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L´OSSERVATORE ROMANO - 01 Noviembre 2013

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L’OSSERVATORE ROMANO
EDICIÓN SEMANAL
Unicuique suum
Año XLV, número 44 (2.338)

EN LENGUA ESPAÑOLA
Non praevalebunt
1 de noviembre de 2013

Ciudad del Vaticano

El Santo Padre indica en la familia el lugar donde se aprende a amar y defender la vida

El motor del mundo
Una comunidad de vida fundada en el matrimonio; un lugar donde «se aprende a amar» y se cuida a los niños y a los ancianos, «los dos polos de la vida»; un real y concreto «motor del mundo y de la historia». Es ésta la imagen de la familia que propuso el Papa Francisco durante la audiencia del 25 de octubre a los participantes en la plenaria del Consejo pontificio para la familia. Y teniendo ante los ojos esta imagen, el Pontífice recomendó acercarse «con atención y afecto a las familias en dificultades, a las que están obligadas a dejar su tierra, que están partidas, que no tienen casa o trabajo, o por muchos motivos están sufriendo; a los cónyuges en crisis y a los ya separados».
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Antídoto a los males de la sociedad
LUCETTA SCARAFFIA a comunidad «es más que la suma de las personas. Es el lugar donde se aprende a amar, el centro natural de la vida humana. Está hecha de rostros, de personas que aman, dialogan, se sacrifican por los demás y defienden la vida, sobre todo la más frágil, más débil». Esta definición de familia que el Papa Francisco dio en el saludo de bienvenida a las que llegaron a Roma en peregrinación hace entender —en pocas pa-

L

labras— cómo esta institución constituye el antídoto más potente a los males de la sociedad contemporánea, como el narcisismo, el utilitarismo, la masificación global, a los que somos conducidos por las culturas dominantes. Es suficiente la participación verdadera en esta comunidad, vivida intensa y totalmente, para hacer entender que los valores auténticos son otros, que el amor es el centro de la vida humana y nuestra mayor aspiración, la única que
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Encuentro del Papa Francisco con las familias del mundo en la plaza de San Pedro

Ese amor paciente que genera alegría
«¿Cómo es posible vivir la alegría de la fe hoy?». La pregunta del Papa Francisco fue el hilo conductor de la peregrinación organizada por el Consejo pontificio para la familia con ocasión del Año de la fe. Y al interrogante —que retomaba el eslogan elegido para la iniciativa: «Familia, vive la alegría de la fe»— respondieron con su presencia festiva las más de cien mil personas llegadas a la plaza de San Pedro de 75 países para participar el sábado 26 por la tarde en el encuentro de oración y testimonio, y el domingo por la mañana en la celebración de la Eucaristía. Momentos en los que el Pontífice habló a las familias de las fatigas de cada día, de la necesidad de comunicar, del peso de los silencios. «Pero lo que pesa más —advirtió el Papa— es la falta de amor», la ausencia de alegría en las casas. Hablando del sacramento del matrimonio, exhortó a los esposos a permanecer unidos «siempre y para toda la vida», indicando tres palabras clave «para que no vuelen los platos»: permiso, gracias, perdón. Y señalando el icono de la Presentación de Jesús en el templo, situado junto a la cátedra, el Pontífice relanzó el diálogo entre las generaciones, sobre todo entre los jóvenes y los ancianos. Al día siguiente, celebrando la misa dominical, el Obispo de Roma trazó tres características de la familia cristiana: la oración en común, la custodia de la fe y vivir la alegría, la «verdadera —explicó—, que nos hace sentir la belleza de estar juntos, de sostenernos recíprocamente»; en cuya base está la «presencia de Dios» con «su amor acogedor, misericordioso, respetuoso hacia todos» y «paciente».
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Y

Entrega del Premio Ratzinger a Christian Schaller y Richard Burridge

Benedicto

XVI

y el don de Jesús de Nazaret

Un gran afecto, mucha gratitud y una estima profunda. Son los sentimientos que expresó el 26 de octubre el Papa Francisco respecto a Benedicto XVI en la entrega del Premio Ratzinger en la sala Clementina del palacio apostólico. Y ello por el «don verdaderamente singular que él hizo a la Iglesia con sus libros sobre Jesús de Nazaret». «Hizo don a la Iglesia, y a todos los hombres, de lo que tenía más precioso: su conocimiento de Jesús, fruto de años y años de estudio, de confrontación teológica y de oración —especificó el Papa Francisco—. Porque Benedicto XVI hacía teología de rodillas, y todos lo sabemos. Y ésta la puso a disposición en la forma más accesible. Nadie puede medir cuánto bien ha hecho con este don; sólo el Señor lo sabe».
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L’OSSERVATORE ROMANO

viernes 1 de noviembre de 2013, número 44

El arzobispo Paglia durante la audiencia del Pontífice a la plenaria del dicasterio

Pescadores de familias
Objetivos y programas del Consejo pontificio para la familia: fue lo que presentó al Papa el arzobispo presidente Vincenzo Paglia el viernes 25 de octubre, en el saludo al inicio de la audiencia a la plenaria del dicasterio, de la que Jorge Mario Bergoglio «durante varios años formó parte». Dos eventos, dijo al Pontífice monseñor Paglia, «nos han guiado en nuestras reflexiones. El primero son estos meses de su pontificado. Estamos asistiendo a una auténtica pesca milagrosa en el plano pastoral». Y «con esta imagen —prosiguió— le decimos cuál es la dirección que el discasterio quiere emprender: ir mar adentro en el mar de la vida, allí donde las aguas están a veces también agitadas y ponen a dura prueba a las familias. Y no faltan los náufragos. A todos nosotros la tarea de apresurarnos a pescar todavía y salvar». En efecto, «la salus animarun es la suprema lex, sin olvidar la salus principiorum». «Cuando era niño —relató el prelado— don Giuseppe De Luca tenía interés en explicar la diferencia entre la cultura y la pastoral: la cultura habla del pan, la pastoral lo parte y lo distribuye». Así «es en el vasto mar de la vida de las familias en el que nuestro dicasterio está llamado a navegar. La familia es un patrimonio común de la humanidad. Y debe ser salvado a la vez. La Iglesia está llamada a un impulso de responsabilidad y de creatividad pastoral». El segundo evento «que nos ha guiado en estos días —prosiguió monseñor Paglia— ha sido el anuncio del Sínodo extraordinario de los obispos sobre la familia». El presidente del Consejo pontificio dio las gracias al Papa «por esta decisión» ofreciéndole «la total disponibilidad en ponernos al servicio suyo y de las Iglesias locales a fin de que esta cita marque una etapa importante para una pastoral familiar más eficaz». Además, añadió, «es cuánto más significativo que se celebre un Sínodo sobre la familia por segunda vez. He aquí por qué consideramos decisivo ampliar los horizontes y recorrerlos con nueva audacia, nueva inteligencia, nuevo empeño». El arzobispo se hizo intérprete además de la expectativa de las familias que estaban a punto de encontrar al Papa al día siguiente, en la Jornada convocada en la plaza de San Pedro. «Para la ocasión —expresó— hemos realizado un icono: la presentación de Jesús en el templo. María y José, impulsados por la Ley de Dios, llevan al Niño al templo, mientras los ancianos Simeón y Ana, movidos por el Espíritu, van al encuentro del Niño. En el icono se representa el encuentro de las generaciones que realiza ese misterio de amor que es la imagen a la que todos deben remitirse». Y concluyó: «Gracias, Padre Santo, porque nos invita a remar mar adentro haciéndonos redescubrir y gustar la alegría de ser pescadores de familias».

Centro de la vida humana
VIENE DE LA PÁGINA 1

Familia et vita

La enseñanza de Bergoglio
Hay una imagen del cardenal Bergoglio, que en paramentos litúrgicos rojos habla a algunos niños en una iglesia de Buenos Aires. Así es la portada del último numero de «Familia et vita» (2013, n. 3), la revista del Consejo pontificio para la familia, que el jefe de oficina del dicasterio, el franciscano conventual Gianfranco Grieco, entregó al Papa durante la audiencia. Se trata de una edición monográfica que relanza —en español e italiano— 35 textos de Jorge Mario Bergoglio (escritos o pronunciados entre 1999 y 2003) sobre temas de la familia y de la vida. Una recolección que prosigue idealmente el precedente trabajo enteramente dedicado al magisterio de Benedicto XVI, inmediatamente posterior a la renuncia al pontificado. A cargo del propio padre Grieco, la publicación ha sido posible gracias a la colaboración ofrecida por el Instituto para los estudios sobre el matrimonio y la familia, de la Universidad católica Argentina. «Nos hemos adentrado —explica el encargado en la presentación— en el conocimiento del pensamiento teológico, pastoral y cultural del cardenal Bergoglio y hemos advertido enseguida su sapientia cordis, sostenida por un conocimiento existencial de los problemas que desafían hoy a la Iglesia y al mundo post-moderno». Basta con recorrer el índice para identificarlos: la cultura del diálogo y del encuentro, especialmente entre jóvenes y ancianos, ocuparse de los demás, la escuela como lugar de acogida, la urgencia de reorientar la política en una línea de creatividad. Y también familia y solidaridad social; familia y parroquia, dignidad y trabajo. No faltan finalmente las respuestas a temas candentes como eutanasia y aborto, divorcio y matrimonio entre personas del mismo sexo. Todo con un estilo y una linealidad de pensamiento hecho de conceptos claros, inmediatos y directos; frases breves y a veces punzantes, citas oportunas y acertadas, en un lenguaje sencillo y convincente.

nos puede dar un poco de paz y de felicidad. Basta con un gesto de amor, el calor que sabemos ofrecer y recibir, para iluminar la jornada. Es una sensación mucho más fuerte y duradera que la efímera alegría dada por el consumo, que en cambio es el remedio que siempre proponen los medios de comunicación ante cualquier tristeza y que parece ser el objetivo asignado a cada existencia. Este amor se realiza en el diálogo, implica paridad y respeto entre mujeres y hombres, entre ancianos y jóvenes, entre padres e hijos. Es amor sólo si existe diálogo —dice el Papa— y por lo tanto si existe respeto recíproco. Pero diálogo significa también escuchar al otro, hallar la paciencia y la disponibilidad a abrir nuestro corazón a las exigencias de los demás, intentar entenderles aun cuando nos parezcan distintos y lejanos. Si la familia realiza todo ello se convierte naturalmente en el lugar donde se defiende la vida, donde se está dispuesto a aceptar a un niño imprevisto, a un hijo enfermo, pero también la larga enfermedad de un padre anciano. De este modo el Papa Francisco parece decir que la verdadera solución de los problemas bioéticos es el amor, la construcción de comunidades capaces de amar y, por lo tanto, de recibir a los más débiles, de acogerles. No se puede hacer solos este sacrificio: pocos son capaces de afrontar solos esta prueba, pero la familia, cuando existe, da la fuerza de aceptar a las personas consideradas por la mentalidad dominante como no perfectas, aquellas que sufren. El hijo que viene al mundo después de haber sido sometido a un control prenatal, que sabe que ha sido aceptado sólo porque es sano, ¿cómo podrá tener después la generosidad de atender al padre enfermo? La tentación de la eutanasia nace de esta selección originaria, o sea, de pensar en el hijo como en un producto que se quiere perfecto, y no como en un nuevo miembro de la familia, que será en cualquier caso amado. He aquí por qué defender a la familia como comunidad de afectos y de amor recíproco quiere decir afrontar casi todos los problemas sociales, con buenas esperanzas de resolverlos. La educación de las nuevas generaciones, el welfare, la ocupación, la crisis económica, las dificultades bioéticas son cuestiones que remiten todas a la estructura familiar: si ésta se mantiene, se mantiene la sociedad. Y si se mantiene la familia como lugar privilegiado de anuncio del Evangelio, también la Iglesia puede ir adelante más expeditamente, y sobre bases más sólidas. Por esto la defensa de la familia por parte del Papa Francisco no es en ningún modo rechazo de lo nuevo. Es, en cambio, uno de los elementos fundamentales para afrontar el futuro. Y para hacerlo distinto de un presente que en muchos aspectos está perdiendo dosis no pequeñas de humanidad.

L’OSSERVATORE ROMANO
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GIOVANNI MARIA VIAN
director Carlo Di Cicco
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Redacción
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número 44, viernes 1 de noviembre de 2013

L’OSSERVATORE ROMANO

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El Papa Francisco indica en la familia el lugar donde se aprende a amar y a defender la vida

El motor del mundo
Con atención y afecto junto a los cónyuges que están en dificultad o en crisis
Una comunidad de vida fundada en el matrimonio en la que se atiende a niños y ancianos. Es ésta la imagen de la familia propuesta por el Papa Francisco durante la audiencia del viernes 25 de octubre a los participantes en la plenaria del Consejo pontificio para la familia. Publicamos su discurso. más sólida la unión de los cónyuges y su donación recíproca. El matrimonio es como si fuera un primer sacramento del humano, donde la persona se descubre a sí misma, se Os doy la bienvenida con ocasión auto-comprende en relación con los de la XXI Asamblea plenaria y doy demás y en relación con el amor que las gracias al presidente, monseñor es capaz de recibir y de dar. El amor Vincenzo Paglia, por las palabras esponsal y familiar revela también con las que ha introducido nuestro claramente la vocación de la persona encuentro. Gracias. a amar de modo único y para siemEl primer punto sobre el que de- pre, y que las pruebas, los sacrificios searía detenerme es éste: la familia es y las crisis de la pareja como de la una comunidad de vida que tiene una propia familia representan pasos paconsistencia autónoma propia. Como ra crecer en el bien, en la verdad y escribió el beato Juan Pablo II en la en la belleza. En el matrimonio la exhortación apostólica Familiaris donación es completa, sin cálculos consortio, la familia no es la suma de ni reservas, compartiendo todo, dolas personas que la constituyen, sino nes y renuncias, confiando en la una «comunidad de personas» (cf. Providencia de Dios. Es ésta la exnn. 17-18). Y una comunidad es más periencia que los jóvenes pueden aprender de los padres y de los abuelos. Es una Ocuparse de los pequeños y de los experiencia de fe en Dios y de confianza reancianos es una elección de civilización. cíproca, de libertad proY es también el futuro, porque los niños funda, de santidad, porque la santidad supone llevarán adelante la sociedad con su donarse con fidelidad y fuerza y los ancianos con su sabiduría sacrificio cada día de la vida. Pero hay probleque la suma de las personas. Es el mas en el matrimonio. Siempre dislugar donde se aprende a amar, el tintos puntos de vistas, celos, se pecentro natural de la vida humana. lea. Pero hay que decir a los jóvenes Está hecha de rostros, de personas esposos que jamás acaben la jornada que aman, dialogan, se sacrifican sin hacer las paces entre ellos. El Sapor los demás y defienden la vida, cramento del matrimonio se renueva sobre todo la más frágil, más débil. en este acto de paz tras una discuSe podría decir, sin exagerar, que la sión, un malentendido, unos celos familia es el motor del mundo y de escondidos, también un pecado. Hala historia. Cada uno de nosotros cer la paz que da unidad a la famiconstruye la propia personalidad en lia; y esto decirlo a los jóvenes, a las la familia, creciendo con la mamá y jóvenes parejas, que no es fácil ir el papá, los hermanos y las herma- por este camino, nas, respirando el calor de la casa. pero es muy bello La familia es el lugar donde recibi- este camino, muy mos el nombre, es el lugar de los bello. Hay que afectos, el espacio de la intimidad, decirlo. donde se aprende el arte del diálogo Quisiera ahora y de la comunicación interpersonal. hacer al menos En la familia la persona toma con- una alusión a dos ciencia de la propia dignidad y, es- fases de la vida fapecialmente si la educación es cris- miliar: la infancia tiana, reconoce la dignidad de cada y la vejez. Niños y persona, de modo particular de la ancianos represenenferma, débil, marginada. tan los dos polos Todo esto es la comunidad-fami- de la vida y tamlia, que pide ser reconocida como bién los más vultal, más aún hoy, cuando prevalece nerables, frecuenla tutela de los derechos individua- temente los más les. Y debemos defender el derecho olvidados. Cuande esta comunidad: la familia. Por do yo confieso a esto habéis hecho bien en poner una un hombre o a atención particular en la Carta de los una mujer casados, jóvenes, y en la derechos de la familia, presentada jus- confesión sale algo referido al hijo o tamente hace treinta años, el 22 de a la hija, yo pregunto: ¿pero cuántos octubre del '83. hijos tiene usted? Y me dicen, tal vez Vamos al segundo punto —se dice esperan otra pregunta después de ésque los jesuitas hablamos siempre en ta. Pero yo siempre hago esta seguntres puntos: uno, dos, tres. Segundo da pregunta: Y dígame, señor o sepunto: la familia se funda en el ma- ñora, ¿usted juega con sus hijos? trimonio. A través de un acto de —¿Cómo, padre?— ¿Usted pierde amor libre y fiel, los esposos cristia- tiempo con sus hijos? ¿Usted juega nos testimonian que el matrimonio, con sus hijos? —Pues no, ya sabe usen cuanto sacramento, es la base so- ted, cuando salgo de casa por la mabre la que se funda la familia y hace ñana —me dice el hombre— todavía Señores cardenales, queridos hermanos en el episcopado y en el sacerdocio, queridos hermanos y hermanas:

