No nos basta con decir, hablar o mirar, con contar las estrellas, contando los días, las horas

, los minutos y los segundos, juntando estas letras para formar nuestras palabras, creando un lenguaje de signos, que son parte de nuestra confidencialidad. No nos basta con juntar y acumular las historias en la memoria, imaginando una vida, muchas veces nos sobran los recuerdos que hemos acumulado. Tardes enteras hablando, sólo para matar el silencio y la soledad, que ha sido nuestra eterna compañera, desde tiempo y hace tiempo. No nos basta con pensar que nuestras manos se conocen y conocen a cabalidad nuestros cuerpos, y han recorrido cada centímetro, cada lugar, pero aún así no se sacian, y siguen recorriendo los mismos lugares, una y otra vez. No nos basta con fundirnos y formar un perfume, que nos deja un gusto agridulce. No nos basta con que nuestros corazones griten nuestros nombres hasta desfallecer, y quieran salir desde el interior, anhelando, adormecidos, y esperanzados con el pequeño instante de un reencuentro. No nos basta con sentir que la vida se nos escurre inevitablemente, como un río desbordado, que a su paso va devastando… pero con la certeza de que podemos volver a construirnos, así, juntos… o no tanto.

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