Chile y América en su Historia Económica

Asociación Chilena de Historia Económica
Chile y América en su Historia Económica
Editor:
César Yáñez Gallardo
Ilustración de portada:
Inti Castro “The treausure hunter” Mural, Oslo, Noruega
Diseño de portada:
Luna Montero Garrido
Diagramación:
Israel Fortune Fuentevilla
israelfortune@gmail.com
Publicado en Chile por:
Asociación Chilena de Historia Económica (ACHHE)
www.achhe.org
Impreso en:
El Mercurio de Valparaíso Impresores
56-32-2264067
ariel.astudillo@mercuriovalpo.cl
Fecha:
Agosto de 2013
Lugar:
Valparaíso, Chile

Derechos reservados en Chile
para los autores
RPI: 232102
ISBN: 978-956-353-214-2
ÍNDICE
INTRODUCCIÓN
PARTE I: LA HERENCIA COLONIAL
La otra economía: bodegones y pulpería. Siglo XVIII.
Juan Cáceres Muñoz
El patrimonio rural de la Compañía de Jesús en Buenos Aires: la gestión y venta
de sus temporalidades (fines del siglo XVIII - primera mitad del siglo XIX).
María Valeria Ciliberto.
Libros y crecimiento: la formación del capital humano en España
después de Gutenberg.
Eric Gómez-Aznar
Mecanismo de pago y préstamo colonial. Santiago, 1620-1670.
Leopoldo Tobar Cassi
PARTE II: COMERCIO Y MOVILIDAD INTERNACIONAL DE LOS FACTORES
Regional trade in Latin American Southern Cone (1913-1950): the negative
effect of high trade costs among neighbouring countries.
Marc Badia Miró - Anna Carreras-Marín
Migraciones extranjeras, comercio y ocupación del espacio urbano en la
región de Antofagasta durante el ciclo salitrero. Una aproximación.
José Antonio González Pizarro
Banqueros y el auge de bienes básicos en los países andinos, 1885-1914.
Oscar Granados
Foreign direct investment in Chile and local public utilities: electric
tramways and the first electrical power plants in Santiago de Chile
and Valparaiso between 1898 and 1920.
Peter Hertner
7
9
53
51
43
33
15
11
65
73
89
Trayectoria de la usura y el lucro en el judaísmo.
Mario Matus G.
Barcos y empresarios norteamericanos en el comercio minero
internacional de Chile, 1818-1840.
Luz María Méndez Beltrán
El puerto de Valparaíso, su infraestructura, el tráfico y su decadencia, 1870-1930.
Javier Valderrama Vega
PARTE III: ESTADO Y FISCALIDAD
Obras sanitarias del Estado (OSE): su desempeño en el largo plazo y su
relación con las finanzas estatales, 1952-2012.
Magdalena Bertino - Martina Querejeta - Milton Torrelli
Desigualdad y educación primaria en el Chile de entre 1870 y 1910.
Efectos sobre el desempeño económico.
Cristian Pablo Castillo
Evolución de la inversión pública en infraestructuras productivas, 1853-2010.
Hernán Cerda Toro
Estado, proyectos políticos y crisis económicas: análisis de caso del
Banco de Brasil en la crisis bancaria de 1864.
Thiago Fontelas - Rosado Gambi
Crecimiento de la población y políticas públicas. El transporte colectivo urbano
en Santiago de Chile, 1925-1957.
Marco González Martínez
Inversión pública durante la industrialización dirigida por el Estado (1940-1973).
Víctor Tapia Godoy
PARTE IV: EMPRESAS Y EMPRESARIOS
Los inicios de la maestranza central de ferrocarriles de San Bernardo. Desarrollo
económico y crecimiento urbano durante el siglo XX, (1920-1930).
Felipe Delgado Valdivia
Desarrollismo de Estado y gestión forestal (1964-1970).
Isidora Cepeda.
Los inicios del Estado empresario en Argentina: el caso de los Ferrocarriles
del Estado en la primera mitad del siglo XX.
Elena Salerno
127
223
101
115
139
141
161
179
195
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235
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255
Los empresarios de la construcción: Proyecto histórico e ideas políticas.
Santiago de Chile, 1951-1973.
Boris Cofré Schmeisser
La segmentación productiva en la industria. Evolución de modalidades de
valorización y dispersión de actividades en cadenas globales específicas.
Sebastián Sztulwark
PARTE V: LA ECONOMÍA DE LOS RECURSOS NATURALES
Las centrales azucareras del centro oriente de Puerto Rico y el emporio
azucarero en esta región de Antonio Roig Torrellas, 1896-1940.
Javier Alemán Iglesias
The long run development of Chile and the natural resources curse.
Linkages, policy and growth 1850-1950.
Marc Badia-Miró - Cristián Ducoing
El ganado indígena en el proceso de industrialización de Valdivia. Siglo XIX.
Luis Carreño Palma
Cambios en el medio rural de Chile central hacia la década de 1930.
La incursión de los campesinos.
Carlos Castro Romero
El consumo de carbón en Chile, 1933 a 1960.
Martín Garrido Lepe
Decadencia productiva regional y ciclos de crisis económica nacional: Los efectos
sociales del ocaso de la minería del cobre. El Norte Chico 1850-1920.
Emerson Hirmas Fernández
Notas sobre atividades acessórias e desdobramentos do complexo ervateiro.
Fábio Farias de Moraes
La hacienda como sistema cerrado: Una lectura critica. Gran propiedad del Valle
Central, primera mitad del siglo XX.
Jorge Olea Peñaloza
PARTE VI: NIVELES DE VIDA Y DESARROLLO
La evolución de la localización de la actividad económica en Chile
en el largo plazo, un caso de extrema concentración.
Marc Badia Miró
279
379
269
293
295
305
319
331
329
353
391
367
393
Infraestructuras y crecimiento económico chileno: un análisis
agregado, 1937-2009.
Hernán Cerda Toro
Relación empírica entre el consumo aparente de energías modernas
per cápita y el PIB per cápita para un panel de países latinoamericanos.
José Jofré González
Dinámicas salariales en el Cono Sur de América, 1880-1930.
Mario Matus González
Empleo informal en la Región Metropolitana: Una aproximación desde
el ingreso y el nivel educativo 1990, 2000, 2009.
Luna M. Montero Garrido
De Manuel Montt a Michelle Bachelet. 160 años de distribución
del ingreso en Chile.
Javier E. Rodríguez Weber
Cambio demográfico y sus implicancias en la economía chilena, 1940-1970.
Rodrigo J. Rivero Cantillano
Déficit de ciudadanía y atraso económico en Chile en las
décadas centrales del siglo XX.
César Yáñez - José Ponce
409
423
433
443
455
473
485
7
INTRODUCCIÓN
César Yáñez
1

Claudio Llanos
2
Este libro contiene la mayor parte de las ponencias que se presentaron al II Congreso
Chileno de Historia Económica (Valparaíso, 6 y 7 de septiembre de 2013), que convocó la
Asociación Chilena de Historia Económica y organizó el colectivo de historiadores económicos
de la Universidad de Valparaíso, los que trabajaron coordinados durante los dos últimos años
para que el evento se distinguiera por su excelencia académica.
En el esfuerzo por dar categoría al Congreso, la Asociación Chilena de Historia Econó-
mica tomó una serie de decisiones que se traslucen en el resultado del libro. Comenzando por
nombrar un Comité Científico formado por César Yáñez, Claudio Llanos, Fabián Almonacid,
Mario Matus, José Antonio González y Juan Cáceres, al que se encargó la tarea de definir
la estructura del Congreso, basada en seis sesiones que corresponden a las seis partes de
este volumen, y cuidar de la calidad y pertinencia de las ponencias aceptadas. Asimismo,
la Asociación creyó oportuno que el Congreso acogiera contribuciones histórico-económicas
que fueran más allá del ámbito estricto de los historiadores chilenos y de la historia económica
de Chile. La idea siempre fue generar condiciones para que dialogara toda la historia eco-
nómica chilena, sea ésta realizada por investigadores chilenos o extranjeros, que trabajaran
en universidades en Chile o fuera del país. Además, como viene siendo una tradición entre
las Asociaciones Latinoamericanas de Historia Económica, los congresos acogen también las
contribuciones más recientes de los países de la región.
El resultado es un libro que refleja esta diversidad. La mayoría de las contribuciones tocan
temas centrales de la historia económica chilena, como era de esperar. A la vez, los intere-
sados se tocarán también con textos sobre Argentina, Brasil, Colombia, Puerto Rico, Uruguay,
Venezuela y España. Es el resultado de la permanente relación que ha mantenido la Aso-
ciación Chilena con las asociaciones de los países latinoamericanos, favoreciendo el nexo
profesional y la influencia intelectual y académica mutua. Desde la perspectiva temporal, los
textos incluyen todos los tiempos históricos desde la colonia a la actualidad; y temáticamente
se pueden leer artículos sobre toda la variedad de preocupaciones de los historiadores eco-
nómicos de inicios del siglo XXI.
1 Es profesor de Historia Económica en la Universidad de Barcelona y la Universidad de Valparaíso y Secre-
tario Ejecutivo de la Asociación Chilena de Historia Económica.
2 Es profesor de Historia Contemporánea en la Universidad Católica de Valparaíso y Presidente de la Asocia-
ción Chilena de Historia Económica.
8
La diversidad de temas son la expresión de las dinámicas mayores dentro de la historio-
grafía contemporánea, que apuntan a un diálogo y reflexión de carácter global. Así se evita la
estandarización o homogenización que se podría tener de los procesos económicos, sino más
bien es el esfuerzo por ver en qué forma las tendencias generales se expresan con variables
históricas comunes y divergentes. La historia económica. Entoces, es también la historia de la
construcción de alternativas que con destinos distintos nos hablan de los cambios y las perma-
nencias en las estructuras sociales y políticas, a la vez que reciben su influencia.
En el capítulo de los agradecimientos, hay que reconocer el trabajo de Cristián Pablo Cas-
tillo, Francisca Quinteros, Víctor Tapia, José Ignacio Ponce y Luna Montero, que se ocuparon
de preparar los originales (todos ellos vinculados al Proyecto Conicyt “Estado, ciudadanía y
atraso económico en Chile durante el siglo XX. La contribución de la historia económica a la
comprensión del desarrollo chileno”, que ha dirigido César Yáñez en la Universidad de Valpa-
raíso). En la preparación de la edición, ha sido fundamental el trabajo de Israel Fortune, que ha
contado con la apreciable colaboración de Luna Montero. En la portada del libro se reproduce
la obra “The Tresaure Hunter” de Inti Castro, quien desinteresadamente nos cedió la fotografía
del graffiti pintado en Oslo, por lo que estamos infinitamente agradecidos. En los agradeci-
mientos institucionales cabe mencionar a Conicyt a través del proyecto antes mencionado;
al Consejo Nacional de la Cultura y las Artes del Gobierno de Chile, que nos cedió la sala del
Zócalo para realizar el Congreso; y a la Universidad de Valparaíso, en especial a Aldo Valle (su
Rector), a Marcela Escobar (su Directora de Investigación) y a David Carrillo (su Director de la
Dirección de Extensión y Comunicaciones), que han apoyado siempre esta iniciativa.
Finalmente, como Asociación Chilena de Historia Económica, sentimos la satisfacción de
haber llegado a un punto de madurez que nos ha permitido organizar el Segundo Congreso
y estar preparando el tercero; coincidiendo con la decisión de Eduardo Cavieres de dejar la
presidencia en favor de una generación más joven. Para él nuestro reconocimiento y gratitud.
Valparaíso, septiembre de 2013
PARTE I: LA HERENCIA COLONIAL
11
LA OTRA ECONOMÍA: BODEGONES Y PULPERÍA. SIGLO XVIII
1
.
Juan Cáceres Muñoz
Pontifcia Universidad Católica de Valparaíso
El tema de esta comunicación es la realidad de las pulperías y bodegones. Pero no me
interesa hacerlo desde el punto de vista social porque existe una historiografía social bastante
amplia sobre el tema.
Sin duda, esa historia social ha mostrado con mucho detalle esos espacios en términos
de sociabilidad y de cultura popular. Ha identificado incluso a las pulperías con la situación
de las mujeres pobres; ha mostrado las riñas, la violencia y el homicidio que acontecía en
esos lugares; y ha mostrado la relación prostitución y pulperías. En fin, esos lugares emergen
muchas veces como antros de perdición y ligados principalmente, repito, a una historia de los
grupos populares.
Pero de todas maneras, considero necesario que el perfil que se ha entregado de esos
lugares y, sobre todo de los sujetos que regenteaban tales lugares –pulperos y bodegoneros–
sigue siendo incipiente y falta mucho todavía por precisar.
En esta breve presentación me interesa aportar una mirada más sobre esos ámbitos y
esos personajes, pero lo quiero hacer desde la perspectiva económica, sin negar también que
lo social y lo económico van juntos. Quiero hablar sobre “la otra economía” o también, po-
dríamos denominarla como “la pequeña economía”, o también como una “economía marginal”.
Y doy estos rótulos para diferenciarla de aquella economía, la gran economía, que reali-
zaban los grandes comerciantes, de esos comerciantes que realizaban transacciones a gran
escala, que traían mercaderías desde otras partes, de fuera del territorio de la Capitanía Ge-
neral de Chile, de aquellos comerciantes que establecían redes de comercio amplios, que se
vinculaban con el virreinato del Perú, con Portobello y con los puertos españoles; en fin, de
aquellos comerciantes que estaba inclusos agrupados gremialmente en el Consulado, que
establecían relaciones de matrimonios por conveniencia y que buscaban ya a fines del siglo
XVIII el poder local y, después el nacional.
Me interesó el tema de estos pequeños comerciantes porque, curiosamente, viviendo en
pleno siglo XX, estoy hablando de 1970- 1990 aproximadamente y no se sigue aún, no había
1 Esta ponencia forma parte del Proyecto Regular 1120012 financiado por Fondecyt, titulado ELITES REGIO-
NALES, ELECCIONES Y SOCIABILIDAD POLITICA. (LA SERENA, VALPARAISO Y CONCEPCION Y SUS
REFERENTES EN SANTIAGO), 1770-1900.
Chile y América en su Historia Económica. Parte I: La herencia colonial
12
reparado que persistía aún ese tipo de recintos, sobre todo en la vida de barrios y en las po-
blaciones. Ciertamente, la forma ha cambiado, no me cabe la menor duda, pero en esencia los
mecanismos, el funcionamiento y las actividades que allí se realizan seguían teniendo un fuerte
componente de herencia colonial.
Advierto también que esta reflexión la realizo no desde la historiografía, sino más bien de
la información que me ha entregado las fuentes del Archivo Nacional. Desde el dato mismo
construyo mi idea y con ello evito influirme de lo que han hecho ya mis colegas.
Un primer problema a plantear: ¿qué es un bodegón y que es una pulpería? De acuerdo al
diccionario de autoridades del siglo XVIII, de Terreros y Pando (1788), que se fijó en la realidad
principalmente mexicana, Pulpería sería una tienda donde se venden artículos diversos para
el consumo. En cambio, un bodegón sería una casa o lugar en que se junta la gente baja a
comer y beber; habría sido la hostería de la gente pobre; y tienda sería aquel lugar en que los
mercaderes exponen sus géneros para venderlos. Leña, trigo, jabón, velas, etcétera.
Esta es una definición muy interesante pero que no concuerda con la realidad chilena.
Porque existe una variedad de situaciones que muestran particularidades locales donde se en-
tremezclan los términos. Así, si en Coquimbo, Chillán o Curicó se habla mucho de bodegones,
de venta y de consumo de alcohol; en Santiago, los bodegones se referían a un lugar donde
se expenden víveres y alimentos. Lo mismo pasa con las pulperías: ¿lugar de borracheras o
una especie de almacén?
Se entremezcla pulpería con bodegón. Los datos registran como las mismas autoridades
se refieren de manera indistinta sobre esos lugares; pero, en definitiva, la pulpería que, en otras
realidades, pareciera bien definida, vendía no solo aguardiente sino también víveres.
Ligado a lo anterior, es más clara la definición en aquellos lugares donde existía un ca-
bildo. Me queda la sensación que en las ciudades el control era mayor en estos recintos. Pesos
y medidas, horarios de funcionamiento, tipo de actividades, entre otras, eran vigiladas y contro-
ladas por los cabildos. Ellos eran los que tenían un registro de estos pequeños comerciantes
y que se enviaban a las autoridades centrales para que pagaran los impuestos correspon-
dientes. El Fondo Contaduría Mayor entrega las nóminas de los hacendados por localidades,
pero también de los tenderos, bodegoneros y pulperos por zonas.
Esta situación nos remite a otra reflexión. Sobre qué tan informal era la presencia de estos
bodegoneros y pulperos. A priori, podríamos señalar que donde hubo cabildo no hubo infor-
malidad: todos pagaban su impuesto, que era poco y, a veces como en 1780, como resultado
de la crisis económica, pagaban 17 pesos anuales o simplemente no se pagaba.
Probablemente la informalidad, la clandestinidad, se realizaba en las zonas rurales, apar-
tadas de la ciudad y los cabildos, lugares donde no llegaba el control estatal español. Si uno se
mete en esas localidades rurales, solo hace unos pocos años atrás, va a encontrar bodegones
y “pulperías” en las mismas casas de los campesinos.
Un segundo problema: quienes son los pulperos y los bodegoneros? ¿gente pobre?¿solo
mujeres?
La información oficial nos da una idea por zonas. Coquimbo: 20; Santiago: 30, etc. Muestra
una actividad extendida pero no necesariamente hecha por sujetos pobres ni menos mujeres
en el caso de las pulperías. El abanico es bastante amplio: desde hombres de recursos a
pobres; desde españoles adinerados a indios y negros pobres. En Coquimbo, el Corregidor
Juan Cáceres Muñoz - La otra economía: Bodegones y pulpería. Siglo XVIII
13
Sierralta y su familia declaran, en sus inventarios, ser dueños de varias pulperías y bodegones;
algo similar sucede con José María Vivar en San Fernando. O los militares en la zona de la
Frontera. De origen gallego o catalán, estos pulperos y bodegoneros mantuvieron el oficio por
un largo tiempo. En Valparaíso, por ejemplo, había un napolitano y así sucesivamente.
Pero junto a ellos, estaban también comerciantes, cajeros, sobre todo, que podríamos si-
tuarlos dentro de un sector medio que trabajaba en estos lugares como habilitado por grandes
comerciantes. La cadena terminaba con estos mestizos, negros e indios dueños de pulperías
y bodegones. Por ejemplo, en 1786, en la localidad de Mostazal el dueño del bodegón era
una indio cuzco, amigo del Corregidor suplente, que clandestinamente vendía aguardiente,
cecinas y trigo.
¿Cómo se llegaba a ser pulpero o bodegonero? Siempre se necesitaba un capital inicial
para comenzar, por lo menos en las ciudades. En las zonas rurales, bastaba una pieza, un
mesón y unas sillas. La habilitación fue el mecanismo frecuente para comenzar una pulpería.
Grandes comerciantes locales o capitalinos, los grandes mineros, burócratas habilitaron a per-
sonas sin fortuna para que manejaran los recintos. Lo hacen a partir de utilidades, es decir,
cobran por su trabajo en dividendos de lo que daba la pulpería o el bodegón (a veces el 30, el
40 o el 50% de las utilidades).
Algunos pulperos y bodegoneros empezaron con poco. Se habla incluso de engañando
a sus clientes. En el imaginario, todavía se habla de “pulpo” cuando el comerciante engaña
al cliente, adulterando pesas y medidas y cobrando demás. El pulpero y el bodegonero en la
época colonial eran vistos como un tramposo porque altera el vino y estafa a los clientes. El
ejemplo del indio cuzco es óptimo para mostrar como engañaban. La esposa de unos de los
clientes señala que en el pasaje del Mostazal el indio cuzco Jorge García había establecido un
bodegón “una taberna para tahúres”, que dicho recinto estaba en el camino real a Concepción
y que todos los que pasaban eran engañados con juegos, bebidas. Que el engaño le reportaba
“crecidas utilidades”. Reclamaba que su marido fue víctima de esos tahúres que
“como vecinos a estos lobos disfrazados en traje humano fue (aleccionado) de sus
halagos y engaños hasta que lo hicieron caer en sus trampas y le ganaron cuanto
tenía hasta una yunta de bueyes que era lo último de nuestra subsistencia, por lo que
entró en el arbitrio para poder mantener la familia, de tomar en arrendamiento la misma
yunta de bueyes que se la arrendó el cuzco García con cargo que mi marido en cada
año le había de contribuir con 10 fanegas de trigo como lo ejecutó por dos años que
duró el arrendamiento..”.
Un tercer problema: pulperos y bodegoneros individuales o pulperos o bodegoneros fa-
miliares.
La documentación muestra individuos solos, pero también familias dedicados a esas ac-
tividades. Sobre todo, en los inventarios de grandes personajes no sólo se ve dos o tres pul-
perías en manos de la familia, sino que también se traspasan de generación en generación.
En cierta medida, muestra la diversificación de las actividades de estos sujetos. Junto con ser
comerciantes, hacendados y burócratas tienen también estos pequeños recintos. La espe-
culación y el lucro es el centro de esas actividades; la cantidad de recintos hablan de que el
negocio era atractivo. El número de bodegones y tiendas lo muestran.
Chile y América en su Historia Económica. Parte I: La herencia colonial
14
¿Cómo puede explicarse esto? Por un lado, los bodegones y las pulperías eran el último
eslabón de una cadena comercial; esos lugares eran suministrados de productos por estos
mismos grandes comerciantes. En un mundo cambiante, con un capitalismo en ciernes, la
actividad mercantil no mira la calidad ni la clase, sino que es una actividad que va dirigida a
todos aquellos que puedan pagar; de este modo, cuidando la proporción, da lo mismo el rico
y el pobre mientras pague.
Sin embargo, en el mundo popular tiene una significación diferente. La pulpería o el
bodegón que vende artículos perecible y es controlado por gente humilde es más
bien un lugar de sobrevivencia. Ciertamente el fiado era entregado a todo aquel que
lo necesitara, pero en el caso de los pobres era de vital importancia este mecanismo
para la sobrevivencia de las familias. Los cuadernos de fiados coloniales muestran
esa realidad; muestran cómo se fía bajo la lógica del pago en especies o en metálicos
según el lugar. Muestra también, como resultado de ese fiado no pagado, pierden
sus cosechas, entregan propiedades, pagan con arriendos de bueyes, etcétera; pero
también esos libros de fiado muestran la especulación del bodegonero y del pulpero,
muestra como las utilidades permiten a estos sujetos mantener un estatus superior
dentro de sus congéneres y transformarse, tal vez, en un sector medio incipiente.
En todo caso, independiente de esta situación y de las transformaciones que se están
produciendo, es difícil decir que estos pequeños llegaron a transformarse en grandes comer-
ciantes. Ello, simplemente, porque lo que capitalizaban era muy modesto.
Por último, para terminar, decir que esta presentación sólo ha pretendido mostrar una
parte parcial de un estudio que, a futuro, pretendo concluir. De todas maneras, me parece que
se abre un tema muy especial sobre la vida económica de estos personajes.
15
EL PATRIMONIO RURAL DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS EN BUENOS AIRES: LA
GESTIÓN Y VENTA DE SUS TEMPORALIDADES
(FINES DEL SIGLO XVIII- PRIMERA MITAD DEL SIGLO XIX).
María Valeria Ciliberto.
CONICET.
Universidad Nacional de Mar del Plata, Argentina.
El estudio de las formas de integración y consolidación del patrimonio de la Compañía de
Jesús en la América colonial, de las modalidades de articulación productivo-mercantil de sus
complejos agrarios y del impacto de la expulsión de la orden sobre los mercados y economías
regionales constituye hoy una temática de rica tradición en la historiografía rural hispanoa-
mericana pre-independiente
1
. En su proyección imperial, las investigaciones más recientes
insertan el análisis de la expulsión e incautación de las propiedades ignacianas en el marco
más general del proceso desvinculador y desamortizador de bienes eclesiásticos iniciado por
el reformismo borbónico y continuado luego, tanto en España como Hispanoamérica (aunque
la expropiación de fincas y censos jesuitas no fue una desamortización ···~·~ ····.). (Prien y
Martínez de Codes, 1999)
En el caso del virreinato del Río de la Plata, el interés se ha centrado principalmente en el
estudio del espacio misionero-guaraní y de los Colegios y Residencias de Córdoba, Tucumán,
Salta, La Rioja y Catamarca. Estas investigaciones reconstruyeron la racionalidad económica
de la Compañía basada en la acumulación de tierras y en el funcionamiento complementario y
autosuficiente de sus complejos productivos. A partir de sus aportes, se avanzó también en el
análisis de la gestión de las Temporalidades, desde perspectivas atentas tanto a los aspectos
financieros de las distintas etapas de la administración laica de los bienes confiscados como a
las dinámicas de poder tejidas en torno al acceso a propiedades y cargos. El balance general
de los resultados de la gestión de las Temporalidades rioplatenses señala el fraude y la malver-
sación de fondos, negocios que involucraban a funcionarios y grupos locales. (Maeder, 2001,
pp. 258-278; Troisi Melean, 1998, pp. 115-142; Quarleri, 2001)
Las formas de inserción de la orden ignaciana en la economía rural del Buenos Aires
colonial han sido menos estudiadas que las de otros espacios agrarios rioplatenses del pe-
ríodo. (Mörner, 1968; Cushner, 1983; Maeder, 2001) Los estudios de caso que contribuyeron a
delinear la “anatomía de la estancia eclesiástica” destacaron las prácticas diferenciales de los
1 Por razones de espacio no podemos detallar los numerosísimos estudios de caso que han recuperado las
particularidades del proceso en las distintas regiones de Hispanoamérica colonial. Las principales líneas
de investigación transitadas al respecto son recuperadas por J. A. Gallego (Gallego, 2005).
Chile y América en su Historia Económica. Parte I: La herencia colonial
16
jesuitas porteños en lo que respecta a las formas de inversión patrimonial y de administración
de los recursos. (Mayo y Fernández, 1995: 9-17) Sin embargo, para la campaña rioplatense no
existe aún un estudio sistemático de la aplicación y los cambios en los modos de gestión de
sus bienes rurales con posterioridad a la expulsión de la Compañía.
El presente trabajo reconstruye el destino de las propiedades del Colegio de San Ignacio y
de la Residencia de Nuestra Señora de Belén de la ciudad de Buenos Aires durante el período
comprendido entre 1767 y fines de la década de 1840. Para ello, primero, establecemos el
patrimonio del Colegio Grande y de la Residencia de Nuestra Señora de Belén de la ciudad de
Buenos Aires al momento de la incautación de sus bienes. Luego, realizamos el seguimiento
de la trayectoria de cada una de estas posesiones determinando la venta y/o el arrendamiento
de las mismas. Los legajos pertenecientes a la administración de las Temporalidades (Archivo
General de la Nación AGN- Archivo Nacional Histórico de Chile ANHCh), los fondos oficiales
que registran operaciones que involucran tierra pública provincial (Archivo Histórico de la Provincia
de Buenos Aires AHPBA)

e inventarios post mortem de los compradores particulares identifi-
cados (AGN) constituyen las fuentes principales de nuestro estudio.
La Compañía de Jesús en Buenos Aires: la expulsión e incautación de su patrimonio.
La Pragmática Sanción de Su Majestad para el extrañamiento de los Regulares de la
Compañía, ocupación de sus Temporalidades, y prohibición de su restablecimiento
2
encontró
a los jesuitas de Buenos Aires en un período de expansión de sus tareas devocionales y mi-
sioneras. Establecida en la ciudad en 1608, la orden contaba con el Colegio de San Ignacio,
situado junto a la Iglesia del mismo nombre, y una residencia, la Residencia de Nuestra Señora
de Belén de más reciente fundación en el Alto de San Pedro (1734). En la campaña rioplatense
impulsaban, con escaso éxito, las reducciones de La purísima Concepción de los Pampas
(1740), la de Nuestra Señora del Pilar de los Serranos (1746) y la de Nuestra Señora de los
Desamparados (1750). (Furlong, 1944; Bruno, 1969)
De acuerdo con la política de inversiones de la Compañía, a lo largo de los siglos XVII y
XVIII los jesuitas porteños conformaron y consolidaron a través de donaciones, mercedes y/o
compras, un amplio patrimonio que incluía propiedades urbanas y rurales integradas en un
complejo autosuficiente aplicado al sostenimiento de cada Colegio. Según este esquema de
organización productivo-mercantil, ambas residencias desarrollaron de manera separada la
administración de sus bienes, autonomía de gestión que fue mantenida luego por los respon-
sables de las Temporalidades.
La administración del Gobernador Bucareli organizó y ejecutó las primeras medidas rela-
tivas a la expulsión, confiscación e inventario de los bienes en los Colegios y Residencias. Ins-
tituidas las Juntas de Temporalidades en 1769, se crearon luego diez juntas superiores y otras
subordinadas. La Junta Superior Provincial de Buenos Aires comprendía las cuatro provincias
del Río de la Plata, Tucumán, Paraguay y Cuyo, las cuales tenían sus respectivas Juntas Muni-
cipales. De la Junta Municipal de Buenos Aires dependían, a su vez, la de su ciudad y las de
Corrientes, Santa Fe y Montevideo. (Zabala, 2011, pp. 197-200)
2 Colección general de las providencias hasta aquí tomadas por el Gobierno sobre el extrañamiento y ocupa-
ción de temporalidades de los regulares de la Compañía que existían en los dominios de S. M. de España.
Indias y Filipinas, a consecuencia del real decreto de 27 de febrero y pragmática sanción del 2 de abril de
este año. Parte primera, 1767.
María Valeria Ciliberto - El patrimonio rural de la Compañia de Jesús en Buenos Aires
17
El Cuadro I resume el patrimonio de cada Colegio que pasó a ser administrado por la
Junta porteña. Pese a contar con inventarios parciales, realizados en 1767 y 1772, que no
siempre incluyen tasación de los bienes (es el caso de la Residencia de Belén), los datos dis-
ponibles permiten tener una valoración estimativa de la cuantía y composición de las Tempo-
ralidades estudiadas de modo comparativo. Destaca el peso proporcional del Colegio Grande
de Buenos Aires dentro del conjunto de colegios y residencias consideradas: aún con la omi-
sión de los bienes correspondientes a la Residencia de Belén los bienes del Colegio de San
Ignacio comprenden el 83% del valor total registrado
3
.
Dependiendo principalmente del momento de fundación de los colegios, del desarrollo de
los pueblos y de las economías agrarias de cada espacio local podemos señalar diferencias
de magnitud en relación al monto de los capitales inventariados, pero muy pocas en lo referido
a las estrategias de inversión y consolidación patrimonial. Así, en un esquema de inversión
que reproduce las prácticas económicas de la orden en otras regiones del virreinato, el grueso
de las propiedades de los distintos colegios se concentra en los núcleos urbanos (68,3% del
total inventariado considerando el valor asignado a los esclavos), destacándose lo invertido en
edificios de colegios e iglesias (rubro que aglutina el 79% del acervo inventariado en la ciudad)
y en casas y sitios [lotes sin edificación] de alquiler (12,7% del mismo subtotal).
Los establecimientos productivos situados en los entornos urbanos y en las jurisdicciones
de campaña representan el 19% del patrimonio inventariado, comprendiendo el capital rele-
vado en las estancias el 67% de lo registrado en propiedades rústicas. En el caso de Buenos
Aires la cría de ganado se combina más marcadamente con una agricultura de corte mercantil
frutihortícola y cerealera orientada al abasto de la ciudad-puerto. En Santa Fe y Entre Ríos el
patrimonio inventariado en “tierras” [campos desocupados y/o sin unidades en explotación]
refleja, en cambio, el interés y las posibilidades de estos colegios de instalar campos en áreas
dinámicas de frontera ganadera y reducciones –situación visible desde las últimas décadas
del siglo XVII. Mientras que la Residencia de Montevideo, la de más reciente fundación (1746),
cuenta con un patrimonio menos diversificado que concentra sus mayores inversiones pro-
ductivas en tierras de estancias y equipamiento. En todos los casos, de acuerdo también con
las prácticas de la Compañía, la puesta en producción de estas unidades descansa princi-
palmente en la mano de obra esclava, constituyendo el valor asignado a la misma el 5% del
total inventariado (98.826 pesos) y fluctuando su incidencia proporcional sobre el total del pa-
trimonio de cada colegio desde el 3,2% al 18% (Buenos Aires y Corrientes, respectivamente).
De este modo, en el contexto de una economía agraria expansiva, en un litoral volcado
principalmente a la explotación pecuaria, que registra durante este período un sostenido cre-
cimiento demográfico tanto rural como urbano y un incremento acelerado del tráfico de su
complejo portuario, las estrategias se orientan a asegurar el sostenimiento de cada Colegio
mediante la adquisición (por donación sobre todo, pero también por compra) de tierras para la
cría de ganado vacuno y, en menor medida, para la agricultura en las cercanías del mercado,
3 El subregistro que afecta al conjunto de los Colegios y Residencias estudiados. A modo de ejemplo, los ha-
beres de los Colegios registrados en 1767 detallan para el de San Ignacio 392.105 pesos y para la Residen-
cia de Belén 199.126 pesos; para Montevideo: 285.942 pesos; Santa Fe 212.088 pesos y para Corrientes
46.998 pesos (Total: 1.136.259 pesos). Sin embargo, las omisiones no modifican lo señalado: en este caso,
el haber registrado en los colegios porteños constituye más de la mitad del total valuado bajo ese concepto
en toda la provincia (52%, 591.231 pesos). ANHCh, Jesuitas de América, Vol. 149 (Años 1767-1774), f. 90,
“Total Haber Colegios”.
Chile y América en su Historia Económica. Parte I: La herencia colonial
18
garantizando además mediante el arriendo de una parte de las mismas una renta fija –que en
todos los casos se complementa con aquella derivada de los alquileres urbanos-.
Cuadro I. Patrimonio de los Colegios y Residencias administrados por la Junta de Buenos Aires,
1767-1772. (Expresado en pesos)
Colegio / Residencia
Patrimonio
Buenos Aires
(Inventario
1767)
Corrientes
(Inventario
1768-1772)
Santa Fe
(Inventario
1768-1772)
Montevideo
(Inventario
1768-1772)
Total
Urbano
Colegio.
Casas de
Ejercicios
570.529 10.893 32.171 11.500
Iglesia
320.917 27.114 65.357 757
Dinero
105
Ranchería
20.228 3.500 5.000 2.400
Esclavos
25.342 15.710 10.767
Casas
134.116 1.000 3.723
Sitios
21.560 6.686
Almacén de
Misiones
26.566
Sub-total
1.315.941
Periurbano
Atahona
500
Obrajes
29.861 300
Chacras
Quintas
21.122
Sitios
Sub-total
51.783
Rural
Estancias
143.932,2 20.206 45.101 34.456
Chacras
43.673,7 1.509 1.050 500
Tierras
1.107 15.741
Molinos
5.000
Sub-total
312.276,1
Barcas
400 400
Bienes no
Consignados
6.314 6.314
Obligaciones
a favor
203.011,3 203.011,3
Otros Bienes
36.010,7 36.010,7
Total
1.597.369,1 87.158 176.187 65.022 1.925.736,1
Fuente: Buenos Aires: AGN, Colegio de San Ignacio. Buenos Aires, Temporalidades (1767-1773), Sala IX, 7-3-7. Sala IX,
21-6-4, 45-4-14. 21-6-1. ANHCh, Jesuitas de América, Vol. 149, 158, 168, 169, 171, 172, 176. Montevideo: ANHCh, Jesuitas
de América, Vol. 146. Santa Fe y Corrientes: elaboración personal a partir de los datos de Ernesto Maeder, (Maeder, 2001)
Estancias incluye tierras, edificios, muebles, herramientas, ganados y esclavos. Chacras incluye tierras, edificios, muebles,
herramientas y esclavos. Buenos Aires sólo incluye el patrimonio del Colegio de San Ignacio. Santa Fe: chacras incluye
terreno, galpones, hornos y esclavos. Montevideo: chacra de Jesús María sin tasar.
María Valeria Ciliberto - El patrimonio rural de la Compañia de Jesús en Buenos Aires
19
El Colegio Grande de Buenos Aires se distingue del resto de los Colegios de la Com-
pañía administrados por la Junta porteña también por la diversidad en la composición de su
patrimonio. A partir del trabajo realizado por los peritos tasadores en 1767, constatamos que
las propiedades situadas en la ciudad y sus suburbios constituyen el 73,3% del patrimonio
total del Colegio (1.170.741 pesos). La incidencia proporcional de los bienes urbanos sobre
el acervo total se vincula principalmente al desarrollo -en el edificio del Colegio e Iglesia- de
las tareas devocionales, asistenciales y educativas asumidas por la orden y de las actividades
propias del Oficio de Misiones del Paraná y Uruguay. [Cuadro II]
Cuadro II. Patrimonio inventariado Colegio Grande de San Ignacio, Buenos Aires (1767).
Propiedades Monto en pesos
En la ciudad: Cuadra y terreno del Colegio e Iglesia 42.000
Colegio 212.348
Botica y escuelas 87.959,4
Iglesia 300.248,1
Convictorio 20.668,7
Oficio de Misiones y almacenes 102.735
Procuraduría de Misiones de Indios del Paraná y Uruguay 48.360,1
Casa de Ejercicios de Mujeres 77.126,3
Casas pertenecientes al Colegio 134.116
Sitios pertenecientes al Colegio 21.560
Ranchería 20.228
Esclavos de la Ranchería del Colegio 25.342
Almacenes de Misiones fuera del Colegio 26.566
En los cuarteles rurales de la ciudad: Atahona 500
Terreno, casa y obraje de ladrillos Carricaburu 29.861
Quinta barrio de La Concepción 452,3
Quinta de Alquizalete 20.669,6
En la campaña: La Chacarita 43.673,7
Estancia de Las Conchas 8.933,6
Estancia y Obraje de La Calera (Magdalena) 4.197,3
Estancia de Areco 130.801,2
Obligaciones a favor del Colegio: Obligaciones de ventas de tierras, rédito del 5% 6.417,4
Deudas de tierras sin obligación 3.393,7
Alquileres de casas vencidos 2.667,7
Débitos a favor del Colegio 19.918,1
Débitos a favor del Oficio de Misiones 170.614
Otros Bienes: Plata y plata sellada 16.302,4
Alhajas 4.635,4
Libros y prendas 15.072,7
Total 1.597.369,1
Fuente: AGN, Colegio de San Ignacio. Buenos Aires, Temporalidades (1767-1773), Sala IX, 7-3-7. Sala IX, 21-6-4, 45-4-14.
21-6-1. ANHCh, Jesuitas de América, Vol. 149, 158, 168, 169, 171, 172, 176.
Se destaca en las tasaciones el valor de los retablos y ornamentos del templo, de la re-
sidencia del Colegio y de la Casa de Ejercicios de Mujeres. Aunque también sobresale el
Chile y América en su Historia Económica. Parte I: La herencia colonial
20
capital tasado en casas pertenecientes al Colegio (12% del total de propiedades urbanas),
fuente de una renta considerable a juzgar por los montos de alquileres adeudados al momento
de la expulsión
4
. Efectivamente, si atendemos a la composición de los bienes según rubros
inventariados encontramos que el grueso del caudal patrimonial se concentra en edificios o
construcciones urbanas y suburbanas (49,4%, 789.195 pesos) y créditos u obligaciones de
particulares hacia el Colegio (12,7%). Les siguen en importancia las inversiones en tierras
(de ejido y campaña, 8,6%, 138.460 pesos), ganados y esclavos (3,6 y 3,2%, 57.482 pesos 7
reales y 51.372 pesos respectivamente).
Los establecimientos productivos del Colegio Grande reseñados en el Cuadro III repre-
sentan en conjunto el 15% del patrimonio total relevado (239.089 pesos 1 real). De estas pro-
piedades, el valor atribuido a la chacra y estancias constituyen el 78,5% del total (187.606
pesos 1 real), destacándose la estancia de Areco y la hacienda de La Chacarita como las
más extensas y capitalizadas explotaciones de la orden en la campaña porteña (sus tasa-
ciones equivalen al 70% y 23% de ese subtotal respectivamente). Si atendemos a la incidencia
proporcional de los rubros tasados sobre el monto total en el que fueron justipreciadas estas
unidades agrarias, encontramos que el capital invertido en construcciones (capillas, cascos de
estancias, depósitos, corrales) comprende el 36,5% del mismo y se eleva al 38,1% si sumamos
a las edificaciones otras mejoras tales como cercos, árboles y montes. Asimismo, todos los
establecimientos contaban con herramientas y útiles acordes a su especialización productiva
(arados, marcas), que muchas veces se completaban con carretas y el equipamiento nece-
sario para la producción de tejidos, tejas, ladrillos y velas (4,9%). Los ganados (vacunos princi-
palmente, pero también mulas, caballos y ovejas) constituyen el 24% del valor total, las tierras
(suertes de estancias, chacras y lotes del ejido en el caso de las quintas) comprenden el 21%
mientras que los 26.030 pesos en que fueron tasados los 205 esclavos equivalen al 11% de ese
monto (y a poco más de la mitad del total de capital inventariado en esclavos).
Resulta difícil poner en contexto este patrimonio cotejando la composición del mismo con
la de los restantes grandes productores agrarios laicos. (Garavaglia, 1999), (Gelman, 1998),
(Amaral, 1998) Las inversiones rurales del Colegio se diferencian de las de éstos no sólo por
la magnitud de los montos involucrados sino, sobre todo, por la diversificación de los rubros
comprendidos (orientada a combinar distintas producciones en el abasto de los mercados),
la mayor extensión de los terrenos y el capital destinado a mejoras y compra de esclavos. El
patrimonio productivo de los establecimientos jesuitas se distancia, incluso, del de las uni-
dades rurales de otras órdenes religiosas propietarias de estancias y chacras en la campaña
porteña. Frente a betlemitas y dominicos, las estancias de los ignacianos se destacan por el
alto consumo de mano de obra negra, el tamaño y la diversificación de sus stocks ganaderos,
la solidez de sus construcciones y la variedad de su equipamiento agrícola-ganadero. (Mayo
y Fernández, 1995, pp. 9-17)
La lógica de funcionamiento productivo mercantil de la Compañía articulaba estableci-
mientos ganaderos de enormes extensiones y gran inversión con explotaciones agrarias su-
burbanas, de más reducidas dimensiones pero también capitalizadas, basadas en el trabajo
intensivo de la mano de obra esclava. Recurrían para ello tanto a la adquisición y venta de
tierras como al arrendamiento de lotes propios y ajenos, aparentemente realengos. Hallamos
registrados 142 arrendamientos en semilla que aportaban al Colegio alrededor de 500 fanegas
4 ANHCh, Jesuitas de América, Vol. 149 (Años 1767-1774), f. 68, Colegio de San Ignacio “Alquileres de casas
vencidos al momento del secuestro”: 2.267 pesos 7 reales.
María Valeria Ciliberto - El patrimonio rural de la Compañia de Jesús en Buenos Aires
21
de trigo anuales (a un promedio de 4 fanegas por poblador) junto a “arrendatarios de los pa-
dres jesuitas” establecidos en tierras más allá de los límites certificados en los títulos de sus
estancias y en otras que no fueron inventariadas como propiedad del Colegio (Cañada de la
Paja y Choza)
5
. La renta en especie reforzaba la inserción mercantil de estas explotaciones, va-
lorizando tierras, externalizando costos y sirviendo, también, como un modo más de garantizar
y/o extender los límites de sus propiedades.
Cuadro III. Establecimientos productivos Colegio San Ignacio (1767). (Expresado en pesos)
Propiedades
Rubros inventariados
Tierra Construcciones Esclavos Ganados
Arboles/
cercos/
monte
Útiles/
carretas
Total
Atahona 500
Obraje de
ladrillos
4.315 24.835 29.861
Quinta
La Concepción
150 170 132,3 711 452,3
Quinta
Alquizalete
17.585 720 2.292,1 72,3 20.669,6
Hacienda
La Chacarita*
1.350 25.148,6 8.670 823,5 3.720 3.921,4 43.673,7
Estancia de
Areco
42.000 18.066 14.330 49.975 6.430,2 130.801,2
Estancia de
Las Conchas
1.500 712,5 1.040 5.584,1 12 85 8.933,6
Estancia y
obraje La
Calera
750 827,3 1.270 1.097,1 252,7 4.197,3
Total 50.065 87.345 26.030 57.480 6.196,5 11.473 239.089,1
Fuente: Ibídem Cuadro II. * Incluye obraje y hornos.
Los bienes correspondientes a la Residencia de Nuestra Señora de Belén reproducen en
una escala mucho menor el esquema patrimonial del Colegio de San Ignacio. En este caso,
sólo contamos con un listado general de las propiedades, que no incluye la tasación de los
bienes enumerados ni detalles sobre extensión de los terrenos o características de la edifica-
ción
6
. Pese a su más reciente fundación (la Iglesia estaba aún sin terminar cuando se produjo
la expulsión), el Colegio Chico también centralizaba la administración de un complejo inte-
5 Constatamos deudas a favor del Colegio de San Ignacio por ventas de tierras, algunas con rédito del 5%
sobre el principal, que involucran 15 operaciones efectuadas entre 1764 y 1767. No disponemos de datos
sobre extensión de las parcelas. A partir de las tasaciones de bienes podemos mensurar solamente la ex-
tensión de los terrenos con título de propiedad, no la de los lotes arrendados ni la de los ejidales meramente
ocupados. No podemos calcular la superficie ocupada por los 55 arrendatarios de Cañada de la Paja y
Choza, quienes tributaban 122,5 fanegas de trigo en canon. AGN, Temporalidades, Sala IX, 7-3-7. ANHCh,
Vol. 169, f. 124 Estancia Las Conchas.
6 De las propiedades pertenecientes al Colegio de Belén, conocemos tasaciones parciales, el inventario de
la Estancia de las Vacas y los informes sobre su administración correspondientes a los años 1785 y 1787
(AGN, IX, 21-7-3 y ANHCh, Vol. 149 y 176). Las características de la producción y el trabajo en la estancia
han sido estudiadas por Gelman y Salvatore y Brown. (Gelman, 1989, pp. 43-83), (Salvatore y Brown, 1998,
pp. 83-119).
Chile y América en su Historia Económica. Parte I: La herencia colonial
22
grado de bienes que comprendía 10 fincas y varios sitios urbanos, una quinta de montes fru-
tales (Quinta de Paso Chico), una atahona, obrajes de cal y ladrillos y 3 estancias, la mayor de
ellas (Las Vacas), ubicada en la Banda Oriental, con más de 38.000 vacunos -entre animales
de rodeo y alzado. De más recientes inversiones y aún menor arraigo social en comparación
al de San Ignacio
7
, la Residencia de Belén igualmente garantizaba el funcionamiento de sus
establecimientos agrarios mediante una importante inversión en mano de obra esclava (158
individuos). Además, la compra de una embarcación “para lancha” aseguraba la circulación
de mano de obra y bienes (leña y, sobre todo, cueros) entre la Residencia y sus tierras situadas
en la otra orilla del Río de la Plata.
El patrimonio de ambos colegios refleja -con caudales de distinta envergadura- las prác-
ticas económicas habituales de la orden, ya señaladas por los estudios focalizados en otras
regiones del espacio rioplatense. Estrategias de inserción y consolidación productivo-mercan-
tiles basadas en la articulación de propiedades urbanas, suburbanas y rurales, en un esquema
que combina renta y producción directa a fin de asegurar el sustento de cada residencia. Esta
modalidad de acumulación supone una integración patrimonial lograda tanto por donaciones
como por compras; la diversificación de intereses, inversiones y bienes; la consolidación de ré-
ditos vinculados a operaciones crediticias (depósitos, censos y capellanías); la posesión de un
gran capital en inmuebles urbanos; la complementariedad productiva de sus establecimientos
agrarios y la destacada inversión en mano de obra esclava.
De acuerdo con las pautas de inversión productiva que reflejan las tasaciones, al mo-
mento de formalizarse los inventarios inmediatos a la expulsión los jesuitas de Buenos Aires
disponían como mínimo (atendiendo a los subregistros señalados) de un stock ganadero de
aproximadamente 492.369 vacunos, 13.907 caballos y yeguas, además de 6.305 mulas y bu-
rros hechores. Contaban, también, con majadas de algo más de 9.400 ovejas y cerca de
200 bueyes destinados a la labranza. Seis estancias, una chacra, tres quintas y un obraje de
ladrillos de su propiedad puestos en producción, con una dotación estable de mano de obra
compuesta por 552 esclavos.
La administración y venta de las Temporalidades.
Inmediatamente después de la expulsión, la Corona aplicaba el patrimonio ignaciano in-
cautado y sus utilidades al sostenimiento de obras piadosas y educativas y a asegurar la
manutención de los jesuitas desterrados mediante el pago de pensiones vitalicias
8
. La ena-
jenación de las Temporalidades se dispuso dos años más tarde, con el establecimiento de
las Juntas Provinciales y Municipales. La normativa determinó la transferencia de las propie-
dades en subastas públicas, con cargas si existieran (descontándose las mismas del precio
de venta), la posibilidad de subdividir las haciendas más extensas a fin de facilitar su compra o
pautar su pago en plazos y, en caso de no hallar interesados, otorgarlas a censo o establecer
en las mismas pobladores con canon enfitéutico. Los edificios de iglesias y capillas, aulas y
casas de estudio fueron excluidos de las ventas, como así también los censos, pensiones
perpetuas y aquellos bienes en litigio. Expresamente se añadió la prohibición de que estas
7 La Residencia de Belén no registra fundación de obras pías ni de capellanías, mientras que el Colegio
Grande y, sobre todo, su Casa de Ejercicios tenía impuesto a su favor un monto de 29.425 pesos en esos
conceptos.
8 No se incluía en este beneficio a extranjeros y/o novicios. “Pragmática 2/IV/1767” y “Real Cédula 14/
VIII/1768”.
María Valeria Ciliberto - El patrimonio rural de la Compañia de Jesús en Buenos Aires
23
propiedades pasaran a “manos muertas”. Las instancias administrativas locales se ocuparon
de las enajenaciones, ejerciendo las Juntas provinciales las funciones de control
9
. (Martínez
Tornero, 2008, pp. 537-562).
En el marco de estas reglamentaciones, entre 1768 y 1772, la Junta porteña vendió mue-
bles, productos de las estancias y esclavos, todo en almonedas públicas en pagos de contado
o en entregas parciales, en plazos no muy extendidos. En ese corto lapso fueron rematados
138 de los 552 esclavos pertenecientes a ambos colegios (considerados prescindibles por los
administradores de los establecimientos rurales), generalmente a valores que respetaban las
tasaciones oficiales (más de un tercio de los mismos había sido justipreciado en montos de
entre 180 y 225 pesos
10
). Sin embargo, verificamos que algunos de estos pagos se realizaron a
cuenta de los adelantos efectuados a las Temporalidades, a la Real Hacienda o de los auxilios
prestados al ejército
11
. Seguramente estas rápidas ventas se vieron facilitadas por las mejores
condiciones físicas y una mayor cualificación para el trabajo de los esclavos ignacianos en
relación a sus pares de propietarios laicos y por las ventajosas formas de pago. (Troisi Melean,
2004, pp. 95-105)
Se enajenaron, además, la ranchería del Colegio Grande y varias de las casas antes
arrendadas. (Maeder, 2001, pp. 56-58) Las atahonas fueron vendidas en 1789 a 3.200 pesos,
aunque el adquiriente Fernando Ramírez concretó la operación efectuando sólo una entrega
parcial de 1.666 pesos. También fueron traspasadas a manos particulares las quintas ubi-
cadas en el ejido de la ciudad. Ambas propiedades fueron vendidas a censo, superando am-
pliamente el valor sufragado por las mismas lo estimado en las tasaciones de 1767. [Cuadro IV]
La quinta del barrio de La Concepción contaba con un terreno de “mala calidad”, mem-
brillares y árboles frutales “bien arruinados por la seca” y “un cuartito de vivienda” que habían
sido tasados al momento de la expulsión en menos de 500 pesos. Sin embargo, el comprador
(propietario de dos establecimientos próximos a la Casa de Ejercicios), capitalizó rápidamente
la explotación mejorando las construcciones y los montes frutales. En 1805, sus herederos
recibían como legado la quinta valuada en 2.000 pesos. La propiedad donada por el Padre
Juan Antonio de Alquizalete al Convictorio, en cambio, constituía uno de los establecimientos
de mayor valor del Colegio y probablemente la quinta más capitalizada de los suburbios por-
teños
12
. Tasada en 20.669 pesos 6 reales en 1767, la mayor parte de su capital se concentraba
en edificios (85%), árboles (9,1%) y cercos y zanjas (2%). El terreno, perteneciente al ejido de
la ciudad, no fue incluido en esta tasación. La quinta funcionaba como casa y huerta para el
convictorio, contando al extrañamiento con 4 esclavos justipreciados en 720 pesos
13
.
9 “RC 24/II/1769” y “RC 9/VII/1769”, Colección general de las providencias, Parte segunda, XIV y Parte terce-
ra, V.
10 A partir de tasaciones de inventarios post mortem efectuados entre 1754 y 1815, Garavaglia calcula un
precio promedio de los esclavos de estancias de 189 pesos por unidad, mientras que el valor medio de la
fuerza de trabajo no libre tasada en inventarios de chacras asciende a 215 pesos por unidad (Garavaglia,
1999, p. 162).
11 Por ejemplo: ANHCh, Jesuitas, 156, f. 86 y 171. Compras Joseph de la Quintana.
12 Para el período 1750-1800, las quintas/chacras típicas del ejido de Buenos Aires presentan un valor medio
por inventario de 2.394 pesos (sobre una muestra de 26 tasaciones), poco más de la mitad de las mismas
disponía de mano de obra forzada (3.5 esclavos por propietario), el 81% contaban con árboles frutales y el
69% con cercados. (Garavaglia, 1993, pp. 121-143).
13 AGN, Temporalidades (1767-1773), Sala IX, 7-3-7. ANHCh, Jesuitas, 176. AGN, Barrios, A. Suc. 3917 (Año
Chile y América en su Historia Económica. Parte I: La herencia colonial
24
La estancia de Areco, la propiedad rural de mayor extensión y capital de la Compañía en
la campaña porteña, fue adquirida en 1785 por José Antonio de Otálora quien ofreció 38.510
pesos, a pagar 6.000 al contado y el resto por quintas partes en dinero en efectivo y “no en
otro género de pago” en los primeros cinco años desde la toma de posesión (13/08/1785). La
explotación (tasada en 1767 en 130.801 pesos 2 reales) contaba con un terreno de 7 leguas de
frente sobre el río Areco y 8 leguas sobre el Paraná de las Palmas (aproximadamente 151.200
hectáreas) y dos puertos habilitados sobre estas vías fluviales. Orientada principalmente a la
producción de ganado vacuno y mular, un diversificado stock ganadero que incluía 42.500
cabezas de ganado vacuno, 11.200 caballos y yeguas y 4.700 mulas (además de burros he-
chores y ovejas), una dotación de mano de obra esclava de 108 individuos y una renta fija de
108 fanegas de trigo derivada de numerosos arrendamientos en semillas, confirman la escala
de la producción de la estancia y la inserción mercantil de la misma.
El balance negativo de la segunda administración del establecimiento (iniciada en 1774)
explicaría, en parte, la rebaja del precio final de venta. Las consecuencias sobre el capital
productivo de la estancia de períodos largos de sequías y escaso control de la mano de obra
esclava también pueden considerarse. Sin embargo, no podemos obviar en la explicación de
las condiciones de venta y las modalidades de pago “las circunstancias del comprador, sus
relaciones y las de sus fiadores”, las mismas que posteriormente impidieron al Administrador
de la Dirección de Temporalidades Pedro Viguera declarar la nulidad de la enajenación frente
a las irregularidades del remate y la demora en las cancelaciones parciales. Ciertamente Otá-
lora, Comandante de Milicias, Vocal de la Junta de Temporalidades y varias veces Regidor del
Cabildo y Alcalde de Segundo Voto, supo movilizar sus recursos con éxito: primero, presen-
tando sus méritos militares equilibró a su favor la subasta pública (pese a ofertar menos que el
otro postor), luego evitó una nueva tasación de la propiedad y, finalmente, demoró los pagos
parciales -dejando durante esos aplazamientos sin abonar el 5% de interés al año sobre las
cantidades no enteradas. Recién en 1795, Otálora hizo entrega de los 8.232 pesos 6 reales de
principal y réditos adeudados que (teóricamente) cancelaron la totalidad de la deuda
14
.
La estancia de La Calera fue vendida con sus aperos y esclavos también a censo del 5%,
aunque un expediente del año 1805 seguido contra la testamentaría del comprador verifica
el reclamo de derechos de Temporalidades sobre la propiedad. La explotación, situada en
el pago de Magdalena, complementaba la cría de ganado vacuno con la elaboración de cal,
contando para esta actividad con dos hornos. Los esclavos inventariados al momento de la
expulsión ascendían a 11 personas (y representaban el 30% del valor total de la estancia)
15
.
En 1798 se disolvieron las Juntas de Temporalidades, se incorporó ese ramo a la Real
Hacienda, se dispuso la venta de los bienes y el cobro de las rentas y créditos pendientes.
La administración de las propiedades subsistentes pasó a la Dirección de Temporalidades de
1805). Quinta de Alquizalete: AGN, Temporalidades (1767-1773), Sala IX, 7-3-7. ANHCh, Jesuitas, Vol. 171.
14 Entre los fiadores de Otálora figuraban reconocidos comerciantes de la plaza: Martín de Sarratea (hasta
8.000 pesos); Francisco Medina (hasta 6.000 pesos); Josef de San Pedro Lorente (por 6.000 pesos); Javier
Saturnino Sarasa (por 3.000 pesos) y Gaspar de Santa Coloma (hasta 2.000 pesos). El comprador hipotecó
la misma estancia y una casa quinta que poseía extramuros de la ciudad de Buenos Aires. AGN, Tempora-
lidades (1767-1773), Sala IX, 7-3-7. ANHCh, Jesuitas, Vol. 158. AGN, Otálora, J. A. Suc. 7274 (Año: 1816).
(Cutolo, 1968-1985, p. 228)
15 AGN, Temporalidades (1767-1773), Sala IX, 7-3-7. ANHCh, Jesuitas, 176, 158 y 168, f. 23.
María Valeria Ciliberto - El patrimonio rural de la Compañia de Jesús en Buenos Aires
25
Buenos Aires
16
. La nueva gestión aceleró las ventas, aunque estas operaciones comprendieron
sobre todo a fincas y terrenos baldíos situados en la ciudad patrimonio de ambos colegios. La
mayor parte de estas enajenaciones fueron concretadas a censo reservativo
17
.
Varios de los bienes de la Residencia de Belén fueron enajenados en esta etapa. Tanto la
quinta del Paso Chico como la estancia de Zamora (adquirida por la Real Hacienda para pas-
toreo de las caballadas reales) fueron rematadas muy por debajo del valor asignado a estas
propiedades en los informes de los Auditores de Temporalidades Juan Manuel de Lavardén
e hijo del año 1770 y 1787
18
. El edificio y la iglesia de San Telmo fueron luego de la expulsión
ocupados como depósito de la Real Hacienda y cuartel de Dragones. Posteriormente, en este
inmueble funcionó el Hospital de los betlemitas (hasta la extinción de la orden en 1822). La
huerta de la Residencia fue arrendada; mientras que la estancia de las Vacas, eficazmente
administrada, en 1777 fue destinada por disposición real (junto a la Botica de los jesuitas
porteños) al Colegio de Niñas Huérfanas y Hospital de Mujeres de la Hermandad de la Santa
Caridad.
Esta sesión originó, sin embargo, un largo proceso iniciado por el Defensor Real de Tem-
poralidades contra la administración de la Casa de las Huérfanas. Según el administrador ac-
tuante (nuevamente Viguera) se trataba de una “adquisición ilegal”, en virtud de no respetarse
el precio efectivo de la propiedad “pues sólo se le da el valor, según expresa su contexto, de
trescientos pesos a la mejor, más valiosa, y más apetecida Hacienda de las que se secues-
traron a los expatriados Jesuitas en este distrito” ni realizarse la venta por pública subasta. La
estancia había sido justipreciada en inventarios de 1767 en 60.249 pesos 4 reales, sin tasarse
el ganado en invernada y cría (de 6.000 a 7.000 cabezas) y el alzado (entre 12.000 y 14.000
animales). El Procurador de la Real Casa de Misericordia de las Huérfanas, Domingo Belgrano
Pérez, justificaba la compra manifestando que “ni el territorio ni el ganado tienen precio de
consideración ni toda la Estancia aunque se considere con la Calera”, agregando que “si se
pensase en venderla, o no habría quien comprase, o la querrían por mui corto precio”. Más
allá del perjuicio económico que el traspaso ocasionó a las Temporalidades, en virtud de la
posición y los vínculos de los actores involucrados, el mismo se efectuó y la Hermandad de la
Caridad se mantuvo en posesión de la propiedad hasta la aplicación del “Reglamento Provi-
sorio de la Provincia Oriental para el Fomento de la Campaña y Seguridad de sus Hacendados”
de Artigas. Desde 1805 la Santa Caridad arrendó la explotación de la estancia. (Ferrari Luaces,
2010, p. 108)
La hacienda de La Chacarita fue arrendada a varios particulares para, luego, ser adminis-
trada directamente a fin de asegurar el sustento del Colegio de San Carlos (1784). La estancia
de Las Conchas también fue aplicada al Colegio en 1789
19
. El Colegio, la Iglesia de San Ig-
16 “Real Orden del 19/IX/1798”, Cedulario de la Real Audiencia de Buenos Aires, La Plata, AHPBA, Tomo III,
1937, pp. 24-27. Los recursos de Temporalidades se destinaron a la amortización de los Vales Reales.
17 ANHCh, Jesuitas, 171, fs. 89 y 174.
18 En base a estos informes, Maeder adjudica a la Quinta de Paso Chico un valor de 2.126 pesos y de 3.036
pesos a la Estancia de Zamora. (Maeder, 2001, p. 41). AGN, Sala IX, 21-6-4. Dirección de Geodesia,
Departamento de Investigaciones Históricas y Cartográficas, Ministerio de Infraestructura, Provincia de
Buenos Aires (AHGyC), Lomas de Zamora, N° 1: “Duplicado de la diligencia de mensura del terreno de la
Estanzuela del Estado”. Año 1854.
19 La Chacarita: AGN, Sala IX, 45-4-14. Las Conchas: AGN, Sala IX, 21-6-1 y ANHCh, Jesuitas, Vol. 169, fs.
Chile y América en su Historia Económica. Parte I: La herencia colonial
26
nacio y las unidades agrarias asignados para su sostenimiento, no fueron comprendidos en la
política de enajenación de los bienes de Temporalidades. Con la revolución, la administración
de los establecimientos rurales pasó a manos del Estado independiente.
Las Temporalidades jesuitas y los gobiernos post revolucionarios.
Desde mediados de la década de 1810, los sucesivos gobiernos porteños ensayaron
distintas políticas orientadas a poner en producción los terrenos de propiedad estatal y así po-
sibilitar nuevos ingresos a un fisco afectado por la revolución y la guerra. Las primeras medidas
oficiales de cesión de tierras públicas implementadas se efectuaron dentro de las modalidades
coloniales de transferencia de la tierra (sistemas de moderada composición y remates), en
virtud de una legislación también marcada por las herencias indianas. (Banzato, 2009, pp.
57-74) De acuerdo con estos lineamientos, en 1816 el Estado porteño reglamentó la venta de
bienes de Temporalidades estableciendo para ello la modalidad de pública subasta y especi-
ficando que sólo se admitiría una rebaja de la sexta parte de la tasación original, declarándose
nulas las enajenaciones que no se realizaran según estos parámetros
20
.
Durante la década de 1820, en el contexto general de la campaña se verifica la primera
“oleada de denuncias” y el inicio del “gran negocio de la tierra pública” (Infesta, 1998, pp.
25-31), la afirmación del derecho de propiedad plena de la tierra y la confiscación/venta de
los terrenos de la Iglesia vinculadas a la Reforma Eclesiástica. Acorde a estas políticas, se
reglamenta la ley de enfiteusis (1824), dos mensuras generales de terrenos públicos (1824
y 1828) y la ley de enfiteusis de las tierras de “pan llevar” (1828). En este marco se verifican
las primeras trasferencias de propiedad de parte de las tierras de la Estanzuela del Estado,
efectuadas a través de mercedes concedidas por el gobierno como donaciones a particulares.
Las donaciones, que beneficiaron con suertes de chacra a dos reconocidos vecinos militares
de actuación destacada durante las invasiones inglesas y/o la revolución, redujeron el lote de
propiedad pública “a dos retazos de corta extensión para lo que es pastoreo de caballada”
entre ambas suertes
21
.
A partir de 1821, el gobierno prohíbe la enajenación de tierras públicas (hipotecadas como
garantía de la deuda), permitiendo sólo la transferencia de su usufructo mediante el sistema
de enfiteusis. Desde la Reforma Eclesiástica realizada por el ministro del gobierno de Martín
Rodríguez, Bernardino Rivadavia, en 1822, las tierras de Temporalidades administradas por el
Estado comprenden junto a las de antiguas propiedades ignacianas aquellas confiscadas a la
Catedral y a las órdenes de Santo Domingo y Belén
22
. Las quintas y lotes suburbanos de mayor
124-134 vuelta. Resta aún precisar el destino de los terrenos, construcciones y obrajes de ladrillos de Ca-
rricaburu, en conflicto desde 1769 por el pedido de nulidad del testamento que establecía la donación de
la propiedad al Colegio Grande impuesto por la viuda del legatario. ANHCh, Jesuitas, 172, fs. 76-88.
20 También se invalidaron las ventas de fincas de propiedad estatal realizadas durante el periodo de la revo-
lución “con lesión enormísima” para el intereses público. “Ley sobre la rescisión de ventas de fincas del
Estado y forma para enajenar los bienes de las Temporalidades, 9 de agosto de 1816”. (Muzlera, s/f, p. 8)
21 AHGyC, Lomas de Zamora, N° 3. Duplicado de la diligencia de mensura del terreno de la Estanzuela del
Estado. Año 1828. Infesta señala donaciones previas adjudicadas por el Directorio que involucrarían terre-
nos de esta propiedad beneficiando por sus servicios a F. Robles (Comisario de Policía), J. Viamonte (1819)
y M. Benítez (Capitán de Caballería y Comandante de las Estancias del Estado) (1821). (Infesta, 2007, pp.
192, 201 y 203) No constatamos que las mismas se hicieran efectivas.
22 AHGyC, Registro de arrendamientos y enfiteusis ventas 1818-1838.
María Valeria Ciliberto - El patrimonio rural de la Compañia de Jesús en Buenos Aires
27
valor confiscados a estas órdenes religiosas reformadas fueron rápidamente subastados y
transferidos en bloque a la élite político mercantil de la época. (Ciliberto, 2010, pp. 41-64) Sin
embargo, los terrenos que fueron de los jesuitas en las jurisdicciones de Flores y Morón (La
Chacarita y la estanzuela de la Residencia de Belén) continuaron siendo arrendados por el
Estado, no verificándose durante estos años ninguna transferencia de propiedad (aunque sí
algunos lotes fueron otorgados en enfiteusis).
Cuadro IV. Venta de los establecimientos productivos Colegio de San Ignacio y Residencia
Nuestra Señora de Belén. (Expresado en pesos)
23
Establecimiento
Colegio de San Ignacio
Hectáreas Año de venta/
cesión
Precio en
pesos
Modalidad Comprador/
beneficiario
Observaciones
Atahonas S/d 1789 3.200 Contado
Fernando
Ramírez
Entrega 1.666
Quinta de La
Concepción
3,37 1787 1.250 Censo José Barrios
Quinta de
Alquizalete
0,16 1800 23.000 Censo s/d
Estancia de
Areco
151.200 1785 38.510
A plazos a
cumplir en 5
años
José Antonio de
Otálora
Cancela en 1795
Estancia de La
Calera
1.349,93 1789 4.687,4 Censo del 5%
Manuel
Rodríguez
Zarcedo
En litigio
Estancia Las
Conchas
4.049,79
1789 Aplicada al
Colegio
Sin datos de venta
Hacienda La
Chacarita
1.349,93
1784 Aplicada
al Colegio 1834-
1839 Ventas
Entre 20 y 50
Pesos m/c la
cuadra
Contado,a
plazos,
boletos de
deuda
Arrendatarios,
Administrador
Ley de venta
de Tierras
públicas (1836).
Traspasados
*1.715,17 has en
67 lotes.
Residencia de Nuestra Señora de Belén
Quinta Paso
Chico
S/d 1799 858
Dinero en
efectivo
Antonio López
Estanzuela 5.399,73
1800
1821
1826
1.801
Donación
Donación
Real Hacienda
Luciano
Ballester;
Manuel Grigera
1.000 varas frente
(arrendatario) 26,9
has.
Estancia Las
Vacas
113.400
1777 Hermandad
de la Santa
Caridad 1816-1827
Venta
1829-1836 Ventas
101.400
Repartos de
Artigas S/d
Enfiteusis S/d
21 agraciados
Domingo Roguín
(Roguín, Meyer y
Cia) Gral. Julián
Laguna Gral.
Julián Laguna y
otros
20 pobladores
s/tit 91.800 has. En
Litigio con Laguna.
23 Fuente: Ibídem Cuadro II y Archivo Histórico de la Provincia de Buenos Aires “Dr. Ricardo Levene” (AHP-
BA), Escribanía Mayor de Gobierno. Legajos y expedientes años 1834-1839. (Maeder, 2001; Ferrari Lua-
ces, 2010). * Una cuadra lineal equivalía a 100 varas lineales (86,6 metros). ** En 1829, otros terrenos
del Estado son incorporados a las suertes de La Chacarita. Plano de los terrenos de la Chacarita de los
Colegiales. Nro. 1 Suerte Principal y Suertes de Cabezadas, AHGyC, 882-30-4 y 906-30-4.
Chile y América en su Historia Económica. Parte I: La herencia colonial
28
Durante el gobierno de Dorrego, ante las necesidades económicas de la Hermandad de
la Caridad (y la imposibilidad estatal de subsidiarlas) se efectuó la venta en subasta pública
de las tierras y esclavos de la estancia de Las Vacas. La propiedad transferida constaba de
34 leguas cuadradas, habiendo sido adquiridas las ocho leguas restantes por Teodosio de
la Quintana y José Sierra (desconociéndose la fecha y condiciones de estas ventas). Pese a
esta concesión, fueron numerosos los conflictos originados en la superposición de derechos
y títulos de propiedad de estos terrenos que debió enfrentar el nuevo propietario (y que le
impidieron escriturar). La estancia y calera habían sido repartida por Artigas en 1816 entre
varios beneficiarios patriotas que, junto a los ocupantes sin autorización, sumaban 41 pobla-
dores. Derrotado el caudillo, sus derechos fueron revocados pero ellos no fueron expulsados
de hecho de las parcelas. Hacia 1821 la Hermandad había reclamado la propiedad, cuando
muchos de los donatarios artiguistas ya habían vendido sus lotes a terceros y otros nuevos
pobladores se habían asentado en el lugar. Y si bien en 1827 el gobernador de Buenos Aires
dispuso su enajenación concretándose la operación, poco después el General Julián Laguna
reclamó derechos alegando haber obtenido la estancia en enfiteusis. (Ferrari Luaces, 2010,
pp. 125-127)
En julio de 1828 el gobierno de Buenos Aires dictó la ley de enfiteusis para tierras de “pan
llevar”, incluyendo en ésta a las parcelas que con anterioridad pertenecían a corporaciones o
establecimientos públicos (Infesta, 2003, p. 46). Pero, un año después, estableció por decreto
que los terrenos que pertenecieron a Temporalidades “y son al presente del Estado no se
consideraran baldíos ni denunciables [en enfiteusis]”. Verificada la propiedad estatal de estos
lotes, se ordenaba la formalización de “un contrato particular de arrendamiento con el solici-
tante, en los términos que correspondiere”. En ese mismo año se decretó la división en suertes
de quinta de los terrenos no ocupados de La Chacarita y su posterior arriendo. A mediados
de 1830 otro decreto disponía el arrendamiento, por un término de ocho años y con un canon
anual de diez pesos por cuadra cuadrada, de las suertes de chacra que quedasen baldías
24
.
En la década de 1830, el gobierno de Juan Manuel de Rosas modifica su política de tie-
rras públicas disponiendo la enajenación de las tierras dadas en enfiteusis y de las “demás
baldías que pertenecen al Estado”. Previamente había ordenado la venta de las propiedades
de Temporalidades alegando que éstas “absorben lo poco que producen en los gastos de
su conservación”
25
. Entre 1834 y 1839, el gobierno federal enajenó 1.743,47 hectáreas de La
Chacarita repartidas en 67 lotes de entre 30 y 40 hectáreas. Los pobladores arrendatarios de
la chacra fueron los principales beneficiario de estas ventas, convirtiéndose en pequeños y
medianos propietarios al ser reconocida no sólo su adhesión a la causa federal sino también
sus derechos consuetudinarios vinculados a la “antigua y pacífica posesión de las tierras que
fueron de los jesuitas”(Ciliberto, 2012). También en 1836 el Superior Gobierno enajenó parte
de las tierras de Las Vacas, siendo el General Julián Laguna uno de sus compradores. Sin em-
bargo, el litigio entre Roguín y Laguna y descendientes se extenderá hasta 1860. Para 1839 las
24 “Decreto declarando que los terrenos pertenecientes a las temporalidades, comunidades y colegios supri-
midos no son denunciables”, 3 de octubre de 1829. “Decreto ordenando la división en suertes de quintas
los terrenos de la Chacarita y su arrendamiento”, 19 de octubre de 1829. “Decreto Nro. 73 Ordenando se
den en arrendamiento los terrenos que resulten baldíos en la Chacarita de los Colegiales, 30 de junio de
1830”, (Muzlera, s/f, pp. 89, 91-92).
25 “Decreto N° 86 disponiendo la venta de propiedades del Estado que sean enajenables, 14 de octubre de
1835”. El producto de las ventas se destinó a amortizar billetes de deuda. Ley de Venta de Tierras Públicas,
10 de marzo de 1836. (Muzlera, s/f, pp. 112-114)
María Valeria Ciliberto - El patrimonio rural de la Compañia de Jesús en Buenos Aires
29
tierras de la estancia de la antigua Residencia de Belén aparecen en los planos del agrimensor
Aizpurúa subdividida en treinta y dos estancias(Ferrari Luaces, 2010, p. 130).
Algunas consideraciones fnales.
La expulsión de la Compañía de Jesús y la incautación de sus temporalidades constituye
el punto de partida del proceso de traspaso a manos privadas de las propiedades rurales
eclesiásticas en el área rioplatense. Esta dinámica, y las transformaciones en las estructuras
agrarias que la misma acarrea, se consolida y completa durante la primera mitad del siglo XIX a
través de políticas desamortizadoras que articulan la transferencia de titularidad de los bienes
con la redefinición de los derechos de propiedad sobre los mismos. En este punto, las reformas
borbónicas se convirtieron en la matriz de un programa de desamortización que el gobierno
liberal porteño de la década de 1820 no hizo más que actualizar ampliándolo.
Al ritmo de la expansiva economía rioplatense, el patrimonio del Colegio de San Ignacio
y de la Residencia de Nuestra Señora de Belén se había incrementado notablemente en los
treinta años previos al extrañamiento. Las propiedades, tierras y establecimientos productivos
que lo componían conformaban un sistema económicamente articulado, rentable y autosufi-
ciente que reflejaba, además, el capital social y político acumulado por la orden en la región.
De hecho, los inventarios y tasaciones de 1767 confirman a la Compañía de Jesús como el
mayor terrateniente de la campaña rioplatense del período, propietaria de más de 270.000
hectáreas de tierras de estancia, chacras y quintas y de un stock ganadero vacuno que supe-
raba las 492.000 cabezas (sin contar los animales alzados o sin yerra).
La gestión de las Temporalidades ensayó, primero, la administración directa de las fincas
urbanas y establecimientos productivos, priorizando luego su arrendamiento para, finalmente,
optar por la venta de las unidades de mayor valor. A fines del siglo XVIII, los esclavos habían
sido vendidos en su mayor parte mientras que 6 de las 10 explotaciones agrarias también
habían sido enajenadas, constatándose un 69% de rebaja sobre el valor de las tasaciones
inmediatas a la expulsión. Varias de estas transacciones se concretaron a crédito (con una
cantidad al contado) y censo a 5% anual, siendo los entregas muy irregulares generándose la
dilación de los plazos acordados y/o la falta de pago de los intereses convenidos. Hasta la di-
solución de la Junta no se realizó, de hecho, un seguimiento sistemático de las cancelaciones
de deudas.
Durante este proceso, las propiedades rurales perdieron buena parte de su capital, resul-
tado de la venta de esclavos y ganados fundamentalmente, y disminuyeron su rentabilidad al
ser escindidas del complejo productivo mercantil en el que antes se articulaban y, en algunos
casos, mal administradas. No obstante, las ventas por debajo del precio justipreciado en los
inventarios de 1767 responden tanto a circunstancias productivo- mercantiles puntuales como
a relaciones de poder e influencia que operaron en el acceso a la administración y adquisición
de estos bienes. En un contexto de sostenido crecimiento demográfico y productivo que se
combina con el ascenso mercantil del puerto de Buenos Aires y, luego, con su consolidación
política institucional como capital del nuevo virreinato, la decisión de Carlos III moviliza (y
divide) a la élite que hace uso de su capital relacional a fin de asegurarse el control sobre
recursos en rápida valoración. Las propiedades de mayor valor, al no subdividirse tal como
disponía la norma, sólo podían ser adquiridas por un grupo reducido de comerciantes-hacen-
dados. Para ellos, la participación o relación con la gestión de Temporalidades fue una estra-
tegia que les permitió ampliar sus negocios, consolidar patrimonio y posición.
Chile y América en su Historia Económica. Parte I: La herencia colonial
30
Los establecimientos agrarios que fueron arrendados y luego aplicados al sostenimiento
del Colegio también disminuyeron su producción y rentas (Fradkin, 1993, pp. 40-69). Sin em-
bargo, en estos casos la continuidad en las formas de uso y posesión de la tierra garantizó la
estabilidad de muchos pequeños y medianos productores arrendatarios. Durante la primera
mitad del siglo XIX, el paulatino incremento del control estatal sobre estas tierras se articuló
funcionalmente con la transferencia de la propiedad /usufructo de los bienes incautados según
modalidades tradicionales (mercedes, arrendamientos). La administración de las Temporali-
dades no escapaba de las de las urgencias financieras de un Estado en revolución y la guerra.
En los inicios de la expansión ganadera, las suertes de estancias son entregadas en frac-
ciones en retribución de servicios y las más valiosas vendidas indivisas en coyunturas de difi-
cultades económicas, sin respectar derechos de uso o de propiedad previamente concedidos,
aprovechando situaciones políticas y jurisdiccionales poco claras y generando con ello largos
litigios. En cambio, la continuidad del arriendo, la ampliación y control de este sistema a través
del otorgamiento de nuevas parcelas (oficialmente mensuradas) constituyeron las opciones
privilegiadas por los gobiernos porteños en relación a la tierra agrícola de antigua pertenencia
jesuita. El inicio de las enajenaciones se verifica a partir de la aplicación de la política de
tierras públicas de Rosas. La transferencia a particulares de las tierras de “pan llevar” se liga
entonces con el uso político de los recursos públicos por parte de un gobierno ahora volcado
a la construcción de una identidad política federal entre los sectores medios rurales (Gelman,
2004, pp. 359-390; Lanteri, 2011). Evidentemente tal como lo planteaba Magnus Mörner en su
ya clásica obra, el destino de las Temporalidades “al parecer representó un cambio profundo
en la estructura agraria con repercusiones en la esfera social y aún política” (Mörner, 1985, p.
144), cuyas múltiples consecuencias en el caso rioplatense –agregamos nosotros- todavía no
han sido dimensionadas en su totalidad.
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33
LIBROS Y CRECIMIENTO: LA FORMACIÓN DEL CAPITAL HUMANO EN ESPAÑA
DESPUÉS DE GUTENBERG.
Eric Gómez-Aznar
Universidad de Barcelona
Introducción.
La tesina se enmarca en un debate muy actual entre los historiadores económicos sobre
los orígenes y las motivaciones de la primacía europea, que está lejos de haber concluido. Por
un lado, el trabajo de Kenneth Pomeranz (2000) defiende la tesis de que las áreas más evolu-
cionadas de China eran comparables a sus homólogas europeas hasta bien entrado el siglo
XVIII; y sostiene que la superioridad de Europa y la Revolución Industrial es fruto de manera
casi exclusiva de la expansión industrial de Inglaterra gracias a un factor fortuito (el carbón)
que permitió romper el vínculo malthussiano entre población y recursos, y que en cambio fue
imposible romper en Asia.
Otra visión, complementaria a la precedente, tiende a ver la historia del mundo pre-in-
dustrial como una sucesión de ciclos económicos de expansión seguidos de crisis. Así, por
ejemplo, la economía del mundo romano sería comparable a la de la Italia renacentista o la
dieciochesca. De esta tesis deriva un replanteamiento del periodo medieval a la época de la
Revolución Industrial como un desplazamiento hacia delante consecuencia de condiciones
fortuitas (Malamina, 2005).
Frente a estos dos planteamientos están los que acentúan la superioridad tecnológica
e institucional de Occidente y sus características progresivas ya desde las sociedades me-
dievales, donde los descubrimientos geográficos son consecuencia y no causa de un mayor
dinamismo de Europa. Pero incluso dentro de esta tesis encontramos dos posturas. Los que
consideran que la dinámica europea se ha caracterizado por una competición virtuosa entre
los Estados y las instituciones (Mokyr, 2009), influida por una geografía que ha impedido la
formación de un Estado centralizador capaz de imponer a todos soluciones regresivas (como
sucedió en la China), pero que sí permitió la creación de rivalidades nacionales lo suficiente-
mente grandes para impulsar la movilización de recursos (como no ocurrió en el subcontinente
indio) y que garantizaba la circulación de las informaciones (Diamond, 1998). Y por otro lado,
los que consideran que la primacía europea es un producto de las naciones noroccidentales,
o de Inglaterra en particular (Allen, 2009).
Este artículo toma partido a favor de esta última posición: la supremacía europea tiene
sus orígenes en la Edad Media, y la Revolución Industrial inglesa no sería posible ni compren-
Chile y América en su Historia Económica. Parte I: La herencia colonial
34
sible fuera del más amplío contexto europeo, donde los países atlánticos, Holanda y luego
Inglaterra, impulsarán la “gran transformación” de la sociedad industrial. ¿Pero qué ocurre en
los países mediterráneos, y en concreto en España? ¿Por qué unas naciones que tenían el
liderazgo europeo en los siglos XV y XVI, tardan tanto en completar el proceso de Revolución
Industrial? ¿Y por qué solo se industrializan unas regiones muy concretas? Que se sintetiza en
la pregunta más concreta: ¿Cuál es el papel del capital humano en la economía tradicional de
la España de la “Era Moderna” en el desarrollo económico? Esto enlaza con el planteamiento
de Pollard (1981) cuando señala que la industrialización europea fue un fenómeno de natu-
raleza esencialmente regional. Este trabajo intenta averiguar si esa industrialización desigual
tiene también sus raíces en un capital humano desigualmente formado.
Si el crecimiento de la importancia de la palabra escrita como fuente de información tuvo
un papel central ya que permitió la acumulación del conocimiento, la producción de libros y
manuscritos sirve como indicador cuantitativo de su crecimiento.
La producción y acumulación de libros puede ser usado como proxy de la producción y
acumulación de ideas, que es una importante variable de la teoría de crecimiento endógeno
(Kremer, 1993). La demanda de libros puede servir para determinar el nivel de alfabetización
de una sociedad. Además, al ser productos de lujo durante el periodo su demanda se incre-
menta con el aumento de ingresos, y viceversa, siendo un indicador de la expansión o de la
depresión económica.
Por lo tanto, los libros como indicador de capital humano nos ayudan a responder dos
preguntas: (1) ¿El capital humano aumenta los niveles de desarrollo en la época moderna? y
(2) ¿Hubo convergencia condicional en la Europa preindustrial, una vez que se controla por el
capital humano y otras variables?
El conjunto de datos y estimaciones sobre la producción de manuscritos y libros se divide
en dos partes: manuscritos producidos entre el 500 y el 1500; y los libros editados entre 1454
y 1800. Este artículo se centra en el segundo periodo, que se inicia con la invención de la im-
prenta, y para los diferentes reinos de España.
Los patrones a largo plazo de las estimaciones señalan un aumento en la producción lite-
raria en el periodo estudiado, aunque con enormes disparidades regionales, concentrándose
a finales del SXVIII en Madrid, Barcelona, Valencia y Sevilla. La producción per cápita y su
fuerte interconexión con la evolución de los precios podrían indicar que la poca exitosa historia
española (con niveles similares a Inglaterra en el s. XVI pero de los más bajos de Europa a
finales del s. XVIII) es matizable.
Para cuantificar las dimensiones del desarrollo de la formación de capital humano pro-
vocado por esta acumulación de conocimiento se utilizan dos evidencias: la evolución de los
“Skill Premiums” (entendida como capacidad de firma) y la evolución de la producción de
libros en las diferentes ciudades a lo largo del periodo estudiado.
Metodología.
Las “Skill Premium”
1
sirven para medir la remuneración de la inversión en capital humano.
Así las regiones que tiendan a reducirlas en el largo plazo estarán indicando un mejor acceso
1 Definidas como la diferencia de salario entre un trabajador formado y uno sin formación, dividido por el
salario del trabajador sin formación.
Eric Gómez Aznar - Libros y crecimiento: La formación del capital humano en España
35
a las condiciones para la formación del capital humano, que a su vez afectan al crecimiento
económico a largo plazo (Chor, 2005). Juntamente con Baten y Van Zanden (2008), encuentran
que las “Skill Premium” tienen una relación negativa con los salarios reales; y que el consumo
de libros tiene una conexión positiva con el crecimiento económico. Por este motivo, se utilizan
los datos de Allen para hacer una comparativa de la evolución de las mismas entre una ciudad
de la Corona de Aragón (Valencia) y otra de Castilla (Madrid), y también con respecto a las
otras regiones europeas; para ver si existen diferencias regionales en esta medida de forma-
ción y acumulación de capital humano.
La invención de la imprenta supuso una auténtica revolución en la transmisión de la infor-
mación que supuso aumentos del 60% de las ciudades que la adoptaron (Dittmar, 2011). Una
de las formas para analizar el impacto a largo plazo del desarrollo y la adopción de los tipos
móviles es el precio de los libros y la cantidad producida de los mismos, que permite medir la
producción y difusión del conocimiento (Van Zanden, 2009).
Para calcular la evolución de los precios en las diferentes reinos de España utilizamos la
evolución del precio que se encuentran en los inventarios post-mortem de las librerías de los
“Lunaris”, que tenían una gran divulgación en la Edad Moderna, y siguiendo la metodología
de Van Zanden (2009)
2
con los datos de precios del papel y de los salarios de Gaspar Feliu
para Cataluña y de Hamilton para Castilla, estimamos la evolución de los precios reales de los
precios en los diferentes reinos de España.
Para la medición de la producción impresa utilizamos diversas fuentes. La fuente prin-
cipal para antes de 1601 en el catálogo abreviado del Iberian Books coordinado por Wilkinson
(2010) que es complementado para Valencia y Cataluña por Marianela García Sempere (2012).
Para el SXVII se utilizan los datos de Cruickshank (1977) que son complementados por los
estudios de la producción regional de Infantes, V., Lopez, F., & Botrel, J.-F. (2003); y con el
trabajo de Llanas (2007) para Cataluña.
Para señalar cuáles son las regiones españolas con un mayor éxito industrial y por lo tanto
medir el éxito del diferente desempeño regional, utilizamos el trabajo de Jordi Nadal (1987),
que apoyándose en datos fiscales, presentaba indicadores de intensidad industrial para las
distintas regiones españolas en 1856 y 1900. Los resultados del ejercicio eran muy claros, si
excluimos Navarra y el País Vasco, Cataluña y Andalucía destacaban respecto a la media es-
pañola en términos de intensidad industrial en 1856. En 1900, el mapa industrial español aún
mostraba un contorno más polarizado. Cataluña más que duplicaba la intensidad industrial de
la media española. En esta situación, sólo Valencia alcanzaba una participación en el producto
industrial español equiparable a su contribución al total de población.
Resultados.
Los resultado de la evolución de las “Skill Premium”, y utilizando la fuente de Allen , nos
señalan que una ciudad del litoral mediterráneo de la Corona de Aragón, Valencia, tiene un pa-
trón de evolución de las mismas similar al de la Europa del Oeste (Londres, París, Ámsterdam)
y al Norte de Europa, las zonas más exitosas en la reducción de las mismas.
2 (Van Zanden, 2009, pp. 182) estima que el precio del libro está compuesto en un 60% por el precio del
papel y en un 40% por el salario de un artesano.
Chile y América en su Historia Económica. Parte I: La herencia colonial
36
En cambio por otro lado, los resultados de Madrid, sirven como ejemplo de que las re-
giones de la Corona de Castilla tienen una evolución totalmente diferente, similar al del sur de
Europa, con patrones más elevados.
Skill Premium de los trabajadores de la construcción en Europa, 1400-1800
(en % de períodos de 50 años)
1400-1449 1550-1499 1500-1549 1550-1599 1600-1649 1650-1699 1700-
1749
1750-
1799
Valencia 31 36 55 31 23 49 49 49
Zaragoza/Madrid 67 18 100 100 100
Sur de Europa 47 44 79 72 63 67 68 74
Europa Central 64 47 52 53 44 67 54 58
Europa del Oeste 64 46 58 57 56 53 49 53
Europa del Este 56 82 90 84 61 63 102 63
Norte de Europa 67 118 151 111 103 50
Fuente: Allen (2001)
Estos datos podrían explicar que el acceso al conocimiento en la edad moderna sería más
eficiente en algunas regiones de España que en otras menos dinámicas.
El acceso a los libros impresos pudo verse limitado por un incremento de los costes de
producción y en concreto del papel. La evolución general del coste de esta materia prima
muestra precios en ligero declive durante la primera mitad del siglo XVI, seguido de un cre-
cimiento moderado que se inicia en 1551, y culmina en 1596 con un precio por resmas (22
sueldos) duplicado en relación a la primera década del siglo. Durante el siglo XVII el precio
del papel se mantendrá estable y a partir del siglo XVIII se reducirá (Feliu, 1991, pp. 47-51).
Las variaciones del precio de coste, según contratos de impresión o valoraciones en
los inventarios post mortem de libreros, de los “Lunaris”, libros de gran divulgación, son una
muestra de la evolución de los precios: 8 dineros en 1489, 10 dineros en 1510, 12 dineros en
1524, 14 dineros en 1561 y 9 dineros en 1595 (Peña, 1996, pp. 181). Este ligero y progresivo
aumento que se observa a lo largo del siglo XVI es superior a la escasa progresión de los sa-
larios de sectores populares en Catalunya (Feliu, 1991, pp. 71-129).
Pero si tenemos en cuenta que en el reino de Castilla durante el periodo comprendido
1544 y 1643 el precio del papel es de promedio un 50,72% más caro que en la Corona de
Aragón mientras que los salarios son similares (Hamilton, 1965); el precio de los libros sería
más elevado en el Reino castellano que en Cataluña o Valencia. Además la evolución del
precio del papel durante el XVII y el XVIII nos señalaría una reducción en la estimación del
precio real de las imprentas valencianas y catalanas.
Esto comportaría que Valencia y Cataluña ya tuvieran una producción bibliográfica su-
perior a la de otras zonas de España ya desde el siglo XVI con respecto a su población que
sumado a la evolución de las “Skill Premium” habría facilitado la acumulación y transmisión de
conocimiento en el largo plazo.
Eric Gómez Aznar - Libros y crecimiento: La formación del capital humano en España
37
Comparativa de producción de Valencia y Cataluña antes
Zona
N° de libros
Publicados
en lenguas
principales
Población
estimada en
1600
N° de libros
publicados
por millón de
habitantes
Publicaciones
en lengua
propia
N° de libros en
lengua propia
por millón de
habitantes
València
1.109
(cast. i cat.)
360.000 3.080,50 Catalán: 341 920.7
Catalunya
841
(cast. i cat.)
400.000 2.102,50 Catalán: 371 842,5
Portugal 999 2.000.000 499,50 Portuegués: 890 448
Escocia
253 800.000 316,25 Escocés y
Gaélico: 67
83,75
Inglaterra 12.867 4.400.000 2.924,30
Francia (y Ginebra)
48.890 20.000.000 2444.50
España 11.717 660.000 1.775,30
Fuente: Marianela García y Alexander Wilsinson (2012)
El cuadro de producción por regiones señala que Valencia producía niveles más elevados
de obras per cápita en castellano o catalán que Inglaterra o Francia con lenguas propias.
Cataluña no se queda atrás y tiene un nivel superior al de la media española. Cabe también
destacar que aunque el castellano era la lengua literaria en estas regiones mientras en catalán
era lengua principal de la cultura oral, comparadas con otras zonas de Europa que están en
contacto con zonas lingüísticas más grandes de inteligibilidad mutua, proporcionalmente a su
población, Valencia y Cataluña publicaban el doble de obras en lengua propia que Portugal.
Respecto a la producción en Castilla los datos nos señalan una concentración de la pro-
ducción en la ciudad de Madrid, en detrimento de las otras ciudades de Castilla. Únicamente
Sevilla a partir del siglo XVII y aprovechando el privilegio de la Carrera de Indias, se mantendrá
como un centro impresor importante en España.
