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### NADIE ES PERFECTO ###

“Previamente en Capítulos Anteriores”

- Catalina recuerda, con su madre, que no ha ido a visitar al cementerio a su


papá.
- Vicente, conversando con Catalina, le pregunta sobre qué hará con respect
o a Joaquín.
- Vicente y Christian se deciden a tener algo más formal.
- Pablo, el pololo de Catalina, llega de sorpresa para el cumpleaños de ell
a, provocando una especie de shock en la muchacha.

Casa de Catalina. Villa El Bosque. Pta. Arenas


Viernes/ Abril/ 23:22 PM

Catalina, sin reacción alguna, recibe el abrazo de su pololo, Pablo, al cual s


e le notaba la alegría por este reencuentro tan inesperado.

_ ¿Qué te pasa mi amor? No te veo muy contenta – dice Pablo, al ver a la


muchacha con un rostro muy incómodo.
_ No. No te preocupes... Es que esto de las sorpresas a mi me descolocan – d
ice ella, fingiendo una sonrisa.
_ ¿No me darás un beso de bienvenida? – consulta él, esperando juntar sus lab
ios con los de ella. Catalina cierra los ojos y se acerca para entregarle un
forzado beso. En el rostro de ella, se puede notar cierto repudio. Bruscament
e se separa de él.
_ ¿Vamos para abajo? – propone ella – No quiero dejar a mis invitados solos
.
_ Cierto. Tienes que presentármelos – dice Pablo, con lo que Catalina comien
za a sentir una especie de escalofríos en el estómago. Mientras ambos bajaba
n la escalera, la muchacha en su mente tenía la imagen de Joaquín ¿Qué le di
ría? ¿Con qué cara le presentaría a “su pololo”? ¿Se enojaría? ... Por un se
gundo tuvo una lucha interior en la cual se decía “Catalina, no tiene por qu
é importarte Joaquín... ¡Supuestamente tu no confías en él!... ¿Por qué te i
nteresa lo que opine él?... Se nota que ese chico a hecho de las suyas conti
go... Tú antes eras más fuerte”

Juntos llegan de la mano al living. Joaquín, sin percatarse, conversa muy


cómodamente con una de sus compañeras de Taller. Vicente observa extrañado
la aparición de Pablo.

_ ¿Quién es él? – pregunta Christian, en voz baja, a Vicente.


_ Es el pololo de Catalina – responde de la misma forma.

Catalina se une a las risas que rodeaban su casa, mientras que Pablo no le su
elta la mano.

_ Ya pues. ¿Me vas a presentar a tus invitados? – insiste Pablo, en voz alta,
con lo que Joaquín se da vuelta y se lleva la sorpresa de ver a Catalina de
la mano con este personaje.

La muchacha se da cuenta de las miradas de Joaquín, pero prefiere no mirarl


o.

_ ¡Chicos! – Catalina alza la voz - ¿Me pueden prestar un poquito de atenci


ón? – Un muchacho baja el volumen de la radio y todos toman atención – Buen
o... Hace unos minutos... me llevé una sorpresa... Llegó mi pololo a desear
me un “Feliz Cumpleaños” – dice con una falsa sonrisa, señalando a Pablo –
Él es Pablo... Pablo, ellos son los chicos que van al Taller de Pintura...
Bueno... ahí está Vicente... Tú ya lo conoces.

Todos le hacen gestos sonrientes, menos Joaquín, el cual termina de tomar


su cerveza y toma su chaqueta. Catalina se percata de la reacción del much
acho y va donde él, soltándose de la mano de su pololo y sembrando en él,
una gran incertidumbre.

_ Joaquín – habla en voz baja. Al segundo, una muchacha sube el volumen d


e la música, dejando el ambiente igual que hace unos minutos.
_ Yo me tengo que ir – dice, sin mirarla mientras acomoda su bufanda.
_ No haz estado ni media hora – recalca.
_ Me acordé que tengo que ir a la casa de un primo – cuenta él, con un rostro
diferente... Se notaba que la llegada de Pablo le había afectado.
_ Pero...
_ Tú me dijiste que no pololeabas – interrumpe Joaquín, mientras su mirada tr
iste se traspasa a la de ella. Catalina guarda silencio y trata de buscar las
palabras adecuadas, al mismo tiempo se sentía estúpida al tener que dar expl
icaciones, pero esta vez... era su corazón el que le decía que diga algo al r
especto.
_ Bueno... Te mentí – dice ella bajando la cabeza. Joaquín, la observa unos
segundos y , acomodando su chaqueta, sale de la casa sin despedirse de nadie
. Varios se habían dado cuenta, pero prefirieron seguir conversando. Vicente
y Christian, observaban callados... Pablo, levantó una ceja y se acercó en
tres pasos a su polola.
_ ¿Qué pasó? – consulta con el ceño fruncido. Por dentro sospechaba que alg
o ocurría.
_ Nada. Nada – dice ella, desganada y con toques de rabia.
_ ¿Quién era ese chico que se fue? – pregunta, llegando al límite de su pacien
cia y sin dejar de fruncir el ceño.
_ Pablo... ¿Te puedo pedir un favor?
_ Sí. El que tú quieras – dice, logrando sacar una sonrisa.
_ ¡No te pongas a hacer show por favor! Es mi cumpleaños... y quiero pasarlo
bien... Muy recién llegado estarás... pero yo quiero estar tranquila ¿Ok?

