que "cuando se espera
que ma­
ñana salga el sol, se actúa empíricamente, porque ha pasa­
do siempre así hasta hoy. Sólo el astrónomo juzga
con ra­
zón") sancionó ulteriormente esa condena. Pues
contraria­
mente a lo que se ha repetido con frecuencia, la ciencia
·
moderna nace de una desconfianza sin precedentes en rela­
ción a la experiencia tal como era tradicionalmente enten­
dida (Bacon la define como una "selva" y un "laberinto"
donde
pretende poner orden). De la mirada en el persicillum de
Galileo no surgirán fdelidad y fe en la experiencia, sino la
duda de Descartes y su célebre hipótesis de un demonio cuya
única ocupación consistiera en engañar nuestros sentidos.
La certificación científca de la experiencia que se efec­
túa en el experimento -que permite deducir las impresio­
nes sensibles con la exactitud de determinaciones cuantita­
tivas y por ende prever impresiones fturas-responde a esa
pérdida de certeza que
desplaza la experiencia lo más afera
posible del hombre: a los instrumentos y a los números.
Pero de este modo la experiencia tradicional perdía en rea­
lidad todo
valor. Porque como lo muestra la última obra de
la cultura
europea que todavía se fnda íntegramente en la
experiencia: los Ensayos de Montaigne, la experiencia es in­
compatible con la certeza, y una experiencia convertida en .
14
calculable y cierta pierde inmediatamente su autoridad. No
se puede formular una máxima ni contar una historia allí
donde rige una ley científca. La experiencia de la que
Montaigne se ocupa estaba tan poco inclinada hacia h cien­
cia que éste defne su material como un "subjet informe,
qui ne peut rentrer en production ouvragere"1 y en el cual
no es posible fndar ningún juicio constante ("il n'y a aucune
constante existence, ny de notre estre, ny de celui des
objects ... Ainsin il ne �e peut establir ríen de certain de !'un
' 1'
"2
) autre... .
La idea de una experiencia separada del conocimiento se
ha vuelto para nosotros tan extraña que hemos olvidado
que, hasta el nacimiento de la ciencia moderna, experiencia
y ciencia tenían cada una su lugar propio. Y no sólo esto,
también era diferente el sujeto del cual dependían. Sujeto
de la experiencia era el sentido común, presente en cada in­
dividuo (es el "principio que juzga" de Aristóteles y la vis
aestimativa de la psicología medieval, que todavía no son
lo que nosotros llamamos el bue� sentido), mientras que
sujeto de la ciencia es el noús o el intelecto agente, que
está separado de la experiencia, "impasible" y "divino"
(mejor dicho, para ser más precisos, el conocimiento ni
siquiera tenía un sujeto en el sentido moderno de un ego,
sino que más bien el individuo singular era el sub-jectum
2
"tema informe, que no puede ingresar en una producción elaborada"; se
utiliza la ortografía antigua del francés de Momaigne. (n.
"no hay ninguna existencia constante, ni en nuestro ser, ni en el de los
objetos . . . De modo que no es posible establecer ninguna certeza sobre
uno u otro ... " (T).
1 5
donde el intelecto agente, único y separado, efectuaba el
conocimiento),
En esa separación entre experiencia y ciencia debemos
vér el sentido -para nada abstruso, sino extremadamente
concreto- de las disputas que dividieron a los intérpretes
del aristotelismo de la antigüedad tardía y del medioevo en
torno a la unicidad y la separación del intelecto y su comu­
nicación con los sujetos de la experiencia. Para e pensa­
miento antiguo (y al menos hasta Santo Tomás, también
para el pensamiento medieval), inteligencia (noús) y alma
(sché no son en efecto la misma cosa, y el intelecto no es, -
como estamos acostumbrados a pensar, una "facultad" del
ama: de ningún modo le pertenece, sino que aquél, "sepa­
rado, no mezclado, no pasivo", según la célebre fórmula
aristotélica, se.comunica con ésta para efectuar e conoci­
miento. Por consiguiente, para la Antigüedad- el problema
central del conocimiento no es la relación entre un sujeto y
un objeto, sino la relación entre lo uno y lo múltiple. De
modo que el pensamiento clásico desconoce un problema
de ' experiencia como tal; y aquello que a nosotros se nos
plantea como el problema de la experiencia se presenta en
cambio como el problema de la relación (de la "participa­
ción", pero también de la "diferencia", como dirá Platón)
entre el intelecto separado y los individuos singulares, entre
lo uno y lo múltiple, entre lo inteligible y lo sensible, entre
lo humano y lo divino. Diferencia que subraya el coro de la
Orestfa de Esquilo al caracterizar el saber humano -con­
tra la hjbris de Agamen6n- como un pdthei mdthos, un
.
16
aprender únicamente a través y después de un padecer, que
excluye toda posibilidad de prever; es decir, de conocer algo
con certeza.
L experiencia tradicional (para entendernos, aquella de
la que se ocupa Montaigne) se mantiene fiel a esa separación
de la experiencia y de la ciencia, del saber humano y el saber
divino. E precisamente una experiencia del límite que sepa-
. ra ambas esferas. Ese límite es la muerte. Por eso Montaigne
puede formular el fn último de la experiencia como un acer­
camiento a la muerte, como un llevar a hombre a la madu­
rez mediante una anticipación de la muerte en cuanto límite
extremo de la experiencia. Aurique para Montaigne ese lími­
te sigue siendo algo ineperimentable, al que sólo es posible
aproximarse ("si nous ne pouvons le joindre, nous le pouvons
approcher"3); y en el mismo momento en que recomienda
"acosrumbrarse" y "quitarle su extraeza" a la muerte ("ostons
luy |'estrangeté, pratiquons le, n ayon ríen si souvent en teste
que la mort"4), ironiza sin embargo sobre aquellos filósofos
"si excellens mesnagers du temps, qu'ils on essayé en la mort
mesme de la gouster y savourer, et ont bandé leur esprit pour
voir que e' estoit ce passage; mai� ils ne sont pas revenus nous
en dire les·nouvelles"5.
3
4
"si no podemos alcanzarlo, podemos aproximarnos a él" (T.
"quitémosle su extraeza, frecuenrémosla, no teniendo en rpente con tan­
ta frecuencia otta cosa que la muerte" (T).
"tan excelentes dominadores del tiempo que han procurado degustar y
saborear hasta la misma muerte, y han tensado sus espíritus para ver en
qué consistía ese pasaje; pero n� han regresado para contarnos suS noveda­
des" (T.
17
En su búsqueda de la certeza, la ciencia moderna anula
esa separación y hace de la experiencia el lugar -el "méto­
do", es decir, el camino- del conocimiento. Pero paa lo­
grarlo debe realizar una refndición de la experiencia y
una reforma de la inteligencia, expropiando ante todo sus
respectivos sujetos y reemplazándolos por un nuevo y único
sujeto. Pues la gran revolución de la ciencia moderna no
consistió tanto en una defensa de la experiencia contra la
autoridad (del argumentum ex re contra el argumentum ex
verbo, que en realidad no son inconciliables), sino más
bien en referir conocimiento y experiencia a un sujeto
único, que sólo es la coincidencia de ambos órdenes en un
punto arquimédico abstracto: el ego cogito cartesiano,
la
conciencia.
Mediante esa interferencia de experiencia y ciencia en
un único sujeto (que al ser universal e impasible y al mis­
mo tiempo un ego reúne en sí las propiedades del intelecto
separado y del sujeto de la experiencia), la ciencia moder­
na reactualiza aquella liberación del páthei máthosy aque­
lla conjunción del saber humano con el saber divino que
constituían el carácter propio de la experiencia mistérica
y que habían encontrado sus expresiones precientíficas en
la astrología, la alquimia y la especulación neoplatónica.
Porque no fue en la filosofía clásica, sino en la esfera de la·
religiosidad mistérica de la Antigüedad tardía donde el
límite entre humano y divino, entre el páthei máthos y la
ciencia pura (a cual, según Montaigne, sólo es posible
acercarse sin tocarlo nunca), fue sobrepasado por primera
18
vez con la idea de un pdthema indecible donde el iniciado
efectuaba la experiencia de su propia muerte ("conoce el
fin de la vida", dice Píndaro) y adquiría así "previsiones
más dulces con respecto a la muerte y al térmiiw del
æ
" tiempo .
La concepción aristotélica de las esferas celestes
homocéntricas como "inteligencias
"
puras y divinas, in­
munes al cambio y a la corrupción y separadas del mundo
terrestre sublunar, que es el lugar del cambio y de la co­
rrupción, recobra su sentido originario sólo si se la sitúa
contra el fondo de una cultura que concibe experiencia y
conocimiento como dos esferas autónomas. Haber pÚes­
to e� relación los "cielos" de la inteligencia pura con la
"tierra'' de la experiencia individual es el gran descubri­
miento de la astrología, lo cual la convierte no ya eri ad­
versaria, sino en condición necesaria de la ciencia moder­
na. Sólo porque la astrología (al igual que la aquimia,
que está asociada a ella) había reducido en un sujeto úni­
co en el destino (en la Obra) cielo y tierra, lo divino y lo
humano, la ciencia pudo unificar en un nuevo ego ciencia
y experiencia, que hasta entonces dependían de dos suje­
tos diferentes. Y' sólo porque la mística neoplatónica y her­
mética había colmado la separación aristotélica entre nous
y psychéy la diferencia platónica entre lo uno y lo múlti­
ple con un sistema emanatista en el que una jerarquía con­
tinua de inteligencias, ángeles, demonios y almas
(recuérdense los ángeles-inteligencias de Avicenna y de
Dante) se comunicaba en una "gran cadena" que parte del
1 9
Uno y vuelve a él, fue posible situar como fndamento de
la "ciencia experimental" un único sujeto. Por cierto que
no es irrelevante que el mediador universal de esa unión
inefable entre lo inteligible y lo sensible, entre lo corpóreo
y lo incorpóreo, lo divino y lo humano fese un pneuma,
un "espíritu", en la especulación de la Antigüedad tardía
y
el medioevo, porque justamente ese "espíritu sutil" (el
spiritus phantasticus de la mística medieval) le proporcio­
nará algo más que su nombre al nuevo sujeto de la cien­
cia, que precisamente en Descartes se presenta como es­
prit. El desarrollo de la flosofía moderna esd íntegramente
comprendido, como un capítulo de aquella "semántica his­
tórica" que defnía Spitzer, en la contigüidad semántica de
pneúma-spiritus-esprit-Geist� Yjustamente porque el suje­
to moderno de la experiencia y del conocimiento -así como
el concepto mismo de experiencia- tiene sus raíces en una
concepción mística, toda explicitación de la relación entre
experiencia y conocimiento en la cultura moderna está con­
denada a chocar con difcultades casi insuperables.
'Por medio de la ciencia, de hecho la mística neoplatónica
y la astrología hacen su ingreso en la cultura moderna, con­
tra la inteligencia separada y el cosmos incorruptible de
Aristóteles. Ysi la astrología posteriormente fe abandonada
{sólo posteriormente: no se debe olvidar que Ticho Brahe,
Kepler y Copérico era también astrólogos, así como Roger
Bacon, que en muchos aspectos anuncia la ·ciencia experi­
mental, era u ferviente partidario de la astrología), fe por­
que su principio esencial-la unión de experiencia y conoci-
2 0
miento- había sido asimilado a tal punto como principio de
la nueva ciencia con la constirución de un nuevo sujeto que
el aparato propiamente mítico-adivinatorio ya se volvía su­
perfuo. L oposición racionalismo/irracionalismo, que per-
. tenece tan irreductiblemente a nuestra cultura, tiene su fn­
damento oculto justamente en esa copertenencia originaria
de astrología, mística y ciencia, cuyo síntoma más evidente
fe el reviva! astrológico entrelos intelecruales renacentistas.
Históricamente, ese fundamento coincide con el hecho -só­
lidamente establecido gracias a los estudios de la fología
warburgiana- de que la restauración humanista de la Anti­
güedad no fe una restauración de la Antigüedad clásica,
sino de la cultura de la Antigüedad tardía y en particular del
:eoplatonismo y del hermetismo. Por eso una crítica de la
mística, de la astrología y de la alquimia debe necesariamente
implicar una crítica de la ciencia, y sólo la búsqueda de una
dimensión donde ciencia y experiencia recobraran su lugar
original podría llevar a una superación def
i
nitiva de la oposi­
ción racionalismo/irracionalismo.
Pero mientras que la coincidencia de experiencia y co­
nocimiento constituía en los misterios un acontecimiento
inefabLe, que se efectuaba con la muerte y e1 renacimiento
del iniciado enmudecido, y mientras que en la alquimia se
actualizaba en el proceso de la Obra cuyo cumplimiento
constituía, en el nuevo sujeto de la ciencia se vuelve ya no
algo indecible, sino aquello que desde siempre es dicho en
cada pensamiento y en cada frase, es decir, no un pdthema,
sino un mdthema en el sentido originario de la palabra: algo
2 1
que desde siempre es inmediatamente reconocido en cada
acto de conocimiento, el fundamento y el sujeto de todo
pensamJento.
Estamos acostumbrados a representarnos al sujeto como
una realidad psíquica sustancial, como una conciencia en
cuanto lugar de procesos psíquicos. A olvidamos que, en el
momento de su aparición, el carácter "psíquico" y sustan­
cial del nuevo sujeto no era algo obvio. En el instante en
que se hace evidente en la formulación cartesiana, de hecho
no es una realidad psíquica (no e la pschéde Aistóteles ni
el anima de la tradición medieval), sino un puro punto
arquimédico ("nihil nisi punctum petebat Archimedes, quod
esset firmum ac immobile ... ") que justamente se ha consti­
tuido a través de la casi mística reducción de todo conteni­
do psíquico excepto el puro acto del pensar ("Quid vera ex
iis quae animae tribuebam? Nutriri vel incedere?
Quandoquidem ja corpus non habeo, haec quoque nihil
sunt nisi figmenta. Sentire? Nempe etiam hoc non ft sine
cqrpore, et permulta sentire visus sum in somnis quae deinde
animadverti me non sensisse. Cogitare? Hic invenio:
cogitatio est; haec sola a me divelli nequit"). En su pureza
originaria, el sujeto cartesiano no es más que el sujeto del
verbo, un ente puramente lingiístico-fncional, muy simi­
lar a la "scinrilla synderesis" y al "ápice de la mente" de la
mística medieval, cuya realidad y cuya duración coinciden
con el instante de su enunciación (" ... hoc pronuntiatum,
Ego sum, ego existo, quoties a me profertur, vel mente
concipitur, necessario esse verum ... Ego sum, ego existo;,
22
certum est. Quandiu autem? Nempe quandiu cogito; nam
forte etiam fieri posset, si cessarem ab omni cogitatione, ut
illico totus esse desinerem").
L impalpabilidad y la insustancialidad de ese ego se traslu­
ce en las dcultades que tiene Descartes para nombrarlo e
identificarlo más allá del ámbito de la pura enunciación yo
pienso, yo s
¡
, y en la insatisfacción con que, forzado a abando­
. nar la vaguedad de la palabra rs, enumer el vocabulario tradi­
cional de la psicología ("res cogitans, id est mens, sive animus,
sive intellectus, sive ratio"), quedándose fnalmente, no sin va­
cilaciones, con la palabra mens (que se convierte en esrten la
edición fancesa de las Meditatiom de 1647). Sin embargo,
inmediatamente después (con un salto lógico cuya incoheren­
cia no se les escapaba a los primeros lectores de las Meditacio­
ns, en particular a Mersenne y a Hobbes, que le reprochará a
Descartes una deducción análoga a "je suis promenant, done
je suis une promenade"
6
), este sujeto es presentado como una
sustancia, contrapuesta a la sustancia material, a la cual se le
vuelven a atribuir todas las propiedades que caracteriz al
alma de la psicología tradicional, incluidas las sensaciones ("R
cogitans? Quid est hoc? Nempe dubitans, intelligens, af s,
negans, volens, nolens, imaginans quoque, et sentiens"). Yeste
yo sustantivado, en el cual se realiz la unión de nom y psché,
de experiencia y conocimiento, suministra la base sobre la cual
el pensamiento posterior, de Berkeley a Locke, construirá el
concpto de una conciencia psíquica que sustituye, como nuevo
6
"estoy paseando, por lo tanto soy un paseo" (T).
2 3
sujeto metsico, al ama de la psicología cristiana y al nor de
la metaísic giega.
La transformación del sujeto no dejó de alterar la expe­
riencia tradicional. En tanto que su fin era conducir al hom­
bre a la madurez, es decir, a una anticipación de la muerte
como idea de una totalidad acabada de la experiencia, era
en efecto algo esencialmente f
i
nito, era algo que se podía
tener y no solaente hacer Pero una vez que la experiencia
comience a ser referida al sujeto de la ciencia, que no puede
alcanzar la madurez sino únicamente incrementar sus pro­
pios conocimientos, se vuelve por el contrario algo esen­
cialmente infnito, un concepto "asintótico", como dirá
Kant, algo que sólo es posible hacer y nunca se llega a tener
nada más que el proceso inf
i
nito del conocimiento.
Por eso quien se propusiera actualmente recuperar la ex­
periencia tradicional, se encontraría en una situación para­
dójica. Pues debería comenzar ante todo por dejar de expe­
rimentar, suspender el conocimiento. Lo cual no quiere de­
ci,r que sólo con eso haya recobrado la experiencia que a la
vez se puede hacer y se puede tener. El viejo
s
ujeto de la
experiencia de hecho ya no existe. Se ha desdoblado. En su
lugar hay ahora dos sujetos, que una novela de principios
del siglo XII (o sea en los mismos años en que Kepler y
Galileo publican sus descubrimientos) nos muestra mien­
tras caminan uno junto al otro, inseparablemente unidos
en una búsqueda tan aventurera como inútil.
Don Qúijote, el viejo sujeto del conocimiento, ha sido
encantado y sólo puede hacer experiencia sin tenerla nun�
24
ca. A su lado, Sancho Panza, el viejo sujeto de la experien­
cia, sólo puede tener experiencia, sin hacerla nunca.
Glosa
l. Fantía y experiencia
Nada puede dar la medida del cambio produci­
do en el significado de la experiencia como el tras­
torno que ocasiona en el estatuto de la imagina­
ción. Pues la imaginación, que actualmente es ex­
pulsada del conocimiento como "irreal", era en
cambio para la antigüedad el medium por excelen- ,
cia del conocimiento. En cuanto mediadora entre
sentido e intelecto, que hace posible la unión en el
fantasma entrela forma sensible y el intelecto po­
sible, ocupa en la cultura antigua y medieval exac-
.
tamente el mismo lugar que nuestra cultura le asig­
na a la experiencia. Lejos de ser algo irreal, el
mundus imaginabilis tiene su plena realidad entre
e mundus semi bilis y el mundus intelligibilis, e in­
cluso es la condición de su comunicación, es decir,
·
del conocimiento. A desde el momento en que la
fantasía, según la Antigüedad, forma'las imáge­
nes de los sueños, se explica la relación particular
que en el mundo antiguo vincula al sueño con la
verdad (como en las adivinaciones pá somnia) y
2 5
con e conocimiento efca (como en la terapia mé-
. di ca per incubatione) . Lo cual todavía sucede en las
culturas primitivas. Devereux cuenta que los
mohave (que no diferen en esto de otras culturas
· chamánicas) consideran que los poderes chamá­
nicos y el conocimiento de los mitos, de las técni­
cas y de los cantos que se relacionan con ellos, se
adquieren
en
sueños. E incluso si se adquirieran en
el estado de vigilia, permanecerían estériles e inef­
caces hasta tanto no fuesen soñados: "así un
chamán, que me había permitido anotar y apren­
der sus cantos terapéuticos rituales, me epliCó que
no obtendría igualmente el poder de curar, porque
no había potenciado y activado sus cantos mediante
el aprendizaje onírico".
En la fórmula con que el aristotelismo medieval
recoge esa fnción mediadora de la imaginación
("nihil potest horo intelligere sine phantasmate"),
la homología entre fantasía y experiencia todavía
es perfectamente evidente. Pero con Descartes y el
nacimiento de la ciencia moderna la fnción de la
fantasía es asumida por el nuevo sujeto del conoci­
miento: el ego cogito (debe advertirse que en el vo­
cabulario técnico de la filosofía medieval cogitare
designaba más bien el discurso de la fantasía y no
el acto de la inteligencia). Entre el nuevo ego y el
mundo corpóreo, entre res cogitansy res extensa, no
hace falta ninguna mediación. La expropiación de.
26
la fantasía que resulta de ello se manihesta en
el
nuevo modo de caracterizar su naturaleza: mien­
traque en e pasado no era algo "subjetivo", sino
que era más bien la coincidencia de lo subjetivo y
lo objetivo� de lo interno y lo externo, de lo sensi­
ble y lo inteligible, ahora emerge en primer plano
·
su carácter combinatorio y alucinatorio, que la 1-
tigüedad relegaba al fondo. De sujeto de la expe­
riencia, el fantasma se transforma en el sujeto de la
alienación mental, de las visiones y de los fenóme:
nos mágicos, es decir, de todo lo que queda exclui¿.
do de
la experiencia auténtica.
.
11. Cavalcti y Sade
(El deseo y la necesidad)
La expropiación de la fantasía del ámbito de la
experiencia arroja sin embargo una sombra sobre
esta
última. Esa sombra es el deseo, es decir, la
idea de una inapropiabilidad e inagotabilidad de
la experiencia. Pues según una intuición que ya
estaba presente en la psicología Clásica y que será
completamente desplegada por la cultura medie­
val, fantasía y deseo están estrechamente ligados.
Incluso el fantasma, verdadero origen del deseo
("phamasia ea est, quae totum parir desiderium"),
es también -como mediador entre el hombre y el
2 7
objeto-la condición de la apropiabilidad del ob-
. jeto del deseo y por lo tanto, en última instancia,
de su satisfacción. El descubrimiento
medieval del
amor por ob
ra de los poetas provenzale
s y
stilnovistas, desde este punto de vista, es el descu­
brimiento de que el amor tiene por objeto no di­
rectamente la cosa sensible, sino e fantasma; es
simplemente el descubrimiento del carácter
fantasmático del amor. Aunque dada .la naturale­
za mediadora de la fantasía, esto signif
i
ca que el
fantasma es también el sujeto y no simplemente .
el objeto del eros. En tanto que el amor tiene en
efecto su único lugar en la fantasía, el deseo ya no
encuentra frente a sí al objeto en su corporeidad
(de allí el aparente "platonismo" del eros trova­
dc
i
resco-stilnovista), sino una imagen (un "ángel"
,
en el signifcado técnico que tiene esta
palabra
entre los filósofos árabes y entre los poetas de
amor: una imaginación pura y separada del cuer­
po, una substantia separata que con su deseo mueve
las esferas celestes), una "nova persona" que literal­
mente está hecha de deseo (Cavalcanti: "formando
di desio nova persona"7), en la cual se anulan los
límites entre lo subjetivo y lo objetivo, lo corpóreo
y lo incorpóreo, el deseo y su objeto. Yjustamente
porque el amor no es una oposición entre un suje-
7
"formando de deseo nUe
va persona'; la ortograa corresponde a italiano
de la época. (T).
2 8
to deseante y un objeto del deseo, sino· que posee
en el fantasma, por así decir, su sujeto-objeto, los
poetas pueden defnir sus rasgos (en oposición a
un fl amour que sólo puede consumir su objeto
sin llegar nunca a unirse verdaderamente a él, sin
hacer nunca esa experiencia) como un "amor cum­
plido" (n'mors), cuyo goce no tiene fin ("gioi
cha mai non fna"8) y, vinculándolo con la teoría
averroísta que ve en el fantasma el sitio donde se
efectúa la unión del individuo singular con el in­
telecto agente, transformarán el amor en una ex­
periencia soteriológica.
Pero una vez que la fantasía quedara excluida
de la experiencia como irreal y su puesto fera ocu­
pado por e ego cogito (convertido en sujeto del
deseo, "ens percipiens ac appetens", en palabras de
Leibniz), el deseo cambia radicalmente de estatuto
y se vuelve, en esencia, imposible de satisfacer, míen-
. tras que el fantasma, que era mediador y garante
de la apropiabilidad del objeto del deseo (era lo
qué permitía traducirlo en experiencia), se vuelve
ahora la cifra misma de su inapropiabilidad (de su
"inexperimentabilidad"). Por eso en Sade (al con­
trar�o que en Cavalcanti) el yo deseante, suscitado
por el fantasma ("il faut monter un peu son
imagination"9, repiten los personajes sadianos),
8
"deleites que nunca terminan" (T. .
9
"hay que avivar un poco la imaginación" <n.
29
encuentra frente a sí nada más que un cuerpo, un
objectum que solamente puede consumir y
destruir
sin satisfacerse nunca, porque el fantasma huye
y
se esconde en él hasta el infinito.
La ablación de la fantasía de la esfera de la ex­
periencia escinde en efecto lo que Eros (como hijo
de Poros y de Penía) reunía dentro de sí en deseo
(ligado a la fantasía, insaciable e inconmensura­
ble) y necesidd (ligada a la realidad corpórea, men­
surable y teóricamente .posible de satisfacer), de
manera que ya no pueden coincidir nunca en el
mismo sujeto. 'Lo que tiene enfrente el hombre
de Sade, como sujeto del deseo, es siempre otro
hombre en cuanto sujeto de la necesidad, pues la
necesidad no es más que la forma invertida del
propio deseo y la cifra de su esencial extrañeza.
Escisión del eros que Juliette expresa de l mane­
ra más sucinta cuando exclama, acerca del pecu­
liar deseo del caballero que quiere satisfacerse con
el caput mortuum de su digestión: "Tenez a
1' instant, si vous le desirez; vous en a vez !'envíe,
moi j'en ai le besoin"1 0 •
. De allí la necesariedad de la perversión en el
universo sadiano, ya que al hacer coincidir deseo y
necesidad,transforma en goce la frustración esen­
cial del deseo. Pues lo que el perverso reconoce es
10
"Si lo desea, lo tendrá; usted l,qui<re, yo necesito hac<rl" (T.
3 0
su propio deseo (en tanto que no le pertenece) que
se muestra en el otro como necesidad. A la afrma­
ción de Juliette, podría responderle: "lo que sien­
tes como la íntima extrañeza de la necesidad cor-
.
poral es lo que yo siento como la extraña intimi­
dad del deseo: ton besoin, c'est mon envíe; mon envíe,
c'st ton besoin"
1 1
• Si a pesar de todo y a despecho
de la expropiación de la experiencia que Sade en­
carna tan proféticamente en el repetitivo delirio de
sus personajes, hay goce, hay disfrute, si en sus no­
velas aún sobrevive, trastornado, el puro proyecto
edénico de la poesía trovadoresca-stilnovista, ocu­
rre gracias a la perversión, que en el eros sadiano
cumple la misma función que la poesía stilnovista
le confaba al fantasma y a la mujer-ángel. La per­
versión es el1rcdngel salvíco que alz su vuelo desd
el teatro ensangrentado d Eros para elvar al hombre
sadiano hasta el cielo.
Que la escisión entre deseo y necesidad, sobre la
que actualmente se discute tanto, no es ago que
pueda subsanarse con la buena voluntad, ni mu­
cho menos una dificultad que una praxis política
cada vez más ciega podría pretender solucionar con
un gesto, lo demostrará elocuentemente la situa­
ción del deseo en la Fenomenología dl .íritu (y
aquello que Lacan pudo extraer de ella, con su ha-
11
"ru necesidad es mi deseo; mi deseo es tu necesidad" (T.
3 1
. bitual agudeia, como objet a y como désir de
l'utre12). Puesto qu
e en Hegel el deseo (que
signifcativamente aparece como el primer momen­
to de la autoconciencia) solamente puede tratar de
negar su propio objeto, pero nunca satisfacerse con
él. El yo descante alcanza de hecho su certeza de sí
sólo mediante la supresión del otro: "Seguro de la
nulidad de ese otro, dispone para sí esa nulidad
como verdad propia, aniquila el objeto indepen­
diente y así obtiene la certeza de sí... Pero en esa
satisfacción la conciencia de sí experimenta la in­
dependencia de su objeto: de hecho la satisfacción
sólo tiene lugar mediante la supresión de ese otro.
Para que exista la supresión, también debe existir
el otro. La conciencia de sí por lo tanto no puede
suprimir el objeto mediante su relación negativa
con él; de este modo, más bien lo reproduce, así
como reproduce el deseo".
El goce que en Sade se hada posible por la per­
versión, es efectuado en Hegel por el esclavo, que
mediatiza el goce del amo. "El amo se refiere a la
cosa a través de la mediación del esclavo; el escla­
vo, como conciencia de sí en general, se comporta
negativamente con respecto a la cosa y la suprime;
pero al mismo tiempo és.a sigue siendo indepen­
diente para él, ya que no puede superarla y aniqui-
12
"objeto a"; "deseo del Otro" (T).
3 2
larla con su acto de negación: el esclavo la trans­
forma entonces sólo con su trabajo. Inversamente,
gracias a esa mediación, la relación inmediata se
vuelve para el amo la pura negación de la cosa mis­
ma, es decir, el goce; lo que no fe realizado por el
deseo es ahora realizado por el goce del amo: ter­
minar con la cosa: la satisfacción en el goce. L
que el deseo no puede realizar a causa de la inde­
pendencia de la cosa; pero el amo, que ha inter­
puesto al esclavo entre la cosa y él, solamente se
refiere a la dependencia de la cosa, y la disfruta
puramente. Le deja el costado de la independencia
de la cosa al esclavo que la trabaja".
La pregunta que el hombre de Sade continúa
planteando, a través del fragor de una máquina
dialéctica que difere al infinito la respuesta en el
proceso global, es justamente: "¿Qué sucede con el
goce del esclavo? ¿Y cómo es posible hacer coinci­
dir nuevamente las dos mitades escindidas de
E

"
ros . .
III. E
p
eriencia, quéte, aventura
El problema de la experiencia se presenta de un
modo particular en las quétes medievales. Pues la
relación entre experiencia y ciencia en el mundo
cristiano medieval está gobernada por un princi-
3 3
pio que Onorio deAurun formula de manera ejem­
plar al escribir: 'Antes del pecado original, el hom­
bre conocía el bien y el mal: e bien por experien­
cia (per experiertiam), el mal por ciencia (per
scientiam) . Pero después del pecado, el hombre
conoce el mal por experiencia, el bien solamente
por ciencia''. La quete, es decir, la tentativa del hom­
bre que sólo puede conocer el bien per scientiam
para hacer de ello una experiencia, expresa la im­
posibilidad de unir ciencia y experiencia en un su­
jeto único. Por eso Perceval, que ve el graal, pero
omite convertirlo en experiencia, es el personaje
emblemático de la quhe, no menos que Galahad,
cuya experiencia del graal se hunde en lo inefable.
Desde este punto de vista, el graal (o sea el imposi­
ble punto de fga donde se suelda la fractura del
conocimiento y se encuentran las paralelas de la
ciencia y de la experiencia) es simplemente lo que
constituye la justa experiencia humana como
aporía, es decir, literalmente, coro ausencia de ca­
mino (a-poría). Por tanto la quhe es el opuesto
éxacto (aunque como tal contenga también su pro­
fecía) de aquella scientia experimentalis cuyo pro­
yecto imaginó ya a fines del medioevo Roger Ba­
con y cuya codificación realizará luego Francis
Bacon.
Mientras que la experiencia científca es en efec­
to la construcción de un camino cierto (de un
34
méthodos, es decir, de un sendero) hacia el cono­
cimiento, la quete en cambio es el reconocimien­
to de que la ausencia de camino (la aporía) es la
única experiencia posible para el hombre. Aun­
que por el mismo motivo la quéte es también lo
·
contrario de la aventura, que en la edad moderna
se presenta como el último refugio de la expe­
riencia. Pues la aventura presupone que exista un
camino hacia la experiencia y que ese camino pase
por lo extraordinario y por lo exótico (contrapues­
t a lo familiar y a lo común); mientras que en e
universo de la quéte lo exótico y lo extraordinário
son solamente la cifra de la aporía esenci,l de toda
experiencia. Por eso Don Quijote, que vive')o
cotidiano y lo familiar (el paisaje de La Mancha y
sus habitantes) como extraordinario, es el sujeto
de una quéte que se corresponde perfectamente
con las medievales.
I L "noche oscura'' de Descartes
La proximidad entre la experiencia cartesiana
del ego cogito y la experiencia mística es más con­
creta de lo que se podría imaginar. Disponemos de
las notas de Descartes, conocidas como Olímpicas,
en las que refere cómo había comenzado a com­
prender el fndamento de un descubrimiento ma-
3 5
ravilloso (cepi inteligere fndamentum inventi
mirabilis) . Según Baillet, el primer biógrafo de
Descartes, que transcribió esas notas
en estilo in­
directo, "ellO de noviembre de 1 619,
ha
biéndose
dormido lleno de entusiasmo y ocupado por la idea
de que ese día había hallado el fundam
ento
de la
ciencia maravillosa, (Descartes) tuvo. tres sueños
consecutivos en una sola noche, que pensó que sólo
podían haberle sido enviados desde lo a
lto ... (sigue
el relato de los tres sueños)". Mientras todavía es­
taba soñando, Descartes empezó a interpretar él
mismo su sueño; al despertarse, contin
uó la inter­
pretación "sin emoción y con los ojos abiertos".
"El espanto que lo había invadido en el segundo
sueño indicaba, según él (escribe Baillet), su
sindéresis, es decir, e remordimiento de su con­
cienca con respecto a los pecados que habla co
metido hasta entonces en el curso de
su vida. El
rayo, cuyo estruendo había oído, era
la señal del
Espíritu de Verdad que descendía ha
cia él para
poseerlo." La sindéresis en este caso no
es simple­
mente, como parece pensar Baillet, el re
tnordimien­
t de conciencia,· sino un término técnico de la
mística neoplatónica renacentista y medieval, que
designa la parte más elevada y sutil de
l alma, que
se comunica directamente con lo suptasensible
y
no ha sido corrompida por e pecdo original. Qui­
zás sea lícito ver en esas páginas una anticipación
36
de la ulterior experiencia del ego cogto y una con"
frmación de la sustancial proximidad entre las
polaridades que en nuestra cultura tendemos con
demasiada frecuencia a concebir como antitéticas.
A igual que la sindéresis mística, también el cogto,
como hemos visto, es lo que queda del alma des,
·
pués de que ésta se ha despojado, mediante una
suerte de "noche oscura'', de todos los atributos y
de todos los contenidos. El núcleo de esa experien,
cía traScendental del Yo es expresado de manera
ejemplar por un místico árabe, A,Hallaj: "Y so
yo y no hay más atributos; yo soy yo y no hay más
califcativos ... Yo soy el puro sujeto del verbo".
III
En este plano es preciso situar la disposición kantiana
del problema de la experiencia que, mientras identifica el
contenido de la experiencia posible con la ciencia de su
época (o sea con la fsica netoniana), plantea sin.embargo
con nuevo rigor el problema del sujeto que le corresponde.
Contra la sustancialización del sujeto en un único yo psí,
quico, Kant en efecto comien
za distinguiendo
"con sumo
3
7
cuidado" el yo pienso, sujeto trascendental que de ninguna
manera puede ser sustancializado o psicologizdo, de la con­
ciencia psicológica o yo empírico.
El viejo sujeto de la experiencia vuelve a presentarse aquí
autónomamente como yo empírico, que es "en sí disperso y
sin relación con la identidad del sujeto", y como tal es inca­
paz de fndar un conocimiento verdadero. A su lado, com
o
condición de todo conocimiento, está el yo pienso, la con­
ciencia trascendental, es decir, la unidad sintética origina­
ria de la conciencia, "sólo gracias a la cual puedo atribuir
a
un idéntico yo mismo la multiplicidad de mis representa­
ciones" y sin la cual la experiencia ya no sería conocimien­
to, sino solamente "una rapsodia de percepciones".
La composición de esa dualidad en un sujeto único es
explícitamente refutada por Kant mediante la exclusión de
la intuición intelectual por una parte, y por la otra median­
te la crítica del "paralogismo psicológico" que está en la
base de la psicología racional. Porque para Kant el sujeto
trascendental, en tanto que no puede conocer un objeto (para
ello necesita de la intuición suministrada por la experiencia
sensible, siendo en sí mismo incapaz de intuición), sino
solamente pensarlo, por ende tampoco puede conocerse a sí ·
mismo como una realidad sustancial, que pudiera ser obje­
to de una psicología racional. "Como fndamento de ésta
-escribe en un pasaje donde la realidad puramente trascen­
dental del sujeto es ratificada con vigor-, no podemos si­
tuar más que la representación simple
y
por sí misma com­
pletamente vacía de contenido: Yo; de la cual no se puede
3 8
decir que sea un concepto, sino una simple concíencia que
acompaña a todos los conceptos. Con este Yo o
É
l o Eso
(E) (la cosa) que piensa, no se nos presenta más que un
sujeto trascendental ¯ x, que no es conocido sino por me­
dio de los pensamientos que son sus predicados, y del cual
nunca podemos poseer abstractamente el menor concepto;
podo cual, entonces, nos enredamos en un perpetuo circu­
lo, debiéndonos servir siempre de su representación para
juzgar algo de éste: inconveniente que no es separable de
éste, pues la conciencia en sí no es una representación que
. distinga un objeto particular, sino más bien una forma de
la representación en general en tanto que debe ser llamada
conocimiento: ya que de ella sólo puedo decir que por su
intermedio yo pienso alguna cosa . . . De todo esto se deduce
que un simple equívoco es lo que da origen a la psicología
racional. La unidad de la conciencia, que es el fndamento
de las categorías, es tomada en ese caso como intuición del
sujeto entendida como objeto, y se le aplica la categoría de
sustancia. Pero no es más que la unidad en el pensamiento,
por cuyo único medio no es dado ningún objeto y a la cual
por ende no se le puede aplicar la categoría de sustancia,
como aquella que supone siempre una intuición dada; y
por ende
ese sujeto no puede en absoluto ser conocido. "
~
De tal modo, el planteamiento más riguroso del problema
de la experiencia termina fndando su posibilidad a través de
la posición de lo inexperimentable. Pero la tenacidad con
que Kant defende el desdoblamiento del yo contra toda con­
fsión y todo desborde muestra cómo advirtió la misma con-
39
dición de posibilidad de un conocimiento justamente ert esa
puntillosa tarea de agrimensor, que delimitaba desde todos
los ángulos esa dimensión trascendental que "obtiene su nom­
bre de que linda con lo trascendente, y que por eso se halla en
peligro de caer no sólo en lo suptasensible, sino en lo que está
completamente privado de sentido".
La Crítica d l raz6n pura es el último lugar donde el
problema de la experiencia, dentro de la metafísica occi­
dental, resulta accesible en su forma pura, es decir, sin que
se oculten sus contradicciones. El pecado original con el
que comienza el pensamiento postkantiano es la reunifi­
cación del sujeto trascendental y de la conciencia empírica
en un único sujeto absoluto.
.
En la Enciclopedia, Hegel expone así la filosofa kantiana
como aquella que concibiera el espíritu sólo como concien­
cia, es decir, en la oposición entre autoconciencia y con­
ciencia empírica, y que por lo tanto no logró arribar "al
concepto del espíritu tal como es en sí y para sí, es decir,
como unidad de la conciencia y de la autoconciencia''. Yen
· e prefacio a la Fenomenología dl espírtu -cuyo título ori­
ginal rezaba: Cencia de l experiencia d l conciencia es
posible captar qué concepto de experiencia surgía de esa
unidad. Pues la experiencia deja de ser simplemente un modo
o un instrumento o un límite de la conciencia y se vuelve la
esencia misma del nuevo sujeto absoluto: es su estructura
de proceso dialéctico, de movimiento. "Ese movimiento
dialéctico que la conciencia efectúa en sí misma, tanto en
su saber como en
·
su objeto, e tanto que d ell surge el
4 0
nuevo objeto verdro, es justamente lo que se llaa. expe­
riencia ... L conciencia sabe algo, ese objeto es la esencia o
el en sí; pero es también el en sí para la conciencia; con lo
cual entra en juego la . ambigüedad de esa Verdad. Vemos
que la conciencia tiene ahora dos objetos, uno es el primer
en sí, el segundo, el ser-para-ell d ese en-sí A primera vista,
este último pareciera que sólo es la reflexión de la concien­
Cia en sí misma, o sea no una representación de un objeto,
sino solamente del saber que posee acerca del primer obje­
to. Sin embargo, como lo hemos mostrado anteriormente,
el primer objeto se altera en este proceso; deja de ser el en­
si y se vuelve para la conciencia un objeto que es en-si úni­
camente para ella; pero de ese modo, el ser-para-ell d ese
en-sí es ahora lo verdadero, es decir, su esencia, su objeto.
Ese nuevo objeto contiene el aniquilamiento del primero, o
sea la experiencia hecha con él... Las cosas por lo tanto se
presentan así: cuando lo que a primera vista parecía ser el
objeto termina siendo en la conciencia un saber sobre ese
objeto, cuando el encsí se vuelve un sercpara-l-conciencia
d ese en-sí, éste es entonces el nuevo objeto, mediante el
cual surge una nueva figura de la conciencia, cuya esencia
es diferente de la anterior. Esta circunstancia conduce la
progresión íntegra de las fguras de la conciencia en su
necesarieda
d ... Mediante esa necesariedad, d camino hacia
la ciencia es ya en sí
m
ismo ciencia y por ende, 'según su
contenido,
ciencia de la
exeriencia d l conciencia."
Heidegger
obsera con raón que en la expresión "Cien­
cia de la eerenca d l conciencia" el genitivo es subjetivo y
4 1
no objetivo. "Ciencia de la eeriencia d l conciencid' signi­
fca: la conciencia, el nuevo sujeto absoluto, es en
esencia un
camino hacia la ciencia, una experiencia (e-per-ientia un
"provenir-de y un ir-a-través-de") que ya es ciencia por sí
misma. Eperiencia en este caso es simplemente el nombre
del rasgo fundamental de la conciencia: su esencial
negatividad, su ser siempre ya lo que todavía no es. L dialé­
ctica no es entonces algo que se añadiría desde el exterior �
conocimiento: manifesta en cambio hasta qué punto, en el
nuevo sujeto absoluto (mucho más que en e yo cartesiano);
la esencia del conocimiento resulta ahora identifcada con la
de la experiencia. Que la conciencia tenga una
estructura
dialéctica signifca que nunca puede poseerse como totali­
dad, sino que sólo está entera en e proceso global de su deve­
nir, en su "calvario". El carácter negativo que ya estaba implí­
cito en la experiencia tradicional, en tanto que, como lo he­
mos visto, era siempre una experiencia de la muerte, se con­
vierte aquí en Li estructura misma del ser human
o.
Por eso, la experiencia ahora es defnitivamente algo que
sólo se puede hacer y nunca tener. Ya nunca es dada como
totalidad, nunca está completa sino en la aproximación in­
fnita del proceso global, como una "espuma del infnito",
según la imagen con la que Hegel defne, en los versos de
Schiller que cierran la Fenomenologa, la unión
de la ciencia
y de la historia en el Saber absoluto:
del cáiz de este reino de los espíritus
espuma hasta él su propia infnitud.
42
L! domÍnÍo dc !a dÍa!óctÍca cn nucstta óQoca, mucho más
a!!á dc !os !ÍmÍtcs dcÌ sÍstcma hc_cÌÍano, cmQczando Qot cÌ
Íntcnto dc Ln_c!s dc consttuÍt una dÍa!óctÍca dc !a natuta!c-
z, tÍcnc sus taíccs cn csa conccQcÍón dc! catáctct nc_atÍVo c
ÍnaQtoQÍab!c dc !a cXQctÍcncÍa, cs dccÍt, cn una cXQtoQÍacÍón
dc !a cXQctÎcncÍa cn !a cua! sustancÍa!Dcntc todaV¡a VÍVÍmOs
y a !a cua! !a dÍa!óctÍca [como dia-lgesthai, tcunÍtsc y dÍa!o-
_at a ttaVós dc)

