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La Batalla de Cada Hombre Joven

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Un excelente libro que todo joven debe leer. Te ayudara a luchar contra las tentaciones de una sociedad que ha caido en la impurez sexual.
Bendicones
Un excelente libro que todo joven debe leer. Te ayudara a luchar contra las tentaciones de una sociedad que ha caido en la impurez sexual.
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La Distancia de Dios

Aun cuando saltaba de cama en cama durante mis días de soltero no notaba nada malo en
mi vida. Ah, desde luego, asistía a la iglesia de vez en cuando, y una que otra vez las palabras del

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pastor penetraban en mi corazón. No obstante, ¿quién era él? Además, yo amaba a mis novias. Mi
razonamiento era que no le hacía daño a nadie.
Mi madrastra notó que algo andaba mal. Mi padre al fin se había casado de nuevo, y cuando
los visitaba en su casa en Iowa, a veces ella me llevaba al otro lado del río al Templo Evangélico
Moline, en Moline Illinois. En esa iglesia se predicaba el evangelio, pero para mí todo me parecía
absurdo. A menudo me reía con cinismo, con solo pensar en las personas allí.
Después de graduarme con honores de la Universidad de Stanford con un título en
sociología, tomé un empleo en el área de San Francisco como asesor de inversiones. Un día de
mayo, me quedé tarde en la oficina. Todo el mundo se había ido a su casa dejándome solo con
algunos pensamientos molestos. Volteé mi silla y puse mis pies sobre el escritorio para mirar una
típicamente grandiosa puesta del sol en California. Mientras el sol se escondía en el horizonte, de
cierta forma Dios interrumpió la escena con una horrible revelación de lo que había llegado a ser.

Echa un vistazo… ¡a ti!

Esta era una experiencia diferente para mí. Ah, sabía quién era Dios y en algunas ocasiones,
incluso, había orado que quería tenerlo más cerca en mi vida, pero de todos modos terminaba de
nuevo en la cama la noche siguiente con la estudiante francesa graduada o una de las otras. Nunca
dije esas oraciones con seriedad. Además, mi palabra nunca significó mucho en aquel entonces, y
yo lo sabía.

Mis amigos también lo comprendían. Corky, uno de mis amigos, había inventado una
expresión para mi falta de carácter. Hacer algo «al estilo de Fred» era prometer estar en algún lugar
y después no aparecerse, y esta colorida frase se volvió parte del vocabulario en mi círculo de
amigos. Después de esas oraciones anteriores, yo actuaba con Dios «al estilo de Fred».
Sin embargo, esta vez no.
No sé cómo El lo hizo esa noche en mi oficina en San Francisco, pero Dios me mostró lo
irremediablemente repugnante que me había vuelto a causa de mi pecado. Lágrimas de pesar y
desesperación corrían por mis mejillas. Aunque antes estaba ciego, ahora podía ver. Al instante vi
mi cada vez más profunda necesidad de un Salvador. Debido al Templo Evangélico de Moline,
sabía a quién clamar. Mi oración ese día fluyó de la sencillez de un corazón seguro: «Señor, estoy
dispuesto a trabajar contigo si tú estás dispuesto a trabajar conmigo».
Sin darme cuenta todavía de lo que acababa de hacer, me puse de pie y salí de mi oficina.
Aun así, Dios sabía. Durante las primeras dos semanas parecía como si los cielos hubieran movido
todo en mi vida, y en corto tiempo tenia un nuevo empleo en Iowa. y una nueva vida frente a mí. ¡y
dejé las novias atrás!

Sin embargo, no fue la nueva vida delante de mí lo que me iba a transformar... fue la nueva
vida en mí. Aunque todavía no lo sabía con seguridad, un acontecimiento en mi viaje de regreso a
Iowa me reveló que Dios había entrado en mi vida. Me detuve en Steamboat Springs, Colorado,
para visitar a un par de amigos de Stanford. El padre de uno de ellos era dueño de un rancho en las
afueras de Steamboat, así que yo estaba esperando tomar unos cuantos días de descanso disfrutando
de las montañas Rocosas antes ele seguir mi camino.
Cuando llegué, necesitaba ir al baño, así que fui directo a él. Cuando abrí la puerta, encontré
las paredes cubiertas con las páginas centrales de Play boy y enseguida me sentí asqueado.
Me detuve asombrado.
¿Asombrado de las páginas centrales? No, estaba asombrado de mi repulsión. ¿De dónde
salió esta reacción?, me preguntaba. Después de todo, este era Fred Stoeker, el hombre que
memorizaba las fechas en que llegaban las revistas pornográficas a la tienda local. El que faltaba a
clases para mirar con lujuria sus páginas. El que vivía para las páginas centrales, guardándolas para
el final como si fueran algún delicioso postre. Nunca en mi vida me había sentido asqueado por una
página central.

