Santa Mira, un pequeño pueblo del norte de California. El doctor Miles Bennell recibe en su consulta a varios pacientes con una dolencia que no puede tratar: todos ellos insisten en que sus familiares cercanos -tíos, padres, hijos, maridos...- no son en realidad quienes parecen ser. Intrigado y desconcertado, Miles recorre el pueblo en compañía de Becky, su viejo amor de juventud, y de sus amigos Jack y Theodora Belicec, comprobando que una serie de peculiares fenómenos tienen lugar en los sótanos y armarios de las casas, mientras los vecinos duermen... El psiquiatra Mannie Kaufman, al que Miles acude en busca de ayuda, le asegura que no se trata más que de un caso de histeria colectiva, pero paulatinamente la verdad se impondrá con irresistible claridad.

0 Demes 06.Jack Finney Los ladrones de cuerpos ePUB v1.11 .07.

Los ladrones de cuerpos . 16.95 euros ISBN: 84-932836-2-2 . Bibliópolis Fantástica nº 2 256 págs.Jack Finney Título original: The Body Snatchers Traductor: Lorenzo Luengo Diseño de cubierta: Alberto Cairo Ilustración de cubierta: Roberto Uriel / DPI Comunicación Ensayo de Lorenzo Luengo Col..

” TIME Magazine "Un clásico. el centinela del sentido común se adormece y permite que nuestros enemigos nos invadan y nos conquisten.com ." San Francisco Examiner "Una zambullida vertiginosa en el terror y una exploración clásica del miedo arquetípico."Una historia escalofriante." Amazon.” The New York Times "Jack Finney tuvo una idea espeluznante: durante el sueño.

con el presentimiento de que mi día aún no había terminado. Fui a la otra sala. Me sentía solitario y deprimido. Alrededor de las seis de la tarde. como empezó o como termino. Aún no estaba acostumbrado a imprevistos y deseaba tener alguna cosa con que divertirme en aquella noche. atrás de la mesa. pero no en la mía. Por eso. la llamada sonó nuevamente.. — Becky. En cualquiera otro ramo de actividad se puede hacer eso. fui al baño y luego preparé una bebida. Fue lo que sucedió. Los faroles ya estaban encendidos y la Calle Throckmorton se hallaba desierta. —Sonrió. Es mejor no leerla. probablemente había salido corriendo con el último paciente por la escalera y ganando fácil. que se encontraba cerrada. Aún no estaba oscuro y no me quedaría por mucho tiempo en el consultorio pero tampoco había mucha luz del día. Porque nadie puede decir que fue exactamente lo que sucedió. Creo que parpadee algunas veces asombrado. mirando hacia la Calle Throckmorton. así como muchos otros médicos. y deje el vaso encima de la mesa. Y estuve justo en el lugar de los acontecimientos. Pero lo hice aquella noche. Mi enfermera ya se había ido. Me fui a acostar tambaleándome de cansancio. Y no me equivoque: irrumpió una epidemia de sarampión y tuve que volver de prisa. porque ese tipo de presentimiento siempre se confirma en mi caso. Porque era Becky Driscoll quien estaba parada frente a mi. tomé un sorbo de la bebida. Si no les gusta ese tipo de historias.. simplemente continué donde estaba. inmóvil. con todo resuelto y satisfactoriamente explicado. por que. salí de vacaciones convencido de que volvería uno o dos días después. haciéndome a un lado a fin de dejarla pasar. todo el mundo en la ciudad está en casa cenando. Cierta vez. — . mientras la suave llamada se repetía. añadí un apunte a la ficha del paciente. con la esperanza de que la persona. Así que cuando escuche que tocaban muy despacio en la puerta externa de la sala de espera. tendrá muchas interrogantes y preguntas sin respuesta. No estará perfectamente rematado el final. hasta la puerta lateral del consultorio. Deseé no ser un médico. quienquiera que fuera. Había tenido que hacer una apendicetomía de emergencia y no había almorzado. Parado junto a la ventana. algo que casi nunca hacía. para variar. todo comenzó alrededor de las seis de la tarde de un jueves. para atender a un llamado domiciliar. tomé un trago. —Hola.CAPÍTULO 1 Debo avisar que esta historia que está comenzando. mirando hacia la calle y fingiendo que no atendería. que placer verte de nuevo! —murmuré. quite el seguro a la puerta y la abrí. con la boca entreabierta en una expresión idiota. Con un pie encima de una silla. Entonces. Aún atiendo las llamadas a mi domicilio. yo se que jamás termino. como ya había ocurrido muchas veces antes y ciertamente volvería a suceder. lo siento mucho. 28 de octubre de 1976. después tome una botella de coñac. Para mí. sabiendo que estaría de pie dos horas después. Miles. cuando acompañe a mi último paciente con un caso de torsión del pulgar. Todo lo que puedo hacer es contar lo que se. O por lo menos no por mí. decidiera irse. me sentía bastante irritado. V olví hacia mi mesa. satisfecha por la sorpresa y el placer estampados en mi rostro.

. Y cada paciente tiene que tomar un vaso conmigo. Era el mismo rostro bonito. bajando los ojos. o chica. Ya no tenía 18 años. Un negocio de primera! Becky me miro y sonrió.. un ruido seco. cualquiera que fuera. Cuando levantó los ojos. —Becky respiró fondo y se recostó. pero continuaban del mismo color castaño lustroso. un poco rojos ahora. antes de entrar en el problema que la había llevado a mi consultorio. —Lo que si recordé en ese momento fue otra cosa. —Erguí el vaso en un saludo. Quería llevarla a hablar sobre alguna otra cosa. Cerré la puerta y fui tras de ella. Cogí el vaso y lo levanté a la luz. —Es un placer verte nuevamente. o cualquier otra cosa de esas. la misma boca llena y atractiva. atravesando la sala de espera y entrando en mi gabinete. —Que pasa? Una visita profesional? —Estaba tan sorprendido que me sentía excitado y exuberante. Me acordaba perfectamente. Por primera vez. Después de un segundo. aunque podía recordar que antes no eran así. entra! Sonreí. —Becky. y con quien había salido unas pocas veces el último año de la escuela. Dijiste que te quedarías así la noche entera. es claro. aspirando aire convulsivamente. —Tenías escrito M. Becky sollozaba. de huesos prominentes y bien modulados bajo la piel. lo que translucía en su apariencia. supe .. ama B. tomé un trago. rodee la mesa y me senté frente a Becky... Sonríe tiernamente. Tomé un trago.. D. —Bien que lo estoy necesitando. había rebasado bastante mas la barrera de los 20. —Bebo invariablemente cada día. naturalmente ondulados. dándole a Becky algunos momentos para que recuperara el control. sus manos se taparon el rostro. más cortos o algo así. murmuré gentilmente: —Siéntate. Fui al baño. sus hombros se arquearon. pero alce las cejas en una expresión inquisitiva. simplemente señalé con la cabeza el vaso. ahora lo recuerdo. recostándome en la silla giratoria. sonriendo. Becky se hundió en el sillon de cuero delante de la mesa. no se trata exactamente de una visita profesional. Después. Después. Tuve que insistir mucho hasta que aceptaste borrar las letras. sobre el cristal de la mesa. que yo había conocido en la escuela secundaria. He oído que algunas mujeres comentan que ella es muy ancha en las caderas. los mismos ojos suaves e inteligentes. Becky. pero jamás escuché a un hombre reclamar. Los cabellos eran diferentes. sonriéndole por encima del vaso. Becky había cambiado. con el vaso en la mano. —Becky apenas conseguía hablar.Vamos. y Becky pasó junto a mí. Subitas lágrimas rebosaron sus ojos y se volteo rápidamente. Se paro junto a mi mesa y se giro para responder a la pregunta: —No. Miles. con tinta de broma. —Recuerdas una ocasión en que fuiste a recogerme? Íbamos a una fiesta y tenías escrito unas cosas en la frente. —Claro. casi negro. preparé otra bebida. subiendo desde el fondo de su garganta. Era un esqueleto maravillosamente revestido de carne. podía realmente contemplar su rostro de nuevo. sugiriendo que bebiera. como todo el mundo sabe. aceptas? El vaso casi resbaló entre mis dedos. volví y dejé el vaso delante de ella. incrementando mi felicidad: —Tenemos una oferta especial de apendicetomía esta semana. Sabía lo que yo estaba queriendo hacer y estaba de acuerdo. sin ninguna prisa... B. —Es muy bueno verte de nuevo. Aún tenía un cuerpo espectacular. Especialmente los días de operación. Pero aún era la misma mujer.

—Las lágrimas afloraron nuevamente a los ojos de Becky. Wilma dice que se parece exactamente al tío Ira. Conoces al tío de ella. la apariencia no llegaba a ser de las más atractivas. no es eso. —Que quieres que haga? —Que vayas a verla esta noche. mire a Becky. —Miles. vine hasta aquí a causa de Wilma. No podía imaginar a Wilma dejarse dominar por disturbios mentales. pero era inteligente. sobre la mesa.. Wilma está pensando que él no es realmente su tío. Lo que es natural. —Piensa que no son realmente parientes? —No. Jamás se había casado. —Gracias. . lo que podía ser y no se engañaba fácilmente. Después de todo lo conoces hace años. Pero ella simplemente sabe que no es Ira. después me miro fijamente. pensando en el caso. —Creo que somos ahora hermanos de secta —dije. las mejillas rojas. indicando con la cabeza el vaso encima de la mesa. Miles. —Se refería su prima.. con una expresión suplicante. —La chica miró hacia el vaso por un momento. porque las personas detestan dar nombres a esas cosas. Alguien que solamente se parece a Ira. es igual en todo. Pero. Y supe también del tuyo. impacientemente.de tu divorcio. Dirigía la biblioteca local de libros de alquiler y la tienda de tarjetas de felicitaciones. encogiéndome de hombros. Y lo lamento mucho. lo que no es muy fácil en una ciudad pequeña. Quiero que des un vistazo al tío Ira. actúa exactamente como el. —Miles. nunca se sabe lo que puede suceder. Ella asintió. rechonchas. —Toma tu bebida —murmuré. —Lo que estoy queriendo decir es que ella piensa que el tío es. —Como? De que estás hablando. Poseía una mente astuta. con cerca de 35 años de edad. No estaba entendiendo. el tío Ira? —Lo conozco.. —Becky sacudió la cabeza. —Ella no puede reconocer la diferencia? —No. Wilma tenía sus problemas. —Ella tiene. atontado. —Cual es el problema? —No sé. —Creo que si. antes del oscurecer. fuerte. realizando un buen trabajo. —Como es eso? —Tomé otro trago.. —vacilo. dejando el vaso en la mesa. Sabía lo que era. Y también lo lamento mucho. si pudieras.. habla exactamente igual. desconcertado. Tengo la certeza de que a Wilma le gustaría casarse y sería una excelente esposa y madre. Tomé un trago grande de mi coñac y me recosté en la silla mirando al techo. Wilma no se había vuelto agria o amargada. finalmente. pero hice una pausa. —un hombro de Becky se alzo en un gesto de perplejidad. —Creo que es lo que se suele llamar una fantasía. —Becky hizo una breve pausa. Pero ahora la posibilidad ya había pasado. a medio camino de la boca.. Miles. escéptica y muy alegre. Estoy terriblemente preocupada. Mi vaso estaba en el aire. Miles. Era baja. Miré a Becky. —Becky se inclinó hacia el frente. En suma. lo que es siempre lamentable. —… un impostor o algo parecido. —Ahora mismo. Wilma había sido criada por sus tíos. antes de concluir las amenidades. Miré nuevamente a Becky. Becky? Por casualidad no pensaras también que no es Ira? Ella se puso roja. Por lo menos conseguía ganarse la vida. converses con él.

vivía solo en una casa grande. femenino. Tengo un Mercedes 1973. pues eso asustaría a los pacientes. tengo 28 años y estoy ejerciendo la Medicina en Mill Valley. Me había divorciado hacia solo cinco meses y. Becky comenzó a morderse los labios. Y de los buenos. Me apresure. Tengo l. —Oh. no sé lo que está sucediendo allá! Me levanté y rodee la mesa. abrí la puerta del armario empotrado al lado de la mesa y me sentí un idiota rematado. Fred y su compañera siempre se quedan en el armario empotrado y. un gesto que la gente está siempre leyendo en los libros. Es claro que son muy útiles para un estudiante de Medicina. Vamos ahora. juntamente con otro esqueleto. no sé! Claro que es el tío Ira. no hay nada que se pueda hacer para evitarlo. no sé. Era la casa de mis padres antes de que murieran. de dos metros de largo. abundante cabello negro. menor. de madera y mampostería.—Claro que no! —Súbitamente. tome el abrigo y cerré la puerta.82 m de altura. aquello arrancó una pequeña sonrisa de Becky. que guardo en el armario empotrado. que no tuve mayores dificultades en conseguir clientes. Quédate tranquila. pero creo que el verdadero motivo de mi padre para dármelos fue el hecho de poder entregarlos en una caja inmensa. pero. aunque ya se puedan notar. Me encogí de hombros. redondeado y caliente. Me apresuré en quitar la mano. Llamé al servicio de recados telefónicos. . comuniqué para donde iba y dejamos el consultorio para ir a dar un vistazo al tío Ira. No tardara mucho en que las personas no van a confiar en mí ni para recetar una aspirina para el resfriado. De cualquier forma. —Puse la mano en su hombro.. sacudiendo la cabeza de un lado a otro nerviosamente. Bajo el fino vestido. Antes de eso. mi padre fue médico en la ciudad antes de mí. Era un regalo de Navidad de mi padre. colocándome al lado de ella. para mantener la ilusión popular de que todos los médicos son ricos. por eso. Nací y fui criado en Mill Valley. en mi primer periodo en la facultad de Medicina. Miles. anticuada. a fin de confortarla. No me preocupo con eso. Así. Sólo para no dejar nada por informar: mi nombre completo es Miles Boise Bennell. por eso. nada más natural que cuelgue mi abrigo en los hombros de él. poseo ojos azules. Becky. No puedo mantenerlos a la vista en el consultorio. —Miles. el problema es que Wilma parece tener la certeza absoluta! —Retorció las manos nerviosamente. peso 76 kilos. un lindo carro rojo. aunque muchos piensen que los médicos son capaces de encontrar una solución a todo. desde hace poco más de un año. Porque el abrigo que pretendía tomar estaba en el lugar en que siempre lo dejaba. California. pero raramente ve en la vida real. Y eso es prácticamente todo lo que tengo a decir a mi respecto. completamente articulado. colgado en los hombros de Fred. algunos indicios de un principio de calvicie en lo alto de mi cabeza. ligeramente ondulados. y ahora es mía. fui interno y cursé la Facultad de Medicina en Stanford. Juego tenis siempre que puedo. y por eso estoy siempre razonablemente bronceado. el hombro era firme. comprado de segunda mano. —Lo que sea que esté sucediendo. —A veces pienso que soy demasiado payaso.. Lo que es un problema de familia. envuelta en papel de seda. Debo esclarecer que Fred es un esqueleto muy bien pulido. dígase de pasada. con muchos árboles inmensos y un gran césped alrededor. Mi enfermera cree que es una extravagancia. Y dije gentilmente: —Pues vamos a descubrirlo. Y vamos a descubrirla y dar una solucion a todo. Como dije. No tengo la menor idea como pudo arreglar una caja tan grande. hay una causa. Claro que lo es. En aquel momento.

vigoroso. Miles? Mataste a muchos hoy? —Ira sonrió. mantenía las manos en los bolsillos. de esa manera. Voltee hacia ellas y fui hasta la casa. él era jefe de cajeros —ahora está jubilado —y siempre me insistía para que depositara en el banco los fabulosos ingresos que obtenía con la entrega de los periódicos.Fuimos hasta Strawberry. Miles? Pareces un poco distraído esta noche. Aquella era la rutina habitual entre nosotros.° C. . Encontramos a tío Ira en el césped del frente de su casa. Era realmente el tío Ira. Levantó la cabeza cuando disminuimos la velocidad y estacionamos junto al borde. —Buenas noches Sr. sólo 15 años más viejo y con canas. una calle ancha y sinuosa. Es claro que. siempre que nos encontrábamos en la ciudad. y la claridad aún era suficiente para ver todo perfectamente. Era un día agradable. No sé exactamente lo que imaginaba que podría encontrar. Y aquel hombre era el mismo que conocía. bordeando el l. Y ahora yo estaba parado allí. muchacho. al final de la tarde. Sonrió. cuando todas las noches iba a entregar el periódico vespertino en el banco. nadie más. negocios —y examiné atentamente cada arruga y poro de su rostro. mirándolo a los ojos. prestando atención a todas las tonalidades e inflexiones de la voz. Becky y Wilma salieron de la casa y se sentaron en el balancín del balcón. parado allí en el césped. Me sentí como un tonto imperdonable. Lentz. con su rostro a menos de medio metro de mi. el tiempo. —Creo que simplemente estoy llevando a casa los problemas del consultorio. Comencé a sentirme preocupado por Wilma. Lentz que conocía desde chico. Olvidaba todo sobre el banco en el momento en que me ponía el sombrero. —Como van los negocios. una área suburbana aún no urbanizada. Respondimos a la bienvenida con un saludo. en todos los cabellos. pero aún es un viejo simpático. queriendo dar la impresión de que estaba simplemente haciendo algo de paseo. entramos en la Ricardo Road. Salimos del coche. Después. —Estás preocupado o algo así. inmediatamente fuera de los límites de la ciudad. Es grandulon. antes de añadir: —Pero el presidente ahora está muerto y yo continúo vivo. Ahora. por la noche. el mismo Sr. —Sonreí también. Hola Miles. movimiento y pensamiento. —Buenas noches Becky. —No debes hacer eso. parándome al lado de él. y él acabó notándolo. Becky subió por el camino de la casa. de ojos despiertos. Sonreí y alze los hombros. —Y sonrió. cada línea del rostro. hablando jovialmente con tío Ira en el camino. Ira continuaba siendo al parecer el mismo hombre. como si aquella fuera una broma nueva. Atravesé el césped en dirección a él. —Dentro de los límites. Pero no es posible hacer dos cosas al mismo tiempo. 90 m de altura. Es algo que jamás hice. cada palabra. la temperatura debía andar alrededor de los 18. su porte ahora es un poco cansado. se hace imposible llegar a presidente del banco. En aquel entonces. pero es claro que era el tío Ira. Conversamos durante algún tiempo sobre asuntos inconsecuentes —política local. alerta a cada movimiento y gesto.

de frente hacia las dos mujeres. — Nuevamente se inclinó. —La cicatriz está en el mismo lugar. —Hay una pequeña cicatriz en la nuca de tío Ira. levanté la cabeza. en la reja del ancho balcón. pero rápidamente se controló. sonando estridente. Wilma? Cual es la diferencia? Por un momento. súbitamente excitado. Wilma. Wilma me observó con una expresión inquisitiva. después miró hacia el tío. lo que finalmente sucedió. Y asentí. sólo afirmando un hecho innegable.. Wilma. —Wilma tenía las mejillas rojas. hoy se cortó el cabello. inclinándose en mi dirección. Solo míralo! Todos miramos nuevamente al jardín. —No! —exclamó Wilma. todo en él es exactamente como los de tío Ira. Esperaba que tu pudieras descubrir alguna. pateando indolentemente una hierba dañina. —No lo es —murmuró. Tenía un furúnculo allí y fue tu padre quien lo extirpo. a la espera y sonriendo jovialmente. cuando me dijo en voz baja: —Te agradezco que hayas venido. Como sabes que no es el tío Ira. como si estuviera esperando exactamente esa respuesta. en pánico. Pues hoy. Habló tranquilamente. con los ojos chispeando. hasta que llegué al balcón. después a Wilma.. una piedrecilla o alguna otra cosa en el césped. Es un placer verte de nuevo. —Y la cicatriz había desaparecido? Eso estás queriendo decir. Me miraba fijamente. cuando Becky me dijo que venias. Esperando que se cortara el cabello. la mire a los ojos y dije: —Entonces. —Todos sus movimientos.. casi indignada. No tengo la menor duda de que es tu tío. —Vamos a analizar la cosa con tranquilidad.. No se puede ver la cicatriz cuando trae el cabello largo. Miles. por menores que sean. Recosté la cabeza en la pilastra. Hola. Miré también hacia Ira... Pero puede verse cuando se lo corta. porque no hay nada que se pueda percibir. pues vives hace años con él.CAPÍTULO 2 Wilma continuó sentada en el balancín. Fue mi vez de inclinarme hacia adelante. Miles. él es realmente tu tío Ira. —Y entonces? —murmuró ella. yo estaba esperando justamente por eso!. que estaba otra vez paseando por el jardín. pero presentaba ahora arrugas de ansiedad. —Estaba aguardando el día de hoy. —Es él. Tío Ira estaba parado. —Miles. Después... Pero es claro que no puedes. Ella sacudió la cabeza. Me senté. no me atreví a mirar a Becky y mucho menos a la pobre de Wilma. no hay diferencia alguna que se pueda notar... arrinconado en la pilastra. Mirando la punta del zapato. su voz era poco más que un murmullo. Difícilmente podrías engañarte. Acaso no puedes entender eso? No importa como . al lado de Becky. con una extraña intensidad en los ojos. exactamente como la de tío Ira! No respondí por un momento. con sus ojos fijos en mí. con su rostro redondo como un círculo. su voz se altero. no en tono de discusión. —Ese justamente es el problema! —casi grito. Wilma.

—Ella suspiró. Se acuerda perfectamente. —Platique con él sobre el tiempo en que yo era niña. manijas en miniatura.. —Y que me dices de los recuerdos. Había en el mostrador una puerta en miniatura. — Cierta vez. Y ahora quiero que prestes atención a lo que voy a decir. recostándose en la baranda. escuchando el sonido del balancín. como una nube que vimos una tarde de sábado.. Dándose impulso con los pies en el suelo. Exactamente como el tío Ira se habría acordado. recordando que no podía lastimar a Wilma y que el cerebro de ella. Pero quiero que comprendas que es tu tío. Es absolutamente . estoy de tu lado. Y este es un problema que necesita ser resuelto. Me quedé perplejo. O sea. hablando tranquilamente. no importando lo que pudiera pensar. como pensando si no necesitaba ser recortado.. Wilma comenzó a moverse balanceándose lentamente. —También ya probé por ese lado —murmuró Wilma. lo que dijo el hombre de la tienda. hace muchos años.te sientas. era de los más lucidos que conocía. Mi oficio es ayudar personas que tienen problemas. creo que una propaganda de alguna marca de cerradura.. de todo. tío Ira me llevó a una tienda de herrajes. que cerró hace años. como puedes decir.. asentada en una estructura. de modo tan persuasivo como era capaz. Tenía la forma de un conejo. Y quiero que entiendas también que el problema está dentro de ti. las explicaciones que él dio. cual es la diferencia? Si no existe ninguna. Soy un medico general. que en aquel momento estaba contemplando un árbol. Tenía pequeños huecos. no importa lo que tú puedas sentir. me quedé mirando hacia mis dedos entrelazados y la palma de mis manos. él es. Aquel caso estaba fuera de mis conocimientos y yo sabía eso. intentando vanamente hacerme comprender y sabiendo que era inútil. Tardé un poco en indagar:—Y los hábitos de él. Y sólo me ocurrió una cosa por decir: —Donde está tu tía Aleda? —No te preocupes. mirando hacia el tío Ira. Ella sacudió la cabeza. que a final de cuentas es realmente el tío Ira quien está allí y no puedes saber lo que pasa contigo. Exactamente igual. Recuerda inclusive cosas que yo había olvidado por completo. Wilma? Debe hacer pequeñas cosas que solamente tu tío Ira sabría. Me quedé mordiendo el labio. Y después hice una tentativa más. No espero ni pido que de pronto aceptes que todo fue un engaño. que no espero que dejes de sentir que emocionalmente esa persona no es tu tío. V oy a encontrar un medio cualquiera de ayudarte. Por un momento. Wilma? Los pequeños detalles? —Todo como el tío Ira. si bien me acuerdo incluso una pequeña aldaba. Claro que eso no debería haber sucedido. pero la verdad es que. cuando fue a recogerme al cine. —Entonces. Ella está allá arriba. —No. —Me controlé rápidamente e hice un esfuerzo por ser tolerante. no un psiquiatra. me quise llevar la puerta y arme la mayor confusión cuando descubrí que no podía. hasta del nombre de la tienda. medio despistado. Como no podía dejar de suceder. no lo es.. perdí la paciencia. Se acuerda de eso. intentando pensar. después de la matinée. por un instante. —Escucha Wilma. Tú sabes de eso tanto como yo. Lo que yo hablé. Sólo necesitamos tener cuidado para que él no nos oiga. Y con todos los detalles.

. Wilma. —Tu tía Aleda lo sabría! Será que no puedes entender eso? Entre todas las personas en el mundo. apoyándome con la otra mano en el balancín —Incluso actualmente. —Me incliné y puse una mano sobre las de ellas. aún sabiendo que no lo había. pero siempre por aquellos que los conocen íntimamente. Piensa al respecto. Por un momento. no me engañes! Tengo que saber! Becky estaba tomando la mano de Wilma. no es tan fácil volverse loca como estas pensando. Nadie podría. apretándola entre las suyas. diciendo que no. sus ojos se movieron distraídamente por el balcón. Después. con los pies tocando el suelo.. Aún balanceándose tranquilamente. —Porque. eso no tiene ninguna importancia y muchas personas ya. tu no estás loca. Wilma! —hablé con vehemencia. él parece. —Escucha. si es posible gritar en un murmullo. Y dije firmemente: —No. no importa lo que hayas leído en novelas o visto en películas. después de disparar mi carga. por fuera. al añadir: —Oh. pensando en lo que yo había acabado de decir. retiro su mano y se giro hacia mí.. ella tampoco es mi tía Aleda! —Por un instante. Becky o aún yo notáramos un millón de diferencias. con el rostro contraído en una agonía de compasión. —Pero debes entender. acaso estaré volviéndome loca? Por favor. Cual es el problema? Actualmente. Sus reacciones.imposible que dos personas sean exactamente iguales. inclinándome hacia el frente y mirándola a los ojos. Y después. que una persona no necesita ni de lejos estar perdiendo el juicio para necesitar de ayuda psiquiátrica. Wilma. abruptamente las lágrimas comenzaron a escurrir por su rostro rechoncho y compungido. Miles. —Por qué no? Wilma movió la cabeza lentamente. Deliberadamente. es por que no lo esta. esperando una respuesta. en hipótesis. .. actúa y se acuerda de todo exactamente como tío Ira. volteándose para mirar a través del balcón a la nada. . dime lo que está sucediendo conmigo! Por el amor de Dios. con la boca entreabierta. sus ojos se fijaron en los míos. Quiero que comprendas eso. Ya no estaba llorando y su voz era serena y firme cuando añadió: —Miles. —Tú no comprendes. Incluso gemelos idénticos pueden ser siempre distinguidos. Wilma. habla. Dando un ahogo de agradecimiento por la mano de Becky. Buscando imprimir a la voz un tono casi tranquilo. ella no podría ser engañada! Y que dice ella? Ya platicaste con tu tía Aleda acerca de eso? Wilma se limitó a negar con la cabeza. Pero por dentro es diferente. —Hay mucha verdad en eso —dije. Me recosté nuevamente en la pilastra del balcón.. Becky comentó: —Siempre oí decir que la persona que piensa que está perdiendo el juicio. —Ella estaba mirando hacia el tío Ira. Wilma me miró con un horror absoluto. por favor. Wilma se quedó en silencio por algún tiempo. volviendo a mirarme. sonreí a Wilma. asumir el papel de tu tío Ira por más de un momento sin que tú. con la voz apática y distante ahora. Y después podremos comenzar a hacer alguna cosa para remediar la situación. fue justamente lo que hizo. contrajo los labios y sacudió lentamente la cabeza. Wilma. exactamente como si supiera lo que estaba sucediendo. Miles. Después. Miles. deja que tal conclusión entre en tu cabeza y comenzaras a entender que el problema está dentro de ti...

—sacudió la cabeza en la dirección del césped —.. los tonos de voz. quiero que lo sepas. Sonreí también. apariencias o no. ese no es mi tío Ira. Murmuré algunas tonterías sobre la necesidad de relajarse. y Wilma sabía de eso tanto como yo. Pero lo mismo no sucede con las emociones.. Willy. —Claro que lo es. —Me extendió la mano y yo la apreté. listos para que salgan. desapareció.” Exactamente como tío Ira lo hacía. No hay ninguna emoción. o quienquiera que él sea. de que está hablando de memoria. ese tío Ira. desde que yo era pequeña. antes de continuar: —Tío Ira fue un padre para mí. y añadió: —Es que mejor que concluyéramos la conversación o. Se levantó. añadió:—No es un placer que Becky este de vuelta? Sólo le faltó parpadear. dijo que quería irse a acostar temprano. — Se dirigió a Becky. con una sonrisa y añadió: —Ni tú. mirando con una expresión concentrada. Asentí. Como una lección aprendida. Y esa mirada. cuando perdona a un hombre por fallarle. Las palabras. aún hablándome. —Buenas noches. en San Rafael. allá en el fondo de sus ojos. sonriendo. Y. Ya no había nada más que decir por ahora. Miles.. Y no quiero que te quedes muy preocupado por mi... Y si quieres haz una cita con un psiquiatra. Miles aceptare ir. Wilma hizo otra pausa. Lentz. Yo aún estaba confuso. —. Pero alguna cosa está faltando. de la manera como una mujer hace. —Me ayudaste bastante. Los recuerdos de tío Ira están todas en su mente. en los mínimos detalles.. diciendo que haría una consulta para ella con el Dr. la certeza absoluta.. de las más inteligentes.. los gestos. Wilma explicó: —Desconfiar que sospecho de alguna cosa. —La voz de Wilma se hizo súbitamente dominante: —Miles. posible o imposible. Y cuando hablaba sobre mi infancia. pasamos junto al tío Ira y dije: —Buenas noches Sr. telefoneando para informarle a la mañana siguiente. buscando la palabra adecuada. una expresión especial en sus ojos. Sr. sonríe y comenta: “Eras una chica muy inteligente. pero no el sentimiento. Wilma sonrió gentilmente y puso la mano en mi brazo. el mejor psiquiatra que conocía. . Tengo mucha resistencia y ambos saben eso.—Wilma hizo una pausa. Vuelve otra vez. Becky murmuró un buenas noches. no perder el control. Miles. Miles. Me ofrecí para llevar a Becky a su casa. con recuerdos o no. Se acuerda del pasado en detalles. había siempre.. Miles. todo finalmente.. invariablemente. dejar de preocuparse y cosas así por el estilo. Descendimos por el camino en dirección del coche. Con ese. Lentz. absolutamente ninguna. él va a comenzar a desconfiar. agradeció a Becky por haber venido. tengo la impresión. Manfred Kaufman. Después. si es que puedo explicar eso. sólo una simulación. no son emocionalmente correctas. últimamente lo mismo se aplica a la tía Aleda. al decir que se acordaba de toda la calidad maravillosa que ese tiempo representó para él. —Desconfiar de que? Pacientemente. No habrá problema. —Sonrió a Becky y. más prolongada.

ella estaba. los problemas deben quedarse guardados en un compartimiento de la mente. mientras eso no sirva para nada. Noté que el restaurante no estaba lleno. en que el padre de Becky había nacido.En el coche. debe desistir de la Medicina. Pero. fui a mi casa. . Después. —Alrededor de las ocho? —Está perfecto. Podría comenzar a hablar en el argot psiquiátrico. ese alguien es Mannie. sentado a una mesita. Tengo toda la certeza de que él podrá ayudarla. Si hay alguien que puede ayudarla. Es necesario incluso ser capaz de perder un paciente y volver al consultorio a fin de tratar. en verdad. y me quedé pensando por que. respondí: —Claro que puede. rezando para que el teléfono no sonara. En la puerta de Becky. y me encogí de hombros. cenar en algún lugar. O especializarse en otra cosa. pero la verdad es que el caso está fuera de mi alcance y más en la de Mannie Kaufman. En una casa grande y antigua. Soy un médico. hay un límite para la sinceridad que se debe tener. No enseñan eso en la facultad de Medicina. Becky dijo: —Como la viste. pregunté a Becky si no le gustaría hacer alguna cosa. me di cuenta que estaba más relajado y en paz con el mundo como hacia mucho tiempo no sucedía. pero no sé realmente cual es el problema de Wilma. como generalmente sucedía. ahí en el fondo de mi mente. Vendré a recogerte. Tal vez esto parezca desalmado. toda blanca. pregunte: —Mañana por la noche? —Está bien —asintió Becky distraídamente. Pero aun así. Cuando detuve el coche junto a la acera. Pero no me sorprendió cuando dijo que quería sólo volver a su casa. Cené en el Dave’s Diner. Quién no consiga eso. De cierta forma. Habíamos simplemente recomenzado del punto en que habíamos parado años antes. por lo que dice mi diploma. Ella vivía cerca a unas tres calles de mi casa. Pero un médico aprende. no sabía como. con absoluta atención un caso de suciedad en el ojo. Podría pensarse que estábamos saliendo juntos desde meses atrás. porque no hay otro modo. Miles? Ella va a estar bien? Vacile por un instante. —Crees que él puede ayudarla? A veces. Tal vez usted piense que yo debería estarme preocupando por Wilma. me acosté en la cama y comencé a leer un libro de misterio. aún pensando en Wilma. sin ninguna planificación anticipada o aún sin tener seguridad en eso. me puse el pantalón del pijama. pero es tan importante como un estetoscopio. de no preocuparse activamente con los pacientes. Hasta ahí. —No sé. V olviendo hacia el coche.

que llegaron a mi consultorio en grupo para decir. —Es un nuevo hobby en nuestra ciudad —comenté. Con los codos apoyados en las rodillas. a fin de indicarle que también estaba incluido en la pregunta. y declaró que estaba perfectamente convencida de que su marido no era su marido. . en la noche de la reunión de los médicos del Hospital General. Así que puse el freno de mano. Mannie estaba con la puerta de su lado abierta. que sus hijas estaban siendo escarnecidas por sus compañeros. con los pies fuera del coche y los talones enganchados en el estribo. Paré el coche en el aparcamiento del hospital. con las manos cruzadas. de buena apariencia. Un chico de nueve años fue traído por la abuela. Me recuerda a un jugador de fútbol americano. con las manos cruzadas por encima del bolso. medio irritado. hablaba y se comportaba exactamente como su marido siempre lo había hecho —y estaban casados desde hacia 18 años —pero simplemente no era su marido. sentado de lado. —Que diablos está sucediendo en Mill Valley? —indagó Mannie. porque se ponía histérico al ver a la madre. alguien me llamó. para sustituir la manía de la carrera. Con voz serena y controlada. Salí del auto y fui hasta allá. Uno de ellos era un joven abogado. V oy a resumir la historia: hasta el martes de la semana siguiente. No es así Charley? —Miró por encima del hombro para Carmichael. la mujer dijo que él parecía. en la parte de atrás. Su compañero frunció el rostro ligeramente. había enviado ya a cinco pacientes más para Mannie. sentado a su lado. Y de continuar así. en medio de lágrimas. aunque el propio marido de su hermana. apoyando un brazo en la puerta abierta. medio riendo. —Es una verdadera epidemia. mientras Mannie lo hacia con la inteligencia. Hubo también el de las madres de tres chicas de la escuela secundaria. ustedes van a acabar con nosotros. brillante. con quien estaba ahora viviendo. Era nuevamente la historia de Wilma. Así que en cuanto la mujer salió de mi consultorio. Fue así que supe que Ed también estaba teniendo algunos casos. No sabemos que hacer con esa gente. así que me aproximé. excepto por los detalles concretos. exactamente igual a su verdadero profesor. Es un hombre moreno. Quién me había llamado era Mannie. porque afirmaban que el profesor de inglés era un impostor. Mannie Kaufman estaba a mi espera cuando llegué a la reunión de médicos. cerca de los 40 años. con Done Carmichael. uno de mis colegas de Mill Valley. nervioso. un poco más tarde para variar. —Pues es la primera neurosis contagiosa que encontré —dijo Mannie. cuando llegué al consultorio. equilibrado. Era una mujer pequeña y sosegada. — Algo muy fácil. obviamente pensaba que lo era. Miró para Ed Pursey. Ed Pursey. Carmichael y Pursey son más viejos y parecen más médicos. desde un coche estacionado un poco más adelante. que se sentó en el sillon de cuero delante de mi mesa. ya había una paciente esperando. Estaba convencido de que su hermana. telefoneé al consultorio de Mannie Kaufman y aparte dos citas. casada. sentado al volante. que yo conocía bastante bien. se hallaba en la parte de atrás.CAPÍTULO 3 A la mañana siguiente. se inclinaba hacia el frente. una mujer que él alegaba no ser realmente su madre. Era él quien mantenía la dignidad de la psiquiatría local. con quien vivía no era realmente su hermana. otro psiquiatra del Hospital a su lado.

alzándome de hombros. —Puedes mandármelo a mí —intervino Carmichael. que su preocupación es externa y concreta. entré en el coche y volví hacia mi casa. mirándome curioso. —Mannie me miro con una expresión especulativa. Era simplemente mejor que hacer horas en el salón de billar. No son. Mannie y yo conversamos un poco más. —Tal vez debiéramos intentar una pequeña sangría —comenté. —Por Dios. Diría que su lugar no es en mi consultorio. en la oscuridad. Nadie más dijo alguna cosa por un momento. parece haber sido eso exactamente lo que sucedió. súbita y simultáneamente. Después de la reunión. que está sana. lo cual sería mucho mejor. El mismo tipo de caso. está bien. —Déjate de bromas. Es mi paciente desde hace nueve. Escuchamos a un orador. Correcto. Me había encontrado con Becky por lo menos una noche sí y otra no. por ejemplo? Diría que no se trata absolutamente de ninguna ilusión. Miles. casos típicos de ilusión. Lentz. Después. el hombre afirma que ella no es su hija. si no fuera absolutamente imposible? En el caso de aquella mujer. Pero Mannie tiene razón. Pero tal vez Charley no se sienta tan desesperanzado. La reunión fue tan fascinante como siempre. jugar cartas o coleccionar sellos. mirando la televisión. Haz lo que creas mejor. nada más que eso. por lo menos no en este caso. —La hijastra retardada de la Medicina. Tiene una hija de veinticinco años.. de pie. Casi era la hora de comenzar la reunión y ellos salieron del coche. es claro —dije. —Quieres saber lo que diría acerca de cualquiera de esos casos. tortuoso e insípido. sería capaz de afirmar que ella no es particularmente neurótica. ciertamente. Un hombre cercano a los cincuenta años.. Deseé estar en casa. —O de cualquiera otra cosa —añadió Mannie. Becky era una manera agradable y confortable de pasar algunas noches. Sé que no puedo ayudarlo. un profesor universitario. comedidamente. Respondí que estaba de acuerdo. Charley? Pero. si es como los otros. —Hizo una pausa.—Es una sucesión de casos realmente excepcional —comentó Carmichael. —Haré lo que sea posible. antes de añadir: —Pero es igualmente imposible que un total de nueve personas de Mill Valley hayan adquirido. Charley Carmichael no respondió. con uno de sus ojos estrechándose. Por todas las indicaciones que conozco acerca de ese asunto. Miles? Tenemos que llegar a alguna conclusión. Evidentemente. pero no porque hubiera alguna cosa desarrollándose entre nosotros. es claro. El único problema es que eso es imposible. que el tío no es realmente su tío. al lado de mi coche. Esos casos me han dejado sorprendido. a juzgar sólo por la paciente. Diría también. Todos nos encaminamos hacia el hospital. —Se alzo de hombros y pregunto en dirección de los asientos del frente: —Debo enviarlo a uno de ustedes? Ninguno de los dos respondió por un momento y después Mannie murmuró: —No sé. a lo largo de la última semana. Ed Pursey suspiró y dijo: —Tuve otro caso esta tarde. ustedes dos no pueden. Ahora. y finalmente Mannie dijo: —Estaremos en contacto. O con Becky. —La psiquiatría está en la infancia. Lo que me convenía . creo que no sería mala idea! —exclamó Mannie. Pero no había realmente nada más que añadir. una ilusión prácticamente idéntica.

Algunas veces pienso que ya asistí a más mitades de películas que cualquiera otra persona viva. entramos en la sala de proyección y nos sentamos. estaba parado en nuestra fila. Murmuré una imprecación. Usaba un vestido gris. ligeramente inseguros. Pero Becky era simplemente lo que los médicos recomendaban. a fin de incluirla en la disculpa. —Becky entró en el coche y después me sonrió. sobre una mujer que encuentra un medio de visitar el pasado —después nos levantamos y pasamos frente a más de 50 personas. Miles. el gerente. estacionado en la entrada. Se encaminó hacia la puerta externa y la mantuvo abierta para . pues conseguimos ver la mitad de la película. mientras nos encaminábamos hacia el coche. y la invité para ser mi primera paciente. —Estás maravillosa —le dije. Y ella lo estaba. una relación extraconyugal o una ruptura. Miles —dijo él. cuando compré las entradas. Después. con una sonrisa medio forzada. Entendía perfectamente lo que Becky estaba queriendo decir. Sabía que había tenido mucha suerte en mi camino al haberme cruzado con el de Becky. sin las presiones. Mi mente está apiñada de dudas e indagaciones. quedamos de ir al cine. Gerry Montrose. Creo que es porque ambos somos divorciados. cogí el coche y fui recoger a Becky. haciéndome una señal. En la taquilla. Así que llegamos a la dulcería. mirando también a Becky. era una buena película. cada una de ellas pareciendo tener tres rodillas. Llamé al servicio de recados telefónicos y comuniqué a Maud Crites. Más que con cualquier otra persona. —Hable con Gerry. que estaba de turno aquella noche.perfectamente. Avanzando en el coche en aquel momento por la noche fría de otoño. —Me siento muy bien cuando estoy contigo. —Disculpe. y exigencias tácitas que gradualmente se acumulan entre un hombre y una mujer. pasando a dedicarme exclusivamente a abortos. Ella soltó una risa con la mayor alegría. Con cualquier otra. que iba al Cine. podía salir con una mujer en una relación tranquila. en la mayoría de los casos. Compramos palomita en la dulcería. Le dije que iba a cambiar enteramente de actividad. si avisaba al gerente donde nos sentaríamos. subiendo por uno de los hombros. Asentí y encendí el coche. Lo que significaba que ella transmitiría cualquier recado que llegara para mí. y avise a Becky —finalmente. me estaba sintiendo extremadamente bien. Era maravilloso ser libre. Tuvimos suerte. en Corte Madere. sabía que estaríamos caminando hacia alguna especie de clímax inevitable: boda. la chica me dijo: —Gracias Dr. Dejamos el coche en el inmenso aparcamiento. —Gracias. jamás respondidas. con una especie de ramo de flores estampado en el propio tejido. Miles. — Detesto estropear su película. entre plácida y feliz. La noche del miércoles. Porque ambos habíamos pasado por las mismas situaciones. Jack Belicec se alejó del mostrador de palomitas y avanzó en nuestra dirección. —No fue nada. cuando la llame por teléfono. Cual es el problema? Él no respondió inmediatamente. Lo que no impedía que la ruptura de alguna cosa que fuera hecha con la intención de ser permanente nos dejara un poco sacudidos. Jack. sobre como determinadas películas terminaron y otros comenzaron.

después que terminemos. Puede ayudar a mi esposa. prefiriendo aguardar. a fin de que podamos conversar. Se puede practicar la Medicina en California por mucho tiempo y nunca encontrarse con un caso de tifo de las Montañas Rocosas. los cabellos son prematuramente blancos. inmediatamente después de Mill Valley —no dio ninguna información adicional y presumí que tendría una razón para eso. las personas se quedan esperando. No me quedé muy satisfecho con tal diagnóstico. Esas cosas suceden con una frecuencia excesiva.—Está bien. Después. Era difícil imaginar cómo ella podría haberlo contraído. Jack. con incertidumbre en la parte de alguien. se quedó parado en la acera por un momento. sea realmente mejor llamar el médico.nosotros. con una sonrisa. si así lo deseaba. Miles. —Sonrió tristemente. Tenía una fiebre alta súbita y extremo cansancio. hay alguna cosa en la oscuridad que lleva las personas a que lleguen a la conclusión de que tal vez. No es ese el problema. si ella quiere. a final de cuentas. Me gusta Jack. Pero eso no me impidió ponerme un poco irritado. —No es sólo por mi noche. Diagnostiqué finalmente un caso de tifo de las Montañas Rocosas. cuando paramos un poco alejado de las luces de la marquesina. ya no hice preguntas. pero. incluyéndonos a los dos en lo que estaba diciendo: —Lleve a Becky. —Bueno. hablando de eso. Es escritor y de los buenos en mi opinión. Tal vez sea hasta una buena idea.. Ya leí uno de sus libros.. Durante el recorrido —Jack vive en casi una zona rural. Así pues. —No puedo afirmar que a Becky vaya a gustarle lo que irá a ver. Pero aún allí fuera. Durante el día entero. bueno… me gustaría mucho que viniera conmigo esta noche. ustedes dos ya se conocen? —Ya. expresión vehemente. Pero no había más que pudiera hacer y fue por eso que aconsejé tratamiento. Como Jack no es ningún tonto. —Frunció el rostro. Jack aún no se mostró objetivo. Nos sentamos los tres en el asiento del frente. Ni aún se si pudiera llamar exactamente a esto una emergencia. juicio y criterio. pero deciden no hacerlo. Pero. un hombre inteligente. sí —dijo Becky. Pero. Jack. pensando. Sin embargo. me miró a mí y luego a Becky. comprendí que Jack no quería hablar en el pasillo. si no es una emergencia. —Nadie está enfermo. y comenzar inmediatamente. Pero añadí que estaba convencido de mi diagnóstico como cualquier otro médico de la región podría estarlo de su diagnostico. Miré a Becky y ella asintió. Miles... Sabía todo eso porque él me había llamado algunos meses antes. después al llegar la noche. Jack es un hombre de rostro fino. me sentí obligado a decirle a Jack que nunca antes había tratado un caso igual y que tenía toda la libertad de consultar a otros médicos. y que opiniones encontradas en aquel momento. Por eso. de buen sentido. Jack escuchó . pensando en llamar el médico. salimos hacia la calzada y él vino detrás. podrían ser extremadamente perjudiciales. Y Jack añadió: —Claro que conozco a Becky. por qué no hacemos justamente eso? —Sacudí la cabeza en dirección de Becky. con la esperanza de que no sea necesario. Y al padre de ella también. cuando su esposa había estado enferma. pero puedo garantizar que será mucho más interesante que cualquier película. Vamos todos en mi coche. Yo lo traeré de vuelta para recoger el suyo. Diría que tiene cerca de 40 años. si es algo que puede esperar hasta mañana.

Quizás debido a eso. Puede imaginar un caso. hasta que estuviera listo para hablar. Donde está queriendo llegar? Todo eso es muy ligero y no quiero que se quede con la impresión de que le estoy prometiendo alguna cosa. probablemente lo haré. hay determinadas cosas que un médico este obligado a comunicar a las autoridades cuando las descubre? Era tanto una declaración como una pregunta. y no comunicar un caso. alzando los hombros. —Tal vez pueda responderme a esto. Era un hombre que sabía como tomar una decisión. O una muerte. Miles? Lo que estoy queriendo saber es lo siguiente: hay alguna circunstancia en que un médico pueda creer que se justifique ignorar las normativas? —Depende —hablé. exijan que lo comunique a las autoridades? Y que lo llevaría a enfrentar los mayores problemas. lo que era su especialidad. y Jack apuntó hacia el frente. . Miles? Quiero preguntarle una cosa. lo respetaba. en que las normativas o leyes. cualquier especie de caso. Jack. cualquier cosa. Jack llevó una dotación de ellos a mi consultorio. si se ha olvidado del camino. Creo que puedo imaginar alguna situación en que olvidaría las normativas. Jack dijo: —Puede parar por un minuto. Jack respiró hondo. comenzando a subir. Cual es el problema. —De que? —Creo que del médico. como si estuviera pensando en voz alta: —Una enfermedad contagiosa. Pasamos por la placa negra y blanca que indicaba los límites de la ciudad. —No lo sé. Siempre tiene que comunicar tales cosas. estiré el freno de mano y me volví hacia él. tal vez hasta perdiendo su licencia para ejercer la Medicina? Puede imaginar cualquier conjunto de circunstancias que le lleve a arriesgar su reputación. si eso fuera suficientemente importante y me sintiera en la obligación. Un mes después. Creo que sí. si no lo comunicara y fuera posteriormente descubierto. O una herida de bala. y me limité a asentir. en la colina. Paré al borde de la carretera. Es la casa verde. —Me estaba sintiendo súbitamente irritado con todo aquel misterio. No sabía como podría responderle. por ejemplo. suceda lo que suceda? Me quede pensativo. Fue lo que hice. Un momento después. Eso es todo lo que le puedo decir. Tengo primero que saber la respuesta para mi pregunta. hizo algunas preguntas. Jack pensó por un momento. Si tiene en su casa algo que deba comunicar. en la carretera de tierra. después giro la cabeza y volvió a mirarme.atentamente. antes de comenzar a hablar: —Miles. —Mirando por la ventana. lo pensó un poco y después me dijo que tratara a su esposa como creyera mejor. Jack. Y así me quedé esperando. —Gire a la izquierda. ética y licencia. ella estaba recuperada y volviendo a hacer panecillos. Y del caso específico. Asentí con la cabeza y entré en la carretera indicada. una herida la bala. dejando el motor encendido. —Pero no le puedo afirmar cosa alguna. Jack continuó hablando. Jack? —Aún no le puedo decir. por ejemplo.

