ANAÏS NIN Pájaros de Fuego

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ANAÏS NIN Pájaros de Fuego

ANAÏS NIN
Pájaros de Fuego
Little Birds (1979)

A AR RG GU UM ME EN NT TO O::
El libro reúne trece relatos eróticos, abordados desde la óptica femenina de Nin. Historias cuasi cotidianas, con pinceladas (muchos de los relatos tienen como protagonistas a pintores) de perversión. Pocas mujeres escritoras se atreven celebrar la experiencia sexual en toda su plenitud como lo hace Anaïs Nin. Pájaros de Fuego explora la pasión en todas sus formas. Evocadora, atractiva y soberbiamente erótica, este es un viaje de gran alcance en el misterioso mundo del sexo y la sensualidad. Más que una novela, este libro es una colección de relatos, pero entre todos ellos, cada uno por su cuenta y en conjunto, forman una visión muy bien construida de una protagonista y sus historias eróticas y pervertidas con personajes del mundo de la pintura. Un libro fresco, sutil y excitante a la vez.

S SO OB BR RE EL LA AA AU UT TO OR RA A::
Anaïs Nin, escritora francesa nacida en París el 21 de febrero de 1903. Murió en Los Ángeles el 14 de enero de 1977. Hija de padres cubanos, el padre de origen español y la madre de origen danés, vivió en Cuba, París, Nueva York y Los Ángeles. Comenzó su diario a los once años, que escribiría durante toda su vida y que la hizo famosa. A los diecinueve años, trabajó como modelo y después como bailarina de flamenco. En París, en 1930 conoció a Henry Millar, estableciendo una relación amorosa que se extendió a la mujer de este, en un típico “menage a trois”, y también tuvo relaciones incestuosas con su padre. Aunque ya había escrito antes, publicó en 1939 en Estados Unidos, ya con éxito, y en 1966 se comenzó a publicar su diario. Fue nombrada Doctor Honorario en la Escuela Superior de Arte de Filadelfia en 1973, y un año después, elegida miembro del Instituto Nacional de las Artes y las Letras. Sus obras son novelas de carácter erótico y estilo surrealista, si bien es conocida por su diario, que registró una edición censurada y posteriormente una completa.

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PREFACIO1
Es curioso que muy pocos autores hayan escrito espontáneamente confesiones o relatos eróticos. Quienes lo han hecho, incluso en Francia, donde se cree que el erotismo juega un importante papel en la vida, estaban movidos por la necesidad: la necesidad de dinero. Una cosa es incluir erotismo en una novela o en un cuento y otra muy distinta dedicarle toda la atención. Lo primero es como la vida misma. Es, diría yo, natural, sincero, como ocurre en las páginas sensuales de Zola o Lawrence. Pero centrarse exclusivamente en la vida sexual no es natural. Viene a ser algo parecido a la vida de las prostitutas, una actividad anormal que acaba alejándolas del sexo. Tal vez los escritores lo sepan. Esa sería la razón de que sólo hayan escrito una confesión o unos pocos cuentos, en los ratos libres, para ser fieles a la vida, como hizo Mark Twain. ¿Pero qué ocurre con esos escritores que necesitan dinero hasta el punto de dedicarse por completo a lo erótico? ¿Cómo afecta esto a sus vidas, a sus sentimientos con respecto al mundo, a sus escritos? ¿Qué efecto tiene sobre su vida sexual? Permítaseme explicar que yo he sido la madre confesora de tal grupo. En Nueva York todo el mundo se endurece, se hace más cruel. He tenido que ocuparme de muchas personas, de muchos problemas, y dado que mi carácter era muy parecido al de George Sand, que escribía todas las noches para poder cuidar a sus hijos, a sus amantes y a sus amigos, tuve que buscar trabajo. Me convertí en lo que denominaré la Madame de una extraña casa de prostitución literaria. Era una maison muy artística, debo decir, un estudio de una habitación, con claraboyas que pinté para que parecieran las vidrieras de una catedral pagana. Antes de emprender mi nueva profesión era conocida como poeta, como mujer independiente que sólo escribía por placer. Muchos jóvenes escritores, poetas, se dirigían a mí. Con frecuencia colaborábamos, discutíamos y compartíamos la obra en marcha. Aun siendo distintos en carácter, inclinaciones, costumbres y vicios, todos los escritores tenían un rasgo común: eran pobres. Irremediablemente pobres. Con frecuencia mi maison se convertía en cafetería, por donde caían hambrientos, sin decir nada, y comíamos tortas de avena, porque era lo más barato de hacer y se decía que daba fuerzas. Gran parte de los relatos eróticos han sido escritos con el estómago vacío. Ahora bien, el hambre es muy buena para estimular la imaginación; no da potencia sexual y la potencia sexual no engendra aventuras extravagantes. Cuanta más hambre, más ganas, como les ocurre a los presos, ansiosos y obsesionados. De forma que disponíamos de un mundo perfecto para cultivar la flor del erotismo. Desde luego, si se pasa demasiada hambre, con demasiada frecuencia, uno se convierte en vagabundo, en mujerzuela. Los hombres que duermen junto al East River, en portales, en el Bowery, no tienen vida sexual, se dice. Mis escritores —varios de ellos vivían en el Bowery— aún no habían alcanzado esta etapa. Por mi parte, mis auténticos escritos quedaban abandonados cuando me ponía a perseguir lo erótico. Estas son mis aventuras en ese mundo de prostitución. Sacarlas a la luz fue al principio difícil. La vida sexual suele estar recubierta de muchas costras en todos nosotros, poetas, escritores o artistas. Es una mujer velada, semi-soñada.
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Adaptación de la presentación del relato publicado como “Marianne” en Delta de Venus.
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Había un colegio al otro lado de la calle y las chicas jugaban en el patio situado bajo la terraza. Un momento estuvo mirando a las jovencitas que jugaban. Regresó y colgó la jaula al aire libre. Fue conducido a un ático de dos habitaciones que parecía una choza. toda su vida pareció convertirse en un encarcelamiento. hay luz para pintar. en la terraza. reparaba. gracias a la luz. por debajo del nivel de la calzada. Hilaba fantasías sobre lo que iba a ser su vida en este piso enfrente del colegio de chicas. Daba saltos por todas partes. como el hombre que prevé grandes placeres. cómo flotaban las melenas al aire cuando corrían! Sus pechos pequeños y juveniles comenzaban a mostrar toda su rotundidad. pero una de las habitaciones daba a una terraza y. Entonces llevó a Thérèse a que lo viera. En un día. cuando Manuel salió a la terraza. Los porteros eran muy viejos y los inquilinos del inmueble parecían haberse puesto de acuerdo en convertirlo en un asilo de ancianos. Entonces. y. A la mañana siguiente. Las paredes estaban blancas. Manuel puso manos a la obra. Fue presa de un ligero temblor. convenció a Thérèse para que fuera a verlo. cementaba y martilleaba. ¡Cómo caían unas sobre otras en su juegos.ANAÏS NIN Pájaros de Fuego PÁJAROS Manuel y su esposa eran pobres. sucias y abandonadas. Alquiló las dos habitaciones y se dedicó a arreglarlas. —Yo no viviría aquí —dijo Thérèse. se podían utilizar los armarios y los suelos ya no tenían agujeros. con el rostro brillante y ensanchado por una sonrisa. viéndoles las piernas bajo las faldas revueltas. En este nuevo sitio podría pintar. Compró pintura. Mientras pintaba. con las cosas desempaquetadas a medias y habiendo dormido en camas sin sábanas. como nunca se había visto. Manuel se entristeció. Ella salía diariamente a hacer su número de trapecio en el circo. Nunca le había gustado trabajar. y la primera vez que buscaron piso en París sólo encontraron dos habitaciones oscuras. un carro trasladó sus pertenencias. pero esta vez se dio maña e hizo una meticulosa faena de carpintería y pintura. Así que Manuel vagabundeó por las calles hasta toparse con un cartel: SE ALQUILA. Thérèse era feliz viéndolo de aquel humor. pero cuando. para que el lugar resultara hermoso a los ojos de Thérèse. Allí se gastó el dinero que Thérèse le había dado para la comida en comprar una jaula y dos pájaros tropicales. Se puso colorado. llegada la noche. Tenía un plan demasiado perfecto para Escaneado por PRETENDER – Corregido por Mara Adilén Página 4 . además. A su esposa no le importaba. En aquel lugar bajo tierra. encogiéndose de hombros. Pero en lugar de deshacer los paquetes. Thérèse se fue a su trabajo en el trapecio y Manuel se quedó solo para arreglar las cosas. Pero se contenía. lo saludaron los gritos de unas colegialas en el recreo. Al cabo de dos semanas el piso se había transformado. cemento y madera. Ella se sorprendió mucho y en seguida estuvo de acuerdo en trasladarse. pero no se apresuró. contento y cambiado. que daban a un patiecillo sofocante. oía las risas de las jovencitas que jugaban en el patio. una terraza. bajó a la calle y fue al mercado de pájaros. esperando el momento adecuado. las puertas cerraban perfectamente. ella sólo encontró dos habitaciones inhabitables. Quería mudarse de piso inmediatamente. se dijo Manuel. Manuel las estuvo mirando unos momentos. Era artista y allí no había luz para trabajar. Manuel repitió: —Pero hay luz.

si no aquello hubiera sido para él un paraíso. No obtenía ningún placer de que lo observaran los hombres. pues todos los hombres conocen el truco de mear Escaneado por PRETENDER – Corregido por Mara Adilén Página 5 . Thérèse se iba al trabajo y el piso se llenaba de sol y de risa y gritos de las jovencitas. una de pelo largo y rubio. Si bien era cierto que su pene enflaquecía en cuanto se acercaba demasiado a una mujer. Manuel se ponía cada vez más nervioso y excitado. tengo que hacer pipí. Manuel tenía miedo de que se presentara Thérèse. Para Manuel era una orgía de piernas y faldas muy cortas. El haber visto los grandes ojos encima de él le tuvo soñando durante el resto del día. pero al fin surtió el plan: las jovencitas miraron hacia arriba. pero veía por encima del hombro si le observaban. sacudiéndolo como si fuera un bombón. otra con tirabuzones. con sus enormes ojos. de las mujeres perfumadas y chic. El recreo era a las diez en punto. de donde a todas horas salían hombres que se abotonaban con descaro mirando directamente a los ojos de las mujeres elegantes. Para cuando llegó Thérèse a la una y media había logrado de las chicas la promesa de que volverían a verle al día siguiente a las doce. frecuentaba los pissoirs de París. Cuando se percató de la chica vergonzosa. también era cierto que crecía hasta alcanzar un enorme tamaño y se comportaba de la forma más vivaz cuando lo miraba una mujer. empujadas por la curiosidad. Hasta hay un pájaro de Brasil con cabeza de mono. con los ojos muy grandes. Mientras las chicas permanecían encerradas en las aulas. Mientras estaban mirando los pájaros. A la hora convenida se presentaron a ver los pájaros cuatro jovencitas de todos los tamaños. —Perdonadme —dijo—. una fruta o un regalo. cada vez estaba más excitado. en cuanto se tendía al lado de una mujer. Sólo una. si bien era cierto que le fallaba siempre que quería ofrecer a Thérèse lo que ella deseaba. Este era uno de los mayores placeres de Manuel. para que pudieran verle. Dejó la puerta del servicio abierta. tan abundantes. Durante tres días gastó el dinero de la comida en toda clase de pájaros. Manuel estaba de espaldas a las chicas. Manuel salió a la terraza. la vergonzosa. Aquello había sido bastante por hoy. Allí. los laberintos sin puertas. los pequeños quioscos redondos. Manuel era muy consciente de que la naturaleza le había dotado bien en cuestión de tamaño. volvió la cara y le miró fijamente. desde donde le veían agarrándose el pene. Manuel tuvo que abotonarse. que no se daban cuenta en seguida de que el hombre salía del pissoir y que luego bajaban los ojos. donde muchas veces había mujeres asomadas a las ventanas o en el balcón.ANAÏS NIN Pájaros de Fuego abandonarlo. y la cuarta esbelta y vergonzosa. El patio del colegio estaba animado. Al cuarto día. ofreciendo su infatigable pene al espejo. La terraza era ahora un hervidero de pájaros. Por eso. Las chicas rieron. en medio de los pájaros. Las dejó cuchichear y mirar. en cuanto terminara el colegio. que en los juegos dejaban ver las braguitas blancas. Entonces era cuando estaba en todo lo suyo. la tercera regordeta y lánguida. Quería alcanzar su placer con prudencia. También podía apostarse contra el urinario y alzar los ojos a las casas situadas por encima de su cabeza. Todas las mañanas. a las diez. pero después del colegio. Manuel las llamó: —¿Por qué no venís a ver? Hay pájaros de todo el mundo. varias subieron al piso. familiarizarse con el lugar. ella volvió la cara. sólo les permitió mirar los pájaros y embobarse con sus picos de colores y sus trinos raros y grotesco.

De repente se abrió el quimono y. lo abrió más. entonces todo se echaría a perder. Todas se asustaron. Escaneado por PRETENDER – Corregido por Mara Adilén Página 6 . Manuel se puso detrás de las chicas. besándose y peleando. las chicas lo vieron todas en el trance. cuando se encontró acariciando una gran melena rubia. Los pájaros se estaban portando muy bien. y escaparon corriendo. por accidente. Pensaba que ahora le sería más fácil satisfacerse del todo con tal de controlarse. Manuel se había puesto un quimono. Y los jóvenes entraban sin otro motivo que verse y quizás ayudarse durante la operación. perdió la cabeza.ANAÏS NIN Pájaros de Fuego tranquilamente mientras miran cómo el vecino hace lo mismo. como pajaritos. Manuel fue muy feliz el día que le había mirado la chica vergonzosa. Temía que se apoderara de él el impetuoso deseo de exhibirse a cualquier precio. Al volverse. Era la hora de otra visita y las jovencitas estaban subiendo las escaleras. con el gran pene erecto apuntando hacia ellas. En lugar de cerrar el quimono. un quimono que pudiera entreabrirse con facilidad. picoteando.

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LA MUJER DE LAS DUNAS
Louis no podía dormir. Se revolvió en la cama, se puso bocabajo, y, escondiendo la cara en la almohada, se restregó contra las sábanas calientes como si estuviera sobre una mujer. Pero cuando la fricción lo acaloró, se detuvo. Se levantó de la cama y miró el reloj. Eran las dos en punto. ¿Qué podía hacer para aplacar la excitación? Salió del estudio. Había luna y veía con claridad los caminos. El lugar, una ciudad costera de Normandía, estaba lleno de pequeños chalés que se alquilaban por una noche o por una semana. Louis vagabundeaba sin rumbo fijo. Vio que en uno de los chalés había luz. Era un chalé metido en el bosque, aislado. Le intrigó que hubiera alguien levantado tan tarde. Se acercó sin hacer ruido, dejando sus huellas en la arena. Las persianas estaban echadas, pero no cerraban bien, de forma que pudo mirar dentro de la habitación. Y sus ojos dieron con la más pasmosa visión:' una cama muy ancha, repleta de almohadas y colchas revueltas, como si antes hubiera sido el escenario de una gran batalla; un hombre, al parecer arrinconado contra un montón de almohadones, como si se hubiera retirado después de una serie de ataques, recostado como un pacha en su harén, muy tranquilo y satisfecho, desnudo y con las piernas cruzadas; y una mujer, también desnuda, a quien Louis sólo veía la espalda, retorciéndose delante de este pacha, ondulándose y obteniendo tal placer en lo que estuviera haciendo con la cabeza entre la piernas del hombre que su culo temblaba trémulo y las piernas se tensaban como si estuviese a punto de saltar. De vez en cuando el hombre le ponía la mano sobre la cabeza, como para contener su frenesí, y trataba de alejarse. Luego, ella saltó con gran agilidad, colocándose encima, arrodillada sobre la cara. El hombre no se movió. Tenía la cara debajo del sexo de la mujer y ésta, sacando el estómago, se lo ofrecía. Al quedar él encajado debajo, era ella la que se movía al alcance de la boca del hombre, que aún no la había tocado. Louis vio el sexo del hombre, empinado y agrandado, y al hombre tratando de ponerse a la mujer encima mediante un abrazo. Pero ella se mantuvo a corta distancia, mirando complacida el espectáculo de su hermoso estómago, su vello y su sexo tan cerca de la boca del hombre. Después, poco a poco, se acercó lentamente y, doblando la cabeza, observó la humedad de la boca del hombre entre sus piernas. Durante largo rato se mantuvieron en esta posición. Louis estaba tan excitado que se apartó de la ventana. De haber seguido más tiempo, hubiera tenido que tirarse al suelo y satisfacer su ardiente deseo como fuera, y eso no quería hacerlo. Comenzó a tener la sensación de que en todos los chalés estaba ocurriendo algo que a él le hubiera gustado compartir. Anduvo más de prisa, obsesionado por la imagen del hombre y la mujer, por el vientre firme y redondo de la mujer cuando se arqueaba sobre el hombre... Al cabo llegó a las dunas de arena y la absoluta soledad. Las dunas brillaban como colinas nevadas en la noche clara. Más allá estaba el mar, cuyos rítmicos movimientos oía. Anduvo bajo la luz blanca de la luna. Y entonces vislumbró una figura delante de él, que andaba a pasos ligeros y airosos. Era una mujer. Llevaba puesta una especie de capa, que el viento henchía como una vela y que parecía impulsarla. Nunca la alcanzaría.
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ANAÏS NIN Pájaros de Fuego Ella andaba hacia el mar y él la siguió. Anduvieron largo rato sobre las dunas que parecían nieve. Al llegar a la orilla, ella dejó caer al suelo sus ropas y quedó desnuda en medio de la noche estival. Echó a correr hacia la rompiente. Y Louis, imitándola, también se deshizo de las ropas y entró corriendo en el agua. Sólo entonces le vio ella. Al principio se quedó inmóvil. Pero cuando vio el cuerpo joven a la luz de la luna, la hermosa cabeza y la sonrisa, ya no sintió miedo. Él fue nadando hacia ella. Se sonrieron mutuamente. La sonrisa de él, aún de noche, era deslumbrante; y también la de ella. Casi no distinguían otra cosa que sus sonrisas brillantes y los contornos de sus cuerpos perfectos. Él se acercó. Ella lo dejó. De pronto, Louis se echó a nadar hábil y graciosamente sobre el cuerpo de ella, rozándolo y sobrepasándolo. Ella seguía nadando y él repitió el cruce por encima. Luego ella se puso en pie y él buceó y pasó entre las piernas. Rieron. Los dos estaban a sus anchas en el agua. Louis estaba profundamente excitado. Nadaba con el sexo erecto. Entonces se acercaron el uno al otro, agachados, como si fueran a pelear. Él apretó el cuerpo de la mujer contra el suyo y ella percibió la dureza del pene. Él lo colocó entre las piernas de la mujer. Ella lo tocó. Sus manos la registraban y acariciaban por todas partes. Luego, ella volvió a alejarse y él tuvo que nadar para alcanzarla. De nuevo con el pene provocativamente entre las piernas de la mujer, la apretó con mayor fuerza y trató de penetrarla. Ella se zafó y salió corriendo del agua a las dunas de arena. Él corrió detrás, chorreando, resplandeciente y riéndose. El calor de la carrera volvió a encenderlo. La mujer se dejó caer en la arena y él encima de ella. Entonces, en el momento en que más la deseaba, súbitamente le abandonó la potencia. Ella yacía esperándolo, sonriente y húmeda, y su deseo se fue amansando. Louis estaba confundido. Había estado rebosando de deseo durante días. Quería tomar a aquella mujer y no podía. Se sentía profundamente humillado. —Hay mucho tiempo —dijo ella. Curiosamente, su voz estaba llena de ternura —. No te muevas. Estoy muy bien. Ella le pasó su calor. El deseo no volvía, pero le gustaba sentirla. Sus cuerpos yacían juntos, vientre contra vientre, el vello sexual enzarzado, los pechos de ella clavándole las puntas y las bocas pegadas. Se soltó para mirarla: las largas piernas esbeltas y lustrosas, el abundante vello púbico, la encantadora piel pálida que resplandecía, los pechos abundantes y muy erguidos, los cabellos largos, la amplia sonrisa de la boca. Estaba sentado en la postura de Buda. Ella se aproximó y cogió con la boca el pequeño pene alicaído. Lo lamió suavemente, con ternura, demorándose alrededor de la punta. El miembro se rebulló. Louis bajó los ojos para contemplar cómo la boca, ancha y roja, se redondeaba alrededor del pene. Una mano le acariciaba los testículos, la otra removía la cabeza del pene, cubriéndola y sacudiéndola muy despacio. Luego, sentándose apoyada contra él, lo cogió y lo metió entre sus piernas. Lo frotó suavemente contra el clítoris, una y otra vez. Louis miraba la mano, pensando en lo hermosa que era con el pene cogido cual si fuera una flor. El pene se estiró, pero no estaba lo bastante duro para penetrarla.

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ANAÏS NIN Pájaros de Fuego Al abrirse el sexo de la mujer, Louis vio brotar la humedad de su deseo, brillante a la luz de la luna. Ella seguía frotando. Los dos cuerpos, igualmente hermosos, se doblegaban a la frotación; el pequeño pene sentía el contacto de la piel de la mujer, su carne cálida, y gozaba con el contacto. —Dame la lengua —dijo ella, acercándose. Sin dejar de frotarle el pene, le cogió la lengua con la boca y le tocó la punta con su propia lengua. Cada vez que el pene le rozaba el clítoris, la lengua de ella rozaba la punta de la lengua de él. Y Louis sintió cómo el calor descendía de la lengua al pene, recorriéndole de pies a cabeza. —Saca la lengua, sácala —dijo ella con voz ronca. Él obedeció. Ella volvió a gritan —Sácala, sácala... —obsesivamente. Cuando lo hizo sintió tal conmoción en todo su cuerpo que parecía como si el pene se alargara hacia ella, como si fuera a alcanzarla. Ella mantenía la boca abierta, dos delgados dedos alrededor del pene y las piernas separadas, esperando. Louis sintió el torbellino de la sangre que le recorría el cuerpo y descendía al pene. El miembro se puso duro. La mujer esperó. No cogió inmediatamente el pene. Dejó que de vez en cuando rozara la lengua contra la de ella. Le dejó jadear como perro en celo, abriendo su ser, estirándose hacia ella. Él miraba la boca roja del sexo de la mujer, abierto y expectante, y de pronto la violencia del deseo le hizo temblar y completó la erección. Se arrojó sobre ella, con la lengua dentro de su boca y el pene abriéndose camino en su interior. Pero tampoco ahora pudo correrse. Rodaron juntos largo rato. Finalmente, se pusieron en pie y anduvieron, llevándose las ropas. El sexo de Louis estaba empalmado y tenso y ella disfrutaba viéndolo. De vez en cuando se dejaban caer en la arena y él la tomaba, la revolcaba y la dejaba mojada y salida. Y al seguir andando, yendo ella delante, la rodeaba con los brazos y la arrojaba al suelo, de modo que copulaban a cuatro patas como los perros. Él temblaba dentro de la mujer, empujaba y vibraba y le sostenía los pechos con las manos. —¿Quieres? ¿Quieres tú? —preguntó Louis. —Sí, pero despacio; no te corras. Me gusta así, repitiendo muchas veces. Tan mojada y enfebrecida estaba la mujer. Andaba esperando el momento en que la tirara de nuevo a la arena y volviera a tomarla, excitándola y dejándola antes de que se hubiera corrido. Cada vez volvía a sentir las manos del hombre sobre su cuerpo, la arena cálida contra su piel, la caricia de la boca del hombre, la caricia del viento... Mientras andaban, ella sostenía en la mano el pene erecto, Una vez lo detuvo, se arrodilló delante e introdujo el miembro en la boca. Él se mantuvo arriba, de pie, adelantando ligeramente el vientre. Otra vez ella apretó el pene entre los pechos, almohadillándolo, sujetándolo y dejándolo resbalar por el blando abrazo. Avanzaban como borrachos, aturdidos, palpitantes y vibrando a consecuencia de las caricias. Luego vieron una casa y se detuvieron. Él le pidió que se escondiera entre la maleza. Quería correrse; no la dejaría hasta haberse corrido. Ella estaba muy excitada, pero, no obstante, quería contenerse y esperarle. Esta vez, cuando estuvo dentro de la mujer, empezó a temblar y por último se corrió

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la multitud se dirigió hacia la plaza. La gente la aplastaba por todas partes. Luego. al igual que todos sus amigos. dadas las grandes pasiones que había despertado. Dos guardias cogieron al hombre y. Contuvo la respiración. Por entonces vivía en Montparnasse. y formó un círculo. fumando. Al mismo tiempo. El verdugo estaba dispuesto y esperaba. emborrachándose. Echados de espaldas. había bebido con ellos y estaba muy excitada y asustada. la mujer le contó una historia. No se movió ni volvió la cara. Y no era posible acercarse demasiado porque lo impedía la policía. Ella había esperado con los demás. en una placita cercana a la prisión de la Santé. lo guiaron por la escalera del patíbulo. decidieron asistir todos los estudiantes y artistas de Montparnasse. De cualquier forma. tan clavada la tenía la curiosa multitud. apretada contra el cordón policial. En medio de la palpitante multitud. los jóvenes agitadores y los revolucionarios. Ella no hizo el menor movimiento. Cada botón que soltaba la mano la hacía suspirar de miedo y alivio. Luego. Pocas personas asistían a estos ahorcamientos. Hacia el amanecer. En aquellos tiempos todavía se ejecutaba a la gente por los delitos graves. Allí se quedó. frecuentaba los cafés y había seguido el proceso con apasionamiento. descansando. con el amanecer próximo. En aquel momento se dio cuenta de que alguien se apretaba contra ella con mucha más fogosidad de lo normal. casi no se podía mover. Los dos aullaron al unísono. aquellas manos avanzaron hacia sus pechos hasta apresarlos. durante la Revolución. la presión no era desagradable. podía ver. su deseo duro contra su propio culo. un revuelo de la multitud la empujó a otro sitio. fascinada y aterrorizada. Estaba en París cuando ahorcaron a un extremista ruso que había matado a un diplomático. muchísimas veces. Aguardaron en pie toda la noche. donde se irguiera la guillotina en la época de la Revolución. Pero en el caso del ruso. Ahora una mano buscaba una abertura de la falda y descubrió los botones. lo único que ahora sentía era el pene Escaneado por PRETENDER – Corregido por Mara Adilén Página 10 . con destreza y rapidez inesperadas. Tenía los ojos fijos en el hombre que iban á a> car y los nervios la torturaban. Sin mirar a Louis.ANAÏS NIN Pájaros de Fuego violentamente. En su estado tembloroso y excitado. Por primera vez sería testigo de una escena que sería repetida muchas veces. por si protestaba. Estaba aturdida por las sensaciones contradictorias. hasta donde lo permitía el cordón desplegado por la policía. Habitualmente se llevaba a cabo al amanecer. afrontando el proceso con gran valor religioso. a la moda de entonces: una falda corta y una blusa a cuyo través se veía la ropa interior rosada y se adivinaba la forma de los pechos. antes de pasar al siguiente botón. por primera vez vería morir a una persona. las dos manos hicieron girar la falda de forma que la abertura quedase detrás. De todas formas. El reo apareció con los ojos vendados. poniéndose de puntillas. porque el hombre era un fanático y había respondido a lo Dostoyevski a cuantas preguntas le hicieron. La mano se detenía. La marea de la multitud la arrastró a un punto situado a unos diez metros del cadalso. Ella se había montado encima para alcanzar su propia satisfacción. Tenía el cuerpo enfebrecido. Dos manos le rodearon la cintura y sintió con toda claridad el cuerpo de un hombre. cuando no había nadie. sintieron frío y se cubrieron con las ropas. lentamente. Llevaba una blusa blanca y una falda con botones a todo lo largo de un costado.

en algo humano. pero desaparecieron en la zona arbolada que daba a los chalés. saturado de sueños sensuales. Sus ojos seguían fijos en el hombre que ascendía al patíbulo y. Escaneado por PRETENDER – Corregido por Mara Adilén Página 11 . se desmayó. A la vez que el condenado saltó al vacío y a la muerte.. conforme el miedo se convirtió en placer. vibrando a resultas de un imaginario abrazo. Pudo seguir las huellas sobre la arena durante un buen trecho. El cuerpo de ella tembló. La multitud aplastaba al hombre contra ella. Después de esta historia. Al despertar. Ahora el condenado estaba de pie sobre el patíbulo y le pusieron la soga al cuello.ANAÏS NIN Pájaros de Fuego deslizándose lentamente por la abertura de la falda. Sin decir una palabra. y así la perdió. a cada latido del corazón. el pene se estremeció dentro de ella. Palpitaba de miedo y la palpitación era la misma para el deseo. El pene avanzaba entre los blancos bordes de las nalgas. cálido y consolador. el ruso dobló la cabeza sobre el nudo. Lo sentía caliente. firme y duro contra su carne.. vio que la mujer se había ido. Había atravesado la falda y abierto un siete en las bragas. Louis descabezó un sueñecito. abriéndose inexorablemente su carne. vida a la que cogerse mientras se desarrollaba la muerte. el pene avanzaba un poco más. Casi dejó de respirar y. Le pareció que el pene que se estremecía entre sus nalgas era algo hermoso de coger. en salvaje placer al sentir la vida mientras el hombre agonizaba. vertiendo su cálida vida. El dolor de verlo era tan grande que convertía el contacto carnal en un alivio. que era vida.

