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Fabio Martínez Hernando Urriago Benítez

Cali - grafías Cali-graphies La ciudad literaria Antología bilingüe

Fabio Martínez

Hernando Urriago

Programa Editorial de Univalle

Vericuetos

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Cali – grafías Cali -graphies La ciudad literaria
Universidad del Valle, Programa Editorial VERICUETOS . Paris Título : Cali – grafías

Cali –graphies. La ciudad literaria Gestores y compiladores: Fabio Martínez - Hernando Urriago Benítez ISBN: XXX-XXX-XXX-X Primera Edición impresa*: Febrero 2008. ISBN: 978-958-670-632-2 Rector de la Universidad del Valle: Iván E. Ramos Calderón Director del Programa Editorial: Victor Hugo Dueñas Rivera Director de la revista Vericuetos: Efer Arocha Sibdirector de revista Vericuetos: Eduardo García Aguilar Diseño de carátula: UV media. Ilustración: La banda de Guerra. Diego Pombo © Universidad del Valle y Verucuetos (París) © Fabio Martínez - Hernando Urriago Benítez Universidad del Valle, Ciudad Universitaria, Meléndez A.A. 025360, Cali, Colombia, Sur América * Primera Edición virtual: Septiembre 16, 2009. Agradecemos al escritor Fabio Martínez en envío del archivo y la autorización para publicar-e el libro. Editorial-e: NTC ... Ediciones virtuales, http://ntc-ediciones-virtuales.blogspot.com/ de NTC … Nos Topamos Con … http://ntcblog.blogspot.com/ , ntcgra@gmail.com . Cali, Colombia

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Cali – grafías Cali -graphies La ciudad literaria
Director: Efer Arocha Sub-director: Eduardo García Aguilar Compiladores: Fabio Martínez y Hernando Urriago Responsable de la traducción: Yves Moñino Secretaria: Libia Acero-Borbón Comité de redacción: Luisa Ballesteros, Hernando Franco D’Laytz, Jorge Torres, Germán Sarmiento Vega, Claude Couffon, Camilo Bogoya, Yves Moñino, Inés Acosta, Edgar Montiel, Eduardo García Aguilar, Rocío Hincapié Sarmiento, José Mejía, Ernesto Mächler, David Barahona, Innocent Gómez, Miguel Ángel Reyes, Carolina Ortiz y Mario Wong Traductores: Julián Garavito, René Gouédic, Genéviève Novellino, Polanía-Denis, Montserrat Becerril, Libia Acero-Borbón, Carlos Obregón, Efer Arocha, Virginie Leborgne Martine Dal’secco Bigot, Laetitia Bert, Beatriz Avendaño, Brigitte Le Brun Vanhove, Léa Gayet, y Ana Do Eirado Da Costa. VERICUETOS, Chemins Scabreux Revue littéraire. No. 22 Espagnol BILINGUE français N° de presse PTGI 91/04 14 ISSN : 1157 - 3457
Yves Monino,

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Índice
Editorial Prólogo Poesía 1. Isaías Gamboa : « El Valle » (Fragmento) ; « La vallée » (Fragment). 2. Mario Carvajal : « La escala de Jacob » ; « L’echelle de Jacob ». 3. Antonio Llanos : « Alabanza de la luz » ; « Eloge de la lumière » / « Retorno a la poesía » ; « Retour à la poésie ». 4. Octavio Gamboa : « El paisaje » ; « Le paysage ». 5. Hugo Salazar Valdés : « La negra María Teresa » ; « La noire Maria Teresa ». 6. Enrique Buenaventura : « Manual de Lucha Antifascista » ; « Manuel de Lutte Antifascite »/ « Olvido » ; « Oubli ». 7. Marco Fidel Chávez : « Anti-Réquiem para Marilyn Monroe » ; « Anti-Requiem pour Marilyn Monroe ». 8. Jota Mario Arbeláez : « La mano peluda » ; « La main velue »/ « La lectura en tinieblas » ; « Lecture dans les ténèbres ». 9. Cecilia Balcázar de Bucher : « En el paseo Bolívar » ; « Sur la promenade Bolivar ». 10. Gerardo Rivera : « Para mí no has ardido lo bastante » ; « Pour moi tu n’as pas suffisammente brûlée ». 11. Jaime García Maffla : « La voz » ; « La voix »/ « La despojada » ; « La dépouillée ».

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12. Gabriel Ruíz : Ciudad ebria ». « Une ville en ivresse ». 13. Raúl Henao : « Sol negro » ; « Soleil noir »/ « Náufrago de sol » ; « Naufragé du soleil ». 14. Antonio Zibara : « Visitante » ; « Visiteur »/ « Revelación » ; « Révelation ». 15. Jesús Antonio Arbeláez (Jan Arb) : « Hotel Europa » ; « Hôtel Europe ». 16. Tomás Quintero : « Allí comenzó el Vallano » ; «Là commença el Vallano ». 17. Álvaro Burgos Palacios : « Sonata para cuando desaparezcas » ; « Sonate pour quand tu disparaitras ». 18. Rodrigo Escobar Holguín : « Riberas del Pance » ; « Bords du Pance ». 19. Aloz Rojas (Álvaro Lozano Rojas) : « Las muchachas de la calle de Ana » ; « Les filles de la maison d’Ana ». 20. Harold Alvarado Tenorio : « Un muchacho en medio del siglo » ; « Un jeune homme au milieu du siècle »/ « El ultraje de los años » ; « L’outrage des ans ». 21. Carlos Vásquez Zawadski : « Sol partido en la naranja » ; « Soleil divisé dans l’orange ». 22. Aníbal Arias : « Hola soledad » ; « Bonjour solitude »/ « Hijueputas malparidos » ; « Fils de putes ». 23. Carmiña Navia : « Por la Avenida Sexta » ; « Sixième Avenue ». 24. Laureano Alba : « En la remota acera de un barrio » ; « Sur un trottoir lointain, dans un quartier ».

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25. Armando Barona : « Dejadlo que pase » ; « Laisser-le passer ». 26. Horacio Benavides : « La noche de Aladino » ; « La nuit d’Aladin »/ « Yo que iba para la fiesta » ; « Moi qui allais à la fête ». 27. Ómar Ortiz : « La luna en el espejo » ; « la lune dans le miroir »/ « Muchacha » ; « Jeune fille ». 28. Fabio Arias (Farías) : « Una lágrima edificó la lluvia » ; « Une larme bâtit la pluie ». 29. Amparo Romero : « Este presente no nos basta » ; « Le présent ne nous suffit pas ». 30. William Ospina : « Lo que dice una mujer vieja en un puerto del Pacífico » ; « Ce que dit une vieille femme dans un port du Pacifique ». 31. Julián Malatesta : « Lecciones de nodriza » ; « Leçons de nounou »/ «Memoria » ; « Souvenir ». 32. Orietta Lozano : « Alteración » ; « Altération »/ « Prosa del pequeño oleaje » ; « Prose de la petite houle ». 33. Humberto Jarrín : « Agua » ; « Eau ». 34. Carlos Fajardo : « Sebastián, el Extremeño 1507 » ; « Sébastien, l’habitant d’Estrémadure 1507 »/ « Calle de la Escopeta » ; « Rue du Fusil de chasse ». 35. Ángela Tello : « Conversaciones con la bestia » ; « Conversations avec la bête ». 36. Fernando Calero de la Pava : « La ciudad » ; « La cité »/ « Amor imposible » ; « Amour impossible ».

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37. Fabio Ibarra Valdivia : « No descansa la ciudad » ; « La ville ne se repose pas ». 38. Elvira Alejandra Quintero : « Una ciudad » ; « Una ville »/ « Mítin en la plaza de San Francisco » ; « Meeting sur la place de San Francisco ». 39. José Zuleta : « En el andén de la Galería Alameda » ; « Dans le promenoir de la Galerie Alameda ». 40. Carlos Patiño Millán : « El oscuro, oscuro pasado » ; « L’obscur, obscur passé »/ « El mal que dura cien años y él que lo resiste » ; « Le mal qui dure cent ans et celui qui y résiste ». 41. Norman Muñoz Vargas : « El mercado » ; « Le marché ». 42. Diego Rodrigo Echeverri : « Figura de muchacho con revólver » ; « Silhouette de garçon au revolver ». 43. Elizabeth Marín : « Ciudad » ; « Ville ».

Narrativa

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1. 2.

Jorge Isaacs: “María” (Fragmento); “María” (Fragment). Eustaquio Palacios: “De Cali a Cañasgordas” (El Alférez Real); “De Cali à Cañasgordas” (Le Sous-lieutenant du Roi). Sánchez. « Rosario Benavides » (Fragmento) ;

3. Gregorio

« Rosario Benavides » (Fragment). 4. Arturo Alape : « Noche de pájaros » (Fragmento) ; « Nuit d’oiseaux » (Fragment). 5. Gonzalo Arango : « La ciudad y el poeta » ; « La ville et le poète ». 6. Elmo Valencia : « ¿Sabía usted que María tomó jugo de borojó ? » ; « ¿Saviez-vous que María avait bu du jus du borojó ? » 7. Rodrigo Parra Sandoval : « El álbum secreto del sagrado corazón » ; « L’album secret du sacré cœur ». 8. Enrique Cabezas Rher: “Los días que están dentro del espejo” (Fragmento); “Les jours qui sont dans le miroir” (Fragment). 9. Óscar Collazos: “Memoria de Cali”; “Cali dans la mémoire”. 10. Armando Romero: “Un día entre las cruces” (Fragmento); “Un jour parmi les croix” (Fagment). 11. Fernando Cruz Kronfly : « El embarcadero de los incurables » (Fragmento) ; « L’embarcadère des incurables » (Fragment). 12. Gustavo Álvarez Gardeazábal : « El titiritero » (Fragmento) ; « Le marionnettiste » (Fragment).
13.

Umberto Valverde: “La calle Mocha” (Bomba camará); “La rue

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Tronquée” (La bombe mon pote). 14. Hernán Toro : « Desencuentros » ; « Désaccords ».

15.Marco Tulio Aguilera Garramuño: “Los placeres perdidos”
(Fragmento); “Les plaisirs perdus” (Fragment). 16. Germán Cuervo : « Fiesta en Santa Rita » (Fragmento) ; « Une fête à Santa Rita » (Fragment). 17. Eduardo Delgado Ortiz : « Parecía un galán de cine, era Moreira » ; « Il avait l’air d’un jeune premier, c’etait Moreira ». 18. Andrés Caicedo : « Vacío » (Calicalabozo) ; « Vide » (Calicachot). 19. María Elvira Bonilla : « Jaulas » (Fragmento) ; « Cages » (Fragment). 20. Juan Fernando Merino : « Clara Sanclemente » ; « Clara Sanclemente ». 21. Harold Kremer: “El prisionero de papá”; “Le prisionneire de papa”. 22. Boris Salazar : « Dos mujeres » ; « Deux femmes ». 23. Orlando López Valencia : « Guayacán » ; « Gäiac ».

24.

Sandro Romero: “III. Fuegos fatuos” (Oraciones a una

película virgen); “III. Feux follets” (Prières à un film vierge). 25. Alberto Esquivel : « Ilusiones » ; « Iilusions »/ « Paranoia » ; « Paranoïa ». 26. Tim Keppel : « La despedida » ; « Les adieux ».

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27. Philip Potdevin : « Periplo » ; « Périple ». 28. Óscar Osorio : « El cronista y el espejo » ; « Le chroniqueur et le miroir ». 29. Hoover Delgado : « Cambio de rollo » ; « Changement de bobine ». 30. Alejandro López Cáceres : « El autobús » ; « L’autobus ».

31.Pilar Quintana: “Fiesta de viernes por la noche” (Cosquillas en la
lengua); “Fiévre du jeudi soir” (Démangeaisons de langue). 32. Óscar Perdomo Gamboa : « Hacia la aurora » (Fragmento) ; « Vers l’aurore » (Fragment). 33. Ángela Rengifo: “El anillo”; “La bague”. Los autores Bibliografía

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« Le chemin est un peu scabreux quoiqu’il paraisse assez beau » Voltaire

*Scabreux : sur quoi il est difficile de cheminer à cause des aspérités

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EDITORIAL

La literatura, manifestación del arte y la cultura de las naciones y de los pueblos, toma de lo colectivo su material de trabajo fundamental, el que está constituido por la palabra, que es de uso corriente de la sociedad, la cual la conoce y domina. Por esto, la elaboración artística nace con limitaciones, está demarcada por un entorno que le imprime su singularidad, empieza por ser un producto de lo local, que le funde lo particular, que es precisamente lo que luego le permite ascender a lo general, para lo cual tiene que hacer esfuerzos y abrirse hacia distintos horizontes. Sin embargo, el deseo de universalización se encuentra con aduanas que son auténticas barreras que le cierran el paso. Es el resultado de lo paradójico. Los materiales con los cuales se construye el acto literario, son los que lo desuniversaliza. La literatura es idioma, sin que el idioma sea literatura, de ahí que lo que denominamos traducción, a veces resulte ser una traición, azar o aventura, sea lo que sea o pueda ser, el texto cambia, se modifica para hacerse conocer. Conocernos que somos distintos, eludiendo los temores a lo desconocido, al rechazo o a la incomprensión. Es encontrar en otros espacios nuestra continuación o afirmación, no para establecer distancias, sino para hallar una armonía en la diferencia, es decir, la unidad de la diversidad en el arte, en lo pluriartístico, coexistiendo con todo lo que es distinto, para ampliar y enriquecer nuestra propia acción creativa. Basado en lo anterior, el grupo que integra la revista Vericuetos, logró un acuerdo con el Programa Editorial Universidad del Valle, para dedicar el número 22 de la revista a una temática de la literatura local, que en este caso correspondió a la ciudad de Cali, en Colombia, traduciendo al francés, que es una de las lenguas cuya importancia literaria se ubica en el primer plano y mediante la traducción, los publicados, puedan ser leídos en el área especializada del mundo francófono, con lo cual se corren cortinas que abren brechas de lectura. En cuanto a los lectores de la lengua de Madame Bovary, ellos descubren una literatura distinta, abrumadora en diversidad, irrespetuosa, y por ello, iconoclasta, que la hacen pujante por que está llena de vigor, a causa de su rebeldía. De otra parte, el francés se encuentra con la juventud y la nueva intelectualidad colombiana, la que ahora muestra ansias de dominar otras lenguas distintas al inglés. Efer Arocha.

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ÉDITORIAL

La littérature, manifestation de l'art et de la culture des nations et des peuples, prend du collectif son matériau de travail fondamental, celui qui est constitué par le mot, qui est d'usage courant de la société, qui le connaît et le domine. Pour cette raison, l'élaboration artistique naît avec des restrictions, elle est délimitée par un environnement qui lui imprime sa singularité, elle commence par être un produit du local, lequel fonde le particulier, qui est précisément ce qui lui permet de s’élever au général, ce pour quoi elle doit faire des efforts et être ouverte vers des horizons divers. Cependant, le désir d'universalisation rencontre des douanes qui sont des barrières authentiques lui obstruant le passage. C'est le résultat du paradoxal. Les matériaux avec lesquels l'acte littéraire est construit sont ceux qui le désuniversalisent. La littérature est l’idiome, sans que l’idiome soit la littérature ; il en résulte que de ce que nous nommons traduction résulte parfois une trahison, un hasard ou une aventure. Qu’il soit ce qu’il est ou ce qu’il puisse être, le texte change, est modifié pour se faire connaître. Nous faire savoir que nous sommes différents, en éludant les craintes de l'inconnu, le rejet ou l'incompréhension. Il s’agit de trouver dans d'autres espaces notre continuation ou affirmation, non pour établir des distances, mais pour trouver une harmonie dans la différence, c'est-à-dire l'unité de la diversité dans l'art, dans le pluri artistique, en coexistant avec tout celui qui est distinct pour agrandir et enrichir notre propre action créatrice. Fondé sur ce qui précède, le groupe qui compose la revue Vericuetos, s’est mis d’accord avec le Programme éditorial Université del Valle, pour dédier le numéro 22 de la revue au thème de la littérature régionale, pour laquelle nous avons sélectionné à cette occasion des textes provenant de la ville de Cali, en Colombie, en les traduisant en français, qui est l'une des langues dont l'importance littéraire est au premier plan ; et à travers leur traduction, qu’ils puissent être lus dans l’aire spécialisée du monde francophone, par quoi l’on ouvre des rideaux, qui donnent sur des brèches de lecture. Quant aux lecteurs de la langue de Madame Bovary, ils vont découvrir une littérature différente, étonnante de diversité, irrespectueuse, et par là iconoclaste, rendue puissante parce qu’elle est pleine de vigueur à cause de sa révolte. Par ailleurs, le français tombe à pic pour la jeunesse et la nouvelle intellectualité colombienne, qui montre aujourd’hui un désir impatient de dominer d'autres langues que l'anglais. Traduit par Efer Arocha.

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Prólogo
El 25 de julio de 1536, Sebastián Moyano, llamado Sebastián de Belalcázar, fundó la ciudad de Santiago de Cali. El conquistador español, que hacía parte de las huestes de Francisco Pizarro, había subido desde el Perú arrasando pueblos indígenas y creando ciudades. En aquella vertiginosa carrera de posesión del paisaje, Belalcázar dio origen a Quito, Guayaquil, Popayán y Cali. Como la mayoría de los conquistadores que llegaron a América, él era oriundo de Gahete, un pueblo perdido de Extremadura; era pastor de cabras, y, a diferencia de Gonzalo Jiménez de Quesada, que fue un hombre ilustrado, Belalcázar era analfabeto. En el valle dominado por el cacique Petecuy y su hija Nanine, Belalcázar y sus hombres, en nombre del rey Carlos V, bautizó a esta ciudad como Santiago de Cali: Santiago, en honor al apóstol de Castilla; Cali, por los terrenos de calizas que se extendían al norte de la ciudad, en la frontera con los indios yumbos. El gran valle estaba bañado por seis ríos que descendían de los Farallones, y que desembocaban en el río madre, llamado Caucayaco, que atravesaba la región de sur a norte. Al sur vivían los indios xamundíes, pances y lilíes; al oriente, los indios malagana; al occidente, en las estribaciones de los cerros, tenía asiento el indio Petecuy, que, según la leyenda negra, acostumbraba a secar las pieles de sus enemigos sobre horcones; y al norte, habitaban los indios yumbos. Eran tribus seminómadas que vivían de la cacería y la pesca, con una organización social mínima, que fue utilizada por los españoles para doblegarlas con facilidad. Algunas tribus eran violentas, y se mantenían haciendo la guerra a las tribus vecinas. Otras, eran pacíficas y sibaritas, que preferían vivir solazándose en las orillas del río, comiendo pescado ahumado que asaban en barbacoas, fumando tabaco y abarraganándose con las indias Muchas tribus cultivaban el maíz y tenían un desarrollo importante en la cerámica y la orfebrería, como los Calima y los Malagana; pero muy poco se sabe de la existencia de una tradición escrita, como sí la hubo entre los indios náhuatl de México. Por esto podemos decir que después de la llegada de los españoles, la lengua que se impuso en esta región y en el resto de nuestro territorio fue el castellano, a través de los misioneros franciscanos y dominicos, que se encargaron de adoctrinar al cristianismo a miles de indígenas que tenían fe en los astros y en los fenómenos de la naturaleza.

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Prologue Le 25 juillet 1536, Sebastián Moyano surnommé Sebastián de Belalcázar fonda la ville de Santiago de Cali. Le conquérant espagnol, qui faisait partie de l’armée de Francisco Pizarro, arrivait depuis le Pérou, dévastant les villages indigènes et créant de nouvelles cités. Dans cette course vertigineuse pour la possession du pays, Belalcázar donna naissance à Quito, Guayaquil, Popayán et Cali. Comme la majorité des conquérants arrivés en Amérique, et contrairement à Gonzalo Jiménez de Quesada qui était cultivé, Belalcázar était analphabète : c’était un berger originaire de Gahete, village perdu de l'Extrémadoure. Dans la vallée dominée par le cacique Petecuy et sa fille Nanine, Belalcázar et ses hommes, au nom du roi Charles V, baptisèrent la ville Santiago de Cali : Santiago pour honorer l'apôtre de Castille et Cali pour rappeler les terrains calcaires qui s'étendaient à la frontière nord de la ville avec les Indiens Yumbos. Six rivières baignaient la grande vallée et s’écoulaient des rochers escarpés pour déboucher sur le Caucayaco qui traversait la région du sud au nord. Au sud vivaient les Indiens Xamundis, Pances et Lilis, au nord les Yumbos, à l'est les Malagana et à l'ouest, parmi les coteaux, se trouvait l'Indien Petecuy qui selon une légende noire avait pour coutume de faire sécher les peaux de ses ennemis sur des poteaux. Ces tribus semi-nomades vivaient de la chasse et de la pêche et leur faible organisation sociale était exploitée par les Espagnols pour les assujettir plus facilement. Quelques tribus étaient violentes et vivaient en faisant la guerre aux peuples voisins. Les autres, plus pacifiques et plus sybarites, préféraient vivre en se divertissant sur les bords des rivières, en mangeant du poisson enfumé rôti au barbecue, en fumant du tabac ou en faisant l’amour. Plusieurs tribus cultivaient le maïs et avaient développé le travail de la céramique et l'orfèvrerie comme les Calima et les Malagana ; mais on sait peu de l'existence d'une tradition écrite comme celle qui exista chez les Indiens Nahuatl du Mexique. De ce fait nous pouvons dire qu'après l'arrivée des Espagnols, la langue qui s'imposa dans la région et dans le reste de notre territoire national fut le castillan, à travers des missionnaires franciscains et dominicains qui se chargèrent d'endoctriner dans le christianisme des milliers d'indigènes qui avaient foi en les astres et dans les phénomènes naturels.

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Poco a poco, la lengua castellana fue desplazando a las lenguas vernáculas hasta convertirse en la lengua de un pueblo, de un país y de un continente. Además, el proceso profundo de mestizaje, que fue particularmente intenso y extenso en la región, ayudó no sólo a la formación multiétnica sino que contribuyó a propagar y fortalecer la lengua castellana. Con el arribo de Belalcázar, comenzaron a proliferar en el valle los criollos, es decir, los hijos de españoles nacidos en tierra americana; los mestizos, hijos del cruce de español e indígena; los mulatos, mezcla entre el español y la negra; y los zambos, hijos del cruce entre el negro y la indígena. Esto sin contar la amplia gama cromática que se extiende desde los albinos y los moriscos, pasando por los galfarros, los jíbaros, los barcinos, los cambujo, los salta atrás y los cuarterones. Lo cierto es que toda aquella amalgama de razas, etnias y costumbres se unificó alrededor del castellano: en primera instancia, por la fuerza de las instituciones eclesiásticas; y, en segundo lugar, por el poder de las instituciones virreinales. En este sentido, los primeros caleños que tuvieron acceso a la lengua castellana fueron los hijos de los españoles nacidos en el valle, que por su pertenencia a una clase privilegiada, pudieron asistir a las instituciones académicas fundadas por los religiosos. Entre otras cosas, los criollos, debido a su formación ilustrada y a los viajes, fueron los que en el siglo XIX lideraron el proceso de Independencia frente a España. Los mestizos, dada su condición de hijos de españoles, también se favorecieron en este proceso de apropiación de la lengua. Por el contrario, los indios, los negros y los zambos tuvieron grandes dificultades en este complejo proceso, y aunque fueron discriminados social y culturalmente, sólo a partir de la segunda mitad del siglo XIX pudieron asistir a las primeras escuelas públicas creadas por los gobiernos liberales. No obstante, este proceso complejo de apropiación de una lengua extranjera dio como resultado el surgimiento de una literatura en la ciudad y en el país. Por supuesto, antes del siglo XIX hubo manifestaciones escritas; sobre todo por parte de los criollos, quienes tuvieron acceso a la academia y lideraron importantes proyectos científicos y políticos. Aquí es necesario destacar la labor de personalidades del gran Cauca que en su tiempo fueron protagonistas nacionales: el científico payanés Francisco José de Caldas y el político caucano Camilo Torres, que descollaron en la Expedición Botánica y en los acontecimientos de 1810, respectivamente.

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Peu à peu, le castillan évinça les langues locales jusqu'à devenir la langue d'un village, d'un pays puis d'un continent. De plus, le profond processus de métissage qui fut particulièrement intense et étendu dans la région aida non seulement la diversidad cultural mais contribua aussi à propager et à fortifier la langue castillane. Avec l'arrivée de Belalcázar commencèrent à proliférer dans la vallée les Créoles, enfants d’Espagnols nés sur la terre américaine, les métis issus du croisement d’un Espagnol et d’un Indigène, les mulâtres issus d’un Espagnol et d’un Noir et les « zambos » nés d’un Noir et d’un Indigène. Et ce sans évoquer la large gamme chromatique qui s'étendait depuis les albinos et les « moriscos », en passant par les « galfarros », les « jivaros », les roux, les « cambujo », les « salta atras » et les quarterons. Toujours est-il que tout cet amalgame de races, d’ethnies et de coutumes s’unifia autour du castillan, d’abord par la force des institutions ecclésiastiques puis par la puissance des institutions de la vice-royauté. Les premiers Caleños qui eurent accès au castillan furent donc les enfants d’Espagnols nés dans la vallée qui, grâce à leur appartenance à une classe privilégiée, pouvaient être admis dans les institutions académiques fondées par les religieux. Grâce à leur formation et leurs voyages, les Créoles furent au XIXe siècle à la tête du processus d'Indépendance face à l'Espagne. Les métis, étant données leurs origines espagnoles, furent aussi favorisés dans ce processus d'appropriation de la langue. En revanche, les Indiens, les Noirs et les « zambos » eurent de grandes difficultés et bien qu'ils fussent discriminés socialement et culturellement, ce n’est qu’à partir de la deuxième moitié du XIXe siècle qu’ils fréquentèrent les premières écoles publiques créées par les gouvernements libéraux. Cependant, ce processus complexe d'appropriation d'une langue étrangère eut pour conséquence le surgissement d'une littérature. En effet, il y avait eu avant le XIXe siècle des manifestations écrites, surtout de la part des Créoles qui avaient accès à l'éducation et étaient à la tête de projets scientifiques et politiques importants. Il est nécessaire de souligner ici le travail de personnalités du grand Cauca qui furent de leur temps des protagonistes nationaux : l'homme de science payanais Francisco José de Caldas et le politique caucan Camilo Torres qui se distinguèrent respectivement dans l'Expédition Botanique et dans les événements de 1810.

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En el campo de las letras, es necesario destacar durante la segunda mitad del siglo XIX el trabajo de los bugueños Luciano Rivera y Garrido y Leonardo Tascón, quienes a través de sus crónicas -publicadas en los diarios de la épocadescribieron por primera vez el paisaje y las costumbres del hombre vallecaucano. Sin embargo, nuestra literatura propiamente dicha comienza con dos hombres mestizos que tuvieron una formación académica sólida: Jorge Isaacs y Eustaquio Palacios. Jorge Isaacs cursó sus primeros estudios en Popayán, y luego ingresó al colegio Lorenzo María Lleras de Santa Fe de Bogotá. Eustaquio Palacios, por su parte, adelantó sus primeros estudios en el Convento de los Franciscanos de Cali y después hizo estudios de Derecho en Popayán. El primero quería estudiar medicina en Londres, pero la quiebra de las haciendas del Valle del Cauca dio al traste con este ideal; el segundo logró doctorarse en Derecho. Jorge Isaacs escribió María, la primera novela romántica de América, mientras que Eustaquio Palacios escribió El alférez Real. Si bien ambas obras describen el paisaje de la hacienda vallecaucana, sus páginas marcan el comienzo de la ficción literaria en la ciudad. Luego, en el tránsito finisecular entre los siglos XIX y XX, vendrá la obra poética y narrativa de Isaías Gamboa, quien pasará a la historia de la literatura de Cali con su novela La tierra nativa. Estas tres primeras obras de la literatura caleña son el resultado de apropiación de una lengua por parte de las nuevas élites ilustradas del país, y comportan dos rasgos en común que las une entre sí: primero, describen el paisaje de la región; segundo, son el producto de una pequeña ciudad aislada geográfica y culturalmente del país y del mundo. La llegada del ferrocarril: los primeros signos de modernidad Ante el auge del café y la posibilidad de tener una salida al mar para las exportaciones, en la segunda década del siglo XX se termina el tramo del Ferrocarril del Pacífico. Los rieles del ferrocarril por donde comienzan a transportarse cientos de bultos de café, vienen desde La Felisa, Caldas, pasan por Cali y arriban al puerto de Buenaventura hacia el exterior. Este flujo de mercancías va a desarrollar la ciudad, y entonces Cali pasará de ser el pequeño villorrio de treinta mil habitantes que viviera Jorge Isaacs, a convertirse en una incipiente urbe de setenta mil habitantes, abarrotada de comerciantes paisas que decidieron instalarse en la ciudad para administrar desde allí las exportaciones que salían al mundo. Aun así, Cali seguía siendo una pequeña villa de carácter agrícola y artesanal, donde aún no se perfilaban signos de industrialización. Este periodo dio como poetas a Antonio Llanos y Mario Carvajal, quienes absortos por la

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Dans le domaine de la littérature, il est nécessaire de pointer le travail, durant la deuxième moitié du XIXe siècle, des Bugueños Luciano Rivera, Garrido et Leonardo Tascón qui à travers leurs chroniques – publiées dans les journaux de l'époque – décrivaient pour la première fois le paysage et les coutumes de l'homme vallecaucano. Cependant, notre littérature à proprement parler débuta avec deux métis de formation académique solide : Jorge Isaacs et Eustaquio Palacios. Jorge Isaacs suivit ses premières études à Popayán et entra tout de suite au collège Lorenzo María Lleras de Santa Fe de Bogotá, capitale de la Colombie. Eustaquio Palacios étudia dans le Couvent des Franciscains de Cali puis fit des études de Droit à Popayán. Le premier voulait étudier la médecine à Londres mais ses aspirations échouèrent avec la faillite des fermes de la Vallée du Cauca ; le deuxième réussit à être reçu docteur en Droit. Jorge Isaacs écrivit María, le premier roman romantique d'Amérique, alors qu'Eustaquio Palacios écrivit El Alférez Real. Bien que les deux œuvres décrivent le paysage de la ferme vallecaucana, leurs pages marquent le début de la fiction littéraire urbaine. Viendra ensuite, à la fin du XIXe siècle, l'oeuvre poétique et narrative d'Isaías Gamboa qui passera à l'histoire de la littérature de Cali avec son roman La tierra nativa. Ces trois premières oeuvres de la littérature caleña sont le résultat de l'appropriation de la langue par les nouvelles élites cultivées du pays et présentent deux traits qui les unissent : elles décrivent le paysage de la région et sont le produit d'une petite ville isolée géographiquement et culturellement du pays et du monde. L'arrivée du chemin de fer : les premiers signes de modernité Avec l'essor de la culture du café et la perspective d’un accès à la mer pour les exportations, le tronçon du Chemin de fer du Pacifique s’achève dans la deuxième décennie du XXe siècle. Les rails du chemin de fer qui commencent à transporter des centaines de ballots de café proviennent de La Felisa, département de Caldas, passent par Cali et arrivent au port de Buenaventura ouvert vers l'extérieur. Ce flux de marchandises développe la ville et le Cali de l'époque cesse d'être le petit hameau de trente mille habitants où Jorge Isaacs vivait et se convertit en une jeune cité de soixante-dix mille habitants bourrée de commerçants paisas qui décidèrent de s'installer dans la ville pour administrer les exportations desservant le monde. Malgré tout, Cali continue d'être une petite ville agricole et artisanale où les premiers signes d'industrialisation ne se font toujours pas sentir. Cette période produisit les poètes Antonio Llanos et Mario Carvajal qui, absorbés par la

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belleza del paisaje y ensimismados por la religión católica, continuaron cantándole a su terruño y haciendo odas espirituales que contrastaban con los vientos nuevos de la poesía colombiana que se anunciaban en poetas como Porfirio Barba Jacob, Luis Vidales y Aurelio Arturo. Es a partir de finales de los años 30 que en la ciudad empezará un proceso de industrialización que tiene su punto más alto en la década del sesenta. La primera empresa creada en la ciudad es la industria de textiles La Garantía. A partir de allí se instalarán en el barrio San Nicolás las primeras industrias de calzado, pinturas y alimentos; más tarde, en la zona de Yumbo, habrá las industrias de cemento, de llantas y de productos farmacéuticos. Durante este periodo, pese al desarrollo económico que se vislumbra, Cali sigue arrastrando en su seno los dos lastres que la marcaron desde la época de la Colonia: su espíritu provinciano y su aislamiento neocultural que no le permitieron estar a la vanguardia de los principales movimientos culturales del país. Así, mientras que en ciudades como Bogotá existía una gran agitación literaria heredada del grupo El Mosaico y del poeta José Asunción Silva; o en Medellín se creaba el movimiento de los Panidas alrededor de la figura de León de Greiff, Cali languidecía con su poesía bucólica y religiosa, propia del siglo XIX. La ciudad y la década del sesenta Es a partir de los años sesenta que podemos hablar con certeza de una literatura caleña. Ante la ebullición de una ciudad que crece a pasos de gigante, los poetas y los narradores comienzan a metaforizar la ciudad y a simbolizarla a través de sus escritos. Como muchas villas de provincia del continente, Cali hace parte de aquel auge que viven las ciudades latinoamericanas. La ciudad hierve económica y culturalmente; de Estados Unidos llegan los vientos del movimiento hippie y del rock; de Francia vienen las ideas de Sartre, el psicoanálisis, la semiología y el cine; desde Cuba se escuchan los vientos de la revolución y la música afroantillana. Finalmente, de España y Argentina llega la literatura del boom latinoamericano. En este marco, Cali deja de ser muy pronto la arcadia colonial, y se convierte en una ciudad pujante y vibrante donde la música y las nuevas ideas señalan el sendero hacia la utopía. De las barriadas populares surgen jóvenes contestatarios como los nadaístas, quienes al mando de Jota Mario Arbeláez y Elmo Valencia, “El Monje loco”, queman libros y rompen con los símbolos de una ciudad provinciana y religiosa. De los barrios San Antonio y Obrero surgen jóvenes narradores como Óscar Collazos y Umberto Valverde, y siendo leales a la influencia que en ellos

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beauté du paysage et plongés dans la religion catholique, continuèrent de chanter leur terroir et de composer des odes spirituelles contrastant avec les vents nouveaux de la poésie colombienne qui se profilaient chez des poètes comme Porfirio Barba Jacob, Luis Vidales et Aurelio Arturo. Ce fut vers la fin des années trente que débuta le processus d'industrialisation dont l’apogée se situa dans la décennie des années soixante. La première entreprise créée dans la ville fut l’usine de textile La Garantia. À partir de ce moment, s’installèrent dans le quartier Saint-Nicolas les premières fabriques de chaussures, de peintures et d'aliments ; plus tard, se mirent en place dans la zone de Yumbo des industries de ciment, de pneus et de produits pharmaceutiques. Pendant cette période et malgré un développement économique perceptible, Cali continue de traîner en son sein les deux boulets qui l'ont marquée depuis l'époque coloniale : son esprit provincial et son isolement néo-culturel ne lui permettent pas d'être à l'avant-garde des principaux mouvements culturels du pays. Ainsi, alors qu’à Bogotá existe une grande agitation littéraire héritée du groupe La Mosaïque et du poète José Asunción Silva, ou qu’à Medellín se crée le mouvement des Panidas autour de la figure de León de Greiff, Cali languit avec sa poésie bucolique et religieuse propre au XIXe siècle. La ville et la décennie des années soixante C'est dans les années soixante que nous pouvons parler avec certitude d'une littérature caleña. Face à l'ébullition d'une ville qui croît à pas de géant, les poètes et les narrateurs commencent à métaphoriser la ville et à la symboliser à travers leurs écrits. Comme beaucoup de villes de province et du continent, Cali prend part à l’essor que les villes latino-américaines connaissent. La ville bout économiquement et culturellement ; des États-Unis surgissent le mouvement hippie, le rock, et de la France, les idées de Sartre, la psychanalyse, la sémiologie et le cinéma ; depuis Cuba souffle le vent de la révolution et résonne la musique afro-antillaise. D’Espagne et d'Argentine arrive la littérature du boom latino-américain. Dans ce cadre, Cali cesse rapidement d'être l'Arcadie coloniale et se convertit en une ville vigoureuse et vibrante où la musique et les nouvelles idées marquent le chemin vers l'utopie. Des quartiers populaires surgissent de jeunes hommes contestataires comme les nadaístas qui, sous la conduite de Jota Mario Arbeláez y Elmo Valencia dit le « Moine fou », brûlent des livres et rompent avec les symboles d'une ville provinciale et religieuse. Des quartiers San Antonio y Obrero apparaissent de jeunes narrateurs comme Óscar Collazos et Umberto Valverde qui, tout en restant loyaux à l'influence

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ejerce la música del Caribe, al ritmo de Son de máquina y Bomba camará comienzan a recrear literariamente las calles, los bares y los barrios de Cali. Del barrio Santa Rosa emergen Arturo Alape y Rodrigo Parra Sandoval, quienes inquietos por la situación del país hablan de Las muertes de Tirofijo e inventan -no sin ironía- El álbum secreto del Sagrado Corazón. De la magia del teatro nace el poeta y dramaturgo Enrique Buenaventura, mientras que de la academia universitaria surgen voces como las de Fernando Cruz Kronfly, María Elvira Bonilla y Hernán Toro, cantando los amores y desamores de una Cali que vendría a modernizarse después de los Juegos Panamericanos de 1971. De la provincia vallecaucana llegan jóvenes poetas y narradores como Harold Alvarado Tenorio y Gustavo Álvarez Gardeazábal, que inflamados de ideas nuevas comienzan a poetizar y a relatar la ciudad. Los años sesenta significaron una época de libertad utópica y de creación artística y literaria. Fue en este maravilloso contexto donde se consolidó la literatura caleña, y al ponerse a la vanguardia del movimiento nacional e internacional, la urbe rompió con las viejas taras que venían de la Colonia. En esta época, la poesía y la narrativa caleña le cantan a la vida; ponen en tela de juicio el problema de la existencia humana; se dejan seducir por los tambores de África, y tomando como estilo un lenguaje coloquial, le hablan a la calle, a los amores perdidos y, por supuesto, al barrio. Los años del miedo Luego vendrán los años ochenta. Los años del miedo. Los años de las torturas y las desapariciones forzosas. Los años en los que las mafias del narcotráfico, apoyadas por grandes dirigentes de la política nacional, comienzan a consolidar la hoguera de las vanidades en todas las ciudades del país, convirtiendo a urbes como Cali y Medellín en cementerios amarillos. Estos serán los años donde la utopía, como un pájaro herido, para parafrasear una canción de la época, cae, cediéndole el paso a los buitres de la narcopolítica, quienes enseguida desangran la ciudad, hasta el punto de transformarla en lo que alguna vez el maestro Estanislao Zuleta llamó la “llanura prosaica”. La década siguiente fue inaugurada por una nueva Constitución. En los años noventa, las minorías étnicas alcanzan un protagonismo importante en la ciudad, al tiempo que la globalización sentenciará a muerte a algunas de las industrias de la ciudad para desplazarlas a regiones más competitivas. Esto traerá como consecuencia que Cali, siendo una ciudad industrial por excelencia, baje de categoría y se convierta en una ciudad de prestación de servicios.

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de la musique du Caraïbe, au rythme de Son de machine et de Bombe camará, commencent à recréer littérairement les rues, les bars et les quartiers de Cali. Du quartier Santa Rosa émergent Arturo Alape et Rodrigo Parra Sandoval qui, inquiétés par la situation du pays, parlent Des morts de Tirofijo et inventent – non sans ironie – l'album secret du Sacré-Coeur. De la magie du théâtre naît le poète et dramaturge Enrique Buenaventura pendant que surgissent de l'académie universitaire les voix de Fernando Cruz Kronfly, María Elvira Bonilla et Hernán Toro, chantant les amours et le manque d'affection d'une Cali qui viendrait à se moderniser après les Jeux Panaméricains de 1971. De la province vallecaucana proviennent de jeunes poètes et narrateurs comme Harold Alvarado Tenorio et Gustavo Álvarez Gardeazábal qui, enflammés de nouvelles idées, commencent à poétiser et à raconter la ville. Les années soixante ont signifié une époque de liberté utopique et de création artistique et littéraire. C'est dans ce contexte merveilleux que la littérature caleña s’est consolidée et après s'être placée à l'avant-garde du mouvement national et international, la ville rompt avec les vieilles tares de l’époque coloniale. A cette époque, la poésie et la narration caleñas chantent la vie ; elles mettent en scène le problème de l'existence humaine. Elles se laissent séduire par les tambours d'Afrique et adoptant comme style le langage parlé, elles parlent à la rue, aux amours perdus et, bien évidemment, au quartier. Les années de la peur Suivront les années quatre-vingts, les années de la peur, des tortures et des disparitions forcées. Les années où les mafias du trafic de drogues appuyées par de grands dirigeants politiques commencent à consolider le bûcher des vanités dans toutes les villes du pays, en transformant des villes comme Cali ou Medellín en cimetières jaunes. Ces années seront celles où l'utopie, comme un oiseau blessé pour paraphraser une chanson de l'époque, tombe en cédant le pas aux vautours de la narcopolitique qui saignent soudainement la ville jusqu'au point de la transformer en ce que le maître Estanislao Zuleta a nommé une fois, la « plaine prosaïque ». La décennie suivante est inaugurée par une nouvelle Constitution. Dans les années quatre-vingt-dix, les minorités ethniques obtiennent un rôle important dans la ville alors que la mondialisation condamne à mort certaines industries de la ville en les déplaçant vers des régions plus compétitives. Ceci a pour conséquence que Cali, ville industrielle par excellence, baisse de catégorie et se convertit en une ville de prestations de services.

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Del sueño ilusorio de la utopía caímos en la pesadilla de los carros bombas y la limpieza social; del sueño ideal de los poemas que loaban el amor o de los cuentos de bailarines, pasamos a los poemas deletéreos y a los cuentos de bandidos y calanchines. De los poemas que le cantaban a una ciudad en progreso pasamos a las rancheras, los réquiem y los obituarios. En el cambio de siglo y de milenio hay que afirmar que la literatura caleña cambió de color: el verde de nuestro paisaje se degradó al rojo de los asesinatos; del infierno rosado de Luisa que ilustrara Enrique Cabezas Rher, pasamos al Embarcadero de los incurables de Fernando Cruz Kronfly. De Que viva la música de Andrés Caicedo saltamos directamente a Quítate de la vía, perico de Umberto Valverde. Del poema con remanentes bucólicos pasamos a un erotismo sin tapujos donde el verso se juega la vida en una esquina, en un bar o en el lienzo de un paisaje tan incierto como el destino de una ciudad de desplazados y de políticos indolentes. En esta época de grandes cambios e incertidumbres, los escritores caleños ya no nos dejamos persuadir por Chesterton, Joyce o Borges sino por Bukovski, Ellroy o el escritor mediático y prestidigitador virtual. Como la literatura parisina del siglo XVIII o la literatura londinense del siglo XIX, la literatura caleña del siglo XXI nace en los huecos negros de su propia ciudad. Cali-grafías. La ciudad literaria es un homenaje que los escritores le rendimos a la ciudad; así mismo, es una muestra representativa del espejo simbólico de una urbe, que a pesar de vivir en el filo del abismo, aún contiene una vitalidad y una fuerza extraordinarias que pueden hacer de ella una ciudad menos fragmentada y más grata para el ser humano.

Fabio Martínez, Phd. Escritor y Profesor Titular Escuela de Estudios Literarios Universidad del Valle

Hernando Urriago Benítez, Mag Poeta y Profesor Asistente Escuela de Estudios Literarios Universidad del Valle

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Du rêve illusoire de l'utopie, nous chutons dans le cauchemar des voitures piégées et du « nettoyage social » ; du sommeil idéal des poèmes qui louaient l'amour, des contes de danseurs, nous passons aux poèmes délétères et aux contes de bandits et calanchines. Des poèmes qui chantaient une ville en progrès, nous passons aux rancheras, aux requiem et aux obituaires. Avec le changement de siècle et de millénaire, il faut affirmer que la littérature caleña a changé de couleur : le vert de notre paysage s’est teint du rouge des assassinats ; de l'enfer rosé de Luisa qu’illustrera Enrique Cabezas Rher, nous passons à l'Embarcadère des incurables de Fernando Cruz Kronfly. De Qué viva la musica, d'Andrés Caicedo, nous sautons directement à Quítate de la vía perico, d'Umberto Valverde. Du poème aux rémanences bucoliques, nous passons à un érotisme sans retenue où le vers joue sa vie au coin d’une rue, dans un bar ou dans le tissu d'un contexte aussi incertain que la destinée d'une ville de déplacés et d’hommes politiques indolents. Dans cette époque de grands changements et d'incertitudes, nous ne nous laissons plus persuader par Chesterton, Joyce ou Borges mais par Bukovski, Ellroy ou par n’importe quel écrivain médiatique et prestidigitateur virtuel. Comme la littérature parisienne du XVIIIe siècle ou la littérature londonienne du XIXe siècle, la littérature caleña du XXIe siècle naît dans les trous noirs de sa propre ville. Cali-graphies. La Ville Littéraire est un hommage que nous, les écrivains, rendons à la ville ; c'est aussi le miroir symbolique d'une ville, qui bien qu'elle vive au bord de l'abîme, contient encore une vitalité extraordinaire et une force qui peuvent faire d'elle une ville moins fragmentée et plus agréable pour l'être humain. Traduit par Efer Arocha

Fabio Martínez, Phd. Écrivain et Professeur Titulaire École d’Études Littéraires Université del Valle

HernandoUrriago Benítez,Mag Poète et Professeur Assistant École d’Études Littéraires Université del Valle

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POESÍA

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El valle (Fragmento) Isaías Gamboa Quien deja a Cali y sigue hacia Occidente con rumbo al mar, apenas cruza el río, va por su orilla izquierda, el murmurío siempre escuchando, y sube la pendiente de larga loma que se va empinando, hasta llegar al pie de la montaña. Allí se forma un ángulo; la senda, que tiende a la derecha, en la espesura, irregular intérnase improviso. Largo camino en medio a la negrura del bosque; si es la tarde tal parece fuera la noche; y siempre el mudo ascenso por esa enmarañada serranía. De pronto, claridad; —un cielo puro— ¿pues de dónde se sale? estaba oscuro; hay blanda brisa y antes no la había; es que allí está la deseada cumbre, es que no ha muerto aún el claro día, es que aún incendia el cielo con su lumbre. Párase el caminante en esa altura, vuelve la vista atrás, y se figura ver lo que Moisés viera, absorto ante la tierra prometida. El sol muere en su púrpura encendida y con sus áureos, últimos reflejos, alumbra todo el Cauca allá a lo lejos. La ciudad en su plácida colina, las altas catedrales surgiendo de entre verdes palmerales; el río, que hora apenas se adivina

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La vallée (fragment) Isaías Gamboa Celui qui quitte Cali et se dirige vers l'Occident direction la mer, croise à peine la rivière, il va du coté gauche, le murmure toujours il écoute, et il grimpe la pente du long coteau qui se cabre, jusqu'à arriver au pied de la montagne. Là se forme un angle; la sente, qui s’offre à la droite, dans l'épaisseur, inégale, s’introduit dans l’imprévu. Long chemin dans la noirceur du bois; si c'est l'après-midi, on la confond à la nuit; et toujours l'ascension muette dans cette montagne emmêlée. Puis peut être une clarté; - un ciel purd'où proviennent-ils ? il faisait noir; il y a une douce brise et auparavant il n'y en avait pas; c'est là que se trouve le sommet désiré, c'est qu'il n'est pas encore mort malgré la clarté du jour, c'est qu’il incendiait même le ciel de son feu. Immobile à cette altitude, le marcheur regarde derrière lui et s’imagine voir ce que Moïse voyait, absorbé devant la terre promise. Le soleil meurt dans son pourpre embrasé et ses nimbes, derniers reflets d'or, éclairent tout le Cauca au loin. La ville dans sa placide colline, les hautes cathédrales qui surgissent des verts palmiers; la rivière qu’on ne devine que maintenant

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y va a perderse entre las turbias ondas del otro río inmenso. El valle con su césped y sus frondas, y su blanca laguna y sus ganados; los campos dilatados, infinito océano de verdura. Las quintas en los flancos de la sierra que dora el sol; y aquel aislado monte con sus eternas nubes en la altura, procreando tormentas y huracanes; vaga línea por único horizonte, y allí una bruma azul, en donde surgen del Andes farallones atrevidos, que se bañan en luz y que parecen conos de oro en el aire suspendidos; y los brillantes hielos del páramo del Huila, tropezando el azul indeciso de los cielos. Fue mi última visión. Cuando abatido dejé mi patria, y la montaña hube cruzado en su tétrica agonía, en esa misma altura me detuve: ví el Cauca allá en la hermosa lejanía, después me lo ocultó la torva nube del llanto. Y al bajar por la pendiente opuesta al valle, entonces en mi mente, en el cielo y en todo, anochecía…

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va se perdre parmi les ondes troubles de l'autre immense rivière. La vallée avec son gazon et ses frondes, sa lagune blanche et son bétail; les champs dilatés, un océan infini de légume. Les villas sur les flancs de la sierra que dore le soleil; et ce mont isolé avec ses nuages éternels en altitude, qui enfante orages et ouragans; une ligne vague pour unique horizon, et là une brume bleue d’où ils surgissent des Andes et des rochers audacieux, qui se baignent dans la lumière et qui paraissent des cônes d'or dans l'air suspendus; et les brillantes glaces du désert du Huila qui heurte le bleu indécis des cieux. Ce fut ma dernière vision. Quand abattu j'ai quitté ma patrie et la montagne que j’ai franchie dans sa lugubre agonie, à la même altitude je me suis arrêté : j'ai vu le Cauca au loin dans le somptueux lointain puis le nuage torve me l'a voilé des pleurs. Et en descendant par la pente face à la vallée, alors dans mon esprit, dans le ciel et dans tout, il commençait à faire nuit… Traduit par Efer Arocha

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La escala de Jacob Mario Carvajal El ritmo pitagórico de las constelaciones desciende a mí en la escala temblorosa del viento. El cabezal de piedra se ablanda a mí ardimiento y me hunde en un círculo de encantadas visiones. Honda caja de música inefable, de sones misteriosos, el orbe vierte en mí su concento de ritmo y luz, y el beso de ardua suma siento florecer el milagro de mil y una canciones. Al fondo erige un ángel antorcha indeficiente. Cada sol me da, rútilo, su parábola ardiente para ascender al centro radiante del arcano. Después, ni oigo, ni veo. . . Incendiado en mí mismo, mi ser es una estrella mecida por la mano de Dios, sobre la sima profunda del abismo.

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L’échelle de Jacob Mario Carvajal

Le rythme pythagoricien des constellations vient vers moi sur l’échelle tremblante du vent. L’oreiller de pierre s’amollit sous l’effet de mon embrasement et m’engloutit dans un cercle d’enchanteresses visions. Profonde chambre d’écho d’une musique ineffable, de sons mystérieux, l’orbe verse en moi son concert de rythme et de lumière, et sous le baiser de cette œuvre ardue je sens fleurir le miracle de mille et une chansons. Tout au fond, un ange brandit une torche indéfectible chaque soleil me donne, rutilant, sa parabole ardente afin de m’élever jusqu’au sein radieux de l’arcane. Alors, je deviens sourd et aveugle, l’incendie est en moi mon être est une étoile bercée par la main de Dieu au-dessus de la béance profonde de l’abîme.

Traduit par Martine Dal’secco Bigot

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Alabanza de la luz Mario Carvajal En los brazos del aire suspendida tiembla la luz, melódica y ufana, como al dar su regazo, en la mañana del Génesis, al soplo de la vida. Primera entre las cosas, su medida ella les da las cosas, y en arcana música de silencios, leve, mana de Dios hasta la tierra estremecida. Imagen de la gracia, su profundo río de amor lustra! renueva el mundo en el prístino ser de su inocencia. Todo en sus urnas incorpóreas cabe: hasta la sombra de la noche grave herida de luceros por su ausencia.

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Eloge de la lumière Mario Carvajal Dans les bras de l’air, suspendue, tremble la lumière, mélodique et fière, comme lorsqu’elle offre son giron, le matin de la Genèse, au souffle de la vie. Première entre les choses, leur mesure c’est elle qui la donne, aux choses, et en secrète musique de silences, légère, manne de Dieu jusqu’à la terre ébranlée. Image de la grâce, son profond fleuve d’amour purifie! Elle renouvelle le monde dans l’être originel de son innocence. Tout dans ses urnes incorporelles est contenu: même l’ombre de la nuit grave blessée d’étoiles par son absence. Traduit par Laetitia Bert

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Retorno a la poesía Antonio Llanos Volver a verte en la mitad del canto cuando aquietan las aves mi deseo y en un valle de lirios pastoreo la pena antigua y el perdido llanto. Ah, tanto huir de tu amoroso encanto tras otro vano amor que aún deseo. . . ¡Hoy abriré mi frente a tu aleteo con la leve inocencia de este canto! Si de tanto mirar estoy cegado, mejor, que no el sentido, te divisa el ardor ardoroso del costado. ¡Oh vana voz de tu hermosura vana, déjame ser la estrella que se avisa cuando los hombres cierran su ventana!

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Retour à la poésie Antonio Llanos Te revoir au sein de la chanson quand les oiseaux apaisent mon désir et dans une vallée de lis je guide l’antique peine et les sanglots perdus. Ah, vouloir tellement échapper à ton amoureux enchantement après un autre vain amour que je désire encore… Aujourd’hui, j’ouvrirai mon front à ton frémissement grâce à la légère innocence de ce chant! Si, à tant regarder je suis aveuglé, mieux vaut que se devine, non le sentiment, mais l’ardeur brûlante de ton flanc. Oh! vaine voix de ta vaine beauté laisse-moi être l’étoile qui luit quand les hommes ferment leur fenêtre. Traduit par Martine Dal’secco Bigot

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El paisaje Octavio Gamboa De tanto mirar nubes cambiando de colores en los atardeceres apacibles del valle, de tanto ver la luz rosada en el nevado, lentamente el anciano se convirtió en paisaje. Se despidió confuso de todos sus amigos, dejó razones vagas para sus familiares, quemó cartas que un día olieron a violetas y se integró al proceso secreto de la tarde.

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Le Paysage Octavio Gamboa A force de regarder les nuages changeant leurs couleurs durant les fins de journées paisibles de la vallée, à force de voir la lumière rosée sur les neiges, lentement le vieil homme devint paysage. Il quitta, confus, chacun de ses amis, il laissa de vagues explications à ses proches, il brûla des lettres qui un jour avaient senti la violette et il se confondit avec la marche secrète du soir. Traduit par Léa Gayet

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La negra María Teresa Hugo Salazar Valdés Oscura, de tinta china, era la María Teresa. Pupilas de lumbre mora, piel de betún y de brea, sonrisa de caña dulce su boca de miel de abejas y las manos como dos guillotinadoras negras. Nunca supieron mis ojos ola de mar más violenta. Danzando la cumbia sólo se puede pensar en ella, en el trópico vehemente y oblicuo de sus caderas como una llama creciendo en el volcán de las piernas. El alcohol del currulao la hundía entre las tinieblas. Bajo el vestido los senos tomaban voz de protesta, en agujas de luceros, buscando romper la tela y en la riña las dos palomas de leche y miel quinceañeras. María Teresa jugaba las manos como culebras, en marejadas de ritmo, casi loca, casi eléctrica, casi infantil, casi bárbara, en arabescos de pena

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La noire María Teresa Hugo Salazar Valdés Sombre, à l’encre chinoise, c’était la María Teresa. Prunelles à la lueur maure, peau de cirage et goudron, sourire de douce canne sa bouche de miel d’abeilles et ses mains comme deux noires guillotineuses. Jamais n’ont connu mes yeux vague de mer plus violente. En dansant la cumbia on ne peut que penser à elle, au tropique véhément et oblique de ses hanches comme une flamme croissant dans le volcan de ses jambes. L’alcool du currulao l’enfonçait dans les ténèbres. Sous sa robe ses seins se mettaient à protester, tels des aiguilles d’étoiles cherchant à briser la toile et en rixe les deux colombes de quinze ans, lait et miel. María Teresa jouait des mains comme de serpentes, avec des remous de rythme, presque folle, presque électrique, presque enfantine, presque barbare, en arabesque de peine,

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y era una noche con luna la sonrisa de la negra. Prendida de ron podía verse el fuego de la herencia: hembra, de africana estirpe, por la sala cumbiambera, dengueándose de lujuria, ya de ron o de ginebra, ya de aguardiente y guarapo, repicando con las piernas, iba enseñando las fauces de sus enaguas babélicas. El «bon bon» de la tambora, el «chingui chingui» que enerva, el «firilú firilú» de la flauta nocherniega y el tronar de los requintos pólvora de la demencia, amotinaban su vida de insondables epilepsias. Ay, ay, que me ta quemando la sangre entre laj acteria; Virgen rel Cajmen, María, San Antonio, santa Elena, la calentura mi gente, la juelza re la rechera y er pícaro reí injuante que me tiene toa ejtrecha. Con este decir atávico ladino de bisabuela, en el torbellino airosa, mordida de las flaquezas, con los brazos entreabiertos y las manos con dos velas, iba y venía hierática

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et le sourire de la Noire était une nuit de lune. Allumée par le rhum on pouvait voir le feu de son hérédité : femelle, de souche africaine, dans le salon des cumbiambas, minaudant dans sa luxure, soit au rhum, soit au genièvre, à l’eau-de-vie ou au vesou, carillonnant de ses jambes, elle allait montrant la gueule des ses jupons babéliques. Le boum-boum de la tambora, le chingui-chingui qui énerve, le firilou-firilou de la flûte de la nuit et le tonnerre les guitares, poudre de la démence, mutinaient sa vie d’insondables épilepsies. Aïe ! Aïe ! que ça me brûle le sang dans mes artères ; Marie, Vierge du Carmel, Saint Antoine, Sainte Hélène, c’est la fièvre, mes amis, la force de l’excitée et ce malin d’infant roi qui me tient toute serrée. Avec ce dit atavique créole par sa bisaïeule, fière dans le tourbillon, et mordue de ses faiblesses, avec ses bras entrouverts, ses mains avec deux chandelles, allait et venait hiératique

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la negra María Teresa.

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la noire María Teresa. Traduit par Julián Garavito

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Manual de Lucha Antifascista Enrique Buenaventura ¿Con qué palabra disparar? ¿En general que responderle al general? ¿Qué aplomada respuesta darle al plomo? ¿Y cuando la razón cae fusilada qué pensar? II Lo esperado llegó como sorpresa. Lo que flotaba en el aire cayó sobre nosotros. Lo que no nos atrevíamos a pensar nos entró por el ojo y nos salió por la nuca sin que nos diéramos cuenta. III El enemigo no da tregua. Fusila nuestros errores más queridos, con nuestras debilidades no tiene misericordia. Ocupa nuestras vacilaciones en la noche, nuestras ilusiones le sirven de camuflaje. Asalta nuestra confianza, pone fuego a nuestra seguridad, nos reduce al pan, al agua y al silencio de la resistencia, nos enseña a manejar el arma de la derrota, nos escoge y nos educa para la victoria.

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Manuel de Lutte Antifascite Enrique Buenaventura Avec quel mot tirer ? En général, que répond-t-on au général ? Quelle réponse d’aplomb faire au plomb ? Et quand la raison tombe, fusillée que penser ? II Ce qui était attendu arriva comme une surprise. Ce qui flottait dans l’air nous tomba dessus. Ce à quoi nous n’avions pas osé penser nous est rentré par l’œil puis nous est ressorti par la nuque Sans que nous nous en rendîmes compte. III L’ennemi ne nous laisse aucune trêve. Il fusille nos erreurs les plus chères, face à notre faiblesse il n’a pas de miséricorde. Il occupe nos hésitations pendant la nuit, nos illusions lui servent de camouflages. Il attaque notre confiance, il met le feu à notre sécurité, il nous réduit au pain, à l’eau ainsi qu’au silence de la résistance, il nous apprend à manier l’arme de la défaite, il nous choisit et nous éduque pour la victoire. Traduit par Léa Gayet

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Olvido Enrique Buenaventura Esta mujer que desconozco y a mi lado, como tierra callada está tendida, me desconoce y yace a mi costado después de la batalla compartida. Fundidos dos en uno entrelazado acostados tomamos la medida de lo desconocido y encontrado y unimos a la muerte con la vida. De espaldas a la vida y a la muerte, de frente al placer y a la caricia hicimos lo de siempre de tal suerte que tocamos la inédita delicia. Después a lado y lado yació inerte el olvido sin más y sin malicia.

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Oubli Enrique Buenaventura Cette femme inconnue à côté de moi; est étendue comme une terre silencieuse, elle ne me connaît pas et elle gît à mes côtés après la lutte en commun. Confondus deux en un entrelacés couchés nous prenons la mesure de l’inconnu et du retrouvé et nous sommes unis à la mort par la vie. De dos à la vie et à la mort, face au plaisir et à la caresse nous le fîmes d’une telle force que nous touchâmes le délice inédit. Enfin de chaque côté gît inerte l’oubli simple et sans malice. Traduit par Léa Gayet

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Anti-Réquiem para Marilyn Monroe Marco Fidel Chávez El dolor está lejos. James Joyce Electrónica gata llena de pecas como islas sonoras, yo amaba solamente tus caderas lejanas como tundras, la abstracta soledad de tus cabellos de pantera. Algún desierto de guijarros devoró tu inocencia de trompeta y la ciudad de jazz que ardía en tu geométrica cintura. Con mi dolor antiguo que ha detenido soles defendí como pude tus ostras de canela. Recuerdo que besé tus sandalias de nieve y tus párpados de uva como balcones abiertos al verano. Ahora sueñas con tus ojos de bosque bajo las telarañas, bajo la tierra de Westwood donde tu cuerpo canta como sombra de miel y panales amargos. ¡Cómo crecen tus huesos de pantano entre gaviotas ásperas que apresuran tus pechos de batalla! Eras nerviosa como un conejo azul, como un niño descalzo. Nadie supo quién eras, nadie sospechó que llevabas, una paloma rota donde creció un murciélago. Yo que nací en el Nilo con un alma de arena recuerdo haber dormido a la intemperie de tus escalinatas coronadas de púrpura y madera. Te conté muchos cuentos debajo de los dátiles. Entonces eras el camino de una blanca guitarra. Nadie te llevó de la mano por el cielo. Nadie preguntó si lloraban tus ojos los domingos. Nadie anduvo en tu miedo con soledad de estroncio, Fantasma cuyas alas son de liquen o polvo y despiertas mi lengua desde tus oxidadas mariposas.

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Anti-Requiem pour Marilyn Monroe Marco Fidel Chávez La douleur est loin. James Joyce Chatte électronique pleine de tâches de rousseurs telles des îles sonores, moi j’aimais seulement tes hanches lointaines comme des toundras, la solitude abstraite de tes cheveux de panthère. Un désert de cailloux a dévoré ton innocence de trompette et la ville de jazz qui brûlait sur ta ceinture géométrique. Avec mon ancienne douleur qui a détenue des soleils j’ai défendu comme je l’ai pu tes huîtres à la cannelle. Je me souviens avoir embrassé tes sandales de neige et tes paupières de raisin telles des balcons ouverts sur l’été. Maintenant tu rêve avec tes yeux de bois sous les toiles d’araignées, de sous la terre de Westwood ou ton corps chante tel une ombre de miel et des ruches amères. Comme tes os grandissent entre les mouettes âpres qui amplifient ta poitrine de bataille! Tu étais nerveuse comme un lapin bleu, comme un petit garçon pieds nus. Personne n’a su qui tu étais, personne n’a soupçonné ce que tu portais, une colombe blessée en laquelle a grandie une chauve-souris. Moi qui suis né sur le Nil avec une âme de sable je me souviens d’avoir dormi en plein air sur ton perron couronné de pourpre et de bois. Je t’ai raconté de nombreux contes sous les dattiers. Tu étais alors le chemin d’une guitare blanche. Personne ne t’a emmené vers le ciel par la main. Personne n’a demandé si tu pleurais les dimanches. Personne n’a marché dans tes peurs avec la solitude d’un strontium, fantôme dont les ailes sont de lichen ou de poussière et tu réveilles ma langue depuis tes papillons rouillés. Traduit par Ana Do Eirado Da Costa

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La mano peluda Jota Mario Arbeláez De estas tumbas, de estas benditas cenizas, ¿no brotarán violetas? Persio. Todos mis enemigos están muertos la mitad de mis padres una gruesa de mis amigos sin embargo la vida sigue doblando campanarios Ese árbol que crece en medio de la avenida se derrumba de flores y por esos cielos del sur pájaros migratorios estancan No se restañan las heridas de neón del crepúsculo Nadie me dice ¡hola! pero tampoco temo ya el filo del puñal vengativo rayando la noche Me veo entre caras nada familiares Avanzo por calles desconocidas que toda la vida pisé A qué horas levantaron esta vieja casa Cómo es posible que haya atravesado este muro durante tantos años leyendo el periódico En el cinematógrafo presentan la luz que agoniza y la mano peluda Pasa un entierro los caballos que conducen el féretro bostezan de frío

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La main velue Jota Mario Arbeláez De ces tombes, de ces cendres bénies: ne jaillira-t-il pas des violettes) ? Persio. Tous mes ennemis sont morts la moitié de mes parents une grande partie de mes amis cependant la vie continue de faire sonner des clochers Cet arbre qui croît au milieu de l'avenue s'effondre en fleurs et par ces cieux du sud des oiseaux migrateurs s’ arrêtent Les blessures de néon du crépuscule ne se cicatrisent pas Personne ne me dit : salut! mais je ne crains plus le fil du poignard vengeur rayant la nuit Je me vois parmi des visages en rien familiers J'avance par des rues inconnues que j'ai foulées toute la vie À quelles heures, ont-ils élevé cette vieille maison Comment est-il possible que j’ai traversé ce mur ? pendant tant d'années en lisant le journal Dans le cinématographe ils présentent la lumière qui agonise et la main velue Passe un enterrement, les chevaux qui conduisent le cercueil bâillent de froid

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leo en la cinta mi nombre con dos errores ortográficos y de nuevo alterada la fecha de mi nacimiento nada qué hacer me pongo en la fila de los cineastas.

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je lis sur le ruban mon prénom avec deux erreurs d’orthographe et à nouveau altérée, la date de ma naissance rien à faire je me mets dans la queue des cinéastes. Traduit par Geneviève Novellino

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La lectura en tinieblas Jota Mario Arbeláez Mi padre no me dejaba leer la Biblia ni el Manifiesto Comunista para que no gastara la poca luz que podía pagar para la casa. Me quitaba el bombillo y dormía con él bajo la almohada remordiéndole la conciencia pero al pie de la cama de mi cuarto también roncaba la nevera e instalado a los pies de mi cama con la nevera abierta leía de la medianoche a los gallos de la crucifixión de San Pedro cabeza abajo, de la lapidación de Pablo en Listra y de la pasada por la espada de Santiago en los Hechos de los Apóstoles, de las tribulaciones de Panait Istrati, las duras prisiones de Nazim Hikmet y las torturas de Julius Fucik en su reportaje al pie del patíbulo, hasta que se me helaban los huesos.

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Lecture dans les ténèbres Jota Mario Arbeláez Mon père ne me laissait lire ni la Bible ni le Manifeste Communiste pour ne pas dépenser le peu d’électricité qu’il pouvait payer pour la maison. Il enlevait mon ampoule et dormait avec elle sous l’oreiller avec des remords de conscience mais au pied du lit de ma chambre ronflait aussi le réfrigérateur et installé au bas de mon lit avec le réfrigérateur ouvert je lisais de minuit à l’aube sur la crucifixion de Saint Pierre la tête en bas, sur la lapidation de Paul à Listra et sur le meurthre par l’épée de Saint Jacques dans les Actes des Apôtres, sur les tribulations de Panaït Istrati, les durs emprisonnements de Nazim Hikmet et les tortures de Julius Fucik dans son reportage au pied de la potence, en point de me geler les os. Traduit par Julián Garavito

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En el paseo Bolívar Cecilia Balcázar de Bucher La ceiba centenaria del paseo desnuda sin follaje parece que se muere en la ceñuda paz de su madera en secreto destila el vino de su savia se cuelga mil macetas de lila rosa y verde flores en miniatura incongruentes con su cuerpo gigante y su vetusta entraña transfigura su ser se regenera entrega sin reparos en donación gratuita su desnudez sus flores y sus lanas su generoso abrazo de frescura.

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Sur la promenade Bolivar Cecilia Balcázar de Bucher Le ceiba centenaire de la promenade dénudé sans feuillage semble mourir dans la sombre paix de son bois en secret il distille le vin de sa sève y pendent mil pots de lilas rose et vert incongrues avec son corps géant et son cœur vétuste transfigure son être se régénère confie sans réticence en donation gratuite sa nudité ses fleurs et ses laines sa généreuse étreinte de fraîcheur. Traduit par Ana Do Eirado Da Costa

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Para mí no has ardido lo bastante Gerardo Rivera Déjame decirte soledad que para mí no has ardido lo bastante que tu rostro perdido está muerto en lo más alto Como si estuviera esperando una señal del cielo Y ahora que miras hacia mí con tu bellísima máscara Inmóvil en el rincón más distante Los invisibles caminos me abres con cada golpe de tus eternos ojos

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Pour moi tu n’as pas suffisamment brûlée Gerardo Rivera Permet moi de te dire solitude que pour moi tu n’as pas suffisamment brûlée que ton visage perdu est mort au plus haut Comme si tu attendais un signe du ciel Et maintenant que tu regardes dans ma direction avec ton masque sublime Immobile dans le coin le plus distant Les chemins invisibles tu m’ouvres avec chacun des coups de tes yeux éternels Traduit par Ana Do Eirado Da Costa

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La voz Jaime García Maffla ¿Desde dónde has venido Si es tu voz Apenas para ser evocada, Regresas o te vas? Nadie te oye y nada Dices. Así al llegar, segura Y para siempre, no das sino despojas.

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La voix Jaime García Maffla D’où es-tu venue ? Si c’est ta voix A peine par être évoquée Reviens-tu ou t’en vas tu ? Personne ne t’entend et rien Tu ne dis. En arrivant de la sorte, sûre Et pour toujours, tu n’offres rien, mais tu dépouilles. Traduit par Virginie Leborgne

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La despojada Jaime García Maffla De su antigua costumbre, Así la despojada Mira al cielo. Está cubierto, es blanco Como ella, como están sus ojos. Luego, como el cielo, los cierra Y mira a su interior, también cubierto.

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La dépouillée Jaime García Maffla

Comme à sa vieille habitude, Ainsi la dépouillée Regarde le ciel. Il est couvert, il est blanc Tout comme elle, comme le sont ses yeux. Puis, comme le ciel, elle les ferme Et regarde dans son for intérieur, lui aussi couvert. Traduit par Virginie Leborgne

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CIUDAD EBRIA Gabriel Ruiz
Cali…, “… un sueño atravesado por un río…” Eduardo Carranza A José Saramago

Sus siete sucios ríos se secan Su temperatura sube … Hoy, millones deambulamos en sus calles y visitamos sus esquinas. Rojo, amarillo y verde dan el ritmo. Aparentemente en la ciudad no se ha iniciado aún, en un semáforo, la “ceguera blanca.” De cuerpo entero, en su parque, a los cinco silenciosos y mutilados poetas Jorge Isaacs, Ricardo Nieto, Carlos Villafañe, Antonio Llanos y Octavio Gamboa, vecinos inmóviles de La Ermita, del puente Ortiz y del río que fue, acompañados por una placa con el poema de Carranza, no los ven los transeúntes y ya casi nadie los recita … Hoy iremos, todos, con camisa negra, a oir a Juanes – con su guitarra y su “camisa negra” – y llenaremos el estadio … Mañana, alucinados y febriles, caminaremos por una de sus múltiples “cavernas” y otro día cercano por las calles de esta ciudad ebria, nos llevarán – sin vida –, a uno de sus siete poblados y florecidos cementerios.

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UNE VILLE EN IVRESSE Gabriel Ruiz Cali..., « ...un rêve traversé par un fleuve... » Eduardo Carranza A José Saramago Ses sept rivières sales sèchent Sa température monte... Aujourd 'hui, nous y déambulons par millions et nous habitons ses coins de rues. Le rouge, le jaune et le vert donnent le rythme. Apparemment dans la ville ne s’est pas encore déclenché à un feu de croisement, « l'aveuglement blanc ». De toute leur stature dans leur parc, les cinq poètes silencieux et mutilés Jorge Isaacs, Ricardo Nieto, Carlos Villafañe, Antonio Llanos et Octavio Gamboa, voisins immobiles de l'Ermita, du pont Ortiz et de ce qui fut la rivière, accompagnés du poème de Carranza gravé sur une plaque, les passants ne les repèrent pas et presque personne ne dit leurs vers... Aujourd hui nous partirons tous, en chemise noire, écouter Juanes - avec sa guitare et sa "chemise noire" -

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et nous remplirons le stade... Demain, hallucinés et fébriles, nous marcherons dans une de ses multiples « cavernes » et un de ces jours par les rues de cette ville en ivresse on nous mènera - sans vie à l'un de ses sept cimetières peuplés et fleuris.

Traduit par Beatriz Avendaño et Brigitte Le Brun Vanhove

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Sol negro Raúl Henao Veo un sol rabioso devorado por un saltamontes en la colina Que sólo la pluma fuente de la noche consigue Aplacar con los negros trazos de la tormenta. Un sol loco y espumante corriendo en la colina Tras de mi ojo izquierdo, saltado y de negro Sombrero de copa, Donde una estrella almidonada por el cuello Sirve el rubio champaña de la madrugada. Pero hay quien prefiere un mar, un mar de violetas, un mar de vino, Extendiéndose ante la mirada De los grises mercaderes de la cordura. Ah el mar de vino, mi querida visión del mar de vino Que aplaca la antigua nostalgia de la fiesta, Finalmente me abandona a la huracanada boquilla de mis pensamientos, Mi mensaje a bordo de una botella de náufrago.

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Soleil noir Raúl Henao Je vois un soleil enragé dévoré par une sauterelle Sur la colline Que seule la plume source de nuit parvient à Calmer grâce aux traits noirs de la tourmente. Un soleil fou et écumé parcourant la colline Derrière mon œil gauche, crevé et noir Chapeau haut-de-forme, Où une étoile empesée par le cou Sert le blond champagne du petit matin. Mais il y en a qui préfèrent la mer, une mer de violettes, Une mer de vin, Se répandant à la vue Des gris marchands de la sagesse. Ah la mer de vin, ma chère vision de la mer de vin Qui apaise la vieille nostalgie de la fête, Finalement m’abandonne à l’impétueuse embouchure De mes pensées, Mon message à bord d’une bouteille de naufragé. Traduit par Virginie Leborgne

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Náufrago del sol Raúl Henao El viento le saca partido a la tarde Cabeceando sobre una flor, Sin afeitar el toro de la hermosura, Refugiándose en el fantasma de la libertad. Viento que me lleva por la imaginación Con las alas en el cabestrillo de la cordura, Y me invita a vuelo de pájaro Al ágape del amor, Mientras persigo en bicicleta un rayo de luz En la morada del alma. El camino es una perla sin ostra Y la marea me arrastra de vuelta Tras mi frágil mundo de sombra, Rescoldo en el alba, náufrago del sol.

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Naufragé du soleil Raúl Henao Le vent profite du soir Ebranlant une fleur Sans raser le taureau de la beauté Prenant refuge dans le fantasme de la liberté. Vent qui m’emporte par l’imagination Aux ailes dans l’écharpe de la sagesse, Et m’invite à vol d’oiseau A l’agape de l’amour Pendant que je persiste à bicyclette un rayon de lumière Dans la demeure de l’âme. Le chemin est une perle sans huître Et la marée me ramène Derrière mon fragile monde de pénombre, Braise de l’aube, naufragé du soleil. Traduit par Virginie Leborgne

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Visitante Antonio Zibara A Julián Malatesta Acude de nuevo al cementerio, ese extraño lugar que vigila el aire y lo traduce a un hilillo de sangre, a la soledad del barro con lirios que nacen en el pecho, en la sazón del invierno con avidez de tambores y esencia de hormigas, comparte los labios de la calavera y un amanecer con equilibrio de hojas en la charca, las orillas donde se gesta el silencio, la leyenda del búho.

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Visiteur Antonio Zibara À Julián Malatesta

De nouveau accourt le cimetière, cet étrange lieu que l’air surveille et traduit en un filet de sang, en solitude de boue avec des lis qui naissent dans la poitrine, à la saison d'hiver avec une avidité de tambours et une essence de fourmis, il sépare les lèvres de la tête de mort et un petit matin en équilibre de feuilles dans la flaque, les rives où se génère le silence, la légende du hibou. Traduit par Geneviève Novellino

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Revelación Antonio Zibara Cada que pasa desafía el aire o se asemeja al ocio de las piedras, a la fertilidad de esos árboles y al fulgor de la caoba, sus yemas repasan el barro, que antes estuvo en este sitio, (vengándose del sol) compartiendo la sed de las hormigas, aquel legado de espumas y fatigados reflejos.

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Révélation Antonio Zibara Celui qui passe défie l'air ou ressemble à la paresse des pierres, à la fertilité de ces arbres et à l'ardeur de l’acajou, le bout de ses doigts travaille la boue qui auparavant reposait en cet endroit, (se vengeant du soleil) partageant la soif des fourmis, cet héritage de l’écume et des reflets fatigués.

Traduit par Geneviève Novellino

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Hotel Europa Jesús Antonio Arbeláez (Jan Arb) Ahora las mujeres se avientan contra mi cuerpo cuando camino por las calles; se detienen sin necesidad de hacerlo con el propósito de mostrarme particularmente su protoplasma inferoposterior, máxime cuando son bellas y se sienten sobradas moralmente; he tenido que caminar o estoy obligado a hacerlo formando una continuidad de ondas. Ahora cuando caminaba vi a una niña de 12 años de espaldas a mí y a una distancia de 4 metros adelante y diagonal a mi dirección vociferando su lotería. Ella está de espaldas perfectamente. ¿Puede suponerse que pueda no verme? Si lo suponemos debemos estar convencidos de que ella me vio antes, aunque no sepamos a qué distancia superior a los 4 metros en que la vi. Si no me veía, para saber mi posición obtendría el dato por el tacón de mis zapatos hasta que yo cayera cómodamente en su angulaje de visión; de repente atraviesa del lado exterior de la calzada hacia el opuesto, formando un bello ángulo de 90 grados

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Hôtel Europe Jesús Antoine Arbeláez (Jan Arb) Maintenant les femmes se poussent contre mon corps quand je marche dans les rues; elles s'arrêtent sans besoin de le faire avec le propos de me montrer particulièrement leur protoplasme inferoposterieur, surtout quand elles sont belles et elles se sentent moralement satisfaites; j'ai dû marcher ou je suis obligé de le faire en formant une suite d'ondes continues. En marchant maintenant j'ai vu une petite fille de 12 ans qui me tourne le dos et à une distance de 4 mètres en avant et en diagonale de ma direction, vociférant sa loterie. Elle est parfaitement de dos. Peut-on supposer qu’elle peut ne pas me voir ? Si nous le supposons nous devons être persuadés qu'elle m'a vu avant, bien que nous ne sachions pas à quelle distance supérieure aux 4 mètres où je l'ai vue. Si elle ne me voyait pas, pour connaître ma position, elle en obtiendrait la donnée par le talon de mes souliers jusqu'à ce que je tombe commodément dans son angle de vision; et tout à coup elle traverse du côté extérieur de la chaussée vers l'opposé, en formant un bel angle de 90 degrés

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que me haría frenar intempestivamente, o badearla, bordearla demasiado elásticamente, casi imposible, o utilizar unos reflejos que no llevaba; yo, con la tranquilidad del caso la cojo por los hombros para no golpearla, empujarla, chocarla feamente, brutalmente, -sentirme era todo lo que ella anhelabay al tomarla, mi mano izquierda en su antebrazo-hombro, mi mano derecha para detenerla llueve por su clavícula de oro, la tomo, en un instante y bajo mis dedos siento una blandura divina. Sus nalguitas besan mi pierna detrás de su falda con infinita gracia y ternura. Mis manos se desprenden precisamente como lo necesitaba el impulso de mi cuerpo al caminar. Sigo con mi cabeza levantada sin haber perjudicado la armonía del universo, y la niña sin mirarme sigue también, completamente lograda y más feliz que yo, vociferando su lotería.

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qui me ferait freiner intempestivement, ou la pousser, la border trop élastiquement, presque impossible, ou utiliser quelques réflexes que je n’avais pas; moi, dans la tranquillité du cas je la prends par les épaules pour ne pas la cogner, la bousculer, la heurter vilainement, -me sentir c’est tout ce qu’elle souhaitaitet en la pressant, ma main gauche sur son avant-bras / épaule, ma main droite pour la maintenir il pleut par sa clavicule d'or, je la prends, en un instant et sous mes doigts je sens une douceur divine. Ses petites fesses embrassent ma jambe sous sa jupe avec grâce et tendresse infinies. Mes mains se détachent précisément comme le nécessitait l’impulsion de mon corps en marchant. Je continue, la tête levée, sans avoir troublé l'harmonie de l'univers, et la petite fille sans me regarder continue aussi, complètement retrouvée et plus heureuse que moi, en vociférant sa loterie.

Traduit par Geneviève Novellino

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Allí comenzó el Vallano Tomás Quintero Cuando el siglo moría de cansancio entre la guerra Llegaron los abuelos. Bajaron cabalgando en mulas jóvenes por la calle Real de sol y piedra. Cargaban con baúles y negras milenarias - que no esclavas sino parte de su propia historia Mi abuelo, su guitarra y su bigote Blanco, como ala de paloma, durmiéndose en el labio... No quisieron El centro del poblado de grandes casas Con ruidos de charol en los zapatos Y perfume francés en las ventanas: Entre otras cosas porque las damas del Alférez y el Alférez Y sus hijos azules, y otras cosas Cerraron los zaguanes a su paso. Gustaron más del sitio cercano al río y al llano Donde comenzaba el pueblo o-terminaba. y allí comenzó el Vallano, el Barrio, Pila de aguas tranquilas En una plaza verde. Y comenzó la saga del adobe y la casa Del corredor y los geranios.

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Là commença el Vallano Tomás Quintero Quand le siècle mourait d’épuisement dans la guerre Les grands-parents arrivèrent. Ils descendirent en chevauchant sur de jeunes mules la rue Royale de soleil et de pierre. Ils portaient avec des malles et des Noires millénaires - pas esclaves mais faisant part de sa propre histoire Mon grand-père, sa guitare et sa moustache Blanche, comme une aile de colombe, qui s’endormait sur la lèvre... Ils n’ont pas voulu Le centre du village peuplé de grandes maisons Avec des bruits de vernis sur les souliers Et du parfum français dans les fenêtres : Entre autre parce que les dames du Sous-lieutenant et le Sous-lieutenant Et ses enfants bleus et d'autres choses Fermèrent les volets à leur passage. Ils préférèrent l'endroit proche de la rivière et de la plaine Là où commençait ou finissait le village. Et là commença el Vallano, le quartier, Source aux flots tranquilles Sur une place verte. Et commença la saga de la brique et de la maison Du couloir et des géraniums. Traduit par Libia Acero-Borbón

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Sonata para cuando desaparezcas Álvaro Burgos Palacios Voy a inventar una ciudad de portales para cabalgarla. En el país del viento resonaré trompetas con tu nombre y beberé de tu mar conjurado para alejarte de la muerte. Izaremos cara a cara bandera embriagada a la salida de un bar en el cañonazo de fragor. ¿Hay quien descorra con blandos pies de arena el tendido de vino sobre cristal espléndido? ¿Qué caricia te hace brotar de una sinfonía de espumas? Nuestro mar de perpetuo estallido me escuchará repetirte que te amo, antes de que desaparezcas.

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Sonate pour quand tu disparaitras Álvaro Burgos Palacios Je vais inventer une ville de vestibules pour la chevaucher. Dans le pays du vent, je sonnerai les trompettes De ton nom et boirai de ta mer ensorcelée pour t'éloigner de la mort. Nous hisserons face à face un drapeau enivré à la sortie d'un bar dans la déflagration du fracas. Y a-t-il quelqu’un pour découvrir, les pieds mou de sable, L’étendue de vin sur un cristal splendide ? Quelle caresse te fait éclore d'une symphonie d'écume ? Notre mer dans un éclatement perpétuel m’écoutera te répéter que je t'aime, avant que tu ne disparaisses. Traduit par Libia Acero-Borbón

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Riberas del Pance Rodrigo Escobar Holguín Pececillos nerviosos, burbujas y oquedades hacen vibrar el sol entre las aguas. Arriba, en el follaje, un pájaro azul marca con su cola compases a la tarde. En la otra orilla, sobre piedras, ella lee, él repasa el paisaje de su espalda. ¿Qué leerán? ¿Será trivial o hermoso? Entre fragor y espumas la voz huye.

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Bords du Pance Rodrigo Escobar Holguín Petits poissons nerveux, bulles, alvéoles Font vibrer le soleil entre les eaux. A la cime, dans le feuillage, un oiseau bleu bat De sa queue la mesure de l'après-midi. Sur l’autre rive, sur des pierres, elle lit, Il épie le paysage de son dos. Que peut elle lire? Serait-ce trivial ou charmant? Entre fracas et écumes, la voix fuit. Traduit par Efer Arocha

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Las muchachas de la casa de Ana Aloz Rojas Para Julio Vacca A la hora de la más nítida luz, cuando sigilosos cuchillos de plata rasgan las sombras de los mástiles cruzan furtivas por los aposentos las muchachas de la casa de Ana. Tal vez en el río sin fin de sus cuerpos desnudos han encontrado sosiego las tripulaciones que desembarcaron ayer. A la hora de esa nítida luz junto a las bifloras y los remolinos de sombra de las veraneras, castas mujeres abanican con sus amplias faldas los vapores del día, mientras cuchichean acerca de adioses y de lechos vacíos. Las muchachas de la casa de Ana, tan minuciosas y sabias en las maniobras del amor, se extravían fácilmente en lamentaciones y llantos, cuando frente al quieto mar de espejos en. las habitaciones vacías, regresan de la espuma de otros días los hombres amados y soñados durante el mar de leva de sus primeras lujurias.

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Les filles de la maison d’Ana Aloz Rojas Para Julio Vacca À l’heure de la plus claire lumière, quand des secrets couteaux d’argent déchirant les ombres des mâts furtives traversent les chambres les filles de la maison d’Ana. Peut-être ont-ils trouvé la paix dans le fleuve sans fin de leurs corps nus les équipages hier débarqués. À l’heure de cette claire lumière près des et des tourbillons d’ombre des bougainvillées des femmes chastes éventent de leurs vastes jupes les vapeurs du jour, tandis qu’elles chuchotent à propos d’adieux et de lits vides. Les filles de la maison d’Ana, si minutieuses et savantes dans les manœuvres de l’amour, s’égarent facilement dans les plaintes et les larmes, quand face à la mer calme des miroirs dans les chambres vides, reviennent parmi l’écume des jours anciens les hommes aimés et rêvés durant la vague de fond de leurs premières luxures.

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Un muchacho en medio del siglo Harold Alvarado Tenorio Deberías, deberías, te repites, volver sobre los días de tu infancia. quizás aquel cuando los perritos caían buscando la muerte y tu joven tía soltera sostenía los recién nacidos en una canasta de hacer la compra. Tu niñez no vuelve pronto a la memoria. Hay momentos que no desean emprender un camino de regreso. Allí están tu viejo perro, tu gallina de tres años y el sombrero que la negra Elisa te dio a los siete. No hay paisajes, sólo la hueca tierra del adobe. Vagos son tus años, también el crecimiento del cuerpo o el nacimiento de estos deseos que te acosan. Deberías, te repites, volver sobre el olor de tu maestra. ¿Pero eso, qué importa, ahora?