duermen y cuando regreso están en la cama. También la gratuidad, esa gratuidad del papá y de la mamá con los hijos, es muy importante: «perder tiempo» con los hijos, jugar con los hijos. Una sociedad que abandona a los niños y que margina a los ancianos corta sus raíces y oscurece su futuro. Y vosotros hacéis la valoración sobre qué hace esta cultura nuestra hoy, ¿no? Con esto. Cada vez que un niño es abandonado y un anciano marginado, se realiza no sólo un acto de injusticia, sino que se ratifica también el fracaso de esa sociedad. Ocuparse de los pequeños y de los ancianos es una elección de civilización. Y es también el futuro, porque los pequeños, los niños, los jóvenes llevarán adelante esa sociedad con su fuerza, su juventud, y los ancianos la llevarán adelante con su sabiduría, su memoria, que nos deben dar a todos nosotros. Y me da alegría que el Consejo pontificio para la familia haya ideado esta nueva imagen de la familia,

que retoma la escena de la Presentación de Jesús en el templo, con María y José que llevan al Niño, para cumplir la Ley, y a los dos ancianos Simeón y Ana, que, movidos por el Espíritu, le acogen como el Salvador. Es significativo el título del icono: «De generación en generación se extiende su misericordia». La Iglesia que atiende a los niños y a los ancianos se convierte en la madre de las generaciones de los creyentes y, al mismo tiempo, sirve a la sociedad

humana para que un espíritu de amor, de familiaridad y de solidaridad ayude a todos a redescubrir la paternidad y la maternidad de Dios. Y me gusta, cuando leo este pasaje del Evangelio, pensar en que los jóvenes, José y María, también el Niño, hacen todo lo que la Ley dice. Cuatro veces lo dice san Lucas: para cumplir la Ley. Son obedientes a la Ley, ¡los jóvenes! Y los dos ancianos, hacen ruido. Simeón inventa en aquel momento una liturgia propia y alaba, las alabanzas a Dios. Y la ancianita va y charla, predica con las charlas: «¡Miradle!». ¡Qué libres son! Y tres veces de los ancianos se dice que son conducidos por el Espíritu Santo. Los jóvenes por la Ley, estos por el Espíritu Santo. Mirar a los ancianos que tienen este espíritu dentro, ¡escucharles! La «buena noticia» de la familia es una parte muy importante de la evangelización, que los cristianos pueden comunicar a todos, con el testimonio de la vida; y ya lo hacen, esto es evidente en las sociedades secularizadas: las familias verdaderamente cristianas se reconocen por la fidelidad, por la paciencia, por la apertura a la vida, por el respeto a los ancianos... El secreto de todo esto es la presencia de Jesús en la familia. Propongamos por lo tanto a todos, con respeto y valentía, la belleza del matrimonio y de la familia iluminados por el Evangelio. Y por esto nos acercamos con atención y afecto a las familias en dificultades, a las que están obligadas a dejar su tierra, que están partidas, que no tienen casa o trabajo, o por muchos motivos están sufriendo; a los cónyuges en crisis y a los ya separados. A todos queremos estarles cerca con el anuncio de este Evangelio de la familia, de esta belleza de la familia. Queridos amigos, los trabajos de vuestra Plenaria pueden ser una contribución preciosa en vista del próximo Sínodo extraordinario de los obispos, que estará dedicado a la familia. También por esto os doy las gracias. Os encomiendo a la Sagrada Familia de Nazaret y de corazón os doy mi bendición.

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L’OSSERVATORE ROMANO

viernes 1 de noviembre de 2013, número 44

El Papa Francisco confiere la ordenación episcopal a monseñor Jean-Marie Speich y a monseñor Giampiero Gloder

El nombre de un servicio
El Santo Padre ha conferido la ordenación episcopal a monseñor JeanMarie Speich, nuncio apostólico en Ghana, y a monseñor Giampiero Gloder, presidente de la Academia eclesiástica pontificia. Durante el rito, que tuvo lugar el jueves 24 de octubre, por la tarde, en la basílica de San Pedro, el Pontífice pronunció esencialmente la homilía ritual prevista en la edición italiana del Pontifical Romano para la ordenación de los obispos, homilía que el Papa completó con algunos añadidos personales. Publicamos a continuación el texto. Hermanos e hijos queridísimos: Reflexionemos atentamente a qué alta responsabilidad eclesial son llamados estos hermanos nuestros. Nuestro Señor Jesucristo enviado por el Padre para redimir a los hombres mandó a su vez al mundo a los doce Apóstoles, para que llenos del poder del Espíritu Santo anunciaran el Evangelio a todos los pueblos y, reuniéndoles bajo un único pastor, les santificaran y les guiaran a la salvación. Con el fin de perpetuar de generación en generación este ministerio apostólico, los Doce agregaron cola-

boradores transmitiéndoles, con la imposición de las manos, el don el Espíritu recibido de Cristo, que confería la plenitud del sacramento del Orden. Así, a través de la ininterrumpida sucesión de los obispos en la tradición viva de la Iglesia, se conservó este ministerio primario y la obra del Salvador continúa y se

Celebración en la basílica vaticana
«Sí, quiero»: lo repitieron nueve veces ante el Papa Francisco los monseñores Jean-Marie Speich, nuncio apostólico en Ghana, y Giampiero Gloder, presidente de la Academia eclesiástica pontificia. Palabras que resonaron en la basílica de San Pedro durante el rito para la ordenación episcopal de los dos prelados presidido por el Pontífice en el altar de la Confesión. Después del canto del Veni, creator Spiritus, el arzobispo Luciano Suriani presentó al Obispo de Roma a los dos candidatos, pidiendo que se procediera a su ordenación. En el momento del canto de las letanías de los santos, los ordenandos se postraron en tierra, luego se arrodillaron ante el Santo Padre, quien les impuso las manos. Lo mismo hicieron, después de él, los demás obispos. A continuación, los dos recibieron el anillo, la mitra y el báculo antes de intercambiar el abrazo de paz con el Papa y los numerosos eclesiásticos presentes. Entre ellos, los cardenales Sodano, Bertone, Sandri, Bertello, Vegliò, Harvey, Romeo, Etchegaray, Re, Monteiro de Castro, Sardi, De Giorgi, Coppa, Monterisi, Rigali, Lajolo y Poupard; y los arzobispos Suriani, Mamberti, Stella, Gänswein y Krajewski. Junto al Pontífice concelebraron cerca de trescientos sacerdotes y numerosos prelados de la Curia romana, entre ellos los monseñores Wells, Camilleri y Bettencourt. Muchos, sobre todo, los grupos de fieles procedentes de las diócesis de origen de los nuevos arzobispos, Estrasburgo (Francia) y Padua (Italia). Los encabezaban los respectivos pastores, Jean-Pierre Grallet y Antonio Mattiazzo, los dos concelebrantes principales. Prestaron servicio litúrgico los alumnos del seminario francés de Roma. Los cantos estuvieron a cargo de la Capilla Sixtina y del coro guía «Mater Ecclesiae».

desarrolla hasta nuestros tiempos. En el obispo, circundado por sus presbíteros, está presente en medio de vosotros Nuestro Señor Jesucristo mismo, sumo y eterno sacerdote. Es Cristo, en efecto, que en el ministerio del obispo sigue predicando el Evangelio de salvación y santificando a los creyentes mediante los sacramentos de la fe. Es Cristo que en la paternidad del obispo acrecienta con nuevos miembros su cuerpo, que es la Iglesia. Es Cristo que en la sabiduría y prudencia del obispo guía al pueblo de Dios en la peregrinación terrena hasta la felicidad eterna. Acoged, por tanto, con alegría y gratitud a estos hermanos nuestros, que nosotros obispos con la imposición de las manos asociamos hoy al colegio episcopal. Dadles el honor que se merecen los ministros de Cristo y los dispensadores de los misterios de Dios, a quienes se les confía el testimonio del Evangelio y el ministerio del Espíritu para la santificación. Recordad las palabras de Jesús a los Apóstoles: «Quien a vosotros escucha, a mí me escucha; quien a vosotros rechaza, a mí me rechaza; y quien me rechaza a mí, rechaza al que me ha enviado». En cuanto a vosotros, Jean-Marie y Giampiero, elegidos por el Señor, pensad que habéis sido elegidos entre los hombres y para los hombres, habéis sido constituidos en las cosas que se refieren a Dios. «Episcopado», en efecto, es el nombre de un servicio, no de un honor. Al obispo le compete más servir que dominar, según el mandamiento del Maestro: «el mayor entre vosotros se ha de hacer como el menor, y el que gobierna, como el que sirve». Siempre en servicio, siempre. Anunciad la Palabra en toda ocasión: a tiempo y a destiempo. Advertid, reprochad, exhortad, con toda magnanimidad y doctrina. Y mediante la oración y el ofrecimiento

del sacrificio por vuestro pueblo tomad de la plenitud de la santidad de Cristo la multiforme riqueza de la divina gracia. Mediante la oración. Recordad el primer conflicto en la Iglesia de Jerusalén, cuando los obispos tenían mucho trabajo para cuidar a las viudas y a los huérfanos, y decidieron nombrar a los diáconos. ¿Por qué? Para orar y predicar la Palabra. Un obispo que no reza es un obispo a mitad de camino. Y si no ora al Señor, acaba en la mundanidad. En la Iglesia que se os confía, sed fieles custodios y dispensadores de los misterios de Cristo. Puestos por el Padre en la guía de su familia, seguid siempre el ejemplo del Buen Pastor, que conoce a sus ovejas, ellas le conocen y por ellas no dudó en dar la vida. El amor del obispo: amad, amad con amor de padre y de hermano a todos aquellos que Dios os confía. Ante todo, amad a los presbíteros y a los diáconos. Son vuestros colaboradores, son para vosotros los más próximos de los próximos. Nunca hacer esperar a un presbítero. ¿Pide una audiencia? ¡Responder inmediatamente! Sed cercanos a ellos. Pero también amad a los pobres, a los indefensos y a cuantos tienen necesidad de acogida y de ayuda. Exhortad a los fieles a cooperar en el compromiso apostólico y escuchadles de buen grado. Prestad viva atención a cuantos no pertenecen al único rebaño de Cristo, porque ellos también se os han confiado en el Señor. Rezad mucho por ellos. Recordad que en la Iglesia católica, reunida en el vínculo de la caridad, estáis unidos al Colegio de los obispos y debéis llevar en vosotros la solicitud por todas las Iglesias, socorriendo generosamente a las más necesitadas de ayuda. Y velad con amor por todo el rebaño donde el Espíritu Santo os pone para guiar a la Iglesia de Dios. Velad en el nombre del Padre, de quien hacéis presente la imagen; en el nombre de Jesucristo, su Hijo, por quien habéis sido constituidos maestros, sacerdotes y pastores. En el nombre del Espíritu Santo que da vida a la Iglesia y con su poder sostiene nuestra debilidad. Así sea.

número 44, viernes 1 de noviembre de 2013

L’OSSERVATORE ROMANO

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Premio Joseph Ratzinger 2013

Esa empresa que vale toda una vida
El Premio Ratzinger, que llegó a su tercera edición, fue entregado por el Papa Francisco al reverendo Richard A. Burridge y a Christian Schaller el 26 de octubre en la sala Clementina del palacio apostólico. El cardenal Camillo Ruini, presidente del Comité científico de la Fundación vaticana Joseph RatzingerBenedicto XVI, presentó, en esa ocasión, un breve perfil de los premiados. «El primero de ellos es el biblista inglés profesor Richard Burridge, decano del King’s College de Londres y ministro de la Comunión anglicana, el primer cristiano no católico a quien se le confiere el Premio Ratzinger», recordó. Nacido en 1955, «Burridge estudió en Oxford y consiguió el doctorado en teología en la Universidad de Nottingham. Recibió la ordenación en 1986 y ha trabajado pastoralmente en una parroquia de Kent. Desde 1994 es decano del King’s College, donde en 2007 fue nombrado director de estudios del Nuevo Testamento y al año siguiente obtuvo una cátedra personal de exégesis bíblica. Desde 1994 representa a la Universidad de Londres en el Sínodo general de la Iglesia de Inglaterra». Su tesis de doctorado, publicada en 1992 con el título ¿Qué son los Evangelios? Una confrontación con las biografías greco-romanas, «ejerció un fuerte influjo en el ámbito de los estudios sobre el género literario de los Evangelios», destacó Ruini, precisando que «Richard Burridge es hoy una figura eminente en el campo de los estudios bíblicos, no sólo de lengua inglesa. En particular, dio una gran aportación al reconocimiento, histórico y teológico, del vínculo inseparable de los Evangelios con Jesús de Nazaret». El segundo premiado es el teólogo alemán Christian Schaller, laico, docente de teología dogmática y vicedirector del Instituto Papa Benedicto XVI de Ratisbona. Nacido en Munich en 1967, Schaller, recordó Ruini, obtuvo el premio «no sólo por su aportación a los estudios teológicos sino también como reconocimiento por el papel que está desempeñando en la publicación de la “Opera omnia” de Joseph Ratzinger. Esta publicación, en efecto, tiene una importancia primaria para el futuro de los estudios inspirados en el pensamiento de Joseph Ratzinger-Benedicto XVI, que es el objetivo central de la Fundación». Por su parte, monseñor Giuseppe Antonio Scotti, presidente del Consejo de administración de la Fundación, en su saludo al Papa Francisco definió a los premiados como «dos hombres enamorados de Jesús, además de ser ilustres estudiosos». La entrega del premio a Burridge y a Schaller —agregó— «quiere destacar que en ellos, el primado de la investigación que se convierte en testimonio, enriquece e hizo particularmente elocuente también toda la actividad científica». Concluyendo, monseñor Scotti se dirigió al Papa Francisco poniendo de relieve que «al asignarle ahora el premio Ratzinger a estos dos estudiosos, garantiza y hace luminoso y claro ante todos que buscar a Jesús y testimoniarle es una empresa por la cual vale la pena gastar toda la propia vida».

