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La teoría de los valores subterráneos y la crítica a las subculturas (Sykes y Matza).

Estos autores han criticado la idea de confrontar las culturas generales con las subculturas delictivas, y afirman que no hay diferencia entre valores delictivos y los valores de la sociedad ello porque los delincuentes sienten vergüenza de sus actos, lo que significa que poseen los valores sociales de toda la comunidad. Por eso necesitan acudir a técnicas de neutralización a partir de las cuales se justifican-y tratan de "justificar socialmente su accionar. Consideran que para atenerse a una observación rigurosa hay que convenir que no existe contraposición entre los valores desviados o subterráneos y los de la sociedad en general. La única versión aceptable de los hechos es la que dan los desviados mismos de su conducta, y surge una primera y fundamental discrepancia con la hipótesis que formulan. Sykes y Matza también creen, como muchos teóricos críticos, que comprender la acción criminal es incompatible con pretender la reducción del delito o condenar a los desviados. La meta de condenar la desviación, o defender la existencia de ciertas normas, resultaría incompatible con la perspectiva comprensiva, y debe ser tildada de "correccional", palabra que asusta a los críticos. si asumimos el punto de vista ético que pretenden estos autores, la comprensión del fenómeno, en algunos casos, estará lejos de la benevolente consideración del delincuente perseguido por la sociedad y la policía, que es impulsado hacia el delito por las desigualdades sociales. Tomo las llamadas Técnicas de neutralización con las cuales el delincuente o el desviado pretenden justificar su acción, y que en la descripción de Matza corresponden a una sistematización de hechos verificables. Éstas son: a) La negación de la responsabilidad. Es lo que Goffman trata como justificación del fracaso social, a partir del estigma, de modo que se protege de toda culpa y sanción. "Estoy enfermo" xej. b) La negación del perjuicio. "Tienen mucho dinero, y por lo tanto el robo no los afecta, ya que ellos son ricos y yo pobre". En este caso la riqueza justifica la "expropiación" c) La negación de la víctima. El "no lastimamos a nadie" puede justificar, para el ladrón de bancos, su "trabajo limpio", a pesar del asalto. Pero también puede revestir la fórmula de "ya sabían lo que les esperaba", por la cual la víctima ya sabe que es tal cuando comienza la acción delictiva, por ejemplo, en el caso del secuestro d) La condenación de los que condenan. Esta técnica reviste la fórmula de rotular a los que rotulan para evitar el propio rótulo. "Todos roban, y por lo tanto yo no soy culpable". e) La lealtad al superior o a una causa. "No lo hice en mi beneficio": o "cumplí órdenes", son suficientemente conocidas en los totalitarismos como para merecer una descripción mayor. Nótese que el criterio de lealtad cómo justificación de la actividad delictiva abarca no sólo la obediencia a normas rígidas militares, sino también a la solidaridad grupal en otros casos (x ej el rescate violento). A partir de la existencia predominante de técnicas de neutralización, Sykes y Matza concluyen que no existen culturas y subculturas delictivas, sino que todos comparten en la sociedad los mismos puntos de vista, aunque algunos traducen sus creencias en acciones y otros no lo hacen. El hecho de que "varios de los valores presuntamente delictivos son muy parecidos a los encarnados en las actividades de esparcimiento de la actividad dominante", les parece suficiente para tan grave conclusión. Aquí se dice que todos somos potenciales delincuentes, pero que sólo algunos actúan en ese sentido porque tienen un sistema de técnicas y motivos, y buenas formas de neutralizar la culpa. Que esto lleva a la delincuencia o desviación, en concreto, a algunas personas, no quiere decir que todos sean delincuentes o desviados reprimidos, al estilo del hombre bestial encadenado por la sociedad para que evite expresar sus verdaderas pasiones. Tampoco es cierto que todas las declaraciones de los delincuentes sean "neutralizaciones morales"; muchas de ellas son afirmaciones de la validez del acto delictivo, o de la conciencia que es la conducta debida. Ultimo argumento en contra de este punto de vista: la neutralización de un sistema de valores en

