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MODOS DE ADQUISICION DEL DOMINIO - Modi acquirendi dominium

MODOS DE ADQIUISICION DEL DOMINIO


Modi acquirendi dominium

Hugo Galindo Decker

Sucre * Bolivia
1996

"No hice tanto mi libro,


como mi libro me hizo a mi"
MONTAIGNE

Homenaje a
Oscar Frerking Salas, Maestro de "esclarecida fama", Insigne Jurisconsulto, Hombre
Público con vocación de servicio... y a su amistad sin fronteras.
EL AUTOR

Mi agradecimiento incondicional a los Excmos. Presidente y Ministros de la Corte Suprema


de Justicia, sin cuyo patrocinio no hubiese sido posible la presente publicación.

Mi reconocimiento inacabable al Lic. Ronald Camacho, Director de la Editorial Judicial y a


todo el personal de la misma, por su dedicación y esmero.

Finalmente, una mención especial para la Srta. Rosario Condarco Sevilla, por haber
contribuido en la transcripción computarizada del texto borrador al definitivo.

Sucre, septiembre de 1996.

A MANERA DE PROLOGO

Este libro es como un hijo que no se espera, pero tal es su ansia de sobrevenir, que
eclosiona con fuerza incontenible en el torbellino de la vida y no resta más que recibirlo,
amarlo, atender su crecimiento, velar por su formación y sentirse orgulloso de él.

Aceptando una gentil invitación del ilustre Decano de la Facultad de Derecho de la


Universidad Católica San Pablo Dr. Remo Di Natale Enríquez, asumimos a mediados del
año 1993, la Cátedra de Derecho de Sucesiones, una de las "parcelas" más apasionantes del
Derecho Civil (el Derecho por excelencia, según la fervorosa opinión de Josserand),
vinculado a un hecho natural de extrema importancia social, la muerte y ligado íntimamente
a los Derechos de Familia y de Propiedad, porque abarca prácticamente la terminación de la
familia en el campo patrimonial.
Obedeciendo razones que no corresponden explicar en esta ocasión, renunciamos a los
pocos meses de haber aceptado el honroso cometido, que significaba más que una mera
función docente, una expresión viviente de servicio público.

En las aulas de la Católica, la dedicación de los alumnos a sus estudios, facilitó la tarea
formativa, docente y orientadora que nos habíamos impuesto. En reciprocidad a tan
generosa entrega, decidimos escribir un texto sobre Derecho de Súcesiones, cuya constante
evolución no era ajena a nuestra inquietud.

Comenzamos el trabajo arrancando del art. 110 del Cód. Civ. que clasifica expresamente
entre otros, como modo de adquisición de la propiedad, la sucesión mortis causa y lo
hicimos con el pleno convencimiento de que en ese tipo de sucesión, se transmiten además
las obligaciones del causante. Luego nos trasladamos al campo del Derecho Comparado
(estrictamente hablando, de la legislación comparada) parangonando la norma con las leyes
que responden a sistemas jurídicos extranacionales, destacamos sus semejanzas, antes que
sus diferencias (creemos que éste es el método que debe desarrollarse en el estudio del
Derecho Comparado por su resonancia positiva) e ingresamos después a elaborar nuestra
teoría sobre la textura adquisitiva a partir del hecho, pasando por el Título, hasta culminar
en el Modo, y como el Derecho por excelencia es ciencia normativa; no pertenece al ser,
sino al deber ser, nos vimos compelidos a desentrañar la mens legis y la ratio legis de
preceptos civiles reguladores de las formas adquisitivas del Dominio, particularmente de las
incluidas dentro del género denominado "modo originario".

El avance fue raudo, pero nos había desviado del tema propuesto. ¿Qué quedaba, detenerse,
"desandar lo andado" y volver a fojas cero?

Nos acordamos de la dedicatoria dirigida a los curiosos lectores por Miguel de Cervantes y
Saavedra en la novela pastoril "La Galatea". El inmortal manco decía: "de puro
escrupuloso, perezoso o tardío, jamás acabado de contentarse con lo que hace y entiende,
teniendo sólo por acertado lo que no alcanza, nunca se determina a descubrir y comunicar
sus escritos". Como hasta ese momento estuvimos contentos "con lo que hacíamos y
entendíamos", decidimos avanzar hasta concluir el trabajo, que debía titularse "Los Modos
de Adquisición del Dominio o de la Propiedad".

Pero antes de todo, reestructuramos el trabajo dividiéndolo en seis capítulos intitulados:


Dominio o Propiedad, Adquisición del Dominio o la Propiedad, Adquisición Originaria,
Adquisición Derivativa, la Usucapión y la Posesión de Buena Fe y los Otros Modos.

El primer capítulo se refiere a los alcances y significación de las palabras Dominio y


Propiedad que en concepto nuestro si bien son sinónimos, no es menos evidente que el
vocablo propiedad denota una significación jurídica más avanzada que el de Dominio.

El segundo capítulo no es más que la incorporación que todo lo escrito sobre el artículo
110, la Legislación Comparada, el Hecho, el Título y el Modo como elementos inseparables
del "ensamblaje adquisitivo", y la clasificación de los Modos en dos grupos genéricos: los
originarios y los derivados.
En el tercer capítulo ingresamos al estudio de la Ocupación como especie del Modo
Originario y las subespecies que reconocen la ley civil.

A continuación nos ocupamos de otra especie asaz importante, la Accesión, refiriéndonos


previamente a la accesión discreta y la accesión moral y después pasamos al estudio de la
accesión artificial que comprende la accesión de mueble a mueble, la accesión de mueble a
inmueble y la accesión de inmueble a inmueble. En la accesión artificial, tocamos aspectos
vinculados con las accesiones denominadas: "a término o instantánea" e "invertida".

En cuanto a los modos originarios existe un formidable antecedente, el libro escrito por el
relevante civilista Dr. Pastor Ortiz Mattos intitulado "De los Bienes y los Modos de
adquisición de la Propiedad en el Derecho Civil Boliviano". Es una meritoria contribución
al Derecho Patrio, un aporte valioso a la desmirriada bibliografía jurídica nacional, contiene
páginas impecables de análisis jurídico y aún histórico de instituciones afines a esos modos
adquisitivos, especialmente en lo tocante a la accesión.

El cuarto capítulo se refiere a la Adquisición Derivativa, según el momento en que se opera


la adquisición, según la amplitud del patrimonio adquirido, según el interés que se ha tenido
en mira, según la extensión del derecho adquirido, según la persona que adquiere la
propiedad, según la fuente de la adquisición y según el curso del dominio adquirido. No
pretendemos que ella sea definitiva, pero sí consideramos que es una opinión forjada con la
sana intención de contribuir a la doctrina nacional sobre aspectos relacionados con la
obtención derivativa del dominio, que es la más común y a través del cual se genera y
desenvuelve la mayor parte del tráfico jurídico.

El quinto capítulo está destinada a la Usucapión y la Posesión de Buena Fe que sólo puede
darse en muebles. Sobre la usucapión, se explica sus fundamentos teóricos con el auxilio
valioso de la jurisprudencia nacional (Derecho de "Casos"), por ser el medio principal para
armonizar el Derecho con las exigencias de la vida jurídica. Al finalizar preguntamos si la
usucapión y la posesión de buena fe, son modos originarios o derivativos, llegando a la
conclusión de que definitivamente forman parte de los primeros.

El último capítulo versa sobre diversos supuestos de adquisición de la propiedad


dispersamente legislados, que con un matiz impreciso y vago están comprendidos en el art.
110 con la denominación de "otros modos". Los hemos dividido en dos categorías que
comprenden, la adquisición de los bienes por el Estado y por los particulares.

Según se explica, el Estado se hace dueño en la expropiación, la nacionalización, la


confiscación o comiso, la reversión y la herencia vacante; y los particulares en la
retrocesión, la propiedad intelectual e industrial, los frutos que caen sobre el fundo vecino,
la percepción, la adjudicación y la dotación agraria.

En este capítulo dedicamos varias páginas a las propiedades intelectual e industrial,


ubicadas en el ámbito de los bienes inmateriales, en el que, de la originalidad del autor, sea
artística, industrial "o de ingenio", deviene la originalidad jurídica como unidad ideológica.
Dos aspectos protectores son peculiares al trabajo del intelecto, el del derecho económico o
pecuniario y el del derecho moral, entendiéndose por el primero que es temporal y alienable
a la posibilidad de disfrute económico que asiste a los autores de las obras literarias,
científicas, etc. e inventores o descubridores, relacionado con la comercialización del
material producido con la actividad creadora y por el segundo, que es perpetuo e
inalienable a la tutela de la personalidad del autor como creador y la protección de su obra
como entidad propia. También hemos desarrollado los derechos derivados de la creación
intelectual como son los derechos conexos y el derecho de seguimiento o persecución
conocido como "Droit de Suite", por el Derecho francés.
Asimismo en dicho capítulo, destacamos la función social como un genuino valor
constitucional al que están subordinadas la adquisición, conservación y extinción de la
propiedad agraria y minera. Estamos frente a un "derecho intervenido" por el Estado, para
ese nuevo derecho, la función social no es una aditamento externo, ni un apéndice, es parte
sustancial, es "algo más viceral", ya que afecta a su esencia, a su razón de ser. En ese
sentido como enseña Santo Tomás de Aquino, la persona debe utilizar la propiedad "no
como propia, sino en común en cuanto al uso".

Pero además somos firmes partidarios de que debe exigirse a la propiedad una función
ecológica, especialmente ahora que existe una verdadera corriente constitucionalista que
establece leyes-marco de carácter ambiental (Brasil, Colombia, Venezuela, Mexico, Peru),
protectoras de los derechos humanos de la tercera generación (intereses difusos),
actualmente en trance de desaparición y destrucción por los peligros que entrañan las
sociedades de consumo, post industriales y los apareamientos urbanos que han surgido en
esta época vertiginosa de cambios.

Es extraordinaria la proyección legislativa de numerosos artículos del Código Civil,


vinculadas con la propiedad, por el genuino valor constitucional, que contienen; verbigracia
los artículos 106, 108, 210, 211, 212, 213. Este es el laudable mérito de los juristas que
proyectaron ese cuerpo de leyes, quienes si bien tomaron como modelo el Código Italiano
del año 1942, obra singular de asombrosa perfección legislativa, no es menos cierto que al
mismo tiempo aportaron ideas originales e inteligentes en la redacción de las normas
sustantivas o materiales, concordantes con la superlegalidad constitucional y adecuadas a la
realidad nacional. Es que el Derecho Civil como afirma Diez Picazo, "debe ser el derecho
de las formas de vida de la persona del tiempo actual, no el de las antiguas formas de vida,
ni el de las instituciones superadas al presente".

Casi al finalizar, opinamos que el trabajo no es un modo adquisitivo, sino un medio


conservatorio de la propiedad. Posteriormente resaltamos con rigurosidad, el carácter
originario del Dominio Público del Estado.

Al "rubricar" el capítulo sexto ubicamos "los otros modos" dentro de los "originarios y
derivativos".

A fuer de "pecar" de inmodestos, creemos que la presente producción, esconde cualidades


"poucas quanto boas", como diría el portugués, y desde luego erratas que tratándose de un
libro "son parecidas a las hojas del otoño, por más que se las recoja siempre se las vuelve a
encontrar". Pero de algo estamos seguros, los errores poseen cierta dignidad, porque se han
consumado de buena fe.
Jamás se pretendió escribir una obra acabada, ya lo dijo Borges; "el concepto de texto
definitivo, corresponde a la superstición o al cansancio".

Hemos evitado el uso de palabras y giros expresivos, que podían dificultar la comprensión
de los temas, que aún siendo profundos, deben exponerse en lenguaje sencillo. Cualquier
atisbo de vana erudición, sólo es germen de ignorancia complicada. La claridad es el
obsequio desinteresado y altruista que debe brindar el escritor a sus lectores.

Que otros juristas encuentren en este libro, un reto y en un futuro mediato, actualicen y
profundicen el Derecho Civil, ejerciendo un mejor conocimiento y empleando mayor
potencial de investigación. No esperamos que se aje por el uso frecuente, pero tampoco
deseamos que el olvido le "confine" a un anaquel vacío.

Por último, aspiramos sanamente a que la obra sea útil entre los estudiosos y estudiantes del
Derecho Civil, especialmente con respecto a estos últimos, por habernos abierto el
horizonte hacia la luz de conocimientos nuevos en la cátedra universitaria, oficio sublime
que representa un excelso honor, de inconmensurable valor moral, superior a cualquier
estipendio aforado en términos monetarios y que nos compromete a una deuda eterna por la
generosidad sin límites del Alma Mater

ABREVIATURAS

A.S. Auto Supremo


art. Artículo
Bol. Boliviano
Bs. As. Buenos Aires
Cap. Capítulo
Cód. Civ. Código Civil
Cód. Pdto. Civ. Código de Procedimiento Civil
Cía. Compañía
C.P.E. Constitución Política del Estado
Conc. concordante
D. Derecho
D.Civ. Derecho Civil
Dec. Decreto
D.L. Decreto Ley
DD.LL. Decretos Leyes
D.R. Decreto Reglamentario
D.S. Decreto Supremo
D.C. Después de Cristo
Ds.Reales Derecho Reales
Dic. Diccionario
Ed. Editorial
E.J.E.A. Ediciones Jurídicas Europa América
G.J. Gaceta Judicial
G.G.J.J. Gacetas Judiciales
H.Senado Nacional Honorable Senado Nacional

CAPITULO PRIMERO
DOMINIO O PROPIEDAD

Dominium id est propietas


El Dominio es decir la Propiedad
Locución latina

MODOS DE ADQUISICION DEL DOMINIO

Existen opiniones disímiles sobre el significado y alcances de los vocablos dominio y


propiedad.

Podemos alinear a los autores, en dos posiciones antagónicas, aquéllos que sostienen que
ambas palabras son sinónimas, y los que opinan lo contrario.

Entre los primeros están los jurisconsultos franceses Aubry y Rau quienes definían la
propiedad equiparando al dominio, que expresa la idea de poder jurídico, el más completo
de una persona sobre una cosa, esto es "el derecho en virtud del cual una cosa se encuentra
sometida de manera absoluta (observamos que siempre deben salvarse las limitaciones
impuestas por el orden público) y exclusiva a la voluntad y a la acción de una persona".

Para Orchansky y Valdez, dominio y propiedad son palabras sinónimas en el lenguaje legal,
sin embargo advierten que por el uso, la primera sugiere "al pronto", la idea de una relación
de señorío, y la segunda sólo de pertenencia, entre una persona y una cosa.

Por su parte Laquis sostiene: "son sinónimos dominio y propiedad". Aclara luego que el
vocablo propiedad es aplicable tanto a las cosas muebles e inmuebles y comprensivo de las
cosas materiales o inmateriales.

Carregal afirma: "aunque parezca redundancia, cuando digo tengo el dominio de una cosa
estoy sosteniendo en realidad que soy propietario, que soy titular de un derecho sobre la
cosa en cuestión".

Morales Guillén dice: "Las voces propiedad y dominio son equivalentes, gramatical y
jurídicamente". Cita las legislaciones argentina, uruguaya y guatemalteca que emplean
ambos vocablos como sinónimos.

Entre los segundos están Molinario, quien opina: "Se incurre en impropiedad al utilizar
dominio como sinónimo de propiedad, porque todo dominio es propiedad, pero no sucede
lo mismo a la inversa, ya que no toda propiedad es dominio desde el momento en que
existen propiedades, que versan sobre bienes en la acepción más restringida y sobre las
cosas".
Según Lafaille la expresión propiedad "tendría un carácter genérico, en tanto que dominio
sería específica, por circunscribirse, 1) a los objetos corporales (con exclusión de los bienes
inmateriales); 2) a las cosas singulares (descartando las universalidades sean de hecho o de
derecho); 3) a las cosas íntegras (de suerte que no se concibe el dominio sobre una parte del
objeto) y 4) a las cosas ciertas (las de género y cantidad podrán ser materia de las
obligaciones, pero no del dominio)".

Segovia sostiene que "la palabra propiedad es más genérica y comprensiva que dominio,
que es el derecho de propiedad sobre las cosas".

Sinonimia o antonimia de los vocablos propiedad y dominio es el tema central de una


discusión que no ha terminado, por el contrario el debate ha comenzado y nadie puede decir
que es el dueño de la última palabra.

Dentro de este contexto se presentan corrientes que identifican al dominio con una
concepción tradicional mientras que reconocen en la propiedad una significación
evolucionada acorde con los avances de la ciencia y los factores espirituales de
humanización del derecho; de esta manera se confronta al dominio, como tipo cerrado,
único y estático con la propiedad como una configuración plural, abierta y dinámica, y se
dice que "de la rigidez del dominio se está pasando a la plasticidad de la propiedad".

La propiedad arquetipo del derecho subjetivo patrimonial en un sentido lato, integra uno de
los primeros círculos de Derecho Natural, ya que el hombre necesita de los bienes para
satisfacer sus necesidades, que los encuentra en la naturaleza, o los elabora con su trabajo.

De acuerdo a Kelsen, si bien es un derecho subjetivo, pero también es "una categoría


trascendente del derecho objetivo, una institución ante la cual encuentra una barrera
infranqueable la estructuración del contenido del orden jurídico".

Asimismo no deja de llamarnos la atención el giro que se ha dado sobre el particular en las
Declaraciones Universales Modernas. La Declaración Universal de Derechos Humanos de
10 de diciembre de 1948, dispone: "toda persona tiene derecho, A LA PROPIEDAD,
individual o colectiva (art. 17). El Pacto de San José de Costa Rica reconoce en el art. 21,
inc. 1) "el derecho de toda persona, AL USO Y GOCE DE LOS BIENES"; ya no se habla
como en 1791 (Declaración de los derechos del Hombre y el Ciudadano) del derecho de
propiedad, sino del derecho "a la propiedad": Es que actualmente como analizaremos en el
último Capitulo (Propiedad Intelectual), dentro del vocablo propiedad, están ya
incorporados los derechos inmateriales.

Es interesante advertir que la Constitución Política del Estado reconoce en el art. 7o. inc. i)
el derecho de toda persona "A LA PROPIEDAD PRIVADA individual o colectiva, siempre
que cumpla una función social".

También puntualizamos, el empleo indiscriminado de términos como dominio originario de


la Nación, dominio público, y dominio privado del Estado, propiedad pública y propiedad
privada del Estado, propiedad social, propiedad administrativa, propiedad del pueblo,
propiedad en mano común, condominio o copropiedad (contextos de dominio o propiedad),
situación en la que coexiste una pluralidad de sujetos con derechos subjetivos comunes en
el marco de la unidad de un solo objeto, "pudiendo pedir cada copropietario o condómino
en cualquier tiempo la división del bien" (art. 167 del Cód. Civ.), y título traslativo de
dominio, equivalente de título de propiedad, sea en materia minera o agraria.

Asimismo advertimos que estamos muy alejados de la negación del derecho de propiedad
"por ser sólo un mito" como conjeturó Duguit. Tampoco estamos de acuerdo con
Scholossmann y Thon que reducen la facultad de adquirir la propiedad a un "simple
expediente terminológico", o Brugeilles que usando un estilo "nuevo pero chocante"
concluye que no se puede hablar del derecho de propiedad, sino de "un estatuto fuente de
funciones, el estatuto personal del propietario y el estatuto real, el del inmueble o el del
objeto del derecho real" o Proudhon que declara: "que la propiedad es un robo"

Para terminar, estamos de acuerdo con el uso indistinto de los vocablos dominio y
propiedad, compartiendo en "última instancia" con la tesis que identifica a la propiedad,
como la expresión moderna y avanzada del dominio.

CAPITULO SEGUNDO
ADQUISICION DEL DOMINIO O LA PROPIEDAD

"Totum ius consistit aut in acquirendo, aut in conservando, aut in minuendo"


Todo Derecho consiste en adquirir; o en conservar; o en disminuir
Ulpiano

ADQUISISCION DE LA PROPIEDAD

El art. 110 del Cód. Civ. boliviano enuncia: "La propiedad se adquiere, por ocupación, por
accesión, por usucapión, por efecto de los contratos, por sucesión mortis causa, por la
posesión de buena fe y por los otros modos establecidos por la ley".

El Cód. Civ. italiano aprobado por Real Decreto de Victor Manuel III el día 16 de marzo de
1942, fuente trascendental del Cód. Civ. boliviano, reconoce como modos de adquisición
de la propiedad "la ocupación", la invención (hallazgo), la accesión, la especificación, la
unión o conmixtión, la usucapión, los efectos de los contratos, la sucesión a causa de la
muerte y los otros modos establecidos por la ley" (art. 922).

Para el Cód. Civ. argentino el dominio "derecho real en virtud del cual una cosa se halla
sometida a la voluntad y a la acción de una persona" (art. 2506) se adquiere; "1) por la
apropiación; 2) por la especificación; 3) por la accesión; 4) por la tradición; 5) por la
percepción de los frutos; 6) por la sucesión en los derechos del propietario y 7) por la
prescripción" (art. 2524).

El art. 582 del Cód. Civ. chileno asimila el concepto de propiedad al de dominio. Fiel a esa
pauta el art. 588 señala; "los modos de adquirir el dominio son, la ocupación, la accesión, la
tradición, la sucesión por causa de muerte y la prescripción".

El art. 609 del Cód. Civ. español preceptúa: "La propiedad se adquiere por la ocupación"

"La propiedad y los demás derechos sobre los bienes se adquieren y transmiten por la ley,
por donación, por sucesión testada e intestada y por consecuencia de ciertos contratos
mediante la tradición".

"Pueden también adquirirse por medio de la prescripción".

El Cód. Civ. brasileño, distingue entre la adquisición de la propiedad inmueble y la


adquisición de la propiedad mueble. En el primer supuesto el fenómeno adquisitivo se
produce:

"I Pela transcricao do titulo de transférencia no registro do inmóvel.


II Pela accesáo.
III Pela usucapiáo.
IV Pela direito hereditário" (art. 530)

En el segundo se manifiesta en:


"" A ocupacao (arts. 592-593)
II A caca (arts. 594 - 598)
III A pesca (arts. 599 - 602)
IV A invencáo (arts. 603 - 606)
V A Tesouro (arts. 607 - 610)
VI A especificacao (arts. 611 - 614)
VII A confusao, a comistáo, "Uma das maneiras de aquisicáo da propiedad móvel, por
accescáo da coisa misturada", (Novo Diccionario Aurelio da Lingua Portuguesa. Segunda
Edicáo Revista e Ampliada- Aurelio Buarque de Holanda Ferreira). Editora Nova Fronteira.
Río de Janeiro 1992 págs. 437 y 438) y "Adjuncao" "Modo de aquisicáo da propiedad
móvel peía justaposicáo de uma coisa a outra formando ambas um todo" (Buarque de
Holanda Ferreira Ob. Cit. pág. 47) (arts. 615 - 617).
VIII A usucapiao (Art. 619 - 619)
Ix A tradi~ao (Art. 620 - 622)

El Cód. Civ. paraguayo también distingue la adquisición de la propiedad inmueble de la


adquisición de la propiedad mueble.

La primera se patentiza a través "del contrato, la accesión, la usucapión, y la sucesión


hereditaria" (art. 1966) y la segunda mediante "la apropiación, la pesca, el hallazgo de la
cosa perdida, la especificación, la adjunción, la adquisición de los productos y de otras
partes integrantes de una cosa, la posesión y el contrato (arts. 2029 - 2068).

El Cód. Civ. peruano clasifica los modos de adquisición de la propiedad en "apropiación,


especificación, mezcla, accesión, transmisión y prescripción adquisitiva". (arts. 929 - 953).

Según el Cód. Civ. cubano (art. 178 de la Ley Nº 59) "La propiedad y los demás derechos,
se adquieren y transmiten por la ley, por los acontecimientos naturales, los actos jurídicos,
la accesión y la usucapión". Esta ausente de dicha norma la sucesión mortis causa, sin
embargo este instituto se halla incorporado al Libro Cuarto, que comienza con el art. 466
cuyo texto es el siguiente: "El derecho de sucesión comprende el conjunto de normas que
regulan la transmisión del patrimonio del causante después de su muerte".

El art. 1259 Titulo I Libro V. del Código de Derecho Canónico promulgado el día 25 de
enero de 1983 por bannes Paulus PP II año V de su Pontificado, dispone; "Eclesia acquirere
bona temporalia potest omnibus iustis modis iuris sive naturalis sive positivi, quibus alus
licet" (La Iglesia puede adquirir BIENES TEMPORALES POR TODOS LOS MEDIOS
JUSTOS, de Derecho Natural o POSITIVO, que estén permitidos a otros).

Raúl Romero Linares Profesor Emérito de las Universidades San Francisco Xavier de
Chuquisaca y San Andrés de La Paz, sistematiza los modos de adquirir la propiedad "en
base a la siguiente clasificación":

1) Por efecto de los hechos jurídicos


2) Por efecto de los actos jurídicos
3) Por efecto del trabajo, y
4) Por efecto de la ley.

Josserand afirma que los redactores del Cód. Civ. francés han enumerado los modos de
adquirir la propiedad, en los arts. 711 y sgtes. "confusamente, sin criterio científico y aún
eso, al precio de inevitables olvidos".

El autor inspirándose, no en el Código, sino "en la causa profunda que está en la base de
cada modo adquisitivo", propone la siguiente clasificación:

1 La accesión (por la propiedad misma)


2.- La ocupación, la usucapión (por la posesión)
3.- La convención
4.- El testamento
5.- La tradición
6.- El acto de la autoridad pública y
7.- La ley.

Menciona "sólo como recuerdo" la antigua distinción del Derecho Romano entre los modos
de adquisición del Derecho de Gentes, (importante en una legislación estrecha y exclusiva
que apartaba celosamente a los extranjeros de la vida jurídica del país) y del "Derecho
Civil".

Esta pretérita desemejanza se pierde en las brumas de la historia, carece actualmente de


significación práctica, ya que el extranjero goza de todos los derechos, excepto los
políticos. En nuestro país, sólo le está vedado la adquisición del suelo o subsuelo, directa o
indirectamente, individualmente o en sociedad, dentro de los cincuenta kilómetros de las
fronteras nacionales (art. 25 de la C.P.E.).
Aspiazu sostiene que "el dominio de las cosas" se adquiere por el Derecho Natural o el
Derecho Civil. Por el primero son modos originarios, la ocupación, la accesión y la
usucapión y es derivativo la tradición o entrega. Por el segundo los modos adquisitivos de
dominio son "introducidos por las leyes, por ejemplo las prescripciones, herencias y
legados".

¿Y qué es el modo de adquisición de la propiedad o el dominio?. Messineo responde "es el


medio jurídico con el cual la adquisición tiene lugar".

Según Barbero la expresión modo de adquirir la propiedad, significa "atribuir un derecho


de propiedad a persona determinada", pueden ser los modos de distinta índole y naturaleza,
señalando "por no hacer más que algunas indicaciones de ellos", los intencionales
(negocios), no intencionales (meros hechos), de título derivativo (contratos), originarios
(usucapión), entre vivos (sucesión intestada), mortis causa (sucesión testada, legado), libres
y coactivos (planes de reordenamiento territorial, etc.")

Con la adquisición nace un derecho que se une al sujeto, pero sólo es posible la adquisición
cuando está precedida de un hecho jurídico, entendiéndose por tal "todo acontecimiento con
el que las relaciones de derecho comienzan o se extinguen".

El vocablo hecho, tiene mayor trascendencia que el mero significado etimológico, debe ser
usado en todo suceso que ocurra en el mundo de nuestras percepciones y sea el origen de
relaciones íntimamente ligadas al Derecho, puede ser "causado por el hombre o por fuerzas
extrañas a el".

El suceso exterior que se desenvuelve en el tiempo y en el espacio en cuanto hecho natural


o humano (llamado también material o irrelevante), no es objeto de la ciencia jurídica, y
consiguientemente no es jurídico. Lo que hace de ese hecho algo "jurídico" es su sentido y
significación. Según Hans Kelsen: "Este sentido específicamente jurídico, recibe el hecho,
DE UNA NORMA QUE SE REFIERE A EL MEDIANTE SU CONTENIDO. Una muerte
puede ser, asesinato o ejecución de una pena, depende de la confrontación entre el Código
Penal y el Procedimiento Penal".

La materia prima del Derecho, es el hecho jurídico.

Para Jellineck, el Derecho nace de la fuerza normativa del hecho"

Todo vínculo jurídico tiene fundamento en el hecho. De ahí la máxima romana vigente con
lozanía incomparable en nuestros días: Ex facto jus oritur. (El derecho nace del hecho).

El hecho jurídico no corresponde analizar en el presente trabajo como objeto de derecho,


verbigracia: cuando una persona debe hacer algo en nuestro favor, como la entrega de una
cosa o la abstención de alguna acción. El hecho jurídico nos interesa como antecedente,
causa productora de derecho, fuente de adquisición.

Pero el hecho en sí, no es más que un fenómeno abstracto, una posibilidad jurídica, para su
exteriorización es necesario el discernimiento, la intención y la voluntad del sujeto. Sin
embargo puede presentarse el supuesto de que éste último adquiera la propiedad sin haber
intervenido en la producción del hecho. Esto ocurre cuando se trata de acontecimientos
naturales como la muerte o en los casos de accesión de inmueble a inmueble, pero aún en la
primera hipótesis tiene que manifestar su voluntad expresa, tácita o presunta de tener la
firme intención de adquirir el dominio de las cosas que le ha dejado como caudal
hereditario el de cujus.

El fenómeno adquisitivo del dominio tiene como fuente, como "manantial" al hecho, que es
la génesis del título.

Pero aunque estén acoplados hecho y título, falta una "pieza" para completar el "ensamblaje
adquisitivo", el modo.

Hecho, titulo y modo, se erigen en tres elementos concomitantes e insoslayables, que


integran la textura adquisitiva de la propiedad.

A propósito Rodríguez Grez afirma: "La sucesión como modo de adquirir, requiere
SIEMPRE UN TITULO que le preceda. Tratándose de la sucesión intestada, el título será la
ley", luego clarifica el concepto:
"Estimamos imprescindible el título ya que allí es donde se determinará al heredero y la
cuota o derechos que le corresponde en la sucesión" (Pablo Rodríguez Grez. D. Sucesorio.
Ed. Jurídica. Santiago de Chile. T. 1. pág. 27). Sin embargo puede presentarse una situación
especial pero probable, que existiendo el título no se desencadene el modo, el vínculo
título-modo queda interrumpido. Verbigracia; una persona vende, sin recibir el precio ni
entregar el objeto y ambas obligaciones deben cumplirse en el plazo de un mes a contar de
la fecha en que se suscribió el documento correspondiente. Si el comprador que incumple
su compromiso pide judicialmente la entrega de la cosa, el vendedor puede retenerla
mientras no reciba el precio oponiendo la exceptio non adimpleti contractus. Hay un título,
pero no se ha operado aún el modo adquisitivo de dominio sobre la cosa vendida, porque no
se ha producido la tradición.
Retomando la anterior idea y de acuerdo a Luis Velásquez Jaramillo (Bienes. Ed. Themis.
Bogotá 1991, pág. 117), explicaremos la teoría; un automotor es el hecho; cuando se
transmite energía mediante el botón de arranque hay titulo; y si se pone en marcha surge el
modo.

Siguiendo la ilustración, ejemplificaremos: el hecho es la caza; el título la ley que regula la


actividad venatoria y el modo la ocupación; o el hecho es la posesión continuada por más
de diez años, el título la sentencia ejecutoriada que ha hecho tránsito a la cosa juzgada
dictada por el juez competente declarando estar operada la prescripción adquisitiva de
dominio en favor del actor, y el modo la usucapión en la variedad denominada decenal o
extraordinaria, o cuando una persona muere dejando "instrumentalizada" su última
voluntad, el hecho, es la muerte; el título, el testamento como fundamento de la vocación
sucesoria del instituido y el modo, la sucesión mortis causa (testada).

2.1 El hecho
Nos referiremos sólo a "los acontecimientos susceptibles de producir alguna adquisición".

Siguiendo a Freitas sugerimos la clasificación de los hechos jurídicos, cuidando que en ella
estén todos los eventos a los cuales el ordenamiento, vincula el nacimiento de
consecuencias jurídicas.

Y con arreglo a esa clasificación, discerniremos los hechos jurídicos generadores de los
distintos modos de adquisición de la propiedad, advirtiendo, que la variedad de los hechos
jurídicos suscita la variedad de los derechos.

Hechos Jurídicos.-
Naturales
Humanos.- Involuntarios
voluntarios lícitos.- Simples actos voluntarios
Actos jurídicos
Voluntarios ilícitos.- Delitos
Cuasidelitos

2.1.1 Hechos jurídicos naturales.

Se trata de hechos que acaecen sin la intervención humana. Verbigracia; ocupación de las
cosas animadas como ser palomas, conejos, o peces (arts. 143 Cód. Civ. Bol.) aluvión,
avulsión, cambio de curso de las aguas, formación de islas etc. (arts. 131, 132, 133 del Cód.
Civ., arts. 66 y 67 de la Ley de Dominio y Aprovechamiento de Aguas de 28 de Noviembre
de 1906), Frutos que caen en un fundo vecino (art. 121 - II del Cód. Civ.) y la muerte en la
sucesión intestada o testada (art. 1000 Cód. Civ. Bol.).

2.1.2 Hechos jurídicos humanos.

Son acontecimientos en los que tiene participación directa el hombre; integran los diversos
sucesos humanos que acontecen cada día, pero con la advertencia de que deben ser la causa
de determinados efectos jurídicos.

Mientras que los hechos naturales "son hechos jurídicos sólo por excepción", los hechos del
hombre, son la regla, puesto que lo jurídico importa la estimación y el ordenamiento de la
conducta humana.

Ejemplos de hechos jurídicos humanos que se constituyen en fuente de diferentes modos de


adquisición del dominio son los siguientes:

2.1.3 Hechos jurídicos humanos involuntarios

Adquisición de muebles que no pertenecen a nadie (art. 140 Cód. Civ. Bol.). Cosas
encontradas (144 Cód. Civ. Bol.). Cosas perdidas o abandonadas en los ferrocarriles y otros
(art. 145 Cód. Civ. Bol.) y tesoros (art. 146 Cód. Civ. Bol.).

2.1.4 Hechos jurídicos humanos voluntarios lícitos

a) Simples actos voluntarios

Caza y pesca (art.. 141 Cód. Civ. Bol.). Unión y mezcla (art., 147 Cód. Civ. Bol.).
Especificación (art. 148 Cód. Civ. Bol.). Obras hechas sobre o bajo el suelo (art. 128 Cód.
Civ. Bol.) Obras hechas en suelo propio con material ajeno (art. 127 Cód. Civ. Bol.) Obras
hechas por un tercero con materiales propios (art. 129 Cód. Civ. Bol.) Obras hechas por un
tercero con materiales ajenos (art. 130 Cód. Civ. Bol.). Posesión continuada (arts. 87,
134,138, 149 del Cód. Civ.)

b) Actos jurídicos

El acto o negocio jurídico es la exteriorización de una o más voluntades razonables, libres y


consentidas dirigidas a generar efectos jurídicos.

La propiedad se adquiere por dos clases de actos jurídicos:

El acto jurídico unipersonal, verbigracia el testamento, acto de última voluntad espontáneo,


gratuito, indelegable de contenido principalmente patrimonial y revocable.

El acto jurídico bilateral por el que se constituye una relación jurídica substancial con
obligaciones recíprocas para las partes, por ejemplo la venta (art. 584 del Cód. Civ.).

2.2 El título

El título es el efecto jurídico, el hecho la causa fáctica.

El título es el fundamento del derecho de propiedad. El título afianza, asegura, consolida el


derecho. Para la Escuela Alemana el título no tiene trascendencia, lo que interesa en la
adquisición del dominio es el modo.

Esta tesis no armoniza con el Derecho positivo boliviano, ya que según varias normas del
Código, el título es un imperativo jurídico e irremplazable en la adquisición de la
propiedad.

En los supuestos previstos por los arts. 100, 128 al 133.140 al 148, y 1007 del Cód. Civ., el
título es la ley.

En la usucapión el título es la sentencia declarativa pasada en autoridad de cosa juzgada,


dictada por el juez competente que declara probada la demanda.
En la sucesión testada el título es el testamento o el legado, y en el contrato el instrumento
u otro elemento material que demuestre la relación jurídica que une a las partes
contratantes.