tÍcnc QtccÍsamcntc c! dcbct dc asc_utat!c una
aQatÍcncÍa dc unÍdad . Íot !o tanto, una ctítÍca dc !a dÍa!óctÍ-
ca cs una dc !as tatcas más ut_cntcs Quc actua!mcntc sc !c
Q!antcan a una Có_csÍs matXÍana Quc Vctdadctamcntc sc haya
!Íbctado dc! hc_c!ÍanÍsmo, sÍ cs cÍctto, como !o cs, Quc tcsu!ta
conttadÍctotÍo Qtoc!amat !a abo!ÍcÍón dc! su¡cto hc_c!Íano
[!a concÍcncÍa)
y consctVat !uc_o mcdÍantc !a dÍa!óctÍca su
csttuctuta y su contcnÍdo cscncÍa!cs.
? ¯
Ln basc a !a suQctacÍón dc !a oQosÍcÍón KantÍana cnttc yo
ttasccndcnta! y cmQítÍco y cn basc a !a sustancÍa!ÍzacÍón dc!
su¡cto cn una `QsÍQuc´, tambÍón !a QsÍco!o_ía dccÍmonónÍca
consttuyc c! mÍto ccntta! dc! sÍ_!o X c! dc un yo QsÍco-
somátÍco Quc tca!Íza cn catnc y hucso aQuc!!a unÍón místÍca
cnttc noúsy psché dondc había nauha_ado !a mctaUsÍca aD- ·
tÍ_ua. L !!amada QsÍco!o_ía cÍcntíhca, dc Ícchnct a Ncbct y
a Nundt, Qtocuta sottcat !a ÍmQosÍbÍ!Ídad dc sustatÍVat c!
su¡cto cn !a QsÍco!o_ía tacÍona! [c! Qata!o_Ísmo QsÍco!ó_Íco dc
Ïant) y !a ÍmQosÍbÍ!Ídad dc !a QsÍco!o_ía cmQítÍca Qata suQc-
tat !os !ímÍtcs dc una tÌsÍo!o_ía y !!c_at aÌ su¡cto, consttuyón-
dosc como cÍcncÍa dc !os hechos d conciencia Quc son tcsu!-
4 3
tado de un paralelismo entre el fenómeno psíquico y el fenó­
meno fisiológico concomitante (por ejemplo, entre un esta­
do psíquico y un estado cerebral o entre una sensación y una
excitación). Pero justamente la hipóteis del paralelismo psico­
fsiológico trasluce la derivación metafsica de la psicología
científca (que acertadamente Bergson hada remontar a la
oposición cartesiana de res cogitans y res etensa, que se co­
munican en el h
C
mbre) y su imposibilidad de captar el he­
cho de conciencia, que ha dividido en dos, al mismo tiempo
como proceso fisiológico y como conciencia. Por otra parte,
esta posibilidad ya había sido reftada por Leibniz a propósi­
to de las explicaciones mecánicas, es decir, "por fguras y mo­
vimientos", de la percepción: "si se imagina que eiste una
máquina'', escribe en la Monadlgía "cuya estructura hicie­
ra pensar, sentir, tener percepciones, se la podría concebir am­
pliada aunque conservando las mismas proporciones, de ma­
nera que se pudiera entrar adentro como en un molino. A
hacerlo y al visitar. el interior, no se hallarán sino fragmentos
que se empujan unos a otros, y nunca algo que explique una
· • * M
percepcwn .
·
Tal es el círculo donde permanece aprisionada la
psicofsiología decimonónica, y en dicho circulo halló su
espacio la psiquiatría moderna, cuya paradoja fndamental
se manifesta en el candor con que Bleuler, al comienzo de
su Tatad d psiquiatía declara que no podemos defnir la
conciencia sino co

o "la cualidad subjetiva de un proceso
psíquico", cualidad q

e sin embargo sólo puede ser captada
directamente "en la propia interioridad".
4 4
·
A QattÍt dc !a ctít¡ca dc !a QsÍcohsÍo!o_ía dcc¡monónÍca,
ÏÍ!thç y Üct_son [y mas adC!antc Íussct! y ochc!ct) mdana
hna!cs dc! sÍ_!o sus tcntatÍVas dc aQtchcndct !a `VÍda´ cn una
`cQctÍcncÍa Quta. A !os hcChos dc concÍcncÍa Quc !a QsÍco!o-
_ía ttataba dc consttuÍt mCdÍantc su sustancÍa!ÍzacÍón
QsÍcoÜsÍC, !c oQoncn c! catáctct no sustancÍa!, sÍno Qutamcntc
cua!|æuVo dc !a Onc|cncÍa t cmo sc tcc!a cn !a CQctIcnc|a
Ínm=Íata. !a `dumÍón Qm dcÜ@on, c! £mbnudc ÍÍÍthcy.
Åoda !a `h!osotía dc !a VÍda, así como _tan Qattc dc !a cu!tu�
ta cn !as QosttÍmctías dc! sÍ_!o, Ínc!uÍda 1a Qocsía, asQÍtan a
caQtutat csa cXQctÍcncÍa VÍVÍda ta! cua! sc !c tcvc!a a !a Ínttos-
QcccÍón cn su ÍnmcdÍatc QtcconccQtua!. L! scntÍdo Íntctno,
Quc Qata tant cstaba cn sí QtÍVado dc Va!ot co_noscÍtÍVo y
Quc con su `taQsodÍa dc QctccQcÍoncs´ só!o cXQtcsaba !a Ím-
QosÍb|!|dad dc Quc e yo uæccndcntaÍ sc conoc|cta a sI mÍs-
mo, sc Vuc!Vc ahota !a mcntc dc !a cXQctÍcncÍa más autcntÍca.
Ícto justamcntc cn !a Ídca dc Erlbni, dc `cXQctÍcncÍa VÍVÍ-
da [así como cn !as dc `dutacÍón Quta y `tÍcmQo VÍVÍdo´), !a
h!osoha dc !a VÍda mucstta sus conttadÍccÍoncs.
Ln c! Erlbni, !a cXQctÍcnCÍa ÍntctÍot sc tcVc!a dc hccho
como una `cotÍcntc dc concÍcncÍa Quc no tÍcnc QtÍncÍQÍo
nÍ hn y Quc a! sct Qutamcntc cua!ÍtatÍVa no Qucdc dctcnctsc
n| mcdÍtsc. Ïot cso ÏÍ!thcy comQara nucstto sct, ta! cOmo
sc tcVc!a cn !a cXQctÍcncÍa ÍntctÍot (innere Erhrun/, con
una Q!anta cuyas taíccs cstán scQu!tadas cn !a tÍctta y Quc
só!o dc¡a Vct sus ho¡as, m¡cnttas Quc Üct_son, Qata cXQ!Ícat
c! acto con Quc acccdcmos aÍ t!ujo dc !os cstados dc con-
cÍcncÍa y a !a dutacÍón cn su Qutcza otÍ_ÍnatÍa, ucbc tccu-
4 5
ttÍt a una intición Quc no !o_la dchnÍt sÍno cn !os tótmÍ-
nos con Quc !a místÍca ncoQ!atónÍca catactctÍzaba !a unÍón
con c! \no:
"
e
'
cst !a VÍsÍon dÍtcctc dc |'csQtÍt Qat ! csQtÍt . . .
conscÍcncc ÍmmcdÍatc, vÍsÍon QuÍ sc dÍstÍn_uc a QcÍnc dc
! ob¡ct v"
1
3, o bÍcn comQatándo!a con !a ÍnsQÍtacÍón Qot !a
cua! e csctÍtot sc sÍtúa dc cnttada `au cocut mômc du su¡ct´
y Quc no Qucdc sct aQtchcndÍda cn modo a!_uno QotQuc `sÍ
!on sc rctouHc btusQucmcnt Vcts !ÍmQu!sÍon Quon scnt
dcttÍctc soÍ Qout !a saÍsÍt, c!!c sc dótobc´'
"

La h!osoUa dc !a VÍda tctmÍna cntonccs dc!c_ándo!c a !a
Qocsía [Quc tcco_c Ìa hctcncÍa sóÌo con cÌ DcnchcÍo dc ÍnVcn-
tatÍo, o bÍcn sc cncÍctta cn una ca!!c sÍn sa!Ída) o a !a místÍca
[Quc cn e reviva! tcosóhco fn-d-siecl accQta con cntusÍas-
mo csc cnca1_o) !a tatca dc aÍcttat e Erlbri, cs dccÍt, aQuc-
!!a cXQctÍcncÍa Quta Quc dcbÍcta sct su mndamcnto. Ïo cs
casua! Quc ÏÍ!thcy sc VÍcta !!cVado a consÍdctat !a cXQctÍcncÍa
VÍVÍda só!o cn !a mcdÍda cn Quc dc¡a dc sct `muda y `oscuta´
Qata convcttÍtsc cn `cXQtcsÍón´ cn !a Qocsía y cn !a !Ítctatuta,
ttansÍotmando así su `tÌ!osoha dc !a VÍda´ cn hctmcnóutÍca,
cn cuanto a Üct_son, dcscmboca cn !a csQcta QroÍótÍca dc
una `ÍntuÍcÍón místÍca dÍmsa´ y dc una `VÍsÍón dcÌ más al á
cn una cXQctÍcncÍa cÍcntíhca amQ!Íada´.
Ln cstc Q!ano cs QtccÍso sÍtuat c! Íntcnto dc Íussct! Qot
tcstautat una cXQctÍcncÍa ttasccndcnta! dc! yo cartcsÍano
dcntto dc !as `cottÍcntcs dc !os Erlebnisse''. Ícto !a contta-
13 "es la visión directa que el espíritu tiene del espíritu . . . conciencia inmedia­
ta, visión que apenas se distingue del objeto yisro". (T.
l<
"en el núcleo mismo de ·su tema"; "si uno se vuelve bruscamente hacia el
impulso que sentimos dettás.nuestro pata aprehenderlo, éste se sustrae"
en.
"
6
dicción con la que se topa puede advertirse de manera ejem- .
pia en una· pasaje de la segunda Meditación cartesiana. Le
niega a la psicología empírica la posibilidad de suministrar­
le un dato originario a la experiencia de la conciencia: "Co­
menzar de ese modo -escribe- implicaría como presupues­
to que se entendiera la vida de conciencia en base a una
presunta experiencia inmediata, como complejo de los da­
tos de la sensibilidad extera o, en el mejor de los casos,
intera: para conectar luego esos datos en diversas unidade

se debería recurrir a cualidades gestdlticas. Para evitar en-,
ton ces e atomismo, sería preciso añadir otra doctrina par;�
la cual las formas estuvieran necesariamente fndadas eñ
los datos y la totalidad de cada unidad sensible fera en s
f
anterior a sus partes. Pero la doctrina de la conciencia que:
asume un inicio radical no se enfrenta con datos ni con
unidades semejantes, salvo en forma de prejuicios. Para ést
�;
el inicio está constituido por la experiencia pura y por así
decir todavía muda, que ahora debe ser llevada por primera
vez hacia la expresión pura de su sentido propio. La expre­
sión realmente primera es sin embargo el ego cogito carte-
=
T
s1ano .
Husserl; con este concepto de experiencia mud (en un
pasaje de las Lecciones sobre l fnomenolga d l conciencia
interior dl tiempo, a propósito de la corriente originaria de
la temporalidad interior y de su relación con el sujeto, es­
cribe: "para todo esto no disponemos de nombres"), había
efectuado el máximo acercamiento a la idea de una expe­
riencia pura,
es decir, que fera an
t
erior tanto a la subjeti-
4 7
vidad como a una supuesta realidad psicológica. Por ello
resulta extraño que luego haya podido identifcarla con su
"expresión" en el ego cogito, es decir, con su transformación
de mud en hablnte. Quizs no sea casual el hecho de que
en este pasaje el sujeto trascendental se comprenda inmedia­
tamente como una expresión, como algo lingüístico; lo cual
nos permite cuestionar tanto la fndamentación cartesiana
de la certez del ego cogto en un pronuntiatum, como la iden­
tificación de Dilthey entre el Erlbni y su expresión. Una
teoría de la experiencia que verdaderamente pretendiera plan­
tear de manera radical el problema de su dato originario de­
bería por lo tanto recoger los movimientos, anteriores a esa
"expresión primerá', de la experiencia "por así decir todavía
mudá', o sea que necesariamente debería preguntarse: ¿existe
una experiencia muda, existe una infncia de la experiencia?
Y si existe, ¿cuál es su relación con el lenguaje?
Glosas
l. L caída de Montaigne y el inconsciente
En el cap. V del segundo libro de los Ensayos
-que como sugiere el título: De f eercitación, con­
tiene un pequeño tratado sobre la experiencia-,
Montaigne relata un accidente al que parece atri­
buirle particular importancia. Cuenta que cierto
día estabipaseando no lejos de casa en un caballo
4 8
QcQucño y cnc!cnQuc, cuando ,uno dc n:Ís Qat:cn-
tcs, tobusto y mcttc, montado cn un bayo _a!!atdo
Quc tcnía una boca Ínmanc|ab!c, aunQuc Ítcsco y
VÍ_otoso, Qata mosttat su audacÍa y suQctat a sus
comQañctos, !o csQo!có con toda !a tÍcnda hacÍa
mÍ camÍno, sc abaÌanzó como un co!oso sobtc c!
QcQucño hombtc y c! QcQucño caba!o, h1!mÍnán-
do!os con su Qcso y con su ÍmQu!so y atto¡ándonos
a ambos con !os Qtcs Qot c! a:tc: c! caba!!o Qucdó
tÍtado cn c! suc!o comQ!ctamcntc atutdÍdo y yo
dÍcz o docc Qasos más a!!á, muctto, tcndÍdo boca
aba¡o, !a csQada Quc tcn!a a más dc dÍcz Qasos, c!
cÍntutón hccho Qcdazos, ya sÍn moVÍmÍcnto nÍ
concÍcncÍa, como una taíz´ . Ln !a dcsctÍQcÍón dc
!os Ínstantcs cn Quc _tadua!mcntc tccobta !os scn-
tÍdos, ÀontaÍ_nc da Qtucbas dc una macsttía Ín-
comQatab!c: `Luando Vo!Ví a Vct, tcnía !a VÍsta
tan cntutbÍada, dóbÍ! y muctta, Quc so!amcntc dÍs-
tÍn_uía !as !uccs . . . cn cuanto a !as mncÍoncs dc!
a!ma, tcsut_ían Qoco a Qoco |unto a !as dc! cuct-
Qo. Ìc VÍ comQ!ctamcntc cnsan_tcntado, QotQuc
mÍ camÍsa sc había cnsucÍado con Ía san_tc Quc
VomÍtata . . . Àc Qatccía Quc mÍ VÍda só!o sc man-
tcnía cn !a Qunta dc !os !abÍos: ccttó !os o¡os Qata
ayudatmc, sc_ún ctcía, a cmQu|at!a Íucta, y mc
comQ!acía cn !an_uÍdccct y cn abandonatmc. Lta
una Íma_ÍnacÍón Quc no haca más Quc Uotat aQc-
nas cn !a suQct!ÌcÍc dc mÍ a!ma, tÍctna y UáccÍda
4 9
como todo !o dcmás, aunQuc cn Vctdad no só!o
QtÍVada dc at!ÍccÍón, sÍno Ínc!uso mczc!ada con
!a du!zuta Quc sÍcntc QuÍcn sc dc¡a dcs!Ízat cn c!
. W
sucno .
Lstc tccuctdo !c oÍtccc a ÀontaÍ_nc c! QtctcXto
Qata una sctÍc dc dÍVa_acÍoncs cn !as Quc un cstado
ctcQuscu!at sc conVÍcttc cn modc!o dc una Íotma
dc cXQct!cncÍa cÍcttamcntc QattÍcu!at, Qcto Quc tam-
bÍón cs dc aÍ_una mancta !a cXQctÍcncÍa cXttcma y
más autóntÍca, Quc tcsumc cn sí mÍsma como un
cmb!cma !a búsQucda íntc_ra dc !os Ensayos. Íucs
su cstado de ÍnconcÍcncÎa !c Qatccc Quc cs c! mÍs-
mo `cn Quc sc ha!!an aQucÌÍos a QuÍcncs Vcmos dcs-
Vanccctsc dc dcbÍÌÍdad cn Ìa a_onía dc Ìa mucttc, y
a QuÍcncs comQadcccmos sÍn razón, ctcycndo Quc
son a_Ítados Qot _taVcs do!otcs o Quc tÍcncn c! a!ma ¸
oQtÍmÍda Qot QcnsamÍcntos Qcnosos´. `oÍcmQtc
Qcnsó -añadc- Quc tcnían c! a!ma y c! cuctQo aÍs!a-
dos y adotmccÍdos: vivit, et est vitae nescius ise suae.
Y nunca hc !!c_ado a ctcct Quc antc tan _taVc ttas-
totno dc !o8 mÍCmbtos y con scmc]antc QótdÍda dc
!os scntÍdos, c! a!ma Qucda consctVat a!_una Dctza
Qata tcconocctsc.´ PÍ_o muy QarccÍdo ocuttc cuan-
do cstamos Qot dotmÍtnos, cn c! QtÍmct `ba!bu-
cco´ dc! sucno, antcs dc Quc nos haya ÍnVadÍdo Qot
comQ!cto, cuando `cscuchamos como cn sucños
!o Quc ocuttc a!tcdcdot nucstro y sc_uÍmos !as Vo-
ccs con oído tutbÍo c ÍncÍctto, Quc QatccÍcta no
5 0
to6at sÍno !os mát_cncs dc! a!ma, c ÍnmcdÍatamcn-
tc dcsQuós dc !as úÌtÍmas Qa!abtas Quc nos han sÍdo
dÍIÍ_Ídas, (otmu!amos tcsQucstas Quc tÍcncn más
a Quc scntÍdo´.
Ìuc_o tcanuda su tc!ato. `Åcnía c! cstóma_o
oQtÍmÍdo Qot !a san_tc coa_u!ada y mÍs manos
acud¡an a!!í so!as, como haccn a mcnudo cuando
a!_o nos QÍca, contta !a oQÍnÍón dc nucstta Vo-
!uDtad. Íay muchos anÍmaÍcs y tambÍón a!_unos
hombtcs a !os cuaÌcs, dcsQuós dc mucttos, Vcmo
_
conttact y moVct !os múscu!os. Åodos sabcmOs,
Qot cXQctÍcDcÍa Quc hay Qattcs dc nosottos Quc s�
mucVcn, subcn y ba|an sÍn QcdÍt QctmÎso. Lsas
QasÍoncs, Quc só!o nos atañcn suQctÛcÍa!mcntc,
no Qucdcn sct !!amadas nucsttas. Íata hacctÌas
nucsttas, cs QtccÍso Quc c! homUtc sc Vca íntc_ta
¸
.
mcntc comQtomctÍdo cn c!!as, y !os do!otcs Quc
·
!os QÍcs y !as manos sÍcntcn mÍcnttas dotmÍmos
M
no nos Qcttcncccn .
Íay Qucs cXQctÍcncÍas Quc no nos Qcttcncccn, a
!as Quc no Qodcmos !!amat `nucsttas´, Qcto Quc
|ustamcntc Qot cso, QotQuc son cXQctÍcncÍas dc !o
ÍncXQctÍmcntab!c, constÍtuycn c! !ímÍtc ú!tÍmo Quc
Qucdc a!canzat nucstta cXQctÍcncÍa cn su tcnsÎón
hacÍa !a mucttc. `L! tc!ato dc un acontccÍmÍcnto
tan utÍ! -conc!uyc ÀontaÎ_ncsctía bastantc Vano

dc no sct Qot !a cnscñanza Quc mc btÍndó: QotQuc
cn Vctdad, Qata acostumbtatsc a !a mucttc, ctco
5 1
Quc no sc Qucdc hacct otta cosa Quc acctcæsc a
c!!a . . . Lsta no cs mÍ docttÍna: cs mÍ cstudIo, no cs
!a !cccÍón dc otto, sÍno !a mía.´
Ïos sÍ_!os mas tatdc, cn !os Ensueños d un pa­
seante solitario, Housscau tc!ata un cQÍsodÍo tan
QatccÍdo Quc, sÍ no tcconocÍótamos cn óÌ toda Ìa
scnsua!Idad !an_u|da Quc !c so!cmos attIbu|t a)caD
-
)acQucs, sc Qodtía Qcnsat cn una tÌÌÍacÍón dÍtccta
con ÀontaÍ_nc. `Lctca dc Ìas scÍs -csctÍbc-, mc
ha!!aba cn !a cucsta dc ÀónÍ!montant, casÍ cnltcn-
tc dcÌ IaÌant-)atdÍnÍct, cuando súbÍtamcntc sc aQat-
taton a!_unas Qctsonas Quc camÍnaban dcÌantc mío
y VÍ Quc sc mc Vcnía cncÍma un cnotmc Qctto _tan
danós, Quc cottía con todas sus Dctzas QctsI_uÍcn-
do un cattua¡c y Quc no tuVo tÍcmQo dc ltcnat su
cattcta nÍ dc csQuÍVatmc cuando Qasaba . . . Ïo scn-
tí c! _o!Qc, DÍ !a caída, n| nada dc !o Quc succdÍó
dcsQuós hasta c! Ínstantc cn Quc mc tccobtó . . . LÌ
cstado cn Quc mc haÌÌaba cn csc momcnto cs dc-
masÍado sÍn_u!at como Qata no dcsctÍbÍt!o. oc ha-
cía dc nochc. `| c! c|c!o, a!_una csttc!!a y un Qoco
dc Vc_ctacÍón. Lsa QtÍmcta scnsacÍón mc un mÍ-
nuto dc!ÍcÍoso. oóÌo cn mcdÍo dc cÌ!a Qodía scntÍt-
mc. Ïacía a !a VÍda cn csc Ínstantc y mc Qatccía
Í!cnat con mÍ !cVc cXÍstcncÍa todos Ìos ob¡ctos Quc
QctcÍbía. Íntc_tamcntc cn c! momcnto Qtcscntc,
no tccotdaba nada; no tcnía n|n_una nocIón d|s-
t|nta dc m| |nd|V|dua!|dad, nI !a mas mínIma Idca
5 2
dc !o Quc mc había ocuttÍdo, no sabía QuÍón cta nÍ
dóndc cstaba, no cxQctÍmcntaba do!ot, nÍ tcmot,
nÍ ÍnQuÍctud. `cía manat mÍ san_tc como sÍ cstu-
VÍcta VÍcndo !!uÍt un a1toyo, sÍn Qcnsat sÍQuÍcta
Quc csa san_tc mc QcttcnccÍcta dc aÍ_ún modo.
ocntía cn todo mÍ sct una ca!ma cmbtÍa_adota, y
cada Vcz Quc !a tccuctdo no cncucntto nada Quc sc
!c Qucda comQatat cn toda !a actÍVÍdad dc !os Q!a-
cctcs conocÍdos. ´

ÅambÍón cn cstc caso un cstado ctcQuscu!at c
ÍnconscÍcntc sc conVÍcttc cn modc!o dc una cxQc-
tÍcncÍa QattÍcu!at, Quc sÍn cmbat_o no cs, como cn
ÀontaÍ_nc, una antÍcÍQacÍón dc !a mucttc, sÍno
más bÍcn una cxQctÍcncÍa dc! nacÍmÍcnto [`nacía a
!a VÍda cn csc Ínstantc´) y a mÍsmo tÍcmQo !a cÍÍta
dc un Q!acct sÍn Qatan_ón.
Lstos cQÍsodÍos son como dos aÍs!adas cstaÍctas
Quc anuncÍan c! sut_ÍmÍcnto y !a dÍmsÍón dc! con-
ccQto dc ÍnconscÍcntc cn c! sÍ_!o XIX, dcsdc
ochc!!Ín_ a ochoQcnhauct hasta su otÍ_Ína!
tcÍotmu!acÍón cn !a obta dc Ítcud. Lstc conccQto
nOs Íntctcsa só!o Qot sus ÍmQ!ÍcacÍoncs cn cuanto a
una tcotía dc !a cxQctÍcncÍa, cs dccÍt, como sínto-
ma dc un ma!cstat. Ya Quc cÍcttamcntc cn !a Ídca
dc ÍnconscÍcntc !a ctÍsÍs dc! conccQto mOdctno dc
cxQctÍcncÍa ·¬c !a cxQctÍcncÍa Quc sc Íunda cn cÍ
sujcto cattcsÍanO
a!canza su
cVÍdcncÍa maxÍma.
Lomo !o mucstta
c!atamcntc su
attÍbucÍón a una
5 3
tctccta Qctsona, a un Es, !a cXQctÎcncÎa ÎnconsCÎcn-
tc dc hccho no cs una cXQct:cncÎa sub¡ctÎVa, no cs
una cXQctÎcncÎa dc Y. Ïcsdc c! Qunto dc VÎsta
kantÎano, nÎ sÎQuÎcta Qucdc dcnomÎnatsc cXQctÎcn-
cÎa, ya Quc catccc dc !a unÎdad sÎntótÎca dc !a con-
cÎcncÎa |!a autoconcÎcncÎa) Quc cs c! mndamcnto y
!a _æantÍa dc toda cXQctÎcncÎa. Ïo obstantc, c! QsÎ-
coaná!ÎsÎs nos tcVc!a ¡ustamcntc Quc !as cXQctÎcn-
cÎas más ÎmQottantcs son aQuc!!as Quc no !c Qcttc-
ncccn a! su¡cto, sÎno a! `c!!o´ (E) . L! `c!!o´ no cs
sÎn cmbat_o !a mucttc, como cn !a c�Ída dc
ÀontaÎ_nc, Qucsto Quc ahota c! !ímÎtc dc !a cXQc-
tÎcncÎa sc ha ÎnVcttÎdo: ya no cstá c:: dÎtcccÎón a !a
mucttc, sÎno Quc tcttoccdc hacÎa !a ÎnÍancÎa. Ln
csa ÎnVctsÎón dc!
!ÍmÎtc, as¡ como cn c! Qasajc dc !a
QtÎmcta a !a tctccta Qctsona, dcbcmos dcscÎÍtat !os
tas_os dc una nucVa cXQctÎcncÎa.
I. L
p
oesía modera: y la ex
p
eriencia
Ln c! scno dc csta ctÎsÎs dc !a cXQctÎcncÎa !a Qoc-
sía modctna cncucntta su ubÎcacÎón más aQtoQÎa-
da. ÍotQuc sÎ sc consÎdcta con atcncÎón, !a Qocsía
modctna ~dc Ûaudc!aÎtc cn adc!antc- no sc mnda
cn una nucVa cXQctÎcncÎa, sÎno cn una catcncÎa dc
cXQctÎcncÎa sÎn Qtcccdcntcs. Ïc a!!í !a dcscnVo!tuta
con Quc
ÜaudcÌaÌtc Qucdc sÎtuat cÌ shock cn cÌ ccn-
5 4
tro de su trabajo artístico. L experiencia en efecto
está orientada ante todo a la protección de las sor­
presas y que se produzca un shock implica siempre
una falla en la experiencia. Obtener experiencia de
algo signifca: quitarle su novedad, neutralizar su
potencial de shock. De allí la fascinación que ejer­
cen sobre Baudelairela mercancía y el maquillaje
-es decir, lo inexperimentable por excelencia.
En Baudelaire, u hombre al que se le ha epro­
piado la eperiencia se epone sin ninguna defensa a
la recepción de los shocks. A la epropiación d� la
experiencia, la poesía responde transformando esa
eprpiación en una razón de suprvivencia y haciepdo
de. lo ineperimentable su condición normal. En eta
perspectiva, la búsqueda d� lo "nuevo" no aparece
como la búsqueda de u nuevo objeto de la experien­
cia, sino que implica por el contrario u eclipse y u
suspensión de la epériencia. Nuevo es algo con lo
que no s puede hacer eperiencia, porue yace "en e
fondo de lo desconocido": la cosa en sí kantiana, lo .
ineperimentable como t. Por eso en Baudelaire (lo
que da la medida de su lucide) dicha búsqueda ad­
quiere la forma paradójica de una aspiración a la crea­
ción de u "lugar común'' ("créer un ponci e' est le
génie"1
5
; pensemos también en el ritmo propio de la
poesía baudelaireana, con su imprevisto arribo a la
15
"crear un lugar común Ú lo genial" (T.
5 5
banalidad, que tato impresionaba a Proust), es de­
cir, lo que podía ser creado sólo por una secular acu­
mulación de experiencia y no inventado por un indi­
viduo. Pero en una condición en que al hombre le ha
sido expropiada la experiencia, la creción de seme­
jante "lur común" sólo es posible mediante una de­
trucción de la eperiencia que, en el mismo momen­
to en que desobedece a su autoridad, devela de golpe
que esa destrucción es en realidad la nueva morada
del hombre. El extrañamiento, que les quita su
eperimentbilidad a Jos objetos más < m une, s cn­
vierte así en procedimiento ejemplar de un proyecto
poético que apunta a hacer de lo Inexperi-mentable
el nuevo "lugar común", la nueva eperiencia de la
humanidad. Proverbios de Jo inexperimentable son
en tal sentido L frs dl mL
Pero la objeción má perentoria contra el con­
cepto moderno de expériencia se ha recogido en la
obra de Proust. Pues el objeto de En busca dl te-

po perdid no es una experiencia vivida, sino exacta­
menté lo contrario, algo que no ha sido vivido n
experimetao; y n siquera su repentino surgimien­
to en las interittences du coeur constituye una ex­
periencia, desde el momento en que la condición de
ese surgimiento es precisamente una vacilación de
las condiciones kantianas de la experiencia: el tiem- .
po y el espacio. Y no sólo se ponen en duda las con­
diciones de la experiencia, sino también el sujeto
5 6
que les corresponde, puesto que ya no es por cierto
el sujeto moderno del conocimiento (Proust parece
aludir más bien a cieitos estados crepusculares, como
el adormecimiento y el desmayo:
.
"je ne savais pas
au premier instant qúi j'étais"16 es su fórmula típi­
c, cuyas innumerables variaciones ha registrado
Poulet). Pero ni siquiera se trata en este caso del
sujeto bergsoniarto, a cuya realidad última nos hace
acceder la intuición. L que la intuición revela no es
de hecho más que la pura sucesión de los estados de
conciencia, es decir, algo todavía subjetivo (e inclu­
so, por llamarlo de alguna manera, lo subjetivo en
estado puro). Mientras que en Proust ya no hay en
verdad ningún sujeto, sino sólo, con singular mate­
rialismo, una infnita deriva y un cu entrechocarse
de· objetos y sensaciones. El sujeto despojado de la
experiencia se presenta allí para poner de relieve lo
que desde e punto de vista de la ciencia únicamente
puede aparecer como la más radical negación de la
experiencia: una experiencia sin sujeto ni objeto, ab­
soluta. L ineén"nce por la cual, según Riviere,
murió Proust (" . . . il est mort de ne pas savoir
comment on allue un feu, colment on ouvre une
fenetre" 1
7
), debe entenderse en sentido literal: re­
chazo y negación de la experiencia,
16
"en u primer momento, no sabía quién erá' (n.
17
"murió por no saber cómo se enciende un fego, cómo se abre una venta­
na'' (.
5
7
L conciencia de una atroz expropiación de la
experiencia, de un "vacío de experiencia" sin pre­
cedentes, es también el centro de la poesía de Rilke.
Pero a diferencia de Baudelaire y de Rmbaud, que
le confan decididamente a lo inexperimentable la
nueva experiencia de la humanidad, éste oscila sus­
pendido entre dos mundos contradictorios. Por una
parte, muestra en el ángel, en la marioneta, en el
saltimbanqui, en el nifio las figuras de un Dasein
que se ha liberado por completo de toda experien­
cia, por la otra, evoca con nostalgia las cosas en las
cuales los hombres "acumulaban lo humano" (en
la carta a Hulevicz, ese proceso de "acumulación" ·
se identifca con aquello que vuelve eperimentables
a las cosas mismas) y que por ello eran "vivibles"
(erlbbaren) y "decibles" (siglichen), en contraposi­
ción a las "apariencias de cosas" que "apremian ·
desde América'' y que ya han desplazado su exis­
tencia "dentro de la vibración del dinero". Estar
suspendido entre esos dos mundos como un "des­
heredado" ("cada época'', escribe en la séptima ele­
gía, "tiene tales desheredados, a quienes ya no les
pertenece lo que fe, y lo que será todavía no") es
la experiencia centra de la poesía de Rilke que,
como muchas obras que se consideran esotéricas,
no tiene en absoluto un contenido místico, sino la
experiencia cotidiana de un ciudadano del siglo X.
5 8
IV
Un planteamiento riguroso del problema de la experien­
cia debe entonces toparse fatalmente con el problema del
lenguaje. L crítica de Hamann a Kant, según la cual una
razóri pura "elevada a sujeto trascendental" y afirmada in­
dependientemente del lenguaje es un sinsentido, porque "no
solamente la facultad íntegra del pensarento reside en -l
lenguaje, sino que el lenguaje es además el punto central
del malentendido de la razón co,sigo misma', adquiere aquí
toda su importancia. Acertadamente le objetaba a Kant que
la inmanencia del lenguaje en cualquier acto de pensamiento�
en tanto que a priori, hubiera requerido 'una "Metacrítica
del purismo de la razón pura'', es decir, una depuración del,
·lenguaje, que resultaba sin emba�go improcedente en los
términos de la Crítica, puesto que su problema supremo
sólo podía formularse_ como una identidad entre razón y
lengua: "la razón es lengua: fogos. Éste es el hueso medular
que muerdo y morderé hasta morir".
Haber orientado el problema del conocimiento sobre el
modelo de la matemática le impidió a Kant, al igual que . a
Husserl, advertir la situación original de la subjetividad tras­
cendental en el lenguaje y trazar por ende con claridad los
límites que separan lo trascendental de lo lingüístico. ·Esa
omisión hace pues que en' la Crtica la apercepción trascen­
dental se presente, cual si fuese natural, cpmo un "yo píen-
5 9
so", como un sujeto lingüístico y, en un pasaje extremada­
mente signifcativo, directamente como un "texto" ('"Yo
pienso' es el único texto de la psicología racional, a partir
del cual debe desarrollar toda su ciencia"). Esta configura­
ción �'textual" de la esfera trascendental, a falta de un plan­
teamiento específco del problema del lenguaje, sitúa el "yo
pienso" en una zona donde lo trascendental y lo lingüístico
parecen confndirse y donde por lo tanto Hamann podía
sostener acertadamente el "primado genealógico" del len­
guaje sobre la razón pura.
Resulta signifcativo que en un pasaje del Origen de l
geometía al interrogarse sobre la objetividad ideal de los
objetos geométricos, Husserl se vea llevado a plantear el
problema del lenguaje como condición de esa objetividad:
"¿Cómo puede la idealidad geométrica (así como la de las
demás ciencias) alcanzar su objetividad ideal a partir de su
originaria emergencia intra-personal, .en la que se presenta
como formación interna en el espacio de conciencia del
alma del primer inventor? Lo vemos en seguida: es gracias a
la mediación del lenguaje, que le suministra, por así decir,
su carne lingüística . . . " Sólo la persistencia del dominio del
modelo geométrico-matemático en la teoría del conoci­
miento puede hacer comprensible el hecho de que Husserl
-quien sin embargo llega a afirmar aquí que "la humanidad
se conoce ante todo como comunidad de lenguaje inme­
diata y mediata" y que "los hombres en tanto que hombres,
la co-humanidad, el mundo . . . y por otra parte, el lenguaje,
están indisolublemente entrelados y desde siempre incluí-
60
dos en la unidad in disociable de su respectiva correlación''­
haya evitado plantear en este punto el problema del origen
del lenguaje en sus relaciones con cualquier posible hori­
zonte trascendental: "naturalmente, aun cuando se anuncie
aquí, no nos abocamos ahora al problema general del oric
gen del lenguaje . . . " .
Pero si adoptamos la sugerencia de Hamann y abandona�
mos el modelo de una evidencia matemática trascendental
(que tiene raíces muy antiguas en la metaflsica occidental),
buscando las condiciones preliminares e inderogables de toda
teoría del conocimiento en la elucidación de sus relaciones
con el lenguaje, veremos entonces que es en el lenguaje don­
de el sujeto tiene su origen y su lugar propio, y que sólo en el
lenguaje y a través del lenguaje es posible confgurar la
apercepción trascendental como un "yo pienso".
Los estudios de Benveniste sobre "La naturaleza de los
pronombres" y sobre "L subjetividad en el lenguaje" -que
confrman así la intuición hamanniana de la necesidad de
una metacrítica del sujeto trascendental- muestran que el
hombre se constituye como sujeto en el lenguaje y a través
del lenguaje. L subjetividad no es más que la capacidad del
locutor de ·situarse como un ego, que de ninguna manera
puede defnirse mediante un sentimiento mudo de ser uno
mismo que cada cual tendría, ni mediante la remisión a
alguna experiencia psíquica inefable del ego, sino solamente
por la trascendencia del yo lingüístico con respecto a toda
experiencia posible. "La subjetividad, ya se
.
la plantee en
fenomenología o en psicología, no es más que la emergen-
6 1
cía en el ser de una propiedad fndamental del lenguaje.
'Ego' es aquel que dice 'ego'. Tal es el fndamento de la
subjetividad que se determina mediante e estatuto lingüís­
tico de la persona . . . El lenguaje está organizado de tal ma­
nera que le permite a cada locutor apropiarse de toda la
lengua designándose como yo.
"
Sólo esa instancia exclusiva del sujeto en e lenguaje per­
mite explicar la paticular naturaleza del pronombre yo, con
la que Husserl se había topado sin llegar a aferrarla en pro­
fndidad, en la medida en que creía que podía esclarecerla
afrmando que "en el discurso solitario, el significado
(Bedutun� de yo se realiza esencialmente en la representa­
ción inmediata de nuestra propia personalidad y allí reside
por ende también el significado de esa palabra en el discurso
de la comunicación. Cada interlocutor posee su representa­
ción del yo (y por ende su concepto individual de yo), razón
por la cual el significado de esta palabra cambia con cada
individuo". Pero también en este caso Benveniste demuestra
que en realidad es imposible recurrir a una "representación
inmediata'' y a un "concepto individual" de sí mismo que
cada individuo tendría. "No hay un concepto yo que com­
prenda a todos los yo que se enuncian a cada instate en los
labios de todos los locutores, . en el sentido en que hay un
concepto "árbol" al que se pueden remitir todos los usos in­
dividuales de árboL El yo no nombra ninguna entidad léxica.
¿Puede decirse entonces que yo se refiere a un individuo par­
ticular? Si así fera, habría una contradicción permanente en
el lenguaje y, en la práctica, reinaría la anarquía: ¿cómo po-
62
dría referirse la misma palabra indiferentemente a cualquier
individuo y al mismo tiempo identificarlo en su particulari­
dad? Estamos en presencia de una clase de palabras, los pro­
nombres personales, que escapan al estatuto ele todos los de­
más signos del 'lenguaje. ¿A qué se refere entonces yo? Aalgo
bastante singular, que es exclusivamente lingüístico: yo se re­
fiere al acto de discurso individual en que es pronunciado y
cuyo locutor designa. Es un término que no puede ser iden"
tifcado sino en una instancia de discurso . . . La realidad a la
que remite es una realidad de discurso."
Si esto es así, si e sujeto tiene una "realidad de discurso;',
en el sentido que hemos visto, si no es más que la sombra
proyectada sobre el hombre'por el sistema de los indicadores
de la elocución (que comprende no sólo los pronombres
personales, sino también todos los demás términos que or­
ganizan las relaciones espaciales y temporales del sujeto: esto,
aquelo, aquí, ahora, ayer, mañana, etc.), se aclara entonc�s
en qué medida la configuración de la esfera trascendental
como una subjetividad, como un "yo pienso", se fnda en
realidad sobre una sustitución de lo trascendental por lo
lingüístico. El sujeto trascendental no es md que el "locutor';
y el pensamiento modrno se ha construido sobre esa acepta­
ci6n no declrada del sujeto del lenguaje como fndmento de
l experiencia y dl conocimiento. Y esa misma sustitución le
permitió a la psicología poskantiana conferirle una sustan­
cia psicológica a la conciencia trascendental -esde el mo­
mento en que tanto ésta como la conciencia empírica se
presentaban como un yo, como un "sujeto".
63
Por lo tanto, si debe ser reafrmada una ve: más la rigu­
rosa distinción kantiana de la esfera trascendental, debería
ir acompaada al mismo tiempo por una metacrítica que
traara resueltamente los límites que la separan de la esfera
del lenguaje y situara lo trascendental más allá del "texto":
. yo pienso, es decir, más allá del sujeto. Lo trascendental no
puede ser lo subjetivo; a menos que trascendental signifi­
que simplemente lingüístico.
.
Sólo sobre .estas bases se hace posible plantear en térmi­
nos inequívocos el problema de la experiencia. Pues si el
sujeto es simplemente e locutor, nunCa obtendremos en el
sujeto, como creía Husserl, el estatuto original d
e la expe­
riencia, "la experiencia pura y, por así decir, todavía muda".
Por el contrario, la constitución del sujeto en el lenguaje y
a través del lenguaje es precisamente la expropiación de esa
experiencia "muda", es desde siempre un "habla". Una ex­
periencia originaria, lejos de ser algo subjetivo, no podría
ser entonces sino aquello que en el hombre está antes del
sujeto, es decir, antes del lengua¡e: tina experiencia "muda''
en el sentido literal del término, una in-ncia del hombre,
cuyo límite justamente el lenguaje debería señalar.
Una teoría de la experiencia solamente podría ser en este
sentido una teoría de la in-fancia, y su problema central
debería formularse así: ¿existe alo que sea una in-ncia dl
hombre? ¿C6mo es posible la in-ncia en tanto que hecho hu­
mano? Y si es posibl, ¿cuál es su lugar
?
Pero resulta fácil advertir que tal in-fancia no es algo que
se pueda buscar, antes e independientemente del lenguaje,
64
en alguna realidad psíquica cuya expresión constituiría el
lenguaje. No existen hechos psíquicos subjetivos, "hechos
de conciencia" que una ciencia de la psique pueda creer
que capta independientemente y más acá del sujeto, por la
simple razón de que la conciencia no es más que el sujeto
del lenguaje y no puede ser defnida sino como, en palabras
de Bleuler, "la cualidad subjetiva de procesos psíquicos".
Porque si bien es cierto que se puede intentar sustancializar
una in-fancia, un "silencio" del sujeto a partir de la idea de
un "flujo de conciencia" inaferrable e indetenible co
'
o fe­
nómeno psíquico originario, cuando luego se ha pretendi­
do darle realidad y aprehender esa corriente originaría de
los Erlbnisse, no fue posible sino haciendo que hablara en
el "monólogo" interior. Y la lucidez de Joyce consiste preci­
samente en que comprendió que el flujo de conciencia no
posee otrá realidad que la del "monólogo", es decir, la reali­
dád del lenguaje: por eso én Finnegan' wake el monólogo
interior puede ceder su lugar a una absolutización mítica
del lenguaje más allá de cualquier "experiencia vividá' y de

ualquier realidad psíquica que lo preceda. Por cierto, es
posible identificar esa infancia del hombre con el incons­
ciente de Freud, que ocupa la parte sumergida de la tierra
psíquica; pero en cuanto E, en cuanto "tercera personá', en
reaidad, como lo muestra una vez más Benveniste, es una
no-persona, un no-sujeto (al-ya'ibu, el que está ausente, di­
cen los gramáticos árabes), que sólo tiene sentido dentro de
su oposición con la persona; por eso no resulta sorprenden­
te que Lacan nos demuestre que también ese E tiene sola-
6 5
mente una realidad de lenguaje, es en sí mismo lenguaje.
(Señalemos de paso que al haber incluido la
instancia
del
Yo y del Es en el lenguaje, la interpretación
lacaniana
del
freudismo se ubica decididamente fera de la psicología).
La idea de una infancia como una "sustancia psíquica''
pre-subjetiva se revela entonces como un mito similar al de
un sujeto pre-lingüístico. Infancia y lenguaje par
ecen así re­
mitirse mutuamente en un círculo donde la
infancia es el
origen del lenguaje y el lenguaje, el origen de la infancia.
Pero tal vez sea justamente en ese círculo donde debamos
buscar el lugar de la experiencia en cuanto infancia del hom­
bre. Pues la eperiencia, la infncia a la que nos
referimos no
puede ser simplemente algo que precede cronológicamente
al lenguaje y que, en un momento determinado, deja de exis­
tir para volcarse en el habla, no es un paraíso que abandona­
mos de una vez por todas para hablar, sino que coe
xiste origi-

nariamente con el lenguaje, e incluso se constituye
ella mis­
ma mediante su expropiación efectuada por el
lenguaje al
producir cada vez a hombre como sujeto.
, Si esto es así, si no podemos acceder a la infncia sin toparnos
con el lenguaje que parece custodiar su entrada como el ángel
con la espada famígera el umbral del Edén, el problem
a de
la
experiencia como patria original del hombre se
convierte en­
tonces en el problema del origen del lenguaje, en
su dob
le
realidad de lngu y habl Solamente si pudiéramos encontrar
un momento en que ya estuviese el hombre, pero todavía n
o
hubiera lenguaje, podríamos decir que tenemos entre
mano
s
la "eperiencia pura y muda'', una infncia humana
e indepen-
66
diente del lengaje. Pero tal concepción del origen del lenguaje
es algo cuya ftudad demostró la ciencia del lenguaje ya en la
époc de Humboldt. "Tendemos siempre a imaginar ingenua­
m
ente un período originario en que un hombre completo des­
cubriría a un semejante, igualmente completo, y entre ellos,
poco a poco, se formaría el lenguaje. E una mera fntasía.
Nunca encontos al hombre separado del lenguaje y nunca
lo vemos en el acto de inventarlo ... Encontramos en el mundo
a un hombre hablante, un hombre que le habla a otro hom­
bre, y el lenguaje suministra la definición misma del hombre".
Por lo tanto, el hombre t como lo conocemos se constituye
como hombre a través del lenguaje, y la lingüística, por más
que se remonte hacia atrás en el tiempo, nunc llega a un
comienzo cronológico del lenguaje, un "antes" del lenguaje.
¿Quiere decir entonces que lo humano y lo lingüístico se
identifican sin más y que el problema del origen del lenguaje
debe ser dejado de lado como ajeno a la ciencia? ¿O más bien
que ese problema es justamente lo Inaproximable, enfren­
tándose a lo cual la ciencia encuentra su propia ubicación y
su rigor? ¿Debemos en verdad renunciar a la posibilidad de
alcanzar mediante la ciencia dellenguaje eso Inaproximable,
esa infncia· que permitiría fndar un nuevo concepto de
experiencia, liberado del condicionamiento del sujeto? En
realidad, simplemente debemos renuncia a un concepto de
origen acuñado en base a un modelo que las mismas ciencias
naturales ya han abandonado, y que lo piensa como una-lo­
calización en una cronología, una causa inicial que separa en
el tiempo un antes-de-sí y un después-de-sí. Tal concepto de
67
origen es inutilizable en las ciencias humanas en tanto que
éstas no versan sobre un "objeto" que presuponga ya lo hu­
mano; sino que por el contrario éste es constitutivo de lo
humano. El origen de un "ente" semejante no puede ser
historiz, porque en sí mismo es hitoriznte, fnda por sí
mismo la posibilidad de que exista algo llamado "historia''.
Rón por la cual fente a cada teoría que ve en el lenguaje
una "invención humana'', se plantea siempre aquella que lo
ve como un "don divino". El enfentamiento de estas dos
tesis y la resolución progresiva de su oposición en el pensa­
miento de Hamann, de Herder y de Humboldt, signó el
nacimiento de la lingüística modera. En efecto, el proble­
ma no consiste en que la lengua se una menchliche Erndung
o una gottliche Gabe, porque ambas hipótesis -desde el pun-
.
to de vista de las ciencias humanas-se internan en el miro; se
trata de tomar conciencia de que el origen del lenguaje debe
situase necesaiaente en un punto de frctur de la oposi­
ción continua entre lo diacrónico y lo sincrónico, lo históri­
co y lo estructural, donde sea posible captar, como un
' Urktum o un archiacontecimiento, la unidad-diferencia en­
tre invención y don, humano y no.humano, habla e infancia.
(L que Hamann hace de la manera más decidida, aunque
alegóricamente, cuando defne a la lengua humana como "tra­
ducción" de la lengua divina e identifica así el origen del
lenguaje y del conocimiento en una communicatio idiomatum
entre lo humao y lo divino.)
Tal concepto de origen no es en absoluto abstracto o
puramente hipotético

sirio que por el contrario es algo de
68
lo cual la ciencia del lenguaje puede su¡inistrar ejemplos
concretos. ¿Qué otra cosa es la raíz indoeuropea, restaurada
mediante la comparación flológica de las lenguas históri­
cas, si no un origen, que sin embargo no es simplemente
rechazado hacia atrás en el tiempo, sino que en igual medi­
da representa una instancia presente y activa en las lenguas
históricas? Se sitúa en un punto de coincidencia .entre
diacronía y sincronía donde, como estado de la lengua his­
tóricamente no comprobado, como "lengua nunca hablada"
y sin embargo real, garantiza la inteligibilidad de la historia
lingüística y al mismo tiempo la coherencia sincrónica del
sistema. Tal origen nunca podrá reducirse completamente
a "hechos" que se puedan suponer históricamente acaeci­
dos, sino que es algo que todavía no ha dejado de acaecer.
Podríamos defnir tal dimensión como la de una historia
trascendental que de alguna manera constituye el límite y
la estructura a priori de todo conocimiento histórico.
En base a este modelo deberemos representarnos la rela­
ción con el lenguaje de una experiencia pura y trascenden­
tal que, como infancia del hombre, esté liberada tanto del
sujeto como de cualquier sustrato psicológico. No es un
simple hecho, cuyo sitio cronológico se pueda aislar, ni una
suerte de estado psico-somático que una psicología infantil
(en el plano de la paro/e) y una paleoantropología (en el
plano de la fangut? 8) podrían llegar a construir wmo un
hecho humano independiente del lenguaje. Aunque tam-
18
Según la terminología acuñada por Amado Alonso para traducir a Saussure:
"h bl "1