virtud de las técnicas que permiten violarlo llega de otro sistema de normas que es contrario al "oficial". Siempre existirán dos sistemas (por lo menos) de normas que puedan ser cumplidos: el de valores oficiales (o superficiales) y su negación (el de valores subterráneos,-en la terminología de Matza); es absurdo sostener que toda la población muestra cínicamente un sistema de valores que jamás cumpliría y en el que, en todo caso, no cree. Punto 7.- La crítica marxista. El paradigma de Taylor, Walton y Young Proponen un estudio amplio de la delincuencia, si bien aferrado a la idea de que los orígenes de toda conducta desviada se encuentran en las desigualdades más amplias de poder y autoridad, lo que es poner un postulado al comienzo de sus análisis. El paradigma o modelo que ofrecen para el análisis de la conducta desviada debe, a su juicio, intentar la explicación de los siguientes elementos y conectarlos entre sí: a) Los orígenes mediatos del acto desviado: proponen que los temas que tradicionalmente ha estudiado la criminología (zonas ecológicas, posición subcultural, distribución de oportunidades para delinquir), se estudien dentro de un contexto social general de las desigualdades de poder, riqueza y autoridad en la sociedad industrial desarrollada. Mas no existe teoría que a la hora de definir su propia posición resista la posibilidad de dar una respuesta omnicomprensiva. Tampoco parece interesar la explicación del delito en las sociedades que no sean industriales o desarrolladas. b) Los orígenes inmediatos del acto desviado Como no todos los hombres experimentan ni se adaptan de igual manera a las limitaciones que impone la sociedad, debe explicarse los diferentes modos de adaptación a la "cultura dominante", que les permiten a algunos precipitarse en el acto desviado. Pero aquí, y cabe coincidir con la decisión, no se trata de limitarse a la reacción o rotulación, sino en pensar que los hombres también eligen voluntariamente el camino de la desviación, y que esta elección debe ser estudiada en una psicología social del delito. c) El acto en sí mismo. Debe estudiar la relación entre las creencias y la acción, entre la solución elegida para un problema y cómo se ha llevado a cabo. Un adolescente de clase baja, frustrado por la imposibilidad de inserción social, puede optar entre el hedonismo y la autodestrucción (consumo de drogas) o el vandalismo. d) Consecuencias inmediatas de la reacción social. La conducta desviada, una vez manifestada, produce reacciones en los demás. El estudio de estas reacciones puede permitir la comprensión del curso de acción futura del desviado, infractor o delincuente. ¿Cómo actúa la familia? Es evidente que de acuerdo con sus recursos sociales, culturales y educacionales, actuará de un modo favorable a la recuperación social, o de otro que empuje más hacia el delito. Este importante punto hace a la psicología social de la reacción social; y pone en su lugar a las teorías de la rotulación que hemos visto antes. e) Orígenes mediatos de la reacción social. Este tema pretende estudiar a los que instigan la reacción contra el desviado. Se trata, en todos los casos, de sociologías políticas implícitas en el Estado. Se refiere al importante aspecto de qué leyes penales son sancionadas o abolidas, cuáles cumplidas o de evasión permitida, la acción concreta de la policía, jueces y autoridades políticas respecto de categorías de delincuentes y sus causas. f) La influencia de la reacción social sobre la conducta ulterior del desviado. Este punto hace a la adaptación del desviado a la reacción que su desviación inicial produjo. Explica qué hace el desviado frente la estigmatización y exclusión de que es objeto. El desviado tiene siempre cierto grado de conciencia acerca de las posibles reacciones contra él, y que sus decisiones ulteriores se originan en esa conciencia inicial. Punto 7 y 8 Crítica a posiciones marxistas. Y evaluación de concepciones criminológicas en materia penal etc. El enfoque de estos autores pretende ser totalizador y separar aspectos que son negados por otras