Principales centros de producción de libros de la Península Ibérica 1500-1600
En orden de importancia del centro a lo largo del siglo (en %)
Lugar
1500-1520
(2058 impresos)
1521-1540
(2175 impresos)
1541-1560
(3759 impresos)
1561-1580
(4083 impresos)
1581-1600
(5726 impresos)
Salamanca 9 5 10 16 12
Sevilla 18 20 11 4 4
Alcalá 6 12 8 11 6
Madrid 0 0 7 7 17
Zaragoza 8 7 3 5 6
Barcelona 10 4 7 6 8
Valencia 9 9 5 9 10
Burgos 7 12 6 4 2
Lisboa 3 5 6 6 5
Valladolid 4 4 6 6 5
Toledo 8 7 5 3 2
82 85 74 74 75
Fuente: A.S. Wilkinson, Iberian Books (Bril, 2010), pág xxxvi
Chile y América en su Historia Económica. Parte I: La herencia colonial
38
Estos datos sobre la evolución de la producción en la Península Ibérica, nos muestran esta
concentración cada vez mayor de la producción en la ciudad de Madrid a costa de los otros
centros productores, que entran en declive como se visualiza en el siguiente gráfico sobre el
número de ediciones en seis ciudades castellanas:
ev
Fuente: Péligry (1977)
En el descenso de la producción castellana que se observa en la mayoría de ciudades
castellanas, Péligry (1977) subraya que una serie de causas político-religiosas perjudicaron,
sin duda, la producción y la importación de libros: el establecimiento de la censura productiva,
el papel nefasto de la Inquisición y los privilegios de impresión. A su vez, la decadencia econó-
mica y demográfica que se dio en las ciudades castellanas durante el siglo XVII no favoreció la
consolidación de una industria tipográfica en Castilla.
Larruga, en sus “Memorias políticas y económicas” (1785, pp. 201), señala que la falta de
un papel de calidad es una de las causas de la decadencia de la imprenta en España. Muestra
así la importancia del precio del papel en la producción del libro y en su precio final; así como
la dificultad de los impresores para conseguir uno de buena calidad.
En el gráfico se observa un aumento espectacular del número de ediciones en la ciudad
de Valladolid de 1601 a 1606. Este hecho coincide en el tiempo con la instalación provisional
de la corte en esta ciudad castellana y que coincide con un descenso de la ciudad de Madrid.
Esta ciudad recuperará la línea ascendente de la producción con el retorno de la capitalidad
y Valladolid volverá a tener una tendencia descendente. Esto indica la importancia de este
factor institucional en la producción tipográfica y explicaría la posterior evolución del número
de libros impresos en la capital española.
Eric Gómez Aznar - Libros y crecimiento: La formación del capital humano en España
39
Cuando analizamos los patrones a largo plazo de las estimaciones de producción mues-
tran un aumento en la producción literaria en el periodo estudiado, aunque con enormes dis-
paridades regionales, concentrándose a finales del siglo XVIII en Madrid, Barcelona, Valencia
y Sevilla (Buigues, 2003).
Índices de especialización industrial en 1893
Fuente: Tirado, D; Paluzie, E y Pons, J (1999)
Al compararlos con los índices de Especialización Industrial españoles en 1893, obser-
vamos que las regiones con un mayor desempeño industrial coinciden con aquellas que tu-
vieron un desempeño constante en la producción tipográfica durante la época moderna, y que
eran los principales centros editoriales en el siglo XVIII.
Conclusiones.
La estimación sobre la producción de libros señala una tasa de crecimiento consistente y
remarcable en algunas zonas en el largo periodo estudiado; y un declive en la mayor parte de
las ciudades de España. Los mayores centros productores son Madrid, Valencia, Barcelona
y Sevilla.
La evolución de los precios y de las “Skill Premium” muestran que en el litoral de la antigua
Corona de Aragón con Barcelona y Valencia a la cabeza, tendrían diferencias en el precio del
capital humano que empezarían ya en la época moderna, y que podrían explicar, junto con
otros factores, el diferente desarrollo industrial regional que se da en España.
Esto mostraría una posible base, en el muy largo plazo, del papel del capital humano para
las disparidades regionales futuras en el desarrollo económico español; y poniendo en duda
las primeras estimaciones regionales de alfabetización que tenemos para España de 1860, o
indicando un proceso de “deskilling” como el que se observa para Inglaterra a partir de 1700
(De Pleijtt & Weisdor, 2013), en las regiones con un desarrollo industrial exitoso primerizo como
Cataluña.
Chile y América en su Historia Económica. Parte I: La herencia colonial
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MECANISMO DE PAGO Y PRÉSTAMO COLONIAL. SANTIAGO, 1620-1670.
Leopoldo Tobar Cassi
Universidad Católica Silva Henríquez
La intención de esta ponencia es poder dilucidar como los mercaderes (Braudel, 1994)
1

utilizando los mecanismos propios del sistema económico colonial -a través del préstamo- les
permitió, por una parte, transformarse en el vehículo necesario para la concreción de los mer-
cados y, por otra, hacerse del control de éstos. En otras palabras lo que se busca es tratar de
establecer los puentes entre los mercaderes, agentes principales en la dinámica económica
colonial (mercantilización) por una parte y ,por otra, los mercados, en donde se concretaba
el mecanismo de pago (obligaciones) colonial, que en la práctica posibilitó la circulación y la
producción de mercancías.
La presente ponencia está organizada en dos partes. La primera da cuenta del tema del
préstamo colonial en el espacio de Santiago. En este apartado se explica el funcionamiento de
los mecanismos de pagos coloniales. En la segunda parte se establece una suerte de síntesis
entre el mercader, mecanismo de pago y mercados.
Mecanismos de Pagos y Préstamo Colonial en Santiago, 1620-1670.
Los historiadores pecan por tratar de extrapolar conceptos del capitalismo a la realidad
colonial, sobre este punto llama la atención Ruggiero Romano, quien señala que se debe
resolver el problema de cuando se está en presencia de formas de economía de crédito y
cuando no. Según este autor, recién en el siglo XIX se puede configura una economía de cré-
dito para América Latina y no antes. Lo que plantea Romano, es que, es mejor referirse para
la colonia a un sistema de préstamos más que a la utilización de la palabra crédito, además
realiza el distingo entre préstamos de consumo o de inversión (Romano, 1998). Con lo ex-
puesto se puede pretender comprender de una mejor forma los mecanismos de pagos que se
implementó en Santiago colonial.
La economía colonial de Santiago no puede, en su conjunto, para el siglo XVII ser iden-
tificada como una economía de trueque o en su defecto natural, sino, por el contrario, como
una economía natural - monetario. La pregunta que se puede formular es cómo funcionó el
mercado colonial de Santiago, con la casi ausencia de numerario, y, por ende, sin mecanismo
1 Se debe definir a los mercaderes de Santiago como aquellos que mantienen actividades mercantiles sólo
en el espacio del Virreinato del Perú, en cambio los comerciantes de Lima realizaban operaciones fuera del
ámbito virreinal (España).
Chile y América en su Historia Económica. Parte I: La herencia colonial
44
de pago con dinero por extensión. Para responder la pregunta y explicar el mecanismo de
pago, es necesario referirnos al papel que cumplieron las obligaciones como instrumento, por
una parte, de préstamo, y por otra, de facilitadores de las transacciones mercantiles en el siglo
XVII en la región de Santiago.
Las obligaciones se utilizaron en las operaciones del comercio, tanto interno como ex-
terno, que se efectuaba en el espacio de Santiago. Se puede citar la obligación
2
que el año
1645 firmó el Capitán Martín de Espinosa Santander a favor del Capitán Pedro del Portillo por
la suma de 3.150 pesos, aunque es necesario señalar que Espinosa tenía una deuda por 2.930
pesos desde el año de 1637, lo cual estaba ejecutada por Del Portillo, más 220 pesos que tam-
bién debía. Lo interesante de este instrumento es que, se visualizan cuatro elementos que eran
recurrentes en las obligaciones expedidas en Santiago en el siglo XVII. El primero se refiere a
quien prestaba el dinero o era el acreedor, en el caso in comento es un mercader don Pedro
del Portillo, perteneciente al sector mercantil de Santiago, y Espinosa Santander al de los pro-
ductores de la región de Santiago. A Espinosa Santander se le puede ubicar por la propuesta
que le hizo a su majestad en el año de 1644. El proyecto consistía en que los estancieros desde
la Ligua hasta Colchagua cultivasen y fabricaran jarcia para ser directamente exportada a
España, lo anterior con la intención de producir más que sebo y permitir a su vez un ingreso
para la gobernación de Chile por el monto de 200.000 a 300.000 pesos anuales. En cambio
Del Portillo, fue uno de los principales prestamistas de Santiago de la década de los treinta y
cuarenta en el siglo XVII. El segundo vector tiene que ver con los mecanismos de pago que se
establecieron en el documento, el cual consistía de la siguiente manera: en el mes de mayo
de 1645 debía pagar 400 pesos en sebos y cordobanes; en el mes de julio del mismo año 600
pesos en jarcias; en 1646 debía cancelar el resto de la deuda, aunque en el instrumento no
se establece el mes en el cual debía efectuar el pago, se puede plantear como posibilidades:
1º se puede suponer que debió ser el mes de abril o mayo, por la razón que en esos meses
terminaba el año agrícola, y 2º, el mes de enero, porque en esa fecha se cumplía un año de
haberse firmado la re-pactación de la deuda completa. Los 1.000 pesos debían ser cance-
lados en sebo, cordobanes y jarcias; y en el mes de junio 1.150 pesos en sebo, cordobanes y
jarcias
3
. El tercer elemento que se puede apuntar se refiere al uso que tenían las obligaciones
en la economía colonial de Santiago, el hecho de que las deudas no eran canceladas en dinero
sino en especies, por una parte y por otra el mercader valorizaba en moneda corriente dichas
especies (intercambios no equivalentes). El cuarto elemento se refiere a que los instrumentos
de obligaciones del siglo XVII no consignaban interés sobre el capital prestado, siendo su
utilidad para respaldar una transferencia de mercadería o una monetaria, con lo cual, reafirma
su condición de natural – monetaria.
Cuando un revisa las obligaciones del siglo XVII se encuentra en forma reiterada estos
ejemplos, pues el uso de este instrumento reemplazó de forma genérica a la moneda, esto se
explicaría si uno visualiza las que fueron expedidas entre los años 1631 a 1660, la cantidad de
4.750, un promedio de 164 por año, lo que confirma el reemplazo de las monedas por obliga-
ciones. Aunque también se producían las obligaciones en donde se debía pagar o cancelar
2 Se pueden citar los siguientes caso: Gaspar Hidalgo a favor de Manuel Fernández Romo, Escribanos de
Santiago (en adelante E.S), volumen 186, fojas 212-216 (1640); Pedro Recalde a favor de Antonio de Ba-
rambio, E.S volumen 169, fojas 9- 9 vta (1635); Pedro de Prado a favor de Manuel Orrego, E.S volumen 234,
fojas 2 vta-3 (1655); Gaspar Hidalgo a favor del capitán Anselmo Gajardo, E.S volumen 234, fojas 222-223
vta (1655). Se pueden consultar el fondo de Escribanos de Santiago, para los siglos XVII y XVIII.
3 E.S. Volumen 197, fojas 18-19.
Leopoldo Tobar Cassi - Mecanismos de pago y préstamo colonial. Santiago 1620-1670
45
la deuda con dinero en efectivo, pero la mayoría de estas operaciones se efectuaban por lo
general entre mercaderes de la plaza de Santiago. Se puede citar el ejemplo de Domingo
Chaparro, encomendero en la ciudad de Mendoza, Provincia de Cuyo, a Sebastián Chaparro,
morador de la ciudad de Santiago la suma de 1.600 pesos de ocho reales sellados
4
. Otro
ejemplo del pago en efectivo es el que realizó Juan Rudolfo Lisperguer a Manuel Gómez por
la suma de 3.500 pesos, en donde se comprometió con su persona y sus bienes en cancelar
dicha deuda en dos años a partir de la escritura de esta. El alzamiento de la obligación se
efectuó en el 27 de abril del año de 1646
5
. También se pueden citar ejemplos en donde se
utilizan las obligaciones para contratar mano de obra para cancelar deudas contraídas, en
donde se vuelve a valorizar el trabajo en forma monetaria, por ejemplo la situación de Manuel
de la Mata, de oficio maestro carpintero, se obligó a pagar a Pedro del Portillo la suma de 140
pesos con bienes fabricados por el mismo y que consistían en puertas, y en construir un balcón
en la casa Del Portillo
6
. Por último, se visualiza en el cuadro número 1, en forma palpable la
utilización generalizada que se hizo en el siglo XVII de las obligaciones, es por esta razón que
proponemos que este instrumento sirvió para solucionar la carencia endémica de moneda en
la economía del Santiago colonial. Se debe apuntar que los montos eran bastante bajos, solo
las obligaciones entre los mercaderes y los grandes productores eran de cierto monto, pero
nunca más de 10.000 pesos. Lo anterior, es válido para la conformación de las compañías en
donde la inversión que se realiza no excede los 30.000 pesos.
Se podrían citar una infinidad de ejemplos en donde se prueba la utilización de las obli-
gaciones como instrumentos que posibilitaron que la economía se dinamizara, en la medida
que permitió, en el marco de las restricciones que imponía la economía colonial, que se pro-
dujeran las transacciones comerciales. Además de las operaciones netamente de préstamos
que se efectuaran en la región de Santiago, las cuales fueron las menos, y en este punto nos
apegamos a lo planteado por el profesor Villalobos que menciona que las operaciones de
préstamo no fueron un incentivo o ayuda a la producción que, por otra parte, no necesitaban
ampliarse a causa de la carencia de mercados importantes (Villalobos,2001). Sin embargo, no
compartimos los juicios de Villalobos, en lo relacionado con la utilización de los instrumentos
mercantiles como las obligaciones (pagaré) que fue de uso limitado y cauteloso, lo cual no fue
tan cierto, pues como lo demuestra el siguiente cuadro en donde se evidencia el uso intensivo
de las obligaciones para dinamizar la economía y que no tiene parangón en la historia colonial,
aunque se debe ser preciso en señalar que un porcentaje importante de estas obligaciones
fueron para comprar y vender mercancías entre los mercaderes y los productores de todos los
niveles (grandes, medianos y pequeños).
Además, si uno agrega una muestra de las obligaciones que se extendieron en el siglo
XVI, que están graficadas en el cuadro n º 2, cae en cuenta que la utilización de estos instru-
mentos fue habitual desde los inicios de nuestra economía, toda vez, que facilitaba las opera-
ciones de comercio de la misma forma que fueron usadas en el siglo XVII.
4 E.S. Volumen 160, fojas 59 vta- 62 vta (1630), se debe apuntar que el deudor con el acreedor eran herma-
nos, pues en la escritura se menciona la ley de las mancomunidades.
5 E.S. Volumen 196, fojas 150-150 vta (1644).
6 E.S. Volumen 168, fojas 183-184 (1635).
Chile y América en su Historia Económica. Parte I: La herencia colonial
46
Cuadro Nº 1: Resumen de Escrituras de Obligaciones,
Escribanos de Santiago 1621-1670 (por decenios)
Período Número de obligaciones
1621-1630 406
1631-1640 1.415
1641-1650 1.578
1651-1660 1.757
1661-1670 124
1621-1670 5.280
Fuente: Escribanos de Santiago volumen 150 al 256
Cuadro Nº 2 Resumen de Escrituras de Obligaciones,
Escribanos de Santiago 1559-1566 (por año)
AÑOS
Número de
obligaciones
Monto/ Créditos
1559 24 9.697
1564 11 2.442
1565 49 18.258
1566 11 8.151
Fuente: Álvaro Jara y Rolando Mellafe, Protocolos de los Escribanos
de Santiago. Primeros Fragmentos, 1559 y 1564-1566, Tomos I y II
Por estas razones que el sistema de préstamos vino de una u otra forma a reemplazar a
las monedas por la utilización de instrumentos de uso público- obligaciones-, que hicieron las
veces de monedas para permitir la circulación de las mercancías al interior de la economía
colonial. De lo contrario hubiésemos estado en presencia de una economía de trueque, lo
cual no refleja la situación real de la economía colonial, toda vez, que las operaciones de
préstamos siempre se valorizaron en moneda con el fin de implementar un sistema de precios
coloniales, que posibilitará efectuar, por una parte la transacción comercial, y por otra que el
sector mercantil de Santiago pudiese implementar desde el préstamo colonial una estructura
de dominación sobre los productores de la región. Se debe apuntar al mecanismo de control
desde la capital y la capacidad de instituir de forma intencional las prácticas de los intercam-
bios no equivalentes.
La matriz de circulación: el préstamo como facilitador de los intercambios.
La primera precisión que debe plantearse, es que la economía colonial y en forma es-
pecial, la de la gobernación de Chile, era básicamente agraria, por lo tanto, no es posible
pretender visualizar algunos rasgos del capitalismo o proto-capitalista, pues la condición de
ser agraria restringe de sobremanera la constitución de los mercados y en forma especial el
del préstamo, toda vez, que la condición anterior imposibilitó la consolidación de estos, por el
factor del autoconsumo, característica de las unidades de consumo y producción en el mundo
colonial, es decir, las familias en especial las de las áreas rurales, las cuales poseían un
porcentaje importante de autoconsumo, y además concentraba un porcentaje importante de
la población de la gobernación. Si uno las compara con las familias de las zonas urbanas que
Leopoldo Tobar Cassi - Mecanismos de pago y préstamo colonial. Santiago 1620-1670
47
poseían un consumo mayor, por existir una mayor división del trabajo social y además por no
ejercer actividades relacionadas con la agricultura. Lo anterior no permitió dinamizar en el siglo
XVII el mercado del crédito colonial, pues existía un sector de la economía que escapaba a la
demanda de préstamos, ya sean de consumo o de inversión. Se debe apuntar que la mayoría
de las operaciones de préstamos en el área de Santiago en los siglos XVI y XVII, y hasta la
primera mitad del siglo XVIII, fueron canceladas en especies. Lo anterior se puede confirmar
a través de la exhumación de las fuentes notariales y de la implementación de la Casa de
Moneda a partir de la segunda mitad del siglo XVIII, que vino a pretender resolver el problema
endémico de la economía colonial, el cual es la cantidad de numerario en circulación para el
funcionamiento de esta.
La segunda de las razones que restringió la consolidación de un sistema de préstamos
más dinámico, fue la lenta conformación de un mercado colonial, por una parte, y por otro,
los efectos perniciosos que trae consigo la conformación de éste en la economía colonial.
Carmagnani nos plantea que el mercado colonial está limitado en su conformación por los
efectos que produce el autoconsumo al interior de este, pues al existir una producción que no
se incorporaba a los circuitos de comercialización colonial, genera que aquella producción no
demanda por los mercados, produce como efecto al interior de la economía colonial, que la
producción no- agrícola no poseía un mercado que fuera capaz, por un lado de consumir los
excedentes no agrícolas que se generaban en el espacio urbano, especialmente producción
artesanal. Lo anterior, se explicaría pues existían solo cuatro ciudades, las cuales eran: La
Serena, Concepción, Chillán y Santiago, que formaban los incipientes mercados que pudieran
dar cuenta de la producción no agrícola que estaba limitada por el autoconsumo, y además
por ser estos los únicos lugares urbanos en la gobernación en donde se produce una diferen-
ciación del trabajo, que permitiera la demanda de los productos derivados que de aquellos
grupos que no se dedicaban a la agricultura. Por otra parte, el sector no asociado a las activi-
dades productivas- agropecuarias- y que se transformaron en los productos que dinamizaron
el comercio exterior, tenía un crecimiento menor que el resto de la economía (Carmagnani,
1998), y en donde la inversión, por parte del sector mercantil, fue nula por ser sectores no
engarzados con el comercio exterior
7
. Los efectos perniciosos que engendraba el mercado
colonial tienen que ser visualizado por el poder que adquiere el sector mercantil de Santiago
al interior de este espacio económico que se fue consolidando y que posibilitó que la elite de
Santiago se transformara en un grupo hegemónico en la gobernación de Chile. Lo anterior se
concretó en la medida que aquel sector mercantil se asoció a los sectores externos que gene-
raban una dominación sobre la economía colonial a partir del poder de compra que ejercieron
dichos sectores. Esto se reproducía al interior a través, primero del control de los precios que
ejercían la elite mercantil de Santiago sobre los productos que se importaban y los que se ex-
portaban, y por implementar la lógica de los intercambios no equivalentes. Lo antes expuesto
trajo como consecuencia:
• La economía de la gobernación quedo mediatizada por las presiones que se ejercían
desde el exterior.
• Que el nivel de crecimiento y desarrollo de los mercados regionales fuera distinto
entre las distintas regiones de la economía colonial.
7 Se puede señalar como una aproximación al tema de la condición mono productora de la economía chile-
na, que el síndrome holandés se instaló más temprano en nuestra economía que lo que a veces se piensa.
Chile y América en su Historia Económica. Parte I: La herencia colonial
48
• La imposición que se ejerció desde el exterior sobre los precios de las exportaciones
e importaciones y cómo esto se reprodujo al interior de espacio colonial de Chile por
parte de Santiago.
• Que los mecanismos de Intercambio no equivalente aceleraron la formación de los
mercados coloniales, y con la consiguiente hegemonía de Santiago por sobre el resto
de las economías regionales (Carmagnani, 2001).
La tercera razón se relaciona con la cantidad de numerario que tenía disponible nuestra
economía para destinar a las operaciones de préstamo. Como la economía colonial está en
la esfera de las economías naturales o en transición a una de carácter monetaria, esto ex-
plicaría el porqué de las restricciones que se evidenciaban en la colonia para contar con la
suficiente cantidad de monedas que posibilitaran el surgimiento de un incipiente mercado de
capitales en nuestra gobernación. Además se debe contabilizar el drenaje que significaba
para las economías latinoamericanas las exigencias de la corona española por metálico desde
sus colonias.
A modo de conclusión.
El primer piso del sistema se relaciona con aclarar, para comprender su funcionamiento
y si tiene relación con la definición de este, es decir, tratar de conceptualizarlo para poder
comprenderlo. En esta ponencia se usó el concepto de sistema económico natural-monetario
en transición a una monetario –proto-capitalista-, es decir, por una parte no es totalmente na-
tural, porque existía un número importante de operaciones que escapaban al ambiente de la
economía de trueque, pues por lo general las operaciones de trueque no se escrituraban, en
cambio las obligaciones del siglo XVI y XVII nos ofrecen intercambios que son monetarizados,
y por otra, no es totalmente monetaria, pues no todas las operaciones eran de este carácter.
El segundo piso del sistema económico colonial está representado por el comercio, pues
esta actividad es lejos la más lucrativa, porque permitió por una parte, acumular grandes
fortunas en el período colonial, y por otra, también genero las mayores ruinas entre los merca-
deres por los vaivenes del comercio interior y exterior. Además los grandes articuladores de
la economía fueron precisamente los mercaderes y comerciantes, que posibilitaron que este
sistema, con todas las trabas que tenía, se dinamizara de la forma que lo hizo, independiente-
mente que la principal actividad generadora de recursos económicos para el espacio peruano
fuera la minería, pero no se puede desconocer que el sector mercantil fue quien invirtió las
utilidades que entrego la minería colonial.
El tercer piso de este sistema económico está dado por el préstamo, que para el caso es-
pecífico de la región de Santiago, sirvió para dinamizar el comercio local, en la medida que po-
sibilitó la circulación de las mercancías dentro del espacio regional, pues frente a la carencia
de numerario en la economía, las obligaciones reemplazaron a las monedas, en la medida
que los mercaderes pudieron vender aquellos productos que no podían producir las econo-
mías familiares, y poder captar los excedentes de la producción de estas mismas unidades
económicas, para así poder articularse con la economía del virreinato del Perú, y permitir la
circulación de los bienes en el espacio regional. Para el siglo XVIII, el préstamo se acercó más
al sistema capitalista, esto es la transición que se está experimentando desde una economía
natural a una monetaria, pues la mayoría de las operaciones fueron canceladas en monedas,
aunque se debe apuntar que disminuyeron de forma importante el uso de obligaciones desde
5.280 para el período 1620 a 1670 a 946 para el lapso de 1751 a 1800, pero aumentaron los
Leopoldo Tobar Cassi - Mecanismos de pago y préstamo colonial. Santiago 1620-1670
49
volúmenes de dinero entorno a los 2.196.788 pesos, con lo cual nos demuestra en forma clara
este tránsito desde lo natural a lo monetario. El préstamo jugo una función importante, porque
posibilitó la circulación de las mercancías al interior de los espacios económicos de América
colonial y Santiago con todas las restricciones que se han planteado hasta aquí. No se puede
comprender el funcionamiento de la economía colonial sin prestarle la atención necesaria al
préstamo, porque de lo contrario podemos caer en explicaciones que no tienen asidero en
la realidad colonial, es por esto que planteamos este mecanismo como funcionamiento del
sistema económico colonial.
Referencias.
Braudel, Fernand, 1994, . |··~ +· c,···~, México, Fondo de Cultura
Económica.
Carmagnani, Marcello, 2001, .~· |·~···~· +· v+ |~~·~·~ ·· .· ·~~·++
c~~· c·· ,·--. Santiago, Ediciones de la Dirección de Bibliotecas, Archivos
y Museos, Centro de Investigaciones Diego Barros Arana, Colección Sociedad y Cultura.
Jara, Álvaro; Rolando Mellafe, 1996, -·~·~~~~· +· ~· |·~···~· +· ···,~ -····~·
··,····~· ··· , ·····Santiago de Chile, Ediciones de la Dirección de Bibliotecas,
Archivos y Museos.
Romano, Ruggiero, 1998, |~··+· ··.+~·~··+· , ~·~.~~· ·~···· ·· ·
·~~·~·.· +· |··~~ Ciudad de México, Fondo de Cultura Económica.
Villalobos, Sergio, 2000, -··~· +· -.··~ c···~. Editorial Universitaria, Santiago,
Tomo IV.
Fuentes manuscritas.
Escribanos de Santiago, volúmenes desde 150 al 256. Real Audiencia, volumen 2242.
PARTE II: COMERCIO Y MOVILIDAD
INTERNACIONAL DE LOS FACTORES
53
REGIONAL TRADE IN LATIN AMERICAN SOUTHERN CONE (1913-1950):
THE NEGATIVE EFFECT OF HIGH TRADE COSTS AMONG
NEIGHBOURING COUNTRIES
Marc Badia Miró
Anna Carreras-Marín
Universidad de Barcelona
I. Introduction.
Economist have for long studied the role of trade costs on international economic integra-
tion. In today’s global economy, they have identified the significance of a wide range of barriers
to trade, such as tariffs, transportation costs and all other factors that impede international
trade. That’s even more important when we try to understand international trade for past pe-
riods. (Jacks et al., 2010, 2011) have developed a method to measure the importance of this
set of impediments to trade during the First Globalization. Their work is particularly relevant
as they focus on a period in which so many exports have been made in order to compile and
quantify the magnitude of trade costs and the consequent price convergence among distant
regions of the world. The main contribution of these authors has been to approach trade costs
from a gravity model, which allows them to decompose the effect of trade costs and economic
growth in that period. Their main finding is that from 1870 to 1913, the reduction of trade costs
explains around 44% of the increase on trade, meanwhile economic expansion meant the re-
maining 56%.
In contrast with the work of (Jacks et al., 2010, 2011) we focus on a de-globalization pe-
riod, covering the years from 1913 to 1950. In this context, we have not faced international
economic integration but regional economic integration among a sample of South American
countries. Our argument consists on the idea that external shocks - First World War, the Thirties
Depression and Second World War -, produced an extraordinary opportunity for Latin America
to promote regional integration through the expansion of pre-existing industrial capacity. We
consider the period as a “natural experiment” to regional integration once the main competitors
were under hard circumstances in the international markets.
Latin American industrialization play a central role in our argument. We ask whether low
regional trade was due to lack of economic growth or it was a consequence of higher trade
costs among neighbouring countries. The spread of the industrialization in the European core
and in the USA produced an intense export specialization in food and raw materials for Latin
Chile y América en su Historia Económica.
Parte II: Comercio y movilidad internacional de los factores
54
America during the first globalization. The high dependency on the international prices of these
commodities has lead to Latin America into periods of fast growth, followed by huge economic
decreases. As a result, high volatility has been one of the main obstacles to sustain Latin Ame-
rican economic growth in the long run (Bértola & Williamson, 2006; Bértola & Ocampo, 2010).
In the first half of the 20th century, the huge disruptions of the world wars and the Great
Depression of the thirties drove a change in the integration of Latin America into the international
markets (Coatsworth & Williamson, 2004). Changes in trade among Latin American countries
and their main trade partners, due to the I World War has been well explained by many au-
thors (Bulmer-Thomas, 2003; Bértola & Williamson, 2006; Findlay & O’Rourke, 2008; Bértola &
Ocampo, 2010). Although the motivation of the work includes the whole Latin American coun-
tries, we have only focus on a small sample: Argentina, Chile, Peru, Brazil and Bolivia. These
countries represent the South Cone of America, aside from Paraguay and Uruguay, countries
for which we do not have data or our data is not accurate enough. Our country sample coin-
cides which what today is Mercosur, one of the most successful regional integration agree-
ments in LA nowadays, after the exceptional NAFTA.
As it usually happens in Latin American economic history, any country aggregation hides
huge diversity. The obvious first distinction refers to their economic size. Meanwhile some of the
countries are large as Brazil or Argentina; others are really small, as Bolivia. Diversity also cha-
racterizes their economic performance. While Argentina, Chile and Peru recovered their exports
soon to the levels before the World War I, Brazil and Bolivia had many problems which were
compounded by the collapse during the Great Depression (Findlay & O’Rourke, 2008; Bértola &
Gerchunoff, 2011). In the first group of countries, trade surplus appeared due to the stagnation
of imports. At the same time, NBTT (Net Barter Trade of Terms) started to decline in favour of
manufacturing export countries (Ocampo & Parra-Lancourt, 2003, 2010).
In that context, hypothetically, geographical proximity and the existence of some degree
of economic complementarity could make possible an increase in regional trade. For these
countries, this shift appeared as a natural response in a de-globalization world where trade
costs increased and imports suffered strong shortages in semi-manufactured and manufac-
tured goods. War and world trade disruptions could have signified a de facto protection against
the competence from the more industrialized economies (Albert, 1988). On the other hand, the
period offered to Latin America what (Williamson, 2011) calls a |.·~· ····. But, commercial
disturbs had also had negative effects on Latin American industries through the reduction of the
availability of key inputs as machinery or combustibles. The net balance of these two opposite
effects is not yet clear.
There is some degree of consensus about the stages of industrial consolidation in Latin
America.
1
However, there is less agreement about the strength of each stage and the driving
forces behind them. While some authors claim that industry was consolidated in several coun-
tries before the IWW
2
or the IIWW (Haber, 2005, 2006), others warn that industrial growth must
not be confused with industrialization (Ocampo, 2004).
1 Four stages have been proposed: 1) the result of export expansion and market integration during the first
globalization. 2) The response to the collapse of the world market during the inter-war period, specifically in
those countries with more connections with the European core. 3) Started in the late 1940s and was charac-
terized by the rise of explicit state programs on import substitution. 4 And last) the “mature” stage began in
the early 1960s. (Cardenas et al., 2000).
2 (Williamson, 2011) indicated that many countries in the Southern Cone where members of the industrialized
club (Argentina, Brazil and Peru) during the Inter-war period. (Bulmer-Thomas, 2003) added Chile to this
group where modern manufacturing was established.
55
Marc Badia Miró - Anna Carreras-Marín
Regional Trade in Latin american Southern Cone (1913-1950)
(Bulmer-Thomas, 2003) points out that the reasons behind this starting process of indus-
trialization relied on urbanization, the economic expansion during the First Globalization, reduc-
tion of internal transport costs through the building of infrastructures, and changes in relative
prices (imports get more expensive and, as a result, domestic production got more competi-
tive). In the demand side, the war affected those manufactures linked with the export sector
and the reduction of income, restricted the domestic demand. Therefore, those manufactures
which compete with foreign products, expanded their production (consumer goods). Industrial
success during this period relied in the previous base of it and in the capacity of a country to
break with its import dependence:
“As the war in Europe intensified, the demand for strategic materials rose. Prices
soared, and a number of Latin American countries enjoyed a spectacular improvement
in their export earnings and their Net Barter Terms of Trade. Coupled with the conti-
nuing restrictions on competing imports, this provided a strong stimulus for those coun-
tries with sufficient industrial capacity to expand output without the need for major in-
vestments. In the small republics without significant manufacturing capacity, however,
domestic output could not expand; the stimulus simply provoked higher prices.” (Bul-
mer-Thomas, 2003).
In that sense, during the war, those countries with small manufacturing capacity, as Bolivia
among others, didn’t get any success. Other countries, as Chile and Peru, took advantage of
the situation and expanded their manufacturing capacity in both tradable and non-tradable sec-
tors. Argentina, with a manufacture linked to the export sector, suffered a lot. Exports reductions
deteriorate the demand and the expansion of other manufacturing sectors could not substi-
tute them. They also suffered the restriction in machinery imports (Miller, 1981; Tafunell, 2009).
Brazil was a specific case due to the economic policy applied during IWW. High budget deficits
provoked inflation and the rise of nominal wages and prices impulse the demand of non-durable
goods. However the end of the war and the return to restrictive policies ended this expansion.
3
Inflation problems in many countries added to the expansion of manufacturing capacity
in the European core, that lowered import prices, affected the competitiveness of this starting
import-competing manufacture. Additionally protectionist changes in trade policy had been
implemented during the 1920s. Argentina’s industry recovered in parallel with the recupera-
tion of the export sector. For Chile, the debate is still open. (Palma, 1979, 1984) claimed that
industrialization took off during the inter-war period meanwhile (Muñoz Gomà, 1968; Ducoing &
Badia Miró, 2013) defend the stagnation of the industry during this period. Despite the restric-
tive economic policy in Brazil, during the 1920s, the performance of their industry was not bad,
achieving their pick around 1929.
3 (Findlay & O’Rourke, 2008) citing (Mitchell, 2007) “the Brazilian manufacturing output more than doubling
between 1914 and 1918.”
Chile y América en su Historia Económica.
Parte II: Comercio y movilidad internacional de los factores
56
Table 1: Share of industrial GDP in SA, c.1930
Country Year Share of GDP
Argentina 1928 19.5
Brazil 1928 12.5
Chile 1929 12.6
Peru 1933 7.7
Source: (Blumer-Thomas, 2003) pp. 180-188.
As we can see in table 1, during the 1920s, the industry has spread in many of the countries
of the Southern Cone and, although it was not the leading sector, and the export led growth still
was the engine of the economy, they could be a source to impulse regional integration fores-
ting manufactured trade among these countries. But, as (Peres Cajías et al., 2012) pointed out
in, this was not the case. Regional trade increased during the whole period, and it achieved
maximum records in the long run during the IIWW but even though it was really small if we com-
pare it with other regional trade integrations in Europe or Asia.
Although Latin American literature do not agree about the degree of industrialization in
Chile, Peru, Argentina or Brazil during this period, it is clear that an incipient industry has been
developed. Debates focus on if such an industry was enough or not to be named as an indus-
trialization beginning. To our concerns in this paper we are only interested in the fact of having
some industrial capacity, which has been proven in the literature. We focus more on the poten-
tial of these industries, in an extraordinary period of “natural proteccion” for Latin America. In
the 1950s, ECLAC was quite explicit about the poor role but the higher potential of intraregional
trade in Latin America:
“the ECLAC secretariat should carry out more thorough research into the situation of
Latin America as a whole, so as to examine the reasons why inter-Latin-American trade
reaches levels lower than might be expected from the complementary nature of several
of the economies concerned.” (ECLAC, 1957)
Once we have stated the potential of industrial production in some of our countries, our
objective is to understand the lower performance of regional trade, and specifically, if the low
trade of manufactures was produced by a lack of competitiveness or a problem of trade costs.
We consider trade costs in a broad sense including freight rates, tariffs, non-tariffs barriers,
information costs among others. The diversity and complexity of all this set of factors have been
overcome following (Jacks et al., 2011) approach.
The paper is organized as follows. In the second section we estimate trade costs for our
South American countries. Section three presents the decomposition of regional trade into its
main drivers, including GDP growth, income similarities, trade costs and trade intensity. In sec-
tion four we explain the preliminary conclusions of our work and present the main lines of future
research.
Considering that, our objective is to understand what relied behind the lower performance
of intraregional trade, and specifically, if the low trade of manufactures is produced by a lack
of competitiveness of this sector or exist a huge problem of trade costs. To do that, firstly,
the paper analyses intraregional trade costs among five South American countries: Argentina,
57
Marc Badia Miró - Anna Carreras-Marín
Regional Trade in Latin american Southern Cone (1913-1950)
Bolivia, Brazil, Chile and Peru. Secondly, we go deeper in the main determinants of this trade
costs, namely transport costs, lack of infrastructure, tariffs among others. The paper is orga-
nized as follows. In this part we also run an econometric estimation to identify the main drivers.
Third section concludes.
II. An estimation of trade costs in South America.
Although the level of regional trade has been persistently low, its tendency over the period
from IWW to IIWW was an increasing one (Peres Cajías et al., 2012). This increase of regional
trade gives support to our hypothesis of the period as an opportunity to regional economic inte-
gration, in front of the previous persistent dependency on trade with developed countries during
the First Globalization. This fact was clearly identified by ECLAC in the fifthties, to the point that
they have based their economic reports on import substitution industrial policies including the
promotion of regional trade agreements. In this framework, it is really crucial to understand
which was, and perhaps still does, impede the growth of regional integration.
The data for the period 1912-50 came from (Peres Cajías et al., 2012) who use the original
o··~ |~··,· ·+· ·····~· of our sample countries, available at the University of Barcelona
archive. This data was on local current currencies and we have used it only as shares over total
annually. We have calculated intraregional trade for our country sample, applying these shares
over series of total trade in US current dollars (Braun et al., 2000). This methodology assures the
use of an homogeneous classifications.
4
To obtain a proxy for trade costs we have followed the work done by (Jacks et al., 2011).
Their work is derived from a gravity equation proposed by (Anderson & van Wincoop, 2003):
Where x
ij
is the bilateral trade among country i and country j, y
i
is the output for country
i, y
j
is the output for country j, y
W
is the output for the whole World, t
ij
is the bilateral trade cost
factor,
i
is the outward multilateral trade resistance and P
i
is the inward multilateral trade resis-
tance or an average trade barriers.
In their work they considered the approximation done by (Head & Ries, 2001; Novy, 2013)
to eliminate multilateral resistances from eq. (1). These authors considered a gravity equation
for domestic trade:
If we divide bilateral trade of both countries (eq. 1) by domestic trade, also for both coun-
tries (eq. 2) we obtain:
4 Temporal and spatial coverage of Latin America’s own statistics has increased significantly since the early
twentieth century. Recent studies have qualified Latin American Official Foreign Trade Statistics for the
beginning of the 19th century, as reasonably useful and accurate for most countries prior to 1950 (Carre-
ras-Marín & Badia-Miró, 2008). For a more detailed description of the sources and the reliability of the trade
data see (Peres Cajías et al., 2012).
Chile y América en su Historia Económica.
Parte II: Comercio y movilidad internacional de los factores
58
if we define T
ij
as the trade costs between country i and country j, which considers the
square root of the bilateral relative to domestic trade costs, to obtain the geometric average.
Finally, we subtract one to normalize it:
Where T moves in a range between T=∞ in a close economy where xij = xji =0, and T =
0 in a world with no frictions (or where T
ij
= T
ji
= T
ii
= T
jj
= 1). Due to the existing difficulties to
obtain domestic trade we consider the same shortcoming used by (Jacks et al., 2010), namely,
domestic trade could by defined as a share of the whole economy (GPD) less the part of this
economy which is traded:
Then, if we consider eq. 4 and eq. 5, we obtain:
Bilateral trade and total exports figures comes from (Peres Cajías et al., 2012). GDP in
constant $US from Argentina, Brazil, Chile, Peru, UK and USA comes from (Maddison, 2010).
GDP figures from Bolivia come from (Peres Cajías & Herranz-Loncán, 2011). Two other as-
sumptions must be done to obtain the results, the share of tradable goods and the elasticity of
substitutions. We consider the same values as (Jacks et al., 2011), s = 0.8 and = 8, assuming
that the share is the same for all the countries.
Considering that, our objective is to build a proxy for trade costs, focused on the diffe-
rences between trade among South American countries and trade between South American
countries and their main trade partners, namely United Kingdom and USA. To obtain trade
costs among South American countries we have considered the weighted average (the share of
each pair over total intraregional trade), of each pair of regional trade figures. We have followed
the same strategy for trade costs between South America and the core economies. Results can
be observed in figure 1.
59
Marc Badia Miró - Anna Carreras-Marín
Regional Trade in Latin american Southern Cone (1913-1950)
Figure 1 – Transport costs among SA countries vs. between SA
and Core economies, 1910-1950
Source: own elaboration
Figure 1 clearly supports our hypothesis of higher trade costs among neighbouring coun-
tries in the South Cone of America. Opposite to what happened during the First Globalization,
in this period trade costs followed an increasing tendency, with the exception of the thirties and
the end of the Second World War. But more important than the absolute performance of these
variables, which depict a de-globalization in the international global markets, it is its relative
distance which really matters for our argument. Figure 2 shows the difference between SA trade
costs and those of SA with the core economies. IWW didn’t change the distance between both
trade costs. During the twenties, distance even increased in favour of the core economies. The
thirties produced a huge but brief decrease of the relation. It was not until the IIWW when trade
costs among SA went down related to trade costs with the core economies. Nonetheless, they
went back to the previous situation in the fifthties.
Figure 2 - Difference between trade costs between Latin America and the core economies
and among Latin American countries, 1910 - 1950 (in percentage)
Source: own elaboration
Figure 3 shows the relation between trade costs and regional trade in South America. At
the end of the First World War regional trade increased but trade costs remain more or less the
same. During the Great Depression both variables moved dramatically, trade costs decreased
Chile y América en su Historia Económica.
Parte II: Comercio y movilidad internacional de los factores
60
and regional trade increased, but only for a short time. The most important increase of regional
trade was during IIWW, when a modest decrease of trade costs also occurred.
If we go deeper into the analysis by country, huge differences arise (see figure 4).
Meanwhile some countries shows similar patterns as the one observed in figure 1 as Argentina
or Brazil, others as Chile, Peru and Bolivia evolve quite different. In the cases of Bolivia, Chile
and Peru the First World War did have an impact on trade costs, meanwhile for Argentina and
Brazil it was negligible. The dramatic decrease of the thirties was huge only in the two big coun-
tries, but it was not so huge for the other three. Considering that we do not have data for the
Brazilian case in the forties and fifthties, the increase of the Second World War can be clearly
observed in all the countries. This result emphasizes the extraordinary impact of IIWW on re-
gional trade for SA as a whole.
Figure 3 - Trade costs in South America and Regional Trade, 1910 - 1950
Source: own elaboration
61
Marc Badia Miró - Anna Carreras-Marín
Regional Trade in Latin american Southern Cone (1913-1950)
Figure 4 - Trade cost differences among South American trade and between
South American trade and their main trade partners, 1910-1950.
Source: own elaboration
III. Conclusions and further research.
Many studies have focus on the effect of trade costs during the first globalization, but we
focus on here its effect on a de-globalization period. As a consequence instead of trying to
understand an international economic integration we are interested in regional economic inte-
gration among a sample of South American countries. We have estimated trade costs for Argen-
tina, Chile, Bolivia, Peru and Brazil from 1913 to 1950, among them and also for them with their
main trade partners, USA and UK. We have considered the period as a “natural experiment”
in which external shocks-First World War, Great Depression and Second World War- gave an
Argentina Bolivia
Brasil Chile
Peru
Chile y América en su Historia Económica.
Parte II: Comercio y movilidad internacional de los factores
62
opportunity to domestic industries to export to its neighbours. Although we are not directly inte-
rested in the debate about an early industrialization before the implementation of the ISI policies
in the region, pre-existing industrial capacity is crucial for our argumentation. We consider that
some of our countries, particularly Chile, Brazil, Argentina and Peru, had some pre-existing
industrial capacity, to be able to substitute importation from abroad with their neighbours. A
net importer in this story should be Bolivia, the only country where no industries have been de-
veloped strong enough to promote exportation. Its purchases of consumer goods could have
been an opportunity for the industries of Peru, Chile, Argentina or Brazil, to substitute previous
imports from USA or Europe.
The main contribution of the paper is to highlight the importance of higher trade costs
among neighbouring countries relate to lower trade costs with the core economies. Our results
emphasize the role of this factor as the main impediment
to regional trade. Once we have stated the importance of trade costs in this period, we
should go on into its causes. Our future research will focus on the reasons behind the existence
of higher trade costs among Latin American countries between 1913-50. We plan to include
into our regression factors such as freight costs, distance, tariffs, NBTT, wars and diplomatic
relationships or factor endowments among others.
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65
MIGRACIONES EXTRANJERAS, COMERCIO Y OCUPACIÓN DEL ESPACIO
URBANO EN LA REGIÓN DE ANTOFAGASTA DURANTE EL CICLO SALITRERO.
UNA APROXIMACIÓN
José Antonio González Pizarro
1

Universidad Católica del Norte
Introducción.
Durante la hegemonía de la industria salitrera en nuestra historia económica y, con mayor
énfasis, en las regiones calicheras del norte, se dieron cita en el caso de la región de Antofa-
gasta una serie de factores que motivaron un incremento de la migración extranjera, tanto eu-
ropea como latinoamericana, que acrecentaron la actividad comercial de diversa magnitud co-
rrelativa con los ciclos de bonanza y crisis del salitre. La consolidación de un potente mercado
laboral en los sectores primarios- vinculados a la extracción minera calichera y cuprera- como
terciario, centrado en los medios de transporte, marítimos, ferroviarios, y mercantil, incidieron
en el crecimiento de la urbe que se expandió hacia los sectores norte y sur de su radio urbano.
La presencia extranjera replanteó el uso del espacio periférico y muy especialmente del centro
citadino.
La ocupación del espacio urbano supuso varios aspectos ligados con la migración eu-
ropea. Uno, fue el delineamiento de un estilo arquitectónico que se reflejó en las principales
casas comerciales y entidades bancarias y en los rasgos de las viviendas privadas; dos, la
formación de áreas residenciales exclusivas y tres, la irradiación de algunos rasgos nacionales
característicos, principalmente en el ámbito deportivo que se tradujo en puntuales referencias
urbanas durante el ciclo salitrero.
Naturalmente la presencia extranjera exhibió una asimetría entre el volumen demográfico,
el capital humano cualificado y el aporte de capitales, por lo que en lo que en este avance de
investigación, nos centraremos en dos nacionalidades, la británica y la argentina, en las temá-
ticas de la relación entre el comercio y la ocupación del espacio. De esta manera, la ocupación
del espacio urbano nos revela tentativamente el uso del suelo y una funcionalidad específica
(Bozzano et.al, 2008). que, en el caso que nos ocupa apunta a correlacionar no solamente las
funciones citadinas, v.gr. residenciales, económicas, sino procurar determinar en una primera
1 Doctor en Historia, Universidad de Navarra. Profesor Titular Facultad de Ciencias Jurídicas, Universidad
Católica del Norte. El artículo se enmarca en la ejecución del proyecto Fondecyt 1130785, año 2013, y del
proyecto Proyecto NS 100046 Iniciativa Científica Milenio, año 2013.
66
Chile y América en su Historia Económica.
Parte II: Comercio y movilidad internacional de los factores
instancia los lugares de residencias en el plano urbano de los comerciantes, que tiene por
objetivo la ponencia. Posteriormente, buscar las correlaciones entre los lugares de residencias
y los espacios de los establecimientos de sus negocios que, por exigencias de espacio, no
examinaremos.
Habrá que considerar que la región de Antofagasta se incorporó a la soberanía nacional,
+· ·~·~ con la ocupación militar de febrero de 1879, y +· .··, con la creación del departa-
mento el 2 de mayo de 1879 y fundamentalmente con la erección de la provincia el 13 de julio
de 1888 (González, 2010:927). No obstante, tempranamente se tiene una visión demográfica
de Antofagasta, a partir del censo municipal de 1875 (Rojas, 1883) y de los datos que con-
signa la Compañía de Salitres y Ferrocarril de Antofagasta, sobre los contingentes de extran-
jeros
2
. Y estos antecedentes delatan la influencia británica en la zona, que se va a corroborar
en los censos nacionales de 1885, 1895, 1907, 1920 y 1930.
Hemos adoptado el criterio que los censos de 1920 y 1930 establecieron para el rubro del
comercio: Abastecedores, Agentes de Aduana, Aseguradores, Banqueros, Buhoneros, Comer-
ciantes, Comisionistas, Corredores, Fondistas, Martilleros, Prendedores, Suplementeros, como
actividades generales, lo que significó que no se incluyeran dentro de ellas las siguientes:
dentro de los ····~·+~··· (proveedores y abasteros), ··o.··~· (empleados de Banco),
·.·~···~· (faltes, vendedores ambulantes, comerciantes de calle, comerciantes ambulantes,
fruteros), ~~···~···s (bodegueros, despacheros, almaceneros), ~~··~···· (vendedores
viajeros, consignatarios), ~~···+~··· ( agentes de cambio, bolsistas), ·~·+··· ( hoteleros, po-
saderos, cafeteros, bodegoneros, restoraneros, chinganeros, cantineros, coperos),·····~·
(ferieros, empleados casa de remate), ,···+··~· (agencieros, tasadores), ·.,·······~· (dia-
reros) (Dirección, 1925: XXX).
La evolución demográfca entre 1885-1930 y los factores migratorios.
La presencia censal de argentinos y británicos en nuestro país fue desigual pues, mien-
tras los argentinos hacia 1885 sumaban 9.835, en 1895 eran 7.507, en 1907 arrojaba 6.956,
para aumentar en 1920 a 7.362 y en 1930 contabilizar 7.048; los ingleses mostraron mayores
altibajos pues pasaron en 1885 de 5.310, en 1895 a 6.838, en 1907 a 9.845, para descender
en 1920 a 7.220 y en 1930 a 5.292 (Dirección, 1931).
Una aproximación a la realidad inmigratoria en la región de Antofagasta, habrá que con-
siderar que en 1885, el 78% constituía la población urbana y un 22% la rural (Oficina, 1889:
XXXIX). Diez años después, la provincia de Antofagasta, dividida en tres departamentos, re-
gistra en Antofagasta 552 argentinos, 348 hombres y 204 mujeres, de los cuales 327 hombres
y 192 mujeres eran residentes; en cuanto a los británicos, de 314, 289 eran hombres y 25
mujeres, distribuidos en 171 hombres y 25 mujeres eran residentes. En Tocopilla, eran 117 los
argentinos, 79 hombres y 38 mujeres eran los residentes; 188 británicos, distribuidos en 179
hombres y 9 mujeres, con 82 hombres y 7 mujeres residentes. En Taltal, eran 210 los británicos,
188 hombres y 22 mujeres, 77 hombres y 21 mujeres residentes. De estos totales, los argen-
tinos declaraban ser 44 comerciantes y los británicos contabilizaban 22 comerciantes (Oficina,
1900: 129,130,131,172,174).
En 1907 la región experimentó un desarrollo inusitado, derivado de la expansión de la
industria salitrera que erigió nuevas oficinas en distintos cantones que estimuló al comercio es-
2 Archivo Nacional: Fondos del Salitre, Actas de la Compañía de Salitres y Ferrocarril de Antofagasta, volú-
menes 309-312, años 1874-1877.
67
José Antonio González Pizarro - Migraciones extranjeras, comercio y ocupación del espacio
urbano en la región de Antofagasta durante el ciclo salitrero
tablecido en los puertos salitreros, que eran las ciudades cabeceras de departamentos, como
Antofagasta, Tocopilla y Taltal. Un factor relevante en el progreso mercantil lo constituyó la red
ferroviaria del FCAB, que después del Tratado de Paz y Amistad entre Chile y Bolivia, de 1904,
aumentó su importancia reflejado con la refundación del poblado de Mejillones que cobijó la
nueva Maestranza del FCAB. El censo de 1907 se hizo eco de este cambio experimentado
en la provincia: “El comercio ha tomado también una importancia considerable, pues no solo
atiende las necesidades de la provincia, sino que, por la gran línea férrea que une el puerto de
Antofagasta con las rejiones meridionales de Bolivia, sirve al intercambio de toda aquella vasta
i productiva rejion” (Comisión, 1908:70). En el departamento de Antofagasta, la presencia ar-
gentina ascendía a 918 personas, 710 hombres y 208 mujeres, predominando el asiento rural,
con 506 personas, mientras 412 era población urbana. Los británicos eran 1422, donde 1361
eran hombres y 61 mujeres, de ellos 1226 vivían en ciudades y 196 en el espacio rural. Del
total de 1483 comerciantes censados, 676 correspondían a extranjeros. En el departamento
de Tocopilla, se registraban 85 argentinos, de los cuales 63 eran hombres, 48 considerados
población rural; los británicos sumaban 284, 251 hombres, del total 249 vivían en la ciudad.
Del total de 252 comerciantes, 87 eran extranjeros. En el departamento de Taltal, los argentinos
censados eran 876, distribuidos en 637 hombres y 239 mujeres, predominando la población
rural con 734 frente a 142 que eran residentes en Taltal. De los 742 comerciantes existentes,
209 eran extranjeros. En general no se especificaba su nacionalidad (Comisión, 1908: 78, 81,
88, 91, 99, 102).
Hacia la etapa final del apogeo salitrero, del sistema Shanks, inicio de 1920, las dos nacio-
nalidades exhibían los siguientes guarismos (Dirección, 1925: 290-291):
Cuadro 1: Población argentina e inglesa hacia 1920
Depto Nacional Hombres Mujeres Total Nacional Hombres Mujeres Total
Antof. Argent. 571 290 870 Ingles 611 177 788
Tocop. Argent. 97 30 127 Ingles. 102 42 143
Taltal Argent. 281 82 363 Ingles. 121 25 146
Para 1930, la distribución de la población en la provincia era de un 49,9 de población
urbana y un 50,1% de población rural, siendo el departamento de Antofagasta el que mostraba
el mejor índice: 66,3 5 de población urbana. La proporción demográfica de las dos naciona-
lidades a nivel comunal se desglosaba del modo que se observa en el cuadro 2 (Dirección,
1931: 183-187).
El censo de 1930 refiere en la población activa de la provincia, un 4,6% dedicada al
comercio que ocupaba a 6861 personas. Era el tercer rubro en importancia después de la
minería con un 44% y 34.038 personas, y la industria que con un 3%, empero las personas que
trabajaban en ella ascendían a 8.807.
Frente a los flujos migratorios de ingleses y argentinos, cabe indicar que las motivaciones
fueron diferentes. Brevemente se puede apuntar que la cercanía fronteriza hizo de los argen-
tinos una procedencia desde las provincias cercanas, empleando el sistema de las redes so-
ciales (Pizarro, 2004) principalmente para recabar información sobre posibilidades de trabajo,
hospitalidad, lo cual incidió a migrar a un segmento, próximo a la frontera, a veces, no provisto
de un capital social cualificado, que se tradujo en una proporción similar de asentamiento en
espacios rurales como urbanos; mientras los británicos y/o ingleses basaron su traslado desde
68
Chile y América en su Historia Económica.
Parte II: Comercio y movilidad internacional de los factores
una protección empresarial proveniente de la situación de una economía de enclave (Cade-
martori, 2008) que posibilitaba un gran mercado laboral, planteado en la región en el control de
parte significativa de la industria salitrera, el transporte ferroviario salitrero y el de gran magnitud
el de Antofagasta a Bolivia, ligado a la principal estructura productiva del país y a los mercados
internacionales. En las decisiones de migrar para ambos segmentos poblacionales gravitaron
los conocimientos, percepciones y conciencia del individuo migrante (González, 2010ª). Las
largas distancias recorridas tuvieron como objetivo un mercado laboral de gran certidumbre,
en las ciudades nortinas, y, como alternativas, las demandas de trabajo provenientes desde la
pampa salitrera, en el ferrocarril o en las actividades comerciales que estaban desplegándose
con vigor. Una confirmación de las leyes de Ravenstein (Arango, 1985; Aroca, 2004).
Cuadro 2: Proporción demográfica de las dos nacionalidades a nivel comunal 1931
Comuna Nacionalidad Hombres Mujeres Total
Tocopilla Argentinos 21 19 40
Tocopilla Ingleses 152 28 180
Toco Argentinos 52 15 67
Toco Ingleses 43 13 56
Calama Argentinos 174 94 268
Calama Ingleses 57 16 73
Antofagasta Argentinos 62 48 110
Antofagasta Ingleses 210 48 258
Aguas Blancas Argentinos 1 1 2
Aguas Blancas Ingleses 2 - 2
Mejillones Argentinos 7 3 10
Mejillones Ingleses 45 27 72
Sierra Gorda Argentinos 84 34 118
Sierra Gorda Ingleses 58 14 72
Taltal Argentinos 8 2 10
Taltal Ingleses 24 17 41
Catalina Argentinos 61 20 81
Catalina Ingleses 8 4 12
La evolución de la ciudad de Antofagasta y la localización comercial migratoria.
La ciudad de Antofagasta evolucionó rápidamente en tres aspectos primordiales: su es-
pacio físico, su población y la ampliación de sus funciones. En lo que concierne a su población,
podemos observar lo siguiente:
La ciudad de Antofagasta pasó de un crecimiento bastante acelerado entre 1885,7.580
habitantes, y 1895, 13.530 habitantes, donde dobla su población, a uno de crecimiento ex-
plosivo en 1907, con 32.496 habitantes, para estabilizarse en 1920 con 51.531 habitantes y
estancarse en 1930 con 53.591 habitantes, producto de la crisis salitrera (Dirección, 1931: 12).
Domingo Silva Narro, en su ·.. +······. ·+.··· , ~~···~ +· ~· ·
,~ , ···~·,·· refiere que en 1895 había 16 comerciantes británicos y para 1914 de las
diecisiete principales casas comerciales, una gran parte estaba bajo dominio británico (Silva,
1914: 395-403).
69
José Antonio González Pizarro - Migraciones extranjeras, comercio y ocupación del espacio
urbano en la región de Antofagasta durante el ciclo salitrero
Una manera de indicar la ocupación del espacio urbano es la declaración de domicilio del
inmigrante. Su localización revela su capacidad económica que se correlacionaría eventual-
mente con el lugar del establecimiento de su negocio.
Importa indicar que el departamento de Antofagasta abarcaba hasta la precordillera, pues
el departamento de El Loa surgirá en 1925. Esta división implicaba una distinción en subde-
legaciones. De las nueve subdelegaciones, interesa especificar las que dividían a la ciudad
de Antofagasta que permite visualizar, desde el casco histórico hasta los nuevos espacios,
distinguiendo en cada una de ellas las calles que dividen la ciudad desde el centro hacia
su expansión lateral meridional y septentrional, que no significan lo mismo en su estimación
de plusvalía y status socio-económico. El sector sur de la urbe concentró la siguiente área
residencial, después del área céntrica, que cobijó las funciones administrativas, financieras y
comerciales de carácter mayorista.
Subdelegación 1. La Chimba, con los distritos: Bahía Antofagasta, 1.El Mar, 2.Hospital.3
BellaVista, Bahía Mejillones. 4. Salitreras, Mejillones.
Subdelegación 2. El Comercio, con los distritos 1. Washington, 2. Nuevo Mundo. 3 Colón.
Subdelegación 3. Prat, con los distritos 1. San Martin. 2. Condell. 3. Angamos.
Subdelegación 4. Maipú, con los distritos 1. Ciudad oriente. 2. El Matadero. Bahía Co-
loso.3. Caleta Coloso.
Este crecimiento espacial y comercial coincide hacia 1907, con la mayor cuantificación de
la inmigración extranjera a nivel nacional, regional y local.
En el proceso urbanístico de la ciudad, se debe considerar que las calles del sector cén-
trico mostraban paradojalmente una concentración de las principales funciones de la urbe-
expresada en renovaciones arquitectónicas- junto a una presencia de conventillos, traducido
en inmuebles levantados ex profeso. Hacia la segunda mitad de la década de 1910, conjun-
tamente con una nueva infraestructura-alcantarillado y red de agua potable, en el sector cén-
trico- comienza una expansión hacia el sector meridional, donde se levantará distintas áreas
residenciales, hasta sobrevenir hacia mediados de la década de 1920, la erección de pobla-
ciones obreras hacia el norte y sector suroriental. En mayo de 1922 se ampliaron los límites
urbanos, llegando hacia la periferia del sur hasta el espacio donde está en la actualidad la
Universidad Católica del Norte (Rivera, 2012: 19-61; González, 2001: 4-40).
Las subdelegaciones fragmentaban a la ciudad, por lo que en las subdelegaciones 2 y
3 concentraban la gran cantidad de establecimientos comerciales. En la subdelegación 2:
encontramos comerciantes argentinos con domicilio en las calles Matta tres, en Sucre tres,
en Bolívar tres, en Serrano dos; en la subdelegación 3, los argentinos se distribuyen en las
calles San Martín, uno, en Prat tres, en Latorre uno, en Baquedano uno, en Condell uno; en la
subdelegación 1, disminuía la presencia de comerciantes argentinos, pues en las calles Lima
se registraba un domicilio, en Sargento Aldea uno y en la subdelegación 4, los comerciantes
argentinos se distribuían en calles 14 de Febrero uno, en Uribe uno, Carrera uno, Eduardo
Orchard uno, Gran Vía uno
3
.
Existía un número de comerciantes ambulantes significativo cuyo alojamiento era el hotel.
Una clasificación que para el caso de Antofagasta era sinónimo de transeúnte. La frecuencia
3 Los datos provienen de la serie de prontuarios del Archivo Histórico de la Universidad Católica del Norte:
Archivo de Extranjería del Registro Civil e Identificaciones de Antofagasta, relativos a las nacionalidades
argentina (Cajas 1-7) y británica (Cajas 129-136, 143)
70
Chile y América en su Historia Económica.
Parte II: Comercio y movilidad internacional de los factores
de comerciantes por hoteles era variable: Londres (3), Milano (1), Maury (1), Central (1) y un
comerciante en la Pensión Limache.
Plano de la ciudad de Antofagasta en el año 1911.
La localización de los comerciantes ingleses comprendió principalmente las subdelega-
ciones de mayor prestigio social, pues o eran preponderante las calles principales de la urbe
o las nuevas arterias que conectaban la avenida Brasil, un sector alto con una línea arquitectó-
nica de chalets, con sus dos calles paralelas Carrera y O’Higgins, además de conectar los sec-
tores residenciales de Salvador Reyes, Antonio Poupin, General Velásquez, Avelino Contardo.
En la subdelegación 1, el sector más septentrional colindante con las instalaciones sali-
treras y ferroviarias, y límite urbano, había un inglés en calle Covadonga Nueva.
En la subdelegación 2, que comprendía parte del casco histórico, hallamos en calle Se-
rrano un inglés, en Adamson un inglés, en Washington un inglés y en calle Bolívar tres ingleses.
En la subdelegación 3, el sector más relevante de la ciudad, en todos los planos, políti-
co-administrativo, eclesiástico, comercial y social, encontramos en las calles San Martín cinco
ingleses, en Prat seis, en Latorre uno, en Balmaceda uno, en Baquedano dos, en Matta y/o
Angamos (por la modificación de nombre) tres.
En la subdelegación 4, se concentraba un gran porcentaje de los comerciantes ingleses,
pues comprendía el sector más moderno y de fuerte expansión de la ciudad, desde la calle
Maipú un inglés, en Uribe dos, en Orella uno, en 21 de mayo uno, en Copiapó uno, en Ave-
nida Argentina, uno, en Manuel Verbal uno, Avenida Brasil/O’Higgins/Carrera, cinco, en Sal-
vador Reyes nueve, General Velásquez uno, Avelino Contardo uno, en Antonio Poupin uno, en
Eduardo Orchard uno.
71
José Antonio González Pizarro - Migraciones extranjeras, comercio y ocupación del espacio
urbano en la región de Antofagasta durante el ciclo salitrero
Conclusiones provisorias.
La presencia de la inmigración británica y argentina en la región, derivó principalmente
por la atracción de la industria salitrera. Para los ingleses, además, de la presencia de sus
capitales en la minería calichera, hubo otros factores que auxiliaron al flujo inmigratorio desde
distancias lejanas, como la expansión de la Compañía de FCAB y la Maestranza y las Casas
Comerciales importadoras y exportadoras, y la posibilidad de un mercado adicional, a nivel
individual o corporativo, para nuevos contingentes. La importancia de la colonia inglesa, en
relevancia productiva, financiera, social, se correlacionó en la ocupación de los espacios ur-
banos de mayor plusvalía y significación social. A diferencia de esta, la inmigración argentina
no alcanzó tal notoriedad en los ámbitos económico y social, lo que se reflejó en sus asientos
residenciales en el espacio urbano.
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Chile y América en su Historia Económica.
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73
BANQUEROS Y EL AUGE DE BIENES BASICOS
EN LOS PAÍSES ANDINOS, 1885-1914.
Oscar Granados
1

Universidad Jorge Tadeo Lozano
Introducción.
La expansión del comercio internacional de finales del siglo XIX y principios del siglo
XX logró que los países andinos se integraran a los mercados internacionales de alimentos
y minerales, como parte de una oferta de productos necesarios para atender los nuevos re-
querimientos industriales y los cambios de algunos hábitos alimenticios de países como Gran
Bretaña, Alemania, Estados Unidos y Francia, involucrados en una competencia política y te-
rritorial que se desprendía de la Conferencia de Berlín de 1885. El crecimiento del comercio
internacional era mayor que el crecimiento económico mundial, así como la integración del co-
mercio de materias primas con el comercio de servicios bancarios. El estaño en Bolivia, el café
en Colombia, los nitratos en Chile, el cacao en Ecuador y el cobre en Perú, se consolidaron
como bonanzas de bienes básicos en economías pequeñas, y logró el abastecimiento de
los mercados mundiales, que demandaban una mayor cantidad de materias primas ante una
carrera industrial y se vinculaban al mercado de bienes básicos en todo la extensión mundial
(Findlay and O’Rourke 2007, 405).
A pesar de los flujos de capital que generó ese auge exportador, se presentaron diversas
formas de transmitirlos al sistema financiero. En algunas situaciones se desarrolló una impor-
tante cantidad de intermediarios y de oficinas de representación de bancos internacionales,
y en otras un estancamiento en el sistema financiero, en el sector real, y por ende en la trans-
formación industrial, ya que no se contaba con los elementos para impulsar la innovación. Los
empresarios que estaban al frente de los auges exportadores contaban con una red interna-
cional de banqueros, casas mercantiles y empresas transportadoras, que en ocasiones no
se articulaban con los procesos industriales internos, porque la diversificación no era parte
de la estrategia empresarial, y dependiendo de las posibilidades y profundidad que tenía la
economía, se desarrollaba el sistema financiero. Era la capacidad e interés de los empresarios
de transformar el capital del auge exportador a capital financiero para integrarlo en el sistema
financiero.
1 Oscar Granados es Profesor Asociado del Departamento de Comercio Internacional de la Universidad
Jorge Tadeo Lozano. Bogotá, Colombia. oscarm.granadose@utadeo.edu.co / oscar.mge@gmail.com. Este
documento es parte del proyecto de investigación Banqueros, Diplomáticos y las Materias Primas de Amé-
rica del Sur, 1885-1914”. Esta investigación es financiada por Hisbruck & Cie.
Chile y América en su Historia Económica.
Parte II: Comercio y movilidad internacional de los factores
74
Sin embargo, al no desarrollarse rendimientos apropiados en las innovaciones e inver-
siones industriales, los empresarios demandan menos servicios financieros, y la estructura
empresarial, podría enfocarse en la especialización y en la utilización de los vehículos inter-
nacionales para fortalecer su acumulación, o en los emprendimientos locales para diversificar
su capital y transformarlo en capital financiero, buscando reducir su exposición a la volatilidad
cambiaria, la volatilidad de los precios internacionales y el incremento en la competencia mun-
dial en los mercados de bienes básicos.
¿Qué sucedió con el auge de bienes básicos y su impacto sobre la economía, el sector fi-
nanciero y los procesos de industrialización? El objetivo de este documento es analizar el auge
de bienes básicos de los países andinos, su impacto sobre el desarrollo del sistema financiero
y la vinculación de este para transmitir los flujos de capital de las bonanzas hacia el sector real.
Para responder a esta pregunta se analizan comparativamente los auges de bienes
básicos, donde los negocios de la gran minería, el cacao y el café estaban en cabeza de
familias locales, familias migrantes y sociedades con empresarios internacionales.
2
Para esto,
se usa la teoría de redes como referente teórico, y se construye un análisis que se integra con
la visita a archivos públicos en Inglaterra, Chile, Colombia, Bolivia, Ecuador, Perú, y archivos
privados en Inglaterra. Esto facilitó una evidencia empírica, que usando fuentes secundarias
se logra desarrollar una respuesta a la pregunta de investigación.
El documento está dividido en cinco secciones que incluyen una introducción, una si-
guiente sección que analiza el mercado internacional de los bienes básicos seleccionados
durante el periodo 1885-1914. Una tercera sección que analiza a partir de la teoría de redes, la
estructura interna y externa de los esquemas empresariales y familiares vinculados a los auges
de los bienes básicos. Una cuarta sección que presenta como a partir de la red empresarial
se desarrolló el sistema financiero y el actuar de los bancos internacionales en la región. Final-
mente una sección de conclusión.
I. Las Materias Primas Andinas y los Mercados Mundiales.
El crecimiento económico mundial durante 1885-1914, se enfocó en dos procesos: el pri-
mero en los países de centro y sus economías de exportación, la rivalidad territorial y el for-
talecimiento del mercado interno (Granados 2010, 54-5), y segundo, el auge exportador de
materias primas de la periferia. El crecimiento económico mundial real alcanzó una tasa de 3,1
por ciento para el periodo 1899-1907 y de 2,6 por ciento para el periodo 1907-13, mientras que
las importaciones crecieron 3,8 por ciento y 4,5 por ciento respectivamente (Solomou 1990, 58).
Frente a los países centrales, Estados Unidos presentó un crecimiento en las importaciones
de 7,9 por ciento y del crecimiento económico real de 3,8 por ciento; Gran Bretaña de 3,4 por
ciento y 1,3 por ciento respectivamente; Alemania de 4,9 por ciento y 2,9 por ciento; y, Francia
de 3,4 por ciento y 1,9 por ciento para un periodo más amplio de 1892-1912 (Staley 1944, 127).
Esto se vinculó con una tasa de crecimiento de largo plazo del producto industrial, que desde
1880 hasta 1910 venía creciendo, en promedio, un 3,65 por ciento, así como un abastecimiento
de materias primas por los mercados de la periferia del 37 por ciento para 1913 (Fontana 2006,
230, Lewis 1978, 167).
2 Este documento usa un esquema diferente de la historia de los negocios internacionales, dejando de lado
el análisis histórico latinoamericano tradicional que como menciona (Barbero 2003, 319-20) vincula el im-
perialismo, el subdesarrollo y la dependencia como parte importante de la historia económica y social,
marcando una influencia relevante en el desarrollo de la disciplina en la región y alejándose del debate de
los negocios internacionales y centrándose en el imperialismo (Jones 2003, 367).
75
Oscar Granados - Banqueros y el auge de bienes básicos en los países andinos, 1885-1914
A partir de este crecimiento, algunos países tenían una mayor relación con los países
centrales que con otros. Dependiendo de las necesidades internas, su estructura productiva y
la posición con respecto a materias primas estratégicas de Gran Bretaña, Alemania, Estados
Unidos y Francia. Bolivia, Chile, Ecuador presentaban una alta concentración de sus exporta-
ciones hacia estos países, y en algunos casos la mayor concentración se dirigía hacia un solo
país: el caso de Bolivia con Gran Bretaña y en menor medida Colombia con Estados Unidos
(Ver Cuadro 1).
Durante ese crecimiento de la demanda por bienes agrícolas, metales preciosos y mi-
nerales industriales, las materias primas presentaban una alta concentración de las exporta-
ciones totales. El estaño boliviano para 1913 ascendía al 72,3 por ciento, los nitratos en Chile
con el 71,3 por ciento, el cobre en Perú con el 22 por ciento, el café en Colombia con el 37,2
por ciento y un año más tarde superaba el 46 por ciento (Mc. Greevey 1989, 211), y el cacao
con el 64,1 por ciento en Ecuador. Perú lideró el crecimiento de las exportaciones de la región
durante el periodo 1890-19 12, con 6,9 por ciento, seguido por Argentina con 6,7 por ciento,
Chile con 5,0 por ciento y Brasil con 4,3 por ciento, con un promedio de exportación per cápita
en 1912 de 62 dólares para Argentina frente al promedio latinoamericano de 20,4 dólares (Bul-
mer-Thomas 1994, 58-9, 64-8, Glade 1994, 59).
Cuadro 1. Exportaciones de los Países Andinos hacia los Países de Centro, 1913
País
Exportaciones
(Millones USD)
Estados Unidos
(%)
Gran Bretaña
(%)
Alemania
(%)
Francia
(%)
Total (%)
Bolivia 36,5 0,6 80,8 8,5 4,9 94,8
Chile 142,8 21,3 38,9 21,5 6,2 87,9
Colombia 33,2 44,5 13,5 7,1 2,0 67,1
Ecuador 15,8 24,3 10,3 16,6 34,1 85,3
Perú 43,6 33,2 37,2 6,7 3,5 80,6
Fuente: Adaptado de (Bulmer-Thomas 1994, 74)
De esta forma, los países andinos exportaban 271,9 millones de dólares en 1913, frente
a los 1.531 millones de dólares de América Latina y al total de exportaciones mundiales de
bienes básicos de 12.176 millones de dólares (Findlay and O’Rourke 2007, 412), lo que equi-
vale a una participación de las exportaciones andinas del 17,8 por ciento y el 2,2 por ciento
respectivamente. Con una importancia relativa dependiendo del tipo de producto: los nitratos
abastecían el 97,4 por ciento del mercado mundial, el cacao el 17,8 por ciento, el estaño el
19,9 por ciento, el cobre el 9,3 por ciento y el café colombiano aun no era relevante en el
mercado internacional en volumen: 1,4 por ciento, pero si se dirigía hacia el mercado de los
cafés suaves y de calidad participaba en un 10 por ciento iniciando el siglo XX, esta ventaja
reducía el impacto que tenían los altos costos de transporte (Bulmer-Thomas 1994, 162, Clar-
ence-Smith 2000, 238-9, Palacios 2009, 115-6).
El cacao se convertía en importante materia prima para la industria alimenticia, como
ingrediente en la pastelería y confitería (Clarence-Smith 2000, 77), una industria que aprove-
chaba el mejoramiento en los ingresos de la población durante la |·· |,~o.·, y requería
del abastecimiento de productores tropicales como Ecuador, que no contaba con una alta
demanda interna, pero si una importante capacidad exportadora. Ecuador pasó de 18.922
toneladas exportadas en 1900 a 47.210 y toneladas para 1914.
Chile y América en su Historia Económica.
Parte II: Comercio y movilidad internacional de los factores
76
El auge exportador, se transformaba en crecimiento económico per cápita, dependiendo
del producto de exportación, de la vinculación con la población, su integración con los fac-
tores de producción, la facilidad de su transformación y la conexión con las innovaciones en el
transporte, que redujeron el tiempo en puerto y por ende los costos (O’Rourke and Williamson
1999, 33, Williamson 2006, 13). Las tasas de crecimiento del PIB per cápita para el periodo de
análisis era liderado por Uruguay con 3,1 por ciento, seguido de Venezuela con 2,6 por ciento,
Argentina 2,5 por ciento, Chile 2,3 por ciento, Brasil 2,2 por ciento, Colombia 1,8 por ciento y
Ecuador 1,6 por ciento (Escosura 2007, 27). Pero así mismo, era afectado por la volatilidad de
los precios de materias primas como el azúcar, el cacao, el aceite de palma, el café y el estaño,
teniendo presente que a largo plazo la oferta del estaño siempre era elástica (Abadie-Aicardi
1966, 27-30, Deaton and Laroque 1992, 2, Gilbert 1990, 79, Milstead 1927, 354).
A pesar del avance económico que generó el auge exportador, también se incrementó el
nivel de endeudamiento público, la relación de la deuda extranjera al comercio exterior era de
5,2 por ciento (Lewis 1978, 222), y se convirtió en foco de crisis bancarias, monetarias y de
deuda, teniendo en este orden una probabilidad de presentarse de forma periódica. Esto sería
un elemento para que varios países de la región acudieran a dos soluciones: crédito bancario
o incrementar su nivel de reservas de oro, que como menciona Bordo y Meissner (2007, 166),
cuando los países tenían una posición amplia de reservas de oro, el peligro de acudir a deuda
en moneda fuerte se reducía. De igual forma, se transformó la estructura fiscal de los países y
se hizo más dependiente de los derechos de exportación que representaban el 48,6 por ciento
en 1900 y el 46 por ciento para 1910, y de los derechos de importación.
Era el avance en las exportaciones de países como Bolivia, Chile y Perú, economías del
tercer mundo, que lograban integrarse con los mercados mundiales posiblemente de una
forma más rápida que los mismos países ricos (Williamson 2002, 58). Lo que permitió la con-
vergencia de los precios de los bienes básicos y la expansión de los flujos de capital, pero
también generó un fuerte impacto en los términos de intercambio de los países andinos, al no
facilitar el mejoramiento de la productividad e inducir a la desindustrialización de la periferia,
que no lograba cambiar las características propias de su formación por la limitada división del
trabajo (Hopkins and Wallerstein 1982, 125-7, Williamson 2006, 86), y por la imposibilidad de
integrar la acumulación de capital de las materias primas hacia otras actividades. Esto que-
daría en manos de los intereses empresariales y no los gubernamentales.
II. La construcción de las redes empresariales.
A partir de un esquema de complejidad relacional como mencionan Amatori y Colli (2011,
13), las actividades mineras y en menor medida las agrícolas, crearon organizaciones com-
plejas con relaciones internas y externas que, soportado sobre un objetivo de expansión y
sobre las facilidades que da la eficiencia de los mercados financieros, encausaron los recursos
necesarios para esa expansión, es decir, la estructura financiera determinó la cantidad y la
calidad de los recursos financieros a través de la intermediación bancaria o la bolsa de valores,
para canalizarlos hacia el desarrollo de negocios. Aunque algunos de estos procesos acumu-
lativos de capital se dieron al interior de las compañías, y fueron estas las que expandieron sus
objetivos corporativos y en ocasiones lo transformaron en capital financiero.
La vinculación con la economía internacional y en ocasiones la influencia en los asuntos
públicos e internacionales, se generó bajo una estructura de red global que se iniciaba en una
red local que determinó los diferentes relacionamientos en la medida y dinámica necesaria.
77
Oscar Granados - Banqueros y el auge de bienes básicos en los países andinos, 1885-1914
Algunos autores mencionan al enclave como estructura de la industria minera en el surocci-
dente americano, la cual no logró la extensión de sus beneficios al resto de la economía en el
caso boliviano, y en menor medida a la chilena y peruana. Sin embargo estaba vinculada a la
estructura tributaria, la mano de obra y el sistema de transporte local, para el caso boliviano
(Ayub and Hashimoto 1985, 13, Gallo 1991, 29-33, Morales and Espejo 1994, 8). También per-
mitió integrar los tímidos avances en el transporte ferroviario en Colombia con el despegue del
café, una acumulación que le dio viabilidad económica a los ferrocarriles y se apoyó también
sobre la navegabilidad del Rio Magdalena, donde esos costos de transporte amenazaron la
existencia del sector cafetero (Urrutia 1980, 55, Machado 1988, 49, Palacios 2009, 104). El
caso de los países andinos fue parte del factor común de los mercados de la periferia, donde
los ferrocarriles se desarrollaron también por los mercados de importación que compensaban
los costos de infraestructura.
El estaño boliviano liderado por un grupo de empresarios, posiblemente no influyó en el
desarrollo económico de Bolivia, pero sí en la actividad minera del estaño, desde una pers-
pectiva empresarial y no social, pero en ocasiones con serias limitaciones de innovación. Algo
similar a la influencia extranjera en las industrias mineras en Chile y Perú, donde las familias
conectaron sus intereses económicos con los objetivos de los inversionistas internacionales,
quienes mantenían el proceso innovador. En los productos agrícolas, el cacao en Ecuador
contó con una estructura empresarial que favoreció el proceso de acumulación y el fortaleci-
miento económico del país, a partir de la influencia y los procesos de diversificación industrial.
Mientras el café en Colombia no lograba esa competencia monopólica de los otros bienes
básicos, dado que existía una gran diversificación en pequeños productores.
Aunque las empresas mineras de principios de siglo no contaron con los avances tecnoló-
gicos de la industria actual (Chandler 1992, 81) también eran intensivas en capital, con la capa-
cidad de explotar el potencial de las economías de escala, el cual se logró gracias a la eficacia
de las nuevas tecnologías de producción, al capital y a su red global, que les permitió muchas
veces sostener las economías de escala a partir de diversas estrategias como la vinculación
en los asuntos gubernamentales e internacionales, la integración hacia adelante y hacia atrás
en la distribución y el control de las materias primas, la integración vertical, la creación de
carteles, alianzas, grupos de presión y luchas políticas buscando el control del mercado, que
como menciona Zeitlin (2003, 68, 71) fueron estrategias que formaron parte de la construcción
histórica de los mercados pero no necesariamente del éxito de las empresas, el cual no estaba
determinado por el tamaño de las empresas. Los empresarios del cacao se asemejaron a este
proceso, donde la intensidad del capital jugo un papel esencial.
Los mineros lograron articular el conocimiento a partir de la importación de ingenieros
y especialistas en el caso boliviano, o funcionarios en las empresas internacionales en Chile
y Perú, que optimizaron la materia prima, la enlazaron con el capital y con la gestión de los
banqueros y comerciantes internacionales, permitiendo generar valor económico. A partir de
ahí, esta red se construyó como una organización que socializó sus estrategias de control y
estableció una estructura para desarrollar negocios en el exterior y un esquema de inversión
directa que se ajustó a sus intereses empresariales, lo que permitía un avance global de la
red al punto de convertirse en una estructura multinacional que no se vinculaba estrictamente
con su lugar de origen, sino con los objetivos que le permitieran dimensionar su estrategia
corporativa.
3
Es decir, su punto de origen era su estructura corporativa y no su lugar de origen
geográfico, sin embargo los empresarios cafeteros no lograron esa avanzada en la red global.
3 Para un análisis de estos esquemas corporativos, ver (Jones 2005, 292) y (Wilkins 1988, 261)
Chile y América en su Historia Económica.
Parte II: Comercio y movilidad internacional de los factores
78
La red del estaño sustentó su éxito sobre la especialización y se alejó de la diversificación,
lo que le dio posibilidades de acudir a otras dimensiones geográficas que fortalecían el ne-
gocio, esto significó trasladarse a la dominación de las redes internacionales del conocimiento
como un elemento fundamental por encima de la gestión eficaz y eficiente de los recursos y
diversificarse en la misma área de especialización (Penrose 1959, 97). Es decir, es utilizar la
minería y su acumulación como eje fundamental de la estrategia, dejando de lado otro tipo de
actividades que posiblemente deteriorarían la acumulación de capital y su posterior transfor-
mación en capital financiero. Esa no diversificación del portafolio productivo de los mineros del
estaño distanció a la minería del resto de actividades productivas y perjudicó la posibilidad de
un avance industrial en Bolivia.
Figura 1. Red Global de los Bienes Básicos Andinos
Fuente: Elaboración propia
4
Los empresarios chilenos y peruanos, ampliaron sus horizontes en el sector financiero y
otras industrias locales, ya que no contaban con la capacidad de acumulación que tuvieron los
empresarios bolivianos. Los empresarios en Ecuador iniciaron una diversificación en especial
4 Para conocer las estructuras y construcción de redes, ver (Krempel 2011) (Jackson 2008, 20-51)
Red Internacional
Red Local
79
Oscar Granados - Banqueros y el auge de bienes básicos en los países andinos, 1885-1914
hacia los sectores bancario y financiero ante la volatilidad en el precio y la incorporación de
nuevos competidores en el negocio del cacao.
Es así como se creó una red que permitió dominar el negocio del estaño, y articularse en
una actividad global más allá de la simplicidad de un enclave económico (Ver Figura 1). Se
vincula a los asuntos públicos a través de la influencia del capital para lograr una centralización
del negocio por encima de las diferentes esferas, que apoyado por las instituciones financieras
se lograba un mayor control de la red global, a partir de los mecanismos de cohesión exis-
tentes
5
y sobre el dimensionamiento del poder corporativo pasando al control estratégico de
las empresas a través de la propiedad accionaria, y el control sobre los flujos de capital ejer-
cido por las instituciones financieras (Carroll and Sapinski 2011, 192). La eficiencia de la red
se determinaba sobre la maximización de la utilidad total de la sociedad, sin embargo, la red
de los empresarios del estaño lograba sus objetivos, pero generando algunas externalidades
negativas al estado boliviano
6
. Es así como la estabilidad de la red se lograría a partir de la
difusión de su objetivo, la proximidad que se establecía a partir de las esferas de influencia y
los ámbitos potenciales de acción, y la gestión del relacionamiento con aquellos agentes que
pudieran afectar la acumulación que se obtenía al interior de la red local. A partir de ahí, se es-
tablece el relacionamiento externo con otras entidades mineras internacionales, los gobiernos
y las entidades financieras de forma directa o indirecta.
Los demás bienes básicos se organizaron bajo un esquema de red, mucho menos global y
expansivo, pero lograron interconectarse y vincularse en el comercio internacional. Mientras, la
red en la minería chilena y peruana, se soportaba sobre la influencia de la inversión extranjera y
los bancos mercantiles que se vincularon en el desarrollo de toda la región minera del suroeste
americano, a pesar de contar con importantes familias locales que desarrollaron el negocio
minero, pero la capacidad de acumulación de capital y su transformación en capital financiero,
no fue lo suficientemente contundente para que familias como Concha y Toro, Edwards, Ossa
y Puelma, pasaran a la siguiente expansión del cobre durante el siglo XX, y quedara en cabeza
de banqueros y mineros internacionales. Sin embargo, esta red establecía una interacción
entre las elites locales y los inversionistas extranjeros que facilitaron el avance industrial y
financiero de Chile.
En el caso del cacao, la vinculación con la economía internacional y la influencia en los
asuntos públicos e internacionales se determinó, también, a partir de la relevancia de la materia
prima y su incorporación con el incremento en la demanda mundial. Es así como a diferencia
de las redes minerales, el cacao, mostraba una diferencia considerable en las interacciones
de los empresarios locales, ya que su vinculación de influencia en los asuntos públicos no fue
lo suficientemente contundente para afectar la estabilidad política que condujera a enfrenta-
mientos civiles o derrocamientos prematuros y frecuentes de funcionarios públicos.
El capital de los empresarios del cacao, una elite propiamente dicha, se transformó en
capital financiero para diversificar su estructura patrimonial y se trasladaron hacia el sector
bancario y muy tímidamente al sector industrial y comercial, con excepción de la Familia As-
piazu que desarrolló participaciones en el Banco Comercial y Agrícola, el Banco de Ecuador e
invirtió en las compañías comerciales exportadoras e industriales de una incipiente economía
5 Para una ampliación de los mecanismos de la red y las conexiones corporativas, vea (Bond and Harrigan
2011, 201-5)
6 Para una profundización de la eficiencia, la ineficiencia y las externalidades de las redes, vea (Jackson
2008, 157-63)
Chile y América en su Historia Económica.
Parte II: Comercio y movilidad internacional de los factores
80
industrial, frente a una diversificación estrictamente financiera de las familias Morla o Sánchez
Bruno (Henderson 1997, 175), que rápidamente los alejaría del mercado ante la especulación,
la volatilidad de los precios, la estructura de cultivo mundial y el traslado del mercado finan-
ciero más representativo de Londres a Nueva York (Close 1959, 76) (Weiss 1970, 123).
Los cafeteros no gozaron de un proceso de especialización, llegaron al cultivo de café
como una opción que diversificaba su portafolio de negocios, habitualmente integrado con
las actividades mercantiles, de inversión y agrícolas. Y aunque amplió los ingresos reales de
los grupos poblaciones como menciona Urrutia (1980, 60), y posiblemente la estructura de
las elites en Colombia; la penetración de estas elites y el mejoramiento en los ingresos no fue
tan profunda como lo sucedido en los demás países andinos, que permitieron crear familias
empresarias de elite con injerencia en diferentes frentes de los asuntos públicos, así como en
los asuntos diplomáticos e internacionales. En Colombia, el desarrollo generado por el primer
auge cafetero se expresó con menor vigor y definición (Palacios 1980, 95), aunque integró
las regiones, creó una economía nacional y buscó en el mercado internacional a remotos y
desconocidos consumidores (Nieto Arteta 1958, 22-9, 45), transformando lo que hasta ese
momento era parte de la tradición comercial en Colombia: una herencia tributaria y económica
colonial. Lo que facilitó posteriormente la construcción de una agremiación influyente en los
escenarios locales: la Sociedad de Productores de Café que se transformó en 1906 en la So-
ciedad de Agricultores de Colombia (Machado 1988, 58).
Sin embargo, se logró identificar una elite antioqueña que fue esencial en la construcción
del auge cafetero y en el posterior proceso de diversificación dado por la acumulación de
capital, que favoreció la industrialización. Las familias Montoya, Vásquez, Correa, Sáenz y He-
rrera, así como los Ospina vinculados estrechamente con la política, serían las elites cafeteras
más importantes (Arango 1977, 27, Camacho 1973, 25, Rivas 1972, 339) que se vincularon a
una red empresarial global con alcances muchos menores de sus contrapartes mineras de Bo-
livia y Chile, ya que fueron un grupo reducido que se dedicó a las actividades comerciales en
Colombia, pero que siempre estuvieron interesadas en avanzar hacia los monopolios (López
1970, 63, 73). Un grupo pionero, corazón de la nueva oligarquía como menciona Palacios
(1980, 97-8), que logró articular una relación con el poder político sin la profundidad de Ara-
mayo y Patiño en Bolivia, y en ocasiones difusa sin precisión en los intereses políticos.
III. Banqueros y Redes Empresariales.
Los banqueros que habían estado activos durante el siglo XIX se vinculaban a esta red
empresarial, fortaleciendo sus negocios financieros, y lo lograron en el avance crediticio de
1904 a 1914, con una ligera reducción en 1907 por la crisis financiera internacional. La liquidez
que se generó por el avance de los países de centro, facilitó el endeudamiento de la región.
Rothschild fue el principal banquero de Chile, y Barings de Perú, pero se enfrentaron con
nuevos banqueros alemanes y franceses que llegaron a la región de forma activa y socavaron
el poder británico en la financiación de la región (Marichal 1988, 199-200) durante la |··
|,~o.·. Lo más importante no fue la vinculación en la financiación de los gobiernos, sino
en iniciar una importante inversión y financiación hacia los sectores que interactuaban en el
comercio de materias primas: transporte, puertos, compañías comerciales, entidades finan-
cieras, y en ocasiones se aventuraban a ingresar directamente al negocio con la inversión en
compañías agrícolas y mineras, ya que era necesario la movilidad de los factores, en este caso
el capital, que facilitara la complementariedad del comercio y el abastecimiento de materias
primas estratégicas en la competencia industrial.
81
Oscar Granados - Banqueros y el auge de bienes básicos en los países andinos, 1885-1914
La liquidez global alentó la especulación en los bonos y acciones latinoamericanas que
se conectaba con el auge exportador y las redes de las empresas multinacionales que se
expandían globalmente. Los flujos financieros internacionales entre 1885 y 1914, en relación
al tamaño de la economía mundial eran mayores de lo que fue en la primera década del siglo
XXI. Ya para finales de 1913 el rendimiento del bono argentino era de 4,9 por ciento frente a
3,4 por ciento de los bonos británicos y 4,02 por ciento del promedio de los bonos corpora-
tivos estadounidenses (Nakamura and Zarazaga 2003, 295-301). Era una época, donde parte
de Suramérica se desarrollaba rápidamente y era un actor vinculado a la dinámica global del
comercio internacional, donde las casas mercantiles multinacionales y banqueros mercantiles
como Balfour Williamson & Co., Duncan Fox & Co., Graham Rowe & Co., W.J. Lockett & Co.,
Antony Gibbs & Co., G. Amnsink & Co. se destacaron por interactuar en diversas actividades
mercantiles así como en la representación de empresas de transporte y seguros, esenciales
para el avance del comercio de las materias primas andinas (Contreras 2000, 201, Couyoum-
djian 2000, 43-5, Estrada 2006, 72, Joslin 1963, 85).
Para 1885 existían en Chile, seis bancos que contaban con un capital superior al millón de
pesos chilenos equivalente a un poco más de 500.000 dólares americanos de la fecha. Ya en
1905 eran más de 17 bancos con un capital superior al millón de pesos chilenos, pero ya se
habían logrado crear grandes bancos como el Banco de Chile con un capital de 64,9 millones
de dólares, Nacional con 11,9 millones, Mobiliario 8,2 millones, De la República 7,7 millones
y A. Edwards
7
con 7,2 millones (Sutter and Sunkel 1982, 122). Esto facilitó el avance minero
chileno y la expansión del cobre, ya que varios emprendimientos se financiaron localmente,
a pesar de contar con inversión extranjera y con un alto nivel de endeudamiento público en
los mercados internacionales, que representó una financiación británica equivalente a 66,8
millones de dólares hacia 1895 y de 172,2 millones de dólares en 1913 (Stone 1977, 706). En
cabeza de la Casa Rothschild que abasteció de recursos a una economía que contaba con una
materia prima esencial, el cobre, para el desarrollo industrial futuro de los países de centro, con
las operaciones de crédito de 1886, 1887, 1892, 1896 (The Rothschild Archive 000/401E/14).
Perú, subsanó su deterioro fiscal generado por la guerra del Pacífico al integrar el auge de
materias primas con los intereses de empresarios como Grace que ante la cesación de pagos,
obtuvo la concesión ferroviaria a cambio de la restructuración de la deuda peruana, la cual
logró con su red bancaria internacional, encabezada por Barings en Londres y su estrecha re-
lación en el negocio del nitrato (The Barings Archive HC4.11.28, The Barings Archive HC4.3.21,
The Barings Archive HC4.3.18.2).