Abriendo la puerta del coche. No conseguí aguantar. Theodora me saludó: —Hola. Entré nuevamente en la carretera. me incliné para el frente a fin de dejar a Theodora entrar en la parte de atrás. —Señalo con la cabeza en dirección de la casa y añadió: —Vamos a continuar. asintiendo. Era una mujer. mirando por la ventana abierta de mi lado. —Después. durante la noche. Jack. —Fue mucha estupidez mía no hacerlo. —Debería haberte llevado conmigo —dijo el marido. la esposa de Jack. Jack la presentó a Becky. eso ya es suficiente —dijo Jack. caminando en nuestra dirección. y los faros iluminaron una persona a cerca de 100 metros al frente. con los brazos cruzados sobre el pecho y las manos tomándose los codos. Hacia bastante frío por allí. aún usando un delantal. se dirigió a Jack. —Pienso que tal vez usted decida no comunicar este caso.—Está bien. y después seguimos hacia la casa. Disculpa. Tardé un poco en reconocer que era Theodora. Me aproximé lentamente a ella y detuve el coche a su lado. Miles. . con una sonrisa. —No pude quedarme allá arriba sola.

la piel era muy pálida bajo la fuerte luz. Parecía. No está notando nada extraño? —pregunto. dejando el techo en la oscuridad. murmuró: —Quédense tranquilas. una moderna lavadora de ropa. bajo la fuerte luz de una bombilla de 150 watts. Jack pasó delante de nosotros. pero no puedo afirmarlo con certeza. Se me ocurrió que el escritor que había en Jack estaba forzando exageradamente el comportamiento dramático. Fuimos detrás. . Enseguida. volviéndose hacia nosotros. —Continúe. haciendo un gesto para que pasáramos al frente. periódicos apilados. de espaldas. Salimos del coche y Jack encendió la luz y cerró la puerta del garaje. Examine el cuerpo. Fui a colocarme al lado de Becky. Mirando a Becky y después a su esposa. había demasiado misterio para agradarme. un caballete de madera. Era blanco. irreal y teatral. Me había contado que la usaba constantemente. cubierto con un plástico encerado que Jack mantenía allí como protección. Extendido sobre el fieltro verde de la mesa. Estaba suspendida muy baja. mientras imaginaba lo que posteriormente escribiría. excepto que no era viejo. Se detuvo allí. —Y entonces? Él meneo la cabeza. El cuerpo era espigado. Cogí una punta del plástico y lo jale hacia una esquina de la mesa. jugando solo. a fin de no incidir en los ojos de los jugadores. No daba para definir la edad. tal vez de unos 65 kilos. rechazando hacer cualquier comentario. pero era terriblemente real. que me dijo: —Puede retirar el plástico encerado. Aquella poseía un guarda foco rectangular para confinar la luz solamente a la superficie de la mesa. La luz sobre una mesa de billar estaba proyectada para iluminar intensamente la superficie verde de fieltro. estaba lo que era innegablemente un cuerpo. Sus ojos eran azules y límpidos. pasé el brazo por su espalda y me volví hacia Jack. Sabía que Jack tenía allá dentro una buena mesa de billar. de un modo que haría que los ojos de cualquiera otra persona se cerraran. pero la oí suspirar bruscamente. con la mano en la manija. El cuerpo no tenía ninguna herida visible ni alguna otra causa de muerte evidente.CAPÍTULO 4 La casa de Jack era de color verde. al mismo tiempo. Aquella situación me preocupaba y asustaba. abrió una puerta que daba para el sótano propiamente dicho. El garaje estaba vacío y la puerta abierta. Me volví hacia Jack. El garaje era parte del sótano. pero visiblemente bien nutrido y musculoso. Jack nos hizo señas para que entráramos. mirando directamente a la luz. atravesando el sótano hasta otra puerta. Extendido en la mesa de billar. se encontraba el cuerpo desnudo de un hombre. Debía tener alrededor de l. No podía ver claramente el rostro de Becky. asentada en lo alto de una colina. algunas cajas de cartón y diversas latas de tinta usadas arrinconadas en una pared. Jack entró en aquella otra sala del sótano y jalo el cordón que encendía la bombilla colgada del techo.75 m de altura. comprada de segunda mano. Los ojos estaban abiertos. No es fácil calcular la altura de un cuerpo acostado. Entramos en un sótano común: una anticuada tina de lavar ropa. Después. dejando el resto de la sala en la semi-oscuridad. Estaba molesto.

—Pero no se trata de un tuberculoso. finalmente. —El rostro. pero no sabía explicar que. Jack me interrumpió. Becky? —Le miré. Poco después. sereno. buscando la palabra correcta. pasando la mirada desde diversos ángulos. —Y que más? —Estas bien. La situación no me agradaba.. —hice otra pausa. estaba sonriendo. En verdad. antes de finalmente volver a hablar: —Por un lado. —Señale con la cabeza hacia el cuerpo pálido e inmóvil bajo la fuerte luz. Parece. Atienda mi pedido. también esta sucediendo conmigo. Medallas de categoría. pues sus cuerpos prácticamente no son usados. mientras yo me desplazaba en torno a la mesa.. Cual es el problema? El volvió a menear la cabeza. rodeando lentamente la mesa. los ojos azules girados hacia arriba. Me quedé contemplando el rostro. es un rostro adulto.. —No se puede llevar una vida normal sin que se quede con unas pocas cicatrices.. Dé un buen vistazo a esa cosa. Miles. Jack comenzó a explicar. exactamente inmaduro. Jack. absolutamente inmóvil. sin conseguir encontrarla —. frunciendo el rostro.Me volví nuevamente al cuerpo sobre la mesa. Si lo esta. para no influenciarlo. —No se ponga nervioso. en silencio. Examiné el cadáver. No está imaginando cosas. Medallones. —Bueno. —Me volví y miré hacia los tres. Es un cuerpo saludable. respondiendo a Jack. .. —murmuré. —No es. Hay algo extraño en ese cuerpo. libre.. ligeramente. No le quiero decir mi impresión de lo que está mal. nunca se quebró un hueso. —Ya vio alguna vez como se hacen las medallas?—Las medallas?—Eso es. En cierta forma. Vamos a acabar con el misterio. no estoy viendo nada más que un cadáver. Fue esa también la impresión que tuvo? —Esa fue —concordó Jack. Y si no existe cosa alguna y sólo estoy imaginando cosas. —Lo estoy. Pero esos pacientes que viven en sanatorios no tienen oportunidad de tener cicatrices. Si realmente existe. —No sabría como explicarlo. Parece. Pero parece. lo que este cuerpo parece.. sin que pudiera comprender la relación. Y eso sólo contribuía para ponerme aún más furioso. Jack. Estaba poniéndome cada vez más irritado. en una expresión suplicante. —Los huesos son sólidos. sí —asintió Becky. Había algo de extraño en aquel hombre muerto extendido sobre la mesa.. Y es exactamente eso.. jamás se cayó de una escalera. también quiero saberlo.. Becky y Theodora se alejaban de mi camino. bien formado. me hace recordar a unos pocos pacientes tuberculosos que examiné. un cuerpo que no fue usado. —No.. blanco como cera.. Tal vez por más de un minuto me quedé mirando a lo que estaba encima de la mesa. vivo o muerto. quiero que lo descubra personalmente.. la voz era tensa y ansiosa. pedí disculpas a Jack por mi tono de voz y murmuré: —Tiene razón. algunos cortes. aquí y allí. que pasaron casi toda su vida en sanatorios... Por favor.. no es común que se encuentre un cuerpo así. mordiéndose el labio inferior. Miles. por sobre la mesa. Pero nunca jugó fútbol o hockey. Jack. Tiene músculos vigorosos.

No sabía que conclusiones quitar en aquel caso. Lo tome por el pulso. el rostro aún no está acabado. volví y lo saque de allá. —Y qué? —indagué. —Generalmente. las líneas suaves y los contornos delicados que se encuentran en un medallón de categoría. Es necesario grabar el formato tosco inicial. exactamente como lo está viendo ahora. no hay detalles. Me quedé despavorido. Y hay también algunos libros viejos. mirando de Becky hacia mí. aún tosco. —No hay rigor mortis —dijo Jack. con el molde número uno. mirándome. piel. Después. Está todo ahí. como ropas en cajas de cartón. el que contiene los detalles. Después. estridentemente. con toda seguridad. Posee labios. nariz. aún no. esperando que los detalles finales sean grabados! Jack tenía razón. Fue allí que lo encontré. un viejo aspirador de polvo. Creo que esa es la única manera en la cual se podía explicar el misterio del cuerpo. Y cuando se le contempla. —Pues tóquelo. No había ninguna vida en él. Pero era de cierta forma indefinido.. —Jack fue hasta la puerta y señalo con la cabeza a la otra parte del sótano y a la escalera que llevaba hacia arriba. ojos. Pensé que aún podría estar vivo. un brazo del cuerpo encima de la mesa. No hay la menor señal de que lo mató. sin fuerza. en toda mi vida. algunos muebles. —Si quiere. No era un rostro débil. Jack estaba manejando la situación. Pero no hay líneas. cuanto tiempo tarda para que se inicie el rigor mortis? —De ocho a diez horas. —Correcto? —Correcto. —Hay un pequeño espacio por debajo de la escalera. después de la primera grabación. una prensa. no puede dejar alguna marca en el metal liso. . Está lleno de cosas viejas. pero no se encuentran los detalles que proporcionan la individualidad. sin personalidad. —Es como un rostro vacío. Nunca antes. no hay individualidad. —Jack hizo una nueva pausa. toman un molde y hacen la grabación número uno. Salí corriendo como un gato perseguido por un perro. Ni en el cuero cabelludo. es lo que ese rostro parece. Pero tampoco va a encontrar ninguna marca de heridas en la espalda. —Paré de hablar en medio de la frase. para proporcionar una especie de depósito. forrado con madera comprimida. por encima de las cajas de cartón. Finalmente pregunté: —Quién es? —No sé. cosas así.. —Miles. hacen la grabación con el molde número dos. Estaba buscando una referencia que necesitaba y pensé que podría estar en uno de aquellos libros. puede voltearlo. había visto un rostro así. como un hombre que hizo una promesa y la está cumpliendo. acabé quedándome con un gallo en la cabeza. Miles.—Para hacerse un trabajo realmente bueno. El cuerpo estaba extendido ahí. a fin de verificar si estábamos siguiendo su explicación. Aún no estaba pegajoso o particularmente frío. Están obligados a hacer eso porque el segundo molde. es preciso hacer dos grabaciones. Hay determinadas condiciones. Primero. Se hallaba relajado y flexible. no estaba marcado por la experiencia. —De cierta forma. un medallón muestra un rostro. En ese segundo molde se graban los detalles. —Jack dejo de hablar. dando al metal el formato inicial. en metal duro. aparatos eléctricos sin funcionar. No era realmente un rostro. impacientemente. Miles. Está todo ahí. una estructura ósea por abajo. Es informe! Solo mire! —La voz de él se altero. Pero el rigor mortis no es invariable... es verdad.

nuevamente recorriendo la mirada alrededor. girando un botón del abrigo. Sé que no tiene sentido. Tan vacío como el estómago de un recién nacido. Los dejé pensar al respecto por un momento. Nada.—Jack señalo en dirección a la puerta y continuó donde estaba con la mano en el cordón de la luz. pues legalmente. Es una sala de las más agradables. que también negó con la cabeza. Continuaron sentados donde estaban. Creo que. —Quieren una bebida o alguna otra cosa? —pregunto Jack. la misma cosa sucedería. contemplando la ciudad. y ahora que? Subimos? —Vamos. digerida o no. no encontraría nada adentro. No encontraría absolutamente nada. al abrir el estómago. gracias. sólo porque eso le parece más conveniente. —Hice un gesto de hombros y me recosté en el sofá. Jack. Me quedé callado por un momento. Casi toda la pared del frente de la sala estaba constituida por una sola placa de vidrio. Todo en perfectas condiciones de funcionamiento. Después. Becky y yo estábamos en el sofá. Se sentó en una butaca. pero también porque es un hombre que puede enfrentar los hechos cara a cara. —Muy bien. ninguna partícula de alimento. sí. si quieren. Aún cuando ellos no son lo que deban ser. así como el cuerpo está externamente. no debía mover aquel cuerpo. Quieren saber lo que creo que descubriría? —Pase los ojos por la sala. Y si abriera los intestinos. Cogí el plástico y lo coloque por encima del cuerpo cubriéndolo por la mitad. Becky negó con la cabeza y yo dije: —No. No es un hombre de empeñarse a fondo para transformar el negro en blanco. Después. Me sentía extremadamente tonto al decirlo. porque es médico. Creo que descubriría que todos los órganos se encuentran en perfectas condiciones. —Tengo. después añadí algo más. Jack? . pero también absolutamente engreído de que estaba en lo correcto: —Y eso no es todo. Pero pueden tomar ustedes. fue para la cocina y volvió sin el delantal. Jack dijo que no tenía ganas y miró hacia su esposa. absolutamente nada. esperando.Vacile por un instante. Se podía ver las luces de la ciudad. las cosas son lo que son. después tomé la decisión de decir lo que estaba pensando. No dije nada. — Porque no creo que el corazón de ese hombre se haya detenido. —Tiene alguna cosa mas que decir acerca del cuerpo de allá abajo? —preguntó Jack. mientras Jack se sentaba junto a la ventana. comenzó a hablar: —Nosotros lo buscamos. Theodora rápidamente nos invito a sentarnos y camino por el salón encendiendo lámparas y acercando ceniceros. Para usted. fijándolos en Jack. Puede concebir una cosa de esas. Ni una migaja. no hace absolutamente el menor sentido. esparcidas por las colinas. —Tengo la impresión de que no encontraría ninguna causa para la muerte. Por que? —Hice una pausa. En el salón. hasta que todos hubimos salido. Ninguno de ellos respondió. pero a mí me gustaría efectuar una autopsia en el cuerpo. Miles. en una silla de balance de madera. Theodora y después en Becky. Y nunca murió porque jamás estuvo vivo. —Es eso lo que pienso. como ya tuvimos oportunidad de constatar.

Solo quería que otra persona lo confirmara. en Washington. —Becky.. tomando las bebidas. —Habló con alguien mas? —No. también sonriendo.. Jack sacudió el hielo en el vaso. —Que piensas? Ella sacudió la cabeza. exactamente como hice con usted.. levantándose y diciendo: —Deja que me ocupe de eso. —Conversamos y pensamos al respecto durante el día entero. Algo. Miles. mientras las mujeres nos observaban en silencio.—Puedo. y Jack comenzó a levantarse. Pero comienzo a creer que. Y debo decir que no hablé nada con ella sobre mis impresiones. Sólo después. —Por qué no llamó a la policía? —No sé. contemplándolo. No es el momento de pasar el balón adelante y dejar que los otros se preocupen. —Jack suspiró. algo terrible va a suceder. Todos sonreímos. por ejemplo? —pregunté. Si no lo hacemos. Jack me miro. —Pero no quiero. es que decidimos hablar con usted. una pequeña sonrisa contrajo las orillas de sus labios.. —Me volví a mirarla. Que es exactamente lo que la policía podría hacer? No se trata de un mero cadáver y algo sabemos de eso. Todo el mundo va a querer? Todos asentimos. Fue ella quien hizo la comparación con los medallones. y después murmuró: —Tengo el presentimiento de que esta es una ocasión para hacerse algo más que sólo llamar la policía. estoy necesitando de aquel trago. vimos como se hacen los medallones. mirándonos. de alguna forma tengo la certeza absoluta de que no debemos cometer un error en este caso. —movió los hombros con una expresión sombría en el rostro —. una cosa lógica. —No quiere llamar usted? —No. sí —habló Jack lentamente. —Hacer que. —Desde el inicio hallé la cosa totalmente absurda. . la única cosa posible. esperando. que es más que eso. algo terrible.. lentamente. Y lo mismo sucede con Theodora. sacudiendo la cabeza. hasta que Theodora volvió y distribuyó las bebidas.. No sé realmente que. y meneo la cabeza para aumentar el énfasis. por hacer. —Me siento del mismo modo. Jack comentó: —Pienso exactamente como usted. Jack movió la cabeza asintiendo y después todos nos quedamos en silencio por un largo tiempo... Pero Theodora lo interrumpió. —Quitó los ojos del vaso.. si no descubriéramos lo que es. Después que todos bebieron un poco... cambiando de posición nerviosamente y mirando por la ventana. desconcertada. frunciendo el rostro. una cosa correcta. Nos quedamos sentados... Miles. De que podemos hacer algo más. Es. —Estoy. —Solo se. —Por qué no? —No sé —respondí.. a final de cuentas. La dejé mirar la cosa y sacar sus propias conclusiones. después suspiró. Cierta ocasión.

—Tengo un metro y setenta y cinco... antes de responder: —Un metro y setenta y cinco. hallando gracia de sí mismo. cogí la almohadilla y el papel y dije a las mujeres. a la CIA. En la Medicina. Es mi tamaño. exactamente la persona correcta. de cualquier forma. Encontró mejor dejar de hablar. Miles. comprenda desde el inicio la importancia de este caso. la mujer la encontró. Después de una rápida búsqueda. hasta un escritorio. abrió otro cajón y saco una hoja de papel impreso. —Tengo un impulso terrible de.—No sé. a la Caballería. Pero. Lo que debe pesar también el cuerpo allá abajo.. —Ni con cualquiera otra persona. Después. cual es la altura del cuerpo allá abajo? Él me miró. sé que no se trata de un caso para la policía... Después. El problema mayor es que la persona con quien contacte.. cogió la almohadilla de tinta. rodando cuidadosamente.. sí.. —Jack. Tiene una almohadilla de tinta en casa? —Tenemos? —pregunto Jack. la misma complexión. a cualquier cosa así. aunque me escuche y me crea. Es. Tome su mano y comprimí los dedos sobre el papel. —Meneo la cabeza. —Una que? —Una almohadilla de tinta.. Y quiero que esa persona. desconcertado. —Tengo el mismo presentimiento. Creo que es la mente subconsciente en acción. con Becky atrás de mí. extendiéndola enseguida hacia mí. —Y cual es su peso? —Tengo sesenta y cinco kilos. volvió a mirarnos. hay ocasiones en que la solución o una pista para un caso desconcertante surge abruptamente de la nada. Jack —declaré. Jack caminó hasta allá. mirando a su esposa. —Miles. alguien que hará exactamente la peor cosa posible. Lo que sea que pueda ser. llamar directamente al Presidente en la Casa Blanca o al comandante del Ejército. Creo que acertó de lleno. —Jack alzo los hombros. Jack puso tinta en las puntas de sus dedos de la mano derecha. Obtuve así un conjunto de huellas digitales bastante nítidas. —Jack volteó la cabeza y se quedó mirando por la ventana por un momento. señalando con la cabeza en dirección a la puerta: —Quieren bajar también? . hagan exactamente lo que debe ser hecho. —Tenemos. puede ser exactamente la persona errada. uno cada vez. —Theodora levantó y atravesó la sala. de que el mundo debe saber. cual es su altura? —indagué. al FBI. —Exactamente? —Exactamente. Del tipo que se suele usar para los moldes de goma. el mismo peso. quienquiera que sea. sonriendo. sin cometer ningún error. la sonrisa se desvaneció. a la Guardia Nacional. —Lo comprendo.. por un momento. lo que estoy queriendo decir es que quiero que alguien. Pero no se parece especialmente a mí. con una sonrisa. en algún lugar. Por que? —En su opinión. notando que se estaba repitiendo. En el siguiente instante. o personas. Fui también hasta el escritorio. hasta que sepamos como resolver este caso. —Hay una aquí.

pero otra muy diferente. pero voy a descender. saque una impresión de todos. Esta noche usted irá a dormir. La levanté.. Porque una cosa es especular sobre un cuerpo que nunca estuvo vivo. pues Theodora estaba inclinada completamente hacia el frente y la ayudo a subir la escalera. Pero mis dedos temblaron y sólo sirvió para aumentar el balance. si cree que no va a resultar. Jack encendió la luz sobre la mesa de billar. El guarda foco continuó moviéndose en un pequeño arco. concentrándome en el trabajo. creo que voy a vomitar. allá abajo. No querían volver a ver aquel cuerpo en la mesa de billar. Le daré alguna cosa para que pueda dormir. quité la mano de encima del papel. Becky finalmente dijo: —No quiero. Rodando cada dedo. Y si no quisieran aceptar. inacabado. sólo cinco círculos sólidamente negros. con la luz derramándose por el borde de la mesa.Ellas se observaron. —Me incline al frente en el sofá. Sentados nuevamente en el salón. posándola sobre el papel blanco. Pasé la tinta en la extremidad de los cinco dedos. bajo la luz que se balanceaba. directamente debajo de las huellas de Jack. en la mesa. —Cual es la sugerencia? —No se olvide de que es sólo una sugerencia. Theodora hizo un gesto de estar de acuerdo. con los antebrazos apoyados en las rodillas.. De hora en hora. Cogí la mano derecha. Daba la impresión de que el cuerpo se estaba moviendo ligeramente. sin mirar hacia el rostro. Después... en blanco. —Me volví otra vez para Theodora. los dos salgan de aquí sin tardanza. No duerma ni por un instante siquiera. y me volví hacia Theodora. Todos estábamos profundamente sacudidos. —Y debo avisarle de que. absolutamente lisos. No había huellas digitales. Abajo. Becky soltó un gemido angustiado.. algo que afecta lo que pueda haber de primitivo en el fondo de nuestro cerebro. —Quede en silencio por un momento. Mucho menos yo. y todos nos inclinamos. Removí la tinta de los dedos de la mejor forma posible. es mejor ni intentarlo. —Tiene alguna idea? —La tengo. —Pero usted debe quedarse despierta. cuando vimos las huellas.. agrupados alrededor. después coloqué la hoja de papel con las huellas digitales de Jack encima de la mesa. —Pero es sólo una sugerencia. aún esperando por las huellas finales. nadie podría culparlos. . es ver confirmada la especulación. suba corriendo y despierte a Jack inmediatamente. Es un cuerpo vacío. —Que vamos a hacer? —indagó Jack. iluminando los ojos abiertos del cuerpo y dejando el cuerpo en la semi-oscuridad por un instante. pero tampoco querían quedarse solas. sacudí la cabeza y dije a Jack: —Usted encontró la manera apropiada de describirlo. Pueden ir hacia mi casa. al lado de la mano derecha del cuerpo. Sáquelo de la casa. mirando nuevamente a Jack. Su marido se volvió para sostenerla. sí. Theodora murmuró: —Jack. Si tuviera la impresión de que se esta llevando a cabo un cambio. La lámpara se estaba balanceando un poco y llevé la mano al guarda foco para detenerla. —Hice una pausa. quiero que descienda y dé un vistazo al cuerpo. si fuera capaz. Los dedos eran lisos como las mejillas de un bebé. esperando. antes de añadir: —Deje el cuerpo donde está.

Jack sonriendo ligeramente. ella me dijo en voz baja: —No hay una relación. Creo que sólo las personas que viven aquí es que deben quedarse en la casa. por cualquier forma. a través del parabrisas. Pero nadie habló otra cosa que ya no se hubiera dicho. mirando hacia la alfombra.Jack miró a Theodora por un momento y después dijo. avanzando por las calles desiertas. Cogí un Seconal en mi maleta y lo entregué a Jack informándolo que bastaría uno para que él durmiera tranquilamente. Miles? Entre este caso. —No podemos quedarnos con ella? —indagó Becky. creo que puedo aguantar. Después de mirar a Theodora. —Cual es tu opinión? Crees que haya alguna relación?—Si la hay? —Becky no me miró en la búsqueda de mi confirmación. pero ella estaba mirando fijamente para el frente. dijo: —Vamos a intentarlo. si quisieran. La mujer se mordió nerviosamente el labio. sin repetir la pregunta. Cuando nos detuvimos al lado del coche y ellos salieron. repetí a Theodora lo que ya había dicho acerca de despertar a Jack y dejar la casa inmediatamente.. Alrededor de la medianoche. ella bajó los ojos nuevamente para la alfombra. me miro primero y enseguida a Jack. a fin de confirmar la decisión de ella. aceptando. Ya en Mill Valley. Pero aunque nada suceda. tranquilamente: —Quiero que me digas si crees que vas a conseguir enfrentar eso.. pero si bastante. volviendo a mirar hacia la alfombra. un presentimiento. no un poco. fijándolos en Jack. Ambos entraron en el coche. —Como podría ser ese cambio? Comenzaría a parecerse a que? Nadie respondió. saludaron y se alejaron. camino de la casa de Becky. Becky y yo nos levantamos para irnos. a fin de recoger el coche de Jack que estaba en el aparcamiento del Cine. Es sólo una impresión. —Yo podría despertarlo en cualquier momento? —Claro que sí. —Pero creo que no. —Jack se despertaría sin ninguna dificultad? —Theodora me miró. Theodora ni dándose al trabajo de intentarlo. y el caso de Wilma? La mire rápido. Después. con la mayoría de las luces de la ciudad ya apagadas.. Pero creo que solamente Jack y Theodora deben quedarse en la casa. Jack asintió con la cabeza. Los dos pueden ir a mi casa a fin de pasar el resto de la noche. encogiéndome de hombros.. Theodora asintió. —Con tal de que pueda despertarte en cualquier momento. despiértelo si llegase a la conclusión de que ya no consigue aguantar. Después nos despedimos. Un mano en el rostro y se despertaría inmediatamente. Conversamos un poco más. limitándose a menear la cabeza como si tuviera la certeza absoluta. Después de un momento. volviendo a morderse el labio.. es decir. si el cuerpo en el sótano comenzara a alterarse. —Levantó los ojos. contemplando las luces de la ciudad en el pequeño valle allá abajo. —No sé —respondí. hasta que finalmente murmuró: —Creo que puedo hacerlo. Los Belicecs cogieron sus abrigos y fueron con nosotros. Y ni aún así estoy seguro de por qué digo eso. . No tengo la certeza si de otra forma podría funcionar..

. Miraba hacia la calle asfaltada iluminada por los faros. con la luz apagada.. . de que mi padre no es absolutamente mi padre! Lanzando una mirada horrorizada para el balcón de su casa.Después de un momento. Pero la chica no reaccionó ni dijo nada por casi unas calles. desesperadamente. añadió: —Ha habido otros casos como lo de Wilma? —Unos pocos. —Desde la mañana de ayer.. pretendía contarte una cosa esta noche. Becky dijo. Becky se cubrió el rostro con las manos y comenzó a llorar. después del cine.. manteniendo la voz tranquila. para después aumentar el ritmo y acabar diciendo las últimas palabras en una explosión de pánico: —.. —comenzó a decir lentamente. inmersa en sombras.. antes de continuar. aún mirando fijamente para el frente del parabrisas: —Miles. cuando el coche entró en la calle de ella y aproximé el coche al borde y me detuve delante de la casa. por la orilla del ojo. —Respiró hondo. Después. pero también la observaba. tengo la impresión .

con el rostro arrinconado en mi hombro. dentro de mi coche. Y durante todo ese tiempo continué sentado en el coche detenido. meneando la cabeza. el hombre siempre abraza la mujer firmemente y la deja llorar. De súbito. —Saco un pañuelo y comenzó a enjuagar las lágrimas. es hora de irme. Casi en la esquina. Sonreí y encendí el motor del coche. recordando mis pensamientos acerca de Becky al inicio de la noche. —Becky se sentó bien en el sillón del coche. Como si no fuera él mismo y. Después. —Buenas noches. la puerta del frente se abrió e inmediatamente se cerró. Estaba preocupado y asustado. delante de su casa. —No estoy asustada. Becky se ajustaba perfectamente a mis brazos. Después de lo que vimos aquella noche en el sótano de Jack Belicec. Y fue lo que hice. Con los destrozos de un matrimonio aún a mí alrededor. que me mostré como una persona normal. Estaba comenzando a descubrir que bastaba poner una mujer que me gustase en los brazos. atrás de ella. se inclinó y me besó rápidamente en la boca. estaba a gusto abrazando a Becky. un impulso protector. para comenzar a sentir una profunda ternura. Allí. Me quedé observándola. Ella no era exactamente una mujer mayor. porque no sabía que más hacer o decir. aunque disfrutase mucho de ella y a considerarla extremadamente atractiva. estaría por lo menos comenzando a encaminarme para algo que yo pretendía evitar por algún tiempo. bien. A final de cuentas. Así.CAPÍTULO 5 No puedo afirmar que tenga mucha experiencia con mujeres llorando. podía alejarla de mis pensamientos sin mayores dificultades. Sea como que sea.. necesitaba sólo tener cuidado y nada más. Miles. oyendo el sonido de sus zapatos en las lajas ásperas del camino. —Es como si papá estuviera enfermo.. —Ella recorrió apresuradamente el camino que llevaba al porche a oscuras. murmuré: —No quieres pasar la noche en mi casa? —La idea era súbita y espantosamente excitante. al final de la calle. Miles. sólo preocupada. después sus pasos leves subiendo los escalones. Telefonéame por la mañana. si Becky creía que su padre era un impostor que se parecía exactamente a su padre. grande y blanca. Desapareció en la oscuridad del porche. Pero. no estaba dispuesto a asumir ninguna relación más seria de momento. en la calle silenciosa y desierta. Por lo tanto. firme y afectuosamente. dejarla llorar un poco. en todas las historias que he leído. ella no era sólo una compañía agradable que por casualidad usaba falda. abrió la puerta del coche y salió. Un instante después. y comenzando a hurgar en su bolso. incluso en pánico. Apreté a Becky firmemente entre mis brazos y la dejé llorar. pero aún había lugar para apreciar la sensación caliente y viva del contacto de Becky. —No. Continué de frente. Becky me miro y me sonrió. por la . Cuando paro de llorar. no sabía que contestarle. a la luz débil de las estrellas. manteniendo la cabeza agachada para que no pudiera verle el rostro. pero tampoco era joven. Y después ese sentimiento se mezcla con sexo. Jamás oí hablar de un solo caso comprobado en que la actitud correcta y comprensiva haya sido la de distraer a la mujer con trucos de cartas o cosquillas en los pies. E invariablemente se verifica que es la actitud correcta y comprensiva a asumir. miré hacia la casa de Becky allá atrás. Si no se toma cuidado. contemplando su cuerpo espigado y atrayente. dejo escapar suspiros ocasionales. Comprendí que.

cuando el teléfono sonó. cogiendo la mano de ella entre las suyas. de inmediato. Era hasta posible que en aquel instante exacto ella estuviera observando mis faros. acostándola en la cama del cuarto de huéspedes y cubriéndola. hablé un poco más alto. Tenía la seguridad de que Jack estaba ahora durmiendo. Sentado en la orilla de la cama. Ya no aguantaba. sin saber que era yo. la lámpara de mi mesa de cabecera aún estaba encendida. Tal vez hasta las ocho o nueve de la . Había comenzado a leer. ya que la llamada era para un médico. No importa cuan cansado pueda estar por la noche. tal vez unos 20 minutos. Pero el aparato estaba mudo y colgué también. verifiqué automáticamente la hora.. En tiempos de mi padre. esforzándose por resistir al horror que estaba bajo sus pies. Aún en pijama. cuyo nombre él ciertamente conocería.ciudad durmiente. en una butaca que había allí. Apague la luz y estaba casi durmiendo nuevamente cuando oí pasos subiendo los escalones del porche. maravillosamente eficientes. una operadora nocturna. Cerca de dos horas después. pensando que no conseguiría dormir por algún tiempo. Sabía que había atendido al primer toque de la campanilla. Los ojos de Jack estaban furiosos. seguido. y se hallaba incapaz de hablar. por llamadas rápidas y frenéticas en el vidrio de la puerta. encender la luz y observar la cosa blanca como cera que estaba sobre el fieltro verde de la mesa. con todos finalmente. en la sala de billar… y acumulando coraje para descender allá abajo en breve. La imaginé tomando café. llamadas por teléfono en las noches.. podría informarle quien había llamado. sacudiendo el auricular. cansado. oí el toque brusco de la campanilla de la puerta. el rostro extremadamente pálido. Pero ahora tenemos teléfonos automáticos. acontecimientos y misterios. contemplando la ciudad. Pero el problema es que ningún sistema automático jamás podrá recordar donde esta el médico durante la noche. Eran los Belicecs. Probablemente habría sido la única luz encendida en la centralita telefónica a aquella hora de la noche y ella se acordaría perfectamente quien era. por la escalera hacia arriba. Jack se sentó en la orilla de la cama y se quedó observándola por un largo tiempo. siempre oigo y atiendo el teléfono rápidamente. me perdí en el sueño así que me acomode en la cama. Me quedé esperando. prácticamente cargándola. mirándola al rostro. Le apliqué una inyección de sodio-amital en la vena. Después. extremadamente impersonal. Al despertar. Pero. ahorrándonos un segundo entero o aún más en cada conexión que se hace. mujeres que me importunaban cuando solo quería estar solo con mis propios pensamientos. siempre más alto e inesperado por la noche. Theodora probablemente se hallaba en el salón en aquel momento. comencé a maldecir. pensando en los Belicecs. —Dígame? —hablé. Sacudí la cabeza y deliberadamente hablé en un tono normalmente alto: —Ella va a dormir por varias horas por lo menos. —Dígame? —Esta vez. inhumanamente perfecto. Hay ocasiones en que pienso que estamos refinando nuestras vidas para extirpar toda y cualquier clase de humanidad. eran las tres de la madrugada. Jack. Theodora tenía una expresión desvariada en los ojos. Al extender la mano para el teléfono. cuando un niño cae enfermo y necesita de él. Oí el auricular en el otro lado de la línea ser puesto bruscamente en el gancho. me senté en el otro lado del cuarto. hasta que Jack finalmente me miró. Pensé en levantarme pero no lo hice. Hablamos sólo las pocas palabras necesarias para llevar a Theodora. sueño interrumpido. metidos en su casa en la colina distante.

la cogí por la mano y comencé a llevarla por la escalera del sótano para el garaje y el coche. creo que ella me habría arañado todo el rostro con las uñas. Tengo la impresión de que la experiencia funcionó. comprimida contra mí. que mis padres habían comprado. Se quedó toda encogida en el asiento del coche.. Nos sentamos allí. mordiéndose el labio inferior dos o tres veces. desesperado: “Jack. siempre mirando al suelo. en voz baja. .. con muebles de mimbre. me miro.. y murmuraba incesantemente “Jack. se levantó y se encaminó hacia la puerta. en mi opinión. si no la hubiera soltado. Theodora no quiso llegar cerca del garaje y del sótano. angustiado. Jack comenzó a hablar: —Theodora me despertó. oh. Pero que vamos a hacer ahora? No sabía y no intenté fingir que sabía... Miles. en color gris. como si temiera que alguien pudiera oírla. en una especie de gemido. Jack. pintados de azul. Después de tomar algunos tragos. Jack asintió. Sabía que necesitaba sacar a Theodora de allá inmediatamente. aceptando mi información. Se quedó esperando en la carretera. —Me Desperté inmediatamente para descubrir que ella estaba histérica. —Jack me miró nuevamente. Aún así. Cuando volvió a hablar. ella no me dijo nada. con el rostro fruncido. estirando violentamente el brazo para soltarse. alfombrado de pared a pared. Jack”.. —no exactamente llamándome. Ella comenzó a luchar conmigo. Miles. con bebidas en las manos. Jack tomó otro trago y miró por una ventana de la sala. frenética. Por un largo momento. la voz tenía un tono inconfundible de amargura: —Conseguimos de hecho probar alguna cosa. —Jack levantó la cabeza. un poco de la huella más simple y más tranquila de otros tiempos. se quedó mirándome en silencio con una expresión sombría.. la oscuridad de la noche.. Me limité a menear la cabeza y murmuré: —Me gustaría darle un vistazo de nuevo a esa cosa. Y va a despertar hambrienta y estará perfectamente bien. Jack.. El salón de mi casa es grande. bien alejada de la casa. por algún tiempo más.” Sacudió la cabeza al recordar. Jack. Es un salón agradable que aún contiene. colgó el teléfono y comenzó a suplicarme. temblando. después se volvió bruscamente. —Jack sacudió la cabeza y su rostro se contrajo en una expresión de irritación. Jack. medio desvariada.mañana.. Sólo que no tuve tiempo de ir a verificarlo personalmente. antes de tomar otro trago. y permaneció sentado mirando a Theodora.. Así como usted. En el camino para acá. Después. Fui atrás de él. Es un hombre que generalmente escoge las palabras un tanto cuidadosamente. pasé el brazo por sus hombros. Theodora no me dijo nada. atravesando el cuarto hasta el teléfono. La escuche. Miles. empujándome por el hombro. Sólo me miró por un segundo. —Sin pensar. sacudiéndome por la camisa. —No sé con certeza lo que ella vio. —Pero puedo perfectamente imaginarlo. Le llamó a usted. pero sólo diciendo mi nombre. que la sacara inmediatamente de ahí. Jack y yo. uno a cada lado de la sala. Las paredes están pintadas de blanco y la sala aún está amueblada al mejor estilo de los años 30. con la expresión cada vez más desvariada.. Salimos entonces por la puerta del frente y descendimos los escalones externos. esperó por un segundo y no pudo continuar con eso. mientras sacaba el coche. Ella me movió con tanta fuerza que mis dientes chocaron. Yo estaba durmiendo todo vestido.

Imaginé estacionar el coche. al lado de la casa vacía y salir. atravesé la sala rápidamente. por otro lado. La campanilla en el otro lado de la línea comenzó a tocar y no pude dejar de sonreír.—A mi también me gustaría. Pensé en algo. en vez de tocar en aquella piel fría y sin vida que esperaba en la oscuridad. Pero no voy a dejar a Theodora sola en este momento. hasta que finalmente nos sea revelado el camino correcto! Miraba furiosamente a Jack. Pensé en ir en coche solo hasta la casa de Jack. O por lo menos no quería hacerlo solo. Y me sentí avergonzado. No quería ir hasta a la casa durante la noche. por el amor de Dios? —Estaba de hecho un poco histérico y sabía eso. Porque invariablemente que el teléfono suena muy tarde por la noche o por la madrugada significa algo serio. sin que yo atendiera. Y además de todo eso. Fue lo que sucedió conmigo en aquel momento. podría quedarse desesperada a un punto insoportable. Es posible. él se acaba acostumbrando. tal vez la necesidad de arrancar a un farmacéutico de la cama. Estaba encontrando en aquello un pequeño placer perverso. furioso: —Escuche! Lo que quiero saber es que vamos a hacer. Pensé en tropezar con la mesa y finalmente encontrar el cordón que encendía la luz suspendida. en un solo instante. en el silencio. y estuve de acuerdo y concuerdo plenamente! Pero que vamos a hacer? No podemos quedarse sentados de brazos cruzados para siempre. o hacer a un hospital entrar en acción. me di cuenta que estaba buscando disculpas. sabe que va a ser arrancado de la cama por el teléfono durante la noche tal vez por el resto de su vida. No respondí. guiñándole un ojo a Jack a fin de informarle de que estaba bien ahora. Me quedé súbitamente furioso conmigo. si descubriera la casa enteramente vacía. Y descargué mi rabia y vergüenza en Jack. asegurándonos de que no estamos cometiendo ningún error… —Usted ya dijo eso! Dijo exactamente esas mismas palabras en el inicio de la noche. En seguida. Pero. Cualquier cosa que se haga se presenta dos veces más difícil. reflexionar a través de una sucesión de pensamientos considerablemente larga. nunca se acostumbra. tenemos que comenzar a hacer algo inmediatamente! Por lo tanto. quedándome parado. aún es preciso esconder del paciente y de su . cogí el teléfono y marqué un número. las manos levantadas. ahora que teníamos que actuar. Jack habló muy despacio: —No sé. pero inmediatamente hice un esfuerzo para controlarme. Me imaginé encendiendo la luz y bajando los ojos para ver… lo que quiera que hubiera provocado la histeria de Theodora. diciéndome a mí mismo que no había que perder tiempo para ir hasta la casa. suena a personas temerosas que enfrentar. Me vi realmente en la sala de billar buscando en la oscuridad. bajándolas para que encontraran la mesa. avanzando a través del sótano oscuro tanteando en la pared a la búsqueda del desconocido interruptor de luz. mirándolo. hacer alguna cosa. y en verdad sucede con todo el mundo. Si ella se despertara y llamara. A pesar de saber lo que estaba extendido allí. Pero tenemos que actuar cuidadosamente. Cuando un medico general cuelga la placa en el frente de su consultorio. En aquel segundo o poco más. llegaba cada vez más cerca. Después. en la oscuridad. entraba por el garaje abierto. Me levanté bruscamente. que tiene que decir? Tiene alguna idea? Que vamos a hacer. Por tal manera. recordando el camino hasta la mesa. No quería hacer lo que había sugerido a Theodora que hiciera. a la escucha.

apenas consiguiendo abrir los ojos. imprimiendo a la voz un tono exageradamente solícito. —Sucedió algo y tengo que verlo inmediatamente. al invadirme la mente el terror. Estaba vestido con pantuflas y pijama. El aprende las cosas deprisa y no hay necesidad de repetir o explicar. Y tiene que ser aquí. Tenía un pensamiento fijo y era imposible hacer cualquier otra cosa sino actuar. —Escuche. mientras me encaminaba hacia la puerta. sentía que finalmente íbamos a llegar a algún lugar. En una emergencia en que se necesita de inteligencia o cualquier otra cosa. a veces. con sus cabellos negros despeinados. de vuelta a mi lugar y a la bebida. Así. Manfred Kaufman. Me sentí inmensamente aliviado. —Que diablo quiere. antes de colgar: —Está bien.. Y cuando él atendió. Confieso que me gustaría mucho ser un psicólogo. donde fue que aprendió tal lenguaje? —hablé. yo estaba sonriendo malignamente con la imagen mental del Dr. Lo más rápido posible. pero el tono de mi voz prometía que ya no habría bromas. Venga hacia mi casa lo más rápidamente que pueda.. todo encogido por dentro de miedo. Es de la mayor importancia. sabía que no tenía ningún segundo que perder y no podía actuar con la rapidez necesaria.familia sus propios temores y dudas nocturnas. metiendo los brazos por la mangas. Corrí para el vestíbulo y cogí la gabardina que había dejado encima de una silla. que deben ser calmados. Comencé a abrir la boca.. murmuré: —Mannie? —El mismo. porque todo depende ahora de usted y de nadie más. —Yo estaba sonriendo. El teléfono sonando por la noche no es nada divertido y. es imposible no quedarse resentido contra las ramas de la Medicina que nunca o raramente presentan llamados de emergencia. sólo para quedarme sentado escuchando.—Bueno. maldiciendo como un obrero. está bien. que cuando el teléfono finalmente dejo de sonar en el otro lado de la línea. a fin de hablar con Jack. usted es el médico. un peligro tan obvio y terrible que ya debería habérseme ocurrido mucho antes. Mannie es un hombre de una inteligencia extremadamente ágil. se quedó en silencio en el otro lado de la línea y después dijo simplemente. Mannie es el primer hombre que quiero a mi lado.. Ahora que él estaba en camino. Cogí el vaso y me preparé para sentarme. Mannie. . Miles? Le estoy avisando que voy a desconectar y dejar el auricular fuera del gancho se… —Está bien. empecé a sudar frío y me quedé paralizado por varios segundos. De pronto pensé en algo. sin tener la menor idea de quien podría estar telefoneando. Y ahora. volví a atravesar la sala. —hice una pausa. —Imagino que debe haber sido del subconsciente sórdido e insidioso de sus pacientes. cuando sucedió algo que la gente suele leer en los libros. pero raramente experimenta. cobrando setenta y cinco dólares por consulta. Nunca más tendría que recibir los terribles llamados nocturnos! Nada de operaciones delicadas! Ya no tendría que preocuparme con recetas de. mejorando mi vocabulario.. En un súbito instante. Doctor. —.. Pero tal cosa no había sucedido. Lo que había sucedido era bastante simple. Por sólo un instante. Finalmente. por casualidad lo desperté? Eso lo hizo despertarse bruscamente.