(T
a a y engua . .
69
poco es algo que se pueda resolver íntegrament
e en el len
­
guaje, salvo como su origen trascendental o un archilímite
en el sentido que hemos sefialado. Como infncia dl hom­
bre, l eperiencia es l mera direncia entre lo humano y lo
lingístico. Que el hombre no sea dsd siempre hablnte, que
haya sido y sea todvía in-nte, eso es l experiencia. Pero
que haya en este sentido una infancia del hombre, que haya
diferencia entre lo humano y lo lingüístico, no es un acon­
tecimiento similar a otros en el ámbito de la historia huma­
na o un simple rasgo entre tantos que identifican a la espe­
cie horo sapiens. L infancia actúa en efecto, antes que nada,
sobre el lenguaje, constituyéndolo y condicionándolo de
manera esencial. Pues justamente el hecho de que haya una
infancia, es decir, que exista la experiencia en cuanto límite
trascendental del lenguaje, excluye que el lenguaje pueda
.
presentarse a sí mismo como totalidad y verdad. Si no exis­
tiese la experiencia, si no existiese una infancia del hombre,
seguraente la lengua sería un "j uego" en el sentido de
Wittgenstein, cuya verdad coincidiría con su uso correcto
·
' según reglas lógicas. Pero desde el momento en que hay
una experiencia, en que hay una infancia del
hombre, cuya
expropiación es el sujeto del lenguaje, el lenguaje se plantea
entonces como el lugar donde la experiencia debe volverse
verdad. La instancia de la infancia como archilímite se
manifesta en el lenguaje al co.nstituirlo como lugar de la
verdad. L que Wittgenstein, al fnal del Tractatus, plantea
como límite "místico" del lenguaje no es una realidad psí­
quica situada más acá o más allá del lenguaje en las brumas
7 0
de una supuesta "experiencia mística", sino que es el mismo
origen trascendental del lenguaje, es simplemente la infan­
cia del hombre. Lo inebl es en realidd infncia. La expe­
riencia es el mysterion que todo hombre instituye por el
hecho de tener una infancia. Ese misterio no es un jura­
mento de silencio y de inefabilidad mística; por el contra­
rio, es el voto que compromete al hombre con la palabra y
con la verdad. Aí como la infancia destina el lenguaje a la
verdad, así el lenguaje constituye la verdad como destino de
la experiencia. La verdad no es entonces algo que pueda
definirse en el interior del lenguaje, aunque tampoco
f
era
de él, como un estado de cosas o como una "adecuación"
entre éste y el lenguaje: infancia, verdad y lenguaje se limi­
tan y se constituyen mutuamente en una relación original e
histórico-trascendental en el sentido que hemos señalado.
Pero la infancia ejerce otra influencia más decisiva sobre
el lenguaje. Instaura efectivamente en e lenguaje la escisión
entre lngua y discurso que caracteriza de manera exclusiva
y fndamental al lenguaje del hombre. Pues el hecho de
que haya una diferencia entre lengua y habla y que sea po­
sible pasar de una a la otra -que cada hombre hablante sea
el lugar de esa diferencia y de ese pasaje- no es algo natural
y, por así decir, evidente, sino que es el fenómeno central
del lenguaje humano, cuya problematicidad y cuya impor­
tancia recién ahora empezamos a vislumbrar, también gra­
cias a los estudios de Benveniste, y que sigue siendo la tarea
esencial con que deberá cimentarse toda ftura ciencia del
lenguaje. L que distingue al hombre de los demás seres
7 1
vivos no es la lengua en
general, según la tra
dición de la
metafísica occidental que ve en el hombre un
zoon lógon
échon, sino la escisión entre lengua y habla, entre
lo semiótico
.
y lo semántico (en el sentido de Benveniste),
entre sistema
de signos y discurso. De hecho los animales n
o están pri­
vados de lenguaje; por el contrario, son siempre y absolu­
tamente lengua, en ellos la voix sacrée de la ter
re ingenue1
9
-que Mallarmé, al oírla en el canto de. un grillo, opone como
une y non-dcomposét0 a la voz humana- no sabe de inte­
rrupciones n fracturas. Los animales no entran
en la lengua:
están desde siempre en ella. El hombre, en cambio, en tanto
que tiene una infancia, en tanto que no es hablante desde
siempre, escinde esa lengua una y se sitúa como aquel que,
para hablar, debe constituirse como sujeto del lenguaje, debe
decir yo. Por lo tanto, si la lengua es verdaderam
ente la natu­
raleza del hombre -y naturaleza, si se piensa apropiadamen­
te, sólo puede signifcar lengua sin habla, génesi snechés,
"origen con-tinuo", en la defnición de Aistóteles, y que sea
naturalez signifca
estar
desde siempre en la lengua-, en ton­
' ces la naturaleza del hombre éstá escindida de manera origi-
I9 "la voz sagrada de la tierra ingenua"
(T
.
~
20
"una'' y "no-descompuesta". Se alude a la C-rta a Eugene
Lefébure del 27
de mayo de 1867. El pasaje completo dice: "solamente a
y
er, entre las espi­
gas recientes, escuché esa voz sagrada de la tierra ingenua,
menos descom�
puesta ya que la del pája4Î} hija de las. árboles en la noche solar, y que tiene
algo de las estrellas y de la luna, y un poco de muerte; -pe
ro cuánto más
una sobre codo que la de una mujer, que cainaba y cantaba
delante mío,
y cuya voz parecía transparente de mil muertes en las que vibraba- ¡y pe­
netrada de Nada! Toda la felicidad que tiene la tierra por no estar descom­
puesta en materia y espíritu estaba en ese sonido único del grillo-." (T.
7 2
nal, porque la infancia introduce en ella la discontinuidad y
la diferencia entre lengua y discurso.
En esa diferencia, en esa discontinuidad encuentra su
fndamento la historicidad del ser humano. Sólo porque
hay una infancia del hombre, sólo porque el lenguaje no se
identifica con lo humano y hay una diferencia entre lengua
y discurso, entre lo semiótico ylo semántico, sólo por eso
hay historia, sólo por eso el hombre es un ser histórico. Ya
que la pura lengua es en sí ahistórica, es naturaleza, consi­
derada de modo absoluto, y no necesita de ninguna histo- .
ria. Imaginemos a un hombre que naciera ya provisto de
lenguaje, un hombre que desde siempre fuese hablante. Para
tal hombre sin infancia, e lenguaje no seria algo preexis­
tente de lo que debe apropiarse, y para él no habría fra�tura
entre lengua y habla, ni devenir histórico de la lengua. Pero
por eso mismo, un hombre así estaria inmediatamente uni­
do a su naturaleza, sería desde s�empre naturaleza y no en­
contraria en ninguna parte una discontinuidad y una dife­
rencia donde pudiera producirse algún tipo de historia.
Como el animal, del que Ma dice que "es inmediatamen­
te uno con su actividad_vital", se confndiría con ésta y
nunca podría o ponerla a sí mismo como objeto.
La infancia, la experiencia trascendental de la diferencia
entre lengua y habla, le abre por primera vez a la historia su
espacio. Por eso Babel, es decir, la salida de la puta lengua
edénica y e ingreso en e balbuceo de la infancia (cuando e
nifio, según dicen los lingüistas, forma los fonemas de to­
das las lenguas del mundo), es el origen trascendental de la
7 3
historia. En este sentido, experimentar signifca necesaria­
mente volver a acceder a la infancia como patria trascen­
dental de la historia. El misterio que la infancia ha institui­
do para el hombre sólo puede ser efectivamente resuelto en
la historia, del mismo modo que la experiencia, como in­
fancia y patria del hombre, es algo de donde siempre está
cayendo en el lenguaje y en el habla. Por eso la historia no
puede ser el progreso continuo de la humanidad hablante a
lo largo del tiempo lineal, sino que es esencialmente inter­
valo, discontinuidad, epokhé. L que tiene su patria origi­
naria en la infailcia debe seguir viajando hacia la infancia y
a través de la infancia.
Glosas
l. Infanca y lenga
L teoría de la infacia, como original dimen­
sión histórico-trascendental del hombre, adquiere
todo su sentido sólo si se la pone en relación con
las categorías de la ciencia del lenguaje, especial­
mente con la distinción formulada por Benveniste
entre lo semiótico y lo semántico, de la que consti­
tuye un desarrollo coherente.
Como es sabido, con esa distinción Benveniste
instaura en el lenguaje "una división fndamental,
·
totalmente diferente a la que propusiera Saussure
74
entre lengua y habla". Mientras que la distinción
saussuriana entre lengua y habla suele entenderse
simplemente como distinción entre lo colectivo y
lo individual, entre la "sinfonía' y su �'ejecución"
en la fonación, la distinción benvenisteana es más
compleja yse aproxima más bien al problema que
Saussure plantea dramáticamente en un manus­
crito inédito, el pasaje de la lengua al discurso:
"La lengua no existe sino con miras al discurso.
¿Qué separa entonces al discurso de la lengua, o
bien qué permite decir en un determinado mo­
mento que la lengua entra en acción como dis­
curso? Los diferentes conceptos están dispuestos
en la lengua (están revestidos de una forma lin­
güística) como bue, lgo, cielo, rojo, triste, cinco,
cruzr, ver. ¿En qué momento y gracias a qué o pe­
· ración, a qué j uego que se establecería entre ellos,
a qué condiciones, esos conceptos formarán el
discurso? Esta serie de palabras, por rica que sea
en cuanto a las ideas que evoca, nunca le indicará
a un individuo humano que otro individuo quie­
re decirle algo al pronunciarlas". Benveniste se en­
frenta a este problema en una serie de estudios
ejemplares (Los nivels dl andlisis lingüístico, 1 964;
La frma y el sentido en el lngaje, 1 967; Semio­
logía de l lengua; 1 969) que lo llevan a distinguir
en el lenguaje una doubl signiance, es decir, dos
modos de significación discretos y contrapuestos:
7 5
el semiótico por una parte, y el semántico por la
otra:
"L semiótico designa el modo de signifcación
que es propio del SIGNO lingüístico y que lo consti­
tuye como unidad. En virtud del análisis pueden
ser consideradas
por separado las dos caras del sig­
no, pero en lo que atañe a la significación es una
unidad y sigue siendo una unidad. La única pre­
gunta que el signo suscita es la de su existencia,
que se responde con un sí o con un no: arbre­
chanson-lver-ne(jaune-sur y no *orbre *vamon
*lner *dq*saune *tur s ¤ 2
1
Tomado en sí mismo,
el signo es pura identidad para sí, pura alteridad
para todos los demás signos . . . existe cuando es re­
conocido como significante por el conjunto de los
miembros de la comunidad lingüística . . . Con lo
semántico, entraos en el modo específico de sig­
nificación engendrado por el DISCURO. Los pro­
blemas que se plantean aquí son fnción de la len­
gua como productora de mensajes. Aora bien, el
mensaje no se reduce a una sucesión de unidades
identificables separadamente; no es una suma de
signos la que produce el sentido, sino que por el
21
En la edición en castellano de los Poblmas de lingüítica general (dos vo·
lúmenes, Siglo X, México, 1 978, trad. de Juan Almela), se ofrecen estas
equivalencias de los ejem
p
los de Benvenisre: "drbol - cancón - lvar - ne­
vio ¯ aman'Ll - sobr y no *ánnol- *a_nción ¯ *havar - *nerio - *amafll -
*sibre". (T).
76
contrario el sentido (lo "intentado"), concebido
globalmente, es e que se realiza y divide en "sig­
nos" particulares, que son las PAR • • • El orden
semántico se identifica con el mundo de la enun­
ciación y con el universo del discurso. El hecho de
que se trata de dos órdenes distintos de nociones y
de dos universos conceptuales se puede mostrar ade­
más por la diferencia en el criterio de validez que
requieren el uno y el otro. Lo semiótico (el signo)
debe ser RCONOCIDO; lo semántico (e discurso)
debe ser COMPRNDIDO. La diferencia entre reco­
nocer y comprender remite a dos facultades men­
tales distintas: la de percibir la identidad entre lo
anterior y lo actual, por una parte, y la de percibir
el significado de una enunciación nueva, por la
otra." "Lo semiótico se caracteriza como una pro­
piedad de ' lengua, lo semántico resulta de una
actividad del locutor que ponga en fncionamien­
to la lengua. El signo semiótico existe en sí, fnda
la realidad de la lengua, pero no contiene aplica­
ciones particulares; la frase, expresión de lo
semántico, no es más que particular . . . Refexione­
mos con atención en un hecho notable, que nos
parece que aclara la articulación teórica que inten­
tamos deslindar. Puede trasponerse el serhantismo
de una lengua al de otra 'salva veritate': es la posi­
bilidad de la traducción; pero no puede trasponerse
el semiotismo de una lengua al de otra: es la impo-
7 7
sibilidad de la traducción. Tocamos aquí la dife­
rencia entre lo semiótico y lo semántico"
.
Si el problema que Saussure apenas había insi­
nuado resulta entonces articulado por Benveniste
en toda su complejidad, y si además el hecho de
haber reconocido su importancia central le permi­
tió a Benveniste sentar las bases de capítulos nue­
vos y fecundos de la ciencia del lenguaje (pense­
mos, por ejemplo, en la teoría de la enunciación),
no por ello el interrogante saussuriano ("¿Qué se­
para al discurso de la lengua, o bien qué permite
decir en un momento determinado que la lengua
entra en acción como discurso?") queda elimina­
do. Benveniste reconoce en efecto que los dos ór­
denes (lo semiótico y lo semántico) permanecen
separados y no se comunican, de manera que en
teoría nada permite explicar el pasaje de uno al
otro. "El mundo del signo -escribe- está cerrado.
Del signo
a la frase no hay transición, ni por
sintagmación ni de otro modo. Un hiato los sepa­
ra." Si esto es así, la pregunta de Saussure simple­
mente cambia de forma y ahora diría: "¿Por qué el
lenguaje humano está constituido así, debiendo
contener originariamente ese hiato? ¿Por qué hay
una doble significación?�'.
La teoría de la infancia permite darle una res­
puesta coherente a este problema. La dimensión
histórico-trascendental, que designamos con ese
7 8
término, se sitúa efectivaente en el "hiato" entre
lo semiótico y lo semántico, entre la pura lengua y
el discurso, y de alguna manera lo explica. El he­
cho de que el hombre tenga una infancia (que para
hablar necesite despojarse de la infancia para cons­
tituirse como sujeto en el lenguaje) rompe el "mun­
do cerrado" del signo y transforma la pura lengua
en discurso humano, lo semiótico en semántico.
En tanto que tiene una infancia, en tanto que no
habla desde siempre, el hombre no puede entrar
en la lengua como sistema de signos sin transfor­
marla radicalmente, sin constituirla en discurso.
Se esclarece así en qué sentido hay que entender
la "doble significación" de la que habla Benveniste . .
Lo semiótico y lo semántico no son dos· realidades
sustanciales, sino que más bien son los dos límites
trascendentales que defnen la infancia del hom­
bre y que a la vez son defnidos por ella. Lo
semiótico no es más que la pura lengua prebabélica
de la naturaleza, de la que el hombre participa por
hablar, pero de donde siempre está saliendo en la
Babel de la infancia. En cuanto a lo semántico, no
existe sino en el surgimiento momentáneo de lo
semiótico en la instancia del discurso, cuyos ele­
mentos -apenas proferidos-recaen en la ·pura len­
gua que los recoge en su mudo diccionario de sig­
nos. Sólo por un instante, como los delfnes, el len­
guaje humano saca la cabeza del mar semiótico de
7 9
la naturaleza. Pero lo humano justamente no es
más que ese pasaje de la pura lengua al discurso; y
ese tránsito, ese instante es la historia.
11. Naturaleza y cultura, o la doble herencia
La oposición de naturaleza y cultura; que tan
animadamente se sigue discutiendo entre los f­
lósofos y los antropólogos, se vuelve inmediata­
mente más clara si la traducimos en los térmi­
nos, usuales para los biólogos, de herencia
endosomática y herencia exosomática. Desde ese
punto de vista, naturaleza solamente puede sig­
nifcar el patrimonio hereditario transmitido
mediante el código genético, mientras que cul­
tura es el patrimonio hereditario transmitido
mediante vehículos no genético

, de los cuales
el más importante es por cierto el lenguaje. El
homo sapiens puede definirse así como la especie
viviente que se caracteriza por una doble heren­
cia, en tanto que añade a la lengua natural (el
código genético) un lenguaje exosomático (la tra­
dición cultural). Pero si nos limitáramos a estas
consideraciones, estaríamos dejando de lado jus­
tamente
l
os aspectos más esenciales del proble­
ma, que atañen a la complejidad de las relacio­
nes que se dan entre ambas formas de herencia,
8 0
y que no es posible reducir en absoluto a una
. simple oposición.
Antes que nada debemos señalar que los más
recientes estudios sobre el lenguaje tienden a de­
mostrar que éste no pertenece íntegramente a la
esfera exosomática. Paralelamente. a la reformu-
.
lación chomskiana de las tesis del innatismo lin­
güístico, Lenneberg también procuró esclarecer los
fndamentos biológicos del lenguaje. Por cierto, a
diferencia de lo que ocurre en la mayoría de las
especies animales (lo que Bentley y Hoy reciente­
mente demostraron acerca del canto de los grillos,
en el cua
l
podemos ver entonces verdaderamente,
con Mallarmé, f voix une et non dcomposée de la
naturaleza), el lenguaje humano no está inscripto
íntegramente en el código genético. Si bien Thorpe
ya obseryó que algunos pájaros, precozmente pri­
vados de escuchar el canto de individuos de la mis­
ma especie, sólo producen un extracto del canto
normal y por ende puede decirse que en alguna
medida necesitan aprenderlo, en el hombre la ex­
posición al lenguaje es una condición imprescindi­
ble para el aprendizaje del lenguaje. Para la coro�
prensión de la estructura del lenguaje humano, un
hecho cuya importancia nunca se subrayará lo su­
ficiente es que si el niño no está expuesto a actos
de habla en el período comprendido entre los dos
y los doce años, su posibilidad de adquirir el len-
8 1
guaje queda definitivamente cerrada. Contraria­
mente a lo que afrmaba una antigua tradición,
desde este punto de vista el hombre no es el "ani­
mal que posee el lenguaje", sino más bien el ani­
mal que está privado del lenguaje y que por ello
debe recibirlo del exterior.
Por otra parte, junto a estos datos que aclaran el
aspecto exosomático del lenguaje, otros elementos
(como la concordancia en la sucesión cronológica
de las adquisiciones lingüísticas entre los niños de
todo el mundo, recordada por Jaobson, o el des­
equilibrio entre los datos lingísticos recibidos del
exterior y la competencia lingüística del niño, que
Chomsk ha puesto de reliee) permiten suponer
que el lenguaje pertenecería también en alguna me­
dida a la esfera endosomática. Sin embargo, no es
necesario pensar en una inscripción del lenguaje en
el código genético, ni tampoco se ha individualizado
hasta ahora algo así como un gen del lenguaje. L
cierto es que -omo demostró Lenneberg- mien­
tras en la mayoría de las especies animales el com­
portamiento comunicativo se desarrolla invaiable­
mente según leyes de maduración genéticamente
preestablecidas, de manera que el animal a fin de
cuentas tendrá a su disposición un repertorio de se­
ñales característics de la especie, en el hombre se
produjo una separación entre la disposición para el
lenguaje (el estar preparados para el lenguaje) y el
8 2
prceso de actualizción de dicha virtualidad. El len­
guaje humano resulta así escindido originariamente
en una esfera endosomática y en una esfera
exosomática, entre las cuales se establece (puede es­
tablecerse) un fenómeno de resonancia que produce
la actualización. Si la exposición a la herencia
exosomática no se da durante una determinada fase
del desarrollo de la plasma�ilidad cerebral (que se­
gún Lenneberg tiene su límite extremo en el proce­
so de lateralización cerebral gue concluye alrededor
de los doce años), la disposición para el lenguaje se
pierde irreversiblemente.
De ser así, la duaidad de herencia endosomática
y herencia exosomática, de naturaleza y cultura en
la especie humana debe entenderse de una manera
nueva. No se trata de una yuxtaposición que deli­
mite dos esferas distintas que no se comunican,
sino de una duplicidad que está ya inscripta en el
lenguaje mismo, considerado desde siempre como
el elemento fundamental de la cultura. Lo que ca­
racteriza a lenguaje humano no es su pertenencia
a la esfera exosomática o a la endosomática, sino el
hecho de que se encuentra, por así decir, a caballo
entre ambas, articulándose por lo tanto sobre esa
diferencia y a la vez sobre esa resonancia. En esta
perspectiva, las oposiciones binarias que se encuen­
tran en todos los niveles del lenguaje, tales como
entre lengua y discurso, entre nivel fonemático in-
8 3
consciente y nivel semántico del discurso, entre
forma y sentido, adquieren un signifcado particu­
lar. A estar escindido en una herencia exosomática
y en una herencia endosomática, el lenguaje hu­
mano debe implicar necesariamente una estructu-
.
ra tal que le permita el pasaje de una a la otra. Si
retomaos la imagen de Thom de dos osciladores
lineales que enrian en resonancia, vemos que és­
tos, originalmente distintos, presentan rasgos cua­
litativos comunes que permiten el
.
fenómeno de la
resonancia: pero una ve que la resonancia se ha
establecido, los dos sistemas pierden su indepen­
dencia yforman un sistema único (el sistema reso­
nante). De manera análoga, podemos concebir lo
endosomático y lo exosomádco, naturaleza y cul­
tura, como dos sistemas distintos que a entrar en
resonancia en el lenguaje producen un nuevo y
único sistema. Debe haber sin embargo un elemen­
to mediador que permite que abós sistemas en­
tren en resonancia: ese elemento es lo que Jakobson
describió como el nivel fonemática del lenguaje (o
bien, en e plano del aprendizaje, lo que Chomsky
construyera como gramática universal generativa).
El hecho de que Jakobson remita a la ontología
el problema del modo y del lugar de existencia del
fonema no sería entonces sencillamente un proce­
dimiento irónico. Los fonemas, esos signos dife- .
renciales "puros y vados", al mismo tiempo
84
"signifcantes y sin signifcado"; no pertenecen pro­
piamente ni a lo semiótico ni a lo semántico, ni a
la lengua ni al discurso, ni a la forma ni al sentido,
ni a lo ehdosomático ni a lo exosomático: se sitúan
en la identidad-diferencia (en la khora diría Platón)
entre esas dos zonas, en un "lugar" del que acaso
sólo sea posible brindar una descripción topológica
y que coincide con la zona histórico-trascendental
-anterior al sujéto del lenguaje, aunque no por ello
soniáticaente sustancializable- que hemos defi­
nido más arriba como la infncia del hombre.
Estructurado así sobre la diferencia entre lo
endosomático y lo exosomático, entre naturaleza y
cultura, el lenguaje pone en resonancia ambos sis­
temas y permite su comunicación. Y precisamente
esa situación límite entre dos dimensiones a la vez
continuas y discontinuas hace que el lenguaje hu­
mano pueda trascender la esfera puramente semió­
tica y adquirir (según la expresión de Be.lveniste)
una "doble significación".
Todo lenguaje que esté íntegramente compren­
dido en una sola dimensión (tales como e canto del
grillo o como los otros sistemas de signos usados por
el hombre además del lenguaje) permaece necesa-
.
riaente dentro de lo semiótico y para 'fncionar
sólo necesita ser reconocid y no comprendid.
Ú
ni­
camente e lenguaje humano -n tanto que perte­
nece al mismo tiempo a lo endosomático y a lo
8 5
eosomátíccle aiade a la signifcación semiótica
otro sentido y transforma el mundo cerrado del sig­
no en el mundo abierto de la expresión semántica.
·
Por ello e lenguaje humano -omo señala Jakobson'­
es el único sistema de signos compuesto de elemen­
tos (los fonemas) que, justamente porque sirven,
como hemos visto, para pasar de lo semiótico a lo
semántico, son significantes y al mismo tiempo es­
tá privados de signifcado.
La infancia del hombre -con la que anterior­
mente hemos identificado el origen de la experien-
cia y de la historia- adquiere entonces su sentido
propio cuando se la sitúa contra el fondo de la di­
ferencia entre herencia endosomática y exosomática
en la especie humana.
Ill. Lvi-Strauss y la lengua de Babel
Esta ubicación de la infancia entre pura lengua y
lenguaje humano, entre lo semiótico y lo semántico,
permite comprender además de manera distinta el
sentido de una obra como la de Lévi-Strauss, que ha
renovado profndamente las ciencias humanas en
nuestra época. Pues lo que defne la conce.p
c
ión
levistraussiana de los hechos humanos es que para
comprenderlos el autor se sitúa completamente en
el plano de la pura lengua, en un plano donde no
8 6
existe un hiato, donde no hay infancia entre lengua
y discurso, entre lo semiótico y lo semántico (desde
este punto de vista, no es casual que e modelo de
sus investigaciones provenga de la fonología, es de­
cir, de una ciencia que se sitúa exclusivamente en el
plano de l lnge). Dicha ausencia de fractura en­
tre lengua y discurso explica porqué Ricoeur ..n un
aálisis cuya pertinencia reconoció el .mismo Lvi­
Strauss- pudo definir su pensamiento comq.,un
"kantismo sin sujeto trascendental" y hablar a p


pósito de las estructuras de un "inconsciente pás
kantiano que feudiano, un inconsciente categorial,
combinatorio . . . sistema categorial sin referencia a
un sujeto pensante . . . análogo a la naturaleza''. Pues
Lévi-Strauss encuentra aquel fndamento origina­
rio, que desde Descartes los flósofos buscaron e

eJ .
.
sujeto del lenguaje, saliendo más allá del sujeto (y
· ésta sería su geniaidad), en la pura lengua de la na­
turaleza. Aunque para logralo precisa una máquina
que traduzca e discurso humano en pura lengua y
que le permita pasar sin fractura del uno a la otra.
Una máquina de esa clase es la concepción
levistraussiana del mito. En efecto, Lévi-Strauss ve
en el mito una dimensión intermedia entr� lnga y
habl "El mito es un ser verbal que ocupa, en la
esfera del lenguaje, una posición comparable a la del
cristal en el mundo de la materia fsica. Con respec­
to a la lnge, por una parte, y a la parol, por la
8 7
Utra, su QosÍcÍOn cs ctcctÍvamcntc sÎmÍ!ar a !a dc!
crIsta!: ob¡ctoIntcrmcdtocntrc una_rc_ado cstáti-
codcmo!ccu!asy !acstructuramoÍccu!arcnsímÍs-
ma´. [Ïct modocÍmÍtovcndríaaocuQarunacslc-
r mcdÍaconrcspcctoal oQosÍcÍóncntn!oscmÍOtÍco
y !o scmánuco -Quc bcnvcntstc caractcrizaba|usta-
mcntccomooQosÍcÍOncntrcQosÍbÍ!ÎdadcÍmQosÍbÍ-
!Ídaddc!atraduccÌOn~,!oQucÌmQ!ícÍtacntcsu_Íc-
rc!cvÍ-btrausscuandodchncc!mÍtocomo"e modo
dc! dÎscurso dondc c!va!ordc !atOrmu!a trauttore,
taditor tÍcndcQráctÍcamcntcaccro´.)
ocQodríadccÍrQuctoda!aobradcÏcvÍ�btrauss
cs ct: cstc scntÍdo una máquina.que transfrma el
lenguaje humano en lngua prebabélica, l historia
en naturalz. Ïc a!Íí Quc sus aná!isÍs, tan cscÍa-
rcccdorcs cuandosctratadcQasardc!dÍscursoa!a
!cn_ua [cuandosctIataaccrcadcÍo QucscQodría
dctÌnIrcomo!anatura!cza en c!hombrc),rcsu!tan
muchomcnos útI!cs cuandosc ttata dc! Qasa¡c dc
!a !cn_ua aÍ dÍscurso [dc !o Quc Qodría dchnÍrsc
como!anaturmcza0rÍhombrc). ÏcsdccstcQunto
dcvÍsta, l infncia es precisamente l máuina opues­
ta, que transfra !pura lngua prebabélica e di­
curso humano, l naturalez en historia.
8 8
I Infncia y misterio
Ïcsdc Ìa QcrsQcctÍva dc una Ín!ancÍa como dÍ-
mcnsÍónorÍ_ÍnarÍadcÌo humano, QuÍzássctornc
más acccsÍbÌc Ìa cscncÍa dc Ía cxQcrÍcncÍa místÍca
dc ÌaºntÍ_ücdad, cxQÌÍcada dc dÍvcrsas mancras
QorÌoscstudÍosos.ÍucstoQucsÍbÍcncs cÍcrto Quc
consÍs1ía-comopdthem� cnunaantÍcÍQacÍóndc
Ìamucrtc|morIr, telutan, y scrinIciado, teleísthai,
dIcc ÍÌutarco, son Ìo mismo), ¡ustamcntc c! c!c-
mcnto QuctOdasÌasmcntcsconcucrdancnconsÍ-
dcrarcscncÍaÍy dcÌ cuaÌ dcrÍva cÌ nombrc mÍsmo
dc ¯mÍstcrÍo´ |dc *mu, Quc ÍndÍca un cstar con Ìa
boca ccrrada, un musÍtar), cs dccÍr, cÌ sÍÌcncÍo, no
ha sÍdo cxQÌÍcado suhcÍcntcmcntc hasta ahora. oÍ
cs cÍcrto Quc cn su !orma orÍ_ÍnaÍ cÍ ccntro dc Ía
cxQcrÍcncÍamÍstcrÍcanocraun saber, sÍno unpa­
dcer |¯ou mathcîn, aÍÌà Qathcîn´, cn QaÍabras dc
ºristótcÌcs) y sI cscpdthema cstaba cn cscncia cX-
cÌuÍdo dcÌ Ìcn_ua¡c, cra un no-Qodcr-dccÍr, un
musÍtar con Ìa boca ccrrada, cntonccs csa cxQc-
rÍcncÍacrabastantcccrcanaaunacxQcrÍcncÍadcÍa
Ín!ancÍadcÍhombrccncÌscntÍdoQuchcmosscña-
Ìado |cÌhccho dc QuccntrcÍossímboÌos sacrosdc
Ìa ÍnÍcÍacÍón !Ì_urascn ¡u_uctcs-puerilia ludicr�r
Qodría abrÍr un útÍÌ camQo dc Índa_acÍón aÍ rcs-
Qccto) .
8 9
Ícro QrobabÍcmcntcyacn cQoca antÍ_ua ysc-
_uramcntccnc!QcríodosobrccÍQuccstamosmc-
¡or Ín!ormados [c! dc !a máÍma dÍmsÍón dc²os
mÍstcrÍos
a
QartÍrdcÍsÍ_!o IV d. C.) c!mundoan-
tÍ_uo ÍntcrQrcta csa Ín!an0Ía mÍstcrÍca como un
sabcr Quc
sc dcbc ca!!ar, como un sÍ!cncÍo Quc sc
dcbc_uardar. Ja! como sonQrcscntados cn c! De
mystri dc]ámbÍtco,!osmÍstcrÍossony 1na¯tcur-
_Ía¨, cs dc·Ír, cscncÍa!mcntc un sabct haccr, una
¯tccnÍca´` Qara ÍnÛuÍr sobrc !os dÍoscs. L!páthema
scvucÌvc cntonccs máthéma, cÌ no-Qodcr-dccÌrdc
!a Ín!ancÍa sc torna una doctrÍna sccrcta sobrc !a
QucQcsaun¡uramcntodcsÍ!cncÍocsotcrÍco.
Íorcso !a!ábuÍa, o sca a!_o Quc só!o sc Qucdc
contar,ynoc!mÍstcrÍo,sobrcc!gucscdcbcca!!ar,
contÍcnc!avcrdad dcÍaÍn!ancÍacomodÍmcnsÍón
orÍ_Ína!dc! hombrc. Íucs cÍ hombrc dc !aJábu!a
sc!Íbcradc!aob!Í_acÍónmÍstcrÍcadc!sIÌcncÍotrans-
!ormándo!o cn cncantamÍcnto: cs un hcchÍzo, y
no!aQartÍcÍQacÍóncnunsabcrÍnÍcÍátÍco,!oQuc!c
QuÍta c! hab!a. L!sÍÍcncÍo mÍstcrÍco su!rÍdo como
bru¡cría arro¡a dc nucvo a! hombrc cn Ía Qura y
muda!cn_u8dc!anatura!cza:aunQucaÍhna!dcba
scr Ín!rIn_Ído
y
suQcrado como cncanto. Ïc a!!í
QucmÍcntrascnÍa!ábu!ac!hombrccnmudccc,!os
anÍma!cssa!cndc!aQura!cn_uadcÍanatura!cza
y
hab!an. NcdÍantc ÍaconmsÍón tcmQorarÍa dc Ías
doscstctas·
!a
fu hacc Qtcva!cccr cÌmundo dc
9 0
!a boca abÍcrta, dc ia raIz ÍndocuroQc8 *bha [dc
dondc dcr¡vaÍa Qa!abra ¯!ábu!a), contra c! mun-
do dc !abocaccrrada, dc!araIz *mu.
Ïa dchnÍcÍón mcdÍcva! dc !a !ábu!a, sc_un !a
cua!scría una narracÍón dondc ¯anÍma!Ía muta. . .
scrmocÍnasschn_untur´ y como ta! aÌ_o cscncÍa!-
"
·
.
d d mcntc contranaturam ,conttcnc cs ccstaQcrs-
QcctÍvamuchamásvcrdaddcloQucQodíaQa1cccr
a QrÍmcra vÍsta. Ln c!ccto, Qucdc dccÍrsc Quc !a
!ábulacscl lu_ar dondc, mcdÍantc la ÍnvcrsÍón dc•
!ascatc_oríasbocaccrradalbocaabÍcrta, Qura!cn-
_uaÍ:n!anc:a, hombrc y natura!cza :ntcrcambÍan
susQaQc!csantcsdcvo!vcracncontrarcadacuaÍsu
QroQÍo sÍtÍo cn !ahÍstorÍa.

9 1
El país de los jugetes
ÏctÍcxÍoncssobrcÍahÍstorÍay cÍ¡uc_o
a Clude Lévi-Strauss
en resetuoso homenaje
por su septuagésimo cumplaños
Es conocido el episodio de la novela de Collodi en e cual
Pinocho, tras una noche de viaje a lomos del borrico parlan-'
te, llégafelizmerte al amanecer al ·�país de los juguetes". En
la descripción de esa utópica república infaritil, Collodi
.
nos
ofrece la imagen de un universo donde todo es juego:
Ese país no se parecía a ningún otro país del
mundo. Toda la población estaba compuesta por
niños. Los más viejos tenían catorce años, los más
jóvenes apenas ocho. ¡En las calles, una algarabía,
un ruido, un griterío que martillaba el cerebro!
Bandas de chiquillos por todas partes: j ugaban a
las bolitas, al tejo, a la pelota, andaban en bicicle­
ta, en cabalitos de madera; unos jugaban a gallito
ciego, otros se perseguían; algunos, vestidos de pa­
yasos, devoraban antorchas; otros recitaban, can­
taban, hacían saltos mortales, se divertían cai­
nando con las manos y levantando las piernas por
e aire; uno manipulaba e aro, otro paseaba vesti­
do de general con birrete de papel y un escuadrón
de cartón; re
Í
an, gritaban, se llamaban, aplaudían,
silbaban; alguno imitaba el sonido de la gallina
cuando ha puesto un huevo: en suma, un pande-
9 5
monÍum,unabaraúnda, unbuÌÍÍcÍotancndÍabÍa-
doQuchabíaQucQonctscal_odóncnlosoídosQata
noQucdatscsotdo. ÏntodasÍasQÍazasscvcíantca-
ttos dctítctcs. . .
Lsa ÍnvasÍóndcÍ avÍdaQor Qartc dcÍ ¿uc_o tÍcnc como
consccucncÍa Ínmcd¡ata una modÍ!ÌcacÍón
y una acclcta-
cÍón dcÍ tÍcmQo: `Ln mcd¡o dcÍrcctcocont¡nuoyÍasmúÌ-
tÍQÍcs d¡vcts¡oncs, Ìas hotas, Íos días, Ías scmanas Qasaban
comotcÍámQa_os´. IomoctaQtcvÍsÍbÍc, ÍaaccÍctacÍóndcÍ
ItcmQonodc¡adcmodihcatc!caÌcndatIo.5tcndocscncÍaì-
mcntc tÍtmo, aÌtctnanc¡a, tcQctÍcÍón, sc Inmov¡!Íza ahora
cnÍadcsmcsutadaQtoÍon_acÍ
ón dc un únÍcodíadc hcsta.
¯!ada scmana~Íc cxQÍ¡ca Íos!ot¡to a Í¡nocho- cstá com-
Qucstadcsc¡s¡ucvcsyundomÍn_o,Ima_ínatcQucÍasvaca·
cÍoncsdcÍ otoñocmQÍczancÍ QtÍmcto dccnctoytctm¡nan
e ttcÍnta yuno dcdtctcmbtc. ´
5Íconhamos cnÍasQalabtasdc Ioslot¡to, cÍ ¯Qandcmo-
n¡um´, Ía `bataúnda
, cÍ ¯buÍÍÍcÍo cndÍabÍado´ dcÍ Qaís dc
ÍOs¡u_uctcsQtovocandchcchounaQatáÍÍsÍsyunadcstruc-
cÍóndcÍcaÍcndatÍo.
Ïa cxQÍtcactòn dcÏos!ottto mctccc aì_unas tcÜ cx¡oncs.
5abcmos Quc ant¡_uamcntc, y
aun hoy cnttc Íos pucbÌos
ÍÍamadosQtÍmÍtÍvos |Qucsctíamc¡ot
IÍamat, sc_únÍasu_c-
tcnc¡a dc ÏcvÍ-
5ttauss,
soc¡cdadcs !tías o dc hÍstotÍa csta-
cÍonatÍa), un ¯QandcmonÍum¨, una ¯bataúnda¨ y un `bu-
ÍÍ¡c¡ocnd¡abÍado´tcnían
Qote contta)ÍoÍa!unc¡óndc¡ns-
tÍtuIt y _atantÍzat Ìa cstabÍÌÍdad
dcÌ caÌcndat¡o. Ícnscmos
9 6
en ese complejo de rituales -comunes a culturas diferentes
y alejadas en e! espacio y en el tiempo- que los etnógrafos y
los historiadores de las religiones denominan "ceremonias
del Año nuevo" y que se caracterizan por un desorden or­
giástic�, por la suspensión o por la silbvers1ón de las jerar­
quías sociales y por licencias de toda índole, cuyo fin en
cada caso es asegurar la regeneración del tiempo y tam­
bién la fjación del calendario. Disponemos de una descrip­
ción de la ceremonia llamada No, con que los antiguos chi­
nos celebraban la entronización de los doce genios que de­
bían presidir los meses del nuevo afo. "Yo mismo he visto
-escribe Lieou Yu, un literato que consideraba inconve­
niente esa costumbre- cada noche de plenilunio del primer ·
mes, caminos y callej uelas repletas de gente, donde e es­
truendo de los tambores ensordecía el cielo y las antorchas
iluminaban la tierra. L gente se pone máscaras de animales
y los hombres se visten de mujer; cantantes y malabaristas
se disfrazan de maneras extravagantes. Hombre y mujeres
acuden juntos al espectáculo y se reúnen en lugar de evitar­
se. Dilapidan sus bienes, destruyen su herencia = . . "°° Frazer
describe la vieja fiesta escocesa llamada calluinn (bullicio)
que tenia lugar el último día del ao, cuando un hombre
vestido con una piel de vaca y seguido por una turba de
muchachos vociferantes, que hacían resonar Ia piel
percutiéndola con bastones, daba tres vueltas en torno a
cada casa imitando el curso del sol. Asimismo el akttu, la
·
n M. GRET, Danses et Légends d l Chine ancitnne, Pais 1959, vol. !, p.
321.
97
hcsta babiIónica dcI Año nucvo, guc cn su primcra tasc
impIicaba una rcstauración dcI caos primordiaI y una sub-
vcrsión dcÍ ordcn sociaI, cra scguida por Ia "hcsta dc Ías
sucrtcs" (zkmuk), cn Ia guc sc dctcrminaban Ios prcsagios
para cada uno dc Ios docc mcscs dcI año, y cI nauroz
e Año
nucvo pcrsa, cra tambicn cI día cn guc tcnía Iugar Ia hja-
ción dc Ios dcstinos humanos por un año cntcro.
Las consccucncias guc podrían cxtracrsc dc Ia compara-
ción dc rituaIcs tan ditcrcntcs y pcrtcnccicntcs a
cuIturas
tan hctcrogcncas corrcrían cI ricsgo dc no scr cicntíhca-
mcntc pcrtincntcs. Antcs bicn podcmos obscrar guc csa
rcIación cntrc ritos y caIcndario no sóIo cs váIida para Ios
ritos dcI Año nucvo. L rcIación mncionaI cntrc ritos y ca-
Icndario cs cn gcncraI tan cstrccha guc Lcvi-5trauss, cn un
cstudio rccicntc, IIcgó a ahrmar guc "Ios rìtos hjan Ias cta-
pas dcI caIcndario como Ias IocaIidadcs cn un itincrario
.
Ístas amucbIan Ia cxtcnsión, aqucIIos Ia duración
"
y quc
"Ia hìnción propia dcI rituaI cs . . . p(cscrvar Ia continuidad
dc Io vivido"°º•
5i csto cs así -sicmprc y cuando Ias rcücxìoncs dc tostorito
dcban tomarsc cn scrio-, podcmos conjcturar una
rcIación
aI mismo ticmpo dc corrcspondcncia y dc oposicìón cntrc
jucgo y rito, cn cI scntido dc guc ambos manticncn una
rcIación con cI caIcndario y con cI ticmpo, pcro guc dicha
rcIación cs invcrsa cn cada caso. . rito hja y estuctura cI
23
C. LÉV-STRUSS, Mythe et oub/i, en Langue, dicour>, sociétépour Émile
Benveniste, Paris 1975, p. 299.
9 8
caIcndario, cI jucgo cn cambio, aun cuando todavIa no sc-
pamos cómo ni por guc, Io aItcra y Io destuye.
La hipótcsis dc una rcIación invcrsa cntrc jucgo y rito cs
cn rcaIidad mcnos arbitraria oc Io guc podría parcccr a pri-
m
cra vista. Ltcctivamcntc, dcsqc hacc ticmpo !os cstudio-
sos sabcn guc Ias cs!cras dcI jucgo y dc Io sagrado cstán
cstrc¤hamcntc Iigadas. Pumcrosas y bicn documcntadas in-
vcstigacioncs mucstran guc cI origcn dc Ia mayorIa dc Ios
jucgos guc conoccmos sc haIIa cn antiguas ccrcmonias sa-
gradas, cn danzas, Iuchas rituaIcs y prácticas adivinatorias.
AsI cn cI jucgo dc Ia pcIota podcmos disccrnir Ias hucIIas dc
Ia rcprcscntación rituaI dc un mito cn cI cuaI Ios dioscs
Iuchaban por Ia poscsión dcI soI, Ia ronda cra un antiguo
rito matrimoniaI, Ios jucgos dc azar dcrivan dc prácticas
oracuIarcs, cI trompo y cI damcro cran instrumcntos
adivinatorios.
!n un cstudio particuIarmcntc poco considcrado dcntro
dc Ia bibIiograha dcI gran Iingüista, Bcnvcnistc pron¡ndizó
csa rcIación cntrc jucgo y rito a partir dc Ias concIusioncs dc
Ios antropóIogos, buscando no sóIo agucIIo guc ticncn cn
común sino tambicn agucÍÍo guc Íos oponc. !ucs si bicn cÍ
jucgo provicnc dc Ia cstcra dc Io sagrado, tambicn Ía modih