El muchacho sólo asiente con la cabeza. Las palabras de su polola habían si


do un poco duras y habían desmoronado la alegría que tenía por verla. Al se
gundo ve, como ella, se ubica a conversar con sus amigos. Pablo opta por se
ntarse en uno de los sillones... No conocía a nadie, y sus ganas de hablar
no eran de las mejores. Estuvo unos minutos ahí, para luego ir a la cocina.

El timbre suena una vez más. Catalina parece no escucharlo, así es que Vicent
e interrumpe la conversación, que tenía con Christian, Gabriel y unas amigas
del taller, para ir a abrir la puerta.

Al abrir, sus ojos parecen irse hacia fuera.

_ ¡Hola Bichito! ¡¿Cuánto tiempo?! – dice Giselle, con una gran sonrisa y c
on una mirada coqueta.

Cap. 01 x 07
“Un Tiempo para Respirar”

Casa de Catalina. Villa El Bosque. Pta. Arenas


Viernes/ Abril/ 00:12 AM

Unos profundos ojos, extremadamente delineados, observaban cada movimient


o de Vicente. A Catalina le provocaba risa toda la situación, pero prefer
ía seguir conversando con sus amigos antes de lanzar algún comentario que
incomode a su amigo.

_ Esa niña te está mirando mucho – dice Christian, dándole un codazo a Vice
nte y una mirada severa a Giselle, la amiga gótica de Catalina.
_ Sí. Si me di cuenta – dice Vicente.
_ ¿Qué onda la mina? – consulta Christian, sintiéndose el hombre más celoso
del planeta.
_ Es amiga de Catalina. Se conocen hace tiempo... Creo que se conocieron por
sus papás... Y una vez que yo vine a la casa de la Cata, estaba ella... bue
no y ahí nos presentaron... y después de un tiempo la Cata me contó que la c
hica esa, andaba tras mío – cuenta Vicente, con lo que Christian siente que
va a explotar de rabia.
_ ¡Ah mira tú! – el muchacho sube una ceja.
_ Ya pero no te enojes. No sabía que eras celoso – dice Vicente, con una son
risa, sintiendo por dentro una especie de satisfacción.
_ No soy celoso. Estoy preguntando no ma’. ¿Hay más pisco sour? – pregunta
levantándose del sillón.
_ Allá en la mesa – señala Vicente, mirándolo aún con una sonrisa.

El muchacho rubio va a llenar su vaso, lo cual es captado por Giselle. En uno


s segundos llega al sillón y se sienta en el puesto de Christian.

_ Hace tiempo que no conversamos – dice la muchacha, sin despegar sus ojo
s coquetos de Vicente.
_ Cierto – dice un incómodo Vicente, mirando hacia la mesa. Ve a Christian
de espaldas llenando su vaso.
_ ¿Todavía estay estudiando Diseño Gráfico? – consulta ella, tratando de po
ner la mejor postura con sus piernas.
_ No. Ya no.
_ ¡Ay! ¿Por qué?
_ Por la plata – explica Vicente, bastante incómodo con el tema de conversa
ción. En ese momento, Christian se disponía a volver a su puesto, cuando ve
a Giselle. Vicente en ese rato, observa a Christian, haciéndole un gesto d
e “quiero que se vaya”, pero el muchacho rubio parece estar taimado con sus
celos.
_ Oye... Cuéntame. ¿Estás pololeando? – pregunta Giselle, ansiosa por una r
espuesta negativa.
_ Sí – dice Vicente, sin darse cuenta de lo que había dicho, su mirada estab
a centrada en la amurrada cara de Christian.
_ ¿¡Estás pololeando!? – exclama la muchacha, sintiendo una especie de esc
alofríos en su estómago – ¿¡Quién es la afortunada!?
_ Ehm... No la conoces – dice Vicente, levantándose del sillón.
_ Que triste – dice ella, perdiendo su mirada en los ojos del muchacho.
_ Al tiro vuelvo – dice Vicente, guiando sus pasos hacia Christian.

Mientras tanto, Catalina, sentada en el piso, hacía “salud” con la “familia


taller”. Trataba se mantener una sonrisa firme y radiante, pero por dentro l
as ganas de ver a Joaquín la carcomían por completo. En ese instante, siente
unas cosquillas en el cuello, se da vuelta sonriendo... para encontrarse co
n su perrito. Con los ojos tristes, como recordando momentos que no volverán
, comienza a acariciar al animalito, el cual no paraba de mover la cola y ha
cerle fiesta.

_ ¿Aún no le pones nombre? – consulta una muchacha del taller.


_ No. No sé que nombre ponerle – dice Catalina, mirándolo fijamente, como
tratando de encontrar un nombre en los ojos del animal.
_ ¿Es perrito o perrita? – consulta la misma muchacha.
_ ¡Ay no sé! No me he fijado – Catalina, levanta su regalo y se da cuenta de
que es perro – Ahí tiene “su cosa”... Es perrito.
_ ¿Quién te lo regaló?
_ El Joaquín – dice ella, sintiendo un escalofrío al mencionar ese nombre.
_ ¡Qué tierno! Me cae bien ese chico – dice la muchacha, mientras acaricia al
perrito.
_ Sí. A mi también – dice Catalina, tratando de ocultar que siente algo más
que eso - ¿Te gusta el nombre Lucas?
_ Mmm. No mucho... Es que me hace recordar al Pato Lucas... y me carga es
e pato.
_ Mmm. Pucha... Le quería poner Lucas.... – dice Catalina, mientras piensa
en otro nombre – ¡Ay! Ya sé... “Benja”
_ ¡Sí! Es bonito... Me gusta – apoya la muchacha, sintiendo la lengua del “B
enja” en su rostro.

