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Del Porfiriato al CarDenismo.

Aspectos de la Historia Moderna de Guanajuato

César Federico Macías Cervantes Coordinador

Coordinador general de la Comisión Estatal para la Organización de la Conmemoración del Bicentenario del
Coordinador general de la Comisión Estatal para la Organización de la Conmemoración del Bicentenario del
Coordinador general de la Comisión Estatal para la Organización de la Conmemoración del Bicentenario del

Coordinador general de la Comisión Estatal para la Organización de la Conmemoración del Bicentenario del inicio del movimiento de Independencia Nacional y del Centenario del inicio de la Revolución Mexicana del Gobierno del Estado de Guanajuato. José Gerardo Mosqueda Martínez

Secretario Técnico Raúl Herrera Vega
Secretario Técnico
Raúl Herrera Vega
Coordinadora de publicaciones Margarita Díaz Abrego
Coordinadora de publicaciones
Margarita Díaz Abrego

Comité Editorial Luis Miguel Rionda Ramírez Armando Sandoval Pierres Benjamín Valdivia Magdaleno José Eduardo Vidaurri Aréchiga

Luis Miguel Rionda Ramírez Armando Sandoval Pierres Benjamín Valdivia Magdaleno José Eduardo Vidaurri Aréchiga

Del Porfiriato al CarDenismo.

Aspectos de la Historia Moderna de Guanajuato

César Federico Macías Cervantes Coordinador

de Guanajuato César Federico Macías Cervantes Coordinador Comisión Estatal para la Organización de la Conmemoración

Comisión Estatal para la Organización de la Conmemoración del Bicentenario del inicio del movimiento de Independencia Nacional y del Centenario del inicio de la Revolución Mexicana

ColeCCión PartiCiPaCión

Guanajuato

2009

Del Porfiriato al Cardenismo. Aspectos de la Historia Moderna de Guanajuato. Primera edición, 2009

D.R. © Gobierno del Estado de Guanajuato Paseo de la Presa Núm. 103, zona centro, CP 36000 Guanajuato, Guanajuato, México.

D.R. © Universidad de Guanajuato Lascuráin de Retana núm. 5, zona centro, CP 36000 Guanajuato, Guanajuato, México.

Cuidado de la edición: Rubén Alfonso López Márquez y Pastor Ortíz Pérez Diseño editorial: Betsabé Lorelay Muñoz Arbaiza

ISBN: 978-607-7789-15-4

Impreso y hecho en México

Del Porfiriato al CarDenismo.

Aspectos de la Historia Moderna de Guanajuato

ÍnDiCe

introduCCión

13

Por principio

21

CaPítulo i Semblanza general del eStado de guanajuato entre 1876 y 1940. CéSar FederiCo maCíaS CervanteS.

23

1. El gobierno y la administración pública

23

2. Las comunicaciones y la economía

37

3. La distribución de la población

47

4. La educación

51

5. Diversiones y vida cotidiana

53

6. Los servicios urbanos

61

De un lado a otro

73

CaPítulo II la introduCCión del FerroCarril en la Ciudad de guanajuato, 1877-1908. amor mildred eSCalante.

75

1. Introducción

75

2. La llegada del ferrocarril a México

76

3. Construcción del ferrocarril en Guanajuato

81

4. Establecimiento de la compañía del Ferrocarril Central en Guanajuato

93

5. Consecuencias de la introducción del ferrocarril a Guanajuato

102

6. Conclusiones

112

Entre el inmenso mar de lo cotidiano

121

CaPítulo III guanajuato, una Ciudad a la moda. veróniCa Chávez hernández.

123

1. La sociedad guanajuatense

124

2. Guanajuato y las ideas de modernidad

128

3. La moda en el Porfiriato

136

4. Las fiestas y los eventos sociales

141

CaPítulo IV loS PrimeroS añoS del Cine en la Ciudad de guanajuato (1896 - 1932). demián aragón garCía

155

1. Preliminares

155

2. Las diversiones pre-cinematográficas en la ciudad de Guanajuato

156

3. Diversiones paralelas al cine en la ciudad de Guanajuato.

161

4. Llegada del cinematógrafo a la ciudad de Guanajuato

164

5. El cinematógrafo en el periodo revolucionario

173

6. La consolidación del cine como forma de diversión en la ciudad de Guanajuato (1916-1932)

176

Político y social

193

CaPítulo V CambioS SoCialeS generadoS a Partir del movimiento CriStero de 1926-1929, en la Ciudad de Silao, guanajuato. araCeli velázquez mata.

195

1. Introducción

195

2. Antecedentes

197

3. ¿Qué cuentan los silaoenses de aquellos años…1900-1937?

200

4. El reparto agrario y sus seguidores

209

5. La lucha por la defensa de la fe católica

214

6. Conclusiones

228

CaPítulo VI PreSidenCia muniCiPal de miguel herrera arizmendi (933-1934). roCío tovar hernández.

241

1. Biografía

241

2. Aspectos generales de la administración de Miguel Herrera

243

CaPítulo VII CardeniSmo y SinarquiSmo en león 1934-1940. mariSol moCtezuma rodríguez.

267

1. El Cardenismo

268

2. Educación socialista

271

3. Reforma Agraria

281

4.

Sector obrero

286

5. Grupos sociales

291

6. El Sinarquismo en el escenario leonés. 1934-1940

299

7. Posturas del gobierno municipal ante las acciones del régimen Cardenista y del Sinarquismo

313

De pesos y tostones

329

CaPítulo VIII boCeto de un SiStema FinanCiero moderno: el banCo de guanajuato,

1900-1917. moiSéS gámez.

331

1. Sistema financiero informal

331

2. Gestación y agentes socioeconómicos del Banco de Guanajuato.

335

3. Redes económicas, grupos empresariales y diversificación económica

345

4. Trayectoria de la banca guanajuatense en los primeros años

354

5. La Revolución y la banca

362

6. Conclusiones

368

CaPítulo IX el Crédito Como vía Para la modernizaCión agríCola en méxiCo:

el CaSo del bajío (1908-1926). luz antonia miranda Félix

387

1. El contexto

388

2. La estrategia

392

3. Los resultados

398

4. Reflexiones finales

438

introDuCCión

E n 1998, en la entonces Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Guanajuato, un pequeño grupo de jóvenes estudiantes me propuso que

trabajáramos un seminario de estudios sobre el estado de Guanajuato; así nació el Seminario de Historia Social, mismo que en forma continua ha venido funcionando, aunque con renovados participantes, hasta el día de hoy.

Sin lugar a dudas, una de las labores permanentes en el seminario es la reflexión sobre aquello a lo que nos referimos cuando denominamos historia social. Como lo señaló ya hace tres décadas Ciro Cardoso, la historia social se ha centrado en temas como “movimientos sociales” (obreros y campesinos), en análisis demográficos, en estudios de élites, en disertaciones sobre grupos marginales (o marginados) como mujeres, pobres, o sociedades colonizadas y “sin historia”; y ha transitado un camino que toca desde “lo económico” hasta “lo cultural”. No se puede perder de vista que esta historia social surge como una especie de alternativa (a veces contrapuesta) a la tradicional historia de bronce. En la búsqueda de una historia que ya no nos hable solo de los héroes que se han merecido estatuas, placas y pedestales, se han ensayado alternativas temáticas y de fuentes, además de alternativas teóricas y metodológicas.

La historia no debe ser tanto descriptiva como comprensiva y ni siquiera comprensiva de los grandes hombres (o no nada más de ellos); como lo planteó Febvre hace cerca de medio siglo: la historia debe de llevarnos a comprender al ser humano, a sus sociedades y su devenir.

del PorFiriato al CardeniSmo. aSPeCtoS de la hiStoria moderna de guanajuato

En este último sentido, la historia social se ha ido apartando gradualmente de los temas iniciales de su identificación y cada vez se ha acercado más a lo cultural al grado de que se ha acuñado incluso el concepto de “historia social y cultural”. Aunque no debemos perder de vista que la historia cultural ha creado su propia especificidad y ha atendido a temas y construcciones conceptuales tan variados como la locura, la brujería y la herejía, la alcoba, el amor, la muerte, la vida privada, o el infierno, por mencionar algunos.

Tampoco hay que perder de vista que, como señaló Chartier al declinar el segundo milenio, en la medida que se ha adentrado en “lo cultural”, también se ha generado una discusión sobre si hablamos de lo mismo cuando mencionamos la historia intelectual, la historia de las mentalidades, la de las ideas o la cultural.

Sumándose a todo lo anterior, hay que tomar en cuenta las posturas que nos advierten que aquello que ha sido llamado “lo político” o “lo económico”, no ocurre fuera de la sociedad y tanto lo político como lo económico se efectúan en función de las necesidades de la sociedad o las sociedades; de tal forma, los estudios sociales (la historia social), como lo propuso un día Norbert Elias, deberían de ser menos analíticos y más sintéticos, más comprensivos, de modo tal que un estudio de este tipo nos permitiera entender los procesos de una sociedad, no como fenómenos aislados sino claramente estructurados –o articulados, si así se prefiere.

Así, los estudios de historia social hoy día han empezado a apuntar a la posibilidad de que cualquier tema sea susceptible del estudio histórico a condición de que estos temas se erijan como una suerte de miradores que permitan observar a la sociedad en términos amplios.

Es claro que en las labores del seminario no llegamos aún a la etapa sintética. Lo que se ha logrado de algún modo es que los estudios que surgen de este espacio apunten a dar visiones articuladas de los fenómenos particulares que se abordan, entendiendo que cualquier fenómeno ocurrido dentro de la sociedad tiene enlaces de los cordones que durante un siglo o siglo y medio hemos clasificado aisladamente como políticos, económicos, culturales, religiosos, educativos, etcétera.

Vale señalar que desafortunadamente no contamos en este volumen con trabajos de todas las personas que han sido parte del seminario; pero normalmente todo infortunio se compensa y en este caso hemos podido contar con los trabajos de tres colegas que también centran su interés de investigación en el mismo periodo que nosotros y aún en cierta forma comparten varias de nuestras posturas teórico metodológicas respecto a la historia.

No está de más decir que no abundan en historiografía, los trabajos publicados que aborden el tiempo y el espacio que nosotros hemos venido trabajando.

Con este trabajo que ahora ve la luz, tanto investigadores locales como externos, así como todos aquellos interesados en el conocimiento de nuestra historia, podrán darse cuenta de que a pesar de las dificultades para sostener institucionalmente los espacios académicos que aporten a nuestra introspección histórica, estos han venido existiendo y produciendo.

Los trabajos que aquí se presentan son casi en su totalidad resúmenes de investigaciones más amplias (que por supuesto también son consultables en sus versiones extensas) realizadas en los últimos años por la más nueva generación de historiadores guanajuatenses, con quienes he tenido un gusto enorme en trabajar y de quienes he aprendido también.

Es claro, como lo indica el título, que no pretendemos hacer una gran suma histórica del periodo, apenas presentamos algunos aspectos de esta historia y ni siquiera son temas seriados ni abarcan la totalidad del espacio guanajuatense, aunque afortunadamente tampoco se concentran en una visión desde el núcleo del poder político.

En estos años y a través de estas investigaciones hemos podido explorar y trabajar con una amplia gama de fuentes y de ello se da fe en los respectivos trabajos. Estamos convencidos de que la historia de Guanajuato se investiga tanto desde afuera de nuestros límites geográficos como desde los diversos rincones de su geografía y de hecho una labor continua es pensar en su regionalización. En este último aspecto existen diferentes criterios históricos y de geografía (física, económica, política y humana), no presentamos a ninguno de ellos como el ‘adecuado’ y al contrario se

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presentan varias de las consideraciones que se han tenido respecto a la regionalización guanajuatense.

Losarchivosalosquehemosvenidorecurriendosonvariadosyafortunadamente, cada día hay más archivos en condiciones de ser consultados; entre los repositorios públicos de los que nos hemos nutrido podemos señalar: Archivo de la Casa Jurídica de Guanajuato, Archivo General del Estado de Guanajuato, Archivo General Histórico de Acámbaro, Guanajuato, Archivo General del Municipio de Allende, Archivo General de la Nación, Archivo Histórico del Agua, Archivo Histórico del Estado de San Luis Potosí, Archivo Histórico de Guanajuato, Archivo Histórico Municipal de Irapuato, Archivo Histórico Municipal de León, Archivo Histórico Municipal de Silao, Archivo Lucio Marmolejo, Archivo del Sector Agrario de Guanajuato.

También fondos públicos de consulta que han enriquecido nuestras investigaciones son: Biblioteca Armando Olivares de la Universidad de Guanajuato, Biblioteca Pública de San Miguel de Allende, Biblioteca Dr. Juan Pérez Vela Muñoz del Comité Estatal del PRI Guanajuato, Biblioteca Wigberto Jiménez Moreno (León, Gto.) el Centro de Documentación e Investigación Ferroviaria, la Fototeca Romualdo García del Museo de la Alhóndiga de Granaditas, la Fototeca Nacional, la Hemeroteca Nacional y el Laboratorio de Historia Oral de la Universidad de Guanajuato.

Dentro de nuestras labores también hemos podido recurrir directamente a las charlas y testimonios de diferentes personajes de León, Silao, Guanajuato, Irapuato y Acámbaro que nos han enriquecido con sus memorias o que nos han permitido materiales impresos (fotografías, revistas, recortes o colecciones de periódicos y libros) que nos han resultado sumamente valiosos; así mismo, hemos rescatado el valor de una sencilla y muchas veces silenciosa producción historiográfica local a cargo de cronistas que no por carecer de formación profesional en la historia demeritan en el resultado de sus investigaciones.

Los años ochenta y noventa del siglo XX nos dejaron la traducción al español de cuatro obras fundamentales para comprender y replantear lo que significó la Revolución Mexicana. Las obras de Alan Knight, François Xavier Guerra, John M. Hart y Hans Werner Tobler nos dejaron ver la utilidad de hacer un recuento analítico del Porfiriato para poder explicar ese complejo socio-histórico al que llamamos la Revolución.

Desde luego que no pretendemos equiparar esta obra con las de los autores referidos, pero estamos convencidos de que el Porfiriato y la Revolución constituyen una entidad de estudio que resulta de las políticas y tendencias que se promovieron en México durante el siglo XIX. El Porfiriato y la Revolución, juntos, son el puente entre el siglo XIX y el siglo XX mexicanos y en este volumen pretendemos desentrañar algunos procesos socio-históricos de este puente en el escenario del estado de Guanajuato.

Ni el Porfiriato ni la Revolución en Guanajuato fueron como la historiografía general y oficial pinta para México. No somos Chihuahua, Coahuila o Morelos; por ello los matices de nuestra historiografía y también quizá, nuestro volumen casi no contenga balas ni peones acasillados, pero sí tiene procesos y dinámicas agrícolas, ajustes políticos, confrontaciones por razones religiosas; incluye interpretaciones diferenciadas del nacionalismo, refiere modernización y tensiones (pero aceptaciones también) derivadas de la misma, tiene historias de carne y hueso ocurridas en las calles, en los campos, en los centros de recreación, en los almacenes, en los talleres.

Curiosamente, una de las principales efemérides de la historiografía de bronce nacional, el centésimo aniversario del inicio de la Revolución Mexicana, ha sido el pretexto que vino a ayudar a abrir las puertas para que este volumen viera la luz. El Comité Editorial de la Secretaría Técnica de la Comisión Estatal para la Organización de la Conmemoración del Bicentenario del inicio de la Independencia Nacional y el Centenario del inicio de la Revolución Mexicana vio con agrado la posibilidad de publicar este volumen que da cuenta lo ocurrido en el estado de Guanajuato más allá de la efemérides.

En el primer capítulo, a cargo de quien escribe estas líneas, encontramos una descripción general de lo ocurrido en diferentes esferas de la vida pública guanajuatense entre 1876 y 1940. Lo ocurrido en la política, en la economía, en la modernización de servicios, en cuanto a diversiones y uso de tiempo libre, es referido en forma apretada pero ilustrativa; en todo caso la intención de las líneas de ese apartado es formar una descripción contextual para los capítulos subsecuentes.

El segundo capítulo, a cargo de Mildred Escalante, trata sobre uno de los elementos que más abonaron a la idea de modernización durante el Porfiriato: el ferrocarril; siendo su intención dar cuenta de la introducción del entonces moderno

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medio de comunicación a la ciudad de Guanajuato, no deja de describir y analizar el proceso que implicó la introducción del ferrocarril en el estado de Guanajuato, sus ventajas, sus contratiempos, los capitalistas involucrados. También refiere los impactos (positivos y negativos) que la instalación de los caminos de hierro y su operación trajeron para los guanajuatenses.

El tercer capítulo nos habla de un aspecto que pudiera parecer frívolo pero que se convierte en una interesante línea explicativa de actitudes y procedimientos de la élite porfiriana: la moda. Verónica Chávez ha atendido el tema recurriendo a variadas fuentes que en algunos casos, apenas empiezan a ser abordadas, lo que ha revestido una dificultad adicional en un tema que normalmente no deja huella en los espacios comunes para la indagación histórica. La sociedad de la capital del estado, su élite, las ideas de modernidad y las fiestas son temas que se recrean en las líneas de este apartado.

Demián Aragón nos habla del establecimiento y consolidación de las actividades cinematográficas en la capital del Estado. Cinéfilo declarado, el autor nos da cuenta de la llegada de diferentes aparatos y tecnologías de proyección de imágenes y de la consolidación de una de las opciones: el cinematógrafo. Nos refiere también del potencial del cine como documento para la investigación histórica y analiza el esquema general de diversiones en la capital del estado, sin dejar de perder de vista que también hubo un sector de la sociedad que por diversas circunstancias no estaba conforme con el cine.

El capítulo cinco aborda el infaltable tema de los cristeros, toda vez que el estado de Guanajuato se convirtió en uno de los escenarios de esta lucha regional. Tomando en cuenta el punto de vista tanto de los cristeros como de los agraristas, Araceli Velázquez nos refiere el caso del municipio de Silao, iniciando con una descripción del municipio hacia los primeros años del siglo XX para luego dar cuenta de los procesos de la formación del agrarismo y del movimiento por la defensa de la fe católica en este territorio, lo que va conformando, entretejida, su línea explicativa.

Rocío Tovar, en su trabajo sobre la gestión de Miguel Herrera al frente del Ayuntamiento de San Miguel Allende, nos abre las puertas para ver en carne y hueso la operatividad de la Revolución en su intento de institucionalizarse; da cuenta de cómo

ocurrían, lejos del discurso, el reparto agrario, la aplicación de medidas de protección para los trabajadores, la reforma educativa, las campañas de higiene, los intentos de regular las actividades del clero. La autora refiere vicisitudes varias y casi rutinarias de una administración municipal: policía, limpia, recaudaciones, mercados, etcétera.

En el séptimo apartado, Marisol Moctezuma nos ofrece Cardenismo y Sinarquismo en León. La acción y la reacción. La autora tiene también el tino de ofrecer los planteamientos, posturas y razones de dos movimientos que presentan posiciones antagónicas, mismas que no fueron exclusivas del estado de Guanajuato pero que si tuvieron en León uno de sus teatros más intensos, al punto de ser esta ciudad guanajuatense la cuna del Sinarquismo. No deja de ser interesante la inclusión de la postura de las autoridades locales en este conflicto que involucraba a la población de la ciudad en confrontación con los gobiernos federal y estatal.

En el siguiente capítulo, nuestro colega Moisés Gámez estudia el proceso de la banca guanajuatense durante el Porfiriato y el periodo armado de la Revolución; tomando como eje la cartera accionaria del Banco de Guanajuato reflexiona sobre las redes sociales (familiares y de otros niveles) que sostuvieron a este proyecto. Necesariamente, salen a la luz las relaciones del capital, que van más allá de los límites de nuestra geografía, mostrando sus enlaces en el centro norte y occidente de nuestro país y aún las participaciones de capitalistas extranjeros; pero también se muestran los enlaces de diferentes actividades económicas como la minería y el comercio.

El capítulo que cierra este volumen fue elaborado por Luz Antonia Miranda Félix para hablarnos de uno de los mecanismos de financiamiento que tuvieron las haciendas y los ranchos del bajío: la Caja de Préstamos para Obras de Irrigación y Fomento a la Agricultura. Por principio se nos plantea la circunstancia de la tenencia y uso de la tierra agrícola en el Bajío para posteriormente describir la trayectoria de una instancia financiera establecida por el gobierno porfirista, pero que siguió laborando aún después de la fase armada de la Revolución; finalmente la autora nos da cuenta de tres casos en distintos puntos de la geografía guanajuatense para describir y analizar el crédito financiero para las empresas rurales.

Sin duda quedan muchos temas pendientes y muchas palabras por decir. No pretendemos ser del todo concluyentes por que las nuestras, a pesar del momento,

del PorFiriato al CardeniSmo. aSPeCtoS de la hiStoria moderna de guanajuato

son apenas algunas de las primeras palabras, son una propuesta de diálogo temático que lanzamos a otros estudiosos (profesionales o no) de la historia guanajuatense en su etapa moderna. Los que hemos participado en este libro estamos seguros de que las mejores palabras aún están por venir, ya que estamos convencidos de que no hay mejor forma de conocernos y de superarnos que a través un concienzuda visión de lo que hemos venido siendo. ¡Buena Lectura!

César Federico Macías Cervantes Junio de 2009

Por PrinCiPio

CaPÍtulo i semblanza general Del estaDo De guanajuato entre

1876 y 1940. 1

César Federico Macías Cervantes

1. el gobierno y la aDministraCión PúbliCa

El 23 de noviembre de 1876, el general Porfirio Díaz Mori entró triunfante a la ciudad de México en medio del conflicto político desatado por la sucesión presidencial y agravado con el lanzamiento del Plan de Tuxtepec, que impulsaba a la figura del propio Díaz.

Fueron tres los bandos contendientes de ese momento, encabezados respectivamente por el entonces presidente Sebastián Lerdo de Tejada, el abogado José María Iglesias y el general Díaz. Tras el triunfo militar de Díaz sobre sus dos contendientes las cosas fueron retornando a la calma y el 2 de abril de 1877, Porfirio Díaz asumía formalmente la titularidad del poder ejecutivo en México.

