Robert Perry y Allen Watson

Traducido por: Juncal Yániz Alecha

Con la autorización de: Circle Of Atonement

INTRODUCCIÓN AL LIBRO DE EJERCICIOS

Allen Watson
La Introducción al Libro de Ejercicios es algo que todo el que hace las lecciones debería leer atentamente. En mi opinión, podemos beneficiarnos de leer la Introducción una vez al mes, mientras practicamos las lecciones, para recordar sus instrucciones básicas. El primer párrafo explica la estrecha relación entre el Texto y el Libro de Ejercicios. Los dos son muy importantes para cualquiera que esté haciendo el Curso. Sin “la base teórica” del Texto, las lecciones del Libro de Ejercicios “no significan nada” Todos deberíamos prestar mucha atención al Texto, es “necesario” hacerlo si queremos los beneficios del Libro de Ejercicios. ¿Significa eso que deberíamos estudiar el Texto antes de hacer las lecciones del Libro de Ejercicios? No necesariamente. El Manual para el Maestro trata sobre el orden en el que utilizar los libros, y dice que varía de persona a persona. Dice que a algunos “les puede resultar mejor empezar con el Libro de Ejercicios” (M.29.1:6) Sin embargo, de esta Introducción resulta evidente que si uno empieza con el Libro de Ejercicios, debería seguirle el Texto, o quizás leerlo junto con el Libro de Ejercicios. Por otra parte, estudiar el Texto sin hacer el Libro de Ejercicios no sirve para nada porque es la práctica de los ejercicios lo que hace que la meta del Curso sea posible (1:2; todas las referencias sobre este debate serán de la Introducción al Libro de Ejercicios, a menos que se indique otra cosa). Estudiar la base teórica sin la aplicación práctica es puro conocimiento de cabeza vacía. Puedes entender a nivel intelectual cuál es la meta, pero no podrás alcanzar esa meta sin los ejercicios. En el capítulo 30 del Texto, el Curso expone esta misma idea, dice: La meta es clara, pero ahora se necesitan métodos específicos para alcanzarla. La rapidez con la que puedes alcanzarla depende únicamente de esto: que estés dispuesto a poner en práctica cada paso. Cada uno de ellos te ayudará un poco más cada vez que lo practiques. Y todos ellos te conducirán más allá de los sueños de juicios a los de perdón, liberándote así del dolor y del miedo. (T.30.In.1:2-5) La “única cosa” que determina lo rápido en alcanzar la meta es “nuestra disposición a practicar cada paso”. En lo que se refiere a hacer el Libro de Ejercicios, nuestra buena disposición se refiere a lo dispuestos que estamos a practicar las lecciones diariamente como se nos indica. Si la lección nos pide 4 o 5 repeticiones durante el día, ¿estamos realmente dispuestos a hacerlo así? Cada vez que la recordamos y la hacemos, puede parecer que no está sucediendo nada, pero cada vez ayuda un poco más. Son todas esas pequeñas y repetidas prácticas que, cuando se suman, nos sacarán del sueño de juicios. (T.30. In.1:4-5). El Libro de Ejercicios no promete cambiarnos de la noche a la mañana, sino que dice que si nos esforzamos en hacer las sencillas prácticas que nos pide la lección, poco a poco cada uno de esos intentos purificará nuestra mente de la obscuridad del ego. El propósito del Libro de Ejercicios es “entrenar a tu mente a pensar según las líneas expuestas en el Texto” (1:4). La palabra “entrenar” trae a la mente cosas tales como la práctica del piano, ejercicios y entrenamiento en deportes, e incluso entrenamiento militar. Lleva consigo la idea de muchas repeticiones, de esfuerzo disciplinado, de ir más allá del contenido de nuestras habilidades en este momento… Cuando te entrenas en un gimnasio, ello supone ir más allá de los límites que ahora tienes y aprender a hacer cosas que ahora no puedes. Al mismo tiempo supone que lo que se está desarrollando es algo latente, sacar el potencial no desarrollado, no se trata de añadir algo de lo que se carecía hasta ahora. Lo que se está entrenando es nuestra mente. La separación no es más que una tendencia equivocada de la mente; y

… todos los errores tienen que corregirse en el mismo nivel en que se originaron. Sólo la mente puede errar. (T.2.IV.2:3-4) … la corrección sólo puede tener lugar en el nivel del pensamiento. (T.2.V.1:7) El propósito del Libro de Ejercicios es entrenar a tu mente de forma sistemática a tener una percepción diferente de todas las cosas y de todo el mundo. (L.In.4:1) Así pues, éste es un entrenamiento completo de la mente, que se propone cambiar el modo en que ves todas las cosas. Aprender una forma de ver diferente supone que nuestra actual forma de ver está equivocada. Fíjate en estas sencillas normas para hacer el Libro de Ejercicios: 1.- No intentes hacer más de una lección por día. (2:6). 2.- Practica con “la mayor exactitud” (6:1). Esto significa que tenemos que poner mucha atención en los detalles, y aplicar las ideas generales de las lecciones a muchas cosas y situaciones diferentes de nuestras vidas. El propósito es ayudarnos a generalizar las ideas y ver que se aplican a “todas las cosas y a todo el mundo” (4:1) 3.- No evites aplicar las ideas a nada (6:3). Todo es apropiado, no excluyas nada. El que haya 365 lecciones, una para cada día del año, supone que deberíamos hacer las lecciones en el orden correspondiente. (No hay nada malo en hacer algunas al azar a veces; pero al seguir el programa de entrenamiento, deberían hacerse en orden). Según avanzas en las lecciones, está muy claro que las últimas lecciones se asientan sobre las primeras; por lo tanto, hacerlas en orden es el modo más eficaz. Algunas personas se preguntan sobre lo de hacer una lección por día: ¿deberían repetir una lección si sienten que no la han aprendido o no han hecho la práctica de la manera que se indica? La sabiduría de muchos estudiantes que han trabajado con el libro podría resumirse así: No te “culpes” por las lecciones. En general, no hay necesidad de repetirlas. Posteriores lecciones repetirán las mismas ideas en muchos casos. Si quieres repetir una lección porque te ha resultado beneficiosa, hazlo. Si la repites porque estás intentando hacerla perfectamente, inconscientemente puedes estar resistiéndote a avanzar a la siguiente lección, que puede ser la que te libere. Generalmente es mucho mejor perdonarte a ti mismo y continuar adelante. Se nos pide recordar que “el objetivo general de los ejercicios es incrementar tu capacidad de ampliar las ideas que estarás practicando de modo que lo incluyan todo (7:1). Me gustaría detenerme un poco en las palabras “ejercicios” y “practicando” de la frase 7:1. No se trata de leer simplemente las ideas. “Hacer el Libro de Ejercicios” no es una simple lectura de las lecciones. Es practicar las lecciones. Cada lección proporciona “procedimientos concretos para aplicar la idea del día” (L.In.3:3). Practicar significa que sigas esos procedimientos, practicar es “hacer el Libro de Ejercicios”. ¿Cuánta Química aprenderías si todo lo que haces es leer el manual del laboratorio pero nunca realizas los experimentos? Si hacemos los ejercicios, los resultados están garantizados: Esto (la extensión de las ideas) no requiere esfuerzo alguno de tu parte. Los ejercicios mismos reúnen en sí las condiciones necesarias para ese tipo de transferencia. (7:2-3) Nuestra parte es hacer los ejercicios; la extensión de los beneficios procedentes de ello ocurrirá automáticamente, sin esfuerzo añadido por nuestra parte. Puedes practicar con ciertas cosas concretas o con personas o con pensamientos; los beneficios de esa práctica se extenderán sin ningún esfuerzo por tu parte a cualquier persona, situación o cosa de tu mundo.

Al igual que cuando trabajas en un gimnasio, ni siquiera tiene que gustarte el programa. Si lo realizas, tu cuerpo se beneficiará, tanto si te gusta como si no. Aquí sucede lo mismo, al hacer estos ejercicios mentales, no es necesario que al principio creas en las ideas, ni que te gusten, ni que las aceptes o recibas con agrado. Puede que incluso te resistas fuertemente a algunas de ellas. No importa lo que pienses de ellas. “Se te pide únicamente que las uses (8:5). “No se requiere nada más” (9:5). Es decir, aplícalas en tu vida tal como se te indica. Date cuenta de que es necesario aplicar las ideas para que el programa funcione. Si las aplicamos, transformarán nuestras mentes; si no las aplicamos, nuestras mentes las arrojarán tal como el teflón expulsa el agua. Únicamente si usamos las ideas, nos convenceremos completamente de su verdad (8:6). Nadie puede leer esto y no darse cuenta de lo que se nos pide. Leer el Texto no es suficiente para alcanzar la meta del Curso. Leer únicamente las lecciones tampoco es suficiente. Tenemos que llevar a cabo las instrucciones de cada lección, los procedimientos concretos para aplicar la idea durante el día. Es nuestra buena disposición para practicar cada paso y hacer los ejercicios, lo que determinará la rapidez con la que alcancemos la meta.

LECCIÓN 1 – 1 ENERO
“Nada de lo que veo en esta habitación (en esta calle, desde esta ventana, en este lugar) significa nada”.

Instrucciones para la práctica
Propósito: Enseñar que todo lo que ves es igualmente carente de significado, que no existen diferencias reales entre ninguna de las cosas que ves. Ejercicio: Dos veces, mañana y noche preferentemente, durante un minuto (pero sin prisa). Mira lentamente a tu alrededor concretamente y sin hacer distinciones a cualquier cosa que veas, primero en tu entorno más cercano y luego más lejos. Di, por ejemplo,: “Esta mesa no significa nada Observaciones: Es muy importante no excluir nada en particular, intenta incluir todo: No tengas prisa, la calma es fundamental. Comentario Las primeras lecciones no les parecen muy inspiradoras a la mayoría de las personas, pero están cuidadosamente planeadas para comenzar a deshacer el sistema de pensamiento del ego. “Nada de lo que veo… significa nada”. Estamos seguros, desde la arrogancia de nuestro ego, de que realmente entendemos muchas cosas. Esta lección está intentando sembrar la idea de que realmente no entendemos nada de lo que vemos, de que nuestra cacareada comprensión es una ilusión. Mientras creamos que entendemos lo que algo es o significa, no empezaremos a preguntar al Espíritu Santo cuál es su significado. Nuestra creencia de que entendemos nos cierra la mente a una comprensión más elevada. Necesitamos volvernos como niños pequeños, que se dan cuenta de que no saben, y le preguntan a alguien que sabe. La Mente Zen, la Mente del Principiante es el título de un maravilloso librito que introduce el pensamiento Zen. La idea que presenta es que progresamos más rápidamente y de manera más segura cuando aceptamos que somos principiantes que no saben y necesitan enseñanza en todo. “La mente del principiante” es una mente abierta, dispuesta a encontrar un nuevo significado en todo.

LECCIÓN 2 – 2 ENERO

“Le he dado a todo lo que veo en esta habitación (en esta calle, desde esta ventana, en este lugar) todo el significado que tiene para mí” Instrucciones para la práctica
Ejercicio: Dos veces, preferentemente por la mañana y por la noche, de un minuto de duración. Las mismas instrucciones básicas de ayer, sólo que usando una nueva idea. Al seleccionar objetos para hoy, mira a un lado y al otro y detrás de ti. Observaciones: Como en la lección anterior, ésta se centra en no hacer ninguna distinción en la selección de objetos. Los comentarios en el párrafo 2 sobre “evitar la selección de objetos en función de su tamaño, brillo, color, material o la importancia que tienen para ti” (2:1) son una breve referencia a la teoría del Curso de la atención selectiva. Según el Curso, somos muy selectivos en aquello a lo que atendemos. Prestamos atención a cosas que visualmente destacan y, por lo tanto, nos llaman la atención (M.8.1) y prestamos atención a cosas que valoramos (ver M.8.3:7). Fíjate en que estos dos factores –cosas que destacan a la vista y cosas que valoramos) están incluidas en la frase que acabo de citar. Esto conlleva que se nos pide que practiquemos la lección sin nuestra costumbre de atención selectiva, porque esa costumbre da por sentado que las diferentes cosas en nuestro campo visual son verdaderamente diferentes, y esta lección trata de enseñarnos que no lo son. Comentario El significado de la lección de ayer está ahora un poco más claro: “Nada de lo que veo… significa nada” puede entenderse que dice: “Le he dado a todo lo que veo… todo el significado que tiene para míÍ” o lo que es lo mismo: no hay significado de por sí en nada de lo que veo. La primera vez que practiqué la Lección 1, recuerdo que el primer objeto sobre el que se posaron mis ojos fue una excelente fotografía reciente de mis dos hijos. Al principio mi mente protestó al decir: “Esa fotografía no significa nada”, porque ciertamente significaba algo para mí. Pero a la mañana siguiente, con la Lección 2, empecé a entender lo que la lección intentaba enseñar. La foto, por sí misma, no tiene ningún significado en absoluto. Para la mayoría de las personas del mundo no significaría nada, pero para mí significaba algo porque yo le había dado el significado que tenía para mí. Cuando empezamos a darnos cuenta de que nuestra percepción está formada por nuestras mentes, y no al contrario, puede ser una revelación sorprendente. Si esta lección te parece sin importancia o si te parece muy clara, la próxima vez intenta al aplicarla incluir en “todo lo que veo” a alguien que en tu percepción te está traicionando o mintiendo o abandonándote, intenta decirte a ti mismo que tú le has dado a la situación todo su significado. ¡No es tan poca cosa!

LECCIÓN 3 – 3 ENERO
“No entiendo nada de lo que veo en esta habitación (en esta calle, desde esta ventana, en este lugar”.

Instrucciones para la práctica
Propósito: Retirar la espesa película de asociaciones pasadas que has proyectado sobre todo, para que puedas volver a ver las cosas limpias y darte cuenta de que verdaderamente no las entiendes en absoluto.

Ejercicio: Dos veces, lo ideal sería por la mañana y por la noche, de un minuto de duración. Las mismas instrucciones básicas que en los dos días anteriores, pero la idea es diferente. Observaciones: No hacer ninguna diferencia al seleccionar objetos es un reflejo directo del propósito de la lección, que es retirar de tu mente la película de interpretaciones que pones sobre todas las cosas y que pretende decirte lo que esas cosa son. Es esa misma película que pretende decirte que hay algunas cosas a las que no se aplica la lección. Por lo tanto, el acto mismo de aplicar la lección a cualquier cosa es también un acto de dejar a un lado esa película interpretativa.

Comentario
Si nada de lo que veo significa nada, y le he dado a todo lo que veo todo el significado que tiene para mí, entonces está claro que no entiendo nada de lo que veo. El Libro de Ejercicios está sentando las bases de nuestro aprendizaje. Para aprender una nueva comprensión de todo, tenemos que abandonar nuestra creencia de que ya entendemos. Encuentro esta lección muy útil en muchas situaciones. Cuando sucede algo que yo interpreto como desagradable o molesto, puedo darme cuenta de que mi juicio de “desagradable” o mi molestia procede, no de la cosa o persona o situación, sino de mi imaginada comprensión de ella. Al repetir: “No entiendo nada de lo que veo…”, abro mi mente a una nueva comprensión, la del Espíritu Santo. A veces utilizo variaciones de esta idea, tales como: “No sé lo que esto significa” o “No sé de qué va todo esto”. En el Curso, el comienzo de la comprensión es darse cuenta de que no entiendo nada. Recuerda que éste es un ejercicio. ¡No intentes hacerlo a la perfección a la primera! Estás practicando darte cuenta de que no entiendes, lo que significa que estás en un estado mental que cree que entiende. Y eso es normal, está bien.

LECCIÓN 4 – 4 ENERO “Estos pensamientos no significan nada. Son como las cosas que veo en esta habitación (en esta calle, desde esta ventana, en este lugar)”. Instrucciones para la práctica
Propósito: Entrenarte a agrupar a todos tus pensamientos habituales, tanto “buenos” como “malos”, junto con todas las cosas que ves fuera de ti, en una sola categoría: no significan nada, y están fuera de ti (fuera de tu verdadera naturaleza). Esto abrirá tu mente al hecho de que hay otro reino diferente a aquel del que eres consciente, y que es completamente diferente, totalmente lleno de significado, y que se encuentra muy dentro de ti. Ejercicio: Tres o cuatro veces (no más), de un minuto aproximadamente. • Durante aproximadamente un minuto, observa tus pensamientos. Incluye tanto los “buenos” como los “malos”. • Luego aplica la idea concretamente a cada pensamiento del que te hayas hecho consciente, diciendo: “Este pensamiento acerca de (nombre del personaje o acontecimiento) no significa nada. Es como las cosas que veo en esta habitación (en esta calle, etc.)”. Puedes también incluir pensamientos infelices de los que eras consciente antes del periodo de práctica. Respuesta a la tentación: Voluntaria.

Además de (no en lugar de) los ejercicios formales, durante el día utiliza libremente la idea como un modo de liberarte de pensamientos infelices concretos. Éste es el primer ejemplo de una práctica que se convertirá en un centro de atención del Libro de Ejercicios.

Comentario
La introducción al Libro de Ejercicios afirma: “El propósito del Libro de Ejercicios es entrenar a tu mente de forma sistemática a tener una percepción diferente de todas las cosas y de todo el mundo” (L. In.4:1). Esta lección empieza a enseñarnos a trabajar directamente con nuestros pensamientos, y lo primero que nos enseña es que no significan nada. En esta lección se parte de la base de que somos muy inexpertos (5:4) y por lo tanto estamos completamente o casi completamente sin contacto con lo que la lección llama nuestros pensamientos reales (2:3). Los pensamientos a los que se refiere como sin significado son los pensamientos del ego. El Curso afirma que nuestras mentes están casi completamente “dirigidas por el ego” (T.4.VI.1:4). El tono de esta lección parte de esa base, por lo tanto, cualquier pensamiento en el que pienses puedes considerarlo como “sin significado”. Nuestros pensamientos reales son los pensamientos del Cristo dentro de nosotros, y ésos sí que tienen significado (T.4.VI.1:7). Sin embargo, lo que nosotros llamamos “pensar” no es pensar (esto se aclara en la Lección 8). Nos hemos identificado con el ego. El ego es como un pequeño rincón de nuestra mente que hemos acordonado y separado del resto (T.4.VI.1:6), y nos hemos convencido a nosotros mismos de que es el todo. Los pensamientos que giran en este pequeño hueco de nuestra mente no representan para nada a nuestro verdadero Ser y, por tanto, ya sean “buenos” o “malos”, no significan nada. Cuando hayamos aprendido cómo mirar con claridad a estos supuestos pensamientos, nos daremos cuenta de lo vacíos que son (1:6-7). Los pensamientos del ego ocultan nuestros pensamientos reales. Los “buenos” son sombras de los reales en el mejor de los casos, y las sombras hacen difícil que veamos. Los “malos” son obstáculos totales para la visión. “No te interesan ni unos ni otros” (2:6). Darnos cuenta de que no queremos los pensamientos “malos” es bastante fácil, darnos cuenta de que no queremos los “buenos” es mucho más desconcertante y difícil. La lección se considera a sí misma “un ejercicio importante”, y promete repetir el ejercicio más adelante. Dice que el ejercicio es fundamental para tres metas de gran alcance y que sirve para empezar a llevar a cabo esas metas: • • • Separar lo que no tiene significado de lo que tiene significado Ver lo que no tiene significado como fuera de nosotros, y lo que tiene significado dentro Entrenar nuestra mente a reconocer lo que es lo mismo y lo que es diferente

Primero, el ejercicio nos ayuda a aprender a distinguir los pensamientos sin significado de los pensamientos con significado. Observa que existe un juicio en todo esto, incluso separación, aunque a estos dos términos normalmente se le da un sentido negativo. Esto de mirar a nuestros pensamientos es una forma de lo que el Texto llama el “uso acertado del juicio” (T.4.IV.8:6). Segundo, aprendemos a considerar a los pensamientos sin significado como fuera de nosotros. Ahora podemos preguntarnos, si son nuestros pensamientos los que no tienen significado, ¿cómo es que los vemos fuera?, ¿no están los pensamientos dentro de nosotros? Aquí, yo creo, el Libro de Ejercicios quiere decir nuestro verdadero Ser cuando habla de “ti”. Nuestros pensamientos sin significado del ego no representan a nuestro verdadero Ser; en realidad no son parte de Él, sino que están fuera de Él.

Tercero, estamos aprendiendo a reconocer lo que es lo mismo y lo que es diferente. Pensamos que los pensamientos “buenos” son diferentes de los pensamientos “malos”, pero esta lección nos está entrenando a ver que todos ellos son realmente lo mismo, unos y otros son formas diferentes de locura. Al sugerir que podemos usar la idea de hoy para cualquier pensamiento en particular que reconozcas que es perjudicial (5:1), la lección introduce una nueva forma de practicar, que se volverá parte de su repertorio habitual. Además de las prácticas regulares de mañana y noche, podemos usar la idea como respuesta a cualquier tentación disfrazada en forma de pensamientos que nos causan daño. Al avanzar, el Libro de Ejercicios te pide con mayor frecuencia que la respuesta a la tentación se convierta en una práctica habitual. Al pedir que hagamos la lección tres o cuatro veces, introduce la sesión del mediodía, añadida a las de la mañana y la noche.

LECCIÓN 5 – 5 ENERO “Nunca estoy disgustado por la razón que creo” Instrucciones para la práctica
Propósito: Enseñarte que la causa de tu disgusto no es la situación, la persona o el acontecimiento externo que tú crees. Enseñarte también que tus emociones negativas no son diferentes unas de otras. Ejercicio: Tres o cuatro veces, de un minuto. • Puedes empezar diciendo: “No hay disgustos pequeños. Todos perturban mi paz mental por igual”. Esto está planeado para corregir tu tendencia a descartar algunos disgustos como demasiado insignificantes como para ocuparte de ellos. • Durante un minuto o así, busca en tu mente cualquier persona, situación o acontecimiento que te estén afligiendo, por muy ligeramente que sea. • Luego aplica la idea sin distinciones a cada una de ellas, diciendo: “No estoy (enfadado, preocupado, deprimido, etc.) por (causa del disgusto) por la razón que creo”. • Si quieres quedarte con algunos disgustos porque parecen justificados, di: “No puedo conservar esta forma de disgusto y al mismo tiempo desprenderme de las demás. Para los efectos de estos ejercicios, pues, las consideraré a todas como si fuesen iguales”. Respuesta a la tentación: Voluntaria. Además de los periodos de práctica formal, durante el día utiliza libremente la idea a cualquier disgusto que estés experimentando, como un modo de recuperar tu paz mental. Di: “No estoy (enfadado, preocupado, deprimido, etc.) por (causa del disgusto) por la razón que creo”.

Comentario
Para mí, esta lección es una de las herramientas más útiles para sacudir y liberar mi viejo y gastado modo habitual de pensar. “Esta lección, al igual que la anterior, puede aplicarse a cualquier persona, situación o acontecimiento que creas que te está causando dolor” (1:1). Hoy intenta recordar la idea cuando te disgustes, por la razón que sea: ese conductor lento en la carretera justo delante de ti, cuando alguien te ensucia el suelo que acabas de fregar o te rompe tu plato favorito. “Nunca estoy disgustado por la razón que creo”.

Date cuenta de que la lección no identifica cuál es la razón por la que estás disgustado. Eso viene más adelante. Pues ahora el Curso simplemente está intentando deshacer tu creencia de que sabes qué es lo que te está disgustando. Date cuenta también de que no te pide que no estés disgustado. La lección no te pide que estés sin sentimientos negativos como: miedo, preocupación, depresión, ansiedad, ira, odio, celos… (1:3), simplemente te pide que reconozcas que esos sentimientos no los estás experimentando por la razón que crees. Sí, por supuesto, la meta es abandonarlos todos. Pero para hacer eso, tenemos que romper la creencia de que esos sentimientos son cosas distintas con causas distintas… Todos ellos proceden de la misma causa, todos ellos son significados que nosotros proyectamos sobre el mundo que vemos. Estas 5 primeras lecciones han sido duras, si piensas en ellas. La Lección 1 era sobre abandonar lo que veo. La Lección 2, sobre abandonar mis juicios sobre el significado. La Lección 3, sobre renunciar a mi comprensión. La Lección 4, sobre abandonar mis pensamientos. Y esta Lección, la 5, me lleva a abandonar todo mi sistema de pensamiento, la causa de todos mis disgustos.

LECCIÓN 6 – 6 ENERO “Estoy disgustado porque veo algo que no está ahí”. Instrucciones para la práctica
Ejercicio: Tres o cuatro veces, de un minuto aproximadamente. Las mismas instrucciones que ayer, sólo que usando una nueva idea. Consejo: La lección habla como si deberías buscar en tu mente durante un minuto, y luego aplicar la lección a cada pensamiento descubierto en tu búsqueda. Sin embargo, puedes tener dificultad en recordar todas las cosas descubiertas. Si es así, en lugar de practicar en estas dos fases distintas, puede que quieras hacer la práctica de un modo ligeramente diferente: Busca en tu mente, encuentra un disgusto, aplícale la idea, luego busca de nuevo otra ofensa, aplícale la idea, y así sucesivamente. Respuesta a la tentación: Voluntaria. La idea puede usarse durante el día para eliminar tus disgustos. Pero esto no es un substituto de tus periodos de práctica.

Comentario
Esto empieza a explicar por qué estoy disgustado realmente. Nunca estoy disgustado por la razón que creo, estoy disgustado porque veo algo que no está ahí. (De nuevo el Libro de Ejercicios construye su caso pieza a pieza, no nos dice simplemente lo que estamos viendo, sólo que es algo que no está ahí. Si eres curioso échale una mirada rápida a la siguiente lección). No podemos ni siquiera imaginar cuánto de lo que vemos, cosas que pensamos que son “reales” y “hechos”, realmente son cosas que no están ahí. El argumento que se está construyendo aquí es que todo nuestro disgusto procede de cosas que no están ahí. Sólo lo que Dios crea es real, y nada de lo que Él crea es doloroso, y si estos son hechos, la idea de hoy tiene que ser verdad. Así que cuando me siento disgustado, puedo decirme a mí mismo: “Estoy disgustado porque veo algo que no está ahí”. Se nos pide recordar “las dos instrucciones mencionadas en la lección anterior” la lección anterior (3:1). Puesto que estas dos instrucciones se repiten de nuevo, está claro que son importantes, así que pensemos en ellas un poco. La primera de ellas: No hay disgustos pequeños. Todos perturban mi paz mental por igual.

(3:2-3) Me doy cuenta de que tengo que recordarme esto a mí mismo un montón de veces. Es tan fácil pasar por alto lo que a mí me parecen disgustos pequeños, y dejarlos sin solucionar. Una ira muy violenta contra alguien que me traiciona y me roba el trabajo no es mayor que lo que yo pienso que es una pequeña molestia por un servicio lento en un restaurante. Ambos tienen el poder de perturbar mi paz mental. Si mi meta es una mente en paz, tengo que aprender a tratar con todos mis disgustos como de igual importancia, tengo que aprender a “reconocer lo que es lo mismo y lo que es diferente” (L.4.3:4). No puedo conservar esta forma de disgusto y al mismo tiempo desprenderme de las demás. Para los efectos de estos ejercicios, pues, las consideraré a todas como si fuesen iguales. (6:3-4) Al menos durante los períodos de práctica, necesitamos considerar a todos los disgustos como iguales, y aplicar la lección a todos ellos. Si continúo sin aplicar la lección a los disgustos “menores” o a un disgusto que me parece justificado, no dejaré que estos disgustos desaparezcan. Me estaré aferrando al principio detrás de todos ellos. Sería como decir que vas a perder peso eliminando el azúcar y la grasa de tus comidas pero tomando dos kilos de helado cada noche. El Curso insiste en que seamos minuciosos y totales en nuestras prácticas. “Estoy disgustado porque veo algo que no está ahí”.

LECCIÓN 7 – 7 ENERO “Sólo veo el pasado”. Instrucciones para la práctica
Propósito: Empezar a cambiar tus ideas sobre el tiempo, que son la base de todo lo que ves y crees. Tu mente se resistirá a este cambio, para mantener la estabilidad de tu mundo, sin embargo es ése mundo el que te mantiene aprisionado. Ejercicio: Tres o cuatro veces, de un minuto aproximadamente. Mira a tu alrededor y aplica la idea concretamente y sin hacer distinciones a cualquier cosa que llame tu atención, diciendo: “Sólo veo el pasado en (este zapato, ése cuerpo, etc.)”. “No te detengas en ninguna cosa en particular, pero recuerda no omitir nada específicamente” (5:1).

Comentario
Como la lección dice, ésta “es la razón fundamental de todas las anteriores” (1:2). “Es la razón por la que nada de lo que ves significa nada” (1:3), y lo mismo con los seis pensamientos anteriores. Puesto que sólo vemos el pasado, cada una de esas ideas anteriores es cierta. Hace que esta lección sea extremadamente importante, lección que tenemos que interiorizar y plantearnos muy en serio. Date cuenta de lo rotundo que es el pensamiento de hoy: “Sólo veo el pasado”. Puede que nos resulte “muy difícil de creer al principio” (1:1). Y esto es quedarse corto. Si encuentras difícil aceptar el pensamiento de hoy, el Maestro ya conoce de antemano tu dificultad y acepta que la tienes.

El Curso le da una enorme importancia a esta idea, no sólo aquí, sino también en el Texto. Por ejemplo, tres secciones del Capítulo 13 desde “La Función del Tiempo” (T.13.IV) a “Cómo Encontrar el Presente” (T.13.VI), se refieren a lo que pensamos del tiempo y al hecho de que “Para el ego el pasado es importantísimo y, en última instancia, cree que es el único aspecto del tiempo que tiene significado” (T.13.IV.4:2). Habla de las sombrías figuras del pasado, basadas en ilusiones, que impiden por completo nuestra visión de la realidad presente. Dice: Renacer es abandonar el pasado, y contemplar el presente sin condenación. (T.13.VI.3:5) “Todo lo que crees está arraigado en el tiempo, y depende de que no aprendas estas nuevas ideas acerca de él” (2:1). Todo lo que hemos aprendido, lo aprendimos del pasado, eso no puede discutirse. Por tanto, todo lo que pensamos que sabemos está basado en el pasado. Miramos al presente a través del filtro de nuestro aprendizaje anterior. El Curso insiste en que no dejemos que nuestro aprendizaje del pasado sea la luz que nos guíe en el presente (T.14.XI.6:9). En lugar de ello, necesitamos en cada momento dirigirnos al Espíritu Santo y pedirle que nos enseñe Su visión del presente. En la lección, el ejemplo de la taza nos hace comprender que nuestra identificación de las cosas depende del pasado, y que nuestras relaciones con todo proceden de nuestras experiencias en el pasado. “No tendrías idea de lo que es si no fuera por ese aprendizaje previo” (3:6). Y, “Esto se aplica igualmente a cualquier cosa que veas” (4:2). Todo lo que estamos “viendo” es el pasado, puro y simple. En este momento puede parecer que no hay alternativa a esto, podemos preguntarnos qué otro modo de ver es posible. Pero hay otra manera, el Curso nos llevará finalmente a ella. Por ahora, deja que esta lección penetre muy dentro: “Sólo veo el pasado”.

LECCIÓN 8 – 8 ENERO “Mi mente está absorbida con pensamientos del pasado” Instrucciones para la práctica
Propósito: Enseñarte que tu mente se pasa la mayor parte del tiempo vacía, porque está siempre contemplando lo que no está ahí (el pasado). Mientras piensa en lo que no es nada, ella misma está vacía. Reconocer esta nada cede el sitio para que entre algo nuevo: los pensamientos reales, que producirán la verdadera visión. Ejercicio: Cuatro o cinco veces (tres o cuatro si la práctica te resulta irritante), de un minuto aproximadamente. • Cierra los ojos y busca en tu mente, sin darle importancia, observando los pensamientos y nombrándolos por el personaje central o el tema de cada uno. Di: “parece que estoy pensando en (nombre de la persona), en (nombre del objeto), en (nombre de la emoción)…” • Termina con: “Pero mi mente está absorbida con pensamientos del pasado”. Observaciones: Si encuentras que el ejercicio despierta sentimientos en ti (por ejemplo, irritación) puedes aplicar la idea a esos sentimientos como lo harías con cualquier otra cosa. Éste es un consejo útil para muchas de las lecciones.

Comentario

“Esta idea es, por supuesto, la razón por la que sólo ves el pasado” (1:1). Esto claramente supone que lo que vemos refleja simplemente los pensamientos que ocupan nuestra mente. Si esto es así, entonces debido a que nuestra mente está absorbida con pensamientos del pasado, percibimos imágenes del pasado en el mundo exterior. “En realidad nadie ve nada. En realidad lo único que ve son sus propios pensamientos proyectados fuera”. (1:2-3). Ésta es una idea muy importante en el Curso, sin embargo, aquí se introduce suavemente dentro del estudio del pasado y del tiempo. ¡Realmente no vemos nada! Todo lo que vemos es “la imagen externa de una condición interna”, como dice el Curso (T.21.In.1:1-5). Siempre me ha gustado la primera línea del segundo párrafo: “El único pensamiento completamente verdadero que se puede tener acerca del pasado es que no está ahí” Piensa un momento en lo que dice. Puedes tener experiencias del pasado muy claras, especialmente del pasado reciente. Sin embargo, si varias personas que vivieron lo mismo no estuvieran de acuerdo contigo, probablemente empezarías a dudar de tu memoria, porque no podrías estar completamente seguro de que te puedes fiar de ella. Sabes muy bien, por experiencia, que tu memoria puede engañarte. Piensas: “¡Podría jurar que he dejado las llaves sobre la mesa!”; o dices: “¿No te lo he contado? Pensaba que te lo había contado”. Todos decimos ese tipo de cosas todo el tiempo, sin darnos cuenta de lo poco fiable que en realidad es nuestra memoria. Pero hay un pensamiento sobre el pasado en el que puedes confiar: “El pasado no está aquí. Esto es el presente” (2:1). Pero, si el pasado no está aquí, ¿cómo puede tener efectos en el presente? “Pensar acerca del pasado, por lo tanto, es pensar en ilusiones (2:2). Estás pensando en algo que ya no existe, lo que por definición es una ilusión. De acuerdo, entonces si lo que vemos es una proyección de nuestros pensamientos sobre cosas que no existen, ¿dónde deja eso “lo que estamos viendo”? En ningún sitio. Estamos viendo reflejos de recuerdos de “una ilusión”. Cuando vemos el pasado o anticipamos el futuro, el Curso dice que nuestra mente está en realidad en blanco, porque está pensando en nada (2:4). Esta lección intenta ayudarnos a reconocer cuándo nuestra mente no está realmente pensando en absoluto, sino que está llena de lo que llama ideas sin contenido (3:2). Por eso es por lo que “estos pensamientos no significan nada” (Lección 4). Para abrirnos a la “visión” tenemos que dejar de bloquear la verdad con estas imágenes mentales sin significado de algo que no está aquí. El primer paso hacia la visión es hacerse consciente de las cosas que no son visión, que son los pensamientos que normalmente llenan nuestra mente (los culebrones). Encuentro que este tipo de ejercicio ayuda a desarrollar una especie de “desapego mental”. Das un paso atrás, por así decirlo, de tus pensamientos y los observas. No cometas el error que yo cometí al principio: intentar sacar estos pensamientos de mi mente y dejarla en blanco. No necesitamos hacer eso porque ¡ya está en blanco! Sólo observa tus pensamientos y aplícales la lección, diciendo: “Mi mente está absorbida con pensamientos del pasado”. Estate dispuesto a abandonar la importancia que le das a tus pensamientos, o en querer que sean reales, o profundos, o importantes. Suelta tus dedos de ellos, déjalos ir, estate dispuesto a ver que no tienen significado real si están basados en el pasado y, por lo tanto, basados en algo que no está aquí. Esta lección es una dulce cuña, introducida para abandonar nuestro “apego” a lo que pensamos que son nuestros pensamientos.