2.3 El modo

Es la forma jurídica mediante la cual se realiza el título, es el complemento del título,


corresponde a la forma prevista por la ley para legitimar a una persona, como propietario o
aceptar su derecho sobre un bien determinado mueble o inmueble.

Como anotamos anteriormente, los modos de adquirir en el Cód. Civ. Boliviano, se hallan
enunciados en el art. 110.
Es regla rígida e inconmovible que la propiedad "se adquiere SOLO POR UN MODO,
nunca por dos o más".

2.3.1 Modos Originarios y modos derivativos.

El modo reconoce dos especies: La adquisición originaria y la adquisición derivativa.

Sin embargo, existen autores como los hermanos Mazeaud que reconocen otros dos tipos:
"los modos voluntarios e involuntarios", en la primera la propiedad se trasmite por la
voluntad del propietario como sucede en el contrato (la transmisión se realiza por acuerdo
de partes) o el testamento en el cual la adquisición de la propiedad es el resultado de la
voluntad del testador; en la segunda la transmisión está fuera del alcance de la voluntad del
propietario, se realiza al margen de esa voluntad como ocurre con la sucesión intestada;
donde el heredero es propietario de pleno derecho, de los bienes de la sucesión, con
exclusión de la voluntad del de cujus; igual acontece con el legado, la posesión y la
accesión.

Por otra parte, para el mexicano Ernesto Gutiérrez y González (El Patrimonio. Ed. Porrua,
México. 1995. pág. 523), hay dos formas adquisitivas, las originarias y las comunes (?).
Refiriéndose a estas últimas dice: "No se trata que devienen siempre y directamente de la
ocupación como pudiera pensarse, de ahí que estimo mejor llamarlas comunes, pues son las
que de manera usual o común, se utilizan para la trasmisión de la propiedad".

El anterior criterio es deficiente, no explica la naturaleza o índole de uno de los modos


adquisitivos del dominio; sólo se concentra alrededor de la frecuencia y reiteración de su
uso en el mundo de las relaciones jurídicas atinentes a la incorporación de bienes al
patrimonio de las personas. Desde ese punto de vista, sería aceptable hablar al igual que de
formas ordinarias o repetitivas (derivativas), de formas extraordinarias o raras (originarias),
lo que no es admisible por estar distanciada ésta distribución del rigor científico que debe
caracterizar a un sistema organizativo de connotación jurídica tan trascendental como el
presente.
Las dos anteriores clasificaciones no son muy difundidas, menos aceptadas por la doctrina.
Nosotros sostenemos la conveniencia de reconocer con prescindencia de otras, como
especies de adquisición del dominio, la originaria y a la derivativa. Y fieles a esta pauta,
desarrollaremos el presente trabajo.

La adquisición originaria (para Santos Cifuentes sería mejor "original o primaria") se


presenta sobre objetos sin dominio anterior, o que habiéndolo tenido no existe transferencia
voluntaria del primitivo dueño.

En el modo originario no puede descubrirse una sucesión jurídica, o sea una derivación del
dominio adquirido, porque no existe una voluntad anterior o precedente que lo transfiera.

En esta clase de adquisición la propiedad SURGE COMO DERECHO NUEVO, para el


beneficiario, independiente de cualquier relación con un titular anterior. Ducci Claro
expresa: "Si el derecho no existía, su titular HA REALIZADO UN ACTO CREADOR
DEL DERECHO EN SU FAVOR".

Como observa, Von Thur: "El derecho es atribuido al sujeto de modo autónomo e
independiente de toda relación o situación jurídica"

Dos características son comunes en la adquisición originaria:

1) El adquirente no está arreatado a los vicios o condiciones anteriores relacionados con el


bien adquirido, está libre de tal sometimiento, inclusive no le afectan las modalidades, y
excepciones, ni los plazos, que existían frente a un titular anterior.

2) La adquisición originaria es menos común que la derivativa; ésta última


cuantitativamente es significativa, porque da lugar a la formación de la mayoría de los
derechos reales.

En la adquisición derivativa, el dominio que pertenecía al titular anterior se transmite al


adquirente, quien posteriormente puede trasmitir su derecho a un tercero. El art. 437 del
Cód. Civ. Santa Cruz vigente desde el 2 de abril de 1831 (Decreto de 22 de marzo de
1831)34, inspirado en el art.
711 del Cód. Civ. francés, prescribía: "La propiedad de los bienes se ADQUIERE Y
TRASMITE por sucesión entre vivos o testamentaria o por efecto de las obligaciones

Claro Solar opina: "En los modos derivativos SE ADQUIEREN LAS COSAS YA
APROPIADAS, y suponen que UNA PERSONA DEJA DE SER PROPIETARIA, al
mismo tiempo QUE OTRA PASA A SERLO, esto implica enajenación o transmisión".

El término derivativo ha sido observado por Van Bemmelen por inexacto.

Este autor dice "La propiedad que nace ni procede, NI DERIVA DE LA QUE SE
EXTINGUE. No hace que más sucederle de manera tal que la extinción y el nacimiento se
presuponen, tienen una relación de dependencia. La nueva propiedad NO SE DERIVA DE
LA ANTIGUA, SINO DE LOS OTROS HECHOS JURIDICOS QUE PRODUCE EL
FENOMENO JURIDICO DE LA TRANSMISION DE LA PROPIEDAD.
A la frase adquisición originaria, seria conveniente no oponer la adquisición derivativa,
sino LA ADQUISICION SUCESIVA. Sin embargo la distinción, enumeración y división
de los modos de adquirir la propiedad no tiene importancia teórica".

La diferencia entre ambos modos, como hemos señalado anteriormente, tiene interés
práctico porque, en el originario la adquisición está exenta de toda carga; mientras que en el
derivativo el que adquiere está arreatado a las cargas que afectan la cosa; la clase y
extensión del derecho adquirido es, NI MAS, NI MENOS QUE LA CLASE Y
EXTENSION DEL DERECHO DEL ANTERIOR PROPIETARIO".

Este principio es importante; fue desarrollado por Ulpiano (año 170 - 228). Está
incorporado al Cód. Civ. argentino, pero no es inmutable, ni ilimitado, se halla restringido
por la teoría del derecho aparente.

Si la apariencia es razonable, y los terceros no se hallan afectados, y están en la


imposibilidad de conocer la situación jurídica que se trate, debe considerársela como un
comportamiento compatible con la realidad y creador de efectos normales respecto de los
actos jurídicos realizados por el titular aparente. Con relación a la adquisición de la
propiedad, el ejemplo se manifiesta en un acto jurídico simulado, pero lícito, en el que la
extensión del derecho transmitido, no corresponde a la extensión del derecho adquirido.

La adquisición derivativa ES MAS DIFUNDIDA, porque está dominada por el principio de


"la libre circulación de la riqueza inmobiliaria".

CAPITULO TERCERO
OCUPACION Y ACCESION (ADQUISICION ORIGINARIA)

El origen de una propiedad, acaba en aquel punto en que se encuentra la ley que la sancionó

Daunou

3.1 La ocupación

(Subsección I, Sección II, Capítulo III, Título III, Libro Segundo del Código Civil
Boliviano)

Grocio, citado por Aspiazu sitúa frente a los modos "derivados" o secundarios, los
originarios o primarios, entre éstos últimos, con carácter prioritario la ocupación. Aspiazu
afirma "no hay propiedad privada que no hubiese comenzado por el derecho de ocupación,
institución de Derecho Natural más antigua que el hombre" Kelsen opina que "la propiedad
es el prototipo del derecho subjetivo, por vía de apropiación original".

El Derecho Romano no desconocía la occupatio. Clasificaba los bienes que podían ser
ocupados, en:
a) Animales salvajes, y productos de la caza y la pesca.
b) El botín tomado del enemigo, y los prisioneros capturados en la guerra, o en tiempos de
paz, en los países que no habían firmado tratados con Roma (res hostile).
c) Las perlas y los corales, hallados en el mar, las islas de reciente formación, y las piedras
preciosas.

d) Los tesoros (dineros o piedras preciosas, cuyos anteriores dueños fueron ignorados).

Esos bienes genéricamente se denominaban res nullius (cosas sin dueño), pero también
podían ser ocupados las res derelictae (cosas abandonadas por el propietario).

Según opina Ortiz Mattos la ocupación está enraizada con "la toma de posesión de algo"
esto es, "el apoderamiento de una cosa mueble o inmueble".

Para Velázquez Jaramillo, la ocupación es, "un medio de adquirir las cosas que a nadie
pertenece, por aprehensión material con el ánimo de apropiación, y siempre que la ley
permita".

El Cód. Civ. boliviano, no define el instituto, ni siquiera da un noción, omisión que plantea
la disyuntiva de la conveniencia o inconveniencia de las definiciones, en los cuerpos legales
sistematizados.

Dalmacio Vélez Sarsfield, inspirado en el axioma romano "omnia definitio in jure


periculosa", dice:

"Las definiciones son impropias de las leyes, pertenecen a los dominios del gramático, del
literato, del profesor. La ley nada tiene en común con un tratado de derecho".

Por nuestra parte, sostenemos que a un Código le corresponde proponer soluciones


prácticas para problemas concretos; desde esa perspectiva debe ser esencialmente
normativo, "no sabio", y sólo pueden admitirse las definiciones -y aquí está "la clave de la
condescendencia"-cuando se trate de leyes con un CONTENIDO INELUCTABLE DE
EFICACIA NORMATIVA.

3.2 Clases de Ocupación

3.2.1 De cosas animadas

a) Caza y pesca (art. 141 del Cód. Civ. Bol)


De acuerdo a dicha norma: "los animales susceptibles de caza y pesca se adquieren por
quien los cobre o capture, salvas las prohibiciones establecidas por las leyes y los
reglamentos".

La cinegética, "primera ocupación, primer oficio y trabajo del bombre", se halla regulada
preponderantemente por el Derecho Administrativo y el Derecho Agrario. El art. 141, con
acierto, traslada a las leyes y reglamentos correspondientes, las prohibiciones atinentes a las
actividades venatoria y pesquera, donde existen normas cuya finalidad es la preservación y
conservación de los recursos naturales renovables, la defensa del equilibrio ecológico y
además la protección de los animales bravíos del sufrimiento o dolor que puede causarle el
hombre.

La Ley de Vida Silvestre, Parques Nacionales, Caza y Pesca de 14 de marzo de 1995 (D.L.
Nº 12301), dictada para "preservar el mundo vivo" y los recursos naturales" como factores
primordiales de la civilización humana", contempla las siguientes formas de caza y pesca:

a) Caza doméstica o de subsistencia


b) Caza deportiva
c) Caza comercial
d) Caza científica

a) Pesca de subsistencia
b) Pesca comercial o industrial que permita fines lucrativos.
c) Pesca deportiva realizada con fines de práctica (?) o esparcimiento, y
d) Pesca científica o experimental realizada con fines de investigación, experimentación,
evaluación y estudio de la fauna ictícola y acuícola.

La adquisición de la propiedad del animal objeto de la caza, implica el ejercicio del ius
venandi como derecho personal (extensivo también al derecho de pesca),sujeto a las
limitaciones que le señale el Poder Público quien debe armonizar la necesidad imperiosa de
la conservación de la fauna con el respeto a la propiedad privada. El cazador o pescador
están obligados a respetar las vedas o prohibiciones transitorias o permanentes, implantadas
para proteger las especies animales en trance de extinción. En este sentido, la adquisición
de la propiedad en el ejercicio de la montería o la pesca es muchas veces temporal, limitada
o restringida.

Además es condicional, al no estar permitido el uso de armas que carezcan de suficiente


potencia para matar al animal, o la caza desde vehículos de motor movidos por otras formas
de tracción sean terrestres, acuáticos o aéreos, o el incendio de la vegetación, o el empleo
de venenos, explosivos, señuelos o de cualquier medio que cause la muerte de los animales
en mayor cantidad a la autorizada, o cuando estén en nidos o cuevas con sus huevos o crías,
o la pesca mediante el enriado de plantas textiles, o el uso de dinamita, armas de fuego,
barbasco, ochoó, cal y toda sustancia nociva y tóxica (arts. 132, 133 del D. L. Nº 12301 de
14 de marzo de 1975, y art. 85 incs. a),b),c),d) y e) del D. 5. Nº 22581 de 14 de agosto de
1990).
b) Enjambre de abejas (art. 142 del Cód. Civ. Bol).

Comprende las sociedades de animales formadas por las abejas, insectos himenópteros,
fabricantes de miel y cera. Los lugares donde posan se denominan colmenas; pueden ser
naturales o artificiales.

Se trata de unidades gregarias con un valor económico óptimo, por su actividad específica.

Justiniano calificó a las abejas como "animales silvestres, por su naturaleza", las Partidas
como "cosas salvajes".

El art. 142 del Cód. Civ. permite al dueño de las abejas a perseguirlas y recuperarlas en la
propiedad vecina, correspondiéndole resarcir el daño. Si la persecución no se realiza hasta
los tres días, los enjambres pueden ser tomados, retenidos y consecuentemente ocupados
por el propietario del fundo al que pasaron.

Para nuestro Código las abejas de los enjambres son animales domesticados y en trance de
abandono, el dueño puede ir en su persecución; con el mero seguimiento el derecho de
propiedad no se altera, la circunstancia que sobreviene es extraña, el corpus posesorio se
revela, no en el acercamiento físico que resulta muy difícil, sino en una situación especial
"extremadamente espiritualizada".

El acoso debe ser actual, permanente, desde el momento en que el enjambre sale de la
colmena, sin interrupción, hasta el apoderamiento de las abejas fugitivas.

Claro Solar comenta: "De otro modo el propietario de la colmena de donde se escapó el
enjambre estaría en el mismo caso de cualquier otra persona que deseará apropiarse de las
abejas fugitivas, como si no fuera el dueño de la colmena. Por eso en algunos países se
acostumbra perseguir los enjambres con gran ruido para demostrar que no se ha
abandonado la persecución". Cita a los Pandectes Francaises de Francia, y añade; "en
España debe existir esa costumbre, porque recordamos haberla visto practicar en Chile"
La escapatoria de las abejas plantea cuatro supuestos:

1) El dueño no intenta su captura.


2) El dueño comienza la persecución, pero después desiste.

En esas dos hipótesis las abejas se convierten en res nullius.

Cosas nullius, son las que en el momento actual no pertenecen a nadie, NO ESTAN
APROPIADAS, PERO SON APROPIABLES, posiblemente mañana.

El propietario del inmueble donde llegan a posar las abejas adquiere el derecho de
propiedad por ocupación. De este modo pueden aprovecharse también los arrendatarios,
usufructuarios y los poseedores de buena fe.

Al mismo tiempo se produce la caducidad del derecho de propiedad del primitivo dueño.
3) El titular del fundo donde se asentaron las abejas, se resiste a autorizar el ingreso del
propietario del enjambre acosado.

En esa circunstancia, éste último debe recurrir a la autoridad judicial competente amparado
en el art. 112 del Cód. Civ. que textualmente dispone: "El propietario debe PERMITIR EL
ACCESO Y TRANSITO" por su fundo al vecino que necesite hacer reparar o construir un
muro, o realizar otra obra propia común, e igualmente a QUIEN QUIERE RECOBRAR
UNA COSA SUYA QUE ENCUENTRE allí ACCIDENTALMENTE, salvo que se le
entregue la cosa reclamada".

4) El propietario del fundo vecino devuelve voluntariamente el enjambre de abejas.

c) Migración de palomas, conejos o peces (art. 143 del Cód. Civ. BoL).
Accesión a término. Accesión instantánea

Esta norma determina; "Las palomas, conejos o peces que pasen a otro palomar, conejar o
estanque, se adquieren por el propietario de éstos, si no fueron traídos con fraude o
artificio". Los comentaristas del Cód. Napoleón encaran esta adquisición como un caso de
"accesión a término", porque se necesita un tiempo para justificar el hecho de haberse
aquerenciado los animales con el nuevo dueño. El Código Civil francés prevé "el supuesto
de la accesión instantánea", que tiene lugar cuando los animales no necesitan sino pasar del
parque o palomar de una persona al de otra para ser enteramente adquiridos, "porque se los
considera como accesorios del inmueble".

El art. 143 se refiere a animales domésticos que al abandonar definitivamente a su dueño,


recobran su libertad, y se convierten en res nullius y pasan al dominio del propietario del
palomar, conejar o estanque donde hubiesen emigrado.

Pero si existió "fraude o artificio", el primitivo dueño puede reivindicarlos, porque LOS
ANIMALES NO SE HAN INDEPENDIZADO POR SI SOLOS; correspondiéndole probar
las "malas artes" empleadas por el usurpador. La conducta dolosa no se presume, se
demuestra.

3.2.2 De cosas inanimadas

a) Muebles de nadie

El art. 140 del Cód. Civ. Bol. señala; "La propiedad de las cosas que no pertenecen a nadie,
se adquiere por ocupación".

La expresión "no pertenecen a nadie", significa que la cosa nunca estuvo bajo el dominio
del hombre.
b) Cosas encontradas (art. 144 del Cód. Civ. BoL)

El art. 144 del Cód. Civ. Bol. prescribe:

I "Quien encuentre una COSA MUEBLE, debe restituirla a su dueño y si no lo conoce,


debe entregarla a la autoridad municipal del lugar, la cual comunicará el hallazgo mediante
anuncio público. Si pasados tres meses, nadie reclamó la cosa se venderá en pública
subasta, pudiendo anticiparse la venta, si la cosa fuere corruptible, o de conservación
costosa".

II "El propietario que antes de los tres meses señalados recupere la cosa, debe pagar el
quinto de su valor a título de premio a quien la entregó. Vencido el plazo, EL DUEÑO
PIERDE SU DERECHO, y el precio de la subasta se adjudica a la municipalidad del lugar,
deduciéndose previamente el premio que en este caso se amplia a la cuarta parte

Se trata de cosas que se desprenden del patrimonio de una persona por olvido o extravío, y
son encontradas por otra.

La norma obliga al autor del hallazgo, a:

1) La restitución de la cosa encontrada a su legítimo propietario, o


2) En caso de que no lo conozca, a entregar a la autoridad municipal del lugar.

A su vez dicha autoridad debe comunicar el hallazgo mediante anuncio público (radio,
prensa escrita, televisión, etc.).

El propietario tiene el término de tres meses para reclamar la devolución de la cosa, si deja
pasar ese lapso caduca su derecho, y se procede a la venta pública, que puede anticiparse
cuando el mantenimiento es impracticable por tratarse de sustancias corruptibles o de
conservación dispendiosa.

En puridad la cosa pasa a la categoría de bien mostrenco.

La subasta debe sujetarse a las formalidades señaladas por los arts. 704 y 705 del Cód.
Pdto. Civ.

Al propietario que recupere la cosa antes de los tres meses le corresponde pagar el quinto
de su valor, "a título de premio", al autor del hallazgo.

La recompensa es obligación del dueño de la cosa encontrada, y a la vez derecho del autor
del hallazgo, reconocido en la mayoría de las legislaciones. Para Kipp y Wolf, es una
remuneración "por la molestia y un premio a la honradez", añadimos, además un acicate
para conductas futuras, porque en muchos casos resulta más fácil, quedarse impunemente
con el producto del hallazgo, que devolverlo. El monto de la recompensa no tiene que ser
ajeno a la desvalorización monetaria que podría operarse entre el ínterin del hallazgo y la
recuperación, por tratarse de "una deuda de valor".
Volviendo a la subasta, cuando se ha sujetado a las prescripciones de ley, ella es
irrevocable, la venta pública participa del mismo efecto de una sentencia pasada en
autoridad de cosa juzgada.

El dueño de la cosa encontrada, no puede hacer valer sus excepciones sobre el retardo, por
más fundadas que sean. La demora se reputa como abandono, hay caducidad del derecho
por el transcurso de los tres meses. Finalmente creemos que no existe impedimento para
que participe en el remate el hallador como único o mejor postor.

c) Cosas perdidas o abandonadas en ferrocarriles y otros (art. 145 del Cód.


Civ. Bol).

Dicha norma prescribe: "Los derechos sobre las cosas perdidas o abandonadas en los
vehículos de transporte en general, aduanas, correos y las arrojadas desde naves o
aeronaves se rigen por las disposiciones que les conciernen".

La pérdida puede obedecer a un descuido, falta de atención, olvido o negligencia.

El abandono o derelictio muchas veces es intencional, supuesto en el que no sólo debe


considerarse la ignorancia de quien es el dueño, sino también la naturaleza de la cosa
abandonada.

Verbigracia, un periódico del día, dejado por una persona en determinado lugar; pero si se
trata de la edición del lº de enero de año 1905 la situación es diferente.

En la primera, la ocupación no ofrece dificultades, sí en la segunda, porque el valor de la


cosa es apreciable (puede formar parte de una colección) y corresponde presumir que el
abandono no fue voluntario.

La regulación de las pérdidas o abandonos de cosas muebles en medios de transportes, y


determinadas oficinas públicas se remite a las siguientes disposiciones legales de carácter
especial:

Ley General de Ferrocarriles de 3 de octubre de 1910.

Art. 60.- "Los objetos olvidados en los coches, en las estaciones o en la vía, o aquéllos
cuyos dueños, consignatarios o remitentes ignore, se mantendrán en depósito por la
Empresa anotándose en registro especial el día y hora en que fueren hallados y sus señas
principales; y poniéndose el depósito en conocimiento de la línea, si nadie se presentare a
reclamarlos, DENTRO DE SEIS MESES, desde la fijación de los avisos, se remitirán los
objetos a la respectiva municipalidad, PARA SU PUBLICA SUBASTA, previo anuncio en
la prensa CON TREINTA DIAS DE ANTICIPACION. El producto de la venta SE
DESTINARA A LOS ESTABLECIMIENTOS DE EDUCACION, previa deducción de los
gastos que hubiese hecho la Empresa".

Código de Tránsito de 16 de febrero de 1973 (D.D. Nº 10135).


Art. 82.- "Las empresas de transporte y propietarios de vehículos, son responsables de la
conducción de la carga según la calidad y condiciones declaradas, debiendo entregarla en el
tiempo y lugar convenidos".

"En caso de extravío, pérdida o deterioro total o parcial, quedan obligados al pago de su
valor y el resarcimiento de los daños y perjuicios ocasionados".

Art. 83.- "El conductor será igualmente responsable ante la empresa o propietario del
vehículo, por el extravío, pérdida o deterioro de la carga".

Reglamento de la Ley de Navegación Fluvial y Lacustre de lº de diciembre de 1911


(Decreto Reglamentario de 30 de enero de 1912).

Art. 72 concordante con el art. 66. del mismo Decreto Reglamentario.

"En caso de siniestro (naufragio) cuando se ignorase o no estuviesen presentes los dueños
de los objetos salvados, se pondrán a disposición de la primera autoridad del primer puerto
de escala y previo inventario. Se otorgará al salvador UNA TERCERA PARTE de dichos
objetos. El que omitiere estas formalidades perderá su derecho, sin ser acreedor a cobrar ni
los gastos de remolque y transbordo".

Ley Orgánica de Administración Aduanera de lº de abril de 1929.

Art. 287.- "Se considera abandonada una mercadería cuando su legítimo dueño o
consignatario hace renuncia expresa o de hecho".

Art. 288.- "El abandono de una mercadería es "expreso" cuando el interesado hace renuncia
por escrito dirigido al Jefe de la Aduana local".

Decreto Reglamentario de Correos de 10 de julio de 1908 (artos. 142, 143, 144,


(correspondencia rezagada o "muerta") 185, 186, (cartas que contienen títulos de valor
comercial o cargas con alhajas, monedas y objetos preciosos), y 205 conc. con el art. 3o de
D. de 3 de marzo de 1916 y 253).

Código Aeronáutico aprobado por D.S. Nº 11185 de 16 de noviembre de 1973.

Arts. 183 inc. d) 187 y 193.- Este último artículo se refiere a la situación prevista por el art.
145 del Cód. Civ., última parte originada por "Las cosas arrojadas desde aeronaves", hecho
tipificado como "echazón", por el que se conjura "un peligro inminente de desastre aéreo o
se atenúa sus consecuencias".

d) Tesoros (art. 146 del Cód. Civ. Bol)

El art. 146 Par. 1 del Cód. Civ. dispone "Pertenecen a quien las descubre conforme a las
reglas siguientes, LAS COSAS MUEBLES VALIOSAS ENTERRADAS U OCULTAS
sobre las cuales nadie puede acreditar su propiedad".
"1) Quien descubre un tesoro en un bien que le pertenece lo hace suyo por entero.

2) Si un tesoro se descubre en un bien ajeno poseído o detentado legalmente, pertenece por


partes iguales a quien lo halló y al propietario del bien.

3) El tesoro pertenece enteramente al propietario si se lo descubre en un bien poseído o


detentado indebidamente".

"II. El descubrimiento de objetos históricos arqueológicos o artísticos se rige por las


disposiciones legales que les conciernen".

"El que adquiere una cosa inanimada adquiere su dominio apoderándose de ella, por
ocupación, así se produce el hallazgo o invención" (Pothier).

Muchos códigos definen lo que es el tesoro; el nuestro también aunque no es muy explícito
al señalar que los tesoros son las cosas muebles VALIOSAS que hallan enterradas y
ocultas, y sobre las cuales nadie puede acreditar propiedad.

Interpretando la ley boliviana señalamos tres elementos que configuran el tesoro:

1) Cosas muebles de valor


2) Enterramiento u ocultación que debe remontarse a tiempo desconocido, y
3) La pérdida de todo recuerdo del propietario de la cosa (cujus non extat memoria)

El que entierra un tesoro sin dar señas o dejar vestigios, en cierto modo renuncia su derecho
en favor del que lo suceda descubriendo el lugar donde está ubicado.

Con relación al tesoro se plantean tres hipótesis:

1) El tesoro descubre el propietario del bien donde se encuentra oculto o enterrado.

En ese caso le pertenece en su integridad. Machado justifica esta solución asegurando que
se ha creado "una especie de accesión en beneficio del fundo"; nadie puede invocar derecho
sobre el tesoro descubierto. El emperador Adriano decía "Si alguien encuentra un tesoro en
su propio predio le pertenece en su totalidad de acuerdo a la equidad natural".

Se plantea una situación dudosa cuando el tesoro se ha encontrado no en un inmueble, sino


en el interior de un mueble.

Existen corrientes doctrinales y textos legislativos que abogan por la aplicación de los
principios y disposiciones concernientes a las cosas perdidas. Sin embargo algunos autores
franceses afirman que no se trata de res redelictase, sino de tesoros, hallados en el interior
de un mueble. Lo importante es que las cosas hayan estado largo tiempo escondidas. La
antigüedad antes que la ubicación es la característica esencial del tesoro.

Ortiz Mattos hace una aclaración fundamental cuando dice: "la norma alude a UN BIEN,
NO A UN FUNDO. El tesoro puede estar escondido en un mueble".

2) El tesoro es descubierto en un bien ajeno poseído o detentado legalmente.

En esta eventualidad se distribuye el tesoro de la siguiente manera: corresponde un 50% al


descubridor y el 50% restante al propietario del bien. Ambos intereses, merecen protección
legal; al primero le pertenece el tesoro jure inventione, al segundo jure domino. Es una
solución justa. El emperador Adriano (año 117 138 D.C.) apoyado en "la equidad natural"
decía: "At si quis in alieno loco, non data ad hoc opera ser fortuiti invenerit, dimidium
inventoris, dimidium domino soli concessit".

3) El tesoro es descubierto en un bien poseido o detentado ilegalmente.

La ilegalidad no puede generar un modo de adquisición de la propiedad mueble.

¿Y si el hallador es usufructuario?. El art. 228 del Cód. Civ., prescribe: "El derecho al
usufructuario no se extiende al tesoro descubierto en el bien sujeto a usufructo, salvo la
participación que le puede corresponder por encontrarlo". Esta última parte se refiere a la
hipótesis prevista por el art. 146 numeral 2 del Cód. Civil.

En el ámbito familiar el tesoro es bien común por modo directo, "aunque lo sea en bienes
propios de cualquiera de los esposos"(art. 114 inc. 40 Cód. Fam,). Morales Guillén observa:
"la norma deroga la regla del Derecho Común, según la cual el tesoro pertenece al nudo
propietario".

Finalmente el descubrimiento de objetos históricos, arqueológicos o artísticos se rige por


las disposiciones legales que les conciernen.

El art. 191 de la C.P. del E. declara: "La riqueza artística colonial, arqueología, histórica y
documental, así como la procedente del culto religioso pertenecen al Tesoro Cultural de la
Nación". Asimismo instituye el Registro Nacional de la riqueza artística, histórica, religiosa
y documental existente en el territorio de la República.

El D.S. Nº 05918 de 6 de noviembre de 1961 reconoce como Tesoro Cultural de la Nación:


"Todo monumento, museo, obra o PIEZA que tenga valor artístico, histórico o
arqueológico" (art. lº). Pueden ser expropiados por razón de utilidad pública, previa
indemnización justa, no siendo objeto de secuestro o embargo (arts. 7º y 8º).

3.3 La accesión.

En sentido general es el acrecentamiento de una cosa mueble o inmueble debido a la


incorporación de otra. La primera es la cosa principal, la segunda la accesoria.

Siguiendo a Escriche "el dueño de lo principal, adquiere lo accesorio".

La cosa accesoria "penetra en la cosa principal", viene a encuadrarse, a incorporarse. Para


que exista accesión la significación jurídica más connotada, es que debe jugar el papel de
modo de adquisición de la propiedad.

3.3.1 Accesión moral

También puede acontecer otra contingencia en la que hay accesión, pero no como modo de
adquirir el dominio, sino que se trata de muebles destinados de modo permanente para el
uso, comodidad o adorno de un bien inmueble; ANTES QUE UNIDAD MATERIAL,
EXISTE UNIDAD IDEAL, en la que prevalece una relación dependiente, estable y
constante entre la cosa accesoria y la principal; lo accesorio está estrecha e íntimamente
coligado a lo principal, separar las cosas sería perjudicial, impracticable, porque trastrocaría
las condiciones de explotación, la calidad del uso, comodidad o belleza de la cosa principal,
aunque no sufra menoscabo la cosa accesoria.

Spota reconoce en ese tipo de accesión "una conexión" económico-social entre el fundo y la
cosa mueble "que coadyuve o permita su explotación o que lo complemente o que le sirva
para su conservación u ornato".

La accesión comentada es conocida con la denominación de "accesión moral"; está prevista


por el art. 82 del Cód. Civ. Bol., con el apelativo de "pertenencias" (La pertinenze,
corresponde al art. 817 del Cód. Civ. Italiano de 1942). Dicho artículo en su parte I
determina.

"Constituyen PERTENENCIAS LOS BIENES MUEBLES que sin perder su individualidad


están PERMANENTEMENTE AFECTADOS A UN FIN ECONOMICO U
ORNAMENTAL con respecto a OTRO BIEN MUEBLE O INMUEBLE."

3.3.2 Accesión discreta

Por otra parte la cosa accesoria, "sale" de la cosa principal, de la que hasta entonces era
integrante, no nos encontramos frente a una accesión propiamente dicha, sino ante una
separación, situación en la que corresponde aplicar el principio de "accesorium cedit
principali" 68, es lo que ocurre con los frutos. Este clase de accesión es conocida también
como "accesión discreta" o accesión de frutos.

3.3.3 ¿Accesión jurídica?

Tredinick al estudiar las adquisiciones del estado de territorios adicionales destinados al


ensanchamiento de su ámbito especial primigenio, remontándose al derecho romano, halla
una clasificación "en el marco del Derecho Privado, que se refiere a los modos originarios o
derivados".

Entre los originarios reconoce las siguientes "variables": La accesión: "que resulta de la
naturaleza y puede manifestarse por aluvión o por avulsión". La accesión jurídica que
"proviene de tratados, convenios, acuerdos o convenciones internacionales, como el
privilegio de los países costeros de ampliar de tres millas tradicionales a 12 sus aguas
territoriales y como si fuera poco ampliar hasta las 200 millas marítimas el mar territorial
disfrazado de "zona económica exclusiva" de acuerdo a la Convención de Jamaica sobre el
Derecho del Mar de 1982, que son verdaderas anexiones territoriales".

Consideramos que al emanar toda forma de accesión de la Ley no se puede crear un subtipo
con la denominación de accesión jurídica. Todo convenio, tratado o convención
internacionales deviene de un acto jurídico bilateral o plurilateral en el que participan altas
partes contratantes quienes pueden llegar a un acuerdo de mutuas o unilaterales
adquisiciones, concesiones o privilegios territoriales que se ajusta al modo derivativo de
adquisición "por efecto del contrato" y no por otro.

En suma, hay:

La accesión como modo de adquirir la propiedad de una cosa mueble o inmueble por su
adherencia natural o artificial a otra;

La accesión "moral"; en que forman parte de la propiedad los accesorios de la cosa


principal, que permanentemente afectan a un fin económico o de ornato y están
comprendidos en el título de dominio y

La accesión discreta que se presenta en el evento de hacer suyos o tomar los frutos el dueño
de la cosa que los genera, comprendidos en el dominio de la cosa principal por su destino
natural.

Con relación a la accesión como medio adquisitivo del dominio reconocemos la siguiente
clasificación:

3.3.4 La accesión artificial o industrial

Se produce con intervención de la mano del hombre.

3.3.5 La accesión natural

Tiene lugar espontáneamente por obra de la naturaleza.

Corresponde a la primera:

1) La accesión de mueble a mueble


2) La accesión de mueble a inmueble (accesión en sentido vertical) y
A la segunda,

3) La accesión de inmueble a inmueble (accesión en sentido horizontal)


3.3.6 Accesión de mueble a mueble

a) Unión y mezcla (art. 147 de Cód. Civ. Bol.)

P. Bammelem considera que hay "inexactitud en distinguir la accesión mobiliaria", como


forma de adquirir la propiedad, porque, "ninguna cosa nueva se produce en ese tipo de
accesión. El propietario de la cosa principal no adquiere ninguna propiedad nueva. Se
extingue una, sin que nazca otra". Sin embargo dicho autor se olvida que en la adquisición
de mueble a mueble la cosa accesoria, se incorpora en la cosa principal, la cual llega a
desempeñar una función primordial preferente y exclusiva en provecho del dueño
adquirente. Además corresponde advertir que en la accesión mobiliaria no se persigue
"agrandar" la propiedad; lo que se pretende es adquirir la propiedad.

La unión y la mezcla preocupaba a los jurisconsultos romanos; códigos como el francés le


brindan trece artículos (565 al 577) y el argentino siete (2594 al 2600); en puridad son
normas desprovistas de sentido práctico, relegadas a segundo plano una vez que en materia
de muebles la posesión vale por título. El poseedor de las cosas muebles está protegido por
esta máxima reconocida como ley.

Profundizar sobre este tipo de accesión carece de utilidad, sin embargo no faltan juristas
que desarrollan complacidos, hipótesis escabrosas y audaces, alrededor de un tema tan futil.

La reticencia a conceder excesiva importancia a estas formas de accesión, no obedece tanto


a aquello de "res mobilis, res vilis", sino que fuera de lo expuesto, los muebles son
cómodamente transportables, fáciles de ocultar, y existe la posibilidad de renunciar "ese
poder de hecho", como es la posesión (art. 87 Cód. Civ.) en provecho de otro mediante la
entrega manual, o transferirlos validamente, "en base a negocios desprovistos de
solemnidades y exentos de publicidad", con excepción "de los muebles sujetos a registro"
(arts. 104 Cód. Civ. y 502 Cód. Pdto. Civ.), que por su calidad extrínseca no son aptos para
eludir la rigidez de las formalidades; y además, en la mayoría de las situaciones que pueden
presentarse, sobre todo cuando hay buena fe, desaparece la posibilidad de la acción
reivindicatoria; cuyo ámbito se limitaría a las cosas perdidas o robadas, y siempre que no se
hubiese operado la prescripción adquisitiva de dominio (arts. 149 y 151 del Cód. Civ. Bol.).

La unión (llamada adjunción en otras legislaciones) se realiza cuando dos o más cosas
muebles de diferentes dueños, se ensamblan o integran, sin que pierdan su individualidad,
de modo que puedan subsistir cada una por separado, sin sufrir detrimento. Verbigracia el
diamante de una persona se engasta en el oro de otra o un espejo propio en un marco ajeno.
Para Messineo hay unión cuando "dos o más cosas muebles pertenecientes a diversos
propietarios, pueden constituirse en objeto de unión de cosas SOLIDAS".