No pertenecía al París elegante ni a los cafés. Desayunábamos juntas. ¿Por qué? Sus razones eran confusas. Mientras se vestía. Escaneado por PRETENDER – Corregido por Mara Adilén Página 12 . lo sofoca. Y todo este deseo y toda esta codicia se retuercen en su interior y destilan el veneno de la envidia y los celos. provocativo. se avergüenza. Acostada. Dijo que se había comprado el camisón para un amante. cuerpo y voz estaban hechos para la sensualidad. Lina se emborrachaba y se enfurecía conmigo. sacudido por las naturales oleadas del placer y del deseo. Llevaba empalado entre las piernas el rígido poste del puritanismo. Todo el resto de su cuerpo era suelto. Hans y Michel.ANAÏS NIN Pájaros de Fuego LI N A Lina es una mentirosa incapaz de soportar su verdadera cara en el espejo. de los amores de todos. Si su boca. cubriéndose luego. la boca ávida. Me hacía besarla en la boca una y otra vez hasta que nos excitábamos. íbamos de compras. Las noches que Hans venía a verme siempre teníamos alguna escena. dejaba caer la camisa. por los cafés y por los parques. Tenía ojeras y un gran desasosiego. simulando no haberme oído entrar. A la mañana siguiente se despertaba enferma de celos. Nos sentábamos en los cafés. Todos sus gestos eran desordenados y violentos. Vi su feroz boca entreabierta y el pelo rizado aureolándole salvajemente la cabeza. levantaba las piernas para que le viera el sexo desde mi sitio a los pies de la cama. —Si fuera hombre. Vino a mi piso para pasar algunas noches conmigo. Me puse triste. Comenzó afirmando que odiaba a mis amantes. como si hubiera un león en el cuarto. Me cogía la boca y se excitaba y luego se alejaba. —¿Por qué? —le pregunté—. ¿Cómo iba a entretener a Lina mientras estuviese en París? ¿Qué era lo que quería? —Simplemente estar contigo. Tenía siempre el aspecto de quien acaba de salir del lecho de algún amante o bien está a punto de ir a acostarse con alguien. Entonces ella debía dormir en el cuarto encima del mío. Se compró un camisón de blondas negras. pero yo me di cuenta de que aún llevaba la etiqueta del precio. la mirada provocativa. Está celosa de todo. las orgías y las danzas africanas. Pero en lugar de rendirse a su erotismo. te mataba —decía. y durante un momento quedaba desnuda. con joyas exóticas que tanta viveza daban a su rostro. Lina odia todo aquello donde florece la sensualidad. Salíamos juntas y yo admiraba a la mujer que cantaba en el cafetucho. poco convincentes. Le gustaba que nos besáramos en la boca. Pero no era un ser libre. dábamos paseos. Las mira con una extraña mirada de rabia. Desearía que nadie hiciera el amor puesto que ella no puede hacerlo. De modo que nos limitamos a la mutua compañía. y entonces paraba. Le gustaban aquellos besuqueos sin clímax. Eso significaba citas secretas. Embriagaba mirarla porque era regordeta y le sobresalían los pechos por el escote de la blusa blanca. Siente celos cuando ve a las parejas besarse por las calles de París. Hizo todo lo posible por seducirme. Lo suyo era la jungla. interiormente se sentía inhibida. una especie de energía que emanaba de todo su cuerpo en forma de impaciencia o avidez. igual que el mío. Tiene una cara que pregona su sensualidad: los ojos brillantes. Me gustaba verla arreglarse para la noche.

Sonreía maliciosamente. Escaneado por PRETENDER – Corregido por Mara Adilén Página 13 . Luego se quedó dormida. El incienso nos iba adormeciendo. Ya verás —me había dicho Michel. que estaba reclinada contra la espalda y fantaseando sobre las inacabables historias de Michel. Nunca he sido muy hábil para seducir a quienes se resisten. —Tráela y la hipnotizaré. Entonces ella lloraba y decía: —No me abandones. con los ojos cerrados. pero una clase de incienso que yo desconocía. Cuando Hans la vio. teníamos miedo de hacer ruidos que Lina pudiese oír. Lina quiso abrir la ventana. un animal cuya captura bien valía la pena. y dejó que Michel y yo la desnudáramos por completo. pero le causaba placer. que había dejado de retorcerse y de fumar febrilmente. Él sonrió. Lina no estaba completamente dormida. Al mismo tiempo bramaba contra el lesbianismo. pero odiaba sus escenas de frustración y sus celos disimulados. Entonces le insertó la rodilla entre los muslos y las abrió. —Hay otras formas de hacer el amor entre mujeres. qué es lo que quieres? —Quiero que no tengas amantes. —¿Qué has hecho. —Pero yo querría tenerlo. Si me abandonas. Él había quemado incienso. Tenía la voz dulce y envolvente. a desnudarla. Yo me reí. Fuimos al piso de Michel. —He quemado un incienso japonés que da sueño. Sus escenas me iban agotando. Parecía un hermoso animal. Cuando Hans y yo estábamos por la noche en mi dormitorio. pero se mantuvieron firmemente cerradas. Quiero que quieran. Empezó a acariciarla. Contaba historias de sus viajes. Vi que Lina escuchaba. Se sentó en el canapé forrado de piel. Lina se puso bastante nerviosa cuando vio el lugar. Es afrodisiaco y no es peligroso. Lina aceptó. Había cruzado las piernas. Más adelante. Querría tener pene para poder hacerte el amor. La atmósfera erótica la turbaba. que se rindan. Odio verte con hombres. Lina tenía los ojos semi-cerrados. Mantuvo su boca en la mía. pero Michel vino a sentarse entre nosotras y comenzó a hablarle. No quería lastimarla. dijo: —El problema de Lina es que es un hombre. Me dije que intentaría y conseguiría romper su resistencia de una u otra forma. Michel? Yo también me sentía soñolienta. Lina. Ella se daba cuenta de lo que hacíamos. estoy perdida.ANAÏS NIN Pájaros de Fuego Yo me enfadaba. Michel se subió encima de ella y trató de separar las piernas con las manos. Me di cuenta de que Michel quería dominarla. un día le dije: —¿Por qué no vienes conmigo a visitar a Michel? Quiero que conozcas su madriguera de explorador. —¿Qué quieres. —¿Por qué odias tanto a los hombres? —Tienen algo que yo no tengo. Me excitaba ver a Lina tan rendida y abierta. diciendo que era repugnante y que ella no pasaría de los besos.

Al día siguiente abandonó París. esta vez por detrás. Lina sólo quería el pene.ANAÏS NIN Pájaros de Fuego Sus abundantes pechos cubrieron el rostro de Michel. Michel siguió manteniéndole las piernas separadas y mordiéndola en su carne más tierna hasta hacerla gemir. Se tiró sobre mí. Lina dejó que Michel la besara entre las piernas y le introdujera el pene. Michel volvió a poseerla. Lina se irguió en el asiento. acariciándome con la boca y las manos. Cuando Lina y yo salimos a la calle. Él mordió los pezones. Tenía unas hermosas nalgas. Así que Michel la poseyó y cuando hubo gozado quiso poseerme a mí. abrió los ojos y nos miró un instante con asombro. Escaneado por PRETENDER – Corregido por Mara Adilén Página 14 . Luego me sacó el pene de Michel y no permitió que volviera a introducirlo. firmes y redondeadas. A mí me dejó besarle los pechos y acariciárselos. cogidas de la cintura. Se lo permití. hecha una furia sexual. ella hizo como si no recordara nada de lo ocurrido.

al igual que Edna y Jack. Los hermanos colocaban sus blandos y jóvenes penecitos entre las piernas de las hermanas. quemaba los libros que encontraba en manos de los hijos. Se casaron. Pareces tan esbelta que nunca hubiera imaginado unas caderas tan anchas. Los chicos habían descubierto el mundo del sexo gracias a otro muchacho. aunque no sabía por qué. Edna regresó del viaje alejada del marido. A veces lo achacaba a haber descubierto que había pertenecido a tantísimas mujeres. Edna seguía queriendo dedicarse al teatro. El puritanismo se reafirmaba en la familia. Dorothy estudiaba escultura. había dicho: —Vaya caderas tan anchas. En la bodega de su casa el padre llevó a cabo la ceremonia de quemar los libros de D. David y Dorothy siempre se emparejaban juntos. Aun así. Luego.ANAÏS NIN Pájaros de Fuego DOS HERMANAS Había una vez dos hermanitas. Mientras la desnudaba. Como jefe social del crucero. sin aventurarse más. ni que se metían en los automóviles con los muchachos a chuparles el pene. con los ojos húmedos y brillantes. y también en facilitarles sus intrigas. Desde la primera noche. Los demás habían sido muchachos que le despertaban una especie de ansia maternal. Se sintió humillada. comenzó a mirarle con la Escaneado por PRETENDER – Corregido por Mara Adilén Página 15 . Lo hacían con gran secreto. Protestaba de los bailes y de toda clase de fiestas. graciosa y delicada. su trabajo consistía en cuidar de que los huéspedes se divirtieran. Las historias de sus viajes con aquellos ricos mimados excitaban a Edna. se conocieran unos a otros y su comodidad fuese absoluta. Jack y David. Ayudaba a los maridos a eludir la vigilancia de las esposas. lo que revela hasta qué punto estaba la familia atrasada en cuanto a vida sensual. el primer hombre que realmente había conocido. Lo que Edna descubrió fue que el jefe social suplía . En parte por ganas de vengarse. La otra.personalmente buena parte de las intrigas sexuales. le impidió la efusividad de su amor y su deseo. El padre tronaba y luchaba contra cualquier intromisión del mundo exterior. sino a una mujer como cientos de otras. rechazaba a los jóvenes demasiado asiduos e hizo todo lo posible por impedir que sus hijas se casaran. Prescindió de acariciar a las hijas. el padre gustaba de tomar a las niñas sobre sus rodillas. Al delicado David le gustaba su hermana áspera y el viril Jack prefería la fragilidad vegetal de Edna. Con el fanatismo del inquisidor. H. No sabía que ellas habían hecho rajas en sus braguitas para poder ser besadas entre las piernas en las citas. Las chicas se volvieron tímidas e iban creciendo. echados en la alfombra del comedor y con la sensación de estar cometiendo los mayores delitos sexuales. Harry tenía cuarenta años y trabajaba en una agencia de cruceros para gente rica. Edna tenía una hermosa voz que encantaba a la gente y quería ser actriz. un deseo de protegerlos. Pero se enamoró de un hombre mayor que ella. Los muchachos jugaban a hacer el amor con las hermanas desde antes de tener erecciones. Hicieron un viaje juntos alrededor del mundo. Lo cual le paralizó el ánimo. Dorothy era la fuerza. Sexualmente no la conmovía. No había demostrado la menor emoción. Lawrence. de repente acabaron los juegos. A pesar de eso. ni que el asiento del coche familiar estaba manchado de esperma. sintió que no era deseable. y a las esposas la de los maridos. Una era rechoncha. le pareció que no la poseía a ella. deslizar la mano bajo sus vestiditos y acariciarías. morena y vivaz. Procedían de una acaudalada familia residente en Maryland. Protestaba de los jóvenes que las visitaban. Tenían dos hermanos.

gozarla. No había tensiones. muchos hombres se inhibían. moreno. de absoluta seguridad. La telefoneaba a todas horas para oírla. la coartada eran los estudios de arte dramático. Sus palabras de alabanza. Cayeron al suelo. Acababa de ganar una beca para trabajar en una compañía. Todas las demás mujeres quedaban borradas por aquella voz. su misma naturaleza dura y fuerte. Le gustaba su fuego y sus demonios furiosos. la boca y el cuerpo. que la mordían y confundían. de sólo vivir para las manos. incluso el de la mano sobre el brazo de Edna. pero no estaba enterada de su distanciamiento de Harry. Ella y Robert vivieron juntos en Nueva York. Ella lo hechizó completamente. encantado por su suavidad. nunca engendraba ataques bestiales en que uno pretendiera violar al otro. los rasgos firmes y cincelados. de adoración. la hacía arder por todas partes. y Robert tuvo una segunda erección. sus gritos de asombro. Vio lo que le ocurría a Edna. hasta que un día. Él tenía tal magnetismo en sus manos que su roce. Edna y Robert estaban siempre juntos. con el pelo clareándose. Estaba fascinado por la voz de Edna. Ahora era libre durante seis meses. Esconderse y relajarse sobre su cuerpo. de treinta años. Compartía con Edna el amor al teatro. todo hacía pensar en sus propias obras. de ceguera. escuchándole y dándole sus opiniones. que pronto estaría demasiado gordo y tendría el aspecto de estar maduro para retirarse a hacer vida familiar y estólida. Para Harry. Él la tomó sobre el sofá del decorado. Entonces se presentó Robert. con torpeza y prisas. de ojos castaños y ardientes como los de un animal. bien que no puritana ni escrupulosa. todo era lo mismo. Le renovó la fe en sí misma. como si buscaran su fuerza. en secreto. Se mostró cortante. E idéntica era la sensibilidad de Robert a la voz de Edna. las piernas robustas. contaba historias verdes y se burlaba del sexo. Hizo la guerra a Robert. la incitaron y ella floreció entre sus manos. representaron un beso interminable. La trataba un poco como a una hermana mayor. momentos equívocos ni mala voluntad. en su atractivo. les entró polvo en la garganta. No se daba cuenta de que aquello era amor. Era franca como un hombre. blando y oscuro. en su presencia. tomarla. Supuso que era un amante momentáneo que simplemente separaba a Harry y Edna por su propio placer. Ella vivía abierta y sensible a su presencia. y lo que vio fue un hombre cuarentón. empequeñecían y languidecían. se confundían y desvanecían unidos en un abismo cálido. No. Pero seguía siendo inexpugnable. estando entre bastidores. cuando todo el mundo se había retirado y Edna se quedó a verle ensayar. la voz terráquea. Percibía con alborozo el antagonismo de Robert. Ella misma era una especie de virgen inexpugnable. Dorothy deseaba destrozarlos cuando los veía arrastrarse hacia su Escaneado por PRETENDER – Corregido por Mara Adilén Página 16 . Era como una canción que le sacaba de sí mismo y de su vida. Fue un período de embriaguez. utilizaba palabras gruesas. Edna dejó que Harry fuera solo a sus cruceros. donde había estado trabajando de escultora. No creía que aquello fuese amor. imponer su capricho ni herir con la fuerza o el deseo. Harry volvió al mismo tiempo que regresaba Dorothy del Oeste. Dorothy parecía una pieza de madera bien pulimentada. mordiente. Su amor nunca era violento ni cruel. Había dejado de ser el hombre que había visto el mundo entero. pero con tal intensidad que ella lo sintió como nunca había sentido a su marido. Robert entró en el amor de Edna con una sensación de absoluto dominio. Sólo los tímidos se le acercaban. Lo que odiaba sobre todas las cosas era que.ANAÏS NIN Pájaros de Fuego misma frialdad con que él la había mirado. pero siguieron besándose y acariciándose. Pensó que Robert era la causa y le odió. que resultaban al tiempo hambrientos y suaves.

Edna pasaba las horas acordándose de la fogosidad con que Robert la había poseído la primera vez. ella volvió a atraerle. Dorothy fue presa de un extraño temblor. Dorothy había olvidado sus sentimientos por Edna. Cuando todo hubo concluido. Fue una especie de continuación de su lucha. la mordió. se maquilló la cara. el pene sobresalía apuntando hacia ella y los ojos castaños la quemaban. De pronto todo su cuerpo se encendió. perfectamente reflejado en el espejo que tenía delante. Robert no pudo aguantar más. pensaba en las manos de Robert y en cómo la penetraban. después del primer dolor. Entre los dormitorios había un gran cuarto de baño. mirando por la ventana. de las manos. Entonces. Robert estaba desnudo. Las dos hermanas dormían en habitaciones contiguas. limitándose a vivir en el romántico presente. Edna dejaba que Robert fuese a su habitación por la noche. aumentando el dolor. Tú nunca has estado enamorada de esta forma. y la resistencia de Dorothy le encendía los músculos y la rabia. no se preocupó de cerrarla. medio la llevó en brazos a la cama. como un soñador. Fue ella quien cogió el pene entre las manos y se lo metió de nuevo. pero todos sus gestos no hicieron sino aumentar la presión de las rodillas. de doblegarla a su voluntad. Cayeron el uno sobre el otro. moviéndose Escaneado por PRETENDER – Corregido por Mara Adilén Página 17 . Se cepillaba la melena pletórica de reflejos. Los pechos bailaban con sus movimientos. Se sujetó el pelo en alto. Después. ardía. Al poseerla. Ella ni se dio cuenta. de la boca. Todos los movimientos que hacía delante del espejo resaltaban las curvas provocativamente llenas y turgentes de los pechos y las nalgas. la sensación que tenía era de que también su vientre se hubiera inflamado. Edna había dejado su puerta abierta y Dorothy. del sofá estrecho y pequeño en que se tendieron. Edna ocultaba sus sentimientos respecto a Harry y Robert no ofrecía llevársela. estaba como poseída cuando recordaba a Robert encima de su cuerpo. Entró al baño a lavarse. Robert tenía unas ganas locas de hacerle daño. dado el goce que el cuerpo del hombre despertaba en el propio. Se había inclinado para recoger el peine. Fue al cuarto de baño y se plantó en medio. Robert medio la arrastró. Una mañana. al despertar. Dorothy seguía visible en el espejo. creyéndose sola. Al cabo de una hora. —Tú no puedes entenderlo —dijo Edna a su hermana—. ni lo pensaba siquiera. Dorothy no hizo ninguna exclamación. Al acercarse él un paso más. de la alfombra polvorienta sobre la que acabaron rodando. del hombro. la vehemencia con que lo recibía. rompiendo su virginidad. La idea de permitirles que metieran el pene entre sus piernas le resultaba similar a tolerar que unos insectos se arrastraran sobre su cuerpo. No sabía que Robert estaba en el dormitorio. Dorothy lo criticaba y Edna lo defendía. se encontró contemplando este espectáculo desde la cama. pues ella se defendió. Dorothy entró en el cuarto de baño y dejó caer el quimono.ANAÏS NIN Pájaros de Fuego cuerpo erguido como un árbol. Dorothy vio que Edna salía de la casa. Y Robert. por humillarle y destruirle. un aroma más fuerte: el olor del pelo de Dorothy. En aquella puerta había un espejo. Donde él la tocara. De ahí que se jactara de la lucha por echar a Robert de la vida de Edna. Apartó los cobertores. de su cuerpo. Se puso de puntillas para dibujarse las cejas. Tenía un cuerpo magnífico. y el éxtasis de sentirlo dentro de su cuerpo era mucho mayor que el dolor. Cuando los tres estaban juntos. Dorothy guardaba silencio. Robert había descubierto una sensación más fuerte. durmiendo. Harry había vuelto a irse por seis meses. Sintió que estaba deseando avanzar hacia él.

Estaba desgarrada por los celos. Ni siquiera la boca respondía a la boca del hombre. pensó él. Robert probaba acariciarla. Dorothy desfalleció al verla. Se limitó a mirar fijamente. No sabía cómo mirar a Edna. Dorothy dijo que iría después y Robert se fue a Londres. Debajo no brillaba la vida. su voz era como una canción. Las caricias de Robert ponían a Dorothy en tal estado que ella le mendigaba: «¡Poséeme!» Él simulaba negarse. Después. Estuvo tierno y aguardó. como una aureola que la envolvía. Donald. de la boda. Robert fue a París a reunirse con Dorothy. pero cuando Escaneado por PRETENDER – Corregido por Mara Adilén Página 18 . avanzando hacia su boca. tendiéndose a su lado y poniendo la cabeza sobre sus pechos. para sufrir hasta la última gota de amargura. para ser presas del deseo. al borde del orgasmo y sólo necesitada de que él la rozara con la punta del pene. queriendo huir de Robert en nombre de su afecto por Edna. Poco después. La noche siguiente ocurrió lo mismo. La vida le había abandonado. Dorothy fue a París. aunque fuese andando. Y la otra. a abandonarlo cuando estaba a punto de correrse. Le gritó. se lo confesó todo. pero el cuerpo de ella no vibraba bajo sus dedos. Dorothy se desmayó. En pocos días se había convertido en una anciana. la tensión de haber visto a Edna. amenazando a Dorothy por embaucarlo. Robert Se escribió que ya no podía hacer el amor con Edna. Dorothy lloró por la noche. la mirada de sus ojos como la de una persona agonizante. El cabello era mortecino. que se veía obligado a disimular constantemente. Inició una relación con un joven americano. encantadora. Temía que Robert intentase quedarse con ambas. La boda fue fantasmal. Cuando hubo terminado. Pero comprendió que no podía quedarse y se inventó un viaje. Y ahora llevaba una máscara. para correrse con el contacto. Hacían estas cosas tantas veces que se convirtieron en una tortura. Ella continuó viéndose también con Donald. Edna llevaba flores y era la auténtica imagen de la muerte. Encima de la máscara había puesto polvos. lo que le paralizaba. Luego se fue de viaje con Robert. Había descubierto que Edna nació el mismo día que su madre y cada vez se iba identificando más con la madre. su paso era ligero y su sonrisa abrumadora. de aniquilamiento. Pero cuando Robert quiso tomar a Dorothy se encontró con que ella no respondía. Simulaba sentir placer. Decidieron casarse y Robert escribió a Edna. Era como si hubiese muerto. sin pensar en el daño que hacía. Es la tensión. La cara de ella estaba hinchada a causa de los besos y guardaba señales de los dientes de Robert por todo el cuerpo. Edna fue a París el día de la boda. Rogó a Dorothy que le acompañara. sin embargo. Edna lo siguió. entonces ella despertaba y volvía a tocarlo y a lamerlo. Simulaba dormirse y lo dejaba torturado por el deseo de que volviera a tocarlo y con miedo a despertarla. Robert se echó a llorar en medio de la ceremonia y se comportó como un demente. La semana que pasaron juntos creyeron volverse locos. pero no podía. Pero con Edna él sólo tuvo la sensación de aniñarse cuando. Querían volver a visitar los lugares por donde habían pasado pocas semanas antes y recuperar el mismo placer. Dorothy procuró ocultárselo. Robert y Dorothy partieron de viaje. El cuerpo de la mujer había experimentado un cambio. una sensación de vacío. ¿Por qué? Era como si deseara verlo todo con sus propios ojos. amenazándola con suicidarse. Un mes antes estaba resplandeciente. No le diría la verdad. Edna no contestó.ANAÏS NIN Pájaros de Fuego de tal modo que el pene se restregara entre sus pechos. y sentía el mismo vértigo que se siente ante un abismo. Y ella también aprendió a atormentarlo. metía el pene entre las nalgas y trataba de restregarse. llevado por la necesidad de tener una madre. de la escena que le había hecho Donald. les bastaba rozarse por la calle. porque se parecía a Robert. Se apretaba contra ella. para verla retorcerse en la exquisita tortura.