Entrega del Premio Ratzinger a Richard Burridge y a Christian Schaller

Benedicto XVI y el don de Jesús de Nazaret
Un gran afecto, reconocimiento y estima profunda. Son los sentimientos expresados por el Papa Francisco el sábado 26 de octubre, por la mañana, respecto a Benedicto XVI —que «hacía teología de rodillas», dijo el Pontífice— con ocasión de la ceremonia para la entrega del Premio Ratzinger en la sala Clementina. Queridos hermanos y hermanas: Os doy las gracias y me alegra encontrarme con vosotros, sobre todo como signo de nuestro reconocimiento y de nuestro gran afecto hacia el Papa emérito Benedicto XVI. Desearía compartir con vosotros una reflexión que me surge espontánea cuando pienso en el don verdaderamente singular que él hizo a la Iglesia con los libros sobre Jesús de Nazaret. Recuerdo que cuando salió el primer tomo, algunos decían: pero, ¿qué es esto? Un Papa no escribe libros de teología, escribe encíclicas... Ciertamente el Papa Benedicto se había planteado esta cuestión, pero también en ese caso, como siempre, él siguió la voz del Señor en su conciencia iluminada. Con esos libros él no hizo magisterio en sentido propio, y no hizo un estudio académico. Él hizo un regalo a la Iglesia, y a todos los hombres, de lo más valioso que tenía: su conocimiento de Jesús, fruto de años y años de estudio, de confrontación teológica y de oración. Porque Benedicto XVI hacía teología de rodillas, y todos lo sabemos. Y ésta la puso a disposición de la forma más accesible. Nadie puede medir cuánto bien ha hecho con este don. ¡Sólo el Señor lo sabe! Pero todos nosotros tenemos una cierta percepción de ello, por haber escuchado a muchas personas que gracias a los libros sobre Jesús de Nazaret alimentaron su fe, la profundizaron o, incluso, se acercaron por primera vez a Cristo de forma adulta, conjugando las exigencias de la razón con la búsqueda del rostro de Dios. Al mismo tiempo, la obra de Benedicto XVI ha estimulado una nueva época de estudios sobre los Evangelios entre historia y cristología, y en este ámbito se sitúa también vuestro Simposio, por el cual me congratulo con los organizadores y relatores. Felicitaciones especiales dirijo al reverendo profesor Richard Burridge y al profesor Christian Schaller, a quienes ha sido asignado este año el Premio Ratzinger. En nombre también de mi amado Predecesor —con quien he estado hace tres o cuatro días— os expreso vivas felicitaciones: que el Señor os bendiga siempre a vosotros y vuestro trabajo al servicio de su Reino. Que os bendiga a todos vosotros, queridos amigos, y a vuestros seres queridos. ¡Gracias!

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L’OSSERVATORE ROMANO

viernes 1 de noviembre de 2013, número 44

Invitados el 21 de noviembre en el Vaticano los patriarcas y los arzobispos mayores de las Iglesias orientales

Cumbre con el Pontífice por Siria y Oriente Medio
Tendrá lugar el 21 de noviembre en el Vaticano una cumbre por Siria, Irak y Oriente Medio con la presencia del Papa Francisco, los patriarcas y los arzobispos mayores de las Iglesias orientales. Dio noticia de ello el cardenal Leonardo Sandri, prefecto de la Congregación para las Iglesias orientales, en la lección inaugural con ocasión de la apertura del año académico 2013-2014 del Pontificio Instituto Oriental, el sábado 26 de octubre, por la mañana. El encuentro se ha organizado en el marco de la reunión plenaria del dicasterio que se celebrará del 19 al 22 de noviembre y tendrá como tema general para el debate «Las Iglesias orientales católicas a los 50 años del Concilio ecuménico Vaticano II». Será, en cualquier caso, una ocasión para reflexionar acerca de las posibilidades reales de paz en Siria, Tierra Santa y Oriente Medio, y de elevar una oración colegial por los cristianos de esos países atormentados. El cardenal recordó que el encuentro del 21 de noviembre del Papa Francisco con «los jefes y los padres de las Iglesias orientales» se asocia idealmente al análogo encuentro de 2009 promovido por Benedicto XVI, a quien se dirigió el agradecimiento «por la amistad paterna y la consideración tan profunda que siempre reservó al Oriente cristiano y en especial a las Iglesias orientales católicas». Consideración y amistad que animarán también la plenaria del dicasterio, durante la cual tendrán amplio espacio la liturgia y la formación. La intención de prestar atención especial a la liturgia es para «favorecer la aplicación de las normas codiciales en ámbito litúrgico». En la plenaria, respecto a la actividad del dicasterio se tratará además el tema de la formación, «dirigida a todos los componentes del Pueblo de Dios, y, por ello, cada vez más a los laicos». Naturalmente, una atención especial se confirmará «respecto a los candidatos a las Órdenes sagradas, como a la vida monástica y a la vida consagrada masculina y femenina». En efecto, agregó el purpurado, «el ámbito académico y el que comprende la vida espiritual, comunitaria y pastoral o de apostolado, necesitan cuidado atento y continuo por parte de los pastores y de nuestro dicasterio en Roma y en las Iglesias». El cardenal habló luego de la necesidad de elaborar una ratio studiorum actualizada para los orientales y de «mejores líneas para una formación completa en las instituciones culturales orientales de Roma y en el mundo». Es una visión integral del proceso formativo que, como confesó el purpurado, «se tiene en gran consideración», y, por ello, dirigiéndose a los estudiantes dijo que la Congregación «os sostiene con convicción». Por último, deseó a los estudiantes que aprendan sobre todo a trabajar con inteligencia y obediencia por el Reino de Dios». En la apertura del año académico estuvo presente también Louis Raphaël I Sako, patriarca de Babilonia de los caldeos, quien habló de las perspectivas futuras para los cristianos en Irak. El patriarca describió la difícil situación en la que viven los fieles que han permanecido en el país, cada vez menos a causa de las salidas continuas. Según el censo de 1987 eran 1.264.000, mientras que en la actualidad se han reducido a menos de la mitad, obligados a emigrar «para buscar un lugar mejor donde ayudar a crecer y educar a los hijos». Esta huida colosal, lamentablemente, dejó detrás de sí un empobrecimiento incluso para cuantos han permanecido. La guerra, dijo monseñor Sako, es «siempre portadora de destrucción y muerte», por esto, no «hay otra opción que no sea el diálogo y la paz». La comunidad internacional, es el llamamiento del patriarca, «debería ayudar a todos, cristianos y musulmanes, a realizar la democracia y la igualdad». Occidente, agregó, tiene «el compromiso moral de impulsar a nuestros países a respetar los derechos humanos, como se respetan, por lo general, en Occidente. Los países occidentales deben decirse a sí mismos que no beneficia en nada fabricar y vender armas; sería mejor, para ellos y para los demás, fabricar cosas útiles para la vida y la prosperidad». Los cristianos, por su parte, «deben unir sus esfuerzos para mantener la cohesión nacional y defender el derecho a la libertad religiosa como un componente fundamental de la sociedad iraquí. Por ello, deben continuar con su testimonio en la situación concreta en la que se encuentran para dar un signo de esperanza a sus conciudadanos». Sugirió, luego, formar un equipo especializado de laicos, que «estudie y analice los problemas y proponga nuevas soluciones para mejorar la situación» de nuestras ciudades y nuestros poblados, construir nuevas casas, nuevos caminos y crear trabajo, a fin de que «los cristianos no se vean obligados a emigrar». He aquí porqué es necesario «formar centros de emergencia» para intervenir inmediatamente en ayuda a las familias y para responder a quienes son «continuamente acosados por acciones criminales». El patriarca, por último, invitó a los cristianos de la diáspora a demostrar solidaridad cercana con quienes han permanecido en el país.

Comunicación y diálogo en el continente digital

El Papa en el bolsillo
PAUL TIGHE* a arena digital ya no nos permite hacer lo que siempre habíamos hecho: tomar el periódico en papel y ponerlo online. D ebemos repensar lo que hacemos, aprendiendo a desarrollar la comunicación y el diálogo. Las generaciones más ancianas están acostumbradas a la comunicación unidireccional (sobre todo por parte de los sacerdotes: el sacerdote habla, la gente escucha), pero los nuevos media son distintos: puedes interactuar, comentar, disentir. Es una comunicación participativa que requiere tomar en serio preguntas y comentarios. Tres palabras son esenciales: escuchar, conversar, alentar. Por esto, como Iglesia, estamos en la arena de los new media. Tomemos el caso del Papa en Twitter. En 140 caracteres no caben complejas enseñanzas teológicas, pero en muchas frases evangélicas Jesús dice cosas grandes en pocos caracteres. Por lo demás es la misma presencia del Papa en Twitter la que tiene un valor simbólico enorme. No sólo: su presencia es de ejemplo y exhorta también a los demás (especialmente a los obispos) a ver lo positivo de los nuevos media. Los suscritos a las diversas lenguas en las que @Pontifex tuitea están ya alcanzando los diez millones, cifra verdaderamente notable, también para quien dice que los números no son lo esencial. Hubo indudablemente una respuesta inicial negativa a los tuits del Papa: era evidente el ataque de quien quería obligar a cerrar el account, bombardeándolo de insultos. Pero quien no quiere la voz del Papa en los social media, no quiere la voz del Papa tampoco en otros

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contextos: por esto es necesario ser conscientes de la plaza del mercado donde se está, y no tener miedo. Una de las debilidades percibidas en @Pontifex es la falta de interactividad: el Papa no sigue a otros más que a sí mismo y no responde. Cierto, es un problema, pero existe la oportunidad para los followers de construir una red capilar de interactividad desde abajo que respeta la subsidiariedad de la Iglesia, a partir de la plataforma de @Pontifex. Ello sobre todo con el retuiteo: el nivel

de retuits del account pontificio está entre los más altos en términos de relación con el número de usuarios. Quienes reciben los retuits son muchos más que los seguidores del Papa: es como volver a diseminar la buena semilla haciéndola llegar también a quien no la recibe directamente, sino mediante amigos que en cambio siguen al Papa. Los hashtag —se sabe— son importantes, y también en la experiencia del Twitter papal se han revelado utilísimos, especialmente para movilizar a la oración por la paz en Siria. El Papa Francisco estaba muy interesado en dar a conocer esta iniciativa, pero no había tiempo para hacer llegar las noticias a todos a través de los canales tradicionales. Con Twitter y los social media en cambio ha sido posible, también gracias a la creación espontánea de una sorprendente red entre parroquias. En esta óptica, por lo demás, ha sido creada la sinergia informativa de la Santa Sede, llevando a una única página en cinco lenguas las

noticias de las distintas fuentes vaticanas directamente al usuario, sin obligarle a buscarlas en los distintos sitios (L'Osservatore Romano, Radio Vaticana y así sucesivamente). Todas juntas, por lo tanto, en una plataforma, news.va, única. De una cosa nace otra, y de news.va ha nacido también la llamada Popeapp, que alguien ha definido «el Papa en el bolsillo»: es la aplicación para tablet y celulares que permite leer informaciones, ver filmaciones y seguir los directos. Recuerdo también que el primer videomensaje pronunciado el otro día por el Papa Francisco en inglés, con ocasión de la conferencia en Filipinas, subido a Facebook fue compartido 250.000 veces en las primeras tres horas y media. La transformación en el campo de la comunicación y de los nuevos media se actúa más a nivel cultural que a nivel de tecnología: jóvenes y jovencísimos se forman, estudian, buscan informaciones y crean relaciones de modos muy distintos respecto a las generaciones precedentes. Ninguno sabe adónde llevará esto. La realidad de los social media está en continua evolución y continuamente cambia: no sólo cambia ella misma, sino que nos cambia a nosotros, nuestro modo de hacer comunidad, de construir relaciones, de ser Iglesia en términos de manifestación de la Iglesia en el mundo. De ahí que haya necesidad, como decía Benedicto XVI, también de una reflexión teológica en todo esto. Hay que reflexionar sobre cómo estar presentes en el continente digital, y sobre cómo hacerlo de modo eficaz: como para las misiones de un tiempo en continentes desconocidos, también hoy todo debe
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número 44, viernes 1 de noviembre de 2013

L’OSSERVATORE ROMANO

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El Pontífice durante el encuentro con el personal del Centro televisivo vaticano

Como un equipo para difundir el Evangelio
Trabajar como un gran equipo de profesionales donde todos colaboran para que esté centrado el objetivo: difundir entre los espectadores la verdad del Evangelio. Es la meta indicada por el Papa Francisco al personal del Centro televisivo vaticano durante la audiencia del lunes 28 de octubre, en la sala Clementina. Queridos amigos: El Centro televisivo vaticano, querido por el beato Juan Pablo II, nació el 22 de octubre de 1983. En estos tres decenios de actividad, dando gracias a Dios, ha recorrido un gran camino. Ahora se abren importantes desafíos tecnológicos, como os dije en el mensaje con ocasión de vuestro reciente congreso. Son desafíos que no debemos eludir, para mantener firmemente «la perspectiva evangélica en esta especie de autopista global de la comunicación» (Mensaje al CTV, 18 de octubre de 2013). Gracias. Ante todo, deseo daros las gracias, no sólo por la profesionalidad hoy reconocida en todo el mundo, sino, sobre todo, por la disponibilidad y la discreción que cada día me testimoniáis y con la cual me acompañáis. ayudáis juntos a formar equipo todo se hace más liviano y, sobre todo, también el estilo de vuestro trabajo será un testimonio de comunión. Sed profesionales al servicio de la Iglesia. Vuestro trabajo es de gran calidad, y así debe ser por la tarea que se os ha encomendado. Pero que la profesionalidad sea para vosotros siempre servicio a la Iglesia, en todo: en las tomas, en la realización, en las opciones editoriales, en la administración. Todo se puede hacer con un estilo, una perspectiva que es la eclesial, la de la Santa Sede. Es necesario que la comunicación del CTV sepa infundir en los espectadores, en los fieles y en los «distantes», el perfume y la esperanza del Evangelio. Concluyo dando las gracias a todos los miembros del Consejo de administración que ayudan con sabiduría a orientar y guiar el CTV en su trabajo. Un recuerdo especial dirijo también a los amigos implicados de diversas maneras en la gran familia del CTV. Solos no podemos hacer mucho, pero juntos podemos estar al servicio de todo el mundo, difundiendo la verdad y la belleza del Evangelio hasta los confines de la tierra. ¡Muchas gracias!