-
ca radicaÍmcntc c incIuso Ia trastorna a taI punto guc pucdc
scr dch

nido sin torzamicntos como Io "sagrado invcrtido¨.
"La potcncia dcI acto sagrado -cscribc Bcnvcnistc°"- rcsidc
prccisamcntc cn Ia conjunción dcI mito guc cnuncia Ia histo
24 E. BENVENISTE, Le jeu et le sacré, en "Deucalion", n. 2, 1 947, p. 1 65.
9 9
ria y del rito que la reproduce. Si comparaos dicho esque�
ra con el juego, aparece la diferencia esencial: en el juego
solaente sobrevive el rito y no se conserva más que la frma
del drama sagrado, donde cada cosa a su vez resulta inverti­
da. Pero se ha olvidado y anulado el mito, la fabulación en
palabras sugestivas que confere a los actos su sentido y su
eficacia." Consideraciones anáogas son válidas para el jocu,
es decir, para el juego de palabras: "en oposición al ludus,
aunque de manera simétrica, el jocu consiste en un puro
mito, a que no le corresponde ningún rito que pueda hacerlo ;
acceder a la realidad". Estas consideraciones le proporcionan
a Benveniste elementos para una defnición del juego co
ro
estructura: "Se origina en lo sagrado, del cual ofrece una
imagen invertida y
fragmentada. Si lo sagrado puede defi nirse
mediante la unidad consustancial del mito y e rito, podría­
mos decir que hay juego cuando sólo se cumple una mitad
de la operación sagrada, traduciendo únicamente el mito en
. palabras y únicamente el rito en acciones"25•
L conexión invertida entre el juego y lo sagrado que nos
había sido sugerida por las consideraciones de Fosforito se
revela entonces coro sustancialmente correcta. El país de
los juguetes es un país donde los habitantes se dedican a
celebrar ritos y a manipular objetos y palabras sagradas,
cuyo sentido y cuyo fin sin embargo han olvidado. Y no
debe sorprendernos que
mediante ese olvido, mediante el .
desmembramiento y la inversión de los que habla Benveniste,

25
E. BENVENiSTE, Le jt a le sacré, en "Deucion". n. 2, 1 947, p - . 165.
·
·
1 00
Iibcrcn tambicn Io sagrado dc su concxión con cI caIcnda·
rio y con cI ritmo cícIico dcI ticmpo guc cstc sanciona,
ingrcsando así cn otra dimcnsión dcI ticmpo dondc Ias ho-
ras pasan como "rcIámpagos¨ y Ios dIas no sc aItcrnan.
A jugar, cI hombrc sc dcsprcndc dcI ticmpo sagrado y Io
"oIvida¨ cn cI ticmpo humano.
Ícro cI mundo dcI jucgo sc vincuIa con cI ticmpo cn un
scntido aún más cspccínco. !cmos visto, cn ctccto, guc todo
Io guc pcrtcnccc aI jucgo ha pcrtcnccido aIguna vcz a Ia csIc-
ra dc Io sagrado. Ícro cso no agota !a cstcra dc! jucgo. Lc
hccho Ios hombrcs sigucn invcntando jucgos y tambicn puc-
dc jugarsc con agucIIo guc aIguna vcz pcrtcncció a Ia cstcra
práctico�cconómica. \n vistazo aI mundo dc Ios juguctcs
mucstra guc Ios niños, csos ropavcjcros dc Ia humanidad,
jucgan con cuaIguicr ætiguaIIa guc Ics caiga cn Ias manos y
quc cI ¡ucgo conscrva así objctos y comportamicntos prota-
nos guc ya no cxistcn. Jodo Io guc cs vicjo, indcpcndicntc-
mcntc dc su origcn sacro, e susccptibIc dc convcrtirsc cn
juguctc. Adcmás, Ia misma apropiación y transtormación cn
jucgo (Ia misma ilu.ión, podría dccirsc, rcstituycndoIc a| tcr-
mino su signin

cado ctimoIógico dc includre) sc pucdc ctcc-
tuar -por cjcmpIo, mcdiantc Ia miniaturización� tambicn
con rcspccto a objctos guc todavía pcrtcncccn a Ia csIcra dcI
uso: un auto, una p¡stoIa, una cocina cIcctrica sc træsIor-
man dc goIpc, gracias a Ia miniaturización, cn juguctcs.
¿LuáI cs cntonccs Ia cscncia dcI juguctc! LI caráctcr cscn-
ciaI dcI juguctc -cn úItima instancia cI único guc pucdc
1 0 1
distinguirlo de los demás objetos-es algo singular que sola­
mente puede captarse en la dimensión temporal de un "una
vez" y de un "ya no más" .(sin embargo, como
muestra el
ejemplo de la miniatura, a condición de entender
ese "una
vez" y ese "ya no más" no sólo en sentido diacrónico
, sino
también en sentido sincrónico). El juguete es
aquello que
perteneció -una vez, ya no mda la esfera de lo sagrado o a
la esfera práctico-económica.
Si esto es así, la
esencia del
juguete (el "alma del juguete" que según Baudelaire es aque­
llo que los niños procuran
aferrar en vano cuando dan vuel­
ta sus juguetes, los sacuden, los tiran al piso, los abren y
finalmente los despedazan) es entonces algo eminentemen­
te histórico: e incluso podría
decirse que es lo Histórico en
estado puro. Pues
en ningún otro sitio podremos captar
como en un juguete la
temporalidad de la historia en su
puro valor difer
encial y
cualitativo: ni en un monumento,
que conserva en el tiempo
su carácter práctico y documen­
tal (su "contenido fáctico", diría Benjamín), objeto de in­
vestigación arqueológica y
erudita; ni en un objeto de anti­
cuario cuyo valor está en fnción de una antigüedad cuan-
·
titativa; ni en un documento
de archivo que obtiene su
valor de la inser
ción en una cronología en una
relación de
contigüidad y
de legalidad
con el acontecimiento pasado.
·
Con respecto a todos esos
objetos, el juguete representa algo
más y distinto. A
menudo se ha planteado el interrogante
sobre lo que
persiste del modelo luego de su transforma­
ción en juguete,
ya que por
cierto no se trata de su signif­
cado cultural ni de su fnción, ni siquiera de
su forma (que
1 02
pucdc scr pcrIcctamcntc rcproducida o ætcrada hasta voI-
vcrIa casi irrccon
ocibIc, como bicn sabc guicn cstá habitua~
do a elátic
o
iconi�mo de los iuguetes) . Lo que e iuguete
conscrva
dc su µodcIo sagrado o cconómico, Io guc sobrc-
vivc tras cI dcsµcmbramicnto o Ia miniaturización, no cs
más guc Ia tcmpo
raIidad humana guc cstaba contcnida cn
cIlos, su pura cscnci
a histórica. !I juguctc cs una matcriaIi~
zación dc Ia hist
oricidad contcnida cn Ios ob¡ctos, guc agucI
Iogra cxtracr a travc
s dc una particuIar manipuIación. Nicn-
tras guc cI vaIor
y cI signihcado dcI objcto antiguo y d
cI
documcnto cstán
cn hnción dc su antigücdad, dcI modo
cn guc prcscntib
can y vucIvcn tangibIc un pasado más o
mcnos
rcmoto, çI juguctc, Iragmcntando y tcrgivcrsando cI
pasado o bicn
µiniaturizando cI prcscntc ÷jugando ptics
tanto con Ia diacronía como con Ia sincronía-, prcscntih

ca
y vucIvc tangibIc
Ia tcmporæidad humana cn sI mìsma, Ia
pura distancia diIcrcnciaI cntrc cI "una vcz¨ y cI "ya no más¨.
Lonsidcrado
asI, cI juguctc prcscnta cicrta anaIogía con
cI bricolge, dcI
guc sc sirvc Lcvi-5trauss, cn páginas guc ya
son cIásicas, para
iIustrar cI proccdimicnto dcI pcnsamicnto
mItico. A iguæ
quc cI bricolge, cI juguctc tambicn sc sirvc
dc "rcsiduos¨ y d
c "Iragmcntos¨ pcrtcnccicntcs a otros con-
juntos cstructu
raIcs (o bicn dc conjuntos cstructuraIcs
modih

cados) y cI
juguctc tambicn transIorma así antiguos
signihcados cn si
gnihcantcs y viccvcrsa. !cro agucIIo con Io
guc jucga cn rca
lidad no
son simpIcmcntc csos rcsiduos y
csos Iragmcntos,
sino más bicn -como rcsuIta cvidcntc cn
cI caso dc Ia miniaru
rización
-Ia "rcsiduæidad¨, por asI dc-
1 03
cir, guc cstá contcnida como torma tcmporaI cn cI objcto o
cn cI conjunto cstructuraI dc dondc partc. Lcsdc cstc pun-
to dc vista, cI scntido dc Ia miniaturiz�ción como citra dcI
juguctc parccc scr más ampIio guc cI guc Ic atribuyc Lcvi-
5trausscuando sitúa cn cI "modcIo rcducido" (cn scntido
Iato) cI caráctcr común tanto aI bricolge como a Ia obra dc
artc. !ucs Ia miniaturización sc mucstra agu! no tanto como
agucIIo guc pcrmitc conoccr cI todo antcs guc Ias partcs y
por tanto vcnccr, captándoIo a simpIc vista, Io tcmibIc dcI
objcto ("La poupcc dc |cntant n´ cst pIus un a�vcrsairc, un
rivaI ou mômc un intcrIocutcur . . . ¨°º), sino más bicn como
Io guc pcrmit� aprchcndcr y distrutar Ia pura tcmporaIidad
contcnida cn cI objct�. La miniat
Ú
rizción es por lo tanto l
cia d l historia. Lc modo guc antcs guc cI bricoleur, scrá
cI coIcccionista guicn sc prcscntc naturaImcntc como hgu-
ra contigua aI jugador. !ucs asI como sc coIcccionan objc-
tos antiguos, sc coIcccionan miniaturas dc objctos. !cro cn
ambos casos cI coIcccionista cxtrac cI objcto dc su distancia
diacrónica o dc su ccrcanIa sincrónica y Io capta cn Ia rc-
mota proximidad dc Ia historia, cn agucIIo guc podrIa
dchnirsc, paraírascando a Bcnjamin, como "unc citation a
I´ordrc du jour¨ cn cI úItimo dIa dc Ia historia.
5i csto cs asI, si agucIIo con guc jucgan Ios niños cs Ia
historia y si cI jucgo cs csa rcIación con Ios objctos y Ios com-
portamicntos humanos guc capta cn cIIos cI puro caráctcr
26
"L mufeca del niño ya no es un rival, un adversario, tampoco un inter�-
locutor . n + " (T).

1 04
histórico-temporal, no
pa
recerá entonces
irrelevante que en
un fagmento de HeráclitO - sea en los orígenes del pensa­
miento europeo- Aión, el
tiempo en su carácter originario,
fgure como u "niño
qu
e juega a los dados!' y se defina la
. �
dimensión abierta por ese
juego como "reino de un niño".
Los etimologistas
remiten
la palabra aión a una raíz *ái-w,
que signifca "ferza vital",
y ése sería, según ellos, el signif­
cado d aión en sus apariciones más atiguas en los textos
homéricos, antes de adquirir el significado de "médula espinal"
y fnalmente, con un despl
azamiento difícil de explicar, el de
"duración" y "eternidad". En realidad, si observamos má de
cerca las acepciones homéricas del término, vemos que aión
frecuentemente está asoci
ado a psché en expresiones como:
"psché y aión lo abandonaron'', para indicar la muerte. Si
pschées el principio vital que anima el cuerpo, ¿qué sentido
podrá tener en ese caso aión, si no se debe pensar en una
siriple repetición? Aión -y ésta es la única interpretación que
permite integrar en un co�junto coherente los diversos signi­
fcados mencionados- indica la fuera vital en tanto que es
percibida en el ser viviente como una cosa temporal, como
algo que "dura"; vale decir,
como la esencia temporaliznted
el
viviente,
mientras que psc
hées el soplo que anima el cuerpo
y thumós es lo que mueve los miembros. Cuando Heráclit
o
nos dice que aión es un ni6o que juega, representa entonces
como
juego la esencia terporalizante del ser viviente,
su
"historicidad", diríamos nosotros (aunque traducir: "la his­
toria es un niño que jue
ga
'' sería por cierto una traducción
a
venuada).
1 05
Junto con aión, la lengua griega posee también para de­
signar el tiempo el término chrónos, que indica una dura­
ción objetiva, una cantidad mensurable y continua de tiem­
po. En un célebre pasaje del Timeo, Platón presenta la rela�
ci6n entre chrónos y aión como una relación entre copia y
modelo, entre tiempo cíclico medido por el movimiento de
los astros y temporalidad inmóvil y sincrónica. Lo que nos
interesa no sería tanto que en el curso de una tradición
todavía persistente se haya identificado aión con la eterni­
dad y chrónos con el tiempo diacrónico, sino más bien el
hecho de que nuestra cultura contenga desde su origen una
escisión entre dos nociones diferentes de tiempo, correlati"
vas y opuestas.
Podemos volver ahora a la relación de correspondencia
y
de oposición que señalamos que se establecía entre juego y
rito, con sus situaciones inversas frente al calendario y al tiem­
po. En un pasaje de El pemamiento salvaje, a propósito de los
ritos de adopción de los indios Fox27, Lévi-Strauss condensó
la oposición entre rito y juego en una fórmula ejemplar. Mien­
tras que el rito -escribe allí- transforma los acontecimientos
en estructuras, el juego transforma las estructuras en aconte­
cimientos. Desarrollando esta defnición a la luz de las consi�
deraciones precedentes, podemos armar que la finalidad del
rito es resolver la contradicción entre pasado mítico y presen­
te, anulando el intervalo que los separa y reabsorbiendo t-
27 C. LÉV-STRUSS, L pens!e sauvage, Paris 1962, pp. 44-47.
1 06
dosJos acontecimientos en la estructura sincrónica. El juego
en cambio ofrece una operación simétrica y opuesta: tiende a
destruir la conexión entre pasado y presente, disolviendo y
desmigajando toda la estructura en acontecimientos. Si el
rito es entonces una máquina para transformar la diacronía
en sincronía, el juego es por el contraio una máquina que
transforma la sincronía en diacronía.
En la perspectiva que nos interesa aquí, podemos consi­
derar esta definición como acertada, siempre y cuando pre­
cisemos que tanto en un caso como en el otro esa transfor­
mación nunca es completa. No sólo porque aunque nos
remontemos hacia atrás en el tiempo y por más que exten­
damos la exploración etnográca siempre encontraemos
juegos junto a ritos y ritos junto a juegos, sino también _.
porque todo j uego, según se ha señalado, contiene una par- _ "
te de rito y todo rito una parte de juego, lo que con fre- :·
cuencia hace difícil la distinción entre uno y otro. A propó-
sito de las ceremonias griegas y romanas, Kerényi ha obser­
vado que la "cita'' del mito en la vida que aquéllas represen­
taban siempre implicaba un elemento lúdico. Cuando
Juvenal quiere caracterizar como impío un obsceno culto
secreto de las mujeres romanas, escribe que "Nil ibi per
ludum simulabitur 1 omnia fent ad verum", como si la
pieta religiosa y la actitud lúdica fesen la misma cosa28•
Y
Huizinga pudo hallar fácilmente ejemplos de comporta­
mientos rituales que revelan a menudo una conciencia de
28
K. KRNY, Die Rligion dr Griehm undRomer, Münchcn,Zürich
1 963, p. 34.
1 07
"fcción" que recuerda a jugador consciente de estar juganc
do. Rito y juego aparecen más bien como dos tendencias
que funcionan en toda sociedad, pero que nunca alcanzan
a eliminarse mutuamente y aun cuando alguna de ellas pre­
valezca en cierta medida, siempre dejan que subsista una
distancia diferencial entre diacronía y sincronía.
L defnición que transcribimos anteriormente debe co�
rregirse entonces en e sentido de que tanto el rito
.
como el
juego son máquinas que producen distancias diferenciales
entre diacronía y sincronía, aun cuando esa producción sea
el resultado de movimientos inversos en los dos casos. E in­
cluso, con mayor precisión, podmos Comidrar el rto y el
juego no como dos mdquinas distintas, sino como una sol md­
quina, un único sistema binario, que se articul en bae a ds
categorías que no es posibl aislr sobre cuya correlción y sobre
cuya direncia se fnd el fncionamiento del sistema mismo.
De esa correlación estructural entre rito y juego, entre
diacronía y sincronía, ya podemos extraer consecuencias
sugestivas. Puesto que si las sociedades humanas se revelan,
desde este punto de vista, como un único conjunto atrave­
sado por dos tendencias opuestas, una que apunta a trans­
formar la diacronía en sincronía y la otra que busca el efec­
to opuesto, el resultado fnal del juego de esas tendencias,
lo que el sistema -la sociedad humana- produce sería en
todos los casos una distancia diferencial entre diacronía y
sincronía, sería historia, es decir tiempo humano.
Disponemos así de los elementos que nos permitirían
dar una defnición de la historia liberada de la ingenua
J OB
sustancialización que una perspectiva obstinadamente
etnocéntrica ha mantenido en las ciencias históricas. La
historiografía en efecto no puede suponer que ha identif­
cado su objeto en la diacronía, como si ésta fuese una reali­
dad objetiva sustancial y no el resultado de una codifica­
ción que utiliza una matriz cronológica (como lo demues­
tran las críticas deLévi-Strauss) ; por el contrario, y renun­
.
ciando como toda ciencia humana a la ilusión de tener como
objeto directamente unos realia, debe representarse su ob­
jeto en términos de relaciones signifcantes entre dos órde­
nes correlativos y opuestos: el objeto de la historia no es la
diacronía, sino la oposición entre diacronía y sincronía que
caracteriza a toda sociedad humana. Si se representa e de­
venir histórico como una pura sucesión de acontecimien­
tos, como una absoluta diacronía, se está obligado, para
salvar la coherencia del sistema, a suponer una sincronía
oculta que actúa en cada instante puntual (sea que se la
represente como ley causal o como teleología), cuyo sentic
do sin embargo se revela sólo dialécticamente en el proceso
global. Pero el instante puntual como intersección de sin­
cronía y diacronía (el presente absoluto) es un simple mito,
del que se vale la metafsica occidenta para garantizar la
continuidad de su concepción dúplice del tiempo. Como
Jakobson lo demostrara en relación a la lingüística, la sin­
cronía no puede ser identifcada solamente con la estática
ni la diacronía con la dinámica, así como el acontecimiento
puro (diacronía absoluta) y la estructura pura (sincronía
absoluta) no existen: todo acontecimiento histórico repre-
1 09
senta una distancia diferencial entre diacronía y sincro[Ía,
que instituye entre ellas una relación significante. El deve­
nir histórico no puede entonces representarse como un eje
diacrónico donde los puntos a, b, e, q . q n identifcan los ins­
tantes no extensos en los que coinciden sincronía y diacronía:
e n
Diacronía
sino más bien como una curva hiperbólica que expresa
una serie de distancias diferenciales entre diacronía y sin­
cronía (y con respecto a la cua, por lo tanto, sincronía y
diacronía sólo constituyen dos ejes de referencia asintóticos):
Diacronía
1 1 o
Si tal como es aceptado por todos los antropólogos, cosa
que los historiadores no tendrán dificultades en admitir, la
historia no es el patrimonio exclusivo de algunos pueblos,
frente a los cuales otras sociedades se presentarían como pue­
blos sin historia, no es porque toda5 las sociedades estén en el
tiempo, estén en la
diacronía, sino porque todas la5 socieda­
des producen distancias diferenciales entre diacronía y sin­
cronía, en todas las sociedades lo que aquí hemos llamado
rito y j uego están funcionando para instituir relaciones
significantes entre sincronía y diacronía. Lejos de identificar�
se con el contnuum diacrónico, desde este punto de vista la
historia no es más que e resultado de las relaciones entre
significantes diacrónicos y significantes sincrónicos que el
rito y el juego producen incesantemente, el "juego" -podría;
mos decir, utilizando una acepción mecánica del términq
que aparece en muchas lenguas- entre diacronía y sincronía:·
Rto
� �
¯Þ
¨*
e
e
o
o
..
..
u
u
. �
e
* ~
Q
* *
C
|uego
Establecida esta correlación, se comprende también de
qué manera puede articularse la distinción entre sociedades
1 1 1
"frías" o con una historia estacionaria y sociedades "calien­
tes" o con una historia acumulativa, que a partir de Lévi­
Strauss sustituyó la
distinción tradicional entre sociedades
históricas y sociedades sin historia. Son sociedades "frías"
aquellas donde la esfera del rito tiende a expandirse a ex­
pensas del juego; son sociedades "calientes" aquellas donde
la esfera del juego tiende a expandirse a expensas del rito:
Sociedad e�/_

./·
f
P•
na .
/
/
·<sociedades
caientes
Si la historia se muestra entonces como el sistema de
las transformaciones del rito en j uego y del j uego en rito,
la: diferencia entre los dos tipos de sociedades no es ya
cualitativa, sino cuantitativa: sólo el predominio de un
orden significante sobre el otro define la pertenencia de
una sociedad a un tipo o al otro. En uno de los extremos
de dicha clasificación se ubicaría el caso (cuya reaidad es
puramente asintótica, pues no conocemos ejemplos de una
sociedad semejante) de una sociedad donde todo el juego
se hubiera convertido en rito, toda la diacronía se hubiese
transformado en sincronía. En una sociedad así, donde el
1 1 2
intervalo diacrónico entre pasado y presente se anularía
por completo, los hombres vivirían en un eterno presente,
en esa eternidad inmóvil que muchas religiones le asignan
justamente como morada a los dioses: En el extremo opues­
to, se ubicaría el caso (igualmente ideal) de una sociedad
donde todo el rito habría sido erosionado por el j uego y
todas las estructuras se habrían desmigajado en aconteci­
mientos: es el "país de los j uguetes", donde las horas pasan
como relámpagos, o la absoluta diacronía del tiempo in­
fernal en la mitología griega, simbolizada por la rueda de
Ixión y por el trabajo de Sísifo. En ambos casos estaría
ausente esa distancia diferencial entre diacronía y sincro­
nía con que hemos identifcado el tiempo humano, es decir,
la historia.
En este sentido, tanto las sociedades calientes como las
frías parecieran perseguir -en direcciones opuestas- un
mismo proyecto, que se podría defnir (y ha sido defni­
do) como la "abolición de la historia". Aunque al menos
por ahora, si bien las primeras han llegado a multiplicar al
máimo la incidencia de los signifcantes diacrónicos y las
segundas en cambio a reducirla al mínimo, ninguna so­
ciedad ha logrado realizar íntegramente ese proyecto y
fundar una sociedad totalmente desprovista de calenda­
rio, como el país de los j uguetes, el reino de Hades o in­
cluso, en cierto sentido, la sociedad divina: en las socieda­
des con una historia acumulativa, la linealidad del tiempo
siempre resulta frenada por la alternancia y por la repeti­
ción periódica del tiempo festivo; en las sociedades con
1 1 3
una historia estacionaria, la circularidad siempre es inte­
rrumpida por el tiempo profano.
De modo que tanto el rito como el jÚego contienen en su
interior u residuo ineliminable, un escollo donde su proc
yecto fatalmente está destinado a na;agar. En unas páginas
de El pemamiento salvaje, Lévi-Strauss ha realizado
un a
náli­
sis magistral de esos objetos de piedra o de madera denomi­
nados churinga con que los Aranda, una población del cen­
tro de Australia, representan el cuerpo de un antepasado y
q1e por ello son asignados solemnemente, generación tras
generación, a individuo en el que se supone que el antepasac
do se habría reencarnado. Según Lévi�Strauss, la fnción Y. el
carácter particular de esos objetos derivan del hecho de que
· en una sociedad como la Aranda, que privilegia la sincronía
hasta el punto de representar incluso la relación entre pasado
y presente en términos sincrónicos, los churinga deben com­
pensar el empobrecimiento diacrónico repr�sentando en for­
ma tangible el pasado diacrónico. "Si nuestra interpretación
eS. acertada -escribe29- su carácter sagrado se deriva de la
fnción de signifcación diacrónica que tienen por sí solos
dentro de un sistema que, por ser clasifcatorio, está comple­
tamente aplanado en una sincronía que termina absorbien­
do incluso la duración. Los churinga son los testimonios pal­
pables del período mítico: ese alhernga que, si aquellos no
existieran, podría todavía concebirse, pero ya no estaría ates-
29 LÉV-STRUSS, L pmsü sauvage cit., p. 320.
1 1 4
tiguado fsicamente." Lévi-Strauss no especifica el mecanis­
mo a través del cual el churnga llega a asumir esa fnción de
signifcante de la diacronía.
S
e trata de un mecanismo para
nada simple. Como presencia tangible del . pasado mítico,
como "prueba palpable de que e antepasado y su descen­
diente son una sola.cane", el churinga pareciera ser <n efecto
el signifcante de la absoluta sincronía y no de la diacronía.
Pero una vez que la transformación ritua de la diacronía en
sincronía se ha efectuado en el cuerpo del nuevo individuo,
lo que era el signicante d l sincronía absoluta qued libre, .
-e
s
investido por l diacronía que ha perdido su sigicante (el
embrión dl nuevo individuo) y se troca e sigicante d l
absolut dicroní. Por eso no hay contradicción --mo piensa
Uvi-Strauss- entre el hecho de que los Aranda armen q
;
e
el churnga es el cuerpo del antepasado y el hecho de que d
antepasado no pierda su cuerpo cuando, en el instante de la
concepción, abandona el churinga por su nueva encarnación:
simplemente un mismo objeto es investido en ese caso con
dos fnciones signifcantes opuestas conforme a que el rito
haya sido llevado a cabo o no. De ser así, la transformación
ritual de la diacronía en sincronía necesariamente deja un
residuo diaerónico (cuya cifa sería el churinga en sentido
lato) y el sistema más perfecto imaginado por una sociedad
para abolir la diacronía sin embargo implica finalmente una
producción de diacronía en el mismo objeto que
h
abía per­
mitido esa abolición.
Como era previsible, también el juego nos enfrenta a un
fenómeno análogo, también el juego tiene un escollo del
1 1 5
que no puede desembarazarse. Pues como representación
de un puro intervalo temporal, el juguete es por cierto un
signifcante de la diacronía absoluta, de la transformación
acaecida de una estructura en acontecimiento. Pero tam­
bién en este caso el signifcante queda libre, se vuelve ines­
table y es investido de un significado contrario, también
entonces, terminado el juego, el juguete se troca en su opuesto
y se presenta como el residuo sincrónico que el juego ya no
alcanza a eliminar. Pues si la transformación de la sincronía
en diacronía fuera verdaderamente completa, no debería
dejar huellas y la miniatura debería identificarse con su
modelo, así como, concluido el rito, el churinga debería des­
aparecer e identifcarse con el cuerpo del individuo en el
que se ha reencarnado el antepasado. De allí que los jugue­
tes y los objetos rituales requieran comportamientos análo­
gos: una vez que el rito y el juego se han efectuado, como
residuos embarazosos, deben ser escondidos y apartados,
porque de alguna manera constituyen la desmentida tangi­
ble de aquello que no obstante contribuyeron a hacer posi­
ble (podemos preguntarnos por ende si la esfera del arte en
nuestra sociedad no sería el desván elegido para recoger esos
signifcantes "inestables", que ya no pertenecen propiaente
ni a la sincronía ni a la diacronía, ni al rito ni al juego).
El rito y el juego se revelan así -y no podrían ser conce­
bidos de otro modo- como operaciones que actúan sobre
los signicantes de la diacronía y de la sincronía, transfor­
mando los signifcantes diacrónicos en significantes sincró­
nicos y viceversa. Sin embargo, todo sucede como si el sis�
1 1 6
tema social contuviera un dispositivo de seguridad para ga­
rantizar esa estructura binaria: cuando todos los significantes
diacrónicos se han convertido en significantes sincrónicos,
éstos se convierten a su vez en signifcantes de la diacronía
asegurando así la continuidad del sistema. Lo mismo ocu­
rre en el caso inverso.
Esa posibilidad de inversión que en determinadas condi­
ciones es inherente a los significantes de la diacronía y de la
sincronía permite explicar además la existencia de ceremo­
nias -como por ejemplo las fnebres- donde rito y juego se
aproximan de manera singular. Todos recuerdan el canto
XIII de la Ila la vívida y meticulosa descripción de los
juegos con que concluye el fneral de Patroclo. Aquiles ha
velado toda la noche junto a la hoguera donde se consume
el cuerpo de su amigo, llamando a gritos a su alma y derra­
mando vino sobre las llamas, o desahogando ferozmente su
dolor en el cadáver insepulto de Héctor. De pronto, el en­
sañamiento da lugar al placer jovial y al entusiasmo
agonístico que suscita la contemplación de la carrera de
carros, las combates de pugilato, la lucha y el tiro con arco,
descriptos en términos que nos resultan muy familiares por
nuestras propias competencias deportivas. Rohde ha obser­
vado con agudeza y sobre bases flológicas irreftables que
los juegos fnebres formaban parte del culto del muerto, lo
que implica que se le atribuyera al muerto una participa­
ción real en dichos j uegos. Se jugaba con el "muerto", como
todavía lo hacen los j ugadores de naipes. Es sabido que
1 1 7
Bachofen, por su parte, fue más lejos al afirmar que "todos
los juegos tienen un carácter mortuorio . . . La meta es siem­
pre una piedra sepulcral . . . y a ese significado religioso se
debe su presencia en el mundo de las tumbas, lo mismo en
los frescos murales (como en Cometo) que en los relieves
de los sarcófagos". De allí que en las tumbas encontremos
los ejemplos más antiguos de esa miniaturización que se
nos reveló como la cifra del juguete en las páginas prece­
dentes. "Los historiadores de los juguetes -escribe Aries-,
los coleccionistas de muñecas y de objetos en miniatura
tienen siempre muchas dificultades para distinguir las mu­
ñecas-juguetes de todas las demás imágenes y estatuillas que
las excavaciones suministran en cantidades casi industriales
y que la mayoría de las veces tenían un significado religio­
so: culto doméstico, culto fnerario . . . "
Si los juguetes son los significantes de la diacronía, ¿por
qué motivo figuran en ese inmóvil mundo de la sincronía
que es la esfera sepulcral? Pero hay más. Lévi-Strauss relata
e|caso de los ritos de adopción que celebran los indios Fox
para sustituir a un pariente muerto por uno vivo, permi­
tiendo así el alejamiento definitivo del alma del difunto.
Esas ceremonias van acompañadas por juegos de destreza y
de aa y por competencias deportivas entre la población,
dividida para la ocasión en dos grupos, Tokan y Kcko, que
representan a los muertos y a los vivos. Pero lo que nos
interesa es que dichos juegos tienen la particularidad de
que su resultado está establecido de antemano: si el muerto
pertenece al grupo Tokan, ganarán los Tokanagi; si pertenec
1 1 8
ce al grupo Kcko, ganarán en cambio los Kickoagi. Es decir
que estamos en presencia de un juego que es tratado como
un rito y que al carecer del elemento de la contingencia ya
no puede servir para transformar estructuras en aconteci­
mientos. Casi podría decirse que, con la muerte, juego y
rito, juguetes y objetos rituales, significantes de la diacronía
y signifcantes de la sincronía -diferenciados durante la vida­
se invierten y se confnden.
Pero observemos más de cerca el sentido y la función de.
las ceremonias fúnebres. Nos encontramos frente a un sis­
tema de creencias que se repite sin grandes variaciones en
culturas diferentes y lejanas y que por ende podemos tratar
como un complejo bastante unitario. Según esas creencias,
el primer efecto de la muerte es transformar al muerto en
.
un fantasma (la larva de los latinos, el eídlon y el phdma
·
.
de los griegos, el pitrde los hindúes, etc.), es decir, en un ser.
vago y amenazante que permanece en el mundo de los vi­
vos y vuelve a los lugares frecuentados por el difnto. La
fnalidad de los ritos fúnebres -en lo que están de acuerdo
todos los estudiosos- es asegurar la transformación de ese
ser incómodo e incierto en un antepasado amigable y pode­
roso, que vive en un mundo separado y con el cual se man­
tienen relaciones ritualmente defnidas. Pero si intentamos
precisar la naturaleza de esa "larva" vaga y amenazante, ve­
mos que todas las ceremonias concuerdan: la l�rva es la
"imagen" del muerto, su semblanza, una especie de sombra
o de reflejo especular (es la imagen que se le aparece a Aquiles
para pedirle la sepultura, y el héroe no deja de asombrarse
1 1 9
por su perfecta similitud con Patroclo: "se le parecía
prodigiosamente", exclama) .
Quizá podamos entonces tratar de construir ese conjun­
to de creencias, en apariencia desconcertantes, como un
sistema coherente. L muerte hace pasar al difunto de la
esfera de los vivos -donde coexisten signifcantes diacrónicos
y significantes sincrónicos- a la de los muertos, donde no
hay más que sincronía. Pero en ese proceso la diacronía,
que ha sido desalojada, investirá al signifcante por excelen­
cia de la sincronía: la imagen, que la muerte ha dejado libre
al separarla de su soporte corporal. De modo que la larva es
un significante de la sincronía que se presenta anienaza­
doramente en el mundo de los vivos como significante ines­
table por excelencia, que puede adquirir el signifcado dia­
crónico de un perpetuo vagar (altor, el vagabundo, llama­
ban los griegos al espectro del insepulto) y de una imposibi�
lidad de fjarse en un estado defnido. Sin embargo, justa­
mente ese signifcante, por su posibilidad de inversión se­
mántica, permite establecer un puente entre el mundo de
los vivos y el de los muertos, garantizando el pasaje de uno
al otro pero sin identicarlos. Así la muerte -s decir; la
amenaza más grave que la naturaleza hace pesar sobre el
sistema binario de la sociedad humana, pues en ella resulta
más arduo mantener abierta la oposición significante de
diacronía y sincronía sobre la cual se funda el sistema, des-
·
de el momento en que parecen encontrar allí su punto de
coinci
dencia- es superada justamente gracias a uno de esos
signifcantes inestables C\lya función empezamos a aprecia�
·
1 20
en el churingay en el juguete. La lrva, signifcante inesta­
ble entre sincronía y diacronía, se transforma en lr, másca­
ra e imagen esculpida del antepasado que, como signifcante
estable, garantiza la continuidad del sistema. Como dice
un proverbio chino, citado por Granet: "el alma-soplo de
los difuntos es errante: por eso se hacen las máscaras para
f j aria'' 30•
Ahora resulta comprensible por qué se tornan necesarias
para tal fn unas ceremonias totalmente particulares, que
no encajan en el esquema del rito ni en el del j uego, sino
que parecen participar de ambos. Efectivamente, los ritos
fnebres no tienen por objeto unos signifcados estables,
como los demás ritos (y como los juégos), a los que se trata
de hacer pasar de la esfera de la diacronía a la de la sincronía
(o viceversa): su objeto es la transformación de signifcantes
inestables en significantes estables. Por eso los juegos inter­
vienen e las ceremonias fnebres, aunque para ser rata­
dos como elementos de un ritual; y mientras que los ritos y
los juegos dejan que subsistan significantes inestables, los
ritos-juegos no pueden dejar residuos: la larva -signifcante
inestable- debe convertirse en muerto, signifcante estable
de la sincronía3 1 •
3° GRANET, Dames et Légendes cit., p. 335.
3 1
El caso de los aborígenes de las islas Trobriand (estudiado por·Malinowski
en Balma; the Spirits ofthe Dead in the Tobriand Ilnd, en "Jour. of tbe
Royal Anthrop. Inst. of Great Britain and Ireland", vol. 46, 1 91 6) , con su
estructura peculiar, confirma plenamente esta interp�eración. Lo que se
presenta en general como un único signifcante inestable· aparece en este
caso dividido desde un principio en dos signifcantes distintos: el balma
1 2 1
Pero la oposición significante de sincronía y diacronía,
entre mundo de los muertos y mundo de los vivos, no e
s
infringida solamente por la muerte. La amenaza otro mo­
mento crítico no menos temible: el nacimiento. Por lo tato
vemos que también en este caso entran en juego
significantes
inestables: así como la muerte no produce
directaente anc
repasados, sino larvas, del mismo modo el nacimiento no
produce directamente hombres, sino niños, que en todas las
sociedades tienen u particular estatuto diferencial. Si la lar­
va es un muerto-vivo o un medio-muerto, el niño es un vivo-
·
muerto o un medio-vivo. Como prueba palpable de la dis­
continuidad entre mundo de los vivos y mundo de los muer­
tos y entre sincronía y diacronía y como signifcante inesta­
ble que puede transformarse en su opuesto en todo momen­
to, el niño también representa al mismo tiempo una amena­
z que se procura neutralizar y un expediente que hace posi­
ble el pasaje de una esfera a la otra sin abolir su diferencia
signifcante. Y así como a la función de la larva le correspon­
de la del niño, del mismo modo a los ritos fnebres le corres-
(la imagen, que se va al país de los muertos) y el Kosi (la sombra, que vaga
por algún tiempo en los alrededores de la aldea antes de desaparecer por su
cuenta sin neceidad de intervenciones humanas particulares). También
en este caso la oposición signifcante entre diacronía y sincronía en el
momento de la muerte resulta así asegurada; pero dado que el significante
inestable ya está resuelto en dos componentes separados, las ceremonias
fúnebres, como lo advertía Malinowski, no parecen referirse en modo al­
guno al espíritu del difunto: "They are not performed, either ro send a
message of !ove and regret to the balma (spirit), or to deter him from
remrning; they do not influence his welfare, nor do they affect his rdation
to the survivors".
1 22
ponden los ritos de iniciación, destinados a transformar esos
signifcantes inestables en significantes estables.
En páginas inolvidables32, Lévi-Strauss -a partir del fol­
klore navideño que tiene como fgura central a Papá Noel­
reconstruyó el significado de los ritos de iniciación al entre­
ver por detrás de la contraposición entre niños y adultos una
contraposición más fundamental entre muertos y vivos. En
realidad, como hemos visto, los niños no corresponden tanto
a los muertos sino más bien a las larvas. Desde el punto de
vista de la función significante, muertos y adultos pertene-
cen a un mismo orden, el de los significantes estables y la
,.
continuidad entre diacronía y sincronía. (Desde ese punto·
'
de vista, no hay gran diferencia entre las sociedades fías, que
representan dicha continuidad como un círculo donde los­
vivos se convierten en muertos y a su vez éstos en vivos, y las·
sociedades calientes como la nuestra, que desarrollan esa con
J
tinuidad en un proceso rectilíneo. Tanto en un caso como en
.
el otro, lo esencial es la continuidad del sistema.) Los niños y
las larvas -como signifcantes inestables-representan en cam­
bio la discontinuidad y la diferencia entre ambos mundos. El
muerto no es el antepasado: tal es el signifcado de la larva. El
antepaado ·no es el hombre vivo: tal es el significado del
niño. Pues si los difuntos se convirtieran inmediatamente en
antepasados, si los antepasados se convirtieran inmediatamen­
te en hombres vivos, entonces todo el presente se· transfor­
maría de golpe en pasado y todo el paado en presente, y se
32
C. LÉV-STRUSS, Le pere Noil supplicié, en "Les Temps modernes", n.
77, 1 952.
1 23
desvanecería la distancia
diferencial entre sincronía y diacronía
sobre l que se fnda la posibilidad de establecer relaciones
signifcantes y con ella la posibilidad de la sociedad humana
y de la historia. Por ende así como el rito deja que subsista ut
residuo diacrónico irreductible en el churinga y el juego UJ
residuo sincrónico en el juguete, del mismo modo el pasaje
entre e mundo de los vivos y el mundo de los muertos deja
subsistir dos puntos de discontinuidad que son necesarios.
para mantener activa la fnción signifcante. El pasaje entre
sincronía y diacronía, entre mundo de los vivos y mundo de
los muertos, ocurre entonces mediante una especie de "salto
cuántico" cuya cifra son los significantes inestables:
Considerado así, larvas y niños, que no pertenecen a los
significantes de la diacronía ni a los de la sincronía, se ree­
lan como los signifcantes de la misma oposición signifcante
entre los dos mundos que constituye la posibilidad del sis­
tema social. Es decir que son los signicantes de l fnción
+
v
1 24
sigicante, sin la cual no existirían el tiempo hmnaó y la
his
toria. El país de los juguetes y
el país de las larvas dise­
ñan
la topología utópica del país de la historia, que no tiene
lugar má que en una diferencia signifcante entre diacronía
y
sincronía, entre aión y chrónos, entre vivos y muertos,
entre naturaleza y cultura.
El sistema social puede configurarse entonces como un
mecanismo complejo donde los significantes (inestables) de
la significación se oponen a los significantes estables, pero
donde en realidad se intercambian unos con otros para ga­
rantizar el funcionamiento del sistema. De modo que los
adultos aceptan volverse larvas para que las larvas puedan
convertirse en muertos, y los muertos se vuelven niños para
que los niños puedan convertirse en hombres. Rtos fne­
bres y ritos de iniciación tienen entonces e cometido de
transmitir la fnción signifcante, que debe resistir y per­
durar más allá del nacimiento y de la muerte33• Por eso
ninguna sociedad -tanto la más "caliente" y progresista como
la más fría y conservadora- puede prescindir completamente
33 El análisis de un rito de iniciación que siempre ejerció una gran fscina­
ción en los etnógrafos, el de las katcina de los indios Pueblos, resulta par­
ticularmente instructivo desde este punto de vista. En el transcursO de esa
iniciación, los adulcos no les revelan a 1Qs neófitos ninguna do�trina ni
sistema de verdades, sino solamente que las katcina, los seres sobre�a�ra­
les que ha visto bailar en la aldea durante ceremonias anuales y que tan
frecuentemente los han asustado con sus látigos de yuca, son los mismos
adultos disas d katcina. Sin embargo esa revelación compromete a
los iniciados a mantener el secreto y personificar a su ve a las katcina. El
contenido del ri
t
o, el "secreto
"
que se transmite es entonces que no
·
·
hay
nada que transmitir, eceto l misma transmiión, la funci�n s_ignificanre
ro d.
. -
1 25
de los significantes inestables y, en tanto que éstos
represen ¯
tan un elemento de perturbación y de amenaza,
debe velai
para que el intercambio signifcante no sufra interrupcio­
nes, a fn de que los fantasmas se conviertan en muertos y .
los niños en hombres vivos.
De modo que si observamos ahora nuestra cultura, que
cree haberse librado de esos problemas y haber resuelto de

manera racional la transmisión de los significantes del pasa"
do al presente, no tardaremos mucho en reconocer las "lar,
vas" en los Nachleben y
en las supervivencias de los
significantes del pasado, despojados de su significado origic
na!, a los que la escuela warburgiana les dedicó estudios tan
fecundos y ejemplares. Las imágenes anquilosadas de los
dioses paganos y las oscuras figuras de los decanos y de los
paranatellonta astrológicos, cuya larval y larvada
supervi�
vencia podemos seguir ininterrumpidamente a través de los ·
siglos, así como todos los otros innumerables significantes
del pasado privad.os de sus significados que se presentan
como símbolos ominosos e inquietantes, son el exacto equi­
valente de las larvas, son las larvas que las culturas mantie­
nen con vida en la misma medida en que las exorcizan como
fantasmas amenazantes en lugar de jugar con ellas.
En lo que concierne a la otra clase de significantes ines­
tables, no deja de ser instructivo observar la fnción que
nuestra sociedad les asigna a los jóvenes. Pues ciertamente
no es un indicio de salud que una cultura esté tan obsesio­
nada por los signifcantes de su propio pasado que prefiera
exorcizados y mantenerlos con vida indefinidamente como
1 26
"fantasmas" en lugar de sepultarlos, o que tenga tal temor a
los significantes inestables del presente que no logra verlos
sino como portadores del desorden y de la subversión. Esa
exasperación y ese anquilosamiento de la fnción signifcante
de las larvas y de los niños en nuestra cultura es un signo
inequívoco de que el sistema binario se ha bloqueado y ya
no puede garantizar el intercambio de los signifcantes en el
que se fnda su funcionamiento. Por ello cabe recordarles a
los adultos, que se sirven de los fantasmas del pasado sólo
como espantajo para impedir que sus niños se vuelvan adul­
tos y que se sirven de los niños solamente como coartada·
para su incapacidad de sepultar los fantasmas del pasado,
que la regla fndamental del j uego de la historia es que los
signifcantes de la continuidad acepten intercambiarse con.
los de la discontinuidad y que la transmisión de la fnción
significante es más importante que los significantes mis- .
mos. La verdadera continuidad histórica no es la que cree
que se puede desembarazar de los signifcantes de la discon­
tinuidad relegándolos en un país de los j uguetes o en un
museo de las larvas (que a menudo coinciden actualmente
en un solo lugar: la institución universitaria), sino la que
los acepta y -os asume, "jugando" con ellos, para restituirlos
al pasado y transmitirlos al futuro. En caso contrario, fren­
te a los adultos que se hacen literalmente los muertos y
prefieren confarles sus propios fantasmas a los niños y con­
fiar los niños a sus fantasmas, las larvas del pasado volverán
a la vida para devorar a los niños o los niños destruirán los
signifcantes del pasado: lo que desde el punto de vista de la
1 27
función significante -o sea de la historia- es lo mismo. Jus�
tamente lo contrario de lo que relata el mito de origen dc
un ritual de iniciación de los indios Pueblos: los adultos
-dice el mito� les ofrecieron a las larvas de los muertost
que volvían al mundo de los vivos para llevarse a los niños¡
personifcalos cada año en una jovial mascarada para qué
los niños pudiesen vivir y ocupar, algún día, sus lugares.
1 28
Tempo e historia
Crítica del instante y del continuo
a Víctor Golchmidt
y a Henri-Charls Puech
1
Cada concepción de la historia va siempre acompañada por
una determinada experiencia del tiempo que está implícita en
ella, que la condiciona y que precisamente se trata de esclare­
cer. Del mismo modo, cada cultura e ante todo una determi­
nada eperiencia del tiempo y no es posible úna nueva cultura
sin una modifcación de esa eperiencia. Por lo tanto, la te
orignal de u auténtc reolución y no e simplemente "cm­
biar el mund

