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ESE GRAN SIMULACRO

Mario Benedetti

C ada vez que nos dan clases de


amnesia
como si nunca hubieran existido
los combustibles ojos del alma
o los labios de la pena huérfana
cada vez que nos dan clases de
amnesia
y nos conminan a borrar
la ebriedad del sufrimiento
me convenzo de que mi región
no es la farándula de otros

en mi región hay calvarios de


ausencia
muñones de porvenir/arrabales
de duelo
pero también candores de
mosqueta
pienos que arrancan lágrimas
cadáveres que miran aún desde
sus huertos
nostalgias inmóviles en un pozo
de otoño
sentimientos insoportablemente
actuales
que se niegan a morir allá en lo
oscuro

el olvido está tan lleno de memoria


que a veces no caben las remembranzas
y hay que tirar rencores por la borda
en el fondo el olvido es un gran simulacro
nadie sabe ni puede/ aunque quiera/ olvidar
un gran simulacro repleto de fantasmas
esos romeros que peregrinaran por el olvido
como si fuese el camino de Santiago
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el día o la noche en que el olvido estalle


salte en pedazos o crepite/
los recuerdos atroces y los de maravilla
quebrará los barrotes de fuego
arrastrarán por fin la verdad por el mundo
y esa verdad será que no hay olvido.
LA GUITARRA
Federico García Lorca

E mpieza el llanto
de la guitarra.
Se rompen las copas
de la madrugada.
Empieza el llanto
de la guitarra.
Es inútil
callarla.
Es imposible
callarla
Llora monótona
como llora el agua,
como llora el viento
sobre la nevada.
Es imposible
callarla.
Llora por cosas
lejanas.
Arena del Sur caliente
que pide camelias blancas.
Llora flecha sin blanco,
la tarde sin mañana,
y el primer pájaro muerto
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sobre la rama.
¡Oh guitarra!
Corazón malherido
por cinco espadas.
AL SILENCIO
Gonzalo Rojas

O h voz, única voz: todo el hueco del mar,


todo el hueco del mar no bastaría,
todo el hueco del cielo,
toda la cavidad de la hermosura
no bastaría para contenerte,
y aunque el hombre callara y este mundo se
hundiera
oh majestad, tú nunca,
tú nunca cesarías de estar en todas partes,
porque te sobra el tiempo y el ser, única voz,
porque estás y no estás, y casi eres mi Dios,
y casi eres mi padre cuando estoy más oscuro.
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OSCURIDAD HERMOSA
Gonzalo Rojas

A noche te he tocado y te he sentido


sin que mi mano huyera más allá de mi mano,
sin que mi cuerpo huyera, ni mi oído:
de un modo casi humano te he sentido.
Palpitante,
no sé si como sangre o como nube errante,
por mi casa, en puntillas, oscuridad que sube,
oscuridad que baja, corriste, centelleante.
Corriste por mi casa de madera
sus ventanas abriste
y te sentí latir la noche entera,
hija de los abismos, silenciosa,
guerrera, tan terrible, tan hermosa
que todo cuanto existe,
para mí, sin tu llama, no existiera.
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LO FATAL
Rubén Darío

D ichoso el árbol, que es apenas sensitivo,


y más la piedra dura porque ésa ya no siente,
pues no hay dolor más grande que el dolor de ser vivo
ni mayor pesadumbre que la vida consciente.
Ser, y no saber nada, y ser sin rumbo cierto,
y el temor de haber sido y un futuro terror...
¡Y el espanto seguro de estar mañana muerto,
y sufrir por la vida y por la sombra y por
lo que no conocemos y apenas sospechamos,
y la carne que tienta con sus frescos racimos,
y la tumba que aguarda con sus fúnebres ramos
y no saber adónde vamos,
ni de dónde venimos!...
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CAMINANTE
Rubén Darío

P eregrino que vas buscando en vano


un camino mejor que tu camino,
¿cómo quieres que yo te dé la mano,
si mi signo es tu signo, Peregrino?
No llegarás jamás a tu destino;
llevas la muerte en ti como el gusano
que te roe lo que tienes de humano...
¡lo que tienes de humano y de divino!
Sigue tranquilamente, ¡oh, caminante!
Todavía te queda muy distante
ese país incógnito que sueñas...
Y soñar es un mal. Pasa y olvida,
pues si te empeñas en soñar, te empeñas
en aventar la llama de tu vida.
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ES HIELO ABRASADOR
Francisco de Quevedo

E s hielo abrasador, es fuego helado,


es herida que duele y no se siente,
es un soñado bien, un mal presente,
es un breve descanso muy cansado.
Es un descuido que nos da cuidado,
un cobarde con nombre de valiente,
un andar solitario entre la gente,
un amar solamente ser amado.
Es una libertad encarcelada,
que dura hasta el postrero paroxismo;
enfermedad que crece si es curada.
Éste es el niño Amor, éste es su abismo.
¿Mirad cuál amistad tendrá con nada
el que en todo es contrario de sí mismo!
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LA VEJEZ DE NARCISO
Enrique Lihn

M e miro en el espejo y no veo mi rostro.