Y me volví loco y quise matarte. Ellos no se dan cuenta de mi presencia. cómo te reventaba los huesos. y quizá liberarse y volver a Robert. —¿Qué quieres decir? —Me he vuelto frígida desde que me casé con Robert Donald arqueó las cejas. Creía que sencillamente estabas loca de deseo. y los dejo solos un rato. Va Escaneado por PRETENDER – Corregido por Mara Adilén Página 19 . Por eso respondía. no podría acabar con su vida. Robert tuvo la oscura sensación de estar sufriendo un castigo.. En su interior oía constantemente los gemidos y los gritos de la pareja del hotel barato. que intentara borrarlos de tu cuerpo. si quieres.. donde dos cuerpos soñolientos se machacaban mutuamente. Tú sabes cómo te hacía el amor.. quédate unos minutos. —Ya he sido lo bastante castigada —dijo Dorothy con violencia. derritiéndote. Dorothy se sentó en la cama y lloró por todo lo que. Las paredes eran delgadas y las puertas no cerraban bien. Cuando regresaron a Nueva York buscó aventuras.. Una vez te hice sangre. No me hubiese importado que descubrieras que no me amabas lo más mínimo. Luego su rostro adoptó una expresión irónica. »Cuando vuelvo. Luego voy a la cocina. Se había endurecido y cristalizado. con las faldas levantadas.. Intentó volver a encontrarse con Donald. Ellos ya conocen mis gustos. Donald la miró. Creyó que al menos podría recuperar la respuesta física con otros hombres.. En cierto sentido. que me dejaras y te fueses con Robert. a preparar más copas. donde tú estás sentada. En cuanto apagaron la luz oyeron el rítmico rechinar de la cama de la habitación contigua. —Claro que sabes quién es responsable de esto —dijo a Dorothy—. mis pequeñas predilecciones.. Dorothy guardó el secreto. Dorothy sabía que esta sensación no era ajena a habérselo arrebatado a Edna. Luego. Edna no podría privarla de eso. te doblaba y te retorcía. El otrora joven pasional y emotivo se había transformado en un buscador de placeres impersonal y maduro. así debieron ser las cosas entre tú y Robert.ANAÏS NIN Pájaros de Fuego Robert no la miraba tenía el mismo aspecto que Edna el día de la boda. Invito a determinados amigos escogidos. Ahora. No descansaría hasta haber vuelto a tener aquella sensación.. bien puede haber una sentada en el brazo de tu sillón. mirándola o besándola. al fin y disfrutar con él? ¡Dios sabe que te sigo queriendo! Pero mi vida ha cambiado. había perdido. debías coger un taxi para irte con él. debido a que los buenos estaban llenos. No quiero más amores. Se acostaron. en París. »Lo que me gusta es la sorpresa y verlos. Posiblemente es una especie de recuerdo. —¿Cómo vives? —Tengo mis pequeños placeres. Pero no puedo perdonarte que nos tuvieras al mismo tiempo. les ofrezco bebida. Sabía que te atraía. de haber podido yo presenciar vuestras escenitas. y otro arrodillado delante de ella. Era un castigo demasiado grande para una falta de la que no era completamente culpable. —¿Y por qué me lo cuentas? ¿Esperas que te haga sangre para volver con tu Robert. Alguna vez he debido poseerte pocos minutos después que él. se sientan en mi habitación. aunque no hasta qué punto. Pero Donald había cambiado. Yo no sabía que me estabas pidiendo que superara a Robert. Pedías violencia. o bien él sentado en el sillón y ella. Luego la mujer se puso a gemir. Robert estuvo engañado hasta el día que alquilaron una habitación en un hotel bastante barato. cuando me dejabas.

Su perfume había llenado la habitación. Era como si no pudiera satisfacerlo ninguno de los placeres normales del amor. Donald comprendió que si John la tocaba entre las piernas le golpearía. como si la mujer procediera del mar lo mismo que Venus— se mezclaba con el olor de las pieles. y John intensificó las succiones. diciendo: —¡Poséeme. Donald se había ido. Yo odio las ropas que ocultan a las mujeres. una cosa excepcionalmente hermosa? Por favor. ¿Quiere? Le diré por qué se lo pido. ve un rato al baño y mira por el espejo. Tenía la sensación de que le apetecía mostrarlos. sonriendo. Los labios dejaban ver los dientes. tenía algo de animal. y se acercó a Dorothy. Dorothy llevaba pieles desde la cabeza hasta los pies: el sombrero. Sus gestos se volvían progresivamente festivos. pero el rostro tenía una extraña expresión decadente. y se mostró agradecido con Donald por el regalo. John no tocó el cuerpo. como si estuviera besando a un bello animal. Pero se percató de algo que la hizo detenerse. De pronto se adelantó. me quedaré. Su cara mostraba una peculiar insaciabilidad y curiosidad. más alto. Veía a Dorothy de pie junto a John. el manguito. quítese las ropas en otro cuarto y vuelva sólo con las pieles. los guantes e incluso los zapatos. Llegó su amigo John. Viendo a Dorothy por el espejo. ¿Haría usted una cosa por mí. El olor del sexo —los olores acres a mar y mariscos. Esperaba en el cuarto de baño y miraba por el espejo de la puerta. con el pene al aire y erecto. se despojó de las ropas y regresó con las pieles. —¿Qué es? —En lugar de irte a la cocina cuando nos dejes. Lo ojos de John chispearon de placer. Las pieles sólo sientan bien a las mujeres de pura raza y usted es de pura raza. que brillaba luminoso y abundante. y dijo: —Tengo que hacerle una pregunta. Usted es muy bella. el ardor y la tensión de los pezones sucedían al mismo tiempo que el ardor y la tensión de la boca del sexo. Sólo fue capaz de sentarse y mirarla. La puerta del cuarto de baño de Donald estaba abierta y la cubría un gran espejo. Su excitación era tan fuerte y contagiosa que Dorothy comenzó a sentir una creciente sensibilidad en las puntas de los pechos. el impulso de mostrarlos. chupaba los pechos y a veces se detenía para palpar la piel con la boca. Por regla general. se separó de John y se giró hacia Donald. Pero ¿me concederás un capricho? No va a alterar lo más mínimo vuestra satisfacción. Dorothy se disponía a irse. conservando únicamente las medias y los zapatos con adornos de piel. John se inclinó y los buscó con la boca. con los pechos en las manos. Donald estaba excitado. la sorpresa de la presencia de Dorothy. —Me gustan las mujeres de buena raza —dijo inmediatamente. La escena se parecía tanto a su primera pasión por Robert que Dorothy gimió de placer. Las pieles se habían abierto descubriendo todo el cuerpo. inclinándose como un director de escena. John se mantuvo a su lado. viendo el vello de su sexo como si de otras pieles se tratara. Dorothy fue al cuarto de baño. Físicamente era un hombre magnífico. una laxitud en los ojos y la boca. Hoy sólo sentía los pechos. ¿e levantarlos con las manos y ofrecerlos. poséeme! Escaneado por PRETENDER – Corregido por Mara Adilén Página 20 . algo que frisaba la perversidad y que fascinó a Dorothy. de que quería abrir las pieles y contemplar el placer de John. Se volvió hacia Donald y dijo: —Escucha.ANAÏS NIN Pájaros de Fuego a venir un hombre excepcionalmente atractivo. Salió del cuarto de baño. también odio ser yo quien las quite. Donald aceptó. Sin embargo. como un animal enjoyado. Pareció asombrarse al ver a Dorothy.

rasgando las pieles para abrirlas. Retuvo su propio orgasmo. No puede esperar. Ahora estaba mojada entre las piernas y respondía. muy poco después que ella. Provocó el frenesí de los dos hombres. Fue presto en responder. Robert nunca estaba completamente seguro de si Dorothy se corría. su pose lánguida sobre el canapé lo invitaban. Y Dorothy soportó su decepción. Dejándolos amodorrados. Escaneado por PRETENDER – Corregido por Mara Adilén Página 21 . besándola. abierta y todavía vibrando. incapaz de alcanzar el orgasmo que había tenido tan sólo una hora antes mientras. los pequeños ruidos del amamantamiento y el sonido del pene deslizándose por las secreciones de la mujer. Robert conocía los humores de Dorothy. con los ojos cerrados. Cuando Robert llegó a casa. se imaginó a Robert lanzándose sobre ella como un tigre.ANAÏS NIN Pájaros de Fuego Cerrando los ojos. muchas bocas y muchas lenguas. esa leve palpitación. Se olvidó del propio placer. Era feliz de que volviera a ser como había sido mucho tiempo antes. separándole las piernas. —No puede esperar —maldijo Donald—. la feroz tensión. Ella se convulsionaba. Tiene que volver con él lo mismo que antes. estaba rebosante de ricos olores. mordiéndola y lamiéndola. tocándola por todas partes. sus gestos. imaginaba que era Robert quien la poseía. Era cierto que Dorothy no se lavaba. El pene sólo siente su propia eyaculación. No se oía otra cosa que la respiración. Dorothy se vistió y se fue tan de prisa que ellos casi no se dieron cuenta. El momento parecía acercarse. Sus ojos. y acariciándola con muchas manos. Se sumergió en ella. toda húmeda y jugosa de las caricias de otros hombres. Esta vez Robert quiso sentir el espasmo de Dorothy. El pene rara vez percibe ese espasmo de la mujer.

Me senté junto a la princesa vikinga cuya cara estaba enrojecida por la fiebre del siroco. porque había una sola tienda de comestibles y todo el mundo se encontraba en la pequeña oficina de correos. Pero las dos mujeres nunca hablaban con nadie. Las viejas puertas no cerraban bien y el viento las abría una vez tras otra. Una era pequeña y aniñada. no se puede leer. Entonces llegó el siroco africano. la otra parecía un vikingo. Vivían una especie de vida hipnótica. La vikinga sabía que no tenía fuerzas para impedir completamente que entrara en la habitación de la torre aquello que el viento empujaba. No se puede dormir. eludiendo la cara del sacerdote y buscando ser sincera y recordarlo todo. —Este viento me volverá loca si no para —dijo. de cejas pobladas. La mujer debía tener esa sensación. Al pasar por delante de su casa me vieron luchando contra el polvo y el calor cegador y dijeron: —Entre y espere hasta que amaine. en un sombrío confesionario católico. metiendo arenilla en los ojos y en la garganta. Habló como si estuviera en un confesionario. Durante el día iban solas. girando enfebrecidamente. sino que avanza en remolinos. secándolo todo e irritando los nervios.ANAÏS NIN Pájaros de Fuego SIROCO Siempre que bajaba a la playa de Deyá veía dos mujeres jóvenes. Era exactamente como si un intruso quisiera penetrar en la habitación y cada vez fuera rechazado. Yo siempre la miraba con admiración. y los ojos azul pálido densamente guarnecidos de pestañas. sujetándose las faldas que el viento trataba de ponerles en la cabeza. espléndida de cuerpo y testa. con los ojos gachos. rompiendo cierres. No eran alegres. Los extranjeros siempre hablaban unos con otros en Deyá. golpeándolo. hecha de piedra y con muebles campesinos. Su secreto me preocupaba. envolviéndolo a uno. »Nací en una de las ciudades menos interesantes del oeste de los Estados Unidos. Vivían en una torre mora que habían comprado por muy poco dinero. Me senté con ellas en una gran habitación circular. —Creía que iba a poder encontrar aquí la paz. La alta era hermosa. Se levantó varias veces a cerrar las puertas. Entramos en la casa juntos. Escaneado por PRETENDER – Corregido por Mara Adilén Página 22 . No sólo es caliente y seco. La cabeza se arremolina exactamente igual que el viento. con el pelo corto y la cara redonda y festiva. pues rechaza al intruso cada vez con mayor enfado y miedo. la melena espesa y oscura. para al cabo conseguir de nuevo abrir la puerta. Una mañana me había cogido el siroco cuando aún me quedaba media hora de camino hasta mi casa. Las dos mujeres iban delante de mí. Me enamoré de mi marido desde antes de conocerlo porque había oído decir que vivía en China. pues comenzó a hablar. La más joven nos dejó para hacer té. batiendo las puertas. Pasaba los días leyendo sobre países extraños y estaba decidida a vivir en el extranjero a cualquier precio. no se puede pasear. Duró varios días. pero desde que ha comenzado este viento es como si hubiera removido todo lo que yo deseaba olvidar. no se puede estar tranquilo. Nadaban apaciblemente y se tendían en la arena a leer.

. pero los tabiques eran como de cartón.. llegué a tal estado de ansiedad que me puse enferma y Escaneado por PRETENDER – Corregido por Mara Adilén Página 23 . dejé que siguiera. yo estaba enamorada de la idea de China. «Intentó consolarme y animarme. »Mi marido se quedaba conmigo un rato y luego me dejaba sola. Creía que su olor era distinto que el de los demás hombres. Los lechos eran duros. Hasta cierto punto. encontré una casa adorable y exquisita. tanto que me parecía que mi marido había dejado de ser un hombre blanco y era un oriental. Yo me casé con China. lo esperaba como si hubiese estado planeado de antemano. Eso le hacía el pene enorme y me asustó. Me cepillaban el pelo. Me casé contigo porque me enamoré de ti. Al cabo de un rato dijo: »—Son sexualmente tan pequeñas. y no sabría decirte la razón. me enseñaban a arreglar las flores. Hablaba vagamente de sus actividades: había hecho muchas cosas para ganar dinero. pero no tuve valor para cerciorarme. Mi aparición las espantó. Casi no podía verlo como un hombre normal. pero no puedo disfrutar contigo como disfruto con las otras mujeres. que parecían como de una lucha cuerpo a cuerpo. »Mi marido me dijo: »—He vivido tanto tiempo en China que me he acostumbrado. entonces déjame probar una cosa que puede ayudarnos a disfrutar. vino a mi lado y me dijo. los cuerpos estaban completamente enmarañados. Su vida en China había sido difícil. Llevaba gafas y tenía aspecto de estudiante. «Entonces mi marido se desnudó y vi que tenía el pene envuelto por un artilugio de goma recubierto de pequeñas espinas. creía yo. encorvado. Yo comencé a oír ruidos en la habitación contigua. pero cuando vi que gozaba. Al principio no comprendí lo que era. que no volvería a desear las mujeres chinas.ANAÏS NIN Pájaros de Fuego Cuando él se enamoró de mí. Me servían como esclavas. Por último.. bajos. de unos treinta y cinco años. No me extrañó que las mujeres fueran excepcionalmente hermosas. a cantar. »Una o dos veces estuve segura de oír algo. que lo acariciaban. Me fui obsesionando con la idea de que mi sexo se hacía cada vez más grande y cada vez le proporcionaría menos placer. llena de sirvientas. »Pero yo le rogué que me dijese la verdad. Ahora toda mi preocupación era que este placer lo hiciera fiel. Oía crujidos de las esteras y a veces murmullos sofocados. Pero me di la vuelta y me dormí entre lágrimas. pero parecía mayor. Era alto. le rogué y le supliqué. sonriendo: »—Si dices que me amas y de verdad no quieres abandonarme. cuando estaba en la cama. con una delgada colchoneta.. y tú eres tan grande. de modo que al principio no dormía nada bien. «Nosotros dormíamos en habitaciones separadas. atendiendo a los ruidos de su cuarto. Al llegar. con adoración. Pero me pasaba las noches despierta. Una noche me levanté sin hacer ruido y abrí la puerta. Incluso me acarició. »—¿Qué voy a hacer ahora? —dije yo—. ¿Vas a devolverme a América? No puedo vivir aquí contigo si acaricias a otras mujeres al lado de mi cuarto. Yo me puse a llorar. Me juró que así era. En la semioscuridad. Al principio dolía. »Estaba tan desesperada y tan celosa que le prometí hacer lo que me pidiera. Pero le permití tomarme de esa manera. pese a ser de goma las espinas. »En seguida nos fuimos a China. escribir y hablar su lengua. Entonces vi a mi marido echado entre dos o tres de nuestras sirvientas. Así era como me las había imaginado. »Al día siguiente.

»Oí a mi marido maldecirme con las más inmundas palabras que se le ocurrieron. Hablé de todo con mi marido. con la cabeza colgando y rozando las losas. El siroco había vuelto a abrir la puerta y la mujer fue a cerrarla. »De pronto sonó el teléfono y me puse en pie de un salto. Me sentía libre. Fui presa de un diabólico impulso. que me trataba como a otro hombre. Él no escatimaba ninguna clase de trucos. y me besaba y amasaba los pechos. »En el hotel conocí a un escritor americano. Cogí el aparato. Eso me gusta. Yo tenía los pantalones desgarrados y el cinturón roto. Yo pensaba que se iría. »Una vez nos emborrachamos en mi habitación y comenzamos a luchar junto con otros dos hombres. Colgué el auricular y me hundí bajo el gran cuerpo de mi amigo. Entonces él enterró la cabeza bajo mi camisa y comenzó a besarme el vientre y a tirarme de los pantalones. Nos dejamos caer sobre la cama. Yo jadeaba tendida de espaldas.. «Cuando estaba con mi marido me había sentido avergonzada de mi estatura y de mi fuerza. había descubierto dónde estaba. Hablaba y hablaba. Estoy viviendo con otra persona. «Recordé todo lo que me había hecho. muy activo. recordé su falta de escrúpulos para engañarme. La camisa me colgaba por fuera. con mis piernas alrededor de su cuello. un hombre alto. Creí que me iba a romper la espalda. Salíamos juntos. »Cuando acabamos la lucha ambos estábamos exhaustos. ¿Quién podía ser? Yo no conocía a nadie en Shanghái. Nos reímos juntos. Al rato me fui. »—Eres como una tigresa —dijo—. olía su cuerpo. como a un camarada. «Empecé a viajar con él. Mientras. está a mi lado y me está acariciando mientras hablo contigo. retorciéndonos unos con otros. Escaneado por PRETENDER – Corregido por Mara Adilén Página 24 . Al otro día. Me daba palmadas en la espalda cuando se sentía feliz. Me prometía echar a las sirvientas y quería ir al hotel. Jadeábamos. Pero ella se mantuvo en silencio. me mordía entre las piernas. Me fui a Shanghái y me instalé en un hotel. Él me cogió en el suelo. era la voz de mi marido. fuerte. había conseguido bajarme los pantalones.ANAÏS NIN Pájaros de Fuego empecé a perder la belleza. Sentía curiosidad por su joven compañera. Y mientras mi amigo borracho se tomaba todas las libertades. En realidad. Bebíamos y explorábamos Shanghái. Decidí huir de él. Me di un golpe en la cabeza contra la pata de una silla. Al apretarnos el uno contra el otro. Había telegrafiado a mis padres pidiéndoles dinero para poder embarcar hacia casa. Sentía tal placer hablando con mi marido y oyéndolo suplicarme que volviera a casa... La mujer se sentó. en la habitación contigua a la mía. aprovechándose de mi postura sobre la cama. y luego sobre la cama. »—No intentes venir a verme —dije a mi marido—. Me gustaba su fuerza y su peso. El placer era tan agudo que prolongué la conversación. Luchamos durante largo rato. Aquel hombre las proclamaba en voz alta y las disfrutaba. mi amigo se había recuperado de la sorpresa del teléfono y proseguía sus caricias. Estábamos tirados por el suelo en toda clase de poses. Como fuera. Me sentía feliz. ni siquiera dio la impresión de reconocerme.. cuando nos encontramos en la oficina de correos. Tomamos otra copa. Ahora el viento amainaba y aquélla fue su última violencia.

sino el deseo de un pintor. mostrando las curvas de su marfileña espalda. Las manos del hombre. quería verla. vio sobre la plataforma de los modelos a una mujer desnuda tendida sobre pieles. la belleza humana debe exhibirse en toda su majestad y no permanecer escondida. Novalis la miraba con los ojos apretados. Se metía inesperadamente en el estudio y charlaba mientras él iba pintando. El arte se mofa de semejante modestia. además era católica. Novalis le rogó que posara para él y ella capituló. dejándose tratar como una niña. admirada de los suntuosos muebles venecianos con hermosas incrustaciones de perlas y ebonita. Con franca inmodestia. Pero. querido Novalis —dijo—. era española. Me haces cosquillas. Ella se rió. Ven a la cama. le dijo. Fueron a vivir a Roma. De pie junto a la cama. y además absolutamente burguesa. adulado el femenino orgullo por el culto de que era objeto su cuerpo. la primera noche María temblaba de placer. Lo que pedía no era un capricho de amante. poco a poco. dominado por un deseo que dudaba si manifestar. acalorándose. con mansas protestas. apartaron suavemente sus dulces brazos que estaban cruzados sobre el pecho. despreciada. María cerró los ojos como si quisiera escapar a la vergüenza de su desnudez. se quedó dormida. Él trabajó durante horas sin pausa. Más tarde María hizo una escena. —No seas tonto. se admiró en el cuadro lo mismo que lo hacía en el gran espejo del Escaneado por PRETENDER – Corregido por Mara Adilén Página 25 . Agotada por la vehemencia. la Maja desnuda de Goya. No la conocía completamente a pesar de aquellas noches en el hotel. En primer lugar. Pero él insistió. Sobre el monumental lecho construido para la esposa de un dux. Sobre las tensas sábanas. admirarla. estirando el cuerpo antes de esconderlo bajo las delicadas sábanas. como si estuviera sufriendo una agradable tortura. —Eres tonto.ANAÏS NIN Pájaros de Fuego LA MAJA El pintor Novalis acababa de casarse con María. Debía superar sus prejuicios burgueses. Libre de velos. Pero ni una sola vez se había mostrado completamente desnuda a su marido. algo enfadada. de un artista. Una tarde que entró de repente en el estudio. María se resistió. el cuerpo brilló con la blancura de las perlas. —Eres la fascinante y pequeña maja de Goya —dijo él. María hizo palmas con infantil alegría cuando vio el dormitorio. Antes de hacer el amor había que apagar las luces. coaccionadas por el temor a herirla. Durante las semanas siguientes. nunca posó para él ni le permitió tener modelos. Me estás haciendo daño. se fue entregando. Sus ojos estaban hambrientos de la belleza de la mujer. Los dedos sonrosados de sus gordezuelos piececitos se movían como si reclamaran a Novalis. ofendida en sus profundos prejuicios. cuando oían voces extrañas al otro lado de los finos tabiques. una española de la que se enamoró porque le recordaba su cuadro favorito. las graciosas formas embriagaban lo ojos del artista.

Novalis había puesto al cuerpo una cara distinta. Casi enfermó de ansiedad y temores morbosos. Pero después María recayó en sus viejos hábitos mentales. De este modo le hizo varios cuadros. Le excitaba el deseo pero no se atrevió a tocarla. Se fue al campo. tuvo una extraña ocurrencia. a pasar una semana con unos amigos. por unos instantes perdió la vergüenza. y discutiendo a todas horas. se tocó el sexo con los dedos haciéndose la ilusión de que era ella quien lo hacía. pero ella siempre se había negado y alejado la mano. A los pocos días cayó enferma y regresó Escaneado por PRETENDER – Corregido por Mara Adilén Página 26 . Notaba una incipiente erección. la cubrió con la sábana y salió del dormitorio. Novalis ya no deseaba a su esposa cuando estaba despierta y lucía la expresión puritana y la mirada ceñuda. Apartó las sábanas que la tapaban y. Le sorprendía el violento efecto del cuadro. en el valle de su vientre o en el vello que nacía entre las piernas. mientras sus ojos reposaban en los pechos de la maja. pintando sobre los apuntes a lápiz que hacía por las mañanas. Se daba cuenta de que estaba enamorado de su cuerpo. Además. Cuando estuvo descubierto todo el cuerpo de la mujer. trajo papel y lápices. Se encerraba en el estudio durante días enteros. se sentó junto a la cabecera y estuvo tomando apuntes. Hacía una escena cada vez que Novalis contrataba a una modelo. Cuántas veces le había conducido la mano hacia el pene. negándose a posar. El doctor le dio unas píldoras que le provocaban un sueño profundo. para que nadie pudiese reconocerla. Novalis se dio cuenta de que cuando tomaba las píldoras no lo notaba levantarse. Una mañana que se despertó temprano con ánimos de trabajar y la vio dormida. Pudo subirlo por encima de los pechos sin que ella diera la menor muestra de despertar. lo contempló tanto rato como quiso. Cuando observó que cedía el efecto de las píldoras somníferas. Más tarde. tenía la sensación de estar acariciando cada una de las líneas perfectas del cuerpo de la mujer. se tendía frente al cuadro en el sofá y una corriente cálida le recorría todo el cuerpo. y comenzó a padecer insomnio. Pudo proseguir durante un par de horas. pero sólo cuando lo pintaba. Dado que la actual expresión de la mujer era adusta y severa. las piernas abiertas. María estaba pasmada por la obsesión. para ver en medio. Creía que eran simples repeticiones de la primera pose. siempre tendida. Ahora empuñó el pene con su propia mano. tal como había estado el primer día que posó. fue levantando e! camisón de seda. escuchando y espiando detrás de las puertas. Observando la pose sin limitaciones. Cuando estaba solo en el estudio con un nuevo cuadro. María se sorprendió al notar un nuevo entusiasmo de su marido por el trabajo. Mientras trabajaba. estiró el camisón. tan dormida que casi no se movía. La deseaba cuando estaba dormida. siempre durmiendo. La pintaba sin respiro. María comprendió pronto que había perdido el amor del pintor y no supo cómo recuperarlo. los pechos se extendían ante sus ojos como una ofrenda. Una mañana estuvo delante de María mientras ella estaba durmiendo. Los brazos estaban desprendidos del cuerpo. lentamente.ANAÏS NIN Pájaros de Fuego baño. abandonada. moverse alrededor ni derribar los objetos de la habitación. opulenta y apacible. nadie que viera aquellos cuadros se imaginaría nunca que el voluptuoso cuerpo era el de María. Había conseguido separarle ligeramente las piernas. En lugar de eso. con el propósito de arrebatarle esta caricia. Deslumbrada por la belleza de su propio cuerpo. Novalis siempre alteraba el rostro.

como ella no lo había visto nunca. por sobrepasarlos. desnuda. abandonada como en los cuadros. y con el pene erecto. Lo que estaba viviendo era una orgía con la esposa que en realidad no había conocido. Cuando llegó. que ofrecía su cuerpo sin pudor y sin dudarlo a todos los abrazos del hombre.ANAÏS NIN Pájaros de Fuego a casa para que la viera su médico. una María iluminada por la pasión. esforzándose por arrebatar sus emociones a los cuadros. Escaneado por PRETENDER – Corregido por Mara Adilén Página 27 . Ante este espectáculo. le reveló una María nueva. Les dirigía miradas apasionadas y luego proseguía el imaginario abrazo. Al quitarse las ropas. restregándose contra el cuadro. lascivo. Se restregaba contra la pintura. la casa parecía desierta. No había el menor ruido. Se revolcaba como nunca lo había hecho sobre María. besándola y acariciándola entre las piernas. Lenta y silenciosamente como un ladrón. Fue de puntillas al estudio de Novalis. Y esto es lo que vio: en el suelo del estudio había un cuadro de ella. Parecía presa del frenesí y a todo su alrededor tenía los demás cuadros de ella. Entonces se imaginó que estaría haciendo el amor con otra mujer. Se acercó a la puerta. desnudo y con el pelo alborotado. y encima. libre por primera vez. voluptuosa y bellísima. estaba su marido desnudo. la propia sensualidad contenida de María se incendió. la abrió.