Deseo expresar también un agradecimiento especial, en esta ocasión de fiesta, a vuestras familias, porque, como recordó el director monseñor Viganò, viven la agenda semanal en relación a los compromisos del Papa. Es un sacrificio no de poca importancia, imagino, y por ello no sólo os estoy agradecido, sino que aseguro una oración por todos vosotros, en especial por vuestros niños. El Papa no quiere obstaculizar la vida

de familia. Pero os agradece la paciencia. Quisiera confiaros brevemente algunos pensamientos. Jugad como equipo. La eficacia de la pastoral de la comunicación es posible creando vínculos, haciendo converger una serie de sujetos en torno a proyectos compartidos; una «unidad de propósitos y de esfuerzos» (decr. Inter mirifica, 21). Sabemos que esto no es fácil, pero si os

Comunicación y diálogo
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El saludo de monseñor Viganò

Siguiendo la agenda del Santo Padre
«Personas que dieron tiempo y pasión para que la televisión del Papa pudiera iniciarse, tomar forma y convertirse en la mirada para todo el mundo sobre el mensaje y las actividades del Santo Padre y de la Santa Sede». Así monseñor Dario Edoardo Viganò presentó al Papa, al inicio del encuentro, al personal del Centro televisivo vaticano (CTV). Al recorrer los treinta años de historia del CTV el director recordó a algunos de los protagonistas —entre ellos, al padre Antonio Stefanizzi, Angela Buttiglione, Ettore Bernabei, el cardenal Crescenzio Sepe, el arzobispo Giovanni Marra— y dirigió «un gracias especial» al padre Federico Lombardi, «que desde 2001 hasta el mes de enero de 2013 estuvo a cargo del CTV y a quien todo el personal está vinculado por un afecto sincero». Un recuerdo se dirigió luego «también a las personas que ya “contemplan a Dios cara a cara”», con una referencia particular a Emilio Rossi, «directamente implicado en la vida del CTV de 1989 a 2008». «La gratitud —prosiguió monseñor Viganò— para nosotros creyentes se hace oración recíproca, y me gusta recordar una coincidencia que sugirió el Espíritu Santo. El Rescripto de constitución del CTV, firmado por Juan Pablo II, lleva la fecha del 22 de octubre de 1983, la misma fecha que la Iglesia fijó para la memoria del mismo Pontífice, ahora beato. Así, quien quiso el CTV lo constituyó el mismo día en el cual la Iglesia lo celebra hoy como beato». «Para nosotros del CTV —aseguró— la audiencia que usted, Padre Santo, nos ha concedido es un momento de familia: cada día, durante muchas horas, los operadores del CTV le siguen, le están cerca con la discreción y el amor hacia un padre». Se trata, destacó, de «un equipo de sólo 22 personas (entre operadores, administrativos, secretaría y archivo), pero es tan grande la pasión por el trabajo y la gratitud de poder trabajar al servicio del Papa, que la fatiga pasa a segundo plano». Monseñor Viganò aprovechó la ocasión también para «agradecer personalmente a las familias de todos los trabajadores del CTV. Para alguno —agregó— es la familia de origen, para otros la familia que han formado, y para otros son las historias de amor que están buscando los cami-

empezar por el conocimiento de la lengua y de la cultura del lugar al que se desea llevar el Evangelio. Esto vale también para la cultura y los lenguajes del nuevo continente digital a evangelizar y en el que inculturar el mensaje evangélico. Debemos preguntarnos qué se puede aprender, qué es compatible de esta cultura con el cristianismo, qué está ya bien adaptado a él, y qué, en cambio, hay que modificar. Como dice el Papa Francisco, es necesario ser ciudadanos en esta arena, no retirarse a los márgenes, sino habitarla y contribuir con la fe a plasmar el ambiente. Tanta gente pasa ya mucha parte del propio tiempo en los social media, invirtiendo en ellos la vida: si la Iglesia no estuviera también ahí, dejaría de encontrar a estas personas. En el camino de los nuevos media, nosotros cristianos somos peregrinos con el resto de la gente. El Papa Francisco sugería no correr demasiado adelante, ni permanecer excesivamente atrás, sino más bien caminar juntos. Acompañemos a los demás a encontrar a Cristo con paciencia, atención y autenticidad, asumiendo la responsabilidad de la relación, entrando en la cultura del interlocutor y en su lenguaje, hablando de fe de manera sincera y con verdad. *Secretario del Consejo pontificio para las comunicaciones sociales

nos de la estabilidad. Todos viven una agenda que sigue la agenda del Papa: un modo, Padre Santo, con el cual las familias participan en Su ministerio, y mediante el que los hijos aprenden el sentido del servicio a la Iglesia universal». Por último, tras proponer una reflexión sobre el sentido de la «luz» difundida a través de los medios como el cine y la televisión, el director del CTV se mostró consciente del hecho de que «como televisión del Papa estamos llamados no sólo a escribir con los impulsos de luz sino también a orientar la mirada de los espectadores, para que no sean absorbidas por las impurezas del mundo»; y a «relatar al Papa, su magisterio y la vida de la Santa Sede con la incisión de la luz que no encandila, pero que indica la presencia del amor de Dios». Al Pontífice le regalaron dos telecámaras compactas en HD. «Es el inicio, si a usted le parece, del proyecto —explicó monseñor Viganò— del centro de producción “Madre del Pueblo” que el padre Hernán Morelli está desarrollando en Buenos Aires en colaboración con el Canal 21».

número 44, viernes 1 de noviembre de 2013

L’OSSERVATO

Más de cien mil personas de 75 países de todo el mundo en el encuentro de oración y testimonio con el Papa Francisco en la p

Para toda la vida
«¿Cómo es posible vivir hoy la alegría de la fe en familia?». A esta pregunta respondió el Papa Francisco el sábado 26 de octubre, por la tarde, al presidir, en la plaza de San Pedro, el encuentro de oración y fiesta con las familias del mundo organizado por el Consejo pontificio para la familia con ocasión del Año de la fe. Queridas familias: ¡Buenas tardes y bienvenidas a Roma! Han llegado en peregrinación de muchas partes del mundo para profesar su fe ante el sepulcro de san Pedro. Esta plaza les acoge y les abraza: formamos un solo pueblo, con una sola alma, convocados por el Señor que nos ama y no nos abandona. Saludo también a todas las familias que nos siguen por televisión e internet: una plaza que se ensancha sin fronteras. Han querido llamar a este momento: «Familia, vive la alegría de la fe». Me gusta este título. He escuchado sus ex-

periencias, las historias que han contado. He visto a muchos niños, muchos abuelos... He sentido el dolor de las familias que viven en medio de la pobreza y de la guerra. He escuchado a los jóvenes que quieren casarse, aunque se encuentran con mil dificultades. Y, en medio de todo esto, nos preguntamos: ¿cómo es posible vivir hoy la alegría de la fe en familia? Pero además les pregunto: «¿Es posible vivir esta alegría o no es posible?». 1. Hay unas palabras de Jesús, en el Evangelio de Mateo, que vienen en nuestra ayuda: «Vengan a mí todos los que están cansados y agobiados, y yo les aliviaré» (Mt 11, 28). La vida a menudo es pesada, muchas veces incluso trágica. Lo hemos oído recientemente... Trabajar cansa; buscar trabajo es duro. Y encontrar trabajo hoy requiere mucho esfuerzo. Pero lo que más pesa en la vida no es esto: lo que más cuesta de todas estas cosas es la falta de amor.

Pesa no recibir una sonrisa, no ser querido. Algunos silencios pesan, a veces incluso en la familia, entre marido y mujer, entre padres e hijos, entre hermanos. Sin amor las dificultades son más duras, inaguantables. Pienso en los ancianos solos, en las familias que lo pasan mal porque no reciben ayuda para atender a quien necesita cuidados especiales en la casa. «Vengan a mí todos los que están cansados y agobiados», dice Jesús. Queridas familias, el Señor conoce nuestras dificultades: ¡las conoce! Y conoce los pesos de nuestra vida. Pero el Señor sabe también que dentro de nosotros hay un profundo anhelo de encontrar la alegría del consuelo. ¿Recuerdan? Jesús dijo: «Su alegría llegue a plenitud» (Jn 15, 11). Jesús quiere que nuestra alegría sea plena. Se lo dijo a los apóstoles y nos lo repite a nosotros hoy. Esto es lo primero que quería compartir con ustedes esta tarde, y son unas palabras de Jesús: Vengan a mí, familias de todo el mundo —dice Jesús—, y yo les aliviaré, para que su alegría llegue a plenitud. Y estas palabras de Jesús llévenlas a casa, llévenlas en el corazón, compártanlas en familia. Nos invita a ir a Él para darnos, para dar a todos la alegría. 2. Las siguientes palabras, las tomo del rito del Matrimonio. Quien se casa dice en el Sacramento: «Prometo serte siempre fiel, en la prosperidad y en la adversi-

dad, en la salud y en la enfermedad, y así amarte y respetarte todos los días de mi vida». Los esposos en ese momento no saben lo que sucederá, no saben la prosperidad o adversidad que les espera. Se ponen en marcha, como Abrahán; se ponen en camino juntos. ¡Esto es el matrimonio! Ponerse en marcha, caminar juntos, mano con mano, confiando en la gran mano del Señor. ¡Mano con mano, siempre y para toda la vida! Y sin dejarse llevar por esta cultura de la provisionalidad, que nos hace trizas la vida. Con esta confianza en la fidelidad de Dios se afronta todo, sin miedo, con responsabilidad. Los esposos cristianos no son ingenuos, conocen los problemas y peligros de la vida. Pero no tienen miedo a asumir su responsabilidad, ante Dios y ante la sociedad. Sin huir, sin aislarse, sin renunciar a la misión de formar una familia y traer al mundo hijos. —Pero, Padre, hoy es difícil...—. Ciertamente es difícil. Por eso se necesita la gracia, la gracia que nos da el Sacramento. Los Sacramentos no son

un adorno en la vida —«¡pero qué hermoso matrimonio, qué bonita ceremonia, qué gran fiesta!»—. Eso no es el Sacramento; no es ésa la gracia del Sacramento. Eso es un adorno. Y la gracia no es para decorar la vida, es para darnos fuerza en la vida, para darnos valor, para poder seguir adelante. Sin aislarse, siempre juntos. Los cristianos se casan mediante el Sacramento porque saben que lo necesitan. Les hace falta para estar unidos entre sí y para cumplir su misión como padres: «En la prosperidad y en la adversidad, en la salud y en la enfermedad». Así dicen los esposos en el Sacramento y en la celebración de su Matrimonio rezan juntos y con la comunidad. ¿Por qué? ¿Porque así se suele hacer? No. Lo hacen porque tienen necesidad, para el largo viaje que han de hacer juntos: un largo viaje que no es a tramos, ¡dura toda la vida! Y necesitan la ayuda de Jesús, para caminar juntos con confianza, para acogerse el uno al otro día a día, y perdonarse cada día. Y esto es importante. Saber perdonarse en las familias, porque todos tenemos defectos, ¡todos! A veces hacemos cosas que no son buenas y hacen daño a los demás. Tener el valor de pedir perdón cuando nos equivocamos en la familia...

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plaza de San Pedro

Hace unas semanas dije en esta plaza que para sacar adelante una familia es necesario usar tres palabras. Quisiera repetirlo. Tres palabras: permiso, gracias, perdón. ¡Tres palabras clave! Pedimos permiso para ser respetuosos en la familia. «¿Puedo hacer esto? ¿Te gustaría que hiciese eso?». Con el lenguaje de pedir permiso. ¡Digamos gracias, gracias por el amor! Pero dime, ¿cuántas veces al día dices gracias a tu mujer, y tú a tu marido? ¡Cuántos días pasan sin pronunciar esta palabra: Gracias! Y la última: perdón. Todos nos equivocamos y a veces alguno se ofende en la familia y en el matrimonio, y algunas veces —digo yo— vuelan los platos, se dicen palabras fuertes, pero escuchen este consejo: no acaben la jornada sin hacer las paces. ¡La paz se renueva cada día en la familia! «¡Perdóname!». Y así se empieza de nuevo. Permiso, gracias, perdón. ¿Lo decimos juntos? (Responden: Sí). ¡Permiso, gracias, perdón! Usemos estas tres palabras en la familia. ¡Perdonarse cada día! En la vida de una familia hay muchos momentos hermosos: el descanso, la comida juntos, la salida al parque o al campo, la visita a los abuelos, la visita a una persona enferma... Pero si falta el amor, falta la alegría, falta la fiesta, y el amor nos lo da siempre Jesús: Él es la fuente inagotable. Allí Él, en el Sacramento, nos da su Palabra y nos da el Pan de vida, para que nuestra alegría llegue a plenitud. 3. Y para concluir, aquí adelante se encuentra el icono de la Presentación de Jesús en el Templo. Es un icono realmente hermoso e importante. Contemplémoslo y dejémonos ayudar por esta imagen. Como todos ustedes, también los protagonistas de esta escena han hecho su camino: María y José se han puesto en marcha, como peregrinos a Jerusalén, para cumplir la ley del Señor; del mismo modo el anciano Simeón y la profetisa Ana, también ella muy anciana, han llegado al Templo llevados por el Espíritu Santo. La escena nos muestra este encuentro de tres
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La misa del domingo por la mañana

¿Hay alegría en tu casa?
Rezar, custodiar la fe y vivir la alegría: son las tres características de la familia cristiana que sugirieron al Papa Francisco las lecturas del domingo 27 de octubre, XXX del Las lecturas de este domingo nos invitan a meditar sobre algunas características fundamentales de la familia cristiana. 1. La primera: La familia que ora. El texto del Evangelio pone en evidencia dos modos de orar, uno falso —el del fariseo— y el otro auténtico —el del publicano—. El fariseo encarTiempo ordinario. El Pontífice las comentó en la homilía de la misa celebrada en la plaza de San Pedro, con ocasión de la peregrinación de las familias por el Año de la fe. milde, sobria, imbuida por la conciencia de su propia indignidad, de su propia miseria: este hombre en verdad se reconoce necesitado del perdón de Dios, de la misericordia de D ios. La del publicano es la oración del pobre, es la oración que agrada a Dios que, como dice la primera Lectura, «sube hasta las nubes» (Si 35, 16), mientras que la del fariseo está marcada por el peso de la vanidad. A la luz de esta Palabra, quisiera preguntarles a ustedes, queridas familias: ¿Rezan alguna vez en familia? Algunos sí, lo sé. Pero muchos me dicen: Pero ¿cómo se hace? Se hace como el publicano, es claro: humildemente, delante de Dios. Cada uno con humildad se deja mirar por el Señor y le pide su bondad, que venga a nosotros. Pero, en familia, ¿cómo se hace? Porque parece que la oración sea algo personal, y además nunca se encuentra el momento oportuno, tranquilo, en familia… Sí, es verdad, pero es también cuestión de humildad, de reconocer que tenemos necesidad de Dios, como el publicano. Y todas las familias tenemos necesidad de Dios: todos, todos. Necesidad de su ayuda, de su fuerza, de su bendición, de su misericordia, de su perdón. Y se requiere sencillez. Para rezar en familia se necesita sencillez. Rezar juntos el «Padrenuestro», alrededor de la mesa, no es algo extraordinario: es fácil. Y rezar juntos el Rosario, en familia, es muy bello, da mucha fuerza. Y rezar también el uno por el otro: el marido por la esposa, la esposa por el marido, los dos por los hijos, los hijos por los padres, por los abuelos… Rezar unos por otros. Esto es rezar en familia, y esto hace fuerte la familia: la oración. 2. La segunda Lectura nos sugiere otro aspecto: la familia custodia la fe. El apóstol Pablo, al final de su vida, hace un balance fundamental, y dice: «He conservado la fe» (2 Tm 4, 7). ¿Cómo la conservó? No en una caja fuerte. No la escondió bajo tierra, como aquel siervo un poco perezoso.
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na una actitud que no manifiesta la acción de gracias a Dios por sus beneficios y su misericordia, sino más bien la satisfacción de sí. El fariseo se siente justo, se siente en orden, se pavonea de esto y juzga a los demás desde lo alto de su pedestal. El publicano, por el contrario, no utiliza muchas palabras. Su oración es hu-

Invocación en el Ángelus

Que María proteja a las familias en dificultad
Al término de la celebración el Papa rezó el Ángelus, invocando la protección de la Virgen María para todas las familias del mundo. Antes de concluir esta celebración deseo saludar a todos los peregrinos, especialmente a ustedes, queridas familias, llegadas de numerosos países. ¡Gracias de corazón! Dirijo un cordial saludo a los obispos y a los fieles de Guinea Ecuatorial, aquí reunidos con ocasión de la ratificación del Acuerdo con la Santa Sede. Que la Virgen Inmaculada proteja a su amado pueblo y les conceda progresar por el camino de la concordia y la justicia. Ahora rezaremos juntos el Ángelus. Con esta oración invocamos la protección de María para las familias de todo el mundo, de modo particular por las que viven situaciones de mayor dificultad. María, Reina de la familia, ruega por nosotros. Digamos juntos: María, Reina de la familia, ruega por nosotros. María, Reina de la familia, ruega por nosotros. María, Reina de la familia, ruega por nosotros. Angelus Domini... Muchas gracias por la fiesta de ayer y por esta misa. Que el Señor les bendiga. Les deseo un feliz domingo y buen almuerzo. ¡Hasta la vista!