—Hijo de puta! La voz fue disminuyendo atrás de mí como un murmullo de frustración. tenía la impresión de que la acera me estorbaba. que parecían poblar la calle entera. . sin ningún motivo que pudiera explicar. llena de miedo y de rabia. Comencé a correr. No vi cosa alguna moviéndose por las calles. mientras mis piernas continuaban moviéndose automáticamente. estacionado junto al borde. descendí los escalones y me enfrente a la noche oscura. atravesé el jardín y llegue a la acera. no podía hacer otra cosa sino continuar corriendo de frente. retardando mi avance. De alguna forma. correr. Ya estaba con la mano en la puerta del coche.moverme. Dejé la acera y pasé a correr por en medio de las calles oscuras y desiertas de Mill Valley. cuando bruscamente abrí la puerta de la calle y salí corriendo. el asfalto brillo y después se iluminó. Simplemente no era posible volver para recogerlas. los únicos sonidos del mundo eran los de mis pies en el asfalto y de mi respiración jadeante. cuando me acordé que había dejado las llaves allá arriba. Los frenos sonaron abruptamente. neumáticos que derraparon en el asfalto. Parecía que no podía pensar. el cromado de la defensa rozo levemente mi gabardina. llevándome por la noche. tan deprisa como podía. todos los detalles de la superficie aparecieron a lo claridad de los faros de un coche que se aproximaba. directamente a la luz de los faros. Las casas en los dos lados se encontraban silenciosas y oscuras. Había olvidado enteramente a Jack y a Mannie. Un poco al frente. en el cruce. —Hijo de puta! —gritó una voz de hombre.

ancho y difuso. empujando hacia dentro con todas mis fuerzas. deslizándome de barriga por el pretil. Quedando de pie en el sótano. las columnas de madera de sustentación del sótano. retiré cuidadosamente los fragmentos quebrados. quebrándose. Estaban todas cerradas. me apoye en el vidrio de la primera ventana y empujé. pero aún sujetos en su lugar. además de eso. Lentamente. en que se podían ver restos de tierra. un arcon viejo. El tiempo pasaba y no encontraba lo que tenía la certeza estaba en algún lugar de aquel sótano. dejándolos en el pasto y aumentando el agujero. A cada instante miraba hacia las ventanas. primero los pies. Tampoco había nada entre los periódicos viejos o por detrás de la puerta de tela. si es que no era ya demasiado tarde. por el agujero del vidrio. tapando mi visión. temiendo avistar la primera claridad del amanecer. El tiempo continuaba transcurriendo y ya había escudriñado todo el sótano. Tan cuidadosamente como fue posible. El corazón latiendo fuerte parecía acumular toda la sangre por detrás de los globos oculares. Los otros pedazos quebrados estaban inclinados hacia dentro.CAPÍTULO 6 Apenas conseguía ver alguna cosa. Revise el arcon. el ruido aún era considerable. hasta cerciorarme de que no había nada. pasando por montones de periódicos viejos. Aviste una caja de carpintero. Fue entonces que descubrí un grupo de armarios altos. Comencé a entrar en pánico. traté de encenderla. un lavabo rajado. cubiertas por polvo y telarañas. fui retirando las tablas. una pila de caños de plomo sin uso. A la débil luz de las estrellas. Terminé de rodear la casa. las estanterías estaban ocupadas por floreros vacíos. Ni tampoco atrás del estante que descubrí. Comencé a revisar todas las ventanas del sótano de la casa de Becky. retire el pestillo y abrí la ventana. Mi respiración jadeante resonaba entre la pared de la casa de Becky y la casa de al lado. proyectándose por no más de un metro. No iluminaba gran cosa además de uno o dos pasos al frente. Ahora estaba comenzando a pensar. buscando entre las ropas viejas que allí estaban. Apunté la linterna para las vigas del techo. mientras resbalaba hacia abajo sentí el bulto de la linterna que siempre llevo en el abrigo. sentí que mis pies chocaban en el suelo. arrinconada en la pared de cemento. pero nada había en ellas. uno a uno. Finalmente. ruidosamente. Metí el brazo hasta el hombro. una fotografía de una multitud con Becky en la escuela secundaria. fui avanzando por aquel sótano oscuro y desconocido. Estaban expuestas. Un pedazo cayó hacia dentro. una puerta de tela oxidada. Pero no había nada bajo la caja además de las tablas. Estaban arrinconados en la pared del . Enrollé la orilla de la gabardina en torno al puño cerrado. aún así. un caballete todo quebrado y sucio de tinta. Se hallaba roto y levanté la tapa sin ninguna dificultad. con varias tablas de tamaños diversos apiladas debajo. Me arrastré hacia dentro. Necesitaba descubrirlo. pase el brazo por la apertura. El pecho comprimido contra el cemento. aumentando la presión hasta que el vidrio se rompió. El rayo de luz era débil. enmarcada y cubierta de polvo. Después. Ya no sabía donde buscar. en el suelo del sótano. usando las dos manos y corriendo después por el pasto para la siguiente. llena de herramientas y recortes de madera. cuando llegué a la casa de Becky. Los pedazos cayeron.

que me quedaba a no más que dos o tres centímetros del suelo. Bajo la piel. Pero. como en Becky. muy en medio de la cabeza. la imagen comenzaba a revelarse. Metía el papel en blanco en la solución. la barbilla y la región en torno a los ojos comenzando a volverse prominentes. Abrí la primera puerta. ensanchándose abruptamente en lo alto. Aquella cosa que allí estaba. igualmente atractiva. las mejillas. La nariz era angosta. que habían surgido en el rostro de Becky Driscoll a lo largo de los últimos años. Cerré los ojos con toda fuerza. ya podía comprender por qué Theodora Belicec estaba acostada en una cama en mi casa. si aquella nariz se ensanchara sólo una fracción más. Espero nunca más en mi vida ver algo tan terrible como aquellos ojos. extendiéndose en ondulaciones y formando un fleco en la cabeza. pero aún así. Creo que era realmente posible perder el juicio en un solo instante y tengo la impresión de que estuve muy cerca de eso. lenta y vagamente. sabía que la carne que estaba mirando. y después tenía que cerrar mis propios ojos. Las estanterías se encontraban vacías. balanceándolo lentamente de un lado para otro. aunque no totalmente. casi invisibles. Se podía apreciar que. era castaño y ondulado. venían formándose y desarrollando en las horas y minutos que habían transcurrido desde el inicio de la noche. la estructura ósea se estaba alterando.. pero no obstante perfectamente reconocible. El cabello. No eran también exactamente de la misma forma o precisamente de la misma tonalidad. Había observado a un hombre revelar una fotografía. un retrato que había tomado de un amigo común. extendiéndose por toda la anchura del sótano. drogada. Sólo conseguí contemplarlos por un segundo cada vez. fuerte y vigoroso. pero estaban aproximándose. en estado de shock. los brazos inmóviles a los lados. sabía que aquellos senos se habían elevado bajo la piel en ese plazo. Es imposible. Después. Abrí la puerta siguiente. los ojos cerrados. haciendo un tremendo esfuerzo para controlarme. aún no. Simplemente no era posible. quedaría un duplicado. A la luz débil de la linterna. indefinida.. por pura fuerza de voluntad. como el de Becky. los abrí y miré. a la difusa luz roja del laboratorio. En los lados de la boca estaban apareciendo las dos minúsculas arrugas de preocupación.. así como el hueso por adentro. comenzando por la parte alta de la cabeza.. . empolvadas. Eran casi tan grandes como los ojos de Becky. los labios se llenaron y asumieron su individualidad. Menos la última. Me quedé de rodillas al lado del cuerpo. del suelo al techo. Y allí estaba. manteniendo la mente lucida. la barbilla se había prolongado ligeramente. extendido de espaldas. tan perfecto como un molde de cera. de la nariz de Becky. lo que era horrible. extendida de espaldas sobre la estantería empolvada e iluminada por la débil claridad anaranjada de mi linterna. de la misma forma como la boca se ensanchó. era una Becky Driscoll inacabada. había pensado inicialmente que constituían parte de la propia pared y por eso no le di mayor atención. Los labios eran casi tan llenos y la boca. Ya se podía ver el inicio de un ángulo en la línea del cabello. en un estado de tranquilidad fría y artificial. arrodillado allí en aquel momento. el cabello había cambiado para aquella precisa tonalidad.fondo. que hueso y carne se formen perceptiblemente en un periodo no inferior a varias semanas. Las estanterías estaban llenas de alimentos en latas. aún en un niño. haciéndose más espeso y vigoroso. sobre las tablas de pino sin pintura. aún no del todo desarrollada. sugiriendo el fleco que Becky Driscoll usaba. Bajo aquel fluido incoloro. Ahora.

de lo que se volverían. silenciosamente. Sabia que una persona inconsciente que recupera los sentidos. inconcientemente. La percepción objetiva y el alerta constante de los ojos de Becky Driscoll estaban horriblemente parodiados y diluidos allí. Eso era todo lo que ya había sucedido a aquellos ojos. se podía no obstante divisar en aquellos impasibles ojos azules iluminados por la luz débil de mi linterna. Becky también tenía una pequeña marca de quemadura allí. de dos en dos los escalones. había estado reteniendo la respiración. sin hacer ningún ruido. aún débil. los ojos muestran sólo mínimos inicios apáticos de comprensión. comencé a girar la manija. Se puede decir de otra manera: allí. en un espasmo de terror y excitación. Había una cicatriz en el antebrazo izquierdo del cuerpo. Metí la cabeza dentro del cuarto.La expresión de aquellos ojos.. Atravesé el silencioso comedor. exactamente con los mismos detalles. Sacudí la cabeza bruscamente... bajo la débil claridad anaranjada de la linterna. pues. No había la menor posibilidad de determinar quién era. por encima del pulso. se hallaba la misma marca. Descubrí que era el padre de Becky. todo esbozado. Había allí diversas puertas. había un rostro medio formado. bruscamente. Una mancha oscura. Pero. con los brazos cruzados. y entré en la cocina. las primeras señales débiles muestras de retorno de la conciencia. tenía la certeza de que ella los poseía. El ruido resonó áspero en el silencioso sótano. cogiendo la manija. Apunté la linterna para uno de los lados del rostro y apreté el botón. al principio. informe. Lentamente. medio tambaleante. Probé la segunda puerta. Podía sentir más que oír el seguro saliendo del encaje en el umbral. Él se movió. apretándolo con firmeza. Allí. Solté un gemido y me doblé todo hacia el frente. algo igual a los de Becky Driscoll. Después. No estaba cerrada. con el tiempo. inmediatamente abajo de la rodilla derecha. con las piernas engarrotadas.. todo comenzado. Allí estaba un. nada complemente terminado. pero así misma reconocible en todas las formas. estaba extendida Becky Driscoll. rápidamente. Casi sollocé. todas cerradas. sin meter los pies. murmurando una palabra ininteligible. reposaba sobre la única almohada en una cama matrimonial. hasta el vestíbulo superior. alejando los ojos de la cosa. exactamente con idéntico formato. Entreabrí la puerta sólo una pequeña ranura y la fui empujando lentamente. Tenía que adivinar. comprimiendo el estómago con fuerza. sorbiendo el aire con avidez. el corazón hinchando y contrayéndose en proporciones incalculables. en un presentimiento súbito. Me acordaba perfectamente de lo forma. comencé a agitarme. la sangre congestionándose en las venas y por detrás de los ojos. Después entré en acción. Apague la linterna rápidamente. Aunque jamás había examinado personalmente de cerca tales señales en Becky. aún atenuado considerablemente. Llegue al salón. subí la escalera del sótano y empuje la puerta de la planta baja de la casa. esbozo preliminar para lo que seria una copia perfecta e impecable. incompleta. una cabeza. me dirigí hacia la escalera de balaustrada blanca y comencé a subir. con las sillas de respaldo recto en torno a la mesa delineadas contra las ventanas. . Y en el pulso de aquella cosa. Me levanté con gran esfuerzo. visto vagamente a través del agua.. casi imperceptible. porque se parecía vagamente a los contornos del continente sudamericano. sin embargo. en aquella estantería. el primer indicio. Había una señal en la cadera izquierda y una cicatriz blanca como una línea hecha a lápiz.. encendiéndola.

el rostro una duplicación más fuerte y más vigorosa de la parodia de rostro que yo había dejado en el sótano. Por un momento. con una sonrisa. Los brazos también se levantaron. gradualmente. pero no se despertó. Y murmuró. A decir verdad. deslizando los pies. parpadeó varias veces. enlazándome por el cuello. puse el otro brazo sobre las rodillas de Becky y la levanté. Avancé hasta la escalera. Era Becky. aún tambaleando. pero muy cansada. Rodee la cama en dos pasos y agarré el hombro de Becky. a las casas en la oscuridad y a los árboles por encima. presto a gritar con toda la fuerza de mis pulmones. la abrí sin ninguna vacilación y entré. Mannie Kaufman está en mi casa. tambaleándome un poco. yo estaba de pijama. como un caballero? Miles. con una sonrisa desconcertada. —Las cejas de ella se alzaron ligeramente. Becky soltó un gemido. Miles? No podías por lo menos pedirme. Dios. quite rápidamente la sabana. Un suspiro hondo subió por la garganta de Becky. fui colocando el seguro en su lugar. por encima de mi brazo. Estaba casi dispuesto a empujar las puertas. despertando a todo el mundo en la casa. Becky me miro atontada. para que no se me cayera. dando la impresión de que estaba drogada. con la cabeza descansando para atras. Después. como estoy cansada! —Becky estaba volteando la cabeza mientras hablaba. Di dos pasos rápidos para la puerta siguiente. así que lleguemos a mi casa. Después. Después. Bostezando. encendiendo rápidamente la linterna y avance pegado a la pared hasta descubrir quien estaba durmiendo allí. pero en la punta de los pies. con su cabeza aún pendiendo inerte. Uno de mis brazos la sujetaba. Oh. Y fue sólo entonces que ella abrió los ojos. cerré la puerta. soñadoramente: — No podías esperar. Ya no podía controlarme. La parte superior del cuerpo se quedó en una posición sentada. sus ojos se desanublaron un poco. Pasé el brazo por debajo de su hombro y la levanté. pase a Becky por encima de mi hombro. Como te sientes? —Estoy bien. Me coloque la linterna en la boca. acostada iluminada bajo el pequeño círculo de luz. tanteando cada paso. —Estás bien. así como los Belicecs. balbuceó: —Que pasa? Que está sucediendo. en la forma como los bomberos cargan a las personas que rescatan. que está sucediendo? —Me miro nuevamente. como un niño.pero de manera silenciosa. por debajo de la gabardina desabotonada. Estaba actuando demasiado despacio. nunca supe si hice mucho o poco ruido. Estás perfectamente segura. cogí la linterna con la otra mano y salí tambaleándome al vestíbulo. Miles? Que paso? —Te cuento después —murmuré. mirando a su alrededor. con los ojos aún cerrados. Después de recorrer una calle. —Miles. No esperé ni un instante más. mirando hacia el rostro de ella. La sacudí y ella refunfuñó ligeramente. finalmente que demonios estás haciendo? —Te lo explicaré dentro de poco. . mientras continuaba la marcha. — Por casualidad me estás raptando? Estás llevándome a tu cueva o algo así? —Bajó los ojos y vio que. presa entre los dientes. Llegué a la puerta del frente y dejé la casa. —No te preocupes. Fui caminando por la calle oscura y desierta. cogiendo la linterna con la otra mano. aventarlas ruidosamente contra las paredes. Descendí la escalera en la oscuridad. y yo profundicé la sonrisa. cargando alternadamente a Becky por encima del hombro y después entre mis brazos. enseguida irguió la cabeza.

Becky me miró en silencio por un momento, después se estremeció. El aire de la noche se hizo frío y su bata era de nylon Me apretó el cuello más firmemente y se apretujo entre mis brazos, cerrando los ojos. Y murmuró: —Es una pena... La mayor aventura de mi vida: raptada de mi propia cama por un hombre guapo, de pijama, cargada por las calles como una cautiva mujer de las cavernas. Pero, al final de todo, él tiene que buscar otras compañías. Abrió los ojos bruscamente y sonrió. Mis brazos me dolían horriblemente, la espalda parecía un gigantesco cuchillo comprimiéndose contra la espina. Apenas conseguía enderezar las rodillas después de cada paso. Era una terrible agonía. Y, sin embargo, no quería que terminara. Tener a Becky en los brazos era una sensación maravillosa, y yo estaba intensamente lleno de un calor especial en todos los puntos en que su cuerpo se arrinconaba contra el mío. Al aproximarme a la casa, descubrí que Mannie ya había llegado. Su coche estaba estacionado atrás del mió. En la baranda, puse a Becky en el suelo. Me quedé sin saber si conseguiría enderezarme sin que me rompiera en incontables fragmentos, como un vidrio quebrado. Pero lo conseguí y me quité la gabardina para entregárselo a ella, como ya debería haber hecho mucho antes. Simplemente el hecho no se me había ocurrido. Becky se puso la gabardina y lo abrochó, sonriendo. Después, entramos en casa. Mannie y Jack se encontraban en el salón. Se quedaron mirándonos, con las bocas entreabiertas de asombro. Becky sonrió y los saludó, como si estuviera llegando para el té de la tarde. Me comporté de manera igualmente relajada, deleitándome con las expresiones de Jack y Mannie. Dije a Becky que estaba un poco frío para que ella se quedase en bata y le dije donde podría encontrar un jeans azul que había encogido y se había hecho demasiado pequeño para mí, una camisa blanca limpia, medias de lana y un par de zapatos de lona. Ella asintió y subió para buscar las cosas. Avancé por el salón, en dirección de una butaca vacía, mirando a Mannie y Jack. —Es que de tarde en tarde me siento un tanto solitario —murmuré, encogiéndome de hombros. — Y cuando eso sucede, tengo que obtener compañía de cualquier manera. Mannie me miro con una expresión cansada. —La misma cosa? —pregunto él, sacudiendo la cabeza en dirección de la escalera por la cual Becky había acabado de subir. —Encontró otro en casa de ella? —Exactamente. —Me quedé nuevamente serio. —En el sótano. —Quiero verlos —dijo Mannie, levantándose. —Por lo menos a uno de ellos. En la casa de ella o en la de Jack. —Está bien —asentí. Es mejor que vayamos a la casa de Jack. El padre de Becky está en casa. Me voy a vestir. Allá arriba, en mi cuarto, Becky en el baño, a dos o tres pasos delante en el pasillo, ambos nos vestimos. Aún hablando bajo, daba para que conversáramos. Mientras vestía un pantalón, zapatos y medias, una camisa y un viejo suéter azul, le explique tan sucintamente cuanto fue posible, lo que ella ya había adivinado, que había sucedido en la casa de los Belicecs. Después, relaté también lo que descubrí en el sótano de su casa, sin entrar en detalles. Andaba con recelo de que eso pudiera tener un impacto adverso sobre Becky, pero ella reaccionó

bien a la noticia. Ambos vestidos, salimos hacia el pasillo. Becky me sonrió jovialmente. Estaba preciosa. El pantalón se había ajustado perfectamente a su cuerpo. Con las medias blancas de lana, zapatos de lona, las mangas de la camisa enrolladas, cuello abierto, parecía una chica de un anuncio de temporada vacacional. Sus ojos, podía percibir ahora, estaban brillantes y ansiosos, sin ningún vestigio de miedo. Comprendí que eso sucedía porque ella no había llegado a ver lo que yo había encontrado. Así, estaba más satisfecha y tranquila por la aventura que cualquiera otra cosa. —Vamos a ir a casa de Jack. Becky, quieres ir también? —Estaba listo para discutir, si ella aceptaba. Pero Becky sacudió la cabeza, rechazando. —No. Alguien tiene que quedarse aquí con Theodora. Todos ustedes pueden ir que yo cuidaré de ella. —Se dio la vuelta y camino al cuarto en que Theodora estaba, mientras yo descendía la escalera. Fuimos en mi coche, todos sentados en el asiento del frente. Después de algunas calles, Jack indagó: —Que piensa de todo esto, Mannie? Pero mi compañero sacudió la cabeza, mirando distraídamente al frente. —Aún no sé... simplemente no sé... Noté que al este, aunque aún fuera noche cerrada en el coche y en la calle al derredor, había en el cielo una insinuación del amanecer. Subimos por la carretera de tierra en marcha lenta, tomamos la última curva y descubrimos que todas las luces de la casa de Jack estaban encendidas. Por un instante, eso me asusto, pues esperaba que la casa estuviera totalmente a oscuras. Tuve una rápida imagen mental de un bulto medio vivo, enteramente desnudo, tambaleándose por la casa, con la mente vacía, encendiendo todas las luces. Sólo después de unos instantes comprendí que Jack y Theodora no se habían tomado el trabajo de apagar las luces cuando partieron. Me calmé un poco. Paré el coche delante del garaje abierto. En el tiempo que hubo transcurrido para venir desde mi casa hasta allí, el cielo había clareado. Podíamos ver ahora a nuestro alrededor, los contornos oscuros de los árboles contra el cielo del amanecer. Salimos del coche. En un pequeño círculo a mis pies, pude notar las irregularidades del terreno y los primeros vestigios de maleza aún grisácea. Las luces de la casa estaban comenzando a hacerse débiles y anaranjadas, a la claridad del amanecer. Ninguno de nosotros dijo alguna cosa. Entramos en el garaje en fila india, con Jack al frente, y el cuero de las suelas de sus zapatos resonando en el cemento. Pasamos hasta el sótano, vimos la puerta entreabierta de la sala de billar a sólo siete u ocho pasos al frente. La luz se encontraba encendida, exactamente como Theodora la había dejado. Jack cruzo por la puerta. Y de pronto se detuvo, tan abruptamente que Mannie choco contra él. En el instante siguiente, Jack empezó a avanzar, lentamente. Mannie y yo le seguimos atrás. No había ningún cuerpo encima de la mesa. Bajo la luz fuerte de la bombilla que pendía del techo había sólo el fieltro verde. En las orillas de la mesa se hallaba una pelusa cenicienta, que podría haberse desprendido de las vigas expuestas. Por un instante, Jack se quedó mirando hacia la mesa en silencio, asombrado con la boca

entreabierta. Después, se volvió hacia Mannie. Como si protestara, como si pidiera que le creyeran, y dijo:—Estaba allí, encima de la mesa! Mannie, estaba como inerte! El médico sonrió, sacudiendo la cabeza rápidamente.—Creo en usted, Jack. Todos le creemos. —Movió los hombros. —Y ahora alguien se lo llevó. Tal vez haya un misterio aquí… Vamos afuera. Creo que tengo algo que contarles.

absolutamente ninguna. —Extendió el brazo. hace una semana o diez días. las partículas subatómicas. posiblemente. No puedo decirlo con certeza. nos sentamos en el pasto. en Mill Valley. atravesando las colinas. está enteramente dentro de los límites de la experiencia humana. —La mente humana es una cosa extraña y maravillosa. Lo alto de los tejados aún estaban cenicientos. subiendo lentamente por el horizonte rumbo al Este. pensativo. a la corta o a la larga. —No me resta la más pequeña duda de que ustedes tienen un misterio en las manos. las ventanas anaranjadas se fueron haciendo más brillantes. —Ninguna. Un asesinato. Cuántas de esas cosas estarán allá abajo en la ciudad en este momento? Escondidas en lugares secretos? Mannie sonrió. Lo que quiera que sea. pero Mannie sacudió la cabeza vigorosamente. —No se trata exactamente de una ilusión común. No era una ilusión común. A pesar de eso. refrescando la memoria sobre determinadas cosas que debería haber recordado antes. de vuelta de llamados nocturnos. De quien era aquel cuerpo? Y donde está ahora? —Estábamos sentados a su izquierda y Mannie volvió la cabeza para observar nuestros rostros por un momento. pero sucede de tarde en tarde. Y un misterio real. antes de añadir: —Pero es un misterio completamente normal. delante de la casa de Jack.CAPÍTULO 7 Al borde de la carretera. mientras miraba hacia las casas que parecían de juguete allá abajo: —No quiero ni pensar al respecto. el universo. bajo el brillo del sol al inicio de la mañana. pero sí una impostora. No sé si algún día seré capaz de entenderla por sí mismo. al lado de mi coche. Aquí y allí. alguien formó una ilusión: una persona de su familia no era lo que parecía. se podía ver humo elevándose por el cielo. mientras el sol se iba desplazando. —Escuchen lo que tengo que decir! —con los antebrazos en las rodillas y las manos cruzadas. No intenten transformarlo en algo más además de eso. pero por toda la ciudad ya había ventanas emitiendo un brillo anaranjado. —Pasó distraídamente la mano por el principio de barba en su rostro bronceado. de una que otra chimenea. sacudiendo la cabeza. Mannie se quedó mirando la ciudad. mientras volvíamos bruscamente la cabeza para mirarlo. —Mannie se recostó en la rueda delantera de mi coche y nos sonrió. sin embargo. —Pero la semana pasada quedé desorientado. hablando más para sí mismo. Puedo probablemente comprender todo lo demás. —Pero estuve haciendo algunas lecturas últimamente. mirando a la ciudad en el valle allá abajo. —Y continuó sonriendo. Y generalmente tiene alguna noción de cómo tratarlo. reflejando los rayos casi horizontales del sol naciente. sin colores definidos. Menos a mi mismo. Mientras observábamos. —Allá abajo. Ya había contemplado la ciudad así incontables veces. mientras hablaba. Nunca antes había encontrado tal incidencia en toda mi carrera y confieso que quedé aturdido. Por casualidad oyeron hablar del Maníaco de Mattoon? Nos limitamos a sacudir la . Todo psiquiatra siempre acaba encontrándose con un caso de esos. Jack murmuró algo. señalando la ciudad en miniatura a lo lejos. Abrí la boca para protestar. solamente esta pequeña ciudad produjo una docena o más de casos en sólo una semana o poco más.

además de una unidad móvil de radio. coches patrullaban las calles. La vecina habia despertado alrededor de medianoche. con cada mujer en mal estado y parcialmente paralizada por un gas de olor horrible. una mujer telefoneó a la policía. que circulaba por la ciudad. en Mattoon. su cuarto estaba impregnado de un olor extraño y nauseabundo. Encontró a otra mujer parcialmente paralizada. Y cuando una docena o más de mujeres fueron atacadas de la misma forma. —No encontró nada malo en la mujer. Era una mujer. patrullando sus calles en turnos. La mujer fue llevada inmediatamente para el hospital y fue examinada por el médico. La segunda mujer también fue llevada rápidamente para el hospital y examinada. Despertó a tiempo de verlo delineado contra la ventana abierta del cuarto. estaba en la casa. — Mannie arrancó una hierba dañina. “El 2 de septiembre de 1944.cabeza y quedamos esperando. La mujer fue mandada de vuelta para su casa. Ella intentó levantarse. Descubrieron una puerta forzada. llenos de hombres armados de escopetas. la policía recibió un llamado. Pero antes de que se alejara. Su marido estaba trabajando. Una o dos noches después. Los vecinos se organizaban en grupos. Durante las noches. Era alto. Consiguió arrastrarse hasta el teléfono y grito a la vecina. la mujer tuvo la oportunidad de darle una buena mirada. Un médico. “Llegó una noche en que había ocho coches de la policía estatal en la ciudad. en las noches subsecuentes. soltó un grito y el hombre trató de huir. Hubo otro llamado. apenas consiguiendo hablar. en aquel periodo del año de 1944. preparado y de guardia se encontraba en el hospital metodista local. Algo sucedió allí que pueden encontrar descrito en detalles en los libros de Psicología. bombeado a su cuarto mientras dormía. tal vez con veinte mil habitantes. Illinois. Pero estaba claro que no había nadie allí. que luego llamo a la policía. antes de continuar: —Mattoon es una pequeña ciudad en Illinois. en medio de la noche. pues en una sola noche otras siete mujeres fueron víctimas de ataques con gas y quedaron parcialmente paralizadas. Tampoco había nada malo con ella. “Y llegó la noche en que una mujer vio el hombre. sonriendo. En aquella noche. En menos de un minuto. En aquella misma noche. Un maníaco. bastante delgado. Reporteros de los servicios informativos y de la mayoría de los periódicos de Chicago convergieron para la ciudad. “La policía estatal fue llamada para intervenir en el caso. cuando la policía llegó. —Mannie hizo una pausa. pero sus piernas estaban paralizadas. como los periódicos lo estaban llamando. estaba bombeando algo hacia dentro. Ella aspiro el gas. el hecho se repitió. poniéndose a quitar las hojas del tallo. Se pueden encontrar relatos de todo eso en los archivos de los periódicos. en el turno de la noche en una fábrica. Pero los ataques continuaban y el maníaco no fue descubierto. por la cual alguien podía haber entrado en la casa. uno de los coches de la policía. Alguien habia intentado matarla con gas venenoso. la policía recibió otro llamado. informando que había sufrido un ataque de gas del lunático. Absolutamente nada. la policía llegó a la conclusión de que tenía un psicópata por descubrir”. en otra parte de la ciudad. Mannie encajo una rodilla entre los dedos entrelazados. Alguien había intentado matar a su vecina con gas venenoso. Y esa rutina continuó sucediendo por el resto de la . “Los policías fueron al lugar a investigar. con algo que parecía una de esas bombas antiguas de insecticida. como siempre. estaba usando lo que parecía ser un pequeño gorro negro.

paró. —Histeria de masa. Sólo que de hecho sucedió. Esas cosas son difíciles de creer. Por que? Como paso? —Mannie se encogió de hombros. Illinois. No son pocas las personas que llevan vidas solitarias. La noticia se esparce. Mannie miraba a Jack. Becky y Miles.. Y aún tras eso. Pero Jack estaba sacudiendo la cabeza lentamente. antes de tener una oportunidad de explicarse. muertos o exhaustos. porque se volvió hacia mí y dijo. en septiembre. Alguien piensa que su marido. pueden llamarlo como quieran. La caza de hechiceras en Salem. en la facultad de Medicina usted debe haber leído sobre la Enfermedad del Baile. en mi rostro y en el de Jack..noche. —dijo inclinándose frente a mi. dejando a las personas espantadas. en Mattoon.. Tales ilusiones atraen atención y preocupación. Y lo mismo sucedería con Theodora. —No sé. Si hubiera descubierto el cuerpo hace un mes. Primero una persona. —Sacudió la cabeza. en un gesto de perplejidad. Duró un verano entero.. como sucedió en Mattoon. La enfermedad se esparció por toda Europa y ganó el nombre de Enfermedad del Baile. Imposible de creer. Y la cosa vuelve a suceder. Pero un mes más tarde. tía o tío es en verdad un impostor idéntico. cesó por completo. después cada hombre. es difícil de creer. Creo que Mannie percibió. Es una noticia extraña y excitante. Podemos dar nombres. un misterio desconcertante. por lo que recuerdo. las mujeres eran llevadas para el hospital y examinadas pocos minutos después. Es susurrada de persona a persona. fue justamente eso lo que sucedió en Mattoon. Jack. Los llamados llegaban. Es eso lo que lo está perturbando. posiblemente muy extraño. aquel mismo hombre con la bomba de insecticida podría tener los sesos desparramados. al principio medio secretamente. pero también perfectamente natural. ciertamente lo habría considerado por lo que era. insistiendo que no. —Mannie hizo . correctamente. — Mannie hizo una pausa. Pueden leer al respecto en su enciclopedia. auto-sugestión. Nunca lo había habido. —Miró hacia Jack y añadió: —Fue una cosa espantosa. Cualquiera que lo viera habría imaginado. hasta que caían. que se esparció por Europa hace cerca de doscientos años. —Vamos a suponer que en agosto de 1944. Mannie hizo otra pausa. hermano. pero no somos realmente capaces de comprender.. Y después. los llamados objetos voladores no identificados. Se va esparciendo cada vez más y casi todos los días surge un nuevo caso o varios. después otra. Todo lo que sabemos con certeza es que tales cosas pueden aún suceder. todo el mundo se interesa. contemplando atentamente nuestros rostros por un largo momento. Y Mannie añadió. después volvió a encogerse de hombros. Ciudades enteras comenzaron a bailar. un hombre saliera por las noches a la calle cargando una bomba de insecticida. todo forma parte de esa misma faceta desconcertante de la mente humana. sin saber lo que les había sucedido. pacientemente: —Miles.. tranquilamente: —El cuerpo era real. Y fue algo así que sucedió en Mill Valley. antes de añadir: —Los casos de aquella noche fueron los últimos que sucedieron en Mattoon. hasta que las testifiquemos. Creo que puede entender lo que estoy queriendo decir. —Ahí está. Jack? —Este asintió y Mannie continuó: —Ustedes lo vieron. La epidemia había acabado. una disposición obstinada de no aceptar las explicaciones de lo que él estaba diciendo. mujer y niño. observándonos. Pero eso es todo lo que hay en concreto. No había ningún maníaco. siendo enseguida mandadas de vuelta para sus casas. que el hombre iría a cuidar de sus rosas el día siguiente o algo parecido.

me acordé de como la puerta de la sala se abría bruscamente y dos hombres agarrados tambaleándose entraban al aula.. que estaba convencido de lo que encontraría. En la facultad de Medicina. un hombre de imaginación. —Usted es médico. —Usted es un escritor. Hubo quien viera hombres blancos. la apuntó hacia el otro y gritó: “Bam!” El otro hombre se llevó las manos a un lado del cuerpo. —Alzo los hombros. —Se encogió de hombros. Miles. encontró un cuerpo teniendo aproximadamente su altura y complexión. Exactamente como lo describió.una nueva pausa. algunos orientales o aún mujeres. Lo que ciertamente también sucedería conmigo. saco una banana del bolso. se saco del bolso una pequeña bandera americana. así como Miles. El profesor dijo: “Esta es una experiencia controlada. Miles. lo acabó encontrando. ” Al día siguiente. como era lógico. otros negros. lo vio oprimir contra un lado del cuerpo un pañuelo. como no podía dejar de suceder. Ahora. —Pero. una chica vio cinco. Yo me quedaría muy asustado si eso no hubiera sucedido. Theodora realmente lo vio. enseguida los dos salieron corriendo de la sala. la sacudió vigorosamente en la cara del primero. Yo lo sabía. Un hombre se zafo bruscamente. La mente humana está siempre buscando una relación de causa y efecto. Algunos estudiantes vieron tres hombres. Miles. al borde de la carretera. si viviera aquí. Está bajo la influencia de la ilusión de lo que pasa en Mill Valley. Lo vio tan nítidamente y tan absolutamente real como cualquier persona que ya vio alguna cosa. en el aula. Theodora y Becky.. lo que no es tan extraño. Prácticamente cualquier cosa o absolutamente nada habría producido el mismo efecto. leyó en voz alta los trabajos. lo que sucede frecuentemente. corriendo por las calles. y todos preferimos lo fantástico y emocionante a lo común y corriente como respuesta. el rostro es liso y sin arrugas. —Esta claro que usted vio algo. Mannie tenía razón. —Levantó la mano. cuando hice nuevamente la intención de hablar. Usted es un hombre de tamaño medio. En ese momento. ni aún parecidos. —Mannie frunció el rostro hacia mí. Miren. —Usted no vio nada.. dejándolo en mi mesa al salir de la sala. Mannie. asistí en cierta ocasión al aula de un profesor de Psicología. antes de añadir gentilmente: —Y usted. y ella misma se condiciono completamente y estaba lista para ver! Hice intención de hablar. Sólo que lo vio sólo en su mente. Cada uno debe tomar papel y lápiz y escribir un relato completo de lo que acaba de presenciar. otros cuatro. En la muerte. —Excepto tal vez una alfombra enrollada en un estante en la casa de Becky. la expresión era vacía. Su mente buscó rápidamente una conexión y llegó a la conclusión explicando los misterios en un abrir y cerrar de ojos. Además de eso. tan excitado. que rápidamente quedó manchado de sangre en el suelo. O un montón de leños o ropas sucias. Un estudiante vio un hombre apuñalado con la sangre brotando. Miles. usted se encontraba en tal estado. y Mannie sonrió irónicamente. —Exactamente lo que ella estaba esperando ver! Por que ella estaba despavorida por ver! Lo que ella estaba absolutamente convencida de ver. En los más pequeños detalles. ustedes dos la condicionaron. otra cosa también posible. Sabe algunas cosas sobre como ese tipo de proceso funciona. sentado allí. que buscó al . Eran veintitantos estudiantes y no había dos relatos iguales. en esas circunstancias.. con el caliente sol en mi rostro. Jack.

como Mannie habia dicho. Avancé rápidamente por en medio del jardín. O por lo menos algunas de ellas. Al volver. Entramos en el coche y volvimos para la ciudad. vuelva a la casa de Becky y. Fui el último en quedar de pie. Por eso. Pero íntimamente. Me paré delante de la ventana quebrada del sótano. Y eso será el fin de todo. lo cierto es que admitirán lo que las otras van a decirle: que la ilusión desapareció. Jack fue antes hasta su casa. que estábamos absolutamente convencidos de haber visto.dejar el papel en la mesa del profesor y salir de la sala. pero solamente en nuestras mentes. la calle brillaba por la claridad del nuevo día. mirándonos. lo que comenzó todo eso. Me detuve junto a la acera delante de la casa de Becky y salí. No vi a ninguna persona o algún movimiento en toda la calle. lo que pensaba habia visto en el sótano de la casa de Becky. y creo que eso se reflejo en mi rostro y en el de Jack. Había sólo un cuerpo. Esa ilusión acabará en Mill Valley. Otras continuaran. así como todas acaban. cuchillos y pañuelos manchados de sangre. en un estado mental sereno. Preferimos lo fantástico y emocionante. Y así en general. cosas diversas. Quieren más pruebas? Les puedo dar más. pasé . No vi a nadie. Miles. me pregunté ahora si Mannie no estaría en lo correcto. Jack sonrió. por simple rebeldía. —Es extremadamente valioso para mí y me gusta llevarlo siempre conmigo. Y fue muy extraño. Me metí rápidamente. como revólveres. apagando las luces. al hecho simple y común. así como acabó en Mattoon. Porque Mannie se levantó y quedó parado por varios segundos. no queriendo creer en Mannie. sentía intelectualmente que Mannie probablemente estaba en lo correcto. no escuche ningún ruido. para después decir suavemente: —Quieren una prueba? Pues voy a dárselas. buscando alguna explicación. Aún era muy temprano. que simplemente no comprenden como o por qué la idea entró en sus cabezas. nuestras mentes simplemente los habían excluido y sustituido por otras cosas más apropiadas. —Volvamos a mi casa y veamos lo que las mujeres pueden hacer para desayunar. referencias. Comprendí que estaba acumulando fuerzas para resistir. Es algo que también puedo garantizar. Miles. anotaciones. dejando el motor encendido. para que mis pies no hicieran ruido en el pasto. Trabajos en marcha. nítida y horriblemente real. traía bajo el brazo una carpeta del tipo acordeón. Y las personas que estaban convencidas. tales objetos no se ajustaban a la súbita y violenta escena que habia causado tanto impacto en nuestros sentidos. comenzaran a dudar. Y de hecho lo habíamos visto. Muy común aunque aún pudiera ver en mi mente. dividida en secciones. Es algo que les garantizo. Experimenté una sensación de desencanto. cada una llena de papeles. No hubo un solo relato que mencionara la bandera americana o la banana. No habrá más casos. —Es mi archivo. Pero emocionalmente aún era casi imposible de aceptar. Mannie sonrió. se levantó también y dijo: —Yo también. en la casa de Jack. cerrando y asegurando las puertas. así como acabó en Europa. miró al cielo ahora bastante azul y comentó: —Creo que tengo hambre. —Sonrió. vaya a verificar que no existe ningún cuerpo en aquel estante. Wilma Lentzs y otras. Por todo eso. una decepción profunda. mirando para las ventanas de las casas vecinas.

En el coche. La abrí y miré para la última estantería. exactamente como la había dejado. volví a la ventana y salí nuevamente al jardín. frascos vacíos de conservas. herramientas. encarándolo como un cuerpo. Me agaché al lado y la toque. pero preocupado. pero tenía la certeza de que no sería yo quien le explicaría... Miré a Jack y me encogí de hombros. por el suelo de concreto del sótano. Estaba tranquilo. Era el tipo de suciedad que se acumula en lugares así y que mis sentidos habían distorsionado. alejándome del borde. La puerta del armario se encontraba entreabierta.arrastrándome por la ventana y después fui caminando en la punta de los pies. como lo habia encontrado por la noche. No quería ser atrapado allí abajo y tener que explicar lo que estaba haciendo. en una especie de explosión histérica. con una sonrisa evasiva. que estaba vacía. cuando descubriera la ventana quebrada del sótano. Cerré el armario. volví la cabeza a Mannie. . Este se hallaba iluminado y silencioso. periódicos viejos. No quería estar allí un momento más del necesario. —Estaba usted en lo correcto. Abrí todas las puertas y no encontré cosa alguna que no debiera estar allí: había solamente alimentos en latas. La claridad que se filtraba por una ventana del sótano incidía sobre ella. No sabía lo que el padre de Becky pensaría. Sobre la estantería vacía de abajo había una capa espesa de polvo.

batiendo rítmicamente contra el vidrio. Theodora lo movía con una cuchara. mientras nosotros tres nos sentábamos a la mesa de la cocina. miró el reloj en la pared y se levantó. Mannie quería un Dr. trabajando mentalmente en lo que este escribiendo. evitando las murmuraciones. por lo que pienso. tomando café con Becky. Jack le sonrió por encima de la taza. El sol ayudaba. Comentó que apenas tendría tiempo de llegar a su casa. angustia o alegría. Las dos mujeres encendieron el fuego y comenzaron a calentar la sartén. Jack la beso tiernamente. mientras la otra aún está en casa. mientras comíamos vorazmente. estábamos un poco animados. Jack corrió hacia ella. riendo mucho. Continuamos en el mismo tema. felicidad. Uno de ellos podría vagabundear por la casa como siempre. El ruido de la cuchara de metal. y nos sonrió por encima del hombro de Jack. Después. Theodora ya había despertado. cambiarse de ropa e ir para el consultorio y esperar el primero de . casi como si hubiera habido alguna señal. Debían haber sentido. En verdad. era extremadamente agradable. Con los ojos brillantes. Theodora aún estaba cansada y tenía ojeras profundas. Después. casi embriagados. por nuestra actitud. Comente que también podría aprovechar un doble de Miles Bennell para conseguir ponerme al corriente en dormir. sólo intentando. Al poco Mannie se limpio la boca con la servilleta. Las mujeres tampoco hicieron preguntas. no hablamos sobre la noche anterior —por lo menos no en serio —o sobre lo que Jack. cuando llegamos a casa. estaba sentada a la mesa de la cocina. debidamente sola en la cama. Fue extraño. el desayuno fue bastante divertido. dio un paso hacia atrás. que todo estaba bien. afeitarse. Tal vez el nuevo Jack pudiera saber realmente como escribir. Becky quebró varios huevos en una batidora. haciendo bromas. Mannie y yo también la miramos. todos comenzamos a hablar. Pero la expresión era ahora serena. tomar un baño. El jamón comenzó a freírse en la sartén. abriendo armarios y la heladera. —Me gusta la idea de una Becky siendo cargada secretamente por las calles de jersey. Theodora dijo: —Estuve pensando en lo que sucedió y llegué a la conclusión de que podría aprovechar perfectamente a un duplicado de Jack. y los dos quedaron abrazados por un largo tiempo. —Tal vez mereciera la pena —dije él. Becky nos sirvió café. amarillo y caliente. Por un consentimiento tácito. con los ojos felices y aliviados por verla así. Tras la noche que todos pasáramos. repleto de las promesas de la mañana. en una reacción lógica a todo lo que habia sucedido. a fin de contemplarla. Se levantó cuando entramos.CAPÍTULO 8 El animal humano no se limita a una dieta exclusiva de cualquier emoción: miedo. entraba por las ventanas y por la puerta de la cocina. Kaufman escuchando a los pacientes. La comida estaba sabrosa y conversamos sin parar. —No me queda la más pequeña duda de que hay algunas ventajas —concordó Becky. —Hay ocasiones en que pienso que cualquier cambio en mí sería una mejoría. sin oír una sola palabra de lo que digo. Mannie y yo acabábamos de hacer. haciendo todas las bromas posibles. y tal vez otro tuviera tiempo para conversar conmigo e incluso ayudarme a lavar la vajilla de tarde en tarde. mientras el otro jugaba tenis. horror. en vez de quedarse golpeando la cabeza contra un muro de piedra.

si hubiera un solo lugar en la región para usarlas. otros parecían mas recientes. como la propia noticia insinúa. algunos ya amarillos por el tiempo. Empujando para un lado los platos frente a el. mirando en cada sección de la carpeta del tipo acordeón: —Soy una especie de ardilla. Theodora miraba por encima de la taza de café. Era una noticia de una columna. Alabama: “Cualquier pescador de esta ciudad de cuatro mil habitantes tuvo cebos en abundancia esta mañana. Contaba la historia de un hombre que había sido totalmente consumido por el fuego. atractiva. Medio sonreí. Las ropas que usaba. con los ojos de la mente. que aceptaba la explicación de Mannie. abierta por el cuello. —son determinadas noticias de periódico. que me sonrió y dijo: —Un absurdo.. sentada a mi lado. fue hasta el salón y volvió con la carpeta de papeles que había traído de su casa. fue a sentarse y dijo. Y eso era todo lo que había en la noticia.. con . pero pude notar. en una hacienda en Idaho. sucinta y objetivamente. Se despidió de todos.sus pacientes. Lo acompañé hasta la puerta del frente. los labios contraídos en una expresión de serena obstinación. puso los recortes en la mesa. mientras se la llevaba a la boca. Un coleccionista de diversas cosas. Mientras tomaba el mío. cariñosa. me dijo que tenia la intención de presentar una cuenta enorme. y aún podía ver. Era excitante verla con mi camisa.” La pequeña nota —leí el resto en voz alta —informaba que una lluvia de pequeñas arañas había caído sobre la ciudad.. decía el título. Cogió otro recorte y me lo entregó. después que conversamos con Mannie. ni siquiera quedado chamuscadas... animada. Después. Y una de las cosas que guarde. no es así? Especialmente. cobrando las tasas habituales. —saco un puñado de recortes de una de las secciones de la carpeta. Becky parecía estar muy bien. El título era el siguiente: Hombre quemado hasta la muerte con las ropas intactas. El tono de la noticia era ligeramente irónico y no sugería ninguna explicación para el fenómeno. me recosté en la silla y le conté a Theodora y a Becky. lo que no habíamos encontrado —en los sótanos de Jack y Becky. medio fruncí el rostro a Jack.. nosotros cuatro tomamos algunas tazas más de café. dio una mirada al título y después me lo entregó. por el alivio en sus ojos. otros un poco largos. y lo que Mannie nos había dicho allá en la carretera. No le era posible creer que no había visto lo que estaba segura de haber visto. siempre sonriendo. si es que no el doble. durante varios minutos la noche anterior. Jack se levantó. cuando terminé el relato: Theodora simplemente sacudió la cabeza. con cuatro o cinco centímetros de altura. Miré a Jack. de origen indeterminado. Becky no hizo ningún comentario.°C para quemar un cuerpo. una docena o más.. sin saber realmente por que. lo que habíamos encontrado —o mejor. como el del hombre encontrado. lo que habia sucedido. Decidí traerlas para acá. No había ningún indicio de daños causados por el fuego ni tampoco manchas de humo en la casa. Sabía que ella estaba pensando en su padre. haciendo ruido en los tejados y ventanas como si fuera lluvia de verdad. sin embargo. Sonriendo. Arañas llueven en Alabama. Lo levanté para que Becky también pudiera leer. Cogiendo un recorte al azar. Anoche.. no habían sido afectadas. una lluvia de pequeñas arañas. despachada de Edgeville... la mayoría pequeñas. sin tener la más pequeña idea de lo que significaba todo aquello. El médico legista local había declarado que era necesario un calor de por lo menos 1000. Ya esperaba lo que sucedió. porque no había ningún lugar de donde las arañas pudieran haber llegado.

excepto lo que es universalmente aceptado — Deteniendo su andar. en el momento en que el coche de policía y la ambulancia se retiraban. cogió una migaja y se la llevó a la boca. Imagino que nada puede conquistar un lugar en lo que nuestra masa de conocimiento acepta. que alguna cosa que no comprendemos pueda haber ocurrido. Como si alguna cosa cayera hacia arriba. habló la voz al teléfono. comentando: —Lo que es una estupidez. Y decía: “Sigan inmediatamente para el cruce de San Pablo con la McDonald Avenue”. O auto-sugestión.. es siempre descartado con el desprecio automático habitual. de desden afectuoso. Pero es claro que eso no sucede. El continuó. Jack extendió la mano para el tostador. Bruce quedó gravemente herido. “El expreso de Santa Fe acaba de golpear un camión y un hombre está gravemente herido.” La policía rápidamente envió una radiopatrulla y una ambulancia al lugar. Jack sonrió. van y vienen. Cosas que simplemente no se ajustan con la gran masa de conocimiento que la raza humana adquirió gradualmente a lo largo de miles de años. El tren aún no había pasado por allí. pero se pueden descubrir otros miles. —Nuevamente reinicio su caminata lentamente por la cocina grande y antigua. sonriendo.. ni siquiera por un momento. estaba cruzando la vía férrea en aquel momento exacto. —hizo una pausa. en vez de caer hacia abajo. —Hay por lo menos unos doscientos casos extraños que coleccione en pocos años. 7 de mayo (AP). sin mostrar daño en sus ropas. Un camión de entrega. aquí y allí. Como creo que la mayoría de las esposas hace. Sufrió lesión cerebral y tenía el pecho aplastado.. No había ningún accidente. estaba la referencia: New York Post. aún las más sensatas. dejando el recorte encima de la mesa.una expresión divertida. de 44 años. Que cosas son esas? —indaga la actitud científica. como una disculpa de las excentricidades de sus maridos. en el cual todos nos basamos. —Jack se levantó y comenzó a pasear muy despacio por la cocina. —Creo que eso es natural. Escrito a lápiz. en el margen del recorte. suceden de verdad. con cualquier convicción auténtica de sus maridos. pasan a ser pura coincidencia. Miles . El título impreso era el siguiente: Y allá estaba la ambulancia. Pero llego. Era un despacho de Richmond. Hipnosis de masa. señalando con la cabeza a los recortes en la mesa —. Cosas en contradicción directa con lo que sabemos es verdadero. Jack se volvió para la mesa. diciendo. como las mujeres acostumbran exhibir delante de las personas. dirigido por Randolph Bruce. personas quemadas hasta la muerte. No da para entender como la raza humana consigue aprender . de todas partes. —Jack sacudió la cabeza. O cuando todas las posibilidades se agotan. no pasan de ilusión óptica. Histeria. — Creo que prueban por lo menos lo siguiente: que cosas extrañas suceden. en el mundo entero. —Tengo dos docenas de noticias así. sin ningún prejuicio. Theodora aceptó aquella y la hizo suya también. A donde quiere llegar.. excepto lo que posiblemente sucedió. Hubo el choque. Nada.. —Las cosas deben ser siempre explicadas? O desdeñadas someramente? O simplemente ignoradas? Porque es eso lo que siempre sucede. Habían leído un absurdo mayor alguna vez? Pero aquí hay de otra especie. —No se debe nunca admitir. Ese tipo de sucesos.. California. Cualquier cosa. Jack? —pregunte. —A donde quiere llegar. —Deberíamos considerar todos los fenómenos imparcialmente.