1 Este apartado se construye como una especie de resumen de una serie de investigaciones que he venido realizando desde hace varios años en la Universidad de Guanajuato y la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, de los que destacan: A) Subproyecto “Historia social del estado de Guanajuato 1940-1960”, financiada por el proyecto de Historia General del Estado de Guanajuato, Centro de Investigaciones Humanísticas, UG. B) “La actuación notarial en el estado de Guanajuato 1887-1934”, financiada por la Dirección de Registros Públicos y Notarías de la Secretaría General de Gobierno del estado de Guanajuato. C) “Practicas deportivas y diversiones en Guanajuato entre 1920 y 1960, una propuesta de historia sociocultural”, financiada por el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología. D) Seminario permanente de Historia Social, financiado por los Programas Operativos Anuales de la extinta Facultad de Filosofía y Letras de la UG, actualmente Departamento de Historia de la División de Ciencias Sociales y Humanidades de la Universidad de Guanajuato.

del PorFiriato al CardeniSmo. aSPeCtoS de la hiStoria moderna de guanajuato

En términos políticos, la élite gobernante en Guanajuato tuvo una mala jugada en la pugna por la sucesión presidencial de 1876, ya que apoyaron a José María Iglesias, quien se fortificó en Salamanca con malos resultados. Como se dijo, el triunfador en el conflicto sucesorio fue el general Porfirio Díaz y éste mantuvo una posición un tanto distante, pero de control, con la élite del estado; tal fue la tesitura que llevó al tamaulipeco Manuel González –tras los periodos de gobierno de Francisco Z. Mena y Manuel Muñoz Ledo— a ser el triunfador en tres elecciones sucesivas para la gubernatura de Guanajuato. Sólo la muerte de Manuel González permitió una renovación efectiva del gobierno estatal, cuya titularidad recayó en el abogado guanajuatense Joaquín Obregón González, quien continuaría gobernando hasta 1911.

Durante el Porfiriato fue vigente en el estado de Guanajuato la Constitución promulgada en 1861; en ella se indicaba la estructura política de gobierno en el estado de Guanajuato, que consideraba la división de poderes en Ejecutivo, Legislativo (compuesto por 11 miembros) y Judicial. La geografía política del estado hacia 1900 consideraba la existencia de 45 municipios agrupados en 33 distritos 2 .

Se debe aclarar que los municipios existentes en aquellos tiempos no eran los mismos que hoy día, había distintos tipos de diferencias. La más sencilla era la que implicaba básicamente solo un cambio de nombre: lo que hoy es San Felipe, Ciudad Manuel Doblado y Santa Cruz de Juventino Rosas antiguamente se denominaba Ciudad González, Piedra Gorda y Santa Cruz, respectivamente. Pero también existían municipios que hoy día ya no son vigentes así ocurre con Ciudad Porfirio Díaz y La Luz, ambos con cabecera en poblaciones mineras con los mismos nombres; en el caso de Ciudad Porfirio Díaz, esta era lo que actualmente se conoce como el poblado de Pozos, cercano a San Luis de la Paz; por lo que respecta a la Luz, se trata del poblado que aún conserva el mismo nombre dentro del municipio de Guanajuato, rumbo al cerro del Cubilete pero ya sin la categoría de municipio. En las diferencias también hay que señalar que en aquellos años no se erigían aún algunas de las actuales

2 Francisco Meyer (1994) indica que eran 32 distritos; mientras que Mónica Blanco (1995) indica que fueron 33. Blanco hace la aclaración de que los datos censales (mismos en los que se basa Meyer) señalan en efecto 32 distritos, pero que toda la información oficial del Archivo General del Estado de Guanajuato (AGEG) refiere a Xichú como distrito independiente de Victoria, por lo que ella acepta que de hecho eran 33 distritos.

Semblanza general del eStado de guanajuato entre 1876 y 1940

municipalidades como Apaseo el Alto o Doctor Mora.

Distritos

La lista de municipios y distritos existente hacia el Porfiriato es la que sigue 3 :

Municipios comprendidos

 

Abasolo

Abasolo

Huanímaro

 

Acámbaro

Acámbaro

Tarandacuao

 

Ciudad González

Ciudad González

Ocampo

 

Iturbide

Iturbide

Santa Catarina

Atarjea

Tierra Blanca

Jerécuaro

Jerécuaro

Coroneo

Pénjamo

Pénjamo

Cuerámaro

Salamanca

Salamanca

Pueblo Nuevo

Salvatierra

Salvatierra

Santiago Maravatío

Va lle de Santiago

Va lle de Santiago

Jaral

Yu ri ri a

Yu ri ri a

Uriangato

Allende

Allende

Apaseo

Apaseo

Celaya

Celaya

Comonfort

Comonfort

Cortazar

Cortazar

Dolores Hidalgo

Dolores Hidalgo

Guanajuato

Guanajuato

Irapuato

Irapuato

La Luz

La Luz

León

León

Moroleón

Moroleón

Piedra Gorda

Piedra Gorda

Purísima del Rincón

Purísima del Rincón

Porfirio Díaz

Porfirio Díaz

Romita

Romita

San Diego de la Unión

San Diego de la Unión

San Francisco del Rincón

San Francisco del Rincón

San Luis de la Paz

San Luis de la Paz

Santa Cruz

Santa Cruz

Silao

Silao

Tarimoro

Tarimoro

Victoria

Victoria

Xichú

Xichú

3 Formada a partir de Blanco, 1995: 137 y 138 y Meyer, 1994: 155 y 156

del PorFiriato al CardeniSmo. aSPeCtoS de la hiStoria moderna de guanajuato

Hay que señalar, desde luego, que esta división administrativa del territorio guanajuatense era para ese momento relativamente reciente a pesar de que de algún modo desde la Constitución de 1861 se encaminaba a ella.

El problema radicaba en que antes de esta Constitución, el estado de Guanajuato se dividía en Departamentos (4), Partidos (17) y Municipalidades; la Constitución del 61 eliminó los Departamentos, manteniendo la figura de Partidos y Municipios pero en 1870 se retornó al esquema anterior; en 1881 se regresó al esquema de Partidos y Municipalidades y tan sólo cuatro años después, en 1885, volvieron a establecerse los Departamentos. Fue hasta 1891, con las reformas a la Constitución y la promulgación de la Ley Orgánica de Jefaturas Políticas, que se adoptó en forma estable el esquema correspondiente al cuadro anterior, de Distritos (figura que sustituía a los Partidos) y Municipios (Blanco, 1995:40-43).

Si toda la rebatinga entre los partidarios de los dos esquemas administrativos que se acaban de mencionar se solucionó en buena medida con la promulgación de una ley específica sobre las jefaturas políticas, no fue por otra cosa que por la importancia implícita en esta figura de jefe político, existente desde el virreinato.

El jefe político a partir de la independencia (para el caso de Guanajuato desde la constitución de 1826) era un asistente directo del gobernador (y en algunos casos del presidente de la República), pagado por el gobierno del estado y que tenía funciones de eslabón político y administrativo entre los municipios y el gobierno estatal. Los jefes políticos también eran los responsables directos de las fuerzas del orden público

y en el caso del estado de Guanajuato, tras la ley de 1891, se convirtieron en presidentes de los ayuntamientos donde radicaban, siendo que había un jefe por distrito. En los casos de las poblaciones donde no era cabecera de distrito, pero sí municipio, el jefe político podía nombrar un “jefe político auxiliar”, o “teniente”, además podía establecer representantes en villas, haciendas, ranchos, pueblos, etcétera (Blanco,

1995:40-43).

Los reacomodos y movimientos políticos que vio el país en general a partir de

que Francisco I. Madero soltara al tigre revolucionario se vieron también en Guanajuato

a partir del 4 de mayo de 1911, cuando Enrique Aranda tomó el puesto de gobernador,

Semblanza general del eStado de guanajuato entre 1876 y 1940

hasta entonces detentado como se decía líneas atrás, por Joaquín Obregón. Para el caso de Guanajuato la agitación que acompañó al Maderismo resultó más bien marginal en el campo y con más proyección en las ciudades. De los grupos que tomaron las armas, aunque sin tener mayor éxito militar, se hizo famoso el encabezado por Cándido Navarro, aunque también estuvieron los grupos que tuvieron como líderes a Bonifacio Soto y Francisco Franco. Los tres grupos no planteaban reivindicación social alguna, más bien a este tipo de acción armada “cabe vérsela como una forma más de lucha por el poder político” (Blanco, 1995:126). En las ciudades, en cambio, se pudo ver una mayor agitación ante la tesitura del debilitamiento de la estructura de control ejercida por el régimen y personificada en los jefes políticos; así como ante la expectativa de un cambio en los grupos detentadores de los puestos políticos.

Con la llegada al poder de Enrique Aranda se inició una etapa de sorprendente inestabilidad política, ya que fuera de los ejercicios gubernamentales de Agustín Arroyo Ch. (septiembre de 1927 a septiembre de 1931) y el segundo de Enrique Fernández Martínez (septiembre de1939 a septiembre de 1943) no hubo quien concluyera un periodo normal de gobierno hasta que José Aguilar y Maya, quien inició su periodo de gobierno en septiembre de 1949, pudo entregar en forma normal el mando a Jesús Rodríguez Gaona en septiembre de 1955. (Álvarez, 1987: VI-3595 y 3596).

Por supuesto que en el inicio de dicha inestabilidad mucho tuvo que ver la fragilidad misma del gobierno federal, representada por los cambios de mando entre 1911 y 1920, cuando maderistas, huertistas, antihuertistas, constitucionalistas, convencionistas, carrancistas y obregonistas se disputaron el control político del país.

Sin embargo, la inestabilidad social fue relativamente poca. Los guanajuatenses no participaron mayormente en las rebeliones ni en la conformación de grupos militares adherentes a cualquiera de las causas enunciadas. La etapa de mayor agitación armada ocurrió precisamente durante el gobierno maderista, representado en Guanajuato por Enrique O. Aranda, Juan B. Castelazo y Víctor José Lizardi. Fue en esos meses cuando surgieron las figuras de líderes como Pedro Pesquera, en la zona de Silao, León y San Felipe; Teodoro Barajas en los rumbos de Manuel Doblado, Romita y Cuerámaro; Mauro Pérez, Benito Canales, Refugio Gómez y Simón Beltrán

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en la región de Pénjamo y el noroeste michoacano; Tomás Pantoja y sus hermanos en la región de Valle de Santiago, Yuriria, Uriangato y Moroleón (Blanco, 1995: 110-

111).

Aunque tras estos grupos se podían percibir de algún modo reivindicaciones sociales, no hubo forma de que cristalizaran en un movimiento sólido que derivara en resultados trascendentes.

La llegada de Victoriano Huerta a la presidencia de la República, en 1913, marcó, entre otras cosas, una creciente lucha por reestablecer el orden que el Maderismo había roto en no pocos ámbitos de la vida pública en México. En este marco se procuró la pacificación del territorio nacional y el estado de Guanajuato no fue ajeno a ello. Así que esta etapa del complejo histórico conocido como Revolución Mexicana se caracterizó por la ocupación de las principales ciudades del estado por fuerzas federales; también el gobierno del estado fue ocupado por una figura militar:

Rómulo Cuellar.

El avance de la rebelión constitucionalista contra Huerta trajo también el desalojo (en 1914) de los hombres de Cuellar del territorio guanajuatense desde León y en avance hacia el oriente del estado. Guanajuato siguió siendo prácticamente escenario de confrontaciones entre las diferentes facciones del constitucionalismo triunfante; tal circunstancia hizo que el gobierno del estado quedara entre agosto de 1914 y diciembre de 1916, en forma sucesiva, a cargo de Pablo de la Garza, Pablo Camarena, Abel B. Serratos y José Siurob.

Seguramente que entre los acontecimientos que ocurrieron en el periodo de desavenencia revolucionaria los más trascendentes son las confrontaciones entre constitucionalistas y convencionistas dadas entre abril y junio de 1915, conocidas como las batallas del Bajío. En estas, las fuerzas constitucionalistas a mando de Obregón inflingieron a las fuerzas convencionistas comandadas por Francisco Villa derrotas de las que el conocido como Centauro del Norte ya no se recuperaría jamás; esto marcó el triunfo de los Carrancistas pero también el indudable fortalecimiento de Álvaro Obregón y un amplio grupo en torno a él.

En Celaya, aún con sus dos brazos, Obregón demostró su habilidad militar para

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aprovechar las condiciones del terreno y derrotar a un enemigo hasta entonces invicto; ésta última circunstancia que le había venido dado ventaja anímica y psicológica a la División del Norte de Villa a partir de entonces cambiaría. En las semanas posteriores

y en territorio Guanajuatense aún y a pesar de la pérdida de su brazo el sonorense

Obregón daría muestras de entereza y habilidad para seguir enfrentando a un Villa

que no encontró la forma de rehacerse.

Con el triunfo de los constitucionalistas inició el reacomodo final de las

nuevas élites políticas de Guanajuato. Se empezó, claro está, por el ajuste del marco normativo; en septiembre de 1917 se promulgó una nueva Constitución para el estado de Guanajuato que entraba en consonancia con la nueva Constitución federal

e incluso, en algunos casos se colocaba a la vanguardia social, “resulta relevante

que la constitución estatal otorgó el derecho a votar a las mujeres en las elecciones municipales, adelantándose 38 años a las reformas introducidas en la constitución federal” (Cervera, 2001: 20-21).

Ya en las elecciones de 1917, las primeras en efectuarse desde 1911, se pudo apreciar en el estado de Guanajuato el alineamiento político en dos grandes bandos:

Obregonistas y Carrancistas. El ganador de 1917 fue el carrancista Agustín Alcocer quien tuvo diversos problemas por el manifiesto nepotismo en que incurrió; de hecho, Agustín Alcocer no concluyó formalmente su periodo de gobierno y fue el secretario de gobierno y hermano de Agustín Alcocer, Fernando Alcocer, quien entregó el cargo al nuevo gobernador Federico Montes (Cervera, 2001: 28).

Montes asumió el cargo en septiembre de 1919, también era Carrancista y dejó su cargo para apoyar la campaña presidencial de Ignacio Bonillas.

Hay que señalar que las campañas correspondientes a las elecciones de 1917 y

1919 fueron intensas y que en ambos casos hubo denuncias de fraude por parte de los

obregonistas de Guanajuato; sin embargo en las dos ocasiones la resolución a favor

de los carrancistas resultó inamovible. De tal forma, fue hasta los cambios políticos de

1920 que los obregonistas tuvieron mejor suerte en los procesos electorales.

suplir

temporalmente a Federico Montes, pero la rebelión de Agua Prieta motivó el arribo de

Toribio

Villaseñor

llegó

al

despacho

de

la

gubernatura

para

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Agustín de Ezcurdia al palacio de gobierno. El Plan de Agua Prieta desconocía, entre otras cosas, al gobierno del estado de Guanajuato y al triunfo de dicho movimiento se le reconoció a Antonio Madrazo la victoria en las elecciones de 1919, pero quien asumió en realidad la gubernatura fue la persona que entonces había recibido el nombramiento para la Secretaría de Gobierno: Enrique Colunga. Éste se encargaría de llevar adelante el gobierno en tanto se convocaba a nuevas elecciones, mismas en las que participó por tercera vez Antonio Madrazo, ganando y asumiendo el cargo el 16 de septiembre de 1920. Los simpatizantes del extinto Carranza en Guanajuato quedaron impedidos para participar en esta última contienda electoral ya que la ley respectiva prohibía expresamente la participación en los comicios a quienes se hubieran relacionado directa o indirectamente con el gobierno considerado de imposición (Cervera, 2001: 40) es decir, en los gobiernos de Alcocer y Montes.

De cara a las elecciones de 1923 ocurrió un evento trascendente en la política guanajuatense: los obregonistas decidieron aglutinar a diversos grupos y organizaciones políticas de pequeña envergadura en una sola organización. Esta iniciativa fue promovida por Agustín Arroyo Chagoyán (mejor conocido como Agustín Arroyo Ch.), Enrique Colunga e Ignacio García Téllez, así que con participantes provenientes de Salvatierra, Moroleón, Yuriria, San Felipe, San Luis de la Paz, Pénjamo, León, Comonfort, San Francisco del Rincón, Apaseo el Grande, Valle de Santiago, Salamanca, Cortazar, Guanajuato, Irapuato y Celaya se conformó en enero

la Confederación Liberal de Partidos Guanajuatenses, misma que se registró en junio

de ese mismo año como Confederación de Partidos Revolucionarios Guanajuatenses.

A los miembros de esta confederación se les conoció como “los verdes” por el circulo

verde que usaban como distintivo. (Cervera, 2001: 49 y Rionda: 25)

Durante una década los verdes dominaron sin interrupción la escena política estatal, ya que de este grupo surgieron los gobernadores electos Enrique Colunga, Agustín Arroyo Ch. y Enrique Hernández Álvarez, así como los interinos Ignacio García Téllez, Jesús Soto, Arturo Sierra y Octavio Mendoza.

Pero desde la elección de 1923 se perfiló también la agrupación que un tanto abusivamente ha sido percibida como la antítesis de los verdes: “los rojos” o colorados. En 1923 participó en las elecciones el Gran Partido Popular Arandista Guanajuatense, mismo que ostentaba como distintivo un círculo rojo. El Partido Arandista postulaba

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como su candidato a Manuel Guadalupe Aranda, de filiación maderista-carrancista, aunque con habilidad suficiente para no enemistarse con Obregón. Aranda encontró como uno de sus más entusiastas promotores a un periodista de filiación comunista:

Nicolás Cano (Cervera, 2001).

En 1927 los verdes se enfrentaron a otros rojos, los del partido laborista, ya que los arandistas terminaron por integrarse a los verdes. Los laboristas también adoptaron como distintivo un circulo rojo, pero no tenían otra cosa que ver con los arandistas que el color de logotipo usado. Estos nuevos rojos postularon a Celestino Gasca como su candidato y tampoco pudieron llegar con fuerza a las elecciones de 1931. Pero durante la década de los treinta el grupo de los rojos que sí logró consolidarse fue el de los callistas, encabezados en Guanajuato por Melchor Ortega, quien llegó al palacio de gobierno en 1932 tras de que el presidente Pascual Ortiz Rubio solicitara al Congreso de la Unión la declaración de desaparición de poderes en el estado de Guanajuato en detrimento del grupo de los obregonistas y el entonces gobernador Enrique Hernández Álvarez.

Hay que decir que en realidad, como quedó visto años después con la desaparición de los partidos locales y su integración en un gran partido nacional, entre los verdes y estos últimos rojos no existía mayor diferencia ideológica, como tampoco la había entre obregonistas y callistas.

Por su parte, el conflicto Delahuertista ocurrido de cara a la sucesión presidencial de 1924, no tuvo sus principales escenarios en el estado de Guanajuato; sin embargo, la gente se preocupaba ante los movimientos militares que no podían dejar de darse a lo largo de la red ferroviaria y de ésta principalmente en sus tres nodos guanajuatenses: Irapuato, Acámbaro y Celaya-Comonfort (Empalme Escobedo). Así por ejemplo, en enero de 1924 en la prensa de León se escribía en tono un tanto alarmista: “De hecho, han comenzado los preliminares de la horrible tragedia. Será más sangrienta que la registrada en Otates y La Trinidad [cuando las confrontaciones entre Obregón y Villa]”. 4 La nota se refiere a la concentración de mandos y efectivos militares en Irapuato para avanzar sobre Pénjamo, hacia Zamora y La Piedad en medio del conflicto referido.

4 AHML, El Chisme, Dir. J, Jesús Pérez, León. Gto.,14 de enero de 1924, p. 1

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El ‘delahuertismo’ no tuvo mayor resonancia en el estado de Guanajuato, su principal defensor fue el coronel Miguel Ulloa, jefe del 45º. Regimiento y que, a decir de Rionda Ramírez, ocupó Jalpa; sin embargo, para enero la prensa de la capital del estado reportó:

No hay rebeldes en el estado de Gto. “Al acercarse a Jalpa el general Ramos, huyeron los rebeldes de Ulloa.” “La presencia de grandes contingentes de tropas leales y la actividad desplegada por los jefes de las caballerías volantes han contribuido para que la situación en el estado sea del todo satisfactoria y para que las guerrillas, que en escasísimo número merodeaban en Norte y Poniente de la entidad, abandonaran sus posiciones adentrándose a los estados de Michoacán y Jalisco.” 5

Sin embargo, que la rebelión Delahuertista no hubiera tenido gran resonancia en el estado Guanajuato no quiere decir que no hubiera causado de cualquier modo algunas alteraciones, como la suspensión de las elecciones municipales que debían de efectuarse a mediados de diciembre de 1923 (Rionda: 29).

Se ha referido que a mediados de 1932 nuevamente los acomodos en los grupos políticos nacionales y sus clientelas regionales afectaron la esfera política del estado de Guanajuato; Enrique Hernández Álvarez tuvo que dejar la titularidad del ejecutivo estatal para ser suplido temporalmente por José J. Reynoso

La estancia de Reynoso en el palacio de gobierno estatal fue breve y tuvo la tarea de organizar las cosas para el asentamiento de los rojos callistas; por principio, ajustó a los ayuntamientos dado que también simpatizaban con el grupo desplazado. Así la prensa anunciaba:

Desaparición de presidencias municipales. Desde el día seis de los corrientes [junio de 1932], se hizo una completa remoción de presidentes municipales en todo el estado, siendo sustituidos por representativos de juntas de administración civil.

5 AGEG El noticioso, Dir. Ocampo N. Bolaños, Guanajuato, Gto., 31 de enero de 1924, p. 1.

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Hasta la fecha no hemos recibido los nombres de las personas que se definitivamente ocuparán los cargos de referencia. 6

La segunda actividad de Reynoso fue organizar y posteriormente convocar a elecciones, en las que resultaría electo Melchor Ortega. Para estas fechas la CPRG se había transformado en PRG (Partido Revolucionario Guanajuatense).

A la toma de protesta de Melchor Ortega en septiembre de 1932 asistió el flamante presidente interino Abelardo L. Rodríguez, sellando así simbólicamente el pacto entre el grupo gobernante del país y el grupo gobernante de Guanajuato. Melchor Ortega habría cumplido su periodo sin mayor alteración en su continuidad de no ser por su separación temporal del cargo para desempeñarse al frente del PNR mientras que Manuel Pérez Treviño realizó su infructuosa precampaña.