Con la mezcla (conmixtio) sucede lo contrario, una o más cosas muebles se juntan, sus
elementos no pueden ser impunemente disociados, SE PRODUCE UNA COSA NUEVA
por la reunión de materias áridas, líquidas o gaseosas pertenecientes a diferentes dueños,
por ejemplo la unión de la arena y el cemento, el colorante y el agua, etc.
El art. 147 del Cód. Civ. prescribe;

I.- "Cuando varias cosas muebles pertenecientes a diversos propietarios, HAN SIDO
UNIDAS O MEZCLADAS para FORMAR UN TODO, cada uno conserva su propiedad Y
PUEDE PEDIR LA SEPARACION si ella es posible; pero si no lo es LA PROPIEDAD
DEL TODO SE HACE COMUN en proporción AL VALOR de las cosas correspondientes
a cada propietario".

II.- "Si una de las COSAS PODRIA CONSIDERARSE COMO LA PRINCIPAL, su dueño
ADQUIERE LA PROPIEDAD DEL TODO, pagando a los propietarios respectivos lo que
valen la cosa o cosas unidas o mezcladas; pero si la unión o mezcla se hizo sin que
consintiera el primero, Y POR OBRA DE QUIEN ES DUEÑO DE LA COSA
ACCESORIA, el propietario de la cosa principal sólo debe pagar la suma menor entre la
mayor valía de la cosa principal y el valor de la accesoria. Se resarcirán los daños si hay
culpa grave".

En cuanto a la unión, de las cosas muebles, no existe mayor dificultad, habida cuenta de
que cada uno de los dueños conserva la propiedad y está facultado a pedir la separación,
pero si no hay esa posibilidad, se produce una circunstancia muy similar al condominio. El
art. 147 parag. 1 señala palmariamente; "la propiedad DEL TODO SE HACE COMUN" si
no es posible la separación. El condominio es conocido en nuestra legislación con la
denominación de copropiedad.

Con relación a la mezcla el dueño de la cosa principal, "adquiere la propiedad", pagando el


valor de la cosa mezclada al propietario correspondiente, pero si la mezcla se hizo sin el
consentimiento del primero y por obra del dueño de la cosa accesoria, le corresponde
cancelar sólo "la suma menor entre la mayor valía de la cosa principal y el valor de la
accesoria".

Esta solución es idéntica a la establecida para la unión.

Sin embargo la aplicación de la norma (art. 147), no es fácil en la práctica por falta de
directrices apropiadas para distinguir con cierta exactitud la cosa principal de la accesoria.

En el Derecho Romano no encontramos la regla adecuada. Existen principios vinculados a


casos aislados, sólo de manera ejemplificativa.

En buena doctrina la cosa principal es la que, no depende de otra, ni está "atada", no


necesita relación alguna que le sirva de complemento, goza de vida propia, es
independiente de las cosas que se le unen o incorporan. El art. 2327 del Cód. argentino
expresa: "Son cosas principales las que pueden existir para sí mismas y por sí mismas".

Por el contrario, la cosa accesoria no tiene existencia autónoma, está subordinada a otra, sin
esta dependencia no se la concibe, no subsiste de por sí, sólo sirve de complemento de la
cosa principal.
Remos definido ambas cosas, pero nos acosa una pregunta neurálgica, vital. ¿Cómo se
distingue la cosa principal de la accesoria?. ¿A que patrón hay que sujetarse para
identificarlas?. ¿Qué pautas deben adoptarse para diferenciar una de otra?.

¿Habrá que ajustarse a las nociones de utilidad, valor económico, o mayor volumen?.

Si nos sometemos a ese planteamiento, la solución es sencilla, entre dos cosas conexas la
principal es la que da mayor utilidad, o la que vale más, o la más voluminosa. Si hay
igualdad, debe primar siempre el concepto de utilidad, subsidiariamente el del valor
económico y como desenlace postrero el de volumen.

Pero como estos elementos no son suficientes; acudimos para despejar la duda al
pensamiento de Scialoja.

Este autor opina:

"Cuando la FUNCION DEL TODO, después de realizada la unión o la mezcla, es idéntica


a la de una de las cosas unidas ESA COSA ES LA PRINCIPAL y la otra SIN FUNCION
DETERMINADA, O QUE HA PASADO A TENER OTRA DIVERSA, ES LO
ACCESORIO" o dicho de otro modo, una vez realizada la unión o la mezcla, LA COSA
DETERMINANTE DE LA FUNCION, del todo, sin posibilidad de manifestarse
funcionalmente dispersa, indefinida o proteica es la principal.

Consiguientemente de acuerdo a la tesis funcional que la consideramos acertada,


caracteriza y tipifica a la cosa principal LA FUNCION que desempeña, no teniendo mayor
trascendencia la utilidad, el valor económico o el volumen. Verbigracia: Un anillo de oro
con una piedra preciosa engarzada; el anillo puede costar menos que la piedra, pero aún así,
es la cosa principal, PORQUE SIEMPRE DESEMPEÑA LA FUNCION DE SORTIJA, la
piedra PUEDE TENER OTRAS FUNCIONES; el anillo siempre cumple una función
capital. Otro ejemplo, un vestido con adornos de gran valor. La cosa principal es siempre el
vestido, los adornos que podrán ser destinados a otras funciones son la cosa accesoria,
aunque sean de valor económico superior.

b) Especificación (art. 148 del Cód. Civ. Bol.)

Del latín speciem facere, es la creación, o producción de UNA COSA NUEVA mediante el
empleo DE COSA AJENA SIN EL CONSENTIMIENTO DEL PROPIETARIO.

No hay unión de trabajo propio con materia ajena, como parecería a simple vista.

EL TRABAJO NO ES COSA MUEBLE, es LA MATERIA.

"El trabajo no se junta o se confunde con la cosa ajena" sólo es un esfuerzo humano físico o
intelectual.

El trabajo modifica LA COSA, le da nueva fisonomía.


Tampoco hay especificación cuando el propietario de la materia entrega al trabajador la
cosa para su transformación.

En esta situación se ha producido una cosa nueva por encargo de quien ejerce el dominio
sobre la materia prima.

La especificación estriba en la transformación de la materia por el especificador, SIN LA


VOLUNTAD DEL LEGITIMO DUEÑO. Y de aquí se desprende la interrogación que ha
dado lugar a fogosas discusiones desde la época del Derecho Romano, a quien pertenece la
specie nova, al trabajador o al dueño de la materia?.

La ciencia del Derecho llegó a su mayor esplendor en Roma, en los siglos II y III.

En esa época los jurisconsultos ensamblaron la teoría pura con la práctica "prosaica"
creando esa maravillosa realidad que es el Derecho Romano, pleno de lenguaje preciso,
razones y deducciones ajustadas al espíritu de las nuevas Instituciones. Nunca había
alcanzado el Derecho esas dimensiones.

En el siglo II es muy conocida la discusión entre los Sabinianos y Proculeyanos sobre la


propiedad de la cosa en la hipótesis de la especificación.

Los primeros, imbuidos por la doctrina estoica daban mayor importancia a la materia, sin
ella la forma no tenía existencia propia e independiente, y por tanto la cosa aún
transformada continuaba perteneciendo a su propietario a quien le acordaban derecho
definitivo de propiedad.

Los segundos, seguidores de la filosofía de los peripatéticos, consideraban que lo esencial


era la forma, afirmaban que la materia estaba extinguida, y había sido reemplazada por una
cosa nueva, sin dueño conocido. La nueva especie pertenecía al obrero, por ser su primer
ocupante.

Justiniano colocándose en una posesión ecléctica determinó: "Et post multas Sabianorum et
Proculianorum ambiuitates, placuit media setentia esistimatiu, et Proculianorum ad
materian ruden reduci en videri dominum esse qui materiae dominus fuerit, si non possit
reduci, eum potius intelligi dominum qui fecerit, ut ecce vas conflatum potest ad rudem
massan acris, vel argenti, vel ausi reduci vinum autem, vel oleum aut frumentum, ad uvas,
vel olivas vel spicas reverti non potest ac ne mulsum quidem ad vinum et mel resolvi
potest. Quodo si partim ex sua materia, partim ex aliena speciem aliquam fecerit quis,
veluti ex vino et alieno melle muilsum miscuerit, aut ex suis et alienis medicamentis
emplastrum, aut collyrium, aut e sua lana etc aliena vestimentiim fecerit; dubitandum non
est, hoc casu, eum esse dominimun qui fecerit; cum solum operant suam dedit, sed et
partem ejusdem materia prastiti".

En definitiva prevaleció una posición intermedia. Si la cosa PODIA VOLVER A SU


ESTADO ANTERIOR, se considera titular al dueño de la materia, si no era posible, el
dueño era el artesano.
El art. 940 del Código Civil italiano de 1942, prescribe "Si alguno ha empleado una materia
que NO LE PERTENECIA para formar una cosa nueva, PUEDA O NO la materia volver a
tomar su primera forma adquiere su propiedad PAGANDO AL PROPIETARIO EL
PRECIO DE LA MATERIA, salvo que el valor de la materia sobrepasare notablemente el
valor de la mano de obra. En este último caso la cosa corresponde al propietario de la
materia, el cual debe pagar el precio de la mano de obra".

¿Y qué dice el Código Civil boliviano?; aún cuando el art. 148 lleva el rótulo de
especificación, el texto se aparta totalmente del concepto cabal de esta forma de accesión
mobiliaria.

En efecto, dicho art. 148 textualmente establece.

"Quien con materia ajena y PAGANDO SU PRECIO, hace una cosa nueva adquiere la
propiedad de ésta", y añade: "pero si la materia excede en precio al trabajo, el dueño de
aquélla puede hacer suya la cosa nueva pagando la mano de obra".

De acuerdo a esta norma el autor de la cosa nueva, jamás puede ser considerado como
específicante, ya que se trata de un legítimo propietario que ha adquirido la materia con sus
propios dineros, y como tal puede darle la forma que crea conveniente.

En la especificación la materia es ajena, no propia y el especificante transforma la misma,


SIN AUTORIZACION DEL DUEÑO.

En el supuesto planteado por el art. 148, existe adquisición por efecto de un contrato; el de
venta, no puede afirmarse que al mismo tiempo se ha adquirido también por especificación,
porque como hemos anotado en la página 43, no pueden converger dos modos de adquirir
una cosa, si se ha generado uno, no se produce el otro. Ambas situaciones son excluyentes e
incompatibles.

De la Quintana abogado boliviano emite una opinión irreprochable cuando afirma; "Hay un
concepto erróneo de la especificación en el Código Civil Boliviano".

Tenemos la seguridad de que ha existido un error en la transcripción del texto redactado por
los codificadores, o la modificación de su contenido por un "colegislador oficioso", ¿quién
fue el autor? ignoramos.

El art. 149 del Anteproyecto del Cód. Civ. (corresponde al art. 148 del Cód. Civ. vigente)
redactado por destacados jurisconsultos y especialistas en materia civil, los Dres. Hugo
Sandoval Saavedra y Pastor Ortiz Mattos indicaba: "EL QUE CON MATERIA AJENA,
HACE COSA NUEVA, adquiere la propiedad de ésta, pagando el precio de la materia,
pero si el valor de la materia es superior al de la mano de obra, el dueño de la materia
prima, puede hacer suya la cosa nueva, pagando su precio".

Ortiz Mattos recuerda que no sólo el art. 149 del anteproyecto tenía esa redacción, sino
también el 148 correspondiente al Código actual. Anota que ese error debe salvarse al
aprobarse el Cód. Civ. en el Congreso y termina diciendo:

"En principio la cosa nueva (puede o no adquirir su forma original) corresponde a quien la
elaboró con cargo de pagar al propietario de la materia su valor. Sin embargo si el precio de
la materia sobrepasa notablemente al valor del trabajo, el dueño de aquélla puede hacer
suya la cosa pagando la mano de obra. En el primer caso se da la adquisición de la
propiedad por efecto de la especificación, en el segundo se produce la permanencia de la
materia en manos del propietario (no hay la adquisición de la propiedad), sino una simple
modificación objetiva de la cosa".

El planteamiento es correcto y acertado, sin embargo observamos que ninguna de las


Comisiones que han elaborado los proyectos de
aprobación del Cód. Civ. (con las enmiendas, modificaciones, adiciones y supresiones
convenientes) han abordado el tema del art. 148. Si persiste ese descuido la ley que
reconozca eficacia legislativa al D. L. 12760 de 6 de agosto de 1975 (que ha puesto en
vigencia el Cód. Civ. Bol.) consolidará el error de redacción del referido artículo.

3.3.7 Accesión de mueble a inmueble (accesión en sentido vertical)

Esta forma de accesión es llamada artificial o industrial, porque se produce a través de


obras humanas expresadas en edificaciones (aedificatio), plantaciones (plantatio) u "obras",
entre ellas la siembra (seminatio).

Es accesión de carácter continuo, pertenece al tipo de la accesión "en sentido vertical", y se


desenvuelve de ordinario conforme al principio "superficies solo cedit".

El Cód. Civ. Bol. prevé cuatro hipótesis:

a) Obras hechas sobre o bajo el suelo.

El art. 127 señala: "Todas las construcciones, plantaciones u obras hechas sobre o bajo el
suelo, pertenecen AL PROPIETARIO DE ESTE, salvas las modificaciones que establecen
los artículos siguientes o a menos que resulte otra cosa del título o de una disposición de la
ley".

Se trata del supuesto en que un solo individuo es dueño del suelo y de los materiales,
plantas o semillas.

En ese caso corresponde aplicar la máxima: "Lo accesorio sigue la suerte de lo principal".
Existe la accesión, pero no como modo de adquisición de la propiedad, o sea como
nacimiento de un nuevo derecho, simplemente hay incorporación de la cosa accesoria a la
cosa principal.

b) Obras hechas en suelo propio con material ajeno.


El art. 128 preceptúa

I.- "El dueño que en su suelo hace construcciones, plantaciones u otras obras CON
MATERIALES AJENOS, ADQUIERE la propiedad de éstos con el CARGO DE PAGAR
SU VALOR; y si OBRO DE MALA FE, resarcirá además LOS DAÑOS CAUSADOS. El
propietario de los materiales puede pedir que sean retirados sólo cuando no se cause
menoscabo grave a la obra construida o perezcan las plantaciones".

II.- "El retiro de los materiales no se admite pasados seis meses desde que el propietario
conoció su empleo".

El Derecho Romano encumbraba el poder infinito de absorción del suelo y en materia de


construcciones cuidaba a la ciudad del peligro de "desfigurarse en ruinas" (nec ruinis urbis
deformetur), erigiendo ese celo protector en un principio respetado por las leyes.

Justiniano consagró al fenómeno accesorio, provocado por las construcciones de obras con
materiales ajenos, la siguiente máxima, no exenta de imperiosa obligación; "Cum in suo
solo aliquis ex aliena materia aedificaverit, ipse intelligitur dominus eadificii, quia omne
quod inoedificatur, solo cedit". Palabras que sintetizan un pensamiento inconmovible aún
en nuestros días: "quien es dueño de la cosa principal, ADQUIERE LA PROPIEDAD DE
LA COSA ACCESORIA, el dueño de los materiales por ser dueño de lo accesorio pierde el
dominio, que se traspasa al primero".

Este principio corresponde aplicar sin ninguna restricción cuando el propietario del suelo
actúa de buena fe.

Según Valencia Zea se produce un caso típico "de expropiación por utilidad privada"; para
Josserand el más imaginativo de los civilistas franceses, la expropiación es "instantánea"

Normalmente domina la presunción de buena fe, favorable al dueño del suelo, derivada de
su posesión actual; quien sin embargo debe pagar el precio de los materiales, porque nadie
puede enriquecerse a costa de otro además se ha producido una "expropiación" por utilidad
individual", o "personal", o "privada". Uno de los elementos primordiales que debe
garantizar la potestad expropiatoria, es el régimen de la indemnización justa, que por ser
tal, debe adecuarse a la alteración de la moneda, si la hubiere.

Pero cuando el edificante obró de mala fe, la situación varía, de su mala conducta devienen
sanciones. No sólo le corresponde devolver el valor de los materiales usados, sino además
se le obliga a reparar íntegramente los daños causados.

En otras legislaciones ese valor está tasado de antemano. Verbigracia el Cód. Civ. peruano,
cuyo art. 945 dispone: "Si la edificación o siembra es hecha DE MALA FE, quien
construye o siembre DEBE PAGAR EL DOBLE DEL VALOR DE LOS MATERIALES,
PLANTAS Y SEMILLAS y la correspondiente indemnización DE DAÑOS Y
PERJUICIOS".
c) Obras hechas por un tercero con materiales propios. Accesión invertida".

De acuerdo al art. 129. I.- Cuando las construcciones, plantaciones y obras HAN SIDO
HECHAS POR UN TERCERO Y CON SUS PROPIOS MATERIALES, el propietario del
fundo TIENE DERECHO A RETENERLAS U OBLIGAR AL TERCERO A QUE LAS
RETIRE.

II.- Si el propietario PREFIERE RETENERLAS, DEBE PAGAR A SU ELECCION el


valor de LOS MATERIALES y el IMPORTE de la mano de obra o bien el AUMENTO DE
VALOR QUE HAYA EXPERIMENTADO EL FUNDO.

III.- Si el propietario quiere que se las retire, SE HARA A COSTA del tercero, quien puede
ADEMAS, ser condenado al resarcimiento de los daños. Sin embargo el propietario NO
PUEDE OBLIGAR AL TERCERO, a que retire las construcciones, plantaciones u obras
hechas CON SU CONOCIMIENTO Y SIN SU OPOSICION o cuando EL TERCERO
LAS HA HECHO DE BUENA EE.

IV.- En cualquier caso el retiro YA NO PUEDE PEDIRSE PASADOS SEIS MESES DE


QUE EL PROPIETARIO TUVO CONOCIMIENTO DE LAS OBRAS.

Ordinariamente el que edifica en un terreno ajeno es un mero tenedor, poseedor o


arrendatario. También se bace extensiva la hipótesis al gestor de negocios o el depositario.

La solución que plantea el Código, parte del concepto de la buena fe empleada por el
constructor, plantador, sembrador o por el que realizó la obra.

Si procedieron de buena fe, con el consentimiento del dueño del suelo o sin su oposición,
no pueden ser obligados a destruir la construcción o plantación o sembradío u obra. Con
mucha sutileza se ha señalado que el propietario puede abusar de la situación apremiante
del tenedor o poseedor o arrendatario obligándoles a destruir lo hecho con la finalidad de
enriquecerse a sus expensas, "quienes antes de deshacer los trabajos sin ninguna utilidad y
con pérdidas significativas se verían constreñidos a ceder por un precio irrisorio".

Y que ocurre en la hipótesis en que aún mediando buena fe, y conocimiento del propietario,
éste carece de recursos suficientes para realizar el pago a que se refiere el parágrafo II del
art. 129. La doctrina se inclina porque se proceda a la venta del inmueble para distribuir los
fondos correspondientes; así se salvan los intereses económicos del propietario y del
constructor, y cada uno de ellos recibirá en justicia lo que le pertenece.

Corresponde reiterar que el dueño no puede obligar al tercero de buena fe a retirar las
construcciones, plantaciones u obras (última parte par. III art. 129). No tiene derecho a
destruir lo que ha construido con honradez, observando una conducta leal al principio de
buena fe, rector ideal de todos los hechos y actos jurídicos. POR ACCESION LA
CONSTRUCCION, LA PLANTACION O LA OBRA SE HA INCORPORADO AL
SUELO; el interés particular tiene que ceder ante el interés colectivo, pero el propietario de
los materiales tiene derecho a la indemnización.
Nace para él un DERECHO DE CREDITO y a la vez UN DERECHO DE RETENCION
(jus retentionis) hasta el pago total, que no genera privilegio, ni preferencia, funciona como
un medio coercitivo para facilitar el cumplimiento de la obligación que comprende el
precio de los materiales y el importe de la mano de obra o bien el aumento del valor
experimentado por el fundo, a elección del dueño del suelo. Debe tomarse en cuenta las
alteraciones de la moneda, tanto la depreciación como la desvalorización monetarias. Se
trata de una obligación de valor, en cuyo cumplimiento debe prescindirse totalmente del
principio nominalista.

Si el edificante actuó de mala fe, el propietario puede:

a) Retener las construcciones, plantaciones u obras, pagando el valor de los materiales y el


importe de la mano de obra, u

b) Obligar al tercero al retiro de los materiales a su costa (renuncia a la accesión como


medio adquisitivo de propiedad) y al resarcimiento de los daños.

¿Y si el propietario y el tercero, obraron de mala fe?.

La mala fe del propietario es el resultado de su silencio, el podía hablar, el debía hablar,


pero calló. Esa conducta omisiva, esa "inacción", da origen a la presunción legal de
consentimiento, de permisión para la realización de las edificaciones, plantaciones u obras,
en su propio terreno.

Si la mala fe es bilateral, por compensación hay buena en el tercero, consecuentemente


corresponde aplicar el Par. II, concordante con la última parte del Par. III, del art. 129 del
Cód. Civ. Bol.

En suma, si el tercero como también del propietario han obrado de mala fe, la cuestión debe
dilucidarse como si la buena fe fuere bilateral. Creemos que para esta solución tan
equitativa no interesa la existencia de norma expresa sobre el particular.

Finalmente, aun cuando sea a guisa de reminiscencia histórica o simple ilustración,


recordemos que en nuestro país existían instrumentos legales (abrogados a la fecha) que
reconocían el derecho del constructor para expropiar el suelo en beneficio' propio.

Había accesión, pero diferente de la accesión "ordinaria", porque la cosa aneja era el suelo,
la cosa principal el edificio construido, esto es los materiales empleados en la construcción;
ambas llegaban a formar un todo. La máxima que se aplicaba era "solum cedit superficei"

A los cincuenta y dos años en que entró en vigencia el Cód. Civ. de 1831 en 3 de diciembre
1883 fue promulgada la Ley de "Expropiación dentro del radio urbano", "modificada en su
trámite jurisdiccional" por la Ley de 12 de mayo de 1941 y el art. único de la Ley de 26 de
diciembre 1947, complementadas por los D.D.L.L. Nos. 07336 y 07642 de 23 de
septiembre y 31 de diciembre de 1965, elevados a rango de Ley en 23 de noviembre de
1968.
El art. lº de la Ley de 3 de diciembre de 1883 prescribía:

"LOS PROPIETARIOS DE LOS TERRENOS comprendidos dentro de la sección urbana


de las ciudades, pueblos y cantones ESTAN OBLIGADOS A VENDER EL SITIO
CORRESPONDIENTE A LOS DUEÑOS DEL EDIFICIO CONSTRUIDO SOBRE
TERRENOS PERTENECIENTES A AQUELLOS"; el mandato de esa Ley se hacia
extensivo a las municipalidades por imperio del art. 3º.

Según constante y uniforme jurisprudencia de la Corte Suprema de Justicia, la legislación


vigente había establecido la "accesión invertida", habida cuenta de que el edificante podía
deducir demanda de "consolidación" del lote de terreno y obtener, previo cumplimiento de
la ley formal, una sentencia de condena que obligue al dueño del suelo a vender el terreno
en su favor. En nuestra opinión se trataba de una expropiación forzosa por causa de utilidad
individual o personal.

Ortiz Mattos califica de errónea la doctrina legal del Máximo Tribunal. En su concepto, no
era evidente que las Leyes de 1883 y 1941 "habrían establecido la accesión invertida", ya
que ambas "constituyen la culminación de un largo proceso operado en el país desde la
fundación de la República, que se dirigió a concluir con la propiedad vinculada colonial";
"desde la Constitución de 1826 (art. 154) siguiendo por las Leyes de 31 de octubre de 1833,
los arts. 1314 al 1318 del Cód. Civ. de 1831, Leyes del 12 de noviembre de 1839 y 30 de
julio de 1881, se pretendió concluir con ese sistema vinculatorio de la propiedad.
Justamente en ese proceso se dictó la Ley de diciembre de 1883, que autorizó la
consolidación de la propiedad EN FAVOR DE LOS SITIAJEROS"; continúa el autor: "la
Ley de 12 de mayo de 1941 fue explícita al señalar que los sitiajeros no estaban obligados
al pago de los llamados derechos de sitiaje, u otros, ni a la prestación de servicios
personales en favor de los dueños de los sitios y terrenos; por lo que se señaló el plazo de
10 años para el cobro del valor de los sitiajes; consiguientemente nunca hubo el propósito
de modificar el art. 299 del Cód. Civ. abrogado", "se trataba de regular los pocos casos que
subsistían en el país, de la propiedad vinculada colonial, en especial de los "sitiajes", que
repetimos fueron una modalidad de los censos enfitéuticos"1 10; finalmente Ortiz Mattos
clarifica:
"En los trabajos preparatorios para la redacción del Anteproyecto del Código Civil se anotó
el proceso que se operó en el país (La L. de Reforma Agraria declaró la consolidación de la
propiedad en favor de los sitiajeros) para extinguir la propiedad vinculada y en especial de
los sitiajes, haciéndose notar que ese proceso concluyó".

Sin embargo existió un intento serio de restaurar la venta forzosa, del dueño del suelo al
edificante.

"Con el fin de contribuir al mayor conocimiento y a la mejor aplicación de los nuevos


Códigos, uniformar criterios acerca de la inteligencia de sus normas, proponer las reformas
de sus puntos contradictorios, inaplicables u oscuros y para dar realce a la celebración del
Sesquicentenario de la Corte Suprema de Justicia", se convocó a los distritos judiciales del
país, universidades y colegios de abogados, a las Primeras Jornadas Judiciales reunidas en
Sucre, desde el día 20 hasta el día 25 de junio de 1977.
En ese evento trascendental, el Ministro de la Corte Suprema de Justicia, representante del
importante Distrito Judicial de Santa Cruz, Dr. Cástulo Paz Castedo, presentó dos
ponencias:

1) "RECOGER E INCORPORAR en el libro Segundo (De los bienes, de la propiedad y de


los derechos reales sobre la cosa ajena) del Código Civil, CON LA DEBIDA
ADAPTACION, SISTEMATIZACION Y MODERNIZACION los contenidos de la Ley
de 3 de diciembre de 1883, y su D.R. de 12 de enero de 1884 sobre venta forzosa y
consolidación de sitios o terrenos en favor de propietarios de edificios (propiamente
viviendas)", y

2) "Para las construcciones que autorizaban los art. 201, 202, 203 y siguientes hasta el 208
del Cód. Civ. y en general PARA TODA CONSTRUCCION NUEVA HECHA EN
TERRENO PROPIO, O EN TERRENO AJENO con contratos que otorguen el derecho de
construir o el derecho de sobresuelo o superficie O EN TERRENO MUNICIPAL, ante la
INSUFICIENCIA DEL PRINCIPIO O NORMA DE LA ACCESION y a fin de establecer
un derecho de dominio indubitable, debe adoptarse el título judicial de la declaratoria de
propiedad en proceso ordinario (petitorio) con citación al propietario del terreno o de la
municipalidad. La sentencia ejecutoriada inscrita en el Registro de Propiedad, será el
auténtico título de dominio de la edificación, casa o construcción, VALIDAMENTE
OPONIBLE A TERRENOS".

Las anteriores ponencias fueron analizadas y consideradas por la Comisión de Estudio del
C. Civil. El día 23 de junio de 1977 la Comisión recomendó la creación de otra "para el
estudio pormenorizado" de las anteriores ponencias "a efecto, en su caso", de propugnar la
dictación de una Ley especial", en vista de que la actual Comisión es ''consciente de sus
limitaciones y que la tesis presentada por el ministro Cástulo Paz Castedo consulta elevada
sensibilidad social, y tiene ponderable profundidad y evidente complejidad". (Sexta
conclusión).

En la segunda sesión del día 24 de junio de 1977 el plenario de las Primeras Jornadas
Judiciales llegó a la conclusión de que "la tesis del ministro Paz Castedo REFERENTE A
LA ACCESION INVERTIDA, debe ser objeto de un estudio pormenorizado, a cuyo efecto
se sugirió a la Corte Suprema de Justicia constituir una Comisión especial".

Esa Comisión nunca fue organizada. Cástulo Paz Castedo, Magistrado brillante, ilustre
jurista, noble camarada, en la hora vendimial del otoño de su vida, en el ejercicio pleno de
sus excelsas funciones el día 10 de julio de 1984 murió, "la accesión invertida" también....

d) Obras hechas por un tercero con materiales ajenos.

El art. 130 plantea esta hipótesis de la manera siguiente:

"Si las construcciones, plantaciones u obras han sido hechas POR UN TERCERO CON
MATERIALES AJENOS, el propietario DE ESTOS, puede REIVINDICARLOS Y
OBTENER SEAN RETIRADOS A COSTA DEL TERCERO QUE LOS EMPLEO,
siempre que sea POSIBLE y no cause daño grave a las obras y al fundo.

II.- La reivindicación ya no se admite pasados seis meses desde que el dueño de los
materiales conoció la incorporación.

III.- EN CASO DE NO SER POSIBLE EL RETIRO de la obras, el tercero que empleó los
materiales ajenos Y EL PROPIETARIO QUE HAYA PROCEDIDO DE MALA FE, están
solidariamente obligados a pagar el valor de los materiales al dueño de éstos y RESARCIR
LOS DAÑOS QUE HUBIESEN CAUSADO. Si el propietario del suelo ESTUVO DE
BUENA FE, el dueño de los materiales, sólo PUEDE EXIGIR EL ABONO DE SU
VALOR, si todavía no lo hubiese pagado al tercero que los empleó.

La norma distingue tres clases de sujetos:

a) El propietario del suelo.


b) El dueño de los materiales, y
c) El tercero que hizo las construcciones, plantaciones u obras con los materiales de éste
último.

Y plantea tres soluciones:

1) El segundo sujeto puede reivindicar los materiales y obtener su retiro a costa del tercero,
SIEMPRE QUE FUERE POSIBLE, y que no cause daño grave a las obras o al fundo.

El reclamo debe formalizar dentro del lapso de seis meses computables desde el día en que
se enteró de la incorporación.

2) Cuando no fuere posible el retiro de los materiales, el propietario del suelo que hubiese
procedido DE MALA FE, y el tercero que empleó los materiales ajenos, están obligados
solidariamente a pagar el valor de los mismos a su dueño y resarcir el daño causado. El
precepto es palmario, se trata de una obligación de valor definida por Ascarelli como
"aquella deuda en la cual aunque se liquide mediante una suma de dinero la cantidad de la
prestación debida es directamente determinada EN FUNCION DE UN DETERMINADO
PODER DE ADQUISICION, independiente del recurso A UNA PRETENDIDA UNIDAD
DE MEDIDA, de modo que el acreedor tiene el derecho de conseguir la prestación EN LA
MEDIDA CORRESPONDIENTE A UN PODER ADQUISITIVO", y

3) Cuando el propietario ACTUO DE BUENA FE, el dueño de los materiales, sólo puede
exigirle el abono de su valor si todavía no hubiese pagado el tercero que los empleó.

En las dos últimas situaciones, no puede haber demolición, existe hecho consumado, la
accesión ha seguido su curso, culminando como medio de adquisición de la propiedad (de
los materiales incorporados al suelo) y produce efectos irrevocables con implacable
resultado para el dueño de los materiales, sin esperanza de recuperación inmediata o
mediata.
3.3.8 Accesión de inmueble a inmueble (accesión en sentido horizontal)

Diez Picasso y Gullón, observan, "es tradicional dentro de la teoría de la accesión, el


estudio de la ordenación jurídica de los problemas a que da lugar la mutación originaria en
los predios, por obra de las aguas en general"

La accesión de inmueble a inmueble está relacionada con este tema. Se trata la expresión
cabal de la accesión inmobiliaria, habida cuenta de que, en ella hay adquisición de la
propiedad por la propiedad misma, en ningún momento participa el hombre, es obra
exclusiva de la Madre Naturaleza, que con desinterés y prodigalidad brinda al beneficiario
la gracia de una "lotería", quien aprovecha libre de expensas, "una verdadera fortuna, a la
cual no le corresponde carga alguna".

También se la denomina accesión "en sentido horizontal", porque se desarrolla siempre en


sentido yacente, y no hacia arriba como ocurre con la accesión de mueble a inmueble.

a) Aluvión.

De acuerdo al art. 131 del Cód. Civ.: "El aumento que se forma PAULATINA E
IMPERCEPTIBLEMENTE, en las orillas de un río, torrente o arroyo, así como en el
terreno que deja el agua corriente cuando se retira DE UNA DE LAS RIBERAS HACIA
LA OTRA, PERTENECEN AL DUEÑO DEL FUNDO BENEHCIADO sin que el del
fundo situado a la margen opuesta PUEDA HACER RECLAMACIÓN ALGUNA".
Justiniano ya reconocía esta forma de accesión natural como medio adquisitivo del
dominio.

Decía el emperador "Praeterés, quid per alluvionen agro tuo flumen adjecit, jure gentium
tibi adquiritur. Est autem alluvio incrementum lateus. Per alluvionem autem id videtur
quantum adjici, quid ita paulatim adjicitur, ut intelligere non posis quantum quoquo
momento quoquo temporis adj iciatur"

La definición de Justiniano es impecable, y permanece inalterable, con inusual actualidad,


en nuestro días.

La figura jurídica corresponde a la modificación del suelo por la obra lenta, pausada,
imperceptible de la naturaleza, hay un desprendimiento paulatino y sucesivo de la tierra, la
que transportaba por la fuerza de las aguas, provoca un acrecentamiento, beneficioso para
el dueño del fundo próximo, quien adquiere de esta manera la propiedad inmueble rural,
pero siempre es cuestión de tiempo; una comparación de épocas más o menos distantes
permite comprobar con relativa escrupulosidad la formación del aluvión.

En la accesión por aluvión, la ley reconoce al nuevo dueño un titulo perfecto sobre el
terreno que ha ganado. No necesita ampararse la usucapión.

Tan así es, que según la jurisprudencia nacional el aluvión incorpora la parte accesoria a la
principal de modo indestructible formando un "todo" unido e inseparable.
La Corte Suprema ha dictado los siguientes autos:

"Todo lo que se incorpora a una cosa pertenece al propietario de ella, y el aluvión


aprovecha al propietario de la ribera, sin que el dueño de la otra pueda reclamar el terreno
que haya perdido. Constan los terrenos ganados POR ACCESION en el río de Toco, al
haber AUMENTADO LOS BIENES PROPIOS DEL MARIDO, en la banda oriental de
dicho río quien ha realizado trabajos de dique y reparos en los últimos años, dentro de la
sociedad conyugal, formada con su esposa SIN QUE POR ELLO PERTENEZCA A ESTA
COMO BIEN GANANCIAL ADQUIRIDO, pues por una parte, lo accesorio sigue LA
MISMA CONDICION DE LO PRINCIPAL y por otra, no se trata de un bien adquirido con
el trabajo, industria o profesión de ambos cónyuges o de uno, ni de rentas, frutos percibidos
o pendientes de un bien patrimonial de cualquiera de ellos".

"Lo que se une o incorpora a una cosa pertenece a la propiedad de ella, AUNQUE SE
HALLE EN MANCOMUN. Al alegarse por una de las partes haber ganado terrenos en la
playa del río por accesión, los que han agrandado la propiedad rústica, NO HAN PODIDO
CONSIDERARSE COMO PROPIEDAD EXCLUSIVA DE ESTA, por estar en lo
proindiviso, aunque esa fracción de terreno NO HAYA SIDO POSEIDA
MATERIALMENTE POR LOS OTROS PROPIETARIOS".

b) Avulsión.

Si el aluvión se caracteriza por el incremento insensible de terreno que se agrega al fundo


principal, tan lento, que es imposible apreciar en cualquier momento, la cantidad que acaba
de ser añadida, la avulsión es un fenómeno natural diferente, porque en él la
imperceptibilidad, la lentitud es sustituida por la violencia y la rapidez.

El art. 132 del Cód. Civ. determina: "Si un río, quebrada o torrente, arranca EN FORMA
VIOLENTA Y REPENTINA una porción identificable de un fundo contiguo a su curso, y
la transporta hacia el fundo inferior o la orilla opuesta, el propietario del fundo al que se
une la porción ADQUIERE LA PROPIEDAD. Pero el dueño de la parte separada puede
pedir en el plazo de un año al otro propietario, una indemnización equivalente al aumento
en el valor que llegue a tener el fundo beneficiado por la avulsión".