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Un jeune homme au milieu du siècle Harold Alvarado Tenorio Tu devrais, tu devrais, tu répètes-tu, revenir vers les jours de ton enfance. celui peut-être quand les petits chiens tombaient en cherchaient la mort et ta jeune tante célibataire portait les nouveau-nés dans le panier qui servait pour faire les achats. Ton enfance ne revient pas vite en mémoire. Il y a des moments qui ne veulent pas prendre le chemin du retour. Voici ton vieux chien, ta poule de trois ans et le chapeau que te donna Elisa la négresse quand tu avais sept ans. Il n’y a pas de paysages, rien que la terre creuse de la brique. Tes années sont floues, comme la croissance du corps ou la naissance de ces désirs qui te harcèlent. Tu devrais, te répètes-tu, retrouver l’odeur de ta maîtresse. Mais tout cela, quelle importance, aujourd’hui ? Traduit par René Gouédic

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El ultraje de los años Harold Alvarado Tenorio Por julio, se reunían los despojos de la familia en un ritual que les hacía creer en ellos mismos. Compraban, en la tienda de importados, un mucho de antipasto, aceitunas negras, vino moscatel, paté, carne del diablo, una botella de brandy y otra de escocés, El camioncito, modelo cincuenta, los llevaría hasta el río, con sus piedras como huevos traídos del principio del mundo y cocinaban un buen sancocho con plátano hartón y amplios trozos de carne en tres telas. La prole, dos hembras, tres varones, esperaba la orden de saltar en el agua y entonces él moría de terror al ver cómo su padre le arrojaba al fondo de los remolinos. Si eran buenos los tiempos, con el anís hubo música de cuerda y canciones del país. Ellas parecían felices. Ellos también. Era, no obstante, el tiempo de la miseria. El mundo, afuera, rodaba como cosa vana.

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L’outrage des ans Harold Alvarado Tenorio En juillet, se réunissaient les décombres de la famille pour un rituel qui les faisait croire à eux-mêmes. Ils achetaient, à la boutique de produits importés, beaucoup de hors d’œuvre, des olives noires, du vin de muscat, du pâté, du corned beef, une bouteille de brandy, et une autre de whisky écossais. Le petit autocar modèle années cinquante les conduirait au fleuve, avec ses pierres comme des œufs venus du début du monde et ils cuisinaient un bon pot-au-feu avec des grosses bananes vertes et de grands morceaux de viande finement tranchée. Les gosses, deux filles, trois garçons, attendaient l’ordre pour sauter à l’eau. et alors lui mourait de peur en voyant comment son père le lançait au creux des tourbillons. C’était le bon temps, avec l’anis il y avait la musique des cordes et des chansons du pays. Elles paraissaient heureuses. Eux aussi. C’était, pourtant, le temps de la misère. Au dehors le monde, tournait comme à vide. Traduit par René Gouédic

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Sol partido en la naranja Carlos Vásquez Zawadski Luz negra, que es más luz que la luz blanca del sol. 'Luz negra, luz divina, luz que alegra la luz meridional.. Rubén Darío. Parpadea el canto, la mirada se abre al infinito del instante, y la luz piensa el día: ciérrase el tiempo mejor, circula noche iluminada; parpadea el sentido centinela del destino: eres centro del placer, disolución de la piel; el final escrito está, inventamos memorias: trasladamos sombras y gestos sin palabras. Parpadea la luz negra: el presente es son y Sol.

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Soleil divisé dans l’orange Charles Vásquez Zawadski La lumière noire, qui est plus lumière que la lumière blanche du soleil. Une lumière noire, une lumière divine, la lumière qui réjouit la lumière méridionale .. Rubén Darío. Cille le chant, s’ouvre le regard à l'infini de l'instant, et la lumière pense le jour : se ferme le temps meilleur, circule une nuit illuminée; cille le sens sentinelle du destin : tu es centre du plaisir, dissolution de la peau; le final est écrit, nous inventons des mémoires : nous déplaçons des ombres et des grimaces sans mots. Cille la lumière noire : le présent est « son » et Soleil.

Traduit par Geneviève Novellino

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Hola soledad Anibal Arias Todo el amor que me has dado tiene su valor aunque no lo creas puedes cobrarme cada noche cada hora si lo quieres insultarme perseguirme golpearme con la escoba arrancarme los ojos matarme lentamente pero por favor no me dejes solo que de nada vale un cadáver ciego

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Bonjour solitude Anibal Arias Tout l’amour que tu m’as donné a un grand prix même si tu ne le crois pas tu peux me le réclamer chaque nuit à chaque heure si tu le désires et m’insulter me poursuivre me frapper à coups de balai m’arracher les yeux me tuer à petit feu mais s’il te plaît ne me laisse pas seul car à quoi peut servir la cadavre d’un aveugle Traduit par René Gouédic

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Hijueputas malparidos Aníbal Arias En los meses de septiembre y octubre el hombre que vende la piña picada a peso por el mal tiempo no saca el carrito maldice su suerte disparando palabras de grueso calibre torpemente pronunciadas en parte echándole la culpa a la lluvia en parte a quien le caiga el guante que se lo chante.

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Fils de putes Aníbal Arias Pendant les mois de septembre et d’octobre l'homme qui vend les morceaux d'ananas à un peso par mauvais temps ne sort pas la brouette il maudit sa chance et mitraille des paroles de gros calibre sottement prononcées en jetant la faute en partie à la pluie en partie a qui se sent morveux, qu’il se mouche Traduit par Efer Arocha

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Por la Avenida Sexta Carmiña Navia Años sesenta: Salir a pasear el fresco de las cinco el pandebono. Encontrarse, mirarse, saludarse. Yako Monti, los beatles, las baladas-bolero y un amor que anunciaba sus lunas todavía. Al final los primeros presagios hippies en el andén y un olor huidizo desplazando el camino. Años setenta/ ochenta: Carros en acelere polvos blancos y cercanía a la noche con su carga de fuerza de temor con su carga de ruido prematuro. El frescor de las cinco el pandebono fueron quedando atrás. Algún rincón quedó para cervezas canciones de otros días encontrarse las manos. El ritmo de los carros se hizo fuerte y la muerte rondó.

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Sixième Avenue Carmiña Navia Années soixante : Aller se promener la fraîcheur de cinq heures le pain de maïs. Se rencontrer, se regarder, se saluer. Yako Monti, les beatles, les ballades-boléro et un amour qui annonçait encore ses lunes. Et enfin les premiers présages hippies sur le quai et une odeur fugace déplaçant le chemin. Années soixante-dix / quatre-vingt : Voitures vrombissantes poudre blanche et l’approche de la nuit avec sa charge de force de crainte avec sa charge de bruit prématuré. La fraîcheur de cinq heures le pain de maïs sont restés en arrière. Quelque recoin est resté pour les bières les chansons des autres jours et les mains qui s’enlacent. Le rythme des autos s’accéléra la mort rôdait.

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Años noventa: Full dinero locura en las bocinas pánico en las miradas decepción en los ojos. La brisa de las cinco se enredó entre tanto ladrillo en las laderas. Con Mónaco y Lonch Beach (la salida del cine) se callaron también: Sandro Leonardo Favio Extraños en la noche. Sextear ya no es lo mismo ya no será lo mismo ya nunca fue lo mismo.

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Années quatre-vingt-dix : Full le fric folie des klaxons panique dans les regards déception dans les yeux. La brise de cinq heures est restée prise parmi tant de brique sur les coteaux. Avec Monaco et Lonch Beach (la sortie du ciné) se sont tus aussi : Sandro Leonardo Fabio Strangers in the nigth. Traîner dans la sixième n’est déjà plus la même chose ce ne sera plus la même chose déjà ce n’est plus la même chose Traduit par René Gouédic

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En la remota acera de un barrio Laureano Alba En la remota acera, de una cuadra, de un barrio, hay un barco de papel, que anda perdido, deshojado, frente a los rascacielos, que intentan llegar al sol. En la remota acera, hay una gota de agua, que cae sobre una matera en la que crecen rosas de color champaña. En la remota acera, de un barrio, viaja mi corazón, hacia otros planetas.

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Sur un trottoir lointain, dans un quartier Laureano Alba Sur le trottoir lointain, d’un îlot de maisons, d’un quartier, il est un bateau de papier, qui vague sans boussole, et s’effeuille, face aux gratte-ciels qui tentent d’atteindre le soleil. Sur le trottoir lointain, il est une goutte d’eau, qui tombe sur une jardinière où poussent des roses champagne. Sur le trottoir lointain d’un quartier, mon cœur voyage vers d’autres planètes. Traduit par René Gouédic

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Dejadlo que pase Armando Barona Al poeta Germán Pardo García Cayó la flauta de mi mano cuando pasó el poeta. Iba caminando como cualquier hombre cansado, después de haber errado por caminos de estrellas. Parecía que le pesaba la cabeza entre los hombros, como a Atlas su carga. Este hombre acaba de regresar del espacio infinito, me dije. Este hombre trae en las solapas de su traje celeste la caspa de los siglos de años luz, porque ha podido descubrir en donde está la constelación del Centauro, porque vió a Orfeo dibujado en puntos eternos luminosos y pudo dialogar, incorpóreo, con Safo, destrizada la frente luminosa en los naufragios de la noche pensante, ciega, orlada de desesperación. Este hombre también conoció el camino de arbolitos marinos por los que pasó AIfonsina derritiendo todos los pesares acumulados en su capa de algas.

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Laissez-le passer Armando Barona Au poète Germán Pardo García De ma main la flûte tomba lorsque le poète passa. Il allait cheminant comme n’importe quel homme fatigué, après avoir erré sur des chemins d’étoiles. On aurait dit que sa tête pesait sur ses épaules, comme sur Atlas sa charge. Cet homme vient de revenir de l’espace infini, me dis-je. Cet homme porte sur le revers de son habit céleste les pellicules des siècles d’années-lumière, car il a pu découvrir où se trouve la constellation du Centaure, car il a vu Orphée dessiné en points éternels lumineux et a pu dialoguer, incorporel, avec Sapho, le front lumineux mis en pièces dans les naufrages de la nuit pensante, aveugle, ourlée de désespoir. Cet homme connut également le chemin aux petits arbres marins par où passa Alfonsina faisant fondre tous les chagrins accumulés dans leur couche d’algues. Traduit par Julián Garavito

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La noche de Aladino Horacio Benavides Levanto mi lámpara El niño que quiere tenerla tocarla no tiene brazos La anciana tiembla en la ventana del edificio en ruinas Un gemido sin nombre recorre la ciudad Todos somos ciegos en la noche de Bagdad No hay medida para nuestra pena ¿Soplará un día para ti el viento de la fortuna?

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La nuit d’Aladin Horacio Benavides J’élève ma lampe L’enfant qui veut l’avoir la troncher n’a pas de bras La vieille tremble à la fenêtre de l’édifice en ruines Une plainte sans nom traverse la ville Nous sommes tous aveugles dans la nuit de Bagdad Notre douleur ne peut se mesurer Soufflera-t-il un jour pour toi le vent fortuné ? Traduit par René Gouédic

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Yo que iba para la fiesta Horacio Benavides

Había comprado estos zapatos blancos esta ropa blanca para ir a la fiesta y la sangre de mi hermano ha salpicado la manga de mi pantalón Y ya es muy tarde para volver al almacén y no tengo ropa limpia en la casa y cómo salta el rojo sobre el blanco Seguramente ya arde la fiesta y el alcohol corre como el agua Y para colmo la sangre de mi hermano ha manchado mi camisa blanca aquí en el pecho

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Moi qui allais à la fête Horacio Benavides

J’avais acheté ces souliers blancs, ces vêtements blancs pour aller à la fête et le sang de mon frère a éclaboussé la manche de mon pantalon Et il est déjà trop tard pour retourner au magasin et je n'ai pas de vêtements propres à la maison et comme le rouge crie sur le blanc La fête bat sûrement déjà son plein et l'alcool coule à flot Pour comble le sang de mon frère a souillé ma chemise blanche là, en pleine poitrine Traduit par Efer Arocha

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La luna en el espejo Ómar Ortiz Mi palabra es aceite de benjuí para tu cuerpo, arroz y mijo para tu alma de torcaza, Mi palabra es la luna en el espejo Y un mar de leva al pronunciar tu nombre. Mi palabra me huye de repente Y te busca en los pliegues de la almohada. Se agazapa en mi insomnio, en el verso que leo, En el sueño que alcanzo. Mi palabra te evoca en la ciudad lejana, Mientras transito el río de tu ausencia. Pero sonrío, sin sospechar que esa alegría es tuya, Tú, inalcanzable.

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La lune dans le miroir Ómar Ortiz Mon mot est huile de benjoin pour ton corps, riz et millet pour ton âme de ramier, Mon mot est la lune dans le miroir Et le reflux de la mer en prononçant ton nom. Mon mot me fuit tout à coup Et te cherche dans les plis de l'oreiller. Il se recroqueville dans mon insomnie, dans le vers que je lis, Dans le sommeil que j'atteins. Mon mot t'évoque dans la ville lointaine, Tandis que je traverse la rivière de ton absence. Mais je souris, sans soupçonner que cette joie est tienne, Toi, inaccessible.

Traduit par Geneviève Novellino

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Muchacha Ómar Ortiz

El espliego en el jardín. En el patio la madreselva y el tomillo, La yerbabuena, muchacha, tu en mi alma, Como la miel de tus oíos, bálsamo de viejas heridas, De noches ciegas que alojan las estrellas. Muchacha, pájaro de mis días, ven muchacha, Permite que mi boca guarde el instante de tu aroma.

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Jeune fille Ómar Ortiz

La lavande dans le jardin. Dans la cour le chèvrefeuille et le thym, La menthe, jeune fille, toi dans mon âme, Comme le miel de tes oreilles, le baume de vieilles blessures, De nuits aveugles qui abritent les étoiles. Jeune fille, oiseau de mes jours, viens jeune fille, Permets que ma bouche garde l'instant de ton parfum.

Traduit par Geneviève Novellino

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Una lágrima edificó la lluvia Fabio Arias (Farías) Y decimos que anoche soñamos en colocar las heridas aisladas de los nervios o que éramos pulpos que algún sol les traicionó su mar para dejarnos mutilados hasta los poros. Y al poco tiempo una lágrima edificó la lluvia y nos quedamos solos mirando desteñir los cuerpos caminantes y les vimos los ojos, las manos, los pies y nos parecía que estábamos amarrados a sus esquinas serpientes para luego darnos cuenta que no teníamos nada. Todo le pertenecía a la temperatura de ser. Porque debimos comprender que hay un espejo en cada palabra y a veces en una palabra miles de espejos se miran.

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Une larme bâtit la pluie Fabio Arias (Farías) Et nous disons que cette nuit nous avons rêvé de placer les blessures isolées des nerfs ou que nous étions des poulpes dont la mer fut trahie par un soleil quelconque pour nous laisser mutilés jusqu’aux pores. Et au bout de quelque temps une larme bâtit la pluie et nous sommes restés seuls à regarder déteindre les corps voyageurs et nous vîmes leurs yeux, leurs mains, leurs pieds et il nous semblait être attachés à leurs coins serpents et puis nous rendre compte que nous n’avions rien. Tout appartenait à la température de l’être. Car il nous a fallu comprendre qu’il y a un miroir dans chaque mot et que parfois en un mot des milliers de miroirs se regardent. Traduit par Julián Garavito

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Este presente no nos basta Amparo Romero Es la hora del mediodía y un verano sin fin dicta este verso. A lo largo de este atardecer he escuchado el rumor de quebrantadas palabras de quienes han surcado la lágrima y la risa y las arduas jornadas del sol en sus espaldas. Una voz secreta nos señala una salida una historia ilusoria es la arcilla que nos labra hay alguien lejano que nos llama y este presente no nos basta somos herrumbre desde ese ayer hasta el presente de mañana indescifrable ese futuro que nos teje de tarde en tarde como la mejor de las hazañas. Lo demás - un rostro una plegaria un hombre que lo juzgan y la medida del perdón una parábola escrita como la más bella sentencia. Pienso que la esperanza es un largo prólogo un eterno epitafio una palabra infinita que nos salva es como el fuego como la dicha prometida o como el río o como esa luna blanca siempre allí como una epifanía.

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Le présent ne nous suffit pas Amparo Romero C’est l’heure de midi et un été sans fin dicte ce vers. Au cours de ce crépuscule j’ai écouté la rumeur des paroles brisées de ceux qui ont sillonné les larmes et le rire et les dures journées de soleil sur leurs dos. Une voix secrète nous indique une issue une histoire illusoire c’est l’argile qui nous façonne quelqu’un de lointain nous appelle et ce présent ne nous suffit pas nous sommes rouille depuis cet hier jusqu’au présent de demain indéchiffrable ce futur qui nous tisse soir après soir comme le meilleur des exploits. Le reste – un visage une prière un homme que l’on juge et la mesure du pardon une parabole écrite comme la plus belle des sentences. Je pense que l’espérance est un long prologue une éternelle épigraphe une parole infinie qui nous sauve c’est comme le feu comme le bonheur promis ou comme le fleuve ou comme cette lune blanche toujours là comme une épiphanie. Traduit par Julián Garavito

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Lo que dice una mujer vieja en un puerto del Pacífico William Ospina Este rostro fue bello, pero la belleza no es más que el resplandor de lo nuevo o lo eterno, y aquí de las antorchas extinguidas mi carne es la ceniza. ¿De qué nos sirve lo que puede perderse? Estas manos morenas empuñaron la espada. No ría usted, yo fui guerrera, yo entré en la batalla y arriesgué mi cuerpo en sus vórtices de humo y de hierro, y acaté la voz de mi hombre como un soldado más de sus tropas, pero en la noche de la victoria fue mío su lecho, para mi dócil desnudez su desnudez invasora, para mi oído atento el misterioso rumor de sus labios. Todo ocurrió hace mucho, tantos han muerto ya, tanta ceniza se va vertiendo en el suelo insaciable. Pues la vida consiste en ver cómo se quiebran las espigas, las altas y asombrosas vidas maduras que deben volver a lo informe, en ver cómo se vuelven uno tras otro a la tierra los orgullosos corazones que hicieron temblar al destino, que fueron la risa y la música, la lealtad, la vanidad, la verdad. la perfidia, los antiguos juegos humanos; en ver cómo se borra lo increíble sobre los flancos de la montaña. cómo se desvanecen en el cielo las nubes magníficas,

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Ce que dit une vieille femme dans un port du Pacifique William Ospina Ce visage fut beau, mais la beauté n’est rien d’autre que l’éclat du nouveau ou l’éternel et ici des touches éteintes ma chair est la cendre. À quoi nous sert ce qui peut se perdre ? Ces mains brunes ont empoigné l’épée. Ne riez pas, j’ai été une guerrière, je suis entrée dans la bataille et j’ai risqué mon corps dans ses tourbillons de fumée et de fer, et j’ai respecté la voix de mon homme comme un soldat de plus de ses troupes, mais dans la nuit de la victoire son lit fut le mien, pour ma nudité docile sa nudité envahissante, pour mon oreille attentive la mystérieuse rumeur de ses lèvres. Tout a eu lieu il y a longtemps, tant de morts déjà, tant de cendre est répandu peu à peu sur le sol insatiable. Car la vie consiste à voir comment se brisent les épis, les grandes et étonnantes vies mûres qui doivent retourner à l’informe, à voir comment l’un après l’autre reviennent à la terre les cœurs fiers qui firent trembler le destin, qui furent le rire et la musique, la loyauté, la vanité, la vérité, la perfidie, les anciens jeux humains ; à voir comment s’efface l’incroyable sur les flancs de la montagne, comment s’évanouissent dans le ciel les nuages magnifiques,

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hasta que llega nuestro turno, donde morían las letras la muerte de la página, donde morían los peces la muerte tumultuosa del mar, donde morían los colores la incomprensible muerte de las pupilas. Estoy vieja, lo ve usted, y no sé a dónde fue mi belleza, a dónde fue mi esplendor, a dónde fue mi victoria, la plenitud que toqué con mis manos, la maravilla que besé con mis labios. Recosté mi cabeza en el pecho de aquel que gobernó Las tormentas, Respiré la saludable envidia de las repúblicas, moví al odio y al amor y a la veneración a miles de seres nadie ha dejado ofrendas más preciosas en las fauces del tiempo. En este puerto miserable, en un cuarto cualquiera, viviendo de un humilde comercio, en esta ranchería bajo cielos de amarillas tormentas, llena de selva el alma ya, llena de mares viejos, oyendo el partir de los lentos barcos decrépitos, yo trato de vivir, yo trato de espantar mis recuerdos como si fueran pájaros malignos; en la luz de azafrán de las tardes bato en vano mis brazos espantando aquellos años de oro, la embriaguez de las crueles batallas, la hora de las capitulaciones, la entrada bajo lluvias de flores en las ciudades libres, los orgullosos desfiles, las damas mudas en los bellos balcones, y yo entre todos los soldados, digna y radiante,

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jusqu’à ce que notre tour arrive, où mouraient les lettres la mort de la page, où mouraient les poissons la mort tumultueuse de la mer, où mouraient les couleurs l’incompréhensible mort des prunelles. Je suis vieille, vous le voyez, et je ne sais où est allée ma beauté, où ma splendeur, où ma victoire, la plénitude touchée de mes mains, la merveille baisée de mes lèvres. J’ai appuyé ma tête sur la poitrine de celui qui commanda aux tourmentes, J’ai respiré la salutaire envie des républiques, j’ai poussé à l’amour à la haine et à la vénération des millions d’êtres personne n’a laissé de plus précieuses offrandes dans les crocs du temps. Dans ce port misérable, dans une chambre quelconque, vivotant grâce à un modeste commerce, au milieu de ces cabanes sous les ciels aux jaunes tourmentes, l’âme déjà pleine de jungle, emplie de mers anciennes, entendant le départ des lents navires décrépits, j’essaie de vivre, j’essaie de chasser mes souvenirs comme si c’étaient des oiseaux pervers, dans la lumière de safran des soirs je bats en vain mes bras chassant ces années d’or, l’ivresse des cruelles batailles, l’heure des capitulations, l’entrée sous des pluies de fleurs, dans les villes libres, les fiers défilés, les dames muettes aux beaux balcons, et moi au milieu de tous les soldats, digne et rayonnante,

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la mujer del guerrero. Pero lo que no pudo la batalla lo pueden los Minutos inexorables, que ablandan la carne y fatigan los ojos y afantasman los finos cabellos y aquietan el corazón bajo los cielos invadidos. Como las balas en el pecho del Mariscal, la enfermedad en su pecho, mi hermoso General dijo adiós a sus vastas repúblicas y sobre su ceniza recién enmudecida se alzaron las guerras facciosas, y todo se dio al cambio, al examen del fuego. Yo, que lo tuve todo, sé que es de humo el mundo, reales de oro, trajes de seda, el poder, la victoria, nada resiste al soplo del viento sutil e implacable. Nadie me reconoce y ya no quiero que me reconozcan. Soy una mujer más, una anciana que vende pescado en la plaza, no aquella reina en los salones radiantes, centro de un círculo de reyes de espadas. Nadie podría reconocerme sino uno. Ese que llega cuando estoy sola al atardecer, en el balcón ruinoso, mirando al mar que se apaga en torbellinos de amaranto y de sangre, ese que me susurra al oído: "Manuela" y hace correr la sangre otra vez joven por mis venas y que al volverme es vasto como el atardecer porque está junto a mí y me sacia de orgullo, ese que intento rechazar con mis manos rugosas y viejas

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la femme du guerrier. Mais ce que n’a pu obtenir la bataille le peuvent les Minutes inexorables, qui amollissent la chair et fatiguent les yeux et transforment en fantômes les fins cheveux et tranquillisent le cœur sous les ciels envahis. Comme les balles sur la poitrine du Maréchal, la maladie dans sa poitrine, mon beau Général dit adieu à ses vastes républiques et sur ses cendres il y a peu devenues muettes, se dressèrent les guerres factieuses, et tout s’adonna au changement, à l’examen du feu. Moi qui ai tout possédé, je sais que le monde est fumée, réaux d’or, robes de soie, le pouvoir, la victoire, rien ne résiste au souffle du vent léger et implacable. Nul ne me reconnait et je ne veux plus que l’on me reconnaisse. Je suis une femme de plus, une vieille femme qui vend du poisson au marché, non cette reine dans le salons rayonnants, centre d’un cercle de rois d’épées. Nul ne pourrait me reconnaître sauf un. Celui qui arrive lorsque je suis seule au crépuscule, sur le balcon en ruines, regardant la mer qui s’éteint en tourbillons d’amarante et de sang, celui qui me murmure à l’oreille : « Manuela » et qui fait couler le sang de nouveau jeune dans mes veines et qui lorsque je me retourne est vaste comme le crépuscule car il est auprès de moi et me rassasie de fierté, celui que j’essaie de repousser de mes mains rugueuses et vieilles

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porque es un joven aún, elegante y travieso, ese que trata a una vieja pescadera como si fuera una reina, (vestido de soldado en estos tiempos muertos), ese que viene a decirme que sólo es nuestro lo que no podemos perder, lo que impregnó de orgullo cada fibra, un alto sueño de un día altivamente llevado y vivido, altivamente sostenido contra la tempestad, contra el mundo, y escrito con amor en cada piedra para que las noches en torrente lo borren y el día desnudo lo vuelva a escribir cuando una mano aparta las hierbas fragantes. Usted no creerá que un guerrero llega al crepúsculo a esta cabaña olvidada en este puerto en ruinas, al pie de un mar hirviente de calor y mosquitos, pero debe saber que aunque los vivos sí, los muertos nunca olvidan, los muertos son antiguos como el aire y perduran, soplan sobre los rostros evanescentes de los vivos con salvajes perfumes y hacen pasar un alto pregón que habla del honor y la pasión y el orgullo sobre los largos muelles abandonados.

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car c’est un homme jeune encore, élégant et espiègle, celui qui traite une vieille poissonnière comme si c’était une reine, (habillé en militaire en ces temps morts), celui qui vient me dire que ne nous appartient que ce que nous ne pouvons perdre, ce qui imprégna de fierté chaque fibre, un rêve hautain d’un jour hautainement mené et vécu, hautainement maintenu contre l’orage, contre le monde, et écrit avec amour sur chaque pierre pour que les nuits torrentielles l’effacent et que le jour dénudé le réécrive lorsque une main écarte les herbes parfumées. Vous ne croirez pas qu’un guerrier arrive au crépuscule à cette cabane oubliée dans ce port en ruines, au pied d’une mer bouillonnante de chaleur et de moustiques, mais vous devez savoir que même si les vivants le font, les morts n’oublient jamais, les morts sont vieux comme l’air et perdurent, ils soufflent sur les visages évanescents des vivants de sauvages parfums et font passer une hautaine annonce qui parle de l’honneur et de la passion et de la fierté sur les longs quais abandonnés. Traduit par Julián Garavito

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Lecciones de nodriza Julián Malatesta Inicié mi infancia en la palabra primitiva de una /joven negra. Me enseñó que el hombre era una fábula Y debía aprender a nacer en los ojos del pez; También dijo de la red colgada del día y lejos del /mar. Aún cuando la noche y el día de los hombres no /termina, Observo en la colina cercana un desfile de ejércitos; El viejo terror de los cuentos que narraba la nodriza Se acomoda en mi cuarto como un pariente /muerto. Ante la inminente batalla los árboles tiemblan. Los ejércitos van pisando la tierra. ¿Qué buscan esos hombres atrapados en el llanto /de mujeres y niños, ojos destrozados por fotografías amarillas consumidas a diario como un alimento? En lo más oculto del África un tambor habla lengua Y retorna a mi nodriza en el caballo del viento.

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Leçons de nounou Julián Malatesta J’ai initié mon enfance dans la parole primitive / d’une jeune noire. Elle m’a appris que l’homme était une fable Et qu’il devait apprendre à naître dans les yeux du poisson ; Elle a aussi évoqué le filet pendu au jour et loin / de la mer. Même si la nuit et le jour des hommes ne / s’achèvent pas, J’observe dans la colline proche un défilé d’armées ; La vieille terreur des contes que la nourrice racontait Elle s’installe dans ma chambre comme un parent / mort. Devant la bataille imminente, les arbres tremblent. Les armées foulent le sol. Que cherchent ces hommes attrapés dans les pleurs / de femmes et d’enfants, des yeux mis en pièces par des photographies jaunes consommées journellement comme un aliment ? Dans l’occulte de l’Afrique, un tambour parle une langue Et retourne à ma nounou sur le cheval du vent. Traduit par Efer Arocha

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Memoria Julián Malatesta Nadie despide su barrio en las mejores horas. Necesité un día de lluvia Para volver al barco encallado en la bocatoma de /la esquina Y ver ese río de espejos arrastrando las basuras; Otros niños navegaban en las aguas de mis primeros /días. Madre no quería en casa un navegante, Decía que en la voz del marino no había siempre ni /mañana. Eran los días de la fiebre Y del médico visitando las bodegas del muelle; Mi casa olía a historia, a bahía, a continente. Mientras en mi calle la lluvia persiste Ahora el barrio es sólo una huella en la edad de las /cosas.

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Souvenir Julián Malatesta Personne ne fait ses adieux à son quartier dans les meilleures heures. J’eus besoin d’un jour de pluie Pour rejoindre le bateau échoué dans la rigole / du coin Et voir cette rivière de miroirs qui halait les ordures; D'autres enfants Naviguaient dans les eaux de mes premiers / jours. Maman ne voulait pas à la maison d’un nautonier, Elle disait qu’il n’y avait dans la voix du marin ni toujours ni / demain. C'était les jours de fièvre Et du médecin qui hantait les comptoirs du môle; Ma maison sentait l’histoire, les baies, le continent. Tandis que dans ma rue la pluie persiste, Le quartier n’est plus qu’une trace dans l'âge / des choses. Traduit par Efer Arocha

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Alteración Orietta Lozano Piénsame esta noche mientras mi sangre permanece fría y va desplegando sus nocturnas alas luminosas. Mírame! Tiemblo a la hora del amor, a la hora del regreso de los misteriosos animales. Quién soy yo, que se devora con la edad de tanto siglo? Las piedras en su infinita vigilia se silencian, los lagartos descienden interminables subterráneos, los cántaros se llenan con el bien y el mal; ese insondable secreto que extasía. Déjame la oscuridad, escribo desde ella para este voraz y vertiginoso movimiento. Multicolores fosas calles de petróleo donde emergen jeroglíficos; los cuerpos a punto de hablar flotan como delgados lirios. Alguien ha caído de la muerte, suspendido el pensamiento, y los hombres lobo y vampiro comienzan el rito clandestino y mágico. Poséeme en este devenir imperceptible.

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Altération Orietta Lozano Pense cette nuit, pense-la pour moi tandis que mon sang reste froid et déploie ses lumineuses ailes nocturnes. Regarde-moi! Je tremble à l'heure de l'amour, à l'heure du retour des animaux mystérieux. Qui suis-je, moi, qui me dévore de l’âge de tant de siècles ? Les pierres dans leur veille infinie font silence, les lézards descendent des souterrains interminables, les cruches se remplissent du bien et du mal; cet insondable secret qui donne l'extase. Laisse-moi l'obscurité, j'écris à partir d’elle pour ce mouvement vorace et vertigineux. Des fosses multicolores des rues de pétrole où émergent des hiéroglyphes; les corps sur le point de parler flottent comme de minces iris. Quelqu'un est tombé de la mort, la pensée suspendue, et les hommes, loup et vampire, commencent le rite clandestin et magique. Possède-moi dans ce devenir imperceptible. Traduit par Geneviève Novellino

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Prosa del pequeño oleaje Orietta Lozano Lucía tiene 26 años y un presentimiento impenetrable, le gusta sentir la complicidad de un Dios vislumbrar el fuego del infierno, y reducirse en risotada contra toda luz. Yo voy a cumplir los 30 y mi sangre se sujeta por hilos intocables, cálida, dulcemente brutal, de nivelación perfecta. Lucía tiene 26 años y un bebé que recorre la luna como un viejo laberinto. El dice, la luna está engordando (y se esconde detrás de la puerta circular que lo lleva hasta la puerta de los sueños). La rueda ya no gira, gira la señal del cuervo, gira la plenitud, goteando y vaciándose en la estructura circular del amor. Todo magníficamente organizado, todo fuertemente sellado, inverso, curvo, hermético, cerrado, ni siquiera un camino, ni siquiera un follaje, sólo vislumbro la cadena, el tatuaje, el lecho de tortura, el cuerpo odioso, la viscosa leche que el bebé lame y reclama como gato infernal. Lucía, como un nudo metálico que inmovilizado crispa destinándole a la noche la risa de los dioses, siente que la luna vacila, que se apaga y ha construido su muralla con 26 cautelosas salidas, pero no!, Lucía tiene 12 años yo debo tener 18 o casi un siglo.

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Prose de la petite houle Orietta Lozano Lucía a 26 ans et un pressentiment impénétrable, elle aime sentir la complicité d'un Dieu, entrevoir le feu de l'enfer, yt se réduire à un éclat de rire contre toute lumière. Je vais en avoir 30 et mon sang se suspend par des fils intouchables, brûlant, d’une tendre brutalité, d'un nivellement parfait. Lucía a 26 ans et un bébé qui parcourt la lune comme un vieux labyrinthe. Il dit, la lune grossit (et se cache derrière la porte circulaire qui le conduit à la porte des rêves). La roue ne tourne plus, c’est la trace du corbeau qui tourne, c’est la plénitude qui tourne, qui goutte et se vide dans la structure circulaire de l'amour. le tout d’une organisation magnifique, le tout fortement scellé, inversé, courbé, hermétique, fermé, pas même un chemin, pas même un feuillage, je devine seulement la chaîne, le tatouage, le lit de torture, le corps odieux, le lait visqueux que le bébé lèche et réclame comme un chat infernal. Lucía, comme un noeud métallique immobilisé, crispée destine à la nuit le rire des dieux, elle sent que la lune vacille, qu'elle s'éteint et qu’elle a construit sa muraille avec 26 cauteleuses sorties, mais non! Lucía a 12 ans je dois en avoir 18 ou presque un siècle. Traduit par Efer Arocha

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Agua Humberto Jarrín 6 Cotidiana, ella tiene el rito sagrado de arreglar las cosas que las mareas del día desordenan, temprano se orilla a las camas con el limpio aroma de una playa nueva, sus manos despiertan las maravillas, juegan mientras viajan por el hijo repartiendo luz y crecimientos, nadan luego sus dedos por el agua espantando la miseria y los dolores, esas manos de pequeñas sabidurías liberan el poder oculto de la mies y de las frutas, con esas mismas manos ella un día acarició mis manos de artesano y de poeta y me dejó cosas en la piel que ahora escribo... ¡Toda ella se me hace necesaria! Su cuerpo está hecho de poderes, hecho de fuentes y cataratas, por ella fluye agua, ¡agua de mi raza! 12 Envié mis pájaros a buscarte, una red de alas, una marca aérea salió temprano. Nadie ha regresado. Sucumbió alguno a los filos del alba, explotó otro en la estridencia de los anuncios, a aquel lo atrapó una antena venenosa, uno aun rodará hipnotizado en el abismo, muchos no querrán partir de las fuentes, otros quizá duermen diluidos en alcoholes: así son los emisarios que te envío,

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Eau Humberto Jarrín 6 Quotidienne, elle a le rite sacré de régler les choses que les marées du jour mettent en désordre, de bonne heure elle s’approche du bord des lits avec le pur parfum d'une nouvelle plage, ses mains réveillent les merveilles, jouent tandis qu’elles voyagent à la recherche du fils répartissant lumière et croissances, puis ces doigts nagent dans l’eau en épouvantant la misère et les douleurs, ces mains de petites sagesses libèrent le pouvoir occulte de la moisson et des fruits, avec ces mêmes mains, un jour, elle a caressé mes mains d'artisan et de poète et m'a laissé dans la peau des choses que maintenant j'écris... Elle tout entière me devient nécessaire! Son corps est fait de pouvoirs, fait de sources et de cataractes, par elle coule une eau: Eau de ma race ! 12 J’ai envoyé mes oiseaux te chercher, un filet d'ailes, une trace aérienne est sortie tôt. Personne n'est revenu. L’un a succombé aux préludes de l'aube, l’autre a explosé dans le bruit strident des annonces, une antenne vénéneuse a attrapé celui-ci, encore un roulera hypnotisé dans l'abîme, plusieurs ne voudront pas partir des fontaines, les autres dorment peut-être dilués dans l’alcool : ils sont ainsi les émissaires que je t'envoie,

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frágiles, temerosos, rebeldes, distraídos... Pero alguno, paralelo al horizonte -fatigado, quizá herido o moribundo-, vendrá empujado por la noche, la voz y el vuelo apretado de noticias: siempre hay uno, fiel, leal, inagotable, audaz, indestructible, al que confiamos la salud del corazón.

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fragiles, peureux, rebelles, distraits... Mais quelqu’un, parallèle à l'horizon -fatigué, peut-être blessé ou moribond-, viendra poussé par la nuit, la voix et le vol serré de nouvelles : il y en a toujours un, fidèle, loyal, inépuisable, audacieux, indestructible à qui nous confions la santé du coeur. Traduit par Geneviève Novellino

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Sebastián, el Extremeño 1507 Carlos Fajardo No sé leer ni escribir, mas soy el gobernador de la provincia. Sebastián Moyano de Belalcázar. Sebastián Moyano, el Extremeño, es analfabeta. Campesino de Benalcázar, trae chamizas en las ancas de su asno para el fogoncito de una cena miserable. El destino es una pata del asno que tropieza hundiéndose en el barro hasta las crines. ¿Qué le irá hacer su padre cuando sepa que la única bestia –tesoro de la casa – yace muerta por el injusto garrote de su hijo? Sebastián Moyano se horroriza, deja asno y carga y huye hacia las Indias. ¿Cuánto nos debe aquél asnito muerto en un pueblo de España, allá en Extremadura?

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Sébastien, l'habitant d'Estrémadure 1507 Carlos Fajardo Je ne sais lire ni écrire, mais je suis le gouverneur de la province. Sebastián Moyano de Belalcázar. Sébastien Moyano, l'habitant d'Estrémadure, est analphabète. Paysan de Benalcázar, il apporte des fagots sur les hanches de son âne pour le petit foyer d'un dîner misérable. Le destin est une patte de l'âne qui trébuche en s'enfonçant dans la boue jusqu'aux crins. Qu'est-ce que fera son père quand il saura que la bête unique -trésor de la maisongît morte de l’injuste garrot de son fils ? Sébastien Moyano est saisi d’horreur, Il laisse l’âne et la charge et fuit vers les Indes. Combien nous doit ce petit âne mort dans un village d'Espagne, là-bas en Estrémadure ? Traduit par Geneviève Novellino

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Calle de la Escopeta Carlos Fajardo No sé qué mortal te dio a conocer con este nombre, pero sigues apuntando con tu jeta de cañón al callejero que pasa, al paisano que ríe. Tal vez fue tu silueta o esas casas con enormes portones, palos sin labrar que detienen los golpes de la muerte. En los naranjos de tus patios el tiempo dura, y abajo el río, con su cantora fiesta, te adormeció en las tardes de tormentosos veranos. Tanta ciudad cargas ahora; tantos deseos en tu cartografía amorosa. A ver, calle de siempre, si das por fin algunos disparos al corazón de la ciudad que hoy te olvida.

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Rue du Fusil de chasse Carlos Fajardo J’ignore quel mortel t’as dévoilé au monde avec ce nom, mais tu ne cesses de viser avec ta gueule de canon le flâneur qui passe, le compatriote qui rit. Ce fut peut-être ta silhouette ou ces maisons aux énormes portes, bâtons non taillés qui retiennent les coups de la mort. Parmi les orangers de tes patios le temps dure, et en bas la rivière, avec sa fête qui chante, t’assoupis dans l'après-midi des étés tumultueux. Tant de villes tu portes désormais; tant de désirs dans ta cartographie amoureuse. Voyons voir, rue de toujours, si tu donnes enfin quelques décharges au cœur de la ville qui aujourd'hui t'oublie. Traduit par Efer Arocha

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Conversaciones con la bestia Ángela Tello XIII Las mujeres te han llamado Kalí a la hora en que el canto nace de sus ardientes pechos. Las mujeres hacen la ronda donde eres el centro y ellas los puntos que entretejen tu vestido. No ocultas las lágrimas ni el miedo en su presencia y como ingenua muchacha traicionada, tus aguas desbordan la tierra mientras observas de reojo, el llanto en ellas. Cada mujer vive el dolor de su propio desastre cada mujer aprende contigo a amar su soledad y su derrota. Escucha los pasos que se acercan, escucha la voz de tus mujeres, rebeldes plañideras que cantan múltiples ausencias, llegan, cubiertas con el oscuro manto de la pérdida, a acompañar tu riguroso duelo, a transformar tu tiempo, que es su propio tiempo, vienen ahora que tu voz dispersa bajo el abrazo del viento, llora entre los sauces con aliento de guerra.

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Conversations avec la bête Ángela Tello XIII Les femmes t'ont nommé Kalí à l'heure où le chant naît de ses seins ardents. Les femmes font la ronde dont tu es le centre et les points qui tissent ta robe. Tu ne caches pas les larmes ni la peur en leur présence et comme une jeune fille ingénue trahie, tes eaux débordent de la terre tandis que du coin de l'oeil, d’elles tu observes les pleurs. Chaque femme vit la douleur de son propre désastre chaque femme apprend avec toi à aimer sa solitude et son échec. Elle écoute les pas qui s'approchent, elle écoute la voix de tes femmes, des pleureuses rebelles qui chantent de multiples absences elles arrivent, couvertes de l’obscur manteau de la perte, pour accompagner ton deuil rigoureux, pour transformer ton temps, qui est leur propre temps, elles viennent maintenant que ta voix se disperse sous l’accolade du vent, et pleure parmi les saules d’un haleine de guerre. Traduit par Geneviève Novellino

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La ciudad Fernando Calero de la Pava Amílcar duerme en la sombra. Cae la lluvia. Los dioses humedecen el lecho de unos pocos. Cae la lluvia mientras los astros asesinan la noche. Cierran las siete puertas de la ciudad avara. Silencio, es la caza del hombre.

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La cité Fernando Calero de la Pava

Amílcar dort dans l’ombre. La pluie tombe. Les dieux humidifient le lit de quelques uns. La pluie tombe tandis que les astres assassinent la nuit. Ils ferment les sept portes de la ville avare. Silence, c’est la chasse à l'homme. Traduit par Efer Arocha

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Amor imposible Fernando Calero de la Pava Las pieles del estío arden bajo la luna de Agosto. Ejecuta el vándalo. Sangra el morador. Los iniciados embalsaman la peste. Eterno el pálpito, el infinito cero.

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Amour impossible Fernando Calero de la Pava

Les cuirs de l'été brûlent sous la lune d'Août. Il exécute le vandale. L'habitant saigne. Les initiés embaument la peste. Éternelle la palpitation, le zéro infini. Traduit par Efer Arocha

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No descansa la ciudad Fabio Ibarra Valdivia No descansa la ciudad debajo de mis párpados: Retazos de furia, lazos de sombra alrededor del cuello, ocultas angustias que deambulan en los buses, imágenes de vértigo, aristas de aluminio, destello en los espejos, ángeles que buscan su paraíso diario en las basuras, novedosas catástrofes traídas por oscuros mensajeros, una mano que pule los oficios de la muerte. Fluye por mí la ciudad como un río leproso mientras duermo; como lluvia, deja caer sobre mis sueños el lento polvo de la herrumbre. II La ciudad enciende estrellas de hojalata en los ojos del recién llegado. Mañana, otras voces harán un despojo de su voz y esta calle y esta esquina y esta luz de neón dibujarán sin prisa las líneas de una máscara imprevista. Nuevos miedos corroerán su historia. El vértigo se enredará en su cuello con inadvertida tiranía. Los pasos de la multitud sepultarán los suyos y una densa oleada de detritus llenará su vida. Pero no lo sabrá hasta el día en que sienta nostalgia del olor de las lámparas de aceite,

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La ville ne se repose pas Fabio Ibarra Valdivia La ville ne se repose pas sous mes paupières : Lambeaux de furie, noeuds d'ombre autour du cou, angoisses occultes qui déambulent dans les autobus, images de vertige, arêtes d’aluminium, scintillement dans les miroirs, anges qui cherchent leur paradis quotidien dans les ordures, catastrophes inédites apportées par d’obscurs messagers, une main qui polit les offices de la mort. Par moi coule la ville comme une rivière lépreuse tandis que je dors; comme une pluie, elle laisse tomber sur mes rêves la lente poussière de la rouille. II La ville allume des étoiles de fer-blanc dans les yeux du récent arrivé. Demain, d'autres voix feront une dépouille de sa voix et cette rue et ce coin et cette lumière de néon dessineront sans se presser les lignes d'un masque imprévu. De nouvelles peurs corroderont son histoire. Le vertige s'enroulera autour de son cou avec une tyrannie imprévue. Les pas de la foule enseveliront les siens et une pleine vague de détritus remplira sa vie. Mais elle ne le saura pas jusqu'au jour où elle sentira la nostalgie de l'odeur des lampes à huile,

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de los zócalos rojos y los patios con geranios, cuando le sea imposible encontrar su antiguo rostro en el vacío del laberinto.

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des socles rouges et des cours garnies de géraniums, quand il lui sera impossible de trouver son visage ancien dans le vide du labyrinthe. Traduit par Geneviève Novellino

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Una ciudad Elvira Alejandra Quintero Himno gris. Tarde de lluvia. El viento arrecia trayendo el pasado. Llueve afuera y en mí se instalan volcánicas soledades de una ciudad que guardo y paseo conmigo. No camino ya en sus calles largas donde las casas miran paralelas al tiempo. Ayer, fiestas de colores y juegos de cirqueros ahogaron la bulla y el sol de los andenes. Llueve a lo largo de corredores grises y los aleros cóncavos del tiempo interrogan la sed, el goce de la risa. Ahora que llueve, la ciudad que vive en mí sucumbe a los recuerdos y agoniza un sueño más en su escenario.

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Une ville Elvira Alejandra Quintero Hymne gris. Soirée de pluie. Le vent redouble apportant le passé. Il pleut dehors et en moi s'installent les volcaniques solitudes d'une ville que je garde et promène avec moi. Je ne marche déjà plus dans ses longues rues où les maisons regardent parallèles au temps. Hier, fêtes de couleurs et jeux de cirque ont noyé le tapage et le soleil des trottoirs. Il pleut le long de couloirs gris et les auvents concaves du temps interrogent la soif, la jouissance du rire. Maintenant qu’il pleut, la ville qui vit en moi succombe aux souvenirs et sur sa scène, agonise d’un rêve de plus. Traduit par Geneviève Novellino

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Mitin en la plaza de San Francisco Elvira Alejandra Quintero Un cielo limpio. El calor de la tarde colma los rincones. Al final de la calle las torres cogen vuelo y a sus pies centenares de hombres juntos abrigan una esperanza: Aquella de sentir otras soledades con nosotros O los gritos en coro martirizando los cristales O las banderas ondeando sobre nuestras cabezas. Una calle caminaba en contravía. --¿Cómo podía ser aquello? ¡La fresca levedad del corazón! ¡La plaza inabarcable! ¡Las palomas huyendo hasta las agujas del lejano reloj! Mas cuando los discursos se agotaron fuimos varios los que iniciamos un improvisado regreso hacia Ítaca Y sentados al borde de un andén, dejamos que la noche escuchara las /estrofas aprendidas Los sueños que empezaban a martirizar nuestras almas.

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Meeting sur la place de San Francisco Elvira Alejandra Quintero Un ciel pur. La chaleur de l'après-midi emplit les coins. Au bout de la rue les tours prennent leur envol et à leurs pieds des centaines d'hommes/ tous ensemble abritent une espérance : Celle de sentir d'autres solitudes avec nous Ou les cris en choeur qui martyrisent les cristaux Ou les drapeaux qui ondulent sur nos têtes. Une rue cheminait en contresens. - Comment cela pouvait-il être? La fraîche légèreté du coeur! La place évanescente! Les colombes qui fuient jusqu'aux aiguilles de la lointaine horloge! Plus nombreux lorsque les discours se furent épuisés nous fûmes à initier un retour improvisé vers Ithaque Et assis sur le bord d'un trottoir, nous avons permis que la nuit écoutât les strophes professées Les rêves qui entamaient le martyr de nos âmes. Traduit par Efer Arocha

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En el andén de la Galería Alameda José Zuleta Buses escalera llegan de las montañas, agobiados de olores, de hierbas, de colores y escudos, de paisajes pintados. Rápidas manos ayudantes bajan huertos del techo al oscuro pavimento de los intermediarios. Allí tantas semanas de paciente encorvada labranza, acribilladas por monedas de plomo, por palabras atroces que deleznan los fruto terrenos. Manos limpias, engañosas, despiden las duras manos que esperaron la lluvia. Derrotados en la guerra del andén, sin los encargos de los hijos, ni el corte de género para ella, ni la funda nueva del machete, suben al techo del bus escalera, para volver al monte azul donde la vida es una guerra perdida.

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Dans le promenoir de la Galerie Alameda José Zuleta Des bus-escalier arrivent des montagnes, épuisés d’odeurs, d'herbes, de couleurs et d'écus, de paysages peints. Des mains rapides et assistantes descendent des vergers du toit au pavé obscur des intermédiaires. Là tant de semaines courbées de patiente culture, criblées de monnaies de plomb, par des mots atroces qui méprisent les fruits de la terre. Des mains propres, trompeuses, quittent les dures mains qui ont attendu la pluie. Battus dans la guerre du promenoir, sans les commissions des enfants, ni le coupon de tissu pour elle, ni la nouvelle housse de la machette, ils montent sur le toit du bus-escalier pour revenir à la montagne bleue où la vie est une guerre perdue. Traduit par Geneviève Novellino

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El oscuro, oscuro pasado Carlos Patiño Millán De estricto negro Recibí la Primera Comunión No sufrí La Violencia Ni escuché La Oración por la Paz Elegido la última carta Desde la línea de fuego del amor Me coroné en la retirada Rey Andromedario Los límites de mi reino alcanzaban Los alcances de mi mano Detesté el sentimiento Pero seguí creyendo en la primera vista Mi ropa y mi realidad Me fueron quedando estrechas Soñaba incluso dormido

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L’obscur, obscur passé Carlos Patiño Millán D'un noir rigoureux J'ai reçu ma Première Communion Je n'ai pas enduré La Violence Ni écouté La Prière pour la Paix, Choisi la dernière lettre Depuis le no man’s land de l'amour Je me suis couronné dans la retraite Roi Andromède Les limites de mon royaume atteignaient La portée de ma main J'ai détesté le sentiment Mais je n'ai pas cessé de croire au premier regard Mes vêtements et ma réalité Me sont restés étroits Je rêvais même endormi Traduit par Efer Arocha

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El mal que dura cien años y él que lo resiste Carlos Patiño Millán Nuestra cama era un espejo Inmenso como un sol divino Un ojo nos perseguía día y noche Todas las posiciones vieron Su forma en nuestra alcoba Incansables obreros del amor El vidrio tuvo que quebrarse De vieja la madera noruega Y abriste las cortinas Y el aire estaba raro Y un siglo, fuera, había pasado

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Le mal qui dure cent ans et celui qui y résiste Carlos Patiño Millán Notre lit était un miroir Immense comme un soleil divin Un oeil nous poursuivait jour et nuit Toutes les positions ils ont vu Sa forme dans notre chambre Infatigables ouvriers de l'amour Le verre dut se casser Ancien le bois norvégien Et tu défis les rideaux Et l'air était étrange Et un siècle, dehors, s’était écoulé Traduit par Efer Arocha

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El mercado Norman Muñoz Vargas “No hay barco para ti, no hay camino como has destruido aquí tu vida, En esta angosta esquina de la tierra, Así la has destruido en todo el mundo” Konstantinos Kavafis De La Ciudad Este mercado es un rincón sin brújula laberinto de estrechos senderos tapizado de rejas, baratijas y dialectos que ofrece al viajero el reloj del día y la noche los girasoles o las siete albahacas. En la penumbra descubres el cementerio de mamíferos y fieras; las leyendas de ancianos expertos en cestería, la luz; olores de papayas maduras, el cilantro y la curaba sedosa en cajas bordadas por clavos mohosos y anhelos curtidos. Casa de campo para el transeúnte capturado por la cebolla y arrojado a la calle por un costado como un amante ansioso por unos ojos de hierba y rocío.

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Le marché Norman Muñoz Vargas "Il n'y a pas de bateau pour toi, il n'y a pas de chemin tu as détruit ici ta vie, Dans ce coin étroit de la terre, tu l’as détruite ainsi dans le monde entier" Konstantinos Kavafis De La Ville Ce marché est un coin sans boussole labyrinthe de sentes étroites tapissé de grilles, de bibelots et de dialectes qui offre au voyageur l'horloge du jour et de la nuit les tournesols ou les sept basilics. Dans la pénombre tu découvres le cimetière de mammifères et de fauves; les légendes des anciens experts en vannerie, la lumière; des odeurs de papayes mûres, la coriandre et la « curuba » soyeuse dans des caisses brodées de clous moisis et de désirs puissants. Maison de campagne pour le passant capturé par l'oignon et jeté à la rue par un côté comme un amant anxieux par quelques yeux d'herbe et de rosée. Traduit par Geneviève Novellino

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Figura de muchacho con revólver Diego Rodrigo Echeverri Por calles culebreantes mientras la luna trepa sobre el perfil del barrio y grupos de muchachos corroen las esquinas toman cuerpo los crímenes. Obreros gastados por el uso mueven las poleas de su andar derruido, autos fantasmas merodean el dorso del ocaso y sobre el aire polvosa y lenta la medianoche empluma. Barrio adentro entre parques baldíos y tapias inconclusas los muchachos insomnes aguardan, en cuclillas, la hora, Entonces una voz terca nombra al futuro difunto. Los .muchachos fustigan la moto pedregosa.

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Silhouette de garçon au revolver Diego Rodrigo Echeverri Par des rues serpentines tandis que la lune grimpe sur le profil du quartier et que des groupes de garçons corrodent les coins les crimes prennent corps. Des ouvriers épuisés par l'usure meuvent les poulies de leur marche détruite, des autos fantômes maraudent le dos du coucher du soleil et sur l'air poussiéreux et lent minuit se couvre de plumes. Au centre du quartier entre des parcs abandonnés et des murs inachevés les garçons insomnieux attendent l’heure à croupeton, Alors une voix entêtée nomme l'avenir défunt. Les jeunes gens fustigent la moto rocailleuse. Traduit par Geneviève Novellino

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Ciudad Elizabeth Marín Me recorre en cada esquina tu noche sangrienta Tu huella dura y temerosa me transita Las calles no encuentran Mis extraviados pasos Sólo angustiosas avenidas titilan bajo mis párpados Esta cansada marcha que no avanza Permea de ira la herrumbre y el asfalto Bendita ciudad del desamparo De almas que me habitan con ojos voces y /semáforos ¿Me dejarás huir de tu ceniza? ¿O me matarás ciudad un día de tantos?

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Ville Elizabeth Marín À chaque coin de rue ta nuit sanglante ne me parcourt Ta trace dure et craintive passe sur moi Les rues ne trouvent pas Mes pas égarés Seules d’angoissantes avenues scintillent sous mes paupières. Cette marche fatigante qui n’avance pas Pénètre de colère la rouille et l’asphalte Sacrée ville de la détresse D’âmes qui m’habitent de leurs yeux de leurs cris et / de leurs feux Me laisseras-tu finir loin de ta cendre ? Ou me tueras-tu ville un ces jours ? Traduit par Julián Garavito

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NARRATIVA

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María (Fragmento) Jorge Isaacs Pasados seis años, los últimos días de un lujoso agosto me recibieron al regresar al nativo Valle. Mi corazón rebosaba de amor patrio. Era ya la última jornada del viaje, y yo gozaba de la más perfumada mañana del verano. El cielo tenía un tinte azul pálido: hacia el oriente y sobre las crestas altísimas de las montañas, medio enlutadas aún, vagaban algunas nubecillas de oro, como las gasas del turbante de una bailarina esparcidas por un aliento amoroso. Hacia el sur flotaban las nieblas que durante la noche habían embozado los montes lejanos. Cruzaba planicies de verdes gramales, regadas por riachuelos cuyo paso me obstruían hermosas vacadas, que abandonaban sus sesteaderos para internarse en las lagunas o en sendas abovedadas por florecidos písamos e higuerones frondosos. Mis ojos se habían fijado con avidez en aquellos sitios medio ocultos al viajero por las copas de añosos guaduales; en aquellos cortijos donde había dejado gentes virtuosas y amigas. En tales momentos no habrían conmovido mi corazón las arias del piano de U***: ¡los perfumes que aspiraba eran tan gratos comparados con el de los vestidos lujosos de ella, el canto de aquellas aves sin nombre tenía armonías tan dulces a mi corazón! Estaba mudo ante tanta belleza, cuyo recuerdo había creído conservar en la memoria porque algunas de mis estrofas, admiradas por mis condiscípulos, tenían de ella pálidas tintas. Cuando en un salón de baile, inundado de luz, lleno de melodías voluptuosas, de aromas mil mezclados, de susurros de tantos ropajes de mujeres seductoras, encontramos aquella con quien hemos soñado a los diez y ocho años y una mirada fugitiva suya quema nuestra frente, y su voz hace enmudecer por un instante toda otra voz para nosotros, y sus flores dejan tras sí esencias desconocidas; entonces caemos en una postración celestial: nuestra voz es impotente, nuestros oídos no escuchan ya la suya, nuestras miradas no pueden seguirla. Pero cuando, refrescada la mente, vuelve ella a la memoria horas después, nuestros labios murmuran en cantares su alabanza, y es esa mujer, es su acento, es su mirada, es su leve paso sobre las alfombras, lo que remeda aquel canto, que el vulgo

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María (Fragment) Jorge Isaacs Après six années, les derniers jours d’un luxuriant mois d’août m’ont reçu en revenant à mon Valle natal. Mon cœur débordait d’amour du pays. C’était déjà le dernier jour de voyage et je jouissais du matin le plus parfumé de l’été. Le ciel était d’une teinte bleu pâle : vers l’orient et sur les très hautes crêtes des montagnes, encore à demi endeuillées, vaguaient quelques petits nuages d’or, comme les gazes du turban d’une danseuse soulevées par une haleine amoureuse. Vers le sud flottaient les brumes qui pendant la nuit avaient caché les montagnes éloignées. Je traversais des plaines couvertes de chiendents verts, arrosées par des ruisseaux dont de beaux troupeaux de vaches m’empêchaient la traversée et qui abandonnaient leurs endroits de sieste pour pénétrer dans les lagunes ou dans les sentiers voûtés par des pisamos1 fleuris et des figuiers d’Amérique touffus. Mes yeux s’étaient fixés avec anxiété sur ces endroits à moitié cachés au voyageur par les cimes de vieilles bambouseraies ; dans ces fermes où j’avais laissé des personnes vertueuses et amies. Dans ces moments-là, les arias du piano de U*** n’auraient pas plus ému mon cœur : les parfums que j’aspirais étaient si agréables en comparaison de ses luxueux vêtements à elle, et le chant de ces oiseaux sans nom avait des harmonies si douces à mon cœur ! J’étais muet devant une telle beauté dont j’avais cru conserver dans ma mémoire le souvenir parce que quelques unes de mes strophes, admirées par mes condisciples, l’évoquaient d’une encre pâle. Quand dans un salon de danse, inondé de lumière, plein de mélodies voluptueuses, de mille arômes mélangés, de chuchotements de tant de vêtements de femmes séductrices, nous rencontrons celle dont nous avons rêvé à dixhuit ans et qu’un sien regard fugitif brûle notre front, et que sa voix rend muette un instant toute autre voix pour nous, et que ses fleurs laissent derrière elle des essences méconnues, alors nous tombons dans une prostration céleste : notre voix est impuissante, nos oreilles n’écoutent plus la sienne, nos regards ne peuvent pas la suivre. Mais quand, l’esprit apaisé, elle revient à la mémoire des heures après, nos lèvres murmurent des cantiques de louanges, et c’est cette femme, c’est son accent, c’est son regard, c’est son léger passage sur les tapis, c’est tout cela qu’imite ce chant-là, que la foule
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Písamo : arbre de la région de la vallée du Cauca, Erythrina fusca (Papilionacée).

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creerá ideal. Así el cielo, los horizontes, las pampas y las cumbres del Cauca, hacen enmudecer a quien los contempla. Las grandes bellezas de

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la creación no pueden a un tiempo ser vistas y cantadas: es necesario que vuelvan a el alma empalidecidas por la memoria infiel. Antes de ponerse el sol, ya había yo visto blanquear sobre la falda de la montaña la casa de mis padres. Al acercarme a ella, contaba con mirada ansiosa los grupos de sus sauces y naranjos, al través de los cuales vi cruzar poco después las luces que se repartían en las habitaciones. Respiraba al fin aquel olor nunca olvidado del huerto que se vio formar. Las herraduras de mi caballo chispearon sobre el empedrado del patio. Oí un grito indefinible; era la voz de mi madre: al estrecharme ella en los brazos y acercarme a su pecho, una sombra me cubrió los ojos: supremo placer que conmovía a una naturaleza virgen. Cuando traté de reconocer en las mujeres que veía, a las hermanas que deje niñas, María estaba en pie junto a mí, y velaban sus ojos anchos párpados orlados de largas pestañas. Fue su rostro el que se cubrió de más notable rubor cuando al rodar mi brazo de sus hombros, rozó con su talle; y sus ojos estaban humedecidos aún, al sonreír a mi primera expresión afectuosa, como los de un niño cuyo llanto ha acallado una caricia materna.

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croira idéal. Ainsi le ciel, les horizons, les pampas et les sommets du Cauca rendent muet celui qui les contemple. Les grandes beautés de la création ne peuvent pas être vues et chantées en même temps : il est nécessaire qu’elles reviennent à l’âme pâlies par la mémoire infidèle. Avant le coucher du soleil, j’avais vu blanchir sur le flanc de la montagne la maison de mes parents. En m’approchant d’elle, je comptais, le regard anxieux, ses saules et ses orangers groupés, à travers lesquels je vis passer peu après les lumières qui se diffusaient dans les chambres. Je respirais à la fin l’odeur jamais oubliée du potager que j’avais vu grandir. Les fers de mon cheval firent des étincelles sur le pavé de la cour. J’entendis un cri indéfinissable ; c’était la voix de ma mère : au moment où elle me prit dans ses bras et où je me rapprochai de sa poitrine, une ombre me couvrit les yeux : plaisir suprême qui émouvait ma nature pure. Quand j’ai essayé de reconnaître, dans les femmes que je voyais, les sœurs que j’avais laissées fillettes, María était debout à mes côtés, ses yeux veillés par des larges paupières ourlées de longs cils. Ce fut son visage qui se couvrit le plus de rougeur quand mon bras, glissant de ses épaules, frôla sa taille ; et ses yeux humides encore, souriaient à ma première expression affectueuse, comme ceux d’un enfant dont les pleurs ont été apaisés par une caresse maternelle. Traduit par Montserrat Becerril

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De Cali a Cañasgordas (El Alférez Real) Eustaquio Palacios A principios del mes de marzo de 1789, un sábado, como a las cinco y media de la tarde, tres jinetes bien montados salían de Cali, por el lado del sur, en dirección a la hacienda de Cañasgordas. Iban uno en pos de otro. El de adelante era un hermoso joven, como de veintidós años, de regular estatura, color blanco sonrosado, ojos negros y rasgados y mirada severa un tanto melancólica. Apenas comenzaba a apuntarle el bozo, y ya se notaban las sombras en donde pronto debían aparecer las patillas. Su vestido consistía en camisa de género blanco, con cintas de lo mismo al cuello, en vez de botones; chaqueta de color pardo ceniciento, y sobre ésta una manta de colores a listas, llamada en el país ruana y sombrero blanco de grandes alas, de paja de iraca. Los pantalones, del mismo género que la chaqueta, eran cortos, hasta cubrir la rodilla, y asegurados allí con una hebilla de plata. Medias blancas de hilo y botines negros de cordobán completaban el vestido del joven jinete. Por último, llevaba zamarros, pero no en la forma de calzones que se les da hoy, sino abiertos: eran dos fajas anchas de piel de venado adobada que caían sobre cada una de las piernas. Montaba un potro rucio de gran talla y mucho brío, que caminaba con la buena voluntad con que andan las bestias cuando van para su dehesa. El jinete que le seguía era un sacerdote del convento de San Francisco, fundado en la ciudad hacía sólo veinte años, y que estaba ya entonces en todo el apogeo de su esplendor y disciplina. Frisaba el Padre en los cuarenta y era de semblante grave y mirada profunda; llevaba el hábito de su orden, que era de sayal gris; sobre el hábito, una ruana de lana de anchas listas moradas y azules, fabricada en Pasto, y sombrero blanco grande de paja asegurado con barboquejo de cordón de seda negra; en un pañuelo, a la cabeza de la silla, llevaba envuelto el Breviario. Iba caballero en una muía retinta de buen paso y al parecer muy mansa.

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De Cali à Cañasgordas (Le Sous-lieutenant du Roi) Eustaquio Palacios Au début du mois de mars 1789, un samedi, vers cinq heures et demi de l’après-midi, trois cavaliers bien en selle sortaient de Cali, par le sud, en direction de la plantation de Cañasgordas. Ils allaient l’un derrière l’autre. Le premier était un beau jeune homme, d’environ vingt-deux ans, de taille moyenne, au teint blanc et rosé, aux yeux noirs en amande, avec un regard sévère, un peu mélancolique. Un duvet commençait à peine à pousser et on apercevait déjà les ombres là où bientôt apparaîtraient les favoris. Ses vêtements se composaient d’une chemise blanche, avec des rubans du même tissu au col, au lieu de boutons ; d’une veste couleur gris cendré et sur celle-ci d’une couverture rayée de couleur, appelée dans le pays ruana et un chapeau blanc à larges bords, en paille d’osier. Le pantalon, du même tissu que la veste, était court, et couvrait les genoux, tenu à cet endroit par une boucle en argent. Des bas blancs en fil et des bottines noires en cuir de Cordoue complétaient les habits du jeune cavalier. Enfin, il portait un surpantalon, pas comme les culottes à la manière d’aujourd’hui, mais ouverts : c’étaient deux larges bandes en peau de cerf tannée qui retombaient sur chacune des jambes. Il montait un poulain gris de grande taille et plein d’entrain qui cheminait avec la bonne volonté qui caractérise les chevaux allant vers leur pâturage. Le cavalier qui le suivait était un prêtre du couvent de Saint François, fondé dans la ville depuis seulement vingt ans et qui était déjà à l’époque dans toute son apogée : splendeur et discipline. Le Père approchait de la quarantaine et il avait un visage grave et un regard profond ; il portait l’habit de son ordre en bure grise : sur l’habit, une ruana en laine aux larges rayures violettes et bleues, fabriquée à Pasto, et un grand chapeau blanc en paille maintenu par une cordelière de soie noire ; à l’avant de la selle, son bréviaire était enveloppé dans un mouchoir. Il montait une mule bai foncé de bonne allure et qui paraissait très douce.

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El último de los tres jinetes era un joven como de veinticuatro años, de color mulato, esto es, entre blanco y negro, más negro que blanco, pero las facciones más de blanco que de negro. En sus ojos pardos, rasgados y vivos, se revelaba la franqueza juntamente con el valor. Por todo vestido llevaba camisa de lienzo de Quito, ruana de lana basta, de listas azules, pantalones de manta del país tejida en el Socorro, y sombrero hecho con trenza de juncos. Cabalgaba un trotón castaño, alto y doble; en el arzón de la silla, a la derecha, se veía una gran soga enrollada, y en la cintura un largo cuchillo de monte llamado machete, con su cubierta de vaqueta. Estos viajeros atravesaron en silencio el llano de Isabel Pérez. Los campesinos que iban a la ciudad o salían de ella, saludaban al Padre quitándose el sombrero al pasar a su lado, y él les correspondía el saludo con una inclinación de cabeza. La tarde estaba magnífica: el sol se ocultaba ya detrás de Los Farallones, de manera que la parte del camino, por donde en ese momento iban, estaba hacía rato en la sombra; pero la luz del sol se veía brillar sobre las cumbres de las montañas de Chinche. Las afueras de la ciudad ofrecían por ese lado y a esa hora bastante animación: varios vecinos volvían de su trabajo con la herramienta al hombro; bestias cargadas de plátanos o leña; mujeres con haces de leña en la cabeza; viajeros que llegaban de los pueblos del sur; arrieros con sus recuas cargadas de bayeta, papas o anís; algún negro joven que pasaba a escape en su caballo en pelo, y que iba a la ciudad tal vez a comprar lo que faltaba para la cena en alguna hacienda o granja vecina; los criados de la hacienda de Isabel Pérez que apartaban las vacas de los terneros, como es costumbre a esa hora, y todo esto acompañado del mugir de las vacas, del berrear de los terneros, de los gritos de los criados, de las interjecciones de los arrieros y de esos otros mil ruidos que se oyen en las casas de campo y en las inmediaciones de una ciudad cuando va entrando la noche. Al llegar a la quebrada de Cañaveralejo se detuvieron los tres jinetes y aflojaron las riendas a sus cabalgaduras para que bebieran; pasada la quebrada, entraron en el extenso y limpio llano de Meléndez; a la izquierda, a una o dos cuadras del camino real, estaba la hacienda de don Juan Félix Hernández de Espinosa, con casa grande de teja, de espaciosos corredores y con oratorio en el extremo del que quedaba en el frente de la casa; esclavos que obedecían al tañido de la campana; vacas,

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Le dernier des trois cavaliers était un jeune homme d’environ vingtquatre ans, mulâtre, c’est-à-dire entre blanc et noir, plus noir que blanc, mais avec des traits plutôt d’un blanc que d’un noir. Ses yeux marron, en amande et vifs, révélaient la franchise et le courage. Comme seul vêtement, il portait une chemise en lin de Quito, une ruana de laine grossière, à rayures bleues, un pantalon en gros tissu du pays tissé à El Socorro et un chapeau fait en jonc tressé. Il montait un trotteur châtain, grand et trapu ; sur l’arçon de la selle, à droite, on voyait une grande corde enroulée et à la ceinture du chevalier un long coutelas appelé machette, dans son étui en vachette. Ces voyageurs traversaient en silence la plaine d’Isabel Pérez. Les paysans qui allaient à la ville ou qui en revenaient, saluaient le Père en ôtant leur chapeau quand ils passaient à côté de lui et le Père répondait à leur salut d’un signe de tête. L’après-midi était magnifique : le soleil se cachait déjà derrière les Farallones, si bien que la partie du chemin par laquelle ils passaient était depuis un moment dans l’ombre, mais on voyait la lumière du soleil se refléter sur les sommets des montagnes de Chinche. Les alentours de la ville offraient de ce côté et à cette heure-là une certaine animation : quelques habitants rentraient de leur travail, leur outil à l’épaule ; des bêtes chargées de bananes ou de bois ; des femmes avec des fagots sur la tête ; des voyageurs qui arrivaient des villages du sud ; des muletiers avec leurs animaux chargés de tissus, de pommes de terre ou d’anis ; quelque jeune noir qui passait à toute vitesse sur son cheval à cru et qui allait en ville, peut-être pour acheter ce qui manquait pour le dîner dans quelque plantation ou ferme voisine, les domestiques de la plantation d’Isabel Pérez qui séparaient les vaches des veaux, comme d’habitude à cette heure-là, et tout cela accompagné du meuglement des vaches, du beuglement des veaux, des cris des valets, des interjections des muletiers et de ces mille autres bruits que l’on entend dans les maisons de la campagne et dans les environs d’une ville quand la nuit commence à tomber. En arrivant au gué de Cañaveralejo les trois cavaliers s’arrêtèrent et desserrèrent les brides de leurs montures pour les faire boire, le ruisseau franchi, ils entrèrent dans la plaine étendue et dégagée de Meléndez ; à gauche, à trois ou quatre cents toises de la grande route, se trouvait la plantation de Don Juan Félix Hernández de Espinosa, avec une grande maison à toit de tuiles, des couloirs spacieux et avec une chapelle à

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l’extrémité du couloir situé sur le devant de la maison ; des esclaves qui obéissaient au son des cloches : des vaches,

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yeguas, plantaciones de caña de azúcar y trapiche. A la derecha, al lado de la loma, la posesión de don Francisco Matéus, con casa, esclavos, trapiche y ganado. Más lejos, al oriente, al extremo del llano, se alcanzaba a ver la casa de la hacienda de Limonar, perteneciente a doña María de Saa, viuda de don Baltasar Rodríguez. Todo el llano estaba sombreado de árboles aislados o de frondosos bosquecillos.

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des juments, des plantations de canne à sucre et la raffinerie. À droite, du côté de la colline, la propriété de Don Francisco Matéus, avec sa maison, ses esclaves, sa raffinerie et du bétail. Plus loin, vers l’orient, à l’extrémité de la plaine, on apercevait la maison de la plantation de Limonar, appartenant à Doña María de Saa, veuve de Don Baltasar Rodríguez. Toute la plaine était ombragée par d’arbres isolés ou de bosquets touffus.

Traduit par Montserrat Becerril

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Rosario Benavides (Fragmento) Gregorio Sánchez La casa del señor Benavides era una moderna y lujosa residencia situada en calle central, y en la que se había aprovechado hasta el último palmo de tierra disponible; fue edificada sobre las ruinas de vieja casona de estilo colonial, amplia y vetusta. El señor Benavides la construyó a todo costo, demoliendo la añeja fábrica, previa su adquisición de un conocido caballero que se fue a vivir a Europa con la renta que le daban sus grandes negocios y sus valiosas propiedades, y de quien se dijo que iba a curarse de una vieja dispepsia conseguida por el exceso de trabajo y por la intemperancia especuladora. Hecha como para un sibarita, la nueva morada tenía habitaciones para todos los menesteres de la época: anchos salones de recibo, discretas alcobas, comedor decorado sugestivamente, escritorios con pequeña biblioteca, cuartos-tocador, aposentos para mujeres, que eran como gineceos fragantes; hasta un saloncito de billar, que servía de fumadero al pater familiae. Aunque todas estas habitaciones eran cómodas, no lo eran tanto como las del viejo tiempo, célebres y memorables por su grande amplitud, por su penumbra casi claustral y por su añeja apariencia. ¡Ah, en esos aposentos vastísimos, estrados y cuadras de otros días, fue donde vegetaron y soñaron los abuelos ceremoniosos e indolentes! No tenía el señor Benavides, ni se jactaba de tenerla, ascendencia aristocrática; como el Corso orgulloso, hubiera podido decir que su estirpe comenzaba con él. Era uno de tantos que surgen como espuma imprevista del mar de la vida, y suben triunfalmente en la atmósfera social, levantados por un saludable soplo republicano y democrático. El dinero le dio cierto aire de señorío que no le sentaba mal, cierta aplomada suficiencia, hija sin duda de la seguridad que inspira el poder del oro. Según queda dicho, tenía aspecto inconfundible de banquero tropical. De hecho era un aristócrata, miembro conspicuo de la sociedad rica y elegante. Dueño de la dorada llave que abre todas las puertas, pues su capital competía con los principales, gozaba de cuanto privilegio

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Rosario Benavides (Fragment) Gregorio Sanchez La maison de monsieur Benavides était une résidence luxueuse et moderne située dans une rue centrale, et dans laquelle on avait mis à profit le plus petit empan de terre disponible ; elle fut édifiée sur les ruines d’une vieille bâtisse de style colonial, ample et vétuste. Monsieur Benavides la construisit sans regarder à la dépense, démolissant la vieille usine préalablement acquise auprès d’un gentilhomme connu qui s’en fut vivre en Europe avec la rente que lui procuraient de grandes affaires et ses magnifiques propriétés, et dont on disait qu’il allait soigner une vieille dyspepsie résultant de l’excès de travail et d’une spéculation effrénée. Faite comme pour un sybarite, la nouvelle résidence avait des pièces pour tous les besoins de l’époque : larges salons de réception, discrètes chambres à coucher, salle à manger décorée de façon suggestive, bureaux avec petite bibliothèque, boudoirs, appartements de dames qui étaient comme des gynécées parfumés ; et même un petit salon de billard qui servait de fumoir au pater familias. Bien que toutes ces pièces fussent confortables, elles ne l’étaient pas autant que celles d’autrefois, célèbres et mémorables par leur grande amplitude, leur pénombre presque claustrale et par leur antique apparence. Ah, ce fut là, dans ces appartements si vastes, aux salons d’apparat et aux écuries d’un autre temps, que végétèrent et rêvèrent les aïeux cérémonieux et indolents ! Monsieur Benavides n’avait pas d’ascendance aristocratique, ni se vantait d’en avoir ; comme l’orgueilleux Corse, il aurait pu dire que sa lignée commençait avec lui. C’était l’un de tous ceux-là qui surgissent comme une écume imprévue de la mer de la vie, et qui montent triomphalement dans l’atmosphère sociale, soulevés par un salutaire souffle républicain et démocratique. L’argent lui donna un certain air de domination qui ne lui allait pas mal, quelque aplomb et de la suffisance, fille sans doute de la sûreté qu’inspire le pouvoir de l’or. D’après ce qui vient d’être dit, il avait l’aspect caractéristique d’un banquier tropical. En fait, c’était un aristocrate, membre distingué de la société riche et élégante. Maître de la clef d’or qui ouvre toutes les portes, vu que son capital rivalisait avec les principaux, il jouissait de tous les privilèges

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social crearon las costumbres y recibía el homenaje voluntario o convencional a que su personalidad le daba derecho.
Pocos días después de su llegada a Cali, Rosario se hallaba con su madre y hermanas en un discreto gabinete, terminando ante su tocador el minucioso arreglo de su persona, pues se preparaban para salir. Por los claros cristales del balcón penetraba, con las atenuaciones de las cortinillas corridas, el resplandor alegre de la tarde. Serían cerca de las cuatro. Madre e hija, sin preocuparse poco ni mucho por la presencia de las menores, comentaban los decires que suscitó el regreso de Rosario, murmuraban un tanto y reían con cierto desenfado.

– Nelly me ha dicho que mis amigas me critican algunos hábitos – dijo Rosario ¡Qué risa! En el baile de hace tres noches les pareció muy escotado mi traje. ¿Si sabrán mis tías más que yo, que vengo del extranjero, si sabrán más que yo de modas y elegancias estas tontas? – ¡Qué van a saber! exclamó doña Julia. Las mortifica un poquito que hayas llamado la atención, y no más. Dentro de algunos días estarán imitándote. Fue preciso que Olga y Mary le abrocharan la costosísima bata de seda rosa, estilo tutankamen, con que iba a salir y cuya compra le causó ciertas vacilaciones a papá Benavides. Era una evocación suntuosa y artística del remoto Egipto. En ese momento entró al gabinete el señor Benavides, metido en flamante terno café y con su enorme cadena cruzada sobre el vientre, llevando de una mano a Albertito. – ¿Están listas ya? dijo con su voz fuerte y sonora, mientras se frotaba las manos con satisfacción. Me demoré por culpa de ese animal de Francisco, que no daba con un daño del motor: luego que la gasolina, luego que la llanta… Por fortuna todo se arregló pronto. Bueno, ¿nos vamos? – Por nosotros no hay inconveniente – exclamó doña Julia. Pero a Rosario se le ocurrió que no le sentaban bien con el traje unas zapatillas de gamuza que se había puesto, y hubo que esperar a que las cambiase, tiempo que aprovechó el señor Benavides para detallarles sociaux créés par les usages et recevait l’hommage volontaire ou formel auquel sa personnalité lui donnait droit.

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Peu de jours après son arrivée à Cali, Rosario se trouvait avec sa mère et ses soeurs dans un boudoir discret, finissant devant sa table de toilette l’apprêt minutieux de sa personne, car elles se préparaient à sortir. L’éclat joyeux de l’après-midi, atténué par les rideaux tirés, pénétrait par les vitres claires du balcon. Il devait être près de quatre heures. La mère et la fille, sans se préoccuper le moins du monde de la présence des cadettes, commentaient les dires suscités par le retour de Rosario, murmuraient un moment et riaient sans se gêner. – Nelly m’a dit que mes amies critiquent certaines de mes habits – dit Rosario. Laisse-moi rire ! Au bal d’il y a trois jours, ma robe leur a semblé très échancrée. Elles s’y connaissent mieux que moi, qui viens de l’étranger, elles connaissent mieux que moi la mode et l’élégance, ces idiotes ? – Qu’est-ce qu’elles en savent ! – s’exclama madame Julie. Cela les mortifie un peu que tu aies attiré l’attention, rien de plus. Dans quelques jours elles t’imiteront. Olga et Mary durent lui boutonner la fort coûteuse robe de soie rose, de style tutankamon, avec laquelle elle allait sortir et dont l’achat avait fait hésiter papa Benavides. C’était une évocation somptueuse et artistique de l’Égypte ancienne. À ce moment-là, monsieur Benavides entra dans le boudoir, sapé d’un costume café flambant neuf avec son énorme chaîne croisée sur le ventre, menant Albertito par la main. – Vous êtes prêtes ? dit-il de sa voix forte et sonore, en se frottant les mains avec satisfaction. Je suis en retard à cause de cet animal de Francisco, qui ne trouvait pas la panne du moteur : et puis l’essence, puis le pneu… Par chance tout s’est vite arrangé. Bon, on y va ? – Pour nous, il n’y a aucun inconvénient, s’exclama madame Julie. Mais Rosario trouva que les chaussures en chamois qu’elle avait mises n’allaient pas bien avec la robe, et il fallut attendre qu’elle les changeât, moment que monsieur Benavides mit à profit pour leur détailler

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algunos negocios que acababa de celebrar, ganando el ciento por ciento. Estaba contentísmo. En seguida habló de la quinta que compró a un pobre señor que hubo de mal venderla, no obstante ser herencia de familia, por razón de apremiantes necesidades. Este fue otro negociazo, una estupenda compra de ocasión. Pensaba modernizarla, y ya tenía adoptado y convenido con un arquitecto el plan de reformas. ¡Qué hermoso chalet iba a sacar de esa quinta añosa y triste! El dicho inmueble quedaba por las afueras, a un lado de la ancha avenida de un barrio en gestación y ambos se dirigieron al moderado andar del auto. Rosario quería ir despacio, para poder apreciar de paso las transformaciones de la ciudad. Experimentaba agudos e instintivos deseos de ver, de analizar, de comparar, como si algún prurito lugareño la instigase con rabia. ¿No era, pues, aquel su pueblo natal? A un lado y otro de las vías centrales, cuyo piso de asfalto y macadam atenuaba el ruido del vehículo, alzábanse ante sus ojos curiosos las construcciones urbanas, conjunto de edificios públicos, de caserones vacíos con grandes portadas y tribunas donde se veía la pátina del tiempo, de residencias magníficas hechas de piedra blanca o rojo ladrillo, graciosas y ostentosas con sus balcones de hierro calado, sus decoraciones y sus escaleras tapizadas. Clavaba su inquisidora mirada en el fondo de las grandes tiendas de comercio, llenas de empleados activos y de atentas muchachas, y que atraían al transeúnte con la riqueza de sus muestrarios, el esplendor de sus vitrinas, el tufo singular de su atmósfera, mezcla de agradables olores cosmopolitas; en las oficinas de los agentes viajeros; en los despachos de los profesionales; en los abiertos y bulliciosos cafés, cuyo trajín y ruidos de cantina trascendían hasta la calle. ¡Qué animación aquella, qué derroche de vida y de actividad! Un rumor alegre y triunfante se alzaba de todas partes, parecido al de una laboriosa colmena. Aquí y allí surgían, como del metal de un yunque, el grito de la herramienta que golpea, la voz sorda de la máquina. Nubes de polvo atravesaban a veces la vía, arremolinándose y metiéndose por las puertas. En algunos lugares, donde se levantaba sobre las ruinas de una fábrica demolida un nuevo edificio, veíase andar ágilmente por entre la armazón numerosos obreros, semejantes a ligeras arañas por entre la red de una tela gigantesca. Todo pareció moverlo y sacudirlo un vértigo febril, una impulsiva locura de progreso, un afán violento de acción; las gentes

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quelques affaires qu’il venait de conclure, en gagnant cent pour cent. Il était très content. Ensuite il parla de la maison de campagne qu’il acheta à un pauvre monsieur qui avait dû la vendre à perte, bien qu’elle fût un héritage de famille, à cause de nécessités urgentes. Celle-là fut une très bonne affaire, un achat excellent de circonstance. Il pensait la moderniser, et avait déjà convenu avec un architecte du plan de rénovation. Quel beau chalet il allait tirer de cette maison de campagne vieille et triste ! L’immeuble était en banlieue, à côté de la large avenue d’un quartier en gestation et tous deux s’y dirigèrent au rythme modéré de l’automobile. Rosario voulait aller lentement, pour pouvoir apprécier au passage les transformations de la ville. Elle ressentait des désirs aigus et instinctifs de voir, d’analyser, de comparer, comme si un prurit campagnard l’incitât avec rage. Ne s’agissait-il pas de son village natal ? De part et d’autre des voies centrales, dont le sol d’asphalte et de macadam atténuait le bruit du véhicule, se dressaient devant ses yeux curieux les constructions urbaines, ensemble d’édifices publics, de grandes bâtisses vides avec de grandes façades et des tribunes où se voyait la patine du temps, de résidences magnifiques faites de pierre blanche ou de brique rouge, gracieuses et somptueuses avec leurs balcons de fer ajouré, leurs décorations et leurs escaliers tapissés. Elle plantait son regard inquisiteur au fond des grands magasins de commerce, pleins d’employés actifs et de vendeuses attentives, et qui attiraient le chaland avec la richesse de leurs comptoirs, la splendeur de leurs vitrines, l’odeur singulière de leur atmosphère, mélange d’agréables parfums cosmopolites ; dans les bureaux des agences de voyage ; dans les officines des professionnels ; dans les cafés bruyants et ouverts, dont le remue-ménage et les bruits de cuisine arrivaient jusqu’à la rue. Quelle animation, quelle dissipation de vie et d’activité ! Une rumeur joyeuse et triomphante se levait de toutes parts, semblable à celle d’une ruche laborieuse. Ça et là surgissaient, comme du métal d’une enclume, le cri de l’outil qui frappe, la voix sourde de la machine. Des nuages de poussière traversaient parfois la route, en tourbillonnant et s’engouffrant par les portes. Par endroits, là où un nouvel édifice s’élevait sur les ruines d’une usine démolie, on voyait de nombreux ouvriers marcher agilement au milieu de la carcasse, semblables à de légères araignées sur une gigantesque toile. Tout sembla être remué et secoué par un vertige fiévreux, une folie impulsive de progrès, un élan violent d’action ; les gens

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corrían desatentadas, como si no les alcanzase el tiempo, saludándose apenas con rápida y seca fórmula o con brusco ademán. ¿Qué movía así ahora esta población, en otro tiempo indolente y calmosa, lenta y apática? Era la fiebre de los negocios, el anhelo ambicioso y fecundo del lucro, la sed insaciable del goce y la comodidad, todo despertado súbitamente en aquella singular alma colectiva. Rosario sonrió, y pensando en las lejanas y tumultuosas ciudades del Norte, una alegría vaga y consoladora le llenó el espíritu.

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couraient étourdis, comme si le temps leur manquât, en se saluant à peine d’une formule sèche et rapide ou d’un geste brusque. Qu’est-ce qui maintenant faisait bouger ainsi cette population, autrefois indolente et calme, lente et apathique ? C’était la fièvre des affaires, le désir ambitieux et fertile du lucre, la soif insatiable de la jouissance et du confort, le tout réveillé subitement dans cette singulière âme collective. Rosario sourit, et à la pensée des villes tumultueuses et lointaines du Nord, une joie vague et consolatrice emplit son esprit. Traduit par Yves Moñino

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Noche de pájaros (Fragmento) Arturo Alape Ahora reconstruye en sus sonidos su propia voz, la que ya no escucha, la que sale de su garganta en un balbuceante quejido, la que no pudo entablar una charla amistosa con su sombra, la que tuvo efectos de traición al quedarse callada frente al rostro lloroso de su mujer. Su vida deambula junto a hombres desdibujados, de espaldas sin huesos que no se dan la mano, no se dirigen la palabra. Su voz quiere otra voz para hablar, sobra el polvo del tiempo que tapona inconsolablemente su garganta. Ya escupe gargajo vidrioso. Prefiere su voz a su sangre. El olvido ha tejido su cuerpo con finos hilos de telaraña que no le permiten raciocinio posible. Atraparon su memoria, le succionan la médula, la volvieron porosa, la deshicieron en briznas. Su cerebro prende luz, busca de nuevo alcanzar su memoria y restituirla ante sus ojos, para reconstruir el rompecabezas, hoy su vida. Baja por la calle doce, la calle del Cine Cali, el cine de tantas pasiones encontradas, paisaje sórdido alineado en una arquitectura en declive, de origen español basado en tipologías populares, con fachadas neorrenacentistas, con sus interiores coloniales a la caza de la luz; viejas casonas de dos pisos con sus molduras de adorno en yeso y sus balcones de poco uso, con sus rejillas de hierro; gruesas paredes de barro para sostener temblores de tierra, con sus zócalos pintados de rojo y sus techos de teja o de zinc, que le dan a Calí, una visión de ciudad cercana al mar, por sus vientos, sus veranos inclementes, sus lluvias torrenciales y la humedad que espanta, por el inmenso calor almizclado, pegado a los cuerpos, por el sopor de mediodía y la modorra de la siesta, por sus palmeras que irradian el Parque Caicedo. Baja por esa calle angosta aprisionada en su comercio y sus vitrinas recién alumbradas por el gasneón, sus avisos retorcidos y altisonantes que titilan en las noches espantados con la curiosidad pegada en los nervios de los transeúntes. Llega a la carrera novena y huele la ausencia del hombre, suplantada por los olores a sebo que se expanden en los rincones de la galería, de la carne que cuelga de los garfios hasta la mañana siguiente, los olores a frutas y legumbres y las flores encerradas en cajones de madera y cajas

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Nuit d’oiseaux (Fragment) Arturo Alape Maintenant il reconstruit par le son sa propre voix, celle qu’il n’entend plus, celle qui sort de sa gorge dans un gémissement balbutiant, celle qui n’a pu engager une conversation amicale avec son ombre, celle qui a produit des effets de trahison en restant muette face au visage larmoyant de sa femme. Sa vie déambule à côté d’hommes estompés, de dos sans os qui ne se saluent pas, qui ne s’adressent pas la parole. Sa voix veut une autre voix pour parler, trop de poussière de temps obstrue sa gorge de façon inconsolable. Il crache déjà une glaire vitreuse. Il préfère sa voix à son sang. L’oubli a tissé sur son corps de fins fils de toile d’araignée qui ne lui permettent pas un raisonnement possible. Ils ont attrapé sa mémoire, aspirent sa moelle, l’ont rendue poreuse, la lui ont mise en pièces. Son cerveau s’allume, cherche à nouveau à atteindre sa mémoire et à la lui restituer devant ses yeux, pour reconstruire le casse-tête qui est aujourd’hui sa vie. Il descend par la douzième Rue, la rue du cinéma Cali, le cinéma de tant de passions contraires, paysage sordide aligné dans une architecture en déclin, d’origine espagnole fondée sur des typologies populaires, avec des façades néo-renaissance, avec leurs intérieurs coloniaux en quête de lumière : de vieilles grandes maisons à deux étages avec leurs moulures ornementales en plâtre et leurs balcons peu utilisés, avec leurs grillages en fer ; d’épais murs en pisé pour supporter les tremblements de terre, avec leurs soubassements peints en rouge et leurs toits de tuiles ou de zinc, qui donnent à Cali une allure de ville proche de la mer, par ses vents, ses étés incléments, ses pluies torrentielles et son effrayante humidité, par l’immense chaleur musquée, collée aux corps, par la somnolence de la mi-journée et l’engourdissement de la sieste, par ses palmiers rayonnants dans le parc Caicedo. Il descend par cette rue étroite emprisonnée dans son commerce et ses vitrines éclairées depuis peu au néon, et ses enseignes torturées et pompeuses qui scintillent dans la nuit, effarées par la curiosité collée aux nerfs des passants.

