GERMINAL LIBERTARIO

Suplemento 8, Septiembre de 2009; 50 céntimos

ÓRGANO DE EXPRESIÓN DE LAS JUVENTUDES ANARQUISTAS DE LEÓN
Federación Ibérica de Juventudes Anarquistas
fija.leon@gmail.com || germinallibertario.blogspot.com || Apartado 152, 24080 León

MONOGRÁFICO SOBRE LA CONTRA-PSICOLOGÍA USA: LA SOCIEDAD PSIQUIÁTRICA AVANZADA (3) · EL PARADIGMA DEL CONTROL SOCIAL EN LOS ORÍGENES DE LA PSICOLOGÍA (8) · SOBRE COGNITIVISMO Y OTROS CUENTOS (13) · EN DEFENSA DE LA ANORMALIDAD (15)

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EDITORIAL

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Federación Ibérica de Juventudes Anarquistas (F.I.J.A.)

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Vivimos en un sistema que todo lo envenena y a todo se agarra con tal de mantener su podrida existencia. La psicología por él impuesta no se salva; psicología tan de moda en estos tiempos que corren; en los que les niñes ya no corren, porque al que lo hace le diagnostican hiperactividad y se le droga para “tranquilizarle”; y al que no acata las ordenes de sus “mayores” le diagnostican rebeldía y le administran también la droga correspondiente para “ayudarle a obedecer”. Es una psicología dedicada a esconder síntomas, pero que no busca cura para la enfermedad; que en lugar de solucionar la depresión en sus causas, se dedica a “aliviar” sus consecuencias con antidepresivos que causan otros trastornos que se tratarán con el mismo procedimiento, trasformando la ciencia en un negocio masivo de mercancía médica. De una psicología puesta al servicio de los intereses del Estado, que transforma una necesidad humana, como es el conocer como funciona nuestra mente, en algo turbio y dirigido, no puede esperarse nada bueno ni objetivo, pues es lógico que todas las conclusiones estén encaminadas a preservar el sistema reinante, como por ejemplo el conocido síndrome de Estocolmo, que tanto gusta de ser aplicado en las situaciones extraordinarias, como puede ser atracos con rehenes o secuestros, pero que ningún “especialista” parece reconocer en los comportamientos diarios de los “buenos ciudadanos”, como son la obediencia a la autoridad, o la legitimación del Estado o del sistema de salarios. Estado, sistema del salario y autoridades que son autenticos secuestradores de la libertad de los individuos, de su tiempo e incluso de su vida en muchos casos (accidentes laborales, violencia policial, suicidios, etc.). Este suplemento trata de difundir las ideas alternativas en torno a la psicología (contra-psicología), a la vez de servir de denuncia y alarma sobre lo que es realmente la psicología actual y sus consecuencias. Sirviendo de base a un conocimiento mucho más amplio que puede profundizarse a través de las bibliografías consultadas y extrapoladas. Salud y Anarquía

MATERIAL DISPONIBLE Las Doctrinas Anarquistas (extracto de La Ideología Anarquista) de Ángel J. Cappelletti. Anarquismo y Nacionalismo, Juventudes Libertarias de Bilbao, 1998. La Anarquía de Errico Malatesta. Anarquismo y Organización de Rudolf Rocker. Anarquismo y Federalismo de Juan Gómez Casas. Nacionalismo y Anarquismo, SU de Irún CNTAIT, 1979. Canciones de Lucha (CD Recopilatorio) Documentales: La Revuelta en el Estado griego, Grupo Anarquista La Mecha (DVD)

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USA: LA SOCIEDAD PSIQUIÁTRICA AVANZADA
Con la medicina mental nace una nueva percepción, que distingue un sujeto enfermo, el alienado, en el seno de las categorías antes mal diferenciadas de la desviación, de la delincuencia y de la marginalidad: vagabundos, gentes sin escrúpulos, libertinos, pródigos, locos, criminales, sujetos de mala ralea de todo tipo que transgreden las normas sociales o sexuales. Hablar de alienación mental (luego de psiquiatría) supone que se sepa extraer de esa masa de comportamientos no conformes un agrupamiento especifico de entidades (las nosografías), calificadas de patológicas porque presentan unos síntomas precisos y relativamente estables (trastornos del entendimiento, de la voluntad, de la afectividad). Estos síntomas remiten a una etiología (orgánica o psicológica) establecida “científicamente” y pueden ser tratadas por unos especialistas cualificados (los psiquiatras) en el seno de las instituciones especiales (los manicomios, luego hospitales psiquiátricos). Sin embargo, tales distinciones han sido siempre frágiles. Suponen la existencia de una división clara entre aquellos que dependen de la psiquiatría porque están “enfermos” y los “normales”, algunos de los cuales pueden depender, por otra parte de otros aparatos represivos tales como la justicia. A partir del siglo XIX, en que dicha dicotomía funcionó aproximativamente, limitando por ello el número de sujetos atendidos, la creciente confusión de las fronteras entre lo normal y lo patológico trajo consigo una progresiva expansión de los dominios de aplicación de la medicina mental. En los Estados Unidos, esta progresión ha seguido cuatro líneas fundamentales de difusión. páticas, niños fugados, etc. osciló entre un polo legal y un polo médico. Pero hoy en día por una parte el modelo de tratamiento se aplica a unas categorías nuevas: alcohólicos, toxicómanos, niños con una escolaridad problemática, etc; por otra parte, incluso cuando el delincuente está atrapado por el aparato represivo (por ejemplo, el criminal encarcelado), el modelo del tratamiento tiende a sustituir al modelo de la sanción judicial para justificar el régimen que se le impone y las esperanzas que se alimentan sobre las posibilidades de reformarlo.

En una primera época, ante todo la higiene mental, y luego la psiquiatría comunitaria en su avanzada hacia lo social, se anexionaron un conjunto de prácticas de las que se había excluido al psiquíatra hasta el punto de que había quedado encerrado en su bastión manicomial. Fue el aligeramiento de sus propias nosográficas y de sus propios dispositivos institucionales la medicina el que permitió a la medicina mental ampliar su campo de intervención. El objetivo sigue siendo “la lucha contra las enfermedades mentales”, incluso cuando se intenta prevenir Una tercera línea de expansión de la medicina mental es más desconcertante todavía: pasa por la para no tener necesidad de curar. resistencia de ciertos grupos a las instituciones psiEl principio de la expansión de la psiquiatría des- quiátricas oficiales. El movimiento de la “contraculcansa aquí sobre la convicción (que parecen acre- tura” hizo surgir nuevos problemas ligados al uso ditar los estudios epidemiológicos dominados por de la droga entre los jóvenes de las clases medias, la ideología médica, mostrando que la proporción a las reivindicaciones feministas y homosexuales, de gentes necesitada de una asistencia es siempre etc. Las dificultades vividas en este contexto difiemayor a la de aquella efectivamente tratada) de que ren sensiblemente de la sintomatología psiquiátrica siempre hay más enfermos que curar, o enferme- tradicional. Además, quienes las sufren rechazan el dades que prevenir y que es necesario ir a buscar confiarse a la organización oficial de la psiquiatría, los gérmenes patógenos allí donde están, en la vida en la cual ven el símbolo del autoritarismo y de los funcionamientos burocráticos que combaten. De ahí social. la creación de instituciones alternativas —free cliUna segunda línea de difusión consiste, para la psi- nics y grupos diversos de ayuda mutua— para, de quiatría, en tomar o retomar a su cargo unas cate- algún modo, autogestionar en el seno mismo de la gorías de población que dependen de otros aparatos contracultura los problemas de sus miembros en dide control, en particular de la justicia. También aquí ficultad. Se trata de organizar un medio de vida que el movimiento empezó muy pronto. La percepción respete su intimidad y su humanidad en el momento de los monómanos criminales, anormales constitu- mismo en que los problemas que sufran les colocionales, perversos sexuales, personalidades psico- quen en situación de dependencia. El carácter paradójico de esta posición explica el destino ambiguo de las instituciones alternativas: si bien marcaron una cierta ruptura en relación a las características más rígidas del funcionamiento de las estructuras médicas clásicas, añadieron también un nuevo eslabón a la cadena de las instituciones de asistencia.

Cuarto principio de difusión: después de los que sufren y los que resisten, los que eligen o creen elegir. Aquí la situación es la relación cliente-médico en el marco de la práctica “liberal”: libre elección del médico y pago del acto instituyen en principio una relación reversible entre los dos “partenaires”. Estamos en el universo del consumo de los servicios y no en el de la imposición forzada de los modelos. Pero en los Estados Unidos esta demanda de cuidados ha Suplemento 8, Septiembre de 2009 3

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superado desde hace tiempo el marco del ejercicio de la psiquiatría o del psicoanálisis privados. La extraordinaria proliferación, desde hace aproximadamente unos diez años, de nuevas terapias (terapias familiares, consejo sexológico, modificación de la conducta, bioenergía, gestalterapia, grito primario, análisis transaccional, etc., y todas las técnicas de grupos de encuentro que se sienten eximidas del deseo de curar) marca el extremado avance de los esquemas de intervención médico-psicológica en la sociedad. Sin embargo, estamos ya en la era del post-psicoanálisis. Estos nuevos demandantes exhiben como síntoma un malestar vital, más que una patología caracterizada: en el límite, es a la normalidad a la que hay que curar. Con la “terapia para los normales” queda virtualmente cubierto todo el espacio social por las nuevas técnicas de manipulación psicológica. (...) LA INFANCIA, PRIMERA PREOCUPACIÓN