Justiniano también se refería a la avulsión, en los siguientes términos: "Quod si vis fluminis
partem aliquan detraxerit ex tuo praedio, et vicini praedio attulerit, palain est eam tuam
permanere. Plane si longiore tempore fundo vecini tui haeserit arboresque quas secum
traxerit in eun fundun radice egerint, ex eo tempore videntur vicini acquisitas esse".

En el Derecho Romano la avulsión constituía una manifestación natural con rasgos


inconfundibles, cuando los árboles arraigaban en el fundo, cuyo dueño alcanzaba el
privilegio de la accesión.

El art. 132 del Cód. Civ. Bol. manifiestamente se ha inspirado en el art. 944 del Cód. Civ.
Ital. de 1942 al implantar el sistema de adquisición ipso jure de la propiedad por avulsión
en favor de aquél que es dueño del fundo inferior o de la orilla opuesta.

c) Cambio de curso de las aguas y otros casos.

El art. 133 del Cód. Civ. preceptua "Los problemas relativos al cambio de curso de las
aguas, formación de islas y otros semejantes, se rigen por las leyes especiales de la
materia".

Según el art. 303 del Cód. Civ. de 1831 abrogado "las islas y terrenos que se forman en los
ríos, pertenecen al propietario de la ribera en cuyo lado se han formado; si la isla no se ha
formado en un solo lado, pertenece a los propietarios ribereños de ambas partes,
dividiéndose la isla por una sola línea que se supone trazada en medio del río", norma
modificada por el art. 67 del Reglamento de Aguas, puesto en vigencia por el Decreto de 8
de septiembre de 1879 (firmado por los Ministros Eulogio D. Medina y Julio Méndez
"encargados del Poder Ejecutivo" y no por el Presidente Hilarión Daza) elevado a rango de
ley en 28 de noviembre de 1906. Dicho art. 67 establece: "Las islas que se formen EN
RIOS O ARROYOS NAVEGABLES O FLOTABLES pertenecerán AL ESTADO, pero
cuando se trata de islas que aparecen en RIOS O ARROYOS NO NAVEGABLES, NI
FLOTABLES, PERTENECERAN A LOS PROPIETARIOS RIBEREÑOS, del lado en que
se forme la isla y en proporción de sus frentes".

En consecuencia, si el río es navegable o flotable, las islas formadas, adquiere el Estado; si


no lo es, las islas adquieren los particulares ribereños; ambos casos suponen formas de
adquisición propietaria por accesión natural.

En el proyecto de ley al que hemos hecho referencia en la pág. 72, fue sugerida la nueva
redacción del art. 133 en los siguientes términos: (Cambio de curso de las aguas, formación
de islas y otros casos). Cuando hay cambio del curso de las aguas y concurren otros casos
emergentes, se estará a la disposiciones siguientes:

I. Si un río toma un nuevo curso, ABANDONANDO EL CAUCE ANTERIOR, éste


CORRESPONDERA A LOS PROPIETARIOS COLINDANTES con las dos orillas,
quienes lo dividirán hasta la mitad del lecho en la extensión del frente de sus respectivos
fundos.

II. Si un río, abriendo UN NUEVO BRAZO, corta y arrasa el terreno de un fundo ribereño
FORMANDO UNA ISLA, ESTE SEGUIRA PERTENECIENDO AL DUEÑO DE
DICHO FUNDO.

III. Las islas y terrenos que se formen en RIOS Y LAGUNAS NO NAVEGABLES


pertenecen AL PROPIETARIO DE LA RIBERA en cuyo lado se han formado, y si la isla
no se ha formado en un solo lado, PERTENECERA A LOS PROPIETARIOS DE AMBOS
LADOS, quienes DIVIDIRAN LA ISLA QUE SE SUPONE trazada en MEDIO DEL RIO
O LA LAGUNA.

IV. Las islas y terrenos QUE SE FORMEN EN RIOS O LAGOS NAVEGABLES


PERTENECEN AL ESTADO.

Este nuevo texto se apoya en el siguiente fundamento: "El artículo original se había
remitido a las disposiciones de la materia, ESPERANDO UNA NUEVA LEY DE AGUAS.
En el ESTADO ACTUAL se ha considerado necesario establecer ALGUNAS NORMAS
GENERALES para los casos de cambio del curso de las aguas, formación de islas y la
concurrencia DE OTRAS EMERGENCIAS".

Los conjueces Dres. Romero Linares, Frerking Salas y Ortiz Mattos estuvieron de acuerdo
con la modificación.

La Ley de 1906, cuya fuente es la Ley Española de 3 de agosto de 1866, de inconfundible


raíz romanista, aún rige en el país, junto con los arts. 151 al 155 de la Ley Reforma Agraria
que contemplan normas generales y salvan su ejecución a un reglamento especial que no se
ha dictado hasta la fecha.

En materia de legislación sobre el Dominio o Aprovechamiento de Aguas, Bolivia se halla


atrasada

Antes de la elaboración del D.L. de Reforma Agraria de 1952 se nombro una Subcomisión
Especial de Aguas integrada por dos connotados agraristas Remo Di Natale Enríquez y
Enrique Levy Meruvia, cuyas monografías no fueron analizadas, ni discutidas.

CAPITULO CUARTO
CONTRATOS Y SUCESION MORTIS CAUSA
ADQUISICION DERIVATIVA

La mayor parte de los modos de adquirir la propiedad son derivados, con ellos y por ellos el
adquirente tiene sus derechos de predecesor es un causahabiente; llega a ser pues
propietario, en las condiciones en que lo era su causante; tiene que soportar las cargas de la
cosa que estaba gravada en manos de aquél.

Josserand.

4.1 Según el momento en que se opera la adquisición.

a) Sucesión intervivos. b) Sucesión mortis causa.

En el lenguaje jurídico el término sucesión evoca la idea de relación de tiempo, entre un


momento que nace y otro posterior que expira, en ese sentido se dice la historia es una
sucesión de acontecimientos o la vida psíquica de estados emotivos, volitivos o
intelectuales.
Pero, en el léxico jurídico, el concepto es distinto, sucesión significa transmisión de
derechos y obligaciones, y esa transmisión producida por la sucesión importa la
IDENTIDAD Y CONTINUIDAD de los derechos y las obligaciones en el tiempo.

En un sentido técnico en toda sucesión el objeto y la carga permanecen inalterables, lo que


cambia es el sujeto, quien es reemplazado por otro, se produce una especie de subrogación,
éste pasa a ocupar e] lugar de aquél.

Existen modificaciones de las relaciones subjetivas que no constituyen sucesión, porque no


requieren la identidad y continuidad antes mencionadas. Verbigracia la suplantación y la
sustitución, en ambas el derecho anterior perece porque su existencia sería incompatible
con el nuevo derecho, el agotamiento del derecho anterior es previo a la creación del nuevo
derecho. En la usucapión hay suplantación y "en la designación de un nuevo autor, en
reemplazo del anterior, sustitución".

También hay diferencia entre sucesión y comunicación de derechos, ya que en esta última
hipótesis, el derecho preexistente subsiste, para quien comunica a otras personas.
Guastavino ejemplifica, cuando dice "Un caso de comunicación de derecho ocurre con la
adquisición del derecho al nombre por efecto de la filiación".

Cuando la transmisión se realiza estando vivos ambos sujetos, para surtir efectos de
presente, y sin larga dilación nos encontramos frente a la sucesión entre vivos. Así
concebida la sucesión "está destinada a actuar sin atender a la muerte de los que en ella
intervienen".

Este hecho jurídico natural (la muerte) para la regulación de los intereses relacionados con
ese tipo de sucesión, no es tomado en cuenta, ni por las partes, ni por el ordenamiento
jurídico.

Pero si esos efectos tienen cabida sólo cuando muere el autor, y la muerte es conditio juris,
supuesto esencial para la transmisión, la sucesión es mortis causa, representa el caso de un
sujeto que desaparece y su puesto es ocupado por otro, el que sobreviene subentra en el
lugar del difunto. La muerte genera el nacimiento de efectos jurídicos para el sucesor.

Los ejemplos de la sucesión entre vivos, están íntimamente relacionados con los contratos
particulares como la venta (art. 584 Cód. Civ. Bol.), la permuta (art. 651 Cód. Civ. Bol.) y
la donación (art. 655 Cód. Civ. Bol.); se trata de adquisición de la propiedad por efecto del
contrato (art. 110 Cód. Civ. Bol.), en cuanto a la sucesión mortis causa se reconocen dos
especies, la sucesión intestada, por ministerio de ley, (art. 1007 Cód. Civ. Bol.) y la
sucesión testada, en virtud de un acto personalísimo, revocable, de última voluntad como
son el testamento y el legado (arts. 1112 y 1113 del Cód. Civ. Bol.)

4.2 Según la amplitud del patrimonio adquirido.


a) A título universal. b) A título particular.

En el primer caso, la adquisición compromete LA TOTALIDAD DEL PATRIMONIO, la


integridad de las relaciones valuables que FORMAN UNA UNIDAD, que se transmiten
EN LA MISMA EXTENSION que la tenía el autor. Decimos relaciones porque "el
patrimonio se halla integrado por derechos, no por cosas. Estas se constituyen SOLO
MEDIANTE el contenido del patrimonio".

El patrimonio abarca todos los derechos y obligaciones transmisibles, es lo que los romanos
llamaban sucesio in ius.

Cuando es a titulo particular, la adquisición abraza SOLO UNA PARTE de las "relaciones
valuables", puede comprender especies determinadas como ser: el caballo blanco, la casa
de la calle Sucre, el fundo rústico de Santa Cruz o especies indeterminadas de determinado
género, tres vacas de mi hato lechero, tres mil dólares de mi cuenta del Banco Nacional,
cuarenta cargas de papa de mi finca, etc.

La sucesión a título universal se da únicamente en la sucesión por causa de muerte.

La sucesión a título particular se presenta en la sucesión entre vivos, pero también en la


mortis causa, verbigracia el legado (art. 1113 y 1181 del Cód. Civ. Bol.)

Al sucesor a título universal se le denomina heredero, o causahabiente, al que deja la


herencia, de cujus, autor o causante.

Al sucesor a título particular también se le conoce como causahabiente, o legatario y al que


trasmite el derecho como autor o causante.

4.3 Según el interés que se haya tenido en mira.

a) A título oneroso. b) A título gratuito.

Sabemos que el título "es el fundamento del derecho de propiedad".

Según Escriche el título puede ser oneroso, "cuando se trata de la causa en virtud del cual
adquirirnos una cosa, pagando su valor en dinero, en otra cosa, en servicios, o mediante
ciertas cargas y condiciones a que nos sujetamos", y es gratuito "si la causa por la que
adquirimos una cosa nada cuesta".

La adquisición de la propiedad a título oneroso, sólo es posible, cuando existe equivalencia


económica, una igualdad de índole patrimonial entre la prestación de una parte y
contraprestación de la otra. Por ejemplo, la venta, el vendedor transmite el dominio de la
cosa al comprador, quien paga su precio.
La adquisición de la propiedad a título gratuito, no significa sacrificio económico para el
adquiriente.

El sujeto activo de la prestación no obtiene un equivalente de carácter patrimonial, ni tiene


interés en obtener esa equivalencia, aun cuando los contratantes estén de acuerdo con
alguna modalidad como ocurre en las donaciones con carga (art. 674 del Cód. Civ. Bol.) Se
trata siempre de actos cuya causa es el ejercicio de una liberalidad, el autor observa una
conducta exenta de un interés pecuniario.

El impuesto por la adquisición puede ser pagado por el beneficiario, sin que este
desembolso afecte a la naturaleza gratuita del acto.

Ejemplos de la adquisición a título gratuito constituyen la donación y el legado.

4.4 Según la extensión del derecho adquirido

a) Traslativa. b) Constitutiva.

La adquisición derivativa es traslativa cuando el autor transfiere al adquiriente el derecho


que tenía sobre la cosa, es transmisión en sentido estricto, verbigracia, la venta.

La adquisición derivativa es constitutiva cuando el causante, al trasmitir el dominio sobre la


cosa, establece además otro derecho, por ejemplo, una servidumbre o una hipoteca
convencional.

Espin Casanovas con admirable claridad despeja cualquier duda cuando afirma: "En la
adquisición derivativa constitutiva SE CREA OTRO DERECHO DE CONTENIDO MAS
DEBIL, que REDUCE el DERECHO PRINCIPAL (podemos citar a los Derechos Reales
limitativos del dominio)" y agrega; "EL DERECHO PREEXISTENTE RECOBRA SU
CONTENIDO NORMAL, si desaparece; AL DESAPARECER SE REINTEGRA SU
CONTENIDO EN EL DERECHO MATRIZ.

4.5 Según la persona que adquiere la propiedad.

a) Personas colectivas. b) Personas individuales.

El art. 52 del Cód. Civ. Bol. reconoce como a personas colectivas, al:

1) El Estado boliviano, la Iglesia Católica, los municipios, las universidades y además


entidades públicas.

2) Las asociaciones mutualistas, gremialistas, corporativas, asistenciales, benéficas,


culturales en general, educativas, religiosas, deportivas y cualesquiera otras con propósitos
lícitos, así como las fundaciones.

3) Las sociedades civiles y mercantiles.

El numeral 1), se refiere a las personas colectivas de orden público y los numerales 2) y 3)
a las de orden privado.

Por otra parte el Cód. Civ. Bol. reconoce a las personas individuales, sus derechos
constituyen prerrogativas inalienables, perpetuas y oponibles erga omnes.

Todas las personas sean colectivas o individuales, pueden adquirir la propiedad por los
modos señalados por el art. 110 del Cód. Civ.

4.6 Según la fuente de la adquisición.

a) Por ministerio de la ley. b) Por resolución de autoridad competente. c) Por


actos jurídicos lícitos de carácter voluntario.

a) La propiedad se adquiere por ministerio de la ley, cuando surge como una modificación
jurídica, como un estado nuevo resultante del derecho mismo. El ejemplo más característico
es la sucesión intestada, que es regulada en ausencia del testamento, y que si bien reposa en
la voluntad presunta del difunto, esa voluntad no puede considerarse como un hecho cierto
con relación a determinada persona, sino porque la ley, admite la presunción legal que le
parece pertinente a la naturaleza de las relaciones de la familia. Otras formas de adquisición
por ministerio de la ley, son la ocupación, la accesión, la usucapión y la posesión de buena
fe.

b) También la propiedad se adquiere por resoluciones de autoridad competente. Verbigracia


el decreto supremo, o la ordenanza municipal en las expropiaciones por razón de utilidad
pública.

Asimismo el Estado adquiere, mejor recupera, lo que era de dominio originario de la


Nación a través de una Resolución de reversión.

Los particulares adquieren la propiedad rústica mediante resoluciones supremas de dotación


en el proceso de Reforma Agraria y de adjudicación en el de colonización.

c) Finalmente la propiedad se adquiere por actos jurídicos lícitos, como el contrato y el


testamento.

4.7 Según el curso del dominio adquirido.


a) Adquisición dominical perfecta. b) Adquisición dominical imperfecta.

Es REGLA GENERAL, en la adquisición de la propiedad, el agotamiento y la


irrevocabilidad del dominio obtenido por la persona. Una vez consumado el modo
adquisitivo, el sujeto, se erige en dueño ABSOLUTO, con la sola limitación de las
restricciones impuestas por la ley y el respeto al derecho ajeno; EXCLUSIVO por cuanto él
y no otro u otros serán reconocidos como propietarios, lo que no obstaculiza que pueda
coexistir en un Estado de condominio cuando adquiere derechos y acciones sobre un bien
en lo proindiviso, y PERPETUO, porque dura ilimitadamente, en tanto exista la cosa que le
sirve de objeto aunque continúe en cabeza de diferentes personas.

Así planteada la adquisición, es perfecta.

Pero existe otra situación distinta a la anterior que da lugar a


modalidades absolutamente heterogéneas, del dominio o la propiedad.

Nos referimos al dominio imperfecto que comprende tres especies, a saber: El


desmembrado, el fiduciario y el revocable.

Dominio desmembrado.

El dominio desmembrado produce una modificación de eficacia real en la propiedad,


habida cuenta de que el derecho del propietario está gravado por un derecho real de los que
supone la concesión del dominio útil (derecho de disfrute) o también cuando sobre la cosa
pesa un derecho real de garantía (hipoteca, prenda y anticresis).

Sin embargo de que autores como Valdés y Orchansky sostienen que en la hipoteca no
existe restricción al dominio porque el dueño conserva el uso, disfrute y posesión material
del inmueble, y tampoco en el gravamem pignoraticio de los muebles porque la posesión de
que se desprende el deudor no concede al acreedor, ningún derecho de uso y disfrute, en
nuestra opinión cualquiera que sea el derecho real que grave la cosa, ello implica la
existencia de un dominio desmembrado, y por consiguiente imperfecto. Lo mismo
corresponde aplicar a la anticresis, que no es un mero derecho de garantía, porque el
acreedor está autorizada a percibir los frutos del inmueble. Además estamos de acuerdo con
la autorizada opinión de Genny, en sentido de que "la propiedad desmembrada merma en su
aprovechamiento, sin alterar su esencia"151, esto es, el derecho de la cosa está disminuido
solamente en sus prerrogativas pero no dividido, ni alterado en su naturaleza.

Los diversos casos de dominio desmembrado limitan el dominio, en mayor o menor


medida; el propietario se halla impedido de gozar, usar y disponer de la cosa en la forma
que podría hacerlo. Pero las desmembraciones, no afectan el carácter exclusivo del
dominio, pues si así ocurriese se trataría de un condominio, y no de un dominio imperfecto;
aclaramos que el "carácter exclusivo", se refiere a la imposibilidad de que coexistan dos
derechos de dominio sobre una cosa, o dicho de otro modo el que se aprovecha de las
desmembraciones no es partícipe de la propiedad de la cosa.

El Código Civil boliviano, siguiendo la línea trazada por sus proyectistas ha adoptado un
criterio restrictivo en materia de desmembraciones del derecho de propiedad, dando lugar a
una política legislativa, que no merece, sino elogios, porque como criterio general, ha sido
provechoso para el desenvolvimiento y la protección de la propiedad inmueble en el país.

Asimismo, es interesante advertir que el Código Civil boliviano en materia de derechos


reales es fiel al principio del numerus clausus, porque dichos derechos sólo pueden ser
creados por la ley. La contrafaz, es el principio del numerus apertus. Sin embargo, no debe
confundirse la creación de los derechos reales con la fuente. Por ejemplo en el usufructo, la
fuente puede ser el contrato, el testamento o la usucapión (art. 216), pero se trata de un
derecho real creado por la ley.

Como supuestos del dominio desmembrado, señalamos el usufructo (Secciones 1, II, III y
IV, Capítulo 1, Título IV, Libro Segundo del Cód. Civ.), derecho real de disfrute (usar y
gozar) de una cosa ajena sin alterar su sustancia (salva rerum sustantia), el uso (art. 250 del
Cód. Civ.) derecho que consiste en servirse de la cosa ajena (jus utendi) también sin alterar
su sustancia, pero limitado a las necesidades del usuario y su familia, la habitación, (art.
251 del Cód. Civ.) derecho reconocido al habitador para ocupar una casa "limitadamente" a
sus necesidades y las de su familia, las servidumbres, (Capítulos I, II, III, IV, y V, Título V
del Libro Segundo del Cód. Civ.); se refiere a derechos reales temporales o perpetuos,
sobre un inmueble ajeno pero que facultan, a usar de él, o impedir que el propietario ejerza
algunos de sus derechos de propiedad, la hipoteca, derecho real constituido sobre bienes
propios del deudor o de un tercero, como garantía de una deuda, en el que se confiere al
acreedor los derechos de persecusión y preferencia (art. 1360 del Código Civil), la prenda
con desplazamiento, contrato en virtud del cual el deudor entrega un bien mueble al
acreedor para garantizar el cumplimiento de una obligación (arts. 1398, 1401 y 1403 del
Cód. Civ.) y la anticresis, contrato por el que el acreedor tiene derecho a percibir los frutos
del inmueble entregado "en prenda", imputándolos primero a los intereses, si son debidos, y
después al capital (art. 1429 del Cód. Civ.).

La prenda y la anticresis son dos modalidades del contrato conocido con el nombre de la
pignoración. (art. 1398 del Cód. Civ,).

Dominio fiduciario.

El dominio fiduciario, está concebido como una manera de limitar el dominio. En él una
persona dispone de una cosa suya en favor de otra a quien grava la obligación de restituirla
a una tercera si se verifica una condición o fenece un plazo. El propietario fiduciario no
tiene la cosa a perpetuidad, pues por definición debe desprenderse) al cumplimiento de la
condición o plazo. En el dominio fiduciario la modificación es de alcance obligacional.

El dominio fiduciario es una especie del género "dominio imperfecto", es un derecho real
desprovisto de perpetuidad en la medida en que puede ser extinguido por el cumplimiento
de la condición resolutoria o el término. Se trata de un "dominio interino".
Entre las numerosas definiciones que se han dado del fideicomiso, se destaca por su
claridad y precisión la de Alfaro para quien "el fideicomiso es un acto en virtud del cual se
transmiten determinados bienes a una persona llamada fiduciario, para que disponga de
ellos conforme le ordene la persona que los trasmite, llamada fideicomitente, en beneficio
de un tercero llamado fideicomisario).

Consecuentemente son tres los sujetos que intervienen esencialmente en el fideicomiso:

1.- El fideicomitente que establece el fideicomiso con sus propios bienes. 2.- El fiduciario
que recibe los bienes para administrarlos de acuerdo con lo dispuesto en el contrato de
constitución del fideicomiso; y 3.- El fideicomisario que es el beneficiario en favor del cual
se establece el fideicomiso.

En el derecho sajón, las expresiones fideicomiso y fiduciario corresponden a trust (confiar)


y trustee (el que tiene a su cargo la propiedad de otro) respectivamente.

La transferencia del dominio es a título de confianza (muy parecido a la "fiducia cum amico
contracta" del Derecho Romano); el contrato de fiducia es calificado como atípico, o
"negocio simulado", opinión refutada por Lafaille, quien sin embargo de admitir "la escasa
aplicación práctica de la figura", reconoce que es perfectamente concebible que el
fiduciario adquiera la propiedad de la cosa para él y no para el representado, ni para un
propietario oculto) porque aquél no es un mero agente o una persona "interpuesta", ya que
disfruta de la cosa durante el tiempo preestablecido) hasta cumplirse la condición.

El acto de transferencia del dominio no es a título oneroso) porque nada da el adquirente a


cambio del bien) tampoco es a título gratuito porque la propiedad no se "regala" al
adquirente fiduciario) quien recibe el dominio solamente como un medio para la mejor
ejecución del encargo relacionado con el bien transmitido. No responde a un propósito de
liberalidad, ni existe animus donandi en el transmitente. La transferencia se realiza
únicamente a título de confianza) a través de un acto a título fiduciario, que puede constituir
una tercera clasificación junto a los actos jurídicos onerosos y gratuitos. No debe
confundirse la transferencia del dominio con el contrato de fideicomiso por cuanto éste
podrá ser oneroso o gratuito según el fiduciario perciba o no una retribución por las
prestaciones a su cargo. Sería oneroso en la medida en que las partes asuman obligaciones
recíprocas (el fiduciario la ejecución del encargo y el fiduciante el pago de la retribución) o
bien gratuito si solamente el fiduciario asume obligaciones con motivo del contrato, caso en
el que estaríamos en una situación parecida a la que se configura en el mandato gratuito que
no deja de ser tal aún cuando eventualmente pudieran emerger responsabilidades a cargo
del mandatario como consecuencia del modo en que ejecuta sus obligaciones. "El porqué"
de la transferencia contiene el título de la transmisión (título fiduciario), el "para qué",
entraña el contrato de fideicomiso (encargo fiduciario).

El art. 503 del Cód. Civil abrogado de 1831, prohibía las herencias fideicomisarias,
declarando nulas "las que haya", debiendo entrar en la sucesión los herederos ab intestato.

La Ley General de Bancos de 11 de julio de 1928 (abrogada al presente) en sus arts. 62,
126, 127, 164, 166, 169 y 170 regulaba las operaciones de fideicomiso bancario,
autorizando a los bancos la apertura de secciones de fideicomiso.

El D. Supremo 04056 del 10 de mayo de 1945, ratificó la vigencia de las anteriores normas.

El D. S.021871 de 11 de febrero de 1988, incluía tácitamente las operaciones de


fideicomiso entre las que correspondían desempeñar a los bancos.

El anteproyecto del Código Civil Boliviano de 1944 redactado y comentado por Angel
Ossorio dedica un capítulo especial al fideicomiso con el título: "De la propiedad
fiduciaria". Para el autor, el usufructo es semejante a la propiedad fiduciaria, porque el
usufructo supone una propiedad sin facultad de gozar y el fideicomiso es una propiedad sin
facultad de disponer, "sujeta al gravamen de pasar a otra persona por el hecho de cumplirse
una condición. El propietario gravado con la carga se denomina fiduciario, y aquél a quien
ha de ir en definitiva la propiedad, fideicomisario. La entrega de la cosa gravada a su
definitivo propietario se denomina restitución. Puede constituirse sobre un conjunto de
bienes o sobre bienes determinados y por actos inter vivos o testamentarios." (Angel
Ossorio. Anteproyecto del Cód. Civ. Boliviano (art. 487) Imprenta López Bs.As. 1943).

El Código Civil Boliviano vigente desde el 2 de abril de 1976, carece de normas relativas a
la fiducia civil, sin embargo otros Códigos Civiles como el de Chile (art. 739 al 763) y de
España (art. 781-786) regulan esta institución.

El Código de Comercio que rige las relaciones jurídicas derivadas de la actividad


comercial, a partir del 2 de abril de 1973, contiene leyes sobre el fideicomiso comercial en
el que siempre interviene un Banco. El artículo 1409 dispone: "Por el FIDEICOMISO una
persona, llamada FIDEICOMITENTE, transmite uno o más bienes a un Banco, llamado
FIDUCIARIO, quien se obliga a administrarlos, o enajenarlos para cumplir una finalidad
determinada en provecho de aquél o de un tercero llamado BENEFICIARIO".

El art. 1411 prescribe: "el fideicomiso entre vivos, deberá constar en escritura pública" (se
trata de un contrato solemne), y el constituido "mortis causa", "deberá serlo por testamento
conforme a las normas del Código Civil", empero el artículo 1170 de este último cuerpo de
leyes declara "nulas las instituciones fideicornisarias", establecidas en testamento
"cualquiera fuera la forma que revistan" y si hay cláusula fideicomisaria "entran a la
sucesión los herederos legales respecto a los bienes afectados por esa cláusula". La
incompatibilidad entre ambas normas es manifiesta, y a la vez chocante.

La nueva Ley de Bancos y Entidades Financieras N0 1488 de 3 de mayo de 1993, en su


artículo tercero (numeral 6), señala que las actividades de intermediación financiera y
servicios auxiliares del sistema financiero, comprenden también a los FIDEICOMISOS.

Para nosotros el Dominio Fiduciario, se adquiere por el modo derivativo; se debe desechar
el modo originario, en este sentido no es susceptible de ser adquirido por la ocupación o la
usucapión. No logramos imaginar hipótesis que den lugar a esos tipos de adquisición. Falta
la transmisión a "título de confianza", elemento volitivo esencial para la existencia del
fideicomiso.
Dominio revocable.

El dominio revocable ocupa una posición intermedia entre los anteriores, porque
comprende dos variantes, una de eficacia real y otra de eficacia personal u obligacional.

El dominio revocable no está definido por el Código Civil boliviano, pero otros códigos
como el Argentino, señalan que este dominio es "el que ha sido transmitido en virtud de un
TITULO REVOCABLE, a voluntad del que lo ha transmitido", o se presenta" cuando el
actual propietario puede ser privado de la propiedad, por causa proveniente de su título"
(art. 2663).

En nuestra legislación encontramos como supuestos de "dominio revocable", las


donaciones revocadas por ingratitud del donatario (arts. 679 y 682 del Cód. Civ.) y la venta
con pacto de rescate (arts. 641 al 650).163

Este contrato de venta se halla enraizada en aquella cláusula, según la cual el vendedor está
autorizado a recuperar el bien vendido y ENTREGADO, siempre que restituya el precio y
reembolse al comprador, los gastos hechos legítimamente para la venta y los que hayan
incrementado el valor de la cosa en el termino del rescate, que no puede exceder de un año
tratándose de muebles y dos años de inmuebles.

Al comprador le asiste el derecho de retención, hasta que le sea devuelto el precio y


reembolsado el importe de los gastos.

¿Cuál es la naturaleza del pacto de venta con rescate?

Para algunos autores esta modalidad de venta significa un negocio sometido a condición
resolutoria, sin embargo observamos que la condición parece ser potestativa.

Para otros el pacto autoriza A REVOCAR LA VENTA, a través del ejercicio del rescate (a
esta tesis nos adherimos), al hacer uso de la facultad de rescate, el vendedor impulsa una
actividad de REVOCACION, que culmina con la ineficacia del título de dominio del
comprador de la cosa rescatada.

Cuando ha comprado el bien, el comprador se convierte en legítimo propietario, ha


adquirido el título de poseedor, hace suyos los frutos; el vendedor no llega a tener el
"animus domini" "no es más que un poseedor precario por cuenta de otro"165 hasta que
haga valer (desde luego en su oportunidad) la facultad de rescate. Cualesquiera que sean las
opiniones, lo cierto es que el pacto da lugar a la adquisición imperfecta de la propiedad, que
se torna perfecta cuando por la inactividad del vendedor se opera la decadencia (caduca) del
derecho de rescate.

Sanamente entendido el pacto de venta con rescate es un medio legal, legítimo que puede
emplear el vendedor para recuperar la titularidad del derecho que ha trasmitido,
restituyendo al comprador el precio recibido y los gastos correspondientes.

Sin embargo en el tráfico jurídico se han disfrazado operaciones usurarias con pactos de
rescate. En el precio se hace figurar el capital prestado y los intereses usurarios, restituibles
por el vendedor al vencimiento del plazo estipulado, que es en rigor, el otorgado para el
pago de la deuda. Si el deudor que figura como vendedor no devuelve la totalidad "del
precio y gastos", el bien se estabiliza definitivamente en el patrimonio del prestamista
("comprador").

Estos abusos deben ser reprimidos. Códigos como el mexicano y el paraguayo prohiben en
absoluto la venta con pacto de rescate. El art. 2302 del Cód. Civ. mexicano para el Distrito
Federal en materia común y para toda la República expresa: "Queda prohibida la venta con
pacto de retroventa" y el art. 770 del Cód. Civ. de la República del Paraguay señala "Se
prohibe la venta con pacto de retroventa". Otras legislaciones como el código portugués
(art. 1587) y la Ley Rumana de 2 de abril)'contra la usura también prohiben esa modalidad
de la venta.

Planiol y Ripert opinan: "El pacto de venta con rescate, prestó servicios antes de la
organización de los regímenes hipotecarios modernos, actualmente ya no tiene razón de ser,
porque frecuentemente oculta préstamos usuarios.

Spota asevera: "El pacto de retroventa es muy apto para la usura".

Lagomarsino anota: "El pacto de retroventa es un arma poderosa en manos de prestamistas


inescrupulosos".

Clodoaldo Flores, Catedrático de Procedimiento Civil y Práctica Forense Civil de la


Facultad de Derecho de la Universidad Mayor, Real y Pontificia de San Francisco Xavier
de Chuquisaca afirma: "Por la crisis económica en nuestro país, el singular contrato de
venta con pacto de rescate fue muy utilizado en nuestro medio, en principio siguiendo el
espíritu solidario de nuestra legislación, luego desvirtuando su esencia, fue y es utilizado en
forma inicua por algunos prestamistas, que de manera inescrupulosa aprovechan la
idefensión económica de mucha gente para encubrir préstamos usurarios"

Las opiniones de los ilustres Tratadistas y del distinguido Catedrático parecen descubrir una
realidad lacerante que desgarra un sector de la población boliviana. Prestamistas
inescrupulosos usan el pacto de rescate, como medio "sutil y expeditivo" para el ejercicio
de la usura, hecho execrable, calificado como delito por la ley (arts. 360, 361 del Cód.
Penal conc. con el art. 413 del Cód. Civ.), prohibido por la religión: Exodo Cap. XXII.
Vers. 25 ("No impondrás usura"), Levítico Cap. 25 Vers. 36 y 37 ("No tomarás de tu
hermano usura, ni ganancia, no le darás dinero a usura, ni tus víveres a ganancia"),
Deuteronomio Cap. 23 Vers. 19 y 20 (No exigirás a tu hermano intereses de dinero ni
intereses de comestibles, ni de cosa alguna de que se suele exigir interés), 5. Lucas Cap. 6
Vers. 35 (Prestad sin esperar nada a cambio), Benedicto XIV, Vix Pervenit, 10 de
noviembre de 1745 ("Aquel género de pecado que se llama Usura es ilícito"), León XIII
Encíclica "Rerum novarum" 15 de mayo de 1891 ("La usura es un mal vino voraz, más de
una vez condenada por sentencia de la iglesia, sigue siempre BAJO DIVERSAS FORMAS
LA MISMA EN SU SER, ejercitada por hombres avaros y codiciosos"). El Corán, Libro
Tercero. Sura Segunda. Aleyas 275 y 276. La Vaca ("Los que lucren con la usura no podrán
erguirse, sino como aquel que fue baldado por Satanás. Dios abomina la usura"). "Pecado
mortal" que privaba de sepultura "eclesiástica" como recuerda García Goyena, contra
natura por teológos y canonistas ("con la usura, se engaña al prójimo, bajo el velo del
contrato, se vende el tiempo, que no pertenece al individuo sino sólo a Dios"), "violenza
contra Dio" por Dante, práctica prohibitiva por la filosofía, el dinero no debe engendrar
dinero, (Nummus nummum non parit Aristóteles), Foenebre malum por Tácito (200-276
D.C.), "una forma de explotación del hombre por el hombre" por el Pacto de San José de
Costa Rica, opuesta a las buenas costumbres por la sociedad e inmoral porque frente al
usurero ruin, hay un deudor acosado y atormentado...

En provechosa y correctiva política legislativa (de jure condendo) se impone la derogatoria


de los arts. 641 al 650 (Sec. VII, Cap. 1 Tít. II, Parte Segunda, Libro Tercero) del Cód. Civ.
Bol.

CAPITULO QUINTO
USUCAPION O PRESCIIIPCION ADQUISITIVA DE DOMINIO Y POSESION DE BUENA FE

Impium praesidium praescriptio La prescripción es un recurso despiadado.

Proverbio latino.

Recordemos que el art. 110 del Cód. Civ. señala expresamente como modos de adquirir la
propiedad a la usucapión y la posesión de buena fe.

Es más adecuada la utilización del vocablo usucapión porque denota con fidelidad
insuperable la naturaleza de la institución, puesto que proviene de dos voces latinas caper y
usu que significan coger y adquirir respectivamente, añadimos, y por el transcurso del
tiempo.

Moscoso con respecto a la palabra usucapión, hace el siguiente comentario: "Se llamaba así
en el Derecho Romano, a la forma de adquirir, mediante la prescripción, término que ha
caído en desuso, desde que lo abolió el emperador Justiniano y conservó tan sólo el de
prescripción".

A la prescripción los romanos la llamaban "patrona generis humani" (patrona o protectora


del género humano).

Sólo como simple reminiscencia histórica, anotamos que la prescripción adquisitiva o


usucapión de inmuebles, remonta su origen a las Doce Tablas del Derecho Romano, según
reconoce Gayo'76; después de la caída del Imperio el Derecho Romano sigue latente en la
Edad Media, aunque filtrado por el tamiz del Derecho Canónico, que aportó nuevos
elementos, especialmente los conceptos de buena fe y mala fe. Ya la usucapión se perfila
con caracteres nítidos como un modo de adquirir el dominio de los inmuebles, no
simplemente como un medio de defensa para repeler la reivindicación. Más tarde las
Partidas de Alfonso el Sabio sanciona la usucapión como una forma de adquisición de la
propiedad de los particulares, del Estado, los municipios y la Iglesia, pero restringida a las
cosas sagradas, del Rey y de uso común.