La acumulación de capital no sería suficiente para el desarrollo de las actividades
agrícolas. El café en Colombia a pesar de ser una actividad que no tenía una profunda es-
pecialización por parte de los empresarios, acudió al crédito como fuente principal para de-
sarrollar la inversión cafetera (Palacios 1980, 99), pero con una vinculación diferente de los
banqueros mercantiles. Es decir, fueron las casas mercantiles extranjeras, con intereses espe-
cíficos en el café, los que entraron a financiar parte de los recursos para los cafeteros. La otra
opción se generó a partir de los créditos hipotecarios de los terratenientes y posteriormente
de algunas instituciones bancarias en el transitorio sistema de la banca libre (Kalmanovitz and
López 2006, 70-1, Meisel 1990, 136), reemplazando a uno de los prestamistas tradicionales
durante la colonia y las primeras décadas del siglo XIX: la Iglesia católica.
7 Agustín Edwards vinculó el comercio exterior y las fuentes de financiación bajo una sola estructura en el
banco A. Edwards & Cía. Algo que intentó hacer en Colombia Vásquez, Correa & Cía.
Chile y América en su Historia Económica.
Parte II: Comercio y movilidad internacional de los factores
82
Aunque, Colombia al estar sumida en una espiral de deuda externa y de sus constantes
suspensiones en el servicio de la deuda, hizo que el Presidente Núñez recurriera al mecanismo
de la emisión y el crédito interno, reduciendo al mínimo los requerimientos del endeudamiento
externo (Junguito 1995, 212, 240). Lo que condujo a que varios banqueros internacionales se
alejaran, ante los constantes fracasos de los acuerdos con los tenedores de bonos, y que solo
hasta 1905 con el convenio Holguín-Averbury se logró avanzar. A pesar de que en 1865, la Ley
35 del 6 de mayo buscó favorecer la llegada de bancos internacionales, como fue el caso del
|·· ~· .~·+~· ·+ ·~.·· ····~, la primera institución bancaria internacional que funcionó
entre 1865 y 1867 (The Lloyds Archives F/2/1/b/1.1). Durante este periodo otros acercamientos
internacionales se dieron con el ~·· .···.·· del Banco Alemán antioqueño fundado en 1912,
con capital alemán y colombiano, y el c~····~ |·· ~· ·,··· ····~ en 1911. Este
último, fue transformación de sociedades mercantiles de colombianos en la región centroamer-
icana inscrito en Londres y fundada en 1888, que posteriormente pasaría a ser una institución
afiliada al ··,~ ·~.·· |·· ····~· |·· en 1917 (The Lloyds Archives F/4/b/1.2/#4671).
Sin embargo, para 1914 el componente extranjero del acervo total de capital era de un 6 por
ciento aproximadamente de acuerdo con cálculos de Mc Greevey (1989, 207).
Entonces, fueron los bancos de Bogotá y Colombia los que mejor aprovecharon el auge
exportador colombiano, quienes para 1888 ya acumulaban el 53,2 por ciento de las existencias
de metálico en manos de los establecimientos de crédito y soportaron la crisis financiera local
de 1904 que llevó a la quiebra a más de una decena de bancos privados de menor tamaño
(Meisel 1990, 144, Romero 1994, 302) y para 1914 tenían entre los dos el 58,67 por ciento de
los depósitos en cuenta corriente del país (Romero 1994, 274-5). En menor medida el banco
mercantil Vásquez, Correa & Cía., con una corta vida (1907-1914), se articuló con las activi-
dades mercantiles, que como menciona Botero (1994, 212-3) eran más propias de negociantes
que de banqueros y para esto tenía una participación en el Banco de Sucre (Espriella 1979,
30-5). Las principales actividades mercantiles fueron dominadas por las casas extranjeras,
quienes salieron fortalecidas con la crisis de precios del café y la devaluación de la moneda en
Colombia, ya que recibían sus pagos en oro y los bancos locales la recibían en papel moneda
(Machado 1988, 47).
Los banqueros locales o internacionales, se integraron en la medida que su estrategia
corporativa se vinculaba con los avances y características de los auges exportadores. Sin
embargo, su relación con las familias empresarias y las elites que encabezaron el negocio de
las materias primas, sería integrada a partir de la importancia que tuviera la materia prima y la
relevancia en el mercado internacional. Mientras los nitratos en Chile llamaron la atención de
un sinnúmero de banqueros, el café en Colombia se concentró en entidades dedicadas exclu-
sivamente al grano y no a profundizar en otro tipo de negocios.
Conclusión.
En este ensayo se utilizó la teoría de redes, la cual permitió identificar las características
de la exportación de algunas materias primas andinas antes del inicio de la Primera Guerra
Mundial. Claramente se encuentran diferencias en la intensidad, dinámica y complejidad de
las redes globales, pero se determinan parámetros comunes que permiten establecer la impor-
tancia que tuvieron las materias primas andinas durante el periodo analizado.
Aquí se enlazan los argumentos de la historia empresarial con los nuevos parámetros del
análisis comparativo de la historia económica, la economía política y el emprendimiento, con la
83
Oscar Granados - Banqueros y el auge de bienes básicos en los países andinos, 1885-1914
teoría de redes sociales que facilita la identificación del proceso de relacionamiento entre los
agentes que actuaron en los mercados globales de materias primas andinas.
El estaño boliviano durante el periodo de análisis y posteriormente antes de la llegada de
la nacionalización en 1952, logra avanzar de una forma intensa en los escenarios nacionales
e internacionales, alejando el avance minero de la población y la diversificación industrial,
así como centrándose en la expatriación casi total de los recursos obtenidos por la actividad
estannífera. El cobre y los nitratos presentan la influencia de dos estructuras, empresas nacio-
nales e internacionales, que lograron influir considerablemente en los asuntos públicos, pero
no en las dimensiones de Patiño, Aramayo y Hochschild. Esta influencia de la industria minera
estaba en cabeza de las empresas internacionales y en menor medida en los locales, pero
eran estos los que se interesaban por diversificar sus operaciones mineras en otras inversiones
financieras e industriales al interior de Chile y Perú.
El cacao, un producto agrícola esencial en el desarrollo de la industria alimenticia que
evolucionaba con el avance del ingreso de la población europea y estadounidense, no logró
vincular de forma importante una transformación en la población, solo beneficio a una elite que
se diversificaría rápidamente ante la transformación del mercado mundial del cacao, y la lle-
gada de los cultivadores africanos, patrocinados por los poderes centrales durante y después
de la Primera Guerra Mundial. Muy similar al proceso vivido en Colombia con el café.
Los banqueros lograron ajustarse a los diferentes esquemas económicos que tenían los
auges al interior de los países. Y en el caso de los banqueros internacionales, tanto los bancos
privados como los bancos por acciones, identificaron sus nichos de mercado, que en oca-
siones los llevo a una alta exposición en la financiación de materias primas y las actividades
conexas.
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89
FOREIGN DIRECT INVESTMENT IN CHILE AND LOCAL PUBLIC UTILITIES:
ELECTRIC TRAMWAYS AND THE FIRST ELECTRICAL POWER PLANTS IN
SANTIAGO DE CHILE AND VALPARAISO BETWEEN 1898 AND 1920.
Peter Hertner
Martin-Luther-Universität Halle-Wittenberg at Halle (Saale)
As is well known, Latin America has been one of the main recipients of foreign investment
during the second half of the 19
th
and the first three decades of the 20
th
century with Britain
being the most important foreign investor until 1914, followed by France and Germany, whereas
the United States took the lead during and after the First World War. The picture is not much
different if we prefer to look only at direct investment. Following Argentina and Brazil, the two
largest recipients, Chile, much smaller than the other two countries but quite important as a
raw material exporter, came third in this list.
1
By 1914 important foreign investments could be
found in the two principal Chilean export branches, nitrates and copper. In the case of nitrates
in 1912 most of the foreign-owned companies were controlled by British capital – 38.5 percent
- with German controlled firms following with 15.0 percent at a clear distance.
2
Copper mining,
which had been very important until the late 1870s, regained part of its former position in the last
pre-war decade when, thanks to a new technology which allowed the mining and processing
of low-grade ores, the U.S. engineer William Braden started from 1905 to exploit the large ore
deposits of El Teniente south-east of Santiago. In 1909 the Guggenheim family from New York
bought the mine and three years later they also acquired the Chuquicamata copper mine in
Northern Chile. To quote Mira Wilkins:
“By 1914, American investment in Chilean copper stood at $ 169 million […]. American
capital dominated the Chilean mining industry; the money invested had all been ex-
ported from the United States” (Wilkins, 1970, p. 183).
1 A report, done for the German government on March 29th, 1910, by the German General Consulate at Val-
paraíso estimated current German investments in Chile at a total sum of 323 million marks. The figures for
British investments, when calculated in marks, amounted to 954 million. According to this report they were
in reality still higher (Bundesarchiv Berlin, R 901/1244, pp. 74-75).
2 In 1912 Chilean owners held 37 percent of the nitrate industry’s capital (Rinke, p. 205, table 1). Contempo-
rary observers were well aware of the importance of nitrates for the Chilean economy: Thus, the German
economist Ernst Wagemann, born in Chile in 1884, wrote in his book on the Chilean economy which was
published in 1913 that between 1908 and 1911 the Chilean state financed almost half of its ordinary budget
through its income from export duties on nitrates. He also remarked that from 1908 and 1911 between 69.0
and 77.6 percent of Chilean exports (in pesos) consisted of nitrates (Wagemann, 1913, p. 20).
Chile y América en su Historia Económica.
Parte II: Comercio y movilidad internacional de los factores
90
We can conclude that between 1905 and 1912 U.S. capital stood at the beginning of the
rebirth of Chilean copper. In 1911, copper reached a share of about 5 percent in Chilean ex-
ports (Wagemann, 1913, p. 23) and there was still a long way to go before copper from Chile
achieved today’s proportions as an export good.
There were other branches of the Chilean economy at the beginning of the 20
th
century in
which foreign investors could be found. Banking was probably the most important one, railways
and iron and steel came afterwards. Having these facts in mind this paper deals with foreign in-
vestment in a typical branch of the “Second Industrial Revolution”: electricity and its production
and distribution, with a specific look at its use in urban public transport.
At a rather early stage of its development investment in electricity and electrified urban
transport can be characterized by three principal features: (1) The need for comparatively large
amounts of capital, which can be explained by the rapid growth of this industry and the in-
creasing dimensions of its networks, but also as a consequence of its growing capital-inten-
sity; (2) the use of a specific – and for the late 19
th
and early 20
th
centuries – quite demanding
technology which developed in a particularly dynamic way during the two decades starting
in the middle of the 1880s; and (3) the very early transformation of electricity production and
consumption into a network industry which, for reasons of finance and technology, pushed de-
velopment in most places quickly into a direction that led to the formation of local and regional
monopolies; this step, of course, called for regulation by the municipal authorities and/or the
State, if not for shared private and public ownership or public ownership ·~.· ~~.··.
In the case of Latin American we can observe that the start of electric lighting occurred
only a few years later than in Western and Central Europe and in the United States. What took
comparatively more time in Central and South America than in Europe and North America were
the creation of entire urban electrical networks as well as the application of electricity to manu-
facturing and to urban transport (Tafunell, 2010, pp. 6-8).
3
As elsewhere in the less developed
world you would also find in Latin America already before 1914 cases of “enclave electrifica-
tion”, i.e. investments for the production and distribution of electricity installed by the mining
firms, oil companies, sugar mills and plantations themselves and which were not integrated into
the slowly developing public grids (Hausman, Hertner, and Wilkins, 2008, pp.89-90).
Until the end of the 1920s an important part of Latin American electrification had been car-
ried out and financed by electro-technical producers, banks and financial holding companies
from Europe and North America. Financial holdings, banks and individual stockholders from
these parts of the world continued to control them for decades. In the case of Argentina the
percentage of foreign owners of electric utilities in 1913-14 in that country has been calculated
to have been between 85 and 95 percent. For 1928-32 it amounted still to about 90 percent and
had therefore not undergone any substantial change. In the Chilean case the corresponding
percentage for 1913-14 has been estimated at about 95 percent. One and a half decades later
that figure had moved slightly downwards to 88 percent. In South America during this period
there were exceptions like Colombia, Venezuela and Uruguay but most other countries had
foreign ownership in the electricity sector which was well above 50 percent (Hausman, Hertner,
and Wilkins, 2008, p. 32). An important part of the investors and owners of these Latin American
utilities were European, U.S. and Canadian multinationals, and therefore one of the aims of this
3 Apparently already around 1883 the first electric lamps did appear in some stores close to the Plaza de
Armas at Santiago (“Luces de modernidad. Alumbrado público”, in Archivo Fotografico Chilelectra (http://
www.nuestro.cl/chilelectra/continua_index1.htm) - consulted on 5/2/2011)
91
Peter Hertner - Foreign direct investment in Chile and local public utilities
paper will be to find out how the multinational interests and strategies of these investors from
outside the South American subcontinent worked and if they were effective.
I. Santiago de Chile.
The Chilean capital Santiago, our first case, was probably the first South American city to
get a horse-driven tramway. It had been inaugurated in 1857 when the city numbered about
100,000 inhabitants (Chandler, 1987, p. 242). The founder of the tramway company was an
American entrepreneur, William Wheelwright, and the engineers who projected and built it came
likewise from the United States (Morrison, 1992, p. 7). During the following decades the growth
of Santiago was followed by a gradual expansion of its tramway network. By the late 1890s, the
Santiago tram company operated on a network of about 100 kilometres length with 200 wagons
and about 2.000 horses. Starting in the 1880s there was - as in many other cities around the
world - a growing amount of complaints on the slowness of the service and traffic jams became
more and more frequent in downtown Santiago (Gross, de Ramón and Vial, 1984, pp. 206-208).
Faced with these mounting problems the Santiago city administration decided in 1896 to
switch over to an electrified tramway service. Therefore on September 5 of the following year
a 30 years’ contract was concluded with Santiago Ossa, a Chilean entrepreneur.
4
The text of
this contract provided, among others, for the take-over of the existing network as well as for
the future electrification of the tramway lines. To the city administration belonged the right of
defining the exact planning of the different lines. It also had to authorize the tramway tariffs, a
right which “proved to be a major point of future disputes and confrontations” (Walter, 2005, p.
38). By making tariff changes dependent on the development of the exchange rate between the
Chilean peso and the British pound sterling a potential reason for conflicts between the tramway
company, its users and the city administration had, so to say, been built in. The concession
granted to Ossa was not an exclusive one but Richard J. Walter, who has looked into Santiago’s
city government during those years, thinks that the tramway company had nevertheless been
given “a virtual monopoly over streetcar service in Santiago” (Walter, 2005, pp. 38-39).
5
Not later than in 1898 Ossa must have sold his concession, probably via the London banker
Parish, to an international syndicate which had as its leaders the London firm of Wernher, Beit
& Company as well as Allgemeine Elektricitäts-Gesellschaft (AEG) of Berlin. The two firms were
represented on the one side by Julius Wernher, originally coming from Germany, who had made
a large fortune in gold and diamond mining in the South African Rand (Kubicek, 1979), on the
other hand by Emil Rathenau, the legendary founder of AEG.
6
The other founders were Deutsche
Bank, Berlin, represented by the manager of its London branch, Georg Zwilgmeyer, the Berlin
firm of Loewe & Co. which had started in the arms business and which had moved also into
the electro-technical field through a close collaboration with General Electric. There were finally
4 In early 1897 the Chilean Parliament had passed a corresponding law (Boletín de las Leyes i Decretos del
Gobierno, Libro LXVI, Año 1897, tomo I, primer cuatrimestre, Santiago 1898, pp. 133 sgg.).
5 The complete text of the concession contract can be found in: Boletín de Actas i Documentos de la Illustre
Municipalidad de Santiago (Santiago de Chile), 9, pp. 259-275 (Appendix No. 1 to the session of April 22,
1897).
6 During the last decade before the outbreak of World War I the global electro-technical industry was domi-
nated by a world-wide oligopoly of four large groups: on the European side by the two German firms of AEG
and Siemens, on the American side by the two U.S. firms of General Electric and Westinghouse (Hertner,
1986).
Chile y América en su Historia Económica.
Parte II: Comercio y movilidad internacional de los factores
92
two other German banks, Deutsch-Ueberseeische Bank, Berlin, a daughter of Deutsche Bank,
and Bank für Chile und Deutschland which had been founded by Disconto-Gesellschaft, Berlin,
second among the large German universal banks.
7
A few months later, at the beginning of May
1898, the members of this syndicate founded the Chilian Electric Tramway and Light Company
(CETLC) with its official seat in London.
8
Its capital was fixed at the quite important sum of £
1.050.000. It was meant to operate only in Chile – as a matter of fact only in Santiago, as we will
see -, and being officially registrated in London – we do not even know if it owned more than a
desk and a mailbox in the City – it represented a typical case of a “free-standing company” as
Mira Wilkins has defined them (Wilkins, 1988). London was chosen probably for tax reasons,
for an easy access to the largest capital market in the world, at least until 1914, and because it
could be reached relatively easily by its German shareholders (Hausman, Hertner, and Wilkins,
2008, pp. 55-57).
Two months after its foundation Chilian Electric appointed AEG as its general contractor
for all electrification projects it had planned for Santiago.
9
This was a classical case of what
already in those times was called in German “Unternehmergeschäft”. The idea was that a large
electro-technical firm or group did not only develop and sell its own electro-technical products
in the market but created, with the help of banks or financial holding companies, its own con-
sumers, i.e. electricity companies, tramway companies to be electrified, electro-chemical firms
and so on. Once these investments had been carried through these new companies could be
launched at the stock exchange in order to let their founders regain a sufficient liquidity status.
It was a business which always carried its risks because it depended heavily on the fluctuations
of the business cycle, but for a number of years, at least until 1914 if not until 1929, it was con-
sidered to be sufficiently attractive. Last not least this was the case because frequently the large
electro-technical producers were able to impose upon the electric companies which they had
helped to create a medium- or long-term obligation to buy their electro-technical materials from
them (Hausman, Hertner, and Wilkins, 2008, pp. 54-55, 66).
Two years after the foundation of Chilian Electric, on September 2
nd
1900, the first electri-
fied tramway line in Santiago could be inaugurated by the company and at the end of the same
year the length of its electrified network amounted already to 43 kilometres. In 1903, when tram
electrification had been completed, Santiago was crossed by 97 kilometres of electric traction.
In 1914 CELTC employed more than 350 wagons and 190 trailers and had thus become one
of the largest companies of its kind in South America (Morrison, 1992, pp. 59, 65, 71). Already
in 1906 CELTC managed to have its 30 years’ concession extended for another 25 years, until
1953.
10
The multinational strategy of AEG and the German banks became clearly visible when Com-
pañia Alemana Transatlántica de Electricidad (CATE) - in German it was called Deutsch-Ue-
7 See also the Memorial presentado a la Illustre Municipalidad por los contratistas de la tracción i alumbrado
eléctricos de Santiago en 7 de Marzo de 1898, Santiago de Chile. Establicimiento Poligrafico Roma, 1898.
8 Most contracts of CETLC, concluded between 1898 and 1914, can be found in the National Archives, Kew
(London), BT 31/15971/57203.
9 Ibidem: „Agreement“ of July 8, 1898 between CELTC and AEG. See also “Memorial presentado a la Illustre
Municipalidad per los contratistas de la Tracción i alumbrado eléctricos de Santiago en el 7 de Marzo de
1898, Santiago de Chile 1898.”
10 Chilian Electric Tramways and Light Company Ltd , Report of directors to be presented at the Ninth Ordinary
General Meeting of Shareholders […] on […] the 1st day of August, 1907 […], p. 2.
93
Peter Hertner - Foreign direct investment in Chile and local public utilities
berseeische Elektricitäts-Gesellschaft - gained control of CELTC at the end of 1905.
11
It was
then on its way to becoming the dominant provider of electricity in Buenos Aires as well as trying
to act as a strong contender to British tramways in Montevideo by electrifying about half of the
tram network in the Uruguayan capital (Hertner, “Globale Elektrifizierung”, 2010, pp. 68-69;
Hertner, “Britischer und deutscher «informeller Imperialismus» im südlichen Lateinamerika vor
dem Ersten Weltkrieg?”, 2010, pp. 368-375). With assets of about 280 million goldmarks and
a nominal capital of 120 million in 1912, CATE, which maintained its legal seat at Berlin, had
become the largest single German investment abroad. All of its investments were concentrated
in the “Southern cone” of Latin America and it was quite obvious that AEG and, a bit later, also
the Siemens group preferred to concentrate their various South American utilities under one
single roof.
The takeover of CELTC by CATE did not change its legal status in England and its British
name, a fact which induced the British envoy to Chile to write in his annual report for the year
1911:
“It is said that Germans frequently absorb British concerns, retaining the English name,
which has a greater commercial value. An instance of this is the Chilean [sic] Electric
Tramways and Light Company, where the English manager has just been replaced by
three German joint managers.”
12
Right from the start of tramway electrification in Santiago a steam power station with three
large steam engines had been constructed in the city. It supplied electric current also for public
and private lighting and for the beginnings of the use of industrial power.
13
In 1906 the company
managed to get a concession for the use of water power of the Maipo river, 18 kilometres dis-
tant from the city centre where the river came down from the high mountains of the Andes. This
hydroelectric power station started to produce electricity from 1908/09 (Jacob-Wendler, 1982,
pp. 167-168).
14

Consumption of electric energy grew strongly during the decade and a half which sep-
arated the creation of CELTC from the outbreak of World War I. This was a consequence of
rapid economic growth but also of a substantial population increase. Until 1914, the number
of inhabitants of Santiago had grown to a number of almost 500.000 (Lira Lira, 1955, p. 106).
For the years 1902 and 1903 no less than 13 strikes have been counted in which tramway per-
sonnel was involved (DeShazo, 1983, pp. 102-104). Most of these walkouts could be related to
anarchism, in March 1902 one of them lasted for a whole week. “Future strikes of electric tram
workers followed the same pattern of violence, heated emotions, and rapid arousal of public
opinion” (DeShazo, 1983, p. 104).
11 See the annual report (“Geschäftsbericht”) of CATE for the business year 1905, p. 6.
12 National Archives, Kew (London), FO 371/1309: Chile. Annual report, 1911, p. 6.
13 See A.E.G.-Zeitung , 1900/1901, February 1901: „Elektrische Straßenbahn in Santiago, Chile“, pp. 13, 16.
14 See also the reports of the German commercial attaché at Santiago of October 1st, 1907 (Bundesarchiv Ber-
lin, R 901/4734, pp. 99-101, and R 901/4736, p. 50); see also the small illustrated booklet on the Instalación
Hidro-Eléctrica de Florida. . c~·,· ···· ······~ +· |·~··~++ ·· ···,~ ~· -·,··
········ +· · |·,···· +· |·~··~++ ·· c·· ·· ~~····~·~~· +· c~······~ ~····+
·· ···,~ · · |·.~ +· ·· (Santiago, 1916) which contains also a sketch-map of this hydro-electric
power plant. All the machinery, as turbines or generators, came from German or Swiss producers.
Chile y América en su Historia Económica.
Parte II: Comercio y movilidad internacional de los factores
94
Quite frequently these strikes were caused by a worsening of general economic conditions
or by government action which had nothing to do with public transport itself.
There is, for instance, an episode which appears in the yearly report of CELTC for 1906 and
shows the random character of these movements:
“In October, 1905, a serious riot took place in Santiago, owing to the imposition by
the Chilian [sic] Government of a tax on cattle from Argentina, which did consider-
able damage to our rolling-stock and equipment; a large number of cars were totally
wrecked, or seriously injured; and traffic was almost completely suspended for two
days, and remained disorganised for some time, doing serious injury to the Company,
not only in the value of the property destroyed and injured, but also from the diminished
receipts consequent on the disturbance.”
15
The were other strikes of the tramway workers during the following years, very often justified
by the strikers with “the increased cost of living” as it was argued for instance in July 1910. The
CELTC direction reacted quite harshly but finally a compromise seemed to be reached. In the
annual report of the company we can read that the strike had started on July 21
st
and that
“the full operating service was resumed on the 30
th
of July; the Staff of the Workshops,
however, continued their unreasonable demands, and it was found necessary to dis-
charge the whole Staff and engage new men.”
16

Such drastic measures were of course not limited to Chile but common also all over Europe
and North America. All in all, the first decade of the 20
th
century was a dynamic and at the same
time difficult time for Chilean society. The national economy suffered from important fluctuations
on the world market for its two essential raw materials, nitrates and copper. There were parallel
issues of paper money which grew threefold between 1903 and 1907 and did inevitably fire
inflation (Millar Carvacho, 1994, pp. 294-316; Carmagnani, 1971, pp. 146-153; Bulmer-Thomas,
2003, p. 58).
Tramway strikes continued for instance in 1913 when the Company tried to reduce drasti-
cally the salaries of those who did not work long enough during a normal period of two weeks.
Interestingly enough there were no real problems to replace strikers since it seems that training
a certain number of strikebreakers how to run a tramway was not particularly difficult. We do
again have an interesting report from the British Legation at Santiago on this particular strike
going on in March 1913.
“A total strike took place in March of the employees of the Chilean Electric Tramway
and Light Company, an English registered company but to-day almost entirely fi-
nanced and controlled by Germans. Tramway communication was almost completely
15 Chilian Electric Tramway and Light Company, Limited: Report of directors to be presented at the eigthth
ordinary general meeting of shareholders, to be held […] in the City of London, on Wednesday, the 25th day
of July, 1906 […], p. 2. See also DeShazo, 1983, pp. 124-125.
16 Chilian Electric Tramway and Light Company, Limited: Report of directors [for the business year 1910, dated
July 6, 1911, London 1911], p. 2.
95
Peter Hertner - Foreign direct investment in Chile and local public utilities
suspended for about a week and considerable inconvenience was caused. […] The
few trams which were able to run by outside men, carried a carabineer armed with a
rifle and ball cartridge as a protection against the assaults of the strikers which had
occurred in the less frequented parts of the city.”
17
There was still another reason for trouble, this time between the Company and the Munici-
pality when it came to demands for higher tramway fares. As we have already seen, these could
be raised only if the City Administration agreed. Such an agreement required a substantial vari-
ation of the exchange rate between the Chilean peso and the British pound sterling. A situation
of this kind arrived with the outbreak of the First World War when in October 1914 the peso went
down because of the temporary breakdown of Chilean exports. In this particular case the city
denied the requested change and as a consequence the Tramway Company went to court and
then to arbitration. When no tangible results came out of this, the tramway service was blocked
by the Company for two weeks during the second half of January 1915. The city threatened
then to give a concession to a bus company which declared to plan the acquisition of 33 buses.
Nothing came really out of this.
18
Only in October 1915 a compromise was found which lasted
in any case for about two and a half years. It appears that a new strike arrived only in April 1918
when the workers claimed higher wages and better working conditions.
II. Valparaíso.
Not much later than in Santiago did a horse-driven tram arrive in Valparaiso, namely in
1863. In about 1900 there were three tramway companies of this kind in this harbour city which
used a network of altogether 20 kilometres with about 75 wagons (Morrison, 1992, p. 31). Val-
paraiso was significantly smaller than the Chilean capital Santiago: In 1856 it numbered 52.000
inhabitants. Their number increased to 162.447 in 1900 and to 266.00 in 1920 (Silva, 1910, p.
37; Blakemore, p. 525). This increase called in any case for a better system of public transport,
and when in 1898/1900 an electric tramway was planned and then started in the rival city of
Santiago one can imagine that this could not stay without an answer from the Pacific harbour
city. As a matter of fact
“On 25 October 1902 Saavedra Bénard y Compañia, local agent for Allgemeine Elek-
tricitäts Gesellschaft of Germany, acquired a concession to build an electric tramway
in Valparaiso” (Morrison, 1992, p. 33).
19
17 National Archives, Kew (London), FO 371/1588, No. 24374 (28/3/1913). See also ·· -·.·. ~· ··· -.··
-·· (Buenos Aires), 39, p. 815 (28/3/1913).
18 For this strike period see the regular reports in the German language newspaper |·.··~·· .··.·, ·.· c··
which appeared in Santiago during the entire war years (24/10/1914, 28/10/1914, 24/12/1914, 14/1/1915,
17/1/1915, 16/2/1915, 28/10/1915). See also | |··~.·~ (Santiago) of 3/1/1915) and A. Diaz Meza, “El con-
flicto con la Tracción Eléctrica”, in: ZIG-ZAG (Santiago) of 3/1/1915.
19 See also the discussions in the City Council of Valparaiso on January 17, September 11, and October 8,
1902 on the conditions for a new tramway concession and the award of a contract to the firm of Saavedra,
Bénard & Cia. which represented AEG as well as Schuckert, then the third largest electro-technical firm in
Germany (Archivo Nacional Histórico de Chile, Santiago: Cabildo y Municipalidad de Valparaiso, 1790-
1914, vol. 175, pp. 494-495, 527-530). Couyoumdjan (2000, p. 67) calls the firm of Saavedra, Bénard & Cia.,
founded in 1886, “una firma germano-chilena” even if its name does not a priori point to a partially German
character.
Chile y América en su Historia Económica.
Parte II: Comercio y movilidad internacional de los factores
96
On September 25, 1903, the newspaper |····· |~····c~.···, then one of the leading
economic papers in Germany, describes the foundation – in Berlin on the same day – of the
company Electric Tramway Valparaiso, a joint-stock company which in German was called Ele-
ktrische Strassenbahn Valparaiso A.-G.. According to the paper the paid-in capital of the new
company amounted to 5 million marks, of which 1 million had been totally paid and of the re-
maining 4 million 25 percent had been paid in. The founders were Deutsche Bank, the Berliner
Handels-Gesellschaft – despite its name also a bank -, Disconto-Gesellschaft – as in the case
of CETLC -, the holding company Elektrische Licht- und Kraftanlagen, Saavedra, Bénard & Cia.,
as already mentioned. After these corporations followed “all large German electro-technical
firms”, i.e. AEG, Union Elektricitäts-Gesellschaft, Siemens & Halske, and Schuckert, the latter
having just in part merged with the Siemens group.
“The company has taken over the concessions for the construction and the running of
a tramway network with a length of about 27 kilometres as well as the production and
distribution of electric energy for lighting and power. The construction will be done in
common by AEG and Siemens Schuckert. The company has its seat in Berlin and will
establish a branch at Valparaíso.”
Interesting are in this particular case of Tranvías Eléctricas de Valparaíso not only the
initiative itself, the role of German capital, and the specific place where this company was esta-
blished – apart from its official seat at Berlin -, informative is above all the cooperation between
the two large German electro-technical producers who normally were passionate competitors
on a national, a European, and on the global level even if they worked together in some selected
fields (Hertner, 1986). For Siemens the Valparaíso Tramways, planned as a joint-venture with
AEG, was sort of an entry ticket into the large CATE investment program. As a matter of fact
Siemens took part somewhat later, in 1906, when CATE’s capital was doubled. From then on
three Siemens representatives sat on the supervisory board of CATE, and Siemens machinery
profited, until the outbreak of World War I, from the steady growth of CATE (Jacob-Wendler,
1982, p. 77).
For the supply of electricity for the Valparaíso Tramways a hydroelectric plant was built at
an artificial lake, 20 kilometres south of this town,
20
but there was also a steam plant placed in
the city itself (Morrison, 1992, p. 33; Martland, 2003, pp. 181-182). In 1906 and at the begin-
ning of 1907 – and as in the case of CETLC – CATE took over practically all shares of Tranvías
Eléctricas de Valparaiso and set part of them off against a credit which it had granted earlier.
21
This seemingly positive development was brutally interrupted by “the great Valparaíso
earthquake” which, on August 16, 1906, destroyed entire parts of the city. More than 3.000
people lost their lives in Valparaíso, the tramway company had material losses of about 300.000
marks (Martland, 2007, p. 236).
22
Only three months after this catastrophe, on November 11,
1906, a new tramway line was opened which linked Valparaíso to the fashionable seaside resort
20 On February 18th, 1903, the City of Valparaíso and Saavedra Benard & Cie. concluded a 30 years’ contract
which allowed the use of the water of Lake Peñuela by the tramway company. The water had to be paid and
its use was prohibited when it fell below a certain level (Boletín de las Leyes i Decretos del Gobierno, Libro
LXXIII, Primer Trimestre, Año 1903, Santiago 1903 pp. 68-72).
21 See the annual report of Deutsch-Ueberseeische Elektricitäts-Gesellschaft for 1906, pp. 10-11.
22 See also the annual report as in note 15, p. 5.
97
Peter Hertner - Foreign direct investment in Chile and local public utilities
of Viña del Mar, a town of 30.000 inhabitants situated just a few kilometres north of it (Mart-
land, 2007, pp.249-252). Until the end of 1907 the entire network of the Tranvías Eléctricas de
Valparaíso had been electrified, two years later it had 137 wagons and transported 29 million
passengers whereas CETLC in Santiago numbered 103 million passengers six years later, in
1915 (Morrison, 1992, pp. 33-34, 71).
This small chapter on the Valparaíso tramways should not be closed without talking briefly
about the quality of social relations between the Company, its users, and its employees. It must
be said that the terrible earthquake of 1906 did not only destroy an important part of the city
and kill thousands of people, it also changed the character of the lower quarters, those who
had been built close to the harbour. Those of their inhabitants who could afford it, moved to
fashionable Viña del Mar in the North which could be reached easily with the help of the new
tramline. This meant that the old centre was more and more populated by the poorer parts of
Valparaíso’s inhabitants who were used to social actions of all kinds and particularly to strikes
(Martland, 2003, pp. 188, 225-230).
Apart from this special development one could observe in Valparaíso astonishing par-
allels to how social conflict expressed itself in Santiago. This was particularly true for the first
months of the Great War when the Tramway Company followed the price increase for tram
tickets claimed by CELTC in Santiago almost exactly a month later at the end of November
1914. As in Santiago, the City Administration of Valparaíso refused to accept this request.
23

The consequences of this refusal were however much more radical in Valparaíso: If we believe
the |·.··~·· .··.·, ·.· c·· a mob attacked a whole series of German institutions – starting
with the German Consulate General and followed by attacks on the local German Association,
the German Overseas Bank, the German Bar and so on.
24
The Chilean military arrived only
the following day. As a consequence and in order to avoid further damage to its wagons, the
Tramway Company stopped running for more than two weeks.
25
The ·~.·· -~·~ |, organ of
the British colony in Valparaíso, commented these events – now that Britain and Germany were
opposed to each other in a war – in a somewhat different way
26
:
There were a number of strikes and boycotts of tramway users in spring 1915 but one has
to wait until September 1919 before a “political” strike, lasting for an entire week, broke out
because private firms did not accept elections of representatives of the employees.
27
All this remains, however, comparatively harmless if we look at the great “tramway flare-up”
which happened during the night between March 10
th
and March 11
th
in Valparaíso. The origin
of this dramatic event was almost insignificant: A tramway inspector had criticized that there
were too many people in one of the wagons and had asked them to get out. As a consequence,
a mob of possibly several thousand people set fire to 21 wagons and destroyed another 35
ones. There were not enough policemen and the army arrived only after midnight when the
damage had all been done.
28
We believe that a quote, taken from the ·~.·· -~·~ | of
March 18
th
, 1920, describes the background of these actions quite well:
23 Deutsche Zeitung für Chile (DZfCh) of 26 and 27/11 and 3/12/1914.
24 DZfCh of 4 and 5/12/1914.
25 DZfCh of 11/12 and 29/12/1914.
26 The South Pacific Mail (Valparaíso), VI (3/12/1914), p. 6.
27 DZfCh of 16 and 22/9/1919.
28 The South Pacific Mail (Valparaíso) of 11 and 18/3/1920.
Chile y América en su Historia Económica.
Parte II: Comercio y movilidad internacional de los factores
98
“The difficulties existing between the Company, the Municipality and the Public are
of such old standing that a state of old tension and irritation has been in evidence for
years past; but, with the exception of a momentary outburst of feeling at the beginning
of the War, when the Company availed itself of the terms of its contract to double the
fares, at a time when the financial crisis which the country was passing rendered such
a step, to say the least, inopportune; the enormous number of passengers who have
had to put up with the inefficient service of the tramways bore the many inconveniences
with exemplary patience.”
III. World War I and its immediate aftermath.
The situation of these two companies, their employees, their managers and customers
changed, as these examples should have demonstrated, radically during the First World War
and immediately afterwards. Three reasons could be made responsible for their specific dif-
ficulties: (1) The two German utility companies in Santiago and Valparaíso could no longer
receive supplies and materials from their homeland because of the very successful British sea
blockade. Technicians and managers from Germany could not arrive for inspection and con-
trol, they were equally blocked. (2) Additional capital – which would have had to be sent from
Central Europe - could not be transferred and, with the German currency undergoing a heavy
process of devaluation during and especially directly after the war, there were practically no
new financial means available for these firms. (3) The British and the French diplomats in Chile
saw, when the war came slowly to an end and German defeat seemed probable, good chances
for taking over these German-controlled utilities despite the fact that Chile as well as Argentina,
had remained strictly neutral during the war years.
29
In the case of CELTC an eventual take-over was made much easier since it was still
registered as an English company. Being a firm which was owned by the enemy and having its
official seat in London there were no real problems to put it under sequestration. “During the
post-war seizure of German assets, Whitehall decided to sell the concern through the Public
Trustee’s office” (L. and C. Jones, Greenhill, 1977, p. 95). The Pearson group, a British utility
holding which was active also in Mexico, bought CELTC from the British state and refused to
sell it again to CHADE, the Spanish successor of CATE.
“Although C.E.T.L. owned considerable property in Santiago – eighty-four miles of tra-
mway track, more than 400 cars, and a steam turbine plant – it did not yet enjoy a
monopoly. It provided lighting for only a third of the city’s users, possessed no hy-
dro-electric resources (renting power from La Florida for £ 75,000 per annum), and did
not supply Valparaíso, the republic’s chief port less than 100 miles away” (L. and C.
Jones, Greenhill, 1977, p. 96).
29 For French and British diplomats and industrialists and their expectations to be eventually able to take over
the entire CATE concern in 1918/19 and for the beginnings of negotiations see Hertner, 2010, “Globale
Elektrifizierung“, pp. 74-75. Nothing came out of this and in 1920 CATE was practically transformed into a
Spanish firm, Compañia Hispano-Americana de Electricidad (CHADE), with its official seat in Madrid.
99
Peter Hertner - Foreign direct investment in Chile and local public utilities
Probably there existed solid technical and financial reasons which led C.E.T.L.C. during
the same year 1920 to merge with Compañia Nacional de Fuerza Eléctrica.
30
The latter com-
pany owned important hydro-electric concessions in the same region and not far from Santiago.
The merger led to the founding of a new common company named Compañia Chilena de Elec-
tricidad. CHADE, which still owned the Valparaíso tram company, sold this one and the Florida
power plant to the Compañia Chilena at the beginning of 1923. Thus the Chilean “adventures”,
begun in 1898 and in 1903 by its precursor CATE, came to an end after more than two decades.
Times had changed and regional concentration, including all the problems connected with
such monopolistic behaviour, had become the strategy to be now followed world-wide by most
firms in this industry.
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30 CELTC had been bought by the Pearson group from the British state for a prize of roughly 1 million £. At the
same time it had debts of £1.750.000 with CATE, its former mother company (National Archives, Kew, FO
371/4451: draft of a letter of the Department of Overseas Trade to the British Legation at Santiago, February
6th, 1920).
Chile y América en su Historia Económica.
Parte II: Comercio y movilidad internacional de los factores
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101
TRAYECTORIA DE LA USURA Y EL LUCRO EN EL JUDAÍSMO.
Mario Matus G.
Universidad de Chile
Introducción.
Desde los albores de la humanidad todas las civilizaciones han debido pronunciarse sobre
la legitimidad y legalidad del préstamo de dinero con interés usando sus estructuras de valores
y sus sistemas normativos. En esa tarea, a las religiones les cupo una enorme influencia, y entre
todas las religiones, las que impusieron una impronta categórica fueron las llamadas religiones
abrahámicas, es decir, aquellas que nacieron al alero o bajo la influencia de la ~· judía y que
su a vez, son los fundamentos del mundo occidental
1
.
De tal modo, revisar la trayectoria del tema del préstamo de dinero con interés en la pri-
mera de estas tres religiones devela complejos procesos de transición en los que se vertebran
intrincadas interacciones entre el ámbito de las creencias y el de la vida material. Procesos que
implican importantes grados de conflicto y requieren sofisticados aprendizajes para articular
equilibradamente logros económicos con una perspectiva humanista de la vida. Así es porque
en el trasfondo de la actitud ante la llamada “usura” está la fundamental discusión sobre la
legitimidad y los límites del beneficio o ganancia, o como a los estudiantes chilenos desde
2011 en adelante les gusta denominar: el lucro. En definitiva, explorar los dilemas éticos que
sostuvieron la condena a la usura como las transformaciones económicas que los condicio-
naron ofrece interesantes aristas a nuestro propio debate acerca del necesario equilibrio entre
beneficio y equidad. Este artículo se concentra en la trayectoria del concepto de usura en el
judaísmo, dado que fue en esta religión en particular, y cultura en general, donde aparecieron
los primeros pronunciamientos sistemáticos acerca del préstamo de dinero con interés. En las
líneas que siguen se examina la evolución del término usura, la percepción del préstamo de
dinero con interés en civilizaciones anteriores o contemporáneas a la hebrea, la actitud inicial
del judaísmo ante el préstamo de dinero con interés, las condiciones que llevaron a su endure-
cimiento, las condiciones posteriores que llevaron al judaísmo a una incipiente aceptación del
préstamo de dinero con interés, el surgimiento de la condena cristiana a la usura, y finalmente,
la formalización del préstamo de dinero con interés al interior del judaísmo. Las conclusiones
recogen los problemas y aspectos más centrales.
1 Basta aquí recordar que el nombre utilizado en castellano para el dinero es una derivación de la palabra
“dinar” que designaba la principal moneda árabe en la época medieval.
Chile y América en su Historia Económica.
Parte II: Comercio y movilidad internacional de los factores
102
I. Evolución del término usura.
Las diversas definiciones que la Real Academia Española asigna a la voz “usura” en su
Diccionario de la Lengua Española” insinúan su polisemia histórica:
“Usura. (Del lat. ·.·.
1. f. Interés que se lleva por el dinero o el género en el contrato de mutuo o préstamo.
2. f. Este mismo contrato.
3. f. Interés excesivo en un préstamo.
4. f. Ganancia, fruto, utilidad o aumento que se saca de algo, especialmente cuando
es excesivo”.
(Real Academia Española, 2012).
En efecto, en idioma castellano el vocablo usura abarca desde un interés excesivo apli-
cado a un préstamo (sentido restringido) hasta cualquier interés asignado a diversos tipos de
contrato (sentido amplio) e incluso, cualquiera ganancia, utilidad o beneficio (lucro) que se
obtenga de algo, especialmente cuando es excesivo (sentido más amplio). Cuando se usa
como verbo (usurar: dar o tomar usura) o como adjetivo (usurero: persona que presta con
interés excesivo o personas que en otros contratos obtienen lucro desmedido) se convierte
en un término que puede usarse para designar cualquier conducta económica reprochable.
Pero más allá del uso equívoco y popular del concepto, en términos estrictos usura se de-
fine actualmente como la acción de “Cobrar unos tipos de interés “excesivos” o “irrazonables”
sobre los préstamos” (Seldon y Penance, 1987). Y ese es el sentido que hoy se le da al término
usura. No se trata de cualquier tipo de préstamo o de contrato al que se le aplica algún tipo de
interés, sino sólo de aquellas operaciones gravadas con un interés demasiado oneroso, que
generan un beneficio exagerado al prestamista y un perjuicio importante al prestatario. Por
otra parte, hoy también se enfatiza que la usura normalmente es ejercida de modo ilegal, es
decir, por personas u organizaciones que no cumplen con la ley y, que por el mismo hecho,
pueden usar formas violentas para cobrar intereses muy desmedidos. Por consiguiente, en la
actualidad el carácter injusto de la usura se deriva de si el prestamista está autorizado para
ejercer su actividad o si se trata de una operación al margen de la ley y de la que emerge una
tasa de interés demasiado elevada. Por consiguiente, la mayoría de los gobiernos de diversos
países penalizan como delito de usura el cobro de intereses excesivos, por sobre los límites
establecidos por la ley (Kunicka-Michalska, 1994).
Así y todo, la Iglesia Católica tardó hasta el siglo XIX para abandonar oficialmente la con-
dena de todo tipo de préstamo de dinero con interés y el Islam aún no lo ha hecho.
Cabría entonces preguntarse por qué el Judaísmo adoptó tan tempranamente la pro-
hibición del préstamo de dinero con interés y en su forma más amplia. Pero también cabría
interrogarse por qué también fue más temprano su abandono y su transición al sentido más
restringido que hoy prevalece. Para entenderlo, cabe insertar la trayectoria de la actitud del
judaísmo dentro de un contexto histórico anterior.
II. La usura en la antigüedad.
Las primeras noticias del préstamo con interés (aplicado a dinero o bienes) no muestran
una condena. Hacia 1760 aEC., el artículo 71 del Código de Hammurabi -primera ley conocida
sobre el particular- establecía que se perdería el derecho a recobrar el préstamo si se sobre-
pasaba el máximo legal permitido al tipo de interés y castigaba el abuso de intereses con la
103
Mario Matus G. - Trayectoria de la usura y el lucro en el judaísmo
pérdida de la deuda. El Imperio Babilónico aceptaba el crédito en la medida que lo concebía
como un resorte esencial de su vida económica (Gelpí y Julien-Labruyere, 1998).
En la Antigua India las referencias al préstamo con interés tampoco eran condenatorias
,·· ·· ·i bien hay referencias críticas a ella en el llamado -,.·+ (2000 y 1400 aEC), en los
·.··· (entre 700 y 100 aEC) y en los ··· ·.+··· de 600-400 aEC (Visser and McIntosh,
1998), ya en las llamadas .·,·· +· |·. hacia 200 aEC estas críticas se fueron circunscri-
biendo al cobro de interés por sobre lo que estipulaba la ley: “8.141. “[el prestamista], cons-
ciente de los hábitos de las personas humanas, puede pretender [como interés] el dos por
ciento [al mes]; el que toma el dos por ciento no comete el pecado de usura” … o … “8.152 “Un
interés pactado que sobrepase el límite legal, siendo contrario [al dharma], no es válido y se le
llama usura” (Dell’ Aquila, 1992). De modo que hacia 200 aEC tampoco existía una condena o
prohibición genérica desde el Budismo.
Por su parte, en el Antiguo Egipto también se aceptaba el préstamo con interés siempre
que la tasa no sobrepasara cierto límite legal. Una ley de Asychis -supuesto monarca de la
IV dinastía- obligaba al prestatario a asegurar el pago de la deuda entregando en prenda la
momia del padre (Castillo, 2007)
2
. Así las cosas, cuando el Judaísmo se hizo cargo de este
problema existía una voluminosa doctrina jurídica (Babilónica, India y Egipcia) que no prohibía
el préstamo con interés sino más bien tendía a regularlo y a establecerle límites.
III. Primeras percepciones mosaicas hacia la usura.
Al comienzo, el Judaísmo siguió este mismo camino. En las tradiciones orales -que po-
drían remontarse a inicios del II milenio o a fines del I milenio aEC- y que se recogen en el De-
cálogo (Diez Mandamientos; supuestamente compilados hacia el siglo X aEC), y en general, en
el Pentateuco (que habría sido codificado hacia el siglo VII aEC, según los fragmentos más an-
tiguos de la ~·) el cobro de intereses parece haberse cuestionado sólo cuando se aplicaba
a préstamos dirigidos a los pobres o a personas en apuros económicos: “Si tú prestas dinero
a uno de mi pueblo, al pobre contigo, no te portarás con él como un acreedor (·~····), ni le
cobrarás intereses” (Éxodo 22:25). “Si tu hermano empobrece y recurre a ti, tú lo ampararás;
como forastero y extranjero vivirá contigo. No tomarás de él interés ni ganancia, sino tendrás
temor de tu Dios, y tu hermano vivirá contigo. No le darás tu dinero con interés ni tus víveres
a ganancia” (Levítico 25:35-37). Sin embargo, el Judaísmo decidió tomar un camino distinto
quizás hacia el siglo VII aEC (época a la que correspondería el Deuteronomio)
3
cuando aplicó
la prohibición a todos los préstamos de dinero, excluyendo sólo a los negocios con los extran-
jeros: “No exigirás de tu hermano interés por el dinero, ni por los comestibles, ni por cosa al-
guna de la que se suele exigir interés. A un extranjero podrás exigir interés, pero de tu hermano
no lo exigirás; para que te bendiga Jehová, tu Dios, en toda la obra de tus manos, en la tierra
que vas a entrar para tomarla en posesión” (Deuteronomio 23:20-21). En esta nueva formula-
ción legal, era indiferente si el interés era excesivo o no; bastaba con que hubiera un interés.
La definición deuteronómica dio lugar a diversos debates en torno a los dos términos
usados en la ~· para significar préstamo con interés: ······· y ···· (o ····. Estos de-
2 Castillo obtiene esa información de Gómez del Campillo, Francisco (1893). c~··+··~~··· ·~··· · +···
~·~ ·,,~~. Revista General de Legislación y Jurisprudencia, p. 300.
3 Que habría sido encontrado o escrito en el reinado de Josías (639-608 aEC), rey que en 622 aEC dictó un
código que liberó a los esclavos por deudas, treinta años antes de que lo hicieran las leyes de Solón en
Atenas.
Chile y América en su Historia Económica.
Parte II: Comercio y movilidad internacional de los factores
104
bates fueron interpretados en la |··· (tradición oral posterior a la ~· codificada alrededor
del año 200 dEC) y posteriormente fueron tratados en la ·.··· (comentarios que junto a la
|··· constituyen el ·.+)
4
. Se consideró que el punto de vista más autorizado fue el de
Rava
5
, que sostuvo que en la ~· no existía diferencia alguna de significado entre ······· y
···· (|· |··· 60b) y las dos palabras eran sinónimos que enfatizaban a los destinatarios
de la prohibición (al prestamista o al prestatario). De ahí que por el lado etimológico ·······
(mordida), se habría utilizado para expresar la exacción del interés desde el punto de vista del
deudor, mientras que ···· o ····, (incremento) se orientó a la recuperación del interés por
el acreedor (Encyclopaedia Judaica, 2007). Pero incluso hasta ese punto, la práctica no era
considerada un delito, sino más bien una transgresión ética, y por lo tanto, no estaba sujeta
a sanción penal. En cualquier caso, si alguien prestaba sin pedir devolución y sin exigir inte-
reses, obtendría la recompensa divina. Por otro lado, la prohibición no adquiría un carácter
universal, ya que podía prestarse con interés a quienes no fueran “hermanos” (no hebreos,
gentiles) ya que a ellos, en general, no se estaba obligado a ayudar
6
.
IV. Endurecimiento del judaísmo ante la usura.
Sin embargo, los acontecimientos posteriores al siglo VII aEC trastornaron esta actitud
algo indulgente. Luego de ocupar las tierras de Canaán hacia el año 1.400 aEC, los judíos
establecieron una monarquía, consolidaron ciudades y establecieron el reino unido de Judá,
con capital en Jerusalén. Pero luego del reinado de David y de su hijo Salomón se formaron
dos reinos (Israel al norte y Judá al sur), permanentemente amenazados por el Imperio Ba-
bilónico, y que fueron conquistados por él en 720 y 586 aEC respectivamente. Fuera de los
problemas externos, aparecieron grandes fracturas internas. Luego de tomarse de los cana-
nitas el préstamo de dinero con interés entre muchas otras costumbres, éste fue aplicado a
un numeroso contingente de campesinos, que al no poder pagar sus deudas, perdieron sus
tierras, quedaron obligados a trabajar para el acreedor por al menos seis años, y finalmente,
se convirtieron en jornaleros sin tierras. Para atenuar esa situación, hacia el siglo IX aEC se
promulgó un compendio de Leyes Civiles –incluidas en el Libro de la Alianza- que prescribió la
liberación del esclavo hebreo por deudas luego de seis años de trabajo. Desafortunadamente
para el Reino de Judá, sobrevino la conquista babilónica por Nabucodonosor, la destrucción
del Primer Templo el año 587 aEC y el largo cautiverio de la élite gobernante en Babilonia.
Ya en Babilonia, profetas como Ezequiel (que probablemente escribió en el siglo VI aEC)
interpretaron que la derrota y el cautiverio se explicaban por todas las injusticias y el aleja-
miento de la fe que habrían caracterizado al Reino de Judá. Quedaba la sensación de que el
poder de los gobernantes y sacerdotes del Templo había corrompido a todo el pueblo hebreo
y que era imperativo recuperar la integridad y la devoción como base para restaurar el pacto
4 Se ha usado la versión castellana del Talmud de Babilonia -culminado alrededor del siglo V dEC. – y que es
el más aceptado por la tradición mosaica. El Talmud de Jerusalem habría sido compilado hacia el año 400
dEC. |· |··· es uno de los tratados comprendidos en el |·.·· (orden cuarto, relativo a los daños).
5 270-350 dEC.
6 Hacia el siglo VII aEC- en que se constata este cambio de actitud ante el préstamo de dinero con interés-
los reinos de Judá e Israel se situaban entre dos grandes imperios (Asirio por el Este y Egipcio por el Sur)
y al menos entre otros tres pueblos (Hititas y Fenicios por el norte y el noroeste respectivamente; y Pueblos
del Mar o Filisteos al suroeste). De ahí que la formación de una fraternidad tribal en oposición al “otro” fuera
relativamente explicable no sólo en el caso de los judíos sino también en todos los otros pueblos mencio-
nados.
105
Mario Matus G. - Trayectoria de la usura y el lucro en el judaísmo
con D’s. Especialmente, Ezequiel insistía en que habían sido los mismos individuos los que se
habían corrompido (Johnson, 2006), por lo que se requería aplicar un programa moralizante
que implicaba endurecer algunas prohibiciones. Una de las más importantes se vinculaba al
préstamo de dinero con interés, práctica a la que se adjudicaba el socavamiento de la cohe-
sión social y se le imputaba ser causa de muchos males.
Así fue como en las profecías de Ezequiel la usura fue identificada con el más grave de
todos los crímenes. Se la mencionaba a la par del latrocinio, adulterio, homicidio y otras “abo-
minaciones” dignas de muerte (18:11-13)
7
. Más tarde, la amenaza de muerte por usura fue in-
terpretada como sanción divina contra el enriquecimiento ilegítimo e irreversible (|· |···
61b). “El que aumente su sustancia por el interés y la ganancia es ubicado junto a los “hombres
diabólicos” (Proverbios 28:8), mientras que “aquel que no impone a su dinero interés” es uno
de los rectos y justos (Salmos 15: 5).
Pero las circunstancias del cautiverio no fueron especialmente favorables para el endu-
recimiento de la prohibición. Los cautivos hebreos prosperaron y se vieron obligados a multi-
plicar sus relaciones de crédito al interior del grupo. Por otro lado, aunque aún no existía una
teoría monetaria moderna que explicara el origen y los efectos de la inflación, la existencia de
sistemas monetarios reales (no fiduciarios) en la antigüedad no impedía la existencia de una
inflación de precios, que normalmente se expresaba en emisión de monedas con menor conte-
nido de metales nobles. De ahí que una deuda de 100 valía más que ese valor al momento de
ser cancelada y si no se agregaba un interés que asumiera la pérdida de valor del dinero –o lo
que es lo mismo, la inflación disfrazada tras ello- el prestamista en los hechos se empobrecía
en favor del prestatario. De tal modo, las necesidades económicas de la comunidad y la per-
cepción intuitiva de que el dinero perdía valor, obligaron a relajar la prohibición por medio de
subterfugios legales que de algún modo lograban conservar su espíritu original. Por lo demás,
éste era el procedimiento histórico que el Judaísmo utilizaba para adaptar la - (Ley) a las
circunstancias históricas, que normalmente dejaban atrás el sentido formal de los preceptos.
En esa misma época y un poco del cautiverio de los judíos en Babilonia, el préstamo de
dinero con interés era permitido en la Antigua Grecia y de ello dan cuenta las reformas promo-
vidas el año 594 aEC. por Sólon, quien abolió la esclavitud por deudas y devolvió las tierras a
sus antiguos propietarios. El endeudamiento se había transformado en una de las pocas vías
por la que los campesinos empobrecidos podían seguir cultivando, pero en caso de fracasar,
perdían sus tierras y se convertían en esclavos en manos de terratenientes prestamistas. Por
otro lado, los templos griegos competían ofreciendo intereses más bajos, lo que no impedía
que la tasa de interés fuera bastante alta (cercana al 24% mensual).
Posteriormente, luego que Ciro II (El grande) conquistara Babilonia el año 537 aEC., per-
mitió a los hebreos volver a Jerusalén. Así éstos recuperaron su autonomía y la mantuvieron
hasta el año 63 aEC, cuando Pompeyo conquistó la región y la convirtió en provincia tributaria
de Roma. Fue durante ese largo período que va entre 537 y 63 aEC que se terminó de compilar
el Talmud y que el debate sobre la prohibición del préstamo con interés volvió con nuevos
bríos. Ello se reflejó en una notable ampliación de la prohibición hacia todo tipo de transacción
en que se percibieran beneficios que encubrieran algún tipo de interés (alquileres, préstamo
de víveres, semillas). Incluso se llegó al extremo de prohibir que dos hombres trabajaran para
su propio beneficio en turnos en dos tipos distintos de faenas, ya que al ser una de ambas
7 Las referencias a capítulos y versículos no varía dependiendo de la edición. Por ello, para ésta y posteriores
citas de la Torá .sólo se entrega su localización genérica adscrita a cada libro.
Chile y América en su Historia Económica.
Parte II: Comercio y movilidad internacional de los factores
106
tareas más valiosa que la otra, uno de los dos acumularía mayor beneficio. Los mismos regalos
que un hombre podía entregar a otro -pensando en el futuro pedirle un préstamo o como
posterior agradecimiento a su recepción- como así también las palabras de saludo, fueron
cuestionados porque propiciaban el préstamo con interés. Un acreedor hipotecario no podía
tomar el producto de ese bien inmueble, incluso estando en su posesión, y si lo hacía, debería
deducirlo de la deuda de capital. Se rechazó el interés incluso en la compraventa de todo tipo
de bienes, a menos que su precio de mercado estuviera exactamente establecido, en la idea
de evitar que un comprador adquiriera beneficios ilegítimos al realizar compras adelantadas
con precios menores a los de mercado (compras en verde). Una última esfera a la que se
amplió la prohibición fue la constitución de sociedades, para impedir que un socio financista
compartiera los beneficios pero no las pérdidas, que podían perjudicar sólo al socio gestor.
Con ese fin, se estipuló que la sociedad sólo sería válida si ambos compartían beneficios y
pérdidas, y el financista pagaba un sueldo al socio gestor (Ben-Zion Eliash, 2007).
Todas estas ampliaciones a la prohibición original fueron conocidas como ·.· ····,
(polvo del interés) a diferencia del ···· ··...· el interés que correspondía propiamente a
un préstamo. La diferencia no era menor, ya que en el segundo caso el prestatario tenía de-
recho a recuperar el pago cuestionado.
Como puede verse, el problema específico del préstamo con interés se inscribía dentro
de un ámbito mucho más amplio, que era el tema de los límites que debían fijarse al beneficio,
ganancia (o lucro) con el fin de proteger el bien común, situación que había sido captada en
toda su magnitud durante el cautiverio en Babilonia. Y para lograr ese objetivo no solamente
se debía vigilar el beneficio, sino que además debía normarse y aplicarse la justicia laboral
y debía protegerse la competencia. Había que proteger el buen funcionamiento de los me-
canismos de mercado (impidiendo la concentración económica) pero también intervenir en
ciertas esferas donde el funcionamiento de los mecanismos de mercado generaba asimetrías
y efectos sociales perversos.
“En adelante, toda la doctrina económica apunta a fijar las mejores condiciones de
supervivencia del grupo en un medio extranjero. Se basa en tres principios: trabajo,
competencia, solidaridad. También puede enunciarse de este modo: cada miembro
de la comunidad debe trabajar para ganarse la vida, de conformidad con los princi-
pios éticos planteados por la Ley, de ser posible en un oficio libre y solitario; cada cual
debe aceptar la competencia, lo que le permite tener la posibilidad de hacer fortuna,
pero también le hace correr el riesgo del fracaso, y torna necesaria la solidaridad.
Por último, cada uno debe cuidarse de no perjudicar al grupo a los ojos de terceros e
incluso, si puede, ser útil a los anfitriones que los reciben” (Attali, 2006).
Esto es lo que explica que se limitara a un 15% el beneficio o utilidad en actividades eco-
nómicas entre judíos -que era más o menos lo mismo que se debía tributar al Templo-, que se
impusiera obligación de trabajar y se condenara la pereza y el vagabundaje, y finalmente, que
se estipulara colaborar con un 10% de la renta (diezmo) a la comunidad, y al mismo tiempo,
brindar ··+· (ayuda) a los más necesitados, incluyendo a extranjeros que lo requirieran.
En el entrecruce de estos tres principios básicos de comportamiento económico se situó el
problema del “justo precio”, que subyacía a ellos.
107
Mario Matus G. - Trayectoria de la usura y el lucro en el judaísmo
Un ejemplo de la preocupación manifiesta por la justicia en los procedimientos comer-
ciales aparece en una de las muchas discusiones del Talmud. Según la |···, los comer-
ciantes mayoristas tenían que limpiar sus medidas cada treinta días, dado que los restos de
líquidos grasos -como el aceite- se adherían a las paredes de las medidas y reducían su ca-
pacidad. En cambio, los dueños de casa, que las usaban mucho menos, debían hacerlo sólo
cada doce meses. Pero incluso esto era discutible. El rabán ····~· ··· ···
-
afirmó que
en la práctica se daba más bien al revés, dado que en las medidas usadas con más frecuencia
se pegaba menos la grasa. Así, los tenderos minoristas limpiaban las medidas dos veces por
semana, ya que las usan más que los mayoristas. Del mismo modo, frotaban las pesas una vez
por semana y limpiaban la balanza cada vez que la usaban. Así y todo, el mismo rabán ··
··~· ··· ··· señaló que estas normas sólo debían regir para los [artículos] húmedos,
ya que con los secos no hacía falta aplicarlas. [88b]. Por otra parte, los comentaristas de la
|··· señalaron que si el tendero inclinaba el platillo de la mercadería un palmo más que las
pesas, era su obligación agregarle al producto un décimo si se trataba de líquidos o un vigé-
simo si eran productos secos (Weiss, Talmud, Tratado |· |··).
Algunos autores han sostenido que el énfasis en esa solidaridad de grupo arranca de
una “hermandad tribal” que implicaba una ética distinta hacia otros pueblos, hacia los que se
definía en oposición. Esto habría sido común a todos las sociedades humanas hasta el período
medieval (específicamente hasta el siglo X), en que por primera vez comenzó a atisbarse una
concepción de “hermandad universal” a partir del Cristianismo (Nelson, 1969). Probablemente,
la actitud de “hermandad tribal” se acentuó en el caso de los judíos porque brotó muy tempra-
namente y luego adquirió una gran intensidad, a causa de su enorme vulnerabilidad externa
ante la posibilidad de avasallamiento o exterminio por parte de otros pueblos.
Esto es lo que explicaría que
“Aun de forma sumamente compleja, un cierto principio religioso de fraternidad, pros-
criptivo de la explotación mediante la economía, imperaba en esta sociedad; regía
realmente una fraternidad religiosa a la que repugnaba la mera idea de que se pro-
dujesen transferencias de valor o efectos de expropiación por la actividad puramente
económica en cualquiera de sus formas o expedientes. Es difícil ciertamente de re-
conocer a primera vista esta fraternidad en la sociedad bien conflictiva, muy discri-
minatoria y no poco mercantilizada de la época, pero sus teóricos más orgánicos se
empeñan en predicarla y, lo que es desde luego más importante, sus instituciones,
también las económicas, responden realmente, aunque de forma no siempre primaria,
a sus imperativos” (Clavero, 1984).
Mientras la sociedad judía afianzaba los principios éticos internos que le daban un nuevo
impulso a la prohibición de prácticas que generaban “precios injustos”, Roma vivía problemas
sociales no muy diferentes derivados de la esclavitud por deudas. Por ello, la República se vio
obligada el año 450 aEC a fijar en las llamadas XII Tablas una tasa límite de un 8,3% mensual.
Posteriormente, las llamadas Leyes Licinias (376 aEC) otorgaron la remisión de los intereses
y una moratoria de tres años para devolver la deuda a los deudores insolventes. La pena de
muerte, que podía ser aplicada a los deudores insolventes, fue desvinculada a las deudas por
la Ley -~··· -,· el año 326 aEC. (Gelpí y Julien-Labruyere, 1998; 36). Tanto en Grecia
8 10 aEC – 70dEC.
Chile y América en su Historia Económica.
Parte II: Comercio y movilidad internacional de los factores
108
como en Roma el préstamo con interés -uno de los principales ingresos de las familias aristo-
cráticas y de instituciones laicas y religiosas- había causado profundos estragos sociales. Pero
así y todo, allí el acento no estuvo puesto en su eliminación, sino más bien en la limitación de
su tasa para evitar excesos.
Mientras tanto, el Imperio Carolingio y el Imperio Bizantino habían adoptado las ense-
ñanzas de un rabino judío llamado Jesús, crucificado durante el reinado del Emperador Ti-
berio. Pero incluso con la irrupción del Cristianismo bajo Constantino el Grande (272-337 dEC)
aún no predominaba una prohibición del préstamo con interés. Aunque el temprano Cristia-
nismo dictó unas primeras leyes sobre la usura en el Concilio de Arles (314 dEC), la práctica
siguió su curso normal. Sólo el año 325 dEC. Constantino convocó oficialmente al Primer Con-
cilio de Nicea, en la idea de institucionalizar la Iglesia y organizar la doctrina cristiana para
evitar el resquebrajamiento del Imperio. Así, mediante ese concilio se expulsó a los clérigos
que prestaban con interés. Pero cuando Padres de la Iglesia -como Ambrosio (fallecido en 397
dEC), Jerónimo (fallecido en 420 dEC) y el Papa León (muerto en 461 dEC)- llamaron a una
prohibición universal, Constantino fue renuente a romper una práctica comercial romana legal.
De ese modo, confirmó la tasa máxima tradicional de 12% al año (Armstrong, 2003).
Luego que cayó el Imperio Romano de Occidente el año 476 dEC, el Emperador de
Oriente Justiniano logró reconstruirlo momentáneamente durante el siglo VI dEC. Una vez más,
aunque la temprana Iglesia Cristiana se lo solicitó, el Código Justiniano -promulgado el año 529
dEC- no abolió el interés y sólo redujo la tasa al límite de 6% para los préstamos comerciales
ordinarios entre particulares, al 4% para préstamos de consumo y al 8% para transacciones de-
sarrolladas por banqueros y comerciantes (Armstrong, 2003; Gelpí y Julien-Labruyere, 1998).
Pero aunque el préstamo con interés siguió siendo legal en Bizancio, luego del cisma religioso
entre la Iglesia Católica Romana y la Iglesia Católica Ortodoxa en el año 1054 dEC, la Iglesia
Cristiana Ortodoxa adoptó la prohibición. La marcha hacia la prohibición se fue afianzando en
la Europa cristiana, oriental y occidental.
Pero mientras los cristianos habían dejado de ser perseguidos por el Imperio Romano y
como nuevos actores políticos influyentes se habían transformado en uno de sus más impor-
tantes soportes, el reino de Judea había desaparecido. Una vez que el territorio fue ocupado
por las legiones romanas y fue transformado en provincia, sobrevino un primer gran levanta-
miento en 66 dEC, qué culminó con la matanza de la población de Jerusalén y la destrucción
del Segundo Templo por el general Tito el 70 dEC. En esas circunstancias, se le permitió al
rabino ~~··· ··· .· establecer la academia de Yavné, que tuvo un rol fundamental en
la tarea de recopilar la -. Pero la situación empeoró con un nuevo levantamiento contra
los romanos en 113 dEC y otro posterior el año 132 dEC (la llamada rebelión de |· r~·)
que luego de sostener a Israel como estado independiente durante tres años, fue sofocado
brutalmente con nueve legiones. Con el exilio de la población superviviente y la destrucción de
prácticamente todos los centros poblados, Babilonia se transformó en el principal núcleo judío,
mientras que todo el resto de los exiliados iniciaron una prolongada Diáspora a lo largo de toda
Europa y todo el borde mediterráneo.
V. Gradual aceptación del préstamo de dinero con interés.
En esas circunstancias, los judíos de la Diáspora debieron hacer transformaciones pro-
fundas al interior de sus comunidades para mantener su identidad. En ausencia de gober-
nantes y de las autoridades del Templo, el Judaísmo se replegó hacia las sinagogas repartidas
109
Mario Matus G. - Trayectoria de la usura y el lucro en el judaísmo
por toda Europa y el mundo mediterráneo y hacia el interior de los hogares. Junto a esas
medidas desesperadas, debieron también adaptarse principios básicos de supervivencia, ne-
cesarios para vivir en los intersticios de otras sociedades: “Tanto en Palestina como fuera de
ella, las comunidades reanudan los lazos con las viejas reglas elaboradas en el tiempo de la
primera estadía en Babilonia: trabajar duro, no confiar más que en los suyos, transmitir a las
generaciones futuras una lengua y una Ley, obedecer al príncipe del país de acogida, perma-
necer agrupados, comunicarse entre las comunidades” (Attali, 2006).
Al mismo tiempo, debieron establecer dos instituciones en cada una de las comunidades.
Un Consejo de Notables, que se encargó de administrar los cementerios, recaudar impuestos
para pagar el ··~.· .+~.·
·
, apoyar a los pobres y desvalidos y negociar el rescate de los
esclavos. En paralelo, se estableció un Tribunal Rabínico (|·· +·), cuya jurisdicción sólo regía
para los miembros de esa comunidad y se preocupaba de reglamentar precios, remunera-
ciones, tarifas de transporte y comisiones, de mediar entre empleados y empleadores para fijar
salaros y precios mínimos, controlar pesos y medidas, verificar la aplicación embrionaria de un
derecho laboral, asignar calles especiales a los cuerpos de oficios, administrar las mutuales de
seguridad de los artesanos y canalizar las relaciones con los gentiles. Junto a estas entidades
básicas, fue imperiosa la existencia de una sinagoga, un cementerio, baños rituales, come-
dores populares y otras entidades benéficas. En suma, la vida cotidiana de las comunidades
judías de la Diáspora se anticipó varios siglos a la creación de un Estado de Bienestar, que en
este caso, se incrustó en el interior de cada sociedad de acogida y tuvo como fin supremo per-
mitir la supervivencia. Y fueron esas mismas razones las que obligaron a revaluar la prohibición
del préstamo de dinero con interés, incluso entre judíos.
Durante el período medieval, en el que la tierra sólo podía pertenecer a señores feudales
o eclesiásticos y en el que no se aceptaba que judíos tuvieran trabajadores cristianos, era muy
difícil que ellos pudieran ser señores propietarios plenos. Además, el cumplimiento de pres-
cripciones religiosas como el ····· (no trabajar desde la puesta del sol en viernes hasta el
crepúsculo del sábado) y la r···.· (preceptos alimenticios) imposibilitaba que pudieran ser
siervos de señores cristianos. Por esa razón, se les encontraba muy excepcionalmente como
arrendatarios agrícolas. Por otro lado, si bien podían desarrollar actividades artesanales muy
cualificadas (orfebrería, joyería, sedería y fabricación de objetos muy refinados) tuvieron cre-
cientes problemas para integrar gremios o corporaciones menestrales, de las que finalmente
fueron expulsados en la mayoría de los territorios europeos. Así, los artesanos judíos debieron
resignarse a ser pocos y a habitar dentro de los márgenes de las juderías, imposibilitados de
ofrecer sus productos fuera de ellas. Por consiguiente, fueron en su mayoría limitados a lo que
hoy llamamos sector terciario (servicios) y entre ellos, sólo a aquellos cuyo ejercicio no estaba
prohibido a cristianos. Uno de esos casos fue el del ejercicio de la medicina, debido a que
no se les aplicaba la prohibición de diseccionar cadáveres, lo que si sucedía con cristianos.
Tampoco se les vedó el rol de agente comercial, es decir, de intermediarios entre distintos
mercaderes judíos y gentiles, para lo que tenían enormes capacidades heredadas: uso de la
contabilidad por partida doble, conocimiento de las matemáticas -especialmente el cálculo de
la tasa de crecimiento compuesto o interés-, conocimiento de varios idiomas, amplia inserción
dentro de una vasta red de comerciantes congéneres dispersos por toda Europa y territorios
del Islam y posibilidad de viajar periódicamente entre ambas zonas.
9 Pago anual que cada comunidad debía entregar al Imperio Romano.
Chile y América en su Historia Económica.
Parte II: Comercio y movilidad internacional de los factores
110
VI. Endurecimiento cristiano y aceptación mosaica.
En medio de todo esto, reyes, nobleza, comerciantes, artesanos y campesinos prósperos
requerían de ingentes créditos, en la medida que se reanimaban las economías medievales
estimuladas por la gran recuperación de los intercambios a partir del siglo X. Pero no existían
medios de pago suficientes para colmar esas necesidades ya que se necesitaba mucho más
crédito del que se había requerido hasta entonces. Esta creciente necesidad se topaba con
un obstáculo, en tanto se había logrado instalar la prohibición civil –ya no sólo eclesiástica-
del préstamo de dinero con interés dentro del mundo cristiano
10
. En efecto, hacia 789 dEC.
Carlomagno presentó en Aquisgrán una resolución capitular conocida como ·+·~··~ ··
···· En ella, el Emperador estableció que las actividades económicas no debían perturbar
el orden divino y debía prevalecer un espíritu caritativo. De tal modo, allí se fijaron medidas
moralizadoras sobre las transacciones y el uso del dinero que se convirtieron en modelo de
muchas legislaciones posteriores. Fue así como se estableció por primera vez la prohibición
civil de usura para los laicos, recogiendo lo que había sido solicitado por el Concilio de Clichy,
celebrado el año 626.
Estas crecientes barreras al ejercicio del préstamo de dinero con interés no impidieron
que los cristianos pudieran ejercer como prestamistas. De hecho, los banqueros lombardos
italianos y muchos jerarcas de la Iglesia fueron activos agentes de crédito
11
. Del mismo modo,
los banqueros mercaderes -que enviaban capital a sus socios- y los cambistas -que propor-
cionaban servicios de cambio y de depósito- lograron evadir la prohibición mejor que los pres-
tamistas, debido a que sus actividades estaban confinadas a círculos reducidos y ocultas
bajo transacciones lícitas, como la letra de cambio. Pero normalmente estos prestamistas
volcaban su acción hacia grandes prestatarios, por lo que pequeños créditos entregados a
comerciantes, artesanos y campesinos quedaban en manos de prestamistas judíos, razón por
la que seguramente quedó en el imaginario popular que los únicos prestamistas medievales
eran judíos
12
.
A la necesidad de los gentiles por ampliar la oferta de crédito y al callejón sin salida al que
habían enviado a los judíos para subsistir, se agregó la necesidad de facilitar el crédito entre
los mismos judíos, que habían construido una densa red de transacciones basadas en la con-
fianza –que hacía innecesaria la existencia de mecanismos coercitivos de cumplimiento para
honrar los contratos- y que permitía subsistir a las comunidades dispersas. Un instrumento
muy usado para satisfacer esas necesidades fue la letra de cambio, en la que el compromiso
de devolución de un crédito naturalmente podía encubrir un tipo de interés al momento del
pago. Pero no bastaba. Las operaciones eran cada vez más intrincadas y debía relativizarse la
prohibición genérica a prestar o recibir prestado de otros judíos.
Pero ya existían exenciones talmúdicas. Una de ellas establecía la admisibilidad de que
si un prestamista entregaba 100 unidades a un prestatario, que a su vez, lograba aumentar su
valor a 200, el acreedor tendría derecho a los 200, siempre que hubiera pagado al prestatario
10 El proceso por el que la prohibición del préstamo de dinero con interés fue ganando fuerza al interior del
mundo cristiano, especialmente católico, ha sido bastante documentado por Le Goff (2003).
11 La misma familia Médicis estuvo expuesta varias veces a la acusación de usura.
12 Los aspectos más oscuros del ejercicio del préstamo de interés por judíos a cristianos serán examinados
en un trabajo posterior, desde la actitud que el Cristianismo adoptó hacia la usura.
111
Mario Matus G. - Trayectoria de la usura y el lucro en el judaísmo
alguna remuneración en consideración a su trabajo. Por otra parte, Rashi
13
estableció que
era lícito enviar a un amigo a contraer con un tercero un préstamo con interés dirigido a uno
mismo, o que se podía facultar a un amigo para que diera dinero con interés a un tercero, en
tanto el interés se prohibía sólo entre prestamista y prestatario, pero no entre sus respectivos
representantes. El principio que el representante era equivalente al representado no podía ser
aplicado en estos casos, porque el cobro de intereses era un delito penal y en materia penal
nadie podía ser responsable por las acciones de otro.
VII. Formalización mosaica del préstamo de dinero con interés.
Con el tiempo, se estableció una forma estandarizada de legalización del interés (bene-
ficio), conocida como -····· ···, que significa autorización para formar una asociación. Se
elaboró una escritura, conocida como ····· ···, que apoyada en dos testigos, estipuló
que el prestamista podía proporcionar una cierta suma de dinero al deudor para una empresa
conjunta, mientras que el prestatario sólo administraría el negocio y garantizaría al prestamista
su inversión contra toda pérdida y una cantidad fija de mínimo beneficio. La escritura también
estableció que el prestatario pagaría una suma nominal como salario y acordaría con el presta-
mista compartir las eventuales pérdidas. Si se deseaba invalidar el acuerdo de distribución de
pérdidas debido a la destrucción o carencia de las mercancías, esta debía probarse mediante
una evidencia normalmente inalcanzable. Esta forma de legalización del interés quedó tan
consolidada que actualmente basta agregar al contrato las palabras , -····· ··· (según
acuerdo de asociación permitido) para que sea lícito y existen diversas formas estandarizadas
según tipos de contratos (Openheimer, 2010).
En cuanto a las operaciones de crédito con gentiles, el cobrarle intereses fue permitido a
partir de la exención talmúdica de que no debe hacerse a menos que no haya otro medio de
subsistencia:
“Si hoy en día permitimos que se cobre interés a los gentiles, es porque el yugo y la
carga que nos impone el rey y sus ministros no tiene fin, y todo lo que tomamos es el
mínimo para nuestra subsistencia, y de cualquier manera estamos condenados a vivir
en medio de las naciones y no podemos ganarnos la vida de cualquier otra forma, ex-
cepto a través de transacciones de dinero con ellos, por lo que el cobro de intereses
no debe ser prohibido “…. (Ben-Zion Eliash, 2007).
Pero algo no estaba bien. Mientras las comunidades judías evolucionaban desde una
condena muy severa a una actitud más permisiva hacia el préstamo de dinero con interés,
las sociedades cristianas en las que se hallaban inmersas endurecían la actitud hacia lo que
denominaban usura. Las enseñanzas de aquél rabino judío crucificado en tiempos de Tiberio
habían calado profundo en el Occidente Europeo, desde la oración que supuestamente había
enseñado a sus discípulos y que en una de sus partes decía: “+···· ·~·· +··· ·~···
·~.· ·· ·~· +····~· +···~··.· ·~····” frase que fue reemplazada posteriormente por la
Iglesia Católica a fines del siglo XIX y que significa: “perdónanos nuestras deudas, así como
nosotros perdonamos a nuestros deudores”.
13 1040-1105 dEC.
Chile y América en su Historia Económica.
Parte II: Comercio y movilidad internacional de los factores
112
Conclusiones.
La rigurosa condena al préstamo de dinero con interés es una invención judía. A pesar
que la práctica del préstamo de dinero con interés había sido permitida y regulada en las
antiguas civilizaciones, la cultura judía fue la primera civilización que la condenó de un modo
frontal y la llegó a prohibir de modo tan definitivo, abarcando en un sentido más amplio, el re-
chazo general a la obtención de un beneficio indebido bajo distintas vías.
Pero ese cambio trascendental de actitud no puede ser explicado al margen de transfor-
maciones importantes en su contexto histórico. Sin el agravamiento de las fisuras internas y
sin la concreción de las peores amenazas externas, la cultura judía podría haber cultivado la
misma actitud ecléctica que tuvieron otras civilizaciones antiguas. A la inversa, sin el empeora-
miento de las condiciones de existencia de las comunidades de la Diáspora luego del año 70
dEC y la extrema necesidad de facilitar intercambios internos que resultaban críticos para la
supervivencia, habría sido más difícil que relajar prohibiciones cuya aplicación habría tenido
consecuencias catastróficas. Repitiendo procedimientos que habían demostrado su validez, la
adaptación de las viejas reglas se hizo de acuerdo al método casuístico utilizado por la tradi-
ción halájica. Ello permitió identificar excepciones cada vez más numerosas, adecuadamente
fundadas en reglas éticas que buscaban la justicia y el bien común. Finalmente, la creación de
nueva jurisprudencia desembocó en modelos formales que habilitaban el préstamo de dinero
con interés bajo ciertas condiciones. En los hechos, la prohibición original, que se extendía a
los ámbitos más diversos, quedó reducida a un núcleo ético muy delimitado, que no afectaba
la cohesión del grupo.
Paradojalmente, mientras el proceso mosaico de flexibilización de la norma fue rela-
tivamente contemporáneo al endurecimiento progresivo de las normas cristianas, la Iglesia
Cristiana reforzó sus principios en la materia inspirándose en fuentes mosaicas, que eran las
únicas que habían creado un importante corpus teórico aplicado.
Si ambas civilizaciones hubieran desarrollado este proceso inverso de modo separado,
probablemente esto no habría derivado en una terrible anatemización del pueblo judío. Pero
la fortuna quiso que este cambio de actitud se diera en pequeñas y dispersas comunidades
judías que sobrevivían insertas dentro de un océano cristiano que iba en la dirección opuesta.
Como efecto de esa contradicción, la flexibilización interna de la prohibición y la mayor acep-
tación del libre ejercicio de la práctica con los gentiles, fue observada como una expresión de
exacerbado egoísmo. Para la abrumadora mayoría de los europeos, mientras ellos se esfor-
zaban por cumplir con reglas éticas que ponían freno al lucro excesivo, los judíos se conver-
tían en el emblema de la avaricia. Mientras se consolidaba esa percepción, se fue asentando
el estrato económico de la judeofobia. La invención se había vuelto contra el inventor.
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115
BARCOS Y EMPRESARIOS NORTEAMERICANOS EN EL COMERCIO MINERO
INTERNACIONAL DE CHILE, 1818-1840
Luz María Méndez Beltrán
1

Universidad de Chile
El desarrollo del racionalismo, de la ciencia como un saber descriptivo, unido a la expan-
sión del comercio internacional y del afán de explorar y dominar en las tierras lejanas, más aún,
aprovechar especialmente la apertura mercantil de las nacientes repúblicas de la América es-
pañola, contextualizaron la historia naval desde fines del siglo XVIII. Atravesando los mares eu-
ropeos y norteamericanos hicieron sentir esa mentalidad científica y del progreso, unida a sus
nuevas formas de organización, y como exploradores personificados en avezados marineros
y comerciantes, iban y volvían, con mercaderías exóticas más otras de gran valor económico,
como eran los minerales y monedas acuñadas en metales preciosos.
Dentro de ese nuevo horizonte cultural en expansión, los medios de transporte más usuales
para atravesar los mares y océanos en la primera mitad del siglo XIX, fueron las embarcaciones
a vela, dentro de la fase final de un sistema de transporte ya milenario.
Como muy bien expresara el distinguido historiador norteamericano William H. Goetz-
mann: “| ·,~ | ,· ~· ···~·~· ····~ ~~·~ ,· ~· ·.·~,·~· ·.· .· ·,~~ +·
··,~·~~··· |.···· ···· ,··.~+~ ·~+· · ·· +· ·· ·.··~· ~··~,··+· ·····+
+··~.···· , · ····~· +· · ··· ~~········ ·.··~· ····· ·~.++ +· ~·
~.++·~· +· ·.·+~ ~~~+··· o.···· ·,·~· ·· ~~· ~····++ +·· +· ,·~
,···~ ·.·.· ··~·~· ·· ~··~· , ·.··~· +· ·,····~ ·~···~~”
.
Goetzmann pro-
sigue agregando que toda esa actividad formaba parte de un episodio perdido en la historia
cultural de Occidente que él denomina “. ··,.·+ |++ +· ~· ···+·· |··~.······~·”
sucediendo a la primera que iniciaran los marinos del Renacimiento cuando deseosos de ir a
la India, llegaron al ignoto continente de América.
1 Colaboraron en este estudio, la Srta. Elena Soto Acuña, Magíster en Historia y el Sr. Cristián Arancibia Vega,
Licenciado en Historia.
El tema que presentaremos es una derivación de un estudio mayor que versa sobre el “. ··,~··~~· ·
··· ·· c·· --”, investigación patrocinada por Proyecto Fondecyt 1030716, años 2001 y 2003,
cuyos resultados han conformado un libro, patrocinado por la Vicerrectoría de Investigación de la Univer-
sidad de Chile. Luz María Méndez Beltrán, 2004, . ··,~··~~· ···· ·· c·· --. Estudios de
la historia económica y social en la transición de la Colonia a la República, Editorial Universitaria, Santiago.
2 Goetzmann, William H., 1986, |·. .·+· ··. ··· ····~ ·+ ··· ··~~·+ ,··· ,· ~· +·~~.··,,
Viking Penguin Inc., USA, pp. 1-15.
Chile y América en su Historia Económica.
Parte II: Comercio y movilidad internacional de los factores
116
Las naciones noratlánticas de mayor empuje naviero como eran Inglaterra, los Estados
Unidos y Francia extendieron sus rutas comerciales hacia América del Sur, siendo el territorio
chileno asiduamente visitado por aquellas flotas de veleros mercantes, balleneros y de guerra
tras la consolidación del gobierno patriota en 1818. Los estudios precedentes han hecho sin-
gulares aportes respecto a la tipología de las embarcaciones, los sistemas comerciales impe-
rantes, las rutas navieras, el crecimiento del comercio norteamericano hacia el Oriente, pero
se desconoce en profundidad cómo se desarrolló el tráfico mercantil chileno-norteamericano,
especialmente en el ámbito minero. Nuestro objetivo será recoger esos conocimientos y pre-
sentar nuevos resultados respecto al tema propuesto. Cabe señalar primero que la información
obtenida acerca de las embarcaciones de bandera estadounidense, se logró a partir funda-
mentalmente de la base de datos elaborada de nuestras investigaciones
3
.
De dicho trabajo se concluye que el sistema de transporte comercial se realizó bajo el
predominio de la navegación a vela, siendo los barcos más usuales las denominadas fragatas
y bergantines, tanto para el uso comercial como bélico, a los que se unieron embarcaciones
menores como bergantines goletas, faluchos y botes a remo. De distinto calado y porte, en
general los barcos que llegaban a las costas del Pacífico eran naves bastante pequeñas,
siendo en promedio barcos de 250 a 300 toneladas en su gran mayoría, con una capacidad de
transporte que variaba entre 180 a 400 toneladas.
En la marina de guerra inglesa, la indiscutible potencia naval predominante, los barcos
más usuales eran las fragatas y las corbetas, que en el siglo XVIII tenían entre 36 y 39 metros
de largo, en comparación con los navíos que medían 60 metros de largo. En el siglo XIX se
apreció más la maniobrabilidad que permitían estas naves de reducidas dimensiones, tanto
para la guerra como para el comercio, haciéndose cada vez más frecuente su uso. Adaptán-
dose a las nuevas exigencias una fragata de guerra hacia 1845, medía unos 55 metros e iba
armada con 60 cañones. Las corbetas que en su origen eran simples chalupas a remo y de
palo abatible, hacia 1750 empiezan a semejarse a los navíos, arbolando tres palos, pero mi-
diendo sólo 20 metros de eslora, armadas con una docena de piezas de artillería
4
. En Inglaterra
hacia 1800, los barcos de guerra alcanzan los 110 cañones y un porte de 2.322 toneladas;
ocho años después la clase c·+~· aumentó su envergadura a las 2.600 toneladas; en 1839
los de la clase o.··· llegaron a 3.000 toneladas y después de 1840 los ··~·· que fueron
los barcos de madera más grandes construidos tenían 100 toneladas más que los anteriores.
Esas grandes naves fueron complementadas por otros navíos, las fragatas, con armamento en
la cubierta superior y estaban proyectadas para lograr más velocidad en su carrera, transfor-
mándose en naves de choque más que de resistencia frente al castigo enemigo. Comúnmente
portaron a bordo entre 32 a 36 cañones en la primera mitad del siglo XIX
5
.
3 Se consultó la siguiente bibliografía: Eugenio Pereira Salas, 1935, . ~·.~~· +· ~· ~·~·· ·.··
·~······~·~· ·· ·.····· ~~··· ,--., Prensas de la Universidad de Chile, Chile, Luz María
Méndez Beltrán, 2001, | ~~···~~ ····· c·· , |+·· ,---·., Editorial Puntángeles, Universidad
de Playa Ancha. La información fue obtenida de las siguientes colecciones del Archivo Nacional de Chile:
Contaduría Mayor, 1ª y 2ª serie; Ministerio Marina, volúmenes 31, 51, 52, 53 y 56; Ministerio de Justicia, vo-
lumen 19; Capitanía General, volumen 1063; Intendencia de Coquimbo, volumen 157, fondos documentales
conservados en el Archivo Nacional. También consultamos el registro de entradas y salidas de barcos en el
puerto de Valparaíso publicada en El Mercurio, entre los años 1826 y 1840, Sección Periódicos, Biblioteca
Nacional.
4 Jean Marrien, 1960, -··~· +· ~· ·.o.··, Barcelona, Aymá Ediciones, pp. 196-200.
5 Charles Edmund Gibson, 1953, . ···~· +· ··~~, Editorial Espasa - Calpe, Buenos Aires, pp. 121-122.
117
Luz María Méndez Beltrán
Barcos y empresarios norteamericanos en el comercio minero internacional de Chile, 1818-1840
Los barcos mercantes copiaron las formas de los navíos de guerra, llevando en ocasiones
para su defensa pocos cañones. Dentro de este grupo se contaron también con pequeñas
fragatas y corbetas, las que se fueron perfeccionando y modificando en su arquitectura ante la
exigencia de mayor celeridad para el flete de las mercancías y por su movilidad en la guerra.
De esta forma, cuando se les suprimía el palo de popa y en su aparejo se desplegaban velas
cuadradas, con excepción de la cangreja, el barco pasaba a denominarse bergantín; en
cambio si sólo la vela del palo de proa era cuadrada, se definía como bergantín – goleta; y por
último, si todo el aparejo es de tipo cangreja teníamos una goleta, siendo estos dos últimos
tipos, embarcaciones de un peso no superior a las 200 toneladas.
Estados Unidos heredó la capacidad de construcción naval y la técnica inglesa, más
aún cuando el comercio entre las antiguas Trece Colonias se sostenía en el transporte marí-
timo, sustentando en los astilleros levantados en puertos como Filadelfia y Baltimore. A pocos
años de lograda su Independencia, el Congreso autorizó la construcción de seis inusualmente
largas fragatas, en la suposición que serían más veloces. Tres de ellas se encargaron a un
experimentado naviero de Filadelfia llamado Joshua Hamphreys, botándose en esa ciudad la
llamada ···+ ····· fragata también conocida como “·· ~+ .,~·” por su lentitud. Las
otras se construyeron en diferentes puertos, la más famosa y que aún permanece como reliquia
y museo naval en Baltimore, lugar de su construcción en 1797, fue la c~·····~· nave que
navegó por las costas de Chile y el Pacífico. Ese mismo año, se botó al mar a la c~····.·~·
que también se conserva igualmente en Boston; las otras fueron ·· c~·,···· elaborada en
Portsmouth, New Hamshire; ·· c····,··· construida en el famoso puerto de Norfolk en
Virginia; la -···+··· correspondió a New York. Posteriormente, se diseñaron otras fragatas
que llevaron el mismo nombre de los puertos donde se armaron y financiaron: la -·+·,·
la |~··~· y la |·. ~·· además la ~·· ·+·· se hizo en Charleston, y la |···· construida
en Salem
6
.
Más en esencia, los barcos de guerra y mercantes en esa época, eran la prolongación de
las técnicas constructivas europeas que se desarrollaron desde el siglo XVI, el perfecciona-
miento en velocidad y uso de navíos más pequeños los aportó la experiencia naval lograda en
el comercio intercontinental. Fue precisamente la marina comercial la que dio gran impulso a la
construcción naviera en el siglo XIX, como también las actividades pesqueras principalmente
las orientadas a la caza de las ballenas. Estas actividades comerciales se realizaron de prefe-
rencia usando navíos de poco calado, con un exiguo personal marinero, pero muy diestro en el
manejo del velamen y en la ordenación de la carga. Fueron los norteamericanos precisamente
los que más cambios hicieron en las formas de la navegación a vela comercial para competir
con Inglaterra en el transporte y en el comercio marítimo.
Los comerciantes y armadores existían prácticamente en todos sus puertos, en general
todos ellos eran propietarios de los barcos con los cuales traficaban, manejaban las inversiones
locales y hacían buenos negocios en el comercio internacional, así como fletaban mercaderías
y aseguraban los despachos. Los empresarios navieros dominaban centros pequeños como
Salem y Newburyport, y urbes como Filadelfia y Boston, donde dirigían importantes familias
y tenían gran reconocimiento social. Vivían bien, en casas alhajadas con muebles de valor,
6 Tunis, Edwin, 1969, The Young United States 1783 to 1830. · ··· ~· ~··,· ·+ ,·~.·· ··· ~· ····,
+··~~·~, ··· ~· ··. .,· ~· .·, ·····, ·+ +~·,, The World Publishing Co., New York, pp. 81-
87.
Chile y América en su Historia Económica.