LECCIÓN 9 – 9 ENERO “No veo nada tal como es ahora”

Instrucciones para la práctica
Ejercicio: Tres o cuatro veces, de un minuto. Mira a tu alrededor, aplicando la idea a cualquier cosa que veas sin distinciones y sin excluir nada. Empieza con cosas cercanas a ti: “No veo este (teléfono, brazo, etc.) tal como es ahora”. Luego extiende el alcance hacia fuera: “No veo esa (puerta, rostro, etc.) tal como es ahora”. Observaciones: Puede que aceptes esta idea, pero no la entiendas realmente, y tampoco se espera que lo hagas. La comprensión no es el requisito esencial para esta práctica; más bien, la comprensión es la meta de esta práctica. Estos ejercicios intentan deshacer tu ilusión de que entiendes las cosas y, al eliminar este bloqueo, permitir que la verdadera comprensión surja finalmente en tu mente. Así que, en este momento simplemente practica la idea, aunque no la entiendas, o la encuentres perturbadora, o aunque te resistas activamente a ella.

Comentario
Si sólo veo el pasado, y mi mente está absorbida con pensamientos del pasado, entonces está claro que no veo nada tal como es ahora. Me encanta que la lección añada: “Pero si bien es posible que la puedas aceptar intelectualmente, es muy probable que todavía no signifique nada para ti”(1:2). El Curso reconoce claramente que hay una enorme diferencia entre aceptar una idea a nivel intelectual y entenderla de verdad de manera que sea parte de nosotros. Pienso en las etapas de dolor por las que pasamos cuando muere un ser querido. Inmediatamente después de la muerte, puede que a nivel intelectual aceptemos que nuestro ser querido se ha ido, pero no hemos entendido ni asimilado ese hecho. Lleva tiempo que se introduzca en nuestra mente. Del mismo modo, podemos aceptar la idea de que no vemos nada tal como es ahora, pero puede pasar tiempo antes de que empecemos a comprender el significado de ese hecho. Afortunadamente la lección continúa diciendo que nuestra comprensión no es necesaria todavía. De hecho, lo que es necesario es el reconocimiento de que ¡no entendemos! Podrías decir que una de las cosas que tenemos que aprender de esta lección es que ¡no la entendemos! Si piensas en ello, tiene sentido. Estos ejercicios tienen que ver con la práctica, no con el entendimiento. No necesitas practicar lo que ya entiendes. (1:5-6) Algunos pueden sentir que no tiene sentido trabajar con una idea que no comprendes del todo o en la que no crees. He oído decir: “¿Cómo puedo trabajar con una lección como “Soy el santo Hijo de Dios Mismo”, si yo no lo creo realmente? Y la respuesta es: si ya lo creyeras, ¡no necesitarías trabajar la lección! La práctica está para ayudarte a entender o a creer. La actitud de reconocer nuestra ignorancia es esencial para el aprendizaje. Sin ella, nuestra falsa “comprensión” dificulta nuestro aprendizaje. Así que cuando una lección como ésta: “No veo nada tal como es ahora”, te molesta o no sabes de qué trata, simplemente ¡sé honesto y confiesa que así es como te sientes! No cometas el error de fingir que ya entiendes cuando no es cierto. Las lecciones parten de la base de la ignorancia de nuestra mente. “Es difícil para la mente sin entrenar creer que lo que aparentemente contempla no está ahí (2:1). ¿Difícil? Más bien parece imposible. La idea es perturbadora, la mayoría de nosotros nos resistiremos a ella de un modo u otro. Es normal. Eso no te impide aplicar la idea en modo alguno, y eso es todo lo que se nos pide. (¿Recuerdas la Introducción al Libro de Ejercicios y sus dos últimos párrafos? Si no, léelos ahora con relación a esto). Simplemente haz los

ejercicios de todos modos, aunque tu mente se resista a la idea en su totalidad, de todos modos tendrá el efecto deseado. Fíjate en que la lección habla sobre “cada pequeño paso” (2:5), despejando la obscuridad un poco más y la comprensión llegará finalmente. El tono de las lecciones, y ciertamente de todo el Curso, no nos hace pensar que alcanzaremos la iluminación rápidamente. Se produce en pequeñas dosis, poco a poco. El Curso dice que la iluminación total podría llegar a cualquiera de nosotros en cualquier momento, con sólo abrirnos a ella; está más cerca de nosotros que nuestras propias manos y pies. Pero también dice que llevará más tiempo estar dispuestos a abrirnos que el que es necesario para que ese cambio final de la mente suceda. Dice: A la gran mayoría se les proporciona un programa de entrenamiento que evoluciona lentamente, en el que se corrigen el mayor número posible de errores previos. Las relaciones personales, en especial, tienen que percibirse debidamente, y se tiene que eliminar la piedra angular de la falta de perdón. (M.9.1:7-8) Date cuenta de que la norma es “un programa de entrenamiento que evoluciona lentamente”. Así que no te agobies ni te sientas como si estuvieras trabajando contra reloj; tómate las cosas al ritmo con el que vienen, y haz los ejercicios que se indican en el Libro de Ejercicios. Estate contento de avanzar lentamente. ¡No te preocupes si la comprensión no aterriza en tu mente mañana! Los ejercicios de nuevo son engañosamente sencillos, tal como “no veo esta pantalla de ordenador tal como es ahora”. ¿Cómo puede ayudar a cambiar mi mente el que yo diga esto? No puedo explicártelo. Lo que sí sé es que cuanto más a menudo repito una idea, más razonable empieza a parecerme. Quizá eso sea todo lo que tiene. Sé que a veces me ha ayudado, en alguna situación que parece atemorizante o fuera de control, recordarme a mí mismo que “no estoy viendo esta situación tal como es ahora en realidad”. Puedo asegurarme a mí mismo que lo que estoy viendo, que parece estar causando mi miedo, no es la realidad de las cosas. Puedo no tener ni idea de lo que es la realidad, pero ¡ayuda saber que no es lo que estoy viendo! La idea es menos alentadora cuando la aplico sobre algo que me gusta: “No veo esta relación romántica tal como es ahora”. Hmmm, no estoy seguro de que me guste. Pero aunque no haga nada más que empezar a hacer pedazos mi fe en lo que veo, la lección está haciendo su trabajo aunque yo no la entienda por completo, o a pesar de que no me guste.

LECCIÓN 10 – 10 ENERO “Mis pensamientos no significan nada” Instrucciones para la práctica
Propósito: Enseñarte que todos tus pensamientos actuales no significan nada y que, de hecho, no son tus pensamientos reales en absoluto. Reconocer que has estado preocupado con pensamientos que no existen facilitará el camino para descubrir tus pensamientos reales. Ejercicio: Cinco veces, de un minuto aproximadamente (no más, divídelo en dos partes si te sientes incómodo. • Cierra los ojos y repite la idea muy lentamente. Luego añade: “Esta idea me ayudará a liberarme de todo lo que ahora creo”. • Luego busca en tu mente los pensamientos que estén ahí. Evita seleccionarlos o clasificarlos, considerando a tus pensamientos como una procesión extraña sin ningún

significado para ti. A medida que cada uno cruce tu mente, di: “Mi pensamiento acerca de _____ no significa nada”. Observaciones: Es importante distanciarte de tus pensamientos y observarlos con desapego. No pienses que son diferentes unos de otros en modo alguno. Puede que quieras imaginar que estás viendo un extraño desfile de objetos desorganizados y sin significado. Otra semejanza útil (no mencionada en el Curso) podría ser que imagines que estás observando hojas flotando en un riachuelo. Respuesta a la tentación: Voluntaria, siempre que tengas un pensamiento perturbador. Aplica libremente la idea a cualquier pensamiento perturbador que tengas durante el día, usando la frase: “Mi pensamiento acerca de ____ no significa nada”.

Comentario
La Lección 4 decía “Estos pensamientos no significan nada”, y prometía que el ejercicio se “repetiría de vez en cuando de forma ligeramente distinta”. La lección de hoy es la primera de tales repeticiones. Explica que la razón por la que la idea es verdadera es que Todos los pensamientos de los que eres consciente… no son tus pensamientos reales (1:1-2). Eso es muy difícil de aceptar al principio. ¿Cómo pueden mis pensamientos no ser mis pensamientos reales? La lección explica que todavía no tenemos una base de comparación, pero que cuando la tengamos, “no te cabrá la menor duda de que lo que una vez creíste eran tus pensamientos en realidad no significaban nada” (1:5). Así que una vez más el Libro de Ejercicios nos pide, hasta cierto punto, que por el momento aceptemos esta idea con fe. Una base de comparación supone que sin tardar mucho experimentaremos nuestros pensamientos reales, y cuando lo hagamos, sabremos que lo que creíamos que eran nuestros pensamientos no eran nuestros pensamientos reales. Es como si durante toda nuestra vida hubiéramos estado comiendo algarrobas creyendo que eran chocolate. Una vez que saboreas el auténtico chocolate, sabes que las algarrobas no eran chocolate; pero hasta que tengamos una base de comparación, sólo podemos aceptar la palabra de nuestro maestro al respecto. La diferencia entre la Lección 10 y la Lección 4 está en la primera palabra: “Mis pensamientos” en lugar de “Estos pensamientos”. Además, la lección de hoy no compara nuestros pensamientos con objetos de la habitación como hacía la Lección 4: “Son como las cosas que veo en esta habitación” Así que en esta lección la importancia se le da a los pensamientos mismos: Lo que enfatizamos ahora es la falta de realidad de lo que piensas que piensas” (2:4). El tercer párrafo señala los diferentes aspectos de nuestros pensamientos que se han explicado hasta ahora: • No significan nada, • Están fuera en lugar de dentro de nosotros, • Se refieren al pasado en lugar de al presente. “En lo que ahora estamos haciendo hincapié es en el hecho de que la presencia de esos ‘pensamientos’ significa que no estás pensando en absoluto” (3:2). Esto expresa de otra manera la idea anterior de que nuestra mente está simplemente en blanco (L.8.2:4). Antes de que podamos alcanzar la visión, tenemos que aprender a reconocer la nada cuando pensamos que la vemos. Los ejercicios que se dan, aclaran que de lo que el Curso está hablando se parece en gran medida a las enseñanzas de muchas meditaciones orientales. Lo que se está trabajando es una

especie de “desapego de nuestros pensamientos”, convertirnos en “el testigo” o tomar la posición de un observador de nuestros pensamientos. Observamos nuestros pensamientos como si estuviéramos “viendo pasar una procesión compuesta de un extraño repertorio de pensamientos que tienen muy poco o ningún significado para ti (4:6). Un libro que leí sobre la meditación (Despertar Gradual, de Steven Levine, un libro maravilloso) usaba la semejanza de “observar un tren que pasa, cada vagón conteniendo un pensamiento o grupo de pensamientos. ¡Oh, ahí va un pensamiento de odio! ¡Ahí van unas preocupaciones! ¡Ahí va todo un cargamento de tristeza!”. También usaba la imagen de observar “observar las nubes flotando en el cielo, representando toda la extensión del cielo a la mente. Levine da mucha importancia a que no nos quedemos pegados a ningún pensamiento y a que no les permitamos que nos arrastren con ellos, pero del mismo modo tampoco los empujamos ni nos resistimos a ellos. Si no significan nada, como dice la lección, no necesitamos responder a ellos en absoluto. Al hacer este tipo de ejercicio mental, te vuelves consciente de tu mente como algo independiente de los pensamientos que parecen atravesar por ella. Rompes tu identificación con los pensamientos. Los pensamientos pierden la carga emocional que tienen para ti. Te desapegas de ellos, te des-identificas de ellos. Los pensamientos cada vez van perdiendo importancia, ya no son “gran cosa” para ti. Empiezas a darte cuenta de la enorme extensión de mente en la que estos pensamientos vienen y se van, y te das cuenta de que no tienen ningún efecto sobre ese “cielo de la mente” en el que flotan. Date cuenta en las instrucciones para la práctica de que el ritmo está aumentando un poco. Se recomiendan cinco sesiones de práctica” (5:2) además de usar la idea durante el día como respuesta a “cualquier pensamiento que te perturbe en cualquier momento” (5:1). El pensamiento final que se añade puede ser útil para reforzar nuestra creencia de que lo que estamos haciendo merece la pena. Necesitamos ese refuerzo, ya que la práctica del ejercicio puede producir incomodidad algunas veces. No resulta cómodo decirse a sí mismo repetidas veces: “Mis pensamientos no significan nada”. Puede parecer humillante. Por eso, recordarnos a nosotros mismos que “Esta idea me ayudará a liberarme de todo lo que ahora creo” (4:3 y 5:5) puede ser un paso necesario para reforzar nuestra motivación y deseo de hacer los ejercicios. El Libro de Ejercicios sabe lo atrincherado que está el ego en nuestra mente, y trabaja con nosotros muy suave y tiernamente en su intento de sacarnos de su posición fija.

LECCIÓN 11 – 11 ENERO “Mis pensamientos sin significado me están mostrando un mundo sin significado” Instrucciones para la práctica
Propósito: Cambiar totalmente cómo ves causa y efecto en tu percepción. Piensas que el mundo externo se graba a sí mismo en tu mente, causando lo que ves; sin embargo, la causa funciona justo al revés: de dentro hacia fuera. Lo que ves fuera de ti es la proyección de tus pensamientos. Ésta es la primera lección que trata de este tema muy importante. Ejercicio: Tres veces (cuatro o cinco si lo encuentras cómodo y deseable), de 1 minuto aproximadamente. • Con los ojos cerrados repite la idea lentamente y con toda tranquilidad, para reflejar la paz y relajación contenida en la idea.

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Luego abre los ojos y mira a tu alrededor, arriba y abajo, cerca y lejos, dejando que tus ojos se muevan rápidamente de una cosa a otra. Durante este tiempo repite la idea sin prisa y sin esfuerzo. Para terminar, cierra los ojos y repite la idea lentamente.

Observaciones: A diferencia de los ejercicios anteriores, en éste tú no aplicas la idea concretamente a los objetos a tu alrededor nombrándolos mientras lo haces. De hecho, la repetición de la idea no se produce al mismo tiempo que el cambio de tu mirada. Las dos tienen lugar a ritmos diferentes. La relativa rapidez con la que miras a tu alrededor contrasta con la lentitud con la que repites la idea.

Comentario
La lección introduce “el concepto de que son tus pensamientos los que determinan el mundo que ves” (1:3), un tema importantísimo en el Curso. Es la razón de la famosa frase: “No trates de cambiar el mundo, sino elige cambiar de mentalidad acerca de él” (T.21.In.1:7). La mente es principal y el mundo es secundario. Creemos que el mundo causa (o al menos afecta) lo que pensamos; el Curso enseña que la mente es la causa, y que el mundo es el efecto. Se nos dice que la idea “contiene los cimientos de la paz, de la relajación y de la ausencia de preocupación que estamos tratando de lograr” (3:4). En esta idea reside la certeza de tu liberación. La llave del perdón reside en ella. (1:4-5) ¿Por qué es así? Si lo que yo veo fuera está siendo causado por mis propios pensamientos sin significado, entonces no hay nada a lo que “culpar” en el mundo externo; todo lo que se necesita es corregir mis pensamientos. Puedo perdonar lo que veo porque no tiene significado. Sólo condeno y juzgo cuando pienso que veo algo con significado: algo malo o perverso o terrible. Pero si no tiene significado, no hay razón para condenarlo. Y si mi mente es la causa de lo que veo, entonces ¿cómo puedo juzgarlo? Todo lo que puedo hacer es reconocer, como dice el Texto, “Soy responsable de lo que veo” (T.21.II.2:3), y elegir cambiar mi propia mente.

LECCIÓN 12 – 12 ENERO “Estoy disgustado porque veo un mundo que no tiene significado” Instrucciones para la práctica
Propósito: Darte cuenta de que estás disgustado porque instintivamente sientes que el mundo no tiene sentido, una pizarra en blanco. Esto te hace temer que la verdad se escriba sobre ella. Este ejercicio te ayudará a aceptar que el mundo es verdaderamente una pizarra en blanco, borra lo que has escrito en ella, y luego ve lo que Dios ha escrito en ella. Ejercicio: Tres o cuatro veces, de 1 minuto o menos (párate cuando notes tensión). • Mira a tu alrededor lentamente, cambiando tu mirada a intervalos de tiempo regulares. Mientras miras alrededor, di: “Creo ver un mundo temible, un mundo peligroso, un mundo hostil,” y así sucesivamente, usando cualquier término descriptivo que se te ocurra. Esto incluye los positivos, que suponen la posibilidad de su opuesto. Suponen un mundo en el que tanto lo positivo como lo negativo están presentes y luchan por ver cuál gana. Éste no es el mundo que Dios quiere que veas. • Al final añade: “pero estoy disgustado porque veo un mundo que no tiene significado”.

Observaciones: Cambiar tu mirada a intervalos regulares refleja la idea de hoy. Al darle la misma cantidad de tiempo y atención a cada cosa, te enseñas a ti mismo que las cosas que ves son todas igualmente sin significado. Esto es lo mismo que la lección de hoy está intentando enseñarte.

Comentario
Lo que de verdad nos molesta es una pizarra vacía, un lienzo sin pintar. No lo podemos resistir, tenemos que pintarlo con nuestro significado; y cuando lo hacemos, lo que vemos es aterrador, triste, violento o loco (1:2-3). No podemos aceptar que el mundo no significa nada y “dejar que la verdad se escribiese en él por ti” (5:3); en lugar de ello, “te ves impulsado a escribir sobre él lo que tú quisieras que fuese” (5: 4). No podemos dejar que Dios le dé al mundo y a nosotros mismos nuestro significado; deseamos hacernos el nuestro propio. El resultado es una inquietante visión de todo. Esta idea, de que lo que pienso que me está molestando no es realmente la causa de mi disgusto (lee la Lección 5 de nuevo), es enormemente útil. Puede obrar milagros en nuestra experiencia. Recuerdo la primera vez que me tocó. Acababa de tener una conversación decepcionante con mi novia, en la que me di cuenta de que ella no quería pasar tanto tiempo conmigo como yo quería pasar con ella, y de que estaba interesada en otro. Me sentí ofendido, humillado, un ciudadano de segunda clase; me sentí enfadado con ella por no darse cuenta del valioso regalo que yo era y por hacerme pasar la tarde del sábado solo. Me sentí muy desgraciado. De repente me vino el pensamiento: “Soy yo quien me estoy haciendo esto a mí mismo, no es ella”. Pensé en la canción de la película My Fair Lady en la que Rex Harrison canta: “Yo era muy independiente y feliz antes de que nos conociéramos. Seguramente podría serlo de nuevo… y sin embargo…” Me di cuenta de que estaba eligiendo verla como la causa de mi malestar, pero era el modo en que yo estaba pensando sobre la situación lo que me hacía desgraciado. Si yo quería, todavía podía ser feliz. ¡Fue una revelación importantísima! Para ser honesto, no estaba seguro de que me gustase, pero mi sentido interno seguía diciéndome: “En este camino está la verdadera libertad”. Aquel fue un gran comienzo para mí. Deja que para ti, hoy, el mundo pierda su significado. No te apresures a ponerle encima tu significado. Simplemente deja que sea lo que es, sin ningún significado, y dale al Espíritu Santo una oportunidad para que escriba Su significado sobre él. Cuando tus palabras hayan sido borradas, verás la Suya. Ése es, en última instancia, el propósito de estos ejercicios. (5:8-9) Hay una práctica semejante a las del Libro de Ejercicios, que aparece en el Texto, y que va en la misma línea de esta lección. Cuando de alguna manera tu paz se vea amenazada o perturbada, afirma lo siguiente: “No conozco el significado de nada, incluido esto. No sé, por lo tanto, cómo responder a ello. No me valdré de lo que he aprendido en el pasado Para que me sirva de guía ahora”. Cuando de este modo te niegues a tratar de enseñarte a ti mismo lo que no sabes, el Guía que Dios te ha dado, te hablará. Ocupará el lugar que Le corresponde en tu conciencia en el momento en que tú lo desocupes y se lo ofrezcas a Él. (T.14.XI.6:6-11).

LECCIÓN 13 – 13 ENERO “Un mundo sin significado engendra temor” Instrucciones para la práctica
Propósito: El mismo que ayer. Ejercicio: Tres o cuatro veces, durante 1 minuto más o menos (no más). • Cierra los ojos y repite la idea. • Abre los ojos y mira lentamente a tu alrededor. Mientras lo haces así, repite una y otra vez: “Estoy contemplando un mundo que no tiene significado”. • Cierra los ojos y di: “Un mundo que no tiene significado engendra temor porque creo que estoy compitiendo con Dios”. Observaciones: No te preocupes si no te crees la afirmación final. Puedes pensar que es una locura y puede que te resistas a ella. Todo eso es normal. Simplemente date cuenta de tu resistencia, cualquier forma que tome, y dite a ti mismo que la verdadera razón de ello es que esta frase despierta tu miedo oculto a la venganza de Dios. Muy dentro de ti crees que, si te das prisa y escribes tu significado sobre la pizarra en blanco del mundo, has derrotado temporalmente a Dios. Como resultado, crees que ahora te enfrentas a su ira. Para hacerle frente a esta creencia la has enterrado muy profundo en tu inconsciente, pero la afirmación final de hoy la saca de nuevo a la superficie. Por eso es por lo que temes a la afirmación y estás impaciente por desecharla. A causa de todo esto, trata de no pensar en ello excepto durante los ejercicios.

Comentario Más que molestarnos, el mundo sin significado que vemos produce miedo dentro de
nosotros. Después de pasar varios días convenciéndonos, así parece, de que el mundo no significa nada, el Curso “le da la vuelta”: De hecho, un mundo sin significado es imposible. Lo que no tiene significado no existe. (1:23) La Introducción al Curso afirma que: “Nada irreal existe” (T.In.2:3), y ahora se nos dice que no existe nada sin significado (1:3). La situación no es que existan cosas sin significado y que tengamos miedo porque las vemos; lo que sucede es que pensamos que percibimos cosas sin significado y nos apresuramos a escribir sobre ellas nuestro propio significado. No vemos significado porque no queremos ver el significado que Dios ya les ha dado. Cuando vemos lo que no tiene significado se produce ansiedad dentro de nosotros: Representa una situación en la que Dios y el ego se “desafían” entre sí con respecto a qué significado ha de escribirse en el espacio en blanco provisto por dicha falta. El ego se abalanza frenéticamente para establecer allí sus propias ideas, temeroso de que, de otro modo, el vacío pueda ser utilizado para demostrar su propia impotencia e irrealidad. Y solamente en esto está en lo cierto. (2:2-4) Si el ego no se apresurase a dar su propio significado, el significado establecido por Dios, ciertamente, demostraría la irrealidad del ego. Por eso el ego se imagina que ve un espacio sin significado en el que poner el suyo propio, teme al significado que Dios ya ha dado. Nosotros le damos nuestro propio significado a todo.

El Curso insiste en que si no nos apresurásemos a poner nuestro propio significado, el mensaje que oiríamos sería de amor y belleza. Esto es cierto, no importa cuál parezca ser la “situación externa”. Por ejemplo, un hermano puede estar totalmente engañado por su ego y atacarnos de palabra. El mensaje que oímos en sus palabras, no importa su forma, es el que elegimos escuchar. Le damos el significado que pensamos que nuestro hermano nos está transmitiendo. Si mi mente estuviese en sintonía con el Espíritu Santo, no importa lo que otro haga o diga, yo oiría un mensaje que afirma el Cristo en él y en mí, y que motiva mi amor. (Para una larga y complicada sección sobre este tema, ver Texto, Capítulo 9, Sección II: “La Respuesta a la Oración”, que en parte dice: “El mensaje que tu hermano te comunica depende de ti. ¿Qué te está diciendo? ¿Qué desearías que te dijese? Lo que hayas decidido acerca de tu hermano determina el mensaje que recibes” (T.9.II.5:1-4). La idea de que estamos compitiendo con Dios y de que tenemos miedo de la venganza de Dios porque estamos luchando contra Él, puede parecer ridícula, como admite la lección. En este nivel, estamos principalmente intentando darnos cuenta de que tenemos miedo de dejar algo sin significado, aunque no nos demos cuenta de por qué tenemos miedo de ello. Nos pide que estemos dispuestos a decir: “No sé lo que esto significa”, ¡verdaderamente tenemos miedo de ello! La lección también nos pide que nos hagamos conscientes de cualquier forma de miedo. No que intentemos vencerlo, sólo que nos demos cuenta de él. Observa que dejar a algo sin darle significado te ocasiona ansiedad, y permítete a ti mismo pensar que quizá la razón es que de algún modo, en algún lugar profundo de tu inconsciente, tienes miedo del significado que Dios podría escribir allí si se lo permitieses.

LECCIÓN 14 – 14 ENERO “Dios no creó un mundo sin significado” Instrucciones para la práctica
Propósito: Borrar las interpretaciones que has hecho del mundo para que puedas ver la interpretación de Dios (como en las dos lecciones anteriores). Este proceso te salvará. En sus primeras etapas, sin embargo, puede que te sientas como si se te estuviese llevando al terror. Esto es sólo temporal. Se te conducirá a través del miedo y luego más allá de él para siempre. Ejercicio: Tres veces (a menos que te resulte muy cómodo), durante un minuto como mucho. • Con los ojos cerrados, piensa en todos los horrores del mundo que te pasen por la cabeza, cualquier cosa que temas que te pase a ti o a cualquiera. Para cada uno di: “Dios no creó (especifica el horror), por lo tanto, no es real”. Sé muy concreto al nombrar el horror o desastre. • Termina repitiendo la idea. Respuesta a la tentación: Voluntaria, cuando algo te molesta. Aplica la idea libremente para eliminar tus disgustos durante el día. Para esto se proporciona una forma especial: “Dios no creó un mundo sin significado. No creó (especifica la situación que te esté perturbando), por lo tanto, no es real”. Ésta es una práctica muy efectiva para recuperar la paz mental. De hecho, puede que quieras intentarla ahora: Elige una situación que te esté preocupando y aplícale la práctica. Verás cómo, al menos, parte de la carga desaparece inmediatamente.

Comentario

La idea de hoy llega como un respiro bien recibido después de 4 días de decírsenos que “nuestros pensamientos no significan nada” y que nos están mostrando un mundo sin significado que nos disgusta y asusta. El mundo sin significado que estamos viendo no fue creado por Dios, y “Lo que Dios no creó no existe” (1:2). En el libro Despiertos del Sueño1 de Gloria y Kenneth Wapnick, Gloria escribió sobre cómo esta idea le atrajo por primera vez al Curso: Al oír de primera mano los efectos devastadores que la Segunda Guerra Mundial tenía sobre la gente, llegué a la conclusión de que si esta guerra era lo mejor que Dios podía crear, no quería tener ninguna relación con Él… Cuando leí las palabras de Jesús explicando que Dios no creó el mundo, fue como si “relámpagos” chocaran por mi cabeza. “¿Por qué no se me había ocurrido?”, me decía a mí misma una y otra vez. “Es tan sencillo. Ésa es la respuesta”. Finalmente, después de 23 años, el rompecabezas en mi mente se había resuelto. El Curso había proporcionado la pieza que faltaba, y ya no tenía que seguir culpando a Dios por un mundo que Él no creó. Para algunos, el mensaje de que Dios no creó el mundo sin significado que vemos, llega como una salvación. Para otros, puede ser “bastante difícil e incluso doloroso” (3:2). Pues reconocer que Él no lo creó conlleva la verdad: nosotros lo hicimos. Somos responsables del mundo que vemos. Eso puede conducirnos “directamente al miedo” (3:3). El Curso trata esto en muchos lugares diferentes de los tres libros. El mensaje que nos está dando, especialmente en los “pasos del comienzo” (3:2), puede ser difícil, doloroso, y aterrador. Muchas personas se preguntan si algo anda mal porque sienten fuertes reacciones negativas a la enseñanza del Curso de que Dios no creó el mundo. La respuesta es: no. Quizá son aquellos que no tienen ninguna reacción negativa quienes deberían preguntarse si entienden correctamente el mensaje del Curso y comprenden completamente lo que ello supone. Una reacción negativa es mucho más frecuente que una reacción positiva: eso puedo asegurarlo. Sin embargo, alégrate de que la lección continúe diciendo: Mas no se te dejará ahí (en el miedo). Irás mucho más allá de él, pues es hacia la paz y seguridad perfectas adonde nos encaminamos. (3:4-6) El Curso llama a nuestro camino “un viaje del miedo al amor” (T.16.IV.11:1-2). Ciertamente son muy pocos los que se libran de la angustia del principio, pero la dirección del viaje es hacia una calidez y extensión del amor que difícilmente puede imaginarse cuando empiezas. Una advertencia sobre la forma específica de la práctica de hoy: observa cuidadosamente que la lección te pide que te digas a ti mismo las cosas que te disgustan de “tu repertorio personal de horrores” (6:1). No recomienda que le digas a otra persona que esté pasando por una tragedia personal que su tragedia no es real. Si le dijeras a una viuda que sufre por la pérdida de su marido: “¡Alégrate! Dios no creó la muerte de tu marido, por lo tanto, no es real”. En la mayoría de los casos tal mensaje no es un acto de amor sino un ataque, colocándote tú en una posición espiritual “superior” a la otra persona. La lección te está enseñando a que te des este mensaje a ti mismo”. Fíjate también en la mención aquí acerca de nuestras ilusiones, de que “algunas de ellas son ilusiones que compartes con los demás, y otras son parte de tu infierno personal” (6:3). Cosas como el hambre y el sida caen en la categoría de las “ilusiones compartidas”. Aquí claramente se apoya la idea de que la ilusión del mundo es una responsabilidad compartida, no únicamente tu creación personal, o la mía.
1

Gloria y Kenneth Wapnick, Despiertos del Sueño, 2 Edic.. (Temecula, Cal: Fundación para Un Curso de Milagros, 1995)

LECCIÓN 15 – 15 ENERO “Mis pensamientos son imágenes que yo mismo he fabricado” Instrucciones para la práctica Propósito: Presentarte el proceso de fabricar imágenes, mediante el cual tus pensamientos
internos aparecen como imágenes externas.

Ejercicio: 3 o 4 veces, de un minuto de duración (menos si resulta incómodo).

Repite la idea para tus adentros. Luego mira a tu alrededor y aplícala al azar a cualquier cosa que veas, diciendo muy lentamente: “Este (nombre del objeto) es una imagen que yo mismo he fabricado”. Deja que tus ojos descansen sobre el objeto durante todo el tiempo que lo estés diciendo.

Respuesta a la tentación: Aplica la idea libremente durante el día cuando te sientas molesto.
Si quieres, puedes utilizar esta forma: “Esta (nombre de la situación) es una imagen que yo mismo he fabricado”.Esto te recordará que la situación “molesta” que estás viendo no es objetivamente real, sino únicamente tus propios pensamientos que aparecen en forma de imágenes.

Comentario
Lo que vemos se compone de imágenes hechas con nuestros pensamientos. Debido a que nuestros pensamientos aparecen como imágenes, no reconocemos los pensamientos como que no son nada. La vista física no es otra cosa que esto, y éste es el propósito de la vista física. Les dimos a nuestros ojos la función de ver estas imágenes de pensamientos, para probar la verdad de los pensamientos que creemos que estamos pensando. Eso no es ver. Eso es fabricar imágenes, lo cual ocupa el lugar de la visión, y la reemplaza con ilusiones. (1:5-7) El Curso es muy consistente con su opinión de nuestra vista física. Por ejemplo, dice: Todo lo que los ojos del cuerpo pueden ver es una equivocación, un error de percepción, un fragmento distorsionado del todo sin el significado que éste le aportaría. (T.22.III.4:3) Los ojos del cuerpo ven únicamente formas. No pueden ver más allá de aquello para cuya contemplación fueron fabricados. Y fueron fabricados para fijarse en los errores y no ver más allá de ellos. (T.22.III.5:3-5) Lo que nuestros ojos nos muestran es un error. Lo que nuestros ojos nos muestran es una imagen que hemos fabricado, y que no refleja la verdad. Parte de lo que debemos empezar a aprender es a mirar más allá del cuerpo, para empezar a darnos cuenta de que lo que nuestros ojos nos están mostrando no es necesariamente la verdad. Nuestros ojos nos están mostrando únicamente los errores de nuestra propia mente. Hay algo más allá de lo físico que la visión (visión espiritual) puede mostrarnos. Ése es el significado de los “bordes de luz” a los que se refiere la lección. En un seminario al que asistí, Ken Wapnick dijo que este tema de los “episodios de luz” (2:2) se incluyó en parte como respuesta a un amigo de Helen que veía luz alrededor de las personas y se preguntaba si algo iba

mal. La lección explica que tales experiencias “simplemente son símbolos de la verdadera percepción” (3:5). Son símbolos de la meta que pretendemos alcanzar. La lección no dice que todo el mundo debería tener tales experiencias; simplemente que si tales experiencias ocurren, no deberíamos preocuparnos por ella, son signos de progreso. No es el símbolo de la verdadera percepción lo que buscamos, sino la verdadera percepción misma. El significado de “bordes de luz” es simplemente que hay algo allí para ser visto, y que está más allá de lo físico. La lección nos está conduciendo a esta comprensión.

LECCIÓN 16 -16 ENERO “No tengo pensamientos neutros” Instrucciones para la práctica
Propósito: Un primer paso en aprender que cada pensamiento tiene efectos y que cada uno produce o miedo y conflicto o amor y paz. Ejercicio: 4 o 5 veces (tres si hay tensión), durante un minuto cada vez (reducir en caso de malestar). • Cierra los ojos y repite la idea. • Luego busca en tu mente los pensamientos que se presenten. Trata de no hacer distinciones entre ellos. Especialmente intenta no pasar por alto cualquier pensamiento “pequeño”. A medida que cada pensamiento atraviesa tu mente, mantenlo ahí y di: “Este pensamiento acerca de_____ no es un pensamiento neutro". Respuesta a la tentación: Siempre que seas consciente de un pensamiento molesto. Aplícale la idea usando esta forma concreta: “Este pensamiento acerca de ____ no es un pensamiento neutro, porque no tengo pensamientos neutros”. El propósito es que te des cuenta de que al albergar este pensamiento, estás activamente causándote miedo a ti mismo.

Comentario
La idea de hoy puede producir miedo, pero su propósito principal es que comprendamos que nuestros pensamientos tienen efectos. Es una idea poderosa, no aterrorizadora, a menos que elijamos verla de ese modo. Todo lo que ves es el resultado de tus pensamientos. En esto no hay excepciones. (1:2-3) Como muchas de las ideas del Curso, ésta es un poco difícil de creer al principio porque estamos convencidos de que nuestros pensamientos no tienen ninguna relación con la mayoría de las cosas que vemos. En caso de que dejemos que la idea entre en nuestra mente, la lección añade que es verdad “siempre”. Los pensamientos verdaderos crean cosas verdaderas, los pensamientos falsos fabrican cosas falsas, o ilusiones. En esto no hay nada que temer porque sólo los pensamientos verdaderos crean realidad, los pensamientos falsos sólo fabrican ilusiones. Sin embargo, ningún pensamiento carece de efectos (que es el significado de la palabra “fútil”). Difícilmente se puede calificar de fútil a lo que da origen a la percepción de todo un mundo” (2:2). Cada pensamiento de nuestra mente está produciendo “algo” todo el tiempo, contribuyendo a la verdad o a la ilusión. El Curso es un curso en entrenamiento mental. Su propósito es que nos hagamos conscientes de nuestros pensamientos y de sus efectos. Desea que

nos comprometamos interiormente con el proceso de elegir los pensamientos que ocupan nuestra mente y producen sus efectos en el mundo que nos rodea. Se nos pide que reconozcamos que ningún pensamiento es neutro, cada pensamiento apoya el crecimiento de la verdad o de la ilusión. Cada pensamiento produce amor o miedo, no hay nada más. Si miro al modo en que trato a mis propios pensamientos, veo que la lección es correcta: verdaderamente intento no darle importancia a ciertos pensamientos, como poco importantes o que no merecen que me ocupe de ellos. Cada pensamiento merece que me ocupe de él, todos los pensamientos de miedo son destructivos por igual. También son igualmente irreales. Así que, no tenemos que sentirnos culpables por ellos. Algunos estudiantes del Curso son muy rápidos en entender la parte “irreal”, pero tardan en darse cuenta del lado “destructivo”; el Curso siempre mantiene este equilibrio. Simplemente porque algo es irreal o ilusorio no significa que no sea importante o podamos ignorarlo. Por ejemplo, en un punto el Texto dice que el retraso es imposible en la eternidad pero que es trágico en el tiempo (T.5.VI.1:3). El Curso no es partidario de una actitud de indiferencia hacia el mundo simplemente porque sea una ilusión. Comentarios tales como: “¿El sida?, es sólo una ilusión”, o ¿Qué los niños se mueren de hambre?, el hambre no es real”, tales comentarios no tienen nada que ver con la verdadera enseñanza del Curso, aunque se pueden oír en algunos grupos. Si vemos el sida y el hambre, los pensamientos que hacen que los veamos deben estar en nuestra mente, individual o colectivamente, y por ello somos responsables de la sanación de esos pensamientos. Pero me estoy apartando de la lección, ya va siendo hora de que me baje de la tribuna del orador. La lección indica que ningún pensamiento puede desecharse como sin importancia, y que ningún pensamiento es neutro. Mientras practicas la lección, habrá algunos pensamientos que pueden verse claramente que “no son neutros”. Si alguien te roba el coche, es muy fácil darte cuenta de que tus pensamientos sobre ello no son neutrales. Pero si estás pensando en qué cereal tomar para el desayuno, supone un gran esfuerzo creer que “Este pensamiento sobre Muesli no es un pensamiento neutro”, que está expresando amor o miedo. Créelo, lo expresa. Tal como indican las instrucciones, “no hagas distinciones artificiales” (4:3). La mente es como una bombilla, que está enchufada o desenchufada, nunca a medias; nuestra mente o está expresando amor o miedo, nunca a medias, nunca los dos al mismo tiempo, nunca nada (siempre expresa algo).

