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Elementales en La Cocina

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Como engañar a los “elementales” de la rutina
Como engañar a los “elementales” de la rutina

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Published by: Daniel Medvedov - ELKENOS ABE on Dec 20, 2013
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Daniel Medvedov

ELEMENTALES EN LA COCINA La Dani Rutinary’s Breakfast o Cómo luchar en contra de los Elementales

Madrid 2013

Orden y Secuencia La secuencia está en nuestras manos Cada mañana La Dani va al cole. Aquí hace todavía de noche a las siete de la mañana. Suena el despertador y hay un lapso de unos quince minutos más, para retozar en la cama. Yo me dirijo a la cocina, no antes de lavarme las manos como tienes que hacerlo en los exámenes de esterilización manual que se deben presentar en las escuelas de medicina. Me recuerdo las conversaciones sobre el lavado de las manos “con jabón y agua caliente por más de cinco minutos” que teníamos en Miami, el Dr. Justin Newman y yo. En la cocina, cada mañana hay una rutina que yo nunca respeto: siempre cambio el orden de los movimientos y de la secuencia de esos eventos gestuales, que 2

lo se - al repetirlos idénticamente cada mañana – te haces presa de unos “elementales” muy poderosos, los que dominan las rutinas de los humanos. Yo trato de sacudírmelos a cada rato, y por ello cambio a propósito esa lista de pequeñas ocurrencias que se supone que tienen un orden estricto. • Saco de la nevera un huevo, para freírlo. Como se supone que debo cascarlo en un bol, no saco el bol y dejo el puto huevo por ahí en la mesa • Agarro una naranjas para hacer un zumo/jugo de naranja natural, las paso por el chorro de agua y las deposito sobre una plancha de madera, Las debo cortar por el medio y para ello se necesita un cuchillo. No agarro el cuchillo pero tomo el café en granos para mi, y pongo un viaje de granos en la moledora eléctrica. Se supone que debo meter ese aparato en un enchufe eléctrico pero no lo meto y agarro la caja
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de cerillas/fósforos, saco uno y prendo el fuego de la cocina, pero sólo dos, no uso el mismo fósforo/palito de cerilla para prender los tres fuegos que necesito • Se supone que ahora debo moler el café pero no lo hago y saco el azúcar morena de donde se encuentra • Agarro una naranja y la corto en dos. Se supone que debo seguir con las otras naranjas pero no, no sigo esa imprescindible rutina de gestos y entonces, agarro una plancha de hierro y la deposito sobre el fuego. Pongo algo de aceite de oliva sobre la plancha • Agarro el huevo y lo casco. Boto la cáscara. Del huevo separo las partecitas blancas laterales, que son como unos mocos que detesto. No le pongo sal, pues una vez la Dani, al verme que le pongo una pizca de sal antes de freír el huevo, me dijo - “mi mami le pone sal al huevo luego de freírlo”

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• Se supone que debo seguir con el zumo/jugo de naranja. Saco el aparato de zumo/jugo e introduzco su cable en el enchufe. No sigo con las naranjas sino que agarro una servilleta de papel, un tenedor y un cuchillo y ordeno el espacio para el desayuno en la mesa, sobre un pañuelo – o no se cómo se le llama - un tejido de tela para desayunos • Sigo con las naranjas y las paso por el aparato. Agarro un vaso y pongo en el vaso el zumo/jugo • Se lo llevo a la Dani en el cuarto donde ella se está preparando, luego de haberse lavado la cara, y la miro atentamente cómo bebe el zumo/jugo, haciendo morisquetas por esa acidez en la mañana • Retorno en la cocina y tiro el huevo para freírse a fuego lento • Corto el pan en varias lonjas - ¡Ups! – no se llaman “lonjas” sino ni “tajadas” sino - ¿Qué? - rebanada, pedazo, pieza, trozo, rodaja – me da lo mismo, así que
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sigo: las deposito elegantemente en un pequeño plato y lo pongo sobre la mesa. • Ahora me ocupo de mi café: en el “ibric” turco me dirijo al pote de café molido para poner tres cucharas de café pero veo que no hay café molido. Ya esta preparada la “moledora” alemana de café y presiono el botón : el aparato hace un ruido desgarrador, digo “desgarrador” para los pobres granos que acto seguido se vuelven triza. Y yo que pienso que antes el café y sus granos era dinero y se usaba como moneda. Si cada uno de esos granos fuera una moneda de oro yo sería millonario. Me da lo mismo. que ya lo he molido y depositado en el “ibric”. Se supone que debo ponerle azúcar, un poco, sólo un poco, pero no lo hago, sino que me dirijo al huevo, que ya debe estar frito y refrito, y lo pongo elegantemente en un plato con una lonja de jamón. Ese jamón tenía que haberle comprado, antes, te lo creo . . .
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• ¿Sigue que? – ¡Me la pela! – yo no quiero seguir ninguna estricta rutina! • Ok, Voy a la nevera y saco la botella de agua, pongo un vaso y lo lleno de agua fría para beber. Se supone que debo poner el vaso en la mesa, pero lo dejo por ahí y saco del enchufe el aparato de hacer zumo/jugo. Los elementales se deben volver locos al observar lo díscolo que soy en el seguimiento de los movimientos lógicos de cada mañana: ¡Que se jodan los elementales de la rutina! • Llega la Dani, se sienta, y empieza a desayunar. “Papi, ¿No tienes, acaso, alguna moneda que te sobra, algo, lo que sea, un euro, dos., lo que tu quieras?” • Æ ¡Claro, miamor!” – le digo a la niña y saco de mi bolsillo un euro mágico con el hombre de Leonardo, aunque lo llamen “el Hombre de Vitruvio” – el Euro Italiano, amuleto poderoso . “¡Eres la polla!” _ ¡Te amo, papi!” – exclama la
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Dani. Siempre guardo ese euro en mi bolsillo. Me saca de apuros. • La Dani no termina el huevo, deja algo en el plato. Se levanta, para acicalarse frente al espejo y luego, a todas esas manipulando sin cesar su cacharro Iphone, se despide y yo la bendigo: “¡Que Dios te guarde, te ampare y te favorezca!” - y se va. No la miro desaparecer, que no es bueno, pero espero oír el ruido de la puerta de entrada/salida del edificio, que se oye en el primer piso. Es todavía de noche en Madrilati. • Regreso a la cocina, me como, de pie, el resto de huevo que ha quedado en el plato, con algún trozo de pan, lavo todos los platos y el tenedor, el cuchillo, en el mismo orden/desorden espléndido que sigo cada mañana, y regreso a mi cuarto, prendo un puro y saboreo el café de la mañana.

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Así he engañado los poderes visinvisibles llamados “elementales” de la rutina del desayuno, y todos han salido disparados, esperando atraparme en sus triquiñuelas, alguna que otra mañana en la cual no esté tan atento a esos detalles secretos.

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