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Il arrive à la neuvième Avenue et il sent l’absence de l’homme, supplantée par les odeurs de graisse qui se répandent dans les recoins du passage, de la viande qui pend aux crochets jusqu’au lendemain matin, par les odeurs de fruits et légumes et des fleurs emballées dans des caisses en bois et dans des cartons, de flaques d’eau stagnante et d’eaux de nettoyage répandues dans la journée, devant les boutiques de vêtements et d’alimentation, à l’heure d’ouverture des commerces et des bistros qui, à l’heure actuelle, ferment religieusement leur porte à la même heure, curieusement. Vous marchez et vous découvrez la solitude dans les odeurs qui surgissent de l’ordure consommée à cette heure-là dans la rue, et de la créosote, et du sperme en suspension dans les hôtels de passe aux longs perrons, avec leurs chambres séparées par des cloisons en bois

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de cartón, de los charcos de agua empozada y de aguas medicinales regadas en el día, en los almacenes de ropa y de víveres, a la hora de abrir el comercio y las cantinas que en estos tiempos cierran sus puertas a la misma hora, con una religiosidad que asombra. Usted camina y descubre la soledad en los olores que surgen de la basura que se consume a estas horas en la calle y la creolina y el semen suspendido en los hoteluchos de largas escaleras de entrada, con sus habitaciones divididas con paredes de madera y puertas de cartón y una cama en la mitad, con sus sábanas sucias, donde el acaloramiento tiene como signo lo incierto y a un lado de la cama, una mesa de noche y un aguamanil con agua y una toalla amarilla, un espejo ya raído en su imagen, hoy deshabitados de clientes que ya no viven lo cotidiano de la vida. Por la fuerza mágica de un sortilegio mental, abre las puertas del café Bola Roja para tomarse unos tragos, escuchar en la radiola a Daniel Santos en Llevarás la marca, darle una nalgada a Claudia, la copera exuberante con quien muchas veces se acostaba, no por el dinero como ella afirmaba, sino por sentir el clímax al oler el almidón de sus calzones, recién lavados. Entonces, se dormía sobre su cuerpo descomunal y colocaba su cabeza sobre los senos, blanda almohada de carne. Fueron noches sin variedad en sus costumbres, mientras esperaba a Claudia que terminara su turno, usted miraba a la calle, sobre la novena, donde aparecían y se movilizaban con agilidad, seres cargados con su existencia, que de una u otra manera fueron compañía para usted. Una de esas madrugadas cuando las calles estaban inundadas por las ventas de fritanga y café tinto, Claudia contaba las fichas que había ganado y usted bebiendo una cerveza la esperaba sin impacientarse. Al mirar hacia la puerta, usted se sorprende al ver a seis hombres, dos en cada puerta, cubiertos sus rostros con pañuelos, tres de ellos con sombreros y sobre el cuello llevaban un cuadro colgado de una piola, enmarcado con vidrio, especie de medallón que usted de donde estaba no distinguía. Se creó el temor y el ambiente propicio para un asalto. Eso creyó usted, cuando Fernando el administrador del café, con disimulo, abrió la registradora y buscó un arma. Si Fernando se cabreaba, un hombre como él, especialista en levantar para el negocio la mejor música para la pianola y conseguir a las putas más hermosas, era porque algo se presagiaba en el ambiente. Fernando, nervioso acariciaba con su

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aux portes en carton, avec un lit au milieu et des draps sales, où l’ardeur est sous le signe de l’incertain, avec d’un côté du lit, une table de nuit et un broc avec de l’eau et une serviette jaune, un miroir déjà terni, hôtels aujourd’hui sans clients qui ne vivent plus selon cette habitude. Par la force magique d’un sortilège mental, vous ouvrez les portes du café Bola Roja pour prendre quelques verres, écouter dans le juke-box Daniel Santos chanter Llevarás la marca, tapoter les fesses de Claudia, l’entraîneuse exubérante avec laquelle vous couchiez souvent, pas pour de l’argent comme elle l’affirmait, mais pour éprouver l’orgasme en reniflant l’amidon de sa culotte fraîchement lavée. Alors, vous vous endormiez sur son corps énorme et vous mettiez la tête sur ses seins, mol oreiller de chair. C’étaient des nuits aux habitudes invariables, en attendant la relève de Claudia, vous regardiez la rue, la neuvième, où apparaissaient et se déplaçaient avec agilité des êtres accablés par leur existence, qui d’une façon ou d’une autre vous tenaient compagnie. Un de ces petits matins, quand les rues étaient remplies de marchands de friture et de café noir, Claudia comptait les jetons qu’elle avait gagnés et vous, en buvant une bière, vous l’attendiez sans vous impatienter. En regardant vers la porte, vous êtes surpris de voir six hommes, deux à chaque porte, leur visage caché par un foulard, trois d’entre eux avec un chapeau et qui portent autour du cou, accrochée par une ficelle, une gravure sous verre, sorte de médaillon que vous ne distinguiez pas d’où vous étiez. La crainte et une atmosphère propice pour une attaque se sont crées. Ç’a été votre impression lorsque Fernando, le gérant du café, a ouvert à la dérobée la caisse enregistreuse et a cherché une arme. Si Fernando se fâchait, un homme comme lui, capable de procurer à son établissement la meilleure musique enregistrée et les plus belles putains, c’était qu’un présage flottait dans l’atmosphère. Fernando caressait nerveusement de sa

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izquierda, los vellos de su nariz, con la derecha acariciaba el arma. Sus ojos de loco impregnados por una rara seguridad.

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main gauche les poils de son nez, de sa main droite il caressait l’arme. Ses yeux de fou étaient imprégnés d’une étrange assurance.

Traduit par Montserrat Becerril

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La ciudad y el poeta Gonzalo Arango Si me preguntaran qué es lo que más me admira de este mundo, diré que una ciudad iluminada, de lejos. Esta admiración no es pura, no es feliz. Está llena de terror. Me anonada el poder del hombre, su loca voluntad de ser y de permanencia. Pues la ciudad es como un campo de honor donde el hombre se cita con el destino. Allí afirma su amor a este mundo, su fuerza, su poder de dominio, su horror al aniquilamiento. Allí testimonia su ser efímero que se niega a morir, se arraiga desesperadamente a la tierra, se anuda con lazos de amor a la eternidad. Sí. La ciudad es la gloria pasajera del hombre, su grandeza, su miseria, el botín de su victoria sobre la muerte, la dignidad de su combate, la historia que le sobrevive. Por eso la admiro más que al cielo estrellado; más que al mar inmenso; más que a las montañas coronadas de relámpagos; que a los cráteres de fuego; que a las selvas vírgenes, casi como a Dios… Toda ciudad es una aventura religiosa. El hombre levanta su morada para el amor, el trabajo y los sueños. Frente a su morada funda un templo para orar a sus dioses, y consagrarles sus ilusiones o terrores. En torno a este templo crecen nuevas moradas, infinitud de moradas. Este animal solitario que no soporta la soledad, se congrega, se une a otros para defenderse de sí mismo. He aquí la ciudad pequeña, grande, colosal, que resplandece, que no cesa de crecer, y se agiganta bajo los dominios del cielo. Ella misma es un cielo donde se refugian los hombres, donde se salvan de la soledad. Semeja, sobre la ruda costra de la tierra, un arañazo de Dios, o su caricia. Semeja una interrogación de piedra al misterio. Es rumorosa como un vientre en su dolor y en su dicha; en su gemido de hierro y en sus cantos líricos; asombrosa en su silencio y en el estruendo. La ciudad es este planeta desesperado y anhelante, hecho por el hombre para rivalizar en belleza con los planetas de Dios. El espíritu del hombre iluminando de sentido el barro, haciéndolo poesía y oración. ¡Oh, la ciudad! En cada piedra de sus cimientos vive en silencio la historia. Nada en ella se hizo para el olvido. Recuerdo un atardecer en los cerros de Cali, donde subí con una amiga a contemplar la ciudad. ¿Era realmente a contemplarla? Ya no lo sé. Sólo recuerdo que el aire era puro, oloroso a pinos, a pradera,

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La ville et le poète Gonzalo Arango Si l’on me demande ce que j’admire le plus au monde, je dirai que c’est une ville éclairée, au loin. Cette admiration n’est pas pure, n’est pas heureuse. Elle terrorise. Je suis anéanti par le pouvoir de l’homme, par sa folle volonté d’être et de demeurer. Car la ville est comme un champ d’honneur où l’homme a rendez-vous avec le destin. Là, il affirme son amour de ce monde, sa force, son pouvoir de domination, son horreur de l’anéantissement. Là, il témoigne de son être éphémère qui refuse de mourir, s’enracine désespérément à la terre, s’attache par des liens d’amour à l’éternité. Oui. La ville est la gloire passagère de l’homme, sa grandeur, sa misère, le butin de sa victoire sur la mort, la dignité de son combat, l’histoire qui lui survit. C’est pourquoi je l’admire plus que le ciel étoilé ; plus que la mer immense ; plus que les montagnes couronnées d’éclairs, que les cratères en feu ; que les forêts vierges, presque autant que Dieu… Toute ville est une aventure religieuse. L’homme construit sa demeure pour l’amour, le travail et les rêves. Face à sa maison il fonde un temple pour prier ses dieux et leur consacrer ses illusions ou ses terreurs. Autour de ce temple de nouvelles demeures émergent, une infinité de demeures. Cet animal solitaire qui ne supporte pas la solitude, se rassemble, s’unit à d’autres pour se défendre de lui-même. Voici la ville petite, grande, colossale, qui resplendit, qui n’arrête pas de grandir, et qui grossit démesurément sous la domination du ciel. Elle-même est un ciel où se réfugient les hommes, où ils échappent à la solitude. Elle semble, sur la croûte rude de la terre, un coup de griffe de Dieu, ou sa caresse. Elle semble une interrogation de pierres au mystère. Elle est bruyante comme un ventre dans sa douleur et dans son bonheur ; dans son gémissement de fer et dans ses chants lyriques ; étonnante dans son silence et dans le fracas. La ville est cette planète désespérée et haletante, faite par l’homme pour rivaliser en beauté avec les planètes de Dieu. L’esprit de l’homme illuminant de sens l’argile, le faisant poésie et prière. Oh, la ville ! Dans chaque pierre de ses fondations habite en silence l’histoire. Rien en elle n’a été fait pour l’oubli.

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Je me souviens d’un coucher de soleil sur les collines de Cali, où j’étais monté avec une amie pour contempler la ville. Était-ce vraiment pour la contempler ? Je ne sais plus. Je me souviens seulement que l’air était pur, sentant le pin, la prairie,

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saludable al espíritu. Creo que era en busca de ese placer desinteresado que consiste en ir junto a una mujer que huele bien, y con la cual uno no hace ningún esfuerzo por existir. Basta ser, respirar ese aire grávido de perfumes, mirar los quietos paisajes, sentir esa punzada maravillosa de estar vivo, oír el viento, el silencio furtivo de otra alma, no pensar, olvidar: lo que para mí constituye la mejor de las glorias posibles. Diré algo del crepúsculo: era de una belleza melancólica, opresiva. La luz se querella con la noche en un sitio del horizonte. El combate dura, pero el día se extingue. Antes de la derrota, la luz exige una tregua para descansar y morir con honor, o sea, en la lucha, como mueren los dioses. El crepúsculo se arrastra con lentitud. Definitivamente la luz agoniza. La noche nacerá, cubrirá el cielo con su escarapela de sombras y estrellas victoriosas. El sol, como un guerrero invencible, chorrea sus rayos póstumos, se desangra. Esa sangre es su luz. Ya no es roja de amapola ni amarilla de girasol. Es azul, gris, acero, naranja de arrebol. Ah, qué bello este crepúsculo moribundo, cómo quisiera detenerlo, eternizarlo, pues colma mi alma de una tristeza más dulce que la miel. Momento frágil como el amor, transitorio como la pena, y que huye de nosotros hacia el olvido. Ya las sombras tejen su inmensa tela de negrura en el cielo. Pronto su red caerá sobre nosotros. Dura el combate. Perdura la luz invencible. La noche embiste como un toro terrible, abre grietas mortales en el pecho del sol. Ya no chorrea sangre, solo burbujas, ondas efímeras. La cálida caricia del día me abandona. Detrás de las nubes, sobre el Cerro de las Tres Cruces, se destapa una luna de cobre. Aún no está oscuro, pero esta luna que se esparce sobre el Valle, prepara el cielo para una fiesta. El sol se rinde, se pacta el armisticio. La luna naciente cobra la victoria, su botín en el cielo. Llega la noche. Cae la noche sobre Cali, la colina de Mónaco, esta mujer y yo. La contemplación de los paisajes nos había colmado de tal embriaguez, que vino la noche de repente. Ahora íbamos en la oscuridad incipiente, más densa aún por los pinos y el miedo. Nos preguntamos si no sería peligroso viajar por aquella negrura, que era una terraza sobre la ciudad. Sin duda era peligroso, pero estábamos felices. Se nos hacía imposible que algo viniera a perturbar aquella dicha casi religiosa, hecha de inocentes placeres, de silencios: una colina, un cielo que empezaba a ponerse pecoso de estrellas, el viento, una o dos palabras para elogiar el paisaje, los matices, los

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salutaire pour l’esprit. Je crois que c’était pour rechercher ce plaisir désintéressé qui consiste à marcher à côté d’une femme qui sent bon, et près de laquelle on ne fait aucun effort pour exister. Il suffit d’être, de respirer cet air rempli de parfums, de regarder les paysages immobiles, de ressentir cet élancement merveilleux d’être vivant, d’entendre le vent, le silence furtif d’une autre âme, de ne pas penser, d’oublier : ce qui pour moi constitue la meilleure des gloires possibles. Je dirai quelque chose du crépuscule : il était d’une beauté mélancolique, oppressive. La lumière se querelle avec la nuit quelque part à l’horizon. Le combat dure, mais le jour s’éteint. Avant la défaite, la lumière exige une trêve pour se reposer et mourir avec honneur, c’està-dire dans la lutte, comme meurent les dieux. Le crépuscule se traîne avec lenteur. Définitivement, la lumière agonise. La nuit va naître, recouvrir le ciel de sa cocarde d’ombres et d’étoiles victorieuses. Le soleil, comme un guerrier invincible, déverse ses rayons posthumes, perd son sang. Ce sang est sa lumière. Elle n’est plus rouge coquelicot ni jaune tournesol. Elle est bleue, grise, acier, orange d’embrasement. Ah, quel beau crépuscule moribond, comme je voudrais l’arrêter, l’éterniser, car il comble mon âme d’une tristesse plus douce que le miel. Moment fragile comme l’amour, transitoire comme la peine, et qui s’enfuit de nous vers l’oubli. Déjà les ombres tissent leur immense toile de noirceur dans le ciel. Bientôt leur filet tombera sur nous. Le combat dure. La lumière invincible perdure. La nuit charge comme un taureau terrible, ouvre des crevasses mortelles dans la poitrine du soleil. Il ne verse plus de sang, seulement des bulles, des ondes éphémères. La chaude caresse de la journée m’abandonne. Derrière les nuages, sur la colline des Tres Cruces, une lune de cuivre se découvre. Il ne fait pas encore sombre, mais cette lune qui se répand sur le Valle prépare le ciel pour une fête. Le soleil se rend, l’armistice est conclu. La lune naissante remporte la victoire, son butin dans le ciel. La nuit arrive. La nuit tombe sur Cali, sur la colline de Mónaco, sur cette femme et sur moi. La contemplation des paysages nous avait remplis d’une telle ébriété que la nuit est tombée tout d’un coup. Maintenant nous allions dans l’obscurité naissante, plus dense encore à cause des pins et de la peur. Nous nous sommes demandés s’il n’était pas dangereux de circuler dans cette noirceur, véritable terrasse au dessus de la ville. Sûrement c’était dangereux, mais nous étions heureux. Il nous semblait impossible que quelque chose vînt à troubler ce bonheur presque religieux, fait de

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plaisirs innocents, de silences : une colline, un ciel qui commençait à se cribler d’étoiles, le vent, un ou deux mots pour faire l’éloge du paysage, les teintes, les

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perfumes, las flores, ese humo gris allá lejos hundiéndose en el cielo como el arrebol de un cuchillo, un pegajoso aroma de molienda, pero sin duda lejano. Olvidamos el peligro y nos quedamos. No era por coraje, pero algo se cerraba sobre nosotros, como la coraza de un dios. Tal vez un silencio místico que sólo quebraba el viento, la fugacidad de un cocuyo, algún recuerdo que estallaba en la sien. Escalamos la más alta, la más lejana, la más desierta cumbre. Allá, muy cerca del cielo, el terror y la usura de los hombres no podrían alcanzarnos. Era imposible que un ladrón asaltara una estrella. Ella estacionó el auto en un recodo de la carretera, al borde del abismo. De lejos debía semejar una nariz. Salimos a contemplar la ciudad iluminada: era soberbia, un milagro. Por un tiempo permanecimos allí quietos como dos santos en espera del éxtasis, olvidados de nosotros mismos. Más tarde recordamos que nuestra alma tenía un cuerpo, porque el viento pasaba en ráfagas negras, helaba la carne. Entonces regresamos al auto y nos encerramos allí como en una alcoba tibia y acogedora. Nuestro pequeño refugio flotaba sobre una luz abismal, entre un cielo de estrellas y un cielo de neón. Aquella soledad, aquella altura, aquella mujer hermosa, y mi muerte, me llenaron el alma de una dulzura melancólica. La ciudad y el cielo serían eternos, yo no. La naturaleza, en este grado de plenitud, es oprimente, inhumana como todo lo sublime. Nos sentimos tan solos que nos abrazamos, puesto que era inútil hablar. Si nada era nuevo bajo el sol, como se dice, nos quedaba esta noche única, eterna, y dos cuerpos que ahora mismo podían rodar al vacío, y no ser más. No era la felicidad lo que buscábamos, era la piedad. Entonces nos abandonamos a un deseo tierno, casi desdichado…

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parfums, les fleurs, cette fumée grise là-bas au loin s’enfonçant dans le ciel comme la lueur d’un couteau, une odeur collante de moulin, mais certainement lointaine. Nous avons oublié les dangers et nous sommes restés. Ce n’était pas par courage, mais quelque chose se fermait sur nous, comme la cuirasse d’un dieu. Peut-être un silence mystique brisé seulement par le vent, par la fugacité d’une luciole, par quelque souvenir qui éclatait dans la tempe. Nous avons escaladé le sommet le plus haut, le plus lointain, le plus désert. Là, très près du ciel, la terreur et l’usure des hommes ne pourraient nous atteindre. Il était impossible à un voleur d’attaquer une étoile. Elle a garé la voiture à un tournant de la route, au bord de l’abîme. De loin, elle devait ressembler à un nez. Nous sommes descendus pour contempler la ville illuminée : elle était magnifique, un miracle. Pendant un moment nous sommes restés là immobiles comme deux saints en attente de l’extase, oublieux de nous-mêmes. Plus tard nous nous sommes souvenus que notre âme avait un corps, parce que le vent passait en rafales noires, gelait la chair. Alors nous sommes retournés à la voiture et nous nous sommes enfermés là comme dans une alcôve tiède et accueillante. Notre petit refuge flottait sur une lumière abyssale, entre un ciel d’étoiles et un ciel de néon. Cette solitude, cette altitude, cette belle femme, et ma mort, me remplirent l’âme d’une douceur mélancolique. La ville et le ciel seraient éternels, pas moi. La nature, à ce degré de plénitude, est oppressante, inhumaine comme tout ce qui est sublime. Nous nous sommes sentis si seuls que nous nous sommes embrassés, vu qu’il était inutile de parler. S’il n’y avait rien de nouveau sous le soleil, comme on dit, il nous restait cette nuit unique, éternelle, et deux corps qui à l’instant pouvaient rouler dans le vide, et ne plus exister. Ce n’était pas le bonheur que nous recherchions, c’était la piété. Alors, nous nous sommes abandonnés à un désir tendre, presque malheureux… Traduit par Montserrat Becerril

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¿Sabía usted que María tomó jugo de borojó? Elmo Valencia En Cali hay una estatua que los pájaros no cagan por respeto al romanticismo. Y por respeto a sí mismos. La estatua de Efraín y María. Efraín, de pie, elegantemente vestido e inclinado sobre la diosa del amor del siglo XIX, todas las mañanas le dirige palabras tiernas: “¿Cómo estás, querida?”. “¿Me has pensado?” Ella, sentada, su vestido hasta los tobillos y sus largas trenzas acariciándole los hombros, lo escucha con mucha emoción. A lo lejos, la música de un bolero que viene de un transistor. “Bésame, bésame mucho”. Esta mañana apenas salió el sol, Efraín le dijo: – Anoche soñé contigo. – ¿Y qué soñaste? – Que estábamos en el cine viendo una película y en eso se fue la luz. – ¿Y qué pasó? – Te besé en la boca, María. Y estoy muy apenado contigo. – Pero fue un sueño. – Precisamente por eso, porque te besé en un sueño. Se quedaron callados durante varias horas. La gente comenzó a inundar la ciudad. La cotidianidad. La búsqueda cruel de significados a la vida. De pronto un lotero que viene por el puente España grita: “Lotería para hoy. Gánese el mayor”. Efraín al oírlo, gira su esbelto cuerpo y lo llama. Mira los números y se compra un billete. Lo guarda con mucho cuidado en el bolsillo de su pantalón de corte inglés. María le da una amplia sonrisa aunque en el fondo de su corazón sabe que ganarse la lotería es muy difícil y más con estos calores que están haciendo. “Si me la gano, mañana nos casamos”, le dice el apuesto galán de corbatín blanco y unas manos tan suaves que acarician el aire con solo levantarlas. Ella lo desea, ella quiere estar con él íntimamente. Sin embargo, no le contesta nada. Como si entendiera que la suerte no tiene nada qué ver con su destino. Minutos más tarde pasa una negra vendiendo jugos. María, al oírla, la llama.

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¿Saviez-vous que María avait bu du jus de borojó2 ? Elmo Valencia À Cali il y a une statue sur laquelle les oiseaux ne chient pas par respect du romantisme. Et par respect d’eux-mêmes. La statue d’Efraín et María. Efraín, debout, élégamment vêtu et penché sur la déesse de l’amour du XIXe siècle, lui adresse tous les matins des mots tendres : « Comment vas-tu, chérie ? », « As-tu pensé à moi ? » Elle, assisse, sa robe jusqu’aux chevilles et ses longues tresses lui caressant les épaules, l’écoute avec beaucoup d’émotion. Au loin, la musique d’un boléro qui vient d’une radio : Bésame, bésame mucho. Ce matin, le soleil à peine levé, Efraín lui dit : – Hier soir j’ai rêvé de toi. – Et qu’as-tu rêvé ? – Que nous étions au cinéma en train de voir un film quand soudain la lumière s’est éteinte. – Et que s’est-il passé ? – Je t’ai embrassée sur la bouche, Maria. Je suis désolé. – Mais c’était un rêve. – Précisément à cause de cela, parce que je t’ai embrassée en rêve. Ils sont restés muets pendant plusieurs heures. Les gens ont commencé à inonder la ville. Le quotidien. La recherche cruelle de significations à la vie. Tout à coup un marchand de billets de loterie qui vient du pont España crie : « Loterie, tirage aujourd’hui. Gagnez le gros lot. » Efraín en l’entendant, tourne son corps svelte et l’appelle. Il regarde les numéros et s’achète un billet. Il le garde soigneusement dans la poche de son pantalon coupé à l’anglaise. María lui fait un grand sourire, même si au fond de son cœur elle sait que gagner à la loterie est très difficile et plus encore avec la chaleur qu’il fait. « Si je gagne, demain nous nous marions », lui dit le beau galant à la cravate blanche et aux mains si douces qu’elles caressent l’air rien qu’en les levant. Elle le désire, elle veut être toute intime avec lui. Cependant, elle ne répond rien. Comme si elle comprenait que la chance n’a rien à avoir avec son destin. Quelques minutes plus tard une Noire passe en vendant des jus de fruits. Quand María l’entend, elle l’appelle.
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Fruit tropical de Colombie.

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– Tengo de lulo, de guanábana, de níspero, de mango, de chirimoya y de borojó. ¿De qué lo quiere, mi reina?

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– De borojó –contesta la pálida doncella. – El borojó cura el paludismo, la anemia, el cáncer, la leucemia, la tuberculosis, la diarrea, saca los gusanos, la bilis, y además, mi reina, es afrodisíaco. Cuando la negra termina de decir afrodisíaco los ojos de María se vuelven brillantes. Le sirve un vaso y María se lo bebe. Le sirve dos. Se bebe tres. Efraín la mira aterrado. Saca el pañuelo de seda para secarse el sudor que aparece en su rostro. Se va poniendo rosadita. Siente como si por los muslos le fueran subiendo miles de hormigas. Y cuando ya no resiste más, abre la boca y exclama: – Efraincito, casémonos ya. Ahora. En este instante. Y Efraín le contesta: “No María, ahora no. Mañana, cuando me gane la lotería.”

– J’ai des jus de lulo3, de corossol, de nèfle, de mangue, d’anone et de borojó. De quoi le voulez-vous, ma belle ? – De borojó, répond la pâle jeune femme.
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Fruit de l’arbuste Solanum quitoense (Solanacée), qui croît en altitude.

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– Le borojó soigne le paludisme, l’anémie, le cancer, la leucémie, la tuberculose, la diarrhée, il tue les vers, sort la bile et, en plus, ma reine, il est aphrodisiaque. La Noire finit de dire aphrodisiaque, que les yeux de María se mettent à briller. Elle lui sert un verre et María le boit. Elle lui en sert un deuxième. María en boit un troisième. Efraín la regarde atterré. Elle sort son mouchoir de soie pour sécher la sueur qui apparaît sur son visage. Elle devient de plus en plus rose. Elle sent comme si des milliers de fourmis montaient sur ses cuisses. Et quand elle n’en peut plus, elle ouvre la bouche et s’écrie : – Efraincito, marions-nous. Là, maintenant. Tout de suite. Et Efraín lui répond : – Non, María, pas maintenant. Demain, quand j’aurai gagné à la loterie. Traduit par Montserrat Becerril

El álbum secreto del sagrado corazón Rodrigo Parra Sandoval Cali: video y audio

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La salida de oficinas para el almuerzo, una sola vía, los edificios botando estómagos, haciendo hervir el tráfico, tome Cocacola la chispa de la vida. Teatro Isaacs, calle once, carrera tercera, presentes y humildes para fiar, ausentes y bravos para pagar, el carrito de cigarrillos y galletitas con toldo de plástico para el sol ácido, la lluvia traicionera, el vendedor de minucias, a ocho pesos el Marlboro, el Lucky, el Chester, el Virginia Slim, ocho pesos no más, manzana californiana a ocho el montón, rosaditas y grandotas con sabor americano. – Tenemos que avisarle no sea que nos quedemos con los crespos hechos. – ¿Cuántas veces ha ido? – Dos. Al Lux. – Ahora no podemos ir al Lux. – Pasamos a la una y media de la tarde. No haga cola, yo la hago por usted, usted es una persona importante y ocupada, yo le hago la cola por sólo cinco míseros pesos, yo aguanto el sol y la lluvia y los empujones durante el día y la dormida en la calle durante la noche, usted no, por sólo cinco pesitos yo le guardo su turno para el consulado americano, tengo una buena posición, ando bien ubicado, entre los primeros, sólo le quedan tres por delante, un puesto para la entrevista con el cónsul americano para obtener su visa, para viajar a ese gran país, por cinco pesitos le vendo el turno, es lo que me gano al día, para facilitarle su entrevista con el cónsul de ese gran país, por sólo cinco pesitos, paisano. – Hay que comprar empanadas de Cambray, chancarina en tubitos de papel celofán y chancacas. – Las chancacas se pegan en los dientes. – Entonces crispetas. El hombrecito sin piernas en su carrito de ruedas de patines con su cajita de cartón llena de Ronsons, de Colibríes, de repuestos, piedras para candela, de pedazos usados, “se arreglan candelas” colgándole de la espalda, blanqueado y alfandoque, a tres pesos el blanqueado jovencitos. . .. L’album secret du sacré cœur Rodrigo Parra Sandoval Cali : vidéo et audio

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La sortie des bureaux pour le déjeuner, une seule direction, les bâtiments crachant des estomacs, faisant bouillir la circulation, buvez Coca-cola, l’étincelle de la vie. Cinéma Isaacs, onzième Rue, troisième Avenue, présents et humbles pour acheter à crédit, absents et en colère pour payer, le chariot de cigarettes et de biscuits avec une bâche en plastique pour le soleil acide, la pluie traîtresse, le marchand de petits riens, à huit pesos les Marlboro, les Lucky, les Chester, les Virginia Slim, huit pesos seulement, à 8 pesos le tas de pommes de Californie, bien grosses et bien roses, au goût américain. – Nous devons la prévenir pour éviter qu’elle ne nous pose un lapin. – Combien de fois y est-elle allée ? – Deux fois. Au Lux. – Nous ne pouvons pas aller au Lux maintenant. – Nous passerons à une heure et demie cet après-midi. Ne faites pas la queue, je la fais à votre place, vous êtes une personne importante et occupée, je fais la queue à votre place pour seulement cinq misérables pesos, je supporte le soleil et la pluie et les bousculades dans la journée et je dors dans la rue la nuit, pas vous, rien que cinq petits pesos et je vous garde votre tour pour le consulat américain, j’ai un bon poste, je suis bien placé, parmi les premiers, il n’y a que trois personnes devant vous, une place pour l’entretien avec le consul américain pour obtenir votre visa, pour voyager à ce grand pays, pour cinq petits pesos je vous vends mon tour, c’est ce que je gagne par jour, pour vous faciliter votre entretien avec le consul de ce grand pays, seulement cinq petits pesos, compère. – Il faut acheter du pâté en croûte de Cambray, de la chancarina4 en cornets de cellophane et des chancacas5. – Les chancacas se collent aux dents. – Alors des pop-corn. Le petit homme sans jambes sur son chariot à roulettes, avec sa petite boîte en carton pleine de Ronson6, de Colibrí3, de recharges, de pierres à briquet, de pièces usagées, un écriteau « on répare les briquets » pendant

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Farine de maïs mélangée avec du sucre que l’on vend aux enfants dans un cornet en papier. 5 Petits gâteaux à base de noix de coco vendus à Cali et sur la Côte Pacifique. 6 Marques de briquets.

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sur son dos, blanqueado7 et alfandoque4, à trois pesos le blanqueado, les enfants !

– ¿Quién va a tocar en su casa? – ¿Lo echamos a la cara y sello? – Vamos juntos. – Empiezas tú: ¿cómo estás Blanca Estela? Y yo: ¿Ya estás lista? Y tú: Avísale a tu mamá. Y yo: Te esperamos.
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Petits gâteaux à base de canne à sucre.

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– ¿Qué lado prefieres en el teatro? LA DOLCE VITA, para mayores de veintiún años, las vistas en la cartelera, LA EXCOMUNIÓN DEL SEÑOR OBISPO EN LAS CARTELERAS, la propaganda punzante de la película, la cola de gente para comprar boletos, para mayores de veintiún años, prohibida, la gente piadosa como ríos desfilando para Palmira donde el Obispo dijo que no era pecado. El Alférez Real, la elegancia, La Ermita, gloria arquitectónica de Cali, uno de los edificios más costosos y más originales de la ciudad, tajadas de piña, dulce la piña, jugosa, la miel de abejas a diez pesos la botella. EL AFRODISIACO MÁS EFECTIVO QUE SE CONOCE, llévela joven, algodón de azúcar, crispetas de maíz también llamadas palomitas, – El izquierdo. – Es bueno que las mujeres tengan dos nombres. Así tú le puedes decir Blanca y yo Estela. – Por eso tiene dos manos. Tú puedes coger una y yo otra. : – Y dos ojos. – ¿Qué dijo Robertmitchum de las ganzúas? Carrera tercera con calle diecisiete, El Gato, aceite-de-higuerillacarbón-cuchillos-navajas-afilar, la bizquita de piernas hermosas y bello dormir jugando a la oa-sin-moverme-sin-reírme-de-esta-mano-de-estepie, las marcas de la pelota con letras en la pared amarilla de bahareque, el movimiento monótono de las piernas hermosas, las medias tobilleras escurridas, pedacitos de pared en el andén, los tobillos más blancos que las piernas mulatas, la falda indiscreta, LA PELUSA TIERNA DE LAS PIERNAS. – Que hay que abrir un poco más el ángulo. – Le encargué sesenta. A cuatro por centavo son quince centavos. Frito el pollo. – ¿Y después del cine? – La llevamos a su casa. ¿O quieres que no la vuelvan a dejar salir? – ¿Estás muy enamorado? La pelota de letras rueda que rueda modosita serenita hasta la pieza de nivel inferior de Rosita la modista de ojos lejanos y palomas nerviosas en las manos

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– Qui d’entre nous va frapper chez elle ? – On le fait à pile ou face ? – Allons-y ensemble. – Tu commences : comment vas-tu, Blanca Estela ? Et moi : Tu es prête ? Et toi : Préviens ta mère. Et moi : Nous t’attendons. – Quel côté tu préfères au cinéma ? LA DOLCE VITA, interdit aux moins de 21 ans, les photos sur les panneaux d’affichage, L’EXCOMMUNICATION DE MONSEIGNEUR L’ÉVÊQUE À

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L’AFFICHE,

la publicité lancinante du film, la queue des gens pour acheter les entrées, interdit aux moins de 21 ans, les gens pieux comme des flots s’écoulant vers Palmira, là où l’évêque a dit que ce n’était pas un péché. Le cinéma Alférez Real, l’élégance. La Ermita, gloire architecturale de Cali, un des bâtiments les plus coûteux et les plus originaux de la ville. Tranches d’ananas, sucré l’ananas, juteux, le miel d’abeilles à dix pesos la bouteille. L’APHRODISIAQUE LE PLUS EFFICACE CONNU, prenez-le jeune homme, barbe à papa, pop-corn que l’on appelle aussi des colombines, – Le côté gauche. – C’est bien que les femmes aient deux noms. Comme ça tu peux l’appeler Blanca et moi Estela. – C’est pour ça qu’elle a deux mains. Tu peux lui en prendre une et moi l’autre. – Et deux yeux. – Qu’est-ce que Robertmichum a dit des pinces-monseigneur ? Troisième Boulevard à l’angle de la dix-septième Rue, El Gato, huile-de-ricin-charbon-couteaux-coutelas-affûter. La petite loucheuse aux jolies jambes et belle, endormie, qui joue au jeu de l’oh-ah-sans bouger-sans-rire-de-cette-main-de-ce-pied, les marques de la balle avec des lettres imprimées sur le mur de terre jaune, le mouvement monotone des jolies jambes, les socquettes tombantes, de petits morceaux de mur sur le trottoir, les chevilles plus blanches que les jambes mulâtres, la jupe indiscrète, LE DUVET SOYEUX DES JAMBES. – Il a dit qu’il faut ouvrir un peu plus l’angle. – Je lui en ai commandé soixante. A quatre par centime, cela fait quinze centimes. Affaire conclue. – Et après le cinéma ? – Nous la ramènerons chez-elle. Ou tu veux qu’ils ne la laissent plus sortir ? – Tu es très amoureux ? La balle aux lettres imprimées roule et roule tranquillement jusqu’à la chambre du rez-de-chaussée de Rosita, la couturière aux yeux lointains et aux mains nerveuses comme des colombes,

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hasta llegar a los pies de Arnovio que empieza a ensayar con honda emoción patriótica la poesía para la jura de bandera: patria te adoro en mi silencio mudo, la modista en su Singer, caballero en su caballo, retazos, se hacen zig zag y ojales, se forran hebillas, y temo profanar tu nombre santo. Vanidades, Cromos, Burda, sí señora, con alforcitas, manga sisa, por ti he llorado y padecido tanto, el lunes está listo para la prueba, el primer hilván sin falta, no me vaya a fallar que vivo lejos, popelinas rojas, satines carmelitos, falda angosta, cuello en ve, cinturón delgadito con alma dura, cual lengua mortal decir no pudo, sin falta el

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lunes, frascos-botellas-revistas-papel-periódico-hierros-viejos – compro, despacito el viejito con su carretilla de madera llena de cachivaches, con su resignación equívoca rumiando las calles. LOS CUATRO ACARICIANDO EN SECRETO LAS PIERNAS DE LA BIZQUITA. – Oye Arnovio, ¿cómo vamos a hacer para casarnos los tres?

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où elle arrive aux pieds d’Arnovio qui commence a répéter avec une forte émotion patriotique la poésie pour le serment au drapeau : Patrie je t’adore en mon silence muet, la couturière sur sa Singer, chevalier sur son cheval, morceaux d’étoffe, des zigzags et des boutonnières se font, des boucles sont doublées, et je crains de profaner ton nom sacré. Vanités8, Chromos5, Burda5, oui madame, avec des plis, manche avec des entournures, j’ai tellement pleuré et souffert pour toi, lundi il sera prêt pour l’essayage, le premier bâti sans faute, ne me laissez pas tomber j’habite si loin, popelines rouges, satins marrron, jupe étroite, col en V, ceinturon mince renforcé en dedans, qu’aucune langue de mortels ne peut l’exrimer, lundi sans faute, flacons-bouteilles-revues-papierjournal-ferraille – j’achète, lentement le petit vieux avec son chariot en bois plein de babioles, avec sa résignation équivoque qui rumine par les rues. LES QUATRE CARESSANT EN SECRET LES JAMBES DE LA LOUCHEUSE. – Ecoute Arnovio, comment allons-nous faire pour nous marier tous les trois ? Traduit par Montserrat Becerril

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Revues féminines du genre Elle ou Marie-Claire.

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Los días que están dentro del espejo (Fragmento) Enrique Cabezas Rher Arrastrado por un mar hecho de tiempo cuyas olas había llevado a mi familia de una ciudad a otra, vivíamos de nuevo en Cali cuando mamá (en los últimos segundos de un reloj biológico al que se le rompía en su interior el engranaje de sus piezas) dio a luz su postrer hijo: una rolliza niña que más parecía el fruto de una joven y fuerte campesina que el de una mujer bastante mayor y un tanto enfermiza que resolvió por su cuenta esta contradicción muriéndose a los cinco día de nacida. Mientras en casa pasaba el trance del parto, mi papá me envió a jugar al parque del barrio San Nicolás, uno de los más hermosos y acogedores de entonces y al que años después volvería varias veces de noche con juguetes diferentes al trompo y al carrito de bomberos: con pistola al cinto y puñal entre la bota, ambos latiendo como malignos tumores que animaran otra vida distinta a la mía. Con dos chiquillos más me subí a un árbol para capturar relucientes cucarrones de color dorado y varios tonos de verde que bajo su apariencia de vividas y móviles piedras preciosas esconden el hecho de que devoran carroña y excrementos. Un policía que pasaba por el lugar quiso darnos la lección de que los árboles no deben maltratarse y nos condujo – en una pantomima – hasta una comisaría cercana donde el Inspector de turno nos amenazó con encarcelarnos y luego de regaños y admoniciones fingió dejarnos libres esta vez. Yo he conservado toda mi vida los tres cucarrones que guardé subrepticiamente en mi bolsillo el día de mi falso arresto. A menudo – impresionado todavía por su lujosa apariencia y su asquerosa actividad – solía descolgarlos amarrados de un hilo desde el balcón de mi casa para asustar a las ancianas y a los niños que pasaban bajo él. Después, cuando fui adulto, los utilicé en juegos verdaderamente perversos en tanto que servían para sublimar y paliar sentimientos vergonzosos y defectos del carácter: solía imaginar que eran zoomorfes y valiosísimas monedas de un país inexplorado aún que de algún modo pagaron mi tarea de Judas en contra del Partido, e idénticos al Poder y la Autoridad legalmente constituidos que bajo su estructura de leyes,

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Les jours qui sont dans le miroir (Fragment) Enrique Cabezas Rher Emporté par un océan de temps dont les vagues avaient porté ma famille d’une ville à l’autre, nous vivions de nouveau à Cali lorsque maman (dans les dernières secondes d’une montre biologique dont l’engrenage des pièces se cassaient en dedans) donna la vie à son dernier enfant : une fillette potelée qui semblait plus le fruit d’une jeune et forte paysanne que celui d’une femme assez âgée et un peu maladive, qui résolut par elle-même cette contradiction en mourant cinq jours après être née. Pendant qu’à la maison passait le moment critique de l’accouchement, mon papa m’envoya jouer au parc du quartier San Nicolás, un des plus beaux et accueillants d’alors et auquel des années plus tard je retournerais plusieurs fois la nuit avec des jouets bien différents de la toupie et de la voiture de pompiers : avec un pistolet au ceinturon et un poignard dans la botte, tous les deux palpitant comme des tumeurs malignes animant une autre vie, distincte de la mienne. Avec deux autres gamins je montai à un arbre pour capturer de luisants scarabées de couleur dorée et de plusieurs tons de vert qui sous leur apparence de pierres précieuses vivaces et mobiles, cachent le fait qu’ils dévorent la charogne et les excréments. Un policier qui passait par là voulut nous donner la leçon que les arbres ne doivent pas être maltraités et il nous conduisit – dans une pantomime – jusqu’à un commissariat proche où l’Inspecteur de garde nous menaça d’emprisonnement et après force gronderies et mises en garde, feignit de nous laisser libres pour cette fois. J’ai conservé toute ma vie les trois scarabées que je gardai subrepticement dans ma poche le jour de ma fausse arrestation. Souvent – impressionné encore par leur apparence luxueuse et leur dégoûtante activité – j’avais l’habitude de les faire descendre, attachés à un fil, depuis le balcon de ma maison, pour effrayer les vieilles et les enfants qui passaient au dessous. Plus tard, lorsque je fus adulte, je les utilisai dans des jeux vraiment pervers dans la mesure où ils servaient pour sublimer et pallier des

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sentiments honteux et des défauts de caractère : souvent j’imaginais qu’ils étaient des monnaies zoomorphes et très précieuses d’un pays encore inexploré, qui d’une certaine façon payèrent ma tâche de Judas à l’encontre du Parti, et identiques au Pouvoir et à l’Autorité légalement constitués, qui sous leur structure de lois,

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códigos, derechos y competencias encubren y disfrazan dimensiones relacionadas con la podredumbre; los configuraba como leviatanes de pesadillas, monstruos enormes que con sus fauces suprimirían el mundo y la gente que me rodeaban y, de paso, el hecho de haber fingido que aceptaba gustoso, consciente y de buena fe otro tipo de Poder y Autoridad que, igualmente, sospechaba corruptos; se me antojaban – como sucedía entre los egipcios – un signo de buen augurio que aliviaría la mas terrible de mis contradicciones morales: la de haber cohonestado una praxis política sobre la que, en el fondo, siempre tuve reparos y que me embargó de duda y pesimismo, una praxis que, sobre todo, representó la oportunidad de derivar (usando con suma maestría la astucia y la soberbia) un sinnúmero de ventajas y canonjías.

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de codes, de droits et de compétences, recèlent et déguisent des dimensions liées à la pourriture ; je les configurais comme de cauchemardesques Léviathans, des monstres énormes qui avec leurs gosiers supprimeraient le monde et les gens qui m’entouraient, et au passage, le fait d’avoir fait semblant d’accepter avec plaisir, en conscience et de bonne foi, un autre type de Pouvoir et d’Autorité que je soupçonnais également d’être corrompus ; je me les représentais – ainsi qu’il en était chez les Égyptiens – comme un signe de bon augure qui aurait allégé la plus terrible de mes contradictions morales : celle d’avoir concilié une praxis politique sur laquelle, dans le fond, j’eus toujours des réticences et qui me remplit de doute et de pessimisme, une praxis qui, surtout, représenta l’opportunité d’entraîner (utilisant avec une suprême maîtrise, la malignité et l’arrogance) une infinité d’avantages et de chanoineries. Traduit par Carlos Obregón

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Memoria de Cali (Fragmento) Óscar Collazos El tío abre las páginas de “El Relator” y del “Diario del Pacífico”, pero estos diarios ya no existen, duermen amarillentos en las hemerotecas de Cali, Valle del Cauca, Colombia. Las tías proponen descender de San Antonio hacia la Plaza de Caycedo, pero el tránsito de ahora ya no es apacible sino tortuoso. Se trazó una avenida, se perdieron las intersecciones conocidas de las calles, se levantó un puente. El tío abuelo, el mayor Alfonso Collazos, relata sus hazañas de capitán en la Guerra con el Perú. Y, muchos años después, descubro, gracias a la crónica de Juan Lozano y Lozano, que la hazaña del capitán Collazos había sido cierta. Pero el tío abuelo ha muerto y la casa donde vivía ya no es una casa sino un edificio de apartamentos. La nueva nomenclatura modifica la nomenclatura de la memoria. Las brisas que al atardecer soplan en la Avenida Colombia llevan al cruce del Puente Ortiz y allí el cronista revive la emoción adolescente de espiar las faldas de las muchachas que la brisa levanta. Una sólida oficina de correos, de arquitectura tal vez republicana. La recuerda muy bien. Como recuerda el Hotel Alférez Real. Cada vez que paso frente al Ritz de Barcelona o París, evoco el tamaño de este crimen. La indolente burguesía azucarera que lo había hecho posible, ponía la firma a su acto de defunción. Su demolición equivalía al primer asesinato urbanístico de los años sesenta. Hacia 1964, el atardecer podía llevar a San Nicolás o a la Avenida Sexta. Casi todo estaba a la mano. La distancias, que en las ciudades determinan la dimensión humana, ya no son manejables para quien ahora escribe. Las nuevas medidas rebasan el espacio de la memoria. Los primos proponen subir hacia los mangones donde después estaría el trazado de una circunvalar. Proponen escaparse hacia el río en un recorrido a campo traviesa, pero cuando busco esa topografía, resulta que ya no figura en el trazado urbanístico de la nueva ciudad. La Avenida Belalcázar escamotea mis recuerdos. Todo es olvido. O falsos recuerdos. ¿Me aventuré alguna vez en los Farallones, subí a Cristo Rey, fue fatigoso el ascenso al Cerro de las Tres Cruces? ¿Se vivió lo que se recuerda?

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Cali dans la mémoire (Fragment) Óscar Collazos L'oncle déploie les pages du « El Relator » et du « Diario del Pacifico », mais ces quotidiens n'existent plus, ils dorment, jaunis, dans les hémérothèques de Cali, Valle del Cauca, Colombie. Les tantes proposent de descendre de San Antonio vers la Place de Caycedo, mais le trajet actuel n'est plus paisible mais tortueux. Une avenue a été tracée, les croisements connus des rues ont disparu, un pont a été construit. Le grand-oncle, le major Alfonso Collazos, raconte ses exploits comme capitaine au cours de la guerre contre le Pérou. Et, bien des années plus tard, je découvre, grâce à l'article de Juan Lozano y Lozano, que l'exploit du capitaine Collazos avait réellement eu lieu. Mais le grand-oncle est mort et la maison où il habitait n'est plus une maison mais un immeuble composé d'appartements. La nouvelle désignation modifie la désignation de la mémoire. Les brises qui, en fin d'après-midi, soufflent sur l'avenue Colombia vous mènent au croisement avec le pont Ortiz et là le chroniqueur revit son émotion d'adolescent lorsqu'il guettait les jupes des filles soulevées par la brise. Un bureau de poste solide, d'une architecture datant peutêtre de l'époque républicaine. Il s'en souvient très bien. Comme il se souvient de l'hôtel Alférez Real. Chaque fois que je passe devant le Ritz de Barcelone ou de Paris, j'évoque la dimension de ce crime. L'indolente bourgeoisie sucrière qui l'avait fait naître, apposait sa signature sur son acte de décès. Sa démolition correspondait au premier assassinat urbain des années soixante. Vers 1964, en une fin d'après-midi on pouvait aller à San Nicolas ou à la sixième avenue. Presque tout était à portée de la main. Les distances qui, dans les villes, déterminent la dimension humaine, ne sont plus pour la main de celui qui écrit à présent. Les nouvelles mesures dépassent l'espace de la mémoire. Les cousins proposent de monter vers les prairies où, par la suite, serait tracé un périphérique. Ils suggèrent de se diriger vers le fleuve par un parcours à travers champs, mais, lorsque je cherche cette topographie, il se trouve qu'elle ne figure plus sur le plan urbain de la nouvelle ville. L'avenue Belalcazar escamote mes souvenirs. Tout est oubli. Ou faux

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souvenirs. Me suis-je risqué une fois sur les Farallones, ces rochers escarpés, suis-je monté jusqu'à Cristo Rey, l'ascension vers le pic des Trois Croix a-t-elle été pénible ? A-t-on vécu ce que l'on se rappelle ?

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No todo es olvido, sin embargo. Y de la infancia el cronista da el salto hacia la adolescencia para confirmar que cada edad registra nuevas metamorfosis. En Las ciudades invisibles, Italo Calvino imagina al “hombre que cabalga largamente por tierras selváticas” y “le acomete el deseo de una ciudad.” Llega a Isidora. Llega a la ciudad soñada, “que lo contenía joven.” Y “en la plaza está la pequeña pared de los viejos que miran pasar la juventud.” ¿Cómo no pensar en el escritor Julio Garmendia? Calvino nos enseña que “los deseos son ya recuerdos”. Y esto equivale a enseñarnos que las ciudades contienen también nuestros recuerdos. Con nombres de mujeres, las ciudades de Calvino son las ciudades del amor revivido. Como el entrevero de amores y pasiones en el gran libro de la memoria de Proust. No sólo se vive a la búsqueda del tiempo perdido. Se vive a la búsqueda de la ciudad sepultada entre los materiales de derribo del progreso. Albertine ha desaparecido, ha desaparecido la ciudad de los amores. Es preciso reconstruirlas. Escuchemos la voz de Proust: “¡Qué lejos va el dolor en psicología! Más lejos que la psicología misma. Hace un momento, analizándome, creía que esta separación, sin habernos visto, era precisamente lo que yo deseaba, y comparando los pobres goces que Albertine me ofrecía con los espléndidos deseos que me impedía realizar…” El narrador acaba de ser herido con la pérdida. Es un dolor tan grande que no sabe si podrá resistirlo. Pretende hacerla “volver enseguida” aunque en el fondo sepa que ella no volverá. Así se me antoja esta ciudad donde habitaron retazos de mi infancia, retazos de mi adolescencia (el primer amor, consumado entre los matorrales, a la orilla del río), retazos de una primera juventud recorrida por la ansiosa necesidad de volverme escritor. En ese tránsito, de la infancia a la adolescencia y de ésta a la juventud, nuevas metamorfosis habían cambiado el rostro de la ciudad primera. En ese tránsito, las amistades se entreveran con los amores, con los libros leídos y con las aventuras de la vida, que empezaba a ser la exultante aventura de vivir de prisa y mal, llevado por el remolino de la ignorancia y el vértigo del riesgo. La casa solariega del abuelo fue reemplazada por el café, la noche de la infancia por la noche de la juventud: nuevos suburbios aparecen entonces en el escenario de la ciudad, nuevas rutinas se añaden a la exultación de vivir como si mañana fuera ya tarde.

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Tout n'est pas oubli, cependant. Et de son enfance, le chroniqueur fait un bond vers son adolescence pour constater que chaque âge subit de nouvelles métamorphoses. Dans Les villes invisibles, Italo Calvino imagine un "homme qui chevauche longtemps à travers des terres sauvages" et "qui est saisi par le désir d'une ville." Il arrive à Isidora. Il arrive à la ville rêvée "où il se trouvait dans sa jeunesse". Et "sur la place se dresse le petit mur des vieillards qui regardent passer les jeunes." Comment ne pas penser à l'écrivain Julio Garmendia ? Calvino nous apprend que "les désirs sont déjà des souvenirs". Et cela revient à nous dire que les villes renferment aussi nos souvenirs. Avec leurs prénoms féminins, les villes de Calvino sont les villes de l'amour revécu. Comme la confusion d'amours et de passions dans le grand livre de la mémoire de Proust. On ne vit pas seulement à la recherche du temps perdu. On vit à la recherche de la ville ensevelie sous les matériaux de démolition du progrès. Albertine a disparu, la ville des amours a disparu. Il faut les reconstituer. Ecoutons la voix de Proust : "Que la douleur va loin en matière de psychologie ! Plus loin que la psychologie elle-même. Il y a un instant, en m'analysant, je croyais que cette séparation, sans nous être revus, était justement ce que je désirais et, en comparant les pauvres plaisirs que m'offrait Albertine et les splendides désirs qu'elle m'empêchait de réaliser…" Le narrateur vient d'être blessé par cette perte. C'est une si grande douleur qu'il ne sait pas s'il pourra la supporter. Il prétend faire "revenir tout de suite" Albertine, même si, dans le fond, il sait qu"elle ne reviendra pas. C'est ainsi que je perçois cette ville habitée par des fragments de mon enfance, par des fragments de mon adolescence (le premier amour, accompli au milieu des buissons, au bord du fleuve), fragments d'une première jeunesse, marquée par le besoin anxieux de devenir écrivain. Au cours de ce passage, de l'enfance à l'adolescence et de celle-ci à la jeunesse, de nouvelles transformations avaient changé le visage de la ville primitive. Dans ce parcours, les amitiés se mêlent aux amours, aux livres lus et aux aventures de la vie, une vie qui commençait à être la joyeuse aventure de vivre vite et mal, emporté par le tourbillon de l'ignorance et le vertige du risque.

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Le manoir du grand-père fut remplacé par le café, la nuit de l'enfance par la nuit de la jeunesse : de nouveaux faubourgs apparaissent alors dans le décor de la ville, de nouvelles routines s'ajoutent à la jubilation de vivre comme si demain il était déjà trop tard.

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En una nueva ceremonia del lenguaje nos decimos: allí estaba el lugar desaparecido y sin embargo evocado porque lo que se evoca con el lugar es alguna experiencia de vida. A esta nueva ceremonia debemos habituarnos. A decir cada vez con más frecuencia: aquí, a la orilla del río, estuvo la casa que hoy es edificio, allá, en la intersección de calles y carreras, estuvo el campo de fútbol, la calle estrecha es ahora avenida, por algún olvido de los urbanizadores, la piqueta no se llevó la vieja construcción de adobe, todavía se puede buscar la sombra del palo de mango, ver los tejados sobre los cuales han crecido hierbajos. La historia de toda ciudad es una historia de superposiciones. Si no fuera así, todas las ciudades serían radicalmente antiguas o radicalmente modernas. Cada época se ocuparía en la demolición de la precedente. La historia es una superposición de épocas y acontecimientos. No hay ceremonia más cruel que la de reconstruir la fisonomía de las ciudades que fueron haciéndose diferentes en su crecimiento. En esa crueldad habita una protesta, acaso romántica, acaso nostálgica: resistirnos a que las cosas cambien. Y cambian, pese al empecinamiento de nuestra memoria afectiva. Como cambian los seres que tal vez se vuelvan desconocidos con el paso del tiempo. Lo terrible no es que cambien sino que los cambios signifiquen la expulsión del hombre. Si no del hombre, sí de la escala humana. Cali, 1964. Bellas Artes, el Café de los Turcos, la Plaza de Caycedo, la Librería Nacional, el Teatro Municipal, el cafecito de aguardienteros que hablaban de Thomas Mann o de Derecho Romano, el Café Colombia de la Carrera Cuarta. Allí están Jotamario Arbeláez, El Monje Loco, Ramiro Madrid, Umberto Valverde, Alfredo Rey. Son rostros que, mirados en un álbum, invitan a reconstruir una época. Topografía reconocible y no obstante distinta: ya no la habitan las amistades de entonces. Ni siquiera los burdeles están donde estuvieron y algunos de los amigos cometieron la injusticia de morirse sin advertirnos a tiempo. Con ellos se iba algún fragmento de la ciudad, alguna confidencia, algún rencor o disputa nunca esclarecidos ni zanjados.

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En une nouvelle cérémonie du langage, nous nous disons : là se trouvait le lieu disparu et pourtant évoqué car ce que l'on évoque avec le lieu c'est une certaine expérience vécue. Nous devons nous habituer à cette cérémonie. A dire de plus en plus souvent : ici, au bord du fleuve, se trouvait la maison qui, aujourd'hui, est un immeuble, là, au croisement de rues et d'avenues, était situé le terrain de football, la rue étroite est à présent une avenue, à la suite d'un oubli des urbanistes, la pioche n'a pas détruit la vieille construction en pisé, on peut encore rechercher l'ombre du manguier, voir les toits sur lesquels ont poussé des herbes. L'histoire de toutes les villes est une histoire de superpositions. S'il n'en était pas ainsi, toutes les villes seraient radicalement anciennes ou radicalement modernes. Chaque époque prendrait soin de démolir la précédente. L'histoire est une superposition d'époques et d'événements. Il n'existe pas de cérémonie plus cruelle que celle de reconstituer la physionomie des villes qui sont peu à peu devenues différentes au cours de leur croissance. Cette cruauté renferme une protestation, peut-être romantique, sans doute nostalgique : essayer d'empêcher le changement des choses, qui changent, malgré l'obstination de notre mémoire affective. Comme changent les êtres qui deviennent parfois des inconnus avec le passage du temps. Le terrible ce n'est pas qu'ils changent, mais que les changements signifient l'élimination de l'homme. Sinon de l'homme, du moins de l'échelle humaine. Cali, 1964. Les Beaux-Arts, le café des "Turcos", la place de Caycedo, la "Libreria Nacional", le "Teatro Municipal", le bistro des amateurs d'eau-de-vie qui parlaient de Thomas Mann et de Droit Romain, le café Colombia de la quatrième avenue. Là se trouvent Jotamario Arbelaez, El Monje Loco, Ramiro Madrid, Umberto Valverde, Alfredo Rey. Ce sont des visages qui, regardés dans un album, invitent à la reconstitution d'une époque. Une topographie reconnaissable et néanmoins différente : elle n'est plus habitée par les amitiés d'alors. Même les bordels ne sont pas là où ils étaient et certains de nos amis ont été injustes en mourant sans nous prévenir à temps. Avec eux s'en allaient un fragment de la ville, une confidence, une rancune ou une dispute, jamais élucidées ni tranchées.

Traduit par Julián Garavito

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Un día entre las cruces (Fragmento) Armando Romero No pudo dejar de relacionar ese camino hacia la Plaza de San Nicolás con la semilla al revés de Carpentier. Tantos interrogantes, viajar contra la historia para tratar de ver, volver páginas y páginas hacia atrás. ¿De quién huía en verdad? ¿Qué era lo que era? ¿Cuál era en última instancia su crimen? ¿De qué lado, de qué ángulo venía la cosa? ¿Quiénes eran los que eran? Debería haber de seguro un libro negro con letras negras con nombres en negro en el que figuraba su nombre, entre otros. “Si salgo de ésta no vuelvo más a este país de cruces y demonios”, se convencía. Al pasar por el hospital de San Juan de Dios recordó que de niños él y su hermano contenían la respiración frente al pabellón de tuberculosos o al llegar a casa se lavaban las manos por posibles contactos callejeros con la lepra. Hoy no contuvo la respiración. Caminó por esos andenes mal iluminados de la calle dieciocho y continuó por la carrera quinta abajo, hacia la Plaza de San Nicolás. La atravesó y llegó hasta la esquina del viejo café 20 de julio donde su padre solía beber los sábados o jugar billar por las noches. Un grupo de muchachos atisbaba los carropatrullas desde la esquina jugando al escondite. Elipsio no sabia de qué se trataba todo pero pudo oír las sirenas y por los lados de la iglesia vio gente corriendo. Tal vez un muerto, pensó. Tomó la dirección contraria y fue hasta la carrera séptima. Ya en la esquina de la fábrica Mariano Ramos, en la calle veintiuna, tuvo el presentimiento de que algo andaba mal, que al buscar esas calles tan conocidas anhelaba algo que ya no existía. Todo estaba desprovisto de sentido: él era un extranjero, un ser distante. Protegido por esos árboles de flores grandes, rojas y olorosas, que bordeaban la calle se dio cuenta que la ciudad ya no le pertenecía, no estaba en el cuenco de sus manos, en las suelas de sus zapatos. Se sorprendió al comprender que se había desprendido de esa máquina de los afectos que mezcla los recuerdos y que era una rabia infinita la que lo invadía: « Polvo haré de estos edificios, cenizas de sus calles » recordó escribiendo en un poema subterráneo en la cueva de las Tres Cruces. Tanto odio, tanta miseria, tanto dolor por esta nada, este vacío. No, no

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Un jour parmi les croix (Fragment) Armando Romero Il ne put pas éviter d’associer ce chemin vers la place San Nicolás avec la graine à l’envers de Carpentier. Tant de questions, voyager contre l’histoire pour essayer de voir, tourner des pages et des pages en arrière. De qui fuyait-il en vérité ? Qu’était-ce, ce qu’il était ? Quel était son crime, en dernière instance ? De quel côté, sous quel angle venait la chose ? Qui étaient-ils, ceux qui étaient ? Il devait sûrement y avoir un livre noir avec des lettres noires et des noms en noir où figurait son nom, parmi d’autres. « Si je m’en sors, je ne retournerai plus jamais dans ce pays de croix et de démons », se persuadait-il. En passant par l’hôpital San Juan de Dios, il se rappela qu’étant enfants lui et son frère retenaient leur respiration devant le pavillon des tuberculeux, ou arrivés à la maison ils se lavaient les mains à cause de possibles contacts dans la rue avec la lèpre. Aujourd’hui il n’a pas retenu sa respiration. Il a marché sur ces trottoirs mal illuminés de la Dixhuitième rue et il a continué par le bas de la Cinquième avenue, vers la place San Nicolás. Il l’a traversée et il est parvenu jusqu’au coin du vieux café Le 20 juillet où son père avait l’habitude de boire le samedi ou jouer au billard la nuit. Un groupe de mômes guettait les voitures de police depuis le coin en jouant à cache-cache. Elipsio ne savait pas de quoi il s’agissait, mais il put entendre les sirènes et il vit des gens courir du côté de l’église. Peut-être un mort, pensa-t-il. Il prit la direction opposée et alla jusqu’à la Septième avenue. Une fois au coin de l’usine Mariano Ramos, à la Vingt et unième rue, il eut le pressentiment que quelque chose clochait, qu’en recherchant ces rues tellement connues, il désirait quelque chose qui n’existait plus. Tout était dépourvu de sens : il était un étranger, un être distant. Protégé par ces arbres aux grandes fleurs rouges et odorantes qui bordaient la rue, il se rendit compte que la ville ne lui appartenait plus, elle n’était pas dans le creux de ses mains, dans les semelles de ses chaussures. Il s’étonna en comprenant qu’il s’était détaché de cette machine des affects qui mélange les souvenirs, et que ce qui l’envahissait était une rage infinie : « Je réduirai ces édifices en poussière, ces rues à des cendres », se souvint-il avoir écrit dans un

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poème souterrain dans la grotte des Trois Croix. Tant de haine, tant de misère, tant de douleur pour ce néant, ce vide.

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volvería, no iría en la dirección que vino como regalo con la infancia. Cerraría los ojos y las puertas y ya no habría más. Terminaría en el mar, como el agua que sale de los grifos, como las gotas que empujan al caer las piedras del río. No era necesario rebuscar más en esos escaparates de la infancia y por la carrera octava se enrumbó hacia el barrio Santa Rosa buscando volver al centro, perdida la brújula, ausente el compás. Los vidrios del Teatro Sucre anunciaban un Elvis Presley descompuesto y un Dustin Hoffman de bachillerato. Y allá adelante prostitutas, carros, almacenes como lápices de colores por el suelo, cafés y restaurantes, gente caminando o charlando parada en las esquinas, vendedores de lotería, puestos de fritanga, pordioseros, autobuses, carretillas, gamines sucios corriendo y gritando, robando, ladrones, niños sucios y podridos, rateros, drogadictos, borrachos, policías. Nada más nocturno que esa plaza de mercado, la galería de Santa Rosa, incluso cuando la visitaba de día en sus excursiones con el licenciado Gato. Las pesadillas colgaban como plátanos en la calle, los estremecimientos se ramificaban como mamoncillos en platones. De todo lo que era horror y desagrado había allí para Elipsio, quien ahora cruzaba esas calles desiertas y resbalosas por los desperdicios y las cañerías reventadas. Subió por la carrera novena hacia la Plaza de Santa Rosa y en la esquina de la calle diez, en donde antiguamente estaba la gallera Picodeoro, se topó con un grupo de borrachos dormidos como obispos muertos por Botero. Era impactante el ruido que hacían: marranos frente al carnicero. Vi la cuadra siguiente, en la plaza, un enorme, bullicioso y oloroso bar con una radiola inmensa en el centro, iluminando desde todos sus ángulos, y arriba de ella una orquesta eléctrica de juguete que salía y empezaba a tocar al compás de la música: la infancia estaba allí, toda.

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Non, il n’y retournerait pas, il n’irait pas dans la direction qui était venue comme un cadeau avec l’enfance. Il fermerait les yeux et les portes et il n’y aurait plus rien. Il finirait dans la mer, comme l’eau qui sort des robinets, comme les gouttes qui poussent en tombant les pierres de la rivière. Il n’y avait plus besoin de chercher encore dans ces vitrines de l’enfance et il se mit en chemin, par la Huitième avenue, vers le quartier Santa Rosa, en cherchant à retourner au centre, perdue la boussole, absent le compas. Les vitres du Théâtre Sucre annonçaient un Elvis Presley décomposé et un Dustin Hoffman de lycée. Et là-bas plus loin, des prostituées, des voitures, des magasins comme des crayons de couleurs par terre, des cafés et des restaurants, des gens marchant ou bavardant debout aux coins des rues, des vendeurs de loterie, des stands de fritures, des mendiants, des autobus, des brouettes, des gamins sales courant et criant et volant, des voleurs, des enfants sales et pourris, des pickpockets, des drogués, des ivrognes, des policiers. Rien de plus nocturne que cette place de marché, la galerie Santa Rosa, même lorsqu’il la visitait de jour dans ses excursions avec l’avocat Gato. Les cauchemars pendaient comme des bananes dans la rue, les tressaillements se ramifiaient comme des mamoncillos9 dans des cuvettes. Il y avait là toute l’horreur et le déplaisir pour Elipsio, qui maintenant traversait ces rues désertes et glissantes à cause des déchets et des canalisations éventrées. Il monta par la Neuvième avenue vers la place Santa Rosa et au coin de la Dixième rue, où se trouvait jadis l’arène de combats de coqs Picodeoro, il tomba sur un groupe d’ivrognes endormis comme des évêques morts de Botero. Le bruit qu’ils faisaient était impressionnant : des cochons face au boucher. Dans la rue suivante, sur la place, un bar énorme, bruyant et odorant, avec une boîte à disques immense au centre, brillant de tous ses angles, et en son sommet un orchestre électrique miniature qui sortait et commençait à jouer au rythme de la musique : l’enfance était là, toute entière. Traduit par Carlos Obregón

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Mamoncillo : fruit tropical de l’arbre Melicocca bijuga (Sapindacée).

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El embarcadero de los incurables (Fragmento) Fernando Cruz Kronfly Los revisteros. Venía el viento a hojear las carátulas, se retiraba. Eso lo observaba él a través del agitado aleteo del polvo. Daba vueltas en redondo, no quitaba de encima sus ojos. Traía tierra, el viento, pisaba hojas, enseguida se desvanecía. Aquellas modelos desnudas, el esplendor del pernil aceitoso en las portadas. Un tipo echa bocanadas de humo blanco junto al revistero, allí a su lado. El hombre no le quita su ojo a la revista, desde donde aquella chica al parecer lo miraba. Soñar. Ah, soñar. El viento se encargaba de pasar las hojas. De atrás para adelante. Diarios, revistas, libros deshechos por la carcoma del milenio. Qué extrañas marchaban sus cosas ahora. Pelo sostenido en punto, áspero, electrizado. Ramas iridiscentes las suyas arriba en los árboles, ropa redonda, blonda en su pecho, un globo en su tiniebla, en las piernas tubos. El mismo viento que había estado dando de tufaradas y palmotazos por los azules portales, bajo los arcos y los arcoiris del correo. ¿Dé dónde salía ahora tanto polvo? Estas ciudades del trópico, se dijo, emblemáticas, parecen de tierra. Factorías de sobrantes de cáscaras y detritus, papeles a la deriva, escamas y agallas sueltas. Caían desde las ramas estables cientos de hojas enfermas, hojas ya muertas y hundidas en el fracaso junto con la gran masa amarilla, la afamada mierdita del olvido, pensó. Cómo se precipitaba desde las ramas, donde en su reemplazo brotaban nuevas hojas que esplendían pronto. Los picos, veía. Alguien mordisquea con fiereza una empanada ahí parado, está tiritando como un polar bajo su abrigo. ¡La gran alfombra del fracaso!, dijo: la certeza de que detrás de todo existe un movimiento infinito y que en consecuencia ni las piedras perduran. La sensación de que todo en el mundo ha sido puesto en circulación, que nada se sostiene por sí mismo y que antes de cualquier parpadeo todo habrá de ser hundido en la profundidad del fango. ¡La estúpida alfombra del ser y del olvido!, dijo. Pero ¿era aquello, acaso, como parecía, una espumante cervecería? Como los toros de lidia, no había podido aún fijar por entero su mirada en nada. La ciudad se lo engullía peor que a una lombriz, sin rumbo L’embarcadère des incurables

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(Fragment) Fernando Cruz Kronfly Les marchands de journaux. Le vent venait feuilleter les couvertures, se retirait. Cela, il l’observait à travers le flottement agité de la poussière. Il marchait en rond sans cesser de regarder. Il apportait de la terre, le vent, il piétinait des feuilles, il s’évanouissait à l’instant. Ces modèles nues, splendeur de cuisse huileuse à la une. Un type jette des bouffées de fumée blanche sur le marchand, juste à côté de lui. L’homme ne décolle pas les yeux de la revue, d’où l’on dirait que cette fille le regarde. Rêver. Ah, rêver. Le vent se chargeait de tourner les pages. D’arrière en avant. Des quotidiens, des revues, des livres défaits par la vermoulure du millénaire. Bien curieuse, la façon dont il se conduisait, maintenant. Poil dressé en pointe, âpre, électrisé. Des branches iridescentes, les siennes, là-haut dans les arbres, vêtements ronds, dentelle dans sa poitrine, un globe dans ses ténèbres, tubes dans les jambes. Le même vent qui avait jusque là offert des bouffées et des petites tapes de par les portails bleus, sous les arcs et les arcs-en-ciel de la poste. D’où sortait maintenant tant de poussière ? Ces villes du tropique, se dit-il, emblématiques, paraissent de terre. Usines de restes de coquilles et de détritus, papiers à la dérive, écailles et galles détachées. Des centaines de feuilles malades tombaient depuis les branches stables, des feuilles déjà mortes et noyées dans le désastre avec la grande masse jaune, la fameuse petite merde de l’oubli, pensa-t-il. Comme il se précipitait depuis les branches, où à leur place poussaient de nouvelles feuilles qui resplendissaient bientôt ! Il en voyait les pointes. Quelqu’un mord avec férocité un beignet, là, debout, il grelotte comme un homme du pôle sous son anorak. Le grand manteau du désastre !, dit-il, la certitude qu’au-delà de tout existe un mouvement infini et qu’en conséquence ni les pierres ne perdurent. La sensation que tout dans le monde a été mis en circulation, que rien ne se maintient par soi-même et qu’avant le moindre battement de paupières tout devra être noyé dans la profondeur de la boue. Le stupide manteau de l’être et de l’oubli !, dit-il. Mais était-ce, par hasard, à ce qu’il semblait, une mousseuse brasserie ? Comme les taureaux de combat, il n’avait pas

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encore pu fixer complètement son regard sur rien. La ville l’engloutissait pis qu’un ver de terre, sans direction connue

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conocido y sin orientar en ninguna forma sus pasos hacia el VerumBonum. Esta estúpida alfombra de la vida hecha de casualidades, donde vamos dejando tanto nuestras babas como el registro de nuestros pesados pies, dijo entre dientes. Y sintió, sin más, otra vez el maldito lazo alrededor del cuello. Nudo ciego, horror vacui. Pasó una señora vestida de verde abotellado, no hacía más que mirar fijamente el esmalte naranja de sus uñas. Oh, demasiado carmín en sus mejillas. De pronto desapareció como una sardina en la marisma, pudiera ser incluso aquella que acababa de doblarse a mirar en un cajón de frutas. Tenía dos manchas de sudor bajo las axilas, él lo había visto todo. En los trajes verdes, el sudor se torna negro, dijo. "Cervecería La Fontana", se leía en el aviso. Escupe en el suelo. Cuántos siglos viendo rodar hojas en polvo muertas sobre fríos bloques de piedra, dijo, tambaleante. Sudarios interminables de hojas rotas pisoteadas sobre vías asfaltadas, la misma tierra y los mismos techos, dijo, sin dejar de mirar la cervecería. ¡Qué gran nevada de estiércol y verdín en los muros desde siempre! Aquellos pensamientos por poco lo tumban. Más allá, donde el viento se empeñaba en acumular polvo y escupas secas, algo muy serio permanecía inmutable, pero no halló qué podría ser. Un pelo en la punta de su lengua. El tipo que echaba bocanadas de humo bajo el arco del puente había ya desaparecido. Jamás tuve pelos en la lengua, dijo, mucho menos ahora, al final de mi vida. Escupió el pelo. Está dándole vuelcas a su lengua contra el paladar, dándole. Bajaba los párpados tirado en la cama junto a su Márilin. Juntaba sus pestañas de una manera supremamente juiciosa, respiraba profundo, como un cebú, morro no le faltaba. Metía ambas manos entre los calzoncillos, dejaba quietitos los pies, se miraba así largamente las uñas, ensimismado. Quizás fuera eso lo que sentía que debía hacer. Pero de repente se sorprendía con los ojos más abiertos que nunca, dando saltos mortales contra el papel de colgadura de las paredes. Los ojos como aros de bicicleta girando en el vacío, no tenía remedio, el café lo mataba ¿Cuántas orejas no había cortado ya de raíz en la vida? Aseó las ventanas de su nariz durante un rato. A la vista de todo el mundo que pasó, cuando todavía no terminaba de oscurecer. Y estuvo

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et sans orienter en aucune façon ses pas vers le Verum-Bonum. Ce stupide manteau de la vie fait de hasards, où nous laissons aussi bien nos baves que le registre de nos pieds lourds, dit-il entre ses dents. Et voilà qu’il a senti à nouveau ce maudit nœud autour du cou. Un nœud aveugle, horror vacui. Une dame habillée en vert bouteille est passée, il ne faisait que regarder fixement l’émail orange de ses ongles. Oh, trop de carmin sur ses joues. Soudain, elle a disparu comme une sardine dans un marais, elle aurait pu être aussi celle qui venait de se pencher pour regarder dans une caisse de fruits. Elle avait deux taches de sueur sous les aisselles, il avait tout vu. Sur les vêtements verts, la sueur devient noire, dit-il. « Brasserie La Fontana », lisait-on sur l’enseigne. Il crache par terre. Combien de siècles à voir rouler des feuilles mortes dans la poussière, sur des blocs froids de pierre !, dit-il, chancelant. Des suaires interminables de feuilles brisées, piétinées sur des voies asphaltées, la même terre et les mêmes toits, dit-il, sans cesser de regarder la brasserie. Quelle grande tempête neigeuse de fumier et de lichens sur les murs depuis toujours ! Ces pensées le mettent presque à terre. Plus loin, là où le vent s’entêtait à accumuler de la poussière et des crachats secs, quelque chose de grave restait immuable, mais il n’a pas trouvé ce que cela pourrait être. Un poil sur la pointe de la langue. Le type qui jetait des bouffées de fumée sous l’arche du pont avait déjà disparu. Je n’ai jamais eu de poils sur la langue, dit-il, encore moins maintenant, à la fin de ma vie. Il a craché le poil. Il tourne sa langue contre le palais, et tourne. Il baissait les paupières, allongé au lit près de sa Marilyn. Il joignait ses cils d’une manière suprêmement sage, respirait profond, comme un zébu, il ne lui manquait pas la bosse. Il mettait les deux des mains entre le caleçon, gardait les pieds immobiles, se regardait ainsi longuement les ongles, replié sur soi. Peut-être était-ce cela qu’il sentait devoir faire. Mais tout à coup il se surprenait, avec les yeux plus ouverts que jamais, à donner des sauts mortels contre le papier peint des murs. Les yeux comme des roues de bicyclette tournant dans le vide, il n’y avait rien à faire, le café le tuait : combien d’oreilles n’avait-il pas déjà coupées à la racine dans la vie ? Il s’est nettoyé les narines pendant un moment. À la vue de tout le monde qui passait, quand la nuit n’avait pas fini de tomber. Et il s’est

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empeñado en hacer bolitas con sus dedos, se entretuvo, miró fijamente el suelo como procurando algo. No había dejado de leer en el suelo desde el principio ni un sólo instante, iba tras ciertos signos. A sus pies, rendidas, las ventas de aquellas galletas negras, envenenadas. Mujeres mucho más que oscuras, sentadas como hieráticos troncos quemados en la oscuridad. Aquellas mugrosas canastas tejidas, envejecidas, donde asomaban, como miedosos hongos, los panes esponjosos. No era nada cuanto había avanzado, pero aun así se sentía cada vez más lejos de su confuso punto de partida: lo que él llamaba su maldita cruz. Mangos verdes colgando de siniestras ramas. Negras de dientes especialmente redondeados y blancos organizadas según el modo de las grandes orquestas. Aquellos pechos rajados por su centro, embetunados. Tetas como ollas ahumadas. Veía aquellas piernas como abedules, flotando en un extraño lodo de secreciones, la ropa hecha de trapos generosos, los dedos tostados y brillantes. Aquellas uñas enhiestas, de vidrio. Juajuajuajuajuaaaá! Cómo se carcajeaba Uldarico sin poderse siquiera controlar. Tiene miedo, a causa de su cada vez más sistemática lejanía de la Senda del Bien. Pero, aun así, no hace más que sonreír. Viejo granuja, cuya suerte definitiva parece decidirse ahora mismo, no obstante su poderoso crucifijo anclado en el pecho. ¡A qué horrible costo acababa de apearse de su cruz! Un paso más por la Avenida, pensó, dos y ya está. La Gran Avenida esplendorosa ante sus ojos. Allí, donde se había acumulado lo mejor del progreso de los últimos años. Alguien está pasando, alguien que vende bizcochos en una bandeja. Se queda mirándolo, absorto. Parpadea, no puede dejar de reír y parpadear, extraña mueca. Bizcochos tiesos y viejos para los cerdos, piensa. Sólo un paso más, dijo, ándale, ándale. No hace otra cosa que gruñir y reír. Márilin lo ha dejado tirado como a un conejo en la puerta del gallinero. ¿Lo ha dejado por fin justamente abandonado? No, eso no, ya volverá, piensa él, eso ni pensarlo. Pero aun así cruje de miedo. Está pensando que podría avanzar sin mayor peligro unos cuantos pasos más por la Gran Avenida, nada tendría de pernicioso. Y con sólo imaginarlo se apodera de él una rara fascinación, entre baba espesa y temblor. ¿Dónde permaneció oculta mi ciudad, que ahora observo dibujarse apenas en la grieta de tan extrañas nubes? ¿Dónde me la habían escondido, puñeteros, dijo, en qué maldito bolsillo de qué espantable

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consacré à faire des boulettes avec ses doigts, il a passé le temps, regardant fixement par terre comme s’il cherchait quelque chose. Il n’avait pas cessé de lire dans le sol depuis le début ni un seul instant, il allait derrière certains signes. À ses pieds, vaincues, les étalages de ces biscuits noirs, empoisonnés. Des femmes bien plus que sombres, assises comme des troncs hiératiques brûlés dans l’obscurité. Ces crasseuses corbeilles tissées, vieillies, où apparaissaient, comme des champignons peureux, les pains spongieux. Il n’avait avancé sur pas grand chose, mais même ainsi il se sentait de plus en plus loin de son point confus de départ : ce qu’il nommait sa maudite croix. Des manches vertes pendant de branches sinistres. Des Noires aux dents spécialement arrondies et blanches, organisées selon la manière des grands orchestres. Ces poitrines fendues en leur milieu, passées au cirage. Des seins comme des marmites enfumées. Il voyait ces jambes comme des bouleaux, flottant dans une boue étrange de sécrétions, les vêtements faits de chiffons généreux, les doigts brillants et hâlés. Ces ongles tout droits, de verre. Ha ha ha ha ! Comme il riait aux éclats, Uldarico sans pouvoir même se contrôler. Il a peur, à cause de son éloignement de plus en plus systématique de la Voie du Bien. Mais même ainsi, il ne fait que sourire. Le vieux coquin, dont le sort définitif semble se décider tout de suite, ne serait-ce son crucifix puissant ancré sur la poitrine. À quel prix horrible venait-il de descendre de sa croix ! Un pas de plus sur le Boulevard, pensa-t-il, deux et ça y est. Le Grand Boulevard resplendissant devant ses yeux. Là où s’était accumulé le meilleur du progrès de ces dernières années. Quelqu’un passe, quelqu’un qui vend des gâteaux sur un plateau. Il reste à le regarder, absorbé. Il bat des paupières, il ne peut cesser de rire ni de battre des paupières, étrange grimace. Des gâteaux durcis et vieux pour les porcs, pense-t-il. Rien qu’un pas de plus, dit-il, vas-y, vas-y. Il ne fait que grogner et rire. Marilyn l’a laissé planté comme un lapin à la porte du poulailler. L’a-t-elle laissé enfin, justement abandonné ? Non, ça non, elle reviendra bien, pense-t-il, pas question. Mais malgré ça il craque de peur. Il pense qu’il pourrait faire sans grand danger encore quelques pas sur le Grand Boulevard, cela n’aurait rien de pernicieux. Et rien qu’à l’imaginer, une curieuse fascination s’empare de lui, entre une bave épaisse et un tremblement.

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Où est-elle restée cachée, ma ville que j’observe maintenant se dessiner à peine dans la fente de nuages si étranges ? Où me l’aviez-vous cachée, bandits, dit-il, dans quelle poche maudite de quel épouvantable

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abrigo? ¡Oh, mi ciudad, mi ciudad! Escarba con la punta del pie, como a la búsqueda de algo. El hombre que al parecer vendía bizcochos ha desaparecido. Aquella cervecería no era más que un cuchitril, pero en un cuchitril de baja estopa también se la pasa de maravillas. ¿Por qué se veía tan triste, ahora, aquella mujer doblada contra el muro donde colgaba el teléfono? ¿Por qué mordía tan ansiosamente sus labios? Lo que ahora mastica Uldarico es una hebra de hilo arrancada de su pantalón. Rie.Y devora al mismo tiempo el mustio pellejo de sus uñas. Mira al suelo, intenta descifrar las señales. No ha dejado de hacerlo un sólo instante, desde el momento en que se tiró a la calle detrás de Márilin, tan lejos del Verum-Bonum. Anda en eso Jamás podría negarlo. Quiere leer en el fango sus huellas, pero ocurre que no hay allí nada escrito todavía. Márilin acababa de tirarlo como a un coco vacío en el cesto, toda paciencia tenía su límite. Te dejo, le había dicho ella con la cabeza completamente desgonzada contra el resplandor del vidrio. Así él vio de pronto las cosas. Te dejo para toda la vida, pedazo de mogolla, le dijo, y no te pongas rubicundo. No eres más que un cerdo, debías entenderlo. ¿O es que acaso no te has dado por enterado del sordo alboroto que armas cuando estropeas la pobre tierra? Por nada, hombre, por nada, lo vas a ver. Pedazo de trapo, le dijo, francamente me causas lástima. La cabeza de ella vencida contra el resplandor del vidrio, afuera las tristes sombras de los pájaros. Pedazo de cualquier cosa, si no fuera por todo esto hasta serías una hermosura. Por lo que de pronto ella se paró de su asiento, tal como él quiso verla, empeñada en hacer toda clase de gestos desde la puerta. Regresó al butacón amarillo, correteó de nuevo. Estaba más lujosa y pomposa que nunca. Para comenzar, se amarró fieramente la moña en el curubito de su cabeza, él la vio, podría jurarlo. Dio en el suelo tres golpazos con su bastón y empezó a bajar las escaleras con pasmosa dignidad. Parecía una reina embalsamada en las humaredas de ceniza que de pronto levantaron los recuerdos con sólo haber dicho me largo de aquí, hombre, para tu desgracia me doy por desaparecida. ¡Qué cantidad de recuerdos! Uldarico la vio ir. La dejó marchar tan oronda, ya habría de volver. Sin pronunciar siquiera una sola palabra que la hiciera echar pie atrás. Con una palabra oportuna hubiera sido suficiente. Y después el asunto se habría arreglado. Pero él se la jugó a un honor inexplicable y la dejó marchar en principio sin siquiera abrir su boca.

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manteau ? Oh, ma ville, ma ville ! Il creuse avec la pointe du pied, comme à la recherche de quelque chose. L’homme qui paraissait vendre des gâteaux a disparu. Cette brasserie n’était rien de plus qu’un bouge, mais dans un bouge de bas étage on passe aussi le temps à merveille. Pourquoi avait-elle l’air si triste, maintenant, cette femme courbée contre le mur, où pendait le téléphone ? Pourquoi se mordait-elle si anxieusement les lèvres ? Ce qu’Uldarico mâche maintenant, c’est un brin de fil arraché à son pantalon. Il rit. Et il dévore en même temps la peau ternie de ses ongles. Il regarde le sol, essaie de déchiffrer les marques. Il n’a pas cessé de le faire un seul instant, depuis le moment où il s’est jeté à la rue derrière Marilyn, si loin du Verum-Bonum. Il est tout entier à ça. Il ne pourrait jamais le nier. Il veut lire ses traces dans la boue, mais il se trouve qu’il n’y a là rien d’écrit encore. Marilyn venait de le jeter comme une noix de coco vide à la poubelle, la patience a ses limites. Je te quitte, lui avait-elle dit avec la tête complètement penchée contre l’éclat de la vitre. C’est ainsi qu’il a soudain réalisé. Je te quitte pour toute la vie, vieux croûton, lui a-elle dit, et ne deviens pas écarlate. Tu n’es rien de plus qu’un porc, tu aurais dû le comprendre. Ou peut-être que tu ne t’es pas considéré comme étant au courant du remue-ménage sourd que tu déclenches quand tu abîmes la pauvre terre ? Par rien, mec, par rien, tu vas le voir. Bout de chiffon, lui a-elle dit, tu me fais franchement de la peine. Sa tête à elle penchée contre l’éclat de la vitre, dehors les tristes ombres des oiseaux. Bout de n’importe quoi, si ce n’était pas à cause de tout cela, tu serais une merveille. Ce sur quoi elle s’est soudain levée de son siège, telle qu’il a voulu la voir, se mettant à faire toutes sortes de grimaces depuis la porte. Il est revenu au banc jaune, a battu le pavé à nouveau. Elle était plus luxueuse et pompeuse que jamais. Pour commencer, elle s’est attaché rageusement le chignon en haut de la tête, il l’a vue, il pourrait le jurer. Elle a donné trois grands coups par terre avec sa canne et a commencé à descendre les escaliers avec une dignité étonnante. Elle avait l’air d’une reine embaumée dans les nuages de cendre qui ont ranimé les souvenirs rien que pour avoir dit je me tire d’ici, mec, pour ton malheur je me considère disparue. Quelle quantité de souvenirs ! Uldarico l’a vue partir. Il l’a laissée partir si satisfaite, elle devrait être revenue. Sans même prononcer un seul mot qui lui aurait fait faire un pas en arrière. Il aurait suffi d’une parole opportune. Et après l’affaire se serait arrangée. Mais il se l’est jouée à

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l’honneur, inexplicablement et il l’a laissée partir dès le début sans même ouvrir la bouche.