LECCIÓN 17 – 17 ENERO “No veo cosas neutras”

Instrucciones para la práctica Propósito: Continuar enseñándote la verdadera “relación causa y efecto” (resultado) entre lo que piensas y lo que ves. Piensas que los acontecimientos externos causan que veas ciertas cosas, pero de hecho son tus pensamientos los que causan lo que ves (tus percepciones). Práctica: 3 o 4 veces (3 son necesarias), durante un minuto (menos si hay resistencia). • Con los ojos abiertos, di: “No veo cosas neutras porque no tengo pensamientos neutros”.

Luego mira a tu alrededor, dejando tu mirada sobre cada cosa que veas el tiempo necesario para decir: “No veo un (nombre del objeto), porque mis pensamientos acerca de (ese objeto) no son neutros”.

Observaciones: Como siempre, es muy importante que trates a cualquier cosa que veas como igual al resto. La alfombra es neutra en sí misma, pero no la ves así porque tu percepción de ella surge de pensamientos que no son neutrales. Incluso si la alfombra es blanca y negra, por así decirlo, tus pensamientos le dan color (“tu” significado). Comentario Según el Curso, el modo en que causa y efecto funcionan es que nuestros pensamientos son la causa y el mundo es el resultado (efecto). Tendemos a pensar que los sucesos o acciones del mundo causan el que pensemos de ciertas maneras, el Curso dice que es justo lo contrario: “El pensamiento siempre tiene lugar primero, a pesar de la tentación de creer que es al contrario” (1:3). No tenemos pensamientos neutros y, por lo tanto, no vemos cosas neutras. ¿Qué solemos hacer cuando tenemos determinados pensamientos? Nos preguntamos: ¿Cuál es la causa de que me sienta así? ¿Cuál es la causa de que me sienta deprimido, furioso, o harto? Pero es el pensamiento el que viene primero. No es nada de fuera de nuestra mente lo que ha causado que me sienta de una manera determinada. Más bien, lo que piensas es lo que ha causado el mundo que ves. La lección es rotunda en sus afirmaciones a veces: Independientemente de lo que puedas creer, no ves nada que esté realmente vivo o que sea realmente gozoso. Eso se debe a que todavía no eres consciente de ningún pensamiento realmente verdadero y, por lo tanto, realmente feliz. (3:2-3) Ahora hace 10 años que llevo estudiando el Curso y todavía me cuesta aceptar la idea de que en realidad no veo nada con vida. Ya sé que el Curso afirma que el cuerpo (que es lo que veo con mis ojos) no muere porque nunca ha existido, y así sé que el Curso define “con vida” de modo completamente distinto a como lo consideramos nosotros. Está a la vista que “con vida” significa algo no físico, porque habla del cuerpo como que no tiene vida en absoluto. Pero tengo que confesar que todavía necesito practicar con esta lección porque todavía mi tendencia es a considerar los cuerpos como con vida. Tengo que esforzarme por recordar lo contrario. Recuerdo una conversación con mi amiga Lynne, hace algo más de un año, antes de que su cuerpo muriese. Ella era estudiante del Curso. Su cuerpo se había deteriorado rápidamente durante el año anterior, y después de varias operaciones era sólo un caparazón de lo que había sido. Le dije: “Supongo que tienes una mayor comprensión de lo que el Curso quiere decir con: NO SOY UN CUERPO”. “¡Más me vale no serlo!, exclamó riendo. Estas dos ideas (que mis ojos sólo ven lo que carece de vida y que todo lo que mi mente está lleno de contenido “no neutro”) pueden ser desconcertantes. Aún así, tienen su lado positivo. La lección es la misma para todos nosotros aunque para algunos, como mi amiga Lynne, parece acelerarse el aprendizaje. No obstante, nuestros cuerpos se marchitarán y deteriorarán como lo hizo el suyo, sólo que un poco más despacio. Es un alivio bien recibido comprender que el único significado del cuerpo es el que nuestra mente le ha dado. El espíritu y la mente están vivos y son reales, ellos son la causa; y el cuerpo y su mundo son únicamente los efectos de pensamientos.

LECCIÓN 18 – 18 ENERO

“No soy el único que experimenta los efectos de mi manera de ver”

Instrucciones para la práctica Propósito: Continuar enseñándote que tus pensamientos tienen efectos. Las lecciones anteriores decían que siempre afectan a tu mente, Esta lección dice que afectan a todas las mentes. Práctica: 3 o 4 veces, durante un minuto aproximadamente (quizás menos). • Mira a tu alrededor, elige objetos al azar y descansa tu mirada sobre cada uno el tiempo necesario para decir: “No soy el único que experimenta los efectos de mi manera de ver este ____”. • Termina repitiendo la idea general. Comentario
La idea de que las mentes están unidas (1:2) es fácil de entender, pero lo que ello supone es de un alcance enorme. El modo en que veo las cosas afecta a otras mentes, no sólo a la mía. Los milagros que el Curso puede hacer en nuestras vidas demostrará esto una y otra vez. Un cambio en el modo en que veo las cosas puede tener efectos milagrosos en las personas a mi alrededor e incluso en todo el mundo: Un milagro nunca se pierde. Puede afectar a mucha gente que ni siquiera conoces, y producir cambios inimaginables en situaciones de las que ni siquiera eres consciente. (T.1.I.45). El hecho de que mi manera de ver las cosas afecta a más personas que a mí mismo, hace a los pensamientos que causan mi manera de ver todavía más importantes. Lo que pienso y mi modo de ver las cosas afecta literalmente al mundo entero. Al abrir mi mente al amor, puedo ser un conducto de amor para el mundo.

LECCIÓN 19 – 19 ENERO “No soy el único que experimenta los efectos de mis pensamientos” Instrucciones para la práctica
Propósito: Enseñarte que todas las mentes están unidas. A pesar de no ser bien recibida al principio, esta idea tiene que ser verdad para que la salvación sea posible. Ejercicio: 3 o 4 (al menos 3), de un minuto aproximadamente (más corto si es necesario). • Cierra los ojos y repite la idea. • Busca los pensamientos que ahora hay en tu mente. A medida que los contemplas a cada uno, mantenlo en tu mente y di: “No soy el único que experimenta los efectos de este pensamiento acerca de (nombra a la persona, o al tema, o a la situación)”. Observaciones: La lección de hoy incluye la última mención de un tema que ya es muy familiar: la necesidad de no hacer distinciones y la selección al azar de los objetos de la práctica. Estas primeras lecciones nos han entrenado en esto (se ha mencionado en cada lección excepto 8, 13 y 14), y de este modo en esta lección el autor anuncia que ya no hará hincapié en ello de nuevo. Esto no se debe a que no sea importante, sino a que espera que ya lo hemos

interiorizado. Ahora Él espera que mantengamos esta práctica a lo largo del resto del Libro de Ejercicios. También explica por qué es tan importante. Poder aplicar la idea con la misma facilidad al cuerpo de tu compañero que a una mota de polvo en el suelo te permitirá finalmente sanar un cáncer con la misma facilidad que un resfriado. Respuesta a la tentación: Según se necesite. Aplica la idea como respuesta a cualquier pensamiento no deseado. El hecho de darte cuenta de que este pensamiento le afecta a todo el mundo, te ayudará a abandonarlo. Comentario Ayer la idea trataba sobre ver, hoy sobre pensar. “El acto de pensar y sus resultados son en realidad simultáneos, ya que causa y efecto no están nunca separados” (1:4). “Pensar” es la causa, “ver” es el efecto (resultado), y las dos ocurren al mismo tiempo. Una pelota que atraviesa tu ventana es la causa de que el cristal se rompa. ¿Cuál sucede primero? ¿La pelota atravesando el cristal o el cristal rompiéndose? Está claro que los dos suceden al mismo tiempo. Esto sucede con pensar y ver. Cuando pensamos, percibimos (vemos). Como ocurren al mismo tiempo, se nos hace difícil reconocer al pensamiento como la causa. Al ego le resulta muy fácil el truco de que parezca lo contrario, y por eso creemos que lo que vemos es la causa de lo que pensamos. Pero no es así como funciona. La idea de que todas las mentes son una es emocionante pero también, especialmente al principio, muy amenazadora. Hay pensamientos que no quiero compartir, pero “No hay pensamientos privados” (2:3). Mis pensamientos “privados” afectan a todo el mundo y a todas las cosas, igual que cada pensamiento que cruza por mi mente. La idea puede ser desconcertante. La lección nos dice que, a pesar de la resistencia, finalmente nos daremos cuenta de que así es como tiene que ser “si es que la salvación es posible” (2:4). No explica por qué es inevitable, pero dice que todos lo veremos así sin tardar mucho. Pensemos en ello durante un minuto. Si otras mentes están de verdad separadas de la mía, entonces son posibles también voluntades diferentes. Eso me coloca en lucha con el mundo, solo contra el universo. ¿Cómo puedo entonces estar libre de miedo, si fuerzas externas pueden volverse contra mí en cruel ataque? Sin embargo, si todas las mentes son parte de la mente única, y si lo que pienso afecta a todas las partes de esa mente unificada, entonces la salvación es posible. Por lo tanto, una elección a favor de la paz, puede empujar a toda la mente unida hacia la paz. La salvación es posible. Yo no soy el resultado del mundo, sino que el mundo es mi resultado. Tengo el poder de elegir. Puedo elegir la paz por toda la Mente. Así es como, desde el punto de vista del Curso, puedo convertirme en el salvador del mundo. ¡Que desde hoy elija a favor de la paz, de la sanación y del perdón! Al empezar a darme cuenta de que no soy el único que experimenta los efectos de mis pensamientos, empezaré a ser cuidadoso con lo que pienso; y al empezar a ser cuidadoso con mis pensamientos, empezaré a sanar yo mismo y el mundo junto conmigo.

LECCIÓN 20 – 20 ENERO
“Estoy decidido a ver” Instrucciones para la práctica

Propósito: Estar decidido a ver y así recibir la visión. Ejercicio: 2 por hora (preferentemente cada media hora). • Repite la idea. “Cómo” la repites, marca la diferencia. La lección te pide que la hagas “lentamente y de manera positiva” (5:1), recuerda que estás decidido a cambiar tu estado actual por uno que verdaderamente quieres. (De hecho, puede que quieras intentar ahora decirla de este modo, y ver si notas la diferencia). • Si en algún momento te das cuenta de que te has olvidado practicar, “no te desanimes… pero esfuérzate al máximo por recordarlo” (5:2) de ahora en adelante. Observaciones: Esta lección marca un gran cambio en el Libro de Ejercicios. Si el Libro de Ejercicios ha parecido fácil hasta ahora, era intencionado. Sin embargo, no puede mantenerse así de fácil y lograr su meta: la total transformación de tu manera de pensar. Así que, a partir de ahora, te dará una estructura mayor con la que practicar. Esto incluirá prácticas más frecuentes, tiempos establecidos en los que practicar, y prácticas más largas. La lección de hoy incluye las dos primeras de tales prácticas. La manera de responder a esta estructura es fundamental. Si la ves como una imposición, como que es una fuerza exterior la que te la impone, te rebelarás contra ella, activa o pasivamente. En lugar de ello, intenta verlo como la expresión de tu verdadera voluntad. Quieres todas las cosas que el Curso te ofrece. Y sólo las conseguirás teniendo una mente entrenada (disciplinada), que sólo conseguirás siguiendo la práctica como lo indican las instrucciones. Por lo tanto, hacer la práctica hoy es tu propio deseo verdadero. Respuesta a la tentación: Siempre que te sientas disgustado con una persona, situación o acontecimiento durante el día. Repite la idea como remedio para esa emoción. Puedes aplicarla a la situación concreta: “Estoy decidido a ver esta situación”. Si de verdad quieres ver la situación de manera diferente, la verás. Comentario La lección de hoy no pide realmente mucho de nosotros: cada media hora acuérdate de repetir las palabras: “Estoy decidido a ver”. Si estamos estudiando el Curso, esto es algo que probablemente queremos de verdad. Deseas la salvación. Deseas ser feliz. Deseas la paz. (2:3-5) Sin embargo, si verdaderamente lo queremos, ¿por qué nos oponemos y desafiamos a las instrucciones? (ver 1:6) Porque por primera vez desde el comienzo del Curso “ésta es la primera vez que intentamos establecer cierta estructura” (2:1) y no será la última. Nuestras mentes sin disciplinar tienen una oposición calculada a la estructura. ¿Y qué importa si es bueno para nosotros? ¿De verdad lo queremos? Si alguien nos dice que lo hagamos de determinada manera, en determinados momentos, nos rebelamos. Vamos muy despacio (arrastrando los pies). No nos gusta que nos diga qué hacer o cómo hacerlo. Nuestra mente “no tiene ninguna disciplina” (2:6) y quiere mantenerse tal como está para proteger los derechos cedidos al ego. La práctica que se nos pide es muy, muy sencilla. Así que inténtalo. Probablemente te sorprenderás de lo a menudo que te olvidas, de cómo el pensamiento de hacerla puede aparecer rápidamente en tu mente y la retrasas porque no es el momento oportuno, o porque “realmente no es importante” y luego te olvidas por completo. Por eso el Libro de Ejercicios se acerca a la idea de estructura con mucho cuidado, sabe que habrá oposición y está intentando hacernos comprender lo importante que es esta práctica engañosamente sencilla. Por eso, nos advierte “No te desanimes si te olvida hacerlo, pero esfuérzate al máximo por acordarte” (5:2).

“Tu decisión de ver es todo lo que requiere la visión” (3:1). Si de verdad pudiéramos captar esta lección, en otras palabras, decirla de corazón, el trabajo estaría hecho. La visión sería nuestra. “Con tu decisión de querer ver, se te da la visión” (3:8). Ésta no es una lección sin importancia, es el núcleo de toda la enseñanza del Curso. Así que, ¡pongamos nuestro corazón en ello hoy! Hagámoslo gozosamente, incluso de una manera sagrada cada media hora. Repitamos la idea “lentamente y de todo corazón” (5:1). “Hagamos un verdadero esfuerzo para recordarlo” (5:2). Apliquémosla a “cualquier situación, persona o acontecimiento que te perturbe” (5:3). Puedes verlos de manera diferente, y los verás. Lo que desees, lo verás. Ésta es la verdadera ley de causa y efecto, tal como opera en el mundo. (5:4-6)

LECCIÓN 21 – 21 ENERO
“Estoy decidido a ver las cosas de otra manera” Instrucciones para la práctica Ejercicio: 5 veces, de un minuto cada vez. •

Repite la idea. Luego cierra los ojos y busca cuidadosamente en tu mente cualquier situación que te provoque ira en cualquier momento, por muy leve que sea. Mantén cada situación en la mente y di: “Estoy decidido a ver (nombra la persona o situación) de otra manera”. Da a los pensamientos de “poca” ira la misma atención que a los de “mucha” ira. Sé muy concreto, hasta el punto de nombrar rasgos concretos de personas concretas que te irritan: “Estoy decidido a ver (rasgo) de (nombre de la persona) de otra manera”.

Observaciones: En esta práctica tenemos que evitar el engaño de que el grado de nuestro enfado importa. Este engaño tiene dos formas. La primera es pensar que nuestros enfados pequeñitos (por ejemplo, una ligera irritación) son demasiado pequeños para tomarnos la molestia de incluirlos en este ejercicio. La segunda es darle mucha importancia a determinadas causas “claras” de enfado, lo que supone que en estos casos determinados nuestro enfado (la ira) está verdaderamente justificado. La verdad es que todo enfado (ira) es máximo y ninguno está justificado. Otro engaño que también se menciona es la creencia de que nuestra ira se limita a un rasgo de personalidad concreto de alguien: “Amo a Juan. No estoy enfadada con él en general, sólo con este rasgo suyo especialmente molesto”. Esta lección supone que nuestra ira hacia esa persona no se limita a eso sólo, es a todo lo suyo. Con este engaño, en lugar de dejarlo fuera de nuestra práctica (como con los engaños anteriores), se nos pide que lo usemos en ella. Se nos pide que utilicemos la idea concretamente a ese rasgo (5:4). Comentario En esta lección aplicamos la idea de la decisión de ver a situaciones concretas que nos producen enfado (ira), dándole toda la importancia a ver estas situaciones de manera diferente. Está muy clara la relación de estos ejercicios con cambiar nuestra percepción (lo que vemos). Hay un pensamiento en esta lección que es particularmente sorprendente. Cuanto más trabajo con el Curso, estudiando el Texto y practicando las disciplinas mentales que nos enseña: “Te irás dando cuenta cada vez más de que una leve punzada de molestia no es otra cosa que un velo que cubre una intensa furia” (2:5).

El primer principio de los milagros, en el capítulo 1 del Texto, dice: “No hay grados de dificultad en los milagros”. La idea de esta lección tiene gran parecido con esa idea. Tampoco hay grados de intensidad en la ira. Incluso la más ligera irritación es lo mismo que una rabia incontenible, y de hecho es ira disfrazada. Todas las formas de ira proceden de la misma causa. Algunas escuelas de psicología afirman desde hace tiempo que todo el mundo lleva consigo desde el nacimiento una ira primaria, profundamente contenida. Puede ser moderada con una capa de civilización, pero debajo, en el subconsciente, hay una ira violenta. Muchos atribuyen esto a nuestro origen animal en la evolución, pero el Curso considera la ira desde un punto metafísico. Dentro de nosotros mismos llevamos una ira ciega contra nosotros mismos porque creemos que hemos atacado la realidad y lo hemos conseguido, creemos que de alguna manera nos las hemos arreglado para separarnos de Dios y que hemos destruido la unidad del Cielo. Pensamos que en un ataque de resentimiento por no haber recibido un trato y un amor especial, hemos destruido nuestro Hogar y no podemos ya regresar nunca. Estamos furiosos con nosotros mismos, pero incapaces de soportar la culpa por el odio a nosotros mismos, lo extendemos hacia fuera y lo desviamos a otros objetos que consideramos separados de nosotros mismos. La palabra usada para este desplazamiento de la ira es “proyección”. El ego dentro de nosotros está continuamente “maquinando”, buscando situaciones sobre las que proyectar la ira con aparente justificación, para convencer a nuestra mente de que la causa de la ira está afuera, y no adentro. Cada llamarada de ira, desde la más ligera irritación hasta la rabia más desenfrenada, todas son síntomas de este odio contra nosotros mismos, profundamente enterrado desde el nacimiento. Todas son lo mismo. Por eso el Curso nos aconseja que no aceptemos la ilusión de que el ataque está justificado según las circunstancias; y por ello nos pide que no consideremos nuestras ligeras irritaciones como demasiado pequeñas como para tomarlas en consideración. Al no hacer distinción entre “grados” de ira, estamos ayudándonos a entender que en la realidad todas son lo mismo e igualmente no justificadas.

LECCIÓN 22 – 22 ENERO “Lo que veo es una forma de venganza”
Instrucciones para la práctica Ejercicio: 5 veces (por lo menos), de un minuto (por lo menos). • Mira a tu alrededor. A medida que tus ojos pasen lentamente de un objeto a otro di: “Veo únicamente lo perecedero. No veo nada que vaya a perdurar. Lo que veo no es real. Lo que veo es una forma de venganza”. • Termina preguntándote a ti mismo: “¿Es éste el mundo que realmente quiero ver?”. Observaciones: Las cuatro líneas que se nos pide que repitamos no parecen seguirse unas a otras con lógica, aunque parezca que eso es lo que pretenden. Basado en el párrafo 2, diría que se siguen unas a otras sólo que en orden inverso; significando que la conclusión viene primero y la base del argumente viene al final. Toda la lógica descansa en la idea (mencionada en el párrafo 1) de que vemos el mundo a través de ojos airados. Como resultado de ello, estamos convencidos de que el mundo debe querer vengarse de nosotros por las miradas asesinas que salieron de nuestros ojos. Este (inconsciente) convencimiento por nuestra parte nos hace vernos a nosotros mismos rodeados de un mundo sediento de vengarse contra nosotros. (Eso explica la cuarta línea.) Por lo tanto, el mundo vengativo que vemos es nuestra propia proyección. Existe sólo en nuestra imaginación. No es un mundo real. (Eso explica la tercera línea.) Y, puesto que

no es real, no tiene las cualidades de la realidad, en este caso: la permanencia. (Eso explica la primera y la segunda líneas.) Para hacer esto más claro, voy a colocar las líneas originales y ni explicación una al lado de la otra: Líneas originales Veo únicamente lo perecedero. No veo nada que vaya a perdurar. Lo que veo no es real. Explicación Veo un mundo que no tiene permanencia. No tiene permanencia porque la permanencia es una cualidad de la realidad, y el mundo que veo no es real. Es sólo un cuadro en mi imaginación. Este cuadro está pintado con mis pensamientos de ataque, que hacen que me imagine un mundo preparado para vengarse por mi ataque a él.

Lo que veo es una forma de venganza.

Comentario Ésta es una lección que no entendí las primeras veces que hice el Libro de Ejercicios. Y no estoy seguro de entenderla completamente ahora, pero tiene cierto sentido para mí, y hasta donde yo la entienda me gustaría compartir ese sentido contigo. Pero date cuenta de una cosa al leer la lección. Con lo que de verdad se te pide que practiques no es sólo con el pensamiento en el título de la lección, sino bastante más; terminando con la pregunta: “¿Es este el mundo que realmente quiero ver?” (3:8). Así que entender el pensamiento del título no es realmente el propósito de esta lección, más bien el propósito es ayudarnos a darnos cuenta de que no queremos realmente lo que estamos viendo. Sin embargo, lo estamos viendo porque en alguna parte de nuestra mente, una parte que hemos escondido de la consciencia, queremos verlo. Siempre vemos lo que queremos ver. Estamos viendo lo que vemos porque queremos verlo. Ves lo que crees que está ahí, y crees que está ahí porque quieres que lo esté. La percepción no está regida por otra ley que ésa. (T.25.III.1:3-4) Si estamos viendo lo que vemos porque queremos verlo, entonces si esta lección puede ayudarnos a aprender que realmente no lo queremos (que lo que de verdad queremos es otra cosa), nos ayudará a cambiar lo que vemos. Al cambiar nuestro deseo, lo que vemos cambia con ello. Si albergamos pensamientos de ataque en nuestra mente, tenemos que ver un mundo perverso, un lugar peligroso. Es un mundo de sufrimiento, y “el dolor no es sino un testigo de los errores del Hijo con respecto a lo que él cree ser. Es un sueño de una encarnizada represalia por un crimen que no pudo haberse cometido” (L.190.2:3-4).Tal como dije ayer, estamos enfadados con nosotros mismos por lo que pensamos que hemos hecho, y como resultado estamos teniendo sueños de “venganza encarnizada” por nuestros crímenes. Como egos, estamos también furiosos con la realidad por no ser lo que queremos que sea, por no apoyar nuestro deseo de separación y de ser especiales. No podemos enfrentarnos a la furia contra nosotros mismos, y no podemos apoyar la culpa de nuestra furia demente contra la realidad, así que la proyectamos. “Habiendo proyectado su furia sobre el mundo, lo que ve es la venganza a punto de devolverle el golpe” (1:2). La ira y el ataque que vemos en el mundo es sólo el reflejo de la intensidad de nuestra rabia interna, no podemos ver la rabia en nosotros precisamente porque la hemos negado y proyectado fuera. De esta manera, el mundo que veo me muestra lo que estoy pensando. “Lo

que veo es una forma de venganza”porque la venganza es lo que llena mi mente, aunque yo no sea consciente de ella. El hecho de que vea venganza en el mundo es la prueba de que está en mi mente, porque ésa es la ley de la percepción. Y lo atacará, pues lo que contempla es su propio miedo proyectado fuera de sí mismo, listo para atacar, y pidiendo a gritos volver a unirse a él otra vez. No subestimes la intensidad de la furia que puede producir el miedo que ha sido proyectado. Chilla de rabia y da zarpazos en el aire deseando frenéticamente echarle la mano a su hacedor y devorarlo. (L.161.8:2-4) “De esta fantasía salvaje es de lo que te quieres escapar” (2:1). ¡Qué palabras tan sugerentes las que usa el Curso “fantasía salvaje”, “un sueño de encarnizada venganza”! Si el mundo tiene ese aspecto (y ciertamente lo tiene, al menos muy a menudo), ¿cuál es el estado de nuestra mente que está produciendo eso? Realmente queremos liberarnos de esa fantasía salvaje. Ése es el propósito de la lección de hoy: ayudarnos a desear cambiar nuestra manera de ver. Nada de lo que estamos viendo existe, y si estamos deseosos de cambiar nuestra manera de ver, ya no lo veremos más. La definición del Curso de real es eterno, duradero, que no cambia. Lo que no es duradero no es real, por definición. Por tanto, nada de esto es real, por definición. “No veo nada que vaya a perdurar” (3:4). Por lo tanto, no es real, por definición. Si no es real, ¿qué es? “Una forma de venganza” (3:4). Ken Wapnick dijo una vez que el mundo es culpa cristalizada. Esta lección dice que el mundo es pensamientos de culpa cristalizados, venganza solidificada transformada en un mundo de ataque y contraataque. ¿Es éste el mundo que realmente quiero ver?”. La respuesta será obvia. (3:8-9) Esta lección está actuando en el nivel de la motivación. No nos dice “cómo” ver algo de manera diferente. Sabe que si puede lograr que queramos algo diferente, la batalla está ganada porque lo que queremos, lo vemos. Así que, si esta lección te deja con el pensamiento: “¡Dios! No, no quiero ya más ver el mundo de esta manera, pero ¿qué puedo hacer?”, entonces la lección ha tenido éxito. La pregunta será contestada al avanzar las lecciones.

LECCIÓN 23 – 23 ENERO “Puedo escaparme del mundo que veo renunciando a los pensamientos de ataque”
Instrucciones para la práctica Propósito: Aprender que “no estás atrapado en el mundo que ves, porque su causa se puede cambiar” (5:1) Ejercicio: 5 veces, de un minuto de duración. • Repite la idea lentamente mientras miras a tu alrededor. • Luego cierra los ojos y busca en tu mente los pensamientos de ataque y los de ser atacado. Mantenlos en tu mente mientras dices: “Puedo escaparme del mundo que veo renunciando a los pensamientos de ataque acerca de ____”. Observaciones: Es importante incluir los pensamientos de ataque que proceden de ti y los pensamientos de ataque hacia ti. La lección dice que son dos formas diferentes del mismo pensamiento. De hecho, si los examinas de cerca, te darás cuenta de que cada pensamiento de ataque contiene los dos aspectos. Cuando estás enfadado con alguien, siempre está el elemento

“Él me hizo daño de algún modo (lo que significa: de algún modo me atacó) y por eso estoy enfadado”. Y siempre que veas que alguien te ataca, siempre hay ira, desagrado, o frustración dirigida contra él. Por lo tanto, todo es lo mismo, y todo es ataque. Verlo nos puede motivar a abandonarlo. Respuesta a la tentación: Siempre que notes que estás teniendo pensamientos de ataque. Repite la idea como un modo de expulsar esos pensamientos. Puedes hacerla más concreta usando la misma forma de arriba: “Puedo escaparme del mundo que veo renunciando a los pensamientos de ataque acerca de____”. Comentario Éste es un ejemplo que resume el mensaje del Curso para nosotros. No nos escapamos del mundo de conflicto tratando de controlarlo, manipularlo, arreglarlo o intentando hacerlo mejor. Nos escapamos mediante una acción de la mente: abandonando nuestros propios pensamientos de ataque. El mundo que veo es el efecto de los pensamientos de ataque que hay en mi mente, y por lo tanto puedo “escaparme” de él cambiando los pensamientos en mi mente. Ésta es “la única manera de poder escapar del miedo que tendrá éxito. Nada más puede lograrlo, nada más tiene sentido” (1:1-2). “Es con tus pensamientos, pues, con los que tenemos que trabajar” (1:5). El Texto lo dice así: Tienes que cambiar de mentalidad, no de comportamiento, y eso es cuestión de que estés dispuesto a hacerlo. No necesitas orientación alguna excepto a nivel mental. La corrección debe llevarse a cabo únicamente en el nivel en que es posible el cambio. El cambio no tiene ningún sentido en el nivel de los síntomas donde no puede producir resultados. (T.2.VI.3:4-7) El mundo es el nivel de los síntomas, la mente es el nivel de la causa. Es muy difícil para muchos aceptar esta frase del Curso: “De nada sirve intentar cambiar el mundo” (2:3). Tan pronto como leo esto, me doy cuenta de que sigo intentando ir contra esto. Me veo a mí mismo intentando cambiar algún factor externo, algo que hay a mi alrededor, pensando que de alguna manera tal cambio mejorará las cosas. Todo lo que esto hace es aliviar algunos síntomas, tal como tomar una pastilla para la tos cuando tengo catarro. No cura nada. O, como Marianne Williamson dijo: “es como intentar solucionar los problemas del Titanic cambiando de lugar las tumbonas de cubierta”. Lo que funciona es cambiar mis pensamientos sobre el mundo, porque mis pensamientos de ataque son la causa del mundo que veo. “Ves el mundo que has fabricado, pero no te ves a ti mismo como el que fabrica las imágenes” (4:1). No reconocemos el poder de nuestra mente, utilizamos las mismas imágenes fabricadas por la mente para ocultar el poder de la mente. Nos negamos a que nos etiqueten como el fabricante de imágenes. Queremos que la culpa sea de algún otro, incluso culpa de Dios. La visión ya tiene un substituto para todo lo que crees ver ahora. La hermosura puede iluminar tus imágenes y transformarlas de tal manera que las llegues a amar, aun cuando fueron forjadas del odio, pues ya no las estarás forjando solo. (4:4-6) Cualquier cosa hecha con nuestro odio, ataque o rabia puede transformarse si nos unimos al Espíritu Santo para dejar que Su luz nos ilumine. Cualquier relación especial, ya parezca odiosa o amorosa, puede llegar a ser una fuente de bendiciones para el mundo. Cada acto de venganza puede transformarse en salvación. Esto es lo que el milagro hace. “El más santo de los lugares de la tierra es aquel donde un viejo odio se ha convertido en un amor presente” (T.26.IX.6:1).

No estamos atrapados en el mundo “porque su causa se puede cambiar” (5:1). Luego sigue un breve resumen maravilloso del proceso de cambiar nuestra mente, que Ken Wapnick ha calificado como los 3 pasos del perdón. Se encuentra en una sola frase: “Este cambio requiere, en primer lugar, que se identifique la causa y luego que se abandone, de modo que pueda ser reemplazada” (5:2). 1.- “Este cambio requiere, en primer lugar, que identifiquemos la causa…” Tenemos que reconocer a la mente como la causa”. Tenemos que darnos cuenta de que estamos “haciendo” al ego en cada instante dentro de nuestra propia mente, por medio de nuestros pensamientos. Tenemos que darnos cuenta de que somos responsables de lo que vemos. 2.- “... y luego que se abandone…” Habiendo reconocido a la mente como la causa, tenemos que elegir cambiar nuestra mente (nuestros pensamientos) acerca del mundo. Tenemos que darnos cuenta de que los pensamientos que estamos pensando no son los pensamientos que queremos porque, como decía la lección de ayer, nos hemos cuenta de que éste no es el mundo que queremos ver. Aquí no se dice nada de que aparezcan nuevos pensamientos, simplemente dice que abandonemos los viejos. Todo lo que se necesita es desear el cambio, el reconocimiento de que “yo ya no quiero esto más”. 3.- “… de modo que pueda ser reemplazada”. El tercer paso es la substitución de los pensamientos de ataque por pensamientos santos, pensamientos de amor y paz. Las siguientes frases son importantísimas aquí: “Los primeros dos pasos de este proceso requieren tu cooperación. El paso final, no” (5:3-4). ¡El paso de la substitución no es nuestro trabajo! Nosotros colaboramos en identificar la causa, descubrir al ego en nuestra mente (paso 1) y colaboramos en abandonar esos pensamientos del ego (paso 2), pero su substitución por los Pensamientos de Dios (paso 3) no es nuestro trabajo. Eso simplemente sucede. Cuando sucede algo que me disgusta, esto es todo lo que necesito recordar: 1) La causa no está fuera sino en mis propios pensamientos. 2) No quiero estos pensamientos. El Paso 3 se encarga de sí mismo, pues si yo doy los dos primeros pasos, veré que mis falsas imágenes han sido reemplazadas. Los pensamientos reales ya están en mi mente, pero están ocultados por los pensamientos falsos del ego. Elimina lo falso, y verás cómo lo verdadero ya está ahí. Dentro de las instrucciones de la práctica hay otra idea que merece destacarse: Asegúrate de incluir tanto los pensamientos de ataque contra otros como los de ser atacado. Los efectos de ambos son exactamente lo mismo, puesto que ambos son exactamente lo mismo. (7:1-2) Un pensamiento de ataque no es sólo un pensamiento de ira o resentimiento que tengo hacia otro, es también un pensamiento de ser atacado por otro. Si todo lo que veo es un reflejo de mis pensamientos, entonces lo que parece ser ataque dirigido contra mí desde fuera es realmente mi propio pensamiento de ataque rebotando contra mí. Por lo tanto, los miedos de cualquier clase son pensamientos de ataque. La inquietud cuando un coche patrulla me pasa, es un pensamiento de ataque. La preocupación por la competencia en el trabajo o en una relación, es un pensamiento de ataque. Alegrarse cuando un terrorista cae víctima de una explosión, es un pensamiento de ataque. ¡Vigila tu mente en los mundiales de fútbol! Tenemos mucho que abandonar. El resultado bien lo merece.