Mientras meditaba sobre este progreso durante los días siguientes, no relacioné este «nuevo
yo» con la oración en mi oficina, pero debía haberlo hecho. Recordándolo, veo con claridad que era

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una señal de que mi corazón estaba cambiando. Cuando eres salvo, Dios te da un corazón nuevo
para Él. El Señor vive en ti y te da la fortaleza que necesitas para hacer todo, cualquier cosa que te
llame a hacer, incluyendo su llamado a la pureza sexual. Esta nueva vida fluía sin ningún esfuerzo
de mi parte, y los nuevos deseos de hacer la voluntad de Dios vinieron sin que yo les pusiera
atención.

Según recuerdo, no había orado de nuevo, ido a la iglesia, ni leído mi Biblia durante las dos
semanas desde mi oración al caer el sol en San Francisco y ese momento en que entré a ese baño
decorado con Playboy. El Espíritu Santo sencillamente tomó mi palabra en oración y comenzó a
obrar en mí en la condición que me encontraba.

El deseo de hacer lo bueno

Tomó un segundo acontecimiento varias semanas más tarde para confirmarme al fin que
Dios en verdad me había transformado dándome un corazón nuevo que palpitaba con el deseo de
hacer lo bueno y vivir en santidad. Después de mudarme a un apartamento en Ankeny, Iowa, mis
noches eran largas y monótonas. ¡Un hombre acostumbrado a entretener a cuatro novias no está
habituado a tener sus noches libres!
En corto tiempo, los pensamientos sobre Janet comenzaron a invadir mi imaginación. Era
una vieja amiga de la escuela secundaria, y yo había estado enamorado de ella por años. En aquel
entonces, estaba muy ocupado con el fútbol para comenzar una relación, pero a menudo soñaba
acostarme con ella.

Pronto la encontré y... ¡qué suerte! Todavía estaba soltera y viviendo en Omaha. La llamé y
después de alguna alegre conversación, ella me invitó a que la fuera a ver a su discoteca favorita.
¿Qué más puedo decir? Después de cerrar la discoteca, nos encontramos solos en su apartamento.
Una cosa llevó a otra, y nos quitamos la ropa y nos acostamos en su cama. Comenzarnos a
besarnos, pero ocurrió algo extraño. ¡No podía tener una erección! Eso nunca había pasado antes.
Demasiado humillado, con mi cabeza dando vueltas, me escabullí al estacionamiento y me
desplomé en mi coche.

Entonces escuché con claridad al Espíritu que me susurraba en el corazón: «Por cierto, yo te
hice eso, sé que te dolió, pero esta forma de actuar no se puede tolerar más en tu vida. Tú ahora le
perteneces a Cristo y Él te ama». No tuvo que decírmelo dos veces; ¡de inmediato me comprometí
de nuevo a mantenerme puro! (Me alegro de haberlo hecho porque unos pocos meses más tarde
conocí a Brenda y nos comprometimos a guardar las relaciones sexuales para nuestra noche de
boda.)

Ahora del todo consciente de mi salvación, no perdí tiempo y enseguida busqué una iglesia.
Se había arraigado en mí un temor y respeto apropiado para esta nueva vida y al momento me
enamoré del susurro del Espíritu en mi vida. Deseaba crecer en Cristo y experimentar la vida
abundante de regocijo que Él tenía esperando por mí.
Antes de continuar mi historia (en el capítulo 5), tomemos un momento para explorar
algunos principios importantes sobre la sexualidad que creo que encontrarás interesantes y que se
pueden aplicar enseguida a tu vida. Comenzaremos con una discusión del punto de vista de Dios
acerca de nuestra sexualidad.

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