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El diccionario de la Real Academia Española define la palabra “prosperidad” de la siguiente manera: (de el latín - prosperitas - atis) *- Curso favorable de las

cosas *- Buena suerte o éxito en lo que se emprende, sucede u ocurre.

Es seguro que la mayoría de nosotros coincidimos en lo básico de el concepto y significado de la palabra prosperidad, tal cual lo señala el diccionario. Empero lo que aquí vamos a tratar es la prosperidad desde el punto de vista bíblico. ¿Por qué es importante? Se preguntará el lector, bueno, hay dos razones básicas por las cuales es bueno entender bien este tema:

1-) Porque la Biblia hace énfasis en ella. 2-) Porque el enemigo está haciendo de las suyas, en base a la ignorancia que tiene el hombre, acerca de este tema.

Iniciaré citando las palabras de el profeta Jeremías: “Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, son pensamientos de paz y no de mal, para daros el fin que esperáis” Jeremías 29 : 11

Dios quiere nuestro bien ! Y El sabe que nosotros igualmente deseamos estar bien. Lo que tal vez se nos olvida es que los conceptos divinos no necesariamente coinciden con los nuestros. Por lo que debemos de tener una actitud más de sumisión y obediencia, que de opinión personal y gustos, en lo referente a la prosperidad.

LA AVARICIA La avaricia (codicia) es algo que produce nuestra naturaleza humana, y ese designio carnal, lucha contra la voz de el Espíritu Santo. Veamos algunos pasajes: “Tales son las sendas de todo el que es dado a la codicia, la cual quita la vida de sus poseedores” Proverbios 1: 19 “Porque los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo, y en muchas codicias necias y dañosas, que hunden a los hombres en destrucción y perdición; porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores.” 1 de Timoteo 6 : 9

EL DESORDEN Así que en lo referente a la prosperidad que Dios quiere para sus hijos, no debemos caer en la tentación de vivir una vida de codicia, más bien, una vida de contentamiento, que es justamente en donde se inicia la prosperidad. “porque nada hemos traído a este mundo, y sin duda nada podremos sacar. Así que , teniendo sustento y abrigo, estemos contentos con esto.” 1 de Timoteo 6 : 7 –8 O ¿Nos hemos olvidado también de las palabras de Jesús : que no debemos afanarnos? Ahora, el contentamiento, no tiene nada que ver con la vagancia, el desorden o la falta de disciplina, el contentamiento es la ausencia de avaricia que es codicia. “En todo os he enseñado que trabajando así, se debe de ayudar a los necesitados…” Hechos 20 : 35 “Si alguno no quiere trabajar, tampoco coma. Porque oímos que algunos de entre vosotros andan desordenadamente, no trabajando en nada, sino entremetiéndose en lo ajeno. A los tales mandamos y exhortamos por nuestro Señor Jesucristo, que trabajando sosegadamente, coman su propio pan.” 2 Tesalonicenses 3 : 10—12

Por lo que debemos entender que nuestro esfuerzo tiene mucho que ver con la prosperidad que viene de parte de Dios. En Josué 1 : 6 , encontramos recomendaciones de Dios a este juez, acerca de la responsabilidad que tenía de administrar la prosperidad de Dios para el pueblo de Israel, leamos: “Esfuérzate y sé valiente, porque tu repartirás a este pueblo por heredad la tierra de la cual juré a sus padres que la daría a ellos.” ¿Se da cuenta que aquí a quien Dios prospera, le da la encomienda de esforzarse y también de repartir? Resumiendo: Dios quiere prosperarnos, el desea nuestro bien, y este viene a nosotros teniendo como base un espíritu de contentamiento, sin avaricia, que es codicia, y en base al esfuerzo personal, con la finalidad de ayudar al necesitado. Así funciona la prosperidad de Dios. Lo que muchos persiguen es agrandar sus graneros para almacenar su prosperidad y luego exclamar: “ alma, muchos bienes tienes guardados para muchos años; repósate, come, bebe, regocíjate.” Lucas 12: 19 Esta actitud es la caracteriza a aquellos que son seducidos por el espíritu de la vanagloria del mundo y es justamente a estos a quienes Dios les llama: NECIOS ! Lo que nos trae a examinar una de las bases de la prosperidad:

LA ENSEÑANZA DE EL MANA Cuando Dios sacó de Egipto al pueblo de Israel, El se encargó de traer enseñanza al corazón de ellos. Esto lo encontramos en Éxodo 16 : Dios le dice a Moisés que haría llover pan de el cielo para que el pueblo se alimentase, pero que ellos sólo podían tomar la porción de un día ( contentamiento) . Este pan, llamado, maná, no podía almacenarse para el otro día, se llenaba de gusanos y hedía, cada día tenia Dios pan para ellos y según la medida de Dios, a nadie le faltaba y a nadie le sobraba.

¿Que quiso enseñar Dios al pueblo de Israel con el mana? Bueno en primer lugar que Dios es el proveedor nuestro de todo bien, segundo que debemos vivir de tal manera. Dependiendo de El, y no poniendo nuestro corazón en las cosas materiales, sino en Dios el proveedor de toda cosa buena. Entonces la prosperidad de Dios se basa en el entendimiento que debemos tener de nuestra dependencia de El. Ya todos sabemos las palabras de Jesús, acerca de los ricos: “que es difícil que entren (los ricos) al reino de los cielos”. Sabemos que al joven rico, que guardaba sus mandamientos, le pidió como requisito para seguirle que vendiera todas sus posesiones y las diera a los pobre y luego le siguiera. Entonces podemos entender que la prosperidad de Dios no tiene que ver con almacenamiento de bienes o riquezas para uso personal. También entendemos que la prosperidad de Dios se traduce en paz y bien, y que estos son el resultado de un corazón, contento.