por ejemplo. para siempre! —Por un momento Jack me quedó mirando con una expresión furiosa. y empujé uno en dirección de él. con un: “Disculpe. No la excluí. Miles. —Este de New York Post. Tal vez hasta el noventa y nueve por ciento. Por algún tiempo.. Lo que Mannie dice tiene sentido. Se trataba de un pequeño recorte del Mill Valley Record y no decía muchas cosas. Algunos son ciertamente embustes. —Tal vez deba ser así —comenté... Miles de personas la leyeron. a excepción de unos pocos coleccionistas de curiosidades como yo. Un siglo resistiendo al conocimiento de que la Tierra gira en torno al sol. bajó la voz y dije suavemente: —Pero aún resta en mi mente un insignificante uno por ciento de duda. Y ahora. intrigados e interesados momentáneamente. como todos los otros acontecimientos extraños y sin mayor importancia que no se ajustan enteramente a lo que pensamos que sabemos. simples errores de juicio o visión. para después sonreír. Jack? —indague. era citado como negando un comentario que el periódico le había atribuido el día anterior. al azar. Todos quedamos espantados con el hecho. hay muchas mentiras aquí. acerca de algunos “objetos misteriosos” encontrados en ciertos pastizales fuera de los límites de la ciudad. —Pero no debería ser así. —Cogió uno. Y probablemente casi todos los otros son distorsiones. —sacudí la cabeza para los otros recortes —. Esa disculpa también pertenece a la colección. porque nos molesta tener que revaluar nuestras concepciones de lo que es posible. Pero que diablos. Había estado examinando los recortes al azar mientras Jack hablaba. acerca del resto? —Claro. —El fin de una de sus pequeñas curiosidades. —Jack sonrió y volvió a sentarse a la mesa. tranquilamente.cualquier cosa nueva. El Record se retractaba al final de la noticia. New York Post es un periódico que existe de verdad. profesor de Botánica y Biología del Marin College. Cojamos cualquiera de esos recortes. Eran descritos como inmensas vainas de semillas. Y él explicó lo que sucedió casi satisfactoriamente. Budlong negaba ahora haber declarado que “venían del espacio exterior”. de alguna especie. Tengo el buen juicio suficiente para saber de eso. permanentemente. —Dé una mirada a eso. —Lleva mucho tiempo —concordó Jack.. —Fueron necesarios centenares de años para aceptar que el mundo es redondo. Y es justamente por eso que está ahí. con una disculpa escondida en el grueso del periódico del día siguiente. gentilmente. No hace a la gente que piense dos veces. Miles. Profesor!” —Lo ve. la mayoría. por lo se. Es lo que siempre sucede en esos casos. —Tal vez deba serlo. Después. en el pasado. presente o futuro! No se puede explicar todas esas noticias extrañas. —Miles. No se trata de ficción. —Levantó un puñado de recortes y después los arrojo de nuevo sobre la mesa. Bernard Budlong. eso no pasa con todos. inclusive yo. Jack nos quedó mirando en silencio. después tratamos de alejarlo de la mente. —Será que Mannie tiene razón? Lo que sucedió anoche debe ser explicado también con alguna generalización? —Se alzo de hombros. exageraciones. . Detestamos enfrentar nuevos hechos o constatarlos. Pero por casualidad exigimos que nuestra masa de conocimientos fuera reevaluada por incluir esta ocurrencia pequeña y extraña? Por casualidad fue lo que hice? No. está olvidado e ignorado por el mundo. Esta pequeña noticia fue de hecho publicada en el Post y ciertamente en muchos otros periódicos de todo el país. Lo que es siempre desagradable. L.

que asintió. —Si quieres. —Tu también debes quedarte aquí. muchas gracias. —Altere la voz: —Las huellas digitales en blanco! Mannie cree que se trata simplemente de un cuerpo común. pero sonreí también. Y dile la verdad. —Absoluta. diciendo con voz alta y estridente: —No puedo volver allá. el miedo volvió a invadir sus ojos. —Las huellas digitales. Becky —dije. debido al pensamiento que acababa de ocurrírseme. Miles. después de examinar atentamente mi rostro por un momento. Traiga su máquina de escribir. las lágrimas escurrían por las mejillas de Theodora. Trabaje aquí. Tal vez sea mejor quedarnos aquí.. Becky —dijo ella. . —Tengo que ir trabajar. la voz de ella se hizo aún más alta. Y donde te vas a quedar tú? Sentí que me ponia rojo. y repitió: —Con Theodora y Jack. —Está bien. Theodora. Miles. Me siento muy solo en esta casa y siempre tengo ganas de tener compañía con quién conversar. enseguida. —Pero. Tras un momento.. sus ojos nuevamente estaban dominados por el miedo. — No sé por qué. Puede quedarse aquí. Jack frunció el rostro por un momento. Gracias. aturdida. No es necesario decirle más además de eso. El rostro de ella estaba pálido. Es una casa bastante grande. Será una especie de fiesta prolongándose por varios días. Que algo dejó a Theodora profundamente trastornada y ella va a pasar algunos días aquí y necesita de ti. Theodora miró desde el hombro de Jack y ahora estaba sonriendo también. sonriendo: —Ambos pueden quedarse aquí.. —Estaba pensando en mi padre. —Los dos se volvieron hacia mí y añadí. Jack! No puedo poner los pies en esa casa! Cuando Jack también se levantó. por uno o dos días. pero sonrió ligeramente al oír el comentario. Jack miró a Theodora. conseguí hablar tranquilamente: —Entonces no vuelva a casa. . suplicante. Los ojos de la mujer estaban brillantes. —murmuré. en el siguiente instante. Jack. Pero desde cuando los hombres comunes no tienen absolutamente ninguna huella digital? Theodora se estaba levantando en ese instante. puedes decirle también que tengo en mente algunos planes que tu no podrás resistir.. algo me hizo añadir: —Con Theodora y Jack. Adoraría la compañía de ustedes. —Sonreí y añadí. a fin de cambiarme para ir al consultorio. Escojan un cuarto cualquiera y se instalan. —Sé lo que vi! Él se estaba transformando en ti. Pero tú puedes ignorarme. —Miré el reloj en la pared. con las manos apoyándose en la orilla de la mesa.. —Y subí. Jack se volvió nuevamente hacia mí.Yo miraba a Jack y podía sentir un escalofrió subirme lentamente por la espalda. Jack! Y cuando Jack la abrazó. Hagan de cuenta que la casa es de ustedes. Puede ser divertido. —Telefonéale. —Aquí mismo. —Por lo menos por algunos días. —Tiene la seguridad de que quiere eso? —pregunto Jack. —Esta bien.

en el camino. Pero decidimos. donde podría verla más de lo que normalmente sucedía en la semana. alejándome enseguida. estaba quedando envuelto con otra y que. para recoger algunas ropas. increíblemente. afeitándome. innegablemente. para mi bien y el de ella. sin condiciones de asumir ninguna responsabilidad adulta. Siempre hablo conmigo aún cuando este afeitándome.. Demasiado simpática. no tenía huellas digitales. Jack debería decir que había encontrado el cuerpo la noche anterior y no por la mañana. —Eres indudablemente un charlatán y posees una personalidad de Don Juan. imposiblemente. El no había podido pensar en nada más que brindar los cuidados necesarios a su esposa. Jack fue al centro conmigo en el coche. Lo que no puedes es volver a casarte. Que Jack había vuelto a su casa. el jefe de policía local.. habiendo fracasado con una mujer. encogiéndome de hombros y haciendo una mueca. y Jack salio del coche. es verdad que puedes casarte con cualquier mujer. Ambos lo conocíamos muy bien. No quería a Becky Driscoll viviendo en mi casa. y sabía que era un hecho que la explicación de Mannie no podía cubrir. Por eso. que posteriormente había desaparecido. Un pseudo. Sonriendo. Así Grivett atribuiría todo. Jack sonrió también con la sugerencia. al hecho de que Jack era un literato sin ningún espíritu práctico. Emocionalmente inestable. Una parte de mi mente estaba aprensiva con el hecho de lo que habíamos acabado de recordar en la cocina: que el cuerpo en el sótano de Jack. de pie delante del espejo del baño. Básicamente inseguro. si mencionara eso. Deje de hablar abruptamente y terminé de afeitarme con el sentimiento incomodo de que. pero no había más que él pudiera hacer. antes de telefonear a la policía. para continuar rasurándome.Estaba más irritado que asustado. . Eres un hombre débil. Y habría descubierto entonces que el cuerpo había desaparecido. inclinándome en dirección del espejo. En mi caso. Ella era muy atractiva. por todo lo que sabía. Paramos delante de la comisaría. —Cree que debo omitir también el detalle de las huellas digitales. Por qué Jack no había telefoneado a la policía anoche? Convenimos que él alegaría que Theodora se había puesto histérica. Becky debería quedarse en cualquier otro lugar pero no bajo mi techo. que él comunicaría los hechos sin entrar en detalles. De cualquier forma. tenía que comunicar el hecho a la policía. sugerí a Jack que se comportara de manera aturdida y distraída. Finalmente. pero su expresión inmediatamente volvió a ponerse seria. No nos habíamos acordado de eso antes. Un chupador de pulgar en potencia. Eso es un problema. Podría perfectamente haber sucedido así. Le sonreí en despedida. —Sonreí e intenté pensar en algo más. Jack había encontrado un cuerpo en su casa. convenimos en alterar un poco la secuencia de tiempo. estaba molesto. Pero principalmente. Un pozo de inmadurez. había una pequeña tardanza en la explicación. —Grivett mandaría ingresarlo en un manicomio. llevándola a un médico. Previmos que Grivett reclamaría bastante. Y dije al rostro reflejado en el espejo: —Eres un hombre guapo. Aún con esa alteración. no era gracioso pero si verdadero que. No podíamos explicar la tardanza en comunicar lo ocurrido. diría que Theodora había sufrido un shock muy grande y por eso estaban hospedados en mi casa. cuando hable con Grivett? — No tiene otro remedio —respondí. para hablar con Nick Crivett.

Pero no decía donde se podría tratar y tuve la impresión de que a nadie le importaba si el local era o no alquilado. en la noche anterior. —Estaba sentada en salón. al comunicarme que su ilusión se había disipado. siempre hablando. Una mujer de mi club habló al respecto. ella de repente “recupero el juicio”. el globo de una lámpara se encontraba quebrado. Preocupación. una tonta a causa de eso. La apariencia de la Calle Throckmorton me deprimió. en una calle transversal. llena de ansiedad y cruzando las manos nerviosamente sobre su bolsa —cuando súbitamente miré para el otro lado de la sala. conforme había sugerido. era el. hacia mucho tiempo que no recibía una pulida. leyendo —dije ella. aunque era sólo una impresión. antes de continuar: —Y tuve la certeza de que era él. Finalmente me contó lo que el Dr. pude constatar. ya que había llegado más temprano de lo que era habitual. aturdida y feliz. mi marido. Era la Sra. —Sacudió la cabeza. Parecía llena de basuras y se veía miserable al sol de la mañana. asentir y sonreír.. mientras recorría la calle y media hasta el consultorio. Los pedazos de una botella de vino quebrada estaban esparcidos a la entrada de mi edificio. —Esta claro que ya había oído hablar de otro caso igual al mió.CAPÍTULO 9 Pero la verdad es que no tenía una disposición de las mejores cuando estacioné el coche. el no había sido capaz de ayudarla. Las vitrinas se hallaban inmundas y había un cartel de Se Alquila pintado de cualquier manera apoyado en el vidrio. Y me siento terriblemente mal. Me dije a mí mismo. hasta que conseguí sacarla del consultorio. como los dueños de las tiendas generalmente hacían por la mañana. Dijo que ya había varios casos en la ciudad. Informó que había conversado con el Dr. Seeley continuaría hablando hasta el final de la tarde. lo que le había respondido. Seeley hablaba y me trajo la relación de las . Seeley. duda y miedo me atormentaban la mente. miraba el mundo con ojos de miedo y preocupación. inexplicadamente.. no consigo entender lo que sucedió la semana pasada. de verdad. en un plazo que atendía a la conveniencias. Pero. De un lado a otro de la calle. estaba sonriendo. poco más allá del área del parquímetro. Él estaba mirando la televisión. Por eso. repitiéndose interminablemente. Kaufman había dicho. Mi enfermera había llegado mientras la Sra. Una paciente estaba esperando. la Sra. No tenía cita. Me censure vigorosamente. Ahora. Dr. Si la hubiera dejado. pero la atendí asimismo. que no había una sola persona limpiando sus vitrinas. Me limité a escuchar. Y el Dr. La placa de latón fijada en el granito gris del edificio estaba sucia. —Se recostó en la silla. Kaufman la semana anterior. Lamentablemente. rebosando de alivio. una lata de basura en la calzada estaba rodando. Es decir. aun era él. Kaufman me explicó que el simple hecho de oír hablar de esos casos. A solo unas puertas del edificio en que quedaba mi consultorio había una tienda vacía. La calle parecía extrañamente desierta. cuando se tiene que diagnosticar y tratar pacientes. la mujer de 40 años que me había buscado la semana anterior para decirme que su marido no era su marido. cuando me detuve por un momento para observar. que era una consecuencia de la depresión en que me encontraba. cuando entré en el consultorio. No puedo imaginar lo que me sucedió. Bennell. No se puede permitir ningún sentimiento. cerca del consultorio.

exactamente como tu dijiste. el nombre de una de las tres madres de alumnas de la escuela secundaria que me habían buscado la semana anterior.. Y si él estuviera en lo correcto acerca de todo lo que había sucedido —la tentación de creer era muy fuerte —podría simplemente dejar que el miedo en mi mente se desvaneciera. un tanto forzadamente. pero. Este había aceptado rápidamente las disculpas. Mannie había explicado nuestra visión de la noche anterior y hoy cada paciente con quien conversaba trataba de mencionar inmediatamente el nombre de él entre extasiada y agradecida. demostrando plena comprensión de lo que había sucedido. Inmediatamente. La visión o lo que quiera que haya sido. La hora de ella era a las tres y media de la tarde. La madre añadió que los compañeros habían hasta admirado la capacidad de las niñas de hacer una buena broma. Di una mirada a la relación y encontré. Mannie explicó.. después que colgué.. Las niñas estaban bien ahora y gustando más que nunca del profesor de Inglés. Mannie. de forma horrible e imposible. como ya estaba esperando. Todo lo que Mannie previera estaba siendo confirmado. . un embuste colegial. Así que ella atendió. estoy terriblemente apenada. me hice una pregunta: iba a permitir que nada más la ausencia de huellas digitales en aquel cuerpo en el sótano de Jack mantuviera todas mis dudas y los problemas vivos y sin solución? Una imagen se delineo en mi mente y allí perduro por un momento. todas angustiadas y frenéticas. Las niñas habían estado de acuerdo y todos aceptaron la explicación. sin ninguna ayuda. Kaufman le había explicado como una situación así puede fácilmente afectar a una persona. comenzó a decirme lo que ya sabía que iba a oír. Me dije aún irritado. inmóvil. Y le dije que volveríamos a encontrarnos otro día.. Miles. pude ver aquellas huellas digitales. lo que sucedió.. era todo lo que oía y pensaba. que había una docena de explicaciones perfectamente posibles y naturales. si quisiera darme al trabajo de buscarlas. Tuve la impresión de que siempre era muy cauteloso. durante un minuto entero.. ha desapareció y. indague displicentemente cómo se estaba sintiendo los últimos días. Contrariado. Y Becky podría volver para su casa aquella misma noche. la nitidez de esa imagen mental se rompió y se desvaneció. la madre ya no estaba preocupada. Ahora. La interrumpí para decirle que comprendía perfectamente lo que había sucedido. casi con rabia. Mannie. Parecía que. Y ella había presentado la sensata sugerencia de que las niñas simplemente explicaran a sus compañeros que todo no pasaba de una broma. Miles. y añadió: —Es verdad que Mannie me ayudo bastante.. No sé realmente lo que sucedió o como te puedo explicar. Mannie. intensa. Antes aún de sentarse. El Dr. Hablé en voz alta: —Mannie tiene razón. Luego que la feliz madre se retiró. — Rió. cogí el teléfono y llame a Wilma Lentz. nítida. que ella no debía estar preocupada o sentirse mal. Mannie había resuelto todo rápidamente. En el instante siguiente. pensé en el Mannie Kaufman que siempre había conocido. Por un momento.. en la tienda. esforzándome en pensar fría y sensatamente. pero innegablemente lisas como el rostro de un bebé. particularmente a niñas adolescentes. Quedé sentado. Hubo una pausa antes que ella respondiera: —Estaba pensando en hacerte una visita a tu consultorio para hablar sobre. que sólo olvidara. ella estaba sonriendo. con el teléfono aun en la mano. Cuando la enfermera la introdujo en mi consultorio.consultas del día. solo. últimamente. Más de una vez. pensé súbitamente.

el ruido de la máquina de escribir de Jack. a fin de dormir en su propia cama. uno de los mejores sonidos que conozco. —Jack. Le pregunte políticamente: —Te importaría subir conmigo en este momento para ser seducida? —Me encantaría —murmuró Becky. Sacudí la cabeza vigorosamente. tras pasar por el hospital. por qué no me dijiste cosas tan . Estaba en lo correcto y nosotros nos habíamos comportado tonta e histéricamente. sonriendo. De algún lugar. El sol de otoño del fin de la tarde entraba inclinado por las ventanas. No pude dejar de sonreírle. Las dos me miraron. para borrar la idea. La casa parecía nuevamente viva. de cielo muy azul. Quité la mano del teléfono sobre la mesa. con frecuentes silencios de puro gusto. tomando café. Podía oír. con o sin huellas digitales. de percepciones excepcionales. pude oír. me dije —insistí conmigo aún —que él era exactamente lo que siempre fuera. al final de la calle. Becky estaba sentada cerca de mí. ocupada por personas con quienes me sentía a gusto. Los pajarillos cantaban. un hombre extremadamente inteligente. Nos quedamos sentados allí. Estaban poniendo la cena en las anchas rejas de madera de la baranda. la temperatura era más amena.tardándose en dar opiniones definitivas. todos los pequeños ruidos de un mundo normal moviéndose en su rutina cotidiana. como normalmente hacía. —Pero que cosas mas bellas! —comentó Theodora. la confirmación de lo que Mannie había explicado: la fuerza increíble de la ilusión que se instalara en Mill Valley. hablaba y se comportaba. tomando un trago de café —sólo que en este momento tengo demasiada hambre. Después sonreí. en la baranda. Abruptamente. Jack descendió y cenamos en la propia baranda. Quitándome el sombrero mentalmente por Mannie Kaufman. Aparentemente.. en medio de las actividades rutinarias. usando delantales que habían encontrado en algún lugar de la casa. bastante caliente para aquella época del año. Estaba usando uno de esos vestidos ligeros y elegantes que parecen impersonales. Becky había ido hasta su casa y cogido algunas ropas. Me sentí maravillosamente bien. Al cerrar la puerta del coche. psiquiatra eminente. Sabía que disfrutábamos de uno de esos momentos maravillosos que la gente nunca más olvida. conversando sobre asuntos sin importancia. comiendo emparedados de jamón y tomate. no era absolutamente el mismo Mannie.. Había sido un día claro. Aún había alguna claridad. sólo parecía. allá encima a través de una ventana abierta. al punto correcto. Detuve el coche frente a mi casa alrededor de las ocho de la noche. que se agitaban y suspiraban de placer. a la claridad del sol a mí alrededor. Allí estaba otra prueba de cómo él estaba en lo correcto. tristemente. Pero ahora. en la calle allá abajo. Soplaba una brisa suave y perfumada y se podían oír las hojas de los árboles inmensos y antiguos que bordeaban la calle. cuando el crepúsculo avanzaba. pero transforman a las mujeres bonitas en deslumbrantes. No había ninguna razón sensata para que Becky Driscoll no regresara a la casa a que pertenecía aquella misma noche. en confortables sillas de mimbre o en el balancín. en el balancín. la noción me surgió en la mente como una explosión: aquel no era el Mannie que siempre había conocido. La cena estaba lista. Y ahora lo que había sucedido la noche anterior había perdido toda su forma. y vi a Theodora y a Becky en la baranda. venía el ruidoso y distante traquetear de un cortador de pasto.

—No. Me dije que merecía pasar algún tiempo a solas con Becky. Becky tal vez deseara volver a su casa inmediatamente. de cualquier manera. Becky y yo también les deseamos buenas noches.. Finalmente.. No dije nada para detenerlos. hablando en voz baja. no me importaba. si lo hiciera.beso mal de ese lado... V oy a acostarme.. Me parecía que había insistido con Jack que debería también acostarse temprano con un poco de vehemencia. exhausta como hace mucho tiempo no me sentía. —Miró a su marido y dijo. Da la impresión de que algo no está correcto. —hice una breve pausa. Sentí que mi rostro se estaba poniendo colorado al oír eso. sin ninguna prisa. tiro el resto al pasto y se levantó de la reja de la baranda. Lo que tenía que decirles. Quería aquel beso. Sin embargo. cuando me estabas enamorando? —No tuve valor —respondió él. Podría informarles en aquel instante lo que había sucedido en mi consultorio durante el día. La atraje. estaba un poco cansado de hacerla al monje. pasando el brazo por el espacio vacío en el lado derecho —. Becky sonrió y se volvió hacia mí. inclinándome un poco en su dirección. Es mejor que nos vayamos a acostar. podía esperar hasta la mañana siguiente. Pero. Jack? Creo que también debes irte a dormir. inclinándola ligeramente hacia atrás. tuve la certeza de que nadie lo noto. Acomode los brazos en torno a ella de la manera correcta. en vez de a la derecha? —No. Bese a Becky. No tenía la certeza si Theodora estaba cansada o simplemente quería dar una de Cupido. Y lo ansiaba mucho. Es cómo intentar escribir con la mano izquierda.agradables. hasta que ambos quedamos unidos. cambiando ligeramente de posición. Y fui aumentando la intensidad del beso. Simplemente no consigo besar bien. esta vez a mi izquierda. sonriendo —. era más . Entiendes lo que estoy queriendo decir. Más tarde. Mi corazón súbitamente latió fuerte. —Tomó un último trago de café. —Porque. —hice una demostración. despidiéndose de los dos: —Hasta mañana. —Pero por que? Becky se sentó nuevamente en el balancín. No había ningún peligro. —Te importaría levantarte y sentarte a mi izquierda. es incomodo para mí. a no ser que la mujer este a mi izquierda. Jack la miro por un instante y después asintió. firmemente: —No vienes conmigo. Oímos los pasos llegar al piso de arriba y me volví a Becky. —Estoy muerta de cansancio. y la abraze. —Tiene razón. ya que más tarde la llevaría a casa.. lenta y suavemente. Quedamos observando a los Belicecs entrar en la casa y después los oímos subiendo la escalera. Me incliné al frente de ella para dejar la taza en la reja de la baranda. esbozando una sonrisa. —Se levantó con una sonrisa desconcertada. Y me dije a mí mismo que por lo menos merecía pasar algún tiempo con ella. la presión de mis brazos apretándola. dando una mordida en un emparedado. Abruptamente. podía sentir la presión de la sangre en las venas.. Levanté el brazo para el respaldo del balancín. Al poco tiempo Theodora termino de comer y se levantó. no entiendo —respondió ella. —Podrías acorralarme y exigirme casamiento. Pero como ya estaba bastante oscuro. —Es que una mujer a mi derecha.. Buenas noches para los dos. podría contarle lo que había sucedido en mi consultorio durante el día.

De repente. tuve que describir para mí. Poseían un formato arredondeado. llamándome. sentía la presión de su cuerpo pegado a mí. Miles! De prisa! —Era Jack. esos balones de materia vegetal seca. se extendía una membrana castaña. a fin de examinarlas más atentamente. Sabía que llevaría a esa mujer conmigo allá a la cima. Pero Jack pasó por la escalera y entró en el pasillo. creadas por la naturaleza sólo para rodar por el desierto. impacientemente: —El recorte que usted leyó esta mañana. —Miles! —La voz sonó más alta y pase los ojos por la baranda. en toda mi vida. Por un momento más. extremadamente ligero. Jack abrió la puerta por la mitad y proyectó la luz de la linterna por el suelo. enteramente aturdido. Finalmente llegué a la conclusión de que las cosas parecían ser cuatro vainas gigantescas. en el verano pasado. Mirando atentamente. No conseguía respirar. blandos y fuertes. un susurro ronco de hombre partiendo no sé de donde. desesperadamente. Sabía que alguna cosa había sucedido con Theodora. —Miles! —Oí el sonido. había sido lavado y cerrado desde hacia mucho tiempo. vainas gigantescas. Pero aquellas vainas estaban cerradas. Después. enmarañado. mi mente aún se empeñaba en intentar definir las cosas. Nunca. estaba atravesando la baranda apresuradamente. encontradas en algún lugar al oeste de la ciudad. desde que mi padre había instalado la instalación de gas. refiriéndose a un profesor cualquiera. hice la cabeza para atrás. Tenía la sensación de que era incapaz de pensar. ya no me importaba más lo que pudiera suceder. impulsados por el viento. El depósito quedaba en una esquina del sótano. intentando resolver el enigma de aquello. parado del otro lado de la puerta de tela. No conseguí entender muy bien lo que estaba viendo. De cierta forma. que cerraban enteramente las inmensas vainas. después siguiendo a Jack por el salón en dirección de la escalera. Abrió la puerta del sótano y encendió la linterna. Atravesamos el sótano. Jack levantó la tranca de madera de la puerta del viejo depósito de carbón. A la luz de la linterna en movimiento. en el color y en la textura. Mire. mirando rápido. Entre las hebras. Y después volví a besarla. y él añadió. Se habían roto en diversos puntos. por todos los nervios y venas de mi cuerpo. Mi mano bajó. se había derramado parcialmente por el suelo una sustancia grisácea. Jack abrió toda la puerta del depósito de carbón. Era un ovalo de claridad en el suelo. ya no era usado mas. había experimentado algo así. pareciendo una hoja de roble muerta. vimos algo más y entramos en el depósito y nos agachamos a un lado de las cosas en el suelo. continuó mirándome fijamente.que agradable. En el instante siguiente. . Hablaba de vainas. pareciendo extremadamente resistentes. Del interior de las inmensas semillas. aislado del resto por una pared de madera que llegaba hasta el techo. Estaba vacío ahora. parecida a una pelusa. —Venga aquí. el cuero de las suelas de los zapatos rechino en la polvo del suelo. Bruscamente. era una explosión silenciosa en mi mente. si pudiera. tirado allí en el concreto. sin decir nada. sentía mis manos comprimidas contra su espalda. tal vez de un metro de diámetro. aquellas vainas gigantescas me acordaban un tumbleweed1. deteniéndose un instante después. Miles. Sentía claramente los labios de ella. agarrando el muslo de Becky. hasta que asentí. Descendí tras él. Eso fue solo una parte de lo que vi. un poco de lo que estaba viendo. reseca. Note que las superficies estaban constituidas de una red de hebras amarillas.

con la boca entreabierta. marchitándose un poco cada vez. comenzaba a adquirir una forma. el color claro en las extremidades. La masa enmarañada que parecía pelo de caballo grisáceo a nuestros pies estaba lentamente brotando de las vainas membranosas. brazos y piernas en miniatura. una pelusa gris estaba volviéndose blanca. surgían depresiones en la cabeza. no había como negarlo. Y así como una nube inmóvil. con dedos estirados. esparciéndose. en los puntos más distantes de las vainas.. casi un remedo de una cabeza. En cierta ocasión vi una muñeca hecha por un primitivo pueblo sudamericano. Y fue el tiempo suficiente para constatar que las masas en que sobresalían cabeza y miembros iban aumentando. otra depresión podía ser la boca. No tardó mucho en que se hicieran tan grandes como bebés. la enmarañada sustancia se estaba comprimiendo. cuerpo. proyectándose rígidamente. Jack y yo volvimos la cabeza a la vez y nos miramos a los ojos. En las extremidades de los brazos. infinitamente lenta. con las piernas un poco . Las hebras se estiraban y alineaban. blanquear. El entrelazamiento. sabiendo ambos perfectamente lo que veríamos dentro de poco tiempo. y gradualmente iban haciéndose menos toscos. imperceptiblemente cambia de forma mientras la observamos.. Las vainas se iban encogiendo incesante y lentamente. vacilante. En las extremidades. Ahora. inmóviles. un cuerpo. en un cielo sin viento. como si el contacto con el aire le estuviera modificando algo a su memoria. aturdidos y espantados. comenzando a adquirir una forma. el alargamiento y el alineamiento de las hebras al blanquear continuaban. mientras la sustancia gris continuaba extendiéndose.. como el sonido de una frágil hoja siendo partida por la mitad. con voz ronca. Era de juncos flexibles. Nos levantamos bruscamente. —Los cuerpos vacíos —murmuró Jack.. Pero fue el tiempo suficiente para notar que la sustancia gris continuaba derramándose. como una niebla densa. se estaban delineando las formas de pequeñas manos. lentamente. las masas en forma de muñecos en el suelo se hicieron… más que unos meros muñecos. doblados ahora por los codos. como lava en movimiento. Fue el tiempo suficiente para ver la sustancia gris. contemplando. era algo que estábamos viendo claramente. como vacilantes aproximaciones de las órbitas de los ojos. brazos y piernas.. de las inmensas vainas en el suelo de concreto. Ahora.. e igualmente inconfundibles. tras entrar en contacto con el aire.. —Es así como ellos surgen! Es así como ellos crecen! No podíamos continuar observando más. toscamente entrelazados y amarrados en determinados puntos. las superficies castañas y membranosas de las gigantescas vainas se rompían silenciosamente. Es difícil decir por cuánto tiempo nos quedamos agachados allí. Y. a la luz más próxima de la linterna de Jack. una saliente recordaba una nariz.Cada vaina se había roto en cuatro o cinco lugares y una parte de la sustancia que las llenaba estaba esparciéndose por el suelo. Quedamos observando. Como de tarde en tarde. vimos algo extraño. Las vainas que habían contenido la sustancia se estaban encogiendo y rompiéndose en fragmentos. en una débil aproximación. pero perceptible. para formar la cabeza. Eran tan toscos como la muñeca que viera. lo que estaba sucediendo. mientras el flujo semejante al de lava de la sustancia con que estaban rellenas continuaba derramándose..

andando y esperando. enteramente desprovistas de huellas digitales. Las marañas de hebras pegajosas que los componían estaban ahora perfectamente unidas. violencia y corrupción de una ciudad. El proceso imposible allá dentro estaba casi terminado. Es así como la cosa funciona. completamente aturdidos. . levanté la mano de él y miré. Becky tiene que quedarse aquí. Los ojos recorrieron frenéticamente por doquier. enteramente blancas. El cuerpo humano esta formado de ochenta por ciento de agua. tanto como éramos capaces. parecían casi agradables de verse. en búsqueda de la normalidad. aturdido a las puntas de sus dedos: redondeadas. volvimos a la puerta abierta del depósito de carbón. aún irregulares como velludo cortes. sin ninguna marca. Caminamos por el sótano. a la luz de la linterna de Jack. parecían comprensivas y normales. Tras algún tiempo. dos más para Theodora y Becky. las superficies ininterrumpidas. otra cosa me pasó por la cabeza: Ahora. sin decir nada. un polvo casi imperceptible.rígidas por estar agachados por mucho tiempo. Sabíamos que había un cuerpo para cada uno de nosotros: uno para mí. lentamente. Las titulares y fotografías. pensé. había ahora cuatro cuerpos. que incidía sobre la primera página de un antiguo número del San Francisco Chronicle. pero alisándose incesantemente. Y nos fijamos simplemente en un montón de viejos periódicos. casi listos para recibir las impresiones finales. Caminamos por el sótano. y nos quedamos mirándolos. —El peso —murmuró Jack. — Absorben agua del aire. tan grandes como los de los adultos. Y dos pensamientos se me ocurrieron simultáneamente: Ellos deben ser destruidos. Eran cuatro cuerpos blancos. con los rostros lisos y vacíos. empeñándose en mantener la cordura a través de las palabras. Las inmensas vainas destrozadas estaban esparcidas ahora por el suelo en pequeños fragmentos. levantando la cabeza a fin de mirar a Jack. Agachándome al lado del cuerpo más próximo. saliendo del depósito de carbón. a la vez. otro para Jack. con los pensamientos confusos y aturdidos. deteniéndonos a ratos. lisas. En lugar de ellas. de asesinato. Ellos absorben agua del aire.

sarampiones. Enfoque el rayo de luz entre azulado y blanco en la pared. Conocía a muchos de ellos. las sombras indistintas y prolongadas de los hilos telefónicos se balanceaban para un lado y otro de la calle desierta. descansando en la oscuridad. difterias. Desde la infancia. exactamente como habían sido traídos de su consultorio. proyecté la luz de la linterna bajo la cama. con las pestañas curvadas hacia abajo y reposando sobre su rostro. Me descubrí pensando cómo sería reconfortante acostarme a su lado por un minuto. para resguardarlos del polvo. Los labios estaban ligeramente entreabiertos. destacándose nítidamente a la claridad de las lámparas. Contemplé Mill Valley. En el suelo. con sus diplomas enmarcados apilados por encima. un poco por encima de la cabeza de Becky. la sentí moverse en el sueño. sobre el pavimento. En aquel archivo se hallaban los registros de resfriados. caminando silenciosamente por el pasillo del segundo piso. siempre habían cuidado impecablemente de su casa. su respiración era regular. Podía ver también la baranda de los Greesons. A La luz de la linterna. Había jugado allí con Dot Greeson. extendiéndose por la oscuridad. sólo en medias. a lo largo de dos generaciones. La reja de la comprimida baranda estaba inclinada hacia adentro y necesitaba urgentemente de una pintura. sentir el calor de su cuerpo cerca de mí. Me detuve delante de la puerta del cuarto de Becky. las heridas y tejidos que mi padre había tratado con tanto desvelo. La mitad de los pacientes relacionados en aquellos archivos estaba ahora muertas. por debajo de las lámparas de la calle. canceres. La abrí sin hacer ruido. No entendía como ellos podían haber dejado que llegara a aquel estado. y por tercera vez desde la medianoche. la cerca blanca de madera en torno a la casa de Blaine Smith. Fui hasta la ventana junto a la cual acostumbraba sentarme y quedarme leyendo.CAPÍTULO 10 Eran las 2:21 de la madrugada. Aquella ciudad. así como había hecho con todos los otros aposentos de la casa. abrí el armario y lo examiné también. Pero volví al el pasillo y me encamine a la escalera del sótano. acostada allí. Vi también el archivo de madera de mi padre. colgados en un pedazo de tubo y cubiertos con un plástico. Becky estaba linda. aprovechando la noche para dormir. exploré cada palmo del cuarto con la linterna. conocía cada . Finalmente. Agachándome. vi los vestidos y trajes de mi madre. Había una brisa nocturna soplando. Era una visión deslumbrante. dedos cortados. a fin de que él iniciara su turno. estaba un viejo arcon de cedro que había pertenecido a mi madre. Después. Allá estaban los habitantes de la ciudad. por lo menos de vista o de un saludo o de conversar en la calle. estaba repleta de antiguos y buenos vecinos. Era una escena terriblemente solitaria. cuando era niño. Contemplé su rostro. Podía ver la baranda del frente de los McNeeleys. Estaba vigilando la casa. Había crecido allí. reducidos simplemente a polvo. No había cosa alguna en el sótano que no debiera estar allí. con la sombra inmensa de la casa por detrás. al lado de las ropas. Podía ver además. A mi izquierda. Mi padre había traído a muchos de ellos al mundo. nacimientos y muertes de una considerable parte de la población de Mill Valley. entré. cuando tenía siete años de edad. fracturas de huesos. Miré el reloj y pensé que aún faltaban nueve minutos para despertar a Jack.

oí unos pasos suaves. la masa oscura de casas y el resto de la ciudad además. Jack. también quería atraparme y estaba seguro de eso. la mayoría de los patios. —Jack también se encogió de hombros y no continuó la frase. Me sentía cansado e irritado. y lo que estaba atrás de mí. Porque si no lo esta.. campos y carreteras en kilómetros alrededor.. las barandas familiares. El círculo de luz en el suelo allá abajo. Sin que hubiera ninguna alteración perceptible. tenemos que presumir que aún está confinado a Mill Valley y a la región inmediatamente al derredor. cada casa. —De cualquier forma. —No se preocupe. él comentó: —Por lo menos ahora tenemos la certeza de que no se trata de una ilusión. los caminos. Apliqué a cada uno cien centímetros cúbicos de aire. era amenazadora. a través de los ojos y. con la linterna erguida como un arma. cansado y aún somnoliento. Me volví en la oscuridad. que sucede con el modelo original. Un escalón de la escalera rechino. respondiendo enseguida a la pregunta que él había pensado. sí —informé. Los duplicados existen aún. más que eso. La casa adormecida bajo nuestros pies. agachándome. en la vena. mirando a Mill Valley por la ventana. Tras una breve pausa. Reproducen a las personas vivas. con la mente...calle. quedamos en silencio. si intentara responder.. —Están muertos? —Si se puede decir eso acerca de una cosa que nunca estuvo realmente viva —dije. Todas aquellas cosas y rostros familiares eran ahora amenazadores. pero no había llegado a formular. apague la linterna. Jack finalmente murmuró: —Estuvo allá abajo recientemente? —Estuve. alzándome de hombros. —Tiene razón. —De vuelta a la sustancia gris? Asentí. Cuando se detuvo a mi lado. Y ahora descubría que no conocía nada. volvió a hablar: —Cada casa y cada edificio. de lo contrario ya lo habríamos notado.. él añadió: —Lo que quiera que esté sucediendo. Encendí la linterna y mire su rostro. —Miles. Miles. Jack dijo en voz baja: —Soy yo. Era un momento de depresión para el cuerpo y el espíritu humano. era algo enteramente extraño. Haciendo un esfuerzo para mantener la voz bajo control. Suspirando mientras hablaba. —Y por qué tantos pacientes volvieron a buscarlo para intentar convencerlo de que no había nada malo? Estaban mintiendo. en un silencio fatal. cuando se concluye el proceso de duplicación de una persona? Acaso los dos cuerpos continúan viviendo? —Es evidente que no. Me limité a encogerme de hombros. Mannie estaba equivocado. están sufriendo un proceso de reversión. y habría hablado bruscamente con Jack. Pero no sé lo que sucede después. todas las colinas. lo que estaba viendo allá fuera ahora. Por algún tiempo. La ciudad había mudado o estaba cambiando para algo terrible. la calle allá fuera y toda la ciudad estaban quietas. A la claridad de las estrellas que entraba por la ventana pude notar que Jack se estremecía. .

porque sabía que allí estaba la respuesta. No era posible pensar mucho al respecto. estamos delante de una emergencia terrible! Y exactamente eso lo que es... —Me deje apoyar contra la estufa.. —Conoce usted a alguien en Washington. Miles. —Aún resta algo de café en la cocina. Me hallaba excitado. Jack. Yo pensaba en lo que podría estar a nuestro alrededor. antes de continuar: —No ayuda buscar a la policía local o a la estatal. su voz estaba contenida. y que por favor despache al ejercito para acá inmediatamente? Jack se alzo de hombros. Pero es preciso hacer alguna cosa. Ellos no tienen autoridad suficiente y de cualquier manera sería muy difícil intentar explicarles lo que está sucediendo. No sé decirle cómo y a la búsqueda de que. Al volver a hablar. no sabemos que.. encontramos algunos cuerpos. y cuando él atienda informarlo de que aquí en Mill Valley. pero tenemos que pensar en algún camino. —Cadena de mando. pero alguien tiene que venir a esta ciudad y lo más deprisa posible. donde los demócratas vencieron en las últimas elecciones. no sé quién. serví el café. imaginar un plan. Jack. mientras me recostaba en la estufa. Y hasta el último hombre. Jack? Por casualidad conoce a alguien que sepa que usted no esta loco y pueda creer que la historia que va a contarle es verídica? Tiene que ser una persona que pueda poner el engranaje en movimiento y así las mantenga. Miles. Jack sacudió la cabeza. cueste lo que cueste! Continuamos parados en el sótano por algún tiempo más. destruirla. —Como? Con los ojos casi cerrados. alguna cosa. mujer y niño tiene que ser examinado. estado de sitio o cualquier cosa. un problema tan concreto como todos los otros que ya enfrentamos. —Tiene razón. y deprisa! — Nuevamente quedó callado por algún tiempo. Y puede ser más que eso: una amenaza nueva en la historia. Usted si conoce? —No. Descendimos en silencio.. . FBI. —Jack hizo otra pausa. sino alguna otra cosa. Jack se sentó a la mesa.cada espacio cerrado en toda la ciudad tendría que ser revisados. en silencio. impacientemente. hasta que la historia alcance a alguien que esté en condiciones de tomar alguna medida. cualquier cosa! —Jack bajó la voz: —Es preciso exterminar esa cosa.. Pero como lo vamos a hacer? Telefonear al Presidente Carter o algo así? Simplemente llamar a la Casa Blanca. Marina. oculto en lugares secretos. Miles. alguien… el Ejército. —No conozco absolutamente a nadie en Washington. En la cocina. sólo que no son realmente cuerpos.. —No conozco a ningún escritor de éxito al estilo de Watergate. Y tendrán que declarar ley marcial en Mill Valley.. Jack —hablé. E inmediatamente. comenzar a ejecutarlo. pero ansiosa: —Por eso. Tras pensar por un momento. tenemos que encontrar un medio de informar a las personas que empiecen a tomar providencias concretas! Vamos a dejar de decir tonterías y comenzar a pensar en serio! —Está bien. —No sé! Pero algo tenemos que hacer. mire a Jack atentamente.

Nosotros.Pero. —Me llevé la taza a la boca y tomé un trago de café. Por casualidad te desperté? —Claro que no. el rostro fruncido. —Él servirá —se apresuró a decir Jack. —Hubo una pausa y después la voz distante y nítida dijo: —Puedes hablar. Miles. —Tiene razón. Después. es un oficial superior.. quedé escuchando los estallidos distantes. Son las cinco y media de la mañana aquí en Washington. Miles. le dije. Jack quedó mirándome. —Como estas? Muy bien. El teléfono fue atendido al tercer toque de la campanilla y la voz de Ben sonó nítida en mi oído: —Alo? —Ben? —Percibí que había alterado la voz. Comenzaré por decirte que no estoy borracho. una campanilla comenzó a sonar en el pequeño disco negro junto a mi oído. la impaciencia aumentando. con el Teniente-Coronel Benjamín Eichler. tú sabes . hasta que bruscamente explotó: —Hágalo ahora! Pero que diablos. Y él está dentro del Pentágono. Puedes darme el tiempo que necesito y quedarte escuchando con todo cuidado? —Claro que puedo. Y es la única persona que conozco por allá en alguna función oficial. los tonos de marcación y el silencio electrónico. pero esta en el directorio. Ya estoy listo para escuchar. Puede por lo menos hablar con un general sin ser sometido a una corte marcial. me acordé de alguien y me incorpore. Ben Eichler fue mi contemporáneo en la escuela. en el instante siguiente. —Hola. Quiero hablar cómo si fuera una llamada local. de California. Miles! —La voz sonaba súbitamente satisfecha y jovial. como las personas acostumbran hacer sin sentir. No sé cual es su teléfono. Miles. Deje la taza encima del lavadero y fui al salón. —El Ejército puede perfectamente cuidar del caso. y quiero explicarte todo. Ben. —Pero ya casi es la hora en que debes levantarte. quiero hablar con Washington.. tenemos que hacer alguna cosa inmediatamente! —Está bien. Así que ella atendió. Ingresó después en el Ejército y está actualmente en el Pentágono. —Tú me conoces. —Hice una breve pausa y pasé a hablar con toda seriedad: —Dispones de algún tiempo? Por lo menos de media hora. Espera sólo un instante. pero. Miles. los contribuyentes. No conozco a nadie más. tiene que ser ahora! Que está esperando? —Respiró fondo. Por qué habría de estar durmiendo a esta hora? —Disculpa. para sentarte y escuchar lo que tengo que decir? Es extremadamente importante. Vaya a escuchar allá. —Disculpe. Ben. no te estamos pagando un salario fabuloso para que pases el día entero en la cama. —Aquí es Miles Bennell. Intentarlo no hará mas daño. Y bastante bien. —Me volví a Jack y dije: —Hay una extensión en el cuarto. V oy a telefonearle. —No pude dejar de sonreír. seguido por Jack.. —Estoy recordando ahora que conozco a alguien en Washington. hablando muy despacio y cuidadosamente: —Telefonista. Con el teléfono en el oído. Ben. Quité el teléfono del gancho y llame a la telefonista. en las llamadas interurbanas. Pero es sólo teniente-coronel.

—No. Pero apenas había comenzado a hablar. mientras oyes mi historia. Y quiero que no te olvides de eso. Le contaré la historia a mi coronel dentro de una hora. Una persona que sepa que no estoy loco. Pero eso es todo lo que puedo hacer.que no estoy loco y que no acostumbro hacer bromas idiotas con los amigos en plena madrugada o en cualquier otra ocasión. cuando nuevamente surgió un ruido en el auricular en mi oído. sirviendo en el Pentágono... Miles? —No sé. Y añadiré mi propio comentario de que te conozco bastante bien. Iré a su casa y lo despertaré. Pero todo es cierto. Miles? No paso de ser un teniente-coronel. No se puede hablar correctamente. hasta que finalmente yo estaba desesperado. Por qué yo. Cuéntasela a alguien. Cuando acabé. para ser más preciso. A todo momento. muy despacio. en tono apaciguador. escuchaba a Ben y él podía oírme tan claramente como si estuviéramos hablando en casas vecinas. la conexión estaba mejor. — Y que quieres que haga. —Habló muy despacio después hizo una pausa de algunos segundos. No puedes dejar de comprender eso.. Pero cuando comencé a contarle lo que estaba sucediendo en Mill Valley. no pude dejar de imaginar cómo debería haberle parecido a Ben. La conexión fue completamente interrumpida por dos veces. sé que eres un ciudadano modelo. Y él dio la respuesta final: —Entiendo. Ben. el jueves. Él vive en Georgetown. Hablé nuevamente con la telefonista y le pedí que procurase una conexión mejor. Ben tenía que pedirme que repitiera y yo casi tenía que gritar para hacerle comprender.. Le diré exactamente lo que me contaste. está bien… —murmuró él. No fue absolutamente una conversación tranquila y satisfactoria. no conozco a nadie mas! Si conociera otra persona. Tengo algo para contarte y sé que será muy difícil de creer. —Está bien. —La voz estaba ahora sobria y a la expectativa. sin ninguna prisa. Tuve entonces que intentar hablar más alto que el ruido en mi auricular. cuando no se está viendo la cara del interlocutor. Todo lo que pueda. Y no conozco a nadie más. Al principio. sobrio e inteligente y de que estoy personalmente convencido de que estás hablando en serio. Tú precisa. Ben. Acciona los engranajes ahí en Washington hasta que alcance alguna autoridad que pueda tomar medidas concretas. Y no tuvimos mucha suerte con la conexión. a un continente de distancia. Aunque esa historia signifique el fin del mundo antes . cuando se tiene que repetir una frase en todo momento. estaría hablando con ella ahora! Tiene que ser alguien que me conozca. —Te acuerdas de mí. Absolutamente todo. Pero no es fácil explicar una historia larga y complicada por teléfono. Miles. Comencé por la visita de Becky a mi consultorio y terminé cerca de 20 minutos después con los acontecimientos de aquella noche.. el auricular súbitamente chillando en mi oído. Correcto? —Correcto. —Pero debes comprender que es preciso hacer alguna cosa. Tras alguna tardanza. —Súbitamente. Ben rió. intentando contarle toda la historia. Inmediatamente. pensando. gritando a la telefonista. en aquel momento.. Esparce la historia. Miles. Tienes que ser tu Ben. la conexión rápidamente fue empeorando. Ben. tan bien como pude entender. —Continué hablando. —Haré lo que pueda. Miles? No conoces a nadie más aquí en Washington que pueda realmente. —Hace cerca de una semana.. la conexión quedó mejor.. con una risa forzada. no se puede ni pensar correctamente.

Miles! Mi voz estaba cansada y derrotada cuando hablé: —Tiene razón. —Y entonces? —dije él. antes de añadir: —Miles. Y aunque lo fuera. calmamente: —Te puedo decir que no vas a adelantar nada.. aunque se ensucie mi hoja de servicio. de bueno sentido. No había más que decir. Ben —declaré. por menor que sea. Ya debes conocer el tipo. Tras un momento. que diablo ellos van a pensar de todo eso? A ese nivel. y Ben intentó pensar en algo útil. pero sí por la solidez. Esa es su especialidad.... para decir la cosa de una manera suave. si eso no va a adelantar cosa alguna. iniciada por algún teniente-coronel idiota que ellos nunca han visto y de quien jamás oyeron hablar. desde West Point. Entiendes lo que estoy queriendo decir? Quiere ganar su estrella de general antes de jubilarse. —Olvídalo. Ha buscado consolidar una reputación. de algún lugar de California. hasta llegar al nivel de tres o cuatro estrellas. si esperas que él haga algo con esa historia? Mi coronel no es muy imaginativo. un civil. Ben. Pero por lo menos tengo la certeza de que alguna cosa está sucediendo ahí y debe ser verificada. Me limité a encogerme de hombros. prometí estar en contacto con él y todo lo demás. tal vez aún dos. Pero aunque lo imposible suceda. Porque creo en ti. Nunca más confiaría en mí ni siquiera para sacar punta a un lápiz! Ahora fue mi vez de murmurar: —Entiendo. Respondí que pensaría en esa posibilidad. Ben dejo de hablar por un momento. después nos despedimos y colgamos. Y si crees que debo. él no es un hombre que le guste arriesgar su cuello.. Sería inútil. Él sugirió enseguida al FBI. si tú crees que existe alguna posibilidad. no puedo imaginarlo que busque a su general con una historia así. Sugirió que yo entrara en contacto con los periódicos. Jack bajo por la escalera un momento después. —Ben suspiró. aunque este busque a otro general de dos estrellas. Tienes absoluta razón. No voy a decir que es imposible que estés siendo engañado por un monstruoso embuste. Pude oír el silencio eléctrico del hilo que nos separaba. aunque el coronel lleve la historia a su general.. —Pero de cualquier manera haré lo que me estás pidiendo. No hay razón para que manches tu hoja de servicio. práctico. Estás dándote cuenta ahora? Puedes imaginar esa historia alcanzando un nivel en que las personas están en condiciones de tomar medidas y creer que ellas realmente harán alguna cosa? Tú sabes perfectamente como es el Ejército. Miles. Comente que los periódicos tratarían el asunto como una historia más de Ovnis. Miles. —No.del mediodía. con ironía y descrédito. si hubiera pensado un poco más. Jack pregunto: . No se destaca por su inteligencia. ya será una historia fantástica en la cuarta o en la quinta versión. de que eso sirva de algo.. Y estas en lo correcto. —Pero haré lo que me estás pidiendo.. Y esta muy consciente y alerta de no manchar su hoja de servicio. si insistes. Habría comprendido todo desde el principio. como un oficial eficiente. Y después añadió. determinado por alguna razón fantástica. Y él escucho la historia en un telefonema de un amigo loco. —Suspiré y añadí: —Lo entiendo perfectamente. con voz ahora firme y decidida. Conversamos más un poco. los objetos voladores no identificados.