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L’OSSERVATORE ROMANO Los saludos del arzobispo Vincenzo Paglia

viernes 1 de noviembre de 2013, número 44

Hacia el encuentro mundial de 2015 en Filadelfia
Cien mil «gracias» y un portavoz: el arzobispo Vincenzo Paglia, presidente del Consejo pontificio para la familia, que se hizo intérprete del reconocimiento de las familias de todo el mundo presentes en la plaza de San Pedro para la peregrinación en el Año de la fe. En particular, en la conclusión de la celebración eucarística dominical, el prelado dio las gracias al Papa partiendo de la imagen de los discípulos de Emaús: «Nuestros corazones se han caldeado ayer por la tarde —dijo refiriéndose al discurso pronunciado por el Pontífice en la vigilia del sábado— también por esas tres palabras: permiso, gracias, perdón. Un pequeño manual de buena vida familiar». Hoy, prosiguió, «nuestros ojos se han abierto: hemos reconocido al Señor que nos salva, reuniéndonos en esta extraordinaria familia que es la Iglesia». Y «la Eucaristía nos ha hecho un solo cuerpo, una sola alma, una sola familia, un solo pueblo. Y Jesús permanece con nosotros, para siempre. Sí, la plaza de San Pedro hoy es el Emaús de las familias». De aquí la invocación: «Quédate, Señor, con nuestras familias, ilumínalas en su camino, sostenlas en los momentos difíciles, consuélalas en el sufrimiento y en la fatiga cotidiana, defiéndelas de las oleadas del mal; quédate Señor con los pequeños para que crezcan en sabiduría, edad y gracia; quédate con los jóvenes para que no se les robe la esperanza de un futuro mejor; quédate con los padres para que sus corazones se afiancen como los de María y José teniendo con ellos a Jesús; quédate con los ancianos para que vivan sus días en la compañía de los amigos esperando al Señor como Simeón, y hablando de Jesús como la profetisa Ana». «Este primer encuentro con usted —aseguró al Papa el prelado— no lo olvidaremos. Y nos acompañará hasta cuando volvamos a encontrarnos en Filadelfia, en el Encuentro mundial de las familias en septiembre de 2015».

El encuentro de oración y testimonio con el Papa Francisco
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generaciones, el encuentro de tres generaciones: Simeón tiene en brazos al Niño Jesús, en el cual reconoce al Mesías, y Ana aparece alabando a Dios y anunciando la salvación a quien esperaba la redención de Israel. Estos dos ancianos representan la fe como memoria. Y yo les pregunto: «¿Ustedes escuchan a los abuelos? ¿Abren su corazón a la memoria que nos transmiten los abuelos? Los abuelos son la sabiduría de la familia, son la sabiduría de un pueblo. Y un pueblo que no escucha a los abuelos es un pueblo que muere. ¡Escuchar a los abuelos! María y José son la familia santificada por la presencia de Jesús, que es el cumplimiento de todas las promesas. Toda familia, como la de Nazaret, forma parte de la historia de un pueblo y no podría existir sin las generaciones precedentes. Y por eso hoy tenemos aquí a los abuelos y a los niños. Los niños aprenden de los abuelos, de la generación precedente. Queridas familias, también ustedes son parte del pueblo de Dios. Caminen con alegría junto a este pueblo. Permanezcan siempre unidas a Jesús y den testimonio de Él a todos. Les agradezco que hayan venido. Juntos, hagamos nuestras las palabras de san Pedro, que nos dan y nos seguirán dando fuerza en los momentos difíciles: «Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna» (Jn 6, 68). Con la gracia de Cristo, vivan la alegría de la fe. Que el Señor les bendiga y María, nuestra Madre, les proteja y les acompañe. Gracias.

El sábado por la tarde, presentando al Santo Padre el encuentro de fiesta y de testimonio, monseñor Paglia había dicho, entre otras cosas: «Esta plaza hoy tiene olor de familia. Estos ancianos y estos niños nos hacen vivir aquí el sueño descrito por el profeta Zacarías: una plaza con las ancianas y los ancianos sentados tranquilos en los bancos que disfrutan al ver a los niños y a las niñas divertirse con sus juegos. Ese sueño, hoy, aquí, en la plaza de San Pedro, es una realidad». El prelado había explicado: «No queremos más plazas oscuras por la guerra y el hambre, plazas grises por la indiferencia y el abandono, plazas tristes por la soledad y la falta de amor. Queremos que por doquier las plazas sean como ésta, coloridas y festivas, plurales y unidas, llenas de sueños, como los globos que acaban de elevarse al cielo».

Naturalmente «no faltan los dolores y las tristezas. Muchas familias, también aquí presentes, conocen las dificultades y las pruebas de la vida. Sin embargo, no nos dejamos arrollar. Gritamos a todos que, aún con todas las dificultades, la familia es lo más bello del mundo. En la familia aprendemos un amor que hace salir de lo cerrado del yo para ir hacia el otro. Y el Evangelio nos dice que las familias deben unirse las unas a las otras hasta hacer una red de solidaridad que abrace el mundo». Lo testimonia la iniciativa de solidaridad respecto a las «familias de Siria golpeadas tan duramente por la guerra. Queridas familias sirias, queridas mamás, queridos niños, queridos abuelos de Damasco, de Aleppo, de Homs, de toda Siria, os somos cercanos, os abrazamos fuertemente».

La misa del domingo por la mañana
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San Pablo compara su vida con una batalla y con una carrera. Ha conservado la fe porque no se ha limitado a defenderla, sino que la ha anunciado, irradiado, la ha llevado lejos. Se ha opuesto decididamente a quienes querían conservar, «embalsamar» el mensaje de Cristo dentro de

los confines de Palestina. Por esto ha hecho opciones valientes, ha ido a territorios hostiles, ha aceptado el reto de los alejados, de culturas diversas, ha hablado francamente, sin miedo. San Pablo ha conservado la fe porque, así como la había recibido, la ha dado, yendo a las periferias, sin atrincherarse en actitudes defensivas. También aquí, podemos preguntar: ¿De qué manera, en familia, custodiamos nuestra fe? ¿La tenemos para nosotros, en nuestra familia, como un bien privado, como una

cuenta bancaria, o sabemos compartirla con el testimonio, con la acogida, con la apertura hacia los demás? Todos sabemos que las familias, especialmente las más jóvenes, van con frecuencia «a la carrera», muy ocupadas; pero ¿han pensado alguna vez que esta «carrera» puede ser también la carrera de la fe? Las familias cristianas son familias misioneras. Ayer escuchamos, aquí en la plaza, el testimonio de familias misioneras. Son misioneras también en la vida de cada día, haciendo las cosas de todos los días, poniendo en todo la sal y la levadura de la fe. Conservar la fe en familia y poner la sal y la levadura de la fe en las cosas de todos los días. 3. Y un último aspecto encontramos a partir de la Palabra de Dios: la familia que vive la alegría. En el Salmo responsorial se encuentra esta expresión: «Los humildes lo escuchen y se alegren» (33, 3). Todo este Salmo es un himno al Señor, fuente de alegría y de paz. Y ¿cuál es el motivo de esta alegría? Es éste: El Señor está cerca, escucha el grito de los humildes y los libra del mal. Lo escribía también san Pablo: «Alegraos siempre… el Señor está cerca» (Flp 4, 4-5). Me gustaría hacer una pregunta hoy. Pero que cada uno la lleve en el corazón a su casa, ¡eh! Como una tarea

a realizar. Y responda personalmente: ¿Hay alegría en tu casa? ¿Hay alegría en tu familia? Den ustedes la respuesta. Queridas familias, ustedes lo saben bien: la verdadera alegría que se disfruta en familia no es algo superficial, no viene de las cosas, de las circunstancias favorables… la verdadera alegría viene de la armonía profunda entre las personas, que todos experimentan en su corazón y que nos hace sentir la belleza de estar juntos, de sostenernos mutuamente en el camino de la vida. En el fondo de este sentimiento de alegría profunda está la presencia de Dios, la presencia de Dios en la familia, está su amor acogedor, misericordioso, respetuoso hacia todos. Y sobre todo, un amor paciente: la paciencia es una virtud de Dios y nos enseña, en familia, a tener este amor paciente, el uno con el otro. Tener paciencia entre nosotros. Amor paciente. Sólo Dios sabe crear la armonía de las diferencias. Si falta el amor de Dios, también la familia pierde la armonía, prevalecen los individualismos, y se apaga la alegría. Por el contrario, la familia que vive la alegría de la fe la comunica espontáneamente, es sal de la tierra y luz del mundo, es levadura para toda la sociedad. Queridas familias, vivan siempre con fe y sencillez, como la Sagrada Familia de Nazaret. ¡La alegría y la paz del Señor esté siempre con ustedes!

número 44, viernes 1 de noviembre de 2013

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A una delegación del Simon Wiesenthal Center el Pontífice recuerda también el sufrimiento de los cristianos perseguidos

Más allá del muro de la intolerancia
Es necesario formar a los jóvenes en una cultura del encuentro y del respeto
La necesidad de educar a las nuevas generaciones para el diálogo y el respeto y así «combatir toda forma de racismo, intolerancia y antisemitismo» fue relanzada por el Papa Francisco a los miembros de la delegación del «Simon Wiesenthal Center», organización internacional judía para la defensa de los derechos humanos, durante la audiencia que tuvo lugar el jueves 24 de octubre por la mañana en la sala Clementina. Queridos amigos: Doy la bienvenida a la delegación del Simon Wiesenthal Center, organización internacional judía para la defensa de los derechos humanos. Sé que esta cita había sido acordada hace ya tiempo por mi amado Predecesor Benedicto XVI, a quien habíais pedido visitarle y a quien se dirige siempre nuestro afectuoso recuerdo y nuestra oración. Estos encuentros, por vuestra parte, son un signo de respeto y de estima hacia los Obispos de Roma, por lo que estoy agradecido y a lo cual corresponde la consideración del Papa por la obra a la que os dedicáis: combatir toda forma de racismo, incuentro, del respeto, de la comprensión y del perdón mutuos. Para la construcción de una cultura así desearía destacar, en particular, la importancia de la formación: una formación que no es sólo transmisión de conocimientos, sino paso de un testimonio vivido, que presupone el establecimiento de una comunión de vida, de una «alianza» con las jóvenes generaciones, siempre abierta a la verdad. A ellas, en efecto, debemos saber transmitir no sólo conocimientos sobre la historia del diálogo judeo-católico, las dificultades afrontadas y los progresos realizados en las últimas décadas: sobre todo debemos ser capaces de transmitir la pasión por el encuentro y el conocimiento del otro, promoviendo una implicación activa y responsable de nuestros jóvenes. En esto, es de gran importancia el compromiso compartido al servicio de la sociedad y de los más débiles. Os aliento a seguir transmitiendo a los jóvenes el valor del esfuerzo común para rechazar los muros y construir puentes entre nuestras culturas y tradiciones de fe. Sigamos adelante con confianza, valor y esperanza. Shalom!

tolerancia y antisemitismo, preservando la memoria de la Shoah y promoviendo la comprensión mutua mediante la formación y el compromiso social. He tenido ocasión de reafirmar otras veces, en estas últimas semanas, la condena de la Iglesia hacia toda forma de antisemitismo. Hoy desearía destacar cómo el problema de la intolerancia debe ser afrontado

en su conjunto: allí donde se persigue y se margina a una minoría por causa de sus convicciones religiosas o étnicas está en peligro el bien de toda una sociedad y todos debemos sentirnos implicados. Pienso con especial dolor en los sufrimientos, la marginación y las auténticas persecuciones que no pocos cristianos están sufriendo en diversos países del mundo. Unamos nuestras fuerzas para favorecer una cultura del en-

Audiencia al presidente de la República de Guinea Ecuatorial
El 25 de octubre por la mañana el Papa Francisco recibió en audiencia al presidente de la República de Guinea Ecuatorial, Teodoro Obiang Nguema Mbasogo, quien sucesivamente encontró al arzobispo Dominique Mamberti, secretario para las Relaciones con los Estados. En el curso de los cordiales coloquios se evocó la positiva contribución de la Iglesia católica a favor del desarrollo humano, social y cultural del país, particularmente en campo educativo y asistencial, como también la colaboración con el Estado para mejorar el tenor de vida de la población. Al término de la visita, en la sala de los Tratados del Palacio apostólico vaticano, el presidente de la República de Guinea Ecuatorial y el secretario para las Relaciones con los Estados procedieron al intercambio de los instrumentos de ratificación del Acuerdo entre la Santa Sede y la República de Guinea Ecuatorial sobre las relaciones entre la Iglesia católica y el Estado, firmado en la ciudad de Mongomo el 13 de octubre de 2012. El Acuerdo, que sella las buenas relaciones bilaterales existentes, reconoce la personalidad jurídica de la Iglesia y de sus instituciones. Se refiere también al matrimonio canónico, los lugares de culto, las instituciones educativas, la asistencia espiritual a los fieles católicos en los hospitales y en las cárceles. Con el solemne acto del día, el Acuerdo, compuesto de 19 artículos y un Protocolo Adicional, ha entrado en vigor según el artículo 18.1.

El Papa a los exalumnos de los jesuitas de Montevideo

Una buena compañía
A Argentina sí, pero no antes de 2016 y «tengo que visitar Chile y Uruguay, los tres juntos». Lo confió el Papa Francisco a un grupo de exalumnos de 1957 del colegio de los jesuitas de Montevideo, Uruguay, a quienes recibió en audiencia el sábado 26 de octubre, por la mañana, en la sala de los Papas. Se trató de un momento muy afable, casi familiar. El Papa se reencontró con viejos amigos de estudios: Alberto Brusa y Javier Huici con quienes Nuevamente les quiero agradecer la visita y el saludo. ¡Me traen tantos recuerdos de allá! Lo único que me extraña es que no haya ninguno con el mate. ¿No se animaron? Ahí les faltó la veta uruguaya. Porque cuando vino el Presidente de ustedes estábamos con el mate. Bueno, gracias en serio. Veo que hay muchos chicos; es una promesa y una estudió en el colegio San Ignacio de Loyola, en Santiago de Chile, en los años 1959-1960. Le regalaron, entre otras cosas, una estola con la representación de la Virgen de los Treinta y tres, un libro de José Donoso Phillips, jesuita, ex profesor del Papa Bergoglio, y un libro sobre la trata de personas, así como un gran número de cartas que le enviaron los niños de Montevideo. El Papa les saludó brevemente en español con las siguientes palabras: Bueno, les agradezco todo de nuevo, y les pido un favor, que recen por mí, ¿eh? Porque acá la gente es muy buena, son buenos compañeros y todos trabajan juntos, pero el trabajo es mucho, y no se da abasto. Recen por mí, por los colaboradores, para que podamos seguir adelante, ¿eh? Gracias, muchas gracias.

esperanza. A mí esto me trae muchos recuerdos de los compañeros que han organizado esto, y cosas lindas. No sé cuándo está planeado ir allá, antes del dieciséis no, seguro. Pero lo que sí es seguro es que si visito Argentina, tengo que visitar Chile y Uruguay, los tres juntos. Así que estaremos allí.