Era el sexto vaso de pisco sour que tomaba Gabriel. Sus ojos ya se comenzab
an a bajar y su coordinación ya no era la misma. A pesar de estar en ese es
tado, sus ganas de conversar estaban en aumento... Una chica del taller, co
nversaba animadamente con él... Ella, sin quitar sus ojos de los de él, esc
uchaba cada palabra como si fueran una gran historia.

_ ...y bueno... me defendí... – dice Gabriel, sin soltar su vaso y con una v
oz un poco más ronca – Esa fue la última vez que estuve enyesado.
_ ¡Wow! Pero parece que quedaste bien – dice la muchacha sonriente.
_ Sí... Un poco – dice él, haciéndose el humilde.
_ Oye... ¿y pololeas?
_ No... Aún sigo soltera... ¡Perdón! Soltero – dice el muchacho, bebiendo u
n pequeño sorbo de su vaso.
_ ¡Que bueno! Tú podrías ir al Taller ¿Cómo eres pa’ la pintura?
_ Mmm. Igual soy bueno... – dice, sabiendo que no sabe ni tomar un pincel.

_ Entonces... ¿Por qué no vas?


_ Es que no tengo mucho tiempo... Incluso ahora yo tendría que estar trabaj
ando – explica Gabriel.
_ ¿Trabajas? ¿En qué?
_ En... En... – Gabriel piensa en qué decir – Por ahí...
_ Mmm. Eso me huele extraño – dice la muchacha, analizándolo – Pero... ¿Q
ué tienes que hacer?
_ Bueno la base de mi trabajo... es complacer al cliente...
_ Todos los trabajos tienen ese propósito...
_ Sí... Pero el mío... Más... No es fácil complacer a todos... De repente lle
ga cada cosa... y una.. ¡Perdón! Y uno tiene que hacerle los gustos igual...
Lo único bueno... es que como ya soy entendido en la materia y ya varios me c
onocen... La paga es excelente.
_ ¡Wow! Se ve tentador...
_ Todos dicen lo mismo... Pero cuesta – dice Gabriel, acabando con su vaso
de pisco sour.

En unas sillas, cerca de la mesa en donde están las cosas... Vicente y Christ
ian conversaban.

_ Si sé... Soy super celoso. Pero que quieres que haga... Me puse celoso...
Además con el historial que tiene esa mina... No me gustó pa na’ – dice Ch
ristian, abandonando poco a poco su cara de amurrado.
_ Pucha... Si tú sabes que a mi también me carga ella. No seas tontito – dice
Vicente, en un tono tierno – Tú sabes que yo quiero a otra personita.
_ ¿A quién? – pregunta Christian con una sonrisa.
_ A ti pues... ¿A quién más va a ser? – sonríe Vicente.
_ Tengo ganas de darte un beso.
_ Dámelo – dice Vicente con una mirada desafiante.
_ ¡¿Aquí?! – se sorprende.
_ Sí. ¿Qué problema hay? Se enterarán de que somos gays, pero que drama hay
con eso... Si nos aceptan, nos aceptan, si no... no, no ma’ – dice Vicente
muy seguro, lo que intimida a Christian – Ya poh. ¿Te atreves?
_ No sé Vicente. ¿Y si nos pegan por ser gays?
_ Peleamos. ¡Por qué vamos a dejar que nos peguen!
_ ¿Estás hablando en serio? – Christian no lo puede creer.
_ Sí.
_ No te creo nada – sonríe el muchacho.
_ Dame la mano – pide Vicente, lo que hace que Christian se asuste.
_ Ya Vicente, nos van a cachar.
_ Jajaja. ¡Qué lindo te pones cuando te asustas!
_ Ya que pesado – dice Christian, poniéndose rojo.
_ Te estaba hinchando no ma’ – sonríe Vicente, el cual sentía todas las gan
as de besar al muchacho, pero como no era el lugar adecuado, prefería guard
ar sus ganas, las que eran compartidas con Christian, el cual estaba asusta
do, pero muy entusiasmado con la idea.
_ ¡Que malo! Yo ya me las estaba creyendo – ¿Oye? – pregunta, cambiando el
tema, ya que había quedado más tranquilo - ¿Viste al Gabriel allá? – dice s
eñalando un sillón cerca de la ventana que da a la calle. Vicente se da vue
lta y queda sorprendido al ver a Gabriel besando a una chica.
_ ¡¿y a ese que le pasó?! – pregunta sin entender.
_ No sé... Debe estar curado. Siempre que se cura se le tira a las minas – dice
Christian entre risas.
_ ¡Que extraño! – dice Vicente, aún sin entender – Ojalá tú no seas de los m
ismos.
_ ¡Oye Que te pasa! Na’ que ver... Yo estoy bien clarito.
_ ¡Ah ya! Que bueno.
_ ¡Que eres leso! – reclama Christian.
_ ¿Por qué?
_ Las tonteras que me dices.
_ Pero si estoy leseando...