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Los granos que cuelgan de la cara de aquel hombre, está viendo. Al lado de la cervecería están cerrando ahora una farmacia. El fuerte allí es la línea de jabonería, una perfumería de segunda. Más atrás la fuente de agua de los correos, donde bracean desnudos dos niños con cara de probados asesinos. Gruñiré en tus orejas, chica, dijo. Reirás dando tumbos sobre el edredón, vuelta un gusano. Vendrás de rodillas a la palma de mi mano, te lo juro, desnuda. Y te pondré la uña en el roto del ombligo. Y entonces reirás, con tu amplia cara de luna de octubre. Mostrarás tus espléndidas encías, chica, al menos eso. Todo cielo se lava de piedras tarde o temprano, te lo digo yo, se lava porque se lava. Márilin acababa de hundirse en el borbollón de su memoria con cara bastante tétrica. Hasta el punto de haber dibujado sobre sus cejas una línea oblicua y sombría que ella antes nunca ostentó. Cuántas veces no se había marchado, pero cuántas otras no retornó por sus propios medios, sin que hubiera sido necesario pedírselo de un modo que pareciera demasiado especial. De manera que en realidad no había de qué preocuparse. Ella no tenía dónde más ir. Ni tenía por qué hacerse presente con su pico a graznar en otra escotilla a estas horas de su vida. ¿Por qué ir a otro sitio a reclinar su cabeza, si ya la había humillado bastante? Pero ahora parecía que el asunto sí iba en serio, él nunca había llegado tan lejos. Los granos que brillan en el rostro de ese hombre cuando muerde el pañuelo, Uldarico no puede dejar de mirarlo. Aguarda por alguien, seguramente, se muere de ansiedad. Podría tratarse de un pícaro de la noche estrellada o de un hábil de la niebla. Uldarico se lleva de inmediato la mano a la cartera, en el bolsillo de su saco, ahí está aún. Lo malo fueron los golpes, hombre, se dijo, objetos rodando por el suelo. La gata hinchada de cinismo en los almohadones. Aunque después de la paliza, cuando la tormenta se inclinaba ligeramente a favor del gorila, ella decidió incorporarse con una firmeza más que pasmosa. Fue por su bastón, como quien va por su mohosa espada de duelo. Orinó por última vez en el sanitario auxiliar, con la puerta entreabierta. Salió al pasillo, donde él debió verla por última vez, demasiado borrosa bajo los helechos, desde donde al parecer dijo: "Está bien, lo admito. He comprendido por fin lo poco o lo mucho que desde hace tantos años me estás tratando de tirar a la cara. ¡Suficiente ilustración! ¡Su-fi-cien-te! Pues bien, esto es todo, ahora me desaparezco. Si eso es lo que quieres, entonces no hay más discusión.

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Il est en train de voir les boutons qui pendent du visage de cet homme. À côté de la brasserie, une pharmacie ferme. Leur point fort est la ligne de savons, une parfumerie de second ordre. Plus loin derrière, la fontaine de la poste, où nagent tout nus deux enfants au visage d’assassins confirmés. Je te grognerai dans les oreilles, jeune fille, a-t-il dit. Tu riras en sautant sur l’édredon, devenue un ver. Tu viendras à genoux à portée de ma main, je te le jure, nue. Et je te mettrai l’ongle dans le creux du nombril. Et alors tu riras, de ta large face de lune d’octobre. Tu montreras tes gencives splendides, jeune fille, au moins cela. Tout ciel se nettoie de pierres tôt ou tard, je te le dis, il se nettoie parce qu’il se nettoie. Marilyn venait de s’enfouir dans le bouillonnement de sa mémoire avec un visage assez lugubre. Au point d’avoir dessiné sur ses sourcils une ligne oblique et sombre qu’elle n’avait jamais montrée avant. Combien de fois n’était-elle pas partie, mais combien d’autres n’était-elle pas revenue de sa propre initiative, sans qu’il eût été nécessaire de le lui demander d’une manière qui parût trop spéciale ? En réalité il n’y avait donc pas de quoi se préoccuper. Elle n’avait nulle part où aller. Elle n’avait pas non plus de raisons se présenter avec son bec pour croasser dans une autre turne à ces heures de sa vie. Pourquoi aller incliner sa tête ailleurs, puisqu’elle l’avait suffisamment humilié ? Mais maintenant il semblait que l’affaire devenait sérieuse, il n’était jamais allé aussi loin. Les boutons qui brillent sur le visage de cet homme quand il mord son mouchoir, Uldarico ne peut cesser de le regarder. Il attend quelqu’un, sûrement, il meurt d’anxiété. Il pourrait s’agir d’un coquin de la nuit étoilée ou d’un habitué du brouillard. Uldarico porte immédiatement la main au portefeuille, dans la poche de son sac, il est toujours là. Le mauvais ç’a été les coups, mec, se dit-il, des objets roulant par terre. La chatte gonflée de cynisme dans les coussins. Bien qu’après la raclée, quand l’orage penchait légèrement en faveur du gorille, elle a décidé de s’incorporer avec une fermeté plus que surprenante. Elle a été chercher sa canne, comme on va prendre son épée de duel rouillée. Elle a uriné une dernière fois aux cabinets annexes, avec la porte entrouverte. Elle arrivée dans le couloir, où il a dû la voir pour la dernière fois, trop floue entre les fougères, d’où semble-t-il elle a dit : « c’est bien, je l’admets. J’ai enfin compris le peu ou le prou que depuis tant d’années tu essaies

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de me jeter au visage. Suffisante illustration ! Suf-fi-san-te ! Eh bien, c’est tout, maintenant je disparais. Si c’est cela que tu veux, alors il n’y a plus de discussion.

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Pedazo de trapo, mogolla podrida, ahí te dejo en libertad. ¿Quedas contento?" Y se marchó. Uldarico no dijo ni mu. Variedad de estrellas en el piso, sólo el recuerdo de la cabeza de ella vencida contra la vidriera. El pasto del patio, el lechugal a lo lejos con toda la carga de su amarga responsabilidad, todo se veía ahora arrasado por el siniestro paso del viento. Negro, a causa de las sombras que ya concluían su descenso corriendo por los muros.

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Bout de chiffon, croûton pourri, je te laisse ici en liberté. Tu es content ? » Et elle est partie. Uldarico n’a rien dit. Variété d’étoiles dans l’appartement, rien que le souvenir de sa tête à elle courbée contre le vitrage. Le gazon de la cour, le carré de salades au loin avec toute la charge de leur amère responsabilité, tout se voyait maintenant aplati par le passage sinistre du vent. Noir, à cause des ombres qui finissaient déjà leur descente en courant le long les murs. Traduit par Yves Moñino

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El titiritero (Fragmento) Gustavo Álvarez Gardeazábal Todos los domingos salen a la esquina. Van vestidas del mismo riguroso luto con que se han cubierto desde hace tantos años. Mientras vivió Dolores (nosotros diríamos. "hasta cuando llegó la ampliación de la calle II") las siete Umañas, revestidas con la dignidad episcopal que no pierden jamás las provincianas aunque la polución urbana las consuma, tomaron allí el bus Verde de la ruta dos que dando vueltas y revueltas, parando y volviendo a arrancar, frenando intempestivamente o disputando carriles con el Verde Bretaña de la ruta tres, las dejaba finalmente (mareadas, compungidas de antemano y con la palidez como único cosmético) frente a la fábrica de licores, al pie de las ventas de flores. Después de que murió Dolores, las tarifas subieron y primero con un peso, después con dos, más tarde con tres y ahora con todo el peso de la inflación encima, las Umañas han comprado, cada domingo, cada mañana de domingo, prudentemente revestidas de negro, la docena de margaritas blancas, el atado de ensueño y las lágrimas de la congoja. Mientras vivió Dolores (rígida, rubicunda, siempre a punto de estallar) ella abrió su cartera, pagó las flores y presidió la ceremonia. Ella adelante, tres detrás y otras tres más atrás. Todas siete vestidas de negro con media velada y tacón bachiller, cartera de charol y rosario de Lourdes. Vistas a esa hora de la mañana, en la monótona congestión dominical de los cementerios, apenas sí alcanzaban a romper los lóbregos ribetes de su paisaje. Silenciosas hasta cuando Dolores erguía su cabeza y con un quejido milimétrico comenzaba a rezar, a llorar y a recordar, las siete Umañas, amparadas en su prudencia, cumplían inevitablemente con el ritmo al que se unieron dolidas como programa máximo cada semana. Y cuando rezan y lloran y recuerdan, y más aún, cuando vuelven a salir habiendo dejado las margaritas sobre la tumba, las Umañas inspiran la misma lástima que debieron haber ocasionado a los pocos seres humanos que las acompañaron aquella madrugada del 27 de febrero a dejar en el Cementerio Central lo que para ellas significaba

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Le marionnettiste (Fragment) Gustavo Álvarez Gardeazábal Tous les dimanches elles sortent au coin de la rue. Elles sont vêtues du même deuil rigoureux dont elles se couvrent depuis tant d’années. Du temps que Dolores vivait encore (nous dirions « jusqu’au moment où l’on a élargi la Deuxième Rue »), les sept Umaña, revêtues de la dignité épiscopale que les provinciales ne perdent jamais bien que la pollution urbaine les consume, prenaient là le bus Vert de la ligne deux qui en faisant des tours et des détours, en s’arrêtant et redémarrant, en freinant mal à propos ou en se disputant les voies avec le Vert Bretaña de la ligne trois, les laissait finalement (écœurées, affligées d’avance et avec la pâleur pour seul cosmétique) en face de la fabrique de liqueurs, au pied des étals de fleurs. Après la mort de Dolores, les prix ont augmenté, d’abord d’un peso, après de deux, plus tard de trois et maintenant de tout le poids de l’inflation par dessus, les Umaña ont acheté, chaque dimanche, chaque dimanche matin, prudemment vêtues de noir, la douzaine de marguerites blanches, le bouquet de rêve et les larmes de l’affliction. Du temps que Dolores vivait (rigide, rubiconde, toujours sur le point d’éclater), elle ouvrait son portefeuille, payait les fleurs et présidait la cérémonie. Elle devant, trois derrière et trois autres encore derrière. Toutes les sept vêtues de noir, bas montants et talons de collégienne, sac de cuir verni et chapelet de Lourdes. Vues à cette heure du matin, dans la monotone congestion dominicale des cimetières, c’est à peine si elles parvenaient à rompre l’ambiance lugubre du paysage. Silencieuses, jusqu’au moment où Dolores haussait la tête et commençait avec un gémissement millimétrique à prier, à pleurer et à se souvenir, les sept Umaña, protégées par leur prudence, s’acquittaient inévitablement du rythme qui les unissaient souffrantes comme un programme suprême chaque semaine. Et quand elles prient et pleurent et se souviennent, et plus encore quand elles ressortent en ayant laissé les marguerites sur la tombe, les Umaña inspirent la même pitié qu’elles devaient avoir causée au peu d’êtres humains qui les ont accompagnées ce petit matin du 27 février à laisser dans le Cimetière Central ce qui signifiait

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tanto y que un aletazo del destino, una súplica hiriente de los vivos, les había arrebatado sin tiempo para pensarlo. Toman entonces el bus Verde de la ruta dos, al otro lado de la calzada donde las había dejado. Ya no hablan, mudas, siguiendo a veces en fila india, otras en grupo compacto, las Umañas, vestidas de negro, más pálidas que cuando bajaron, vuelven a subir al bus y resignadas se quedan todo el domingo recordando las últimas sonrisas, los últimos dichos y hasta los últimos olores, alimentando enfermizamente una pasión inclasificable por lo desaparecido. No le es extraño a ellas. Cuando llegaron a Cali con su dignidad episcopal, huyendo de las detonaciones asesinas desde su fragante Roldanillo, se portaron casi igual. Tenían una vocación por ritualizar el pasado, por hacerlo presente en cada gesto, que tal vez las Umañas equivocaron su destino en la vida y antes que haber sido las insignificantes mujeres a quienes la virginidad y la neurastenia consumieron irremediablemente, debían haber ocupado las más altas dignidades de los estados monárquicos o de los conventos medievales. Aferradas con desespero al recuerdo, volcaban en su capacidad imaginativa el ritmo que Dolores les imponía. Incapacitadas para recorrer de vez en cuando las calles de su Roldanillo (no pudieron volver a él hasta cuando las detonaciones asesinas se callaron totalmente), hicieron de su casa, de su hermana, de su sobrino, el Roldanillo que las circunstancias grotescas les interrumpieron. Y entonces, cuando volvieron a caminar de visita, por las solitarias calles de su pueblo y en cada esquina el viento les traía un recuerdo nuevo, cargaron por enésima vez sus baterías de la añoranza y alumbraron con ellas hasta el más mínimo acto de su vida en el barrio Bretaña de Cali. Juraron no volver a Roldanillo la madrugada en que vestidas de negro, como cada domingo, las subieron a los carros militares, les hicieron presente, en carne viva, una situación que creían olvidada y la inutilizaron para siempre. Pero minusválidas y todo, tuvieron fuerza esa madrugada para prometer con fiereza vengativa, mirándose las unas a las otras, que no volverían más y que cada domingo, lloviera, tronara o relampagueara, ellas, vestidas de negro, como en ese mismo momento, recordarían frente a la tumba el dolor de una suerte que no habían escogido. Quizá ni prometieron solemnemente y tan solo Dolores, altiva, estruendosa sin quererlo, debió habérselo prometido. Pero ellas cumplían

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tant pour elles et qu’un coup d’aile du destin, une supplique blessante des vivants, leur avait enlevé sans le temps d’y penser. Elles prennent alors le bus Vert de la ligne deux, de l’autre côté de la chaussée où il les avait laissées. Elles ne parlent plus, muettes, se suivent parfois en file indienne, parfois en groupe compact, les Umaña, vêtues de noir, plus pâles que quand elles sont descendues, et elles remontent dans le bus et restent résignées tout le dimanche en se rappelant les derniers sourires, les derniers propos et jusqu’aux dernières odeurs, en nourrissant maladivement une passion inclassable envers ce qui a disparu. Cela ne leur est pas étrange, à elles. Quand elles sont arrivées à Cali avec leur dignité épiscopale, en fuyant les détonations assassines depuis leur pimpant Roldanillo, elles se sont conduites presque pareil. Elles avaient une telle vocation pour ritualiser le passé, pour le rendre présent dans chaque geste, que peut-être les Umaña se sont trompées de destin dans la vie, et qu’avant d’avoir été les femmes insignifiantes que la virginité et la neurasthénie ont irrémédiablement consumées, elles devaient avoir occupé les plus hautes dignités des états monarchiques ou des couvents médiévaux. Accrochées avec désespoir au souvenir, elles reversaient dans leur capacité imaginative le rythme que Dolores leur imposait. Empêchées de parcourir de temps à autre les rues de leur Roldanillo (elles n’ont pu y retourner que lorsque les détonations assassines se sont totalement tues), elles ont fait de leur maison, de leur sœur, de leur neveu, le Roldanillo que les circonstances grotesques leur ont supprimé. Et alors, quand elles ont recommencé à se promener en visite, par les rues solitaires de leur village et qu’à chaque coin de rue le vent leur apportait un nouveau souvenir, elles ont rechargé une énième fois les batteries de la nostalgie et ont éclairé avec elles jusqu’à l’acte le plus minime de leur vie dans le quartier Bretaña de Cali. Elles ont juré de ne pas retourner à Roldanillo le matin où, habillées de noir, comme chaque dimanche, on les a fait monter dans des camions militaires, et que s’est actualisée, dans leur chair, une situation qu’elles croyaient avoir oubliée et qui leur est devenue inutile pour toujours. Mais tout handicapées qu’elles étaient, elles ont eu la force ce matin-là de promettre avec une force vindicative, en se regardant les unes aux autres, qu’elles ne reviendraient plus et que chaque dimanche, qu’il pleuve, qu’il tonne ou qu’il y ait des éclairs, elles, vêtues de noir,

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comme en ce moment même, elles se souviendraient face à la tombe de la douleur d’un sort qu’elles n’avaient pas choisi. Peut-être n’ont-elles même pas promis solennellement et c’est seulement Dolores, hautaine, cassante sans le vouloir, qui devait l’avoir promis.

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lo que Dolores convenía y así ellas, montadas en Verde San Fernando de la ruta dos, han venido cada domingo a poner su grano de vida, a acercarse a la muerte, juntando lo que les queda con el vago recuerdo de lo que les fue sin haberlo previsto tan siquiera. Cuando Dolores dejó de guiarlas porque la mudez se apoderó de ella hasta morir, las Umañas restantes no cesaron en su tradición y a las margaritas y el ensueño, unieron flores plásticas sobre su tumba. Fue por los días en que la calle once se volvió avenida y la casa de ellas, tan recogida, tan añorante de su Roldanillo, quedó a la orilla de la polución, del progreso, como dijeron en la prensa. Tal vez eso fue lo que mató a Dolores. Los ruidos ensordecedores de la velocidad y el olor penetrante de la combustión debieron caerle mal a su altivez provinciana y antes que verse resignada, con la cabeza baja y los pies marchitos, prefirió morirse. En un primer momento quedaron como perdidas en la maraña urbana de un Cali que no conocían. Era demasiado para ellas volver a perder su guía. Pero antes que recordar compungidas a Dolores, se lamentaron hasta el cansancio porque en esa tumba, que cada domingo recibía las margaritas y sus llantos, estaba la única esperanza que las había podido redimir. Y cuando murió Blanquita Umaña y desde Roldanillo vinieron a enterrarla las Stefan y el padre Azcárate y los Arangos de Primavera y las Ortices del Parque y las Borjas de la Ermita y tantos otros a quienes ellas seguían escribiendo, mandando dulces cada navidad, sufragios en cada pena y telegramas en cada triunfo y el entierro pareció celebrarse debajo de la araña inmensa de la iglesia parroquial de Roldanillo y no en la iglesia de San Fernando, donde la cantaron los curas revestidos, las Umañas en vez de dolerse de su ausencia volvieron a recargar sus baterías del recuerdo y construyeron sobre su nueva pena un balcón luminoso hacia el abismo trágico que las sacudía desde aquella nefasta madrugada de febrero. Hoy ya no quedan sino cuatro, las cuatro Umañas (porque Leonilde, hermana de sangre, madre de la única luz que alumbró sus ojos, por más nacida que hubiese sido Umaña, casó con Mejía-Vargas y desde entonces dejó de serlo) y ellas cuatro, revestidas de negro, siguen tomando cada mañana del domingo el mismo bus, la misma ruta y el mismo impulso para cumplir invariablemente con el ritmo necrológico.

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Mais elles exécutaient ce que Dolores avait disposé et c’est ainsi que, prenant le San Fernando Vert de la ligne deux, elles sont venues chaque dimanche déposer leur graine de vie, s’approcher de la mort, réunissant ce qui leur reste avec le souvenir vague de ce qui a été sans l’avoir même prévu. Quand Dolores a cessé de les guider parce que le mutisme s’est emparé d’elle jusqu’à sa mort, les Umaña restantes n’ont pas abandonné leur tradition et aux marguerites et au rêve, elles ont ajouté des fleurs en plastique sur sa tombe. Ç’a été à l’époque où la Onzième Rue est devenue une avenue et leur maison, si tranquille, si évocatrice de leur Roldanillo, s’est retrouvée au contact de la pollution, du progrès, comme on a dit dans la presse. Peut-être que c’est cela qui a tué Dolores. Les bruits assourdissants de la vitesse et l’odeur pénétrante de la combustion ont dû déplaire à son arrogance provinciale et avant de se voir résignée, tête basse et pieds flétris, elle a préféré mourir. Les premiers temps elles ont été comme perdues dans le maquis urbain d’un Cali qu’elles ne connaissaient pas. C’était trop pour elles de perdre aussi leur guide. Mais avant de se souvenir affligées de Dolores, elles se sont lamentées jusqu’à l’épuisement parce que, sur cette tombe qui recevait chaque dimanche les marguerites et leurs pleurs, résidait l’unique espérance qui avait pu les sauver. Et quand Blanquita Umaña est morte et que de Roldanillo, sont venus l’enterrer les Stefan et le père Azcarate et les Arango de Primavera et les Ortiz du Parc et les Borja de l’Ermitage et tant d’autres à qui elles continuaient d’écrire, en leur envoyant des sucreries à chaque Noël, des faire-part à chaque douleur et des télégrammes à chaque triomphe et que l’enterrement a paru être célébré au-dessous du lustre immense de l’église paroissiale de Roldanillo et non dans l’église de San Fernando, où les prêtres en habit ont chanté pour elle, les Umaña, au lieu de souffrir de son absence, ont à nouveau rechargé leurs batteries du souvenir et ont construit sur leur nouvelle peine un balcon lumineux vers l’abîme tragique qui les secouait depuis cette aube néfaste de février. Aujourd’hui elles ne sont plus que quatre, les quatre Umaña (parce que Leonilde, sœur de sang, mère de la seule lumière qui illumina ses yeux, on ne peut plus née Umaña, se maria avec Mejía-Vargas et depuis lors cessa d’être Umaña), toutes quatre, revêtues de noir, continuent à prendre chaque dimanche matin le même bus, la même ligne et le même élan pour s’acquitter invariablement du rythme nécrologique.

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En cada rezo, en cada sollozo, parecen testigos de un ayer que todos queremos olvidar o que al menos nos han obligado a mirarlo de otra manera. No se cansan de vivir tan monótonamente las Umañas. No olvidan las determinaciones sangrantes que las hicieron huir de Roldanillo, pero recuerdan más el sonido estéril de las llantas militares sobre el pavimento húmedo en la solitaria madrugada de febrero, cuando perdieron la ilusión.

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Dans chaque prière, dans chaque sanglot, elles semblent les témoins d’un hier que nous voulons tous oublier ou qu’au moins l’on nous a obligé à regarder autrement. Elles ne se lassent pas de vivre d’une manière si monotone, les Umaña. Elles n’oublient pas les causes sanglantes qui les ont fait fuir de Roldanillo, mais elles se rappellent plus le son stérile des pneus militaires sur le pavé humide au petit matin solitaire de février, quand elles ont perdu leurs illusions. Traduit par Yves Moñino

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La Calle Mocha (Bomba camará) Umberto Valverde Camará Ricardo: ¿Y la movida qué? ¿Déjate de esas sanoapestosas postales que nos jetenviaste, acaso tratas de sifilizarnos? Ahora que tu cheverísima persona está newyorkizadamente legal no nos vas a dejar en la vía, con el pucho de la vida apretado entre los labios y un poco lento al andar. Vos seguís metido entre nosotros como una canción. Si suena un bolero así de legal como La lejanía de Rolando La Serie alguno dice que ése era tu preferido aunque sea falso. Si pasa una hembrita poderosa, nos acordamos de vos porque eras el tumbador de la gallada, el más bacán de todos. Las peladas te recuerdan y sufren mucho por vos, fíjate si no, nos cansan de preguntas sobre tus cartas no llegadas pero que nosotros de vacilón decimos que sí, entonces nos joden toda la noche para descubrir a cuál de ellas le has tirado un beso por airmail extra rápido y decimos que todas si los reciben de nosotros, algunas hasta se dejan meter la lengüita, otras ni modo. Aunque a tu larga marcha lleva poco por gringolandia, siempre ha habido un revuelco de todo. Milena se peleó con su dignísimo maridito, sin duda por vos, todo el mundo sabe que ustedes se acostaban, eso se requetesabía, y el cornudo de Tulio después de todo quiso sacar su honor en limpio y lo ensució de verdad, porque ella lo echó por la borda y se estacionó en su casa paterna; Emilio se tiró un lance con ella, y salió bartoleado sin conseguir nada, pero que no le vayas a mentar la moder pues él no cree en la propiedad privada y excuse me. Yolandita está tan buena que el mismo Alberto, siendo su hermano, se la pega fuerte en las bailaditas que hacemos, pero sigue comiéndote cuento, y hay guerra abierta por entrarle, la pelada se resiste y le ha dado por ser estudiosa, sin embargo supimos que Emilio la bailó todo un domingo y con sus copas de más, se lo pidió de frente, y entonces le hizo una tragedia y ahí namá. ¿Te acordás de la copera que vacilábamos cuando íbamos al "Nocturnal", ésa que agitaba las masas debido a la sobreabundancia

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La rue Tronquée (La bombe mon pote) Umberto Valverde Mon pote Ricardo, ¿Et la fête, quoi ? Arrête ces cartes postales sani-puantes que tu nous as aéro-postées, t’essayerais de nous syphiliser ? Maintenant que ta fantastique personne se trouve newyorkement super, tu ne vas pas nous laisser sur la route, avec le mégot de la vie collé aux lèvres et la démarche un tantinet ralentie. T’es toujours présent parmi nous comme une chanson. Si on entend un boléro aussi génial que L’éloignement de Rolando La Serie, quelqu’un dit que c’était ton préféré même si c’est faux. Une meuf bien attirante vient à passer, nous nous souvenons de toi parce que t’étais le tombeur de la bande, le plus beau mec de tous. Les nénettes se souviennent de toi et souffrent un max par toi, rends-toi compte si c’est pas vrai, elles nous abreuvent de questions sur tes lettres non reçues mais nous tartuffes on dit que si, alors elles nous emmerdent toute la nuit pour découvrir à laquelle d’entre elles tu as jeté un baiser par air mail extra rapide et nous disons qu’à toutes si elles en acceptent un de nous, même que certaines se laissent mettre la langue, avec d’autres, pas moyen. Bien que ta longue marche au Gringoland date de peu, tout a été chambardé ici. Milena s’est battue avec son petit mari très digne, sans aucun doute à cause de toi, tout le monde sait que vous couchiez, c’était archi-su, et ce cocu de Tulio a voulu après ça laver son honneur et l’a vraiment sali, parce qu’elle l’a laissé tomber et a été crécher à la maison paternelle ; Emilio s’est mis à la draguer, il s’est retrouvé gros jean sans rien obtenir, mais ne va pas lui insulter sa reum vu qu’il ne croit pas à la propriété privée et excuse me. Yolandita est si bonne que même Albert, son frère pourtant, la frotte bien fort dans les danses que nous faisons, mais tu peux me croire, il y a une guerre ouverte pour la lui mettre, la nénette résiste, elle veut se consacrer à ses études ; malgré ça on a su qu’Emilio l’a fait danser tout un dimanche et verres de trop aidant, il le lui a demandé en face, et alors elle lui a fait une tragédie et point barre. Tu t’souviens de l’entraîneuse à qui nous faisions de l’œil quand nous

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allions au « Nocturnal », celle-là qui agitait les masses grâce à la surabondance

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carnal que tenía?, pues ahora es la manzana de la discordia, porque siempre llega borracha y hace unas escandaleras de miedo, los viejos se han propuesto sacarla de la calle y están haciendo un memorial y eso que no saben, y aquí viene lo mejor, que Emilio le cayó bien y se convirtió en su mozo de cabecera, el man está como nunca, gozando de esa carnicería y lo Importante, de su mosca; lo lleva al cine, le da para beber, le regala misacas, de todo, ¿ves? Decinos si la onda no está legal, todos tienen su hembrita y salimos nítidos en el estudio, con chancuco, pero el todo es pasar y basta. Fíjate que hasta el negro Losada se salió con la suya, se acostaba con Clarissa, la casada, ¿te acordás?, la de la casa de la derecha, la última. Y está jugando como nunca, dice que tus consejos fueron definitivos, pues ahora lo contrató nuestro glorioso equipo rojo para que juegue en reserva, de allí sólo es un paso, y ya es un crack. No te desesperes que faltan cosas por contarte, lo que pasa es que todo el mundo mete la mano aquí y escribe su partecita y se va, pero te echamos todo el rollo porque sabemos que a vos te hace falta y degusta así, ¿no es cierto, man? Lo más de película fue el baile de los quince de Marta Díaz, duró como tres días, la gente caía y reaparecía como nueva, el aguardiente salía por magia, estábamos como cubas bebiendo, y qué comida, hermano, estábamos firmes, nadie salía de la casa pues el ritmo nos llamaba, se aprovechó un puente del carajo, y sonaba música de cualquier especie, claro que nosotros imponíamos la nuestra, la música del otro lado. El primero que bailó con Martica, después del respectivo vals con su padre, fue el Emilio, que según parece está pisándote los talones y si no vuelves pronto te quita de escena, y con eso, se la cuadró, a la madrugada los vimos amacizados y chupando trompa en plena sala, y no hubo quien no aceptara este noviazgo complacido, pues como dicen ellos, Emilio es un muchacho de porvenir, y no es un vago cualquiera, ni un aventurero como ese Ricardo. El único muerto célebre durante tu ausencia fue la abuelita del Emilio, la más bochinchera de la Calle Mocha, pues se sabía la historia de toda la gente, y la que no sabía, la inventaba. Estaba tan enferma que todo le dolía, menos la lengua. Se pasó cuatro días agonizando, todo el mundo fue al entierro, hubieras visto, parecía una manifestación, el lloriqueo fue con gritos y desmayos, pero el nieto estuvo templado, ni una sola lágrima como dice el disco, y en la calle se criticó eso, pues no falta

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quién.

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charnelle qu’elle avait ? Eh bien maintenant c’est la pomme de la discorde, parce qu’elle arrive toujours saoule et fait des scandales terribles, les vieux se sont proposés de l’éjecter de la rue et sont en train de faire une dénonciation et pourtant ils ne savent pas tout, et maintenant voilà le plus beau, Emilio lui a plu et il est devenu son chéri en chef, le mec est comme jamais il a été, jouissant de cet étal de viande et le plus important, de sa braise ; elle l’emmène au ciné, elle lui donne de quoi boire, lui offre des chemises, de tout, tu vois ? Dis-nous si l’ambiance est pas géniale, tous ont leur meuf et on a réussi aux exams, avec des anti-sèches, mais le tout est de passer, et point. Tu te rends compte, même Losada, le Noir, a fait parler de lui, il a couché avec Clarissa, la femme mariée, tu te rappelles ? Celle de la maison à droite, la dernière. Et il joue comme jamais, il dit que tes conseils ont été définitifs, vu que maintenant notre glorieuse équipe rouge l’a embauché pour qu’il joue en réserve, de là il n’y a plus qu’un pas pour être un champion. Te désespère pas, on a encore des choses à te raconter, en fait tout le monde y met son grain de sel, écrit son petit morceau et s’en va, mais on te balance tout le film parce que nous savons que ça te manque, alors déguste-le : pas vrai, mec ? Le plus spectaculaire, ç’a a été le bal des quinze ans de Marta Diaz, il a duré environ trois jours, les gens tombaient et réapparaissaient comme neufs, l’eau-de-vie arrivait par magie, on buvait comme des trous, et quelle nourriture, mon frère, on était fermes, personne ne sortait de la maison vu que le rythme nous appelait, on a profité d’un pont du tonnerre, avec de la musique de tous les genres, bien entendu on imposait la nôtre, la musique de l’autre bord. Le premier qui a dansé avec la petite Marta, après la valse obligée avec son père, ç’a été l’Emilio, qui selon toute vraisemblance est en train de te marcher sur les talons et si tu ne reviens pas bientôt il va te virer de la scène, et làdessus, il l’a emballée, on les a vus à l’aube étreints en se roulant des pelles en pleine salle, et y en a pas eu un qui n’ait pas accepté ces fiançailles avec plaisir, car comme ils disent, Emilio est un garçon d’avenir, et c’est pas un feignant quelconque, ni un aventurier comme ce Ricardo. L’unique mort célèbre durant ton absence a été la mémé de l’Emilio, la plus bavarde de la rue Tronquée, puisqu’elle connaissait l’histoire de tous les gens, et ce qu’elle ne savait pas, elle l’inventait.

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Elle était si malade que tout lui faisait mal, sauf la langue. Elle a passé quatre jours à agoniser, tout le monde est allé à l’enterrement, t’aurais vu, on aurait dit une manifestation, pleurnichements accompagné de cris et d’évanouissements, mais le petit-fils est resté sec, pas une larme comme dit le disque, et dans la rue ça a été critiqué, y en a toujours pour ça.

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El Jaime se parchó de la gallada, no por su querer, sino porque se casó con Irma, una de las Aguirres, la más loca de todas y lo agarró bien, pues lo anticiparon y ni modo de zafarse, de vez en cuando aparece como un fantasma y lo lanzamos a la beba, pero ya uno con argolla se amarra y no es lo mismo. Cuando estamos tirados al tres nos pasamos por el ''Longplay" y nos tomamos unas frías, todavía somos los conocedores indiscutibles de la música sabrosa, claro que Alberto sigue siendo el sabelotodo, no falla una; los sábados no perdonamos nuestras canecas, nos pegamos unas borracheras del carajo, y nos da por las serenatas, es un plato chévere, pero siempre amanecemos con Ledesma, Willie Rosario, Domingo Lugo y con un disco inolvidable de la Sonora. ¿Ya te tiraste la primera gringuita? Pásanos la onda de por allá, si es muy chévere ese New York, según lo que nos digas nos animamos a largarnos también, hay algunos decididos; cuéntanos de la música poderosa, ¿ya fuiste a escuchar las orquestas latinas? Mándanos discos si puedes. Recibe un abrazo grandote de LA GALLADA DE LA CALLE MOCHA Nacimos en esta calle, a una cuadra de la octava, muy cerca del centro; comienza desde la 21, la única entresalida y no termina en la 20 como sería lo normal, sino en la vieja casona de misiá Concepción que se cruza de pronto y le cierra el porvenir. Siempre tuvimos problemas con el resto del barrio, todavía hay disputas, por eso cuando se organizó un torneo de gorriones, estábamos muy pelados, sacamos nuestro propio equipo y le dimos un nombre que parecía nuestro grito de guerra: la Calle Mocha; y todo el barrio nos llamó así. Nuestros recuerdos están tirados por toda la .calle, dentro y fuera de las casas; ocultos entre el barro seco y la hierba que ahora crece desordenadamente podemos encontrar nuestros gritos de gol, las noches cuando jugábamos fulbito, también están los sudores y el cansancio de aquellos tiempos. Entre el laberíntico jardín y los árboles de mango de misiá Concepción están guardadas nuestras lentas y suaves palabras de miedo mientras descubrían nuestro escondite o el tipo nos baleaba con su pumpum de mentiras. En el cuarto lleno de cachivaches puedo escuchar a veces mis fogosas y primeras experiencias eróticas, casi todas

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Le Jaime s’est tiré de la bande, pas de son plein gré, mais parce qu’il s’est marié avec Irma, l’une des Aguirre, la plus folle de toutes, et elle lui a mis le grappin dessus car ils s’en sont anticipé un et pas moyen de se défiler, de temps en temps il apparaît comme un fantôme et on le pousse à la boisson, mais avec la bague au doigt on s’enchaîne et c’est plus pareil. Quand on est jetés au trois on passe par le « Longplay » et on prend quelques bières, on est encore les connaisseurs indiscutables de la musique super cool, sûr qu’Alberto continue à être celui qui sait tout, il se trompe sur aucune ; les samedis on ne ménage pas les canettes, on se paye des cuites géantes, et on penche pour les sérénades, c’est un plat génial, mais l’aube nous trouve toujours avec Ledesma, Willie Rosario, Domingo Lugo et avec un disque inoubliable de la Sonora. T’as déjà baisé ta première petite amerloque ? Transmets-nous les ondes de par là-bas, si ç’te New York est vraiment géniale, selon ce que tu vas nous dire, ça va nous donner envie de nous tirer aussi, certains sont décidés ; parle-nous de la musique forte : tu es déjà allé écouter les orchestres latinos ? Envoie-nous des disques si tu peux. Reçois une grande accolade de LA BANDE DE LA RUE TRONQUÉE Nous sommes nés dans cette rue, à un pâté de maisons de la Huitième, tout près du centre ; elle commence à la 21, l’unique issue, et elle ne finit pas à la 20 comme elle devrait, mais à la vieille bâtisse de m’dame Concepción qui se met soudain en travers et ferme la suite. On a toujours eu des problèmes avec le reste du quartier, il y a encore des disputes, c’est pour ça que quand un tournoi de moineaux a été organisé, nous étions très gamins, on a créé notre propre équipe et on lui a donné un nom qui semblait notre cri de guerre : la rue Tronquée ; et tout le quartier nous a nommés ainsi. Nos souvenirs sont éparpillés dans toute la rue, à l’intérieur et à l’extérieur des maisons ; cachés entre la boue sèche et l’herbe qui croît maintenant en désordre nous pouvons retrouver nos cris de buts, les nuits quand on jouait au baby-foot, il y a là aussi les sueurs et la fatigue de ce temps-là. Entre le jardin labyrinthique et les manguiers de m’dame Concepción, se conservent nos douces et lentes paroles de peur quand

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notre cachette était découverte et le type nous canonnait ses boum boum de mensonges. Dans la chambre pleine d’ustensiles, je peux écouter parfois mes premières et fougueuses expériences érotiques, presque toutes

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relacionadas con Carlota, mi vecinita, que se venía todas las tardes con sus falditas corticas; lo hacíamos hasta fatigarnos, y a veces, me insistía, era imparable. Mi casa es la quinta del lado izquierdo, o sea la de los Duarte, más allá, están los Díaz, los Gutiérrez, los López y todos los demás, siempre hemos sido los mismos, sólo cambian algunos que alquilan apartamentos o piezas. La última en llegar fue la copera y parece que será la primera en salir otra vez, porque los viejos están berracos por los escándalos que forma, y eso que no saben de mis encamadas con ella y de todo lo que me da. No hay quien no se pa el pasado del otro, pero sólo mi abuelita lo sabía con detalles y hablaba pestes de toda esta parranda de perritas en celo. Por eso le tenían bronca, porque la viejita se pasaba de hablar, pero cuando la enterramos, gente fue lo que sobró, creo que fueron para verla enterrada de verdad. Siempre había pensado en irme, me enojaba estar ligado siempre a esta calle de mierda, pero qué carajo, ahora tengo a Martica ilusionada, casi derritiéndose por mí y ese virguito no me lo pierdo; además. Victoria, la copera, no me va a cambiar por mucho tiempo, pues me dice que yo soy el único que la he comprendido, claro, yo soy el pendejo que me aguanto sus tangos y lamentaciones. Pensé en irme con Ricardo, dejar el estudio, aventurarme y lanzarme de frente a la vida, pero estar solo es muy barro, es algo templado estar tirado al abandono, y en cambio en casita uno tiene todo y no se preocupa por nada, y la pasa suave, de puro vacilón. Ahora no salimos del “Longplay", el ambiente y la música es de lo chévere que hay, sólo de vez en cuando se forma tropel, pero en general no hay problemas. Ahora que estoy oyendo La lejanía me acuerdo que Ricardo volverá pronto, según me contó Yolandita. Parece que no le ha ido tan bien como esperaba, y se largó se puso de fantoche diciendo que no volvería nunca, y si viene no estará tan endiosado como antes, pero los demás le marchan, por eso nunca participé de esas cartas colectivas que le enviaban. Y si quiere definir la supremacía, la definimos, porque ahora, a pesar de algunos, el rey soy yo. Y sus voces (las voces de ellas nunca nadie las había escuchado antes tan desnudas, mostrando la suciedad de sus deseos, cada vez más fuertes impulsados por los recuerdos, voces de cuerpos calientes, las que un día la abuelita de Emilio profetizó que serían como perras en celo) habitan el nombre de Ricardo, de la gallada, de sus vecinos, de Milena, sobre la

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liées à Carlota, ma petite voisine, qui venait toutes les après-midi avec ses jupettes bien courtes ; on le faisait jusqu’à épuisement, et parfois elle insistait, elle ne voulait pas arrêter. Ma maison est la cinquième du côté gauche, c’est-à-dire celle des Duarte, plus loin il y a les Díaz, les Gutiérrez, les López et tous les autres, nous avons toujours été là les mêmes, quelques uns seulement changent, qui louent des appartements ou des chambres. La dernière à arriver a été l’entraîneuse et il semble que ce sera la première à repartir, parce que les vieux deviennent dingues à cause des scandales qu’elle déclenche, bien qu’ils ne sachent rien de mes coucheries avec elle ni de tout ce qu’elle me donne. Personne n’ignore le passé des autres, mais seule ma mémé le connaissait par le menu et disait pis que pendre de toute cette bande de chiennes en chaleur. Ils lui en voulaient pour cela, parce que la vieille parlait trop, mais quand on l’a enterrée, il y a eu foule, je crois qu’ils y ont été pour la voir enterrée une fois pour toutes. J’avais toujours pensé partir, je m’irritais d’être toujours lié à cette rue de merde, mais bon Dieu, maintenant j’ai rendu Marta amoureuse, elle se liquéfie presque pour moi et ce tendron je ne le perds pas ; en plus, Victoria, l’entraîneuse, ne va pas me remplacer de longtemps, car elle me dit que je suis le seul qui l’a comprise, c’est clair, je suis l’andouille qui supporte ses tangos et ses lamentations. J’ai pensé partir avec Ricardo, laisser les études, m’aventurer et me lancer face à la vie, mais vivre seul est bien chiant, c’est assez dur d’errer à l’abandon, et en revanche dans un chez-soi on a tout et on ne se soucie de rien, et on se la coule douce en pur jouisseur. Maintenant nous ne sortons pas du « Longplay », l’ambiance et la musique sont des plus géniales, de temps en temps seulement il y a de la cohue, mais en général il n’y a pas de problèmes. En ce moment où j’écoute L’éloignement, je me souviens que Richard reviendra bientôt, selon ce que m’a dit Yolandita. Il paraît que ça ne va pas aussi bien qu’il l’espérait, et il a pris le large, il avait fait le malin en disant qu’il ne reviendrait jamais, et s’il revient on ne l’adulera pas comme avant, mais les autres le suivent, c’est pour ça que je n’ai jamais participé à ces lettres collectives qu’ils lui envoyaient. Et s’il veut mettre la suprématie sur le tapis, on l’y mettra, parce que maintenant, malgré certains, c’est moi le roi. Et leurs voix (leurs voix à elles, personne ne les avait jamais écoutées avant aussi dénudées, montrant la saleté de leurs désirs toujours plus

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aigus, mus par les souvenirs, les voix des corps chauds de celles dont un jour la grand-mère d’Emilio a prophétisé qu’elles seraient comme des chiennes en chaleur), hantent le nom de Ricardo, de la bande, des voisins, de Milena, sur

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cual caen las más siniestras calificaciones debido a la posesión que ésta tiene sobre la tumbadora presencia e imagen de Ricardo. Pero nunca hablarían de su cuerpo, con su rostro de tristeza y una mirada perdida en la infancia, sus piernas largas y sus muslos excitantes apretados en su slack negro cotidiano y una convincente formación de sus pechos. Y sobre ella sólo repetían el decir de las malas lenguas: perra una vez, perra toda la vida. Y todas ellas, las muchachas de la Calle Mocha, entrelazan una conversación inacabable por sus propósitos, mientras hacen un remedo sin estilo de los discos de moda y los pasos rítmicos de un baile escandaloso. Marina se alebrestó de voz cuando Yolanda, entre risas, soltó la onda de que Emilio (hermano de Marina) andaba con la copera, sobre la cual caía una sonora y burlona risotada cuando la veían forrada en vestidos tan estrechos como sus gruesos muslos, y poco le faltó para mandarla al cuerno; en ese momento, María tuvo la malicia de decir que Emilio estaba muy pintoso y no fuera a suceder que Marinita tuviera celos. Y Marina, hábil e impúdica, habla del nuevo amigo de las Gutiérrez, para cambiar de tema y decir que son unas descaradas, porque uno solo les basta para todas y quien sabe, si se descuidan o se hacen de la vista gorda, el amigo éste termina con la familia conquistándose a Lucía, la menor de la familia, y con la cual todas están extrañadas debido al cuerpo que ha cogido últimamente, pero Yolanda confiesa que todo se lo debe a su hermano, Alberto, pues ha estado saliendo con ella, y sin duda sin perder el tiempo. Irma, una de las Aguirres, les propuso que hablaran más bajo y no fueran a creer que se había cumplido la profecía de misiá chisme, pues el Vocabulario que estaban usando no era, el más conveniente para ellas, hijas de familia. Mientras Marta, sólo con sus ajustados shorts movía sus caderas y sus senos se agitaban en la repetición incesante de la música de los Beatles y de su boca salía un help chillón, Irma lanzaba la idea de hacer un baile el domingo, porque deseaba amacizarse con su Jaime y Marina dijo que tenían que avisarles pronto, antes de que se fueran al "Longplay" a tirarse la plata, pues era sábado, y ninguno fallaba esa cita, que ya se había convertido en ceremonia sagrada porque ni se acordaban de ellas. Luego no hicieron más que tomarse el pelo, hacer concursos de las mejores piernas (en el cual María siempre salía victoriosa) y contarse detalladamente cómo eran los besos de sus novios y toda la atención

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laquelle tombent les qualificatifs les plus sinistres grâce à la possession que celle-ci a de la présence et de l’image écrasantes de Ricardo. Mais elles ne parleraient jamais de son corps, de sa figure de tristesse au regard perdu dans l’enfance, de ses longues jambes ou de ses cuisses excitantes serrées dans son habituel pantalon noir, ni de la forme convaincante de ses seins. Et à son propos, elles ne faisaient que répéter le dire des mauvaises langues : chienne une fois, chienne pour toute la vie. Et toutes, les jeunes filles de la rue Tronquée, tissent une conversation interminable par ses sujets, tandis qu’elles font une imitation dénuée de style des disques à la mode et des pas rythmiques d’une danse scandalisante. La voix de Marina s’est altérée quand Yolanda a lâché en rigolant qu’Emilio, le frère de Marina, sortait avec l’entraîneuse, sur laquelle un éclat de rire moqueur et sonore tombait quand elles la voyaient moulée dans des robes aussi étroites que ses cuisses étaient grosses, et elle s’est retenue de peu de l’envoyer au diable ; à ce moment-là, Maria a dit avec malignité qu’Emilio était très séduisant et que cela n’aille pas éveiller la jalousie de la petite Marina. Et Marina, habile et impudique, parle du nouvel ami des Gutiérrez, pour changer de sujet et dire qu’elles sont des effrontées, parce qu’un seul leur suffit à toutes et qui sait, si elles ne font pas attention ou feignent l’ignorance, cet ami achèvera la famille en séduisant Lucía, la cadette, qui les a toutes étonnées à cause du ventre qui lui est venu dernièrement, mais Yolanda confesse que tout cela est dû à son frère, Albert, vu qu’il sortait avec elle, et pour sûr sans perdre son temps. Irma, l’une des Aguirre, leur a proposé qu’elles parlent plus bas pour qu’on n’aille pas croire que la prophétie de m’dame Cancan s’était accomplie, le vocabulaire qu’elles utilisaient n’étant pas des plus convenables pour des filles de famille. Pendant que Marta remuait les hanches rien qu’avec ses shorts moulants, ses seins s’agitant dans la répétition incessante de la musique des Beatles, et que de sa bouche sortait un help criard, Irma lançait l’idée de faire un bal le dimanche, parce qu’elle désirait se coller à son Jaime et Marina a dit qu’elles devaient vite avertir les garçons avant qu’ils n’aillent au « Longplay » dépenser leur argent, car on était samedi, et aucun ne manquait ce rendez-vous qui était devenu une cérémonie sacrée parce qu’ils ne se pensaient même plus à elles. Ensuite elles n’ont fait que se mener en bateau, faire des concours des

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plus belles jambes (ce en quoi Maria sortait toujours gagnante) et se raconter en détail comment étaient les baisers de leurs petits amis, et toute l’attention

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recaía en Yolanda, pues se excitaba al recordar cómo lo hacía Ricardo, mientras las otras se ruborizaban; y tal vez fue Alberto quien las vio con sus ojos rayados de crepúsculo, al entrar gritando que había escrito el lejano Ricardo, el aventurero. Este recuerdo hace parte de la Calle Mocha y de mí mismo, nadie puede olvidarlo, me parece como si fuera ayer y fueron siete meses; me iba para no volver y todo el mundo se metió en la fiesta de despedida, me voy de este mierdero para hacerme otra persona y conseguir dólares a lo macho porque New York es wonderful; de Milena me despedí un día antes, en el portal de su casa aunque adentro estaba Tulio, sólo fue un apretón de manos, detrás de su rostro estaba la nostalgia, y yo ni siquiera pude hablarle, ella tuvo el valor de decirme: recuérdame; en el aeropuerto formamos un showcito de verdad pues llegamos con los muchachos amanecidos, traíamos una rasca poderosa, y veníamos cantando adiós muchachos compañeros de mi vida, barra querida… y ése del jefe vengo a decirle adiós a los muchachos... y qué espectáculo dio Yolandita tratando de arrancarme los labios, me daba pesar porque le había mentido y tampoco fui capaz de pedirle que me olvidara; casi me deja el avión pero me les subí a la fuerza y ni modo de bajarme, y después, lo peor: New York sin fábula, y luego, la soledad, la tristeza de no tenerte, de estar lejos de ti, sin Milena. Me propuse no escribir cartas porque revelaría mi derrota, luego envié unas postales feas que me encontré, me llegó la primera carta de los muchachos, qué berraquera, aún la guardo; desde los primeros días quise regresarme, pero me sacrifiqué por las apariencias, y sólo me decidí cuando me llegó la citación del ejército norteamericano para irme al Vietnam, y yo no quería eso, me había largado para vivir mi vida, ser yo misino a mi modo y no iba a pelear por una causa que no es nuestra; si en mi país no había prestado servicio menos lo haría allá; todo tan deprimente me desconsoló, no me acostumbraba, claro que conseguí varios trabajos y ahorré mis dólares, pero eso no es todo, uno quiere gozar, bailar con Tito Puente, con Palmieri, ponerse a la moda con el boogaloo, bailarlo despacio, lento, con algo de jazz, sin el arrebato que le meten en el “Seven Sky” de acá o en el “Longplay”, por eso no me importó volverme, estar de nuevo en la Calle Mocha, tan igual como antes, aunque no falta quien diga que el berraquito de la gallada se rajó y no fue capaz de resistir lo duro; allá ellos si pretenden que a rey muerto rey puesto, pero a mí sí que no. Conmigo, nada.

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retombait sur Yolanda, car elle s’excitait au souvenir de la façon dont Richard le faisait, tandis que les autres rougissaient ; et c’est peut-être bien Albert qui les a vues de ses yeux soulignés de crépuscule, comme il entrait en criant que le lointain Richard, l’aventurier, avait écrit. Ce souvenir fait partie de la rue Tronquée et de moi même, on ne peut pas l’oublier, il me semble que c’était hier et cela fait sept mois ; je partais pour ne pas revenir et tout le monde était venu à la fête d’adieux, je m’en vais de ce merdier pour devenir quelqu’un d’autre et pour obtenir des dollars comme un mâle parce que New York est wonderful ; à Milena j’avais fait mes adieux un jour avant, devant le portail de sa maison malgré la présence de Tulio à l’intérieur, ce fut seulement un serrement appuyé des mains, derrière son visage était la nostalgie, et je n’ai pas même pu lui parler, elle a eu le courage de me dire : pense à moi. À l’aéroport nous avons réalisé un vrai show vu que nous sommes arrivés avec les gars qui avaient veillé jusqu’à l’aube, on traînait une cuite d’enfer en chantant Adieu garçons, compagnons de ma vie, bande chérie… et celle du chef Je viens dire adieu aux garçons... Et quel spectacle a donné Yolandita en essayant de m’arracher les lèvres, elle me faisait de la peine parce que je lui avais menti et que je n’ai même pas été capable de lui demander de m’oublier ; l’avion part presque sans moi mais j’ai réussi à y monter de force et pas moyen d’en descendre, et après, le pire : New York sans fables, et ensuite, la solitude, la tristesse de ne pas t’avoir, d’être loin de toi, sans Milena. Je me m’étais proposé de ne pas écrire de lettres parce cela révélerait mon échec, mais ensuite j’ai envoyé quelques cartes postales moches que je me suis dégottées, la première lettre des garçons m’est arrivée, sensationnelle, je la garde encore ; dès les premiers jours j’ai voulu revenir, mais je me suis sacrifié pour les apparences, et je ne me suis décidé que quand m’est arrivée l’ordre de l’armée nord-américaine de partir pour le Vietnam, ce n’est pas cela que je voulais, je m’étais tiré pour vivre ma vie, être moi-même selon mon gré et je n’allais pas me battre pour une cause qui n’est pas nôtre ; si dans mon pays je n’avais pas accompli mon service ce n’était pas pour le faire là-bas ; tout ces choses si déprimantes m’ont affligé, je ne m’y faisais pas, bien sûr j’ai obtenu divers boulots et économisé mes dollars, mais ça ne représente pas tout, on veut jouir, danser avec Tito Puente, avec Palmieri, se mettre à la mode avec le boogaloo, le danser doucement, lentement, avec un soupçon de jazz, sans la fureur qu’ils y mettent au « Seven Sky » d’ici ou au « Longplay », c’est pour ça que

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cela m’a été égal de revenir, d’être à nouveau dans la Rue Tronquée, toujours la même qu’avant, bien qu’il n’en manque pas pour dire que le fleuron de la bande s’est planté et n’a pas été capable de résister à la dure ; ils soutiennent là-bas que le roi est mort, vive le roi, mais sûrement pas devant moi. Avec moi, rien.

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No me interesan esas falsas famas que se crean sobre uno, eso es cosa de Emilio queriendo jugar al tipo como en las películas de cowboys, pobrecito, viniéndome con un saludo de creído, allá él, pues cada uno se hace y se degenera como quiere. Muchos creen que tengo un fracaso encima, pero no me arrepiento, ese golpe me sirvió, dejaré de ser el vacilador que todas deseaban, tomaré las cosas en serio, eso sí, no abandonaré mi bacanería, ni mi guapachoso modo de ser. Vine a buscarte, a recuperarte. Necesito de tu calor, Milena, porque traigo mucha soledad incomprendida. Y por eso te cuento todo lo que siento, ¿me entendés?, por eso estoy aquí, derrotado ante los demás pero menos ante vos que sí me crees, es por esto que te pido que volvás a mí, que volvamos a comenzar de nuevo.

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Elles ne m’intéressent pas, ces fausses renommées qui se créent autour de quelqu’un, cela vaut pour Emilio qui veut jouer au petit mec comme dans les films de cow-boys, le pauvre, il m’aborde avec un salut de vaniteux, grand bien lui fasse, vu que chacun se fait et se défait comme il lui plaît. Beaucoup croient que j’ai un échec sur le dos, mais je ne me regrette rien, ce coup-là m’a servi, je vais cesser d’être le séducteur que toutes désiraient, je prendrai les choses au sérieux, mais c’est pas pour ça que je ne vais plus être cool, ni abandonner mon train de vie festif. Je suis venu te chercher, pour te récupérer. J’ai besoin de ta chaleur, Milena, parce que j’apporte beaucoup de solitude incomprise. Et pour cette raison je te raconte tout ce que je sens, tu piges ? C’est pour ça que je suis là, vaincu aux yeux des autres mais moins devant toi qui me crois vraiment, c’est pour ça que je te demande de revenir à moi, pour que nous repartions à zéro. Traduit par Yves Moñino

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Desencuentros Hernán Toro Todos los amigos de Rubén y Graciela estaban de acuerdo en pensar que algo muy de fondo e íntimo debía unirlos para que sus disputas matrimoniales, tan frecuentes y a menudo públicas, no hubieran desembocado en la ruptura. Después de años se habían acostumbrado a verles pelearse con una saña que a ojos de terceros que no les conocieran podría parecer atroz. Y puede que objetivamente así lo fuera, sólo que a fuerza de presenciar estos enfrentamientos sus amigos habían terminado por insensibilizarse frente a su gravedad; inclusive, era probable que lo que los otros llamaban “saña” fuera para esa pareja su modo sano de relacionarse, su particular punto de equilibrio emocional. Pero si sus amigos se habían habituado a ese conflicto permanente, también es cierto que se les había vuelto casi normal verles poseídos por una armonía absoluta en dos circunstancias muy distintas, tan particulares que cuando se producían entraban en una zona de entendimiento absoluto, de calma casi zen: cuando iban a ver fútbol al estadio y al bailar ese foxtrot llamado X. Eran, sin embargo, dos tipos de armonía muy diferentes. Cuando iban al estadio, se trataba de un equilibrio en torno a algo que les era exterior: la pasión por el América, un equipo de fútbol de suciedad. Eran unos verdaderos fanáticos, es decir, se comportaban ciegos e intransigentes con todo lo que tuviera que ver con su equipo. Llegaban desde muy temprano al estadio vistiendo camisetas originales del América, la de ella con el número 1, en homenaje a Carlitos Montaño, el famoso “Indio” de los años sesenta, un cancerbero legendario del que aún sobrevive en la memoria orgullosa de la vieja hinchada una tapada formidable a un tiro de Garrincha, el encantador «Passarinho», cuando vino el Botafogo, de Río, hecho a sólo tres metros del arco; la camiseta de Rubén estaba marcada con el número 10, en honor a tantos e incontables jugadores magistrales que habían portado esa camiseta mítica en el América pero sobre todo. sobre todo, para rendirle tributo a ese fantástico forward llamado Américo Montanini, más popularmente conocido como «La Bordadora», un hombre pequeñito cuya mayor virtud era hacer desaparecer el balón a los ojos de sus contrarios -y en ocasiones literalmente mágicas hasta a los del mismo público, tan

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Désaccords Hernán Toro Tous les amis de Rubén et Graciela étaient d’accord pour penser que quelque chose de très profond et d’intime devait les unir pour que leur disputes matrimoniales, si fréquentes et souvent publiques, n’eussent pas débouché sur une rupture. Après des années ils s’étaient habitués à les voir se disputer avec une fureur qui pouvait sembler atroce à des tiers qui ne les connaissaient pas. Et il se peut qu’objectivement ce fût le cas, mais qu’à force d’être témoins de ces affrontements, ses amis avaient fini par devenir insensibles face à leur gravité ; et il était même probable que ce que les autres appelaient « fureur » était, pour ce couple, leur saine manière d’être reliés, leur point particulier d’équilibre émotif. Mais si ses amis s’étaient habitués à ce conflit permanent, il est tout aussi certain qu’il leur était devenu presque normal de les voir possédés par une harmonie absolue dans deux circonstances très différentes, si particulières que quand elles se produisaient, ils entraient dans une zone de compréhension absolue, de calme presque zen : quand ils allaient au stade voir un match de football et en dansant ce fox-trot dénommé X. C’étaient, cependant, deux types d’harmonie très différents. Quand ils allaient au stade, il s’agissait d’un équilibre autour de quelque chose qui leur était extérieur : la passion pour l’América, une équipe de football de leur ville. Ils étaient de vrais fanatiques, c’est-à-dire qu’ils devenaient aveugles et intransigeants avec tout ce qui avait à voir avec leur équipe. Ils arrivaient bien avant l’heure au stade, portant les maillots originaux de l’América, celui de la femme avec le numéro 1, en hommage à Carlitos Montaño, le fameux « Indien » des années soixante, un Cerbère légendaire de qui vit toujours dans la mémoire orgueilleuse de la vieille bande de supporters un blocage formidable d’un tir de Garrincha, l’envoûtant « Passarinho », quand le Botafogo était venu de Rio, exécuté à trois mètres à peine de la cage ; le maillot de Rubén avait le numéro 10, en honneur de tant d’incomptables joueurs magistraux qui avaient porté ce maillot mythique au sein de l’América, mais surtout pour payer tribut à ce fantastique arrière nommé Américo Montanini, plus populairement connu comme « La dentellière », un tout petit homme dont la plus grande vertu était de faire disparaître le ballon des yeux de

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ses adversaires – et en des occasions littéralement magiques, aux yeux mêmes du public, si

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excelsas eran sus virtudes futbolísticas- y que alcanzó su máximo esplendor en la escuadra que logró el subtítulo del campeonato del 60 bajo la dirección técnica del Maestro Adolfo Pedernera, Q.E.P.D. Las camisetas 1 y 10 se volvieron emblemáticas en las tribunas de sombra numerada y dieron origen a las más variadas anécdotas pues todos los hinchas habituales sabían que nadie que disintiera en lo más mínimo o que insinuara una critica al comportamiento del equipo en el campo, aunque lo animara un propósito constructivo, podía sentarse en los alrededores magnéticos de esta pareja de dogmáticos intratables. Ese amor enloquecido y enfermo les diluía su identidad individual para convertirles en una especie de ser único, bifronte, un Jano que delira por un equipo de fútbol. Cuando bailaban el foxtrot, era evidente, en cambio, que el equilibrio que conquistaban brotaba de fuentes muy profundas de su propio interior. Bastaba que sonaran los primerísimos acordes de esa canción -que ellos reconocían de inmediato como si hubiesen sido alertados por una misma señal secreta- para que se entrecruzaran una mirada plena de sobreentendidos complejos no obstante la simplicidad a la cual había llegado su expresión, y de inmediato se tendieran entre ellos miles de sutilísimos puentes que les obligaba a salir a la pista de baile, a la sala de la casa, al lugar donde les hubiera sorprendido esa inesperada dicha acústica. Conocían cada uno de los instantes en que se descomponía la canción, sus énfasis, sus aceleraciones, sus detenciones, las frases continuas que se desenvolvían de acuerdo a una partitura que ellos debían llevar escrita en su sangre. Sabían con seguridad de memoria antigua los pasos que debían ejecutarse según los trozos que se iban escuchando, en qué momento ella le ofrecía su perfil y él aprovechaba el balanceo así producido para pasar las cuatro manos entrelazadas alrededor de la cabeza de ella en unos giros elegantes que se detenían y transformaban en otra figura plástica un cierto número exacto de compases más allá. Parecían un sólo cuerpo mítico que respondiera a las voluntades de un único cerebro, una especie de icono hindú, de divinidad birmana. Los rostros eran el reflejo de una dicha corporal pura. Viéndoles en el estado de gracia en que caían, nadie podría pensar que el paraíso fuera otra cosa que un salón de baile en el que Rubén y Graciela bailaban el foxtrot de su corazón. Así era siempre. O mejor, así fue siempre, hasta esa desafortunada tarde del último diciembre en la que su felicidad elemental de personas

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éminentes étaient ses vertus footballistiques – et qui atteignit le summum de sa splendeur dans l’équipe qui obtint la seconde place au championnat de 60 sous la direction technique du maître Adolfo Pedernera, R.I.P. Les maillots 1 et 10 sont devenus emblématiques dans les tribunes à l’ombre numérotées et ont donné naissance aux anecdotes les plus variées, car tous les supporters habituels savaient que celui qui différait un tant soit peu d’opinion ou qui insinuait une critique du comportement de l’équipe sur le terrain, même animé d’une intention constructive, ne pouvait s’asseoir dans le voisinage magnétique de ce couple d’intraitables dogmatiques. Cet amour fou et malade diluait leur identité individuelle pour les convertir en une espèce d’être unique, un Janus bifrons qui délirait pour une équipe de football. Quand ils dansaient le fox-trot, il était évident en revanche que l’équilibre qu’ils conquéraient naissait des sources très profondes de leur intérieur même. Il suffisait que se fassent entendre les tous premiers accords de cette chanson – qu’ils reconnaissaient immédiatement, comme alertés par un même signal secret – pour qu’ils échangent un regard plein de sous-entendus complexes, nonobstant la simplicité à laquelle son expression était arrivée, et que se jettent immédiatement entre eux les milliers de ponts très subtils qui les obligeaient à aboutir à la piste de danse, au salon de la maison, au lieu où les avait surpris cette joie acoustique inespérée. Ils connaissaient chacune des périodes en lesquelles se décomposait la chanson, ses emphases, ses accélérations, ses arrêts, les phrases continues qui se développaient conformément à une partition qu’ils devaient porter inscrite dans le sang. Ils savaient, avec l’assurance d’un par cœur ancien, les pas qui devaient être exécutés selon les passages que l’on écoutait, à quel moment elle lui offrait son profil et lui profitait du balancement ainsi produit pour passer leurs quatre mains entrelacées autour de sa tête à elle en quelques mouvements circulaires élégants qui s’arrêtaient et se transformaient, un nombre exact de mesures plus loin, en une autre figure plastique. On aurait dit un seul corps mythique qui répondait aux volontés d’un cerveau unique, une espèce d’icône hindoue, de divinité birmane. Les visages étaient le reflet d’un bonheur corporel pur. À les voir en l’état de grâce dans lequel ils tombaient, personne ne pouvait penser que le paradis était autre chose qu’un salon de danse où Rubén et Graciela dansaient le fox-trot de leur cœur. Il en allait toujours ainsi. Ou mieux, il en alla ainsi, jusqu’à cette après-

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midi malheureuse de décembre dernier lors de laquelle leur bonheur élémentaire de voisins

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de barriada pareció sufrir un ataque en el centro mismo de su corazón. Aquella tarde, en efecto, el América perdió el último partido de la liga final y con esa derrota arrastró al fondo de sus frustraciones hasta la esperanza pírrica de un subtítulo. Rubén y Graciela parecieron haber sido arrasados por una calamidad devastadora. En medio de una multitud doblegada por una congoja que parecía provocada por un sentidísimo duelo familiar (multitud que, sin embargo, dos horas antes exultaba enloquecida de alegría y de entusiasmo), salieron del estadio sin comprender muy bien qué había acontecido, apenas con la certeza -vaga, no obstante, como remota, como si les revoloteara alrededor de la mente como un pájaro nervioso y metálico sin atreverse a posarse- de que el equipo, su equipo del alma no sólo había dejado escapar el título sino también la ocasión para que sus seguidores disfrutaran un carnaval de fin de año que el resto de los meses y el resto de las cosas de la vida les había venido negando, aún como promesa, de manera sistemática. Ellos no podían concebir infortunio mayor. Aún bajo los efectos de tan severo golpe y con la idea de buscar condiciones que les ayudara a sobrellevar el tamaño y el peso de semejante desgracia, Rubén y Graciela se fueron aquella noche a los bares que proliferan como flores de neón en la zona lujuriosa de los barrios populares. Ambos pudieron percibir, en el ambiente de las calles primero y en el interior del bar elegido después, el dominio del imperio de un abatimiento que ellos atribuyeron sin vacilar a la derrota de su equipo de fútbol. - Siempre es así, cuando el América pierde, la ciudad se entristece -le dijo Rubén a Graciela sin ningún propósito de hacer filosofía de dos pesos el kilo si como una comprobación cuyo proceso se había efectuado en el fondo del alma. Aquel día no habían reñido porque así como los triunfos de su equipo los unía en la felicidad, de la misma manera sus fracasos los volvía cómplices y tolerantes; de hecho, el acuerdo que alcanzaban se establecía sobre la pasión y no sobre la contingencia de un triunfo o de una derrota. Sin haber estado sometidos, pues, a las fricciones que corrientemente les oponía, se dejaron llevar por la nostalgia de viejas canciones y, en ocasiones, por el compartimiento de un baile efectuado sin grandes despliegues de virtuosismo, acompañándose en todas estas

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de quartier sembla subir une attaque au centre même de leur cœur. Cette après-midi-là, en effet, l’América perdit le dernier match de la finale de la ligue et entraîna avec cet échec au fond de ses frustrations l’espérance même pyrrhique d’une seconde place. Rubén et Graciela parurent avoir été écrasés par une calamité dévastatrice. Au milieu de la foule soumise à une angoisse qui semblait provoquée par un pénible deuil de famille (une foule qui, deux heures avant exultait pourtant, affolée de joie et d’enthousiasme), ils sortirent du stade sans très bien comprendre ce qui était arrivé, à peine avec la certitude – vague cependant, comme lointaine, comme si un oiseau nerveux et métallique virevoltait autour de leur esprit sans oser se poser – que l’équipe, l’équipe de leur âme n’avait pas seulement laissé échapper le titre mais aussi l’occasion pour ses adeptes de profiter d’un carnaval de fin d’année que le reste des mois et le reste des choses de la vie leur avaient systématiquement refusé, même à titre de promesse. Ils ne pouvaient pas concevoir une plus grande infortune. Encore sous les effets de ce coup si sévère et avec l’idée de chercher les conditions qui les aideraient à supporter l’ampleur de semblable malheur, Rubén et Graciela allèrent cette nuit-là dans les bars qui prolifèrent comme des fleurs de néon dans la zone chaude des quartiers populaires. Ils purent percevoir tous les deux, d’abord dans l’atmosphère des rues puis à l’intérieur du bar élu, la domination et l’empire d’un découragement qu’ils attribuèrent sans hésiter à l’échec de leur équipe de football. – C’est toujours comme ça, quand l’América perd, la ville s’attriste, dit Rubén à Graciela sans aucune intention de faire de la philosophie de comptoir, mais comme une vérification dont le processus se serait effectué au fond de son âme. Ce jour-là, ils ne s’étaient pas disputés car de même que les triomphes de leur équipe les unissait dans la félicité, leurs échecs les rendaient complices et tolérants ; de fait, l’harmonie qu’ils atteignaient s’établissait sur la passion et non sur la contingence d’un triomphe ou d’un échec. Sans avoir été soumis, donc, aux frictions qui les opposaient couramment, ils se laissèrent porter par la nostalgie de vieilles chansons et à l’occasion, par le partage d’une danse effectuée sans grands déploiements de virtuosité, en s’accompagnant dans toutes ces

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circunstancias por una botella de ron que se reducía a una velocidad mayor que el avance de la noche. Pero en cierto momento, sin que ninguno de los dos se lo hubiera esperado, atravesó la sala, como si hubiese sido iluminada por un suave relámpago sonoro, el primer acorde de un foxtrot, de su foxtrot que, como de costumbre, reconocieron de inmediato. Entonces se miraron y debieron pensar, cada uno por su lado, que la vida a veces ofrece gratificaciones y que esa puerta hacia el paraíso que ahora les abría la canción compensaba de alguna manera el tormento continuado que habían debido soportar desde el momento inefable del pitazo final del partido. Cogidos de la mano se dirigieron al centro de la pista e iniciaron un baile que seguía el ritmo entrecortado del foxtrot con la misma fidelidad que una sombra sigue a su mano. Viéndoles bailar, el concepto de concavidad encajaba a la perfección con el de convexidad y se explicaban mutuamente. Estaban en esa especie de levitación trascendental cuando, de pronto, un pie de Graciela tropezó con uno de Rubén. Nunca les había sucedido, y fue tal el estupor que debieron detenerse, mirarse como si en definitiva nada del mundo fuera comprensible, y luego terminar el baile guiados más por el olfato de una vieja sabiduría que por el propósito deliberado de ajustar los pasos al ritmo. Al cabo de unos quince minutos de estar sentados, atrapados todavía en el vértigo de lo inexplicable, y durante los cuales no intercambiaron una sola palabra, Rubén le dijo a Graciela con una risilla medio nerviosa que intentaba minimizar la tensión que habían venido sintiendo: - Debe ser por el ron, hemos tornado mucho-. Y agregó a sus palabras un gesto de la mano que señalaba a la botella, como si ésta fuera un testigo no sólo mudo sino también vacío, vaciado. Graciela rió, comprensiva, y le tendió la mano conciliadora por entre los vasos y la botella que erizaban la superficie plana de la mesa. Sólo fue eso, pero ambos sentían que era mucho, quizás demasiado. Los días que siguieron a estos dos desastres casi simultáneos -el de la derrota de su equipo y el del tropiezo en el foxtrot- estuvieron caracterizados por una extraña serenidad, confirmando la creencia colectiva según la cual toda calma ha estado precedida por una tormenta. Lo curioso de toda la situación, tal como ellos la vivían, era que ni la

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circonstances par une bouteille de rhum qui diminuait plus rapidement que la progression de la nuit. Mais à certain moment, sans qu’aucun des deux ne se fût attendu à cela, la salle fut traversée, comme si elle eût été illuminée par un doux éclair sonore, par le premier accord d’un fox-trot, leur fox-trot que comme d’habitude, ils reconnurent immédiatement. Alors ils se regardèrent et durent penser chacun de son côté, que la vie offre parfois des gratifications et que cette porte vers le paradis que leur ouvrait maintenant la chanson compensait en quelque manière le tourment continuel qu’ils avaient dû supporter depuis le moment indicible du coup de sifflet final du match. Se tenant par la main, ils se dirigèrent vers le centre de la piste et initièrent une danse qui suivait le rythme entrecoupé du fox-trot avec la même fidélité qu’une ombre suit sa main. À les voir danser, le concept de concavité s’ajustait à la perfection avec celui de convexité et s’expliquaient l’un par l’autre. Ils étaient dans cette espèce de lévitation transcendante quand soudain, un pied de Graciela buta sur celui de Rubén. Cela ne leur était jamais arrivé, et la stupeur fut telle qu’ils durent s’arrêter, se regarder comme si en définitive rien au monde n’était compréhensible, puis terminer la danse guidés plus par le flair d’un savoir ancien que par le propos délibéré d’ajuster leurs pas au rythme. Au bout d’une quinzaine de minutes après s’être assis, saisis encore par le vertige de l’inexplicable, et sans avoir échangé une seule parole, Rubén dit à Graciela avec un petit rire à moitié nerveux qui essayait de diminuer la tension ressentie à mesure : – Ça doit être à cause du rhum, nous avons beaucoup tourné. Et à ces mots il ajouta un geste de la main qui montrait la bouteille, comme si celle-ci eût été un témoin pas seulement muet mais vide, vidé. Graciela rit, compréhensive, et lui tendit une main conciliatrice entre les verres et la bouteille qui hérissaient la surface plane de la table. Il n’y eut que cela, mais tous les deux sentaient que c’était beaucoup, peut-être trop. Les jours qui suivirent ces deux désastres quasi simultanés – celui de l’échec de leur équipe et celui du faux-pas du foxtrot – furent caractérisés par une étrange sérénité, confirmant la croyance collective selon laquelle le calme précède l’orage. Le curieux de cette situation, telle qu’ils la vivaient, était que l’orage ne s’était pas

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tormenta había sido como sus tormentas cotidianas, ni la calma había surgido del entendimiento tradicional en el estadio o en la pista de baile. Eran, más bien, orígenes que se situaban en sus antípodas: la tranquilidad se había generado en el fracaso y la tormenta en lo que siempre había sido el éxito. Tal vez por causa de la compleja paradoja que se encontraba allí implicada -que hacía difícil su asimilación, mucho más en personas de una formación intelectual precaria, como era el caso de esta pareja-, ni Rubén ni Graciela cedieron a los motivos que de manera regular les enfrentaba y optaron, más bien, por concederse, sin decírselo, una especie de tregua recíproca a la espera de que la claridad de las ideas iluminara la complejidad del asunto o la acción del tiempo que todo lo olvida o lo perdona. Con el paso de los días, esta tregua no declarada los colocó en una posición cómoda pues les otorgaba el favor de no demandarles explicación de ningún tipo; al contrario, silenciar las inquietudes, cuando no se hallan las respuestas, tiene un agradabilísimo efecto narcótico. Prefirieron entonces permanecer callados frente al problema y disfrutar de ese enclave de paz al que, sin proponérselo, habían accedido. Al cabo de un mes decidieron salir a la aventura de la bóveda de la noche. Para una pareja acostumbrada a las diversiones semanales, una espera tan larga había sido inusual. Pero ellos sabían íntimamente que la postergación de la fiesta de fin de semana hasta plazos tan largos respondía al temor -mutuo aunque inconfesado- de enfrentare al fracaso justamente en ese espacio en donde no podían permitirse equivocación alguna. Que la vida les enfrentara en tantas circunstancias o que hubieran perdido la pasión por cosas que antes compartían con entusiasmo eran realidades inobjetables que habían aprendido a manejar y que, en consecuencia, aceptaban como parte de las ecuaciones cotidianas con las que la vida calcula sus costos y hacer valer sus derechos. E incluso estaban dispuestos a aceptar que el América perdiera los partidos decisivos pues tales desenlaces no dependían de ellos. Pero lo que jamás estarían dispuestos a convenir era que ese cielo terrenal trazado sobre la pista de baile donde ambos alcanzaban la plenitud se deshiciera bajo sus movimientos acompasados, bajo su dicha de tres minutos. No había, pues, margen para el error. No obstante que éstas eran reflexiones que cada cual se hacía íntimamente, no se las habían comunicado. Temían, quizás, que revelarlas podría truncar el exorcismo que calladamente se adelantaba

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déroulé comme leurs orages quotidiens, et que le calme n’avait pas surgi non plus de leur entente traditionnelle au stade ou sur la piste de danse. Leur origine se situait plutôt aux antipodes : la tranquillité avait été engendrée par l’échec et l’orage par ce qui avait toujours été le succès. Peut-être à cause du paradoxe complexe qui trouvait impliqué là – ce qui rendait son assimilation difficile, et encore plus chez des personnes d’une formation intellectuelle précaire, ce qui était le cas de ce couple –, ni Rubén ni Graciela ne cédèrent aux motifs qui les opposaient régulièrement et choisirent plutôt de s’octroyer, sans se le dire, une espèce de trêve réciproque en attendant que la clarté des idées jetât une lumière sur la complexité de l’affaire, ou l’action du temps qui oublie ou pardonne tout. Avec l’écoulement des jours, cette trêve non déclarée les plaça dans une position confortable puisqu’elle leur octroyait la faveur de ne pas se demander d’explication d’aucune sorte ; réduire les interrogations au silence quand on ne trouve pas de réponses, produit au contraire un très agréable effet narcotique. Ils préférèrent alors rester muets face au problème et jouir de cette enclave de paix à laquelle, sans se l’être proposé, ils avaient accédé. Au bout d’un mois, ils décidèrent de sortir à l’aventure sous le ciel de la nuit. Pour un couple habitué aux divertissements hebdomadaires, une attente aussi longue avait été inhabituelle. Mais ils savaient intimement que l’ajournement de la fête du week-end pendant un si long délai répondait à la crainte – mutuelle bien que non avouée – d’être confrontés à l’échec justement dans cet espace où ils ne pouvaient se permettre aucune erreur. Que la vie les opposât dans tant de circonstances ou qu’ils eussent perdu la passion pour les choses qu’ils partageaient avant avec enthousiasme étaient des réalités non questionnables qu’ils avaient appris à manier et qu’ils acceptaient en conséquence, comme une partie des équations quotidiennes avec lesquelles la vie calcule son prix et fait valoir ses droits. Et ils étaient même prêts à accepter que l’América perdît les matches décisifs puisque de tels dénouements ne dépendaient pas d’eux. Mais ce dont ils ne seraient jamais disposés à convenir, c’était que le ciel terrestre tracé sur la piste de danse où ils atteignaient tous deux la plénitude se défît sous leurs mouvements rythmés, sous leur bonheur de trois minutes. Il n’y avait donc aucune marge d’erreur possible. Bien que ces réflexions fussent celles que chacun se faisait intimement, ils ne se les avaient pas communiquées. Ils craignaient, peut-être, que les

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révéler pût enrayer l’exorcisme qui s’avançait sans mot dire

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(de la misma forma que la pronunciación del nombre de Dios, en algunas sectas minoritarias del bajo Ganges, anula la concesión de los favores divinos). Salieron, pues, a la noche con este tras fondo de temores. Probablemente fue por ello que sólo hacia su final se propusieron ir a bailar, abrigando cada uno la esperanza, secretamente, de que el otro pretextara cualquier indisposición que les evitara afrontar el desafío del foxtrot. Pero nadie levantó ninguna objeción y terminaron dentro de uno de tantos bares, atenazados por el pánico y la incertidumbre. Hasta que por fin sonó el foxtrot. Cuando una media hora después se acostaron en su cuarto y Rubén encendió un cigarrillo agobiados por el silencio y la oscuridad, ambos supieron que el resto del insomnio iba a ser largo. No se habían reprochado nada ni se habían entrecruzado ningún reclamo, pero era evidente que ese segundo fracaso, en un baile en el que siempre habían ejercido la perfección, los tenía sometidos y confusos. Parecían tener en claro que no se le podía imputar al otro la causa de la equivocación; ambos, de forma simultánea, habían tropezado, ya no una sino tres veces, y la descoordinación pudo haber sido peor si no hubieran decidido sentarse antes de que la canción terminara y el sentimiento de frustración fuera mayor. Ninguno de ellos supo quién se durmió primero, pero ambos sabían que esa entrada en el paréntesis efímero de olvido que era el sueño sólo aplazaba para el resto de horas de vigilia del día siguiente y para el resto de días que seguían la áspera preocupación que habría de acompañarlos con tanta fidelidad como el amor persigue a los amantes. Casi que calcando la actitud de silencio que adoptaron cuando ocurrió el primer desencuentro, Rubén y Graciela prefirieron no abordar el asunto de este segundo fracaso. Ni siquiera habían intentado una frase justificatoria (como la que en la primera ocasión profirió Rubén acerca de los efectos nocivos del ron), ni mucho menos después, en los días posteriores, entablaron una conversación al respecto. Parecía que, al callar, borraran la evidencia, y que esta negación les ahorrara el reconocimiento penoso de que algo de fondo entre ellos se había resquebrajado. Por añadidura, y también como en la primera ocasión, recuperaron una especie de armonía elemental en torno a cosas muy simples de la vida -ir a cine, hablar después de las comidas- que años antes habían disfrutado y que se habían encallado en algunos de los (de

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la même manière que, dans quelques sectes minoritaires du bas Gange, l’énonciation du nom de Dieu annule l’octroi des faveurs divines. Ils sortirent donc dans la nuit avec cet arrière-plan de craintes. Ce fut probablement pour cela qu’ils ne se proposèrent de danser qu’à la fin, en abritant chacun secrètement l’espérance que l’autre prétextât n’importe quelle indisposition qui leur évitât d’affronter le défi du foxtrot. Mais aucun ne souleva d’objection et ils finirent dans un de tous ces bars, tenaillés par la peur et l’incertitude. Jusqu’à ce qu’enfin le fox-trot se fit entendre. Quand ils se couchèrent une demi-heure après dans leur chambre et que Rubén alluma une cigarette, accablés par le silence et l’obscurité, tous deux surent que l’insomnie allait durer. Ils ne s’étaient rien reproché, n’avaient échangé aucune réclamation, mais il était évident que ce deuxième échec dans une danse qu’ils avaient toujours exécutée à la perfection les rendait soumis et confus. Ils avaient l’air de tenir pour évident que l’on ne pouvait imputer à l’autre la cause de l’erreur ; simultanément, les deux avaient trébuché, et pas qu’une fois, mais bien trois, et le manque de coordination eût pu être pire s’ils n’avaient pas décidé de s’asseoir avant que la chanson ne finît et le sentiment de frustration plus grand. Aucun ne sut qui s’endormit en premier, mais tous deux savaient que cette entrée dans la parenthèse éphémère de l’oubli qu’est le sommeil ne faisait qu’ajourner, pour le reste des heures de veille du lendemain et pour le reste de jours suivants, l’âpre préoccupation qui les accompagnerait avec autant de fidélité que l’amour poursuivant les amants. Calquant presque l’attitude de silence qu’ils avaient adoptée quand le premier désaccord était survenu, Rubén et Graciela préférèrent ne pas aborder le sujet de ce deuxième échec. Ils n’avaient même pas tenté une phrase de justification (comme celle que Rubén avait proféré la première fois à propos des effets nocifs du rhum), pas plus qu’ils n’abordèrent le sujet après, dans les jours qui suivirent. On aurait dit qu’en se taisant, ils effaçaient l’évidence, et que cette négation leur évitait de reconnaître douloureusement que quelque chose de fondamental s’était fendu entre eux. De plus, et de même que la première fois, ils récupérèrent une espèce d’harmonie élémentaire autour de choses très simples de la vie – aller au cinéma, parler après les repas – dont ils avaient joui bien des années auparavant et qui avait échoué dans l’un des

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tantos recodos por donde navega azarosa la vida. Apreciaban tanto más esta recuperación de placeres simples cuanto sentían que los únicos territorios que habían quedado preservados tras esta erosión devastadora de la vida cotidiana -el fútbol y el baile- parecían haber entrado, a su turno, en un proceso de degradación. En todo caso, nunca antes una derrota del América les había afectado tanto, y nunca antes su alegría se había enrarecido en la pista de baile. Era inevitable, sin embargo, que personas como ellos, que habían hecho un rito de sus salidas nocturnas a bailar, terminaran, tarde o temprano, abordando el tema. Aunque no lo hicieron de manera directa. Simplemente, una noche decidieron salir y, como si los orientara un instinto primitivo, terminaron en uno de los bares tradicionales. Allí permanecieron toda la noche y ni una sola vez salieron a la pista de baile, ni siquiera cuando brilló el fogonazo del foxtrot en el ámbito del bar. -Todavía no estamos preparados, no es ¿verdad? La confirmación serena de Graciela a este comentario daba un aire sereno a la relación. No intentaron, sin embargo, profundizar demasiado en el sentimiento que cada uno experimentaba, pero era claro que no dejaba de parecerles curioso cómo el camino hacia esa tranquilidad había sido trazado desde la negación de lo único que antes había sido su condición de armonía. Parecía ser sólo una cuestión de acomodo a las nuevas circunstancias; o quizás de espera. El hecho es que unas semanas después de dichos acontecimientos, Rubén y Graciela estaban viendo la televisión cuando se enteraron de que ya había comenzado el campeonato de fútbol y de que América iba a la cabeza de la clasificación. No fue tanto por la sorpresa que significaba saber que el campeonato ya se había iniciado y que el América iba de primero sin que de nada se hubiesen percatado como por la esperanza que esa constatación les abría que ambos entrecruzaron una mirada en donde podía haber de todo menos impaciencia, íntimamente, entonces, ambos comenzaron a desear, ya sin pánico, que en algunos de los días próximos la noche les trajera la promesa de un nuevo entendimiento en las notas de su foxtrot de siempre. Como si fuese una especie de visitación divina, ambos sintieron una especie de bienestar esencial, un ajuste sin impaciencia con la vida y la muerte, con el pasado y el futuro.