Jack cogió el directorio de San Francisco. asintiendo. tres. La campana comenzó a tocar y fue inmediatamente interrumpida por una voz de hombre. No tiene importancia. oímos cuando atendió. —Es lo que parece —hablé. Miles. implacablemente. marco el número: 552-2155. hasta una docena. . Puede intentar. cuidadosamente. si quiere. antes de aproximarlo nuevamente a la boca y decir. Momentos después. Antes que la campana comenzara a tocar. lo miro por un momento. dos. Se puso de lado el teléfono en el oído. él me miró y dijo. por favor. que dije: —Alo. —Tras colgar. suavemente: —Está bien. —Allá está el teléfono. Jack marco de nuevo. Miles. Había alguien en el teléfono. a fin de que yo pudiera escuchar también. Y en ese instante el teléfono quedó en silencio. la telefonista entró en la línea: —Cual el número que marco. con voz anormalmente tranquila: —No van a dejarnos llamar fuera de la ciudad. La telefonista volvió a entrar en la línea.—Quiere intentar con el FBI? A mi ya no me importaba y sacudí la cabeza hacia el teléfono. Pero ellos no nos permitieron conectar de nuevo. una vez. ya ocuparon la estación telefónica y sólo Dios sabe que más. V olvió a sonar el ruido en la línea. Y el pánico nos invadió. por favor? —Jack le dijo y ella añadió: —Un momento. con la habitual voz mecánica: —Nadie atiende. Jack alejo el teléfono de su boca. La campana comenzó a tocar.

de la ciudad. Me puse a sacudir el hombro de Jack. Y el pavor volvió a invadirme. de la casa. Algo imposiblemente terrible. sonriendo. solo queríamos escapar. lo más deprisa que fuera posible. todos nos pusimos a correr por la casa. de nuestra capacidad de raciocinio. dejamos la carretera oscura y avanzamos a gran velocidad por el acotamiento estrecho. como si fuera algo contagioso. recogidas sin el más pequeño criterio. pero también extremadamente real. hasta detenerse. Theodora aún calzaba pantuflas cuando entramos en el coche de Jack. En el instante siguiente. no habían risas. 101. corrimos para la parte trasera del coche. nos estaba amenazando de una manera muy por encima de nuestra comprensión. interrogándonos. mientras yo recogía todo el dinero que tenía en casa. con una expresión angustiada e inquisitiva. un poco más allá del círculo de luz del alumbrado. Pero cuando vieron las expresiones en nuestros rostros. Me estaba inclinando delante de él. Estábamos profundamente sacudidos.S. Y por eso teníamos que huir. Jack giró la llave. mientras avanzábamos por la carretera casi desierta. el motor encendió y arrancó del borde de la acera con los neumáticos chillando. su rostro pálido y tenso iluminado momentáneamente por los faros de un coche que pasaba en sentido contrario. correr lo más deprisa posible. sin saber que más hacer. arrancando las llaves del encendido. y al no responderles. El compartimiento se abrió bruscamente y él tanteo allá dentro. Jack se guardo un cuchillo de cocina en el cinturón. Jack pisó con fuerza el freno. No estábamos pensando en absolutamente nada. Pero Jack continuó corriendo delante de mí. dejando Mill Valley. Encontramos a Theodora en la cocina. O contra que.CAPÍTULO 11 Pensábamos que estábamos tranquilos. por el estrecho acotamiento de tierra. Una fuga rápida y bien realizada y el aumento de la distancia que nos separa del peligro se hacen por sí mismos factores calmantes. comencé a sentir el regreso de alguna especie de pensamiento ordenado o por lo menos de la ilusión de eso. sentada en el sillón trasero a mi lado. Después. Inclinándose al frente de Theodora. sin tener la más pequeña idea de cómo reaccionar. irrumpiendo en mi cerebro en una explosión silenciosa de puro pánico. en la escalera. en nuestro caso. Chocábamos unos con otros en los pasillos. que parpadearon con sus ojos deslumbrados por la luz encendida de repente.. Mas tarde. Me volví hacia Becky. Debía estar pareciendo una de aquellas comedias antiguas del tiempo del cine mudo. No tengo la más pequeña idea de lo que ella pensaba que estaba haciendo.. al salir de los cuartos. pero en verdad comenzamos a actuar obedeciendo a impulsos desvariados e irracionales. antídoto para el miedo. Arrojamos las ropas. sólo medio vestida. en el sillón trasero. hasta alcanzar la carretera federal U. a 18 kilómetros atrás. abriendo la boca para hablar. de tierra y cascajo. en la calle oscura y silenciosa. peor que antes. Después. Tratamos de despertar a las mujeres. Abrí la boca para . ellas también quedaron dominadas por el pánico. gritándole que parara. Sólo que. aturdidas. Queríamos huir. salio del coche. Después. cogiendo ropas. él golpeo con el puño cerrado en el botón de la guantera. Fue sólo entonces que me di cuenta que ella estaba durmiendo. acomodando alimentos enlatados en una caja de papeles.

guiando el coche con los ojos. la insertó. arrancando la que yo introducía en la cerradura. un cartel de néon verdoso de Tiene Vacantes. a Jack le habían golpeado la parte de atrás de su coche. V olvimos a la cajuela del coche. expeliendo humo. En cierta ocasión. Siempre mirando para atrás. al borde de la carretera. el humo nuevamente rojo como espuma de sangre. mientras Jack ponía la segunda y después la tercera velocidad. Jack me estaba jalando por el brazo con toda su fuerza. de pavor y repulsa animal. como globos de niño. miré hacia atrás y vislumbre las llamas que se elevaban bruscamente por dos o tres metros. el humo denso y espeso. intentando arrancarme de encima de las vainas. subiendo y descendiendo las elevaciones. bajo la claridad rojiza y humosa del fuego de aviso. Comencé a pisotearlas frenéticamente. en la cuesta que se erguía inmediatamente tras el acotamiento. Becky estaba callada y recostada a mi lado. No tenían peso. hasta casi apagarla. El fuego quedó oculto de mis ojos por alguna pequeña elevación en la carretera. Nos alejamos rápidamente. el contacto áspero y seco en mis palmas y dedos. Ninguno de nosotros lo hizo. Cerca de media hora después. derramó gasolina sobre las dos masas inmensas y sin peso. entre rojas y azuladas. aumentando la distancia. se retorcía y se revolvía en las ondas de calor. giró y después levantó la tapa del maletero. Mientras Jack lo levantaba. acelerando el coche. Sólo entonces comprendí lo que Jack estaba haciendo. Era la mía. El viento distorsionaba la llama para todos lados. pareciendo frío e inamistoso. se había vuelto una segunda naturaleza en él encender señales luminosas al parar al borde de una carretera. Uno de los bastones se encendió en su mano en aquel momento. pateándolas. dejándola totalmente abollada. todo se borró. Y. cogiendo la mano de Becky. A mi lado. vi las llamas disminuir rápidamente y desvanecerse en una veintena de lenguas de fuego de dos o tres dedos de altura. metí una llave en la cerradura de la maleta del coche. iluminadas por las ondas que avanzaban y reculaban de la claridad rojiza de la llama: dos enormes vainas rotas en uno o dos lugares. arrojándolo sobre la masa encharcada de gasolina. Jack salio. contorsionándose locamente. en cada curva. toda la escena de pesadilla iluminada por la luz rojiza que brotaba de los bastones. aviste una sombra gigantesca. nos subimos al coche y abandonamos el acotamiento de la carretera. La abrió y. cuando estaba cambiando un neumático. para clavar la punta en la tierra. Encontró la llave correcta. llamado Rancho Cualquier-Cosa. Estábamos agotados de cualquier pensamiento o emoción. apoyándose en una rodilla. Tuve la impresión de que estuve muy cerca de perder el juicio para siempre. Becky se inclinó hacia mí y susurro: . Él saco la lata de gasolina de reserva que siempre llevaba. Ahora. No intenté hablar o pensar. abruptamente. Y allá estaban. Eran llamas anaranjadas. Arranqué uno de los bastones de señalización de la tierra y volví corriendo.gritarle cuando se agacho. sin tener la más pequeña idea de que estaba soltando un grito ronco e ininteligible. Las levante inmediatamente y las tire en la tierra. una llama entre roja y rosada. que se disolvieron en una pulpa informe. nos detuvo en un motel. girándola frenéticamente. Cuando abrí la puerta. Jack volvió y cogió las llaves. Quedé sentado en silencio. Perdí enteramente el control al sentir aquel contacto en la piel. con tonos rosados.

Y después no pude más. una mujer de mediana edad. alquilamos dos cuartos con dos camas. Despertamos a la dueña del motel. Durante un largo periodo. en el momento en que Becky. simplemente dormimos. Sintiendo un calor maravilloso. Abrí la puerta de nuestro cuarto. eternamente cansada e irritada. tenia el rostro cansado y tenso. nada podría impedirme en aquel momento de tomarla en mis brazos y después dejar de respirar. Y por eso dormimos. pero yo no encontré ninguno y cogí prestado uno de él. despejado por el sueño. meternos en un agujero. Sólo después me di cuenta que Jack había hecho la misma cosa y comprendí por que. Salí del cuarto y fui a buscar a Jack en el aparcamiento. cuando nuestros ojos volvieron a encontrarse. Oh. pero. pero de momento no era el apropiado. por favor. Creo que nunca sentí tanto miedo desde que era pequeña. Creo que habría dormido hasta el mediodía. aún adormecida. que ciertamente hacia mucho tiempo había dejado de intentar entender a las personas que la despertaban a cualquier hora de la noche. como un niño. Hay un tiempo y un lugar para todo. alrededor de las ocho y media o quince para las nueve. firmé con un nombre falso. —Déjalo como está. Dejé escapar una exclamación contrariada y me volví para la puerta. por favor! Caímos en el sueño en menos de cinco minutos. con el soplo suave de la respiración de ella acariciándome el rostro. que vamos a hacer ahora? Para donde vamos? Jack me miro a los ojos. Miles. fue agradable sentir el calor del cuerpo de Becky contra el mío. . Conversamos un poco. excepto por mi brazo en torno a su cintura. no me restó ningún vestigio en la mente. Sin tener necesidad de usar más que media docena de palabras. Ella puso las manos sobre la mía. también se volteaba. Miles. Simplemente dejé el mundo y la vida en el olvido del sueño. Lo que sucedió a continuación fue la mejor cosa que me había ocurrido en mucho tiempo. oyendo un suspiro. Aquel podía ser el lugar. poniendo la mano en mi brazo. pero en el cuarto había sólo una cama matrimonial. Si soñé. Después. no me dejes sola. pregunte: —Y entonces. sin que nadie en el mundo supiera donde estábamos. me volví en la cama y choque con alguien. Estoy despavorida además no podría pasar el resto de la noche sola. Y después. pero parecía terriblemente importante en aquel momento en volvernos anónimos.—No me dejes en un cuarto sola. es claro. donde lo encontré caminando de un lado para el otro. para acomodarse mejor junto a mi cuerpo. Estoy muy atemorizada. Era una idiotez. contemplamos la mañana. Me estaba sintiendo maravillosamente bien y no dejaba de sonreír a Becky. Pero Becky me detuvo. dejé a Becky que entrara primero y fui detrás. Tomé un baño en la regadera y me vestí. Miles. por el resto de la noche. Yo estaba acostado sin tocar a Becky. Yo había pedido camas separadas. apretándola con fuerza. Y dormimos. vestía pantuflas y ropas muy flojas. Abrí los ojos rápidamente. Dije que sí con la cabeza y también salí del coche. recibimos las llaves y firmamos los registros. Las dos mujeres tomaron jerséys. Estábamos exhaustos y yo no dormía desde las tres de la madrugada anterior. Jack halló un pijama en la pila amontonada de ropas en el asiento trasero. lo que fue la mejor cosa que podría haberme sucedido. Sin pensar conscientemente al respecto. se alzo de hombros y murmuró: —Regresamos a casa.

Si corríamos demasiado. había el riesgo de quebrar un eje. luchar contra lo que estaba sucediendo. Pero pertenecíamos a aquella ciudad y no a otro lugar vago. mientras Theodora sacudió la cabeza lentamente. entonces van a volver. cualquier otra cosa que no fuera Mill Valley parecía irreal. —Sólo que antes. Mill Valley es una ciudad aislada. con algunos mayores aquí y allí. ella comenzó a fruncir el rostro. Pero no llegué a hacerlo. si no hay mantenimiento.Quedé aturdido y él añadió.. súbitamente furioso. nerviosamente. concreto y activo. con pocos accesos. el sol iluminaba fuerte el paisaje. Pensaba que podría cambiar de nombre. Maldecimos al consejo municipal. a todo el mundo que juzgábamos tenía alguna responsabilidad. Estábamos ahora dominados por una terrible sensación de urgencia en llegar allá.. Miles. Jack puso segunda y comenzó a acelerar. pensando en lo que tenía que decir. Cuando Becky salió del cuarto. no importa por que.. Un momento después. y ahora yo también lo sabía. vamos a comer cualquier cosa. sonriendo ligeramente. —Vamos todos a volver. mientras yo asentía. cerré la boca. El miedo aún persistía. —Se alzo de hombros y se volvió hacia mí. —Tengo que volver. a solo algunos kilómetros de distancia. Tras un momento. —Mi amor. saliendo de la carretera federal y entrando en la carretera para Mill Valley. desconocido. —Miles. con los ojos fijos en Jack. mítico. se limitó a mirarlo en silencio. Jack asintió. el condado. Dos minutos después de las 11 horas de aquella mañana. —buenos días. con voz irritada: —Es nuestra casa aun. consiguiendo exhibir una débil sonrisa. Ahora que Jack hablaba así. —La cogí por el cuello y comencé a llevarla para el coche. Ahora era de mañana.. dejarse crecer la barba y huir para algún lugar a fin de comenzar una vida nueva? También sonreí. parándose delante de él. con Jack y Theodora siguiéndonos. —Se interrumpió. habíamos conseguido escapar de Mill Valley y eso nos había hecho muy bien. —Es nuestra aun. A que otro lugar estaba pensando que podríamos ir? Yo estaba con el rostro fruncido. Theodora salió del cuarto y camino al lugar en que estábamos. Becky. Al llegar cerca. abriendo la boca para discutir. Si ustedes van a volver.. Y ahora había llegado la hora de volver al lugar a que pertenecíamos. Jack. careciendo de fuerza o convicción. yo voy también. por el amor de Dios. pero por lo menos era ahora capaz de pensar sin pánico. con mi pijama y el jersey de ella enrollados bajo el brazo. Aquello sucedía con todas las carreteras. estaba cada vez peor. Y mi padre. está sucediendo aún. . murmurando. hacer alguna cosa. Y donde tú vayas. que se deterioran rápidamente. Jack sabía eso. había pasado la mitad de la noche durmiendo y el horror nuevamente se había desvanecido de mi cerebro. Es real. ya llevaba algún tiempo sin reparaciones. Después. —Se detuvo delante de nosotros. de la mejor forma que pudiéramos y mientras pudiéramos.. Pero usted sabe tan bien como yo que no hay opción. llena de pequeños agujeros. Miles y yo estamos hablando. como si yo hubiera dicho alguna cosa concordando con su opinión. vamos a volver allá. actuar. Pero la carretera. O por lo menos a mí. tenía una expresión ansiosa y concentrada. —Él dejo de hablar. con voz cansada: —No tiene importancia. Jack meneo la cabeza. Miles.

Estaba angustiado por mis pensamientos y sentimientos que me dominaban. Mientras el ruido del motor del coche de Jack se iba desvaneciendo. Avanzando por una calle a la entrada de la ciudad. sólo que. hoy día. —En este caso. los soldados llegaban a una pequeña ciudad supuestamente sin alemanes. Estoy queriendo caminar un poco. no tenía que preocuparme con consultas y había otro médico de planta en aquel fin de semana. Volveremos a encontrarnos en mi casa. viendo realmente la calle y las casas. Jack. Pero yo vivía ahí y era profundamente triste ver mi ciudad morir. pues. Y las mostraría . extremadamente cautelosos a cada paso. a lo alto. Y todo lo que estaba viendo ahora ya lo había visto antes. por todo lo que veíamos. sabía que tenía que recorrer la ciudad. No puedo probablemente describir de alguna manera específica en que la calle parecía diferente. con una población supuestamente amistosa. el shock fue aumentando. con la esperanza de poder decir a mí mismo que continuaba como siempre fuera. puede dejarnos aquí. Yo no quería acompañarlos. Tenía miedo de lo que podía ver y encontrar allí. de la lucha en Italia. Sabía que algo que me era muy querido estaba perdido. —Nos gustaría ir hasta nuestra casa por algunos minutos. Becky y yo comenzamos a caminar en dirección de la Throckmorton. Me acordaba de algo que un tío en alguna ocasión me había contado. acerca de la guerra. Pero si fuera un pintor. La Sycamore es tranquila. mi sensación de pérdida se profundizó. creo que distorsionaría las ventanas de las casas por las qué pasábamos. algo para temer. —Teddy y yo necesitamos coger algunas ropas. Cada minuto.. aún viven en la ciudad en que nacieron. mirando a su alrededor. de una forma que no se puede explicar con palabras. en la misma calle en que había entregado muchos periódicos cuando era chico. Como era sábado. No había una sola persona a la vista y prácticamente no se oía ningún sonido además de nuestros pasos en la calzada.CAPÍTULO 12 No sé cuántas personas. A veces. como la mayoría de las otras calles de Mill Valley. no se perciben las cosas a que estamos acostumbrados hasta que haya un motivo para eso. Pero aún así entraban en la ciudad con los rifles en posición de disparar. en cada rostro. si a Becky no le importa. de vuelta a la ciudad en que había nacido. siempre nos podemos volver hacia otros amigos.. en cada puerta. residencial. en cada hueco. hacia abajo. se mostraba de hecho diferente. Ahora. Yo había recorrido aquellas mismas calles hacia menos de una semana. Miles —dije Jack. tuve mi primera impresión concreta del terrible cambio que había ocurrido en Mill Valley. buscando absorber todas las impresiones que me podían transmitir. en este caso. recorriéndola al lado de Becky. a cerca de 10 minutos a pie de mi casa. No se puede realmente ver lo familiar hasta que nos sea frotado en la cara. Muchas cosas sucedieron y muchas cosas pasaron en la hora y 55 minutos que continuaron. podía comprender como mi tío se había sentido al entrar en aquellas pequeñas ciudades italianas. Continuaremos a pie. retratando la manera como veía la Sycamore en aquel momento. Pero ahora había un motivo y por eso miré a mí alrededor. Tal vez sea hasta peor que la muerte de un amigo. examinarla de cerca. Mi tío me contó que los soldados veían en cada ventana. Jack nos dejó en la Avenida Sycamore. Pero.

resentidas. apenas se podía ver los interiores. Ni siquiera se está cortando el pasto. en tonos oscuros. Y buscaría la forma de mostrar los propios árboles. Pasamos bajo la placa de la Mill Town Tavern y note que las dos últimas letras faltaban. Las vitrinas estaban sucias de . o cambiando un vidrio quebrado. pasamos por otras tres tiendas vacías. el pavimento de la calzada siendo reparado.. a veces durante el tiempo que nos llevo recorrer media calle. —En siete calles. Allí. maléficas. nadie está haciendo cosa alguna. no pasamos por una sola casa en que estuvieran retocando la pintura. Era cómo si estuviéramos en un escenario listo. Y haría que todo el cuadro transmitiera una impresión de silencio. por primera vez. con las extremidades curvándose hacia abajo. baranda. Mucho de lo que veíamos en aquel momento ya lo había observado antes. extrañas. Recorrimos tres calles más. entrando enseguida en la Throckmorton. Y no tardó mucho para que percibiera que Becky estaba sintiendo la misma cosa. aunque fuera un día claro y soleado. concluido hasta el último detalle. a través de ellas. reparando un tejado. —Miles —dije ella. Sólo que no se puede recorrer varias calles de una ciudad común. la calle parecía de cierta forma sorprendentemente vacía e inactiva.. cuando la ciudad se adormece. habitada por seres humanos sin reparar con señales de un garaje en construcción. No sé si todo eso transmitiría exactamente lo que sentía en aquel momento. en voz baja y cautelosa —estoy imaginando cosas o la calle parece. hasta la Blithedale. sucios y llenos de basura. Mostraría las rejas de las barandas y de las escaleras externas abrazando aquellas casas antiguas como brazos protectores. Hace días que no lo hacen. observándonos atentamente mientras pasábamos por la calle terriblemente silenciosa.. cosas así. la calle estaba casi totalmente silenciosa. jamás había observado de verdad aquella calle que había conocido por toda mi vida.. Pintaría las propias casas como encogidas y retraídas. Haría también que cada color pareciera un poco deslucido. muerta? —No. un solo arbusto. Daban la impresión de que ya se encontraban vacías hacia bastante tiempo. la calle. Entramos en la Throckmorton. Las vitrinas se hallaban inmundas y. Excepto por el cierre ocasional de una puerta de coche o el sonido de una voz. A pesar de eso. miedo. una sola planta. Pero no lo había realmente notado. las ventanas parecerían ojos vigilantes. el cielo por encima de nosotros. nuestros pasos resonaron en la calzada. semicerrados. Siempre se encuentran por lo menos algunos indicios del impulso incesante e interminable de cambiar y mejorar que caracteriza la raza humana. amenaza. los jardines. había personas en las calzadas y coches estacionados al lado de los parquímetros. impregnadas por un odio implacable contra los dos bultos que caminaban entre ellas. alguna cosa estaba mal y no podía haber la más pequeña duda. —Sacudí la cabeza. hasta la última pincelada. pero. Nada está sucediendo. No se veía un solo indicio de cambio. De esa forma. un jardín en reforma. defendiéndolas sotorrunamente de nuestra curiosidad. al pasar por la Throckmorton para atender llamados domiciliares. Y ahora. no lo estás imaginando. No se está plantando un solo árbol.con las persianas medio bajadas. Pero ahora notaba todo y de repente me acorde de la tienda vacía que había cerca de mi consultorio. Era verdad. Becky. Era como si la calle pareciera a la noche. tal vez semanas.

lo que me sorprendió. doradas y encristalada. Becky murmuro: —El carrito de palomitas desapareció. —Pero sólo ahora estamos notándolo. Después. Después. un café o cualquier otra cosa. Era un vendedor de una firma mayorista de San Francisco. Pegado en la ventana.. El camión de Ed Burley pasó por la calle en ese momento. inmóvil. el pasto estaba crecido. aparentemente para siempre. La taberna estaba sumergida en el silencio. como siempre. El cine Sequoia. Becky dijo.. Por muchos años. Di una mirada. porque los bancos junto a la barra habían sido desatornillados y estaban tirados a un lado en el suelo. sino simplemente salir de aquella calle por un momento. Sólo entonces lo percibí. —Poco a poco —respondí. con una capa de polvo por encima del cuero. había estado detenido durante el día al lado de la parada del autobús.. pudimos escuchar nuevamente el sonido de nuestros pasos en la calzada. Había una oferta de sólo tres entradas. pues sólo dos personas estaban almorzando. Había un hombre sentado a la barra. había pensado vagamente que había muy pocos clientes. tras nuestra caminada por la Throckmorton. Nos apartamos de la vitrina del restaurante. exhibía un cartel en la fachada en que se leía Abierto Solamente en las Noches de Sábado y Domingo. en las bases de las lámparas y de los buzones postales. En la esquina. Y ahora quedé asombrado. buscando parecer tranquila: —Vamos a tomar una Coca-cola. Había un solo cliente allá dentro. y hacia muchos días que nadie cuidaba del jardín. de un tobillo torcido. Nos sentamos cerca de él. Y era lo que yo también deseaba. delante de la Farmacia Lovelock. Ya lo había tratado una vez. Las puertas se hallaban abiertas y dimos una mirada al pasar. por el cual pasamos inmediatamente después. cuando fue que todo esto sucedió? —Becky señalo la calle semidesierta. que era más una drug store. el palomero de mediana edad. Las cestas de basura rebosaban. un carrito de palomitas de ruedas rojas. La ciudad está muriendo. cuantos desperdicios y papeles había por todas partes. La última vez en que había comido allí. habían desaparecido. Él nos saludo y nosotros le respondimos. en las dos direcciones. en el extraño silencio que envolvía la calle. El hombre se volvió para mirarnos. Pero es que. y pregunté: . se veía el menú del día. —Miles. cuando durante años fueron seis u ocho. Noté nuevamente. casi esperaba que en cualquier lugar en que entráramos tuviera que estar vacío. El restaurante de Dave quedaba inmediatamente adelante. se veían algunos zapatos de niño por detrás del vidrio. en un momento en que el restaurante debería estar apiñado. En la pequeña plaza municipal. quedé sorprendido.moscas. Y ahora.. Asentí y entramos en la farmacia. encogiéndome de hombros. sentado en la barra. mientras Becky y yo avanzábamos por la calle. El Dave’s Lunch se hallaba cerrado. el carrito y Eddie. y lo reconocí. fragmentos de periódicos y montículos de polvo se acumulaban en las entradas de las tiendas. los carteles de papel de marcas de bebidas estaban descoloridos por el sol. Sabía que Becky no estaba realmente queriendo tomar una Coca ni un café. Una zapatería aún tenía un cartel del Cuatro de Julio en la vitrina. al detenernos por un instante y mirar a través de la vitrina.

—Como van los negocios? El viejo Sr. Y cuando hay café. dejo de sonreír y termino. Quieren sólo los productos de consumo general. —La situación anda medio apretada en la ciudad en este momento —comenté. defensivamente: —Y no está sucediendo sólo conmigo. Y añadió: —Por lo menos en Mill Valley. el grifo hacía algún ruido. no podría ser peor. antes de añadir. —No se consigue hacer ninguna venta. La mayoría ya dejó de venir a Mill Valley. sombríamente: —Las personas de esta ciudad simplemente no están comprando nada. Todos los demás vendedores están diciendo la misma cosa. despreciando enteramente los extras. —O por lo menos alguna que valga el esfuerzo. —Aún tenía en su rostro el vestigio de una sonrisa por nuestro saludo. —Se acordó de que no se debe criticar una ciudad a un habitante y sonrió jovialmente. mirándome con una expresión taciturna. Ni se dio el trabajo de sonreír. me quedó mirando así. —Ustedes están haciendo una huelga de compras o algo parecido? — Desistió del esfuerzo. —El hombre cogió su taza y agito el café en el fondo. —El vendedor se encogió de hombros. El hombre en la barra respondió a mi pregunta: —No podían estar peores. es que últimamente casi no vale la pena venir a esta ciudad. —Tal vez. —Todo lo que sé. Por otro lado. la hostilidad en su rostro era patente. Se tarda mucho tiempo sólo para entrar y salir de Mill Valley. recientemente. bien que podría anotar los pedidos por teléfono. Más adelante en la barra. El hombre a mi lado se inclinó y. con una amargura contenida: —Todos se están comportando cómo si no quisieran más vendedores por aquí. . Por dos veces. si debería o no prolongar el comentario. contrayendo el rostro en una mueca. O aún tomar un café. El hombre terminó de tomar el café de un trago. pero luego tuve la impresión de que había también una insinuación de hostilidad. Miré alrededor y no mire una sola cuchara o pajilla. los esenciales. este negocio se quedo completamente sin café. con la mayor rabia. caliente además y no había sido agitado. Estaba horrible. en tono furioso: —Cuál es el problema finalmente? Esta ciudad por casualidad está muriendo de podrida? —saco una moneda del bolsillo. —Hizo una pausa. —Es sólo eso. No se consigue vender ni aún para sacar el dinero de la gasolina en esta ciudad. Levanté dos dedos y dije: —Dos Cocas. Se hace difícil hasta comprar una Coca en la mayoría de los lugares. Deje el vaso encima de la barra. diciendo. Esperé que se alejara. antes de responder: —Por que lo dice? —Busqué hablar con la mayor naturalidad y tomé un trago de Coca. como si debatiese consigo mismo. Y para todos los negocios que hago por aquí. regresando al fondo de la tienda. Lovelock me miro inquisitivamente detrás de la barra. Al descender del banco junto a la barra. sin que hubiera ningún motivo aparente. ahora es un lugar difícil de alcanzar. dijo: —Que diablos está sucediendo por aquí? El Sr. para después sonreír profesionalmente. Lovelock traje nuestras Cocas y colocó los vasos lenta y cuidadosamente en la barra. se inclinó para dejarla encima de la barra y murmuró en mi oído. bajando la voz. mientras nuestros vasos eran llenados. Me quedó mirando por un largo momento. —Por un instante. Está horrible.

La biblioteca pública quedaba cerca. —Crees que es posible que una ciudad pueda aislarse completamente del resto del mundo? Gradualmente desmotivar a las personas para visitarla. . pero tensa. Becky estaba en lo cierto. Ella sonrió. Se podía hablar en la sala de lectura principal de su biblioteca. Becky comentó: —Tengo que pasar a casa para ver a mi padre. Y eso redundaría en incluirnos. pero necesito verlo.. Había sillas acolchonadas muy confortables al lado de mesas bajas llenas de revistas. Ella era maravillosa con los niños. Le sonreí con verdadero placer. como siempre hacía. a una calle de distancia en nuestra dirección y entonces dije a Becky: —Vamos a parar por un instante en la biblioteca. Becky. una sonrisa jovial de satisfacción. En la esquina siguiente. Continuamos caminando. Weygand era una de las personas de Mill Valley que mas me agradaba. Era bibliotecaria desde los tiempos en que estaba en la escuela primaria y venia hasta allí para leer las aventuras de Tom Swift y los libros de Zane Grey. Nos detuvimos delante de su mesa y la saludamos.—Hasta la próxima.. El hombre saludo con la cabeza hacia Becky. Es algo que detesto. La Srta. —murmuró Becky. poseía una enorme paciencia. Es un placer descubrir que estás leyendo nuevamente. de cabellos grises y ojos inteligentes. Weygand se hallaba sentada atrás de la mesa cuando entramos. Miles! Se están haciendo casi intransitables! Eso no tiene el más pequeño sentido! Y también lo que dice el vendedor y la manera como la ciudad parece. Era el opuesto de la noción convencional de lo que una bibliotecaria generalmente es. que hacía a cualquiera estar contento por estar allí. No había nada que pudiera decir y por eso me limité a asentir. La Srta. a pesar de sentirme profundamente angustiada por la manera como él está ahora. —Es imposible. Dejé medio dólar encima de la barra y me levanté. —Vamonos ahora. —Pero ellos intentaron incluirnos. Sería necesario la ciudad entera para hacer eso. —No pude dejar de sonreír. Becky. y ella añadió: —Es un placer verte también. un lugar para encontrarse con amigos y conversar tranquilamente. dejando el área comercial. Parecía que había pasado mucho tiempo desde la última vez en que había estado ahí. Era un buen lugar para pasarse una hora agradable o una tarde entera. —Hola. Presenta mis saludos a tu padre. Cuando chico. todos sus habitantes. Tendría que ser una decisión y su acción correspondiente absolutamente unánimes. siempre que no fuera demasiado alto. Miré mi nombre en letras doradas en la ventana del segundo piso. hasta comenzar a pasar desapercibida? Ser prácticamente olvidada? Pensé un poco al respeto y después menee la cabeza. Miles. algo que jamás olvidaré. Miles. Salgamos de aquí. después se volvió y se encaminó para la puerta. pasamos por el edificio en que quedaba mi consultorio. Ya vimos lo que queríamos. era que siempre me había sentido bienvenido allí y no un intruso.. —Miles. Miles. —No. natural e interesada.. —Pero las carreteras. Era una mujer vigorosa. Continué mirándola en silencio por un momento. con la voz muy baja.

Agosto y Septiembre de 1976. En la mitad inferior de la primera página de la edición del 5 de julio había un tercer agujero. sus cejas se alzaron en una indagación cortes. —Puede. Me volví en la silla y miré a través de la sala a la Srta. La Srta. Agradecí el gesto. que tampoco estaba en las otras tres páginas del Record del 8 de julio. desprovisto de cualquier expresión. Una noticia había sido recortada de allí. Ya era pasado el mediodía cuando apareció. No había nadie más en la sala ahora. y punto final. —Claro que pueden. ella rodeo la mesa y atravesó la biblioteca en nuestra dirección. La Srta. Bernard Budlong. Weygand tardó algún tiempo para subir de la sala del archivo. Weygand que yo había conocido por tantos años. La fecha en el recorte de Jack era del 9 de julio. entre Becky y yo. la primera quincena de julio. En la mitad inferior de la primera página del Record del 6 de julio había otro agujero. un hombre anciano. Examinamos el resto de aquella página y también la segunda página. pregunte: —Podemos dar una mirada en la colección del Mill Valley Record. de cerca de 20 centímetros de altura. Nos sentamos en dos sillas en la mesita con las revistas. Srta. con una navaja. Becky cogió una y se puso a leerla. No descubrimos lo que buscábamos.Tras las amenidades de costumbre. En el instante en que la mire. sentado en otra mesa. Weygand? Del verano pasado. Yo sabía. con la colección encuadernada en la que se podía leer Mill Valley Record. y el otro visitante se había retirado pocos minutos antes. ella dijo: —No. Julio. también con unos 20 centímetros de altura y dos columnas de anchura. sonriente. verificando cada noticia. de certeza absoluta. ella sonrió. Se hallaba inmóvil atrás de su mesa. —Puedo ayudar en alguna cosa? —Aquella ansiedad serena e interesada era típica de la Srta. su rostro estaba impasible. yo di una mirada a mí alrededor. Sólo había una persona presente. Vuelvo en un instante. Weygand? Sonriendo siempre. Lo que era una situación insólita. Quiere hacer el favor de venir un momento. pero si una súbita punzada de conocimiento intuitivo. porque. con los ojos fijos en nosotros. Quédense sentados aquí y relájense. Weygand. en el instante siguiente. Weygand se detuvo a mi lado. concentrados. de dos columnas de anchura y de 12 a 15 centímetros de altura. Abrí el inmenso libro y encontré el ejemplar del Record del día anterior. Ambos examinamos cuidadosamente la primera página. No había ninguna noticia en el periódico acerca de Budlong o de las vainas. por tres columnas de anchura. Sus ojos eran brillantes. Pasaban 26 minutos del mediodía en el gran reloj en la pared por encima de la mesa de ella. Srta. V oltee la página. —Cuando me ofrecí para descender y tomar personalmente la colección. No era solo una mera palpitación. No había nada acerca de vainas gigantescas o del Profesor L. En la orilla superior izquierda de la tercera página había un agujero rectangular. El momento fue sólo una fracción de segundo. Becky y yo nos miramos. con la expresión . La mire y ella no desvió los ojos. jovial e inquisitivamente. tan inhumanamente fríos como los de un tiburón. Pasamos al ejemplar del día 7 de julio y comenzamos por la primera página. La dejó encima de la mesa. sí. cuidadosamente.

a las casas. —No necesita darse al trabajo. Miles? Yo no conocía la respuesta y me limité a menear la cabeza. abandonó la representación. Por un momento. completamente desconcertada. no es así? Ella frunció el rostro. Me levanté para hablar de nuevo. . la voz infinitamente remota e indiferente: —Me conoces aún? —Enseguida se volvió y se alejó. incluso la Srita. —Cuántos más. Un pez en el mar estaría más próximo a mí que aquella cosa que me miraba. cortó todas las referencias a las vainas encontradas en Mill Valley en el verano pasado. Yo había dicho que la conocía y ella respondió. de escenificar un acto para nosotros. camino de la casa de Becky. nada en común conmigo. Weygand. ella se quedó inmóvil. Después. con el rostro muy cerca de la Srta.jovialmente inquisitiva.. Becky sacudió la cabeza y murmuró: —Incluso ella. Y hablé. No había ahora cosa alguna en aquella mirada. La Srta. Se inclinó hacia el frente. diferente de todo lo que conocía. primero por encima de un hombro. mirando aturdida de mí hacia Becky. Allá fuera. abruptamente. que 20 años antes me había prestado el primer ejemplar de Huckleberry Finn que leí. Sé exactamente lo que es. mirándola a los ojos y bajando la voz: —La conozco. Srta. —Me incliné más de cerca. en la calzada. extremadamente fría e implacable.. aturdida con la acusación. mientras seguíamos al frente. Becky miró a su alrededor. Weygand. Las lágrimas brillaban en sus ojos. Oh. Después. tranquilamente: —Antes de traernos la colección. me miro con una expresión impasible. los jardines apacibles.. dimos media docena de pasos en silencio. Weygand o quienquiera que sea.. después por el otro. Le hice un gesto a Becky y salimos apresuradamente de la biblioteca. Y después habló. la calle. Señale la cabeza hacia el agujero en la primera página del periódico al frente. mirando con una expresión de sorpresa el periódico mutilado sobre la mesa. Miles.. Weygand de cabellos grises..

cogiendo mi brazo. pero tenemos que buscar la manera de verlos. Me detuve también junto a ella. me quité el zapato. fumando un puro. y avanzando en silencio por el pasto. Miré a Becky y ella tragó en seco. junto con tío Ira. Pero pueden quedarse aquí. imaginando si no habríamos cometido algún terrible error. —Claro que lo sabemos —dije tío Ira. Becky! Tenemos que descubrirlo! O entonces de nada servirá que hayamos vuelto a la ciudad! Cogí el brazo de ella y entramos en el camino de lajas que llevaba a la casa. pensando por un momento. también se quitó los zapatos. a causa de los árboles inmensos y antiguos y de los altos arbustos del jardín. —. —Donde deben estar ellos. no puedo entrar en casa! Estábamos casi delante de la residencia y Becky se detuvo en la calzada. —lamento no haber visto a Becky. siempre en silencio. levanté un pie. Todos parecían los mismos. si todas aquellas personas no eran justamente lo que parecían. de cabellos grises. Un poco adelante de las ventanas del salón. No vamos a entrar.. —Esta bien. Avanzamos por un costado de la casa.. decir. —Tengo que estar de vuelta en la tienda en una hora. Becky. la mujer de rostro tierno que era la tía Aleda. Nos sentamos en la baranda al lado de una ventana abierta. la sacudí una vez. volteando hacia mí. Finalmente. Me detuve. como ya deben saber.. tía Aleda. con todo cuidado. muy lentamente. Las ventanas estaban abiertas y podíamos oír el murmullo de voces por detrás de las cortinas blancas. después el otro. Estábamos completamente ocultos. —Y Miles también está de vuelta. y me apresuré en añadir: —Tenemos que descubrir lo que está sucediendo. Wilma. y hablaban exactamente como siempre hacían. Quién pasara por la calle no nos podría ver. tía Aleda y tío Ira —murmuró Becky. donde deben estar ellos? En el salón? Ella asintió. del padre de Becky. Baje la cabeza y miré a Becky. Pero salí de él inmediatamente. caminando junto a la baranda ancha y antigua que pasaba por las ventanas del salón. Becky volvió a la ciudad. Becky? —Como no respondiera. sin soltarle el brazo. —Estaba convencido de que la encontraría en casa. jalando a Becky.CAPÍTULO 13 Había un coche estacionado delante de su casa. —Wilma. casi bruscamente. todos sentados: el padre de Becky. —No —respondió Wilma. subimos silenciosamente los escalones de la escalera. y oímos el ruido de una taza y platos siendo colocados en una superficie de madera.. —Miles. de rostro redondo y mejillas sonrosadas. casi en el fondo de la casa. —También nos vamos aunque… —dijo la tía de Wilma. Pudimos reconocerlo al aproximarnos: era un sedan Buick Century 1973. . el alto y anciano tío Ira. Allí estaban ellos. aturdida. Levanté la cabeza lentamente. —Becky. —También lo lamento —dije el padre de Becky. —Ella comenzó a sacudir la cabeza nerviosamente. a un lado de la ventana abierta. acepta más café? —oímos la voz. hasta que un ojo quedo por encima del pretil. con la pintura azul decolorada por el sol. Después.

cansada e irritada. para indicar que no estaban siendo engañadas. bajo la vieja manta que mantenía allí. El dinero que ganaba parecía no tener ninguna importancia para Billy.No entendía como ellos podían haber sabido que estábamos de vuelta. había un negro de mediana edad que tenía una silla de limpiabotas delante de un hotel. Doctor. Billy tenía un título para cada uno de sus clientes habituales. aunque no consiguiera situarla inmediatamente. Cuando se le pagaba. General. se llamaba Billy. Y en el instante siguiente. Teniente. Es un placer volver a verlo. el limpiabotas. fui bruscamente despertado por pasos en la calzada al lado del coche. Oí una voz de hombre decir: —Buen día. con plena convicción. O siquiera que habíamos partido. La lisonja era obvia. Y comentaba: —No hay nada para coger un brillo tan bueno como el cuero viejo. —Mis saludos. Lo que no les impedía. Coronel? Buenas noches. muy cansado para conducir de vuelta. —Buen cuero —murmuraba él. Obviamente. responder: —Hola. me enrolle en el sillón trasero. Sacudía la cabeza con una expresión crítica de aprobación cuando un cliente aparecía con zapatos nuevos. Con Billy. Bill. la misma voz volvió a hablar. Era uno de los personajes más conocidos de la ciudad. Todos lo apadrinaban. el silencio de Billy era una confirmación de todos los elogios que él había hecho anteriormente. Solo en mi viejo coche. inevitablemente. sucedió algo que me provocó un escalofrió. Y si el cliente aparecía con un par de zapatos ordinarios. volviéndola de un lado para otro a fin de orientar el reflejo de la luz. —Buen día. Si señor. toda su atención se concentraba en los zapatos. pero voy a intentarlo. Estaba sintiendo un sueño irresistible. y las personas siempre sonreían. él ni siquiera miraba las monedas puestas en su mano. inesperadamente. Si los zapatos eran viejos. —Es un placer trabajar en zapatos así. Y seguía por ahí: —Como la ha pasado. Tal vez medio minuto después. Cierta noche. a tres o cuatro kilómetros de casa. en una aventura de estudiante que ya no tiene ninguna importancia ahora. Billy profesaba tener un amor genuino por los zapatos. cuando ya estaba casi durmiendo. Como tenia la cabeza abajo de la ventana del coche. Es algo muy difícil de explicar. Charly. me quedé despierto hasta el amanecer. En el siguiente instante. haciendo que los cabellos de la nuca se me erizasen. La segunda voz me era familiar. Detuve el coche junto al borde de la calle. en un tono súbitamente extraño y alterado: . El cliente se iba con una sensación exultante. y como el sol comenzando a aparecer por el horizonte. Capitán —decía a otro. Billy ponía la mano en concha por encima al terminar. como si hubiera acabado de hacer una buena acción. Cuando aún estaba en el colegio. que les gustara. Las aceptaba distraídamente. sentía una especie de orgullo tonto por la confirmación de su buen gusto. él sentía placer en ejercer una de las más humildes actividades del mundo. no podía ver quién estaba hablando. se tenía la sensación de estar en compañía de esa cosa extremadamente rara que es un hombre feliz. sin embargo. porque él representaba la noción general de como debería ser un “personaje”. me descubrí en el barrio más pobre de la ciudad. Profesor —decía él sobriamente al comerciante de lentes que se sentaba todos los días en su silla para engrasar sus zapatos. Pero oí otra voz. El cliente.