Parque Don Bosco. Cerca de la casa de Catalina.


01:02 AM

En uno de los columpios, se encontraba Joaquín, el cual miraba el suelo... Ape


nas había salido de la casa de Catalina... se había ido al Parque... No existí
a frío... Es más... La noche estaba perfecta para salir a caminar y despejarse
de malos ratos... Pero por lo visto... Joaquín era el único que había salido
a despejarse.
En su mente vagaban imágenes de Catalina, y poco a poco sentía que debía volv
er al cumpleaños y decirle lo que le provocaba estar con ella... Pero la lleg
ada del pololo, lo detenían... Sentía que iba a hacer el ridículo... A pesar
de haber visto el poco entusiasmo, de Catalina, al presentar a su pololo... N
o tenía fuerzas para volver.
Sus pies raspaban el suelo y su mirada recorría las marcas que dejaban las s
uelas. Sus manos apretaban las frías cadenas del columpio, llegando a tatuar
la forma en sus palmas. Por más que preguntaba al aire, sobre “qué hacer”..
. El silencio le respondía... confundiéndolo cada vez más.

Casa de Catalina. Villa El Bosque. Pta. Arenas


01:30 AM

Las luces se apagaron, y de la cocina salió Pablo sosteniendo la torta en s


us manos... De a poco todos comenzaron a cantar el popular “Cumpleaños Feli
z”. Catalina tenía el rostro iluminado por la luz de las velas y por dentro
sentía un gran nerviosismo... Desde que era pequeña sentía nervios al escu
char que le cantaban Cumpleaños Feliz... Por ese motivo no sabía que cara p
oner... Sus expresiones eran una mezcla de nerviosismo con alegría y toques
de angustia. En el trayecto de la canción, las miradas iluminadas de Pablo
y Catalina se cruzaban incasablemente... Él, con una sonrisa... Ella, esqu
ivando sus miradas.

Finalmente, la alegre canción llegó a su fin... y ella pudo apagar las 22 ve


las perfectamente. Todos aplaudieron para luego prender las luces y acomodar
se en sus puestos para esperar el trozo de torta.

Las horas van pasando y cada vez son menos los que quedan en la casa de Cat
alina, la cual lo único que esperaba era que Pablo se vaya a su casa.

_ ¿Qué pasa Cata? – consulta Vicente, acercándose a ella.


_ Este weón... Justo se le ocurrió aparecer para el día de mi cumpleaños – ex
plica con el ceño fruncido.
_ Yo igual quedé plop cuando lo vi entrar contigo.
_ Imagínate como quedé yo... Menos mal no sufro del corazón, si no a esta h
ora estoy internada.
_ ¿y Joaquín? – pregunta Vicente, ya que no habían hablado en toda la noche
, por el motivo de que él conversaba con Christian.
_ ¿Joaquín? Mmm. No sé… Se enojó.
_ Si algo caché. Pero no quise ir a preguntarte... Más encima tenías una cari
ta... Después vi que algo le dijiste a Pablo... así es que no quise ni aparec
erme por tu lado – dice Vicente, recreando las malas caras que había puesto C
atalina.
_ Realmente no quería que Joaquín se vaya... ¡Que mal!
_ Ahora supongo que conversarás con Pablo.
_ Es ahora o nunca. Mañana conversaré con él.
_ ¿Estás segura?
_ Nunca me había sentido tan segura. Igual... el que haya venido me sirvió pa
ra darme cuenta, de que realmente ya no siento nada por él... O sea, igual le
tengo cariño... pero ya me tiene chata, no quiero estar con él – cuenta Cata
lina.
_ Bueno... Mañana me cuentas para ver como te fue ¿Ok?
_ ¿Ya te vas? – pregunta Catalina, haciendo un puchero.
_ Sí. Ya es tarde.
_ ¿Cómo andas con Christian?
_ Cuando llegó la Giselle, se había puesto un poco celoso... Pero menos mal
después se le pasó – explica Vicente con una sonrisa – Pero estamos bien.
Todo bien.
_ Se ven super lindos juntos – sonríe Catalina – Fue como emocionante que h
ayan llegado los dos... Fue bonito.
_ Ya era hora que encuentre a alguien.
_ Si poh.
_ Ya amiguita. Mañana me llamas entonces – Vicente abraza a su amiga –
Cuídate mucho y nos vemos.
_ Ok. Tu igual. ¡¡Beenjaa!! Venga a despedirse del tío – grita Catalina, a su
perrito, el cual viene corriendo, insistiendo en las piernas de ella para ser
cargado. Catalina lo carga, y se lo acerca a Vicente, este recibe unos cuantos
cariños del perrito, y luego gira la mirada hacia Christian, para hacerle una
seña de “¡Vamos!”.

Al momento, aparece Christian, el cual tenía a Gabriel colgado de su cuello.

_ Tomó mucho parece – dice Catalina entre risas, mientras observa el rostro
dormido de Gabriel.
_ Sí. Este no se controla – reclama Christian.
Los muchachos se despiden de Catalina y salen de la casa, dirigiéndose al je
ep de Vicente.