Ortega transmitió los poderes estatales a Jesús Yáñez Maya el 26 de septiembre de 1935, pero a menos de tres meses de haber asumido Yáñez la gubernatura el senado declaró desaparecidos los poderes en el estado como parte del proceso de purga que Cárdenas operó para librarse de los callistas en el país. De tal suerte, llegaron al gobierno guanajuatense nuevamente los verdes que ahora se identificaban con Cárdenas y Enrique Fernández Martínez ocupó el palacio de gobierno.

Fernández Martínez extendió su interinato tanto como pudo, pero, para finales de 1936, ya empezaban a darse protestas por lo prolongado de éste y la inquietud alcanzaba a la colonia guanajuatense en el Distrito Federal, misma que deseaba ver en el palacio de gobierno del estado al secretario particular del presidente: Luis I Rodríguez (Sánchez Valle, 2006: 40-41).El 5 de julio de 1936, se realizaron elecciones de senadores y resultaron electos, obviamente, los candidatos del PNR, licenciados Ignacio García Téllez y Nicéforo Guerrero. Pero de las elecciones para gobernador seguían postergándose.

Con las presiones encima, Fernández Martínez emitió en noviembre de 1936 la convocatoria para las elecciones de gobernador y diputados que deberían llevarse a cabo en febrero del siguiente año. Efectuadas las elecciones el ganador fue el requerido

6 AGEG, El Noticioso, 12 de junio de 1932, p.1

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Luis I. Rodríguez, candidato del PNR, quien asumió el cargo el 21 de abril de 1937. Sin embargo, Rodríguez no duraría mucho tiempo en el cargo por que el 2 de abril de 1938 fue nuevamente llamado a funciones de nivel federal, al ser electo presidente del Comité Ejecutivo Central del flamante PRM (Sánchez Valle, 2006: 87); tres semanas después el diputado Rafael Rangel era designado gobernador del estado.

Era pleno cardenismo y como se dijo ya anteriormente, las tendencias revolucionarias que privaban en el país se veían ampliamente cuestionadas en territorio guanajuatense; una de las reacciones mejor organizadas tomó cuerpo en la fundación de la Unión Nacional Sinarquista, organización nacionalista de derecha que dio su acta constitutiva en la ciudad de León el 13 de mayo de 1937.

En Julio de 1939, se efectuaron elecciones para renovar el ejecutivo estatal; para este proceso el candidato verde fue Enrique Fernández Martínez quien, como ya se ha mencionado, recientemente había ejercido un prolongado interinato. Fernández Martínez triunfó y tomó posesión el 26 de septiembre de ese mismo año.

Un evento de no poca importancia atravesó el escenario político guanajuatense de la segunda mitad de los años veinte y la década de los treinta: la lucha cristera. El tema es de cierta complejidad por que en él convergieron distintos intereses y de hecho, se le divide en dos momentos conocidos como la primera y la segunda cristiada.

En el caso del levantamiento cristero de los años veinte encontramos muy notoriamente la presencia de reclamos sobre el respeto a las formas de culto que habían adoptado tradicionalmente los católicos mexicanos. En la segunda cristiada, por el contrario, el sentimiento y fervor religioso parecen pasar a segundo término en aras de los intereses económicos de los terratenientes del estado. En ambos casos, y quizá más en el segundo que en el primero, los levantamientos y resistencia armados aparecen como un movimiento regional y hasta focalizado.

Como es de dominio público, la población del Bajío y de Guanajuato en general se ha distinguido por su fervor católico; en la prensa de años previos al levantamiento cristero ya se veía la postura de los sectores ilustrados de la comunidad católica; para principios de enero de 1923 se hacía el llamado:

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Al Cubilete. Las fiestas que han de celebrarse en este cerro, con motivo de la colocación de la primera piedra para el monumento al Cristo Rey, empiezan el día 10 de los corrientes. Desde el nueve llegará a Silao el delegado apostólico acompañado del Señor Arzobispo Mora y del Río y de algunos obispos de la República, siendo recibidos por los obispos de San Luis, Aguascalientes y León que son los que los invitan. 7

Mientras que un mes después en el mismo medio se afirmaba bajo el título “La persecución religiosa” que: “La expulsión de monseñor Philippi, delegado apostólico del Sumo pontífice, decretada por el presidente Obregón, tiene que enardecer en vez de apagar el fuego católico del pueblo mexicano.” 8

El primer levantamiento cristero se extendió principalmente por los estados de Guanajuato, Jalisco, Michoacán, Querétaro y Aguascalientes. En Guanajuato la lucha arraigó en varios de los municipios y en no pocos casos, como en Silao:

La organización civil se constituye en el medio urbano bajo la organización de los jóvenes de la LNDLR 9 , trasladándose luego al medio rural; sufre así [la cristiada] una transformación de disputa urbana a lucha rural (Velázquez, 2003: 1).

A través de organizaciones como las Damas Católicas o la Asociación Católica de la Juventud Mexicana (ACJM) desde 1926 la LNDLR fue promoviendo la rebelión frente a un gobierno callista que definían como represor. En algunos casos, como en la zona centro-oriente del estado de Guanajuato: San Miguel, Comonfort y Tierra Blanca, se llegó a contar con apoyo de veteranos militares como Rodolfo Gallegos, mismo que fue arropado, aun que no con la suficiencia esperada, por algunos sectores de la población civil (Sánchez, 2005).

La organización civil fue fundamental en este proceso. Podemos ver que La Unión de Damas Católicas Mejicanas, por ejemplo, tenía en Guanajuato nueve centros locales: los de Acámbaro, Celaya y Salamanca coordinados por el centro regional de Morelia; mientras que los de Dolores Hidalgo, Guanajuato, Irapuato, San Luis de la

7 AGEG, La farsa, Dir. Luis Moreno, Guanajuato, Gto., 7 de enero de 1923, p. 3.

8 AGEG, La farsa, 4 de febrero de 1923, p. 1.

9 Liga Nacional de la Defensa de la Libertad Religiosa.

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Paz, San Miguel Allende y Silao, eran coordinados por el centro regional de León. La segunda fase de la cristiada arraigó con mayor fuerza en el norte del estado y, como se decía, terminó teniendo un rostro de movimiento anti-agrarista más que religioso. Los grandes propietarios apoyaban guardias blancas y cristeros (o grupos que eran ambas cosas a la vez) para defender sus latifundios y el gobierno en no pocas ocasiones usó el reparto agrario para atraer brazos a su causa contra los cristeros y contra los terratenientes que no prestaban adhesión política; las tierras que el agrarismo afectaba podían ser escogidas con criterios de lealtad y deslealtad política.

En 1930 los informes del gobernador reiteraban que ‘el norte del estado es la región más abatida por las partidas armadas de fanáticos’, lo cual afectó el funcionamiento de las escuelas rurales y en varios municipios se cerraron escuelas temporalmente y se concentró a los maestros como medida de seguridad. Debido a los conflictos, el gobierno de Agustín Arroyo solicitó ayuda a los agraristas para que se sumaran a las fuerzas del estado y logró concentrar a 730 hombres, con quienes organizó diversas guerrillas (Sepúlveda, 2000: 46).

Los agraristas entonces combatieron a los cristeros y guardias de los latifundistas, dando lugar a una cruenta guerra de la que dan cuenta, por ejemplo, las memorias y archivos de Alfredo Guerrero Tarquín, especialmente su colección fotográfica, de la que una parte fue recogida en el libro La vida airada. Como toda confrontación armada, la segunda cristiada tuvo dosis de violencia aplicada en ambas direcciones de las tendencias en confrontación, de los agraristas hacia los ‘cristeros’ y viceversa. El fenómeno resultó de tal intensidad que a últimas fechas algunas investigaciones se han dado a la tarea de rescatar la memoria particular y colectiva sobre el tema, destacándose en muchos casos la violencia ejercida por el gobierno y se olvida la otra, la de los cristeros hacia los agentes del gobierno.

Pero, como se decía, las acciones de los que reaccionaban a las medidas agraristas tuvieron su magnitud, uno de los actos de este tipo más alarmantes quizá haya sido la balacera que un grupo de católicos armó en San Felipe, llamada entonces Ciudad González, el 29 de marzo de 1936; los hechos ocurrieron al salir de misa los católicos y encontrarse con un grupo de agraristas que asistían a un festival en la plaza de la referida ciudad, mismo que era organizado por la brigada cultural adscrita

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a la Dirección de Educación Federal en Guanajuato, los que salían del templo católico

gritaban ‘Arriba el capital, abajo el agrarismo’; los agraristas contestaron a las consignas

y las agresiones, la policía municipal resultó insuficiente y el episodio terminó con un saldo de 16 muertos y 25 heridos, motivo suficiente para que el mismo Lázaro Cárdenas se apersonara al día siguiente en San Felipe, acompañado del gobernador Enrique Fernández Martínez tratando de dejar en claro su apoyo a las labores en pro del campesinado pobre. (Sánchez Valle, 2006: 22).

En esta tesitura político-social llegó a su fin el periodo de este estudio, veamos entonces ahora las principales circunstancias de comunicaciones y economía vividas en el estado de Guanajuato entre 1887 y 1934.

2. las ComuniCaCiones y la eConomÍa

Se refería ya que durante el inicio del porfirismo en Guanajuato las pugnas y los acomodos por el palacio de gobierno fueron cosa común, pero más allá de esto la sociedad guanajuatense mostraba un dinamismo tal que la reactivación de la economía, la educación, y varios renglones más de la vida pública guanajuatense se fueron sucediendo casi independientemente de la circunstancia gubernativa.

Claro está que lo anterior fue correspondiente al auge generalizado que la paz porfiriana permitió en el país; en la medida que se podían resolver los conflictos político-administrativos, las energías podían canalizarse a otros rubros de vida de México y sus regiones.

En la minería se puede observar una interesante reactivación durante el Porfiriato; al respecto ha sido un lugar común afirmar que el progreso económico del país fue de la mano con la entrega de sectores económicos estratégicos, sin embargo, hay investigaciones que apuntan en el sentido de que los inversionistas mexicanos fueron fundamentales en la reactivación de la minería y le economía guanajuatense, tal sería el caso de Miguel Rul (Sánchez Rangel, 2005), la familia Ibargüengoitia, Francisco de Paula Castañeda, la familia Robles y Ramón Alcázar, entre otros (Macías, 1999). Tras el fracaso de los inversionistas ingleses, los mencionados empresarios se encargaron de adquirir minas, drenarlas, habilitarlas, tecnificarlas, financiarlas; en suma, ellos las hicieron nuevamente productivas.

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De hecho, el proyecto modernizador que se desarrolló durante el Porfiriato

y que se dio con el concurso de grupos de diferentes partes del país abarcó diversos

ramos de la vida pública, así que las áreas jurídico-administrativa, financiera, de comunicaciones y transportes, científico-tecnológica y educativa estuvieron ampliamente enlazadas (Macías, 2008). Para el caso de la minería guanajuatense, por ejemplo, tenemos la participación de sus inversionistas en la consolidación del esquema jurídico que culminó en el código de minería de 1884, en el mejoramiento de los caminos y en los intentos de introducción del Ferrocarril, en la creación de bancos regionales, en la comercialización de maquinaria moderna, en la explotación de haciendas de beneficio y de la casa de moneda, etcétera.

Un par de asuntos fundamentales y ampliamente reconocidos a nivel nacional como detonadores de la reactivación económica del país fueron la supresión de las alcabalas y el tendido de vías férreas. A estos temas hay que agregar los incentivos al comercio marítimo, la ampliación de las redes telegráficas y telefónicas así como el establecimiento del sistema financiero y bancario (Macías, 1999: 66).

De todos los elementos anteriores el que quizá tuvo mayores impactos sociales,

o al menos más perdurables a largo plazo, fue la introducción de la red ferroviaria

dada la integración o modificación de mercados y redes sociales. La introducción del ferrocarril en el estado de Guanajuato, al igual que en México, no fue un asunto sencillo; hubo diferentes concesiones antes de que se concretara el establecimiento de las vías férreas. Primero:

Los señores Sebastián Camacho, José Antonio de Mendizábal y Compañía obtuvieron una concesión para construir y explotar un ferrocarril en 1874, que iba de México a León, Sin embargo, el gobierno tuxtepecano decidió que la empresa no había cumplido con lo estipulado en la concesión y declaró su caducidad […] (Escalante, 2001: 18 10 ).

Luego buscó la concesión para construir un ferrocarril en Guanajuato Manuel Anaya y no tuvo respuesta favorable; tampoco prosperó la intención de inversionistas

10 Una versión resumida de este trabajo de Mildred Escalante se encuentra incluida en el presente volumen.

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guanajuatenses como Franco y Felipe Parkman, Francisco de Paula Castañeda y Joaquín Hordiérez. Y la concesión finalmente se le dio al gobierno del estado para que este la transfiriera a los capitalistas guanajuatenses. Como los trabajos no prosperaron del modo esperado, la compañía del Ferrocarril Central Mexicano recibió en abril de 1880 en traspaso la concesión para construir la línea de México a León.

Finalmente la compañía del Ferrocarril Central Mexicano manejaría la línea de México a Ciudad Juárez, por lo que atravesaba el estado de Guanajuato de este a oeste, entraba por los Apaseos y salía por la región del Rincón. Por otra parte la compañía del Ferrocarril Nacional Mexicano obtuvo la concesión para la línea México-Laredo, además de la México-Manzanillo; la línea a Manzanillo no se completó y llegaba a Pátzcuaro, extendiéndose luego a Apatzingán; lo interesante de esto es que en este recorrido el ferrocarril tocaba territorio guanajuatense en Tarandacuao y Acámbaro

y de allí se tendió la vía a Laredo, así que esta línea férrea cruzaba al estado de Guanajuato de Sureste a Noroeste, entrando por la zona de Tarandacuao y Acámbaro

y

saliendo por la región de San Felipe.

También hubo tendido férreo de Irapuato a Guadalajara, saliendo por Pénjamo

y

había ramales importantes de Silao a Guanajuato, de Dolores a San Luis de la Paz y

Ciudad Porfirio Díaz (Pozos), así como de Salamanca a Valle de Santiago. Se trataba de una red interesante que modificó o ratificó enlaces regionales a partir de la década de 1880.

Para considerar el impacto del establecimiento del Ferrocarril hay que señalar que en el estado de Guanajuato se establecieron dos importantes centros ferroviarios:

Acámbaro e Irapuato y por la convergencia de líneas en estos puntos; luego tomemos en cuenta otros factores, como el establecimiento de talleres en Acámbaro; finalmente, no perdamos de vista las propias circunstancias de cada población, como la diversidad de actividades económicas de estos lugares; así tendremos como resultado que el peso del ferrocarril fuera mayor en Acámbaro y que este punto se estableciera como el principal centro ferroviario del estado de Guanajuato. Acámbaro era un lugar con mucho menor población que Irapuato durante el Porfiriato, ya que Irapuato contaba

con poco mas de 18,500 habitantes en 1895 y era la cuarta ciudad más poblada del estado

y Acámbaro por su parte, hacia el mismo año tenía poco menos de 7,000 habitantes y

era la numero 18 en orden de ciudades más pobladas del estado (Blanco, 1995: 139).

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Una década después, cuando el Porfiriato se acercaba a su fin, Irapuato tenía 21,649 habitantes y seguía siendo la cuarta ciudad con más habitantes en el estado. Acámbaro por su parte había visto crecer su población hasta 11,080 personas (Blanco: 1995: 18) y también había recibido el título de ciudad, ocupando ahora el noveno lugar entre las ciudades más pobladas. Al finalizar el periodo del presente estudio, Acámbaro era ya la quinta ciudad más poblada del estado y concentraba al mayor número de trabajadores dedicados a los transportes, estando en un lugar secundario Irapuato y León y en un tercer nivel Celaya, Comonfort y Pénjamo (Censos, 1947). Se tiene pues que en el caso de Acámbaro el detonador, sin duda, fue el ferrocarril.

Pero la importancia del tendido de líneas no se reducía a favorecer el crecimiento de una o más ciudades (por que para el desarrollo comercial e industrial de Celaya e Irapuato mucho contó tener un enlace ferroviario) sino que, como se decía, las integraciones regionales y la movilidad de la población se marcó por ello y durante muchos años.

En 1939 se publicó un reporte de un agente de la Secretaría de Hacienda (Anuario estadístico, 1939) que recorrió unos años atrás el estado y daba noticia del estado de comunicaciones en el territorio guanajuatense; de allí podemos ver que la única carretera transitable todo el año -por estar empedrada- era la existente entre Salvatierra y Moroleón y servía para que se diera salida hacia una ruta ferroviaria a la creciente producción textil de esta última ciudad. Todo lo demás eran caminos “de tierra suelta” de difícil recorrido e “intransitables” en época de lluvias; una excepción eran los pequeños tramos “petrolizados” que había en la carretera de León a Silao y en la de San Luis de la Paz a Victoria.

Para un habitante de Acámbaro, en el sureste del estado, era más fácil cualquier tipo de relación con Morelia y desde el establecimiento del ferrocarril también más fácil hasta con Toluca que con Guanajuato o León; no se podría decir que este era el caso extremo de una ciudad alejada de los centros político y económico del estado; veamos que para la ciudad de Dolores, situada a unos 60 Km. de la capital, la realidad no variaba mucho; el recorrido de Dolores a Guanajuato en automóvil, en tiempo de secas, duraba 4 horas por un camino que, aunque arreglado hacia mediados de la década de 1930, se encontraba sumamente deteriorado. Si se tenía disposición de vehículo, la cuestión era simplemente emprender el trayecto; si no, había que esperar

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a una de las “eventuales” corridas que realizaba el transporte público. Pero de Dolores

a San Luis Potosí, en ferrocarril, el traslado duraba poco menos de tres horas en una

de las 2 corridas diarias en esa dirección; era pues, aún en el mejor de los casos, más

fácil llegar de Dolores a San Luis Potosí que de Dolores a Guanajuato.

Otro ejemplo es que, según el mismo reporte indicado, para ir de Ciudad Hernández Álvarez (San Felipe) a León, en un trayecto de 95 Km. y que tenía que atravesar la sierra, se tenía que viajar durante 7 horas en una de las salidas que había los días lunes, miércoles y viernes, el regreso se podía hacer los martes, jueves o sábados. Llegar por ferrocarril de Hernández Álvarez a San Luis Potosí, en cambio, implicaba un recorrido de tan solo 1 hora y 40 minutos, y había diariamente dos corridas de ida y dos de vuelta.

Qué decir de cómo se podría dar una hipotética comunicación entre Atarjea

y Coroneo, entre Santa Catarina y Huanímaro o entre Ocampo y Ciudad Manuel

Doblado. Sin duda que el contacto entre este tipo de poblaciones si no era nulo, debió ser bastante escaso.

Las ciudades con mayor número de comunicaciones entre sí eran las de Celaya

e Irapuato 11 ; los recorridos en ferrocarril entre estos dos puntos tardaban 1hora y 15 minutos y había 5 recorridos de ida y cinco de vuelta diariamente. También entre estos dos puntos había 5 corridas de autobús en cada dirección al día (en tiempo de secas), estos tardaban 2 horas y 30 minutos, aproximadamente.

Ante el díficil panorama para las comunicaciones, en el periodo de estudio de este volumen, era más común que las relaciones se establecieran con poblaciones aledañas y que los traslados (de mercancías y humanos) se hicieran simplemente a lomo de bestia.

Esta constatación nos lleva a pensar en otra característica que tuvieron las ciudades guanajuatenses durante el Porfiriato y aún algunos años más allá: las economías de mercado regional con una alta capacidad de autosuficiencia en algunas de estas. Pedro González reportó en 1904 la circunstancia de desarrollo industrial que había en las diferentes ciudades. No era raro que en las principales poblaciones

11 Y las estaciones intermedias: Cortazar, Villagrán, Sarabia, Valtierrilla y Salamanca.

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existieran fábricas o pequeños talleres de manufacturas de jabones y velas (aún no era extendido el uso de la energía eléctrica) de cerillos, de fideos, boticas (donde se elaboraban los medicamentos considerado entonces como modernos, porque eran bastante usados entonces los remedios basados en yerbas), alfarerías, telares, y talleres de hilados, tenerías y talabarterías, sastrerías, sombrererías, molinos de nixtamal y harinas, fundiciones y herrerías e imprentas. En algunos casos, existían fabricas de productos un poco más de lujo, como las chocolaterías de León o las fábricas de bebidas gaseosas de Irapuato (González, 2000).

Las ciudades se hallaban convertidas en ejes de pequeñas regiones económicas alrededor de las cuales se establecían poblados menores, ranchos y haciendas. Los ranchos y las haciendas también eran a su vez unidades con alto grado de autonomía

a partir de la diversificación de productos y de los espacios físicos necesarios para su

sostenimiento. Georgina Escoto investigó sobre el caso de Puentecillas, en el municipio de Guanajuato y encontró que

El inmueble de la hacienda de Puentecillas, según avalúo de 1892, era el siguiente:

un edificio para tiendas, trojes, un corral, un molino y mesón, dos corrales (sic), tres eras de calicanto. En 1920 a esto se le agregaron algunas construcciones (casas) presa de Yerbabuena, establo, noria, cuartel. En las tierras de dicha hacienda se producía: trigo, maíz, alfalfa, chile, legumbres, cebada y fríjol; además de que contaba con árboles frutales (Escoto, 2003: 66).

En la misma investigación se apunta que los árboles frutales eran muy variados:

higueras, aguacates, duraznos, limas, limoneros, tejocotes, perones y perales, viñas, chabacanos, granados, naranjos, membrillos y duraznos (Escoto, 2003: 71).

No se menciona para el caso de Puentecillas, pero era común que si la hacienda

o el rancho no tenía vocación pecuaria sino agrícola, de cualquier forma se criaran

en pequeña escala: puercos, reses, chivos, gallinas y guajolotes. También dentro de la hacienda podía haber núcleos de población de considerable tamaño y comúnmente

había servicios religiosos, así que, como se decía, las haciendas se enlazaban a una población eje que servía de mercado y sede de los poderes administrativos en términos políticos (ayuntamientos), económicos (recaudaciones y bancos) y religiosos (parroquias o aún, en algún caso, obispado).