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Como sabemos, más vale prevenir que curar: y ¿cuál puede ser el mejor terreno para una intervención precoz (early intervention) sino el de la infancia? En torno a la infancia pronto se han unido todos los profesionales de la sospecha, examinadores, probadores, detectadores de anomalías de todas clases; en torno al niño se ha tejido hoy la más apretada red “Afectivamente perturbado”, quizá no lo estarían de procedimientos de tutela y enderezamiento de tanto si las condiciones de vida de ciertos establecimientos no fueran éstas: pabellones de cemento los comportamientos. sin ventilación, aislamiento durante semanas para Esta “asistencia” a la infancia empezó (y continúa) los más recalcitrantes, atiborramiento de medicaoperando en instituciones especializadas. Segura- mentos... Dos enfermeros declaran en 1974 ante una mente recordamos (cf. Cap. IV) que los servicios in- comisión senatorial que habían sido despedidos de fantiles de los hospitales psiquiátricos y los centros una institución de este tipo de Florida por haberse residenciales de tratamiento (Residential Treatment negado a administrar unas inyecciones de carbono Centers for emotionnally disturbed children) fi- diorido y de orina como castigo. guran entre las raras instituciones que hoy ven aumentar su población. En numerosos casos, más Los optimistas, sin duda, verán en ello reminiscenaún entre los niños que entre los adultos, la cali- cias de otras épocas en vías de desaparición. Nos paficación psiquiátrica encubre mal unas dificultades rece más justo pensar que al precio de algunos arrede adaptación al medio que evidencian una etiolo- glos, esa solución institucional se mantiene sobre gía social o unos conflictos familiares o escolares, todo para las categorías sociales más desfavorecidas. mucho más que una franca patología. Si los ingre- Pero el rostro de la modernidad está representado sos pueden realizarse con tal facilidad, es porque por dispositivos nuevos que se superponen a los la legislación de numerosos Estados autoriza a los antiguos sin anularlos. No se trata sólo de segrepadres a disponer de sus hijos menores de dieciocho gar a unas poblaciones ya estigmatizadas, ahora se años con la sola garantía de un certificado médico. trata sobre todo de detectar posibles trastornos. El Recientes procesos tienden a modificar este estado examen sistemático de poblaciones o de grupos de de cosas concediendo a los niños, a partir de los edad enteros es uno de los medios privilegiados de trece o catorce años, el derecho a ser oídos bajo esta nueva estrategia. En 1969, el presidente Nixon control judicial antes de su ingreso. Sin embargo, pide la opinión del Secretario del Departamento de las instancias oficiales de la American Psichyatric Salud, Educación y Asistencia sobre un informe de Pero es en torno a la escolaridad y por medio de 4 Suplemento 8, Septiembre de 2009

Association se oponen a esta evolución bajo el pretexto de que tales audiciones pueden perturbar a los niños y en el nombre del “interés social fundamental de preservar la integridad y la autonomía de la célula familiar”. Junto con las familias, los servicios sociales son los grandes responsables de la institucionalización de los “niños con problemas”. Un ejemplo típico: una mujer negra de I.ouisiana pide ser acogida al Welfare porque su marido acaba de abandonarla. El Departamento decide que hay que colocar a 4 de sus 8 hijos. Un niño de dos años y medio es enviado así, sucesivamente, a tres familias de acogida (foster homes); luego, considerado “afectivamente perturbado” (emotionally disturbed), es colocado en una institución del Estado de Nueva York, a más de mil kilómetros de su casa. Tres años después es trasplantado a otra institución de Texas. “En cada ocasión en que yo le preguntaba a la asistenta social - dice la madre - cuando volvería Joey, ella me respondía que estaba demasiado enfermo, que estaba “afectivamente perturbado”. El niño volvió a su casa tras una class action incoada por su madre. El proceso permitió “descubrir” en Texas setecientos niños originarios de Louisiana. Se calcula en veinte mil, aproximadamente, el número de niños colocados así fuera de su Estado de origen.

su médico personal, que propone que “el Gobierno someta masivamente a tests psicológicos a todos los niños entre seis y ocho años para detectar a aquellos que tengan tendencias violentas u homicidas”. Los sujetos con “tendencias delictivas” serían sometidos a un “tratamiento correctivo” -consejo psicológico, tratamiento en un centro de salud mental y, para los más jóvenes criminales muy peligrosos, reclusión en campos especiales. El director del National Institute of Mental Health respondió, por el Ministro, que la tecnología de detección no estaba todavía lo bastante avanzada como para que los resultados de tales investigaciones fueran fiables. Pero se están realizando ya exámenes sistemáticos sobre grupos más limitados que se considera presentan riesgos especiales. Así, todos los niños que se benefician del Medicaid, es decir, cuyas familias son atendidas por él, pasan periódicamente una visita (Early periodic screening and diagnos tic test) que comprende unos exámenes médicos, dentarios, etc., pero también, en algunos Estados, investigaciones psicológicas y conductuales desde la primera infancia. Algunas ciudades inauguraron programas más elaborados. En Baltimore, por ejemplo, varios miles de niños escolarizados, en su mayoría habitantes de los ghettos, fueron sometidos en 1973 a un test que intentaba detectar las “tendencias a la inadaptación” (maladaptives tendancies) y los “delincuentes potenciales”. En Orange Country (California), a los escolares señalados por sus profesores como delincuentes potenciales les fueron asignados consejeros encargados a la vez de ayudarles y de vigilarles. Bajo la cobertura de la prevención, el concepto de “predelincuente” y otras nociones asimiladas acaban por colocar bajo control a gran cantidad de jóvenes que quizá nunca hubieran tenido nada que ver con la justicia. La ambigüedad de la búsqueda de “vías distintas” al encarcelamiento, señalada para los adultos, toma para los jóvenes, cuando se asocia a la ideología de la intervención precoz (early intervention) su figura límite; en las fronteras del absurdo: promueve la intrusión de los especialistas entre las nuevas poblaciones que no han cometido delito alguno, y ello sin las habituales garantías del sistema judicial. Así es como un programa de prevención de la delincuencia implantado en Oakland (California) envía sistemáticamente “consejeros” a las hermanas y hermanos de los jóvenes que han tenido algún asunto con la policía.

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en día en vías de suplantarla. De quinientos mil a un millón de niños en edad escolar son “mantenidos” bajo medicación. Se trata principalmente de niños que entran bajo dos categorías de diagnóstico de las que se hace un uso inflacionista, la “hiperactividad” y el “trastorno cerebral menor” (minimal brain disfunction). El medicamento más corrientemente empleado es un derivado de la anfetamina comercializado por los laboratorios CIBA, el Ritalin (methil-phenidatehydroclorydo). Las primeras indicaciones del Ritalin y de los productos similares estaban limitadas al tratamiento de la fatiga crónica y de ciertas depresiones ligeras de los adultos. Las investigaciones dirigidas a la infancia han sido financiadas por importantes créditos del National Institute of Mental Health y por los laboratorios farmacéuticos. Tras la campaña publicitaria de Ciba- Geigy hacia 1970, la cifra de casos aumentó de manera vertiginosa, al mismo tiempo que la ampliación de las indicaciones para la infancia turbulenta. “¿Es su niño hiperactivo?”, preguntaba un anuncio publicitario de un periódico neoyorquino. “Un niño que manifiesta un exceso de energía, que se muestra muy agitado, agresivo o impulsivo, a menudo sólo es considerado por los padres que le aman como “un niño como los demás” o como “un diablillo”. Sin embargo, tales comportamientos pueden tener causas ocultas que tendrían efectos nefastos sobre el desarrollo social de este niño o esta niña cuando sean mayores. Consulte a su médico si cree que su niño es un hiperactivo. Su problema será reconocido antes, si lo hay, y será mucho mejor la ayuda que se le podrá aportar para realizar la adaptación social del niño. Existen medicamentos para tratarle, que pueden ser de gran ayuda. Usted o su médico pueden telefonearnos.”

la familia, que se edifica hoy en día el sistema más impresionante de detección y de medicación de las anomalías. Se sabe que la eficacia del sistema norteamericano de educación es particularmente mala. ¿Será por esta razón que, según la lógica consistente en “reprender a la víctima”, se intenta hacer pasar la consecuencia por la causa, imputándoles a los niños la responsabilidad de los malos resultados del aparato escolar? Como en otras partes, pero en Estados Unidos en mayor escala, todo lo que se refiere al fracaso y a la inadaptación escolares es diagnosticado en primer lugar en términos de carencia o de enfermedad individual, y luego remitido a unas técnicas médico-psicológicas o médico- químicas de “asistencia”. En 1970 el homólogo norteamericano del Secretario de Estado para la Educación proponía un plan según el cual ‘habría en cada escuela un centro de diagnóstico al cual serían conducidos todos los niños a la edad de dos años y medio por su padre o tutor. El objetivo del centro sería el de recoger toda la información posible respecto del niño y de su entorno, con la finalidad de elaborar un programa individualizado de educación. Las investigaciones comprenderían un diagnóstico pedagógico, un diagnóstico médico, visitas a domicilio por un profesional competente, que podría convertirse en el consejero del niño y de la familia. Cuando se hubieran recogido todos esos datos, el Centro sabría todo lo que hay que saber sobre el niño: sus condiciones de alojamiento y su entorno familiar, sus insuficiencias culturales y lingüísticas, sus necesidades de nutrición y de cuidados, y su potencial global como individuo. (..) Estas informaciones, tratadas por medio de un ordenador, serían transmitidas a un equipo especializado que establecería un conjunto de prescripciones detalladas para el niño y, si ello fuera necesario, para la familia. Las informaciones serían puestas al día, periódicamente, cada varias semanas entre los dos años y medio y los seis años, luego cada seis meses. Serían comunicadas a los servicios de salud de la ciudad o al médico de familia, así como a los demás servicios médicos, educativos o asistenciales que pudieran procurar ayuda. Está claro que los programas G.A.M.I.N. o A.U.D.A.S., actualmente en curso de aplicación en Francia, no han inventado nada nuevo. Sin embargo, ese proyecto no fue aceptado como tal y esa bella utopía del control tecnocrático total de la infancia no se ha impuesto todavía totalmente. Pero caracteriza a la perfección el espíritu de la política Suplemento 8, Septiembre de 2009