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nombreux méandres où navigue, hasardeuse, la vie. Ils appréciaient d’autant plus cette récupération de plaisirs simples qu’ils sentaient que les seuls territoires qui étaient restés préservés après cette érosion dévastatrice de la vie quotidienne – le football et la danse – semblaient être entrés à leur tour dans un processus de dégradation. En tout cas, jamais auparavant un échec de l’América ne les avait affectés autant, et jamais auparavant leur joie n’avait été assombrie sur la piste de danse. Il était inévitable, cependant, que des gens comme eux, qui avaient fait de leurs sorties en boîte nocturne un rite, finissent, tôt ou tard, par aborder le sujet. Ils ne l’ont pourtant pas fait d’une manière directe. Simplement, ils ont décidé un soir de sortir et, comme si un instinct primitif les orientait, ils ont fini dans l’un des bars habituels. Ils y sont restés toute la nuit et pas une seule une fois ils ne sont allés sur la piste de danse, même pas quand l’éclair du fox-trot a brillé dans l’enceinte du bar. – Nous ne sommes pas prêts encore, pas vrai ? L’acquiescement tranquille de Graciela à ce commentaire donnait un tour serein à la relation. Ils n’ont pas essayé, cependant, d’approfondir trop le sentiment que chacun éprouvait, mais il était clair qu’il leur paraissait curieux que le chemin vers cette tranquillité ait été tracé à partir la négation de la seule chose qui avait été auparavant la condition de leur harmonie. Il semblait n’y avoir là qu’une question d’adaptation aux nouvelles circonstances, ou peut-être d’attente. Le fait est que quelques semaines après ces événements, Rubén et Graciela regardaient la télévision quand ils ont appris que le championnat de football avait débuté et que l’América était en tête du classement. Ce ne fut pas tant à cause de la surprise de ce que signifiait savoir que le championnat avait commencé et que l’América était première sans qu’ils ne se soient aperçus de rien, qu’à cause de l’espérance que cette constatation leur ouvrait, qu’ils ont échangé un regard où il pouvait y avoir de tout sauf de l’impatience, alors tous deux ont commencé à désirer, en leur for intérieur, enfin sans crainte, qu’un de ces prochains jours la nuit leur apporte la promesse d’une nouvelle entente dans les notes de leur fox-trot de toujours. Comme si c’était une sorte de Visitation divine, tous deux ont senti une espèce de bien-être essentiel, d’un ajustement sans impatience avec la vie et la mort, avec le passé et l’avenir. Traduit par Yves Moñino

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Los placeres perdidos (Fragmento) Marco Tulio Aguilera Garramuño Presentación del Frenáptero y de su equipo de Cazador Metafísico. Sueños de un novelista que quiere comprar piano. El espinoso asunto de las seducciones. Si alguna vez hubo en Cali – ciudad que se prestigia de albergar especímenes humanos en los que el esplendor es costumbre y espectáculo – un mancebo digno de ser amado por todos, todas, siempre sin tacha ni pausa ni reposo, ese ser magnífico fue Adolfo Montañovivas. Su cuerpo de adolescente tierno, flexible y firme a la vez, iluminado por una piel de bronce bajo el sol, es campo propicio para la hierba rubia de su vello que lanza destellos a la menor provocación. Cuando Adolfo, Dolfin, Dolfo, parpadea y sonríe, caen todas las murallas, imposible inventar contra él suspicacias, hallar segundas intenciones, reñirle. Sus razones y sinrazones son tan irrefutables como la alternancia del día y la noche. Improbable descubrir en él una mirada de odio, un gesto de asco, cualquier ademán digno de lástima, indiferencia o menosprecio. Hacia Adolfo sólo se puede sentir admiración, que al poco tiempo de frecuentarlo se transforma en amor. Amor sin atenuantes y sin adjetivos, puro y sin mácula, si es que tal sentimiento existe. Que algunos o algunas quieran tergiversarlo, es asunto muy diferente. Adolfo porta en la espalda un maletín de tela basta y trajinada que quizá en tiempo no muy remoto fue azul. Sus tías, las adoratrices, son implacables en lo que se refiere a la limpieza de cuanto forma parte del atuendo del frenáptero. Aunque el sobrino amado no vive en casa de ellas, aunque prefiera disipar las horas jugando con los hijos de Pura, y escoja dormir en el lecho que le tiene tendido mi propia madre, allá en las alturas del Barrio San Fernando, ellas, las adoratrices, mantienen vivo el fuego del hogar, impecables las sábanas, bruñidos los vidrios del magno ventanal que da a un jardín de monjas, platos y cubiertos dispuestos sobre la mesa, para que Adolfo llegue en cualquier momento, acelerado y volátil como siempre, y monte la utilería del único día feliz del año. Las adoratrices no piden más. La espera también es parte de la

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Les plaisirs perdus (Fragment) Marco Tulio Aguilera Garramuño Présentation du Phrénaptère et de son équipement de Chasseur Métaphysique. Les rêves d’un romancier qui veut acheter un piano. Le sujet épineux des séductions. Si jamais il y eut à Cali – ville qui se glorifie d’héberger des spécimens humains dont la splendeur est une habitude et un spectacle – un jeune homme digne d’être aimé de tous et de toutes, toujours impeccable sans pause ni repos, cet être magnifique fut Adolfo Montañovivas. Son corps d’adolescent tendre, souple et ferme à la fois, illuminé par une peau de bronze doré au soleil, est un champ propice à l’herbe blonde de son duvet qui scintille à la moindre provocation. Lorsque Adolfo, Dolfin, Dolfo, cligne des yeux et sourit, toutes les murailles tombent, impossible d’inventer des soupçons contre lui, de trouver des arrière-pensées, de le gronder. Ses raisons et ses torts sont aussi irréfutables que l’alternance du jour et de la nuit. Improbable de surprendre en lui un regard de haine, un geste de dégoût, une quelconque attitude digne de pitié, d’indifférence ou de mépris. À fréquenter Adolfo on ne peut ressentir que de l’admiration, qui en peu de temps se transforme en amour. Amour sans réserves ni adjectifs, pur et sans tache, si un tel sentiment existe. Que quelques uns ou quelques unes cherchent à le discuter, c’est une autre affaire. Adolfo porte sur son dos un sac en étoffe grossière et usée qui peutêtre en un temps pas très lointain fut bleu. Ses tantes, les adoratrices, sont implacables pour tout ce qui a trait à la propreté de tout ce qui compose la toilette du phrénaptère. Quoique le neveu bien aimé ne vive pas chez elles, quoiqu’il préfère passer les heures à jouer avec les fils de Pura, et qu’il choisisse de dormir sur la couche que ma propre mère lui apprête, là bas sur les hauteurs du quartier San Fernando, elles, les adoratrices, entretiennent le feu du foyer, impeccables les draps, polis les carreaux de la grande baie vitrée qui donne sur un jardin de nonnes, assiettes et couverts disposés sur la table, pour qu’Adolfo puisse arriver à l’improviste, rapide et volatile comme toujours, et donne la représentation de l’unique jour heureux de l’année. Les adoratrices n’en demandent pas plus. L’attente aussi fait partie du

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dicha. Noventa de cada cien visitas, vendrá por ropa limpia, la bendición y el beso en la frente, nada más. Luego, adiós. Adolfo les concede el don de su presencia sin largueza y sin avaricia. Y no es que gasten demasiado en las celebraciones. Un vinillo de frutas basta para los brindis. Y hasta dura para dos visitas si lo tapan bien y lo guardan en el refrigerador. A cambio de tanto beneficio, ellas sólo tienen que lavarle con unción papal los tenis, los pantalones vaqueros y las camisetas blancas, sin olvidar el maletín de tela, que dejan impecable por el derecho y el revés, con todo y su cordón blanco, y si Dolfo se los permitiera la variante el propio cuerpo con el que sueñan sin malicia y que bañaron de niño sin poder hasta hoy olvidar. Tal vez por eso se quedaron solteronas. Ningún infante, aunque saliera de las propias entrañas de Nina y Vero, podría alcanzar un trono en sus corazones. Las tías conocen y respetan las cosas de Adolfo. Saben que Adolfo transporta en su maletín no sólo cuanto halla en sus travesías alucinadas por Cali, Pance y los lugares circunvecinos, cosas que le parecen dignas de atención o estudio, sino una serie de objetos accidentales que fácilmente podría dar cuenta de su vida, de su rumbo: – un cornetín de lata, “para dar lata”, – un rapidógrafo, lapicero fino de arquitecto, de tinta verde imperial, su anzuelo para fijar los destellos de un mundo que se escapa sin remedio, – una flauta dulce que nadie como él sabe tañir cuando está enamorado, feliz situación de la que Adolfo es habitante perpetuo, – una campanilla de sacristán, “para desorientar al enemigo”, – un frasco de mermelada azul (“Uno nunca sabe cuándo un frasco de mermelada azul puede ser decisivo”) que lo mismo le sirve para engatusar a las hormigas, paliar el sabor de los venenos a los cuales es adicto o arrojar a manera de bomba molotov, – varios cuadernos en los que están escritas las seis o siete novelas que, desde que tiene memoria de las vocales, ha venido elaborando, en caracteres góticos y con viñetas medievales, y que le han granjeado fama de genio, lo que, naturalmente, le tiene sin cuidado, – partituras de su propia invención, generalmente inconclusas como sus novelas y definitivamente ininterpretables (coros de veinte millones de sopranos, acompañamientos de ecos intermontanos, clarines y trompetas de ángeles auténticos), – un banquito con fondo de lona y armazón metálica plegable, que

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bonheur. Quatre-vingt-dix fois sur cent, il viendra pour du linge propre, la bénédiction et le baiser sur le front, rien de plus. Et après, bonsoir. Adolfo leur accorde le don de sa présence sans largesse ni avarice. Et ce n’est pas qu’elles dépensent trop en célébrations. Un vin doux de fruits suffit pour trinquer. Et il peut même servir pour deux visites si elles le rebouchent bien et le gardent au réfrigérateur. En échange de tant de privilèges, elles n’ont qu’à lui laver avec une onction papale les tennis, les jeans et les chemisettes blanches, sans oublier le sac en étoffe, qu’elles rendent impeccable à l’envers comme à l’endroit, avec son cordon blanc, et si Dolfo le leur permettait pour changer, son propre corps auquel elles rêvent sans malice et qu’elles ont baigné lorsqu’il était enfant sans pouvoir l’oublier jusqu’à aujourd’hui. Peut-être est-ce pour cela qu’elles sont restées vieilles filles. Aucun enfant, fût-il sorti des propres entrailles de Nina et Vero, ne pourrait atteindre ce trône en leur coeur. Les tantes connaissent et respectent les affaires d’Adolfo. Elles savent qu’Adolfo transporte dans son sac non seulement tout ce qu’il trouve pendant ses traversées hallucinées de Cali, Pance et des lieux environnants, des choses qui lui paraissent dignes d’intérêt ou d’étude, mais aussi une série d’objets accidentels qui pourrait facilement résumer sa vie, sa route : – un sifflet de fer tordu, « pour donner du fil à retordre », – un rapidograph, luxueux crayon d’architecte de couleur vert empire, son hameçon pour fixer les scintillements d’un monde qui s’échappe sans remède, – une flûte douce dont personne ne sait jouer comme lui quand il est amoureux, heureuse situation que vit perpétuellement Adolfo, – une clochette de sacristain, « pour désorienter l’ennemi », – un pot de confiture bleue (« on ne sait jamais quand un pot de confiture bleue peut se révéler décisif ») qui lui sert aussi bien à amadouer les fourmis, à pallier la saveur des poisons auxquels il est accro, ou lancé à la façon d’un cocktail Molotov, – plusieurs cahiers dans lesquels sont écrits les six ou sept romans qu’il a élaborés, depuis qu’il a la mémoire des voyelles, en caractères gothiques et avec des vignettes médiévales, et qui lui ont valu une réputation de génie, ce qui, naturellement, le laisse indifférent, – des partitions de sa propre invention, généralement inachevées comme ses romans et définitivement ininterprétables (chœurs de vingt millions

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de sopranos, accompagnements d’échos montagnards, clairons et trompettes d’anges authentiques), – un siège de toile avec une armature métallique pliable, qu’il

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extrae del maletín en situaciones difíciles y que se llama el Banco de las Reflexiones. Y sin embargo, Adolfo tiene sueños modestos y a corto plazo. Uno de ellos es poseer un piano que a la vez sea doméstico como un perro de aguas, de gran calidad y negro retinto brillante, a semejanza de un corcel árabe, es decir, que sea origen de la música y reflejo del entorno. Con él cumplirá su viejo proyecto de ponerle música al mundo. Sabe que no podrá portarlo en su maletín pero confía en su ingenio. Cuatro ruedas y una bicicleta de ejes bien aceitados bastan. – dice.

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extrait du sac dans des situations difficiles et qui s’appelle le Siège des Réflexions. Et cependant, Adolfo a des rêves modestes et à court terme. L’un d’eux est de posséder un piano qui soit à la fois domestique comme un chien d’eaux, de grande qualité et d’un noir brillant, pareil à un coursier arabe, c’est-à-dire qui soit origine de la musique et reflet de l’environnement. Avec lui il accomplira son vieux projet de mettre le monde en musique. Il sait qu’il ne pourra pas le porter dans son sac mais il croit en son ingéniosoté. Quatre roues et une bicyclette aux essieux bien huilés sont suffisants. – dit-il. Traduit par Carlos Obregón

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Fiesta en Santa Rita (El mar) Germán Cuervo Eran mujeres de edad, pesadas, altas, de caderas anchas. Como en un baile español levantaban las batas y los brazos enjarra. ¡"Jiuujuuuuu!! Esta pollera se levanta y al sonar de la caña va brindando sus amores ¡Es mi negrita Soledad!" -¡A ver!... ¡A ver! ¿A los jóvenes, qué les pasa? Bailen, miren como nosotras estamos de contentas y ustedes dizque tan jóvenes y aplastados... "¡Baila mi morenita Soledad al tumbar de la caña"! -Gabriela bailaba con desaforo. Era un sábado por la noche y estábamos Anabel y yo en un kiosco a orillas del río Santa Rita; en el campo pero a sólo veinte minutos del centro. Poetas de un supuesto "Partido Libertario Ario" y de un "Partido Monárquico" se pronunciaron en geniales, delirantes, escatológicos discursos; contaron intrigantes historias de culos y cucas envenenadas; hablaron sobre la caspa y la caca; recitaron furiosos y eligieron de presidente al doctor "Pedo y Fo" y de reina a Gabriela, como Miss Santa Rita River. También eligieron ministros, senadores, alcaldes, representantes a la cámara... La reina electa debió bailar ante las masas allí reunidas, moviendo las caderas y las tetas con locura. Todos reían y yo no podía reír. Tomaba y tomaba cerveza. Después tomé aguardiente. Estaba deprimido, no podía animarme ni entrar en la rueda. Solamente quería estar allí y que se me respetara eso. Lo cual entendía perfectamente Anabel; por aquellos días ella concedía mucho espacio, sabía... dejar estar. Quizá porque todavía no nos habíamos separado, pero ya estábamos a punto de hacerlo. Realmente ese gran espacio que ella me concedía en ese entonces, iba más allá de la condescendencia, se parecía más al desamor, al desinterés. Gabriela era una de las mayores entusiastas invitadoras a este tipo de jolgorios. A cualquier fiesta que ella fuera o hiciera, en el camino hacia el lugar, iba invitando a toda la gente que se encontraba, de tal forma que si uno iba a una fiesta invitado por Gabriela podía encontrar la gente más heterogénea reunida, las características y estratos sociales más disímiles; cada fiesta suya era como un acontecimiento municipal. Por eso me

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Une fête à Santa Rita (La mer) Germán Cuervo C’étaient des femmes d’âge, lourdes, grandes, aux larges hanches. Comme dans une danse espagnole, elles soulevaient la robe et les bras en amphore. « Tra la la la la ! Cette jupe se lève et au son de la flûte, elle offre ses amours. C’est ma noire Soledad ! » – Voyons un peu !... Voyons ! Les jeunes hommes, qu’est-ce qui leur arrive ? Dansez, regardez comme nous sommes contentes et vous soi-disant si jeunes et déjà aplatis... : « danse, ma noiraude Soledad, au résonnement de la flûte ! » Gabriela dansait sans retenue. C’était un samedi soir et Anabel et moi étions sur une terrasse couverte au bord de la rivière Santa Rita ; à la campagne mais à vingt minutes seulement du centre. Des poètes d’un improbable « Parti Libertaire Aryen » et d’un « Parti Monarchique » se sont prononcés en géniaux et délirants discours scatologiques, ont raconté d’intrigantes histoires de culs et de cons empoisonnés, ont parlé de pellicules et de caca, ont déclamé avec fureur et élu comme président le docteur « Pet et Prout », et comme reine, Gabriela, en Miss Santa Rita River. Ils ont élu aussi des ministres, des sénateurs, des maires, des représentants à la Chambre... La reine élue a dû danser devant la foule réunie là, en remuant follement les hanches et les tétons. Tous riaient et je ne pouvais pas rire. Je buvais et buvais de la bière. Après j’ai bu de l’eau-de-vie. J’étais déprimé, je ne pouvais pas m’animer ni entrer dans la danse. Je voulais seulement être là et qu’on me le tolérât. Ce qu’Anabel comprenait parfaitement ; en ces jours-là elle accordait beaucoup d’espace, elle savait... laisser exister. Peut-être parce que nous ne nous étions pas encore séparés, mais nous étions déjà sur le point de le faire. Réellement ce large espace qu’elle me laissait à cette époque allait au-delà de la condescendance, ressemblait plus au désamour, au désintérêt. Gabriela était l’une des plus enthousiastes à inviter à ce type de réjouissances. À n’importe quelle fête où elle allait ou qu’elle faisait, elle invitait en chemin tous les gens qu’elle rencontrait, de telle façon

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que si l’on allait à une fête invité par Gabriela, on pouvait trouver réunis les gens les plus hétérogènes, les caractéristiques et les milieux sociaux les plus dissemblables ; toutes ses fêtes étaient comme un événement municipal. C’est pourquoi il me

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gustaba estar allí esa noche. Aunque, como dicen los rumberos "si no estás en el 'swing' no vayas a la fiesta". No estaba muy en forma que digamos, pero cómo podía perderme un espectáculo tal, un acontecimiento de esos. Anduve de un lado a otro sin saber donde ubicarme, al fin me acerqué a un grupo de barbudos; granos en la cara, ojos estrábicos, lentes como culos de botellas y mochilas indígenas. En cinco minutos el grupo de barbudos vomitó una lista interminable de apodos o remoquetes a Gabriela. ¡Casi me voy de espaldas! Le decían: Tongolele, Jovita, Miss Pance, Tetafloja, Tetardiente, Gaby Arrebato, la Sanguinaria del Ritmo, Velocímetro, Borrachita, la Chitaborra, Saltamontes, la Cadera del Diablo y otros que es imposible recordar. La imaginación del canibalismo provinciano es desbordante, infinita. Basta reunir un mínimo de dos personas y tan sólo dos minutos de parloteo para destrozar la vida de otro. Claro que ella también se lo había ganado, ¡por Dios que parecía una caricatura! Entonces fui a donde Anabel. Hablaba con un tipo que no había visto antes, acababa de regresar de Europa, su ropa era diferente, sus gestos, su manera de hablar. No podía evitar una pose constante, un amaneramiento de macho, ni un desprecio en general hacia la gente. Se llamaba Edilberto Zúñiga. En tres frases me pareció necio, engreído, repelente. Era obvio que su antipatía provenía de haberse malcriado entre demasiado dinero, cosa que no sucedía con los barbudos. Los barbudos también decían chistes cínicos y negros, pero desde otra posición o debido a unos resortes interiores o sociales diferentes – aunque quizá sólo aspiraban a ser como el necio de los billetes- deseaban expresarse como él, ser aceptados cálidamente en el seno principesco de su grupo. Aunque Anabel estaba encantada, no quise o no resistí ponerme en el plan de alabarle sus chistes, sus brillanteces, sus frases inteligentes acuñadas. ¿Debía entrar en su juego para ser aceptado por él? Estaba deprimido, distante, malgeniado. Me alejé de allí. Busqué más alcohol, a ver si pasaba algo, para ver si podía cambiar de casilla. Quería cambiar un estado de ánimo negro por uno rojo iluminado como podía hacerlo Santa Teresa de Jesús. Ella, a voluntad, sin ayuda de estimulante alguno, podía cambiar con una tremenda facilidad de morada espiritual, podía cambiar de un estado del alma a otro como decir: "Buenos días mi Señor". Era éste exactamente el don que me hacía falta.

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plaisait d’être présent cette nuit-là. Bien que comme disent les fêtards, « si tu n’es pas dans le ‘swing’, ne va pas à la fête ». Disons que je n’étais pas très en forme, mais comment aurais-je pu perdre un tel spectacle, un événement de ce genre ? J’ai marché de long en large sans savoir où m’installer, à la fin je me suis approché d’un groupe de barbus ; des boutons sur le visage, des yeux qui louchaient, des lunettes comme des culs de bouteilles et des besaces indiennes. En cinq minutes le groupe de barbus a vomi une liste interminable de surnoms ou de sobriquets à Gabriela. J’en suis presque tombé à la renverse ! Ils lui disaient : Tongolélé, Jovita, Miss Brioche, Micheflasque, Nichardente, Gaby l’Extase, la Sanguinaire du Rythme, Compteur de vitesse, La Pétée, la Tépée, la Sauterelle, Hanche du Diable et d’autres dont il est impossible de se souvenir. L’imagination du cannibalisme provincial est débordante, infinie. Il suffit de réunir un minimum de deux personnes et pas besoin de plus de deux minutes de bavardage pour mettre en pièces la vie de quelqu’un. Sûr aussi qu’elle l’avait cherché : bon Dieu, elle avait l’air d’une caricature ! Alors je suis allé là où était Anabel. Elle parlait à un type que je n’avais jamais vu, il revenait de l’Europe, ses vêtements étaient différents, ses gestes, sa manière de parler. Il ne pouvait éviter de poser constamment, une affectation de mâle, un mépris général envers les gens. Il s’appelait Edilberto Zúñiga. Après trois phrases il m’a semblé bête, infatué, rebutant. Il était évident que son antipathie provenait d’avoir été mal élevé au milieu de trop d’argent, ce qui n’était pas le cas des barbus. Les barbus disaient aussi des plaisanteries cyniques et noires, mais depuis une autre position ou à cause de ressorts intérieurs ou sociaux différents – bien que peut-être ils n’aspirassent qu’à être comme le sot aux billets –, ils désiraient s’exprimer comme lui, être chaleureusement acceptés au sein de son groupe princier. Bien qu’Anabel fût enchantée, je n’ai pas voulu ou pas résisté à me mettre à louer ses plaisanteries, son brillant, ses intelligents clichés. Devais-je entrer dans son jeu pour être accepté par lui ? J’étais déprimé, distant, de mauvaise humeur. Je me suis éloigné. J’ai cherché plus d’alcool, pour voir ce qui arriverait, pour voir si je pouvais me changer les idées. Je voulais troquer un état d’âme noir contre un autre rouge illuminé, comme Sainte Thérèse de Jésus pouvait le faire. À volonté, sans l’aide d’aucun stimulant, elle pouvait changer avec une facilité dingue de demeure spirituelle, elle pouvait

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passer d’un état d’âme à un autre juste en disant « bonjour cher monsieur ». C’était exactement le don qui me manquait.

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Así quería yo sumergirme en la negrura o la blancura total de la anestesia hasta llegar al fondo de la tierra, al mismo centro escondido e inalcanzable del mundo y de allí ser expulsado por un volcán hasta el cielo envuelto en lava ardiente y caer de nuevo sobre la tierra musgosa, fresca, reverdecida y quemarlo todo, arrasarlo todo. La mayor parte de la gente se hallaba en un salón grande frente al bar. Detrás había otro cubierto todavía por el techo del kiosco pero más pequeño. Me dirigí allá y encontré un grupo de gente más tranquila, un tono de conversación más normal, menos soberbia y delirante y menos folclórica, por así decirlo. "Tómese unos vidrios, compadre", me dijeron. Lo que me estaban ofreciendo era un doble de aguardiente. La expresión me pareció extraña pero chistosa, les recibí, y luego vi llegar un carro, un Simca. De allí se bajó un muchacho de pelo largo y anteojos, y una morena con el corte que impuso Bo Derek, con trencitas "Rastaf; llevaba una blusa blanca de boleros muy escotada y una falda larga con flores y frutas tropicales en naranjas y verdes, una falda muy alegre de carnaval. La reconocí. Se llamaba Libia y había estudiado arquitectura en la Universidad del Valle. Hace dos años la había visto en casa de una amiga varias veces, siempre chanceando, hablando en un tono muy sentido como sincero de amores, canturreando, balanceando el cuerpo elástico de serpiente como si estuviera constantemente bailando pero sin estarlo realmente. Siempre al llegar y al despedirse de mí lo hacía de beso, dejándome su olor de hierbas silvestres y el sabor de sus labios morados por largo rato en mi boca. Al verla de nuevo, la fiesta, la gente, la música, todo había desaparecido, se esfumaba o se estaba escapando por alguna hendija. Fuimos al otro salón. Ella quería saludar a Anabel quien seguía con el tal Edilberto Zúñiga -Príncipe de Hamburgo- quien hablaba ahora mierda de "Jambur y Janofer". Anabel seguía embelesada, parecía que todo hubiera desaparecido también para ella. A Libia le pareció el tipo "inmamable". "Sí, muy jarto", -le dije- "Vámonos de aquí". Regresamos a la trastienda, al sitio recogido de aquella gente suave. Todo lucía como si las anteriores veces que nos habíamos visto fueran sólo una etapa de preparación para esta ocasión. Terminamos dando una vuelta por los alrededores de la casa. Nos besamos entre las matas, conocí la ternura de su boca morada y alcancé a probar del fruto de sus pezones. En algún momento pude sacarlos por encima de su escote a la luz de la luna y los

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Ainsi voulais-je me submerger dans la noirceur ou la blancheur totale de l’anesthésie jusqu’à arriver au fond de la terre, au centre même du monde, caché et inaccessible et de là être expulsé par un volcan jusqu’au ciel, enveloppé de lave ardente et tomber à nouveau sur une terre de mousses, fraîche, reverdie, et tout brûler, tout raser. La plupart des gens se trouvait dans un grand salon en face du bar. Derrière il y en avait un autre, couvert par l’auvent de la terrasse mais plus petit. Je m’y suis dirigé et y ai trouvé un groupe de gens plus tranquilles, un ton de conversation plus normal, moins de vanité, de délire, et moins folklorique, pour ainsi dire. « Prenez donc quelques coupes, compère », m’ont-ils dit. Ce qu’ils m’offraient, c’était une double eau-de-vie. L’expression m’a semblé étrange mais amusante, j’ai accepté, et ensuite j’ai vu arriver une voiture, une Simca. En est descendu un garçon aux cheveux longs et à lunettes, et une brune avec la coiffure que Bo Derek a imposée, avec des tresses « Rasta » ; elle portait une blouse blanche à dentelles très échancrée et une longue jupe à fleurs et fruits tropicaux dans les orange et vert, une jupe très gaie de carnaval. Je l’ai reconnue. Elle se nommait Libia et avait étudié l’architecture à l’Université du Valle. Je l’avais vue plusieurs fois deux ans avant chez une amie, plaisantant toujours, parlant d’amour avec un ton de sincérité ressentie, chantonnant, balançant un corps souple de serpent comme si elle eût dansé constamment mais sans vraiment le faire. Elle arrivait et prenait congé de moi toujours avec un baiser, me laissant son odeur d’herbes sauvages et la saveur de ses lèvres violettes un long moment dans la bouche. En la revoyant, la fête, les gens, la musique, tout avait disparu, parti en fumée ou échappé par une fente. Nous sommes allés à l’autre salon. Elle voulait saluer Anabel qui suivait avec le nommé Edilberto Zúñiga – le Prince de Hambourg – qui disait maintenant des conneries à propos de « Rambour » et « Ranofre ». Anabel continuait à être ravie, il semblait que tout avait disparu aussi pour elle. Libia a trouvé le type « imbitable ». « Oui, très chiant », lui aije dit. « Allons-nous en d’ici ». Nous sommes retournés dans les coulisses, à l’endroit recueilli de ces gens tranquilles. Tout brillait comme si nos rencontres antérieures avaient été juste une étape de préparation pour cette occasion. Nous avons fini par faire un tour dans les environs de la maison. Nous nous sommes embrassés entre les plantes, j’ai connu la tendresse de sa bouche violette et j’ai réussi à

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goûter au fruit de ses tétins. Au bout d’un moment j’ai pu sortir ses seins par dessus son décolleté à la lumière de la lune et les

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sostuve entre mis manos, eran dulces y blancos. Pero ella me miró de arriba a abajo como a un niño, o como sí yo estuviera loco. Se los guardó e inmediatamente se puso a hablar de un tema serio, especulativo, como una intelectual francesa. Lo que más hicimos fue hablar de boca a boca y de boca a oreja caminando abrazados. Tardamos en esto como una hora. Cuando estaba amaneciendo regresamos al kiosco. Quedaba poca gente y varios autos se habían marchado. Anabel y el Conde de la Mierda, Edilberto Zúñiga, estaban afuera tomados románticamente de la mano, bajo las estrellas. El tipo con el pelo negro peinado hacia atrás, parecía Gardel lleno de "Glostora", pero no era "Glostora" sino agua. Ella tenía parte del traje de noche mojado. La seda mojada se ceñía a su cuerpo sexapilosamente, en los senos, en el vientre y en las nalgas. Luego él tenía las manos en los bolsillos y ella señalaba el punto entre el cielo y los árboles donde comenzaba a despuntar el amanecer. Luego se besaron con intensidad.

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ai soutenus entre mes mains, ils étaient doux et blancs. Mais elle m’a regardé de haut en bas comme si j’étais un enfant ou un fou. Elle se les est rentrés et s’est mise à parler aussitôt d’un sujet sérieux, spéculatif, comme une intellectuelle française. Ce que nous avons le plus fait, ç’a été de parler bouche contre bouche et bouche sur l’oreille en marchant enlacés. Nous nous sommes attardés ainsi environ une heure. Il commençait à faire jour quand nous sommes revenus au kiosque. Il restait peu de gens et plusieurs voitures étaient parties. Anabel et le Comte de la Connerie, Edilberto Zúñiga, étaient dehors, se tenant romantiquement par la main, sous les étoiles. Le type avec ses cheveux noirs peignés en arrière paraissait Gardel plein de brillantine, sauf que ce n’était pas de la brillantine mais de l’eau. Une partie de sa robe de soirée était mouillée. La soie mouillée ceignait son corps de façon sexapile, aux seins, au ventre et aux fesses. Et puis il avait les mains dans les poches et elle montrait l’endroit entre le ciel et les arbres où l’aube commençait à poindre. Ensuite ils se sont intensément embrassés. Traduit par Yves Moñino

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Parecía un galán de cine, era Moreira Eduardo Delgado Ortiz Febrero 2 de 1991 Un pernicioso sol de mediodía acarició el asfalto dejando una reverberación vaporosa en el aire al paso de una Harley Davidson. Los dos hombres de lentes oscuros que viajaban en ella se parquearon en la tienda de Antonio. El parrillero, al que apodaban El Zarco, miró de un lado a otro de la desierta calle y con voz de mando dijo al que maniobraba la Harley: Espera un momento. Iba a cruzar unas pocas palabras con su compadre, sólo por cumplirle la cita. El guardaespaldas se quedó montado sintiendo entre sus piernas el runrunear de la moto, como si estuviera sobre una hembra. En el negocio no había nadie. Sintió el ambiente rancio. Una mesa, tres envaces vacíos de cerveza, un cenicero con colillas de cigarrillo y varios chicles masticados hasta el cansancio. El Zarco atravesó el mostrador con confianza; iba a coger el pomo de la contrapuerta que separa el local de la vivienda cuando ésta se abrió de un tirón y en el umbral apareció Chila, la mujer de Antonio. Ella se asustó y, moviendo su melena sedosa, dejó escapar un hola trémulo. Luego dijo, con resignada fidelidad, lo que su marido le había encargado que dijera: Había salido urgente para El Paso, a encontrarse con el Comandante. Tenía el ojo izquierdo amoratado y su belleza parecía languidecer en una tortura infinita. "Su marido estaba contagiado por una fiebre de celos, era una enfermedad perversa la que tenía a Antonio en un arrebato insoportable. Ella mantenía encerrada y el contacto con la gente lo hacía a través de la atención de la tienda. El hombre no tenía más que tomarse unos tragos, que era casi todos los días, para montársela, por cualquier mirada ajena, por su culposa belleza". Todo esto quiso contarle al Zarco y algo más que la azaraba, y que enturbiaba la amistad entre ellos. Pero el hombre, en un acto de discresión, al saber que su compadre no estaba salió de la tienda rápido sin querer interpretar, en los ojos de ella, la ansiosa confidencia. Estaba trepando en la moto cuando llegó una sorpresiva descarga de pistola. La moto salió en un pique zigzagueante atropellando la calle mortal,

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Il avait l’air d’un jeune premier, c’était Moreira Eduardo Delgado Ortiz Le 2 février 1991 Un pernicieux soleil de midi a caressé l’asphalte en laissant une réverbération vaporeuse dans l’air au passage d’une Harley Davidson. Les deux hommes aux lunettes sombres qui se déplaçaient dessus se sont garés devant le magasin d’Antonio. Celui qui était assis sur le portebagages, surnommé Yeux Bleus, a scruté d’un bout à l’autre la rue déserte, et il a dit avec une voix de commandement à celui qui conduisait la Harley : attends un moment. Il allait échanger quelques mots avec son compère, seulement pour s’acquitter de son rendez-vous avec lui. Le garde du corps est resté sur la moto, sentant entre ses jambes le ronronnement de l’engin, comme s’il avait été sur une fille. Il n’y avait personne dans la boutique. Il a senti l’atmosphère rance. Une table, trois chopes de bière vides, un cendrier avec des mégots de cigarettes et plusieurs chewing-gums mâchés jusqu’à la lassitude. Yeux Bleus est passé derrière le comptoir avec assurance ; il allait prendre la poignée de la contre-porte qui sépare la boutique de la demeure quand celle-ci s’est ouverte d’un coup et sur le seuil est apparue Chila, la femme d’Antoine. Elle a eu peur et, en remuant sa chevelure soyeuse, a laissé échapper un « salut » tremblant. Ensuite elle a dit, avec une fidélité résignée, ce que son mari lui avait recommandé de dire : qu’il était parti d’urgence pour El Paso, pour rencontrer le Commandant. Elle avait l’œil gauche poché et sa beauté paraissait languir dans une torture infinie. « Son mari était atteint par une fièvre de jalousie, une maladie bien perverse qui mettait Antonio dans une fureur insupportable. Elle vivait enfermée et le contact avec les gens se faisait à travers le service du magasin. L’homme n’avait qu’à boire quelques verres, ce qui arrivait presque tous les jours, pour se faire son cinéma, à cause de n’importe quel regard d’autrui, de sa coupable beauté ». Elle a voulu raconter tout cela à Yeux Bleus, et d’autres choses qui l’inquiétaient, et qui troublaient leur amitié. Mais l’homme, par un acte de discrétion, apprenant que son compère n’était pas là, est vite sorti du magasin sans vouloir interpréter, dans ses yeux à elle, l’anxieuse confidence.

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Il était en train de grimper sur la moto quand soudainement une décharge de pistolet a eu lieu. La moto est partie en piqué, zigzagante, en outrageant la mortelle rue

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a gran velocidad, y los dos hombres desaparecieron sin responder y sin saber de dónde había salido la celada. Moreira, alias El Zarco, era alto, piel canela y sus ojos azules ocultaban con fingida maroma de buena gente la sevicia que guardaban sus entrañas. El Comandante lo había reclutado cuatro años atrás, encontrando en él un perfil tenaz. Le dieron formación logística; aprendió a disparar certero, camuflarse y a desplegar lo innato en él: audacia y rapidez. Sordo al aprendizaje ideológico, se orientó en estrategias de inteligencia urbana, encargado de cumplir sentencias, ajustar cuentas. No más. Era un amigo incondicional, generoso. Gracias a él, Antonio había salido de la miseria. La tienda era un regalo de Moreira, a él también debía las utilidades que recibía como caleta y todo lo que tenía. Igualmente era devoto de la virgen del Carmen; guardaba su estampa como amuleto. Rezaba "Dios te salve, María…", se santiguaba y se iba a cumplir los encargos, que por esos días no sólo correspondían al partido, otra incertidumbre lo jalonaba con ganas. Abril 4 de 1990 En el barrio La Floresta, donde estaba la tienda de Antonio, vivía una mona hechiza con ínfulas de diva, tenía buen cuerpo. Había heredado una sospechosa buena suma tras el homicidio de su marido; salía con esa calaña de gente que ganan dinero a montón, pero quería marido distinto, y un día vio en la tienda de Antonio a Moreira y quedó encantada. El hombre no le paró bolas. A ella se le clavó el capricho. "Ese hombre será mío", sentenció para su adentro, tenía cómo conquistarlo y ella no era fea. La Mona hizo una fiesta. Invitó a los acomodados del barrio y, para ostentar, también a sus amigos de andanzas. Le insistió a Antonio que fuera con su mujer y le dijo que llevara a su compadre Moreira. Hubo orquesta, pavo, whisky. Menudas extravagancias aquí y allá. Mucha gente, pero Chila, así, con su vestido sencillo que dibujaba cada parte de su cuerpo, se destacaba entre las demás sobrada. Era una mujer guapa, tez cetrina y ojos oscuros. Llevaba el cabello recogido con un moño andaluz y los hombres la admiraban descaradamente. En su toque de barriada había un pique de garbo gustador. Podía pasar por creída, pero no, vivía absorbida por un mundo interior de deseos frustrados y pasiones recónditas que afloraban en su piel con ardiente llama y

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à grande vitesse, et les deux hommes ont disparu sans répliquer et sans savoir d’où l’embuscade était venue. Moreira, alias Yeux Bleus, était grand, d’une peau cannelle, et ses yeux bleus cachaient avec un enjouement feint de brave type la haine que recélaient ses entrailles. Le Commandant l’avait recruté quatre ans plus tôt, décelant en lui un profil de dur. Ils lui donnèrent une formation logistique ; il apprit à tirer en faisant mouche, à se camoufler et à déployer ses dons innés, l’audace et la rapidité. Sourd à l’apprentissage idéologique, il s’était orienté vers les stratégies d’intelligence urbaine, chargé d’exécuter des sentences, de régler des comptes. Pas plus. C’était un ami inconditionnel, généreux. Grâce à lui, Antonio était sorti de la misère. Le magasin était un cadeau de Moreira, c’est aussi à lui qu’il devait les profits qu’il recevait pour ses recels et tout ce qu’il possédait. Il se vouait aussi à la vierge du Carmen ; il gardait son image comme amulette. Il priait « Dieu te salue, Marie… », faisait le signe de la croix et partait exécuter les commandes, qui à cette époque ne provenaient pas toutes du Parti, l’ambiguïté le titillant déjà avec force. Le 4 avril 1990 Dans le quartier La Floresta, où était le magasin d’Antonio, vivait une blonde artificielle avec des coquetteries de diva, elle avait un sacré corps. Elle avait hérité d’une douteuse jolie somme après l’homicide de son mari ; elle sortait avec ce genre de gens qui gagnent un tas d’argent, mais elle voulait un mari différent, et un jour elle a vu Moreira dans le magasin d’Antonio et en a été enchantée. L’homme n’a pas fait gaffe à elle. Ce caprice l’a taraudée. « Cet homme sera à moi », a-t-elle décidé en son for intérieur, elle avait de quoi le conquérir et elle n’était pas laide. La Blonde a fait une fête. Elle a invité les riches du quartier et, par ostentation, ses amis de rencontre aussi. Elle a insisté auprès d’Antonio pour qu’il vienne avec sa femme et lui a dit qu’il amène son compère Moreira. Il y a eu un orchestre, de la dinde, du whisky. Des petites extravagances ici et là. Beaucoup de gens, mais Chila, telle quelle, avec sa simple robe qui dessinait chaque partie de son corps, se détachait à plaisir entre tous. C’était une belle femme, au teint olive et aux yeux sombres. Elle avait les cheveux ramassés en un chignon andalou et les hommes l’admiraient effrontément. Dans sa dégaine de faubourg, il y avait le piment d’une

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grâce qui faisait plaisir. Elle aurait pu passer pour vaniteuse, mais non, elle vivait absorbée dans un monde intérieur de désirs frustrés et de passions secrètes qui affleuraient sur sa peau avec une flamme ardente et

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desencanto. Nadie se explicaba el por qué se aguantaba un marido mezquino y de tan poca presencia. Podía merecer mucho, pero extrañamente soportaba esa vida ruin. Sin embargo, al bailar parecía explorar otro ser en su cuerpo y se llenaba de coquetería deliciosa, sin ella proponérselo. A la una de la madrugada apareció El Zarco, el hombre levantó más de un cuchicheo mujeril. Irreverente y altanero, sin mirar a nadie fue directo adonde Antonio y, después de darle un fuerte abrazo a Chila y a su apreciado compadre, se sentó a seguir bebiendo, pues ya traía unos tragos encima. Cinco minutos después la Mona lo abordó. Fue solícita y complaciente. Que se sintiera como en su casa, le dijo. Y cuando hubo algo de confianza, lo tomó del brazo y lo presentó a los duros de la fiesta, que estaban acomodados aparte, en un patio que habían reservado para ellos. La Mona pensó que el hombre se iba a amedrentar, pero no. Estaba en su elemento. No era tonto y sabía hablar, lo que agradó más a la Mona. Como a las dos de la madrugada llegaron unos necios, queriendo imponer su ley. Fueron dicharacheros; a una chica le tocaron la nalga y nadie dijo nada. Al llegar al compartimiento donde El Zarco había entrado en confianza, uno de los pandilleros quiso montarla y éste, con imprevisible agilidad, los arremangó y con su pistola 9 mm los puso a todos patas afuera. Mientras, los malevos de la fiesta pifiaban y reían a carcajadas por la acción del corajudo. Esa noche se dieron dos hechos y se juntaron dos personajes que tejieron y destejieron la vida de Moreira: La Mona y Caparroja. Sonó un disco, la mujer lo invitó a bailar y éste le infringió un inútil agravio, la despreció delante de todos. y prefirió seguir bebiendo. Ella quedó arrobada, y las mejillas se le sonrojaron con humillación inolvidable: en su vida nadie la había plantado de esa manera. Fue todo tan canalla y horrible que la mujer le clavó una turbulenta mirada. El temido Caparroja, que estaba en la sombra, complacido por la osadía del Zarco, lo sentó a beber con él hasta despuntar el alba y luego, cuando se cansaron del lugar, lo invitó para la finca con mujeres rumbosas y su cuadrilla de secuaces. En la finca montaron a caballo, escucharon rancheras, comieron ternera a la llanera y bebieron y metieron cocaína hasta embalarse. Ese día El Zarco conoció a Don Marcelo, uno de los patrones de Caparroja. Le dieron confianza y entre tragos le encomendaron cobrar una cuenta grande a un sujeto que tenía

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du désenchantement. Personne ne s’expliquait pourquoi elle supportait un mari mesquin et si peu présent. Elle pouvait bien mériter un autre sort, mais supportait curieusement cette vie misérable. Pourtant, en dansant, elle paraissait explorer dans son corps un autre être et s’emplissait involontairement d’une délicieuse coquetterie. À une heure du matin, Yeux Bleus est apparu, l’homme a déclenché plus d’un chuchotement féminin. Irrévérent et hautain, sans regarder personne, il est directement allé trouver Antonio et, après avoir donné une forte embrassade à Chila et à son cher compère, il s’est assis en continuant de boire, car il était arrivé avec quelques verres de trop. Cinq minutes après La Blonde l’a abordé. Elle a été empressée et complaisante. Qu’il se sente comme chez lui, lui dit-elle. Et quand il y a eu un peu de confiance, elle l’a pris par le bras et l’a présenté aux durs de la fête, qui étaient installés à part, dans une cour qu’ils s’étaient réservés. La Blonde a pensé que l’homme allait s’effrayer, mais non. Il était dans son élément. Il n’était pas bête et il savait parler, ce qui a encore plus plu à La Blonde. Vers deux heures du matin quelques abrutis sont arrivés, voulant imposer leur loi. Ils ont été grivois ; à une fille ils ont touché les fesses et personne n’a rien dit. En arrivant dans le secteur où Yeux Bleus était entré en confiance, l’un des trouble-fête a voulu les importuner et celuici, avec une agilité imprévisible, s’est retroussé les manches et avec son pistolet 9 mm, les a tous mis dehors. Entre-temps, les malveillants de la fête sifflaient et riaient aux éclats de l’action du courageux. Cette nuit-là deux faits se sont produits, et deux personnages se sont unis pour faire et défaire la vie de Moreira : La Blonde et Cape Rouge. Un disque a résonné, la femme l’a invité à danser mais il lui a fait subir une offense inutile, la méprisant devant tout le monde en préférant continuer à boire. Elle est restée sans voix, et le rouge lui est monté aux joues d’une humiliation inoubliable : dans sa vie personne ne l’avait laissée plantée de cette façon. Tout a été si canaille et si horrible que la femme l’a fixé d’un regard trouble. Le redoutable Cape Rouge, qui était dans l’ombre, conquis par l’audace d’Yeux Bleus, l’a installé à boire avec lui jusqu’au point du jour et ensuite, quand ils en ont eu assez du lieu, il l’a invité dans sa propriété avec des femmes somptueuses et sa bande d’acolytes. Dans la propriété ils sont montés à cheval, ont écouté des rancheras, mangé du veau préparé à la llanera, bu et sniffé de la cocaïne jusqu’à être pétés. Ce jour-

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là, Yeux Bleus a connu Don Marcelo, l’un des patrons de Cape Rouge. Ils lui ont offert leur confiance et entre deux verres ils l’ont chargé de faire payer son compte à un sujet qui avait

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mala fama en la capital, tarea que cumplió con éxito, y lo ligaron a ese mundo. Días después, a su Comandante de cuadrilla le arguyó que para hacer servicio de inteligencia él tenía que mezclarse con gente acomodada y vestir acorde a la situación. ¿Qué quería decir?, había entrado en otro estatus social que bien le podría convenir al partido. El Comandante aceptó la razón, pero también intuyó que El Zarco hacía trabajos independientes que no podía tolerar. Y sentenció que tuviera cuidado, no la fuera a cometer. Octubre 10 de 1990 Seis meses fueron suficientes para que se enrolara en otro ambiente de truculentos negocios y rumba pesada. Tenía la vileza y audacia para enfrentar la muerte. Sus acciones fueron arriesgadas. Empezó a ganar buen dinero, a vivir con intensidad. El Zarco sintió que esa vida le gustaba, estaba en su ley. Los night-clubs pasaron a hacer parte esencial de su rutina. Lo extravagante no lo saciaba. Su toque barriobajero afloró en su piel con su lenguaje canalla. Bailaba salsa como mariquita y las rechiflas; y las atenciones de los barmans y porteros le producían hilaridad. Le gustaba sentirse un duro, tener dinero en el bolsillo y gastarlo a granel. Su pasión no eran las mujeres. Para sus amigos ellas representaban el placer máximo —exhibir una buena hembra es sinónimo de poder; igual para el patón un caballo de paso fino—. Para el Zarco, en cambio, la mujer enredaba la vida. Ese inconsciente rechazo lo hacía ver más atractivo. Varias mujeres lo buscaban y él a veces salía con ellas o las rechazaba. Lo que no sabía era que esa irreverencia lo iba a joder. Decían que era marica, que tenía un comportamiento extraño. Pero frente a todos, sin excepción era un puto macho y lo respetaban. Le temían. Su fama en ese ruedo era un hecho. Cuenta su guardaespaldas que una noche de extraviados tragos un patrón mandó a cerrar la discoteca y puso sobre la mesa un fajo de billetes de cien dólares para el tipo que hiciera un strip-tease. El Zarco, en medio del humo de la marihuana y el ajetreo, lo hizo como una cabaretera y el maricón mañoso lo ovacionó hasta el cansancio. No sólo se ganó su confianza, también el aplauso de los demás patanes, que rechiflaban bebiendo trago como locos.

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une mauvaise renommée dans la capitale, tâche dont il s’est acquittée avec succès, et ils l’ont lié à leur monde. Quelques jours après, il a argué à son Commandant de ce que, pour servir dans l’intelligence, il devait se mêler à des gens riches et s’habiller comme l’exigeait le contexte. Qu’est-ce que ça voulait dire ? Il était dans un autre statut social qui pourrait bien convenir au Parti. Le Commandant a accepté l’argument, mais il a deviné aussi qu’Yeux Bleus faisait du travail indépendant, ce qu’il ne pouvait pas tolérer. Et il lui a prescrit de prendre garde, de ne pas commettre d’impair. Le 10 octobre 1990 Six mois ont été suffisants pour qu’il s’embarque dans une autre ambiance de cruels négoces et de fêtes hard. Il avait la vilenie et l’audace pour faire face à la mort. Ses actions ont été risquées. Il a commencé à gagner pas mal d’argent, à vivre avec intensité. Yeux Bleus a senti que cette vie lui plaisait, il était dans sa loi. Les night-clubs sont venus à être une part essentielle de sa routine. L’extravagance ne le blasait pas. Son côté faubourien lui a affleuré à la peau avec son langage canaille. Il dansait la salsa comme une tante sous les sifflets ; et les attentions des barmen et des portiers déclenchaient son hilarité. Il aimait se sentir un dur, avoir de l’argent dans les poches et de le dépenser à foison. Sa passion n’était pas les femmes. Pour ses amis elles représentaient le summum du plaisir – exhiber une femelle bien bonne est synonyme de pouvoir ; de même pour le patron un élégant cheval de monte –. Pour Yeux Bleus en revanche la femme compliquait la vie. Ce rejet inconscient le rendait encore plus attirant. Plusieurs femmes le recherchaient et il sortait parfois avec elles, ou les repoussait. Ce qu’il ne savait pas, c’est que ces irrévérences allaient le baiser. On disait que c’était un pédé qui avait un comportement bizarre. Mais en face de tous, sans exception, c’était un mâle du tonnerre et ils le respectaient. Ils le craignaient. Sa renommée dans le milieu était un fait. Son garde du corps raconte qu’une nuit de folle beuverie, un patron a ordonné de fermer la discothèque et a mis sur la table une liasse de billets de cent dollars pour le type qui ferait un strip-tease. Yeux Bleus, au milieu de la fumée de la marijuana et de l’agitation, l’a fait comme une professionnelle, et la tantouze vicieuse l’a ovationné à n’en plus pouvoir. Il n’a pas seulement gagné sa confiance, mais aussi les applaudissements d’autres fats qui sifflaient en buvant des verres comme des fous.

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Diciembre 18 de 1990 Fue en una discoteca. La Mona se encontró con Antonio, Ambos estaban bebiendo. Bailaron y en medio del humo y filtreo ella lo fue acaramelando y cuando lo tuvo seguro en su punto, en sus garras, le soltó lo que había pensado: Hagámoslo, primor, ya que tu mujer lo hace con El Zarco. El trago, la música y el amartelamiento de la Mona le amortiguaron el golpe. El hombre cabeceó y las palabras fueron un eco vibrando en su cuerpo, pero ella ya lo había trenzado en sus brazos, dejando escapar un ¿cómo? incrédulo, que su boca amansó en un prolongado beso. No se habló más. Ella aceptó sentarse a la mesa con él. En el motel, en la cama, la Mona trabajó a Antonio. Con la sutileza de su ser pervertido, lo empezó a envenenar, filtrándole pequeñas espinas por el torrente de su sangre machista. ¿Sabes?, le soltaba, pienso que la tienda no era para vos, ni la casa, ni tanto regalo; a no ser que haga su jugarreta: complace a tu Chila por tu boca. Los hombres a ratos son pendejos, decía. Las pócimas fueron controladas con toda la astucia de mujer conocedora. Después de tensionarlo con sus embustes, lo hacía relajar con una pose fuerte y, cuando ya lo tenía caliente, le daba su porción de veneno, como una puñetera bruja, y enseguida lo enloquecía con su cuerpo de hembra sabrosa. Ella lo hacía con Antonio aborreciendo todo en él, pero su odio era más fregado. Antonio era celoso. Por esos días la vida de Chila era un infierno. ¿Por qué me pegas? ¿Es que sos un idiota para creer semejante vileza?, le gritaba ella, le voy a contar, le voy a decir a tu amigo las infamias que piensas de él. Para inculparlo, Antonio entregó unas caletas a la policía. AI Comandante le empezó a dar información de las andanzas del Zarco con sicarios al servicio de la mafia. Dijo que estaba enviciado; que ya no era de confiar. Los comentarios fueron graduales, manipuló la información y metió cizaña. Febrero 3 de 1991 Dos balas le tocaron a Moreira. Una le entró por el tríceps y le salió por el bíceps, rozando el brazo de su escolta; la segunda le atravesó el hígado y se le incrustó en el pulmón derecho- Al hospital llegó solo, muy grave; su escolta tenía algo pendiente con la policía y no era buena su presencia.

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Le 18 décembre 1990 Ça c’est passé dans une discothèque. La Blonde s’est trouvée avec Antonio. Les deux buvaient. Ils ont dansé et au milieu de la fumée et du flirt elle s’est mise à être doucereuse et quand elle se l’est assuré à point, dans ses griffes, elle lui a lâché ce qu’elle avait élaboré : faisons-le, mon ange, puisque ta femme le fait avec Yeux Bleus. La boisson, la musique et le forcing amoureux de La Blonde ont amorti le coup. L’homme a branlé la tête et les mots ont été un écho vibrant dans son corps, mais elle le tenait déjà enserré dans ses bras, l’homme laissant échapper un « comment ? » incrédule que sa bouche a dompté d’un baiser prolongé. On n’a rien dit de plus. Elle a accepté de s’asseoir à la table avec lui. Dans le motel, dans le lit, La Blonde a travaillé Antonio. Avec la subtilité de son être pervers, elle a commencé à l’empoisonner, en insinuant de petites épines dans le torrent de son sang machiste. Tu sais ? lui lâchaitelle, je pense que le magasin n’était pas pour toi, ni la maison, ni tous ces cadeaux ; sauf s’il te joue un mauvais tour : il veut plaire à ta Chila à travers toi. Les hommes sont cons, des fois, disait-elle. Elle contrôlait les potions avec toute l’astuce féminine d’une connaisseuse. Après l’avoir mis sous tension avec ses mensonges, elle le faisait se détendre avec une pose hard, et quand elle l’avait bien chauffé, elle lui donnait sa ration de poison, comme une méchante sorcière, et elle l’affolait aussitôt avec son corps de fille savoureuse. Elle le faisait avec Antoine en détestant tout en lui, mais sa haine était plus forte. Antonio était jaloux. À cette époque la vie de Chila était un enfer. Pourquoi tu me frappes ? Serais-tu un idiot pour croire de telles bassesses ? lui criait-elle, je vais lui raconter, je vais les dire à ton ami, les infamies que tu penses de lui. Pour le faire inculper, Antonio a remis quelques objets recélés à la police. Il a commencé à donner au Commandant des informations sur les errances d’Yeux Bleus avec des tueurs à gages au service de la maffia. Il a dit qu’il s’était dépravé ; qu’on ne pouvait plus se fier à lui. Les commentaires ont été graduels, il a manipulé l’information et a semé la zizanie. 3 février 1991 Deux balles ont atteint Moreira. L’une est entrée par le triceps et lui est ressortie par le biceps, en frôlant le bras de son garde du corps ; la deuxième a traversé le foie et s’est incrustée dans le poumon droit. À

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l’hôpital, il est arrivé seul, très mal en point ; son garde du corps était en délicatesse avec la police et il valait mieux qu’il ne soit pas présent.

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Antes de retirarse le entregó sus papeles y le confió que si no salía vivo de esa le dijera a su compadre que se encargara de las cosas de él; lo que tenía era para Antonio. Lo consideraba; su único amigo de verdad, su hermano. Cuando estuvo acostado en la cama del hospital, pensó en su juventud sin padre ni madre. El olor de medicamentos le hizo recordar el estupro sufrido siendo niño (una abominable pesadilla que no aceptaba como real). Lo que hacía ahora era una forma de sometimiento, una manera de justificar la vida que llevaba a la sombra de otros y, a pesar de ganar mucho dinero, él no era nadie; era un ser sumergido en la soledad con un destino miserable. Ya en el quirófano, sintió náuseas y empezó a navegar por un túnel hasta caer en un pantano viscoso color escarlata. Tenía escalofrío y miedo. En su sueño vio al traidor, señalándolo con el dedo, omnipotente y terrible. El doctor le dijo que tuviera confianza, era fuerte e iba a sobrevivir. El desfalleció, se dejó llevar por el torrente de la oscuridad y no quiso aferrarse a la vida. Estaba asqueado. Tenía 21 años. El Zarco murió un día después, en la cama número 19 del Hospital. Fue enterrado como un N.N. Enterado, esa misma tarde el escolta de Moreira encontró en el apartamento una caleta con mucho dinero. Al pie de la puerta habían deslizado una carta. "Fue Antonio, con gente del Comandante. El desgraciado piensa que sos mi amante. Pero creo que hay algo más: envidia. Un cretino. Por fin he tenido fuerzas para abandonarlo. Chila". El tipo leyó la nota, estrujó el papel en su mano con bronca y con rabia lo tiró a la basura. En la pared había un póster a color de un hombre que parecía un galán de cine, era Moreira. El escolta lo miró con tristeza. Se puso unos lentes oscuros y salió a la calle, cabizbajo. El murmullo de la ciudad penetró por sus oídos, y el smog con mezcla de comida callejera llenó sus pulmones y le llegaron imágenes del jefe amigo que acababa de morir. Y con fuerza solidaria los ojos se le anegaron y dejó escapar un sollozo fuerte que arrastro el viento. La calle con toda su podredumbre los había unido. Ahora se había ido para siempre. Apretó el maletín cargado de dinero como si fuera un arma, y con taciturno paso se zambulló entre los transeúntes pensando en su víctima pagada por adelantado.

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Avant de se retirer il lui a remis ses papiers et lui a confié que s’il ne s’en sortait pas, il dise à son compère de se charger de ses affaires ; ce qu’il avait était pour Antonio. Il le considérait comme son seul vrai ami, son frère. Quand il a été allongé sur le lit de l’hôpital, il a pensé à sa jeunesse sans père ni mère. L’odeur des médicaments lui a fait rappeler le viol subi alors qu’il était enfant (un cauchemar abominable qu’il n’acceptait pas comme réel). Ce qu’il faisait maintenant était une forme de soumission, une manière de justifier la vie qu’il menait à l’ombre d’autrui et, bien qu’il ait gagné beaucoup d’argent, il n’était personne ; il était un être submergé dans la solitude avec un destin misérable. Déjà dans le bloc opératoire, il a senti une nausée et a commencé à naviguer dans un tunnel jusqu’à tomber dans un marais visqueux de couleur écarlate. Il avait des frissons et peur. Dans son sommeil, il a vu le traître, en le montrant du doigt, omnipotent et terrible. Le docteur lui a dit d’avoir confiance, qu’il était fort et allait survivre. Il a défailli, s’est laissé porter par le torrent de l’obscurité et n’a pas voulu s’accrocher à la vie. Il était dégoûté. Il avait 21 ans. Yeux Bleus est mort le lendemain, dans le lit numéro 19 de l’Hôpital. Il a été enterré sous X. Informé la même après-midi, le garde du corps de Moreira a trouvé dans l’appartement une planque avec beaucoup d’argent. On avait glissé une lettre sous la porte. « C’est Antonio, avec des gens du Commandant. Le malheureux pense que tu es mon amant. Mais je crois qu’il y a quelque chose de plus : de l’envie. Un crétin. J’ai enfin eu la force de l’abandonner. Chila » Le type a lu la note, a froissé le papier dans sa main avec fureur et l’a jeté à la corbeille avec rage. Au mur il y avait le poster en couleurs d’un homme qui avait l’air d’un jeune premier de cinéma, c’était Moreira. Le garde du corps l’a regardé avec tristesse. Il a mis des lunettes sombres et est sorti dans la rue, tête basse. Le murmure de la ville a pénétré dans ses oreilles, et le smog mélangé de nourriture de rue a rempli ses poumons et des images du chef ami qui venait de mourir lui sont venues. Et par la force de la solidarité, ses yeux se sont noyés et il a laissé échapper un gros sanglot que le vent a entraîné. La rue avec toute sa pourriture les avait unis. Maintenant il était parti pour toujours. Il a serré la mallette pleine d’argent comme si c’était une arme, et a plongé d’un pas taciturne dans la foule des passants en pensant à sa victime payée d’avance.

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Traduit par Yves Moñino

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Vacío (Calicalabozo) Andrés Caicedo no he debido estarme tanto tiempo en la casa de Angelita, porque cuando salí todo estaba vacío. Casi que me vuelvo para atrás. Voltié la cara y ella me estaba diciendo adiós desde la ventana. Por primera vez estuvimos juntos más de una hora. Nos amamos por primera vez. Ella me dijo adiós desde la ventana. Yo no podía regresar. Yo tenía que irme. Le sonreí a su cara que salía por la ventana y empecé a caminar toc toc toc por el pavimento resquebrajado. Me había metido las manos a los bolsillos. Recorrí muy despacio su calle, los sauces que crecen a lado y lado, y la iluminación de mercurio, todo eso vacío. No podía regresar, sus papás no demoraban en llegar, y quién sabe si con un hermano. Yo no quiero morir tan joven. Vacía la esquina de la casa de Angelita. Y la luna llena. Esa luna llena que se está llenando desde hace cuatro días y hoy es cuando está más llena. Hoy es la noche del peligro, mano. Vacío Sears. Cuando pasé por allí, no estaban ni siquiera los vigilantes que cargan escopeta y que le tiran de una al primero que venga a robarle algo a lo que los gringos tienen en Sears. Vacía toda la Avenida Estación pero yo cerré bien los puños dentro de los bolsillos y caminé por la mitad de la calle, echando ojo a cada sombra, a cada casa, a cada raya. Cuando paso por aquí de día y todo eso, siempre pienso en Angelita. Desde la Avenida Estación se ve su casa, la parte de atrás de su casa. Y cuando paso por aquí de día y hay sol y todo eso y la gente que pulula, pienso por qué no ir donde Angelita, tocar a la puerta, preguntar por ella, por que no, qué tiene eso de malo, pasé por detrás de su casa y pensé en ella. Me la imaginé ya casi dormida, abrazando una de las almohadas pensando en mí, pensando en mañana cuando se levantara y me llamara por teléfono y yo le contestara, todo eso, contarle que cuando salí de su casa la calle estaba vacía y que me había dado miedo al principio pero después no, por algo es uno alumno de sexto del colegio San Juan Berchmans. Desde donde yo estaba mirando se veían la ventana de sus papás y la del cuarto de las mantecas y las cortinas de la sala. Me hubiera gustado treparme al techo, caminar hasta su cuarto y despertarla de un beso en la mejilla, juntarle mi cara, respirarle en las
A LO MEJOR

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Vide (Calicachot) André Caicedo SANS DOUTE je n’ai pas dû rester longtemps chez Angelita, car lorsque je suis sorti, tout était vide. J’ai failli revenir sur mes pas. J’ai tourné la tête et elle était en train de me dire au revoir de la fenêtre. Pour la première fois nous sommes restés ensemble plus d’une heure. Nous nous sommes aimés pour la première fois. Elle m’a dit au revoir depuis la fenêtre. Je ne pouvais pas revenir. Je devais m’en aller. J’ai souri à son visage qui sortait de la fenêtre et j’ai commencé à marcher, tac tac tac sur le sol crevassé. Je m’étais mis les mains dans les poches. J’ai parcouru très lentement sa rue, les saules qui poussent de chaque côté, et l’éclairage au mercure, tout cela vide. Je ne pouvais pas revenir, ses parents n’allaient pas tarder à revenir, et qui sait, avec un frère. Je ne veux pas mourir si jeune. Vide, le coin de la rue de la maison d’Angelita. Et la pleine lune. Cette pleine lune qui se remplit depuis quatre jours et c’est aujourd’hui qu’elle est le plus pleine. Aujourd’hui c’est la nuit du danger, mon pote. Vide, Sears. Lorsque je suis passé par là, il n’y avait même pas de ces surveillants qui portent un fusil et qui tirent sans sommation sur le premier qui viendrait à voler de ces choses que les Amerloques possèdent à Sears. Vide, toute l’avenue Estación, mais j’ai serré fort les poings dans les poches et j’ai marché au milieu de la rue, jetant un coup d’œil à chaque ombre, à chaque maison, à chaque trace. Lorsque je passe par ici de jour et tout ça, je pense toujours à Angelita. De l’avenue Estación, on voit sa maison, l’arrière de sa maison. Et lorsque je passe par ici de jour et qu’il y a du soleil et tout ça et le monde qui pullule, je pense, pourquoi ne pas aller chez Angelita, frapper à la porte, demander si elle est là, pourquoi pas, cela n’a rien de méchant, je suis passé derrière sa maison et j’ai pensé à elle. Je me la suis imaginée déjà presque endormie, embrassant un des oreillers en pensant à moi, j’ai pensé au lendemain quand elle se lèverait et m’appellerait par téléphone, et que je lui répondrais, tout ça, je lui raconterais que lorsque je suis sorti de chez elle la rue était vide et que cela m’a fait peur au début mais pas

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après, c’est pas pour rien qu’on est élève de Première au collège San Juan Berchmans. De là où je regardais, on voyait la fenêtre de ses parents et celle de la chambre des souillons et les rideaux du salon. J’aurais aimé grimper sur le toit, marcher jusqu’à sa chambre et la réveiller d’un baiser sur la joue, joindre mon visage au sien, lui respirer dans les

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orejas, preguntarle por mí, que si me ha pensado mucho. Me hubiera gustado eso. Tal vez si no hubiera salido tan tarde de su casa, no me hubiera encontrado esta calle tan vacía. Caminé despacio hasta Deiri Frost. Vacío Deiri Frost allí donde uno se aparece cualquier día y se encuentra con los muchachos, con Pedro y con Pablo y Chucho y Jacinto y José, toda la gente, y eso es que le preguntan a uno que para dónde va y uno contesta para ver a dónde es que lo invitan, y allí de una le plantean onda con cualquier par de hembras, cosas así, cualquier día. Pero de día. Ahora el Deiri Frost estaba vacío. Me arrimé bien a los vidrios para ver si veía al gringo que prepara los helados, pero nada. Todo vacío. Si me encontrara con alguien, por qué no. Con tantos amigos que tiene uno en Cali, por qué no. Me senté un rato en el muro del Deiri Frost esperando a que pasara alguien conocido. Han debido pasar como veinte minutos y no pasó nadie. Ni siquiera un taxi. Nada, y esa luna llena... Me paré del muro y caminé hacia arriba, por la Avenida Sexta hasta que llegara a mi casa. Vacía la fuente, vacía la Bomba, vacío Oasis, allí donde yo conocí a Angelita.

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oreilles, lui poser des questions sur moi, si elle avait beaucoup pensé à moi. Cela m’aurait plu. Peut-être que si je n’étais pas sorti si tard de chez elle, je n’aurais pas trouvé la rue aussi vide. J’ai marché lentement jusqu’à Deiri Frost. Vide, Deiri Frost, là où l’on débarque n’importe quel jour pour retrouver les potes, Pedro et Pablo et Chucho et Jacinto et José, tout le monde, et là ils nous demandent où on va et on répond pour voir où on va être invité, et fissa, ils proposent un plan avec n’importe quelle paire de meufs, des choses comme ça, n’importe quel jour. Mais de jour. Maintenant le Deiri Frost était vide. Je me suis collé à la vitre pour voir si je voyais l’Amerloque qui prépare les glaces, mais rien. Tout était vide. Si je rencontrais quelqu’un, pourquoi pas. Avec tous les amis qu’on a à Cali, pourquoi pas. Je me suis assis un moment contre le mur du Deiri Frost attendant que quelqu’un de connu passe. Une vingtaine de minutes ont dû s’écouler et personne n’est passé. Même pas un taxi. Rien, et cette pleine lune… Je me suis relevé et j’ai marché en remontant la Sixième avenue jusqu’à arriver chez moi. Vide, la fontaine, vide La Bomba, vide Oasis, là où j’ai connu Angelita. Traduit par Carlos Obregón

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Jaulas (Fragmento) María Elvira Bonilla Ventura. Diez años me ha costado escribir este nombre. El esfuerzo ha sido grande. A máquina, mucho mayor. Aún estoy cansada. He conseguido golpear las teclas con dos dedos: el meñique y el pulgar. Habilitar los índices habría sido mejor. No me extraña este revés. Uno más, uno de tantos quizás en una vida de aciertos y desgracias. Desgracias buscadas. Elucubraciones como éstas podrían sonar banales pero debo enfatizarlas porque para mí tienen su valor. Empiezo a razonar. Hablar me resultaba efímero y atraída por el vicio de tener que dejar constancia de todo lo pensado, lo sentido, lo intuido, de esquelas y papelitos, hojas, sobres y libreticas siempre me he rodeado. Bien poco me han servido. Ni una página he podido utilizar. Y no ha sido por capricho. Sorprende mi paciencia. Diez años he aguantado. Nunca me he quejado. Postergar no ha sido mi intención. Simplemente liquidar. Más fácil: olvidar. Y así, diez años sin moverme de esta cama, sin rasguñar una vocal, sometiendo los dedos al pinchazo de un alfiler. Bueno, en realidad me gusta exagerar. La tortura no ha sido tan larga ni tan tortura, molestias no he sentido y el hábito, preescrito para renovarse cada día, no duró más que los primeros meses. Los chuzones han quedado como huellas, eso sí, cicatrices que marcan las yemas de mis dedos y este extraño experimento de probar vida con dolor concentró durante meses la atención de médicos y familiares. Vi sus rostros inclinarse hacia mi cuerpo a la espera de respuesta, y cada día, como tirados por un imán iban dejando pegados a mis dedos lánguidos y yuyos, mandíbulas y narices. Daba gusto protagonizar el espectáculo y yo me los gocé, hasta que impacientes, sin optimismo, uno a uno fueron desertando. No los culpo. Mi sensibilidad no les respondió, que carajo, a mí déjenme en paz, y sin duda, cada quien se acostumbró a aceptarme como vegetal. Un vegetal de pupilas sin pestañear, con los ojos bien abiertos... observando. Con los oídos bien despiertos... escuchando. Como el lobo de Caperucita... para percatarme mejor. ¡Vaya estupidez! uno dizque intentando comprender, para saber que lo fundamental no tiene ninguna explicación. Y así, tal cual me sucedió, sin ninguna explicación.
KRISTAL

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Cages (Fragment) María Elvira Bonilla KRISTAL Ventura. Il m’a fallu dix ans pour écrire ce nom. L’effort a été grand. Avec la machine à écrire, encore plus. J’en suis encore fatiguée. J’ai réussi à frapper les touches avec deux doigts : le petit doigt et le pouce. Utiliser les index aurait été mieux. Je ne m’étonne pas de ce revers. Un de plus, un parmi d’autres peut être dans une vie de réussites et de malheurs. De malheurs cherchés. Des élucubrations comme cellesci pourraient paraître banales mais je dois les mettre en avant parce que pour moi elles représentent quelque chose. Je commence à raisonner. Parler me paraissait éphémère et attirée par le vice d’avoir à laisser le témoignage de tout ce qui est pensé, senti, deviné, je me suis toujours entourée de billets et de petits papiers, de feuilles, d’enveloppes et de carnets. Bien peu m’ont servi. Je n’ai pu utiliser même une page. Et ce n’a pas été par caprice. Ma patience est étonnante. Dix ans, j’ai enduré. Jamais je ne me suis plainte. Ajourner n’a pas été mon intention. Simplement liquider. Plus facile : oublier. Et ainsi, dix ans sans bouger de ce lit, sans érafler une voyelle, en soumettant mes doigts à la piqûre d’une épingle. Bon, en réalité j’aime exagérer. La torture n’a pas été si longue ni si torturante, je n’ai pas senti de gêne et l’accoutumance, destinée à être renouvelée chaque jour, n’a duré que les premiers mois. Les piqûres ont laissé des traces, ça oui, des cicatrices qui marquent le bout de mes doigts et cette étrange expérience de goûter la vie avec la douleur a attiré des mois durant l’attention des médecins et de ma famille. J’ai vu leurs visages se pencher sur mon corps dans l’attente d’une réponse, et chaque jour, comme attirés par un aimant, ils restaient collés, mâchoires et nez, à mes doigts alanguis. Il me plaisait d’être le protagoniste du spectacle et j’en ai joui jusqu’à ce que, impatients, sans optimisme, ils s’en sont allés, un à un, désertant. Je ne les accuse pas. Ma sensibilité n’a pas correspondu à la leur, et merde, fichez-moi la paix, et sûrement, chacun s’est habitué à m’accepter comme un végétal. Un végétal avec des pupilles qui ne clignaient pas, avec les yeux bien ouverts… observant. Avec les oreilles bien éveillées… écoutant. Comme le loup du Chaperon Rouge... pour mieux me rendre compte. Quelle

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stupidité ! Et on essayait soi disant de comprendre, en sachant que ce qui est essentiel n’a aucune explication. Et ça m’est arrivé comme ça, sans aucune explication.

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Griselda me despertó con el jugo de naranja. Previsto estaba todo. De un sorbo debía bebérmelo, rapidito y hasta luego, asunto liquidado, Griselda como siempre al tanto de la acción, sosteniendo, casi empujándome el vaso con el jugo de naranja. Sin ella no había jugo de naranja y ella, cada mañana con el jugo de naranja, sin buenos días, jugo de naranja, sin cómo amaneció, jugo de naranja, sin le provoca otra cosa, jugo de naranja, sin más sobreentendidos, diez años con el jugo de naranja, sólo que esta vez no me lo bogué. Atasqué el guargüero, cerré la boca, recapacité. Porqué no. A veces pasa. El experimento del alfiler, probémoslo otra vez. La reacción era fácil de preveer: propuesta fuera de lugar. Griselda se mostró reacia, asustada sin prescripciones por seguir, desorientada, niña el jugo de naranja por favor, pero nada, fácil persuasión, y de puras vainas ocurrió. Las dos a solas en la habitación, quién iba a creerlo, sin ninguna explicación, lo fundamental no tiene explicación, el meñique de la mano izquierda y el pulgar de la derecha respondieron al chuzón. No grité, qué va, pocas cosas me sorprenden ya. Presa del maldito vicio, dejar constancia, el catafalco de letras por conjugar y Griselda, tal cual se lo pedí, sin chistar, con su lógica servil me centró las manos sobre el teclado de la vieja máquina de escribir. Diez años sin rozar. Me atraganté de imágenes. Lo visto, lo vivido, lo pensado, tanto rollo acumulado, es mi oportunidad, pero qué va, de nuevo fracasé. Mi entusiasmo no aguantó y sin imaginación me quedé, sin comenzar siquiera, enclavada en la punta del camino, tan cretina yo, amarrada a la confusión de mi propia identidad, buscando definirme, presentarme al mundo con, al menos una personalidad, como quien dice, esta soy yo y me llamo Kristal Ventura.

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Griselda m’a réveillé avec le jus d’orange. Tout était prévu. Je devais le boire d’une gorgée, très vite et au revoir, terminé, Griselda comme toujours à l’œuvre, soutenant, poussant presque le verre avec le jus d’orange. Sans elle il n’y avait pas de jus d’orange et elle, chaque matin avec son jus d’orange, sans bonjour, du jus d’orange, sans vous avez bien dormi, du jus d’orange, sans vous voulez autre chose, du jus d’orange, sans plus de sous entendus, dix ans avec le jus d’orange, mais cette fois-là je ne me le suis pas avalé. J’ai bloqué la gargoulette, fermé la bouche, et réfléchi. Pourquoi pas. Cela arrive parfois. L’expérience de l’épingle, essayons-la encore une fois. La réaction était facile à prévoir : tentative hors sujet. Griselda s’est montrée rétive, effrayée, sans prescriptions à suivre, désorientée, mademoiselle, le jus d’orange, je vous en prie, mais rien, persuasion facile, et c’est arrivé par pur hasard. Les deux toutes seules dans la chambre, qui l’eût cru, sans aucune explication, ce qui est essentiel n’a pas d’explication, le petit doigt de la main gauche et le pouce de la droite ont répondu à la piqûre. Je n’ai pas crié, non, peu choses me surprennent encore. Prisonnière du vice maudit, témoigner, le catafalque de lettres à conjuguer et, Griselda, ainsi que je le lui ai demandé, sans sourciller, avec sa logique servile, a dirigé mes mains sur le clavier de la vieille machine à écrire. Dix ans sans taper. Je me suis bourrée d’images. Ce que j’ai vu, vécu, pensé, tant de bobines accumulées, c’est ma chance, mais non, j’ai échoué à nouveau. Mon enthousiasme n’a pas duré et je suis restée sans imagination, sans même commencer, clouée au début du chemin, quelle crétine, ficelée à la confusion de ma propre identité, cherchant à me définir, à me présenter au monde avec au moins une personnalité, comme on dit c’est moi et je m’appelle Kristal Ventura. Traduit par Carlos Obregón

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Clara Sanclemente Juan Fernando Merino Sé que no me vas a creer lo que te voy a contar en ésta. No importa. En la casa ni siquiera me creyeron cuando les dije que había conocido a una Sanclemente, y después de todo esto he preferido quedarme callado. Ya te habrás olvidado de las familias de Cali, pero los Sanclemente son de la Jai, con mayúscula, y no pasa semana sin que aparezcan en los periódicos: que las recepciones de la hermana, los té-canasta de la mamá, los homenajes al papá, y que Clara Sanclemente había asistido, estaba asistiendo, iba a asistir a la fiesta del Club Colombia con el distinguido caballero… es decir, yo. No, claro que no, todavía no, pero si seguíamos saliendo, el día menos pensado nos tomaban una foto, la publicaban en El País, y listo. Eternamente juntos en esa página. Para conocimiento general, porque los periódicos aquí se leen poco, pero las fotos de Sociedad las ve todo el mundo: los compañeros de la Escuela de Administración, el rector, el profesor Vallejo, prestantes ex-alumnos, los socios del Club Campestre, del San Fernando, del mismo Club Colombia. Captados en el momento de hacer su entrada a la exclusiva fiesta de gala, él y Clara. O sea, la conocida joven Clara Sanclemente y su invitado a tan inolvidable velada (yo), sonrientes, elegantes, distinguidos. Todo empezó un sábado en la película del cineclub del teatro Calima. Nunca hubiera imaginado que me encontraba sentado junto a una Sanclemente, de modo que estaba lo más tranquilo, concentrado en la pantalla, cuando de pronto se cortó la cinta, encendieron las luces y entonces me di cuenta de que allí a mi lado estaba ella. No la conocía en la vida real, pero muchas veces había visto fotos suyas en los periódicos. Ese muchacho se parece al actor, le dijo Clara a su amiga en voz muy baja; como tengo excelente oído entendí perfectamente. Además es verdad: soy un poco menos alto y un poco más oscuro que el protagonista, pero no se puede negar que nos parecemos. Y usted se parece a las actrices que más me gustan, dije. Un impulso que todavía no me explico. Clara sonrió. Apagaron las luces y no pudimos hablar más pero varias veces me pareció notar que me miraba de reojo. Me salí por completo de la

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Clara Sanclemente Juan Fernando Merino Je sais que tu ne vas pas croire ce que je vais te raconter maintenant. Ça ne fait rien. À la maison ils ne m’ont même pas cru quand je leur ai dit que j’avais connu une Sanclemente, et après tout ça, j’ai préféré me taire. Tu as déjà dû oublier les familles de Cali, mais les Sanclemente sont de la Haute, avec majuscule, et il ne se passe pas de semaine qu’ils n’apparaissent dans les journaux : les réceptions de la sœur, les théscanasta de la mère, les hommages au père, et que Clara Sanclemente avait assisté, assistait, allait assister à la fête du Club Colombia avec le distingué Monsieur …, c’est-à-dire, moi. Non, bien sûr que non, pas encore, mais si nous continuions à sortir ensemble, le jour le moins attendu, on allait nous prendre en photo, ils la publieraient dans El País, et voilà. Éternellement unis sur la page. Pour que ça se sache publiquement, parce qu’ici on lit peu les journaux, mais tout le monde voit les photos people : les condisciples de l’École d’Administration, le recteur, le professeur Vallejo, d’excellents exélèves, les sociétaires du Club Campestre, du San Ferdando, du propre Club Colombia. Surpris au moment de faire leur entrée à la fête de gala très sélecte, lui et Clara. C’est-à-dire la fameuse jeune Clara Sanclemente et son invité (moi) à une si inoubliable soirée, souriants, élégants, distingués. Tout a commencé un samedi pendant le film du ciné-club du théâtre Calima. Je n’aurais jamais imaginé que je me trouvais assis à côté d’une Sanclemente, ce qui fait que j’étais on ne peut plus tranquille, concentré sur l’écran, quand soudain la bobine s’est coupée, ils ont allumé les lumières et alors je me suis rendu compte qu’elle était là, à côté de moi. Je ne la connaissais pas personnellement, mais plusieurs fois j’avais vu de ses photos dans les journaux. Ce garçon ressemble à l’acteur, dit Clara à son amie à voix très basse ; comme j’ai une excellente oreille, j’ai parfaitement entendu. C’est vrai, en plus : je suis un peu moins grand et un peu plus obscur que le protagoniste, mais on ne peut pas nier que nous ressemblons.

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Et vous, vous ressemblez aux actrices qui me plaisent le plus, ai-je dit. Une impulsion que je ne m’explique encore pas. Clara a souri. Les lumières ont été éteintes et nous n’avons pu parler plus, mais il m’a semblé remarquer plusieurs fois qu’elle me regardait du coin de l’œil. Je suis complètement sorti de

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trama; el resto del tiempo estuve pensando cómo continuar la conversación… No se me ocurrió nada; ni un solo pretexto que resultara apropiado, que diera la talla… No hubo necesidad. De repente ya se había acabado la película y ella me estaba diciendo: Clara Sanclemente, mucho gusto; llámeme un día de estos para conversar de cine. Y punto. Sabíamos que con los Sanclemente no hay necesidad de más señas. Hubiera querido llamarla esa misma noche, pero me contuve, y al día siguiente también, y parte de la mañana del otro, hasta que me asaltó la sospecha de que si esperaba más tiempo sería demasiado tarde. Algún galán podría llegar a la vida de Clara y jamás me perdonaría esa indecisión. La llamé y creo que estuve a la altura. Cuando empezamos a hablar de cine dejé que la conversación se deslizara hacia el tema películas de aventuras, selvas, bosques, montañas nevadas, y así, de una manera natural, la invité al restaurante Suizo. Aún no, tengo que conocerte mejor, pensé que iba a decir, pero no, dijo que nos encontraríamos el viernes a las seis en la plaza de Bolívar. Y que después del restaurante iríamos a la fiesta del Club Colombia. Caballeros traje oscuro. Ese fue el primero de los obstáculos. Tengo dos sacos, uno gris claro y otro azul oscuro, pero el azul es horrible, completamente pasado de moda: cruzado, solapa ancha, bolsillos con reborde… Armando me prestó su traje de grado, negro nevado. ¡Tres tallas menos que la mía! Por lo menos dos. Mucho cuidado al sentarte y levantarte, me decía preocupado. Y en lo posible, trata de no bailar. El segundo obstáculo tenía relación directa con el primero; mis zapatos negros estaban viejos, gastados en la punta. Impresentables. La relación directa eran los pantalones de Armando, tan cortos de pierna que atraerían las miradas hacia abajo. Me vi en la obligación de cerrar la cuenta de ahorros. Sesenta por ciento para la velada con Clara, treinta por ciento para los zapatos, diez por ciento para imprevistos. Quedaba pendiente el transporte. El Simca de la casa se lo habían prestado a mi hermano para un cursillo de ventas en Bugalagrande. Y de todos modos no es más que un Simca. Habría podido ser un problema insoluble, pero por el momento tenía la suerte de mi lado; el novio de mi prima Patricia me prestó su Chevrolet Impala. Largo, blanco, elegante. Adecuado para la misión que se le encomendaba: trasladar a Clara Sanclemente desde las puertas del restaurante Suizo hasta las escalinatas de mármol del Club Colombia.

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l’intrigue ; le reste du temps j’ai réfléchi à la manière de continuer la conversation… Il ne m’est rien venu ; pas même un seul prétexte qui aurait pu être approprié, qui aurait été dans le ton… Il n’y a pas eu besoin. Tout à coup le film s’était terminé et elle me disait : Clara Sanclemente, enchantée ; appelez-moi un de ces jours pour parler cinéma. Et c’est tout. On savait qu’avec les Sanclemente il n’y a pas besoin de plus de signes. J’aurais voulu l’appeler le soir même, mais je me suis retenu, et le lendemain aussi, et une partie du matin du jour suivant, jusqu’à ce que le doute m’a assailli que si j’attendais plus longtemps, il serait trop tard. Quelque galant pourrait arriver dans la vie de Clara et je ne me pardonnerais jamais mon indécision. Je l’ai appelée et je crois avoir été à la hauteur. Quand nous avons commencé à parler de cinéma, j’ai laissé la conversation glisser vers le thème des films d’aventures, de jungles, de forêts, de montagnes enneigées et ainsi, tout naturellement je l’ai invitée au restaurant Suisse. Pas encore, il faut que je te connaisse mieux, ai-je pensé qu’elle allait dire, mais non, elle a dit que nous nous retrouvions le vendredi à six heures sur la place Bolivar. Et qu’après le restaurant nous irions à la fête du Club Colombia. Tenue sombre pour les messieurs. C’était le premier obstacle. J’ai deux vestes, l’une gris clair et l’autre bleu foncé, mais la bleue est horrible, complètement démodée : croisée, un large revers, des poches à rebords… Armando m’a prêté son costume de diplômé, noir glacé. Trois tailles en dessous de la mienne ! Ou au moins deux. Fais bien attention en t’asseyant et en te levant, me disait-il, préoccupé. Et si possible, essaie de ne pas danser. Le deuxième obstacle était en rapport direct avec le premier ; mes souliers noirs étaient vieux, usés à la pointe. Pas présentables. Le rapport était le pantalon d’Armando, si court de jambes qu’il attirerait les regards. Je me suis vu dans l’obligation de fermer mon compte d’épargne. Soixante pour cent pour la soirée avec Clara, trente pour cent pour les souliers, dix pour cent pour les imprévus. Il restait la question du transport. La Simca de la maison avait été prêtée à mon frère pour quelques leçons de vente à Bugalagrande. Et de toute manière ce n’était qu’une Simca. Cela aurait pu être un problème insoluble, mais pour le moment la chance était de mon côté ; le fiancé de ma cousine Patricia m’a prêté sa Chevrolet Impala. Longue, blanche, élégante. Appropriée à la mission qu’on lui assignait : transporter Clara

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Sanclemente des portes du restaurant Suisse au perron de marbre du Club Colombia.

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Llegó el día. Y la hora señalada. Clara acudió a la cita con solo media hora de retraso. La vi aparecer sobre el puente Ortiz y contemplé, embelesado, su lento, armonioso, pausado recorrido por la plaza de Bolívar, como deslizándose entre la niebla, como entrando suavemente en mi vida. Admirado por la belleza de sus ojos claros, de su tez nívea, de su rostro ovalado, me dejaba transportar por el ensueño y me imaginaba un encuentro con la princesa de Mónaco, una estrella de cine o una reina de belleza. Clara propuso un aperitivo en el café Versalles. De acuerdo. Hablamos muy poco en el trayecto; ella estaría pensando en sus cosas y a mí me invadían las dudas: era muy temprano para caminar por la avenida Sexta de saco y corbata; había olvidado amansar los zapatos nuevos y crujían con cada paso; no estaba seguro si debía tratarla de tú, de vos o de usted; el nudo de la corbata me apretaba; ¿había cerrado con seguro las puertas del Chevrolet?, ¿qué aperitivo pedir? ¿tendría que pagar las dos entradas a la fiesta?; ¿cuánto? Sudaba; la camisa se me pegaba al cuerpo; los pantalones estrechos; el saco corto; me sentía un poco disfrazado; en cualquier momento podía pasar algún amigo o conocido y burlarse de mi vestimenta… Mira, Clara, ¿le parece bien que nos desviemos de la avenida? Para llegar más rápido. Y así llegamos al café Versalles sin más sobresaltos. Nos sentamos en un rincón tranquilo, lejos del calor, del tráfico vespertino, de los amigos impertinentes. Un martini blanco para Clara; otro martini para mí. Habló de sus estudios de Lenguas en Boston; yo de la escuela de Administración de Empresas. Habló de sus lecturas predilectas; yo de las películas que más me gustan. Me contó anécdotas de sus viajes a Europa; yo escuché atentamente. Y me habló de su padre, su familia, el círculo de amistades, la hacienda en El Saladito, los clubes sociales y deportivos, las clases de golf, el curso de equitación, el caballo en el Club Hípico… Clara hablaba y hablaba y hablaba… Su voz parecía perderse en aquel salón extraño, vacío, silencioso. Yo trataba de seguir la conversación, pero me iba adormeciendo, extraviando… De repente, en mitad de una frase, se interrumpió, se quedó mirando fijamente uno de los cuadros que adornaban la pared lateral del

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Le grand jour est arrivé. Et l’heure fixée. Clara s’est présentée au rendez-vous avec une demi-heure de retard seulement. Je l’ai vue apparaître sur le pont Ortiz et j’ai contemplé, ravi, son cheminement lent, harmonieux et posé à travers la place Bolivar, comme si elle glissait entre la brume, comme si elle entrait avec douceur dans ma vie. Admiratif devant la beauté de ses yeux clairs, de son teint de neige, de son visage ovale, je me laissais transporter par un songe et m’imaginais rencontrer la princesse de Monaco, une étoile de cinéma ou une reine de beauté. Clara a proposé un apéritif au café Versailles. D’accord. Nous avons très peu parlé pendant le trajet ; elle devait penser à ses choses et quand à moi, les doutes m’envahissaient : il était bien tôt pour se promener sur la Sixième Avenue en costume cravate ; j’avais oublié d’assouplir les souliers neufs et ils crissaient à chaque pas ; je ne savais pas si je devais la tutoyer, la voussoyer ou la vouvoyer ; le nœud de la cravate me serrait ; avait-je mis la sécurité aux portières de la Chevrolet ? Quel apéritif commander ? Aurais-je à payer les deux entrées à la fête ? Et combien ? Je suais ; la chemise me collait au corps ; le pantalon étroit, la veste courte, je me sentais un peu déguisé ; à tout moment un ami ou une connaissance pouvait passer et se moquer de mes vêtements… Regarde, Clara, cela vous convient-il que nous sortions de l’avenue ? Pour arriver plus vite. Et nous sommes arrivés ainsi au café Versailles, sans autres émotions. Nous nous sommes assis dans un coin tranquille, loin de la chaleur, de la circulation vespérale, des amis importuns. Un martini blanc pour Clara ; un autre pour moi. Elle a parlé de ses études en langues à Boston ; moi de l’École d’Administration d’entreprises. Elle a parlé de ses lectures favorites ; moi des films que j’aime le plus. Elle m’a raconté des anecdotes de ses voyages en Europe ; j’ai écouté avec attention. Et elle m’a parlé de son père, de sa famille, de son cercle d’amis, de la propriété à El Saladito, des clubs mondains et sportifs, des classes de golf, du cours d’équitation, du cheval au Club Hippique… Clara parlait, parlait, parlait… Sa voix semblait se perdre dans ce salon étrange, vide, silencieux. J’essayais de suivre la conversation, mais je m’assoupissais, égaré…

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Elle s’est interrompue tout à coup au milieu d’une phrase, regardant fixement l’un des tableaux qui ornaient le mur latéral du

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café Versalles y se fue caminando errática, como si buscara algo, como si esperara a alguien… ¿El baño?, ¿busca el baño?, le preguntó una de las camareras. Clara asintió sin decir palabra y la siguió, lenta y distraídamente, en silencio. Supongo que me quedé mirándola con la boca abierta, inmóvil, atónito, no sé… Tan pronto como pude me levanté para mirar su punto de fuga. Regresó unos minutos después, pero ya no era la misma, me pareció. Ya no tenía puestos el collar, la diadema de brillantes ni el anillo de esmeraldas de Muzo. Había desaparecido aquel peinado tan elaborado y ahora tenía el pelo suelto. La expresión de su rostro, segura y altiva un momento antes, se había trocado en una de inquietud. Se acercó con paso desgarbado, y una mirada de displicencia más propia de una colegiala engreída que de Clara Sanclemente. Pero, Clara, ¿qué pasa? ¡Vámonos! ¿Adónde? A cualquier sitio, pero vámonos que ya estoy aburrida. Pero, Clara, dejé el carro en frente del restaurante Suizo. Entonces vamos al restaurante Suizo. Ahora era yo quien caminaba inseguro, errático. Clara salió adelante, paró un taxi, subió, yo subí detrás. Le pidió al taxista que nos llevara al restaurante Suizo a toda velocidad. En cuanto llegamos bajó atropelladamente, cruzó corriendo el antejardín y abrió la puerta de un empellón. De pronto se detuvo y se quedó inmóvil mirando alternativamente el cielo raso y una de las ventanas. Intenté tomarla de la mano para calmarla, pero me hizo a un lado bruscamente y se alejó bailando. Sintiéndome de repente débil y confuso me apoyé en el quicio para seguir desde allí sus evoluciones. La vi pasar bailando por el corredor, el vestíbulo y las escaleras del restaurante Suizo. Al llegar a la acera dejó de bailar y se sentó en un murito divisorio. Yo bajé muy despacio, paso entre paso, paso entre paso, paso entre paso, y cuando finalmente llegué a la calzada, lo que me pareció ver en la penumbra fue una niña, una niña con las facciones de Clara pero nariz respingada y unas largas trenzas adornadas con mariposas rosadas de tul. Pero… ¿pero qué pasa? Que estoy cansada.