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viernes 1 de noviembre de 2013, número 44

Conversación con el arzobispo Baldisseri, secretario general del Sínodo de los obispos

Para realizar la colegialidad
NICOLA GORI Una nueva metodología para hacer más ágiles los diversos procesos internos del Sínodo de los obispos y una profundización institucional «conforme a las exigencias de la Iglesia en el momento actual». Son éstas algunas de las principales novedades relativas a la institución sinodal, a partir de la asamblea extraordinaria convocada por el Papa Francisco para el mes de octubre del próximo año. Habla de ello el secretario general, el arzobispo Lorenzo Baldisseri, en esta entrevista concedida a nuestro periódico. El Papa se ha expresado varias veces sobre la colegialidad con referencia al Sínodo de los obispos. El Sínodo de los obispos es la expresión más elevada de la colegialidad episcopal, tras el concilio ecuménico. Fue instituido por Pablo VI en fecha 15 de septiembre de 1965 con el Motu proprio Apostolica sollicitudo, una inspirada intuición para dar respuesta a la petición de mayor colegialidad hecha por numerosos padres conciliares. ¿Cuáles fueron las intenciones de Pablo VI al instituir el Sínodo? El documento describe el Sínodo como un consejo permanente de obispos constituido en Roma para la Iglesia universal (in alma Urbe stabile Episcoporum consilium pro Ecclesia universa), representante de todo el episcopado católico (partes agens totius catholici Episcopatus), sujeto directa e inmediatamente a la potestad del Romano Pontífice (directe atque immediate subiectum), por lo tanto un instituto eclesiástico central (institutum ecclesiasticum centrale), por su naturaleza perpetuo (natura sua perpetuum), pero que desarrolla sus tareas de modo temporal y ocasional (ad tempus atque ex occasione munere suo perfungens), con el fin de dar a los obispos la posibilidad de tomar parte de manera más evidente y más eficaz en la solicitud del Romano Pontífice por la Iglesia universal, dándole una ayuda más directa en su gobierno (validiorem prestant adiutricem operam). ¿Cuál es la relación de la institución sinodal con el Concilio Vaticano II? Se puede decir que el Sínodo de los obispos es ya fruto de la colegialidad episcopal, delineada por el número 22 de la constitución dogmática Lumen gentium del Concilio Vaticano II, cuando establece que «así como, por disposición del Señor, san Pedro y los demás Apóstoles forman un solo Colegio apostólico, de igual manera se unen entre sí el Romano Pontífice, sucesor de Pedro, y los Obispos, sucesores de los Apóstoles». El Colegio, «junto con su Cabeza, el Romano Pontífice, y nunca sin esta Cabeza, es también sujeto de la suprema y plena potestad sobre la Iglesia universal, si bien no puede ejercer dicha potestad sin el consentimiento del Romano Pontífice». ¿Sucesivamente Juan Pablo II se expresó sobre el Sínodo? En su discurso al consejo de la Secretaría general del Sínodo de los obispos del 30 de abril de 1983, retomó el tema para recalcar que la institución sinodal es «una expresión especialmente fructuosa e instrumento eficacísimo de la colegialidad episcopal». Este se convierte en un lugar para el encuentro de los obispos con el Pontífice y entre ellos, un lugar para el intercambio de informaciones y experiencias y para la búsqueda común de soluciones pastorales universalmente eficaces. ¿Qué es, entonces, el Sínodo de los obispos? Es una asamblea de miembros del episcopado católico que tiene la tarea de ayudar al Papa en su gobierno de la Iglesia universal. De este modo Pablo VI quiso establecer a través del Sínodo el reforzamiento de la unión entre el Romano Pontífice y los obispos, de forma que a través de los Sínodos el primado petrino valore el episcopado y la colegialidad. ¿Cómo ve hoy el Sínodo de los obispos? Como cualquier institución humana, también el Sínodo de los obispos puede desarrollar sus potencialidades, ya deseadas por la Apostolica sollicitudo, que prevé varias posibilidades procedimentales y metodológicas. ¿Cuáles pueden ser estas nuevas modalidades? El Santo Padre ha intervenido varias veces sobre el tema. Desearía recordar lo dicho con ocasión de su entrevista con el padre Spadaro en la «Civiltà Cattolica»: «La sinodalidad hay que vivirla a varios niveles. Tal vez es el tiempo de cambiar la metodología del Sínodo... Esto podrá también tener un valor ecuménico, especialmente con nuestros hermanos ortodoxos».

ro, la familia es un tema emergente y merece una atención particular. ¿Nos puede indicar cuáles son las temáticas que serán tratadas? El campo es vasto y el focus es el de la familia. Se trata de afirmar el valor y la belleza de la familia y cómo proponer el evangelio de la familia ante los desafíos de la contemporaneidad. ¿Cómo se desarrollará este Sínodo extraordinario en relación con el Sínodo ordinario que se celebrará en 2015? El término «sínodo» viene del griego syn-odos que significa caminar juntos. El Papa Francisco, en su primera homilía en la Capilla Sixtina, utilizó tres palabras programáticas: caminar, edificar y confesar. Creo que caminar y caminar juntos es precisamente la mejor expresión para realizar la sinodalidad, como ejercicio de colegialidad y de comunión en la evangelización. Entonces se trata de hacer un recorrido, de ir adelante en etapas, sin detenerse, aun teniendo presente que a paso dado, con pie quieto, le sigue otro por dar, y así ir adelante con empeño y valor. Por lo tanto el Sínodo extraordinario es una primera etapa de un recorrido que va más allá y que se relaciona con el Sínodo ordinario como segunda etapa. ¿Qué procedimiento se adoptará? En este proceso es necesario involucrar más a la base, como las parroquias, las diócesis, no sólo en la preparación, sino también en el desenvolvimiento y en la ejecución. Los presidentes de las Conferencias episcopales, que son miembros de iure del Sínodo extraordinario, podrán ofrecer su aportación, su experiencia y las instancias de las Iglesias particulares, así como los demás miembros estatutarios según el Ordo Episcoporum. ¿Qué resultados se esperan con este procedimiento? Una nueva metodología implicará la agilización de los diversos procesos internos de la institución, así como una profundización institucional conforme a las exigencias de la Iglesia en el momento actual. En 2015 se celebrará el quincuagésimo aniversario de la institución sinodal con su rica experiencia colegial, que ha dado frutos relevantes, y que necesita de un reforzamiento en su dinámica en vista de una mayor eficacia operativa.

Audiencia al presidente de la República de Panamá
En la mañana del sábado 26 de octubre el Papa Francisco recibió en audiencia al presidente de la República de Panamá, Ricardo Alberto Martinelli Berrocal, quien sucesivamente encontró al arzobispo Dominique Mamberti, secretario para las Relaciones con los Estados. Durante los cordiales coloquios hubo un intercambio sobre algunos temas relativos a la actual situación del país, en particular sobre las políticas sociales emprendidas por el Gobierno y los proyectos de desarrollo para la nación. Se evocó después la larga tradición cristiana del país y se reflexionó sobre los históricos vínculos bilaterales, con particular interés por las actuales relaciones entre la Iglesia y el Estado. Al respecto se expresó también gratitud por el obsequio de una estatua de Santa María La Antigua, patrona de la nación, ofrecida al Pontífice por el jefe de Estado y situada en los Jardines vaticanos. En la continuación de las conversaciones se dio una mirada panorámica a la situación regional.

El pasado 8 de octubre se ha convocado un Sínodo extraordinario, que se celebrará en octubre de 2014. ¿Nos puede decir cuáles son las metas de este Sínodo? Hace mucho tiempo que no se utiliza esta forma de Sínodo. El último Sínodo extraordinario se remonta a 1985, con ocasión del vigésimo aniversario del Concilio Vaticano II. El Santo Padre ha decidido convocar este Sínodo extraordinario sobre el tema «Los desafíos pastorales de la familia en el contexto de la evangelización» porque, como él aludió en la entrevista concedida en el avión de regreso de la Jornada mundial de la juventud en Río de Janei-

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Misa con el Pontífice en Santa Marta
Capaces de avergonzarse
La gracia de la vergüenza es la que experimentamos cuando confesamos a Dios nuestro pecado y lo hacemos hablando «cara a cara» con el sacerdote, «nuestro hermano». Y no pensando en dirigirnos directamente a Dios, como si fuera «confesarse por e-mail». Es con estas eficaces expresiones que el Papa Francisco llamó la atención sobre uno de los sacramentos fundamentales de la salvación humana, la confesión. Habló de ello la mañana del viernes 25 de octubre, durante la misa celebrada en la capilla de Santa Marta. San Pablo, después de haber experimentado la sensación de sentirse liberado por la sangre de Cristo, por lo tanto «recreado», advierte que en él hay algo todavía que le hace esclavo. Y en el pasaje de la carta a los Romanos (7, 18-25) propuesto por la liturgia el apóstol —recordó el Pontífice— se define «desgraciado». Por lo demás «Pablo ayer hablaba, anunciaba la salvación en Jesucristo por la fe», mientras que hoy «como hermano cuenta a sus hermanos de Roma la lucha que él tiene dentro de sí: “Sé que lo bueno no habita en mí, es decir, en mi carne; en efecto, querer está a mi alcance, pero hacer lo bueno, no. Pues no hago lo bueno que deseo, sino que obro lo malo que no deseo. Y si lo que no deseo es precisamente lo que hago, no soy yo el que lo realiza, sino el pecado que habita en mí”. Se confiesa pecador. Nos dice: “Cristo nos ha salvado, somos libres. Pero yo soy un pobre hombre, yo soy un pecador, yo soy un esclavo”». Se trata de la que el Papa llamó «la lucha de los cristianos», nuestra lucha de todos los días. «Cuando quiero hacer el bien —explicó el Pontífice— el mal está junto a mí. En efecto, en lo íntimo consiento a la ley de Dios; pero en mis miembros veo otra ley, que combate contra la ley de mi razón y me hace esclavo». Y nosotros «no siempre tenemos la valentía de hablar como habla Pablo sobre esta lucha. Siempre buscamos una justificación: “Pero sí, somos todos pecadores”». Es contra esta actitud que debemos luchar. Es más, «si nosotros no reconocemos esto —advirtió el Santo Padre— no podemos tener el perdón de Dios, porque si ser pecador es una palabra, un modo de hablar, no tenemos necesidad del perdón de Dios. Pero si es una realidad que nos hace esclavos, necesitamos esta liberación interior del Señor, de aquella fuerza». Y Pablo indica la vía de salida: «Confiesa a la comunidad su pecado, su tendencia al pecado, no la esconde. Esta es la actitud que la Iglesia nos pide a todos nosotros, que Jesús pide a todos nosotros: confesar humildemente nuestros pecados». La Iglesia en su sabiduría indica a los creyentes el sacramento de la reconciliación. Y nosotros, exhortó el Papa, estamos llamados a hacer esto: «Vayamos al hermano, al hermano sacerdote, y hagamos esta confesión interior nuestra: la misma que hace Pablo: “Yo quiero el bien, desearía ser mejor, pero usted sabe, a veces tengo esta lucha, a veces tengo esto, esto y esto...”». Y así como «es tan concreta la salvación que nos lleva a Jesús, tan concreto es nuestro pecado». El Pontífice se refirió después a cuantos rechazan el coloquio con el sacerdote y sostienen confesarse directamente con Dios. Cierto —comentó— «es fácil, es como confesarse por e-mail... Dios está allí, lejos; yo digo las cosas y no existe un cara a cara, no existe un encuentro a solas». Pablo en cambio «confiesa su debilidad a los hermanos cara a cara». Del Papa también un llamamiento a los que ante el sacerdote «se confiesan de muchas cosas etéreas, que no tienen ninguna concreción»: confesarse así «es lo mismo que no hacerlo», precisó. Y añadió: «Confesar nuestros pecados no es ir a una sesión psiquiátrica ni tampoco ir a una sala de tortura. Es decir al Señor: “Señor, soy pecador”. Pero decirlo a través del hermano, para que este decir sea también concreto; “y soy pecador por esto, por esto y por esto...”». El Pontífice confió que admira el modo en que se confiesan los niños: «Hoy hemos leído en el Aleluya —observó—: “Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a los pequeños” (Mateo 11, 25). Los pequeños tienen una cierta sabiduría. Cuando un niño viene a confesarse, jamás dice algo general: “Padre, he hecho esto, he hecho esto a mi tía, he hecho esto a la otra, al otro le he dicho esta palabra” y dicen la palabra. Son concretos, tienen la sencillez de la verdad. Y nosotros tenemos siempre la tendencia a esconder la realidad de nuestras miserias». En cambio, si hay algo bello es «cuando nosotros confesamos nuestros pecados como están en la presencia de Dios. Siempre sentimos esa gracia de la vergüenza. Avergonzarse ante Dios es una gracia. Es una gracia: “Yo me avergüenzo”. Pensemos en lo que dijo Pedro tras el milagro de Jesús en el lago: “Pero Señor, aléjate de mí, que soy un pecador”. Se avergüenza de su pecado ante la santidad de Jesucristo». Ir a confesarse «es ir a un encuentro con el Señor que nos perdona, nos ama. Y nuestra vergüenza es lo que nosotros le ofrecemos a Él: “Señor, soy pecador, pero mira, no soy tan malo, soy capaz de avergonzarme”». Por ello «pidamos —concluyó el Papa— esta gracia de vivir en la verdad sin esconder nada a Dios y sin esconder nada a nosotros mismos». gélico de Lucas (6, 12-19) en el que se relata la elección de los doce apóstoles llevada a cabo por Jesús. Es una jornada «un poco especial —dijo— por la elección de los apóstoles». Una elección que tiene lugar sólo después de que Jesús orara al Padre «solo». Cuando Jesús, de hecho, ora al Padre, está solo con Él. Después se encuentra junto a sus discípulos y elige a doce a quienes llama apóstoles. Luego con ellos va entre la gente que le esperaba para ser curada. Estos son los tres momentos que caracterizan la jornada: Jesús que pasa «una noche entera orando al Padre» en el monte; Jesús entre sus apóstoles; Jesús entre la gente. Y en estos tres momentos, explicó el Papa, la oración es el punto central: Jesús ora al Padre porque con Él «tenía intimidad»; le ruega «por la gente que dijera: Padre, que no se pierda esto». Jesús —prosiguió el Papa Francisco— tiene siempre en la mente nuestra salvación. Y «por esto, cuando oramos, decimos: Por nuestro Señor Jesucristo tu Hijo. Porque Él es el primero en orar, es nuestro hermano. Es hombre como nosotros. Jesús es el intercesor». Tras haber ganado para nosotros la redención y después de habernos justificado —continuó preguntándose el Santo Padre—, «¿ahora qué hace? Intercede, ruega por nosotros», respondió. «Pienso —prosiguió— qué habrá sentido Pedro cuando, después de haberle negado, Jesús le miró y él lloró. Sintió que lo que Jesús había dicho era verdad. Había orado por él y por esto podía llorar, podía arrepentirse». «Muchas veces —añadió— entre nosotros nos decimos: Reza por mí, ¿eh? Lo necesito, tengo muchos problemas, muchas cosas, reza por mí». Y esto, afirmó, «es algo bueno» porque «debemos rezar el uno por el otro». Y preguntó: «¿Decimos a Jesús: “Ruega por mí, tú que eres el primero de nosotros, tú ruega por mí”? Seguro que ora; pero decirle: “Ruega por mí, Señor, tú eres el intercesor” es mostrar una gran confianza. Él ruega por mí, Él ora por todos nosotros. Y ora valientemente, porque hace ver al Padre el precio de nuestra justicia, sus llagas». «Pensemos mucho en esto —dijo en conclusión— y demos gracias al Señor; demos gracias a un hermano que ora con nosotros y ora por nosotros, intercede por nosotros. Y hablemos con Jesús. Digámosle: “Señor, tú eres el intercesor, tú me has salvado, me has justificado, pero ahora ruega por mí”. Confiémosle nuestros problemas, nuestra vida, para que Él los lleve al Padre».