Parte II: Comercio y movilidad internacional de los factores
118
gozaban de tener bodegas con vinos de España, Francia y Portugal, también compraban finos
caballos y sus sirvientes eran esclavos de origen africano
7
.
La mayor riqueza comercial la obtuvieron los norteamericanos a fines del siglo XVIII, en
el comercio con China, a través del puerto de Cantón, y luego en la India, por Calcuta; en las
islas polinésicas con el tráfico de perlas, especialmente Hawai; en el comercio de los esclavos
negros que traían de África; en la caza de ballenas y lobos marinos en los mares australes;
y a medida que se iniciaba el siglo XIX, sus expectativas se orientaron también al comercio
de ricos minerales en las costas de Chile, Perú y México. Del mismo modo, participaron en el
transporte de pasajeros, en una época que se hicieron frecuentes los viajes entre Europa y
América cruzando el Atlántico y atravesando el Cabo de Hornos hacia las costas del Pacífico
y del oriente. Fenómeno que culminó en una impresionante oleada migratoria transoceánica,
que uniéndose a los anteriores evidenciaron el progreso naval de los Estados Unidos. Pronto
este desarrollo económico permitió no sólo expandir su flota comercial, sino que al igual que
Inglaterra, disponer de una flota de guerra que resguardó los intereses de sus connacionales
en los remotos litorales de América, África y Oriente.
Barcos norteamericanos en las costas del norte de Chile.
La presencia temprana de embarcaciones norteamericanas en nuestras costas fue es-
tudiado por Eugenio Pereira Salas, en |.o.·· ·~······~·~· ·· c·· ···· +· ··
~~~· ,---.
-
, quien estableció que esas primeras llegadas fueron alentadas por los
excelentes resultados de los negocios iniciales emprendidos en China a través de la venta prin-
cipalmente de pieles, y luego por la expansión de la actividad ballenera y lobera en los mares
del Pacífico Sur durante el último tercio del siglo XVIII
9
. De esta manera, nuestros puertos co-
menzaron siendo una escala accidental en los viajes hacia oriente, como ocurrió con la fragata
c~.··, que arribó al Archipiélgago Juan Fernández en 1788, y la fragata ······~· que
habría sido la primera en anclar en un puerto continental chileno, puntualmente en Valparaíso
durante 1712
10
, para convertirse luego éste en un punto de abastecimiento habitual, abriendo
así una brecha para el comercio entre ambas naciones. Los precedentes legales de esta re-
lación se hallan en primer lugar con la firma del ··+~ +· ···+ .···· , ·.·,~~· en
1795, y en el ··+~ ·+·· o·· +· -·, firmados entre la Corona española y los Estados
Unidos de América, los cuales permitieron el tránsito naviero de los norteamericanos en el Pa-
cífico. A ellos, ya asegurada la Independencia de Chile, se agregó la adopción por parte de la
administración de Bernardo O’Higgins de una política de libre comercio en 1820 para el sector
exportador nacional, garantizándose la participación de los norteamericanos en él
11
.
Los 120 barcos de esa nacionalidad que se lograron precisar entre 1818 y 1840, estu-
vieron recalando y embarcando cobre, plata, y en menor cantidad oro en el norte de Chile para
su flete, no tan sólo de regreso a los Estados Unidos, sino que como señalamos anteriormente
7 Tunis, Edwin; 1969, ·· ~.·, ···+ ····· - ·~ -…, pp.88-89.
8 Pereira Salas, Eugenio, 1936, |.o.·· ·~······~·~· ·· c·· ···· +· ·· ~~~· ,---.
Prensas de la Universidad de Chile, Santiago.
9 Pereira Salas, op. cit., p.6.
10 Ídem, pp. 13-15.
11 Méndez Beltrán, Luz María, 2004 . ··,~··~~· ···· +· c·· - – -, Editorial Universitaria,
Santiago, pp. 77-78.
119
Luz María Méndez Beltrán
Barcos y empresarios norteamericanos en el comercio minero internacional de Chile, 1818-1840
hacia China, la India y puertos europeos para su transacción. Operaron diferentes tipos de
naves en la exportación y se pudo identificar a las siguientes:
En nuestros registros contamos dos barcos de guerra. Primero, la fragata ·· |~·
+~·· comandada por el capitán Norfolk y el capitán Down, de 1.081 toneladas y 306 tri-
pulantes, armada con 38 cañones. Estuvo en Coquimbo cargando metales el 14 de agosto
de 1818, la cual procedía de Norfolk y tenía regularmente como misión patrullar el Pacífico
visitando puertos como Lamar, Acapulco, Panamá y Huacho. La fragata había sido capturada
por la armada de los Estados Unidos a los ingleses, en la guerra que ambas naciones libraron
en 1812
12
. En segundo lugar se sumaba el bergantín ·· |·· lanzado en Baltimore durante
1813
13
, con un peso de 278 toneladas y al servicio de 10 tripulantes. El |·· recaló en la bahía
de la Herradura, Coquimbo, el 28 de julio de 1831, para trasladarse luego a cargar metales en
Huasco, el 12 de agosto del mismo año. De esta manera se evidencia la participación de los
barcos de guerra en el tráfico comercial que desarrolló aprovechando sus circuitos, práctica
implementada de la misma manera por las escuadras británicas y francesa.
Entre los predominantes barcos comerciales, anotamos la existencia de 33 bergantines,
que alcanzaban un peso de 200 a 325 toneladas aproximadamente, de dos mástiles-mayor
y trinquete su rapidez aumentaba cuando el viento inflaba sus grandes velas cuadradas, y la
cangreja característica extendida en la popa
14
. Los bergantines de mayor tamaño registrados
en el norte de Chile fueron el o~·· el .··+ y el ····· todos por sobre las 300 toneladas.
Las fragatas comerciales que llegaron a los puertos chilenos del norte fueron 46, en la
época eran naves por lo general de tres mástiles, conocidos como macho, mastelero y maste-
lerillo
15
, pero las había de cuatro y cinco también, especialmente a partir de la segunda mitad
del siglo XIX. Lucían enormes velas en cuadro con algunas de tamaño menor en la proa. En
ocasiones tenían cañones para su autodefensa, los cuales se situaban en su parte superior. La
más grande registrada fue la |·~··. con 523 toneladas, le seguían la ···· |~ r· con 493
toneladas y la ·· con 370. Entre ellas podemos caracterizar mejor a la segunda mencionada,
la cual transportaba 16 tripulantes. La fragata ···· |~ r· en su época fue el barco más largo
de los Estados Unidos, datándose su construcción en el puerto de Baltimore el año 1833, por
r····+ . .··~· constituyendo por su arquitectura uno de los primeros ~,,·· embar-
caciones alargadas que destellaron por su velocidad desde mediados del siglo XIX. Siendo en-
cargada su fabricación por el comerciante Isaac Mc Kim, el cual lo bautizó con el nombre de su
esposa Anne. Especialmente construida esa fragata para efectuar comercio con Sudamérica,
hizo su primer viaje al mando del capitán Martín, recalando en el Callao, Perú, y en el Huasco
en Chile, con un tiempo de navegación de 161 días, ida y regreso. Esta carrera disminuyó a la
mitad las jornadas de navegación de los barcos comerciales procedentes de Filadelfia en ese
trayecto. Su siguiente viaje, en 1837, fue todo un ··~~·+ de velocidad empleando sólo 59 días
en la ida a Valparaíso y 53 en su regreso a las costas de Virginia. Luego se la envió a la China
y a otros destinos, para ser vendida en 1847 a empresarios chilenos, quienes la emplearon en
el comercio del Pacífico, partiendo en 1849 a San Francisco cuando se produce el ·~+ ·.··
12 Internet: http://wordq.com/definition/HMS_Macedonian
13 Internet: http://www.multied.com/Navy/Brigatines/Erie.html
14 |·~~~,·+ ,···· +· ··, volumen XI, Editorial Garriga, Barcelona, p. 1340.
15 |·~~~,·+ ,···· +· ··, volumen IV, op. Cit., pp. 568-570.
Chile y América en su Historia Económica.
Parte II: Comercio y movilidad internacional de los factores
120
y se mantuvo haciendo viajes en esa ruta hasta 1852, cuando sufrió graves daños, y terminó su
vida útil en el puerto de Valparaíso
16
.
Otro tipo de naves que precisamos en el norte chileno, fueron las “barcas mercantes”,
llamadas también ··~··~ ~ ··~··~ eran veleros de tres a cinco mástiles, con dos velas
cangrejas en el que sería el mastelerillo, lo que permitía una gran maniobrabilidad en el mar
17
.
Se cuantificó la venida de 11 barcas, entre las que destacaron la |~· con 493 toneladas, la
-··~.·· con 329 toneladas y 14 tripulantes, capitán Hulmhan, y la -·· con 286 toneladas e
implementada con 14 tripulantes, con el capitán Engle. La primera nombrada recaló en Huasco
el 28 de agosto de 1838, la segunda en Coquimbo en febrero de 1835, y la tercera tocó los
puertos de Coquimbo en julio de 1838, en Huasco en diciembre de 1832, en noviembre de 1833,
y agosto de 1837, y en Copiapó estuvo durante diciembre de 1833.
También se usaron en este comercio minero algunos barcos balleneros, destinados a la
caza de cetáceos en el sur de Chile, viajaban constantemente a surtirse de alimentos en Valpa-
raíso y Coquimbo, y algunos probablemente sin totalizar su carga arribaron al norte para cargar
metales, obteniendo de esta manera mayores beneficios económicos en una labor caracterizada
por los sacrificios y riesgos. En total fueron 10, de las cuales eran 9 fragatas y una barca. Entre
ellas mencionamos las de mayor porte, la fragata o··+ de 420 toneladas y 12 tripulantes bajo
el comando del capitán Attleston, que estuvo en Huasco durante marzo de 1835 y en septiembre
de 1836, regresando en esa fecha a cargar metales en Coquimbo; y la barca o~·. con 257
toneladas, fue apresada en Chiloé para luego otorgarle patente mercantil chilena en 1822, y
aparece luego otra ballenera del mismo nombre en junio de 1838 en Copiapó cargando metales.
También en el tráfico metalero hubo otras embarcaciones menores: 2 bergantines goletas
que estuvieron en Coquimbo, el c,···· de 219 toneladas en junio de 1830, y el |·+, de 137
toneladas y 8 tripulantes, que tocó puerto en agosto de 1826. Y también recalaron 2 goletas
en Coquimbo, la primera es ···+ que estuvo en noviembre de 1819, la siguiente, la |·~
|~r· de sólo 180 toneladas con 12 tripulantes, recaló en octubre de 1837. Además detec-
tamos 13 barcos que no fueron tipificados, de los cuales mencionaremos en -···, con 329
toneladas, probablemente era un bergantín o fragata por su tamaño, el cual estuvo en el puerto
de Coquimbo subiendo metales abordo en mayo de 1838.
En conclusión, la realidad anteriormente expuesta es ilustrada en el Cuadro I, de acuerdo a
los porcentajes totales de veleros que llegaron hasta la macrorregión minera del norte según su
tipo, donde es evidente la preferencia por naves de mayor capacidad de carga, pero por sobre
todo, de gran velocidad y maniobra, como lo era la fragata o el bergantín. De este modo se ga-
rantizó un mayor beneficio económico para los empresarios gracias a la eficiencia en el flete de
minerales hasta los puntos de su transacción en el extranjero.
En Coquimbo arribaron 435 barcos con el fin de embarcar minerales dentro del período
1818-1840, incluyendo nacionales y extranjeros, siendo de ese total precisados los 95 barcos
de bandera estadounidense, equivaliendo al 21% del tráfico. Sobre la información representada
en el cuadro 1, en Coquimbo con idéntica mayor presencia de fragatas y bergantines se refleja
un mayor desarrollo, a la vez que era relevante la presencia de comerciantes norteamericanos
radicados en la ciudad, dedicados a la transacción de minerales
18
.
16 Internet: http://college.hmco.com/history/readerscomp/ships/html y Méndez Beltrán, Luz María; | ~~···~~
····· c·· , |+··, op. Cit., p.59.
17 .· ···· +· ·· |·~~~,·+ ·.·~ .···+ 1972, Madrid, Editorial Blumes, pp. 130–131.
18 Tema tratado en: Méndez Beltrán, Luz María; |·,····~· ·~······~·~· ·· · ~~···~~ ····~ ····
121
Luz María Méndez Beltrán
Barcos y empresarios norteamericanos en el comercio minero internacional de Chile, 1818-1840
Cuadro I: Porcentajes totales de barcos norteamericanos, según su tipo, que embarcaron
minerales en la Macrorregión Minera del norte de Chile, entre 1818 – 1840.
Tipo de embarcación Total de Embarcaciones %
Fragata* 57 48%
Bergantín** 34 28%
Barca*** 11 9%
Goleta 3 3%
Bergantín goleta 2 2%
Sin datos 13 10%
Total 120 100%
NOTA: *Incluye 10 balleneras y 1 de guerra. **Se sumó 1 bergantín de guerra.
***Incluye 1 ballenera.
La investigación realizada permitió además detallar, en el Cuadro 2, la presencia de estos
barcos estadounidenses en el total del tráfico naviero en cada uno de los puertos nortinos:
Cuadro 2: Porcentaje de barcos norteamericanos, según su tipo, que embarcaron minerales en
los puertos de Coquimbo, Copiapó y Huasco, entre 1818 – 1840.
Tipo de embarcación Total Coquimbo* % Total Copiapó** % Total Huasco*** %
Bergantín 27 29% 6 24% 16 29
Fragata 42 44% 14 56% 29 52
Barca 8 8% 3 12% 7 13
Bergantín 2 2% 0 0 0 0
Goleta 3 3% 1 4% 1 2
S/d 13 14% 1 4% 2 4
Total 95 100% 25 100% 55 100%
NOTA: *Bergantines incluyen 1 de guerra, y Fragatas 1 de guerra más 6 balleneras. **Fragatas incluyen 3 balleneras, y
Barcas 1 ballenera. ***Bergantín incluye 1 de guerra, y Fragatas 4 balleneras.
En Coquimbo arribaron 435 barcos con el fin de embarcar minerales dentro del período
1818-1840, incluyendo nacionales y extranjeros, siendo de ese total precisados los 95 barcos
de bandera estadounidense, equivaliendo al 21% del tráfico. Sobre la información represen-
tada en el cuadro anterior, en Coquimbo con idéntica mayor presencia de fragatas y bergan-
tines se refleja un mayor desarrollo, a la vez que era relevante la presencia de comerciantes
norteamericanos radicados en la ciudad, dedicados a la transacción de minerales
19
.
La situación de Copiapó responde al mismo patrón, registrando los mayores porcentajes
de zarpes con minerales a bordo de fragatas y bergantines, predominando las primeras con un
56%. En la bahía de Caldera, 170 barcos extrajeron metales, de los cuales sólo 25 eran estadouni-
denses, es decir el 14%. Cabe señalar que a pesar de los importantes yacimientos, tanto de cobre
como plata que circundaban a la ciudad de Copiapó, fue extraída sólo una pequeña porción de su
·~~· +· c·· --, ponencia presentada en el XIV Congreso Internacional de la Asociación
Chilena de Estudios Norteamericanos, Viña del Mar, 25 y 26 de julio del 2003.
19 Tema tratado en: Méndez Beltrán, Luz María, 2003, |·,····~· ·~······~·~· ·· · ~~···~~ ····~
·····~~· +· c·· --, ponencia presentada en el XIV Congreso Internacional de la Asociación
Chilena de Estudios Norteamericanos, Viña del Mar, 25 y 26 de julio.
Chile y América en su Historia Económica.
Parte II: Comercio y movilidad internacional de los factores
122
producción por vía marítima, siendo enviada una gran parte a los puertos de Huasco y Coquimbo,
cuestión que permitió el desarrollo durante este período del transporte terrestre de los minerales
sobre recuas de mulas hasta dichos puertos, agregándose inclusive como destino Valparaíso
20
.
Finalmente, sobre el mencionado puerto de Huasco, salida natural de las cargas de plata
y cobre de las minas situadas en las jurisdicciones de Vallenar y Freirina, los mayores gua-
rismos también pertenecen a fragatas y bergantines, detectándose además, al igual que como
ocurrió en Copiapó, una destacada presencia de barcas superando el 10%. De los 370 barcos
registrados en los documentos oficiales de la aduana local que sacaron minerales, 55 fueron
estadounidenses, correspondiendo al 14,8% del total.
También fue de interés conocer los barcos que mostraron mayor frecuencia de viajes
hacia las costas chilenas. El siguiente cuadro muestra los barcos más destacados por su
número de recaladas por puerto, en año y meses, los cuales registraban varias cargas de
minerales a la vez, zarpando luego al puerto vecino, para volver y embarcar nuevamente,
aunque por lo general salían directamente hacia Valparaíso o algún puerto del extranjero.
Precisamente, sobre los destinos, no se pudo desarrollar una estadística precisa y continua,
debido a que en el momento de declarar su salida, los oficiales de las aduanas anotaron co-
múnmente como destino “,.···~· ·······~·” o “······+·~·” omitiendo para siempre a la
historiografía este valioso detalle
21
.
Cuadro 3: Barcos norteamericanos con mayor presencia en los puertos de Coquimbo,
Copiapó y Huasco, entre 1818 – 1840.
COQUIMBO RECALADAS FECHAS (mes-año)
1. Fragata Porcia 7 06 y 12-1825; 03-1827; 01-1829;04-1830; 06-1831; 07-1833; 08 1834.
2. Fragata ballenera Lady
Adams
6 02-1831; 11-1833; 10-1834; 10-1838; 03-1840.
3. Fragata Heroína 5 05-1825; 05-1826; 07-1827; 09_1828; 09-1837.
4. Bergantin Canadá 4 09-1823; 04-1835; 07 y 09-1837; 07-1839.
5. Fragata Natchez 4 03-1828; 04-1836; 01-1839; 10-1839.
COPIAPÓ RECALADAS FECHAS (mes-año)
1. Bergantín Napoleón 3 10 y 12-1835; 06 y 09-1836; 01 y 05-1840.
2. Fragata Porcia 2 05-1830; 08-1831.
3. Bergantín Danubio 2 05-1831; 01 y 02-1834.
HUASCO RECALADAS FECHAS (mes-año)
1. Fragata Mercurio 5 03-1831; 05-1832; 12-1833; 01-1834; 11-1836.
2. Fragata Porcia 5 12-1825; 03 y 04-1827; 05-1830; 07-1831; 11 y 12-1837.
3. Bergantín Danubio 4 08-1830; 05-1831; 05-1832; 01-1835.
20 Méndez Beltrán, Luz María; | ~~···~~ ····~ ········· ····· c·· , ··,···· --.Caminos,
arriería y exportación minera. Universidad de Chile.
21 Problema resuelto en la monografía | ~~···~~ ····· c·· , |+·· ,---·., obra citada de Luz
María Méndez Beltrán, donde gracias a la metodología de contrastar la información de archivos de Chile
y Estados Unidos permitió revelar destinos de barcos previamente identificados, como también, descubrir
otros que cargaron metales sin dejar rastros en las estadísticas en nuestras aduanas, detectándose adicio-
nalmente el contrabando de estas mercancías hacia puertos como Filadelfia.
123
Luz María Méndez Beltrán
Barcos y empresarios norteamericanos en el comercio minero internacional de Chile, 1818-1840
Dentro de estos barcos estadounidenses, destacan principalmente la fragata -~·~ la
fragata ballenera .+, ·+·· la barca ~·,· |··o.· debido a que son las embarcaciones
que a nivel regional anotaron más carreras hasta nuestras costas. La primera dejó registrada
su participación en este tipo de comercio en 9 ocasiones, visitando en un mismo viaje tanto
Coquimbo, como el Huasco y Copiapó, tal como se aprecia en 1830, o tan sólo Coquimbo y
Huasco, en 1825. La fragata -~·~ tenía un peso de 231 toneladas, contando con una tripu-
lación de 12 marineros. La .+, ·+·· fragata ballenera de Nantucket, con 272 toneladas, y
12 tripulantes, complementaba como señalamos anteriormente, sus tareas de caza y faena de
ballenas, en correrías que la llevaban hasta las islas Galápagos, con el transporte de minerales
chilenos de regreso a Estados Unidos. La .+, ·+·· completó así 6 visitas, hechas todas
en el puerto de Coquimbo
22
. Por último, la barca ~·,· |··o.· ancló en Coquimbo y Huasco
para embarcar minerales en 6 ocasiones, específicamente en los años 1830, 1831, 1834, 1836,
1838 y 1839.
El transporte internacional de metales a bordo de los barcos estadounidenses.
Uno de los aspectos centrales del comercio de estos barcos en Chile, fue la obtención de
un cargamento valioso que les financiara el viaje de regreso a su país, lo encontraron estos ma-
rinos comprando en el norte de Chile principalmente metales refinados de cobre y plata, bajo
la forma de barras y piñas como se decía en la época respectivamente, y también en menor
cantidad oro. Este comercio no obstante, lo compartieron con naves de otras nacionalidades
que también llegaban a las costas del Pacífico, como las de bandera británica, francesa, ham-
burguesa, danesa, corsa y holandesa principalmente.
Nuestra base de datos muy precisa y rica en información sobre la exportación de metales,
ha permitido construir las siguientes gráficas que muestran la mayor y menor frecuencia de la
exportación, y sus diversas etapas acorde con los yacimientos en producción en esos años.
Gráfico 1: Plaa piña exportada desde los puertos de la macroregión minera
del norte de Chile en barcos estadounidenses, 1818 - 1840
22 Referencia de su presencia en las islas Galápagos por Internet: http://www.galapagos.to/TEXTS/NICKER-
SON.HTM
Chile y América en su Historia Económica.
Parte II: Comercio y movilidad internacional de los factores
124
Gráfico 2: Cobre en barras exportado desde los puertos de la macroregión mineral
del norte de Chile en barcos
Respecto de la plata, como podemos explicar a partir del Gráfico 1, se exportaron en
embarcaciones estadounidenses un total de 33,20 toneladas, aportando dentro de ese total
Coquimbo 26,53 toneladas (es decir casi el 80%), proporción que confirma el enorme peso de
este puerto, como zona productiva y centro de comercio minero exportador. La exportación
de plata presenta índices interesantes durante el período 1825-1828, situación que coincide
con el comienzo de la explotación del yacimiento de Arqueros, representando una exportación
argentífera que superaba la tonelada anual, curva que decayó brevemente en los años 1829
y 1830, para remontar enseguida gracias al aporte del legendario mineral de Chañarcillo, al
cual se suma en poco tiempo la producción del menos conocido mineral de Tres Puntas. Lo
cual eleva considerablemente los índices de exportación, alcanzando un inédito promedio
de 8 toneladas durante el año 1834. Desde entonces y hasta la guerra con la Confederación
Peruano-Boliviana, es decir 1838, las remeses de metales decaen progresivamente hasta casi
desaparecer, volviéndose a elevar bruscamente a las 4 toneladas en 1840, con la normaliza-
ción del flujo naviero en el Pacífico Sur al terminar el conflicto bélico.
En cuanto al cobre, expresado en el Gráfico 2, se exportaron 24.941 toneladas, de cuyo
volumen total 14.045 toneladas (el 56%) fueron aportadas por la producción cuprífera de Co-
quimbo. Los embarques de 1818-1830, para elevarse bruscamente a contar de ese año, fe-
nómeno sin duda ligado al empleo de técnicas modernas de refinamiento del metal como los
hornos de reverbero. Durante la última década de nuestro análisis, la exportación del cobre
oscila entre las 1.600 y las 2.500 toneladas anuales, acercándose a las 3.000 toneladas, ter-
minada el año 1834.
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Méndez Beltrán, Luz María, 2001, | ~~···~~ ····· c·· , |+·· ,---·.
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125
Luz María Méndez Beltrán
Barcos y empresarios norteamericanos en el comercio minero internacional de Chile, 1818-1840
Méndez Beltrán, Luz María; |·,····~· ·~······~·~· ·· · ~~···~~ ····~
·····~~· +· c·· -- ponencia presentada en el XIV Congreso Internacional
de la Asociación Chilena de Estudios Norteamericanos, Viña del Mar, 25 y 26 de julio del
2003.
Méndez Beltrán, Luz María , 2004, . ··,~··~~· ···· ·· c·· -- |··.+~·
+· ···~· ·~~·~·~ , ·~~ ·· ····~~· +· c~~· -·,.·~ Editorial
Universitaria, Santiago
Méndez Beltrán, Luz María, 2009, | ~~···~~ ····~ ········· ····· c·· , ··,····
-- c··~· ····. , ··,~··~~· ····, Santiago, Universidad de Chile, Fondo
de Publicaciones Americanistas.
Pereira Salas, Pereira, 1935, . ~·.~~· +· ~· ~·~·· ·.·· ·~······~·~· ··
·.····· ~~··· ,--. Prensas de la Universidad de Chile, Santiago de Chile.
Pereira Salas, Eugenio, 1936, |.o.·· ·~······~·~· ·· c·· ···· +· ·· ~~~·
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··· ~· ····, +··~~·~, ··· ~· ··. .,· ~· .·, ·····, ·+ +~·, The World
Publishing Co., New York.
127
EL PUERTO DE VALPARAÍSO, SU INFRAESTRUCTURA,
EL TRÁFICO Y SU DECADENCIA, 1870-1930.
Javier Valderrama Vega
Universidad de Valparaíso
Desde el momento mismo de la independencia, Chile busca poder recuperar su mercado
del Perú, y bajo este principio el reglamento de libre comercio promulgado el 21 de febrero de
1811, y que abre los puertos de Coquimbo, Valparaíso, Talcahuano y Valdivia, a los barcos
extranjeros, es un fuerte impulso para intentar lograr una balanza comercial favorable para la
nación, intentando desesperadamente aumentar sus ingresos, sobre todo en materias fiscales.
Este reglamento y específicamente el artículo 21 señala que:
“Los habitantes del país podrán comerciar por si mismos con todos los puertos ex-
tranjeros del mundo, pertenecientes a naciones aliadas o neutrales” (Barros Arana,
1892, pp. 47).
Tras la reconquista española, se abolió este reglamento, pero mientras se va consolidando
la independencia, sobre todo con el triunfo de febrero de 1817, se vuelve a la idea esencial del
reglamento de libre comercio, y nuevamente se ordena la reapertura de los puertos.
La preocupación entonces se centra en volver a levantar el comercio nacional, y esto a
punta a levantar los puertos y destrabar la llegada de las naves, recordemos que los intereses
de la clase criolla de esos momentos está en exportar sus productos. Como describen Cariola
y Sunkel:
“la ideología predominante en los últimos tiempos de la colonia, que los sectores con-
servadores continuaron proporcionando durante la Independencia y el periodo inicial
de la República, era el mercantilismo”

(Cariola; Sunkel, 1991, pp. 29).
Bajo esta ideología se dictó el decreto de libre comercio, pues, el país al no tener una
marina mercante fuerte, se ve obligado a necesitar de las naves británicas y estadounidenses
en menor medida, y serán las que recalaran para levantar el comercio nacional. Pero con la lle-
gada de esta marina mercante, también recalaran la oleada de “consignees” ingleses (Salazar,
2009). Estos darán los primeros pasos para incorporar a esta economía periférica al sistema
capitalista mundial.
Chile y América en su Historia Económica.
Parte II: Comercio y movilidad internacional de los factores
128
El arribo de estos audaces comerciantes británicos, comenzara a dar los primeros linea-
mientos hacia dónde dirigir la economía nacional, si bien ya marcadamente desde la colonia
como una economía de exportación o “economía reclusa” (Aníbal Pinto, 1962).
La función de Valparaíso desde que se consolida la independencia es cumplir una labor
de entrepôt o emporio del pacifico, haciéndolo dependiente de los factores y coyunturas eco-
nómicas externas. Sumado a ello, la abertura de nuevas rutas de navegación irán menguando
la capacidad de este puerto, además de la construcción del ferrocarril que acercara la zona de
los valles a los puertos como San Antonio, Constitución, Talcahuano (Cavieres, 2000)
1
.
La funcionalidad y avances que este puerto necesitaba, no corrió de la misma manera que
lo hacia su tráfico. La tecnología que empiezan a desarrollar las embarcaciones, sobre todo
los vapores, aumentando su calado, no son visibles en el puerto, y es allí donde hay un fuerte
atraso en los requerimientos de infraestructura que este necesitaba, y es una de las causas de
su atraso material, dando solo importancia a este puerto como un entrepôt.
La economía que rige al país en esos momentos, será prácticamente la misma que viene
de la colonia, y Luis Ortega señala:
“continuo durante años siendo normada por los códigos, leyes y reglamentos here-
dados de la administración hispana; mientras que, en el ámbito de la producción, las
tecnologías de productos y de procesos como las formas de organización de la fuerza
de trabajo experimentaron sólo transformaciones marginales” (Ortega, 2005, pp. 43).
Camino a una infraestructura moderna.
Las características actuales del puerto en su obra gruesa, son el reflejo de lo que en las
primeras décadas del siglo XX se pudo realizar. Un hecho de gran relevancia y que empieza a
solventar las bases para los requerimientos que necesitan en el tema de la infraestructura por-
tuaria fue el bombardeo a Valparaíso, de parte de la escuadra española, y que Jacobo Kraus
en su proyecto para este puerto describe de la siguiente manera:
“El bombardeo a Valparaíso el 27 de marzo de1866, destruye gran parte de los alma-
cenes fiscales, los que serán reconstruidos recién en 1876. En total se construyeron
8 almacenes de ladrillo y fierro, uno de ellos se quema en un incendio en 1902 y otro
era de uso exclusivo de la marina. Las características de estos almacenes son las
siguientes; eran de 4 pisos con sus bodegas con una superficie de cada piso de
1.751m², almacenándose hasta 12.000m³ de carga por almacén, lo que daría una
capacidad total de 84.000m³ de mercaderías. Cada uno de los almacenes tenía bo-
degas, pero en las que sólo pueden guardarse líquidos o artículos que no se puedan
descomponer” (Fagalde 2011, pp. 94)
2
.
1 Cavieres entrega datos donde casi el 50% de mayor presencia de registro de puertos extranjeros en Valpa-
raíso, son El Callao y Cobija con un 27.81% y 11.17% respectivamente para los años 1828-1837. (Cavieres,
2000, pp. 86).
2 Además de los almacenes, Fagalde describe cada uno de los edificios del puerto, con sus respectivas
ocupaciones y capacidades, dando un detalle bastante pormenorizado de cada uno de ellos. (Fagalde,
2011).
129
Javier Valderrama Vega
El puerto de Valparaíso, su infraestructura, el tráfico y su decadencia, 1870-1930
Existió en el puerto un muelle de pasajeros (muelle Prat) que se construye entre 1883 y
1884, además varios muelles bastante pequeños para lo que realmente necesitaba Valparaíso,
de los cuales la mayoría termina destruido por la acción del mar o los temporales, debido a lo
precaria de sus construcciones y lo difícil que es poder desarrollar obras de esa envergadura
en una bahía abierta, expuesta a los vientos del norte y noroeste, y la profundidad de la rada
del puerto. Debemos sumar también a ello la acción nefasta de los terremotos, que una y otra
vez también son agentes de destrucción, sobre todo lo será el de 1906.
La carga movilizada por el puerto antes de la construcción del muelle fiscal en 1883, en un
70% se hacía a través de la playa y el malecón, este último tenía una extensión de 1600 metros
de largo por unos 10 metros de ancho, por el que corría el ferrocarril, y se arrendaban sitios a
las diferentes casa comerciales y agencias navieras con oficinas en este puerto. En el malecón
se apiñaba la mercadería trayendo como consecuencias negativas el quedar expuesta a la in-
temperie, los incendios, los robos, y sumado a ello los accidentes ya que el malecón era abierto
y la gente podía transitar libremente por el lugar.
El muelle fiscal comienza su construcción en 1873 y termina recién en 1883, el que prestó
servicios hasta 1919, para luego quedar dentro del nuevo puerto. Esta obra estuvo dirigida por
el ingeniero chileno Enrique Budge. Este muelle tiene una forma de L:
“con una longitud de 237 metros por 15,5 metros de ancho, y podían atracar dos bu-
ques de gran calado en el exterior y dos de porte común para la época al interior (…)
La explotación del muelle se hacía por medio de grúas y cabrestantes, movidas por
fuerza hidráulica. Había una grúa enorme que podía levantar hasta 45 toneladas, que
se cae con el terremoto de 1906, y que recién en el año de 1909 fue remplazada por
una de mayor capacidad, además poseía 4 grúas fijas para levantar peso de hasta
una tonelada y media y 8 movibles para levantar igual peso” (Schmutzer, 2000, pp.
124)
3
.
En cuanto al costo de este muelle esta en cifras de:
“1.842.805 pesos con cambio de 38 peniques. La maquinaria hidráulica, las grúas,
los cabrestantes, ascensores, línea férrea y material rodante, importaron aproxima-
damente 45.000 libras esterlinas. Reduciendo estos valores a moneda de oro de 18
peniques, se tiene un costo total muy aproximado a 4.500.000 pesos” (Fagalde, 2011,
pp. 93)
4
.
“Las entradas liquidas del muelle fiscal que hemos podido recabar en los años 1886-
1890 fueron de $252.855,05. Las pérdidas que dejo su explotación para los años
1892-1895 fueron de $105.016,01” (Fagalde, 2011, pp. 9).
3 A la descripción anterior, podemos agregar que Fagalde sigue dando detalles del muelle fiscal mencio-
nando que “posee líneas férreas, que miden 11.288 m, para el movimiento de carga. La trocha de este
ferrocarril es de 1 m. Hay 73 tornamesas, 960 carritos para la carga, de 1.80 x 1.50 m de plataforma, y 7
carros mayores o zorras para bultos de gran peso. La tracción del muelle se efectúa por medio de la fuerza
hidráulica proporcionada por una máquina a vapor de una fuerza máxima de 100 caballos. Hay tres cal-
deras multitubulares, un acumulador hidráulico y una cañería de presión de 796 m de largo, 8 ascensores
hidráulicos y un ascensor sistema Otis (norteamericano). (Fagalde, 2011, pp. 93).
4 Cifra que también corrobora (Hernández, 1926, pp. 53).
Chile y América en su Historia Económica.
Parte II: Comercio y movilidad internacional de los factores
130
Ahora la utilización del muelle es compleja, debido al fuerte aumento del tonelaje de los
barcos de vapor, por ejemplo:
“en 1892, de 509 barcos procedentes del exterior, 294 lo hicieron a través del muelle
fiscal, atracados a este por medio de lanchones, o incluso en años anteriores como
1887, atracan al muelle 113 naves, de ellas 74 fueron vapores, y al contrario, 150
naves descargan atracadas al muelle por medio de lanchas, de los cuales 90 son
veleros” (Schmutzer, 2000, pp. 124).
Pero las dificultades para las labores de carga y descarga, siempre fueron difíciles, en-
contramos que en 1902, en la descarga de carbón, los veleros se demoraban en promedio 42
días y 13,5 días los vapores de ultramar, y para las faenas de madera se tardaban 65,5 días
los veleros de ultramar y 32,5 días los de cabotaje. Sumado a ello, debemos considerar que la
gobernación marítima diariamente habilitaba el día, es decir si era hábil o no para las faenas
portuarias, distinguiéndose días hábiles por bahía y por playa, dando un problema más al
puerto y su falta de condiciones de trabajo.
Para palear la deficiente infraestructura del puerto, en la última década del siglo XIX se
presentaron nueve proyectos conocido por los nombres de sus gestores. Reservas de carácter
técnico y financiamiento, problemas de ejecución, falta de sondajes y estudios analíticos sobre
las condiciones geográficas en la bahía y el fondo marino, son las que por uno u otro motivo no
será ejecutada. Pero una de los proyectos de mayor envergadura, en cuanto al estudio de esta
bahía fue la del ingeniero holandés Jacobo Kraus. Proyecto que si bien no logra desarrollarse,
es sin duda uno de los de mayor envergadura, pues, entrega detalles mucho más preciso para
el conocimiento de la bahía, con sus sondajes de 17.600 de profundidad en total y 600 de
carácter geológico y de perforaciones.
El periodo de mayor trascendencia en las obras portuarias fue el transcurrido entre los
años 1900 y 1930. Para desarrollar y estudiar los alcances de los proyectos respectivos se
organizó mediante un decreto orgánico del 5 de marzo de 1904, la junta central de obras
de puertos y otras juntas departamentales, en Iquique, Antofagasta, Coquimbo, Constitución,
Talcahuano, Valdivia, Punta Arenas, las que comienzan a delinear las obras que cada puerto
mayor en este caso, necesite.
Pero el terremoto del 16 de agosto de 1906, trae consigo que el fondo de la bahía una vez
sometido a nuevos sondaje demuestre una mayor profundidad de la bahía, calculándose en
unos 20 metros aproximadamente en el sector de Barón. Aparte de los problemas geográficos
que hemos descrito para la bahía de Valparaíso, están los burocráticos, ya que recién en 1910
se dicta la ley N°2390,en ella se autoriza al Presidente de la República ordenar una comisión
para proponer el plan definitivo de obras marítimas para el mejoramiento de los puertos de
Valparaíso y San Antonio. Esta ley da vida a la Comisión de Puertos, y es la que presentará el
plano de las obras para el puerto de Valparaíso, aprobados por decreto supremo del 22 de
febrero de 1911.
A partir de allí, nuevamente se hacen sondajes, se logra de una manera precisa saber
las dimensiones del fondo de la bahía, 55 m con una superficie pantanosa de 7,70m, dan la
claridad para la construcción del rompeolas de unos 45 m sobre el agua, el que se proyectó
desde punta Duprat hacia el oriente por 300 m, para doblar hacia él SE en longitud de 700m
sobre profundidades de 55m. Esta obra se realizó en dos etapas: los primeros 300m a partir
131
Javier Valderrama Vega
El puerto de Valparaíso, su infraestructura, el tráfico y su decadencia, 1870-1930
de 1912 y los setecientos restantes, a contar de 1923, los cuales quedan a cargo de la misma
firma inglesa de Pearson y Cía.
Sin duda que la labor que vino a continuación en cuanto a la construcción del muelle
propiamente tal fue de gran envergadura. Dragar el fondo marino para la composición de los
enrocados, cubrirlos con los revestimientos de bolones y piedrecillas, y sobre ellos aplicando
otras capas de enrocados, dejando posteriormente el asentamiento de los materiales, fue una
labor de años, con una dedicación constante y con unos niveles de conocimiento de la bahía
que sólo el estudio detallado de ella se pudo lograr, lo que se ejemplifica que aún hoy podamos
observar esas obras. Todo esto tenemos la suerte que se encuentra bastante detallado
5
.
El 21 de febrero de 1917 se lanza al agua el primer bloque monolítico para la construcción
del puerto sus dimensiones son las siguientes:
“cajón vacío 971 m³; cajón lleno 4.690 m³; acero empleado 143 toneladas; calado a
flote 7.45 m; peso del cajón vacio 2.434 toneladas; relleno de concreto 9.719 m³; peso
del cajón colocado 11.360 toneladas; sumergido pesará, a un metro sobre el agua
6.836 toneladas; valor del monolítico $255,512 oro de 18d”
6
.
Se construye además el muelle Barón para carbón de 200 metros de largo y 30 de ancho.
Habían dos diques en la bahía el Valparaíso I que llega en 1864 (aunque anteriormente hubo
uno con una duración de 1857 a1862), el que se hunde en 1915. El segundo dique “Santiago”
presta servicios de 1865 a 1921. El Valparaíso II tendrá una vida útil de 1924 hasta 1940 donde
termina igual que los demás hundiéndose en la bahía.
En 1923, la casa Pearson y Cía, comienza con la construcción de los 700 m del brazo in-
clinado del rompeolas que tenía como iniciación la punta Duprat (lo que hoy conocemos como
molo de abrigo, el que ocupa en su totalidad la Armada). Con esta obra se da término en forma
global de lo que hoy conocemos como las obras gruesas que tiene el puerto de Valparaíso, al
margen de las fuertes discusiones que en su momento generaron en el parlamento, o en respe-
tables ingenieros como Domingo Casanova, por los proyectos, estas interminables discusiones
son las que de una u otra manera, junto con las condiciones geográficas de la bahía, dieron un
atraso a la capacidad portuaria, en este caso la infraestructura propia de un puerto que llego a
ser uno de los más importantes del Pacifico.
El fuerte tráfco portuario.
La entrada de Chile a la economía mundial, sobre todo a partir de la mitad del siglo XIX,
y caracterizada por el sector externo bajo la importación-exportación, necesita de un puerto
para darle consistencia al sistema económico del que Chile se adhiere. En este punto el tráfico
marítimo es el más importante, por poseer el monopolio en esos momentos en el tráfico de mer-
5 Cavieres al respecto señala “composiciones de taludes de enrocados y arenas de base de 115 m de ancho
en las profundidades mayores y de 32 m de alto. Sobre estos un revestimiento de bolones y piedrecillas
de un ancho de 60 m y 25 de altura. A continuación otra capa de grandes enrocados para cubrir una
plataforma de 32 m de ancho y 11 a 12 de alto, todo lo cual-dejándose asentar por lo menos durante un
año-debía soportar el peso de la superestructura compuesta por grandes bloques monolíticos de 16 m de
base, 15 de altura y 20 de largo, colocando unos al lado de otro para obtener así el muro macizo que se
logro” (Cavieres, 2011, pp. 26).
6 El Mercurio de Valparaíso 21 de febrero de 1917.
Chile y América en su Historia Económica.
Parte II: Comercio y movilidad internacional de los factores
132
cancías a nivel interoceánico, y para sobre guardar las grandes distancias terrestres, donde el
ferrocarril aún no llega. Este punto queda de manifiesto en las rentas de la aduana que entrega
Valparaíso a las arcas fiscales y lo monopólica que son, por ejemplo en 1873, antes de la crisis
de la baja de precios a nivel internacional (Ortega, 2005, pp. 403-427). Del total recibido por la
aduana (US$) 7.208.200, la aduana porteña entrega (US$) 6.816.794, un 94,57%. En el año de
1880, post-crisis el total recibido por la aduana es (US$) 6.701.600, Valparaíso entrega (US$)
5.026.200, el 75%
7
.
Aun cuando ya vemos que se observa un descenso de ellas, atribuidas a la importancia
que empiezan a tener los puertos del norte, en especial el de Iquique, agreguemos que el
fuerte impulso estatal a los ferrocarriles, también hace bajar este porcentaje al mover mercan-
cías por ese sector.
Pero como describimos anteriormente este puerto no goza de una infraestructura ade-
cuada hasta las primeras décadas del siglo XX, por lo que su comercio en gran parte del siglo
anterior y antes de terminado el muelle fiscal en 1883, está a cargo de lanchas y lanchones lo
que queda graficado en esta cita:
“Hacia 1860 el puerto consta con 260 lanchas y lanchones para la carga y descarga
de mercaderías y 125 botes para el embarque y desembarque de pasajeros y de
equipos, sumado a ello 100 botes pesqueros. Ya a comienzos del siglo XX, las em-
barcaciones menores llegan a 760 de ellas, 20 eran remolcadores de entre 10 y 100
toneladas, 250 lanchas de carga, 320 botes y chalupas para pasajeros y aproximada-
mente 150 embarcaciones para la pesca” (Schmutzer, 2000, pp. 115-116).
La capacidad de las lanchas será de 10 a 15 toneladas, el trabajo de carga y descarga
hasta antes de la construcción del muelle fiscal, lo hacen los jornales (aguateros) solo con su
fuerza física desde donde fondea la lancha 3 a 4 pies de agua hacia la orilla. Las condiciones
de este trabajo lógicamente no está exento de complicaciones físicas, por el contacto con
aguas tan heladas por la corriente de Humboldt, sumado a ello sus extensas jornadas entre
8 a 10 horas e incluso 12, además de los peligros propios de la bahía, los vientos, las fuertes
marejadas, sobre todo antes de la construcción del molo de abrigo.
Ahora dentro del tráfico de naves, el servicio de navegación exterior como de cabotaje
se dividen en vapores de carreras fijas, semifijas, accidentales e improvistas. Para los veleros
esta la carrera establecida y de improvistos. Solo los vapores de carrera fija gozan de una
subvención fiscal. Este punto no es menor ya que al favorecer con una subvención a vapores
de mayor tonelaje se apoya directamente a las grandes compañías navieras como la británica
Pacific Steam Navegation Company (PSNC) o la chilena Sudamericana de Vapores principal-
mente, pero también a pequeñas firmas navieras como la alemana Laeisz o la francesa Bordes
que llegaron a convertirse en líderes mundiales en el tráfico del salitre
8
.
Los barcos a vapor que vienen con un itinerario fijo, en sus faenas ocupan al menos 70
a 90 lanchadas para efectuar las faenas y de 4 a 5 días de estadía, este tiempo es difícil de
cumplir, por las condiciones de la bahía, debiendo pedir permisos especiales para trabajar
horas extraordinarias.
7 Elaboración propia, por medio de los Anuarios Estadísticos y datos entregados por (Cariola; Sunkel, 1991,
pp. 124).
8 Este punto es trabajado y criticado por Véliz, ya que es una oportunidad perdida por el estado para prote-
ger e incentivar el desarrollo de la marina mercante en esos momentos. (Véliz, 1961).
133
Javier Valderrama Vega
El puerto de Valparaíso, su infraestructura, el tráfico y su decadencia, 1870-1930
Ahora en cuanto a los costos en las faenas, estas fluctúan en los 3.50 pesos aproxima-
damente por lanchada. Esto cambia a partir de julio de 1890 por la huelga de ese sector, que
pone fin al gremio de los jornaleros. Las compañías y casas consignatarias ahora tendrán sus
propios jornales, esto provoca un desorden dentro del movimiento de cargas, lo que conlleva
a la creación en 1897 del administrador de la aduana de Valparaíso, entregando la movilidad
de las mercaderías a contratistas, junto al administrador, estarán un alcaide de aduana y un
comerciante designado por el superintendente. Entonces el seguimiento a los costos de las
faenas portuarias se hace más difícil, por qué los precios serán puestos en la faena misma.
En lo concerniente al tráfico marítimo y tomando los años de 1880-1890, ya que para la
década anterior los datos que se pudieron verificar son menos exactos, tenemos un promedio
del total de naves que transitaron por el puerto de 2.671 naves, tanto del exterior como de ca-
botaje, y un promedio en el tonelaje de registro de 2.081.167t. Ahora entre los años de 1891 y
1900, el promedio total de naves que transitan por el puerto es de 2.257 naves, con un tonelaje
promedio de 2.626.900t. (Gráfico N°1).
Grafico N°1 Total de naves de exportación y cabotaje en Valparaíso en 1880-1918.
Fuente: elaboración propia partir de los Anuarios Estadísticos de la República de Chile (AERC).
Ahora tomando los años de 1909 a 1914, hasta el año que comienza la primera guerra
mundial o “gran guerra” el promedio de naves son 2.377 y las toneladas de registro 4.749.749
t. Este último periodo refleja el fuerte aumento del tráfico debido al boom del salitre, porque
las principales casas comerciales están en Valparaíso, por lo tanto el tráfico en general debe
pasar aún por este puerto. Aunque el promedio de naves baja, el mayor tonelaje de estas va
en proporción con el mayor registro de toneladas, dejando atrás ya los veleros para dar mayor
relevancia a los barcos a vapor, a pesar de que los clippers fueron las últimas naves a vela en
prestar servicio hasta las primeras décadas del siglo XX. (Gráfico N°2 y 3).
Un dato no menor también en el alza de las naves provenientes del exterior y que se pueden
recoger a través de la importaciones, son las procedentes de Estados Unidos en desmedro de
las de Gran Bretaña, las que comienzan a declinar fuertemente. En 1909 las importaciones de
Estados Unidos son 51.064.260 (pesos de 18d) y las de Gran Bretaña 36.462.384 (pesos de
18d), a partir de este año las importaciones del país del norte serán las más importantes que
lleguen a Chile, ya que posteriormente las doblan y triplican en cantidad. En contraposición
tenemos lo que ocurre con Alemania, donde sus importaciones son 70.930.879 (pesos de 18d)
Chile y América en su Historia Económica.
Parte II: Comercio y movilidad internacional de los factores
134
en 1914; 9.818.052 en 1915; 1.230.498 en 1916; y 185.007 en 1917. La explicación viene dada
por la conflagración mundial, además de las presiones comerciales de Estados Unidos para
comerciar con el país germánico.
Grafico N°2 Total de naves del exterior 1880- 1918.
Fuente: elaboración propia partir de los Anuarios Estadísticos de la República de Chile (AERC).
Grafico N°3 Total de naves de cabotaje 1880-1918
Fuente: elaboración propia partir de los Anuarios Estadísticos de la República de Chile (AERC).
La Alicaída Marina Mercante Nacional.
Es importante también destacar a nivel nacional, que Chile como hemos podido señalar
no tuvo una política estatal con su marina mercante, y sumado al poco interés por desarrollar
una verdadera infraestructura portuaria no solo en Valparaíso, ya que los ejemplos están para
los demás puertos de la república, vamos concatenando los hechos de una manera más ela-
borada, por qué el sesgo estuvo en los ferrocarriles.
135
Javier Valderrama Vega
El puerto de Valparaíso, su infraestructura, el tráfico y su decadencia, 1870-1930
Las causas del atraso de esta, y la pérdida de un nicho económico tan importante como
lo fue al “boom del salitre” en su transporte, donde se pierde una gran oportunidad para su de-
sarrollo y su monopolio en alguna medida, tal como lo era tener el caliche en la zona norte del
país, menguo un negocio de primera categoría para el estado en esos momentos; por ejemplo
en 1901 el tonelaje mercante de Chile era de 67.863 t, en comparación con el de Brasil que era
de 163.000 t, y el de Argentina 85.000 t, más atrás estaba Perú con 15.000 t. Antes de la pri-
mera guerra mundial en 1913 el tonelaje mercante nacional es de 68.551 t, el de Brasil 329.000
t, y el de Argentina 215.000 t. Vemos entonces que los tonelajes de sus marinas mercantes
de estos dos países suben un 100% en el caso brasileño y casi un 40% en el caso argentino,
mientras el nacional queda prácticamente estancado en esos 12 años, esto se puede ver para
todo el periodo de 1901 hasta 1935, donde hemos proyectado el grafico (Gráfico N°4).
Grafico N°4 Tonelaje total comparado entre Argentina, Brasil, Chile y Perú, 1901- 1936.
Fuente: Claudio Véliz apéndice N°3.
Conclusión.
La infraestructura portuaria entendemos que comienza a construirse tarde, las respuestas
a esa problemática son las que iremos construyendo en esta investigación. La elaboración
sistemática de los datos cuantitativos será de mucha ayuda para aclarar las dudas de esa
tardanza. Según la bibliografía consultada, los altos presupuestos para las obras que la bahía
necesitaba eran la piedra de tope para iniciar sus faenas, los conflictos parlamentarios junto
con los intereses propios de cada honorable en representación de su comunidad, ya sea del
valle central o de comunidades costeras, van dilatando la construcción de este puerto en las
obras gruesas que necesitaba, y es allí una de las explicaciones. Junto con lo anterior que
ya hemos esbozado, los ferrocarriles son el interés estatal, es la puerta al progreso y hacia
la modernidad en el inconsciente colectivo gubernamental y también social, no solo eso lo
podemos ver en los aspectos cualitativos o cuantitativos, también en elementos culturales que
esperamos desarrollar en mayor profundidad para aportar una visión algo más integradora.
El tema del tráfico para este puerto es algo más cuantificable, y fácil de seguir en el largo
plazo, con el que se puede confrontar la infraestructura, y solventar nuestra respuesta al tema
que me dedico a investigar. Los datos expuestos de manera sintética, muestran el reflejo de
un puerto que no es solo fue una “colonia del cerro alegre”, sino que los británicos y alemanes
Chile y América en su Historia Económica.
Parte II: Comercio y movilidad internacional de los factores
136
en particular, fueron comerciantes que importaron sus ideas mercantiles, las desarrollaron y
entregaron a este país de las más diversas medidas, para nuestro estudio mediante las casas
comerciales, que influyen directamente en el trafico nacional (Garreaud, 1984, pp. 162).
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Fuente:
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137
Javier Valderrama Vega
El puerto de Valparaíso, su infraestructura, el tráfico y su decadencia, 1870-1930
Apéndice 1: Total de naves con las toneladas de registro
que entran al puerto de Valparaíso.
Totales generales
Año N° de naves Ton de registro
1880 2295 1417000
1881
1882 2756 2004000
1883
1884 3338 2467000
1885
1886 2456 1997000
1887
1888 2444 2240000
1889
1890 2739 2362000
1891 1846 1923000
1892 2512 2688000
1893 2492 2721000
1894 2460 2626000
1895 2448 2774000
1896 2438 2843000
1897 2212 2683000
1898 2109 2661000
1899 2003 2672000
1900 2051 2678000
1901 2274 3138994
1902
1903
1904
1905
1906
1907
1908
1909 2436 4738254
1910 2465 4960581
1911
1912 2536 4930897
1913
1914 2070 4369263
1915 2188 3654167
1916 2524 3007738
1917 2506 2833190
1918 2586 2646878
PARTE III: ESTADO Y FISCALIDAD
141
OBRAS SANITARIAS DEL ESTADO (OSE): SU DESEMPEÑO EN EL LARGO
PLAZO Y SU RELACIÓN CON LAS FINANZAS ESTATALES 1952-2012
Magdalena Bertino
Martina Querejeta
Milton Torrelli
Universidad de la República, Uruguay
I. Introducción.
El objetivo de este trabajo es analizar la evolución económico-productiva de la empresa
pública Obras Sanitarias del Estado (OSE), que tiene a su cargo el monopolio del servicio de
agua potable en todo el país y del saneamiento con exclusión de Montevideo. Constituye un
avance de investigación en el marco del proyecto “.· ··,···· ,.·~· ·~ ···~···
,|-||. ·· ·.,., , ·.· ..·~.~· ~~· ,~.·~ ·~~·~·~ +··+· .· ,···,·~·. +· ·,~
,.~ ,·...”
La interacción entre los lineamientos de política del Gobierno Central (GC) y el desem-
peño de las empresas públicas (EEPP) es de gran relevancia en tanto las decisiones de los
gobiernos respecto al manejo de las EEPP afectan sus resultados, al tiempo que el desempeño
de éstas impacta en los resultados de la política económica. Esta vinculación pone en primer
plano el tema de la multiplicidad de objetivos (eficiencia económica, rentabilidad, efecto sobre
la distribución de la renta, impactos sobre la producción o bien sobre el empleo) que pueden
perseguirse a través de las EEPP y el propio rol de las mismas. Estos temas estuvieron pre-
sentes desde el propio nacimiento de las EEPP y todo indica que se resolvieron de distintas
formas a través de su historia.
En trabajos anteriores este equipo de investigación identificó dos grandes etapas en la
historia de las EEPP, en línea con los dos modelos vigentes desde los años treinta del siglo
XX. Un modelo que llegaría hasta los primeros años setenta, basado en el desarrollo industrial,
progresivamente dirigido por el Estado y orientado a la expansión de sus funciones sociales
y económicas. En esta etapa se inscribe la fundación y la expansión de la mayor parte de las
EEPP, las que se rigen de acuerdo a objetivos sociales y de promoción del desarrollo, y un
segundo modelo, al que denominamos de orientación neoliberal, que se caracterizó por la
apertura económica, creciente globalización, desregulación económica y financiera, avance
del mercado sobre el Estado y la reducción de sus funciones. A nivel de las EEPP, se tienden
a modificar sus objetivos, dándose primacía a la lógica de la empresa privada basada en la
rentabilidad y, en los países donde este proceso es más fuerte, culmina en un amplio proceso
de privatización.
Chile y América en su Historia Económica. Parte III: Estado y fiscalidad
142
La fundación de OSE se realiza durante la primera etapa, en los años de auge del Es-
tado Empresario luego de la Segunda Guerra Mundial, cuando las EEPP llegan a su mayor
expansión. En este documento se intentará identificar, en la historia de la empresa, los rasgos
característicos de ambas etapas.
OSE es una empresa de relevancia, por brindar un servicio esencial para la población
y, además, estar entre las cuatro mayores EEPP del Uruguay según sus ingresos, habiendo
incrementado su participación en el PBI (algo más de 0,5% del mismo en la actualidad, Bertino
et al. 2012b) y más que duplicado su peso en el total de funcionarios de las EEPP desde su
fundación al presente. El interés por su estudio se relaciona también con la multiplicidad de
objetivos que se han asignado a las EEPP, constituyendo un buen ejemplo de empresa orien-
tada por fines sociales.
Es de destacar que no existen estudios sobre OSE, salvo las reseñas y memorias reali-
zadas por la propia empresa. Por ello, el recorrido por su historia a través de su desempeño y
objetivos resulta por demás interesante a 60 años de su creación.
El orden de exposición es el siguiente. Luego de esta introducción, en la sección 2 se
repasan brevemente los principales antecedentes, las fuentes de información y metodología
utilizada. En la sección 3, se refiere a los servicios de agua y saneamiento anteriores a la
fundación de OSE. En la parte central del documento, la sección 4, se estudia la evolución de
OSE a través de sus principales variables económico-productivas a lo largo de toda su historia.
La sección 5 se enfoca en el proceso de reformas de OSE, y finalmente, en la sección 6, se
presentan unas breves reflexiones finales.
II. Antecedentes y fuentes utilizadas.
La literatura sobre OSE se limita a algunos trabajos realizados por la propia empresa.
A nivel del conjunto de las EEPP, se destacan Boneo (1973), Solari y Franco (1983), Nahum
(1993) y Carracelas et al. (2006), que contribuyen a la comprensión del devenir histórico de
las EEPP en Uruguay. Los antecedentes directos lo constituyen trabajos previos realizados
por este equipo de investigación sobre las principales EPNF (Bertino et al. 2011, Bertino et al.
2012a, 2012b, 2012c y 2012d).
A nivel latinoamericano existen algunos trabajos históricos sobre los servicios de agua y
saneamiento en determinados países o ciudades. Para épocas recientes se encuentran varios
trabajos de CEPAL, algunos analizando la evolución de dichos servicios en América Latina, y
otros, más numerosos, sobre su evolución en algunos de sus países (CEPAL 1990, Corrales
1996, Ordoqui Urcelay 2007, Alfaro Fernandois 2009, Oblitas de Ruiz 2010). Sobre el proceso
de privatizaciones y reestatizaciones también existe literatura diversa, alguna vinculada al BM
y al BID, de la que se puede mencionar a Foster (2005) y Ducci (2007).
Las fuentes de información utilizadas fueron las Memorias y Balances de OSE y otras
publicaciones de la empresa, así como la Oficina de Planeamiento y Presupuesto (OPP), el
Instituto Nacional de Estadística (INE) y el Registro General de Leyes y Decretos (RNLD). Para
épocas recientes se consultaron diversas resoluciones del Directorio de OSE, del MVOTMA
(Ministerio de Vivienda, Ordenamiento Territorial y Medios Ambiente) y de la URSEA (Unidad
Reguladora de Servicios de Agua y Energía).
143
Magdalena Bertino - Martina Querejeta - Milton Torrelli
Obras sanitarias del Estado (OSE): Su desempeño en el largo plazo
III. Los servicios de agua y saneamiento antes de la fundación OSE.
El suministro de agua potable y saneamiento se inscribe en el proceso de modernización
de los servicios urbanos, que fueron dotados de agua potable, saneamiento, electricidad, fe-
rrocarriles y tranvías, a lo largo del siglo XIX en Estados Unidos y Europa, y durante la segunda
mitad del siglo en América Latina.
Es precisamente al promediar el siglo XIX que se encuentran en Uruguay las pri-
meras manifestaciones del accionar público en el campo del saneamiento y la dotación
de agua a la población. En 1852 se adoptan las primeras medidas respecto al sanea-
miento de Montevideo y en la década siguiente respecto al agua. Para 1872 se estima
que Montevideo tenía 105.000 habitantes (la cuarta parte de la población total del país),

y la planta urbana de la ciudad (hasta la calle Ejido) contaba con 5.347 edificaciones (Acevedo
1936: 665).
El saneamiento de Montevideo se inició en 1857 con la construcción de los primeros caños
maestros. “|~···.+·~ ·.· ,···· ~.++ +· ·.+···~ ·· ~~··· ~~· ···.~~ +· ···
····~” (OSE 1996: 15). En 1852 se llamó a licitación el servicio de saneamiento, aceptándose
la propuesta de Juan José de Arteaga, empresa que tuvo en sus manos el servicio hasta que
fue municipalizado en 1915.
En 1867 el gobierno llamó a propuestas para dotar a Montevideo de un servicio perma-
nente de agua corriente (OSE 1971). Fue elegida la propuesta de Enrique Fynn (en represen-
tación de la firma Lezica, Lanús y Fynn), que planteaba traer el agua del Río Santa Lucía, de
una toma ubicada a 56 Kms de la ciudad. El Estado subvencionaba a la concesionaria con
4.600 pesos mensuales por 20 años que duraba la concesión. El 18 de julio de 1871 se inau-
guró el servicio. El agua era traída en estado natural, con solo una decantación en el depósito.
En 1879 Lezica, Lanús y Fynn cedieron la concesión a la compañía británica ·· |~···.+·~
.···.~··· .·+, que brindó el servicio hasta que fue estatizado a inicio de los cincuenta.
La gestión de la empresa británica se caracterizó por contratos cortos, que prorrogaban
el contrato inicial vencido en 1891 y por intentos de compra por el Estado en 1905 y 1921
que fracasaron. También se caracterizó por las desavenencias con los gobiernos y por la
desaprobación de la población por el mal servicio y el elevado precio del agua. En 1890, por
imposición del Estado debido a la necesidad de purificar el agua para consumo, se constru-
yeron los primeros filtros. Entre 1929 y 1933 la compañía mejoró las instalaciones: se esta-
bleció un laboratorio y se construyó una represa y un embalse en Santa Lucía, la tercera línea
de bombeo y grandes líneas de distribución en la ciudad. Las inversiones se reflejaron en la
intensificación del ritmo de ampliación de la red de conexiones (Gráfico 1), que crecieron un
40% en la década del treinta en Montevideo. Este incremento sostenido en la cantidad de
conexiones por habitante pudo haber tenido impacto en la reducción de la prevalencia de
ciertas enfermedades y, por ende, contribuido a la reducción de la mortalidad en el período
considerado (Gráfico 2).
Chile y América en su Historia Económica. Parte III: Estado y fiscalidad
144
Gráfico 1: Conexiones de agua cada 1.000 habitantes según zona geográfica (1900- 1952)
Fuente: Elaboración propia en base a Memorias de OSE
Gráfico 2: Tasa Bruta de Mortalidad habitantes según zona geográfica (1900-1952)
en Montevideo (1900-1949)
Fuente: Datos de defunciones: Programa de Población en base a Anuarios Estadísticos y Estadísticas Vitales.
Datos de Población: “Estimación Preliminar”, Cabella y Pollero.
En el Interior, la sanidad y la provisión de agua corriente se iniciaron a partir de la creación
de la Dirección de Saneamiento del Ministerio de Obras Públicas en 1907. En 1915 se comenzó
a dar cumplimiento al plan de llevar el servicio de agua potable a las capitales departamen-
tales. A fin de financiar estos servicios, se concertó el primer empréstito del país en Estados
Unidos con la ·· c~···~··, c~·,·, de Chicago, que se encargó de las obras para el
suministro de agua y saneamiento de tres ciudades capitales. Hacia 1930 la Dirección de
Saneamiento había realizado el saneamiento en otras cinco capitales departamentales, y para
1952 había llegado a las restantes y también a otras ciudades y balnearios de importancia.
Cuando se funda OSE en 1952 las conexiones habían llegado a 133.202 en Montevideo y
64.544 en el Interior.
145
Magdalena Bertino - Martina Querejeta - Milton Torrelli
Obras sanitarias del Estado (OSE): Su desempeño en el largo plazo
IV. Evolución y desempeño de OSE.
La estatización de la compañía británica de aguas corrientes de Montevideo era una an-
tigua aspiración del estado, que acompañaba la opinión pública. Pudo hacerse realidad de-
bido a la necesidad de utilizar el saldo favorable del comercio con Gran Bretaña durante la
guerra, 17 millones de libras inconvertibles, que sirvieron en su gran parte para la cesión al
Estado de las empresas británicas de servicios públicos: las empresas ferroviarias, los tranvías
de Montevideo y la compañía de Aguas Corrientes.
Producida la compra en 1950, se creó la OSE el 19 de diciembre de 1952 (Ley N° 11.907)
como servicio descentralizado del Ministerio de Obras Públicas. Se formó de la fusión de la
ex compañía privada británica de Aguas Corrientes y la ex Dirección de Saneamiento del
Ministerio de Obras Públicas creada en 1907, homologando y fusionando los dos planteles
de personal. Fue un difícil comienzo, en tanto la antigua compañía “Montevideo Water Works”
no había hecho en el último período las inversiones imprescindibles para asegurar el normal
desarrollo del servicio de agua. “| ···· +··~ ··~··· ·. · ···· +· ·. ~·,·.~~·
···~ ···,~ o.· ~··· +· ····~····~ +· ···.~~ +· ~,·” (CIDE 1965a: 21).
Los cometidos principales de OSE han sido la prestación en todo el territorio nacional de
los servicios de agua potable y alcantarillado, este último como fue mencionado con la excep-
ción de Montevideo, donde está a cargo del municipio. Su Carta Orgánica establece que “.
,····~~· +· ···.~~ , ~· ~~···+~· +· ~·,···~ +····· ·~···· ~~· .· ~····~~·
·.·+········· ·,··~ ···,~···+~·· · ·.~··· +· ~·+·· ·~~ · +· ~·+··
·~~·~·~~” (Art. 3). De acuerdo a estos objetivos, hasta la década del noventa los gastos e
inversiones de OSE superaron sus ingresos.
i. Expansión de los servicios.
Durante la primera etapa señalada, hasta inicio de los setenta, Uruguay estaba muy por
encima del promedio de América Latina en cobertura de población urbana con servicios de
agua (conexión domiciliaria y fuentes públicas de fácil acceso) y de saneamiento mejorado
(90% y 51% contra 59% y 28%).

Pero el panorama empeoraba notoriamente si se consideraba
solo el Interior (urbano y rural).
En el interior del país existía por lo tanto un amplio sector por cubrir, por lo que el avance
en la instalación de conexiones domiciliarias de agua potable fue mucho más acentuado que
en Montevideo, lo que ya venía ocurriendo en las décadas previas a la fundación de OSE. La
cobertura de la población del Interior con servicio de agua potable por conexiones domicilia-
rias pasó de 50 a 120 conexiones cada 1.000 habitantes entre 1952 y 1975. Mientras que en
1952 las conexiones de agua en el Interior eran aproximadamente la mitad de las de la ciudad
capital, al final de primer período la diferencia se había acortado de manera importante y años
después, en 1979, el Interior superaría en conexiones a Montevideo (Gráfico 3).
En materia de saneamiento en el Interior, el sector más retrasado, existieron también im-
portantes avances: las conexiones de alcantarillado crecieron 100% en el mismo período, pa-
sando de 24 a 50 conexiones cada 1.000 habitantes (Gráfico 4).
Chile y América en su Historia Económica. Parte III: Estado y fiscalidad
146
Gráfico 3: Conexiones de agua potable
Fuente: elaboración propia.
Gráfico 4: Conexiones de alcantarillado c/mil habitantes (1952-1975) c/mil habitantes
en el Interior (1953-1975)
Fuente: Elaboración propia en base a Memorias de OSE para conexiones, “Estimación preliminar” de W. Cabella y
R. Pollero para población entre el 1952 y 1960 y Censos de Población del INE para 1963 y 1975.
Nota: Para los años 1961-62 y 1964 a 1974 no se cuenta con datos de población desagregados para Montevideo
e Interior, por lo que no es posible estimar la cobertura por habitante.
Durante la segunda etapa, desde inicio de los setenta, se completó la cobertura de agua
potable sobre la totalidad de la población, en función de un crecimiento importante del servicio
de conexiones domiciliarias y la expansión de los servicios de fuentes de fácil acceso de agua
potable a la población rural. El saneamiento mejorado llegó también al conjunto de la pobla-
ción, pero sólo una minoría de la población urbana del Interior tiene acceso a alcantarillado,
constituyendo éste el aspecto más débil del servicio. Este último aspecto se encuentra en línea
con las carencias existentes en el conjunto de América Latina.
La cobertura de agua potable continuó creciendo más aceleradamente en el Interior que
en la Capital hasta 1997. En ese año, presumiblemente en relación con la puesta en funciona-
miento de la quinta línea de bombeo del Sistema Montevideo, se observa un salto de nivel en
la cantidad de conexiones de la capital. En los siguientes años, como consecuencia de la crisis
de 2002, el número de conexiones desciende en general. Luego, una vez que el país entra
147
Magdalena Bertino - Martina Querejeta - Milton Torrelli
Obras sanitarias del Estado (OSE): Su desempeño en el largo plazo
en una etapa de intenso crecimiento y como resultado de las fuertes inversiones de OSE, se
registra un incremento importante de las conexiones (Gráfico 5).
El número de conexiones domiciliarias de agua potable cada 1.000 habitantes aumentó de
140 en 1975 a 280 en 2010. A diferencia de lo que sucedió durante la crisis de 1982, la crisis
de principio del siglo XXI impactó duramente en OSE, disminuyendo la cobertura en agua y
alcantarillado de Montevideo y el Interior.
La cobertura de la población con servicio de saneamiento mejorado tuvo un gran impulso
en los ochenta y noventa, y llega en la actualidad a la totalidad de la población. En cambio el
servicio de alcantarillado cubría en 2009 sólo al 91% de la población urbana de Montevideo
y al 40% de la población urbana del Interior (y al 60% en las capitales de departamento). Su
evolución en el Interior fue de 50 conexiones cada 1.000 habitantes a 106 entre 1975 y 2010
(Gráfico 6).
Gráfico 5: Conexiones de de agua potable c/mil habitantes (1974-2012)
Nota: La caída en Montevideo y el aumento en el Interior desde 2007 obedece a cambios en la definición del área
metropolitana.
Gráfico 6: Conexiones de alcantarillado c/mil habitantes en el Interior (1973-2010)
Fuente: Gráfico 5, ídem Gráfico 3; Gráfico 6, ídem Gráfico 4.
Chile y América en su Historia Económica. Parte III: Estado y fiscalidad
148
ii. Inversiones y planes de obras.
La producción representada por el índice de volumen físico (IVF) tuvo una tendencia cre-
ciente, salvo contadas excepciones vinculadas fundamentalmente a las grandes crisis eco-
nómicas del país, alcanzando un crecimiento anual promedio de 2,7% a lo largo de toda la
historia de la empresa. En suma, OSE experimentó un incremento importante de la producción.
Las inversiones tuvieron un carácter pro-cíclico respecto a los ingresos, y dependieron tam-
bién de la abundancia internacional de capitales, ya que la fuerza de los procesos inflaciona-
rios limitaron fuertemente la posibilidad de recurrir al crédito interno.
Durante la primera etapa, el costo de los planes de inversión para la realización
de grandes obras llegó al equivalente de 47 millones de dólares (según cotización del
dólar en los años de aprobación de los planes), con financiación externa en un por-
centaje importante. Estas obras se dirigieron a la ampliación de los servicios de agua
de la Cuenca de Montevideo que incluía la construcción de la cuarta línea de bombeo

y nueva usina y planta de potabilización en Aguas Corrientes, las que se inauguraron en 1963-
1964. Recién hacia el final del período se aprobó un plan de significación dirigido a los servi-
cios de agua y saneamiento en el Interior que se hallaban al límite de su capacidad. En 1962
se aprobaron dos importantes proyectos para la ampliación del suministro de agua más allá
del “Sistema Montevideo”: 1) primera etapa de obras para dotación de agua y saneamiento en
el Interior, con financiamiento del BID, a ejecutar entre 1965-1970 y 2) Proyecto sistema central
“Laguna del Sauce” para dotar de agua potable a los balnearios de Maldonado. En 1971 se
inauguró el tramo Maldonado-Punta del Este.
La evolución de la inversión total del ente (Gráfico 7), sugiere que su dinámica inversora
no tuvo gran dinamismo durante la segunda mitad de los cincuenta. En cambio, los sesenta
se inician con importantes inversiones, debido a los recursos obtenidos a partir de empréstitos
externos. Tal como señala la CIDE (1965a), el bajo nivel de inversiones tanto de OSE como del
saneamiento de Montevideo a cargo del municipio capitalino durante el período 1955-1963,
habría sido resultado básicamente de la crisis de los sistemas tradicionales de financiamiento
de inversiones (consistente en la emisión de títulos de Deuda Pública en pesos uruguayos, 5%
de interés, que la inflación volvía negativo), a lo que se agregaba el déficit de Cuenta Corriente
de OSE, vinculado con las tarifas insuficientes.
Durante la segunda etapa, la evolución de la inversión de OSE fue muy variable, lo que se
explica por la volatilidad del período, surcado por tres crisis, la de comienzos de los ochenta,
la del final de esta década y la gran crisis de 1999-2002. Entre crisis, la inversión en general
crece, moderadamente en los años previos a la crisis de 1982 y en forma muy importante en la
segunda parte de los noventa y desde mediados de la primera década del siglo XXI.
En promedio, las inversiones fueron de 4 millones de dólares corrientes anuales durante
los setenta, de casi 15 en los ochenta y de algo más de 40 en los noventa y primera década
del siglo XXI. En 2011 se superaron los 100 millones de dólares invertidos, cifra nunca antes al-
canzada. Dicha inversión representó 0,1% del PIB en los setenta, pasando a aproximadamente
0,2% desde entonces.
En cuanto al tipo de obras, además de importantes obras para la ampliación del suministro
de agua en la Cuenca de Montevideo y para el desarrollo de la Cuenca de Laguna del Sauce,
se impulsa la ampliación de la cobertura del alcantarillado en el Interior, la parte más retrasada
de las obras sanitarias del país. Finalmente, en los últimos años se desarrollan obras para el
tratamiento de las aguas servidas.
149
Magdalena Bertino - Martina Querejeta - Milton Torrelli
Obras sanitarias del Estado (OSE): Su desempeño en el largo plazo
Al final de la década del setenta, OSE concertó varios préstamos internacionales, eleván-
dose el nivel de las inversiones. Esto se ubica en el doble marco de la abundancia de capitales
en los mercados financieros y de la creciente preocupación por el suministro de agua potable y
de saneamiento y su significación en la salud pública por parte de organismos internacionales
como la OMS (Organización Mundial de la Salud) y la OPS (Organización Panamericana de la
Salud) que alentaron acciones en pos de la expansión de los servicios en el seno de Naciones
Unidas. La imposibilidad de cumplir con los compromisos asumidos en cuanto a los planes
de incremento de cobertura de agua y saneamiento en el interior del país, se vuelve evidente
cuando estalla la crisis financiera y aparece la devaluación e inflación en 1982, con la consi-
guiente reducción de gastos
Gráfico 7: Inversiones e ingresos de explotación 1955-2011 (miles de pesos reales de 2010)
Fuente: Elaboración propia en base a SEPLACODI/OPP, Balances de OSE e INE. Se deflactan las inversiones
corrientes por el IPC.
A partir de la restauración institucional en 1985, OSE elabora un plan quinquenal con obje-
tivos a mediano y largo plazo, “OSE Política y planes de desarrollo”. No obstante, la expansión
de conexiones y redes de alcantarillado en el marco de una inversión a la baja durante la dé-
cada (Gráfico 7), fueron muy inferiores a las sucesivas metas planteadas. Durante los noventa,
nuevamente en un marco de abundancia de capitales a nivel internacional y con finanzas
saneadas por la política de “realismo tarifario” se expandió la inversión en OSE, al igual que en
las otras grandes EPNF (Bertino et al. 2012d). En esta década los ingresos de OSE más que se
duplicaron en términos reales y se cuadriplicaron en dólares.
La gran obra en los noventa fue la construcción de la Quinta Línea de Bombeo del Sistema
Montevideo, inaugurada en 1997, que abastece de agua potable, además de a la capital, a
varias ciudades y balnearios de Canelones. Otra realización ampliamente publicitada fue la
construcción e instalación de las plantas potabilizadoras transportables (UPA), en el marco del
“Programa de aumento de agua potable para las localidades del Interior”. También se aprobó
un préstamo del BM que se comenzaría a ejecutar en el 2000, de 165 millones de dólares a
implementarse en 8 años. Sus principales componentes eran, además de continuar con las
redes de saneamiento, la Reducción del Agua No Contabilizada (programa RANC) y la cons-
trucción de potabilizadoras en varias ciudades. La crisis iniciada en 1999 y que empeoró hasta
2002, tuvo un profundo efecto de retracción en OSE, por lo que el proyecto no se continuó
hasta 2006.
Desde 2004, se inicia un período de gran crecimiento de las inversiones que se acelera
a partir de 2006, acompañado de la mejora de sus utilidades, que alcanzan un nivel récord en
Chile y América en su Historia Económica. Parte III: Estado y fiscalidad
150
2009. La expansión de las inversiones fue acompañada de una política focalizada de subsidios
a sectores “más vulnerables”.
Una de las principales obras iniciadas fue la construcción de la Sexta línea de bombeo
de agua potable. Iniciada en 2008, su tronco principal se inauguró en 2010 y actualmente se
están finalizando las áreas troncales laterales. Además se llevaron adelante importantes obras
de saneamiento en el Interior, siendo en esta materia que se observan los principales logros
del período en materia de tasas de crecimiento de conexiones y redes. No obstante, aún la co-
bertura actual es de sólo 40% de la población nucleada del Interior y de 60% en sus capitales.
iii. Evolución de las tarifas.
Durante el primer período (1953 y 1973) las tarifas cubrieron solo una parte de los gastos
de la empresa, debido al proceso inflacionario y, además, a la incidencia de uno de los obje-
tivos fundacionales, el de abaratar los servicios a la población.
Al respecto, la CIDE planteaba que luego del difícil comienzo de OSE antes mencionado,
“·.· +·~.·+·· ···~··· ~··~··~· ~~· · ···,~ , o.· ·.· ···· ,·····~··~· ~~·
,·+· ··· ··· , ·.· ,~····~··· .···· ···,·· ···+~· ···,·~·~ ·.~.~~· +·
~· ~~··~· +· ···.~~ ·~~ ···~·~· ,··· +· ~· ,··~· +· ~,··~~· , ·········~”.
Por otra parte, plantea que “ ,~.·~ +· · +· ···· · ·+~ +~,·+ , +····++ ··
·.·~~· +· ··++ ·~~ +· ~·,···~ ,.·~~ ,··~ ·~ ······ ~··+~ ··~···~·
~~·,···+~··· ··~····· · ···+~ ~~·~ ···.·+~ ·· ~···~ +····~·~ , ····~····~ +·
···· ···.~~ ····~”. (CIDE 1965a: 21). Dicha penuria financiera habría repercutido desfa-
vorablemente en la organización dificultando las reparaciones necesarias.
Las tarifas residenciales por consumo de agua cayeron en términos reales desde antes de
la fundación de OSE y hasta fines de los cincuenta (Gráfico 8). En un primer momento, el dete-
rioro real se explica porque las tarifas se mantuvieron fijas en términos nominales hasta 1956,
luego porque los ajustes tarifarios corrían más lentos que la inflación. Además de una tarifa
industrial y comercial y otra residencial, dentro de esta última se instrumentó a partir de 1956
un rango de consumo correspondiente a una tarifa social, subsidiando a los consumidores de
menos recursos. En 1965 la Memoria de la empresa ilustraba el importante descenso histórico
del precio del consumo de agua en relación al jornal de un peón. En 1944 el jornal equivalía a
13 m3 de agua y en 1965 a 190 m3 en la tarifa más baja de hasta 5 m3 y a 45 m3 en la tarifa
de consumos mayores a 5 m3.
151
Magdalena Bertino - Martina Querejeta - Milton Torrelli
Obras sanitarias del Estado (OSE): Su desempeño en el largo plazo
Gráfico 8: Tarifa real residencial de agua (1944-1965)
Fuente: Elaboración propia en base a INE.
Nota: no incluye otros gastos vinculados al servicio, como derecho al servicio y alquiler o conservación medidor.
Gráfico 9: Tarifa real residencial de agua (1968-2010)
Fuente: Elaboración propia en base a Memorias de OSE e INE.
Al final de los sesenta existirán uno o más ajustes en cada año, lográndose un aumento
real de tarifas (sobre todo de la industrial y comercial, una de las propuestas de la CIDE),

y mejores resultado financiero.
Durante el segundo período, pese al predominio del discurso de realismo tarifario, el fuerte
proceso inflacionario dificultó la permanencia de los incrementos reales de las tarifas. Durante
la década setenta las tarifas reales cayeron (Gráfico 9). A partir del Plan de estabilización de
1978 (que dio inicio a “La Tablita”), en los primeros años ochenta las tarifas reales dejan de
caer y permanecen estables en un marco de reducción de la inflación. Al iniciarse el primer
gobierno constitucional en 1985, se realizó un ajuste al alza que no se mantuvo en los años
siguientes debido al rebrote inflacionario.
Chile y América en su Historia Económica. Parte III: Estado y fiscalidad
152
A comienzos de los noventa se retomó la política de realismo tarifario, aumentaron las
tarifas y la inversión y se eliminaron, hasta la actualidad, los subsidios del GC.
Los incrementos tarifarios reales desaparecen durante 1999-2001 -cuando ya sin subsi-
dios y con tarifas estancadas, OSE atravesó la peor crisis de su historia-, y reaparecen hasta
2005. Desde entonces, parece haber vuelto a primar el objetivo del gobierno de contener la
inflación. En efecto, el relativo estancamiento real del nivel tarifario desde 2005 y sobre todo la
moderada caída de los últimos años, indicarían el predominio de los objetivos anti-inflaciona-
rios en los gobiernos del Frente Amplio.
iv. Desempeño fnanciero.
Durante el primer período, los resultados de la empresa fueron deficitarios y los subsidios
directos del GC muy significativos, llegando a representar casi el 40% de los ingresos totales
del organismo y siendo en promedio cerca de la tercera parte (Cuadro 1). No obstante, si bien
no despreciables, los mismos no alcanzaron nunca cifras alarmantes, siendo en el peor año,
1965, casi 2% de los ingresos tributarios del GC. Es importante destacar que, en general, aún
incluyendo las trasferencias continuaban los déficits, para los cuales se emitía deuda, lo que
ocurría también con otras EPNF.
Cuadro 1: Participación de las transferencias en los Ingresos totales (1955-1969)
Año
Transferencias/
Ingresos totales
Transferencias/Ingresos
tributarios del GC
1955 35,1% 0,7%
1956 33,5% 0,8%
1957 23,3% 0,7%
1958 22,5% 0,6%
1959 29,7% 0,8%
1960 30,6% 1,0%
1961 29,0% 0,8%
1962 32,9% 1,0%
1963 27,4% 1,0%
1964 26,1% 1,1%
1965 39,4 1,7%
1966 38,0 1,2%
1967 17,7 0,8%
1968 11,9 0,4%
1969 3,3 0,1%
Fuente: En base a Memorias y Balances de OSE.
153
Magdalena Bertino - Martina Querejeta - Milton Torrelli
Obras sanitarias del Estado (OSE): Su desempeño en el largo plazo
Cuadro 2: Participación de las transferencias en los ingresos totales (1973-1990)
Año Transferencias/
Ingresos totales
Transferencias/Ingresos
tributarios del GC
1973 0,02% 0,0%
1974 0,009% 0,0%
1975 0,005% 0,0%
1976 4,4% 0,2%
1977 7,0% 0,2%
1978 11,6% 0,3%
1979 19,8% 0,5%
1980 5,4% 0,1%
1981 5,8% 0,2%
1982 21,0% 0,8%
1983 10,3% 0,4%
1984 16,1% 0,7%
1985 27,4% 1,1%
1986 13,1% 0,6%
1987 16,9% 0,7%
1988 3,1% 0,1%
1989 9,9% 0,4%
1990 9,3% 0,3%
Fuente: En base a datos de SEPLACODI/OPP
Durante el segundo período, a pesar del predominio creciente de la política y de la ideo-
logía liberal en relación a las EPNF, los subsidios se mantuvieron hasta 1990 (Cuadro 2). En
los primeros años setenta, OSE casi no recibió transferencias del GC, lo que se relaciona con
la crítica situación de las finanzas centrales. Pero esta situación es muy breve, con la recupe-
ración de las finanzas públicas y la caída real sistemática de las tarifas, los subsidios vuelven
a ser significativos (si bien en menor medida que en la etapa previa), pero con la importante
particularidad que con ellos la empresa presenta entre 1977 y 1990 superávit financieros. Lo
que llama la atención es que en los peores años de la inflación durante los años posteriores a la
crisis de 1982, los subsidios mantienen su importancia y las tarifas no se actualizan. Parecería
que entre el déficit de las finanzas y contener el proceso inflacionario directamente vía conten-
ción tarifaria, la política macroeconómica se inclinó por esta última.
Los subsidios del GC desaparecen a partir de 1990, cuando las tarifas comienzan un
importante proceso ascendente, e incluso en plena crisis de comienzo de siglo, en 2003 se
produce una transferencia inversa, una pequeña contribución de OSE al GC, la única a lo largo
de su historia. En los años siguientes, hasta hoy, tampoco ha habido subsidios, lo cual en un
contexto de fuertes inversiones y de recuperación salarial, ha llevado a una fuerte desmejora
de sus resultados financieros (deficitarios desde 2009).
Chile y América en su Historia Económica. Parte III: Estado y fiscalidad
154
v. La efciencia técnica: las pérdidas de agua.
La importancia creciente del agua elevada pero no facturada por OSE se ha convertido
en un gran problemas pendiente de resolución. La empresa ha señalado que ello “·~ ·· +···
··~.·.····· ,··++· ·.·~· ,·~+.~·~ +· ~··~··~··~ +· · ··+·· ~ +· ·· +·
·········~ , +· ·.···~· ·· ·o.,~· ··~ ····· ···~···· ····· ~~···~ , ~·
···~+~· +······.~· +· ,···~· , ~~···~” (OSE 2012: 8). El porcentaje de pérdida en rela-
ción al agua elevada pasó de 35% en 1953 a 54% en 2010 (en América Latina el promedio se
ubica en torno a 40%). Pero la situación es mucho más grave en Montevideo, donde la pérdida
de agua era de 21% en los primeros años de OSE y fue creciendo en forma fluctuante hasta
que desde mediados de los ochenta aumentó en forma continua, llegando a 63% en 2010. En
el Interior se da el proceso inverso, se parte de una pérdida del 60%, mejora en forma regular
y llega al 2010 a 36%. La explicación estaría en la mayor antigüedad y en la extensión de las
redes de Montevideo.
No obstante, la situación no se debe sólo a las pérdidas físicas sino también al importante
nivel de agua consumida pero no facturada que habría sido estimada en alrededor del 50%
de las pérdidas. Amarante y Ferrando (2011) en base a la información de la Encuesta Nacional
de Gastos e Ingresos de los Hogares (ENGIH) de 2005-2006, cuantifican la cantidad de ho-
gares con servicio de agua sin facturar en todo el país, de los cuales sólo el 31% pertenecen
a asentamientos.
V. La Reforma de OSE.
Los planteos de necesidad de modernización del organismo se hicieron en OSE práctica-
mente desde su fundación, incentivados desde los sesenta por los planteos de los organismos
internacionales de crédito, que suministraron financiación para los estudios pertinentes, y a
nivel nacional por los estudios de la CIDE, que realizó un diagnóstico y una serie de propuestas
sobre OSE.
En los setenta, a partir del fortalecimiento gradual de los planteos de cuño liberal se tiene
a exigir a las empresas estatales el tipo de eficiencia exigido en la empresa privada, tarifas
de acuerdo a los costos y a las necesidades de inversión, finalización de los subsidios, au-
mento de la productividad mediante la reducción del personal, y, finalmente, la posibilidad de
entregar a privados determinados servicios. Ya se vieron las dificultades que enfrentaron los
planteos de tarifas realistas y eliminación de los subsidios. En cuanto a la reducción del per-
sonal hubo un intento poco efectivo durante la dictadura. La privatización de servicios recién
se planteó en los noventa, cuando ya se habían hecho efectivas las otras reformas (tarifas rea-
listas, eliminación de subsidios, reducción de personal -aunque no en el grado de otras EPNF-,
importantes inversiones y reducción de los déficits).
Por otra parte, la empresa vivió un proceso de modernización que tiene que ver con los cri-
terios de gestión (como el plan de descentralización) y la actualización de los instrumentos de
administración y operativos. Desde 1966 OSE estuvo vinculada al programa internacional de
colaboración técnica de la OPS y de la OMS, que realizaron la evaluación sobre la posibilidad de
mejorar los métodos de trabajo de la OSE en las áreas administrativa y operacionales. Algunos
de los préstamos incluían partidas para cooperación técnica, consistentes en la elaboración
de estudios sobre tarifas, descentralización, ampliación de agua en el interior, automatización
del sistema administrativo-contable, pérdidas de agua en el sistema Montevideo, etc. En
las décadas ochenta y noventa se suceden los planes financiados para el mejoramiento de
155
Magdalena Bertino - Martina Querejeta - Milton Torrelli
Obras sanitarias del Estado (OSE): Su desempeño en el largo plazo
la gestión y de la administración de la empresa. Si se observa este proceso en relación al
conjunto de países latinoamericanos llama la atención la extrema similitud de los planteos y de
las áreas a reformar, con independencia del éxito y la profundidad de las reformas alcanzadas
en cada país.
i. El impulso privatizador.
En los años noventa se operaba un amplio proceso de reformas en los servicios de agua
y saneamiento en América Latina, con mayores avances en la regulación de los servicios y
menor en la incorporación de privados a su prestación. En varios países se pasó del mono-
polio de una empresa pública nacional dependiente del GC, a un proceso amplio de descen-
tralización, entregando los servicios a organismos provinciales, municipales, cooperativas y
empresas privadas. Pero sólo en Chile y Argentina la privatización fue realmente significativa
(cubriendo el servicio de agentes privados en estos países a 86% y 62% de la población, res-
pectivamente) (Vivian Foster 2005).
En este marco, la concesión a privados de servicios de agua y saneamiento comenzó
en Uruguay en 1992, días antes de que se realizara un referéndum de revocación de la ley
que habilitaba la privatización de las empresas públicas. “| |··~·~·~ +· o·| ··,.······
.·..·+~ ,····· +···~· +· ·~+·~ ,·.·.+~· ,· ·······+.· ~,·~ .· . +·
+···~·. ~~···.· ······ .. +· · ‘~~·~··~···’ +· ~·· ,.·~ ,· .·..·
,··~,~~· ,·.+ ·· ,···~· +· ,.” ,···~· ·· .· -·.
Fue así que desde los noventa, en gran parte del departamento de Maldonado el servicio
de abastecimiento de agua y saneamiento estuvo a cargo de privados mediante procesos
licitatorios que lo avalaron. En 1993 comenzó a trabajar Aguas de la Costa SA,
1
y en 2000
la empresa Uragua SA
2
(cuyo territorio comprendía las ciudades de Maldonado, Punta del
Este y Piriápolis). En Canelones, varios balnearios fueron abastecidos de agua potable por la
empresa Aguas Corrientes del Pinar. Existían más de diez concesionarios de menor cuantía,
algunos eran cooperativas de vecinos sin fines de lucro y otras sociedades comerciales.
En cuanto al régimen tarifario, mientras Uragua y Aguas Corrientes del Pinar seguían un
régimen tarifario similar al de OSE, las tarifas cobradas por Aguas de la Costa eran excesi-
vamente altas en comparación con la tarifa balnearia de OSE. Esto muestra que la empresa
estaba enfocada a los usuarios de altos ingresos de la costa de Maldonado, al este de Punta
del Este.
El Poder Ejecutivo presentó en 2003 un proyecto de ley de Regulación de Servicios de
Agua Potable y Saneamiento
3
como mecanismo para avanzar hacia una mayor participación
privada en su prestación. Este proceso fue frenado por los movimientos organizados contra las
privatizaciones de las empresas públicas.
ii. Y su freno…
Conjuntamente con las elecciones nacionales de 2004 se plebiscitó la reforma constitu-
cional que proponía ampliar la redacción del artículo 47 de la constitución referido a la pro-
1 Pertenece al grupo Aguas de Barcelona, filial de la transnacional Suez Lyonnaisse des Eauz de Francia.
2 Sociedad formada por el Consorcio de Aguas de Bilbao Bizkaia, Iberdrola Energía S.A. y Katera 1.
3 Disponible en: http://archivo.presidencia.gub.uy/proyectos/2003032510.htm
Chile y América en su Historia Económica. Parte III: Estado y fiscalidad
156
tección del medio ambiente. El nuevo artículo
4
declara que “· ,. ·· .· ··~.··~ ··.·
····~ ,· .+ | ~~··~ ,. ,~··· , · ~~··~ ·······~ ~~····.,··
+···~·~· ·.··~· ·.·+······”. En este marco, se establece que la política nacional de
aguas y saneamiento deberá anteponer las razones de orden social a las económicas. Final-
mente, declara: “| ···.~~ ,.·~~ +· ·······~ , · ···.~~ ,.·~~ +· ····~····~
+· ,. ,· · ~~··.·~ ·.··~ ···· ,····+~· ··~.·. , +··~······ ,~· ,···~··
.·.+~· ······”.
El decreto interpretativo de la reforma del artículo 47
5
implicaba asumir de inmediato los
servicios prestados por organizaciones que no estuvieran en el marco de una concesión, mien-
tras que no agredía los intereses de las empresas (con o sin fines de lucro) que prestaban
servicios de agua y saneamiento bajo una concesión. Incluso luego de la aprobación de la re-
forma constitucional se incorporaron prestadores de servicios de agua potable y saneamiento
sin concesión a la nómina de la URSEA. Se han identificado tres mediante una búsqueda en
las resoluciones de este organismo.