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café Versailles et elle est partie à la dérive, comme si elle cherchait quelque chose, comme si elle attendait quelqu’un… Les toilettes ? Vous cherchez les toilettes ? lui a demandé une des serveuses. Clara a acquiescé sans mot dire et l’a suivie, lentement et distraitement, en silence. Je suppose que j’ai continué à la regarder avec la bouche ouverte, immobile, abasourdi, je ne sais… Dès que j’ai pu, je me suis levé pour regarder par où elle avait fuit. Elle est revenue quelques minutes après, mais ce n’était plus la même, m’a-t-il paru. Elle ne portait plus son collier, ni le diadème de brillants, ni l’anneau d’émeraudes de Muzo. Sa coiffure si élaborée avait disparu et elle avait maintenant les cheveux défaits. L’expression de son visage, sûr et altier un moment avant, s’était transformée en inquiétude. Elle s’est approchée d’un pas disgracieux, avec un regard de froideur plus appropriée à une collégienne présomptueuse qu’à Clara Sanclemente. Mais, Clara, que se passe-t-il ? Allons-nous en ! Où ? N’importe où, mais allons-nous en, car je m’ennuie à mourir. Mais, Clara, j’ai laissé la voiture en face du restaurant Suisse. Alors allons au restaurant Suisse. Maintenant c’était moi qui marchais incertain, à la dérive. Clara est partie devant, elle a arrêté un taxi, y est montée, je suis monté derrière. Elle a demandé au chauffeur de nous emmener au restaurant Suisse à toute vitesse. Dès que nous sommes arrivés elle est descendue avec précipitation, a traversé en courant le jardin de devant et a ouvert la porte d’une poussée. Soudain elle s’est arrêtée et est restée immobile en regardant alternativement le plafond et l’une des fenêtres. J’ai essayé de la prendre par la main pour la calmer, mais elle m’a écarté brusquement et s’est éloignée en dansant. Me sentant tout à coup faible et confus, je me suis appuyé sur l’encadrement pour suivre de là ses évolutions. Je l’ai vue passer en dansant par le couloir, le vestibule et les escaliers du restaurant Suisse. En arrivant à la rue elle a cessé de danser et s’est assise sur un muret de séparation. Je suis descendu très lentement, pas à pas, pas à pas, pas à pas, et quand je suis finalement arrivé sur la chaussée, ce qu’il m’a semblé voir dans la pénombre, c’était une petite fille, une petite fille avec les factions de Clara mais le nez rentré et de longues tresses ornées de papillons roses de tulle.

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Mais…, mais qu’est-ce qui t’arrive ? Que je suis fatiguée.

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Sube al carro y te llevo a casa. No quiero ir a casa. Pero si antes dijiste que… Llévame a la fiesta que me prometiste. Es muy tarde, Clarita. Me llevas ya mismo o le digo a mi papá para que se ponga furioso. Atrapado como estaba en aquel torbellino no sabía qué decir ni qué pensar. Sólo intuía que era mejor no contradecirla. Subimos al Chevrolet prestado. Debajo de su asiento Clarita encontró una linterna y durante todo el recorrido se entretuvo enfocando a los conductores y transeúntes o deslumbrándome cada vez que intentaba decirle algo. A la entrada del Club Colombia montaban guardia varios vigilantes. Uno de ellos me hizo señas de que me detuviera; su compañero me dio un recibo y un tercer vigilante ocupó mi sitio y se llevó el Chevrolet hacia el garaje subterráneo. Clarita corrió hasta las escaleras y subió zigzagueando, abriéndose paso entre los socios e invitados que llegaban para la fiesta de gala y los jugadores de cartas, dados o bolos que se marchaban a casa. En la segunda planta, al final de una balaustrada, sobresalía el busto de un prócer de la Independencia. Clarita se encaramó en la balaustrada y se fue deslizando hasta llegar al lado del héroe. Se detuvo entonces, los ojos fijos en el rostro de piedra. Llegué a sus pies, sudoroso, agitado, y le pedí que se bajara. Ni siquiera me miró. Pensé en insistir, pero vi que se acercaba un señor muy alto y adusto vestido de frac. Debía ser el administrador y sin duda nos expulsaría, o me expulsaría a mí que no era socio, después de una reprimenda pública y ejemplarizante. Para mi sorpresa siguió de largo, como si nada. Sin entender, me quedé mirándolo hasta que se perdió entre los asistentes. Mientras tanto, Clarita ya había bajado y se dirigía hacia el salón en el cual se celebraba la fiesta de gala. Ahora caminaba con pasos cortos y vacilantes, apoyándose en los divanes, las patas de las mesas, las columnas. Cuando ya llegaba a la pista de baile, perdió el equilibrio y cayó sentada al suelo. Extendió entonces las manos y se alejó gateando entre danzantes y meseros, cada vez más distante, más pequeña. Alcancé a ver cuando ascendía con dificultad la escalerilla del estrado de los músicos

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Monte dans la voiture et je te ramène chez toi. Je ne veux pas retourner chez moi. Mais puisque tu as dit avant que… Emmène-moi à la fête où tu m’as promis. Il est très tard, Clarita. Tu m’emmènes tout de suite ou je le dis à mon papa qui va être furieux. Happé comme je l’étais dans ce tourbillon, je ne savais que dire ni que penser. Je devinais seulement qu’il valait mieux ne pas la contredire. Nous sommes montés dans la Chevrolet prêtée. Sous son siège Clarita a trouvé une torche, durant tout le parcours elle s’est amusée à la diriger sur les conducteurs et les passants ou à m’éblouir chaque fois que j’essayais de lui dire quelque chose. À l’entrée du Club Colombia, plusieurs vigiles montaient la garde. L’un d’eux m’a fait signe de m’arrêter ; son compagnon m’a donné un reçu et un troisième vigile a pris ma place et a conduit la Chevrolet vers le garage souterrain. Clarita a couru jusqu’aux escaliers et est montée en zigzaguant, en se faisant un chemin entre les sociétaires et les invités qui arrivaient pour la fête de gala, et les joueurs de cartes, de dés ou de bowling qui s’en retournaient chez eux. Au deuxième étage, au bout d’une balustrade, se détachait le buste d’un héros de l’Indépendance. Clarita a grimpé sur la balustrade et s’est laissée glisser jusqu’à arriver à côté du héros. Elle s’est arrêtée alors, les yeux fixés sur le visage de pierre. Je suis arrivé à ses pieds, trempé de sueur, agité, et lui ai demandé de descendre. Elle ne m’a même pas regardé. J’ai pensé insister, mais j’ai vu que s’approchait un monsieur très grand et vêtu d’une austère redingote. Ce devait être l’administrateur et il allait certainement nous expulser, ou m’expulser moi, qui n’étais pas sociétaire, après une réprimande publique et exemplaire. À ma surprise, il est passé loin, comme si de rien. Sans comprendre, j’ai continué à le regarder jusqu’à ce qu’il se perde dans l’assistance. Pendant ce temps, Clarita était déjà descendue et se dirigeait vers le salon où l’on célébrait la fête de gala. Elle marchait maintenant à petits pas vacillants, en s’appuyant sur les divans, les pieds des tables, les colonnes. Comme elle arrivait à la piste de danse, elle a perdu l’équilibre et est tombée assise sur le sol. Elle a étendu alors les mains et s’est éloignée à quatre pattes entre les danseurs et les serveurs, de plus en plus

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lointaine, plus petite. J’ai pu la voir faire avec difficulté l’ascension du petit escalier de l’estrade des musiciens

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apoyándose en los codos. Desde arriba miró a su alrededor con ojos somnolientos. Pensé llegar hasta ella, pero la orquesta empezó a tocar un son caribe y salieron a bailar tantas parejas que no encontré manera de abrirme paso. Al final de la tanda descubrí a Clarita en el otro extremo del salón, dormida debajo de una silla. A grandes pasos crucé la pista de baile, la tomé en brazos y la cubrí con mi saco. Corriendo atravesé el salón, descendí las escaleras y abandoné las instalaciones del Club Colombia. Encontré un taxi libre y expliqué al conductor que necesitaba llegar cuanto antes a las mansión de los Sanclemente. Avanzábamos velozmente por la avenida del Río cuando Clarita se despertó y se echó a llorar; intenté calmarla meciéndola suavemente y tarareando estrofas de las pocas canciones infantiles que recordaba. Pero no dejó de llorar. Pedí al taxista que se detuviera un poco antes de llegar al frente de la mansión. Me apeé cuidando de no lastimar a Clarita y con ella en brazos emprendí la subida de un antejardín interminable. Cuando llegué al portón la coloqué sobre la alfombra, levanté el picaporte y lo descargué con fuerza tres, cuatro veces. Abrió el ama de llaves. Junto a ella estaban el jardinero, el chofer, la cocinera, el preceptor –supongo-, la mucama, el mayordomo o Gran Bufón. El preceptor me increpaba en una lengua extranjera; el jardinero blandía unas tijeras de podar; la mucama me hacía muecas. Retrocedí apabullado y empecé a deshacer los pasos, intentando no darles la espalda. Al llegar a la calle me detuve y me senté en el suelo. Clarita seguía llorando. Me pareció oír que una voz maternal la arrullaba, le cantaba nanas. El llanto fue haciéndose cada vez más débil. Alcancé a escuchar un suspiro, luego un sollozo entrecortado, y la mansión de los Sanclemente regresó al silencio.

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en s’appuyant sur les coudes. De là-haut, elle a regardé autour d’elle avec des yeux somnolents. J’ai pensé arriver jusqu’à elle, mais l’orchestre a commencé à jouer un son caraïbe et tant de couples sont venus danser que je n’ai pas trouvé le moyen de m’ouvrir un chemin. À la fin de ce tour, j’ai découvert Clarita à l’autre extrémité du salon, endormie sous une chaise. À grands pas, j’ai traversé la piste de danse, je l’ai prise dans mes bras et l’ai couverte de ma veste. En courant j’ai traversé le salon, descendu les escaliers et abandonné les installations du Club Colombia. J’ai trouvé un taxi libre et expliqué au chauffeur que j’avais besoin d’arriver le plus vite possible à la demeure des Sanclemente. Nous avancions rapidement par l’avenue du Rio quand Clarita s’est réveillée et s’est mise à pleurer ; j’ai essayé de la calmer en la berçant doucement et en fredonnant les strophes du peu de chansons enfantines dont je me rappelais. Mais elle n’a pas cessé de pleurer. J’ai demandé au chauffeur de s’arrêter un peu avant d’arriver en face de la demeure. J’ai mis pied à terre en prenant soin de ne pas faire mal à Clarita et avec elle dans les bras, j’ai entrepris la montée d’un avant jardin interminable. Quand je suis arrivé à la porte je l’ai placée sur le paillasson, ai levé le heurtoir et l’ai frappé avec force trois ou quatre fois. L’huissière a ouvert. Avec d’elle se trouvaient le jardinier, le chauffeur, la cuisinière, le précepteur – je suppose –, la servante, le majordome ou Grand Bouffon. Le précepteur me réprimandait dans une langue étrangère ; le jardinier brandissait un sécateur ; la servante me faisait des grimaces. J’ai reculé, épouvanté, et ai commencé à revenir sur mes pas en essayant de ne pas leur offrir le dos. Après être arrivé à la rue, je me suis arrêté et me suis assis par terre. Clarita continuait à pleurer. Il m’a semblé entendre une voix maternelle qui la berçait, elle lui chantait des berceuses. Les pleurs sont devenus plus faibles. J’ai pu entendre un soupir, puis un sanglot entrecoupé, et la demeure des Sanclemente est revenue au silence. Traduit par Yves Moñino

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El prisionero de papá Harold Kremer Escuché los golpes de la pala sobre la tierra y estiré la mano para tocar a Yaira. Luego me levanté sobre los codos y en la oscuridad vi el bulto de mamá y Titina en la otra cama. Aún era de noche y en el patio seguían los golpes de la pala sacando la tierra. Corrí un poco la mano de Yaira y volví a acostarme. Por entre la pared de esterilla entraba la luz de la luna formando líneas sobre el piso de tierra y las camas. La pala decía chak, chak, chak. Oía también la respiración del que cavaba. Por el ruido supe que venía del lado del hueco donde Yaira y yo jugábamos a escondernos. Recordé la cajita guardada en la pared. Me senté en la cama y volví a mirar a mamá. Luego me acerqué y vi que no estaba papá. Entonces me arrastré por el suelo hasta la pared y observé a los del patio: uno fumaba y el otro cavaba. No podía distinguirlos bien, pero al instante supe que eran papá y el Caliche. El Caliche agrandaba el hueco. A esa hora era bien de noche y yo tenía sueño. En la cajita guardábamos la moneda de mil pesos que le quitamos al prisionero. Me dormí y cuando desperté el cielo empezaba a clarear. Me limpié la cara, escupí el sabor a tierra de la boca y miré por el hueco de la esterilla. Papá acomodaba plásticos, piedras y pedazos de madera sobre el hueco tapado. Caliche le indicaba con la mano y papá se movía a tapar. Terminaron cuando ya era de día. Caliche se fue por el lado del caño y papá fue a lavarse la cara y las manos. Al desayuno dormía y roncaba en la cama. Mamá nos decía de papá: "Trabaja hasta tarde". Llegaba borracho y mamá dejaba que se montara encima de ella. Papá respiraba fuerte y la cama parecía caerse. Luego mamá se levantaba, le esculcaba los bolsillos del pantalón y escondía el dinero en el hueco del pilar de guadua de la cocina. Cuando no llegaba, mamá no hablaba, ni preparaba la comida, ni atendía a la niña. Se sentaba con los ojos rojos en un rincón de la cocina, con una correa en la mano, y cada vez que nos acercábamos tiraba a pegarnos. A mí me daba pesar con Titina porque la agarraba a correazos. Una vez oí a mamá hablando con doña Carmen. La próxima vez la mataba, le decía, sin importarle que la metieran a la cárcel. Mamá decía que cuando papá no llegaba era porque se quedaba durmiendo allá donde ella. Doña Carmen andaba siempre con los vestidos apretados y la

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Le prisonnier de papa Harold Kremer J’ai entendu les coups de pelle sur la terre et ai étiré la main pour toucher Yaira. Ensuite je me suis relevé sur les coudes et dans l’obscurité j’ai vu le volume formé par le corps de maman et Titina dans l’autre lit. C’était encore la nuit et dans la cour, continuaient les coups de la pelle qui extrayait la terre. J’ai légèrement écarté la main de Yaira et me suis recouché. D’entre le mur de claie la lumière de la lune pénétrait en formant des lignes sur le sol de terre et les lits. La pelle disait tchak, tchak, tchak. J’entendais aussi la respiration de celui qui creusait. Par le bruit j’ai su que cela venait du côté du trou où Yaira et moi nous amusions à nous cacher. Je me suis rappelé la petite boîte rangée dans la paroi du trou. Je me suis assis sur le lit et ai recommencé à regarder Maman. Ensuite je me suis approché et j’ai vu que Papa n’était pas là. Alors j’ai rampé sur le sol jusqu’au mur et ai observé ceux de la cour : l’un fumait et l’autre creusait. Je ne pouvais pas bien les distinguer, mais à l’instant même j’ai su que c’était Papa et Charlot. Charlot agrandissait le trou. À cette heure-là la nuit était bien avancée et j’avais sommeil. Dans la petite boîte nous gardions la pièce de mille pesos que nous avions pris au prisonnier. Je me suis endormi et quand je me suis réveillé, le ciel commençait à pâlir. Je me suis débarbouillé, ai craché le goût de terre de la bouche et ai regardé par l’interstice de la claie. Papa disposait des plastiques, des pierres et des morceaux en bois au-dessus du trou bouché. Charlot lui donnait des indications de la main et Papa s’activait à couvrir. Ils ont fini quand il faisait déjà jour. Charlot est parti du côté du ruisseau et Papa est allé se laver le visage et les mains. Au petit déjeuner il dormait et ronflait dans le lit. Maman nous disait de Papa : « Il travaille tard ». Il arrivait saoul et Maman le laissait lui monter dessus. Papa respirait fort et le lit semblait s’écrouler. Ensuite Maman se levait, fouillait les poches du pantalon et cachait l’argent dans le creux du pilier en bambou de la cuisine. Quand il n’arrivait pas, Maman ne parlait pas, elle ne faisait pas la cuisine, ne s’occupait pas de la petite. Elle s’asseyait avec les yeux rouges dans un coin de la cuisine, une ceinture à la main, et chaque fois que nous nous approchions elle se levait pour nous battre. Ça me faisait de la peine

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pour Titina parce qu’elle la rouait de coups de ceinture. Une fois j’ai entendu Maman qui parlait à madame Carmen. La prochaine fois je vous tue, lui disait-elle, en se fichant qu’on la mette en prison. Maman disait que quand Papa n’arrivait pas c’était parce qu’il restait dormir chez elle. Madame Carmen se baladait toujours avec des robes serrés et le

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risa en la boca. Mamá decía que así se vestían y se reían las mujeres para provocar a los hombres. Con Yaira nos metíamos por los patios y por los lados del caño para ir a verla. Una vez la vimos sentada en las piernas de papá. Tenía la boca pintada y la blusa entreabierta. Papá metía la cara entre la blusa y doña Carmen se reía. Se reía de las cosquillas que le hacía. Yaira se abrió la blusa, me mostró las teticas, y dijo: -Chucuan-chudo chuyo chuse-chua chugran-chude chuvoy chua chuser chuco-chumo chue-chulla. A mediamañana Yaira y yo fuimos al hueco. Papá y el Caliche lo habían rellenado. Yaira se puso a buscar las muñecas que papá le traía del Basuro y yo me asomé al caño a ver si encontraba la colección de carritos que me regaló la tía Isaura. Cuando nos acordamos del dinero quitamos los plásticos, las piedras y los pedazos de madera y luego cogimos unos pedazos de cerámica y nos pusimos a raspar la tierra. Pero la tierra estaba apretada de lo duro que le habían dado con la pala. Yaira se sentó a llorar porque quería mucho a sus muñecas. De pronto me dijo: -¿Chuy chuel chupri-chusio-chune-churo? Le recordé que lo habían reclamado y que a papá le iban a dar su buena recompensa. De lo pura tarada que siempre ha sido no quiso entender y volvió a llorar por las muñecas y los mil pesos. Papá nos dijo que se encontró al niño en un parque y que como nadie aparecía para reclamarlo lo había traído a casa y lo iba a guardar hasta que aparecieran los papás y le dieran una buena recompensa. Lo que no entendíamos era por qué lo tenía amarrado con una cadena. Era del grande de nosotros y papá le daba una medicina para la enfermedad que sufría. Así se dormía y no le dolía. Cuando despertaba jugábamos a la guerra y le decíamos que esa era una cárcel y que él era el prisionero de papá. Al mediodía cuando papá se levantó nos dijo que ya había entregado el prisionero y que le iban a dar una buena recompensa. Por la noche no apareció- Mamá salió a buscarlo y cuando despertamos al día siguiente estaba sentada con la correa en el asiento de la cocina. A mí me despertó el llanto de Titina. Chucé a Yaira y nos salimos al patio. Titina gateaba detrás de nosotros. La noche en que papá apareció con el prisionero lo sacó de entre las cajas, periódicos y cartones que siempre traía en la carretilla. Lo llevó al patio, lo metió al hueco y lo amarró. Nos explicó a mamá y a nosotros y dijo que debíamos tener la boca cerrada: si alguien se enteraba iba y

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rire à la bouche. Maman disait que les femmes s’habillaient et riaient comme ça pour provoquer les hommes. Avec Yaira nous passions par les cours et longions le ruisseau pour aller la voir. Une fois nous l’avons vue assise sur les jambes de papa. Elle avait la bouche maquillée et le corsage entrouvert. Papa mettait le visage dans son corsage et madame Carmen riait. Elle riait des chatouilles que cela lui faisait. Yaira a ouvert sa blouse, m’a montré ses petits tétins, et a dit : – Quavand javeu saveu-ravai gravande, javeu avêtre cavomme avelle. Au milieu de la matinée Yaira et moi sommes allés au trou. Papa et le Charlot l’avaient rempli. Yaira s’est mise à chercher les poupées que Papa lui apportait du Basuro et je me suis penché au dessus du ruisseau pour voir si je trouvais la collection de petites voitures que la tante Isaura m’avait offertes. Quand nous nous sommes souvenus de l’argent nous avons enlevé les plastiques, les pierres et les morceaux en bois et ensuite nous avons pris des tessons de céramique et nous nous sommes mis à gratter la terre. Mais la terre était tassée par la force avec laquelle ils avaient utilisé la pelle. Yaira s’est assise en pleurant parce qu’elle aimait beaucoup ses poupées. Elle m’a dit tout à coup : – Avet laveu pravi-zavo-niaver ? Je lui ai rappelé qu’il avait été réclamé et qu’ils allaient donner une bonne récompense à Papa. En pure tarée qu’elle est depuis toujours, elle n’a pas voulu comprendre et a recommencé à pleurer sur les poupées et les mille pesos. Papa nous a dit que l’enfant avait été trouvé dans un parc et que comme personne ne se manifestait pour le réclamer, il l’avait amené à la maison et allait le garder jusqu’à ce que ses parents apparaissent et lui donnent une bonne récompense. Ce que nous ne comprenions pas, c’était pourquoi il l’avait attaché avec une chaîne. Il était de notre âge et Papa lui donnait un médicament pour la maladie dont il souffrait. Comme ça il pouvait s’endormir sans avoir mal. Quand il se réveillait nous jouions à la guerre et lui disions que c’était une prison et que lui était le prisonnier de papa. À midi quand Papa s’est levé il nous a dit qu’il avait déjà remis le prisonnier et qu’ils allaient lui donner une bonne récompense. Le soir il n’est pas arrivé. Maman est sortie pour le chercher et quand nous nous sommes réveillés le lendemain elle était assise avec la courroie sur le siège de la cuisine. Ce qui m’a réveillé, ç’a été les pleurs

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de Titina. J’ai donné un petit coup à Yaira et nous sommes sortis dans la cour. Titina nous suivait à quatre pattes. La nuit où Papa est apparu avec le prisonnier, il l’a sorti d’entre les caisses, les journaux et les cartons qu’il apportait toujours dans la brouette. Il l’a porté dans la cour, l’a mis dans le trou et l’a attaché. Il nous a expliqué à Maman et à nous que nous devions garder bouche cousue : si quelqu’un venait à savoir et allait

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contaba del niño y no nos daban la recompensa. También dijo que a Yaira le iba a comprar una muñeca del mismo grande de ella y a mí una colección de carros del tamaño de la carretilla. Luego se fue a fumar el zu-quito con mamá. Cuando Yaira y yo nos asomamos el prisionero dormía. Prendimos una vela y le esculcamos los bolsillos. Los mil pesos los encontramos cuando le quité los zapatos. La moneda cayó debajo de una tabla. Yaira los levantó, me miró, y dijo: -Chula chumi-chutad chupa-chura chumí. En esos momentos el prisionero se movió y yo cogí una tabla y le pegué en la cabeza. Luego corrimos por el borde del caño y nos sentamos a esperar. Me puse los zapatos y caminé para probarlos. Yaira repetía que la mitad era para ella. Yo le dije que la moneda era de los dos y que se iba a la cajita que escondíamos en la pared del hueco. Al día siguiente el Caliche nos enseñó a taparle la boca. Dijo que nos quedáramos vigilando para que ninguno más viniera con ganas de cobrar la recompensa. Ya por la tarde despertó y le quitamos el trapo para que nos dijera cómo se llamaba, pero se puso a chillar igual a como cuando mata los marranos el Barriga de la carnicería. Yo me puse a darle con el palo y chillaba y chillaba. Entonces vino mamá y le pegó un trancazo en la cabeza y lo obligó a tomarse la medicina. Luego nos agarró a correazos por quitarle el trapo de la boca. Por la noche papá también nos agarró a correazos y dijo que no volviéramos al hueco. Pero al otro día fuimos y ya no le quitamos el trapo de la boca. Si se despertaba corríamos a contarle a mamá y ella lo obligaba a tomarse la medicina. Papá nos dijo que era mejor que no supiéramos cómo se llamaba pero como Yaira, de lo pura tarada que es, insistía en preguntarle, papá se quedó como pensando y luego dijo que se llamaba Nadie. Cuando ya estábamos aburridos de cuidar se nos ocurrió jugar a lo del prisionero. Cogimos unos palos y dijimos que esas eran las metralletas de los guardias y al despertar, antes de que se pusiera a chillar, le decíamos que esa era una cárcel y que él era el prisionero de papá. A veces Yaira se abría la blusa y le frotaba las teticas en la cara para ver si se reía. Hace dos días se le torcieron los ojos y por un lado del trapo le empezó a salir una baba blanca. Mamá dijo que era por el hambre, que de tanto dormir ni comía: le preparó una sopa y se la dio a sorbos. Pero

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parler de l’enfant, on ne nous donnerait pas la récompense. Il a dit aussi qu’il allait acheter une poupée aussi grande qu’elle à Yaira, et à moi une collection de voitures de la taille de la brouette. Ensuite il est parti fumer un petit joint de crack avec Maman. Quand Yaira et moi nous nous sommes penchés, le prisonnier dormait. Nous avons allumé une bougie et lui avons fouillé les poches. Nous avons trouvé les mille pesos quand je lui ai enlevé ses souliers. La pièce est tombée sous une planche. Yaira l’a ramassée, m’a regardé, et a dit : – lava mavoi-tiavé pavour mavoi. À ce moment-là le prisonnier a remué, j’ai pris une planche et lui en ai donné un coup sur la tête. Ensuite nous avons couru au bord du ruisseau et nous nous sommes assis à attendre. Je me suis mis les souliers et j’ai marché pour les essayer. Yaira répétait que la moitié était pour elle. Je lui ai dit que la pièce était à nous deux et qu’elle allait dans la boîte que nous cachions dans la paroi du trou. Le lendemain, le Charlot nous a appris à le bâillonner. Il a dit que nous restions à le surveiller pour que personne d’autre ne vienne avec l’envie de toucher la récompense. Tard dans l’après-midi, il s’est éveillé et nous lui avons retiré le chiffon pour qu’il nous dise comment il s’appelait, mais il s’est mis à hurler pareil que quand La Panse, le boucher, tue les cochons. Je me suis mis à lui donner des coups avec le bâton et il hurlait, il hurlait. Alors Maman est arrivée et lui a donné un coup de trique sur la tête et l’a obligé à prendre le médicament. Ensuite elle nous a attrapés à coups de ceinture pour lui avoir retiré le chiffon de la bouche. Le soir Papa nous a aussi roués de coups de ceinture et nous a dit de ne pas retourner au trou. Mais le jour suivant nous y sommes allés, sans plus lui retirer le chiffon de la bouche. S’il s’éveillait nous courions le dire à Maman et elle l’obligeait à prendre le médicament. Papa nous a dit qu’il valait mieux que nous ne sachions pas comment il s’appelait mais comme Yaira insistait, tarée comme elle est, Papa s’est mis à réfléchir et a dit ensuite qu’il s’appelait Personne. Quand on s’est lassés de le surveiller, on a eu l’idée de jouer au prisonnier. Nous avons pris des bâtons et on a dit que c’était les mitraillettes des gardes et quand il se réveillait, avant qu’il ne se mette à hurler, nous lui disions que c’était une prison et que lui était le prisonnier

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de papa. Parfois Yaira ouvrait sa blouse et lui frottait ses tétins sur le visage pour voir s’il riait. Il y a deux jours ses yeux se sont révulsés et sur un côté du chiffon, une bave blanche a commencé à sortir. Maman a dit que c’était à cause de la faim, qu’à tant dormir, il ne mangeait plus : elle a préparé une soupe et la lui a donnée à la cuiller. Mais

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el prisionero se atragantaba y la sopa se le salía junto con la baba. Luego se puso tieso y luego se puso blando. Mamá dijo que se había dormido y que era mejor dejarlo solo. Cuando llegó papá fueron a verlo con Caliche y al rato dijeron que ya estaba bien y que esa noche iban los papás por él. Nos hicieron acostar y se pusieron a fumar el zuquito. Esa noche oí los golpes de la pala sobre la tierra. Al día siguiente papá dijo que iba por el dinero, que ojalá se lo pagaran para comprar los regalos tan grandes que nos había prometido. En la tarde, cuando mamá vio que seguíamos raspando la tierra dijo que no lo hiciéramos, que ese hueco era peligroso para Titina y que lo mejor era tenerlo tapado. A Yaira le dijo que no llorara, que no fuera tan tarada como siempre había sido y que ya llegarían más muñecas y muchas monedas de mil. Ahora estamos sentados en el borde del caño. Mamá sigue con los ojos rojos sentada en la cocina. Titina, de tanto llorar, se quedó dormida al lado de una pila de periódicos. Pensaba en los mil pesos ya que por el hambre las tripas empezaron a sonarnos. Pero mejor no le digo nada a Yaira porque hace rato dejó de llorar por las muñecas muertas enterradas. Con los mil pesos compraríamos una coca cola y un pan. Le digo que papá le va a traer una muñeca del grande de ella y ni así me para bolas. Yaira se levanta y coge dos palitos, los amarra con un pedazo de alambre hasta que queda una cruz y la encierra en la tierra pisada. Luego nos sentamos a esperar a ver si papá aparece con el dinero y mamá, de la pura alegría, nos manda a comprar la carne donde el Barriga.

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le prisonnier avalait de travers et la soupe lui ressortait en même temps que la bave. Ensuite il est devenu raide et puis mou. Maman a dit qu’il s’était endormi et qu’il valait mieux le laisser seul. Quand Papa est arrivé ils sont allés le voir avec Charlot et au bout d’un moment ils ont dit que tout allait bien et que cette nuit ses parents allaient venir le chercher. Ils nous ont fait coucher et se sont mis à fumer du crack. Cette nuit-là j’ai entendu les coups de la pelle sur la terre. Le lendemain Papa a dit qu’il allait chercher l’argent, que pourvu qu’ils le lui donnent pour acheter les si grands cadeaux qu’il nous avait promis. Dans l’après-midi, quand Maman a vu que nous continuions à gratter la terre, elle nous a dit de ne pas le faire, que ce trou était dangereux pour Titina et que le mieux était de le maintenir bouché. Elle a dit à Yaira de ne pas pleurer, qu’elle soit un peu moins tarée que d’habitude et qu’elle allait avoir plus de poupées et beaucoup de pièces de mille. Maintenant nous sommes assis au bord du ruisseau. Maman est toujours assise dans la cuisine avec les yeux rouges. À force de pleurer, Titina s’est endormie à côté d’une pile de journaux. Je pensais aux mille pesos car nos boyaux commençaient à se tordre de faim. Mais il vaut mieux que je ne dise rien à Yaira parce que ça fait un moment qu’elle a cessé de pleurer sur ses poupées enterrées. Avec les mille pesos nous achèterions un coca-cola et un pain. Je lui dis que Papa va lui apporter une poupée aussi grande qu’elle et malgré ça elle ne fait même pas gaffe à moi. Yaira se lève et prend deux bâtonnets, les attache avec un morceau de fil de fer et en fait une croix et elle la plante dans la terre piétinée. Ensuite nous nous asseyons en attendant de voir si Papa apparaît avec l’argent et si Maman, sautant de joie, nous envoie acheter la viande chez La Panse. Traduit par Yves Moñino

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Dos mujeres Boris Salazar Dos mujeres. Sentadas en un automóvil con las puertas abiertas, junto a una carretera estrecha que lleva hacia una colina en el suroeste de Cali. Ni siquiera saben que están enguayabadas. O no quieren saber que lo están. O quizás no lo están. Saben que es de mañana y que no tienen mucho tiempo. Una de ellas puede decir: sólo fue una conversación, unas palabras de más, una historia que no debí contar. Nada más. Más que suficiente, podría decir la otra. Yo, que no dije nada—podría continuar su monólogo, si estuviera hablando—pero estuve allí, y no fui invisible, también estoy perdida. Alguien tuvo que recordar y hablar y confiar y contárselo a quien no debía. Eso fue todo. Y fui yo, estuvo a punto de decir. Pero ellas no hablan ahora. No hacen planes. No quieren huir. ¿Para qué? Están cansadas y la noche no ha sido buena. Se han enterado de cosas, nada más. Pero no ha pasado nada. Sólo palabras y el probable fin que ninguna sabe poner en palabras. Mary, Mar para los que la conocen, para ellos, para ellas dos, piensa en ella misma sentada en este automóvil al lado de una autopista camino de Long Island. Sería igual: sólo cambiaría el escenario. Quizás vendría una patrulla de la policía y un policía gordo, alto, casi joven, escondiendo sus ojos azules tras unas gafas para el sol, le diría: ¿qué le pasó, señora? ¿O señorita? ¡Quién sabe! Y le pediría la licencia de conducir y el seguro y le diría que no se mueva, que se quede allí, en la misma posición en que se encuentra ahora, y dependiendo del corte de su blusa, y de su palidez en la mañana, y del olor a fresa de su boca entreabierta, le diría, ahora sí, ¿qué hace sola una señorita tan bonita en esta carretera? Y ella se haría la que no entiende, la que no es con ella, y ni siquiera dejaría caer la sonrisa que está a punto de esbozar ahora. Pero están en Cali y es de mañana y no vendrá ningún policía. Lil, su amiga, sin mirarla, rompe el silencio: Mira, ya bajó el señor. Mar mira hacia el camino y ve otra vez al señor que había subido, no sabe hace cuánto tiempo, por el mismo camino pavimentado hacia la colina. Cree no haber pensado nada cuando lo vio pasar la primera vez, pero

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Deux femmes Boris Salazar Deux femmes. Assises dans une automobile aux portes ouvertes, à côté d’une route étroite qui mène vers une colline dans le sud-ouest de Cali. Elles ne savent même pas qu’elles ont la gueule de bois. Ou alors elles ne veulent pas savoir qu’elles l’ont. Ou peut-être qu’elles ne l’ont pas. Elles savent que c’est le matin et qu’elles n’ont pas beaucoup de temps. Il se peut que l’une dise : ce n’était rien qu’une conversation, quelques mots de trop, une histoire que je n’aurais pas dû raconter. Rien de plus. Plus que suffisant, pourrait dire l’autre. Moi, qui n’ai rien dit – continuerait son monologue, si elle parlait –, mais j’étais là et je n’ai pas été invisible, je suis perdue aussi. Quelqu’un a dû se souvenir et parler et se confier et le raconter à qui il ne fallait pas. C’est tout. Et ç’a été moi, a-elle été sur le point de dire. Mais elles ne parlent pas, maintenant. Elles ne font pas de plans. Elles ne veulent pas fuir. À quoi bon ? Elles sont fatiguées et la nuit n’a pas été bonne. Elles ont appris des choses, rien de plus. Mais il ne s’est rien passé. Rien que des mots et le final probable qu’aucune ne sait mettre en mots. Mary, Mar pour les intimes, pour eux, pour elles deux, pense à ellemême assise dans cette automobile à côté d’une autoroute en chemin vers Long Island. Ça serait pareil : seule la scène changerait. Peut-être qu’une patrouille de police viendrait et un gros et grand policier, presque jeune, cachant ses yeux bleus derrière des lunettes de soleil, lui dirait : qu’est-ce qui vous arrive, madame ? Ou mademoiselle ? Qui sait ! Il lui demanderait son permis de conduire et l’assurance et lui dirait de ne pas bouger, de rester là, dans la même position où elle se trouve maintenant, et selon la coupe de son corsage, sa pâleur matinale, l’odeur de fraise de sa bouche entrouverte, il lui dirait à ce moment-là : que fait seule une si jolie demoiselle sur cette route ? Et elle ferait celle qui ne comprend pas, qui n’est pas concernée, et elle ne laisserait même pas venir le sourire qu’elle est sur le point d’ébaucher maintenant. Mais elles sont à Cali, c’est le matin et aucun policier ne va venir. Sans la regarder, Lil, son amie, rompt le silence : regarde, le monsieur est descendu. Mar regarde vers le chemin et revoit le monsieur qui était monté, elle ne sait pas combien de temps ça fait, par le même chemin

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pavé, vers la colline. Elle croit n’avoir rien pensé quand elle l’a vu passer la première fois, mais

siente que tuvo la idea de que el señor debería ser alguien a quien le pagaban por pensar, o que tenía tanta plata que podía dedicarse a pensar.

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Sólo tiene que pensar y no tiene miedo ni de lo que está arriba ni de lo que puede encontrar aquí abajo, piensa, cuando oye otra vez la voz de Lil, Señor, discúlpenos, ¿para dónde va? No voy, responde, sólo vengo. ¿Siempre viene?, escucha otra vez a Lil, haciéndose la graciosa, preguntando. Mar lo ve sonreír. Siempre, dice, siempre vengo. Entonces venga, vuelve a escuchar la voz de su amiga, invitando, sin haberle consultado nada a ella, la dueña del Lexus, la que está en verdadero peligro. Sin dejar de sonreír, el hombre se acerca al automóvil. Tiene los brazos caídos a los lados del cuerpo y la mira a ella y a Lil, como oscilando entre las dos, sin dejar de sonreír, sin saber dónde poner las manos, pero acercándose al automóvil. Camine, suba, podemos llevarlo. ¿A dónde va?, le pregunta Lil, insistiendo en manejarlo todo, como si ella ya no estuviera allí, como si fuera su chofer sin uniforme después de una noche de farra sin terminar, como si ya no fuera Mar, la nena, bella todavía en el espejo en el que ahora se refleja. Como si ya todo hubiera terminado. ¿Y a dónde vamos?, se escucha preguntando. Pero, ¿a quién le pregunta? ¿A los dos? ¿A Lil, su nueva jefa? ¿Al señor que piensa? Recuerden—dice el hombre, ampliando un poco la sonrisa, y haciendo una pequeña inclinación de la cabeza—sólo vengo, vengo, señoritas. Entonces móntese al carro, le dice Lil, y él da la vuelta y sube al automóvil por la puerta trasera del lado opuesto, como si ya hubiera tomado partido por Lil, piensa ella, y pregunta: ¿Y a dónde vamos, pueden decirme? La voz del hombre aparece más gruesa, más segura, casi retumbando dentro del automóvil, superando la voz en italiano que ha estado sonando desde hace mucho tiempo en el equipo: Es muy temprano para el primero, señoritas, pero apenas justo para el segundo. No puede evitar reírse. Tiene razón, le contesta, aquí está y le pasa la botella de whiskey, ya un poco caliente, que estaba a sus pies sobre el piso del carro. Él, muy cortés, les dice: a su salud, señoritas, y toma un trago que para ella resulta muy largo y para Lil admirable si ha de creerle a su mirada asombrada y a lo que dice mientras lo mira: Bueno, estamos oficialmente de fiesta otra vez. ¿Oficialmente? ¿De dónde sacó esa elle sent qu’elle a eu l’idée que le monsieur devait être quelqu’un de payé pour penser, ou qui avait tant d’argent qu’il pouvait se consacrer à

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penser. Il a juste à penser et n’a peur ni de ce qui est là-haut ni de ce qu’il peut trouver ici en bas, pense-t-elle, lorsqu’elle entend de nouveau la voix de Lil, Monsieur, excusez-nous : où allez-vous ? Je ne m’en vais pas, répond-il, je viens seulement. Vous venez toujours ? entend-elle encore Lil dire, jouant les rigolotes avec ses questions. Mar le voit sourire. Toujours, dit-il, je viens toujours. Alors venez, écoute-elle à nouveau dire son amie, qui invite sans l’avoir en rien consultée, elle, la propriétaire de la Lexus, elle qui est en danger certain. Sans cesser de sourire, l’homme s’approche de l’automobile. Il a les bras qui tombent le long du corps et il les regarde, elle et Lil, comme hésitant entre les deux, sans cesser de sourire, sans savoir où mettre les mains, mais en se rapprochant de l’automobile. Allez, montez, nous pouvons vous emmener. Où allez-vous ? lui demande Lil, insistant pour tout diriger, comme si elle n’était pas là, comme si elle était son chauffeur sans uniforme après une nuit de vadrouilles inachevée, comme si elle n’était plus Mar, la souris, belle encore dans le miroir dans lequel elle se mire en ce moment. Comme si tout était déjà fini. Et où allonsnous ? s’entend-elle demander. Mais à qui demande-t- elle ? Aux deux ? À Lil, sa nouvelle patronne ? Au monsieur penseur ? Souvenez-vous, dit l’homme, élargissant un peu son sourire et inclinant légèrement la tête, je viens seulement, je viens, mesdemoiselles. Alors montez dans la voiture, lui dit Lil, et il se retourne et monte dans l’automobile par la porte arrière du côté opposé, comme s’il avait déjà pris le parti de Lil, penseelle, et elle demande : et où nous allons, pouvez-vous me le dire ? La voix de l’homme apparaît plus forte, plus assurée, retentissant presque à l’intérieur de l’automobile, en dominant la voix en italien qui résonnait depuis bon moment dans la chaîne audio : il est très tôt pour le premier, mesdemoiselles, mais à peine temps pour le second. Il ne peut éviter de rire. Vous avez raison, répond-elle, la voilà, et lui passe la bouteille de whisky, déjà un peu chaude, qui était à ses pieds sur le plancher de la voiture. Lui, très courtois, leur dit : à vos santés, mesdemoiselles, et il prend une rasade qui lui semble très longue et à Lil admirable, si l’on en croit son regard étonné et ce qu’elle dit pendant qu’elle le regarde : bon, on fait officiellement la fête encore une fois. Officiellement ? D’où a-t-elle sorti ce palabra? Pero concuerda: Sí, estamos de fiesta y prende el Lexus, y salen acelerando y lanzando gravilla hacia los lados, loma arriba por el mismo camino pavimentado que el señor acaba de recorrer en ambos sentidos.

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Siento—dice el señor al que nadie todavía le ha preguntado el nombre y que no hace ningún intento por presentarse ante ellas—que algo grave las preocupa. Las dos se miran y Lil dice que sí, que el whiskey le va bien a los buenos cerebros, y que las dos, tan alegres, no deberían estar tan alegres, porque todo puede terminar por aquí o un poco más lejos, quién sabe, pero puede terminar. Como no termina, en cambio, ese señor italiano que grita tanto, dice él, y las dos no pueden evitar reír y Mar está a punto de desear que el mundo no sea sino su Lexus, con Lil, que ahora le parece bella otra vez, mirando al hombre y riendo, y olvidarlo todo, hasta la historia que están a punto de revelar. Ya está, liquidado el señor italiano, se oye diciendo, mientras saca el compacto del equipo y da una curva suave, en un camino que habían encontrado un poco antes, doblando a la izquierda. Dos pastores alemanes de mirada triste, cree ella, los miran desde el otros lado de la reja de una mansión blanca, como salida, o copiada, de una foto de la costa mediterránea. El hombre después de haber ofrecido otra ronda de whiskey más caliente y más humano, les dice, como si en verdad le preocupara: Pero, ¿qué puede terminar para ustedes, si la fiesta apenas está comenzando? Lil la mira, preguntando sin preguntar qué puede contar, si vale la pena decirlo todo aquí, en esta ruta montañosa, y tan bien cuidada, que no habían descubierto antes. Mar comienza a hablar, dejando que el pie salga del acelerador, el carro a punto de detener su marcha: Se lo digo así, a ver si queda satisfecho. Todo termina, claro, pero terminar es lo de menos. Lo que sí no es lo de menos es saber que uno no era nadie. Que era como las otras, como todas. Una más en la colección. No, no es lo que se imagina, y sí tómese el otro trago. No hablo de mi marido, ni de mi esposo ni de mi amante. Hablo de mi confidente. Me cortó el pelo y me peinó y maquilló desde niña, desde que tenía doce años, quizás once. Y le conté siempre todo y yo creí que él me lo contaba todo, pero no era así. Yo le contaba todo, pero él sólo escuchaba y guardaba en la memoria. Alguna vez que me dejé llevar por la rabia conté todo lo que mot ? Mais il est d’accord : oui, on fait la fête, et elle démarre la Lexus, et ils partent en accélérant et lançant des gravillons sur les côtés, vers le

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haut de la côte, par le même chemin pavé que le monsieur vient de parcourir dans les deux sens. Je sens, dit le monsieur à qui personne n’a encore demandé son nom et qui ne fait aucune tentative de se présenter à elles, que quelque chose de grave vous préoccupe. Les deux se regardent et Lil dit que oui, le whisky sied aux bons cerveaux, et qu’elles deux, si gaies, ne devraient pas être si gaies, parce que tout peut finir ici ou un peu plus loin, qui sait, mais tout peut finir. Comme il n’en finit pas en revanche, ce monsieur italien qui crie tant, dit-il, et tous deux ne peuvent éviter de rire et Mar est sur le point de désirer que le monde se réduise à sa Lexus, avec Lil, qui maintenant lui semble belle à nouveau, en regardant l’homme et en riant, et tout oublier, y compris l’histoire qu’elles s’apprêtent à révéler. Ça y est, liquidé, le monsieur italien, s’entend-elle dire, tandis qu’elle retire le CD de la chaîne et prend doucement un virage dans un chemin qu’ils avaient pris un peu avant, en tournant à gauche. Deux bergers allemands au regard triste, croit-elle, les regardent depuis l’autre côté de la grille d’une demeure blanche, comme sortie ou copiée d’une photo de la côte méditerranéenne. Après avoir offert une autre tournée de whisky, l’homme, plus chaleureux et plus humain, leur dit, comme si cela le préoccupait vraiment : mais qu’est-ce qui peut finir pour vous, vu que la fête commence à peine ? Lil la regarde, demandant sans interroger ce qu’elle peut raconter, s’il vaut la peine de tout dire ici, sur cette route montagneuse et si bien entretenue, qu’elles n’avaient pas découvert avant. Mar commence à parler, en cessant d’appuyer sur l’accélérateur, la voiture sur le point d’arrêter sa course : je vous le dis comme ça, voyons si ça vous satisfait. Tout finit, c’est clair, mais finir n’est pas le plus grave. Le plus grave est de savoir que l’on n’a été personne. Que j’étais comme les autres, comme toute les autres. Une de plus dans la galerie. Non, ce n’est pas ce que vous imaginez, mais si, reprenez-en une autre. Je ne parle pas de mon mari, ni de mon époux, ni de mon amant. Je parle de mon confident. Il me coupait les cheveux et me peignait et maquillait depuis que j’étais une fillette de douze ans, peut-être onze. Et je lui ai toujours tout raconté et j’ai cru que lui aussi me disait tout, mais ce n’était pas le cas. Je racontais tout, mais lui écoutait seulement et gardait en mémoire. Un jour où je me suis laissée emporter par la rage, j’ai raconté tout ce

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no debía contar sobre el hombre que había estado conmigo. Y el confidente nunca me dijo a quién le había contado todo lo que le conté. Me di cuenta que tenía memoria de elefante y una boca muy dulce porque todo lo contó a quién no debía, en Miami.

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El hombre interrumpe, acabando apenas de pasar el trago de whiskey: Miami, mala suerte. Todas las historias de vanidades rotas terminan siendo como el cuento del hombre que es soñado por otro. Él cree que es él, pero… Y debe parar porque ella lo interrumpe y le dice que no, no es lo mismo, no es vanidad, ¡Ojalá que alguien me hubiera soñado, bien bonito, toda entera, como soy! No, no es eso, es que nunca creí que él me viera como a las otras. ¿Me entiende? Es que eran muchas mujeres las que iban a visitarlo y a contarle cosas mientras él hacía lo que le daba la gana con sus cabezas y con sus hombres. Entiendo, dice él, ¿y por qué habría de ser usted distinta a las demás? A los ojos de él, era otra mujer bonita. Sí, y eso es lo que me duele, se oye decir, otra mujer bonita como todas las que iban allí. Pero yo llevaba más años y nunca creí ser como las demás. Lil interrumpe señalando hacia la casa de piedra que alcanza a vislumbrarse detrás de los árboles frondosos: Allí hay una fiesta. ¿No escuchan la música? El hombre se queda mirando hacia los árboles con la botella en la mano y pregunta: ¿Ustedes son amigas de la casa? Pues claro que no, pero es una fiesta y a esta hora todo es posible, contesta Lil. Estamos oficialmente en fiesta, aguafiestas. La puerta de metal que conduce al sendero de piedra está abierta y la música que viene de la casa llega nítida, como si ya estuvieran dentro de ella y ya hubieran saludado, y estuvieran disfrutando de la fiesta. Alguna vez, dice él, estuve aquí o en una casa parecida. Pero, ¿quién puede vivir en estas casas?, pregunta Mar, casi sin darse cuenta. Gente, gente como usted y yo, afirma el hombre. Ya verá, como cualquiera de nosotros tres. Al fondo, después de una fuente de agua, ve las primeras personas. Están muy cerca, como a punto de lanzar un grito y lanzarse a disputar un partido de algo. Cuando mira hacia la izquierda, sobre la alfombra hay un hombre, quizás un muchacho, dormido. Más a la izquierda, sobre una mesa de madera rectangular, hay copas y un polvo blanco en líneas que a veces pierden su compostura y se convierten en manchas más grandes, y más allá de la mesa, del otro lado, una mujer rubia mira hacia la mesa, inmóvil, sin reparar en ellos. De hecho, nadie je n’aurais pas dû dire de l’homme qui était sorti avec moi. Et le confident ne m’a jamais dit à qui il avait rapporté tout ce que je lui avais conté. Je me suis rendue compte qu’il avait une mémoire d’éléphant et

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une bouche très sucrée parce qu’il a tout dit à qui il ne fallait pas, à Miami. L’homme s’interrompt, à peine avalée la rasade de whisky : Miami, pas de chance. Toutes les histoires de vanités brisées finissent comme l’histoire de l’homme qui est rêvé par un autre. Il croit qu’il s’agit de luimême, mais… Il doit s’arrêter parce qu’elle l’interrompt et lui dit que non, ce n’est pas la même chose, ce n’est pas de la vanité, plût au ciel que quelqu’un m’eût rêvée, joliment, toute entière, telle que je suis ! Non, ce n’est pas ça, c’est que je n’aurais jamais cru qu’il m’aurait considéré comme les autres. Vous me comprenez ? C’est qu’il y en avait beaucoup, des femmes qui allaient lui rendre visite et lui raconter des choses pendant qu’il faisait ce qu’il voulait de leur tête et de leurs hommes. Je comprends, dit-il, mais pourquoi voudriez-vous être différente des autres ? À ses yeux, vous étiez une jolie femme de plus. Oui, et c’est cela qui me fait mal, s’entend-elle dire, une jolie femme comme toutes celles qui allaient le voir. Mais j’étais plus âgée et n’ai jamais cru être comme les autres. Lil les interrompt en signalant la maison de pierre qu’ils arrivent à apercevoir derrière les arbres touffus : il y a une fête là-bas. Vous n’entendez pas la musique ? L’homme continue de regarder vers les arbres avec la bouteille à la main et demande : vous êtes des amies de la maison ? Eh, bien sûr que non, mais c’est une fête et à cette heure-ci tout est possible, répond Lil. On fait officiellement la fête, espèce de trouble-fêtes. La porte en métal qui conduit au sentier de pierre est ouverte et la musique qui vient de la maison arrive bien claire, comme s’ils étaient déjà à l’intérieur et qu’ils aient déjà dit bonjour et joui de la fête. Une fois, dit-il, je suis venu ici ou dans une maison semblable. Mais qui peut bien vivre dans ces maisons ? demande Mar, presque sans y penser. Des gens, des gens comme vous et moi, affirme l’homme. Vous allez voir, comme n’importe qui de nous trois. Au fond, après une fontaine, elle voit enfin quelques personnes. Elles sont tout près, comme sur le point de lancer un cri et de se mettre à jouer une partie de quelque chose. Quand elle regarde vers la gauche, sur le tapis il y a un homme, peut-être un garçon, endormi. Plus à gauche, sur une table rectangulaire en bois, il y a des coupes et une poudre blanche en lignes qui perdent parfois leur forme et deviennent des taches plus grandes, et au-delà, de l’autre côté, une femme blonde regarde vers la table, immobile, sans faire attention à eux. De fait, personne

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ha reparado todavía en ellos. Nadie viene a recibirlos y nadie tampoco se muestra sorprendido o preocupado por su llegada. Él se acerca a ella y le

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dice, casi en secreto: Ya verá, una vez pasado Santana, vienen los boleros. Y en efecto suena un bolero, o algo semejante a un bolero, y ella le dice: ¿Brujo? ¿Resultó brujo, entonces? ¡Qué más quisiera!, contesta el hombre mirándola, por fin, a los ojos. ¿Sabe una cosa?—le dice Mar, mirándolo también a los ojos—tampoco es un bolero. Es la esencia de un bolero. Sí, lo que queda después de las lágrimas, le contesta el hombre, la esencia. Porque ya no hay voz ni quejas ni amores perdidos, continúa, y ella, completando la frase, ni mujeres abandonadas. Ni hombres que lloran por ellas, continúa él, ofreciéndole la botella, buscando un vaso y alcanzado el hielo que está derritiéndose en una coctelera de cristal. Gracias, le dice, mientras señala hacia Lil, que ya se ha integrado al grupo que estaba a punto de lanzar un grito de guerra y que ahora intenta bailar o hacer algo parecido. Ella es feliz, a su manera, dice él. Sí, lo es, contesta Mar. Yo, en cambio, sigo pensando. ¿Por qué no lo vi venir? Vea lo que más me duele no es lo que usted piensa. Es una imagen. Me dicen que mi hombre fue a un hotel de Cali y que allí, al lado de los agentes del norte, estaba él, el peluquero. Pero no estaba a su alcance. Podía verlo a través de la pared de vidrio que separaba al bar del lugar en que se encontraban los agentes. No podía alcanzarlo. Eso es lo peor. Lo habría podido hacer trizas, allí mismo, pero estaba del otro lado, protegido, cuchicheando con los agentes, burlándose. Pero, le dice el hombre del whiskey, la pared de vidrio, ¿no es sólo una imagen suya? De pronto no hubo pared de vidrio, sólo la distancia, la imposibilidad de llegar hasta dónde estaba y saludarlo. No, no—replica ella, sin evitar una sonrisa—la maldita pared de vidrio tiene que haber estado allí. Y es lo que más me duele—por él y por mí. ¿Por el peluquero o por su hombre? Por mi hombre, claro. No, lo que le duele, insiste él, es que no pudo evitarlo, que no se dio cuenta de nada. Puede ser, puede ser, contesta ella, pero ahora estoy cansada y no quiero hablar más y no quiero seguir los pasos de Lil. Le ayudo a buscar un sitio, ofrece el hombre. ¿Aquí?, pregunta ella. Sí, aquí, no hay mejor sitio en este momento, responde él. Me da igual, ya no hay sitio para mí, dice Mar, mientras pasan junto al grupo que ahora juega a las prendas n’a encore fait attention à eux. Personne ne vient les recevoir et personne non plus ne se montre surpris ni préoccupé de leur arrivée. Il s’approche

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d’elle et lui dit presque en secret : vous allez voir, après Santana, viennent les boléros. Et en effet un boléro résonne, ou quelque chose qui ressemble un peu à un boléro, et elle lui dit : sorcier, alors vous étiez sorcier ? Je voudrais bien ! répond l’homme en la regardant enfin, dans les yeux. Vous savez une chose ? lui dit Mar, en le regardant aussi dans les yeux, ce n’est pas non plus un boléro. C’est l’essence d’un boléro. Oui, ce qui reste après les larmes, répond l’homme, l’essence. Parce qu’il n’y a plus de voix, ni de plaintes, ni d’amours perdus, continue-il, et elle, complétant la phrase, ni des femmes abandonnées. Ni d’hommes qui pleurent pour elles, poursuit-il en lui offrant la bouteille, cherchant un verre et atteignant la glace qui fond dans un shaker en cristal. Merci, lui dit-elle, tout en signalant Lil, qui s’est déjà intégrée au groupe qui était sur le point de lancer un cri de guerre et qui essaie maintenant de danser ou de faire quelque chose d’approchant. Elle est heureuse, à sa manière, dit il. Oui, elle l’est, répond Mar. Moi, en revanche, je continue à penser. Pourquoi n’ai-je pas vu venir tout ça ? Voyez, ce qui me fait le plus mal, ce n’est pas ce que vous croyez. C’est une image. On me dit que mon homme est allé à un hôtel de Cali et que là, à côté des agents du nord, se tenait le coiffeur. Mais il n’était pas à sa portée. Il pouvait le voir à travers la cloison de verre qui séparait le bar du lieu dans lequel les agents se trouvaient. Il ne pouvait pas l’atteindre. C’est ça le pire. Il aurait pu le mettre en pièces, juste là, mais il était de l’autre côté, protégé, chuchotant avec les agents, se moquant. Mais, lui dit l’homme au whisky, la cloison de verre, ce n’est-ce pas seulement une image à vous ? Il se peut qu’il n’y ait pas eu de cloison de verre, rien que la distance, l’impossibilité d’arriver où il était et de le saluer. Non, non, réplique-t-elle sans éviter un sourire, cette maudite cloison de verre devait bien être là. Et c’est ce qui me fait le plus mal, pour lui et pour moi. Pour le coiffeur ou pour votre homme ? Pour mon homme, bien sûr. Non ce qui vous fait mal, insiste-t-il, c’est que vous n’avez pas pu éviter ça, que vous ne vous êtes rendue compte de rien. Ça se peut, ça se peut, répond-elle, mais maintenant je suis fatiguée et je ne veux plus parler et je ne veux plus être derrière Lil. Je vous aide à chercher un endroit, offre l’homme. Ici ? demande-t-elle. Oui, ici, il n’y a pas de meilleur lieu en ce moment, répond-il. Ça m’est égal, il n’y a plus de lieu pour moi, dit Mar, en passent près du groupe qui joue maintenant au strip-poker,

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caídas y avanzan hacia unas escaleras de madera, en caracol, que conducen a un segundo piso. En la primera habitación, a la derecha, una pareja juega a las cartas. Las dos habitaciones siguientes están ocupadas

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por gentes que duermen la fiesta. Queda una esperanza, dice él. Aquí está. Un hombre duerme al lado izquierdo de una cama muy grande. Casi al tiempo, dicen: parece el dueño de casa. Sí, parece. Ella dice: hay espacio para mí. Sí, ofrece él, la alfombra parece muy cómoda. Ella se quita los zapatos muy livianos, los que más quiere, y se acuesta muy despacio en el costado derecho de la cama. Los tendidos son de seda. Tiene la idea fugaz de que el hombre, el dueño de casa, está muerto. No parece respirar. ¿Acaso hay alguien vivo aquí? Recoge las piernas, pone sus manos juntas debajo de la barbilla, y trata de entregarse al sueño. Oye la voz del hombre, lejos, bromeando: ni siquiera hay que apagar la luz. Quiere preguntarle, por fin, cómo se llama, pero no puede: ya está soñando que este es el fin, que los hombres de su hombre ya están aquí y que todo podría estar terminando ahora.

et ils avancent vers des escaliers de bois en colimaçon qui conduisent à un deuxième étage. Dans la première pièce, à droite, un couple joue aux cartes. Les deux pièces suivantes sont occupées par des gens qui sont

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restés dormir. Il reste un espoir, dit-il. Il est là. Un homme dort sur le côté gauche d’un très grand lit. Presque en même temps, ils disent : ce doit être le maître de maison. Oui, on dirait. Elle dit : il y a de la place pour moi. Oui, propose-t-il, le tapis semble très confortable. Elle retire ses chaussures très légères, celles qu’elle aime le plus, et se couche très lentement sur le côté droit du lit. Les draps sont de soie. Elle a l’idée fugace que l’homme, le maître de maison, est mort. Il ne semble pas respirer. Y aurait-il quelqu’un de vivant ici ? Elle replie les jambes, met ses mains jointes au-dessous du menton, et essaie de se livrer au sommeil. Elle entend la voix de l’homme, loin, qui plaisante : il n’y a même pas besoin d’éteindre la lumière. Elle veut lui demander, à la fin, comment il s’appelle, mais elle ne peut pas : elle rêve déjà que c’est la fin, que les hommes de son homme sont déjà là et que tout pourrait s’achever maintenant. Traduit par Yves Moñino

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Guayacán Orlando López Valencia Plantó el árbol en el patio sobre las cenizas de su esposo y lo cuidó con esmero hasta que se hizo grande y fuerte. Todas las tardes al llegar del trabajo abría la ventana de su cuarto y lo contemplaba como si cada rama fuera una extensión del ser amado. Años más tarde, cuando decidió rehacer su vida, se casó con un empleado bancario que había esperado con paciencia el final de su duelo. Fue una boda discreta. Abel se mudó a la casa de la viuda y en poco tiempo, con prudencia y finas maneras, reacomodó el mobiliario, cambió el color de las paredes y reemplazó las fotos de su antecesor por réplicas de paisajes mediterráneos. —Creo que tendremos que cortar el árbol del patio —dijo Abel con tono de preocupación—, sus raíces podrían tumbar la casa. —No te preocupes, es un árbol joven. Abel no insistió. Sin embargo, cuando el guayacán floreció volvió a sugerir el corte. —Son muy lindas las flores, pero ¿no te parece que produce mucha basura en esta época? —Tienes razón pero no me importa, me encanta ver este tendido de flores amarillas. —A mí también me gustan pero creo que podríamos sembrar otro árbol en el antejardín y construir un estudio aquí en el patio. —-¿No crees que hay espacio suficiente para los dos? —Sí, lo siento, olvidaba que es tu casa. —No me malinterpretes, esta casa también es tuya. Durante la semana la viuda contempló la posibilidad de darle gusto a Abel, después de todo era un buen marido. —Hagamos el estudio —dijo al final de sus cavilaciones. El sábado, Abel tomó un machete y con dificultad derribó el árbol. Al final sólo quedó un muñón sobre la tierra húmeda. El patio se veía inmenso sin el ramaje que antes lo ocupaba. Cuando los albañiles iniciaron la obra cortaron los restos del tronco, nivelaron la superficie y echaron una capa de grava. Cuarenta días después un enorme cuarto levantado con ladrillo limpio se erguía sobre las cenizas del difunto.

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Gaïac Orlando López Valencia Elle planta l'arbre dans la cour sur les cendres de son époux et en prit soin jusqu'à ce qu'il devint grand et fort. Tous les après-midi à son retour du travail, elle ouvrait la fenêtre de sa chambre et le contemplait comme si chaque branche était un prolongement de l'être aimé. Des années plus tard, lorsqu’elle décida de refaire sa vie, elle se maria avec un employé d’une banque qui avait patiemment attendu la fin de son deuil. Ce fut une noce discrète. Abel déménagea dans la maison de la veuve et en peu de temps, avec prudence et des manières fines, il réarrangea le mobilier, changea la couleur des murs et remplaça les photos de son prédécesseur par des répliques de paysages méditerranéens. -Je crois que nous devrions couper l'arbre de la cour intérieure - dit Abel sur un ton préoccupé - ses racines pourraient faire tomber la maison. -Ne t’inquiètes pas, c'est un jeune arbre. Abel n’insista pas. Cependant, quand le gaïac fleurit, il suggéra à nouveau la coupe. -Les fleurs sont très jolies, mais ne crois-tu pas qu’il produit beaucoup de déchets à cette époque ? Tu as raison mais cela m’est égal, j'adore voir cette étendue de fleurs jaunes. -Elles me plaisent aussi mais je crois que nous pourrions semer un autre arbre dans l’avant cour et construire une chambre dans la cour. -Ne crois-tu pas qu’il y a assez de place pour les deux ? -Oui, je suis désolé, j’oubliais qu’il s’agissait de ta maison. -Ne le prend pas mal, cette maison est aussi la tienne. Durant la semaine la veuve pensa à la façon dont elle pouvait faire plaisir à Abel. Après tout, c’était un bon mari. -Construisons la chambre - dit-elle après réflexion.

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Le samedi, Abel prit une machette et abattit l'arbre avec difficulté. Il ne restait plus à la fin, qu’un moignon sur la terre humide. La cour paraissait immense sans le branchage qui la remplissait. Quand les maçons commencèrent les travaux, ils coupèrent les restes du tronc, nivelèrent la surface et jetèrent une chape de gravats. Quarante jours plus tard, une énorme pièce construite avec de la brique propre s’élevait sur les cendres du défunt.

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Abel instaló una pequeña biblioteca, unos muebles rojos y un computador. La viuda colocó unas cortinas transparentes y una maceta con geranios. Estaban tan felices con su nuevo refugio que algunas noches se quedaron a dormir sobre un lecho improvisado. Un día, cuando la viuda regresó del trabajo, vio un resplandor a través de la ventana del estudio. Avanzó de prisa, giró el pomo de la puerta y se encontró con una lluvia de flores amarillas que caía lentamente. Parada frente al súbito jardín, lloró. Desde aquella tarde la culpa la sumió en una profunda depresión. Abel, que ignoraba la historia del árbol, no entendía qué le ocurría a su esposa. Preocupado no escatimó esfuerzos para su recuperación. Sin embargo, la viuda no sanó. Antes de morir le dijo: —Deseo que me cremen y con mis cenizas siembra un guayacán en el patio donde antes hubo uno. —No te preocupes, amor, así se hará. Abel derrumbó el estudio, sembró el árbol y vendió la casa. Los nuevos propietarios pavimentaron de nuevo el patio y construyeron una alberca. Todavía se preguntan por qué se vuelve amarga el agua que se vierte en ella.

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Abel installa une petite bibliothèque, quelques meubles rouges et un ordinateur. La veuve plaça quelques rideaux transparents et un pot de géraniums. Ils étaient si heureux avec leur nouveau refuge qu’ils restèrent dormir certaines nuits sur un lit improvisé Un jour, quand la veuve revint du travail, elle vit une merveille à travers la fenêtre de la pièce. Elle avança en hâte, tourna la poignée de la porte, et trouva une pluie de fleurs jaunes qui tombaient lentement. Paralysée devant ce jardin, elle pleura. Depuis cette après-midi, la faute la plongea dans une profonde dépression. Abel, qui ignorait l'histoire de l'arbre, ne comprenait pas ce qui arrivait à son épouse. Préoccupé, il ne ménagea pas ses efforts pour qu’elle guérisse. Cependant, la veuve ne guérit pas. Avant de mourir, elle lui dit : -Je désire que l’on me brûle et avec mes cendres, tu sèmeras un gaïac dans la cour où il y en avait un. -Je t’inquiètes pas mon amour, il en sera ainsi. Abel abattit la pièce, sema l'arbre et vendit la maison. Les nouveaux propriétaires pavèrent à nouveau la cour et construirent un bassin. Ils se demandent encore pourquoi l'eau versée dans le bassin devient amère. Traduit par Libia Acero-Borbón

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III. Fuegos fatuos (Oraciones a una película virgen) Sandro Romero Rey Amables lectoras: un fantasma recorre nuestro Suplemento. El fantasma de Felipe Pardo. Actor desde los nueve años, su trabajo tanto en las tablas como frente a las cámaras de televisión (y cine) ha sido permanente y plagado de satisfacciones. Miles de personajes los encarna con su talento extraordinario, hasta el punto de convertirse en una de las figuras jóvenes más admiradas en el ambiente artístico nacional. Nacido en Cali, estudiante del hoy desaparecido colegio San Juan Berchmans, fue en la Escuela de Teatro de Bellas Artes de su ciudad donde comenzó desde temprana edad a descubrir su vocación como actor. Sus primeras experiencias se remiten a las tablas y a la radio, dada su precoz versatilidad para la interpretación de todo tipo de personajes infantiles. De su vida familiar poco sabemos, como para establecer un "perfil" integral de su vocación, pero si se conoce que vivió una infancia feliz en la casa de sus tías en el Barrio Centenario. "Soy como Hugo, Paco y Luis, los paticos de Walt Disney: nunca tuve padres sino tíos", confiesa, con su humor característico. Cuando fuimos a entrevistarlo, nos recibió de manera descomplicada, con una camiseta que tenía estampado el rótulo de Caliwood, tal como se puede apreciar en esta gráfica. Felipe es de estatura normal, robusto y bastante atractivo. Le preguntamos si tenía mucho éxito con las chicas, pero evadió la respuesta diciéndonos: "me prefieren las señoras; debe ser que la oportunidad la pintan calva". Su optimismo ante el auge del cine en nuestra comarca es total. Tanto es así, que ha cancelado múltiples contratos de telenovelas y distintos dramatizados en la Capital de la República, para regresar a su ciudad natal y colaborar con su presencia en el desarrollo del séptimo arte local. En la actualidad, reside en su antigua casona del barrio Centenario donde habita con una de sus tías y se prepara para el gran reto de su vida: trabajar en el largometraje de Sergio Martín, titulado El Cuerpo y la Sangre. Fieles a complacer las curiosidades de nuestras lectoras, fuimos a visitar a Felipe y de verdad nos llevamos una grata sorpresa: tal como lo sospechábamos, se trata de alguien abierto y descomplicado, muy seguro de lo que hace y poseedor de un excelente sentido del humor.

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III. Feux follets (Prières à un film vierge) Sandro Romero Rey Aimables lectrices : un spectre hante notre Supplément. Le spectre de Felipe Pardo. Acteur dès ses neuf ans, son travail tant sur les planches que face aux caméras de télévision (et de cinéma) fut permanent et rempli des satisfactions. Il incarne des milliers de personnages avec son talent extraordinaire, au point de se convertir en l’une des jeunes figures les plus admirées dans l’atmosphère artistique nationale. Né à Cali, élève du collège San Juan Berchmans aujourd’hui disparu, ce fut à l’École de Théâtre des Beaux Arts de sa ville qu’il commença, à un âge précoce, à découvrir sa vocation comme acteur. Ses premières expériences ont à voir avec les planches et la radio, vu sa facilité précoce pour l’interprétation de tous les types de personnages infantiles. Nous savons trop peu de choses de sa vie familiale pour établir un « profil » intégral de sa vocation, mais on sait qu’il eut une enfance heureuse dans la maison de ses tantes dans le quartier Centenario. « Je suis comme Loulou, Riri et Fifi, les petits canards de Walt Disney : je n’ai jamais eu de pères mais des oncles », confesse-t-il avec son humour caractéristique. Quand nous sommes allés l’interviewer, il nous a reçus simplement, avec une chemisette qui portait l’insigne de Caliwood, comme on peut l’apprécier sur la reproduction. Felipe est d’une taille normale, robuste et assez attrayant. Nous lui avons demandé s’il avait beaucoup de succès avec les filles, mais il a éludé la réponse en nous disant : « je suis préféré des dames, sans doute parce que les occasions ne se bousculent pas ». Son optimisme devant l’essor du cinéma dans notre région est total. C’est si vrai qu’il a annulé de nombreux contrats de séries télévisées et de plusieurs dramatiques dans la capitale de la république, pour revenir dans sa ville natale et collaborer par sa présence au développement du septième art local. Actuellement, il réside dans sa grande maison ancienne du quartier Centenario où il habite avec une de ses tantes et il se prépare au grand défi de sa vie : travailler dans le long métrage de Sergio Martin, intitulé Le corps et le sang. Attachées à satisfaire la curiosité de nos lectrices, nous sommes allés rendre visite à Felipe et nous avons vraiment eu une agréable surprise : comme nous le

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soupçonnions, il s’agit de quelqu’un d’ouvert et de simple, très sûr de ses actes et nanti d’un excellent sens de l’humour.

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Nos sentimos con un amigo más, travieso y a la vez tierno, sincero y, porqué no, tímido. Le encanta vestir shorts y camisetas en su casa, así como beber cerveza helada a las cinco de la tarde. Escucha música a todo momento (en especial, rock; aunque tiene otro tipo de preferencias), adora los gatos y, por encima de todo, el cine. Por eso, alcanzamos a notar que Felipe no cabe de la dicha al darse cuenta que su gran experiencia en el celuloide la podrá realizar en su ciudad natal. Pocos pueden gozar con esta satisfacción. Aunque hemos sabido por diversas fuentes que Felipe Pardo ha recibido varias ofertas para actuar en otros países (con Román Chalbaud en Venezuela, con Orlando Jiménez en New York, con Barbet Schroeder en Los Ángeles, entre otros), ha preferido la oportunidad de quedarse en Colombia y trabajar entre nosotros, para bien del cine nacional. Y con él estará, compartiendo honores, la modelo caleña Susana del Valle, hoy residente en Italia, quien aceptó la propuesta lanzada por varios productores locales para que trabajase en El Cuerpo y la Sangre. Los otros miembros del elenco (Victoria Fernández, Carlina Bustamante, tal vez Diego Álvarez y Alejandra Borrero) son destacadas figuras de la farándula nacional. No lo dudamos, la película será uno de los acontecimientos cinematográficos más importantes en nuestro medio. Pero dejemos que sea el mismo Felipe Pardo quien nos diga qué piensa acerca de esta maravillosa experiencia. Pura mierda. Asomo las narices al mundo y el espectáculo se me antoja tan cansado, tan falto de consistencia, que no me queda más remedio que jugar, jugar con las palabras, jugar con las personas, jugar con mi oficio, con mis responsabilidades, con mi vida. Anoche escuché You Gotta Walk (and don't look back) y me sentí feliz y bailé y la canté a gritos, para luego darme cuenta esta mañana que Peter Tosh había sido asesinado por oponerle resistencia a otros jamaiquinos que intentaban ganarle sus pertenencias en su propia casa (uno se imagina que los jamaiquinos sólo tocan reggae, fuman marihuana y no se meten con nadie). Todo se me vino abajo. Para qué mierda se dio el lujo de pelear por la legalización de la bareta, de cantar con Mick Jagger, de ser miembro de los Wailers, si al fin y al cabo terminaría allí, en su casa, asesinado y perdido para siempre, sin derecho al pataleo. Y, claro, morir y dejar obra, tu-no-has-muerto-viejo-Peter-porque-tu-mú-sica-sigueviva, la energía está presente. Las justificaciones pueden ser esgrimidas, porque para consolarse, la humanidad se ha inventado infinidad de

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Nous nous sommes sentis avec un ami de plus, espiègle et à la fois tendre, sincère et, pourquoi pas, timide. Chez lui, il aime mettre des shorts et des chemisettes, ainsi que boire de la bière glacée à cinq heures de l’après-midi. Il écoute tout le temps de la musique (spécialement du rock, bien qu’il ait d’autres types de préférences), il adore les chats et, par-dessus tout, le cinéma. Ce pourquoi nous avons pu remarquer que Felipe ne se tient plus de joie en se rendant compte qu’il va pouvoir réaliser sa grande expérience à l’écran dans sa ville natale. Peu de gens peuvent jouir avec cette satisfaction. Bien que nous ayons su de diverses sources que Felipe Pardo a reçu plusieurs propositions de jouer dans d’autres pays (avec Roman Chalbaud au Venezuela, avec Orlando Jiménez à New York, avec Barbet Schrœder à Los Angeles, entre autres), il a préféré la chance de rester en Colombie et de travailler parmi nous, pour le bien du cinéma national. Et avec lui, partageant les honneurs, figurera la modèle calinaise Susana del Valle, aujourd’hui résidente en Italie, qui a accepté la proposition lancée par quelques producteurs locaux qu’elle joue dans Le corps et le sang. Les autres membres de la distribution (Victoria Fernandez, Carlina Bustamante, peut-être Diego Alvarez et Alejandra Borrero) sont des figures remarquables entre les comédiens nationaux. Sans aucun doute, le film sera l’un des événements cinématographiques les plus importants dans notre milieu. Mais laissons Felipe Pardo nous dire lui-même ce qu’il pense de cette expérience merveilleuse. De la merde pure. Je pointe le nez vers le monde et le spectacle m’apparaît si las, si dépourvu de consistance, que je n’ai plus d’autre solution que jouer, jouer avec les mots, jouer avec les gens, jouer avec mon métier, avec mes responsabilités, avec ma vie. Hier soir j’ai écouté You Gotta Walk (and don’t look back) et me suis senti heureux et j’ai dansé et l’ai chanté à grands cris, pour ensuite apprendre ce matin que Peter Tosh avait été assassiné en opposant une résistance à d’autres Jamaïquains qui essayaient de lui chourer ses affaires dans sa propre maison (on s’imagine que les Jamaïquains ne font que jouer du reggae, fumer de la marijuana et qu’ils ne se dérangent personne). Tout s’est effondré sur moi. Merde, pourquoi il s’est donné le luxe de se battre pour la légalisation du joint, de chanter avec Mick Jagger, d’être membre des Wailers, puisqu’en fin de compte ça finirait là, chez lui, assassiné et perdu pour toujours, sans droit à la lutte. Et bien sûr, mourir et laisser une œuvre, t’es-pas-mort-mon-vieux-Peter-parce-que-ta-musique-vivra,

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l’énergie est là. Les justifications peuvent être appelées à la rescousse, parce que pour se consoler, l’humanité a inventé une infinité de

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recursos, de teorías, de pequeñas ilusiones, de religiones optimistas, de sueños felices, de mentiras varias. Pero la verdad es que Peter Tosh está muerto y recibió el golpe certero y caliente del dolor absoluto, antes de hundirse en las profundidades de un abismo sin respuesta. Y se fue sin saber un carajo sobre este podrido mundo de estrellas sin cielo, sin entender nada, pasó y cantó y fumó y se fue y lo mismo sena si hubiese sido boxeador o travesti, porque, al final, se estaría desintegrando, bien por las malas, bien por un horrible infarto. La muerte. Una y otra vez pienso en la muerte. Cuando me acuesto, cuando apago la luz, cierro los ojos y me acomodo en mi cama dispuesto a descansar. Entonces aparece su fantasma sobre mí, atacándome. Y no puedo huir, no puedo relajarme, ganar el silencio del sueño. Una y otra vez: la muerte, la muerte, la muerte, la muerte, la muerte, la muerte, la muerte, la muerte, la muerte, la muerte, la muerte, la muerte, la muerte, la muerte, la muerte, la muerte. Desde los siete años, cuando hice la primera comunión y supe, haciendo uso de mi razón, que algún día desaparecería mi cuerpo y debería rendirle cuentas a un Dios lejano y temible, ella habita en el vecindario. Es inútil valorar nuestros podridos esfuerzos. El optimismo, el entusiasmo, la belleza, la música o el cine: todo forma parte de un mismo engaño, de la insoportable falta de justificación a la que estamos expuestos. A cada instante sonrío y juego, soy feliz y me invento hermosas maravillas. Pero pronto caigo en el temor de la nada y me vuelvo a perder en la sinrazón y la derrota. No quiero que nadie se dé cuenta. Cada vez actúo más, cada vez me llaman más y en las programadoras de televisión viven felices conmigo: el regaloncito de tumo. Y cada vez tengo más miedo. De un momento a otro, las piernas no me sostienen y me veo obligado a huir hacia el solitario escondrijo de un baño, rata de alcantarilla. Huyo, sí. Huyo de las personas agradables, de las mujeres interesantes, de las inquietudes galopantes, de los grandes proyectos. Vivo, porque no me queda más remedio. Dueño de un estilo muy suyo, Felipe no se detiene. Es el típico ejemplo del joven de nuestra época abierto a cualquier clase de retos y seguro de lo que hace. En su cabeza no hay otra cosa que el propósito de seguir adelante y enfrentarse con decisión a los tropiezos que la vida le presente. En la actualidad, se ha entregado al estudio de su personaje para la película. Canceló sus compromisos con la televisión y se ha venido a vivir a su ciudad, convencido de que va a ser protagonista de

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recours, de théories, de petites illusions, de religions optimistes, de rêves heureux, de mensonges variés. Mais la vérité c’est que Peter Tosh est mort et qu’il a reçu le coup chaud et assuré de la douleur absolue, avant de s’écrouler dans les profondeurs d’un abîme sans réponse. Et il est parti sans rien savoir sur ce putain de monde pourri d’étoiles sans ciel, sans rien comprendre, il est passé, il a chanté, fumé et il est parti et ç’aurait été pareil s’il avait été boxeur ou travesti, parce qu’il se serait désintégré à la fin, soit de mort violente, soit suite à un infarctus horrible. La mort. Souvent je pense à la mort. Quand je me couche, quand j’éteins la lumière, je ferme les yeux et m’installe dans mon lit, prêt à me reposer. Alors son fantôme m’apparaît et m’attaque. Et je ne peux pas fuir, je ne peux me détendre, rejoindre le silence du sommeil. Souvent : la mort, la mort, la mort, la mort, la mort, la mort, la mort, la mort, la mort, la mort, la mort, la mort, la mort, la mort, la mort, la mort. Depuis que j’ai sept ans, quand j’ai fait ma première communion et que j’ai su, faisant usage de ma raison, qu’un jour disparaîtrait mon corps et que je devrais rendre des comptes à un Dieu lointain et redoutable, elle hante mon voisinage. Il ne sert à rien de mettre nos efforts pourris en valeur. L’optimisme, l’enthousiasme, la beauté, la musique ou le cinéma, tout fait partie d’un même marché de dupes, du manque insupportable de sens auquel nous sommes exposés. Je souris tout le temps et je joue, je suis heureux et m’invente des merveilles superbes. Mais bientôt je retombe dans la crainte du néant et me perds à nouveau dans la folie et la défaite. Je veux que personne ne s’en rende compte. Plus je joue, et plus on m’appelle et ceux qui font les programmes à la télévision sont contents de moi : l’offre du moment. Et plus j’ai peur. D’un instant à l’autre, les jambes ne me soutiennent plus et je me vois obligé de fuir vers la cachette solitaire des waters, en rat d’égout. Je fuis, oui. Je fuis les personnes agréables, les femmes intéressantes, les inquiétudes galopantes, les grands projets. Je vis, parce je n’ai plus d’autre remède. Maître d’un style bien à lui, Felipe ne s’arrête pas. Il est l’exemple typique du jeune homme de notre époque, ouvert à toutes sortes de défis et sûr de ce qu’il fait. Dans sa tête il n’y a rien d’autre que l’intention d’aller de l’avant et de se mesurer avec détermination aux obstacles que la vie pourrait lui présenter. Actuellement, il se consacre à l’étude de son personnage pour le film. Il a annulé ses engagements avec la télévision

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et il est revenu vivre dans sa ville, convaincu qu’il va être le protagoniste de

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grandes cosas. Pero para poder llegar a este punto de madurez en su vida (aunque se trate de alguien muy joven), Felipe Pardo tuvo que superar múltiples escollos. "Como mi primera novia, a quien yo llamaba cariñosamente Coyo", nos comenta, divertido. "Ahora estoy convertido en un ex-coyo". Y se ríe, satisfecho de su propio chiste. Aprovechamos entonces el momento para preguntarle, lo que nuestras lectoras desean saber: "pero, cuéntanos, Felipe: ¿no estás ahora enamorado?" De inmediato, nos responde: "no he podido. Estoy deseoso por casarme, a más tardar este año, pero siento que nadie quiere encartarse conmigo...". Si alguna de nuestras lectoras quiere hacer algo por este solterito... sólo tiene que escribimos a nuestra oficina de redacción.

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grandes choses. Mais pour pouvoir arriver à ce point de maturité dans sa vie (bien qu’il s’agisse de quelqu’un de très jeune), Felipe Pardo a dû exorciser de multiples démons. « Comme ma première petite amie, que j’appelais affectueusement Orcizée », nous commente-t-il, amusé. « Maintenant je suis devenu un ex Orcizée ». Et il se met à rire, satisfait de sa propre plaisanterie. Nous en profitons alors pour lui demander ce que nos lectrices désirent savoir : « mais raconte-nous, Felipe, tu n’es pas amoureux en ce moment ? » Immédiatement, il nous répond : « je n’ai pas pu. Je suis désireux de me marier, au plus tard cette année, mais je sens que personne ne veut s’encarter avec moi... ». Si une de nos lectrices veut faire quelque chose pour ce célibataire... il n’a qu’à nous écrire au bureau de la rédaction. Traduit par Yves Moñino

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Ilusiones Alberto Esquivel En los exámenes de ingreso a la universidad Darío sacó un buen puntaje. Sería el primer ingeniero industrial de la familia. Contó con suerte porque en el sorteo del ejército fue exonerado de prestar el servicio militar obligatorio. Estaba feliz, se consiguió prestado el valor de la matrícula y con su novia se dedicó a diseñar el futuro. La universidad fue cerrada. Tenía un déficit de miles de millones y a pesar de los llamados del Gobernador, ni el Ministro de Hacienda ni el Presidente de la República solucionaron el conflicto. Cada día entregaban por prensa, radio y televisión un nuevo diagnóstico: a la universidad le dieron un pésimo manejo administrativo, le hace falta ética, olvidó relacionarse con la comunidad, académicamente está atrasada, inflaron las jubilaciones, hay becados en el exterior que viven como turistas, los profesores dictan pocas horas de clase, existe una nómina paralela, el rector anterior... Darío se cansó de esperar que la abrieran y se empandilló. Una tarde salió con Conejo y le quitaron a un niño la bicicleta y el walkman. Fueron perseguidos y Darío, que jamás ha sido veloz, se resignó a ser alcanzado por un policía que portaba un arma en la mano. Conejo se perdió con la bicicleta y el walkman. En la inspección Darío pensaba que no servía ni para ladrón, su primera salida y su primera captura; sentía ganas de desaparecer para no tener que mirar de frente a quienes vendrían pidiendo explicaciones. Los demás detenidos lo tranquilizaron. Los policías le aconsejaron a su mamá – que trajo las lágrimas entre el asombro de ¡no puede ser! – que se consiguiera una bicicleta y un walkman para calmar al papá del niño que había puesto el denuncio. Ella no lo pensó dos veces y se llevó al señor para su casa, le entregó una bicicleta y un walkman que a Darío le habían regalado en su cumpleaños y le pidió disculpas. Darío salió de la inspección acorralado por el silencio de su mamá, quería arrodillarse y prometerle el cielo y la tierra. Deseaba entrar rápido a la universidad, empezar y terminar ingeniería industrial, hacer un postgrado. Calculaba que con esos títulos encima, vestido de saco y

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Illusions Alberto Esquivel Aux examens d’entrée à l’université, Darío obtint une bonne moyenne. Il serait le premier ingénieur industriel de la famille. Il eut de la chance parce que lors du tirage au sort de l’armée il fut exempt de service militaire obligatoire. Il était heureux, il réussit à se faire prêter le prix de l’inscription et avec sa fiancée il se mit à faire des projets pour l’avenir. L’université fut fermée. Elle avait un déficit de plusieurs milliards et malgré les appels du Gouverneur, ni le Ministre du Budget ni le Président de la République ne résolurent le conflit. Chaque jour ils donnaient un nouveau diagnostic par voie de presse, radio et télévision : l’université a été très mal gérée administrativement, elle manque d’éthique, elle a oublié d’entretenir des rapports avec la société, son niveau académique est à la traîne, les retraites ont été gonflées, il y a des boursiers à l’extérieur qui vivent comme des touristes, les professeurs donnent peu d’heures de classe, il existe une liste parallèle de professeurs salariés, le recteur antérieur... Darío se fatigua d’attendre que l’université ouvre et intégra une bande de jeunes. Un après-midi il sortit avec Conejo et ils volèrent sa bicyclette et son walkman à un enfant. Ils furent poursuivis et Darío, qui n’a jamais été rapide, se résigna à être rattrapé par un policier qui portait une arme à la main. Conejo s’évanouit dans la nature avec la bicyclette et le walkman. Au commissariat, Darío pensait qu’il n’était bon à rien, même pas comme voleur : sa première sortie fut sa première capture. Il avait envie de disparaître pour ne pas avoir à affronter quiconque viendrait lui demander des explications. Les autres détenus l’apaisèrent. Les policiers conseillèrent à sa mère, dont l’étonnement – c’est pas possible ! – était entrecoupé de larmes, de se procurer une bicyclette et un walkman pour calmer le père de l’enfant qui avait déposé plainte. Elle ne se le fit pas dire deux fois et emmena le monsieur chez elle, lui remit une bicyclette et un walkman qui avaient été offerts à Darío pour son anniversaire et lui demanda pardon. Darío sortit du commissariat de police anéanti par le silence de sa mère, il voulait s’agenouiller et lui promettre ciel et terre. Il désirait entrer

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rapidement à l’université, commencer et terminer ingénierie industrielle, faire un master. Il calculait que muni de ces titres, habillé en veste et

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corbata, a él no lo detendría el letrero de NO HAY VACANTES colgado en la puerta de las empresas más importantes.