Una jornada particular
Es bello orar el uno por el otro. Durante la misa celebrada el 28 de octubre, el Papa Francisco se detuvo en el valor de la oración hecha por el prójimo que está atravesando un momento de dificultad. La reflexión del Pontífice inició con un comentario del pasaje evan-

acudía a encontrarle»; y le ruega también «por los apóstoles». Para ayudar a comprender mejor el sentido de la oración de Jesús, el Obispo de Roma recordó también «aquel discurso bello tras la cena del Jueves santo, cuando ruega al Padre diciendo: Yo ruego por estos, los míos; pero además ruego por todos, también por aquellos que vendrán y que creerán». La de Jesús «es una oración universal» pero es también «una oración personal». No por casualidad —recordó el Pontífice— «la noche de aquel mismo día mira a Pedro, que se hacía el valiente, y dice: Satanás os ha reclamado para cribaros como trigo, pues yo he pedido por ti, para que tu fe no se apague». Y después le exhorta: «Ora por cada uno al Padre». Y el Obispo de Roma añadió inmediatamente: «Yo querría que hoy todos mirásemos a Jesús que ora». Pero siendo cierto que Jesús en aquel tiempo oraba, ¿hoy reza todavía? —se preguntó el Papa—. «Pues sí, lo dice la Biblia», respondió. Y explicó: «Es el intercesor, aquel que ora», y ruega al Padre «con nosotros y ante nosotros. Jesús nos ha salvado. Ha hecho esta gran oración, el sacrificio de su vida para salvarnos. Estamos justificados gracias a Él. Ahora se ha ido. Y ora». Por lo tanto «Jesús es una persona, es un hombre de carne como la nuestra, pero en la gloria. Jesús tiene sus llagas en las manos, en los pies, en el costado. Y cuando ora, hace ver al Padre el precio de la justificación y ora por nosotros. Es como si

La esperanza, esta desconocida
La esperanza es la más humilde de las tres virtudes teologales, porque en la vida se esconde. Sin embargo nos transforma en profundidad, así como «una mujer embarazada es mujer», pero es como si se transformara porque se convierte en mamá. De la esperanza el Papa Francisco habló el 29 de octubre en la misa celebrada en Santa Marta reflexionando sobre la actitud de los cristianos en espera de la revelación del Hijo de Dios. A esta actitud está ligada la esperanza, una virtud —dijo al inicio de la homilía— que se ha revelado más fuerte que los sufrimientos, así como escribe san Pablo en la carta a los Romanos (8, 18-25). «Pablo —notó el Pontífice— se refiere a los sufrimientos del tiempo presente, y dice que no son comparables a la gloria futura que será revelada en nosotros». El apóstol habla de «ardiente espera», una tensión hacia la revelación que se refiere a toda la creación. «Esta tensión es la esperanza —continuó—
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viernes 1 de noviembre de 2013, número 44

COMUNICACIONES
Colegio episcopal
Monseñor Giovanni Battista Piccioli y Bertram Víctor Wick Enzler, auxiliares de Guayaquil; y Áureo Patricio Bonilla, vicario apostólico de Galápagos (Ecuador)
RENUNCIAS: El Papa ha aceptado la renuncia al gobierno pastoral de la archidiócesis de Winnipeg (Canadá) que monseñor VERNON JAMES WEISGERBER, le había presentado en conformidad con el canon 401 § 1 del Código de derecho canónico. Vernon James Weisgerber nació en Vibank, archidiócesis de Regina, el 1 de mayo de 1938. Recibió la ordenación sacerdotal el 1 de junio de 1963. Juan Pablo II le nombró obispo de Saskatoon el 7 de marzo de 1996; recibió la ordenación episcopal el 3 de mayo sucesivo. El mismo Papa le promovió a arzobispo de Winnipeg el 7 de junio de 2000. El Papa ha aceptado la renuncia al gobierno pastoral del vicariato apostólico de Galápagos (Ecuador) que monseñor MANUEL ANTONIO VALAREZO LUZURIAGA, O.F.M., obispo titular de Questoriana, le había presentado en conformidad con el canon 401 § 1 del Código de derecho canónico. Manuel Antonio Valarezo Luzuriaga, O.F.M., nació en Malvas-Zaruma, diócesis de Loja, el 7 de junio de 1937. Ingresó en la Orden de Frailes Menores, donde recibió la ordenación sacerdotal el 11 de agosto de 1962. Juan Pablo II le nombró obispo titular de Questoriana y vicario apostólico de Galápagos el 22 de abril de 1996; recibió la ordenación episcopal el 23 de junio del mismo año. El Santo Padre ha aceptado la renuncia a la función de superior eclesiástico de la misión «sui iuris» en Tayikistán, que le había presentado el padre CARLOS ANTONIO AVILA, del Instituto del Verbo Encarnado. Carlos Antonio Avila, I.V.E., nació en Comodoro Rivadavia el 12 de agosto de 1964. Recibió la ordenación sacerdotal el 8 de diciembre de 1990. Juan Pablo II le nombró superior eclesiástico de la misión «sui iuris» en Tayikistán el 29 de septiembre de 1997. EL PAPA
HA NOMBRAD O:

Audiencias pontificias
EL SANTO PADRE
HA RECIBID O EN AUDIENCIA:

apostólico en Ghana, con sus familiares. —A monseñor Giampiero Gloder, arzobispo titular de Telde, presidente de la Academia eclesiástica pontificia, con sus familiares. Sábado, día 26 —Al presidente de la República de Panamá, Ricardo Alberto Martinelli Berrocal, con su esposa y el séquito. —Al cardenal Marc Ouellet, P.S.S., prefecto de la Congregación para los obispos. Lunes, día 28 —Al nuevo embajador de Japón ante la Santa Sede, Teruaki Nagasaki, con ocasión de la presentación de las cartas credenciales. —Al cardenal William Joseph Levada, prefecto emérito de la Congregación para la doctrina de la fe. —Al presidente del Banco mundial, Jim Yong Kim. —A la señora Aung San Suu Kyi, Premio Nobel de la paz 1991. —Al embajador de Albania ante la Santa Sede, Rrok Logu, en visita de despedida.

Viernes 25 de octubre —Al presidente de la República de Guinea Ecuatorial, Teodoro Obiang Nguema Mbasogo, con su esposa y el séquito. —Al cardenal Telesphore Placidus Toppo, arzobispo de Ranchi (India). —A monseñor Gerhard Ludwig Müller, prefecto de la Congregación para la doctrina de la fe. —A monseñor Jean-Marie Speich, arzobispo titular de Sulci, nuncio

obispo de Victoria el 14 de mayo de 2004; recibió la ordenación episcopal el 20 de julio del mismo año. —Obispo de Romblon (Filipinas) al padre NARCISO V. ABELLANA, M.S.C. Narciso V. Abellana, M.S.C., nació en Talisay City, archidiócesis de Cebú, el 11 de noviembre de 1953. Ingresó en la congregación de los Misioneros del Sagrado Corazón de Jesús, donde recibió la ordenación sacerdotal el 28 de diciembre de 1978. Obtuvo la licenciatura en historia de la Iglesia en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. Inició su ministerio como párroco y rector del seminario en Banawa. Luego ha sido consejero provincial, vicemaestro de novicios, decano del teologado, superior provincial, vicario general y primer asistente del superior general en Roma y capellán universitario en Filipinas. —Obispo titular de Bisica y auxiliar de la archidiócesis de Saint Paul and Minneapolis (Estados Unidos) al presbítero ANDREW H. COZZENS. Andrew H. Cozzens nació en Stamford, diócesis de Bridgeport, el 3 de agosto de 1968. Recibió la ordenación sacerdotal el 31 de mayo de 1997. Se doctoró en teología dogmática en la Pontificia Universidad Santo Tomás de Aquino de Roma. En su ministerio ha desempeñado, entre otros, los siguientes cargos: vicario parroquial en diversas parroquias, director asistente de la oficina archidiocesana del culto y profesor y formador en el seminario en Saint Paul. —Obispo titular de Massimiana di Bizacena y coadjutor del vicariato apostólico de Soddo (Etiopía) al presbítero TSEGAYE KENENI DERERA. Tsegaye Keneni Derera nació en Metcha Borodo, vicariato apostólico de Nekemte, el 23 de noviembre de 1943. Recibió la ordenación sacerdotal el 13 de julio de 1976, incardinado en Addis Abeba. Estudió teología pastoral en la Universidad Loyola de Chicago (Estados Unidos). En Addis Abeba ha sido canciller de la curia, vicario general y secretario general del Secretariado católico; secretario ejecutivo de la Conferencia episcopal de Etiopía; director del proyecto de la universidad católica Santo Tomás de Aquino de Etiopía y, desde 2012, vicario general del vicariato apostólico de Nekemte.
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Nombramientos pontificios
El Santo Padre ha nombrado secretario prelado de la Pontificia Academia de teología al presbítero RICCARD O FERRI, del clero de la diócesis de Massa Carrara Pontremoli (Italia), docente de teología en la Pontificia Universidad Lateranense, académico ordinario y miembro del Consejo de dicha Academia. El Papa ha nombrado viceprefecto del Archivo secreto vaticano al profesor PAOLO CHERUBINI, docente de paleografía latina en la Universidad de Palermo y en la Escuela vaticana de paleografía, diplomática y archivística.

Representaciones pontificias
El Papa ha nombrado nuncio apostólico en la República Bolivariana de Venezuela a monseñor ALD O GIORDANO, hasta ahora enviado especial con funciones de observador permanente ante el Consejo de Europa en Estrasburgo, elevándolo al mismo tiempo a la sede titular de Tamada con dignidad de arzobispo. Aldo Giordano nació en Cúneo (Italia) el 20 de agosto de 1954. Recibió la ordenación sacerdotal el 28 de julio de 1979. Se doctoró en filosofía en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. Inició su ministerio en Cúneo como docente de filosofía, vicario parroquial y encargado de la pastoral para los ámbitos de la política, economía, medicina y cultura. El 15 de mayo de 1995 fue elegido secretario general del Consejo de las Conferencias episcopales de Europa (CCEE) transfiriéndose a la sede del secretariado en St. Gallen (Suiza), cargo que desempeñó durante 13 años. Benedicto XVI le nombró enviado especial con funciones de observador permanente de la Santa Sede ante el Consejo de Europa en Estrasburgo el 7 de junio de 2008.

Iglesias orientales católicas
El Sínodo de la Iglesia arzobispal mayor greco-católica ucrania ha aceptado la renuncia a la función de obispo auxiliar del exarcado arzobispal de DonetskKharkiv que monseñor WASYL IHOR MEDWIT, O.S.B.M., obispo titular de Adriane, había presentado en conformidad con el canon 210 del Código de cánones de las Iglesias orientales. Wasyl Ihor Medwit, O.S.B.M., nació en Przemyśl el 23 de julio de 1949. Recibió la ordenación sacerdotal el 31 de mayo de 1984. Fue nombrado obispo titular de Adriane y auxiliar de DonetskKharkiv el 30 de marzo de 1994; recibió la ordenación episcopal el 12 de julio sucesivo.

—Arzobispo de Winnipeg (Canadá) a monseñor RICHARD JOSEPH GAGNON, hasta ahora obispo de Victoria. Richard Joseph Gagnon nació en Lethbridge, diócesis de Calgary, el 17 de junio de 1948. Recibió la ordenación sacerdotal el 24 de junio de 1983. Juan Pablo II le nombró

número 44, viernes 1 de noviembre de 2013

L’OSSERVATORE ROMANO

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Misa con el Pontífice en Santa Marta
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y vivir en la esperanza es vivir en esta tensión», en la espera de la revelación del Hijo de Dios, o sea, cuando toda la creación, «y también cada uno de nosotros», será liberada de la esclavitud «para entrar en la gloria de los hijos de Dios». «Pablo —prosiguió— nos habla de la esperanza. También en el capítulo precedente de la carta a los Romanos había hablado de la esperanza. Nos había dicho que la esperanza no desilusiona, es segura». Pero ésta no es fácil de entender; y esperar no quiere decir ser optimistas. Así que «la esperanza no es optimismo, no es esa capacidad de mirar las cosas con buen ánimo e ir adelante», y no es tampoco sencillamente una actitud positiva, como la de ciertas «personas luminosas, positivas». Esto, dijo el Santo Padre, «es algo bueno, pero no es la esperanza». Se dice —explicó— que es «la más humilde de las tres virtudes, porque

se esconde en la vida. La fe se ve, se siente, se sabe qué es; la caridad se hace, se sabe qué es. ¿Pero qué es la esperanza?». La respuesta del Pontífice fue clara: «Para acercarnos un poco podemos decir en primer lugar que es un riesgo. La esperanza es una virtud arriesgada, una virtud, como dice san Pablo, de una ardiente espera hacia la revelación del Hijo

Colegio episcopal
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—Obispo titular de Patara y auxiliar de la arquidiócesis de Guayaquil (Ecuador) al presbítero GIOVANNI BATTISTA PICCIOLI. Giovanni Battista Piccioli, nació en Erbusco, diócesis de Brescia (Italia), el 10 de julio de 1957. Recibió la ordenación sacerdotal el 12 de junio de 1982. Obtuvo la licenciatura en teología en la Facultad teológica de Emilia Romagna. Inició su ministerio en su diócesis de origen como vicario parroquial y párroco. En 1995 marchó como sacerdote «fidei donum» a Ecuador donde ha sido párroco en diversas parroquias en Portoviejo. En el último período era docente en el seminario mayor de Portoviejo y párroco. —Obispo titular de Carpi y auxiliar de la arquidiócesis de Guayaquil (Ecuador) al presbítero BERTRAM VÍCTOR WICK ENZLER. Bertram Víctor Wick Enzler, nació en Waldkirch, diócesis de Sankt Gallen (Suiza), el 8 de marzo de 1955. Ingresó en el seminario de Innsbruck, y en 1990 fue enviado como misionero a la arquidiócesis de Portoviejo, donde ingresó en el Instituto ecuatoriano «Santa María del Fiat». Recibió la ordenación sacerdotal el 8 de diciembre de 1991, incardinado en la arquidiócesis de Guayaquil. Ha sido vicario parroquial y párroco en diversas parroquias y vicario episcopal. —Obispo titular de Bida y vicario apostólico de Galápagos (Ecuador) al padre ÁUREO PATRICIO BONILLA BONILLA, O.F.M.
O.F .M.,

num» de Roma. En su Orden ha sido formador de diversas etapas; director administrativo de la Facultad de filosofía y teología «Cardenal Echeverría» de Quito; presidente de los institutos y de los centros de estudios teológicos franciscanos de América Latina; definidor provincial; secretario para la formación

Lutos en el episcopado
—Monseñor ANTÓNIO BALTASAR MARCELINO, obispo emérito de Aveiro (Portugal), falleció el 9 de octubre. Había nacido en Lousa, diócesis de Portalegre-Castelo Branco, el 21 de septiembre de 1930. Era sacerdote desde el 9 de junio de 1955. Pablo VI le nombró obispo titular de Cercina y auxiliar de Lisboa el 15 de julio de 1975; recibió la ordenación episcopal el 21 de septiembre sucesivo. Juan Pablo II le nombró coadjutor del obispo de Aveiro el 8 de septiembre de 1983; pasó a ser obispo de dicha diócesis el 20 de enero de 1988. Benedicto XVI aceptó su renuncia al gobierno pastoral de Aveiro el 21 de septiembre de 2006. —Monseñor ANTHONY JOSEPH BURGESS, obispo emérito de Wewak (Papúa Nueva Guinea), falleció el 23 de octubre. Había nacido en Singleton, diócesis de Maitland-Newcastle (Australia), el 29 de julio de 1938. Era sacerdote desde el 23 de julio de 1967. Juan Pablo II le nombró obispo coadjutor de Wewak el 10 de mayo de 2000; recibió la ordenación episcopal el 27 de septiembre sucesivo. Pasó a ser obispo de dicha sede el 14 de agosto de 2002. El Papa Francisco aceptó su renuncia al gobierno pastoral de la diócesis de Wewak el 20 de septiembre de 2013.

