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la libertad de enseñanza le permite al privilegiado mantener su situación de generación en generación, permitiéndoles usar toda su riqueza de manera de garantizar que

la situación de la que gozan hoy podrá ser traspasada a sus hijos. las leyes que garantizan la libertad de enseñanza desvirtúan el foco de lo público, es que la ley no hace siquiera el intento de limitar la medida en que el privilegiado puede usar su privilegio para privilegiar a su descendencia. Así el puede gastar mil en la educación de su hijo recibirá una educación de mil, junto a otros niños cuyos pueden gastar lo mismo. el que puede gastar 100 recibirá una educación de 100 junto a otros niños cuyos pueden gastar 100 y así sucesivamente hasta aquellos padres que no puedan gastar nada y tendrán que enviar a sus hijos a escuelas municipales, donde sus hijos se encontrarán con otros que no pueden pagar nada. Y aquí empieza lo bueno. Cuando la educación termine, sus egresados deberán competir entre sí para repartirse los puestos de trabajo Pero en esa competencia a un lado está el que ha estado pagando 1000 por su educación y al otro lado el que no recibió nada más que la subvención estatal. No es una competencia justa: sin embargo el privilegiado, cuando gana, dirá que ganó porque lo hizo mejor que otros, de modo el que la queja del “perdedor” es fruto de la envidia y el privilegiado dirá que el que se queja es un “resentido” Ser privilegiado, particularmente en un país como Chile, es vivir con la angustia de saber que las posibilidades de vida de uno se construyen mediante la negación de esas posibilidades a otros. Por supuesto la solución para eso sería que el privilegiado luchara contra el sistema que facilita la transmisión del privilegio: pero claro, esto lo obligaría a renunciar al mejor de los mundos posibles (la libertad de enseñanza). El privilegiado, para aliviar su angustia, necesita que lo convenzan de que no es verdad que él es beneficiario de la injusticia . Lo que muestra que la referencia a la angustia del Privilegiado no es mera imaginación, es la enorme cantidad de recursos económicos y humanos, expresados en centros de estudios, universidades y “think-tanks”. Esos centros de estudios buscar maneras de mostrarle al privilegiado que el modelo de desarrollo chileno en general y el sistema educacional en particular están construidos de modo de mejorar todo lo que sea posible al que está peor situado; que el sistema chileno está diseñado para maximizar la libertad de todos, no sólo de los ricos; que el hecho de que el que tiene 1000 pueda gastar 1000 en la educación de sus hijos no es una manera de comprar una ventaja, sino la carga de tener que financiar la educación de sus hijos, porque si no la pagara de su bolsillo tendría que recibir recursos del Estado y eso es “regresivo”. Es el otro, el que asiste a una escuela municipal, el que recibe el beneficio de una educación “gratuita”. Lo anterior crea un conjunto de falsedades cuya función es convencer al privilegiado que su privilegio es una carga, y convencer al que carece de privilegio de que el modelo actual es el mejor de los mundos posibles para él..