Después que todas las chicas dieron una vuelta despacio alrededor de la Escaneado por PRETENDER – Corregido por Mara Adilén Página 28 . Esta amiga no estaba de acuerdo con la forma de protegerme de mi madre. en broma. Nunca había salido sola con hombres. Este fue el resultado de mi educación europea. en la calle Cincuenta y siete. la maravilló mi decisión y se mostró deseosa de ayudarme. instruida en el arte de sacar el mejor partido posible de los vestidos desechados por una prima rica. Me inscribí rápidamente por una pequeña suma y me enviaron escaleras arriba con dos señoras mayores que me condujeron a los vestuarios. Daba la impresión de no poder soportar ninguna carga. como les ocurre a muchas mujeres chinas. nunca había leído más que novelas literarias y. El día del espectáculo todo el mundo estaba bastante nervioso. Ya sé lo que puedes hacer. Pero yo era muy parecida a las orientales en otro sentido: a largos períodos de mansedumbre sucedían estallidos de violencia. AI cabo de una semana lo único que había conseguido era la sensación de no servir para nada. La otra me levantó el pelo por encima de las orejas. Te presentaré en el club. Mis conocimientos no eran demasiado prácticos. sin consultar a nadie ni pedir la aprobación de nadie. De repente. Sabía que mi madre se opondría a mis planes. pero no sabía escribir a máquina. No resultó difícil. pero no los nuevos bailes populares. de tener una conversación inteligente. Sabía danza española. Me enseñaron a maquillarme las pestañas. Cuando llegamos al club. de cantar y bailar. donde se les conoce. En ninguna parte inspiraba confianza. Sabía lenguas. y llaman por teléfono cuando necesitan alguna modelo. de arreglarme bien el pelo. Los artistas se inscriben en el club. Me temblaba la mano mientras me maquillaba las pestañas. que así no tienen que ir de estudio en estudio. aunque sólo fuese una apariencia. Fue como un baile de máscaras. Pues bien. —Ya lo tengo —dijo—. de leer los mejores libros. de utilizar únicamente el inglés refinado que había aprendido desde mi llegada a Francia y de tratar a todo el mundo con la mayor educación. se me ocurrió decir que la semana anterior había ido a visitarme un pintor y había dicho que mi rostro era exótico. Buena parte del éxito de las modelos dependía de aquel acontecimiento. respondiendo a toda clase de anuncios. Yo tenía dieciocho años. de escribir con elegancia. había gran animación y mucha gente. no era como las chicas de mi edad. tales como mal humor o rebeldía. de mantener las manos blancas y delicadas. Habiéndole. Todos los años. sobre mí y enumerando mis cualidades. yo conozco un club donde los artistas buscan modelos. El ensayo estaba en marcha. Estaban preparando la función anual. Era lo que se podría llamar una persona protegida. Debía bajar las escaleras y dar un paseo alrededor de toda la sala. Entonces fui a ver a una amiga de la familia que me tenía mucho aprecio. por supuesto. Parecía aún más joven de lo que era y demasiado delicada y sensible. todas las modelos se vestían con las ropas que mejor les sentaban y desfilaban ante los pintores. Rara vez había estado sola en Nueva York. Mi amiga se puso en pie de un salto. La rosa que me habían dado para adorno me hacía sentirme un poco ridícula. Es una especie de refugio para chicas. Una de ellas escogió un vestido del siglo XVIII. Fui recibida con aplausos. Vi un nuevo ser en los espejos.ANAÏS NIN Pájaros de Fuego UNA MODELO Mi madre tenía ideas europeas sobre las jóvenes. decidí ponerme a trabajar. Es cierto que tu cara es poco corriente. Se puso contenta de verme. Ahora recorría las calles. o bien de decisiones súbitas y de inmediata puesta en práctica.

—¿Sabes lo que ocurre cuando un hombre posee a una mujer? —me preguntó mi madre. apuntaron nuestros nombres y concertaron citas. al llegar a casa había descubierto que estaba toda mojada entre las piernas. ya no parecía la misma. A mi madre le preocupaba lo que yo supiera o dejara de saber sobre el sexo. desgreñadas. —No —dije yo—. Pues se pone grande y duro y el hombre lo mete dentro del cuerpo de la mujer. Su dormitorio comunicaba con el mío y la puerta estaba abierta. con las ropas desgarradas y ojerosas. y así sucesivamente. a la una. porque para mojarse una tiene que gustarle el hombre. Estas se oponían a que utilizáramos maquillaje. Pocos meses antes. John. —Debe ser difícil meterlo —dije. Mi agenda estaba llena de citas como un carnet de baile. mi anuncio de que era modelo sentó como una bomba. Podía ganar unos veinticinco dólares semanales. Farfullaban caóticamente que las habían invitado a un paseo en moto y luego las habían forzado. Las acompañamos a su casa. a las cuatro en punto. pero eso era todo. Las dejamos entrar en el coche. Aquella noche hablamos en la oscuridad. me mataré. pero primero me gustaría saber cómo poseen los hombres a las mujeres. —No hay sangre —decía una—. Mi madre lloró un poco. mi acompañante. —En fin. los pintores hablaron con nosotras. al estudio de un ilustrador. Y para mi gran asombro. me sentía algo así como una puta. Decían que cuando citaban a una modelo maquillada y luego le lavaban la cara antes de posar. Esto no se lo había mencionado a mi madre. Una de las chicas me dio las gracias y dijo: —Espero que nunca te ocurra a ti. había llegado a casa anunciando que estaba embarazada. En ese caso. Creo que no ha entrado.. Personalmente me consideraba muy sensual y el que se humedeciera la entrepierna cuando me besaban ponía de manifiesto peligrosas inclinaciones para el futuro. habiéndome besado violentamente en el bosque un ruso muy grande que me acompañaba después de un baile. Una de ellas no cesaba de decir: —Si me lo ha roto.ANAÏS NIN Pájaros de Fuego sala. al estudio de un miniaturista. En realidad. También había mujeres que pintaban. El lunes a las nueve en punto fui al estudio de un pintor famoso. Escaneado por PRETENDER – Corregido por Mara Adilén Página 29 . Stephen se había echado sobre mí y yo había notado la presión de algo voluminoso y duro. de manera que se desliza fácilmente. John paró en un albergue y yo acompañé a las chicas al servicio de señoras. Por eso no nos atraía demasiado posar para mujeres. pensé para mí. detuvo el coche. me imagino que ya verías el pequeño pene de tu hermano cuando lo bañabas. Eso me pareció repulsivo. También me acordé de otra noche en que varios de nosotros volvíamos de otro baile y yendo por la autopista habíamos oído gritos de muchachas. La suma de mis conocimientos consistía en lo siguiente: que había sido besada muchas veces por Stephen sobre la arena de la playa.. Inmediatamente se metieron juntas en el wáter. —No. pero por dentro estaba satisfecha. La otra lloraba. Dos chicas corrieron hacia nosotros desde la maleza. a mí nunca me violarán. Pero ya estaba hecho. porque la mujer se humedece antes. En casa.

vi la cara del pintor asomándose sonriente. Luego me dio un pequeño paraguas anticuado y unos guantes blancos. me besó en el cuello. —¡Qué rico! —dijo—. De nuevo había que posar. dando vueltas entre cuadros de bellas mujeres. Al echar la última prenda interior sobre el biombo. Al ladear la cabeza con el ángulo que él me pedía. El pintor hablaba durante el trabajo. ¿Me gustaría ir a alguna un sábado por la noche? Al irme me dio otro besito en el cuello. una especie de gesto incitador. Me tiró del chal casi hasta la cintura. Dijo que se había casado con su primera modelo. Me vestí y adopté la pose. Sonaba el teléfono y entonces avisaban a una de la» chicas y ésa salía a trabajar. el chal resbaló y aparecieron mis pechos. Puso un biombo para que me cambiara de ropa. Guiñó los ojos y dijo: —¿No irás a hablar de mí en el club? Volví al club a almorzar porque allí podía arreglarme la cara y refrescarme. que cada poco se presentaba en el estudio y hacía una escena. me tocó las puntas Escaneado por PRETENDER – Corregido por Mara Adilén Página 30 . Al terminar el baile. de aspecto bastante europeo y con bigote. para lo que me estaba preparando. Pensé que no era tan difícil desenvolverse. ¿Posas desnuda? —No. sino sólo un traje de raso negro que se le pegaba al cuerpo. Las tres horas pasaron de prisa. —Quiero ver mucha espalda y hombros —me gritó—. Había alquilado otro estudio que ella no conocía.ANAÏS NIN Pájaros de Fuego Mientras mi madre hablaba. era calvo. No puedo decir que cuando llegó el lunes no me sintiera incómoda. haciéndose señas unas a otras. Llevaba la camisa con el cuello abierto. Yo iba echando las prendas por encima del biombo. Sonreía mientras trabajaba con el carbón. Ponte un chal o lo que sea. Tenía el chal colocado sobre los pechos de forma bastante precaria. que no le permitía pintar desnudos. —Qué mala suerte. No quiso que me moviera. me pregunté si era eso lo que temía. Tenía un hermoso estudio. y porque se servían almuerzos baratos. Vi que no llevaba bragas. que no dije nada. Al día siguiente fue el joven ilustrador. pues si me gustaba me pondría húmeda entre las piernas. se echaron a reír. Pero aquello era tan cómico y tan ridículo. No conseguí hacerlas hablar. Una de las chicas se había levantado la falda y estaba examinándose un lunar bien arriba de los muslos. —Me gustaría pintarlos —dijo. No se movió cuando entré. Al inclinarse para tomar medidas. Lo que hacía era para la portada de una revista. Tenía la sensación de que si el pintor era atractivo correría mayor peligro que si no lo era. El pintor puso un disco y dijo: —¿Bailas? Danzamos sobre el suelo bien pulimentado. o más bien. El primero tenía unos cincuenta años. Cuando mencioné la invitación para el sábado por la noche. Con frecuencia lo usaba para pintar y también daba fiestas. como si fuera una escena de teatro. Cada media hora podía descansar y fumarme un cigarrillo. que ella era insoportablemente celosa. Había más chicas y estuvimos charlando.

mejor. porque acababa de hacer un descubrimiento: a pesar de mi enfado. Sé demasiado bien cómo son las mujeres. —¿No es divertido? —dijo—. Eso me molestaba. Cuando lo rechazaba. Hizo un apunte de las piernas. El tiempo de posar me permitió deshacerme del placer y recordar mis defensas. cuando una de mis tías me llevó Escaneado por PRETENDER – Corregido por Mara Adilén Página 31 . Eso le hizo sonreír. ocurrido. Yo estaba sujetándome el chal.ANAÏS NIN Pájaros de Fuego de los pechos con el lápiz y me dejó una marquita negra. —Mantén la pose —dijo cuando vio que iba a moverme. Tenía las pies montados sobre el tablero de dibujo. Eso fue todo por aquel día. lo hacía por costumbre. Desde el mismo principio había adivinado que de lo que realmente tenía que defenderme era de mi sensibilidad a las caricias. Luego se puso en pie. Me tapé. Recuperé la pose y no dije nada. poséeme! De pronto me acordé de otro incidente. Y apago las luces. Al mismo tiempo. Pero mis defensas habían sido convincentes y se estuvo quieto el resto de la mañana. que no me interesan. Él me miraba y dijo: —Enséñame las piernas. El martes tardó más en ponerse a trabajar. dejó caer el lápiz en la mesa y me besó en mitad de la boca. —Tienes unos pezones muy bonitos. pero en realidad me había dado placer. Era cierto que tenía las puntas duras y rojas. Levanté las faldas por encima de las rodillas. así que me alejé enfadada. Estábamos en silencio. a pesar de no estar enamorada. Deseaba dirigirme a él y decirle: —¡Poséeme. Luego dijo: —A veces las chicas os comportáis como si os creyerais los únicos seres con pecho o con culo. me deslizó una mano bajo la falda. Rápidamente. porque en absoluto había sentido placer. hacia un año. obligándome a echar la cabeza hacia atrás. Me pidió que volviera al día siguiente a la misma hora. La mayoría son de un color parecido al cuero. Cuantas más ropas lleva. Yo estaba enamorada de Stephen. No estaba posando. he dibujado millones de mujeres. No necesitas pintártelos. estaba absolutamente convencida de que sólo me entregaría al hombre del que estuviese enamorada. El leve toque del lápiz contra los pechos me había endurecido las puntas. Siempre poseo a mi mujer vestida. Se detuvo para beber whisky y me ofreció una copa. me palpó los muslos por encima de las medias y ya estaba de nuevo en su asiento antes de que yo pudiera moverme. La mantuve. Yo lo empujé con violencia. También estaba llena de curiosidad por muchas cosas. te lo aseguro. Él siguió sonriendo. Los calienta. Hablaba. Mojó los dedos en el whisky y me tocó uno de los pezones. La próxima vez haré un dibujo de piernas. Veo tantos. el beso y la caricia de los muslos desnudos me habían dado placer. —Siéntate con la falda bien subida —dijo él. ¿verdad? Son sonrosados de natural. ¿Por qué eran mis pechos tan sensibles? ¿Se daría él cuenta? Él siguió dibujando y coloreando su obra. Me ofreció un cigarrillo.

la fiesta de ese día. del ruido. La otra chica hacía de esposa celosa que irrumpía impetuosamente en escena. Una vez hice striptease.. Me encantó. Unos cuantos hombres jóvenes se aprovecharon de la confusión. yo me inhibía interiormente y el hombre lo notaba.. Cuando los hombres pintan o dibujan. cuya cara no era especialmente bella. Teníamos que mantener la pose mientras el ilustrador nos fotografiaba. Me siento hermosa.. Siempre me llevaba un chasco. el placer es tan grande. de la excitación y la alegría.. que es como si me estuvieran haciendo el amor. una chica y un hombre. Cada una de las veces que el hombre interpretaba el beso. Su mirada se volvió burlona. —Yo me siento humillada —dijo una modelo pelirroja—. pero que tenía un cuerpo soberbio. Me gusta posar cogiéndome los pechos con las manos. 2 Martes de carnaval. Me gustaba ver que la gente me miraba. Una de las modelos más adorables. Unos amigos nos llevaban en automóvil. es tan. Página 32 Escaneado por PRETENDER – Corregido por Mara Adilén . Teníamos que componer juntos las escenas de amor de una novela. Me gustaba exhibir mi cuerpo. El beso me dejó lánguida. —Si todo fuera tan impersonal —dijo otra chica—. cuando veo tantísimos ojos sobre mi cuerpo.. Siento escalofríos de placer en la espalda cuando los hombres me miran. Siento que es completamente impersonal. Siento que mi cuerpo no es mío y que no tiene ningún valor. Los vestidos de raso me daban escalofríos. Al llegar me encontré. El hombre no me gustaba nada. De vuelta al club me preguntaba qué sentirían las otras modelos. Iban con nosotras dos chicas jóvenes. me siento como a veces deben sentirse las mujeres cuando se desnudan para un amante. que ya había otras dos personas. dejan de pensar en nosotras como seres humanos. Yo lo hacía mal. Pero sé de otras chicas que no sienten lo mismo. quien sabía cómo debíamos disponernos. Tuvimos que repetir muchas veces. Un día tuve que posar para un ilustrador de cuentos. Me han contado que en París las modelos se desnudan delante de toda la clase. Ahora no puedo esperar para quitármelas. acordándome de los dos pintores casados con sus modelo favoritas que había conocido. muy en decadencia. lánguida y turbada. Disfruto mientras me miran. —Yo no siento absolutamente nada —dijo otra—. y que el único momento en que lo sentía como algo erótico era cuando la modelo se quitaba el quimono. quitarnos las máscaras y besarnos mientras mi tía daba un grito. —O bien se casan con las modelos —añadí yo. Eso me excitaba. en cuanto la gente estaba un poco bebida. Me situó en postura de besar. si todo el mundo lo ve. Un pintor me dijo que el cuerpo de la modelo sobre la plataforma es algo impersonal. Me quedé pasmada y deseando que el joven que me había cogido y besado en la boca siguiera a mi lado. Estaba ofendido. Luego desaparecieron entre la multitud. A veces los acaricio. para saltar a nuestro automóvil. Se hablaba mucho de cómo defenderse y me preguntaba si toda aquella palabrería era sincera. no nos invitarían luego a fiestas. El hombre tenía unos cuarenta años y una cara muy madura. Cuando los hombres me tocaban no sentía tanta excitación. Solía quitarme las ropas en las fiestas. Cuando era pequeña ya me gustaba quitarme las ropas. estaba diciendo: —No sé lo que sentirán otras chicas cuando posan desnudas. vamos. A mí me encanta.ANAÏS NIN Pájaros de Fuego al Mardi Gras2 de Nueva Orleans. y que es muy excitante.. Y cuando poso para toda una clase de artistas. y se me salían los pechos y me quedaba desnuda. Disfruto de mi propio cuerpo... Era. Yo estaba incómoda. Disfruté haciéndolo tanto como los hombres disfrutaron de verme.

Stephen —dije—. Sólo se ponen interesantes después del matrimonio. Se quedó absolutamente pasmado. buenas o malas. Aquella tarde Stephen y yo íbamos a salir juntos. no había necesidad de meterme la lengua en la boca. Tenía más trabajo que ninguna del club. desde luego. El ilustrador comenzó otra escena. Me volví hacia él y le ofrecí la boca. —Pero. no interesan a nadie. Lo hizo tan de prisa que no me dio tiempo a moverme. —No. Están en el colegio o en casa. Ahora me había convertido en la estrella de las modelos. Él creyó que era un simple ataque de ciega pasión. No me gustaba ser virgen y estar a todas horas defendiéndome. me solicitaban más por ser extranjera y porque tenía un rostro poco común. El hombre repitió el beso. me gusta la atmósfera del estudio. Stephen me besó. pensé en Stephen. Pero él estaba absolutamente inmóvil y asustado. Oyéndole hablar. —No me importa el matrimonio. ¿lo intentan? Vi que estaba nervioso. Sabía que Stephen me amaba. Pero entonces me di cuenta de su sorpresa y eso me aplacó. Las chicas jóvenes no tienen experiencia ni expresión. En Europa. Todo lo cual se lo conté a Stephen. Yo me lanzaba al refugio de sus grandes brazos. ponga más pasión! —me gritaba el ilustrador como si estuviéramos rodando una película. debía decírselo. nunca igual. te hacen el amor? —preguntó Stephen... Es una verdadera aventura. por unos campos oscuros. Un ilustrador me pidió que posara en domingo porque le corría mucha prisa terminar un cartel. Tenía la sensación de que me apretaba más de lo necesario y. de menos de veinte años. Muchas veces tenía que posar de noche.. Poséeme. si tú no quieres.. Es variado. Escaneado por PRETENDER – Corregido por Mara Adilén Página 33 . Adoro estar con pintores. Me fui a casa.. quería ser poseída y conocerlo todo. No entiendo por qué siempre quieren mujeres jóvenes. —¿Te. a la cama y lloré. pero no puedo hacerlo en este momento. Eso no. —Hace diez años que soy modelo —dijo el modelo masculino—. Debía decirle que corría el riesgo de ser violada y que más valía que él lo hiciera antes. Intenté acordarme de cómo me había besado el ruso al volver del baile y eso me relajó. —Poséeme.ANAÏS NIN Pájaros de Fuego —¡Más pasión. Incluso se alegraba de haberme protegido contra mis propios impulsos. —Lo adoro. las chicas jóvenes de tu edad.. ¿Cómo iba a decírselo? Tenía noticias que darle. Quería que me tomase. Pensé en nosotros en la playa. Tenía la sensación de que todo el mundo estaba enterado de que era virgen y eso azuzaba el deseo de conquistarme. Él estaba orgulloso de mí. Deseaba que me hiciera mujer. que había perdido la cabeza. Estaba inmensamente decepcionada por su falta de espontaneidad. De una u otra forma. Ahora quería convertirme pronto en mujer. —¿Te gusta posar? —dijo. ver sus obras. Pasó el momento. estirados sobre la arena caliente. Íbamos camino de mi casa desde la estación del tren. —Quiero casarme contigo —dijo—. las historias que cuentan. poséeme. porque entonces se pondría muy nervioso.

¿No te pesa eso? ¿No tienes la sensación de que estás perdiendo el tiempo. Veo en ti algo que me hace pensar que tendrás muchos amores. —Casada o no. Le pregunté quiénes eran. eran retratos de actrices. Pero el mero hecho de romper su virginidad no basta. —Eso es precisamente lo que estaba pensando.. He visto cambiar tanto. y las creyeron endemoniadas. en animales. pero para mí no tiene ningún sentido a no ser que la mujer me quiera. por ejemplo— fueron inventadas por hombres que vieron transformarse por la noche a las mujeres. es falso. Creo que todas esas leyendas sobre personas que por la noche se transforman en animales —como la historia del hombre lobo. Me daba cuenta de que estaba sola con el ilustrador en un edificio de estudios vacíos. Estoy seguro de que te cambiará hasta la voz. Me respondió detallando sus gustos sexuales. En su mayoría. Era demasiado trabajoso. Los ojos cambian. por lo mucho que cambian. a las criaturas idealizadas y veneradas. ¿no es verdad? —No. y no quiero.. Tenía los ojos muy bellos y el aspecto de estar en trance. eres virgen. —Sé lo que estás pensando —dijo él—. sentí lo maravilloso que sería iniciarte.. pero me sentía fatalista y sólo deseaba conocer a alguien de quien poderme enamorar. Me cansé. cambian. tu marido aún no te ha hecho mujer. Lo han inventado para guardar a las mujeres de la promiscuidad. entonces ella se sentirá atraída por él. por ejemplo. que guardé silencio. Lo pone difícil.. —Esta. Me gustaría ser el primero. Durante largo rato trabajamos pacíficamente. me refiero a la idea de que el primer hombre que posee a una mujer tendrá un poder absoluto sobre ella. Pero no si tú quieres. Cuando llegué ya estaba trabajando. Luego. Creo que es un invento de la gente que quería guardar a sus hijas para el matrimonio. —No debes dar demasiada importancia a la primera entrega.. ¡Los ángeles del sexo! Son maravillosos precisamente por lo mucho que sorprenden. si es capaz de excitar a una mujer. Le hacía preguntarse a uno cómo deben portarse en la cama. Nunca me engaño. puedo imaginarte mordiendo y arañando. ¿Sabías que muchos españoles toman a sus esposas de esa Escaneado por PRETENDER – Corregido por Mara Adilén Página 34 . Me desnudé de prisa y me puse el traje de tarde que me había entregado. Era de mañana y el edificio parecía desierto. Pero creo que es algo mucho más sencillo que todo eso. Es maravilloso verlos cambiar. Si estás casada. estoy casada —dije. No estaba asustada. a mi deseo de iniciarme en la vida. La primera vez que te vi. Me entristecía que Stephen no hubiera comprendido mi deseo de convertirme en mujer. esos cuerpos que adoptan poses tan bellas y armoniosas. Esos ojos claros a cuyo través es posible ver. Nunca he podido hacer el amor a una mujer que no me quisiera. Si un hombre es capaz de hacerse amar. Renuncié a mitad de camino. Aunque era muy bella y es maravilloso estar en la cama con una mujer como ésa. Es europea y le gustan las complicaciones. Sonreí. Creo que es una superstición. Cualquier hombre puede hacerlo y dejar a la mujer impasible. Anduve por el estudio viendo los demás cuadros. »He conocido otros ángeles del sexo. con ser mujer? Lo dicho correspondía tan exactamente a lo que había estado sintiendo. Él se dio cuenta y me concedió un descanso. Tenía medio hecho el cartel. Odiaba tener que admitirlo ante un extraño. cómo cambian cuando los turba el deseo. No parecía prestarme atención. con tu aspecto de que nunca te han tocado. en realidad. Tú eres virgen.. ésta exige romanticismo. esas manos delicadas. como los místicos de la India.ANAÏS NIN Pájaros de Fuego Acepté. de que la verdadera vida sólo comienza con las sensaciones. Tú. Puedo asegurarlo. Sólo puede ocurrir si quiero. Es la única manera de acercársele. Hay voces de mujer que suenan como ecos poéticos y sobrenaturales. El estudio estaba en la planta trece.