respecto de la infancia que se realiza actualmente. Decenas de programas de investigación, centenas de experiencias, millares de cursos especializados para enseñantes, millones de tests, diagnósticos y evaluaciones de niños realizan progresivamente las condiciones de su encuadre médico-psicológico absoluto. En Nueva York, por ejemplo, un dossier medio de un escolar no incluye menos de una docena de tarjetas que van desde el chequeo dentario a la evaluación de las aptitudes, comportamiento y personalidad del niño, pasando por la contabilidad de todas las infracciones a los reglamentos que haya cometido. La escuela sirve cada vez más de centro de observación y de selección que separa el buen grano de la cizaña, lo normal de lo patológico, y un personal cada vez más numeroso se especializa en la ayuda, el consejo o el tratamiento de aquellos que se podrían llamar los anormales escolares. El Informe de la Comisión Carter insiste de nuevo en 1978 en la necesidad de realizar balances periódicos y completos evaluando el desarrollo de cada niño. Preconiza también “el desarrollo de un sistema de salud y de salud mental basado en la comunidad, en donde las escuelas públicas serían el lugar privilegiado para procurar y asegurar los servicios preventivos y de rehabilitación para los niños y sus familias”. Las metáforas médicas (prevención, rehabilitación, prescripción, diagnóstico, tratamiento) han penetrado en las prácticas pedagógicas. Una publicación oficial de la educación nacional preveía en 1969 que, hacia 1980, “sería más justo llamar al enseñante un clínico de la educación (learning dinical)”. Ya ahora, en cierta escuela de Pensilvania, que, sin embargo, sólo acoge a niños “normales”, todos los escolares pasan una serie de tests, a continuación de los cuales son repartidos en tres grupos: los que tienen conflictos edipianos (oedipally conflicted), aquellos cuyo desarrollo mental está bloqueado (developmentally arrested) y aquellos cuyo ego está perturbado (ego disturbed). A cada uno de los grupos les corresponde una estrategia pedagógica distinta (teaching strategy) y específica. De este modo, desde ahora, tanto la organización de la vida cotidiana de los alumnos como los principios pedagógicos están dirigidos por unas categorías clínicas de inspiración psicoanalítica, cuya sutileza se puede apreciar de pasada.

Conferenciantes de los laboratorios proyectan filmes ante auditorios de padres y enseñantes. “Antes” del tratamiento con Ritalin: un monstruo ingobernable; “después”: un angelito. Si su niño le cansa, visite a su médico y compre las píldoras de la tranquilidad. Tal como advertía un médico llamado como testimonio ante una comisión de investigación senatorial: “Que un síntoma que se considera relativamente raro se convierta bruscamente en una enfermedad Sin embargo, no está claro que la ideología psicoa- generalizada de la infancia es una mixtificación. nalítica pueda servir de soporte principal a esta me- Parece que se nos ha venido encima una masa de dicalización. Otras dos tecnologías, la intervención niños hiperactivos.” medicamentosa y la terapia conductual, parecen hoy 5

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¿Qué enfermedad es esa que se manifiesta a partir de un control médico generalizado? La noción de “minimal brain disfunction” apareció en los años veinte, cuando los problemas conductuales en la escuela empezaron a ligarse a una etiología neurológica en el marco de las investigaciones sobre la afasia. No se había oído hablar más de ello hasta 1965. Engañosa noción en cuya inconsistencia radica precisamente el mérito, por el hecho de que asocia un trastorno funcional y una lesión cerebral “leve”. Una etiología tal está todavía por probar, evidentemente. De hecho, el trabajo esencial de los “investigadores” consistió en reagrupar un cierto número de síntomas que constituyeran el “espectro del minimal brain disfrunclion” (“MBD spectrum phenomenon”). La mayoría de estos signos clínicos remiten a unas irregularidades de conducta que no sugieren ninguna lesión orgánica. Un autor que sintetizó diez años de literatura médica al respecto, concluyó en primer lugar que “la hiperactividad no es un síntoma específico en el niño; puede corresponderse con ligeras dificultades de adaptación, o a graves lesiones cerebrales o a una esquizofrenia”, y en segundo lugar que “la hiperactividad no es ciertamente sinónimo de síntoma orgánico.

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que se tenga siquiera que justificar la intervención con una pseudo-lesión orgánica. Se evidencia así con claridad que el tratamiento va dirigido al comportamiento molesto del niño como tal. El empleo de estas drogas ya no plantea la coartada terapéutica de la curación, para pasar a ser abiertamente un instrumento de control. Como dice claramente un pediatra, dichos medicamentos “normalizan a ese tipo de niño” y así “el niño funciona mejor como niño”. El paso de la terapia al puro control ha sido todavía mejor asegurado con la importación a la escuela o a la cotidianeidad de la vida familiar de técnicas de modificación de la conducta (behavior modification). El hecho de que tales métodos recaigan exclusivamente sobre los síntomas, con exclusión de cualquier acción sobre las causas y la facilidad con la que unos profanos, como los enseñantes y los padres, pueden colaborar en los programas conductistas, es decir conducirlos ellos mismos, han extendido ampliamente su utilización en el campo escolar. Así se ponen en marcha unos programas individualizados de educación completamente racionalizados, que siguen los principios del conductismo. Aparte de su utilización para restablecer la disciplina en las clases y racionalizar el aprendizaje escolar, este enfoque implica a los padres mismos en En cuanto al control de los efectos “benéficos” el control de las conductas indeseables de los niños de estos medicamentos, parece que se llevó con en función de los criterios de las exigencias y de las la misma desenvoltura. Sin llegar a hablar de los intolerancias del sistema escolar. efectos secundarios (habituación, pérdida de peso y estacionamiento del crecimiento en caso de empleo La educación de los padres es una industria floprolongado), se ha advertido con frecuencia que los reciente en los Estados Unidos. Así, por ejemplo, “síntomas” cesaban durante los períodos de vaca- el Parent Effectiveness Training reivindica 8.000 ción escolar, incluso sin que el niño tomara medicamentos. En cambio, en la medida en que actúa el medicamento no cura la enfermedad o la pseudoenfermedad sino que se contenta con apaciguar los síntomas. La alternativa se sitúa entonces entre el mantener al niño indefinidamente bajo medicación o bien volver a estar en la situación de partida en cuanto cesa el “tratamiento”; a menos que el tal tratamiento no haya dejado ya secuelas irreversibles. Las dificultades y las controversias ligadas a estas indicaciones, en particular las inconsistencias del síndrome de minimal brain disfunction, condujo en 1975 a la Food and Drug Administration a decidir que éste carecía de fundamento médico suficiente como para ser reconocido como una enfermedad a la que se aplicará un tratamiento medicamentoso específico. Pero los principales síntomas que lo constituían (dificultad de centrar de atención, hiperactividad, impulsividad) continúan siendo “tratados” sin 6

enseñantes (en general trabajadores sociales promocionados) que han ejercido ya, a razón de 50 a 90 dólares el curso, más de 250.000 padres para la resolución de conflictos (conflicts resolution) entre padres e hijos. Las publicaciones de la asociación tienen aún mayor expansión. Otra escuela de padres, el Parent Trainlng Program, se centra de forma más exclusiva en la aplicación de los principios de la modificación conductual. Se enseña a los padres un programa de normalización del comportamiento de los niños, con unos objetivos escalonados en el tiempo y organizados en un diagrama, lo cual da plenas garantías de seriedad a un método “experimental”. Cada una de las reacciones del niño, en la mesa o en el paseo, cuando trabaja o cuando juega, es interpretada como un elemento positivo o negativo en la realización de dicha programación. Los comportamientos deseados son recompensados, los demás son castigados. Existen también numerosos manuales de educación destinados a los padres y basados sobre los principios del aprendizaje social de B.F. Skinner. Independientemente de aquellos niños que, ya sea porque los trastornos que padecen son más severos, ya sea porque proceden de medios poco favorecidos o por ambas cosas a la vez, se encuentran colocados en instituciones especiales, la infancia como conjunto se convierte en terreno privilegiado de una especie de caza generalizada de las anomalías. En la escuela y en la familia, enseñantes y padres se convierten en benévolos auxiliares de los médicos, psicólogos y demás técnicos competentes, para ende-

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sobre los rebeldes detenidos, para descubrir a aquellos que sufrieran lesiones cerebrales y necesitaran de un tratamiento especial por su “umbral de violencia” particularmente sensible. La URSS no es el único país en el que las fronteras entre la disidencia social o política y la imputación de patología y de criminalidad son frágiles. Hasta el presente, la resistencia organizada frente a la ejecución de esas nuevas técnicas se ha opuesto a su generalización. El programa S.T.A.R.T., por ejemplo, fue denunciado por una huelga de hambre de sesenta y cinco días de los detenidos, dada a conocer por una campaña de prensa, y tal denuncia permitió poner en tela de juicio la aplicación de la modificación conductual en otras prisiones. Otras propuestas como la de detectar sistemáticamente a todos los niños potencialmente peligrosos no han iniciado todavía su aplicación, por miedo a reacciones demasiado hostiles. Sin embargo, no por ello estos proyectos están enterrados, y resurgen periódicamente bajo distintas formas. En los laboratorios siempre habrá hombres de ciencia desinteresados capaces de poner a punto la última técnica de intervención sobre el hombre; dispuestos a experimentarla de antemano sobre ratas o sobre monos. Siempre habrá en los gabinetes ministeriales administradores responsables que vean en ello la solución de sus problemas. Todo ello en nombre del progreso, del saber, de la eficacia de la gestión de los hombres y del bien de los propios interesados. Esto es lo que puede hacer que las respuestas sean cada vez más difíciles. Mientras que la reducción autoritaria de los comportamientos diferentes se reclamaba de una ideología abiertamente represiva, los compromisos políticos y legales estaban claros. Pero cuando se hace en nombre del tratamiento de las víctimas, es tentador dar crédito a las buenas intenciones de sus promotores. Si bien es cierto que la política de control de las poblaciones marginales está a punto de franquear en este momento un umbral tecnológico, su crítica debe también desplazarse para emprender el análisis de las funciones manipulativas de este enfoque “científico”.