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cravate, lui ne serait pas concerné par l’écriteau PAS DE POSTE VACANT accroché aux portes des plus grandes entreprises. Traduit par Libia Acero-Borbón

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Paranoia Alberto Esquivel La cabeza dejó de servirme hace rato, espero que a ustedes sí les sirva. Todavía. Dicen los médicos que después del terror, la balacera y las escenas dantescas de cada masacre, el impacto entre la población sobreviviente incrementa las consultas por dolores de cabeza y problemas gastrointestinales. Quedan cagaditos del susto. Menos mal que pese a la situación económica, el Siquiátrico se resiste a cerrar sus puertas. Es que para allá vamos todos. Una cuarta parte de la población tiene algún grado de depresión y el doce por ciento alguno de ansiedad, sin contar el aumento en la drogadicción, el alcoholismo y el abuso de tranquilizantes menores. De tanto oír a los doctores me les aprendí su cháchara. Nadie conserva la calma. Ayer no más estaba pidiendo limosna cuando tremendo alboroto porque la policía subía a un camión la mercancía que encontraba en las aceras. El alcalde se ha gastado seis mil millones tratando de erradicar a los vendedores ambulantes del centro de la ciudad y nada. La vida se ha vuelto un corre-corre donde cada cual quiere meterle la muela al presupuesto. Hasta una marrana mató a mordiscos a su propietario. El Siquiátrico lanzó una campaña para recaudar fondos situando urnas en los centros comerciales y sacó de la cocina las ollas grandes a la calle para tener qué echarle al estómago. Yo me arrimo con disimulo. Sé que si la sitúa sigue así en estos días me traen amarrado. Me estoy cuidando, he disminuido el consumo de basuco, no volví a insultar a mis amigos y dejé de amenazar a mi novia con incendiar su casa. Loco y todo me preocupo porque hay unos grupos de limpieza matando. Hay desaparecidos, secuestrados, desplazados. El que no tenga carro y corbata, lleva. ¿Será que no corro peligro esta tarde cuando en la marcha que organizan los trabajadores del Siquiátrico pidiendo que les cancelen cuatro meses de sueldos atrasados grito bien duro?

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Paranoïa Alberto Esquivel Cela fait un moment que ma tête a cessé de fonctionner, j’espère que la vôtre fonctionne bien. Encore. Les médecins disent qu’après la terreur, les coups de feu et les scènes dantesques de chaque massacre, l’impact sur la population survivante fait augmenter le nombre de consultations pour des maux de tête et des problèmes gastro-intestinaux. Ils en chiaient tous de peur dans leur froc. Heureusement que malgré la situation économique, le Centre psychiatrique regimbe à fermer ses portes. C’est que nous allons tous làbas. Le quart de la population souffre d’une dépression plus ou moins grave, et douze pour cent environ d’anxiété, sans compter l’augmentation de la toxicomanie, de l’alcoolisme et de l’abus de tranquillisants doux. À force d’entendre les docteurs j’appris à connaître leurs discours. Personne ne garde son calme. Pas plus tard qu’hier, alors que je mendiais, un grand tumulte s’est produit parce que la police chargeait dans un camion la marchandise qu’elle trouvait sur les trottoirs. Le maire a dépensé six milliards en essayant de débarrasser le centre ville des vendeurs à la sauvette et rien. La vie est devenue une course où chacun veut croquer sa part du gâteau. On a même vu une truie tuer son propriétaire en le mordant. Le Centre psychiatrique a lancé une campagne pour collecter des fonds, plaçant des urnes dans les centres commerciaux, et a sorti des cuisines à la rue les grandes marmites pour avoir de quoi remplir les estomacs. Je m’approche en cachette. Je sais que si ça continue comme ça, un de ces quatre matins on va m’emmener menotté. Je fais attention à moi, j’ai diminué la consommation de crack, j’ai arrêté d’insulter mes amis et j’ai cessé de menacer ma fiancée de lui incendier sa maison. Dingue et frappadingue, je m’inquiète parce qu’il y a quelques groupes de nettoyage social qui tuent. Il y a des disparus, des gens séquestrés, des gens déplacés. Celui qui n’a pas de voiture et de cravate, il souffre. Ne vais-je pas courir de danger cet après-midi quand pendant la marche qu’organisent les travailleurs du Centre psychiatrique demandant qu’on leur paye quatre mois de salaire en retard, je vais crier bien fort ? Traduit par Libia Acero-Borbón

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La despedida Tim Keppel Un tipo llamado Carlos, que había sido amante de mi esposa, iba a venir un rato a la casa. —Quiere despedirse —me dijo Francia. —Lleva meses despidiéndose —le respondí. —Si, lo sé —dijo ella—. Es difícil. Carlos no era el único que se iba de Colombia. Las colas en la oficina de pasaportes se extendían varias cuadras. Los avisos de Se Vende adornaban la mayoría de las casas. Familias enteras estaban recogiendo sus corotos, empacando hijos, nietos, muebles y hasta el perro, y alzando vuelo. Conseguimos la casa a buen precio. La gente se refería a esto como «la situación». O hablaban de «la violencia». Habían vivido con ella desde siempre. Rara vez utilizaban el término «guerra», puesto que la guerra implicaba algo más definido, con claros frentes de batalla. Y esto era una fuerza invisible que explotaba en cualquier parte, a cualquier hora. De noche, mientras estábamos acostados junto a la ventana abierta, respirando el aire tropical, Francia y yo oíamos el ta, ta, ta, ta de los disparos. Y después el ra, ra, ra, ra de los helicópteros. Y mientras cenábamos veíamos en la televisión escenas de edificios arrasados por los ataques de la guerrilla y de campesinos masacrados por las «autodefensas». Entonces, ¿por qué estábamos comprando una casa? Porque nos sentíamos irracionalmente seguros en nuestra burbujita de la universidad, y porque nos había dejado sin razón el amor. Oí el tintineo de las ruedas de la bicicleta y ahí estaba Carlos, ataviado con su pantaloneta de nylon azul eléctrico y un casco plateado, empujando una reluciente bicicleta todo terreno nueva. Carlos era un tipo cuajado, cabezón, de pelo color miel; con esa ropa parecía listo para la Vuelta a Colombia. A las mujeres les parecía atractivo. Carlos era un Garcés, un apellido importante en este valle de la Costa Pacífica achicharrado por el sol, proveniente de un linaje de españoles de ojos azules que se habían asentado aquí desde hacía muchos siglos, dueños de cañaduzales y de ingenios, abogados y notarios públicos (un puesto

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Les adieux Tim Keppel Un type appelé Carlos qui avait été l’amant de ma femme allait passait un moment à la maison. -Il veut me dire au revoir. me dit Francia. -Cela fait des mois qu’il fait ses adieux. répondis-je. -Oui, je sais –dit-elle- c’est difficile. Carlos n’était pas le seul à vouloir quitter la Colombie. Les queues aux guichets des passeports s’étendaient le long de plusieurs pâtés de maisons. Les panneaux À vendre ornaient la plupart des maisons. Des familles entières rassemblaient armes et bagages, emballaient enfants, petits enfants, meubles et même le chien avant de mettre les voiles. Nous avons eu la maison pour un bon prix. Les gens en parlaient comme de « la situation » ou ils parlaient de « la violence ». Ils avaient vécu avec elle depuis toujours. Ils employaient rarement le terme de « guerre » puisque la guerre impliquait quelque chose de plus défini, avec des fronts de bataille clairs. Mais ceci était une force invisible qui explosait n’importe où, à n’importe quelle heure. La nuit, quand nous étions couchés à côté de la fenêtre ouverte, nous respirions l’air tropical, Francia et moi entendions le ta,ta,ta,ta des coups de feu. Puis le ra,ra,ra,ra des hélicoptères. Pendant le dîner, nous voyions à la télévision des scènes d’immeubles dévastés par les attaques de la guérilla et des paysans massacrés par les «autodéfenses». Alors pourquoi achetions nous une maison? Parce que nous nous sentions irrationnellement sûrs dans notre petite bulle de l’université et parce que, sans raison, l’amour nous avait quittés. J’entendis le tintement des roues de la bicyclette et Carlos se tint là, vêtu de son caleçon en nylon bleu électrique et d’un casque argenté, poussant une brillante bicyclette tout terrain toute neuve. Carlos était un type costaud avec une grosse tête et des cheveux couleur de miel ; avec cette tenue, il semblait prêt pour le Tour de Colombie. Les femmes le trouvaient séduisant. Carlos était un Garcés, un nom important dans cette vallée de la côte pacifique écrasée sous soleil, il descendait d’une lignée d’Espagnols aux yeux bleus qui s’étaient installés depuis de nombreux siècles, propriétaires de plantations de canne à sucre et de raffineries, avocats et notaires (métier

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lucrativo en estos lares, donde incluso el más insignificante documento tenía que ser autenticado). Carlos era el menor de la familia y el niño rebelde. Estrella de fútbol en su juventud, había sido uno de los fijos para la selección nacional hasta que, sorprendentemente, su nombre quedó por fuera de la lista. Resultó que su padre, que lo quería ver dándole a los libros y no a un balón, movió algunas influencias. Carlos se fue a estudiar leyes a la misma alma máter de su padre, pero para llevarle la contraria se concentró en el Derecho ambiental y se pasaba la mitad del tiempo haciendo excursiones y escalando montañas. Al graduarse, abandonó totalmente la profesión de las leyes para irse a trabajar como instructor de buceo y guía de montañismo. Antes de que el turismo se fuera a pique, solía llevar grupos de alemanas rechonchas a una cascada por allá selva adentro y las miraba flotar en las frías aguas en sus botes de inflar, bebiendo cerveza y acostándose al sol, como focas, sobre las peñas. —Siento mucho que se vaya —murmuré, cuando su corpachón llenó el marco de la puerca. — tengo que irme de aquí. —Carlos se quitó el casco. De pronto pareció como si no fuera a caber en el cuarto, con sus grandes hombros y su amplio pecho, como un toro nervioso y refrenado. Me quedé estudiándolo con esa mezcla de curiosidad, hostilidad y extraña fascinación que uno siente por un hombre que ha dormido con —bueno, está bien, digamos que se ha comido a— la esposa de uno, y que le gustaría hacerlo otra vez. —¡FRANCIA! —grité. —¡YA BAJO! —La cosa se puso tan fea que uno ya no puede ir a ninguna parte — dijo Carlos, mientras se acomodaba en nuestro nuevo sofá de bambú—. Todos los sitios buenos para escalar y acampar son peligrosos. Y ahora, además del peligro de que lo secuestren a uno, están las minas quiebrapatas. En la finca de mi hermana mataron como diez vacas y la semana pasada un niño perdió una pierna. Francia venía a brincos por las gradas, con su voluptuosa cabellera recién peinada. Le puso la mejilla a Carlos para recibir el tradicional saludo de beso al aire y luego se sentó junto a él. Ya me estaba levantando para irme al segundo piso y dejarlos solos, como siempre, pero Carlos seguía hablando.

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lucratif dans ces contrées où même le document le plus insignifiant devait être authentifié). Carlos était le cadet de la famille et son enfant rebelle. Etoile du football dans sa jeunesse, il avait été pressenti pour l’équipe nationale jusqu’à ce que, de manière inattendue, son nom fût exclu de la liste. Il s’avéra que son père, qui voulait le voir s’acharner sur les livres plutôt que sur un ballon, avait fait jouer quelques influences. Carlos étudia le droit dans la même alma mater que son père mais pour prendre son père à contre-pied, il se spécialisa dans le droit environnemental et passait la moitié de son temps à faire des excursions et à escalader des montagnes. Une fois diplômé, il abandonna totalement le droit pour aller travailler comme moniteur de plongée et guide d’escalade. Avant que le tourisme ne coula à pic, il avait l’habitude d’emmener des groupes d’Allemandes trapues à une cascade au fin fond de la forêt et il les regardait flotter dans les eaux froides sur leurs bateaux gonflables en buvant de la bière couché, comme les phoques, sur les rochers au soleil. -Je suis désolé que vous partiez –murmurai-je quand sa carcasse remplit le cadre de la porte. -Je dois m’en aller d’ici –Carlos retira son casque. Tout à coup, on aurait dit qu’il n’allait pas tenir dans la pièce avec ses grandes épaules et sa large poitrine tel un taureau nerveux et refréné. Je me mis à l’observer avec ce mélange de curiosité, d’hostilité et d’étrange fascination que l’on éprouve pour un homme qui a dormi avec –bon d’accord, disons qui a sauté- votre femme et qui aimerait le faire de nouveau. -Francia ! –criai-je. -J’arrive ! -Les choses sont devenues si moches qu’on ne peut plus aller nulle part –dit Carlos en se mettant à l’aise sur notre nouveau canapé en bambou. -Tous les bons endroits pour l’escalade et le camping sont devenus dangereux. Et maintenant, en plus du risque de se faire enlever, il y a les mines casse-jambes. Dans la propriété de ma sœur, elles ont tué une dizaine de vaches et la semaine dernière, un enfant a perdu une jambe. Francia s’approchait en faisant des bonds sur les marches, ses cheveux voluptueux fraîchement coiffés. Elle offrit sa joue à Carlos pour recevoir la traditionnelle bise puis s’assit à ses côtés. Je me levais déjà

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pour aller à l’étage et les laisser seuls, comme d’habitude, mais Carlos parlait encore.

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Unos meses atrás, decía, iba trepando lomas cerca del Puracé, guiando a un grupo de excursionistas, cuando la guerrilla los paró. Con uniformes de camuflado, igualitos a los del ejército, pero con esas reveladoras botas pantaneras de caucho. Afortunadamente Carlos llevaba puestas unas gafas de sol que le taparon los ojos azules y una cédula falsa que lo identificaba como un chofer de camión de apellido García. Lo interrogaron y lo dejaron ir. Tengo que irme de aquí, se dijo Carlos. Tenía un amigo en los Estados Unidos, Joaquín, un antiguo compañero del bachillerato que vivía diciéndole: «Vente para acá conmigo. Yo te organizo». A Joaquín le había ido super bien en Gringolandia: casas en Miami y Los Ángeles, jet privado, un yate. Muchos de sus negocios ya eran hasta legales: servicios de jardinería, ventas de carros, bares. En el colegio Joaquín admiraba a Carlos por ser el atleta que siempre había querido ser. Y ahora quería que Carlos lo admirara a él. —Siempre que viene de visita —decía Carlos—, me llama y me invita a salir. Quiere ponerse la ciudad de ruana: rumba, trago, putas y volver a casa al amanecer. —Pero Carlos, el zanahorio, no le caminaba a nada de eso. Miré a Francia, que estaba escuchando atentamente, abrazada a una rodilla. Ella y Carlos se habían topado después de algunos años cuando Francia pasó por una notaría para preguntar por los trámites necesarios para casarse con un extranjero. Para su sorpresa (dijo), se encontró a Carlos trabajando allí. A ella se le había olvidado que esa era la notaría de la hermana mayor de Carlos, que tenía más espíritu empresarial que él, pero que infortunadamente tenía sus mismos hombros. Urgido de dinero, Carlos había convencido a su hermana de que le diera un empleo temporal en la notaría. Acababa de llegar de una excursión de montañismo y pronto saldría con otro grupo para las islas. Durante dos horas enteras, mientras los demás clientes se abanicaban con rabia en la sala de espera llena de plantas, en medio del interminable golpeteo de los sellos: tan, tan, tan —hasta las ancianitas podían dar un buen golpe —-, Carlos puso a Francia al día en materia de registros de nacimiento y paz y salvos del FBI. También le habló sobre la conveniencia de casarse con un extranjero: «¿Estás segura de que quieres hacerlo?» Francia se había criado en una finquita de mala muerte que colindaba con la propiedad rural de los Garcés, que tenía establos y lagos de pesca,

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Il y avait quelques mois, disait-il, il grimpait sur des collines près du Puracé, il accompagnait un groupe d’excursionnistes quand la guérilla les avait arrêtés, des uniformes identiques à ceux de l’armée mais avec ces bottes de pluie en caoutchouc qui les dénonçaient. Par chance, Carlos portait des lunettes de soleil qui couvraient ses yeux bleus et un faux document au nom de Garcia qui l’identifiait comme chauffeur de camion. Ils l’interrogèrent et le laissèrent partir. Je dois m’en aller d’ici, se dit Carlos. Il avait un ami aux Etats-Unis, Joaquín, un camarade du temps du baccalauréat qui passait son temps à lui dire : « Viens travailler avec moi ici. Je m’occupe de ton installation ». Les choses avaient très bien tourné pour Joaquín à Gringoland: des maisons à Miami et à Los Angeles, un jet privé, un yacht. Beaucoup de ses affaires étaient même devenues légales : services de jardinage, vente de voitures, bars. Du temps où ils étaient à l’école, Joaquín admirait Carlos parce qu’il était l’athlète qu’il avait toujours rêvé d’être. A présent, il voulait que ce soit Carlos qui l’admira. -Chaque fois qu’il vient en visite –disait Carlos- il m’appelle et m’invite à sortir. Il veut s’approprier toute la ville: la fête, la beuverie, les putes, rentrer à la maison au petit matin. Mais simple qu’il était, ça ne branchait pas Carlos. Je regardai Francia qui écoutait attentivement et qui serrait un de ses genoux dans ses bras. Elle et Carlos s’étaient retrouvés au bout de quelques années quand Francia était passée chez le notaire pour s’informer sur les démarches nécessaires afin d’épouser un étranger. A sa surprise, (dit-elle) elle trouva Carlos qui y travaillait. Elle avait oublié que le cabinet appartenait à la sœur aînée de Carlos qui avait davantage l’esprit d’entreprise que son frère mais qui n’en avait pas moins les mêmes épaules. A court d’argent, Carlos avait convaincu sa sœur de lui donner un emploi temporaire. Il venait de rentrer d’une excursion et devait partir peu après avec un autre groupe vers les îles. Pendant deux bonnes heures, tandis que les autres clients s’éventaient rageusement dans la salle d’attente pleine de plantes au milieu du tan, tan, tan interminable des tampons –même les plus vieilles employées pouvaient taper un bon coup-, Carlos avait mis Francia au courant en matière de registres de naissance et de quittances du FBI. Il lui avait aussi parlé de l’intérêt d’épouser un étranger: «Es-tu certaine de vouloir faire cela?» Francia avait été élevée dans une petite propriété minable jouxtant le

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domaine rural des Garcés qui possédait des étables, des lacs pour la pêche

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y jardines de orquídeas y bromelias celosamente cuidados por varios peones. Tuvieron un romance de vacaciones, antes de que Carlos se casara con una muchacha de sangre azul como él, decisión que su padre aplaudió, pero de la cual Carlos se arrepintió enseguida. Dos años más tarde, ahogado en deudas con las tarjetas de crédito y en fiestas frívolas, Carlos se abrió. Pero después de varios años de agitada soltería (durante los cuales restableció temporalmente contacto con Francia), ¿saltó de nuevo al matrimonio, esta vez con una fanática de la recreación al aire libre, pelicorta y pesista, una de esas viejas bajitas y macizas que son capaces de abrir una trocha por cualquier parte. (Francia, que se había «criado en el barro», no le veía ninguna gracia a armar una carpa.) Tuvieron una linda niña rubia y eran, según decían, muy felices. Después, dijo Carlos, secuestraron a su papá. La guerrilla—o delincuentes comunes— llevaban meses extorsionando al viejo. Pero cuando valientemente se negó a pagar, le echaron mano. Carlos hizo una pausa y se quedó esperando mi reacción. Yo aún estaba en el borde de la silla, listo para levantarme, pero entonces me recosté y crucé las piernas, atrapado por la curiosidad y la cortesía. El rescate exigido era escandalosamente alto, continuó diciendo Carlos. Tenían a su padre en algún lugar en las montañas, bajo Dios sabe qué condiciones. El viejo sufría de presión alta y diabetes; necesitaba medicinas. A medida que los días pasaban, Carlos empezó a sentir una extraña confluencia de emociones. Aunque nunca había perdonado a su papá por la manera como lo traicionó en lo del fútbol, recordaba que había sido él quien encendió su pasión por el deporte y también su amor por la naturaleza. Por eso cuando sus hermanos anunciaron en una junta familiar convocada a la carrera que habían tomado la dura decisión de no pagar el rescate, Carlos, cuya pobre cuenta bancaria lo había exonerado del dilema moral, no pude menos que sentirse asqueado. —Vamos a hablar con Los Tesos para que lo rescaten —dijo su hermana. ¿Los Tesos? Los Tesos eran un autodenominado escuadrón «élite» de antisecuestro —más como un grupo de matones— que se embarcaban en operaciones arriesgadas, a menudo sangrientas, y no siempre exitosas. Pero ¿cómo podía disentir Carlos? La misma miserable cuenta bancaria que lo eximió de participar en una decisión acerca de si pagar o no el

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et des jardins d’orchidées et de broméliacées jalousement surveillés par plusieurs pions. Ils vécurent une romance de vacances avant que Carlos n’épousa une jeune fille au sang bleu comme lui, décision approuvée par son père mais dont Carlos se repentit aussitôt. Deux ans plus tard, noyé dans les dettes, les crédits et les fêtes frivoles, Carlos traça sa route. Mais après plusieurs années d’un célibat mouvementé (pendant lesquelles il avait provisoirement rétabli le contact avec Francia), il se jeta à nouveau dans le mariage cette fois avec une fanatique des loisirs en plein air, une haltérophile aux cheveux courts, une de ces bonnes femmes petites et trapues capables de se frayer un chemin à travers n’importe quoi (Francia qui avait été «élevée dans la boue» ne voyait pas ce qu’il y avait d’amusant à monter une tente). Ils eurent une jolie petite fille blonde et furent, comme on dit, très heureux. Ensuite, dit Carlos, son père fut enlevé. La guérilla –ou de banals délinquants- avaient passé des mois à racketter le vieux. Mais quand, plein de courage, il avait refusé de payer, ils lui mirent le grappin dessus. Carlos fit une pause et attendit ma réaction. J’étais encore sur le bord du fauteuil, prêt à me lever, mais je me rassis en croisant les jambes, retenu par la curiosité et la courtoisie. La rançon exigée était scandaleusement élevée, poursuivit Carlos. Ils détenaient son père quelque part dans les montagnes dans Dieu seul sait quelles conditions. Le vieux souffrait d’hypertension et de diabète ; il avait besoin de médicaments. Au fur et à mesure que les jours passaient, Carlos commença à ressentir un curieux mélange d’émotions. Il n’avait pas pardonné à son père la manière dont il l’avait trahi dans l’affaire du football mais malgré cela, il se rappelait que c’était lui qui avait éveillé sa passion pour le sport tout comme son amour de la nature. Ainsi, quand ses frères et sœurs lui annoncèrent au cours d’un conseil familial convoqué en catastrophe qu’ils avaient pris la dure décision de ne pas payer la rançon, Carlos, dont le compte bancaire le dispensait du dilemme moral, ne put s’empêcher de se sentir écoeuré. -On va parler aux Tesos pour qu’ils le délivrent, dit sa sœur. Les Tesos? Les Tesos étaient un escadron qui s’autoproclamait l’«élite» de l’anti-kidnapping –plutôt une équipe de tueurs- qui s’embarquait dans des opérations risquées, souvent sanglantes, et pas toujours couronnées de succès. Mais comment Carlos pouvait-il exprimer son désaccord? Le

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même misérable compte bancaire qui l’avait exempté de participer à la discussion sur le paiement de

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rescate también lo excluía de decidir sobre esta operación. Iniciaron el operativo en las frías horas de la madrugada, envueltos en la oscuridad y la niebla. Vestidos de negro y con la cara pintada, lanzando gases lacrimógenos esgrimiendo uzis, Los Tesos atacaron. Después de un intercambio de tiros, que dejó a uno de los secuestradores agonizando en el suelo, el viejo quedó libre. Carlos se sintió emocionado y aliviado con la noticia, hasta que supo el resto del cuento. De un modo u otro los tres secuestradores terminaron muertos. Y había señales de tortura. Dos de los hombres resultaron ser antiguos empleados de su padre, casi como de la familia, gente con la que Carlos había pescado y escalado. El padre de Carlos nunca volvió a ser el mismo. Vendió la finca por un precio vulgarmente barato y se la pasaba, sentado en una silla, esperando que lo llamaran a comer. Todo ese rollo dejó a Carlos con una sensación enfermiza clavada en el estómago, y una preocupante incapacidad para mirar de frente a su hija. Me reacomodé en la silla. Carlos le daba vueltas al casco entre las manos. La luz del atardecer entraba por la ventana abierta y daba contra el piso de baldosa. Después del secuestro, siguió Carlos, las cosas se le salieron un poco de las manos. Se compró una pistola y la cargaba a todos lados —un tipo como él— aún después de que expiró el salvoconducto. Frecuentaba el polígono simplemente para distensionarse. Estaba más ansioso que nunca por largarse. Este país simplemente no era seguro, en especial para un Garcés. Para acabar de empeorar las cosas, su hermana empezó a pagar una cuota de «protección» por la finca. Si no lo hacía, sencillamente se le aparecerían con un tractor y se llevaban toda la cosecha. O algo peor. Qué hacer, se preguntaba Carlos. Reconsideró la oferta de Joaquín de irse a los Estados Unidos. Después se le ocurrió irse a Uruguay. Era un país pacífico, primero que todo, con una economía relativamente estable y un sistema legal similar al que conocía. Sí, hasta estaba dispuesto a ejercer el Derecho. Canelones, Uruguay, tenía una costa preciosa. Quizá podrían poner un hotelito y un área de acampar junto al mar. Aun así, dudaba. Dejar a la familia era difícil tanto para él como para su esposa. Carlos amaba Colombia; lo malo era esa porquería de guerra. Amaba el clima tropical; los inviernos eran fríos en Uruguay. Y había oído que la profesión legal no acogía mucho a los extranjeros allá.

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la rançon l’excluait aussi de la décision de l’opération. Ils déclenchèrent les manœuvres pendant les heures froides du petit matin enveloppées dans l’obscurité et le brouillard. Habillés en noir, le visage barbouillé, lançant des gaz lacrymogènes et arborant des uzis, les Tesos attaquèrent. Après un échange de coups de feu qui laissa un des kidnappeurs moribond sur le sol, le vieux fut libéré. Carlos se sentit ému et soulagé par la nouvelle jusqu’à ce qu’il apprit le reste de l’histoire. D’une façon ou d’une autre, tous les kidnappeurs avaient fini par être tués. Et il y avait des traces de torture. Deux des hommes se révélèrent être d’anciens employés de son père, presque des gens de la famille, des gens avec qui Carlos était parti à la pêche et en escalade. Le père de Carlos ne fut plus jamais le même. Il vendit la propriété pour un prix vulgairement bas et passait son temps, assis sur un fauteuil, à attendre qu’on l’appela à table. Carlos tira de toute cette histoire une sensation de malaise nouée dans l’estomac et une incapacité inquiétante à regarder sa fille dans les yeux. Je me réinstallai dans le fauteuil. Carlos retournait son casque entre ses mains. La lumière de l’après-midi entrait par la fenêtre ouverte et se réverbérait sur le sol carrelé. Après l’enlèvement, poursuivit Carlos, les choses s’emballèrent quelque peu. Il s’acheta un pistolet qu’il emmenait partout –un type comme lui !- même après l’expiration du permis. Il fréquentait le stand de tir uniquement pour se défouler. Il voulait plus que jamais foutre le camp. Ce pays n’était tout simplement pas sûr en particulier pour un Garcés. Et pour comble de malheur, sa sœur commença à payer une «contribution» pour la protection de sa propriété. Si elle ne le faisait pas, ils viendraient tranquillement avec un tracteur et emporteraient toute la récolte. Ou quelque chose de pire. Que faire se demandait Carlos. Il reconsidéra la proposition de Joaquín de partir aux Etats-Unis. Puis, il eut l’idée d’aller en Uruguay. C’était avant tout un pays pacifique avec une économie relativement stable et un système légal similaire à celui qu’il connaissait. Oui, il était disposé à exercer le Droit. Canelones, Uruguay, avait une côte magnifique. Ils pourraient peut être y installer un petit hôtel et un camping au bord de la mer. Même comme ça, il hésitait. Quitter la famille était aussi difficile pour lui que pour sa femme. Carlos aimait la Colombie ; le problème était cette saloperie de guerre. Il aimait le climat tropical, les hivers étaient

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froids en Uruguay. Et il avait entendu dire que la profession dans le droit n’y était pas très accueillante avec les étrangers.

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Así que cuando un antiguo compañero de fútbol, llamado Rigoberto, le mencionó que estaba vendiendo su bote, junto con el embarcadero en el lago Calima —uno de los últimos sitios de recreación relativamente seguros—, CarIos decidió darle a su patria una última oportunidad. Le puso un cabo de remolque a su campero y se fue a visitar a Rigoberto. Años atrás Rigoberto era un gran puntero izquierdo, con una patada poderosa, pero se veía que ahora estaba pasando por una racha difícil. Primero la esposa lo abandonó y después el pequeño negocio de artículos eléctricos heredado de su padre quebró. Al hablar con Rigoberto, a Carlos le pareció sentir un tufo de aguardiente. Regatearon un rato el precio, aunque Carlos no hizo mucha fuerza. Al final Rigoberto le ayudó a enganchar el bote al carro. Le dijo que le tendría los papeles en un par de días. El lago Calima, formado por una represa en el recodo de las montañas, era silencioso y sereno, el era aire fresco y la orilla estaba tupida de árboles. El agua que bajaba de las montañas era prístina y la pesca era buena. Para alivio de Carlos, el bote funcionó bien. Llevó a su hija a dar una larga vuelta de exploración y la montó en el neumático. Después de una caída, ella se quedó bajo el agua un instante durante el cual a Carlos se le paró el corazón y luego salió con los ojos brotados, buscando aire y quitándose el pelo de la cara. —¡Papi! —le dijo con su sonrisa mueca por el cambio de dientes—. ¿Viste eso? —La esposa también sonreía. Pero el tercer fin de semana que pasaron en el lago hubo un ataque de la guerrilla. Carlos, su esposa y la niña permanecieron durante horas acurrucados en la cabaña, escuchando el estallido de los morteros y el traqueteo de las ametralladoras. No más, dijo Carlos. Me largo. Tan pronto volvió a la ciudad, hizo las reservaciones. Cerró sus negocios a la carrera, empacó y puso un clasificado para vender el bote. No sólo necesitaba la plata sino que también quería borrar el recuerdo de su mala decisión. Pero cuando llamó a Rigoberto para pedirle los papeles, este le respondió con una tranquilidad aterradora. Carlos explotó. —¡Maldita sea, Rigoberto, necesito esos putos papeles! —Tiró el teléfono y empezó a caminar de un lado a otro, preguntándose si el bote tendría algún papel. Tal vez era robado. O quizás Rigoberto, que siempre le había parecido un tipo decente, le estaba haciendo una jugada.

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Alors quand un ancien camarade de football appelé Rigoberto lui dit qu’il avait un canot à vendre avec son embarcadère sur le lac Calima –un des derniers endroits relativement sûrs-, Carlos décida de donner une dernière chance à sa patrie. Il disposa un crochet de remorquage à sa tout terrain et partit visiter Rigoberto. Quelques années auparavant, Rigoberto avait été un attaquant gauche doué d’un coup de pied puissant mais à présent, on sentait qu’il était dans une mauvaise passe. Sa femme l’avait quitté et le petit commerce d’articles électriques hérité de son père avait fait faillite. En parlant avec Rigoberto, Carlos crut percevoir un relent d’alcool. Ils marchandèrent un moment le prix bien que Carlos ne négocia pas beaucoup. A la fin, Rigoberto l’aida à accrocher le canot à la voiture et lui dit que les papiers seraient prêts en deux ou trois jours. Le lac Calima formé par un barrage dans un recoin des montagnes était silencieux et serein, l’air y était frais et les arbres touffus arrivaient jusqu’au rivage. L’eau qui descendait des montagnes était pure et la pêche y était bonne. Au grand soulagement de Carlos, le canot marchait correctement. Il emmena sa fille faire un grand tour d’exploration et la plaça sur le rebord du pneumatique. Elle fit une chute et resta sous l’eau un moment pendant lequel Carlos sentit son cœur s’arrêter, elle ressortit les yeux exorbités, cherchant l’air et écartant les cheveux de son visage. -P’pa –lui dit-elle avec son sourire édenté après le passage de la petite souris- T’as vu ça? L’épouse souriait aussi. Mais le troisième week-end qu’ils passèrent sur le lac, il y eut une attaque de la guérilla. Carlos, sa femme et l’enfant restèrent pendant des heures recroquevillés dans la cabane à écouter l’explosion des mortiers et la pétarade des mitrailleuses. Ras-le-bol, dit Carlos. Je fous le camp. Dès qu’il arriva en ville, il fit les réservations. Il liquida rapidement toutes ses affaires en cours, fit ses bagages et mit une annonce pour vendre le canot. Il avait non seulement besoin de l’argent mais il voulait aussi effacer le souvenir de sa décision hasardeuse. Mais quand il appela Rigoberto pour lui demander les papiers, celui-ci répondit avec une insouciance effrayante. Carlos explosa. -Merde, Rigoberto, j’ai besoin de ces foutus papiers!- Il jeta le téléphone et commença à marcher de long en large se demandant si le canot avait

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bien des papiers. Il était peut être volé. Peut être Rigoberto qui avait toujours semblé décent était en train de lui jouer un tour.

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Mientras iba y venía enfurecido, sonó el teléfono. Era Joaquín, llamándolo desde Los Ángeles. —Oye, hermano, qué vaina lo del lago Calima. Lo siento mucho. —Sí, sí... —¿Cuándo es que te vas a venir? Acá todo te está esperando. —Gracias —dijo Carlos—, pero me voy para Uruguay. En realidad tenía todo listo para irme hasta que... —Y le contó a Joaquín lo que había pasado con Rigoberto. —Oye, hombre, qué mierda—dijo Joaquín—. ¿Quieres que hable con él? —No, no, no hay necesidad, —No, un momento. ¿Con quién cree que se está metiendo ese marica? ¡Si es el gran Carlos Garcés! La estrella del equipo de Cali. ¡Que debió estar en la selección Nacional! Al otro día Carlos empacó su equipo de acampar, sus trofeos de fútbol, sus libros de leyes y se fue al colegio de la niña para arreglar todo. Después se fueron caminando hasta la casa, y mientras Carlos la llevaba de la mano y ella cantaba una canción, de repente se dio cuenta de que la iba acompañando con su silbido. Más tarde en la casa Carlos la estaba mirando pintar un paisaje tomado de una guía de viajes de Uruguay, cuando escuchó una moto que se acercaba rugiendo. Un tipo flaco con cara de chucha le entregó un sobre. Carlos entró y abrió el sobre. Adentro estaban la tarjeta de propiedad y la matrícula del bote. ¡Por fin podían irse. Eufórico, elogió la pintura de la niña y le dio un beso en la cabeza. Después el teléfono empezó a sonar. Carlos contestó en la cocina. —Hombre, por Dios —dijo una voz sofocada. —¿Quién habla? —¡No puedo creer que tú hayas hecho eso! Carlos sintió que un trío le corría por todo el cuerpo. —¿Por qué, hombre, por qué? —dijo la voz entrecortada. —Rigoberto, escucha... —Yo te los iba a entregar. —El hombre casi gemía—. No tenías que hacer eso. —¿Hacer qué? —logró decir Carlos. —Seis horas... —carraspeó Rigoberto—. ¡Me tuvieron seis horas! Les rogué que te llamaran para que les dijeras que pararan...

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Pendant qu’il allait et venait furibond, le téléphone sonna. C’était Joaquín qui l’appelait de Los Angeles. -Ecoute, mon pote, c’est chiant ce qui est arrivé au lac Calima. J’en suis navré. -Oui, oui... -Quand est-ce que tu viens ? Ici on n’attend que toi. -Merci –dit Carlos- mais je pars en Uruguay. En réalité j’avais tout préparé pour partir jusqu’à ce que... -Et il raconta à Joaquín ce qui s’était passé avec Rigoberto. -Quelle merde, l’ami! –dit Joaquín- Veux-tu que je parle avec lui? -Non, non, ce n’est pas la peine. -Non, un instant. A qui croit-il avoir affaire, ce pédé? Au grand Carlos Garcés! La star de l’équipe de Cali qui aurait dû faire partie de la sélection nationale! Le lendemain Carlos emballa son équipement de camping, ses trophées, ses livres de droit et partit à l’école de sa fille pour tout régler. Ils marchèrent jusqu’à la maison, lui la tenait par la main et elle chantait une chanson quand il s’aperçut qu’il accompagnait la mélodie en sifflotant. Plus tard chez lui, tandis qu’il la regardait peindre un paysage tiré d’un guide de voyages d’Uruguay, il entendit une moto approcher en vrombissant. Un type maigre avec une tête de rat lui remit une enveloppe. Carlos rentra et l’ouvrit. A l’intérieur se trouvaient le titre de propriété et le certificat d’immatriculation du canot. Ils pourraient enfin s’en aller! Euphorique, il félicita la petite fille pour son tableau et l’embrassa sur la tête. Puis, le téléphone se mit à sonner. Carlos répondit dans la cuisine. -Eh, gars, de grâce –dit une voix étouffée. -Qui est à l’appareil? -Je ne peux pas croire que tu aies fait cela! Carlos sentit le froid parcourir tout son corps. -Pourquoi, mec, pourquoi? –dit la voix entrecoupée. -Rigoberto, écoute... -J’allais te les remettre –l’homme était presque gémissant. Tu n’avais pas besoin de faire cela. -Faire quoi? -réussit à dire Carlos. -Six heures...-Rigoberto se racla la gorge- Ils m’ont gardé six heures! Je leur ai supplié de t’appeler pour que tu leur dises d’arrêter...

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Carlos colgó el teléfono. Se recostó contra el lavaplatos, sin darse cuenta de que estaba musitando. La vocecita aguda llegó desde la altura de sus rodillas. —¿Que te tienes que ir de dónde, papi? Carlos se levantó, todavía con el casco entre las manos. Le deseé buen viaje y lo dejé solo con Francia. Desde mi estudio, alcanzaba a oírlos hablar en tono bajo. Traté de concentrarme en mi trabaja pero no pude. Después de un rato largo, oí el chirrido del portón y el lento tintineo de las ruedas de la bicicleta. Cuando oí que la verja se cerró, salí al antejardín. Francia estaba mirando cómo Carlos se alejaba pedaleando lentamente. Los últimos rayos de sol rebotaban en su casco. La calle estaba desierta, se veían muchos avisos de Se Vende en los jardines de las casas. Francia deslizó un brazo por mi cintura y nos quedamos ahí, escuchando cómo los ruidos de la noche se hacían cada vez más intensos: los grillos y los búhos y algo más, un débil rumor lejano, como de cascos marciales que se acercaban.

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Carlos raccrocha. Il s’appuya sur l’évier sans s’apercevoir qu’il était en train de parler tout bas. La petite voix aiguë arriva à la hauteur de ses genoux. -Tu dois t’en aller d’où, p’pa? Carlos se leva tenant encore le casque entre les mains. Je lui souhaitai bon voyage et le laissai seul avec Francia. Depuis mon bureau, je pouvais les entendre parler à voix basse. J’essayais de me concentrer dans mon travail mais je n’y parvins pas. Après un long moment, j’entendis le grincement de la porte d’entrée et le tintement lent des roues de la bicyclette. Quand j’entendis se refermer la grille, je sortis dans le jardinet. Francia regardait Carlos s’éloigner en pédalant lentement. Les derniers rayons du soleil rebondissaient sur son casque. La rue était déserte, on voyait beaucoup de panneaux À vendre dans les jardins des maisons. Francia glissa son bras autour de ma taille et nous restâmes là à écouter les bruits du soir s’intensifier: les grillons, les hiboux et quelque chose d’autre, un bruit sourd et lointain, comme un bruit de bottes qui s’approchaient. Traduit par Polanía-Denis

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Periplo Philip Potdevin ¿Te acuerdas cuando tú, Lina y yo éramos inseparables en la facultad, allá por los años cuando todo nos parecía trágico y trascendental o si no trivial? El sitio de reunión obligado era un bar que ya no existe, abajo de la avenida sexta al frente de la islita con la ceiba que ha estado toda la vida ahí. Abrían a eso de las siete y llegábamos temprano, nos sentábamos con Lina a beber muy despacio unos sifones que nos duraban casi toda la noche y empezábamos a tratar de filosofar sobre la vida. Allí escuché por primera vez tu visión de la vida, egoísta y nihilista, cargada de filosofía existencial y producto de tus lecturas adolescentes de Althusser, Sartre y Lukacs y aprendimos también a escuchar los silencios de Lina, sus mutismos en los que se sumía. La última vez que estuve de visita en casa de papás pasé por la calle y miré hacia la esquina donde estaba el bar y no reconocí el sitio. Ahora han puesto allí una distribuidora de motos. Que fea está la avenida, parece que toda la podredumbre de la carrera octava, con sus lupanares, cafetines y fuentes de soda con música a todo volumen se hubiera trasladado a la vía rosa. Dime si no es cierto que ahora, vista las cosas desde la perspectiva de nuestra edad, veamos todo eso cómo un juego de niños del que sólo recordamos jirones de hechos semiperdidos en la memoria. Los años pasaron pero no el sabor que quedó de esa época. El enclaustramiento taciturno de Lina, sus comportamientos erráticos e impredecibles que nos dejaban atónitos tratando de buscar alguna explicación lógica. Pero en esa época éramos jóvenes irreverentes e irracionales. Poco nos importaban los desplantes de Lina pues sabíamos que eran cuestiones temperamentales que no valían la pena detenerse a analizar. Nunca quedaron resentimientos, sólo el recuerdo amargo que me viene a la cabeza con el sabor de este gin bitter que hemos pedido tratando de encontrar el tiempo que se quedó allá en nuestras adolescencias. No había vuelto a saber de Lina. Hace más de diez años supimos la verdad, pero por esa misma época tú te trasladaste con el Banco y Lina desapareció de la ciudad de un momento a otro. En su casa me

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Périple Philip Potdevin Te souviens-tu quand toi, Lina et moi étions inséparables à la faculté, en ces années où tout nous semblait tragique et transcendantal, ou sinon trivial ? Le lieu de réunion obligé était un bar qui n’existe plus, en bas de la Sixième avenue face à la petite île avec le fromager qui a été là depuis toujours. Il ouvrait vers sept heures du soir et nous y arrivions tôt, nous nous asseyions avec Lina et buvions très lentement des bières pression qui nous faisaient presque toute la nuit, et nous commencions à nous essayer à philosopher sur la vie. C’est là que j’ai entendu pour la première fois ta vision de la vie, égoïste et nihiliste, chargée de philosophie existentielle, produit de tes lectures adolescentes d’Althusser, Sartre et Lukacs ; là aussi que nous avons appris aussi à écouter les silences de Lina, les mutismes dans lesquels elle se plongeait. La dernière fois où j’ai rendu visite à mes parents, en passant dans la rue j’ai regardé au coin où se trouvait le bar et je n’ai pas reconnu l’endroit. Maintenant on y a installé un concessionnaire de motos. Comme elle est laide, l’avenue ! Il semble que toute la pourriture de la Huitième rue, avec ses lupanars, ses cafés minables et ses brasseries avec la musique à pleins tubes, se soit déplacée vers la voie rose. À voir les choses depuis la perspective de notre âge, dis-moi si ce n’est pas vrai qu’à présent nous voyions tout cela comme un jeu d’enfants dont nous ne gardons que le souvenir de bribes de faits à moitié perdus dans la mémoire. Les années ont passé mais pas la saveur qui nous est restée de cette époque. L’enfermement taciturne de Lina, ses comportements erratiques et imprévisibles qui nous laissaient sans voix à vouloir trouver quelque explication logique. Mais à cette époque nous étions jeunes, sans respect ni raison. Peu nous importaient les insolences de Lina car nous savions qu’elles étaient dues à son tempérament et ne méritaient pas que l’on s’y arrête pour les analyser. Il n’y eut jamais de ressentiments, il ne resta que le souvenir amer qui me remonte à la tête avec le goût de ce gin bitter que nous avons commandé pour tenter de retrouver le temps resté là-bas en nos adolescences. Je n’avais plus eu de nouvelles de Lina. Il y a plus de dix ans nous avons appris la vérité, mais à cette même époque tu as déménagé avec la Banque et Lina a disparu de la ville tout d’un coup. Chez elle on m’a

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dijeron que había viajado a Méjico y no supe más. Yo también viajé poco después y sólo regreso a la ciudad muy de vez en cuando. Le perdí el rastro, al igual que a tantos otros compañeros de la facultad. De tanto en tanto recibo alguna noticia fragmentada sobre alguno de ellos. Se mató Ricardito en la avioneta de su papá; Elisa logró casarse el año pasado con Omar el hermano de Consuelito, Hans tiene un buen empleo, dicen, en una multinacional; Pacheco sigue en la Notaría de su hermano y lo más probable es que a la vuelta de treinta años siga ahí, un poco más calvo y más flaco, Ezeiza es el Director encargado de la Dirección Nacional de la T. F. P. (boina roja y león rampante en el portaestandarte, ¿te acuerdas?) y la pobre Clarita va en su segundo matrimonio, después de un estruendoso fracaso del primero que sólo duró seis meses. Pero la gran mayoría de ellos son una nube gris en mis recuerdos; todos se han ido perdiendo en el tiempo sin que haya nada que los haga salir de su estado nebuloso. Solo a Lina no la he podido olvidar del todo, a pesar del tiempo que llevamos sin vernos. Aun recuerdo cómo tú y yo procuramos en varias ocasiones sentarnos a escucharla y tratar de entender lo que le estaba sucediendo. Primero tú intentaste acercarte, en un comienzo por un interés genuino en ayudarle a sacar adelante los exámenes finales para que no perdiera Procedimiento Civil II. Esa vez me confesaste cómo después de darle una mano para que pasara las pruebas terminaron celebrando en el bar mirador Don Mateo, arriba de Los Cristales y a donde iban a parar todas las parejas que estaban aburridas de las noches de rumba en la Calle del Pecado. Esa noche, me contaste al día siguiente, habían conversado durante varias horas y llegó un momento larguísimo en que nadie dijo nada y finalmente Lina decidió romper el silencio y te autorizó para que tú hicieras lo que pensaras correcto y dieras el primer paso y tú después de pensar en silencio y de comprobar que se despertaba en ti una extraña sensación de vencer la tentación, de hacer lo prohibido, la abrazaste y terminaron en un nudo dentro del pequeño Renault, sin importarles qué podían pensar los ocupantes de los carros que estaban estacionados a los lados. Lo tragicómico de esa ocasión era que estaban con una gripa tan congestionada que no intentaron nada íntimo por pura discreción de no hacer algo desagradable y acordaron dejar para otro día el juego erótico. Pero al día siguiente

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dit qu’elle était partie au Mexique et je n’ai rien su de plus. Moi aussi j’ai quitté la ville peu après, et je n’y reviens que de loin en loin. J’ai perdu sa trace, de même que celle de tant d’autres camarades de la faculté. De temps en temps je reçois quelque information fragmentaire de l’un d’eux. Ricardito s’est tué dans l’avionnette de son père ; Elisa a pu se marier l’année dernière avec Omar, le frère de Consuelito ; Hans a un bon poste, dit-on, dans une multinationale ; Pacheco est toujours dans l’étude notariale de son frère et le plus probable est que dans trente ans il y sera toujours, un peu plus dégarni et plus maigre ; Ezeiza est le chef de la Direction Nationale du T.F.P.10 (béret rouge et lion rampant sur la bannière, tu te rappelles ?), et la pauvre Clarita en est à son deuxième mariage, après l’échec retentissant du premier qui n’a duré que six mois. Mais la plupart d’entre eux sont un nuage gris dans mes souvenirs ; ils se sont perdus peu à peu dans le temps sans que rien ne vienne les sortir de leur état nébuleux. Il n’y a que Lina que je n’ai pas réussi à oublier tout à fait, malgré le temps passé sans nous voir. Je me souviens encore comment nous avons essayé plusieurs fois, toi et moi, de l’écouter, assis, à tâcher de comprendre ce qui lui arrivait. D’abord tu as tenté de t’approcher d’elle, au début avec un véritable désir de l’aider à bien préparer les examens de fin d’année, pour lui éviter de rater Procédures Civiles II. À cette occasion tu m’as avoué comment, après lui avoir donné un coup de main dans la préparation des épreuves, vous avez fini par aller fêter ça dans le bar mirador Don Mateo, en haut de Los Cristales, là où allaient finir la soirée tous les couples lassés des nuits de bamboula dans la rue du Péché. Cette nuit-là, m’as-tu raconté le lendemain, vous avez bavardé pendant plusieurs heures, et un très long moment est survenu pendant lequel personne n’a parlé, et finalement Lina a décidé de rompre le silence et t’a permis de faire ce que tu jugerais convenable, te laissant faire le premier pas, et toi, après avoir réfléchi en silence et vérifié qu’en toi s’éveillait un étrange désir de te laisser vaincre par la tentation, de faire ce qui était interdit, tu l’as prise dans tes bras et vous avez fini par vous entrelacer à l’intérieur de la petite Renault, sans vous soucier de ce que pouvaient penser les occupants des voitures garées aux alentours. Le tragi-comique de la situation, c’est que vous aviez un rhume si carabiné que vous n’avez rien tenté d’intime, par pur souci de ne pas faire quelque
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T. F. P. : Trabajo, Familia y Propiedad (Parti colombien d’extrême droite).

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chose de désagréable, et vous décidé de remettre le jeu érotique à une autre fois. Mais le lendemain

nada ocurrió y Lina siguió con el mismo mutismo que la ahogaba

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por días enteros. Yo también intenté acercarme varias veces a Lina, aprovechando la mayor confianza que habíamos cultivado. Ibamos a jugar tenis al Club del Deportivo y nos pasábamos la tarde asoleándonos para lograr un bronceado aun más oscuro en nuestra piel de por sí bastante trigueña. Ya desde esos días pensé que Lina se estaba comportando conmigo de una forma distinta pero no quería echar a perder la amistad y preferí ignorarla y más bien traté de mantenerla como una amiga muy cercana. A mi no me interesaba Lina como amante pero era muy fuerte el cariño que sentía por ella. Cuando me visitaba en el taller que monté en el último cuarto de la casa, donde me encerraba tres días seguidos cuando quería huir de la esterilidad de la axiología y la hermenéutica, Lina irrumpía para darme voces de aliento para que continuara con mis cuadros, que no desfalleciera en mis experimentos de técnicas mixtas de óleo y fotografía que por aquellos tiempos desarrollaba y en las que siempre ella veía texturas nuevas y matices de luz y color que le hacían recordar estrofas completas de la Oda a Afrodita que se sabía de memoria. La misma Lina me regaló una reproducción de Lección de Guitarra de Balthus que aun conservo en mi estudio y que colgué de inmediato en la pared desnuda del taller, sin saber exactamente si lo hacía como un homenaje al dolor de la niña del cuadro o si era por la autodisciplina que yo me negaba a imponerme y buscaba en la reproducción una justificación para causarme el oprobio de saberme incapaz de someterme al régimen académico representado en la imagen. Lina siempre estaba allí cuando la necesitaba. En mi casa todo el mundo la apreciaba y mi madre sentía especial afecto por ella. Los viernes era la primera en llegar a casa a proponerme ver alguna película de Paul Mazursky, tal vez Greenwich Village, que presentaban en la Cinemateca y que se nos había pasado cuando estuvo en cartelera. A la salida parábamos un rato en el café del Buho de Humo, nos sentábamos bajo las ceibas que frenan el talud del cerro del Charco del Burro y pedíamos un capuchino para hablar en susurros y me contaba, como tranquilizándose a si misma, que estaba leyendo la Autobiografía de Alice Toklas escrita por su amiga G. Stein y me llevaba luego a casa en el Toyota rojo que manejaba con destreza. ¿Recuerdas cómo era ella la que casi siempre nos

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il ne s’est rien passé et Lina est retombée dans le même mutisme qui l’étouffait des jours entiers. J’ai essayé moi aussi de m’approcher plusieurs fois de Lina, profitant de la plus grande confiance qui s’était installée entre nous. Nous allions jouer au tennis au Club du Deportivo et passions l’après-midi étalées au soleil pour obtenir un bronzage encore plus foncé de notre peau pourtant bien brune par nature. Je pensais déjà à l’époque que Lina se comportait avec moi d’une manière différente, mais je ne voulais pas gâcher notre amitié et j’ai préféré l’ignorer et au contraire essayé de la traiter en amie très proche. Lina ne m’intéressait pas en tant qu’amante mais l’affection que j’éprouvais pour elle était très forte. Quand elle me rendait visite dans l’atelier que j’avais installé dans la dernière pièce de la maison – où je m’enfermais trois jours de suite quand je voulais échapper à la stérilité de l’axiologie et l’herméneutique – Lina surgissait pour m’encourager à peindre, à ne pas baisser les bras devant les expériences de techniques mixtes d’huile et de photographie que je développais à cette époque-là, et dans lesquelles elle voyait toujours de nouvelles textures et des nuances de lumière et de couleur qui lui rappelaient des strophes entières de l’Ode à Aphrodite qu’elle savait par cœur. Lina elle-même m’a offert une reproduction de La leçon de guitare de Balthus que je conserve encore dans mon étude et que j’ai alors accroché à l’instant au mur nu de l’atelier, ne sachant pas exactement si je le faisais comme un hommage à la douleur de la fille du tableau ou à cause de l’autodiscipline que je refusais de m’imposer, cherchant dans la reproduction une justification à provoquer en moi l’opprobre de me savoir incapable de me soumettre au régime académique que l’image représentait. Lina était toujours là quand j’avais besoin d’elle. Chez moi tout le monde l’appréciait et ma mère avait une affection spéciale pour elle. Les vendredis elle était la première à arriver à la maison pour me proposer de voir un film de Paul Mazursky, peut-être Greenwich Village, qu’on projetait à la cinémathèque et qu’on avait loupé quand il était passé en salle. À la sortie nous nous arrêtions un moment dans le café du Buho de Humo, nous nous asseyions sous les fromagers qui retiennent le talus du coteau du Charco del Burro et nous commandions un capuccino pour parler en chuchotant, et elle me racontait, comme pour se rassurer elle-même, qu’elle était en train de lire l’Autobiographie d’Alice Tolkas écrite par son amie G. Stein, et elle me ramenait ensuite chez moi dans la Toyota rouge

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qu’elle conduisait avec adresse. Tu te souviens comment c’était ellemême qui presque toujours

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movilizaba en su auto? Hacía ronda repartiéndonos por nuestras casas y luego seguía para la suya, a cualquier hora, no importaba si eran las tres o cuatro de la madrugada. En el octavo semestre recordarás, Lina empezó a distanciarse. Ya no tenía tiempo de acompañarnos a tomar sifón en Periplo, ni le llamaba la atención el Bar de la 44 donde nos juntábamos a escuchar música vieja. Un día se apareció y nos invitó a un bar distinto, de un ambiente diferente, llamado, recuerdo, La Font del Cat. Era una taberna que no tenía nada de catalana, administrada por dos amigas de Lina y estaba ubicada en una esquina de La Flora, apartada de todos los bares de la zona y con concurrencia escasa, discreta y selecta. Ponían música de Janis Joplin, Joan Baez y Dan Fogelberg. Sólo fuimos una vez y nos dimos cuenta que Lina había cambiado. No tardamos en aventurar el diagnóstico: Lina estaba enamorada. De pronto descubrimos en ella una feminidad que nunca había dejado aflorar. ¿Cuándo Lina esforzándose por pintarse los ojos o por lucir una falda en vez de sus infaltables jeans? Incluso Lina se tornó tierna, se le afinaron los modales un poco bruscos que la caracterizaban y la hacían objeto de algunos comentarios de parte de nuestros compañeros. Entre menos la frecuentábamos más nos convencíamos que a Lina le había llegado su turno de claudicar ante alguna fuerza irresistible. Para la época en que finalizamos la carrera Lina era casi una extraña para ti y para mi. Coincidíamos en pocas clases y en los descansos parecía esfumarse. La última vez que nos encontramos fue en un cumpleaños mío cuando llegó de sorpresa a casa, después de pasar meses sin vernos. Me llevó de regalo una bellísima colección de libros de fotografía de David Hamilton, llenos de imágenes de cuerpos juveniles descuidadamente semicubiertos en prendas de tonos pastel, sorprendidos en el gineceo en actitudes inocentes en el momento de la siesta, la toilette o la lectura, imágenes captadas a contraluz y tras filtros difusores y embadurnados de vaselina para lograr esos ambientes que creaban la sensación de dulce y núbil lujuria. Ayer volví a ver a Lina y por eso quise contártelo. La encontré en el aeropuerto de Miami en la sala de espera de un vuelo de regreso a Colombia. No me reconoció o prefirió ignorarme. No ha cambiado mucho. Aun tiene esa figura gruesa y su porte atlético. Su

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nous trimbalait dans sa voiture ? Elle faisait sa tournée en raccompagnant chacun chez lui avant de regagner ses pénates, à n’importe quelle heure, même à trois ou quatre heures du matin. En huitième semestre, tu dois t’en souvenir, Lina a commencé à prendre ses distances. Elle n’avait plus le temps de nous accompagner boire un coup au Periplo, ni ne s’intéressait au bar de la 44e rue où nous nous retrouvions pour écouter de la musique d’autrefois. Un jour elle est réapparue et nous a invités dans un autre bar, à l’ambiance différente, qui s’appelait, je m’en souviens, La Font del Cat. C’était une taverne qui n’avait rien de catalan, tenue par deux amies de Lina, et qui était située au coin d’une rue dans La Flora, à l’écart de tous les bars de la zone, avec une clientèle restreinte, discrète et choisie. On y passait de la musique de Janis Joplin, Joan Baez et Dan Fogelberg. On n’y est allés= qu’une fois et on s’est rendu compte que Lina avait changé. Nous n’avons pas mis longtemps à hasarder un diagnostic : Lina était amoureuse. Du coup, nous avons découvert chez elle une féminité qu’elle n’avait jamais laissé affleurer. Quand avait-on vu Lina faire l’effort de se farder les yeux ou de mettre une jupe plutôt que ses éternels jeans ? Elle est même devenue tendre, les manières un peu brusques qui la caractérisaient, et qui faisaient l’objet de commentaires de la part de nos camarades, se sont adoucies. Moins nous la fréquentions, plus nous nous convainquions que son heure était venue de se soumettre à une force irrésistible. À l’époque où nous finissions nos études, Lina était presque une étrangère pour toi et moi. Nous n’avions que peu de cours communs et pendant les pauses elle semblait s’évaporer. Notre dernière rencontre remonte à un de mes anniversaires, elle est arrivée par surprise chez moi, après des mois sans nous voir. Elle m’a offert en cadeau une très belle collection de livres de photographies de David Hamilton, pleins d’images de corps juvéniles portant négligemment des vêtements aux tons pastel qui les couvraient à moitié, surpris au gynécée dans des attitudes innocentes au moment de la sieste, la toilette11 ou la lecture, des images saisies à contre-jour et derrière des filtres d’estompage et enduits de vaseline pour obtenir ces ambiances créant la sensation d’une luxure douce et nubile. Hier j’ai revu Lina et c’est pourquoi j’ai voulu te le raconter. Je l’ai rencontrée à l’aéroport de Miami, dans le hall d’attente d’un vol
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En français dans le texte.

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de retour vers la Colombie. Elle ne m’a pas reconnu ou a préféré m’ignorer. Elle n’a pas beaucoup changé. Elle a toujours cette allure massive et son port athlétique. Ses

cabello luce más corto y se lo ha tinturado con visos rubios. A su

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lado se encontraba otra mujer, que le acompañaba en el viaje. De mayor estatura que Lina, rostro altivo y ojos verde claro, aguardaba de pié la llamada a abordar mientras Lina, sentada a su lado, ocultaba su rostro tras una Newsweek. De pronto entendí a Lina. Volvía a ver a la Lina de esos años cuando se nos alejó poco a poco, cambió sus amigos temporales de la universidad por algo con más sentido para su vida. No quise saludarla para evitar situaciones incómodas. Me cercioré que la silla asignada era de la segunda fila y rogué para que Lina no quedara sentada cerca a mí durante el viaje. Llamaron a bordo. Un señor, elegante, de gafas y blazer se ofreció a ayudarme, después de pasar el control de seguridad, con los paquetes que compré en el Duty Free y entré apresurada con los primeros pasajeros para buscar rápidamente la silla. Por fortuna Lina había solicitado que la ubicaran en la sección de fumadores y quedó en la parte posterior del avión. Lina en eso no ha cambiado, aún fuma sin parar. Pide la cuenta pero déjame pagar esta vez. No creo que sea justo que tú siempre seas la que paga cuando venimos a este bar. ¿Te acuerdas que en Periplo siempre repartíamos la cuenta entre las tres?

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cheveux sont plus courts et elle les a teints avec des reflets blonds. Une autre femme était avec elle, l’accompagnant dans son voyage. Plus grande que Lina, le visage altier et les yeux vert clair, elle attendait debout l’appel à embarquer, cependant que Lina, assise à côté d’elle, cachait son visage derrière un Newsweek. Soudain j’ai compris Lina. Je revoyais la Lina de ces années-là, quand elle s’était peu à peu éloignée de nous, qu’elle a changé ses amis occasionnels de l’université par quelque chose qui donnait plus de sens à sa vie. Je n’ai pas voulu l’aborder pour éviter des situations incommodes. J’ai vérifié que la place qui m’était assignée était au deuxième rang et j’ai prié pour que Lina n’ait pas à s’asseoir près de moi pendant le voyage. On a appelé à embarquer. Après le passage du contrôle de sécurité, un monsieur élégant à lunettes et blazer m’a proposé de m’aider à porter les paquets achetés au duty free et je me suis dépêchée d’entrer avec les premiers passagers pour chercher rapidement mon siège. Par chance Lina avait demandé à être placée dans le coin fumeurs et se trouvait donc à l’arrière de l’avion. Pour ça, Lina, elle n’a pas changé, elle fume sans relâche. Demande l’addition mais laisse-moi payer cette fois. Je ne crois pas qu’il soit juste que celle qui paye soit toujours toi quand nous venons dans ce bar. Tu te souviens qu’au Periplo nous partagions toujours la note toutes les trois ? Traduit par Polanía-Denis et Yves Moñino

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Cambio de rollo Hoover Delgado A: J. T. In Memoriam EN LA PELÍCULA la muerte era una mujer con cuatro dedos y se llamaba Ulma y tenía los ojos amarillos como los desiertos de Nubia. Esa noche en Evocación, Fernando Castets, Sergio Becerra y yo lo discutimos largamente y nos pareció sutil el detalle de la mano inconclusa, el dedo central ausente, como dando a entender que a la muerte le hace falta corazón. Estuvimos de acuerdo en dejar el título en inglés. La agencia me había pedido uno en español, pero luego de barajar algunos –«4 dedos para la muerte», o «El secreto de Ulma»– resolvimos dejar el original en inglés, Digits 4 death, al fin y al cabo el cine es una categoría mental, y esa ecuación de dos palabras y un número, que más parece una jugada de ajedrez, era perfecta. Como habrán adivinado, trabajo de titulador en una agencia distribuidora de cine, quizá el oficio más remoto y gris que pueda imaginarse. Luego del trabajo, Fernando, Sergio y yo solíamos visitar algún bar. Nuestro preferido era Evocación. Los dos críticos estaban de paso en Cali dictando un curso de cine en la Universidad del Valle y el lugar tenía el mejor tango de la ciudad. Buenos Aires puede ser metrópoli, dijo Fernando, pero uno acaba por aburrirse. Sergio admitió que pasa igual con todas las capitales del mundo, sean Bogotá, Cali o Buenos Aires: la vida se resuelve en una rutina sin sobresaltos, en uno que otro amigo, la dicha anónima de ver tu título o tu crítica en un periódico, la ida al cine o al bar y el esporádico amor –bueno, en mi caso, luego de Liliana todo era esporádico. Por eso había resultado natural mi reacción esa noche, cuando el mesero de Evocación nos cortó con una frase rápida dirigida a mí, la señorita desea saber si usted conoce este objeto. Pensé que se había equivocado, y sin dirigirle la mirada ni querer saber a qué mujer se refería, le contesté que no, que no lo conocía, pero el tipo porfió, la señorita insiste, dijo y me plantó en el rostro un paquetito color albaricoque. Si hubiera tenido una bomba de tiempo no me hubiera inmutado. Sólo que el gesto del tipo recordándome la miopía hizo que lo despachara con una buena frase

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Changement de bobine Hoover Delgado Dans ce film, la mort était une femme à quatre doigts, elle s’appelait Ulma et avait les yeux jaunes comme les déserts de Nubie. Cette nuit-là à Evocation, Fernando Castets, Sergio Becerra et moi en discutâmes longuement trouvant subtil le détail de la main inachevée, l’absence du majeur, comme pour laisser entendre que la mort n’a pas de cœur. Nous tombâmes d’accord pour laisser le titre en anglais. L’agence m’en avait demandé un en espagnol mais après en avoir vu défiler quelques uns –« 4 doigts pour la mort » ou « Le secret d’Ulma »- nous décidâmes de laisser l’original en anglais, Digits 4 death. En fin de compte, le cinéma est une expression de la pensée et cette équation de deux mots et d’un chiffre, qui rappelle davantage un coup aux échecs, était parfaite. Comme vous l’avez sans doute deviné, je travaille comme concepteur de titres dans une agence de distribution de films, métier qui est peut être le plus ancien et le plus gris que l’on puisse imaginer. Après le travail, Fernando, Sergio et moi avions l’habitude d’aller dans un bar. Evocation était celui que nous préférions. Les deux critiques étaient de passage à Cali pour donner un cours de cinéma à l’Université del Valle et l’endroit possédait le meilleur tango de la ville. « Buenos Aires a beau être une métropole, on finit par s’y ennuyer ». Sergio admit qu’il en est de même de toutes les capitales du monde, que ce soit Cali ou Buenos Aires, la vie se réduit à une routine sans soubresauts, à un copain par ci par là, au plaisir anonyme de voir ses titres ou ses critiques dans un journal, à aller au cinéma ou au bar et à l’amour sporadique –dans mon cas, après Liliana, tout était sporadique. Ainsi ce soir-là, ma réaction parut naturelle quand le garçon d’Evocation nous interrompit d’une phrase brève qui m’était adressée : « mademoiselle désire savoir si vous connaissez cet objet ». Je pensai qu’il s’était trompé et sans lui jeter un regard ni vouloir savoir de quelle femme il était question, je lui répondis que non, que je ne le connaissais pas. Mais le type persista : « la demoiselle insiste », dit-il en me mettant sous le nez un petit paquet couleur abricot. S’il avait porté une bombe à

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retardement, cela ne m’aurait pas troublé. Mais le geste du type qui me rappelait ma myopie me fit l’envoyer balader d’une bonne phrase

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contra su despistada cliente. Nos levantamos. Mientras Sergio se adelantaba a parar un taxi, el viejo del mostrador me extendió la cuenta y el paquetito color albaricoque en el que iba escrito mi nombre, tan bien redactado y la circunstancia de que me conocieran en ese lugar, que me resigné a tomarlo y a guardarlo en el bolsillo. En mi apartamento fue oír música y hablar de Irma. Sergio llevaba tres años con ella y un bebé, y yo mudo, porque matrimonio viene de vade retro y hacía tanto que Liliana se había marchado; además estaba la curiosidad de saber lo que ocultaba el paquetito. Inventé que esperaba esa noche a una amiga, les di una palmada cómplice en el hombro y cuando el taxi partió abrí el regalo. Era una primorosa escultura de chocolate, un zapato viejo con la suela desprendida y erizada de puntillas, y a su lado, unidos por la pasta lustrosa del chocolate, un tenedor y un cordón de caramelo a guisa de espagueti. Era el zapato que Charlot consume con exquisita voracidad en La quimera del oro. Lo guardé dos o tres días. La oficina estaba parada desde Digits 4 death y como el ocio da tema, esa noche Fernando y Sergio la emprendieron contra mí por mi supuesta amiga, en el Palermo dan un ciclo de clásicos, dijeron y me sugirieron impresionarla con una invitación semejante. Yo les dije que sí, que lo iba a tener en cuenta, pero sólo pensaba en el zapatito de chocolate y en la mujer de Evocación que había insistido – qué tonto, iban dos años desde lo de Liliana, y si bien era cierto que a veces ella lograba atravesarse en mis sueños, también empezaba a tener ese lugar melancólico y brumoso de las amantes grises y olvidadas. Entonces por qué no recibir el paquetito de la mujer y muchas gracias y desearía conocerla. Pero no, allí había estado la sombra de Liliana, y yo exhibiendo ese gesto de dureza, esa levadura de Superman que es la ironía: dígale esto y aquello a su despistada cliente. Sólo el día jueves resolví comerme el zapatito. Ramiro Arbeláez llamó invitándome a la Cinemateca donde había colgado lo mejor del cine alemán. Aguardé hasta la hora de la función, llevé cerveza y aceitunas rellenas de anchoas, y en lugar del postre lo devoré despacito viendo La ruleta china de Fassbinder.

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adressée à sa cliente étourdie. Nous nous levâmes. Tandis que Sergio partait devant arrêter un taxi, le vieux du comptoir me tendit l’addition et le petit paquet couleur abricot sur lequel on pouvait y lire mon nom bien écrit. Et puis on me connaissait ici, je me résignai donc à le prendre et à le ranger dans ma poche. Dans mon appartement, on ne fit qu’écouter de la musique et parler d’Irma : Sergio était depuis trois ans avec elle et le bébé. Moi, je demeurais muet, vade retro mariage : il y avait si longtemps que Liliana était partie et puis il y avait la curiosité de savoir ce que cachait le petit paquet. Je prétendis donc en leur donnant une petite tape complice sur l’épaule que j’attendais une amie ce soir-là ; quand le taxi partit, j’ouvris le cadeau. C’était une ravissante sculpture en chocolat, une vieille chaussure à la semelle décollée qui exhibait une rangée de clous et sur le côté, réunis par la pâte brillante du chocolat, une fourchette et un lacet de caramel en forme de spaghetti. C’était la chaussure que Charlot mange avec une voracité exquise dans La ruée vers l’or. Je la conservais deux ou trois jours. On ne travaillait plus depuis Digits 4 death et comme l’oisiveté amène la causerie, cette nuit-là, Fernando et Sergio se lièrent contre moi à cause de mon amie supposée. « On passe des classiques au Palermo », ils me suggérèrent de l’impressionner avec une invitation de ce genre. Je leur répondis que oui, que j’allais y penser mais je ne pensais qu’à la petite chaussure en chocolat et à la femme d’Evocation qui avait insisté –quel idiot, cela faisait deux ans depuis l’affaire avec Liliana et même si parfois elle réussissait encore à se faufiler dans mes rêves, elle commençait aussi à occuper cette place mélancolique et brumeuse des amantes grises et oubliées. Alors pourquoi ne pas recevoir le petit paquet de la femme puis « merci beaucoup » et « je voudrais faire votre connaissance ». Mais non ! L’ombre de Liliana était passée par là et moi, arborant ce geste de dureté, cette levure de Superman qu’est l’ironie, « dites ceci et cela à votre cliente étourdie ». Ce ne fut que jeudi que je me résolus à manger la petite chaussure. Ramiro Arbeláez m’appela pour m’inviter à la cinémathèque où il avait programmé le meilleur du cinéma allemand. J’attendis jusqu’à l’heure de

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la séance, apportai de la bière et des olives farcies aux anchois et au lieu du dessert, je la dévorai lentement en regardant La roulette chinoise de Fassbinder.

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Al otro día el correo trajo el segundo paquete. Era una bola de cristal. Tuve que tragarme mi orgullo y preguntarle a Fernando si recordaba alguna película donde aparecía una bola semejante. En todas las de Walt Disney, se burló. Sergio apuntó que la primera bola de cristal que había merecido primerísimo plano era el pisapapel de Ciudadano Kane. Volé a mi apartamento con el nuevo regalo. Me recordó una canica gigante por las vetas que nadaban en su corazón. Era una preciosa bola de azúcar cristalizada y licor, que consumí esa noche con fruición y risitas tontas. El viernes fueron las escalinatas de Potemkin hechas con torta quemada y pasta de crema blanca, que consumí con vino seco y una pizca de queso azul. Ese fin de semana con Sergio y su prole fuimos al zoológico. Irma y el nené se portaron como verdaderos ángeles. Eran una linda familia, como deberías tenerla tú, me gritaba Sergio desde la vitrina de las nutrias, tan hermoso con su gorra de los Mets y la mirada inmóvil sobre el agua, todo tan mullido y tan postal que sólo pude gritarle muchas gracias, pero me falta vocación para formar familias Ingalls. Esa semana los presentes llegaron uno detrás de otro. El lunes fue un motivo de Metrópolis; el martes, un habano de Casablanca; el miércoles, el monóculo de Caligari, y al día siguiente una máscara de Rashomon. Los dulces variaban puntualmente: desde el inefable manjarblanco tachonado de brevas translúcidas, pasando por la oblea, esa hostia pagana de piel canela hecha para la voluptuosidad, hasta el moscorrogio engastado de clavos, las solteritas anaranjadas y las colaciones afrodisíacas. El viernes llegó Marilyn. Venía en el habitual empaquecito albaricoque. La increíble escultura había sido elaborada con base de melcocha y cubierta de nieve de azúcar y agraz, como para ser disfrutada con lenta perversidad. Era la imagen de Marilyn sobre el extractor de aire, el vestido blanco levantado atrás, dejando al descubierto su perfecto derriere, y las manos enguantadas (no sé si lo de los guantes era real o fue que yo los añadí luego) protegiendo del viento ese pubis reservado a presidentes, dramaturgos y atarvanes con fama y dólares. Era de un realismo tal que instintivamente levanté la estatuilla y miré debajo del vestido: allí estaba, dispuesto por ella, vuelto una minúscula obra de arte.

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Le lendemain, le courrier apporta le deuxième paquet. C’était une boule de cristal. Je dus ravaler ma fierté et demander à Fernando s’il se souvenait d’un quelconque film où l’on voyait une boule comme cellelà. « Dans tous ceux de Walt Disney », se moqua-t-il. Sergio précisa que la première boule de cristal qui avait mérité un premier plan était le presse-papier de Citizen Kane. Je fonçai chez moi avec le nouveau cadeau. Il me fit penser à une bille géante à cause des veinures qui nageaient dans son cœur. C’était une superbe boule en sucre cristallisé et en liqueur que je mangeai le soir avec délectation et de petits fous rires. Le vendredi, ce furent les marches de Potemkin confectionnées en galette brûlée et en pâte de crème blanche que je consommai avec du vin sec et un petit morceau de fromage bleu. Ce week-end-là avec Sergio et sa progéniture, nous allâmes au zoo. Irma et le bébé se comportèrent comme de vrais anges. C’était une jolie famille, « comme tu devrais en avoir » me criait Sergio depuis la vitrine aux loutres, si beau avec sa casquette des Mets et son regard immobile sur l’eau, le tout à la manière d’un paysage de carte postale, que je ne pus que lui crier « merci beaucoup mais je manque de vocation pour fonder des familles Ingalls ». Cette semaine-là, les cadeaux arrivèrent les uns après les autres. Lundi, ce fut un motif de Metropolis ; mardi un cigare de Casablanca ; mercredi le monocle de Caligari et le lendemain un masque de Rashomon. Les confiseries défilaient régulièrement: depuis l’ineffable confiture de lait constellée de figues translucides à l’oblea, cette voluptueuse hostie païenne à l’enveloppe de cannelle, en passant par le moscorrogio, pavé de clous de girofle, et par les orangettes et les bonbons aphrodisiaques. Vendredi, ce fut le tour de Marilyn. Elle venait dans l’habituel petit paquet couleur abricot. L’incroyable sculpture avait été confectionnée en pâte de guimauve et recouverte de sucre glace et de verjus comme si on la destinait à être savourée lentement avec perversité. C’était l’image où Marilyn se tenait sur la bouche d’aération, sa robe blanche soulevée par l’arrière laissait apparaître son derrière parfait, ses mains gantées (je ne sais plus si ce détail était réel ou s’il était le fruit de mon imagination) protégeaient du vent ce pubis réservé à des présidents, des dramaturges

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et de célèbres rustres pleins aux as. L’objet était d’un tel réalisme qu’instinctivement, je soulevai la statuette et regardai sous la robe : il était là, elle l’avait disposé là, comme une minuscule œuvre d’art.

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Me ruborizó pensar que ella había adivinado mis pensamientos y desprendí el pequeño objeto: era un boleto de cine color rosa con el sello del teatro Palermo por el frente, y en el dorso un mensaje con su letra invitándome al ciclo de clásicos. El boleto había sido doblado como una pieza de origami que se resistió toda la mañana a cobrar su forma original; si aparezco en el Palermo con una palomita de papel, pensé, me van a echar a patadas. Pasé el resto de la tarde entre reprimidas ganas de bailar y escenitas teatrales que no me dejaron uña sana. Poco antes de entrar merodeé por el Palermo persiguiendo alguna señal, pero luego, convencido de mi tardanza, decidí pasar. Entonces fue la noche de esparadrapo, esa penumbra que se adhiere a los ojos apenas se entra al teatro. Daban Una Eva y dos Adanes, de Wilder, lo que venía a ser, por un lado, una feliz coincidencia con Marilyn como protagonista, y por otro, una pésima proyección. Con los programadores y críticos pasa como con la moneda griega, pensé: que el talento es imaginario. Elegí una fila desocupada, de las de atrás, y traté de no pensar en ella. Me distraje en la película y por unos minutos me perdí en el seguimiento de las escenas. Luego, salté a pensar en títulos. ¿Cómo titularía yo mi asunto personal? ¿Ese melodrama de una semana de miel y renuncia? Empecé a hilvanar algunos: «Predilección por la miel» –muy oscuro–, o «Dulce presente» –more Corin Tellado–, o uno irresistible, para Reader’s Digest: «La chica que Hollywood me trajo». El absurdo era claro. Me paré resuelto a tomar aire fresco. En ese instante la vi. No podía ser otra. Estaba tres filas delante de mí, el contraluz de la pantalla iluminando los bordes de su pelo rubio y el inicio de su vestido blanco. Lo supe con alarma, con íntima alarma, cuando vi el guante fugaz que apartaba el humo de cigarrillo de la cara: estaba vestida como Marilyn en la escena del extractor. Un carraspeo a mis espaldas hizo que me hundiera en el asiento. Pensé pasarme hasta su fila, de esa manera eliminaría la incomodidad de buscarla entre las cabezotas de adelante. Pero la timidez cría yedras. Aún no alcanzo a concebir que yo hubiera estado unido a Liliana. Siempre me costó mares de esfuerzo iniciar una relación, y creo que lo invertía en planes milimétricamente concebidos para enloquecer de amor a la madre Teresa de Calcuta, lo perdía en el primer segundo, que según los expertos es el que vale.

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Je rougis en pensant qu’elle avait deviné mes pensées et détachai le petit objet. C’était un billet de cinéma de couleur rose avec le cachet du Palermo et au dos, un mot m’invitant à voir un classique. Le billet, froissé, rappelait ces figurines d’origami qui refusaient toute la matinée de reprendre leur forme originelle : « Si je m’amène au Palermo avec une cocotte en papier, on me mettra dehors à coups de pied ». Je passai le reste de mon après-midi tiraillé par des envies de danser réprimées et des scénettes théâtrales qui me laissèrent les ongles en piteux état. Peu avant d’entrer, je maraudai autour du Palermo à l’affût d’un quelconque signe puis, convaincu de mon retard, je me décidai à rentrer. Débuta alors une nuit de sparadrap, cette pénombre qui adhère aux yeux dès qu’on pénètre dans la salle. On projetait Une Eve et deux Adams de Wilder, heureuse coïncidence parce que Marilyn en était la protagoniste mais aussi exécrable projection. Il en va de même de ceux qui établissent le programme et des critiques que de la monnaie grecque, je pensais : « le talent est imaginaire ». Je choisis un rang inoccupé à l’arrière et tentai de ne pas penser à elle. Je me laissai distraire par le film et pendant quelques minutes, je m’abandonnai à la succession des scènes. Soudain, je commençai à penser en termes de titres : comment titrer mon affaire? Ce mélodrame d’une semaine de miel et de renoncement ? J’entrepris d’en essayer quelques uns : « Prédilection pour le miel » -très sombre-, « Doux présent » -more Corín Tellado- ou un autre, irrésistible pour Reader’s Digest : « La fille que m’offrit Hollywood ». L’absurdité était palpable. Je me levai, résolu à chercher de l’air frais. A cet instant, je la vis. Ce ne pouvait être qu’elle. Elle se trouvait trois rangées devant moi, le contre-jour de l’écran éclairait le contour de sa chevelure blonde et le haut de sa robe blanche. J’en fus convaincu, j’en fus intimement convaincu lorsque j’aperçus son gant fugace qui chassait de son visage la fumée de sa cigarette: elle était habillée comme Marilyn sur la bouche de ventilation. Un raclement de gorge dans mon dos me fit m’enfoncer dans mon siège. J’eus l’idée de m’installer à sa rangée pour m’éviter le désagrément de la rechercher parmi les têtes de devant. Mais la timidité dresse des murs. Je n’arrive toujours pas à comprendre comment j’ai pu être avec Liliana. J’ai toujours eu un mal fou pour débuter une relation et je crois que les plans que je concevais au millimètre près pour rendre folle d’amour mère Teresa de Calcutta

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s’évanouissaient dès la première seconde qui, d’après les experts, est déterminante.

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Me levanté y avancé tres filas, la que buscaba estaba obstruida por varias sombras. Sólo entonces supe que había tomado demasiado impulso porque me hallaba dos filas delante de la suya. Me senté con el corazón hecho un timbal. Al instante quedé encandilado por la pantalla sin película. Los murmullos entre el público cundieron, se iluminaron puntas de cigarrillos y alguien detrás de mí deploró el momento que habían elegido para cambiar de rollo. Me levanté. Las proyecciones de 5, 4, 3, que preceden al nuevo rollo me enmarcaron en su crepúsculo sepia, y entré resuelto en su fila. Ella no estaba. Alguien avanzaba por el corredor rumbo a la puerta principal y no era ella, pero igual me hizo pensar: se fue. Agoté el corredor y salí. Abajo del Palermo, hacia la Diez, la ciudad se cerraba en una arquitectura opresiva, la luz iba degradándose hasta la basura fría y la noche turbia. Al cruzar hacia un callejón interminable un descubrimiento me atropelló: estaba perdido. De pronto, cuando la imposibilidad de encontrarla era evidente, ocurrió. Al fondo, cuadrada en medio de aquel muladar desolado, vi la limusina. Era blanca, con estribos negros y rines niquelados. Ella estaba junto a la puerta con un pie en el estribo, y al sentirme llegar se dio la vuelta. Era Marilyn. El viento despeinaba tan Warner Bross, tan mágicamente su cabello, que tuve ganas de decirle que se quedara así, en el umbral del recuerdo o de la fotografía, y que fuera sólo para mí. Pero antes de que pudiera decir algo ella se escurrió en el asiento trasero del automóvil y me hizo una señal con la mano. Iba a seguirla, obedeciendo al movimiento del guante, cuando algo me detuvo. Una impresión irregular, la percepción de algo que debía estar y no estaba –como cuando al despertar en mitad de la noche descubres que no has salido del sueño sino que has caído en la espesa órbita del horror– me asaltó en ese instante. Sentí eso al ver la forma inconclusa que salía del guante, la increíble mano de Marilyn de cuatro dedos largos y afilados, que dibujaron una garra y que luego se suavizaron para invitarme a seguir. Entonces entré en la equívoca noche de la estrella.