La fiesta de Cumpleaños llega a su fin... Catalina llega a su pieza, totalme


nte cansada, con el Benja en brazos. Para su suerte Pablo no se había quedad
o a dormir, que era lo único que ella esperaba. Miró una cantidad de regalos
en un extremo de su pieza, los cuales eran de sus invitados... Los vio, y p
or un segundo tuvo la idea de abrirlos, pero al ver las 06:56 AM en su reloj
, lo único que atinó fue a acostarse con su perro. Sabía que le esperaba un
día decisivo, así es que lo único que le quedaba era descansar.

Cementerio de Punta Arenas.


Sábado/ 17:34 PM

Catalina camina tranquila por uno de los pasillos del Cementerio. La poca b
risa, alcanza a elevar las ondas de su pelo. En sus manos, lleva un ramo de
flores rojas, las que sostiene contra su pecho. Con el paso lento, su mira
da comienza a buscar esa tumba que no visitaba hace tiempo. Después de pasa
r varias tumbas, se detiene al ver el nombre de su padre:

“Aquí yacen los restos de


Francisco Letelier Espinoza
Mayo-1955 – Diciembre-2000
Lo recuerdan por siempre,
su esposa y su hija”
Dejando las flores encima de la tumba, la cual estaba hecha de un mármol gr
isáceo, se sienta en un extremo.

_ Hola papá – dice ella, en un tono calmado. Observa el nombre de su padre


y sonríe – Cuanto tiempo que no nos veíamos. No he estado tan ocupada como
para no visitarte... Pero igual... Han pasado tantas cosas que... realmente
han sido esas las que me han dejado sin tiempo – da un suspiro, sintiendo
una inmensa nostalgia en su corazón – Si tan solo estuvieras aquí para que
me aconsejes... He sido tan estúpida este último tiempo, que yo creo que má
s de un reto me hubieses dado. Con mi mamá, ayer recién comenzamos a cruzar
más palabras... La relación con ella ya no es la misma... y realmente... m
e duele que haya cambiado. Tampoco quería que ella esté de negro toda la vi
da... pero no pensé que cambiaría tanto... Yo creo que tú la debes ver de a
rriba... No sabes cuanto me gustaría escuchar tu opinión – la voz de la muc
hacha comienza a quebrarse y sus ojos empiezan a cobijar la espesura de sus
lágrimas – Me he sentido tan sola papá. Tan desprotegida... He tratado por
todos los medios de ser fuerte... Así como tú me decías que sea... Pero cu
esta tanto... Cuesta tanto tomar las riendas de tu vida... que no sé si lo
estaré haciendo bien. Realmente necesito mucho tus consejos – unas lágrimas
se comienzan a deslizar por sus mejillas – Me hace falta tu apoyo... Tus i
ncentivos... Cuando me decías “Yo sé que tú puedes”... Me hace falta escuch
ar tu voz otra vez. A veces – limpia una de sus lágrimas – A veces, me pong
o a revisar los videos en que salimos con mi mamá... El de los cumpleaños,
el de las vacaciones, el de las celebraciones, que siempre, salían de la na
da... Y... Me comparo... y recién ahí... me doy cuenta de que he crecido y
que ya no soy la misma de antes... Ahí me veía feliz... Hasta radiante... A
hora me siento tan apagada, preocupándome por tantas cosas, pensando tantas
estupideces, que no sé si me lograrán llevar a algo concreto. Lo único que
me hace sonreír es que... por lo menos, donde quiera que estés, me cuidas.
.. Y no sabes cuanto te lo agradezco papá – la muchacha sin poder controlar
su angustia, se levanta, dando una última mirada a la tumba de su padre – Deséame su
tengo que demostrar de que soy una chica fuerte y que sé enfrentar las cosa
s, por más que me sienta indefensa... seré fuerte.

Catalina limpia sus lágrimas y da un último suspiro. Se despide de su padre


con la mirada, y guía sus pasos hacia la salida del cementerio... En unos
momentos más, le tocaba enfrentar a Pablo... y no sabía lo que podía pasar.
.. Aunque lo que más le importaba era terminar todo de una buena vez.

Casa de Christian. Villa El Golf. Pta. Arenas


18:34 PM
El muchacho subía las escaleras, sosteniendo una vaso con jugo en cada mano
. Abre la puerta de su pieza, con uno de sus brazos y le entrega un vaso a
Vicente y otro a Gabriel.