6
De todas formas, Uragua efectuó el traspaso de servicios de agua y saneamiento a OSE en
2005. En 2006 fue estatizada la empresa Aguas Corrientes del Pinar asumiendo OSE el 100%
de las conexiones que la empresa privada abastecía. Ese mismo año, el Estado uruguayo, a
través de OSE, celebró un acuerdo con Aguas de Barcelona SA mediante el cual adquirió una
participación accionaria de 60% de Aguas de la Costa. Esto le dio a OSE el control jurídico de
la totalidad de los servicios de agua potable y saneamiento en el país.
7
Se bajaron las tarifas de
agua y saneamiento equiparándolas a las que cobra el Ente en el departamento. En el proceso
OSE absorbió al personal de la concesionaria. Actualmente el servicio de abastecimiento de
agua potable en todo el país es prestado por las empresas OSE y Aguas de la Costa, a excep-
ción de algunas áreas menores atendidas por instituciones civiles y cooperativas.
En sintonía con estas reestatizaciones, las multinacionales del agua comenzaron a reti-
rarse de América Latina, proceso que se aceleró en la primera década del siglo actual. Las
principales razones de la salida obedecieron a decisiones estratégicas de reorientación de la
actividad por parte de las casas matrices, a factores de inestabilidad económica y guberna-
mental, a conflictos entre operadores y reguladores, causados por las tarifas aplicadas (alzas
desmesuradas; altos costos de conexión para nuevos usuarios, sin subsidios a familias de
bajos ingresos; entre otros) y a la suspensión de concesiones por incumplimiento de los am-
plios programas de inversiones establecidas en los contratos.
A excepción del caso chileno, en la mayoría de los países la experiencia privatizadora de
los años noventa no mejoró la cobertura y calidad de los servicios de agua potable y sanea-
miento en AL. La mayoría de los servicios antes brindados por las multinacionales han sido
re-estatizados (Ducci 2007: 12).
4 Disponible en: http://www0.parlamento.gub.uy/constituciones/const004.htm
5 En: archivo.presidencia.gub.uy/_Web/decretos/2005/05/CM%2071_20%20MAY%2005_00001.PDF
6 Las empresa son: LENIRCO S.A (Resolución N° 14/006), Sr. Carlos Aparicio (Resolución N° 8/006), y Aso-
ciación Civil Titagua I (Resolución N° 54/05).
7 Nota 8 de los Estados Contables correspondientes al ejercicio 2008. Disponible en: www.ose.com.uy
157
Magdalena Bertino - Martina Querejeta - Milton Torrelli
Obras sanitarias del Estado (OSE): Su desempeño en el largo plazo
Refexiones fnales.
En la evolución de OSE se han podido identificar las etapas señaladas para el conjunto de
las EEPP y muy en particular de las EPNF. La primera refiere a los años que van desde su fun-
dación en 1952 hasta el inicio del gobierno dictatorial en 1973, fue de prevalencia de los fines
sociales fijados por su Carta Orgánica. La eficiencia del organismo radicaba en la expansión
de los servicios, no en sus resultados económicos. La existencia de significativos subsidios
del GC se consideraba algo normal y necesario, dada la naturaleza de los servicios prestados.
Las tarifas bajas mostraban la eficacia de la empresa para cumplir sus objetivos, entre los que
estaba abaratar el servicio. Esto no quiere decir que los planteos de modernización y mejora-
miento del servicio y su gestión y de tarifas que reflejaran la evolución de los costos, no se ma-
nifestaran desde la fundación del Ente y en especial en los sesenta, bajo el influjo de la CIDE.
Si evaluamos el desempeño de OSE de acuerdo a los objetivos planteados por el orga-
nismo, en el primer período si bien los objetivos planteados se referían a brindar un servicio de
calidad y bajo precio, el predominio de este último objetivo redujo las posibilidades de expan-
sión de un servicio fundamental para la salud de la población. La inversión podría haber sido
mayor, si OSE hubiera adecuado las tarifas para cubrir el costo del servicio y si se hubieran
realizado los cambios necesarios para mejorar la eficiencia del organismo. Sus objetivos se
mostraron contradictorios, abaratar el servicio y su expansión (servicios rurales, extensión del
saneamiento y adecuando mantenimiento de las redes), en un período de estanflación que
vivió Uruguay, cuando a fines de los cincuenta se agota la industrialización sustitutiva (ISI) sin
lograr entrar en una segunda ISI basada en la industrialización de los medios de producción.
Entonces, la inflación y el déficit de las finanzas estatales convierten la adecuación de las ta-
rifas a los costos, en la medida clave para encarar el cumplimiento de los objetivos sanitarios y
sociales planteados. Las dificultades del organismo para adecuar la gestión a la vorágine infla-
cionaria (recordar la lentitud en la cobranza), el papel de las tarifas en general en el incremento
de la inflación y la tendencia a mantenerlas bajas durante las recurrentes crisis que atravesó la
economía en la segunda mitad del siglo XX, dificultaron el establecimiento de tarifas realistas
hasta comienzo de la década noventa.
En el segundo período se plantearon otros objetivos: para cumplir con eficiencia sus obje-
tivos sanitarios debería seguir los criterios de eficiencia de la empresa privada, cesar los subsi-
dios del GC, las tarifas cubrir los costos corrientes y tender a cubrir los de inversión, reducir su
personal, e incluso, podría cubrir algunos servicios recurriendo a empresas privadas. Este dis-
curso fue predominando gradualmente desde los setenta, pero fue muy difícil de implementar.
Varios intentos de aplicar el realismo tarifario fracasaron al poco tiempo, y recién en los noventa
se aplicaron con vigor, aunque en el presente siglo supeditados a la política macroeconómica.
Desde 2004 hasta la actualidad, se pone freno a las privatizaciones reafirmando el ca-
rácter estatal del servicio. Con el inicio de los gobiernos frenteamplistas en 2005 se lleva ade-
lante el cumplimiento del plebiscito, se mantienen moderadamente bajas las tarifas (incluso se
establece una forma de tarifa social para un sector de la población muy sumergido). El empleo
deja de caer e incluso crece moderadamente. Por otra parte, se han mantenido y acrecentado
los altos niveles de inversión y la mejora de la gestión. Esto parecería mostrar que no es la
propiedad de una empresa lo que determina su adecuación a las necesidades del servicio que
brinda. El tiempo, y los sucesos de similar índole en otros países, dirán si la profundidad del
cambio permite identificar un nuevo período en la política económica general y en la historia
de la empresa en particular.
Chile y América en su Historia Económica. Parte III: Estado y fiscalidad
158
Sobre la eficacia de OSE en el cumplimiento del servicio, en esta etapa de la investigación
es muy difícil llegar con certeza a una conclusión. De acuerdo a la comparación regional se
puede decir que los tiempos en el suministro de agua potable fueron adecuados, pero el nivel
de las pérdidas de agua parece indicar un grado insuficiente de inversión en mantenimiento
y problemas de gestión. Por su parte, el saneamiento ha estado siempre rezagado, existiendo
aún mucho por hacer en la materia.
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Chile y América en su Historia Económica. Parte III: Estado y fiscalidad
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161
DESIGUALDAD Y EDUCACIÓN PRIMARIA EN EL CHILE DE ENTRE 1870 Y 1910.
EFECTOS SOBRE EL DESEMPEÑO ECONÓMICO.
Cristian Pablo Castillo
Universidad de Barcelona
Universidad de Valparaíso
Introducción.
Los cambios que sucedieron a escala global a lo largo de la primera globalización abrieron
la posibilidad para que algunos países avanzaran en la distribución internacional del trabajo.
Ello implicó que los Estados que transitaron hacia estructuras productivas con mayor peso de
las manufacturas llevaran a cabo importantes modificaciones institucionales, como por ejemplo
la inclusión democrática de ciudadanos históricamente excluidos, la ampliación del alcance
de la educación pública, la modificación de los derechos de propiedad de la tierra, la modifi-
cación de las relaciones industriales/laborales entre otras. La evolución institucional sostenida
permitió a este conjunto de países la aceleración del crecimiento económico así como también
la mejora sustantiva de las condiciones de vida de sus habitantes.
Cuando se compara la trayectoria del cometido económico de países como Suecia, No-
ruega, España con el desempeño de Chile a lo largo de estas décadas, el país sudamericano
resulta bastante bien evaluado, al menos en términos de parámetros económicos de amplia
utilización como el PGB por persona
1
y el consumo aparente de energía por habitante.
2
Sin embargo, a contar de la primera Guerra Mundial en adelante, el desempeño econó-
mico de Chile, medido con los parámetros recién señalados, comienza a perder fuelle y el
retraso relativo de la economía chilena comienza a manifestarse, al menos en relación a países
europeos periféricos que presentaban guarismo semejantes a los de Chile. ¿Qué pudo haber
influido en el retraso económico de Chile? ¿Cómo podemos explicarlo?
Desigualdad y poder: obstáculos para dejar atrás un orden social oligárquico.
Este trabajo sostiene que la profundización del retraso económico de Chile está vinculada
a una insuficiente transformación institucional la cual tendría parte sustantiva de su explicación
en la profunda +··,.++ ····.~·.· existente en el país.
1 Madisson, A. The World Economy: Historical Statistics. ggdc.net/MADDISON/oriindex.htm
2 Rubio, M., C. Yáñez, M. Folchi y A. Carreras (2010), Energy as indicator of modernization in Latin America,
1890-1925.
Chile y América en su Historia Económica. Parte III: Estado y fiscalidad
162
La amplitud del desequilibrio de poder interno habría sido un serio impedimento para
avanzar hacia una sociedad política, económica y socialmente más inclusiva. La desigualdad
habría favorecido la exclusión de la gran mayoría de la sociedad de los asuntos de Estado,
facilitando la ausencia de cohesión social interna. Ambas características habrían impactado la
calidad institucional del país y con ello su desempeño económico.
Dado que la desigualdad tiene múltiples aristas, este trabajo pone el foco en el sector rural
de Chile, a nuestro juicio el, espacio socioeconómico y político más relevante de la sociedad
de la época. Creemos que la desigualdad existente en el ámbito rural del país es importante
dado que es la base sobre la cual la inequidad evoluciona a lo largo de los años; la des-
igualdad rural, podríamos decir que es la condición inicial de la desigualdad en Chile.
El que la mayoría de la población viviera en sectores rurales, pero sólo unos pocos fueran
propietarios de la tierra que habitaban, le concedió al grupo terrateniente un poder político y
económico superlativo, facilitando la existencia conjunta de desigualdad política y económica.
3

A la acción conjunta de ambas le llamaremos +··,.++ ····.~·.·
El latifundismo en Chile trajo consigo el control político de la gran mayoría de la población
nacional y con ello una fuerte base de negociación con los distintos partidos políticos de la
época,
4
siendo la Sociedad Nacional de Agricultura (SNA), fundada en 1838, la organización
política del sector. El latifundismo fue el núcleo alrededor del cual se aglutinaba la elite del
poder.
El control de la economía política doméstica le habría otorgado a la elite oligárquica un
enorme poder de agencia, asunto esencial si aceptamos que las reglas del juego serían el
reflejo de la distribución de poder existente en cada sociedad.
5
Dicho de otra manera, la dis-
tribución relativa de poder es crucial para determinar · ~~·.··~ ,~··· +· ~,~··.·++··
····.~~··· o.· .· ·~~·++ ·······,
6
cada una de las cuales generadora de efectos
concretos en la sociedad,
7
efectos que por lo general fueron favorables para los grupos domi-
nantes y que habrían ayudado a sostener los niveles de desigualdad en el tiempo.
8
En este marco, sostenemos que a lo largo de estas décadas el Estado de Chile enfrentó
la siguiente disyuntiva: potenciar el tránsito hacia un orden social más inclusivo vía fomento de
la educación primaria, o mantener el equilibrio de poder interno mediante políticas públicas
excluyentes.
Desde nuestro punto de vista se habría priorizado la segunda alternativa comprometiendo
el desempeño económico del país en el mediano y largo plazo, en la medida que le resto a
3 Verba, S. (1987) Elites and the idea of equality. P. 157. El autor sostiene que la inequidad política y la inequi-
dad económica están interrelacionadas muy cercanamente al extremo de que la influencia política puede
ser convertida en recursos económicos, y viceversa. Reconocemos además que los recursos económicos
y políticos, así como el conocimiento, las habilidades, y los incentivos también están distribuidos de manera
desigual, ver R. Dahl (2006), On political equality, pp. 51, 52.
4 Baland, J. M. y J. Robinson (2008), Land and power: theory and evidence from Chile. Esta es una de las
últimas revisiones que se han hecho de tema.
5 Pzreworsky, A. (2004), La última instancia: ¿son las instituciones la causa primaria del desarrollo económi-
co?, p.3
6 Deininger, K. and L. Squire (1998), New ways of looking at old issues…p. 261
7 Foucault, M. (1996), La genealogía del racismo, p. 23
8 Engerman, S. y K. Sokoloff (2002), Factor endowments, inequality, and paths of development among new
world economies, pp.17, 18.
163
Cristian Pablo Castillo
Desigualdad y educación en el Chile de entre 1870 y 1910. Efectos sobre el desempeño económico
este último capacidad de adaptabilidad a los cambios que sucedían en el sistema económico
internacional por aquellos años.
En síntesis, la hipótesis que aquí se explora es consistente con los argumentos propuestos
por la literatura en este tópico: a) la desigualdad conduce a la adopción de políticas que re-
tardan el desarrollo;
9
b) la distribución de la riqueza (tierra) afecta tanto el monto agregado
de inversión en capital humano como el producto;
10
y c) el principal canal a través del cual la
inequidad afectaría el desarrollo es la educación.
11
Notas metodológicas.
Para acercarnos a la importancia que el Estado asignó a la educación primaria revisamos
publicaciones oficiales que registran los recursos asignados a esta actividad, tanto a nivel cen-
tral como municipal. Las partidas incluidas son los dineros destinados a: a) la construcción de
escuelas, b) al pago de salarios a profesores, y c) todo el capital asignado al mantenimiento y
funcionamiento del sistema educacional público primario.
Con la intención de poner la situación doméstica en perspectiva, estudiamos paralela-
mente el gasto gubernamental destinado a mantener el orden público, también a nivel local y
nacional. El gasto en orden está compuesto por: a) el gasto público para asegurar el funcio-
namiento de la policía y de la policía de higiene; b) el expendio destinado a la construcción y
mantenimiento del sistema carcelario chileno; y c) los sueldos pagados a los mandos más altos
del ejército. Es necesario dejar en claro que no hemos considerado los presupuestos ministe-
riales totales, sólo los aspectos mencionados.
Nos aproximamos a la desigualdad desde dos puntos de vista. Respecto del primero,
Easterly, Ritzen y Woolcock (2006) sostienen que el grado de cohesión social existente dentro
de una sociedad es una variable cercana a la equidad social. De acuerdo a los autores, socie-
dades cohesionadas en lo social serán más proclives a generar gobiernos que “integren inte-
reses diversos”, no sólo grupales. Por el contrario, países fuertemente divididos en términos de
clases y aspectos étnicos levantarán restricciones severas sobre los intentos de llevar a cabo
políticas de reforma, especialmente si se trata de reformas redistributivas.
12
Los autores definen cohesión social como la naturaleza y extensión de las divisiones so-
ciales y económicas dentro de una sociedad, fraccionamientos que hacen posible que los ac-
tores sociales trabajen para conducir conjuntamente el país.
13
En concreto, sostienen la hipó-
tesis de que un alto nivel de cohesión social hace más fácil la mejora de la calidad institucional.
La segunda interpretación diferencia entre desigualdad estructural y desigualdad de mer-
cado. La desigualdad en la distribución de la tierra sería un tipo de inequidad estructural,
mientras que la inequidad en el ingreso sería una desigualdad de mercado. De acuerdo a
Easterly, sólo la desigualdad estructural es mala para el desarrollo socioeconómico posterior.
14
9 Alesina, A. and D. Rodrik (1994), Distribuitive politics and economic growth, p. 465
10 Oded, G. and J. Zeira (1993), Income distribution and macroeconomics, p. 36
11 Deininger, K. and L. Squire (1998), New ways of looking at old issues: inequality and growth, p.274. la inver-
sion es otra variable relevante, sin embargo los autores encontraron que el nivel de educación intermedia
en el monto final de la inversión: a mayor nivel educacional, más elevada será la inversión.
12 Easterly, W., J. Ritzen y M. Woolcock (2006), Social cohesion, institutions and growth.
13 Easterly, W., J. Ritzen y M. Woolcock (2006), Social cohesion, institutions, and growth, p. 105
14 Easterly, W. (2007), Inequality does cause underdevelopment: insights from a new instrument, p. 756
Chile y América en su Historia Económica. Parte III: Estado y fiscalidad
164
Desigualdad y calidad institucional.
Parece existir acuerdo en que las instituciones son importantes para el desempeño econó-
mico de los países. Ahora bien, más allá de si constituyen o no la causa fundamental del desa-
rrollo económico de las sociedades, qué institucionalidad se adopta en una sociedad importa.
Si bien la contribución teórica del neo-institucionalismo ha sido enorme en las últimas
décadas, “nuestro conocimiento acerca del origen de la calidad institucional permanece muy
limitado”.
15
Esta limitación toma relevancia cardinal si aceptamos la existencia de una relación
de causalidad entre la calidad de las instituciones y el desarrollo económico alcanzado. Es
decir, si a una mayor calidad institucional esperamos un mejor desempeño económico (en
términos de crecimiento y equidad), conocer acerca de las fuentes de calidad institucional se
presenta como una tarea ineludible.
16
El origen de la calidad institucional ha sido vinculado a la dotación de recursos naturales,
17

a la ubicación geográfica y las condiciones naturales asociadas,
18
a las herencias imperiales
presentes en ex-colonias,
19
a aspectos culturales relacionados con la influencia occidental
sobre el resto del mundo,
20
y también a la fraccionalización étnica.
21
Ciertamente todos estos enfoques contribuyen a entender mejor su origen. No obstante,
para pensar el proceso de selección institucional en Chile es recomendable poner la atención
en el papel que la desigualdad podría desempeñar en explicar las diferencias sistemáticas en
la evolución de las instituciones y su calidad.
Son varios los autores que han destacado el papel que la desigualdad podría jugar en
la selección institucional. Al respecto Engerman y Sokoloff son enfáticos al afirman que más
equidad entre la población conduce en el tiempo a instituciones políticas más democráticas y
multiplica las oportunidades económicas.
22
Sin embargo, apunta P. Bardhan, para que cam-
bios beneficiosos en las instituciones sucedan en países pobres se debe saltar una barrera
política que tiene que ver con problemas distribucionales y asimetrías en las capacidades de
negociación.
23
En esta misma línea de razonamiento, Lindert sostiene que el bajo gasto social que se
dio antes del siglo XX en los países en vías de industrialización se habría debido a que la
voz política estaba muy restringida,
.
idea que es reforzada por Mariscal y Sokoloff, quienes
15 Engerman, S. and K. Sokoloff (2002), Factor endowment, inequality and paths of development among new
world economies, p. 1
16 Easterly, W., J. Ritzen and M. Woolcock (2006), Social Cohesion, Institutions, and Growth, p.103
17 Engerman, S. and K. Sokoloff (2004), Factor endowments, institutions and differential paths of growth among
new world economies: a view from economic historians of the United States.
18 Acemoglu, Johnson and Robinson (2001), The colonial origins of comparative development: an empirical
investigation; Gallup, J., J. Sachs and A. Mellinger (1998), Geography and Economic Development.
19 North, Wallis and Weingast (), Order, desorden y cambio económico: Latinoamérica versus Norteamérica;
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20 Greif, A. (1994), Cultural Beliefs and the Organization of Society, in Journal of Political Economy, 102, 912-
950; Landes, D. (1998), The Wealth and Poverty of Nations.
21 Easterly, W. y R. Levine (1997), Africa’s growth tragedy: policies and ethnic divisions.
22 Engerman, S. y K. Sokoloff (2012), Economic development in the Americas since 1500, p 35.
23 Bardhan, Pranab (2005) Scarcity, Conflicts, and Cooperation, p. 30
24 Lindert, P. What drives social spending? 1780 to 2020, p 190. Lindert, Peter (2011) El ascenso del sector
165
Cristian Pablo Castillo
Desigualdad y educación en el Chile de entre 1870 y 1910. Efectos sobre el desempeño económico
concluyen que para el periodo 1800-1925 las diferencias en niveles de desigualdad serían
relevantes para explicar diferencias en la provisión pública de educación entre los países del
nuevo mundo.
25
Desigualdad, educación primaria y desempeño económico.
No son pocos los trabajos que han explorado los vínculos existentes entre desigualdad y
desempeño económico. Desde una perspectiva amplia, el trabajo de W. Easterly concluye que
la desigualdad estructural es importante y significativa a la hora de frenar el desarrollo de los
mecanismos mediante los cuales el desenvolvimiento económico es logrado.
26
Uno de estos
mecanismos es la educación o el nivel del capital humano presente en una sociedad.
Deininger y Squire encuentran un consistente efecto negativo de la desigualdad en la
distribución de la propiedad de la tierra sobre el nivel educativo;
27
concluyen además que la
desigualdad en la propiedad de la distribución de tierra tiene un efecto negativo y significativo
en el crecimiento subsecuente.
28
La misma idea es defendida por Erikson y Vollrath quienes encuentran que la inequidad,
sea medida en propiedad de la tierra o en ingreso, podría ser suficiente impedimento para
alejar a los más pobres de la educación, reduciendo los logros generales alcanzados por la
misma en una economía.
29
Evidencia adicional también es provista en los trabajos de Galor,
Moev y Vollrath, autores que afirman que en países con una desigual distribución de la pro-
piedad de la tierra, la abundancia de este recurso se convirtió en el factor que condujo en
etapas posteriores de desenvolvimiento a infra-inversión en capital humano y menor creci-
miento económico;
30
también habría favorecido la aparición de un sector industrial intensivo
en mano de obra no calificada.
31
Un argumento semejante es propuesto por Glaeser y sus
coautores, quienes sostienen que el nivel inicial de educación resultaría incluso ser una fuente
más básica para el desenvolvimiento que las propias instituciones. Ello debido a que el capital
humano conduciría a mejoras institucionales y con ello un círculo virtuoso sería puesto en
funcionamiento.
32
Los autores comentados coinciden en una propuesta: la desigualdad tendría efectos sig-
nificativos y negativos sobre el desempeño futuro de las economías y lo haría porque dificul-
taría el fomento de la educación pública.
público, p. 24. Ver también A. Hirschman () Salida y voz.
25 Engerman, Sokoloff y Mariscal (2012) The evolution of schooling, 1800-1925, p. 167, en Engerman y Soko-
loff, Economic development in the Americas since 1500
26 Easterly, W. (2007), Inequality does cause underdevelopment: insights from a new instrument, p.773
27 Deininger, K. and L. Squire (1998), New ways of looking at old issues: inequality and growth,
28 Deininger, K. and L. Squire (1998), New ways of looking at old issues…p. 260
29 Erickson, L. and D. Vollrath (2004), Dimensions of Land Inequality and Economic Development, p. 5
30 Galor, Moav y Vollrath (2003) Land inequality and the origin of divergence and overtaking in the growth
process: theory and evidence, p. 6
31 Galor, Moav y Vollrath (2008) Inequality in land ownership, the emergence of human capital promoting ins-
titutions and the great divergence, p. 2
32 Glaeser, La Porta, López de Silanes and Shleifer (2004) Do institutions cause growth? Journal of Economic
Growth, N. 9, pp. 271-303
Chile y América en su Historia Económica. Parte III: Estado y fiscalidad
166
Ausencia de incentivos en el latifunsimo para promover la educación pública.
Si bien es ampliamente aceptado que la educación trae consigo significativas externali-
dades positivas,
33
algunas de sus consecuencias pueden ser vistas por los grupos sociales
dominantes como riesgosas, como desestabilizadoras del statu-quo doméstico y, por ello, no
conseguir el apoyo de los mismos.
Esta ausencia de apoyo encontraría en el tipo de activo controlado por la elite parte de
su explicación. El tipo de activo en manos de los grupos dominantes desempeñaría un papel
clave en la actitud y voluntad manifestada por los distintos grupos de interés respecto de la
posibilidad de avanzar hacia un sistema económico-político más inclusivo. En este sentido C.
Boix sostiene que la apertura del orden social es más probable que ocurra en una sociedad en
que la industria y el capital financiero y humano prevalecen por sobre el capital fijo, o relativa-
mente inmóvil, como la tierra o los yacimientos minerales.
34
La razón de esto sería que siendo
la tierra un activo más fácil tanto de ser grabado como expropiado en comparación con el
capital financiero o humano, los propietarios de este recurso productivo sienten mayor aversión
hacia un sistema político democrático (abierto) y con espíritu re-distributivo. La misma idea
es sostenida por Acemoglu y Robinson al afirmar que un orden social abierto, más inclusivo e
igualitario es menos probable que se consolide cuando las elites controlan la tierra.
35
En este marco la falta de determinación en la provisión de educación primaria habría sido
una manera de retener la mano de obra en el sector rural. La razón: más educación podría
haber incentivado el sector manufacturero, el cual, mediante mejoras en la productividad, se
transformaba en una opción laboral para los trabajadores rurales eventualmente más edu-
cados.
Al respecto, para el caso de Estados Unidos, Gerber sostiene que la tendencia de la
educación a crear movilidad geográfica y ocupacional corrió en contra de los intereses de los
hacendados del sur del país. Tal como en el caso de Chile, la producción agrícola basada en
trabajo no calificado y altamente controlado fue una razón mayor de la lenta aceptación de la
educación universal pública en la zona de plantaciones del país del norte.
36
Entonces, en Chile, en un escenario en que la productividad del sector manufacturero no
sólo no mejoraba en términos relativos, sino que incluso el país parece haberse des-indus-
trializado a lo largo de estos años,
37
en que el grado de complementariedad entre la tierra y
el trabajo es alto,
38
y en que una política expansiva de gasto en educación primaria pública
incrementaría el costo del trabajo en mayor proporción que las mejoras en la productividad
promedio del sector agrícola, reduciendo los retornos de la tierra, el incentivo dominante ha-
bría sido demorar cualquier modificación que alterara el equilibrio. Estos efectos e incentivos
se multiplican debido al grado de concentración de la tierra.
33 Como por ejemplo, contribuye a que las personas sean conscientes de la existencia de un ‘contrato social’
entre el Estado y la ciudadanía; que ayuda al desarrollo del pensamiento crítico, autónomo y reflexivo; que
proporciona al ser humano medios para generar ingresos económicos; que facilita la movilidad social y
geográfica y que permite en el tiempo la acumulación de capital humano y social,
34 Boix, (2003) Democracy…p11
35 Acemoglu, D. and Robinson (2006), Economic origins…, p.33
36 Gerber, J. (1991), Public school expenditures in the plantation states, 1910
37 Pinto, A. (1973), Inflación, raíces estructurales, p, 255. Para el caso teórico general ver Matsuyama, K.
(1992), Agricultural productivity, comparative advantage, and economic growth.
38 como podemos suponer dado el carácter extensivo de la agricultura nacional.
167
Cristian Pablo Castillo
Desigualdad y educación en el Chile de entre 1870 y 1910. Efectos sobre el desempeño económico
En síntesis los latifundistas en Chile no tuvieron incentivo político ni incentivo económico
para apoyar políticas educacionales capaces de acelerar el crecimiento, fenómeno que dina-
mizaría la estructura social del país.
39
El caso de Chile: Estructura de Clases, Cohesión Social y Desigualdad Estructural.
El supuesto que conduce esta parte del trabajo sostiene que la virtual existencia de dos
clases sociales en Chile habría facilitado, vía ausencia de cohesión social, la instalación de la
inequidad y, posteriormente, su profundización. Sostenemos que una sociedad dicotómica en
términos de clases tendería a una peor distribución de la riqueza que otra con una clase media
numerosa y articulada.
Dado que la simpleza de la estructura social de Chile pudo haber facilitado la instalación
de altos niveles de inequidad dentro de la sociedad, es necesario constatar qué sabemos
acerca de la composición social del país durante los años estudiados. ¿Fue realmente una
sociedad dicotómica? La respuesta viene dada por la revisión de algunos autores y trabajos
clásicos que abordan esta temática para aquellos años.
Comencemos por el trabajo de A. Edwards. Escribiendo en 1936, el autor afirma que
“dentro de la sociedad rural, dividida en vastos dominios feudales, no había espacio para una
casta intermedia entre el latifundista y el peón”.
40
La misma idea es sostenida por G. McBride,
41

S. Collier,
42
y una serie de observadores residentes en el país. El mismo Claudio Gay, natura-
lista francés que recorrió el país por encargo del gobierno local entre 1830 y 1850, concluía
que “en ningún país en el mundo el trabajo de los campos es más penoso, más duro, más
fatigante y mal pagado.”
Lo importante de estas constataciones es que en una sociedad dicotómica en términos
de clases difícilmente los intereses del grupo controlador serán compatibles con los intereses
de los grupos controlados.
Cohesión social en Chile.
El vértigo económico de la primera globalización influyó fuertemente en la economía chi-
lena. Y lo hizo no sólo en el aspecto económico-comercial, sino que también en el socio-laboral
mediante la dinamización de las lógicas que movían a las agrupaciones de trabajadores.
La historiografía señala que las distintas formas de articulación sindical (mutuales y man-
comunales) fueron resistidas por parte del Estado mediante decisiones que iban desde de-
clarar ilegales a las mancomunales hasta sangrientas subordinaciones de los movimientos
sindicales.
El marcado tinte excluyente de la manera en que el Estado conduce las relaciones con
las agrupaciones de trabajadores nos sugiere la presencia de gobiernos cuyas motivaciones
39 Galor, Moav y Vollrath (2003) Land inequality and the origin of divergence and overtaking in the growth
process: theory and evidence, p. 2, 22
40 Edwards, Alberto (1936) La Fronda Aristocrática, p. 18. Si bien Edwards se refiere a la sociedad rural de-
bemos tener en cuenta que la gran mayoría de la población del país era residente rural. Llama la atención
que el autor utilice la palabra casta.
41 McBride, G. (1936), Chile: land and society, p. 12.
42 Collier, Simon (1967), Ideas and politics of Chilean independence, p. 6.
Chile y América en su Historia Económica. Parte III: Estado y fiscalidad
168
políticas y económicas estaban lejos de consideran seriamente la posibilidad de “integrar los
intereses diversos” emanados de otros grupos sociopolíticos.
43
El profundo antagonismo resultante de la incompatibilidad de intereses entre los actores
involucrados tomó un énfasis vertiginoso en la industria del salitre. Este sector industrial fue
cuna de formas de expresión sociopolítica y laboral de vanguardia en la época. El grado de
movilización que logran sus miembros es una característica icónica de la historia laboral de
Chile, provocación que encontró una dura respuesta por parte del Estado. La manera en que
fueron resueltas las protestas por condiciones laborales se caracterizó por un uso excesivo de
la violencia. Las cifras de víctimas fatales alcanzaron registros iguales, o incluso más elevados,
que los resultantes de conflictos vinculados a momentos clave de la historia del país.
44
Que un gobierno conduzca el aparato represor del Estado hacia acciones tan violentas en
contra de los trabajadores nos sugiere que el gobierno de la época se sintió amenazado por
demandas que le eran ajenas y que por sobre todo no compartía ni respaldaba. El uso masivo
de la violencia por parte del Estado de Chile en contra de los trabajadores en los episodios
señalados constituye otra manera de materializar la inequidad y nos señala una severa falta
de cohesión social.
¿Qué pasaba con el movimiento sindical en otros sectores económicos importantes?
Basta decir que en el otro gran sector de la economía, el agrícola, la sindicalización no se
autorizó hasta 1947 mediante el dictamen de una ley con pocas ventajas para los trabajadores
agrícolas.
Antes de introducirnos en la desigualdad estructural existente en el país detengámonos
un momento en otra manera de aproximarnos a la inequidad. Para ello prestamos atención a la
evolución de la desigualdad de ingreso en el país utilizando el coeficiente de GINI, estimado
de manera pionera por Bértola y sus coautores. De acuerdo a esta investigación en 1870 el
coeficiente de Gini alcanzó en Chile un 0,59. Según los autores, la profundización del vínculo
económico entre el país y el resto del mundo entre 1870 y 1904 trajo consigo una mejora en
el indicador, alcanzando especial dinamismo entre 1893 y 1904.
45
Sin embargo, desde este
último año y hasta 1930 toda la mejora se revierte, el índice empeora sostenidamente, y la
desigualdad logra el 0,64 en 1920.
46
43 Grez, S. (1998), |· “··,····~~· +· ,.··~” ·.·, ,···· ······ , ·.~.~~· ···~·~ +·
·~.····~ ,~,.· ·· c·· ,-·.
44 Batalla de Maipú, batalla que consagra la independencia de Chile en 1818; batalla de Lircay, enfrentamien-
to que da origen a la estabilidad política del país en 1830; y la batalla de Placilla, escaramuza que sella el
destino del presidente Balmaceda en 1891. Tristemente célebres son las matanzas de la salitrera La Coruña
y de la escuela Santa María de Iquique, ambas ejemplo de lo que hablamos. Se dice que en la primera
cerca de 4000 ciudadanos perdieron la vida; mientras que en la escuela serían alrededor de 3000. Pese
al tamaño de estos acontecimientos no está del todo claro el número de bajas. Falta investigación en estos
hechos.
45 Rodríguez, J. (2011), Globalización, expansión de la frontera y desigualdad en Chile durante el auge sali-
trero (1880-1905), p. 39.
46 Bértola, L., C. Castelnovo, J. Rodríguez y H. Willebald (2010), Between the colonial heritage and the first
globalization boom: on income inequality in the Southern Cone, p. 326. Ver también Bértola, L. y J. Rodrí-
guez (2009) Between the Longue Durée, Globalization, and the Expansion of the Frontier.
169
Cristian Pablo Castillo
Desigualdad y educación en el Chile de entre 1870 y 1910. Efectos sobre el desempeño económico
Cohesión social y desigualdad estructural en Chile.
La manera en que la propiedad de la tierra estaba distribuida nos aproxima a la manera
estructural de evaluar la desigualdad entre las personas. Conocer cómo estaba distribuida la
propiedad de la tierra nos permite dimensionar una forma de desigualdad de vastas conse-
cuencias sociales y que sí tendría efectos en el desempeño económico del país.
El estudio de primera fuente acerca de la estructura de propiedad de la tierra requiere
esfuerzos y recursos que se encuentran fuera de nuestro alcance. Por esta razón nos acer-
camos al tema mediante el estudio de investigaciones que tratan la estructura de propiedad de
la tierra. Las obras consultadas describen un contexto muy similar para el período entre 1850
y 1920: un alto grado de concentración de la tierra en el Chile central, característica que se
vuelve más extrema al aproximarnos a 1920.
Un trabajo clásico acerca de este asunto es el de A. Bauer, parte del cual es reproducido
en las páginas siguientes. De mucho interés es la manera en que se distribuyó la propiedad
de la tierra, de acuerdo al tamaño del predio, en La Ligua. Los datos cubren los años 1854,
1917 y 1926.
Cuadro 1: Concentración de la propiedad de la tierra: La Ligua, 1854, 1917, 1926. Número de
propiedades por tamaño y cantidad de hectáreas controladas
Pequeña propiedad
0-50 hect.
Mediana propiedad
51-1000 hect.
Gran propiedad
1001 y más hect.
Año N.Prop %Prop Hect % N.Pro. %Prop Hect % N.Pro. %Prop Hect %
1854 144 89 0.7 9 5.7% 2.3% 9 5.5 97%
1917 46 67 0.2% 12 17.3% 2.19% 11 15.7 97.6%
1926 259 90.3 0.4% 11 3.8% 1.6% 17 5.9 98%
Fuente: A. Bauer (1975), Chilean Rural Society, p. 125
Este caso muestra una situación extrema en términos de concentración de la propiedad.
La gran propiedad agrícola posee en 1854 el 97% del total de hectáreas disponibles. Al cabo
de 70 años esta cifra, que ya es impresionantemente alta, se eleva incluso más, alcanzando
el 98% del total de tierras. El incremento es a costa tanto de la mediana como de la pequeña
propiedad agrícola.
Algo menos extremo es el grado de concentración de la propiedad rural cuando utilizamos
un promedio para el Chile central. Si bien en un nivel geográfico más amplio el grado de con-
centración de la tierra se reduce, este parámetro continúa siendo alto. La gran propiedad pasa
de controlar el 71,2% del total de hectáreas a abarcar el 73,1%.
Otro autor que ha profundizado el estudio de este tópico es J. Bengoa, quien en su -··~·
·~~ +· ·,·~.·.· c··· pone a disposición del lector algunos cálculos al respecto.
Este trabajo incluye un área geográfica más extensa que el de Bauer, cubriendo toda la exten-
sión central del país. Lo que se desprende del trabajo de Bengoa es compatible con lo que
se observa en el estudio de Bauer: la existencia de una tendencia enraizada en la sociedad
chilena hacia la concentración de la tierra.
Terminamos esta revisión destacando los hallazgos realizados por B. Russett en su trabajo
dedicado a la relación entre desigualdad en la propiedad de la tierra y la estabilidad política
en 47 países. Los cálculos del autor sitúan a Chile como el país más desigual en términos
Chile y América en su Historia Económica. Parte III: Estado y fiscalidad
170
del índice de GINI para la propiedad de la tierra, en conjunto con Bolivia, dentro del universo
muestral. Ambos países alcanzan un índice de 0,938, muy cerca de la perfecta desigualdad
en la distribución del recurso.
47
Si bien el trabajo de Russett estima coeficientes de distribución para una época posterior a
la que es de directo interés de esta investigación, los trabajos de Bauer y Bengoa nos ratifican
el hecho de que no existen razones para suponer que entre 1880 y 1920 el índice hubiese sido
mejor.
¿Innovación vía educación o inmovilidad social?
Que la educación es un componente fundamental para mejorar el desempeño económico
es ampliamente aceptado en nuestros días. Esto debido a que la educación facilita la toma de
conciencia de la existencia de un contrato social entre la ciudadanía y el Estado, promueve los
sistemas sociales más inclusivos y la movilidad social ascendente, mejora la salud, allana el ca-
mino hacia la equidad social, incrementa el capital humano y social de una generación con res-
pecto a su antecesora,
48
aumenta la confianza social entre los miembros de la comunidad,
49
etc.
Estas potenciales mejoras conducirían a un incremento de los niveles de cohesión social
50

y también potenciarían mejoras en la productividad de la fuerza de trabajo.
51
Por el contrario,
un acceso limitado a este recurso se ha comprobado como una barrera efectiva para la movi-
lidad de aquellos afectados.
52
Sin embargo, pese a las conveniencias de largo plazo que socialmente trae consigo el
impulso decidido de la educación pública primaria, este tipo de política no es ni amplia ni
fácilmente aceptada por algunos sectores de la sociedad.
53
La razón pareciera ser doble. En las sociedades en que los poderosos disfrutaron de un
poder político desproporcionado, ellos fueron capaces tanto de procurar servicios educacio-
nales privados para sus propios hijos como de resistir las presiones tributarias orientadas a
financiar la educación del resto de la sociedad. En segundo lugar, parece ser que los ciuda-
danos relativamente educados están en contra de la expansión de la educación debido a que
esto incrementaría la competencia por las rentas generadas por los empleos que demanden
más recurso humano.
Para dimensionar los esfuerzos orientados a mejorar el nivel educativo es adecuado re-
visar el gasto público destinado a la educación primaria. Hacemos esto de doble manera:
47 Russett, Bruce (1964), Inequality and Instability: the relation of Land Tenure to Politics, en World Politics, Vol.
16, N. 3, pp. 442-454
48 Saint-Paul, G. and T. Verdier (1993), Education, democracy and growth, p. 400
49 Aghion, Philippe, Eve Caroli, and Cecilia García-Peñalosa (1999), “Inequality and Economic Growth:The
Perspective of the New Growth Theories,” Journal of Economic Literature 37, December,1615-1660.
50 Heyneman, S.P. (2000). From the party/State to multi-ethnic democracy: education and social cohesion in
Europe and Central Asia. Educational and Policy Analysis Vol. 22, N.2, pp. 173-191.
51 Schultz, Theodore (1963), The Economic Value of Education.
52 Higgs, Robert (1977), Competition and coercion: blacks in the American Economy, 1865-1924, cited by
Mariscal and Sokoloff, p. 5.
53 Rajan, R. and L. Zingales (2006),The persistence of underdevelopment: institutions, human capital, or cons-
tituencies, p. 14
171
Cristian Pablo Castillo
Desigualdad y educación en el Chile de entre 1870 y 1910. Efectos sobre el desempeño económico
presentando cifras absolutas y también ofreciendo comparaciones con otras áreas del gasto
público, en particular con aquellas orientadas a mantener el orden social interno.
En el cuadro a continuación, se observa que en términos absolutos el desembolso del
Estado en educación creció de manera sostenida. De hecho, se constata un salto cuantitativo
importante entre el año 1900 y 1909. No obstante, la participación de esta cuenta en el pre-
supuesto nacional cae en términos relativos con respecto a 1900 y el desembolso absoluto
ligeramente sobrepasa el 50% del gasto en orden doméstico.
Cuadro 2: Gasto público en educación primaria y orden público, 1849-1909.
Educación OD OE Cárceles PN E/PN (%) OE/PN (%)
1849 47.832 310.629 341.496 30.867 4.416.360 1,08 7,73
1855 159.407 567.882 652.363 84.481 5.333.233 2,99 12,23
1865 271.212 674.925 781.666 106.741 10.267.261 2,64 7,61
1875 504.170 539.668 717.736 178.068 17.185.075 2,93 4,18
1885 1.081.143 1.709.473 2.387.606 678.134 35.085.002 3,08 6,81
1895 2.240.270 4.071.308 5.351.032 1.279.724 65.211.064 3,44 8,21
1900 3.934.194 6.870.684 9.610.292 2.739.608 73.829.363 5,33 13,02
1909 11.358.522 16.910.270 20.163.365 3.253.095 299.731.130 3,79 6,73
Fuente: Cálculos propios basados en Anuarios Estadísticos, Censos Nacionales, Presupuestos Nacionales, varios
años. Las cifras de 1895 fueron tomadas de las publicaciones correspondientes a 1898. Presupuesto Nacional (moneda
corriente, PN); Gasto Público en Educación Primaria (E); Gasto Público en orden público (salario de los oficiales de ejército
de más alto rango más gasto en policía, OD); Gasto público en orden extendido (OD más gasto en cárceles, OE).
Nuestra valoración del esfuerzo de Estado por elevar el nivel de la educación primaria
puede ser mejorada mediante el estudio de gastos de Estado puestos en otras actividades.
La inclusión de otras áreas de gasto Estatal nos permite aproximarnos a las prioridades adop-
tadas por los distintos gobiernos en función.
Una actividad elemental en cualquier sociedad es la mantención del orden doméstico. Por
ello, hemos recopilado datos sobre el presupuesto dedicado a este tipo de bien público. Para
dimensionar el esfuerzo, hacemos uso de los desembolsos hechos en: 1) los sueldos pagados
a los más altos oficiales del ejército, 2) el funcionamiento del sistema carcelario, 3) el presu-
puesto fiscal asignado a la Guardia Nacional (policía).
Las cifras muestran que el gasto público en orden interno se movió de manera errática
durante el periodo estudiado, pasando de un valor mínimo de 4,18% hasta una cifra máxima
de 13,02%. El desembolso en esta actividad también presenta saltos cuantitativos relevantes
a lo largo del tiempo, los que ensombrecen los avances hechos en educación. Es importante
enfatizar que el porcentaje del presupuesto nacional asignado a la educación primaria nunca
fue superior a la fracción correspondiente a la mantención del orden.
Visto desde la perspectiva de la economía política, el Estado no consideró importante
incentivar la educación como palanca de innovación, equidad y tranquilidad social. Más bien
juzgó necesario, mediante un fuerte desembolso en actividades represivas, mantener la corre-
lación de fuerzas inalterada.
La mirada económica convencional nos permite hacer la siguiente interpretación: el re-
torno de la inversión derivado de mantener el orden social interno fue considerado mayor que
Chile y América en su Historia Económica. Parte III: Estado y fiscalidad
172
el retorno de esfuerzos en innovación. Dicho de otra manera, el costo asociado a facilitar la mo-
vilidad social fue considerado demasiado alto para ser aceptado por la elite del poder en Chile.
En resumen, la educación no fue prioritaria para los gobiernos chilenos entre 1870 y 1910.
La utilización de fuentes oficiales nos permite realizar otra comparación de interés. El
cuadro 5 muestra información acerca de los sueldos recibidos por los más altos oficiales del
ejército de Chile, así como también nos informa de cuántos oficiales estamos hablando. Es
importante aclarar que las cifras sobre ingresos y cantidad de oficiales no incluyen los unifor-
mados de la Marina, ni los de la Policía, ni tampoco funcionarios del Ministerio de Defensa;
consideramos sólo los más altos oficiales de ejército.
Cuadro 3: Salarios de los oficiales de más alta jerarquía del Ejército versus gasto público en
educación primaria, 1849-1920 (moneda corriente)
Altos Rangos (1) Estado Mayor (2) (1) + (2) = (3) Gto Edu Prim (4) (3) / (4) % N° de oficiales
1849 20.664 27.108 47.772 47.832 99,87 43
1855 23.206 45.792 68.998 159.407 43,28 54
1865 24.400 57.129 81.529 271.212 30,06 48
1875 28.000 89.380 117.380 504.170 23,28 89
1885 47.875 232.053 279.928 1.081.143 25,89 923
1895 1.522.800 48.508 1.571.308 2.240.270 70,14 623
1900 2.068.400 27.900 2.096.300 3.934.194 52,57 915
1909 3.800.640 208.000 4.008.640 11.358.521 33,46 900
Fuente: Cálculos propios basados en Anuarios Estadísticos, Censos Nacionales, Presupuestos Nacionales, varios años.
¿Por qué hacemos este ejercicio? Debido a que sueldos sustanciosos a los más altos res-
ponsables del brazo armando del Estado, creemos que facilita la cooptación de estos verda-
deros profesionales de la violencia. Buenas condiciones laborales para este grupo aseguraba
al gobierno de turno el respaldo del ejército.
La comparación resulta chocante. En 1849, 43 oficiales de ejército recibieron virtualmente
la misma cantidad de recursos públicos que la colocada en educación primaria por parte del
Estado. Si bien la cifra es impresionante, ésta comienza a descender a contar de mediados
del siglo XIX. Sin embargo, 1895 es testigo de un nuevo ascenso en el ratio sueldos/educación
primaria, alcanzando este un 70%. Dicho de otro modo, en 1895, 623 oficiales del ejército
recibían como sueldos el equivalente al 70% del presupuesto nacional establecido para la edu-
cación primaria. En términos promedio, para el periodo comprendido entre 1849 y 1909, 808
militares obtuvieron, como sueldos, el 47% del presupuesto asignado a educación primaria.
Las Municipalidades y el gasto público en Educación Primaria.
La falta de prioridad asignada al fomento de la educación primaria se manifiesta también a
nivel del gobierno local. La insuficiencia en el gasto público destinado a la educación primaria
se hace extrema, al punto que la mayoría de los años revisados muestra que el esfuerzo es
virtualmente cero.
Esta decisión puede ser entendida de mejor manera cuando tomamos en consideración
el férreo control que tenían los latifundistas sobre los gobiernos locales. El control hegemónico
ejercido largamente en las localidades rurales del país por parte de los grandes propietarios
agrícolas se institucionaliza en 1891 con la “ley de Comuna Autónoma.” Con esta legislación
173
Cristian Pablo Castillo
Desigualdad y educación en el Chile de entre 1870 y 1910. Efectos sobre el desempeño económico
el control de las localidades rurales del país por parte del mencionado grupo alcanza niveles
superiores.
El cuadro 4 muestra que en el momento preciso en que esta ley fue promulgada el gasto
municipal en educación primaria cae de 1,3% aproximadamente a 0,5% a contar de 1891.
La suspicacia nos diría que esta conjunción de tendencias podría ser sólo casualidad, sin
embargo, nuestra interpretación es precisamente la contraria; creemos que existe causalidad.
Cuadro 4: Gasto Municipal en Educación Primaria y en Orden,
Chile 1877-1910 (moneda corriente)
Educación, E O+PH+C
Gasto Total
Municipal, T E/T (%) O+PH+C/T (%)
1877 53.950 1.358.234 3.618.407 1,49 37,54
1879 64.109 1.345.523 3.064.172 2,09 43,91
1880 65.659 1.528.287 5.178.200 1,27 29,51
1890 5.727 872.298 1.399.884 0,41 62,31
1891 4.542 654.738 916.508 0,50 71,44
1892 7439 806.355 1.345.645 0,55 59,92
1902 616.988 1.612.261 10.110.156 6,10 15,95
1905 80.204 1.444.321 8.913.797 0,90 16,20
1907 157.095 2.999.257 18.936.999 0,83 15,84
1909 124.430 3.093.187 14.063.751 0,88 21,99
1910 112.232 2.127.143 18.032.786 0,62 11,80
Fuente: Cálculos propios basados en Balance General de las Tesorerías Municipales, Anuario Estadístico, 1911, Anuario
Estadístico 1920; O+HP+J= Policía local (O) + Policía de Higiene (PH) + cárceles (C)
En promedio, el gasto municipal entre 1877-1919 alcanzó un minúsculo 1,36% del total del
gasto local. Por el otro lado, las municipalidades gastaron en promedio 29,97% en servicios
públicos relacionados con la provisión de orden social.
Es importante notar que alrededor de 1900 se transfiere hacia el gobierno central la res-
ponsabilidad de mantener el orden público a lo largo del país. Este antes y después nos ayuda
a entender el cambio en los porcentajes: mientras el orden público estaba a cargo de las
municipalidades (hasta 1902) estas entidades gastaban en promedio el 50% de sus recursos
en este bien; una vez que fue responsabilidad del gobierno central el gasto en orden por parte
del gobierno local comienza a ser cada vez más pequeño. Es interesante observar que pese
a la liberación de fondos debido al recorte municipal en orden, los recursos destinados a la
educación pública no crecen. ¿A qué se habrán destinado esos recursos?
Conclusiones.
La propiedad de la tierra agrícola entre 1870 y 1910 tendió a la concentración y no a la ma-
sificación del derecho. La desigual distribución en la tenencia de tierra agrícola trajo consigo
un correlato de desequilibrio de poder político y económico. Este tipo de desigualdad facilitó
la adopción de políticas públicas favorables para quien controlaba/administraba el poder y
desfavorables para el desarrollo del país en el largo plazo.
Chile y América en su Historia Económica. Parte III: Estado y fiscalidad
174
Dentro de este contexto, decisiones orientadas a promover la movilidad social, como la
educación, fueron resistidas por la elite del poder. Si bien la educación trae consigo externa-
lidades sociales positivas, para ciertos grupos puede constituir tanto una amenaza como un
gasto innecesario. Para el caso de Chile las cifras dejan de manifiesto que a la hora de en-
frentar la disyuntiva entre gastar recursos públicos en mantener el orden social o en educación
primaria, la prioridad no estuvo en la educación. Interpretando esta decisión con visión de
Estado, podríamos sostener que los controladores de las decisiones públicas no consideraron
la educación como motor de la estabilidad, orden y crecimiento.
Nos queda la impresión de que las políticas públicas orientadas a la educación primaria
en Chile no habrían estado destinadas a nivelar decididamente las capacidades socioeconó-
micas de los chilenos, ni tampoco a promover decidida y ampliamente la innovación y el em-
prendimiento. Por lo tanto la incapacidad mostrada por Chile para transitar hacia un régimen
social más inclusivo encontraría parte de su explicación tanto en el débil compromiso asumido
por parte del Estado con el fomento de la educación primaria, como en el férreo compromiso
de los sucesivos gobiernos con la inmovilidad de la sociedad.
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179
EVOLUCIÓN DE LA INVERSIÓN PÚBLICA EN INFRAESTRUCTURAS
PRODUCTIVAS, 1853-2010
1
Hernán Cerda Toro
Universidad Autónoma de Barcelona
I. Introducción.
Dada la importancia que ha presentado la inversión pública para la literatura internacional
en los últimos treinta años y en particular la carencia de una serie larga y consistente que dé
cuenta de la evolución de ésta para el caso chileno, se ha considerado relevante la realización
de una serie histórica que presente una doble finalidad. En primer lugar, entregar información
cuantitativa del rol que ha jugado la inversión pública en infraestructuras productivas a partir
de la segunda mitad del siglo XIX hasta el presente y en segundo lugar, que sirva como base
de nuevas investigaciones.
Este documento recoge las series de inversión pública en infraestructuras productivas
desde 1853 hasta 2010, clasificándolas de acuerdo a la tipología funcional del gasto, en dos
sub-categorías:
Infraestructuras de transportes asociadas a:
Infraestructuras viarias.
Infraestructuras ferroviarias.
Infraestructuras aeroportuarias
Infraestructuras portuarias.
Obras de metro.
Obras concesionadas
2
Infraestructuras hidráulicas correspondientes a:
Obras de agua potable y saneamientos.
Obras de regadío.
1 |··· ···~ ·· ··.~ ~~· · ,~,~ ···~··~ +· ·,··~ +· c~~,··~~· |·····~~· ·|c|
2 Incorpora los aportes que ha realizado el Estado, en particular de convenios de renegociación, que sirven
para financiar aquellas obras no contempladas en los anteproyectos licitados por el Ministerio de Obras
Públicas, MOP.
Chile y América en su Historia Económica. Parte III: Estado y fiscalidad
180
Sin duda, esta serie de inversión constituye la piedra angular donde descansa el stock de
capital público productivo, lo que permite trazar un nuevo objetivo, como es la determinación
de una serie para el stock de capital público en infraestructuras productivas que a partir de la
serie de inversión se desprende.
La investigación se encuentra organizada de la siguiente manera. La sección II presenta
una breve síntesis de la metodología y de los principales criterios adoptados para la elabo-
ración de la serie. La sección III da a conocer la evolución de la inversión pública en infraes-
tructuras productivas en Chile, para el periodo comprendido entre, 1853-2010. La sección IV
describe el comportamiento de la serie respecto a algunos agregados macroeconómicos que
ayuden a comprender el impacto de la inversión sobre estas cifras. La sección V presenta las
características y evolución que presenta la acumulación de capital para la serie estudiada.
Finalmente la sección VI concluye.
II. Metodología para la elaboración de la serie de inversión pública productiva
chilena y de su stock de capital, 1853-2010.
Al comenzar la investigación, quizás una de las principales inquietudes la constituía la
carencia de fuentes estadísticas primarias que permitiesen desarrollar con éxito la elaboración
de una serie histórica de inversión pública productiva asociada a infraestructuras y a través
de ésta, determinar una serie larga para su stock de capital. Sin embargo, al poco tiempo
de constatar éstas se pudo observar satisfactoriamente la disponibilidad de información que
permite retrotraer la serie hasta 1853, fecha en la que se da inicio al primer ferrocarril chileno
construido con aportes fiscales y motor de la inversión pública durante la segunda mitad del
siglo XIX y las primeras dos décadas del siglo XX. A pesar de esto, no es posible hablar de una
serie homogénea ni estandarizada, sino hasta principios de 1910 con la ayuda de los Anuarios
Estadísticos que se extiende desde esa fecha hasta 1957, permitiendo a partir de ésta em-
palmar con otras series, principalmente a través de las memorias que presenta el Ministerio de
Obras Públicas y la serie de inversión pública desarrollada por el Ministerio de Planificación
para los años más recientes.
A grandes rasgos, la serie entre 1910 y 2010 no presenta grandes discrepancias, salvo
algunos vacíos puntuales que han sido cubiertos con la Ley de Presupuesto para esos años,
constituyéndose en una buena aproximación para determinar los niveles de inversión que se
realizaron para esos datos faltantes. Sin embargo, este optimismo no es extrapolable para los
periodos previos a la década de 1910, donde la pobreza de la información o la falta de una
debida estandarización en ella ha obligado a recurrir a una serie de supuestos, en base a
diversos análisis historiográficos disponibles, que permitan reconstruir la serie de una forma
aceptable para esos años.
Es así que para el periodo previo a 1883, los datos de la inversión pública productiva, en
particular los que dicen relación con la ejecución de infraestructuras ferroviarias, deben ser
tomados con precaución ya, que estos constituyen estimaciones en base a la documentación
histórica de los desembolsos que realizó el Estado durante ese período. A pesar de la preca-
riedad de esta información, ésta resulta atractiva y de vital importancia para determinar el stock
de capital público productivo, por lo que finalmente se decidió su incorporación en la serie.
La construcción de la serie entre 1884 y 1909, en términos de calidad es notablemente
superior a la del periodo previo, dejando menos espacio a la interpretación de los valores,
181
Hernán Cerda Toro
Evolución de la inversión pública en infraestructuras productivas, 1853-2010
en particular los que dicen relación con la construcción del ferrocarril. Sin embargo, a pesar
que esta información ya se encuentra disponible en las memorias del Ministerio de Industria y
Obras Públicas, MIOP, a partir de 1887, fecha de su creación, ésta muchas veces resulta poco
esclarecedora y en cierto grado ambigua, lo que genera alguna incertidumbre en los valores
hallados.
a) Inversión en el periodo 1853-1883.
Este es el periodo, cuyo análisis ofrece el mayor grado de dificultad en la serie, por lo
que los valores encontrados constituyen la mejor aproximación al comportamiento real que
presentó la inversión pública en infraestructuras productivas para ese período, de acuerdo a la
documentación histórica disponible y a la interpretación que de ella se puede realizar.
De esta forma, la inversión desarrollada tanto en puertos como en caminos y puentes es
extraída a partir de la información disponible de la Ley de Presupuestos y en el Anuario Esta-
dístico del año 1862 (pág. 465). Por otra parte, las características de la inversión en ferroca-
rriles la hacen distinta al resto de las inversiones para ese periodo. Esto da pie a una serie de
supuestos que son necesarios transparentar para la elaboración de la serie. Así, mediante esti-
maciones propias, se imputó la inversión de forma proporcional a los avances que presentaba
la construcción de las diferentes vías ferroviarias, medida en kilómetros, teniendo presente la
información disponible de la época.
b) Inversión en el periodo 1884-1909.
La calidad de la información, para este periodo, es más fidedigna que los datos encon-
trados para el período previo. Las razones se pueden encontrar en primer lugar en la creación
de la Empresa de los Ferrocarriles del Estado, EFE, en el año 1884 y en segundo lugar, al
cambio en la estructura administrativa pública chilena, la que permitió en 1887 la creación del
Ministerio de Industria y Obras Publicas, MIOP, separándose del Ministerio del Interior.
En este periodo, a las inversiones en ferrocarriles, puertos, camino y puentes, se le deben
agregar las primeras infraestructuras en agua potable y saneamientos, así como también al-
gunas obras relacionadas a riego.
Las fuentes de información de las inversiones en caminos y puentes, obras de riego, obras
portuarias, obras de agua potable y saneamientos, corresponden a Ley de Presupuesto y al
Ministerio de Industria y Obras Públicas, MIOP. En el caso de los ferrocarriles las fuentes utili-
zadas provienen en lo fundamental de dos vías, a decir, de Marín (1916) y de las Memorias del
Ministerio de Industria y Obras Públicas.
c) Inversión en el período 1910-1957.
Los datos son recogidos de los Anuarios Estadísticos Chilenos entre 1910 y 1957, y la in-
formación que éste entrega resulta más clara y homogénea, que la de los períodos previos. Los
distintitos volúmenes contienen información completa de las inversiones realizadas en obras
públicas de ferrocarriles, caminos y puentes, puertos, obras de riego, y de agua potable y
saneamiento, entre otras
3
.
3 También posee información de la inversión pública de la Dirección de Arquitectura, las cuales para efectos
de esta investigación no han sido consideradas por considerarse inversiones de carácter no productivas.
Chile y América en su Historia Económica. Parte III: Estado y fiscalidad
182
d) Inversión en el periodo 1958-1969.
La información para este período se obtiene de las memorias del Ministerio de Obras
Públicas, correspondiente a los años 1966-1967 y 1969, las cuales recogen información de
los diez últimos años, para los diversos servicios que la componen, esto es, Obras Sanitarias,
Riego, Vialidad, Obras Portuarias y Aeropuertos. Las cifras se encuentran expresadas en miles
de Escudos y moneda constante de los años 1967 y 1969 respectivamente, por lo que para
expresarlas en moneda corriente fue necesario deflactarlas por el Índice General de Precios al
por Mayor (base 1947=100).Los valores para los ferrocarriles se han determinado, a través de
la Ley de Presupuestos de cada año, dada la dificultad de conseguir los niveles de ejecución
realizados durante este periodo.
e) Inversión en el periodo 1970-1989.
La inversión entre 1970 y 1985 se obtiene de los compendios estadísticos, desarrollado
por la Oficina de Planificación, ODEPLAN. A partir de esta información es posible encontrar
las inversiones efectivas realizadas por los servicios dependientes del Ministerio de Obras
Públicas. La inversión de ferrocarriles para los años 1970-1973 y 1980-1983 se obtiene de
la Ley de Presupuestos, mientras que para los años 1974-1979, la información se obtiene de
Ramírez (1993).
Los datos para los años 1986-1989, para las inversiones del Ministerio de Obras Públicas,
son recolectados del estudio “Determinación de los Indicadores de Impacto de la Infraestruc-
tura Social: un análisis complementario”, desarrollado el año 2003. Las inversiones desarro-
lladas por Metro, entre los años 1987-1989, se obtienen de la Ley de Presupuestos (Dirección
de Planeamientos del Ministerio de Obras Públicas).
f) Inversión en el periodo 1990-2010.
La información para este periodo se recoge de diversas fuentes. La más importante, la
constituye la inversión sectorial, que entrega la Dirección de Planeamientos del Ministerio de
Obras Públicas, MOP, para el periodo 1990-2010. La inversión para los ferrocarriles, entre los
años 1995-2000, se captura del informe “Evolución Reciente de la Inversión Pública en Chile:
1995-2000” desarrollado por el Ministerio de Planificación y Cooperación, MIDEPLAN, el año
2001. Los años siguientes, esto es, 2001-2010 los datos son recogidos de la Ley de Presu-
puestos para esos años, correspondiente a la partida del Ministerio de Transporte y Telecomu-
nicaciones. Cabe recordar, que entre los años 1984 y 1994 el Estado no entrega subsidios a
las inversiones en infraestructuras ferroviarias.
La inversión desarrolla por METRO, para todo el período, es recogida en las “Series
Regionalizadas de Inversión Pública Efectiva”, elaboradas por el Ministerio de Planificación,
MIDEPLAN, para varios años. Por su parte, las inversiones desarrolladas por los Gobiernos
Regionales, GORE, a través del FNDR también han sido incorporadas a las series de riego
4
y
vialidad.
g) Defactor utilizado.
Para llevar las unidades monetarias de cada periodo a una unidad monetaria constante y
común, es que los análisis se hacen en millones de pesos chilenos a valor constante del año
4 La inversión de los FNDR asociada a saneamientos se incorpora a la serie de riego (y no a agua potable
y saneamientos), ya que gran parte de las inversiones corresponden a Agua Potable Rural, APR, que el
Ministerio de Obras Públicas imputa en la Dirección de Obras Hidráulicas (riego).
183
Hernán Cerda Toro
Evolución de la inversión pública en infraestructuras productivas, 1853-2010
2007, utilizando como deflector el Índice de Precios al por Mayor, IPM, elaborado por Wagner
y Díaz (2008) y el Banco Central de Chile.
h) Unidad de cuenta utilizada.
De acuerdo a Braun et. al. (2000), el período analizado presenta tres tipos de monedas
legales. Para estos efectos, Braun et al (op. cit) establecen la siguiente relación:
1 Peso Actual= 1.000 Escudos= 1.000.000 Pesos Antiguos.
Así, tanto los Escudos como los Pesos Antiguos son llevados a una misma unidad de
cuenta actual que permita su comparabilidad.
i) Aspectos metodológicos para determinar el stock de capital público productivo
Es ampliamente reconocida la importancia que presentan las infraestructuras públicas, y a
través de éstas el capital público, en el desarrollo económico que pueden alcanzar los países
o una región determinada, más allá que en su valoración los expertos aún no logran consen-
suar un valor unánime de la relevancia que ésta presenta.
Como afirma Herranz (2004) quizás el procedimiento óptimo para la medición del stock de
capital es su medición directa, sin embargo ésta conlleva dificultades de tiempo y recursos que
son difíciles de solucionar inclusive para las economías modernas y desarrolladas, y una labor
imposible de efectuar en un contexto histórico como el que aquí se plantea. Es por esto que la
metodología propuesta para cuantificar el stock de capital público en infraestructuras produc-
tivas, para este período, será el del método del inventario permanente (MIP) y la metodología
propuesta por Harberger (1972).
Para obtener el stock del capital público de las infraestructuras productivas a través del
MIP, es necesario conocer previamente el valor inicial del stock público que presentaban las
carreteras hacia 1853 y los puertos el año 1854
5
. Una solución a esta dificultad es el método
propuesto por Harberger (1972), el cual postulaba que es posible encontrar una aproximación
al stock inicial, mediante el cálculo de una perpetuidad de la inversión descontada por la com-
binación de la depreciación y la tasa de crecimiento histórica del stock asociado a cada una
de esas infraestructuras.
i.1) Vida útil de los activos analizados.
Pese a que existen pocos estudios empíricos que den cuenta de la relevancia de los cam-
bios en las vidas útiles de los bienes de capital, esta investigación ha optado por considerar
cambios en la vida útil de los activos siguiendo a Herranz (2004), Prados de la Escosura y
Roses (2008), Mas et al (2005) y los fundamentos entregados por la OCDE (2009)
i.2) Depreciación.
En la práctica existen varios enfoques para determinar las tasas de depreciación. Esta
investigación ha optado por un patrón constante de declinamiento en el valor de las infraes-
tructuras (tasa de depreciación geométrica), utilizando para este efecto el método del balance
5 Para el resto de las infraestructuras, esto es, ferrocarriles, riego, aeropuerto, metro y concesiones se cuen-
tan con los flujos de inversión desde el comienzo por lo que no es necesario su estimación.
Chile y América en su Historia Económica. Parte III: Estado y fiscalidad
184
decreciente. Hulten y Wykoff (1981) logran demostrar que la tasa de depreciación para las es-
tructuras no residenciales viene dada por la expresión T / 91 , 0 = d , que es la que se utilizará
en este documento.
III. Evolución de la inversión pública en infraestructuras productivas, 1853-2010.
El Cuadro 1 ofrece la desagregación de la inversión pública en infraestructuras produc-
tivas para los diferentes activos considerados. Entre los años 1853-1870, las inversiones reali-
zadas por el Estado en ferrocarriles representaban cerca de tres cuartas partes de la inversión
pública productiva total, situación que en promedio se mantuvo hasta mediados de la década
de 1910. A partir de ese momento las inversiones se diversifican. Es así que entre, 1916-1930
las inversiones se reorientan tanto a puertos como a caminos, ocupando entre ambas poco
más del 65% de la composición del gasto de las inversiones analizadas.
Cuadro 1: Participación promedio de la inversión pública, 1853-2010 (expresada en %)
Año Ferroc.
A. pota/
saneam.
Puertos Riego Caminos Aerop. Metro Conces Total
1853/1870 74,9 - 7,3 - 17,8 - - - 100,0
1871/1885 72,5 - 16,0 0,3 11,3 - - - 100,0
1886/1900 52,9 4,7 16,8 11,7 13,9 - - - 100,0
1901/1915 71,2 10,1 5,5 4,2 9,1 - - - 100,0
1916/1930 10,7 13,1 36,5 14,1 25,6 - - - 100,0
1931/1945 13,1 22,2 14,2 15,9 34,6 - - - 100,0
1946/1960 12,9 20,1 5,6 12,9 48,1 0,5 - - 100,0
1961/1975 12,0 13,1 4,6 11,6 50,4 3,8 4,5 - 100,0
1976/1990 0,1 17,4 1,7 7,5 63,5 2,3 7,5 - 100,0
1991/2005 1,4 11,1 2,6 7,0 54,8 0,9 14,2 8,0 100,0
2006/2010 1,2 0,0 1,6 8,4 54,6 1,4 14,8 17,9 100,0
1853/2010 7,8 10,6 4,4 8,7 50,9 1,6 9,7 6,3 100,0
Fuente: Elaboración propia
Entre 1931 y 1960, las inversiones en vialidad comienzan a tomar un rol más importante,
transformándose en la principal fuente de inversión del Estado, situación que se mantendrá
en lo sucesivo. En este periodo también comienzan a emerger con fuerza las inversiones aso-
ciadas a obras de agua potable y saneamientos, fundamentalmente por el cambio en la es-
tructura ocupacional que comienza a darse entre 1930 y 1952, lo que contribuyó a la llegada
de una migración apreciable del campo a las grandes ciudades, en particular a la capital del
país, lo que empujo el desarrollo de este tipo de infraestructuras con mayor fuerza (ver Hur-
tado, 1966)
Con posterioridad a 1960, en promedio, por cada peso invertido en infraestructuras pro-
ductivas, más de la mitad se destinan a vialidad, lo que confirma la importancia que ha presen-
tado este tipo de inversiones en los últimos cincuenta años para el país. Por otra parte, las in-
versiones en ferrocarriles en los últimos 35 años han prácticamente desaparecido, con niveles
de participación muy por debajo de la otrora composición que este tipo de activo representó.
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Con el retorno del país a la democracia en 1990, otro tipo de inversiones como la cons-
trucción del Metro de Santiago y más recientemente los aportes que el Estado ha entregado a
la construcción de obras concesionadas, asociadas a vialidad y a obras aeroportuarias, han
jugado un rol relevante en la nueva participación porcentual que presentan estas infraestruc-
turas en la inversión pública productiva total.
En términos globales, entre 1853-2010, las obras de infraestructuras de puentes y ca-
minos son las que concentran mayoritariamente la proporción de los fondos estatales para la
construcción de obras públicas productivas. Muy por detrás de éstas se ubican las inversiones
en agua potable y saneamientos y de ferrocarriles, con una participación del 10,6% y 7,8%
respectivamente. En este sentido, no deja de llamar la atención la importancia que presenta
el Metro de Santiago en el contexto global. Pese a que su aparición se da tardíamente en el
último cuarto del siglo XX, su participación es del 9,7% de los fondos totales que el Estado ha
destinado a la inversión pública productiva.
Desde mediados del siglo XIX y hasta la primera década del siglo XXI, la inversión pública
productiva chilena en infraestructuras ha experimentado un comportamiento volátil. La evi-
dencia para el período analizado muestra que la serie presenta una tendencia creciente en el
largo plazo, aunque como queda ejemplificado en el Gráfico 1 con importantes fluctuaciones
cíclicas.
En general el financiamiento de la inversión pública en infraestructuras hasta antes de
la Gran Depresión fue realizado en gran parte a empréstitos foráneos, primero de capitales
ingleses y luego de estadounidenses. En este sentido, se circunscriben las inversiones reali-
zadas en gran parte de la red ferroviaria estatal hasta 1914 y una serie de obras públicas em-
blemáticas en puertos, agua potable, saneamientos, obras de riego y caminos antes de 1929.
Sin embargo, las dificultades de conseguir financiamiento tras el duro trance que significó la
Gran Depresión y posterior a la II Guerra Mundial, hacen que progresivamente los gobiernos
de la época recurran al Banco Central para endeudarse y financiar las obras públicas. Esta
situación se hizo más evidente bajo los gobiernos de Alessandri, Frei y Allende, los cuales se
embarcaron en amplios programas de obras públicas que sirviesen de estimulo y apoyo a las
inversiones privadas, las que sin embargo, condujeron a recurrentes presiones inflacionarias
durante todos estos gobiernos. Bajo la dictadura de Pinochet, el proceso de expansión en
infraestructuras públicas que había vivido el país hasta entonces llegó a su fin. Las políticas
de corte marcadamente ortodoxas y la implementación de un sistema neoliberal en Chile, que
buscaban entre otras medidas la reducción de la inflación, terminaron finalmente con el rol
subsidiario del Estado, causando un importante estancamiento en la actividad inversora, situa-
ción que se mantuvo sin grandes variaciones durante todo el Régimen Militar. Con el retorno
del país a la democracia en 1990, las infraestructuras públicas toman fuerza nuevamente, lo
que se vio acompañado de importantes inversiones del sector privado, a través de la asocia-
ción público privada, en particular de aquellas orientadas a infraestructuras de transporte, lo
que permitió liberar sumas importantes de recursos que se destinaron no solamente a infraes-
tructuras públicas productivas, sino también a otras inversiones con una marcada orientación
social.
IV. La actividad inversora de las infraestructuras públicas productivas, 1853-2010.
A partir del Gráfico 2 se observa la participación que presenta la inversión pública en
infraestructuras productivas respecto al PIB. A través de ésta, es posible observar cinco pe-
187
Hernán Cerda Toro
Evolución de la inversión pública en infraestructuras productivas, 1853-2010
riodos que destacan sobre el resto, donde los recursos destinados por el Estado, en términos
porcentuales, aumentan considerablemente respecto a los años previos. El primero de estos
picos corresponde al año 1862, donde se efectúa un importante esfuerzo en terminar las obras
del ferrocarril entre Santiago y Quillota. Un segundo y tercer peak se encuentran casi medio
siglo más tarde, en 1905 y 1912, gracias a los esfuerzos desarrollados por el Estado por conti-
nuar avanzando en la construcción y finalización del ferrocarril que permitiese unir las ciudades
ubicadas entre Iquique y Puerto Montt, distante entre ellas a 2.870 kilómetros. El cuarto auge
se da entre 1929 y 1931, por un efecto combinado entre el aumento de la inversión pública
asociada a los Presupuestos Extraordinarios que bajo el alero del Presidente Carlos Ibáñez del
Campo se intentó dar a las obras de infraestructuras, y por otro, a la caída que experimentó el
PIB en el contexto de la Crisis de 1929.
Finalmente el último peak se da en forma alternada en el periodo 1960-1971, década en
la cual las inversiones en obras publicas en general y las de vialidad en particular, se hacen
mucho más importantes, merced a las políticas impulsadas por los gobiernos de turno que
sirviesen de estimulo para generar una mayor actividad económica y que éstas puedan ser
utilizadas como trampolín para fomentar la inversión privada, consiguiéndose, por ejemplo, im-
portantes logros en materias de vialidad lo que permitió conectar las ciudades ubicadas entre
Arica por el norte y Quellón en la Isla Grande de Chiloé por el sur (distante entre sí a 3.460 Km.).
Gráfico 2: Participación de la inversión pública productiva en infraestructuras,
como % del PIB, 1853-2010.
Fuente: Elaboración propia
En el Gráfico 3 es posible tener una panorámica de la actividad inversora del sector pú-
blico chileno en relación con el gasto público total. Para el periodo 1875-2010, la inversión
pública en infraestructuras productivas representa, en promedio, el 9% anual del gasto total
que efectúa el Estado en el marco de su ejecución presupuestaria. A partir del Gráfico es po-
sible verificar tres periodos que destacan sobre el resto. El primero de éstos es el comprendido
entre 1903-1913, donde en promedio las inversiones productivas constituían más del 21%
del presupuesto nacional. Los orígenes de esta mayor participación del Estado en las inver-
siones de infraestructuras públicas se tienen que buscar la mayor disponibilidad de recursos
públicos tras la anexión de los territorios de Tarapacá y Antofagasta, lo que facilitó entre otras
inversiones, el término de la construcción del ferrocarril chileno hacia 1914. Tras ese periodo,
entre los años 1913-1957, se observan un periodo de marcada inestabilidad, pero con cierta
Chile y América en su Historia Económica. Parte III: Estado y fiscalidad
188
tendencia decreciente a partir del año 1937, el cual no se revertirá hasta fines de la década
de 1950. Finalmente entre los años 1958-1971, las inversiones en infraestructuras públicas
productivas, retoman el protagonismo alcanzado a comienzos del siglo XX respecto al gasto
público total, aunque no a los niveles porcentuales de aquellos años. Este periodo no duraría
mucho, ya que a partir del año 1972 la inversión pública en infraestructuras productivas, como
proporción del gasto público total, vuelve a caer a niveles parecidos a los existentes en la dé-
cada de 1940 y de buena parte de la década de 1950, manteniéndose en promedio cercano al
3,5% del gasto público total durante el periodo de la Dictadura Militar de Pinochet. La llegada
de la democracia en 1990 marca un punto de inflexión respecto al periodo inmediatamente an-
terior, pasando del 3,5% entre los años 1973-1989 al 6,5% en el periodo 1990-2010, reflejando
los importantes esfuerzos que realizan los gobiernos democráticos para mejorar la dotación de
infraestructuras públicas productivas existentes en el país.
V. El stock de capital público en infraestructuras productivas en Chile, 1853-2010.
Los resultados que se muestran en el Gráfico 4 dan cuentan de la serie agregada para
cada una de las series de stock de capital infraestructuras productivas que forman parte del
análisis. Esto permite tener una visión global del proceso de acumulación del stock de in-
fraestructuras, utilizando como metodología para su cuantificación el método del inventario
permanente, MIP.
De acuerdo a las estimaciones realizadas, la acumulación de infraestructuras en Chile,
entre 1853-2010, se ha multiplicado en casi 300 veces, alcanzando el año 2010 la cifra de
18,83 billones de pesos chilenos valorados en moneda constante de 2007. Este proceso de
acumulación es el producto de las decisiones de inversión del Estado durante prácticamente
160 años de historia, reflejando en cierto modo la capacidad de ahorro nacional materializada
en la ejecución de importantes obras de ingeniería. Desde una perspectiva de largo plazo,
esta capitalización creciente, en forma de activos, se ha realizado a una tasa promedio anual
del 3,81%, aunque presentando distintitas intensidades tal como se aprecia en el Gráfico 5.
La evolución temporal del stock de capital público productivo desde 1870 hasta comienzos
de la década de 1960, muestran un crecimiento de éste más bien lento, con la excepción del
periodo entre los años 1901-1915, donde las tasas de crecimiento se encuentran cercanas
al 6%, explicadas por las fuertes inversiones que realizó el Estado en ferrocarriles durante
todo ese período. A partir de la década de 1960 y hasta 1974 el stock experimentó un des-
pegue pronunciado, para volver a estancarse durante la Dictadura Militar, situación que queda
claramente reflejada con la pobre tasa de crecimiento del 0,62% promedio durante los años
1976- 1990, la peor del período analizada. Con el retorno de Chile a la democracia, en el año
1990, esta tendencia se revierte, aumentando los niveles de acumulación para permanecer
creciendo hasta el presente (con un promedio anual del 4,2%), por encima de su promedio
histórico. La composición del capital público en infraestructuras productivas para los distintos
activos analizados se muestra en el Cuadro 2.
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Cuadro 2: Participación promedio del stock de capital en inversiones productivas,
1853-2010 (expresada en %)
Año Ferroc
A. pota/
saneam
Puertos Riego Caminos Aerop. Metro Conces. Total
1853/1870 45,9 - 12,4 - 41,8 - - - 100,0
1871/1885 61,0 - 13,0 1,0 25,0 - - - 100,0
1886/1900 55,9 1,6 15,3 8,3 19,0 - - - 100,0
1901/1915 61,8 5,6 10,2 6,9 15,4 - - - 100,0
1916/1930 52,9 6,7 16,7 8,2 15,5 - - - 100,0
1931/1945 33,2 9,3 22,0 12,0 23,4 - - - 100,0
1946/1960 24,2 12,5 18,9 14,4 29,7 0,3 - - 100,0
1961/1975 14,6 11,1 9,3 13,2 47,5 3,3 0,9 - 100,0
1976/1990 8,6 11,4 7,3 13,1 52,5 1,9 5,2 - 100,0
1991/2005 3,7 11,4 4,8 10,6 59,2 0,7 7,2 2,2 100,0
2006/2009 1,5 7,0 3,2 9,8 55,8 0,7 13,3 8,8 100,0
1853/2009 13,5 10,0 8,3 11,3 48,3 1,2 5,3 2,0 100,0
Fuente: Elaboración propia.
A mediados de la década de 1850, la acumulación del stock de capital público en in-
fraestructuras productivas se circunscribía básicamente a tres activos, a decir, ferrocarriles,
puertos, y camino y puentes. Durante estos primeros años, la inversión pública asociada a
ferrocarriles comienza a tornarse más importante, lo que impactó al poco tiempo en una favo-
rable acumulación del stock de capital asociada a este tipo de obras, alcanzando su mayor
participación a mediados de la década de 1910. Sin embargo, con la terminación de la red
ferroviaria nacional en 1914, la participación en la acumulación de este tipo de inversiones
comienza a disminuir, dando paso a otro tipo de obras postergadas hasta entonces y que
presentaban niveles más bajos en la proporción total de las infraestructuras.
En contrapartida a los ferrocarriles, es interesante constatar el comportamiento presen-
tado por la red caminera chilena. Entre 1900 y finales de la década de 1950, el peso relativo
del stock público de carreteras osciló entre 18,4% y el 37,2%. Sin embargo, con posterioridad a
esa fecha comienza un rápido incremento en este tipo de infraestructuras, situación que se ha
mantenido hasta el presente, con niveles promedios de participación del 55% para el periodo
comprendido entre 1960-2010.
El comportamiento mostrado por las infraestructuras de agua potable, saneamientos y de
regadío resultan particularmente atractivas en el periodo 1930-2005. De representar un bajo
porcentaje de la participación de la dotación de activos productivos del país hasta fines de
la década de 1920, comienza un progresivo incremento de éstas en la década de 1930. Esta
situación se produce por la importante migración campo- ciudad que tiene lugar tras la Gran
Depresión de 1929, y se hace mucho más evidente en el año 1960 cuando la población urbana
alcanzaba un 68,2% del total nacional, urgiendo la creación de mayores obras de agua po-
table, saneamientos y regadíos, que pudiesen cubrir la demanda de esta población.
Pese a la orientación marítima que presenta el país, dada por la configuración geográfica
del territorio, el desarrollo de las infraestructuras portuarias no ha ocupado un sitial importante
en la acumulación del stock en infraestructuras productivas en los últimos 160 años, con la
excepción del periodo 1930 y 1960, donde su participación es cercana a la quinta parte del
193
Hernán Cerda Toro
Evolución de la inversión pública en infraestructuras productivas, 1853-2010
stock total del capital público productivo. Por otra parte, el stock de las obras aeroportuaria re-
presentan durante todo el periodo un porcentaje prácticamente insignificante en el stock total.
En los años recientes comienzan a tomar fuerza los stocks ligados a las obras de infraes-
tructuras que han comenzado su proceso inversor en forma más tardía, como por ejemplo las
obras de metro las cuales presentan en la actualidad una participación superior al 13% del
stock total de las infraestructuras analizadas.
VI. Conclusiones.
La investigación descansa en la construcción de una serie que permita conocer en forma
cuantitativa el comportamiento de la inversión pública productiva en infraestructuras y el stock
neto asociadas a ellas para el período 1853-2010, permitiendo tener una panorámica completa
de los esfuerzos que ha realizado el Estado en la ejecución de las obras públicas productivas.
El comportamiento de la serie agregada está fuertemente influenciado por los esfuerzos
inversores que realiza el Estado, primero en ferrocarriles y con posterioridad en vialidad. Es así
que hasta 1915 la inversión pública en infraestructuras productivas se concentró en la cons-
trucción de los ferrocarriles con una participación aproximada del 69% sobre el total. Una vez
terminada la extensión longitudinal de la red ferroviaria hacia 1914, la inversión productiva se
torna más equilibrada para las distintas obras públicas, situación que se mantiene así hasta
mediados de la década de 1940, cuando la inversión en vialidad comienza a transformarse en
el principal foco de atención de las infraestructuras productivas.
En grandes tendencias, las infraestructuras productivas para todo el período presentan
una participación promedio con respecto al PIB del 1,4%, mientras que ese porcentaje crece a
cerca del 9% si la comparación se realiza en el contexto global del gasto fiscal
6
.
Desde una perspectiva de largo plazo la inversión analizada muestra un comportamiento
creciente, pero con ciertos periodos de fuerte estancamiento como el que va entre 1879-1883,
1898-1901, 1917-1920, 1932-1955 o 1974-1990, donde las inversiones en infraestructuras ex-
perimentaron una preocupante desaceleración.
El crecimiento el stock de capital, medido a través del método del inventario permanente,
presentó tasas de crecimiento relativamente modestas hasta fines de la década de 1950, para
mostrar un importante crecimiento durante la década de 1960 y comienzo de la década de
1970. Con el comienzo de la Dictadura Militar el stock de capital se estanca para crecer con
vigor con el retorno del país a la democracia. Así, los niveles de acumulación de capital pro-
ductivos al año 2010 son superiores en más de treinta veces a los existentes a comienzos del
siglo XX y casi trescientas veces al que existían en 1853.
6 Para el periodo 1875-2010.
Chile y América en su Historia Económica. Parte III: Estado y fiscalidad
194
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195
ESTADO, PROYECTOS POLÍTICOS Y CRISIS ECONÓMICAS: ANÁLISIS DE CASO
DEL BANCO DE BRASIL EN LA CRISIS BANCARIA DE 1864.
Thiago Fontelas
Rosado Gambi
Universidad de São Paulo
Universidad Federal de Alfenas

Introdução.
No dia 10 de setembro de 1864, a casa bancária A.J.A. Souto e Cia., uma das mais im-
portantes do império brasileiro, suspendeu seus pagamentos iniciando uma crise bancária na
praça do Rio de Janeiro, capital e centro financeiro do país, e comprometendo definitivamente
a política econômica idealizada pelo partido conservador que vinha sendo colocada em prá-
tica desde o início das operações do Banco do Brasil em 1854.
O presente artigo analisa a atuação desse banco na crise bancária de 1864 e, a partir
desse caso, discute sua inserção no projeto político do partido conservador que influenciou,
de modo decisivo, a política econômica imperial de meados do XIX. Inicialmente, aborda a
criação do banco, em 1853, no contexto do projeto político acima referido. Apresenta, então,
a lógica de atuação do banco em períodos de ‘normalidade’ da economia mercantil escravista
imperial e a influência do pensamento econômico metalista na formulação da política econô-
mica imperial. Finalmente, discute a efetiva atuação do Banco do Brasil na crise bancária de
1864, procurando mostrar que havia uma lógica na atuação do banco que foi interrompida na
crise, quando as reais condições da economia nacional
1
acabaram predominando sobre o
ideal da política econômica inserida no projeto político conservador.
I. A criação do banco no contexto do projeto político conservador.
O final do século XVIII e a primeira metade do século XIX viram surgir grandes bancos na-
cionais ligados aos respectivos Estados em vários países europeus, casos de França (1800),
Áustria (1817), Espanha (1829), Portugal (1846) e Bélgica (1850). Do outro lado do Atlântico,
em situação peculiar, o Brasil também teve seu banco estatal criado com a trasladação da
Corte portuguesa para a colônia em 1808, o primeiro Banco do Brasil. Depois de sua liqui-
dação em 1829 e de uma tentativa mal sucedida de organização de um banco nacional em
1833, o país, já independente, viveu um período sem bancos. Somente na segunda metade
1 Referimo-nos aqui ao termo nacional como dimensão espacial e política.
Chile y América en su Historia Económica. Parte III: Estado y fiscalidad
196
da década de 1830 surgiram, timidamente, novos bancos comerciais no país. Já a década se-
guinte experimentaria a abertura de vários bancos nas principais praças comerciais do império
e, é claro, também na Corte. Tais bancos, geralmente organizados por negociantes (Lisboa,
1874), surgiram para atender, sobretudo, a demanda do comércio pela moeda e pelo crédito
necessários para a realização de suas transações. Para cumprir sua tarefa de auxiliar o co-
mércio, emitiam seus próprios vales, que entravam e, freqüentemente, permaneciam em circu-
lação. Essa emissão, no entanto, trazia conseqüências para a economia mercantil escravista
do império, como a perturbação do valor da moeda, e, ao mesmo tempo, minava o poder do
governo central de controlar a oferta de moeda e crédito no país.
Paralelamente ao surgimento desses bancos, em meados do século XIX, estava no poder
o partido conservador, comandado pela chamada trindade saquarema, que colocava em
marcha seu projeto político de construção e consolidação do Estado imperial. Tal projeto,
guiado pelos princípios de ordem e civilização, buscava centralizar o poder político na Corte
e, a partir daí, imprimir a direção saquarema sobre os caminhos do império (Mattos, 2004;
Needel, 2006).
Em termos econômicos, o rumo da direção saquarema implicava na manutenção da eco-
nomia mercantil escravista, isto é, sua principal preocupação era fazer com que essa eco-
nomia funcionasse para o bem da ordem e do império. Significa dizer que o projeto saquarema
deveria resolver dois problemas crônicos da economia brasileira, a saber, a estabilidade do
valor do meio circulante e a escassez de numerário e de crédito nas praças. Com a estabili-
dade do valor do meio circulante e, conseqüentemente, do câmbio, ganhariam os proprietários
rurais ligados ao comércio de exportação e os próprios exportadores e importadores, uma vez
que tal estabilidade diminuía o risco cambial envolvido nas transações de comércio exterior. O
Estado também se beneficiaria com ela ao honrar compromissos externos em moeda estran-
geira em condições favoráveis e ao construir uma reputação que poderia ajudá-lo em caso de
necessidades futuras de crédito (Summerhill, 2008; Bordo; Rockoff, 1996). Com a ampliação
da oferta de numerário e crédito, ganharia a classe senhorial como um todo, abrindo espaço
inclusive para o surgimento de manufaturas. Finalmente, a conquista de uma moeda forte re-
presentaria a concretização parcial do projeto saquarema e abriria para o império uma das
portas de entrada para o seleto grupo das nações civilizadas.
Entretanto, o governo sozinho não daria conta de, ao mesmo tempo, lastrear a emissão
de notas em metal, tal como se apresentava a miragem do padrão-ouro,

e garantir a oferta
necessária de numerário e crédito ao comércio. Estabilidade do valor do meio circulante e
ampliação da oferta de crédito revelavam-se objetivos conflitantes. O governo saquarema,
apesar do discurso do crédito, não escondia o privilégio do controle monetário e a opção pela
miragem do padrão-ouro. Entrava em cena a necessidade de se criar um grande banco que
o auxiliasse nessa tarefa. É no contexto do encontro desses dois processos, surgimento dos
bancos no país e projeto político saquarema, e de seus antecedentes que devemos entender
a criação do Banco do Brasil em 1853: um banco privado com monopólio de emissão de notas
(Goodhart, 1988), fortemente influenciado pelo governo imperial.
197
Thiago Fontelas - Sosado Gambi
Estado, proyectos políticos y crisis económicas: Análisis del caso del Banco de Brasil
II. A lógica de atuação do Banco do Brasil.
O Banco do Brasil foi criado a partir do projeto apresentado pelo então ministro da fazenda
Joaquim José Rodrigues Torres, futuro visconde de Itaboraí, um dos líderes do partido con-
servador. O pensamento econômico do ministro e a orientação de sua política econômica
seguiam a tendência metalista, algo próximo da ~.····~, ·~·~~ inglesa. Assim, a lógica de
atuação do banco deveria seguir os parâmetros dessa tendência para alcançar os objetivos
da política econômica imperial em relação à moeda e ao crédito. De maneira geral, os meta-
listas sustentavam que a quantidade de moeda em circulação deveria ser tal que mantivesse
o seu valor estável, pois a estabilidade da taxa de câmbio era sua preocupação principal. Em
princípio, o meio circulante deveria ser metálico ou totalmente lastreado em metal, mas isso era
uma quimera no contexto brasileiro, em que a escassez de metal era a regra.
Por isso, na prática, os metalistas do império aceitavam o lastro parcial em metal como
alternativa para manter o giro dos negócios, mesmo que isso pudesse comprometer o valor da
moeda. O Banco do Brasil andará o tempo todo tentando se equilibrar entre o giro do comércio
e o lastro de suas notas. De fato, o que devia determinar a oferta de moeda era a política
econômica definida pelo governo. No caso de uma política metalista, qualquer movimento de
desvalorização da moeda indicaria emissão monetária mais do que suficiente para garantir a
realização das transações e requereria a intervenção do governo para enxugar o excesso de
moeda em circulação. No entanto, as conseqüências dessa intervenção para o comércio eram
freqüentemente consideradas nas decisões governamentais.
Então, de acordo com o princípio monetário, a oferta de moeda estava ligada à inflação e,
conseqüentemente, ao câmbio. Como a taxa de câmbio seria determinada pela quantidade de
moeda em circulação, era ela a variável que sinalizaria a necessidade de se ajustar ou não a
oferta de moeda. Se aquela quantidade fosse maior do que o volume de transações, a taxa de
câmbio se desvalorizaria e sinalizaria excesso de emissão, exigindo que o governo lançasse
mão da política econômica para enxugar o excesso de moeda. A taxa de câmbio seria, por-
tanto, a variável de ajuste da oferta de moeda.
Embora houvesse demanda e pressões pela expansão do crédito, a política econômica
saquarema privilegiava a moeda e as operações de emissão do Banco do Brasil, representa-
tivas daquela política, seguiram essa orientação até pelo menos a crise de 1864. O governo e
o banco se esforçavam para manter a emissão dentro dos limites legais (Gráfico 1).
Em suma, seguindo à risca o sistema de conversibilidade total, a escassez de metal impli-
caria numa insuficiência de moeda e poderia paralisar as transações. A questão que, então, se
apresentava era: paralisar as transações ou manter o lastro metálico da moeda? Teoricamente,
um metalista ficaria com a primeira opção. Contudo, na prática, os metalistas do império arran-
jaram uma alternativa, o lastro parcial, para manter o giro dos negócios, mesmo que isso pu-
desse comprometer o valor da moeda. O segundo Banco do Brasil andará o tempo todo na
corda bamba entre o giro do comércio e o lastro de suas notas.
A despeito dessa dubiedade, como a manutenção da ordem e o processo civilizatório
inscritos no projeto político saquarema requeriam moeda forte e, conseqüentemente, o selo de
aprovação dos credores internacionais (Bordo; Rockoff, 1996), a lógica de atuação do banco
priorizava a administração da moeda, deixando o crédito como função subsidiária.