De las Partidas el instituto, pasó a la Recopilación Castellana (Título 15 Libro IV); de allí a
la Recopilación de las Indias (Título 12 Libro IV).

Producida la independencia del Alto Perú, y la creación de Bolivia, el Derecho Español, no


caducó automáticamente, continuó rigiendo hasta el 2 de abril de 1831, fecha en la que
entró en vigencia el Código Civil Santa Cruz, que en materia de usucapión es una
yuxtaposición improvisada de dos sistemas; la legislación española y a la francesa como
observa, Melchor Terrazasy cuyos artículos 1523 y 1524 - "responden a una adulterada
adaptación de las Partidas"179. Fue necesario corregir esa irregularidad, introduciendo en
el régimen de la usucapión la prescripción extraordinaria -la más necesaria al orden
público- dictando la Ley Reformatoria de 27 de diciembre de 1882 que incorporó al Código
Civil los arts. 1565 y 1566.

En la actualidad rige el Código Civil de 2 de abril de 1967, que modifica el tiempo de la


usucapión, reduciendo a 5 años para la ordinaria y a 10 para la extraordinaria.

La usucapión atañe al orden público'80, reconoce fundamentalmente


LA NECESIDAD DE DAR SEGURIDAD A SITUACIONES DE HECHO, porque "es
ventajoso y necesario" para el interés de la sociedad, que los inmuebles, sean conveniente y
razonablemente explotados"

La razón y la necesidad de la usucapión, reside en la incuria del anterior dueño para ejercer
su derecho182 frente a la actividad ajena de goce, expresada en una prolongada posesión,
en lo posible sin lagunas, ni intermitencias que valoriza el bien abandonado. La inacción y
dejadez del propietario precedente, suscita la usucapión, "cuyo resultado es la pérdida o
extinción del derecho que deja sin fuerza ni valor alguno, el título que éste hubiese tenido
antes"

En opinión del autor nacional Melquiades Loayza, la usucapión "es en cierto modo una
institución punitiva, pues consiste en la pérdida de la propiedad, que es pena impuesta ad
puniendam negligentiam civium".

Para la jurisprudencia nacional, "la prescripción antes de ser ganada, es SOLO UNA
ESPERANZA, y "el silencio prolongado del dueño, la ratificación tácita de su desinterés".

La Ley Civil boliviana reconoce dos especies de usucapión, la ordinaria y la extraordinaria.


En ambas el objeto es un inmueble y el fin su adquisición. El inmueble susceptible de
posesión, punto de partida y medio de obtención del fin no debe corresponder al dominio
público del Estado. Tampoco prescriben los bienes comprados "en apariencia", pero silos
de la Iglesia, porque son del comercio humano.

5.1 La Usucapión Quinquenal, ordinaria o corta


También se la conoce con los calificativos, de breve o abreviada.

En la Doctrina Medioeval las formalidades propias de este tipo de usucapión, se enunciaban


(para recordar mejor) en un verso: Res habilis, titulus, fides, possesio, tempus (cosa
susceptible de ser usucapida, título justo, buena fe, posesión en el transcurso de un tiempo
determinado).

El art. 134 del Cód. Civ. prescribe: "Quien en virtud de un título idóneo, para transferir la
propiedad adquiere de buena fe un inmueble de alguien que no es su dueño, cumple la
usucapión a su favor, poseyéndolo durante cinco años contados desde la fecha en que el
título fue inscrito".

El subsiguiente artículo 135 advierte: "La posesión violenta o clandestina no funda


usucapión, sino desde el día que cesan la violencia o clandestinidad".

Del texto de la norma (art. 134), se colige que la prescripción se viabiliza, siempre que se
cumplan los requisitos siguientes:

5.1.1 Título idóneo (conocido por el anterior Código como título justo).

"Se reconoce por tal título al que tendía a transferir la propiedad y que la hubiera
efectivamente transferido, si el enajenante hubiera sido propietario de la cosa; es un acto
que no ha fallado en su finalidad MAS QUE POR RAZON DE EMANAR DE UN NON
DOMINUS".

El título idóneo trasmite el derecho de propiedad revestido de todas las solemnidades o


formalidades exigidas para su validez, SIN CONSIDERAR LA CONDICION DE LA
PERSONA DE QUIEN EMANA, o sea que cuando se exige esa clase de título no tiene que
proceder del verdadero propietario, puesto que es contra él, que la ley autoriza la
prescripción; precisamente el vicio que significa la falta del derecho de propiedad en el acto
de la transmisión, la prescripción tiene la finalidad de cubrir. El título idóneo debe dar la
impresión de que ha existido transferencia real de la propiedad inmueble y encarnar cierta
aptitud para atribuir el dominio a una persona.

Objetivamente el título idóneo (o justo), significa "muchas cosas", así ha entendido la


jurisprudencia, que debe ser para la ley "la fuente de la juventud", como expresan los
hermanos Mazeaud. En este sentido título idóneo, es una hijuela; también "el documento
que emana del que vende titulándose hermano de su pupilo o "las asignaciones
testamentarias que transfieren al heredero o legatario la propiedad de los bienes asignados"
o las escrituras de adjudicación mientras no sean declaradas nulas por sentencia
ejecutoriada; igualmente "la sucesión hereditaria por ser causa idónea para transmitir el
dominio de las cosas"; de idéntico modo "el contrato de transacción celebrado para
terminar un pleito pendiente" o "una minuta cuando los compradores, han entrado de hecho
en posesión de los terrenos, sin contradicción alguna y el contrato fue ejecutado por las
partes, o "el instrumento público de partición", o "el legado hecho por el testador" o "la
escritura otorgada a raíz de una subasta pública" o "la promesa de venta".
Por el contrario no es título idóneo, el que se refiere al inmueble ubicado en un lugar
distinto al del terreno donde ejerce actos posesorios el interesado; tampoco es el que carece
de eficacia real y concreta para la transmisión del bien, esto es, no debe tratarse del título
que emana "del que vende titulándose heredero del pupilo imbécil, aún cuando el tal título
sea anulable" ni de título imperfecto o ilegal o nu1o, o simulado o falsificado o viciado en
su forma u obtenido en fraude de la ley; o de una escritura constitutiva de sociedad
declarada falsa o suplantada por fallos ejecutoriados o de un interdicto posesorio o del auto
de declaratoria de heredero o de un deslinde voluntario o de un testamento nuncupativo
otorgado fuera de los casos especiales, taxativamente previstos por ley y sin haberse dado
cumplimiento a las formalidades de rigor o de un informe prestado por el Notario de
Hacienda o de las mejoras hechas en un inmueble, o de un contrato de compromiso de
venta con arras penitenciales, porque las partes tienen la facultad de retractarse o de un
inmueble comprado por un menor cuya tutriz ha sido declarada interdicta o de la posesión
dada en lo proindiviso o de un título obtenido por un funcionario público impedido y
prohibido por ley para adjudicarse el inmueble que pretende usucapir.

Una cuestión interesante es la que enlaza el título idóneo con su inscripción en el Registro
de Derechos Reales.

El A.S. de 11 de abril de 1905, registrado en la G. J. N 778. pág. 32 dice: "Los jueces de


instancia han reconocido que las demandadas han poseído continuamente por 10 años, los
terrenos cuestionados que había adquirido la madre de las mismas a título de compra
mediante las escrituras de fs... En cuanto a la falta de inscripción en Derechos Reales, esa
inscripción no constituye una forma o un requisito que la ley establece como necesario en
los títulos de las convenciones, sino una garantía de publicidad de los derechos o de los
documentos que se inscriben". Sin embargo existe otra corriente jurisprudencial que exige
para invocar justo título "el registro del instrumento en las Oficinas de Derechos Reales".
El primer planteamiento es correcto, habida cuenta, que la inscripción en Derechos Reales
garantiza fundamentalmente la publicidad señalada, y posibilita la oponibilidad del acto
jurídico frente a terceros; si no concurre el requisito de la inscripción se produce el
supuesto de la inoponibilidad cuya significación en sentido técnico, está enraizada en la
tesis de que "el acto jurídico queda subsistente entre las partes y solamente es ineficaz con
relación al tercero protegido por el legislador". Según nuestro parecer, no obstante que el
acto goza de esa eficacia relativa no deja de ser idóneo el título, con mayor razón si está
acompañado de la posesión y la buena fe del que demanda la usucapión.

5.1.2 Buena fe

Consiste en el convencimiento del comprador y luego poseedor de que el causante era el


verdadero propietario, y que la venta le ha convertido en dueño. Se trata de un estado de
espíritu derivado de las condiciones existentes en el momento de la transmisión de dominio,
que le permite pensar con fundamentos serios que ha adquirido legalmente la cosa.

Según la Ley de la Partida hay buena fe cuando el adquirente cree que aquel de quien lo
hubo la compra, donación, cambio u otra razón semejante era suya y podía enajenarla"
(Part. III, Tit. XXXIX, Ley IX).

El Cód. Civ. Bol. no especifica en qué estriba la buena fe, otros sí como el C. Argentino. El
art. 4006 prescribe: "La buena fe consiste en creencia sin duda alguna del poseedor, de ser
el exclusivo dueño de la cosa".

Ese estado de ánimo debe ser rotundo, nítido y manifiesto porque la actitud dudosa del
interesado equivale a mala fe, no obstante de que éste tiene una gran ventaja cual es el
principio de la presunción de la buena fe, "que es cuestión de conciencia"228, "mientras no
se pruebe lo contrario"229. Sobre este último aspecto, el Presidente de la Corte Suprema de
Justicia Dr. Manuel Molina en una parte del Discurso Informe del año 1918, dijo:
"El poseedor es reputado dueño de buena fe, mientras otra persona no justifique serlo, está
relevado de la prueba que corresponde ofrecer a quien demanda la propiedad".

La contrahaz es la mala fe, que debe probarse por todos los medios reconocidos por la
1ey230. Con mala fe la prescripción adquisitiva no tiene fundamento, ni lugar en tiempo
alguno, por ejemplo no corre en favor "de un menor cuya tutriz es interdicta", o de "la
acreedora prendaria, que ha poseído el bien sin ánimo de dueña a nombre del deudor",
porque ambas situaciones revelan mala fe.

5.1.3 Posesión

La posesión es una institución trascendental dentro del Derecho Civil; ha dado lugar en
todo tiempo a discusiones interesante y apasionadas.

Deriva de la voz latina possidere, compuesta de sedere y pos, que significa "establecerse" o
"hallarse establecido". El sentido primario del vocablo en la Roma antigua era el de
"afirmarse con los pies".

La Partida III, Ley 1, Tit. XXX decía; "posesión tanto quiere decir como ponimiento de los
pies". Algunos autores resaltan el origen sánscrito del término; afirman que deriva de la
palabra "posee", sinónimo de señorío.

De cualquier modo, la noción de posesión se halla íntimamente ligada a la idea de poder,


señorío, de "sumisión de una cosa respecto de una persona", de donde resulta que posesión
sería "el poder o señorío que el hombre ejerce de una manera efectiva e independiente sobre
las cosas, con el fin de utilizarlas económicamente, poder que jurídicamente SE PROTEGE
CON PRESCINDENCIA DE LA CUESTION DE SABER, SI CORRESPONDE O NO A
LA EXISTENCIA DE UN DERECHO".

El art. 87 del Cód. Civ. Bol. define la posesión como "el poder de hecho ejercido sobre una
cosa mediante actos que denotan la intención de tener sobre ella el derecho de propiedad u
otro derecho real".

La posesión despierta gran interés desde diversos puntos de vista, a saber:


a) Como contenido u objeto de un derecho.

Es la condición real y práctica para el ejercicio del derecho de propiedad. No puede


concebirse una situación jurídica en la que uno es propietario de una cosa, pero sin tener la
posesión de ella, en puridad sería no gozar de la propiedad, se reduciría, al ejercicio de un
derecho ficticio e ilusorio, desprovisto de todo interés práctico.

b) Como elemento de un derecho.

En este aspecto la posesión es una condición imprescindible para adquirir la propiedad, por
ejemplo; la ocupación, la usucapión etc.; sin posesión no hay tal adquisición.

c) Como causa de un derecho.

Se trata de la posesión considerada en si misma, la que por su propia naturaleza puede ser el
origen de ciertos derechos.

En cuanto a la prescripción adquisitiva, con estricto sometimiento al dictado del art. 87, la
posesión debe estar conformada por dos elementos fundamentales:

EL CORPUS, es decir la aprehensión material de la cosa con animus detinendi (poder de


hecho y efectivo ejercicio sobre una cosa) y EL ANIMUS DOMINI elemento estrictamente
subjetivo, caracterizado por la tenencia de la cosa, con ánimo de dueño, sin reconocer la
propiedad de terceros. El poseedor debe ejercer actos que revelen la atención de tener sobre
ella el derecho de propiedad u otro derecho real.

La posesión es el fundamento de la usucapión; pertenece a la "entraña misma del fenómeno


de la adquisición" y cuando es regular es el camino adecuado para llegar a la propiedad.
"Debe ser continuada, no interrumpida y por el tiempo designado por la ley", aunque la
continuidad, no excluye la intermitencia de los actos de uso. Lo importante es la
regularidad, y debe tomarse siempre en cuenta, la naturaleza de la cosa poseída del título
idóneo.

"Es condición fundamental para acogerse a la usucapión el "animus rem sibi habendi" o sea
la intención de poseer la cosa para sí. Si el interesado confiesa haber sido inquilino, o
arrendatario la prescripción adquisitiva no puede prosperar". La posesión no debe ser
precaria, "ni a título de usufructuario, pacto con prenda y cláusula penal en caso de
arrepentimiento"; tampoco "puede fundar la posesión para prescribir el hecho de estar como
un tolerado o consentido por ser mozo o dependiente del propietario" o "cuidante" del
inmueble, o "anticresísta", ni invocarse, "la posesión permitida, sólo por pura tolerancia
como causa idónea para prescribir", menos ser ejercida subrepticiamente, como en los
casos del "coheredero a nombre de la masa sucesoria o el consocio a nombre de la
sociedad" o del "copropietario del fundo indiviso, ya que los otros condóminos, aunque no
conserven la posesión natural, tienen mental y habitualmente la civil".
También consideramos un requisito insoslayable, que el poseedor se establezca en el lugar
donde está sito el bien cuya usucapión pide.

Asimismo la posesión no puede corresponder "a un terreno distinto del disputado", "ni ser
diferente del detallado en el titulo", por otra parte, debe ceñirse a "los linderos, o mojones,
que constituyen la propiedad inmueble". Por último no sirve como fundamento para la
usucapión la posesión "usurpativa", tampoco la que "no es exclusiva" o es "arbitraria"

En síntesis la posesión debe ser legal, continuada, pública, no interrumpida, ni suspensa, ni


equivalente a la simple tenencia.

5.1.4 El tiempo señalado por la ley.

La posesión debe transcurrir durante el lapso de cinco años, (continuatio possesionis),


conforme al Calendario Gregoriano (art. 1486 del Cód. Civ.), se calcula de día a día, desde
el día siguiente al del comienzo cumpliéndose en el día que corresponda (art. 1488 del Cód.
Civ.), incluyéndose los días domingos feriados e inhábiles (art. 1489 Par. 1 del Cód. Civ.),
se desprecia el dies a quo, y se tiene en cuenta el dies ad quem.

A través del mecanismo jurídico reconocido por el Código sustantivo; título idóneo, buena
fe y posesión legal por el tiempo exigido, (cinco años o más), se produce la usucapión
ordinaria o breve.

5.2 Decenal, Extraordinaria o Larga.

El art. 138 del Cód. Civ. Bol. establece: "La propiedad de un bien inmueble se adquiere
también por sólo la posesión continuada de diez años".

Puede parecer el art, 138, fiel al concepto que los romanos tenían sobre la usucapión
extraordinaria, como "agregación del dominio al patrimonio del beneficiario por la
posesión", pero no es así porque son requisitos primordiales tanto en la usucapión "corta",
como en la "larga" la posesión con animus dominu, pública, pacífica, continuada, no
equívoca e ininterrumpida, y el tiempo señalado por ley. La diferencia radica en que
además se requiere el título idóneo y la buena fe en la usucapión quinquenal y no en la
decenal.

Para la jurisprudencia, la prescripción extraordinaria "significa la transformación de un


estado de hecho a uno de derecho bajo las condiciones que fija la ley".

La prescripción extraordinaria "cubre cualesquier vicios en los títulos y en la buena fe, "no
necesita más título que la posesión pacífica y no interrumpida"260 se opera sin más
requisito "que dicha posesión aunque el poseedor no tenga título de propiedad" y "también
por la combinación de dos especies de usucapión, ya que un comprador puede agregar al
término de su propia posesión, la de sus causantes".

Con relación a los bienes "puestos en sociedad y en la herencia indivisa, se opera la


prescripción extraordinaria, previo cumplimiento del requisito de la posesión continuada y
no interrumpida, durante el tiempo fijado por la ley, porque no puede prolongarse la
incertidumbre del poseedor, según uniforme doctrina universal, no siendo concebible que el
propietario legítimo deje transcurrir tan prolongado tiempo, sin accionar para precautelar
sus derechos".

Las dos formas de prescripción se refieren a la adquisición de la propiedad inmueble. Con


relación a los bienes muebles sujetos a registro, verbigracia, automóviles, aviones, etc. se
los puede incorporar al dominio privado por la usucapión ordinaria siempre que concurran
el justo título, la buena fe y el acto posesorio, pacífico, público, inequívoco e
ininterrumpido por el lapso de tres años (art. 150 del Cód. Civ.). Si no convergen esas
condiciones o el poseedor es de mala fe, la usucapión, esta vez la extraordinaria, se opera
mediante la posesión continuada de diez años (arts. 149 y 150 Par. II del Cód. Civ.).

5.3 ¿La Usucapión es un modo originario o derivativo de adquirir la


propiedad?

Para los clásicos franceses la usucapión es un modo derivativo de adquirir la propiedad.

El gran Pothier sostiene; "Una vez cumplido el término por el poseedor, la ley le reconoce
la prescripción que le priva el dominio de nuestra propiedad, DE PLENO DERECHO Y
LO TRANSFIERE A DICHO POSEEDOR".

Demelombe, en absoluta concordancia con el anterior, estima que la prescripción "hace


pasar la propiedad de uno a otro, siendo evidentemente un modo derivado".

Para el internacionalista Tredinick la prescripción adquisitiva o usucapión es un modo


derivado, que al igual que otros (cesión territorial y conquista) "admite la transferencia de
un territorio a la soberanía de otro estado"266 Sin embargo es copiosa y uniforme la
opinión de los autores modernos sobre el carácter originario de la usucapión como modo
adquisitivo del dominio.

Messineo con un tono concluyente expresa: "Hemos dado como indiscutida la tesis que
clasifica la usucapión entre los modos originarios de adquisición originaria. La
circunstancia de que el usucapiante adquiere INDEPENDIENTEMENTE DE LA
EXISTENCIA DEL TITULO QUE PROVENGA DEL ANTERIOR PROPIETARIO E
INCLUSO EN DAÑO DEL ANTERIOR PROPIETARIO, DEPONE sin más a favor de tal
tesis".

Acevedo estima que la usucapión es UN MEDIO ORIGINARIO, porque el prescribiente


"NO ADQUIERE POR LAS MANIFESTACIONES DE LA VOLUNTAD ANTERIOR".

Lafaille afirma; "LA DISOCIACION entre el antiguo y el nuevo propietario, LA FALTA


DE NEXO entre ambos, explica que los vicios del título no pasen al segundo, quien obtuvo
la cosa NO POR TRANSMISION, Y SI EN VIRTUD DE HABERLA POSEIDO, durante
el plazo y los requisitos de la Ley".
Van Bemmelen desarrolla su tesis de la siguiente manera: "El que ha usucapido no dice a
su antecesor, vuestra propiedad se me ha transmitido a consecuencia de la posesión, el justo
título, la buena fe y el tiempo señalado por la ley, sino, yo no os conozco, soy propietario
porque he poseído de tal manera. El que usucape, como el que ocupa, adquiere la propiedad
sin transmisión".

Barbero afirma: "La usucapión es un modo originario de adquisición de la propiedad".

En el mismo sentido se pronuncian autores como Papaño, Kiper, Dillón, Cause, Alterini,
Borda, Velázquez Jaramillo, Laquis, Peñailillo Aréva1o y entre los nacionales Romero
Sandoval.

No podemos decir que el debate esté concluido con el "triunfo" de la mayoría, ya que no se
ha dilucidado con la contundencia deseable, si la usucapión es un modo originario o
derivativo, especialmente en lo que respecta a la ordinaria o breve.

Existen opiniones vertidas en sentido de ser esta última derivativa, por cuanto se exige un
título, y originaria la extraordinaria o larga por no ser necesario ese requisito.

Para complicar el panorama, no faltan autores que pretenden sustraer la usucapión de la


clasificación usual, y en esta perspectiva, no sería originaria, ni derivativa, pero como no
dan una explicación concluyente, con este criterio vacilante se esquiva el debate, "en lugar
de afrontarlo".

Según nuestro parecer, es fundamental aclarar la controversia, partiendo de la voluntad del


anterior propietario, en el sentido de colocar al nuevo adquirente en su lugar, si hay tal
voluntad la adquisición es derivativa, y si no, es originaria.

En la usucapión no existe esa intención, esa determinación, no hay sucesión, falta el nexo
íntimo entre el causante que trasmite y el causahabiente que recibe. El que ha usucapido se
convierte en nuevo propietario, con absoluta independencia del propietario anterior.

El dominio de ambos sujetos sobre la cosa está desarticulado, situación que se presenta
inclusive en la usucapión ordinaria, que si bien exige título idóneo (o justo) no es menos
cierto que " el título no es la causa de la adquisición, sólo es prueba de buena fe".

La usucapión debe estar siempre precedida por un hecho, la posesión continuada,


ininterrumpida, pacífica y pública; al que pretende usucapir el inmueble le corresponde
ejercer actos posesorios, como si fuese dueño, cumpliendo los requisitos y el tiempo
exigido por la ley, y probar esos aspectos dentro de un proceso de lato conocimiento, en el
que generalmente debe lidiar con otro interesado contradictor, culminando su pretensión
con una Sentencia declarativa de usucapión, que una vez ejecutoriada tiene efecto ex tunc,
esto es, desde el día en que comenzó la posesión.

Podrá observarse que en el caso de la unión o suma de posesiones (accesión de posesiones


según Lafaille), la situación es distinta, pero ello no es óbice, para que se forme UN
FONDO COMUN PARA LA PRESCRIPCION, de manera que el posible beneficiado con
la usucapión no obtiene el derecho que perteneció a otro SINO QUE APROVECHA LA
POSICION TRANSMTIDA, une ésta a la propia y consigue el dominio (sucesió in
possesionem); es el caso del heredero que junta su posesión con la anterior del de cujus. A
propósito Justiniano decía: "la larga posesión que había que contarse desde la defunción,
SE CONTINUA EN EL HEREDERO Y EN EL POSEEDOR DE SUS BIENES aún
cuando supiesen QUE LA COSA INMUEBLE PERTENECíA A OTRO, pero cuando en el
principio el difunto hubiese tenido mala fe, la posesión no sirve de nada al heredero ni al
poseedor de los bienes, aunque sean de buena fe".

De la misma manera no hay variación en la reunión de la usucapión ordinaria y la


usucapión extraordinaria. En esta hipótesis la combinación de ambas se produce sin
reciprocidad.

Para terminar concluimos que al no existir transferencia del dominio de un autor a su


causahabiente, ni sucesión de este a aquel, la usucapión es un modo originario de
adquisición de la propiedad.

5.4 Posesión de buena fe de bien mueble corporal.

El art. 152 del Cód. Civ. Bol. dispone:

"El poseedor de buena fe, de UN BIEN MUEBLE CORPORAL ADQUIERE LA


PROPIEDAD del mismo, conforme al art. 101, desde el momento de su posesión"

Este modo de adquisición, exige los requisitos siguientes:

a)Bien mueble corporal; b) posesión y c) buena fe.

De modo general, nadie puede transmitir más derechos que los que tiene, por consiguiente
sólo puede adquirirse válidamente la propiedad de quien es dueño legítimo.

Es la adquisición a vero domine, consagrada en el aforismo latino; "nemo dat quod non
habet".

Conforme a ésta regla el que adquiría un bien de quien no era propietario, estaba obligado a
restituirle al verdadero dueño.

Sin embargo, obedeciendo a necesidades prácticas, referidas concretamente a las cosas


muebles, en el Derecho Medieval Germánico, nació una corriente destinada a consagrar
excepciones encaminadas a proteger los derechos de terceros adquirentes de buena fe. Estas
excepciones fueron calificadas por los civilistas germánicos como "adquisiciones a non
domine" y en algunos países, fueron consideradas como casos de irreivindicabilidad.

El Derecho Medieval alemán reconocía al que hubiese sido involuntariamente desposeído


de una cosa mueble, la facultad de exigir de cualquier tercero su restitución, pero en cambio
quien hubiese entregado voluntariamente la cosa mueble a otro en virtud de cualquier
relación jurídica sustantiva distinta a la enajenación, sólo podía exigir la devolución a la
otra parte contratante, pero no al tercero adquirente a quien el accipiens la hubiese
enajenado.

Ese tercer adquirente, no adquiría la propiedad, pero sí una posición inalcanzable.

Tal era el sentido de los antiguos proverbios germánicos: "Donde hayas dejado tu confianza
allí la has de buscar" y que "La mano guarde a la mano". (Hand wahre hand).

Estos principios fueron recogidos en el art. 2279 del C. Civil francés que estableció: "En
fait de meubles possesión vaut titre", agregando la jurisprudencia francesa que dicha
protección ampara sólo al adquirente de buena fe.

El Código Civil Boliviano de 1831 abrogado el 2 de abril de 1976 parece haber admitido en
el art. 1559 el principio indicado, pero fue planteado de modo totalmente contradictorio.

Ortiz Mattos sobre este tema expresa: "Los legisladores bolivianos, acusando un
desconocimiento de los antecedentes históricos de la regla, el art. 1546 (correspondiente al
art. 1559 de la Compilación Terrazas) hicieron UNA YUXTAPOSICION de los sistemas
hispano romano (con los que estaban familiarizados) y el francés moderno (al que
pretendían seguir) estableciendo "Los bienes muebles se prescriben en tres años, y en esta
materia la posesión vale por título". La antinomia es clara, si la posesión vale por título no
hay reivindicación, y por lo tanto es contradictorio hablar de prescripción".

El mismo autor en el enjundioso y excepcional informe, sobre el Código Civil Boliviano de


1831 presentado a la Comisión de Reforma del Código Civil expresa:

"El art. 2279 del Cód. Civ. Napoleón SACRIFICO FRENTE AL PROPIETARIO, al
poseedor de buena fe". Estableció que en MATERIA DE MUEBLES, la posesión vale por
título, justificando la regla por responder "a necesidades prácticas y económicas
imperiosas", ya que los muebles circulan de mano en mano con rapidez y frecuencia.
Añade "por lo dicho los sistemas español y francés SON OPUESTOS, SE EXCLUYEN".
"Sin embargo el art. 1559 del Código LOS HA REFUNDIDO al establecer que "los
muebles se prescriben en tres años y en esta materia, la posesión vale por título",
"SEMEJANTE ANTINOMIA ES ASOMBROSA".

Es evidente que se produjo en relación al tema la superposición sistemática de una nueva


estructura jurídica sobre la estructura tradicional que ya existía en la época prerepublicana,
lo que provocó sin posibilidad de substraerse, entre las corrientes, romano-hispánica y
germano-francesa, la fricción y el antagonismo que con estilo irreprochable describe Ortiz
Mattos.

En efecto, con relación a los bienes muebles, pueden tomarse dos posiciones opuestas; La
romanesca, según la cual el justo título se establece únicamente a los fines de la usucapión,
que se consuma en breve tiempo y la germánica, según la cual la posesión de buena fe de
bienes corporales, no es un simple título justo para usucapir, SINO UNA VERDADERA
ADQUISICION a non domine, sin posibilidad de reivindicación del que ha perdido la
posesión de la cosa (principio de irreivindicabilidad).

"El Código Civil de 1976 concluye con la contradicción observada por Ortíz Mattos, y
adopta el sistema francés, admitido por la mayoría de los Códigos Civiles "de origen
latino", con las siguientes características:

a) Comprende solo los bienes corporales que se transmiten mano en mano. b) Excluye a los
muebles sujetos a registro (vehículos, aeronaves, etc.) títulos al portador, y objetos
pertenecientes al patrimonio histórico y arqueológico de la Nación (art. 100, 101, 104 y 152
del Cód. Civ. Bol.).
c) Protege al 4ue tiene la posesión con "animo domine", sin tomar en cuenta la posesión
precaria o simple detentación, que debe estar exenta de vicio y ser preponderantemente de
buena fe y d) El principio de irreivindicabilidad no ampara al poseedor de mala fe quien
adquiere la propiedad mediante la posesión continuada de diez años (art. 149 Cód. Civ.
Bol.) y tampoco rige en los casos excepcionales previstos por el art. 102 del Cód. Civ.

¿Cuál es la naturaleza jurídica, de la adquisición a non domine de bienes muebles


corporales no sujetos a registro, por el poseedor de buena fe, quien protegido por la ley,
puede repeler todo intento de reivindicación del anterior dueño?

Alrededor del tema se han desarrollado las siguientes teorías:

a) El poseedor del mueble se convierte en propietario por el efecto inmediato de la


"prescripción extemporánea".

Consideramos errada la tesis, ya que en toda prescripción deben concurrir dos elementos
fundamentales: la posesión y el tiempo, y desde esta última perspectiva, jamás se puede
hablar de prescripción instantánea (o si se quiere de prescripción incontinenti); no existe
base jurídica suficiente para pretender la existencia de este tipo de prescripción, reconocer
la usucapión en esas circunstancias significa incurrir en contradicción in adjecto.

Al concluir este acápite, hacemos notar la tesis original de Lafaille, para quien nos
encontramos frente a "una situación sui generis, como si fuera prescripción".

b) La posesión de buena fe crea en favor del poseedor, la presunción de ser el propietario de


la cosa; más que -presunción juris tantum, es presunción absoluta (juris et de jure). Esta
tesis predomina en la Doctrina Francesa y en el Derecho Civil Argentino (art. 2412).

En este tipo de adquisición la buena fe es formula de oro, calificada por Josserand, como
"regla de oro", con el siguiente razonamiento: "Soy Poseedor de Buena Fe", por
consiguiente soy propietario, esta regla que es prueba, ha sido establecida no en interés de
los canallas, sino para constituir legítimos propietarios".

La presunción legal, presunción de propiedad, favorece al poseedor de buena fe, tiene el


efecto inmediato de separar la propiedad, de su causa, y conferirle un carácter abstracto; el
título del poseedor del mueble es su posesión misma. Se "libera" de la acción
reivindicatoria, convirtiéndose en dueño de la cosa inmediatamente. Para la Corte Suprema
la tenencia de buena fe de la cosa mueble, constituye "presunción legal de ser propietario el
adquirente".

Según Messineo "el concepto de presunción es manifiestamente inadecuado para


proporcionar una explicación satisfactoria.

c) La adquisicián posesoria de un mueble al amparo de la buena fe, presenta puntos de


contacto con la ocupación. Esta teoría es la más deleznable, porque en este tipo de
adquisición se necesita el acuerdo celebrado entre el non dominus y el tercero adquirente,
en daño del anterior dueño; además recae SOBRE UNA COSA APROPIADA CON
ANTERIORIDAD, y no se trata de una res millius o res derelictae, sin propietario
conocido.

d) Ni prescripción, ni presunción legal, ni ocupación; nos encontramos frente a una


adquisición "pura", lege originaria; lege porque el poseedor se convierte inmediatamente en
propietario por voluntad del legislador, por autoridad de la 1ey y originaria porque el
poseedor de buena fe del bien mueble corporal no sujeto a registro, es adquirente
autónomo, independiente, con soberanía propia, NO RECONOCE UN CAUSANTE, NO
ES UN CAUSAHABIENTE, no tiene porque ampararse en un título traslativo anterior. El
dominio que obtiene resulta de un acto unilateral, de su voluntad libre de todo control; la
propiedad que adquiere ES NUEVA, libre de gravámenes, "en la medida en que ha
ignorado las obligaciones y las cargas nacidas en ocasión de la cosa que posee".

Messineo está afiliado a esta tesis, a la que nos adherimos plenamente. El ilustre autor dice
así: "como es a título originario la adquisición de los bienes inmuebles por usucapión
abreviada, aunque se la realice en base de título, IGUALMENTE ES A TITULO
ORIGINARIO, la adquisición a non domino de bienes muebles"; "es un modo de
adquisición por sí mismo, que SE OPERA POR LEY E INSTANTANEAMENTE", lejos
de la voluntad del antiguo propietario".

CAPITULO SEXTO
OTROS MODOS DE ADQUISICION DE LA PROPIEDAD

La multiplicación de nuestras creaciones no llegará nunca a la variación posible de los


ejemplos.

Montaigne.

El art. 110 enumera todos los modos originarios y derivativos, desarrollados hasta ahora en
el presente trabajo y en su parte final hace mención a "los otros modos establecidos por la
ley".

En este capítulo nos referiremos, sin la pretensión de agotar el tema a esos "otros modos"
adquisitivos del dominio sobre las cosas.
En nuestra opinión es razonable clasificarlos en dos especies;

6.1 Modos de Adquisici6n por el Estado.

6.1.1 La expropiación

Art. 22 de la C. P. E.

Art. 108 del Cód. Civ.

D. de 4 de abril de 1879 elevado a rango de Ley en 30 de diciembre de 1884, y Ley


Orgánica de Municipalidades de 10 de enero de 1985 (art. 90, num. 21, art. 19 num. 14, y
art. 39, num. 17).

La palabra expropiación, literalmente significa, privación del dominio. En Derecho no se


emplea el vocablo con tanta latitud. Es una "forma avanzada del sacrificio impuesto a la
propiedad privada"; jurídicamente es un instituto de Derecho Público por el cual el Estado,
para la realización de obras o servicios de utilidad pública o por incumplimiento de la
función social que debe desempeñar la propiedad, priva coactivamente del bien a su titular
observando el procedimiento prescrito por la ley.

El art. 22 de la C.P.E. "garantiza la propiedad privada siempre que el uso que se haga de
ella no sea perjudicial al interés colectivo". La expropiación "se impone por causa de
utilidad pública o cuando la propiedad no cumple función social, calificada conforme a ley,
Y PREVIA INDEMNIZACION JUSTA" (conc. con el art. 108 del Cód. Civ. Bol.).

Consideramos que también puede ser privado el particular de su propiedad a través de un


trámite expedito, en situaciones excepcionales. Por ejemplo, guerras, epidemias, incendios,
inundaciones, terremotos, etc. Se trata de la expropiación extraordinaria o "anormal"; en
ella la causa, es la necesidad pública notoriamente apremiante, antes que la utilidad pública.

El art, 2512 del Cód. Civ. argentino prevé los supuestos anteriores al estatuir: "Cuando LA
URGENCIA DE LA EXPROPIACION, tenga un carácter, de NECESIDAD, de tal manera
IMPERIOSA, que sea imposible ninguna forma de procedimiento, la autoridad pública
puede DISPONER INMEDIATAMENTE DE LA PROPIEDAD PRIVADA, bajo su
responsabilidad".

Demelombe, refiriéndose a una circunstancia análoga prevista por la norma precedente,


dice: "Así en una ciudad en estado de guerra, una orden del jefe del pueblo, y AUN EN
CASO URGENTE DE NECESIDAD, del jefe de las tropas, basta para autorizar la
demolición de un edificio, pero aún en este caso opinamos porque se pague una
indemnización al propietario perjudicado, obligación que parece reconocer la última parte
del antes citado art. 2512 cuando expresa: "bajo su responsabilidad".
También es interesante señalar que la Ley de Reforma Agraria (D. L. 03464 de 2 de agosto
de 1953 elevado a categoría de ley en 29 de octubre de 1956), establece el régimen de
EXPROPIACIONES de los terrenos afectados a los propietarios, en favor de los
campesinos, por razones de UTITILIDAD PUBLICA, "determinada por la necesidad social
de habilitar las tierras para el cultivo, concediéndolas en favor de quienes las trabajan" (So.
Considerando, arts. 156, 157, 158, 159 y 160, concordantes con los arts. 1ro. y 2do. del
D.L. Nº 03525 de 15 de octubre 1953). Según Urquidi no se pagaron las indemnizaciones
por negligencia administrativa y el estado de anarquía que se ha fomentado en la clase
campesina.