", sino también y sobre todo "cambiar el tiem­
po". El pensamiento político modero, que concentró su aten­
ción en la historia, no ha elaborado una concepción a
d
ecuada
de tempo. Incuso el materialismo histórico hasta-ahora no
ha llegado a elaborar una con�pción del tiempo que estuviera
a la altura de su concepción dela historia. Debido a esta omi­
sión, se ha visto inconscientemente obligado a recurrir a una
concepción del ti�mpo dominante desde hace siglos en la cul­
tura occidental, haciendo que conviva así lado a lado.y en su
proµio seno una concepción revolucionaria de la historia cor
una experiencia tradicional del tiempo. L representación vul­
g del tiempo como un contnuum puntual y homogéneo ha
terminado así empalideciendo el concepto mariano de histo­
ri;: se ha convertido en la brecha oculta a través de la cual la
1 3 1
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CtCOoyaÎo tumutabÎC, Îos _ttC_Os ConsÎdCtane movtmtCn-
toyCÍdCvCnÍtcomo_tadosÎnÍCtÎot¤sdCÍatCaÍÎ0ad
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ÍdCntÍdad ya no QuCdC
ComQtCndCtsC ¬n C! \DCjot dC Íos
Casos-sÎnoCnÍotmadCQCtmanCnCÍaydCQCtQ¤tuÎdad,osm
Como tCCuttCuCÍa. LÍ movÎmÍCnto CÍtCu!at, QU¤ _atantÍza CÍ
mantCnÍmÍCntodCÍas mÍsmasCosas attavcs dC
�utCQCtÎCÍóp
y su ContÍnuo tCtotno, CsÍa¤XQtCsÎón más ÍnmCdÎata ymás
perfecta (y por lo tant la má próxma a lo divino) de a
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CÍón CíCÍÍCadCÍas CslCtasCCRtCs, CsdChnÍdocomOunaIma-

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táCtCtCÍtCu!atdCÍtÍCmQo ConCCbÍdod¢CstamanCta: ''L ta-
¡ónQotÍaCuaÍCÍtÍCmQoQatCCC sCtCÍmovÍmÍCntodCÍaCälC-
ta Cs QuC csC movÍmÍCnto sÍwC QatamCdÍtÍos dCmás movÍ-
mÍCntosymÍdCtambÍcnCÍtÍCmQo·..CÍnCÍusoCÍ tÍCmQo Qa-
tCCÍCtasCtunaCsQCCÍCdCCítCu!o...QotÍotanto,CCCÍtQuC!as
Cosas_Cn¤tadasConstÍtuyCn unCítCu!oQuÍCtCdCCÍtQuCCXÍs-
tC un CítCuÍo de tÍCmQo´. L QtÍmCta ConsCCuCnCÍa dC Csta
ConCCQCÍón Cs guC CÍ tÍCmÿo, aÍ sCt CsCnCÍalmCntC CÍtCuÌat,
no tÍCnCdÍtCCCÍón. LnsCntÍdoCsttÍCto, no tÍCnC QtÍnCÍQÍo nÍ
hn o, mCjotdÍCho, soÍamCntC!os tÍCnC CnJamCdÍdaCnQuC
tCtotna ÍnCCsantCmCntC sobtC sí mÍsmo Qot su movÍmÍCnto
CÍtCulæ. oc_únCXQ!ÍCaunQCCu!ÍatQasa¡CdCÍosProbla dC
PtÍstótC!Cs, dCsdC ta!QuntodCvÍstae ÍmQosÍb!CdCCÍtsÍso-
mosQostCtÍotCsoantCtÍotCsaÍa_uCtradC¯toya: `¿PCsoson
antCtÍotCsanosottos QuÍCnCsvÍvÍCtonCnÍacQoCadCÍage­
ttadC¯toya,ysonantCtÍotcsacstosQuÍCnCsvÍvÍCtonCnuna
cQoCaaún masantigua, y asi hasta e infnitg siendo siempre
!oshombtCsQuCsChal!anmás attás CnCÍQasado aDtCtÍotCsa
Íosottos¦O sÍCsCÍCttoQuCC!unÍvCtsotÍCnCunQtÍnCÍQÍo,ln
1 33
ccntro y un hn, guc Io guc ha IIcgado a su tìn aI cnvcjcccr
tambicn ha vucIto, por cso mismo, a su principio, si cs cicrto
adcmás guc son antcriorcs Ias cosas más próximas aI princi-
pio, ¿guc impidc cntonccs guc podamos cstar más ccrca dcI
principio guc Ios guc vivicron cn Ia cpoca dc Ia gucrra dg
Jroya! . . 5i Ia succsión dc Ios acontccimicntos cs un círcuIo�y
dado guc cI círcuIo no ticnc propiamcntc principio ni hn, no
podcmos scr, a causa dc una mayor ccrcanía con rcspccto aI
principio, antcriorcs a cIIos ni cIIos pucdcn dcsignarsc comp
.
"
ætcnorcs a nosotros . :1
Ícro cI cáctcr hndamcntaI dc Ia cxpcricncia gricga dcI
ticmpo guc, a travcs dc Ia Fíica dc AristótcIcs, dctcrminó
durantc dos m años Ia rcprcscntación occidcntaI dcI ticmpo
.
I
cs conccbirIo como un continuum puntuaI, intìnito y cuanti··
hcado. LI ticmpo cs dctìnido así por AristótcIcs como "nú-
mcro dcI movimicnto scgún cI antcs y cI dcspucs" y su conti-
nuidad rcsuIta garantizada por su división cn instantcs (to
nyn, cI ahora) incxtcnsos, anáIogos aI punto gcomctrico
(stigme). LI instantc cn sí no cs más guc Ia continuidad dcl
ticmpo (synécheia chrónou), un puro Iímitc guc a Ia vcz rcúnc
y dividc cI pasado y cI hturo. Lomo taI, cs aIgo inasibIc,
cuyo paradójico caráctcr nuIihcado cxprcsa AristótcIcs aI ai
mar guc cI instantc cs sicmprc "otro", cn cuanto dividc cl
ticmpo hasta cI intìnito, y no obstantc sicmprc cI mismo, cn
cuanto unc cI porvcnir y cI pasado ascgurando su continui�
dad, y su naturaIcza cs cI hndamcnto dc Ia radicaI "aItcridad'´
, dcI ticmpo y dc su caráctcr "dcstructivo"
. "Lado guc cI ins²
tantc cs a Ia vcz nn y principio dcI ticmpo, pcro no dc !á
1 34
mÍsmaQattCdCcÍ,sÍnohndCÍQasadoy QtÍnCÍQÍoøCImtuto,
aÍ ComoCÍCítCuÍoe cónCavoy ConvCXoCnCÍmÍsmoQunto,
dCImÍsmo modoe tÍCmQoCstatásÍCmQtCCn. ttanCCdCCm-
QCzaty dCtCtmÍnat
y QotCÍIo sÍCmQtc QatCCC. QuCCso\to.
ÍaÍnCaQaCÍdad dCÍ hombtc oCCÍdCntaI QataCOmÍnat,CÍ
tÍCmQo,y ÍaConsÍ_uÍCntcobsCsÍónQot`_anatÍo´y Qot`ha-
CCtÌoQasat´, haÍÍansu QtÍmCthndamcntoCnCstaConCCQ-
CÍón _tÍC_adCÎ tÍCmQo Como un continuum cuantÍhCado C
ÍnhnÍto dCÍnstantCsQuntuaÎCs Cn h_a.
\naCuÍtutaQuCQosCíasCmC|antCtCQtCsCntaCÍóndCItÍCm�
QonoQodíatCnCtunavCtdadCtacQCtÍCnCÍadCÍahÍstotÍCÍdad.
'
ÍCtumCntC Cs una sÍmQÍÎhCaCÍón ætmat QuC Ía 1\tÎ_C-
·
dad no dÍsQoníadCunacQCtÍCnCÍadCÍtÍCmQovÍvÍdo, QCto
tambÍcnCsCÍCttoQuCCIÍu_atdondCÍos hÍósoÍos_tÍC_ostta
tanC!Qtob!CmadCÍtÍCmQoCssÍCmQtCÍaFiica. 1!tÍCmQoCs
aÍ_oob|CtÎvoy natutaÍ,QuCCnvuCIvCÍas CosasQuC Cstán`dCn_
tto´dCcÍComoCnunahnda(erechón): asíComoCadaCosa
Cstá Cn un Íu_at, dCÍ mÍsmo modo Cstá Cn CÍ tÍCmQo. 1mC-
.
.
nudosChatCmÍtÍdoCÍÍnÍCÍodCÍaConCCQCÍónmodCtnadCÍa
hÍstotÍaaÍasQqabtasConQuCÍCtodoto ComÍCnzsus`ÍÍs-
totÍas´: `ÍCtodoto dC ÍaÍÍCatnaso CXQonC aQuI Íos tCsuIta-
dos dC sus búsQuCdas a hn dC QuC CÍ .tÍCmQo no bottC Ìas
CmQtCsas dCÍos þombtCs. . . ". L ÍÍstotÍa8QtCtCndCnÍuchat
ConttaCÍ CatáCtCtdCsttuCtÍvodCI tÍCmQo, IoQuCConhtmaÍa
natutaÍCzaCsCnCÍaÍmCntCno-hÍstótÍCadCÍaConCCQcÍónantÍ-
_uadCItÍCmQo.A Í_uaÍQuCÍaQa!abraQuCdCsÍ_naCIactodC
ConoCCt( eidnaz), tambÍcnÍaQaÍabtahitora dCtÍvadCJataIz
id-, QuCsÍ_nÍhCavCt. LtÍ_ÍnaÍmCntC hístor Cs CÍ tCstÍ_o oCú-
1 35
Íat, aQuCÍ QuC ha VIsto. L suQtCmaCía _tIC_a dC
1
a VIsta
s0'
COnhrma CntonCCs unaVCz más. L dCtCtmInaCI
ón dCÍ sC
!�
autóntÌCoComo`QtCsCnCIaantC!amÌtadaCC!uy
t
unaCXQg·
tICnCIadCÍahIstotIa, QuCCs aQuC!ÍoQuCsICmQtCÞ
stáaÍÍí
sIq
Cstar nunCa Como t antC Íoso|os.

III
ÍaCXQCtICnCÍaCtIstIanadCÍtICmQoCsoQuCst
aaÍa_tIC

_aCn muChos asQCCtos. òICnttas QuC Ía tCQtC
sCntaCIón
´
CÍásICa dCÍ tICmQo Cs un CítCuÍo, Ía Ima_Cn Q
uC _uía Ía

conceQtualización cristiana es la de una ltnea reo
ta.

'
on
¯
ttatIamCntC aÍ hCÍCnIsmo, Qata CÍ CtIstIano CÍ
mundo Cs

CtCadoCnCÍtICmQoydCbCtCtmInatCnCÍtICmQ
o·Îotunai
QattC, CÍ tCÍato dCÍ LcnCsIs, Qot Ía otta, Ía Q
tosQCCtIV
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CsCatoÍó_ICadCÍPQoCaÍIQsIs.Y ÍaCtCaCIón,e ]u
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CÍQCtíodoIntCtmCdIoQuCsCdCsQÍIC_aCnttCCso5
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tCcImICntos, sonúnICos. LstC unIVCtsoCtCadoy¤
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mundo HnIto yÍImItado Cn!os dos CXttCmos dÞ
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m:CntOs QuC Cn cÍ sC dCsattoÍÍan nunCa sC tº
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´

|ÎuCCh)
1 36
Pdcmás, cn Conttastc Con cÍ tIcmQO sIn dItcCCIón OcÍ
mundo CÍásICo, cstc tIcmQo tIcnc una dIrcCCIón y Dn ScntI-
do: sc dcsattolla IttcvctsIblcmcntc dcsdc la CtcCIón haCIa ,
hn y tIcnc un Qunto dc tctctcnCIa CcnttaÍ ct\ Ía cnCatnaCIón
dc LtIsto, Quc CataCtctIza su dcsattoÍÍo Como una Qto_tc-
sIón dcsdc Ía Caída InICIaÍ a Ía tcdcnCIón hnaÍ. Îot cÍÍO.Oan
/_ustín Qucdc oQonctÍcs a Íos f/i circuli dc Íos tÌÍósotos
_tIc_os Ía vía recta dc LtIsto, a 1a ctctna tcQctICIón OcÍ Qa-
_anIsmo dondc nada cs nucvo, Ía novita ctIstIana dondc
todo oCuttc sIcmQtc una soÍa vcz. L hIstotIa dc Ía hUmanI-
dad sc mucstta así Como una hitoria d l salvación, dc Ía
tcaÍIzaCIón Qto_tcsIva dc Ía tcdcnCIón Cuyo mndamcnto cstá
cn LIos. Ìn c8c Contcxto, cada aContcCImIcnto cs únICO c
InsustItuIbÍc.
¸ Ïo obstantc su aQatcntc dcsQtcCIo Qot cÍ `sI_Ío´, cÍ CtIstIa-
nIsmo scntó Ías bascsQata una cxQctIcnCIa Cc Ía hIstotICIdad,
y no cÍ mundo antI_uo, Qcsc a su atcnCIón haCIa Íos aContc-
CImIcntos mundanos. Lc hcCho cÍ CtIstIanIsmo csCIndc dcCI-
dIdamcntc

cÍ tIcmQo dcÍ movImIcnto natutaÍ dc Íos attos
Qata ConvcttItÍo cn un tcnómcno cscnCIaÍmcntc humano c
IntctIot. `OI Íos asttos cn cÍ CIcÍo sc aQa_atan -<sCtIbC Oan
P_ustín Con una cxQtcsIón Quc sucna QattICuÍatmcntc Do-
dctna¬y Ía tucda dcÍ æLtctO sI_µIcta _Itando, ¿aOo nOha-
btía tIcmQo Qata mcdIt sus totaCIoncs, Qata QctmItIDos dc-
CIt Quc sc ctcCtúan a IntctvaÍos I_uaÍcs, o bIcn a vcCcs más
Ícntos, a vcCcs más táQIdos'.. _uc ya no sc ahtmc cntonCcs
Quc cÍ movImIcnto dc Íos CuctQos CcÍcstc8 ConstItuyc cÍ tIcm-
Qo . . . Îcntto dc tI, csQítItu mío, mIdo cÍ tIcmQo.´
1 37
Sin embargo, el tiempo que se interioriza de ese mod
o
todavía sigue siendo la sucesión continua de instantes p
um
tuales del pensamiento griego. Todo el libro undécimo de las
Confsiones de San
Agustín, con su angustiosa e irresueld
interrogación sobre el tiempo inasible, muestra que
el tier,
po continuo y cuantifcado no queda abolido, sino
que sinü
plemente es desplazado del curso de los astros a la duración
interior. E incluso el haber mantenido intacta la concepción
aristotélica del instante puntual le impidió a San AgustÍ
dilucidar el problema del tiempo: "¿Como existen entonces
esos dos tiempos, el pasado y el fturo, desde el momento eh
que el pasado ya no es y el fturo todavía no es? En cuanto a
presente, si fera siempre presente, si no se dirigiera a reunir•
se con el pasado, no sería tiempo, sino eteridad. Si el pre­
sente por ende debe reunirse con el pasado, ¿cómo podemos
decir que existe, teniendo en cuenta que no puede existir
más que dejando de existir? . . Si concebimos un punto de
tiempo tal que no se lo pueda dividir en partículas más pe.
queñas, sólo a eso podemos llamarlo presente: pero ese punto
vuela tan rápidamente del fturo al pasado que no posee
duración alguna. Pues si fuera extenso, se dividiría en pasado
y fturo, pero el presente no posee extensión."
L experiencia de un tiempo más originario, completo y
aprensible, que se vislumbra por momentos en el cristianis�
mo primitivo, es recubierta de ese modo por el tiempo
matematizado de la Antigüedad clásica. ]unto a lo cual retor­
na fatalmente también la antigua representación circular de
la metafísica griega, cuya asimilación se efectúa primero a
1 3 8
través de la patrística neoplaroni:nte y luego con la teología
ecolástic. L eternidad, como régimen de la divinidad; tiende
a anular con su círculo inmóvil la experiencia humana del
tiempo. El instante inextenso e inasible se vuelve el punto en
que el tiempo toca la rueda de la eternidad. "Para formarte
una imagen de la relación entre eternidad y tiempo -leemos
en el d Univeso de Guillermo de Auvernia- trata de imagi­
nar la eternidad como una rueda inmensa y dentro de ella, la
rueda del tiempo, de manera que esta última toque a la pri­
mera en u solo punto. Como bien sabes, si u círculo o .
esfera toca a otro círculo o esfera, sea desde el interior o desde
el exterior, el contacto puede ocurrir en un solo punto. Dado
que como dije antes la eternidad es completamente inmóvil
y completaente simultánea, cada vc que la rueda del tiem­
po rota la rueda de la eteridad el contacto ocurre en tanto y
en cuanto sólo puntualmente la toca en su rotación, y por.,
eso el tiempo no es simultáneo."
IV
La concepción del tiempo de la edad moderna es una
laicización del tiempo cristiano rectilíneo e irreversible, al
que sin embargo se le ha sustraído toda idea de un fn y se
1 39
Ìo ha vaCÍado dc CuaÌQuÍct otto scntÍdo Quc no s¤
a cÌ dc u
B
QtoCcso csttuCtutado Contotmc a a1tcs y cÌ dc
sQucs. Ìs
8
tcQtcscntaCÍón dc! tÍcmQo Como homo_cnco, trCtÍ!\nco y
vaCío sut_c dc Ìa cxQctÍcnCÍa dcÌ ttabajo ÍndusttÍ×
Ì
¸
cs sa
I\-
Conada Qot Ìa mcCánÍCa modctna Quc cstabÌcCc Ì
a QtÍma
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dc! movÍmÍcnto tcCtÍÌínco unÍtotmc Con tcsQcCt
o aÌ
f
ÍtCu
-
Íat. L cxQctÍcnCÍa dcÌ tÍcmQo muctto y sustta¡d
o dc Ìa cx-
QctÍcnCÍa, Quc Ca1aCtctÍza Ìa vÍda cn Ìas _tandc5

Udadc
modctnas y cn Ìas tábtÍCas, QatcCc Conhtmat Ìa Í0
ca dc
Quc
cÌ Ínstantc QuntuaÌ cn U_a sctía cÌ únÍCo tÍcmQO
humano.
Ì! antcs y cÌ dcsQuós, noCÍoncs tan ÍnCÍcttas y vaC
uas Qata
!a
PDtÍ_ucdad y Quc Qata c! CtÍstÍanÍsmo só!o tcní8
D

ntÍdo
Con mÍtas aÌ hn dcÌ tÍcmQo, sc vuc!vcn ahota cn
sí y Qot

mÍsmas cÌ sentdo, y dÍCho scntÍdo sc Qtcscnta Co0
o Ìo vct
·
dadctatDcntc hÍstótÍCo.
.
:
Lomo ya !o había ÍntuÍdo ÏÍctzsChc Cuanqo
dÍsCutÍcta
d "pto<'O del mundo' d� H'tmwn ('\ólo �l ptoc= �
ConduCÍt a !a tcdcnCÍón´), Ìa noCÍón Quc QtcsÍdc
!a ConCcQ-
CÍón dcCÍmonónÍCa dc !a hÍstotÍa cs !a dc `QtoCcso´· ÌÌ scn-
tÍdo QcttcncCc sóÌo aÌ QroCcso cn su Conjunto y
nunCa aÌ
ahora Quntua! c ÍnasÍbÌc; Qcto dado Quc csc QtoCc
so cn tca-
ÌÍdad nÇ cs más Quc uDa mcta suCcsÍón dc ahoras
ConÍotmc
aÌ antcs y cÌ dcsQucs, y mÍcnttas tanto Ìa hÍstotÍa
dc !a saÌva-
CÍón sc ha totnado una sÍmQ!c Ctono!o_ía, Ìa únÍ·
a mancta
dc saÌvat una aQatÍcnCÍa dc scntÍOo cs ÍnttoduCÍcn
do !a Ídca,
QtÍvada cn sÍ mÍsma dc todo Hndamcnto taCÍon8Ì, dc un
Qto_tcso ContÍnuo c Ín!nÍto. Da¡o !a ÍnÍÌucnCÍa dc !as CÍcn�
CÍas dc !a natuta!cza, `dcsatto!!o´ y `Qto_tcso´¸, Qu¤
sÍmQ!c-

1 40
mcntc ttaduCcn Ía Îdca dc un QroCcso otÎcntado CtonoÍó-
_Îcmcntc, sc vucÍvcn Ías Catc_Otías tcCtotas dcÍ ConoCImIcn-
to hÎstótÎCo. Ocmcjantc ConCcQCÎón dcÍ tÎcmQo y dc Ía hÎs-
totÎa QtÎva ncCcsatÎamcntc al hombtc dc su QtoQIa dImcn-
sÎónj Íc ÎmQÎdc e acCcso a Ía hIstotÎCÎdad autcntÎCa. Lomo
Ío scñaÍaton LÎÍthcy y cÍ Condc AotCk \`csa csCucÍa no cta
dc nÎn_ún modo hÎstótÎCa, sc Conh_uraba Con bascs antÎ-
_uas y cstctÎCas, mIcnttas Quc Ía CottÎcntc domÎnantc csta-
ba dcdÎCada a Ía ConsttuCCIón mcCánÎCa), dcttás dcÍ aQa-
tcntc ttÎunto dcÍ hÎstotICÎsmo cn cÍ sÎ_Ío X sc oCuÍta cn
tcaÍIdad una tadÎCaÍ nc_aCÎón dc Ía hÎstotÎa cn nombtc dc
un ÎdcaÍ dc ConoCÎmÎcnto Quc toma cÍ modcÍO dc Ías CÎcn-
CÎas natutaÍcs.
Lontta cÍÍo tcsuÍta QcttÎncntc Ía CtItÎCa ÍcvÎsttaussÎana
Quc Ducstta Ía natutaÍcza CtonoÍó_ÎCa y dÎsContÎnua dcÍ
CódÎCc hÎstotÎo_táCo (`Ía QtctcnsÎón dc una ContÎnuIdad
hÎstótÎCa objctÎva c ÎndcQcndÎcntc dcÍ CódÎCc sóÍo cs _atan-
tÎzada Qot ttazados ttauduÍcntos y Ía hÎstotIa tctmÎna Cum-
QÍÎcndo cn cÍ sÎstcma dc nucstto sabct Ía mnCÎón dc un
mÎto QtoQÎamcntc dÎCho´) y tcChaza `Ía cCuaCIón dc hÎsto-
tÎa y humanÎdad Quc sc Qtctcndc ÎmQonct Con cÍ ÎnConÍcsado
hn dc ConvcttÎt a Ía hÎstotta cn cÍ úÍtÎmo tch:_Îo dc un
humanÎsmo ttasCcndcntaÍ´.
Ïo sc ttata sÎn cmbar_o dc abandonat Ía hÎstotÎa, sÎno dc
aCCcdct a una ConCcQCÎón más autcntICa dc Ía hÎstotICÎdad.
1 41
V
Hegel piensa el tiempo siguiendo el modelo aristotélico
del instante puntual. Hace corresponder el nyn aristotélico
con é ahora y a igual que Aistóteles pensaba el nyn �omó
stigé, él también piensa el ahora como punto. Ese ahora
que "no es más que el pasaje de su ser a la nada y de la nada
en su ser", es la eternidad como "presente verdadero". La
implicación de representaciones espaciales y experiencia tem­
poral que domina la concepci6n occidental del tiempo es
desarrollada por Hegel en el sentido de concebir el tiempo
como negación. y superación dialéctica del espacio. Mien­
tras que el punto espacial es sim¡le negatividad indiferente,
el punto temporal, o sea el instante, es la negación de esa
negación indiferenciada, la superación de la "inmovilidad
paralizada'' del espacio en el devenir. En tal sentido, es ne­
gación de la negación.
A defnir así el tiempo como negación de la negación,
He
g
el no hace más que llevar hasta sus últimas consecuen­
cias la experiencia anulada del tiempo implícita en su de­
terminación como sucesión continua de instantes puntua­
les. En un pasaje de la Enciclopedia donde todavía persiste,
aunque conscientemente asumida y apaciguada, la inquie­
tud agustiniana frente a la esencia inasible del tiempo, es­
cribe: "El tiempo es el ser que mientras es no es y mientras
no es, es: el devenir intuido." Como tal, es formalmente
idéntico al hombre, ese ser negativo que "es lo que no es y
1 42
n
o
es lo que es". E incluso quizás justamente porque Hegel
piensa el tiempo siguiendo el modelo del instante puntual
de
la metafísica puede darle
un lugar tan prominente en sli
sistema a esa "potencia de lo
negativo" cuyo fncionámienc
ro
ve en el espíritu-humano
y que constituye el centro im­
pulsor de la dialéctica. L que se expresa en el sistema
hegeliano con Ia identidad
formal del tiempo y del espíritu
humano, entendidos ambos
com
o
nega
ción de la negación,
es el vínculo -que todavía queda sin esclarecer- entre la
éxperiencia anulada del tiempo del hombre occidental y la
�­
potencia negadora de su cultura. Sólo una cultura que tu�
viera semejante experiencia del tiempo
podía convertir a
la
negación en la esencia del espíritu humano y no se 'Com-,
prende el .verdadero significado de la dialéctica hegeliana si'
no se l relaciona .con la concepción del tiempo de l que es
solidaria. Pues la dialéctica
sobre todo es aquello que per:
mire contener y recoger en una unidad (dia-légesthat) el
continuum de los instantes negativos e inasibles.
No obstante en Hegel el o
rigen del tiempo y el sentido de
su identidad formal con el espíritu no son interrogados como
tales. El tiempo se muestra simplemente "como la necesidad
y el destino-del espíritu en sí
no realizado". El espíritu debe
caer en el tiempo. "Es conforme al concepto del espíritu -
se
lee en La razón en l hitoria-
que la evolución de la
historia
se produzca en el tiempo. "
Pero dado que el tiempo, como
hemos visto, es "el ser que mie
ntras es no es y mientras no e,
es", el Absoluto puede ser verd
adero sólo como "resultado"
y
la historia, que es "el espíritu alienado en el tiempo", es esen-
143
c¡8mcntc Stfngan
g
unQroccsoQucavanza_radua!mcn

comoaÌÍcnacÍOndcÌaa!ÍcnacÍOn,ÌahÍstorÍacsc̯c8ÌvaIÍo ��
!a¯rcconQu¡sta´ dc!csQír¡tuabso!uto, !a `csQuma Qucsuþ�
hastac!dcsdcc!"ci" dc su QroQ¡a¡nhn¡tud.

A ¡_ua! Quc c! ticmQo, cuya cscncÍa cs Qura nc_ac¡O¡
taDQoco !ahistoria Qucdc caQtarsc nuncacn c! momcnto_
sÍno sOÌo como Qroccso _Ìoba!. Ícrmanccccntonccs a¡cna3
!acxQcrÍcnc¡av¡vÍdadc! indÍv¡duo sin_u!ar, cuyo idca! cs!a
¸tc!¡cÍdad. ¯Ïn!acons¡dcrac¡Ondc!ah¡stor¡atamb¡cnscQuc-
dc adoQtarc! Qunto dcvÍsta dcÌatc!ÍcÍdad, Qcro!ah¡stor¡a
no cs c! !u_ar dc !a tc!¡cidad.´ Ïc a!!í sur_c cn !a h!osoha
hc_cÌÍanadc!ahÍstorÍa!asombríah_uradcÌa
"
_ran ÍndÍvÍ-
dua!¡dad h¡stOr¡ca cn !acuaÌ sccncarna
"
c! a!ma dc! mun-
do´.!os
"
_randcshombrcs´nosonmásQucun¡nstrumcnto
cn!ama1chaQro_rcsÍvadcÌÏsQír¡tuunivcrsa!.IomoÍnd¡vÍ-
duos cnsím¡smos, ¯noson!oQuc comúnmcntcscd¡cctc!¡-
ccs´. ¯Lna vcz a!canzado su QroQOsÍto, sc abÌandan comO
bo!sasvacías.¨ÏÌ su¡cto rca!dc!ah¡storÍacsc! Lstado.
V
ÏÌ modo cn Quc òM QÍcnsa Ìa hÍstotÍa sc sÍtúa cn un
ámb¡tocomQ!ctamcntcdÌstÌnto.Íarac!!ah¡stor¡anocsa!_o
1 44
cn
Io guc cI hombrc ca, cs dccir guc no cp¤sa simpIcmcntc
e
ser-en-el-tempo dcI cspíritu humano, sino guc cs Ia dimcn•
sión originaI dcI hombrc cn cuanto Gatungswesen, cn cuan-
t scr capæ dc u gcncro, capaz dc producirsc originaImcntc
no como mcro individuo ni como gcncraIidad abstracta, sino
como individuo univcrsaI. !or Io tanto Ia historia no cstá
dctcrminada, como cn !cgcI y cI hstoricismo guc provicnc
dc cI, a partir dc Ia cpcricncia dcI ticmpo IincaI cn cuanto
ncgación dc Ia ncgación, sino a partir dc Ia prai, dc Ia acti-
vidad concrcta como cscncia¸ origcn ( Gattun¡ dcI hombrc.
L pras cn l cuaI cI hombrc sc sitúa como origcn y natura-
Icza dcI hombrc cs tambicn inµcdiatamcntc "cI primcr acto
histórico¨, cI acto dc origcn dc Ia historia, cntcndida como Ia
convcrsión dc Ia cscncia humana cn naturaIcza para cI hom-
brc y !a convcrsión dc Ia naturaÌcza cn hombrc. L historia ya
no cs, como cn !cgcI, cI dcstino dc aIicnación dcI hombrc y
su ncccsaria caída cn cI ticmpo ncgativo dondc sc rccobra cn
un proccso inhnito, sino su naturalz, cs dccir, Ia pcrtcncn-
cia originaI dcI hombrc para sí mismo como Gatungswesen,
guc Ia aIicnación Ic ha sustraído tcmporariamcntc. El hom­
bre no es un ser hit6rico porque cae en el tiempo, sino tod l
contraro, únicamente porque es un ser hit6rico pued caer en el
tiempo, temporalizrse. .

Narx no cIaboró una tcoría dcI ticmpo guc sc adccuara
a su idca dc Ia historia, aunguc por cicrto csta cs inconciIia-
bIc con Ia conccpción aristotcIica y hcgcIiana dc¡ 1icmpo
como succsión continua c inÍìnita dc instantcs puntuaIcs.
Nicntras nos movamos con cI horizontc dccsa cxpcr)cncia
1 45
anonadada del tiempo, no será posible acceder a la histori"
auténtica, porque la verdad le competerá siempre al proc��
so en su conjunto y el hombre nunca podrá apropiarse cori�
cretamente, prácticamente, de su propia historia. La con�
tradicción fndamental del hombre contemporáneo serí:
justamente que no posee todavía una experiencia del tiem'
po adecuada para su idea de la historia y por ello está
angustiosamente escindido entre su ser-en-el-tiempo como
·
fga inasible de los instantes y su ser-en-l-historia enten­
dida como dimensión original del hombre. La duplicidad
de toda concepción moderna de la historia -como res gestae
y
como histora rerm gestarum, como realidad diacrónica
y
como estructura sincrónica que nunca· pueden coincidir
tertporalmele-expresa esta imposibilidad del hombre, que
se ha perdido en el tiempo, para apoderarse de su propia
naturaleza histórica.
VII
Ya sea que se lo piense como círculo o como línea, el ca­
rácter que rige toda concepción occidental del tiempo es la
puntualidad. Se representa el
tiempo vivido mediante un
concepto metafsico-geométrico (el punto-instante inextenso)
1 46
yÍuC_osCQtoCCdCComosÍCsCConCCQtohCtaCnsímÍsmoCÍ
tÍCmQo tCaI dC ÍaCXQCtÍCnCÍa· `ÍCoyahabíasCñaÌado QuCCÍ
ConCCQto dC Qunto _ComcttÍCo Cs un ConCCQto mCtaÍísÍCo,
QuChaabÍCtto`CÍQasadÍZomaIÍ_no´ |`maÌÍ_numadÍtum´)a
uavcsdCÍCuaÌÍamCtaÍísÍCaQCnCttóCnÍaHsÍCa.ÍoQuCdCCía
`ÍCo aCCtC dCÍ Quto _ComcttÍCo QuCdC tCQCtÍtsC Con tCs-
QCCto aÍ ÍnstantC Como `Qunto´ tCmQotaÌ. E CÍ QasadÍD a
ttavcs dCÍ CuaÍ Ía CtCtnIdad dCÍa mCtaÍísÍCa sC ÍnsÍnúa Cn Ía
CXQCtÍCnCÍa humana dCÍ tÍCmQo y Ía CsCÍndC ÍttCmCdÍabÍC-
mCntC. ÎotCndC CuaIQuÍCt tCntatÍvadC QCnsatCÍ tÍCmQo dC
manCtadÍÍCtCntCdCbC sCQararsCdCCsCConCCQto,yÍaCondÍ-
CÍón Íó_ÍCa Qata una nuca CXQCrÍCnCÍa dCÍ tÍCmQo Cs una
CtítÍCaCCÍÍnstantC.
Íos CÍCmCntos dC una ConCCQCÍón dIÍCtCntC dCÍ tÍCmQo
yaCCndÍsQCtsosCnÍosQÍÍC_uCsyCn Ías sombtasdCÍattadÍ-
CÍón CuÍtutaI dC LCCÍdCntC. VastaCon atto¡at unaÍuz Qata
QuCsut¡an Como CstaÍCtas dC unmCnsa¡C QuC nos Cstá dCs-
tÍnadoyQuCtCnCmosCÍdCbCtdCvCtÍhCat.LnÍaLnosÍs,Cn
CsatCÍÍ_ÍónÍaÍÍÍdadCLCCÍdCntC,dCsQuntaunaCXQCtÍCnCÍa
dCÍ tÍCmQo QuC QÍantCa una antítCsÍs tadÍCaÍ tanto Con tCs-
QCCtoaÍaCXQCtÍCnCÍa_tÍC_a Como aÍaCtÍstÍana.A CítCuÍo
dC Ía CXQCtÍCnCÍa _tÍC_ay a Ìa ÍínCa tCCta dCÍ CtÍstÍanÍsmo,
ÌCs ConttaQonCunaConCCQCÍón Cuyo modCÌoCsQaCÍaÍQuC-
dCsCttCQtCsCntadoQotunaÍínCaÍntCttumQÍda.LCtaÍmodO
soCava ¡ustamCntC aQuCÍÍo QuC QCtmanCCía ÍnmOdÍ!ICado
tanto Cn ÍaPntÍ_uCdad CÍásÍCa Como Cn CÍ ctÍstÍanÍsmo: Ía
dutaCÍón, CÍ tÍCmQo QuntuaÌyContÍnuo. LÍ tÍCmQo CósmÍ-
CodCÍaCXQCtÍCnCÍa_tÍC_aCsnC_adoQotÍaLnosÍsCnnom-
1 47
bre de la absoluta extrañeza de un Dios ante el mundo (Dibs;i
es el alltios, lo extraño por excelencia), donde la acció»i
providencial no puede consistir en mantener las leyes cós--i
micas, sino en interrumpirlas. En cuanto a la orientación
.
;
del tiempo lineal cristiano hacia la redención, resulta nega" , :
da porque para los gnósticos l a resurrección no es algo qué
deba ser esperado en el tiempo y que ocurrirá en un futuro
más o menos lejano, sino que siempre ya ha ocurrido.
El tiempo de la Gnosis es par lo tanto un tiempo inco­
herente y no homogéneo, cuya verdad está en el momento
de brusca interrupción en que el hombre se apodera con un
repentino acto de conciencia de su condición de resucítado
("statim resurrectionis campos") . De acuerdo con esa expe­
riencia del tiempo interrumpido, la actitud del gnóstico es
decididamente revolucionaria: rechaza el pasado, pero me­
diante una actualización ejemplar revaloriza aquello que se
había condenado como negativo (Caín, Esaú, los habitan­
tes de Sodoma), aunque sin esperar nada del futuro.
También en la Stoa la Antigüedad en su ocaso parece su­
perar su propia concepción del tiempo. Superación que se
manifiesta como. un rechazo del tiempo astronómico del
Timeo, imagen de la eternidad, y de la noción aristotélica del
instante matemático. El tiempo homogéneo, infinito y cuan­
tificado, que divide el presente en instantes sin extensión,
para los estoicos es el tiempo irreal, cuya experiencia ejem­
plar se da en la espera y en la postergación. El sometimiento
a ese tiempo inasible constituye la enfermedad fundamental,
que con su postergación infnita le impide a la existencia
1 48
humana que se asuma como algo único y acabado ("maimum
vitae
vitium est, quod imperfecta semper est, quod aliquid
in illa diferiur"). Los estoicos en cambio plantean la expe­
rienc
ia liberadora de un tiempo que no es algo objetivo y
sustraído de nuestro control, sino que surge de la acción y de
la decisión del hombre. Su modelo es el cair6s, la coinciden­
cia · repentina e imprevista en que la decisión aprovecha la
ocasión y d cumplimiento a la vida en el instante. El tiempo
inf
i
nito y cuantifcado resulta así delimitado y actualizado:
el cair6s concentra en sí los diferentes tiempos ("omiüum
temporum in unum collatio") y en él el sabio es amo de s{
mismo y está a sus anchas como el dios en la eternidad. E "la
última maniobra' impuesta en cada caso a la propia vida que
sustrae radicalmente al hombre del sometimiento al tiempo
cuantifcado ("qui cotidie vitae suae summam manum
imposuit, non indiget tempore").
VIII
Por cierto no es casual que cada ve: que el pensamiento
contemporáneo llegó a pensar de manera nueva el tiempo
haya debido empe:ar necesariamente con una crítica del
tiempo continuo y cuantif
i
cado. Crítica que es el funda-
1 49
mento del que provienen tanto las Tesis sobre l flosofa d
l historia de Benjamín como el análisis de la temporalidad
que Heidegger no alcanzó a llevar a cabo en El ser y el tiem�
po. La coincidencia entre dos pensadores tan alejados es·
uno de los signos de que la concepción del tiempo que doo
minó por casi dos mil años la cultura occidental está llegan'
do a su ocaso.
En Benjamín se manifiesta la misma intuición mesiánica
del judaísmo que había conducido a Kafa a escribir que
"el Día del Jucio es la condición histórica normal" y a sus­
tituir la idea de la historia que se despliega a lo largo del
tiempo lineal infinito por la imagen paradójica de un "esta­
do de la historia", donde el acontecimiento fndamental
siempre está sucediendo y la meta no está lejana en el ftu­
ro, sino que ya está presente. Retomando esos temas,
Benjamín busca una concepción de la historia que corres­
ponda a la constatación de que "el estado de emergencia es
la regla". Benjaín sustituye el presente anonadado de la
tradición metafísica por "un presente que no es pasaje, sino
que se mantiene inmóvil sobre el umbral del tiempo". A la
idea de un progreso de la especie humana en la historia,
propia de la socialdemocracia y el historicismo, que es "in­
separable de la marcha a través de un tiempo homogéneo y
vado", le contrapone "la conciencia revolucionaria que hace
saltar e continuum de la historia". A instante vacío y cuan­
tificado, le opone un "tiempo-ahora" Uetzt-Zeit), entendi­
do como detención mesiánica del acaecer, que "reúne en
una grandiosa abreviatura la historia de la humanidad". Y
1 5 0
en
nombre de ese "tiempo p
l
eno", que es "el verdadero lu­
gar
de construcción de la historia'', frente al pacto germa­
no-
soviético, Benjaín establece
su lúcida critica de las cau­
sas
que
condujeron a la catást
rofe a las izquierdas europeas
en
la primera posguerra. El tiempo mesiánico del j udaís­
mo, "en el cual cada segundo era la pequeña puena por
donde podía entrar el mesías", se vuelve así el modelo de
una concepCión de la histori
a
"que evite toda complicidad
con aquella a la que se siguen
ateniendo los políticos".
Pero es en el pensamiento de Heidegger donde la con­
cepción del tiempo puntual y continuo es sometida a una
crítica radical desde la perspe
ctiva de una repetición-des­
trucción que inviste a la metafísica occidental en su con­
junto. Desde sus comienzos la
búsqueda de Heidegger está
orientada hacia una situación de la historia que supere
el
historicismo vulgar y donde "la afirmación: 'el Ser-ahí es
histórico' deberá aparecer como un principio fndamental
de carácter ontológico-existencial", que no tendría ningu­
na relación "con la simple con
statación óntica del hecho de
que el Ser-ahí reingresa en la
'historia universal"'. Por ello
la tentativa de Dilthey para una fndación histórica de las
ciencias humanas independientemente de las ciencias de la
naturaleza se retoma en el mismo momento'en que se mues­
tra su insufciencia. Pero
la no
vedad de El ser y el tiempo es
que la fundación de la historicidad se efectúa a la par de un
análisis de la temporalidad que elucida u
na experiencia di­
ferente y más auténtica del tiempo. En el centro de esa ex­
periencia ya no está el instante puntua e inasible en fuga a
1 5 1
IoIargo dcI ticmpo IincaI, sino cI momento dc Iadccisiµ¸
autcnticacnquccIScr-ahíobticncIacxpcricnciadcsup4�
piahnitudq