teorías, o supuestos o mezclados. Pero "una criminología que no esté normativamente consagrada a la abolición de las desigualdades en materia de bienes y de posibilidades vitales, caerá inevitablemente en correccionalismo. Y todo correccionalismo está indisolublemente ligado a la identificación de la desviación con la patología. Una teoría plenamente social de la desviación debe apartarse por completo del correccionalismo xq las causas del delito están relacionadas con la forma que revisten los ordenamientos sociales de la época. El delito es ese comportamiento que se considera problemático en el marco de esos ordenamientos sociales; para que el delito sea abolido, entonces, esos mismos ordenamientos deben ser objeto de un cambio social fundamental. Taylor: En lo que atañe a la "crítica al correccionalismo", parte de un supuesto sociológico correcto, pero lleva a consecuencias tan utópicas como las del positivismo que critica. Todo delito está indisolublemente ligado con los ordenamientos legales (y culturales) de la época. para que el delito sea abolido, esos ordenamientos deben ser objeto de un cambio fundamental. En lo que concierne al delito, el tema es otro: los tipos penales dependen de los sistemas sociales, económicos y políticos, pero el delito como desviación de una norma jurídica parece insusceptible de ser abolido; porque dada la norma, se da la infracción a la norma (cultural e históricamente). La posición "correccionalista" propia del positivismo es tan ajena a la sociología criminal, al buscar el ajuste a la sociedad de los delincuentes, como lo es la postura crítica que pretende abolir el capitalismo para terminar con el código penal. Podría contribuir a la abolición de este código penal, y lo reemplazará por otro, total o parcialmente. La sociología no busca ni la abolición del delito, ni la abolición del código penal capitalista. Sociología Se propone averiguar cuáles delitos carecen de sanción real, cuáles podrán ser abolidos, cuáles parecen institucionalizarse como nuevas figuras penales, contra quiénes se ejecutan las sanciones, y los criterios de justicia relativa inspiradores de esas tendencias. Los críticos atacaban la posición descriptiva de la sociología científica aquí sostenida tildándola de conservadora. El carácter conservador de la descripción consistiría en que al caracterizar mejor y más detalladamente el orden social vigente, esos contenidos "son transmitidos a organizaciones poderosas y a políticos, para su empleo como información o argumentos en la organización del control social. En tren de descalificar, puede sostenerse que las posiciones conservadoras (que serían todas las "científicas"sostienen que el crimen es patrimonio de las clases bajas, asociándolas falsamente a las superadas ideas que niegan el delito de los estratos dominantes o que afirman que si las estadísticas carcelarias reflejan mayor incidencia de los estratos bajos, es porque en éstos se cometen más delitos que en los superiores. Es simplemente falso. No hay ninguna incompatibilidad entre una posición descriptiva y científica y sostener, de acuerdo con lo observable, que mayor perjuicio patrimonial a la sociedad lo producen las- grandes estafas, los delitos contra la salud pública y los daños ecológicos, que los pequeños robos; puede ser que los dirigentes y máximos responsables de una comunidad sean los mayores criminales: si esto ocurre, ocultarlo es tan "político" en la defensa del sistema establecido como lo es suponer que el paraíso socialista desincriminador seguiría al colapso de la propiedad privada. Por otra parte, sustentar que en la sociedad capitalista grupos de empresarios explotan a millones de personas y no son castigados, no significa que dentro de esas sociedades y en virtud de esa

causa un secuestrador o un homicida por promesa remuneratoria deba ser desincriminado. En última instancia es aplicable a la mayoría de los críticos criminológicos lo que ya hemos sostenido respecto de la sociología jurídica crítica. Ninguno de ellos quiso observar que la desviación, en general y en conjunto, no es sólo producto del sistema capitalista sino que puede originarse en cualquier otro sistema económico y social. Es derivado de todo sistema de normas que fije (por ser tal) sanciones por el incumplimiento de ciertas conductas. Centrados en desigualdades económicas ciertas y concretas y crédulos en la igualdad (o igualación) que conllevaría ínsitamente el socialismo, tendieron a considerar que toda desviación era impuesta por la sociedad a los desposeídos. Los críticos anunciaron una sociedad sin7 sanciones y sin delito. Negaron que la idea de sanción fuera necesaria en el concepto de delito. Un análisis de la desviación y de la criminalidad no puede tener por parámetro la utopía socialista de "hombres y mujeres "iguales y buenos" que nada eodieian y que por vivir en una sociedad justa carecen de normas (porque si las tuvieran, necesariamente, algunos serían infractores y desviados). Suponer lo contrario es conjeturar que la historia se detiene.