LECCIÓN 24 – 24 ENERO “No percibo lo que más me conviene” Instrucciones para la práctica Ejercicio: 5 veces, de dos minutos de duración. • Repite la idea. • Con los ojos cerrados, busca en tu mente situaciones que aún no estén resueltas y que te preocupan. Cuando encuentres una, nombra todos los objetivos que te gustaría alcanzar, todos los resultados que deseas, al menos todos los que puedas encontrar. Di: “Lo que me gustaría que gustaría que sucediese en relación con ____, es que ____ y que ____ sucediese…” • Después de pasar revista a tantos objetivos anhelados como puedas para cada situación aún sin resolver que cruce tu mente, di para tus adentros: No percibo lo que más me conviene en esta situación, • Después de decir esto, repite todo el procedimiento con otra situación, y así sucesivamente hasta completar el tiempo de la práctica.
Observaciones: En estos ejercicios lo importante es ser honesto contigo mismo. Puede ser humillante admitir cuántas esperanzas contradictorias e imposibles has amontonado en una sola situación. Pero admitir eso es lo importante de este ejercicio. Eso es lo que te mostrará que la idea de hoy es para ti completamente verdadera. Así que sé lo más honesto que puedas, así como cuidadoso y paciente al poner al descubierto todas las metas con las que has “atiborrado los bolsillos” de esta situación. Comentario En cualquier situación dada, nuestras acciones están determinadas por cómo vemos la situación. Y, tal como hemos visto en las últimas 23 lecciones, nuestras percepciones no son de fiar, (por decirlo de una manera suave). Esta lección lo dice más rotundamente: nuestras percepciones son “erróneas” (1:3). Entonces, no hay manera de que podamos saber lo que más nos conviene en cualquier situación. Los ejercicios de hoy pretenden llamar nuestra atención sobre cuatro cosas (párrafo 6): • Estamos exigiendo de cada situación un gran número de cosas que no tienen nada que ver con ella. • Muchas de nuestras metas son contradictorias. • No tenemos un resultado unificado, concreto, en la mente. • Tenemos que experimentar desilusión con respecto a algunas de nuestras metas, independientemente de cuál sea el resultado. Todos hemos experimentado lo que este párrafo dice, sobre todo al tomar decisiones importantes. Supongamos que recibo una oferta de un trabajo maravilloso por el que me pagan más dinero del que haya podido imaginar y en el que hago lo que me gusta. Al principio suena bien. Luego me doy cuenta de que tengo que mudarme a otra parte del país que no me gusta, tendré que estar dispuesto a viajar por muchos sitios, y frecuentemente tendré que trabajar muchas horas, incluso los fines de semana. Mi mente se llena de repente con todas las metas conflictivas. Puedo descubrir que espero que el trabajo me haga feliz, de algún modo. Quizá pienso que el trabajo me proporcionará compañeros espirituales. Tendré que dejar atrás a mis amigos. Y así sucesivamente…

Cuanto más trabajo con el Curso, más me doy cuenta de que ésta no es una lección sólo del comienzo, es algo que se aplica a casi todas las situaciones en las que me encuentro. Constantemente me recuerdo a mí mismo que no sé lo que más me conviene en una situación tras otra. Para mí es de lo más importante hacerlo así cuando las cosas parecen estar bastante claras, cuando creo saber lo que quiero y necesito. Si pienso que sé lo que más me conviene, no se me puede enseñar lo que verdaderamente es. El mejor estado mental que entonces puedo mantener es: “No lo sé”. Puedo reconocer mis preferencias, puedo admitir que creo que me gustaría que sucediesen determinadas cosas, pero necesito aprender a añadir: “No estoy seguro de que esto sea lo mejor”. Si rezo por algo, puedo añadir: “Que suceda… o algo mejor”. Me mantengo con la mente abierta, preparado para aceptar que lo que pienso de la situación puede que no lo abarque todo, y probablemente así es. Ése es el propósito de la lección de hoy: abrir nuestra mente a la posibilidad de que puede que no sepamos, y de que podemos necesitar ayuda.

LECCIÓN 25 – 25 ENERO “No sé cuál es el propósito de nada”
Instrucciones para la práctica Propósito: Empezar a aprender que los propósitos que le asignas a las cosas no significan nada. Esto te ayudará a abandonar esos propósitos. Ejercicio: 6 veces, de dos minutos de duración. • Repite la idea lentamente. • Luego mira a tu alrededor y deja que tu mirada se pose sobre cada cosa que llame tu atención. Mantén la mirada mientras dices lentamente: “No sé para qué es esa____”. Luego pasa al siguiente objeto. No hagas distinciones entre las cosas que estén cerca o lejos, que consideres importantes o sin importancia, humanas o no humanas. Observaciones: Al mirar a un objeto y repetir la idea, puede que te vuelvas consciente de que ves ese objeto como que existe para servir tus necesidades personales. Esto incluye tanto los objetos inanimados como los animados, tales como los cuerpos humanos. Vemos todo a nuestro alrededor como que tiene el propósito de servir a nuestro ser separado. Ése no puede ser su verdadero propósito. Comentario ¿Te has dado cuenta de que se está acelerando la marcha de las prácticas recomendadas? Ayer pasamos de 5 prácticas de un minuto a 5 prácticas de dos minutos. Hoy las aumentamos a 6 prácticas de dos minutos, ¿Cuántos de nosotros estamos haciendo serios esfuerzos para seguir estas instrucciones? Recuerda que la Introducción dijo que no se nos pide que creamos en las ideas, ni que las aceptemos, ni que las recibamos con agrado, incluso si nos resistimos a ellas no importa. Todo lo que se pide es que “las usemos” (L.In.9:5), “que las apliques tal como se te indique” (L.In.8:3). Nada más que eso se requiere para que sean efectivas. Pero aplicarlas tal como se indica es necesario, si queremos que tengan efecto en nuestra vida. No sabemos cuál es el propósito de nada. La pregunta a la que apunta la idea de hoy es "¿Para qué es esto?" Esta lección contesta la pregunta “Todo existe para tu beneficio” (1:5), una referencia clara a la idea de ayer: “No percibo lo que más me conviene”. ¿Qué es lo que más me conviene? Todo. Nosotros no sabemos eso y tampoco nos lo creemos. Valoramos todo según lo bien que sirve a “los propósitos de nuestro ego” (2:1), y puesto que "tu no eres el ego" (2:2), no puede darnos una idea de lo que más nos conviene. Estamos escogiendo las cosas que apoyan a nuestro ego, que no es nuestro Ser y, por lo tanto, lo que estamos haciendo es debilitando nuestro verdadero Ser. (Esa frase “tú no eres el ego” es muy importante, es algo de lo que no nos daríamos cuenta

si no se nos dijera.) Miramos al mundo desde la perspectiva del ego y, literalmente, "asignamos" propósitos a las cosas, propósitos para apoyar a nuestro ego. Cuando las cosas no se ajustan a nuestras expectativas, nos disgustamos. Todas nuestras metas tiene relación con intereses “personales” (3:1). Sin embargo, "Puesto que no tienes intereses personales, tus objetivos en realidad no guardan relación con nada” (3:2). Realmente no tenemos intereses personales porque la “persona” en la que pensamos cuando utilizamos esas palabras no es real. No tenemos metas reales que no compartamos con todas las cosas vivientes, porque todas las cosas vivientes están conectadas, y el compartir es lo que hace que las metas sean reales. Las metas compartidas reconocen la realidad de quién somos. Las metas del ego, no. Por eso, estamos tan confundidos acerca de para qué son las cosas. La lección señala que, en el nivel superficial, no sabemos cuál es el propósito de las cosas, sabemos que el teléfono es para hablar con alguien que no está presente físicamente. “Sin embargo, el propósito de algo no se puede entender en esos niveles” (4:3). Por ejemplo, no entendemos por qué queremos ponernos en contacto con alguien a través del teléfono. Podemos pensar que lo sabemos. Puede que llames a la librería a comprar un libro. Pero, ¿Por qué quieres el libro? ¿Por qué llamar ahora, en este preciso momento? Hay un propósito más profundo en todo, que no entendemos, y que tampoco podemos entenderlo mientras creamos que las metas de las que somos conscientes son las metas reales. Tenemos que “estar dispuestos a renunciar a los objetivos que hemos adjudicado a todas las cosas” (5:1). Toda la base de nuestro juicio está equivocada porque se asienta en la idea de que hay "cosas" fuera de nosotros que son diferentes de nosotros. No hay nada fuera de nosotros, todo forma parte de nosotros. Mientras partamos de esa base falsa, nuestras metas serán erróneas y nuestros juicios estarán equivocados. Me parece muy útil recordar que no sé cuál es el significado de nada y que no sé cuál es el propósito de nada. Una llamada de teléfono puede damos "malas noticias", pero puedo decir: "No sé cual es el propósito de esta llamada de teléfono, no sé cuál es el propósito de esta situación, y por lo tanto no puedo juzgarla". El Curso insiste en nuestra total ignorancia. “Tu confusión entre tu verdadera creación y lo que has hecho de ti mismo es tan grande que se te ha hecho literalmente imposible saber nada" (T.3.V.3:2). Es muy rotundo, ¿verdad? "Literalmente imposible". Esto no es un modo de hablar. Está claro que, si literalmente no sabes nada, no puedes juzgar. Puesto que pensamos que somos el ego, no podemos saber nada. Nuestra creencia en nuestra identidad como seres separados, dentro de cuerpos, es una creencia central detrás de cada uno de nuestros pensamientos. Juzgamos todo según los propósitos del ego (L.25.2:1). Incluso antes de que empecemos a evaluar lo que algo significa, damos por sentado que sea lo que sea y cualquiera que sea su significado, no es parte de nosotros, es otro. Desde esa base, no podemos saber o entender nada, porque no es otro. Es parte de nosotros. Desde la cuna un bebé pasa por el proceso de aprender que su pie o su mano forman parte de él. Al comienzo el bebé no sabe esto. Puedes observar al bebé tratando a veces al pie como si fuera un objeto extraño. Todos somos exactamente iguales a ese bebé, porque no reconocemos partes de nosotros mismos cuando las vemos, pensamos que son otra cosa. Debido a que pensamos que son otra cosa, somos incapaces de hacer juicios que tengan sentido. Nuestros juicios son exagerados, inexactos, y están tan lejos de la realidad que son ridículos. Olvidémonos de nuestras propias ideas acerca del propósito del mundo. Pues no lo sabemos. (T.31.I.12.2-3) Si no sabemos cual es el propósito de algo, ¡no podemos juzgarlo! No podemos valorar si está o

no cumpliendo su propósito, porque no sabemos cuál es su propósito. No se nos pide que adquiramos todo este conocimiento que nos falta, lo que se nos pide es que nos aquietemos y que recordemos lo poco que sabemos (T.31.II.6:4). El Texto nos dice que no hay afirmación que el mundo tema oír más que ésta: No sé lo que soy, por lo 1anto, no sé lo que estoy haciendo, dónde me encuentro, ni cómo considerar al mundo o a mí mismo. (T.31.V.17:7) Continúa diciendo que esta lección es donde nace la salvación. Aquí es donde empieza nuestro aprendizaje: admitiendo que somos incapaces de juzgar. ¡No sabemos todas estas cosas! Reconocer nuestra ignorancia es el nacimiento de la salvación porque mientras no admitamos que no sabemos, no pediremos ayuda. Mientras pensemos que sabemos, estamos bloqueando el verdadero conocimiento. Los niños reconocen que no entienden lo que perciben y, por lo tanto, preguntan cuál es su significado. No cometas la equivocación de creer que entiendes lo que percibes, pues su significado se te escapa… Sin embargo, mientras creas que sabes cuál es el significado de lo que percibes, no verás la necesidad de preguntárselo a Él. No sabes cuál es el significado de nada de lo que percibes. Ni uno solo de los pensamientos que albergas es completamente verdadero. Reconocer esto sienta las bases para un buen comienzo. (T.11.VIII.2:2-3,5; 3:1-3)

LECCIÓN 26 – 26 ENERO “Mis pensamientos de ataque atacan mi invulnerabilidad”
Instrucciones para la práctica Propósito: Darte cuenta de que la razón de que te sientas vulnerable no se debe a la manera en que te trata el mundo sino debido a tus propios pensamientos, concretamente a tus pensamientos de ataque. Abandonar estos pensamientos es el modo de sentirte verdaderamente invulnerable. Ejercicio: 6 veces, durante dos minutos (redúcelo a la mitad si te sientes incómodo). • Repite la idea lentamente. • Cierra los ojos y trae a la mente una situación que te haya estado preocupando y que todavía albergues en tu mente. Primero nombra la situación: “Estoy preocupado acerca de ___”. Luego examina cada posible resultado (lo ideal serían cinco o seis) que temas que ocurra. Para cada uno de esos desenlaces di: “Temo que lo que pueda ocurrir es que ____”, y luego te dices a ti mismo: “Este pensamiento es un ataque contra mí mismo”. Ésta es la frase clave. Éste es el propósito del ejercicio. Lo que te está atacando no es el resultado externo, sino el resultado de que tú eres vulnerable a ese resultado (que ese resultado puede hacerte daño). • Cuando se te hayan acabado los posibles desenlaces a esa situación, repite este procedimiento con otras situaciones hasta que acabes el tiempo de la práctica. • Repite la idea para terminar. Observaciones: Intenta ser honesto y cuidadoso. Si sólo te da tiempo de examinar dos o tres situaciones, no pasa nada. No nos gusta reconocer a cuántas posibilidades amenazadoras nos parece que nos estamos enfrentando. Por lo tanto, los desenlaces que temes puede que sólo se te

ocurran después de que hayas terminado tu lista por completo. No obstante, como aconseja la lección, procura tratar por igual tanto a los resultados espantosos como a los que son ligeramente inquietantes. Todos ellos son diferentes variaciones de tu creencia de que eres vulnerable. Comentario El diccionario americano Heritage define “invulnerable” como “inmune al ataque” (que nada te puede atacar). Así que si creo que puedo ser atacado entonces, por definición, creo que no soy invulnerable. Eso está muy claro. En el primer párrafo hay una lógica que se nos puede pasar por alto si no leemos con cuidado. Ves el ataque como una amenaza real. Esto se debe a que crees que realmente puedes atacar. (1:2-3) Es mi creencia de que puedo atacar la que hace que tenga miedo del ataque que pueda venir de fuera; si yo puedo atacar, también puede hacerlo cualquiera. Por lo tanto, ¡mi miedo al ataque procede de la proyección de mi propia creencia sobre mí mismo! Procede de mi creencia de que no soy un ser completamente amoroso, sino un ser malvado, maligno y perverso. De eso trata todo el párrafo 2. “Y lo que tendría efectos a través tuyo también tiene que tenerlos en ti” (1:4). Por es, por lo que la lección 23 decía en el último párrafo, que tanto los pensamientos de ataque como los pensamientos de ser atacado son exactamente lo mismo. “Ésta es la ley que en última instancia te salvará” (1:5). A lo que se refiere es al hecho de que el modo en que encuentro el perdón es dándolo, y el modo en que me curo es curando a otros, a esto el Curso le da mucha importancia: “Dar es recibir”. Pero ahora nos estamos “perdiendo” esa ley, al proyectar culpa en lugar de extender amor. Por eso tenemos que aprender cómo usarla en nuestro beneficio, en lugar de en nuestra contra (una referencia a la Lección 24). Los pensamientos de ataque me debilitan ante mis propios ojos, ya sean pensamientos de miedo a ser atacado desde fuera o pensamientos agresivos de ataque a otro. Los fuertes no tienen enemigos, como se indica en otro lugar (ver T.23.In.1:5) Si puedo abandonar los pensamientos de ataque, me daré cuenta de mi propia invulnerabilidad; mi “vulnerabilidad o invulnerabilidad son el resultado de (mis) propios pensamientos” (4:1). “Nada, excepto tus propios pensamientos, puede atacarte” (4:2). Ése es un pensamiento en el que he reflexionado durante años, y en mi experiencia ha demostrado ser completamente cierto. Ciertamente es muy difícil de creer al principio, eso es normal. Trabaja con él. Es un pensamiento muy poderoso. (En relación a esto, puedes leer en el Texto la Introducción al Capítulo 10). Las instrucciones para la lección de hoy son más largas y detalladas. Léelas cuidadosamente. Nos estamos dedicando a un verdadero proceso mental. Al pensar en una situación, tenemos que “examinar todos los posibles desenlaces” (7:3), refiriéndonos a cada uno de ellos de manera muy concreta. La lección da mucha importancia a que lo hagamos con gran detenimiento y a que nos tomemos todo el tiempo que sea necesario con cada situación.

LECCIÓN 27 – 27 ENERO “Por encima de todo quiero ver”

Instrucciones para la práctica Propósito: Acercar un poco más el día en que quieras la visión más que ninguna otra cosa. Ejercicio: Por lo menos cada media hora (se sugiere 3 o 4 veces por hora). Simplemente repite la idea. Puedes hacer esto incluso en medio de una conversación. No te preocupes si no lo sientes de todo corazón. Repítelo para acercar un poco más el día en que lo sientas de verdad. Si repetirlo provoca en ti miedo de que tengas que renunciar a algo, añade: “La visión no le cuesta nada a nadie”, y si todavía sientes miedo, di: “Tan sólo puede bendecir”. Observaciones: Ésta es una lección muy importante, la segunda lección de prácticas frecuentes (la primera fue la Lección 20). Esta frecuencia es muy importante. Al principio del día se supone que tú establecerás los intervalos en los que la practicarás (por ejemplo, cada 20 o cada 30 minutos). Si todavía no lo has hecho, sería bueno que lo hicieras ahora. Luego, durante el resto del día, se te pide que te esfuerces al máximo para mantener la frecuencia que has elegido. El Curso se da cuenta de que probablemente no lo harás a la perfección. Cuando te olvides una práctica, no te enfades contigo mismo. Esto te haría abandonar finalmente (y es una treta del ego para lograrlo, ver L.95.7:3-5 y 10:1-2). Simplemente vuelve a tu práctica como si no hubiese pasado nada. Lo importante es no lamentar los fallos pasados en la práctica, sino hacer la práctica en el presente y en el futuro. Los beneficios de esto pueden ser enormes. Sólo una repetición sincera puede ahorrarte años en tu progreso. Comentario Esta lección nos recuerda a la Lección 20: “Estoy decidido a ver”, a la que se hace una sutil referencia en la primera línea: “La idea de hoy expresa algo más fuerte que una simple resolución”. Pone el deseo de ver en primer lugar, “por encima de todo”. Quiero ver más que lo que pueda querer ninguna otra cosa. Si lo decimos de corazón, elegiremos el camino que lleva a la visión todo el tiempo, no importa lo que puedan estar tentándonos otras metas de menor importancia. La lección reconoce que puede que la idea no sea completamente verdad para nosotros todavía. Puesto que el deseo determina la visión, si fuera completamente verdad ya verías, y por lo tanto ¡no necesitarías la lección! Así que trabajar con esta lección no es hipócrita, es un ejercicio pensado para quienes todavía no aceptan la idea completamente. Por supuesto, lo importante es lograr que la aceptemos, está pensada para acercarnos al día en que la aceptemos. La expresión “por encima de todo” puede traernos la idea de sacrificio. “¡La visión a cualquier precio!” Por eso, la lección sugiere que si nos sentimos incómodos acerca de comprometernos completamente con la visión, deberíamos añadir este pensamiento: “La visión no le cuesta nada a nadie” (2:3). Si eso no es suficiente, añade: “Tan sólo puede bendecir” (2:5). Pon las tres líneas de la práctica de hoy juntas: “Por encima de todo quiero ver. La visión no le cuesta nada a nadie. Tan sólo puede bendecir”. Estas líneas señalan a una idea manifestada claramente en el Curso: este camino no cree en el sacrificio. Dice que únicamente se nos pide que sacrifiquemos las ilusiones, y que en realidad ésta es sólo una ilusión de sacrificio. “Nada real puede ser amenazado” (T.In.2:2). Con todo, la lección nos lleva hacia esta decisión firme y sin dudas de alcanzar la verdadera visión. Necesitamos estar decididos a poner la visión por encima de cualquier cosa que parezca competir con ella. A veces puede parecer que se nos pide que renunciemos a cosas, y puede que verdaderamente tengamos que renunciar a ellas; pero cuando lo hagamos, nos daremos cuenta de que no hemos renunciado a nada que quisiéramos de verdad. El proceso completo es perfectamente seguro, y no supone ninguna pérdida real de ningún tipo.

En esta lección los requisitos de la práctica son mucho mayores: repite la lección “al menos cada media hora” (3:2). Nos dice al menos cada media hora, “e incluso más si es posible”. Puedes intentarlo cada quince o veinte minutos” (3:2-3). (Las cosas serán más fáciles de nuevo mañana). Se recomienda una estructura muy concreta, con un horario fijado. Todo lo que se nos pide hacer en cada periodo de práctica es repetirnos la frase: “Por encima de todo quiero ver”. No es mucho. No hay ninguna razón para no hacerlo, incluso en mitad de una conversación, si queremos, si estamos decididos. Lo que realmente importa es: ¿con qué frecuencia te vas a acordar? ¿Hasta qué punto quieres que esa idea sea verdad? Si contestas una de estas preguntas, habrás contestado la otra. (4:1-3). La frecuencia en recordarlo será la medida de cuánto queremos la visión de verdad. ¡Éste será un día revelador! Fíjate en cómo se nos indica que tratemos el hecho de que probablemente nos olvidaremos y no nos acercaremos al ideal de cada quince minutos. Dice mucho sobre cómo el Libro de Ejercicios considera este asunto de la “práctica”. Básicamente dice: “No dejes que tu ‘fallo’ te perturbe, pero sí trata de adherirte al horario establecido inmediatamente”. Todo lo que se necesita para ahorrar “muchos años de esfuerzo” (4:6) es, sólo una vez durante el día, repetir la idea con perfecta sinceridad. Para lograrlo una sola vez se precisa un montón de prácticas. Simplemente hazlo lo mejor que puedas, pero que sea lo mejor que puedas.

LECCIÓN 28 – 28 ENERO
“Por encima de todo quiero ver las cosas de otra manera”

Instrucciones para la práctica
Propósito: Comprometerte a ver de verdad, comprometerte a retirar tus ideas preconcebidas sobre las cosas y abrir tu mente a verlas con la verdadera visión. Harás este compromiso con cada objeto que uses. Al comprometerte a ver un objeto de otra manera, te estás comprometiendo a ver todo de otra manera. Ejercicio: 6 veces, durante dos minutos. • Repite la idea. • Luego aplícala al azar a cualquier cosa que veas a tu alrededor, dándole a cada objeto la misma sinceridad. Mantén tu mirada sobre cada objeto mientras dices lenta y cuidadosamente: “Por encima de todo quiero ver este ____ de otra manera”. Date cuenta de que al hacer esto estás haciendo una petición, una petición de retirar el propósito que le has dado a ese objeto, para ver el propósito que Dios le ha dado, “el propósito que comparte con todo el universo” (5:3). Al ver este objeto de verdad, puedes ver el propósito de todo. Puedes obtener la visión total. Observaciones: Cada aplicación de la idea (a la mesa, a la silla, al pie) es lo que hace el compromiso. Así que trata de practicar con esta intención. Con cada repetición, intenta decirlo de corazón. No digas las palabras con prisa y sin pensarlas. Intenta decirlas con sinceridad. Dilas tan a conciencia como puedas. No te preocupes acerca de si continuarás con estos compromisos, pues eso te impide hacerlos. Y nunca los mantendrás si no los haces. Comentario

Es sorprendente el pensamiento de que yo podría alcanzar la visión con sólo una mesa, o con cualquier cosa elegida al azar, si pudiera mirar con una mente completamente abierta. Significa que durante toda mi vida he estado rodeado de personas y cosas y cualquiera de ellas podría haberme traído la iluminación, pero yo no he respondido. La pantalla del ordenador a la que estoy mirando mientras escribo, si la veo sin ninguna de mis propias ideas, podría empezar a mostrarme “algo bello, puro y de infinito valor, lleno de felicidad y esperanza” (5:2). Todavía me parece difícil de creer eso. Oh, no lo dudo, en cierto sentido. De algún modo, tiene sentido creer que un ser iluminado, como Jesús por ejemplo, vería (como dice el poeta): “el universo en un grano de arena”. Pero supongo que lo que dudo es que yo pueda verlo. He mirado a tantas mesas a lo largo de mi vida y ¡ninguna de ellas me ha hablado! Miro a mi mesa ahora y veo: una mesa. Pero, ¿qué podría ver? “Oculto tras todas las ideas que tienes acerca de ella se encuentra su verdadero propósito, el cual comparte con todo el universo” (5:3). ¡Ah! Una pista hacia lo que esta lección apunta, estamos hablando de un propósito compartido. Estamos pidiendo ver un propósito común que une todas las cosas como una. Yo pienso que una mesa es para escribir sobre ella o para comer sobre ella, un tenedor es para pinchar mi comida, un ordenador es para enviar mensajes a personas a través de internet. Veo un montón de propósitos diferentes, cada cosa con el suyo propio, con un propósito diferente. Pero todos ellos comparten un propósito. Tal como mi cuerpo, el cielo, la luna, todo lo que veo. ¿Cuál es el propósito? Eso es lo que estoy pidiendo ver. Eso es algo que merece pedirse. No hay nada a tu alrededor que no forme parte de ti. Contémplalo amorosamente y ve la luz del Cielo en ello. Pues así es como llegarás a comprender todo lo que se te ha dado. El mundo brillará y resplandecerá en amoroso perdón, y todo lo que una vez considerabas pecaminoso será re-interpretado ahora como parte integrante del Cielo. ¡Qué bello es caminar, limpio, redimido y feliz, por un mundo que tanta necesidad tiene de la redención que tu inocencia vierte sobre él! ¿Qué otra cosa podría ser más importante para ti? Pues he aquí tu salvación y tu felicidad. Y éstas tienen que ser absolutas para que las puedas reconocer. (T.23.In 6:1-8)

LECCIÓN 29 – 29 ENERO “Dios está en todo lo que veo” Instrucciones para la práctica
Propósito: “Comenzar a aprender a mirar a todas las cosas con amor, con aprecio y con una mentalidad abierta” (3:1). Ver el propósito santo que hay en todo: serte útil, ayudarte, hacerte feliz, estar a tu disposición siempre que lo necesites, protegerte. Ejercicio más largo: 6 veces, durante dos minutos. • Repite la idea. • Luego aplícala al azar a objetos dentro de tu campo visual, nombrando a cada uno. Di: “Dios está en esta (revista, dedo)” o “Dios está en ese (cuerpo, puerta)”. Date cuenta de que no estás diciendo que Dios esté físicamente en ese objeto de algún modo, sino que Dios le ha dado Su propósito al objeto, un propósito que es parte de Dios. Recuerda tu entrenamiento hasta ahora: empieza cerca de ti y extiéndela más lejos. Mantente mirando al objeto mientras repites la frase. Y asegúrate de evitar “la tendencia a dirigir la selección” (4:2), algo que podría ser más extraño.

Recordatorios frecuentes: Al menos una por hora. Repite la idea lentamente mientras miras despacio a tu alrededor. Comentario “La idea de hoy explica por qué puedes ver propósito en todo. Explica por qué nada está separado, por sí mismo o en sí mismo. También explica por qué nada de lo que ves tiene significado alguno. De hecho, explica cada una de las ideas que hemos usado hasta ahora, y también todas las subsiguientes. La idea de hoy es el pilar de la visión”. (1:1-5) Está claro que, la idea de hoy es central en el sistema de pensamiento del Curso. No es simplemente una idea agradable y sensiblera. Tampoco es simplemente panteísmo que dice que la naturaleza y Dios son lo mismo. En otra parte, el Curso enseña que “El mundo no existe” (L.132.6:2-3), así que esto no puede significar que la naturaleza y Dios son idénticos. “Ciertamente Dios no está en una silla tal como tú la ves” (2:3) Tal como yo veo las cosas, nada significa nada. Una mesa es sólo una mesa, una superficie plana para comer, escribir o jugar al póker sobre ella. No tiene un propósito eterno, sus propósitos son todos pasajeros. Vista así, la mesa no revela a Dios sino que ayuda a ocultarle. Dios no está en la mesa física, pero Él puede verse a través de, o por medio de ella. Si la mesa comparte el propósito del universo, tiene que compartir el propósito del Creador del universo. Ese propósito es nuestra felicidad, nuestra dicha, nuestra compleción, que es necesaria para la Suya. “Todo existe para tu beneficio. Para eso es para lo que es, ése es su propósito, ése es su significado” (L.25.1:5-6). “Propósito” es la palabra clave en esta lección y en la anterior. Dios está en todo lo que veo porque todo comparte Su Propósito. Mi vista es un velo que oculta la verdad que brilla en todo, pero la visión puede brillar a través de ese velo si se lo permito. Tal como veo, Dios no está en todo, de hecho, Él no está en nada. Si fuera suficiente con la vista física, hace mucho tiempo que todos habríamos visto a Dios. Hicimos nuestra vista para ocultarle; pero si vemos con la Visión de Cristo, todo nos puede revelar a Dios. “Nada es como a ti te parece que es. Su santo propósito está más allá de tu limitado alcance”. (3.4-5) Cuando leí esta lección por primera vez, no entendí la afirmación de que la idea de hoy: “Dios está en todo lo que veo”, explicaba la idea anterior de que nada de lo que veo significa nada. Pensándolo bien si Dios está en todo lo que veo, debería darle a todas esas cosas un significado profundo, las vería compartir el propósito del universo, el propósito del Creador. Entonces, ¿cómo se pasa con lógica de “Dios está en todo lo que veo” a “Nada de lo que veo significa nada”? Finalmente me di cuenta de una distinción que debería haber estado clara desde el principio: la diferencia entre “ver” o “vista” y “visión”. El Curso hace esta distinción continuamente, todo el tiempo; pero como mi mente tiende a pensar en “vista” y “visión” como la misma cosa, no logré darme cuenta aquí. “Vista” se refiere a nuestro modo habitual de ver, nuestra creencia de que lo que nuestros ojos físicos nos muestran es real, cuando realmente es sólo el resultado de un deseo dentro de la mente y la proyección de significado desde la mente y que se pone encima de lo que se ve. Por otra parte, “visión” es completamente otra clase de sentido, que no tiene ninguna relación con los ojos físicos. Fíjate en que la lección dice: “La idea de hoy es el pilar de la visión” (1:5). “Cuando la visión te haya mostrado la santidad que ilumina al mundo, entenderás la idea de hoy perfectamente”

(3:6). Es la visión la que revela a Dios en todo, la simple vista no revela a Dios, por eso es por lo que nada de lo que veo significa nada. “Ahora mismo no las ves (con la visión)” (3:2). Dios está ahí, pero la vista no Le ve, la vista está pasando por alto lo único que le da a todas las cosas el significado que tienen. Por lo tanto, podemos revisar ahora la afirmación anterior para entender: “Nada de lo que veo significa nada, de la manera en que lo veo”. El significado está ahí, pero estoy ciego a él. “Tienes que negar el mundo que ves, pues verlo te impide tener otro tipo de visión. No puedes ver ambos mundos, pues cada uno de ellos representa una manera de ver diferente, y depende de lo que tienes en gran estima”. (T.13.VII.2:1-2) La idea de que Dios está en todo es “el pilar de la visión” (1:5). Es la base para “una manera de ver diferente” (T.13.VII.2:2). Para ver a través de la visión, tengo que estar decidido a negar, o a pasar por alto mi modo habitual de ver, que se limita únicamente a lo físico y me informa sólo de lo que mi ego quiere ver. Si reconozco que Dios está en todo y, sin embargo, no Le veo con mis ojos, tiene que haber otro modo de ver y se me llevará a desearlo. Y pediré la visión. La lección habla del “limitado alcance” de nuestro modo de ver (3:5). A modo de semejanza, imagino que Dios es visible sólo en rayos infrarrojos (por supuesto, Él no es visible en ninguna forma física). Nuestros ojos no ven la radiación infrarroja así que, aunque esté presente, no vemos nada. La gama de la vista física es ahora muy estrecha; hay muchas clases de “luz” que no podemos ver: infrarrojos, ultravioletas, calor, radiación, ondas de radio, microondas, y así sucesivamente. Dios está en todas partes, pero Él está fuera de la gama de nuestra vista física, necesitamos una clase de visión diferente. Pienso que, en cierto sentido, la lección está intentando suscitar un cierto descontento dentro de nosotros. Provoca la perturbadora pregunta: “Si Dios está en todo, ¿cómo es que no Le veo? Nos hace darnos cuenta de las limitaciones de lo que creíamos que era la “vista”. Nos hace conscientes de su limitado alcance, y provoca en nosotros el deseo de una nueva clase de visión que ve más allá de este limitado alcance, y que ve el propósito del universo en todo. La lección de mañana continuará dándonos instrucciones para encontrar la visión.

LECCIÓN 30 – 30 ENERO “Dios está en todo lo que veo porque Dios está en mi mente” Instrucciones para la práctica
Propósito: Aprender una nueva manera de ver. En este tipo de visión, lo que ves no procede del mundo externo, a través de los ojos del cuerpo, o de proyectar tus ilusiones sobre el mundo. En lugar de ello, procede de “proyectar” la verdad que está en tu mente sobre todo lo que ves. Ejercicio: Tan a menudo como te sea posible, durante un minuto. Mira a tu alrededor y aplica la idea a tu campo visual e incluso a lo que está más allá de ese alcance, fuera de tu vista. Asegúrate, durante algunos de los ejercicios, de cerrar los ojos y aplicar la idea a tu mundo interno. Comentario Así como la lección de ayer era “el pilar” de la visión (L.29.1:5), la idea de hoy es el “trampolín” de la visión (1:1). El pilar es que Dios está en todo lo que veo. Saber que esto es así “porque Dios está en mi mente” es lo que nos empuja de la simple vista a la visión.

“Por medio de esta idea el mundo se abrirá ante ti, y al contemplarlo verás en él lo que nunca antes habías visto. Y lo que antes veías ya no será ni remotamente visible para ti”. (1:2-3) Para entender de lo que el Curso está hablando, es esencial el hecho de que lo que vemos está causado directamente por lo que está en nuestra mente. La idea que se tiene sobre lo que vemos (percibimos) es que algo de fuera causa una impresión en mi mente a través de los sentidos. La realidad es al contrario, según el Curso: Los pensamientos de mi mente son proyectados fuera y causan mis percepciones (lo que veo). “La proyección da lugar a la percepción”, dice el Texto en dos lugares distintos (T.13.V.3:5; T.21.In.1:1; comparar con T.10.In.2:7). Lo que esta lección intenta enseñarnos es “un nuevo tipo de proyección” (2:1). Podemos llamarla “proyección positiva”. En lugar de usar la proyección para librarnos de los pensamientos con los que nos sentimos incómodos, estamos intentando ver en el mundo lo que queremos ver en nuestra mente. Lo que quiero ver es mi propia inocencia. Por lo tanto, intento ver al mundo como inocente. Estoy eligiendo mis pensamientos e intencionadamente “proyectándolos” sobre el mundo. Quiero verme a mí mismo como si tuviera a Dios en mi mente, y por eso elijo ver a todo como si tuviera a Dios. Si todas las cosas albergan a Dios, y yo albergo a Dios, entonces estamos unidos. “Así pues, estamos tratando de unirnos a lo que vemos, en vez de mantenerlo separado de nosotros. Ésa es la diferencia fundamental entre la visión y tu manera de ver” (2:4-5). Nuestra forma habitual de ver da importancia a las diferencias y distinciones, la visión da importancia a la semejanza. “La verdadera visión no sólo no está limitada por el espacio ni la distancia, sino que no depende en absoluto de los ojos del cuerpo” (5:1). Con cada lección se va haciendo más claro que la visión de la que se habla no tiene ninguna relación con nuestra vista física. En el sistema de pensamiento del Curso, nuestros ojos no ven en absoluto, son simplemente medios para el engaño. Podemos incluir en nuestra visión cosas que están más allá del alcance de mi vista física. Es una forma de ver con nuestra mente, no con nuestros ojos. “La mente es su única fuente” (5:2). Ahora recuerdo nuestra lección anterior: “Por encima de todo quiero ver” (Lección 28) con un propósito más firme y decidido. Quiero la visión, quiero esta otra forma de ver que contempla a Dios en todo y en todas partes. La quiero porque, de alguna manera sé desde lo más profundo de mí que si puedo contemplar las cosas de esa manera, también podré contemplarme de esa misma manera a mí mismo. Si puedo verte como un Hijo de Dios, santo, inocente y sin culpa, sabré que estoy viendo un reflejo de mí mismo. Quiero verme a mí mismo de esa manera, por tanto, quiero verte a ti de esa manera. Dios está en mi mente. El mundo refleja lo que está en mi mente. Entonces, ¿cómo quiero ver al mundo? ¿Estoy decidido a ver al mundo con Dios en él? Si no lo estoy, sólo refleja que no estoy dispuesto y tengo miedo de ver Su Presencia en mi mente.

LECCIÓN 31 – 31 ENERO “No soy víctima del mundo que veo” Instrucciones para la práctica
Propósito: Empezar a declarar tu liberación.