El país era bello y montañoso. toma el humo de mi boca y aspíralo. ¿Qué clase de pose quieres? —Bah —dijo él. a la playa. inmediatamente sospechan que es infiel e incluso que es puta. era un hombre de unos treinta años. Era un ser solitario. No tenía dinero para volver a mi casa ni para pagar la habitación.. Se llamaba Reynolds. ¿Y la maleta? —He tomado una habitación junto a la carretera. Al día siguiente di un largo paseo y desemboqué en una cabaña de troncos junto a la ribera de un río. que no vas a ser una compañía muy complaciente. Hice como que me disponía a marcharme. Así que fui. Había estado embarcado siempre en buques mercantes. sólo para asegurarse su fidelidad? Los españoles creen que se debe reservar el placer para las queridas. Aquí no se trabaja tanto. No tenía dinero para seguirlos y no estaba segura de si encontraría trabajo. Ahora. que no sabes aspirar. Si adoptas esa actitud.. riéndose—. Tendrás que aprender a disfrutar un poco. ni frecuentaba los restaurantes ni los bares. —Pero estabas invitada a estar conmigo —dijo él. pero no podía disfrutarlo. A la mañana siguiente estuve en casa de todos los artistas que encontré. y estoy aquí solo. En realidad. Vi a un hombre que pintaba al aire libre. Te he pagado el viaje. Yo me alejé. a no ser por comida. Hay muy pocas modelos buenas por allí. Te sentará bien. como si yo hubiera engañado a alguien. ay —dijo—. Contaba con que fueses una compañía muy complaciente. Me hizo toser. —No me gusta aspirar. que vivía. de pelo negro. —Había entendido que me querías para modelo. —Ay —dijo—. —Sabes. y no conocía a nadie.ANAÏS NIN Pájaros de Fuego forma y les hacen muchos hijos sin acabar de iniciarlas en el sexo. Pero Ronald ya les había rendido visita. carretera adelante. ojos negros muy dulces y una sonrisa brillante. Hablé con él y le conté mi historia. tendrás mucho trabajo y te pagaré el viaje. preparándome—. en un cobertizo al que había abierto un gran ventanal. —Ay. nadie te dará trabajo. Luego tuve que hacer frente a nuevos problemas. a lugares alejados en todas direcciones. Así que empecé a posar para él. —No me interesa lo más mínimo —dije yo. Había llegado el verano y los pintores se iban al campo. Nunca iba al pueblo. Dijo que intentaría ayudarme. —De momento no es una modelo lo que necesito. Yo le dije que quería ganar lo suficiente para volver a Nueva York. sabes. Estoy seguro de que estarás ocupada. Su andar era indolente y sus gestos naturales. No conocía a Ronald pero se irritó. Volvió a reírse e intentó besarme. Constantemente estaba inquieto. si ven que una mujer disfruta con el sexo. Lo primero que hizo fue echarme a la boca el humo del cigarrillo. Una mañana estuve posando para un ilustrador llamado Ronald. Después puso el fonógrafo en marcha y me invitó a bailar. Alquilé una habitacioncita en una granja y luego pasé a ver a Ronald. Las palabras del ilustrador me obsesionaron durante días. trabajando de marinero para ver países exóticos. Así que me recibieron con frialdad. No le creí. aquí estamos de acuerdo respecto a las modelos que no saben divertirse. Escaneado por PRETENDER – Corregido por Mara Adilén Página 35 . —¿Por qué no te vienes una temporada al campo? —dijo mientras bailábamos—.

y su esbelta cintura. por lo visto. resultó ser muy hermosa. una mujer. Tienes unos ojos hermosos. sin mirar lo que tenía alrededor. Quiero que te duermas envuelta en sábanas blancas. sin darles tiempo a recuperar el aliento. a que fuera una especie de hechizo para provocarle el máximo deseo y la muerte. se dio la vuelta. Al mismo tiempo la acariciaba. Había encontrado la melena negra tan dura y rasposa como una barba. pero tendrás que cerrarlos. Lo que pintaba le había recordado a la mujer salvaje que se escondía en la maleza. enseñando los dientes blancos. Era infatigable y tardaba en excitarse. agazapada como una tigresa. restregaba el sexo contra su mano a hurtadillas. Pero ahora quería subyugarla. Un amigo de Reynolds había cazado una mujer como aquélla. Yo no entendía cómo iba a posar para él. Nadie. después de dos orgasmos. con increíble velocidad. que los miró con ojos de animal asustado y luego echó a correr. La mujer estaba bocarriba y reía. El olor a animal le daba la sensación de estar acostado con una pantera.ANAÏS NIN Pájaros de Fuego Pintaba de memoria lo que había visto en sus viajes. Cuando se cansó de poseerla. siempre le buscaba la mano. —Será muy fácil —dijo—. me contó Reynolds. para huir de un salto de los hombres con escopetas. Quería que volviera a poseerla. La tomó con rabia. con sus pechos abundantes y puntiagudos. una mujer desnuda y salvaje. Una vez vi una cosa en Marruecos que siempre he querido pintar. Después de esto. si encontraba a Reynolds. Eso la sorprendió. la había ciado antes. Era muchísimo más fuerte que él. estando con sus amigos en la jungla. se agachó sobre la cama y levantó el culo con un ángulo increíble. sujetando el bastidor de tejer con el pie manchado de tinte. pero él prosiguió las caricias. Reynolds estaba furioso y ella sonreía y reía sofocadamente. Su vehemencia era tal que tuvo miedo de que le arrancara el pene. pintaba la jungla salvaje de América del Sur. Estaba asustado. pidiendo más. al cabo de un rato. Reynolds casi hacía de mujer y ella le obligaba a satisfacer sus fantasías. dejando tras sí el fuerte aroma animal. Entonces. pero de la maleza salió. Era amable cuando se la trataba bien y sucumbió a los regalos de cuentas y adornos. de forma que. Se restregaba contra la mano como una gata gigantesca. Se sentaba a la sombra de un árbol y. Durante el día. Pero él estaba pensando en otro cuadro. algo que al principio le picaba y luego lo excitó furiosamente. se lanzó al río y se alejó nadando. Reynolds dijo que desde aquella noche las mujeres blancas le parecían débiles. Soportaba caricias que a él le dejaban exhausto y acabaron durmiéndole en sus brazos. Una vez. y el olor de su cuerpo lo afectaba eróticamente como el olor del almizcle. El pene parecía lleno de fuego o de pimienta roja. sus largas y hermosas piernas. Se reía mientras contaba la historia. Luego se la encontró trepando encima de él y vertiéndole un poco de líquido en el pene. Cuando le quitó la pintura roja que la cubría. Una mujer se había quedado dormida entre sus canillas de seda. abriendo mucho las piernas. de repente. les llegó un olor animal tan fuerte que esperaban ver surgir una pantera. siguió frotándose el clítoris ella disfrutó. La había pintado en el paisaje. Se restregó contra la carne de la mujer. movido por el miedo a que el líquido lo estuviera excitando por última vez. más para aplacar el fuego que por deseo. El fuerte olor de la mujer repelía a Reynolds hasta que su amigo le ofreció pasar una noche con ella. Escaneado por PRETENDER – Corregido por Mara Adilén Página 36 .

y era como si hipnotizara a la sangre para que siguiese los movimientos de las manos. Estaba mojada y sabía que con moverme un poco él lo notaría. Eres tan diferente. me dio el mismo beso de gratitud que yo le había dado después de mi placer. explorando. Luego la mano se deslizó al pequeño valle que rodea el sexo. Escaneado por PRETENDER – Corregido por Mara Adilén Página 37 . muy suave. Reynolds estaba a mi lado. su boca sobre la mía. Notó mi humedad.ANAÏS NIN Pájaros de Fuego Entró en la choza y sacó sábanas. sin saber qué quería. La languidez se apoderaba de todo mi cuerpo. Tuve la sensación de que volvía a estar viajando. y luego alrededor del culo. Lo cogí con mis manos. —¿Quieres tú acariciarme? —dijo. un gozo que me hacía palpitar bajo sus dedos. pero con una expresión tan gozosa y amable que no me moví. Al cubrirse. —Sólo una caricia —repitió suavemente. que no me movía. No me moví. revoloteando. hasta que mi propia boca respondió. dispuso mi cuerpo y mis manos como quiso e inmediatamente comenzó su obra. las sábanas me hacían sudar y. todo me afectaba como una droga. —Te amé en cuanto te oí hablar con ese acento que tienes. —¿Sabías que los hindúes hacen el amor a sr esposa durante diez días antes de poseerla? Durante diez días se limitan a caricias y besos. He soñado siempre con despertarla tal como te he despertado a ti.. El calor. sólo una caricia. me quedé dormida de verdad. Me recuerdas a una chica que quise pintar en Fez. deseando que también la tocaran. con las que me hizo un manto. hasta que el montículo se hinchó y endureció. la cara interna de las piernas sin rozar el sexo. Me sentía lánguida e irreal. Sólo la vi una vez. Entonces comprendí que no sabía cómo hacerlo. la tocó con placer. Meneé la cabeza afirmativamente. Sus ojos eran tiernos y tenía la boca entreabierta. dormida como en el cuadro. Él sonreía. Cada vez que su lengua tocaba la mía. y entonces me rozó la punta de la lengua con la punta de la suya. mientras su dedo giraba alrededor del clítoris. La mano avanzaba. besándome. El día era muy caluroso. Nunca había sentido nada como aquella mano que acariciaba suavemente. pero con tal lentitud que era exacerbante. el olor de las plantas que nos rodeaban. sino sólo las puntas del vello púbico. La espumilla blanca se esparció sobre mi palma. la sensación que tenía era la de tener otra pequeña lengua en mi interior. Se desabotonó los pantalones y vi el pene. acariciándome con tal levedad que hube de despertarme para estar segura de que me tocaba. puso su boca sobre la mía. Me apoyó contra una caja de madera.. Y entonces noté una mano suave entre mis piernas. rozando ligeramente los labios. Reynolds me cogió la mano y me guió. tu cara. muy suavemente. Su mano sólo daba vueltas alrededor de mi sexo. porque eso me hizo salir del pueblo a dar un paseo y llegar hasta aquí. tu forma de andar. en una pose tan relajada. —Más fuerte —dijo. echándose sobre mí. no sé por cuánto tiempo. Volvió a irritarse al recordar el comportamiento de Ronald y cómo me había enemistado con todo el mundo. tus modales. Se inclinó sobre mí. Su dedo tocó el clítoris con inmensa suavidad y después se hundió entre los labios de la vulva. —Sólo una caricia —dijo—. Yo me iba relajando y ablandando. —No te enfades —le dije—. Lo besé con gratitud. Estoy contenta de que lo hiciera. Tuve entonces la sensación de que algo nacía dentro de mí.

Si te pasara a ti. —El décimo día te llevaré en coche. Éramos felices. como si fuera un cazador. pero mientras eres mi prisionera. Nos acariciamos. Nunca había pensado en esas cosas. no me hubiese atrevido. me besó hasta que tuve un orgasmo. Luego me tocaba levemente. ninguna otra cosa nos unía. Pensaba que cerrando los ojos me tomaría. empujaba el pene hacia dentro y yo tenía miedo de ahogarme. nos untábamos las caras de semen. Reynolds había prometido llevarme a Nueva York. como sin querer despertarme. me mataría. me besó entre las piernas en lugar de acariciarme. sin hacer ruido y dejándose caer a mi lado. El sol me calentaba el cuerpo mientras Reynolds esperaba a que cerrase los ojos. —¿Eres feliz? —dijo él. pero las mujeres me intimidan. me negaba y perdía el empleo. Los dedos se aceleraban. —dijo— me asusta. el que vivió con una mujer salvaje? —La verdad es que yo no viví con la mujer salvaje. Eso lo excitaba terriblemente. Nos besamos largo rato. En Nueva York hacía calor y los artistas aún no habían vuelto. al mismo tiempo. la embaracé y tuvo que abortar. Reynolds? ¿Qué pasa? —Escucha. Se ríen de mi.ANAÏS NIN Pájaros de Fuego —Y yo siempre he soñado con que me despertara una caricia como ésa —dije. Pero no puedo poseerte. Una vez lo hice con una chica. —¿Seguirás siendo feliz de esta manera? ¿Cómo estamos? —¿Por qué. le hice daño. Cuando me besaba. tendidos al sol. Siempre lo contaba. Eso ya lo sabes. —Sí.. Estaba sin trabajo. primero levantaba el traje y miraba largo rato. Todo eso le pasó a un amigo mío. —De haber estado despierta. —La pequeña herida que tienen las mujeres. Uníamos las bocas y nos acariciábamos las lenguas. Perdía toda la suavidad. Me gustaba su forma de acercárseme.. El maravilloso olor del sexo me impregnaba los dedos y no quería lavarme las manos. —Pero al décimo día estaré en Nueva York —dije riéndome. Escaneado por PRETENDER – Corregido por Mara Adilén Página 38 . pero cuando me pidieron que saliera por las noches con los compradores. si tienes que volver. Murió desangrada. Yo aprendí a ponerme el pene en la boca. hasta que me humedecía. Me tragaba la espuma blanca. Puedo derribar a un hombre. Me da miedo. —¿No? ¿Tú. Reynolds detuvo el coche y nos echamos sobre una manta a descansar entre los árboles. Durante el viaje de vuelta. Encontraba trabajo con facilidad. el aventurero. Pero esto ha sucedido exactamente como siempre lo había imaginado. Me lancé a hacer de modelo en las tiendas de modas. Sentía que compartíamos una corriente magnética. Por primera vez. Una vez le mordí. Durante diez días trabajamos al aire libre. pelear y emborracharme. A veces. Te quiero. así que yo lo cuento como si me hubiera pasado a mí. Él no podía seguir mucho más tiempo en el campo y yo necesitaba encontrar trabajo. incluso las putas. pero no le importó. Guardé silencio. Desde entonces no he podido poseer a ninguna mujer. En realidad soy tímido con las mujeres. pero. A veces simulaba querer algo más.

y sus gestos eran lánguidos y afectados. Me estudió por todos lados. La mujer tiene el cuerpo echado hacia atrás porque el caballo corre desbocado. cogiéndome el pelo. tapices de seda— y olía a incienso quemado. —Eso es maravilloso —dijo él—. acostumbraba a decir. Aquí. Estaba pintando un gran caballo que huía con una mujer desnuda. El individuo no se desanimó. Había largas hileras de ropas y pocos asientos para nosotras. —Es modelo de artistas. El vendedor jefe estaba muy orgulloso de mí y. le di una patada mientras sostenía el teléfono e intenté seguir hablando con Stephen. No quería que Reynolds o Stephen me encontraran en un feo edificio de oficinas. Me preguntó si había montado alguna vez a caballo. echando el cuerpo hacia atrás. Al fin me llamaron para hacer de modelo en el estudio de un pintor sudamericano. Cuando pedían nuestro número. En seguida quiso tocarme el culo y le di otra patada. Luego se acercó y dijo: —Cuando haga el dibujo. esta parte del cuerpo debe verse bien. con el cuerpo y las patas y la silla de montar. el hombre se puso detrás y metió las manos debajo la combinación para palparme los pechos. exhibiendo vestidos delante de feos compradores y vendedores. Dijo que se trataba de una pose muy complicada. listas para cambiarnos rápidamente. La tienda era terrorífica y gris.ANAÏS NIN Pájaros de Fuego Finalmente encontré un puesto en un gran comercio cerca de la calle Treinta y cuatro donde trabajaban seis modelos. Doblé un poco el vientre para adelantar las Escaneado por PRETENDER – Corregido por Mara Adilén Página 39 . Ahora ya no me daba vergüenza posar desnuda. El estudio era hermoso —lujuriosas alfombras. exactamente lo que buscaba. como éste. Le dije que sí. Acabé la conversación y me volví hacia el individuo. cuando era joven. Todo eso me hacía larga la espera de volver osar. Cuando te canses. con los brazos al aire y las piernas apretadas a los flancos para no caerme. Una vez que Stephen me telefoneó para preguntarme si podríamos vernos por la noche. pálida. como si fuera parte de su trabajo. Los tres hombres que vendían los diseños buscaban achucharnos y pellizcarnos. nos ayudábamos unas a otras a vestirnos. Era una especie de caballo sin cabeza. —¿Qué pasa. —Me tocó un instante. Me quité las ropas y me monté en el caballo. He construido un artilugio que sirve para lograr el efecto que necesito. Se alejó y me observó. Hacíamos turnos durante la hora del almuerzo. con grandes ojos negros. Los compradores admiraban nuestras cualidades físicas tanto como las de los trajes. Mi mayor miedo era quedarme sola con el individuo más insistente. Esperábamos en combinación. No ocurriéndoseme otra cosa. cuadros de desnudos femeninos. —Primero quítate la ropa —dijo— y luego te indicaré. Tengo dificultades con esta parte de la pose. entre las piernas. El pintor dio su aprobación. El pintor tenía cara de mujer. Se montó en el falso caballo para que viera. —Es una pose difícil y no cuento con que puedas aguantarla mucho tiempo. dímelo en seguida. qué es lo que dices? —decía Stephen. Había desaparecido.

Una vez se me soltó el liguero y se puso a bailar dentro de los pantalones.. Estaba rojo y un poco hinchado. —¿Te gusta mi caballo? —dijo—. Aguanté con los dientes apretados. observándome y diciendo: —Maravilloso. fuimos al baño y ella lavó el punto irritado con algodón y agua fría. —¿Te duele? —me preguntaba ella constantemente. al hacerlo. Me confundían sus palabras de que podía perder el placer. Ella estaba ansiosa de ver si había perdido la sensibilidad y aumentó la intensidad de las caricias. Me volví muy sensible a esta parte del cuerpo. Y de nuevo me consoló. Estando allí encima me di cuenta de que la montura tenía algo raro. Mantenía. A lo mejor podrás gozar de nuevo. muchas monturas están hechas de forma que sigan el contorno del culo y luego se elevan formando un pomo. —No sé —dije—. frotando el clítoris con una mano mientras hacía vibrar la punta con la otra. Le conté lo ocurrido a una amiga y entramos juntas al lavabo. pero no dolía mucho.. Para que el pintor viera lo que quería pintar. Jadeaba sobre mí. Comenzó a dibujar. Desmontamos. Ahora está bien —dijo entonces—. El pintor me observaba. La dejé mirar. maravilloso.. así que continué. Sobre todo cuando cabalgábamos largo rato y hacía calor. Mis compañeros galopaban y no quería quedarme atrás. me entraba tal calor y tal tensión entre las piernas que sólo quería desmontar y que mi amiga volviese a cuidarme.. no siento nada. Yo había experimentando muchas veces las ventajas y las desventajas de las monturas. un placer que desconocía.. el dolor se mezclaba con una sensación que no supe precisar. Me ayudó a quitarme los pantalones y el liguero con los broches. me hizo unos mimos y me besó. sí que sientes. mi amiga se inclinó y me tocó. rocé el sexo contra la prominencia de cuero. Me acordaba de esto mientras estaba subida en el falso caballo y notaba que el pomo era muy exagerado. diciendo: —Ya no parece lastimado. apretando los labios entre los dedos. Cuando acabó la cabalgada estaba dolorida. Insistió en lavarme con un algodón húmedo. «para que se ponga bien». ¿Sabes que se mueve? —¿Se mueve? Escaneado por PRETENDER – Corregido por Mara Adilén Página 40 . que puede rozar el sexo de las mujeres.. Luego dijo: —¿Te duele? Es un sitio muy sensible. —¿Sientes esto? —me preguntó con preocupación.ANAÏS NIN Pájaros de Fuego caderas—. resbalé hacia delante y. el broche acabó cayendo entre el sexo y la montura y me lastimó. Curiosamente. Quizá no sientas nunca placer si te has herido. Me golpeó el vello púbico y la suave piel de su alrededor. ¿Tú crees que se ha. Al fin la sentí de una forma furiosa y empecé a moverme. —¿Duele? Yo estaba tendida de espaldas y dije: —No. —No siento nada. muerto. Creía que el sexo de la mujer estaba dentro y no tenía ni idea del clítoris. Saltando en todas direcciones. Entonces era una jovencita y no sabía nada sobre el sexo. a causa del dolor? Muy tiernamente. Desde luego. —Sólo un poco —respondí una vez.

Le rogué que lo parara.ANAÏS NIN Pájaros de Fuego Se acercó a mí y puso en marcha el armatoste. Lena. Pero para entonces me alegrará no tener que ver ninguna mujer más en mi vida. con los ojos cerrados. sin mirar. mi compañero de piso. Mientras lo hace se imagina cómo saldrá del Escaneado por PRETENDER – Corregido por Mara Adilén Página 41 . no podría contener el orgasmo. espiando las irreprimibles manifestaciones del placer. Sólo entonces comprendí que él lo esperaba. Sí que me gustaba. Gustaría a las mujeres. —Me gusta —dije—. y era verdad que estaba perfectamente hecho para moverse como un caballo. Le gustaba estar acompañada. me pongo a pensar en lo agradable que será pagar el alquiler al día siguiente o comprarme un traje nuevo. Me recuerda los tiempos en que montaba a caballo. ¿cómo consigues ponerte en erección? Si yo encontrara una mujer de ésas en mi cama. Me puse roja. Y mientras. Lena le preguntó: —¿Cómo puedes hacerlo? Con semejantes viejas. saldría corriendo. de un placer que crecía. a este ritmo. vestido con gran elegancia.. o camisas de seda. La gente llevaba bebidas. ¿sabéis lo que hace? Se levanta de la cama. Aunque a veces. y entonces. Todos sus amigos me parecían caricaturistas. la sensación viene a ser más o menos la misma. montada a caballo y delante del pintor. En seguida sacaban a relucir la debilidad de cualquiera. Poco después fui a posar para una ilustradora. Actores. dejándome ir contra el cuero. por eso. Desde luego. Muchas veces era invitado a las habitaciones. sé que. seguía a las ancianas solitarias y las sacaba a bailar. que había hecho todo aquello para verme gozar. Un guapo joven. Cuando salgo del apartamento. hasta sentir el orgasmo y correrme así. no hacía ningún secreto de su profesión. —Hay muchas formas de hacerlo. cuando tengo dificultades. Pero él sonrió y no lo paró. Es un hombre guapo. Haciendo muecas. actrices y escritores iban a verla. cuando era pequeña. Pensé que lo notaría y. La conversación era picante y cruel. mi carrera se acabará en unos cinco años y que cuando pase ese tiempo ya no serviré ni siquiera para las jóvenes. Pintaba portadas de revista. envidio a mi amigo argentino. El joven sonrió. tomo drogas. coge los pantalones y se pone a estirarlos. O bien descubrían las propias debilidades. El movimiento del caballo me empujaba el sexo contra la montura cada vez con más fuerza y me proporcionaba gran placer. saca una pequeña plancha eléctrica y una tabla de planchar. que había conocido en una fiesta. de seguir. le dije: —Páralo ya. —¿No te gusta? —dijo. voy dándole al sexo de la mujer. »Sin duda. Tenía la puerta siempre abierta.. —Ahora descansa —dijo. Me di cuenta de que el pintor había dejado el trabajo para mirarme. y entonces me abandoné al movimiento del caballo. Cada movimiento me restregaba el cuero contra el clítoris y pensé que. El pintor me observaba atentamente. Una consiste en cerrar los ojos e imaginar que no es una vieja sino una mujer que me guste. y ya se sabe. mientras tengo los ojos cerrados. aristocrático y completamente cascado. Él supo cuándo debía parar el mecanismo. Rondaba por los grandes hoteles.

y se mete de nuevo en la cama... un hombre muy joven. Lena rió. allí de pie. Es una ciudad muy humana. la plancha y la tabla de planchar. La atmósfera está cargada de amor y de deseo. por la noche. «Mientras estira cuidadosa y meticulosamente sus pantalones. finalmente le hablará. Todo el mundo está en las calles. siguiéndola por los ascensores atiborrados. donde se puede hacer el amor en el suelo mientras transcurre la película sin que nadie la vea. tan fácil. Ningún policía se mete. Entrarán en la habitación. y eso le excita. hay en cada portal un hombre y una mujer confundiéndose el uno con el otro. Le gusta que la mujer le estruje al mismo tiempo la base del pene. »Una vez que se ha imaginado todo esto. la suavidad de la atmósfera. cruzando las piernas desnudas y con la blusa medio abierta. Se sentó. Él hará que suspire y se estremezca de pies a cabeza y que pida más. Sabe cómo la agarraría. También debe tocarle los testículos mientras él se mueve y le toca el clítoris. «Después de seguirla de este modo por las tiendas. El policía se rió y dijo: »—Más triste estaría si ningún hombre la molestase ¿no es cierto? Después de todo. la cosa se pone insoportable. fumando y soñando con perseguir a otras mujeres. No sé lo que tiene París. Quizá sea eso. Uno de los amigos se sentó de forma que pudiera verla. te tocan. Una amiga mía. Al volver traía el cuerpo libre y suelto. para que lo vea entrando y saliendo. y luego hacer que se vuelva. cómo descubrirá en alguna parte una hermosa mujer. bocarriba y fumando. a quien seguía e importunaba un individuo se quejó al policía de una esquina. pero tiene sensualidad en la atmósfera. En todo momento te vigilan las putas. pero las parejas siempre se están besando en las calles. Todo es tan abierto. Vi una ventana abierta y un hombre y una mujer sobre una cama. echarán los visillos y harán el amor en la oscuridad. medio desnudo. Y es contagiosa. mi amigo se imagina cómo haría el amor a esta mujer.. No sé por qué será. completamente oscuros y cerrados con cortinas. Eso es lo único que quiere. Ella le invitará a subir. luego irán al hotel de ella. Se paran para darse largos besos. Se abrazan con absoluta libertad. casi tocándola. Su traje dejará transparentar la figura.ANAÏS NIN Pájaros de Fuego edificio.. debería Escaneado por PRETENDER – Corregido por Mara Adilén Página 42 . porque así se consigue un doble placer. Y se metió en la alcoba. Me quitaré el corsé. los dedos aprietan más que la boca del sexo. La mujer estaba encima del hombre.. Saldrán juntos a la calle y se sentarán a toma el té en algún sitio. —La amo —dijo— porque me recuerda Europa. en las mesas de los cafés. —Hace calor —dijo—. impecablemente vestido. y eso le excita. en las aceras de las calles. La mujer llevará velo y pieles en el cuello. cómo paseará por la Quinta Avenida. Deja de lado los pantalones. que acaricia mientras está tendido. No lo sé. mirando perezosamente las casas. »Le envidio porque es capaz de excitarse hasta ese punto pensando tales cosas. »A las cinco de la tarde. En los cines hay pequeños palcos. repasa la escena hasta perfeccionar el último detalle. estaba a mi lado mientras posaba y me susurraba cumplidos. en los cines y en los parques. Me interroga. siguiendo la fragancia de su perfume durante muchas manzanas. En la oscuridad. Le gusta deslizar el pene por la espalda y levantar las piernas de la mujer. Los cafés están llenos.. en los pasillos del metro.. planchando los pantalones. Quiere saber cómo están hechas mis mujeres. mi amigo está empalmado. y una gota de semen le brota de la cabeza del pene. »Un día estaba en la plataforma del autobús. Ella verá su guapa cara sonriéndole y su forma caballeresca de comportarse. Otro. cómo se comportan. un poquito. sobre todo París..