Bill. van a cumplir cincuenta y seis años el próximo martes y aún adoran recibir una buena limpieza! —La voz era de Billy. —Dentro de los límites —continuó tío Ira. Vamos. todo no pasaba de una parodia grotesca. poder cuidar de zapatos así. que sonreía condescendiente a la cabeza baja de Billy. oí a Billy decir: —Eso si que es un brillo. que añadió. Miré al hombre corpulento sentado en la silla. —Es todo lo que quiero en la vida. Tal vez por un minuto entero. Nunca más volví a limpiarme los zapatos en la silla de Billy. en direcciones opuestas. con voz afectada. horrible. para con eso. y dijo: —No dejes que ellos acaben contigo. en años. de súbito. Traté de alejarme y seguir adelante apresuradamente. pero desprecio mayor para si mismo. Comandante. Miles? Mató a muchos hoy? Por primera vez. Nunca antes. No necesitas hacer eso. avergonzado por todos nosotros. en toda mi vida. en una imitación súbitamente rencorosa y de escarnio de la cantaleta tan familiar. siglos antes.. oí en otra voz el mismo escarnio chocante que había oído en la voz de Billy. —Estaba pensando aun en ir hasta tu consultorio para hablar sobre. lo que sucedió. Sólo una vez lo olvidé y. Bill —murmuró la primera voz. que zapatos! Esos zapatos ya tienen.. La voz de él parodiaba la mía. Miré al rostro de Billy. Profesor. Billy dejo de hablar y bruscamente soltó una risotada. —Oh. Miles. Bill..—Buen día. con su amigo murmurando. en el jardín de su casa. parado en la calzada del barrio miserable en que vivía. Déjeme besarlos! Por favor. los cabellos de mi nuca quedaron erizados. iluminado de placer por el zapato brillando al frente. con el sarcasmo cruel de un niño mofándose de otro. rencoroso. Por eso. Ella sonrió falsamente. desprecio por las personas engañadas por su exhibición diaria. déjeme ver.. con un odio que me hizo estremecer. déjeme besar sus pies! La amargura acumulada de tantos años impregnaba cada palabra y sílaba que él profería. Pero Billy continuaba. Sólo que. —Había una cordialidad distorsionada en la voz. —No pierdas el control. —dije Wilma en ese instante. La pequeña tía Aleda soltó una risita y prosiguió en la reconstrucción de la conversación de Wilma conmigo: . Enseguida. había oído tamaño desprecio en una voz. en esa ocasión. Y continuó hablando. ocasionalmente: —Relájate. —buen día. Su amigo rió también. Pero Billy ignoró el consejo. Billy continuo en aquel arremedo casi histérico de sí mismo. Coronel. un desprecio amargo. un momento después: —Como van los negocios. el hombre que suministraba el servilismo por el cual ellas pagaban. Pero mire. las palabras y el tono que toda la ciudad conocía con afecto. repitiendo la respuesta que yo le había dado una semana antes.... —Hasta más tarde. Y tomaba todo el cuidado en jamás pasar por ahí. aprensiva. Charly. en un horrible arremedo de timidez.. —Y Miles también está de vuelta —dijo tío Ira. medio constreñido. —Becky volvió a la ciudad —había dicho el padre de ella. en aquel momento. Y después los pasos volvieron a sonar.

recuperé el buen sentido. —Quedó parado en la baranda. entre mi pulgar y el índice. pidiendo silencio. el rostro completamente drenado de cualquier sangre. aumentando la distancia de aquella casa antigua en que ahora se había instalado todo aquel horror. Después de una breve pausa.. Sólo olvida lo que sucedió. Con los otros dedos. sabía que no eran ni siquiera seres humanos. con la boca entreabierta. al tiempo que ponía la otra mano sobre la boca de Becky. —Sobre que? —Pues. tío Ira.. —No pasa nada. y la ayudé a levantarse. ella añadió. claro. —Era Nick Grivett. Fue su movimiento. —El tono de voz con que hablaba era repulsivo.. imitando mi voz con perfección: —No necesitas perder el tiempo en explicarme nada. Simplemente menee la cabeza y continuamos caminando. —Hola. Miles. sonriendo afablemente. sonriendo jovialmente. cuando comenzó a levantarse. camino a mi casa. percibí que un poco de cordura retornaba a su mente. con la espalda apoyada en la pared de la casa. Aleda y el padre de Becky.. Nick —murmuré. En la calzada.. con los zapatos en las manos. . pero. volvimos a ponernos los zapatos. a fin de que ella no pudiera gritar por el súbito dolor. estoy terriblemente apenada.. Becky se limitó a murmurar: —Oh..—Miles. oprimí bruscamente. Ya estábamos subiendo los escalones. Becky.. Me di cuenta que ella estaba casi semiinconsciente. hasta casi vomitar. puse un dedo sobre mis labios. Seguimos de frente. Miles. y extremadamente fríos.. sólo dos calles adelante. Después. No sé realmente lo que sucedió o como te puedo explicar. Apreté con fuerza.. estoy simplemente queriendo esclarecer algunos detalles. Pero yo no iba a satisfacerme con eso. Nick? —Nada de importancia —respondió el policía. El dolor fue tanto que un brillo de rabia surgió en los ojos de la chica. Wilma.. los ojos divertidos. —Negó con la cabeza. No me di el trabajo de amarrar los cordones. —Pero me gustaría que me acompañara hasta la comisaría. Sentí un frío invadirme el cuerpo.. ahora mas aprisa. No hicimos ningún ruido al atravesar y descender la baranda. —Claro. —Era más un gemido. encogiéndose de hombros. Becky estaba sentada en el suelo de la baranda a mi lado. —Nick Grivett volvió a encogerse de hombros. el jefe de policía de Mill Valley. —Solo quiero hacerle algunas preguntas de rutina. Observando el rostro de ella atentamente. Cogí un pedazo de piel en el antebrazo de ella. buscando imprimir a la voz un tono despreocupado. Sabía que aquellos no eran Wilma.. los pies sólo con medias. —Sobre el cuerpo que usted y Belicec dijeron haber encontrado. angustiado y desesperado. cuando note el bulto sentado en el balancín de la baranda.. si no le importa. —Hola. Miles. que me atrajo la atención y los botones de latón de la casaca del uniforme azul. Y todos rieron. era un hombre de mediana edad. los labios contrayéndose y dejando los dientes a la vista. Cuál es el problema.. No quiero que te preocupes con eso ni te sientas apenada.. donde la piel es fina. —Algún problema? —No.

a fin de aliviar la presión en su garganta. Pasé el brazo por su cuello. y lo llevé al interior de la casa. —Tienes razón. En aquella situación. Miles. Podía verle el rostro. No te preocupes por mí. No hay tiempo ahora. — Hizo una seña con la cabeza en dirección del garaje. —Miles. preguntando. V oy a huir también. Sujete sus manos. Asentí. después negó con la cabeza. Yo lo traeré de vuelta cuando terminemos. a lo sumo —respondió él. si no le incomoda. quedando de rodillas en el suelo de la baranda. mi cadera comprimía contra su espalda. —Me volví hacia Becky. y por eso se quedó inmóvil. El lugar más fácil y natural para el jefe de policía era estacionar su coche en la calle. La cogí por los brazos. delante de la casa. un poco por encima de los codos. Miles. regordete. a un lugar seguro. como si eso fuera perfectamente natural. Nick fue poniéndose de pie. con sus propias esposas. Toma mi coche ahora mismo y trata de escapar. estirándole hacia arriba. añadió: —No discutas. Empujé a Nick Grivett a una silla. es demasiado para nosotros —dije Becky. mirándola a los ojos. Cortésmente. Nick se tambaleo para un lado y cayó. —Está bien. Nick? —Diez o quince minutos. a menos que pensara que la estrella dorada pudiera ahuyentar a las personas por las cuales estaba esperando. Miles. levante el puño con toda mi fuerza y lo golpee en la mandíbula con un golpe violento. Sólo que huiré y lucharé a la vez. de pie a su espalda. Vamos en mi coche? —Prefiero ir en el mío. Nick sabía perfectamente que la usaría si fuera necesario. Tienes que dejar esta ciudad. después cogí el teléfono y llame a Mannie Kaufman. también en tono despreocupado. El teléfono comenzó a sonar en el otro extremo de la línea. haciendo un gesto para que Nick pasara por delante. Y quiero que tú te vayas muy lejos. Miles. Olvidó las puertas abiertas. Un instante antes de que Nick quedara justo delante de mí. su mandíbula no llegaba a alcanzar mi hombro. oí la voz de Mannie . Lo que no sucedía conmigo. tocando en mi brazo. —Dejé mi coche en el garaje. Todos ellos. —Está bien —acepte. Necesitábamos ahora de toda y cualquier ayuda que pudiéramos obtener. después de un momento. Ella me miró en silencio por algún tiempo. —Ellos están atrás de nosotros. Le arranqué el arma del cinturón. No es así. al lado del suyo. tan vacíos de cualquier emoción como los ojos de una barracuda. era de esperar que cualquier hombre estuviera furioso. Becky. lo que no era el caso. huir a mil kilómetros de distancia de Mill Valley. No voy a dejar que me agarren. Y asentí. medio tambaleándose. escapar de Mill Valley. pues la cabeza de Nick estaba inclinada hacia atrás. —No quiero seguridad sin ti. se mordió el labio. pero los ojos de Nick estaban fríos. Al tercer toque. Tenemos que irnos. Quiero que tú salgas de aquí. como si estuviera cansado y desinteresado. Era un hombre relativamente bajo. me hice para la reja de la baranda. Nick se encaminó a los escalones. como piensan algunas personas. De que serviría? —Cuando hice intención de hablar.—Está bien. Pero tengo que quedarme aquí.. Pero no es tan fácil derrumbar a un hombre con un golpe. Y van a atraparnos. apunte a su espalda y lo empuje. como si eso no tuviera ninguna importancia: —Quieres ir también? No vamos a tardar mucho. a menos que se esté bien entrenado y se conozca el asunto. Bostece ligeramente.. aferrado a su cuello. aquí mismo.

nadie atendió. Miles. —Conozco a la Sra. en este momento. —Sabía que Jack entendía y él sabía que estábamos dejando mi casa. —Jack colgó. con su habitual voz mecánica: —Cual es el número que está llamando. Ananias. Luego cerré las esposas. —Él tiene algo que necesitamos. —Está bien. —Jack. Lo entiendo perfectamente. Es mejor salir de ahí deprisa. —Se acuerda de aquel hombre mencionado en su recorte de periódico. donde no podría . Y hablé deprisa: —Jack. un nombre bíblico. Miles. —dijo Jack. Miles. Pero. Jack es un literato e intenté acordarme de algún personaje de la literatura cuyo nombre se hubiera hecho un símbolo de falsedad. Bajo la amenaza del revólver. Vamos a dar una pasada por allá. Jack? El tal profesor? — Tenía la certeza de que Jack sabría que era una referencia a Budlong. Es la única cosa que se me ocurre en este momento. Me está entendiendo. El teléfono de Mannie no estaba sonando ni cualquier otro teléfono. Un momento después. La central telefónica se hallaba en manos de ellos. por favor? Di la información y el teléfono comenzó a tocar. Para donde va? Tuve que hacer una pequeña pausa para pensar como podría transmitir la información a Jack. En el garaje. el mentiroso. —Está bien. Quería que la persona o personas que estuvieran escuchando pensaran que estábamos dejando la ciudad. Creo que tal vez lleguemos a pie. comprendí que habían permitido aquella conexión para oír lo que dijéramos. recordé un nombre. Jack? Sabe lo que vamos a hacer? —Perfectamente. él se arrodilló en el piso del coche. Ananias. —Creo que vamos a hacer exactamente la misma cosa. Pase por allá en su coche exactamente dentro de una hora. buscando su dirección. la telefonista entró en la conexión. Cuando él atendió. Pero. Miles. y espere que hubiéramos conseguido engañar a las personas que estaban escuchando la conversación. Dejare mi casa en el instante en que cuelgue. Y necesitaba encontrar un medio de decir eso a Jack de tal forma que él comprendiera que no era verdad.decir: —Alo? —Y en el siguiente instante el teléfono quedó muerto. Mientras hablaba. Es la Sra. y que todo lo demás se fastidie. En el instante siguiente. —Pues puede también estar cierto de una cosa. pero no la ciudad. en el momento. esta vez. Ananias y su reputación como una persona que merece confianza absoluta. sí. ojeaba rápidamente el directorio. en la parte de atrás. dejando a Grivett encadenado a su propio coche. conozco una mujer que tiene un pequeño hotel a dos horas de coche de aquí. el de Ananias. Jack: Becky y yo estamos dejando la ciudad. y era capaz de apostar que él estaba sonriendo. Sabía que la telefonista simplemente me había conectado con un circuito sin respuesta. Nos estamos yendo para el hotel de la Sra. Por qué entonces no vamos todos juntos? Sugiera un lugar para encontrarnos. no se me ocurría ninguno. Intentaron agarrarnos. atrás. Miles. Abrí las esposas apenas el tiempo suficiente para cerrar una argolla en el travesaño de hierro del sillón del frente. tenemos problemas. encontré la llave de las esposas de Grivett en el llavero dentro del coche. Conoce el nombre? —Lo conozco. Y van a intentar atraparlos a ustedes también. Deshice la conexión y telefoneé a Jack.

Pero. cuidadosamente. Grivett quedó nuevamente inmóvil y le pellizque la piel con más fuerza que antes. . Aunque quién estaba frente a mi no fuera más Nick Grivett. Me hallaba. Se lee mucho acerca de personas que reciben golpes en la cabeza y se desmayan. trabajando contra nosotros. tome una porción de piel en su nuca y lo retorcí con fuerza. atento a cualquier reacción de dolor. esta vez. Pero no había otro remedio. Y yo sabía eso. pero no se encuentran en los periódicos y libros referencias a los coágulos en el cerebro. observándole el rostro. Alcanzamos la calle y tomamos dirección norte. Aquel era el coche del Dr. Lo golpeé otra vez con el arma. y las informaciones sobre nuestro paradero se estaban esparciendo por la ciudad. como todos en la ciudad perfectamente lo sabían. Me pregunté si los teléfonos no estaban siendo usados en aquel momento en las casas por qué las pasábamos. Él soltó un grito. a fin de alcanzar la Avenida East Blithedale. Envolví el revólver con su gorra y lo golpee con la culata —no en medio. el hombre que podría tener la respuesta que no conocíamos. quería esconderme. En cualquier momento. Y no sabía que más podríamos hacer. Después. La verdad es que es extremadamente peligroso golpear un hombre en la cabeza. Con el pulgar y el índice. un coche de la policía o cualquier otro podrían súbitamente forzarnos a detenernos. El revólver de Nick Grivett estaba en el asiento a mi lado. Bernard Budlong. no se movió. Salimos del garaje en mi coche. camino de la casa de L. aún era muy parecido a él y yo no quería romperle el cráneo. Grivett se desplomo cuando lo golpee y quedó inmóvil. listo para ser utilizado. Quería huir.alcanzar el micrófono. volví para cerrar las puertas. sino al lado —en su cabeza. El tiempo se estaba agotando rápidamente. sin embargo terriblemente consciente del Mercedes rojo en que estábamos. La última cosa que me interesaba era sentarme en la casa de algún profesor y quedarme conversando. en reversa. Bennell. pero aplicando un poco más de fuerza.

inteligente e interesado. no había nadie a la vista. Nada se movía.. a menos que estuviera a menos de cinco metros de distancia. Cualquier persona que dispone de espacio suficiente en su propiedad. con un patio trasero de tamaño considerable cerrado por atrás y en uno de los lados por una cerca alta. Sabía como seguir por aquella vereda y por otras. si claro. en busca de caza menor. era más probable que no estuviera. sin entender por qué habíamos usado la puerta lateral.. Teníamos la certeza absoluta de que nadie nos veía. que Budlong podría perfectamente no estar en casa. Ocho o diez segundos después que llame.. Mill Valley queda entre colinas y las calles son sinuosas. me senti profundamente agradecido por tal costumbre. Era una construcción de dos pisos. más o menos escondido. En aquel momento. con arbustos del otro lado. Abrí el portón de la cerca en la parte de atrás. —Ah. en California.. a una docena de metros fuera de la vereda. Usaba anteojos de aros de acero. Dejé el coche atrás de algunos árboles. en la casa y en el patio allá abajo. armado con un rifle 22. Nadie nos podría ver en la vereda. y rodeamos la casa. trata de resguardar su intimidad. de donde podíamos divisar claramente a través de los árboles y de los arbustos. subiendo o descendiendo. La casa poseía una entrada lateral. Encontramos un lugar. los cabellos eran castaños y ligeramente ondulados. La vida al aire libre es algo muy importante en California. como los profesores frecuentemente parecen tener. . la casa y el patio trasero. por una vereda que había recorrido muchas veces cuando era niño. sonriendo jovialmente. es montañosa. luego bajamos de la cresta de aquella colina y de la siguiente.. con varios eucaliptos. La calle terminaba en una ladera demasiado escarpada para construir y dominada por vegetación silvestre. Se me ocurrió entonces. siempre sonriendo. tal vez a unas tres manzanas de la dirección de Budlong. dejándola al abrigo de la mirada de los curiosos. —Ya lo había visto por la ciudad y. médico. No tardó mucho para que pudiéramos avistar la casa. de madera pardusca. hasta llegar al patio trasero de la casa de Budlong.CAPÍTULO 14 Una parte considerable del Condado de Marin. Calculé que debería rondar los 40 años. cada palmo de cada calle y colina. Yo conocía todo. Pero él estaba. en la base de la colina en que estábamos. después la abrió. —Soy Miles Bennell. Llame y quedamos a la espera. Seguí por una pequeña calle que no tenía salida. el rostro de apariencia joven. atravesamos el patio. El Profesor Budlong? —El mismo —respondió él. por lo que pude imaginar. —No crea que usamos la puerta equivocada. No utilizaríamos más el coche y quienquiera que lo encontrara con el motor encendido podría perder tiempo esperando que volviéramos. Así que tratamos de descender cautelosamente. Subimos el resto del camino. Dejé el motor encendido. Salimos. Después de un momento de vacilación. —No crea que le engañamos —comenté. Desde sólo dos casas podía verse el coche y siempre era posible que nadie en ellas nos hubiera descubierto. con una risa cortes. y.. nos miró a través del vidrio. No había ninguna posibilidad de llevar el revólver de Nick sin que lo notaran. por primera vez. Nos miro con una expresión inquisitiva. —Él movió la cabeza. acabé escondiéndolo en medio de los matorrales. un hombre apareció en la puerta.

trabajando. con detalles suficientes para despertarme la curiosidad. —Así que. pero ignoraba su nombre. —Como esta? —El profesor empujo la puerta y dio un paso a un lado. Jamás había conocido a ningún reportero. Como tengo mi orgullo profesional. como si estuviera sorprendido. “botánico”. Por motivos muy complicados para relatar en aquel momento. Y todo lo demás que pueda añadir. esa noticia. con una sonrisa amistosa. Budlong ocupó la silla giratoria atrás de la escribanía. estábamos interesados en cualquier cosa que nos pudiera decir acerca de una noticia de periódico en que fuera citado. un tanto oscura. parecidos a vainas. casi infantil. de tapas corredizas. Sonrió nuevamente. que no sabía. Imaginé que pasaba mucho de su tiempo allí. —Pero la culpa fue solo mía. añadiendo: —No quieren entrar? Budlong nos llevó por un pasillo hasta una especie de estudio. —Eso le hizo sonreír de nuevo. Creo que las consecuencias nunca van a acabar. El Profesor Budlong se puso las manos sobre el pecho. aunque poco resta de la construcción. Y describió lo que era. sonriendo nuevamente. se encogió de hombros y añadió en tono pesaroso: —Los reporteros de los periódicos son envolventes. no imaginaba lo que podría llegar a hacer. sólo una pequeña referencia al respecto en el Record. No habíamos llegado a leer la noticia. un sofá viejo en un lado. aparentemente de origen vegetal. cerca del antiguo Granero. Había algo allá que yo debería ver. —Se recostó. y yo dije la verdad. me dijo el joven reportero. fui hasta allá en el coche con el reportero. Por lo tanto. resbalando un poco para reposar la cabeza en el apoyo de la silla.—También yo lo conocía de vista. una alfombra en el suelo. En un montón de basura. Becky y yo nos sentamos en el sofá. un joven llamado Beekey. —En que puedo ayudarlos? Le expliqué lo que queríamos saber. —Budlong hizo una pausa. Beekey me preguntó lo que era.. —El reportero frunció las cejas al oír eso. algunos libros en un estante. con sólo una ventana. muy inteligente. Creo que he llevado una vida por demás apartada. con las puntas de los dedos de ambas encontrándose. repitió el joven Beekey. —La verdad es que la noticia decía algunas cosas que no debería. diplomas y fotografías enmarcadas en las paredes. Quieren saber lo que decía la noticia? —Exactamente. me mostró algunos envoltorios inmensos. Respondí que sí. volviéndose a fin de quedar de frente a nosotros. Se me ocurrió que los profesores buscan inconscientemente comportarse de manera como las personas piensan que los profesores deben comportarse. no tengo de que quejarme. Tenía una escribanía anticuada. Sabía que era profesor. Me preguntó si me gustaría acompañarlo en coche al que aún es llamado el Granero de Parnell. Pero la lámpara en la escribanía estaba encendida y la sala proporcionaba una sensación agradable y acogedora. Era de mañana y él me preguntó si yo era profesor de Botánica y Biología. sacudiendo la cabeza con una expresión triste de quien hallaba gracia de sí mismo. Ella es Becky Driscoll. Era una sala pequeña. . Me pregunté si lo mismo no sucedería con los médicos.. Budlong estaba sonriendo cuando termine. me sentí impelido a decir que ningún botánico vivo podría identificar absolutamente cualquier cosa que le fuera mostrada. Y cuando me telefoneó. —Ah.

la noción. —El profesor hizo otra pausa.. Sacudimos la cabeza. Beekey intentó entonces otro camino. parecía espantado. —Levantó súbitamente la . —Beekey me pregunto a continuación si aquellas cosas no podrían haber venido del “espacio exterior”.. Algunas esporas.. Cualquier estudioso del asunto está al corriente de la teoría y hay muchos argumentos tanto a favor como contra. ciertamente usted sabe quién es. fue uno de los mayores científicos de los tiempos modernos. Había. Y estaba dispuesto a cualquier cosa por conseguirla.. —Sé que debería haber tenido un poco más de… bueno… sensatez. Las vainas no me parecieron absolutamente extraordinarias. La teoría. Por qué no? Simplemente yo no sabía. se trata de alguna especie de vida vegetal?” Respondí que sí. una noticia sensacional. rechazando. Estaba queriendo una buena noticia. con los codos apoyados en las piernas —. yo sólo podía responder que sí. como quiera que prefieran llamarla. Finalmente. Y escribió la expresión en su columna. Simplemente no sabía cual era la procedencia de aquellas cosas. Y fue ahí.. en su opinión.“Eso por casualidad significa que. Tal vez absolutamente ninguna vida haya comenzado en este planeta. Doctor. si era posible. que todo aquí llegó a través de las profundidades del espacio. Por eso le dije al reportero que sí... que reunió dos palabras mías como si fueran una sola expresión. Budlong dio una chupada al cigarrillo. Lord Kelvin. pero sucede que soy humano. la misma impresión que cualquier otra persona tendría. Pues eso pareció ser una novedad espantosa para mi amigo reportero.. acomodándose en la silla e inclinándose hacia el frente. No tiene nada de sensacional o aún de espantoso. Beekey intentó interesarme en el hecho de que diversos objetos en el momton de basura en que las vainas habían caído parecían idénticos. —Budlong volvió a recostarse en la silla. Era divertido ser entrevistado. de que alguna clase de vida vegetal llego a este planeta procedente del espacio es antigua como el tiempo. dijo él. personalmente. Todo lo que podía decir era que se trataba de alguna especie de vainas de semilla. que el joven Beekey me atrapo. Pueden haber sido atraídas a la orbita de la Tierra por una presión de la luz. de donde más podrían haber venido? Parnell. Para su satisfacción.. Lord Kelvin. Bueno. Aquellas podían ser esporas del “espacio exterior”. para usar las propias palabras de él. un mango de hacha quebrado. que probablemente aquellas cosas eran de hecho vegetales. —Las cosas que él me mostró parecían inmensas vainas de semilla. Y es una teoría perfectamente respetable. sonriéndonos. dijo él. aunque tuviera que reconocer que la sustancia por dentro no se parecía con lo que normalmente imaginamos como semillas. poseen una resistencia enorme al frío intenso. —Budlong se alzo de hombros —. a no ser posiblemente por el tamaño. —El profesor sacudió la cabeza. amplié la idea.. sin que hayamos tenido tiempo de percibir lo que está sucediendo. que podrían haber venido de allá. de lo que no dude. “Esporas del espacio”. El viejo Parnell dije que habían caído del cielo. —Como esos reporteros son expertos! Consiguen llevar la gente a hacer algún comentario. con una expresión de admiración.. no creí que eso fuera tan espantoso. sin ningún otro motivo sino la de proporcionar al joven Beekey lo que él parecía estar queriendo saber. Aceptan un cigarrillo? Saco una cajetilla del bolsillo superior de su camisa y nos ofreció a Becky y a mí. Comencé a imaginar los titulares que podrían haber derivado de eso. con otro exactamente igual al lado.. resaltó él. Él atribuía eso a las vainas. fue uno de los muchos partidarios de esa teoría o posibilidad. por ejemplo. Pero. en un tono obviamente satisfecho. Encendió un cigarrillo y sopló el humo para lo alto.

así como también podrían ser cualquier otra cosa. La luz es energía. Bennell. —El profesor de apariencia infantil volvió a sonreírnos. sería innegablemente impelido por la fuerza de la luz. quedaran en el camino de la luz que al final alcanza la Tierra.mano. —Es una característica de la mente académica ampliar una teoría interminablemente. Cuando finalmente se enfrió. —No es que no estuviera hablando rigurosamente con la verdad. Los defensores de la teoría. Pero que es la lentitud infinita en el tiempo infinito? A partir del momento en que se acepta la posibilidad de que los esporas estén vagando en el espacio. Imagine ese punto minúsculo que es nuestro globo en las inmensas distancias del espacio. dijeron ellos. como algo posiblemente raro pero perfectamente conocido. de la manera más común que se podría imaginar. de donde más podría haber llegado la vida. Una botella tapada y arrojada en el océano puede circular el globo terrestre. sonriendo nuevamente. si hubiera tiempo suficiente. deben haber iniciado su jornada mucho antes de que nuestro planeta existiera. Así. si tuviera el tiempo suficiente. que aquellas cosas podrían ser esporas espaciales. inconcebiblemente caliente. ajustando mi ánimo al de él. ofrecí al muchacho la historia que él quería. Eso me interesa. inmensurable. debe comprender. Dr. Profesor Budlong. Declaré. la luz de estrellas distantes o de cualquier otra fuente. La luz del sol incidiendo sobre un acre de tierra arable pesa varias toneladas. Profesor? Si. —Pero no es un reportero de periódico. créalo o no. Y allí. Y si las vainas de semilla. a un punto en que la vida se hizo posible. El joven Beekey prefirió publicar la primera parte de mis comentarios. vainas de semillas u otra cosa. resaltan que nuestro planeta fue otrora una masa hirviente de gas. omitiendo la segunda. caigan en la superficie de la Tierra. asegure. entonces es igualmente posible que puedan estar por allá desde hace millones de años. Es claro que protesté. La luz posee una fuerza definida. golpeando levemente en mi rodilla y sonriendo a Becky. aunque personalmente dude que toda la vida en este planeta se haya originado de esa manera. — Infinitamente lento. me dejé llevar por el entusiasmo. tan lento que prácticamente no se podría medir. Posee incluso peso. Le conté parte de la teoría. que esas vainas pueden haber sido impelidas a través del espacio por la presión de la luz.. sino del espacio exterior? Sea cómo sea. Sonreí. aún de la Tierra. Eso simplemente no importa. Cualquier objeto vagando en el espacio. por ejemplo. si quiere usar una expresión tan dramática. —Pero no sería un proceso extremadamente lento. —Interesó también al joven Beekey —dijo él. podrían ser impelidas en esa dirección.. Doctor. Pero el daño ya estaba hecho. Así. como no podría dejar de hacerlo. —Habló de “presión de la luz”.. originarias de aquí. en la hacienda de Parnell. Y esa es toda la historia. si esas o cualquier otro tipo de esporas vaguen por el espacio hasta alcanzar la Tierra. No hay nada misterioso en eso. dos o tres noticias un tanto sensacionalistas y yo diría aunque distorsionadas aparecieron en el periódico local. O sea. Es perfectamente posible que “esporas espaciales”. por el flujo de luz incidiendo en ellas constantemente. Bennell. —Se inclinó hacia el frente.. si alguien se empeñara a fondo en el trabajo. En verdad. Dr. sin embargo. Centenares de millones de años. flotando en el espacio exterior. debería haberle hablado del resto. Creo que hasta es muy probable que eso haya sucedido. muchas veces a un punto tedioso. citando mi nombre. Las vainas de . Es lo que se podría llamar tempestad en un vaso de agua. tenía la certeza de que aquellas vainas serían identificadas. Créame en verdad que. cualquiera de esas distancias puede ser recorrida. lo seria —asintió Budlong. como usted sabe.

al respecto de. y nuestras “esporas espaciales”? Miré al reloj y me levanté. va a llegar inmediatamente a la conclusión de que estoy en lo correcto. de una distancia no muy grande. En la más total confusión. imaginando cuánto podía o debería contarle. Representará mucho para mí. —Creo que no. Y he estado más o menos fuera de circulación. citando mí nombre. antes de añadir: . Lo que quiera que piense que pueda haber observado. podrían.. en determinadas ocasiones. para todos los propósitos prácticos. Yo sabía eso. en nombre de las buenas maneras. Y ciertamente eran un espécimen bastante conocido y clasificado. Y tengo la certeza de que podría haber evitado muchas bromas de mis compañeros. de cambios de personalidad que varios habitantes locales tuvieron. aunque temporal.. estudiándome por un momento. Bennell? Dude por un instante.. Dr. —Me vengo concentrando en los dos últimos meses en el que presiento o espero sea un estudio técnico de los más importantes. a ser publicado en el invierno. —No hay muchas cosas que se puedan asegurar con certeza absoluta. Mi colega piensa que puede haber alguna relación entre eso y. Nos sonrió nuevamente. Y cuando analice mejor esa idea. Era cómo si estuviera tratando una pregunta totalmente absurda con una seriedad que no merecía. Es imposible. Pero usted es un médico. Teníamos que estar a la espera en la puerta delante de la casa. transformarse en una especie de ser humano.semilla en la hacienda del viejo Parnell. sonriendo. dejarnos arrebatar por teorías. en vez de permitirle que aprovechara mis teorías para escribir una noticia sensacionalista. era un hombre extremadamente simpático. Doctor. Pero un profesor de Psicología de la escuela me habló algo acerca de una ilusión aparente. su tono era cuidadosamente escogido. Bennell. incapaz de pensar . tras aparentemente analizar mi pregunta. dedicándome a ese trabajo.. Me quedé pensando por un instante en lo que había acabado de oír. dígase de pasada. profesionalmente. —Dígame una cosa: esas esporas podrían ser alguna especie de extraño organismo extraterreno con la capacidad de imitar o en verdad duplicar un cuerpo humano? O sea. Tras algún tiempo. —Es posible —respondí al Profesor Budlong. una especie de ilusión colectiva que viene ocurriendo últimamente en Mill Valley? —Oí algunos comentarios. gentilmente: —Por qué está tan interesado en esa historia. si es que eso eran. si simplemente hubiera dicho eso al joven Beekey. Y después dije: —Escucho hablar alguna cosa.. —hizo una pausa. —Me miró un tanto extrañado y señalo con la cabeza a un montón de papeles sobre la mesa. que no podrían ser distinguidos de los auténticos? El hombre de apariencia juvenil y rostro simpático en la escribanía al frente mío me miro con mayor curiosidad. un absurdo total.. Ni reproducir la organización celular infinitamente compleja que es el ser humano. Sé personalmente como es fácil. Dr. listos para entrar en el automóvil. O cualquier otro animal vivo. Dentro de poco más de tres minutos. Profesor Budlong. Jack Belicec debería pasar en coche por aquella calle. que simplemente por casualidad no conozco. —Ninguna sustancia en el universo puede reconstituirse en una estructura espantosamente compleja de huesos y sangre. Cuando habló. —Sonrió nuevamente. Sentí que mi rostro se ponía rojo. probablemente fueron traídas para acá por el viento. Budlong indago. está en el camino errado. pero esta es una de ellas.

casi de forma abrupta. Pocos momentos después. Jack había actuado de aquella manera en un momento en que el horror y el pánico estarían haciendo todo para dominarle la mente. pero no habría sido por un tiempo muy largo. mentalmente. estrechándole la mano. Jack habría ignorado diversas oportunidades de escapar. Un momento después. sintiendo que estaba haciendo un ridículo espantoso. Pero estaba seguro que Jack debería haber conducido por las calles de Mill Valley con un coche de la policía pegado a su cola. venían persiguiéndolos. a través de la reja del portón. avanzando por la calzada y recorriendo las fachadas de dos casas más. Extendí la mano para el pasador del portón. debería haber tenido un poco más de buen sentido. Nos metimos a un camino que llevaba a una casa blanca de dos pisos. con sus ocupantes disparando. aún me encontraba en la sala allá dentro. agradecí a Budlong. salí con ella. nos acompañaba cortésmente hasta la puerta del frente.cuerdamente. Y por más increíble que pudiera parecer. oí una voz gritar. en dirección del portón de madera en la alta cerca que se erguía delante del jardín. Había tenido tiempo suficiente para pensar. Por detrás de nosotros. la puerta de la casa se abrió. aproximándose velozmente. quedé parado donde estaba. desaparecer en pleno aire. Una fracción de segundo después se escucho un disparo. Un coche negro y blanco. el estampido áspero e inconfundible de un arma de fuego. doblando la esquina y entrando en la calle. Al descender los escalones. Sabía ahora lo que había sucediendo. con Theodora encogida a su lado. con los neumáticos rechinando. Pasamos por un lado de la casa y atravesamos el patio trasero. extremadamente simpático. otra responder. Entramos en otra vereda en medio de los matorrales. hasta desaparecer por completo. con los ojos fijos directamente al frente. pasó delante del portón. Por detrás de nosotros. Era la única manera por la cual nos podría avisar. a fin de que pudiéramos saber que estaba siendo perseguido. Yo no estaba pensando. sintiéndome como un niño. me sentí feliz al oír la puerta cerrarse a nuestra espalda. una puerta abrirse. escondida de mi vista por la alta cerca. cercada por arbustos altos. el ruido de los motores fue disminuyendo. apresuradamente pero sin correr. que se abstenía cuidadosamente de dejar transparentar en el rostro el desprecio que debería estar sintiendo. Y todo lo que podía hacer por . Estaba impresionado con el coraje y lucidez que Jack Belicec había demostrado. Y me detuve abruptamente. de la policía de Mill Valley. como si nunca fuera a parar. estábamos subiendo por detrás de las casas. Quería hundirme en el piso. con una estrella dorada. Traté de cerrar rápidamente el portón y. Otros neumáticos rechinaron al llegar a la curva en la esquina de la derecha. No había como determinar desde cuánto tiempo atrás. para llevar a sus perseguidores a aquella calle. En el instante siguiente. entre todas las personas. Todo lo que quería era escapar de aquel hombre inteligente. cogiendo del brazo a Becky. Como médico. Había aguardado hasta el preciso momento para nuestro encuentro. un tiempo que pareció increíblemente mínimo. Rápidamente. en que sabía que nosotros estábamos esperando. donde había jugado cuando niño. Jack estaba inclinado sobre el volante. en la calle que habíamos acabado de dejar. podía oír un coche. A pocos metros a nuestra derecha. Llegamos a oír el débil sonido de la bala pasando por la calle frente a nosotros. de salir de la ciudad y retornar a la seguridad. Deliberadamente. vi el coche de Jack Belicec pasar rápidamente frente a la casa. siempre atento al reloj. Y rápidamente. pasando de tarde en tarde cerca de eucaliptos y robles.

los músculos sólo estaban reaccionando ahora a través de un esfuerzo consciente de escapar. Me di cuenta que los movimientos de mis piernas ya no eran más que automáticos. Y que sucedería entonces? El miedo. lo que sabía casi con certeza de que no sucedería. en la curva siguiente de la vereda. con los ojos medio cerrados. Su rostro se mostraba extremadamente pálido. los labios entreabiertos. a quién pudiéramos correr el riesgo de pedir ayuda. ni un solo amigo. ninguna persona. junto con su esposa.él ahora. Tal vez fuera en el próximo paso. con otros coches de la policía a la espera de ellos. Ella respiraba trabajosamente por la boca. Teníamos que encontrar refugio en algún lugar. sin notar lo que su peso me hacía resbalar. que al principio es estimulante.. pude percibir que habíamos cometido un terrible error al volver a Mill Valley y como nos hallábamos impotentes delante de lo que estaba dominando la ciudad. Entonces. sólo que no había ninguno. casi intransitables.. se hace al final extenuante. Las carreteras en pésimas condiciones. absolutamente ninguna casa en que nos atreviéramos a aparecer. . con la adrenalina siendo bombeada por el torrente sanguíneo. estarían ahora bloqueadas. Becky estaba agarrada a mi brazo. era rezar para que consiguiera escapar. No podíamos continuar por la vereda y subir por aquellas laderas por mucho más tiempo. Me pregunté cuánto tiempo aún tardaría para ser atrapados.

hombre o mujer. Ya llevaba en la mano la llave lista para abrir. Allá abajo. Atravesamos el pasillo silenciosamente hasta la puerta de vidrio mate en que estaba escrito mi nombre. Creía que. curiosamente. mientras descendía con Becky. Allá se hallaba la Bennet’s Variety Store. cuando era chico. Era un lugar quieto y muerto. por lo menos durante una hora. como si yo hubiera pasado mucho tiempo lejos y en verdad no me perteneciera más. pegue el oído en la puerta contra incendio de metal y quedé escuchando. Todos los otros lugares que se me ocurrieron eran peligrosos. Sin embargo. visitando a una joven que vivía allí sola. durante el verano.CAPÍTULO 15 La calle principal de Mill Valley serpenteaba por la base de una cordillera en miniatura. Y en aquel momento lo que más necesitábamos era un lugar para descansar. revolviendo una caja de papeles llena de basura. Un instante después entrábamos en el consultorio. con todas las persianas cerradas. Porque era un lugar en que nadie pensaría que pudiésemos ir. y cerraba la puerta atrás de nosotros. comenzamos a descender al poco. La sala de espera y mi consultorio se hallaban cubiertos de polvo. Pero no vimos a nadie. a excepción de un perro. que. donde había asistido a ver los películas las tardes de sábado. más que el consultorio. No oí ningún ruido. pintada de blanco. Desde allí. el consultorio tenía el olor de un lugar que lleva tiempo cerrado. Había una fina capa de polvo sobre todas las superficies de madera y de vidrio. era perfectamente posible que estuviéramos bien en el consultorio. sin uso. nos podrían proporcionar las fuerzas necesarias para ejecutarlo. donde compraba dulces para chupar durante la película y donde había trabajado en unas vacaciones de verano de la escuela secundario. en el primer año del curso de preparatoria. que encontrara en la escalera. Llegamos a la callejuela y no había nadie por allí. veía la calle comercial que conocía por tanto tiempo como podía recordar. Abrí la puerta cuidadosamente. siguiendo por una vereda que terminaba en una callejuela en el fondo de una calle de edificios comerciales. Allá estaba el Sequoia. tras una hora de descanso para pensar en algún plan cualquiera. La escalera era de concreto. así como muchas otras calles de la ciudad. Pero yo tenía benzedrina en el consultorio y algunas otras drogas estimulantes. Sabía que mi enfermera no había llegado desde la última vez en que yo había estado allí. Ahora. Atravesamos la callejuela y entramos en el edificio de oficinas de dos pisos por la puerta con una hoja de acero que estaba abierta y daba para la escalera del fondo. no muy amistoso. Allá se encontraba el apartamento donde había estado media docena de veces. inclusive el edificio en que quedaba mi consultorio. hasta que el tiempo pasara y no nos encontraran en ningún otro lugar. En el segundo piso. por lo menos por algún tiempo. lo que pude constatar al revisar el lugar. Era la mejor cosa que podía pensar. estaba bastante oscuro. aunque creyera que no lo conseguiríamos. también tenía miedo de no estarnos dirigiendo a un lugar seguro. Parecía inalterado y no me di el trabajo de . por encima de los tejados de los edificios. Pensé que podríamos hasta dormir un poco. Estaba dispuesto a enfrentar y llevar con nosotros a cualquier persona.

para dar una mirada a la calle. casi repitiéndose. Trata de descansar. para bailes públicos o carnaval. como si supiera lo que estaba haciendo y lo que iría a suceder. simplemente no me importaba la posibilidad de que alguien hubiera entrado allí y llevado cualquier cosa. me hallaba impotente. en agradecimiento. Había una pequeña niebla. Continué observando. al final de su capacidad de resistencia. Becky estaba exhausta. de la tienda de ferragens y de una docena de otras. la drug store. La Throckmorton se ensancha en la esquina. me fui sintiendo cada vez más fascinado. desate el colchón de cuero de la mesa de examen y lo llevé para la sala de espera. donde se encuentra con una calle transversal. en general es mejor no forzar. Después. En determinado momentos. esperando parecer tranquilo y confiado. como besar a un niño. Por eso me relaje. sin ningún pensamiento de sexo. minuto a minuto. La escena que vi a través de la pequeña apertura era a primera vista perfectamente común. También sin zapatos. Cogí dos sabanas y la almohada de la mesa de exámenes. Pero ahora. observando los patrones de comportamiento cambiando constantemente. O sea. los ojos siempre un poco por encima del pretil de la ventana. me sentía más en control de la situación. le cogí el rostro entre las manos y la bese en un gesto de conforto. el movimiento invariable de alguna máquina. —Duerme un poco. Me sentía mejor ahora. Hoy aprendí que pensar es básicamente un proceso inconsciente. particularmente cuando el problema se muestra vago en nuestra mente y no se sabe realmente cual es el tipo de respuesta que se busca. pero jamás llegando a hacerlo enteramente. —Sonreí y le guiñe un ojo. En aquel momento. tirándolo en el suelo.000 pequeñas ciudades estadounidenses y podrá ver exactamente la misma cosa. cambiando de posición a ratos. Contemplando la calle allá abajo. Cuando nuestros ojos se encontraron. mirando para la calle allá abajo. me acosté de espaldas. De tarde en tarde. me afloje la corbata y me senté. estiré lentamente una paleta de la persiana. un poco adelante de mis ventanas. la cosa más próxima de una plaza municipal de que disponemos. Hay un sofá largo y ancho en la sala de espera. Pasé por la calle principal de cualquiera de las 100. Hay una gran fascinación en la monotonía en movimiento. observando la actividad. revisando por algún motivo que no sabía definir. Habían mujeres entrando en el supermercado y después saliendo. . Había coches estacionados en la calle asfaltada. arman allí un kiosco. Recluido en aquellas salas oscuras y silenciosas. a fin de que alguna persona que pasara por el pasillo no me pudiera oír. apoyado en un hombro. Becky. junto a las ventanas que daban para la Calle Throckmorton. Agachándome al lado de ella. una sucesión interminable de olas deslizándose lentamente por la playa. calzadas y parquímetros. sin zapatos. cansado pero no somnoliento. sin decir nada. acomodándola de la mejor forma posible. esperando que algo sucediera dentro de mi mente. los espacios delimitados por líneas blancas pintadas en el suelo. a veces acostado de lado. observando la calle. mirando para el techo. Becky me sonrió débilmente. me desabroche el saco. de espalda contra la pared. Me quedó observando. Pasé la mano lentamente por su cabello acariciándola. personas entrando y saliendo de la Redhill Liquors. El área ensanchada es casi enteramente cercada en tres lados por tiendas.verificar si alguien más había estado allí. Acosté a Becky en él. como el movimiento de las llamas. una neblina tenue venida de la bahía.

Por algún motivo.. conversando con las personas en los coches de al lado. Reconocí a muchas de ellas. No es fácil describir exactamente como sucedieron. Era eso lo que habría pensado un extraño que pasara en coche por la ciudad. aquel año. como Len Pearlman. el optometrista. las manos cogiendo bolsas. sentado en la sala de espera de mi consultorio. sonriendo o riendo con los compañeros.. Pero tampoco era exactamente eso. Jim Clark y su esposa. Extendiéndose a través de la calle. densa y gris. Algunas estaban con la puerta abierta. Las personas no se comportaban como la multitud habitual de las tardes de sábado. Shirley. sin embargo.en los brazos portando bolsas de papel. Era. esperando. Las vitrinas de la tienda de variedades exhibían modelos de aviones y muñecos de papel. Otras leían el periódico o sintonizaban la radio del coche. pero no pocas se hallaban simplemente sentadas en sus coches. porque conocía el horario de los autobuses. Casi podía sentir su olor típico. bananas y jabón en polvo. otros entrando. rojos y blancos. yo sabía o por lo menos lo sentía que había algo diferente en el aire. Posiblemente era más parecido con un grupo de soldados concentrándose para alguna especie de formación de rutina. vi el autobús de Marin City parar a la hora. Sabía eso. . sólo buscando pasar el tiempo.. haciendo compras. avanzando por la Avenida Miller. anunciando el Jubileo de la Venta de Mill Valley. una liquidación anual promovida por el comercio de la ciudad. Pero contemplando la Throckmorton ahora. Sólo tres personas desembarcaron: una pareja y un hombre cargando una bolsa de papel por el cordel. observando la escena a través de una rendija en la ventana. fregaderos. No era eso lo que estaba cambiando. alcanzando el alto de los tejados. algunos leyendo distraídamente. de repente. Era justamente eso el cambio. anunciando ofertas especiales de bifes ya listos. en una tarde de sábado común. aparatos eléctricos. California. roja. la Throckmorton. en Mill Valley. junto con sus hijos. se hallaba colgada una franja de tela un tanto descolorida. Casi directamente al frente. Y. otros simplemente sentados o de pie. No había nadie esperando para subir en el autobús. había herramientas eléctricas. no se habían dado el trabajo de colocar una franja nueva. aún podía parecer una calle comercial normal. en las vitrinas del supermercado. Todo parecía absolutamente normal. Algunas aún entraban y salían de las tiendas. en el otro lado de la calle. Había un clima de expectativa. Tras un minuto o poco más de espera. con mucha gente haciendo compras. cerca del cine Sequoia.. Allá estaban los carteles de papel. muchos conversando. La tienda de ferretería tenía una vitrina entera ocupada por utensilios de cocina: ollas. intenté traducir la impresión en palabras. Parecía que. niños o ambas cosas. como si algo estuviera próximo a suceder. un viejo avanzando por la calzada con dificultad. camino de la carretera distante. todos aguardando tranquilamente alguna cosa. se me ocurrió que ningún otro autobús entraría ni dejaría la ciudad en los próximos 51 minutos. las cosas comenzaron a cambiar en la calle allá abajo. como personas lentamente reuniéndose para asistir a un desfile. un poco a la derecha.. el autobús partió. En otra vitrina. Pero eso era normal. solos. Había más personas en la calle. En aquel momento.. y varios más. los pies hacia afuera. La niebla se mostraba más espesa ahora. coches saliendo de los espacios. con letras blancas. sin embargo. tres chicos jugando por la calle.

hasta donde podía ver. En aquel momento. de expectativa. Aún ahora. colocándoselos en el pecho. Decía Jubileo de la Venta de Mill Valley.. Los comerciantes locales usaban aquel medallón todos los años.Creo que el clima que había en la calle allá abajo era simplemente. sin embargo. Sonreí y me levante. Y después Bill Bittner. siempre mirando para las vitrinas. en todo y por todo. un constructor local. Sólo que todos los medallones que recordaba de antes. un extraño en la Throckmorton probablemente no habría notado nada de anormal. las personas salían de sus coches. hombre corpulento. vino caminando por la calzada. antes de encaminarse lentamente para nuestro arremedo de plaza. Después. algunas contemplando una vitrina. Lo prendió en la solapa de su saco y pude ver que era del tamaño de un dólar de plata. casi todas las personas estaban exhibiendo un medallón azul y amarillo. Distraídamente. conversando. atrás de mi ventana. de mediana edad. por toda la extensión de la calle. No todos lo hicieron inmediatamente. Un vendedor salió de la tienda de variedades y fue hasta su coche. después de cinco o seis minutos. todas convergiendo de los dos lados de la calle para el tramo mas ancho. Quedamos ambos observando la escena allá debajo. Y. muy cerca del frente del coche. Aparentemente. Los trausentes seguían para allá caminando distraídamente. Becky se acurruco junto a mi cuerpo. sentada en sus coches o haciendo cualquier otra cosa. La Abrió y comenzó a buscar alguna cosa. de alrededor de los 50 años. no había realmente nada de extraño o fuera de lugar para percibirse. sin que hubiera en eso ninguna excitación especial. muchos comerciantes de la Throckmorton estaban agrupados en una sola calle. Jansek. aquí y allí. rojo y blanco. . La mayoría continuó simplemente caminando. Y ahora. una casi plaza. inclusive Jansek. con alguna cosa impresa. pasé el brazo por sus hombros. para dejarle espacio en el colchón de cuero en el suelo. distribuyéndolos también entre los clientes que estaban dispuestos a exhibirlos.. aproximándose lentamente. dando una mirada a su reloj. eran rojos con letras blancas. cerraban las puertas. sin embargo. aparentemente en el suelo del coche. mirando para las vitrinas de las tiendas. de metal o plástico. todo lo que un extraño que estuviera pasando por la calle habría visto sería a dos o tres personas colocándose aquellos medallones en el pecho. Se detuvo en la calzada. Aquí y allí. Lo que Bill Bittner usaba tenía las letras amarillas sobre un fondo azul marino. saco de su bolsa una especie de medallón. con el rostro pegado a mí. el guardia encargado de los parquímetros. que tenia pintado en la puerta el nombre de su firma. Mill Valley estaba realizando su liquidación anual y la mayoría de los habitantes usaba el medallón del Jubileo de la Venta. se encamino para allá. Pero. Llevo también un minuto o poco más para percibir otro cambio: estaba ocurriendo un movimiento gradual de las personas en la Throckmorton. a lo sumo. el guardia. Becky estaba ahora arrodillada a mi lado. Algunos se quitaron antes el medallón idéntico que usaban hasta aquel momento. Reconocí también el dibujo y comprendí lo que estaba escrito. otras personas comenzaron a sacar de los bolsos aquellos medallones azules y amarillos. a fin de que los dos nos pudiéramos sentar. Durante medio minuto. después se desperezaban o miraban alrededor. sólo que era diferente.