ccntodaocasi

nsccxticndcdcInacimicnt j
aIamucrtc ( EI
Scr
-ahíno µcncunhn, aIcanzadocIcu
simpIcmcntc çcsa, sino quc existe finitamente") . ,
pro}cctándosc
IrcntcasícnIacura,asumcIibrcmcntccomq
dcstino su histo;
icidad originaria. EIhombrcno cac pucs
cncI ticmpo,sinoquc"
cxistccomotcmporaIizacionorigi�
naria". SoIoporg
uccs,cnsu scr, anticipantcy a-caccicntc
pucdcasumirsu
propioscrarrojadoyscr,cncImomcnto,
"parasuticmpo'
' .
NoscríadihciÌ
mostrarquccsamndaciondcIahistoricidad
cncIscrdcIhombrccomocura,aunqucsc
sitúacnunambito
diIcrcntc,dcningunamancras oponcaIamndacionmæiana
dcIah¡storicidad
cnIapraxis,micnµqucambasscsir cn
IasantípodasdcI
h¡storicismovuIgr.Iorcso!cidccr,cnIa
Car sobre el humanimo, pudo ccr¡birquc "Ia conopcion
marxiana dc I a historia cs supcrior a cuaIquicr otra
historiogru='. DZ rcsuItc mas intcrcantc scñaIarquc cn
IoscscritosdcIosµ
Itimos
zos,cuandocsabandonadocIpro-
yccto dc El ser y el tiepo dc una cxpIicacion originaria dcI
ticmpo como horizontcdcIacomprcnsion dcIscr, cIpcnsa-
micnto dc !cidccr, unave cIcctuadaIasupcracion dc Ia
mctaIísica, sc asoma a una dimcnsion dondc Ia historicidad
dcIho�brc podríascr pcnsadadcmancratotaImcntcnucva.
!stcnocscIIugarparaintcntarunacxpIicitaciondcIconccpto
dcEreigni (Acon
iccimicnto)qucdcsignacIccntroyaIave cI
lreo de pensaiento JcHeideger depué de Els
.
:
! 5 2
y
el tiepo. Pero en la perspectiva que nos interesa aquí debe­
ros al menos ebozr que dicho término permite pensar d
Acontecimiento ya no como �a determinación espacio-tem­
poral, sino como la apertura de la dimeión originaria en la
que se funda toda dimensión espacio-temporal.
IX
Sin embargo, eiste una eperiencia inmediata y disporble
para todos donde podría hallar su fndamento una nuev con­
cepción del tiempo. Dicha eperiencia es algo tan esencial para
lo.humano que u antiguo mito de Occidente la convierte en
la patria original del hombre. Se trata del placer, YaAristóteles
había percibido que era algo heterogéneo con respecto a la
eperiencia del tiempo cuantifcado y continuo. En la Ética a
Nicómaco, escribe: "L forma (eíds) del placer 'es perfecta
(télion) en todo momento" y aade
que el placer, a diferencia
del movimiento, no se despliega en un espacio de tiempo, sino
que es "en cada instante algo entero y completo". Esta
inconmensurabilidad del placer con rcipecto al tiempo cuan­
tcado, que nosotros pareceríamos haber olvidado, todavía
resultaba tan fmiliar en el Medioevo que Santo Tomás podía
responder negativamente a la cuestión "utruhl delectatio sir in
1 53
tempore"; y esa misma conciencia sostenía el proyecto edénico

de los trovadores provenzales de un placer perfecto (n'amor
joz) en tato que sustrado a la duración mensurable.
/
Lo que no signifca que el placer tenga su lugar en |�
eternidad. La experiencia occidental del tiempo est�.
escindida en eteridd y tiempo lneal continuo. El punto d�·
división mediante el cual se comunican es el instante como'
punto inextenso e inasible. A esa concepción que condena·
a fracaso todo intento de conquistar el tiempo se le debe
oponer aquella según la cual el lugar propio del placer, como
dimensión original del hombre, no es el tiempo puntual y
continuo ni la eternidad, sino la historia. Contrariamente a
lo que afirmaba Hegel, sólo como lugar original de la felici­
dad puede la historia tener un sentido para el hombre. L
siete horas de Adán en el Paraiso son en este sentido el nú­
cleo originario de toda auténtica experiencia histórica. L
historia no es entonces, como pretende la ideología domi­
nante, el sometimiento del hombre al tiempo lineal conti­
nuo, sino su liberación de ese tiempo. El tiempo de la his­
toria es el cairós en que la iniciativa del hombre aprovecha
la oportunidad favorable y decide en el momento de su
libertad. Así como al tiempo vacío, continuo e infnito del
historicismo vulgar se le debe oponer el tiempo pleno, dis­
continuo, finito y completo del placer, del mismo modo al
tiempo cronológico de la pseudohistoria se le debe oponer
el tiempo cairológico de la historia auténtica.
Un verdadero materialista histórico no es aquel que per­
sigue a lo largo del tiempo lineal infnito un vacuo espejis-
1 5 4
modcprogrcsocontinuo,sinoaqucIquccntodomomcn-
tocstácncondicioncsdcdctcncrcIticmpoporqucconscr-
va
cI rccucrdo dc quc!apatria originaI dcI hombrc cs cI
pIaccr.
JaIcscIticmpoqucsccxpcrimcntacnIasautcnticas
rcvoIu
cioncs,IascuaIcs,comorccucrdaßcnjamin,sicmprc
hcronvividascomounadctcnciondcIticmpoycomouna
intcrrupcion dc Ia cronoIogía, pcro una rcvoíucíon dc Ia
quc surgicrano una nucvacronoIogía, sino una transIor-
macion cuaIitativa dcI ticmpo (una cairologa) scría Ia dc
mayorcsconsccucnciasyIaúnicaqucnopodríascrabsor-
bidaporcIrcûujodcIarcstauracion.AqucIquccnIaepokhé
dcIpIaccrrccordoIahistoriacomosupatriaoriginaIIIcvará
cIcctivamcntcacadacosacscrccucrdo, cxigirácncadains-
tantc csapromcsa. csc cs cI vcrdadcro rcvoIucionario
ycI
vcrdadcro vidcntc, Iibcrado dcI ticmpo no cn cI miIcnio,
sinoahora.
1 5 5
±lpríncie y l rana
EÌprobÌcmadcÌmctodocn/dorno
y cnßcnjamin
Theodor W Adorno a W Benjar
NcwYork, 1 0
dcnovìcmbrcdc 1 938
QucridoÑaÌtcr.
Iadcmora dc csta cartaÌcvanta
una acusacion
=cnazntccontramíycontratodosnosotros.Icro
q
ttizás acstaac�sacionsc asocicu
napcqucñacx-
c
¤sa. Ya quc cstácIaro quc Ia dc
moradc un mcs
�ntcrocnIarcspucstaa

suBaudl
ire nopucdcscr
imputadaaÌaindoIcncia.
LasrazoncssoncxcIusivamcntcobjctivas.Con-
cicrncnanucstra posturacon rcspc
ctoaImanus-
crìto, ydado mi compromiso cn
Ìa cucstion dcÌ
trabajosobrcÌosPasajes ¿ucdodccirsininmodcs-
tia.
aÌamíacspcciaÌmcntc. !ccsp
cradoÌaÌÌcgada
del Bauhirecon la máma tensión, y literalmente
Io
hcdcvorado. EstoyIIcnodcadmiracionporquc
haya
podido ustcd tcrminarcI trabajo dcntro dcÌ

·tzo. Ycs csta admiracion Ìo quc mc hacc cspc-
ciaÌmcntcdihciIhabÌardc1 o qucsc
haIntcrpucsto
cn
trcmiapasionadacxpcctativayd tcxto.
! 5 9
!c tomado cnormcmcntc cn scrio su idcadc
cstabIcccrcnBaudcIaircunmodcIoparaIosPasa­
jes, y·no mc accrquc a csc csccnario satanico dc
mancramuydistintaacomo Io hacc ìausto aIas
IantasmagoríasdcIBrockcn,cuandocrccqucvaa
rcsoIvcrsc aIgún cnigma. ¿Es discuIpabIc quc mc
haya tcnido quc dar a mí mismo

Ìa rcpIica dc
Mchsto "pcroaIgúncnigmascanudadc nucvo":

¿IucdccomprcndcrqucIa!ccturadcItratado,dc
cuyos capítuIos uno sc tituIa cI Flneur ycI otro
incIuso "Lo Modcrno", mc haya producido una
cicrtadcccpcion:

Estadcccpcion ticncsurazonIundamcntaIcn
quccItrabajocnIaspartcsqucconozconorcprc-
scnta tamo unmodcIo paraIos Pasajes como un
prcIudio acIIos. EnsucartaparaMax, prcscnta
ustcdcsto como su intcncioncxprcsa, yno dcs-
conozcoIadiscipIinaasccticaqucustcdapIicapara
ahorrarcntodaspartcsIasdccisivasrcspucstastco-
ricasaIasprcguntasyhaccrvisibIcsIasprcguntas
mismassoIo aIiniciado. Icroquisicraprcguntar-
IcsitaIascctismoscpucdcmantcncrIrcntcacstc
objcto y cn unarcIacion dc tan imponcntc cxi-
gcnciainrcrna. ComohcIconoccdordcsuscscri-
tos, scmuybicnquccnsuobranoIaItanantccc-
dcntcs para csc modo dc proccdcr. Iicnso por
cjcmpIo cn Ios artícuIos sobrc Irousty sobrc cI
surrcaIismocncI"Litcrarischc¤cIt".Icro,¿puc-
!60
dc trasIadarsc cstc proccdcr aÌ compÌcjo dc Ìos
!asa¡cs!Ianoramay"rastro¨,[ncury!asa¡cs,mo-
dcrnoysicmprc-iguaÌsin intcrprctaciontcorica. . .
¿cs cstcunmatcriaI quc¡ucdacspcrarpacicntc-
mcntcuna intcrprctacion sinscrconsumidopor
supropioaura!¿loscconjuramásbicncÌcontc-
nido pragmático dc agucIÌos objctos cuando cs
aisÌadodcIormacasidcmoníacacontraÌaposibi-
Iidaddcsu intcrprctacion! OurantcÌasinoÌvida-
bÌcsconvcrsacioncsdcKönigstcin,ustcddijouna
vczquccadaunadcÌasidcasdcIos!asa¡cshabía
dc scrarrancada cn rcaÌidaddc un ámbito cncI
qucrcinaÌaÌocura. Mcsorprcndcríasit�Icspcn-
samicntos amuraIÌados tras impcnctrabIcs capas
dc matcriaÌsc rcvcÌascntan útiÌcscomo su disci-
pIina ascctica Ics cxigc. En su tcxto actuaÌ, Ios
!asa¡csson introducidos porIarcIcrcnciaaÌacs-
trcchcz dc Ìavcrcda qucIc dihcuÌtaaI [ncurcI
caminarporIas caIIcs. Mcparcccquccstaintro-
duccionpragmáticaprcjuzgaIaobjctividaddcIa
Iantasmagoría, cnIa qucyo insistíatanobstina-
damcntcyacn¸ticmposdcÌacorrcspondcnciacon
!ornbcrg,iguaI qucÌosintcntosdcÌprimcrcapí-
tuIoporrcducirÌaIantasmagoríaacomportamicn-
tos dc la bohcmiaÌitcraria. No tcma qucvayaa
dccirquccnsu trabajoÌaIantasmagoríasobrcvi-
vc sin transicion o quc cI trabajo asumc incÌuso
su caráctcr Iantasmagorico. Icro Ìa Iiquidacion
161
soIopucdcIograrsccnsuvcrdadcraproIundidad
sischaccIuncionaraIaIantasmagoríacomoca-
tcgoría objctiva dc ûIosoûa dc Ia historia y no
como"vision"dccaractcrcssociaIcs.Irccisamcn�
tccncstcpuntosuconccpcionscapartadcImodo
habituaIdcaIrontarcIsigIoXIX. IcrocIcumpIi-
micntodcsupostuIadonoscpucdcapIazarpara
Ias caIcndas gricgas y"prcpararIo" mcdiantc una
inoIcnsivaprcscntaciondcloshcchos. !stacsmi
objccion. CuandocnIa tcrccrapartc, por adop-
tarIa antigua IormuIacion, cI Iugardc Ia prchis-
toria dcI sigIo XIX Io ocupa Iaprchistoria cn cI
sigIo XIX ÷sobrc todo cn Ia citadc Icguysobrc
Victor!ugo÷,cstanocsmásqucotracxprcsion
paracImismohccho.
IcroIaobjccionnomcparcccqucaIcctcmcra-
mcntcaIocucstionabIcdc"ahorrar"cnunobjcto,
qucprccisamcntcporIaasccsiscontraIaintcrprc-
tacion ingrcsaparamícnuntcrrcno contrae quc
sc dirigc Ia asccsis. dondc Ia historia y Ia magia
osciIan. Má bicnvco Iosmomcntoscn Ios quccI
tcxtocactrassupropioapriori cncstrccharcIacion
consurcIcrcnciaaImatcriaIismodiaIcctico,yprc-
cisamcntccncstcpuntohabIonosoIopormí,sino
tambicnporMa, concI quchchabIadocnpro-
mndidadsobrccstacucstion.Icrm|tamccxprcsar-
mc aquí tan simpIc y hcgcIianamcntc como sca
posibIc.Sinomccquivoco, cstadiaIccticascquic-
1 62
bracnun punto. Iamcdiacion. Rcina cn gcncra
unatcndcnciaarcIcrirIoscontcnidospragmáticos
dc ßaudcIairc dircctamcntc aIosrasgosinmcdia-
tosdcIahistoriasociaIdcsuticmpo,ycnIoposi-
bIcaaqucIIosdctipocconomico.!icnsoporcjcm-
pIocncIparágraIo sobrccIimpucstoaIvino, cicr-
tasahrmacioncssobrcIaslarricadasocIpuntoya
rcIcrido sobrc Ios Paajes, quc mcparcccparticu-
Iarmcntc probIcmático porquc prccisamcntc aIIí
rcsuItaIrágiIIatransiciondcunaconsidcracioncn
principio tcorica sobrc hsiologías aIarcprcscnta-
cion"concrcta"dcIfaneur.
Esa scnsacion dc artihciosidad sc mc imponc
cn todosIosmomcntoscnIos quccI trabajo, cn
Iugar dc Ia ahrmacion vincuIantc, cmpIca |a
mctaIorica.LoqucocurrcsobrctodocncIpasajc
sobrc Ia mctamorIosis dc Ia ciudad cn intérieur
para cIjaneur, dondc una dc Ias conccpcioncs
más podcrosasdc su obramcparcccprcscntada
como un mcro "como si". En cstrccha rcIacion
contaIcscxcursosmatcriaIistas,cnIosqucnunca
IIcgaunoaIibrarscdcItcmorqucscsicntcporun
nadadorqucscarrojaconpicIdcgaIIinaaIagua
Iría,cstáIaapcIacionaIoscomportamicntoscon-
crctos,comoaquícIdcIjaneur omásadcIantccI
pasajcsobrcIarcIaciondcvisionyoídocnIaciu-
dad, quc no por casuaIidad cmpIca una cita dc
SimmcI.JodoIo cuaI mcinquicta.No tcmaquc
1 63
aprovcc
hc Ìa
ocasionparasubirmc aI cabaIÌo |�
mis tco
rías. Mc conIormarccon qarÌc en passaJJ
un tcrró
n dc azúcar c intcntarc, por Ìo dcmás,
indicarÌ
cÌarazontcoricadc mircchazohaciacsta
'. i �
Iormac
nparticuÌardc Ìo concrctoyasusrasgo�
conduc
tistas. Esta razon no csotraquccÌ consi�
dcrar nctodoIog¡camcntc dcsafortunado cI cm�
pÌco dc
mancra "matcriaIista'' dc aIgunos rasgo�
scnsibÌc
sdcÌár¤bitodcÌasupcrcstructura,ponicn-
doÌos d
cmancradircctac incÌuso causaIcnrcla�
cion co
n rasgoscorrcspondicntcs cn Ìacstructu-
ra.Ladc
tcrminacionmatcriaIistadccaractcrcscul-
turaÌcss
oÌocsposibÌc
cuandorcsuÌtamcdiadapo�
cÌproces
o globa
l
Ð
°
Aun
qucÌospocmasdcßaudcÌaircsobrccÌvino
pucdan
cstarmotivadosporcÌimpucstoaÌvino,
Ìasbarrie
res, cÌrctornodccsosmotivoscnsuobra¯
noscp;�cdcdctcrminardc otromodoqucporÌa
tcndcnc
iagÌobaÌ,sociaÌycconomicadcÌacpoca,
csdccir,
cn cÌscntidodcÌcucstionamicntodcsu
trabajo
sensu stictissimo por cÌanáIisis dc ÌaIor

¸
ma µc Ì
a mcrcancía cn Ìa cpoca dc ßaudcÌairc.
Nadics
abcmcjorqucyoÌasdihcuÌtadcs quccæ
cntraña
, cÌ capítuÌosobrcÌa Iantasmagoríadcm{
Ìibrosob
rcÑagncr
indudabÌcmcntcaúnnosch�
mostrad
oaÌaaÌturadctaIdihcuÌtad.LosPasajes
cnsuIor
madcIinitivanopodránsustracrscacsa
obÌigaci
on.LaiÌacion
inmcdiatacntrccÌimpucs�¸
1 64
toaIvinoy/'me du vir4 IcsatribuycaIosIcno-
mcnosj ustamcntccsctipodccspontancidad,cvi-

dcncia y dcnsidad a Ios quc habían rcnunciado
cn cI capitaIismo. En csta cspccic dcmatcriaIis-
mo inmcdiato, casi podría dccir antropoIogico,
sccscondcuncIcmcntoproIundamcntcrománti-
co,yIopcrcibotantomáscuantoqucustcdcon-
Ironta con cIaridad y crudcza cI mundo IormaI
dc ßaudcIairc con Ia miscriadcIavida. La "mc-
diacion" cuyaauscnciamcmoIcstayqucmcpa-
rccc ocuItada por cvocacioncs mágicas matcria-
Iista-historiográhcasnocsmásqucIatcoría, quc
su trabajo dcja dc Iado. La omision dc Ia tcoría
inûuycsobrcIocmpírico.Iorunapartc,Icdaun
caráctcrcngañosamcntccpico,yporIaotrapriva
aIos!cnomcnos,como mcramcntccxpcrimcnta-
dosdcIormasubjctiva,dcsuvcrdadcropcsohis-
torico-IiIosohco.Loquctambicnscpucdccxprc-
sar así. cI motivo tcoIogico dc IIamar aIas cosas
por su nombrc sc convicrtc tcndcnciaImcntc cn
una sorprcndcntc rcprcscntacion dc Ia mcra
Iacticidad.IaracxprcsarIodcmancratodavíamás
drástica, sc podría dccir quc su trabajo sc ha in-
scrtadocncIcrucccntrcmagiaypositivismo.Esc
sitio cstá cmbrujado. SoIo Iatcoríapodría rom-
pcrcIhcchizo.supropia bucnatcoríacspccuIati-
34 Auión a poema CIV de Lasfomdlmal(T.).
1 65
va, sin considcracioncs. SoIo cs su cxigcncia ló
qucIcvantocontraustcd.

. . . ConcstocrcocstarIIcgandoa ccntro.IIcIcc
to quctodocI trabajoproducc, no soIamcntccn
míycnmiortodoxiadcIosPasajes, cscI dcque
ustcdschavioIcntadoasímismo . . . pararcndirIe
un tributo aI marxismo quc noIo bcncncia ni'á
ustcd ni a cI A marxismo no, porquc IaIta Ia
mcdiacion atravcs dcI proccso socia gIobaI ysc
Ic atribuyc aIacnumcracionmatcriaIdcmancra
casi supcrsticiosa un podcr dc iIuminacion que
nuncacstárcscrvado aIaindicacionpragmática,
sinosoIoaIaconstrucciontcorica.JampocoaIa
sustancia quc Ic cs �ás propia, cti tanto quc us�
tcdhasomctidosusidcas más audaccsyIructíIc-
ras a una cspccic dc ccnsura prcvia conIormc �
catcgoríasmatcriaIistas(qucdcningúnmodoco-
incidcnconIasmarxistas) , aunqucsoIo scabajo
Ia Iorma dc un apIazamicnto. Si cn nombrc d
OiossoIohayunavcrdad,ysisuIucrzamcntaIse:
aducñadc csavcrdad cn catcgorías quc scgúnsf
conccpcion dcI matcriaIismo podrían parcccrl-
apocriIas, obrcndrámásdc csavcrdadúnìcaqu�
sirvicndoscdcunarscnaIintcIcctuaIcuyascmpj
ñadurassumanoscrcsistcinccsantcmcntcac
puñar . . .
1 66
W Benjaín a Theodor W Adoro
Iarís, 9� 1 2- 1 938
QucridoJcddic.
scguramcntc no Io habrá sorprcndido quc mi
rcspucstaasucartadcI 1 O dcnovicmbrcnoIcIIc-
garacn unabriryccrrar dc ojos. Si bicncI Iargo
rctrasodcsucartayapodíahaccrmcprcvcrcIcon¯
tcnido, cso noimpidioqucacusaracI goIpc.A Io
cuaI sc agrcgo quc quisc cspcrar Ias prucbas quc
ustcdmchabíaanunciadoyqucIIcgaronrccicncI
6 dcdicicmbrc.IIticmpoganadomcdioIaopor-
tunidad dc sopcsar sus críticas con toda Ia atcn-
cionposibIc. IstoymuyIcjosdc considcrarIas in-
Iructuosasymucho mcnos incomprcnsibIcs.Jra-
tarcdccxprcsarmccIaramcntcdccntrada. . .

LadoqucrccordcnucstraconvcrsacioncnSan
Rcmo,quisicrahabIardcImismopuntoaIquchiz

rcIcrcncia ustcd. Si cntonccs mc ncgaba a apro-
piarmcdcunproccsodcpcnsamicntocsotcricocn
nombrcdcmispropiosintcrcscsproductivosypa-
sando¡orcncimadcIosintcrcscsdcImatcriaIismo
diaIcctico,IoquccstabacnjucgocnúItimainstan-
cianocraunasimpIcdcvocionhaciacImatcriaIis-
mo diaIcctico, sino unasoIidaridad con!as cxpc-
1 67
riencias que todos nosotros habíamos tenido en los
últimos
quince años. También en este caso se trata
de mis intereses productivos más propios; no voy a
negar q
ue ocasionalmente intenten violentar a los
anteriores
. Hay aquí un antagonismo del que ni
siquiera
en sueños puedo augurar una liberación.
Su superación agota el problema del trabajo y está
unida a su construcción. Quiero decir que la espe­
culación puede levantar su arriesgado y necesario
vuelo con alguna perspectiva de éxito solamente si
en lugar de ponerse las alas de cera de lo esotérico,
busca la fuente de su fuerza únicamente en la cons­
trucción. La construcción exigía que la segunda
parte del
libro estuviese formada esencialmente por
materiales flológicos. Por eso se trata menos de
una "disciplina ascética'' que de una precaución
metodológica. Además, esa parte filológica era la
única que podía anticiparse autónomamente -cir­
cunstancia que hubiera debido tomar en conside­
ración.
Cuan
do usted habla de una "representación sor­
prenden te de la facticidad", caracteriza así la ge­
nuina acritud ·filológica. Lo que debería insertarse
en la construcción no sólo con miras a sus resulta­
dos, sino como tal. En efecto la indiferencia entre
magia y positivismo, como felizmente lo expresa
usted, debe ser liquidada. En otras palabras: la in­
terpretación fJoJógica deJ autor debe ser suprimi-
1 6
8
dayconscrvadaporcImatcriaIismodiaccticoaIa
mancradc!cgcI. LahIoIogíacsIaprogrcsivaob-
scrvaciondcIasparricuIaridadcsdc un tcxto, quc
hja mágicamcntc æ Icctor. EIncgrosobrc bIanco
dc !austoyIadcvocion aIo pcqucño dc Grimm
soncstrcchamcntcaûncs.JicncncncomúncIcIc-
mcnto mágico quc Ic corrcspondc cxorcizar a Ia
hIosoûa,cnIaúItimapartc.
LomaraviIIoso,comocscribcustcdcnsuIibro
sobrcKicrkcgaard,anuncia"IamásproIundain-
tcIcccion dc Ia rcIacion cntrc diaIcctica,tito c
imagcn". Quizás mc rcsuItaría IáciI rcIcrirmc a
cscpasajc.QuicrocncambioproponcrIcunaco-
rrcccion (como tcngo pcnsado adcmáshaccr cn
otraocasionparalá dcIInicionsuccsivadcIaima-
gcn diaIcctica) . Ocbcríadccirsc cntonccs quc Io
maraviIIosocs un objeto cmincntcdc dichaintc-
Icccion.LaaparicnciadcIaIacticidadccrradaquc
scadhicrcaIainvcstigacion hIoIogicayarroj aaI
invcstigadorcncIcncantamicntoscdcsvanccccn
cI punto cn quc c|objcto cs construido dcsdc |a
pcrspcctiva historica. Las Iíncas dc1uga dc csa
construccion convcrgcn cn nucstra propiacxpc-
ricnciahistorica. Con Io cuaI cI objcto sc cons-
truyccomomonada.EnIamonadasctornavivo
Io qucyacía con míticarigidcz como picza tcx-
tuaI.Mcparcccpor|otanto undcsconocìmìcnto
dc Ia naturaIcza dc Ios hcchos cI quc ustcd cn-
!69
cucntrccnmitcxtouna"iIacioninmcdiatacntrc
cI impucsto aIvino y l'me du vin". La conjun-
cion schabía cstabIccido dc mancra Icgítimacn
IacohcsionIiIoIogica-sindiIcrcnciarscdcIoquc
corrcIativamcntc hubicra podido darsc cn Ia in-
tcrprctaciondcuncscritorantiguo. EstoIc con-
IicrcaIapocsíasupcsocspccíIico,qucIaIiIoIogía
asumc cn Ia autcntica Icctura quc hasta cI mo-
mcnto no sc había cjcrcido mucho sobrc
ßaudcIairc.SoIosicstapocsíacspucstadcrcIicvc
cn csc aspccto podrá hi obra scr tocada, por no
dccirsacudida,porIaintcrprctacion.!aracIpoc-
macncucstion, scconcctaránoaIproblcmadcI
impucsto,sinoaIsigniíicadodcIacmbriaguczpara
ßaudcIairc.
Sipicnsaustcdcnotrostrabajosmíos,vcráquc
IacríticadcIaactituddcIosIiIoIogoscsunavicja
aspiracion, íntimamcntc idcntica a Ia dcI mito.
LoqucdctantocntantopromucvcIamismaprcs-
tacionqucIaIiIoIogía. Loqucrcquicrc,parausar
IostcrminosdcIcnsayosobrcLas afnidtdes elec­
tivas, poncr cn cvidcnciaIos contcnidos Iácticos
cnIosquccIcontcnidodcvcrdadscdcshojahis�
toricamcntc. Comprcndo quc cstc aspccto dc Ia

cosahayapasadodcsapcrcibido para ustcd. !cro
junto a cI tambicn aIgunas intcrprctacioncs im-
portantcs. Þo soIo picnso cn Ias dc pocmas A:
une passante- o
dc prosas-El hombre de La muli-:
1 70
tud, sinosobrctodo cn cIanáIisisdcI conccpto
dc modcrnidad qucparamícraparticuIarmcntc
importantc mantcncr cn
sus justos Iímitcs IiIo-
Iogicos. . .

Lasdoscartas``,dcIasquchcmosrcproducidoIospasa-
jes que tocan má dccerca e probtema dcmétodo, se refe- -
rcn aIcnsayo Da Pars ds Second Empire bei Baudliri6,
qucßcnjaminIcshabíahcchoIIcgara!orkcimcrya^dor-
nocncIotoñodc 1 938 comocoIaboradordcIInstituto para:
l investigación social quccstosúItimosdirigían. Oichocn-
sayo habíasidoconccbidocomopartcdcIaobrasobrcIos
Pasajes parisinos(Pasagenarbeit) cnIaqucßcnjaminrrabae
jo dcsdc 1 927 hastasu mucrtcsinpodcrIIcvarIaacabo, y
dcbíaoIrcccr,cnpaIabrasdeßcnjamin, un"modcIocnmi-
niatura"dcIaobraporvcnir.
x
LasobjccioncsquccnsucartaIchacc^dornoaIcscrito
dcßcnjaminparcçcncorrcctasaprimcravista.Corrcspon-
dcn aunarcscrvanctodo|ogicatan prohxndaytcnazquc
podíanscrrcproducidascasicniguaIcstcrminos cn 1 955,
35
L cartas en cuestión se publicaron en e vol. II (p. 782 y p. 791) de la
correspondencia de Benjamín. (WALTER BENJAMIN, Brii, hrsg. und
mit Anmerkungen versehen van Gershom Scholem u. Theodor W Ador­
no, Frankfurt a. M. 1 966 [trad. en espafol de la carta de Adorno en
THEODOR W ADORNO, Sobre Wlter. Benjamin, Cátedra, Madrid,
1995; no figura al í la respuesta de Benjamín (T.)]).
36 Publicado por primera vez de maera ínregra en W BENJAMIN, Charks
Baudlir<. Ein Lyriker
im Zitalter ds Hochkapitalimus, Frankfrt a. M.
1969 (trad. en espafol
en B
ENJAMIN, Poesía y capitlimo; Iluminacio­
nes l Taurus, Madrid, 1 988).
1 71
cuando ya "cI nombrc dcI hIosoIo quc cxtinguio suvida
micntrascscapabadcIoscsbirros dc!itIcr"habíaadquiri-
do "unaaurcoIadcautoridad". "SumctodomicroIogicoy
Iragmcntario -sc Icc cn Ia caractcrizacion dc ÑaItcr
ßcn¡aminpubIicadacnPrimanuncaasimiIodcItodoIa
idcadcIamcdiacionunivcrsaquctantocn!cgcIcomocn
Ma mndamcntaIatotaIidad. SinningunavaciIacion sc
mantuvohrmccn suprincipiodcqucIamínimaccIuIadc
rcaIidad contcmpÍadacquiÍibraba con su pcsoa tcsto dcl
mundo.IntcrprctarIci¡omcnosdcmodomatcriaIistasigni-
hcabapara cI no tanto cxplicarIos apartir dcI todosociaI
cuantorcIcrirlosinmcdiatamcntc,cnsusinguIaridad,a:cn-
dcnciasmatcriaIcsyaIuchassociaIcs¨`´•
EImndamcntodctalcsobjccioncsscbasacnunaintcrprc-
tacion dcI pcnsamicnto marxiano, ycn particuIar dc IarcIa-
cioncntrccstructuraysupcrcstructura, qucrcivindicapæasí
IaconsagraciondcIaortodoxiaycncuyaIc rodopIantcamicn-
to distintodccsarclacionrcsuItacxpcditivamcntcdcscartado
como¨
matcriaIismovuIgar".Ocsdccscpuntodcvista,cIaná-
IisisbcnjaminianodcIapocsíadcßaudclaircscprcscntacomo
"una iIacion inmcdiatacntrc e impucsto a vino y lame du

vin", csdccircomounpIætcodcrcIacioncscausalcsinmcdia-

tas cntrcrasgosaisIadosdcIasupcrcstructurayrasgos corrcs-
pondicntcsdcIacstructura,qucdaIaimprcsiondcuntributo
pagadoa macismoqucnobcnchciaa marxismonia aurot.
37 THEODOR W. ADORNO, Prísmen. Kulturkritik und Gesselchaf,
'
Frankrt a. M. 1 95 5 (trad. en espafol Prismas. La critica d l cultura y l
socied Aiel, Bascelona, 1 962, p. 253).
1 72
"Amarxismo no, porque flta la mediación a través del proce­
so socia gobal y se le atribuye a la enumeración material de
manera casi supersticiosa un poder de iluminación." L que
está ausente de principio a fin en e trabajo es "la mediación.
Reina en general una tendencia a referir los contenidos prag­
máticos de Baudelaire directamente a los rasgos inmediatos de
la historia social de su tiempo".
Difcilmente podría expresarse en términos más explíci­
tos la acusación de "materialismo vulgar". Desde el punto
de vista doctrinal en que se sitúa Adorno, su argumenta­
ción parece además perfectamente coherente. ¿Acaso no
airmó el mismo Engels, en una carta a J
.
Bloch tantas ve­
ces citada, que sólo en última instancia la producción es el
factor histórico determinante? El hiato que abre ese "en
última instancia'' entre estructura y superestructura es lle­
nado por Adorno con la apelación a la "mediación" y al
" 1 bal"
.
1 a 1 "b " í proceso g o , grac1as a os cu es a uena teor a espe-
culativa se previene contra toda "ilación inmediata''. Esa
"mediación universal que tanto en Hegel como en Marx
fundamenta la totalidad" es el garante libre de sospecha de
la ortodoxia marxiana en la crítica de Adorno, que ve con­
firmada así ·su propia solidez doctrinal.
Pero queda la inquietud de que esa crítica se le haga a un
texto que, como bien saben quienes leyeron el ensayo en
cuestión, quizás sea el análisis más esclarecedor :obre un
momento cultural global en e desarrollo histórico del capi­
talismo. A dicha inquietud se afade una sensación de ma­
lestar generada por el hecho de que una crítica fundada en
1 73
bascs doctrina|cs tan irrcbatibIcs tuvicra Ia ncccsidad dc
tomarprcstadasparasuIormuIaciontcrminosqucparccic-
ratimáspropiosdcIvocabuIariotccnicodcIcxorcismoydcI
anatcmaccIcsiásticoqucdc unacIararchtacionIiIosohca.
Adorno sc accrco aI tcxto dc su amigo como !austo a Ia
"csccnasatánica`' dc IaIantasmagoríasobrc cI ßrockcn. Sc
acusaa ßcnjamin dcbabcrIIcgado aconjurar "dc mancra
casi dcmoníaca`` cI contcnido pragmático dc Ios objctos
contraIaposibiIidaddcsuintcrprctacionydcbabcrocuI-
tadoIa mcdiacion con "cvocacioncs mágicas matcriaIista-
bistoriográhcas". Estc IcnguajccuImina cn cI pasajcdc Ia
carta dondc cI mctodo dc ßcnjamin cs dcscripto con Ios
tcrminosdcuncnsaImo. "IaracxprcsarIodcmancratoda¯
víamásdrástica,scpodríadccirqucsutrabajoschainscr
tado cn cI crucc cntrc magia ypositivismo. Esc sitio cstá
cmbrujado.SoIoIatcoríapodríarompcrcIhcchizo. . . ". ) _
SicscicrtoquctodocxorcismotrasIuccIapropiasoIida-
ridad con cI cxorcizado, quizás sca Iícito pIantcaraIgunas
dudascncuantoaIoshndamcntostcoricosdcdondcpartc
Ia'críticaadorniana. Quizás cI supcrsticioso "podcrdc iIu-
minacion" quc sc procura cxorcizar scacI mismo quc rci-
vindicacomopropioIatcoría.YdadoquccIpapc|dcIcxor
cista cs dcscmpcñadocn cstc caso porIamcdiacion, acaso
vaIgaIapcnacxaminarmásdcccrcaIas razoncs diaIccticas
cnIasqucscapoya.
AIoqucscrchcrcAdomo cone tcrmino "mcdiacion" sc
cscIarcccconsuhsc."Iadctcrm¡nacionmatcriaIistadccatac
tcrcscuItura|cssoIocsposibIccuandorcsuItamcd¡adaporcI
174
proceso gwbal'. Esta fase, al igual que la confesión que la pre­
cede ("Perrtame epresarme aquí t simple y hegelianamente
como sea posible"), muestran que la mediación que tiene en
mente Adorno es aquella misma cuyo elogio hace Hegel en u
pasaje de la introducción a la Fenomenowg dl Eírtu, que
conviene citar aquí completo:
L verdadero es la totalidad. Pero el todo es sólo
la esencia que se perfecciona y se realiza siguiendo
su desarrollo. Es preciso decir que lo Absoluto e�
esencialmente resultado, vale decir, que sólo al fi­
nal es verdaderamente lo que es; en lo cual consiste
justamente su naturaeza, que es ser realidad efec­
tiva, sujeto y desarrollo de sí mismo. Si pareciera
contradictorio concebir lo Absoluto esencialmen­
te como resultado, una breve consideración ser�
suficiente para remediar esa aparente contradicción.
El inicio, el principio o lo Absoluto, en su enun­
ciación inicial e inmediata, es sólo lo universal. Si
digo: todos !os animales, estas palabras no pueden
ser equivalentes a una zoología; con idéntica evi­
déncia se advierte que las palabras: divino, absolu­
to, eterno, etc. no expresan aquello que está conte­
nido en ellas -tales palabras no expresa en efecto
sino la intuición entendida como inmediata. L
que es más que estas paabras, incluso la mera tran­
sición a una proposición, contiene un devenir-otro,
que debe ser reasumido, o es una mediación. Y
1 75
justamcntccsa
mcdiacioninspiraunhorrorsagra·

do, comosi aI usarIadcotromodoantcsqucpara
dccir quc csta no cs nada absoIuto y quc
cicrta-
mcntcno ticncIugardcntrodcIoabsoIutoscdc·
1icrarcnunciaraconocimicnto
absoIuto. Ochc·
cho csc horrorsagrado ticncsuorigcn cn unaig�
norancia dc Ia naturaIcza dc Ia mcdiacion y dcI
conocimicnto absoIuto, pucs Ia mcdiacion no cs
más quc Ia idcntidad-para-sí cn movimicnto, cn
otrostcrminos,csIarchcxioncnsímisma,e mo-
mcntodcIyoquccsparasí, csIapurºncgatividad
o bicn, rcducida a supura abstraccion, cI simple
dvenir.
EImcdiadorqucintcrponcsusbucnosoIicioscntrccs-
tructuray supcrcstructuraparasaIvaguardar aI matcriaIis·
mo de 1a vulgaridad es por lo tanto e historicismo dia1écti­
ce hcgcIiano quc, como rodomcdiador, sc prcscnta pun­
tuaImcntcparacxigirsuporccntajcdcIncgocio.Iorccntajc
quctomaIaIormadcunarcnunciaacaptarconcrctamcntc
cadaacontccimicntosinguIarycadainstantcprcscntcdcIa
praxis cn nombrc dcIarcmision aIaúItima instanciadcÌ
proccsogIobaI. Oado qucIoAbsoIutocs"rcsuItado¨yquc
"soIoaIIinaIcsvcrdadcramcntcIoquccs¨,cadamomcnto
singuIar y concrcto dcI proccso sóIo cs rcaI como "pura
ncgatividad¨qucIavaritamágicadc
Ia mcdiaciondiaIcctí
catransIormará-a hnaI~ cnpositivo.OcaIIíaahrmarqu
c
cadamomcntodcIahistoriacsunmcdio
oricnt«dohaci=
1 76
unhnhayunsoÌopaso,yÌodarácnunsaÌtocIhistoricismo
progrcsistaqucdominaÌaidcoÌogíadcÌsigIo X.Iasardc
contrabandocstaconccpcionhcgcIianadcÌa"mcdiacion"y
dcI "proccso gÌobaÌ" como marxismo autcntico signihca
scnciIIamcntcanuÌatconcIIoÌacríticamarianaaÌadiaIc-
ctica hcgcÌiana cn tanto "proccso abstractoyIormaÌ" quc
constituyc cI Iond� continuo sobrc cÌ cuaI scdcsplicgacÌ
contrapuntodcÌosManuscritos d 1844. ¿Iorquccntonccs
^dorno÷qucporcicrto no ignoracsacritica÷ rccurrcaIa
"mcdiacion por cÌ proccso g�obaI" justamcntc para intcr-
prctarIarcÌacioncntrccstructuraysupcrcstructura,quccn
ningunapartcMarxconhguracomorcÌaciondiaIcctica!\na
vczmás,hayqucbuscarcImotivocnIavoÌuntaddcprcca�
vcrsccontraunpcÌigroqucquizástcníarazoncsdcmasiado
bucnasparatcmcr. IrccisamcntcporqucMarxnoprcscnta
ÌarcIacioncntrcbasc matcriaIysupcrcstructuracomouna
rcIaciondiaIccticayaprimcravistaparccicraincIuso con-
ccbirÌacomo una rcIacion dcdctcrminacioncausaI, cs nc-
ccsariorccurriraunmcdiador diaÌcctico qucpongaaÌrcs
guardodcÌaposibiIidaddcunaintcrprctacion"vuÌgar".Icro
como cI tcmor a Ia vu!garidad trasIucc Ia vuIgaridad dcI
tcmor,asítambicnÌasospcchadcunaintcrprctacionvuIgar
cs unasospcchaqucrazonabÌcmcntcdcbcmantcncrquicn
IaIormuIasobrc todo con rcspccto asímismo. \ntcmor
dccscgcncrocscIqucIc inspiraaEngcIssuccIebrctcoría
dcÌa"úÌtimainstancia'' quc, dcbcmosdccirIo,cs unaobra
macstradcIariscísmo. LaIaa|armacontraclmatcriaIismo
vuÌgaraIirmandoquc"scgúnIaconccpcionmatcria|istadc
1 77
la historia el factor determinante en última instancia
en la his­
toria es la producción y la reproducción de la vida real. Nada
más hemos armado nunca ni Næ ni yo. Si ahora
alguien
tergiversa las cosas y afirma que el fctor económico sería el
único determinante, transforma est proposición en una fase
vacía, abstracta y absuda"38. Pero es evidente que si hubo una
tergiversación ya ocurrió en e momento en que la relación
entre base material y superestructura se interpretó como una
relación de causa y efecto. Una ve realizada esa tergiversación
y para salvaguardarse de la propia vulgaridad, sólo queda agitar
con una mano el espantao del materialismo vulgar contra el
cual la otra mano se dispone a dar batalla.
Es tiempo de tener el coraje de decir que ese espantajo,
como todo espantajo, existe sobre todo dentro de quienes lo
agitan. Si Na no se preocupa por precisar el modo en que
debe entenderse la relación entre estructura y superestructu�
ra y en ocasiones no teme pasar por "vulgar", es porque una
interpretación de esa relación en sentido causal no es siquiera
pensable en términos marxianos, lo que vuelve superflua la
interpretación dialéctica que debería corregirla. Toda inter,
pretación causal es en efecto solidaria con la metafísica occi­
dental y presupone la descomposición de la realidad en dos
niveles ontológicamente distintos. Un materialismo que con�
cibiera los hechos económicos como causa prima en el mis�
mo sentido en que el Dios de la metafísica es causa sui y .
38
F Engelaj B/och(21 de septiembre de 1 890), en K M y F ENGEL,
Ausgewihlte Brie, Berlin 1 953. pp. 502-4 (trad. en español en K. M
·
y F ENGEL, Ecritos sobre el arte, Península, Barcelona, 1 969).
1 78
principio de toda las cosas, no sería más que otra cara de la
metafsica y no su superación. Una descomposición seme­
jante traiciona irremediablemente la concepción m�ana
de la prais como concreta y unitaria realidad original, y esto
es lo que debe oponerse a la interpretación vulgar y no una
supuesta "concepción dialéctica de la causa y el efecto". L
prais en efecto no es algo que necesite de una mediación
dialéctica para representarse luego como positividad bajo la
forma de superestructura, sino que desde un principio es "ver­
daderamente lo que es", desde un principio posee integridad
y concreción. Si el hombre se revela "humano" en la prais
no es porque, además de efectuar en primer lugar una activi­
dad productiva, luego traspone y desarrolla esa actividad en
una superestructura y entonces piensa, escribe poemas, etc.;
si el hombre es humano, si es un Gatngswesen, un ser cuya
esencia es el género, su humanidad y su ser genérico deben
estar íntegramente presentes en el modo en que produce su
vida material, es decir, en la prais. Ma anula la distinción
metafsica entre animal y ratio, entre naturaleza y cultura,
entre materia y forma, para afrmar que en la prais la
animalidad es la humanidad, la naturaleza es la cultura, l
materia es 1 forma. Si admitimos esto, la relación entre es­
tructura y superestructura no puede ser ni de determinación
causal ni de mediación dialéctica, sino de idntidd inmedia­
t. El faiseísmo implícito en la separación entre 'estructura
económica y superestructura cultural permanece idéntico aun­
que la causa determinante sea el proceso económico, que la
mediación se encarga luego de recubrir con su púdico velo
179
dialéctico. El verdadero materialismo es sólo aquel que supri�
me radicalmente dicha separación y que nunca ve en la reali­
dad histórica concreta la suma de una estructura y de una
superestructura, sino la unidad inmediata de ambos térmi-

nos en la praxis.
.
"La ilación inmediata entre el impuesto al vino y !'me
du vin" es posible y necesaria justamente porque se fnda
en esa identidad. Acaso entonces el "materialismo vulgar",
que pone inmediatamente en relación la estructura y la su­
perestructura, no sea vulgar en absoluto, porque dentro de
tal inmediatez no puede siquiera proponerse razonablemente
una relación causal; vulgar sería en cambio aquella inter­
pretación que, en tanto concibe en el fondo la relación en­
tre estructura y superestructura como una relación de cau­
sa y efecto, necesita de la "mediación" y del "proceso glo­
bal" para darle una apariencia de sentido a dicha relación y
salvar al mismo tiempo su propio pudor idealista.
Para retomar el lenguaje "mágico" de Adorno, se podría
decir que el historicismo dialéctico del que se hace porta­
voz'-es la bruja que, habiendo transformado al príncipe en
rana, cree que detenta con su varita mágica de la dialéctica
e secreta de toda transformación posible. Pero el materia­
lismo histórico es la muchacha que besa directamente a la
rana en la boca y rompe el embrujo dialéctico. Pues mien­
tras la bruja sabe que así como todo príncipe es en realidad
una rana, del mismo modo . toda rana puede volverse un
príncipe, la muchacha lo ignora y su beso roca aquello que
es idéntico tanto en la rana como en el príncipe.
1 8 0
A la luz de estaS reflexiones debemos considerar ahora el
método de Benjamín y la defensa que propone en su res­
puesta a Adorno. Según una intención sólo aparentemente
criptográfca que caracteriza la postura. intelectual de
Benjamín, esa defensa asume la forma de una situación crí­
tica de la filología dentro de una perspectiva en la que el
objeto del conocimiento histórico se presenta como "mó­
. nadá'. La exigencia que fndamenta esa formulación es que
el punto de vista materialista en la historia no puede consisc
tir en escribir una historia (marxista) del arte, una historia
(marxista) de la filosofa, una historia (marxista) de la lite­
. ratura, etc., donde la estructura y la superestructura,
percibidas en cada ocasión como distintas, sean luego pues­
tas en relación por la teoría de�de la perspectiva dialéctica
del proceso global; sólo es materialista e punto de vista que
suprime radicalmente la separación entre estructura y su­
perestructura porque se plantea como único objeto la praxis
en su cohesión original, es
d
ecir, como "mónada" (en la
definición de Leibniz, mónada es una sustancia simple, "sin
partes"). L tarea de garantizar la unidad de esa "mónadá'
se le encomienda a la filología, cuyo objeto se presenta jus­
tamente, en una inversión de los polos de lo que para Ador-
• • • • M • 1
no era un ¡mc1o negativo, como una representacwn sor-
pr
e
ndente de la facticidad" que excluye todo presupuesto
ideológico. Es decir que la "mónadá' de la praxis 'se presen­
ta sobre todo como una "pieza textual", como un jeroglíf­
co que el flólogo debe construir en su integridad fáctica
donde están unidos originalmente en "mítica rigidez" tanto
1 8 1
los elementos de la estructura como los de la superestructu­
ra. La flología es la muchacha que sin precauciones
dialécticas besa en la boca a l rana de la praxis. Aquello
que la flología ha recogido así en su cerrada facticidad debe
ser sin embargo construido desde la perspectiva histórica,
con una operación que Benjamín defne como una
Aujebungde la filología; Pero las líneas de fga de esa pers­
pectiva no se hallan en el "proceso global" ni en la "buena
teoría especulativa", sino "en nuestra propia experiencia
histórica". Sólo ésta tiene la capacidad de animar el objeto,
despertándolo de la mítica rigidez filológica.
La articulación de este pasaje, donde flología e historia
hallan su relación más auténtica, es aclarada por Benjamín
con una alusión al ensayo sobre La afnidades electvas3
9