rezar irregularidades de comportamiento cada vez más nimias. Se dirá que la escuela y la familia han sido siempre parcelas normativas y normalizadoras. Pero el elemento nuevo es que ahora esta caza de la diferencia se opera por medio de técnicas cada vez más refinadas. El resultado: “Hoy en día millones de niños ya no son considerados como parte de la humanidad ordinaria, niños más tranquilos o mas vivos que la media, niños demasiado agitados o demasiado lentos, sino como sujetos cualitativamente diferentes de la población normal y que, con diagnóstico de “trastorno cerebral leve” (minimal brain disfunction), de “hiperactividad” o de “desórdenes funcionales de la conducta” (functional behavior disorders), forman un grupo aparte”. William Ryan resumió bajo el título de “Reprender a la víctima” el cuerpo de representaciones y de prácticas, que caracterizan en los Estados Unidos la política respecto a las categorías menos favorecidas o consideradas sospechosas de amenazar el orden establecido: “En primer lugar, hay que identificar el problema social. Luego, estudiar a aquellos que son víctimas del problema y descubrir en qué son distintos de los demás a causa de condiciones de existencia miserables o injustas. En tercer lugar, definir esta diferencia como la causa del problema mismo. Por último, encargar a un burócrata de la administración que invente un programa de acción humanitario para corregir las diferencias”. Solamente que Ryan es, quizá, demasiado optimista al calificar de humanitarismo al conjunto de “programas” así establecidos. Más exactamente, así es como calificaba las iniciativas desarrolladas en el marco de la “guerra de la pobreza” de los años sesenta. Más tarde se decantaron algunas de las ambigüedades de esa época en la que la generosidad se mezclaba con los trasfondos políticos. Para reducir los conflictos y eliminar o circunscribir las zonas de fragilidad en el orden social, el acento se fue poniendo cada vez más en la eficacia y en la neutralidad de las intervenciones amparadas en los prestigios de la ciencia. Tal situación nos aporta numerosas enseñanzas. En primer lugar, que existe una gama de tecnologías capaces de responder en términos técnicos al conjunto de los “problemas sociales”. Por ejemplo, en el terreno de la delincuencia, el gobierno federal fundó en 1973 en Springfield, Missouri, un programa destinado a servir de modelo a la reestructuración de las cárceles (programa S.T.A.R.T.: Special Treatment and Rehabilitation Training). Los detenidos eran privados de Suplemento 8, Septiembre de 2009

distracciones, lecturas, radio, televisión. Eran constantemente vigilados y, por medio de la adquisición de un comportamiento “justo” en ocho estadios, sus condiciones iban mejorando progresivamente. Una tal planificación completa de la vida del detenido a partir de los principios de la “ciencia” del comportamiento se esperaba que aportara una solución al problema de la gestión de la vida carcelaria, al mismo tiempo que preparara la reinserción social de los presos. Simultáneamente, en el Congreso anual de la American Correctional Association se presentó un pequeño aparato que podía adherirse a la muñeca de los delincuentes en libertad vigilada con el fin de que la policía supiera en todo momento en dónde se encontraban y qué estaban haciendo. En la actualidad existen y esperan ser utilizados dispositivos con fórmulas cuasi matemáticas de manipulación del comportamiento en medios cerrados o mecanismos que permiten un control técnico de la desviación en medios abiertos.

Existe también una presión constante para la aplicación de esas tecnologías a poblaciones nuevas que se han quedado fuera de las esferas de influencia tradicionales de los aparatos jurídicos y médicos clásicos, es decir, la criminalidad declarada y la franca patología. El esquema elaborado por Caplan en psiquiatría (cf. Cap. V) recibe una aplicación generalizada: prevenir los desórdenes, identificar lo antes posibles las situaciones peligrosas, reducir los trastornos antes de que lleguen a ser demasiado graves. Esta estrategia de lucha contra las “plagas sociales” debe permitirse los medios para intervenir, aunque sólo sea bajo la forma de detección, antes del paso al acto patológico o delictivo. La investigación traspasa así necesariamente, en nombre del interés social bien entendido, las fronteras de la vida privada: hay que recoger los indicios de un peligro potencial, incluso cuando permanecen arrinconados en la esfera de la subjetividad. Pero también traspasa las cribas tradicionales entre patología individual y condición colectiva, conducta delictiva y reivindicación política. Efectivamente, para prevenir peligros potenciales es indispensable ejercer una vigilancia mayor entre ciertas poblaciones de “grave Françoise Castel | Robert Castel | Anne Lovell peligro”. Como por casualidad, se trata de grupos sociales que pueden tener razones objetivas para no estar satisfechas con el orden establecido. Pero ahí El presente texto ha sido extraído del libro “USA: la se produce una implicación política que una técnica sociedad psiquiátrica avanzada”, Editorial Anagraneutra no debe tener en cuenta. Por ejemplo, tras ma. Traducción: Nuria Pérez de Lara. los disturbios raciales de Detroit en 1967, tres conoExtraído de El Viejo Topo, número 51, cidos médicos proponen en una carta al Journal of Diciembre de 1980 the American Medical Association una investigación 7

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EL PARADIGMA DEL CONTROL SOCIAL EN LOS ORÍGENES DE LA PSICOLOGÍA
“La ciencia lo descubre, la industria lo adopta, el el caso. Si la historia de la ciencia presenta graves hombre se adapta.” Lema de la Exposición Mundial lagunas de comprensión al representarla como acude 1933 mulación de hechos, mucho más absurda resulta la aplicación de este esquema a las ciencias sociales y La omnipresencia de la psicología en la sociedad humanas. Los historiadores de la psicología saben actual es incuestionable. Por ello se hace aún más que no hay acumulación más que en cada escuela urgente un debate abierto acerca de las funciones particular. Por utilizar la terminología de Kuhn, hay que desempeña y el sentido global que le podemos varios “paradigmas” simultáneos porque hay varias exigir, independientemente de las demandas que la psicologías. En este artículo sólo nos ocuparemos propia sociedad de consumo le requiera. Para ello, de una de ellas, la que ha alcanzado mayor poder es siempre un buen ejercicio hacer memoria y re- y éxito, esa que nuestros manuales nos suelen moscordar todos esos puntos oscuros que en la ciencia, trar como la única y la más científica, cuyos paraen general, y en la psicología, como nueva ciencia digmas han ido superándose unos a otros a lo largo que trata de afirmar su campo propio, quedan entre del siglo. La podríamos llamar psicología académica brumas por no considerarlos estrictamente cientí- si estuviéramos de acuerdo en que su aprobación ficos. Los condicionantes ideológicos del inicio de social (como nos suelen decirlos libros de texto), la psicología experimental suelen ser abordados en tuvo como núcleo su carácter científico. Al estudiar casi todos los manuales de estudio, pero en vez de los orígenes de esta psicología pronto hallaremos captar sus causas sociales se aíslan del contexto y se que, muy al contrario y como era de esperar, son presentan como grandes ideas de grandes hombres. los intereses políticos y sociales los que guiarán la Lo que vamos a tratar de hacer en las siguientes investigación científica, y la utilidad económica y líneas es un esfuerzo por minimizar las semblanzas no el rigor científico lo que dará a la psicología acaya legendarias de los fundadores y destacar lo que démica el prestigio que buscaba y que actualmente no se destaca a los estudiantes y futuros psicólogos. ha conseguido. Tuvieron posiblemente más influencia en el desarrollo de la psicología el avance de la industria y Vivimos en una sociedad donde la psicología tiene los cambios políticos que muchas de las grandes un papel tutor. Es el psicólogo el “experto” que ideas fundantes; éstas van siendo recuperadas con orienta a los niños para su vocación y participa en los años sólo para dar prestigio y tradición a alguna la formulación de los planes de estudio en vista a nueva tendencia de investigación. demandas sociales. En las empresas da la pauta a los jefes sobre cómo estructurar la organización y qué En su famoso libro La estructura de las revoluciones personas contratar. En publicidad utiliza todo su científicas, Thomas Kuhn nos habla del “estereoti- aparato científico para convencernos del consumo po no histórico que procede de los libros de texto de un producto o de un mensaje. En la justicia evacientíficos”. En psicología, como en cualquier otra lúa las capacidades de una persona ante un tribunal ciencia que se precie, los manuales actúan con esa y la confianza que podamos dar a su testimonio. Y, misma lógica que Kuhn explícita. Dando por senta- por supuesto, en la vida personal es el que nos diagdo que la ciencia es un proceso acumulativo, el his- nostica y trata de curar enfermedades psicológicas toriador del manual científico se hace cargo de dos o nos ayuda a superar ciertos problemas personales. tareas: determinar el hombre y el momento en que Así, el psicólogo parece guiar las conciencias de los fue descubierta cada nueva ley o teoría, y, por otra ciudadanos del siglo XX, hasta el punto de situarparte, aclarar por qué conjunto de mitos y errores se por encima de ellos y llegar a diagnosticar cuál no se había llegado a esas verdades mucho antes. es el mejor ciudadano para una situación dada. El En el caso de la psicología se procede del mismo rol de tutor social no es nuevo de este siglo ni se modo; seguramente todos tenemos en mente multi- inventa con el psicólogo. Muchas veces hemos escutud de ejemplos de este tipo de manual: descripción chado aquello de que el psicoanalista ha sustituido de los héroes y argumentación de por qué el nuevo al confesor, el departamento de recursos humanos descubrimiento supera al anterior, por su mayor al capataz; pero aún queda abierta la pregunta de complejidad, profundidad o simplicidad, llegado si realmente el orden social actual varía mucho 8 de aquel de siglos anteriores o, sencillamente, los únicos que han cambiado han sido los dueños del látigo. Lo dijo sintéticamente Phillip Rieff (El triunfo de la terapia, 1966): “el medievo, con su fe en Dios, gobernaba a través de la iglesia; el siglo XIX, con su fe en el progreso y la razón, por medio de la legislatura; con su fe atemperada por el reconocimiento de lo irracional, el siglo XX gobierna mediante el sanatorio”. Frente al papel de la psiquiatría, mucho más ligada a lo fuera de la norma y su reinstitucionalización, podemos apreciar que el rol del psicólogo es aún más controlador. En la mayor parte de los casos su función no es segregar al desviado, sino la observación y reorientación del ciudadano común, o (en palabras menos placenteras) la vigilancia y manipulación con fines sociales, el control social. Hace un siglo el control social no era para el psicólogo algo moralmente cuestionable; nuestra tesis es que uno de los principales factores que le permiten ganarse un puesto necesario entre los poderes públicos de la sociedad es su asunción de este papel tan pronto como nacen las primeras asociaciones psicológicas. La distancia entre las doctrinas de los llamados fundadores de la psicología que aparecen en los manuales y las de sus discípulos, más ocupados en instituir la disciplina socialmente que en hacerla más rigurosa, es la distancia que hay entre lo que estudia la psicología académica y para qué o quién lo estudia. Los psicólogos de finales del siglo XIX y principios del XX van viendo con mayor claridad que el asentamiento de esta ciencia depende de la recepción más o menos acogedora de sus consecuencias prácticas en la sociedad. Sólo haciendo al psicólogo imprescindible en la sociedad, la propia psicología ganará prestigio y se afianzará como ciencia. Ésta es la historia de cómo el proyecto de los fundadores es retocado por sus discípulos y un plan de investigación científica, dedicado a “aclarar y comprender la experiencia humana”, pasa a tener otros fines menos interesantes y mucho más interesados. Hasta qué punto esto se puede formular como una traición es algo irrelevante para nosotros; ésta es la psicología que hemos heredado. Sin embargo, sí nos interesa el hecho de que, actualmente, el futuro psicólogo desconozca todos estos condicionantes sociales y se los excluya de una disciplina que, por presentarse como científica, silencia su papel político en la historia. Suplemento 8, Septiembre de 2009