_ ¡Ay Dios Mío! Todavía tengo sed – dice Gabriel, tomándose el jugo al sec
o.
_ Realmente tomaste mucho – dice Vicente, el cual abraza a Christian al este
sentarse a su lado.
_ ¡Más encima besé a una mujer! ¡Dios Santo! Esta cosa de la diversidad no
me está gustando mucho – dice Gabriel, haciendo gestos de asco.
_ La niña dijo que te llamaría – cuenta Christian, entre risas.
_ ¡¿Qué?! ¿O sea que le di mi teléfono?
_ Ella igual te dio su número... Supongo que la llamarás.
_ ¡Jamás Guachita! Eso jamás... Tiene que conformarse con ese beso que le
di no ma’.
Vicente y Christian no paran de reírse, a cada momento recuerdan lo hetero
que se veía Gabriel con la muchacha del cumpleaños.
_ ¡Ya chicos! ¡Basta! No quiero que se hable más del tema – dice Gabriel, mu
y serio – Es malo que se rían de las desgracias ajenas, cuando a ustedes les
pase algo malo, voy a ser el primero en reírme, y me voy a reír en sus cara
s...
_ Jajaja. Ya Gabriel, si no es para tanto – dice Christian, aguantando la risa
que tenía.
_ ¿Cómo que no es para tanto? ¡¡Besé a una mujer!! Esto ya es mucho... Menos
mal que no soy mujer... porque o si no estaría llena de crías – dice Gabrie
l, con lo que aumentan las risas entre Christian y Vicente – Y lo peor es qu
e no sabría quien sería el padre de cada una de mis criaturas.
_ Yo creo que serías más controlado si fueses mujer – dice Vicente.
_ Jaja. Se nota que no me conoces guachita. Yo soy como lesa pal...
_ Yaa. Para – dice Christian interrumpiendo – No tienes que ser tan explícito
.
_ ¡Ay pero si a ti igual te gusta el... – piensa un momento – A ver como lo di
go para que la princesa no se espante y salga corriendo... ¡El pilín! ¿Está bi
en ahí?
Vicente, se tapa el estómago, no para de reírse y por lo visto Christian está
en las mismas condiciones.
_ ¡Que antiguo! – dice Christian.
_ ¿Eris tiesa pal pilín si o no? – pregunta Gabriel a Christian, el cual no le p
uede responder por la risa.
_ ¡Ya para! – grita el muchacho rubio.
_ ¿Ay la princesa se va a hacer pichí? Ojalá te mees weona cartucha – dice Ga
briel, entre risas.
_ Ya mucho – dice Vicente, tratando de detener la risa. Da un suspiro y se
calma un poco. Al segundo, de su chaqueta, saca su celular - ¡Bah! ¡Que rar
o!
_ ¿Qué pasa? – consulta Christian, un poco más calmado.
_ La Catalina dijo que me iba a llamar cuando hable con Pablo, pero por lo
visto aún no conversa con él.
_ Quizás le tiró el celular por la cabeza y se rompió – dice Gabriel.
_ Jaja. No creo.

Casa de Catalina. Villa El Bosque. Pta. Arenas.


18:59 PM

En la casa, aún estaba el desorden en el primer piso, a causa del Cumpleaño


s. Catalina en su pieza, acariciaba a su perrito, encima de su cama, mientr
as que Pablo estaba en el baño. En la mente de la muchacha vagaban varias i
deas de cómo comenzar la conversación, pero no sabía cual de todas elegir.

El seguro del baño se abre junto con la puerta. Sale Pablo, muy calmado y si
n sospechar la gran conversación que le esperaba. El muchacho entra en la pi
eza, y se recuesta junto a Catalina, bajando al perro de la cama.

_ ¡Oye! Le estaba haciendo cariño – reclama Catalina.


_ Hazme cariño a mi – dice Pablo, poniendo su cabeza en el hombro de la
muchacha.
_ ¿Hasta cuándo te quedas?
_ Hasta el otro sábado – dice Pablo - ¡Ya pues...Hazme cariñito!
_ ¡¿Hasta el otro sábado?! ¿Y pediste permiso en la U? ¿Qué onda?
_ Entregué un certificado falso – explica Pablo.
_ Mira tú... Que inteligente – dice ella, irónicamente - ¿Pablo? – unos escal
ofríos recorren por completo el cuerpo de ella.
_ ¿Qué pasa mi amor? – pregunta, con los ojos cerrados y con voz de querer
dormir.
_ ¿Podemos conversar un poco?
_ Pero, si estamos conversando pues gatita.
_ Pero frente a frente. No me gusta hablarle al techo – dice ella, tratando d
e mantener su calma.
_ Bueno – dice, sentándose en la cama, quedando apoyado en el respaldo. Ca
talina prefiere levantarse - ¿Qué pasa?
_ Pablo... – suspira – Yo no sé si te diste cuenta, pero... me puse super incó
moda con tu llegada.
_ Sí. Si me di cuenta. Pero, Amor eso es normal... Yo sé que a ti no te gustan
las sorpresa y que tam...
_ Pablo – interrumpe ella – Quiero hablar.
_ Ok. Ok.
_ Me puso incómoda tu llegada... y me di cuenta de algo... que es mejor que
lo sepas en seguida – dice ella, mientras no para de moverse. Pablo con esta
s últimas palabras, siente un punzante escalofrío en el pecho.
_ ¿Qué es lo que tengo que saber?
_ Pablo, yo ya no siento lo mismo de antes – dice Catalina, comenzando a sen
tir que los nervios la podían traicionar.
_ ¡¿Qué?! ¡Cómo que no sientes lo mismo de antes! ¡No entiendo!
_ Si entiendes Pablo... Por favor no me hagas ser más directa.
_ Sé directa... Sé mujercita – dice el muchacho, el cual comienza a sentir u
na especie de calor en su pecho. Su tono había cambiado, la rabia lo estaba
nublando.
_ ¿Quieres que sea directa? – pregunta Catalina, sintiéndose atacada con la
s palabras de él. Pablo, asiente con la cabeza mientras frunce el ceño – Ya
no quiero estar más contigo. Ya no siento nada más que cariño... Nada más
que eso... No quiero seguir pololeando contigo... Ya estoy aburrida.