Me parecían como niños. Escaneado por PRETENDER – Corregido por Mara Adilén Página 43 . elevando la voz. Me olvidé de Reynolds y de Stephen. Luego.ANAÏS NIN Pájaros de Fuego estar agradecida en lugar de enfadarse. »Y no la ayudó. mi admirador dijo: —¿Quiere venir conmigo a cenar y al teatro? Se convirtió en el primer amante de verdad que he tenido.

unas venas tan vivas que. cuando le tocaba la piel. tan intenso. con remolinos de locura. a no ser diciendo que eran ojos de orgasmo.. Era cálido y almizcleño.. le faltaba un botón de los pantalones y se había remangado para estar más cómodo. Por la camisa abierta enseñaba el cuello fuerte y bruñido y un penacho oscuro en el pecho.. presente en todas sus actitudes. Era una modelo magnífica. »Era la reina de las putas. todavía con los ojos ardientes.. sino también las venas vivas. Bijou. Medusa debía tener una melena como aquélla. constantemente deseado. Era pelo de animal. capaz de convertir a un hombre en una antorcha. Me gustaba echarme contra las nalgas y acariciarla. que traicionaban su excitación. El vivir siempre con un pene dentro otorga algo fascinante a esas mujeres. Bijou. que a veces cuando la miraba de frente y sentía el pene erguírseme palpitante. con un placer nunca antes conocido. Estaba lleno de vida. Hace pocos años todavía se la veía en los pequeños cafés de Montmartre. Al principio de acostarnos estaba fría. pero todavía pálida. como una Fátima oriental. A mí siempre me daba la sensación de que estuviera enrollado alrededor de un pene y empapado de secreciones. »Pero no era sólo el pelo. Eso hace que me sienta libre. No. El pelo de aquella mujer era. Sus ojos. era lo más sensual que yo había visto. sentía también que algo palpitaba en sus ojos. Sólo con los ojos era capaz de esta respuesta. La única mujer que me dio ese mismo placer fue una mujer que era incapaz de enamorarse. algo devorador. para sentir la contracción de los músculos. mezclando los colores mientras discurseaba cómo lo estimulaban las putas. El vientre parece estar desnudo. Lo que constantemente le pasaba por los ojos era algo tan enfebrecido. era como la boca del sexo de la mujer. con la que saludar. su forma de moverse —para atraer. completamente quieta. Su boca era una boca que no le hacía a uno pensar en los besos. y yo tenía la sensación de no sólo tocar el raso. Sí. para mayor comodidad. relajada como un animal. las notaba moverse debajo. ni en una boca con la que hablar. lánguida. Era una especie de vientre vuelto del revés. pero luego se iba volviendo cálida y enfebrecida. La habían descubierto los pintores y la utilizaban de modelo.. Se erizaba al tocarlo. Me hubiera contentado con sólo tocarle el pelo.. El mero hecho de pasarle la mano me provocaba la erección. —Lo que más me gusta son las putas —iba diciendo— porque tengo la sensación de que nunca me agarrarán ni me enredarán. siempre húmeda. Todo el erotismo sale a la superficie. con la que formar palabras. roja y viva como los labios de un sexo Escaneado por PRETENDER – Corregido por Mara Adilén Página 44 . Es imposible describir los ojos. llevaba el cinturón flojo. que se entregaba como una puta. »Tenía la piel tan seca como ciertos desiertos de arena. También la piel era erótica.ANAÏS NIN Pájaros de Fuego LA REINA El pintor se sentó junto a la modelo. »De una u otra forma. con la que seducía a los hombres que caían bajo su hechizo. incluso el pelo de las putas parece impregnado de sexo. que despreciaba a los hombres a quienes se entregaba. tan incendiario. Era el tipo de pelo con que deseaba envolver mi propio sexo. No tengo que hacerles el amor. graso y fuerte. Se tendía y me dejaba acariciarla durante horas. para excitar—. con su misma forma. La transparencia de la piel dejaba ver los hilillos azul turquesa que surcaban su cuerpo. de aniquilarlo. fuerte y tan acre como si lo hubieran lavado con esperma. como si temblaran con oleadas febriles. de esta respuesta completamente erótica.. ni en la comida. Aquella mujer había sido una puta y era más fría que una puta. Hay algo extraordinario en el vientre frío de las putas.. Era la misma esencia de la prostitución.

. ejerciendo la posesión en todos los instantes de su vida. ordenaba la vibración del pene. directa e inmediatamente. enmascarado. como si dejara a sus espaldas un olor animal. y cuando jugaba a las cartas. al principio. »Por la calle. Por eso. Cuando se humedecía. Aún más. en la cama. a la vista. La pintaba amorosamente. Era como estar haciendo el amor en público. como las mujeres que llevaban polisón para exagerar el culo y las que llevaban corsé para levantar los pechos y que sobresalieran de las ropas. Uno sentía. cuando no sabía que iba siguiéndola. Verdaderamente era la reina de las putas. por los ojos. patinar y darle por detrás. la risa de un cuerpo que gozaba por todos sus poros y células.. »Las otras. Al ondularse. las mujeres que irradian sexo por los pelos. vino a mi estudio horas antes del baile. no se ponía nada.. Es extraño el efecto que causaba en un hombre tener delante un verdadero animal sexuado. Era indecente te digo. Lo han diluido. »Me puse a decorarle el cuerpo con motivos africanos de mi invención. Pero me contenía y seguía Escaneado por PRETENDER – Corregido por Mara Adilén Página 45 . Lo deseaba. que acariciaba el mundo entero. distraigan al hombre de su deseo en lugar de intensificarlo. su risa era la risa sexual de una mujer satisfecha. »Como fuera. las mujeres para las que las ropas sólo son un medio de resaltar determinadas partes de su cuerpo. con este objeto. Los hombres la seguían antes de haberle visto la cara. Ella estaba de pie y desnuda. Hubiera podido montarme y no se hubiera doblado bajo el peso.. limpiarlos a base de caricias hasta poderlos besar. Cada movimiento de esta boca tema el poder de despertar la misma emoción. Bijou me pidió que la pintara de pies a cabeza y. veía que hasta los rapazuelos la perseguían. Si reía. cómo cuesta encontrarles el animal. no se sentaba impasible. Todo quedaba descubierto. por la boca y por todo el cuerpo. las que despiertan en el hombre el deseo de meterles el pene inmediatamente.. quizá. Aquel año pintores y modelos debían ir de salvajes africanos. como si fuera una actividad sagrada. se ha hecho que. perfumado. Los pechos eran tan grandes que casi tocaban la mesa. como si la transmitiera por contagio. ésas son las mujeres que me gustan.. Hubiera podido sentarme. deseaba estrujarle los pechos hasta hacerle daño. que seguía dispuesta para la posesión. después me agaché para pintarle el vientre y la espalda. como se sentarían otras mujeres para atender al juego. en la calle. en la pose de su cuerpo. al igual que ciertos plumajes de colores. La naturaleza animal de la mujer ha sido tan meticulosamente enmascarada. como si fueran latigazos. como una especie de ola que se enroscara y lo encerrara a uno.. »Las mujeres irremediablemente sexuales. Se ha hecho que los labios. la vibración de la sangre. en la forma de desplegar el culo sobre el asiento. delante de todo el mundo.. la misma vibración en el sexo masculino. por un geniecillo. con el cuerpo ausente de sensualidad. »Por las noches.. y luego me puse de rodillas y la emprendí con las partes baja del cuerpo y las piernas. de manera que huele como si fuera otra cosa. adorándola. incluso mientras comía.. en el café. con el vientre pintado en el rostro. yo también estaba de pie y comencé por los hombros y los pechos. andando detrás de ella. Bijou era infiel por naturaleza. Me pidió que la pintara de pie para el Baile de los Artistas. todo el cuerpo de Bijou parecía guiado por el erotismo. »Bijou tenía el trasero grande y fuerte. por la nariz.ANAÏS NIN Pájaros de Fuego acariciado. ¿Cómo qué? ¿Cómo ángeles? »Deja que te cuente lo que me pasó una vez con Bijou. las piernas y el culo sirvan para otros propósitos. como el lomo de un caballo de circo. y era capaz de expresar todos los deseos. provocaba mi secreción erótica.

»Y me dirigió una sonrisa. Escaneado por PRETENDER – Corregido por Mara Adilén Página 46 ..ANAÏS NIN Pájaros de Fuego pintándola de salvaje. Sacudió los pendientes. Ahora parecía la reina del desierto. en pintarme una sencilla chaqueta de color marrón. El baile estaba en su apogeo. como un mar grasiento con corrientes subterráneas. Yo estaba en tal estado que tardé horas en prepararme para el baile. seguía faltando el sexo. serás el primero. Me permití besar el sexo sin pintar. Al ir de un lado a otro. »Claro está. Tenía un brillo duro. en los ojos. los brillantes dibujos se movían con ella. en apariencia. Los palcos se veían llenos de parejas revueltas. pero. dejaba un leve rastro de semen gracias al cual podría haberla seguido fácilmente a cualquier parte. Seguía de pie y sin moverse. con una hoja de parra. Me solté los pantalones y dejé el pene libre. Cada curva me producía placer. Ni siquiera dio tiempo a que se secara la pintura. se dio cuenta de que no sería capaz de terminar mi tarea y dijo: »—Lo estropearás todo si me tocas. Los tatuajes se habían corrido. procurando no tragar verde jade ni rojo chino. »Al moverse. Bijou iría completamente desnuda.. Con el roce del pincel los pezones se le endurecieron como botones. se cubrió con una capa y se fue. Cuando esté seca. Y Bijou estaba muy orgullosa de sus dibujos de tatuajes africanos. Y Bijou no me había esperado. Era un orgasmo colectivo. »Ya te he dicho que Bijou era muy infiel. Mientras pintaba las caderas y el valle que conducía al vello del pubis. de laca. No me toques. Te esperaré en el baile. Cuando llegué vi que más de uno se había arriesgado a mancharse con los dibujos. Pero ahora no. En ningún momento me miró.

su propio estado de ánimo. Pensaba que la mujer debía responder al deseo del hombre. Buena parte del tiempo vivía con gitanos en las afueras de París. ¿e la pintura que le ensuciaba las uñas. a buscarle la boca y trabajarle la lengua. que la dirigiera. muchas veces hechas con pollos robados. cogiéndoles los óleos y las telas. Por otra parte. A veces se quedaban tendidos y hablaban. del mismo demonio que había imaginado detrás de las obras del escritor norteamericano. abandonando luego los cuadros y marchándose. inquieto. Aprendió a buscarle el pene y a tocarlo hasta que se excitaba. para quienes incluso sería perjudicial controlarse. poco a poco. Una noche. Tenía hondamente arraigada la creencia de que la mujer controla con facilidad su deseo. Las que lo conseguían quedaban siempre sorprendidas de su delicadeza y su afabilidad. Hilda ponía la mano sobre el pene y lo notaba duro. Escaneado por PRETENDER – Corregido por Mara Adilén Página 47 . Hilda habría de descubrir que casi siempre estaba borracho. cejas y cabellos como el carbón. tocaba con ellos la guitarra en los locales nocturnos cuando necesitaban dinero y comía sus comidas. Primero tenía que tentarlo de alguna manera: abrochándose el liguero. o bien echándose en el sofá. se puso en pie. aguardando y disfrutando. Así. no amaba a nadie y no estaba apegado a nada. volcando la cabeza y sacando los pechos y estirándose como una inmensa gata. Hilda conoció a un pintor mexicano. Sólo cuando ella hubo hecho los primeros progresos. Viendo que él seguía impasible. Siempre había soñado con un hombre que forzara su voluntad. profundamente unidos. que dominara su sexualidad. de la melena negra sin peinar.ANAÏS NIN Pájaros de Fuego HILDA Y RANGO Hilda era una bella modelo parisiense que se enamoró profundamente de un escritor norteamericano. era un vagabundo y un aventurero. Hilda se acostumbró a manifestar su propio deseo. Con ellos compartía la vida en las carretas gitanas y viajaba por toda Francia. a apretar su cuerpo contra el de él para incitarlo. Algo había en Hilda que le hizo tranquilizarse y ponerse sobrio. un hombre grande y moreno. Respetaba sus leyes. la miró como si fuera un gran león y ella el domador. pero no así los hombres. cuando le hubo acariciado. durante una fiesta en Montparnasse. nunca hacía el amor a las gitanas. Pintaba en los estudios de los amigos. Estaba borracho. Complacía a aquel hombre porque le amaba. le desabotonaba los pantalones y le excitaba. comenzó a hacerle la corte. él no hacía ningún movimiento de acercársele. saliendo de la niebla y los vapores en que vivía a todas horas. Salió de su actitud titubeante y tartamuda. cuya obra era tan violenta y sensual que inmediatamente atraía a las mujeres. Ella aprendió a ser activa y descarada. destructivo. El mexicano era grande. de ojos. Sin embargo. Hilda se habituó a su ritmo sexual. El rostro de Hilda le hizo avergonzarse de sus ropas desaseadas. ya que de natural era muy femenina. ella se sorprendió ante la imagen de demonio del pintor. Pero siempre tenía que ser ella quien comenzara. Perdió todo el recato y toda la timidez. comenzó él a hacerle el amor como ella esperaba que le hicieran el amor. Hilda vivió la misma experiencia. Vivieron juntos varios años. le ofrecía la boca. Pero verla le produjo una honda conmoción. Él se ponía boca arriba. hablando de alguna experiencia anterior. Las mujeres le escribían y buscaban conocerle por medio de amigos. O se sentaba en sus rodillas.

cerca de las antiguas barricadas. más menuda. el mismo magnetismo. Su mano buscó a tientas el cinturón del hombre. ya no sonreían. como tragos de vino. sintió la sequedad ardiente del hombre que la envolvía como las arenas del desierto. Rango la apartó de un empujón como si le hubiera herido. ella que tantas veces había hecho aquel gesto. En la oscuridad. Ahora estaba sobrio. Él se inclinó para entrar en la carreta y encendió una vela. Cada beso. Eran las cuatro de la madrugada y la gente dormía. y encendió otra vela. En el mismo momento en que tuvo la sensación He estar cayendo en la oscuridad. pero mantenía los ojos sobre los brazos desnudos del hombre. sólo notaba una embargante sensación de fluidez. Se puso en pie. Hilda no entendía qué pasaba. Chisporroteó y se apagó. Lo vio enfadado. Hilda tenía la sensación de estar en un sueño. Permanecieron largo rato tendidos. La carreta había sido de un portugués que había cubierto las paredes con cueros pintados. tan bajo que resultaba difícil estar de pie. La vela se iba consumiendo. suspendida cual litera de barco. muda e impávida. la única manta se arrugaba a los pies. que daban la impresión de estar siempre sonriendo. con tejados muy pendientes y sin ventanas. Era demasiado alto para el techo bajo. en medio de la oscuridad. para hacerle sentir lo mismo que ella sentía. Las ventanas eran de arco. que por entonces se estaban desmoronando. Las velas arrojaban grandes sombras. en la carne color oro viejo del hombre. les entraba aire de sobra por los tableros rotos y las puertas mal encajadas. Rango andaba con las manos en los bolsillos y un cigarrillo colgando de la comisura de la boca. un poco más alto que Hilda. Luego. el techo. sobre el cuello que dejaba ver la camisa abierta. Hilda dijo que sí. Rango tenía las ropas desparramadas por todas partes. Había dos guitarras. de besos muy cálidos y rápidos. Ella estaba ciega. De pronto. Tenía los ojos enfurecidos. y la miraba con fijeza. podía estar completamente derecha. Cada beso volvía más cálidos los labios del hombre. Iba a la sombra de Rango. de no tener voluntad ni conocimiento de lo que le ocurría. La besó detrás de las orejas. tuvo el impulso de hacerlo una vez más en medio del sueño y la borrachera de besos. sentado entre las ropas. Llegaron a las chabolas de los traperos. Y tenía la boca apretada. La música era lánguida y relajante. Se dirigía hacia las afueras de la ciudad. pero ella. con la fuerte sensación de estar siendo sacada de sí misma. El camino era de tierra. La cama colgaba en la parte trasera. Rango se abalanzó hacia ella y la cubrió de besos. pequeñas chozas hechas de forma irregular y alocada. Él cogió una y comenzó a tocar. Rango llevaba los brazos desnudos e Hilda sólo era consciente de una cosa: quería que aquellos brazos la apresaran. más abajo del cinturón palpó la bragueta y sintió su deseo. En la fiesta de aquella primera noche. aunque sus amigos ponían la música.ANAÏS NIN Pájaros de Fuego Cuando conoció a Hilda tenía su propia carreta gitana junto a una de las puertas de París. Habían apagado las luces del estudio porque entraba suficiente luz de la calle y las parejas se abrazaban en los balcones. Pero él no hizo el menor gesto de levantarle el vestido ni de desnudarla. La cama estaba destapada. en las pestañas. Un poco más lejos una fila de carretas gitanas. en el cuello y en los hombros. Hilda no habló. Escaneado por PRETENDER – Corregido por Mara Adilén Página 48 . con los que le traspasaba su aliento. la hebilla de plata fría. Rango estaba de pie. haciendo eses. Las grandes mejillas. Rango no sacó a Hilda a bailar. le aumentaba el calor del cuerpo. —¿Quieres dar un paseo? —dijo luego. con la cabeza tan despejada como la noche.

Pero tenía un empleo de guitarrista en un local nocturno donde le pagaban bien.. Rango dijo que siempre había querido irse con ellos. Ella se derretía en aquel beso. ofendido. —Y ahora —dijo— te tengo a ti. Quería hacerle comprender que era inocente. quiero que sepas una cosa. Dentro de la carreta le ofreció vino y estuvieron fumando. Bebieron pero no la rozó. Hilda cayó en la cama rendida y se durmió entre llantos. despacio. —Al principio —continuó ella— sufrí. —Has hecho un gesto de puta —dijo. Ella sentía el pene duro contra el vientre. La sobrecogió una profunda vergüenza. la mujer que había traicionado su verdadera naturaleza tantas veces que se había habituado. pero al fin la desabrochó. tan pequeña —murmuró—. a plena luz. Estuvieron en el Café Martinique. Anduvieron por las calles como apaches parisinos. Otros se disponían a partir hacia el sur. y la desvestía como si fuera su primera mujer. —Eres tan delicada. La miró como un animal salvaje y tímido contra el que se ha cometido alguna violencia. Él había elegido un rincón oscuro y luego se inclinó sobre ella y empezó a besarla. Al día siguiente Rango la estaba esperando en la puerta del hotel. Yo. orgulloso e intocable. —Comprendo. Se levantó para correr las cortinillas. no sólo por haber perdido a Rango. leía y fumaba. Con mayor pericia. —Vamos a tomar un café —dijo sencillamente al salir Hilda. un café frecuentado por mulatos. Una mujer no siempre hace lo que quiere. curioseando sobre la forma de cerrarse. el lugar estaba animado. Los hombres dormían. —¿Qué he hecho? —repitió ella. Entonces él sonrió. Rango escuchaba. besándose sin cesar. Ahora. pero él lo puso Escaneado por PRETENDER – Corregido por Mara Adilén Página 49 . ante su ceguera.. le retuvo la boca en la suya y no se movió. La estuvo palpando. Luego se detuvo. Se detuvo a estudiar las ligas. Hilda sabía que había hecho algo que no hubiera debido hacer. Y volvió a besarla. Una persona me enseñó. Cogió la guitarra y tocó para ella. Sin un respiro. sino por haber perdido la parte de ella que se había deformado. Le sonrió. transformado por el amor de un hombre. Y luego la desvistió. De pie. boxeadores y drogadictos. que me obligaba a comportarme como. Estuvo torpe con la falda. le quitó el jersey por la cabeza y la dejó con sólo las bragas. que no puedo creer que tengas sexo. esa mujer lloraba ahora incontroladamente.. Mientras se besaban. Parecía humillado. su mano hizo presa en las bragas y tiró de ellas... Le abrió las piernas sólo para besarla. quitándole las medias con delicadeza. manejándolas con sus grandes manos morenas como si fueran diáfanas e invisibles. una persona con la que he vivido durante años y que me obligaba. una sensación de haber sido gravemente injuriada... besándole la boca una y otra vez.. Las lágrimas no afectaron al mexicano. recorriendo el camino hasta la carreta de gitano del pintor en un estado semiinconsciente. —Aunque ésta sea la última vez que venga aquí —dijo Hilda levantándose—. Las gitanas que se preparaban para ir a vender puntilla en el mercado. Le besó los pies.. Rango se sentó más cerca.ANAÏS NIN Pájaros de Fuego —¿Qué he hecho? —preguntó ella. La mujer que había sufrido al verse obligada a comportarse como debía hacerlo con su otro amante. cambié toda mi forma de ser. con ironía. Volvieron andando despacio adonde ella vivía..

por su primera actitud de tomar la iniciativa. llevando hasta la boca de Hilda el sabor a mariscos del sexo. Se encontraban una y otra vez. estaba ciegamente decidido a doblegarla. meterse el pene entre las piernas. la sumisión a su deseo. se desnudaban. reprimiendo cruelmente el propio deseo. se besaban y acariciaban hasta el frenesí y. yacían el uno junto al otro. a la misma atmósfera. y el vigoroso pene que penetraba dentro de su cuerpo. Había descubierto un nuevo reino. En la espera. de una conciencia erótica como nunca había tenido. comí si unas nuevas drogas hipersensibilizaran su cuerpo a las caricias. Le parecía que todo eran manos que la tocaban. Estaba tan vibrante que no podía dormir. Rango le recorría el cuerpo. perdió el tacón de un zapato. Hilda comprendía que su feminidad estaba siendo enseñada a someterse al macho. Se diría que siempre hubiese vivido entre árboles y plantas. Sentía la ropa sobre la piel como si fuera una mano. la piel como el cedro. privadla de satisfacción. por su impaciencia. De vez en cuando la acariciaba farfullando: —No es posible que tengas sexo. Pensaba que era una continuación del castigo por el gesto que había hecho. siempre.. y todo se confundía en su boca y su aliento. Estaba . Pero él siguió apartando el pene y cuando los dos se agotaron de excitación insatisfecha. desnudándole a todas horas los pechos y los muslos. Uña y otra vez yacía pasiva. Eres tan delicada. Aquella noche la poseyó a la luz de las velas. tan pequeña. No eres de verdad. El cuerpo del hombre olía como un bosque de maderas preciosas. a los roces. ya el sexo. sin demostrar deseo ni impaciencia. con los puños cerrados y la cabeza en los pechos de Hilda. ¿Se habría dado él cuenta de que aquello era involuntario y en realidad no formaba parte de ella? Se hubiera o no dado cuenta. a su hora. A su lado. dentro de la mujer cuya sumisión había exigido antes. Un día que paseaban juntos.n un estado de excitación que exacerbaba todas sus sensaciones. que era el doble que el suyo. La excitaría y la dejaría en ayunas hasta destruirle la capacidad de desear. Ella se apoyaba sobre el cuerpo del hombre. los ojos negros como el carbón quemándole los suyos. Era un demonio abatiéndose sobre ella. al mismo tiempo que el besuqueo les excitaba hasta un punto insostenible. Hilda se asombró de ver lo que hacía. él ponía el pene debajo y lo quitaba de en medio. La mano seguía entre las piernas de ella.ANAÏS NIN Pájaros de Fuego hacia abajo. cayó sobre ella y se durmió como un niño. Rango tuvo que llevarla en brazos.. a obedecer sus deseos. Escaneado por PRETENDER – Corregido por Mara Adilén Página 50 . el reino de la emoción y la atención. con el pelo revuelto. el pelo a sándalo... besándole ya la boca. Era como si disfrutara reprimiéndose. Hilda gemía de placer y dolor.

