Señor, enséñanos a orar.

Un día estaba Jesús orando, y cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: “Señor, enséñanos a orar, como Juan enseñó a sus discípulos” Enséñanos a buscar, a no conformarnos con el silencio, a preguntar, a escuchar. Enséñanos a llamarte, sin resignarnos al ruido vacío. Ayúdanos a descifrar esa forma tuya de hablar, a adivinar tus huellas en lo que nos ocurre cada día, Despierta tu voz que late dentro, aunque a veces ni nos demos cuenta Enséñanos a orar.

Creó, pues, Dios, al ser humano a imagen suya… (Gen 1)

Rezar es mirar… hacia fuera. Pensar en el mundo, en las gentes, en los nombres importantes de mi vida. Y darme cuenta de que sus vidas importan. Que mis padres, mis hermanos, amigos, gente cuya vida se cruza con la mía, gente a quien la vida le va bien, o gente golpeada… sus historias son importantes.
(Dedico un breve momento, en silencio, a pensar en dos o tres personas importantes en mi vida, a pedir por ellos, a imaginar sus vidas, sus sueños, sus heridas)

“La gente se agolpaba junto a él, para escuchar la palabra de Dios, mientras él estaba a la orilla del lago” (Lc 5,1)

Rezar es escuchar… dentro de mí. Dejarle espacio a los sentimientos… A lo que me emociona o a lo que me inquieta. A lo que me falta y a lo que me duele. A lo que me llena o a lo que me atrae. Rezar es atreverme a pensar que muy dentro de mí resuena el eco de Dios…y escuchar lo que me dice, sin palabras, ese Dios que es un principio último, un principio que llamamos amor, justicia, bien. Rezar es descubrir que en mi entraña está la semilla de algo divino.
(Al leer el evangelio, ante un canto, una palabra, a veces suena diferente dentro de uno.. ¿Qué sentimientos dentro de mí pienso que enlazan con Dios? ¿Qué cosas “me hablan” de Dios?)

AMOR, QUERER E INTERÉS Para encontrarte saldré del amor que me encierra del querer que me aísla del interés que me ciega

Por eso supliqué y se me concedió la prudencia, invoqué y vino a mí el espíritu de Sabiduría. La preferí a cetros y tronos, y en comparación con ella tuve en nada la riqueza (Sab 7, 7-9)

Rezar es desear… es dejar salir mis deseos más profundos. No tener miedo a formularlos, a presentarlos delante de Dios como algo que llevo dentro. El deseo de vida, de encuentro, de alegría, de bien, de amor, de sentido, de respuestas…Es descubrir ese deseo como algo bueno, porque es el motor que me pone en marcha. Hacia Ti, y hacia los otros.

“Hijo mío, si te decides a seguir al Señor, prepárate para la prueba “ (Eclo 2,1)

Rezar es luchar… porque muchas veces no lo tengo todo claro. Porque a menudo vivo tormentas, se me tuerce el camino, acierto o fracaso, no sé lo que hacer. Por acertar, por encontrar mi lugar en el mundo, Y por eso necesito luz, necesito ayuda, fuerza, coraje, esperanza, luz. Y rezar también es pedir. Y agradecer…
(¿Cuáles son mis luchas hoy? Pienso en ellas, qué creo que tengo que conseguir…Le pido a Dios que me ayude, que sea mi fuerza)
MÁS ALLÁ Más allá de mis miedos, más allá de mi inseguridad Quiero darte una respuesta. Aquí estoy para hacer tu voluntad, Para que mi amor sea decirte sí hasta el final.

(¿Cuáles son mis deseos más profundos en este momento de mi vida? ¿Lo que necesito para ser feliz? ¿Lo que creo de verdad que le puede dar sentido a mis días? Se lo cuento a Dios)

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