Pablo, al escucharla, parece no reaccionar. Baja la mirada, sintiendo como b


rota la rabia en su interior. Nunca antes lo habían pateado y su orgullo mac
hista había sido destrozado en mil pedazos, lo cual lo hacía hervir, al sent
ir que una mujer lo estaba humillando.

_ Tú no puedes hacer esto – dice Pablo, levantándose de la cama, para pararse


frente a ella.
_ ¿Por qué no? – pregunta, manteniendo su postura.
_ ¡¡Porque no!! Nosotros vamos a seguir pololeando. No tenemos por qué term
inar... La distancia nos jugó una mala pasada, pero no te preocupes... Iré
a buscar mis cosas a Santiago y me quedaré acá en Punta Arenas – dice Pablo
, el cual asusta un poco a Catalina, ya que sentía que un loco le estaba ha
blando.
_ Pablo entiende por favor... No quiero... Estar... Contigo.
_ ¿Conociste a otra persona?
_ No. No es eso... Es aburrimiento.
_ ¿Es el chico que se fue cuando me vio llegar a mi? – pregunta él, tomando
por sorpresa a Catalina, la cual guarda silencio y desvía la mirada - ¡¿Es é
l no cierto?! ¡¿El que te regaló ese quiltro?¡ ¡¿Ese es?¡ ¡¡¡Contéstame Cata
lina!!! – le grita, tomándola por los hombros y moviéndola bruscamente.
_ Pablo – mantiene su calma – Suéltame.
_ Contéstame primero – dice sin soltarla, y con el tono golpeado.
_ Te lo voy a repetir por última vez Pablo... Suéltame – dice ella, mirándolo
fijamente. El muchacho la mira con rabia, y la suelta.
_ ¿Es él o no?
_ Sí... Es él – dice ella, sin correr la vista. En ese instante observa como el
muchacho se da vuelta y patea al perro que estaba detrás de él. El animal chil
la y sale corriendo de la pieza.
_ ¡Oye weón! ¿¡Cómo se te ocurre!? – dice Catalina enojada, empujándolo con
tra la pared - ¡¿Tendrá la culpa el perro?! ¡No seas primitivo por favor!
_ Nunca pensé que ibas a cambiar tanto en tan poco – dice el muchacho, mir
ándola de arriba abajo.
_ No he cambiado... Estoy siendo sincera, que es muy diferente – dice Catalin
a, sin dejar de sentir rabia por la patada que le había llegado al “Benja”.
_ ¿Por qué no me dijiste antes?
_ Porque no podía... No tenía el valor para decirte.
_ ¡Claro! Ahora que tienes a ese weón, me tirai a mi... Más que seguro que
ya se habrán acostado – dice Pablo.
_ ¿Qué te haz creído weón? Para que sepas yo soy ninguna puta.
_ Ahora lo dudo.
Catalina se acerca y le pega un combo en la cara, rompiéndole un poco el lab
io.
_ ¡Ándate de mi casa! – dice ella parándose en la puerta de su pieza.
_ ¿La señorita Catalina me está echando? – dice él, tapándose el labio.
_ No quería que esto termine así.
_ ¿Y cómo querías que termine? ¿Querías que me vaya muerto de la risa a m
i casa?
Catalina mantiene silencio, y sigue señalándole que se vaya.
_ Ya... Ok. Me voy... pero ojalá te vaya como las weas con ese weón... Ojal
á te cague con alguna mina – dice Pablo, enrabiado mientras se pone su chaq
ueta – Yo que ponía las manos al fuego por ti... Realmente no vales nada...

_ Pablo, ándate – dice Catalina, hundiendo una fría mirada en él.

El muchacho sale de la pieza, baja las escaleras y se va de la casa. En el seg


undo piso se siente el portazo, con el que Catalina suspira, cierra los ojos y
trata de respirar tranquila. Por fin había sido capaz de decirle todo a Pablo
... Ahora se sentía realmente libre, ya no existían ataduras... Aunque la conv
ersación la había dejado bastante tensa, en el fondo sonreía al saber que ya n
o estaría con Pablo.

Casa de los tíos de Joaquín. Villa El Bosque. Pta. Arenas.


20:10 PM

El timbre suena. Joaquín, como estaba cerca, se dirige a abrir la puerta.


_ Hola Joaquín – dice Catalina, con una sonrisa.
_ ¿Catalina? ¿Qué estás haciendo acá? – Joaquín la observa, sin poder creerl
o.
_ ¿No me vas a hacer pasar? – pregunta ella.
_ Por supuesto. Pasa. Pasa – dice él, haciendo pasar a Catalina, ella pasa al l
iving y se sienta en un sillón.
_ ¿A qué se debe tu visita? – pregunta, sentándose enfrente.
_ ¿Aún estás enojado?
_ ¿Enojado por qué? – se hace el desentendido.
_ Ayer saliste enojado de mi casa. ¿Qué te pasó?
_ Jaja. Catalina... Tú sabes el por qué.
_ No me acuerdo – sonríe ella - ¿Qué te pasó?
_ Lo que pasa es que... – justo en ese momento, el celular de Joaquín comienz
a a sonar. El sonido se escucha desde la pieza, este hace un gesto de aburrim
iento y va a contestar. Mira la pantalla y piensa en apagarlo, está a punto..
. pero contesta igual.
_ ¡¿Qué quieres?! No. No puedes. Estoy ocupado. No puedo, entiende... Corta
el weveo’, en serio. ¿No puede ser otro día? En serio... No puedo... Ya filo
... Chao – Joaquín corta la llamada y apaga el celular. Vuelve, fingiendo un
a imagen tranquila, y se sienta en el sillón en el que estaba.
_ Tienes cara de asustado – dice Catalina, mientras analiza su rostro.
_ Na’ que ver – responde nervioso - ¿En qué estábamos?