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Je me levai et avançai de plusieurs rangées, celle que je poursuivais était cachée par des ombres. Je compris alors que je m’étais trop avancé car je me retrouvais deux rangées devant la sienne. Je me rassis le cœur comme un tambour. A cet instant, je fus ébloui par la lumière des écrans qui ne projettent aucune pellicule. Des murmures s’élevèrent dans le public, des cigarettes s’allumèrent et une personne derrière moi déplora le choix d’un tel moment pour changer de bobine. Je me levai. La projection des 5, 4, 3, qui précèdent le lancement d’une bobine m’encadra dans le crépuscule sépia et je m’engageai résolument dans sa rangée. Elle n’y était plus. Quelqu’un s’avançait dans le couloir vers la porte principale mais ce n’était pas elle, je pensai tout de même : elle est partie. J’allai jusqu’au bout du couloir et je sortis. Aux alentours du Palermo vers la dixième, la ville se refermait par une architecture oppressive, la lumière s’atténuait jusqu’aux ordures froides et la nuit trouble. Au croisement d’une ruelle interminable, une certitude me percuta: j’étais perdu. Alors, quand il fut évident que je ne la retrouverais pas, la chose se produisit. Dans le fond, garée au milieu de ce dépotoir désolé, je vis une limousine blanche avec des marchepieds noirs et des jantes nickelées. Elle se tenait à coté de la portière, un pied sur le marchepied et m’entendant arriver, elle se retourna. C’était Marilyn. Le vent décoiffait ses cheveux d’une manière si Warner Bros, avec tant de magie, que j’eus envie de lui dire de rester ainsi, sur le seuil du souvenir ou de la photographie et qu’elle fut seulement pour moi. Mais avant de pouvoir dire quoi que ce fût, elle se glissa à l’arrière de l’auto et me fit signe de la main. Je m’apprêtais à la suivre, à obéir au mouvement de son gant lorsque quelque chose me retint, une perception irrégulière, l’impression d’un manque, de quelque chose qui devait s’y trouver et qui n’y était pas–comme quand on découvre en se réveillant au milieu de la nuit que l’on n’est pas sorti du rêve mais que l’on est tombé dans l’orbite épaisse de l’horreur-. Je sentis cela en voyant la forme inachevée qui sortait du gant, l’incroyable main de Marilyn à quatre longs doigts effilés qui dessinèrent une griffe puis s’adoucirent pour m’inviter à avancer. J’entrai alors dans la nuit équivoque de l’étoile. Traduit par Polanía-Denis

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El cronista y el espejo
(Fragmento)

Oscar Osorio

Salió de la sala de velación con la oscura convicción de que él era la hechura del Ejecutor, que su vida era el fatal experimento de un criminal. Su relación con Nebrio trazaba un itinerario que no podía estar atravesado por la casualidad, había un plan secreto, una disposición que se estaba cumpliendo en su vida, un destino marcado de antemano. Era media noche. Atravesó la calle y tomó la acera del Seguro Social, volteó para buscar la avenida 6ª. Se juntó con Carechupada y la Francina. Pidió una botella de aguardiente y una bolsa de cocaína de diez mil pesos. Se quedó media hora. Compró dos bolsas más y se fue a deambular por la ciudad, a sumergirse en el infierno de sus recuerdos y pasiones, en el fango de la noche. Recuperó la conciencia de sí mismo cuando el amanecer lo alcanzó pasando la Ermita. Subió por el teatro Jorge Isaacs. Atravesó la carrera 4ª y alcanzó la plaza de Caycedo. El lugar presentaba su mal aspecto matutino, vasos de plástico, frascos de vidrio, papeles y cartones sucios desperdigados por prados y corredores o amontonados sobre las raíces de las altas palmeras. El olor penetrante a orines viejos y excrementos humanos lo obligó a apresurar el paso. Perdió ánimo y se detuvo a contemplar la plaza, el basurero de Caycedo, el corazón descompuesto de una ciudad enferma. Algunos indigentes dormían en las bancas. Un perro flaco lamía los costrosos pies del amo mientras otro olisqueaba en la tumba miserable de las basuras. Pensó en el poeta Valencia. Una mujer desdentada lo miró con ojos de lechuza, en su mano derecha sostenía un vaso de leche, sobre su barbilla el sol secaba un tatuaje de nata. Miró a la mujer sin interés. Un sol ácido y precoz metía sus dedos líquidos por entre los edificios y le clavaba las uñas ásperas en los ojos enrojecidos. El reloj marcaba las seis y cuarto de la mañana y no había dormido. Ya no sabía desde cuando no dormía. Pasó frente a un par de ancianas enjutas que se fumaban un pitillo de marihuana sobre sendas carretillas de desechos. Se le vino a la mente la letra de una vieja canción, Las caleñas son como las flores / que vestidas van de mil colores. Un espectro de ojos alucinados le pidió, Quinientos pesos, patrón, pa’l bus. Lo siguió unos pasos con la mano tendida y lo abandonó disgustado, Malparido, gonorrea, hijueputa. Los escobitas

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Le chroniqueur et le miroir (Fragment) Oscar Osorio Il est sorti du salon funéraire avec l’obscure conviction qu’il était la créature de l’Exécuteur, que sa vie était l’expérience fatale d’un criminel. Sa relation avec Nebrio traçait un itinéraire qui ne pouvait pas croiser le hasard, il y avait un plan secret, une disposition qui s’accomplissait dans sa vie, un destin marqué d’avance. Il était minuit. Il a traversé la rue et pris le trottoir de la Sécurité Sociale, et tourné pour chercher le Sixième Boulevard. Il s’est joint à Carechupada et à la Francina. Il a demandé une bouteille d’eau-de-vie et un sachet de cocaïne à dix mille pesos. Il est resté une demi-heure. Il a encore acheté deux sachets et il est parti déambuler dans la ville et se plonger dans l’enfer de ses souvenirs et passions, dans la nuit fangeuse. Il a récupéré pleinement conscience quand l’aube l’a trouvé passant l’Ermitage. Il est monté vers le théâtre Jorge Isaacs. Il a traversé la Quatrième Avenue et atteint la place Caycedo. Le lieu présentait son mauvais aspect du matin, gobelets de plastique, flacons de verre, papiers et cartons sales éparpillés par les pelouses et les couloirs ou entassés autour des racines des hauts palmiers. L’odeur pénétrante de vieille urine et d’excréments humains l’a obligé à presser le pas. Découragé, il s’est arrêté pour contempler la place, la décharge de Caycedo, cœur décomposé d’une ville malade. Quelques indigents dormaient sur les bancs. Un chien maigre léchait les croûtes des pieds de son maître tandis qu’un autre reniflait dans le misérable tombereau d’ordures. Il a pensé au poète Valencia. Une femme édentée l’a regardé avec yeux de chouette, de la main droite elle tenait un verre de lait, sur son menton le soleil séchait un tatouage crémeux. Il a regardé la femme sans intérêt. Un soleil acide et précoce glissait ses doigts liquides entre les édifices et lui clouait des griffes aiguës dans ses yeux rougis. L’horloge marquait six heures et quart et il n’avait pas dormi. Il ne savait même plus depuis quand il n’avait pas dormi. Il est passé face à deux vieilles décharnées qui fumaient un joint de marijuana sur deux brouettes de déchets. Les paroles d’une vieille chanson lui sont venues à l’esprit, Les Calinaises sont comme les fleurs / qui vont vêtues de mille couleurs. Un spectre aux yeux hallucinés lui a demandé : cinq cents pesos, patron, pour l’bus. Il l’a suivi quelques pas avec la main

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tendue et l’a abandonné, dégoûté : Fausse couche, gonorrhée, fils de pute. Les balais

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iniciaban su labor. En algunos minutos la plaza estaría lista para otro día de trajín. El prócer Joaquín, “el parcero” de los viciosos de la plaza, vigilaba los trabajos mientras dos palomas le cagaban el chaleco. Recordó un pasaje de la novela de Fernando Vallejo. Se detuvo y, levantando las manos, les gritó, Así estamos todos, cagados, desde el principio hasta el fin, / a todo lo ancho y a todo lo hondo, / en la periferia, en el medio, / y en el sub-fondo…- // Las aves, asustadas por los versos de De Greiff, abandonaron, con escándalo de alas, el monumento. Se sentó cabizbajo en el cordón de la vereda. Una señora obesa, que pasaba apresurada con varios termos en la mano, lo miró con fastidio. Caminó hacia la carrera 5ª. Dio un pequeño brinco para no untarse de excremento, Estiércol al cuadrado, el indigente come mierda y caga mierda, pura matemática, pensó. Una sonrisa triste se asomó. Metió las manos en los bolsillos, y encogió los hombros, Estoy llevado. Desde cuándo estoy dando brincos sobre los montoncillos de mierda que se han ido acumulando en mi corazón. Los gritos despertaron a un indigente, que le preguntó malhumorado, Se la fumó biche, patrón. Atravesó la carrera 5ª, frente a la Librería Nacional. Observó su imagen reflejada en los ventanales. En ese otro espejo, las rejas lo cortaban en rombos, le construían una cárcel de sombras. La angustia le comprimió el rostro. Se llevó las manos abiertas a la cara, las subió lentamente, las llevó hasta la nuca y las entrelazó con fuerza. Echó el cuerpo hacia atrás, contra una pared sucia. Necesitaba dormir. Permaneció un largo rato esculcando el fondo espeluznante de su corazón. Los escobitas terminaron su tarea y la calle se fue animando de gente con el pelo mojado y los trajes limpios. Sintió la necesidad de un baño, abrir la llave de la ducha y dejarse acariciar por el líquido reconfortante. Paró un taxi y le indicó que lo llevara a Colseguros, a la Pasoancho con 32. Eran las siete de la mañana. Había caminado toda la noche. Se tomó unas pastillas para dormir y lo hizo malamente durante dos horas. Trabajó un rato en la crónica y se recostó de nuevo.

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commençaient leur travail. Dans quelques minutes la place serait prête pour un autre jour de fébrilité. Le héros de l’Indépendance, Joaquín, “pote” des vicieux de la place, surveillait les travaux tandis que deux colombes lui chiaient sur le gilet. Il s’est souvenu d’un passage du roman de Fernando Vallejo. Il s’est arrêté et, levant les mains, il leur a crié : on est tous là, dans la merde, du début à la fin, / en large et en long, / dans les marges et au milieu, / et au fin fond du fond… Les oiseaux, effrayés par les vers de De Greiff, ont abandonné le monument dans un scandale d’ailes. Il s’est assis, tête basse, sur un muret de la voie. Une dame obèse, qui passait affairée avec des bouteilles thermos à la main, l’a regardé avec ennui. Il a marché vers la Cinquième Avenue. Il a sauté pour ne pas se salir d’excréments : fumier au carré, l’indigent mange de la merde et chie de la merde, c’est mathématique, a-t-il pensé. Un sourire triste est apparu. Il a mis ses mains dans ses poches, et a rentré les épaules : me voilà bien ! Depuis quand je saute par-dessus les petits tas de merde qui se sont accumulés dans mon cœur ? Les cris ont réveillé un indigent, qui lui a demandé de mauvaise humeur : vous l’avez fumée trop verte, patron ? Il a traversé la Cinquième Avenue, en face de la Librairie Nationale. Il a observé son image reflétée par les vitrines. Dans cet autre miroir, les grilles le découpaient en losanges, lui construisant une prison d’ombres. L’angoisse lui a comprimé le visage. Il a porté ses mains ouvertes au visage, les levant lentement, les a portées jusqu’à la nuque et les a fortement entrelacées. Il a projeté le corps en arrière, contre un mur sale. Il avait besoin de dormir. Il est resté un long moment à fouiller dans le fond effrayant de son cœur. Les balais ont terminé leur travail et la rue commençait à s’animer de gens aux cheveux mouillés et aux habits propres. Il a senti le besoin de se laver, d’ouvrir le robinet de la douche et de se laisser caresser par le liquide réconfortant. Il a hélé un taxi et lui a demandé de l’emmener à Colseguros, au coin de Pasoancho avec la rue 32. Il était sept heures du matin. Il avait marché toute la nuit. Il a pris des cachets qui l’ont fait dormir bien mal pendant deux heures. Il a travaillé un moment à sa chronique et s’est recouché. Traduit par Yves Moñino

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El autobús Alejandro López Cáceres Tiene que ser hoy porque si no cómo se explica lo del vacío en el estómago. Desde por la mañana se le ha incrustado en el vientre una especie de presagio y ahora, mientras aguarda el bus, se le volvió desespero. Debido al sobrecupo, varias rutas han seguido de largo y, claro, el cansancio ya le está haciendo mella. Al principio supuso que podría tratarse del amor, luego que de la fortuna; pero el día está agonizando y nada. Cuando trata de imaginarse la llegada al apartamento, se le viene encima un fastidio de treinta y tres años, de cigarrillos y televisión. Ahora revisa mentalmente su jornada. Pensándolo bien, no puede tratarse de una distracción porque hoy ha sido uno de esos días en que sentís como si las cosas te estuvieran hablando, como si todo hubiera sido barnizado con tintes de premonición. O sea que has estado pendiente. Pero nada. El viento de la tarde se ha puesto atrevido con las mujeres del paradero y está haciendo de las suyas con sus faldas. Él en cambio procura mantenerse discreto. El tráfico acaba de represarse en la esquina, las lámparas están a punto de encenderse y el edificio de enfrente refleja en sus ventanales la agonía rojiza del día. La cascada de autos reinicia su curso y él consulta el reloj por mero capricho de la costumbre: la verdad es que nadie lo espera, así que no tiene ninguna prisa. Por fin avizora un nuevo bus que se acerca; al hacerlo, éste sólo se detiene en la acera opuesta y por estricta orden del semáforo. Él aprovecha entonces para tratar de abordarlo a toda prisa. Luego de sortear la barricada de carros a medio detenerse, por fin lo consigue. Va a agradecerle al conductor mientras paga su pasaje, pero cae en la cuenta de que no hay razón para hacerlo. Se procura uno de los asientos posteriores y se entrega al azar de la ventanilla. Por un momento experimenta la placidez de deslizarse sobre puentes elevados, de dejarse llevar por el vértigo de mirar los carros que viajan en sentido opuesto. Por un momento los postes pasan incontables y se siente feliz. Acaba de entrarle curiosidad y decide inspeccionar el interior del bus. Graffitis obscenos en el respaldo de los puestos, calcomanías con información insulsa y, en el rincón superior del parabrisas, un crucifijo

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L’autobus Alejandro López Cáceres Cela doit être pour aujourd’hui car sinon, comment expliquer ce creux dans l’estomac. Depuis le matin s’est incrusté dans son ventre une espèce de présage et maintenant, tandis qu’il attend le bus, c’est devenu du désespoir. En raison de l’affluence, plusieurs, de lignes différentes, sont passés sans s’arrêter et la lassitude commence à se faire sentir. Au début il a supposé qu’il pouvait s’agir d’amour, ensuite de la chance ; mais le jour est en train d’agoniser et rien ne se passe. Le vent de l’après-midi est devenu audacieux avec les femmes de l’arrêt et il fait des siennes avec leurs jupes. Lui en revanche essaye de rester discret. La circulation vient de s’arrêter au coin de la rue, les lampadaires sont sur le point de s’allumer et le bâtiment d’en face reflète dans ses baies vitrées l’agonie rougeoyante du jour. La cascade de voitures redémarre et lui consulte sa montre par pur caprice de l’habitude : la vérité est que personne ne l’attend, ce qui fait qu’il n’est aucunement pressé. Il aperçoit enfin un bus qui s’approche ; sur ce, le bus s’arrête devant le trottoir d’en face seulement pour obéir au feu rouge. Lui en profite alors pour essayer d’y monter en vitesse. Après avoir slalomé dans la barricade de voitures à moitié arrêtées, il y arrive enfin. Il va remercier le conducteur pendant qu’il paye son ticket, mais il se rend compte qu’il n’y a aucune raison de le faire. Il arrive à se trouve une place assise à l’arrière et se livre aux hasard de la fenêtre. Pour un moment, il ressent la placidité de glisser sur des ponts surélevés, de se laisser porter par le vertige de regarder les voitures qui roulent en sens opposé. Pour un moment, les poteaux défilent innombrables et il se sent heureux. La curiosité vient de le saisir et il décide d’inspecter l’intérieur du bus. Des graffiti obscènes au dos des sièges, des décalcomanies avec des avis stupides, et, au coin supérieur du pare-brises, un crucifix

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de tonos brillantes. Algo más: un cabello ondulado jugueteando con un hombro femenino y la tira del vestido negro, apenas visible desde atrás. Reconoce en aquella mujer un misterio que lo prenda irremediablemente y se abandona al abismo de posibilidades sugeridas por los boleros que están sonando en la radio: una piel líquida para su sed nocturna y, para las mañanas, la palidez de una caricia que lo recorra sin cansancio hasta que, al despedirse, un beso rojo le estampe las ganas de regresar a casa cuando la jornada termine. Un estruendo de bocinas lo saca de su cavilación. Se abochorna por haber ido tan lejos y vuelve sus ojos hacia la calle. La ciudad ya está lista para los colores de la noche y en alguna esquina se apila un grupúsculo de meretrices. A él se le escapa una sonrisa de complicidad y el bus prosigue su marcha frenética por entre la congestión. Varias veces intenta pararse para abordar a la mujer del cabello delicioso, pero lo detiene su disculpa de que el amor no puede obligarse. Esa misma mentira que lo ha derrotado en otras ocasiones, ahora lo postra a la irredimible perspectiva de su asiento. Durante un rato se queda atento para veri si la casualidad se muestra generosa con su impaciencia, pero aquel rostro continúa penosamente oculto. Suplica en silencio que la distancia haga su parte, que la llegada de ella sea anterior a la suya y no logra ya disimular la ansiedad de sus manos temblorosas. Lo único que está próximo es su bajada, su destino final. Piensa en la alternativa de continuar el viaje sin rumbo definido, pero lo derrota su propia cobardía. Todavía indeciso se pone de pie y se dirige a la puerta de salida, sin dejar de mirar hacia el puesto de la mujer. Espera tener éxito por una única vez al bajarse, antes de que el bus reinicie su prisa por la mitad de la calle. Después del timbrazo, desciende y da tres pasos para buscar rápidamente el andén del otro lado. Escucha entonces un frenazo estridente que lo embiste. Lo último que alcanza a ver es una cara asomándose desde el bus. Y sí: es la mujer con quien había soñado durante toda su vida.

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aux tons brillants. Et encore : une chevelure ondulée folâtrant avec une épaule féminine et le lacet de la robe noire, à peine visible depuis l’arrière. Il reconnaît dans cette femme un mystère qui le capture irrémédiablement et il s’abandonne à l’abîme de possibilités suggérées par les boléros que l’on entend à la radio : une peau liquide pour sa soif nocturne et, pour les matins, la pâleur d’une caresse qui le parcourre sans lassitude jusqu’à ce que, au moment de prendre congé, un baiser rouge lui imprime l’envie de revenir chez lui à la fin de la journée. Un concert de klaxons le sort de ses méditations. Il a honte d’être allé si loin et tourne à nouveau les yeux vers la rue. Déjà la ville est prête pour les couleurs de la nuit et à un carrefour se presse un petit groupe de femmes publiques. Il lui échappe un sourire de complicité et le bus suit sa route frénétique au milieu des encombrements. Il intente plusieurs fois de se lever pour aborder la femme à la délicieuse chevelure, mais il est retenu par l’excuse selon laquelle l’amour ne peut pas être imposé. Ce même mensonge qui l’a mis en déroute à d’autres occasions le laisse maintenant accablé devant la perspective sans espoir de son siège. Pendant un bon moment il continue à être attentif pour voir si le hasard se montre généreux avec son impatience, mais le visage là-bas reste péniblement caché. Il supplie en silence que la distance se mette de la partie, que l’arrêt où elle descend soit avant le sien et il n’arrive plus à dissimuler l’anxiété de ses mains tremblantes. La seule chose qui est proche est sa descente, sa destination finale. Il pense à l’option de continuer le voyage sans chemin défini, mais il est défait par sa propre lâcheté. Encore indécis, il se lève et se dirige vers la porte de sortie sans cesser de regarder vers la place de la femme. Il espère réussir une fois pour toutes en sortant, avant que le bus ne reprenne sa course au milieu de la rue. Après avoir sonné, il descend et fait trois pas pour gagner rapidement le trottoir opposé. Il entend alors un coup de freins strident qui le renverse. La dernière chose qu’il arrive à voir est un visage penché à la fenêtre du bus. Eh bien oui : c’est la femme dont il avait rêvé toute sa vie. Traduit par Yves Moñino

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Fiebre de jueves por la noche (Cosquillas en la lengua) Pilar Quintana Diana, Sandra, Jorge… pueden irse para la mierda esta noche. Sobre todo Martín, con su barcito gastado de canciones repetidas puestas en distinto orden cada vez, de caras repetidas en distintos sitios de la barra cada vez, de cuadritos perturbadores en distintos muros cada vez. Esta noche me salvo. Me quedo en casa y nada puede disuadirme porque ya tomé las precauciones necesarias: me puse la piyama, alisté lápiz y cuaderno y me inventé esta historia. Mi historia se trata de mandarlo todo para la mierda. Por algo empieza cuando mando para la mierda a esos amigos y al bar de siempre en esta noche en particular. Ahora tendría que ponerme a enumerar una por una las demás cosas que componen ese conjunto, pero afortunadamente el derroche de palabras no será necesario porque existe una que las incluye a todas: Cali. Está decidido: me largo de esta puta ciudad. Suena el teléfono. Me exaspera su ring, ring ineludible. Podría tratarse de una emergencia. Siempre me han exasperado las intromisiones que no vienen a lugar en el relato. La verdad es que cuando escribo me exaspera casi todo lo que pasa a mi alrededor. Soy del tipo neurótico. Es Diana. – ¿Hacemos algo? – pregunta. Hacemos algo. Siempre formula la pregunta de ese modo, cuando ella sabe perfectamente que lo que quiere preguntar es ¿Vamos a Martin’s? Así es Diana, elusiva. En cambio yo soy frentera y, váyalo sabiendo de una vez, también contradictoria. – Listo – respondo. Y de paso condeno esta historia a su primer fracaso. No sirvió al propósito que se le había encomendado. No consiguió servirme de pretexto para quedarme en casa. Era previsible. Hoy es jueves... A las once y veintisiete le pido al Paisa unos chicles menta azul. A las once y veintiocho le digo “te los pago a la salida”. A las once y veintinueve avanzo por entre los tiburones que ya se han aglomerado en

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Fièvre du jeudi soir (Démangeaisons de langue) Pilar Quintana Diana, Sandra, Jorge… ils peuvent bien aller se faire foutre ce soir. Surtout Martín, avec son petit bar fatigué de chansons ressassées en ordre chaque fois différent, de visages répétés à des endroits chaque fois différents du comptoir, des croûtes troublantes sur des murs chaque fois différents. Ce soir je reste à l’abri. Je reste à la maison et rien ne peut m’en dissuader car j’ai déjà pris les précautions nécessaires : je me suis mis en pyjama, j’ai préparé un crayon et un cahier et je me suis inventé cette histoire. Mon histoire se propose de tout envoyer se faire foutre. Ce n’est pas pour rien qu’elle commence quand j’envoie se faire foutre ces amis-là et le bar de toujours, cette soirée-ci en particulier. Je devrais maintenant me mettre à énumérer l’une après l’autre les autres choses qui composent cet ensemble, mais heureusement le gaspillage de mots ne sera pas nécessaire parce qu’il en existe un qui les résume tous : Cali. C’est décidé : je fous le camp de cette putain de ville. Le téléphone sonne. Son dring dring inéludable m’exaspère. Il pourrait s’agir d’une urgence. Les intromissions déplacées dans le récit m’ont toujours exaspérée. La vérité est que quand j’écris, presque tout ce qui se passe à mon alentour m’exaspère. Je suis du genre névrotique. C’est Diana. – On fait quelque chose ? –, elle demande. On fait quelque chose. Elle formule toujours la question de cette façon, alors qu’elle sait parfaitement que ce qu’elle veut demander, c’est : on va au Martin’s ? Diane est comme ça, fuyante. Moi au contraire je suis directe, et, sachez-le une fois pour toutes, également contradictoire. – D’accord –, je réponds. Et du coup, je condamne cette histoire à son premier échec. Elle n’a pas servi le but qui lui avait été assigné. Elle n’a pas réussi à me donner un prétexte à rester chez moi. C’était prévisible. C’est aujourd’hui jeudi…

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À onze heures vingt-sept je demande au Paisa12 des chewing-gums à la menthe forte. À onze heures vingt-huit je lui dis « je te les paierai à la sortie. » À onze heures vingt-neuf j’avance parmi les requins qui sont déjà agglomérés dans

el hall de entrada. Y a las once y treinta en punto entro en la habitación
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Paisas : originaires de la région de Medellín, qui tiennent une grande partie du petit commerce dans toutes les villes de Colombie.

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reformada donde se erige la barra de Martin's como un soberbio monumento a la repetición de la repetidera. Cali es una ciudad tramposa. Después de varios años de no estar en ella, se me presentó como el paraíso. La brisa de la tarde, ese estupendo sol, el cercano oeste cargado de memorias, las caras conocidas, tanto macho suelto, tanto macho agarrado pero desobediente y esa cosa que alguna vez fue un río llamado Cali, que aún la sigue dividiendo en dos. Sucumbí a esos estúpidos encantos y me quedé, y para cuando descubrí la farsa, era demasiado tarde: la ciudad me había envuelto en sus trampas. Me había asentado en la barra de Martin’s y, con los sentidos afectados, asistía al espectáculo de todos mis días, una coreografía tan insistida que ya nadie le gastaba una boleta. Igual que ahora. Es inevitable. Cali te condena a vivir todos los días de tu cagada existencia como si fueran el mismo. Aquí nunca pasa nada, todo se repite, todo sigue igual. De haber nacido en Cali, Heráclito jamás habría hecho sus aportes y yo no tendría que dejarme arrastrar hasta lo más inmundo de su alcantarilla para que me sepa a mierda. Más. Y aborrecerla. Más. Sin adorarla tanto. Sin los estúpidos encantos, sin tanto culto, sin las idealizaciones fabricadas en el delirio de su ausencia. El humo de la marihuana me muestra el escenario. Un bar infestado de autómatas que se pudren en los remedos de su viciosa monotonía y me señala con el dedo acusador a las estrellas principales. Cuatro de esos mismos autómatas ubicados en puntos divergentes de la barra. Aquí estamos Diana, Sandra, Jorge y yo, sin nada que decirnos, nada que contarnos, nada de qué hablar, todos los cuentos nos los sabemos de memoria, los hemos oído una y otra vez el uno del otro, el otro del uno, el uno por lo que oyó del otro, el otro por lo que le dijo el uno... Por eso nos hemos ubicado lo más alejados posible y no es casualidad que hayamos elegido estos lugares estratégicos. Nos sirven para estar con alguien, ver a alguien, levantarse a alguien, esperar a alguien... Permití el fracaso de esta historia y vine, y ninguno de los asiduos ha faltado. Se sabe que en jueves todo el mundo viene y podés ver otra gente, hacerte con otra gente, oírle los cuentos a otra gente, aunque sean babosadas peores que las de tu gente, pero al fin son de otra gente y te sentís a salvo de tu parche. Pero ahora los primeros sorbos de mi ginebra acostumbrada me dejan

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le hall d’entrée. Et à onze heures et demi pile, j’entre dans la pièce rénovée où trône le comptoir du Martin’s comme un arrogant monument à la répétition de la répétitivité. Cali est une ville trompeuse. Après plusieurs années d’absence, elle s’est présentée à moi comme le paradis. La brise de l’après-midi, ce superbe soleil, le proche occident chargé de mémoires, les visages connus, tant de mâles en liberté, tant de mâles attrapés mais désobéissants, et cette chose qui un jour fut une rivière nommée Cali, qui divise toujours la ville en deux. J’ai succombé à ces charmes stupides et j’y suis restée, et quand j’ai découvert la comédie, il était trop tard : la ville m’avait enveloppée dans ses mensonges. J’avais pris mes quartiers au comptoir du Martin’s et les sens affectés, j’assistais au spectacle de tous les jours, une chorégraphie si pesante que plus personne n’aurait payé pour la voir. Pareil que maintenant. C’est inévitable. Cali te condamne à vivre tous les jours de ta merdique existence comme s’ils étaient le même jour. Ici rien n’arrive jamais, tout se répète, tout est toujours pareil. Si Héraclite était né à Cali, il n’aurait jamais rien apporté au monde, et moi je n’aurais pas à me laisser traîner jusqu’au plus immonde de ses égouts pour qu’elle me laisse un goût de merde. Encore. Et la détester. Encore. Sans l’adorer autant. Sans les charmes stupides, sans tout ce culte, sans les idéalisations fabriquées dans le délire de son absence. La fumée de la marijuana me montre la scène. Un bar infesté d’automates qui pourrissent dans les singeries de sa vicieuse monotonie, et qui me signale d’un doigt accusateur les étoiles principales. Quatre de ces mêmes automates situés en des points divergents du comptoir. Nous sommes là Diana, Sandra, Jorge et moi, sans rien à nous dire, rien à nous raconter, rien de quoi parler, toutes les histoires on se les sait par cœur, on les a entendues maintes et maintes fois l’un de l’autre, l’autre de l’un, l’un parce qu’il a entendu de l’autre, l’autre parce que l’un lui a dit… Pour cette raison nous nous sommes placés le plus loin possible les uns des autres, et ce n’est pas un hasard que nous ayons élu ces lieux stratégiques. Ils nous servent à être avec quelqu’un, à voir quelqu’un, à draguer quelqu’un, à attendre quelqu’un. J’ai permis l’échec de cette histoire, et je suis venue, et aucun des assidus n’a manqué. L’on sait que le jeudi tout le monde vient et que t’as la possibilité de voir d’autres gens, de t’asseoir avec d’autres gens,

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d’entendre les histoires d’autres gens, bien qu’elles soient des bavassages pires que ceux de tes gens, mais enfin elles viennent d’autres gens et tu t’sens délivré de ton clan. Mais maintenant les premières gorgées de mon genièvre habituel me permettent

ver que esa es sólo una apariencia porque los cuatro autómatas, desde la

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supuesta independencia de nuestros lugares, levantamos la mano izquierda al mismo tiempo y al mismo tiempo aspiramos el humo de los cigarrillos para soltarlo al mismo tiempo, en la misma cantidad y con la misma dirección. Cuatro chorros azules se desprenden de cuatro voces y van a parar al techo, donde se encuentran y revuelven hasta formar una humareda única – la única reunión de almas posible entre nosotros –, la evidencia contundente de que, a pesar de todos los esfuerzos de separación, seguimos convergiendo, repitiéndonos en perfecta sincronía, hasta que a las dos y cuarto suena Eros Ramazzotti, basura que pone Martin para echarnos, no sea que venga a joderlo la policía.

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de voir qu’il s’agit seulement d’une apparence parce que nous, les quatre automates, depuis l’indépendance supposée de nos places, levons la main gauche au même moment et au même moment nous aspirons la fumée des cigarettes pour l’expirer au même moment, dans la même proportion et dans la même direction. Quatre nuages bleus se détachent de quatre voix et vont échouer au plafond, où ils se rencontrent et s’entremêlent jusqu’à former un manteau d’une épaisseur unique – la seule réunion d’âmes possible entre nous –, l’évidence frappante que malgré tous les efforts de séparation, nous sommes toujours en convergence, nous répétant avec une parfaite synchronie, jusqu’à ce qu’à deux heures et quart on entende Eros Ramazzotti, cochonnerie que nous met Martín pour nous foutre dehors, au cas où la police viendrait le faire chier. Traduit par Yves Moñino

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Hacia la aurora (Fragmento) Óscar Perdomo Gamboa El tuerto despertó agitado. Su respirar corría por la piel junto al sudor tembloroso. Se sentó en la cama refregándose el rostro, tratando de lograr la claridad que eludía su mirar. La oscuridad se había apoderado totalmente del espacio, y su visión unificada percibió los fantasmas creados durante una vida de odio y locura disimulados. La sábana se enroscó a su voluminoso cuerpo y le impidió cualquier movimiento. Su mortaja se situó entonces en lo alto de la montaña donde Arcadio había trinchado su bandera de papel higiénico y le señalaba su futuro. Del firmamento frondoso descendió una divinidad cuyo nombre comenzaba por A y que idolatraba belleza por todos sus sobrehumanos poros. Del mismo cielo bajó un petirrojo que se transfiguraba en diferentes animales que tenían como característica general una mirada de rencor. El éter se tornó oscuro, de la montaña se dibujó una réplica caricaturesca de Luda y de las sombras saltó una silueta vestida de negro y garras de láser. En uno de los edificios, un joven se miraba al espejo y hablaba a su silueta femenina, un anciano jugaba su vida al póker y una jovencita de sólo catorce años fornicaba con un amante invisible que la preñaba de poemas magistrales. Vio emerger en el horizonte un sol cálido que caminó silencioso extendiendo su cabello y convirtiéndose en la mujer más bella que daría el mundo. El tuerto sufrió la acometida de todos esos seres que él mismo creó en la omnipotencia. Sintió terror en cada uno de ellos y supo que le habían odiado desde mucho antes de que la ceguera acabara sus sentimientos. El dolor lo traspasó cuando la diosa embriagó su piel con perfección celeste, y cuando las garras púrpura lo decapitaron en acrobática maniobra, y cuando el petirrojo se convirtió en cuervo y consumió su único ojo... Y entonces, mientras se revolcaba entre su cadavérico aspecto, se acercó la mujer que guardaba el sol en su cabello. Le arrojó una mirada que pretendía desprecio y germinaba fuego. Envolvió con su cabellera al devastado tuerto y en indescifrable abrazo lo encendió de tal modo que todo se trocó en una pira purificadora.

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Vers l’aurore (Fragment) Óscar Perdomo Gamboa Le borgne se réveilla agité. Sa respiration lui courait par la peau avec une sueur tremblante. Il s’assit sur le lit en se frottant la figure, essayant d’obtenir la clarté que fuyait son regard. L’obscurité s’était totalement emparée de l’espace, et sa vision unifiée perçut les fantômes créés durant toute une vie de haine et de folie dissimulées. Le drap s’enroula autour de son corps volumineux et lui interdit tout mouvement. Son linceul se situa alors en haut de la montagne où Arcadio avait planté son drapeau de papier hygiénique et lui avait indiqué son avenir. Du firmament touffu descendit une divinité dont le nom commençait par A et qui idolâtrait la beauté de tous ses pores surhumains. Du même ciel descendit un rouge-gorge qui se transfigurait en différents animaux qui avaient comme caractéristique générale un regard de rancœur. L’éther devint obscur, depuis la montagne se dessina une réplique caricaturale de Luda et des ombres sauta une silhouette vêtue de noir avec des griffes de laser. Dans l’un des bâtiments, un jeune se regardait dans le miroir et parlait à sa silhouette féminine, un vieux jouait sa vie au poker et une jeunette de quatorze ans seulement forniquait avec un amant invisible qui l’engrossait de poèmes magistraux. Il vit émerger à l’horizon un chaud soleil qui chemina en silence en étalant sa chevelure et en se transformant en la femme la plus belle que le monde eût donné. Le borgne essuya l’attaque de tous ces êtres que lui-même avait créés dans sa toute-puissance. Il sentit de la terreur en chacun d’eux et sut qu’ils l’avaient haï depuis bien avant que la cécité n’en eût fini avec ses sentiments. La douleur le transperça quand la déesse enivra sa peau avec une perfection céleste, et quand les griffes pourpres le décapitèrent en une manœuvre acrobatique, et quand le rouge-gorge se transforma en corbeau et consuma son œil unique… Et alors, tandis qu’il se vautrait dans son aspect cadavérique, la femme qui gardait le soleil dans ses cheveux s’approcha. Elle lui décocha un regard qui apparentait le mépris et où couvait le feu. Elle enveloppa le borgne dévasté de sa chevelure et dans une indéchiffrable

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étreinte, elle l’alluma de telle façon que tout se changea en un bûcher purificateur.

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El tuerto no necesitó ningún globo ocular para ver su inhumanidad incinerada en esa llama gigantesca y multiforme. Se limitó a gritar su horror más allá de la pesadilla. Sus oníricas creaciones consumieron su esencia. Desde la carroña de la carbonización, pudo ver dos sombras que se acercaban. Una era joven y sencilla. Llevaba en sus labios la misma sonrisa asignada el día de su nacimiento. Caminaba con la tranquilidad del que no debe un delito y no conoce la ortografía de la palabra pecado. Cobijaba sus ojos a la sombra de la timidez y se defendía del mundo exterior con un aura de ingenuidad que se convertía en nobleza con un suspiro. La otra figura era exactamente igual, pero en sus labios llevaba una carcajada loca, sus pasos eran calculados, sus ojos se entrecerraban de suspicacia e insania. Eran dos sombras gemelas, enteramente iguales y radicalmente opuestas. Eran Marco y oMar. El tuerto reconoció su derrota. Su pasado venía por él. Distinguía los pasos de la muerte y su cohorte de demonios. Se resignó al sino y aceptó con humildad la pérdida de una batalla que no recordaba haber iniciado. De lo profundo de la llama, el tuerto estiró la mano. Llevaba en ella el último vestigio de su historia: una vieja letra ce carcomida por el tiempo y el odio. Letra que tenía cicatrices de la escoria, pero que había sido redimida por el fuego vengativo. oMar recogió la letra. La recordó con la nostalgia con que los fantasmas recuerdan vidas pasadas. Vio en ella un mundo al que no pertenecía y en el que fue obligado a vivir por una cómica casualidad llamada destino. Marco lo miró y entonces ambos parecieron en verdad iguales. Mientras las postreras brasas del tuerto agonizaban junto a los monstruos creados en el delirio, oMar colocó de nuevo la letra ce en su nombre y se hizo uno con el antiguo Marco y con las míseras cenizas del tuerto que ardían en el sueño eterno que jamás habría de experimentar mortal omnipotente alguno.

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Le borgne n’eut besoin d’aucun globe oculaire pour voir son inhumanité incinérée dans cette gigantesque flamme multiforme. Il se borna à crier son horreur au-delà du cauchemar. Ses créations oniriques consumèrent son essence. De sa charogne carbonisée, il put voir deux ombres qui s’approchaient. L’une était jeune et simple. Elle portait sur ses lèvres le même sourire qui lui avait été dévolu le jour de sa naissance. Elle marchait avec la tranquillité de celui qui n’a commis aucun délit et ignore l’orthographe du mot péché. Elle couvrait ses yeux à l’ombre de la timidité et se défendait du monde extérieur avec une aura d’ingénuité qui se transformait en noblesse avec un soupir. L’autre figure était exactement pareille, mais elle portait sur ses lèvres un ricanement dément, ses pas étaient calculés, ses yeux se plissaient de suspicion et de folie. C’étaient deux ombres jumelles, entièrement semblables et radicalement opposées. C’étaient Marco et oMar. Le borgne reconnut sa défaite. Son passé venait le chercher. Il distinguait les pas de la mort et sa cohorte de démons. Il se résigna à la fatalité et accepta avec humilité la perte d’une bataille qu’il ne se rappelait pas avoir débutée. Des profondeurs de la flamme, le borgne étira la main. Elle tenait le dernier vestige de son histoire : une vieille lettre C rongée par le temps et la haine. Lettre qui portait des cicatrices de scories, mais qui avait été rachetée par le feu vengeur. oMar ramassa la lettre. Il se la rappela avec la nostalgie avec laquelle les fantômes se rappellent des vies passées. Il vit en elle un monde auquel il n’appartenait pas et dans lequel il fut obligé de vivre par un hasard comique nommé destin. Marco le regarda et alors tous deux semblèrent vraiment pareils. Pendant que les dernières braises du borgne agonisaient à côté des monstres créés dans le délire, oMar replaça la lettre C dans son nom et se fondit avec l’ancien Marco et avec les misérables cendres du borgne qui brûlaient dans le rêve éternel qu’eût jamais expérimenté aucun mortel tout-puissant. Traduit par Yves Moñino

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El anillo Ángela Rengifo En la calle los demás niños revientan totes. Richard los mira por la ventana esperando impaciente su hora de salir. Andrea se entretiene jugando con los collares de su madre, mientras ella termina de ponerse la minifalda verde fluorescente y de pintarse la cara. Rafael, el papá de los dos niños, sale temprano todas las noches y llega borracho. Ofir sabe que debe llenar su bolso con dinero para la comida de todos y el aguardiente de su marido. Richard no se ilusiona como antes pensando que la noche de Navidad harán algo diferente, que podrán estar juntos: es consciente de que llegar a tener una familia “normal” es un sueño imposible. Ofir toma su bolso, se despide de sus hijos con sequedad. La niña sujeta con fuerza la pierna de su madre. –Mami, quiero irme contigo –dice Andrea. –Suéltame, me dañas las medias –contesta Ofir. –¡No te suelto! ¡Quiero que me lleves! –replica Andrea agarrándose más fuerte de la pierna de Ofir. Richard las mira. –¡Que me soltés, te dije! –sube el tono de voz y como Andrea insiste, levanta la mano y le da una cachetada. Ofir sale furiosa y deja la puerta abierta. Richard la ve alejarse por la calle destapada, entre las casas de bahareque y con el olor de basurero en el ambiente. Andrea se queda acurrucada llorando. –Si quieres puedes venir conmigo –le dice Richard. Andrea asiente con su carita sucia y llena de lágrimas. El semáforo está repleto de niños como ellos: descalzos, sucios y con las ropas raídas. Todos esperan ansiosos la luz roja para pedir monedas en las ventanillas de los carros. La mayoría de conductores sube el vidrio para alejar la plaga. Otros permanecen indiferentes como si nadie les hablara y sólo unos cuantos les dan monedas. Sin duda más de uno siente desprecio frente a ese espectáculo de hambre y miseria.

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La bague Ángela Rengifo Dans la rue, les enfants font éclater des pétards. Richard les regarde par la fenêtre en attendant impatiemment l’heure de sortir. Andrea est occupée à jouer avec les colliers de sa mère pendant que celle-ci finit de se farder et d’enfiler sa minijupe vert fluo. Rafael, le père des deux enfants, s’en va de bonne heure tous les soirs et revient ivre. Ofir sait qu’elle doit remplir son sac avec de l’argent pour la nourriture de toute la famille et pour l’eau-de-vie de son mari. Richard ne se fait plus d’illusions comme auparavant lorsqu’il pensait que le soir de Noël, ils feraient quelque chose de différent, qu’ils pourraient être ensemble : désormais il est conscient que réussir à avoir une famille « normale » est un rêve impossible. Ofir prend son sac et, sèchement, dit au revoir à ses enfants. La petite fille saisit fortement la jambe de sa mère : -M’man, je veux aller avec toi –dit Andrea. -Lâche-moi, tu m’abîmes les bas –répond Ofir. -Je ne te lâcherai pas ! Je veux que tu m’emmènes ! –reprend Andrea en s’accrochant de plus belle à la jambe d’Ofir. Richard les regarde. -Je te dis de me lâcher ! –le ton de voix monte et comme Andrea insiste, elle lève la main et lui donne une gifle. Ofir s’en va furieuse en laissant la porte ouverte. Richard la voit s’éloigner dans la rue non goudronnée au milieu des maisons en torchis, l’odeur de dépotoir flottant dans l’atmosphère. Andrea en, pleurs, reste recroquevillée. -Si tu veux, tu peux venir avec moi –lui dit Richard. Andrea fait un geste d’assentiment de son petit minois sale et plein de larmes. Au feu rouge, il y a plein de gamins comme eux : pieds nus, sales et avec des vêtements râpés. Ils attendent tous anxieusement que la lumière passe au rouge pour quémander des pièces devant les vitres des voitures. La plupart des conducteurs remontent les vitres pour éloigner la plaie. D’autres demeurent indifférents comme si personne ne leur parlait, seuls quelques uns leur donnent des pièces. Sans doute plus d’un éprouve du mépris face à ce spectacle de misère et de faim.

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–Te quedas aquí. Yo ya vuelvo –le dice Richard a Andrea. Ella no opone resistencia, quiere participar en el “juego” del semáforo con los demás niños. Richard se dirige al Centro Comercial que queda a dos cuadras. También está lleno: las personas van y vienen con sus carros repletos de comida y regalos. Muchos hacen fila para comprar su cena navideña. En el tumulto de personas se ponen en contacto senos, brazos, piernas, manos, aliento, sudor… Da la impresión que los pasillos son enormes intestinos y las puertas, los esfínteres por donde no sólo sale sino que también entra la mierda. En el semáforo los niños, incluyendo Andrea, corren hacia un carro que se ha parqueado en la esquina: los medios de comunicación y otras instituciones recolectan regalos para entregar a los “más necesitados”. La ansiedad se revela en la mirada de los chicos. Rápidamente, ellos rodean el Toyota último modelo como hormigas carnívoras que envuelven su presa hasta hacerla desaparecer. Richard pasa desapercibido en medio del tumulto de gente del almacén. Ello le facilita su trabajo, pero la verdad es que no ha sido una buena noche. La mayoría de personas han gastado su dinero en regalos y demás chucherías. De repente, Richard ve que una mujer pone una caja muy pequeña en el mostrador. Ella está distraída charlando con un hombre, así que no se da cuenta cuando Richard toma la caja y la guarda en su bolsillo. Sin detenerse a mirar su contenido, sale presuroso del almacén para buscar a su hermana en el semáforo. Los niños continúan pidiendo monedas a los conductores, pero Andrea ya no los acompaña. Ella está sentada sobre una piedra, entretenida acariciando el cabello de una muñeca mientras espera a su hermano. Cuando ve venir a Richard, le lanza una sonrisa y corre a su encuentro para mostrarle la muñeca. –Se parece a ti –dice Richard mientras abraza a su hermana. Un momento después de que Richard y Andrea regresan a la casa, Rafael llega dando tumbos por las paredes. Tiene una caneca de aguardiente. No es raro para los niños ver esto, pero no dejan de ponerse nerviosos. –¿Dónde está su mamá? ¡Quiero mi comida! –grita Rafael.

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-Reste là. Je reviens –dit Richard à Andrea. Elle n’oppose pas de résistance, elle veut participer au « jeu » du feu rouge avec les autres enfants. Richard se dirige vers le Centre Commercial qui se trouve deux pâtés de maisons plus loin. Il est bondé : les gens vont et viennent avec leurs chariots bourrés de nourriture et de cadeaux. Beaucoup font la queue pour acheter leur repas de Noël. Dans la cohue, seins, bras, jambes, mains, haleine, sueur entrent en contact. Les couloirs semblent d’énormes intestins et les portes autant de sphincters à travers lesquels la merde sort ; mais rentre aussi. Au feu, les enfants y compris Andrea courent vers une voiture qui s’est arrêtée au coin de la rue : les moyens de communication et d’autres institutions collectent des cadeaux à donner aux « plus nécessiteux ». L’anxiété est visible dans le regard des petits. Ils entourent rapidement la Toyota dernier modèle comme des fourmis carnivores qui enveloppent leur proie jusqu’à la faire disparaître. Richard passe inaperçu au milieu du tumulte du magasin. Cela facilite son travail, mais en réalité ça n’a pas été une bonne soirée. La plupart des gens ont dépensé leur argent en cadeaux et autres bricoles. Soudain, Richard voit qu’une femme dépose une toute petite boîte sur le comptoir. Elle parle distraitement avec un homme et ne s’aperçoit donc pas quand Richard prend la boîte et la met dans sa poche. Sans s’arrêter pour en regarder le contenu, il se dépêche de sortir du magasin et va chercher sa sœur au feu rouge. Les enfants continuent de demander des pièces aux conducteurs mais Andrea n’est plus avec eux. Elle est assise sur une pierre, occupée à caresser les cheveux d’une poupée en attendant son frère. Quand elle voit arriver Richard, elle lui lance un sourire et court à sa rencontre pour lui montrer la poupée. -Elle te ressemble –dit Richard en prenant sa sœur dans ses bras. Peu après que Richard et Andrea soient rentrés à la maison, Rafael arrive en se cognant contre les murs. Il tient un flacon d’eau-de-vie à la main. Pour les enfants, cela n’a rien de surprenant mais ils ne peuvent s’empêcher de devenir nerveux. -Où est votre mère ? Je veux mon dîner ! –crie Rafael.

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–Mi mamá no ha llegado. No hay comida –contesta Richard atemorizado. Rafael hace un gesto de disgusto, se tira en el único colchón que tienen y se queda dormido. Andrea se rasca los ojos. Richard reúne una ropa que hay en un rincón y la amontona para que su hermana se acueste. Cuando ve que también ella está dormida, saca la caja de su bolsillo: es un anillo de oro. Rafael está comiendo un pedazo de pan con café al desayuno. Ofir lleva largo rato encerrada en el baño. Andrea juega feliz con su muñeca haciéndole varios peinados. Richard está sentado sobre el piso acariciando su bolsillo, en el que tiene guardado el anillo: piensa qué va a hacer con él. Está acostumbrado a que todo lo que roba es para su uso o el de su familia, pero esta vez no puede quedarse con el anillo. Es mejor venderlo y conseguir otra cosa. Quizá comprará uno de esos carros a control remoto que vio en una vitrina del Centro Comercial, tal vez sea mejor comprar ropa para él y para Andrea. Pero no, comprará un vestido para Andrea parecido al que tiene la muñeca y unos aretes para su mamá. Rafael ni se le pasa por la cabeza. Richard ve que Ofir sale del baño. –¡Vida hijueputa! –dice en voz baja Ofir mientras cierra con un portazo el baño. Pasa furiosa al lado de Richard y Andrea para recoger el pocillo que Rafael ha desocupado. Se hace la desentendida frente a las miradas curiosas de los niños. Las manos de Ofir tiemblan de rabia. Rafael le acaricia la pierna desde el muslo hasta las nalgas. –¡No me joda! –le grita. Andrea continúa jugando con su muñeca. Richard va para el baño y encuentra un aparatico con dos rayas azules. Como Rafael ya se ha ido, Richard y Andrea esperan que empiece el ritual de todas las noches. Pero esta vez Ofir no se arregla como siempre: se pone un vestido en lugar de la minifalda y ni siquiera se maquilla. Sus gestos son bruscos y todas las cosas se le caen de las manos. Toma su bolso y, tratando que los niños no la vean, guarda unos cuantos billetes en él. –Richard –dice Ofir antes de salir– de pronto esta noche me demoro más. Tengo… tengo que salir de un problema. Cuide a su hermana.

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-Maman n’est pas rentrée. Il n’y a pas de dîner –répond Richard apeuré. Rafael lance un geste irrité, se jette sur l’unique matelas et s’endort aussitôt. Andrea se frotte les yeux. Richard prend des vêtements qui traînent dans un coin de la pièce et les entasse pour que sa sœur puisse se coucher. Quand il voit qu’elle s’est aussi endormie, il sort la boîte de sa poche : c’est une bague en or. Rafael mange un morceau de pain avec du café pour son petit déjeuner. Ofir est depuis un long moment enfermée dans la salle de bain. Andrea, heureuse, joue avec sa poupée en lui faisant différentes coiffures. Richard est assis par terre et caresse sa poche, celle où il a gardé la bague : il réfléchit à ce qu’il en fera. D’habitude, il garde tout ce qu’il vole pour lui-même ou pour sa famille mais cette fois-ci il ne peut pas garder la bague. Il vaut mieux la vendre et se procurer quelque chose d’autre. Il va peut être acheter une de ces voitures téléguidées qu’il a vues dans une vitrine du Centre Commercial. Il vaudrait peut être mieux acheter des vêtements pour lui et pour Andrea. Mais non, il achètera une robe pour Andrea, semblable à celle que porte la poupée et des boucles d’oreille pour sa maman. Il ne songe même pas à Rafael. Richard voit Ofir sortir de la salle de bain. -Chienne de vie ! –dit Ofir à voix basse en claquant avec force la porte de la salle de bain. Furieuse, elle passe à côté de Richard et d’Andrea pour ramasser la tasse que Rafael a vidée. Elle feint d’ignorer les regards étonnés des enfants. Ses mains tremblent de rage. Rafael lui caresse la jambe depuis la cuisse jusqu’aux fesses. -Fous-moi la paix ! –lui crie-t-elle. Andrea continue de jouer avec sa poupée. Richard va dans la salle de bain et trouve un petit engin avec deux rayures bleues. Rafael parti, Richard et Andrea attendent le début du rituel de tous les soirs. Mais cette fois, Ofir ne se prépare pas comme d’habitude : elle met une robe au lieu de sa minijupe et ne se maquille même pas. Ses gestes sont brusques et tout lui tombe des mains. Elle prend son sac et, tâchant de ne pas être vue des enfants, y met quelques billets. -Richard, -dit Ofir avant de partir- il se peut que ce soir je tarde un peu plus. Je dois...je dois résoudre un problème. Prend soin de ta sœur.

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Los dos niños quedan sorprendidos al ver que Ofir les habla de esa manera. No le preguntan nada, sólo observan cuando ella cruza la puerta. Richard y Andrea se miran desconcertados, deciden olvidar el asunto. Después de esto, Andrea sigue jugando con su muñeca. –Yo también me voy, Andrea –le dice Richard. –¿Puedo ir? –pregunta ella. –No. Hoy no. Quédate jugando –contesta Richard. Andrea acepta sin problema, está muy entretenida. A esa hora las calles están casi vacías, sólo duermen en los andenes algunos gamines. Richard va para una compraventa que queda en la olla del centro. Allí trabaja un viejo gordo y maloliente que cambia todo lo que le entreguen por plata. Muchos le llevan hasta los calzones de la madre para poder conseguir con qué comprar el zuquito o el pegante. Richard quiere ofrecerle el anillo al viejo gordo, pero éste no tiene abierto el negocio. Al emprender su camino de regreso, varios niños lo rodean: saben que trae algo para vender. Cuando Rafael llega a la casa, Andrea se ha quedado dormida sobre el colchón abrazando su muñeca. Él se queda en la puerta mirándola jadeante, empapado de sudor y trago. Rafael se acerca poco a poco al colchón y empieza a acariciar el rostro de Andrea, luego su cuello, sus senitos: Andrea se despierta y lo mira asustada. Son muchos y Richard no es capaz de enfrentarse con ellos, quiere correr pero lo agarran y empiezan a golpearlo. Rafael sujeta con fuerza a Andrea: con una mano le tapa la boca y con la otra se baja la bragueta. El más grandecito del grupo le da a Richard un puño en el estómago que lo deja sin aire, empieza a esculcarlo y encuentra el anillo. Andrea llora aterrorizada por el dolor. Los niños empiezan a correr para pelearse entre ellos por el anillo; Richard, aunque tendido en el piso, vuelve a respirar. Rafael aleja a Andrea del colchón; mientras ella llora, él hace un gesto de silencio con el dedo índice de la mano derecha y la señala como advertencia con el de la izquierda. Richard logra ponerse en pie y se va cojeando. Richard ve que Rafael duerme complacido sobre el colchón. Andrea está acostada en un rincón de la casa, todo su cuerpo tiembla. Richard toma, sin hacer ruido para no despertar a Rafael, la muñeca que continúa sobre el colchón. Se la ofrece a su hermana, pero ella la tira con rabia.

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Les deux enfants sont surpris d’entendre Ofir leur parler de cette façon. Ils ne lui demandent rien, ils ne font que l’observer quand elle franchit la porte. Richard et Andrea se regardent déconcertés et décident de ne plus y penser. Après cela, Andrea continue de jouer avec sa poupée. -Je m’en vais moi aussi, Andrea –lui dit Richard. -Je peux venir ? –demande-t-elle. -Non, pas aujourd’hui. Reste jouer –répond Richard. Andrea accepte sans problème, elle est absorbée dans son jeu. A cette heure-là, les rues sont presque vides, seuls quelques enfants dorment sur les trottoirs. Richard se dirige vers un commerce d’achatvente qui se trouve dans la pire zone du centre-ville. C’est là que travaille un gros, vieux et malodorant qui échange tout ce qu’on lui apporte contre de l’argent. Beaucoup de gens lui amènent jusqu’aux culottes de leurs mères pour pouvoir s’offrir un joint ou de la colle. Richard veut lui proposer la bague mais celui-ci n’a pas ouvert son commerce. Sur le chemin du retour, plusieurs enfants l’entourent : ils savent qu’il a quelque chose à vendre. Quand Rafael rentre à la maison, Andrea est endormie sur le matelas sa poupée dans ses bras. Il s’arrête à la porte et la regarde en haletant, trempé de sueur et de boisson. Rafael s’approche peu à peu du matelas et commence à caresser le visage d’Andrea, puis son cou, ses petits seins : Andrea se réveille et le regarde effrayée. Ils sont nombreux et Richard n’est pas capable de tous les affronter, il veut courir mais ils le saisissent et commencent à le frapper. Rafael tient fortement Andrea : d’une main, il lui couvre la bouche et de l’autre il ouvre sa braguette. Le plus grand du groupe assène à Richard un coup de poing à l’estomac qui lui coupe le souffle, il commence à le fouiller et trouve la bague. Andrea pleure terrorisée par la douleur. Les enfants commencent à courir et se disputent la bague; Richard, bien qu’étendu, reprend sa respiration. Rafael éloigne Andrea du matelas; tandis qu’elle pleure, il fait un geste de silence de l’index droit et pointe sur elle celui de sa main gauche en guise d’avertissement. Richard parvient à se relever et s’en va en boitant. Richard voit que Rafael dort paisiblement sur le matelas. Andrea est couchée dans un coin de la maison, tout son corps tremble. Sans faire de bruit pour ne pas réveiller Rafael, Richard prend la poupée qui est

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encore sur le matelas. Il la donne à sa sœur mais celle-ci la jette avec rage.

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Richard quiere preguntarle qué le está pasando pero en ese momento llega Ofir, pálida y caminando despacio. Deja su bolso sobre la mesa como si nada hubiera pasado y se recuesta junto a Rafael, que permanece profundo. Richard espera a que todos se duerman para volver a la calle.

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Richard veut lui demander ce qui ne va pas mais arrive à ce moment-là Ofir, pâle et marchant lentement. Elle pose son sac sur la table comme si de rien n’était et se couche à côté de Rafael qui continue de dormir profondément. Richard attend que tous soient endormis pour repartir dans la rue. Traduit par Polanía-Denis

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Los autores
Poesía Isaías Gamboa Cali, 1872-Callao, Perú, 1904. Poeta, novelista y periodista, además de viajero por países de Centro y Suramérica. Publicó los poemas Fantasía, Primavera y Ante el mar, así como la novela Tierra Nativa, en 1903, su obra más conocida. Mario Carvajal Cali, 1896-1972. Poeta, ensayista, profesor y diplomático. Fue fundador y rector de la Universidad del Valle, además de Ministro de Educación y Embajador de Colombia en Ecuador. Algunos de sus libros son La escala de Jacob, Romancero colonial de Santiago de Cali, Estampas y apologías, y Torre de clamor y alabanza. Antonio Llanos Cali, 1905-1978. Poeta, periodista, profesor, crítico literario y diplomático. Perteneció al Grupo de Piedra y Cielo junto a los poetas Eduardo Carranza y Jorge Rojas. Fue Agregado Cultural de Colombia en Madrid, España, y dirigió en Cali el Diario del Pacífico. Es autor de los libros Temblor bajo los ángeles, La voz entre lágrimas, Rosa secreta, Casa paterna y La madre muerta. Octavio Gamboa Cali, 1923-1995. Poeta e Ingeniero. Publicó La voz que llega del misterio, Regreso al Valle del Cauca y La luz del mediodía.

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Hugo Salazar Valdés Condoto, Chocó, 1928-Buenaventura, 1997. Poeta y profesor. Su poesía se ocupa del universo de las negritudes. Publicó Carbones en el alba, La patria convocada, Toda la voz y Las raíces sonoras: poemas amorosos. Enrique Buenaventura Cali, 1925-2003. Dramaturgo, poeta, pintor, ensayista y profesor. Fundador de la Escuela de Teatro de la Universidad del Valle y del Teatro Experimental de Cali (TEC). Publicó el libro Máscaras y ficciones. Marco Fidel Chávez Puerto Tejada, Cauca, 1926. Abogado, poeta y profesor. En 1991 recibió la medalla de Proartes en el V Festival Internacional de Arte de Cali. Ha publicado los libros Oscuro meridiano, Edipo negro y Batalla con la luz. Jota Mario Arbeláez Cali, 1940. Poeta y publicista. Fundador del movimiento Nadaísta. Fue director de Cultura del Departamento de Cundinamarca. Premio Nacional de Poesía Colcultura en 1995. Es autor de los libros Profeta en casa, Mi reino por este mundo y La casa de memoria, entre otros. Cecilia Balcázar de Bucher Cali, 1940. Poeta, profesora y lingüista. Premio de poesía Jorge Isaacs. Ha publicado los libros La máquina mítica, Sendero de palabras y Peregrinaciones.

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Gerardo Rivera Medellín, 1942. Poeta y caminante. Premio de poesía Jorge Isaacs. Es autor de A lo largo de las estatuas de octubre y de El viajero de los pies de oro. Jaime García Maffla Cali, 1944. Poeta y profesor. Fue director del Taller de poesía de la Casa Silva y cofundador de la revista Golpe de Dados. Es autor, entre otros, de los libros Guirnalda para despojos, Las voces del vigía y Vive si puedes. Gabriel Ruíz Pereira, 1942. Reside en Cali hace un poco más de medio siglo. Allí realizó sus estudios de Ingeniería Química y Maestría en Administración industrial. Fue docente de la Universidad del Valle. Es autor del libro : Tarabitares y divaneos. Es director del Boletín cultural electrónico : NTC (Nos topamos con...) http://ntcblog.blogspot.com/ Raúl Henao Cali, 1944. Poeta. Premio de Poesía Eduardo Cote Lemus y director de las revistas Clave de sol y Cosmos. Es autor de los libros El bebedor nocturno, El dado virgen, Partido del diablo y Sol negro. Antonio Zibara Cali, 1944. Poeta. Es director de talleres de poesía de la ciudad. Ha publicado los libros Identidad secreta, Árbol digital y El sol y sus mudanzas. Jesús Antonio Arbeláez. (Jan Arb)

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Cali, 1946. Tuvo un gran auge poético antes de cumplir los 20 años, con sus publicaciones en las revistas El corno emplumado, de México y Eleven finger, de Londres. La Universidad del Valle le publicó su libro de los Tomás Quintero Cali, 1945-1978. Poeta y profesor. Ejerció su profesión en el INEM y en la Universidad Santiago de Cali. Especialista en El Quijote y La Celestina. Murió prematuramente y en plena actividad literaria. Álvaro Burgos Palacios Bogotá, 1945. Poeta, abogado y periodista. Profesor de diversas universidades y columnista del diario El País, de Cali. Obtuvo los Premios de Periodismo Simón Bolívar y Alfonso Bonilla Aragón. Libros suyos con Algarabía y Vida de palabras. Rodrigo Escobar Holguín Florida, Valle del Cauca, 1945. Poeta y arquitecto. Recibió los Premios de poesía Universidad del Valle y de la Casa de la Cultura de Montería. Entre su obra poética se encuentran los libros Los cantos de la ternura, El obrador de versos y Ocaso en Copán. Álvaro Lozano Rojas (Aloz Rojas) Cali, 1945. Poeta y periodista. Pasó una temporada en invierno en Noruega. Ha trabajado en proyectos de investigación sobre el tiempos ensayos del ruido. espirituales El robo en el amor. Su actitud mística lo mantiene aislado de

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movimiento indígena en Colombia, publicados en Dinamarca. Es autor del libro Festejos y memorias Harold Alvarado Tenorio Buga, Valle del Cauca, 1945. Poeta, ensayista y profesor. Recibió los Premios “Arcipreste de Hita”, en España, y el Premio Nacional de Periodismo en Colombia. Es director de la revista de poesía Arquitrave y autor de los libros En el valle del mundo, Recuerda cuerpo, Libro del extrañado y Espejo de máscaras, entre otros. Carlos Vásquez Zawadski Tumaco, Nariño, 1946. Profesor e investigador. Cofundador de la Escuela de Teatro de la Universidad del Valle. Obtuvo en La Habana el Premio de Ensayo Manuel Cofiño. Ha publicado los libros Diario para Beatriz, La oreja erótica de Van Gogh y Sol partido en la naranja. Aníbal Arias Barbacoas, Nariño, 1948. Poeta y bibliotecario. Publicó los libros Datos, Motivos ajenos a la voluntad, Sucesos aún no registrados, Buenos motivos, Peces brujos y Ana ama la fuga. Carmiña Navia Cali, 1948. Profesora y crítica literaria de la Universidad del Valle. Coordinadora del Grupo Género, Literatura y Discurso de la Universidad del Valle. Fue galardonada con el Premio de Ensayo Casa de las Américas en 2004. Es autora de los libros Poemas del otoño, Senderos en destello, El fulgor misterioso y Guerra y paz en Colombia: las mujeres escriben. Laureano Alba

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Tibasosa, Boyacá, 1949. Médico, poeta y novelista. Premio Nacional de Poesía Héctor Rojas Herazo. Es autor de los libros Golpes de ciego, A pesar de nuestros últimos muertos, Los duros de la salsa también bailan bolero y Manual para violentos. Armando Barona Abogado, escritor y político. Autor de los libros El magnicidio de Sucre, Poemas entre luces y sombras y Canción de invierno. Horacio Benavides Bolívar, Cauca, 1949. Poeta y profesor. Ha sido galardonado con los Premios de Poesía Ciudad de Bogotá y con el Premio Nacional Eduardo Cote Lemus. Dirigió la revista de Deriva y coordina la colección de poesía Escala de Jacob de la Facultad de Humanidades de la Universidad del Valle. Ha publicado los libros Orígenes, Agua de la Orilla, La aldea desvelada, Sin razón florecer y Todo lugar para el desencuentro. Ómar Ortiz Bogotá, 1950. Poeta, abogado y profesor. Fue Gerente Cultural del Valle del Cauca. Director de la revista de poesía Luna Nueva, de Tulúa. Ganador del XII Premio de poesía Universidad de Antioquia. Es autor de los libros La tierra y el Éter, Las muchachas del circo, Un jardín para Milena, El libro de las cosas, La luna en el espejo y Diario de los seres anónimos. Fabio Arias (Farías)

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Barbacoas, Nariño, 1950. Profesor y periodista. Obtuvo el Premio Nacional de Poesía del Festival de Arte de Cali en 1970. Ha publicado los libros Torres de murciélagos y Bulevar del sueño. Amparo Romero Cali. Poeta y periodista. Fundadora de la Fundación de Poetas Vallecaucanos. Fue galardonada con el Premio de poesía de las juventudes de la ONU. Ha publicado los libros Silente evocación, Sudores cobrizos, Poemas para danzar en el fuego y Memoria de la nada. William Ospina Padua, Tolima, 1954. Poeta y ensayista. Fundador de la revista Número, y Premio Nacional de Poesía. También obtuvo el Premio Nacional de Ensayo y el Premio de Ensayo Casa de las Américas en 2005. Es autor de los libros Hilo de arena, El país del viento, ¿Con quién habla Virginia caminando hacia el agua?, así como de la novela Ursúa y de los ensayos La franja amarilla, Los nuevos centros de la esfera y La decadencia de los dragones, entre otros. El poema que aquí publicamos es tomado del libro El pais del viento. Colección Milenio, Bogotá, Editorial Norma, 2000 Julián Malatesta Miranda, Cauca, 1955. Profesor, ensayista e investigador de la Universidad del Valle. Obtuvo el Premio de Ensayo Jorge Isaacs en 1997. Realizó la antología Poéticas del desastre y es autor de los libros

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Hojas de trébol, Alguien habita la memoria, La cárcel de Babel, Cenizas en el cielo y El mecanógrafo del parque. Orietta Lozano Cali, 1956. Poeta y bibliotecaria. Fue galardonada con el Premio Nacional de Poesía Eduardo Cote Lemus y con el Premio Nacional de Poesía Aurelio Arturo. Ha publicado los libros El vampiro esperado y Luminar. Humberto Jarrín Cali, 1957. Poeta, cuentista y profesor universitario. Premio de Poesía Carlos Castro Saavedra, Premio Nacional de Poesía Ciudad de Chiquinquirá (Boyacá) y Premio de poesía Jorge Isaacs. Es autor de los libros Líneas de esfinge, La piedra iluminada, Elementos y Péndulo de sangre. Carlos Fajardo Cali, 1957. Poeta, ensayista y profesor. Premio Nacional de poesía Antonio Llanos y Premio de poesía Jorge Isaacs. Es autor de los libros Serenidad sitiada y Atlas de callejerías. Ángela Tello Santander de Quilichao, Cauca, 1959. Economista y Especialista en Desarrollo Comunitario. Es autora de los libros De raíces y alas y En el corazón de la bestia o transfiguraciones del rostro de la ciudad. Fernando Calero de la Pava Cali. Poeta y cuentista. Ha publicado los libros Estigmas, Blanca oscuridad y Herederos de la noche. Fabio Ibarra Valdivia

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Cali, 1959. Poeta y periodista. Autor de los libros La otra despedida, Terceros habitantes y En plena oscuridad alcé mi casa. Elvira Alejandra Quintero Cali, 1960. Poeta, arquitecta y profesora. Premio Nacional de Poesía Ciudad de Chiquinquirá (Boyacá) y Premio de poesía Jorge Isaacs. Ha publicado los libros Hemos crecido sin derechos, Manuscritos de Alejandría, La noche en borrador y La mirada de sal. José Zuleta Bogotá, 1960. Director de la Fundación Estanislao Zuleta y Codirector de la revista de poesía Clave. Obtuvo el Premio Nacional de Poesía Carlos H. Trejos y el Premio Nacional de poesía “Descanse en paz la guerra”, de la Casa de Poesía Silva. Libros suyos son Las alas del súbdito, La línea de menta y Mirar otro mar. Carlos Patiño Millán Cali, 1961. Poeta, periodista y profesor de la Universidad del Valle. Premio Nacional poesía José Manuel Arango y Premio de poesía Jorge Isaacs. Es autor de los libros Canciones de los días líquidos, El jardín de los niños muertos, La tierra vista desde la luna, Estaba en llamas cuando me acosté y Hotel Amén. Es el director del blog cultural: www.blogspot.com/revolvercali Norman Muñoz Vargas Tuluá, 1967. Poeta y ensayista. Es autor del libro Persistencia de la Vigilia. Fundador de la revista Diez Dedos en Internet ( www.revistadiezdedos.com ). Diego Rodrigo Echeverri

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Cali, 1967. Poeta e investigador. Es miembro del Comité Editorial de la revista de poesía Clave. Libros suyos son Guía para amar perdidamente y Cinco formas de la luna. Elizabeth Marín La Unión, Valle del Cauca, 1979. Estudió Literatura en la Universidad del Valle. Publicó Memorias de piel para leer sobre la hoguera.

Narrativa Jorge Isaacs Cali, 1837-Ibagué, 1895. Poeta, novelista, etnógrafo y educador. Militó en las guerras civiles del siglo XIX en Colombia. Fue Cónsul de Colombia en Chile y perteneció al Grupo literario de El Mosaico, en Bogotá. Es el autor de Cuaderno de poesía, de las novelas María y Camilo, y del drama Paulina Lamberti. Eustaquio Palacios Roldanillo, 1830-Cali, 1898. Doctor en Derecho y Ciencias Políticas. Estudió en el Convento de San Francisco de Cali, fue rector del Colegio de Santa Librada y director del periódico El ferrocarril. Es autor de la novela El alférez real. Gregorio Sánchez

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Istmina, Chocó, 1895-Cali, 1942. Graduado en Ciencias Políticas de la Universidad Nacional de Bogotá. Fue un novelista importante de la ciudad durante la segunda y tercera década del siglo XX. Varios de sus libros han sido reeditados en la Colección ‘Clásicos Regionales’ del Programa Editorial de Univalle. Es autor de los libros: La piedad del mar, La flor del tabaco, Casada y sin marido, La Bruja de las minas y Rosario Benavides. De esta última novela editamos un fragmento para la presente Antología. Arturo Alape Cali, 1938-Bogotá, 2006. Seudónimo de Carlos Ruiz. Escritor, dramaturgo, periodista y pintor. Obras suyas son, entre otras, El Diario de un guerrillero, La muertes de Tirofijo, El cadáver de los hombres invisibles, El Bogotazo: Memorias del olvido y Tirofijo. El fragmento que aquí publicamos es tomado de la novela Noche de pájaros, Bogotá, Editorial Planeta, Bogotá, 1984. Gonzalo Arango Andes, Antioquia, 1931-Tocancipá, Cundinamarca, 1976. Condiscípulo de Fernando Botero. Estudió en la Universidad de Antioquia, hasta el segundo año de Derecho, pero prefirió convertirse en bibliotecario. Escribió formó el el « Manifiesto Nadaista » en 1957, en Cali, y lo detonó en Medellín en 1958, cuando grupo, con jóvenes rebeldes de todo el país. Su obra nadaísta fue recogida en Obra negra, publicada en Buenos Aires por Carlos Lohle.

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Antes de morir en un accidente de tránsito, había renegado del nadaísmo y recobrado la fe. Elmo Valencia Nació en Cali, 1926. Hizo su bachillerato en el colegio San Luis Gonzaga. Viajo a USA a estudiar ingeniería electrónica pero se tropezó con los poetas beatniks y se dedicó a la bohemia. En el suplemento Esquirla publicó apartes de su primer libro La ciudad y los gatos. A su regreso al país adhirió al movimiento Nadaísta que dirigían Jota Mario Arbeláez y Gonzalo Arango. Principales obras: Islanada y El universo Rodrigo Parra Sandoval Cali, 1938. Sociólogo, pedagogo y escritor. Durante varios años trabajó como investigador en el campo de la educación. Sus principales obras son El álbum secreto del sagrado corazón, Tarzán y el filósofo desnudo , El don de Juan y El Museo de lo inútil. Enrique Cabezas Rher Guapi, 1941. Novelista, profesor y sociólogo. Obtuvo el Premio de Novela Ciudad de Pereira y el primer puesto en la Bienal de Novela José Eustacio Rivera. Es autor de las novelas Miro tu lindo cielo y quedo aliviado, La estrella de papel, Luisa o el infierno rosado y Los días que están dentro del espejo. humano.

Óscar Collazos

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Bahía Solano, 1942. Escritor y periodista. Ha vivido en Cali, Berlín, La Habana, Barcelona, Bogotá y Cartagena. Obtuvo el Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar. Es autor de los libros Son de máquina, Los días de la paciencia, La modelo asesinada y Rencor, entre otros. Fernando Cruz Kronfly Buga, Valle del Cauca, 1943. Novelista, abogado, ensayista y profesor de la Universidad del Valle. Obtuvo en 1979 el Premio de Novela Ciudad de Bilbao. Ha publicado, entre otros, los libros La obra del sueño, Falleba, La ceniza del Libertador, El embarcadero de los incurables y La caravana de Gardel. Armando Romero Cali, 1944. Escritor y profesor residenciado en Cincinatti, Estados Unidos. Autor de Un día entre las cruces, Las palabras están en situación y La rueda de Chicago. Gustavo Álvarez Gardeazábal Tulúa, Valle del Cauca, 1946. Escritor, político y periodista. Fue Gobernador del Departamento del Valle del Cauca. Es autor de Cóndores no entierran todos los días, El titiritero, Pepe Botellas, El divino y Comandante Paraíso. Umberto Valverde Cali, 1947. Novelista y periodista. Cofundador del periódico La Palabra de la Universidad del Valle. Ha publicado los libros Bomba Camará, Celia Cruz: reina rumba y Quítate de la vía, perico. Hernán Toro

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Tulúa, 1948. Narrador, profesor de la Universidad del Valle y editor. Realizó un postgrado en Humanidades en la Escuela de Altos Estudios de París. Es autor de los libros Ajuste de cuentas, A velas abiertas, El luto de vecindario, Las horas cantadas y Ceremonias privadas. Marco Tulio Aguilera Garramuño Bogotá, 1949. Narrador, filósofo y artista plástico. Ganó el Premio de Novela de Costa Rica y el Concurso Nacional de cuento de Santiago de Cali. Está radicado en México, dedicado a la docencia. Principales obras son Breve historia de todas las cosas, Mujeres amadas, Alquimia popular, Cuentos para después de hacer el amor. Con la novela Los placeres perdidos, de la que tomamos un fragmento, obtuvo el Premio Nacional José Eustacio Rivera. Germán Cuervo Cali, 1950. Cuentista y pintor. Ha vivido en Bogotá, Berlín y Barcelona. Es autor de los libros Los indios que mató Jhon Wayne y El mar. Obtuvo en 2006 el Premio de poesía Jorge Isaacs. Eduardo Delgado Ortiz Pasto, 1950. Cuentista y novelista. Fundador de la revista Metáfora y cofundador de Cali-Teatro. Libros suyos son Como tinta de sangre en el paladar y Por los senderos del sur. Andrés Caicedo Cali, 1951-1977. Novelista, cuentista y cineasta. Fundó la revista Ojo al cine y auspició el movimiento cinematográfico en Cali. Publicó los libros El atravesado, Destinitos fatales y Qué viva la música. María Elvira Bonilla

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Cali. Escritora, periodista y editora. Estudió Filosofía y Letras en la Universidad de los Andes de Bogotá y Literatura en Nueva York. Ha sido periodista de la revista Semana, Cambio 16, Cromos, El Espectador y El País. Obtuvo el Premio Simón Bolívar en crónica y reportaje. Publicó la novela Jaulas, de la cual tomado un fragmento. Juan Fernando Merino Cali, 1954. Narrador y traductor. En España ha sido ganador de siete concursos de cuento, incluyendo los de Bilbao, Ponferrada y León. Es autor del libro Las visitas ajenas y la novela El intendente de Aldaz. Recientemente tradujo Ricardo II, como parte del proyecto Shakespeare por escritores. Actualmente vive en Nueva York, donde es colaborador de El Puente Latino e integrante de la Mesa de Edición del diario La Prensa. Harold Kremer Buga, Valle del Cauca, 1955. Cuentista y profesor. Ha obtenido diversos Premios Nacionales de Cuento. Libros suyos son Rumor de mar, El enano más fuerte del mundo, El prisionero de papá, y la antología Los minicuentos de Ekuóreo. Boris Salazar Cali, 1955. Escritor, economista, politólogo y profesor de la Universidad del Valle. Obtuvo el Premio de Novela José Eustasio Rivera. Ha publicado los libros La otra selva y Caravana. Recientemente salió a la luz pública el libro La hora de los dinosaurios en coautoría con María del Pilar Castillo. Orlando López Valencia

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Cali, 1956. Poeta, cuentista, pintor, músico y editor. Obtuvo el Premio Nacional de Cuento Jorge Gaitán Durán. Ha publicado los libros Párrafos de piel, Amigamor, Gracias al mal tiempo y Cuentos al óleo. Sandro Romero Cali, 1957. Cuentista, novelista, dramaturgo y músico de rock. Obtuvo el Premio nacional de Cuento ciudad de Bogotá. Junto con el cineasta Luis Ospina ha sido el curador literario de la obra de Andrés Caicedo. El fragmento que aquí incluimos hace parte de la novela Oraciones a una película virgen. Alberto Esquivel Cali, 1958. Novelista, cuentista y profesor. Obtuvo el Premio Nacional de Novela Plaza y Janés y el Premio Jorge Isaacs. Ha publicado Acelere, La vida de los amigos tiene que respetarse y Amor en guerra. Tim Keppel Carolina del Norte, Estados Unidos. Norteamericano transplatado al trópico en la década del noventa. Cuentista y profesor de la Universidad del Valle. Publicó el volumen de cuentos Alerta de terremoto. El cuento aquí seleccionado hace parte del volumen publicado por la Editorial Alfaguara, Bogotá, 2006. Philip Potdevin Cali, 1958. Autor de las novelas Metraton, Mar de la Tranquilidad y La Otomana. Obtuvo el Premio Nacional de Novela « Eduardo Caballero Calderón ». Es columnista de El País de Cali. Hoover Delgado

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Palmira, 1961. Escritor y profesor universitario. Es coautor del libro El quinteto de Versalles. Es director del grupo de teatro Barco ebrio. Realizó una Maestría en Literatura colombiana y latinoamericana en la Universidad del Valle. En la actualidad es profesor de Humanidades en el Icesi de Cali. Óscar Osorio Profesor Universidad del Valle, Cali, Colombia. Licenciado en Literatura y Magíster en Literatura Latinoamericana y Colombiana, Universidad del Valle. Tiene estudios de doctorado en Graduate Center CUNY, Nueva York. Algunos libros publicados: La balada del sicario y otros infaustos, Historia de una pájara sin alas; y La mirada de los condenados (2003). En 2007 le fue otorgado el XXXII Premio Cáceres de Novela Corta, España, por su novela El cronista y el espejo, de la que sacamos el presente fragmento. Alejandro López Cáceres Tulúa, Valle del Cauca, 1969. Cuentista, guionista y profesor de la Universidad del Valle. Premio de Cuento en España. Fundador de la Fundación Literaria Botella y Luna. Es autor de los libros Entre la pluma y la pantalla, Al pie de la letra y Dalí violeta. Pilar Quintana Cali, 1972. Comunicadora Social. Viajera por Suramérica, India y Nepal. Es autora de los libros Cosquillas en la lengua y Coleccionista de polvos raros. El fragmento que aquí publicamos lo tomamos de su novela Cosquillas en la lengua, Bogotá, Editorial Planeta, 2003.

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Óscar Perdomo Gamboa Ibagué, Tolima, 1974. Comunicador social y profesor universitario. Premio de Novela Jorge Isaacs. Publicó su libro Hacia la aurora. Ángela Rengifo Cali, 1984. Cuentista. Premio del II Concurso Latinoamericano y XVI Nacional de Cuento corto de la Universidad Externado de Colombia en 2003 y Premio de Cuento Jorge Isaacs. Es candidata a Magíster en Literaturas Colombiana y Latinoamericana de la Universidad del Valle.

BIBLIOGRAFÍA Poesía Alba, Laureano. Manual para violentos. Cali: edición de autor, 2001. Alvarado Tenorio, Harold. Espejo de máscara. Bogotá: Universidad Nacional de colombia, 1987. Arbeláez, Jota Mario. La casa de Memoria. Bogotá: Colcultura, 1996. Arias, Aníbal. Peces brujos. Cali: Altaqzor., 1991. Arias, Fabio (Farías). Torre de murciélagos. Altazor, 1982. Balcázar de Bucher, Cecilia. Peregrinaciones. Cali: Imprenta Departamental del Valle, 1997.

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Barona, Armando. Ciudad de corazón negro. Cali: Imprenta Departamental del Valle, 1992. Benavides, Horacio. Todo lugar para el desencuentro. Cúcuta: X premio Nacional de Poesía Eduardo Cote Lamus, 2006. Buenaventura, Enrique. Máscaras y ficciones. Cali: Universidad del Valle, 1992. Burgos Palacios, Álvaro. Vida de palabras. Cali: Universidad del Valle, 2004. Calero de la Pava, Fernando. Herederos de la noche. Cali: Feriva, 1997. Carvajal, Mario. La poesía del Valle del Cauca. Bogotá: Instituto colombiano de cultura, 1980. Chávez, Marco Fidel. Antología. Cali: Universidad del Valle, 2005. Echeverri, Diego Rodrigo. Cinco formas de la luna. Cali: Universidad del Valle, 2002. Escobar Holguín, Rodrigo. Ocaso en Copán. Cali: Universidad del Valle, 2002. Fajardo, Carlos. Serenidad sitiada. Antología poética. Cali: Universidad del Valle, 2004. Gamboa, Isaías. Obra poética. Cali: Imprenta Departamental Valle del Cauca, 2001. García Maffla, Jaime. Las voces del vigía. Bogotá: Instituto Caro y cuervo, 1986. Henao, Raúl. Sol negro. Bogotá: Universidad Nacional de Colombia, 2005.

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Ibarra Valdivia, Fabio. Terceros habitantes. Cali: Feriva, 1999. Jarrín, Humberto. Elementos. Cali: Imprenta Departamental del Valle, 1996. Llanos, Antonio. Antología poética. Bogotá: Colcultura, 1980. Lozano, Orietta. El vampiro esperado. Bogotá: Puesto de Combate, 1987. Malatesta, Julián. Poéticas del desastre: aproximación crítica a la poesía del Valle del Cauca en el siglo XX. Cali: Fondo Mixto para la promoción de la cultura y las artes del Valle del Cauca, 2000. ________. Cenizas en el cielo. Cali: Universidad del Valle, 2004. Marín, Elizabeth. Memorias de piel para leer sobre la hoguera. Cali: Universidad del Valle, 2005. Navia, Carmiña. En Voces y diferencias. Antología poética. Escuela de Estudios Literarios, Universidad del Valle, Cali, 1997. Ortiz, Ómar. La luna en el espejo. Bogotá: Trilce, 1999. Ospina, William. El país del viento. Bogotá: Norma, 1992. Patiño Millán, Carlos. Estaba en llamas cuando me acosté. Cali: Universidad del Valle, 2002. Quintero, Elvira Alejandra. La mirada de sal. Cali: Imprenta Departamental del Valle, 2005. Rivera, Gerardo. A lo largo de las estatuas de octubre. Cali: Universidad del Valle, 2002. Rojas, Aloz. Festejos y memorias. Cali: Feriva, 2002. Romero, Amparo. Poemas para danzar entre el fuego. Cali: Imprenta Departamental del Valle, 1993.

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Salazar Valdés, Hugo. Antología íntima. Cali: Universidad del Valle, 2005. Tello, Ángela. En el corazón de la bestia. Cali: Universidad del Valle, 2006. Vásquez Zawadski, Carlos. Sol partido en la naranja (1998-2003). Cali: Universidad del Valle, 2004. Zibara, Antonio. El sol y sus mudanzas. Cali: Universidad del Valle, 2004. Zuleta, José. La línea de menta. Cali: Universidad del Valle, 2005.

Narrativa Aguilera Garramuño, Marco Tulio. Los placeres perdidos. Neiva: Fundación Tierra de Promisión, 1989. Alape, Arturo. Noche de pájaros. Bogotá: Planeta, 1984. Álvarez Gardeazábal, Gustavo. El titiritero. Bogotá: Plaza y Janés, 1990. Bonilla, María Elvira. Jaulas. Bogotá: Planeta, 1984. Cabezas Rher, Enrique. Los días que están dentro del espejo. Cali: Universidad del Valle, 2005. Caicedo, Andrés. Cali calabozo. Bogotá: Norma, 1998. Cruz Kronfly, Fernando. El embarcadero de los incurables. Bogotá: Norma, 1998. Cuervo, Germán. El mar. Bogotá: Plaza y Janés, 1994.

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Delgado Ortiz, Eduardo. Como tinta de sangre en el paladar. Bogotá: Minota, 1999. Esquivel, Alberto. Muchacho violento. Cali: Imprenta Departamental del Valle, 2003. Isaacs, Jorge. María. Ed. María T. Cristina. Bogotá: Universidad Externado de Colombia-Universidad del Valle, 2005. Keppel, Tim. Alerta de terremoto. Bogotá: Alfaguara, 2006. Kremer Martínez, Harold. Colección de cuentos colombianos. Cali: Deriva, 2002. López Cáceres, Alejandro. Dalí violeta. Cali: Botella y Luna, 2005. López Valencia, Orlando. Cuentos al óleo. Cúcuta: Premio Jorge Gaitán Durán, 2006. Martínez, Fabio (Comp.). Cuentos sin cuenta: Antología de relatos de escritores de la generación del 50. Cali: Universidad del Valle, 2003. Palacios, Eustaquio. El Alférez real. Bogotá: Círculo de lectores, 1985. Parra Sandoval, Rodrigo. El álbum secreto del Sagrado Corazón. Bogotá: Oveja Negra, 1985. Perdomo Gamboa, Oscar. Hacia la aurora. Cali: Universidad del Valle, 2005. Quintana, Pilar. Cosquillas en la lengua. Bogotá: Planeta, 2005. Romero, Armando. Un día entre las cruces. Cali: Universidad del Valle, 2003. Romero, Sandro. Oraciones a una película virgen. Bogotá: Planeta, 1993.

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Sánchez, Gregorio. Rosario Benavides. Cali. Colección Clásicos Regionales. Programa Editorial Universidad del Valle, 2007. Toro, Hernán. Las horas cantadas. Cali: Universidad del Valle, 2003. Valverde, Umberto. Bomba Camará. Bogotá: Arango Editores, 1995.

FABIO MARTÍNEZ

Cali, Colombia, 1955. Licenciado en Literatura e Idiomas de la Universidad Santiago de Cali. DEA en Estudios Ibéricos e Iberoamericanos de la Universidad de Paris III. Doctorado en Semiología de la Universidad de Quebec, Montreal, Canadá. Ha publicado los siguientes libros: Un habitante del séptimo cielo, Fantasio, El viajero y la memoria, Pablo Baal y los hombres invisibles, Club social Monterrey, Cuentos sin cuenta, La búsqueda del paraíso. Biografía de Jorge Isaacs, Del amor inconcluso, Balboa, el polizón del Pacífico y El fantasma de Íngrid Balanta..

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Ha colaborado en revistas y periódicos internacionales y nacionales como Diario 16 de España, Omnibus de Madrid, Vericuetos de París, Afro Hispanic Review de USA, Ruptures de Montreal, La Casa Grande de México, Boletín Bibliográfico y cultural del Banco de la República de Colombia, El Tiempo, El Espectador, El País de Cali, Cronopios, Revista La Urraka y Poligramas de Univalle. Obtuvo Mención especial en el Premio de Novela ‘Ernesto Sábato’ 1987, Primer Premio de Ensayo latinoamericano ‘René Uribe Ferrer’, 1999 y Primer Premio ‘Jorge Isaacs’, 1999. En la actualidad es profesor Titular de la Universidad del Valle. HERNANDO URRIAGO BENÍTEZ Cali, Colombia, 1974. Profesor Asistente de la Escuela de Estudios Literarios de la Universidad del Valle. Magíster en Literaturas Colombiana y Latinoamericana. Orienta el Seminario-Taller de Ensayística y el Taller de Escritura de Ensayos del Programa de Literatura de la Escuela de Estudios Literarios de Univalle. Es editor del periódico La Palabra y autor de los libros Esplendor de la ceniza (Colección Escala de Jacob, Facultad de Humanidades, 2004) y El signo del Centauro: aproximaciones al discurso ensayístico de Baldomero Sanín Cano (2007). Ha publicado poemas, artículos y ensayos en las revistas Poligramas, Estudios de Literatura Colombiana, Entreartes, Deriva, Luna nueva, Clave y Gaceta Dominical de El País. ++++

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H ando Urriago y Fabio Martinez en el lanzamiento del libro en Cali el Abril 17 de 2008, en la Biblioteca Departamental. Fotografías: María Isabel Casas R. de NTC … ( http://ntcblog.blogspot.com/ )

ern

Complementaciones de NTC … para esta edición virtual (Sept. 16, 2009), incluyendo la fotografía anterior.

Enlaces sobre algunas publicaciones en internet sobre el libro :

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CALI-GRAFIAS. Fotografías

LA

CIUDAD del

LITERARIA libro

, en

http://ntcCali :

eventos.blogspot.com/2008/04/cali-grafas.html lanzamiento http://picasaweb.google.com/ntcgra/CaliGrafAsLaCiudadLiterariaCaliGraphiesLaCit LittRaireLanzamiento# **
Cali-grafías / Cali-graphies. Presentación en Bogotá ,

http://ntc-

eventos.blogspot.com/2008/04/blog-post.html ** Video, lanzamiento en París : http://ntc-eventos.blogspot.com/2008/05/cali-grafascali-graphies-lanzamiento.html http://www.dailymotion.com/relevance/search/Caligrafias/video/x64hfl_caligrafiassorbonneparis150508_creation ---BLOG ACTUAL DE VERICUETOS : http://vericuetos-paris.over-blog.com/ Logo : http://idata.over-blog.com/1/11/14/36/L-lescargot-au-galop.jpg Video:

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