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Para recorrer esa distancia de que hablábamos, hemos elegido una serie de momentos en el desarrollo de la psicología como ciencia. Trataremos de centrarnos en los más determinantes: la ciencia de los fundadores, el clima académico de las dos universidades (la alemana y la americana) y el porqué de la preeminencia americana, el cambio académico, económico, social y político en el último cuarto del siglo XIX en Estados Unidos, la fundación de la Asociación Psicológica Americana y, finalmente, su proyecto de control social explicitado ya por John Dewey en 1900. Wilhem Wundt en sus Elementos fundamentales de psicología fisiológica (1873) inauguraba la psicología científica asignándole dos tareas: investigar aquellos procesos situados entre la experiencia interna y externa con la aplicación de sus respectivos métodos de observación; y la segunda, que nos habla de la finalidad de la nueva disciplina: “desde las perspectivas alcanzadas gracias a las investigaciones en este campo arrojar alguna luz sobre los procesos vitales en su totalidad, y proporcionar quizá de este modo una comprensión total de la existencia humana”. En general, la tarea principal que los fundadores asignan a la nueva ciencia es la heredada de la psicología tradicional más el método experimental. En los Estados Unidos William James nos habla de “ciencia de la vida mental”; Freud acude al inconsciente; en definitiva, y en todos los casos, es un intento de reformulación de la antigua idea de alma para lograr una comprensión científica de la misma a la altura de los tiempos. Prueba de ello fue la irónica contestación que Wundt dio a uno de nuestros protagonistas, J. M. Cattell, que por aquel entonces era uno de sus alumnos en Leipzig, cuando éste le propuso estudiar las diferencias individuales en los tiempos de reacción. Lo que Wundt contestó fue: “Demasiado americano”. Y es que, sin lugar a dudas, la psicología que ha triunfado es demasiado americana en todos los sentidos. Éste es el primer punto que hay que aclarar. En Alemania, la psicología se asienta como disciplina científica gracias a su método y rigurosidad; eso es lo que la exigente universidad le reclama. Frente al resto de Europa y América en la que la educación universitaria es privada o está separada de la investigación, los alemanes tienen una universidad potenciada tras la unificación en 1870, dirigida por el pensamiento filosófico y abierta a nuevas disciplinas que le aseguren el puesto como vanguardia de la ciencia. Por supuesto, la ciencia para ellos Suplemento 8, Septiembre de 2009

e imagen de Dios. Su cometido será el estudio de las diversas facultades y cómo usarlas con criterio moral. Dando por hecho que nuestras facultades son innatas (esto es, dadas por Dios) y por lo tanto absolutamente certeras, el estudio de la experiencia cotidiana no admite dudas, ya que cada facultad nos ha sido dada para conocer con fidelidad el mundo y proporcionarnos las verdades morales esenciales. El sentido común es la mejor guía para conocer la realidad, y no el escepticismo de Hume, que duda de nuestros instrumentos de conocimiento. Las ideas de Reid pasan años después a Estados Unidos por medio de un discípulo, Dugald Steward, cuya atractiva obra se instaura rápidamente en los colleges religiosos como doctrina de las “ciencias morales”. Vemos lo lejanas que se encuentran estas ideas del fiel puritanismo escocés, de la meticulosa y crítica filosofía europea del XIX. La tradición de pensamiento que pasa de Europa a los Estados Unidos, tal vez por ser muy útil a los antiguos colonos en un ámbito amenazante y extraño, es la más confiada y simplista. Sólo el empirismo inglés, retomado con litera por James y los pragmatistas hará posible un buen asentamiento teórico y riguroso en el ámbito Para la antigua filosofía escocesa del sentido común, académico para el carácter práctico americano. la psicología es la ciencia del alma, y ésta es el fruto es el conocimiento sistematizado, y el método experimental todavía les ofrece cierta desconfianza. Por ello, el desarrollo teórico de la psicología será europeo; Wundt mismo nunca buscó una psicología desentendida de la filosofía. Las ventajas que Alemania daba al campo teórico traen graves trabas en el práctico. En Estados Unidos, sin embargo, la universidad está dominada por centros privados, los colleges, habitualmente propiedad de confesiones protestantes. Tras el paso de la guerra civil, su psicología fuertemente moral y religiosa dejará paso a una enseñanza superior mucho más laica que presta más atención al estudio de las facultades intelectuales del hombre y menos a los pasajes de la Biblia: la filosofía del escocés del siglo XVIII Thomas Reid, llamada “del sentido común”. Aparte de este ambiente académico, el terreno americano está socialmente abonado con otras dos influencias antiintelectualistas: la religión evangelista y la imparable industria, regida por una nueva clase dominante, el hombre de negocios frío y racional, amante de lo práctico, que pone por encima de todo sus propias metas. Veamos que aporta cada una de ellas.

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Más importante por su gran influencia es la religión evangelista. Frente al católico, siervo de la teología y la autoridad de la Iglesia, el protestante toma la religión como una búsqueda individual de la experiencia religiosa por encima de cualquier jerarquía. Las soluciones individuales se plantean válidas por su eficacia y no por las sanciones llegadas de instancias superiores. Contrasta la emotividad de la religión evangelista con la frialdad del hombre de negocios que, convencido por Adam Smith de que el mundo es una lucha de todos contra todos, no escatima recursos para conseguir sus fines. Como ya nos decía Max Weber en La ética protestante y el espíritu del capitalismo (1948), el darwinismo social es un buen ámbito para hacer méritos, y el trabajo del hombre volcado a Dios dará sus frutos con el éxito y la riqueza. La filosofía del sentido común y su aceptación de lo inmediato con sencillez abundan en el antiintelectualismo americano. El marcado carácter optimista de un nuevo continente que se crea a sí mismo dará un pensamiento práctico y confiado. La novedad será la receta y el optimismo el motor para tratar de inventar un mundo nuevo y mejor que, por aquel entonces, estaba aún en su primera juventud. Todos estos elementos del carácter, la religión y la mentalidad social americana acaban cristalizando en la segunda mitad del siglo XIX en su primera filosofía autóctona: el pragmatismo. En 1871, se reúnen en Boston una serie de jóvenes adinerados, futuros protagonistas de nuestra historia, con inquietudes filosóficas y fundan el llamado Club Metafísico. Con influencias de Darwin, Stuart Mill y el empirismo inglés, un físico llamado Charles Pierce sienta nuevas bases para el conocimiento. A partir del hecho de que nunca podemos tener certidumbre de nuestras creencias, nos propone centrar nuestra atención en sus resultados. Para él, los conceptos son el conjunto de efectos que desencadenan, y las creencias pueden ser tomadas como reglas de acción, esto es, hábitos. Así, la verdad de una creencia sería sus consecuencias sobre la actuación de los individuos, sobre la conducta. La verdad de una creencia es el modo en que nos transforma la vida. Ya en 1862, aboga en la universidad por una psicología experimental y publicará los primeros estudios psicofísicos en América. Para la psicología, el componente fundamental de este Club Metafísico es William James, cuyo libro Principios de psicología (1890) será la principal inspiración de esta ciencia en América. También crea el primer laboratorio experimental en Harvard, en 1875, y no será reconocido oficialmente hasta diez 10

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años después, simultáneamente al de Wundt en Leipzig. Tiene una idea clásica de la psicología como “ciencia de la vida mental”, pero el carácter práctico americano y el pragmatismo teórico le dan un tamiz biológico y adaptativo. No le interesa lo que la consciencia contiene, sino lo que hace. La consciencia es la encargada de llevar la acción al éxito, y es debido a su eficacia por lo que resulta adaptativa: “Si alguna vez sucediera que el pensamiento no llevara a tomar medidas de acción fracasaría en su función esencial y habría que considerarlo patología o aborto. La corriente de vida que se precipita en nuestros ojos u oídos se dirige a nuestros labios, manos y pies buscando salida [...] percepción y pensamiento sólo existen con vistas a la conducta”. Como vemos, dentro de esta lógica darwiniana la consciencia es, dentro de la evolución, un medio más para la supervivencia y, debido a su eficacia, dirige el pensamiento y la acción. La importancia que James da al sustrato corporal, por ejemplo con la “teoría motora de la consciencia”, guarda un fino equilibrio con su voluntad de afirmar la libertad del

hombre basándose en la capacidad de elección de la consciencia. No pasarán muchos años para que su legado humanista sea olvidado en favor de la predicción de las conductas y el estudio de lo observable. Pronto en la ciencia que él colaboró a fundar sólo se recordará al James del determinismo fisiológico. En 1878, Stanley Hall es el primer doctorado de Psicología por la Universidad de John Hopkins que comenzará a dar cursos específicos. Durante la década de los ochenta la nueva psicología desbancará a la antigua en el ámbito académico, se fundarán laboratorios en todo el país, y en los “estudios de procesos mentales” al estilo de Wundt se irá dando cada vez más importancia al estudio de los resultados que al de los procesos. Aquel alumno rechazado por “demasiado americano” de Wundt, J. M. Cattell, marchará a Inglaterra a estudiar con otro de los fundadores de la psicología, Galton, y se traerá a la psicología americana la metodología estadística del inglés y su oportunismo social. Llegados a este punto, y antes de entrar en la fun-