El timbre suena incansablemente, unos golpes en la puerta, asustan a Catalin


a y a Joaquín.

Casa de Christian. Villa El Golf. Pta. Arenas.


20:10 PM

Gabriel, está frente a la radio buscando unas canciones.

_ ¡Ay! No sé donde está – dice el muchacho, apagando la radio.


_ ¿A que hora dijo Vicente que nos pasaría a buscar? – pregunta Christian, m
ientras busca ropa en su closet.
_ No sé. Como las 12:00 parece – responde Gabriel, encendiendo la radio nu
evamente, luego mira a su amigo, el cual está en pura toalla, ya que recié
n se había duchado – ¡Oye! ¿Estay haciendo ejercicios?
_ No. ¿Por qué? – dice, sin mirarlo, buscando ropa.
_ Hace tiempo que no te veía sin polera – dice Gabriel.
_ Estoy igual que siempre no ma’.
_ Me tinca que te estay ejercitando para tu debut con Vicente.
_ Na’ que ver – dice Christian, riendo.
_ ¡Ah no si no! Seguro que me vai a hacer weona.
_ De verdad. No estoy haciendo ejercicios.
_ Pero antes no tenías calugas.
_ Las tengo hace tiempo – responde Christian, tocando su abdomen.
_ Miiish, estay toda atlética ahora... No como antes... Toda fofa y sin forma
– dice Gabriel, riendo.
_ ¡Oye que te pasa! Nunca fui fofo – dice Christian – ¿Oye Gabriel?
_ Dime.
_ Tengo ganas de volver a la Colón – cuenta el muchacho, sentándose en la
cama.
_ ¡¿Qué?! ¿Estay hablando en serio? – pregunta Gabriel sorprendido – No me
dijiste que no querías volver porque estabas cansado de sentirte como un
objeto.
_ Si sé. Pero... Es solamente por la plata.
_ ¡Weona! ¿Vicente lo sabe?
_ No. ¡Estás leso! No tiene que saber.
_ ¿Quieres que te diga algo? – pregunta Gabriel, poniéndose muy serio, ya
que el comentario de Christian le había desagradado muchísimo.
_ A ver, dime.
_ No seas weón. Vicente es una gran persona. Le prometiste que no ibas a vol
ver a esa calle. Se lo prometiste... y ten por seguro que si se llega a ente
rar, no lo vas a ver nunca más – dice Gabriel, en tono de regaño - ¡Volver p
or plata! ¡Por favor Christian! ¡No seas pendejo!
_ Pero es que igual... Como que me acostumbré a tener plata todas las seman
as y...
_ Christian no sigas hablando esa wea por favor. Agradece que tienes a algui
en que te quiere... No lo eches a perder. ¿No te day cuenta lo que está en j
uego?
_ Si sé... Pero Vicente no tiene por qué saber.
_ ¡Ya para Christian! – dice Gabriel enojado – Si tú vuelves a la Colón, voy
a ser el primero en contarle a Vicente.
_ No tienes por qué – se enfada Christian.
_ Perfectamente puedo decirle... y tú no me lo vas a prohibir... Realmente
caí en tu jueguito... Pensé que habías cambiado weón – dice Gabriel, dándol
e la espalda para seguir buscando música en la radio.
_ Pero no te enojes.
_ ¡¿Cómo no me voy a enojar?! Las weas que hablas.
_ Ya Ok. Si no voy a volver a la Colón – dice Christian, el cual se levanta
de la cama y nuevamente va al closet. Sus ansías por tener plata segura, tod
as las semanas, lo estaban carcomiendo, lo que hacía que se olvide de todo l
o que le había prometido a Vicente y a su propio amigo, Gabriel.
Casa de los tíos de Joaquín. Villa El Bosque. Pta. Arenas.
20:27 PM

El timbre y los golpes, siguen sonando. Joaquín no sabe si abrir o no, en


su rostro se puede notar un gran nerviosismo, mezclándose mayormente con u
n gran miedo.

_ ¿Vas a abrir? – consulta Catalina, asustada.


_ No sé.
_ ¿Quién es?
_ No sé quien será.
_ Entonces porque estás tan asustado – le dice Catalina, con lo que Joaquín s
e queda en silencio. Al sentir un golpe fuerte en la puerta, se arma de valor
y abre la puerta.

_ ¡¡¡Te dije que la cuidaras maricón... No que la enamoraras!!! – grita Pa


blo, tomando del cuello a Joaquín. Catalina, al segundo, aparece al lado d
e ambos muchachos. Pablo la observa con sorpresa y Joaquín esconde la mira
da.