EL PROBLEMA Muchos predicadores cuando se refieren a prosperidad, se centran en el dinero y en riquezas o posesiones materiales, enseñando al pueblo que deben de enriquecerse pues eso es lo que Dios quiere y meten al pueblo la semilla de la codicia, el orgullo y la vanidad. La Biblia está en total desacuerdo con esto:

“Mejor es el pobre que camina en su integridad, que el de perversos caminos y rico” Proverbios 28 : 6 “El hombre de verdad tendrá muchas bendiciones; Mas el que se apresura a enriquecerse no será sin culpa.” Proverbios 28 : 20 “Dos cosas te he demandado; no me las niegues antes que muera: Vanidad y palabra mentirosa aparta de mi; No me des pobreza ni riquezas; mantenme el pan necesario” Proverbios 30 : 7—8

No ha elegido Dios a los pobres de este mundo, para que sean ricos en fe y herederos del reino que ha prometido a los que le aman? Santiago 2 : 5

LA PROSPERIDAD DE DIOS Ser próspero en Dios, en primer lugar es tener comunión con El. No existe la prosperidad si no estamos en paz con nuestro Hacedor. “Mas buscad el reino de Dios y su justicia y todas estas cosas ( alimento—vestido—según el contexto) os serán añadidas” Mateo 6 : 33

Un pasaje de el apóstol Juan a Gayo (v.2) nos da luz de lo que la prosperidad abarca:

“Amado, yo deseo que tu seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud, así como prospera tu alma. Pues mucho me regocije cuando vinieron los hermanos y dieron testimonio de tu verdad, de cómo andas en la verdad” 3 de Juan 2 –3 QUE TENGAS SALUD (física) La prosperidad abarca la salud corporal, Dios quiere que estemos sanos, las Escrituras están llenas de promesas acerca de la sanidad corporal. El ministerio de Jesús estuvo lleno de sanidades físicas. Usted puede creer esto con toda su fe, pues es bíblico. “Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados” Isaías 53 :5 “¿Está alguno enfermo entre vosotros? Llame a los ancianos de la iglesia, y oren por él, ungiéndole con aceite en el nombre del Señor. Y la oración de fe salvará al enfermo, y el Señor lo levantará; y si hubiere cometido pecados, le serán perdonados. Confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por otros, para que seáis sanados. La oración eficaz del justo puede mucho.” Santiago 5 : 14—16

Esto no significa que los creyentes no experimentan enfermedades, recuerde que incluso el Señor Jesús antepuso el bienestar espiritual al físico. “Si tu mano te fuere ocasión de caer, córtala; mejor te es entrar en la vida manco, que teniendo dos manos ir al infierno, al fuego que no puede ser apagado, donde el gusano de ellos no muere, y el fuego nunca se apaga. Y si tu pie te fuere ocasión de caer, córtalo; mejor te es entrar a la vida cojo, que teniendo dos pies ser echado en el infierno, al fuego que no puede ser apagado, donde el gusano de ellos no muere, y el fuego nunca se apaga. Y si tu ojo te fuere ocasión de caer, sácalo; mejor te es entrar en el reino de Dios con un ojo, que teniendo dos ojos ser echado al infierno….” Marcos 9: 43 - 47

PROSPERIDAD ESPIRITUAL De esta es la que casi nadie habla, cuando debería ser la que más se hable en medios cristianos. Jesús trajo un mensaje centrado en la espiritualidad de el hombre, el nos enseñó que era preferible perder un miembro de el cuerpo que perder el alma, nos enseñó que no debemos afanarnos por las cosas de este mundo, y que ante todo debemos darle prioridad a fortalecer nuestro espíritu, enriqueciéndonos espiritualmente, perdonando a nuestros enemigos, siendo misericordiosos, y sobre todo amantes de Dios y su voluntad. Dios quiere que nosotros seamos ricos en el espíritu, el tiene su Espíritu Santo, para que esto sea un hecho, con su presencia, nosotros somos enriquecidos. El Espíritu nos hace fuertes; el fruto de el Espíritu nos da características que de otra manera no tendríamos. “Mas el fruto de el Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza, contra tales cosas no hay ley” Gálatas 5: 22 “No nos cansemos pues de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos” Gálatas 6: 9 LAS DEMAS COSAS La prosperidad de Dios en lo material específicamente en nuestras vidas es para aquellas cosas que necesitamos. El vestido, los alimentos, el techo, lo básico de nuestras vidas, tener esto es bendición y promesa de Dios, en especial para sus hijos.

Cuando una cristiano abunda en bienes materiales, es sólo para que administre esa abundancia a favor de los mas necesitados. No nos confundamos pues con las cosas que necesitamos y las cosas que la carne codicia, que son vanidad y quebranto de espíritu. “De donde vienen las guerras y los pleitos entre vosotros? No es de vuestras pasiones, las cuales combaten en vuestros miembros? Codiciáis, y no tenéis; matáis y ardéis de envidia, y no podéis alcanzar; combatís y lu -cháis, pero no tenéis lo que deseáis, porque no pedís. Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites” Santiago 4 : 1—3 “El que aumenta sus riquezas con usura y crecido interés, para aquel que se compadece de los pobres las aumenta.” Proverbios 28 : 8