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Sr. Paco Ignacio Taibo II Mi nombre es Ilia Adad Infante Trejo.

Soy uno de los detenidos el 2 de octubre pasado en Paseo de la Reforma. Puedo asegurarle que mi detención es injusta y más injustos son los cargos, las mentiras, las tonterías que declararon los policías que constan como denunciantes. No lo quiero agobiar (o quizás no me quiero agobiar a mí) contándole mi historia que ya he repetido hasta el cansancio. Básicamente fui encerrado en un encapsulamiento cerca de Reforma y Versalles, conducido a la agencia GAM-6 dónde fui seleccionado, junto con otros 6 jóvenes, de manera completamente arbitraria de entre 40 detenidos qué éramos transportados en un camión de la policía. Normalmente participo en movimientos de ese espectro llamado izquierda. Apoyo a Morena, al SME, a la CNTE, a radios comunitarias, a movimientos sociales, a muchos grupos dentro de mis escasas posibilidades económicas, políticas y teóricas. Nunca ha sido mi intención llamar la atención, ni ser líder de nadie, mucho menos pensé aparecer en los periódicos (bueno, quizá algún sueño guajiro de vez en cuándo). Mi trabajo, lo considero así, ha sido asesorar a la gente con mis escasos conocimientos de diversas materias, aprendidos durante mi vida universitaria. Por eso siento la ironía de la vida al estar aquí preso por una absurda pero explicable combinación de inteligencia y azar. La verdad muchas veces había pensado en escribirle pero nunca me había atrevido. Sin embargo, veo hoy ese momento, que erróneamente me adjudican, escrito en los periódicos y entiendo que esa desagradable situación me coloca en un “pedestal” (un banquito diría Mafalda) de esos de 15 minutos que será importante para mucha gente. Ya de manera muy egoísta aprovecho el banquito para escribirle a usted. Le escribo a usted primero que a nadie por lo que tengo que agradecerle. Alguna vez, hace ya algunos años, abrí aquel libro de Días de Combate que tanto marco mi vida. Héctor Belascoarán Shayne me enseño a ver la vida con crudeza mas no por ello tomarla tan en serio, con ello se forjo en mí una idea de sentido común que aún me acompaña y gracias a la cuál puedo enfrentar esta situación. Me enseño lo bella que es mi ciudad, lo digno y frustrante que es tener una idea, aunque sea así borrosa, de lo bueno y lo justo. De ahí he disfrutado toda esa serie hasta cuándo espere ansiosamente las entregas de La Jornada y otros varios de sus libros. Le escribo también porque creo que usted tiene precisamente ese “sentido común” (extraño juego de palabras), para ver lo que sucede hoy a mi patria, a mi ciudad. Yo no participe de la violencia pero tampoco puedo soportar la sensibilería de escritorio que condena simplonamente a todos aquellos que se dejan arrastrar por la violencia y a los que atrozmente promueven la rebelión. Yo entiendo que no deseamos la violencia, que tenemos miedo, que queremos idealmente un cambio producto de la organización y la acción política de todos los que desean la justicia social pero ¿Cuándo se fetichizo esa noción del orden tan profundamente en la izquierda? ¿Cuándo se volvió una necesidad o exigencia ser un brillante teórico para tener la dignidad moral de ser un anarquista, un izquierdista o un revolucionario? ¡Claro que es un deber moral, ético! ¡Lo entiendo! Pero acaso el único anarquista de aquellos que acompañaban a Bakunin era el propio Bakunin? ¿El único magonista era el propio Flores Magón y los demás empistolados una bola de salvajes o huestes de malhechores?

Es evidente que la acción violenta y el injustificable saqueo permiten la entrada de provocadores y justifican ante amplios sectores de la sociedad la actuación de esos halcones, policías vestidos de civil. Esa crítica me parece absolutamente fundada pero la descalificación rabiosa y moralista es uno de los mayores absurdos que encuentro en personas tan preparadas y (yo espero) conocedores de la historia. Primero esa actitud habla del desprecio a un pueblo en cuyo nombre o por el cuál dicen tales intelectuales hablar. En segundo lugar olvidan que del puro acto de violencia no se puede calificar la formación teórica ni los ulteriores objetivos. Ellos solo ven en estos grupos al Caballo de Troya para que los propios sean infiltrados. El control de la información, las tácticas policiales, la ineficacia de nuestro gobierno han orillado a esta situación. Cuándo ocurre fuera de nuestro entorno se alaba esas luchas, se les explica, se les cobija; cuándo ocurren en nuestro entorno se las condena, se abandona la crítica política para sustituirla por la ética o peor; por una cerrazón moral. Farol de la calle, oscuridad de la casa. Entiendo su miedo, su coraje, pero semejante uso arbitrario de la razón me enoja y me frustra. Esa condena tan prejuiciosa y simplona tampoco ayuda a los detenidos arbitrariamente, a las víctimas de las falsas conciencias de la televisión, el conservadurismo, la derecha y la ilusa (e inexistente) clase media. Soy un preso político porque soy un culpable fabricado para calmar la sed de castigo de los poderes fácticos. Los discursos moralistas no me ayudan a salir de aquí ni a encontrar alternativas para que esos grupos opten por otras alternativas de lucha. Que esas críticas provengan de grupos que se dicen de izquierda fomentará en lugar de frenar la violencia. Era Brecht, si no mal recuerdo, el que se preguntaba en un poema ¿quién es el verdadero protagonista de la historia? ¿Los héroes, los líderes, los monarcas o los miles de soldados, obreros, trabajadores, campesinos que construyen el mundo? Es triste que los intelectuales de izquierda no hayan aprendido esa lección y quieran ver en sus héroes, el motor de la historia, tal y como criticaban a la versión oficial de la historia. Quisiera yo extenderme en tantos temas que no acabaría. Espero que pronto pueda estar en las calles y en las asambleas apoyando de nuevo. Mientras tanto le mando afectuosos saludos esperando que la lectura pueda romper el estado de sitio que impera en el Zócalo de esta urbe. No me queda más que pedirle que apoye nuestra causa para alcanzar, no solo la libertad, sino la justa exoneración de los cargos.

Quedo de usted. Ilia Adad Infante Trejo. P.D. Necesitamos trasladar a Mario González del Reclusorio Oriente al Reclusorio Norte.