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Entonces comúnmente no hacía falta salir de la región inmediata para desarrollar la vida personal y social. Si no había necesidad, no habría por qué ejecutar viajes de 100 o más kilómetros que le llevaran a uno varias horas (o aún días) para poder volver días después.

Hacia la ciudad núcleo se trasladaba la población rural y allí se buscaba resolver los problemas que se tuvieran, marcando un movimiento demográfico que se acrecentó en algunos casos con la llegada de la Revolución. La ruptura del orden económico y la trasformación de la estabilidad social también tuvieron un fuerte enlace con lo demográfico asunto que se resentía más en determinados casos:

Al sobrevenir la lucha armada de 1910, los diferentes bandos revolucionarios se disputaron a intervalos el dominio de la ciudad [de Irapuato], por lo que sus pobladores optaron por trasladarse a ciudades más grandes en busca de protección y empleo. Como era de esperarse, la situación de [todos] los irapuatenses no era igual, sobre todo para el sector campesino, habitantes del medio rural que se vieron sometidos a mayores presiones: el abandono de las haciendas, aunado al decremento total de la producción agrícola, degeneró en graves problemas de autoabastecimiento y por ende, de delincuencia junto a esfuerzos inusuales para obtener un mínimo de subsistencia (García, 1995: 40).

Ya se indicó que Guanajuato no fue un estado que se caracterizara por una amplia participación revolucionaria, pero no se pueden negar las afectaciones que la Revolución y su desenvolvimiento trajeron para la sociedad guanajuatense. Hubo un poco más de seguridad en las ciudades que en el campo y ello provocó movimientos de población. La leva que organizaban los diferentes bandos revolucionarios hacían que la población masculina disminuyera, ya fuera enrolada o que huyera para evitar el ser enrolado. La promoción del agrarismo provocó en Guanajuato una ruptura social muy fuerte y en tanto se desarrollaban los litigios por las tierras, los trabajadores solicitantes ya no podían seguir ni viviendo ni trabajando en sus antiguos lugares, así que también ello provocó movimientos de población. La posrevolución también fue propiciando el asentamiento económico y el desarrollo industrial en algunas ciudades del estado, como ocurrió en los casos de León, Celaya e Irapuato.

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Ha sido difundido y fácilmente asimilado el fenómeno de emigración campo-ciudad, observando la contratación de campesinos como peones, chalanes, o asistentes en diferentes labores: servicios municipales (limpia, panteones y jardines, gendarmería, obra pública) rastros, carnicerías, construcción e industria, pero en este último ramo es notorio también, e insuficientemente valorado, el papel de la mujer.

Durante la posrevolución, la gradual pacificación propició un nuevo despegue económico; ya se ve que para el caso de Guanajuato:

Al tener pocos conflictos políticos a la vista, el gobernador obregonista Carlos Madrazo se propuso reactivar la economía y en ello hubo de dar cauce a los intereses de empresarios y trabajadores, toda vez que el sindicalismo tenía ahora amparos legales. Entre los años de 1921 y 1922, por ejemplo, surgieron 10 movimientos de huelga (Cervera, 2001: 46).

En algunos casos, la mujer fue la que llevó a cuestas el crecimiento industrial de las principales poblaciones, asunto intenso que como bien señaló María García:

Requirió para su desarrollo brazos y esfuerzos. Sin embargo en plena posrevolución las circunstancias eran difíciles: la mano de obra masculina había disminuido; los hombres habían salido del municipio […] huyendo de la leva, otros más se unieron a la bola. Pocos habían vuelto y quienes lo hacían se encontraban con que el campo ya no era la única opción de trabajo, sino que ahora estaban las nuevas fábricas, las cuales, sumadas a las ya existentes, aumentaban las fuentes de trabajo y daban ocupación a un sector obrero que comenzaba a formarse: el de las mujeres (García, 1995: 59).

Pero el sector primario seguía siendo el sostén de la economía guanajuatense. Y allí se operaba una fuerte transformación: el reparto agrario.

Es claro que en el caso del estado de Guanajuato no se había operado el mismo proceso de ocupación territorial y distribución de tierras y aguas que en zonas como los estados de Michoacán, México, Tlaxcala, Morelos y Oaxaca; en aquellos lugares existieron al momento de la implantación del orden colonial español grandes concentraciones de pueblos indígenas sedentarios. Al arribo de los europeos el territorio guanajuatense en su mayoría, exceptuando el sur, era ocupado básicamente

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por grupos nómadas o seminómadas; de forma tal que, las tierras reconocidas por la corona española a pueblos indios fueron relativamente pocas y muchas más las otorgadas a labradores particulares, dando lugar con el tiempo a la formación de grandes extensiones de propiedad privada y de carácter familiar.

Losprincipalesmecanismosquecontemplólareformaagrariaposrevolucionaria

eran dos: Restitución para los pueblos indios que habían sido despojados a lo largo del tiempo de las tierras que una vez les reconoció la corona española y Dotación para aquellas comunidades que se habían conformado también a lo largo del tiempo

y para las que se considerara justo y posible proveerlos de tierras propias (de la comunidad).

De esta forma, no podemos pensar que la circunstancia agraria en Guanajuato

tenía los mismos orígenes éticos, jurídicos y sociales que una historiografía plana, oficialista y patriotera ha querido imponer para todo el país y que sí podían ser muy validos en regiones como la morelense en la que luchó Emiliano Zapata. Igualmente, entre los campesinos guanajuatenses no existía la misma percepción de posibilidad

y necesidad de contar con tierras comunales. Por ello y por algunas trabas jurídicas,

el reparto agrario en sus primeros años fue por demás escaso. Hasta 1920 sólo se habían formado ejidos de la siguiente manera: San Miguel Octopan en Celaya recibió resolución favorable en 1917; Tócuaro e Irámuco, ambos del municipio de Acámbaro, fueron beneficiados en 1918; mismo año en que San Miguel Uriangato, de Uriangato, recibió su resolución. En 1919 fueron tres los ejidos que consiguieron su reconocimiento, los tres en Apaseo: San Pedro Tenango el Viejo, San Pedro Tenango el Nuevo y Apaseo el Alto (todavía parte administrativamente de Apaseo el Grande); en 1920 sólo se resolvió en caso del ejido de Cuerámaro (Rodríguez, 1999: 122).

Estudios como los de Sepúlveda (2000) y Meyer (1993) referidos al análisis de las circunstancias particulares de San Diego de la Unión y Acámbaro respectivamente, muestran que la reforma agraria fue lenta y dificultosa en el estado de Guanajuato, tachonada de ilusiones, heroísmos, traiciones, burocratismo y corrupción, todo en un mismo fenómeno. Los procesos tendientes a motivar o frenar el reparto agrario tuvieron variados ritmos e importantes matices. Pocos fueron los casos afortunados para los agraristas, mayores los de penuria. Autoridades agrarias, hacendados, ingenieros, profesores, líderes campesinos, abogados, notarios y jueces fueron actores centrales de este proceso.

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Los tres sectores económicos se vieron seriamente afectados el año de 1926 debido a las inundaciones que se produjeron en Jaral, Yuriria, Celaya, San Francisco, León y Acámbaro. La que más llamó la atención, desde luego, fue la de León, el núcleo de población más grande del estado, mientras que en otras, hasta la memoria local parece haberlas olvidado, como pasa en el caso de Acámbaro, donde dos obras que

tratan el tema de la historia local narran la inundación de 1927 pero no la de 1926, sin embargo, fotografías antiguas fechadas en septiembre de 1926 dan fe de la inundación

y parte de sus destrozos.

1927 también fue un año de precipitaciones de suficiente magnitud para volver

a causar inundaciones. El informe de gobierno presentado ese año, y que se refería al

anterior, alertaba del peligro que había en Acámbaro y Uriangato (Rionda: 37), sobre nuevas inundaciones, cosa que finalmente sólo ocurrió en Acámbaro y nuevamente en el mes de septiembre.

Al cerrar la cuarta década del siglo XX se efectuaron algunos censos, el primero en 1939, llamado Censos Industrial y de Edificios, de donde habremos de destacar que se registraron entonces 2,705 empresas en el estado de Guanajuato, pero de ellas se destacaban por su producción 607 cuyo valor de producción sobrepasaba los $ 7,500.00; de ellas, 573 se dedicaban a la transformación. Según el censo, poco menos de 42,000 personas se ocupaba en la industria (Sánchez Valle, 2006: 121).

El crecimiento industrial, desde luego, no garantizó por sí mejores niveles de vida; el abasto alimentario generaba problemas y el primero de ellos, desde luego, era el alza de precios en los productos de la canasta básica; ello motivó no solo preocupaciones sino también manifestaciones de inconformidad de la sociedad, como la marcha de protesta por el alza inmoderada de precios que tuvo lugar en Irapuato en la primera quincena de octubre de 1936 (Sánchez Valle, 2006: 39). La situación del circulante y la escasez de alimentos (asunto este último que más bien reflejaba una ineficiente cadena de distribución) llevaban a puntos tales como aceptar el pago de impuesto en especie cuando estos fueran granos; el llamado decreto del maíz, de 1933, llevó a que en el siguiente informe de gobierno se diera cuenta de la recaudación de 1341 toneladas de maíz y 73 toneladas de frijol (Rionda: 48).

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A las dificultades de abasto en los años 30 habría que agregar las protestas

y los movimientos contra las tarifas y el deficiente servicio del abasto de energía

eléctrica, cosa que al inicio del ciclo aquí estudiado era la gran novedad y la esperanza

en un mejor futuro.

3. la DistribuCión De la PoblaCión

En los más de sesenta años que abarca este estudio la geografía humana del estado de Guanajuato vio ocurrir sustanciales transformaciones. Hay que aclarar que no se tienen censos claros de población para la totalidad del lapso aquí abarcado, pero aún con los datos existentes se pueden hacer útiles consideraciones sobre las transformaciones históricas que ocurrieron.

También es importante indicar que durante todo el periodo referido, la ruralidad es un fenómeno de altas proporciones; jurídicamente varias de las cabeceras ni siquiera obtenían la categoría de ciudad, eran villas y aún pueblos; los servicios públicos en algunos casos eran precarios y algunos elementos de la modernidad apenas empezaban a asomarse, como la electrificación.

Para un mejor análisis de la transformación demográfica me permitiré

retomar una propuesta de análisis geográfico que planteé hace algunos años. Esta consiste en dividir para efectos analíticos al estado de Guanajuato en cinco grandes zonas histórico-culturales. Esto es, que hoy día podemos observar en estas zonas características culturales semejantes entre sí pero relativamente diferenciadas respecto a las demás; sin embargo, esta diferenciación se ha venido conformando históricamente a partir de variedad de procesos que en algunos casos, le pueden dar

a estas zonas más cercanía histórica (y por tanto cultural) con zonas de los estados

vecinos que con otras zonas del estado. No se pasa por alto que existen diferentes propuestas de división geográfica del territorio guanajuatense y no se pretende que esta se imponga como “la verdadera división” simplemente es una propuesta para efectos analíticos que considero pertinente a partir de la convergencia de los procesos

histórico-culturales.

1. Sureste (Bajío Sur): Tarandacuao, Coroneo, Jerécuaro, Tarimoro, Acámbaro, Salvatierra, Santiago Maravatío, Jaral del Progreso, Valle de Santiago, Yuriria, Moroleón y Uriangato; zona en la que encontramos formas de vida y costumbres más

o menos uniformes en torno a actividades preponderantemente agropecuarias, cuyas

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cabeceras son ciudades de medianas a pequeñas y de vocación predominantemente comercial; región en donde además son extendidos usos y costumbres que también pueden observarse en el noreste michoacano (el entorno del lago de Cuitzeo).

2. Corredor Industrial (corredor central): Apaseo el Alto, Apaseo el Grande,

Celaya, Comonfort, Cortazar, Villagrán, Juventino Rosas, Salamanca, Irapuato, Silao, Romita, León, San Francisco del Rincón y Purísima del Rincón. Esta zona parte al estado en Norte y Sur, se extiende desde los límites con Querétaro hasta los límites con Jalisco y aunque esto le da algunas diferencias a los municipios que lo integran, son más las características compartidas que los convierten en una región dentro de estado de Guanajuato: sus principales cabeceras son ciudades medias y grandes que precisamente durante el siglo XX vieron ocurrir su crecimiento industrial propiamente dicho, esto las ha convertido en centros receptores de población originaria de distintos puntos del país; las zonas rurales de esta región tampoco comparten en su totalidad las características de otras regiones rurales del estado, ya que buena parte de su producción está destinada al procesamiento industrial para su posterior comercio dentro y fuera del país, lo que ha hecho que esta producción agrícola esté supeditada a las necesidades de la industria de las conservas y, en menor medida, la del forraje; mientras que la producción pecuaria atiende principalmente a las necesidades de la industria de la curtiduría y del procesamiento de lácteos.

3. Suroeste: Pueblo Nuevo, Huanímaro, Abasolo, Cuerámaro, Pénjamo y Ciudad Manuel Doblado. Esta región, con escasa presencia industrial, tiene más en común con el noroeste michoacano que con el Corredor Industrial, con cabeceras que están principalmente en la categoría de ciudades pequeñas, siendo sus principales actividades de tipo agropecuario y cuya producción se destina inmediatamente al comercio para el consumo humano directo o bien al autoconsumo, sólo a últimas fechas, ya fuera del periodo que se propone este estudio, ha empezado a dar sus primeros resultados la producción agrícola con miras a la industrialización para el mercado de licores.

4. Noreste (Sierra Gorda): San Luis de la Paz, Doctor Mora, San José Iturbide,

Santa Catarina, Tierra Blanca, Victoria, Xichú y Atarjea. Zona montañosa en la que, mientras más se avanza al noreste, más similitudes culturales se encuentran con la región Huasteca, aunque económicamente los nexos son fuertes tanto con el estado

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de Querétaro, como con el de San Luis. La producción agropecuaria es generalmente de autoconsumo.

5. Centro-Noroeste (Sierra de Guanajuato): Guanajuato, San Miguel de Allende, Dolores Hidalgo, San Diego de la Unión, San Felipe y Ocampo. Zona por lo general no muy apta para la agricultura, a lo largo del tiempo ha basado su economía en distintas actividades; durante diferentes periodos el pivote económico ha sido la minería y el abastecimiento pecuario que esta requirió. En el periodo de estudio propuesto en la parte meridional de esta zona ha crecido considerablemente el turismo. Las cabeceras son ciudades medias y pequeñas.

Ahora veamos si hacia el periodo propuesto se observan características que cohesionen a estas zonas.

Hacia 1895, podemos observar los siguientes elementos demográficos 12 : sólo una ciudad rebasaba en cantidad cincuenta mil habitantes y esta era, desde luego, la ciudad de León, dentro de lo que terminaría siendo el corredor industrial. Había otras ocho ciudades con más de diez mil habitantes y estas eran: Guanajuato (39, 404), Celaya (21, 245), Irapuato (18, 593), Silao (15, 437), Salamanca (13, 121), San Miguel Allende (12, 740) Valle de Santiago (12, 671) y Salvatierra (11, 088). Tenemos pues que de las nueve principales poblaciones del estado, cinco estaban en el corredor central, dos estarían en la zona centro-noreste y dos más en la zona sureste, en los cuatro casos de las poblaciones que no pertenecían al corredor central, eran colindantes a éste. Las nueve principales ciudades del estado, excepto la capital, tenían una amplia inclinación hacia la explotación agrícola. La capital del estado, como bien se sabe, basaba su economía en la riqueza mineral de sus entrañas y a propósito de esto hay que señalar que dentro de las cuatro ciudades que tenían entre ocho mil y diez mil habitantes dos eran también de vocación minera: Pozos (9, 505) y La Luz (8, 318).

Para 1910, ya eran diez las ciudades que rebasaban los 10,000 pobladores:

León (57, 722), Guanajuato (35, 682), Celaya (23, 062), Irapuato (21, 649), Silao (14, 059), Salamanca (13, 497), Valle de Santiago (12, 737), San Francisco del Rincón (11, 359), Acámbaro (11, 080) y Salvatierra (10, 262). No obstante, sólo pocas de estas habían

12 Para este momento se utilizan los datos consignados por Mónica Blanco (Blanco, 1995)

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tenido un incremento demográfico: Celaya, Irapuato, San Francisco del Rincón, y Acámbaro; otras prácticamente se habían mantenido igual durante 15 años: Salamanca y Valle de Santiago y aún había ciudades que habían presentado decremento en su número de pobladores: (León, Guanajuato, Silao, Salvatierra y San Miguel de Allende que ya ni siquiera alcanzaba a contarse entre las de más 10, 000 personas). De las ciudades que sí rebasaban esta última cifra ahora 6 pertenecían al eje central, tres al sureste y uno al centro-noroeste, en todos los casos de estas ciudades, tenían conexión del ferrocarril.

Hacia el fin del periodo que se está tratando aquí, las tendencias de la distribución de la población no variaban mucho. Para 1940, en las cabeceras se concentraba el 35% de la población y el 65% restante en las poblaciones sufragáneas de dichas cabeceras.

Según los censos practicados en 1940 por el gobierno federal, 1’046,490 pobladores había en el estado de Guanajuato y las ciudades que albergaban a más de 10,000 habitantes seguían siendo, como treinta años atrás, 10: León (74,115), Irapuato (32,277), Guanajuato (23,521), Celaya (22,766), Acámbaro (17,643), Silao (13, 880), Valle de Santiago (12,278), San Francisco del Rincón (12,015), Salamanca (11,985) y Moroleón (10,418) y aún seis de estas pertenecían al eje central, tres al sureste y uno al centro noroeste; como en otro momento, de las cuatro ciudades que no se encontraban en el corredor central dos eran colindantes con este. En este periodo de treinta años (1910- 1940) las ciudades que habían crecido en cuanto a número de población fueron León, Irapuato, Acámbaro y Moroleón; estancada en cuanto a crecimiento demográfico resultó San Francisco del Rincón y las otras cinco, Guanajuato, Celaya, Silao, Valle de Santiago y Salamanca habían decrecido.

La población guanajuatense mantuvo en este periodo, como a lo largo de su historia en general, un muy alto porcentaje de católicos, para 1940 los censos arrojaron que católicos se declaraban 98.3 % de los guanajuatenses; 1.52% de la habitantes de este estado consideraban no tener ninguna religión y 0.11 % se declaró protestante. Budistas sólo había 16 personas e “israelitas” 63.

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4. la eDuCaCión

Hacia el inicio del siglo XX el gobierno estatal daba aportaciones para los siguientes centros y actividades educativos: Colegio del Estado (antecedente directo de la Universidad de Guanajuato), incluyendo partidas para su observatorio meteorológico y biblioteca; Escuela Normal para Señoritas; una pensión en la Escuela Nacional de Medicina en la ciudad de México; dos pensiones en el Conservatorio de Música de la misma capital; Escuela de Instrucción Secundaria de León; Dirección General de Instrucción Primaria; gastos en la compra de muebles, libros y útiles; una escuela “anexa a la Industrial”; dos escuelas prácticas en Guanajuato; escuelas modelo, para niñas y niños en: Guanajuato, León, Celaya, Salamanca, Pozos o Ciudad Porfirio Díaz, Silao, Santa Cruz, Acámbaro, Irapuato y Salvatierra; así como escuelas de adultos en Guanajuato, León, Celaya, Salamanca, Irapuato y Valle de Santiago (González, 2000:

71-72).

Además, el gobierno estatal aportaba para escuelas elementales diseminadas por todo el territorio guanajuatense así como para varias escuelas mixtas:

En resumen, el número de establecimientos de instrucción en los que el gobierno interviene es de 2 escuelas de instrucción profesional, una escuela de instrucción secundaria o preparatoria, 7 escuelas lancasterianas para adultos, 20 escuelas modelo de sistema objetivo para ambos sexos, 46 escuelas lancasterianas, 54 escuelas de medio tiempo o con asistencia mixta (por la mañana las niñas, por la tarde los niños) y 4 incorporadas. Total: 134 planteles (González, 2000: 73-74).

Como se verá, no estaba tan reducida la cobertura educativa del porfiriato, como es común creer, aunque la asistencia total no era tan amplia: 34, 723 educandos. Además, existían 345 escuelas particulares (González, 2000: 74).

Tras la Revolución Mexicana la educación iba a empezar un proceso de reestructuración, los debates pedagógicos alcanzarían los ámbitos de la responsabilidad sobre la educación en sus distintos niveles y las líneas educativas que podían ser aceptadas por el gobierno. Se verá transcurrir las decisiones desde la educación laica, hasta los pronunciamientos por la educación socialista.

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En Guanajuato, dada la formación tradicionalista de gran parte de sus habitantes, se generaron conflictos fuertes cuando se puso en práctica la educación socialista. No es que se diera un abierto y absoluto rechazo a esta forma de educación, ya que de ser así se hubieran dado mayores conflictos; es de imaginar entonces que al contrario, hubo un sorprendente rango de aceptación y un fuerte activismo desplegado desde los sectores que buscaban revolucionar a la sociedad y tanto la postura que buscaba la revolución como la que se amarraba a la tradición fueron incapaces de aceptar medias tintas. A fin de cuentas, como señala Oscar Sánchez, en esta entidad federativa “la educación socialista polarizó a la sociedad a tal grado que su establecimiento resultó impracticable” (Sánchez Rangel, 2007: 7).

Durante el periodo de la Educación Socialista no solo los católicos extremos maltrataban, perseguían o mataban a los maestros de dicha tendencia, también el gobierno presionaba fuertemente a los mentores, de modo que “las autoridades de Guanajuato argumentaban que era necesario el desplazamiento de aquellos maestros que constituyeran un obstáculo para la implantación de la educación socialista, en virtud de sus antecedentes ideológicos” y en la Escuela Normal del Estado de Guanajuato las presiones hacia la directora para que depurara al alumnado fueron tales (y tan contrarias a su ideología personal, claro) que ella terminó renunciando (Sánchez Rangel, 2007: 11 y 23).