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criterio de pertenencia a un gremio concreto a los psicólogos (el, entonces, ya era una gran personalidad dentro de la disciplina debido a la publicación de la revista American journal of psycho1ogy, desde 1887). En la sociedad americana se consideraba psicología a una serie de escuelas que, con la fundación de la APA, se convertirían en pocos años en pseudociencias. El mesmerismo, la frenología y el espiritismo habían sido las principales tendencias psicológicas a nivel popular del siglo XIX. La Asociación Psicológica Americana surge, en principio, por una necesidad de seriedad y criterio científico, y se convertirá en el terreno común dónde las distintas escuelas oficiales ganen sus batallas. Es la institución que certificará quién es y quién no es psicólogo, y que asegurará el avance de la disciplina imponiendo su criterio por medio de las publicaciones surgidas a su sombra: el American Journal of psychology, la Psychological review. El primer presidente de la asociación, George Trumball Ladd, sigue todavía encasillado en la antigua psicología académica americana. En 1892, defiende en su alocución presidencial la introspección y declara que la experimentación objetiva es incompetente para abordar temas tan importantes de la psicología humana como los sentimientos religiosos. Sólo cuatro años más tarde, en el crítico año de 1896, el panorama ha cambiado enormemente. El “demasiado americano” J. M. Cattell es el nuevo presidente de la asociación, y en su discurso reclama para la psicología experimental y cuantitativa un hueco en la sociedad, proponiendo ampliar las aplicaciones prácticas de la psicología (aparte de a la medicina) a la educación, las bellas artes, la economía política y “a la organización entera de la vida”. Los primeros pasos para convertir la ciencia de “la comprensión total de la experiencia humana” en la ciencia de “la organización entera de la vida” pisan sobre un suelo teórico en el que se priman los resultados sobre las ideas. El nuevo mundo académico alaba la practicidad como identidad de lo americano. Hay un mundo ahí fuera lleno de problemas a los que la psicología se puede dedicar; lo fundamental es demostrarle a ese mundo su eficacia en la satisfacción de esas necesidades. Por otro lado, hay una industria ávida de minimizar costes explotando al máximo la mano de obra y dispuesta a invertir en investigación sobre la psicología humana enfocada a la producción y el consumo. Además, consigue el prestigio de hacer avanzar la ciencia. Digamos que la entente psicólogo-sociedad está más que cantada en una sociedad como la norteamericana de finales 11

dación de la organización política de la psicología americana, parece relevante hablar no sólo de los condicionamientos académicos, como hemos hecho hasta ahora, sino de los sociales y políticos del momento y su imbricación con los planteamientos a largo plazo de los psicólogos más influyentes. La década de los noventa no fue una época socialmente sencilla en Norteamérica; fue muy crítica debido a tres grandes cambios: en el tipo de vida, en el sistema económico y en la situación política. Hay un cambio general de mentalidad y vida en la población autóctona. Los pequeños campesinos, que viven en Comunidades aisladas con una economía de subsistencia, se ven obligados a viajar a las ciudades en busca de trabajo en la prometedora y emergente industria. Allí confluyen los dos movimientos de población estadounidenses, la inmigración interior y la exterior, encontrándonos en pocos años con una sociedad industrializada masivamente y que se concentra en los grandes núcleos urbanos. Podemos imaginarnos como estos y aquellos campesinos pasan de una vida familiar, repetitiva y tradicional, a la vida en la gran urbe junto a millares de desconocidos, en un ámbito donde priman esas nuevas y extrañas tecnologías. No es difícil imaginarse el cambio abrupto de paisaje y la repercusión personal que tendría en cada nuevo ciudadano.

necesidades de esta nueva sociedad. Por supuesto, todo ello unido trae consigo un descontento general. En poco tiempo, unos diez años, las ciudades se han masificado, y la antigua promesa de empleo se empieza a quedar sin cumplimiento para los nuevos ciudadanos que viven en alojamientos insuficientes e inadecuados, con baja salubridad, y que son los parias de una estratificación social rígida y cada vez más polarizada. Frente a ellos y su “sueño americano” se enriquece aún más una casta adinerada de empresarios que utiliza para sus propios fines el oportunismo de los políticos. Sólo se acallan las huelgas y amenazas de revolución, en 1896, al ser aplastadas por la victoria en las elecciones presidenciales del candidato McKinley, conservador. Frente al candidato populista Jennings Bryan, voz del campesinado, revolucionario y apegado a las tradiciones religiosas de la América rural, McKinley representa la voz de la modernidad urbana y empresarial, que promete la prosperidad acatando el cambio tecnológico y aceptando la nueva forma de vida fabril. Las consignas de su programa son las del progresismo liberal y, sospechosamente, las que tomaría para sí, casi inmediatamente después, la nueva psicología: Reforma, Eficacia y Progreso. Ahora sí que podremos apreciar hasta qué punto los psicólogos de la última década del siglo XIX se desmarcan de una tradición psicológica anacrónica, como era la “psicología de las facultades”, e imponen una nueva no explicitada aún, que toma elementos concretos de aquellos que llamamos fundadores de la psicología (Wundt, James, Galton, Freud, etc.) para usarlos, más que con un propósito científico, con uno bien distinto de protagonismo social. Ésa es la historia de la APA, la American Psychological Association, fundada por Stanley Hall, en 1892, que convierte a Estados Unidos en el primer país en profesionalizar la psicología, y causa indiscutible de la preeminencia sobre los alemanes, que tardarían aún doce años más (1904) en organizarse como gremio. Para entonces y para la posteridad, las bases e intereses de la psicología ya serían “demasiado americanos”, y nuestro recorrido por las condiciones que forjaron gran parte de lo que hoy llamamos psicología oficial se dará por concluido en 1900, cuando John Dewey (que por otro lado en América no es nada sospechoso de conservador) lea, en su alocución presidencial ante la APA, las bases explícitas de un programa de control social para la nueva ciencia.

Estos factores tienen su origen en la situación económica de Estados Unidos. Al mismo tiempo que los campesinos abandonan sus cada vez más pobres economías de subsistencia, se desarrolla, a nivel económico, la época de los grandes monopolios: el tratamiento de materias primas como el petróleo y los medios de transporte como el ferrocarril, autenticas arterias de la economía industrial por su necesaria función de circulación de hombres y mercancías. Las grandes concentraciones de capital se agigantan debido al inexistente control del Estado en este sentido. Es conocida la política de estos años respecto a la economía como de “dejar hacer”, el no intervencionismo estatal en los negocios. Los empresarios utilizan cada vez más mano de obra a menor precio aprovechándose de las esperanzas de una población con ganas de salir adelante tras habérsele prometido el Dorado. La consecuencia de esta urbanización a marchas forzadas es, en primer lugar, la homogeneización de experiencias. Pronto los ciudadanos de las distintas ciudades beberán, viajarán y comerán lo mismo. El ferrocarril lleva los nuevos productos para el consumo de las ciudades, surgen las grandes marcas y con ellas las grandes campañas publicitarias, cuya función es crearlas Cuando, junto con otros, Stanley Hall decide dar el Suplemento 8, Septiembre de 2009

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de siglo; por eso llama aún más la atención la falta de precauciones (¿o de escrúpulos?) de los psicólogos en su colaboracionismo. El modelo de Cattell es el primer proyecto explícito para una psicología del control social. Su programa pretende la racionalización de la sociedad, sustituir la corrupción política por la organización que aportan los principios de las grandes empresas. La modernización política de McKinley va a tener en los psicólogos un apoyo más. Pero el que mejor profetiza o proyecta el control social será John Dewey, en su alocución presidencial ante la APA. John Dewey, el gran filósofo de la democracia americana, lee en 1900 un discurso titulado “Psicología y práctica social”, que nos sigue dejando atónitos por plantearnos como proyecto explícito las características de nuestra psicología actual y su presencia social. Sus máximas se pueden resumir curiosamente entres: reforma, eficacia y progreso. Su fin, la mejora de la sociedad. Su medio, el control social. Debemos decir, antes de comenzar a exponer lo dicho por Dewey en 1900, que no es el planteamiento suyo el más radical de la época. Ya en aras de la mejora de la sociedad, Galton había sugerido en Inglaterra un plan eugenésico de matrimonios juiciosos “gracias a una reproducción selectiva”, idea que triunfaría en Estados Unidos durante el siglo XX, alimentada por sentimientos racistas, y de la que tomaría inspiración la Alemania nazi. La alternativa que Dewey nos plantea es mucho más elaborada y, sobre todo, más a largo plazo. La vamos a resumir en los siguientes puntos: la reforma educativa, el papel de la psicología y, finalmente, el progresismo y el control social. La necesidad de convertir a las hordas de inmigrantes en ciudadanos estadounidenses, de forjar una sociedad urbana con una población divorciada de sus hábitos y tradiciones rurales, da prioridad a la educación en el planteamiento de Dewey. Los antiguos campesinos necesitan una educación apropiada para los hábitos del trabajo industrial y las nuevas habilidades que éste les exige. Así llega su propuesta de reforma de la escuela. Concibe la escuela como una sociedad en pequeño. Será la nueva comunidad que el niño tendrá en esa desarraigada sociedad industrial. La psicología y la racionalidad se presentan como redentoras en una sociedad que ha perdido sus costumbres y valores. Ellas serán las encargadas de sustituir el hábito y la tradición de una manera consciente. Habla Dewey: “La escuela es un lugar especialmente favorable para estudiar la disponibilidad de la Psicología en la practica social”. Él considera la mente como un instrumento de adaptación 12