Chile y América en su Historia Económica. Parte III: Estado y fiscalidad
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Thiago Fontelas - Sosado Gambi
Estado, proyectos políticos y crisis económicas: Análisis del caso del Banco de Brasil
III. A atuação do Banco do Brasil na crise bancária de 1864.
A lógica da moeda predominava nos períodos de calmaria financeira e o ano de 1863
foi de tranqüilidade no campo da economia e da política econômica imperial. Ainda mais se
comparado com o final de 1862, quando o sobressalto provocado pela reabertura do troco em
ouro, por parte do Banco do Brasil, obrigou-o a solicitar mais uma vez ao governo a ampliação
do limite emissor. É importante lembrar aqui desse episódio, porque nele se encontram indícios
do que estaria por vir em 1864. Naquela altura, entre o fim de 1862 e o início de 1863, o banco
não poderia atender as demandas do governo e, sobretudo, da praça sem estourar o limite
de emissão correspondente ao duplo do fundo disponível mais o adicional correspondente
ao resgate das notas do tesouro. Foi por essa época que começaram a espocar os primeiros
sinais da crise que estouraria em breve e o Banco do Brasil estava fortemente relacionado a
eles. Um dos principais motivos pelos quais o banco, desde fevereiro de 1863, solicitava ao
governo quase constantemente a ampliação do limite de emissão era a concessão de mais
crédito a casas bancárias, especialmente a do Souto.
Segundo Ana Maria Ribeiro de Andrade, o cliente das casas bancárias era aquele que não
conseguia obter empréstimos diretamente no Banco do Brasil ou em outros bancos comerciais.
Já os recursos disponíveis nas casas bancárias para esse cliente não vinham apenas dos de-
pósitos de correntistas, mas também de empréstimos obtidos junto ao Banco do Brasil e outros
bancos comerciais.
2
Seja por motivos especulativos ou não, o banco não poderia atender à
demanda por crédito dessas casas sem que o governo concedesse a ampliação do limite
de emissão. E o governo não a concedeu formalmente, mas o banco, fiando-se na palavra
do ministro da fazenda, atendeu àquela demanda e, de certa maneira, ajudou a preparar a
crise, uma vez que concedia o crédito sem impor maiores condicionalidades ao devedor e
assumindo o risco da operação.
A grande questão foi o banco não ter imposto condicionalidades para o empréstimo às
casas bancárias, mas é preciso lembrar que essa não era uma decisão trivial à época. Sem
impor condicionalidades, o banco poderia cortar naquele momento o crédito das casas ban-
cárias e provocar uma crise de menores proporções ou continuar a lhes emprestar recursos e
a empurrar o problema mais para frente. O fato é que o banco ganhava com essas operações,
poderia fazê-las com a tolerância do governo ao excesso de emissão e, ademais, o próprio go-
verno e a legislação não davam muita atenção à atuação das casas bancárias.
3
Somando-se
tudo isso às relações pessoais que pesavam em decisões desse tipo, isto é, em decisões que
envolviam relações de confiança, o banco não hesitava em liberar os recursos demandados
pelas casas bancárias e empurrar o problema mais para frente. Mas não se tratava apenas de
uma questão microeconômica, de lucros e regulação, ou de confiança, havia também a pre-
ocupação com o crédito da praça. Tratava-se, então, de uma combinação de questões micro
e macroeconômicas, e também de relações de confiança, que, junto com a conjuntura econô-
mica favorável, fazia alargar o crédito e turvava os sinais de que tal situação não se sustentaria,
ainda mais num quadro de política econômica restritiva.
2 ANDRADE, Ana Maria Ribeiro de. 1864: ~~···~.··· o,c· ·,.+: MÜLLER, Elisa. |~·+· · ··~~·
o,c·. [mimeo]. p.26.
3 As casas bancárias estavam livres da regulação restritiva à qual se submetiam os bancos de emissão. As
operações entre os bancos de emissão e as casas bancárias, como as que envolviam o Banco do Brasil e
a casa bancária do Souto, poderiam servir para burlar a regulação restritiva. Por exemplo, ao aumentar o
crédito do Souto, o Banco do Brasil poderia expandir suas operações de empréstimo sem necessariamente
aumentar sua emissão. Nesse sentido, guardando a devida distância, as casas bancárias poderiam estar
para os bancos de emissão como os shadow banks estariam para os bancos de investimento atuais.
Chile y América en su Historia Económica. Parte III: Estado y fiscalidad
200
O aumento do crédito das casas bancárias não se revelou obstáculo insuperável para que
o banco pudesse enquadrar novamente suas emissões no limite estabelecido formalmente
pelo governo, o que conseguiu mais pelo aumento do fundo disponível, via importação de
metais, do que propriamente pela redução da emissão. Superado o sobressalto em relação
às emissões e apesar dessa aparente queda de braço entre banco e governo, a conjuntura
econômica de 1863 era bastante favorável. O déficit fiscal se reduzia significativamente, o
saldo comercial caía, embora se mantivesse positivo, e o câmbio se desvalorizava pouco ao
acompanhar esse movimento. A lei de 1860 continuava a ser executada e seus objetivos iam
sendo alcançados na medida em que o troco em ouro das notas do Banco do Brasil fora res-
tabelecido em outubro de 1862 e que o monopólio de emissão ia voltando às mãos do banco
por meio da fusão com o banco Agrícola, da compra dos direitos de emissão do banco Rural e
da desidratação dos outros bancos emissores.
4
De modo que se trilhava o caminho de volta ao
projeto saquarema original. Calógeras (1960:141) dizia que “·~+~· ~· ······~· + ··.,~
,~· .~· +· -· ·+~.· ~······ ~ ·······~ ,·~,····.~ +~ ··~ ~·~.··· ·
.···~ +· o.o.·· ,·.,~ +· ··.· ..~~· ···.···~~·”.
Os ventos tranqüilos que sopravam sobre a economia de vez em quando se transfor-
mavam em rajadas que provocavam turbulências e apontavam problemas para a manutenção
do projeto saquarema. A sempiterna fragilidade do fundo disponível do Banco do Brasil era
uma dessas rajadas. Outra, mais forte, viria novamente da casa bancária do Souto. Depois de
ter seu crédito aumentado no Banco do Brasil, essa mesma casa bancária recorreu ao banco
para conseguir recursos urgentes que fossem suficientes para satisfazer seus compromissos
diários diante das corridas que vinha sofrendo desde o dia 10 de maio de 1863, situação gra-
víssima para uma instituição desta natureza.
5
Apesar de reticente, a diretoria do banco atendeu às solicitações do Souto, desta vez
exigindo garantias e esclarecimentos sobre a situação de sua casa bancária. Apenas dois
diretores se opuseram ao auxílio. Paula Santos argumentava que o banco deveria suspender
novas operações com essa casa bancária, na medida em que suas dificuldades financeiras
não poderiam ser sanadas definitivamente com os empréstimos. Otoni, ao observar pelo ba-
lanço da casa bancária sua frágil situação, considerava temerária tais operações, tanto que
fez constar na ata da reunião da diretoria que votara contra o aumento do crédito daquele
estabelecimento. Aonde iria parar o Souto? Apesar das reticências da diretoria e da crítica de
alguns diretores, a casa bancária do Souto ganhava sobrevida com os auxílios do Banco do
Brasil, que ia empurrando o problema para frente ajudado pelos bons ventos de uma conjun-
tura econômica favorável.
6
De junho a setembro de 1864 não haveria mais sinais perceptíveis
de crise.
4 De acordo com Cavalcanti, os bancos emissores do Rio Grande do Sul, Bahia, Pernambuco e Maranhão
não conseguiram se enquadrar na lei de 1860 e se declararam incapazes de continuar com o direito de
emissão. Cf. CAVALCANTI (1893:273). Na verdade, os bancos da Bahia e de Pernambuco chegaram a
abrir o troco de suas notas em ouro, mas não resistiram por muito tempo. Os bancos do Rio Grande do Sul
e do Maranhão definharam sem alcançar tal imperativo legal. Cf. BRASIL (1864:18).
5 Importantes casas bancárias da Corte sofreram corridas bancárias em 1862. O relatório de 1864 destaca
a que houve sobre a casa bancária Montenegro, Lima e Cia., entre julho e agosto de 1862, e sobre a
casa bancária Gomes e Filhos, em setembro do mesmo ano. Ambas faliram na crise de 1864. Cf. BRASIL
(1864:35-6).
6 Sessão 732, de 18 de maio de 1863 e Sessão 733, de 20 de maio de 1863. In: BANCO DO BRASIL. ··· +·
··.·~ o,c·. pp.139-42. Cf. também VIANA (1926:433); PACHECO (1979:197-8).
201
Thiago Fontelas - Sosado Gambi
Estado, proyectos políticos y crisis económicas: Análisis del caso del Banco de Brasil
Nos primeiros dias de setembro de 1864, não havia sinal algum de perturbação no am-
biente econômico do império. Pelo contrário, o clima era de otimismo. O comércio tanto na
Corte como nas províncias era próspero, especialmente por conta do algodão, produto cujo
valor subira com o início da guerra civil nos Estados Unidos; os bancos recebiam depósitos
e pareciam caminhar regularmente; o Banco do Brasil tinha folga de emissão e sua diretoria
discutia baixar a taxa de desconto diante do ambiente de confiança na economia. A veia poé-
tica do relator da comissão de inquérito de 1864 revelava a atmosfera calma que envolvia o
momento.
A ordem e tranqüilidade pública continuavam inalteradas, como nos anos anteriores,
o céu político e comercial se mostrava como nos mais belos dias de uma risonha
primavera, nenhuma nuvem carregada o encobria ou manchava. As câmaras iam se
encerrar; todas as coisas pareciam seguir via pacífica e ordinária. O aspecto dos ne-
gócios comerciais, se não brilhante, era satisfatório (Brasil, 1865:38).
Porém, no dia 9 de setembro desse ano, uma pequena corrida contra a caixa filial do
Banco do Brasil em Pernambuco serviria de aperitivo para o que estava por amanhecer na
Corte. De maneira surpreendente para o público, mas certamente não tanto para a diretoria do
Banco do Brasil, às dez horas da manhã do dia 10 de setembro de 1864, o chefe principal da
casa bancária A. J. A. Souto e Cia. ordenou que se fechasse a escrituração, se suspendesse o
movimento de seus caixas e simplesmente abandonou seu escritório. O que se seguiu é bem
conhecido pela historiografia brasileira, por isso, iremos nos ater aos fatos que dizem respeito
ao Banco do Brasil na crise (Brasil, 1865).
A notícia da suspensão dos pagamentos do Souto correu a cidade “como por um movi-
mento elétrico, por toda a parte, chegou de pronto até aos mais longínquos bairros e arredores
desta Corte e da cidade vizinha”. Claro que o resultado de tão grave notícia só poderia ser o
pânico característico de crises desse tipo e, conseqüentemente, a corrida às casas bancárias
e aos bancos. O Banco do Brasil entrava em cena como o vilão da história, pois junto com a
notícia corria o boato de que o Souto suspendera seus pagamentos porque o banco se recu-
sara a lhe emprestar 900:000$. Na tarde deste dia fatídico, uma grande “massa de povo” se
aglomerava diante das casas bancárias Gomes e Filhos, Oliveira e Bello, Montenegro, Lima e
Cia., Fortinho Muniz, Bahia, Irmãos e Cia. e dos bancos Brazilian and Portuguese, London and
Brazilian e do próprio Banco do Brasil.
O governo imperial e o Banco do Brasil agiram juntos para salvar a praça. Uma série
de decretos governamentais no sentido da flexibilização da emissão de notas e a expansão
efetiva dessa emissão por parte do banco, que atuou como emprestador em última instância,
contribuíram para arrefecer a crise. Por outro lado, essas medidas feriam de morte a lógica da
atuação anterior do banco inserida no projeto político conservador.
No dia 20 de setembro, o governo baixou o decreto 3.309, que regulava a falência dessas
instituições financeiras. Era o ponto final de um conjunto de medidas supostamente temporárias
que o governo imperial adotava para superar aquela que fora a mais grave crise financeira do
império até aquela altura. Segundo o relatório da comissão de inquérito, os prejuízos acumu-
lados com a crise ficavam entre 65.000:000$ e 70.000:000$, duas vezes o capital do Banco do
Brasil, sendo a Corte e seus banqueiros os mais afetados por ela (Brasil, 1865:65-71). A partir
de então, a praça finalmente ia se acalmando e a confiança ia sendo restabelecida.
Chile y América en su Historia Económica. Parte III: Estado y fiscalidad
202
A evolução de algumas operações e do fundo disponível do Banco do Brasil nos dias
mais agudos da crise sintetiza o que se disse acima. Sua emissão estourou em muito o limite,
aumentando 62% entre os dias 10 e 22 de setembro; o fundo disponível, especialmente sua
parcela em soberanos, caiu até a suspensão do troco em ouro no dia 14 de setembro; e,
finalmente, o comportamento errático dos descontos reflete o esforço do banco para salvar
a praça. Interessante notar que mesmo depois dos decretos que concediam a ampliação da
emissão do banco e o curso forçado de suas notas, os descontos voltaram a subir, indicando
que as casas bancárias ainda estavam em dificuldade. Só depois do decreto de 17 de se-
tembro, que previa a liquidação desses estabelecimentos e a suspensão temporária dos pa-
gamentos, os descontos cairão efetivamente e indicarão o arrefecimento da crise (Gráfico 2).
Gráfico 2 – O Banco do Brasil em onze dias de crise: fundo disponível, emissão, troco
em ouro e descontos (10 a 22 de setembro de 1864)
Fonte: BRASIL. MINISTÉRIO DA FAZENDA, 1865.
Sem dúvida o prejuízo causado pela crise à economia do império foi enorme, mas passível
de recuperação. Todavia, o prejuízo que ela causou ao projeto saquarema foi imenso e irrecu-
perável. Em pouco mais de dez dias de crise, o Banco do Brasil perderia seu caráter original
para não encontrá-lo novamente. Os decretos que autorizavam a ampliação da emissão do
banco e o curso forçado de suas notas fizeram aumentar de chofre e em grande volume a
circulação fiduciária. Da quimera do ouro, os saquaremas viam seu projeto ser tragado pela
emissão de papel puro.
É verdade que o governo tentaria enquadrar novamente as emissões à sua política re-
stritiva que, em tese, deveria continuar em vigor após a crise. O governo concordava com
o relatório da comissão de inquérito de que a crise fora conseqüência necessária da exces-
siva expansão do crédito nos anos anteriores e agora algo precisaria ser feito para conter
as emissões. O indulto oferecido aos contraventores da lei de 1860 pelo decreto 3.321, de
21 de outubro de 1864, parecia indicar o caminho oposto ao ajuste, porém, no dia seguinte
sairia o decreto 3.323, que restringia novamente a emissão de títulos ao portador. Mas essa lei
não se aplicava ao Banco do Brasil, que exigiria cuidados especiais. O decreto 3.339, de 14
de novembro de 1864, estabelecia que o dinheiro recebido pelo banco em contas correntes
simples passaria a ser considerado parte da emissão e o recebido em contas correntes com
juros só poderia ser usado parcialmente em novas operações, três quartos do total, definindo
203
Thiago Fontelas - Sosado Gambi
Estado, proyectos políticos y crisis económicas: Análisis del caso del Banco de Brasil
assim uma espécie de compulsório para o banco. Estipulava também um teto de 12% do
lucro ao ano para os dividendos, o que ultrapassasse esse valor deveria ir para o fundo de
reserva do banco (Brasil, 1865:86-7). Em certo sentido, essa era uma medida moralizadora,
pois de nada adiantaria a pressão de acionistas para aumentar as emissões, as operações e
o lucro do banco, se o dividendo não pudesse ultrapassar o teto definido pelo governo. Eram
intervenções fortes no banco, mas o ministro da fazenda lembrava em seu relatório que se as
medidas tomadas pelo Ministério a meu cargo com relação ao Banco do Brasil produziram os
resultados satisfatórios, que já notei, não é isto razão para que todas elas tenham o caráter
de permanência. Não é bom para a economia o papel inconversível, ainda mais quando sua
emissão é confiada a uma entidade particular, que encontra na expansão da faculdade de
emitir avultados lucros (Brasil, 1865:14).
Para Carneiro de Campos, o governo deveria começar a cuidar agora do problema da
desvalorização do meio circulante e, para isso, propunha a velha solução quantitativista, isto
é, reduzir a emissão do Banco do Brasil ao nível em que, pela experiência, atendesse à de-
manda da praça, por meio da aplicação da lei de 1860. Caberia ao governo auxiliar o banco a
restabelecer a conversibilidade de suas notas em ouro e a estabelecer regras que garantissem
sua permanência, mas para isso era preciso antes coibir o abuso emissor. Propunha, então,
uma reforma nos estatutos do banco que separasse as repartições de emissão e desconto, nos
moldes do banco da Inglaterra. Essa proposta, além de indicar um movimento pela reforma
do banco, não deixava de revelar a influência dos saquaremas sobre o ministério, pois, mais
tarde, Itaboraí defenderá publicamente esse pleito. De qualquer modo, o governo começava
a retomar o direcionamento da política econômica e essas eram as primeiras tentativas de
trazê-la de volta ao que era antes da crise.
Desta vez, o banco não caminharia de mãos dadas com o governo, talvez mais por impos-
sibilidade do que insubordinação. O presidente do banco Francisco de Assis Vieira Bueno,
7

que substituíra o falecido Batista de Oliveira, depois de reconhecer que o banco encontrava-se
“·~· ~ ··,·· +· ··++· ··~·,~~·· · ·~···”, a saber, a emissão além do duplo do
fundo disponível e a suspensão do troco em ouro de suas notas, e de justificar que esse estado
se devia à obrigação do banco de atender à demanda por crédito da praça e pelo pagamento
em ouro de suas notas, não concordava com as medidas propostas pelo governo para se
retornar à normalidade. Para ele, não seria prudente reduzir de chofre a emissão passado tão
pouco tempo da grave crise, correndo-se o risco de se produzir nova tribulação e desperdiçar
os esforços e sacrifícios feitos para superá-la. Sustentava, então, que restringir as operações
do banco, em vez de contribuir para resolver os problemas da praça, poderia agravá-los,
“,·~~·,·+~ ~· ····~· + ~··· · ·,·+·+~ ~ ·······~····~ + ~~···, ··· o.
·~ +·.··~· ··,··· .··++·· ··,.·++· ·· ~,··,~·· +· ~··+·~” (Banco do Brasil,
1865:6/9). Surgia no horizonte uma queda de braço entre governo e banco, contudo um novo
elemento acabaria com as intenções restritivas do primeiro e motivaria a reforma definitiva do
último, sepultando o braço financeiro do projeto saquarema. Nesse contexto, as leis de 1853
e 1860 seriam francamente desobedecidas e não haveria meio de fazer o banco voltar a se
enquadrar nessa legislação.
Independente de suas causas,
8
a crise de 1864 foi o motor do rompimento do ciclo fazer-
7 Advogado, nomeado em 8 de abril de 1865. Cf. BANCO DO BRASIL (1865:5).
8 Freire, Cavalcanti, Pacheco e Delorme Prado atribuem a crise aos efeitos da lei de 1860. Cf. FREIRE
(1907:125); CAVALCANTI (1873:278); PACHECO (1979:231); PRADO (1991:254). Sebastião Ferreira
Chile y América en su Historia Económica. Parte III: Estado y fiscalidad
204
desfazer-refazer, tecendo agora ela mesma a teia de Penélope. Ironicamente, era a crise, e não
o partido liberal ou o progressista, que desfazia o projeto saquarema ao promover a ação que
levou à reorganização do Banco do Brasil e ao fim do banco da Ordem. Também de maneira
irônica foi o próprio banco, cujo intuito não era sabotar os saquaremas, mas salvar a si próprio,
a praça e o governo, quem conduziu o gabinete a estabelecer as medidas que contribuiriam
para a decretação de seu próprio fim como emissor. A crise deixava claro que as limitações
estruturais da economia imperial eram mais fortes do que qualquer ideologia econômica. As
circunstâncias atuais impediam que se voltasse à política econômica restritiva anterior, aos
rumos do projeto saquarema, e, nesse contexto, o próprio Itaboraí se voltará contra seu banco.
O jogo da política econômica voltará ao início e implicará em novas posições no tabuleiro
político. Nessa altura, o futuro do banco da Ordem já estava bastante ameaçado e logo se
articulariam alternativas que viabilizassem uma solução honrosa para o estabelecimento.
Enquanto isso, as coisas se complicavam no Prata. A demanda de recursos por parte do
governo, que já vinha produzindo déficits fiscais recorrentes, tendia a se ampliar
9
e a explodir
com a guerra do Paraguai.
A crise econômica não foi suficiente para impedir que o Brasil levasse adiante o apoio
militar ao general colorado Venâncio Flores no Uruguai. Ele tentava derrubar o ··~~ Berro e
depois seu sucessor Aguirre, ambos contrários aos interesses do império,
10
com o patrocínio
inicialmente velado e depois descarado do Brasil. Como o governo uruguaio, apoiado pelo
Paraguai, não aceitou a proposta brasileira que impunha a presença de colorados no ministério
do governo ··~~, o Brasil invadiu o Uruguai no dia 12 de setembro de 1864, aliando-se aos
rebeldes de Flores. Em fevereiro de 1865, Flores tomaria o poder no Uruguai, mas antes disso,
em 13 de dezembro de 1864, o Paraguai de Solano López declararia formalmente guerra ao
Brasil.
A chamada guerra do Paraguai, que se esperava um conflito rápido contra o país vizinho,
se arrastou por vários anos e revelou-se um sorvedouro de recursos fiscais. No início de 1865,
o conselho de Estado pleno foi reunido justamente para tratar do financiamento do conflito,
uma vez que o orçamento não oferecia recursos suficientes para cobrir as despesas geradas
por ele. Logo depois, sua seção de fazenda teve que responder aos avisos do ministro da
guerra reclamando “,·~··· ,·~.+··~· ,· · +··,··· ·+·,···.·· ··,+· ,··
~·~.····~· ····~·+··· +~ ,.·”. Como as câmaras estavam em recesso, o orçamento
não poderia ser modificado e a solução dada pela maioria dos conselheiros foi o financiamento
por meio da emissão de bilhetes do tesouro e apólices da dívida pública, uma vez que redução
de despesas e aumento de impostos eram medidas fora do alcance do governo naquela altura.
O crédito seria a solução para o problema do financiamento da guerra e, ironicamente, até
Itaboraí votava por ele. A rigorosa lei das baionetas impunha o crédito sobre a moeda.
Soares, Viana, Calógeras e Villela atribuem a crise ao abuso do crédito, acompanhando o relatório da co-
missão de inquérito presidida por Ferraz. Cf. SOARES (1865);. VIANA (1926:427); CALÓGERAS (1960:142);
VILLELA (1999:147-8); BRASIL (1865:86-7).
9 Um indicador dessa tendência era o aumento do desconto de letras do tesouro no Banco do Brasil, espe-
cialmente a partir de 1861. Cf. BANCO DO BRASIL. -··~·~ ,······+~ ······· ··· +~· ·~~~
···· +~ |·~~ +~ |··. Vários números.
10 o· ··~~· procuraram restringir o assentamento de brasileiros no Uruguai e cercear o uso de escravos na
produção de charque. Não renovaram o Tratado de Comércio e Navegação com o Brasil, tentavam taxar o
comércio bovino na fronteira e controlar a passagem do gado para as charqueadas do Rio Grande do Sul.
Cf. LINHARES (1990:257); NABUCO (1936:400-426).
205
Thiago Fontelas - Sosado Gambi
Estado, proyectos políticos y crisis económicas: Análisis del caso del Banco de Brasil
Para Freire, como a circulação fiduciária seria irremovível, o governo projetou uma nova
reforma para curar o meio circulante. Contudo, o governo aparentemente a projetava porque
precisava de recursos para financiar a guerra. A irreversibilidade da circulação fiduciária seria
o motivo pelo qual os saquaremas abandonariam o seu banco. Pelos avisos do ministro da
guerra, ficava claro que era premente a necessidade de recursos para cobrir as despesas do
conflito. O cerne da questão foi o deslocamento do problema monetário para o problema fiscal.
O próprio Freire lembrava que seria melhor para o governo emitir para se financiar sem pagar
juros do que por meio de empréstimos de uma instituição particular pagando juros.
O Banco do Brasil, ameaçado politicamente pelas condições anormais em que operava,
também seria tragado pela necessidade de recursos para financiar a guerra. Seria mais
vantajoso para o governo cuidar ele mesmo da emissão dos recursos necessários para financiar
as despesas militares do que tomá-los emprestados junto ao banco pagando juros por isso. De
solução para o problema monetário do império, o Banco do Brasil tornou-se obstáculo para a
solução do problema fiscal durante a guerra do Paraguai. O estalar do conflito confirmou o fim
do banco da Ordem. E as peças do jogo começavam a se encaixar ao juntar a necessidade de
recursos para financiar as despesas da guerra com a necessidade de financiamento de longo
prazo para a lavoura.
O crédito direto à lavoura era um problema persistente na economia imperial cuja solução
se embaraçava na legislação hipotecária que, por sua vez, esbarrava na dificuldade de
demarcação de propriedades e, conseqüentemente, nas questões de execução judicial. No
Brasil, naquela altura, praticamente não havia tal modalidade de crédito, embora o país já
tivesse contado com dois bancos que privilegiavam a agricultura em seus nomes, o Rural e
Hipotecário e o Comercial e Agrícola (Ridings, 1994:144-6). Enquanto o problema persistia, os
comissários faziam a ponte entre fazendeiros e bancos, oferecendo os recursos demandados
pela lavoura, e volta a meia o assunto aparecia nos discursos parlamentares, todavia, sem
muita efetividade.
Depois de muitos anos de debates e esquecimentos no legislativo, a reforma hipotecária
foi levada a cabo pelo gabinete Zacarias e pelas câmaras ainda em 1864, antes da explosão
da crise financeira e da declaração de guerra no Paraguai. Segundo Nabuco, tanto liberais
e progressistas, como conservadores entenderam que era chegada a hora de organizar o
crédito hipotecário no império e, por isso, era preciso reformar a legislação existente. O velho
Nabuco, apoiado por Itaboraí, foi o mentor dessa reforma que se baseava em dois pontos,
um administrativo-legal, que garantia o direito de credores lastreados em hipotecas, e outro
econômico, que estabelecia o regulamento das instituições de crédito real e da emissão de
letras hipotecárias.
11
Além de facilitar o acesso da lavoura ao crédito, a reforma vinha também para fechar uma
lacuna da oferta creditícia no império, minimizando o risco de que casas bancárias e bancos
de depósitos e descontos imobilizassem seus capitais em empréstimos de longo prazo para
a lavoura, “..~~” que se evidenciou na crise do Souto e que, de acordo com Carneiro de
Campos, só desapareceria com a abertura de estabelecimentos de crédito hipotecário.
Sem querer, a reforma hipotecária apontaria uma saída honrosa para o Banco do Brasil.
A demanda por crédito por parte da lavoura, que sofria com a falência das casas bancárias,
11 Cf. decreto 3.453, de 26 de abril de 1865, para o aspecto administrativo-legal, e decreto 3.471, de 3 de
junho de 1865, para o aspecto econômico. In: BRASIL. c~·~,~ +· ·· +· -· o,c·
Chile y América en su Historia Económica. Parte III: Estado y fiscalidad
206
e a necessidade de financiamento da guerra do Paraguai apontavam o caminho da reforma
do banco: transferência do monopólio emissor para o tesouro e transformação do estabeleci-
mento num banco hipotecário. Depois da crise, dois caminhos paralelos se cruzavam para se-
pultar o braço financeiro do projeto saquarema. A guerra do Paraguai e a reforma hipotecária
se encontravam para indicar o caminho do fim do Banco do Brasil como instituição emissora.
Considerações fnais.
O Banco do Brasil era essencialmente um banco mercantil, cuja peculiaridade residia em
sua relação com o Estado imperial, no monopólio da emissão de notas no país e no quase mo-
nopólio dos serviços bancários em geral, especialmente depois de 1856, com a incorporação
de vários bancos emissores provinciais como suas caixas filiais. Inserido no projeto político sa-
quarema, o sentido de fundo do banco criado pelo então ministro da fazenda Rodrigues Torres
era a manutenção da ordem social e política, isto é, a defesa dos interesses da classe senho-
rial, principalmente da fração do Rio de Janeiro, composta por cafeicultores, negociantes do
comércio importador-exportador e burocratas, e da ordem econômica, isto é, a manutenção do
caráter mercantil e escravista da economia.
Para a concretização desse objetivo era necessário que o império contasse com uma
moeda forte, com valor estável. Por isso, seu sentido mais imediato era, primeiro, ordenar
o meio circulante e, segundo, fornecer o crédito necessário para a expansão do comércio.
Nasce daí o casamento do processo de centralização política na Corte com o monopólio da
emissão de notas no império que caracterizava o projeto saquarema, o nexo entre a política e a
economia. Como a manutenção da ordem e o processo civilizatório inscritos no projeto político
saquarema requeriam moeda forte e participação no sistema monetário internacional que se
organizava, não surpreende que idealmente o crédito fosse secundário e a moeda prioritária
para o governo saquarema e, por extensão, para o Banco do Brasil, embora houvesse conflito
de prioridades na prática.
O banco buscou a ampliação quantitativa do crédito, ou seja, mais recursos para atender
o comércio ligado à produção agrícola e a demanda de infra-estrutura necessária para a viabi-
lização desses negócios. No entanto, não parecia haver interesse numa ampliação qualitativa
do crédito, ou seja, crédito para atender atividades que não estivessem ligadas à economia
mercantil escravista, como a manufatura. Tampouco o banco queria ou podia fornecer sem
mais empréstimos ao Estado, tal como o banco original. Primeiro porque os próprios esta-
tutos do banco já previam um empréstimo de 10.000:000$ ao Estado para que o banco pu-
desse executar a retirada das notas do governo que estavam em circulação. Segundo porque
fornecer empréstimos ao Estado entrava em conflito com o objetivo monetário buscado pelo
governo saquarema. O que se queria era retirar moeda de circulação. Todavia, na prática, o
Estado precisou dos recursos do segundo Banco do Brasil, sobretudo, a partir dos eventos de
1864, a crise e a guerra.
Ao mesmo tempo, o banco buscou sanear o meio circulante, ou seja, garantir a conversibi-
lidade da moeda em ouro e, por conseguinte, estabilidade de preços e de câmbio, chave para
o comércio e para as relações do país com credores estrangeiros, sobretudo, com os ingleses.
Para além do aspecto econômico imediato, a moeda carregava outros significados importantes
no processo político em marcha como identidade, unidade e força do país. O que se queria em
termos políticos era dar continuidade a tal processo, liderado pelos saquaremas, reforçando a
centralização do poder na Corte. Mais do que isso, a moeda estável e forte conferia, ao mesmo
207
Thiago Fontelas - Sosado Gambi
Estado, proyectos políticos y crisis económicas: Análisis del caso del Banco de Brasil
tempo, identidade e marca ao projeto civilizatório idealizado e conduzido pelos saquaremas.
Essa era a lógica de atuação do banco que seria interrompida na crise bancária de 1864,
quando as reais condições da economia nacional acabaram predominando sobre o ideal da
política econômica inserida no projeto político conservador.
Nesse período, o banco viveu uma situação de anormalidade, pois estava livre das ama-
rras impostas pela legislação bancária restritiva. Antes da crise, o banco estava enquadrado
no limite de emissão e na obrigatoriedade do troco de suas notas em ouro. Com os decretos da
crise, o banco estava autorizado a exceder o limite de emissão e suas notas ganharam curso
forçado. Apesar dos resultados positivos dessas medidas, o governo defendia a volta à nor-
malidade, que se iniciou com uma forte intervenção no banco, mas tal retorno não aconteceu.
Na prática, a restauração da conversibilidade em ouro ia se mostrando inviável para o Banco
do Brasil. Para completar, a guerra do Paraguai, iniciada em dezembro de 1864, fazia que o
governo dependesse das emissões do Banco do Brasil para financiar seus gastos militares,
obrigando-o a adotar uma posição ambígua em relação ao banco. Ao mesmo tempo em que
exigia a restrição das emissões, ordenava seu aumento na medida exata dos títulos que o
próprio governo lhe enviava.
O destino do banco estava nas mãos do governo, que se dividia entre sua continuidade
como emissor e a ruptura desse privilégio. O governo optou por esta última alternativa e, em
1866, executou o projeto que transformava o Banco do Brasil num banco hipotecário. Os
efeitos da crise de 1864 e, posteriormente, da guerra foram decisivos para definir o destino do
projeto político saquarema e de seu banco. A partir desses eventos, as regras de funciona-
mento dos bancos seriam modificadas e o controle da moeda e do crédito no império voltaria
para as mãos do tesouro. O Banco do Brasil perdia a faculdade emissora e sua razão de ser.
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211
CRECIMIENTO DE LA POBLACIÓN Y POLÍTICAS PÚBLICAS.
EL TRANSPORTE COLECTIVO URBANO EN SANTIAGO DE CHILE, 1925-1957.
Marco González Martínez
Universidad de Viña del Mar
I. Introducción.
Los medios de transportes urbanos en Santiago de Chile, desde el segundo cuarto del
siglo XX, se trasformaron en uno de los principales factores que modelaron el crecimiento ex-
plosivo de la población en la capital. La implementación de Tranvías eléctricos desde 1900, y
la paralela introducción de microbuses diesel a partir de 1910, conformaron una estructura vial
que para la década de 1940 y 1950 se comenzó a mostrar deficiente e insuficiente.
En tal escenario, el Estado que desde la crisis económica de 1929 había comenzado a
pensarse como el principal impulsor de una política industrializadora, nacional e interventora,
fomentó la creación de instituciones y una serie de políticas públicas tendientes a regular el ser-
vicio de transportes privado y estatal. Sin embargo, y a pesar de la conformación por ejemplo
de la Dirección General de Transportes y Tránsito Público en 1942, entidad dependiente del
Ministerio del Interior que tuvo por objetivo fiscalizar y supervigilar los medios de transporte y
locomoción, además de regular sus tarifas y recorridos, y la creación de la Empresa de Trans-
portes Colectivos de Estado en 1953, no logró dar una solución efectiva a las tensiones vividas
entre las demandas del mundo popular, el Estado y los empresarios del gremio.
II. El crecimiento de Santiago de Chile.
Desde el siglo XIX, Santiago de Chile se constituyó como la ciudad más importante de
las ciudades nacionales. La primacía que ella obtuvo por el desarrollo económico y político
decimonónico, para el segundo y los primeros años del tercer cuarto del siglo XX, permitieron
el incremento explosivo de su territorio y población.
Según lo expuesto por el arquitecto René Martínez, “el cambio territorial más importante
es que la ciudad duplicó su extensión entre 1940 y 1960 pasando de 11.000 a 22.000 hec-
táreas.”(Martínez, 2007, pp.110) Afirmación que es reforzada por el Historiador Armando de
Ramón, quién ha señalado que “Santiago de Chile, cuyo radio urbano había crecido durante
casi cuatrocientos años en forma pausada y con cierto orden, en los tiempos contemporáneos
rompió aquellos moldes, extendiéndose hacia los cuatro puntos cardinales.”(de Ramón, 2007,
pp.197)
Chile y América en su Historia Económica. Parte III: Estado y fiscalidad
212
La sorprendente extensión territorial de Santiago, se produjo paralelamente al aumento
de la población de la ciudad. El traslado de importantes contingentes de mano de obra, las
expectativas de mayores ingresos, la implementación y mejor acceso a algunos servicios, per-
mitieron que en pocos años Santiago se convirtiera en una metrópolis de múltiples facetas.
Según se puede revisar en las estadísticas censales disponibles, entre los años 1920 y
1960, la población de la ciudad registró en 1920 un total de 507.396 habitantes, pasando en
1930, 1940, 1952 y 1960 a 712.533, 952.075, 1.350.409,
1
1.907.378
2
respectivamente.
Al igual que se manifestó en todo el país, el incremento de la población urbana nacional
se produjo paralelamente al aumento de la población urbana en Santiago. Es de este modo,
como la población urbana de Santiago en porcentaje al total de la población urbana del país
fue registrada en: 31,75% para 1920; 33,97 para 1930; 37,47 para 1940, 41,08 para 1952; y
de 41,56 para 1960
3
.
Gráfico 1: Crecimiento de la población según Censos de Población,
Chile y Santiago, 1920- 1960.
Fuente: Elaboración propia.
1 Las cifras presentadas se encuentran en el cuadro n° 10, inserto en el c···~ +· -~·~~· , | +· v.··
+ .·.··+~ · . +· ·· +· ··. ~·~ | -··.··· +· ,.·, del Servicio Nacional de Estadísticas y
Censos.
2 La cifra se encuentra en el apartado -~·~~· +· -.· c··~+ ··,.· ···~ ,c···~ ··., de la Direc-
ción de Estadísticas y Censo, Santiago de Chile, 1964.
3 Las estadísticas fueron obtenidas de la Tabla 7,9 referente a la población urbana como porcentaje de la
población urbana total, presentes en el trabajo de Juan Braun-Llona, Matías Braun-Llona, Ignacio Briones,
José Díaz, Rolf Lüders, Gert Wagner llamado |~~·~·. ~··· -··· |··+.··~· ···~·~· |~~.
····~ +· ··~ · -, del Instituto de Economía de la PUC en 1998.
213
Marco González Martínez - Crecimiento de la población y las políticas públicas.
El transporte colectivo urbano en Santiago de Chile, 1925-1957
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Chile y América en su Historia Económica. Parte III: Estado y fiscalidad
214
Si bien, los indicadores demuestran con claridad cómo la capital transitó sostenidamente
hacia el predominio de la vida urbana, se hace necesario tener presente lo expuesto por el
profesor Jorge Pinto, quien ha indicado que para el siglo XX chileno el crecimiento de los prin-
cipales centros urbanos se tiende a confundir con el proceso de urbanización. Por tal motivo,
comparar la relación entre la “población urbana y rural a lo largo del siglo XX a través de los
puros datos censales podría desfigurar una realidad que ha sido más compleja” (Pinto, 2010,
pp.31), al considerarse según la época distintos estándares para su estudio y clasificación.
En una dimensión histórica e inserta en el contexto Hispanoamericano, se acepta la
imagen general que comprende para 1930 un patrón normal de organización de las ciudades
y pueblos. Es en relación a ella, como posiblemente se estructuró Santiago de Chile, al contar
con una plaza central, la que se encontraba próxima a las principales oficinas de gobierno,
edificios religiosos, centros comerciales y mansiones de las elites. Este diseño urbano, indi-
caba como la mayor distancia a este centro comportaba, en general, una importancia social
decreciente.
“las personas de oficios urbanos respetables habitaban el área inmediata a este
centro, en casas que podían servir tanto de viviendas como de locales comerciales.
En las afueras de la ciudad se encontraban los habitantes urbanos más pobres que
trabajaban como jornaleros, vendedores ambulantes u ofreciendo una variedad de
servicios personales. La proximidad al campo indicaba que los suburbios de la ciudad
se fundían económica y espacialmente con el mundo rural, en el que los habitantes
cultivaban huertas o trabajaban como jornaleros en la agricultura.” (Oliviera, 1997, pp.
224)
Es de este modo, que en el siglo XX, los valores y expectativas de la vida en ciudad se
encontraban presentes en importantes espacios del territorio nacional, sin que los aspectos y
lógicas del mundo agrario desaparecieran completamente, tales fenómenos político-sociales
influenciaron directamente sobre la migración que arribó a la ciudad. Según lo expuesto por
Sebastián Piñera y Patricio Meller, existieron mayores precios relativos de los bienes indus-
triales en relación a los de origen agrícola, lo que produjo una diferencia de ingresos y de
remuneraciones entre el sector urbano y rural. Por tanto, las grandes diferencias entre los
“empleados del campo y la ciudad han producido una masiva migración rural-urbana, a pesar
de la existencia de altos niveles de desocupación abierta existente en general en las ciudades.
Todos acuden a la ciudad para obtener empleos cuyas remuneraciones, ya sean por factores
económicos, institucionales, políticos o histórico-sociales, se hallen por sobre los niveles de
equilibrio”(Piñera y Meller, 1978: 34)
III. El Estado y sus políticas públicas.
Entre los años 1925 y 1973, se produjeron en Chile profundos cambios que conmovieron
intensamente las estructuras política, social y económica sobre la que se sostuvo el país tra-
dicionalmente. En un aspecto general, el entramado político experimentó, al igual que el resto
de América Latina, un severo reordenamiento que permitió el ascenso y agrupación de nuevos
sectores sociales -sectores medios y el mundo popular organizado-, quienes por medio de su
inserción y activa participación en el sistema político, incidieron en la crisis del proyecto de
dominación oligárquico y los contornos de su dominación.
215
Marco González Martínez - Crecimiento de la población y las políticas públicas.
El transporte colectivo urbano en Santiago de Chile, 1925-1957
En el plano económico, los años en estudio se encontraron signados por el cambio que
vivió la hegemonía del mercado internacional. Proceso que se podría graficar como el paso
de Londres a New York. Es por este motivo, que la crisis económica de 1929 se configuró
como una coyuntura que dio origen a rotundas repercusiones políticas y sociales, siendo con-
siderada por su importancia, como el inicio de múltiples fenómenos que acompañarán por
más de medio siglo el desempeño económico chileno. Es de este modo, que más allá de los
desajustes iniciales, se permitió que la mayoría de los chilenos dirigieran su “mirada al inter-
vencionismo estatal, a la industrialización y el nacionalismo económico, como las claves del
crecimiento.” (Ortega, 1989, pp. 29) De ahí en más, el acuerdo sobre la preponderancia y rol
dinamizador que se le asignó al Estado fue el consenso tácito sobre el que se edificó el enten-
dimiento social, el que si bien se configuró como un elemento de carácter transversal, no diluyó
las discrepancias en torno a las responsabilidades y límites que de él se esperaba.
Un factor relevante, y por mucho determinante en el desarrollo de la política económica
del país durante este período, fue la inflación. Ella, entendida más allá del simple aumento
del precio de los productos, para el caso chileno, no puede ser comprendida en disociación
de la estructura económica que predominó durante el segundo tercio del siglo pasado. Para
Roberto Zahler, una característica común durante el período por él estudiado (1940-1970)
fue “el continuo crecimiento del nivel de precios, cuya persistencia parecería indicar que el
caso chileno se trata de un fenómeno de carácter crónico, que posee cierta inercia difícil de
vencer.” (Zahler, 1978, pp. 34) ¿Cuáles serían pues las causas y orígenes de la inflación como
un mal endémico de la economía nacional? Propone el autor, que la inflación se transformó en
una herramienta política que permitió mantener el esquema democrático. Los nuevos grupos
emergentes en la política nacional, quienes se constituyeron desde sus inicios con un poder de
presión y defensa de sus intereses, permitieron construir un sistema político mucho más amplio
e inclusivo, que durante todo este período, fue muy por delante del desarrollo económico que
demostró el país. Los precios bajos o las tarifas de los bienes o servicios que suministraban las
empresas públicas han representado según el autor, una fuente importante del desfinancia-
miento y por tanto de déficit fiscal, lo que operó bajo los márgenes del entendimiento y nego-
ciación social que hizo posible la estabilidad institucional. Dirá Zahler, “en forma simplista, se
podría decir que el sistema democrático ha sido el principal responsable de la mantención del
fenómeno inflacionario, porque ha permitido progresivamente que nuevos y más amplios sec-
tores de la comunidad nacional presionen en función de sus intereses.” (Zahler, 1978, pp. 64)
La disputa de los distintos componentes de la sociedad chilena entre las décadas de 1920-
1960, y la consecuente jerarquía de prioridad y dirección de las políticas públicas, hacen que
para fines de la década de 1950 el problema en Chile tome contornos de una “crisis integral”.
En relación a esto último, es que Jorge Ahumada ha indicado como “la inflación desenfrenada
y sistemática, la falta de oportunidades para la gente que por razones familiares no nació con
ellas, la diferencia exagerada entre ricos y pobres, y tantas otras aflicciones menos trascen-
dentes, pero también mortificantes como el transporte urbano, son sentidas muy a lo vivo en la
propia carne de cada cual; pero sus causas no son comprendidas con claridad.”(Ahumada,
1990, pp. 18)
Es de este modo como las realidades indicadas más arriba, nos plantean una serie de
interrogantes que nos remiten a un espacio geográfico que ya no existe, pero que sin embargo,
aún mantiene en su estructura problemas latentes de organización, diseño de la ciudad, crea-
ción de políticas públicas y distribución de sus habitantes que aún persiste hasta nuestros
Chile y América en su Historia Económica. Parte III: Estado y fiscalidad
216
días. Es sólo en consideración de las “estrechas y a menudo inexplicables relaciones entre las
instituciones y vicisitudes económicas, y entre estas últimas y las vicisitudes sociales, políticas
y culturales” (Cipolla, 1997, pp. 16), que se podrá comprender en contexto el problema de la
implementación y desarrollo del trasporte colectivo urbano en Santiago.
IV. El transporte colectivo urbano en Santiago de Chile.
Al referirnos al trasporte urbano en Santiago durante el siglo XX, se puede apreciar
claramente cómo se estructuran dos períodos. El primero de ellos, dice relación con la im-
plementación desde 1900 en la capital de tranvías eléctricos, que por medio de su masiva
utilización, desplazaron paulatinamente la importancia de los tranvías tirados por caballos. De
este modo, el proceso que desplazó a este tipo de tranvía de las calles de Santiago se inició
lentamente hacia 1897, sin embargo, hasta 1930 aún “quedaban en Santiago 61 tranvías de
sangre, como se comprueba en los registros de la Oficina Central de Estadísticas.” (INE, 1999,
pp. 218)
La modernización que significó en Santiago de Chile la implementación de tranvías
eléctricos, no estuvo absuelta de problemas y sobresaltos. En la 5ta sesión de la Cámara de
Diputados, del 1 de Agosto de 1924, el diputado Irarrázabal se pronunció sobre el problema
del desahucio del contrato entre la Empresa de Tranvías y la Municipalidad de Santiago, indi-
cando en su intervención la necesidad de nombrar una comisión compuesta por miembros del
Congreso y al mismo tiempo de la Municipalidad y la Empresa, ello con el fin de “llegar a un ac-
uerdo sobre los distintos puntos de vista y poder así solucionar este problema de la luz y de los
tranvía, que se hace impostergable en una ciudad como la capital de la República.”(Cámara
de Diputados, 1924, pp. 1605)
Sin finalizar el primero de los períodos indicados, y más bien en un proceso conjunto y
paralelo, comenzó un segundo momento caracterizado por la utilización de las “taguas” o
“góndolas” en 1910, diferentes a sus predecesores por realizar recorridos más extensos y
utilizar motores diesel.
5
La novedad que representó los modernos transportes colectivos, revolucionó el tiempo y
la distancia de los desplazamientos en la capital. Sin embargo, su hegemonía no fue inmediata,
sino un proceso paralelo a la extensión territorial y explosión demográfica santiaguina. Es por
ello, que en el Artículo 9, letra c, de los |···.·~· +· c.·~.~ ··+~ +· c·..···.·· de las
góndolas Matadero de 1925, se puede leer:
“Es necesario que cada uno de los asociados se haga cargo de las necesidades de
establecer un buen servicio de locomoción y hacer desaparecer en los pasajeros y
público esa desconfianza que nos tienen, y fijar rumbo definitivo a la buena intención
de hacerlo mejor para demostrarles que somos capaces de responder a la confianza
que nos han dado a los que nos favorecen con sus cotidianos viajes en nuestras má-
quinas.” (Círculo Sindical de Chauffeurs, 1925, pp. 6)
5 Según los datos entregados por el INE, se puede sostener que “Hasta los años `50 todo el petróleo que se
usaba en Chile era importado. A partir de 1949 hubo producción nacional de petróleo. El gas natural, en
cambio, se consumía en el país.” Instituto Nacional de Estadísticas (Dir. Máximo Aguilera Reyes), |··+.·
·~· +· c··…o, c·., p 195.
217
Marco González Martínez - Crecimiento de la población y las políticas públicas.
El transporte colectivo urbano en Santiago de Chile, 1925-1957
Desde los primeros años del siglo XX, el Estado comprendió cómo los medios de tras-
portes se estructuraban como uno de los problemas que afectaba más directamente la eco-
nomía doméstica y el bienestar de la población. Es por ello, que el 26 de noviembre de 1942,
por medio del Decreto supremo n°6530 del Ministerio del Interior, se creó por orden del presi-
dente Juan Antonio Ríos la Dirección General de Transporte y Tránsito Público (DGTyTP)
6
. Tal
organismo creado para fiscalizar y supervigilar los servicios de transporte y locomoción, contó
entre sus atribuciones especiales:
“a) Proponer al Gobierno los reglamentos para la aplicación de los dispuesto en el
artículo 1° de la Ley N° 7173;
b) Proponer las restricciones y supresiones en la circulación de los vehículos motori-
zados;
c) Coordinar los diversos servicios de locomoción colectiva, urbana y rural, con vehí-
culos motorizados y fijar sus recorridos, itinerarios y paraderos;
d) Establecer los sitios y horas de estacionamiento de los vehículos motorizados en
las ciudades del país así como los sitios y horas de cargas y descarga de los mismos;
e) Intervenir en la aplicación de sanciones en la forma que se determina en el regla-
mento; y
f) Establecer las relaciones del servicio público de locomoción con las Municipalida-
des.”(Ministerio del Interior, 1942)
Es posible, que la Dirección General de Transporte y Tránsito Público, tuviera entre sus
atribuciones resolver una de las demandas más sentidas por una población que crecía soste-
nidamente, a saber: extender el trazado y los horarios de los recorridos urbanos. Sin embargo,
es sólo algunos meses más tarde que por medio del Decreto n°3329 del Ministerio del Interior
se aprueba el “reglamento que comprenderá todos los medios de transportes en uso actual-
mente en el país”, estableciendo con claridad y mayor precisión las atribuciones del Director
General de Transporte y Tránsito Público el señor Waldo Palma Miranda, sobre los servicios de
locomoción. Entre ellas se puede señalar:
“d) Coordinar los diversos servicios de locomoción;
e) Otorgar los permisos de circulación y fijar los días, horas y radios de los mismos;
(…)
g) Establecer las relaciones del servicio de locomoción con las Municipalidades y con
el Departamento de Caminos del Ministerio de Obras Públicas y Vías de Comunica-
ción; (…)
j) Llevar una estadística anual sobre el movimiento de pasajeros trasportados en las
distintas comunas de la República; (…)
l) Dar cumplimiento a las disposiciones sobre tránsito público contenidas en los tra-
tados internacionales;” (Ministerio del Interior, 1943)
6 Ver en la Ley n°7173 del 15 de mayo de 1942. Su primer director fue Waldo Palma Miranda, quien desem-
peñó sus funciones ad honorem.
Chile y América en su Historia Económica. Parte III: Estado y fiscalidad
218
En el Reglamento antes señalado, en su apartado DE LAS DOTACIONES Y RECORRIDOS,
en su artículo 14, estableció como otra de las atribuciones de la DGTyTP, la “fijación de los
recorridos de vehículos de transporte colectivo de pasajeros, la capacidad y número de los
mismos y las alteraciones, definitivas o transitorias, que se desee hacer en ellos”, además de
tener incumbencia en la “fijación de tarifas de los servicios extraordinarios y la de nuevos reco-
rridos.”(Ministerio del Interior, 1943)
Un ejemplo de lo primero, se registra en el Oficio n° 370 del Ministerio del Interior emitido
el 9 de septiembre 1943. En él, se puede leer la disposición de prolongar “los servicios de
transportes de pasajeros de Puente Alto, hasta las 23.30 horas, en atención a que su funciona-
miento solamente hasta las 21 horas causaba perjuicios a una gran cantidad de público que
viaja entre ambas localidades.”(Ministerio del Interior, 1943) Mientras que para el segundo de
los casos, se puede apreciar la autorización de un alza de tarifas “tranviarias a 0,40 centavos,
de carácter general para todos los vehículos que la Administración Fiscal mantenga en servi-
cio.”(Ministerio del Interior, 1943)
La importancia que para 1943 representó el Reglamento implementado por el Ministerio
del Interior, no sólo se limitó y reguló las condiciones prácticas del servicio, sino que también
reglamentó en el Artículo 16 y 17 el actuar de los empresarios y los interesados en prestar
servicios de transporte colectivo de pasajeros. De tal forma, junto con la obligación que el Re-
glamento estableció para los propietarios de los vehículos de transporte colectivo, como la de
ser chileno, casado con chilena o ser residente en el país por lo menos 5 años y la inscripción
del vehículo en el Registro General de Locomoción Colectiva, entre otras. Se puede leer en su
Artículo 17:
“si una persona o sociedad solicitare autorización para establecer un nuevo servicio
de vehículos de transporte colectivo de pasajeros, con la cantidad de vehículos su-
ficiente para transportar doscientos pasajeros en conjunto, la Dirección General de
Transporte y Tránsito Público podrá conceder el permiso de recorrido solicitado, con
prescindencia de la obligación previa de inscribir las máquinas en el registro de loco-
moción colectiva.” (Ministerio del Interior, 1943)
La disposición legal que el Estado comenzó a implementar para la regulación de los ser-
vicios colectivos de pasajeros, normó de este modo el comportamiento de privados y de los
recorridos estatales.
Hacia el año 1943, ocurrieron dos hechos de importancia para los objetivos de nuestro
estudio. El primero de ellos fue la creación de la efímera Comisión de Transporte Colectivo de
Santiago, institución que dirigida por Froilán Arriagada Herrera, fue creada con el claro obje-
tivo de mediar en el conflicto entre los empresarios y trabajadores del rubro de la locomoción
colectiva. Tal conclusión se puede desprender de la carta que el propio Arriagada le envío al
Ministro del Interior, en ella se puede leer:
“La H. Comisión de Transporte Colectivo de Santiago ha prestado preferentemente
atención al cumplimiento de una de sus más importantes misiones, cual es la de con-
trolar que los empresarios y el personal de choferes y cobradores que se sirven en la
industria de la movilización colectiva de la provincia de Santiago, cumplan fielmente
las leyes de previsión a que están afectos.
219
Marco González Martínez - Crecimiento de la población y las políticas públicas.
El transporte colectivo urbano en Santiago de Chile, 1925-1957
Desde sus primeras sesiones, la Comisión ha estimado este problema y ha podido
constatar que en numerosos casos, las imposiciones que deben efectuarse por em-
pleadores, empleados y obreros a la caja de Empleados Particulares y Seguro Obrero
no son cumplidas fielmente por una serie de factores que no es del caso dilucidar en
el presente oficio.”(Ministerio del Interior, 1943)
La situación descrita por Froilán Arriagada, puede ser reforzada al considerar la comu-
nicación del 14 de Enero de 1943 fue realizada por el presidente del Sindicato Profesional
de Choferes y Cobradores de Autobuses Matadero-Palma Raúl Morales. En ella, Morales de-
nuncia ante el Ministerio del Interior que:
“El empresario Miguel Rapanake, domiciliado en Independencia n° 3309, dueño de
nueve góndolas y de dos micros, no cumple con las leyes n°s 7295 y 4054; no respeta
los archivos del Código del Trabajo, negándose a firmar contratos de trabajo; desco-
noce los derechos de los obreros, negándose a dar veraneos, gratificaciones a fin de
año, y no entrega la asignación familiar a los empleados.
Manifiéstase en varias ocasiones en completo desacuerdo con las autoridades de
Gobierno, y contesta que no cumple con las leyes y que reclamemos donde lo estime-
mos.”(Ministerio del Interior, 1943)
El conflicto que existió entre los empresarios y los trabajadores del gremio no fue el único
del que se tuvo noticias en la Comisión. En la carta dirigida por Juan Pérez Álvarez al pre-
sidente de la Comisión el señor Froilán Arriagada, se informa de la decisión del primero de
renunciar como representante de los empleados y obreros de la Movilización colectiva de
Santiago. Dirá en ella Pérez, que las razones que lo mueven a tomar tal determinación son las
del “descontento de los compañeros a quienes represento, pues según ellos, no he sabido de-
fender en forma enérgica, especialmente lo que se relaciona con el racionamiento de bencina y
la entrega de bombas a los señores Empresarios”
7
Mientras que un mes más tarde, es recibida
otra carta dirigida al mismo Arriagada, la que firmada por la directiva del Sindicato Profesional
mixto de empleados y obreros de la Sociedad de Omnibús “Tropezón Ltda.” permite leer en
su contenido:
“Habiendo tenido conocimiento este Sindicato que los Dirigentes de la federación
quieren posponer a nuestro representante en esa Comisión, hemos citado a reunión
para que nuestro gremio se pronunciara al respecto, y en cuya reunión se acordó
dirigirle una nota a Ud. como Presidente de esa, para que si lo tiene a bien, se la trans-
criba al Señor Ministro del Interior, diciéndole que esta Línea no acepta por ningún
motivo que los dirigentes de la Federación que son dirigentes vitalicios y que no re-
presentan a la totalidad del gremio, vengan a pedir la salida del compañero Juan
Pérez, que es un hombre serio, honrado y digno de nuestra representación. Además
el compañero Pérez, trabaja en la Industria, y la mayoría de los dirigentes que hay en
la Federación hace años que no saben tomar un volante, por lo tanto no pueden ser
representante de choferes.” (Ministerio del Interior, 1943)
7 Ministerio del Interior, Oficios. Carta dirigida por don Juan Pérez Álvarez. Santiago, 23 de septiembre de
1943.
Chile y América en su Historia Económica. Parte III: Estado y fiscalidad
220
En un segundo aspecto, se puede apreciar como en el Oficio n° 8016 del Ministerio del
Interior se describe como la explotación de los Tranvías que recorren la capital son una evi-
dente pérdida para la Empresa que los administra, esto debido principalmente a la escasez
de material rodante disponible por aquellos años. Por tal motivo, se pensó indispensable la
reparación y renovación del material con subsidios extraordinarios proporcionados sólo por
los medios que el país disponía en un clima “anormal” de conflagración mundial, además de
fijar un aumento en la tarifa y establecerla en 40 centavos. Se ve de este modo, como ante
las dificultades económicas y sociales representadas en la huelga protagonizada por los em-
pleados y obreros de la Empresa, y en el deseo de que “no se paralizara un servicio de utilidad
pública indispensable para la población, el Gobierno tomó la Administración de los tranvías
y solucionó el problema del personal acordando un aumento de quince por ciento sobre los
sueldos y treinta por ciento sobre los jornales.” Además de enfatizar en el mismo Oficio como
“el material rodante se ha resentido en forma extraordinaria a causa del exceso de público que
debe utilizar estos servicios, y se ha producido el hecho de que muchos tranvías han debido
quedar fuera de uso.”(Ministerio del Interior, 1943)
El escenario antes descrito, conformó un particular clima que tendió, por parte del Es-
tado, hacia una activa política con miras a solucionar el problema de los transportes colec-
tivos en la capital. Es de este modo, que se producirá un contexto favorable a la creación en
1945 de la Empresa Nacional de Trasportes Colectivos S.A (ENT), entidad que tendrá como
principal objeto “la prestación de servicios de transportes colectivos de pasajeros, urbanos e
interurbanos.”
8
El trabajo de la ENT, será posteriormente sustituido en 1953 por la Empresa de
Trasportes Colectivos del Estado (ETCE), que dependiente de la sub secretaria de Trasportes
y Comunicación del Ministerio de Economía, operó y subvencionó la operación de un significa-
tivo número de tranvías, troles y buses de trasporte urbano.
El rol que jugó el Estado en el diseño, implementación y mantenimiento del servicio de
trasportes urbanos, conforme avanzaba el siglo pasado, convivió con el cada vez más fuerte
movimiento gremial de empresarios, que agrupados en la décadas de 1950 en la Confedera-
ción de Dueños de Autobuses de Chile, reclamó insistentemente sobre el “proteccionismo” que
gozaban los vehículos que administraba la ETCE y la mantención de la subvención que por
aquellos años tuvo la compra de petróleo para ellos.
Es así, que para los objetos de nuestro trabajo se comenzará a dilucidar un hecho sig-
nificativo en la protesta social del 2 de abril de 1957, donde se visibilizaron las tensiones
económico-sociales sobre las tarifas, la mantención de los vehículos, mediados ellos, por la
negociación política del Estado y los empresarios del rubro. Tal ambiente desencadenó un
turbulento escenario de conflicto social que poseyó su particularidad “en primer lugar, en que
la ciudadanía había desarrollado, a través de los años, una alta sensibilidad frente al tema,
llegando a considerarse la oposición a aumento del precio de los pasajes como un símbolo de
resistencia al conjunto de las alzas.”(Milos, 2007, pp. 100)
Es en síntesis que se puede indicar, que en un país poseedor de una “crisis integral” deri-
vada de un polifónico entramado de elementos que tiene sus puntos más altos en la endémica
inflación que afectó su estructura económica, el permanente déficit fiscal que afectó el gasto
público y la fallida implementación de políticas de urbanización
9
, permitió que en los medios de
8 La Ley N° 8.132 autoriza al presidente de la República para llevar a efecto el convenio sobre compraventa
de los bienes que constituyen los servicios tranviarios de la Compañía Chilena de Electricidad Limitada.
9 Uno de los ejemplos más demostrativos del escaso impacto de las políticas de urbanización que desple-
221
Marco González Martínez - Crecimiento de la población y las políticas públicas.
El transporte colectivo urbano en Santiago de Chile, 1925-1957
trasportes urbanos santiaguinos convergieran algunos de los elementos más importantes en la
estabilidad del sistema democrático. Como ha indicado Ivan T. Berend, en los países subde-
sarrollados, a diferencia de los países desarrollados, la influencia “gravemente retardataria de
un ambiente social e institucional generalmente atrasado es dolorosamente obvia; con ello los
factores no económicos llegan a ser perfectamente visibles, incluso espectaculares.” (Berend,
1981, pp. 40) Por tal razón, los momentos de estallido social y demandas populares son sólo la
visibilización de fenómenos más profundos y complejos de exclusión y segregación social. La
sociedad santiaguina, como principal referente de un acontecimiento a escala nacional, fue se-
veramente modelada y transformada por el espectacular crecimiento de su población, proceso
que transformó conforme pasaba el siglo las fuerzas productivas y las asimétricas relaciones
de producción que predominaron en la primera mitad del siglo XX nacional.
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Humanidades.
garon los gobiernos, y de gran importancia para nuestro estudio, fue la escasa construcción de caminos
de concreto y asfalto. En relación a este punto nos indicara el INE, “Pese a esas obras, los accesos y vías
de Santiago no estaban creciendo al mismo ritmo de la población. Por eso, el presidente Eduardo Frei
Montalva planteó la necesidad de soluciones para el transporte en general. Para este propósito, se creó el
29 de mayo de 1965 “la Oficina de Proyectos Especiales de Equipamiento Metropolitano”, dependiente del
Ministerio de Obras Públicas, entidad que buscaría soluciones definitivas a determinados problemas de
equipamiento urbano de tránsito y trasporte en Santiago. Esta abordaría los proyectos de El Metro, Vialidad
Urbana, Avenida Norte-Sur y autopista del río Mapocho en Santiago, así como otras obras en Valparaíso,
Talcahuano, Punta Arenas, Temuco e Iquique.” Instituto Nacional de Estadísticas (Dir. Máximo Aguilera
Reyes), |··+.··~· +· c··…o, c·, p 230. Se podrá señalar de modo general, que para 1969 Chile
poseía un total de 7.411 kilómetros de caminos de hormigón y asfalto, cifra que contrasta con los 70.725
kilómetros de caminos ripiados y de tierra. Tabla 8.1 Caminos según material. Kilómetros, 1899-1994, en
Juan Braun-Llona, Matías Braun-Llona, Ignacio Briones, José Díaz, Rolf Lüders, Gert Wagner, |~~·~·.
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Chile y América en su Historia Económica. Parte III: Estado y fiscalidad
222
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y II de vivienda 1970, s/d.
Cuadro n° 10, Censo de la Población y I de Vivienda, Levantado el 24 de abril de 1952.
Tomo I. Resumen del país, Servicio Nacional de Estadísticas y Censos.
Tabla 7.7 Población urbana y rural según censos: 1865-1992, en Juan Braun-Llona,
Matías Braun-Llona, Ignacio Briones, José Díaz, Rolf Lüders, Gert Wagner, Economía
chilena 1810-1995. Estadísticas históricas. Documento de Trabajo n° 187, Instituto de
Economía PUC, 1998, p.223.
Tabla 7,9 Población urbana como porcentaje de la población urbana total, en Juan
Braun-Llona, Matías Braun-Llona, Ignacio Briones, José Díaz, Rolf Lüders, Gert Wagner,
Economía chilena 1810-1995…Op. Cit., p.234.
Cámara de Diputados, Boletín de las sesiones Ordinarias 1924.
Decretos. Ministerio del Interior de Chile, 1942-1943.
Oficios. Ministerio del Interior de Chile, 1931-1950.
223
INVERSIÓN PÚBLICA DURANTE LA INDUSTRIALIZACIÓN DIRIGIDA POR EL
ESTADO (1940-1973)
Víctor Tapia Godoy
Universidad de Valparaíso
I. Introducción.
El período que comienza en la década del 30 del siglo XX para Chile, así como otros
países de América Latina, se caracterizó por la paulatina búsqueda de un nuevo esquema de
crecimiento, el que llegó a definirse completamente tras el término de la Segunda Guerra Mun-
dial. La gran depresión demostró la tremenda vulnerabilidad del país y de las naciones de la
región frente a los shocks externos, aunque ciertamente no fue la única ni última ocasión, pues
el estallido de la Segunda Guerra Mundial generó repercusiones semejantes a las de la primera
contienda planetaria, como a la propia crisis de 1929. La seguidilla de shocks contribuyó a
generar desconfianza sobre el modelo de crecimiento sustentado en las exportaciones, lo que
sumado a las medidas proteccionistas adoptadas por los países industrializados, tendieron a
dificultar aún más el comercio internacional. Se generaron, de este modo, las oportunidades
que en lo sucesivo permitieron apostar por el crecimiento fabril y que posibilitan hablar con
propiedad de la gestación de un nuevo modelo de desarrollo en América Latina. En efecto, la
progresiva importancia que, en algunos países de Latinoamérica, alcanzaría la industria sería
uno de los rasgos definitorios de este nuevo modelo.
Sin perjuicio de lo anterior, la industria no era un fenómeno desconocido, tampoco en el
resto de América Latina. En efecto, el sector exportador, los transportes y la urbanización, per-
mitieron la aparición de distintos tipos de centros fabriles, destinados a satisfacer las necesi-
dades generadas por la explotación del salitre y ferrocarriles, los cuales demandaron insumos
para su desarrollo y mantención. Fenómeno similar ocurrió con el crecimiento de las ciudades,
por cuanto los requerimientos de una población en aumento y con disponibilidad de ingresos
sirvieron de estímulo para nuevas oportunidades de inversión. Sin embargo, este crecimiento
industrial estaba muy asociado a la dinámica que tuvieron las exportaciones, sin mencionar el
hecho que los productos resultantes no formaban parte de la vanguardia tecnológica, tratán-
dose ante todo de herramientas, repuestos o bienes de consumo. Por otro lado, la aparición de
este tipo de factorías estuvo dado por la inversión privada, circunscribiéndose la acción estatal
a la protección vía aranceles. De esta manera, la industria en este período aparece como un
complemento del verdadero motor de la economía y, pese a existir opiniones que defendían la
conveniencia de fortalecerlas y reducir con ello la dependencia del exterior, no fue en sí misma
Chile y América en su Historia Económica. Parte III: Estado y fiscalidad
224
una alternativa a este, apreciándose una gran diferencia con el proceso de industrialización
que se abrió con posterioridad a la crisis de 1929.
El nuevo esquema de crecimiento que se fue abriendo paso a lo largo de la década del 30
ha sido tradicionalmente identificado como Industrialización por Sustitución de Importaciones
(ISI), haciendo alusión clara a la importancia del consumo interno como acicate para dicho
proceso. Este hecho ha permitido que se emplee también el concepto de “desarrollo hacia
adentro”, marcando de este modo una manifiesta oposición con la importancia que el comercio
exterior tuvo como motor del crecimiento para América Latina, erigiéndose la industria como
una alternativa a él. De manera más importante, otra característica de este nuevo modelo de
desarrollo dice relación con el papel que le tocó desempeñar al Estado, razón por la cual frente
a las dos nociones antes señaladas se ha planteado el término de “Industrialización dirigida
por el Estado”. La ventaja que ofrece el empleo de dicho concepto está dada en que “resalta
sus dos características distintivas: el foco creciente en la industrialización como eje del desa-
rrollo y la ampliación significativa de las esferas de acción del Estado en la vida económica y
social”. De esta forma se critica la expresión ISI en cuanto esta “no fue ni el elemento más des-
tacado a lo largo del tiempo, ni una característica que compartieron todos los países durante
el medio siglo que predominó esta estrategia de desarrollo” (Bértola y Ocampo, 2011, pp 151).
La emergencia de este nuevo modelo y la importancia que dentro de él alcanzó el Estado
no fue únicamente la resultante de la adquisición de experiencias tras el impacto de los shocks
externos, también se debió a las distintas experiencias que en los países industrializados tu-
vieron lugar y que desempeñaron una importante influencia al ofrecer modelos que bien po-
dían ser imitados.
Sin perjuicio de lo anterior, otra clase de factor que terminaría siendo decisivo para hacer
posible la transición de un esquema a otro fueron las transformaciones ocurridas al interior de
la sociedad, básicamente el aumento de la población urbana, fortalecimiento de las clases me-
dias y las demandas que estos sectores plantearon (Thorp, 1998, pp. 136; Bértola y Ocampo,
2011, pp. 151), lo que terminaría impactando en el sistema político al favorecer la llegada al
poder de coaliciones políticas que recogieron las reivindicaciones de estos grupos sociales.
Esto fue lo que ocurrió en el país a raíz de la victoria del Frente Popular en 1938. El nuevo
gobierno en 1939 creó la Corporación de Fomento de la Producción (CORFO), a fin de hacer
posible la reconstrucción del país debido al terremoto de 1939. La fundación de este orga-
nismo supuso la creación de toda una nueva institucionalidad a través de la cual se dieron las
directrices para conducir la economía nacional en beneficio de la población y supuso un paso
decisivo en la génesis de un nuevo proyecto modernizador por cuanto dicho organismo fue
expresamente formulado con fines de lograr un desarrollo económico y en la cual el Estado
desempeñó un papel bastante activo.
El presente trabajo tiene por objeto estudiar la Inversión Pública Chilena durante el periodo
de Industrialización Dirigido por el Estado, centrándonos en los años que van de 1940 a 1976.
La idea central que guía esta investigación es lograr dimensionar en términos cuantitativos el
rol desempeñado por el Estado para industrializar el país, siendo a este respecto una pregunta
clave la de: ¿Cuánto y cómo evolucionó el dinero invertido por el Estado entre 1940 y 1980 para
industrializar el país? A este respecto, los supuestos iniciales y dados por la literatura indican
que los niveles de inversión fueron bajos y que una gran proporción de esta fue desarrollada
por el Estado (Pinto 1959, pp.161 Thorp, 1998, pp.192). Además de este hecho se indica
también, que la inversión en el país aumentó de manera relativamente estable, oscilando para
225
Víctor Tapia Godoy
Inversión pública durante la industrialización dirigida por el Estado (1940-1973)
los años que corren entre 1950 a 1960 en tasas de un 3,3% y un 4,6% (Ffrench-Davis, Muñoz
Gomá, Benavente y Crespi, 2003, pp.161).
El acometimiento de una problemática como esta reviste de una gran importancia, pues
durante el período de Industrialización Dirigida por el Estado, Chile tuvo un desempeño eco-
nómico modesto, siendo incluso inferior a la media latinoamericana (Thorp, 1998, pp. 192;
Bulmer Thomas, 2000,pp. 323-335; Ffrench-Davis, Muñoz Gomá, Benavente y Crespi, 2003,
pp.160-161) y perdiendo posición relativa respecto a los países de Occidente (Ocampo y
Bértola, 2010, pp. 193), pese a que se mostró altamente activo para crear una institucionalidad
adecuada para promover el desarrollo económico: La Corporación de Fomento a la producción
(CORFO) y a través de la cual se hizo posible la creación de empresas de propiedad estatal y
mixtas. A decir verdad, el lento crecimiento económico que exhibió el país durante el espacio
de tiempo indicado es un elemento no menor y que es necesario a tener en cuenta ya que per-
mite introducirnos en la evaluación que pude realizarse sobre aquel. En efecto, se destaca que
durante la época del “Desarrollo hacia adentro” se produce en la región un notable crecimiento
económico y avance de la industria como porcentaje del PIB (Thorp, 1998, pp. 169; Bulmer
Thomas, 2000, pp. 328-330; Bértola y Ocampo, 2011, PP. 152), sin embargo aquel escenario
se confronta con el hecho que en el mismo período América Latina pierde posiciones relativas
respecto a los países desarrollados, que tuvieron tasas de crecimiento más altas, situación que
ocurre también con respecto a países asiáticos como Japón y aquellos de reciente industriali-
zación (Bértola y Ocampo, 2010, pp. 193; Carreras, 2012, 27-37). De ahí que situar el proceso
dentro de su contexto histórico contribuye a dimensionar, especialmente para el caso Chileno,
el rol desempeñado por el Estado.
La investigación se desarrolló por medio de la revisión de las Cuentas Nacionales de Chile
entre 1940 y 1976, publicadas por la Corporación de Fomento, ODEPLAN y Banco Central. Con
ellas se construyó una serie que recoge tanto la Inversión Geográfica Bruta y la Inversión Geo-
gráfica Bruta en Capital Fijo y distinguiendo, hasta donde ha resultado posible, entre aquella
que fue realizada por el sector público y por el privado. Se indicó también algunos rubros tales
como industria, electricidad, transportes y vivienda para los años indicados, los cuales han
sido comparados entre sí, a fin de tener un orden de magnitud que permita indicar prioridades
de inversión y evaluar con ello el rol desempeñado por el Estado en lo que respecta al creci-
miento industrial.
Este escrito tiene un carácter empírico-descriptivo y está estructurado en tres secciones.
En la primera se pasa revista, brevemente, a la literatura existente sobre el papel de las inver-
siones en los procesos de crecimiento económico. En la segunda se describe la evolución se-
guida por la inversión durante el período señalado, estableciendo algunas distinciones a fin de
estudiar su dinámica para distintos rubros. La última sección corresponde a las conclusiones,
la cual cumple el rol de servir tanto de síntesis como también de contrastaste con lo planteado
corrientemente por la literatura.
II. La inversión Pública durante la Industrialización dirigida por el Estado. Dinámica,
sectores y componentes. 1940-1976
Durante los años que median entre 1940 a 1976, la Inversión Geográfica Bruta (IGB) y la
Inversión Geográfica Bruta en Capital Fijo (IGBCF) tuvo, para el período 1940-1976, una tasa
de crecimiento anual acumulada de 0,65% y de 2,10% respectivamente, denotando un creci-
miento modesto. Sin embargo, a la hora de considerar sub-períodos es posible observar una
Chile y América en su Historia Económica. Parte III: Estado y fiscalidad
226
alta volatilidad, sucediéndose momentos de alta inversión con otros en que resultó negativa. El
cuadro siguiente resume la formación bruta de capital y la formación bruta de capital fijo para
diferentes quinquenios, a excepción del último que corresponde a un sexenio.
Cuadro N° 1. Tasas de Crecimiento Anual Acumuladas Inversión Geográfica Bruta
e Inversión Geográfica Bruta en Capital Fijo. (1940-1970)
Quinquenios IGB IGBCF
1940- 1945 3,01 -1,17
1945- 1950 2,12 2,98
1950- 1955 -6,55 -2,17
1955- 1960 23,15 19,69
1960- 1965 4,92 4,70
1965- 1970 77,12 71,59
1970- 1976 -19,30 -12,17
Fuente: Elaboración Propia a partir de: Cuentas Nacionales
de Chile 1940-1954, Cuentas Nacionales de Chile 1940-1962,
Balances Económicos de Chile 1960-1970 y Cuentas Nacionales
de Chile 1972-1976.
Al observar el cuadro anterior, llama la atención los lustros de 1950-1955; 1965-1970, en
que se aprecia un fuerte incremento de la inversión, y el de 1970-1976, dónde se evidencia
una fuerte caída. Resulta interesante señalar que tanto la importante alza del quinquenio que
abre paso a la octava década del siglo XX como la no despreciable caída de los cinco años
que sitúan a mediados de la misma, pueden ser relacionadas con coyunturas políticas. En
efecto, el alza que va entre los cinco años finales de la década del 60 del siglo XX coincide
con el advenimiento del Gobierno del Demócrata Cristiano Eduardo Frei Montalva, quien con
su lema “Revolución en
Libertad”, pretendió transformar y modernizar el país, planteando para ello importantes
reformas, que de paso contribuyeron a aumentar la participación del Estado en la Economía
(Angell, 2002, pp. 272). En lo que respecta a los primeros seis años de la década de 1970,
coincide con el Gobierno de la Unidad Popular (1970-1973) y los primeros tres años del Ré-
gimen Militar, que a la postre significaron un drástico cambio entre el modelo de Industrializa-
ción Dirigida por el Estado y una economía de mercado (Angell, 2002, pp. 297, 298; Salazar,
2002, pp.49-51).
La evolución que la IGB y la IGBCF experimentó a lo largo de los 36 años que median entre
1940 y 1976 puede ser visualizada en el gráfico 1.
En lo que respecta a la inversión según origen, se aprecia un predominio entre aquellas
ejecutadas por el sector privado respecto al sector público, el cual comenzó a romperse en
torno al año1962. De este modo, entre 1943 y 1951 el porcentaje promedio de la IGB Pública
alcanzaba el 60% de la IGB Privada, situación que se repite en lo que respecta a la IGBFC
Pública, la cual se situó en el 66,21% de la privada.
227
Víctor Tapia Godoy
Inversión pública durante la industrialización dirigida por el Estado (1940-1973)
Gráfico1: Inversión Geográfica Bruta e Inversión Geográfica Bruta en Capital Fijo
t1940-1976 (millones de pesos de 1995).
Fuente: Elaboración Propia a partir de: Cuentas Nacionales de Chile 1940-1954, Cuentas Nacionales de Chile 1940-1962,
Balances Económicos de Chile 1960-1970 y Cuentas Nacionales de Chile 1972-1976.
El ciclo que se inauguró en 1962 y que puede ser extendido más allá de 1973, hasta 1976,
representó el fenómeno inverso, donde el Estado adquirió cada vez más protagonismo. Es así
que, respecto a las tasas de crecimiento anual acumuladas la IGB y la IGBFC Pública entre
1962 y 1970 se expandió en un 12,33% y 12,52% mientras que la privada lo hizo en un 6,29%
y 6,47%, o sea, poco más de la mitad. Ahora, si el período se amplía hasta 1976, las propor-
ciones cambian a -1,25 y -0,16 para la IGB e IGBFC pública y -2,82 y -1,74 para la IGB e IGBFC
Privada, nuevamente se aprecia, en este caso, la menor caída de la inversión desarrollada por
el Estado. La evolución de la inversión pública en comparación a la privada queda manifiesta
en la siguiente ilustración.
Gráfico 2: Inversión Geográfica Bruta e Inversión Geográfica Bruta en Capital Fijo
Pública y Privada 1940-1976 (pesos de 1995).
Fuente: Elaboración Propia a partir de: Cuentas Nacionales de Chile 1940-1954, Cuentas Nacionales de Chile 1940-1962,
Balances Económicos de Chile 1960-1970 y Cuentas Nacionales de Chile 1972-1976.
Chile y América en su Historia Económica. Parte III: Estado y fiscalidad
228
Hasta ahora se ha descrito la manera en que evolucionó la Inversión Geográfica Bruta y
la Inversión Geográfica Bruta en Capital Fijo, tanto en términos totales como desagregados en
sector público y privado, sin embargo no se ha hecho referencia a la forma en que evolucionó
para sus distintos componentes. Lamentablemente, en este punto, no se ha podido establecer
una separación entre aquella que correspondió al Estado y la realizada por los privados, frente
a lo cual obligatoriamente se ha de dar las explicaciones en términos totales.
Al respecto, se puede señalar que, para 1940-1976, el grueso de la inversión se destinó
a la construcción representando el 56,6% de la IGBCF, en comparación con lo invertido en
maquinaria y equipo, que alcanzó el 43,2% de la IGBCF. La importancia de la primera respecto
a la segunda puede ser ampliada al considerar que, para el mismo lapso temporal, el rubro
de maquinaria y equipo, en promedio, ascendió al 76,32% de la desembolsada en actividades
de construcción. El gráfico siguiente da cuenta de las dinámicas que siguieron las variables
señaladas.
Gráfico 3: Inversión Geográfica Bruta en Capital Fijo 1940-1976 (pesos de 1995)
Fuente: Elaboración Propia a partir de: Cuentas Nacionales de Chile 1940-1954, Cuentas Nacionales de Chile 1940-1962,
Balances Económicos de Chile 1960-1970 y Cuentas Nacionales de Chile 1972-1976.
Ahora bien, al centrar nuestra atención exclusivamente en el rubro construcción, podemos
indicar que el área que concentró las mayores asignaciones de recursos fue la de otras cons-
trucciones y obras (caminos, puentes, exploraciones, forestación), la cual representó un valor
promedio para los 36 años considerados de un 41,87%, seguido de viviendas con un 38,64%
y por último Edificios no residenciales (entre los cuales se cuentan las instalaciones que bien
pueden ser utilizadas con fines industriales) con un 19,49%.
Por lo que concierne a las inversiones en maquinaria y equipo, estas evolucionaron de una
forma oscilante, con un pick de 60,62% para el lustro 1965-1970 y sima de -11,58 al finalizar
el periodo bajo revisión. Con todo, a la hora de realizar una desagregación mayor se ha de
advertir que fue la maquinaria y equipo importado la que sufrió de manera más pronunciada los
vaivenes, pues por lo que refiere a los producidos en el país siempre experimentaron tasas po-
sitivas, con una importante expansión de 74,51% para el quinquenio 1965-1970, permitiéndole
avanzar en el porcentaje de participación de la IGB e IGBCF. Es así como en 1940 el equipo
nacional representó el 1,48% de la primera, contra un 41,46% de aquel proveniente del extran-
jero, mientras que de la segunda se alzó en torno al 1,54% versus el 43,37%. Treinta y seis
229
Víctor Tapia Godoy
Inversión pública durante la industrialización dirigida por el Estado (1940-1973)
años después, las relaciones se habían alterado a un 64,93% de la IGB; 40, 52% de la IGBCF
y 85,61% de maquinaria y equipo, a favor del proveniente de fuera del país, mientras que el
fabricado localmente ascendía a 10,91%; 6,18% y 14,39% respectivamente. No constituye un
objetivo de este trabajo, sin embargo no se puede dejar de mencionar en este punto el hecho
que las oscilantes tasas de acumulación de maquinarias y equipos traídos desde el extranjero
están íntimamente relacionadas con las restricciones de divisas que padeció el país.
Gráfico 4: Inversión en Construcción 1940-1976 (pesos de 1995)
Fuente: Elaboración Propia a partir de: Cuentas Nacionales de Chile 1940-1954, Cuentas Nacionales de Chile 1940-1962,
Balances Económicos de Chile 1960-1970 y Cuentas Nacionales de Chile 1972-1976.
Gráfico 5: Inversión en Maquinaria Importada y Maquinaria y Equipo Nacional
1940-1976 (pesos de 1995)
Fuente: Elaboración Propia a partir de: Cuentas Nacionales de Chile 1940-1954, Cuentas Nacionales de Chile 1940-1962,
Balances Económicos de Chile 1960-1970 y Cuentas Nacionales de Chile 1972-1976.
De igual manera que en el caso de las construcciones y obras, en este punto no ha sido
posible realizar una desagregación mayor respecto a los sectores productivos que deman-
daron esta clase de bienes, como también a identificar si fueron los privados o el Estado
quienes asignaron los recursos, salvo para los años que corren entre 1961 a 1970, en que se
Chile y América en su Historia Económica. Parte III: Estado y fiscalidad
230
dispone de una pequeña serie que muestra las inversiones del sector público en industria y
permitiendo su comparación con otros rubros, pero incluso en esta no se pude saber qué parte
corresponde a edificaciones y cuál a maquinarias y equipos.
Una especie de proxy que posibilitaría tener un orden de magnitud para la inversión en
maquinaria y señalar, en relación a él, el rubro que tiene una mayor participación porcentual
respecto al total, está dada por la importación de los mismos y para lo cual se dispone de datos
desde 1940 a 1954.
En relación a esto, se puede indicar que el aspecto que mayor inversión concitó fue el de
la industria con valores mínimos y máximos que oscilan entre los 16,14% y 37,50%. Sin em-
bargo su nivel de inversión también fue oscilante, de hecho su tasa de crecimiento anual acu-
mulada entre 1940 y 1954 se situó en -0,6%. Con todo, considerando valores promedios para
los años analizados, la importación de equipo especial para la industria representó un 26,17%
del total, mientras que un 8,29% de la IGB y 9,15% de la IGBCF frente a, respectivamente, un
14,31%, 4,53% y 5,0% de Equipos de ferrocarril y tránsito, su más cercano “competidor”.
Gráfico 6: Importación de Bienes de Capital 1940-1954 (pesos de 1995).
Fuente: Elaboración Propia a partir de: Cuentas Nacionales de Chile 1940-1954, Cuentas Nacionales de Chile 1940-1962,
Balances Económicos de Chile 1960-1970 y Cuentas Nacionales de Chile 1972-1976.
La Inversión Pública en industria para el año 1961 representó el 4,27% de la IGB Pú-
blica y el 4,62% de la IGBCF Pública, frente al 12,93% y 13,99% de la inversión pública en
Electricidad gas y servicios sanitarios; 18,72% y 20,25% de Transporte, almacenaje y comu-
nicaciones y 29,59%; y 32,02% de Vivienda, equipamiento y urbanización. Para el año 1970
estas proporciones se situaron en torno al 12,54% y 12,61% de la IGB Pública y de la IGBCF
Pública, mientras que las restantes ramas lo hicieron en 10,38 % y 10,44%; 16,40% y 16,49%;
22,60 y 22,73% correspondientemente. Esto implicó que, a pese a que durante todo el periodo
indicado la industria se expandió a una tasa anual acumulada de un 26,6%, en comparación
al 9,6% de la inversión en Electricidad, gas y servicios sanitarios; 10,66% de Transporte, alma-
cenaje y comunicaciones; y 8,99% de Vivienda, equipamiento y urbanización. Es decir, la más
alta, seguía siendo la segunda área de inversión más pequeña, sólo superada por Electricidad,
gas y servicios sanitarios. El gráfico siguiente presenta la evolución de algunos sectores.
231
Víctor Tapia Godoy
Inversión pública durante la industrialización dirigida por el Estado (1940-1973)
Gráfico7: Inversión Pública Algunos Sectores 1961-1970 (pesos de 1995)
Fuente: Elaboración Propia a partir de: Cuentas Nacionales de Chile 1940-1954, Cuentas Nacionales de Chile 1940-1962,
ODPLAN, Balances Económicos de Chile 1960-1970 y ODEPLAN Cuentas Nacionales de Chile 1960-1975.
Ahora bien, si la inversión pública en los sectores considerados se compara con a la IGB
y la IGBCF totales, es decir, sumando el sector público y privado, las relaciones ascienden
en 1961 al 1,89% y 2,04% en la industria frente al 5,72% y 6,19% de Electricidad, gas y ser-
vicios sanitarios; 8,29% y 8,97% de Transporte, almacenaje y comunicaciones; y 13,10% y
14,17% de Vivienda, equipamiento y urbanización. 9 años después las proporciones eran las
siguientes: Industria 9, 72% y 10,08% de la IGB y de la IGBCF; Electricidad, gas y servicios sa-
nitarios 8,05% y 8,35%; Transporte, almacenaje y comunicaciones 12,71% y 13,18%; y 17,51%
y 18,16% Vivienda, equipamiento y urbanización. Los datos expuestos resultan sugerentes de
considerar a la hora de pretender generar una evaluación del rol desempeñado por el Estado,
efectivamente su presencia fue creciente a partir de la séptima década del siglo XX, pero, cla-
ramente, no fue la industria la gran beneficiada sino que otros sectores, algunos de los cuales
(la provisión de infraestructura) ya era una tarea asumida desde largo tiempo.
III. Conclusiones.
En las páginas anteriores se ha pasado revista a la dinámica seguida por la inversión, y
especialmente aquella que fue ejecutada por el sector público. El objetivo de esta situación ha
sido lograr dimensionar el rol que desempeñó el Estado dentro del esfuerzo industrialista que
se abre formalmente desde la creación de la CORFO en 1939.
En relación a lo anterior, se ha preceisado que, tal como lo indica la literatura, los niveles
de inversión totales, es decir, considerando sector público y privado, fueron relativamente
bajos en el mediano plazo, situación que parece repetirse al considerar separadamente la
ejecución de la inversión. La explicación a dicho fenómeno está dada por la gran oscilación
que pareció predominar en la formación de capital, presentándose años en que se manifiesta
un fuerte volumen de inversión mientras que en otros ocurrió todo lo contrario, advirtiéndose
Chile y América en su Historia Económica. Parte III: Estado y fiscalidad
232
incluso tasas negativas. Otro aspecto que ha logrado precisarse es que, preferentemente, la
inversión se dirigió hacia la construcción antes que a la adquisición de maquinaria y equipo, y
que dentro de esta fueron las obras relacionadas con el aumento de infraestructura y viviendas
las que gozaron de mayor protagonismo.
Ahora bien, si se considera rubros de inversión específicos, es relevante destacar el papel
que la industria ocupó. En este sentido y considerando el hecho que no resulta posible es-
clarecer si fue el Estado o los privados los demandantes, es interesante destacar que para
el período 1940-1954, es el sector industrial el que parece concitar las mayores inversiones
en lo que refiere a la importación de bienes de capital. Esta situación se muestra distinta en
lo que respecta al período 1961-1970, aunque hay que tener en cuenta que los datos que se
disponen únicamente refieren al sector público y que no es posible distinguir qué parte de la
inversión realizada corresponde a construcciones y cuál a bienes de capital. En estos años, la
industria no ocupa un lugar destacado dentro del esfuerzo inversor del Estado, de manera que
se encuentra ampliamente superada por la inversión en viviendas, equipamiento y urbaniza-
ción, y por la realizada en transporte, almacenaje y comunicaciones.
Por último otro aspecto que se logró constatar es el hecho que el Estado no fue inicial-
mente el principal agente inversor, sino que este papel fue compartido con el sector privado
existiendo períodos en que incluso la inversión pública era muy minoritaria respecto a la pri-
vada. La reversión de la tendencia recién ocurriría en torno al año 1962 y se acentuaría con
los gobierno de Frei Montalva y Allende Gossens, en los cuales la inversión pública supera
ampliamente a la privada, escenario que se mantendría hasta 1972 en que los volúmenes
de la primera se desploman y regresan a niveles relativamente cercanos a los históricamente
exhibidos, sin embargo aún en los tres primeros años del Régimen Militar, la inversión pública
superaba a la privada.
Al considerar los distintos elementos expuestos e intentar realizar una evaluación del rol
desempeñado por el Estado en lo que refiere a sus inversiones, podemos señalar que este fue
ganando un creciente protagonismo, el volumen de sus inversiones, sobre todo en el período
1961-1972, da cuenta de ello. Sin embargo, estas no se dirigieron mayormente al desarrollo y
fortalecimiento de la industria sino que a lo que puede ser definido como dotación de infraes-
tructura básica y viviendas: ¿buscaba el Estado por medio de estas inversiones “obligar” a que
el sector privado asumiera dicho rol? si no fue así ¿Qué elementos complotaron? ¿Qué relación
existió entre empresarios por un lado y el Estado por otro? Por otro lado, dentro de la estructura
de las inversiones públicas, el pequeño lugar que desempeñó la industria ¿Permite cuestionar
el concepto de industrialización iirigida por el Estado? La respuesta a estas preguntas puede
resultar de gran ayuda para tener una imagen completa del período.
233
Víctor Tapia Godoy
Inversión pública durante la industrialización dirigida por el Estado (1940-1973)
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PARTE IV: EMPRESAS
Y EMPRESARIOS
237
LOS INICIOS DE LA MAESTRANZA CENTRAL DE FERROCARRILES DE SAN
BERNARDO. DESARROLLO ECONÓMICO Y CRECIMIENTO URBANO DURANTE
EL SIGLO XX, (1920-1930).
Felipe Delgado Valdivia
1

Pontifcia Universidad Católica de Chile
Los orígenes.
La fundación de la Maestranza Central de se remonta al momento en que la primera etapa
del desarrollo ferroviario en Chile (1850-1914) comienza a declinar, como consecuencia de la
crisis salitrera (Thomson & Dietrich, 2000, p. 49). Además, producto de los estragos dejados
por la Primera Guerra Mundial, la producción carbonífera comienza a declinar en el mundo lo
que acrecienta la crisis del sector ferroviario en nuestro país, el cual tributaba del combustible
fósil para poner en marcha toda su maquinaria productiva y rodante (Boletín de los Ferrocar-
riles del Estado, 1920, pp. I-III). Esta difícil situación lleva al gobierno a tomar la iniciativa de
invertir en mejorar y acondicionar los accesos y el equipamiento portuario de algunos de los
centros mineros apostados en la cuenca carbonífera del Golfo de Arauco, como ocurrió con
la ciudad de Lebu, puerto que sería beneficiado con la construcción de una línea ferroviaria
y mejoras en sus instalaciones portuarios (Boletín de los Ferrocarriles del Estado, 1920, pp.
I-III), y de paso alertó para que en 1921, y a petición de la propia Empresa de Ferrocarriles, el
gobierno de Chile solicitara un empréstito de 5.000.000 £ necesarias para incurrir en los gastos
que en este período debía realizar Ferrocarriles del Estado (Boletín de Ferrocarriles del Estado,
1921, pp. 126-128). Estos gastos consideraban el término de las obras de construcción de la
Maestranza Central y de un complejo residencial que acogiera a los trabajadores de ésta. La
suma total para emprender ambas iniciativas ascendía a los $ 10.000.000 (Boletín de los Fer-
rocarriles del Estado, 1920, p. IX).