Ejercicios más largos: 2 veces, por la mañana y por la noche, duración de tres a cinco minutos. • Repite la idea dos o tres veces mientras miras lentamente a tu alrededor. • Luego cierra los ojos y aplica la idea a tu mundo interior, el nivel de la causa. Deja que se presente cualquier pensamiento que quiera surgir, obsérvalo, y permite que se marche. Como con la Lección 10, es importante que permanezcas desapegado de tu corriente de pensamientos. Intenta verlos como un desfile extraño de objetos sin significado y desorganizados, o como una serie de hojas flotando por un río. Deja que el río siga moviéndose, no lo pares para pensar en un pensamiento concreto. Mientras lo observas moviéndose, repite la idea tan a menudo como quieras, sin prisa. Recordatorios frecuentes: Tan a menudo como puedas (se sugiere varias veces por hora). Repite la idea. Mientras lo haces, conscientemente recuerda que estás declarando tu liberación de toda causa externa, y liberando a otras mentes en el proceso. Intenta repetirla con ese ánimo, te llevará cinco segundos. Respuesta a la tentación: Cuando sientas que estás siendo víctima de algo del mundo. Repite la idea. Sacarás más de ella si lo dices como una declaración de que te niegas a ser esclavo de acontecimientos externos y de las reacciones de tu ego. Observaciones: La lección de hoy marca un progreso importante. La práctica diaria empieza ahora a marcar dos niveles: los períodos de práctica más largos, que se harán generalmente por la mañana y por la noche; y los más cortos, prácticas frecuentes durante el día (esto incluye los recordatorios frecuentes y la respuesta a la tentación). Éste es un paso importante hacia una estructura final que consta de cuatro partes: periodos de práctica de la mañana y de la noche, recordatorios cada hora, recordatorios frecuentes, y respuesta a la tentación. Comentario Como ya te habrás dado cuenta al leer la lección de hoy, no hay mucho pensamiento metafísico en ella. De hecho no hay nada, excepto en el pensamiento que lo encabeza. El resto de la lección son instrucciones de práctica. Así que mis comentarios seguirán la misma línea. Sin embargo, el título de la lección es completo en sí mismo. Si piensas en ello, es sorprendente en cuántas maneras diferentes nos vemos a nosotros mismos como víctimas del mundo. Vamos por la vida sintiéndonos víctimas: del tiempo, del pelmazo que te interrumpe el tráfico o que te quita el aparcamiento que buscas, del disco del ordenador cuando pierde tu archivo, de tu compañero de piso que te deja sin agua caliente justo antes de ducharte, del servicio lento del restaurante, del tráfico que te retrasa para una cita. Por supuesto, luego están las personas que a propósito y con mala intención te aterrorizan en la ciudad (o quizá en tu casa). Afirmar “No soy víctima del mundo que veo” es liberador y poderoso. Es asombroso cómo estas simples palabras pueden hacer desaparecer los sentimientos de debilidad e impotencia. ¡Pruébalo! Te gustará. Aunque parezca mentira, también nos sentimos víctimas de enemigos invisibles, ¡incluso de nuestros propios pensamientos! ¿Has tenido alguna vez un ataque de ansiedad? ¿Has sentido que Hacienda te saca los ojos? ¿Te has sentido víctima de un “sistema” injusto? ¿Acosado por las dudas de ti mismo? El mundo exterior no te ataca más que tu mundo interior. “Te liberarás de ambos al mismo tiempo pues el interno es la causa del externo” (2:5). Esta lección introduce lo que será el plan general de la práctica básica de la mayor parte del Libro de Ejercicios, y para la práctica de continuación de los graduados del Libro de Ejercicios:

1. Dos periodos largos de práctica, por la mañana y por la noche, en los que aplicas la
idea del día sobre una base sostenida. 2. Repeticiones frecuentes a lo largo del día, tan a menudo como puedas (un estudio de otras referencias a esto indican 4 o 5 veces por hora). 3. Usar la idea como “respuesta a la tentación” siempre que surja. La única práctica del Libro de Ejercicios que no aparece en esta lección son los periodos de práctica más corta, a las horas en punto y cada media hora. Esta práctica aparece más tarde en el Libro de Ejercicios, para formar un hábito de práctica basado en la estructura del reloj, y luego cuando ya se ha establecido la práctica (supuestamente), se deja este tipo de práctica. Los tres elementos que se presentan aquí, en la Lección 31, se mantienen en las recomendaciones para la práctica después de haber acabado el Libro de Ejercicios (según se indica en el Manual para el Maestro, sección 16: ¿Cómo Debe Pasar el Día el Maestro de Dios?). Asegúrate de hacer esos periodos más largos de práctica, de tres a cinco minutos, por la mañana y por la noche. No puedes tocar el piano saltándote la mitad de las notas, así que tampoco te saltes estos periodos más largos. A partir de aquí la práctica del Libro de Ejercicios se va a intensificar; tal como me pasa a mí, estoy seguro de que encontrarás más difícil mantener y llevar la práctica según se indica. Recuerda: Se te pide únicamente que apliques las ideas tal como se te indique. No se te pide que las juzgues. Se te pide únicamente que las uses. Es usándolas como cobrarán sentido para ti, y lo que te demostrará que son verdad. (L.In.8:3-6)

LECCIÓN 32 - 1 FEBRERO “He inventado el mundo que veo” Instrucciones para la práctica
Propósito: Enseñarte que no eres el efecto del mundo, el mundo es el efecto tuyo. Ejercicios más largos: 2 veces, mañana y noche, de tres a cinco minutos de duración por lo menos. Como con la lección de ayer, repite la idea dos o tres veces mientras miras a tu alrededor lentamente. Luego cierra los ojos y aplícala a las imágenes que surjan en tu mundo interno. Permanece desapegado recordándote a ti mismo que tanto el mundo externo como el interno son imaginarios. Observaciones: El consejo en 4:3 sobre cuándo practicar se repite en formas diferentes varias veces en el Libro de Ejercicios. Para más detalles, ver “¿Cuándo Deberías Tomar tu Tiempo de Quietud por la Mañana?”. Siguiendo el consejo del Libro de Ejercicios esto mejorará la calidad de tu práctica, de modo que puede que quieras hacer más de cinco minutos, como con la lección de hoy. Recordatorios frecuentes: Tan a menudo como sea posible. Repite la idea lentamente mientras miras a tu mundo exterior o interior. Respuesta a la tentación: Siempre que una situación te disguste.

Inmediatamente responde con: “He inventado esta situación tal como la veo”.
Comentario

Si no soy víctima del mundo, entonces ¿cuál es mi relación con el mundo? Yo he inventado el mundo. Si yo he inventado el mundo, si yo lo he fabricado ¿cómo puedo ser su víctima? Ahora bien, decir que yo he inventado el mundo es una idea muy fuerte. Decir que lo puedo abandonar igual que lo hice, parece todavía más improbable. Sin embargo, eso es lo que la práctica del Libro de Ejercicios se propone demostrarnos, no mediante la lógica rigurosa sino a través de experiencias que demuestran que es verdad. Eso es lo que son los milagros. Los milagros demuestran que “el mundo que ves fuera de ti” y “el mundo que ves en tu mente” están “ambos… en tu propia imaginación” (2:2-3). Esta lección sólo está introduciendo la idea, no intentando probarla. El Texto trata el mismo pensamiento en varios lugares (T.21.II.11:1; T.20.III.5:1-5), la más destacable de ellas es: ¿Qué pasaría si reconocieses que este mundo es tan sólo una alucinación? ¿O si realmente entendieses que fuiste tú quien lo inventó? (T.20.VIII.7:3-4). Ésta no es una idea que puedas pasar por alto fácilmente si estudias el Curso; el Curso insiste en ella (L.132.6:2-3). Todo lo que aquí se nos pide es que abramos nuestra mente a la idea de que nosotros hemos inventado el mundo que vemos. El concepto puede ocasionarnos confusión porque va en contra de nuestras creencias fundamentales sobre el mundo. El mundo tiene algunas cosas agradables, pero también contiene un montón de horrible basura. Y que se nos diga que somos responsables de ello, que nosotros lo inventamos, no encaja fácilmente en nuestra mente. Si esta lección provoca todo tipo de preguntas en tu mente, bien; deja que surjan. Hoy, en los periodos de práctica, simplemente aplica la idea tal como se da. Es normal que parte de tu mente esté en el fondo diciendo: “Esto son bobadas. Realmente no me lo creo”. La Introducción ya nos avisó de que podríamos resistirnos vivamente a sus ideas. Decía: Sean cuales sean tus reacciones hacia ellas, úsalas. No se requiere nada más. (L.In.9:2-5). Puede resultar difícil al principio, pero sólo tenemos dos opciones: o bien yo inventé el mundo, o bien yo soy su víctima. O yo soy su causa, o su efecto. No hay otras posibilidades. Piénsalo. O soy el soñador inventándome todo este lío, o soy parte del sueño de otro (quizá del sueño de Dios). Si yo no soy la causa, entonces estoy a merced del mundo. Pero si yo soy la causa, ¡hay esperanza! Puedo cambiar el sueño y, quizá, finalmente dejar de soñar.

LECCIÓN 33 – 2 FEBRERO “Hay otra manera de ver el mundo” Instrucciones para la práctica
Propósito: Enseñarte que tienes el poder de cambiar tu percepción tanto del mundo externo como del mundo interno, que son en realidad lo mismo. Ejercicios más largos: 2 veces, por la mañana y por la noche, durante cinco minutos completos. Mira de pasada alrededor de tu mundo externo, cierra los ojos y observa tu mundo interno. Mientras lo haces repite la idea sin prisa. Mira al mundo externo y al interno con la misma tranquilidad, sin involucrarte, con desapego, de modo que el cambio entre ellos sea suave.

Recordatorios frecuentes: Tan a menudo como puedas. Repite la idea. Intenta estar tan desapegado como durante los ejercicios más largos. Respuesta a la tentación: Tan pronto como una situación te moleste. Cuando te sientas disgustado, aplica la idea concretamente, diciendo: “Hay otra manera de ver esto”. Haz esto inmediatamente, en lugar de esperar hasta que hayas intentado solucionar las cosas afuera. Si tus sentimientos no desaparecen, no abandones. Pasa un minuto o más repitiendo la frase una y otra vez, cerrando los ojos y concentrándote en las palabras que estás diciendo. Comentario Esta lección afirma el poder de nuestra mente de elegir el modo de ver el mundo. ¡Podemos cambiar nuestra percepción del mundo! (1:1). Ésa es una idea que no sólo nos da poder personalmente, sino que además nos da una comprensión que literalmente cambia el mundo. Al empezar a observar nuestros pensamientos, nos asombrará el número de situaciones en las que la idea de “otro modo de contemplar” no se nos había ocurrido, hemos asumido que el modo en que vemos las cosas es tal como las cosas son realmente. Con algunas cosas, la idea de que podemos verlas de manera diferente, puede ser ofensiva realmente. Sin darnos cuenta podemos estar diciendo: “Mi mente ya lo tiene claro, no me confundas con hechos”. Por eso es tan importante seguir las instrucciones para la práctica que se dan en las lecciones. El beneficio completo no llega sólo de los periodos más largos de cinco minutos, de la mañana y de la noche: “Las sesiones de práctica más cortas se deben hacer tan frecuentemente como sea posible” (3:1). Durante el día, cuanto más a menudo traigamos a nuestra consciencia esta idea, más conscientes nos volveremos de las clases de pensamientos que estamos evitando cambiar.

LECCIÓN 34 – 3 FEBRERO “Podría ver paz en lugar de esto” Instrucciones para la práctica
Propósito: Empezar a experimentar la paz que caracteriza a la verdadera visión. Ejercicios más largos: 3 sesiones de cinco minutos: mañana, noche y otra entre medias. Cierra los ojos y busca en tu mente situaciones, personalidades o acontecimientos que “te molestan” (una típica tríada en el Libro de Ejercicios). Repite la idea lentamente, mientras observas desapasionadamente la corriente de disgustos pasar. Después de un par de minutos puede que no se te ocurran disgustos. Eso es normal. Simplemente sigue repitiendo la idea lentamente hasta que hayan transcurrido los cinco minutos. Respuesta a la tentación: Hoy no dejes de observar tu mente en busca de disgustos. Cuando notes uno, aplícale la idea. Hay dos formas de disgusto a los que hay que estar atento por si aparecen, cada uno requiere una forma de práctica ligeramente diferente: 1. Si te sientes disgustado por alguna situación concreta, aplícale la idea concretamente: “Podría ver paz en esta situación en lugar de lo que ahora veo en ella”. 2. Si tu disgusto no está relacionado con nada en particular, sino que es un estado de ánimo disgustado, simplemente repite la idea. Observaciones: Las frases finales de esta lección se ocupan de un punto muy importante, y que es útil recordar a lo largo del Libro de Ejercicios y después. Repetir la idea sólo una vez puede

que no cure tu disgusto. Tu disgusto puede desaparecer sólo después de que hayas pasado varios minutos repitiendo la idea. Repetir la misma línea una y otra vez puede sonar a una especie de lavado de cerebro, en el que martilleas tu mente con sumisión. Sin embargo, yo encuentro que este ejercicio no adormece mi mente sino que la ilumina. Si mis sentimientos son muy fuertes, las primeras repeticiones de la idea pueden simplemente rebotar. Pero si sigo con ella, cada repetición permite que la verdad penetre un poco más hondo en mi mente hasta que finalmente vea la situación de manera completamente diferente. Por lo tanto, te animo a que de verdad intentes esta forma de práctica más larga. Comentario El pensamiento más útil que he oído en relación con esta lección es: “Fíjate en que dice: Podría ver paz”, y no debería ver paz”. Es facilísimo utilizar esta lección como otra razón para la culpa. “¡Qué malvado soy! Debería ver paz, pero en lugar de ello veo este fastidio. ¿Qué me pasa?”. No es así como se pide que practiques esta lección. El primer párrafo contiene un resumen maravilloso del sistema de pensamiento del Curso sobre la paz: La paz mental es claramente una cuestión interna. Tiene que empezar con tus propios pensamientos, y luego extenderse hacia fuera. Es de tu paz mental de donde nace una percepción pacífica del mundo. (1:2-4) La paz es la motivación para hacer el Curso (T.24.In.1:1). Nuestro objetivo es lo que en una parte posterior del Libro de Ejercicios se llama “una mente en paz consigo misma” (L.p.II.8.3:4). La paz tiene que empezar con nuestros pensamientos y extenderse hacia fuera desde nuestra mente. La mente es el centro de atención del Curso. Podemos sustituir nuestros sentimientos negativos y nuestros pensamientos no amorosos por paz. Tenemos ese poder. Podemos elegir paz si queremos paz. Fíjate en que las instrucciones de la práctica para aplicar la lección a “emociones adversas” (6:1) sugieren que apliquemos la idea “hasta que sientas alguna sensación de alivio” (6:2). Se pretende que esta práctica tenga efectos que puedan sentirse. A veces incluso en situaciones extremadamente molestas, he descubierto que repetir estas palabras: “Podría ver paz en lugar de esto” tiene un efecto totalmente calmante sobre mi mente, aunque en ese mismo momento yo no pueda ver paz. De un modo muy sutil, ayuda a convencer a mi mente de que las cosas horribles que estoy viendo no son tan sólidas como una roca, no son la realidad inmutable. Estoy viendo otra cosa que no es paz, pero si realmente pudiese ver paz en lugar de eso, entonces lo que estoy viendo no debe ser tan real como yo pienso, y debe haber algo más que yo no estoy viendo. Incluso ese nivel de alivio se merece el tiempo que requiere la práctica. Solía creer que cuando sucedían situaciones molestas, tenía que arreglar la situación y cambiar cosas a mi alrededor para estar en paz. Con la práctica de esta lección, he aprendido que puedo responder a cualquier situación mucho más eficazmente si antes mi mente está en paz. He descubierto que puedo traer mi mente a la paz aunque no haya “solucionado” los problemas. Verdaderamente es posible ver paz en lugar de cualquier cosa que parezca estar disgustándome. Y cuando lo hago, cuando traigo paz a mi mente, si se necesita una respuesta, actúo con calma y sin miedo. El pánico no conduce nunca a una acción provechosa; es mejor buscar primero la paz y luego actuar.

LECCIÓN 35 – 4 FEBRERO

“Mi mente es parte de la de Dios. Soy muy santo”

Instrucciones para la práctica
Propósito: Mostrarte quién eres. Te ves a ti mismo según el lugar que ocupas en tu entorno. Puesto que crees que eres parte del mundo físico, ves tu identidad determinada por la parte que juegas en él, por cómo te comportas en las situaciones del mundo. Sin embargo, tu verdadero entorno no está en este mundo, está en la mente de Dios. Tu lugar ahí es lo que determina tu verdadera Identidad. Si de verdad creyeras que eres parte de ese entorno, de inmediato entenderías que eres santo. Ejercicios más largos: 3 veces, duración de cinco minutos. Repite la idea, luego cierra los ojos. Busca en tu mente las palabras con las que te describes a ti mismo, positivas o negativas (no hagas distinciones). Búscalas encontrando situaciones concretas que te ocurren e identificando la palabra que piensas que te describe en esa situación. Di: “Me veo a mi mismo como (un fracaso, impotente, caritativo, etc.)”. Después de cada una, añade: “Pero mi mente es parte de la de Dios. Soy muy santo”. Si después de un rato no se te ocurre ninguna palabra, no te esfuerces en rebuscar más. Relájate y repite la idea hasta que se te ocurra otra palabra. Para las instrucciones completas, ver los párrafos 4-8. Recordatorios frecuentes: Tan a menudo como sea posible. Esta práctica puede tener una de estas dos formas: 1. Date cuenta de los atributos que te estás aplicando a ti mismo en la situación actual y utilízalos en la fórmula que has utilizado en los ejercicios más largos (“Me veo a mí mismo como… Pero mi mente es…”). 2. Si no se te ocurre ningún atributo, simplemente repite la idea lentamente con los ojos cerrados. Comentario El Texto nos dice “no entiendes cuán elevada es la percepción que el Espíritu Santo tiene de ti” (T.9.VII.4:2). La siguiente sección del mismo capítulo dice: “Tú no estableciste tu valía, y ésta no necesita defensa. Nada puede atacarla ni prevalecer contra ella. No varía. Simplemente es. Pregúntale al Espíritu Santo cuál es tu valía y Él te lo dirá, pero no tengas miedo de Su respuesta, pues procede de Dios. Es una respuesta exaltada por razón de su Origen, y como el Origen es verdad, la respuesta lo es también. Escucha y no pongas en duda lo que oigas, pues Dios nunca engaña. Él quiere que reemplaces la creencia del ego en la pequeñez por Su Propia Respuesta exaltada a lo que tú eres, de modo que puedas dejar de ponerla en duda y la conozcas tal como es”. (T.9.VIII.11:2-9). Como la lección señala, normalmente no pensamos en nosotros como “elevado” o “exaltados”. Sin embargo, fíjate en que el Curso dice que esto es verdad no por algo que hayamos hecho sino por causa de nuestra Fuente (3:2). Lo que hace que seamos lo que en verdad somos se debe a Dios, no a nosotros. Por eso el Curso da tanta importancia a la idea “Soy tal como Dios me creó”. Nuestra pobre opinión sobre nosotros mismos procede de nuestros intentos de crearnos a nosotros mismos; nuestra verdadera grandeza procede del hecho de que somos creaciones de Dios. Nuestro rechazo a reconocer esta conexión con nuestra Fuente es lo que nos mantiene encerrados en nuestra pequeñez. Nos negamos a reconocer a Dios como nuestra Fuente porque a nuestro ego le parece que nos quita importancia y nos hace dependientes. No nos hace

dependientes, dependemos de Dios. Eso no es una vergüenza, ésa es nuestra gloria. Es lo que establece nuestra grandeza. Nos cuesta creer que “Soy muy santo”. Nuestro rechazo a creer este hecho es la razón por la que estamos en este mundo, en este medio ambiente en el que creemos desear. Lo deseamos porque apoya la imagen de que somos seres separados, independientes de Dios. Cuando miramos al mundo, y nos miramos a nosotros viviendo en el mundo, las cosas que vemos no apoyan la idea de esta lección. Pero los ojos, los oídos, el olfato y el tacto, que usamos para recoger información, son ellos mismos parte del mismo mundo que están examinando. Existen dentro de las limitaciones de la imagen del mundo, que hemos diseñado intencionadamente para ocultarnos a nosotros mismos nuestra unión con Dios. Por supuesto que no nos traen ninguna evidencia que contradiga la imagen que el ego tiene de nosotros. Los hicimos para que funcionasen de ese modo. El Curso da mucha importancia a que miremos a nuestra obscuridad y a que nos enfrentemos a nuestros miedos. El Curso dice que cuanto más miremos al miedo, menos lo veremos. Sólo con llevar la obscuridad a la luz, desaparece la obscuridad. Mirar de frente al ego e incluso investigar nuestro odio en toda su extensión, es importantísimo para nuestro crecimiento. Esta lección refleja el otro aspecto, que se abandona a veces cuando le damos excesiva importancia a mirar al ego. El otro aspecto es recordarnos firmemente a nosotros mismos de la verdad de nuestra realidad exaltada: “Mi mente es parte de la de Dios. Soy muy santo”. En el Texto se nos dice: Siempre que pongas en duda tu valor, di: Dios Mismo está incompleto sin mí. Recuerda esto cuando el ego te hable, y no le oirás. (T.9.VII.8:1-3) Recordarnos a nosotros mismos la verdad es otra técnica muy poderosa que el Curso recomienda para transcender nuestro ego. La lista de cualidades y términos a usar para describirnos a nosotros mismos es sólo un ejemplo. Al practicar hoy la lección, intenta hacerte consciente de lo que piensas de ti mismo, y cómo todos esos pensamientos (buenos y malos) son distintos de la afirmación de la lección sobre ti. Podría añadir a la lista algunos de mis propios términos: olvidadizo, desorganizado, inteligente, listo, rezagado, habilidoso en lo que hago. ¿Qué términos se te ocurren a ti? Te habrás dado cuenta de que ahora las lecciones piden tres periodos más largos de práctica, de cinco minutos cada uno. Estamos entrando en una práctica más fuerte. Si no hemos meditado antes, puede resultarnos difícil hacer estos ejercicios sentados durante cinco minutos con los ojos cerrados. De todos modos, te animo a que los hagas. Cualquier cosa nueva es difícil al principio, pero con la práctica se vuelve más fácil; para eso es la práctica.

LECCIÓN 36 – 5 FEBRERO “Mi santidad envuelve todo lo que veo” Instrucciones para la práctica
Propósito: Darte cuenta que la santidad de tu mente debe llevar a la visión santa.

Ejercicios más largos: 4 veces (repartidas a intervalos iguales), de tres a cinco minutos de duración. • Cierra los ojos y repite la idea varias veces. • Abre los ojos y mira lentamente y con tranquilidad a tu alrededor, aplicando la idea a cualquier cosa sobre la que se pose tu mirada. Di: “Mi santidad envuelve (esta alfombra. Esa pared, esa silla, etc.)”. Varias veces durante el periodo de práctica, cierra los ojos y repite la idea. Luego vuelve a la práctica de los ojos abiertos. Recordatorios frecuentes: La frecuencia es importante hoy. Repite la idea con los ojos cerrados, luego con los ojos abiertos (mirando a tu alrededor), luego con los ojos cerrados de nuevo. Observaciones: Fíjate en que se supone que vas a espaciar por igual los periodos de práctica más largos y que vas a hacer entre ellos y a menudo frecuentes recordatorios. Está claro que lo importante es que practiques muy a menudo. Así tu mente está protegida durante todo el día. Envolver tu día en esta red finamente tejida, que no tiene grandes agujeros, es una meta muy importante del Libro de Ejercicios. También, como siempre, repite la idea muy lentamente, con tranquilidad, y sin tensión. Hacerlo así es lo que marca la diferencia. Comentario Siempre le he tenido cariño a esta lección, porque la primera vez que la hice tuve un verdadero sentido de la santidad emanando de mí y rodeando todo, primero mi habitación, luego mi ciudad, después el mundo, y finalmente el universo. Por un breve momento me sentí como un Buda, sentado y bendiciendo al mundo entero (a propósito, ésa es la lección de mañana). El resultado fue tan real para mí que a menudo, cuando estoy sentado en meditación sin practicar ninguna lección determinada, pienso en ella y permito que esa sensación me inunde por completo. No todos responden a cada lección, pero todos responden a algunas lecciones. Fíjate en aquellas que te impacten especialmente, y recuérdalas. La Lección 194 del Libro de Ejercicios habla de hacerse un “repertorio de solución de problemas” que puede sernos útil. “Si pudieses ver la lección de hoy como la liberación que realmente representa, no vacilarías en dedicarle el máximo esfuerzo de que fueses capaz, para que pasase a formar parte de ti. Conforme se vaya convirtiendo en un pensamiento que rige tu mente, en un hábito de tu repertorio para solucionar problemas, en una manera de reaccionar de inmediato ante toda tentación, le transmitirás al mundo lo que has aprendido”. (L.194.6:1-2) En la lección de ayer la atención se centraba en el que percibe: “Soy muy santo”. Hoy la santidad se extiende a lo que percibo. Puesto que soy santo, mi percepción tiene que ser también santa. Y soy completamente santo porque así es como Dios me creó. Santo significa “sin pecado”, y no puedes estar un poco sin pecado tal como una mujer no puede estar un poco embarazada. Aquí la lógica es sencilla y clara: si yo soy parte de Dios, debo estar sin pecado, o parte de Dios sería pecadora. Si no hay pecado en mí, también tengo que tener una percepción santa. El modo en que me veo a mí mismo afecta al modo en que veo al mundo. Mi santidad envuelve al mundo si me veo a mí mismo santo. Si me veo como un ser horrible, mis atrocidades envolverán al mundo. Si estoy decidido a ver al mundo rodeado de santidad, puedo aprender a verme a mí mismo del mismo modo.

Ya sé que eso suena al revés, el orden “debería” ser que primero me vea a mí mismo santo, y luego al mundo. Lo que sucede es que lo que me impide ver mi santidad es mi negativa a ver al mundo de esa manera. Desde la postura mental del ego, parece que ver santidad en el mundo, por comparación, me convierte a mí en pecador. El ego siempre piensa en términos de comparación. El hecho es que tal como vea al mundo, así me veo a mí mismo; y tal como me vea a mí mismo, así veo al mundo. La mente del ego insistirá en que debe ser uno u otro porque funciona desde la suposición de la separación. El Espíritu Santo presenta ambos como iguales porque funciona desde la idea de la unidad. No hay separación entre mí y lo que yo veo, sólo existe la unidad.

LECCIÓN 37 – 6 FEBRERO “Mi santidad bendice al mundo” Instrucciones para la práctica
Propósito: Presentarte tu verdadera función (ésta es la primera lección que trata del tema de la función). Estás aquí para bendecir, y no para exigir. Esta bendición implica reconocer primero tu propia santidad, y luego ver a otros en su santa luz. Intenta ver los periodos de práctica de hoy de esta manera: como una práctica de la razón por la que estás aquí. Ejercicios más largos: 4 veces, durante tres a cinco minutos. • Repite la idea, durante un minuto o así mira a tu alrededor y aplícala a los objetos que veas, diciendo: “Mi santidad bendice (esta silla, esa ventana, este cuerpo, etc.)”. • Cierra los ojos y aplica la idea a cualquier persona en la que pienses, diciendo: “Mi santidad te bendice, (nombre)”. • Lo que queda de tiempo puedes continuar con esta segunda fase de la práctica, volver a la primera, o alternar entre ellas. • Termina repitiendo la idea con los ojos cerrados y luego una vez más con los ojos abiertos. Recordatorios frecuentes: Tan a menudo como puedas. Esto puedes hacerlo de una de estas dos formas: 1. Repite la idea lentamente. 2. Aplica la idea en silencio a cualquiera con el que te encuentres, usando su nombre. Intenta realmente hacerlo de esta manera. Repetir la idea cuando te encuentras con alguien requiere estar muy consciente, pero puede hacerse. O puede hacerse después del encuentro. El Libro de Ejercicios repetirá esta práctica en varias lecciones de aquí en adelante, lo que muestra la importancia de la práctica. Esta práctica tiene el poder de transformar un encuentro ordinario en un encuentro santo. Respuesta a la tentación: Siempre que tengas una reacción negativa hacia alguien. Inmediatamente aplícale la idea: “Mi santidad te bendice, (nombre)”. Considéralo un hecho real de bendecir a esta persona con tu santidad. Esto te mantendrá consciente de tu santidad, mientras que la ira, se la ocultaría a tu mente. Comentario Hay un principio expuesto en el Capítulo 13 del Texto que se aplica a esta lección: “Percibir verdaderamente es ser consciente de toda la realidad a través de la conciencia de tu propia santidad” (T.13.VI.1:1). O en términos más cercanos a nuestra lección de hoy:

Dado que tú y tu prójimo sois miembros de una misma familia en la que gozáis de igual rango, tal como te percibas a ti mismo y tal como le percibas a él así te comportarás contigo mismo y con él. Debes mirar desde la percepción de tu propia santidad a la santidad de los demás. (T.1.III.6:6-7). A menos que reconozcamos nuestra santidad, no veremos la santidad de todas las creaciones de Dios. Después de todo, lo que percibimos es simplemente el reflejo de cómo nos vemos a nosotros mismos. Y a la inversa, cómo percibimos a los otros nos muestra cómo nos estamos viendo a nosotros mismos. Esta lección y la práctica que recomienda empiezan a dejarnos ver “los primeros destellos de tu verdadera función en el mundo, o en otras palabras, la razón por la que estás aquí” (1:1). Nuestra tarea se plantea con gran profundidad: “Tu propósito es ver el mundo a través de tu propia santidad” (1:2). ¿Has conocido a alguien a quien consideras santo? Yo, sí. Lo más notable de tales personas es que parecen ver a todos como santos. Cuando estás cerca de ellos, ¡incluso tú mismo te sientes santo! Parecen ver en ti algo que tú no ves habitualmente; y al verlo, lo hacen aflorar. Ése es el verdadero propósito de que estemos en el mundo; justamente para eso es para lo que todos nosotros estamos aquí. Estamos aquí para ver el mundo a través de nuestra propia santidad, para sacar de todos los de nuestro alrededor su santidad inherente, para percibirlos de tal modo que el poder de nuestra percepción los saque de las dudas y el odio a sí mismos y los eleve a la conciencia de su propia grandeza. ¡Tenemos este poder! A medida que compartas conmigo mi renuencia a aceptar error alguno en ti o en los demás, te unirás a la gran cruzada para corregirlos. Escucha mi voz, aprende a deshacerlos y haz todo lo necesario para corregirlos. Tienes el podes de obrar milagros. (T.1.III.1:6-7) “Aquellos que han sido liberados deben unirse para liberar a sus hermanos, pues ése es el plan de la Expiación” (T.1.III.3:3). Éste es el plan por el que nosotros, investidos con el poder del Espíritu Santo dentro de nosotros, podemos salvar al mundo. Nos liberamos unos a otros al percibir a través de nuestra santidad, creando dentro del otro una resonancia milagrosa con su propia naturaleza santa, reprimida por mucho tiempo, y que responde a nuestra percepción de ellos. De este modo, tú y el mundo sois bendecidos juntos. Nadie pierde, a nadie se le despoja de nada, todo el mundo se beneficia a través de tu santa visión. (1:3-4) “Mi santidad bendice al mundo”, para eso es para lo que estoy aquí. Estoy aquí para traer bendiciones al mundo, y el mensaje que traigo es: “así es como tú eres”. Nadie pierde, todo el mundo gana. ¡Qué extraordinario es este punto de vista! Esto des-hace por completo la idea de sacrificio porque es un mensaje de completa igualdad. Estamos aquí para reconocernos unos a otros; y cuando lo hayamos hecho, habremos cumplido nuestro propósito glorioso. Cualquier otro modo de ver las cosas termina siempre exigiendo sacrificio: alguien, en algún lugar, tiene que perder. Pero con la Visión de Cristo podemos contemplar a todo el mundo y proclamar: “Todos ellos son lo mismo: bellos e iguales en su santidad” (T.13.VIII.6:1). “Tu santidad le bendice al no exigir nada de él. Los que se consideran a sí mismos completos no exigen nada” (2:6-7). Oh, ¡que podamos aprender la lección de no pedir nada, de no exigir nada! ¿Has estado con alguien tan pleno que no te exigió nada, que no tuviera ninguna necesidad que

te exigiera satisfacerle, abierta o encubiertamente? Te amaron tal como eres, te aceptaron sin esperar nada de ti. ¿No es eso lo que todos queremos en nuestras relaciones? ¿No es eso amor incondicional? Pues bien, el modo de tener lo que quieres es darlo. Esto es lo que todos nosotros estamos destinados a hacer, y finalmente haremos, aunque nos parezca que está muy por encima de nosotros ahora. Consciente de tu santidad y de que nada te falta, bendecirás al mundo. Tu santidad es la salvación del mundo. Te permite enseñarle al mundo que es uno contigo, sin predicarle ni decirle nada, sino simplemente mediante tu sereno reconocimiento de que en tu santidad todas las cosas son bendecidas junto contigo. (3:1-2)

LECCIÓN 38 - 7 FEBRERO “No hay nada que mi santidad no pueda hacer” Instrucciones para la práctica
Propósito: “Comenzar a inculcarte la sensación de que tienes dominio sobre todas las cosas por ser quien eres” (5:5). Ejercicios más largos: 4 veces, preferentemente de cinco minutos completos. • Repite la idea, luego cierra los ojos. • Busca en tu mente cualquier sufrimiento o dificultad, ya sea en tu vida o en la vida de alguien. Haz lo más que puedas para considerar a estas dos como lo mismo. Para tus problemas, di: “En esta situación con respecto a ____ en la que me veo envuelto, no hay nada que mi santidad no pueda hacer”. Para los problemas de otros, di: “En esta situación con respecto a ____ en la que ____ se ve envuelto, no hay nada que mi santidad no pueda hacer”. Recordatorios frecuentes: Muy a menudo. Repite la idea. Respuesta a la tentación: Siempre que un problema concreto, sea tuyo o de alguien, surja o te venga a la mente, usa la forma concreta del periodo de práctica más largo. Comentario Al final de la lección está esta línea informativa: “El propósito de los ejercicios de hoy es comenzar a inculcarte la sensación de que tienes dominio sobre todas las cosas por ser quien eres” (5:5). Una lección posterior (190) repite la misma idea: No hay nada en el mundo capaz de hacerte enfermar, de entristecerte o de debilitarte. Eres tú el que tiene el poder de dominar todas las cosas que ves reconociendo simplemente lo que eres. (L.190.5:5-6) Ahora bien, si te pareces a mí, probablemente no te sientes como si tuvieras el poder de dominar todas las cosas o de que “tu poder es ilimitado”. Probablemente no sientes que el poder de Dios se manifiesta a través de tu santidad, que por razón de lo que eres puedes “eliminar todo dolor, acabar con todo pesar y resolver todo problema” (2:4). Si lo sintieras así, si en alguna parte de tu mente no sintieras que sufres delirios de grandeza. Por eso es por lo que necesitamos este tipo de lección. Lo que nosotros somos, en la realidad, está tan por encima de lo que normalmente pensamos que somos que cuando oímos palabras

como las de esta lección hay una parte de nosotros que susurra: “esto se está poniendo un poco raro”. No tenemos ni idea del poder de nuestra mente, que fue creada por Dios y con el mismo poder creativo que el Suyo. Cuando nos llegan indicios de lo poderosos que somos nos asusta, e intentamos olvidarlo. Lo que somos está “más allá de toda limitación de tiempo, espacio, distancia y de cualquier clase de límite” (1:2). Realmente tenemos el poder de solucionar todos los problemas, los nuestros y los de los demás. Si practicar la lección de hoy empieza a hacernos sentir esta sensación, la lección ha tenido éxito. Cuando me enfrento a una situación que me está preocupando y repito: “En esta situación no hay nada que mi santidad no pueda hacer”, incluso si el 90 por cien de mi mente protesta en contra de la idea, algo cambia dentro de mí. Se produce un poco de fe. Quizá el porcentaje cambia de un 10 por cien de creerlo a un 11 por cien. Y cuando la repito de nuevo, cambia al 12 por cien. Todos hemos leído historias de personas que superaron cosas increíbles sólo porque creyeron en sí mismos; eso sólo da una ligera idea de lo que el Curso está hablando, pero demuestra el principio. El Curso habla del poder de la creencia, pero también de mucho más; está hablando del poder de lo que nosotros somos, tal como Dios manda. Y está hablando del poder de nuestra santidad, no sólo de la creencia. Tú y yo estamos hechos de la Misma Esencia de Dios. Cuando entendamos eso de verdad, podremos cambiar el mundo. El verdadero aprendizaje es constante y tan vital en su poder de producir cambios que un Hijo de Dios puede reconocer su propio poder en un instante y cambiar el mundo en el siguiente. ( T.7.V.7:5).