Como se ha dicho, los planteamientos de izquierda dentro de la educación estuvieron más extendidos de lo que pareciera e incluso tuvieron espacio en el Colegio del Estado y dadas las características de este sistema educativo, allí si podían ocurrir sesiones que promovían, informaban, o reflexionaban sobre el marxismo. Así, por ejemplo, en el año de 1936 tuvieron lugar en las aulas del Colegio algunas conferencias como: “aspecto económico del marxismo”, el 21 de agosto y “la filosofía del marxismo”, dos días después (Sánchez Valle, 2006: 33 y 34); desde luego que estas conferencias ocurrían entre simpatizantes, como los miembros de las Juventudes Socialistas, como los llamó genéricamente Manuel Sánchez Valle, aunque existe la certeza de la existencia de al menos dos organizaciones estudiantiles de tendencias de izquierda, por un lado la Sociedad de Estudiantes de Tendencia Revolucionaria y por otro la Federación Estudiantil Socialista Guanajuatense, misma que se integraba a la Confederación Nacional de Estudiantes Socialistas (Sánchez Rangel, 2007: 15).

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5. Diversiones y viDa CotiDiana

Veamos ahora dentro de esta contextualización general cómo funcionaba el esquema de las recreaciones y el tiempo libre.

Este tipo de actividades han sido en general mal valoradas por los estudios sociales en la cultura occidental y en México particularmente. Sin embargo, es claro que ante la evidencia de que justo la modernidad trajo consigo el incremento del tiempo libre de la población, se hace necesario echar una mirada hacia este espacio de lo humano y lo social. Desde las tradiciones morales cristianas (católicas o protestantes) que se habían venido conformando hasta los puritanismos decimonónicos, se consideraba al tiempo libre como oportunidad para el pecado y el vicio, máxime si se trataba de sectores pobres de la población; incluso, la palabra ocio adquirió (y aún mantiene en buena medida) una connotación negativa.

Cierto es que en una sociedad como la porfiriana no había muchas oportunidades (y por lo tanto tampoco actividades) de tiempo para la recreación; la vida cotidiana para un elevado porcentaje de la población, incluyendo mujeres y niños se dedicaba al trabajo (fuera este remunerado o no). Los descansos laborales se acostumbraban los jueves y domingos por las tardes y las actividades estiladas para estas ocasiones eran las serenatas en los jardines, las celebraciones religiosas y los paseos en los jardines municipales. En algunos casos se establecían “paseos”, es decir zonas a donde la gente iba a caminar y donde se podía descansar en alguna sombra mientras que se tomaba algún alimento o golosina. En la capital se desarrolló el Paseo de la Presa, en el tramo que iba de San Sebastián a la Presa de la Olla y donde fueron construyendo casas y “chalets” los adinerados de entonces. En León se estableció el paseo de la calzada, del Arco de León al río de los Gómez.

No todas las cabeceras tenían derecho a una feria anual, ello sólo ocurría en caso de que se tuviera la categoría política y demográfica de ciudad y para 1940, según los censos de gobierno solo 23 de las entonces 44 cabeceras municipales alcanzaban la clasificación de ciudad . A contra parte, 14 cabeceras eran consideradas apenas como pueblos, las siete restantes ostentaban la categoría de villas. Como es de imaginarse, el crecimiento de algunas de las poblaciones del estado de Guanajuato entre 1876 y 1940 hizo que se modificara su categoría política, pasando de pueblos a villas o de villas a ciudades.

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Donde podía haber feria normalmente la sociedad era más compleja y había diferentes tipos de diversiones; la élite citadina gustaba de asistir a teatros y corridas de toros mientras que la población rural prefería las diversiones ecuestres (varias de ellas, también de élite derivaron en la charrería), pero también las corridas de toros y peleas de gallos. Nunca faltaron en ciudades y pueblos carpas y algunas diversiones itinerantes y de hecho así dio sus primeros pasos, al iniciar el siglo XX, una actividad que se convertiría en gran industria: el cine.

Se ha documentado por cronistas y estudiosos locales de la historia el establecimiento de la actividad cinematográfica en algunas de las cabeceras del estado de Guanajuato:

Sóstenes Lira escribió en sus Efemérides de la ciudad de León que el 2 de mayo de 1897 se exhibió en el Salón de la Concordia de esa ciudad “…el primer cinematógrafo que recordamos haber visto, traído por los Sres. Becerril [sic]” (Lira, 1914: 189). Luego, en la misma ciudad de León, se hicieron temporadas de exhibición organizadas por compañías tabacaleras, “El Buen Tono” en 1905 y “La Tabacalera Mexicana” en 1907 (Lira, 1914: 215 y 222). Ya después se debieron establecer las primeras salas de cine propiamente dichas, ya que para 1926, además de las proyecciones efectuadas en el teatro Doblado, se indica la existencia de los cines Vera, Moderno y Trianón, además de los “teatro-cine” Padilla y Obrero (Gómez, 1993: 6)

León no fue la única ciudad Guanajuatense en la que se conoció el cinematógrafo desde el mismo Porfiriato; Rafael Ferreira escribió que hacia 1907 el señor Rafael Herrejón estableció un salón de proyecciones en Acámbaro: “El aparato era de manivela y de la marca ‘Paté’ [sic]. El encendido era de corriente eléctrica generada por un motor de gas pobre” (Ferreira, 1974: 86) Este cine no duró mucho

y

en 1909, en el mismo sitio, en la céntrica esquina que forman las calles Hidalgo

y

Allende, “…fue instalado el ‘Cine Eclair’ por un señor de apellido Cifuentes; que

también fue iluminado de la misma forma” (Ferreira, 1974: 86). Parece que en el Acámbaro ferrocarrilero de aquellos años se vivió intensamente la experiencia del cine, ya que, según el mismo Ferreira:

[…] al poco tiempo se estableció el ‘Cine Hidalgo’, regenteado por el Sr. Manuel Rosales. Fue un salón de madera, y de madera su piso, en el costado poniente del

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santuario de Guadalupe, el año de 1910. Y a fines de ese año mismo, el referido Sr. Manuel Rosales edificó el ‘Teatro Cine Rosales’ en terrenos que dan a la calle Zaragoza […] Se componía de vestíbulo, patio, balcones y ‘gallera’; todo de adobe y techo de madera; y su alumbrado ya fue bastante mejor, proporcionado por la ‘Mexican Light and Power Company’ (Ferreira, 1974: 86).

En la ciudad de Guanajuato también el cine fue una diversión porfiriana; en este mismo volumen, Demián Aragón trata el particular con mucho mayor detenimiento.

En Irapuato, al parecer, el cine se estableció tardíamente, esto considerando la

importancia industrial y comercial que había tomado el lugar desde que el ferrocarril tocó la población en 1882; pero fue hasta 1912 cuando “…don Miguel Zamora alcanzó

a establecer el afamado cine ‘Pathé’”. (Arias, 1994: 52). Pronto debió establecerse la

competencia para el cine del señor Zamora, ya que en 1916 las autoridades sanitarias locales decretaron el cierre indefinido -debido a una epidemia de tifoidea- de “…los lugares de reunión llamados Cine Club y Pathé…” (Arias, 1994: 64). El Cine Club y el Rialto -abierto al público a finales de la década de 1930- estaban en funciones al iniciar la década de 1940.

En Pénjamo, según anotó Néstor Herrera, las películas de cine se empezaron

a exhibir hacia 1918 en el Teatro Covarrubias, ubicado en la calle Aldama; tratándose de cine mudo “Algunos elementos de la banda de Don Serapio en el ‘Convite’ tocaban fuera del teatro y también en el escenario en el intervalo de una película y otra” (Herrera, 2000: 99) las funciones se efectuaban los días jueves y domingo. Vicente Castillo compró el teatro para derrumbarlo y construir el Cine Castillo.

En Celaya se proyectó cine en las instalaciones del Teatro Cortazar y también amenizaba música en vivo, ya el 21 de junio de 1928 se inauguró el Cine Olimpia, luego, el 5 de julio de 1930 abrió sus puertas Cinelandia, propiedad de Santiago Olalde (Carreño, 1992: 58, 236 y 237).

En Salamanca encontramos otro caso más de teatro que devino en cine, se trató del Juan Valle, que hasta 1911, aproximadamente

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[…] sirvió para lo que había sido construido; es decir, exclusivamente como teatro… [ya luego] llegó un momento en que se juzgó necesario reformar el teatro ya que las funciones del mismo eran más escasas y el Juan Valle sólo servía como mal salón de cine, con muchos inconvenientes por la situación de las plateas…” (Rodríguez, 1994: 228).

En este caso, las “reformas necesarias” terminaron siendo, como en Acámbaro

y Pénjamo el derrumbamiento del antiguo teatro para dar paso a la construcción de

una sala de cine, propiamente dicha, cuando llegó a manos de uno “…de esos nefastos trust del cine que se han dedicado a destruir los viejos teatros, tan arraigados a las tradiciones locales.” (Rojas, 1971: 29)

Los habitantes de Salvatierra del primer cuarto del siglo XX, según consignó Vicente Ruiz, también asistían a una sala de teatro, el Teatro Ideal, para ver cine (mudo

y aún sonoro) antes del establecimiento del Cine Rex del circuito Montes.

Otra forma de distracción, pero ésta empleada aún en horario laboral, fue escuchar música. La llegada de la radiodifusión fue lo que permitió este fenómeno.

Tampoco el establecimiento de radiodifusoras en el estado de Guanajuato es un asunto muy estudiado. Las primeras estaciones propiamente dichas que trabajaron con una frecuencia autorizada por el gobierno se establecieron desde la década de 1930, para no variar, en la ciudad más dinámica del estado en esa época: León. En dicho lugar iniciaron operaciones las dos primeras estaciones con unos cuantos meses de diferencia, ya que el 1 de abril de 1934 comenzó a transmitir la XEAZ y ya para el 5 de julio de 1934 se estrenaba la XEKL (Gómez, 1993b: 9-8).

Tal parece que motivados por las primeras emisiones continuas y formales que dentro de territorio guanajuatense se fueron ejecutando en esa década de 1930, se iniciaron también por parte de aficionados las emisiones con equipos de fabricación

o adaptación casera; tal es el caso de Irapuato, ciudad en la que desde el 14 de enero de 1936 inició transmisiones por las tardes una hora de aficionados por parte de un grupo de amigos (Alfonso Martínez Vela, Antonio Frías, Luis Garcidueñas y Bernardo Castillejos) con un aparato transmisor construido por Luis Garcidueñas (Rocha,

1995:11).

Semblanza general del eStado de guanajuato entre 1876 y 1940

También en Acámbaro “antes de los 40 ya existía un taller de radio del señor Arcadio Valdés; trabajamos abajo del Kiosko” (Gascón, 2000). El “taller de radio” debió ser algo similar a lo que hicieron los radioaficionados de Irapuato: transmisión sin autorización gubernamental de emisiones radiofónicas con aparatos transmisores sencillos y de corto alcance.

En Irapuato la XEBO se inauguró el 16 de enero de 1937 (Rocha, 1995: 11); y en ese mismo año en León comenzó a operar la XEFM (Gómez, 1991; Navarro, 1998: 4). En la siguiente década se ampliaron las concesiones para estaciones de radio en León e Irapuato y aún estas llegaron para Celaya y Acámbaro.

El alcance de las emisiones era amplio, ya que según Alfonso Gascón la primera estación de radio autorizada que se estableció en Acámbaro llegó a tener reportes de ser escuchada en Texas, EUA., esto, explica el señor Gascón, era posible dado que había “poca saturación del cuadrante” Si así era, podemos pensar que las estaciones establecidas en el territorio del estado podían escucharse fácilmente en la región del bajío y sur del estado, por lo menos, ya que en regiones como la Sierra Gorda aún hoy en día es difícil la captación de señales radiofónicas, pero para el resto del estado, captar señales originadas en el estado de Guanajuato o aún ciudades como San Luis Potosí, Querétaro, Guadalajara o México, sería cuestión de tener el dinero suficiente para contar con un radio de baterías o uno de corriente doméstica siempre y cuando se viviera en una zona electrificada (que no era lo más común).

Conforme la lucha y la transformación social avanzaban en nuestro país y nuestro estado, se obtuvieron mejores condiciones laborales; ello llevó tanto a la reducción de la jornada laboral como al desarrollo de actividades y prestaciones que tendían a la consecución de mejores condiciones de vida en general para los trabajadores. Lo anterior impactó en un proceso amplio donde la sociedad buscaba formas sanas o productivas de ocio y la solución se encontró en el deporte.

Las élites decimonónicas se habían convencido de la importancia que implicaba para la salud la práctica de ejercicios corporales y lo expresaron en la máxima: “mente sana en cuerpo sano”. La gimnasia cobró entonces importancia incluso dentro de los sistemas educativos de nivel superior (al que llegaba la élite) y prácticas como la equitación, el polo, las regatas y el esgrima eran bien vistos por la élite porfiriana. El

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avance del higienismo decimonónico sirvió también de soporte para la ampliación de la práctica de ejercicios físicos a sectores más amplios de la población, principalmente los de jóvenes.

En el caso de los varones adolescentes y jóvenes, el deporte se fue convirtiendo en una alternativa deseable, se decía, para poder desfogar los ímpetus propios de su edad, al tiempo que se podían evitar actividades como los juegos de azar, la embriaguez y otras más. De hecho había quien se permitía recomendar a los padres que consideraran a los deportes como parte integral de la adecuada formación de los jóvenes al vigorizar al ser humano.

[…] convendría mucho que los padres no consintieran a sus hijos intervenir en actos públicos ni ingresar en casinos o sociedades políticas ni asociarse

a partidos, antes de los veintiún años, época de la vida en la que empieza la

verdadera hombría. Antes de esta edad les aprovecharía mayormente el estudio

y el trabajo en el taller o en la tienda, la compañía de padres y las lecciones de los maestros, el aprendizaje de la vida, los solares y deportes que le den salud

y fuerza, y sobre todo el atento examen interior para conocerse a si mismos, advertir sus defectos, analizar su naturaleza emocional […] 13

Con el siglo XX también llegaron otros deportes como el ciclismo, el tenis, el futbol, el beisbol, la natación y el box; ya después el baloncesto.

De estos deportes un par alcanzaron gran popularidad: beisbol y futbol y en Guanajuato no fue la excepción, aunque tratándose de temas poco atendidos, como se decía antes, por los estudios sociales, no hay tampoco estudios históricos que nos expresen adecuadamente la historia del deporte.

Para la segunda década del siglo XX (1911-1920) se tiene referencia del desarrollo del futbol en Irapuato con clubes como el Deportivo Irapuato y el Mutualista. Del beisbol se indica su desarrollo en León con equipos como: ACJM, México, León, Blanco y Negro. En Guanajuato existió el Club Guanajuato, y era integrado por

13 H.N. Armonía Social, Dir. Ricardo Galván, León, Gto., diciembre de 1919, p. 5

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el “Guanajuato B.[ase] B.[all] C.[lub]”, el “Guanajuato F.[oot] B.[all] C. [lub]” y el “Guanajuato Junior” 14 .

Para los años veinte continuó la ampliación de la práctica deportiva y ésta empezó a tomar un rostro sumamente popular. En Irapuato surgieron equipos de futbol con los que se identificaron amplios sectores de la población: el ISCO y el Águila, aunque hubo más, al grado de conformar la Liga Irapuatense de Futbol Amateur (LIFA) en 1927.

En León también se formó una liga invernal de futbol; esto ocurrió a mediados de la década de los veinte y de hecho, gracias a una publicación de la época contamos con una descripción de cómo se encontraba la situación de diferentes deportes en ese momento:

Otros deportes son cultivados por nuestros jóvenes. De ellos y sus clubes damos

a continuación noticia por orden alfabético.

Deportes y clubes en boga. Basketbol. El club ‘Iturbide’ lo cultiva intensamente. Ha dispuesto un campo

especial para este rudo juego. Béisbol. El ‘Patria’ y el ‘Hércules’ se han declarado beisbolistas expertos. Ambos cuentan con jugadores de nombre, aunque retirados de las bases muchos años ha. Ambas novenas han concertado encuentros muy animados en otras ciudades. También lo cultiva el ‘Atlético’. Últimamente se ha presentado al cuadro el club ‘San Miguel’ formado por muchachos de aquella lejana barriada. Promete mucho

y acaso con el tiempo logre un lugar prominente entre los beisbolistas.

Box. ¡Quién lo creyera! Varios mozalbetes turban el suave descanso dominical, poniendo en acción sus malhadados guantes, hacia los arrabales pero carecen de representación oficial. Ciclismo. El ‘Hércules’ favorece mucho este importante deporte. Cinegética. No ha surgido asociación alguna de los amigos de Diana. Pero de vez en cuando, grupos de aficionados se dedican a pintorescas cacerías a pesar de los intransigentes y feudales guardamontes, los de Cerrogordo (sic), por ejemplo. Equitación. La Asociación Leonesa de Charros casi no funciona.

14 CPGVV, Esso, Dir. Gonzalo Vargas Vela, número especial de 1997; H.N. Armonía Social, abril de 1925, p. 7 y 8; AGEG, Gobierno, militarización: 207

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Fútbol. Es el deporte que ha hecho época. Innumerables clubes lo declaran su favorito. Citaremos nomás los de primera fuerza: ‘Atletico’, ‘Hidalgo’, ‘A.C.J.M.’, ‘Iturbide’, ‘México’, ‘Nacional’ y ‘Obrero’. Estos clubes luchan con denuedo por lograr el campeonato de 1925, desde que formaron una liga de invierno. Ya hablaremos de ella. Lontenis. Practícanlo el señor don Enrique Gómez Mena (popular ampayer de béisbol) y algunas de sus amistades. Natación. Puesto que el gobierno de los señores Pascuales realiza tan cara el agua, apenas si gozamos de este líquido para el baño económico de aspersión. 15

Para 1930 3,578 personas (el 0.36 % de la población del estado) practicaban deportes dentro de alguna agrupación deportiva debidamente registrada (ANUARIO, 1939); las principales disciplinas, por número de practicantes eran: futbol y beisbol, con mas de mil registros; ya lejos estaban el basquetbol, el “lawn tennis” y el volibol, y con menos de un centenar de registrados, en orden decreciente, el frontón, la natación, el atletismo y el box, mientras que “otros” deportes agrupaban a dos centenares de deportistas. Cabría aquí la pregunta sobre cuántas personas practicarían algún deporte fuera de organizaciones reconocidas para efectos estadísticos; seguramente que entonces, como hoy día, serían muchas.

Durante los años treinta también empezó un proceso de corporativización de las diferentes actividades deportivas bajo la tutela de diferentes instancias de gobierno, pero también se observó una intensa actividad de parte de diferentes grupos sociales para la promoción de la práctica de diferentes deportes: obreros formando equipos; maestros solicitando balones; asociaciones y clubes procurándose canchas y estadios; comerciantes patrocinando uniformes, inscripciones y fianzas para torneos; gobiernos organizando competencias y construyendo infraestructura.

Ya para la década de 1940 había, en los casos de los deportes más practicados, como el futbol, el beisbol y el basquetbol ligas y competencias importantes en las principales poblaciones del estado, dividiéndose incluso en diferentes “fuerzas” o categorías y dando paso a la consolidación, en el caso de los dos primeros, del profesionalismo.

15 H.N. Armonía Social, abril de 1925, p. 7

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6. los serviCios urbanos

El proceso de dotación de servicios urbanos de acuerdo a los parámetros modernos fue ocurriendo durante esta época: establecimiento de tranvías, introducción de alumbrado eléctrico y electrificación de las casas, construcción de red de agua domiciliaria, introducción de telefonía, adaptación de las calles para la circulación de automotores.

Imágenes antiguas de Guanajuato, León y Celaya dan testimonio de la existencia de tranvías de mulas, mismos que se constituyeron como un transporte en ese momento considerado moderno aunque no exento de problemas. Los rieles de los tranvías normalmente estaban tendidos desde las estaciones ferroviarias hacia el centro de las ciudades. En el caso de la ciudad de Guanajuato la primera estación ferroviaria estuvo instalada en Marfil, así que se solicitó y se concedió al señor Wenceslao Rubio la concesión para establecer un tranvía de Marfil a la zona de El Cantador y el tranvía entró en operaciones el 1 de noviembre de 1884; ya después la línea de tranvías llegaría hasta la zona del Jardín de la Unión y de allí a Embajadoras (Escalante, 2002).

En Celaya fueron Francisco Parkman, Francisco de Paula Castañeda, Ramón Alcázar e Ignacio Ibargüengoitia los que solicitaron concesión para establecer un tranvía de la estación de ferrocarril al centro, pero estos inversionistas no cumplieron en la instalación y de este modo cuando Mariano Escobedo solicitó el traspaso de la concesión, esta le fue otorgada. Se establecieron entonces los tranvías desde la estación conocida como la Sullivan (al oriente de la ciudad) hasta el centro. (Carreño, 1998: 120-121)

En León la primera línea de tranvías se estrenó en julio de 1882, uniendo también el centro de la ciudad con la estación del ferrocarril e:

Inmediatamente después se continuaron instalando los rieles de la Plaza de la Constitución a la Calzada, a Barrio Arriba y a Santiago, luego la vía que llegaría a San Francisco del Coecillo (1896), la del Santuario y la del Parque, así como el circuito norte. Todas las rutas funcionaban ya en 1896. (Labarthe, 1997: 179-180)

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En total, según Maria de la Cruz Labarthe, se establecieron tres rutas: circuito Calzada, circuito Coecillo-Plaza Principal y circuito del Parque

Como decía en líneas atrás, aunque considerados modernos, los tranvías no eran algo que funcionara con el total beneplácito de la población. Algunas visiones románticas, como la que tuvo de Doña Abigail Carreño, plantearon a los tranvías de Celaya como algo que debió conservarse. Pero Mildred Escalante, en su indagación sobre la situación ferroviaria en la ciudad de Guanajuato, ha encontrado reportes técnicos y quejas de ciudadanos por el funcionamiento de los tranvías de la capital.

Pero en realidad las ciudades guanajuatenses tenían otros problemas urbanos mayores que los que podían ocasionar los tranvías; colocadas a la vera de ríos o arroyos, las ciudades guanajuatenses veían ocasionalmente sus calles invadidas por el agua hasta alturas considerables y ocasionando, en algunos momentos, verdaderos desastres urbanos: León en 1888 y 1926, Guanajuato en 1905, Acámbaro en 1926 y 27.