Áureo Patricio Bonilla Bonilla, nació en Riobamba (Ecuador) el 15 de mayo de 1968. Ingresó en la Orden de Frailes Menores, donde recibió la ordenación sacerdotal el 20 de junio de 1996. Se doctoró en derecho canónico en la Pontificia Universidad «Antonia-

guntó el Obispo de Roma. «Estamos anclados precisamente allá, en la orilla de ese océano tan lejano o estamos anclados en una laguna artificial que hemos hecho nosotros, con nuestras reglas, nuestros comportamientos, nuestros horarios, nuestros clericalismos, nuestras actitudes eclesiásticas —no eclesiales, ¿eh?—. ¿Estamos anclados allí donde todo es cómodo y seguro? Esta no es la esperanza». Pablo —añadió el Papa Francisco— «busca después otra imagen de la esperanza, la del parto. Sabemos de hecho que toda la creación, y también nosotros con la creación, “gime y sufre los dolores del parto hasta hoy”. No sólo, sino también nosotros, que poseemos las primicias del espíritu, gemimos —pensad en la mujer que da a luz—, gemimos interiormente esperando. Estamos en espera. Esto es un parto». La esperanza —añadió— se sitúa en esta dinámica de dar la vida. No es algo visible incluso para quien vive «en la primicia del Espíritu». Pero sabemos que «el Espíritu actúa. El Evangelio —precisó el Papa refiriéndose al pasaje de Lucas (13, 18-21)— dice algo sobre esto. El Espíritu actúa en nosotros. Actúa como si fuera un grano de mostaza, pequeñito, pero dentro de su provincia religiosa y en la está lleno de vida y de fuerza y va Conferencia franciscana bolivariana; adelante hasta el árbol. El Espíritu jurista de su provincia y presidente actúa como la levadura que es capaz de la Comisión jurídica de la Orde leudar toda la harina. Así actúa den Franciscana; decano de la fael Espíritu». cultad de filosofía y teología; doLa esperanza «es una gracia que cente de derecho canónico. Ha sido hay que pedir»; en efecto, «una cosa también defensor del vínculo y juez es vivir en la esperanza, porque en en el Tribunal nacional de apelala esperanza hemos sido salvados, y ción de la Conferencia episcopal otra cosa es vivir como buenos crisecuatoriana y consultor para la vida tianos y no más; vivir en espera de consagrada en la Comisión episcola revelación o vivir bien con los pal de los ministerios y de la vida mandamientos»; estar anclados en la consagrada. En el último período orilla del mundo futuro «o aparcaera vicario provincial de su Orden dos en la laguna artificial». en Ecuador. Para explicar mejor el concepto el Pontífice indicó cómo cambió la ac—Superior eclesiástico de la misión titud de María, «una muchacha jo«sui iuris» en Tayikistán al padre ven», cuando supo que era mamá: PEDRO RAMIRO LÓPEZ, I.V.E. «Va y ayuda y canta ese cántico de alabanza». Porque —aclaró el Papa Pedro Ramiro López, I.V.E. nació Francisco— «cuando una mujer está en San Rafael, provincia de Menembarazada, es mujer», pero es codoza (Argentina), el 12 de septiemmo si se transformara en lo profunbre de 1978. Ingresó en el Instituto do porque ahora «es mamá». Y la del Verbo Encarnado, donde reciesperanza es algo similar: «cambia bió la ordenación sacerdotal el 29 nuestra actitud». Por esto —exprede agosto de 2003. Desde 2004 desó— «pidamos la gracia de ser homsempeña su ministerio en la misión bres y mujeres de esperanza». «sui iuris» en Tayikistán, donde, en En la conclusión, dirigiéndose a el último período era párroco y colaborador en Cáritas nacional. un grupo de sacerdotes mexicanos que celebraban el vigésimo quinto aniversario de sacerdocio, el Papa, indicando la imagen mariana que le habían llevado de obsequio, dijo: «Mirad a vuestra Madre, figura de la esperanza de América. Mirad, está pintada embarazada. Es la Virgen de América, es la Virgen de la esperanza. Pedidle a Ella la gracia para que los años por venir sean para vosotros años de esperanza», la gracia «de vivir como sacerEn la mañana del lunes 28 de octubre el Pontífice recibió en audiencia dotes de esperanza» a la señora Aung San Suu Kyi, Premio Nobel de la paz 1991 que dan esperanza.

de Dios. No es una ilusión. Es la que tenían los israelitas» quienes, cuando fueron liberados de la esclavitud, dijeron: «nos parecía soñar. Entonces nuestra boca se llenó de sonrisa y nuestra lengua de alegría». He aquí que esto es cuanto sucederá cuando sea la revelación del Hijo de Dios, explicó. «Tener esperanza significa precisamente esto: estar en tensión hacia esta revelación, hacia esta alegría que llenará nuestra boca de sonrisa». Y exclamó: «¡Es bella esta imagen!». Después relató que «los primeros cristianos la pintaban como un ancla. La esperanza era un ancla»; un ancla fijada en la orilla del más allá. Nuestra vida es como caminar por la cuerda hacia ese ancla. «¿Pero dónde estamos anclados nosotros?», se pre-

Audiencia del Santo Padre a Aung San Suu Kyi

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L’OSSERVATORE ROMANO

viernes 1 de noviembre de 2013, número 44

En la audiencia general el Pontífice habla de la comunión de los santos

Una gran familia entre tierra y cielo
«El amor de Dios quema nuestros egoísmos, nuestros prejuicios, nuestras divisiones interiores y exteriores» y «también nuestros pecados». Fueron palabras del Papa Francisco en la audiencia general del miércoles 30 de octubre, al hablar en la plaza de San Pedro de la «comunión entre las personas santas», en vista de la solemnidad de Todos los santos y de la conmemoración de los fieles difuntos. Queridos hermanos ¡buenos días! y hermanas, las almas del Purgatorio y todos los bienaventurados que están ya en el Paraíso forman una sola gran Familia. Esta comunión entre tierra y cielo se realiza especialmente en la oración de intercesión. Queridos amigos, ¡tenemos esta belleza! Es una realidad nuestra, de todos, que nos hace hermanos, que nos acompaña en el camino de la vida y hace que nos encontremos otra vez allá arriba, en el cielo. Vayamos por este camino con confianza, con alegría. Un cristiano debe ser alegre, con la alegría de tener muchos hermanos bautizados que caminan con él; sostenido con la ayuda de los hermanos y de las hermanas que hacen este mismo camino para ir al cielo; y también con la ayuda de los hermanos y de las hermanas que están en el cielo y ruegan a Jesús por nosotros. ¡Adelante por este camino con alegría!

Hoy desearía hablar de una realidad muy bella de nuestra fe, esto es, de la «comunión de los santos». El Catecismo de la Iglesia católica nos recuerda que con esta expresión se entienden dos realidades: la comunión en las cosas santas y la comunión entre las personas santas (cf. n. 948). Me detengo en el segundo significado: se trata de una verdad entre las más consoladoras de nuestra fe, pues nos recuerda que no estamos solos, sino que existe una comunión de vida entre todos aquellos que pertenecen a Cristo. Una comunión que nace de la fe; en efecto, el término «santos» se refiere a quienes creen en el Señor Jesús y están incorporados a Él en la Iglesia mediante el Bautismo. Por esto los primeros cristianos eran llamados también «los santos» (cf. Hch 9, 13.32.41; Rm 8, 27; 1 Cor 6, 1). El Evangelio de Juan muestra que, antes de su Pasión, Jesús rogó al Padre por la comunión entre los discípulos, con estas palabras: «Para que todos sean uno, como tú, Padre, en mí, y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado» (17, 21). La Iglesia, en su verdad más profunda, es comunión con Dios, familiaridad con Dios, comunión de amor con Cristo y con el Padre en el Espíritu Santo, que se prolonga en una comunión fraterna. Esta relación entre Jesús y el Padre es la «matriz» del vínculo entre nosotros cristianos: si estamos íntimamente introducidos en esta «matriz», en este horno ardiente de amor, entonces podemos hacernos verdaderamente un solo corazón y una sola alma entre nosotros, porque el amor de Dios quema nuestros egoísmos, nuestros prejuicios, nuestras divisiones interiores y exteriores. El amor de Dios quema también nuestros pecados. Si existe este enraizamiento en la fuente del Amor, que es Dios, entonces se verifica también el movimiento recíproco: de los hermanos a Dios. La experiencia de la comunión fraterna me conduce a la comunión con Dios. Estar unidos entre nosotros nos conduce a estar unidos con Dios, nos conduce a este vínculo con Dios que es nuestro Padre. Este es el segundo aspecto de la comunión de los santos que desearía subrayar: nuestra fe tiene necesidad del apoyo de los demás, especialmente en los momentos difíciles. Si nosotros estamos unidos la fe se hace fuerte. ¡Qué bello es sostenernos los unos a los otros en la aventura maravillosa de la fe! Digo esto porque la tendencia a cerrarse en lo privado ha influenciado también el ámbito religioso, de forma que muchas veces cuesta pedir la ayuda espiritual de

cuantos comparten con nosotros la experiencia cristiana. ¿Quién de nosotros no ha experimentado inseguridades, extravíos y hasta dudas en el camino de la fe? Todos hemos experimentado esto, también yo: forma parte del camino de la fe, forma parte de nuestra vida. Todo ello no debe sorprendernos, porque somos seres humanos, marcados por fragilidades y límites; todos somos frágiles, todos tenemos límites. Sin embargo, en estos momentos de dificultad es necesario confiar en la ayuda de Dios, mediante la oración filial, y, al mismo tiempo, es importante hallar el valor y la humildad de abrirse a los demás, para pedir ayuda, para pedir que nos echen una mano. ¡Cuántas veces hemos hecho esto y después hemos conseguido salir del problema y encontrar a Dios otra

vez! En esta comunión —comunión quiere decir común-unión— somos una gran familia, donde todos los componentes se ayudan y se sostienen entre sí. Y llegamos a otro aspecto: la comunión de los santos va más allá de la vida terrena, va más allá de la muerte y dura para siempre. Esta unión entre nosotros va más allá y continúa en la otra vida; es una unión espiritual que nace del Bautismo y no se rompe con la muerte, sino que, gracias a Cristo resucitado, está destinada a hallar su plenitud en la vida eterna. Hay un vínculo profundo e indisoluble entre cuantos son aún peregrinos en este mundo —entre nosotros— y quienes han atravesado el umbral de la muerte para entrar en la eternidad. Todos los bautizados aquí abajo, en la tierra,

Diez millones de followers por el Evangelio
«Queridos Followers —tuiteó el domingo por la mañana el Papa Francisco en todas las lenguas en las que escribe, latín incluido— ¡ya son ustedes más de 10 millones! Les agradezco de corazón y les ruego que sigan rezando por mí». La noticia es significativa: a las 21.32 del 26 de octubre, el account @Pontifex alcanzó una meta verdaderamente considerable. El número de quienes, en todo el mundo, siguen en las nueve lenguas (español e inglés a la cabeza) los 140 caracteres del Papa ha crecido constantemente en el tiempo —a partir del lanzamiento el pasado 12 de diciembre con Benedicto XVI— al ritmo de un millón al mes. Un seguimiento, por lo demás, que involucra, a través del mecanismo de los retuits, a un público decididamente más amplio (estimado en más de sesenta millones de personas) respecto a cuantos siguen directamente @Pontifex. Este resultado ha sido comentado muy positivamente por el Consejo pontificio para las comunicaciones sociales que —a través del secretario, monseñor Paul Tighe— expresa su alegría, si bien con la conciencia de que «los números no lo son todo. Como Consejo pontificio queremos dar las gracias a todos los usuarios de los social media —usuarios creyentes y usuarios no creyentes— que nos han ayudado a llevar a la atención de un público extremadamente amplio las palabras del Papa y, sobre todo, el mensaje del Evangelio del que él se hace portavoz». Reside precisamente aquí, de hecho, la novedad de la presencia activa y regular del Papa en Twitter: a través de los ya famosos 140 caracteres, el Pontífice lleva diariamente la palabra de Jesús a la vida de las personas. Independientemente de su fe.

Reconciliación y estabilidad para Irak

Reconciliación, paz, unidad y estabilidad «para la querida nación iraquí, lamentablemente golpeada a diario por trágicos episodios de violencia». Así lo invocó el Papa Francisco en la audiencia general, al término de la cual, en un aula contigua al aula Pablo VI, saludó a algunos exponentes religiosos del país, presentados por el cardenal Jean-Louis Tauran, presidente del Consejo pontificio para el diálogo interreligioso.

Los tuits del Papa en @Pontifex_es
25 O CT [3.25 PM] La cultura del descarte produce muchos frutos amargos, como el desperdicio de alimentos y el aislamiento de muchos ancianos 26 O CT [3.45 PM] Muchas veces contribuimos a la globalización de la indiferencia; intentemos, más bien, vivir una solidaridad global 27 O CT [9.15 AM] Queridos Followers ¡ya son ustedes más de 10 millones! Les agradezco de corazón y les ruego que sigan rezando por mí 28 O CT [3.15 PM] Todos somos pecadores. Dios nos perdona con un derroche de gracia, misericordia y ternura 29 O CT [3.29 PM] Si los bienes materiales y el dinero se convierten en el centro de la vida, nos atrapan y nos esclavizan

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