El tiempo de penuria López Capula Fco.

Javier

a) Si Heidegger está meditando de forma radical la esencia de la obra de arte, no es porque ya le hace falta tener una nueva concepción, dado que las anteriores han sido inocuas e insuficientes, sino porque de fondo se está llevando a cabo la culminación de un trayecto en vista de otro. Este proceso – un duelo sagrado- no es nada sencillo. Incluso requiere de estados afectivos, como por ejemplo el miedo y el espanto1. Incluso se debe ejecutar un salto2. Esa vista sobre lo que ha culminado lleva el nombre del primer comienzo del pensar. La otra vista es pensada ahora como el otro comienzo. Viendo el primero en su peculiar modo en que se desenvolvió, es menester saltar al otro. Dos inicios son vistos. Dos contingencias y por lo tanto nada con calma sustentable. Pero hay algo seguro, si hay otro comienzo, es porque en el primero hay algo trastocado que lo posibilita. Nietzsche le llamó muerte de dios; Heidegger, la pregunta por el ser (Ser y tiempo). Y es que el ser se ha esenciado históricamente. De ahí la famosa “onto-historia”, ésa que ha de concluir que todo comportamiento temático es producción humana, debida a una herencia inmanente de algo impensado. Deshilachar esta herencia, en busca de “resultados originarios”, ha tenido por nombre destrucción de la ontología metafísica. El dar cuenta de esta producción, nos implica en un tiempo de penuria, de simulacro, donde se ha posibilitado el comportamiento humano en extremo perturbado y las posibilidades relacionales con los entes se ha potencializado a tal grado de olvidar todo. Esto dicho sutilmente, que por antonomasia se le llama la voluntad de voluntad, lleva el título de técnica. Este remolino ha envuelto en su aire incluso a lo más perentorio, como la filosofía y la ciencia, quienes se adecuan al mundo gobernando las hazañas por medio del cálculo radical entitativo. Hubo, ahora bien, un
“La disposición conductora de la resonancia es el espanto en el des-ocultarse del abandono del ser [Seyn] y a la vez el temor ante el evento que resuena. Tan sólo espanto y temor juntos permiten realizar de modo pensante la resonancia”. Heidegger, Martin, Aportaciones a la filosofía. Acerca del evento, Biblos, Buenos Aires, 2003, p.318
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“El salto, lo más osado en el proceder del pensar inicial, deja y arroja todo lo corriente detrás de sí y no espera nada inmediatamente del ente, sino que salta antes que todo a la pertenencia al ser [Seyn] en su pleno esenciarse como evento”. Ibídem, p. 327
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mas hoy hay otro. ambos se cobijan de la misma historia del pensar. Son productos del sujeto.tiempo donde el ente se mostraba como un no-yo. podemos hacer una sutil conclusión. Hoy. es amo respecto del ente. El desliz radical se perfila como la extrema dominación del ente. . el cual ha roto el anterior fundamento. Más. es decir. Pero otro fundamento rompió el primero. se dijo. restringe. también se adscriben al cogito el propio pensar y lo que se piensa y se hace ciencia. forma de la materia. En lo siguiente elaboramos una más sólida. como enfrentamiento y oposición. uno ha trastrocado a otro. el fundamento opositor. lo cuales se trastocan unos entre otros? ¿Es el fundamento una decisión histórica que abre mundo. hoy prevalece un control absoluto de eso mismo. b) Hubo un tiempo. Son ahora disponibles. El sujeto es fundamento. en qué momento histórico? ¿Bajo qué herencia? Descartes sale a la luz. un dualismo: el sujeto-objeto. es el ser del ente. Si decimos lo ente. su ego cogito. ¿Cuándo fue eso. Sin embargo. Es con gran seguridad la era técnica. ese primer comienzo. Antes hubo una planeación y organización del ente subjetivamente. Lo condiciona. Dos fundamentos. Pero opositor porque el sujeto opone. ¿Una historia que otorga fundamentos. la entidad del ente? El primer comienzo le puesto diversos nombres (fundamentos) a eso que llamamos ser. Lo que se hace frente y opuesto son los logros de la razón. las cosas ya son opuestas ni se enfrentan.

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