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y, por tanto, susceptible de ser moldeado durante la experiencia escolar. “Implicándose en la educación, la psicología se convertiría en una hipótesis eficaz”. Pensemos que la psicología que nos plantea Dewey debe ser reflexiva y debe estar gobernada por una moral social. “La psicología nace cuando la moral se hace reflexiva, la moral fija los fines conscientemente y la psicología estudia los medios”. Por tanto, el papel de los psicólogos será enseñar los valores del pragmatismo y la vida urbana. Estos valores son la solidaridad comunitaria y el crecimiento social; no sólo son valores para la escuela sino para todas las instituciones. Él mismo dice que eso comprometerá de manera natural a los psicólogos con la causa progresista. Como vemos, ese papel de tutor social que actualmente tiene la psicología también fue profetizado por Dewey. Para William James, la consciencia individual surgía cuando una nueva circunstancia hacía imperativa al organismo la adaptación a ese medio. Dewey propone el mismo esquema para la sociedad en su conjunto. Una sociedad cambiante que se enfrenta a nuevos retos como la suya necesitaba de una consciencia de sí que la guiara en el proceso, y esta consciencia no sería otra que la psicología. Para él la psicología como consciencia social es una alternativa a la visión aristocrática y clasista de la sociedad, un relevo de la tradición y las ideas heredadas por unos nuevos principios críticos y racionales, fruto del estudio y las demandas sociales, que modele al individuo con esos requerimientos. La función del psicólogo es el estudio de las leyes científicas que rigen la conducta humana, y por ello son los psicólogos los que están en mejores condiciones de construir una sociedad más perfecta. Su antiaristocratismo depende de la idea de adaptar al individuo al todo social dándole una función irreductible y diferencial: “Afirmar la independencia de la racionalidad respecto al mecanismo es limitarla en su pleno sentido a unos pocos (los aristócratas). La nueva sociedad científica nos llevará a un creciente control de la esfera ática. La psicología capacitará al esfuerzo humano para aplicarse racionalmente, con seguridad y sensatez”. Como vemos, el “progresismo” de Dewey es muy americano, desconfía de la aristocracia y busca un tratamiento equitativo para todos los individuos. Sus fines son el control social, lo que supone imponer orden al desorden, y en la práctica, ordenar y adoctrinar a las masas informes de la sociedad americana. De los medios propuestos por los progresistas quedará la burocracia gubernamental, gobernada por expertos, racional e impersonal. Y de su

concepción de la historia nos quedará el ilimitado progreso donde los logros permanentes son siempre desplazados en favor del crecimiento continuo. “La meta final de la vida no es la perfección sino el proceso perpetuo de perfeccionamiento, maduración y refinamiento. El único fin moral es el crecimiento mismo”. Dewey llegará a decir: “El pecado contra el Espíritu Santo tanto tiempo discutido se ha encontrado al fin: es rehusarse a cooperar con el principio vital de mejora”. Dewey solamente replantea de una forma metodológica los dogmas políticos del progresismo liberal. Como en ninguno de los científicos de su época el control social tiene un matiz peyorativo. Sólo el siglo XX nos enseñará hasta qué punto somos incapaces de asumir el control científico de la sociedad junto a los altos valores éticos. Lo que sí ha quedado ha sido el propio control social, ya descarnado de sus fines, pero experimentado por cada uno de nosotros en múltiples ámbitos. Será porque la parte moral del proyecto de Dewey nunca fue tomada en serio por una ciencia excesivamente preocupada por hacerse necesaria a las demandas sociales. Será porque la investigación estaba sufragada por las grandes empresas o los grandes intereses políticos de esa gran empresa llamada Estado (como es en el caso de las guerras). O será tan sólo que aquellos hombres no preveían las consecuencias de sus propuestas. Lo único que sabemos es que el siglo XX ha sido el más progresista y tecnológico, que nos ha llevado al límite del poder y la impotencia, y que la psicología ha escrito muchos capítulos dictados en esa historia. Tal vez la ingenuidad que sentimos en esas ideas de control social de principios de siglo y la sonrisa que nos provoca no esconda más que la ingenuidad propia de nuestra época. O tal vez, y sirva como ejemplo, la próxima vez que alguien nos hable de cómo el conductismo fue superado por el cognitivismo, nos preguntemos qué era lo que se trataba de imponer a la sociedad en ese preciso tiempo en que los psicólogos hablaban de la metáfora de la mente y el ordenador. De momento, podemos permitirnos afirmar que, al menos históricamente, nuestra actual psicología es una doctrina nacida junto a los principios del progresismo liberal americano, cuyos lemas eran y son: el control social y el estudio de los individuos para la selección y la vigilancia; la eficacia y rapidez de la producción industrial; la reforma de los individuos para adaptarlos a esa tecnología, y el progreso ilimitado de nadie sabe quién. Óscar Daza Díaz Extraído de Antipsychollogicum, Ed. Virus Suplemento 8, Septiembre de 2009

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SOBRE COGNITIVISMO Y OTROS CUENTOS
esquemas, creencias, sesgos, experiencia...), y el Hardware (el Sistema Nervioso), son los encargados de convertir el input, los estímulos, en respuestas, para adaptarnos óptimamente al medio. Ante esta visión de la persona, no lo olvidemos, predominante en los “estudiosos” de la mente y del comportamiento, se nos plantea, como libertarios, un interrogante: ¿Dónde queda aquí la libertad? Si nacemos con una biología dada que es modulada por un ambiente del que estamos a merced, se podría decir que hay un “determinismo” sobre los procesos mentales, por tanto la libertad, entendida como libre albedrío, tan sólo sería una ilusión en que sólo los ingenuos pueden creer. El problema no radica en que exista o no libre albedrío, el problema está en que desde esta visión, bien aplicada, convertimos las conductas inadaptadas en “fallos” de la persona, que no ha logrado adaptarse correctamente al medio, o tiene “fallos de hardware” (le sobra o le falta de cierto neurotransmisor, o tiene disfunción cerebral mínima). Lo cierto es que desde la visión cognitiva se puede pensar que si una persona tiene cierto comportamiento es porque es la mejor forma que tiene para adaptarse a su medio, y si tal o cual conducta es disfuncional lo es porque el medio es un medio “antipersona”, pero esta visión , casualidades de la vida no se da, las respuestas que el psicólogo llama “inadaptativas” son respuestas anómalas, no normales a las circunstancias, cosa que contradice los pilares mismos del Conductismo (no olvidemos que sin Conductismo, no hay cognitivismo), ya que en ciencia, no existen “excepciones a la regla”, y es por esto que desde la psicopatología se intenta, cuando se puede, dar una explicación de por qué tal o cual conducta anómala es adaptativa para la persona, y cuando no se consigue, se deja en manos de la psiquiatría para explicar, desde un punto de vista médico, dicha conducta. Siempre sin cuestionar los pilares del sistema. Por ejemplo, si un hombre es alcohólico, se puede atribuir a que el alcohol, como sustancia psicoactiva, actúa como ansiolítico, entre otras cosas, y la persona que se engancha a él lo hace porque tiene ansiedad, como forma de automedicación. Por el 13

Desde que el Profesor Wundt, en su laboratorio de Leipzig, decidiera fundar la psicología como ciencia independiente han ocurrido muchas cosas en el campo del estudio de la mente y/o del comportamiento humanos, han estado en auge y declive ya varias escuelas, pese a la relativa juventud de esta “ciencia”. Lo cierto es que en auge o no, coexisten, en este momento, muchas escuelas, con tesis prácticamente incompatibles, como dentro de un gran saco del que los psicólogos que se consideran prácticos extraen las que en cada momento les valen para explicar o justificar lo que en ese momento pueden tener delante. Esta “escuela” alternativa, cuya única característica es ese eclecticismo, no tiene por qué ser “mejor” o “peor” en cuanto a eficacia que visiones más ortodoxas enmarcadas dentro de las distintas corrientes. El poder explicar cada cosa que hace o piensa una persona utilizando para ello el argumento que más nos guste, no quiere decir tener una visión más integral del ser humano. La corriente psicológica que ahora mismo está en auge es el Cognitivismo, una especie de hijo del Conductismo (el paradigma “Estímulo-Respuesta”). Suplemento 8, Septiembre de 2009

El cognitivismo es una corriente que permite integrar las tesis más radicales del conductismo con las teorías motivacionales del Humanismo, la Gestalt, y ciertos esquemas psicoanalíticos (esto muy tímidamente), a veces cambiándoles el nombre para adecuarlo más a su propio bagaje. Debido a lo mencionado anteriormente, hoy en día es raro que nos atienda un psicólogo que no se declare “ecléctico” o “cognitivista” (ojo, que no es lo mismo), y es raro el psicólogo “ecléctico” cuya base formativa no depende en gran medida de ese cognitivismo, debido en gran medida, a los planes de estudios de cualquier facultad española, dominados básicamente por el Cognitivismo. La Psicología cognitivivista se centra en cómo procesamos la información, es decir qué pasa desde que recibimos un estímulo dado, hasta que se produce una respuesta a ese estímulo, y cómo las consecuencias de esa respuesta son procesadas también como un estímulo nuevo. Se compara la mente a un ordenador, donde los programas del mismo (nuestros