He desaparecido: el espejo es mi rostro.
Me he desaparecido;
porque de tanto verme en este espejo roto
he perdido el sentido de mi rostro
o, de tanto contarlo, se me ha vuelto infinito
o la nada que en él, como en todas las cosas,
se ocultaba, lo oculta,
la nada que está en todo, como en el sol en la
noche,
y soy mi propia ausencia frente a un espejo
roto.
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UN CARNÍVORO CUCHILLO
Miguel Hernández

U n carnívoro cuchillo
de ala dulce y homicida
sostiene un vuelo y un brillo
Descansar de esta labor
de huracán, amor o infierno
no es posible, y el dolor
me hará a mi pesar eterno.
alrededor de mi vida.
Pero al fin podré vencerte,
Rayo de metal crispado ave y rayo secular,
fulgentemente caído, corazón, que de la muerte
picotea mi costado nadie ha de hacerme dudar.
y hace en él un triste nido.
Sigue, pues, sigue, cuchillo,
Mi sien, florido balcón volando, hiriendo. Algún día
de mis edades tempranas, se pondrá el tiempo amarillo
negra está, y mi corazón, sobre mi fotografía.
y mi corazón con canas.

Tal es la mala virtud


del rayo que me rodea,
que voy a mi juventud
como la luna a la aldea.

Recojo con las pestañas


sal del alma y sal del ojo
y flores de telarañas
de mis tristezas recojo.

¿Adónde iré que no vaya


mi perdición a buscar?
Tu destino es de la playa
y mi vocación del mar.
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¿QUÉ QUIERE EL VIENTO DE
ENERO?
Miguel Hernández

Q ué quiere el viento de enero


que baja por el barranco
y violenta las ventanas
mientras te visto de abrazos?

Derribarnos. Arrastrarnos.

Derribadas, arrastradas
las dos sangres se alejaron.
¿Qué sigue queriendo el viento
cada vez más enconado?

Separarnos.
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SONREÍR CON LA ALEGRE
TRISTEZA DEL OLIVO
Miguel Hernández

S onreír con la alegre tristeza del olivo


esperar, no cansarse de esperar la alegría.
Sonriamos, doremos la luz de cada día
En esta alegre y triste vanidad de ser vivo.

Me siento cada día más leve y más cautivo


en toda esta sonrisa tan clara y tan sombría.
Cruzan las tempestades sobre tu boca fría
Como sobre la mía que aún es un soplo estivo.

Un sonrisa se alza sobre el abismo: crece


como un abismo trémulo, pero batiente en alas.
una sonrisa eleva calientemente el vuelo.

Diurna, firma, arriba, no baja, no anochece.


Todo lo desafías, amor: todo lo escalas.
Con sonrisa te fuiste de la Tierra y el cielo.
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MIEDO
Gabriela Mistral

Y o no quiero que a mi niña


Golondrina me la vuelvan,
Se hunde volando en el Cielo
Y no baja hasta mi estera;
En el alero hace el nido
y mis manos no la peinan.
Yo no quiero que a mi niña
Golondrina me la vuelvan.

Yo no quiero que a mi niña


La vayan a hacer princesa.
Con zapatitos de oro
¿cómo juega en las praderas?
Y cuando llegue la noche
a mi lado no se acuesta...
Yo no quiero que a mi niña
la vayan a hacer princesa.

Y menos quiero que un día


me la vayan a hacer reina.
La subirían al trono
a donde mis pies no llegan.
Cuando viniese la noche
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yo no podría mecerla...
¡Yo no quiero que a mi niña
me la vayan a hacer reina!
TRES ÁRBOLES
Gabriela Mistral

T res árboles caídos


quedaron a la orilla del sendero.
El leñador los olvidó, y conversan,
apretados de amor; como tres ciegos.

El sol de ocaso pone


su sangre viva en los hendidos leños,
¡y se llevan los vientos la fragancia
de su costado abierto!

Uno, torcido, tiende


su brazo inmenso y de follaje trémulo
hacia otro, y sus heridas
como dos ojos son, llenos de ruego.

El leñador los olvidó. La noche


vendrá. Estaré con ellos.
Recibiré en mi corazón sus mansas
resinas. Me serán como de fuego.
Y mudos y ceñidos,
nos halle el día en un montón de duelo.
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EL AMOR QUE CALLA
Gabriela Mistral

S i yo te odiara, mi odio te daría


en las palabras, rotundo y seguro;
¡pero te amo y mi amor no se confía
a este hablar de los hombres, tan oscuro!