Claro que la abundancia repentina y excesiva podía ser tan perjudicial como la escasez periódica.

En el Porfiriato las ciudades más grandes contaban con una red hidráulica que por medio de fuentes surtían a los diferentes rumbos de las ciudades; también en estas, como en poblados más pequeños, se tenía un sistema de aguadores que con sus acémilas se dirigían a manantiales cercanos para surtirse de agua de mejor calidad. María García recogió información de cómo la gente con las mejores condiciones económicas de Irapuato compraba agua llevada desde los manantiales de Jaripitío (hoy Aldama) por resultar de mejor calidad. No era para menos, ya que el agua llevada por el río Guanajuato tenía contaminación suficiente de minerales como para ocasionar la caída del pelo, mientras que el agua de los pozos de Irapuato tenía considerables cantidades de sal (García, 1995: 31).

También para resolver el problema de la calidad o la cantidad de agua existente en las ciudades se recurrió a la perforación de pozos. Los acambarenses, por ejemplo, no se abastecían para el consumo humano del agua del río Lerma, aledaño a la población. Los relatos indican que desde 1527 el entonces pueblo de indios se surtía del agua que era traída desde los manantiales de Tócuaro y ello llevó a la construcción de un acueducto del que se conservan muestras monumentales en la zona de la toma

Semblanza general del eStado de guanajuato entre 1876 y 1940

del agua (Tócuaro) y la llegada del acueducto a la ciudad (del barrio de la Soledad a la Pila de la Cruz). (Macías, 2007)

Durante la colonia, el siglo XIX y el primer tercio del XX, la gente de Acámbaro se abastecía de agua mediante las fuentes; así que podemos imaginar un sistema hidráulico que se encargaba de distribuir el agua traída de Tócuaro y que se brindaba en las fuentes de la Soledad, la Pila de la Cruz, la Fuente Morisca, la Pila de San Juan, la fuente interior del Convento de San Francisco, la Pila Taurina, la fuente del Portal Guadalupe (hoy portal Sámano), la fuente del jardín Hidalgo 16 y muy posiblemente alguna fuente ubicada en lo que hoy es el jardín principal. Allí acudían las mujeres y los niños, así como los aguadores, a surtirse de agua para llevar a sus domicilios para beber y cocinar.

El sistema de abastecimiento de los manantiales fue suficiente durante cerca de cuatro siglos; transcurridos 391 años de haber sido traída el agua desde Tócuaro -en 1918- fue que se perforó el primer pozo (Ríos, 1999: 52) para abastecer a la creciente población durante pleno auge demográfico.

Sólo hasta iniciar el segundo tercio del siglo XX se dio pie a la introducción del agua potable en las casas de Acámbaro; esta obra ocurrió entre 1935 y 1936 cuando al frente del ayuntamiento se encontraban los señores José López Durán y Antonio Chacón Bucio (Ferreira, 1974: 66 y 67). Quiero dejar claro que al decir “se dio pie a la introducción del agua potable” me refiero a que la obra era una primera etapa que benefició sólo a los acambarenses que vivían en un sector del primer cuadro de la ciudad.

En el caso de León al finalizar el siglo XIX

El principal surtidor fue un ojo de agua situado en el noroeste de la ciudad en un extremo del parque Manuel Doblado, después parque Hidalgo, más o menos por

16 Lo que hoy es la zona de la plazuela, los vestigios fotográficos así como algunos relatos re- fieren que todo esto era un jardín; luego allí se erigió un mercado con puestos de madera y láminas, posteriormente se construyó un mercado de mampostería, mismo que fue demolido para habilitar la plazuela y el mercado se trasladó a su ubicación actual, en la esquina de Hidalgo y Ocampo. De la fuente referida sabemos su existencia por una imagen fotográfica y la referencia que de ella hace Ferreira León.

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las actuales calles de Yuriria y Valencia, en la actual colonia Industrial, cerca del camino hacia la vecina ciudad de lagos. (Labarthe, 1997, 169).

A decir de Cruz Labarthe, con el agua de este ojo y otro más pequeño que se encontraba casi inmediato se surtía a los pobladores de León a través de 14 fuentes diseminadas por los rumbos de la ciudad y aún era aprovechada para los lavaderos públicos y por algunos curtidores, pero al no ser suficiente se usaba agua de los pozos del Fraile, de la Piscina, de Sardinera y del Saucillo, pero en estos casos el agua era transportada por aguadores utilizando sus bestias a las que cargaban con el vital líquido.

La gran demanda de agua en León hizo que muy temprano se perforaran pozos; además de los mencionados, también en la casa municipal se abrió un pozo en 1870. De hecho, para cuando da inicio el periodo de estudio del presente trabajo, las obras hidráulicas en León ya contaban con cierto avance:

La primera caja de adaptación de aguas estuvo situada en la plaza de armas y de ella partía la primera red domiciliaria muy limitada. Los trabajos se iniciaron en 1876 durante la administración del coronel Octavio Rosado […] (Labarthe, 1997:

171).

En la capital del estado el sistema de abasto de agua se daba a partir del almacenamiento de las presas que con relativa facilidad se podían construir en las múltiples cañadas aledañas para después conducir el líquido por medio de gravedad. Durante buena parte del siglo XIX la conducción de agua de la presa de la Olla a la ciudad estuvo concesionada a Marcelino Rocha (Olmos, 2006: 94). La concesión a Rocha y sus descendientes perduró hasta 1879 y a partir de 1880 fue el Ayuntamiento quien se responsabilizó del abasto de agua. Pero para la ciudad de Guanajuato no fue suficiente el agua de la presa de la Olla y al finalizar el Porfiriato se construyó la espectacular cortina de la presa de la Esperanza, la presa fue inaugurada el año de 1893 y desde entonces almacena agua para solventar (aunque sea parcialmente) la demanda de agua en Guanajuato capital.

En Celaya se daban escurrimientos por un declive natural del terreno hacia la zona que hoy ocupa la Alameda y de allí, donde se formaba una especie de ciénega,

Semblanza general del eStado de guanajuato entre 1876 y 1940

se abrían acequias que llevaban el agua hacia diferentes rumbos de la ciudad. Con el

tiempo, según relató doña Abigail Carreño, el agua de la ciénega y las acequias se fue ensuciando por la forma en que era utilizada y se perdió la calidad de la misma, pero se inició la perforación de pozos. El más conocido de todos sería en que se hizo en el antiguo panteón de San Francisco; “Al poco tiempo de que se iniciaron los trabajos de perforación brotó un hermoso capelo de metro y medio de alto y el agua era clara

y tibia.” (Carreño, 1998: 132) El agua de este pozo se almacenó en una de tantas

obras que se efectuaron a lo largo del país para conmemorar, durante el porfiriato, el

centésimo aniversario del inicio de la guerra de Independencia nacional: la bola de agua, que manufacturada por técnicos alemanes a imagen y semejanza de una que se encontraba en Stuttgart, se convertiría en símbolo de la ciudad de Celaya.

El abasto de agua no fue el único servicio público que empezó a modificarse en

estos años en las principales poblaciones del estado, también el servicio de Alumbrado se hizo diferente gradualmente. Aquellas luminarias públicas que se nutrían de aceites y con la vigilancia de los serenos empezaron a ser sustituidas por lámparas eléctricas; las casas fueron dejando de requerir velas (de parafina para los ricos, de sebo para los pobres) para iluminarse por las noches y las vistas urbanas empezaron

a empobrecerse con una espantosa red aérea de cables que representaban, en esos años, la modernidad anhelada.

Los primeros esfuerzos para establecer plantas generadoras de energía eléctrica se dieron por parte de particulares industriales que requerían de dicha fuente de energía para abaratar sus costos o para aumentar su producción. Tal ocurría con los textileros de Soria, quienes al iniciar el siglo XX se abastecían con una planta establecida en el cauce del Lerma en los límites de Acámbaro y Salvatierra (González, 2000: 610) o los mineros de Guanajuato que trajeron energía desde una planta que se estableció en el Duero, en Michoacán.

El siguiente paso, dado también durante el periodo de estudio de este trabajo, fue el establecimiento de alumbrado en las principales plazas, calles, oficinas y casas particulares de las ciudades. Y finalmente la extensión de la red de servicio eléctrico a los diferentes rumbos de las ciudades y sus principales poblados sufragáneos.

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Hubo otros servicios que durante este periodo se fueron introduciendo y extendiendo: telefonía, caminos, petrolización de calles, construcción de mercados y hospitales; en fin… Sin duda que Guanajuato ya era considerablemente distinto en 1940 respecto a 1876.

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Armonía Social, Dir. Ricardo Galván, León, Gto., 1919 a 1925

El chisme, Dir. J, Jesús Pérez, León. Gto.,1921 a 1925

El noticioso, Dir. Ocampo N. Bolaños, Guanajuato, Gto., 1924 y 1931 a 1937

Esso, Dir. Gonzalo Vargas Vela, Irapuato, Gto., año 1995 y número especial 1997

La farsa, Dir. Luis Moreno, Guanajuato, Gto., 1923

internet

RIONDA RAMÍREZ, Luis Miguel Primer acercamiento a la historia política contemporánea de Guanajuato a través de los informes de Gobierno; en http://www.luis.rionda.com.mx/publica/cuadernos/ Historia_Politica_Gto_Siglo_XXpdf , (consultado marzo de 2009)

De un laDo a otro

CaPÍtulo ii la introDuCCión Del ferroCarril en la CiuDaD De

guanajuato, 1877-1908

Amor Mildred Escalante

1. introDuCCión

El interés por hacer historia del ferrocarril desde la perspectiva de la historia social

y no sólo económica y política, estuvo dirigido un tanto por las fuentes utilizadas

en este estudio. Aunque en un principio se pretendió estudiar particularmente a la ciudad de Guanajuato, fuimos un poco más allá para poder entender el contexto en que se desarrolló el ferrocarril, comenzando en el año de 1877 porque fue cuando el gobierno el Estado de Guanajuato obtuvo la concesión del ferrocarril y comenzó su construcción, y terminamos en 1908 con la nacionalización de los ferrocarriles.

El planteamiento general se centra en que no sólo ocurrieron cambios políticos

y económicos, sino también sociales con la llegada del ferrocarril a Guanajuato,

resaltando que fue el interés particular de los organismos gubernamentales como el de ciertas organizaciones y empresarios, lo que logró la introducción del ferrocarril al Estado de Guanajuato antes que en otros estados del país, porque el ferrocarril

significaba para los guanajuatenses un paso a la modernización, ya que con el mejoramiento de las vías de comunicación se buscaría poner al país a la par con las naciones más desarrolladas.

El presente trabajo inicia con el contexto en el que se introdujo el ferrocarril en México y Guanajuato en la época del Porfiriato, mismo en que se desarrolló

del PorFiriato al CardeniSmo. aSPeCtoS de la hiStoria moderna de guanajuato

propiamente la industrial ferroviaria en el país, y se pone énfasis en la concesión que obtuvo el Gobierno del Estado de Guanajuato para centrar este trabajo. Enseguida se habla del desarrollo de los ferrocarriles a través de la construcción que se hizo por medio de una compañía de empresarios guanajuatenses y que luego se continuó por el Ferrocarril Central Mexicano, compañía norteamericana que construyó una de las dos líneas férreas más importantes en el país.

Posteriormente se hablará de las consecuencias del establecimiento de la compañía del Ferrocarril Central en Guanajuato, específicamente de los cambios ocasionados en la ciudad y en los ámbitos social y económico. De la estructura interna de la empresa se abordan algunos aspectos sobre los empleados y su organización. También se habla del uso del ferrocarril a través de los pasajeros y la carga que se transportaba en el Estado de Guanajuato. Por último se abordan algunos de los problemas ocasionados por el ferrocarril, perjuicios ocasionados a la sociedad con los numerosos accidentes que hubo en la línea férrea y quejas por las malas instalaciones; problemas que culminan con la construcción de una estación propiamente dicha a orillas de la ciudad de Guanajuato y la nacionalización de los ferrocarriles de México.

Debo reconocer la dirección de César Federico Macías Cervantes en la tesis de licenciatura, de la que se extrae este trabajo, que comenzó como un interés personal en el seminario de Historia Social, impartido por él mismo y ahora culmina con la publicación de algunas de las conclusiones logradas sobre el ferrocarril en Guanajuato.

2. la llegaDa Del ferroCarril a méxiCo

La Revolución Industrial tuvo como una consecuencia la invención de los ferrocarriles, primero con la máquina de vapor, luego su desarrollo y ajuste hasta convertirla en locomotora que supliera a los caballos como fuerza de tracción. Comenzaron a construirse ferrocarriles en Europa a comienzos del siglo XIX, pero en México se logró la construcción hasta finales del siglo ya que antes su desarrollo fue lento y escaso (Yanez 1991: 40-45).

México, como otros países, buscaba el desarrollo económico y tecnológico que pretendió lograrse con el ferrocarril. En 1837 se otorgó por el gobierno federal la primera concesión para construir un ferrocarril que uniera la ciudad de México con

la introduCCión del FerroCarril en la Ciudad de guanajuato, 1877-1908

Veracruz (Coatsworth 1984: 34). Por las dificultades que representó la construcción del ferrocarril, la concesión expiró varias veces y se concedió a otros empresarios hasta que en 1873 quedó terminado. El atraso en la construcción se debió en parte a la inestabilidad política y económica que reinó en el país a causa de los cambios de gobierno y las guerras internas.

Después de 1873 hubo un periodo de calma en que se dieron otras concesiones para la construcción de ferrocarriles en varias zonas de México. Una de ellas fue la otorgada a Sebastián Camacho, José Antonio de Mendizábal y Compañía, en 1874, para construir un ferrocarril en Guanajuato; sólo lograron trazar planos, reconocer el terreno por donde pasaría el tren y construir unos kilómetros de vía, ya que con la revuelta de Tuxtepec se ocasionaron daños a las pocas vías y se suspendieron los trabajos. 17

El gobierno de México había adoptado una política liberal para atraer inversiones extrajeras al país, siendo el ferrocarril una prioridad para lograr el desarrollo económico. Los norteamericanos fueron los más interesados en invertir en vías

férreas, como un medio para exportar materias primas y riquezas naturales, por lo que las principales vías que construyeron fueron del centro del país a sus fronteras

y a las costas principales. A la par se fomentó la construcción de ferrocarriles en los diversos estados, otorgando concesiones del gobierno federal al estatal para que por sí o con la organización de compañías particulares se construyeran los caminos de hierro. El gobierno de Guanajuato obtuvo una concesión en 1877, que luego traspasó

a unos particulares. 18

2.1 Contexto de México a comienzos del Porfiriato

Por las diversas luchas políticas que vivió a lo largo de su vida independiente, México no había logrado consolidar una política de desarrollo económico; la producción agrícola era para la autosubsistencia, había pocas fábricas e industrias, siendo insuficientes los talleres artesanales que producían sólo lo necesario para el consumo básico, por lo que las demanda de varios productos se cubrían con importaciones (Tarracena 1960: 111).

17 La Republica, Periódico Oficial del Gobierno del Estado de Guanajuato, Nº 83, T. VII, 29-11-1874, p. 3.

18 Periódico Oficial del Gobierno del Estado de Guanajuato (en adelante PO), T. 3, Nº 7, 24-01-

1878: 1.

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Con la Revuelta de Tuxtepec, Porfirio Díaz subió al poder y por medio de las elecciones efectuadas en 1877, logró el reconocimiento institucionalizado de su gobierno, implantando una política para estabilizar al país y atraer inversiones extranjeras (Tarracena 1960: 114).

La política ferrocarrilera de Díaz fue hacer cumplir a las compañías con lo estipulado en las concesiones. El Ministro de Fomento, Vicente Riva Palacio, estaba convencido de que era más caro componer caminos de tierra que pagar una subvención

para la edificación de ferrocarriles, por lo que propuso tres soluciones para organizar

la construcción de vías férreas: que las obras se hicieran directamente por el gobierno

federal; se otorgaran contratos a los gobiernos de los estado; y se dieran concesiones

a empresas particulares. Las dos primeras opciones no se habían probado por la

desconfianza de las inversiones gubernamentales y por falta de capitalización, y la tercera no había funcionado eficientemente (Cosío 1973: 488). El gobierno federal dio veintiocho concesiones a diversos estados, ocho caducaron, doce no edificaron nada y

sólo ocho lograron construir algunos kilómetros. Una de las últimas fue la concesión que se dio al gobierno de Guanajuato, que pidió Francisco Z. Mena como Gobernador del Estado en 1877 (Cosío 1973: 491).

Comolasconcesionesalosestadosdieronresultadosenmenorescaladelaesperada, se optó por atraer inversiones privadas o extranjeras. Cuando en 1878 el gobierno de Estados Unidos reconoció a Porfirio Díaz, varias empresas norteamericanas solicitaron concesiones para la construcción de vías férreas con carácter internacional e interoceánico (Tarracena 1960: 124).

El 13 de septiembre de 1880, se firmó un contrato con la Compañía Constructora Nacional Mexicana (después Ferrocarril Nacional Mexicano), para la construcción de una línea de la ciudad de México al puerto de Manzanillo, pasando por Toluca, en el estado de México; Acámbaro, en Guanajuato y La Piedad Michoacán (no se construyó); con otra línea de la ciudad de México a Nuevo Laredo, pasando por Celaya y San Miguel en Guanajuato, San Luis Potosí, Saltillo Coahuila, y Monterrey en Nuevo León. Otra concesión fue dada el 14 de septiembre de 1880, a la Compañía Limitada del Ferrocarril Central Mexicano, partiendo de la ciudad de México a Paso del Norte (hoy Ciudad Juárez), pasando por los estados de Querétaro, Guanajuato, Aguascalientes, Zacatecas y Chihuahua; con un ramal al Pacífico pasando por Guadalajara en Jalisco,

la introduCCión del FerroCarril en la Ciudad de guanajuato, 1877-1908

y otro al Golfo de México que conectara con el puerto de Tampico (Tarracena 1960:

125). Se dieron otras concesiones como el ferrocarril de Tehuantepec y el de Sonora, así como pequeñas concesiones en el sur del país (ver Mapa 1).

Hubo algunas oposiciones por parte del Congreso de la Unión para otorgar las concesiones porque comunicarían directamente a la frontera con Estados Unidos, que había causado conflictos bélicos recientemente; y porque las compañías férreas se enfocaron en comunicar sólo el norte y las costas, olvidando otros estado y el sur en específico; otro punto en contra era que las concesiones ofrecían diversas facultades y las hacían monopólicas. Contra las oposiciones del Congreso, las concesiones fueron otorgadas con ciertas libertades debió a la inexperiencia del gobierno federal en la construcción de ferrocarriles y a la falta de una legislación a la cual constreñirse.

Mapa 1. Líneas principales de ferrocarril en México --- Ferrocarril Nacional Mexicano Ferrocarril Central Mexicano
Mapa 1. Líneas principales de ferrocarril en México
--- Ferrocarril Nacional Mexicano
Ferrocarril Central Mexicano

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Aunadas a las inversiones extranjeras en transportes, se logró capitalización en la industria, minería, obras públicas, comercio, agricultura y comunicaciones (Tarracena 1960: 126). El gobierno federal ofreció subvenciones, respaldo, pero sobre todo libertad para actuar y construir las vías férreas. Tanto el Ferrocarril Central como el Nacional pidieron otras concesiones caducas o compraron las que tenían los estados por donde pasarían sus líneas férreas. Este último caso fue el de Guanajuato.

En 1880, subió a la presidencia Manuel González, recibiendo el terreno listo para el impulso y construcción de los ferrocarriles. (Tarracena 1960: 132). Al regresar Díaz al poder en 1884, encontró una red ferroviaria que ya ponía en movimiento y reorganizaba las zonas productivas y la economía del país, además tenía menores cargas hacendarias ya que varías de las líneas férreas estaban concluidas y ya no se debían pagar subvenciones.

2.2 Contexto de Guanajuato a comienzos del Porfiriato

Con las elecciones federales de 1877, también se realizaron las de Guanajuato, siendo electo Francisco Z. Mena, quien logró conciliar al pueblo guanajuatense con el gobierno de Díaz, ya que estaban en contra del Plan de Tuxtepec y de su gobierno. Mena apoyó activamente la construcción del ferrocarril en el estado durante su gobierno (Moreno 1989: 43-44). En 1880, fue electo Manuel Muñoz Ledo, su administración “se consolidó por la atención que supo prestar a los diversas problemas del estado y porque la prosperidad y el progreso material que se advertía en todos los campos de la actividad pública, eran notorios. La paz social se consolidaba en todos los aspectos de la vida de la colectividad; la agricultura, la industria y el comercio prosperaban; los negocios cobraban inusitado auge; los ferrocarriles cruzaban las entidad por diferentes rumbos.” (Marmolejo 1967, t. IV: 308).

El Estado se componía de la parte centro y norte como minera, el este industrial y el sur como agrícola; por las principales ciudades del estado fue por donde pasó el ferrocarril para poner en movimiento los productos y mercancías de esas regiones (Rocha 1885: III). Los habitantes de la ciudad de Guanajuato estaban divididos en dos clases principalmente: los mineros, hacendados y comerciantes que también desempeñabancargospolíticos,ylos artesanos,jornaleros y campesinos que trabajaban para los anteriores. Ambos grupos formaron parte del proyecto de construcción de caminos de hierro.

la introduCCión del FerroCarril en la Ciudad de guanajuato, 1877-1908

3. ConstruCCión Del ferroCarril en guanajuato

Como ya se mencionó el Estado de Guanajuato fue uno de los pocos que logró construir algunos kilómetros de vías antes de la llegada de las grandes compañías extranjeras. El Gobierno del Estado junto con empresarios privados estuvieron interesados en el proyecto de conectar el territorio con vías férreas para impulsar el desarrollo de la economía guanajuatense.

En 1874, Sebastián Camacho, José Antonio de Mendizábal y Compañía, obtuvieron una concesión para construir un ferrocarril de la ciudad de México a León; sin embargo, el gobierno tuxtepecano decidió que no habían cumplido lo estipulado en el contrato

y declaró su caducidad en diciembre de 1876. Se traspasaron la propiedad de las obras

y los trabajos iniciados a la nación, quedando el gobierno en libertad de contratar con una nueva empresa la línea férrea (Cosío 1973: 487).