El instituto está regido por el Derecho Público cuando el Estado decide y ordena la
expropiación, mediante una medida coercitiva impuesta al dueño del bien expropiado, y por
el Derecho Privado cuando el ente expropiador paga la indemnización justa.

Se la considera una enajenación forzosa realizada sin el consentimiento del propietario,


pero estimamos que la expropiación no se encuadra exactamente dentro del concepto de la
venta, que exige como todo contrato un acuerdo de voluntades, creemos que ni siquiera
estamos frente al supuesto, en el que una persona puede ser obligada a vender contra su
voluntad.

En rigor, no puede existir venta cuando el Estado se adjudica el bien particular, sin el
consentimiento del dueño. El Estado no discute con el "vendedor", no negocia condiciones,
ni cuestiona plazos, impone una solución, NO CANCELA UN PRECIO, PAGA UNA
REPARACION. Desde este punto de vista, en la expropiación no se vislumbra ni la sombra
de un contrato. Por otra parte es falso, y aún inútil argüir que el que adquiere un bien, está
aceptando el derecho latente del Estado de expropiar, cuando crea conveniente al amparo
del principio de la utilidad pública, o sea el derecho eminente del poder expropiador, sin
tomar en cuenta de que, por una parte, toda persona está obligada a acatar las leyes, las
admita o no, le plazca o no, pero por otra, debe compaginarse la acción de ese poder con el
Estado de Derecho en el cual gobernantes y gobernados, se encuentran sometidos a un
mismo ordenamiento jurídico. Sostenemos que la expropiación encuentra un fundamento
sólido en la teoría de los fines del Estado y en la función esencial de éste de promover el
bien común, que exige la prevalencia de los intereses comunes y generales sobre 19s
intereses particulares. En la medida que se sirvan a los primeros obedeciendo a razones de
utilidad pública e interés social, la expropiación se explica y justifica.

Según el art. lº del D.R. de 4 de abril de 1879 "siendo inviolable el derecho de propiedad no
se puede obligar a ningún particular, corporación o establecimiento de cualquier especie, A
QUE CEDA O ENAJENE LO QUE SEA DE SU PROPIEDAD para obras de interés
pública, sin que PRECEDAN los requisitos siguientes:

1º Declaración solemne de que la obra proyectada es de utilidad pública y permiso para


ejecutarla.

2º Declaración de que es indispensable que se ceda o enajene EL TODO O UNA PARTE


de la propiedad para ejecutar la obra de utilidad pública.
3º Justiprecio de lo que haya de cederse o enajenarse y
4º PAGO DEL PRECIO DE LA INDEMNIZACION.

El art. 80 del mismo Decreto señala: "El precio íntegro de la tasación SE SATISFACERA
AL INTERESADO CON ANTICIPACION AL DESAHUCIO".

Los efectos de expropiación son:

a) Con el pago del precio indemnizatorio, el Estado sustituye al particular en el derecho de


propiedad que ejercía sobre el bien expropiado.

b) Como consecuencia de esta sustitución el ESTADO ADQUIERE EL DOMINIO del


bien, el que como nuevo aditamento a la propiedad pública acrece el patrimonio de la
Nación.

El Estado al expedir el decreto supremo o la ordenanza municipal, ejerce el jun imperium;


al cancelar el precio actúa juris gestionis, ambos actos son fundamentales para que se
realice la expropiación, "otro modo" de adquisición de la propiedad, diferente de los modos
comunes pormenorizados en el art. 110 del Cód. Civ.

6.1.2 La nacionalización.

La nacionalización es un modo de adquisición por el Estado, de industrias y bienes de


carácter privado. Según Salazar "consiste en la adquisición por parte del Estado de
industrias y bienes". Fue hasta mediados del siglo XX más o menos, la Política adoptada
por muchos gobiernos, con la finalidad de frenar el auge del individualismo económico. En
la época actual está en franca decadencia por haberse impuesto la privatización, que radica
en la adquisición de los bienes del Estado por los particulares.

6.1.3 La confiscación o el comiso

(Arts. 407, 408, 409, 413, 416 y 418 de la Ley Orgánica de Administración Aduanera de
1ro. de abril de 1929).

La Ley reguladora de las actividades administrativas de la Aduana Nacional emplea


erróneamente el vocablo confiscación, ya que esta institución, se refiere a la adjudicación
por el Estado de la propiedad privada, por causas relacionadas con políticas internas o
internacionales en los casos de ocupación de territorio enemigo, sin indemnización. Para
Cabanellas la confiscación es "un robo", decretado por el Poder Público, prohibido por la
mayoría del las Constituciones y por el Derecho Internacional.

Por otra parte, el comiso "designa la pena en la que incurre quien COMERCIA CON
GENEROS PROHIBIDOS, al que se le secuestra la mercadería" y también por comiso o
decomiso se entiende a la privación de la posesión o tenencia de determinadas cosas que
como limitación a la propiedad particular, impone el Estado, por ser contrarias y peligrosas
al interés público. Tiene las siguientes características:

a) Debe resultar directamente de una ley formal que funde los motivos y causas de interés
público de la pérdida de la propiedad privada sobre las cosas. Ese instrumento legal es una
expresión del ejercicio del Poder de Policía.

b) Sólo procede con respecto a las cosas muebles; no están incluidos los inmuebles.

c) La propiedad decomisada está excluida de la protección constitucional, lo que explica


que no hay lugar a ningún tipo de indemnización, y
d) Las cosas decomisadas, por su propia naturaleza, no son tomadas para usos o
aplicaciones prácticas, generalmente son destruidas.

De las explicaciones anteriores se deduce que la Ley de Aduanas es imprecisa y equívoca,


cuando reconoce como equivalentes en significación jurídica, a los vocablos confiscación y
comiso.

Con esta aclaración que la consideramos necesaria y sujetándonos a la ley, "la confiscación
o comiso" es "la pena impuesta a ciertas infracciones de orden fiscal y recae sobre las cosas
por razón de las cuales se ha cometido la infracción o sobre las que han servido o han sido
destinadas para cometerla" (art. 407 de la L.O. de Ad. Aduanera) y expresa asimismo "el
conjunto de cosas y objetos que han sido o pueden ser materia de comiso o confiscación"
(art. subsiguiente 408).

La "confiscación o comiso" procede en el contrabando o la evasión fiscal aduanera. Una


vez retenidos los bienes, siempre que no sean corruptibles situación que obliga a venderlos
inmediatamente en subasta pública en el plazo no mayor de ocho días (art. 413 de la misma
ley) se inicia un proceso administrativo que termina con sentencia. Si se han comprobado el
contrabando o la evasión fiscal, se señala día y hora, para la venta de los bienes
decomisados. Deben deducirse los derechos adeudados al fisco. El remanente corresponde
a la cancelación de gastos ocasionados por el procedimiento y al pago del premio al
denunciante de los hechos ilegales cometidos por los infractores (art. 416).

Se trata de "otro modo" de adquisición del Estado de la propiedad, no del bien o bienes
decomisados, sino del producto de una parte del remate de los mismos, correspondiente a
los derechos adeudados al Fisco, debiendo distribuirse el remanente entre los que hubiesen
denunciado o descubierto el contrabando "después de pagarse los costos que ocasione el
procedimiento".

6.1.4 La reversión

En el lenguaje ordinario reversión significa la restitución de una cosa al estado que antes
tenía. En el léxico forense expresa el retorno de una cosa a la propiedad del dueño
primitivo.

Pero, la institución que interesa es la reversión al Estado, cuyos antecedentes se remontan a


la Edad Media, periodo histórico en el que los reyes acordaron la restitución de todas las
concesiones graciosas, en los casos de lesión o en los que no hubiese mediado un precio
efectivo, teniendo en cuenta los enormes daños padecidos por el erario ante el despojo de
los pueblos, fincas, oficios y derechos segregados de la Corona "merced a la confusión de
las ideas jurídicas y el orgulloso ascendiente de la nobleza", según recuerda Alcubilla.

En la reversión el Estado vuelve a adquirir la propiedad que antes había concedido o


reconocido a un particular, generalmente cuando existe omisión en el deber de trabajarla.
Se trata de una sanción a la desidia y abandono del beneficiario.

La propiedad privada debe cumplir siempre una función social.

La noción de la propiedad-función, ha sufrido notables viscisitudes en el curso implacable


de la historia.

Aulio Gelio recuerda que en el tiempo de Catón el Censor (234-139 A.C.) "Si alguno
descuidaba el cultivo de su campo, lo dejaba en mal estado, no labrándolo, no abonándolo
ni cuidaba de sus árboles, ni de sus viñedos, cometía delito castigado por ley. La represión
estaba encargada a los Censores que privaban a los culpables del derecho de sufragio"316.
Apartándonos de la pérdida del derecho político (que actualmente también es un deber) del
negligente, llegamos a la conclusión de que en la Antigua Roma, el derecho de propiedad
no era tan absoluto, el jus utendi, el jus fruendi y sobre todo el jus abutendi, no tenían las
características atribuidas hoy por los profesores y autores de Derecho Romano y Derecho
Civil, por el contrario parece no ser en esa época una novedad la doctrina de la función
social de la propiedad.

En el siglo XIX Augusto Comte, filósofo creador de la Escuela Positivista y fundador de la


Sociología, decía: "el hombre carece de derechos, pero no de deberes". "Vivre pour autri",
era el lema que condensaba el deber social. "El ciudadano es un funcionario público cuyas
atribuciones trasladadas a la propiedad, obligan a que ella cumpla una indispensable
función social destinada a formar y administrar capitales con los cuales cada generación
prepara trabajos de la siguiente"

Comte había elaborado la teoría de la función de la propiedad desde el punto de vista


filosófico; cupo al jurista León Duguit desarrollarla en el campo jurídico; y en ese sentido:
"La propiedad no es el derecho subjetivo del propietario es la función social del tenedor de
la riqueza" "El individuo no es un fin es un medio, no es más que la vasta máquina que
constituye el cuerpo social, el propietario tiene por consiguiente el poder de emplear la
propiedad en la satisfacción de las necesidades comunes, de una colectividad nacional
entera o de colectividades secundarias. Aquellos que no persiguen un fin de utilidad
colectiva, serán contrarios a la ley de la propiedad y podrán dar lugar a una represión o a
una reparación".

La Doctrina Social de la Iglesia, sigue esta línea de ideas, pues conjuga los aspectos
individual y social de toda propiedad.

En el siglo actual, hace treinta y cinco años, en un Documento Pontificio, pleno de Doctrina
y acción, fue revelada la opinión de la Iglesia sobre el tema. En la parte sobresaliente en la
Encíclica Papal "Mater et Magistra" (15 de mayo de 1961) se lee:

"La función social de la propiedad privada, surge de la naturaleza misma del derecho de
propiedad, derecho natural que el Estado no puede suprimir incluyendo los bienes
instrumentales. En el plan de la Creación, los bienes de la tierra están destinados, ante todo,
para el digno sustento de todos los seres humanos" (Juan XXIII. La Cuestión Social.
Editorial Sígueme. Segunda Edición. Salamanca 1963. pág. 14 y pág. 58).

Ese criterio está visiblemente inspirado en Santo Tomás de Aquino, cuyo pensamiento
filosófico, concibió al Derecho Natural como eterno orden del ser, originado en Ja razón de
Dios. Frontalmente opuesta a la concepción tomística, se halla ubicada la Teoría Pura de
Hans Kelsen, para quien el Derecho es solamente Derecho Positivo, norma jurídica, todo lo
demás es ideología y "debe ser aislado del conocimiento jurídico". En este sentido mientras
que para la Iglesia la función social es congénita, innata, conexa al Derecho de Propiedad,
para el Derecho Positivo, negación tajante del Derecho Natural, no hay tal función, sino
existe una norma objetiva que la establezca, como carga, o mejor como una obligación del
propietario, sujeta a sanción en caso de incumplimiento, y sin posibilidad de ser rehuida.

Volviendo a la reversión propiamente dicha, anotaremos que la Legislación Patria,


reconoce las siguientes subespecies:

a) Reversión de concesiones y adjudicaciones de tierras baldías.

(Art. 67 del D.L. No. 03464 de 2 de agosto de 1952 elevado a Ley en 29 de octubre de
1956, arts. 7o, inc. a) y 34 del D.S. No. 05702 de 10 de febrero de 1961, Ley de la
República (No. 371) desde el 22 de diciembre de 1967).

El precitado art. 67 (primera parte), ordena la reversión, sin indemnización de las


concesiones y adjudicaciones de tierras baldías que no hubiesen cumplido con las
finalidades de la Ley de 26 de octubre de 1905 y disposiciones posteriores, tales como las
de colonizaciones y explotación racional de los recursos naturales renovables.

Esa Ley reglamentada por el D.S. de 20 de junio de 1907, concordante con las Leyes de 3
de diciembre del mismo año y lo. de diciembre de 1909. D.D. S.S. de 27 de abril de 1907 y
6 de marzo de 1912 y la Circular de 20 de marzo de 1911; en su art. lo. "reconocía y
permitía la adjudicación de esas tierras mediante compra a todo nacional o extranjero capaz
conforme a la ley civil"; estableciendo como unidad de adquisición la hectárea (art. 20.). El
comprador estaba obligado a constituir una familia agraria, por lo menos cada mil
hectáreas, para "impulsar la colonización en el plazo de cuatro años, bajo conminatoria de
declararse la nulidad de la adjudicación" (arts. 4o. de la Ley y 28 del Reglamento).

La segunda parte del mismo art. 67 disponía la reversión al dominio del Estado, de las
concesiones y adjudicaciones de tierras baldías, cuyos titulares, aún cumpliendo con el
mandato de la ley, tenían que ceder ante la urgente necesidad de establecer en sus
asentamientos "poblaciones urbanas y rústicas, colonias, servicios de defensa, y otros que
interesan a la colectividad". Al Estado le correspondía pagar la indemnización.

b) Reversión de tierras consolidadas o dotadas en el proceso de Reforma


Agraria.

(Arts. So., 33, 77, 78, 80, 92 de la Ley de la Reforma Agraria, 7o. y 34 de D.S. Nº 15702 de
10 de febrero de 1961, elevado a rango de ley por la de 22 de diciembre de 1967. Nº 371).

La función social de la propiedad exige el uso y goce de la propiedad agraria privada.


Esencialmente significa una noción económica, cuya base es el trabajo. La producción debe
satisfacer totalmente las necesidades del trabajador y parcialmente del grupo social.

En esta virtud, el propietario del predio consolidado en su favor o el trabajador dotado, por
resoluciones de las autoridades jurisdiccionales del Servicio Nacional de Reforma Agraria,
está obligado a trabajar; existe una condición resolutoria de dominio. Si sobreviene la
omisión de la labor agraria, este hecho negativo extingue el derecho de propiedad, la tierra
vuelve al dominio del Estado. La condición resolutoria es perpetua, pues se aplica
indefinidamente, sin que la tierra tenga la posibilidad de redimirse de ella.

El art. 7o. inc. a) de la Ley Nº 371, tipifica como acto contrario a la producción agrícola "el
abandono injustificado de la propiedad agropecuaria".

El art. 34 de dicha Ley sanciona ese abandono carente de causa legítima, con la
intervención del Ministerio de Asuntos Campesinos, por resolución expresa. Debe
tramitarse previamente ante el Inspector Regional y la Dirección General del Trabajo y
Justicia Campesina, un procedimiento agrario de afectación y reversión al Estado de las
tierras intervenidas, cualquiera que sea su extensión para su posterior dotación a
cooperativas agropecuarias o agricultores de acuerdo al grado de preferencia reconocido
por la Ley de Reforma Agraria.

Las anteriores modalidades de reversión agraria, se refieren a dos situaciones claramente


definidas, la primera a las tierras baldías, y la segunda a las tierras consolidadas o dotadas
dentro de esa medida modificatoria del sistema de tenencia de la tierra que es la Reforma
Agraria.

En ambos supuestos, el Estado readquiere la propiedad que se reintegra nuevamente a su


dominio.

c) Reversión de tierras adjudicadas en el proceso de colonización.

(Arts. 68 y 69 de la Ley General de Colonización de 31 de julio de 1966. D.L. No. 07765).

El proceso de colonización es de distribución de tierras. En Bolivia preponderantemente en


las zonas tropicales, existen "grandes desiertos demográficos" que deben ser la base física
de los asentamientos humanos. Se trata de adjudicar tierras a colonos que deseen
trabajarlas, de ampliar y diversificar la economía nacional, vertebrar las diferentes regiones
del país y afirmar la unidad nacional.

El colono también está sujeto a la condición resolutoria de trabajo de los terrenos


adjudicados por compra, aunque por un precio siempre inferior al real "en mérito del
sentido social de la colonización" (art. 59 de la Ley General de Colonización).

Si el adjudicado no realiza trabajos o abandona la adjudicación, procede la reversión al


dominio del Estado, sin indemnización (art. 68).

Sin embargo la reversión puede ser parcial, puesto que debe respetarse aquella parte "en
que las entidades o personas beneficiadas, hayan establecido trabajos de colonización", (art.
68 inc. a) última parte)

Finalmente se reconoce otro tipo de reversión, que propiamente no es una sanción, a la


desidia, ni al abandono, sino que responde a un objeto superior; la necesidad pública de
instalar centros urbanos, viveros, granjas pilotos, hospitales y otros servicios públicos. El
colonizador tiene derecho a una indemnización justa (art. 69).

d) Reversión de árboles de goma (siphonia y hevea) y castaña.

(Arts. 70 y 71 de la Ley Fundamental de Reforma Agraria.)

Según dichas normas, revierten al dominio público los árboles de goma y castaña, con la
reserva de adjudicar a todo trabajador agrícola que recolecta la resma y los frutos
(siringuero) una pequeña propiedad en un lugar adecuado para la agricultura y otorgarle en
concesión dos estradas gomeras.

La reversión se justifica porque los anteriores concesionarios, incumplieron con el deber de


trabajar directa y personalmente en la industria extractiva de la goma y castaña. Al
contrario explotaban los árboles por intermedio de los siringueros con quienes pactaban
contratos leoninos, con el socolor de la provisión de avíos. Este engaño fraudulento e
inhumano a los trabajadores de la Amazonía boliviana dio origen al enriquecimiento
ilegítimo de una minoría privilegiada y explotadora.

e) Reversión minera.

El art. 136 de la C. P. E. establece el dominio originario del Estado, sobre el subsuelo con
todas sus riquezas naturales.

El art. lo. del Cód. de Minería (D.L. No. 07148 de 7 de mayo de 1965, elevado al rango de
Ley por la No. 1243 de 11 de abril de 1991, con "supresiones, sustituciones, modificaciones
e incorporaciones"), prescribe: "Pertenece al dominio originario del Estado todas las
sustancias minerales, cualquiera que sea su origen o forma de yacimiento, hállense en el
interior o en la superficie de la tierra".
La legislación patria reconoce el sistema regalista que distingue la propiedad minera de la
superficial. El Estado como poder soberano ejerce jurisdicción sobre las minas, como
bienes situados en su territorio. Se trata de un dominio eminente, radical, que se refiere al
privilegio del Estado, de reglar el destino de la propiedad subterránea, conferir el derecho
de explotarla vigilando que la misma se realice con acendrado apego al orden público, a la
conservación del suelo, la seguridad de los obreros mineros y percibir un tributo sobre los
productos que de la mina. Todas esas atribuciones detallados por Migeneron configuran un
dominio sui generis cuyo nombre deriva de la regalía que se la reconocía al soberano
(regalis: regio) es decir de aquella preeminencia o prerrogativa que ejercía en virtud de ser
suprema autoridad. Hoy esa potestad se ha trasladado "al Estado"

Arce Brown, autor nacional comenta; "analizando el art. lo. de nuestro Código, vemos que
adopta claramente el sistema dominial o regalista"

En este sistema nunca pierde el Estado el derecho originario, sólo se desprende, del ius
utendi y el ius fruendi, y el ius abutendi queda limitado; el dominio coexiste. El Estado
tiene el derecho después de constituida la propiedad minera particular, de exigir el
cumplimiento de todas las obligaciones y de recuperarla en los casos expresamente
señalados por la ley, de volver a adquirirla, decimos nosotros. Siempre permanece, una
relación indestructible entre Estado y subsuelo, escondida, pero auténtica, pletórica de
vitalidad, como "las raíces que ocultas en el seno de la tierra le sirven de sostén y le
proporcionan los elementos que la nutren".

De acuerdo al Código de Minería cualquier persona pueden pedir una concesión para
explotar las sustancias minerales (arts. 60 y 61). La unidad de medida es la pertenencia, se
trata de un volumen piramidal, con una base cuadrada de cien metros de lado, medido
horizontalmente en el terreno y cuyo vértice se encuentra en el centro de la tierra (art. 51
conc. con los arts. 33, 34, y 35 del Cód. de Minería).

La autoridad competente, previo cumplimiento de las formalidades de ley, dicta auto de


adjudicación en favor del peticionante (arts. 237 y 240), quien desde ese momento está
constreñido a ejecutar trabajos y pagar patentes.

La reversión de la propiedad minera por el Estado es una consecuencia de la extinción de la


concesión, que puede producirse en las siguientes situaciones:

e.1) Renuncia

e.2) Reducción total o parcial

En ambos casos previstos por los arts. 141, 142 y 143, las pertenencias renunciadas o las
partes reducidas, se revierten al Estado.
e.3) Caducidad

Puede ser caducidad ipso facto (art. 145), sin necesidad de auto declarativo, ni denuncia de
tercero. Se produce:

1) Cuando el interesado abandona sus trámites durante seis meses dentro del período
comprendido entre la petición y la extensión del título ejecutorial.

2) Cuando no presenta croquis en el plazo de 40 días (art. 146 inc. b, conc. con el art. 233)

3) Cuando declarada la caducidad ipso jure no se reclama dentro del plazo de 5 días, de la
notificación con el auto de caducidad.

4) Cuando el interesado no salva las observaciones del perito fiscal en el caso previsto por
el art. 151.

5) Cuando una sociedad extranjera que ha obtenido concesiones o las mismas estén en
trámite, no hubiese obtenido el reconocimiento de su personería jurídica.

También la ley reconoce la caducidad ipso jure o de derecho (art. 147) si existe denuncia de
un tercero. Es necesario auto expreso. Se opera:

1) Cuando hay incumplimiento y negligencia del interesado en el impulso del


procedimiento para obtener la concesión (arts. 148, 149,150, 152y 153).

2) Cuando no se han iniciado los trabajos exploratorios o habiéndolos iniciado los


abandone el concesionario por dos años (art. 155)

3) Cuando dictado el auto de adjudicación no ha iniciado trabajo en 6 meses en la


concesión de desmontes, escorias y relaves o habiendo iniciado abandona el trabajo.

4) Cuando el adjudicatario deja de pagar patentes por dos semestres vencidos (art. 157).

El efecto de ambas formas de caducidad es el mismo. Las pertenencias mineras SE


REVIERTEN AL ESTADO.

e.4) Nulidad

La nulidad acaece por violación de disposiciones sustanciales insertas en el Código.


Procede de oficio o a denuncia de un tercero; en la primera hipótesis se ordena el archivo
de obrados y la franquicia del terreno; y en la segunda se declara la nulidad, revirtiendo la
concesión al dominio originario del Estado. La concesión revertida puede adjudicarse al
denunciante que tiene prioridad (art. 17 Cód. Minería).

Finalmente se revierten al Estado las pertenencias mineras que fueren otorgadas a personas
naturales o jurídicas extranjeras dentro los 50 kilómetros de las fronteras internacionales del
país (art. 25 de la C. P. E.), o a Estados y gobiernos extranjeros, corporaciones y otras
entidades que de ellos dependan (art. 13 del Cód. de Minería) o a los funcionarios,
empleados y personas detalladas en los arts. 14 y 15 del mismo Código.

6.1.5 Herencia Vacante.

Sobre el tema se han planteado dos teorías:

a) El Estado adquiere como heredero.

El art. 1111 del Cód. Civ. prescribe: "A falta de herederos legales y testamentarios, la
herencia se defiere al Estado. La adquisición se opera de derecho, sin que haga falta la
aceptación, ni tenga lugar la renuncia".

Con relación a esta norma Morales Guillén comenta: "Es de interés general que exista EN
TODOS LOS CASOS un titular del patrimonio hereditario, a fin de evitar que los bienes se
conviertan en vacantes, y se rompa la continuación de las relaciones patrimoniales. Así sea,
sólo para proveer a la administración de los bienes y al pago de las deudas, el Estado queda
investido de la calidad de sucesor, sentido en el cual la sucesión del Estado coincide con el
fenómeno de la vacancia de la herencia" (Messineo).

Por otra parte Villafuerte Claros afirma: "El art. 1111 indudablemente modelado en el art.
586 del Cód. Civ. Italiano difiere de éste, sin embargo en que mientras el nuestro establece
que la adquisición de la herencia por el Estado es de derecho, en el Italiano opera de
hecho"331; lo que no es cierto, puesto que de acuerdo al precitado art. 586 "la adquisición
del Estado de los bienes vacantes SE OPERA DE DERECHO". Consiguientemente no hay
disparidad entre el texto boliviano con el italiano.

El mismo autor continúa: "El Estado es heredero simplemente legal, necesario, carente de
derecho de opción, con responsabilidad intra vires y forma el quinto orden sucesorio. No es
un mero adquirente de bienes vacantes y mostrencos, porque los bienes del de cujus no
permanecen ni el más ínfimo instante sin dueño".

b) El Estado adquiere en virtud del dominio eminente.

Esta tesis es ajena a la idea del Estado "sucesor" con ciertas particularidades. El Estado
adquiere no como heredero residual sino en virtud de su ius imperium, ya que ejerce
soberanía sobre todos los bienes situados en el territorio sujeto a su jurisdicción.

El Código Civil Francés es fiel a esta posición cuando en el art. 713 preceptúa: "Los bienes
que no tienen dueño pertenecen al Estado", y el art. 539 dispone que los bienes vacantes sin
dueño y los que pertenezcan a personas que mueren sin herederos o cuya sucesión sea
abandonada "pertenecen al dominio público". El Estado no hereda, los bienes PASAN AL
ESTADO. El art. 723 expresa: "Les biens passent a l'État", y el art. 768 expresa "la
sucessión est acquise a l'Etat" (La sucesión es adquirida por el Estado). En consencuencia
el Estado no adquiere la herencia en "desherence", a título sucesorio sino en virtud de su
dominio evidente fundado en la soberanía.

Pero si trasladamos esa concepción a nuestra realidad jurídica, observamos que el régimen
del Dominio Público exige a los bienes o las cosas que lo integran físicamente un relativo
carácter "permanente" e irreemplazable", sino es así no se justifica ese régimen. Por tales
razones las cosas fungibles y consumibles no forman parte del Dominio Público y tampoco
los bienes muebles, a no ser que integren una universalidad pública destinada a una utilidad
pública o por lo menos a una utilidad común, como los animales de un zoológico, las
plantas de un jardín botánico, o los documentos y libros de archivos, bibliotecas públicas,
etc.

Desde ese punto de vista, los dineros y otros bienes fungibles, los muebles, etc. no forman
parte del Dominio Público, presentándose la situación curiosa y absurda de que una parte
(quien sabe la más valiosa) de la herencia vacante, no podría ser tomada por el Estado.
Finalmente el criterio del dominio eminente es tachado de medieval y ya no cuenta con
adeptos.

c) Nuestra opinión.

Si bien nuestro Código Civil especialmente los artículos 1086 al colocar al Estado en el
quinto Orden Sucesorio (después de los descendientes, ascendientes, cónyuge y colaterales)
y 1111 al referirse a la "Sucesión del Estado" apunta inexorablemente a que sea sucesor el
Fisco, no es menos evidente que tal cualidad no es propia de esta último.

En efecto, si por sucesión (desde luego Mortis Causa) entendemos a la transmisión de la


universalidad patrimonial de una persona que muere a otra que le sobrevive, si al
producirse el fenómeno sucesorio cambia el sujeto pero no el objeto, si la herencia deja el
causante al causahabiente o legatario en su caso, por afecto que presume la ley originado en
lazos familiares, de amistad, sentimientos de gratitud, simpatía, admiración, etc. (relaciones
afectivas que jamás podría haber tenido el difunto con el Estado), sino se conoce heredero
necesario, forzoso o inevitable, ya que se puede aceptar la herencia llanamente o con
beneficio de inventario, o renunciar o simplemente guardar silencio, tenemos que concluir
que el Estado no es heredero, porque se reconoce como tal a la persona beneficiada por la
herencia, con todos los alcances, efectos y responsabilidades que establece la ley o Al
contrario se lo conceptua ajena a la sucesión. Sobre el particular no son admisibles
posiciones intermedias, contemporizadoras o "eclécticas"; consecuentemente no es
aceptable la existencia de un sucesor "irregular" o "sui generis", una persona es heredera o
no es.

Pero algo más, el art. 586 del Cód. Civ. Italiano dispone: "l'ereditá é devoluta allo stato".

Opinamos que el Estado adquiere más que la herencia, gran parte del producto del remate
de los bienes que forman el caudal relicto, y que es destinado a su dominio privado. Cuando
falta descendientes, ascendientes, conyuge y colaterales, surge un hecho, la vacancia de la
herencia, NO LA VACANCIA DE LA SUCESION y no es que la falta de herederos
forzosos o simplemente legales automáticamente dé lugar a que los bienes dejados por el de
cujus carezcan de dueño, lo que ocurre es que se presenta antes de al adquisición del
Estado, dos etapas previas que son:

1) La reputación O PRESUNCION DE VACANCIA, período en el que se realizan la


denuncia, nombramiento de un curador (funcionario de la Secretaría de Educación,
dependiente del Ministerio de Desarrollo Humano) las medidas de seguridad, citaciones
edictales A PRESUNTOS HEREDEROS, y la Resolución final (art. 698-703 Cód. Pdto.
Civ.).

2) Con este último acto procesal nace la vacancia de la herencia, Y SE DECLARA


RECIEN el derecho de propiedad del Estado sobre los bienes vacantes (art. 702 Cód. Pdto.
Civ.) el denunciante percibe la cuarta parte del valor de los bienes. Tratándose de
inmuebles el valor es catastral, de muebles es pericial y de acciones, títulos y valores
mobiliarios, es nominal.

De todo lo expuesto se colige que el Estado es esencialmente UN LIQUIDADOR de una


masa de bienes, a los que no se atribuye titular alguno en calidad de sucesor universal.

La adquisición no es derivativa porque no existe relación jurídica alguna entre el titular


precedente (el difunto, causante o de cujus) y el Estado, y este es otro motivo más para no
considerarlo como sucesor con mayor razón si además ha tenido que transcurrir un lapso de
tiempo (el período de vacancia) durante el cual la herencia estaba yaciente.

En definitiva opinamos que la adquisición del Estado es esencialmente originaria y se opera


por ministerio de la ley, sin que hubiese mediado la transmisión del derecho de propiedad
de una persona a otra.

6.2 Modos de Adquisición por los particulares

6.2.1 La retrocesión

Art. 108 par. III Cód. Civ.

Esta norma sustantiva textualmente prescribe: "Si el bien expropiado por causa de utilidad
pública NO SE DESTINA AL OBJETO QUE MOTIVO LA EXPROPIACION, el
propietario o sus causahabientes PUEDEN RETRAERLO, devolviendo la indemnización
recibida. Los detrimentos se compensarán, previa evaluación pericial".
Cuando al bien expropiado no se le da el destino previsto en la declaratoria de utilidad
pública, la adquisición del Estado aparece carente de causa legal expropiatoria y la garantía
del derecho de propiedad privada revive.

"La expropiación puede compararse con el péndulo de un reloj donde el instrumento corre
el riesgo de perder el equilibrio y detenerse, si se pretende inclinar demasiado hacia la
derecha o hacia la izquierda; su eje es el bien común, porque el verdadero fin de la
expropiación consiste en procurar lo social y lo individual, evitando el enfrentamiento entre
los intereses que ambos conceptos representan".

En la circunstancia antes anotada surge como una necesidad imperiosa para mantener ese
equilibrio, la institución jurídica, conocida con la denominación de retrocesión por autores
como Garrone, Escola y Dromi; o retroversión por Romero Sandóval y Salvat, o retracto
por Lafaille.

Consideramos que el art. 108 debe aplicarse no sólo por destino frustrado, sino también por
destino distinto a la utilidad pública invocada en el instrumento legal expropiatorio.

El acto expropiatorio aunque consumado con el pago del precio real de la indemnización,
está subordinado a una condición resolutoria en caso de incumplimiento, esta vez respecto
del Estado; en consecuencia hasta la ejecución de la obra o servicio objeto de la
expropiación, el derecho de propiedad del expropiado, no se extingue de manera absoluta.
El dominio se ha transmitido pero provisionalmente, la retrocesión está pendiente, y el bien
aún no está fuera del comercio.

La retrocesión, que resulta ser un derecho residual, puede concretarse por gestión
administrativa, avenimiento o acción judicial.

Operada ella, el Estado se desembaraza del bien expropiado; el expropiado recobra su


dominio, pero debe devolver la indemnización recibida sin intereses, no sólo porque la ley
no lo exige sino que ellos están compensados con el uso y goce de la cosa por el
expropiante y producida la retrocesión, aparece la expropiación como un acto que nunca se
hubiera producido.

Sin embargo hacemos presente que la retrocesión es UNA FACULTAD, conferida al


antiguo dueño que puede o no ejercitarla, no siendo lícito, que el expropiante imponga la
solución.

En suma el particular, ADQUIERE por segunda vez el derecho de propiedad sobre el bien
expropiado y asume las facultades de usar, percibir los frutos y disponer libremente, de
acuerdo a la ley civil.

6.2.2 Propiedad intelectual

6.2.2.1. Derecho del autor. Antecedentes históricos

Los romanos no sólo construyeron Roma, también el Derecho Romano, en los trece siglos,
que transcurrieron, desde el año 753, a.c., hasta la luminosa aparición de la monumental
obra codificadora del emperador Justiniano (483-565), Derecho que es fuente continua y
perpetua para la creación, remoción, revisión y recreación de las instituciones jurídicas,
manantial inagotable, pues si se secara dejaría de ser fuente.

Es admirable como los romanos guiados por un prodigioso instinto jurídico consideraban a
la propiedad, COMO UN DERECHO DIFERENTE DE LOS OTROS, porque ella absorbe
el bien sobre el cual recae siendo lógico colocar en el mismo nivel patrimonial, las cosas
tangibles o corporales (tierras, esclavos, dineros, joyas, etc.) quae tangi possuit, y las cosas
intangibles o incorporales, quae tangi non possuit, como son "las que consisten en un
derecho, así una herencia, un usufructo, y las obligaciones que de cualquier modo se hayan
"contraído". La noción de la propiedad consecuentemente comprendía: "Las cosas que se
podían tocar Y LAS COSAS QUE NO SE PODIAN TOCAR".

Sin embargo predominó por muchos siglos, la idea de que la propiedad, estaba circunscrita
SOLO A LAS COSAS MATERIALES, resultando impropia la incorporación a ese derecho
tradicional, de facultades cuyo objeto esté constituido de cosas inmateriales.

Posteriormente por primera vez, en la Revolución Francesa, se abordó el tema del derecho
de propiedad, cuyo objeto puede ser incorpóreo, y ese derecho sagrado e imprescriptible era
del autor, sobre su obra. Chapelier, Mirabeau y Lakanal informante de la Ley Francesa de
1791, coincidieron en la necesidad del reconocimiento y protección de ese derecho, "que no
era nuevo porque ya existía en el Derecho Natural, antes de reunirse la Asamblea". Los
vocablos propiedad industrial y del invento, tienen su origen en la citada Ley de 1791, lo
que demuestra que la tutela de las creaciones intelectuales, técnicas y comerciales es una
conducta propia del mundo moderno y no una institución clásica del Derecho Civil.

Había surgido una nueva concepción en el ámbito patrimonial: la propiedad-creación; y


alrededor de ella se tejieron diversas teorías como la de Recht para quien, "el creador se
convierte en dueño de la obra POR OCUPACION, en el sentido del Derecho Romano
primitivo; este dominio es la base de su derecho subjetivo, que un estatuto legal, ratificará y
ordenará".