LECCIÓN 39 - 8 FEBRERO “Mi santidad es mi salvación” Instrucciones para la práctica
Propósito: Mantenerte en contacto con tu santidad, que es tu salvación del infierno de la culpa. Ejercicios más largos: 4 veces (se recomiendan más), de cinco minutos (se recomienda una mayor duración). • Repite la idea. • Cierra los ojos y lentamente busca en tu mente pensamientos no amorosos, pensamientos de cualquier clase que vayan acompañados de sentimientos negativos. Esto incluye situaciones, acontecimientos o personalidades concretas asociados a pensamientos de ira, preocupación o depresión. No hagas excepciones y trata a todos ellos por igual. Con cada uno, di: “Mis pensamientos no amorosos acerca de ____ me mantienen en el infierno. Mi santidad es mi salvación”. Tus pensamientos no amorosos te mantienen en el infierno porque producen culpa. Tu santidad te salva al mostrarte que tu verdadera naturaleza no ha sido afectada por el pecado ni por la culpa, y lo demuestra al bendecir todo lo que ve. • Puesto que mantener la concentración te resulta difícil en esta etapa, puedes intercalar esta práctica con varios periodos en los que sólo repites la idea lentamente, o te relajas y no piensas en nada. Incluso puedes introducir alguna variación, como decir la misma idea con distintas palabras. Sin embargo, asegúrate de que mantienes su significado central: que tu santidad es tu salvación.

Termina repitiendo la idea y preguntándote a ti mismo: “Si la culpabilidad es el infierno, ¿cuál es su opuesto?” (Para la respuesta, ver 4:2)

Recordatorios frecuentes: Por lo menos 3 o 4 por hora. Pregúntate a ti mismo: “Si la culpabilidad es el infierno, ¿cuál es su opuesto?”. O repite la idea. Preferiblemente las dos. Respuesta a la tentación: Siempre que te sientas tentado a dar entrada a pensamientos no amorosos. Aplica la idea concretamente: “Mi santidad es mi salvación de esto”. Comentario Lo opuesto al infierno es la salvación, lo contrario de la culpa es la santidad. Si la culpa es el infierno, entonces la santidad debe ser la salvación. La pregunta es: ¿Creo realmente que la culpa lo único que trae es dolor y sufrimiento? ¿O quizá creo que la culpa es útil en mi vida? El Curso nos enseña que la culpa es la raíz de todos nuestros problemas, y sin embargo, al principio ni siquiera sospechamos que la culpa sea la causa. Achacamos los problemas a cosas muy distintas, pero raramente a la culpa. “De lo único que estabas seguro era de que entre las numerosas causas que percibías como responsables de tu dolor y sufrimiento, tu culpabilidad no era una de ellas” (T.27.VII.7:4). La culpa es el infierno. Esto es una parte importante de lo que el Curso está intentando enseñarnos, una parte muy importante. “Mientras de algún modo creas que está justificado considerar a otro culpable, independientemente de lo que haya hecho, no buscarás dentro de ti, donde siempre encontrarías la Expiación. A la culpabilidad no le llegará su fin mientras creas que está justificada. Tienes que aprender, por lo tanto, que la culpabilidad es siempre demente y que no tiene razón de ser”. (T.13.X.6:1-3) “La salvación es escapar de la culpabilidad” (T.14.III.13:4). “La culpabilidad no es salvación, sino una interferencia que no tiene ningún propósito”. (T.14.III.1:4). Quizás nos opongamos a ello. Algunos creen que la culpa es necesaria para evitar que obremos mal, pero eso supone la existencia dentro de nosotros de algo inherentemente malvado y perverso, algo que siempre hará cosas malas a menos que se mantenga enjaulado, o que sea castigado cuando se porta mal. La culpa no tiene ninguna utilidad, la culpa es el infierno. Es de la culpa que nos tenemos que escapar. La culpa no evita que nos portemos mal sino que nos mantiene encerrados en ello. Es la culpa lo que nos ha llevado a la locura. Como dice esta lección, si creyésemos totalmente esto de la culpa, entenderíamos de inmediato el Texto y no necesitaríamos un Libro de Ejercicios. Tendríamos la salvación, completa, pues la salvación es escapar de la culpa. Esto no es una parte del mensaje del Curso, es el mensaje en su totalidad. Por eso es que mi santidad es mi salvación, la santidad es la liberación de la culpa. Date cuenta de la importancia que le da la práctica a los “pensamientos no amorosos” (6:2; 7:1; 8:3). Los pensamientos no amorosos son pensamientos de culpa, ambos son producto de la culpa y producen más culpa. La santidad es amorosa. Si mis pensamientos son no amorosos, me sentiré temeroso y culpable; sustituirlos con pensamientos amorosos es mi salvación de la culpa. Cuando nos demos cuenta del sufrimiento que nos están causando nuestros pensamientos no amorosos, los abandonaremos.

Las instrucciones de la práctica de hoy son muy exigentes: un mínimo de 4 sesiones de cinco minutos cada una, “Se te exhorta…a que esas sesiones sean más frecuentes y de mayor duración” (5:1). Luego están las aplicaciones más cortas, “que deben llevarse a cabo unas 3 o 4 veces por hora o incluso más si es posible” (11:1). Además de usar la idea para responder a la tentación de cada pensamiento no amoroso que cruce por nuestra mente. ¡La idea de hoy debe ser muy importante! Debe ser muy difícil para nuestra mente asimilarla, por eso necesitamos sumergir frecuentemente nuestra mente en este pensamiento.

LECCIÓN 40 - 9 FEBRERO “Soy bendito por ser un Hijo de Dios” Instrucciones para la práctica
Propósito: Mantenerte en contacto con las cosas felices a las que tienes derecho como Hijo de Dios. Recordatorios frecuentes: Lo más deseable es cada 10 minutos. Cierra los ojos (si es posible), repite la idea, y aplícate a ti mismo varias cualidades que asocias con ser un Hijo de Dios. Por ejemplo: “Soy bendito por ser un Hijo de Dios. Soy feliz y estoy en paz; soy amoroso y estoy contento”. Observaciones: Puedes ver que realmente nos pide que hagamos la práctica hoy. Te anima a que trates de mantener este horario (1:3). Nos recuerda que la práctica “no requiere ningún esfuerzo ni mucho tiempo” (3:1). Y tiene tres recursos para cuando no hacemos o no podemos hacer la práctica según las instrucciones: 1. Cuando notes que te has olvidado practicar, aunque sea por mucho tiempo, en lugar de sentirte culpable por ello y abandonar, simplemente vuelve a la práctica de inmediato. 2. Si no puedes cerrar los ojos, lo que sucederá muy a menudo, no permitas que eso te impida la práctica. Hazla con los ojos abiertos. 3. Si no hay bastante tiempo para hacer la práctica como se sugiere, simplemente repite la idea. Eso supone sólo cuatro segundos. Comentario No se te puede pasar por alto la importancia que el Libro de Ejercicios le concede a intentar la práctica según las instrucciones. En esta lección, cuya práctica es en cierto sentido más relajada que la de ayer y en otro sentido una intensificación, no puedes leer estas palabras y pensar que el autor cree que no importa si seguimos las instrucciones o no: “Hoy no se requieren largas sesiones de práctica, sino muchas cortas y frecuentes. Lo ideal sería una cada diez minutos, y se te exhorta a que trates de mantener este horario y a adherirte a él siempre que puedas. Si te olvidas, trata de nuevo. Si hay largas interrupciones, trata de nuevo. Siempre que te acuerdes, trata de nuevo”. (1:2-6) Trata… trata… trata. Cuanto más a menudo repitamos la lección, mayor efecto tendrá en nuestra mente. ¿Cómo puedes hacer un “curso en entrenamiento mental” (T.1.VII.4:1) sin una disciplina mental? No puedes, es así de simple. Al mismo tiempo date cuenta de que aquí no se “culpa” en absoluto. El autor espera (o permite) nuestra indisciplina y nuestro olvido y nuestras “largas interrupciones” (1:5). Él sabe que no tenemos disciplina, precisamente por eso es tan “necesaria” la práctica. Pero Él no nos juzga por ello. Simplemente dice: “Si te olvidas, inténtalo de nuevo”. No dejes que tu olvido, aunque sea

durante largos periodos del día, sea una excusa para abandonarlo durante el resto del día. Cada vez que nos acordemos, añadimos un eslabón a la “cadena eslabonada de perdón que, una vez completa, es la Expiación (T.1.I.25:1). Incluso llega a señalar que porque no puedas quedarte solo y cerrar los ojos, eso no es excusa para no practicar. “Puedes practicar muy bien en cualquier circunstancia, si realmente deseas hacerlo” (2:4). La práctica de hoy es muy sencilla, simplemente, hacer afirmaciones positivas sobre nosotros mismos: “Soy bendito por ser un Hijo de Dios. Estoy calmado y sereno; me siento seguro y confiado” (3:7-8). Esto puede llevar 10 o 15 segundos, quizás un poco más para pensar en una nueva lista de cualidades que asocias con ser un Hijo de Dios: “Estoy sereno, soy competente e inquebrantable”. “Soy alegre, radiante, y estoy lleno de amor”. ¿Puede alguno de nosotros considerar un sufrimiento realizar una práctica como ésta? Nuestro ego sí, y se resistirá. Ya no estoy asustado, pero sigo sorprendiéndome de la variedad de maneras que el ego encuentra para distraerme y evitar mis prácticas de felicidad, pues eso es todo lo que estamos haciendo aquí. Observar la constante oposición del ego a mi felicidad es algo que me convenció de esta línea del texto: “El ego no te ama” (T.9.VII.3:5). Por razón de lo que yo soy, una extensión de Dios, tengo derecho a la felicidad. El ego tiene que resistirse a esa idea porque su existencia depende de mi creencia de que yo me he separado de Dios, por eso el ego quiero que yo sea desgraciado. Quiere que yo crea que no merezco ser feliz. Quizás no quiere que yo sea completamente desgraciado, eso podría provocar que reconsiderara todo. Sólo “un leve río de infelicidad”, como lo llama Marianne Williamson. Sólo un soplo de tristeza y de impermanencia colándose hasta en mis mejores momentos. Justo lo suficiente para evitar que escuche al Otro Tío que habla de mi unión con Dios. Y ciertamente no quiere que yo sea feliz. Ser feliz es peligroso para el ego. Ser feliz significa que la separación no es verdad. ¡Y no lo es!

LECCIÓN 41 - 10 FEBRERO “Dios va conmigo dondequiera que yo voy” Instrucciones para la práctica
Propósito: Ponerte en contacto con la Presencia de Dios dentro de ti, para que puedas experimentar el hecho de que Él va contigo dondequiera que tú vas. Ésta es la verdadera curación para todas las enfermedades humanas, que simplemente son síntomas de nuestra ilusoria separación de Dios. Ejercicios más largos: 1 sola vez, durante tres a cinco minutos, lo más pronto posible después de levantarte. • Cierra los ojos, repite la idea muy lentamente. • Luego deja que tu mente se quede en blanco y centre toda su atención en sumergirse muy profundamente hacia dentro. Pasa de largo toda la nube de pensamientos dementes que hay en la superficie de tu mente y vete hacia la Presencia de Dios en el centro de quietud de tu mente. “Trata de llegar hasta lo más profundo de tu mente, manteniéndola despejada de cualquier pensamiento que pudiera distraerte” (6:6). Repite la idea de vez en cuando si eso te ayuda, pero pasa la mayor parte del tiempo deseando sumergirte suavemente en el centro de tu mente, donde todo está en calma. Mantén en tu mente la confianza de que puedes hacerlo, pues llegar a este lugar es más natural que cualquier cosa de este mundo. Cuando surjan pensamientos, simplemente pásalos de largo

mientras te sumerges hacia dentro. Repetir la idea te ayudará a que desaparezcan esos pensamientos. Observaciones: Éste es el primer ejercicio de meditación del Libro de Ejercicios. Éste es “nuestro primer intento” (5:3) de llegar a la luz dentro de nosotros. Como esta cita sugiere, esta práctica es extremadamente importante en el Libro de Ejercicios. El párrafo 8 claramente señala que entraremos más en “este tipo de práctica” (8:6), recibiendo más instrucciones sobre ella, y progresando en ella, hasta llegar al momento en que “siempre tiene éxito” (8:5). Recordatorios frecuentes: A menudo. Repite la idea según las instrucciones del párrafo 9. Para que lo experimentes, sugiero que la repitas ahora siguiendo las instrucciones que vienen a continuación, las cuales están sacadas del párrafo 9: • Repite la idea “muy lentamente, preferiblemente con los ojos cerrados”. • Repítela de nuevo y “piensa en lo que estás diciendo, lo que las palabras significan”. • Repite las palabras de nuevo y “concéntrate en la santidad que dan por sentado sobre ti”. “Si Él va contigo y Él es santo, entonces tú eres santo”. • Repítelas de nuevo, concentrándote “en la segura compañía que tú tienes”. • Repítelas de nuevo, concentrándote “en la protección completa que te rodea”. Respuesta a la tentación: Siempre que tengas pensamientos de miedo. Recuerda la idea. Si realmente aceptas el significado, podrás reírte de los miedos que un instante antes parecían tan terribles. Comentario Numerosos problemas parecen haber surgido de nuestra percepción de nosotros mismos como separados de Dios. La sensación de soledad y abandono, depresión, ansiedad, preocupación, indefensión, infelicidad, sufrimiento, e intenso miedo a la pérdida, todos proceden de este problema raíz. Si miramos a las cosas objetivamente, pasamos la mayor parte de nuestra vida con diversos modos de intentar burlar y superar estos problemas. “Pero la única cosa que no has hecho es poner en duda la realidad del problema. Los efectos de éste, no obstante, no se pueden sanar porque el problema no es real”. (2:2-3). Un maestro espiritual Adi Da (también conocido como: Da Free John) una vez escribió un libro titulado: “La Enfermedad Imaginaria que la Religión Busca Curar”. Eso es la separación: una enfermedad imaginaria. ¿Cómo se puede curar una enfermedad que no existe realmente? La respuesta es lógica: no se puede. No hay cura porque no hay enfermedad. Por eso todos nuestros intentos de “curarnos” a nosotros mismos no funcionan. No podemos encontrar el camino de “regreso” a Dios porque Él nunca nos ha abandonado, Dios va con nosotros dondequiera que vamos. Todos nuestros conflictos y dramas son una insensatez, “por muy serias y trágicas que parezcan ser sus manifestaciones” (2:5). En lo más profundo de tu interior yace todo lo que es perfecto, presto a irradiar a través de ti sobre el mundo. Ello sanará todo pesar y dolor, todo temor y toda sensación de pérdida porque curará a la mente que pensaba que todas esas cosas eran reales y que sufría debido a la lealtad que les tenía. (3:1-2) Llevamos la “cura” para nuestra enfermedad en lo más profundo de nuestro interior. Esta “cura” sana, no venciendo a la “enfermedad”, sino convenciéndonos de que no hay enfermedad. Dios siempre está con nosotros. ¿Cómo podríamos estar separados en modo alguno del Infinito? ¿Cómo podríamos estar alguna vez separados de Todo Lo Que Es? La sola idea es demente e imposible.

Comprendemos que no creas nada de esto. ¿Cómo ibas a creerlo cuando la verdad se halla oculta en lo profundo de tu interior, cubierta bajo una pesada nube de pensamientos dementes, densos y turbios que representan, no obstante, todo lo que ves? Hoy intentaremos por primera vez atravesar esa obscura y pesada nube y llegar a la luz que se encuentra más allá de ella. (5:1-3) ¡Qué tranquilizador es que nuestro Maestro nos diga que él entiende nuestra falta de fe! Quizás tenemos una creencia intelectual en la Presencia de Dios en todo, pero no creemos que sea el núcleo central, de manera que haga desaparecer todo nuestro miedo, pesar, dolor y pérdida. Necesitamos la práctica de esta lección: para ayudarnos a “atravesar esta nube obscura y pesada” y para que surja la luz del conocimiento de nuestra unión con Dios (5:3). Esta lección es la primera introducción del Curso de la práctica de lo que podríamos llamar meditación clásica. Aunque el Curso no le da a tal meditación un enfoque principal, no hay duda de que le da una gran importancia. En el Curso, la meditación consiste en sentarse con los ojos cerrados y, “no pensar en nada en particular” (6:4), sino intentar entrar en lo más profundo de tu propia mente, sumergiéndose hacia abajo y adentro, mientras tratas de mantener la mente “libre de cualquier pensamiento que pueda desviar tu atención” (6:6). Como se ha afirmado, el propósito es volverse consciente de la luz dentro de nosotros mismos. O, en palabras más corrientes, experimentar la sensación de la Presencia de Dios con nosotros. Estamos intentando llegar a Dios hoy. Claramente, si la idea de la Presencia de Dios significa la desaparición de nuestra soledad, podemos esperar desarrollar una sensación clara y palpable de Alguien Que siempre está con nosotros, en cada momento. Cuando empezamos a desarrollar esta sensación podemos sentirnos tentados a creer que es nuestra propia imaginación. ¡No es imaginación! Es la ausencia de Su Presencia lo que es imaginario. Ciertamente puedes reírte de los pensamientos de miedo, al recordar que Dios va contigo dondequiera que tú vas. (10:1)

LECCIÓN 42 - 11 FEBRERO “Dios es mi fortaleza. La visión es Su regalo” Instrucciones para la práctica
Propósito: Darte cuenta de que la visión no procede de ti sino de la fortaleza de Dios en ti, y que por lo tanto puedes recibirla en cualquier circunstancia y que no puedes dejar de recibirla finalmente. Ejercicios más largos: 2 veces, de tres a cinco minutos, por la mañana (temprano) y por la noche (tarde). • Repite la idea lentamente, mirando a tu alrededor. Cierra los ojos y repítela de nuevo más lentamente todavía. • Luego hazte a un lado y deja que vengan a tu mente sólo los pensamientos relacionados con la idea. No hagas ningún esfuerzo ni intentes activamente que se te ocurran. “Trata sencillamente de hacerte a un lado y dejar que te vengan a la mente por su cuenta” (6:2). Me resulta útil repetir la idea y observar el principio de un pensamiento relacionado surgir en algún lugar de mi mente durante la repetición. • Si tu mente se distrae, repite la idea e inténtalo de nuevo. Si dejan de aparecer pensamientos relacionados, repite la idea con los ojos abiertos y luego con los ojos

cerrados como al principio. Si no aparece ningún pensamiento relacionado, simplemente repite esta fase del comienzo una y otra vez. Observaciones: Ésta es nuestra primera práctica larga de dejar que vengan pensamientos relacionados (que ya se introdujo en la Lección 38). Con el tiempo, el Libro de Ejercicios intentará hacer de esta práctica una parte habitual del conjunto de nuestro repertorio. Recordatorios frecuentes: Cuanto más a menudo, mejor. Repetir la idea, que consiste de dos partes, empezará a mostrarte que todas las partes del Curso están juntas dentro de un todo unificado. También te recordará que la meta del Curso, la visión, es una prioridad verdadera para ti. Comentario Pregunta: ¿Por qué no podemos fracasar en alcanzar la meta de este curso? Respuesta: Porque Dios quiere que la alcancemos. Si esa respuesta te suena humillante de algún modo, no te sorprendas de tener esa reacción. Con nuestra mente llena del pensamiento del ego, puede parecernos personalmente insultante que se nos diga que la garantía de nuestro éxito es que “Dios lo quiere así”, como si no tuviéramos ninguna elección en el asunto. Pero el hecho es que no la tenemos. Como dice la Introducción al Texto: “Es un curso obligatorio. Sólo el momento en que decides tomarlo es voluntario. Tener libre albedrío no quiere decir que tú mismo puedas establecer el plan de estudios. Significa únicamente que puedes elegir lo que quieres aprender en cualquier momento dado”. (T.In.1:2-5) El programa de estudios del Curso es aprender quiénes somos, y no tenemos nada que decir en lo que se refiere a ello, no podemos cambiar nuestra verdadera naturaleza. La única elección está en cuánto tiempo nos lleve aceptar el hecho de lo que somos, en lugar de intentar ser algo que no somos. El Texto habla de cómo la idea de la separación echó raíces en nuestra mente cuando nos negamos a aceptarnos a nosotros mismos como creaciones de Dios y quisimos crearnos a nosotros mismos. Todavía estamos luchando en la misma batalla insensata. Todavía nos parece insultante que nos digan que el resultado es inevitable, que somos las creaciones de Dios y que no podemos ser otra cosa, no importa cuánto podamos desearlo. Es la fuerza de Dios, no la nuestra, la que nos da nuestro poder. No podemos darnos la visión a nosotros mismos, pero tampoco podemos rechazar para siempre Su regalo. Su regalo para nosotros. Por mucho que nos resistamos, al final nos rendiremos. Y si colaboramos, nuestro éxito está garantizado. Werner Erhard, el fundador de E. S. T., dijo una vez que es mucho más fácil dejarse llevar por el caballo en la dirección que va. Eso es lo que el Curso nos pide que hagamos, que unamos nuestra voluntad a la de Dios, y que reconozcamos que en verdad queremos lo que Él quiere darnos y ya nos ha dado. “Lo que Él da, es verdaderamente dado” (2:1). Si podemos aceptar que nuestra voluntad y la de Dios son la misma, podemos entrar en la vida espiritual como algo seguro. Podemos decir: “La visión tiene que ser posible. Dios da verdaderamente” (4:5-6). O “Los regalos que Dios me ha hecho tienen que ser míos porque Él me los dio” (4:7). Podemos andar por la vida con una serena seguridad. “Los que están seguros del resultado final pueden permitirse el lujo de esperar, y esperar sin ansiedad” (M.4.VIII.1:1).

Hay una idea que aparece a la mitad de esta lección, aparentemente sin ninguna relación, aunque está muy estrechamente relacionada. “Tu paso por el tiempo y por el espacio no es al azar. No puedes sino estar en el lugar perfecto, en el momento perfecto” (2:3-4). Cuanto más sigues este camino (y semejantes), más sabes que esto es absolutamente verdad. No hay acontecimientos al azar, todo tiene un propósito. ¡Y no se te puede pasar por alto! No lo puedes fastidiar. Por supuesto que puedes cometer errores, el Curso es muy claro sobre esto. Nos dice: “Hijo de Dios, no has pecado, pero sí has estado muy equivocado” (T.10.V.6:1). Pero hasta nuestros errores pueden ser usados por el Espíritu Santo en nuestro beneficio: “El Hijo de Dios no puede tomar ninguna decisión que el Espíritu Santo no pueda utilizar a su favor” (T25.VI.7:5). Aunque tomes la decisión “equivocada”, no ha sucedido nada en la realidad, no ha habido ningún daño permanente. “Lo único que se puede perder es el tiempo, el cual, en última instancia no tiene ningún sentido” (T.26.V.2:1) El Espíritu Santo puede tomar cualquier cosa que Le ofrezcas y utilizarla en tu favor. Así que no puedes evitar estar en el lugar perfecto, en el momento perfecto; puedes relajarte tranquilamente en la vida y disfrutar del espectáculo, en lugar de estar ansioso y preocupado por él. ¿Por qué es así? Por razón de la fuerza de Dios y de Sus regalos. Que alcances la meta es Su Voluntad, y lo que Dios quiere, Dios lo hace. Después de todo, ¡Él es Dios! Todavía otro comentario: en las instrucciones para la práctica se te pide que dejes surgir cualquier pensamiento relacionado con la idea de hoy; este tipo de ensayo con pensamientos relacionados es otro tipo de meditación que es bastante frecuente en el Libro de Ejercicios. Luego dice: “De hecho, puede que te asombre la cantidad de entendimiento relacionado con el Curso que algunos pensamientos reflejan” (5:2). Sin embargo, también puede que estés intrigado por ¡qué diablos significan! La primera vez que intenté este ejercicio mi mente se quedó en blanco. Recuerda que el Libro de Ejercicios a menudo supone que has estudiado (no sólo leído, sino estudiado) el Texto antes de empezar estos ejercicios. No es un requisito, pero se da por sentado que es lo habitual. Para cualquiera que haya estudiado el Texto o que esté repitiendo el Libro de Ejercicios, surgirán fácilmente pensamientos relacionados. Si después de intentar encontrar pensamientos relacionados durante un minuto o dos, no te vienen fácilmente, sigue el consejo que se da un poco más adelante en la lección: “Si eso te resulta difícil, es mejor pasar la sesión de práctica alternando entre repeticiones lentas de la idea con los ojos abiertos y luego con los ojos cerrados, que esforzarte por encontrar pensamientos adecuados” (6:3). La presencia de este tipo de instrucción muestra que las lecciones pueden adaptarse a personas que no hayan estudiado el Texto en profundidad.

LECCIÓN 43 - 12 FEBRERO “Dios es mi Fuente. No puedo ver separado de Él” Instrucciones para la práctica
Propósito: Recordar tu función. Ejercicios más largos: 3 veces, de cinco minutos cada una, por la mañana (tan pronto como puedas), por la noche (tan tarde como te sea posible), y otra entre medias (cuando tu buena disposición y las circunstancias lo permitan). • Primera fase: Repite la idea, luego mira a tu alrededor, aplicándola concretamente y sin distinciones a cualquier cosa que veas. Con cuatro a cinco objetos será suficiente.

Segunda fase: Cierra lo ojos, repite la idea, y deja que te vengan pensamientos relacionados. Su propósito es enriquecer la idea “en tu propio estilo personal” (5:2). No necesitan ser repeticiones, o estar relacionadas claramente con ella, pero no pueden contradecirla. Si tu mente empieza a distraerse o a quedarse en blanco, repite la primera fase del ejercicio y luego la segunda fase de nuevo. No permitas que el periodo de práctica se convierta en una sesión de distracción de la mente, así que estate dispuesto a hacer esto tantas veces como lo necesites.

Recordatorios frecuentes: Puedes elegir una de estas tres formas: 1. Cuando estás con alguien, amigo o “desconocido”, dile en silencio: “Dios es mi Fuente. No puedo verte separado de Él”. 2. Aplica la idea a una situación o acontecimiento, diciendo: “Dios es mi Fuente. No puedo ver esto separado de Él”. 3. Si no se presenta ningún sujeto en particular, simplemente repite la idea. Observaciones: Intenta no dejar largas interrupciones en las repeticiones de la idea. Éste es un objetivo de entrenamiento importante en el Libro de Ejercicios. Lo mismo se pedía en la Lección 36 (2:2). Repetir la idea cuando te encuentras con alguien requiere estar muy consciente, pero puede hacerse y cambiará la calidad del encuentro. Respuesta a la tentación: Siempre que te sientas angustiado por un acontecimiento o situación. Aplica la idea concretamente: “Dios es mi Fuente. No puedo ver separado de Él”. Comentario Todo lo que llamamos “ver” es percepción, no es conocimiento. La percepción no nos muestra la verdad, en el mejor de los casos nos muestra un símbolo de la verdad. En el Curso, “conocimiento” es algo que pertenece al reino de la perfección, o Cielo; no es posible tener conocimiento, porque este mundo no es verdad. Todo el propósito del Curso está centrado en llevarnos de la percepción falsa a la percepción verdadera; únicamente cuando nuestra percepción haya sido completamente limpiada, estaremos preparados para la transferencia al conocimiento. Sin el Espíritu Santo, la percepción seguiría siendo falsa. Pero debido a que Dios ha colocado este vínculo con Él Mismo en todas nuestras mentes, la percepción puede purificarse para que nos lleve al conocimiento. En el Cielo o en Dios no existe la percepción, sólo el conocimiento. Para ver se necesitan dos: el que ve y lo que ve, lo cual es una dualidad, una separación que no existe en la verdad. Sin embargo, “en la salvación”, nuestra experiencia en este mundo, “la percepción tiene un propósito sumamente importante” (2:3). Aunque nosotros hicimos la percepción para “un propósito no santo” (2:4), para fabricar las ilusiones que pensamos ahora que son reales, El Espíritu Santo puede usar la percepción para devolvernos la consciencia de nuestra santidad. ¿Recuerdas la Lección 1? “Nada de lo que veo significa nada”. Eso es porque “la percepción no tiene significado” (2:5). Toda percepción carece de significado, “sin embargo, el Espíritu Santo le otorga un significado muy parecido al de Dios” Sin significado, pero no inútil. Durante el proceso de devolverle nuestra mente a Dios, el Espíritu Santo trabaja con nuestra percepción, “dándole un significado muy cerca del de Dios” (2:6). En lugar de intentar por nuestra cuenta entender lo que vemos, necesitamos hacernos a un lado y dejar que el Espíritu Santo escriba Su significado sobre todo. Visto con Él, todo nos muestra a Dios.

Sin Dios, pensamos que vemos, pero realmente no vemos nada. Vemos nada que parece algo, y a la que le damos nuestros significados, significados que nos engañan. “No puedo ver separado de Él”. Puedo pensar que veo, pero lo que parece que yo veo no es ver, es alucinar. Con Dios, verdaderamente puedo ver. Con Dios, puedo percibir un reflejo claro de la verdad en todo lo que contemplo. Esa percepción de la verdad es el medio por el que puedo perdonar a mi hermano. Si lo pido, lo veré. Para alcanzar la verdadera visión no necesito hacerme parte de Dios o unirme a Él, como si yo estuviera haciendo un cambio de un estado separado a un estado unificado. No, todo lo que tengo que hacer es reconocer que ya soy uno con Él. Al aceptar esa realidad sobre mí mismo, la visión ya es mía. Va junto con mi estado natural. Lo que veo cuando pienso que estoy separado de Dios no es visión porque estar separado de Dios es una ilusión, así que lo que “veo” es una ilusión. “No puedo ver separado de Él”. (4:8). Una vez más se nos lleva a un periodo en el que dejamos que surjan en nuestra mente pensamientos relacionados. El Curso nos anima a que pongamos sus ideas con nuestras propias palabras, y extenderlas y adornarlas para nuestro propio uso personal. A veces, la forma “cambiada” de la lección puede ser más efectiva para tu práctica que la original. Debemos sentirnos libres para personalizar de este modo las lecciones del Libro de Ejercicios. Es una herramienta que se pretende que usemos para hacer que las lecciones sean más significativas personalmente.

LECCIÓN 44 - 13 FEBRERO “Dios es la luz en la que veo” Instrucciones para la práctica
Propósito: Ponerte en contacto con la luz dentro de ti, que te permite ver con la verdadera visión. Ejercicios más largos: Al menos 3 veces, de tres a cinco minutos (se recomienda más tiempo si no produce tensión). • Repite la idea, luego cierra los ojos lentamente, repitiendo la idea varias veces más. • El resto de la práctica requiere que te sumerjas dentro de tu mente. Me resulta útil pensar en este sumergirse como que tiene tres aspectos: 1. Baja para abajo y hacia dentro, dejando a un lado tus pensamientos de la superficie y en dirección hacia la luz de Dios muy profundo dentro de tu mente. Mientras haces esto, “trata de pensar en la luz, sin forma y sin límites” (10:2). Si tu meditación tiene éxito, experimentarás una sensación de aproximarte o incluso entrar en ella. 2. No te permitas distracciones. Esto es importantísimo. Mientras pasas de largo tus pensamientos, obsérvalos sin darles importancia, “y pásalos de largo tranquilamente” (7:5). No tienen poder para retenerte. Si aparece resistencia, repite la idea. Si surge miedo, abre los ojos brevemente y repite la idea. Luego vuelve al ejercicio. 3. Mantén en la mente una actitud de que lo que estás haciendo es algo muy importante, de un valor incalculable, y que es muy sagrado. Esta actitud es más importante que los detalles de la técnica. Observaciones: Éste es el segundo ejercicio de meditación del Libro de Ejercicios (el primero fue la Lección 41), y puedes ver la inmensa importancia que se le da aquí, especialmente en los

párrafos 3-5. Puede que nos resistamos a esta práctica, porque requiere una disciplina que nuestra mente todavía no tiene, y porque significa abandonar nuestros pensamientos del ego y las creencias que hay detrás. Pero éstas son las verdaderas razones por las que esta práctica es tan importante. Recordatorios frecuentes: Frecuentes; estate completamente decidido a no olvidarte. Repite la idea con los ojos abiertos o cerrados, como mejor te parezca. Comentario El primer párrafo presenta una imagen bastante sorprendente de lo que es este mundo que vemos. Dice que nosotros hicimos la obscuridad, y luego pensamos que podíamos ver en ella. “Para poder ver tienes que reconocer que la luz se encuentra en tu interior y no afuera. No puedes ver fuera de ti, ni tampoco se encuentra fuera de ti el equipo que necesitas para poder ver” (2:1-2). Lo que llamamos luz no es verdadera luz. La luz no está fuera de nosotros, sino que está dentro de nosotros. No es física, es espiritual. Y verdaderamente no vemos con los ojos físicos, sino con la visión interna. La luz para la visión verdadera está dentro de nosotros, y el objetivo de la lección de hoy es alcanzar esa luz interna. Una vez más el Libro de Ejercicios nos lleva a un ejercicio experiencial de meditación. Este tipo de meditación y la experiencia que busca producir es un componente muy importante de la práctica del Curso. La importancia que se le da no tiene nada de sorprendente. Se nos dice que es una forma de ejercicio que “vamos a utilizar cada vez más” (3:2). “Y representa uno de los objetivos principales del entrenamiento mental (3:3). Las sesiones más largas se “recomiendan enfáticamente” (4:2). Se nos pide con insistencia que continuemos a pesar de la “gran resistencia” (5:2). Representa “tu liberación del infierno” (5:5). Se nos recuerda “la importancia de lo que estás haciendo, el inestimable valor que tiene para ti” (8:1), y que “estás intentando hacer algo muy sagrado” (8:1). La lección termina con estas palabras: “Pero no te olvides de repetirla. Sobre todo, decídete hoy a no olvidarte” (11:2-3). Es imposible no ser conscientes de que Jesús, como autor, considera que este tipo de práctica de meditación excepcionalmente importante. ¿Por qué? Hay algunas aclaraciones en la lección. En el tercer párrafo, la lección indica que esta clase de ejercicio: sentado en perfecta quietud, sumergiéndose hacia adentro, pasando de largo nuestros pensamientos sin ocuparnos de ellos “Es especialmente difícil para la mente indisciplinada” (3:3). Es difícil porque “requiere precisamente lo que le falta a una mente sin entrenar” (3:4). Es esta dificultad la que demuestra nuestra necesidad de hacerla, tal como quedarte sin aliento cuando corres cincuenta metros te demuestra que necesitas ejercicios aeróbicos. “Si has de ver, dicho entrenamiento tiene que tener lugar” (3:5). En otras palabras, la práctica de la meditación es un requisito para desarrollar la visión interna. ¿Cómo podemos ver con la visión interna si no sabemos cómo encontrar la luz interna? Éstos son ejercicios de entrenamiento. Al principio nos parecerá difícil. Encontraremos resistencia. El ejercicio se considera un intento (3:1) para alcanzar la luz, indicando que se comprende que es posible que no tengamos una auténtica experiencia de luz inmediatamente, como tampoco correríamos un maratón las primeras veces que nos entrenamos para correr. Es un objetivo de nuestra mente el entrenarse para alcanzar la luz, y probablemente no alcanzaremos nuestro objetivo inmediatamente; aunque es “la más natural y fácil del mundo para la mente entrenada” (4:3). Estamos en el proceso de adquirir el entrenamiento que hará que llegar a la luz parezca fácil y natural, pero ahora no es así porque nuestra mente está todavía sin disciplinar. No estamos “completamente sin entrenar” (5:1). Si hemos estado siguiendo las instrucciones, hemos tenido 43 días de práctica que nos ha traído a este día. Sin embargo, podemos

encontrarnos “con una gran resistencia (5:2). Para el ego lo que estamos haciendo es como “una pérdida de identidad y un descenso al infierno” (5:6). Pero estamos intentando llegar a Dios, Que es la luz en la que podemos ver, eso no es una pérdida. Es escaparse de la obscuridad. Cuando empezamos a acumular experiencias de luz, de sentir la relajación, de sentir nuestro acercamiento a la luz, e incluso ser conscientes de estar entrando en ella, sabremos de qué está hablando el Curso. Y la anhelaremos cada vez más. No hay nada como la experiencia. Estos instantes santos son anticipos del Cielo, visiones fugaces de la realidad. Nos motivarán en nuestro camino más que ninguna otra cosa. Hay una sensación de realidad tan real que lo que antes parecía real, en comparación, palidece como sombras imaginarias. Cuando hayamos entrado en la luz, reconoceremos que hemos estado en la oscuridad, pensando que era la luz. Esto es lo que da a estas experiencias su “valor incalculable”.