Tú lo quisieras vuelto un alarido,


y viene de tan hondo que ha deshecho
su quemante raudal, desfallecido,
antes de la garganta, antes del pecho.

Estoy lo mismo que estanque colmado


y te parezco un surtidor inerte.
¡Todo por mi callar atribulado
que es más atroz que el entrar de la muerte!
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A UN OLMO SECO
Antonio machado

A un olmo viejo, hendido por el rayo


y en su mitad podrido,
con las lluvias de abril y el sol de mayo,
Algunas hojas verdes le han salido.

¡El olmo centenario en la colina


que lame el Duero! Un musgo amarillento
le mancha la corteza blanquecina
al tronco carcomido y polvoriento.
No será, cual los álamos cantores
que guardan el camino y la ribera,
habitado de pardos ruiseñores.
Ejército de hormigas en hilera
va trepando por él, y en sus entrañas
urden sus telas grises las arañas.
Antes que te derribe, olmo del Duero,
con su hacha el leñador, y el carpintero
te convierta en melena de campana,
lanza de carro o yugo de carreta;
antes que rojo en el hogar, mañana,
ardas en alguna mísera caseta,
al borde de un camino;
antes que te descuaje un torbellino
y tronche el soplo de las sierras blancas;
antes que el río hasta la mar te empuje
por valles y barrancas,
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olmo, quiero anotar en mi cartera


la gracia de tu rama verdecida.
Mi corazón espera
también, hacia la luz y hacia la vida,
otro milagro de la primavera.
DEFINICIÓN DE AMOR
Lope de Vega

D esmayarse, atreverse, estar furioso


áspero, tierno, liberal, esquivo,
alentado, mortal, difunto, vivo
leal, traidor, cobarde y animoso.

No hallar fuera del bien centro y reposo,


mostrarse alegre, triste, humilde, altivo,
enojado, valiente, fugitivo,
satisfecho, ofendido, receloso;

huir el rostro al claro desengaño,


beber veneno por licor suave,
olvidar el provecho, amar el daño;

creer que un cielo en un infierno cabe,


dar la vida y el alma a un desengaño;
esto es amor; quien lo probó lo sabe.
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SINFONÍA DE CUNA
Nicanor Parra

U na vez andando
por un parque inglés
con un angelorum
¡Buenas con que hubiera
sido Lucifer!
sin querer me hallé.
Se enojó conmigo,
Buenos días, dijo,
me tiró un revés
yo le contesté,
con su espada de oro,
el en castellano,
yo me le agaché.
pero yo en francés.
Ángel más absurdo
Dites moi, don ángel,
non volveré a ver.
comment va monsieur.
Muerto de la risa
El me dio la mano
dije good bye sir,
yo le tomé el pie:
siga su camino,
¡hay que ver, señores,
que le vaya bien,
cómo un ángel es!
que la pise un auto,
que la mate el tren.
Fatuo como un cisne,
frío como un riel,
Ya se acabó el cuento,
gordo como un pavo,
uno, dos y tres.
feo como usted.

Susto me dio un poco


pero no arranqué.

Le busqué las plumas


plumas encontré,
duras como el duro
cascarón de un pez.
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GALOPE
Rafael Alberti

L as tierras, las tierras, las tierras de España,


las grandes, las solas, desiertas llanuras.
Galopa, caballo cuatralbo,
jinete del pueblo,
al sol y a la luna.

¡A galopar,
a galopar,
hasta enterrarlos en el mar!

A corazón suenan, resuenan, resuenan


las tierras de España, en las herraduras.
Galopa, jinete del pueblo,
caballo cuatralbo,
caballo de espuma.

¡A galopar,
a galopar,
hasta enterrarlos en el mar!

Nadie, nadie, nadie, que enfrente no hay nadie;


que es nadie la muerte si va en tu montura.
Galopa, caballo cuatralbo,
jinete del pueblo,
que la tierra es tuya.

¡A galopar,
a galopar,
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hasta enterrarlos en el mar!


EL MAR, LA MAR
Rafael Alberti

E l mar. La mar.
El mar. ¡Sólo la mar!

¿Por qué me trajiste, padre,


a la ciudad?

¿Por qué me desenterraste


del mar?

En sueños, la marejada
me tira del corazón.
Se lo quisiera llevar.

Padre, ¿por qué me trajiste


acá?
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1914
Vicente Huidobro

N ubes sobre el surtidor del verano


De noche
Todas las torres de Europa se hablan en secreto
De pronto un ojo se abre
El cuerno de la luna grita

Halalí Halalí

Las torres son clarines colgados

AGOSTO DE 1914

Es la vendimia de las fronteras

Tras el horizonte algo ocurre


En la horca de la aurora son colgadas todas las ciudades
Las ciudades que humean como pipas

Halalí Halalí

Pero ésta no es una canción

Los hombres se alejan

De Halalí, 1918
Traducción de José Zañartu
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