6.2.2.2. Denominación

Sobre la denominación de este derecho existen opiniones dispares, como ser "derecho
intelectual" (la más aceptada) "derecho inmaterial", "derecho de la personalidad" (la
consideramos muy lata), "monopolio de goce", "derecho propio y especial", etc. Mouchet
opina a propósito, en sentido de que no hay propiedad intelectual, ya que son más las
diferencias, que las analogías, pero concluye que "es saludable mantener los términos, por
tratarse de un error útil.

Por nuestra parte creemos que se ha ensanchado el campo de los derechos subjetivos, en la
medida en que, al decir de Ihering, "cambian los intereses de la vida" y nos encontramos
ahora frente a una propiedad suigeneris, más personal, y legítima, cuyas particularidades
responden a las leyes que la han creado y reglamentado; se trata de un derecho "de la
tercera dimensión".
6.2.2.3. Naturaleza

Con relación a la naturaleza del derecho del autor transcribimos la opinión de Castan
Tombeñas que afirma: "en su consideración patrimonial es un derecho real y en su
consideración extrapatrimonial es un derecho personal345. Según Rojina Villegas insigne
representante de la doctrina mejicana: "El derecho del autor o propiedad intelectual es un
derecho personal de naturaleza real". Para Rigaud el autor tiene sobre la obra un doble
derecho: "primero a la personalidad en tanto emana de él su obra; su consideración y honor
le son inseparables y segundo sobre su obra considerada como incorpórea, y susceptible de
ser apreciado pecuniariamente, de ser cedido, transmitido por mención o embargado".

Nosotros opinamos, que el derecho del autor es de naturaleza mixta, personal porque nace y
muere con el creador y patrimonial porque la obra creada puede ser objeto de
comercialización y transmisión.

La propiedad intelectual se halla protegido por el llamado Derecho de Autor "o Derecho de
Autoría" que comprende el conjunto de principios y teorías inspiradores de la elaboración
de normas jurídicas reguladoras de esa facultad atribuida al autor de una obra literaria o
científica o artística, en el sentido de reproduciría y explotarla económicamente en vida,
cederla o transmitirla a sus herederos observando determinados plazos y de acuerdo a la
ley. Envuelve múltiples actividades, sobre todo por advenimiento de los llamados medios
audiovisuales de comunicación social como ser: radios, televisiones, filmes, computadores,
discos, videos, cassetes, cintas magnéticas, etc.

La propiedad intelectual conlleva el ejercicio del derecho intelectual que como derecho
personal y patrimonial tiene el autor de la creación de la obra. Según Rivera "constituye el
tercer género de los derechos patrimoniales".

La cóntrafaz de ese derecho es el plagio, que significa reproducción total o parcial, no


autorizada de obra ajena protegida (obras literarias, científicas, fascículos, historias en
cuadritos, fotonovelas, álbumes musicales, cintas magnéticas, creaciones en las esferas de
los computadores -software- filmes, videos cassetes, etc. También es plagio, el tiraje
excesivo; por ejemplo, una segunda edición, no autorizada.

6.2.2.4. Derechos conexos

Concomitante al derecho del autor se encuentran los DERECHOS CONEXOS, que según
Delia Lipszyc,: "no gozan del aprecio de la doctrina". Sin embargo de su contenido aún
impreciso se han impuesto, por ser imprescindible su reconocimiento y estar permitido su
uso. También se los conoce como DERECHO VECINOS O AFINES.

Se trata de derechos reconocidos a LOS ARTISTAS, INTERPRETES O EJECUTANTES,


O PRODUCTORES DE FONOGRAMAS (del griego "phone", sonido, y "gramma",
escritor) de obras de los autores. También son del tipo de los derechos conexos los que se
reconoce a las EMPRESAS DE DISTRIBUCION por cable de programas y a los editores.
Algunas legislaciones engloban además la protección de FOTOGRAFIAS, CATALOGOS
y COMPWACIONES.

El objeto de la protección de los derechos conexos, constituyen "LA DIFUSION, NO LA


CREACION DE OBRAS LITERARIAS Y ARTISTAS"

6.2.2.5. Derecho de participación

Otro derecho que es reconocido al autor es el DERECHO DE PARTICIPACION, tuvo su


origen en Francia donde es conocido como "Droit de suite"351. También se reconocen
otras denominaciones castellanas, como ser: "derecho de secuencia", "derecho de
seguimiento", "derecho de persecusión" o "derecho de continuidad".

Es el derecho reconocido a los autores de las obras artísticas, de percibir una parte DE LAS
VENTAS SUCESIVAS. Inclusive comprende la subasta pública de los originales de la
obra, por intermedio de comerciantes o agentes comerciales.

En Holanda, se ha introducido una variante sui generis y original del derecho de


participación del autor. Se trata de un sistema de pago por el préstamo de libros, que
permite al autor PARTICIPAR EN LA EXPLOTACION DE SU OBRA.

Este nuevo "derecho de préstamo" da lugar a una explotación secundaria, distinta de la


venta de las copias del trabajo. Conviene aclarar que en este sistema, no es el préstamo en
sí la explotación secundaria, sino la puesta de la obra a disposición del público, para su
consulta.

Este procedimiento al no tomar en cuenta el precio del libro, excluye a las editoriales. La
idea fue concebida en 1961 y en 1971 se puso en práctica un plan piloto por el que se
destinaba anualmente 160.000 florines para alimentar una Fundación Literaria, la que
repartía esa suma entre los autores holandeses como compensación por el préstamo de
libros en las bibliotecas públicas, teniendo como base para la distribución el número de
copias compradas anualmente por esas bibliotecas. En 1983 se dejó a un lado el plan piloto
y basándose en que el método de préstamo público es una forma de mantener las
bibliotecas públicas y por medio de ellas estimular el hábito de la lectura, se implantó el
sistema de pago por préstamo de libros que entró en rigor mediante la Ley de lo. de enero
de 1987, que contiene tres limitaciones:

a) Los beneficiarios son sólo los autores (escritores, adaptadores, traductores, fotógrafos e
ilustradores).
b) Unicamente se aplica A LIBROS (no a grabaciones de audio o vídeo, ni a revistas, ni a
diarios), y
c) Es aplicable estrictamente a las bibliotecas públicas, sin comprender bajo este concepto a
las bibliotecas universitarias.

6.2.2.6. Derechos morales y derechos patrimoniales


El derecho del autor es a la vez alma y cuerpo.
El alma comprende los derechos morales, aquello que es inmortal, extrapatrimonial, de
duración ilimitada cuya integridad y perennidad está asegurada en el curso del tiempo.

Con la creación nace un vínculo personal muy fuerte entre la obra y el autor y entre el autor
y la obra, que es parte de su personalidad por lo que puede elegir entre su publicidad o el
anonimato.

El cuerpo abarca los derechos patrimoniales; aquéllos que pueda negociar el autor, los que
le posibilitan la obtención de un beneficio económico. Esos derechos perecen después de un
tiempo determinado.

Siguiendo con la alegoría anterior, diremos que una vez publicada la obra por el editor, "el
alma se desvanece" y "aparece el cuerpo"; la obra adquiere un valor pecuniario, ingresa al
patrimonio del autor, y desde este momento su comercialización interesa a las mismas leyes
que rigen los otros bienes, pero que deben ser aplicadas "en la medida posible".

Los derechos morales comprenden:

El derecho a divulgar la obra o mantenerla en la esfera de la intimidad del autor.

El derecho al reconocimiento de la paternidad intelectual del autor sobre la obra.

El derecho al respeto y la integridad de la obra, es decir a que su difusión sea hecha en la


forma en que el autor la creó, sin modificaciones, y

El derecho de retractación o arrepentimiento por el cambio de convicciones, y a retirar la


obra del comercio.

Los derecho patrimoniales abarcan:

El derecho de la explotación económica de la obra, de modo personal o por interpósitas


personas.

El derecho a la reproducción material de la obra (edición con la reproducción mecánica


etc.),

El derecho a la comunicación de la obra en forma no material, a espectadores o auditorios


por medio de la representación y la ejecución públicas, la radio difusión (radio puramente
sonora y televisión) la exhibición cinematográfica, la exposición etc., y

El derecho a la transformación de la obra a través de su traducción, adaptación, arreglo


musical etc.

6.2.2.7. La propiedad intelectual y artística en el Derecho Internacional


a) Declaración sobre propiedad literaria y artística, firmada en París el 8 de septiembre de
1887 entre los representantes de los gobiernos de Bolivia y de la República Francesa.
Aprobado por el gobierno de Bolivia el 30 de septiembre de 1889 y por el Poder
Legislativo de Bolivia mediante Ley de lº de julio de 1890.

La Declaración tiene la finalidad de asegurar a la propiedad literaria y artística de los dos


países una protección eficaz de tal manera, que los ciudadanos de las dos Altas Partes
Contratantes, gozarán en el territorio "de la otra", del mismo tratamiento que los nacionales
"para lo que concierne" a la garantía de las obras literarias o artísticas.

b) Tratado de Propiedad Literaria y Artística (Montevideo), celebrado en 11 de enero de


1889 entre los Estados de Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Paraguay, Perú y Uruguay
(aprobado por el Poder Legislativo mediante Ley de 5 de noviembre de 1903, ratificada por
el Jefe del Estado en 25 de febrero de 1904). Según el art. 5to. del Tratado la -expresión
"obras literarias y artísticas" comprende los libros, folletos y cualesquiera otros escritos, las
obras dramáticas o dramático musicales, las coreografías, las composiciones musicales con
o sin palabras, los dibujos, las pinturas, las esculturas, los grabados, las obras fotográficas,
las litografías, las cartas geográficas, los planos, los croquis, los trabajos plásticos relativos
a geografía, topografía o a ciencias en general y en fin, toda producción del dominio
literario o artístico que pueda publicarse por cualquier modo de impresión o reproducción.

c) Convención de Buenos Aires de 11 de agosto de 1910. Adhesión


del gobierno de Bolivia el 14 de mayo de 1914. Firmado por los
Presidentes de los Estados Unidos de América, Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Costa
Rica, Cuba, República Dominicana, Ecuador, Guatemala, Haití, Honduras, México,
Nicaragua, Panamá, Paraguay, Perú, El Salvador, Uruguay y Venezuela.

Los Estados signatarios reconocen y protegen los derechos de propiedad literarias y


artística, y especialmente los derechos del autor, estableciendo sanciones contra las
reproducciones ilícitas, y el secuestro de obras falsificadas.

d) Tratado de Amistad con el gobierno del Ecuador firmado en La Paz el 17 de abril de


1911, aprobado por el gobierno de Bolivia y el Honorable Congreso Nacional de Bolivia el
1º de agosto de 1911 y mediante Ley de 8 de noviembre de 1911 respectivamente.

El art. IV del Tratado señala que cada uno de los Estados Contratantes, prestará a los
ciudadanos del otro, las seguridades y garantías que sus leyes concedan a los nacionales,
respecto de la propiedad literaria y artística.

e) Tratado de Amistad con el Gobierno de Colombia firmado en La Paz el 19 de marzo de


1912, aprobado por el gobierno de Bolivia y el Congreso Nacional de Bolivia el 19 de
agosto, y de 24 de octubre de 1912 respectivamente.

Según el art. 4o del Tratado cada uno de los Estados Contratantes prestará a los ciudadanos
del otro la seguridades y garantías que sus leyes conceden a las nacionales respecto de la
propiedad literaria y artística.
f) Convención sobre Derecho Internacional Privado, firmada en la
Habana, el 20 de febrero de 1928, ratificada por el gobierno de Bolivia mediante Ley de 20
de enero de 1932; depositado el instrumento con nota 5 de febrero de 1932. Asistieron
representantes de Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia, Costa Rica, Cuba, Chile, Ecuador,
El Salvador, Estados Unidos de América, Guatemala, Haití, Honduras, México, Nicaragua,
Panamá, Paraguay, Perú, República Dominicana; Uruguay y Venezuela. Resultó la más
fecunda por haber comprendido instituciones de Derecho Civil, Mercantil y Procesal
concernientes al Derecho Internacional Privado. Se aprobó el Código Bustamante,
redactado por el internacionalista cubano Antonio Sánchez de Bustamante y Sirven que
consta de 437 artículos. Los arts. 115 y 118 contienen normas protectoras de la propiedad
intelectual.

g) Acuerdo sobre Protección de la Propiedad Intelectual entre los Repúblicas de Bolivia y


España, adoptado por Notas Reversales de 13 de marzo de 1936, y registrado en la
Sociedad de las Naciones del 10 de julio de 1936, bajo el Nº 3933, en el Registro Oficial de
Tratados de la Secretaría.

El Acuerdo establece un régimen de estricta reciprocidad, según el cual las obras


científicas, artísticas y literarias españolas, estarán protegidas el Bolivia por el solo hecho
de inscribirse en el registro correspondiente, con arreglo a la legislación boliviana; del
mismo modo las obras científicas, artísticas y literarias bolivianas estarán protegidas en
España por el solo hecho de inscribirse en el registro correspondiente con arreglo a la
legislación española.

h) Convenio sobre Propiedad Intelectual concluido en La Paz por Notas Reversales entre
los gobiernos de Bolivia y Chile (18 y 20 de septiembre de 1937). En vigencia desde el lº
de diciembre de 1937.

Según este Convenio los ciudadanos de ambas partes contratantes y sus sucesores legales
disfrutarán en el territorio de la otra parte, en sus obras científicas, literarias y artísticas de
todos los derechos y prerrogativas que las leyes de ese país concedan o puedan conceder en
el futuro a sus nacionales, disposición que se aplicará sin consideración al domicilio o
residencia del autor, ni tampoco al lugar en que las obras hayan aparecido de manera que
esos ciudadanos gozarán de igual protección que los nacionales y tendrán la misma
asistencia legal que corresponda a estos contra toda usurpación de sus derechos.

i) Convención de Washington de 22 de junio de 1946, aprobada por Ley de 11 de junio de


1947. Asistieron representantes de los países de América del Sur, Norte, y Central y el
Caribe. En dicho evento se han introducido mejorías significativas, como la sustitución de
los vocablos "Propiedad Literaria y Artística" por los de "Derecho de Autor", la tutela de
producciones que hayan alcanzado notoriedad internacional, la protección de obras inéditas,
artículos publicados en periódicos y revistas quedando incluidos aún los no firmados; pero
también se han presentado retrocesos significativos como la supresión del plazo de
protección vitalicia y cincuenta años, post mortem, y la admisión de la cesión o renuncia
del derecho moral(?) a la integridad de la obra, criterio totalmente contrario al adoptado en
La Habana, donde se reconoció el carácter inalienable del derecho moral. Según Delia
Lipszyc, "estas regresiones se relacionan con el propósito no logrado de posibilitar la
adhesión de los Estados Unidos de Norte América, y una verdadera panamericanización del
sistema de protección del derecho del autor".

j) Declaración Universal de los Derechos Humanos del 10 de diciembre de 1948. (art. 17).

k) Pacto de San José de Costa Rica. (art. 21)

6.2.2.8. El Derecho del Autor en la legislación nacional

6.2.2.9. Constitución Política del Estado.

Infelizmente la nueva Carta Fundamental del Estado Boliviana (12 de agosto de 1994. Ley
Nº 1585) no incluye disposiciones expresas sobre el derecho del autor, ni ha otorgado rango
constitucional a la protección de la propiedad intelectual como reconocen otras
Constituciones Políticas Latinoamericanas.

Desde este punto de vista debemos lamentar el perfil bajo y el talante descolorido que
caracteriza al Constitucionalismo Cultural Boliviano. Como dato significativo señalamos
un hecho posiblemente desconocido en el Parlamento y foro bolivianos. El art. 21 de la
Constitución Política del Estado promulgado "en la muy ilustre y denodada ciudad de La
Paz de Ayacucho a 21 de septiembre de 1851" por el Presidente Manuel Isidoro Belzu
establecía: "La ley reconoce la propiedad de escritos de todo género, Y GARANTIZA
DURANTE LA VIDA DE SU AUTOR". Es la única Carta Fundamental, entre las dieciséis
que se han promulgado hasta la fecha, que contiene una norma supralegal relacionada con
el derecho del autor.

Nos detenemos en esta parte del trabajo, para destacar otra faceta de la administración del
Presidente Belzu, cual es la extraordinaria contribución al desarrollo de la prensa en el país.
Ocampo Moscoso se refiere a ese suceso con las siguientes palabras: "El General Belzu
hizo distribuir imprentas nuevas en varias ciudades, atenta a la finalidad de propagar
conocimientos útiles e ilustrar al pueblo". "Bajo su gestión presidencial salieron a la luz
pública los siguientes periódicos: EL CHOLO, EL ARTESANO, EL PATRIOTA, LA
VOZ DEL PUEBLO, EL LATIGO, EL ANATEMA NACIONAL, EL MINERO, EL
CENSOR, EL AMIGO DEL PUEBLO, que se editan en Chuquisaca, Oruro, Santa Cruz,
La Paz, Cochabamba, Tarija y Potosí. También circularon en la ciudad "illimánica" EL
POPULAR y EL LIB ERAL".

Pero algo más, a la ciudad del Guadalquivir obsequió el primer periódico tarijeño, fundado
por Federico Lacunza y en cuya redacción participaron el prefecto del Departamento
Mariano Donato Muñoz y el Comandante General Manuel Othon Jofré. También apareció
en dicha ciudad, EL TELEGRAFO a cargo del mismo M. Donato Muñoz y le siguió LA
LIBERTAD que sostenía la candidatura a la presidencia del General Celedonio Avila.

Oscar Terán inteligente abogado cochabambino, sostiene la tesis de la influencia directa de


Doña Juana Manuela Gorriti, escritora y poetisa en el ánimo de su esposo el Presidente
Belzu para el reconocimiento y tutela constitucional del Derecho del Autor y la creación de
imprentas en las principales ciudades de la República como instrumentos eficaces de
cultura, comunicación, archivo y educación del pueblo.

6.2.2.10. Código Civil

El art. 74 del Cód. Civ. divide los bienes en "cosas materiales e inmateriales", y el art. 1345
Par. 1 num. 3 reconoce como privilegios generales sobre bienes muebles e inmuebles, los
derechos de autor, debido a los escritores, compositores y artistas por los últimos 12 meses.
De acuerdo al Par. II estos privilegios "no necesitan ser inscritos en el Registro de Derechos
Reales y en ningún otro".

Como antecedentes que no se han tomado en cuenta, registramos el Anteproyecto de el


Código Civil redactado por Angel Osorio, reconocía la propiedad intelectual (arts. 441 al
477). Según el proyectista pocos Códigos tratan de la materia, abandonándola íntegramente
a las leyes especiales y afirmaba que "no se debe proceder así". El citado Anteproyecto fue
archivado definitivamente y el Anteproyecto del Cód. Civ. Bol. (Primero y Segundo Libro)
redactado por Hugo Sandoval Saavedra y Pastor Ortiz Mattos, al que nos hemos referido
anteriormente (pág. 71), en el Capítulo Cuarto, Título Segundo, Libro Segundo, incluía el
tema: "De la propiedad de los bienes inmateriales" y en la Sección 1, "Del derecho de autor
sobre las obras de ingenio".

6.2.2.11. Código de Familia

El art. 107 inc. 4) caracteriza como bienes personales propios del cónyuge, "los
DERECHOS DE PROPIEDAD LITERARIA, ARTÍSTICA Y CIENTIFICA, ASÍ COMO
LOS MANUSCRITOS, PROYECTOS, DIBUJOS O MODELOS ARQUITECTÓNICOS,
ARTÍSTICOS O INDUSTRIALES". Consideramos que la propiedad personal debe
comprender los derechos morales pero no los patrimoniales. Este criterio sustenta
Scaevola362 "porque la obra es el resultado del trabajo del autor y sus derechos pueden
transmitirse a los herederos y legatarios". Los derechos morales por ser personalisimos,
inalienables e imprescriptibles pertenecen sólo al autor.

6.2.2.12. Código de Comercio

El art. 490 del Código de Comercio remite la protección del "Derecho de Autor", a la ley
especial.

6.2.2.13. Código Penal

El art. 362 tipifica el delito de violación de los derechos del autor y sanciona al delincuente
con reclusión de tres meses a dos años y multa de 30a60 días.

6.2.2.14. Legislación Especial


La legislación boliviana sobre la propiedad intelectual ha evolucionado de la manera
siguiente:

a) Decreto de 13 de agosto de 1879 (42 arts.) comprende las siguientes secciones:

Sección Primera. Del trabajo literario en general.

Reconoce los mismos derechos al nacional y al extranjero: incluye en los derechos


protegidos la traducción; concede el derecho de impresión o litografía por vida; EL
ESTADO NO SUCEDE AL AUTOR DE LA PROPIEDAD LITERARIA, por ser
imprescriptible.

Sección Segunda. De los autores dramáticos.

Además de la propiedad literaria se les reconoce el derecho de modificar sus "escritos" si


creyeren necesarios.

Sección Tercera. De la propiedad artística.

Sección Cuarta. De algunas obligaciones comunes a los autores de las obras literarias,
dramáticas y artísticas.

Los autores deben registrar sus obras en el Ministerio de Instrucción Pública y la Fiscalía
del Distrito y entregar un ejemplar a la biblioteca de la capital de departamento, la que a su
vez está obligada a publicar la obra en el Boletín Municipal.

Sección Quinta. De las responsabilidades de los "contrafactores" O usurpadores de la


propiedad literaria y artística.

Son castigados con la pérdida de los ejemplares fraudulentamente impresos, sin perjuicio
de la acción criminal.

b) Ley de 13 de noviembre de 1909, ampliada por la Ley de 15 de enero de 1945.

La primera conocida como Ley de Propiedad Intelectual, comprendía las obras científicas
artísticas y literarias, propiedad transmisible después de 30 años, y se "ejercía", por los
autores, traductores, editores, los que compendian y extractan con permiso del autor,
herederos, autores de mapas, planos y diseños científicos, compositores de música,
escultores, pintores, etc. Se estableció el Registro de la Propiedad Intelectual, dependiente
del Ministerio de Instrucción Pública. Abarca dieciocho artículos, y posteriormente se
agregaron cuatro más (del 19 al 22) por Ley de 15 de enero de 1945 que ampliaba la
protección a la música instrumental, de baile y audiciones públicas por transmisión a
distancia.

c) Ley de 30 de octubre de 1945, aclaratoria de la Ley de 15 de enero del mismo año.

Según esta Ley la autorización implícita para la ejecución de piezas musicales impresas,
comprende también la música de discos comercializados puestos en venta.

Resulta muy interesante la redacción del art, 3o. que textualmente expresa: "Ningún
conjunto musical podrá interpretar públicamente, SOLO MUSICA EXTRANJERA,
debiendo hacerlo, EN FORMA ALTERNADA, con la producción nacional, salvo el caso
de conjuntos típicos que tengan licencia especial".

d) Decreto Supremo de 18 de junio de 1945 reglamentario de la repetida Ley de 15 de


enero de 1945.

e) Decreto Supremo Nº 1068 de 17 de febrero de 1948 que establecía limitaciones


adicionales al derecho del autor y ajusta la Ley de 1909, a algunos principios de la
Convención de Washington de 1946.

6.2.2.15. Ley del Derecho del Autor

Ley Nº 1322 de 13 de abril de 1992 en actual vigencia denominada Derecho del Autor,
consta de setenta y tres artículos.

Está dividida en dieciséis títulos, que son los siguientes:

Título I. Bienes Intelectuales Protegidos.


Título II. Obras Protegidas.
Título III. Titulares del Derecho de Autor.
Titulo IV. Contenido del Derecho del Autor.

Capítulo I. De los Derechos Morales.

En este capítulo la ley, reconoce en favor del autor un derecho perpetuo, inalienable,
imprescriptible, e irrenunciable, para:

a) REIVINDICAR en todo tiempo la paternidad de la obra.


b) OPONERSE a toda deformación, mutilación, o modificación de la obra, y
c) CONSERVAR su obra inédita y anónima.

Capítulo II. De los Derechos Patrimoniales.

El autor de la obra protegida, o sus causahabientes, tendrán el derecho exclusivo de


realizar, autorizar o prohibir cualquiera de los actos siguientes:

a) REPRODUCCION total o parcial.


b) TRADUCCION, ADAPTACION, ARREGLO O TRANSFORMACION, de la obra.
c) COMUNICACION de la obra al público, mediante la representación, ejecución,
radiodifusión o por Cualquier otro medio de difusión.

Capítulo III. DURACION DE LOS DERECHOS PATRIMONIALES.


La protección de estos derechos, DURA POR TODA LA VIDA DEL AUTOR Y POR
CINCUENTA AÑOS, DESPUES DE SU MUERTE, EN FAVOR DE SUS HEREDEROS,
LEGATARIOS Y CESIONARIOS.

Título V

Capítulo I. De los Medios de Comunicación Social.

Capítulo II. Del Folklore y la Artesanía.

Sobre este aspecto anotamos el D.S. Nº 08396 de 19 de junio de 1968 que declara
PROPIEDAD DEL ESTADO LA MUSICA FOLKLORICA, PRODUCIDA EN GRUPOS
CAMPESINOS, Y LA MÚSICA FOLKLORICA EN GENERAL, cuyos autores no estén
identificados, o hayan fallecido hace treinta años o más, ENTENDIENDOSE POR
MUSICA FOLKLORICA LA QUE TIENE CARACTERISTICAS DE TRADICIONAL,
ANONIMATO Y POPULARIDAD.

El D.S. Nº 1535 de 8 de febrero de 1978 faculta a los Comités Departamentales de


Folklore, a realizar tuición sobre el derecho intelectual y artístico de las expresiones
regionales locales.
Con relación a la artesanía se ha creado por D.S. Nº 11734 de 28 de agosto de 1974 el
Instituto Boliviano de la Pequeña Industria y la Artesanía (Inhopia), y dos años más tarde
por D.S. Nº 13652 de 11 de mayo de 1976, se aprobó el Estatuto Orgánico de la Pequeña
Industria y Artesanía, en el que se destaca el Registro de Propiedad Intelectual, en estrecha
coordinación con el Registro de Propiedad Industrial, en lo que concierne a los diseños,
fórmulas, esculturas, "y otros talentos" en el campo de la artesanía.

Título VI. De las limitaciones al Derecho del Autor.


Título VII. De la Transmisión y de los Contratos de Utilización.
Capítulo I. De la Transmisión o Sucesión del Derecho del Autor.

Los DERECHOS PATRIMONIALES del autor pueden ser TRANSMITIDOS POR


SUCESION, y puede ser objeto de legado o disposición testamentaria.

Capítulo II. De los Contratos en general.

El autor o sus causahabientes pueden conceder total o parcialmente a otra persona el


derecho a utilizar la obra, EN SU CONTENIDO PATRIMONIAL, mediante el uso de una
o de todas las formas de explotación reservadas al autor por la ley. Para que estos actos
sean oponibles a terceros, deberán hacerse por medio de contrato en documento privado
registrado en la DIRECCION GENERAL DE DERECHO DE AUTOR con las
formalidades de rigor.

Capítulo III. De los Contratos de Edición.

Por el contrato de edición, el titular del derecho de autor, de una obra literaria, artística,
científica o su causahabiente, se obliga a entregarla al editor, y éste se obliga a reproduciría,
distribuirla y comercializarla por su propia cuenta, pagando al autor las prestaciones
económicas convenidas.

En todo contrato de edición DEBERA PACTARSE LA REMUNERACION O REGALIA,


que corresponda al autor o propietario de la obra, la que en ningún caso será inferior al diez
por ciento (10%) del precio de venta al público. A falta de esta estipulación, se presumirá
que corresponde al autor o propietario dicho porcentaje.

Capítulo IV. De los Contratos de Inclusión Fonográfica.

Por el contrato de inclusión fonográfica el autor de una obra musical autoriza a un


productor de fonogramas, mediante una remuneración a gravar o fijar una obra para
reproduciría sobre un disco fonográfico, una banda magnética, una película o cualquier otro
dispositivo o mecanismo análogo, con fines de reproducción y venta de ejemplares.

Esta autorización no comprende el derecho de ejecución pública.

El productor del fonograma deberá hacer esta reserva sobre la etiqueta que deberá ser
adherida al disco, dispositivo o mecanismo en que se produzca el fonograma.

Capítulo V. Del Contrato de Representación.

El contrato de representación es aquél por el cual el autor de una obra literaria, dramática o
dramática musical, coreográfica o de cualquier género similar, autoriza a un empresario
para representarla en público, a cambio de una remuneración.

Se entiende por representación pública de una obra, toda aquélla que se efectúa fuera del
domicilio privado y aún dentro de éste si es proyectada o propagada al exterior.

La difusión de una obra teatral, dramático-musical, o coreográfica ya sea en vivo, fijada o


transmitida por radio televisión se considera pública.

Capítulo VI. De la Obra Cinematográfica.


Título VIII. De la Ejecución de Obras Musicales.
Titulo IX. Del Derecho de Participación de los Artistas Plásticos.

El art. 50, dispone: "Si el original de una obra artística, gráfica o plástica FUESE
REVENDIDO, y en dicho acto INTERVINIERE UN COMERCIANTE en obras de arte, o
un SUBASTADOR, en calidad de comprador, vendedor o agente, EL VENDEDOR
DEBERA PAGAR AL AUTOR O A SUS HEREDEROS, una participación equivalente al
cinco por ciento de la venta". Este derecho es irrenunciable e inalienable, durará por todo el
plazo de protección de los derechos patrimoniales del autor, sus herederos o legatarios.

Nos detenemos en esta parte de la Ley Nº 1322 para hacer notar que el art. 50 es de
avanzada, habida cuenta de que reconoce EL DERECHO DE PARTICIPACION (DROITE
DE SUITE), al que nos hemos referido en la página 159. Bolivia puede enorgullecerse de
ser uno de los pocos países que ha establecido el derecho de persecución, y aceptar su
transmisión mortis causa; derecho que en nuestro concepto, desempeña un papel
compensatorio y equitativo, porque los artistas deben participar del sucesivo éxito
económico de su obra, recibiendo como pago suplementario cierto porcentaje.

Título X. DE LOS DERECHOS CONEXOS.


Capítulo I. De los Derechos de los Artistas, Intérpretes y Ejecutantes.
Capítulo II. De los Productores de Fonogramas.
Capítulo III. De los Organismos de Radiodifusión.

Título XI. PATRIMONIO NACIONAL Y DOMINIO PUBLICO.

Según el art. 58 de la Ley el Patrimonio Nacional es el régimen al que pasan las obras de
autor boliviano QUE SALE DE LA PROTECCION DEL DERECHO PATRIMONIAL
PRIVADO, por cualquier causa.

Pertenecen al patrimonio nacional:

a) Las obras folklóricas y de cultura tradicional de autor no conocido.


b) Las obras cuyos autores hayan renunciado expresamente a sus derechos.
c) Las obras de autores fallecidos sin sucesores ni causahabientes.
d) Las obras cuyos plazos de protección (por toda la vida del autor y cincuenta años
después de su muerte en favor de sus herederos, legatarios y cesionarios, y a partir de la
muerte del último coautor cuando la obra pertenece a varios autores) se hayan agotado.
e) Los himnos patrios, cívicos, y todos aquéllos que sean adoptados por cualquier
institución de carácter público o privado.

Pertenecen al dominio público las obras extranjeras cuyo período de protección esté
agotado.

Título XII. DEL REGISTRO NACIONAL DEL DERECHO DEL AUTOR.

La Ley de 17 de septiembre de 1993 (Ley de Ministerios del Poder Ejecutivo) reconoce la


competencia del Ministro de Desarrollo Humano para la atención exclusiva del "Registro
Nacional de la Propiedad Intelectual y de los Derechos del Autor" (art. 19 inc. k).

El Derecho del Autor sólo adquiere su plenitud y la consiguiente pretensión a una


protección más amplia, tras el cumplimiento de la formalidad administrativa de su
inscripción en un Registro ad hoc. El Registro es una actividad jurídica que desarrolla el
Estado con la finalidad de fijar el objeto, el tiempo de la protección y la persona que es
titular del derecho protegido.

Título XIII. DE LA SOCIEDAD DE AUTORES Y ARTISTAS.

Título XIV. DE LAS SANCIONES PENALES Y SU PROCEDIMIENTO.

Capítulo I. Reconoce como autoridad competente para juzgar las infracciones de la ley, a la
"judicatura penal" de acuerdo a la Ley de Organización Judicial, Código Penal, Código de
Procedimiento Penal y la Ley del Autor.

Capítulo II. Del Procedimiento Administrativo de la Conciliación.

Título XV. De la Dirección Nacional del Derecho del Autor.


Título XVI. De las Disposiciones Transitorias. En este Título SE ABROGA LA LEY DE
PROPIEDAD INTELECTUAL DE 13 DE NOVIEMBRE DE 1909, Y TODAS LAS
DISPOSICIONES QUE SE OPONGAN A LA LEY DEL AUTOR.

6.2.2.16. Reglamento de la Ley del Derecho del Autor

El Decreto Supremo Nº 023907 de 7 de diciembre de 1994, es reglamentario de la Ley de


Derecho del Autor (Nº 1322).

Corresponde destacar en ese Decreto Supremo el art. 11 que reconoce a cada esposo la
titularidad de la obra creada dentro la sociedad conyugal (el autor conserva el derecho
moral).

6.2.3 Propiedad Industrial

La expresión propiedad industrial significa en el lenguaje jurídico la suma de derechos que


inciden sobre concepciones o productos de la inteligencia humana, en la industria para su
explotación o producto económico de quien los inventó.

Consideramos que la propiedad industrial constituye un producto de la inteligencia, esa


noción debe extenderse a las creaciones del intelecto que tienen una finalidad
fundamentalmente económica, como son los patentes de invención, marcas, etc., que
conforman lo que se ha dado en denominar propiedad industrial, la misma que incluye
bienes incorporales con las mismas características de la propiedad intelectual, ya que
también se reconoce derechos morales y patrimoniales protegidos por el Estado.

Dicha propiedad actualmente forma parte del Derecho Comercial como especialización
autónoma y definida.

Según recuerda Waldemar Martins Ferreira, "ha sido largo el debate" acerca de la
propiedad industrial, pero ya existe consenso unánime al conceptuarlo como "una de las
categorías intelectuales amparada y regulada como clase independiente en el Derecho
Moderno".

La propiedad industrial, comprende:

a) Las patentes de invención. La patente de invención para ser tal debe reunir dos
condiciones, NOVEDAD ABSOLUTA Y RESULTADO INDUSTRIAL. En consecuencia
no puede ser patentado un invento que no sea novedoso o haya perdido actualidad por
divulgación y publicidad efectuadas con anterioridad a la concesión de la patente o aquel
que no sea aplicable a la industria y reproducible industrialmente. La patente constituye EL
TITULO de propiedad del inventor, de cuya concesión derivan importantes efectos.

b) Las marcas de fábrica, comercio, agricultura y minería. El Derecho Marcario protege al


titular de la marca y también al consumidor. Es tan importante en la actualidad esta nueva
disciplina jurídica que no es exagerado afirmar que ha adquirido una gravitación decisiva y
crucial en el ámbito del comercio contemporáneo. Ursula Wittenzellner, con mucha razón
afirma: "El comercio justifica el Derecho Comercial, pero sin marcas no hay comercio". La
marca según Marcos Pascual de Guglielmo es "el signo nominativo o emblemático que
distingue los productos y mercaderías, atrae, conserva la clientela y evita que el público sea
engañado". La marca es un valor integrante del patrimonio, representa como símbolo la
reputación y crédito del producto al que se adhiere, llegando a constituirse en el elemento
más importante del activo del fondo de comercio.

c) Nombres comerciales.

d) Dibujos y modelos industriales.

e) Secretos de fábrica.

f) Competencia desleal que incluye también la publicidad comparativa y la engañosa.

Este aspecto requiere de un mínimo de fe colectiva absolutamente indispensable para la


tutela de los intereses del pueblo consumidor, el incremento de las operaciones comerciales
la reputación y la conservación de la clientela.

6.2.3.1 La propiedad industrial en el Derecho Internacional

a) Tratado sobre Marcas de Comercio y Fábrica. Firmado el 16 de enero de 1889.