Pero el proyecto de construcción de este centro industrial se venía gestando por largos
años y transcurrió por numerosas etapas. La primera de ellas nos remonta al año 1899 en
donde detectamos la primera intención formal por construir la Maestranza Central de Ferro-
carriles dentro de los límites de la ciudad, a través de un comunicado enviado desde el Mi-
nisterio de Industrias y Obras Públicas de la época a la Alcaldía de la ciudad, solicitando que
“…se estudie la conveniencia que podría haber para los Ferrocarriles del Estado en traer la
1 Profesor de Estado. Magíster en Historia, Universidad de Santiago de Chile. Estudiante del Programa de
Doctorado del Instituto de Historia, Pontificia Universidad Católica de Chile. Correo electrónico: fadelgado@
uc.cl.
Chile y América en su Historia Económica. Parte IV: Empresas y empresarios
238
Maestranza a San Bernardo o sus alrededores” (Ilustre Municipalidad de San Bernardo, Vol
42, 1899, f. 140), luego de los inconvenientes presentados en la Maestranza de San Eugenio,
al sur de Estación Central, para instalar originariamente allí dicho complejo industrial. Estos
inconvenientes decían relación con las características topográficas del sector de San Eugenio
que lo hacían un terreno expuestos a las inundaciones debido a su baja altura y a la proximidad
que mantenía con el canal Zanjón de La Aguada. Además, los técnicos encargados de llevar
a cabo el proyecto en cuestión veían con buenos ojos los terrenos ubicados en San Bernardo,
por la accesibilidad al suministro de agua potable que ofrecía la estación de ferrocarriles de
esta localidad, recurso indispensable para la puesta en marcha de la Maestranza (Ilustre Mu-
nicipalidad de San Bernardo, Vol 42, 1899, f. 140).
En 1913, y a través del Decreto Supremo N° 152 emanado desde el otrora Ministerio de
Ferrocarriles, se retoma la idea de construir una maestranza modelo y cuatro maestranzas auxi-
liares a lo largo del territorio nacional que cumplieran con el rol cervical de coordinar e integrar
a las numerosas células productivas con las que contaba hasta ese momento Ferrocarriles del
Estado (Diario Oficial, 28 de abril de 1913, p.1404). En razón a esto es que las propuestas téc-
nicas encargadas del proyecto seguían inclinándose por San Bernardo como el sitio más apto
para instalar allí este complejo industrial, que, por su tamaño y las labores productivas que
se concentrarían en su interior, requería de un vasto terreno, el cual la Empresa de Ferroca-
rriles no disponía en las propiedades que poseía en la capital (“Acta de Sesiones del Consejo
Administrativo”, Boletín de los Ferrocarriles del Estado, N° 32, 1914, p. 1970). Obedeciendo
a estas premisas, es que en las bases de licitación del concurso para la construcción de la
Maestranza Central de Ferrocarriles estipulaban que ésta debía tener instalaciones capaces
de reparar anualmente 500 locomotoras y ténderes de trocha de 1.676 metros. Además, una
reparación no debía demorar más de 60 a 90 días pudiéndose reparar diariamente entre 50
coches y 400 carros de las 600 locomotoras, 483 coches y 6000 carros con que contaba la
Empresa de Ferrocarriles en esos años (Diario Oficial, 28 de abril de 1913, p. 1404).
Esta fecha además resulta clave, toda vez que en 1913 advertimos la consolidación terri-
torial de la red ferroviaria longitudinal en nuestro país, hecho que acelera aún más la urgencia
por contar con un gran taller que nutriera con los implementos y material rodante adecuado a
esta extensa red ferroviaria.
Además se hacía imperativo que, frente a la severa interferencia de los mercados mun-
diales, producto de la Gran Guerra en Europa la importación de tecnología y maquinaria aso-
ciada a la industria ferroviaria fuera sustituida por unidades productivas correctamente equi-
padas y operarios altamente calificados que sobrellevaran sin mayores sobresaltos la escases
de insumos y bienes de capital que, provenientes del extranjero, eran incorporados al proceso
productivo desarrollado en la industria ferrocarrilera.
Estas condiciones dieron paso a que en 1914 la empresa neoyorquina “Niles Bement &
Pond C” se adjudicara el concurso para proyectar los planos y el presupuesto de la futura
Maestranza Central Modelo. Sin embargo, esta propuesta no alcanzaría a ver la luz por cuanto
sus estimaciones requerían la disponibilidad de estructuras metálicas, lo que hacía inviable
este proyecto al no contar en nuestro país con un sector siderúrgico que subsidiara ade-
cuadamente la demanda de éste, sumado el hecho de que la coyuntura bélica del período
demandaba y consumía grandes reservas de acero para la fabricación de material bélico a
gran escala, lo que finalmente redundó en la decisión por abortar este proyecto (Espinoza &
López, 1997, pp. 17-18).
239
Felipe Delgado Valdivia
Los inicios de la maestranza central de ferrocarriles de San Bernardo
En diciembre del mismo año la Dirección General de Ferrocarriles decidió adquirir 121
hectáreas del fundo “Cerro Negro”, en las afueras de San Bernardo, para dar inicio a la cons-
trucción de la Maestranza Central. De acuerdo a los informes emanados desde la Dirección
General de Ferrocarriles del Estado, la decisión por construir estas instalaciones en la ciudad
de San Bernardo responde a:
“…la conveniencia de ubicar la Maestranza Central en las cercanías de los puntos
de la red donde existe mayor concentración de locomotoras i mayor facilidad de di-
rijir el equipo vacio, sin aumento de kilometraje […] Constituye ademas una ventaja
apreciable la existencia de doble vía i la proximidad a una estación existente […] Por
último, la cercanía a un centro poblado constituye un factor en todo caso favorable.”
Entre las dos propuestas situadas en la línea Central [la otra era Paine], es preferible la
número 4 (San Bernardo), “por su menor precio total i por su ubicación a proximidad de una es-
tación existente que tiene doble vía” (Boletín de los Ferrocarriles del Estado, N° 32, diciembre
de 1914, p. 1969).
La construcción de la Maestranza Central quedó finalmente a cargo de la Compañía Ho-
landesa para Obras de Concreto Armado, quiénes ganaron la propuesta para la construcción
de 8 pabellones de hormigón armado sobre una extensión de 45 hectáreas (Espinoza & López,
1997, p. 18), la cual se realizó por etapas entre los años 1916 y 1921, transformando a esta
maestranza en la segunda más grande de Sudamérica (Piwonka, 1997, p. 3).
En abril de 1920, entran oficialmente en funcionamiento los talleres de la Maestranza Cen-
tral con un número de 358 obreros a cargo de las distintas operaciones (Vasallo & Matus,
1943, p. 227), los cuales dependerán de un –hasta ese momento- indeterminado número de
profesionales que constituirán el personal administrativo y de más alta graduación dentro de la
Maestranza, producto del nivel de capacitación y experiencia que poseen, proveídos a través
de concurso público supervisado directamente por la Dirección General de Ferrocarriles (“31°
Sesión celebrada el 23 de junio de 1920”. En Boletín de los Ferrocarriles del Estado, N° 6, junio
de 1920, pp. 601-603).
San Bernardo y su crecimiento urbano.
En la antesala al inicio de los trabajos de construcción de la Maestranza Central, miembros
de la comisión a cargo de evaluar y aprobar este proyecto mantenían sus aprehensiones en
relación al impacto que traería la construcción de este importante centro industrial sobre un
poblado tan pequeño como lo era San Bernardo a comienzos del siglo XX, obligando –argüían-
indefectiblemente a Ferrocarriles del Estado a invertir fuertemente en equipamiento urbano
para cubrir las necesidades de los inminentes grupos migratorias que se harían presentes en
esta pequeña ciudad, en búsqueda de la atractiva oferta laboral brindada por la instalación allí
de una futura maestranza de ferrocarriles (Boletín de los Ferrocarriles del Estado, diciembre
de 1914, p. 1970).
Por tanto, y en vista a las consideraciones que esta comisión expresó: ¿Podríamos asociar
el crecimiento urbano de la ciudad a principios del siglo XX con la construcción e instalación
en ella de la Maestranza Central, allá por la década de 1920? La profecía autocumplida en las
que se constituyó el diagnóstico de los especialistas, una vez inaugurada la Maestranza, en re-
Chile y América en su Historia Económica. Parte IV: Empresas y empresarios
240
ferencia al incompleto equipamiento urbano que presentaba San Bernardo luego de este hito,
fue un problema con el cual tuvieron que lidiar las autoridades locales, quiénes, apremiadas
por la insuficiente red de servicios con la cual contaba la comuna, rogaban por la asistencia del
gobierno central conforme a financiar vía empréstito la construcción de un Mercado de Abasto
Modelo, de un nuevo matadero y botadero de basura, y la pavimentación y reparación de cal-
zadas y aceras para esta ciudad (Ilustre Municipalidad de San Bernardo, Vol. 104, pp. 48-49).
Este ruego se hizo perentorio desde el momento en que las propias autoridades comunales
veían como inevitable la construcción de nuevos barrios y poblaciones obreras, que vendrían a
acrecentar la demanda de una mejor y más amplia cobertura en servicios públicos y sanitarios
en esta ciudad (Ilustre Municipalidad de San Bernardo, Vol. 104, pp. 51).
Frente a lo expuesto puede resultar indesmentible el impacto que la Maestranza Central
provoco en la fisonomía y crecimiento demográfico de la ciudad de San Bernardo, toda vez
que el propio Alcalde de la comuna dio cuenta de “La mayor población, motivada muy espe-
cialmente por los trabajos de la Maestranza de los F.F.C.C. del Estado…” (Ilustre Municipalidad
de San Bernardo, Vol. 108, Oficio 99).
El aporte que los datos censales muestran para San Bernardo permiten conjeturar un
incremento progresivo de la población con el comienzo del siglo XX. Entre 1895 y 1907 la
población de esta villa creció más de un 84 %, mientras que durante la década de 1920 tam-
bién hubo un notable crecimiento demográfico, período en el cual la población sanbernardina
aumentó en un 54,4 %, y que coincidió con los primeros años de la Maestranza Central, por lo
que este centro industrial pudo haber operado como un interesante polo migratorio que contri-
buyo al crecimiento demográfico de San Bernardo en las primeras décadas del siglo XX. Esto
se puede ver refrendado en la siguiente tabla.
Cuadro 1.Crecimiento demográfico de la ciudad de San Bernardo.
CENSOS Número de habitantes
1895 4.158
1907 7.656
1920 9.366
1930 14.464
Fuente: Censo de población de 1930. p. 46.
Algunas investigaciones han constatado que el grueso de la fuerza de trabajo llegada a
los talleres de la Maestranza provenía de otras maestranzas ferroviarias repartidas principal-
mente en el sur de país -en las ciudades de Concepción, Temuco y Valdivia-, además de la
que acogía la Maestranza de ferrocarriles del cerro Barón en Valparaíso (Montecinos, Morales,
Felipe, & Ortega, 2009, p. 50).
Agregar a esto el contingente de operarios que, trasladados desde la Maestranza de San-
tiago y viviendo en esta ciudad, diariamente viajaban hacia San Bernardo para trabajar en la
nueva Maestranza Central (“Acta de las Sesiones del Consejo Adminitrativo”. En Boletín de los
Ferrocarriles del Estado, octubre de 1920, p. 1063).
Tempranamente esta situación generó algo de contratiempos para Ferrocarriles del Es-
tado, pues mucho de los operarios procedentes de Santiago mostraban cierta disconformidad
por no recibir por parte de esta empresa algún tipo de compensación por su traslado a otro
lugar de trabajo. Además, era causal de constante queja los fatigosos viajes de ida y vuelta
241
Felipe Delgado Valdivia
Los inicios de la maestranza central de ferrocarriles de San Bernardo
a Santiago –desde la Maestranza Central- que diariamente los trabajadores de esta industria
tenían que realizar a sus hogares durante la hora de almuerzo (“Acta de las Sesiones del Con-
sejo Adminitrativo”. En Boletín de los Ferrocarriles del Estado, octubre de 1920, p. 1063). El
cese matutino –de 11 A.M. a 12:30 P.M.- que se tomaba la Maestranza Central para permitir el
almuerzo de sus trabajadores, causaba molestia e incomodidad a los trabajadores santiagu-
inos que, todos los días, contaban con ese lapso de tiempo para tomar el tren e ir y volver en
tren hacia San Bernardo (“Acta de las Sesiones del Consejo Adminitrativo”. En Boletín de los
Ferrocarriles del Estado, octubre de 1920, p. 1063). Para paliar todo esto la Empresa de Fer-
rocarriles optó por bonificar a estos trabajadores suprimiendo el servicio de trenes que corría
durante la hora de almuerzo, “…i pagar, en cambio, a los operarios el jornal equivalente a un
cuarto de día…” (“Acta de las Sesiones del Consejo Adminitrativo”. En Boletín de los Ferrocar-
riles del Estado, octubre de 1920, p. 1063). Por si fuera poco “El tiempo que ocupan los oper-
arios en el viaje en tren en la mañana para ir al trabajo i en la tarde para regresar a Santiago,
se les abonará en razón de cuarenta minutos en total a medio jornal” (“Acta de las Sesiones del
Consejo Adminitrativo”. En Boletín de los Ferrocarriles del Estado, octubre de 1920, p. 1063). Y
como corolario a estas compensaciones a los trabajadores aludidos: “Se le abonará asimismo
sesenta i cinco minutos a medio jornal para los cuatro viajes que los operarios han realizado
diariamente desde el 1° de mayo hasta la fecha en que se suprima el tren de medio día…”
(“Acta de las Sesiones del Consejo Adminitrativo”. En Boletín de los Ferrocarriles del Estado,
octubre de 1920, p. 1063).
Todo esto significó un movimiento migratorio de alto impacto para la apacible vida de
la ciudad de San Bernardo que, en un primer momento, se vino a traducir en la modificación
del trazado urbano de la ciudad debido a la construcción de numerosos barrios y conjuntos
residenciales habitados exclusivamente por trabajadores ferroviarios. El primero de ellos cor-
respondió a la población obrera instalada en el sector sur de la ciudad en 1924, la cual fue
inaugurada por el propio Arturo Alessandri, en ese momento, Presidente de la República, el
cual se hizo acompañar por Don Ángel Guarello, importante líder sindical del mundo ferroviario
chileno (Espinoza & López, 1997, p. 26). Es así como hacia fines de la década de 1920, la
comuna ya registraba un evidente crecimiento urbano que coincide con la instalación de un
numeroso contingente de trabajadores que llegan a desempeñarse en talleres y dependencias
de la Maestranza Central y que obliga dar respuesta a la alta demanda habitacional que exigía
esta gran cantidad de nuevos residentes. Esto queda claramente ilustrado con la solicitud
elevada por un vecino de la ciudad, que requiere integrar al radio urbano de San Bernardo su
propiedad, ubicada en la calle Antonio Varas, para construir en el terreno próximo a ella una
población de 56 casas para los obreros maestrancinos (Ilustre Municipalidad de San Bernardo,
Vol. 127, 1928).
Esta situación contrastaba fuertemente con la quietud que San Bernardo muestra ya hacia
fines del siglo XIX, la cual en el transcurso de algunos años se ve claramente alterada con
la instalación de la Maestranza Central en esta ciudad. Ahora las semidormidas, anchas y
acogedoras calles dan paso a numerosos conventillos en donde conviven los más diversos
problemas suscitados por el hacinamiento y la insalubridad, que llevan a las autoridades mu-
nicipales a clausurar estos lugares y a tomar drásticas medidas en cuanto a detener los pro-
blemas que allí afloraban (Ilustre Municipalidad de San Bernardo, Vol. 129, 1929, Decretos
166, 309, 311, 344 y 374 ).
Chile y América en su Historia Económica. Parte IV: Empresas y empresarios
242
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243
DESARROLLISMO DE ESTADO Y GESTIÓN FORESTAL (1964-1970)
Isidora Cepeda.
Universidad Alberto Hurtado.
I. Introducción a la participación del Estado chileno post crisis fnanciera.
A lo largo de la historia republicana de Chile, el Estado ha tenido, dentro del área de
la economía, un nivel de participación con distintos matices. Estando siempre presente, su
injerencia directa en el desenvolvimiento económico de Chile se ha expuesto a variaciones
producto de las tendencias políticas preponderantes, las necesidades económicas a las que
se ha visto enfrentado el país y finalmente, la problemática social.
Durante la segunda mitad de la década del sesenta, el Estado jugó un papel importante
en la participación del intento de consolidación de una economía desarrollista. Esto se hizo
posible a causa del escenario del momento y los actores involucrados.
El escenario había derivado principalmente de la crisis de 1929, que llevó a cuestionar
la estructura económica del ···. ··· y de la monoexportación, transformando al Estado
en un ente más involucrado en la formación de un sólido mercado interno para sustentar los
problemas económicos y sociales que se agudizaron y para no depender tan directamente de
las condiciones internacionales.
Un hito indiscutible del protagonismo del Estado empresario, fue la creación de la CORFO
en 1939. Ésta estuvo dirigida por técnicos y especialistas convencidos que el desarrollo de la
industria era la única alternativa para superar la crisis y el estancamiento que había afectado
a la economía chilena.
Para fines de la década del cuarenta, con un panorama regional nuevamente golpeado
por un acontecimiento internacional, como una suerte de eco a las reacciones europeas para
la reconstrucción económica post guerra, se generó, a nivel local, un polo demandante de
soluciones sociales que necesitaban de una intervención estatal que abogase más que por la
industrialización en sí, por un plan a largo plazo de políticas que impulsasen el desarrollo y la
modernización en la economía con el fin de revocar la situación de subdesarrollo. Fue a partir
de esto que se creó en 1948 la CEPAL como organismo dependiente de las Naciones Unidas
(Sáez, 2009, pp. 10).
Con un importante rol en la CEPAL, se encontraba el economista argentino Raúl Prebisch,
quien estaba fuertemente influenciado por las propuestas de Keynes. No era función del Es-
Chile y América en su Historia Económica. Parte IV: Empresas y empresarios
244
tado hacer mejor o peor lo que los privados ya hacían, sino que su tarea debía reducirse a
tomar decisiones y actuar en ámbitos que los individuos no se ocupaban en absoluto. Siendo
partidario del intervencionismo, Keynes afirmaba que esta acción debía llevarse a cabo sólo
con “o.·· +·~·~··· o.· ·+· ·~· · · |··+~ ·~ ~ ·~·” (Keynes, 1985, pp. 85).
Si bien la CEPAL tuvo una primera etapa que profundizaba el incentivo a la industriali-
zación por sustitución de importaciones, ésta no se prolongó por mucho ya que no logró la
autonomía económica de los países, entre otros motivos, porque la industria debía importar la
tecnología y/o la materia prima para crear el producto elaborado y también por lo reducido del
mercado interno. Es así que en su segunda etapa se manifestó que la sustitución de importa-
ciones ahora, debía llevarse a cabo a nivel regional y con un mayor énfasis en la planificación
y en la reducción del sesgo antiexportador.
II. Estado tecnócrata, desarrollista y precursor de la industria forestal moderna.
He aquí la importancia de los actores determinados.
Los precursores de esta nueva estrategia fueron una nueva generación de ingenieros y
economistas de sesgo tecnocrático (entre ellos el chileno Aníbal Pinto), quienes estaban con-
vencidos de que Chile dejaría de ser un país periférico y llegaría a la modernización sólo si se
lograba reformar y hacer un verdadero cambio estructural (Silva, 2010, pp. 129-131).
Ahora era necesario realizar programas de planificación globales y a largo plazo de in-
dustrialización efectiva, que se sustentara de los recursos naturales disponibles en la región y
que se desarrollara en pos de la expansión del comercio internacional.
Para la década del sesenta, la CEPAL estaba fuertemente instalada en Chile, se había
firmado una Alianza para el Progreso
1
, que debe ser considerada como un elemento clave,
político y de presión en el proceso de transformación de la estructura económica que se venía
llevando a cabo. Hacia mediados de la misma década, accedió al gobierno la Democracia
Cristiana con Eduardo Frei Montalva como candidato.
Este gobierno tuvo una fuerte orientación tecnocrática (Silva, 2010, pp.130-131). Para que
los intereses políticos estuvieran al margen de los proyectos económicos de cambios, aquellos
que debían estar a cargo, serían solamente cuerpos técnicamente capacitados. El fin era llevar
a cabo profundos cambios dentro del sistema democrático vigente, por lo que lo ideal sería
que las reformas quedaran exentas de matices políticos. La intención era que cuadros técnicos
independientes y especializados se ocuparan del asunto.
Es así que para la presidencia de Frei Montalva, el cuerpo económico presente en la
CEPAL y el cuerpo técnico desde el gobierno, llegaron a concluir que dentro de los recursos
naturales que ofrecía el país para el desarrollo, se encontraban en abundancia, los recursos fo-
restales. La modernización del sector podría contribuir efectivamente en el desarrollo del país.
Esta no fue la primera vez que se vio en el sector forestal una salida para el problema de
la economía
2
. Es posible evidenciar que este sector no quedó fuera de la industrialización por
1 Esta demandaba básicamente el aceleramiento de la industrialización en pos del aumento de la producti-
vidad global aprovechando los recursos naturales del área y proporcionando, a la vez a los trabajadores,
ocupación productiva y bien remunerada. (Alianza para el Progreso, 1962, pp.16).
2 El primer acercamiento del Estado al sector forestal, se dio en 1931 con el Decreto de Ley 4.363. Dentro
245
Isidora Cepeda
Desarrollismo de Estado y gestión forestal (1964 - 1970)
sustitución de importaciones. La Ley de Bosques de 1931 demuestra que existía al menos, la
intención de organizar y poner en funcionamiento el desarrollo del sector forestal. Sin embargo,
para este momento no se pudo gozar de los frutos del incentivo a la forestación debido a que
la madera, y específicamente la madera de pino insigne, que es la que a mayor velocidad se
desarrolla para su posterior explotación, demora al menos 15 años para poder ser utilizada en
la industria de la celulosa.
Las plantaciones de pino insigne que se realizaron al amparo de la Ley de Bosques del
año 1931, sólo estuvieron disponibles para ser explotadas para las décadas del cincuenta
y del sesenta (Camus, 2006, pp. 236). Éstas, probablemente, fueron un estímulo importante
para desarrollar una gestión efectiva para la industrialización de los bosques, por parte de los
organismos de colaboración.
Con la generación de la Ley de Bosques y las políticas llevadas a cabo posteriormente, se
interpreta que, paulatinamente, por parte del Estado, los bosques dejaron de ser vistos como
una herramienta para la subsistencia de la población local, para comenzar a ser incorporados
a escala nacional, en área del desarrollo económico.
A partir de ese momento, se hizo un gran avance en el entendimiento, al menos por parte
del Estado, de que la función del bosque era relevante para la economía de todo el país y no
sólo para la subsistencia de los grupos humanos que vivían en su entorno. Fueron las necesi-
dades económicas las que empujaron la transformación e implementación de una explotación
racional y moderna del bosque. Consecuentemente, cuando el Estado viró su compresión a
tales objetivos, mientras más poder e injerencia tuvo sobre los bosques, más acentuadas y
rápidas fueron las transformaciones forestales.
III. Modernización de la industria forestal en Chile.
El Inventario Forestal Mundial realizado en 1958, evidenció que las tierras boscosas que
poseía Chile eran un 28% de la superficie total nacional
3
. Considerando que el real aprove-
chamiento de los bosques depende de la densidad demográfica que existe a sus alrededores
junto con la facilidad de acceso, la superficie apta para la industria, puede reducirse conside-
rablemente. Así, el real potencial de la industria forestal chilena, reducida a las plantaciones
de coníferas introducidas, era del 10,6% del total de la superficie boscosa explotada, la cual a
su vez, era de un 23% del total de la superficie boscosa
4
. En el c.+·~ es posible apreciar
cuáles eran las verdaderas posibilidades de desarrollar una industria forestal.
Dentro de la industrial forestal se encuentran distintos sectores. En los discursos presi-
denciales de Frei Montalva, se manifestó abiertamente la disposición del gobierno de apoyar
continuamente estas áreas (Frei, 1965, pp. 34). El sector forestal fue visto como “.· +· ·
,··+·· ,~··++·· ·~~·~·~· +· ,.·” (Frei, 1965, pp. 34), creando así un Programa
Forestal en donde se contemplaba, entre otros aspectos, un Plan de Reforestación y un im-
pulso a la industria que utilizara la madera como materia prima.
de los objetivos del Decreto, estaba el fomento a la forestación como una iniciativa directamente estatal
entregándosele a este último la facultad de expropiar cualquier terreno que fuese necesario para la refo-
restación, y concediendo una exención de impuestos y rebajas a quienes pretendieran comprar semillas y
comprometerse con la nueva política de plantación a gran escala. Decreto de Ley 4.363 “Ley de bosques”
3 20.440 miles de hectáreas.
4 En términos absolutos, correspondía a 4.610 miles de hectáreas de bosque nativo y coníferas introducidas.
Chile y América en su Historia Económica. Parte IV: Empresas y empresarios
246
Cuadro 1
5
: Relación entre superficie boscosa y bosques explotados.
País
Superficie boscosa Bosques explotados
Total
(miles de
hectáreas)
% de bosques
del total del
territorio
% accesible
del total de
la superficie
boscosa
Coníferas
(miles de
hectáreas)
Bosque nativo
(miles de
hectáreas)
Bosques
explotados como
% del total de la
superficie boscosa
Chile 20.440 28 48 490 4.120 23
Fuente: (ECLAC, FAO, 1962, pp.11)
De este tema, no queda fuera la Reforma Agraria. La Ley 16.640 comprendía que el tér-
mino “agrícola” se debía entender como ganadero o forestal, a menos que se especifique lo
contrario (CORA, 1966, 29).Veló por la protección de la incipiente industria de la celulosa y
cooperó para que ésta se transformase unos años más tarde, en el más importante sector de
la industria forestal y en uno de los más significativos de la industria chilena en general. Hay
que tener en consideración que la ley no estableció un límite de superficie cuando se trató
de terrenos forestales para la explotación. También, permitió la adquisición de predios que
tuviesen el total de su superficie forestal, por parte de sociedades anónimas y que su fin fuese
explotarlos, hecho que por ningún motivo podía aplicarse cuando éstas tenían por objetivo la
explotación agrícola o ganadera (CORA, 1966, 29).
La gestión del desarrollo del sector forestal durante este gobierno, estuvo dividida en dos
áreas, principalmente.
Por un lado, las políticas se enfocaron en la expansión, mejoramiento y modernización
de la industria de la pulpa, celulosa y papel. Por otro, para abastecer tal industria, se hizo
necesario poner en marcha un exhaustivo programa de forestación y reforestación estatal y
de incentivo a la reforestación por parte de inversionistas privados grandes y pequeños. Para
esto se realizaron una serie de estudios e inventarios, se pusieron a disposición parcelas ex-
perimentales y se llevaron a cabo un sinfín de pequeños programas que se resumieron en un
incentivo directamente relacionado en la reforestación intensiva como fuente de reserva para
la futura explotación de los bosques.
La industria del aserrado, en situación bastante precaria para mediados del sesenta, no
recibió la atención necesaria como para salir de aquella condición.
Con el énfasis en la industria de la celulosa, se deriva en que los programas de refores-
tación iban más dirigidos a satisfacer la demanda de esta industria química que a la industria
de la madera aserrada, pudiéndose evidenciar esto en el segundo mensaje del Presidente al
inaugurar el período de Sesiones Ordinarias del Congreso Nacional:
“junto al programa de celulosa, CORFO formuló uno de reforestación que deberá al-
canzar un ritmo, en plantación de pino insigne de 50 mil hectáreas por año. Este pro-
grama es indispensable para el abastecimiento de las plantas de papel y celulosa
instaladas.” (Frei, 1966, pp.106).
5 Extracto de tabla 4 de Latin American timber trends and prospects.
247
Isidora Cepeda
Desarrollismo de Estado y gestión forestal (1964 - 1970)
1. La reforestación intensiva.
Un año antes de que Frei asumiera su gobierno dispuesto a implementar su programa
reformista, la CEPAL con la FAO habían afirmado que:
“Si se pretende tener resultados significativos antes de 1985, teniendo en considera-
ción el lapso que necesitan los bosques para desarrollarse, incluso aquellas de espe-
cies de rápido crecimiento, se vuelve imperativa la acción inmediata”( UU.NN, 104).
El año 1965, el Ministerio de Agricultura formuló un “Plan Nacional de Reforestación” que
abarcaría el período 1966-1970 y que serviría de base para las acciones que se llevarían a
cabo. Argumentando que la tasa de deforestación alcanzaba hasta ese momento 60.000 hec-
táreas al año, la tasa de forestación, en los últimos años alcanzaba apenas 10.000 hectáreas.
Lo que significaba que cada año se perdían 50.000 hectáreas de bosques productivos (Minis-
terio de Agricultura, 1965, PP. 2).
El gobierno se comprometía, a través de este documento, a reforestar e incentivar la refo-
restación de un total de 450 mil hectáreas en el período 1966-1970 (Ministerio de Agricultura,
1965, PP. 5), comenzando con 50 mil hectáreas el primer año con un incremento anual de 20
mil hectáreas para llegar a 130 mil hectáreas el quinto año. Esta meta se haría posible, según
el Programa, sólo si la reforestación por parte de particulares llegaba a completar el 61%, es
decir, 275.000 hectáreas. De esta forma, le quedaba un importante 39%, 175.000 hectáreas
de reforestación al Estado (Ministerio de Agricultura, 1965, PP. 7). En el Plan Nacional de Re-
forestación, se insistía que “el Estado pasará a tener un papel preponderante en el logro de
las metas de reforestación.” (Ministerio de Agricultura, 1965, PP. 7). Cumpliría un rol relevante,
pero no tendría el papel principal.
Entre los organismos que debieron ocuparse de ejecutar el Plan, estuvieron el Depar-
tamento Forestal, que estaba a cargo, principalmente, de los viveros. El Instituto Forestal, a
cargo de las semillas. La CORFO se ocupó de consultar fondos para créditos de forestación
y reforestación a corto, mediano y largo plazo. En relación con la Reforma Agraria, el INDAP
asumió la organización en cooperativas de pequeños y medianos propietarios forestales. La
CORA puso a disposición del Plan aquellos terrenos forestales que estaban bajo su tuición.
Finalmente, el CONSFA tuvo que coordinar todo el Plan de Reforestación (Ministerio de Agri-
cultura, 1965, PP. 8-10).
Un año antes de que se comenzara a implementar el Plan de Reforestación en 1966, el
incentivo a la reforestación ya había dado sus frutos. Si bien durante 1964 se reforestaron 9
mil hectáreas (Frei, 1966, pp. 25), en 1965 fueron 18.660 (Instituto Forestal, 1971, pp. 14)
6
, y el
aumento de las hectáreas reforestadas fue considerable para el resto del quinquenio. Aunque
la meta que prometía el Plan de Reforestación estuvo muy lejos de alcanzarla.
El cuadro 2 destaca la suma del total de hectáreas que se reforestaron en todas las provin-
cias del país, cada año y, al mismo tiempo, en la última columna, la reforestación anual y total
de las provincias más significativas para la industria forestal, es decir, las que constituyeron la
mayor superficie de reforestación, principalmente por sus ventajas climático- geográficas. Esto
explica situaciones como la de la Provincia de Atacama que si también fue parte de este plan
de reforestación, recibió en la totalidad de los años sólo 65 hectáreas (Instituto Forestal, 1971,
cuadro 2, PP. 14).
6 Cuadro 2 del documento.
Chile y América en su Historia Económica. Parte IV: Empresas y empresarios
248
Cuadro 2. Total de hectáreas reforestadas y provincias más beneficiadas
PROVINCIA 1965 1966 1967 1968 1969 1970 TOTAL
Total todas las
provincias 18660 40.618 37.070 32.328 35.908 78.671 243.255
Maule 1.000 1.540 3.000 1.660 250 15.076 22.526
Ñuble 900 3.100 1.900 2.800 3.350 3.660 15.710
Concepción 4.500 8.900 4.900 6.000 5.300 7.360 36.960
Arauco 3.200 5.000 6.500 3.200 5.350 11.400 34.650
Bío-Bío 3.500 6.000 4.600 5.600 4.700 9.500 33.900
Malleco 1.000 2.400 2.600 700 2.600 4.000 13.300
Cautín 1.500 4.000 1.900 3.700 1.600 1.600 14.300
Fuente: (Instituto Forestal, 1971, cuadro 2, PP. 14)
La caída que se sufrió el año 1968 puede explicarse con la sequía generalizada que hubo
en el país. Los principales afectados fueron el sector del agro y el de la reforestación en las
zonas norte-centro. En su quinto mensaje del 21 de Mayo, el presidente destacó que “+.····
· ·~ ··- ·· ,·~+.~ .· ·~· +· ·. ·~··· +· ,··.· ,··· +· ··o.. ¡, , ,···
~· ·~·~··· +.···~· ·,······ , ···~····~~·. ~·.~ · ··~····” (Frei, 1968,pp.
42). Al mismo tiempo, de la revista -·~·· |~~·~·~~ se pudo extraer la información de que
la provincia de Maule que, por ejemplo había tenido durante el 1967 una superficie de riego
de 1.0 miles de hectáreas, la superficie estimada a regar para 1968-1969 sería de 0.3 miles
de hectáreas, teniendo una disminución de superficie de riego de un 70.0%, siendo la más
afectada dentro de la zona Atacama a Ñuble (Gutiérrez, 1969, pp. 10), situación que también
se evidencia en el ~.+·~ ..
El aporte real que hizo el sector privado a la reforestación del pino insigne, la especie con
mayor porcentaje de reforestación, durante la temporada 1965-1966, superó al resto de las
especies con 13.694 hectáreas de un total de 15.288. En la temporada siguiente, de un total de
13.393 hectáreas reforestadas, 13.128 fueron de pino insigne. Para la temporada 1967/1968 la
reforestación privada disminuyó, al igual que la estatal por argumentos ya explicados, a 9.302
hectáreas. La temporada 1968/1969 tuvo una mejoría alcanzando los 10.414, siempre siendo
el pino insigne la especie que más contribuía, para terminar la temporada 1969/1970 con una
superficie reforestada de 25.930 hectáreas (Instituto Forestal, 1971, pp. 18).
La participación de inversores privados en la reforestación, fue de 74.332 hectáreas refo-
restadas. Para evidenciar sus dimensiones, esto fue un poco menor a lo que el Estado logró
reforestar en los años 1966 y 1968 juntos.
Como ya se mencionó, la especie de árbol que mejor adaptación y mayores beneficios
traía para la industria de los bosques era el pino insigne, cuya participación dentro del espectro
de las especies para la reforestación fue, en el periodo 1965-1970, de un 87,2%, siguiéndole a
esta el eucaliptus con apenas un 3,1% (Instituto Foresta, 1971, 15)
7
.
El Plan de Reforestación, a pesar de su éxito relativo, tuvo una gran influencia en la reserva
forestal para los diez años y más que estaban por venir. Éste fue clave al momento de ser ne-
cesario el recurso para la industria de la celulosa que había de crearse.
7 Cuadro 3.
249
Isidora Cepeda
Desarrollismo de Estado y gestión forestal (1964 - 1970)
2. La industria de la celulosa.
Según datos de 1950-1952, cerca del 70% del abastecimiento de celulosa de América
Latina dependía de fuentes extraregionales (UUNN, 1954, PP. 1), y como la población estaba
aumentando considerablemente, urgía desarrollar un campo industrial moderno en ésta área.
Para la misma fecha, Estados Unidos junto con Canadá eran los mayores productores de papel
y cartón, aportando con un 64% de la producción mundial. Luego le seguía Europa con un 27%
y el resto del mundo con un 9%, dentro del cual América Latina aportaba con un 1.7% (UUNN,
1954, PP. 1). Si bien Europa y Norte América eran las únicas regiones con excedentes para ser
exportados al resto del mundo, el desgaste que produjo la Segunda Guerra Mundial a estas
regiones, provocó que la capacidad de exportación del producto en cuestión comenzara a ser,
en la década del cincuenta, de sólo un 8% (UUNN, 1954, PP. 2). Las regiones importadoras, y
Chile dentro de América Latina, no podían depender de tal porcentaje, por lo que desarrollar la
industria de la celulosa para la producción del papel, se hacía imperativo.
Dentro de este escenario, en Latinoamérica en el año 1953, Chile tenía relativamente de-
sarrollada su industria. Posicionándose en el tercer lugar luego de Brasil (con 61 fábricas) y
Argentina (con 50 fábricas), tenía una capacidad instalada de 26 fábricas. De éstas, 24 sólo de
papel, una de papel y pasta mecánica, y otra de papel, celulosas y pasta mecánica. Teniendo
todas como promedio una capacidad de 2.7 miles de toneladas métricas anuales (UUNN,
1954, PP. 9). Esto demuestra que existían pequeñas fábricas en donde la segunda mencio-
nada tenía que cumplir la función de dos fábricas y la tercera, dividirse en tres.
Al mismo tiempo, y a partir de las 24 fábricas que producían papel, la producción anual
de papel de diarios en Chile era del 46 % del total de las 24 mil toneladas que se consumía.
De las 46 mil toneladas que consumía de otros tipos de papeles y cartones, la producción na-
cional lograba abastecer un 96%. Con estos resultados, y a partir del acento que se le dio a la
construcción de industria de celulosa antes que cualquier otra, ésta área de la industria forestal
no era necesariamente la que necesitaba mayor incentivo. Así, lo que más urgía era construir
fábricas de celulosa ya que de las 26 mil toneladas que necesitaban las industrias, menos de
un 20% era abastecimiento nacional (UUNN, 1954, PP. 62).
Las conclusiones que entrega este documento de la Naciones Unidas de 1954 para el
futuro de la industria de papel y celulosa en Chile, fueron muy alentadoras y probablemente
uno de los mayores impulsos a la gestión que la CORFO ya estaba llevando a cabo y la que
prácticamente una década después haría el gobierno Demócrata Cristiano. Chile ofrecía los
suelos más aptos de toda la región para el pino insigne
8
, formándose así, un posible mercado
regional del cual se debía sacar provecho:
“puede decirse que las plantaciones de pino insigne ofrecen no sólo el mejor recurso
fibroso de Chile sino que probablemente de toda América Latina. Su accesibilidad, su
facilidad de repoblación natural y la rapidez de crecimiento de los árboles, ofrece un
conjunto de factores económicos difícilmente igualables en el continente. Los grandes
volúmenes de madera en pie que se han acumulado hasta la fecha indican que es
urgente organizar un nuevo tipo de aplicación de recurso, distinto al de madera de
construcción que hasta la fecha se le ha dado. Su empleo en la industria de papel y
celulosa contribuiría a diversificar la economía del país y a crear una nueva e impor-
tante fuente de divisas.” (UUNN, 1954, PP. 62)
8 Especie de la cual se obtiene la celulosa.
Chile y América en su Historia Económica. Parte IV: Empresas y empresarios
250
1959 fue el primer año que Chile tuvo la capacidad para exportar pulpa al mercado inter-
nacional con sólo 0.1 miles de toneladas, mientras que la producción total fue de 60.2 miles
de toneladas (instituto Forestal, pp. 55)
9
. A modo de ejemplo, el año previo, mientras Chile aun
no tenía la capacidad de abastecer el mercado nacional y menos el volumen necesario para
exportar la pulpa, tuvo que importar 15.000 toneladas de pulpa desde Escandinavia, 9.800
desde Canadá y 10.730 toneladas desde Estados Unidos (CORFO, 1969, s/p).
En su segundo mensaje presidencial, Frei Montalva anunció por primera vez el plan de
instalación, por parte del Estado, de dos plantas de celulosa, la de Constitución y la de Arauco.
Lo que significaría una inversión de US$70.000.000, con un cálculo de posterior ingreso de
divisas de US$30.000.000 anuales (Frei, 1966, 106). Siguiendo la lógica de las recomenda-
ciones de las Naciones Unidas, la planta de Constitución, ubicada en la provincia del Maule,
estuvo destinada principalmente para la exportación. Esta función se planteó desde los planes
iniciales de su construcción (CORFO, 1969, PP. 10). Para ser abastecida, al igual que el resto
de las industrias, requería estar ubicada en una zona cercana a puertos para el fácil traslado
del material en pos de la exportación. Al mismo tiempo, debía situarse cerca de los bosques
por los mismos motivos de facilidad de transporte. Generando así, una activa dinámica local
en donde las tres actividades económicas confluían y se fortalecían entre sí. Esto es lo que
finalmente explica las cifras mencionadas en la sección previa, en cuanto al drástico aumento
de la reforestación de pino insigne específicamente en las provincias del Maule, Arauco y Bío-
Bío entre el período 1969-1970. Para esta fecha, dos de las fábricas mencionadas comenzaron
su funcionamiento, y la de Laja aumentaba su producción después de la ampliación de su
estructura.
En cuanto a la producción de la industria de la pulpa, con las cifras se evidencia noto-
riamente el cambio en las direcciones de las políticas enfocadas en aumentar la producción
de esta área. Del año 1965 en adelante, es notorio cómo el uso de los recursos forestales que
existían hasta el momento, se desviaron a reforzar la producción en esta área. Por lo mismo,
si bien durante el año 1964 se produjeron 84.5 miles de toneladas de pulpa mecánica y 90.5
toneladas de pulpa química, al año siguiente
10
, se habían producido 102.4 miles de toneladas
de pulpa mecánica y 96.6 toneladas de pulpa química. Si bien al siguiente año la producción
tanto de pulpas como de papel disminuyó levemente, para el año setenta todas las áreas se
habían recuperado satisfactoriamente, alcanzando a producirse 114.8 miles de toneladas de
pulpa mecánica y pulpa química. De este modo, prácticamente se duplicó su producción de
1964 a 1970 presentando 279.1 miles de toneladas.
El incentivo que se le fue dando a la industria de papel de periódico que, como ya se men-
cionó, estaba relativamente estabilizada en el país, fue subiendo progresivamente mientras
avanzaba la década del sesenta. De las 80.8 miles de toneladas que se produjeron en 1964,
9.1 fueron destinadas para el mercado internacional. Al año siguiente, aumentó la exportación
a 61.3 miles de toneladas. Hacia principios de los setenta, la producción de papel para perió-
dico había alcanzado 124.4 miles de toneladas, mientras que la exportación había doblado las
cifras del año que tomó la presidencia, con 78.3 miles de toneladas (Instituto Forestal, pp. 56)
11
.
9 Cuadro 3.8.
10 Primer año en donde se pueden evidenciar verdaderos resultados de la nueva gestión
11 Cuadro 3.9.
251
Isidora Cepeda
Desarrollismo de Estado y gestión forestal (1964 - 1970)
Teniendo las cifras de producción como evidencia, es notorio cómo estas comenzaron a
crecer aceleradamente mientras fue transcurriendo la presidencia de Frei. Cumpliendo con los
consejos de las Naciones Unidas, se le entregó por parte del Estado, un importante impulso a
la industria nacional de la celulosa. La construcción de dos nuevas fábricas con estándares de
producción modernos para el período, durante el sexenio de Frei, logró llevar a cabo el desa-
rrollo y la modernización de la base de la industria del papel y la celulosa nacional, gestión que
fortificó la industria de los bosques de una forma nunca antes vista en Chile.
3. La industria de la madera aserrada.
Se tiene la información del Departamento de Industrias Forestales de 1970, que en el
período 1967-1968 se encontraban en producción un total de 972 aserraderos. Estos, cla-
sificados entre aserraderos mecanizados, aserraderos de productores permanentes y ase-
rraderos de productores esporádicos. Los primeros entregaban como mínimo 5.000.000 de
pies madereros por turnos, y eran sólo 15. Los segundos producían 500.000 pies madereros
anualmente cada uno, habiendo en total en el período señalado 162. Finalmente los esporá-
dicos, que eran 312 y que producían entre 100 mil y 500 mil pies madereros por año. 453 de
los mismos ni siquiera podían considerarse como industriales, produciendo menos de 100.000
p.m/año. (CORFO, 1970, PP. 4-6)
12
Con este cuadro representativo de la capacidad instalada de la industria de la madera
aserrada, es posible visualizar cómo ya a fines de la gestión de Frei Montalva, sólo 15 instala-
ciones ocupaban una tecnología medianamente moderna capaz de llegar hasta los 20.000.000
p.m /turno/año. La mayoría eran aquellas instalaciones que ocupaban sierra circular que en-
tregaban sólo 8.000 pies madereros diarios, lo que multiplicado por los 280 días de trabajo al
año, serían de 2.240.000 p.m/turno/año. Capacidad mucho menor a la entregada por sólo 15
instalaciones (CORFO, 1970, PP. 4-6).
Un sobresaliente sesenta por ciento de esta industria, se situaba en la provincia de Con-
cepción, siguiéndole con un quince por ciento, la provincia de Arauco, luego Bío-Bío y Maule
(Instituto Forestal, 1966, Figura 13).
Teniendo en consideración la gran reforma que prometía el gobierno de Frei para la mo-
dernización de la industria de la madera, es impactante la situación de que ya, a fines de su
presidencia, aun hayan existido un total de 765 aserraderos esporádico o artesanales. Con la
evidencia de tal escenario, es inevitable cuestionarse cuáles eran, en detalle, los intereses de
la reforma forestal que prometían las Naciones Unidas y el gobierno.
Debido a la baja tecnología implementada en las plantas de madera aserrada, se requería
de un mayor número de mano de obra. Por lo mismo, si la ocupación en la industria manufac-
turera del país en 1966 alcanzó en total 257.516 personas, de las cuales 43.528 trabajaban
para el sector forestal, de ese total, un 41,2% trabajaban en la industria de la madera aserrada.
Es decir, 17.914 individuos. Considerando que en ese año existían 1.284 plantas (Instituto
Forestal, 1968, pp. 5), número que como ya se vio, disminuiría a 972 al año siguiente. Por
ende, la industria de la madera aserrada constituía, para ese año, la actividad forestal que más
ocupación generaba.
Para hacerse una idea más completa de cuál era el estado de desarrollo de los distintos
sectores de la industria forestal, se puede estudiar cuales fueron las inversiones que las em-
12 Los 30 aserraderos restantes no fueron ubicados dentro de la encuesta de producción de la Dirección
General de Estadísticas y Censos.
Chile y América en su Historia Económica. Parte IV: Empresas y empresarios
252
presas hicieron en estos distintos sectores. Los que menos inversiones recibieron, menos
desarrollo obtuvieron. Así como los que más recibieron es porque más ganancias traerían
consigo.
Las industrias de tableros de fibra, tableros de partículas, contrachapados y chapas, re-
cibieron en el año 1966 una inversión de 12.528,0 miles de dólares. La de madera aserrada
recibió una inversión de 25.171,3 miles de dólares y la de pulpa y papel recibió 139.900,0
miles de dólares. En total se llegaron a generar 177.599, 4 miles de dólares en inversiones en
la industria forestal. La baja inversión del primer grupo es notoria. El segundo grupo, si bien
recibió un considerable 14,2% del total de las inversiones, cabe destacar que la intensidad de
capital
13
invertido por persona fue de 1.405,1 dólares. Esto, por la gran cantidad de mano de
obra que se requería. Una realidad contrastante con los 31.325 dólares que se invirtieron por
persona para la industria de la pulpa y el papel (Instituto Forestal, 1968, pp. 6).
“La industria del aserrado y del contrachapado muestran ser poco intensivas en ca-
pital, por las condiciones peculiares en que ambas industrias se han desarrollado en
el país, esto es, con instalaciones relativamente anticuadas y con una gran ocupación
de mano de obra, precisamente por esta razón.” (Instituto Forestal, 1968, pp. 6)
La industria del contrachapado y de la madera aserrada, no recibirían mayores inver-
siones si no se mejoraban las tecnología para su producción, por ende, se generó una especie
de círculo vicioso. Como se ha visto, este sector de la industria forestal no fue el sector más
llamativo para invertir, porque se sabía que el que mayor retorno traería sería el de la pulpa y
el papel.
Tanto la producción, la exportación y el consumo aparente de la madera aserrada fueron
inestables durante los 5 años que el gobierno pudo efectivamente aplicar su gestión.
Cuadro 3
14
: Producción, exportación y consumo aparente
15
de madera aserrada (miles de m³)
AÑO Producción Exportación Consumo Aparente
1965
994,1 100,2 893,9
1966
1.061,8 64,6 997,2
1967
850,5 48,2 802,3
1968
996,1 71,2 924,9
1969
1.012,3 156,7 855,6
1970
976,4 150,3 826,1
Fuente: (Instituto Forestal, Boletín Estadístico N° 6)
La oscilación de las cifras de todas las áreas expuestas, confirman lo previamente men-
cionado en cuanto a la realidad de desarrollo de la industria de la madera aserrada que au-
sentándose en ésta la tecnología moderna, no entregó resultados positivos que pudiesen ser
considerados como un considerable ingreso para el país y, por ende, un incentivo para el
13 Entiéndase como el uso del factor capital, en relación al uso de otros factores de producción.
14 Extracto de Cuadro 3.7 Producción, exportación y consumo aparente de madera aserrada: 1930-1987
15 Entiéndase como la disponibilidad del producto que se consume en un determinado período de tiempo;
importación más producción menos la exportación.
253
Isidora Cepeda
Desarrollismo de Estado y gestión forestal (1964 - 1970)
mejoramiento del área. Si bien el Presidente en su primer mensaje del 21 de mayo destacó que
“ ,·~+.~~~· ,··· ··· ·~··+~ ,·· ·,~···~ ·· · ···~+~ ·····~ , ······~ , ·
··+~ .· ·.···· ·~······~ ·· ~· +~· .··~· ····· ·· ··,~··~~· +· ·+·· ····+”
(Frei, 1965, pp. 58). Sin embargo, el ~.+·~ . demuestra que los datos entregados por el Pre-
sidente pueden haber sido ciertos, pero que a fin de cuentas, ese mismo año las exportaciones
bajaron drásticamente y no se recuperarían hasta 1969. A fines de su presidencia las exporta-
ciones subieron, en resumen, apenas un 50%, el consumo aparente disminuyó y la producción
terminó siendo menor que en el año que asumió su mandato.
IV. El desarrollismo, el fomento forestal y la celulosa.
De este modo, se llegó a transformar considerablemente la industria forestal en una de
las potencias productivas dentro del mercado nacional. En cuanto a las exportaciones, los re-
sultados no fueron muy distintos. Mientras que a principios de la década del sesenta el sector
forestal, considerando productos forestales, maderas y papel, celulosa y derivados, aportaba
con 7,7 millones de US$ FOB (1960), para 1970 esta cifra había subido a 43,5 millones de US$
FOB (Instituto Forestal, pp. 61)
16
. Siempre quedando en el último lugar en comparación con las
otras áreas que contribuían a la exportación como lo eran el sector minero, el agropecuario y
pesca y el industrial. Pero a pesar de permanecer en cuarto lugar, fue el área que mayor cre-
cimiento tuvo (Instituto Forestal, pp. 61) en lo que duró la gestión de la Democracia Cristiana.
A mediados de siglo XX y como respuesta a la seguidilla de crisis que develaron la debi-
lidad de la estructura económica chilena, se originó y expandió una propuesta desarrollista que
apostó por la superación del subdesarrollo. Esto implicó fortalecer la industria y crear puestos
de empleo generando un dinamismo que limitase la acumulación y estancamiento del capital.
A partir de esto, el sector forestal, que hasta el momento había recibido atención condicionada
y cortoplacista, fue visto y luego posicionado como una de las herramientas que podría contri-
buir exitosamente para cumplir las expectativas del nuevo modelo. El desarrollismo llegó junto
con la propuesta de generar una industria forestal potente y protagonista.
Las nuevas políticas desarrollistas que se comenzaron a implantar a partir de la presencia
de las Naciones Unidas y el gobierno demócrata cristiano, durante la segunda mitad de la
década del sesenta, formaron parte de una gran reforma a la economía nacional que se en-
focó principalmente en la modernización de la industria a partir de los recursos naturales para
fortalecer el mercado nacional, para establecer vías de intercambio, formando así, una nueva
lógica de mercado con una dinámica de importaciones y exportaciones sustentadas de una in-
dustria sólida y para satisfacer la necesidad de un urgente desarrollo social. En esto, el Estado
se adjudicó la empresa de resguardar y abogar por la solidez de la nueva industria. A la vez,
jugo un papel relevante en la planificación y el abastecimiento de esta materia.
Los suelos de la zona centro sur del país, eran especialmente aptos para el crecimiento
del pino insigne, especie foránea y de rápido crecimiento, ideal para el desarrollo de una mo-
derna industria de la celulosa la que podría generar importantes beneficios económicos para
el país. Aquello evidente es que frente al ala química de esta industria, el sector maderero
propiamente tal, terminó relegado a un segundo plano, continuando en una condición poco
desarrollada al terminar el gobierno democratacristiano.
16 Cuadro 4.1.
Chile y América en su Historia Económica. Parte IV: Empresas y empresarios
254
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255
Los inicios del Estado empresario en Argentina: el caso de los Ferrocarriles del
Estado en la primera mitad del siglo XX
Elena Salerno
Universidad Nacional de Tres de Febrero
Instituto de Estudios Históricos de la UNTreF
Introducción.
En Argentina, como en otras partes, las inversiones ferroviarias requirieron la formación de
compañías modernas de capitales locales y extranjeros, y coexistieron con las inversiones del
Estado nacional y de las provincias que participaron de distintos modos en su desarrollo. En
el mundo, los transportes por red y por ductos exigieron una logística sofisticada y un marco
jurídico que ofreciera las garantías legales a las inversiones de tamaña envergadura (Comín y
Díaz Fuentes, 2004). En ese sentido el gobierno nacional argentino estableció marcos legales
para su funcionamiento que favorecieron la instalación de los ferrocarriles
1
, decisiva para el
desarrollo de la economía agro-exportadora y para la integración territorial del país. Cuando la
competencia del automotor le restó mercados y la crisis mundial de 1930 golpeó la economía
agro-exportadora, las empresas privadas ferroviarias comenzaron a analizar el abandono del
negocio, a su vez encontraron terreno fértil en la sociedad para dejar la actividad y, al inicio
de la primera presidencia de Perón, entre 1947 y 1948, se nacionalizó toda la red ferroviaria.
El gobierno nacional creó organismos estatales durante el período de competencia en el
mercado ferroviario con el fin de regular la actividad, al mismo tiempo construyó su propia red
y se encargó de su gestión. La Administración General de los Ferrocarriles del Estado (AGFE)
fue creada en 1909 y comenzó a funcionar al año siguiente, estuvo precedida por más de tres
décadas de organismos encargados de la gestión operativa e incluso de su construcción (Sa-
lerno, 2003). La AGFE se constituyó en la primera empresa estatal de jurisdicción nacional que
tuvo a su cargo las líneas férreas gubernamentales entre 1910 y 1948, aunque dependía del
Ministerio de Obras Públicas (MOP) y en la discusión legislativa se planteó que fuera sin fines
comerciales, disponía de sus propios recursos.
Durante la primera mitad del siglo XX, en una etapa temprana del Estado empresario y de
los inicios del desarrollo de las primeras empresas públicas en la Argentina, la empresa estatal
tuvo características propias que la diferenciaban de las demás instituciones u organismos
estatales. El estudio de casos de la empresa estatal nos ilumina los aspectos formativos del
Estado empresario en el país.
1 Ley 531 del año 1872 y la ley 2873 de 1891. (ALA, 1954, pp. 947-953 y LN, 1918, Tomo XI, pp. 437-460)
Chile y América en su Historia Económica. Parte IV: Empresas y empresarios
256
Para un abordaje de los Ferrocarriles del Estado y de la AGFE nos resultan útil los trabajos
realizados desde distintas ópticas, como los estudios previos sobre la historia de los ferroca-
rriles
2
, la construcción del Estado
3
y la historia de empresa y el Estado empresario
4
.
Para este estudio contamos con documentación de los archivos de la Dirección General
de Ferrocarriles y las Actas del Consejo de Administración de los Ferrocarriles del Estado
(1919-1948), publicaciones oficiales como las Memorias del Ministerio de Obras Públicas y de
los mismos Ferrocarriles del Estado, y la prensa escrita.
Nos proponemos sintetizar los aspectos significativos de la invetigación en curso sobre
la AGFE, en tanto empresa pública y estatal, autárquica que contaba con una burocracia téc-
nica de larga trayectoria en los organismos estatales a cargo de las obras públicas y de los
ferrocarriles; así como los mecanismos internos que regían la burocracia estatal en los Ferro-
carriles del Estado. Partimos de dos hipótesis, la AGFE fue una empresa estatal en una etapa
temprana del estado empresario y dentro de ella existió una burocracia, en particular, una
burocracia técnica, especializada, con carreras burocráticas de larga trayectoria.
Estado Empresario en Argentina.
A pesar del tiempo transcurrido y la multiplicidad de experiencias, los estudios de casos y
los abordajes teóricos no abundan. Por otra parte, cabe preguntarse si los marcos teóricos son
los adecuados a todos los casos e incluso, si el marco teórico establecido en Europa y Estados
Unidos se adecua al caso argentino.
En Argentina podemos identificar un Estado empresario temprano sin empresas. Carlos
Marichal (1988) califica como “agencia de desarrollo” (Marichal (1988), p. 95) estatal al Mi-
nisterio del Interior en la segunda mitad del siglo XIX, cuando tenía a su cargo una serie de
oficinas para la promoción de la agricultura, de la inmigración, a cargo de la construcción de
los ferrocarriles y su gestión, entre otras tareas. Recientemente el mismo autor sugiere estudiar
la participación del Estado desde el siglo XIX, cuando observa un incipiente estado empresario
(Marichal, 2011).
Desde un inicio, el Estado nacional manifestó con los hechos su intención de invertir en
aquellas obras que los capitales privados no estaban dispuestos a afrontar y de este modo
formar el capital social fijo (Tortella Casares, 1973, pp. 10-16 y Cuellar Villar, 2002, p. 43). Colin
Lewis reconoce a los ferrocarriles como “bienes públicos” (Lewis, 2002, 154) provistos por el
Estado y por el sector privado, alentado por el primero; además, hace la diferencia entre un
primer momento en que el Estado otorgó concesiones para la construcción de las primeras
líneas ferroviarias a empresarios privados de un segundo momento, en que el Estado llevó a
cabo las obras ferroviarias a cargo de los recursos públicos (Lewis, 1983, 29).
En este sentido, el Estado nacional desempeñó varias funciones simultáneas para im-
pulsar el desarrollo ferroviario en el país, aunque no fueron identificados como parte del Estado
empresario por parte de sus contemporáneos. Con ese propósito promovió las inversiones
privadas locales y extranjeras, implementó diversos incentivos destinados a fomentar las ac-
2 Scalabrini Ortiz (1986), Zalduendo (1975), Goodwin (1974), Wright (1980), Lewis (1983), García Heras
(1983), López (1991), (1994) y (2002), Regalsky (2002) y (2007), Schvarzer y Gómez (2006).
3 Rosanvallon (2006) y (2007), Skocpol (1989) y (1995), Oszlak (1982: 1997).
4 Chandler (1987) y (1996), Comín y Aceña (1991), Comín y Díaz Fuentes (2004), Toninelli (2000 y 2008),
Millward (2004), Marichal (2001), Schvarzer y Gómez (2006), Gadano (2006), Regalsky (2011).
257
Elena Salerno
Los inicios del Estado empresario en Argentina
ciones de las empresas particulares, creó un marco legal regulador amplio y realizó inversiones
públicas directas para concretar las obras en las regiones potencialmente menos favorables y
explotar aquellas líneas poco atractivas, asumiendo un tímido y limitado carácter empresario,
siendo un Estado empresario sin empresas.
El Estado nacional financió, construyó y administró en forma directa sus líneas ferroviarias,
y creó una serie de oficinas dependientes del Ministerio del Interior que actuó como un minis-
terio de desarrollo económico, como lo califica Carlos Marichal. Las que pasaron a depender
del Ministerio de Obras Públicas (MOP) en 1898. Con el objeto de continuar las vías férreas a
partir del Ferrocarril Central Argentino que unía Rosario con Córdoba, el gobierno, a fines de la
presidencia de Mitre, decidió construir dos líneas que se conectarían con el Central Argentino
en construcción, una partiría de Villa María a Río Cuarto, Villa Mercedes y las demás provincias
cuyanas y la otra, desde la ciudad de Córdoba alcanzaría la capital tucumana. De este modo,
el gobierno nacional aceleraba las obras para concretar la comunicación de dos economías
emergentes, Cuyo y Tucumán, con el puerto de Rosario. Durante casi veinte años, a partir de
1870, el Estado invirtió y construyó dos líneas con casi 1900 kilómetros de vías. La Administra-
ción del Ferrocarril Andino y la Administración del Ferrocarril Central Norte e, incluso, la corta
experiencia de centralización de la administración de las líneas estatales en 1879.
Estas oficinas no cumplían con la tipificación estricta de empresa estatal, pero si le cabe
la categoría de organismo o agencia de un Estado empresario en formación. Por lo que po-
dríamos afirmar que en un primer momento observamos un incipiente Estado empresario que
carecía de empresas estatales pero que contaba con organismos que empezaba a cumplir
con algunas de las funciones inherentes a esa categoría.
Esta experiencia tuvo influencia en el proceso posterior, pues su burocracia técnica tuvo
continuidad en los organismos que se constituyeron a través del tiempo, e incluso llegaron a
formar parte de la AGFE.
El Estado nacional mantuvo la ambigüedad frente al rol de empresario estatal, pues in-
vertía en construcción e, incluso, se hacía cargo de la administración de las líneas estatales,
pero mantuvo en pie la idea de desprenderse mediante el arriendo o venta de las mismas,
como sucedió durante el gobierno de Juárez Celman y la venta del Ferrocarril Andino en forma
definitiva en 1909. Esta falta de vocación empresarial de largo aliento se cerró cuando el go-
bierno de Yrigoyen vetó en 1920 una ley que establecía la formación de una empresa mixta a
partir de los Ferrocarriles del Estado.
La crisis de 1890 puso fin a la política de privatización que había encarado el gobierno
de Juárez Celman, aunque esta misma gestión había dado los pasos claves para introducir un
mecanismo de regulación en el sistema ferroviario de la época. En 1888 se creó la Dirección
Nacional de Ferrocarriles Nacionales, que por casi dos décadas recibió distintos nombres
hasta que fue denominada Dirección General de Ferrocarriles (DGF), en un primer momento
tuvo a su cargo el control de los ferrocarriles garantidos y, después de la crisis, tuvo la tarea de
aplicación de la ley de Ferrocarriles de 1891 y las regulaciones que ésta establecía.
A medida que se fue superando la crisis, el gobierno nacional comenzó la reconstrucción
de las líneas estatales. Durante la década de 1890, algunas líneas estatales fueron devueltas
al Estado como el Ferrocarril Andino (FCA) y la extensión de Tucumán al norte y se incorpo-
raron a la órbita estatal el Ferrocarril de Tucumán a San Cristóbal (provincia de Santa Fe) y de
Villa Mercedes a La Toma (provincia de San Luis), ambas empresas de capitales privados que
Chile y América en su Historia Económica. Parte IV: Empresas y empresarios
258
no pudieron continuar al suprimirse los mecanismos de las garantías estatales. Para fines del
siglo XIX, se sumó una tercera línea, el Ferrocarril Argentino del Norte, cuya Administración
funcionó en Cruz del Eje.
Cuando el Estado nacional tomó la decisión de la construcción y la operación de los FCE
existía el consenso para la realización de esas obras. Se discutía si esos ferrocarriles debían
tener un criterio comercial pero no existía la idea de un Estado empresario. El criterio comercial
se refería a si debían ser rentables o no, en general consideraban que debían tener tarifas que
permitieran cubrir los gastos operativos pero no buscaban una rentabilidad como las empresas
privadas. Los problemas que se presentaron fueron en torno a la gestión, pues la misma se
fue ajustando a partir de los errores y las dificultades que tenían en el transcurso del tiempo.
La AGFE como empresa estatal y pública.
A medida que se extendían las líneas, fue planteándose la necesidad de contar con una
gestión centralizada que se concretó con la creación de la Administración General de los
Ferrocarriles del Estado (AGFE) en 1909 y que comenzó a funcionar a mediados del año si-
guiente, dando origen a la primera empresa estatal de orden nacional.
En el debate legislativo entre 1907 y 1909, previo a la aprobación de la creación de la
AGFE, se pusieron de manifiesto las controversias en torno al grado de autonomía de la futura
AGFE. En principio, no existió la voluntad de crear una empresa autónoma, porque para la
época no existía un criterio claro sobre las características de una empresa estatal pública. Sin
embargo, planteaban la necesidad de tarifas que permitieron la cobertura de sus costos ope-
rativos y la necesidad de dotarla de una burocracia técnica que se reclutaría de entre los que
ya tenían experiencia en la Administración de las líneas estatales preexistentes.
La AGFE administraba bienes del patrimonio estatal y estaba sujeta a las leyes de la Na-
ción y al control de otros organismos políticos y legales; sus funcionarios eran designados por
los poderes del Estado. El Administrador General era propuesto por el Presidente y designado
por Acuerdo del Senado de la Nación, el resto de los miembros del Consejo de Administración
eran propuestos por el Administrador General y designados por decreto presidencial. Aunque
formaban parte del organigrama del ministerio de Obras Públicas (MOP) y dependía de la
supervisión de la Dirección General de Ferrocarriles (DGF), como todas las empresas ferrovia-
rias, tenían autonomía y autarquía en la gestión. Recibía aportes del tesoro nacional y disponía
de sus propios recursos bajo el control de otros organismos. En los primeros años del funcio-
namiento de la AGFE, en la década de 1910, se formulaban presupuestos desde la misma Ad-
ministración que elevaban al MOP y de allí al Congreso, figurando en la ley presupuesto. En la
década del veinte no figuran las cuentas de la AGFE en los presupuestos nacionales, aunque
existen algunos elementos para considerar que se seguían formulando los presupuestos pero
no hemos podido dilucidar los mecanismos para su aprobación.
La trayectoria de esta empresa se extendió hasta 1948, cuando el gobierno de Perón
realizó una serie de cambios a partir de la nacionalización de los ferrocarriles de capitales
privados. Entonces, tanto las líneas recientemente incorporadas al patrimonio estatal como
los ferrocarriles que estaban a cargo de la AGFE pasaron a ser gerencias que estaban sub-
sumidas en la Empresa Nacional de Transportes dependiente del Ministerio de Transportes.
A lo largo de casi cuatro décadas, la AGFE tuvo que afrontar problemas diversos. Po-
demos sintetizarlos en dos categorías, por una parte las disputas en torno al grado de auto-
259
Elena Salerno
Los inicios del Estado empresario en Argentina
nomía de la Administración, entre ésta y el poder político representado por el poder ejecutivo
y el poder legislativo y el conflictos entre estos que se disputaban la responsabilidad de la
supervisión de la AGFE. Durante gran parte del tiempo, la AGFE tuvo déficit operativo por lo
que dependía de los recursos del tesoro nacional, que también proveía de los recursos para
las inversiones.
Las líneas férreas estatales estuvieron signadas por el rol subsidiario que adoptó el Estado
Nacional en la actividad ferroviaria hasta la nacionalización de toda la red. Este carácter se
manifestó cuando el Estado invertía donde no lo hacían las empresas privadas y por la adqui-
sición de líneas particulares no rentables o en dificultades a partir de los años veinte, como el
Ferrocarril Central de Chubut, el Ferrocarril Trasandino y el Ferrocarril Central Córdoba en los
años treinta pasaron al Estado nacional.
Las obras ferroviarias estatales dependían del financiamiento del Tesoro nacional, del
endeudamiento externo o de la deuda flotante con Letras de Tesorería, como sucedió durante
el primer gobierno de Yrigoyen (1916-1922). Desde el año 1900 se invertía el superávit opera-
tivo de los mismos ferrocarriles, aunque no fue frecuente en las primeras décadas de la AGFE.
Por otra parte, no se registraban en forma adecuada las partidas de gastos al confundirse
los gastos corrientes, los gastos por renovación y mantenimiento con las nuevas inversiones,
situación que se revirtió con el ordenamiento administrativo tomado a fines del gobierno de
Alvear (1922-1928).
Los problemas en la AGFE surgieron desde sus inicios. Primero fueron disputas dentro
de la misma burocracia técnica como la que detectamos en la conformación del primer Con-
sejo de Administración en 1910 y en la sucesión de su primer Administrador General Miguel
Iturbe por Luis Rapelli en 1915. Poco después, en 1918, durante el gobierno de Yrigoyen se
generó una profunda crisis por los conflictos entre la AGFE y los poderes del Estado por las
acciones autónomas de la burocracia de la AGFE y, por las disputas entre el Poder Ejecutivo
y el Poder Legislativo. La AGFE estuvo atravesada por las diferencias políticas generadas por
la aplicación de la Ley Sáenz Peña; las dificultades recurrentes entre la burocracia técnica y
los poderes del Estado también se sostenían por la tirantez entre los que tenían los conoci-
mientos técnicos y que controlaban la institución por dentro y los funcionarios políticos, un
conflicto clásico en última instancia. Este conflicto estuvo teñido por las luchas políticas que
se desataron con la aplicación de la Reforma Electoral Sáenz Peña del año 1912 y que permitió
el acceso del partido radical al gobierno. Estos problemas persistieron en los años siguientes
y, en parte, quedaron atemperados con las normativas dadas hacia fines del gobierno de Al-
vear. De algún modo, las características de la gestión técnica, contable y administrativa de la
empresa se fueron ajustando a partir de la experiencia; el Estado empresario también se hizo
sobre la marcha, pues no existía un plan previo para su concreción. En esa misma línea, es
llamativo el aquietamiento de los conflictos a partir del ascenso de la Concordancia, durante la
larga gestión de Pablo Nogués, un personaje que unía la versación y reputación técnica con
su afinidad y sólidos contactos con la coalición gobernante.
En general, los servicios ferroviarios comenzaban a operar en forma provisoria antes que
se acabaran las obras, sin que se procediera a un equipamiento adecuado en calidad y can-
tidad de material rodante. Estas falencias explican la baja rentabilidad y los conflictos en torno
de la asignación de vagones. Sin embargo, pese a su precariedad, los ferrocarriles estatales
acortaron considerablemente el tiempo de transporte de mercancías y pasajeros desde las
regiones más distantes del Noroeste, Noreste y la Patagonia hasta los puertos fluviales o marí-
timos, o hasta la conexión con otras líneas férreas.
Chile y América en su Historia Económica. Parte IV: Empresas y empresarios
260
La burocracia técnica en la Administración General de los Ferrocarriles del Estado.
Las primeras empresas estatales contaron con una burocracia especializada e incluso
contaron con una burocracia profesional y técnica que hacían carrera desde muy jóvenes
hasta la edad del retiro. En la AGFE encontramos una burocracia específica, formada mayori-
tariamente por ingenieros que consideramos parte de los llamados notables, sector al que se
integraron por tratarse de una élite profesional, que también podríamos denominar una intelli-
gentsia técnica, en el sentido que lo toma Weber (Weber, 1998, p. 244).
Los ferrocarriles demandaban la mayor calificación laboral de la época. En comparación
con otras actividades, la actividad ferroviaria en su conjunto empleaba a un elevado número de
ingenieros encargados de los estudios técnicos previos, su construcción y operación, además
del desarrollo de las tecnologías empleadas (Palermo, 2001 y 2006). Asimismo, se requería
de una mano de obra especializada para la conducción de los trenes como para su manteni-
miento técnico.
En nuestro país, la actividad ferroviaria no generó una industria destinada a satisfacer los
requerimientos del mercado interno de materiales ferroviarios hasta mediados del siglo XX.
De este modo, los ingenieros tuvieron un campo profesional acotado a los estudios de nuevas
obras, a la gestión y operación ferroviaria. Desde un principio se adoptaron tecnologías de-
sarrolladas en Europa y Estados Unidos mediante la compra de materiales. En el ámbito
ferroviario, los ingenieros se encargaban de los relevamientos topográficos, la construcción y
explotación de los ferrocarriles e incluso en tareas de investigación en el ámbito de los Ferro-
carriles del Estado.
En la medida que se extendían las vías férreas estatales demandaron de la atención téc-
nica. Con el objetivo de mantenerlos operativos, se organizaron lentamente los talleres de
cada línea. El Central Norte tuvo el taller más importante en Tafi Viejo en las proximidades de
la ciudad de San Miguel de Tucumán y otro en Laguna Paiva, cerca de Santa Fe; el Argentino
del Norte tenía el taller en Cruz del Eje y cuando quedó conectado con el Central Norte com-
partió el Taller de Laguna Paiva. En los años treinta fueron equipados y acondicionados para
atender los nuevos modelos.
Los talleres ferroviarios demandaron ingenieros, técnicos y mano de obra especializada,
dedicados a las reparaciones periódicas y al ensamblaje del material rodante importado. Ha-
bitualmente procedían al armado de los vagones de carga y de los coches de pasajeros impor-
tados, en algunos casos, construían las cajas de madera de los mismos, utilizándose siempre
los sistemas de tracción y otras partes metálicas importadas. Desde temprano existió una rica
tradición en la construcción de los bastidores de los vagones de carga y las carrocerías de
los coches de pasajeros, aprovechando las maderas nativas. En la medida que se afianzaban
los talleres ferroviarios de cada compañía desde fines del siglo XIX, comenzaron con la pro-
ducción de algunas piezas destinadas a las reparaciones y mantenimiento en el ámbito de los
mismos talleres. Esta experiencia permitió el mantenimiento técnico cuando escaseaban los
repuestos por las dificultades en su importación debido a las guerras mundiales o la crisis eco-
nómica. Por lo tanto, no se dieron mecanismos de innovación, tan sólo se producían algunas
piezas para utilizarlas como repuestos. A los fines estadísticos, los talleres ferroviarios eran
considerados como industriales y eran los que contaban con los planteles de trabajadores más
numerosos de la época.
En la burocracia de la AGFE prevalecieron los ingenieros, junto a ellos hubo otros profe-
sionales. A fines del siglo XIX y a principios del siglo XX, los contadores tuvieron una formación
261
Elena Salerno
Los inicios del Estado empresario en Argentina
empírica o de nivel secundario, recién en la segunda década del siglo XX comenzó la forma-
ción universitaria, sin embargo constituían un grupo específico de la burocracia. Los conta-
dores tuvieron un rol controvertido por los resultados de explotación deficitarios y las penurias
financieras de los FCE.
Cuadro 1. Los ingenieros en el Consejo de Administración (1910-1948)
Ingeniero Cargo principal Período
Otros cargos en el Consejo de
Administración de la AGFE
Miguel Iturbe Ad. Gral. 1910-15
Luis Rapelli Ad. Gral. 1915-17
Carlos M. Ramallo Ad. Gral. 1917-18 JGT, 1910-17
Jorge Hainard Ad. Gral. 1918-19 Ing. Princ. 1910-19
Augusto Krausse Arnim Ad. Gral. 1926-28 Sub-Adm. 1932-39 y JGTEC, 1932-39
Manuel Claps Ad. Gral. 1928-30
Pablo Nogués Ad. Gral. 1932-43 Ing. Princ. 1924-25
Eduardo María Huergo Ad. Gral. 1943-44 Sub-Adm, 1939-43 e Ing Princ., 1932-39;
Arturo Laferrière Ing. Princ. 1919
Arturo Acevedo Ing. Princ. 1919-24
Haroldo Shaw Ing. Princ. 1925-26
José Marcet Ing. Princ. 1926-30
Pedro Mendiondo Ing. Princ. 1939-41
Atilio Cappa Ing. Princ. 1945-47
Bruno J. Thomäe Ing. Princ. 1946
Guido Belzoni Ing. Princ. 1947-48
Juan Raggio JGT 1921-24
Francisco Romero JGT 1924-30
Alberto Urcelay JGTEC 1941-46
Nicolás O. Ferramola JGTEC 1946-48
Carlos A. Ochoa JET 1932-1946
Ocupaba este cargo desde antes de
1930 cuando no era parte del Consejo de
Administración de la AGFE
Luis M. Lazcano JET 1945 Interino
Horacio Romero Villanueva JET 1946-48
Fuente: Libros de Actas del Consejo de Administración (AIF, R. de Escalada, Bs.As.) y decretos
Notas: Ad. Gral.: Administrador General; Sub. Adm.: Sub-Administrador General; Ing. Princ.: Ingeniero Principal; JGT:
Jefe General de Tráfico; JGTEC: Jefe General de Tráfico y Explotación Comercial; JET: Jefe Explotación Técnica.
El primer contador de la AGFE fue Jaime Peter, que tenía una larga trayectoria previa en
las líneas férreas estatales y que concluyó jubilándose en la AGFE. Un perfil semejante tuvo
Ernesto Manent que lo reemplazó en la AGFE. Sus sucesores fueron afectados por los con-
flictos que envolvieron a la Administración desde 1918 y en la década siguiente. Con el fin de
superar la crisis de 1918, Jorge Muñoz quedó a cargo de la AGFE como Contador Interventor
entre 1919 y 1920. Durante los años veinte, varios contadores se sucedieron en el cargo y fue
frecuente la figura del Contador Interventor designado por el Ministerio de Obras Públicas para
Chile y América en su Historia Económica. Parte IV: Empresas y empresarios
262
supervisar las cuentas de los Ferrocarriles del Estado, entre los que se destacaron Nemesio
Muntaabski y Mauricio Graffier. Recién en los treinta, Arturo Dillon se desempeñó en el cargo
hasta su muerte y Luis Sanmarco fue ascendido a ese cargo luego que ocupara puestos sub-
alternos en la misma oficina de la Administración, desde la década del veinte.
Menos presencia tuvieron los abogados y los médicos. La oficina de asuntos legales es-
taba en la Administración Central con sede en Buenos Aires. En tanto los médicos estaban
ligados a la atención sanitaria y al control de las licencias del personal y, en la medida que los
FCE se extendieron por el territorio, también fueron creciendo los servicios de salud a lo largo
de la red.
El estudio de la burocracia técnica en los ferrocarriles permite observar algunos aspectos
de su génesis y desarrollo en el país. Varios de sus integrantes tuvieron extensa trayectoria en
el ámbito estatal, mientras otros alternaron con la actividad privada. Los tecno - burócratas que
tuvieron carreras exitosas y de relevancia coincidirían con una mayor conexión con los grupos
sociales influyentes. Los miembros de la burocracia estatal habrían tenido una exposición
pública acorde a sus relaciones personales, pudiendo decirse que las diferencias sociales
previas incidieron en sus carreras y en su actuación profesional.
A modo de síntesis, cabe mencionar algunos aspectos que entrelazan la acción de la
burocracia con la de los gobiernos. Por eso en esta primera aproximación identificamos dos
etapas. La primera, que se extiende desde 1910 a 1930, abarca las últimas presidencias del
orden conservador y los gobiernos radicales. La segunda se corresponde con la etapa de
los gobiernos de la restauración conservadora a partir de 1930 y los comienzos del primer
gobierno de Perón.
En la primera etapa podemos destacar las dificultades en la organización de la AGFE.
Pese a la continuidad de las personas resultó lento el paso de las Administraciones indivi-
duales de cada línea a un sistema centralizado en Buenos Aires. Los primeros conflictos
visibles dentro de la AGFE se remontan a 1915 y se agudizaron en el clima político de los años
siguientes. Durante todo el período aparecieron con frecuencia los conflictos entre los poderes
del Estado, el Ejecutivo y el Legislativo se disputaron el control de la AGFE, y el enfrentamiento
entre ésta con los mismos que llevaban implícito el debate por el grado de autonomía y la
definición de empresa pública para la AGFE. Al mismo tiempo el gobierno fue definiendo los
alcances del Estado empresario y continuó con los objetivos de fomento, descartando a partir
de 1920 toda idea de venta o arriendo de los ramales rentables.
En los años treinta se profundizó el cambio que había comenzado con Yrigoyen. El Estado
continuó con la adquisición de aquellas empresas privadas que atravesaban severas dificul-
tades técnicas y financieras. De este modo el Ferrocarril Trasandino, el Ferrocarril Central
de Chubut y el Central Córdoba pasaron al patrimonio del Estado nacional. En este tiempo y
pese a la competencia del transporte automotor y a la caída de la rentabilidad de todas las
compañías ferroviarias, los Ferrocarriles del Estado lograron mejorar la rentabilidad y equilibrar
sus gastos y recursos. Desde 1933 tuvieron superávit operativo. La AGFE se perfiló como una
empresa estatal bien definida, que no necesitó de los aportes del tesoro y comenzó a competir
con los ferrocarriles privados a partir de la compra del Central Córdoba que conectó la red
estatal del norte y centro del país con Buenos Aires. Aunque falta establecer con precisión
los factores que permitieron la mejora en la rentabilidad de la AGFE, no podemos soslayar la
influencia de contar con una red más integrada, cuya construcción había acarreado un gran
263
Elena Salerno
Los inicios del Estado empresario en Argentina
endeudamiento en los años veinte, y la permanencia en los altos cargos jerárquicos de una
burocracia experimentada.
La continuidad de la Administración y las afinidades personales y, tal vez, políticas con el
poder no nos resuelve algunos interrogantes. Por una parte, la estabilidad del Consejo de Ad-
ministración no garantizaba criterios empresariales ni tampoco mayor grado de autonomía con
respecto al poder político. Halperín Donghi (1985, p. 457) se refiere a Nogués como un carac-
terizado exponente del empresariado estatal; su experiencia personal y su estrecha relación
con el presidente Justo le otorgó un rol distinto al de los demás Administradores Generales, y
es indudable que contó con una mayor autonomía. A pesar de disponer de esta posición de
privilegio no podemos dilucidar la autoría de la política ferroviaria de la época.
La estabilidad de los funcionarios entre 1932 y 1943 es una de la característica que se
destaca. La permanencia de los miembros contrasta con los cambios frecuentes de la etapa
1910-1930, que pueden atribuirse a los cambios políticos, a los conflictos en la Administración
y entre ésta y el poder político, los cuestionamientos de las inversiones en obras y su finan-
ciamiento, además del déficit de explotación, que requería aportes frecuentes del Tesoro Na-
cional. En tanto, en la segunda etapa, el control político de la coalición gobernante, la Concor-
dancia, y el mejoramiento operativo como fruto de las inversiones realizadas desde la década
anterior, acallaron los debates y facilitaron la continuidad del equipo directivo, que refleja, de
algún modo, un predominio político conservador que neutralizaba las posibles críticas de los
otros sectores políticos, y se completaba con un sindicalismo caracterizado por la negociación
en torno de la preservación de los puestos de trabajo aún a costa de la disminución salarial.
En esta etapa no tuvieron visibilidad pública los conflictos. Aún cuando la convivencia fue ar-
moniosa no significa que no existieran momentos críticos. Si bien no se produjeron conflictos
visibles, o por lo menos no tomaron estado público en forma de escándalo, existieron algunas
tensiones (Waddell, 1999, p. 30).
La incorporación de ingenieros amplió las bases de la burocracia estatal, que antes se
nutría en sus estamentos más altos, solo de abogados y médicos. De la lista de la tecno-buro-
cracia que presentamos en el Apéndice llama la atención que algunos de ellos pertenecían a
familias de origen inmigratorio que alcanzaron rápidamente lugares destacados en el organi-
grama estatal como en los casos de Scheneidewind, Schikendanz y Krause Arnim, cuyas fami-
lias venían con una tradición técnica. Mientras al final del período en estudio, se observa con
más frecuencia la presencia de nombres que indican la pertenencia a los grupos incorporados
en las oleadas inmigratorias que caracterizaron a la historia nacional.
Del mismo modo, ciertos indicios nos dan la convicción que la pertenencia a familias des-
tacadas, les aseguraba a sus miembros los puestos más encumbrados en la Administración
Central, como sucedió con Eduardo María Huergo.
Los mecanismos de ingreso y ascensos en la función pública no respondían a pautas
estrictas de mérito. Sin embargo, en el ámbito técnico ferroviario, los nuevos cuadros se incor-
poraban una vez que egresaban de la universidad. También hay indicios de que las relaciones
de parentesco entre miembros de diferentes generaciones facilitaban el acceso a la AGFE e in-
cluso su permanencia y ascenso. La presencia de algunos apellidos significativos en el ámbito
del MOP nos induce a esa afirmación, el mismo Augusto Krause Arnim, Eduardo María Huergo
y Arturo Dillon pueden mencionarse en este punto, todos ellos miembros de destacadas fami-
lias en el ámbito de la ingeniería y de la administración pública. Otro caso a destacar es el
del ingeniero Huergo, quien ingresó recién graduado a los Ferrocarriles y al poco tiempo, al
Chile y América en su Historia Económica. Parte IV: Empresas y empresarios
264
instalarse el gobierno de Uriburu, pasó a ocupar altos cargos directivos. Tal vez su pertenencia
a una familia prestigiosa en el campo de la ingeniería le facilitó ese ascenso.
5
Por último, a modo de un esbozo cabe mencionar que la burocracia técnica muestra otras
diferencias. Podemos afirmar que hubo una burocracia técnica que se desempeñó durante
toda su carrera o en gran parte de la misma en los trabajos de campo, mientras un reducido
número ingresó a la gestión de los Ferrocarriles del Estado en los organismos centrales donde
desarrolló toda su actividad hasta el retiro. Suponemos que una de las causas de estas dife-
rencias radica en los lazos personales y familiares de los que ocuparon los cargos en la sede
central de la AGFE en Buenos Aires, además de condiciones profesionales y personales como
los casos de Augusto Krause Arnim y Eduardo María Huergo; el primero era hijo del ingeniero
Otto Krause y el segundo, pertenecía a una familia de distinguidos ingenieros.
Conclusiones.
Por cuestiones de espacio no hemos tratado en esta ocasión los pormenores de la AGFE
pero los hemos analizado en trabajos anteriores, de alguna manera la experiencia de la AGFE
a lo largo de casi cuarenta años nos permite analizar las características de una empresa es-
tatal. Durante ese tiempo no tuvo un desarrollo exitoso por lo que pueden apreciarse mejor los
problemas que afrontó y nos permite reflexionar respecto a algunas de las características de
los inicios del Estado empresario en la Argentina.
En el caso de la AGFE no existió una voluntad explícita de crear una empresa autónoma,
aunque obtuvo la misma ley de creación, le concedía suficiente margen de autonomía que
nos permite calificarla como una empresa. Esta empresa administraba los ferrocarriles de pro-
piedad estatal, su gestión estaba a cargo de funcionarios designados por los poderes del
Estado, de los que dependían en última instancia. Contaban con la autarquía para disponer
de sus propios recursos, aunque con frecuencia necesitaban los aportes del tesoro nacional.
Todo el funcionamiento de la empresa estaba sujeto al control de los órganos de contralor y
fiscalización establecidos por el marco legal de la época, pese a la disputa entre la misma
AGFE y los poderes públicos, y la que se desencadenó entre el poder ejecutivo y el legislativo
en varias oportunidades. Aún con todas estas características y por la envergadura de las inver-
siones, la complejidad de la gestión y la extensión de su red, la AGFE fue una de las empresas
estatales más importantes, por no decir la más importante en la primera mitad del siglo XX, y
un caso primigenio de empresa estatal
A través de este estudio sobre la AGFE pudimos observar algunas características de la
burocracia técnica que se formó alrededor de la misma y que desempeñó un papel crítico en
el servicio del Estado. Desde el momento que el gobierno nacional y los gobiernos provin-
ciales fueron asumiendo nuevas tareas, necesitaron de personas formadas. Para el estudio y
la construcción de obras públicas y, en particular, de los ferrocarriles, el Estado nacional con-
trató ingenieros en el extranjero, hasta tanto se formaran el país. A medida que se habilitaban
las primeras líneas férreas estatales, en las décadas de 1870 y 1880, el gobierno asumió su
operación.
Con esta línea de trabajo esperamos contribuir al conocimiento de las empresas estatales
en una etapa inicial de su desarrollo. Consideramos que la Administración General de los
5 Huergo fue Ministro de Obras Públicas en la Intervención Federal a la Provincia de Córdoba en 1930 y
Subsecretario del Ministerio de Obras Públicas de la Nación. (Legajo Personal del Ing. Eduardo M. Huergo,
AIF, R. de Escalada, Bs.As.).
265
Elena Salerno
Los inicios del Estado empresario en Argentina
Ferrocarriles del Estado nos permite conocer algunas de las características del novel Estado
empresario en la Argentina. De algún modo, podemos conjeturar que sus problemas organiza-
cionales anticiparon los de otras empresas estatales posteriores, cuando tras la crisis de 1930
se modificó el paradigma del estado liberal. Estas primeras aproximaciones nos abren nuevos
interrogantes. Hasta aquí hemos expuesto las primeras reflexiones y queda por delante pro-
fundizar la indagación y el análisis de cuestiones que, como las tensiones entre la burocracia
técnica y el poder político, fueron a lo largo de la historia recurrentes.
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PROYECTO HISTÓRICO E IDEAS POLÍTICAS. SANTIAGO DE CHILE, 1951-1973.
Boris Cofré Schmeisser
Pontifcia Universidad Católica de Chile
Introducción.
Este capítulo se centra en el proyecto histórico y las ideas políticas de los empresarios de
la construcción de Santiago de Chile, entre los años que van desde su organización gremial en
1951 hasta el quiebre institucional de 1973. El principal objetivo y acción de estos empresarios
fue crear, desde su organización gremial, Estado y mercado para la urbanización capitalista.
Este proceso histórico fue orientado políticamente a partir del socialcristianismo y liberalismo
y, en menor grado, del nacionalismo anti-comunista.
Este estudio es una primera lectura de las fuentes primarias o datos empíricos correspon-
dientes a este sujeto histórico, pues se inserta en un proyecto de investigación mayor (tesis
doctoral) en el que se busca comprender el modo en que la ciudad fue construida histórica-
mente, entre los años 60 y 80 del siglo XX, por los empresarios, el Estado y la ciudadanía.
La historia de los empresarios de la construcción está aún por escribirse. Hasta ahora con-
tamos con una “historia oficial” elaborada por la Cámara Chilena de la Construcción (CChC),
cuyo propósito principal ha sido poner en valor las prácticas de estos empresarios. (CChC,
1991; CChC, 2005; Collados, 2006).
Esta “leyenda rosa” encuentra su anti-tesis, es decir, la “leyenda negra”, en la visión mar-
xista clásica que ha caracterizado a los empresarios como clase social burguesa explotadora
y dominadora de la clase trabajadora. (Marx, 1848; Ramiréz Necochea, 1970; Vitale, 1971).
Ambas historias nos dicen algo de los empresarios, sin embargo, anteponen en exceso
una visión teórica preconcebida (positiva o negativa) al estudio historiográfico del sujeto social.
Por ello aún es insuficiente lo que conocemos sobre los proyectos históricos y políticos de los
empresarios urbanizadores. Además, los estudios historiográfico referidos a los empresarios
han tendido a concentrase en otros sectores y periodos históricos. (Ortega, 2005; Salazar,
2011).
A diferencia de la manera en que se elaboraron las “leyendas”, este estudio arriba a sus
conclusiones luego de revisar una parte fundamental de la documentación referida al tema, a
saber, los textos publicados que componen la historia oficial de la CChC, parte de las Actas de
Chile y América en su Historia Económica. Parte IV: Empresas y empresarios
270
Sesiones del Directorio, los Estatutos de la corporación, las Memorias Anuales, y los Planes Ha-
bitacionales de 1958-1964, más conocido como DFL-2 de 1959, de 1964-1970 y de 1971-1980.
Un problema necesario de resolver, antes de estudiar la relación de estos empresarios
con el Estado y la ciudadanía en el marco de la producción de espacio urbano, dice relación
con sus rasgos particulares fundamentales: ¿Cuál fue su proyecto histórico, es decir, cuál fue
su visión y labor fundamental en esta etapa de su historia? Y ¿Qué doctrinas políticas orien-
taron aquel proceso?
Finalmente, cabe señalar que este texto tiene además un objetivo implícito que es proble-
matizar las visiones simplistas o estereotipadas que se tienen de los empresarios. Se busca
salir de las “leyendas” para comenzar a entrar en la “ciencia” (histórica), por ello debe ser con-
siderado como una invitación a la discusión y no como pretensión de última palabra.
El proyecto histórico: crear Estado y mercado para la urbanización capitalista.
Los empresarios de la construcción, en relación con los profesionales del sector, se dieron
a la tarea de organizarse gremialmente a fines de los años 40 del siglo XX. En el marco de un
ambicioso plan de remodelación urbana en el norte del país (Plan Serena) estos hombres se
reunieron en torno al trabajo y la discusión. Luego de un año de preparativos, el 20 de junio de
1951, fundaron la Cámara Chilena de la Construcción, instrumento gremial creado para estu-
diar los problemas del sector, proponer políticas y representar sus intereses socioeconómicos.
(CChC, 1951; González Videla, 1975; CChC, 1991)
Si bien desde el comienzo la corporación buscó representar amplios intereses socioeco-
nómicos del sector construcción, incluidos los profesionales y trabajadores, (por ello el nombre
“cámara” que alude a los parlamentos donde conviven distintos grupos de interés), los empre-
sarios prontamente tomaron el control de la organización a través de un sistema plutocrático
de gobierno. (CChC, 1951)
1
Es así que la historia de los empresarios de la construcción puede ser estudiada a partir
de las prácticas de la CChC, las cuales han estado fuertemente determinadas por las acciones
y decisiones de su Directorio. (CChC, 1951)
2
Durante las décadas que cubre este estudio, el déficit habitacional fue creciente. El Es-
tado no construía de forma directa y la construcción que financiaba ejecutada por privados era
insuficiente. Los empresarios solo invertían capital en la construcción de viviendas y urbaniza-
ciones rentables, es decir, para los grupos de altos ingreso. De este modo, no había suficiente
Estado ni mercado para la construcción de viviendas y urbanización que la mayor parte de la
ciudadanía requería.
La CChC influyó, de manera significativa aunque no absoluta, en los gobiernos con el
objetivo de ir creando en el país incentivos económicos desde el Estado hacia los empresa-
rios que permitieran que la inversión de capital en viviendas, principalmente económicas, se
realizara.
