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carta de un

Cañetano
a un
Huachano
Amigo:

Los cañetanos somos tranquilos por naturaleza. Tan es así que una y otra vez se nos
tilda de indolentes, apáticos, conformistas. Y tal vez tengan razón. Es que nuestra tierra
nos da tanto que como niños mimados creemos que ella sola se defenderá, nunca se
agotará, siempre nos preservará y proveerá.

Por ese, nuestro carácter - para bien y para mal -, nos vuelve reacios al enfrentamiento
cuerpo a cuerpo. No sabemos del golpe artero ni la madrugadora patada. Por eso, quiero
que sepas, nunca quisimos este enfrentamiento. Aún ahora, a cada paso, aun ganando,
nos tienta tirar la toalla y regresar a la pasividad de nuestra esquina.

No me malentiendas. No quiere decir eso que no sepamos defendernos.

Amigo, nos enfrentamos no por lo que somos. Porque al fin y al cabo ni nos conocíamos y
no teníamos porqué hacerlo, porque nada compartíamos: ni historia, ni cultura, ni
tradición. Y se nos puso juntas a dos provincias antípodas porque a algún "visionario"
funcionario o político se le ocurrió que quienes rodeábamos a Lima Metropolitana
podíamos marchar juntas. Sin saber que para crear una identidad regional no basta
una norma sino cimentar la misma de manera natural, por sus propias gentes que
comparten, intercambian, riñen pero siempre viéndose cara a cara, conviviendo.
Imagina tú cuánto nos duele estar enfrentados también con nuestra hermana
Chincha por tales razones.

En fin, como veras ni en tal disputa, ni con la que nos confronta, dimos
la primera afrenta. Con ellos, porque el límite que nos separa
siempre estuvo bien definido y así de repente a sus políticos se les
ocurrió que no era así. Y con ustedes, porque siendo la
segunda provincia con mayor población, al momento de
crearse la provincia, y no teniendo por lo tanto el derecho a
ser sede regional lo aceptamos sin regañadientes.
Pero ¿qué encendió el fuego? Como con Chincha, fue culpa de las
autoridades de turno.

Dime tú ¿Puede un padre con 9 hijos , preferir a los 7 con quien convive y abandonar a los
otros dos a quienes casi ni ve? ¿Mientras aquellos comen en la mesa central a quienes pedimos
nuestra parte se nos niega? ¿Era justo eso?
Nos prometieron descentralización y dijimos ya. Una sub región y dijimos sí. ¿Pero cuándo
ello se cumplió? Fuimos presas del desastre hace dos años ¿y acaso entonces el progenitor acudió
a nosotros recolectando un poco de cada vástago para
darle al caído? No. De lo que nos correspondía se nos obligó
a mal curar las heridas.
Bueno, para ser sinceros, también tuvimos la culpa:
nuestras voces, aquellas que elegimos para
representarnos, no entonaban como debían. Callaban,
murmuraban obnubilados pensando ser algún día el
padre dispensador. Pero no tanto para favorecer a los de
por acá sino más bien por apetito personal.
Vamos acabando. Quienes piensan – y hay hasta entre
los nuestros – que esta lucha se hizo para tener al padre
y toda su corte cerca se equivoca. Fue una lucha de
reivindicación. De demostración que siempre nos amparó
la fuerza de la ley y la razón. Fue también una pelea de reafirmación para demostrar que no
tenemos – con Yauyos – menos derecho que los otros
7 hijos. Una advertencia para aquellos que en el
futuro miren con desdén a Cañete y a los
cañetanos. Y finalmente, aún cuando no fue
calculado, para conocer el verdadero rostro de
quienes primero dijeron estar con nosotros y al final
se vendieron ante el primer plato de lentejas.
A mi entender si quieren ustedes alla quedarse con
su
proge
nitor,
hága
nlo. Para malos representantes tenemos bastante
con los nuestros.
Podrán cambiarse de aquí en adelante las reglas
de juego, y mantenerse el statu quo de mala
manera, pero nadie nos va quitar este
sentimiento que nos permitió nuevamente a los
cañetanos sentirnos con vida sabiendo que
reclamamos lo justo.
Suyo.
Un cañetano.