Aprobado por Ley de 5 de noviembre de 1903. Ratificado y promulgado por Ley de 25 de
febrero de 1904. Intervinieron representantes de Bolivia, Argentina, Brasil, Chile,
Paraguay, Perú y Uruguay.

El art. lo señala que toda persona a quien se conceda en uno de los Estados signatarios el
derecho de usar exclusivamente una marca de comercio de fábrica gozará del mismo
privilegio en los demás Estados con sujeción a las formalidades y condiciones establecidas
por sus leyes. Según el art. 3o se reputa marca de comercio o de fábrica el signo, emblema
o nombre externo que el comerciante o fabricante adopta y aplica a sus mercaderías y
productos para distinguirlos de los de otros industriales o comerciantes que negocian en
artículos de la misma especie. Pertenecen a esa clase de marcas, también los dibujos que
por medio del tejido o la impresión, se estampa en el producto mismo que se pone en venta.

b) Tratado de Amistad con Italia firmado en Lima el 18 de octubre de 1890, aprobado por
el gobierno de Bolivia el 2 de julio de 1891 y aprobado por el Congreso Nacional mediante
Ley de 1900.
El art. 3o (tercer párrafo), dice: "En lo referente a la protección de la propiedad industrial
los Estados se sujetarán a la Convención Internacional de París de 20 de marzo de 1883".

c) Tratado sobre Patentes de Invención firmado el 16 de enero de 1889, aprobado mediante


Ley de 5 de noviembre de 1903, ratificado y promulgado por Ley de 25 de febrero de 1904.
Intervinieron representantes de Bolivia, Argentina, Chile, Paraguay, Perú y Uruguay.

Se reconoce los derechos del inventor a toda persona que obtenga patente o privilegio de
invención en alguno de los Estados signatarios. El número de años del privilegio, será el
que fije las leyes del país en que se pretenda hacerlo efectivo, y se considera invención o
descubrimiento un nuevo modo, aparato mecánico o manual, que sirva para fabricar
productos industriales.

d) Convención sobre Marcas de Fábrica y Comercio firmada en Buenos Aires el 11 de


agosto de 1910; adhesión del gobierno de Bolivia el 14 de mayo de 1914. Concurrieron
representantes de Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Cuba, República
Dominicana, Ecuador, Estados Unidos de América, Guatemala, Haití, Honduras, México,
Nicaragua, Panamá, Paraguay, Perú, El Salvador y Venezuela.

Según ese Tratado toda marca debidamente registrada en uno de los Estados signatarios, SE
CONSIDERARA REGISTRADA TAMBIEN, en los demás Estados, sin perjuicio de los
derechos de un tercero y de los preceptos de la legislación de cada país, y se considera
marca de comercio o de fábrica todo signo, emblema, o nombres especiales que los
comerciantes o industriales adopten o apliquen en sus artículos o productos, para
distinguirlos de los otros industriales o comerciantes que fabriquen o negocien artículos de
la misma especie.

e) Convenio sobre Patentes de Invención, Dibujos y Modelos Industriales, firmado en


Buenos Aires el 20 de agosto de 1910, y adhesión del Gobierno de Bolivia el 14 de mayo
de 1914, intervinieron los representantes de los países detallados anteriormente.

f) Tratado de Amistad firmado el 17 de abril de 1911 en La Paz entre los gobiernos de


Bolivia y el Ecuador, aprobado por el gobierno boliviano, y el Congreso Nacional, los días
1º de agosto y 8 de noviembre del mismo año, respectivamente.

El art. IV, establece "Cada uno de los Estados Contratantes, prestará a los ciudadanos del
otro, las seguridades y garantías que sus leyes concedan a los nacionales, respecto de los
inventos industriales.

g) Tratado de Comercio firmado en La Paz el 1 de agosto de 1911 entre el Presidente de la


República de Bolivia, y su Majestad del Reino de la Gran Bretaña, Irlanda y de los
Dominios Británicos de allende los mares y Emperador de la India, aprobado por el
Congreso Nacional de Bolivia el 2 de octubre de 1911 y promulgado por el gobierno de
Bolivia el 10 del mismo mes y año.

h) El art. XIII del Tratado, estipula: "Los súbditos o ciudadanos de cada una de las Altas
Partes Contratantes, tendrán en los dominios y posesiones de la otra, los mismos derechos
que los súbditos o ciudadanos naturales, respecto a patentes de invención, marcas de
comercio y diseños, previo el cumplimiento de las formalidades prescritas por ley".

h) Tratado de Amistad, firmado en La Paz el 19 de marzo de 1912, entre el gobierno de


Bolivia y el de Colombia, aprobado por el Poder Ejecutivo de Bolivia el 19 de agosto de
1912 y por el Congreso Nacional de Bolivia, mediante Ley de 24 de octubre de 1912.

El art. IV señala: "Cada uno de los Estados Contratantes, prestará a los ciudadanos del otro
la seguridades y garantías que sus leyes concedan a los nacionales respecto a los inventos
industriales".

i) Convención sobre Derecho Internacional Privado, firmado en La Habana el 20 de febrero


de 1928 ratificada por el gobierno de Bolivia mediante Ley de 20 de enero de 1932,
depositado el Instrumento con nota de 5 de febrero de 1932. Concurrieron representantes de
las Repúblicas de Bolivia, Argentina, Brasil, Colombia, Cuba, Chile, Costa Rica, Ecuador,
Estados Unidos de América, Guatemala, Haití, Honduras, El Salvador, México, Nicaragua,
Panamá, Paraguay, Perú, Uruguay y Venezuela.

El art. lo, preceptúa: "Las Repúblicas Contratantes aceptan y ponen en vigor el Código de
Derecho Internacional Privado Anexo al Convenio".
Se refiere la norma al Código Bustamante aprobado en 20 de febrero de 1928, ratificado
por el gobierno de Bolivia con reservas mediante Ley de 20 de enero de 1932 y depositado
al instrumento el 9 de marzo del mismo año.

El art. 108 del Código declara: "La propiedad industrial y los demás derechos análogos, se
consideran situados donde se hayan registrado oficialmente".

El art. 115 indica: "La propiedad industrial se regirá por lo establecido en los convenios
internacionales y a falta de ellos, su obtención registro y disfrute quedarán sometidos al
derecho local que las otorgue".

6.2.3.2 La propiedad industrial en la legislación boliviana

6.2.3.3 Constitución Política del Estado

La Carta Fundamental vigente no reconoce expresamente el derecho del inventor, tampoco


ha previsto la protección y garantía de la propiedad industrial.
Sin embargo consideramos de máximo interés subrayar el retroceso que ha sufrido en este
aspecto el Constitucionalismo boliviano, teniendo en cuenta que las Constituciones de 19
de noviembre de 1826, 14 de agosto de 1831, 20 de octubre de 1834, 26 de octubre de
1839, 21 de septiembre de 1851 y 1º de octubre de 1868 (gobiernos de José Antonio de
Sucre, Andrés de Santa Cruz, José Miguel de Velazco, Manuel Isidoro Belzu y Mariano
Melgarejo), en los arts., 156, 155, 157, 154, 20 y 13 respectivamente ya reconocían y
garantizaban a "todo inventor", LA PROPIEDAD DE SUS DESCUBRIMIENTOS Y DE
SUS PRODUCCIONES, ASEGURANDOLE ADEMAS UN PRIVILEGIO EXCLUSIVO
TEMPORAL O UNA INDEMNIZACION PREVIA" para el caso de "popularizarse" el
secreto, siendo inviolable "su perfeccionamiento o importación en la República".

Otras Constituciones como la Argentina contienen leyes supralegales sobre el particular.


Por ejemplo el art. 17 de la Constitución Argentina dice: "Todo inventor es propietario
exclusivo de su invento o descubrimiento por el tiempo de acuerdo a la Ley".

6.2.3.4 Código Civil

El Código Civil no contempla disposición alguna que regule ese tipo de propiedad.

El Anteproyecto Osorio Gallardo en los arts. 478 al 486 se refería a la propiedad industrial,
que comprendía los patentes de invención, marcas de fábrica, nombres y dispositivos de
comercio.

El Anteproyecto del Código Civil vigente elaborado por Hugo Sandoval Saavedra y Pastor
Ortiz Mattos (Comisión de Reforma del Código Civil). La Sección II, Capítulo IV, De la
Propiedad de los Bienes Inmateriales, Título III, Libro Segundo, arts. 170 al 177, se refería
al Derecho de Patente por Invención Industrial.

6.2.3.5 Código de Familia.

Según el art. 107 inc. 40 del Código de Familia, son bienes propios personales, "los
derechos de propiedad científica, así como los proyectos, dibujos, o modelos industriales".

6.2.3.6 Código de Comercio.

El Código de Comercio vigente destina los Capítulos III, IV, V y VI, Título 1 (De la
Empresa Mercantil y sus elementos), Libro Segundo (De los Bienes Mercantiles y otros) a
la Propiedad Industrial, Nombre Comercial, Marcas y Patentes de Invención.

El Capítulo III reconoce como modalidades de la propiedad industrial y por lo tanto


patentables las siguientes:

1.- Toda nueva invención si es SUSCEPTIBLE DE APLICACION INDUSTRIAL,


incluyendo las de perfeccionamiento, confirmación, precaucionales o de introducción.
2.- Los modelos y dibujos industriales, los modelos de novedad y los de utilidad.
3.- Las marcas o signos distintivos de fábrica en general, incluyendo las de comercio, las
agrícolas y de servicios.
4.- Los nombres, enseñas, avisos, rótulos y estilos comerciales, así como la denominación
del origen.
5.- Cualquier otra forma de propiedad industrial reconocida por ley.
No son patentables los principios y descubrimientos de carácter puramente científico.

Los derecho de propiedad sobre la propiedad industrial SE ADQUIEREN, Y SE


MANTIENEN, cumpliendo los requisitos de fondo y forma señalados por las disposiciones
legales vigentes sobre la materia.

Se aplican los convenios internacionales y las normas, "en todo lo no previsto en el


Capítulo de las Leyes de Propiedad Industrial y Marcas de Fábrica".

El Capítulo IV reconoce el derecho al uso del nombre comercial a la persona que primero
lo inscriba en los registros correspondientes. El titular de un nombre comercial tiene
derecho al uso exclusivo del mismo en el campo de su propia actividad, Y
TRANSMITIRLO, conforme a ley.

El Capítulo V está dedicado a marcas o signos distintivos cuyo uso se adquiere previo
cumplimiento de los registros legales pertinentes y su inscripción en el registro
correspondiente. El uso de una marca no registrada legalmente no otorga derechos sobre la
misma.

El propietario de una marca puede autorizar el uso de ella a terceras personas, pero éstas no
pueden a su vez cederlas nuevamente a ningún título, salvo pacto en contrario.

El Capítulo VI regula los patentes de invención que pueden ser obtenidas por el inventor
"por sus herederos o por el cesionario de los respectivos derechos". Quien realice un
invento tiene derecho a ser reconocido como su inventor. Los derechos que otorga una
patente de invención pueden cederse en todo o en parte, previo el cumplimiento de los
requisitos de la materia y su inscripción en el registro de patentes.

6.2.3.7 Código Penal

El art. 194 castiga con reclusión de 6 meses a 3 años al que falsificare marcas.

El art. 363, impone las penas de reclusión de 3 meses a 2 años y multa de 30 a 60 días, al
que violare el derecho de privilegios de invención o descubrimientos en los siguientes
casos:

a) Por haber fabricado sin autorización del concesionario, objetos o productos amparados
por un privilegio y
b) Por el uso de un medio o procedimiento que sea objeto de un privilegio.

6.2.3.8 Legislación Marcada.

En nuestro país la Legislación Marcaría data del Decreto de 25 de noviembre de 1893.

Por Ley de 12 de diciembre de 1916 se reguló la concesión y reconocimiento de las


patentes de invención.

Posteriormente fue promulgada la Ley Reglamentaria de Marcas de 15 de enero de 1918 y


fueron dictados el Decreto Supremo Nº 7255 de 21 de julio de 1965 y el Decreto Ley Nº
798 del 30 de Julio de 1971 que aplica el régimen común sobre marcas, patentes, licencia,
regalías, a que se refieren la Decisión Nº 37 aprobada por los Países Miembros del Acuerdo
de Cartagena de acuerdo a lo estipulado por los arts. 26 y 27 y la Propuesta Nº 4 de la
Junta.

6.2.4 Frutos que caen sobre fundo vecino

(art. 121 Par. II del Cód. Civ.)

De acuerdo a esa norma sustantiva: "Los frutos que caen en un fundo vecino pertenecen al
propietario de éste último"

La ley permite este modo de adquisición teniendo en cuenta la extensión y prolongación del
derecho de propiedad.

El art. 111 prescribe:

I. La propiedad del suelo se extiende al subsuelo Y al SOBRESUELO, prolongados desde


el área limitada por el perímetro superficial hasta donde tenga interés el propietario para el
ejercicio de su derecho", con excepción de las substancias minerales, hidrocarburos y
objetos arqueológicos y otros bienes regidos por leyes especiales. (Par. II).

Se trata de los límites físicos de la propiedad territorial hacia arriba. En la Roma antigua se
decía "Cujus est solum, eius est usque coelum et usque ad inferos".

El art. 552 del Cód. Civ. francés prevé:

"La propiedad del suelo importa la propiedad de todo LO QUE SE ENCONTRARE


ENCIMA y POR DEBAIO DE LA MISMA". Para Colin y Capitant, según ese precepto el
dueño del suelo, es también del "suelo y del subsuelo".

No obstante de la prístina redacción del texto francés, el legislador boliviano, fiel a su


"inveterada imitación normativa" (y esta vez pésima imitación) incorporó al Cód. Civ.
Santa Cruz de 1831 (abrogado) el siguiente tenor: "La propiedad de un terreno trae consigo
la propiedad de la parte exterior (?) e interior (?) de él" art. 297 primera parte, dando lugar a
que inclusive la Corte Suprema, incurra en similares apreciaciones, lamentablemente
erróneas.

La adquisición de "frutos que caen sobre el fundo vecino" tiene como sostén doctrinal, el
principio "del derecho vertical" del dueño que se remonta hasta el infinito (usque ad astra).

Pero este derecho no es irrestricto, concebida como facultad omnimoda, puede tropezar con
una realidad inexorable y reducirse a una absurda quimera.

Josserand con perspicacia insuperable opina: "Es sin duda, halagador para el amor propio
de un propietario territorial, el soñar que posee una porción indefinida del firmamento y
que la estratosfera es en cierta parte su propiedad particular, pero en que consiste un
derecho cuyo ejercicio es prácticamente inconcebible. Una pura concepción de la
inteligencia, una ilusión, se puede decir, parafraseando un verso conocido; la propiedad que
no alcanza la mano es un sueño, y un sueño bastante ridículo. EL PROGRESO DE LA
NAVEGACION AEREA, se encarga de hacer resaltar esta verdad elemental".

En efecto, los principios clásicos en esta materia han sido trastrocados, en las leyes
especiales que regulan los problemas jurídicos originados por la actividad aeronáutica, cuyo
notable desenvolvimiento y perfeccionamiento ha dado lugar al nacimiento del Derecho
Aeronáutico. Con esta rama jurídica el Derecho alza sus brazos al cielo, para consolidar la
nueva ruta que va abriendo el coraje del hombre "organiza sus pasos y garantiza su
seguridad". El Derecho Aeronáutico al margen de cualquier definición, resulta ser la
estructura jurídica de un sueño milenario.

En Bolivia la autonomía legislativa del Derecho Aeronáutico, se manifiesta en el Código


aprobado por el D.S. No. 11185 de 16 de noviembre de 1973, cuyos art. 35, 36, 37, 38, 39,
40 y 44, contienen disposiciones especiales sobre ese elemento inmaterial que es el espacio
aéreo.

6.2.5 La percepción

El Parágrafo III del art. 83, establece que los frutos naturales, pertenecen al propietario de
la cosa que lo produce, "EXCEPTO CUANDO SU PROPIEDAD SE ATRIBUYE A
OTRAS PERSONAS, caso en el cual se los adquiere por percepción".

El supuesto planteado en el parágrafo antes citado carece de interés práctico, y si lo tiene es


ínfimo; sin embargo en el campo de la teoría presenta aristas complicadas, una vez que
resulta difícil desentrañar la naturaleza de la percepción y fijar sus alcances.

En efecto, veamos cómo en el Derecho Argentino la percepción es un modo de adquisición


del dominio (art. 2524 num. 5 del Cód. Civ. Argentino) y también está involucrada dentro
de la categoría de los actos posesorios sobre el bien que consisten en: "su cultura,
percepción de frutos, su deslinde, la construcción o reparación que en ellas se haga, y en
general, su ocupación" (art. 2384), entendiéndose por acto posesorio aquél realizado con la
intención de someter la cosa al ejercicio de derecho de propiedad y que se exterioriza en la
ocupación real y efectiva del inmueble que se trate.

En el Código Civil Italiano de 1942 omnisciente manantial del nuestro, se lee: "Art. 821.
Los frutos naturales pertenecen al propietario de la cosa que los produce, SALVO QUE SU
PROPIEDAD SE ATRIBUYA A OTRAS. En este último caso la propiedad se adquiere
CON LA SEPARACION".

En el Anteproyecto Sandoval Saavedra-Ortiz Mattos el art. 83, tercera parte, expresa: "Los
frutos naturales pertenecen al propietario de la cosa que los produce, salvo que su
propiedad se atribuya a otros, en cuyo caso se los adquiere POR SEPARACION"

Con la palabra separación nada hemos ganado, sea que la cosa pertenezca a una persona o
su propiedad se atribuya a otra; los frutos naturales siempre "se separan", para beneficiar a
cualquiera de ellas.

Sin embargo el Derecho Italiano usa ese término, porque percepción tiene un significado
diferente, el de ser un derecho personal (de crédito).

Etimológicamente percepción significa comprensión, conocimiento, pero también


colección, acción de coger o recoger, en especial los frutos.

Más allá de la raíz etimológica el quid de la cuestión consiste en determinar con claridad en
qué situación la propiedad de la cosa que produce los frutos, SE ATRIBUYE A OTRAS
PERSONAS.

Estamos seguros que la norma no se refiere al usufructo, uso o habitación, porque el


derecho a los frutos, más restringido en los dos últimos casos, constituye la base y
fundamento de su naturaleza y esencia, derecho que es temporal porque dura mientras viva
el usufructuario, usuario o habitador; tampoco a la anticresis, contrato unilateral de garantía
de un crédito, conocido como "prenda pretoria" o "prenda inmobiliaria", en el que se
amortizan los frutos con los intereses.

El parágrafo III del artículo 83, al plantear la hipótesis del sujeto A QUIEN SE LE
ATRIBUYE, asigna la condición de propietario de una cosa que no le pertenece, al que
ejerce actos posesorios, cobijado en su buena fe. La posesión ejerce el dueño casi siempre,
motivo por el que se presume el derecho de propiedad del poseedor; cuando existe buena
fe, dando lugar como opinan los hermanos Mazeaud a "un procedimiento originario de
adquisición de los frutos". Si el poseedor procede de mala fe, no tiene posibilidad de ser
beneficiado con la perceptio fructuum.

6.2.6 La adjudicación

Del latín ad y judicare, significa el acto por el cual una autoridad pública atribuye y
concede el derecho de propiedad a una persona sobre cosa determinada.

De modo general abarca un amplio campo de aplicación en el Derecho Privado. Por


ejemplo puede decirse: Fulano se adjudicó la herencia de mengano, C se adjudicó el bien
subastado dentro del proceso ejecutivo seguido por A contra B, etc.

A nosotros nos interesa otra faceta, la adjudicación, como otro "modo de adquirir la
propiedad", en esa perspectiva podemos intentar la clasificación que sigue:

a) Adjudicación agraria
(art. 104 de la L. Fundamental de Reforma Agraria)

Dicha norma señala: "En los casos en que los pueblos, en forma total o parcial, estuvieren
asentados sobre la tierra de una propiedad mediana o de otro tipo de mayor extensión,
donde el terrateniente, sea al mismo tiempo, propietario de las casas, LA ADJUDICACION
de éstas se hará en favor de los colonos que hayan residido un tiempo no menor de dos
años. En estos casos, el solar SE CONCEPTUA COMO PARTE SUPLEMENTARIA DE
LA DOTACION DE LAS TIERRAS que por derecho pertenece a cada colono o trabajador.
El valor de las edificaciones será indemnizado por el beneficiario de acuerdo al justiprecio
que hagan las autoridades del Servicio Nacional de Reforma Agraria".

Se refiere la ley, a la adjudicación de casas ubicadas en los fundos donde deben realizarse
dotaciones para trabajos agrícolas. La adjudicación de la vivienda llega a ser el
complemento de la dotación de la tierra.

Consideramos que este tipo de adjudicación ya no existe. Sólo puede tener significación
histórica, porque el proceso agrario de dotaciones, y con mayor razón de adjudicaciones
está concluido.

b) Adjudicación en el proceso de colonización

(Arts. 54, 55, 56, 59 de la Ley General de Colonización de 31 de julio de 1966).

El sujeto de la colonización, el colono o colonizador, con asiento permanente en las


regiones donde existen tierras baldías o insuficientemente aprovechadas tiene derecho a ser
adjudicado con una unidad económica familiar, que debe:

a) Absorber al máximo la capacidad de trabajo del colono, y su familia, permitiéndose el


concurso de trabajadores eventuales que puedan colaborar en determinadas faenas
agrícolas.

b) Proporcionar los ingresos suficientes para subvenir las necesidades básicas de toda la
familia y el cumplimiento de las obligaciones contraidas, y

c) Dar lugar a cierto margen de ahorro.

Pero como requisito previo, el colono debe trabajar durante dos años la tierra que se le
adjudicará y cumplido este período el Estado a través del Instituto de Colonización y
Desarrollo de Comunidades Rurales extiende a su favor título definitivo de propiedad, que
en esencia significa la adjudicación definitiva. Los gastos derivados de los trámites para la
obtención del título, inscripción y registro corren por cuenta del interesado. Las tierras de
colonización son vendidas por el Instituto a un precio ínfimo como ya hicimos notar en la
pág. 149.
La adquisición de la propiedad se realiza a través de un procedimiento mixto, la venta del
terreno y la extensión del título.
c) Adjudicación minera

(Arts. 33, 51, 78, 233, 239, 240, 258 del D.L. No. 07148 de 7 de mayo de 1965, elevado a
categoría de ley por la Nº. 1243 de 11 de abril de 1991, Código de Minería).

Es otro modo de adquirir la propiedad, esta vez del subsuelo, siendo la unidad de medida la
pertenencia.

El trámite pertinente debe sujetarse al cumplimiento de ritos formales previstos en el Libro


Segundo del Código, y concluidos los mismo el Juez de Minería (art. 155, numeral 5 de la
L.O.J.) dicta auto motivado, aprobando todas las diligencias y ordenando la extensión del
título ejecutorial en favor del interesado (art. 258 del Cód. Mm.)

La concesión minera objeto de la adjudicación.

c.1) Es legal: la ley fija los requisitos para la adjudicación.

c.2) Es formal: quién desee adquirir la propiedad minera, debe someterse a un


procedimiento, público, solemne y de orden público.

c.3) Es gratuita: el titular no está obligado a pagar un precio.

c.4) Es indivisible: el art. 9o. del Cód. de Minería dispone "Las concesiones mineras no son
susceptibles de división material y sólo admiten la virtual en acciones". Se explica esta
restricción porque a la pertenencia minera se la reputa indivisible, el vértice de Ja base
cuadrada se encuentra en el centro de la tierra.

c.5) Es de utilidad pública: el art. 7o. del Cód. de Minería expresa: "La exploración,
explotación, beneficio, fundición y demás actos consiguientes revisten el carácter de
utilidad pública. La utilidad pública se presume dentro del perímetro de la concesión. Fuera
de ese perímetro se establecerá, probando ante la autoridad respectiva, la utilidad que
resultare de la actividad minera".

c.6) Es perpetua: se concede por tiempo ilimitado. El particular que cumple con sus
obligaciones tiene derecho de explotación de la mina hasta su agotamiento.

c.7) Es transmisible: el art. 172 establece: "Las concesiones y derechos mineros en general,
sufren traslación de dominio entre vivos y por causa de muerte de la misma manera que los
demás bienes raíces", y

c.8) Es susceptible de gravamen: según el art. 178 "las concesiones de explotación, podrán
hipotecarse en la misma forma establecida por la propiedad inmueble".

6.2.7 Dotación agraria


(Arts. 80, 81, 82, 84 y 92 de la Ley Fundamental de Reforma Agraria).

Giangastone Bolla, maestro italiano sustentó la doctrina autonómica del Derecho Agrario
en Florencia (año 1920) junto con Grecchi, Bruggi, Arias, De Semo y Carrara,
enfrentándose a Scialoja, Vitta y Arcangeli; los autores mencionados en las páginas de dos
prestigiosas revistas, "La Rivista de Diritto Agrario" y "El Observatore de Diritto Agrario",
sostuvieron una célebre polémica que fue el punto de partida para la afirmación de la
autonomía jurídica del Derecho Agrario y su desprendimiento de Derecho Civil.

El año 1936, Bolla intentó una definición sobre el derecho de dotación afirmando que es
"aquel atribuido normativamente a todo individuo o grupo de población, aptos para trabajos
agrícolas o pecuarios que carezcan de tierras o las posean en cantidades insuficientes para
obtener DEL ESTADO EN PROPIEDAD ESPECIAL, y conforme a los requisitos y límites
establecidos a tal efecto un fundo agrario", agregamos, preferentemente en los lugares
donde trabajen o habiten, o cuando las circunstancias lo aconsejen, en zonas debidamente
seleccionadas.

El derecho de dotación, es un derecho subjetivo y público, su ejercicio determina la


creación de una nueva propiedad territorial o predial, reconocida y tipificada por la Ley de
Reforma Agraria. Ese derecho es un antecedente necesario para la aparición y existencia de
la propiedad dotatoria.

Dotación etimológicamente, quiere decir, acción y efecto de dotar, vocablo que proviene
del latín "dotare", significando, "ya la dote de la mujer que va a contraer matrimonio, o esta
por ingresar a una orden religiosa, o el señalamiento de bienes para una fundación o
instituto, o la asignación de personas, y bienes a buques u otras instituciones".

Pero al lado de esta connotación usual, hay una agraria, en la que dotación significa "dar o
adjudicar la tierra", suponiendo siempre la presencia del Estado como institución
potestativa, para otorgar las tierras del dominio público o las que no son, con lo cual se
coloca en la esencia misma del concepto, un carácter primordialmente publicista.

Por lo expuesto, dotación conecta mejor con la voz latina, assignatio onis, que significa,
asignación, distribución, reparto, destinación, por lo que concluimos que etimológica y
semánticamente dotación es el "ius terra asignationis", esto es el derecho de asignación de
tierras. Sin embargo cualquier expresión de tipo brocárdico sobre este punto, no va más allá
de una simplificación pedagógica.

El derecho de dotación, o mejor la dotación de tierras, se justifica por la función social que
debe cumplir la propiedad territorial, uno de cuyos desiderata es propiciar el mayor número
de propietarios, también el logro del principal objetivo reformista, la aniquilación del
latifundio y la creación de la propiedad agraria prevalentemente familiar. Es por tanto un
instrumento específico del proceso agrario reformista, con los fines y objetivos a él
conexos.

Di Natale Enríquez, comentando el Derecho Agrario de Venezuela opina "Una parcela de


dotación individual, PROVIENE DE UNA DECISION DE UN ACTO POLITICO,
ADMINISTRATIVO DE LA REPUBLICA, a través del Instituto Agrario Nacional, acto
de justicia social QUE ORIGINA UNA NUEVA ESTRUCTURA DE PROPIEDAD Y
CONSIGUIENTEMENTE UN NUEVO DERECHO, introducido por la Reforma Agraria,
en cumplimiento y ejecución de un claro mandato constitucional.

El juicio del distinguido profesor, se ajusta al objeto y finalidad de la Reforma Agraria


boliviana. Con la dotación se ha creado una nueva estructura agraria, pero también un
nuevo derecho subjetivo.

El Estado transmite y reconoce el dominio del beneficiario, vigilando siempre el jus


abutendi.

Creemos que la dotación debe estar al margen de cualquier conceptualismo romántico, en el


sentido de ser "la conquista heroica" de un pasado ignominioso, para convertir la tierra
otrora "ancha y ajena", en patrimonio común e innato del pueblo, en herencia de la nación
eterna. Analizando con objetividad es "otro modo", de adquisición de la propiedad agraria.

6.2.8 El trabajo es un modo de adquisición de la propiedad.

El art. 166 de la C.P.E. prescribe: "El trabajo es la FUENTE FUNDAMENTAL para la


adquisición y la conservación de la propiedad agraria. Se establece el derecho del
campesino a la dotación de tierras".

El art. 211 del Cód. Civ. señala "El trabajo es el MODO FUNDAMENTAL de adquirir la
propiedad agraria".

El subsiguiente art. 212, prescribe: "El trabajo ES EL MEDIO para la conservación de la


propiedad agraria. Los fundos abandonados o los que no se trabajen revierten al Estado
conforme a las leyes especiales pertinentes".

De la lectura de ambas disposiciones se colige que para la Constitución Política del Estado,
el Trabajo es fuente fundamental y para el Código Civil es el modo también fundamental
para la adquisición de la propiedad rural.

Existen notoria diferencia entre el texto constitucional y el civil.

Compartimos plenamente con el texto constitucional, porque el trabajo esencialmente es un


hecho jurídico humano y como tal causa inevitable para la adquisición de las propiedades
agraria y minera y medio de conservación del dominio reconocido por el Poder Público,
pero no es el modo.

No olvidemos que toda dotación o adjudicación agraria o minera esta sujeta a una
condición resolutoria pendiente, relacionada con el trabajo que debe desarrollar el
beneficiario. Si éste abandona o no trabaja, la adjudicación o dotación se la considera como
no sucedida, como no nacida al mundo jurídico; la propiedad se revierte al Estado.
En países como Italia la razón jurídica es distinta, no concierne la readquisición del Estado
al cumplimiento de la condición resolutoria, sino a la observancia del principio de
caducidad, o sea a la sanción oficial en el caso de que el propietario deja de ejercer su
derecho durante determinado tiempo. Se trata de la extinción del dominio por el no uso del
titular. Este principio fue adoptado en la Argentina, en el Tercer Congreso Universitario
realizado en Córdoba el año 1925 y en el Primer Congreso Nacional de Derecho Civil
celebrado durante el año 1927 en la misma ciudad.

Es que el trabajo, uno de los fundamentos teóricos de la R. Agraria Boliviana, significa


responsabilidad legal y moral ante el país y la sociedad, deber de hondas raíces telúricas.
Fieles a esta tesis, siguiendo la línea del mejor aprovechamiento y consevación de los
recursos naturales renovables, actualmente sometidos a un empobrecimiento irresponsable,
así como suicida, por los dueños y poseedores de la tierra, que creen tener prerrogativas
impunes y no estar obligados a contribuir en la tutela del medio ambiente, opinamos que
debe revisarse la redacción y proyección de la base teórica precitada y sustituirse la
conocida divisa "La tierra para quien la trabaja" por la frase "LA TIERRA PARA QUIEN
MEJOR LA TRABAJA".

6.2.9 Modos de adquisición del dominio público.

El texto del presente libro, casi en su totalidad ha girado en torno a la adquisición de los
bienes de dominio privado, pero qué ocurre con el Dominio Público?

Esta expresión fue utilizada por primera vez por Pardessus en la primera edición de su obra
"Traité des servitudes ou services fonciers" publicada el año 1806. El Dominio Público
comprende -según dicho autor- "los bienes del Estado que no pertenecen ni se incluían en
su dominio privado".

La noción de Dominio Público es bien conocida en Derecho Administrativo y en Derecho


Civil.

El Dominio Público comprende los bienes destinados al uso común de los habitantes,
pertenecientes a las entidades de Derecho Público, están fuera del comercio y por tanto son
inalienables e imprescriptibles.

La situación de los particulares es de SUBORDINACION, frente a la presencia de


facultades y prerrogativas que reconoce en su favor el Estado, mientras que tratándose del
Dominio Privado del Estado, rigen preponderantemente las mismas reglas aplicables a la
propiedad privada, y las facultades y prerrogativas del Estado se configuran a través de una
vinculación más directa y amplia con los principios del derecho privado; las relaciones
entre administradores y administrados son de COORDINACION.

No deben confundirse las "cosas" del Dominio Público, común a los componentes del
conglomerado social (res communio omnium) con las cosas de nadie (res nullius), ni con
las cosas encontradas (res derelictae) puesto que éstas últimas no tienen dueño por el
momento, sea que no hayan tenido jamás, sea que hayan sido abandonadas.
La existencia del Dominio Público se justifica en la necesidad que impone la vida en
comunidad, la que sería imposible sin la concurrencia de bienes que pertenecen a todos y
que comparten todos, facultados de utilizar para el provecho común y constreñidos al
cumplimiento de finalidades de interés público.

De acuerdo al art. 136 de la Carta Fundamental, son de Dominio Originario del Estado,
además de los bienes a los que la ley les da esa calidad; el suelo, el subsuelo con todas sus
riquezas naturales, las aguas lacustres, fluviales y medicinales, así como los elementos y
fuerzas físicas susceptibles de aprovechamiento. La Ley Orgánica de Municipalidades de
10 de enero de 1985 distingue: a) Los bienes municipales de dominio público, de uso
irrestricto por la comunidad (inalienables, inembargables e imprescriptibles) y b) los bienes
patrimoniales sujetos al régimen privado y régimen mancomunado (arts. 60 y 61).

Por otra parte la Ley de Reforma Agraria de 26 de octubre de 1956 (inicialmente D.L. Nº
03464 de 2 de agosto de 1953) establece el Derecho Originario de la Nación boliviana
sobre el suelo, el subsuelo y las aguas.
(art. lo).

La Constitución reconoce el Derecho Originario del Estado; la Ley de Reforma Agraria de


la Nación. El vocablo Estado revela una idea estrictamente política; Nación contiene una
noción esencialmente sociológica. Al margen de esas apreciaciones, por la supremacía de la
Ley Constitucional sobre la norma secundaria, como es la Ley de Reforma Agraria (art. 228
de la C.P.E.), legalmente se impone el mandato constitucional.

6.3 Conclusiones

Para terminar el presente Capítulo intentaremos encasillar los "otros modos" de adquisición
de la propiedad dentro de la nomenclatura de originarios y derivativos. En esta virtud
llegamos a la siguientes conclusiones:

Primera: Son modos originarios de adquisición de la propiedad por los particulares, la


apropiación de frutos del árbol que cae a un fundo vecino, y la percepción, y por parte del
Estado la herencia vacante.

Segunda: La propiedad intelectual e industrial, significan modos originarios por excelencia,


puesto que son productos de la creación de la inteligencia del autor. Son modos primarios y
originales por antonomasia, iniciales "desde el comienzo" lo que no siempre ocurre con
otros modos originarios. Verbigracia la adquisición de la cosa res nullius o res dereclictae;
generalmente se trata de bienes que pertenecieron antes a otras personas cuya identificación
es imposible en la actualidad y que por esa razón se considera originario el fenómeno
adquisitivo.

Tercera: Sin embargo la calidad de adquisición originaria de la propiedad intelectual e


industrial, se circunscribe a los derechos morales pero no a los derechos patrimoniales, que
pueden ser transmitidos por actos jurídicos intervivos o por sucesión mortis causa, y que
consecuentemente dan lugar a la adquisición derivativa en favor de los causahabientes.
Cuarta: La expropiación, la nacionalización, la confiscación o comiso y la reversión son
modos derivativos de adquisición de la propiedad privada por el Estado, pero corresponde
aclarar que en la confiscación o comiso, el Estado no adquiere directamente el bien
confiscado o decomisado, sino parte del producto del remate del mismo. En cuanto a la
reversión, en puridad es un modo de "readquisición" de la propiedad que fue dotada o
adjudicada a un particular.

Quinta: La retrocesión, la adjudicación y la dotación son modos derivativos de la


adquisición de la propiedad por parte del individuo, aclarando que la retrocesión en rigor,
es asimismo un modo de "readquisición" esta vez de la propiedad expropiada.

Sexta: El trabajo es un medio de conservación, no de adquisición de la propiedad agraria o


minera.

Séptima: El derecho originario del Estado es preexistente y primigenio.