1 Estatutos de la Cámara Chilena de la Construcción, Titulo IV. Del patrimonio, artículos 10-13. Ver también en
los estatutos: Titulo V. De las Juntas Generales de Socios, artículo 23. Ver Acta de la primera sesión, junio
de 1951.
2 Estatutos de la Cámara Chilena de la Construcción, Titulo VI. Del Directorio, artículo 25.
271
Boris Cofré Schmeisser
Los empresarios de la construcción: proyecto histórico e ideas políticas
Las principales diferencias con las autoridades tuvieron que ver con el rol que le corres-
pondía al Estado en la economía, para los empresarios éste debía incentivar y, de alguna
forma, asegurar la demanda en el mercado inmobiliario.
En 1953 el titular del MOP propuso fusionar la Caja de Habitación Popular y la Corporación
de Reconstrucción y Auxilio en una sola entidad estatal, llamada Corporación de Urbanización
y Vivienda (CORUVI), que con amplias atribuciones debía abordar el problema de la urbani-
zación y vivienda popular. La CChC estuvo de acuerdo en crear este nuevo organismo del
Estado encargado de racionalizar, de forma centralizada, la solución a dicho problema, sin
embargo, presionó para que sus atribuciones se limitarán al financiamiento de construcciones
que ejecutaran las empresas privadas. Fue así como se gestó el Decreto Ley 285, del 25 de
julio de 1953, que creó la Corporación de la Vivienda (CORVI). (CChC, Memoria de 1953, p.15)
Para que los empresarios construyan viviendas destinadas a los sectores de bajos in-
gresos el Estado les debía asegurar, de algún modo, rentabilidad, es decir, les debía crear y
garantizar una cierta demanda en el tiempo. Así lo expresó la CChC en una de sus campañas
de difusión:
Figura n°1
“Si edificar vivienda les resulta provechoso, los capitalistas las edificarán. Lo demues-
tran los resultados obtenidos por la ley 9.135… A las disposiciones actuales de tan
beneficiosa ley deben agregarse nuevos estímulos para que los inversionistas cons-
truyan casas para los sectores de más baja renta. Estos instrumentos darán al pro-
pietario de viviendas populares las garantías a que tiene derecho y al mismo tiempo
protegerán al arrendatario de modestos recursos”. (CChC, Memoria de 1955, p.9)
3
Para crear Estado y mercado para este tipo de urbanización, a mediados de la década del
50, se requería además de incorporar una racionalidad técnico-empresarial al proceso de pro-
3 El destacado con negrita es mío. A un costado de la imagen se puede leer: “Reproducción de uno de los
avisos publicados por la Cámara en la prensa, durante el desarrollo de la campaña de difusión planeada
para el periodo”.
Chile y América en su Historia Económica. Parte IV: Empresas y empresarios
272
ducción. Los gobiernos no habían realizado los estudios necesarios para enfrentar el problema
de la vivienda popular, y, sin embargo, habían ofrecido de forma reiterada en años electorales
soluciones definitivas a los afectados. Para superar este modo de gobernar, entendido como
demagógico, los empresarios financiaron estudios y elaboración de propuestas “técnicas” que
debían ser concebidas como el origen de una “Política Nacional de Vivienda”. (CChC, Memoria
de 1955, p.10)
4
Entre los días 14 y 16 de junio de 1957, la CChC organizó la Primera Convención Nacional
de la Construcción para discutir con los principales actores involucrados los problemas de-
rivados de la crisis económica en el sector, el modo de resolver el déficit en vivienda (ahora
llamada de interés social) y el rol del Estado en estas materias. (CChC, 1957)
En relación al Estado y el mercado en esta Primera Convención Nacional de la Construc-
ción se concluyó, entre otras cuestiones, que era necesaria: 1) la creación de una Corporación
de Obras Públicas, o varias Corporaciones, en base al proyecto elaborado por el Instituto de
Ingenieros de Chile; 2) la centralización de la construcción de viviendas obreras y de aquellos
sectores que no puedan financiarlas totalmente en la CORVI; 3) que en el presupuesto del
Estado se incorporen las sumas requeridas para asegurar el financiamiento de la construcción
privada de un mínimo anual de viviendas y 4) que las empresas constructoras racionalicen, es
decir, hagan más eficiente su funcionamiento. (CChC, 1957)
Ernesto Pinto Lagarrigue, Vicepresidente de la CChC hasta que fue nombrado Vicepresi-
dente de la CORVI, elaboró el Plan Habitacional del gobierno de Alessandri (1958-1964) más
conocido como el DFL-2 de 1959. Este Decreto con Fuerza de Ley, junto a los DFL 56, 205 y
326, estableció nuevas normas de acción para la CORVI, creó las Asociaciones de Ahorro y
Préstamo, y reglamentó las Cooperativas de Viviendas.
En términos concretos el DFL-2 de 1959 creó el concepto de “Vivienda Económica” (edi-
ficación de no más de 140 m2) y estimuló a los empresarios, a través de incentivos tributarios
y fijación de normas permanentes, a construirlas. Se trataba de asegurar, desde el Estado, a
los inversionistas una rentabilidad que les hiciera atractiva su incorporación en la solución del
problema habitacional popular. En una frase: se creaba Estado para crear mercado.
Para ello, entre otras medidas, se fomentó el ahorro para la compra de vivienda y la rea-
justabilidad de los dividendos, es decir, se estimuló la demanda y se aseguró a los propieta-
rios una rentabilidad a pesar de la inflación. También se estableció un criterio “técnico” para
la asignación de viviendas CORVI basado en antigüedad de la solicitud, número de cargas
familiares, y el ahorro previo, en reemplazo de las anteriores consideraciones político-electo-
rales. Se dispuso de un subsidio estatal a las familias que no pudieran pagar sus obligaciones
económicas de vivienda. Se amplió el plazo del pago de las propiedades hasta 30 años y se
rebajaron los intereses (quedando entre un 2% y 4%). Y se crearon convenios individuales y
colectivos de ahorro y préstamo para grupos de medianos ingresos.
5
Modesto Collados, miembro de la CChC y titular del MOP, elaboró entre 1964 y 1965 el
proyecto de ley que dio origen al Ministerio de la Vivienda, usando como base las propuestas
de la corporación. El nuevo ministerio pasó a concentrar, ordenar y dirigir las tres nuevas corpo-
raciones públicas relacionadas con la vivienda y el urbanismo (CChC, 1991; Collados, 2006).
4 En diciembre de 1954 organizó el “Seminario de la Vivienda” en el que “técnicos” elaboraron las “Bases
para una Política Nacional de Vivienda”.
5 El DFL 2. Complementado y reglamentado y sus 105 modificaciones, 1969, pp.15-19.
273
Boris Cofré Schmeisser
Los empresarios de la construcción: proyecto histórico e ideas políticas
La CORVI, antigua institución que concentraba todas la labores de vivienda y urbaniza-
ción, ahora quedaba limitada a la construcción, vía contrato con empresas privadas, de vi-
viendas. Su Consejo Directivo estaría compuesto por miembros designados por el Presidente,
5 de libre disposición, 1 del Colegio de Arquitecto, 1 del Colegio de Constructores de Chile, 1
del Instituto de Ingenieros y el último de la Cámara Chilena de la Construcción.
La Corporación de Servicios Habitacionales o CORHABIT se centraría en solucionar los
problemas de los habitantes de las viviendas de autoconstrucción, por etapa y operaciones
sitios.
La Corporación de Mejoramiento Urbano o CORMU era la responsable de urbanizar,
desde el Estado, adquirir terrenos, fijar los límites urbanos, modificar los Planos Reguladores,
asociarse con las Municipalidades y empresas privadas para realizar proyectos mixtos de
urbanización, y otorgar créditos para financiar dichos proyectos.
6
El organismo financiero del nuevo ministerio que ahora abordaba el problema habitacional
de los sectores de menores ingresos sería la Caja de Vivienda Popular. El Servicio de Vivienda
Popular elegía de entre los postulantes a los beneficiarios, dicha Caja pagaba el 100% del
costo de la vivienda a la CORVI o la empresa constructora y el asignatario debía pagar su
vivienda a través de dividendos reajustables mensuales. El Consejo de la Caja de la Vivienda
Popular era designado por el Presidente, 3 de sus miembros eran de libre elección, 1 era ele-
gido de entre los propuestos por las organizaciones de trabajadores y el último de entre los
sugeridos por la Cámara Chilena de la Construcción. (CChC, 1965, pp.28-34)
En resumen, la CORVI “construía”, es decir, concesionaba las obras ejecutadas por em-
presas privadas; la Caja de Vivienda Popular “financiaba”, o sea, creaba la capacidad de
compra habitacional; y el Servicio de Vivienda Popular “asistía”, vale decir, guiaba y subsi-
diaba la capacidad de pago popular. (CChC, 1965, p.16)
En 1958 la CChC analizó la información del Plan Decenal de la CORFO y elaboró el In-
forme sobre Anteproyecto Financiero para Plan Habitacional, que a su vez sirvió de base para
la redacción definitiva del Plan Habitacional 1965-1970 que la corporación entregó al recién
asumido gobierno de Frei Montalva en 1964. En este Plan Habitacional se propuso construir en
5 años la inédita cifra de 360 mil nuevas viviendas. El 75% estarían destinadas al estrato de in-
gresos bajos, cerca del 16% al de ingresos medios y el 8% restante al estrato de ingresos altos.
Este Plan requería de más y mejor Estado y mercado para la vivienda y la urbanización.
El sector público, a través de la CORVI, financiaría la construcción (privada) del 40% del total
de las viviendas, las menos rentables, y el sector privado construiría el 60% restante, más ren-
table, que sería financiado por los propios comprados de sectores medios y altos, con el apoyo
del Estado en caso de ser necesario. Es decir, el 100% de las viviendas serían construidas por
empresas privadas.
Nuevamente, una vez creado el Estado (Ministerio de la Vivienda), desde éste se buscó
crear más mercado.
“La Cámara Chilena de la Construcción está firmemente convencida de que es ele-
mento indispensable para que este Plan Habitacional pueda llevarse a cabo poner
en marcha en forma definitiva, eficiente y ágil el mercado de la vivienda… Para que
tal mercado exista, debe haber demanda en el volumen necesario y en forma perma-
6 El DFL 2. Complementado y reglamentado y sus 105 modificaciones, 1969, p.93.
Chile y América en su Historia Económica. Parte IV: Empresas y empresarios
274
nente… El país no podrá solucionar su problema habitacional a menos que un ágil
mercado de la vivienda tienda a eliminar la construcción individual, que es, evidente-
mente, antieconómica.” (CChC, 1965, p.15)
En una frase: en este esquema el Estado debe intervenir en la economía para garantizar
la existencia de mercado.
Desde 1967 las cosas comienzan a cambiar. El emergente proceso de organización gre-
mial, desde el cual los empresarios fueron construyendo Estado y mercado para la urbaniza-
ción capitalista, comenzó a ser puesto en cuestión. Primero se inició una baja en la actividad
económica en general y en el sector construcción en particular. Sumado a esto, las leyes so-
ciales (reducción de la jornada de trabajo, aumento de los feriados, la inamovilidad de obreros
sindicalizados) comenzaron a relativizar las garantías estatales (consagradas en el DFL-2 de
1959) a la inversión de capital. (CChC, 1971)
7
La actividad productiva se fue deteriorando, la inversión pública en construcción de vi-
viendas cayó abruptamente, los créditos aumentaron sus costos y se hicieron escasos. Desde
1968 el Plan Habitacional comenzó a hacer crisis junto a la economía nacional y la confianza
de los inversionistas.
En estos años (1968-1970) se rompe el pacto de gobernabilidad, puesto que se puso en
cuestión la propiedad privada y el sentido de autoridad en la sociedad, a partir de la implemen-
tación de la Reforma Agraria, de las reformas al sistema político, y del aumento de las huelgas
y las tomas de sitios urbanos. (Gómez, 2004)
Desde 1970, año en que asume la Unidad Popular, desde el Parlamento, fuerzas políticas
de izquierda, cada vez más influyentes comienzan a redefinir el rol del Estado y plantean
abiertamente una contradicción con la empresa privada. El MOP, el MINVI, la CORVI y CORMU
se encuentran desfinanciados y en proceso de redefinición de sus funciones. Las nuevas au-
toridades desplazaron de estos organismos a los miembros de la CChC y los utilizan como
instrumentos para transitar institucionalmente al socialismo, es decir, perdieron su carácter de
organismos al servicio de la inversión de capital.
En este marco de profundas desconfianzas la CChC elaboró el Plan Habitacional y de
Desarrollo Urbano 1971-1980. A diferencias de los anteriores, este documento está escrito con
un tono de pesimismo o desmotivación generada, ciertamente, por la certeza que tenían sus
redactores de que no se implementaría. Éstos presentaron al nuevo gobierno una actualiza-
ción del Plan anterior, enfatizando en una visión de la sociedad que entiende a la familia y la
propiedad privada (en general y de la vivienda en especial) como inclinaciones naturales del
ser humano.
El Plan defiende el modelo de urbanización capitalista y busca hacerse cargo del histórico
déficit habitacional. Propone flexibilizar el acceso a la vivienda, siempre dentro del mercado,
permitiendo que de forma “natural” la demanda se ajuste a la oferta. (CChC, 1971)
8
En este nuevo escenario político (1970-1973), el proyecto histórico de los empresarios
fue desplazado por lo que se metamorfoseó en oposición institucional (1971) y de facto (1972-
1973) contra este proceso de transformación estructural de la sociedad. En 1973 tanto el Es-
7 Revista La Construcción N° 108-9, 1971.
8 Cámara Chilena de la Construcción, Plan Habitacional 1971-1980, pp.1-9.
275
Boris Cofré Schmeisser
Los empresarios de la construcción: proyecto histórico e ideas políticas
tado como el mercado que estos empresarios habían construido, desde los años 40 del siglo
XX, se encontraban en proceso de transformación radical.
Ideas políticas: socialcristianismo, liberalismo y nacionalismo anti-comunista.
El primer cuerpo de ideas a las que adhieren los empresarios del sector, en los hechos
más que en términos teóricos, es al gremialismo. No al gremialismo como sinónimo de corpora-
tivismo, es decir, como modelo de organización total de la sociedad, sino como reivindicación
de sus intereses sectoriales. Los primeros años de labor de la CChC estuvieron muy centrados
en este proceso de posicionamiento de sus intereses gremiales en las decisiones de política
nacional. Con el tiempo este ejercicio reivindicativo se transformó en identidad, los empre-
sarios del sector se auto percibieron como un grupo clave en el desarrollo de la economía
nacional. (CChC, 1957; CChC, 1991; CChC, 2006)
Muchos de los empresarios que fundaron la CChC eran ingenieros de la Pontificia Univer-
sidad Católica de Chile que adherían a la Doctrina Social de la Iglesia, expresada entre otros
textos en la encíclica -··.· |~.·.·. En Francia y Bélgica conocieron el funcionamiento del
socialcristianismo en sistemas como las cajas de compensación y el cooperativismo. (CChC,
2005, p.15)
Esta inspiración socialcristiana se expresó en acciones concretas desde los primeros días
de la CChC. Una de las primeras comisiones de trabajo que se crearon en 1952 fue la Comisión
de Acción Social, desde la cual se creó la primera Caja de Compensación en el país, que per-
mitió entregar a los obreros de la construcción, incluso antes que la ley lo dictase, la asignación
familiar. (CChC, 1991; CChC, Memoria de 1953) Además, ésta buscó elevar el nivel técnico de
los obreros y generar en ellos el espíritu cooperativista. (CChC, Memoria de 1952).
Las acciones sociales orientadas por el socialcristianismo se proyectaron en el tiempo.
Se comenzaron a entregar a las familias de los obreros ajuares para recién nacidos, útiles,
uniformes escolares y créditos. Se financiaron viajes a la playa de Cartagena donde los obreros
pudieron descansar junto a sus familias. En 1960 se creó el Servicio Médico que se organizó de
forma mutualista, al igual que la Mutual de Seguridad. (CChC, 1991, pp.39-71; CChC, Memoria
de 1963)
El fomento al cooperativismo debe ser entendido tanto como la recepción de aquellas
ideas y prácticas europeas socialcristianas, como una respuesta eficiente a un problema real
de la realidad nacional. En su labor por ir creando mercado para la vivienda, en un contexto
donde el Estado no era capaz de asumir económicamente dicha tarea, la CChC propició la
creación de cooperativas de vivienda. El principal impulsor de estas ideas fue Walter Sommer-
hoff. Éste se apoyó en la Unión Social de Empresarios Cristianos para crear el Departamento
de Promoción de Cooperativas (1957) de la CChC, que dio asesoría técnica a los dirigentes
de las nacientes cooperativas. La consigna clave de este proceso fue: “La casa propia por el
esfuerzo propio”. (CChC, 1991, p.43; CChC, Memoria de 1958)
Otra derivación ideológica del socialcristianismo fue la noción de integración y armonía
social. La relación capital-trabajo fue entendida como “dos elementos indispensables de un
solo todo”. (CChC, 1957, p.5) En oposición a la concepción marxista que caracterizaba aquella
relación a partir de la noción dialéctica (dos elementos antagónicos que se necesitan mutual-
mente para existir), (Marx, 1848). La mayor materialización de estas ideas se encuentra en la
participación activa que tuvo la CChC en el gobierno de Frei Montalva.
Chile y América en su Historia Económica. Parte IV: Empresas y empresarios
276
El Plan Habitacional 1965-1970 que la CChC elaboró para el gobierno DC debe ser en-
tendido, en términos ideológicos, como la proposición de un nuevo pacto social basado en
la integración modernizadora. El Estado y los empresarios de la construcción acuerdan una
alianza estratégica que permite financiar la construcción de viviendas para la mayor parte de la
población. El gobierno impulsa el proceso y capitaliza electoralmente, los empresarios se ase-
guran la existencia de mercado y rentabilidad, y la población accede a la vivienda, “a cambio”
de apoyo electoral al gobierno. (CChC, 1965)
La crisis de 1955 se tradujo en el desfinanciamiento del Estado. El MOP, la CORVI y la Caja
de Previsión del Estado no tenían recursos para pagar las obras contratadas a las empresas
constructoras, lo que puso a éstas en una situación económica muy compleja. El gobierno
buscó dar una salida al problema encargando a la Misión Klein-Sacks, de orientación liberal
ortodoxa, recomendaciones a las autoridades. Ésta orientó al gobierno, en lo que interesaba a
la CChC, a reducir aún más el gasto fiscal y a entregar la construcción de la Carretera Pana-
mericana a empresas extranjeras.
La respuesta de la CChC fue reivindicar, desde un discurso nacionalista, la responsabi-
lidad del Estado y de los empresarios nacionales en el desarrollo de la economía nacional en
general y del sector construcción en particular, esto en oposición a las empresas extranjeras.
(CChC, 1991, p.41; CChC, Memoria de 1956).
A propósito el terremoto de 1960, la CChC solicitó, de igual modo, transferir los créditos
extranjeros para reconstrucción hacia las constructoras chilenas, a través de la adquisición en
el extranjero de medios de producción modernos, es decir, maquinarias de última generación.
(CChC, Memoria de 1963)
Otro modo de acercamiento a nociones nacionalistas, aunque más bien retoricas, se
encuentra permanentemente en la reivindicación gremial. Parte importante del discurso que
buscaba posicionar los intereses económico-sociales de los empresarios se centraba en pre-
sentarlos como subordinados a los intereses de lo que llamaron: la “colectividad”, “Patria”,
“Nación” o “Bien Común”. Se afirmaba que lo que se buscaba no era el mero beneficio propio
sino el progreso de la nación en su conjunto. (CChC, 1957, p.6)
Finalmente, nociones nacionalistas, en el sentido anti-comunista de la época se exacer-
baron durante los años de la vía chilena al socialismo. Sin embargo, al parecer este cuerpo de
ideas no habría alcanzado la importancia que tuvo entre los empresarios el socialcristianismo.
Tan importante como la Doctrina Social de la Iglesia fue el liberalismo económico. Y si el
primero fue aprendido en Francia el segundo lo fue en Estados Unidos. En 1957, la CChC firmó
un convenio con la National Association of Home Builders, cuya sede estaba en la ciudad de
Chicago. En el marco de este acuerdo un grupo de directores viajó a realizar estudios en aquel
país. Al año siguiente fueron invitados a Chile dos expertos estadounidenses que asesoraron a
la CChC en diversas materias. En 1959 viajó un segundo grupo de directores al país del norte,
al regresar impulsaron una modificación a la estructura orgánica de la corporación que signi-
ficó crear el Consejo Nacional, los Consejos locales y eliminar las categorías de socios clase A
y B. (CChC, Memorias 1958 a 1961)
Si bien en estos años predominó una concepción intervencionista del Estado en la eco-
nomía, para los empresarios de la construcción esta intervención debía significar la creación
y el resguardo de un mercado libre de vivienda y urbanización. La libertad de empresa y la
277
Boris Cofré Schmeisser
Los empresarios de la construcción: proyecto histórico e ideas políticas
propiedad privada de los medios de producción y reproducción social fueron entendidas como
los fundamentos del orden social.
Como ya se ha señalado desde fines del gobierno de Frei las nociones socialcristianas y
liberales comenzaron a ser puestas en cuestión a nivel nacional, tanto en el derecho como en
los hechos.
El inicio del gobierno de Allende significó para los empresarios de la construcción una
enorme presión en dos sentidos. Primero, para responder a la inédita cantidad de obras ini-
ciadas en 1971, lo que les significaba una gran rentabilidad económica. Y segundo, para
abordar este hecho económico a partir de sus concepciones políticas contrarias a dicho go-
bierno.
En 1971 la CChC buscó influir sobre el gobierno de Salvador Allende. Se integró, a través
del recién creado Sindicato de Empleadores de la Construcción, a una mesa tripartita donde se
encontraba con las nuevas autoridades y representantes de los trabajadores. Además entregó
el referido Plan Habitacional 1971-1980 a las autoridades, sin embargo, la vía chilena al socia-
lismo los había caracterizado como capital monopólico, es decir, como enemigos fundamen-
tales a los cuales se debía enfrentar arrebatándoles su control de los medios de producción y
rompiendo sus alianzas con los medianos y pequeños empresarios.
“Estuvimos permanentemente en contacto con S.E. Ministros de Estado y Jefes de Ser-
vicios. Habíamos iniciado nuestro periodo con una contratación muy fuerte de parte
de todas las empresas constructoras y ello hacia ciertamente muy delicado nuestro
quehacer por las graves implicancias que cada acto nuestro tenía.” (CChC, Memoria
de 1972, pp.15-16)
Las huelgas solicitando aumentos de salarios, la falta de disciplina laboral, la falta de
apoyo de las autoridades, las tomas de sitios urbanos, la creación de los sistemas de construc-
ción de Administración Delegada y Ejecución Directa del Estado, una incipiente división gre-
mial, el cuestionamiento generalizado a los principios de autoridad y propiedad hicieron que la
CChC percibiera estos años como un momento en que su propia existencia estuvo en riesgo.
Desde 1972 la CChC se incorporó a una oposición más radical. Destacados miembros de
la corporación, entre ellos Ernesto Pinto Lagarrigue, creador del DFL-2, fundaron partidos po-
líticos anti-marxistas, como Unión del Pueblo Libre.
9
Mientras que como gremio se integraron
al Frente Nacional de la Actividad Privada. Se politizaron e integraron al Paro de Octubre de
1972 que buscó generar las condiciones políticas para derrocar a Salvador Allende. (CChC,
Memoria de 1972)
En 1973 la obra que la CChC había creado, es decir, Estado y mercado para la urbaniza-
ción capitalista, se encontraba en peligro de desaparecer. Sus concepciones socialcristianas,
liberales, nacionalistas y anti-comunistas hicieron que percibieran estos hechos como la diso-
lución final de los fundamentos de la sociedad.
“Fueron innumerables las audiencias con el Gobierno de la Unidad Popular… Pero…
cada vez se hizo más irrespirable el medio en el que tenía que desenvolverse la ac-
tividad. Solo porque era todavía conveniente para ese Gobierno que las Empresas
9 Al respecto, véase: La Tercera, 14 de mayo de 1972.
Chile y América en su Historia Económica. Parte IV: Empresas y empresarios
278
Privadas pudieran contribuir en algo, hasta cuando se las reemplazaran por los inefi-
cientes organismos estatales que se iban creando… es que ellas obtuvieron la rene-
gociación de contratos.
Lo aquí dicho constituye una muestra del daño inferido a nuestra actividad durante los tres
años del Gobierno marxista, cuya nefasta gestión… hicieron del país un hervidero de descon-
tento, repulsa e indignidad, conduciéndolo a la caída final”. (CChC, Memoria de 1973, pp.6-8)
Referencias.
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1951-1991. 40 años construyendo bienestar, Santiago, Ediciones CChC.
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El DFL 2. Complementado y reglamentado y sus 105 modificaciones, 1969.
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Cámara Chilena de la Construcción. Plan Habitacional 1965-1970.
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1980.
279
LA SEGMENTACIÓN PRODUCTIVA EN LA INDUSTRIA. EVOLUCIÓN DE
MODALIDADES DE VALORIZACIÓN Y DISPERSIÓN DE ACTIVIDADES EN
CADENAS GLOBALES ESPECÍFICAS.
Sebastián Sztulwark
Santiago Juncal
Universidad Nacional de General Sarmiento
Desde hace aproximadamente cuatro décadas, es posible verificar la emergencia de una
nueva lógica de acumulación en el seno del modo de producción capitalista. Esta transfor-
mación tiene como eje un desplazamiento de la creación de valor desde una modalidad de
reproducción de bienes y servicios de baja diferenciación hacia un régimen progresivamente
sesgado hacia la innovación de producto y en el que, por lo tanto, surge un nuevo rol del
conocimiento en los procesos de valorización. Esta ruptura histórica ha sido catalogada de
diferentes maneras por diversas corrientes teóricas (“capitalismo pos-industrial”, “capitalismo
cognitivo”, “capitalismo informacional”, “economía basada en el conocimiento”, etc.) y el de-
bate sobre su naturaleza y alcance permanece aún vigente.
La emergencia de un “nuevo capitalismo” implica un cambio en el papel del proceso de
innovación en el seno del sistema. Esto se expresa, en primer término, en el hecho de que la
innovación de producto pasa a tener una centralidad que en el capitalismo industrial recaía en
las innovaciones de proceso (Sztulwark, Míguez y Juncal, 2011). Asimismo, la innovación de
producto se materializa en una creciente intensidad del diseño
1
que (a su vez), está relacio-
nada con la potenciación del componente “reflexivo” del consumo en este período histórico.
Así, la innovación adquiere un carácter no sólo informacional, sino también estético-expresivo;
para realizar una ganancia extraordinaria por innovación (“renta de innovación”), los bienes y
servicios deben estar cada vez más provistos de un “componente estético”, sobre el que des-
cansa en última instancia su “valor de signo”
2

1 La idea de “intensidad de diseño” es expuesta por Lash y Urry (1998) cuando sostienen que “la producción
no sólo está más penetrada de conocimiento, sino que se ha vuelto más cultural: lo que está en juego no es
una primacía novedosa del procesamiento de información, sino capacidades más genéricas de procesa-
miento de símbolos” (Lash y Urry, 1998, pp. 173).
2 Nuevamente en palabras de Lash y Urry: “En la producción, el componente de diseño forma una propor-
ción cada vez más grande del valor de los bienes. El proceso específico de la fuerza de trabajo pierde
importancia en el aporte al valor agregado, y la adquiere, en cambio, el “valor de diseño”. Se lo comprueba
incluso en la producción industrial por la “intensidad de diseño” o de “investigación y desarrollo”” (Lash y
Urry, 1998, pp. 32).
Chile y América en su Historia Económica. Parte IV: Empresas y empresarios
280
Estos cambios se corresponden, a su vez, con la existencia de un desacople entre pro-
ducción e innovación en el nuevo capitalismo
3
. Las capacidades de producción son aquellas
que se orientan fundamentalmente hacia el uso y la adaptación del conocimiento existente.
Según Bell y Albu (1999) y Bell y Pavitt (1995), estas capacidades se vinculan con la replica-
ción y circulación de conocimiento que ya está establecido dentro del sistema de producción,
con la potencialidad de expandir la capacidad productiva usando métodos de producción
dados. Por otro lado, el desarrollo de capacidades de innovación tiene como núcleo la adquisi-
ción, creación, procesamiento y acumulación de nuevo conocimiento. Esta diferenciación entre
tipos de capacidades nos permite identificar las diferencias en la naturaleza de las barreras
a la entrada en cada caso. Concretamente, es posible sostener no sólo que las barreras a
la entrada en las actividades de innovación (umbral de inversión en activos intangibles) son
tendencialmente superiores a las verificadas en las actividades de producción (costo unitario
de producción), sino que además son cualitativamente diferentes y, por lo tanto, que la acumu-
lación de capacidades productivas no necesariamente conduce a un dominio de las capaci-
dades de innovación (Altenburg et al, 2008).
En este contexto, el carácter jerárquico y asimétrico de la economía mundial no desapa-
rece, pero debe ser repensado. Dos elementos fundamentales para entender estas transforma-
ciones son, por un lado, los procesos de segmentación y dispersión global de la producción
4

y, de forma simultánea, la centralización del comando en torno a la figura de las firmas líderes
de las cadenas de valor global
5
. Tomados estos elementos en consideración, es posible ase-
verar que las asimetrías entre diferentes territorios pasan a residir ya no sólo entre los tipos de
bienes o servicios que cada uno produce, sino más bien en la posición de la cadena en que
se ubiquen las actividades económicas que se desenvuelven en cada una de esas unidades
territoriales (Gereffi, 2001; Kaplinsky, 2000; Dicken, 1998).
En el marco de esta problemática general de investigación, en este trabajo nos interesa
pensar la relación entre la emergencia de nuevas modalidades de valorización capitalista y la
3 Esta distinción no está exenta de problemas, ya que innovación y producción están entrelazadas: producir
implica cierto grado de innovación y la innovación está articulada con la producción. La distinción es ana-
lítica y alude, por un lado, a las capacidades necesarias para producir (o reproducir) bienes existentes y,
por otro, a la capacidad para diferenciar o crear nuevos productos. En un caso, el eje es la productividad,
la brecha de costos en relación al productor líder mundial; en el otro, es la capacidad de imponer nuevos
diseños dominantes (en el sentido de Abernathy y Utterback, 1978).
4 En otras palabras, la posibilidad de segmentar físicamente los procesos de innovación y producción se
traduce en la actualidad en una dispersión a escala global de dicha escisión. La segmentación productiva
global no constituye en sí misma un fenómeno nuevo; lo novedoso es que a partir de los avances tecno-
lógicos, organizativos e institucionales recientes, esta fragmentación de la cadena de valor adquiere una
gran complejidad y un alcance internacional, configurando una de las tendencias fundamentales de la
globalización. En otras palabras, la dinámica de la competencia en las últimas décadas se transformó tanto
en extensión como en complejidad (Sztulwark, 2012).
5 Gereffi (1994) presenta la distinción entre dos tipos de cadena global de producción, según el comando
sea realizado por el productor o el comprador. El primer tipo de cadena se trata de actividades intensivas
en capital, en las que algunos grandes productores poseen el control sobre las tecnologías de produc-
ción fundamentales y organizan una serie de proveedores verticalmente eslabonados. En cambio, en las
cadenas comandadas por el comprador la clave del comando no deriva del control tecnológico, sino de
una serie de capacidades complementarias de investigación, diseños, ventas, marketing o servicios finan-
cieros. Se trata de cadenas en las que las redes de subcontratación están manejadas por diseñadores o
vendedores minoristas que controlan el acceso al mercado pero que no necesariamente fabrican lo que
venden.
281
Sebastián Sztulwark - La segmentación productiva en la industria.
reconfiguración de la industria manufacturera a nivel mundial, con el objetivo de avanzar en la
comprensión de los nuevos patrones de segmentación productiva global que se despliegan al
interior de ese sector. Los elementos fundamentales a considerar, a modo de hipótesis, son:
i) que la base de esta segmentación global industrial se corresponde con el despliegue de
dos modalidades de valorización complementarias pero cualitativamente diferenciadas: por un
lado, las actividades de innovación, basadas en la creación de nuevo conocimiento (novedad
de alcance mundial) que tienen un papel dominante; por otro, las actividades de producción,
orientadas a la reproducción de conocimiento existente, que juegan un papel subordinado; ii)
en la modalidad dominante, la innovación no se agota en las mejoras de tipo informacional (co-
nocimiento científico y tecnológico, abstracto y codificado), sino que juegan un papel de cre-
ciente relevancia los elementos “estético-expresivos”, esto es, aquellos orientados a movilizar
los elementos emocionales que vinculan al consumidor con el producto; iii) sobre esta base,
se despliega un nuevo patrón geográfico de localización industrial en el cual las actividades
de innovación se concentran en los territorios en los que existe un sistema de innovación más
desarrollado, al tiempo que las actividades de producción se difunden a aquellos lugares en
los que existen menores costos unitarios de producción.
En las páginas que siguen intentaremos verificar (a través del análisis de dos casos dife-
rentes) en qué medida estas tendencias operan efectivamente en la dinámica de la industria
manufacturera a nivel mundial y, por lo tanto, identificar la existencia de elementos de con-
tra-tendencia que puedan enriquecer las bases de nuestra comprensión de los fenómenos de
segmentación económica global.
Para avanzar en el desarrollo de estas hipótesis, se analizan dos cadenas industriales
específicas: farmacéutica y electrónica de consumo. Estas cadenas comparten al menos tres
denominadores comunes que posibilitan la comparación: elaboran bienes de consumo final
que admiten cierto grado de diferenciación de producto; implican actividades susceptibles
de segmentación productiva; y experimentan algún nivel de dispersión global. La metodología
empleada es de tipo comparativo, a partir de la identificación de las dimensiones críticas para
el análisis de las cadenas: la caracterización de los diferentes procesos de innovación, las
barreras a la entrada principales de cada eslabón y el patrón geográfico que se despliega en
cada caso a nivel global. El trabajo se apoya fundamentalmente en fuentes secundarias, sobre
todo trabajos académicos sectoriales y material de prensa especializado.
I. La cadena de la industria electrónica de consumo.
Una buena primera aproximación a esta cadena surge del clásico aporte de Dicken
(1998). El autor señala que la elaboración de productos electrónicos de consumo consiste
en tres etapas: diseño, manufactura de componentes (eslabón capital- intensivo) y ensamble
(eslabón trabajo-intensivo). El autor destaca a la primera de ellas como la más intensiva en
investigación e indica que los componentes manufacturados pueden ser de carácter pasivo
(resistencias, cables, conectores, etc.) o activo (semiconductores, circuitos integrados, mi-
croprocesadores, etc.), los cuales son más complejos y generalmente fabricados por provee-
dores especializados. Por su parte, Dedrick y Kraemer (2006) analizan el caso particular de la
producción de PCs portátiles e identifican tres fases productivas a las que denominan diseño,
desarrollo y producción, desagregando cada una de ellas en distintas sub-fases; las empresas
multinacionales con marca reconocida (líderes de la cadena) son las que se concentran en el
diseño de productos, subcontratando la fase productiva y, en buena medida, los procesos de
desarrollo de los mismos.
Chile y América en su Historia Económica. Parte IV: Empresas y empresarios
282
En sintonía con esto, Sturgeon (2002), afirma que en la industria electrónica se impone
progresivamente un esquema de “redes de producción modular”, en el que las firmas líderes
son poseedoras de marcas mundialmente reconocidas, cuya competencia central consiste en
crear, penetrar y defender mercados para productos finales (y en la creciente provisión de ser-
vicios que van atados a ellos), llevando a cabo a tal efecto actividades de estrategia, definición,
desarrollo, diseño y ······, de producto. El papel de la innovación en la cadena se vincula a
los distintos modelos de negocio, que en la práctica se verifican bajo estrategias empresariales
diversificadas: firmas que fabrican para terceros pero también bajo propia marca (Sturgeon,
2002) y diseño/desarrollo conjunto llevado a cabo entre empresas con diseño propio y firmas
con marca líder (Dedrick y Kraemer, 2006), son ejemplos de estas combinaciones
6
.
El trasfondo de estas relaciones altamente complejas se aprecia en el rejuvenecimiento
tecnológico de los productos y la integración de sus funciones, dos tendencias que en esta
cadena resultan ser complementarias y a la vez contradictorias entre sí. Ambos fenómenos
se han verificado en múltiples bienes, como televisores (Dicken, 1998), cámaras fotográficas
(auge de las unidades digitales compactas sin espejo), teléfonos celulares y computadoras
(ambos adquiriendo diversas aplicaciones, como mensajería, juegos, notificaciones, georre-
ferenciación, etc.
7
). No obstante, la integración de funciones evidencia límites precisos, dada
la imperfecta sustitución que continúa existiendo entre los diferentes bienes, como se verifica
entre las ····· y las ,·~,·
8
.
Las barreras a la entrada en el eslabón de las empresas con marca están constituidas no
sólo por los abultados montos destinados a actividades de investigación
9
, sino por el sesgo de
dichas actividades hacia el diseño de productos estéticos y funcionales, en el marco de estra-
tegias de comercialización, publicidad y posicionamiento de marcas que den cuenta de tales
cualidades
10
. Por tanto, la innovación de las empresas con marca contempla desde ya la di-
6 Otro caso es el de Samsung, que provee a Apple de componentes que explican conjuntamente el 26% de
los costos de su teléfono móvil; así, “Apple es uno de los clientes más grandes de Samsung, y Samsung
es uno de los proveedores más grandes de Apple” (The Economist, 2011). Pero Samsung también co-
mercializa tablets y teléfonos inteligentes, por lo que termina siendo proveedor de uno de sus principales
competidores.
7 El último lanzamiento de computadoras personales de Apple evidenció que la firma “está convencida de
que los mundos de las PC, laptops y aparatos móviles están destinados a converger y que Apple desea ser
un catalizador de ese cambio” (The Wall Street Journal Americas, “Apple quiere que sus Macs se parezcan
más a sus iPhones”, 17/2/2012).
8 Tecnólogos como T. Bajarin (2010) y S. Eden (La Nación, “El negocio tecnológico se vuelca a las patentes
y la diferenciación”, 28/8/2011) aconsejan a las laptops o notebooks para trabajar y crear contenidos, y a
las tablets si la prioridad es el consumo de información.
9 El hecho de que la cadena de electrónica de consumo es intensiva en gastos en I+D se aprecia en diversas
estadísticas. Datos de la National Science Foundation de los EE.UU. indican que la I+D como porcentaje de
las ventas fue más elevada en el segmento Computadoras y productos electrónicos que en cualquier otro
de los involucrados entre las actividades industriales en el período 1999-2008. En tanto, datos de 2002 para
la Unión Europea indicaban que los segmentos Equipo de Telecomunicaciones y Electrónicos y Eléctricos
ocupaban respectivamente el tercer y cuarto lugar en gastos totales en I+D; sumados, casi alcanzaban los
U$S 24.590 millones volcados a ese destino por la cadena automotriz, rubro líder en este indicador (Euro-
pean Commission, 2003).
10 Recientes experiencias fallidas en ventas de Sony (creador de productos tecnológicamente sólidos, pero
poco funcionales), Nokia (desconexión entre áreas de I+D y comercialización) y H-P (debilidad en diseño
283
Sebastián Sztulwark - La segmentación productiva en la industria.
mensión informacional (solidez tecnológica de los productos), pero con componentes estéticos
y simbólicos que pesan cada vez más en los diseños de los nuevos bienes. Ilustración de ello
es el énfasis que ponen autores como Dedrick, Kraemer y Linden (2009) en la relevancia de la
dimensión “reflexiva” en el consumo de los productos de la empresa Apple
11
, al atribuir el éxito
del -~+ a años de inversión en publicidad cuidadosa y manejo de marca, complementada con
la creación de un canal minorista propio (Apple Stores) con buena presencia y visibilidad. Así,
podría plantearse que las empresas con marca deben contemplar innovaciones de carácter
puramente informacional (eficiencia tecnológica de los componentes materiales), de carácter
puramente estético-expresivo (sostenimiento de marcas) y de tipo mixto (funcionalidad de los
productos, donde convergen la innovación científico-tecnológica pero orientada a un consumo
que aprecia la facilidad de empleo y la multifuncionalidad de los bienes).
En sintonía con ello, la información sobre gastos en I+D de empresas individuales revela
que siendo todos de elevada magnitud, el monto invertido por Apple se encuentra muy por
debajo del de las empresas que muestran los mayores guarismos en esta variable, tanto en
términos absolutos como relativos
12
. Estas cifras confirman que no es sólo la cantidad, sino la
calidad y la orientación de los gastos en I+D lo que determina el desempeño de las compañías
líderes de la cadena. Esto contrasta con los eslabones de fabricación y ensamble, donde los
bajos costos salariales (sobre todo, en ensamblaje), la férrea disciplina laboral en las fábricas,
la cercanía a los grandes centros de consumo y la capacidad de responder a diversos seg-
mentos de la industria electrónica
13
constituyen variables críticas para la entrada de nuevas
empresas. En particular, para la fabricación de ciertos componentes de carácter activo, su
mayor complejidad requiere la necesidad de combinar ventajas de costo con el desarrollo de
ciertas capacidades de tipo cognitivo.
Estos elementos explican que la cadena electrónica de consumo se encuentre global-
mente dispersa y liderada por empresas multinacionales, pero (como ya indicaba Dicken,
1998) con el eslabón de fabricación y ensamblaje de productos cada vez más radicado en
los países en desarrollo, fundamentalmente en el Este y Sudeste Asiáticos. Los casos de em-
presas más exitosas, como los de las surcoreanas Samsung y LG, han implicado el progresivo
pasaje desde un esquema de producción a pedido de firmas de EEUU y Japón al desarrollo de
marcas y productos propios con prestigio internacional. La contrapartida de ello fue la salida
de empresas estadounidenses y europeas de la industria, a través de alianzas estratégicas o
cambios de manos con empresas de origen japonés y coreano, fundamentalmente.
de productos) resultan ilustrativas de este fenómeno (The Wall Street Journal Americas: “El error más caro
en la historia de Nokia”, 20/7/2012; “Cómo Japón perdió su dominio en los electrónicos de consumo”,
16/8/2012; “H-P muestra su nueva cara”, 18/9/2012).
11 “Los expertos afirman que los vendedores de Apple nunca bombardean a los clientes con cuestiones tec-
nológicas [..] “Siempre empiezan preguntándole al cliente por su estilo de vida y sus necesidades”, afirma
Martin Lindstrom, [..] “Lo involucran emocionalmente [..]” (The Wall Street Journal Americas, “Diez cosas
que Apple nunca le dirá”, 30/8/2012).
12 En 2010, la I+D de Apple no superó los U$S 2.000 millones, cuando las inversiones en I+D de Sony, Pana-
sonic y Samsung alcanzaron los 5.500, 6.600 y 8.700 millones de dólares en 2011, respectivamente (The
Wall Street Journal Americas, 16/8/2012). Así, mientras Microsoft, Nokia, Google y Sony Ericsson tienen una
I+D superior al 12% de sus ventas, el ratio de Apple resulta inferior al 3% (Fuente: Consultora Asymco).
13 Sturgeon (2002) aporta una valiosa caracterización de los proveedores de las empresas con marca, al
indicar que su competitividad se basa en la posesión de una cartera diversificada de clientes, para lo que
requieren desarrollar servicios y capacidades genéricas.
Chile y América en su Historia Económica. Parte IV: Empresas y empresarios
284
Este panorama general varía actualmente según los productos en consideración. En te-
léfonos inteligentes, Samsung ha tenido en 2012 el liderazgo mundial (30% del mercado),
seguida por Apple (19,4%) y la finlandesa Nokia (5%). En ,·~,·, en cambio, las empresas
estadounidenses conservan en 2011 el liderazgo, explicando H-P y Dell el 30% del mercado
global de unidades vendidas, aunque destacándose también el reciente dinamismo de Apple
y la china Lenovo, que pasaron de explicar en forma conjunta en 2005 menos del 10% al 20%
de las ventas globales en 2011. Finalmente, el mercado de tabletas (de vigoroso crecimiento)
en los últimos dos años tiene como líder absoluto a Apple, aunque sus cuotas de mercado se
vienen recortando a costa del crecimiento de Samsung y otras firmas que han lanzado sus
productos recientemente (Amazon, Nokia).
En tanto, entre las empresas proveedoras de grandes marcas se destaca el liderazgo de
Foxconn, firma taiwanesa que se encarga de elaborar distintos productos (celulares, compu-
tadoras, consolas, etc.) y cuya principal localización geográfica se constituye en diferentes
regiones de China, aunque también cuenta con plantas en India, el Este Asiático, América
Latina (Brasil y México) y Europa Oriental.
14
. En línea con lo indicado más arriba, vale la pena
destacar también que Foxconn alterna la mera fabricación con la producción bajo diseños
propios, según la empresa cliente y el producto puntual del que se trate.
El ejemplo de Foxconn es útil para comprender el alcance global de la industria. En ese
sentido, cuando Dedrick y Kraemer (2006) sostienen que la fabricación de computadoras
·· global aunque el desarrollo y manufactura del producto se concentra en Estados Unidos,
Japón, Taiwán y China, debería agregarse que existe también ensamblaje de estos productos
en diferentes países del mundo (Brasil, México, países de Europa Central, etc.). Desde ya,
este fenómeno es extrapolable a otros bienes electrónicos, como los teléfonos celulares, que
encuentran zona de ensamblado en diferentes regiones del mundo, las que se utilizan funda-
mentalmente como plataforma de exportación para mercados de consumo regional o para el
armado final para el consumo local.
De todos modos y dada la baja generación de valor que tienen las etapas de ensamblado,
la perspectiva más trascendente de la industria radica en analizar los movimientos que pueden
tener lugar entre los eslabones y procesos principales. En el caso de las ,·~,·, Dedrick y
Kraemer indican que en los últimos años Estados Unidos se ha mantenido exclusivamente en
la etapa de diseño, Japón ha dejado ciertas etapas de desarrollo para recluirse también en la
planeación del producto y Taiwán ha abandonado la fabricación para concentrarse en la fase
de desarrollo, siendo China el único país que ha ampliado su participación en la cadena a más
de una eslabón, al sumar ciertas actividades de desarrollo a actividades manufactureras que
venía ejerciendo desde antes.
En suma, la cadena de productos electrónicos de consumo evidencia fuertes barreras
a la entrada en el eslabón de empresas con marca, donde la innovación de producto y la
comercialización representan las competencias centrales. En particular, los lineamientos que
orientan la concepción de nuevos productos han estado tradicionalmente marcados por la
innovación de tipo informacional (eficiencia y solidez tecnológica), a la que se ha ido sumando
14 Se estima que el 40% de los electrónicos de consumo del mundo son elaborados en fábricas de esta em-
presa (The New York Times, “How the U.S. Lost Out on iPhone Work”, 21/1/2012) y que su nivel de factura-
ción supera a la efectuada por sus 10 principales competidores en forma conjunta (The Wall Street Journal
Americas, “Hon Hai apuesta a que China seguirá siendo el centro manufacturero global”, 7/9/2010).
285
Sebastián Sztulwark - La segmentación productiva en la industria.
con creciente peso la variante estético-expresiva (a partir de diseño de productos atractivos y
funcionales, posicionamiento de marcas y canales de comercialización especializados). Esta
lógica se verifica en el marco de una alta segmentación de las etapas de fabricación del pro-
ducto (elaboración de componentes y ensamble), que se corresponde a una expansión de la
cadena hacia países asiáticos donde los bajos costos laborales juegan un papel clave para
la inserción de proveedores de las empresas con marcas líderes en la cadena global y al as-
censo industrial de algunos de ellos, hasta convertirse en empresas con diseño y marca propia
internacionalmente reconocida.
II. La cadena de la industria farmacéutica.
La industria farmacéutica involucra tanto la producción de medicamentos nuevos como
de otros descubiertos años atrás, los que en algunos casos están protegidos por patentes y
en otros no. Haakonsson (2009) identifica la existencia de tres sub-cadenas (····+·) a escala
global: la de productos con marca (dirigida por el productor), la de productos genéricos de
calidad
15
(dirigida por el comprador) y la de productos genéricos de bajo valor
16
(sin comando).
Las actividades de innovación de producto (particularmente intensivas en esta industria
17
) se
verifican en la primera de las sub-cadenas, que queda fundamentalmente en mano de los labo-
ratorios líderes de países desarrollados (denominados |, -···), los que tradicionalmente
han estado verticalmente integrados y elaboran productos patentados conocidos como ·~~·
·.·····
18
. En contraste, las empresas fabricantes de genéricos de calidad no necesariamente
llevan a cabo actividades de I+D, y las de genéricos de bajo valor no lo hacen en absoluto.
La taxonomía de Kèsic (2009) complementa este panorama, al distinguir tres tipos de
compañías farmacéuticas según su misión b ásica, su performance y su estrategia: los origina-
tors (asimilables a los |, -···), los productores de genéricos y los especialistas, que son
firmas que realizan investigación básica y desarrollo de productos farmacogenómicos y bio-
tecnológicos. El aporte de Kèsic es fundamental, tanto por resaltar la existencia de empresas
biotecnológicas clasificada en forma separada (lo que revela su creciente importancia a nivel
mundial) como por indicar que su clasificación es efectuada por “actividades principales”, lo
que implica la posibilidad de actividades alternativas al interior de cada tipo de compañía y,
por ende, de estrategias mixtas en el marco de la cadena.
La innovación de producto en la sub-cadena de productos con marca requiere un buen
número de estudios y pruebas (pre-clínicas y clínicas) y aprobaciones de organismos regu-
latorios previos al lanzamiento al mercado. Terblanche (2008) indica que hay 5 fases de es-
tudios pre-clínicos (que van desde la detección de nuevas entidades clínicas hasta el testeo
químico, farmacéutico y biológico) y 3 fases de estudios clínicos (biodisponibilidad, rangos de
15 Entre los productos genéricos de calidad, se encuentran aquellos orientados al tratamiento de ciertas en-
fermedades comunes y de tratamiento prolongado, como diabetes, cáncer, depresión, enfermedades car-
diovasculares, etc.
16 Entre los productos genéricos de bajo valor más comunes, se encuentran los medicamentos analgésicos y
los anti-infecciosos.
17 Datos de la Nacional Science Foundation indican que en 2008 la industria farmacéutica en EEUU alcanzó
un monto de inversión volcada a I+D de unos U$S 48.000 millones, siendo sólo superada por el segmento
de productos electrónicos y computadoras.
18 Un blockbuster es un medicamento que genera por sí solo más de 1.000 millones de dólares de ventas
anuales. Actualmente, existen en el mundo más de 100 blockbusters.
Chile y América en su Historia Económica. Parte IV: Empresas y empresarios
286
dosis y seguridad y eficacia) antes del lanzamiento propiamente dicho. Tanto este autor como
Bradfield y El-Sayed (2009) coinciden en que las pruebas clínicas son las que representan los
costos más elevados de toda la inversión en I+D del sector
19
. Asimismo, estos procesos suelen
ser prolongados, superiores a una década
20
.
Así, los desembolsos en I+D constituyen una barrera a la entrada insoslayable en el es-
labón de concepción de los productos, encarnado fundamentalmente por las empresas con
marca y los especialistas biotecnológicos
21
. En los últimos años, dos elementos interrelacio-
nados han contribuido a elevar la altura de esta barrera: la caída en los niveles de efectividad
de la investigación y desarrollo
22
y los crecientes costos necesarios para desarrollar nuevas
drogas
23
. Si a estos elementos se suman los de por sí elevados plazos necesarios para la
consecución de este proceso, se termina de configurar un escenario en el que (como indican
Terblanche y Bradfield y El-Sayed) no existe relación estadística entre los gastos en I+D y el
éxito empresario, ya que la clave no es sólo cuánto se gasta, sino cómo se lo hace.
Junto con la investigación para el descubrimiento de nuevas drogas, la publicidad y
······, es el otro gran destino al que se vuelcan los fondos de los grandes laboratorios.
Haakonsson (2009) indica que en 2004 las |, -··· destinaron a actividades de ····
··, casi el doble de lo que desembolsaron en inversión en I+D, mientras que Terblanche
(2008) sostiene que las actividades de ventas y ······, constituyen el principal componente
de los gastos corporativos de la industria
24
. Desde ya, estos desembolsos se materializan en
19 Bradfield y El-Sayed citan un estudio de la Federación Europea de Industrias Farmacéuticas (2007), que
indica que las etapas de testeo clínico constituyen el 43% del total de fondos volcados a I+D en el sector.
Terblanche sostiene que este porcentaje es aún mayor, al oscilar entre el 50% y el 60% del costo total de
desarrollo de una nueva droga.
20 Bradfield y El-Sayed afirman que desde el descubrimiento al patentamiento de un nuevo producto el lapso
promedio es de 12 años, lo que se ratifica en Kèsic (2009) y en Financial Times (“Research on drugs is key
to investment”, 7/10/2012), al tiempo que Gutman y Lavarello (2011) exponen datos para Estados Unidos y
Europa en los que el lapso abarca entre 10 y 12 años.
21 La I+D realizada por los “especialistas” biotecnológicos exhibe ciertas particularidades. Los tiempos para
que los productos finales alcancen el mercado son extensos, pero menos prolongados que en la produc-
ción tradicional. Gutman y Lavarello (2011) indican que los plazos para alcanzar el lanzamiento al mercado
de un producto biosimilar en Europa se extienden entre 6 y 9 años. Asimismo, Bradfield y El-Sayed (2009)
sostienen que la duración de los procesos de desarrollo de productos en la sub-cadena se está acortando,
debido a recientes progresos en los métodos de detección y descubrimiento de drogas |······ ··
+· ···~ ·~··~·~~,~ ,,·~+.~·~· o.· ,·· ~· ···· ~.·~~· , ~·.· · ···~+~. ·· ··+~····~·
·· +· ~·· ·., ·.,··~· - ·· ···~·.·~ ··+~~· ,|·+··+ , |·,·+ .·.
22 Bradfield y El-Sayed (2009) sostienen que el número de nuevas entidades químicas cayó desde 100 anua-
les en la década de 1960 hasta las 20/30 registradas en los primeros años del presente siglo. En Financial
Times (7/10/2012), se indica que en la actualidad las posibilidades de que una idea inicial alcance el paten-
tamiento y la venta comercial puede ser tan pequeña como de 1 en 100.000.
23 Bradfield y El-Sayed indican que en EE.UU. los costos desde el descubrimiento hasta la aprobación de una
nueva droga por parte de la FDA se elevaron desde U$S 154 millones en 1976 a U$S 800 millones en 2000,
y que incluso ya se ha entrado plenamente en la era de las “drogas de los mil millones”, lo que es ratificado
en Financial Times (7/10/2012), donde incluso se hace referencia a montos de U$S 2.000 millones como
requisito para alcanzar el mercado.
24 El autor se basa en un informe de PWC que indica que entre 1995 y 2005 los gastos en I+D se elevaron del
15% al 17,1% del total, mientras que los volcados a ventas y administración general subieron de 28,7% a
33,1%.
287
Sebastián Sztulwark - La segmentación productiva en la industria.
estrategias diferentes en cada |, -···

. Resulta evidente que estos gastos también se
constituyen en una barrera a la entrada muy significativa, constituyéndose incluso en la prin-
cipal fortaleza de las |, -···, dado que la construcción de marcas y su trayectoria en el
mercado generan la inercia que opera para postergar la aceptación de productos sustitutos.
Esto pone de manifiesto que, aun siendo los medicamentos productos en los que el peso
de la innovación informacional (conocimiento teórico y abstracto de base científica) es clave
para el desarrollo de nuevas drogas y tratamientos, la innovación estético-expresiva y la lle-
gada al consumidor resultan dimensiones insoslayables en la propia dinámica de la compe-
tencia. Las firmas biotecnológicas (“especialistas”) enfrentan una barrera insuperable en los
abultados gastos de comercialización que realizan los laboratorios tradicionales, además de
tener la necesidad de ser flexibles para adaptarse a contextos regulatorios con normas de
aprobación disímiles (Gutman y Lavarello, 2011). Pero como sus plazos, costos y tasa de fra-
caso para el desarrollo de biosimilares son menores a los experimentados por las |, -···,
emerge una necesidad recíproca entre ambos que conduce a que formen alianzas (coope-
rando en ciertos proyectos) y compitan en determinados productos al mismo tiempo (Kèsic,
2009).
Por otra parte, Haakonsson (2009) sostiene que en el caso de los “genéricos de calidad”
las principales barreras están constituidas por el precio, la reputación, la calidad del bien y las
aprobaciones internacionales de los productos. En tanto, en los “genéricos de bajo valor” son
el precio y el cumplimiento de los estándares mínimos dispuestos por la OMS los elementos
que más condicionan la posibilidad de competir en la sub-cadena. Kèsic (2009) coincide en
que la competencia entre fabricantes de genéricos radica en los precios de sus productos,
añadiendo que el desenvolvimiento de un mercado mundial de genéricos depende en última
instancia de la legislación vigente (regulación internacional y de los sistemas de propiedad in-
telectual de cada país). Con todo, los genéricos, donde las innovaciones tienden a ser de pro-
ceso y a limitarse a modificaciones en el formato final del producto (formas de administración,
dosaje, presentación, estado, etc.), son naturalmente los productos que implican menores
costos de desarrollo: Bradfield y El-Sayed (2009) sostienen que en EEUU el costo estimado de
desarrollar una droga genérica es de U$S 1 millón, lo que les permite ser vendidas hasta un
80% por debajo del precio de las drogas equivalentes comercializadas por las |, -···
26
.
En cuanto a su dispersión geográfica, los principales laboratorios tienen su sede central en
los países desarrollados. De las 20 firmas que lideraron las ventas globales de medicamentos
en 2011, 8 son estadounidenses (incluyendo a Pfizer y Merck, primera y tercera respectiva-
mente), 8 de Europa Occidental, 3 japonesas (ninguna de las cuales está entre las 10 primeras)
y una israelí
27
. Las diez empresas con mayor facturación abarcaron en forma conjunta el 43,4%
de las ventas de la industria, mientras que las veinte primeras alcanzaron a superar el 60% de
25 Pfizer, por caso, encaró recientemente estrategias logísticas novedosas, como la virtualización de su ca-
dena de aprovisionamiento, lo que le otorgó una mayor capacidad de respuesta ante contingencias y un
mayor control sobre el cumplimiento de requisitos de sus productos en tránsito (Financial Times, “Pfizer
moves supply chain to cloud”, 11/9/2012).
26 Dicho monto también es sensiblemente inferior al involucrado en el desarrollo de biosimilares, que en el
mercado europeo oscila entre los U$S 75 y 150 millones por medicamento (Gutman y Lavarello, 2011).
Esta comparación brinda una clara perspectiva del rol disímil que juega la innovación de producto en cada
caso.
27 Datos de la consultora IMS Health.
Chile y América en su Historia Económica. Parte IV: Empresas y empresarios
288
la facturación global. La concentración geográfica es aún mayor si se observan los datos de
las exportaciones globales
28
.
Este liderazgo coexiste con la presencia de empresas de cierta envergadura en de-
terminados países emergentes o donde la industria farmacéutica tuvo un desarrollo tardío.
Haakonsson (2009) destaca que los productores de genéricos de calidad están globalmente
dispersos y que India, China, Singapur y Brasil son casos de países donde ciertas empresas
nacionales se han desenvuelto hasta convertirse en proveedores de multinacionales que ter-
ciarizaron parte de sus procesos. Asimismo, resalta el hecho de que en los últimos años la
capacidad exportadora de India se ha incrementado hacia los países desarrollados y también
hacia África
29
. Por su parte, Gutman y Lavarello (2011) destacan el desarrollo de capacidades
productivas en el segmento de biosimilares en China, India y Corea del Sur.
Una de las tendencias recientes radica en el ingreso de empresas multinacionales en la
sub-cadena de genéricos bajo distintas estrategias (absorciones, acuerdos de producción o
comercialización, etc.), concentrándose en particular en los mercados emergentes
30
. Análo-
gamente, firmas de países emergentes encaran estrategias novedosas, como la penetración
en mercados de países desarrollados, la adquisición de (o acuerdos con) firmas de dichos
países y hasta la realización de actividades de I+D; el caso más destacado, en ese sentido, es
el de las empresas indias
31
. Estas iniciativas determinan el panorama de una industria en pleno
cambio, en la que las estrategias empresariales tienden a ser cada vez más diversificadas.
La reorientación llevada a cabo por las |, -··· tiene un alcance incluso superior al ex-
puesto: los vencimientos en las patentes de los ·~~··.····· (sumada a los crecientes costos
de investigación y tasa de fracaso) motivaron un viraje desde medicamentos para mercados
amplios (colesterol, diabetes, etc.) a segmentos específicos como medicamentos huérfanos y
vacunas (Tovar, 2009)
32
. El panorama del viraje de las empresas líderes se completa (como se
indicó más arriba) con su acercamiento hacia la actividad biotecnológica, lo que se materializó
en el lanzamiento de nuevas unidades productivas, adquisición de empresas ya instaladas o
acuerdos de financiamiento e investigación específicos (Bradfield y El-Sayed, 2009; Gutman
y Lavarello, 2011).
28 En 2008, los países desarrollados fueron responsables del 90,5% de las ventas externas de medicamentos,
siendo el 80% de las mismas explicado por Europa (UE-15 más Suiza) y el 8% por Estados Unidos (Zhang
et.al., 2012)
29 Las industrias farmacéuticas china e india dominan notoriamente el mercado del África Sub-Sahariana en
términos de volumen (Haakonsson, 2009; The Economist, 2012b).
30 Los ejemplos son numerosos. Pfizer compró el 40% de una firma brasileña fabricante de productos gené-
ricos, Abbott elabora genéricos en India, Sanofi Aventis adquirió firmas de genéricos en Brasil, México y
Republica Checa y GlaxoSmithKline adquirió una firma sudafricana y generó acuerdos con una empresa
india para elaborar medicamentos genéricos (The New York Times, “Drug firms apply brand to generics”,
15/2/2010; The Economist, 2012a).
31 Ranbaxy abrió plantas de producción en Costa Rica e Irlanda para poder acceder a los mercados de EEUU
y Europa, Piramal está desarrollando drogas nuevas para vender en mercados de países desarrollados,
Sun Pharmaceuticals acordó con Merck desarrollar y vender genéricos en los países en desarrollo y Dr
Reddy’s compró una firma alemana de genéricos en 2006 (Haakonsson, 2009; The Economist, 2012a).
32 Pfizer abocándose a casos muy particulares de cáncer (The Wall Street Journal Americas, “En busca del
nuevo Lipitor, Pfizer se centra en las drogas de nicho”, 30/8/2011) y Abbott a productos con ingredientes
naturales locales (The Wall Street Journal Americas, “Adaptándose al sabor local, Abbott busca crecimiento
en los mercados emergentes”, 4/5/2012) son ejemplos de estas iniciativas.
289
Sebastián Sztulwark - La segmentación productiva en la industria.
En cualquier caso, debe señalarse que la diversificación de estrategias por parte de los
distintos agentes de la cadena puede encontrar ciertas limitaciones en algunos puntos. La re-
nuencia de las grandes empresas farmacéuticas a investigar sobre enfermedades raras pero
serias
33
y las capacidades mínimas requeridas por los países desarrollados para abocarse a
una industria de semejante complejidad (Gutman y Lavarello, 2011) son elementos que rela-
tivizan el alcance de las reorientaciones expuestas. En sintonía con ello, distintas voces han
planteado dudas acerca de las verdaderas capacidades con que cuentan los sectores far-
macéuticos de algunos países en desarrollo. El caso de China ha sido bastante citado en ese
sentido, dado sus bajos niveles relativos de I+D en esta industria
34
(Zhang ·· 2012).
Con todo, la caracterización realizada nos permite apreciar una cadena con muy altas ba-
rreras a la entrada en innovación de productos y bajas barreras para su reproducción, lo que
refleja la fuerte incidencia de la I+D en el eslabón de la concepción de bienes. Allí conviven
empresas multinacionales líderes (con bienes con marca y patente) y firmas biotecnológicas
con creciente presencia en la cadena pero con inexperiencia en la comercialización, donde
las |, -··· muestran su principal fortaleza (reflejando el peso simbólico de las marcas
como un componente estético-expresivo que acompaña a la innovación propiamente informa-
cional) y vuelcan montos aun más elevados que en I+D. La recíproca necesidad entre ambas
(agudizada por los crecientes costos involucrados en I+D y sus menores tasas de éxito) y la
presencia de fabricantes de genéricos con una alta dispersión global son factores que han
contribuido a una mayor combinación de estrategias por parte de las firmas, que diversifican
sus actividades o encaran iniciativas conjuntas con sus pares. El correlato geográfico de este
fenómeno muestra que los países desarrollados siguen detentando las capacidades de in-
novación cruciales en la cadena, aunque algunos laboratorios de países en desarrollo (como
India) están experimentando niveles de ascenso industrial dignos de mención.
III. Análisis comparativo y conclusiones.
La evidencia que surge de los dos casos abordados en este trabajo tiende a confirmar (al
menos de manera parcial, dado el carácter no exhaustivo del estudio) nuestra hipótesis inicial:
la existencia de un tendencia propia del nuevo capitalismo a segmentar la actividad económica
mundial al interior de cadenas globales de valor entre, por un lado, un conjunto de segmentos
que están en la vanguardia de la creación de nuevo conocimiento y otros intensivos en el uso
y adaptación de conocimiento existente. No obstante, las formas en que se despliega esta
tendencia son altamente heterogéneas, según la naturaleza de las barreras a la entrada en las
actividades de innovación y de producción.
Las cadenas de electrónica de consumo y farmacéutica comparten la necesidad de
fuertes gastos de I+D en el diseño y comercialización de nuevos productos, a pesar de lo cual
difieren en los plazos de los lanzamientos (decididamente más prolongados en farmacéutica)
y en el rol de las marcas (más asentada en el prestigio de la firma y efectividad de drogas en
el caso de medicamentos, y en la funcionalidad y estética de los diseños en el caso de elec-
trónicos de consumo).
En la cadena farmacéutica, la innovación de producto tiene un sesgo claramente informa-
33 Financial Times, 7/10/2012.
34 La intensidad de I+D del sector fue en 2006 superior al 40% en EE.UU. e Inglaterra, al 30% en Japón y
Francia y al 20% en Alemania, mientras que en China no alcanzó el 5% en 2007.
Chile y América en su Historia Económica. Parte IV: Empresas y empresarios
290
cional (crecientes requerimientos de conocimiento científico de alta complejidad) en los nuevos
productos patentables, que va acompañada de un nuevo papel estratégico de la marca para
sostener rentas de innovación en productos en los que caen las barreras institucionales a la
entrada (genéricos), al tiempo que la fabricación es sólo demandante de innovaciones de tipo
adaptativas. En el caso de la electrónica de consumo la innovación también está fuertemente
asentada en un componente informacional (que explora el potencial de las tecnologías elec-
trónico-informáticas), pero también en otro de naturaleza estético-expresivo (vinculado al valor
de signo del objeto), al tiempo que existen otras innovaciones (asociadas, por ejemplo, a la
funcionalidad de los productos) que tienden a fusionar elementos de ambas dimensiones. La
producción, por su parte, detenta requerimientos cognitivos menores, aunque mayores en la
fabricación de componentes críticos y desarrollo de productos que en la etapa de ensamblaje.
Desde una perspectiva espacial, el análisis revela que las dos cadenas experimentan una
significativa dispersión geográfica a nivel global, con fuerte presencia de empresas multina-
cionales con casa matriz en países desarrollados que juegan el papel de agentes líderes de la
cadena. El liderazgo mundial de las empresas estadounidenses es compartido con firmas de
Europa Occidental en la cadena farmacéutica y con firmas de origen asiático en electrónica
de consumo. Por su parte, el papel subordinado de la inserción de los países en desarrollo en
estas cadenas se manifiesta en la focalización en los eslabones de ensamblado para consumo
regional en electrónica y en el muy bajo nivel de actividades de I+D de nuevos productos en
farmacéutica. Una reversión parcial de este panorama se verifica en la creciente competitividad
y despliegue de actividades de I+D de laboratorios farmacéuticos indios y en la incorporación
de actividades de desarrollo de producto en empresas electrónicas chinas y taiwanesas.
La integración global de la producción supone una redefinición en la naturaleza de las
asimetrías en la economía mundial. A pesar de la existencia de elementos de contra-tendencia
(cierta difusión de actividades de I+D hacia la periferia y requerimientos crecientes en los es-
tándares técnicos para las actividades de fabricación y ensamblaje), el punto fundamental a
considerar es el proceso histórico de elevación de las barreras a la entrada en las actividades
de innovación y de caída en las de producción. Este fenómeno se verifica en simultáneo con
una diferenciación estructural de los sistemas de innovación sobre los que se construyen las
capacidades competitivas de cada territorio. La ampliación del análisis hacia otras actividades
productivas nos permitirá en el futuro una mejor aproximación a la naturaleza de un fenómeno
histórico-mundial que tiene implicancias directas a la hora de pensar posibles vías de desa-
rrollo para nuestros países.
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PARTE V: LA ECONOMÍA
DE LOS RECUROS NATURALES
295
EVOLUCIÓN DE LAS CENTRALES AZUCARERAS DEL CENTRO ORIENTE
DE PUERTO RICO Y EL EMPORIO AZUCARERO EN ESTA REGIÓN
DE ANTONIO ROIG TORRELLAS, 1896-1940.
Javier Alemán Iglesias
Universidad del Turabo
“Hasta el 1920 el grupo más numeroso de centralistas en
Puerto Rico, el que mayor cantidad de tierra controlaba y el que
más caña producía era los centralistas no estadounidense”
1


(Juan Guisti Cordero, 1998, pp.87)
En Puerto Rico uno de los modelos económicos con mayor relevancia histórica ha sido
la industria azucarera. Una empresa que comenzó a elaborar azúcar desde la colonización
española en el siglo XVI y se extendió hasta sus mejores tiempos durante el siglo XX; y que
involucró diversos sectores y niveles sociales; como por ejemplo, desde el cortador de la caña,
el jornalero, el esclavo, el terrateniente y el colono hasta el dueño de un ingenio o una factoría
central. Desde ese punto de vista podemos afirmar que gran parte de nuestras generaciones
pasadas vivieron y dependieron de la caña de azúcar. Sin embargo nuestro análisis no es
estudiar la diversidad social ni nada parecido, al contrario es evidenciar los protagonistas que
implementaron el régimen de la factoría central en una región determinada desde finales del
siglo XIX hasta mediados del siglo próximo.
La historiografía de la industria azucarera es amplia pero no suficiente para conocer to-
talmente el panorama de lo que ocurrió en cada una de las regiones de Puerto Rico. Los
investigadores que han estudiado desde distintos enfoques ese periodo de tiempo continúan
repitiendo, equivocadamente, varias tesis con muy poca evidencia documental sobre la “ruina”
y el “supuesto desplazamiento” de algunos sectores involucrados en negocio azucarero; entre
ellos podemos mencionar, los criollos y nativos propietarios de haciendas, fincas o centrales.
Una de las causas que mencionan esos autores es la llegada de las corporaciones estadou-
1 Juan Guisti Cordero, “Hacia otro 98 en Puerto Rico, 1890-1930 (azúcar, banca y política)” en Op. Cit. (Río
Piedras: UPRRP, núm. 10, 1998), 87. Cabe señalar que este ensayo es una versión revisada y ampliada a la
que se presentó en un Congreso en España celebrado a mediados de los noventa (1995) con fin de analizar
los acercamientos historiográficos y metodológicos respecto a la visión del año 1898. El cual fue el fruto de
la publicación de, La Nación Soñada: Cuba, Puerto Rico y Filipinas ante el 98; de los editores españoles
Consuelo Naranjo, Miguel A. Puig Samper y Luis Miguel García Mora, de Ediciones Doce Calles, 1996.
Chile y América en su Historia Económica. Parte V: La economía de los recursos naturales
296
nidenses y su acaparamiento de tierras inmediatamente luego del 1898.
2
Si bien es cierto
que la invasión y la llegada de esas grandes corporaciones marcó la industria de algunas
regiones del país, específicamente en las del sur, sureste y noreste, pero también es acertado
mencionar que gran parte de los propietarios nativos o criollos de otras regiones durante las
primeras cuatros décadas del siglo pasado prosperaron y mejoraron sus negocios azucareros.
Uno de los ejemplos más significativos dentro de este fenómeno recae en una figura que
apenas se ha estudiado en toda nuestra historia, él es Antonio Roig Torrellas y su emporio
azucarero en la región centro oriental de Puerto Rico.
3
El caso analizado en este ensayo sobre
la Central Juncos, Central El Ejemplo, Central Roig y entre otros negocios vinculados a la
industria, demuestra cómo un propietario nativo ejerció con gran agilidad el negocio de la ela-
boración del azúcar; utilizando estrategias muy parecidas o similares, qué han sido señaladas
en la literatura azucarera sobre el acaparamiento de tierras y el dominio que ejercieron solo las
Corporaciones estadounidense en la industria de la Isla.
Sin embargo, el desempeño de Roig no ocurrió por casualidad, sino más bien, por su
formación empresarial desde su juventud,
4
que le permitió realizar un sin número de transac-
ciones agrícolas, brindándole estas, la experiencia necesaria para expandir su poderío empre-
sarial más allá del pueblo de Humacao. Pero su expansión se debió a dos factores principales;
primero, se involucró con los grandes bancos establecidos a principios de siglo en Puerto Rico
como The American National Bank, The Royal Colonial of Canada y The National City Bank of
New York y entre otros (ver tabla I) que le prestarían grandes sumas de dineros para financiar
2 Muy pocos historiadores han evidenciado sus trabajos con documentación inédita, dentro de los que sí lo
han hecho podemos mencionar al Dr. Pedro González con su estudio sobre la Fajardo Sugar Company, el
del Dr. Humberto García sobre la Guánica Central,
3 La Región Centro Oriental para esta investigación se compone de los términos municipales de Gurabo,
Juncos, Las Piedras, Humacao y Yabucoa, aunque dentro de esa región se encuentran otros municipios.
4 Según los documentos consultados y coincidiendo con la investigación del historiador Cruz Ortiz Cuadra
en su ensayo “Línea de crédito: apuntes sobre el financiamiento de la Central Ejemplo y otras empresas de
Antonio Roig Torrellas, 1896-1933”, en Boletín Cultural del este, número especial, mayo, 1993; los inicios
como comerciante de Antonio Roig son cuando en 1875 comenzó como dependiente en una casa mer-
cantil de las más poderosas de la región del oeste: La Fritze Lundt y Cía. Posteriormente a mediados de la
década del 1880, Roig Torrellas trabajó para la firma comercial de otro gran terrateniente de Fajardo, con
el nombre de Jorge Bird y Cía. Esta casa mercantil se dedicaba a la refacción y compra de haciendas, a la
exportación de azúcar, mieles y ron, por los puestos de Fajardo y Naguabo, y entre otros lugares del este de
Puerto Rico. Como también a la importación de víveres y manufacturas. Aun trabajando como dependiente
de comercio de la Bird y Cía., en Fajardo, dio un paso que lo involucró a un mayor nivel comercial por el tipo
de relaciones al que se unía. Es cuando entonces Roig, contrajo matrimonio en 1886 con Eulogia Guzmán
Toro de Humacao. Ésta era hija de José Antonio Guzmán Frías, dueño de la hacienda Socorro en el barrio
Cataño de este último municipio. Desde ese momento su vínculo matrimonial con una familia de tradición
de hacendados azucareros desde 1830, dueños de ganaderías y poseedores de grandes cantidades de
tierra; expandió su visión en los años siguientes para sus negocios e incursión en el mundo del azúcar. Dos
años después de su matrimonio, el 7 de marzo de 1888, alquiló dos almacenes en el Puerto de Humacao a
la Cía Comercial Noya y Hernández, por noventa y nueve pesos mensuales. Donde Fundó su propio esta-
blecimiento comercial nombrándolo la Casa Roig. Mientras, continúo ampliando sus relaciones comerciales
con agentes de las aduanas norteamericanas. Que le permitieron estos vínculos el nombramiento de agen-
te consular norteamericano en 1889 en la aduana de Naguabo, y en 1894 como vice Cónsul de Dinamarca
y agente consular de los Estados Unidos en Humacao. Más adelante se inició como centralista azucarero.
Siendo el comienzo de su carrera como gran poseedor de grandes extensiones de cuerdas de terrenos,
para el uso de siembra de cañas y de frutos menores, establecimiento de centrales y vías del ferrocarril.
297
Javier Alemán Iglesias - Evolución de las centrales azucareras del centro oriente de Puerto Rico
sus negocios; y segundo, los medios que utilizó para desarrollar una mejor empresa, entre
ellos, la adquisición de nuevos terrenos, la creación de un banco comercial, la instalación de
un ferrocarril, la compra de nuevas centrales y entre otras, que sin duda alguna le facilitó el
camino hacia el emporio azucarero.
Antonio Roig Torrellas sus inicios como centralista en Humacao.
Antonio Roig Torrellas, hijo de un catalán radicado en el pueblo de Mayagüez a mediados
del siglo XIX, comenzó como propietario en el negocio azucarero el 15 de noviembre de 1896
al comprar 12 cuerdas que segregaron de la hacienda Providencia en el barrio Mariana a Don
Rudulfo Leoncio Pérez por el precio de 72,000 pesos.
5
En esas 12 cuerdas ubicadas en el
centro de los terrenos de la finca principal de la hacienda Providencia compuesta de 1,878
cuerdas, se encontraban los edificios, establecimientos, máquinas y equipos para la elabora-
ción del azúcar que desde ese momento pertenecieron a Roig.
6
Además algo muy interesante
ocurrió en la misma escritura de compra y venta, Roig cambio el nombre de la hacienda a Cen-
tral El Ejemplo,
7
y de inmediato estableció dos aspectos muy importantes que caracterizaron
el establecimiento de la factoría central: la instalación de caminos para vías férreas en los
terrenos de la Providencia y un contrato de siembra y molienda con el Sr. Pérez. En el contrato
el antiguo hacendado se comprometió con Roig a sembrar en los terrenos de su propiedad,
alrededor donde se ubicaba la factoría, 400 cuerdas de caña de azúcar para moler en la nueva
factoría en Humacao.
8
Desde ese instante Antonio Roig se convirtió en centralista y desarrolló
una carrera dentro de la industria azucarera consolidando en los años posteriores su poderío
económico y territorial más allá del barrio Mariana, lugar donde comenzó su empresa azuca-
rara, llegando a lugares muy distantes como el barrio Rincón de Gurabo, entre otros más. En
los años subsiguientes Don Antonio continuó adquiriendo fincas rusticas en distintos barrios
de los municipios de Humacao y Las Piedras. Pero será a partir del cambio de soberanía y la
llegada del nuevo siglo (XX) que sus negocios se expandirán a nuevos territorios dentro de la
región centro oriente de Puerto Rico.
Antonio Roig establece la “Compañía Azucarera El Ejemplo” (1909-1939).
La formalidad de los negocios de Roig continuó en ascenso durante la primera década del
siglo XX, luego de adquirir la Central El Ejemplo en 1896 y de comprar nuevos terrenos. En el
año 1909 creó la “Compañía Azucarera El Ejemplo”, la cual la inscribió en el Departamento de
Estado bajo las Corporaciones Con fines de Lucro el 17 de julio del mismo año,
9
y se convirtió
en uno de terratenientes más importante de la región. El propósito de la compañía fue princi-
palmente, “para cultivar, sembrar y producir caña de azúcar y demás negocios relacionados a
la caña; y para comprar y mantener vías férreas, fincas, factorías centrales y otras estructuras
relacionadas al mejoramiento del negocio azucarero”.
10
5 AGPR, Protocolos Notariales, Humacao siglo XIX, Marcelino Estabenez, 1896, caja: 887, tomo 2 Folio 1298
y 1302.
6 Ibíd., Folio 1299.
7 Ibíd., Folio 1303.
8 Ibíd., Folio 1303 vuelto.
9 AGPR, Departamento de Estado, Corporaciones con Fines de Lucro, Compañía Azucarera El Ejemplo
1909-1939, caja: 11.
10 Ídem.
Chile y América en su Historia Económica. Parte V: La economía de los recursos naturales
298
Desde entonces Antonio Roig continuó adquiriendo fincas rusticas en Humacao para de-
dicarlas a la siembra de caña y la instalación de líneas del ferrocarril. Es muy interesante
comentar estos dos factores porque ambos permitieron expandir su empresa azucarera más
allá del barrio de Mariana y lo comprobamos de la siguiente manera; al analizar la escritura no-
tarial, “Escritura de declaración de bienes y liquidación” otorgada el 21 de julio de 1933, luego
de Roig haber fallecido donde describen todos sus bienes y posesiones.
11
Cuando cotejamos
la escritura encontramos una gran cantidad de tierras en su poder que se extendió desde
el barrio Mariana llegando a otros barrios como Mabú, Buena Vista, Mambiche, Cataño, Río
Abajo, Antón Ruiz, Teja, Collores y Punta Santiago. No obstante su extensión territorial, no se
limitó solo a Humacao, sino que también se extiendió hasta el pueblo de Gurabo y Las Piedras.
Además no podemos perder de perspectiva que también desde el 1904 había adquirido fincas
y una nueva central en Juncos y en 1926 la Central Mercedita en Yabucoa. Sin embargo, es
importante antes de analizar el rol de Roig y su expansión hacia Juncos y posteriormente a Ya-
bucoa, el detallado de la escritura mencionada de 1933 que describe su emporio empresarial
en Humacao. Los bienes reportados por su viuda Eulogia Guzmán, y sus dos hijos, Antonio
Agripino Roig y Jorge Adalberto Roig, que desde ese momento crearon la Sociedad “Antonio
Roig Sucesores”, en resumen fueron los siguientes: 82 fincas rusticas entre Humacao, Las
Piedras y Gurabo, 9 casa urbanas, un teatro, una factoría central, una Corporación denomi-
nada “Ferrocarriles del Este”, un banco comercial de nombre Roig Comercial Bank, grandes
siembras de caña de azúcar, grandes cantidades de bueyes y ganado, casa para peones,
mayordomos y obreros; y varios ranchos y establos.
12
Cuando analizamos todo el inventario podemos observar que todas sus posesiones están
relacionadas al negocio azucarero. Sin embargo lo que nos debe llamar la atención es la can-
tidad de fincas rusticas que tenía en su poder. De ese número total 43 de las fincas se encon-
traban entre los municipios de Humacao, Las Piedras y Gurabo y sumaban 10, 088 cuerdas de
terrenos con valor de $542.060 dólares. Esas 43 fincas las había agrupado en el 1931 bajo el
nombre de “···~·~ -~, .·+”. Las demás 39 fincas ubicadas entre Humacao y Las Piedras
sumaban un total de 2,363 cuerdas de terrenos. Es decir, que entre estos tres términos muni-
cipales desde que estableció la “c~·,·. ·..~··· | |··,~” en 1909 adquirió un total
de 12,451 cuerdas de terrenos. Además del total de cuerdas mencionadas, dedicó más de
5,000 cuerdas a la siembra de caña en cada zafra y las molía en su propia central, convirtién-
dose también en un gran colono de la factoría. Estos datos son muy reveladores para nuestra
historiografía de la industria azucarera en Puerto Rico porque demuestra el dominio territorial
de Roig en la región centro oriental, y lo podemos comparar en cierta medida con el dominio
que tuvieron las grandes corporaciones extranjeras durante ese mismo periodo a diferencia
que estas ejecutaron en otras regiones del país. Sin embargo, es fundamental aclarar que
mientras Antonio Roig expandió sus negocios azucareros por medio de la “c~·,·. ·..
~··· | |··,~” en los municipios de Humacao y Las Piedras, hizo lo propio pero en otros
pueblos vecinos de estos, consolidando así su poder en la región convirtiéndose en uno de
los contribuyentes principales en todos estos municipios durante las primeras cuatros décadas
del siglo XX.
11 AGPR, Protocolos Notariales, Serie: Humacao siglo XX, Notario: Francisco González Fagundo, año: 1933,
caja:197 folio,
12 Ibíd., varios folios.
299
Javier Alemán Iglesias - Evolución de las centrales azucareras del centro oriente de Puerto Rico
Antonio Roig expande sus negocios azucarero más allá de Humacao.
La presencia de Antonio Roig en otros municipios azucareros se vio ,como hemos mencio-
nado, desde muy temprano en siglo XX y este fue el caso de Juncos. Su figura fue vital para el
establecimiento de la nueva factoría central en dicho municipio. Pero esa situación se debió a
varios escenarios: primero, la industria azucarera del municipio confrontaba a finales del siglo
XIX e inicios del XX, una difícil situación económica para el sostenimiento de las existentes
haciendas y, por ende, la falta de capital para el funcionamiento durante la zafra; y segundo,
a causa de esta situación, en el año 1902 el administrador de la hacienda más antigua de
Juncos, “La Solitaria”, otorgó poder general a Roig para que gestionara en Puerto Rico o en los
Estados Unidos de América la instalación total o parcial una factoría central en los terrenos de
la Solitaria.
13
Así, que dicho poder demuestra la influencia y los grandes vínculos comerciales
que Roig tenía en ese momento en el país como también en el exterior, donde sin duda alguna
obtuvo grandes beneficios de los recursos empresariales para poner en marcha su expansión
del negocio azucarero.
Desde ese momento, Roig se involucró en la economía de Juncos. ya que tenía como
agenda buscar alternativas para la encomienda que le habían otorgado. Por otro lado, hay que
también considerar que al Roig contar con gran capacidad económica va también a desempe-
ñarse durante esos años como, prestamista refaccionario de varios agricultores importantes de
la región. Así que ya no solo contaba con poder para transformar la hacienda más importante
del municipio en una central, si no que ahora también conocía de las mejores fincas de la
región y sabía de las necesidades que padecían sus propietarios para poder mantenerse ope-
rando en la industria azucarera. Por ejemplo, durante ese tiempo Roig prestó dinero a varios
agricultores que sintieron la necesidad de solicitar ayuda financiera para continuar y sostener
sus respectivos cultivos de cañas, entre ellos: Félix Rexach Dueño, José Collazo Jiménez y
Pedro Roig Hernández. Este escenario, sin duda alguna, favoreció en años posteriores a Roig
ya que contó con todos los recursos necesarios para ejecutar la transacción principal: trans-
formar la hacienda Solitaria en una factoría central.
En el año 1904 se creó la sociedad que ejecutaría estos planes. El 14 de noviembre de
ese año Antonio Roig y el francés Julio Gay del Santos se unieron bajo el nombre de “-~, ,
·, , ~~·,·.” para dedicarse a la elaboración del azúcar, compra de edificios, terrenos,
maquinarias, establecimientos y todos los negocios relacionados con la caña y sus derivados.
De inmediato compraron al terrateniente Manuel Méndez Dueño la hacienda Solitaria de 324
cuerdas y los demás terrenos circundantes, creando la Central Juncos.
14
Esta nueva central
que Roig fundó tuvo un precio de compra venta de $80,000 dólares y estaba compuesta de
1,496 cuerdas de terrenos, como resultado de la agrupación de 15 fincas, todas colindantes
entre sí, en el barrio de Gurabo Abajo de ese municipio.
15
Desde entonces Antonio Roig poseía una nueva central y un total de 1,496 cuerdas de
terreno adicionales a las que poseía en Humacao para este mismo tiempo. Meses después,
en verano del 1905, sustituyeron la Sociedad “-~, , ·,” por “·· ·~·· .·+ c~·,·,”
13 AGPR, Protocolos Notariales, Serie: Humacao, Notario: Antonio de Aldrey Montolio, año: 1902 junio-dic.,
caja: 78.
14 AGPR, Protocolos Notariales, Humacao, Notario: Antonio de Aldrey y Montolio, año: 1904 julio-dic., caja: 82,
folio 794.
15 Ibíd., folio 800. vuelto
Chile y América en su Historia Económica. Parte V: La economía de los recursos naturales
300
incorporándola bajo las Leyes del Departamento del Estado de Puerto Rico.
16
Aunque no fue
hasta que incorporaron en ese mismo año la Central Juncos, con el nombre “·· .·~~· c··
·· c~·,·,” que se completó el proceso del establecimiento de la factoría en el municipio.
17

Durante los años siguientes específicamente el periodo de 1905 al 1926, donde Antonio Roig
fue Presidente de la Central Juncos, la documentación analizada presenta un sinnúmero de
métodos que utilizó y garantizó su bienestar en la industria del municipio. Los métodos con los
que operó fueron la compra y venta de terrenos propios, arrendamientos y subarrendamientos
de terrenos a otros propietarios, instalación del ferrocarril, préstamos y el sistema de colonato;
con el propósito de aumentar la cantidad de cuerdas disponibles para sembrarlas de caña de
azúcar. Sin embargo, para efecto de este ensayo (ponencia) analizaremos los dos métodos
más efectivos que permitió la expansión de Antonio Roig en municipios como Juncos, Las Pie-
dras y Gurabo. Esos métodos fueron la compra y venta de fincas rusticas y los arrendamientos
de sus propios terrenos.
Este elemento es importante reseñarlo, porque por medio de la compra de terrenos la Cen-
tral Juncos durante el periodo antes mencionado, adquirió un total de 105 fincas rústicas que
sumaron 8,917 cuerdas de terreno,
18
aumentando así su extensión territorial en la región. Esas
cuerdas se encontraban en diversos barrios entre los municipios de Las Piedras (Río, Ceiba,
Montones, Boquerón y Quebrada Arenas); Gurabo (Hato Nuevo, Mamey, Celada y Rincón); y
Juncos (Gurabo Abajo, Ceiba Norte y Ceiba Sur). Pero lo más interesante en esos datos, es
que de todas las fincas, 54 le pertenecían a Antonio Roig, y 21 a “The Solitaria Land Company”,
que era presidida por el mismo Roig. Al analizar estos números observamos que gran parte
de las fincas compradas pertenecían al Presidente de la central, el Sr. Roig y a su subsidiaria
que también era de su autoridad. Este fenómeno evidencia que durante los años posteriores
al 1905, Roig adquirió dentro de esos municipios una cantidad significativa de tierras para el
uso del negocio azucarero. La suma total de las tierras de su propiedad y que luego vendió
a The Juncos Central Company, fue de 5,741.50 cuerdas de terrenos y como Presidente de
la The Solitaria Land Company obtuvo también la cantidad de 1,546 cuerdas de terrenos. Lo
que demuestra que Antonio Roig fue dueño durante el periodo analizado de 7,287.50 cuerdas
dentro los municipios antes mencionados.
De igual modo encontramos un dato muy interesante es el otro método, los arrendamientos,
donde la central obtuvo 38 fincas que sumaban 9,767 cuerdas de terrenos y se encontraban
en los municipios de Gurabo, Juncos, Las Piedras y Naguabo.
19
De ese total de fincas, 12 le
pertenecían a Antonio Roig Torrellas, sumando una cantidad de 3,995 cuerdas arrendadas a
favor de la Central Juncos. Lo que nos dice esos números en posesiones de fincas es que An-
tonio Roig cuando fungió como Presidente de ambas Corporaciones en Juncos (“The Juncos
Central Company” y “The Solitaria Land Company”) controló gran parte de la tierra cultivada de
16 AGPR, Fondo: Departamento de Estado, Serie: Corporaciones con fines de lucro, Sub-serie: The Solitaria
Land Company, caja: 4 expediente 26, Documento: “Certificate of Incorporation of The Solitaria Land Com-
pany”.
17 AGPR, Fondo: Departamento de Estado, Serie: Corporaciones foráneas con fines de lucro, Sub-serie: The
Juncos Central Company 1906-1928, caja: 4, expediente: 27, folio 1.
18 AGPR, Protocolos Notariales, Humacao, Notario: Francisco González Fagundo, cajas: 139, 144, 145, 146,
147, 150, 170 y 181.
19 AGPR, Protocolos Notariales., Humacao, Notarios: Salvador Fulladosa y Francisco González, años: 1905-
1926, cajas: 84, 85 101, 103, 139, 141, 144, 145, 148, 151, 163, 168, 175, 175.
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Javier Alemán Iglesias - Evolución de las centrales azucareras del centro oriente de Puerto Rico
caña en esta región, y que de primera instancia compró y luego vendió a la misma corporación
que dirigía. No obstante, hay que reconocer que estos dos métodos no fueron los únicos que
beneficiaron la expansión de Roig en esta región, porque además utilizó el sistema de colonato
y la vía del ferrocarril. Ambos métodos en esta región estuvieron vinculados porque desde
muy temprano Roig instaló vías portátiles desde Humacao, donde poco a poco extendió las
vías hacia los municipios vecinos, pasando por Las Piedras, Juncos y llegando hasta Gurabo,
recogiendo el fruto de las colonias o fincas del colonato. Esto le facilitó el traslado de la caña de
azúcar de diversos lugares distantes para llevar a moler hacia la factoría central y así acaparar
toda la tierra disponible cultivada de caña. Este dominio en manos de Antonio Roig, al menos
en el municipio de Juncos, finalizó porque en el año 1926 vendió la Central Juncos a la recién
fundada la “···+ -~··~ -~· ·.,· c~·,·,” representada por el trust Moses Walker. Sin
embargo va adquirir ese mismo año una factoría en el municipio de Yabucoa, donde el Sr.
Walker presidia la misma y algunas centrales más en esta región.
20
Roig expande su poderío y compra “The Yabucoa Sugar Company”.
Durante la transacción de la venta de la Central Juncos en 1926, Antonio Roig realizó
uno de los movimientos más importantes de su carrera, que fue la compra de la Corporacion
The Yabucoa Sugar Company que operaba la Central Mercedita (posteriormente cambiara
su nombre a Central Roig) en el barrio Juan Martin de Yabucoa.
21
Esta central era una de las
más antiguas de la región del este y de las más importantes, porque estaba muy cerca de la
costa y del puerto; y Roig la adquirió comprando todas las acciones a Rafael Fabián y Fabián,
Rafael Martínez Domínguez, Manuel González Martínez y a “·· -~··~ -~· ·.,· |·.·~
,···· c~·,·,” por la suma de $1, 238.077.90 dólares.
22
Para garantizar este pago