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A veces, lo pienso, que rápido voy por la vida.

A veces, no
lo pienso, y sigo yendo rápida. Casi nunca lo pienso, sólo lo
hago. Soy rápida, lo descubrí pasados los cuarenta. Algo tarde,
podría pensar un joven, e incluso yo misma, pero nadie antes me lo
dijo. De verdad, no sé porque la gente, los amigos, la familia...
cuando creces no te dice como eres. Y me enteré porque descubrí a
otras personas rápidas. Fue en el trabajo, allí vi los ritmos, los
latidos. Allí he visto muchas cosas, unas muy buenas y otras no
tanto, pero todo me ha hecho bien. Allí en el trabajo, en los
trabajos pasamos mucho tiempo, más que con nuestras familias,
amigos, queridos, con nuestros seres queridos.

Hoy iba al trabajo como todas las mañanas, y ha ocurrido algo


extraordinario. Iba en el coche. Antes de subir, he dudado, por
un momento quería ir andando, pero el cielo estaba encapotado,
gris y había mucha humedad, amenazaba lluvia, de hecho llovía
tanto cuando he salido de la oficina, los compañeros que no
llevaban paraguas se agolpaban en la zona de salida hasta el
parquing. Yo he salido corriendo, el agua no hace daño.

Vengo de familia de labradores y aquí siempre se ve con


buenos ojos. Bueno, siempre no, en otoño cuando vienen las
lluvias, la gente del campo se preocupa. En mi casa, de pequeña
cuando llovía no me dejaban ir al colegio, y yo siempre quería ir,
ese día había tres ó cuatro niñas y la maestra nos enseñaba
canciones junto a la estufa de leña, nos contaba cuentos y era una
mañana especial. Mi madre nos recogía en la puerta con paraguas e
impermeable y al llegar a casa la estufa de leña, calentaba la
cocina donde hacíamos la vida. Mi madre no quería que fuéramos
porque podía haber riada. A penas unos años antes de nacer yo, mi
madre perdió a quien hubiera sido su primer hijo después de unas
inundaciones, que ya son típicas inundaciones en los otoños
levantinos. Me enteré un día que la acompañé a un médico inspector
que debía valorar su minusvalía para trabajar y le hizo un estudio
exhaustivo de su vida. Allí fue cuando a la pregunta de si había
abortado alguna vez, mi madre, para sorpresa mía, contó que cuando
la riada, tuvo un algo que posiblemente fuera un aborto, después
de dos meses sin regla sangró abundantemente, nunca fue al médico,
no eran tiempos de consultas médicas para lo que parecía evidente
y no tenía consecuencias importantes en la salud. Allí fue donde
me enteré, en la consulta de un médico cuando mi madre tenía 63
años, había perdido mucha movilidad por la osteoporosis y ese
señor tenía que averiguar si podía trabajar en su estado. Allí
descubrí, y nunca se volvió a hablar que antes de nacer mi
hermana, podría haber tenido otro hermano/a. No sabría deciros si
mis hermanos lo saben, nunca hasta ahora lo había pensado. Para mi
madre fue un tema doloroso, y tampoco sé como mi padre lo vivió.

Esta mañana iba al trabajo en coche y nada más pasar la


penúltima rotonda la vía estaba atascada. Cuando voy al trabajo
atravieso en dos ocasiones las vías del tranvía, y sólo al pasar
la vía me he dado cuenta del atasco. Luces intermitentes al fondo,
coches parados y delante de mi iba la furgoneta de atestados, ese
cuerpo de policía que aparece cuando hay cadáveres y accidentados
con sangre. A penas lloviznaba en ese momento. Los coches se han
ido parando y en la retención, las caras de los conductores
mostraban preocupación. Estaba parada y he llamado al trabajo para
saber si tenían información sobre este accidente. Nadie sabía
nada. Al colgar los coches han empezado a circular lentamente, la
policía iba indicando con una luz en la mano la vía en la que nos
teníamos que incorporar, dejando bloqueado una de los carriles. El
corazón lo sentía acelerado, la imagen de un cuerpo yaciente la
tenía presente, el miedo a lo que podía ver y la intención de
mirar hacía otro lugar para no ver imágenes imborrables. Al final,
los coches se han ido moviendo lentamente y poco antes de llegar
al lugar de los hechos, he visto como la grúa con las miles de
luces de advertencia se iba moviendo arrastrando un coche, en el
lugar no quedaba nada, ni sábanas cubriendo cadáveres, ni manchas
de sangre, ni nada de nada, íbamos pasando poco a poco. El coche
de atestado estaba parado y retenido como el resto de los
vehículos, pero él no iba a ese lugar de los hechos, puesto que el
lugar no merecía una furgoneta de atestado, sólo pasaba por ahí,
pasaba por ahí con las luces intermitentes y llameantes, pero
pasaba por allí, como yo pasaba. He llamado al trabajo y les he
dicho que estaba llegando, que no era grave, y que todo iba bien.
Había sido una falsa alarma, pero alarma a fin de cuentas.

¿Por que había pensado que a penas unos metros delante de mí


había cadáveres, sangre, etc.?, por las series de televisión
detectivescas, por las series de criminales e investigación
científica que suelo ver como terapia nocturna, antes de irme a
dormir. Es como un borrado mental de los temas cotidianos, y que
mejor que una temática alejada de mi quehacer diario, de mi vida:
muertos, médicos forenses, asesinatos con arma blanca, cuerpos
abiertos, asesinatos con armas ultramodernas, rojeces intestinales
o huesos carcomidos, todo ello aderezados con diálogos alejados de
la cotidianidad real, de la manera habitual de hablar, mostrando
relaciones personales anuladas por el mundo de investigaciones
policíacas y donde los sentimientos y afectos se entierran. Ese es
el mundo televisivo que elijo cuando dispongo de tiempo. No quiero
series que me expliquen las relaciones de barrio, ni las quiero de
producción y relato de vida cotidiana, prefiero que me muestren lo
que no vivo, ni veo, ni me creo. Esto es lo que prefiero.

Sofonisba Marlaska

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