LECCIÓN 45 - 14 FEBRERO “Dios es la Mente con la que pienso” Instrucciones para la práctica
Propósito: Experimentar tus pensamientos reales, los que piensas con la Mente de Dios. Ejercicios más largos: 3 veces, de cinco minutos cada uno. • Repite la idea mientras cierras los ojos. Luego añade cuatro o cinco pensamientos relacionados (recuerda las instrucciones de las Lecciones 42 y 43 de dejar que pensamientos relacionados te vengan). • Luego repite la idea de nuevo y di: “Mis pensamientos reales están en mi mente. Me gustaría encontrarlos”. • Luego utiliza la misma técnica de meditación que se te enseñó en las Lecciones 41 y 44. De nuevo, es útil pensar en ella como que tiene tres aspectos: 1. Sumérgete más allá de la obscura capa de tus pensamientos sin significado e irreales; ve más allá a los pensamientos eternos y sin límites que piensas con Dios. 2. Cuando tu mente se distraiga, retírala de lo que te distrae. Te resultará útil repetir la idea. 3. Por encima de todo, ten una actitud segura en la mente. Confianza: No dejes que tus pensamientos del mundo te impidan hacerlo. No puedes fracasar porque Dios quiere quetriunfes. Deseo: Llegar a este lugar dentro de ti es el verdadero deseo de tu corazón. Santidad: Acércate como lo harías a un altar sagrado en el que Dios y Su Hijo piensan juntos. “Recordarte a ti mismo que esto no es un juego inútil, sino un ejercicio de santidad y un intento de alcanzar el Reino de los Cielos” (8:7). Recordatorios frecuentes: Lo ideal es pasar uno o dos minutos. Repite la idea. Luego apártate de tus habituales pensamientos no santos y pasa un rato pensando en la santidad de tu mente. Piensa en lo santa que debe ser si piensa con la Mente de Dios. Comentario En cierto modo, las lecciones están intentando causarnos cierta desorientación. Nuestro pensamientos reales “no tienen nada que ver con los pensamientos que piensas que piensas, de la misma manera en que nada de lo que piensas que ves guarda relación alguna con la visión” (1:2). Si mis pensamientos no son reales y lo que veo no es real, ¿a qué puedo aferrarme? A

nada en absoluto. Esto puede parecer aterrador; casi como si yo fuese uno de los personajes en una novela de misterio que está siendo atacado por alguien que intenta volverle loco, haciéndole creer que está alucinando y viendo cosas que no existen. En realidad, aunque el intento de des-hacer nuestra orientación mental es semejante, el Curso intenta justo lo contrario. Está intentando volvernos cuerdos, no locos. Ya estamos locos. Estamos alucinando e imaginando cosas que no están ahí, y el Curso está intentando romper nuestra creencia obsesiva de que son reales. Por debajo de la capa protectora del engaño que hemos puesto; la realidad es una mente completamente sana que piensa pensamientos completamente cuerdos y que únicamente ve la verdad. Nuestros pensamientos reales son los pensamientos que pensamos con la Mente de Dios, compartiéndolos con Él. Los pensamientos no abandonan la mente, por lo tanto, deben estar todavía ahí. Nuestros pensamientos son los pensamientos de Dios, y los pensamientos de Dios son eternos. Si esos pensamientos están ahí podemos encontrarlos. Podemos sacar nuestros pies del barro pegajoso de nuestros pensamientos y ponerlos sobre roca firme. Podemos estar casi completamente fuera del alcance de estos pensamientos originales y eternos, pensamientos completamente de acuerdo con la Mente de Dios, pero Dios quiere que los encontremos. Por lo tanto, debemos ser capaces de encontrarlos. Ayer buscábamos la luz dentro de nosotros, una idea muy abstracta. Hoy buscamos nuestros propios pensamientos reales. Eso nos acerca un poco más la comprensión de lo abstracto: no sólo “la luz” sino mis propios pensamientos, algo que es parte de mí y que representa a mi verdadera naturaleza. ¿Cómo sería un pensamiento que estuviera en perfecta armonía con la Mente de Dios? Eso es lo que estamos intentando encontrar y experimentar hoy. Y si somos honestos, tendremos que admitir que los pensamientos de los que somos conscientes la mayoría de las veces no pertenecen para nada a esa clase. Nuestros pensamientos están llenos de miedo, inseguridad, totalmente a la defensiva, demasiado ansiosos y desesperados, y por encima de todo demasiado cambiantes como para decir que son pensamientos que compartimos con Dios. Un pensamiento que procede de la Mente de Dios debe ser de perfecta armonía, total paz, completa seguridad, total bondad, y perfecta estabilidad. Estamos intentando localizar ese centro de pensamiento en nuestra mente. Estamos intentando encontrar pensamientos de esta naturaleza dentro de nosotros mismos. Una vez más, practicamos el sumergirnos en la quietud, pasar de largo todos los pensamientos irreales que ocultan la verdad en nuestra mente, y llegar a lo eterno que está en nuestro interior. Éste es un ejercicio sagrado, y que deberíamos tomarnos muy en serio, aunque no con tristeza, pues es un ejercicio de puro gozo. Dentro de mí hay un lugar que nunca cambia, un lugar que siempre está en paz, siempre brillando con el brillo del amor. ¡Y hoy, Oh Dios, sí hoy, yo quiero encontrar ese lugar! Hoy quiero tocar esa base sólida en el centro de mi Ser y conocer su estabilidad. Hoy quiero encontrar mi Ser.

LECCIÓN 46 - 15 FEBRERO “Dios es el Amor en el que perdono” Instrucciones para la práctica
Ejercicios más largos: Al menos 3 veces, de cinco minutos completos.

Repite la idea mientras cierras los ojos. Busca en tu mente aquellas personas que no has perdonado completamente. Esto no debería resultarte difícil, la falta de amor total es una señal de que no has perdonado. A cada uno dile: “Dios es el Amor en el que te perdono, (nombre)”. Esto te “colocará en una posición desde la que puedes perdonarte a ti mismo (5:1). Después de un minuto o dos de hacer esto, dite a ti mismo: “Dios es el Amor en el que me perdono a mí mismo”. Luego pasa el resto del tiempo dejando que tu mente plantee pensamientos relacionados con esta idea. No necesita ser una repetición, pero tampoco te alejes demasiado de ella. Sigue las instrucciones recibidas sobre dejar que surjan pensamientos relacionados. Termina repitiendo la idea original.

Recordatorios frecuentes: Tantos como puedas. Repite la idea, en la forma original o en forma de un pensamiento relacionado con ella. Respuesta a la tentación: Cuando tengas una reacción negativa hacia alguien, tanto si esa persona está presente como si no (7:3). Dile a esa persona silenciosamente: “Dios es el Amor en el que te perdono”. Comentario La totalidad de la enseñanza del Curso sobre el principio de la Expiación está contenida en la primera frase: “Dios no perdona porque nunca ha condenado”. Una y otra vez el Curso insiste en que Dios no es un Dios de venganza, que Dios no está enfadado con nosotros, que Él no sabe nada de castigos. Dios no condena, nunca lo ha hecho. Su corazón permanece eternamente abierto a nosotros. A mí concretamente. En este mundo de ilusiones, donde la condena de unos a otros se ha convertido en un modo de vida (¿o de muerte?), el perdón es necesario; no el perdón de Dios sino el nuestro propio. El perdón es el modo en que nos liberamos de las ilusiones. Toda condena es condena de uno mismo, la culpa que vemos en otros es nuestra propia condena a nosotros mismos reflejada fuera y que nos vuelve; y al liberar a los otros de la condena, nos liberamos nosotros. “De la misma manera en que sólo te condenas a ti mismo, de igual modo, sólo te perdonas a ti mismo (1:5). Como lecciones posteriores aclararán, nuestro propósito en este mundo es traerle el perdón, liberarlo de la carga de culpa que le hemos echado encima. Esto es lo que devuelve nuestra mente a la consciencia de Dios. Encontramos a Dios al liberar a aquellos a nuestro alrededor, librándolos de nuestros juicios, y reconociéndolos como la creación perfecta de Dios junto con nosotros. “Dios… y la forma de llegar a Él es apreciando a Su Hijo” (T.11.IV.7:2). Liberar a todos los que conozco de las cadenas de mis juicios es lo que me permite perdonarme a mí mismo (5:1). Me envuelve una cálida sensación por dentro cuando digo: “Dios es el Amor en el que me perdono a mí mismo” (5:3). Puede que incluso no sea consciente de ninguna culpa, pero cuando me bendigo a mí mismo con el perdón, algo se derrite, y sé que el perdón era necesario. Hay una crítica a uno mismo, de la que no soy consciente, pero que siempre está ahí; y cuando me adentro en ella imaginando el Amor de Dios derramándose sobre mí como oro líquido, conociendo y aceptando (quizá justo en ese preciso momento) Su total aceptación de mí, rara es la vez que no se me escapan lágrimas de gratitud.

LECCIÓN 47 - 16 FEBRERO “Dios es la fortaleza en la que confío”

Instrucciones para la práctica
Propósito: “Llegar más allá de tu debilidad hasta la Fuente de la verdadera fortaleza” (4:1), para que ganes confianza frente a todos los problemas y decisiones. Ejercicios más largos: 4 veces (se anima a hacer más), durante cinco minutos (se alienta a que sean más largos). • Cierra los ojos y repite la idea. • Busca en tu mente situaciones que te produzcan miedo. Abandona cada una de ellas diciendo: “Dios es la fortaleza en la que confío”. Haz esto durante uno o dos minutos. • El resto del tiempo es otro ejercicio de meditación. Sumérgete muy profundo en tu mente, por debajo de todos tus pensamientos de preocupación, que se basan en tu sensación de insuficiencia. Llega por debajo de ellos a un lugar en donde nada está fuera del alcance de tu fortaleza, porque la fortaleza de Dios vive en ti. Puedes imaginarte que te estás sumergiendo por debajo de las aguas revueltas de la superficie a la profundidad en calma donde todo está tranquilo. “Reconocerás que has llegado cuando sientas una profunda sensación de paz, por muy breve que sea” (7:2). (Como en instrucciones anteriores) acuérdate de retirar tu mente de las distracciones, cuando sea necesario, y de mantener en la mente una actitud de confianza y deseo. Recordatorios frecuentes: A menudo. Repite la idea. Respuesta a la tentación: Cuando surja cualquier alteración. Repite la idea, recordando que tienes derecho a la paz porque estás confiando en la fortaleza de Dios, no en la tuya. Comentario Se cuenta en el Evangelio de Juan que Jesús dijo: “El Hijo no puede hacer nada por sí mismo, a menos que sea algo que ha visto hacer al Padre… Yo no puedo hacer nada por mi propia iniciativa; tal como oigo, así juzgo” (Juan 5:19, 30). Básicamente eso es lo que esta lección nos dice: No podemos hacer nada por nosotros mismos. Cuando la lección habla de “confiar en tu propia fuerza” (1:1) está hablando de intentar hacer cualquier cosa por nuestra cuenta, como una unidad independiente, separados de Dios y de Su creación. Está hablando de actuar como un ego. La lección dice que eso es imposible. Otro ejemplo del Evangelio de Juan puede ser útil. Al final de Su vida en la tierra, Jesús comparó su vida a una vid, y a Sus discípulos con las ramas de la vid. Yo creo que hablaba desde el Cristo en Él, o quizás sería mejor decir que Cristo estaba hablando a través del hombre, Jesús. Él dijo: “Tal como la rama no puede dar fruto por sí sola, a menos que permanezca unida a la vid, del mismo modo ninguno de vosotros puede dar fruto, a menos que permanezcáis unidos a Mí… separados de Mí no podéis hacer nada” (Jn.15:4-5). Piensa en ello. ¿Dónde termina la vid y empieza la rama? La rama es parte de la vid. Es toda su existencia, no puede actuar independientemente, no puede “dar fruto” si se la corta de la vid. Somos partes o aspectos de la Filiación, y el Hijo es uno con el Padre. “Lo que Él (Dios) crea no está separado de Él, y no hay ningún lugar en el que el Padre acabe y el Hijo comience como algo separado” (L.132.12.4). Suena como la vid y sus ramas, ¿verdad? Cuando intentamos actuar independientemente, no podemos hacer absolutamente nada. Tal como pensamos de nosotros mismos, ¿qué podemos predecir o controlar totalmente?¿Cómo

podemos ser conscientes de todas las facetas de un problema” y “resolverlos de tal manera que de ello sólo resultase lo bueno”? (1:4). Abandonados a nosotros mismos, abandonados a los limitados recursos del ser tal como el ego lo ve, separados de todo, sencillamente no podemos. No tenemos lo que se necesita. “Si sólo confías en tus propias fuerzas, tienes todas las razones del mundo para sentirte aprensivo, ansioso y atemorizado” (1:1). La lección nos pide que reconozcamos que no estamos limitados a lo que podemos pensar que es “nuestra fuerza”; “Dios es la fortaleza en la que confío”. Nos pide que actuemos basándonos en nuestra unión con Dios. Desde donde estamos, al comienzo, nos parece que estamos tratando con una especie de Dios externo, una “Voz” que habla dentro de nuestra mente o que actúa en determinadas circunstancias para guiarnos: “Puesto que crees estar separado, el Cielo se presenta ante ti separado también. No es que lo esté realmente, sino que se presenta así a fin de que el vínculo (el Espíritu Santo) que se te ha dado para que te unas a la verdad pueda llegar hasta ti a través de lo que entiendes” (T.25.I.5:12). Por eso puede parecer que se nos pide que nos “sometamos” a una fuerza superior, cuando de hecho todo lo que estamos haciendo es que nos asociemos con el resto de nuestro propio ser, del que nosotros mismos nos hemos separado. El Espíritu Santo, habla por nosotros, así como por Dios, pues somos uno (ver T.11.I.11:1; T.30.II.1:1-2; L.125.8:1; L.152.12:2). Cuando nos damos cuenta de que no podemos vivir por nuestra cuenta, cuando aceptamos nuestra dependencia de este Poder Superior, Dios se convierte en nuestra fortaleza y seguridad en toda circunstancia. Su Voz nos dice “exactamente qué es lo que tienes que hacer para invocar Su fortaleza y Su protección” (3:2). Cuando tenemos miedo, es porque estamos confiando en nuestra propia fuerza independiente, que no existe. Simplemente sentirse incapacitado para una tarea es una forma de miedo, que procede de la creencia de que yo existo por mí mismo. “¿Quién puede depositar su fe en la debilidad y sentirse seguro?” (2:3). Cuando aparezca el miedo, que me recuerde a mí mismo que no confío en mi propia fuerza sino en la de Dios. Eso me puede sacar del miedo y llevarme a un lugar de paz profunda y duradera. Reconocer nuestra debilidad como ser independientes es un comienzo necesario (6:1). Si nos engañamos a nosotros mismos creyendo que podemos manejar todo por nuestra cuenta, sin Dios, sin nuestros hermanos, fallaremos y finalmente nos irritaremos. Pero no debemos quedarnos en ese reconocimiento, tenemos que ir más allá de ello y darnos cuenta de que tenemos la fortaleza de Dios, y que la confianza en esa fuerza “está plenamente justificada en relación con todo y en toda circunstancia” (6:2). Casi cada vez que medito repito, silenciosamente o en voz alta, las palabras que están casi al final de esta lección: “Hay un lugar en ti donde hay perfecta paz. Hay un lugar en ti en el que nada es imposible. Hay un lugar en ti donde mora la fortaleza de Dios.” (7:4-6). Hagamos hoy frecuentes pausas para sumergirnos por debajo de “todas las trivialidades que bullen y burbujean en la superficie de (nuestra) mente” (7:3) en lo más profundo de nuestra mente para encontrar ese lugar.

LECCIÓN 48 – 17 FEBRERO

“No hay nada que temer” Instrucciones para la práctica
Recordatorios frecuentes: Muy a menudo, tan a menudo como sea posible. Hay dos formas. Usa la más larga siempre que puedas. 1. Repite la idea. Puedes hacerlo con los ojos abiertos en cualquier circunstancia, incluso durante una conversación. Tan sólo lleva dos segundos. 2. Lleva un minuto aproximadamente, cierra los ojos y repite la idea lentamente varias veces. Observaciones: Los periodos de práctica más largos se han dejado por hoy, por lo tanto vas a centrarte en la frecuencia .Vimos lo mismo en las Lecciones 20, 27 y 40. Por lo tanto, la lección de hoy es parte de una serie planeada para enseñarnos el hábito importantísimo de la práctica frecuente. Por eso, en lugar de tomarte un día libre, dedícate de lleno. Cuanto más pongas de tu parte, mayor beneficio obtendrás de ello. Lecciones anteriores (27, 40) recomendaban establecer la frecuencia al comienzo del día y luego tratar de mantenerla. Yo recomendaría hacer hoy lo mismo. ¿Qué frecuencia quieres establecer? Echemos un vistazo a lecciones anteriores que precisaban una frecuencia: Lección 20: 2 por hora Lección 27: de 2 a 4 por hora Lección 39: de 3 a 4 por hora Lección 40: 6 por hora La media es de 3 a 4 por hora, pero date cuenta también de que la frecuencia aumenta a medida que las lecciones avanzan. Yo sugeriría que elijas una frecuencia que realmente pienses que puedes mantener, y luego tener la firme intención de mantenerla, e incluso tomarte un momento para imaginarte a ti mismo practicándola en diferentes circunstancias. Durante el día, cuando te des cuenta de que te has olvidado, no te disgustes, nos sucede a todos. Simplemente vuelve a la práctica, de inmediato y sin culpa. Respuesta a la tentación: Cuando algo perturbe tu paz mental. Repite la idea de inmediato. Comentario Se puede entender este sencillo pensamiento al menos de dos maneras: 1) No hay nada a lo que temer. 2) ¿Miedo? ¡Eso no es cierto! Como el tercer párrafo aclara, este pensamiento está relacionado con la lección de ayer acerca de confiar en la fortaleza de Dios en lugar de confiar en nuestra propia fortaleza, separada de la Suya. “La presencia del miedo es señal inequívoca de que estás confiando en tu propia fortaleza” (3:1). Como dijo la lección de ayer: “¿Quién puede depositar su fe en la debilidad y sentirse seguro?” (L.47.2:3). Por eso, cuando confiamos en nuestra propia fortaleza, sentimos miedo. Cuando confiamos en la fortaleza de Dios, no sentimos miedo. El miedo no es algo que debamos temer; sin embargo, es una señal que nos avisa de que nuestra fe está en el lugar equivocado, y lo que pide es corrección, no condena. Desde la perspectiva de la mente recta, es un hecho que: no hay nada que temer. Dios es todo lo que existe, y nosotros somos parte de Él, nada fuera de Él existe. Por supuesto, no hay nada que temer. El miedo es la creencia en algo distinto de Dios, un dios falso, un ídolo con poder que se opone y vence a Dios. Secretamente creemos que hemos hecho eso, pero de lo que tenemos

miedo es de nosotros mismos. Sin embargo, lo que creemos que hemos hecho nunca ha ocurrido. Por eso, no hay nada que temer. “Nada real puede ser amenazado” (T.In.2:2). Si creemos en ilusiones, el miedo parece muy real, pero tenemos miedo de la nada. La lección dice que “es muy fácil de reconocer” que no hay nada que temer (1:4); lo que hace que parezca difícil es que queremos que las ilusiones sean verdad (1:5). Si no son verdad, entonces no somos quienes creemos ser y quienes queremos ser; somos creaciones de Dios, no nuestra propia creación. Por eso, nos aferramos a las ilusiones para dar validez a nuestro ego, y al hacerlo, conservamos el miedo. Cuando nos permitimos a nosotros mismos recordar que no hay nada que temer, y cuando conscientemente nos recordamos ese hecho durante el día, eso nos demuestra que “en algún lugar de tu mente, aunque no necesariamente en un lugar que puedas reconocer, has recordado a Dios y has dejado que Su fortaleza ocupe el lugar de tu debilidad” (3:2). Esto es lo que el Texto llama la “mente recta”. Hay una parte de nuestra mente -realmente la única parte que existe- en la que ya hemos recordado a Dios. Esa parte de nuestra mente es lo que nos está despertando de nuestro sueño. ¿Alguna vez te has preguntado cómo es que encontraste Un Curso de Milagros, y por qué te atrae? Tu mente recta ha creado esta experiencia para ti; tu verdadero Ser te habla a través de sus páginas para despertarte. Cada vez que repetimos “No hay nada que temer”, nos estamos asociando con la parte de nosotros que ya está despierta, y que ya ha recordado la verdad. Puesto que ya estamos despiertos, el resultado es inevitable. Pero necesitamos esta apariencia de tiempo para “darnos tiempo a nosotros mismos” (por así decir) para despachar las ilusiones y reconocer la verdad siempre presente de nuestra realidad.

LECCIÓN 49 – 18 FEBRERO “La Voz de Dios me habla durante todo el día” Instrucciones para la práctica
Propósito: Escuchar a la parte de nuestra mente donde la Voz de Dios te está hablando siempre, e identificarnos con ella. Ejercicios más largos: 4 veces (más si es posible), durante cinco minutos. Éste es también otro ejercicio de meditación, como en las Lecciones 41, 44, 45, y 47. Después de cerrar los ojos y repetir la idea (como siempre: lentamente), entra en meditación. De nuevo, me resulta útil pensar en el ejercicio como que tiene tres aspectos: 1. Pasa de largo la nube de pensamientos frenéticos y dementes que abarrotan la superficie de tu mente. Sumérgete en la parte de tu mente donde reina la calma, donde estás de verdad en tu hogar, y donde la Voz de Dios te habla. Sumergirte en esta parte también significa escuchar a esta parte. 2. Retira tu mente de las distracciones repitiendo la idea. 3. Por encima de todo, mantén en la mente la actitud de que ésta es la cosa más feliz y más sagrada que puedes hacer, y de que confías en que puedes hacerlo, porque Dios lo quiere. Recordatorios frecuentes: Muy a menudo. Hay una variedad de opciones, que van desde practicar en situaciones no fáciles a la forma ideal de práctica. Esta variedad se aplica a todas las lecciones: 1. Repite la idea con los ojos abiertos cuando tengas que hacerlo así. 2. Repítela con los ojos cerrados cuando te sea posible.

3. Siempre que puedas, siéntate tranquilamente, cierra los ojos, y repite la idea. Haz que esto sea una invitación a la Voz de Dios para que te hable. Comentario “La Voz de Dios me habla durante todo el día”. ¡Sí, lo hace! Te puede parecer ilusorio cuando dices esta frase, pero no lo es. La Voz de Dios nos habla durante todo el día, todos los días. “La parte de tu mente donde reside la verdad (es decir, la mente recta) está en constante comunicación con Dios, tanto si eres consciente de ello como si no” (1:2). Normalmente no somos conscientes de esta comunicación, aunque podemos serlo. Nuestra consciencia sencillamente no está a la escucha. Es como una señal de radio. Aquí en Sedona, tenemos una emisora de radio que se llama KAZM (“abismo”, curioso ¿eh?). KAZM está en comunicación con mi radio todo el día, pero puede que yo no tenga mi radio puesta en esa emisora. El Espíritu Santo está en comunicación con mi mente todo el día, pero puede que yo no Le esté escuchando. Hay otra parte de nuestra mente que se ocupa de los asuntos de este mundo. Ésa es la parte de la que somos conscientes la mayor parte del tiempo. La llamaré “mente errónea” para que podamos distinguirlas. En realidad esta parte no existe, y la parte que escucha a Dios (mente recta) es en realidad la única parte que existe (2:2-3). Por consiguiente, hablar de “partes” de nuestra mente es sólo una invención útil. La mente errónea es una ilusión. La mente recta es real. La mente errónea está angustiada, desesperada, llena de un enloquecido parloteo de “pensamientos” que se parecen al Conejo Blanco de Alicia en el País de las Maravillas. La mente recta es “serena, está en continuo reposo y llena de absoluta seguridad” (2:1). La mente recta es de lo que habló la Lección 47 al decir: “Hay un lugar en ti donde hay perfecta paz” (L.47.7:4). En este lugar, “la quietud y la paz reinan para siempre” (2:5). Podemos elegir qué voz escuchar, a qué “parte” de nuestra mente hacerle caso: la voz desesperada de preocupación o la Voz llena de paz. ¿Parece difícil creer que dentro de nosotros hay un lugar de perfecta calma, como en el centro de un huracán? Pues, lo hay. A mí me parecía difícil de creer, pero cuando empecé a buscarlo, empecé a encontrarlo. A menudo, cuando al principio intentamos encontrarlo, la otra voz grita tan alto que parece que no podemos ignorarla (que es lo que la lección nos dice que hagamos). Justo el otro día alguien me contaba que cuando se sentaba en meditación, la llegada de la paz era tan aterradora que tenía que levantarse y ponerse a hacer algo. ¿No es extraño que la paz nos resulte tan poco deseable? Siéntate durante unos minutos intentando estar en paz, y algo dentro de ti empieza a gritar: “¡No puedo aguantarlo!”. Ésa es la voz frenética de desesperación. La lección nos dice: “Trata hoy de no prestarle oídos” (2:4). ¡Merece el esfuerzo! El lugar de paz está ahí en todos nosotros, y cuando lo encontramos: ¡Ahhh! Todavía tengo días en que parece que no puedo parar el parloteo constante de mi mente, pero están aumentando los momentos en los que me sumerjo en la paz, por lo cual estoy muy agradecido. Únicamente tienes que dejar toda actividad por un momento para encontrar la paz; no puedes encontrarla sin sentarte, sin aquietarte, sin desconectarte de todo lo de fuera por un momento. De otro modo, el mundo distrae demasiado al principio. Finalmente podemos aprender a encontrar esta paz en cualquier momento, en cualquier lugar, e incluso llevarla con nosotros en situaciones caóticas. Sin embargo, al principio, necesitamos desarrollar la quietud para encontrarla, cerrar los ojos al mundo, pasar de largo la superficie tormentosa de nuestra mente y entrar en el centro profundo y sereno, pidiéndole a la Voz de Dios que nos hable.

Un pensamiento más. Podrías pensar, a causa de esta lección, que si la “emisora de radio” de Dios siempre está funcionando, tiene que ser fácil oír Su Voz. Falso. La voz del ego se describe aquí como “chillidos estridentes” (4:3), “frenéticos y tumultuosos pensamientos, sonidos e imágenes” (4:4), y “constantemente distraída” (1:4). Al principio, escuchar la Voz de Dios es como intentar meditar en medio de una revuelta callejera. Es como intentar componer una nueva melodía mientras está tocando una banda musical de rock. O como intentar escribir una carta con toda atención mientras tres personas te están gritando cosas distintas en los oídos. No es nada fácil. Requiere mucha atención y concentración. Y sobre todo, requiere mucha voluntad. “La Voz del Espíritu Santo es tan potente como la buena voluntad que tengas de escucharla” (T.8.VIII. 8:7). Tienes que estar dispuesto a ignorar esa otra voz. Los chillidos del ego no suceden sin nuestro consentimiento, no proceden de algún demonio malvado que intenta hacer fracasar nuestros esfuerzos de oír la Voz de Dios. Son nuestro propio deseo que toma forma, eso es todo. Nos hemos pasado muchísimo tiempo escuchando al “fabricador de ruidos” en nuestra mente. Tenemos que empezar a evitarlo y a elegir desenchufarlo. Así que, oír al Espíritu Santo no es algo que sucede de la noche a la mañana, lee sobre esto hoy, empieza a ser “divinamente guiado en todo lo que hagas” mañana. No, no es así de sencillo. De hecho, en el Texto Jesús dice que aprender a escuchar sólo esa Voz fue la última lección que Él aprendió y que requiere esfuerzo y gran voluntad (ver T.5.II.3:7-11). “El Espíritu Santo se encuentra en ti en un sentido muy literal. Suya es la Voz que te llama a retornar a donde estabas antes y a donde estarás de nuevo. Aún en este mundo es posible oír sólo esa Voz y ninguna otra. Ello requiere esfuerzo así como un gran deseo de aprender. Ésa es la última lección que yo aprendí, y los Hijos de Dios gozan de la misma igualdad como alumnos que como Hijos de Dios” (T.5.II.3:7-11). Por eso, empecemos hoy mismo a aprender esta lección tan importante. Escuchemos.

LECCIÓN 50 – 19 FEBRERO “El Amor de Dios es mi sustento” Instrucciones para la práctica
Propósito: Interiorizar la idea de que el Amor de Dios te sustenta, no con las cosas del mundo sino para que sientas la protección, la paz y la seguridad que Su Amor trae Consigo. Ejercicios más largos: 2 periodos, de diez minutos. Pasa esos diez minutos repitiendo la idea, pensando en ella y dejándote envolver por ella. Deja que pensamientos relacionados “vengan a ayudarte a reconocer su verdad” (5:2). Haz todo esto con el propósito de que la idea se adentre más profundamente en tu mente. Disfruta la idea. Siente los beneficios que te trae. Intenta sentir el Amor de Dios cubriéndote como un manto de paz y seguridad. Éste no es un ejercicio de meditación, sino un ejercicio prolongado en reflexionar sobre la idea. Tus pensamientos tenderán a distraerse durante reflexiones largas como ésta. Cuando suceda, observa a esos pensamientos como intrusos que han entrado sin permiso en el templo de la santa mente del Hijo de Dios. Repite la idea para que desaparezcan. Recordatorios frecuentes: A menudo.

Repite la idea, no como un loro, sino como “una declaración de independencia” (L.31.4:2), una declaración de que eres libre de necesitar ser sostenido por las cosas vacías de este mundo. Intenta repetirla una vez con este espíritu ahora, y ver el efecto que tiene en tu mente. Respuesta a la tentación: Siempre que te enfrentes a un problema o dificultad. Responde a lo que te enfrentas repitiendo la idea. Mientras lo haces, recuerda que “Por medio del Amor de Dios en ti puedes resolver toda aparente dificultad sin esfuerzo alguno y con absoluta confianza” (4:5). Comentario ¿Qué es lo que me sostiene y me apoya? Cuando me siento vacío y agotado, ¿a dónde me dirijo? ¿A Dios, mi eterna Fuente? ¿O a alguna otra cosa? Tengo que admitir que a menudo es a alguna otra cosa a la que voy para sentirme bien de nuevo. ¿Cómo sería llegar a confiar completamente en algo tan total y completamente digno de confianza? En el primer párrafo aparece una lista de cosas que se aplican a casi todos nosotros. Cualquiera que sea mi preferencia personal como “lo que me sostiene”, todas ellas son sólo “una lista interminable de cosas huecas y sin fundamento a las que dotas de poderes mágicos” (1:3). Cuando nos volvemos a ellas, algo en nosotros sabe que estas cosas no están realmente solucionando nada, no son nada sino sustitutos, placebos que pueden aliviar los síntomas por un tiempo pero que al final no curan nada. Creo que fue San Agustín quien dijo que cada uno de nosotros nació con un hueco, con forma de Dios, en nuestro corazón. Podemos intentar llenarlo con todo tipo de cosas, pero nada llena ese hueco sino el Amor de Dios. “Valoramos” las otras cosas únicamente porque estamos intentando conservar nuestra independiente e imaginada identidad como un ego dentro de un cuerpo (2:2-3). Estamos valorando la nada para conservar lo que no es nada. La experiencia de que nada nos falta (plenitud) viene únicamente de la unión con nuestra Fuente. El Amor de Dios “te llevará a un estado mental que no puede verse amenazado ni perturbado por nada, y en el que nada puede interrumpir la eterna calma del Hijo de Dios” (3:3). Yo quiero ese estado mental. Quiero esa estabilidad interna, esa serenidad de la consciencia. ¿Qué otra cosa podría dármela sino saber que estoy conectado a un suministro sin fin de bondad sin límite? El Salmista lo dijo muy bien en el primer Salmo. Los “devotos”, aquellos que saben que el Amor de Dios les sostiene, “serán como un árbol plantado a orillas del agua, que dan fruto en su estación, cuyas hojas no se marchitan, y que todo lo que hacen tiene éxito” (S.1:3). Cuando interiormente te das cuenta de que el Amor de Dios te sustenta, es como si fueses un árbol plantado a orillas de un río, cuyas raíces están continuamente sustentadas por el agua que siempre está ahí, y que se está renovando siempre. O del Salmo 23: “El Señor es mi pastor. No desearé… Mi copa se renueva cada día. La bondad y la misericordia irán conmigo todos los días de mi vida” (S.23:1,5-6). “Deposita toda tu fe en el Amor de Dios en ti: eterno, inmutable y que nunca falla. Ésta es la respuesta a todo problema que se te presente hoy” (4:3-4). De nuevo las instrucciones nos dicen que “nos sumerjamos muy profundo en nuestra consciencia” (5:1). (Fíjate en que los periodos de meditación se están haciendo más largos, son de diez minutos, por la mañana y por la noche). Tenemos que “permitir que la paz se extienda sobre nosotros como un manto de protección y seguridad” (5:2). A menudo encuentro que me ayuda a entrar en esa sensación el hecho de visualizar algo: que una luz dorada me baña, que mi guía espiritual me abraza,, o simplemente que me meto en un baño templado. Puedo dejar que sea un tiempo de descanso, diez minutos en los que simplemente me dejo llevar, física y

mentalmente, y me permito a mí mismo experimentar paz. Me digo a mí mismo: “Estoy bien. Me siento seguro. En Dios estoy en mi Hogar. Su Amor me rodea y me protege. Su Amor me alimenta y me hace lo que yo soy”. PRIMER REPASO. INTRODUCCIÓN: ETAPAS DE LA PRÁCTICA Los párrafos 3 y 4 del Primer Repaso presentan una teoría de la práctica que es útil para entender por qué el Libro de Ejercicios es tan estructurado. De hecho estos párrafos dan a entender la importancia que tiene la estructura, que va cambiando según vamos progresando en nuestra práctica. Aquí se indican cinco grados de estructura, que van desde una gran estructura a casi ninguna.

1. Gran estructura y un ambiente formal.
Al comienzo de nuestro estudio, el Curso recomienda una práctica muy estructurada, prestando atención a ciertas formas. Las primeras lecciones del Libro de Ejercicios explican con todo detalle la forma en que deben hacerse las prácticas. En este Repaso, por ejemplo, se nos dice que no nos centremos demasiado con cada detalle de los comentarios del repaso (3:1). En lugar de eso, deberíamos dar la mayor importancia al punto central y pensar en él, permitiendo que ideas relacionadas vengan a nuestra mente, igual que hemos estado haciendo en las últimas lecciones. Además, se nos dice que practiquemos con los ojos cerrados, solos y en un lugar tranquilo si es posible (3:3). A esto me refiero cuando digo que presta atención a la forma. Se ocupa de dónde deberíamos estar y qué deberíamos hacer con los ojos. Añade: “hacemos hincapié en este procedimiento para las sesiones de práctica, debido a la etapa de aprendizaje en la que te encuentras” (4:1), que se refiere a la etapa del comienzo. La idea que hay detrás de este tipo de instrucciones parece ser que, en las etapas del comienzo, necesitamos estructura, y necesitamos estar solos y quietud. Necesitamos cerrar los ojos para evitar las distracciones porque nuestra mente no está suficientemente entrenada para ignorar las distracciones sin cerrar los ojos. Nos estamos entrenando a nosotros mismos para tener paz interior, y al principio es útil favorecer ese estado mental organizando lo que nos rodea.

2. Sin un ambiente especial.
Al avanzar, será necesario abandonar el ambiente especial y la estructura, para que “aprendas que no necesitas ningún ambiente especial donde aplicar lo que has aprendido” (4:2). Al comienzo, para encontrar paz mental necesitamos un lugar tranquilo, necesitamos cerrar los ojos. Pero a medida que vamos avanzando, la intención es que empecemos a elegir paz en medio de la aparente agitación. Después de todo, ¿cuándo es más necesaria la paz? Está claro que, se necesita cuando sucede algo que parece alterarnos o disgustarnos (4:3). Hemos empezado a avanzar cuando aprendemos a generalizar, cuando somos capaces de llevar lo que hemos aprendido en el “laboratorio” de la práctica de quietud y aplicarlo en situaciones que nos angustian. Esto sucederá casi sin tener que elegirlo. De repente nos daremos cuenta de que cosas que antes solían molestarnos ya no nos molestan. O descubriremos que estamos reaccionando con amor en lugar de con ira. El Libro de Ejercicios apoya esta “extensión” de las lecciones a nuestra vida al pedirnos que recordemos el pensamiento del día siempre que suceda algo que nos moleste. Esto saca la lección del laboratorio y la lleva a nuestra vida. Esta clase de práctica ampliada, o la “respuesta a la tentación”, como se la llama, es vital para que el Curso tenga un efecto que se note en nuestra vida.