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contrario, no se puede explicar por qué una persona desarrolla una esquizofrenia, por lo que debe ser por algo “biológico”... nunca se cuestiona el papel de una jornada laboral de 45 horas semanales en una cadena de montaje como predisponente en una esquizofrenia. Y aquí es donde entra la otra acepción de libertad, el poder hacer lo que queramos, pensar lo que queramos, sin ser reprimidos por ello. Por lo visto, una conducta extraña, o un pensamiento extraño, se convierten en síntomas, en señales que nos dicen que una persona se adapta mal, ya sea por un fallo en el software, con lo que habría que cambiar sus cogniciones erróneas, o su hardware, entonces debemos controlar, si podemos, sus neurotransmisores de por vida. No quiero decir que se esté haciendo siempre esto, pero sí es cierto que se psiquiatriza y psicologiza cada vez más la sociedad, desde los psicólogos que acuden a los accidentes y desastres a “auxiliar” a las víctimas y familiares, hasta el hecho de que se de medicación psiquiátrica a quienes peor se adaptan a las condiciones de un geriátrico, centro de menores, cárcel, etcétera. Volviendo un poco hacia atrás, repito que no se cuestiona el papel que tiene adaptarse a este sistema en el hecho de “perder la cordura”. Por ejemplo, es bien sabido por todos que mucha gente trabaja toda la semana en un tajo que se podría llamar “alienante” sin pecar de subjetividad en el juicio, y que reconoce que los fines de semana “se evade” de eso, trabajar para “desfasar”, utilizando para ese desfase el alcohol (recordemos que es, en dosis bajas, un ansiolítico) y tabaco. Pues sin cuestionar el papel del alcohol en todo tipo de problemas mentales, nos podemos encontrar que el tabaco también se asocia estos, se dice que como una suerte de “automedicación” (igual que las personas con ansiedad podrían beber alcohol porque al beberlo se sienten mejor, el tabaco podría tener un efecto parecido además de aliviar efectos secundarios de alguna medicación en otro tipo de enfermedades psiquiáticas), pero lo cierto es que es muy difícil saber qué fue antes. En todo caso, si los pacientes usaran el tabaco porque alivia síntomas inducidos por la medicación, sería una crueldad racionarlo en los psiquiátricos. Estudios recientes han relacionado la cafeína con la psicosis. ¿Es por la sustancia en sí, o es que provoca primero ansiedad y esta genera la psicosis? La cafeína es la sustancia psicoactiva más consumida 14

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en el mundo, en los países industrializados es casi imprescindible para que la gente pueda mantener el “nivel de alerta” (vamos, estar despierto y atento) en su jornada laboral... ¿No nos cuestiona esto nada acerca de las llamadas enfermedades mentales? Todo esto no son más que reflexiones sobre la teoría y la práctica psicológicas que ahora dominan el panorama. Por supuesto existen formas alternativas de ver la psicología, y debemos crearlas desde nuestros ambientes para poder dar respuesta contra la represión ejercida contra lo “anormal”, que, mira por donde, es lo que molesta a las clases dominantes. No quiero que todo este tostón se quede en eso, me gustaría que sirva para cuestionarnos ciertos temas, como la libertad y la ciencia. Y desde esa reflexión, poder reivindicar el derecho a ser distintos, a estar tristes, alegres, neutros, inadaptados... Contrapsicología Salamanca psicritica.blogspot.com Referencias: David G. Meyers (1999). Psicología. Madrid, ed. Médica Panamericana. || Drs. Jaime Santander, Daniel Seijas y Mirtha Jiménez. Tabaquismo y Comorbilidad Psiquiátrica. Cuadernos de Neurología. 2009; XXIII, Universidad Católica de Chile. || David M. Fergusson; Joseph M. Boden; L. John Horwood ,Tests of Causal Links Between Alcohol Abuse or Dependence and Major Depression. Arch Gen Psychiatry. 2009;66(3):260-266.

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EN DEFENSA DE LA ANORMALIDAD
“Quiero sentir algo que me huela a vida” Triana [El presente manifiesto no busca provocar juicios estéticos, elucubraciones interpretativas o goce alguno por parte del lector. La contemplación supone el fracaso en el intento de abordar el cambio: subvertir la realidad nada tiene que ver con jugar torpemente a interpretarla. No se persigue ni más ni menos que una sacudida, una llamarada. Estas páginas están condenadas felizmente a arder. Queda por escribir qué arrastrará consigo el incendio.] [0] Planteamos a las claras la necesidad de despejar el terreno como primer paso en el inicio de un tercer asalto a la sociedad de clases. La labor teórica que asumimos es la de determinar nuestro lugar en dicho asalto, estudiar las potencias, los movimientos y las tácticas necesarias. A su vez, somos conscientes de que cada cual debe llevar a cabo esta tarea de localización por sus propios medios: nadie va a venir a hacerlo por nosotres. Como psiquiatrizades en lucha, entendemos que el todo social tiene por eje la Norma. La relación de los sujetos con ella comienza desde los primeros años de vida, y no sólo a través de las instituciones de la familia o la escuela, cada vez la medicación con psicofármacos es más temprana: no es nada extraño ver a los médicos recetar tranquilizantes, como si fueran caramelos, a les niñes más “revoltoses”. Sin embargo, entendemos que existe un punto clave (que frecuentemente se produce en las cercanías de la adolescencia, pero no tiene porqué ser siempre así) en el que una gran parte de la gente se plantea que hay algo en la realidad que no acaba de convencerle a une; a menudo, se llega a esta situación a partir de la mirada de les propies padres… ésta suele mostrar que este mundo no es tan estupendo, que la vida no es necesariamente el don tan hermoso que tantas veces nos han repetido. Cuando la duda va tomando forma a base de ostias, de sufrimientos varios, desilusiones, palos y desesperanza, se suelen abrir dos caminos: por un lado, la autodestrucción con todas sus variantes (drogas, suicidio, ostracismo voluntario, etcétera), y por el otro, la inmersión (por un camino o por otro) en las redes del Sistema de salud Mental. Así, te sueles ver, sin acabar de saber cómo, en una consulta de la sanidad pública, en el gabinete de algún terapeuta de los mil pelajes diferentes Suplemento 8, Septiembre de 2009 que ofrece el mercado o directamente atado a una camilla en la sección de psiquiatría de algún hospital. Llegados aquí, suelen pasar dos cosas: bien uno es reducido médicamente y vuelve a incorporarse al funcionamiento social como si casi nada hubiera sucedido (lo cual suele ser más difícil cuanto más intenso ha sido el choque con la Norma), bien uno se introduce en esa espiral crónica (como se suelen encargar de recordarnos los médicos: “Dadas sus características, no deberíamos obsesionarnos con hablar de curarse, sino más bien de poder alcanzar un nivel de vida lo más grato posible”) de caídas-recaídas, medicación y encierro involuntario. Cuando un sujeto que ha llegado hasta este punto se plantea la necesidad de hacer la guerra a la sociedad y su tirano concepto de normalidad, cuando un psiquiatrizado se declara a sí mismo (sin el beneplácito de ningún pastor revolucionario) psiquiatrizado en lucha, enfrentándose a los fármacos, a las órdenes judiciales o a la sucia autoridad científica, se afirma como sujeto revolucionario en este desierto de homogeneidad y desencanto. La situación en que se encuentra el psiquiatrizado en lucha es la de ser contradicción andante del Tinglado. Es el que dice: los amos a veces se equivocan, sus pronósticos y sus teorías científicas no valen un carajo: estoy aquí, no estoy muerto ni drogado, he vivido y vivo los infiernos de la Máquina y quiero ajustar cuentas. Aquí, el Sistema ha perdido su aire de inocencia y ya es imposible que pueda nunca recuperarlo. Ya no tiene nada con lo que seducirle a uno. La democracia se presenta como la vieja ramera desdentada y cubierta de maquillaje que es. Robada la salud, uno ya no quiere mercancíaschucherías, sino simple y llanamente venganza. He aquí la posibilidad de traer de nuevo el conflicto despojado de cualquier ansia reformista, de los discursos ciudadanistas y socialdemócratas triunfantes en nuestros días. Se inaugura un campo de batalla viejo como la historia del mundo. La Norma contra el loco al que no le da la puta gana morirse. Esta sociedad tan perfecta, tan inquebrantable y seductora, tiene pues un enemigo que la ha visto desde dentro y desde fuera, que no reproduce los comportamientos asignados, un fantasma que aguarda a la vera de los caminos con los dientes apretados. Sabemos cómo funcionan los engranajes de nuestra ruina, ahora es necesario hacer de cada une de nosotres un estratega. Desde luego, nos encontramos en una posición privilegiada: no nos comprarán subiéndonos los salarios, no nos callarán prestándonos espacios ni infraestructuras, no pueden negociar con nosotres por la sencilla razón de que ni siquiera nos pueden ver. El odio está demasiado dentro y no será fácil de extirpar. No queremos hacer promesas de un mundo mejor. Queremos otra cosa, y eso supone incendiar el presente. Hasta entonces, no le encontramos sentido a especular más allá. No tenemos nada que vender, no pretendemos convencer a nadie. No hemos llegado soles al dolor, nos caímos porque nos empujaron. Un mundo nos arrastró hasta el agujero, y un mundo pagará por ello. [1] Para comprender algo en nuestros días, es absolutamente necesario servirnos de lo que se nos oculta. (...) [3] Nos hemos creído toda la mierda que, desde críos, nos han hecho tragar, hemos reproducido el sutil mecanismo de poder por el cual una imposición se nos convierte en valor. Pero desde que intuimos el funcionamiento de este mecanismo, podemos avisar de que inventar un nombre no es solucionar un problema. Somos el claro ejemplo de este hecho. Imbéciles, enajenades, idiotas, loques, débiles mentales... ¡Guerra al mundo que os declaró hace tanto tiempo la guerra! [4] ¿Os acordáis cuando éramos canijes?, ¿cuando en la escuela, todos los días, algún niñe vomitaba, y el bedel tenía preparado siempre un cubo de serrín?, ¿cuántos de vosotres vomitáis ahora en el tajo, en el aula, en la consulta del doctor?, ¿no comprendéis? Nos hemos acostumbrado al asco. (...) [6] Mejor ganando un mundo distinto del que perdimos, que habitando aquel basurero de sueños. Mejor guerreando que atrofiado, viviendo horas muertas. Mejor en el delirio que en la pesadilla cotidiana. Mejor abriendo brechas que dormitando en nichos. Mejor loco que zombie. (...) Extraído de Enajenadxs, #7 15

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