El chanchiquito sentía pasión por meterse bajo las faldas de las mujeres y clavarles el hocico entre las piernas. Al salir. con sólo inclinarte. las mujeres eran accesibles y complacientes. riéndose. con la misma frecuencia y facilidad. como si la expedición casi le hubiera costado la vida. —No obstante —dijo el tío de Laura—. Quizás asustado e incapaz de escapar al círculo de fuego. al mismo tiempo. mujer muy reservada y dominanta. un gran perro policía se le subió de pronto encima. riéndose de una u otra historia. Hacía mucho calor y todas las puertas estaban abiertas. —Debes llevarte dos sombreros —le había dicho. Se avisó a los sirvientes y también al hechicero. Sostuvieron una apacible y metódica charla sobre los detalles del testamento. muy al estilo de la antigua galantería. y con el morro metido entre sus piernas. La reunión tuvo lugar en la casa de campo de la dama. También sostenía que había en Brasil un animal llamado el chanchiquito. —En Brasil —dijo el tío de Laura—. Luego. Dos minutos después. Esta historia había asustado a Laura. el consejo que había dado a un amigo que se iba a Brasil. Se sentaba tiesa cual personaje de los cuadros antiguos. presa de un ataque de histeria. un tío suyo que había vivido allí hacía muchos años le contaba interminables historias sobre Brasil. la idea de que un animal le hundiera el hocico entre las piernas. con el hocico enormemente desarrollado. La sensación había sido de miedo y al mismo tiempo excitante. la historia le descubrió que entre las piernas de las mujeres había espacio para el gran hocico de un animal. El viento puede arrebatarte uno. El viejo abogado había estado en tiempos enamorado de la señora. un día de las vacaciones. debes llevarte dos sombreros. Era parecido a un cerdo muy pequeño. ¿no? —preguntó el amigo. y el chanchiquito parecía agotado. la gran dama gritaba y se contorsionaba en el sillón. todo el mundo reconocía el propio apetito sensual.. Laura gritó y lo espantó. Ahora siempre quedaba un cierto coqueteo en sus palabras. pero un coqueteo contenido y digno. y un velo sobre el pálido rostro. el hechicero llevaba entre los brazos un chanchiquito. una dama muy aristocrática y orgullosa tenía una cita con su abogado para hablar de un testamento. Ella era viuda. que vestía suntuosas faldas de raso. Contaba. El tío se reía de las inhibiciones de los europeos. un cierto animal de pequeño tamaño se coló en el interior de la casa. cuando jugaba con sus amigos en un prado y se había dejado caer de espaldas. Decía que en Brasil la gente hacía el amor como los monos. con una mano en la sombrilla y la otra sobre el brazo del sillón. A Laura le daba miedo incluso meterse el dedo. Pero. llevaba el cuello y los puños soberbiamente almidonados. —¿Por qué? —preguntó el amigo—. El hechicero y la dama se encerraron en la habitación de la propietaria. No quiero ir cargado de equipaje. recordaba. según el tío. —Pero lo recogeré. pero en diez años de hacerle la corte no había logrado conquistarla. Un día. Escaneado por PRETENDER – Corregido por Mara Adilén Página 51 . El abogado era un anciano distinguido y de pelo cano que la conocía desde muchos años antes.ANAÏS NIN Pájaros de Fuego EL CHANCHIQUITO Cuando Laura tenía dieciséis años.. husmeando y olfateando las ropas. Los sirvientes celebraban una especie de fiesta y habían rodeado la casa de antorchas. Se veían las colinas.

que completó señalando los dedos de los pies. con pantalones de pana y chaqueta de piel. y detalló las líneas convergentes de las piernas. La habitación estaba repleta de cuadros suyos. pero no la veía. del trabajo. Había pedido a Laura que posara para él y empezó a trabajar con gran vehemencia. de hacer las extremidades. la manera de sostenerse sobre el cuello. veía toda clase de formas. Ella varió un poco de postura para estudiarlo. Jan había sentido curiosidad y de todas maneras no pensaba trabajar mucho. que no le gustaba. que Laura supo leer en sus ojos intensamente azules y que la puso celosa. Mientras estuvo posando. de la esclavitud. Dejó el dibujo como estaba. Veía el pómulo. A su lado yacía un hombre que la doblaba en peso y tamaño. Escaneado por PRETENDER – Corregido por Mara Adilén Página 52 . mientras él miraba a la mujer. Se dedicó a estudiar el techo. —Yo la veo aquí —dijo Jan. sino observando la forma de la cabeza. con cuidado. Frunciendo las cejas. lo eludía sistemáticamente y muchas veces se transformaban en una masa informe. dibujando una falda que evidentemente estaba subida y descubría las piernas y los muslos. lo que le daba un aire de casi enfermiza fragilidad. con la pintura picada y el enlucido irregular. La casa era muy antigua. se tendió en la cama junto a la de Laura y miró hacia arriba con agudo interés. —Cuando hayas acabado el trabajo —dijo a Jan—... sólo cuerpo. si ves lo mismo que yo. Laura sonrió. comer lo que encontrara en el momento que quisiera y pintar únicamente cuando le dominaba la pasión del trabajo. las rugosidades del enlucido y sus muchas grietas iban adoptando formas. quiero que hagas un dibujo en el techo para mí. de algo que ya esté en el techo.. Para hacerlo. y Jan la contemplaba con una leve compulsión erótica. el pelo suelto y el rojo de labios irregularmente repartido alrededor de la boca. Ella se había echado en la cama.. —¡La falda.ANAÏS NIN Pájaros de Fuego Y ahora Laura estaba tendida en una cama ancha y baja. La paleta cubierta de pintura todavía húmeda. y los ojos levantados por los lados en un perpetuo gesto de buen humor. Luego. miraba el techo. con las faldas arrugadas. buscando las formas que ella había entresacado y siguiendo los contornos que le señalaba con el índice. sin pies para escapar ni manos con las que acariciar a nadie. mira. Prefería ser un vagabundo a perder su libertad. conformado de tal manera que daba la impresión de estar siempre riendo. Había llegado al difícil momento. Primero. Para irritarlo. Jan trató de localizar la figura. demasiado pequeño para su peso. Se había abierto la chaqueta y enseñaba el cuello desnudo que no cubría la camisa. Iba vestido de obrero. Jan era un artista que se reía del hambre. Y allí estaba la mujer. Llevaba el pelo despeinado y sus gestos eran sueltos mientras fumaba. de todo. porque era un ático— y comenzó a dibujar sobre el enlucido con el carboncillo. Al observar. como si estuviera pintando un césped hoja por hoja. Laura dijo: —Veo muy cerca de ella un animalillo parecido a un cerdo. mira. esbozó la cabeza y los hombros de la mujer. pero luego descubrió la línea de las piernas. dormir hasta la hora que le diera la gana. Hizo trazos al azar. la falda! Veo la falda —dijo Laura. En las grietas y las líneas entremezcladas de la superficie irregular. ¿no ves la mujer bocarriba? Jan se levantó a medias en la cama —el techo estaba muy bajo en la esquina. —Mira. todo cuerpo. no viéndola como persona. sin avergonzarse. como si fueran los pies y las manos de un tarado. sombreó el vello alrededor del sexo. reclinada en el techo.

riéndose. trazando mágicos círculos sobre la carne con los dedos. haciéndola girar más de prisa. como para castigarla. —Veo otro perro —dijo Laura. Quería un hombre en el cuadro a cualquier precio. lo mismo que las caderas de la mujer eran rozadas por el sexo enhiesto del perro. tuvo que abrirlos haciendo un poco de fuerza. En verdad. semi-tapados. y tuvo la sensación de que los perros estuvieran copulando encima de ella. prolongada y contumaz. y mientras lo hacían. tocando amorosamente cada una de las líneas. Laura trató de localizar a un hombre. y se propuso conseguirlo con suavidad y constancia. aquella firmeza. Jan comenzó a explorarla bajo las faldas como si estuviera dibujando o moldeando los contornos con un lápiz. Luego. la poseyó con tal vehemencia. Pero poco a poco fue surgiendo el torso de un hombre. Dibujaba sin prisa. desplazándose muy gradualmente a lo largo de las piernas. el resultado sería un árbol. Laura abrió las piernas mientras seguía mirando a la mujer. con las grandes manos todavía llenas de pintura seca. La sacudió con rabia y. y luego un poco más de prisa todavía. con los dedos de puntillas como si fuera una bailarina de ballet. con las piernas y las cabezas enzarzadas. asegurándose de haber acariciado todas y cada una de las zonas y de haber seguido cada una de las curvas. Jan se esforzaba por deshacer aquella rigidez. Algo le rozó las caderas. Las piernas de Laura estaban semi-apretadas como las piernas de la mujer del techo. pero todo eso quedaba sobradamente compensado por el tamaño del sexo. nerviosa. dibujó el sexo afilado del animal que casi rozaba el vello del pubis de la mujer. pues no podía inventar las líneas y si las hacía demasiado vacilantes o demasiado fieles a los contornos del enlucido. Y entonces Laura se sintió satisfecha y se dejó caer de espaldas. y fue surgiendo un perro que trepaba sobre la mujer. Estaban liados con las ropas de la cama. Laura se resistía. con un último toque irónico del carboncillo. no tenía piernas y la cabeza era muy pequeña. —Yo no lo veo —dijo Jan. Para entonces ninguno de los dos miraba al techo. Se relajó sobre la cama para admirar su dibujo mientras Laura se erguía y comenzaba a dibujar un perro que se montaba en el perro de Jan. carboncillo en mano. como si esperara arremolinar la sangre. como si sólo quisiera ser la mujer del techo. Los dos miraron el dibujo. que simplemente se exhibía con el sexo cerrado y las piernas rígidas. en una pose de lo más clásica. con la hirsuta cabeza hundida en la espalda del otro como si lo estuviese devorando.ANAÏS NIN Pájaros de Fuego siguiendo los bordes desgarrados y las líneas revueltas. así que cuando la mano de Jan alcanzó los muslos y quiso ser admitida entre ellos. Quería mirar a un hombre mientras Jan miraba a la mujer con la falda levantada. Escaneado por PRETENDER – Corregido por Mara Adilén Página 53 . un mono o un matorral. que a todas luces le ponía agresivo el ver a los perros copulando casi encima de la mujer yaciente. que no cesó de arañarla hasta que ella pidió a gritos que la soltara. Así se quedaron dormidos y las pinturas se secaron en la paleta. Jan comprendió que no lo sentía a él sino al dibujo.

Era como si tuviese pequeños ardores bajo la piel. en el nacimiento de los pechos. Fay era pobre y las visitas de Albert constituían auténticos acontecimientos familiares. encerrándola como si fuera un tesoro. Fay se instaló como una princesa en su casa perdida en un inmenso parque. Fay no podía dormir. una gotita de miel le brotó del sexo. Los pechos se hinchaban al besarla y mordisquearle la caída de los hombros. de su recato. Albert la trataba con suma delicadeza. no obligar a la propia mujer por el hecho de serlo. las vibraciones que se transmiten los pezones y el sexo. Los ojos de Fay eran alargados y apretados como los de las japonesas. no intentó llevar adelante un abrazo completo. «como a las mujeres de color». en los hombros. Fay estaba sorprendida del control de Albert. observando los hoyuelos del final de la espalda de Fay. la boca llena y siempre entreabierta. la firmeza de sus nalgas. Al levantarse en busca del quimono y las zapatillas. cuando gemía. en el cuello.. Con cada beso iba engendrando a una nueva mujer. De este modo. Yacían envueltos en la mosquitera blanca como dentro de un velo nupcial. Cuando se casaron. que hablaba de una vida que Fay nunca había conocido. Se sentó desnuda en su nebulosa cama. perdiéndose en la melena larga y espesa. lo reverenciaba con palabras de adoración. resbalando pierna abajo y manchando la alfombra blanca. Cada lugar que besaba. y luego llevaba la boca a otro sitio. Sostuvo que era una prueba de amor. Le rodeaba los tobillos con los dedos y se complacía en los pies. sino conquistarla lenta y morosamente. y la boca del sexo y los labios. Fay se sentía lánguida y drogada.ANAÏS NIN Pájaros de Fuego AZAFRAN Fay había nacido en Nueva Orleans.. tendidos de espaldas en la cálida noche. Ella tampoco había visto el cuerpo del Escaneado por PRETENDER – Corregido por Mara Adilén Página 54 . y repasaba una y otra vez la suave línea estatuaria del cuello. en el otro extremo de la ciudad. cerrando cuidadosamente la mosquitera blanca. en las piernas. descubriendo una nueva sensibilidad. la marcada curvatura de la espalda. dijo. Iba a la habitación de Fay y se limitaba a acariciarla. A los dieciséis años la pretendió un hombre de cuarenta que siempre le había gustado por su aristocrática distinción. que hacía sobresalir los cachetes del culo. y tomarla cuando estuviese predispuesta y en el estado de ánimo adecuado para entregarse. Descubrió una temblorosa sensibilidad debajo del brazo. La primera noche no la poseyó. fue atormentada con exquisitez durante varias noches. haciéndose mimos y dándose besos. en la espalda. como asegurándose de haber despertado una determinada parte de su carne. Todos disimulaban diligentemente su pobreza. que eran tan perfectos como las manos de Fay. pequeñas corrientes que la mantenían despierta. en los brazos. La servían hermosas mujeres de color. Albert resultaba una especie de libertador. Y entonces. ¿Cómo era capaz de someter sus deseos y dormir después de aquellos besos y caricias? Ni siquiera la había desnudado nunca del todo. Una noche. Albert disfrutaba besándola hasta hacerla gemir. se quedaba inquieta y no podía dormir. como de costumbre. cuando el marido se iba. todos los nexos misteriosos que excitan y tensan lugares distintos de los que se besan. Se abandonaba a aquella profusión de besos en el pelo.. Al carecer de experiencia.. las corrientes que circulan desde las raíces del pelo a las raíces del espinazo. Luego. la dejaba. dejándola con los juguillos Huyéndole entre las piernas.

Le tocó el pecho. Él seguía besándola. se extendió por el cuerpo de Fay como una fiebre. Se sentía condenada por su propia feminidad. Luego Fay sollozó. Paseó sin rumbo fijo durante largo rato. porque Albert intentó poseerla y no pudo. El pene se le empalmaba. sólo un momentito. llegó al pene. ¿Era culpa suya? ¿Qué le faltaba. como el de una mujer sollozante. Ella estaba tensa y silenciosa. Escaneado por PRETENDER – Corregido por Mara Adilén Página 55 . Soy una mujer. Los quejidos eran quejidos de placer. Entonces Fay vio a su lado el cuerpo juvenil y delgado. Cuando él estuvo a su lado le susurró: —Me gustaría que te quitaras la ropa. Él mismo guió las manos de Fay para que lo acariciaran. Entonces sobrevino la noche más triste que Fay había conocido en su vida. en qué no había conseguido gustar a Albert? ¿Por qué la dejaba para irse con la mujer de color? La brutal escena la había hechizado. Albert hizo un movimiento de alejarse. por su inexperiencia. Aquella noche Fay se convirtió en mujer. Luego un ruido la alarmó. Es imposible que semejante cuerpo tenga sexo. Murmuraba una y otra vez la misma frase: —Tienes cuerpo de ángel. Se sentó con el pelo revuelto sobre los hombros y dijo: —No soy un ángel. Decidió salir de la habitación y pasear hasta calmarse. fracasando. regresó a la casa corriendo. Quiero que me ames como a una mujer. lentamente. Tenía la sensación de estar en un sueño. durante lo que le pareció toda la noche. Anduvo lentamente. para salvar su felicidad con Albert. La mano. Le bastaría susurrar unas palabras. un movimiento delicado. Fay los vio convulsionarse ante sus ojos. Sabía que él era mayor y que ella era inocente. Albert hubiera podido enseñarla. presos de la violencia del placer. esperando. Le había dicho que la estaba conquistando. lo ponía entre sus piernas y luego desfallecía en las manos de Fay. Ella no dijo nada. deseosa y expectante. con sus cabellos muy blancos y resplandecientes. Albert.. Veía la tortura en los ojos del hombre. Le palpitaba todo el cuerpo. retrocediendo y besándola a modo de reparación. —Espera un momentito —decía él—. la mano de Fay avanzó tímidamente hacia el cuerpo del hombre. Tienes cuerpo de ángel. pero aceptó. Pareció sobresaltarse. una curiosa mezcla de juventud y madurez. Luego las caderas. Y empezó a besarla. Lo decía con tanta humildad y con tanta suavidad que Fay se quedó quieta. Las ramas caían lánguidamente sobre su cabeza y los senderos mohosos silenciaban absolutamente sus pasos.ANAÏS NIN Pájaros de Fuego marido. Mientras la besaba. Fay estaba dispuesta a obedecer. El perfume de las flores casi la aturdió. la torturaban las dudas. un gemido rítmico. provocada porque el hombre alejara el pene de su mano.. rebosante de la humillación sufrida por su juventud. A Fay no la vio nadie. para demostrar sabiduría y sutilidad. que lo intentó muchas veces. mojada. Se alejó y lanzó a besarla entre las piernas. Al principio la paralizó el dolor. La luz de la luna se colaba entre las ramas y descubría a una mujer de color tendida desnuda sobre el moho con Albert encima. Se maldecía por no responder bajo el encanto de las caricias del marido y no comportarse quizás como él deseaba. La rabia. al hacer un secreto de su dolor. Luego. descendió la gran escalera y salió al jardín. También él pronunciaba voces confusas. Al principio estaba asustada. Era un gemido. Durante toda la noche se sucedieron los asaltos interrumpidos. Había esperado que la enseñaría. Albert jadeaba como un animal salvaje y arremetía contra ella.

Una vez fue a las habitaciones de las chicas de color. Aunque rara vez salía de compras. Se abrió una puerta. Al llegar a casa. Se encontró a Fay sollozando junto a la puerta. que llevaba bajo el brazo y contra el pecho. sino uno de los jardineros de color. una clase muy rara de azafrán que acababa de llegar de un barco procedente de España. Le parecía oírlos a todas horas. Disfrutó comprando el azafrán recién descargado. la poseyó. sin besos ni caricias. —Hueles como las mujeres de color —dijo luego. Albert la poseyó en las más extrañas circunstancias. El ruido de los gemidos la obsesionaba cada vez más. El bolso se abrió y el olor a azafrán inundó el cuarto. Fay se restregó contra él con todo su peso. Oyó los mismos gemidos que había oído en el parque. Luego la besó y la acompañó al dormitorio. que estaban en una casita independiente. Albert la hizo tenderse en la cama completamente vestida y. Se echó a llorar. Quien salió no era Albert. los olores de los muelles y de los almacenes. Albert la estaba esperando. Cuando tuvo en su poder los paquetitos de azafrán. —¡Hueles a azafrán! —exclamó Albert. como en un juego. Se acercó al coche y la ayudó a bajar. Iban a dar una fiesta en honor de unos amigos españoles. las manos y el cuerpo. El olor era muy fuerte y le impregnó las ropas. los guardó bien en el bolso.ANAÏS NIN Pájaros de Fuego La misma escena se repitió dos o tres noches y luego Albert dejó de ir al dormitorio de Fay. Y el hechizo se había roto. satisfecho. riendo. Le daba miedo salir de su habitación. donde Fay dejó caer el bolso sobre la cama. Ella apreció un extraño brillo en los ojos del hombre cuando volcó la cara contra sus pechos para olería. Finalmente. Escaneado por PRETENDER – Corregido por Mara Adilén Página 56 . vislumbró a Albert montándose por detrás a una de las chicas de color y metiendo la mano por debajo de las voluminosas faldas. Y casi todos los días Fay veía sombras en el jardín. Siempre le habían gustado los olores. Fay fue a la ciudad en busca de un determinado azafrán para el arroz. sombras que se abrazaban. En la operación. subiendo las escaleras. La casa estaba completamente alfombrada y era insonora y una vez. y estuvo escuchando.

pero estoy en una cama muy blanda. que había conocido a un hombre que se enamoró de ella y la mantuvo durante años. Vamos juntas al cine. me enfebrece. El lujo me calma. Se desvaneció mi deseo de besarla. las mejillas. y su vida en común se fue haciendo insoportable. Yo estoy descubriendo sus disimulos. Actúa como si estuviera dormida. Se había casado con él sólo para que la protegiera. en las piernas y en los hombros. No le avergüenza hacer nada... rubio y lujurioso. Recuerdo el día que estuvo en Saint-Tropez y nos encontramos por casualidad en un bar. Apoyo los pies en mullidas alfombras. Siempre Escaneado por PRETENDER – Corregido por Mara Adilén Página 57 . una corriente puramente física. Trata de despertar metiéndose en la cama con todo el que la invita. Me senté a los pies de su cama y estuvimos hablando. Se estaba poniendo crema en el cuello y la garganta. la gran ciudad babilónica. nunca ha conocido un verdadero orgasmo. Nueva York. Me despedí de él a las once en punto y me fui a ver a Mary. hombre ni mujer. —Es muy difícil hablar del sexo —dice Mary—. porque se había quemado en la playa. Soy tan vergonzosa. luminosas. estaba bronceada por el sol y me sentía hermosa. el pelo. Ahora la volvería a ver. letárgica.ANAÏS NIN Pájaros de Fuego MANDRA Los rascacielos encendidos resplandecen como árboles de Navidad. Se está psicoanalizando y ha descubierto lo que yo sé desde hace años: que a los treinta y cuatro años. En realidad nunca había amado a nadie. Tiene los ojos grandes y líquidos. pero no es capaz de hablarlo. Le gustan los sitios adonde van los actores. Estaba embadurnada de crema. Llevaba mi vestido de cretona con volantes y una flor en el pelo. había contado al marido toda clase de historias personales que no hubiera debido contarle: que había sido bailarina en Broadway y se había acostado con hombres cuando andaba escasa de dinero. Al llegar. enfermizamente aburrida como una flor de invernadero. Mary estaba escapando de su marido. Al principio de su matrimonio. Eso me contrarió. Volveré a ver a Mary. Unos amigos ricos me han invitado a estar con ellos en el Plaza. Me invitó a que fuera por la noche a su habitación. después de una vida sexual de la que sólo podría dar cuenta un experimentado contable. se siente irreal. Ya no la amo. Mary está más adorable que nunca y parece que la conmuevo mucho más. Quizás esta vez no me mostraré tímida. Es lenta. En la oscuridad. con crema en la cara. Mary se fue de Saint-Tropez y yo me quedé con el pesar de no haberla besado. Hay quienes bailan y quienes se retuercen anudándose. por dentro. Me gustan los que flotan y bailan. me coge la mano.. mi amante. Es todo curvas y morbidez. Veo a Lilian.. Al día siguiente de vernos. que había estado en una casa de putas y ganado bastante dinero. En Nueva York despliego mis alas de coquetería y vanidad. Mary estaba echada en la cama. Entre nosotras existe una corriente de atracción. El marido nunca se recuperó de esas historias. Yo estaba libre. lejana. tenía que ir a su casa aquella noche y vivía bastante lejos. Siempre está sonriente y alegre. pero. Conmigo sí es capaz de hablar. ajena a la experiencia. Marcel. pasiva. Le despertaron celos y dudas. Nos sentamos durante horas en lugares perfumados y con música.

dormía con todo el mundo. no puedo seguir conteniéndome. Su dicho favorito es: —En aquel tiempo. ¡lo cual encaja con su frigidez! Defrauda a todo el mundo. como una camelia. Pero nunca está libre por las noches. muy suavemente. Pide un whisky. hasta tal punto que es imposible no darse cuenta: bastará una pequeña caricia para enloquecerla. incluso a sí misma. Siempre viene a mi encuentro comiendo dulces. La actriz que hay en ella parece alegre y tranquila. Sale del cuarto de baño sin secarse. Goza cuando le toco el clítoris. tan invitadora. por los perfumes y por el lujo. Pero no es cierto. Tan tierno y tan hermoso. Luego decide darse un baño Me coge el quimono. O bien: —Ay. Mantiene siempre las piernas un poco separadas. por el aspecto que ofrece su carne. Un día se deja caer en mi cama y tira los zapatos. Necesita vivir en una atmósfera sexual. por la forma en que sus piernas se extienden. Me gustan. era muy hermoso en la cama. Lo acaricio suave. Lo toco con suavidad y abro los labios para ver si están mojados. Bebe y sólo puede dormir tomando drogas. como terciopelo y raso. Tiene miedo de que lo seduzca. —El zorrito plateado —digo—. El sexo le sabe a mariscos. Ambas compartimos el amor por las galas. —¿Te gustan mis nuevas medias? Y se levanta las faldas para enseñármelas. Lleva la chaqueta abierta y el sombrero en la mano y el pelo suelto. —Pero me gustan —digo yo—. Nunca he visto una mujer más pasiva. en realidad casi puramente vegetal. —Son demasiado gruesas —dice. Conforme se sienta en el borde de mi cama para ponerse las medias. ¡Ay Mary! Mis dedos trabajan más de prisa y ella se deja caer de espaldas sobre la cama. todavía húmedo del baño. Me doy cuenta de que busca tentarme. Si hablamos de París y de las personas que conocimos allí. muy lánguida. salado y maravillosos. Parece el sexo de una jovencita. que los hombres creen que está constantemente en un estado próximo al orgasmo. me dijeron una vez en París. no puedo creerme que no sientas nada ahí dentro. como si nadie lo hubiera tocado nunca. mirándose las piernas—. A los ocho años ya tuvo un ligue lesbiano con una prima mayor. el zorrito plateado. Ella es muy perezosa. Escaneado por PRETENDER – Corregido por Mara Adilén Página 58 . abierto y mojado. Da la impresión de que fuese a tener un orgasmo. sí. no he dormido con él. Me arrodillo delante de ella y le pongo la mano en el vello de entre las piernas. Nunca he oído contar que Mary se resistiera.ANAÏS NIN Pájaros de Fuego estamos a punto de irnos juntas a la cama. dejando que el quimono se abra. Parece tener unos veinte años. Me fascina porque su cuerpo rezuma sensualidad. Le beso el clítoris. aunque no siente nada. y así deben estar también los labios del sexo. siempre dice: —No lo conozco. ofreciéndome todo su sexo. Parece tan abierta y húmeda. Tiene la boca tan húmeda. Dice que siempre está esperando encontrar al hombre que la excite. abierta como una flor. como los pétalos de una rosa. como una colegiala. a mariscos frescos. Abre las piernas y me deja verlo. pero por dentro está hecha pedazos. No me permitirá conocer a su marido. el vello del pubis sigue empapado como algas. pero quiero que sienta un gran orgasmo. Mary. Es su clímax. Son como piernas de los Renoir. Parece a punto de sentir. Es rosado y fresco.