La Legislatura autorizó al Ejecutivo del Estado de Guanajuato para que solicitara al gobierno federal la concesión de un ferrocarril que partiría de Celaya y pasaría por Salamanca, Irapuato, Silao y León, con un ramal a Guanajuato. 19 El gobierno pidió la concesión con todas las garantías posibles, pero después la traspasaría con subvención federal y estatal para que los trabajos se realizaran con la mayor rapidez posible. El gobierno autorizó hacer los reconocimientos necesarios para establecer el camino de hierro y se encargó la compra de herramientas a Estados Unidos.

En 1877, se abrió una convocatoria para que los empresarios interesados en construir el ferrocarril en el Estado de Guanajuato formaran una compañía. Fueron pocos los que respondieron a la invitación, entre ellos una compañía de empresarios guanajuatenses, llamada Junta Directiva del Ferrocarril de Celaya a León, formada por Franco y Felipe Parkman, Gregorio Jiménez, Francisco Glennie, Francisco de P. Castañeda y Joaquín Hordiérez, quienes pretendían construir un ferrocarril por la mayor extensión del Estado y por las poblaciones más importantes. 20

Mientras se estudiaban las propuestas de las compañías privadas, el proyecto de la construcción siguió a cargo del gobierno, porque “un negocio de tanta importancia, que afecta el porvenir del estado, no debe dominar otro pensamiento que el de apartar

19 PO, T. 2, Nº 17, 30-08-1877: 385-386.

20 PO, T. 2, Nº 16, 26-08-1877: 315.

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o vencer cuantos obstáculos se presenten para realizar una obra que será el orgullo de Guanajuato, y en la que está ya altamente comprometida su honra” (Dictamen 1878: 1-2).

3.1 Marco institucional para la concesión y explotación del ferrocarril

La compañía de empresarios guanajuatenses obtuvo la concesión el 28 de enero de

1878, formada con un capital social de $3,000,000 representados por tres mil acciones de $1,000 cada una, divididas a su vez en diez fracciones de $100 cada una. El gobierno estatal adicionó la subvención federal de $8,000 con $2,500, más $500 para comprar bonos de la compañía. Para el ramal a Guanajuato el gobierno se comprometió

a construir una calzada para el uso de la vía, carrozas y viandantes de Marfil a la ciudad. 21

No existía una legislación federal para regular la construcción y funcionamiento de los ferrocarriles en México, por lo que cada contrato constituía la propia ley bajo la cual se regiría cada ferrocarril; algunas de las normas que fijó la concesión de 21 de diciembre de 1877 para Guanajuato eran:

Se concedía permiso para la construcción de un ferrocarril con su respectivo telégrafo, cuya concesión duraría 99 años.

Todo plano, trazo o trabajo se sujetaría a la aprobación del Ministro de Fomento; todos los trabajos debían terminarse en cuatro años o cesaría la concesión. Junto con la vía férrea debía haber material rodante, talleres, depósitos y estaciones.

El gobierno federal permitía que todos los materiales importados quedaran exentos de impuestos por los primeros veinte años; los trabajadores tampoco pagarían impuestos ni harían servicio militar por el mismo tiempo.

Los terrenos por donde pasara el tren que fueran propiedad de la nación se le regalaban junto con los materiales encontrados en ellos; sólo se indemnizarían los terrenos privados.

Los hallazgos metalúrgicos y cualquier otro depósito en sus terrenos serán propiedad de la empresa ferrocarrilera.

El gobierno federal ofrecía una subvención de $8,000 por kilómetro construido.

21 PO, T: 3, Nº 10, 0-02-1878: 10. Archivo General del Estado de Guanajuato (en adelante AGEG), Estatutos de la Compañía de Ferrocarril de Celaya a León, Comunicaciones y Turismo.

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La compañía del ferrocarril estaba obligada a evitar el contrabando y el crimen en sus vías.

La empresa podía poner en servicio al público los tramos que fuera terminados, previa autorización del gobierno. Podía unirse a otras vías siempre y cuando una pagara a la otra el derecho de uso de vía o de las instalaciones.

Se fijaban las tarifas de transporte de pasajeros, mercancías, telégrafos, almacenaje, además de permitir establecer tarifas promocionales para facilitar el transporte. Las tarifas debían aplicarse siempre sobre la base de la perfecta igualdad, sin concederse ventaja sólo a unos. El gobierno tenía un descuento de la mitad de la tarifa para transportar tropas, materiales u otros servicios. La correspondencia, impresos y empleados de correo debían ser conducidos gratis (PO T. 3, Nº 7 y 8, 24-01-1878: 73-84).

El contrato ofrecía facilidades tanto para la construcción del ferrocarril como para los trabajadores y aunque estaba bajo la supervisión del gobierno, no se cumplió estrictamente lo allí estipulado.

El 8 de abril de 1878, se iniciaron los trabajos en la ciudad de Celaya, “data de verdadero progreso, garantiza la paz, da trabajo a la clase de los jornaleros, caracteriza la laboriosidad de los habitantes de Guanajuato y será un timbre de honor para el estado.” (El Ferrocarril Nº 1, 08-04-1878: 1). Los inversionistas y el gobierno de todas las poblaciones acogieron el proyecto con entusiasmo, ya que “la industria, la agricultura, el comercio y la minería, ligadas naturalmente con el establecimiento de esta vía, antes de poco sentirán sus beneficios y llegarán a considerarla como un negocios propio íntimamente relacionado con los intereses individuales” (El Ferrocarril Nº 1, 08-04-1878: 1).

Se planeaba que ese ferrocarril se uniera con las vías de otros estados, llegara a la ciudad de México y a las costas del Pacífico y del Golfo para ampliar la comunicación férrea. La situación geográfica de Guanajuato era estratégica por ubicarse en el centro del país, por sus productos agrícolas y mineros, prometiendo generar ganancias por la inversión hecha en el ferrocarril.

De abril a agosto de 1878 sólo se construyeron cinco kilómetros de vía, por los que recibieron $50,000 de subvención. El gobierno estatal había impuesto una contribución extraordinaria en el estado para pagar las subvenciones; se cobraría el

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doce por ciento a toda entrada que tuviera el erario, es decir, se cobraría una tarifa mayor a los ciudadanos que hicieran trámites como escriturar, traspasar, comprar, vender, etc., grabando de manera “proporcional y equitativa” a todos los causantes. 22

Como se mencionó, el contrato permitía la introducción al país de materiales exentos de contribuciones; en mayo de 1878 Felipe Parkman viajó a Nueva York para comprar materiales por la cantidad de $50,000; adquirió rieles, durmientes y otros objetos para la construcción de la vía. En la etapa de construcción se atrajo mano de obra de jornaleros agrícolas que habitaban en las haciendas cercanas a la línea férrea. 23 Los siguientes tramos de cinco kilómetros fueron entregados espaciadamente de 1878 a 1880; en abril llevaban cuarenta kilómetros y sólo les quedaban dos años más para terminar otros noventa kilómetros de vías. 24 Lo que indicaba que no terminaría a tiempo, ya que la concesión otorgaba cuatro años para terminarla.

En marzo de 1880, los habitantes de Celaya y Salamanca pedían que el tramo terminado entre ambas ciudades se pusiera en explotación, aunque fuera por tracción

animal, ya que se daba servicio al público en las “plataformas y carretas destinadas

al trabajo de la línea [

porque gratuitamente y por mera galantería, se facilitan dichos transportes a los que lo solicitan; y es seguro que en la próxima estación de aguas el servicio de vagones

será una verdadera necesidad para todo transeúnte.” 25 Por lo anterior, se puso en explotación el tramo de cuarenta kilómetros de Celaya a la hacienda de Buenavista, antes de Irapuato, que era jalado por tracción animal (Mena 1881: XV).

sin que esto le haya dado ganancia alguna a la Empresa,

]

3.2 Traspaso de la concesión al Ferrocarril Central Mexicano

La compañía del Ferrocarril Central Mexicano se organizó en la ciudad de Boston, en Estados Unidos, el 21 de febrero de 1880, integrada por Roberto Symons y socios, quienes pidieron al gobierno federal de México, la línea para explotar un ferrocarril de la ciudad de México a León, que les fue concedida el 3 de abril de 1880. 26

22 PO, Nº 32, 21-10-1877, s/p Gacetilla. El Ferrocarril, Nº 9, 07-06-1878: 3. PO, T. 4, Nº 28, 18-08- 1878: 325.

23 PO, T. 4, Nº 6, 02-06-1878: 64. El Ferrocarril Nº 8, 01-06-1878: 2 y Nº 9, 07-06-1878: 3.

24 PO, T. 6, N° 32, 19-10-1879: s/p. PO, T. 7, N° 1, 01-01-1880; N° 16, 22-02-1880; N° 33, 22-04-1880, s/p.

25 PO, T. 7, Nº 24: 319-322.

26 PO, T. 7, Nº 37, 02-05-1880: 461.

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Como no tenía caso que hubiera dos vías paralelas en el Estado de Guanajuato, y como los trabajos por parte de la compañía guanajuatense iban lentos, el 4 de junio de 1880 se aceptó el traspaso de los derechos, otorgados en México al Ferrocarril Central Mexicano (Decretos 1885: 554). Esta subrogación fue hecha sin dar parte al Gobierno del Estado, quien también contaba con acciones dentro de la compañía (Mena 1881:

XV), pero aceptó la cesión siempre y cuando se respetara lo establecido en el contrato de 21 de diciembre de 1877, que estipulaba que la vía no fuera troncal a Guanajuato, sino directa y de ahí saliera hacia Silao y que se explotara con tracción de vapor el tramo de Celaya a Irapuato (Decretos 1885: 555).

El Ferrocarril Central se comprometió además de lo anterior a ensanchar la vía, porque así se facilitaría la intercomunicación entre las vías de todo el país, de 0.66 metros se ampliaría a 1.44 metros, que uniría las líneas internacionales, ya que en Entados Unidos esta última era la medida usada. 27 Con la vía ancha sería más fácil importar material rodante de otros países.

Al Ferrocarril Central le interesaba unir la vía con la frontera Sur de Estados Unidos, para ello, además de adquirir la concesión del Estado de Guanajuato, adquirió las que cruzaban la línea hacia el norte del país como la de Aguascalientes, San Luis Potosí y Tamaulipas para comunicarse al Golfo de México por medio del puerto de Tampico (Pacheco 1885: 374).

La Compañía del Ferrocarril de Celaya a León, se comprometió a construir lo que le faltaba para los sesenta kilómetros, que fueron indemnizados en $428,000, los que se transformaron en vía ancha, se adicionaron las estaciones y demás instalaciones accesorias, debiendo concluir los kilómetros faltantes para finales de 1882. El Gobierno del Estado decidió dejar de adquirir acciones del Ferrocarril Central dando las que tenía como pago de la subvención de kilómetros construidos, también le enajeno un edificio y terrenos que le pertenecían en León. 28

Como a los empresarios guanajuatenses lo que les interesaba era la construcción de la vía férrea, traspasaron la concesión sin ninguna objeción; además por ser una actividad nueva en México no había la experiencia para construirla, por lo que fue

27 PO, T. 7, 20-06-1880: 634.

28 PO, T. 9, Nº 45, 05-06-1881: 1.

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más ventajoso traspasarla a los norteamericanos que ya tenían una red de caminos de hierro en su país. Se les retribuyeron los trabajos que habían hecho hasta ese momento y además ganaron que la línea no fuera estatal sino internacional y con comunicación al mar.

3.3 Obras de construcción del ferrocarril en Guanajuato

El Ferrocarril Central comenzó los trabajos de construcción en la ciudad de México, pidiendo al gobierno el nombramiento del ingeniero que revisaría las obras, según lo estipulado en el contrato. Los trabajos de construcción se iniciaron el 25 de mayo de 1880 en Atzcapotzalco, con 275 operarios, los cuales fueron aumentando progresivamente; en esa área tuvieron algunos problemas por lo pantanoso del terreno. También comenzaron los trabajos de construcción en Paso del Norte para llegar a unir los dos puntos (Pacheco 1885: 375).

El tramo de Querétaro a León se comenzó en junio de 1881 con 500 operarios; era un tramo con varios ríos que cruzaban El Bajío, conocido por su producción agrícola debida la fertilidad de la tierra y de la abundancia de las aguas que lo cruzaban. Esa región estaba ocupada por haciendas y ranchos sujetos a “las inundaciones producidas por sus ríos: esta circunstancia, y la de estar compuestos estos terrenos de arcilla plástica en su mayor parte, hacen que en la estación de lluvias sea verdaderamente difícil el tránsito por ellos” (Pacheco 1885: 411), no solo para los caballos y diligencias, también era riesgoso para el ferrocarril por los deslaves que podían provocar las lluvias.

Para la construcción aprovecharon los materiales de la localidad, como madera, piedras, tierra arcillosa, etc. Los durmientes, rieles, tornillos, pernos y más, eran importados ya que la madera de la región no era suficiente, porque se usaba también en la minería; la industria metalúrgica en México no cumplía con las demandas de hierro de la empresa (Pacheco 1885: 414).

En un informe rendido en las Memorias de la Secretaría de Fomento se mencionaba respecto del tramo de Querétaro a Celaya, que “si la gente malévola no quita rieles de la vía o pone montones de piedras en ella, o incendia el maderamen de los puentes, y si la Compañía conserva el camino propiamente y lo explota con empleados prudentes, cuidadosos, inteligentes y sobrios, no habrá motivo para esperar que ocurran accidentes en el tramo.” (Pacheco 1885: 416). Con lo anterior querían expresar que habían tenido problemas por parte de las personas que habitaba cerca de la construcción de las vías,

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o que habían tenido ese mismo tipo de problemas en otros puntos de la construcción, por lo que esperaban mejor respuesta de los ciudadanos y de los trabajadores que empleaban, ya que debía tener todas las precauciones posibles en la construcción del ferrocarril. Podía ser que la gente estuviera enojada con la introducción del ferrocarril porque les causara daños en sus tierras, trabajo o animales. La ebriedad entre los trabajadores parecía un problema frecuente, porque se menciona en el mismo informe, que los trabajadores se presentaban en estado de embriaguez durante las horas de trabajo, ocasionado perjuicios a la compañía y a la población en general.

El Ferrocarril Central comenzó a ensanchar los terraplenes para cambiar el ancho de la vía, se informaba en el periódico para que los usuarios del tren tomaran precauciones y usaran medios de trasporte alternativos mientras duraba el cambio de vía. A través de los periódicos se mantenía informado al público, ya que se pedía por medio de cartas al Periódico Oficial, que publicara los decretos y disposiciones del gobierno en cuanto a los trabajos y adelantos en la construcción del ferrocarril. 29

Desde un principio hubo problemas con el seguimiento de las normas fijadas en la concesión del ferrocarril, del tramo de Celaya a Irapuato que se explotaba desde el 15 de agosto de 1880, se tenían quejas porque no se cobraban las tarifas establecidas para el transporte de semillas, ya que se cobraban como si fueran de primera clase (5 centavos por kilómetro a una tonelada), siendo éstas de tercera clase y debiendo pagar sólo 2.5 centavos por kilómetro. Los usuarios pedían que se suspendiera la vigencia de las tarifas mencionadas o que se fijaran otras acordes a las demandas de los usuarios. 30 La empresa del Ferrocarril Central no cumplió las leyes a que debía circunscribirse porque como Guanajuato era productor agrícola la compañía trataba de obtener ventajas de la transportación de ese tipo de mercancía, pero en realidad las tarifas se había fijado para impulsar el desarrollo de la industria y del agro en el estado y en todo el país; lo que pasaba era que al ser un tramo muy pequeño los costos de transportación podían encarecerse y no convenir a la empresa cobrar las tarifas establecidas.

En el cambio de vía sólo se quitaron dos tercios de los durmientes de la vía angosta, el otro tercio se dejó, argumentando la compañía que aún servían. Cada cierta distancia debía ponerse tanques para abastecer de agua y carbón o leña para la

29 PO, T. 8, Nº 57, 26-12-1880: 784. Pacheco 1885: 411.

30 AGEG, Secretaría de Gobierno, C. 404, Exp. 1, F. 120-121.

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combustión, pero no se habían puesto los definitivos; se suponía que el ferrocarril se usaba por ser un medio de transporte más rápido que las diligencias o caballos, pero la falta de las instalaciones necesarias podía provocar que fuera más lento el servicio del tren (Pacheco 1885: 418).

Algunas de las propiedades que se vieron afectadas con expropiaciones fueron haciendas y ranchos en las inmediaciones del trazado de la vía, como las haciendas de Arandas y La Garrida, ranchos de San Francisquito, Marqués, Santa Bárbara, Bustamante y Mezquite (Pacheco 1885: 419). En 1882 se expropió un terreno de la hacienda de Cuesillo, propiedad de Carlos, Ignacio y Rosario Chico y Chico con una extensión de 68,060 metros cuadrados, a un costo de $556.62, además el Ferrocarril Central se obligaba a hacer tres alcantarillas para dar paso a las aguas hacia las tierras de labor. 31

También se expropió una parte de la Hacienda de Cerritos, cerca de Silao, en junio de 1882 para construir en ellos la estación de esa ciudad, el terreno fue comprado por una junta de vecinos de Silao con sus recursos para luego regalarlo al Ferrocarril Central. 32 Los dueños fueron Emilio Rendón, Antonio Rendón y Luz Verdín, quienes aceptaron la expropiación porque la ley se los obligaba, pero bajo la condición de que se construyera la estación, almacenes, maestranzas y oficinas para el ferrocarril, en caso de que usaran el terreno con otro fin, los vendedores tenían el derecho de pedir la retroventa. Los vecinos de Silao regalaron el terreno al Ferrocarril Central porque veían con gran interés el paso del tren, ese pueblo se consideraba el centro de almacenaje de mercancías y productos agrícolas de las poblaciones cercanas. La ciudad de Guanajuato era “la plaza de consumo de los productos agrícolas [y ganaderos] de esta municipalidad y sus vecinas, así como de las industriales y fabriles de León”, 33 por lo que la conexión por medio del ferrocarril traería ventajas comerciales para todos.

En esos y otros terrenos enajenados por el ferrocarril se cosechaban arvejón, maíz, trigo y otros cereales, gracias a la fertilidad del suelo, pero los caminos para atravesarlos eran de difícil circulación durante las lluvias, por lo que la construcción de vías férreas permitiría mejorar el tránsito (Pacheco 1885: 419-420).

31 AHG, Protocolo de Cabildo, libro 187, escritura 52, 03-05-1882, F. 91v-93f.

32 AHG, Protocolo de Cabildo, libro 187, Escritura 114, 14-06-1882. F. 186v.

33 Archivo General de la Nación, Secretaría de Comunicaciones y Obras Públicas, 17/194-1.

la introduCCión del FerroCarril en la Ciudad de guanajuato, 1877-1908

Se hicieron algunos cambios en el trazado para acortar la vía, disminuir pendientes y curvas, construir terraplenes, caminos y pasos a desnivel. La construcción del ramal de Silao a Guanajuato se pensó hasta Marfil, distante cinco kilómetros de la ciudad, de ahí al centro se explotaría por tracción animal, ya que ese tramo tenía grandes dificultades por lo curvo del terreno, quedando en la inteligencia de que “cuando el tráfico lo requiriera, a juicio del Gobierno y de acuerdo con la Compañía, se establecería la tracción por vapor, haciéndose las obras necesarias al efecto.” (Pacheco 1885: 376).

Después de la supervisión y aprobación de los trabajos por el inspector de gobierno, se decidió que el tramo de Silao a Guanajuato podía iniciar su explotación el día 13 de noviembre de 1882. Aunque se habían hecho algunas recomendaciones para mejorar el estado de las vías y terraplenes para evitar accidentes a futuro, la compañía consideró que los arreglos sugeridos no eran necesarios (Pacheco 1885: 425-426).

Para la construcción de la estación en Marfil, el Central compró un terreno a José María Anaya, en ese espacio se construyó un cuarto para resguardar las mercancías, pero no propiamente una estación, era provisional hasta ver la capacidad de carga y pasajeros de la ciudad. 34

El resto de la línea de México a Paso del Norte se terminó en 1884; el ramal hacia la ciudad de Guadalajara en 1888; los trabajos de construcción de la línea férrea a Tampico hasta 1886. A partir de ese último año, el Ferrocarril Nacional había emprendió otra vez las obras para terminar sus líneas, que había suspendido por problemas económicos. Entonces el Central se vio forzado a terminar las suyas también; sin embargo, la línea del Nacional era más corta de México a Estados Unidos, por lo tanto más barata; se invirtió en mejor equipo rodante y construcción de las vías; por el contrario el Central ya tenía vías descuidadas y maquinaria en mal estado, a pesar de los pocos años de explotación, lo que ocasionó retrasos y accidentes.

El Ferrocarril Nacional de México tenía una línea férrea que partía de la ciudad de México, pasando por Maravatío, en Michoacán; Acámbaro, Salvatierra, San Miguel Allende, Dolores Hidalgo, San Felipe y Jaral en Guanajuato; San Luis Potosí, Saltillo en Coahuila, Monterrey en Nuevo León y Laredo, Texas. La empresa había llegado hasta San Miguel de Allende en diciembre de 1883 y había suspendido los trabajos de construcción hasta 1886 (Cosío 1973: 522-523).

34 AHG, Protocolo de Cabildo, libro 187, escritura 198, 04-11-1882, F.338v-339v.

del PorFiriato al CardeniSmo. aSPeCtoS de la hiStoria moderna de guanajuato

3.4 Inauguración del ferrocarril en Guanajuato

Previamente se habían inaugurado algunos tramos entre la ciudad de México y León,

pero el 28 de julio de 1882 se inauguró oficialmente todo el tramo. El Periódico Oficial del Gobierno del Estado de Guanajuato narró el acontecimiento como “un gran paso en el adelanto del país, y muy especialmente un poderosísimo elemento de prosperidad para el Estado” 35 . La comitiva conformada por representantes del gobierno, directores

e inspectores del Ferrocarril Central, partió de la estación de Buenavista, en México. Las poblaciones por donde iba pasando estaban adornadas y salían a saludar al tren

y su comitiva con música y cohetes.