Será útil reproducir aquí extensamente el pasaje en cues­
tión, que defne la relación entre los dos conceptos fnda­
mentales de "contenido fáctico" (Sachgehalt) y "contenido
de verdad" ( Whrheitsgeha!t):
La crítica busca el contenido de verdad de una
obra de arte, el comentarista su contenido fáctico.
Lo que determina sus relaciones es aquella ley fun­
damental de la literatura por la cual cuanto más
signifcativo se vuelve el contenido de verdad de
una obra, tanto más invisible e interno se torna su
39
Goethes Whlverwandtschafen, publicado por primera ve en Neue Deutsche
Beitrige, abril de 1924 y enero de 1 925 (trad. en español en W BENJA­
MIN, Dos emayos sobre Goethe, Gedísa, Barcelona, 1996).
1 8 2
vínculo con el contenido fáctico. Si por ello se re­
velan perdurables justamente aquellas obras cuya
verdad está más profndamente inserta en el con­
tenido fáctico, en el curso de esa duración los ele­
mentos fácticos se imponen tanto más claramente
a la mirada cuanto más se extinguen en el mundo.
Así el contenido fáctico y el contenido de verdad,
unidos en la juventud de la obra, se separan en el
curso de su duración, dado que si el segundo sigue
quedando oculto, el primero sale a la luz. Cuanto
más pasa el tiempo, tanto más la interpretación de
aquello que asombra y descoloca, o sea del conte­
nido fáctico, se vuelve la condición preliminar par<

cada crítico sucesivo. Se puede comparar al crítico
con el paleógrafo frente a un pergamino cuyo tex­
to desvaído está cubierto por signos de una escri­
tura más visible que se refiere a él. Así como el
paleógrafo sólo puede comenzar leyendo esta últi­
ma, del mismo modo el crítico sólo puede comen­
zar por el comentario. De lo cual obtiene rápida­
mente un precioso criterio de juicio: pues sólo ahora
y sólo de ese modo podrá plantear el problema crí­
tico fndamental, si la apariencia de un contenido
de verdad dependerá del contenido fáctico o bien
si la vida del contenido fáctico depender{ del con­
tenido de verdad. Porque al separarse en la obra
deciden sobre su inmortalidad. En este sentido, la
historia de las obras prepara su crítica y por ello la
1 83
distancia histórica aumenta su autoridad. Si se com-
.
para la obra desplegándose en la historia con una
hoguera, el comentarista está frente a ella como un
químico, el crítico como un alquimista. Si para el
·
primero la madera y las cenizas son los únicos ob­
jetos del análisis, para el segundo sólo la llama cus­
todia un enigma: el de la vida. Así el crítico busca
la verdad, cuya viva llama continúa ardiendo sobre
los pesados leños del pasado y sobre las livianas ce­
nizas de lo vivido.
La relación entre el contenido fáctico y el contenido de
verdad que se describe aquí ofrece e modelo de lo que des­
de la perspectiva benjaminiana podría ser la relación entre
estructura y superestructura. El historiador que ve separa­
das frente a sí la estructura y la superestructura y procura
explicar dialécticamente una en base a la otra (en un senti­
do o en otro, conforme a que sea idealista o materialista)
puede ser asimilado al químico del que habla Benjamín,
que sólo ve madera y cenizas, mientras que el materialista
histórico es e alquimista que mantiene fja la mirada sobre
la hoguera donde, como el contenido fáctico y el contenido
de verdad, la estructura y
la superestructura vuelven a iden­
tificarse. Yasí como el contenido fáctico y el contenido de
verdad están originariamente unidos en la obra y sólo en su
duración temporal aparecen disociados, del mismo modo
la estructura y la superestructura, unidas en la praxis, se
separan en la obra que sobrevive en el tiempo. Aquello que
1 84
nos contempla desde los monumentos y los escombros del
pasado y pareciera remitir casi alegóricamente a un signif­
cado escondido no es entonces un residtO de la superes­
tructura ideológica que se debería reconducir, para poder
entenderlo, por una paciente labor de mediación, a la es­
tructura histórica que lo determinó; sino todo lo contrario,
lo que tenemos ahora enfrente es la praxis misma como
originaria y monádica estructura histórica que con la con­
versión de la historia en naturaleza se escinde (tal como en
la obra se disocian el contenido fáctico y el contenido de
verdad) y se presenta enigmáticamente como naturaleza,
como un paisaje petrificado que se trata de volver a la vida.
La tarea de la crítica es saber reconocer en la sorprendente
facticidad de la obra, que está frente a nosotros como pieza
filológica, la unidad inmediata y originaria entre contenido
fáctico y contenido de verdad, entre estructura y superes­
tructura que ha quedado fijada en ella.
La afi rmación de que "la estructura es la superestructu­
ra" no solamente no es una tesis determinista eh sentido
causal, sino que tampoco es una tesis dialéctica en el senti­
do usual, en la cual en lugar del predicado se deba colocar
el lento proceso de la negación y de la Aujebun
g
es una
tesis especulativa, es decir, inmóvil e inmediata. Tal es el
sentido de la "dialéctica inmóvil" que Benjamín deja como
herencia para el materialismo histórico y con lá cual éste
tarde o temprano deberá arreglar las cuentas. Pues ha llega­
do el momento de dejar de identificar la historia con una
concepción del tiempo como proceso lineal continuo y por
1 8 5
eso mismo comprender que la dialéctica bien pued
e ser
.
una

categoría histórica sin que deba por ello caer en e
l
tiempo
lineal. La dialéctica no debe ser adecuada a una concepción
preexistente y vulgar del tiempo, sino que por el c
o
ntrario
esa concepción del tiempo debe ser adecuada a una
dialéc•
tica que verdaderamente se haya liberado <
e todo
"abstraimiento"40•
.
4° Con est
e término traducimos el vocablo itliano astatez q\i
e el a
utir
pone entre comillas i que significa tanto la cualidad de abstraq0
comqJi
indeterminación de un rawnamiento e incluso "distracción, descu
ido
'"(T)�
1 86
Fábul e historia
Consideraciones sobre el pesebre
No puede comprendere de ningún moo e peebre si no .se
comprende ante todo que la imagen del mundo cuya miniatura
nos ofece e una imagen históric. Pue nos muetr precisa­
mente el mundo de la fbula en e instante en que se despierta
del ensalmo para entrar en la historia. Efectivamente, la fbula
había podido desvnculase de los citos de iniáaáón sólo al abo­
l la eperiencia mistéric que ensctuía su cntro y transfor­
marla e encantamiento. L criatura de la fbula está sujeta a las
pruebas iniciáccs y a silencio mistérico, pero· sin convertirlos
en eperiencia, sufréndolos como encantamiento. L que le
quita e habla es u embrujo, y no la participación en un saber
secreto. Pero en la misma medida ese embrujo es un aparta­
miento del misterio y como tal debe ser infingido y superado.
Aquello que se ha velto fbul muta (con este condensado
oxímoron un personaje del Satrcón de Petronio cristalia el
mutismo de la religiosidad de la Antigüedad tardía cuando
dice de Júpiter: " ... in ter coelicolas fbula muta taces") debe
recuperar el habla. Por eso mientras el hombre hechizado en­
mudece, la naturalez hechizada toma la palabra en la fábula.
Con ese trueque de palabra y silencio, de historia ynaturalea,
la fábula profetiza su propio desencantamiento en la historia.
El pesebre capta el mundo de la fábula en· el instante
mesiánico de ese traspaso. Por eso los animales que en la fbula
1 89
habían salido de la pura y muda lengua de la naturaleza y
hablaban, ahora enmudecen. Según una antigua leyenda,
en la
noche de Navidad los animales adquieren por un momento la
palabra: son las bestias de la fábula que se presentan hechizadas
por última vez antes de reingresar para siempre en la lengua
muda de la naturale. Como dice el pasaje del pseudo-Mateo
al que se debe el ingreso del buey y del asno en la iconografa.
navideña: "e buey reconoce a su propietario y el asno, el
pesebre del señor"; y en un fragmento que es una de las des".
cripciones más atiguas del pesebre, San Ambrosio contra�
pone al vagdo del dios niño que se oye, e silencioso mugdo
del buey que reconoce a su señor. Los objetos que el encanta-.
miento había vuelto extraños y animados son devueltos aho�
ra a la inocencia de lo inorgánico y están junto a hombre
como dóciles herramientas y utensilios familiares. L oca;
.
.
las hormigas y los pájaros parlantes, la gallina de los huevos
de oro, e asno cagamonedas, la mesa que se pone sola y el
bastón que pega cuando se lo ordenan: todo debe ser libera­
do del encanto por el pesebre. Como alimento, mercancía o
instrumento - sea en su humilde apariencia económica-la
naturaleza y los objetos inorgánicos se acumulan sobre los
estantes del mercado, se extienden sobre las mesas de las hose
terías (la hostería que en la fábula es el lugar designado para
el engaño y el delito, recobra aquí su aspecto tranquilizador)
o cuelgan en los depósitos de las despensas.
Incluso el hombre, a que el encantamiento de la fábula
había alejado de su fnción económica, se vuelve a dedicar
1 9 0
acIIacnungcstocjcmpIar.IucscsjustamcntccIgcstoquc
scparacImundohumanodcIpcscbrcy cImundodcIaIá-
buIa.MicntrasquccnIaIábuIatodocs ambiguagcsticuIa-
cion dcI dcrccho y dc Ia magia, quc condcna o absucIvc,
prohibc o pcrmitc, hcchizao dcscncanta, o bicn sombría
cstaturacnigmáticadcIosdccanosy hgurasastroIogicasquc
sancionacIvíncuIodcdcstinoqucabrazaatodasIascriatu-
ras (auncuandoIaIábuIadcspIicgaporcncimadctodocI
vcIocxangücdcIcncantamicnto), cncIpcscbrccncambio
cI hombrccsdcvucItoaIaunivocidady aIatransparcncia
dcsugcstohistorico.Sastrcsy |cñadorcs,campcsinosy pas-
torcs, vcrduIcros y carniccros, posadcros y cazadorcs,
aguatcrosy vcndcdorcsdccastañas.todoc|univcrsoproía-
no dcI mcrcado y dc Ia caIIc ahora cn Ia historia con un
gcsto quc provicnc dc Ia prchistorica promndidad dc csc
mundo quc ßachoIcn dcûnía como "ctcrco" y quccnIos
rcIatos dc Kaûatuvo una provisoria cxhumacion. Iodría
dccirsc quc cI adormccido y cstancado insinuarsc dc csc
mundo ~cI dc Ia IábuIa÷ cs cI medium cntrc Ia gcstion
mistcricadcIicroIantcy cIgcstohistoricodcIpcscbrc.
IucscnIanochcmcsiánica,cIgcstodcIacriaturascIibcra
dctodocspcsormágico,jurídicooadivinatorioy scconvicr-
tcscnciIIamcntccnhumanoy proIano.Ya nadacntonccscs
signooprodigiocnscntido adivinatorio, sino quc æ habcr
sido cumpIidos todos Ios signos cI hombrcsc IibcradcIos
signos.porcIIoIasSibiIas,cncIpcscbrcdcAIamannicnSan
Giovannicn Carbonara, cstán paradasy mudas antccIco-
bcrtizo.YcnIospcscbrcsnapoIitanos,Iostératay Iosmonna
1 9 1
dcÌ attc adIvInatot:{ cIasIco comQatcccn como ¡ovÍaÌcs `dc-
Íormcs´ |como !a h_utÍÌ!a dc !a mu|cr con bocÍo dc LÍacomo
Lo!ombo o !os tu!!Ídos
dc un QÍntor dcsconocÍdo
dc! sÍ_!o
XIII cn c! musco dc Oan ÌartÍno), Quc ya no sÍ_nÍDcan
nÍn_ún ?contccÍmÍcnto mturo, sÍno únÍcamcntc !a QroÍana
ÍnoccncÍa dc !a CrÍatura. Íc aÌ!Í -cn contrastc con !a D|cza
mÍstcrÍca dc !as QrÍmcras natÍvÍdadcs- c! rca!Ísmo con Quc
son caQtadas !as crJatutas cn sus _cstos cot:OÍanos; dc aIÌÍ· cn
una csccna Quc dcbÍcra s
cr !a adoracÍón dc un dÍos,
!a Qrc·oz
auscncÍa dc !a convcncÍón Ícono_ræca dc! adorador, tan ca-
ractcrístÍca dc !as csccnas dc cu!to Qa_anas y Qa!cocrÍstÍanas.
OóÍo Ías h_uras dcÍ mundo dc Ía ma_Ía y dcÍ dcrccho, Íos
rcycs `ma_os, son rcQrcscntados ~a! mcnos cn !os comÍcn-
zos, antcs dc Quc sc conmndÍcran cn !a mu!tÍtud sÍn nom-
brc-cn acto dc adoracÍón: Qor !o dcmas, toda huc!!a
rÍtua! sc
dÍsuc!vc cn

!a ÍnoccncÍa cconómÍca dc !o cotÍdÍano. Ínc!uso
cÍ oÍrccÍmÍcnto dc ComÍda Qor Qattc dc !os Qastorcs no tÍcnc
una ÍntcncÍón sacrÍhcÍaÌ: cs un _csto !aÍco y no un piaculum
rItuaI; IncIuso e durUIcntc, Quc cur:osamcntc nunca ÍaÌta
cn !os arcdcdorcs dc! Qcscbrc -y cn c! cua! QuÍzas Qucda vcrsc
Ìa h_ura dc! mundo dc !a Íabu!a Quc no !o_ró dcsQcrtar a !a
rcdcncÍón y contÍnuara cntrc !os nÍños su vÍda crcQuscu!ar÷,
no ducrmc c! sucño dc !a incubato, car_ado dc Qrcsa_Íos
adÍvÍnatorÍos, nÍ tamQoco c! sucño ÍntcmQora! dc! cmbru|o
como !a bc!!a durmÍcntc, sÍno c! sucño Qro!ano dc !a crÍatu-
ra. Lomo cn c! Qrotocvan_c!Ío dc OantÍa_o (`camÍnaba y no
avanzaba . . . mastÍcaba y po mastÍcaba . . . _uÍaba a !as ovc|as y
cstas no acudÍan . . . cÌ Qasror Icvantaba su bastón QarJ _oÍQct
1 9 2
y Ía mano QuCdaba dCtCnÎda Cn CÍ aÌtC´), CÍ tICmQo sC ha
dCtCnÎdo,aunQuCnoCnÍaCtCtnÎdaddCÍmÎtoydCÍahbuIa,
sÎno Cn CÎ ÎntCtvaÎo mCsÎánÎCo CnttC dos ÎnstantCs, QuC Cs e
tÎCmQodCÍahÎstotÎa[`vÎtodasÍasCosasComosusQCndÎdas,y
ÍuC_odC_oÍQCtodotCtomósuCutso´).A Cuando aComÎCn-
zos dCÍsÎ_ÍoXIIsCtCaÍÎzatonÍosQtÎmCtosQCsCbtCsanÎma-
dos,ÍaQtohndaÎntCnCÎónaÎC_ótÎCadCÍbattoCo1I¡atáÍÎtCtaÍ-
mCntC Ía CsCansÎón dC CsC hÎstótÎCo `camInat sÎn CamÎnat´
ConÍatCQCtÎCÎón títmÎCadCÍQasodCÍQastotodCÍ_CstodCÍa
ovC¡ QuCQasta.
Ía CÎÍtadCCsta ÍÎbCtaCÎónQtoÍanadCÍCnCantamÎCnto Cs
Ía mÎnÎatutÎzaCÎón, Csa `saÍvaCÎón dC ÍoQCQuCño´QuCCÎCt-
tamCntCmatCóConun_oÍQCCatC_ótÎCoÍahsonomíaCuÍtu-
taI ÎtaÍÎana [Como muCsttaCntodasÍas cQoCas CÍ_usto Qot
Íos títCtCs, Ías matÎonctas y Íos bibelots QuC Ía ÎutoQa dCÍ

sÎ_Ío 7ÍÍÍ ÍÍamabapetites besoges d1talie), ÿCto QuC ya
QodCmos vCt Cn CÍ mundo dC Ía PntÎ_uCdad tatdía, CasÎ
Como Ía sC_unda voz aÍ QuC un mundo CndutCCÎdo Cn Ío
monumCntaÍÍCConHasuCsQCtanzadCundCsQCttathÎstótÎ-
Co. PQuCÍÍos mÎsmos CataCtCtCs QuC ÏÎC_Í tCConoCÎóC¡Cm-
QÍatmCntCCD Îas mÎnÎatutas, Cn Îos mosaÎCos yCn¡os mat-
ÍÌÍCstomanostatdíos-yQuCsÎntCtÎzaCnCÍaIsÍamÎCnto aXIaÍ
dC Ías h_utas, Cn Ía CmanCÎQaCÎón dCÍ CsQaCÎo y Cn Ía Co-
nCXÎón `má_ÎCa dCtodas Ías Cosas-vuCÍvCn ahaÍÍatsCQun-
tuaImCntC Cn CÎ QCsCbtC. Îs Como sÎ CÎ `mÎnÎatutÎsta´, CI
`CoÍotÎsta´ yCÍ `ÎÍusÎonÎsta [asíhan bautÎzado Íos CstudÎo-
sosaÍosttCsÎ_notosautotCsdCÍasÎmQtCsÎonantCs mÎnÎatu-
1 93
ras del Génesis de Viena, tan petrificadas en su muda fcies
astrológico-fabulesca) guiaran milagrosamente la mano de
Celebrano, de los Ingaldi, de Giacomo Sanmartino, de Loe
renzo Mosca, de _Francesco Gallo, de Tommaso Schettino y
de los anónimos figurinistas que todavía trabajan en url
taller napolitano sobreviviente. Pero el vínculo mdgico en"
tre las figuras se ha vuelto aquí por completo un vínculo
histórico. Pues ciertamente cada figura del pesebre es un
todo en sí misma, no unida a las demás por ningún enlace
plástico o espacial, sino que sólo está adjuntada momentá­
neamente a ellas: todas las figuras sin excepción están sin
embargo soldadas en un solo conjunto por el adhesivo invi­
sible que es la participación en el acontecimiento mesiánico
de la redención. Incluso aquellos pesebres en los que más
fuertemente aparece la búsqueda compositiva -como el
Cuccitiello en el museo de San Martina- son en el fondo
misceláneos (porque les resulta esencial la posibilidad de
proliferar y dilatarse hasta el infinito) y poseen al mismq
tiempo una absoluta unidad no espacial ni material, sino
histórica.
El núcleo de la intención figura! del pesebre no es un
acontecimiento mítico ni mucho menos un suceso espacio¡
temporal (es decir, un acontecimiento cronológico), siriO
un acontecimiento cairológico: es esencialmente represen­
tación de la historicidad que adviene al mundo por el naci­
miento mesiánico. Por eso en la festiva e inmensa prolifera­
ción de figuras y episodios donde la escena sagrada casi e
olvidada y la vista debe esforzarse para dar con ella, cae
1 94
todadÎstÎnCÎón,cnttcÍosa_tado yÍoQtoÍanoyambascsÍc-
taCoÎnCÎdcn cnÍahÎstotÎa.A ÍomonumcntaÍdc ttnmun-
doyaÎnmovÎIÎzadoy Con_cIadocnIasIcycsÎnUcXÎbÍcsdcÍa
heimaréne -QucQotcndc no sontan dÎ1ctcntcs dc aQuc�
üasQotIasCuaÍcsnucsttacQoCa,Conhottot¡ovÎaI,scsÎcntc
cmQu¡adayattasttadacncI `Qto_tcso´�,e QcscbtcÍcCon-
ttaQoncIamÎnuCÎadcunahÎstotÎa, QotasídcCÎt,cncstado
naCÎcntc dondc todo cs astÎÍÍa y¡Îtón aÎsÍado,QctO dondc
CadaÍtaCCÎón cs ÎnmcdÎata chÎstótÎCamcntc ComQÍcta.
Íot cso ¡ustamcntc hoy CuandocÍ Qcscbtc ya cstá Qot
saÍÎtdcÍaCostumbtcÍamÎÍÎatyQatcCchabctdc¡adodc ha-
bÍatIcÎnCÍusoacsa ÎnÍancÎaQuc-Comoctctna_uatdÎanadc
Ío Quc mctcCc sobtcvÎvÎt- Ío habíaCustodÎado hasta noso-
ttos¡unto Con cÍ¡uc_oyÍaÍábuÍa, Ías maÍttcChas CtÎatut¸�
dc Ios úItÎmos !I_utÎnÎstas naQoÍÎtanos QatcCcn baIbuCc�t
un mcnsa¡c Quc nos cstá dcstÎnado, Como CÎudadanos Qc
csta cXttcma, dcshÎÍaChada Ítan¡a dcÍ sÎ_Io dc Ia hÎstotÎa.
Íucs cÍ tas_o más ÎmQaCtantc cn Ía obta dc Íos anónÎmos
sobtcvÎvÎcntcs dc oQaCCanaQoIÎ cs Ia ÎIÎmÎtada dÎvct_cnCÎa
QucscQataÍatcQtcscntaCÎón dcI hombtc-CuyosContotnos
cstánComobottoncadoscnunsucño, Cuyos_cstossontot-
Qcs c ÎmQtcC:sos- dcÍ dcIÎtantc, aQasÎonado tÎ_ot Quc _uía
cÍmodcIadodctomatcs,bctcn¡cnas,tcQoIIos,CaIabazas,za·
nahotÎas, saImonctcs, Ían_ostas, QuIQos, aÍmc¡asyIÎmoncs
QucsccnCumbtan motados, to¡os, ÎtÎsadoscnÍosQucstosy
sobtcÍoscstantcscnmcdÎodcCanastos,baÍanzas,CuChÎIIos,
Íucntcs. ¿J cbcmosvctcncsadÎvct_cnCÎacI sÎ_nodc QucIa
natutaIczacstáQotcnttatnucvamcntccn ÍaÍábuIa, Qucdc
1 95
nucvo Íc QÎdc Ía QaÌabta a Ía hÎstotÎa, mÎcnttas Quc cÍ hom-
btc, cmbtujado QtcCÎsamcntc Qot una hÎstotÎa Quc vucÌvc a
Cobtat Qata cÍ Íos tas_os osCutos dcÍ dcstÎno, cnmudcCc cn
cÍ cnCantaDÎcnto' tasta Quc una noChc, cn Ía Qcnumbta
cn Ía Quc un nucvo Qcscbtc cnCcndctá h_utas y CoÍotcs to�
davía dcsConoCÎdos, Ía natutmcza vucÍva a æutaÍÍatsc dcn�
tto dc su Ícn_ua sÎÍcnCÎosa, Ía lábuÍa sc dcsQÎcttc cn Ìa hÎsto-
rÎa y cÍ hombtc cmctja dcsÍÎ_ado dcÍ mÎstctÎo a Ía QaÍabta.
1 96
Progama para una revista
L rcvìsta cuyo progra¡na sc prcscnta aguí rcivindica una
prctcnsión dc autoridad cn Ia misma mcdida cn guc toma
concicncia dc su situación. 5óIo cn tanto quc sc aticnc a una
concicncia scmc¡antc pucdc aspirar sin prcpotcncia a cncon-
træ cn sI misma cI critcrio dc su propia actuaIidad -n un
ticmpo guc ha pcrdido cuaIguicr otro critcrio dc actuaIidad
guc no sca "cso dc Io guc habIan Jos diarios" y prccisamcntc
cuando "cso dc Io guc habIan Ios diarios¨ no tic�c nada guc
vcr con Ia rcaIidad. tI ¡unto dc vista cn cI guc intcnta situar-
sc cs cn ctccto tan )adicaI y origi�ariamcntc histórico guc
pucdc rcnunciar con taciIidad a toda pcrsgcctiva cronoIógica
y aun incIuir cntrc sustarcas más propias una "dcstrucción¨
dc Ia historiograha Iitcraria. cÍ Iugar guc cIigc como morada
vitaI no cs una continuidad ni un nucvo comicnzo, sino una
intcrrupción y un apartamicnto, y Ia cxpcricncia dc csc apar-
tamicnto como acontccimicnto histórico originario consti-
tuyc ¡ustamcntc cI hndamcnto dc su actuaIidad�
LI apartamicnto aI guc nos rctcrimos cs cI guc sc ha ¡m-
ducido tcmpranamcntc en Ia cuÍtura occidcntaI modcma cntrc
cI patrimonio cuIturaI y su transmisión, cntrc vcrdad y
transmisibiIidad, cntrc cscritura y autoridad. Pucstra cuJtu-
ra cstá tan Íc¡os dc tomar concicncia dc csc apartamic:ito guc
incIuso su tormmación,
sin rccurrir a catcgorIas provcnicntcs
1 99
dcotrascuÍturas,QrcscntadÍhcuÍtadcscasÍÍnsuQcrabÍcs.Íara
dar cucntadc c!!o con mayorQrccÍsÍónQodríamosscrvÍrnos
de las categorfas talmúdicas de Halkha (la L en si, la ver­
dad scQaradadc toda consÍstcncÍamítÍca) y½ud [!avcr-
dadcnsuconsÍstcncÍacmocÍona!, cnsu
"
traducÍbÍ!Ídad´),o
bÍcndc!ascatc_orías árabcs shar't y haqiqat Quc dcsÍ_nan
Ía(cn su ÍÍtcra!Ídadycnsu scntÍdo csQÍrÍtua; orccurrÍt
tambÍcna!asdoscatc_oríasdc`contcnÍdoLctÍco´y"
contc-
nÍdo dc vcrdad´, cuya unÍdad orÍ_ÍnarÍay cuya scQaracÍón
cnc!cutsodcÍtÍcmQocaractcrÍzan,sc_únbcn¡amÍn,!acscn-
cÍay!ahÍstorÍcÍdad dc!aobradc artc.
Ln cstos tcrmÍnos, e caráctcr csQcc!hco dc !a cu!tura
occÍdcnta!QodríacxQrcsarsc cn

onccsdÍcÍcndo Quc cncÍÍa
sc ha QroducÍdo una lractura :rrcQarab!c cntrc Halkha .
½ud, cnttc shari't y haqiqat, cntrccontcnÍdo láctÍco y
contcnÍdodcvcrdad. Íor!omcnos aQartÍrdc!ocasodcJq
tcoríamcdÍcvaÍdc!oscuatroscntÍdosdc!ascscrItutas [tco¸
ría Quc no tÍcnc nada Quc vcr con c! _ratuÍto c¡crcÍcÍo dc
cuatro ÍntcrQrctacÍoncs succsÍvas y dÍlcrcntcs dc un tcxto,
sÍno QucmásbÍcnsc Ínscrta cntrc c!!as, cn !arc!acÍónvÍta!
cntrc contcnÍdo láctÍcoycontcnÍdodcvcrdad),schavuc!-
to ÍmQosÍb!c Ía rcartÍcuÍacÍón dc csos tcrmÍnos [Ío Quc sc
manÍhcsta,cntrcotrascosas,cnÍaQcrdIdadc!comcntarIoy
dc Ía_!osacomotormas crcatÍvas). Ïc modo Quchayuna
vcrdad, Qcro no !a QosÍbÍ!Ídad dc trasmÍtÍr!a; cxÍstcn mc�
dÍos dctransmÍsÍón, Qcro no transmÍtcn nÍcnscñan nada..i
Lsta dcsconcxÍón cscncÍaÍ cn nucstra cu!tura sÍguc ma-
nÍlcstándosc cn cada ocasÍón como un contrastc cntrcJo;
200
vÎcjo y Ío nucvo, cÍ Qasado y el Qtcscntc, Íos ancens y Íos
moderes. Ïo Quc aCtuaÍmcntc csta querell ÎmQÍdc Vct cs
Quc tanto Ío vÎcjo Como Ío nuco sc han vucÍto tÎ_utosa-
mcntc ÎnaCCcsÎbÍcs. Íucs¸ no cs vctdad Quc ¤ucstto tÎcmQo
sc CataCtctÎCc sÎmQÍcmcntc Qot un oÍvÎdo dc Íos va!otcs tta-
dÎCÎonaÍcs y Qot un CucstÎoDamÎcnto dcÍ Qasado: a Contta-
tÎo, guÎzás nunCa una cQoCa ha cstado tan obscsÎonada Qot
su QtoQÎo Qasado y ha sÎdo tan ÎnCaQaz dc haÍÍat una tcÍa-
CÎón vÎtal Con cÍ, tan mcmotÎosa dc la Halkhay tan ÎncQta
Qara darÍc una ConststcnCÎa agdica ÌxtranamÎcnto y ready­
mad, dtourement y CÎta mcton cn nucstto sÎ_Ío Ías úÌtÎ-
mas tcntatÎvas Qata tcConsttuÎt csa tcÍaCÎón (Ía van_uatdÎa,
Cuando cs ConsCÎcntc, nunCa cstá dÎtÎ_Îda haCÎa el mtuto,
sÎno Quc cs un csmctzo cxttcmo Qot tcCuQctat una tcÍaCÎón
Con,clQasado): su oCaso scñaÍa cÍ ComÎcnzo dc 1n tÎcmQo
cn Quc cÍ Qtcscntc, QcttÎhCado cn una fces atCaÎCa, cs sÎcm-
Qtc un csCombto, mÎcnttas Quc cÍ Qasado, Con su aÍÎcnada
másCara modctna, no cs más Quc un monumcnto dcÍ Qtc-
scntc.
La tcvÎsta tcÎnvÎndÎCa csta dcsataduta y cstc aQattamÎcn-
to Como su _toQÎo Íu_at. Ïucs aunQuc cÌ tcnómcno Quc
hcmos dcsCtÎQto ConCÎctnc Qot CÎctto a Ía CuÍtuta oCCÎdcn-
taÍ cn su Conjunto, sÎn cmbat_o cn Ía CuÍtuta Îta!ÎaDa aÍCan•
z su máxÎma amQÍÎtud. L QattÎCuÍat dc Ía Cultuta ÎtaÍÎana
Con tcsQcCto a Ías dcmás CuÍtutas cutoQcas cs Quc cn su Caso
no cxÎstc sÎmQÍcmcntc una ttadÎCÎón anQuÎÍosada a Ía Quc
sc dcbÎcta tcstÎtuÎt su ÍÍuÎdcz otÎ_ÎnaÍ, sÎno Quc dcsdc un
QtÎnCÎQÎo cÍ QattÎmonÎo CuÍtutaÍ no sc unÎó aQuí a su ttans-
201
mision,IaHalkha nocncontrosuAgad. EIapartamicn-
tocnqucIarcvistaintcntasituarsccsporIotanto,paraIa
cuIturaitæiana, cIacontccimicntooriginaIqucaún no ha
dcjadodcsuccdcr.Aquínadaschaagotado,porquctoda-
víanadahacmpczado. nohayun comicnzo, porquctodo
cmpiczaporcIhnaI.Iorconsiguicntc,cncstacuIturatodas
IastradicioncssonIsas,todasIasautoridadcsprobadamcntc
mcntirosas,pcroiguaImcntcydcinmcdiatotodasIaszpc¸
Iacioncs a Io nucvo rccacn cn cI pasado, todasJas
dcsmitihcacioncssonmitiûcadoras. OcaIIíIapccuIiarIra¸
giIidad dc todas Ias posicioncs intcIcctuaIcs cnItæia, quc
parcccnsicmprcsotprcndidascnIIagrantctcmordcscrcIi-
minadas. OcaIIítambicnIahctzadcquicnhayatomado
concicnciadcqucnopucdcIcgitimarsccnningunatradi-
cionvivicntc:yacsundcspojo,yahasidocIim¡nado,pcro
comodcspojonotcmcaIascorricntcscincIusopucdccn-
viarscñaIcs.
LatarcaqucsusituacionIcimponcaIarcvistanopucdc
cntonccs dchnirsc scnciIIamcntc como una "dcstruccion'�
dc Ia tradicion, si bicnncccsaria,sinomás bicn como una
"dcstrucciondcIadcstruccion"dondcIadcstruccion dcIa
transmisibiIidad,qucconstituyccIcaráctcroriginaIdcnucs�
·
tracuItura,scaIIcvadadiaIccticamcntcaIaconcicncia.Ôni�
camcntcconuna"dcstruccion¨asípodránhaccrscvisibIcs
Ias cstructuras catcgoricas dc IacuIturaitaIiana, como cn
una casa cnIIamas cIproyccto arquitcctonico Iundamcn·
taI.LacIccciondcIacomcdiaycIrcchazodcIatragcdia,-|
dominio del elemento ar
q
uitectónico yuna sensibilidad :;
202
Íncrmc antc !a bc!!cza Quc no !o_ra ·aQtar!a sÍno como `va-
_ucdad´, !a QrccmÍncncÍa dc! Lcrccho |unto a una conccQ-
cÍón crÍaturm dc !a ÍnoccncÍa hu!Dana, !a Qrccoz otcncÍón
hacÍa !a Íabu!a como mundo cmbru|ado Qor !a cu!Qa y c!
rcscatc crÍstÍano dc csc mundo cn !a mÍnÍatura `hÍstórÍca'
dc! Qcscbrc, c! Jntcrcs Qor !a hÍstorÍo_ralía co!Índantc con
una conccQcÍón dc !a vÍda humana como `labuÌa , son só!o
a!_unas dc l catc_orías sobrc cuyas tcnsÍoncs antÍnómÍcas
sc sostÍcnc c! Ícnómcno Íta!Íano.
Lc a!!í sur_c e QattÍcu!ar Q!antco Quc !a rcvÍsta !c hacc a
una h!o!o_ía Quc haya suQcrado !os !ímÍtcs Quc !c dÍcta una
cstrccha conccQcÍón acadcmÍca. Ycn cÍccto dÍcha h!o!o_ía
dcbc constÍtuÍr c! ór_ano Qata su `dcstruccÍón dc !a dcstruc-
cÍón. Ln nucstra cu!tura, Quc no dÍsQonc dc catc_orías e Qc�
cíUcas Qara !a transmÍsÍón y !a cXc_csÍs csQÍrÍtua!, sÍcmQrc s¢
!c ha cncomcndado a !a !Ì!o!o_ía !a tatca dc _atantÍzat cÌ ca-
ractcr _cnuÍno y !a contÍnuÍdad dc !a trad1cÍón cu!turaÌ Îor
c!!o un conocÍmÍcnto dc !a cscncÍa y dc !a hÍstorÍa dc !a h!o-
!o_ía dcbÍcra scr !a cond1cÍón Qrc!ÍmÍnat dc toda cducacÍón
!ÍtcratÍa: y sÍn cmbar_o cs un conocÍmÍcnto dÍÍícÍ! dc ha!!ar
Ínc!uso cntrc !os h!ó!o_os. Tntcs bÍcn, QrccÍsamcntc cn Jo
Quc concÍcrnc a !a h!o!o_ía rcÍnan cn _cncra! !a cOnh1sÍOn y
!a ÍndÍÍcrcncÍa. Tsí !as van_uardÍas !ÍtcrarÍas y artístÍca, Quc
Índudab!cmcntc son una Íorma dc !I!o!o_ía -como mcÍ!mcntc
sc Qodría comQrobar hasta con un ana!ÍsÍs suQcrhcÍa! dc su
mctodo¬ sc c!asÍhcan dcntto dc !a hÍstorÍa dc! artc y dc !a
!Ítcratura, mÍcntras Quc cstudÍos Quc son Índudab!cmcntc
203
obtas dc Qocsía sÎ_ucn adsCtÎbÎcndosc a !8s CÎcnCÎas humanas
y hÍoÍó_ÎCas. Ïo obstantc, cn tanto Quc Ía CuÍtura oCCÎdcntaÍ
nunCa ConstÎtuyó 8 Ía hÍoÍo_ía Como CÎcnCÎa tÎ_utosa y dado
Quc, cn Cada nucvo naCÎmÎcnto dc csa CÎcnCÎa, Íos Qoctas mc·
ton QuÎcncs sÎntÎcton !a ncCcsÎdad dc CouvcHÎtsc cn h!ó!o_os
(cn Ía cQoCa hcÍcnístÎCa Con ÍIÍÎtas y La!ímaCo, cn cÍ QtÎmct
humanÎsmo Con ÎcttatCa y Ío!ÎzÎano, cn cÍ tomantÎCÎsmo
Con ÍtÎcdtÎCh OChÍc_cÍ), cs aÍ_o Quc aún csQcta sct somctÎdo
a una Înda_aCÎón adcCuada. Ïado Quc dcsdc un QtÎnCÎQÎo no
sc !ÎmÎtó a CuãtodÎat !a ttansmÎsÎón m8tctÎaÍ dc Íos tcxtos,
sÎno Quc tcÎvÎndÎCó Como tatcas csQcCíhcas Ía eenttio y !a
coniectura Ía hÍoÍo_ía tcvcÍa su sÎtuaCÎón QattÎCuÍat cnttc
Halkha y 70d, cnttc vctdad y ttansmÎsÎón, cnttc Contc-
nÎdo táCtÎCo y ContcnÎøo dc vctdad. Ìos Casos dc ÎÍusttcs
h!óÍo_os Quc Qtodujcton tcxtos LÍsos y Quc sc suc!cn dIsÎmu-
Íat Como tcnómcnos abcttantcs Con un avct_onZdo sÎ!cnCÎo
ttasÍuCcn !a sÎn_u!a1 QtctcnsÎón Quc CaraCtctÎza CÍaramcntc !a
cscnCÎa dc Ía h!o!o_
ía.
Ìa abo!ÎCÎón dc Ía scQataCÎón cnttc Ía Cosa ttansmÎsÎb!c y
cÍ aCto dc ttansmÎsÎón, cnttc csCtÎtuta y autotÎdad, cs ctcC-
ttvæcntc dcsdc un QttnCtQto Ía tarca dc Ía þÍoÍo_ía. Y ComÒ
csa abo!ÎCÎón sÎcmQtc sc ConsÎdctó cÍ tas_o cscnCÎaÌ dcÍ mÎto,
Ía hÍoÍo_ía Qucdc sct dchnÎda dcsdc csta QctsQcCtÎva Como
una `mÎto!o_ía CrítÎCa. Ìa `nucva mÎto!o_ía a !a CuaÍ
OChc!ÍÎn_ Íc cnCoUcndaba Ía tatca dc Qtomovct cn nucstta
cQoCa !a tcunÎhCaCÎón dc Ía Qocsía y dc Ía CÎcnCÎa y a Cuyo
tcsQcCto sc Qtc_untaba `Cómo Qodtía sut_Ît una mÎto!o_ía
que no fera la invención dc un soÌo Qocta, sÌno dc tOda
204
unagcncracion",IanucvamitoIogíaqucIospoctasmodcr-
nosprocuraron rcaIizarcn vano, dcsdc BIakchastaRIkc,
dcsdcNovaIishastaYcats,yacxistc,ycsunanIoIogíacons-
cicntc dc sus dcbcrcs (por hIoIogía nos rcIcrimos aquí a
todas Ias discipIinas crítico-hIoIogicas quc actuaImcntc sc
dcnominan, concicrtaimpropicdad, "cicnciashumanas¨) .
La "rcprcscntacion sorprcndcntc dcIa lacticidad" yIa
dcvocion"mágica"aIosobjctosparticuIarcsqucBcnjamìn
rcconocíacomorasgoscspccíhcosdcImctodohIoIogico,aI
iguaI quc Ia dchnicion dcI hIoIogo como philomythos y
fbelle studiosus quc sc cncucntracn csc manihcsto dc Ia
hIoIogíamodcrnaquccsIaLamia dcIoIiziano,conhrman
cstcparcntcscoqucdcbcvoIvcracxpIicitarsccntrcIasdisci-
pIinascrítico-hIoIogicasyIamitoIogía.LahIoIogíacscscn-
ciaIé historicamcntcunaHu¡cbungdcIamitoIogía,sicm-
prccsunfbulri ex re. Sincmbargo,Ia"rigidczmítica"dcI
documcnto hIoIogico dcbc scr rcvivida críticamcntc y cI
objctodcbcconstruirscdcsdcunapcrspcctivacuyas|íncas
dch+gaconvcrjancn nucstrapropiacxpcricnciahistorica.
EsaHu¡cbungdcIahIoIogíacsIoqucIarcvistascproponc
rcaIizar como "mitoIogía crítica" dcsdc unpunto dcvista
cn cI cuaI sc idcntihca sin más con Ia pocsía. \no dc Ios
principios pragmáticos a Ios quc sc atcndrá Ia rcvista,
rctomando Ia nocion dc Vico quc incIuyc dcntro dc Ios
hIoIogosa"poctas,historiadorcs,oradorcs,gramáticos",scrá
considcrarcxactamcntc
cn
cI mismo pIano Ias discipIinas
crítico-hIoIogicasyIapocsía.IocsíayhIoIogía.pocsíacomo
hIoIogíayhIoIogíacomo pocsía. Iorsupucsto, nosctrata
205
dcinvitaraÌospoctasaquchaganûÌoIogíaniaÌosûÌoIogos
para quc cscriban pocsía, sino dc situarsc con rcspccto a
amboscnunÌugardondcÌaíracturadcÌapaÌabraqucdivi-
dc pocsíayhÌosoûacnÌacuIturaoccidcntaÌscvucÌvauna
cxpcricnciaconscicntcyprobÌcmática,ynounaIcjamicnto
avcrgonzado. No pcnsamos soÌamcntc cn autorcs como
ßcnjaminoIoÌiziano,CaIímacooVaÌcry, qucsontandiIí-
ciÌcsdccÌasihcatcnunacatcgoríaprccisa,sinotambicncn
aqucÌÌospoctascomoOantcycÌautordcÌZohar,!öÌdcrIin
yKf, quccndiícrcntcssituacioncscuIturaÌcsconvirtic-
roncÌ apartamicntocntrcvcrdadytransmisibiÌidadcn su
cxpcricnciaccntraÌ.OcntrodcÌamismapcrspcctiva,dcbc-
rárcscrvárscÌc unaatcncionmuycspcciaI aÌatraduccion,
considcradacomoactocrítico-pocticoporcxccÌcncia.
Así podrá tomat íorma yadquirir consistcncia cÌ pro-
ycctodcuna"discipÌinadcÌaintcrdiscipÌinaricdad"dondc
convcrjantodasÌascicnciashumanasconlapocsíaycuyo
hnscríaÌa "cicnciagcncraIdcÌohumano" quccnmuchos
sitiosscanunciacomoÌatarcacuÌturaIdcÌaproximagcnc-
ración.OcntrodcsusÌímitcs,ÌarcvistaprctcndcprcpararcÌ
advcnimicntodcdichacicnciatodavíasinnombrcyquccn
suidcntidadconÌapocsíascríatambicnunanucvaycrítica
mitoÌogía(crítica,csdccir,ÌibcradadcÌasujcciona Ìospo-
dcrcsdcÌOcrcchoydcÌOcstinoyrcstituidaaÌahistoria).
OadacstaconccpciondcÌastarcasqucÌcscríanpropias,
cstáimpÌícitoqucÌarcvista dcbcdcvoÌvcrÌc aÌacríticasu
rango y suvioÌcncia. \n priviÌcgio dccsc rango y dc csa
206
violencia es que la crítica no tenga necesidad de exponer
sus propias relaciones con la política. La cohesión origina­
ria de poesía y política -que en nuestra cultura fue sancio­
nada desde un comienzo debido a que el tratamiento
aristotélico de la música estaba contenido en la Política y
que el lugar temático ,de la poesía y del arte fe situado por
Platón en La república- es ,algo que para la crítica ni siquie�
ra precisa ser puesto en discusión: el problema no es tanto
si la poesía es más o menos relevante con respecto a la polí­
tica, sino si la política todavía está a la altura de su cohesión
originaria con la poesía. Si pretende devolverle a la política
su propia dimensión, la crítica debe plantearse sobre todo
como antítesis de la ideología que se inserta en la disolu­
ción de esa cohesión. La "falsa conciencia" que en nuestra
época impide por doquier el acceso a los problemas con su
oscura claridad debe ser precipitada en el mismo abismo
que ella intenta mantener abierto. Está implícito además
en el proyecto filológico de la revista que la concepción de
la historia que imperó en el historicismo moderno debe ser
sometida a una revisión. Ha llegado el momento de dejár
de identifca la historia con una concepción vulgar del tiem­
po como proceso continuo, lineal e infnito, y por,_ende
tomar conciencia de que las categorías históricas y las cate­
gorías temporales no son necesariamente lo mism�. No como
tarea, sino como condición preliminar de las tareas que la
revista se propone, está la búsqueda de una nueva situación
de las relaciones entre la historia y el tiempo, vale decir,
sobre todo una nueva y más originaria experiencia de la
207
hÍstotÍaydC! tÍCmQo. ÍasnocÍonCsdCQtocCso,dCsatto!Ío, ·
Qto_tCso,conÍascua!CsC!hÍstotÍcÍsmoQtCtCndCtCÍnttoducÍt
Ía ctÍstÍana `hÍstotÍa dC Ía saÍvacÍón´ como una aQatÍCncÍa
dCsCntÍdodCnttodCunahÍstotÍaQuCCÍmÍsmohÍstotÍcÍsmo
tCdu¡o a mCtactono!o_ía, dCbCn sCt ctítÍcamCntC dCmoÍÍ-
das. A tÍCmQo vacío, contÍnuo, cuantÍhcado C1nh0Íto dCÍ
hÍstotÍcÍsmovu!_ar,dCbCoQonctsC!CCÍtÍCmQoQÍCno,sCQa-
tado, ÍndÍvÍsÍbÍCyQCtÍCcto dCÍa CXQCtÍCncÍa humana con-
CtCta,aÍtÍCmQoctonoÍó_ÍcodC!aQsCudohÍstotÍa,CÍtÍCmQo
caÍtoIó_Íco dC Îa hÍstotÍa autcntÍca; aÍ `QtocCso _Îobaδ dC
unadÍaÍcctÍca QuC sC ha QCtdÍdo CnCÍ tÍCmQo, ÍaÍntCttuQ�
cÍónyÍaÍnmCdÍatCzdCunadÍaÍcctÍcaÍnmóvÍÍ. ÍactítÍcadC
Ía tazón hÍstótÍca CmQtCndÍda Qot LÍ!thCy dCsdC Ía QCts�
QCctÍva dC una D:ndacÍón ctítÍca dC Ías cÍCncÍas humanas
dCbCsCtÍ!Cvadaa cabo,QCtonoQataabandonatÍahÍstotÍa,
sÍno QataaccCdCta unaconcCQcÍónmás otÍ_ÍnatÍadCCÍ!a.
L ætmacÍón dCÍ condC 1otck: `CÍ hombtC modCtno,e
hombtCQost-tCn8cCntÍsta CstáÍÍsto QataÌasCQuÍtut0 dCbC
sCt a)tÍcuÍadacon Ía dC`aÍcty: `CmQÍCza!aCtadCÍ mundO
hnÍto´.1síÍa7ujcbun_dCl hÍoÍo_íaQasaQot unanuCva
CXQCtÍCncÍadCÍahÍstotÍa,yCÍÍu_æCnQuCsCsÍtúaÍatCvÍsta
coÍncÍdC con su mctodo.
208
Apostilla histórico-flológica
En Ia IìIoIogía y no cn Ia historiogræía dcbc
buscarsccImodcIodcunaconccpciondcIahisto-
riaquccnsuindcpcndcnciadcIacronoIogíacons-
tituyaa!mismoticmpounaIibcraciondcImitodc
suarquctípicoaisIamicnto.
¿QuccscncIcctounaIormaindocuropca(por
cj. *diwos, *ar-, *wegh, *med rcstaurada por Ia
comparacionIìIoIogicadcIasIormassinguIarcsdc
IasIcnguashistoricas:¿QuccsuncstadodcIaIcn-
guanoconstatado historicamcntcyrcconstruido
asíporIacomparacion!LoqucscvcriIìcainduda-
bIcmcntc cncstc caso÷como cncI mito÷ cs una
produccion dcI origcn, pcro csc origcn no cs un
acontecimiento arquetfpico separado in ill tepore
sinoquccnsímismocs aIgocscnciaImcntchistori-
co. Sin cmbargo, su "historicidad" no pucdc cn-
tcndcrsccnunscntidocxcIusivamcntcdiacronico
como si soIamcntc sc:ratara dc un cstado dc Ia
IcnguacronoIogicamcntcmásantiguo.como"sis-
tcmadcnnidodccorrcspondcncias`�,rcprcscntacn
cambiocnlamismamcdidaunatcndcnciaprcscn-