El vendedor se levanto con un puñado de folletos en la mano. en dirección de la calle transversal en que quedaba la comisaría. Después. después se dio la vuelta y regreso al interior del restaurante. Ninguna de las personas de la familia estaba usando el medallón del Jubileo. en las casi dos calles que podía divisar: el viejo Hayes y dos otros hombres más jóvenes. en marcha lenta. Uno de los guardias más jóvenes miró hacia ella inmediatamente. el único coche en movimiento por la calle. El automóvil de Oregon se detuvo donde estaba. Alice lo miro y señalo con la cabeza una vez. Jansek abrió la otra puerta y se sentó en el asiento del frente. al observarlos. Parecían guardias especiales. El coche salió de la calle rumbo a la carretera. El hombre tenía ahora el rostro fruncido. visiblemente molesto. Otro hombre. conductor de un camión de entrega. entrando en una calle transversal. avanzó despacio. Sabía que ellos estaban dirigiéndose para la comisaría. al contrario del joven guardia. irritado. si es que había otras. desapareciendo un instante después. el hombre hablaba. Hayes estaba de uniforme. una mujer y una niña de nueve años. no podía imaginar por qué Jansek había detenido al vendedor. Beauchamp se detuvo junto a la ventana del conductor. recibió el mismo tratamiento. salió a la calzada y quedó parada delante de la puerta. estaba corriendo por la calzada. que él era una de las pocas personas en la calle. contratados exclusivamente para una ocasión especial. entrando en la calle transversal camino de la comisaría. que no usaban el medallón azul y amarillo del Jubileo. el joven guardia respondiendo cortes y pacientemente. el sargento de policía local. casi completamente . obviamente una familia. una mujer a su lado se inclino hacia el frente a fin de mirar a través del parabrisas. Había tres guardias más a la vista. El conductor se quedó sentado. El coche tenía placas de Oregon. Beauchamp. indefinidas. no pude ver a ninguna persona que no estuviera usando el medallón amarillo y azul del Jubileo. Los dos quedaron conversando. mientras sacaba las llaves del bolso. Percibí. con el vendedor de frente para el lugar en que estábamos. protestando contra alguna cosa. Enseguida. Y así que él y otro guardia que lo acompañaba desaparecieron. la camarera del Dave’s. Alice. el vendedor alzo los hombros. un hombre. Pero. pero los dos hombres más jóvenes usaban sólo los quepis del uniforme. Jansek le dije alguna cosa y el vendedor se detuvo. y después el policía abrió la puerta trasera y entró en el coche. acompañado por tres personas. retrocediendo una docena de metros. Hablaron por algún tiempo. rodeando el coche rumbo a la puerta del conductor. volviéndose en dirección de la tienda de donde había acabado de salir. Por un momento. a lo que el vendedor decía. el grupo se alejó. Me quedé observando hasta que dieron vuelta en la esquina y desaparecieron. Un sedan V olvo azul. Y ahora la calle estaba quieta. pareciendo aturdido. con su enorme estomago sacudiéndose y señalando con su mano al coche y meneando vigorosamente la cabeza para decir no. el grupo quedó parado en la calzada. cerro la puerta del coche. después giro lentamente para la izquierda. V olvió a salir tal vez medio minuto después. El guardia se aproximó rápidamente y también entró en el restaurante. esperando que Beauchamp se aproximara. El silbido de un guardia sonó en ese instante. Jansek sacudió la cabeza lenta pero firmemente. buscando un lugar para estacionar. que no conocía. El conductor vio una en ese momento y comenzó a maniobrar para ocuparla. que arrancó y giro a la izquierda. con el medallón azul y amarillo del Jubileo prendido en su uniforme blanco. con chamarras de cuero y botas oscuras.

nadie podía entrar en Mill Valley por ningún camino ni desplazarse por sus calles en dirección del centro comercial. En el frente de cada tienda o de cualquier otro establecimiento se podía ver a su propietario. fue volteando lentamente la cabeza. el guardia. Todos estaban prácticamente inmóviles y silenciosos. relajados. En una calle distante. a excepción del viejo Hayes. pintados de gris. Aquí y allí. bastante golpeada. la multitud quedó parada en las calzadas. extrañamente quietos. De tarde en tarde. una atrás del otro. ninguna persona caminaba. El último era otra pick up. pusieron el freno de mano. Los dos otros guardias se aproximaron a Hayes y le comunicaron alguna cosa. Los niños estaban cogidos de los sacos de los padres. Todos se hallaban parados en las calzadas. Y sabía también que el puñado de extraños que por casualidad se encontraba en la ciudad fueron debidamente sacados de la zona y detenidos en la comisaría de policía. con grupos de hombres de mono ostensivamente haciendo reparaciones. comenzando a desprender las lonas. Quedaron parados. Los conductores. pero la mayor parte de la multitud estaba simplemente parada. que se encontraba de pie. En dos lugares. Terminada la verificación. Ningún coche se movía. El viejo Hayes. tranquilos. algunas personas desplazaban el peso del cuerpo de un pie para el otro. Súbitamente comprendí. Traían una carga cualquiera. Eran todos de las pequeñas haciendas que aún quedaban al oeste de la ciudad: Joe Grimaldi. sus empleados y los clientes que se hallaban un momento antes allá dentro. sin hacer nada. mirando por encima de los tejados. Art Gessner. Los conductores vestían monos. a la espera. de frente para la calle. Comprendí también que. esperando. en medio de la calle. del departamento municipal de obras. cerca del Sequoia. tres de ellos inmensos camiones agrícolas GM. Eran los caballetes de madera. solo. Yo conocía a cuatro de los cinco. No había más personas leyendo periódicos o sentado en su coche. como el resto de la multitud. informando que no. hasta casi un kilómetro de distancia. en medio de la calle.silenciosa. Y cada propietario movió la cabeza. de que por toda la ciudad las otras calles de acceso se encontraban bloqueadas también. Joe Pixley. Por detrás. unos pocos hombres fumaban. cubierta por lonas. Mill Valley se hallaba ahora aislada del resto del mundo y no había nadie a la vista en el centro de la ciudad que no fuera un residente. tuve la certeza. No había ningún coche o cualquier otra cosa moviéndose en ninguna de ellas. en aquel momento. Parecía que todos asistían a un desfile invisible. y salieron uno a uno. Incluso los niños se hallaban quietos. Algunos hombres tenían los brazos cruzados sobre el pecho. mirando a cada uno de los propietarios de las tiendas. venían otros cuatro vehículos. mire una barricada impidiendo el paso. como nunca había visto antes. Hayes y los dos otros guardias se encaminaron por la calzada y se volvieron de frente a la calle. Oí el motor de un coche. El viejo escuchó en silencio y asintió. Todos siguieron hasta la pequeña plaza pública y estacionaron juntos. Bert Parnell y un quinto que no conocía. lo vi dando vuelta en al esquina y entrando en la Throckmorton. la calle vacía. Por tres o cuatro minutos. con los productos acabando de llegar de los campos. . Era una pick up Chevrolet verde. Un momento después. Era una escena terriblemente extraña. La escena parecía ahora la de un mercado al aire libre. El pretexto para eso no tenía la más pequeña importancia. podía divisar otras calles.

Me acordé de que Grace Birk tenía una hermana y un cuñado que vivían en Marin City. a medida que cada vaina era entregada. cada hombre o mujer. cogió la punta de la lona y la levanto. a pocos kilómetros de Sausalito. Una de las personas. aparentemente una lista. Se abrieron camino a través de la multitud y salieron a la calle. dijo: —Sausalito! Los que tienen parientes en Sausalito hagan el favor de adelantarse! Sausalito es una pequeña ciudad del Condado de Marin. separados entre si. Dos personas. Un hombre llevó dos. Eran hojas pequeñas. entregándolas a las personas agrupadas en la calle. mirando hacia los papeles. Wally Eberhard hacía una anotación en el papel que tenía en las manos. Al lado de ellas. —Muy bien! —gritó el mecánico. —Sausalito! Solamente Sausalito. de tal forma que pudimos oírlo nítidamente a través de la ventana. Marin City posee un gran número de población negra. una a una. dijo alguna cosa al mecánico. La carga estaba constituida por inmensas vainas que ahora ya había visto tantas veces antes. Siete personas se adelantaron. Wally tenía algunas hojas de papel en la mano. Uno de ellos era Wally Eberhard. Otras vainas fueron cuidadosamente introducidas por las puertas abiertas de los coches y colocadas con extremo cuidado en los asientos traseros. Después. No tuve ni siquiera un principio de sorpresa. Grace Birk. cuando la lona fue removida. Joe Pixley ya tenía a esta altura desamarrada la lona de su pick up. una negra de mediana edad. en voz alta. cinco de ellas negras. pero sabía que era mecánico en el garaje de la Buick.Dos hombres de traje salieron para la calle. Después. que se volvió y nuevamente gritó: —Marin City. dejando la carga a la vista. un hombre y una mujer. pasando enseguida a la calle y siguiendo en dirección de los camiones. En las laterales de metal del cuerpo de la pick up había planchas de madera. arrodillado en el asiento del frente. respiró hondo y. En esos casos. cerca de la fila de camiones. Joe fue cogiendo las vainas de su carga. Varias otras estaban abriéndose camino entre la multitud en las calzadas. por favor! Encaminó a cinco o seis personas que estaban paradas en la calle para la pick up de Joe Pixley. No sabría decir si había o no un tercer miembro de la familia. la primera que se encuentra tras cruzar la bahía. Fueron hasta la pick up y Joe entregó una vaina a cada una. casi gritando. aumentando la altura y evitando el contacto de la lona con la carga. Subiendo en el estribo. Los dos hombres quedaron parados por un momento. que trabajaba en el banco. Los maleteros de los coches estacionados en la calle estaban siendo ahora abiertos. poniéndose después a enrollarla. cargándola cuidadosamente en los brazos extendidos. Un hombre descendió de la calzada para ayudarla a cargar las vainas sin lastimarlas. un corredor de inmuebles local. cogió tres vainas. Wally los ojeaba. apilada hasta la altura de la cabina. Caminó hasta la parte de atrás. . Cada hombre y mujer cogió sólo una sola vaina. que parecían haber salido de un cuadernillo de notas. dejaron la calzada y avanzaron por la calle. encaminándose a Wally. por favor! Todos los que tienen parientes o conocidos en Marin City hagan el favor de adelantarse! Marin City es la siguiente ciudad del Condado de Marin. Hacia un buen rato que había adivinado lo que había en aquellos vehículos. No me acordaba del nombre del otro. el mecánico levantó la cabeza. Las vainas inmensas casi no cabían en los maleteros de algunos de los modelos más nuevos.

colocaba sobre la vaina una sabana o alguna otra tela de color claro, escondiéndola. Tiburón fue llamada a continuación. Ocho personas se adelantaron para tomar sus vainas. Después, la pick up de Joe Pixley quedó enteramente vacía. Él se sentó en el estribo y encendió un cigarrillo, poniéndose a esperar. Los otros vehículos ya se hallaban descubiertos, con los conductores en posición, listos para descargar. El mecánico del garaje de la Buick, metido en un impecable terno color gris, gritó: —Belvedere! Dos personas salieron a la calle. Después, vinieron enseguida Corte Madera, Strawberry, Belveron Gardens y San Rafael. Exactamente 14 personas fueron a buscar vainas para San Rafael, que era la mayor ciudad del condado. No tardó mucho, tal vez 15 minutos, a lo sumo, para que todos los vehículos estuvieran descargados, excepto la de Joe Grimaldi, que aún tenía dos vainas. En menos de un minuto, Wally y el mecánico volvieron a mezclarse con la multitud, el primero metiendo los papeles en la bolsa interior de la chaqueta. La propia multitud estaba ahora en movimiento, comenzando a dispersarse. Los conductores de los cinco camiones volvieron a sentarse al volante, encendieron los motores y partieron, desapareciendo poco después por la Throckmorton. A lo largo de los casi dos calles que podíamos ver, los coches con las inmensas vainas en las maletas o escondidas en los bancos traseros dejaban las plazas y se alejaban. Por un breve momento, la multitud, camino por las calzadas, atravesando la calle, los niños corriendo de un lado para otro, era más numerosa que lo habitual, como la salida súbita de los espectadores al final de una sesión de cine. Pero la multitud fue rápidamente disminuyendo y poco después vi a mujeres empujando carritos de compras dentro del supermercado, personas sentadas en la terraza del Dave’s Lunch, otras entrando y saliendo de varias tiendas. Los coches estaban nuevamente desplazándose lentamente por la calle. La escena había vuelto a ser normal, una calle céntrica de ciudad pequeña más o menos típica, tal vez más desmantelada que lo normal, sin embargo no lo suficiente para despertar la curiosidad de un extraño que pasara. No había ninguna persona en la calle usando el medallón amarillo y azul, aunque una o dos exhibieran el medallón rojo y blanco que los comerciantes de la ciudad acostumbraban distribuir. Tal vez cinco minutos después, mire al vendedor que Jansek había detenido conduciendo por la Throckmorton, solo en su coche. Poco después, el coche con la placa de Oregon también pasó por la calle. Con mi brazo aún sobre los hombros de Becky, la miré. Me miro aturdida, por un momento, después contrajo los labios y se alzo de hombros. Sonreí en respuesta. No había nada más por hacer o decir, y yo no sentía ninguna emoción en particular. No había ninguna emoción nueva, y no sentía cualquiera de las emociones antiguas. Simplemente habíamos alcanzado el límite del cuál nada más quedaba para decir o sentir. Pero me hallaba finalmente consciente, ahora sabía con certeza, que toda la ciudad de Mill Valley había sido suplantada, que no había una sola persona, además de nosotros y posiblemente de

los Belicecs, que no hubiera sido duplicada, por lo menos aparentemente. Los hombres, mujeres y niños en la calle y tiendas allá abajo eran ahora, otra cosa extraña para mí, hasta el último de ellos. Eran todos nuestros enemigos, inclusive los que poseían ojos, rostros, gestos y recuerdos de viejos amigos. No había nadie que nos pudiera ayudar en Mill Valley, sólo podíamos contar uno con el otro. Y, ahora, las comunidades alrededor de nuestra ciudad también estaban siendo invadidas.

CAPÍTULO 16
Muchas veces comentamos: —No me sorprende. O también: —Sabía que iba a suceder. Con eso, estamos queriendo decir que en el momento de ocurrir un suceso, aunque anteriormente no le hubiéramos dedicado ningún pensamiento consciente, experimentamos una sensación de inevitabilidad, como si supiéramos hace mucho tiempo que justamente aquello sucedería. En los minutos en que pasamos sentados allí, junto a la ventana, todo lo que yo podía pensar por hacer era esperar hasta el anochecer y después intentar salir de la ciudad a través de las veredas en las colinas. Era enteramente inútil intentar escapar a la luz del día, con todas las personas en la ciudad atentas a nuestra presencia, contra nosotros. Fue lo que expliqué a Becky, en términos tan esperanzadores como podía, buscando dar la impresión de que creía plenamente que podríamos conseguir escapar. Y hubo un momento en que me sentí realmente esperanzado. Y, sin embargo, cuando oí el ligero sonido de una llave siendo insertada en la cerradura de la puerta de la sala de espera, experimente la sensación que intenté describir. No había sorpresa. Tenía la impresión de que había sabido todo el tiempo lo que iría a suceder. Tuve incluso tiempo para pensar que, quienquiera que fuera, simplemente había cogido la llave maestra del edificio con el conserje. Pero cuando la puerta se abrió y vi la primera de las cuatro personas que entraron en la sala, me levanté deprisa, con el corazón súbitamente exultante, latiendo fuerte. Sonriendo con una renovada esperanza e inmensa excitación, avancé con la mano extendida para apretar la de él. Mi voz salió como un susurro alto y ronco: —Mannie! Estaba dominado por una excitación intensa. Agarré su mano y la sacudí vigorosamente. Pero él reaccionó con menos vigor del que yo esperaba, la mano casi inerte en mí, como si estuviera aceptando pero no retribuyendo plenamente mi saludo. En el instante siguiente, mirando atentamente su rostro, comprendí todo. Es difícil explicar cómo pude saberlo. Tal vez porque sus ojos carecieran de un poco de brillo, tal vez porque los músculos de su rostro habían perdido el indicio habitual de tensión y alerta, tal vez... Cualquiera que fuera el motivo, el hecho es que yo sabía. Mannie, percibiendo en mi rostro lo que pasaba por mi mente, sacudió lentamente la cabeza y dijo, como si yo hubiera hablado en voz alta: —Es eso, Miles. Y ya hace bastante tiempo. Aun antes de la noche en que me telefoneó. Me volví para ver quién más había entrado en la sala, mirando atentamente cada rostro. Después, volví junto a la ventana, pasé el brazo por los hombros de Becky y los encaré. Uno de los hombres —todos quedaron parados junto a la puerta —era bajo, corpulento y calvo. Nunca lo había visto antes. Otro era Chet Meeker, un contador de Mill Valley, un hombre grandulón, de cabellos negros, rostro jovial, de treinta y pocos años. El cuarto era Budlong, que nos sonrió ahora, tan amistosamente como antes. Becky y yo continuamos parados al lado de la ventana. Mannie

Mannie empujó para un lado la sabana que estaba en el sofá y se sentó. Y me descubrí imaginando si Mannie no estaría en lo correcto. Mannie nos quedó mirando por un momento. recordaran. digamos así. No van a sentir nada. Nos iremos fuera de la ciudad y nunca más volveremos. —Se mordió el labio por un instante. —Por qué entonces se dan tanto trabajo? —No esperaba que alguna cosa pudiera resultar de la discusión. por favor. pero se detuvo y miró a Budlong. tenemos que hacer. las vainas. Como ya imaginó.. Pero. por falta de otro término mejor. Usted está exhausta. Pero Becky se acerco mas contra mí y yo le apreté los hombros. hasta el último átomo de sus cuerpos. Es algo que le puedo prometer. absolutamente ninguna diferencia final? —Nuevamente. Como no respondiéramos ni nos moviéramos. Becky. —Me gustaría que se relajasen y no estuvieran tan preocupados. —Dijo.—dijo Mannie. —Está bien. Continuarán siendo los mismos. Absolutamente ninguna. —Y cuando despierten. poniendo en orden lo que tenía a decir. Budlong ocupó una silla en el otro lado de la sala y el hombre que no conocía se sentó cerca de la puerta del pasillo. en un gesto típicamente académico. las puntas de los dedos de sus manos se unieron. —Mannie habló incisiva y convincentemente. No dejarán de ser ustedes mismos.. las vainas son. No hay ninguna diferencia. justamente como siempre había hecho toda la vida. en un correcto sentido. Y a partir del momento que comprendan lo que nosotros. Vio sus cambios y su preparación. un vestigio de incredulidad en sus propias palabras cruzo por sus ojos. Bud. en cada pensamiento. alzando las cejas y sonriéndonos. cesando toda resistencia. hábitos y costumbres. si realmente no había ningún cambio y la persona continuaba como siempre fuera. Nos sonrió jovialmente. vio el proceso casi concluido. Sólo que no se tratan de semillas en el sentido . Pero hay una respuesta y de las más simples.. bien que nos pueden dejar en paz.. Becky.. —No vamos a lastimarlos. Chet Meeker fue sentarse al lado de él. —Bueno. alzándose de hombros. Budlong se reclino sobre la cadera. sacudiendo nuevamente la cabeza. Por qué negarse a someterse al proceso cuando no hay. —Está bien. —Ya conoce. —Vio lo que vio y sabe lo que sabe —comenzó Budlong.. pero me parecía que tenía que decir alguna cosa —Si es así. se recostó en el sofá y añadió: —Ante todo. vainas de semilla.. —Mannie comenzó a responder. Por dos veces. como ya había sucedido en su casa. Era el profesor anticipando la alegría de dar una clase. extenuada. pareciendo francamente preocupado por nuestro bienestar. —Es una buena pregunta. como ya hablamos. se van a sentir exactamente los mismos.señalo en dirección del sofá y dijo gentilmente: —Siéntense. en silencio.. por una fracción de un instante. —Sacudimos la cabeza y él insistió: —Siéntense. Pareciendo bastante satisfecho. —Creo que tal vez puedan aceptar. Puede sentarse. —Tal vez sea mejor que usted explique eso. no duele. en el otro lado de la sala.

sonriendo cómo si estuviera pidiendo disculpas. Poseen la capacidad de reformarse y de reconstituirse en una duplicación perfecta. Era evidente que estaba disfrutando intensamente aquel momento. son materia viva. Para llegar adónde? Y cuando? No hay respuesta. Doctor. No podemos imaginar cualquier cosa diferente! Es verdad que podemos imaginarlos con seis piernas. una divagación sin sentido. —Budlong . recorriendo distancias fabulosas. como no podía dejar de ser. Pero la vida existe por el universo. volviéndose a recostar en la silla. debe prepararse. — Por un momento. que existen planetas y vida incalculablemente más antiguas de la que nosotros tenemos aquí. a distancias infinitas. Como aparecen dibujados los imaginarios habitantes de Marte en nuestra ficción e historias en revistas? Busque acordarse. lentamente. Pero. las vainas son parásitos de cualquier vida que encuentren —continuó Budlong. estamos prendidos a nuestras propias concepciones. Lo que es perfectamente natural. —Pero. son capaces de un crecimiento y desarrollo enorme y complejo. Finalmente. en todas las formas concebibles. Sea cómo sea. Pero. Las vainas necesitan cumplir su función. a no ser una. Y es por eso. En la calle allá fuera. Es la capacidad de adaptación universal a toda y cualquier otra forma de vida. a través de milenios incontables. —Pero son parásitos perfectos. —Un planeta muere. —Budlong se inclinó hacia el frente. nuestras nociones necesariamente limitadas de lo que la vida puede ser. tan natural para ellas como sus funciones son para usted. Llegaron a este planeta por pura casualidad.que conocemos. Que sucede cuando un planeta antiguo finalmente muere? La forma de vida que lo habita debe prever que eso va a suceder y prepararse para sobrevivir. las vainas viven. Budlong se encogió de hombros. su razón de ser. Y realmente vagaron por el espacio. Y como son semillas.. en cualquier lugar: sobrevivir. antenas saliendo de las cabezas. tienen una función para cumplir. bajo toda y cualesquiera las condiciones que puedan encontrar. aunque jamás la hayamos encontrado antes. La forma de vida que lo habita. a lo largo de ese tiempo. No puede dejar de ser verdad. En verdad no podemos realmente concebir cualquier cosa muy diferente de nosotros mismos y de cualquier otra forma de vida que existe en este pequeño planeta. sarcásticamente. a lo largo de tiempos inconmensurables. —Y cuál es la función de ellas? —indague. célula viva por célula viva. Parecen versiones grotescas de nosotros mismos. Mi rostro debe haber dejado transparentar lo que estaba pensando. Dr. con los ojos fijos en mí. un coche toco la bocina y un niño se puso a gritar. por lo menos las vainas originales. antes de añadir: —La vida existe por todo el universo. tres brazos. —Hizo una pausa. habiendo llegado. Budlong nos sonrió jovialmente. exactamente como le hablé. Piense sólo. de cualquier forma. en cualesquier condición en que la vida sea encontrada. Doctor. —La función de toda la vida. de cualquier forma de vida que puedan encontrar. Prepararse para que? Para dejar el planeta. —Sé que parece meras palabras. intenté formular la cosa de manera que dejara dudas sobre la hipótesis. porque Budlong sonrió y levantó la mano. en un correcto sentido. me miró en silencio.. Son formas de vida completamente evolucionadas. por lo que usted debe someterse al cambio. No es difícil probar tal aseveración. fascinado por sus propias palabras. capaces de hacer algo mucho más que simplemente adherirse al cuerpo huésped. La mayoría de los científicos sabe de eso y no vacila en reconocerlo. la que ellos alcanzaron. —Por lo tanto. Bennell.

la memoria. Y las ondas cerebrales siempre existieron. Una teoría barata. los médicos aún no sabían como circulaba la sangre. sólo descubiertas. Apenas acabamos de descender de los árboles. bajo mi brazo. Pero no son fundamentalmente diferentes de lo que conocemos. — Bueno. célula por célula. —Levantó un dedo. Puede quedarse sentado observándolas en una pantalla.. No se puede llamar así. antes de añadir: —. ampliadas y registradas. Poncio Pilatos y el hombre de Cro-Magnon. como si estuviera censurando a un alumno despreparado. llenando el cuerpo como agua en un saco. así como siempre tuvieron huellas digitales. asumir y duplicar. por conversar por tanto tiempo como él quisiera. además. Pero hay conocimiento en esta forma de vida. Pero estaba dispuesto. Pero el otro conocimiento también existe ahora. Y por eso comenté.una actitud un tanto insular. Pude sentir los hombros de Becky. No fueron inventadas.. No se puede llamar a cuálquier cosa que usted sea capaz de reconocer. bajo todos los aspectos es. cayeron en nuestro planeta. Todos lo sabemos. Sucedió así. Pero la vida no desaparece. antes de acrecentar: —Y hay mucho más que no . como ellos hacen lo que hacen? —Budlong me sonrió... —La expresión de Budlong era ahora solemne. Es un conocimiento que queda y yo lo sé. Dr. Bennell. un inmenso cuello y pesando toneladas. desdeñosamente: —Todo eso no pasa de pura fantasía. No existe. diciendo con la mayor tranquilidad: —Nosotros lo sabemos. Cuando las condiciones cambian y la supervivencia del dinosaurio no es más posible.sonrió. que es la de sobrevivir en este planeta. como ya habían caído en otros. Las personas siempre tuvieron ondas cerebrales. Pero Budlong no se irrito. No sabía de qué nos serviría ganar algún tiempo. Y.. Continúa existiendo bajo una nueva forma.. Aún somos salvajes! Solamente hace doscientos años. Porque falta saber cómo.. ni siquiera se sospechaba de las existencias de las ondas cerebrales. piense en cuan poco conocemos de hecho este nuestro pequeño planeta. por caminos similares a los nuestros. —La verdad es lo que estoy diciendo. Piense en eso. ansioso. —se alzo de hombros —. con una punta de desprecio y amargura en la voz. la vida para la cual este planeta es apropiado. —Pero aceptar nuestras limitaciones y realmente creer que la evolución por todo el universo deba seguir. Una actitud rematadamente provinciana. impulsos eléctricos concretos. pasando del cerebro al exterior.. Aún soy Bernard Budlong. hasta una cicatriz en el pie que me hice cuando era pequeño. todos tenían. por alguna razón.como insectos con los que estamos familiarizados. temblando momentáneamente. digamos así. pueden ser captadas. Por casualidad es un epiléptico... Podemos llamarlo de dinosaurio.. La vida asume la forma que se hace necesaria: un monstruo con quince metros de altura. él simplemente desaparece. Y en mi propia etapa de niñez. Una forma necesaria. Y lo consiguen recurriendo a su capacidad extremadamente evolucionada de adaptarse. bajo todos los aspectos. —El profesor dio de hombros —. Las vainas llegaron. Abraham Lincoln. en padrones específicos identificables. —Budlong suspiró. desempeñaron y continúan desempeñando su función simple y natural. como usted puede saber eso? Lo que sabe acerca de otros planetas y de otras formas de vida? — hablé sarcásticamente. como sabe perfectamente ya que es médico. real o en potencia? Los padrones de sus propias ondas cerebrales individuales irán a responder rápidamente a esa pregunta.. Pensaban que se trataba de un fluido inmóvil. Doctor! Las ondas cerebrales. es claro. Y es un conocimiento que permanece. aún tan nuevo. Aún soy lo que era. Simplemente no sabíamos. —Quiere saber como sucede.

ni siquiera comenzamos a sospechar. Bennell. Las personas levantarían la cabeza y verían la ventana quebrada. cogí la cuerda de la persiana y di un jalón con fuerza. Mannie comprendió lo que estaba pasando en mi cabeza. un montón pelusa gris. absorbido como electricidad estática. lo despierte una guitarra eléctrica? Su abuelo jamás habría creído en tamaña imposibilidad. ya que toda y cualquier especie de átomo del universo es idéntica. Podía sentirlo en las puntas de los dedos. tan individuales como las huellas digitales. cada célula. un inmenso deseo compulsivo de hacer alguna cosa. ruidosamente. hacer alguna cosa. que era posible o imposible. molécula por molécula. todo finalmente. escenas enteramente normal. Dr. hasta la menor cicatriz. Puede suceder y de hecho sucede. La impotencia y la frustración estaban fermentando dentro de mí a un punto insoportable. —El profesor movió la cabeza lentamente. pueden ser lentamente transferidos.. para formar y constituir hasta la última célula. Me quedé cerrando y abriendo los puños. un padrón de la constitución atómica exacta de su cuerpo precisamente en aquel momento. Puede estar convencido de que eso atraería la atención. pasando de un cuerpo a otro. estáticos ahora. sacudiendo la cabeza. Es la propia base de la vida celular. la luz del día penetro en la sala. Cree en eso. La persiana subió. las tiendas. así como toda materia viva. Los padrones intrincados de los impulsos eléctricos que mantienen juntos los átomos de su cuerpo. Sabía que era verdad. Los cuatro hombres en la sala no se movieron. átomo por átomo. creía en él. como disparos de ametralladora. Me volví y miré a las personas que hacían compras en la calle allá abajo.sabemos. la nota de un piano. su cuerpo contiene un padrón. se muevan silenciosamente por el espacio. una sensación física. pues los átomos son el material de construcción del universo. la sala quedó sumergida en silencio. cada segundo. Y ahora mis ojos corrían frenéticamente por la sala. los coches. antes de sonreír y añadir: —Pero tal vez no este engañándolo en relación a eso. Y es durante el sueño que el padrón le puede ser quitado. que el cambio ocurre en grado más pequeño. sin ninguna otra razón a no ser la de moverme. Bennell. célula por célula. extendí la mano para atrás. Y es durante el sueño. los parquímetros. Cree incluso en la televisión. alterándose en cada respiración. Súbita e impulsivamente. Sabe que ha sucedido. Porque esta compuesto de minúsculos impulsos eléctricos que emanan juntos de los propios átomos que constituyen su ser. en que su cuerpo pasa por cambios infinitesimales. puede suceder y con relativa facilidad. Y. es un padrón. Y que acontece con el original? Los átomos que anteriormente lo componían. —Puede coger cualquier cosa y lanzarla por la ventana. —Me observó en silencio por un instante. todo irradia ondas. los cabellos. antes que yo tuviera tiempo de hacer alguna cosa. Doctor? —Sonrió.. — Acepta que ondas totalmente invisibles e imposibles de percibirse puedan emanar de una sala. buscando por alguna cosa que pudiera hacer. sin embargo. actuar. Dr. Y. Budlong tenía razón. por tanto. porque cree en el radio. No sólo su cerebro. infinitamente más perfecto y detallado del que cualquier planta podría mostrar. Así. Budlong hizo otra pausa. sean captadas y después reproduzcan precisamente cada palabra y sonido oído en la sala original? Como el sonido de una voz susurrada. Por algún tiempo. —Eso es. Miles. se rechaza a aceptarlo. usted podrá ser perfectamente duplicado. los cuatro hombres observándonos a Becky y a mí. Creo que probablemente ya lo aceptó. se hacen nada. Simplemente continuaron sentados. antes de continuar: —Por lo tanto. sino todo su cuerpo. Y podría . pero no es su caso. observándome.

si quieres. a la corta o a la larga. Duerman y despertarán sintiéndose exactamente como ahora. . —No. No tenemos la más pequeña intención de lastimarlos o torturarlos.. Enfrente lo inevitable y acéptelo. una expresión aparentemente angustiada. —Enfrente los hechos. Mannie se levantó súbitamente. E intentar explicarles. tenemos que esperar hasta que se duerman. No creía absolutamente en la rabia de él. Mannie añadió: —Hable con ella. Mis ojos se desviaron al teléfono. Miles.. cuya existencia había hasta olvidado. Puede luchar contra el sueño por algún tiempo. buscar la manera para que todo se haga más fácil para ustedes. El hombre cerca de la puerta. —Acaso no lo entiende? No hay nada que podamos hacer. tendrá que dormir. apretándose contra mi pecho. Pasé los brazos en torno a ella. Miles.ponerse en la ventana. Pero nadie subiría hasta aquí. si no esperar. El hombre suspiró. Bastan tres de nosotros. ponerse a gritar. No hay nada que pueda hacer. Ustedes son mis amigos. por cualquier medio posible. antes de añadir. Gentil y persuasivamente. No se lo vamos a impedir. Puedes ir a casa. en tono de urgencia: —Pero tampoco hay otro medio por el cual usted pueda evitar dormir. —Sacudió la cabeza nuevamente. sintiendo sus hombros se sacudían en sollozos secos y silenciosos. Después de un momento Mannie se dio la vuelta. suspiró y dijo: —Vamos a encerrarlos en una celda con cadenas y ellos acabarán durmiendo. y Mannie añadió: —Puede tomar el teléfono. Becky volvió la cabeza hacia mí. —Que están queriendo hacer? Torturarnos? Mannie hizo una mueca. Continuarán siendo los mismos. Parecía angustiado y pesaroso. —Porque esas personas son mis amigos. Hágala comprender la verdad. Para que toda esa discusión? Mannie lo miro con una expresión fría. las manos agarrándome las solapas. —comprendió que ninguno de ellos se iría —y continuó sentado donde estaba. Y no hay medio alguno para obligar a un hombre a dormir. Miles. Miles! No estamos queriendo torturarlos.. se aproximó a nosotros y me miro a los ojos. Miles. Eso es todo. O eran. sólo que descansados. Miles. Usted no tiene salida. Pero no va a conseguir hacer una conexión. a no ser por la fuerza. volviendo a sentarse en el sofá. observándome. pero finalmente. hacerles comprender y aceptar todo. —Mannie quedó callado por un momento. sacudiendo la cabeza. No estoy queriendo engañarlos. Les garantizo que no van a sentir absolutamente nada. Por casualidad le gusta ver a Becky de ese modo? Pues a mi no me gusta! Nos miramos en silencio por varios segundos. —Pero qué están esperando entonces? —Había una niebla roja genuina delante de mis ojos. abriendo los brazos en un gesto de desamparo.

Simplemente continuarían a la espera. cualquier cosa. Dejé que las ganas de creer se fueran fortaleciendo y aumentando. era más de lo que podía soportar. Sabía que había algo más que podría hacer por ella. Podía sentirlo por detrás de los ojos. era terriblemente tentadora. —Como hicieron para dominar Mill Valley completamente? Budlong se mostró dispuesto a responder. Budlong habría ganado.. Estaba muy cansado. sentado en la orilla del sofá. para encontrar algún punto de ataque. de la única manera que podía. en los brazos y piernas. aún cuando no restara ninguna otra perspectiva de esperanza. Fueron a caer en la hacienda de Parnell. Y me pregunté si lo que Mannie había dicho no sería la verdad. sabiendo cómo ella estaba aterrorizada. los ojos entrecerrados. Y los que fueron cambiados trataron de reclutar a otros... Podría persuadirla. —Al principio. Podría incluso ser verdad. acariciando los cabellos de Becky. Y después me pregunte si esa era la única manera. pero no por mucho. Aún no estaba acabado. además de quedarme sentado allí acariciándole los cabellos. Podía resistir por algún tiempo más. Y después dejar que mi convicción la convenciera.. queriendo que creyera en él. Como un hombre condenado intentando vanamente mantener la respiración en la cámara de gas. que cayeron. Aunque no lo fuera. no se que. Miré a Mannie. encima de un montón de basura. Las ansias de sobrevivir no pueden ser contestadas y sabía que íbamos a luchar. —Como fue que sucedió? —pregunte. sintiendo el temblor incesante de su cuerpo y mi propio cansancio. aceptar y creer. la cosa fue medio a ciegas —dije Budlong. Y después. luchando y esperando. Y Becky tampoco conseguiría aguantar por mucho tiempo. fueron empujadas por el viento o llevadas por personas curiosas a los lugares correctos. con el rostro pareciendo compadecido y ansioso. de simplemente olvidar todos los problemas. Podría aceptar lo que Mannie dijera. sólo unas pocas. pero sucede que fue aquí. masajeándole el cuello suavemente. mientras esperaba. El caso de su amiga.. intentando pensar en alguna cosa por decir. dejar que el sueño me dominara y después despertar sintiéndome exactamente como ahora. apretándola firmemente. dígase de pasada que bastaría sólo un caso bien-realizado. hasta que finalmente el sueño nos venciera. en tono de quién quiere sólo conversar un poco. Los primeros esfuerzos no pasaron de una duplicación a ciegas de lo que habían encontrado inicialmente: una lata vacía. —Las vainas cayeron en esta área.CAPÍTULO 17 Mi mano se estaba moviendo. quedé pensando al respecto. tendríamos que resistir por tanto tiempo como fuera posible. Y la idea de dormir. generalmente las propias familias. Me volví a Budlong. Podría haber sido en cualquier otro lugar. Por qué no? Con la mano siempre acariciándole los cabellos. en la flacidez de los músculos faciales. aún Miles Bennell. Otras vainas. manchada con el jugo de alguna fruta otrora viva. Era un desperdicio perfectamente natural. tendríamos que luchar. Sabía que Mannie estaba en lo cierto. a fin de mantenernos despiertos. jovialmente. un mango de madera quebrado. . confortándola o por lo menos intentando. sin embargo. el mismo desperdicio de cualquier espora cayendo en lugares errados. sentir el cuerpo de Becky temblando entre mis brazos..

al continuar: —Así como no hay ninguna emoción en usted. algunos equívocos. parece que pierden el vigor. ninguna emoción fuerte y humana. No había emoción. Es difícil entender por que. Charley Bucholtz. Es un hombre que puede entrar en los sótanos y generalmente nadie lo acompaña.Wilma Lentz. proveyó más de setenta cambios. miedo. —Budlong suspiró.. un estudio científico. fue todo relativamente fácil y rápido. Y es claro que a partir del momento en que se efectuaba un cambio en una casa. aparentemente. muy despacio. con los ojos fijos en él. Las familias con niños fueron normalmente más difíciles. Pero no iba a dejar las cosas por ahí. esperando. si están mucho tiempo encima de una mesa. Y. así como la Srta. Usted aún lo acaba de decir. —Pero la verdad es que hay una diferencia. —Me dijo en su casa que estaba trabajando en una tesis. quien colocó en el sótano de la casa la vaina que efectuó el cambio de Wilma. —Profesor. Un momento después. es típico. La mujer simplemente perdió el juicio.. Wilma Lentz. evidentemente. —Sea cómo sea. evidentemente. durmiendo en el armario del cuarto de huéspedes. hablaba y se comportaba como Ira. Una mujer vio a la hermana acostada en la cama. Ahora había encontrado un punto de ataque. —Exactamente. Solamente un hombre. vio también a la hermana. hay un polvillo especial que los papeles adquieren cuando quedan esparcidos sobre una mesa por muchos días. —Es claro que hubo accidentes. ninguna emoción de verdad. —Bajé la voz. intentaron luchar.. De alguna forma. —Todos me estaban observando. por la apariencia. Y era . pensando al respecto. quedan diferentes. Como si el papel se marchitara. —gentilmente. de un modo general. en todo lo demás. La mayoría de las personas no percibió absolutamente ningún cambio. ya que era la única diferencia. —No llega a ser realmente una diferencia y no es permanente. comprendiendo lo que estaba sucediendo. —Nada significó para mí en ese momento. Los niños perciben rápidamente hasta las diferencias más pequeñas y más triviales. Vive en la misma especie de limbo grisácea como la sustancia repulsiva de que se formó. Budlong había acabado de recordarme otra cosa. en silencio. Resistieron y lucharon. Algunas personas. —Sólo había un medio por el cual Wilma Lentz sabía que Ira no era Ira. Sin embargo. —Sonreí. No hay alegría de verdad. Sólo recuerda la emoción. él no concluyó la frase. Me incliné al frente. Y fue el padre de Becky quién.. durmiendo. Driscoll son personas sensibles. esperanza o excitación en usted. a partir del momento en que se efectuó la primera mudanza eficaz. Un solo medio para percibirlo. pero ahora lo estoy recordando. Becky levantó la cabeza. Así como también estoy recordando algo que Wilma Lentzs dijo. bomberos. se hace más fácil convertir al resto. así que aumenta la cantidad de cambios. pues las diferencias no son significativas. la cosa que parecía. poco antes de ser cambiada. con el proceso aún inacabado. Pero fue. Además de eso. la casualidad dejó enteramente de ser un factor. No hay nada más. no sé realmente. que le era extremadamente importante. carpinteros también fueron responsables por varios cambios. muy desagradable para todos. era fácil convertir el resto de la familia. Budlong. Fue el tío de ella. pesarosamente. Repartidores. sólo recordaba la emoción y la simulaba. —Vi una cosa en su oficina —hablé. el medidor de relojes de gas y de electricidad. me miro aturdida por un instante y después miró a Budlong. por el aire o la humedad. Pero se puede percibir.

aún puede hacer el amor. esperanza.. Miles: no es tan ruin eso. —Hubo un tiempo en que la Luna estaba viva. —Se dio la vuelta y regreso al sofá.exactamente esa la impresión que su mesa daba. esperanza. Miles. porque a usted no le importaría. Es pacífico. todo lo que vive. antes de responder. no habría ninguna diferencia. por qué debería estar muerta? Quedó callado por un momento. Y no puede serlo. —No el esfuerzo. Y la comida aún tiene sabor. —No hay emoción —hablé en voz alta. Porque no le importa más. tener hijos? Él me miró en silencio por un instante. Después de que se hubiera convertido. Mannie? Cuando fue la última vez que trabajó en él? O que siquiera le dio una mirada? —Está bien. también animales. —No siempre fue así —añadió Mannie. aún es agradable leer un libro. No tocaba aquellos papeles desde el día. Vestigios de los seres que otrora vivieron en Marte aún se encuentran en los desiertos. suavemente. no posee nada mas! —Me volví bruscamente. tranquilo. No podemos vivir. Se me ocurrió una idea y pregunte: —Mannie. —Aunque va a echar en falta la tensión y preocupaciones que acompañan tales emociones? No es tan malo como imagina. Que diablos… —y eso fue lo más próximo a la rabia a que él llegó a sentir. Estoy hablando en serio. ahora usted sabe —dije Mannie. dentro de cinco años. Después. tan parecida. incapaces de mantener la forma. la tesis no tiene ninguna importancia. — Mannie. Y que sucedió.. en que dejó de ser Budlong. —Parece haber adivinado muy bien como son las cosas.. una sonrisa de cansancio. no es así. mientras mirábamos a la superficie silenciosa e inalterada de la Luna. árboles. Ambición. que es el Sol.. aunque estuviera dirigiéndome más a mí mismo. —Y eso no es todo —añadí. Todo eso acabó. Miles. En el cielo de la tarde estaba suspendida la Luna en cuarto creciente. Miles. No habido ningún cambio en su superficie desde que el hombre comenzó a estudiarla. como si eso no tuviera cualquier importancia —. pálida y plateada a la luz del día. antes de continuar: —Y los otros planetas. El último de nosotros estará muerto… —sacudió una de las manos. Miles —dije él alzándose de hombros. —Creo que sabe que no podemos. Y ahora es la ocasión de la Tierra. pero perfectamente visible y nítida. Y después que todos esos planetas sean consumidos. se levantó y fue hasta la ventana y señalo. Algo sucede con los compuestos artificiales creados por los físicos nucleares: son inestables. ya que está insistiendo. anhelos. —Pero no escribirlo —murmuré. —Mire a la Luna. Estoy hablando en serio. Miles. no sólo hombres. girando en torno a la misma fuente de vida. selva. volverán . tan cerca de la Tierra. por ejemplo. puede muy bien saber toda la verdad.. Mannie? Él sonrió. Está muerta. se acuerda de aquel compendio para el segundo grado que usted estaba planeando. calmadamente. a lo sumo. que hay de bueno en tales cosas? —Era evidente que él estaba absolutamente convencido de lo que hablaba. O sentir las emociones que producen los libros. Una niebla tenue flotaba delante de la Luna. la esperanza y la lucha obstinada para escribirlo.. suavemente. Las esporas seguirán adelante. como la Tierra? Marte. otrora una parte de la tierra. La duplicación no es perfecta. Pero nunca se preguntó por qué la Luna es un desierto de nada? La Luna. —Están convirtiendo todo lo que esta vivo. Mannie? —No voy a discutir con usted. No es eso así. cualquiera que haya sido. Una Introducción a la Psiquiatría! Trabajaba en el esbozo en todos los minutos de descanso que podía tomar.. —Queríamos sólo que las cosas fueran más fáciles para usted. Ambición. Miles.

. —El mundo. esta muy claro.. —Parece chocante. Nosotros las cultivamos. Doctor. Y así... Washington. afablemente. van a esparcir esas cosas por todo el mundo? —Ya lo comprendió? —dije Budlong. siempre jovialmente. tenía que aceptarlo. para después gritar: —Pero por que? Oh. No hay cualquier otra razón ni es necesario. Pero si aún puede recordar alguna cosa de como era nuestra amistad. se expandieron hasta ocuparlo enteramente? Y donde están los bisontes que vagaban por este continente antes de que llegaran aquí? Desaparecieron. Puede encerrarnos en mi consultorio y necesitarán quedar vigilando sólo una puerta. Doctor. usted dije que fuimos otrora amigos. —Pero. tolerantemente. —Mannie. No importa por cuánto tiempo o para donde. Quédense esperando en . la función de la vida es vivir mientras pueda. Por casualidad odiaban a los bisontes? Debemos continuar por qué debemos. Miles. para vagar. —No creo que usted continúe realmente sintiéndolo. Doctor —dije Budlong. come. si nos fuera posible pasarlo a solas. finalmente. —Este condado. —Tras todo lo que hicieron en este planeta… Donde están los bosques que cubrían el continente? Y las tierras fértiles que convirtieron en desiertos? También han consumido lo que encuentran. el hombre condenado exhalando el ultimo aire puro en sus pulmones. —No se sienta ofendido. Donde están los bravos palomos que literalmente obscurecían los cielos de América en bandadas de millones? El último murió en un jardín zoológico de Filadelfia en 1913.. hace el amor y reproduce su especie? Porque es su función.. de donde están viniendo las nuevas vainas? —pregunte. siempre hay más de nosotros y menos de ustedes. Ningún otro motivo puede interferir con eso. Ya olvidó todo lo que le hablé? Lo que hace y por que? Por qué respira. —Es la naturaleza de la bestia. No me pude contener... será que no entiende? Parece que aún no lo entendió. Parásitos del universo. —murmuré en voz baja. No va a tardar mucho en ocupar todo el continente.al espacio. —Doctor.. entonces déjenos a solas aquí.. haciendo una pausa y después aspirando la muerte. espantado por no estar entendiendo.. Déjenos a solas ahora. Pero Budlong se limitó a menear la cabeza.. Mannie. Cada vez más.. el norte de California. después los siguientes. duerme. Pero lo que la raza humana ha hecho a sido extenderse por el planeta hasta sumar billones? Lo hicieron con este propio continente.. Budlong dijo lo que eran: parásitos. es claro que nos propagaremos por el mundo entero. Es un proceso que se va acelerando. porque no tiene más condiciones de resistir. Acaso no puede entender eso? —V olvió a sonreírme. No hay ninguna maldad envuelta. Apenas conseguí hablar: —El mundo. eso ciertamente hubiera sucedido en aquel momento. sonriendo tolerantemente. No me restaba más nada por hacer. solo atenuar el impacto sobre Becky en el poco tiempo que nos restaba. toda la Costa del Pacífico. Acabarán llegando. —Moví mi cabeza. y después siguen adelante. Y después. por que? Si él pudiera ponerse furioso. Y serán los únicos y últimos supervivientes del universo. su razón de ser.. —Claro que me acuerdo. —Son cultivadas. siempre más deprisa. en algún lugar. No hay por qué estar tan ofendido. Dios. Oregon.. que se acordaba de como era.

Lentamente. —No hay razón para que no atendamos a su pedido. la llave giró en la cerradura. pude vislumbrar al hombre retornando a la sala de espera. verificándola. metió la llave en la cerradura. No podemos escapar. Mannie se volvió enseguida a Chet Meeker. fue hasta la puerta de madera que daba para mi consultorio. Mannie. Tras un momento de vacilación. que se levantó y salió para el pasillo. con el cuerpo casi oculto por dos inmensas vainas que cargaba. Dénos por lo menos eso. para que Becky y yo pudiéramos pasar. Quito el pasador de la puerta y la abrió. Enciérrenos en mi consultorio. —Está bien. y a la vez fuera de nuestro alcance. Oí el débil ruido de alguna cosa rozando en el otro lado de la puerta. el profesor asintió. Es la última oportunidad que tenemos de saber lo que significa estar realmente vivos. . la puerta comenzó a cerrarse atrás de nosotros. todo podrá suceder más deprisa. en el otro lado de la puerta cerrada. la giró.el pasillo. La puerta fue finalmente cerrada. La opinión del hombre en la puerta ni siquiera fue pedida. Tal vez aún pueda acordarse ligeramente de lo que eso representaba. Después. Mannie miró para a Budlong. muy cerca de nosotros. Y como podremos dormir con ustedes observándonos? De esa manera. Un instante antes de cerrar enteramente. movió el picaporte. que se encogió de hombros. Comprendí que las dos inmensas vainas estaban ahora en el suelo. Hizo una seña con la cabeza al hombre en la puerta. Y quédense esperando en el pasillo. Miles —dije Mannie.