De pronto Mary se estremece. mesas con escondrijos para poner flores. Mary no se mueve. Miriam está. Le gusta que la toquen en la boca del sexo. que se desencadena una. mis dedos le aprietan la carne del culo. porque está cerca del East River y pasan las gabarras mientras conversamos. como diciendo: Podemos divertirnos con todo lo que ha creado la moda. El pequeño clítoris se pone tieso como un pezón. con las piernas cruzadas. El río es un ser vivo. de grandes pechos. Mis manos trepan hasta sus grandes pechos y los acarician. la pomposidad de sus familias y su obsesión por la palabra que es la clave de la alta sociedad: todo debe ser «divertido». hasta que sufre un largo espasmo y comienza a gemir como una paloma. meterle la lengua. Le cojo el culo con las dos manos. dos. como si yo hubiera hecho saltar una chispa eléctrica. debajo del clítoris. mientras repite: —Ay. Paul proclama a voces mi natural goyesco. nosotros estamos por encima de todo. necesito ambiente y calor para florecer. no tanto un hombre como un fauno: un animal lírico. es pequeño y de la raza de los duendes. mi cabeza está presa en el más delicioso torno de carne fresca y salada. Ahora.. Toca el sitio al mismo tiempo que yo. Me trata como a un objeto artístico. y me lleva corriendo al salón para exhibirme. Una noche me invitan al piso de una joven pareja de la alta sociedad. tienen el piso lleno de muebles que considerados uno a uno encuentro feos: candelabros de plata. gracias al cual percibo la fabulosa vida de los H. qué me has hecho. reunidas con juguetón esnobismo. Ahí es donde me gustaría insertar un pene y moverlo hasta hacerla gritar de placer. Pongo mi lengua en la abertura y la empujo para que penetre todo lo posible. se desplazan por su rotundidad. inmensos poufs de raso morado. los H. y el dedo índice palpa la boquita del ano y se introduce suavemente. Con el dedo siento la palpitación de su placer. con un pelo que echa chispas y una voz que atrae. siente mi ritmo que se acelera. qué me has hecho. tres veces. qué es lo que me has hecho! Me besa. A cada movimiento. y lo levanto. las frecuentes apariciones de Miriam en Vogue luciendo trajes de Chanel.ANAÏS NIN Pájaros de Fuego Las piernas cuelgan a los lados de la cama y el sexo está abierto. que soy artificial. Todo tiene el toque del impudor aristocrático. por sus formas. Metida entre sus piernas. en un diván de raso rojo. Mandra. Miriam me reclama al dormitorio para enseñarme el nuevo traje de baño que se ha comprado en París. Paul. cosas absolutamente chic. baja una mano y la suma a las mías en acariciar su propio sexo. Ella comienza a gemir un poquito. Los H.. Se derrumba jadeante. —¡Ay. es una Brunilda. A Miriam da gusto mirarla. Opina que yo soy hermosa. sin dejar de mover mi lengua dentro de su sexo. El mayordomo negro abre la puerta. bebiéndose los jugos salados de mi boca. como si fuera una gran fruta. coge una larga pieza de género y se la va Escaneado por PRETENDER – Corregido por Mara Adilén Página 59 . Su belleza es natural mientras que yo. Puedo morderlo. en Roma y Florencia. cuando se yergue se encuentra con el revuelo de la lengua. rápido y divertido. Es como ir en barco. se desnuda completamente. Para lo cual. y mientras mi boca juega en la boca de su sexo. Su marido. a ondularse. latiendo en éxtasis. Mandra. Ella comienza a gemir. Se mueve de forma que me sorbe el dedo. mi flor roja del pelo. Cuando se deja caer siente mi dedo revoloteante. objetos estilo rococó. Yo lo meto más. Sus pechos caen sobre mí. besarlo.

Que quiere aire. Lo que deseo es agarrarla. en su caso es una costumbre. sin nada debajo. Entonces entra Paul en el cuarto de baño. sin llamar. —Eres la mujer más hermosa que he visto en mi vida. entra y háblame. Luego conduce mi mano bajo los zorros. Me siento un poco tímida. En el automóvil. Me encantaría vértelo puesto. Estoy muy cerca de ella. y me huele la piel. No te preocupes. Me gustaría probarte el traje de baño. de nuevo me turba su cuerpo. agregando una capa de zorros. Yo le coloco la mano en el hombro. Miriam. como lo son las mujeres en la playa o en los baños turcos. Y se pone a toda prisa unos pantalones. es asexuada. Se desviste y anda desnuda por la habitación. —Estoy lista —dice. Pone la cara en mi hombro. Me devuelve el beso. —Mandra. En realidad. Es una reina tan opulenta como cómica. Su belleza se me sube a la cabeza.ANAÏS NIN Pájaros de Fuego enrollando alrededor del cuerpo como si fuera un traje primitivo de Bali. procurando no estropearme la pintura de los labios. —Y ahora te has vestido para estar en casa —dice Paul cuando salimos— y yo quiero llevaros a ver al Hombre de la Cuerda. Paul nos llama: —¿Cuándo vais a acabar de hablar de trapitos ahí dentro? ¡Me estoy aburriendo! —¡Ya vamos! —contesta Miriam. Avanzamos en la oscuridad. Miriam va a su cuarto y se desliza dentro de un traje. cuando no tienen presente su desnudez. Eres tan exquisita y refinada. empolvándose y arreglándose la cara. Miriam no es incitante como Mary. Canta las más maravillosas canciones sobre una cuerda y luego se ahorca con esa misma cuerda. —De acuerdo —dice Miriam—. —Por eso mismo me gustas. Me sitúo a su espalda y la contemplo. Miriam? —dice Paul—. qué perfume. —Me gustaría parecerme a ti —dice luego—. me vestiré. a un agujero del traje. No sé qué hacer a continuación. bajo el pelo. Me quedo con Paul. en la boca. —¿Cómo te paseas así. Cuando se pone de puntillas y se inclina contra el espejo. —Ay. pero no. —Quisiera que Paul no fuese tan irritable —dice a la vez que me sonríe—. pero en seguida me llama Miriam. Supongo que esta vez estará semi-vestida. Y yo soy tan grande. La domina la necesidad de ir de un lado a otro sin ropas. Mandra. Miriam dice que primero quiere atravesar el parque. Vístete. Miriam. Paul quiere ir derecho al Escaneado por PRETENDER – Corregido por Mara Adilén Página 60 . Miriam pone su mano sobre la mía. y me encuentro tocándole el sexo. Y se va al cuarto de baño. Pruebo con un leve beso en el hombro. Mandra. está de pie y desnuda en el cuarto de baño. Miriam. para pintarse las pestañas con el mayor cuidado.

» Pero ella prosigue. desvergonzadamente. mientras en todo momento la acaricio en la oscuridad. Luego se pone tensa bajo mis dedos. Esta vez Miriam me besa en la boca de lleno. Los ojos de Miriam están brillantes e intensos. Y también debe notarse a través del traje de Miriam. Paul nos deja un momento y vamos al servicio de señoras. yo con mi mano en el sexo de Miriam y tan dominada por mi propia excitación que casi no puedo hablar. Nos arreglamos y volvemos a la mesa. se estira toda y me doy cuenta de que está gozando. con mucha soltura. Escaneado por PRETENDER – Corregido por Mara Adilén Página 61 . La siento removerse buscando mi contacto y abrir un poco más las piernas para que pueda ponerle bien en medio toda la mano. Ambas nos cubrimos con nuestras capas al entrar en el night club. pero cede y atravesamos el parque. por debajo del raso y de los zorros. Estoy tan mojada que me da miedo de que se note a través del traje. Y es algo contagioso. Yo pienso en mi interior: «Pronto no podrás seguir la conversación.ANAÏS NIN Pájaros de Fuego night club. Disfruto de mi propio orgasmo sin que ni siquiera me haya tocado. Miriam habla sin parar.

Ella respondió con pellizquitos y besos. Un día. Estaba sentada en la cama. y le hizo sentarse a su lado. lleno de incredulidad. le exploró los pechos. Había contestado en seguida a las palabras de Jean. Este no había vuelto. Se estiró a su lado. Le prestó un pijama. vente conmigo —dijo Jean—. La chica apenas tenía dieciséis años. Entonces Jean se excitó más. nos llevaremos bien. —¿Nunca habías besado a un hombre? —preguntó él. Ella parecía complacida. —Dame la lengua cuando yo te dé la mía —le dijo. Ella lo siguió con increíble docilidad. Sus labios eran inexpertos. La chica era una buena alumna. Se había dado cuenta de que no era una prostituta. Poco después de haberse metido en el dormitorio de Pierre. Estuvieron pegados el uno al otro largo rato sin que Jean probara otras caricias. Escaneado por PRETENDER – Corregido por Mara Adilén Página 62 . Ella asintió con la cabeza. Le dio un beso educado e inocente. Había conocido muchas mujeres que no sabían besar pero que eran diestras para agarrar a un hombre por otros procedimientos y recibirlo con gran hospitalidad. Le hizo mover la lengua y sacudirla. Viendo el desamparo y la confusión de la jovencita. Jean no pretendía sino socorrer a la chica y se acostó en la cama de Pierre. con aspecto de niña aburrida. Luego.ANAÏS NIN Pájaros de Fuego LA FUGA Pierre compartía el piso con otro hombre mucho más joven. pero que excitó a Jean. con los pechitos muy puntiagudos. Jean llevó al piso a una jovencita que había encontrado vagabundeando por la calle. —¿Te gusta? —le preguntó. Entonces. Al principio. El piso tenía dos dormitorios. pero no podía creer que siguiera siendo virgen. sino una especie de piedad. oyó que le llamaba. La forma como lo había besado no era una prueba. como los muchachos. llevaba el pelo corto. Él prolongó el beso e introdujo la lengua en la tierna boquita de la joven. Eso le encantó. pero con aturdimiento. Ella obedeció. Yo me llamo Jean. —¿Cómo te llamas? —Jeanette. Ella se lo permitió con la misma docilidad que había demostrado cuando lo siguió a casa. Jean. —¿Y ahora dónde vas? ¿Tienes dinero? —No. mientras él la observaba echado de espaldas. no tengo dinero ni dónde dormir. Jean no sintió deseo. Le pidió que le diera las buenas noches con un beso. con sendas camas dobles. —Entonces. Te daré de cenar y una habitación. —Me he escapado de casa —dijo. Jean comenzó a enseñarla a besar. Le hizo la cena y le dijo que se fuera a dormir. —Vaya. ella se levantó apoyándose en el codo y muy seriamente sacó la lengua y la puso entre los labios de Jean. y sus formas eran juveniles. Jean estaba un poco asustado de la juventud de la chica. la condujo al dormitorio y la dejó.

el zurear de palomas. Pensaba que Jean había tenido algún accidente. Pero al día siguiente ella seguía en el piso y una cosa alteró la indiferencia de Pierre. debía estar buscando superarla. Pero todas las noches oía Pierre los gemidos y los canturreos. con mucha timidez. Pero Pierre sospechaba cuál era la verdad. Y al otro. Tendré que verlo. Jean tenía el doble de edad que Jeanette. Pierre intentó consolar a Jeanette lo mejor que pudo y luego volvió a la cama. Pero en ese momento ella le pidió que apagara la luz. con sueño e indiferente a la jovencita. ella le desabotonó inesperadamente la camisa. llamando por teléfono a la policía. Los gemidos eran rítmicos y luego. Al cabo de ocho días. Así que ahora la fue destapando y comenzó a soltarle el cordón del pijama. Jeanette se sentó a los pies de la cama para hablarle. Lo mismo ocurrió al día siguiente. Jean estaba sorprendido del talento de la chica para el amor. al otro lado de la puerta. Se detuvo. Ni siquiera me deja salir sola a la calle. Pero nunca me deja verlos. Progresaba de prisa. en silencio.ANAÏS NIN Pájaros de Fuego —No —dijo la jovencita muy seria—. y le preguntó si iba a almorzar. Se imaginaba la escena al otro lado de la puerta. indefensa. Jean se había cansado y quería informar a la madre de sus correrías. Mi madre es muy guapa y a veces vienen hombres a casa y se encierran con ella. Me ha dejado agotado. oyó los gemidos de una mujer. Y yo quiero tener unos cuantos hombres para mí. Por eso me he escapado. Así que almorzaron juntos. Mientras que ella recibía hombres a todas horas. Llevaba un traje muy fino. se percató de que Jean se iba cansando. en primer lugar. Pero no había conseguido sacarle la dirección a Jeanette. al pasar por delante de la habitación. Sabía que mi madre seguiría escondiéndome. A mediodía apareció Jeanette. Jeanette lo observaba con gran interés. teniendo presente a la madre. Después se fue a trabajar y estuvo fuera todo el día. Los pezones habían sabido cómo tocar los del hombre. se quedaba mirándolo. ¿No te basta con uno? —Todavía no lo sé —dijo Jeanette con la misma seriedad—. que reconoció como los ruidos propios del orgasmo. Es insaciable. intentando comer. Era tan apacible como un ratón. cómo restregarse contra su pecho y excitarlo. que parecía un Escaneado por PRETENDER – Corregido por Mara Adilén Página 63 . cuando se tomó un descanso. Jeanette fue a despertar a Pierre. Pierre se quedó en el piso. —¿Unos cuantos? —dijo Jean riendo—. fastidiado. yo creía que sólo era una jovencita y resultó ser. En realidad. apoyó sus jóvenes senos contra el pecho del hombre y se restregó exactamente igual que una gata de angora voluptuosa. Pero siempre he querido hacerlo. Estaba alarmada. Pierre no pudo evitar oírlos. Ella vagaba sin rumbo por el piso. a veces. ser virgen. Después.. pero nunca habrás visto semejante habilidad para hacer el amor. cogiendo libros y dejándolos. Después de comer desapareció hasta que volvió Jean. El noveno día Jean estuvo fuera toda la noche. Los besó y los manoseó. Luego Jean concentró toda su atención en sus pechos firmes y puntiagudos. Entró a todas horas de la noche en la habitación de Pierre para comunicarle sus preocupaciones. Pierre llegó a casa a media noche y. —Sabes —dijo Jean—. como el zureo de las palomas. Así que simplemente se alejaba. Al fin se atrevió a preguntarle:' —¿Crees que Jean no quiere que siga aquí? ¿Crees que debo irme? —Creo que debes volver a tu casa —dijo Pierre.. y además Jeanette. Al día siguiente Jean le habló de Jeanette.

las pocas gotas de transpiración del cuello. y se preguntó si también él podría. pero Jeanette se mantuvo en silencio. le acarició los pequeños pechos. un simple velo para retener el perfume de su cuerpo. Pierre languidecía. viendo y mirando el cielo raso. La hizo deslizarse a su lado y le notó el cuerpo a través del delgado vestido. y de la braguitas blancas que llevaba Jeanette. como si estuviera esperándolo. Ella jadeaba y se deshacía. Eso le encantó. En cada movimiento de Jeanette. repentinamente. Luego Pierre la besó en la boca y eso la hizo disfrutar.ANAÏS NIN Pájaros de Fuego perfume que la envolviera. volvió a excitarlo. Él levantó el ligero vestido. Sintió desprecio. Tenía amplias pruebas de su éxito como amante eficaz y satisfactorio. una voz de aprobación y de aliento. Pero en el mismo instante se acordó de cómo Jean la hacía gemir y tararear a aquella hora. le cubrió las pequeñas nalgas redondas con sus manos calientes y uno de los dedos rozó el orificio. pero seguía sin abrir la boca. Era un perfume complejo. Sus manos le recorrían todo el cuerpo. Como si fuera una vaina. por la mitad del cuerpo. cayó presa de la duda. Tiró de Jeanette hacia sí. de debajo los pechos y los brazos. se puso de rodillas para mejor trabajarla. pero no decía nada. el olor fuerte y amargo del pelo. consciente de que estaba abierto por el pecho y de que tal vez Jeanette percibiera su olor como él olía el de ella. A Jeanette la sorprendió ver que. La visión de las medias. como una mezcla de limón y miel. tan fuerte y penetrante que Pierre apreciaba todos los matices. que descendían enrollándose. Pierre escuchaba atentamente mientras seguía abriéndose paso dentro de ella. Ante este contacto. Cuando se apretó. trazó círculos alrededor de la abertura del pequeño sexo rosado. su aliento. De pronto. a mitad de sus fervientes caricias. el sexo de la mujer encerró el pene. —Dime cuándo quieres. con sólo la punta. luego. que el calor del verano avivaba como reaviva el olor de las flores» Pierre fue ganando plena conciencia de su propio cuerpo. Empujó su poderoso sexo dentro de ella y sintió su estrechez. adivinaba dónde quería que la tocase. Nunca antes había estado tan cerca de otro hombre que estuviese haciendo el amor ni había oído tan bien los ruidos de una mujer en el momento de agotarse de placer. Luego se detuvo. ¿No estaba disfrutando? ¿Qué le hacía Jean para arrancarle aquellos chillidos de placer? Pierre probó todas las posiciones. atrayéndola. —Córrete ya —dijo ella inmediatamente. de la pequeñez del sexo que sentía bajo sus dedos. La levantó. de manera que no hizo nada por reanimarlo. retiró un poco el pene y. el deseo del hombre se afirmó con violencia. De Jeanette no salía el más mínimo sonido. Tenía demasiada poca experiencia para pensar que eso puede ocurrirle a cualquier hombre en determinadas circunstancias. sintiendo la caricia del pijama sobre la piel. Pierre le tocó el culito. produciéndole enormes deseos de poseerla y de violentar aquel cuerpo tan entregado y rezumante. le mordió los labios. Se quedó bocarriba. dime cuándo quieres —dijo con desesperación. ella dio un salto pero no dijo nada. Escaneado por PRETENDER – Corregido por Mara Adilén Página 64 . Jeanette le sonrió y se abandonó. le besó el sexo. le introdujo el miembro con violencia y. su habilidad y su potencia habituales. Pierre sintió que la potencia le volvía. Le dio la vuelta y la tomó por la espalda. a la vez ácido y dulce. suavemente lo revolvió y agitó allí dentro. con tal temor que el deseo murió. pero en silencio. y en el fondo el olor de su feminidad. suave y acariciante. Pierre esperaba su voz. se acercó el sexo. No tenía ninguna razón para dudar de su propia potencia. Pero esta vez. cuando comenzó a acariciar a Jeanette. miró sus piernas juveniles y le bajó las ligas.

habla. lleno de dudas. —¡Mírame! —decía—. si te gusta. —Yo estaba disfrutando —dijo Jeanette con un estremecimiento—. no sólo a Jeanette. que aprobara los botones. se apretaba contra Pierre. encontró que Jeanette se había quedado y que Pierre estaba bien dispuesto a consolarla y ligársela. podía creer que me estabas tomando contra mi voluntad. por arrugarlo. si venía y me encontraba aquí. Hecho lo cual. Escaneado por PRETENDER – Corregido por Mara Adilén Página 65 . sino también a otras mujeres. parecía tener luego por quitárselo. Claro que disfrutaba. dilo. no contentándose hasta que. Pero la pasividad de la joven le produjo inseguridad. y también entre la cintura y el pequeño sostén. Pero si me oyera. entre arrumacos. Casi no esperaba a estar fuera de la tienda para pegarse a él mientras andaban. empolvándose la cara y comportándose como si no pensara seguir desnudándose y Pierre hubiera de contentarse con verla tal como estaba. pero me hace gritar y eso lo pone contento y lo excita. Sólo que tenía miedo de que llegara Jean y me oyera. si al menos no me oía. ¿no te gusta? Te da gusto. disfrutas. al volver. de gozarla. Se sentaba tranquilamente en una silla. Veía fragmentos de hombros. sino que daba vueltas al cuarto en ropa interior. Le vio en la cara una expresión de frustración. Con este fin. Dentro del nuevo traje. porque él lo bautizara con su deseo. restregones y revuelos. ¿qué sientes?» Yo no sé decirle qué siento. por entregárselo a Pierre. A Pierre se le fueron todas las ganas de correrse. Pierre sentía la urgencia de arrancarle el vestido. venga. de espaldas desnudas. y fumaba. Y cuando al fin llegaban a casa. para ver cómo se le ajustaba el vestido. y la carne brotaba entre las medias y las braguitas. las ligas. la acompañaba a las tiendas y esperaba mientras se probaba las cosas en los pequeños cajones destinados a vestuario. Estiraba el cuerpo con voluptuosidad. pero no creía que a Pierre le interesara de verdad. Fue Jeanette quien dijo: —Supongo que no te resulto tan atractiva como otras mujeres. su cuerpo infantil deslizándose fuera y dentro de los trajes. Y la gratitud de Jeanette por los regalos adoptaba una forma de coquetería sólo comparable al manierismo de las artistas de striptease.ANAÏS NIN Pájaros de Fuego —¿Quieres tú? —volvió a preguntar Pierre. —Claro que me resultas atractiva. disfrútalo. acariciaba la tela como si fuera su propio cuerpo. pero no parece que disfrutes y eso me inhibe. grita. cepillándose el pelo. Pierre se sorprendió. porque era demasiado infantil. Pierre disfrutaba comprándole ropas. que aparecían y desaparecían detrás de las cortinas. Le gustaba ver por los resquicios de las cortinas mal cerradas. para que se apropiara del traje tanto como se había apropiado de su cuerpo. que le apretara el escote. quería encerrarse en la habitación. Se llevó una gran sorpresa cuando. pues. La misma ansiedad que parecía haber sentido por ponerse el traje. —Sí —dijo ella. Pensaba que. Jean hubiera debido prever lo que ocurriría entre Pierre y Jeanette en su ausencia. dilo. las medias. se daría cuenta de que estoy gozando y eso le dolería. haciéndole sentir su vehemente vitalidad. ¿No es hermoso? Y sacaba los pechos provocativamente. pues siempre me está diciendo: «Si te gusta. pues. habla. no caía en los brazos de Pierre. Su deseo había muerto dentro de ella. de piernas. cara a los vestuarios. En cuanto entraban en el taxi quería que tocara el género. Llevaba los zapatos de tacón alto.

no se daría cuenta. el arco de su cuerpo tendido levantándose. La atormentaba. pero no pudo tocarle las bragas. En medio de esta mezcolanza de dureza y blandura.» Jeanette se arrojó a la cama y se puso histérica. se detuvo. Pierre admiraba su ligereza. pero no lo hizo. Ella seguía enfadada. Pero siguió sin entregarle el pene. para dejar el piso. Quería enseñarle todos los pasos que sabía. de frialdad y calor. El pelo caía sobre el vientre de Jeanette y la acariciaba. de sus botones contra los blandos pechos. Siguió masajeándolo. de los zapatos contra los pies desnudos. Quería librarse de ella. el roce de su traje rugoso contra la piel de ella. si al menos le besaba el pene. De manera que la rechazó y los dejó solos. Se puso a hacer las maletas y a vestirse. enfadado de quedarse sin la última recompensa y enfadado de que prefiriera a Jean. Ella miraba fijamente. un pájaro cautivo que trataba de saltar hacia ella. La lucha era agradable. esperando el placer que él le proporcionaría. a veces toda la mano. utilizando a veces sólo dos dedos alrededor de la punta. y Jeanette presenciaba cada contracción y cada expansión. La mano izquierda alcanzó uno de los pechos. Estaba totalmente sometida al conjuro de los dedos de Pierre. el pene de Pierre. Y entonces le sobrecogió el diabólico deseo de hacerle daño. fue como si ¡a Escaneado por PRETENDER – Corregido por Mara Adilén Página 66 . Sólo le insertó un dedo. tenía la sensación de que. Cuando al fin el pene erecto rozó el punto blando de su cuerpo. disfrutando furiosamente con sus propios movimientos. desnuda y con las bragas. Jeanette salió de un salto del cuarto de Pierre y fue corriendo a recibirlo. Y en aquel momento oyeron entrar a Jean. Era como si tuviese en la mano un pájaro palpitante. que la había seguido. aunque entrara Pierre. la forma de aplastar la cara contra la almohada para no seguir viendo cómo Pierre se acariciaba. En cuanto percibía el ritmo del placer. Cuando hubo movido el dedo y Jeanette pedía ser satisfecha y se retorcía de excitación. Acercó la cara. Y él se dio cuenta. Aunque le palpitaba la entrepierna. Le arrancó las bragas.ANAÏS NIN Pájaros de Fuego Al cabo de un momento Pierre intentaba cogerla. Pierre le cerró el camino. Tal como estaba. Le mantenía las piernas bien abiertas. Ante su cara de asombro. pero que Pierre retenía en nombre de su exclusivo placer. En lugar de eso. paraba. como si dijera: «No te necesito. Jeanette no se daría cuenta. Pero él aún tenía fresco el enfado de que hubiera salido de la habitación para ir al encuentro de Jean. Ahora Pierre sabía que. dejando al descubierto su jugosidad. pero sin permitirle alcanzar el placer. Jeanette percibió por primera vez al maestro que había en Pierre. entre murmullos sofocados. Sólo le permitió quitarle las medias y los zapatos. Pierre la dejó arrodillarse. Pierre intentó calmarla. todo excitaba aún más a Pierre. Entonces Jeanette se volvió hacia Pierre. enterró la cara entre las piernas de la mujer. La boca de Pierre recogía la espuma fresca de la entrepierna de Jeanette. Aunque Jean le hiciera el amor. Parecía a punto de ofrecer el pene a la boca de Jeanette. cogió el pene erecto y lo estuvo acariciando. Jean comprendió. Esta vez la poseería a cualquier precio. pero no sentía ningún deseo por Jeanette. Jeanette yacía casi desmayada. rigidez y complacencia. Sólo consiguió soltarle el sostén y de nuevo escapó de sus brazos y se puso a bailar. Sus gestos desenfrenados. Quería desnudarla. Jeanette cayó de espaldas y se fue poco a poco apaciguando. Jeanette se puso de rodillas. fascinada. satisfaría su deseo. la arrastró a su cuarto y la tiró sobre la cama. Luego vio a Pierre. Jean la vio lanzándose a sus brazos. procurándose todo el placer que eso le daba. La cogió al pasar.

ANAÏS NIN Pájaros de Fuego quemara. y Jeanette tembló. F FIIN N Escaneado por PRETENDER – Corregido por Mara Adilén Página 67 . Pierre nunca le había visto el cuerpo tan abandonado. Jeanette floreció bajo sus caricias. sino la mujer que acababa de nacer. pero no ya la jovencita. tan inconsciente de todo 'o que no fuera el deseo de ser tomada y satisfecha.