tcyactivacnIasIcnguas historicasÞ ` E un origcn.
pcrou origcnqucnocsrcmitidodiacronicamcntc
a! pasado, sinoqucantcs bicn garantiza Ia cohc-
rcnciasincronicadcIsistcma.VaIcdccirquccxprc-
209
sa algo que no puede ser convenientemente descripto
en términos puramente diacrónicos ni tampoco eh
términos exclusivamente sincrónicos, sino que úni­
camente puede ser concebido como una separación
y una diferencia entre diacronía y sincronía. Podría­
mos def
n
ir esa separación como una arkhé históri­
ca, para distinguirla de u instante puntual y conti­
nuo en la cronología tradicional. L legitimidad de
tal "historicidad sincrónica" está científcamente
fndada al menos a partir de los Princiios d fnol­
gía histórica de Jakobson, que introdujeron la
historicidad y la teleología en categorías considera­
das estáticas y sincrónicas por excelencia, abriendo
la vía para una consideración del lenguaje capaz de
mediar entre la lingüística descriptiva y la lingüísti­
ca históric. Desde este punto de vista, se hace visi­
ble la insufciencia de la oposición entre estructura e
historia: cmo arkaí, las formas indoeuropeas no
son propiamente estructurales ni tampoco históri-
. ,
cas, ni sincrónicas ni diacrónicas.
Polemizando con las tesis estructuralistas,
Dumézil caracterizó el objeto de su mitología com­
parada en estos términos: "Mi trabajo no es el de
un flósofo, sino que intenta ser el de un historia­
dor: un historiador de la historia más antigua y de
la franja de ultra-historia que razonablemente se
pueda tratar de alcazar". ¿Y qué sería esa "franja
de ultra-historia" si no una arkhé en el sentido que
2 1 0
hemos mencionado? Pues cierqnente
·
nunca po­
drá resolverse por completo en acontecimientos que
se pudieran suponer cronológicamente acaecidos,
a menos de que se pretendiera legitimar e montm
de una investigación historiográca que produjese
sus propios documentos originales. L que en este
caso se define como "ultra-historia'' es algo que to­
davía no ha dejado de acaecer y que, exactamente
como en el sistema mítico, garantiza la inteligibili­
dad de la historia y su coherencia sincrónica. Des­
de este punto de vista, las "palabras" indoeuropeas
son un equivalente de los nombres míticos: no cau­
sas, sino orígenes.
En tal sentido puede hablarse de la flología
como de una "mitología crítica''. Pues justamente
la filología, que nos impide el acceso al mito, ple­
de permitir que reconstruyamos una relación au­
téntica, libre con él. L filología extrae efectiva­
mente al mito de su rigidez arquetípica y de su
aislamiento y lo devuelve a la historia. El origen
que la misma flología ha producido críticamente
está desvinculado de todo carácter ritual y de toda
sujeción al destino. Su relación con el mito recuer­
da la que tiene la infancia con el pasado mítico de
la humanidad. Tal como los niños custodian en los
juegos y en las fábulas el mundo mítico liberado
de su sometimiento al ritual, transformando así la
práctica adivinatoria en un juego de azar, el instru-
2 ! !
mCntO au_utaÍ Cn un ttOmQO, CÍ tItO dC !CCundI-
dad Cn una tOnda, dCÍ mIsmO mOdO Ía hÍOÍO_Ia

ttans!Otma ÍOs nOmbtCs mItICOs Cn QaÍabtas y aÍ
mIsmO tICmQO tCdImC a Ía hIstOtIa dC Ía CtOnOÍO-
_Ia y dCÍ mCCanICIsmO. PQuCÍÍO QuC CxQtCsaba ÍOs
InÛCxIbÍCs VInCuÌOs ÍIn_ÜIstICOs dCÍ dCstInO sC tOt-
na aQuI Ía sustanCIa ÍIn_ÜIstICa dC Ía hIstOtIa. Ía
mItOÍO_Ia CtItICa QuC Ía hÍOÍO_Ia dCja COmO hCtCn-
CIa CuaÍ una nuCv
a In!anCIa Qata Ía CuÍtuta OCCI-
dCntaÌ, ba¡O Ía 1Otma dC un vOCabuÍatIO dC Ías Qa-
Íabtas ÌndOCutOQCas, dCbC Qasat ahOta a manOs dC
Ía QOCsIa.
2 1 2
Experimentm lingae*
Lada Obra cscrÍta Qucdc scr cOnsÍdcrada cOmO cÌ QróÌO_O (O
mas bÍcn cOmO Ìa tabÌÍÌÌa QcrdÍda) dc una Obra ¡amas csCrÍta y guc
Qcrmanccc ncccsarÍamcntc así, QucstO guc, cOn rcsQcctO a csta, Ìas
Obras succsÍvas (a su vcz QrcÌudÍOs O mOÌdcs dc Otras Obras auscn-
tcs) nO rcQrcscntan mas guc cstacas O mascaras mOrtuOrÍas. L Obra
auscntc, guc nO Qucdc scr cxactamcntc sÍtuada dcntrO dc una crO-
nOÌO_ía, sc trans!Orma así cn Ìas Obras cscrÍtas cOmO prolegomena O
paraliomena dc un tcxtO ÍncxÍstcntc O, cn _cncraÌ, cOmO parerga
guc cncucntra su scntÍdO vcrdadcrO sóÌO aÌ ÌadO dc un ergon ÍÌc_Í-
bÌc. oc_ún Ìa bcÌÌa Íma_cn dc NOntaÍ_nc, sOn cÌ marcO _rOtcscO
Qara un rctratO ÍncOncÌusO O, sc_ún Ìa scntcncÍa dc una carta
scudO QÌatónÍca, Ì a cOntracara dc un cscrÍtO ÍmQOsÍbÌc.
E mc¡O) mOdO dc Qrcscntar cstc librO, a tantOs añOs dc dÍs-
tancÍa, scría cntOnccs tratandO dc csbOzar aÌ_unOs brcvcs !ra_mcn-
tOs dc Ìa Obra nO cscrÍta, cuyO QróÌO_O scría cstc, y dcsQucs cvcn-
tuaÌmcntc rcmÍtÍr a ÌOs ÌÍbrOs succsÍvOs guc scrían cOmO sus
apresludes. Ln c!cctO, cn ÌOs añOs guc mcdÍan cntrc Ìa cscrÍtura dc
#
Este texto fue publicado en la edición de !nfncia Chitoria de la Peque!a
Biblioteca Einaudi, Turín, 2001.
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? 1 �
Infncia e historia (1 977) y El lengaje y la muerte (1 982), mu­
chOs cscrÍtOs cOrrObOran cÌ QrOycctO dc una Obra guc Qcrmanccc

ObstÍnadamcntc nO cscrÍta. ÏÌ títuÌO dc csta Obra cs La voz huma­
na O, sc_ún OtrOs aQuntcs, Ética, o sobre la voz. \nO dc ÌOs cnsayOs
cOntÍcnc cstc inciit:
`¿ÏxÍstc una vOz bumana, una vOz guc sca Ìa vOz dcÌ bOmbrc
cOmO cÌ chÍrrÍdO cs Ìa vOz dc Ìa cÍ_arra O cÌ rcbuznO cs Ìa vOz dcÌ
asnO` Y sÍ cxÍstc, ¿acasO cÌ Ìcn_ua¡c cs csta vOz` ¿LuaÌ cs Ìa rcÌacÍón
cntrc vOz y Ìcn_ua¡c, cntrc phonéy logos? Y sÍ aÌ_O así cOmO una vOz
humana nO cxÍstc, ¿cn guc scntÍdO cÌ hOmbrc Qucdc scr dcHnÍdO
cOmO el anÍmaÌ guc QOscc cÌ lcn_uajc: L Qrc_untas guc hcmOs
!OrmuÌadO dcÌÍmÍtan una ÍntcrrO_acÍón hÌOsóhca. oc_ún una antÍ�
_ua tradÍcÍón, cÌ QrObÌcma dc Ìa vOz y dc su artÌcuÌacÌón cra QOr
cxccÌcncÍa un QrObÌcma hÌOsótcO. De vocis nemo magis quam
philosophi tractant sc Ìcc cn ocrvíO y Qara ÌOs cstOÍcOs, guc Ìc dÍcrOn
un ÍmQuÌsO dccÍs|vO a Ìas rcdcxÍOncs OcctdcntaÌcs sObrc cÌ Ìcn_ua¡c,
Ìa vOz cra Ìa arché dc Ìa dÍaÌcctÍca. oÍn cmbar_O, Ìa hÌOsO!ía nO ha
tratadO casi nunca tcmaticamcntc cÌ QrObÌcma dc Ìa voz . . . . ,
Ls sÍ_nÍHcatÍvO guc ¡ ustamcntc una rchcxÍón sObrc Ìa Ín!ancÍa
haya ÌÌcvadO aÌ autOr a una Ínvcsti_acÍón sObrc Ìa vOz humana |O
sObrc s� auscncÍa). la ín-!aUcía guc csta cn cucstíón cn cÌ ÌíbrO nO
cs sÍmQÌcmcntc un hcchO, cuyO Ìu_ar crOnOÌó_ÍcO scría QOsÍbÌc
dctcrmtnar, nÌ aÌ_O similar a una cdad O un cstadO QsÌcO-sOma\tcO
guc una QsÍcOÌO_ía O una QaÌcOantrOQOÌO_ía QOdrían cOnstruÍr aÌ-
_una vcz cOmO un hcchO humanO ÍndcQcndÍcntc dcÌ Ìcn_ua¡�.
oÍ cÌ ran_O QrOQÍO dc cada QcnsamÍcntO sc mÍdc sc_ún cÌ mOdO
cn guc cstc artÍcuÌa cÌ QrObÌcma dc ÌOs ÌImÍtcs dcÌ Ìcn_ua¡c, cÌ
cOnccQtO dc Ín!ancÍa cs cntOnccs un ÍntcntO dc Qcnsar dtchOs lí­
mÍtcs cn una dÍrcccÍón guc nO ÍmQÌÍca Ìa trÍvÍaÌÍdad dc ÌO Ínc!a-
bÌc. lO Ìnc!abÌc, ÌO ÍncnarrabÌc sOn catc_Orías Quc Qcrtcncccn únÍ-
camcntc aÌ Ìcn_ua¡c humanO: Ìc¡Os dc marcar un ÌímÍtc dcÌ Ìcn-
2 1 4
_ua¡c, cxQrcsan su ÍnvcncÍbÌc QOdcr dc QrcsuQOsÍcÍón, QOr cÌ cuaÌ
ÌO ÍndccÍbÌc cs QrccÍsamcntc agucÌÌO guc cÌ Ìcn_ua¡c dcbc Qrcsu-
QOncr Qara QOdcr sÍ_nÍÛcar. ÏOr cÌ cOntrarÍO, cÌ cOnccQtO dc Ín-
!ancÍa cs acccsÍbÌc sóÌO Qara un QcnsamÍcntO guc haya cOmQrcn-
dÍdO agucÌÌa `QurísÍma cÌÍmÍnacÍón dc ÌO ÍndccÍbÌc dcÌ Ìcn_uajc´
dc Ìa cuaÌ habÌa Ícn¡amÌn cn ·a carta a Üubcr. la sÍn_uÌarÍdad,
guc cÌ Ìcn_ua¡c dcbc sÍ_nÍÍÌcar, nO cs un Ínc!abÌc, sÍnO ÌO
maxÍmamcntc dcctbÌc, Ìa cosa dcÌ Ìcn_ua¡c.
ÏOr taÌ mOtÍvO, cn cÌ ÌÍbrO, Ìa Ín!ancÍa cncucntra su Ìu_ar Ìó_Í-
cO cn una cxQOsÍcÍón dc Ìa rcÌacÍón cntrc cxQcrÍcncÍa y Ìcn_ua¡c.
la cxQcrÍcncÍa dc Ìa cuaÌ sc trata, sÍ_uÍcndO Ìas ÍndÍcacÍOncs dcÌ
QrO_rama bcn¡amÍnÍanO Qara Ìa hÌOsO!ía !utura, cs aÌ_O guc sóÌO
QOdría scr dchnÍdO cn tcrmÍnOs dc una `cxQcrÍcncÍa trasccndcn- •
taÌ´ ¬ÌO cuaÌ scría Qara !ant dccÍdÍdamcntc ÍnsOstcnÍbÌc.
\na dc Ìas ObÌÍ_acÍOncs mas ur_cntcs dcÌ QcnsamÍcntO cOn-
tcmQOrancO cs cÍcrtamcntc Ìa rcdcÍÌnÍcÍón dcÌ cOnccQtO dc ÌO tras-
ccndcntaÌ cn !uncÍón dc su rcÌacÍón cOn cÌ Ìcn_ua¡c. oÍ bÍcn cs
cÍcrtO guc Ïant QudO artÍcuÌar su cOnccQtO dc ÌO trasccndcntaÌ
sóÌO cn Ìa mcdÍda cn guc sOsÌayó cÌ QrObÌcma dcÌ Ìcn_ua¡c, `tras-
ccndcntaÌ´ dcbc cn cambÍO ÍndÍcar aguí una cxQcrÍcncÍa guc sc
sOstÍcnc sOÌamcntc cn cÌ Ìcn_ua¡c, un experimentum linguae cn cÌ
scntÍdO QrOQÍO dcÌ tcrmÍnO, dOndc sc hacc cxQcrÍcncÍa cOn Ìa Icn-
_ua mÍsma. Ln cÌ QróÌO_O a Ìa sc_unda cdÍcÍón dc Ìa Critica de la
razon pura, K Qrcscnta cOmO un Eperment de reinen Vrunf
cÌ ÍntcntO dc cOnsÍdcrar ÌOs Ob¡ctOs `cn Ìa mcdÍda cn guc sOn
sOÌamcntc QcnsadOs´. oc trata, cscrÍbc, dc una cxQcrÍcncÍa guc nO
sc hacc cOn ÌOs Ob¡ctOs, cOmO cn Ìas cÍcncÍas dc Ìa naturaÌcza, sÍnO
cOn cOnccQtOs y QrÍncÍQÍOs guc admÍtÍmOs apriori (taÌcs Ob¡ctOs,
a_rc_a, `¡dcbcn QOdcr Qcnsarsc'´).
2 1 -
Ln unO dc ÌOs !ra_mcntOs QubÌÍcadOs QOr Lrdmann, taÌ c
xQc-
rÍmcntO sc dcscrÍbc cOmO un `aÌsÌamÍcntO´ dc Ìa razOn Qura.
`NÍ ÍntcncÍón cs Índa_ar cuantO Qucdc cOnOccr Ìa razón a priori
y basta dóndc sc cxtÍcndc su ÍndcQcndcncÍa dc Ìa scnsÍbÍÌÍdad . . . Lsta
cucstÍón cs ÍmQOrtantc y _randc, ya guc mucstra aÌ bOmbrc cuaÌ
scra su dcsttnO cOn rcsQcctO a Ìa razón. Ïara ÌO_rar dÍcbO Ob¡c
tÍvO,
cOnsÍdcrO ncccsarÍO aÍsÌar Ìa razón (die Verunf zu isolieren) y
tam-
btcn Ìa scnstbÌÌtdad, y cOnsÌdcrar sóÌO agucÌÌO guc Qucdc scr cOnO-
cÍdO a pror y su QcrtcncncÍa aÌ ambÍtO dc Ìa razón. Lsta cOnsÍ0cra-
cÍón cn cstadO dc aÍsÌamÍcntO (diese abgesonderte Betrachtung) , csta
Qura hÌOsOIía (reine philsophie) cs dc _ran utÍÌÍdad´.
Üasta cOn sc_uÍr atcntamcntc cÌ mOvÍmÍcntO dcÌ QcnsamìcntO
kantìanO Qara advcrtÍr guc cÌ cxQcrÍmcntO dc Ìa razón Qura nO
Qucdc scr OtrO guc un experimentum linguae, guc sc !unda sÞÌO
cn la QOsÍbÍÌÍdad dc nOmbrar taÌcs Ob¡ctOs trasccndcntaÌcs a U
avcs
dc Ì O guc !ant ÌÌama `cOnccQtOs vacíOs sÍn Ob¡ctO´ (noureno,
QOr c¡cmQÌO), cs dccÍr, sc_ún Ìa ÌÍn_uístÍca cOntcmQOranca, tcr-
mÍnOs guc no tÍcncn nÍn_una rc!crcncÍa (y guc sÍn cmbar_O cOn-
scrvan, cscrÍbc !ant, una Ücdunn_trasccndcntaÌ).
Ln experimentum linguae dc cstc tÍQO cs Ìa Ín!ancÍa, dOndc ÌOs
Ìímítcs dcÌ Ìcn_ua¡c nO sc buscan !ucra dcÌ Ìcn_ua¡c, cn dÍrcccÍón
a su rc!

rcncÍa, sÍnO cn una cxQcrÍcncÍa dcÌ Ìcn_ua¡c cOmO taÌ cn
su Qura autOrrc!crcncÍaÌÍdad.
¿Qué puede ser entonces una experencia a! ¿Cómo es posibl
hacer eeriencia no con un objeto, sino con el mismo lngaje?¿ Y en
cuanto al lenguaje, no con esta o con aquell proposición signicante,
sino con el puro hecho de que se habl, de que eista lngaje?
oÍ Qara caoa autOr cxÍstc un ÍntcrrO_antc guc dchnc cÌ motivum
dc s u QcnsamÍcntO, cÌ ambÍtO cÍrcunscrÍQtO QOr cstas Qrc_untas
2 1 6
cOÍnctdc sÍn dudas cOn cÌ rumbO hacÍa cÌ cuaÌ sc OrÍcnta tOdO mÍ
traba¡O. Ln ÌOs ÌtbrOs cscrÍtOs y cn ÌOs nO cscrÍtOs, ObstÍnadamcn-
tc nO hc gucrtdO Qcnsar mas guc una sOÌa cOsa. ¿guc sÍ_nÍhca `hay
Ìcn_ua¡c´, guc sÍ_nÍhca `yO habÌO´' Ïucs rcsuÌta cvÍdcntc guc nÍ
cn cÌ scr-habÌantc nt cn cÌ scr-dÍchO, guc Ìc cOrrcsQOndc a parte
objecti, cstan ÌOs QrcdÍcadOs rcaÌcs guc Qucdcn scr ÍdcntÍhcadOs
cOn csta O agucÌÌa QrOQÍcdad (cOmO cÌ scr-QcÌÍrrO¡O, !ranccs, vÍc-
¡O, cOmunÍsta). 1ntcs bÍcn sOn ÌOs trascendentia cn cÌ scntÍdO guc
tÍcnc cÌ tcrmÍnO cn Ìa Ìó_tca mcdÍcvaÌ, ÌOs QrcdÍcadOs guc tras-
cÍcndcn tOda catc_Oría aunguc Qcrststcn cn cada una dc cÌÌas, mas
Qrcctsamcntc, dcbcn scr QcnsadOs cOmO ÌOs archÍtrasccndcntaÌcs,
O cOmO ÎOs trasccndcntaÌcs a Ìa sc_unda QOtcncÍa, guc cn Ìa cnu-
mccÍón dcÌ ada_ÍO cscOÌastÍcO rctOmadO QOr !ant (quodlibet
ms est unu�, verum, bonum seu perctum) trascÍcndcn a ÌOs mÍs-
mOs trascndcntaÌcs y cstan ÍmQÌícÍtOs cn cada unO dc cÌÌOs.
[uÍcn rcaÌtza cÌ experimentum linguae dcbc Qucs arrÍcs_arsc
cn una dÍmcnsÍón cOmQÌctamcntc vacía (el leerer Raum dcÌ cOn-
ccQtO-ÌímÍtc RantÍanO) cn Ìa cuaÌ nO sc cn!rcnta sÍnO cOn Ìa Qura
cxtcrÍOrÍdad dc Ìa Ìcn_ua, cOn cÌ "étalement du lngage dans son
etre brut'' dcÌ cuaÌ habÌa ÏOucauÌt cn unO dc sus cscrÍtOs hÌOsólÌ-
camcntc mas dcnsOs. Ls QrObabÌc guc tOdO QcnsadOr haya tcnÍdO
guc Íntcrnarsc cn una cxQcrÍcncÍa scmc¡antc aÌ mcnOs una vcz, cs
QOsÍbÌc tambìcn guc ÌO guc ÌÌamamOs QcnsamÍcntO sca Qura y
sÍmQÌcmcntc cstc experimentum.
Ln Ìa cOn!crcncÍa sObrc Ìa Esencia del lenguaje, tcÍdc__cr ha-
bÌa cn cstc scnttdO dc `haccr una cxQcrÍcncÍa cOn cÌ Ìcn_ua¡c´(mì!
der Sprache eine Erhrung machen) . taccmOs QrccÍsamcntc csta
cxQcrÍcncÍa, cscrÍbc, sóÌO cuandO ÌOs nOmbrcs !aÌtan, cuandO Ìa
QaÌabra sc ÍntcrrumQc cn nucstrOs ÌabÍOs. LÌ ÍntcrrumQÍrsc dc Ìa
QaÌabra cs `cÌ QasO hacÍa atras cn cÌ camtnO dcÌ QcnsamÍcntO´. la
aQucsta dc Ìa ÍnhncÍa cs, cn cambÍO, guc sca QOsÍbÌc una cxQcrÍcn-
2 1 7
cÍa dcÌ Ìcn_ua¡c nO sÍmQÌcmcntc cOmO una sÍ_ctÍca O un dc!cctO
dc ÌOs nOmbrc>, sÍnO dc Ìa cuaÌ sca QOsÍbÌc, aÌ mcnOs cn cÍcrta
mcdÍda, ÍndÍcar Ìa Ìó_Íca y mOstrar cÌ Ìu_ar y Ìa !órmuÌa.
Ïn Infncia e historia, cÌ Ìu_ar dc una cxQcrÍcncÌa trasccndcntaÌ
csta cn Ìa dÍ!crcncÍa cntrc Ìcn_ua y habÌa (O, cn tcrmÍnOs dc
ÜcnvcnÍstc, cntrc ÌO scmÍótÍcO y ÌO scmantÍcO) guc sÍ_uc sÍcndO ÌO
ÍnasÍbÌc a ÌO guc tOda rchcxÍón sObrc cÌ Ìcn_ua¡c dcbc cn!rcntarsc.
A dcmOstrar guc cntrc cstas dOs dÍmcnsÍOncs nO hay una transÍ-
cÍón, ÜcnVcn:stc cOndu¡O a Ìa cÍcncìa dcÌ Ìcn_ua¡c |y cOn cÌÌa a
cOn¡untO dc Ìas cÍcncÍas humanas Qara Ìas cuaÌcs Ìa ÌÍn_uístÍca cra Ìa
cÍcncÍa-QÍÌOtO) a cn!rcntarsc cOn su aQOHa maxÍma, mas aÌÌa dc Ìa
cuaÌ nO Qucdc actua sÍn tras!Ormarsc cn hÌOsO!ía. [ucda cÌarO,
cntOnccs, guc Qara un scr cuya cxQcrÍcncÍa dcÌ Ìcn_ua¡c nO sc Qrc-
scntara dcsdc sÍcmQrc cscÍndÍda cn Ìcn_ua y dÍscursO, guc Þ1cra dcs-
dc sÍcmQrc habÌantc, dcsdc sÍcmQrc cn una Ìcn_ua ÍndÍvÍsÍbÌc, nO
cxIstÍrIan nÍ cOnOcImÌcntO, nI InÍancÌa, nÌ hÌstOrIa. cstarIa sÌcmQrc
ÍnmcdÍatamcntc unÍdO a su naturaÌcza ÌÍn_uístÍca y nO cncOntraría
cn nÍn_una Qartc una dÍscOntÍnuÍdad y una dÍlcrcncÍa dOndc aÌ_O
cOmO un sabcr y una hÍstOrÍa QudÍcran QrOducÍrsc. L dObÌc artÍcu-
ÌacÍón cn Ìcn_ua
y dÍscursO Qarccc cOnstÍtuÍr Ìa cstructura csQccíhca
dcÌ Ìcn_ua¡c humanO, y sóÌO a QartÍr dc csta adguÍcrc su sÍ_nÍhcadO
QrOQÍO Ìa OQOsÍcÍón cntrc dynami y cncr_cìd,cntrc QOtcncÍa y actO
guc cÌ QcnsamÍcntO dc JrÌstótcÌcs dc¡ó cOmO hcrcncÍa a Ìa hÌOsOha
y a Ìa cÍcncÍa OccÍdcntaÌ. L QOtcncÍa . cÌ sabcr- cs Ìa hcuÌtad
csQccíhcamcntc humana dc mantcncrsc cn rcÌacÍón cOn una QrÍva-
ción, y cÌ Ìcn_ua¡c, cn cuantO csta dtvidÍdq cn Ìcn_ua y discursO,
cOntÍcnc cstructuraÌmcntc taÌ rcÌacÍón, nO cs nada mas guc csa rcÌa-
cÍón. ÏÌ hOmbrc nO sabe simQÌcmcntc nÍ stmQÌcmcntc habl, nO cs
homo sapiens nÍ homo loquens
, sÍnO homo sapiem loquendi, hOmbrc
21 8
guc sabc y Qucdc habÌar (y QOr ÌO tantO tambÍcn nO habÌar), y cstc
cn_a1cc cOnstÍtuyc cÌ mOdO cn guc LccÍdcntc sc ha cOmQrcndídO a
sí mÍsmO O sObrc cÌ cuaÌ ha !undadO su sabcr y su tccnOÌO_ía. Ïa
vÍOÌcncÍa sÍn Qrcccdcntcs dcÌ QOdcr humanO tÍcnc su úÌtÍma raíz cn
csta cstructura dcÌ Ìcn_ua¡c. Ln taÌ scntÍdO, agucÌÌO cOn ÌO guc sc
hacc cxQcrtcncta cn cÌ eermentum linguae nO cs stmQÌcmcntc
una ÍmQOsÍbÍÌÍdad dc dccÍr: sc trata, mas bÍcn, dc una ÍmQOsÍbÍÌÍ-
dad dc habÌar a partir de una lngua, QOr ÌO tantO dc una cxQcrÍcn-
cÍa -a travcs dc Ìa dcmOra ÍnhntÍÌ cn Ìa dÍ!crcncÍa cntrc Ìcn_ua y
dÍscursO¬ dc Ìa UÍsma hcuÍtad O QOtcncÍa dc habÌar. ÏÌantcar cÌ
QrObÌcma dc ÌO trasccndcntaÍ guÍcrc dccÍr cn úÌtÍma ÍnstancÍa Qrc-
_untar guc st_nthca `tcncr una !acuÍtad´, cúaÌ cs Ìa _ramattca dcÍ
vcrbO `QOdcr´. Ïa únÍca rcsQucsta QOsÍbÌc cs una cxQcrÍcncÍa dcÌ
Ìcn_ua¡c.
Ln Ìa Obra nO cscrÍta sObrc Ía vOz, cÍ Ìu_ar dc csa cxQcrÍcncÍa
trasccndcntaÍ sc aQrOxÍmaba cn cambÍO a Ìa dÍ!crcncÍa cntrc vOz y
Ìcn_ua¡c, cntrc phonéy logos, cn tantO guc dÍcba dÍ!crcncÍa abrc cÌ
csQacÍO QrOQÍO dc Ìa ctÍca. NuchOs cnsayOs transcrÍbcn dcsdc csa
QcrsQcctÍva cÌ Qasa¡c dc Ìa Poltica ( 1 523 a 1 0-1 8), dOndc ^rÍstótcÌcs
casÍ ÍnadvcrtÍdamcntc QÌantca cstc QrObÌcma dccÍsÍvO y QrOcura
interpretarlo: `oó!O c! hOmbrc entre las especies vivientes tìcnc cÌ
Ìcn_ua¡c. Ïs vOz, cn cambÍO, cs sÍ_nO dcÌ dOÌOr y dcÌ QÌaccr y, QOr
cndc, Qcrtcnccc tambÍcn a Ìas Otras csQccÍcs (su naturaÌcza csta cn
c!cctO unÍda aÌ hcchO dc tcncr scnsacÍón dcÌ dOÌOr y dcÌ QÌaccr y
cOmunÍcarscÌOs rccíQrOcamcntc); cÌ Ìcn_ua¡c cn cambÍO cxÍstc Qara
manÍ!cstar ÌO cOnvcnÍcntc y ÌO ÍncOnvcnÍcntc, así cOmO tambÍcn
ÌO ¡ustO y ÌO Ín¡ustO, ÌO cuaÌ cs QrOQÍO dc ÌOs hOmbrcs cOn rcÌa-
cÍón a Ìas dcmas csQccÍcs, sóÌO cÌ bccbO dc tcncr scnsacÍón dcÌ
bÍcn y dcÌ maÌ, dc ÌO ¡ustO y ÌO Ín¡ustO y dc Otras cOsas dcÌ mÍsmO
2 1 9
género, y la comunidad (koinonía) de estas cosas forma la casa
(oikía) y la ciud�d (olis)" .
Quizás no se ha observado lo sufciente que cuando, en De
interpretatione, Aristóteles define la significación lingüística a tra­
vés de una remisión de la voz a las afecciones del alma y a las
cosas, no habla simplemente de phoné, sino que usa la expresión
ta en te phoné, es decir que está en l voz. ¿Qué hay en la voz
humana que articula el pasaje de la �oz animal al logos, de la
naturaleza a la pols? Es conocida la respuesta de Aristóteles: lo
que arciculá la voz son los grammata, las letras. A comienzo de
sus tratados, los gramáticos antiguos oponían la voz confsa (honé
synkechymene) de los ani males a la voz humana, que es, en cam-
bio, enarthros, articulada. Pero si nos preguntamos en qué consis­
te el carácter "articulado" de la voz humana, veríamos que phoné
enarthros signifca para ellos simplemente phoné engrammatos,
vox quae scribi potest, voz que puede ser escrita, mejor dicho ya
escrita. Ya los antiguos comentaristas de Aristóteles se habían pre­
guntado por qué el flosofo hacía intervenir el grama como cuar­
to "hermeneuta" junto a los otros tres (voz, afecciones, cosas) que
explican el círculo de la significación lingüística. Identificaron así
el estatuto particular del grama en ramo que no es, como los
otros tres, simplemente signo, sino también elemento (stoicheíon)
de la voz, en cuanto voz articulada. Como signo y a la vez como
elemento constitutivo de l a voz, el grama asume de esta forma el
estatuto paradójico de un índice de sí mismo (indx suz) , De este
modo la letra es lo que ocupa desde siempre el hiato entre phoné
y lgos, en la estructura original de la significación.
La hipótesis del libro no escrito era totalmente distinta. El
hiaro entre voz y lenguaje (como el que existe entre lengua y dis-
220
cutsO, QOtcnc¡a y actO) Qucdc abttt cÌ csQactO dc Ìa ct)ca, dc Ìa
QOÌÍs QrccÍsamcntc QOrguc nO hay un arthros, una artÍcuÌacÍón
cntrc phoné y logos. Ïa vOz humana |amas ha sÍdO cscrÍta cn e
Ìcn_ua¡c y cÌ _rama |cÌ QcnsamÍcntO dc LcrrÍda ÌO ha dcmOstradO
hacc tÍcmQO) nO cs mas guc Ìa ÍOrma mÍsma dc Ìa QrcsuQOsÍcÍón
dc sí y dc Ìa QOtcncÍa. LÌ csQacÍO cntrc vOz y ÌO_Os cs un csQacÍO
vacíO, un ÌímÍtc cn cÌ scntÍdO kantÍanO. oóÌO QOrguc cÌ hOmbtc sc
cncucntra arrO¡adO cn cÌ Ìcn_ua¡c sÍn habcr sÍdO ÌÌcvadO QO: una
vOz, sóÌO QOrguc sc arrÍcs_a cn cÌ expermentum linguae sÍn una
`_ramat!ca¨, cn cstc vacíO y cn csta aÍOnía, aÌ_O cOmO un ethos y
una cOmunÍdad sc vucÌvcn QOsÍbÌcs Qara cÌ.
ÏOr cstc mOtÍvO Ìa comunIdadguc nacccn cÌ eerimentum
linguae nO Qucdc tcncr Ìa ÍOrma dc un QrcsuQucstO, nÍ tamQOcO
Ìa !Otma Qutamcntc _tamattcaÌ dc una QtcsuQOstctón dc sí. ÏÌ sct-
habÌantc y cÌ scr-dÍchO cOn ÌOs cuaÌcs mcdÍmOs cÌ experimentum
nO sOn nÍ una vOz nÍ un _rama; cn tantO Quc archÍtrasccndcntaÌcs
nO sOn tamQOcO QcnsabÌcs cOmO aJ_O, cOmO un quid cuyas moirai,
cuyas Qartcs QudÍcramOs asÍr aÌ_una vcz, sc_ún Ìa bcÌÌa Íma_cn dc
ÏÌOtÍnO. Ïa QrÍmcra cOnsccucncÍa CcÌ exerimentum linguae cs
cntOnccs una rcvÍsÍón radÍcaÌ dc Ìa Ídca mÍsma dc LOmunÍdad. ÏÌ
cOntcnÍdO dcÌ experimentum cs sóÌO guc hay Ìcn_ua¡c y guc nO-
sOtrOs nO QOdcmOs rcQrcscntarÌO, sc_ún cÌ mOdcÌO guc ha dOmÍ-
nadO nucstra cuÌtura, cOmO una Ìcn_ua, un cstadO O un QatrÍmO-
nÌO dc nOmbrcs y dc rc_Ìas guc cada QucbÌO transmÌtc dc _cncra-
cíón cn _cncracÍón; mas bÍcn scría Ìa ÍnÌatcncÍa" ÍmQOsÍbÌc dc Qrc-
suQOncr guc ÌOs hOmbrcs dcsdc sÍcmQrc habÍtan y dcntrO dc Ìa
cuaÌ, habÌandO, rcsQÍran y sc mucvcn. J Qcsar dc ÌOS cuatcnta
mÍÌcnÍOs dcÌ horo sapiens, cÌ hOmbrc aún nO ha QrOcuradO asu-
mÍr csa ÍnÌatcncÍa y haccr Ìa cxQcrÍcncÍa dc su scr habÌantc.
#
Neologismo que reproduce el que forma el autor y cuyo sentido sería la no­
latencia (T).
221
Ln Ìa únìca cOn!crcncta guc dìO cn púbÌìco, Írcntc a ÌOs mìcm-
brOs dc un club guc sc ÌÌamaban a sí mìsmOs `ÌOs hcrctìcOs,
Nìtt_cnstcìn prOpOnc a su mOdO cÌ experimentum lnguae:
"Y ahOra dcscrìbìrc Ìa cxpcrtcncìa dc maravìÌÌarsc pOr Ìa cxts-
tcncìa dcÌ mundO, dìcìcndO: cs Ja cxpcrìcncìa dc vcr e mundO
cOmO un mìÌa_rO. Nc vcO tcntadO a dccìr guc Ìa cxprcsìón ¡usta
dc 1a Ìcn_ua para cÍ mtÌa_rO dc Ìa cxìstcncìa dcÌ mundO, aunguc
nO sca una QrOpOsìcíOn de la Ìcn_ua, cs Ìa cxìstcncìa dcÌ Ìcn_ua¿c
mìsmO´.
ÏrOcurcmOs cOntìnuar cÌ cxpcrìmcntO wìtt_cnstcìnìanO prc·

_untandOnOs:
·
`5ì Ía cxprcsìOn mas adccuaCa para Ìa maravìÌÌadc Ìa cxìstcncìa
dcÌ mundO cs Ìa cxìstcncìa dcÌ lcn_ua¡c, ¿cúaÌ cs cntOnccs Ìa cxprc-
sìón ¡usta[a:a Ìa cxÍstcncìa dcÌ Ìcn_ua¡c:
la únÍCa rcspucsta pOsìbÌc a csta prc_unta scría. la vida huma·
na cn cuantO ethos, cn cuantO vìda ctìca. Üuscar una polis y una
oikía guc cstcn a Ìa atura dc csa cOmun:dad vacía c ìmpOsìbÌc dc
prcsupOncr cs cÌ dcbcr ìn!antìÌ dc Ìa humantdad guc vìcnc.
Giorgio Agamben
222
ÍNDICE
INFANCIA E HISTORIA w w e e e w w æ e w o w æ e e o o o e o w o w e o e e e o o o e e e e o w w e w e e e w w e e w 5
ÏnsayO sObrc Ìa dcstruccÍón dc Ìa cxQcrÍcncÍa
EL rAfs DE ws
J
UGUETEs o e w . o e o o w e e e o o 4 w æ o e e e æ o w w w æ e e e e o A o e e w . . e e 93
ÏcÍÌcxÍOncs sObrc Ìa hÍstOrÍa
y cÌ ¡uc_O
TIEMPO E HISTORIA o w w e o æ 4 e o o w æ o o w æ o o æ æ æ e e æ æ o o o o o w e e e w o æ e o o w e e o e e 1 29
LrítÍca dcÌ instantc y dcÌ cOntÍnuO
ÍI PRÍNCIPE Y LA RANA o o æ æ æ æ o o æ e e o o o w w o 4 o æ : . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 1 57
ÏÌ QrObÌcma dcÌ mctOdO cn 1dOrnO y cn Ücn¡amÍn
fÁBULA E HISTORIA æ o o æ o o o o w æ e o w æ æ æ o o æ o æ o o o æ æ æ e o o o o o æ . o o w w 4 e e w w o e æ 1 87
LOnsìdcracÍOncs sObrc cÌ Qcscbrc
PROGRAA PARA UNA REVISTA w æ . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 1 97
EXPElUMENTUM LINGUAE æ w æ 4 e . o o o e w w o e o o « w o æ e w o æ o o e æ o o o . æ o o w o o o o . e æ w 21 3

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