Llegaron a León a las nueve de la noche y los esperaba una muchedumbre de veinte mil personas, quien los recibió con música, cohetes y el repique de las campanas de las iglesias. Hubo un desfile de las fuerzas de la federación y del estado. Al día siguiente hubo un almuerzo en el Palacio Municipal, una corrida de todos, los vítores con música, antorchas, banderas y alegría recorrieron las calles hasta media noche. Algunos invitados especiales concluyeron la celebración con un baile en el Teatro Doblado. A partir de ese momento se harían sólo doce horas entre México y León. 36

Para noviembre se planeó la inauguración del ramal de Silao a la ciudad de Guanajuato. Para organizar los festejos fue nombrada una comisión compuesta por Joaquín Chico como representante del Ferrocarril Central, Francisco de Paula Castañeda, José Mena, Juan Tongo y Pío R. Alatorre, representante del gobierno de la ciudad. 37

La fecha de la inauguración se fijó para el 21 de noviembre de 1882; la comitiva salió de la ciudad de México, con ciento cuatro pasajeros. Se detuvieron en San Juan del Río para tomar un almuerzo. De Silao a Guanajuato cruzó “la locomotora a orillas de un abismo algo parecido al tajo de Nochistongo, el camino [era] algo accidentado

y necesita reformarse porque está ligeramente construido” (sic). 38

35 PO, T. X, Nº 56, 06-08-1882: 2

36 Según el relato de Henry George Ward, él hizo siete días de México a Guanajuato, siendo 368 kilómetros, en una comitiva que viajaba en carruaje, recorriendo aproximadamente de diez a doce horas diarias si no se presentaban dificultades en el camino (Ward 1985: 152-165).

37 PO, T. X, Nº 78, 29-10-1882: 2.

38 PO, T. X, Nº 85, 03-12-1882: 2.

la introduCCión del FerroCarril en la Ciudad de guanajuato, 1877-1908

La comitiva llegó a las seis treinta de la tarde y fueron recibidos por el Gobernador del Estado y demás invitados. Se habían reunido entre cuarenta y cincuenta mil personas a esperar la llegada del ferrocarril a Marfil, de ahí partieron en tranvía al centro de la ciudad. Todo estaba adornado con globos, arcos y vasos con luces, acompañados por música de la banda militar y música de cuerdas. Al día siguiente los invitados fueron a un banquete en El Colegio del Estado, después a las nueve de la noche se ofreció un baile en el Palacio de Gobierno. El día 23 de diciembre se ofreció una corrida de toros y por la noche se escuchó música en el Jardín Unión, terminando así la inauguración del Ferrocarril Central en Guanajuato.

Las fiestas de inauguración duraban días y no se escatimaba en gastos. La mayor participación de la gente en la inauguración de Guanajuato que en la de León, se debió a que era la capital del estado y se encontraban en ella las oficinas gubernamentales, además de empresarios y trabajadores de la minería, comercio y demás actividades que se desarrollaban en la capital y sus alrededores. El ramal a la ciudad de Guanajuato era importante para exportar la producción minera e introducir los productos necesarios para su explotación y beneficio.

3.5 El tranvía en la ciudad de Guanajuato

Desde el proyecto de ferrocarril de Celaya a León surgió la idea de establecer un tranvía en la ciudad de Guanajuato; fue así como Francisco de Paula y Wenceslao Rubio en abril de 1878, pidieron la concesión para construir un ferrocarril urbano en la ciudad, de la Presa de la Olla al Cantador. 39 Los mismos integrantes de la compañía del ferrocarril de Celaya a León pidieron construir un tranvía de Marfil a la Presa de la Olla. Sin embargo, la concesión se dio a los primeros, quienes construyeron la línea desde Marfil, por la calzada de ese poblado y a otras partes importantes de la ciudad.

El Ferrocarril Central se negó a que hubiera otra vía de tracción animal en la calzada de Marfil, ya que no era suficientemente ancha para ambas y consideraba que la calzada era de su uso exclusivo porque en el contrato de concesión se estipulaba que el gobierno construiría una calzada y la entregaría a la compañía. Alegaba también que esa concesión atacaba los derechos del Central, en cuanto a la explotación de

39 AHG, Ramo: reglamentos: Dictamen de la comisión de ferrocarriles presentado al Ayuntamiento de esta capital. Guanajuato, Imprenta de Justo Palencia, 1882, p.13.

del PorFiriato al CardeniSmo. aSPeCtoS de la hiStoria moderna de guanajuato

ese tramo de tracción animal. 40 Los derechos sobre la calzada no eran exclusivos del Central, ya que sería un monopolio y estaba prohibido por la Constitución, ya que la calzada no se cedía como el resto de los terrenos por donde pasara, porque por ahí debía transitar también el público en general en carruajes, caballo y a pié.

Ambas partes llegaron al acuerdo de que la compañía del tranvía explotaría la concesión del Central en la calzada de Marfil, pagando una renta por el uso de la vía, ya que no era redituable poner dos vías paralelas, para evitar accidentes y no obstruir el paso de los demás usuarios (Oposición, 1881). La concesión del tranvía, que se había dado desde octubre de 1880 a Wenceslao Rubio, iba de Marfil a la Presa de la Olla, pudiendo hacer otros ramales a los centros mineros de la ciudad; de esa forma se facilitaría la llegada de los pasajeros y mercancías a la estación de Marfil.

Las bases de la concesión del tranvía eran para explotar la vía por tracción animal, por un lapso de noventa y nueve años, debiendo terminar en dos años la construcción con los carros necesarios para cumplir la demanda. Tenían permitido hacer alteraciones en las calles, calzadas y puentes de la ciudad para establecer la vía, pero sin obstruir el tránsito del público, nivelando toda la calle a la altura de la vía para que el paso fuera uniforme, sin invertirse en ello los fondos municipales. Indemnizarían los daños y perjuicios que causaren a las fincas con las obras; así mismo debía conservar el empedrado de las calles por donde pasara la vía, por cuenta de las empresa. Se debían usar animales mansos y adiestrados para evitar desgracias, anunciando el tránsito del tren con un silbato y debiendo estar iluminados por la noche. No se debían dejar las riendas de los animales a los pasajeros. Debía dar la compañía una fianza de $3,000 para garantizar la construcción de la vía. Fijaba las tarifas de pasajeros y mercancías, permitiendo el aumento al doble en días festivos. Se dejaban exentos de impuestos municipales los materiales destinados a la construcción y explotación de la vía. 41

Según la opinión del ingeniero civil José M. Lira, encargado de aprobar los trabajos de construcción del tranvía, la vía angosta hubiera sido más conveniente para el terreno

40 AHG, Ramo: Comunicaciones y turismo, Guanajuato, 13 de febrero de 1881. Oposición que presentó el Lic. Joaquín Chico, como representante de la compañía del Ferrocarril Central Mexicano a la concesión que se hizo al C. Wenceslao Rubio para el establecimiento de una vía férrea de tracción animal en esta ciudad.

41 PO, T. XIV, Nº 71, 06-04-1886: 1.

la introduCCión del FerroCarril en la Ciudad de guanajuato, 1877-1908

accidentado de la ciudad de Guanajuato, la vía ancha no lo era porque invadía un gran tramo de la calle ocasionando perjuicios a algunas de las casa por los terraplenes, zanjas y barrenos para la construcción, así como la incomodidad para la circulación de los habitantes de la población, ya que los rieles y durmientes habían quedado a un nivel más alto que la calle y al descubierto, lo que impedía que los carros pasaran, dañando las llantas y los rieles. En algunos lados, las curvas de las calles por donde pasaban los tranvías eran estrechas por lo que la velocidad debía ser muy lenta. 42

El ingeniero José M. Lira proponía la modificación de las vías, el empedrado interior de las vías, reparar algunos caños de las casas que quedaron a un nivel más bajo, suprimir algunas palancas de cambio de vía por automóviles para no entorpecer el tráfico a carruajes y viandantes, pero sobre todo “se necesitaba de un buen reglamento para corregir las irregularidades y abusos que se observan en el tráfico.” 43 . La fecha en que entró el primer tranvía a la ciudad fue en noviembre de 1884 (Espinosa 1917, T. 1: 56-57).

El principal competidor del tranvía fue el coche de sitio, si comparamos la tarifas con las del tranvía nos damos cuenta que eran más baratas y podían transitar a todos los lados de la ciudad, ya que el tranvía sólo pasaba por las principales calles. 44

4. estableCimiento De la ComPañÍa Del ferroCarril Central en guanajuato

Antes de que se estableciera el ferrocarril la mayoría de los productos que consumía la ciudad de Guanajuato entraban por el camino de Celaya, Salamanca, Irapuato, Silao o León, ya que comunicaba con la ciudad de México y Guadalajara. Los otros caminos comunicaban con Dolores Hidalgo y San Miguel de Allende, por donde entraban menos productos. En el tramo entre Marfil y la ciudad de Guanajuato se dejaban muchos productos ya que ahí se encontraban varias de las haciendas de beneficiar metales y surtía a los trabajadores que vivían cerca de ellas, Marfil contaba con una población cuantiosa que necesitaba de tiendas en general que surtieran el laboreo del beneficio de los metales, estableciéndose fraguas o herrajes, expendios de maíz y alfalfa. Como Marfil era la entrada a la ciudad de Guanajuato, ahí se establecieron

42 PO, T. XIV, Nº 94, 29-06-1886

43 PO, T. XIV, Nº 94, 29-06-1886

44 AHG, Fondo: Comunicaciones y Turismo: Guanajuato, 24-07-1884.

del PorFiriato al CardeniSmo. aSPeCtoS de la hiStoria moderna de guanajuato

las garitas de vigilancia y cobro de alcabalas, así como la revisión de los productos introducidos a Guanajuato. 45

La estación del Ferrocarril Central se estableció en Marfil, en un terreno comprado cerca de la Venta de Tenería, por lo que se adoptó el nombre para la terminal, que constaba de una bodega, la sala de espera y dos cobertizos. Todo era de manera provisional, pero nunca se hizo la construcción definitiva. La estación también tenía una rampa para montar el ganado en los vagones, una casa de sección, unos cuartos de adobe, una mesa giratoria de 16.4 metros de diámetro para voltear la locomotora ya que no había el espacio suficiente para que el tren diera la vuelta; antes de tener la mesa, el tren caminaba con el ténder a la cabeza, es decir, en reversa, lo que podía ocasionar accidentes. 46

decir, en reversa, lo que podía ocasionar accidentes. 4 6 Ilustración 1. Plano de la estación

Ilustración 1. Plano de la estación de ferrocarril de Marfil.

45 AHG, Ramo: Demografía, C.1879, Libro de números impares que contiene los minerales de Mellado, Rayas y Valenciana, y varios cuarteles de Marfil.

46 Centro de Documentación e Investigación Ferroviarias (CEDIF), Planoteca, Fondo: Vías y Es- tructuras (P y L), Estación de Marfil, Escala 1:1000, Colocación 815, 29-01-1902.

la introduCCión del FerroCarril en la Ciudad de guanajuato, 1877-1908

Con el ferrocarril, el número de mercancías introducidas por esa vía fue mayor

y como sólo había dos corridas del tren al día, las mercancías que llegaban o partían debían ser resguardadas en la bodega de la estación. Como era pequeña algunos particulares construyeron otras bodegas para su propio uso o para rentarlas, como C. Rodríguez & Co., la Casa de Ensayes y Bodega The Dwight Furness Co. y un corral rentado a la Guanajuato Development Co. que podía usarse para guardar las mulas del tranvía u otros animales transportados.

La estación no contó con el espacio suficiente a pesar de la importancia de la carga

y pasajeros, ya que además de las vías auxiliares aledañas a las bodegas o zonas de carga

y descarga, debían realizarse las maniobras de organización de envío y recepción de trenes, inspección técnica, sanitaria y legal, de cambio de tripulación, mantenimiento

y reparación, pero sería hasta 1908 con el cambio de estación a Tepetapa cuando se

planearía y construiría una estación propiamente dicha (Boletín 2000: 15). Los patios ferrocarrileros eran de gran importancia porque además de ser el espacio donde se desarrollaba su trabajo, era el centro de reunión y convivencia, porque en él se establecían las casas de los empleados.

Junto a la estación del Ferrocarril Central se estableció la estación del Ferrocarril de Marfil a San Gregorio, línea férrea realizada para comunicar a una zona minera

y maderera. Esa estación era de mayor extensión que la del propio Central, tenía su

bodega de carga y estación de pasajeros y contaba con espacio suficiente para que el

tren diera vuelta. 47

La estación de Marfil no contó con restaurante o cafetería donde los pasajeros pudieran tomar aperitivos; pero eso no fue problema, porque los vendedores ambulantes se hacían cargo de ofrecer comida, bebida, dulces, cigarros y más. Por normas de la compañía no podían establecer sus negocios dentro de la estación, pero se encargaron de cubrir las nuevas necesidades que se crearon con la llegada del ferrocarril, además de comida, hospedaje, diversiones para empleados, pasajeros y visitantes.

47 Centro de Documentación e Investigación Ferroviarias (CEDIF), Planoteca, Fondo: Vías y Es- tructuras (P y L), Estación de Marfil, Escala 1:1000, Colocación 815, 29-01-1902.

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Cuando ya se explotaba el tramo de Marfil al Cantador por tranvías, se pedía que se explotara por tracción de vapor, ya que los tranvías no cubrían las necesidades de transporte al centro de la ciudad, la mercancía se demoraba en Marfil y con frecuencia los comerciantes se veían obligados a usar carros comunes en esos cinco kilómetros “en los cuales pagaban por flete de una tonelada, lo mismo y más de los que cuesta el transporte de Silao a Marfil” (Pacheco 1887: 719), sin contar la pérdida de tiempo.

Fue hasta 1908 que se decidió cambiar la estación de Marfil a Tepetapa, causando perjuicios a los habitantes de Marfil, a los dueños de las bodegas particulares y al tranvía ya que dejaría de transportar las mercancías y pasajeros. Pero por otro lado, también representó ganancias para los comerciantes, quienes siempre se quejaron de lo lejano de la estación, sintiendo en ese cambio, una mejora material y económica.

La plazuela de Tepetapa fue uno de los centros de comercio desde antes, junto con la Plaza Mayor, el Mercado de Reforma, la Plaza de San Fernando, las de San Roque, el Baratillo y Gavira (Almazán 1903: 29-30); en todas ellas había comerciantes, vendedores ambulantes y puestos de fruta. Alrededor de la plazuela y estación se ofrecieron los productos a las personas que llegaron y a las familias y personas que acudían a ella como forma de recreo para ver salir o llegar los trenes (Mora 2001).

4.1 Empleados ferrocarrileros

Como el ferrocarril era un servicio nuevo en México no había el personal calificado para desempeñar todos los cargos; además al ser el Ferrocarril Central una compañía norteamericana, parte de sus trabajadores fueron traídos con ellos. Los empleados estaban divididos en dos departamentos, el primero se encargaba de las labores en la estación, manejar los trenes y mantener las vías en buenas condiciones; los del segundo pertenecían a los talleres, les tocaba componer la maquinaria y ensamblar los vagones, locomotoras, plataformas y furgones que eran comprados en el extranjero y armados en los talleres mexicanos.

Siempre fue mayor el número de trabajadores mexicanos, pero la mayoría de los puestos que ocupaban los extranjeros eran los más altos y requerían de más capacidades como la de ingenieros, fogoneros, maquinistas y herreros. Se sabe que para 1881, trabajaban un promedio de 2260 operarios, 1834 mexicanos y 186 extranjeros en toda la línea del Central; aunque el contrato establecía que todos los trabajadores

la introduCCión del FerroCarril en la Ciudad de guanajuato, 1877-1908

debían ser considerados como mexicanos mientras trabajaran para el ferrocarril, en la práctica el Central otorgó mayores beneficios a los extranjeros en cuanto a trabajo

y salarios 48 . Se fijaron tres lugares estratégicos para los talleres: la ciudad de México, Aguascalientes y un pequeño taller y una Casa Redonda en Silao.

El número de empleados a lo largo de la línea férrea varió de acuerdo a los trabajos de construcción, tiempo en el que hubo un mayor número de trabajadores. Su dispersión a lo largo de la vía no les permitió una organización gremial, más bien se dio una organización entre personal con el mismo cargo y no en general de ferrocarrileros. Gozaron de una situación salarial estable y mejor comparada con los jornaleros, peones o mineros.

Durante la construcción, el ferrocarril contrato a mano de obra local, pero se enfrentó al problema de que los jornaleros dejaban el trabajo para atender sus sembradíos, por lo que se requería personal muy seguido y se debían capacitar constantemente. Los problemas también vinieron por parte de la compañía, ya que no siempre pagaba los salarios puntualmente; en 1887 hubo una protesta por parte de los trabajadores en Tierra Blanca, Guanajuato, que apenas pudieron ser controlados por las autoridades locales (Kuntz 1995a: 96-97).

La compañía del Central opinaba que la mano de obra mexicana era fuerte y regular en su forma de trabajar; no provocaban muchos disturbios, pero se quejaba porque los trabajadores no estaban acostumbrados a un horario y a los jefes, ya que las labores en el campo eran más libres; también del ausentismo por fiestas y embriaguez.

Un problema de notoria importancia fue la lengua, ya que los mandos eran extranjeros que no se preocuparon por aprender el español, por lo que no podían

comunicar las órdenes a los subalternos, lo que disgustaba a los mexicanos. Aparte se daba el rechazo de los usuarios hacia los mexicanos, considerándolos poco calificados,

a los que atribuían el “ya desastroso número de descarrilamientos” y accidentes en la línea férrea; además opinaban que la empresa contrataba a mexicanos para aminorar costos de mano de obra (Kuntz 1995a: 103).

48 PO, T. 9, Nº 94, 24-11-1881: 1-2

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Sin embargo, no dependía sólo de la mano de obra poco calificada, sino del buen estado de la maquinaria y de las vías; además el Central no brindaba la capacitación formal necesaria a sus trabajadores, quienes aprendían viendo a sus compañeros.

4.2 Pasajeros y carga: origen, destino y tipo de mercancías

El ferrocarril no era un transporte barato comparado con los otros, por lo que no lo podían usar todas las clases sociales. La información sobre carga y pasajeros no es muy precisa por falta de fuentes. Sabemos que el intercambio de mercancías era a largas distancias, pero los pasajeros más bien iban a ciudades o pueblos cercanos para descanso o negocios. En el ramal de Guanajuato a Silao se transportaba en término medio al día 450 pasajeros y 130 toneladas de carga en 1885 49 .

Aunque se pensaba que la mayoría de los productos transportados serían para exportarse a Estados Unidos, eso no pasó, ya que la carga se llevaba a los centros de consumo más cercanos, siendo un bajo porcentaje la que en realidad salía del país (Kuntz 1995b: 39-66). Gran parte de los excedentes producidos en el estado de Guanajuato surtían la demanda de la ciudad de México, como lo hacían los estados de Puebla, Morelos y Querétaro.

El ferrocarril ayudó a vincular los mercados locales, ya que era un medio de transporte de grandes capacidades y permitió que los vegetales llegaran en buen estado porque era más rápido que los demás. Guanajuato contaba con una situación geográfica privilegiada por su riqueza agrícola, vendía sus excedentes a otros estados. Además se vio beneficiado con la introducción de maquinaria e instrumentos avanzados para mejorar la producción que provenían principalmente de Estados Unidos (Kuntz 1995a: 241).

El ferrocarril no conectó a todos los lugares productivos del Estado de Guanajuato, pero las estaciones servían como punto de reunión de las mercancías de las regiones cercanas. Entre los productos que se transportaban en el Central estaban la carga forestal, productos ganaderos, miscelánea (mercancías de manufactura o de consumo, los importados y de lujo), carga mineral y agrícola.

49 PO, T. XIV, Nº 17, 20-09-1885: 2

la introduCCión del FerroCarril en la Ciudad de guanajuato, 1877-1908

Guanajuato era una zona rica en maderas y bosques; durante los años de construcción del ferrocarril se usaba la misma madera para los durmientes, siendo Guanajuato el tercero en proporcionarla. Ya en años posteriores (1899-1901), el estado ocupó el octavo lugar ya que la minería también consumía grandes cantidades de madera y leña en las máquinas de vapor (Kuntz 1995a: 224-226).

Los objetos suntuarios constituyeron un rubro importante de las importaciones, lo que refleja un cambio en la manera de vivir de algunos sectores de la población, ya que la influencia francesa, estadounidense y europea se dejaba ver en la moda

y costumbres de la sociedad. Los productos nacionales se vieron beneficiados con

tarifas preferenciales y más bajas, que se fijaron para ayudar a la comercialización dentro del país. En el estado de Guanajuato se producían sombreros de paja, mantas, rebozos, cobijas, zapatos, manufacturas de cuero de donde León cobró su auge en curtiduría y talabartería; la alfarería también era importante por sus ollas y cazuelas (Labarthe 1997: 256, 280. Cosío 1973: 350, 375).

La carga agrícola ocupó el segundo lugar dentro de la carga total que transportaba el Central, desplazada por la mineral. Guanajuato tuvo una participación importante por su producción agrícola, ya que se desvincularon los mercados de la ciudad de México

y se convirtieron en centros regionales de distribución, vendiendo directamente a los

consumidores y no a través de la capital del país. Muchos de los productos perecederos se comercializaron más fácilmente por el ferrocarril ya que se implementaron los vagones refrigerantes (Kuntz 1995a: 265).

Los productos agrícolas de Guanajuato se vendían en la ciudad de México, Hidalgo, Querétaro, Michoacán, Coahuila y Zacatecas, siendo principalmente maíz, trigo, harina, frijol, frutas, vegetales y otras semillas (Kuntz 1995a: 267-268).

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Cuadro 1 Productos agrícolas transportados por el Ferrocarril Central Total por estados más importantes 1884-1901, expresados en toneladas

 

1884

1893*

1899

1901

DF y E stado de M éxico

Ton 34 39 8

16

255

25

374

23

811

Querétaro

4

778

9

432

47

223

23

250

Guanajuato

12

705

57

903

76