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Hermanos: Si los guía el Espíritu, ya no están ustedes bajo el dominio de la ley.

Son manifiestas las obras que proceden del desorden egoísta del hombre: la lujuria, la impureza, el libertinaje, la idolatría, la brujería, las enemistades, los pleitos, las rivalidades, la ira, las rencillas, las divisiones, las discordias, las envidias, las borracheras, las orgías y otras cosas semejantes. Respecto a ellas les advierto, como ya lo hice antes, que quienes hacen estas cosas no conseguirán el Reino de Dios. En cambio, los frutos del Espíritu Santo son: el amor, la alegría, la paz, la generosidad, la benignidad, la bondad, la fidelidad, la mansedumbre y el dominio de sí mismo. Ninguna ley existe que vaya en contra de estas cosas. Y los que son de Jesucristo ya han crucificado su egoísmo junto con sus pasiones y malos deseos. Si tenemos la vida del Espíritu, actuemos conforme a ese mismo Espíritu. Gálatas 5, 18-25
Experimentar la presencia de Dios en nosotros, en nuestra vida, en nuestros pensamientos, en nuestras decisiones, es lo que da sentido a la pasión y muerte de Jesús. Y es evidencia irrefutable de que Él está vivo: ¡Cristo resucitó, realmente resucitó! Lo que hoy se conoce como “uno mismo” o “self”, es en sentido holístico la suma de las esferas biológica, psicológica y espiritual de cada quien. El equilibrio y la felicidad se alcanzan, cuando los impulsos propios de nuestra naturaleza humana y los deseos egocéntricos propios de la razón se logran armonizar por medio del espíritu. Si decidimos de manera irreflexiva, nuestros actos están muy cercanos al orden animal, instintivo. La inteligencia por sí sola, tampoco es suficiente para una vida plena y un sano juicio, pues la inteligencia no es

que nos permite identificarnos en UNICIDAD con toda la creación y nos hace experimentar la DIVINIDAD en nosotros mismos. La luz interior es la toma de conciencia.capaz de descubrir la gran presión que ejercen las cadenas del inconsciente emocional lastimado. es el despertar espiritual. .