Mi armario de instrumentos quedaba en el otro lado de la sala. Recordé la noche —no mucho tiempo atrás. clips. quería ahora otra oportunidad. Después. jeringas hipodérmicas. de seda. Pero inmediatamente comprendí lo que era y miré rápidamente a Becky. Era un ruido familiar. abrí la gaveta de la mesa.CAPÍTULO 18 Cogí la mano de Becky entre las mías. alfombras. inclinándome cerca de ella. pasando el brazo por sus hombros. por un instante. descompasadamente. Había también la pequeña heladera: sueros. mangas cortas. apretándola con fuerza.. —Oh. antibióticos y una botella pequeña de ginger ale que mi enfermera había dejado allí. —Me gustaría que nos hubiéramos casado. pero a la vez pareciendo increíblemente distante —en que Becky había venido al consultorio para hablarme sobre Wilma. vacunas. dos plumas. pequeños instrumentos. un chasquido. abrí la mano y dejé la inútil espátula caer de nuevo en la gaveta. no lo dejó transparentar. Después. me senté en el brazo de la silla. calendarios de plástico. abriendo la boca para hablar. quedamos callados. Había móviles. comenzando a caminar por la pequeña sala. antisépticos. Me levanté en ese instante. cuadros y diplomas en la pared. No había muchas cosas más: la balanza. Me acordé de cómo me había sentido contento por verla en aquella noche. Más que todo lo que ya había querido antes. —Te amo Becky. la verdad es que nunca la había olvidado. Por un momento. lápiz. Miré para la superficie barnizada de la puerta maciza que daba para la sala de espera. Me di cuenta que ella estaba usando el mismo vestido. como de una hoja seca rompiéndose bruscamente. tijeras. comprendiendo que aunque sólo hubiéramos salido juntos algunas veces en la escuela secundaria. Becky. empuñandola como una daga. Pero si ella también lo había escuchado e igualmente reconocido. Escuche un pequeño ruido en el otro lado de la puerta cerrada atrás de nosotros. me estaba durmiendo! —Sus ojos estaban llenos de terror. mercurocromo. No olvidándome de actuar silenciosamente. La lleve a la silla colocada delante de mi mesa y la senté allí. apretando el mango con fuerza. Era un ruido seco. Cogí la espátula. desinfectantes. Miles. no había nada.. Ella levantó sus ojos para sonreírme y después recostó la cabeza en mi brazo. mertiolate. un pequeño armario blanco esmaltado con cerradura.. elásticos. consiguiendo aún exhibir una sonrisa. —Yo también te amo Miles. para comenzar a latir inmediatamente después.. . El crujido sonó nuevamente en el otro lado de la puerta. un fórceps quebrado. Allá estaban blocks de recetas. —A mi también. Ni siquiera abrí la puerta encristalada del armario. yodo. Los ojos de ella se abrieron. O sea. Me volví hacia Becky. estampado en rojo y gris. bisturís. Ella me miro. Di dos pasos rápidos para la silla en que Becky se encontraba. Y ahora podía comprender una serie de cosas que no había notado antes. buscando alguna cosa. cualquier cosa que nos pudiera ayudar. la agarré por los hombros y la sacudí bruscamente. no pude reconocerlo. la mesa de examen. dijo. esparadrapo. Allá estaban los fórceps de acero inoxidable. y mi corazón se detuvo por un instante. pero. Tenía que haber un medio cualquiera de escapar de aquella situación. Me gustaría que estuviéramos casados ahora. una espátula de imitación de bronce.

sin tomar ninguna tableta. . No conseguiríamos alguna cosa así. antes de añadir: —Creo que usaron todas las que estaban listas. Becky estaba sentada en silencio. para saber si no dormía. silenciosamente. recordando todo lo que sabía acerca de las vainas gigantescas. de nada sirve. Becky quedó observando mis ojos. encontré las tabletas de benzedrina. En voz baja. El tiempo fue pasando. En nada. Señale para la puerta de la sala de espera. Tal vez las dos en el otro lado de la puerta sean las que restaron en el camión de Joe Grimaldi. pidiendo su opinión y pensando en voz alta. las cosas allá fuera se están.. necesitamos salir del edificio. Tenemos que encontrar un medio de hacer que nos saquen de aquí. Miles? —No sé. sus ojos ahora brillaban por los efectos de la benzedrina. los puños cerrados bajo la mandíbula. llené una copa con agua y le di una tableta a Becky. Frustrado y desesperado. Dudo mucho que pudiera dominar a Mannie. que haya un medio. —Sonreí por un instante... No habría otra. al otro lado de la mesa. los codos apoyados sobre el cristal del escritorio. —Por lo menos estaríamos ganando un poco más de tiempo —comentó Becky. —Dudo mucho que haya más vainas disponibles en este momento. sorprenderlos inesperadamente. como hiciste con Nick Gri. si Budlong está en lo cierto. Ambos estábamos ahora escuchando y ninguno de los dos miraba para la puerta. al dejar el edificio. levanté lentamente los ojos. sólo suponer..En la última gaveta de la mesa. De cualquier forma. Sería nuestra última oportunidad de escapar. Y tengo la seguridad de que Chet Meeker acabaría fácilmente conmigo. pero inmediatamente volví a hablar en serio: —Pero. Habrá un medio de conseguir eso? —En que estás pensando. Me senté a la mesa. pues no hay forma de escapar. sacudiendo la cabeza bruscamente: — Esto no es una película y no soy un héroe del cine. —Pero podríamos intentarlo? —Becky no estaba dispuesta a desistir. ellos traerían otras. lo que no es suficiente. no de escapar. nuevamente hubo otro crujido atrás de la puerta cerrada.. —Señale con la cabeza en dirección de la ventana y de la calle allá abajo. Tras algún tiempo. No podría vencer a cuatro hombres. —Probablemente nos llevarían a otro lugar en la ciudad. estaría en mi mente y no en mis pies caminando de un lado para otro. Probablemente no conseguiría dominar ni a uno sólo. Hice un esfuerzo para continuar sentado.. Becky —la interrumpí. dije: —Vamos a suponer. En el sofá de cuero. pero si de hacer que nos lleven a algún otro lugar. Tal vez sólo tuviera alguna oportunidad con el profesor o con el gordo. golpee con el puño cerrado la palma de la otra mano. Miré el pequeño frasco de vidrio por un momento y después lo guardé en la bolsa. ni siquiera se si es posible que nos saquen de aquí. Fruncí el rostro. —En este momento. —Creo que podríamos. Pensé sólo en encontrar un medio de estropear las malditas vainas. no. a fin de que uno siempre mantuviera al otro despierto. —Sólo un poco más de tiempo no es suficiente. alerta. Fui al baño. probablemente. Tengo la impresión de que vimos todas que estaban listas. —Tenemos que pensar de verdad. en el lado izquierdo. observándome atentamente. Probablemente. Ni siquiera se si podríamos hacerlo.. Podía aguantar por algún tiempo más y era mejor que tomáramos la benzedrina alternadamente. Si hubiera alguna salida de emergencia.... —Hay otras siendo cultivadas y sólo conseguiríamos una pequeña suspensión de la sentencia. intentando pensar más claramente.

nosotros. En silencio total. derramándolo inmediatamente sobre el otro esqueleto. no! Miré a Becky. De una vena de su antebrazo. No sabía realmente lo que estaba haciendo. esparciéndolos sobre los esqueletos en el suelo.. —Está bien. Sólo hice una cosa más y no pedí permiso a Becky.. desviando los ojos. estructura ósea y sangre. Me incliné y abrí la puerta del armario atrás de la mesa. no! Ya basta! Me levanté y me acerque hacia ella. antes que la sangre pudiera coagularse. fui hasta el armario de instrumentos y abrí la puerta de vidrio sin hacer ruido. Ahora. más o menos a ciegas inicialmente. casi como si persuadir a Becky fuera la única cosa de que necesitase. —Miré a Becky. retiré otros 20cc de sangre. —No concluí la frase. después de un momento. los impulsos que los mantuvieron juntos en vida y que nos sostienen ahora. —Ellos servirán.. corté un mechón de su cabello. no restaba más que hacer sino esperar.. adormecidos. Pero vamos a suponer. ya estaba de pie.. dispuestos y probablemente perfectamente capaces de ser duplicados. excitado. —Miles. No sé si va servir de algo. Ellos están. Becky. por favor! No aguanto más! . Un momento después. Preparándose. la cara volteada hacia abajo. —Ellos poseen estructura ósea humana absolutamente completa! Y si Budlong está en lo correcto. Después.. en vez de los nuestros! —Nada tenemos que perder por intentarlo. coloque el esqueleto femenino a su lado. Miles —dijo Becky.. Antes de que ella terminara de hablar. Vamos a suponer que les proporcionamos substitutos: Fred y su novia. porque no hay mucha materia viva. Si aquella no era la respuesta. pero. mucho más que simplemente adormecidos! Listos. apuntándolos. retiré 20cc de sangre. que encontremos un medio de hacer que las dos vainas allá fuera se gasten en alguna otra cosa.. De mi propio brazo. Becky. Por favor. no. los átomos que los componen aún están unidos por los mismos impulsos eléctricos a que él se refirió. que sacudía la cabeza frenéticamente. Llevé a Becky hasta la puerta de la sala de espera. pasándolo sobre una pequeña área en el brazo de Becky y después en el mío. Cogí una tijera de la mesa. deteniéndose muchas veces para mirarme de manera . Quedamos mirando a los esqueletos por un momento. la regué sobre la clavícula y diversas costillas del esqueleto más próximo en el suelo. —De repente. después un puñado del mío.. Y fue entonces que ella comenzó a hablar. para imitar y duplicar cualquier sustancia vital que encuentren. Nos sentamos. Segundos después. a partir del momento en que comencemos a dormir.. —Los esqueletos —añadí. no se la que podría ser. tomando extremo cuidado para evitar que los miembros descoyuntados chocasen en las paredes del armario. a fin de que no necesitáramos contemplar su sonrisa macabra.preparando. los procesos de nuestros cuerpos disminuyendo el ritmo. sin entender de lo que estaba hablando. dejándonos indefensos. llevándolo hasta la puerta cerrada de la sala de espera. Becky frunció el rostro ligeramente. Pero no me detuve. Becky en el sillón de cuero. —Vamos a suponer. —Miles. cogiendo una jeringa de 20cc. Sus padrones serán copiados y reproducidos. rápidamente. Lo que significa. estaba hablando muy deprisa. cogí primero el esqueleto masculino. los dejé como estaban. vacilante. como célula y tejido. Incliné un frasco de vidrio de alcohol sobre un pedazo de algodón esterilizado. más alto.. yo atrás de la mesa.. Lenta y suavemente. con el rostro pálido. Lo extendí en el suelo. Dejé los esqueletos en el suelo como estaban.

como soldados súbitamente atrapados bajo la puntería del fuego enemigo. inclinándose sobre la mesa. Hay determinadas actividades. —No sabes cuánto tiempo más aún tenemos! Golpearon levemente en la puerta externa del consultorio y oí la voz de Mannie en el pasillo allá fuera. Por qué no? Quedé pensando en el que ella había dicho. La idea no me agradaba. tener la certeza de lo que estábamos haciendo. una cuestión de vida o muerte para nosotros. decídete inmediatamente! —Becky estaba de pie. puedes tener razón.. Miles? Por qué no puedo? —Hizo una breve pausa. por lo menos a veces. las imaginan en términos de escenas como en el cine. Es la única fuente que el común de la gente tiene para visualizar cosas de las cuales ellas nunca tuvieron una experiencia concreta. puedo hacer exactamente la misma cosa que tu. Y es así que estás pensando ahora: una escena en que estás luchando con dos o tres hombres y. Quedé escuchando. Tu vas a luchar un poco. Miles? Tenía miedo. Y no había tiempo para una planificación más cuidadosa! Ciertamente no podríamos dormir con el problema. Mannie —grité. La consecuencia de cualquier cosa menos que la perfección sería la muerte o un destino aún peor. buscando no parecer inmediatamente descorazonado. —Becky. que estoy haciendo yo en esa escena en tu mente? Me estás viendo encogida contra una pared. antes de añadir: —Puedo hacerlo perfectamente. discutir sobre el asunto. incapaz de esperar.. esperando por mi respuesta. con los ojos desorbitados de pavor. Miles. Es lo que la mayoría de las personas suele hacer. sin embargo. Pero no vamos a aguantar por mucho más tiempo. Y es exactamente así que voy a mostrarme. con las manos cubriéndome el rostro en un gesto de horror? Pensé un poco y llegué a la conclusión de que Becky estaba en lo cierto. —Aún no dormimos.. bajo una terrible tensión. Miles: la imagen estereotipada de una mujer en ese tipo de situación. sonriendo sin ningún placer con la broma. susurrando suavemente: —Miles? —Hizo una pausa. probablemente daría resultado. Pero yo aún terminaría tirado en el suelo. Miles. jalándome la manga. antes de repetir: —Miles? —Disculpa. absolutamente. —Y es eso lo que ellos también van a pensar. el tiempo que fuera necesario hasta que no quedara ninguna duda. que el común de la gente jamás hará durante toda su vida. Asentí. con dos o tres hombres por encima de mí. sé que no hay razón para que cualquier cosa que podamos hacer sea lo mejor. Becky insistió. —Vamos Miles. Y cuando ella termino.. Sabes que estaremos despiertos mientras podamos. No podemos. pero después. improvisando.. pasarás uno o dos minutos terribles. pensé. Por eso.inquisitiva. Teníamos que pensar mucho. Por qué no puedes aceptarlo. Becky describió una idea que se le había ocurrido. sonreí y asentí. hasta tener la certeza de que ellos me han visto y notaron tal reacción... Sabía que estaba queriendo enfrentar la situación impulsivamente. el más importante pensamiento de nuestras vidas tenía que ser improvisado. Después. No puedo hacer nada. Ahora. —Miles. Pero ahora tú estás pensando cómo en una película. . —Por qué no.. Aquello era real. hasta cierto punto.

alguna fuerza había dejado solo el exterior. tal vez deshechos por una brisa. Ese instante se terminó y los esqueletos se desvanecieron. con las líneas disparándose en todas direcciones.. No tarde mucho tiempo. ella me indico con la cabeza: —Mira. robándole su forma. Me levanté y fui a tomar un rollo de esparadrapo en el armario de instrumentos. Al empujarla. Después. los dos esqueletos quedaron completamente. Después. mirando por un momento. Detestaba lo que íbamos a hacer. desabotone las mangas del vestido de Becky las levanté y comencé a trabajar. delante de nuestros ojos. tal vez cuatro minutos. estaba obviamente deshaciéndolo.Él no respondió. pero. respiré fondo y grité con mucha fuerza: —Mannie! La puerta del consultorio en el pasillo se abrió en ese mismo instante y ellos entraron. Lo que quiera que estuviera tomando cada hueso. Acostumbramos comentar: “Puedo explicar lo que vi. son demasiadas... V olviendo a la mesa. alguna . mirando al suelo. Después. la puerta golpeo en alguna cosa. más rápido que lo que la vista puede seguir. No sé decir cómo.. —De acuerdo. con la forma aún inalterable a la vista.. Como un muro antiguo de ladrillos sueltos. Pero era también más que eso. los huesos desaparecieron. dispersándose por todo el esqueleto blanquecino. Me volví a mirar. transformándose en un pequeño montón de polvo y nada más en el suelo.. tome todo lo que necesitábamos. Mientras bajaba mis mangas. en un pequeño segmento de dos o tres centímetros del cubito. Ahora. Apunté al montón de polvillo gris con la punta del pie y ellos se detuvieron. dominado por una alegría desenfrenada.. fue como una secuencia de dibujos animados. invadiendo la caja torácica en un parpadear de ojos. pero mirándolos en aquel momento no tuve la más pequeña duda de que estaban diferentes. Sólo que no conseguía pensar en nada más. En los dos esqueletos. Por un instante. uno de los dos huesos del antebrazo. La forma de los esqueletos no había cambiado. habían perdido algún grado de rigidez o firmeza. Los huesos amarillos en el suelo parecían. en una fracción de segundo. Becky abotonaba las suyas. apareció una mancha grisácea. corriendo. Tengo que admitir que no sé realmente como explicar eso. Miles.” Pero las ocasiones en que no sabemos explicar las cosas que vimos. El sentido de la visión es más sutil de lo que estamos acostumbrados a pensar. no me agradaba depositar toda nuestra esperanza en aquella débil idea de Becky. entrecerrando los ojos para convencerme de que lo que estaba viendo era real. Aquellos huesos habían perdido su dureza. Por un instante se congelo el tiempo. Nada más sucedió por un instante. cubiertos por un polvo gris sin peso. no había como intentar imaginar por cuánto tiempo más nos quedaríamos solos. Tal vez el cambio fuera en el color. Becky.. aunque no puedo afirmarlo con certeza. Y los ojos no podían darnos tal información. con los rostros extremadamente tranquilos y controlados. quedé mirando. pero con la argamasa pulverizada. Y después. en el esqueleto más próximo. Mannie saco la llave del bolso y abrió la puerta de la sala de espera. ve más cosas de lo que le acreditamos. a increíble velocidad. extendiéndose en las dos direcciones. alguna consistencia. Continué parado por más un instante.. Aún incapaz de confiar enteramente en lo que me decían los ojos. diferentes. pero inmediatamente la mancha se fue ampliando. en que una imagen es diseñada muy deprisa. la mancha gris se fue extendiendo por los huesos..

muy interesante. uno tenia el cabello negro apareciendo entre los huesos. Budlong dijo: —Interesante. hasta que podamos conseguir otras vainas. comenzando a descender la escalera. creo que vamos a tener que llevarlos a otra celda. Sobre la alfombra castaña. es perfectamente posible. —Sabe que eso nunca me ocurrió? Y. y enseguida quedó atorada otra vez.. Recorrimos el pasillo hasta la puerta contra incendio de metal. pensando. Mannie sacudió la cabeza lentamente en varias ocasiones. entre blanquecinos y amarillentos. pero no hay otro remedio. estaban los dos esqueletos. Disculpe. Y salimos todos del consultorio. reproducidos hasta los últimos detalles inútiles. que se rompió al impacto de la madera. como si quisiera conversar. como si hallaran todo muy divertido. Después. —Se volvió y quedó nuevamente mirando al suelo. —Se volvió hacia mí. estaban los minúsculos fragmentos que restaban de las dos inmensas vainas. Interesante. muy interesante. manchados de rojo en algunos puntos. Miles. Mannie. Me limité a menear la cabeza. pasamos de lado por la puerta parcialmente bloqueada. exhibían sonrisas macabras.. los labios contraídos. tan deprisa como podíamos y uno tras de otro. Al lado y por abajo de ellos.. por la puerta que daba al pasillo del edificio. V olteados hacia abajo. sin embargo. habló: —Muy bien. pasando casi desapercibidos en la alfombra. Mannie empujó con fuerza. los ojos amistosos como siempre.cosa dura. la puerta se entreabrió un poco más.. con una expresión pensativa. .

atrás de ellos. Una de las jeringas fue pateada de mi mano. Quedé de rodillas. el hombre gordo estaba en el lado izquierdo. intentando agarrarme el brazo. Me cogieron un brazo y una pierna. Pero cuatro contra uno era demasiado y fui rápidamente dominado. Así. cogiendose del pasamano. con el ruido de las respiraciones jadeantes y gruñidos llenando la escalera. Inyecte a cada hombre 2cc de morfina. Becky —pude verla claramente. inmovilizándolos. mientras Mannie y Budlong se lanzaban contra mi espalda. Me puse a sacudir frenéticamente el brazo libre. Avancé súbitamente. en los grandes músculos de los glúteos. No había motivo alguno en que pudiera pensar para esperar por más tiempo. arrodillado . uní las manos. Pero poco a poco Chet Meeker. Quedé inmóvil. violentamente. brazos y piernas volando en todas las direcciones. empujando a Becky para un lado con el codo. rápidamente. Ellos miraron a Becky y después a mí. No es fácil calcular por cuánto tiempo continuamos luchando. así como ellos —estaba encogida en la orilla del descanso. que cuando nos aproximamos al descanso entre los pisos. desabotonándoselas. con todas mis fuerzas. perplejo. y el pulgar y el índice de la otra mano en la manga izquierda. Budlong y Mannie se encontraban en aquel momento inclinados sobre mí. fascinado. intentando evitar que también lo inmovilizaran. con los brazos colgando al frente. con las manos erguidas en un gesto de horror. Al pisar el descanso. quedamos todos inmóviles. Ella se encogía impotente. con Mannie y Budlong directamente atrás de nosotros. Fui derrumbado en el suelo de acero. Después. con Chet Meeker al lado. Ella arranco las dos tiras de esparadrapo y avanzó súbitamente. con los pulgares en los émbolos. como suspendidos en el tiempo. los ojos aún muy abiertos y atónitos —movieron las mangas del vestido. arrodillados o caídos en el suelo. Estiré las manos para el frente. intentando mantenerse alejada de la masa de hombres debatiéndose. delante de su boca entreabierta. mientras yo continuaba debatiéndome y pateando. —Que están haciendo? —pregunto Budlong. pateando y golpeando con las jeringas. mientras la otra era destruida por un pisotón. y con las jeringas sujetas firmemente entre mis dedos. Ellos se inmovilizaron en el mismo instante. comprimiéndose contra la pared de concreto. Por un momento. —No estoy entendiendo. con los ojos muy abiertos y despavoridos. lanzándola contra una esquina del descanso. comenzando a levantarme y ellos nuevamente se lanzaron encima de mí. Ellos gritaron y se volvieron hacia mí. Enfile el pulgar y el índice de la mano izquierda por dentro de la manga derecha. los dedos de Becky —las manos aún levantadas. Becky y yo estábamos en medio. observando la escena. Y después —ese era el plan de Becky —cada mano empuñaba una jeringa hipodérmica cargada.CAPÍTULO 19 Chet Meeker y el hombre gordo caminaban al frente. comencé a darme la vuelta en la escalera. Los dedos encontraron y estiraron los esparadrapos inmediatamente por encima de los puños. Becky clavo las jeringas en los dos.

hasta que el pie se engancho en el pasamano y se detuvo. directamente atrás de mí. No es tan malo. un guardia. con tanta fuerza que el suelo de acero vibro. Salimos corriendo. El telefoneó. apoyándose con la espalda y las manos. la cabeza descansando entre los brazos aún estirados. No había otra cosa que hacer sino volver. compañero en la escuela secundaria. Kaufman debería llamar para la comisaría y después nos darían el aviso. Sam no había quedado ni . ruidosamente. Seguimos directamente hacia él y nos detuvimos. en el instante siguiente. Yo no había olvidado que era muy fácil resbalar y quebrarse un hueso en aquella escalera de acero. —Ellos quedaron de avisarnos. un hombre salió del asiento delantero de un coche estacionado y quedó parado en medio de la calzada a nuestra espera. sus rodillas se doblaron y cayó sentado. como un hombre haciendo una plegaria musulmana. Después. suspiró suavemente y cayo inerte para un costado. en dirección de las puertas que se abrían para la Calle Throckmorton. cargando una bolsa de compras. Él asintió. simplemente salude con la cabeza. se quejo largamente y cayo hacia atrás. quedando allí. Mannie cayó del todo en el suelo de metal corrugado. Me volví para indicar con la cabeza en dirección del edificio atrás de nosotros. Pero. se arrodilló lentamente. mirando a la radio que zumbaba en el coche. una ciudad muerta y abandonada. cayó de lado. Pasamos junto a una mujer baja y gorda.sobre mi brazo. las manos se aferraron al pasamano. cruzamos con un hombre de mi edad. Mannie estaba agarrado en el pasamano de la escalera con las dos manos. La puerta no quería abrir. Era un hombre de uniforme. Pero no exageres. debido a que el edificio estaba vacío. pero la línea estaba ocupada. Media docena de metros adelante. sentado parpadeando los ojos. Ella no miró a nosotros. Estaba asegurada. murmurando alguna cosa que no conseguí entender. rodando despacio por la escalera. entre los habitantes de Mill Valley. Rápidamente estábamos en la puerta de metal en los fondos del edificio. pero con el rostro fruncido. atravesar todo el sótano del edificio. Hablé. Empujé finalmente las puertas y salimos para la calle. con las manos en las mías. golpeando en la pared. Sam Pink. Finalmente se soltó y. abriendo la boca para hablar. Con una expresión desinteresada y despreocupada. el hombre gordo. No alteré los pasos ni vacile. Dobló el cuerpo. completamente aturdido. escalón por escalón. empujándola con fuerza. sin mucha expresión en el rostro. Cinco pasos después. Los otros miraron hacia él. arrodillado sobre mi cabeza. aún arrodillado. moviéndose débilmente y mirándonos. en tono monótono: —Ahora somos como ustedes. Tras un momento. ocupado solo por el silencio de fin de semana. Debe estar llamando de nuevo ahora. Budlong me miro. —Se eso. no muy deprisa. El saludo de la misma forma y seguimos adelante. Sam. dejando que los ojos pasaran por su rostro en un reconocimiento indiferente. y Mannie dijo: —Que te pasa? Después. Me acordé de decir a Becky: —Mantén los ojos un poco entrecerrados e impasibles.

más ni menos inteligente. Continuó parado, mirándome, pensando en lo que había acabado de oír. Esperé, desinteresado. Un momento pasó. Después, como si encarara el silencio como conclusión de la conversación, sacudí la cabeza y dije: —Hasta la vista, Sam. Y continué caminando, cogiendo el brazo de Becky. No miramos para atrás, no aumentamos ni disminuimos la velocidad. Caminamos hasta la esquina y giramos a la derecha. Mirando hacia atrás en ese momento, mire a Sam Pink entrando en el edificio en que quedaba mi consultorio. Y ahora tratamos de correr, por el medio de la calle de pequeñas casas, una calle sin salida, que terminaba en la línea de matorrales bajos, más o menos paralelos a la Throckmorton. En mitad del camino, una mujer salió del jardín de una de las casas y nos saludo. Era una mujer pequeña y anciana, que levantó la mano, a la manera abrupta e imperativa con que los viejos a veces detienen el tráfico, a fin de atravesar la calle. El hábito nos domino. Nos detuvimos, aún sabiendo que aquella vieja señora, una viuda, la Sra. Worth, no era absolutamente una vieja señora y que yo debería derrumbarla con un golpe en la cara, sin interrumpir la carrera. Pero no podía hacerlo. Parecía una mujer, anciana, pequeña, frágil. Por un momento, quedé parado en la calzada, mirándola. Después, bruscamente, la empujé para un lado, con el brazo extendido. Ella se tambaleo hacia atrás, casi cayó. Inmediatamente llegamos al final de la calzada y nuestros pies comenzaron a pisar tierra roja. Un instante después, estábamos subiendo por una de las incontables veredas que habían en las colinas del Condado de Marin. Estábamos escondidos de la calle por los matorrales altos y las malezas enmarañadas. Becky perdió los zapatos, o mejor dicho, las sandalias, en la primera docena de pasos. Aunque yo supiera lo que la vereda, con sus piedrecillas, ramas, rocas y raíces, estaban haciendo y harían con los pies de ella, no podíamos parar. No teníamos muchas oportunidades. O peor aun, no teníamos prácticamente ninguna. No busqué engañarme. Conocía aquellas veredas, colinas y carreteras sinuosas, pero otros muchos otros, también los conocían. Y entre nosotros y la carretera 101, por donde pasaban los coches y la humanidad del mundo exterior, había más de tres kilómetros de colinas, veredas, campos, incluso unos pocos acres de tierras aradas. No conseguiríamos pasar, si hubiera cualquier búsqueda o persecución. Y en el instante mismo en que pensé en eso, la señal de incendio de la ciudad comenzó a resonar por el aire, sonando muy cerca, ya que el Cuerpo de Bomberos quedaba a menos de dos manzanas de distancia, en línea recta. Mill Valley no usa una sirena para dar sus alarmas, pero sí un bocina ronca de aire. En el timbre y estridencia, recuerda una sirena de niebla. Pero las notas profundas y cortas, emitidas en rápida sucesión, vibraron por el aire por muchos kilómetros, penetrando por todas partes. Las explosiones de sonido, idénticas e interminables, poblaron el aire y nuestros oídos, despertándonos una profunda sensación de pánico. Comprendí que la alarma podría hacer que perdiéramos la cabeza, y así simplemente nos pusiéramos a correr, a ciegas, desesperados. Sabía que los hombres ya entraban en sus coches, los motores eran encendidos y los vehículos partían, llevando perseguidores atrás de nosotros y a nuestro encuentro. Más y más hombres se lanzaban a la búsqueda, a cada toque siniestro y temible de la bocina.

Más al frente, los hombres estaban saliendo de sus casas para esparcirse por las colinas, buscándonos o simplemente esperando. En los minutos siguientes, tal vez no más de cinco, serían los últimos momentos en que podríamos tener alguna esperanza de no ser descubiertos. Un poco más por encima de la ladera, a la derecha, los matorrales disminuían y daban lugar a un campo abierto, vacío, expuesto, sin ninguna utilidad, cubierto por unos arbustos que se erguía a la altura de la cintura. Atravesando aquel campo o cualquier otro de los que encontraríamos adelante, quedaríamos inmediatamente visibles al primer hombre que llegara a lo alto de la cima o alcanzara un espacio vacío en algún punto abajo de la misma. Continuar caminando por aquella vereda nos llevaría inevitablemente a los brazos de los hombres que ciertamente estarían patrullando dentro de algunos minutos, así como las otras veredas. Cogiendo el brazo de Becky, nos paramos por un instante, dominados por la indecisión, confusos, en pánico, intentando decidir entre dos opciones igualmente desesperadas. Si estuviera oscuro, no estaríamos limitados por las veredas, lo que ampliaría considerablemente el área de búsqueda y... Pero era de día y a pesar de la niebla, restos de sol iluminaban los montes. La noche sólo comenzaría dentro de algunas horas. Me volví bruscamente, jalando a Becky hacia fuera de la vereda, subiendo por la ladera hasta la orilla de los arbustos, momentáneamente iluminado por el sol. Agachándome, comencé a recoger rápidamente grandes puñados de maleza suelta, arrancándolas, dije a Becky que hiciera la misma cosa. No tardó mucho en que tuviéramos una voluminosa carga de maleza, como un puñado de trigo. —Sigue al frente, Becky. Hasta la mitad de los arbustos. Sin hacer preguntas, ella rápidamente avanzó a través de los matorrales, dejando en su camino una vereda de tallos inclinados. Fui tras de ella, caminando de lado, con el brazo libre estirando los tallos que habían quedado inclinados. Avancé rápidamente, trabajando con un cuidado desesperado. Tras avanzar por cerca de 20 metros, no distinguí ningún camino visible atrás de nosotros. Ahora, en medio del matorral, dije a Becky que se acostara y después me acosté al lado de ella. Esparcí la maleza que Becky había cargado por encima de nosotros, cubriéndonos. Cogí los tallos que yo había traído y las esparcí también por encima de nosotros, en posición vertical, apoyados por ellos mismos y por los matorrales a su alrededor. No sabía lo que podría ver un observador parado al borde de los arbustos. Pero sin cualquier vereda que indicara nuestro camino, esperaba que pasáramos desapercibidos. Esperaba que no se le ocurriera a nadie que nos habíamos escondido en un campo abierto con solo unos arbustos y unos pocos matorrales, que aparentemente podía ser revisado con solo una mirada. El cazador siempre espera que el fugitivo no se detenga, me dije. Varios minutos pasaron. Después, aparentemente muy cerca, oí una voz gritar. No entendí claramente lo que decía, pero me pareció que era un nombre, eso o cualquier cosa así. Otra voz respondió “Sí” y oí el ruido del pasto siendo pisados por algún tiempo. El ruido se fue alejando. Cogí la mano de Becky y la apreté.

CAPÍTULO 20
Nos quedamos acostados por un largo periodo, inmóviles, terriblemente cansados, luego dolorosamente cansados. Pero no nos movimos, ni cambiamos de posición. De tarde en tarde oíamos voces, tanto en la vereda cerca de nosotros como en otras más distantes. En determinado momento, que pareció haber sido un largo tiempo, aunque probablemente no durara más que tres o cuatro minutos, escuchamos a dos hombres conversando tranquilamente, subiendo despacio por la ladera, atravesando los matorrales en que estábamos. Las voces fueron acercándose, aumentando de volumen, hasta que ambos pasaron cerca de nosotros, a menos de 30 metros de distancia. Creo que podríamos haber escuchado nítidamente lo que ellos estaban diciendo, pero yo estaba demasiado despavorido y concentrado en calcular por donde pasarían para prestar alguna atención a sus palabras. En diversas ocasiones, a lo lejos, escuchamos bocinas de automóviles. Eran bocinazos largos y cortos, en alguna especie de código. Tras mucho tiempo, comenzamos a sentir frío, la humedad se levantaba de la tierra por debajo de nosotros. Sabía que el sol estaba bajo, el tiempo había pasado y no seríamos encontrados, por lo menos si continuáramos acostados en el suelo. Decidí que continuaríamos allí hasta la oscuridad total. Cuando la noche llegó, estábamos congelados hasta los huesos, temblando de frío incontrolablemente. Tuve que cerrar los dientes con fuerza, hasta que las mandíbulas me dolieron. Era el único modo de evitar que los dientes comenzaran a entrechocar. Finalmente nos levantamos, con los músculos entumecidos, apenas consiguiendo ponernos de pie. Comprendí que la oscuridad había traído algunas ventajas. No podíamos ser vistos ahora incluso desde una distancia de ocho o diez metros. Masas de niebla, otro factor que nos ayudaba considerablemente, planeaban bajo en el cielo y sobre la tierra. Pero había también la luna en cuarto creciente brillando por encima de nuestras cabezas. Sabía que habría ocasiones, mucho antes de alcanzar la carretera, en que podríamos ser vistos claramente. Además de eso, durante el tiempo en que habíamos quedado inmóviles y silenciosos en el matorral, la búsqueda debería haber sido debidamente organizada, formándose diversos grupos, bajo una orientación general. Todos los hombres, mujeres y niños crecidos de Mill Valley, en buenas condiciones físicas, estarían participando en la búsqueda. Y sólo había una dirección para la cual podríamos seguir. Y fue hacia allá, a la carretera 101, en que comenzamos a caminar. Sólo que ellos sabían eso tanto como nosotros. No conseguiríamos escapar. Eso era lo lógico y podía comprenderlo. Podríamos sólo intentar aprovechar todas las oportunidades que aparecieran, sin entregarnos, sin ceder cosa alguna, luchando siempre, hasta el último instante que nos restara. Cada uno tenía puesto uno de mis zapatos. Becky no podía usar los dos, pues eran demasiado grandes. Pero con un pañuelo colocado dentro del zapato, podía evitar perderlo. Caminaba arrastrándolo y levantándolo cuidadosamente. Con la ayuda del pie metido en medias, avanzábamos por la oscuridad tan silenciosamente como podíamos, con Becky cogiendose de mi

. En un campo adyacente. Así. perfectamente espaciadas. ellos estaban simplemente a nuestra espera. supe lo que iba a suceder. seguimos descendiendo por la suave ladera de la última colina. había cultivos sucesivos de. me dejó aterrado. Entre hileras paralelas de lo que parecían ser zanjas de irrigación. iluminadas por la luna. No había sentido en dispersar sus fuerzas por el territorio que habíamos recorrido. En vez de eso. Un poco a la izquierda. del tiempo en que aquella área era cultivada. interrumpiendo el tráfico. con los parachoques pegados. podíamos notar los contornos oscuros de un establo. atravesándola. escondiendo la plantación de quien pasara por la carretera. El campo allá abajo. lo que había al frente nuestro. ocupados por personas vivas. caminar a través de aquellas vainas monstruosas. medio inclinado mirando aturdido para el suelo. Podía ahora comprender por qué habíamos conseguido llegar tan lejos sin encontrar a nadie. había un matorral alto. por un paisaje familiar ocasional y por la intuición pura y simple. No pude contenerme y comencé a visualizarnos alcanzando la carretera. comprendí lo que eran. a mi lado. Habíamos recorrido casi dos kilómetros. esperando que la niebla nuevamente ocultara la luna. recorriendo poco menos de un kilómetro en media hora. Después. tal vez calabazas.. en dirección de la franja de tierra descampada que bordeaba la carretera. sin encontrar a nadie. Una ilusión de esperanza comenzó a crecer dentro de mí. En el pequeño valle allá abajo. Eran esféricas. inevitablemente. algunas muy antiguas. creciendo en zanjas comprimidas. a lo largo de un valle estrecho y raso. sin escuchar a ninguna persona. Al lado. intentando descubrirnos en la oscuridad. Becky. como un mapa. Lo que no tardó en suceder. casi plano. ya inmensas y aún creciendo.brazo. Hombres ya escaparon de las prisiones más rigurosamente vigiladas . 20 o hasta 100 coches parados. Una hora pasó. cosas que no eran cultivadas allí. La claridad disminuyó. Pero no había otro remedio. Continuamos caminando. Nos sentamos. globos oscuros a la débil luz de la luna. Avanzamos una docena de pasos. Pero me dije una cosa más: hay siempre una oportunidad. Yo me orientaba por las formas de las crestas de las colinas. Imaginé mentalmente. Súbitamente. tal vez como de 30 metros de anchura. no más que eso. en que estaban las vainas. Allá estaban las nuevas vainas. era estrecho. pudimos divisar las cercas. genuinas. Quería atravesar aquel campo abierto en la mayor oscuridad que la noche nos pudiera proporcionar. La escena me lleno de pavor. centenares de ellas. así como ninguna otra cosa. No podía admitir la idea de pasar por allá. también comprendiendo. y en ese momento la luna irrumpió a través de una apertura en las capas bajas de la niebla en movimiento. avanzaríamos a los brazos y manos a la espera. pero no lo suficiente. Sentía escalofrió sólo de pensar en rozar una de ellas. centenares de bultos silenciosos parados codo con codo en una hilera sólida. continuamos sentados en la oscura ladera de la colina. esperando. vi algo que nunca antes había notado. Bruscamente. tal vez coles. Caballos de montura eran mantenidos allí. Estaba muy cansado y quedé sentado. mientras esperaba que oscureciese completamente. soltó la respiración ruidosamente. Por eso. neumáticos rechinando en frenadas bruscas. escondidos por el matorral que nos separaba de la carretera. que yo supiera.

Encendí otro y lo descendí lentamente. terminando el trabajo con la mano. esperando. Un minuto pasó antes que la niebla volviera a obscurecer la luna. teníamos que aprovechar la oportunidad de hacer alguna cosa contra las vainas. Luego. Puse dos tabletas de benzedrina en la mano de Becky y tomé otros dos. Se apago en el mismo instante. Encendí un fósforo y lo arroje en la zanja. en hileras. Fue un proceso lento. Si tuviésemos algo de suerte. una pequeña llama azulada formo un círculo. Pero era preciso aprovechar la oportunidad de hacer alguna cosa. Al borde de él. Finalmente. Me llevé 10 minutos revisando el pequeño cobertizo. Si fuésemos atrapados.. La niebla remolineo y se alejó del frente de la luna por un momento. pues había centenares de vainas. Un golpe de suerte. Pude ver mi rostro reflejado en la superficie. Era una acción inútil. rozando de tarde en tarde en las vainas y resbalando sobre las zanjas de irrigación. Fui invadido por una intensa excitación. Coloque el tambo en posición con un poco de tierra y me alejé. la gasolina escurrió entre mis dedos. Hasta el momento en que. Prisioneros de guerra ya habían recorrido centenares de kilómetros a través de territorios poblados por millones de personas. del tamaño de una moneda de medio dólar. colocados junto a una pared. restando sólo un lento gotear. adquiriendo un instante después el diámetro de un plato. hasta la zanja de irrigación más próxima. sintiendo el olor de la gasolina arderme en los ojos. el primero ya casi vacío. El fuego encendió. Poco a poco los tambos de gasolina quedaron alineados en el comienzo de seis zanjas de irrigación.. que sucedería con aquellas vainas? No teníamos el derecho de desperdiciar una tentativa de fuga prácticamente imposible. una fuerza súbita haciendo circular la sangre más deprisa en las venas.. la gasolina se fue derramando por la zanja de irrigación. había seis tambos de gasolina sobre el suelo de tierra. Becky me ayudó a volcar de lado el primer tambo de gasolina. nos levantamos y descendimos silenciosamente la colina. en dirección del monstruoso campo allá abajo. una brecha momentánea en la línea en el momento correcto. se es atrapado. amenazadoras. había un pequeño cobertizo. deberíamos usar el poco tiempo de libertad que nos restaba. estaba claro.que otros hombres podían concebir. hacia donde seguimos apresuradamente. con las vainas. con la claridad disminuyendo gradualmente. el flujo de gasolina del último tambo cesó. Aunque fuera una actitud desesperada. Y después comprendí que no podríamos correr ningún riesgo de ser atrapados. siempre hay una oportunidad de escapar. Estábamos allí. un equívoco de identidad a causa de la oscuridad. durante los cuales nos quedamos sentados en silencio. Me arrodillé al lado de una de las zanjas. junto con el pequeño tractor que había abierto las zanjas y había preparado los surcos para la plantación. hasta que la extremidad de la llama se apoyo en la superficie brillante.. encendiendo un fósforo tras otro. Así que quedó nuevamente oscuro. El humo subió y retire la . tenebrosas. afloje la tapa con la llave inglesa. aunque fuera la captura una certeza absoluta. Pude ver nuevamente las vainas. En el cobertizo. Con el tambo en posición. hasta encontrar la oxidada llave inglesa colgada de un clavo. Después. Diez minutos pasaron. Así que la tapa salió enteramente. rodamos el tambor por la puerta. cada una su enemiga.

Estaban inmóviles. Ellos prácticamente no nos tocaron. Tal vez por un minuto. cada vez más altas y rojas... Las hileras de vainas incendiadas aún brillaban. para el caso de que ella intentara correr. mientras centenares de personas continuaban avanzando hacia nosotros. ninguna otra vaina se incendiaba.. pensé que habíamos vencido. la gasolina de los seis tambos fue completamente consumida. estaban ahora interrumpidas en varios puntos. El calor aumentó y se multiplicó. parecían una ola derramándose en nuestros oídos. el vasto murmullo de centenares de voces a nuestro alrededor se escucho nuevamente. simplemente puso la mano levemente en mi brazo. de frente al pequeño valle de donde habíamos subido. una tras otra. Y después. el joyero. Nadie nos agarraba. Y después. como el tic tac de un reloj. aumentando de altura. nadie decía nada. el humo negro como un tornado.. rompiendo los hilos que las sujetaban. a la luz de la luna. Después fue la segunda. Las llamas. Casi en el mismo instante. iluminados por la luna. Parados. el humo blanco aumentaba.. no había prácticamente ninguna conversación. pero las llamas eran ahora más rojizas. los rostros levantados para el cielo. mirandonos sin curiosidad. Las líneas rojas de fuego. El súbito ruido de centenares de voces aproximándose a nosotros. Eran más que puntos: un enjambre impresionante de vainas subiendo lentamente por el cielo. Con un brazo en torno a la cintura de Becky y la otra mano cogiéndole el brazo. Después. Y nosotros dos. el campo de donde habían salido casi vacío ahora. correr en líneas paralelas por el campo. busqué ayudarla de la mejor forma posible. La primera vaina cogió fuego en una llama clara. El cielo por encima de nosotros estaba salpicado de puntos. vi lo que ellos contemplaban. Una tras otra. como no podía dejar de suceder. e inmediatamente después extendiéndose por su longitud. comenzamos lentamente a subir la colina por la cual habíamos descendido. nos quedamos observando el fuego esparcirse. Los otros se agruparon a nuestro alrededor. mientras Ben Ketchel se colocaba al lado de Becky. a través del matorral. Un último velo de niebla salió del frente de la luna. Llamas rojas surgieron entre las azuladas tomando toda la anchura de la zanja. excepto un gran cansancio. sin pensar en nada. Stan Morley. sin sentir cosa alguna. No tenían rabia. Y subieron . las vainas cogían fuego y estallaban.cabeza. bajando continuamente. las últimas vainas aún en el suelo se agitaron. Ahora. Miré también para el cielo y. las líneas rojas de fuego fueron disminuyendo y apagándose. continuamente. y el cielo se ilumino por completo.. tercera. las vainas oscuras delineadas por las llamas rojas. casi incandescente. más altas que un hombre de pie. el humo blanco. Simplemente fuimos subiendo por la colina. los ojos en el suelo. desprendiendo un humo que tomaba la forma de hongo. Contemplé las inmensas vainas. invadir las pequeñas zanjas de conexión. no experimentaban ninguna emoción. en medio de aquella multitud de centenares de personas. consumiendo los últimos resquicios de gasolina. la humareda que cubrían tal vez medio acre de la plantación se desvaneció. cuarta. El murmullo cesó abruptamente y vi que todos se habían detenido. Levanté la cabeza. las llamas comenzaron a crepitar. cayeron abruptamente a la altura de la cintura. antes continuas.

cada vez más alto. . atrás de las otras. por el cielo y el espacio. Las vainas fueron lentamente diminuyendo de tamaño. jamás tocándose o chocando. subiendo siempre.también. mientras observábamos.

individuos y pequeños grupos. Ahora. Levantamos la cabeza y vimos que las personas a nuestro alrededor se estaban alejando. los pequeños puntos se hicieron casi invisibles. la mayoría no interesándose más ahora. Un fragmento de un discurso de guerra me pasó por la cabeza: Lucharemos en los campos y en las calles. y una onda de violenta emoción me recorrió el cuerpo.. Y Becky y yo. las ropas . Muchos habían perdido. Y por eso. Estábamos sucios. en todo el universo. Las inmensas vainas.CAPÍTULO 21 Revelación es la palabra que se usa para designar un complejo de pensamientos que nos ocurren súbitamente. podría jamás en derrotarnos. negándonos a la rendición. cerré los ojos. con los rostros impasibles. habíamos proporcionado la confirmación final de la verdad. No sé por cuánto tiempo quedamos mirando el cielo. Poco a poco. habían hecho la misma cosa que nosotros.. y en vez de eso luchar contra la invasión hasta el fin. Quedé abrazando a Becky. camino del espacio exterior de donde habían llegado. yo sentía que nada. Era la verdad para un pueblo. pero algunos no fueron capturados y lucharon implacablemente hasta el fin.. para sobrevivir. Así como no podría pensar cualquiera de las cosas que nuestras mentes son capaces de concebir. Será que aquella forma de vida extraterrena había también “pensado” o “sabido” eso? Probablemente no. estaban simplemente dejando un planeta bárbaro e inhóspito. las únicas personas que habían descubierto lo que estaba aconteciendo en MilI Valley y resistido. Becky y yo descendimos la colina. atravesando la niebla. jamás la acogería. siempre había sido verdad para toda la raza humana. No habíamos y no podríamos haber estado conformes con lo que pretendían. en silencio. desprovistos de cualquier emoción. más tranquilo ahora. las inmensas vainas habían subido al cielo. pasando por en medio de ellos. Sabía que Becky y yo habíamos desempeñado una parte de los acontecimientos que llevaron a aquella escena. simplemente rechazándose a ceder. Se fueron dispersando. Comprendí eso con certeza absoluta. las esporas espaciales. había sentido con certeza absoluta que este planeta. para salvar su único propósito y función. no los pude más ver. unos pocos mirándonos al pasar. con el tremendo impacto de la verdad absoluta. lucharemos en las colinas. y cuando. Oí nuevamente el murmullo. comprendí mil cosas que llevaría minutos para explicar y otras que no conseguiría hacerlo en una vida entera.. subiendo la colina. esta pequeña raza. Parado al lado de Becky. haciéndolo temblar. la cabeza inclinada para atrás. contemplando aquella escena increíble en el cielo nocturno. apretándola contra mí. y nunca nos rendiremos. Pero había sentido. cansado. avanzando al azar para siempre o. renunciando a cualquier esperanza de fuga por la oportunidad de destruir algunas vainas. pero no tenía importancia. dejando atrás un planeta inhóspito. jamás se sometería. Muchos otros. con la boca entreabierta. inmóvil. de vuelta a la ciudad condenada de donde habían venido.

Aún no sabemos los nombres de ellos. Dentro de cinco años. nos cruzamos con la última persona. Y. siguiendo hasta Mill Valley. Aquí y allí. El índice de mortalidad en la ciudad es más alto que la media del condado y. En silencio. Y lo que aquí sucedió irá a desaparecer en la incredulidad final. Va a encontrar simplemente una típica pequeña ciudad americana. no hay mucho para ver o decir acerca de Mill Valley. Aún ahora. Creo que es perfectamente posible que no hayamos realmente visto. con los acontecimientos aún recientes. No había en verdad mucho para decirse. que quedan intactas. Estamos juntos. ahora finalmente libres. la mayoría constituida por jóvenes parejas con hijos. las secuencias de tiempo ordenadas e inmutables son inexplicablemente transformadas y alteradas. claudicando. no habrá ninguna diferencia. Llegamos a la base de la colina y seguimos para la carretera. lluvias de pequeñas arañas. o interpretado correctamente lo que juzgamos haya pasado. En la ciudad y en sus alrededores. combatiendo el sueño hasta el fin.desgarradas. en que no tengo la certeza de que lo que vivimos. tal vez dos o tres. aunque hayamos hablado. Pero. en algunas cosas más desmantelada que lo normal. exhaustos. es un condado y un condado con gran población —y hay nuevos habitantes en la ciudad. Dentro de un año. No sé. minúsculos peces y misteriosas piedras. . Becky y yo. en menos de 20 minutos. tal vez menos. de tarde en tarde caen de los cielos. hay ocasiones. Pero. Theodora dormía en una poltrona. Pero. todos dormíamos. al encuentro del resto de nuestra especie. Atraviese el Puente Golden Gate actualmente y entre en el Condado de Marin. que se van haciendo más y más frecuentes. Y tampoco me importa mucho. La mente humana exagera y se engaña a sí misma. con una alegría forzada. Verá más casas vacías y para alquilar que lo normal. no puedo afirmar cosa alguna. para lo mejor y para lo peor. hombres son quemados hasta la muerte dentro de sus ropas.. es difícil saber lo que se puede escribir como causa de muerte. pueden parecerle extrañas. en torno al punto de autobús. Después. Las casas vacías están siendo rápidamente ocupadas —finalmente. de tarde en tarde. sin ninguna explicación posible. sonriendo sin parar. Mill Valley no parecerá diferente de cualquier otra pequeña ciudad de Estados Unidos. en el más profundo agotamiento. a nuestra espera. La historia ni siquiera llegó a los periódicos. un pie calzado. de un modo general. apáticas y ajenas.. Hay una pareja de Nevada. a veces. no llega a haber nada de sorprendente. donde habían resistido. Algunas personas. grupos de árboles. en el certificado. otro descalzo. Pasamos aquella noche con los Belicecs. Jack estaba sentado mirando por la ventana inmensa de su sala. partes de vegetación y algunos animales a veces mueren sin ninguna razón aparente. viviendo al lado de mi casa y de Becky. y tal vez lo impresionen como inamistosas. pero sintiéndonos victoriosos. Fuimos a encontrarlos a su casa. haya sucedido.

algunas. a veces. esas extrañas noticias. no todas. son verdaderas.Leemos. . en general escritas en tono irónico. O entonces oímos rumores vagos y distorsionados al respecto. Y de una cosa tengo la certeza: algunas de esas historias.

↵ .1) Comúnmente conocidos como cardos. N. del T.

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