3. Llevar la paz con nosotros. A medida que nuestra práctica del primer tipo continúa y que empezamos a responder a los disgustos eligiendo experimentar paz en lugar de disgusto, empezamos a entrar en una tercera etapa: empezamos a llevar la paz con nosotros a toda situación (4:4). En la segunda etapa estamos reaccionando a una situación y elegimos la paz; en esta tercera etapa estamos activamente llevando paz dentro del conflicto, sanando las situaciones que encontramos. Nuestra práctica de quietud ha establecido un cierto nivel de paz en nuestra mente, y ahora extendemos paz a medida que avanzan nuestros días. En este nivel de desarrollo, hemos puesto fin a todo intento de aislamiento monástico y le tendemos la mano al mundo, llevándole sanación. Todavía podemos retirarnos de vez en cuando para “recargarnos” por así decirlo, pero ya no tenemos miedo de las situaciones difíciles o aterradoras; incluso empezamos a buscar situaciones en las que nuestra mente sanada pueda llevar sanación a otros. 4. Reconocer que la paz es parte de nosotros. A un nivel más avanzado todavía, empezamos a darnos cuenta de que no es una cualidad o condición que va y viene; más bien, es algo que forma parte de nuestro Ser (5:1). Aquí nos hemos dado cuenta de que la paz no es condicional. No depende de ninguna condición. Forma parte de nuestra naturaleza; es lo que nosotros somos. Nos hemos identificado con la paz así que, llevamos paz a cualquier situación en la que nos encontremos. Ya no necesitamos estar solos o cerrar los ojos para sentir paz; somos paz. Las condiciones a nuestro alrededor no afectan a nuestra paz, sino que nuestra paz afecta a las condiciones. 5. Ver paz en todos los sitios. En el nivel más avanzado, nos daremos cuenta de que nuestra presencia física no es necesaria para afectar a cualquier situación. Nos damos cuenta de que “no hay límite con respecto a dónde tú estás, de modo que la paz está en todas partes, al igual que tú” (5:2). Éste es el estado mental del maestro de Dios avanzado, o lo que en algunos círculos podría llamarse un maestro realizado. Este estado mental no vivirá mucho tiempo en un cuerpo, porque ha ido más allá de las limitaciones del cuerpo. Esta amplia visión general de hacia dónde nos está llevando el Curso puede animarnos mucho mientras nos esforzamos en el primer nivel. Contempla el alcance del programa del Curso. Empezando en un nivel en el que nuestra paz es tan débil que tenemos que cerrar los ojos y dejar fuera al mundo, para ir más allá del mundo por completo. Podemos desear estar en el nivel más elevado ahora mismo, no es así como funciona. No puedes saltarte pasos, como a menudo dice Ken Wapnick. No caigas en la trampa de pensar: “Debería poder experimentar paz en cualquier lugar”, y a causa de eso negarte a ti mismo el apoyo de retirarte a un refugio tranquilo y meditar con los ojos cerrados. Al principio esos apoyos son necesarios, incluso se les da mucha importancia en el programa de estudios del Curso. No creas que estás siendo infiel a tu más elevada comprensión al establecer una estructura formal para ti: quizás poner el reloj para que te recuerde los momentos de práctica, escribir las lecciones en tarjetas y llevártelas contigo, o pedirle a un amigo que te lo recuerde y se asegure. Al principio, cualquier cosa que te ayude a recordarlo es útil. La estructura no durará, y no debería durar. Pero necesitas la estructura al principio para llevarte a donde el estar estructurado lo hará por ti. Si intentas pasarte inmediatamente a la práctica no estructurada, terminarás por no hacer las prácticas. Usa la estructura, pero no te ates a ella. No hagas un ídolo de ella. La estructura es como las ruedas pequeñas a los laterales de la bicicleta:

necesarias y útiles mientras estás aprendiendo, pero que hay que desechar tan pronto como has aprendido a mantenerte derecho por ti mismo.

LECCIÓN 51 – 20 FEBRERO
Repaso de las Lecciones 1 a 5 “Nada de lo que veo significa nada” “Le he dado a todo lo que veo todo el significado que tiene para mí” “No entiendo nada de lo que veo” “Estos pensamientos no significan nada” “Nunca estoy disgustado por la razón que creo”

Instrucciones para la práctica
Propósito: Repasar las lecciones y así dejar que se adentren en un nivel más profundo. También, ver la relación entre ellas y lo entrelazado que está el sistema de pensamiento al que se te está llevando. Ejercicios: Tan a menudo como puedas (sugerencia: cada hora, a la hora en punto), durante al menos dos minutos. • Solo y en un lugar tranquilo, lee una de las cinco lecciones y los comentarios relacionados. Fíjate en los comentarios como si fueran tus propios pensamientos sobre la idea. Intenta imaginarte que son tus propias palabras. Te ayudará introducir tu nombre a menudo. Esto te preparará para la fase siguiente, en la que tú mismo produces pensamientos semejantes. • Cierra los ojos y piensa en la idea y en los comentarios. Concretamente piensa en la idea central del párrafo del comentario. Reflexiona sobre ella. Deja que surjan pensamientos relacionados (utilizando el entrenamiento que has recibido en esa práctica). Si tu mente se distrae, repite la idea y luego vuelve a reflexionar sobre ella. Éste es el mismo ejercicio básico de la Lección 50, en el que activamente piensas sobre las ideas para dejar que se adentren más profundamente en tu mente. Observaciones: • Al comienzo y al final del día lee las cinco lecciones. • A partir de entonces, haz una lección por sesión de práctica, el orden no importa. • Haz cada lección por lo menos una vez. • Cumplido eso, concéntrate en una lección determinada si es la que más te atrae. Comentario Primero, fíjate en que no sólo tenemos que leer el repaso, tenemos que emplear tiempo, por la mañana y por la noche, repasando las cinco ideas, y durante el día dedicarle al menos un periodo de práctica de 2 minutos a cada una de las cinco ideas. Eso es cinco sesiones de práctica entre la mañana y la noche, como mínimo. Probablemente será necesaria una pequeña planificación para asegurar esas cinco sesiones intermedias, y el tiempo de planificarlo se merece el esfuerzo. Segundo, fíjate en que estas instrucciones de práctica se aplican a todas las lecciones de repaso de los próximos diez días. Los comentarios de las cinco lecciones que se dan en la Lección 51 las relacionan de manera tan clara que necesitan pocos comentarios. Si las miras en conjunto, son lecciones en “abandonar”

(la palabra “abandonar” o alguna variación aparece en cuatro de las cinco lecciones que se repasan). En estas cinco primeras lecciones se me pide que abandone: 1. 2. 3. 4. 5. Lo que veo Mis juicios Mi comprensión Mis pensamientos Mi sistema de pensamiento

Lo que “vemos” en el sentido normal no es nada, necesitamos darnos cuenta de que no significa nada y abandonarlo, para que la visión pueda ocupar su lugar. En realidad no vemos cosas, más bien vemos nuestros juicios sobre ellas. Si queremos la visión, tenemos que darnos cuenta de que nuestros juicios no tienen valor, y les impedimos que gobiernen nuestra vista. Si hemos juzgado equivocadamente, con toda seguridad también hemos entendido de manera equivocada. Nuestra “comprensión” de las cosas se basa, no en la realidad, sino en nuestras propias proyecciones. Pero podemos elegir cambiar nuestras comprensiones erróneas por la comprensión verdadera, basada en el amor en lugar de en los juicios. Al igual que lo que veo, también los pensamientos de los que somos conscientes no significan nada, necesitamos desprendernos de ellos junto con las percepciones basadas en juicios. Son pensamientos de ira y ataque, viendo a todas las cosa como enemigos. Estos pensamientos que están separados de Dios requieren constante justificación y nuestro disgusto no es más que un intento de justificar nuestra ira contra el mundo y nuestros ataques contra él. Mientras leemos de nuevo este repaso, que está escrito en la primera persona, puede que queramos intentar leerlo en voz alta, y ver cómo conectamos con él. ¿Estoy verdaderamente dispuesto a desprenderme de lo que veo, de mis juicios, de mi comprensión de todas las cosas, y de mi propio sistema de pensamiento? ¿Puedo decir: “Estoy verdaderamente dispuesto a abandonarlo”?

LECCIÓN 52 – 21 FEBRERO
Repaso de las Lecciones 6 a 10 “Estoy disgustado porque veo algo que no está ahí” “Sólo veo el pasado” “Mi mente está absorbida con pensamientos del pasado” “No veo nada tal como es ahora” “Mis pensamientos no significan nada”

Instrucciones para la práctica
Propósito: Repasar las lecciones y así dejar que se adentren en un nivel más profundo. También, ver la relación entre ellas y lo entrelazado que está el sistema de pensamiento al que se te está llevando. Ejercicios: Tan a menudo como puedas (sugerencia: cada hora, a la hora en punto), durante al menos dos minutos. • Solo y en un lugar tranquilo, lee una de las cinco lecciones y los comentarios relacionados. Fíjate en que los comentarios como si fueran tus propios pensamientos

sobre la idea. Intenta imaginarte que son tus propias palabras. Te ayudará introducir tu nombre a menudo. Esto te preparará para la fase siguiente, en la que tú mismo produces pensamientos semejantes. Cierra los ojos y piensa en la idea y en los comentarios. Concretamente piensa en la idea central del párrafo del comentario. Reflexiona sobre ella. Deja que surjan pensamientos relacionados (utilizando el entrenamiento que has recibido en esa práctica). Si tu mente se distrae, repite la idea y luego vuelve a reflexionar sobre ella. Éste es el mismo ejercicio básico de la Lección 50, en el que activamente piensas sobre las ideas para dejar que se adentren más profundamente en tu mente.

Observaciones: • Al comienzo y al final del día lee las cinco lecciones. • A partir de entonces, haz una lección por sesión de práctica, el orden no importa. • Haz cada lección por lo menos una vez. • Cumplido eso, concéntrate en una lección determinada si es la que más te atrae. Comentario Recuerda que la práctica general para estos repasos es leer los cinco pensamientos y sus comentarios dos veces al día, por la mañana y por la noche, y durante el día pasar al menos un periodo de dos minutos con cada una de las ideas. Los pensamientos están concentrados en estos repasos, así que ofrezco sólo unas pocas observaciones sobre cosas que destacan para mí. “La realidad no es nunca atemorizante” (1:2). La realidad es, por supuesto, lo que Dios creó. Cuando siento miedo, me resulta útil recordarme a mí mismo que lo que estoy viendo no está realmente ahí. Yo soy el que fabrica las ilusiones atemorizantes. ¡Qué tranquilizador que se nos diga: “Nada en la creación de Dios se ve afectado en modo alguno por mi confusión! (1:7). Ésa es la base para abandonar la culpa. Puedo estar confundido, equivocado, engañado, y engañar; pero nada de esto afecta a lo que es real. Lo que es real, es real sin importar lo que yo haga. El sol no desaparece porque yo me tape los ojos. Así que, ¡todo lo que yo he hecho no ha tenido ningún efecto real! No hay nada por lo que yo tenga que sentirme culpable. “Si no veo nada tal como es ahora, ciertamente se puede decir que no veo nada” (4:2). Una cosa es como es ahora. No es como era ayer; no es como será mañana. Las cosas existen ahora. Ésa es la única manera en que puedo verlas. Así es como son. Si veo el pasado, no veo nada. El pasado no está aquí. “No tengo pensamientos privados” (5:2). ¿Y si todo el mundo pudiera ver dentro de tu mente? ¿Y si lo que pensaste de tu jefe afectara a la guerra en Bosnia? ¿Sabes qué? Pueden ver. Afecta. Y, sin embargo, “no significan nada” (5:5). Si tienes pensamientos que crees privados, no significan nada. Tienen efectos dentro de la ilusión, pero no afectan a nada que sea real. Únicamente los pensamientos que se comparten tienen efectos reales, y los únicos pensamientos que se pueden compartir son los pensamientos que piensas con Dios.

LECCIÓN 53 – 22 FEBRERO
Repaso de las lecciones 11 a 15 “Mis pensamientos sin significado me están mostrando un mundo sin significado”

“Estoy disgustado porque veo un mundo que no tiene significado” “Un mundo sin significado engendra temor” “Dios no creó un mundo sin significado” “Mis pensamientos son imágenes que yo mismo he fabricado”

Instrucciones para la práctica
Propósito: Repasar las lecciones y así dejar que se adentren en un nivel más profundo. También, ver la relación entre ellas y lo entrelazado que está el sistema de pensamiento al que se te está llevando. Ejercicios: Tan a menudo como puedas (sugerencia: cada hora, a la hora en punto), durante al menos dos minutos. • Solo y en un lugar tranquilo, lee una de las cinco lecciones y los comentarios relacionados. Fíjate en que los comentarios como si fueran tus propios pensamientos sobre la idea. Intenta imaginarte que son tus propias palabras. Te ayudará introducir tu nombre a menudo. Esto te preparará para la fase siguiente, en la que tú mismo produces pensamientos semejantes. • Cierra los ojos y piensa en la idea y en los comentarios. Concretamente piensa en la idea central del párrafo del comentario. Reflexiona sobre ella. Deja que surjan pensamientos relacionados (utilizando el entrenamiento que has recibido en esa práctica). Si tu mente se distrae, repite la idea y luego vuelve a reflexionar sobre ella. Éste es el mismo ejercicio básico de la Lección 50, en el que activamente piensas sobre las ideas para dejar que se adentren más profundamente en tu mente. Observaciones: • Al comienzo y al final del día lee las cinco lecciones. • A partir de entonces, haz una lección por sesión de práctica, el orden no importa. • Haz cada lección por lo menos una vez. • Cumplido eso, concéntrate en una lección determinada si es la que más te atrae. Comentario La lección de hoy tiene un impacto enorme para mí. En cada uno de los cortos párrafos del repaso hay frases que me transmiten el impresionante poder de mi mente: su poder para elegir los pensamientos, y de ese modo elegir el mundo que ve. “Yo tengo pensamientos reales así como dementes. Por lo tanto, puedo ver un mundo real si recurro a mis pensamientos reales como guía para ver”. (1:4-5) “Estoy agradecido de que este mundo no sea real, y de que no necesito verlo en absoluto, a menos que yo mismo elija otorgarle valor. Elijo no otorgarle valor a lo que es completamente demente y no tiene significado”. (2:6-7) “Elijo ahora dejar de creer en él y depositar mi confianza en la realidad”. (3:7-8) “Quiero recordar el poder de mi decisión y reconocer mi verdadera morada”. (4:6) “Las imágenes que he fabricado no pueden prevalecer contra Él porque no es mi voluntad que lo hagan. Mi voluntad es la Suya, y no antepondré otros dioses a Él”. (5:6-7) Si recuerdo el poder de mi decisión, puedo elegir no valorar lo que es demente, puedo elegir retirarle mi creencia. No tengo que aceptar que las imágenes que he fabricado tienen poder para

vencer a la Voluntad de Dios. No tengo que hacer dioses de ellas. Puedo recurrir a mis pensamientos reales y dejar que me guíen a la visión. Las palabras “elegir” y “decisión” y “voluntad” resuenan a través de estos párrafos. ¡Qué poder se le ha dado a mi mente! Una vez grabé estas diez lecciones de repaso en una cinta (casete), ocupan menos de 30 minutos, leídas despacio. Grabarlas tuvo un impacto enorme en mí, y oír la cinta varias docenas de veces tuvo todavía un impacto mayor. Estos 50 párrafos cortos son una extraordinaria visión global del sistema de pensamiento del Curso. Y mientras las leía en voz alta, descubrí que yo ponía un profundo sentimiento en frases como “No puedo vivir en paz en un mundo así. Estoy agradecido de que este mundo no sea real. Elijo no otorgarle valor a lo que es completamente demente y no tiene significado” (2:5-7). Cada vez que llegaba a una línea que decía: “Elijo no” o “Elijo”, era como si algo dentro de mí estuviese cambiando. Sentí una determinación cada vez mayor, y una sensación de que Dios me estaba permitiendo elegir lo que mi mente quería pensar y lo que mi percepción quería ver. Intenta leer la lección de hoy en voz alta y observar cómo la sientes.

LECCIÓN 54 – 23 FEBRERO
Repaso de las Lecciones 16 a 20 “No tengo pensamientos neutros” “No veo cosas neutras” “No soy el único que experimenta los efectos de mi manera de ver” “No soy el único que experimenta los efectos de mis pensamientos” “Estoy decidido a ver”

Instrucciones para la práctica
Propósito: Repasar las lecciones y así dejar que se adentren en un nivel más profundo. También, ver la relación entre ellas y lo entrelazado que está el sistema de pensamiento al que se te está llevando. Ejercicios: Tan a menudo como puedas (sugerencia: cada hora, a la hora en punto), durante al menos dos minutos. • Solo y en un lugar tranquilo, lee una de las cinco lecciones y los comentarios relacionados. Fíjate en que los comentarios como si fueran tus propios pensamientos sobre la idea. Intenta imaginarte que son tus propias palabras. Te ayudará introducir tu nombre a menudo. Esto te preparará para la fase siguiente, en la que tú mismo produces pensamientos semejantes. • Cierra los ojos y piensa en la idea y en los comentarios. Concretamente piensa en la idea central del párrafo del comentario. Reflexiona sobre ella. Deja que surjan pensamientos relacionados (utilizando el entrenamiento que has recibido en esa práctica). Si tu mente se distrae, repite la idea y luego vuelve a reflexionar sobre ella. Éste es el mismo ejercicio básico de la Lección 50, en el que activamente piensas sobre las ideas para dejar que se adentren más profundamente en tu mente. Observaciones: • Al comienzo y al final del día lee las cinco lecciones. • A partir de entonces, haz una lección por sesión de práctica, el orden no importa. • Haz cada lección por lo menos una vez. • Cumplido eso, concéntrate en una lección determinada si es la que más te atrae. Comentario

Este repaso relaciona estas ideas como un poderoso motivador para cambiar mis pensamientos. Mis pensamientos hacen el mundo, ya sea un mundo falso o el mundo verdadero. El mundo que veo es la representación de mi propio estado mental” (2:4). Puedo contribuir a fabricar un mundo de separación, o si elijo mis pensamientos reales, puedo despertar esos pensamientos en otros. “Todo lo que pienso, digo o hago es una enseñanza para todo el universo” (4:3). Al cambiar mi propia mente, puedo cambiar todas las mentes junto con la mía. Cuando me doy cuenta de esto, me lleno de una determinación activa de contemplar el mundo real, de abrir mi mente a los pensamientos que comparto con Dios, y al hacerlo así, transformar el universo. Arquímedes es conocido por haber dicho: “Dadme una palanca lo suficientemente larga, y moveré el mundo”. Yo tengo esa palanca. Es mi mente: “porque mío es el poder de Dios” (4:6). Un hombre cuya mente esté completamente transformada transformará todo el mundo. Jesús fue ese hombre, y el impacto de Su pensamiento todavía se está extendiendo, las ondas todavía se están extendiendo en el estanque de la mente. Puedo unirme a Él y añadir el poder de mi mente al Suyo. Yo quiero ver “el amor… reemplazar al miedo, la risa… reemplazar a las lágrimas” (5:4). Quiero dejar que esto se haga a través de mí. En cada situación en la que me encuentre hoy, con cada persona que encuentre, que éste sea mi propósito. “Estoy aquí únicamente para ser útil. Estoy aquí en representación de Aquel que me envió” (T.2.V.A.18:2-3). Al permitir que mi mente cambie, llevaré sanación a todos con los que me encuentre hoy.

LECCIÓN 55 - 24 FEBRERO
Repaso de las lecciones 21 a 25 “Estoy decidido a ver las cosas de otra manera” “Lo que veo es una forma de venganza” “Puedo escaparme del mundo que veo renunciando a los pensamientos de ataque” “No percibo lo que más me conviene” “No sé cuál es el propósito de nada”

Instrucciones para la práctica
Propósito: Repasar las lecciones y así dejar que se adentren en un nivel más profundo. También, ver la relación entre ellas y lo entrelazado que está el sistema de pensamiento al que se te está llevando. Ejercicios: Tan a menudo como puedas (sugerencia: cada hora, a la hora en punto), durante al menos dos minutos. • Solo y en un lugar tranquilo, lee una de las cinco lecciones y los comentarios relacionados. Fíjate en que los comentarios como si fueran tus propios pensamientos sobre la idea. Intenta imaginarte que son tus propias palabras. Te ayudará introducir tu nombre a menudo. Esto te preparará para la fase siguiente, en la que tú mismo produces pensamientos semejantes. • Cierra los ojos y piensa en la idea y en los comentarios. Concretamente piensa en la idea central del párrafo del comentario. Reflexiona sobre ella. Deja que surjan pensamientos relacionados (utilizando el entrenamiento que has recibido en esa práctica). Si tu mente se distrae, repite la idea y luego vuelve a reflexionar sobre ella.

Éste es el mismo ejercicio básico de la Lección 50, en el que activamente piensas sobre las ideas para dejar que se adentren más profundamente en tu mente. Observaciones: • Al comienzo y al final del día lee las cinco lecciones. • A partir de entonces, haz una lección por sesión de práctica, el orden no importa. • Haz cada lección por lo menos una vez. • Cumplido eso, concéntrate en una lección determinada si es la que más te atrae. Comentario Cada día del repaso se hace más claro el patrón preparado por las primeras 50 lecciones. En estas 10 lecciones de repaso lo escrito está entre lo más claro y sencillo de todo el Curso. Por supuesto, estoy decidido a ver las cosas de otra manera: “enfermedad, desastre y muerte” ((1:2) no son lo que yo quiero ver. El hecho de que las vea demuestra que no entiendo a Dios, y que no sé quién soy. El mundo que veo refleja pensamientos de ataque, “todo se ve atacado por todo” (2:3). En este mundo todo vive al consumir la vida de otra cosa, ya sea un animal o una planta hay poca diferencia. Incluso la forma de vida más humilde vive de la energía emitida por la destrucción del sol. ¿Qué da lugar a este mundo? Mis propios pensamientos de ataque. “Mis pensamientos amorosos me librarán de esta percepción del mundo” (2:6). Cambiar mi mente del ataque al amor cambiará el mundo que veo. “Y es esto lo que elijo ver, en lugar de lo que ahora contemplo” (3:5). ¡No es de extrañar que esté confundido sobre lo que más me conviene! No sé quién soy, ¿cómo puedo saber lo que necesito? Estoy decidido a aceptar la dirección de Uno que me conoce, entiendo que no puedo percibir por mí mismo lo que más me conviene. Utilizo todo para mantener mis ilusiones sobre mí mismo (5:2). Lo que necesito es un modo de dejar que el mundo me enseñe la verdad sobre mí mismo. Viéndolo como lo veo, el mundo es aterrador; quiero conocer la verdad. La transformación depende de mi buena voluntad para reconocer que no me gusta lo que veo, y puesto que lo que veo procede de lo que pienso, quiero cambiar lo que pienso. No sé lo que más me conviene, y el propósito que le he asignado a todo ha sido distorsionado para apoyar mi identificación con el ego (5:2), así que ahora estoy dispuesto a abandonar estas ideas. Confuso como estoy, ¿cómo puedo enseñarme a mí mismo lo que no sé? Necesito un Maestro fiable, de confianza, y en el Espíritu Santo tengo ese Maestro. Mi única tarea es dejarme enseñar al abandonar mi falsa manera de pensar, abandonando mis pensamientos de ataque. Creo que me apoyan, pero me están destruyendo. Decido hoy elegir de manera diferente, y abrir mi mente a una manera de pensar que, todavía, no puedo entender. Abro mi corazón al amor.

LECCIÓN 56 – 25 FEBRERO
Repaso de las Lecciones 26 a 30 “Mis pensamientos de ataque atacan mi invulnerabilidad” “Por encima de todo quiero ver” “Por encima de todo quiero ver de otra manera” “Dios está en todo lo que veo” “Dios está en todo lo que veo porque Dios está en mi mente”

Instrucciones para la práctica
Propósito: Repasar las lecciones y así dejar que se adentren en un nivel más profundo. También, ver la relación entre ellas y lo entrelazado que está el sistema de pensamiento al que se te está llevando. Ejercicios: Tan a menudo como puedas (sugerencia: cada hora, a la hora en punto), durante al menos dos minutos. • Solo y en un lugar tranquilo, lee una de las cinco lecciones y los comentarios relacionados. Fíjate en que los comentarios como si fueran tus propios pensamientos sobre la idea. Intenta imaginarte que son tus propias palabras. Te ayudará introducir tu nombre a menudo. Esto te preparará para la fase siguiente, en la que tú mismo produces pensamientos semejantes. • Cierra los ojos y piensa en la idea y en los comentarios. Concretamente piensa en la idea central del párrafo del comentario. Reflexiona sobre ella. Deja que surjan pensamientos relacionados (utilizando el entrenamiento que has recibido en esa práctica). Si tu mente se distrae, repite la idea y luego vuelve a reflexionar sobre ella. Éste es el mismo ejercicio básico de la Lección 50, en el que activamente piensas sobre las ideas para dejar que se adentren más profundamente en tu mente. Observaciones: • Al comienzo y al final del día lee las cinco lecciones. • A partir de entonces, haz una lección por sesión de práctica, el orden no importa. • Haz cada lección por lo menos una vez. • Cumplido eso, concéntrate en una lección determinada si es la que más te atrae. Comentario La Puerta detrás del Mundo Hay una puerta detrás de este mundo que, si se abre, me permitirá ver el mundo que refleja el Amor de Dios (3:4). Es una puerta en mi mente, una puerta a la visión. Este mundo, lleno de “dolor, enfermedad, pérdida, vejez y muerte” (1:3), simplemente refleja mi falsa imagen de mí mismo (2:2-3). Es una alucinación superpuesta a la realidad, que la esconde y aparentemente la reemplaza. La línea del comienzo del repaso pregunta: “¿Cómo puedo saber quién soy cuando creo estar sometido a continuos ataques?” (1:2). Piensa en ello. Si realmente estoy sometido a continuos ataques, acosado por la enfermedad, la pérdida, la vejez, y la muerte, ¿cómo puedo ser una creación perfecta de Dios? ¿Cómo puede Dios incluso ser real? Creo en una imagen de mí mismo que está continuamente amenazada. Si estoy amenazado, ¿cómo puedo ser un ser espiritual y eterno? Si es verdadera la imagen que veo en este mundo, entonces yo no soy nada, no valgo nada, y estoy destinado a la destrucción. Puedo decir igualmente: “Come, bebe y sé feliz, pues mañana moriremos”. También puedo tomar lo que puedo obtener porque nada, sea lo que sea, durará, incluido yo mismo. Sin embargo, algo dentro de nosotros nos dice que somos más que esto (5:2). Algo dentro de nosotros está de acuerdo cuando leemos, en el Curso, que nada real puede ser amenazado. Si eso es cierto, y yo soy real, entonces el mundo que veo debe ser falso. El cuadro que me muestra, reforzando mi imagen de mí mismo como vulnerable, debe ser una mentira. O yo soy real y el

mundo no lo es, o el mundo es real y yo no lo soy. “Pues yo soy real porque el mundo no lo es” (L.132.15:3). Por lo tanto, mi mayor necesidad es la visión. Necesito abrir esa puerta en mi mente, “ver más allá de las apariencias” (4:6), y ver un mundo que refleja el Amor de Dios, y, al hacerlo, recordar quién soy realmente. “Tras cada imagen que he forjado, la verdad permanece inmutable (4:2). “En mi propia mente, aunque oculto por mis desquiciados pensamientos de separación y ataque, yace el conocimiento de que todo es uno eternamente. Yo no he perdido el conocimiento de Quién soy por el hecho de haberlo olvidado (5:2-3). Yo quiero abrir esa puerta y ver la verdad de nuevo. Yo quiero el mundo real. Yo quiero recordar.

LECCIÓN 57 – 26 FEBRERO
Repaso de las Lecciones 31 a 35 “No soy víctima del mundo que veo” “He inventado el mundo que veo” “Hay otra manera de ver el mundo” “Podría ver paz en lugar de esto” “Mi mente es parte de la de Dios. Soy muy santo”

Instrucciones para la práctica
Propósito: Repasar las lecciones y así dejar que se adentren en un nivel más profundo. También, ver la relación entre ellas y lo entrelazado que está el sistema de pensamiento al que se te está llevando. Ejercicios: Tan a menudo como puedas (sugerencia: cada hora, a la hora en punto), durante al menos dos minutos. • Solo y en un lugar tranquilo, lee una de las cinco lecciones y los comentarios relacionados. Fíjate en que los comentarios como si fueran tus propios pensamientos sobre la idea. Intenta imaginarte que son tus propias palabras. Te ayudará introducir tu nombre a menudo. Esto te preparará para la fase siguiente, en la que tú mismo produces pensamientos semejantes. • Cierra los ojos y piensa en la idea y en los comentarios. Concretamente piensa en la idea central del párrafo del comentario. Reflexiona sobre ella. Deja que surjan pensamientos relacionados (utilizando el entrenamiento que has recibido en esa práctica). Si tu mente se distrae, repite la idea y luego vuelve a reflexionar sobre ella. Éste es el mismo ejercicio básico de la Lección 50, en el que activamente piensas sobre las ideas para dejar que se adentren más profundamente en tu mente. Observaciones: • Al comienzo y al final del día lee las cinco lecciones. • A partir de entonces, haz una lección por sesión de práctica, el orden no importa. • Haz cada lección por lo menos una vez. • Cumplido eso, concéntrate en una lección determinada si es la que más te atrae. Comentario El repaso de hoy resuena con la palabra “libertad”. (El énfasis en las citas siguientes es mío).

“Mis cadenas están sueltas. Puedo desprenderme de ellas sólo con desearlo. La puerta de la prisión está abierta. Puedo marcharme en cualquier momento sólo con echar a andar.” (1:3-6) “Yo mismo erigí la prisión en la que creo encontrarme. Basta con que reconozca esto y quedo libre.” (2:2-3) “El Hijo de Dios no puede sino ser libre eternamente.” (2:6). “Veo el mundo como una prisión para el Hijo de Dios. Debe ser, pues, que el mundo es realmente un lugar donde él puede ser liberado. Quiero contemplar el mundo tal como es y verlo como un lugar donde el Hijo de Dios encuentra su libertad.” (3:4-6). “Cuando vea el mundo como un lugar de libertad, me daré cuenta de que refleja las leyes de Dios en lugar de la reglas que yo inventé para que él obedeciera.” (4:2). La belleza del reconocimiento del papel decisivo que mi elección juega en cómo veo el mundo es que afirma mi libertad para verlo de manera diferente. Reconoce que yo he erigido mi prisión, y que soy libre. Y ya soy libre, todos nosotros somos libres, ahora, en nuestra propia mente. La prisión es una ilusión. Puedo elegir mis pensamientos, y ésa es mi libertad final. Puedo elegir ver el mundo como un lugar en el que puedo ser liberado, y en el que tú puedes ser liberado. Puedo elegir ver el mundo como una prisión, o como un aula. Cómo lo veo es mi elección, ¡mi elección! Yo soy libre de tomar esa decisión. Puedo ver paz en cualquier momento que lo decida. Soy libre de hacerlo. Estos momentos que paso en la quietud cada día, practicando estas lecciones, me lo enseñan. Puedo crear paz en mi mente en cualquier momento que elija hacerlo. Elegir paz mental es la libertad final, y no depende en absoluto de nada de fuera. Al compartir esta paz con todos, aprendo que la paz no procede de fuera de mí, sino “de lo más profundo de mí mismo” (5:3). A medida que cambia mi mente, junto con ella, cambia el modo en que veo el mundo. Da testimonio de mi regreso a la paz. Y de este modo “Empiezo a comprender la santidad de toda cosa viviente incluyéndome a mí mismo, y su unidad conmigo” (5:6). Hace años, cuando acababa de empezar a estudiar el Curso, me senté e intenté responder una pregunta: “¿Qué he aprendido de la vida? ¿De qué estoy razonablemente seguro?”. Y la respuesta que me vino fue muy sencilla: “La felicidad es una decisión que yo tomo”. Había empezado a darme cuenta de la libertad de mi mente de elegir. Había empezado a darme cuenta de que mi mente era verdaderamente libre en esta elección. Yo no necesitaba nada de fuera para ser feliz, era simplemente una elección. Y nada de fuera podía impedirme esa elección. Todavía estoy aprendiendo esa lección, edificando sobre ella, haciéndola más sólida con mi experiencia. Eso es lo que nos dice este repaso. Somos libres de elegir. Somos verdaderamente libres, ahora mismo. Nuestra mente lo puede todo en esta decisión. Nada le falta para decidirlo, y no hay nada que pueda impedirnos tomar esa decisión. Además, Dios quiere que la tomemos porque Él quiere nuestra felicidad. Que hoy recuerde que quiero ser feliz y que en todo momento puedo elegir ser feliz. Quiero estar en paz, y en todo momento puedo elegir estar en paz. La felicidad es paz, pues ¿cómo podría ser feliz si estoy en conflicto? ¡Hoy tomaré esta decisión!

LECCIÓN 58 – 27 FEBRERO

Repaso de las Lecciones 36 a 40 “Mi santidad envuelve todo lo que veo” “Mi santidad bendice al mundo” “No hay nada que mi santidad no pueda hacer” “Mi santidad es mi salvación” “Soy bendito por ser un Hijo de Dios”

Instrucciones para la práctica
Propósito: Repasar las lecciones y así dejar que se adentren en un nivel más profundo. También, ver la relación entre ellas y lo entrelazado que está el sistema de pensamiento al que se te está llevando. Ejercicios: Tan a menudo como puedas (sugerencia: cada hora, a la hora en punto), durante al menos dos minutos. • Solo y en un lugar tranquilo, lee una de las cinco lecciones y los comentarios relacionados. Fíjate en que los comentarios como si fueran tus propios pensamientos sobre la idea. Intenta imaginarte que son tus propias palabras. Te ayudará introducir tu nombre a menudo. Esto te preparará para la fase siguiente, en la que tú mismo produces pensamientos semejantes. • Cierra los ojos y piensa en la idea y en los comentarios. Concretamente piensa en la idea central del párrafo del comentario. Reflexiona sobre ella. Deja que surjan pensamientos relacionados (utilizando el entrenamiento que has recibido en esa práctica). Si tu mente se distrae, repite la idea y luego vuelve a reflexionar sobre ella. Éste es el mismo ejercicio básico de la Lección 50, en el que activamente piensas sobre las ideas para dejar que se adentren más profundamente en tu mente. Observaciones: • Al comienzo y al final del día lee las cinco lecciones. • A partir de entonces, haz una lección por sesión de práctica, el orden no importa. • Haz cada lección por lo menos una vez. • Cumplido eso, concéntrate en una lección determinada si es la que más te atrae. Comentario “La inocencia… es la verdad con respecto a mí mismo” (1:4). Yo realmente no lo creo. Quiero creerlo, y puedo decir que lo creo; pero si realmente lo creyera, pienso que no estaría aquí. Al menos no estaría viendo el mundo de la manera que lo veo, porque el modo en que veo el mundo procede del modo en que me veo a mí mismo. “Lo único que puedo ver son los pensamientos que tengo acerca de mí mismo” (1:5). Por eso, si realmente creyera en mi inocencia, todo lo que vería sería inocencia por todas partes. Santidad. Por esta razón, aceptar la Expiación para mí mismo, salva al mundo. Si puedo aceptar mi propia inocencia, todo lo que veré es inocencia. A menudo nos confundimos sobre quién perdona primero. ¿Perdono primero a otros, y luego veo mi propia inocencia? ¿O me perdono a mí mismo, permitiéndome así ver a los otros inocentes? La respuesta a ambas preguntas es “Si”. ¿Cómo pueden contestarse las dos preguntas “Si”? Porque “yo mismo” y “los otros” no somos realmente dos, somos uno. El pecado que veo en otros es siempre el mío propio, proyectado desde mi mente (T.31.II.1:5). Cuando perdono a “otros” estoy realmente perdonando mis propios pecados. Cualquier acto de perdón, sea dirigido hacia fuera o hacia dentro, tiene como resultado que todo el mundo es perdonado.

De este modo, cuando percibo mi santidad, he bendecido a todo el mundo. La santidad que veo en mí mismo, cuando la veo, es algo compartido por todo el mundo. A medida que mi propia inocencia se alza en mi mente, la santidad de todo el mundo se alza al mismo tiempo. La inocencia, o santidad, es un tema importantísimo del Curso. “Todo el mundo tiene un papel especial en la Expiación, pero el mensaje que se le da a cada uno de ellos es siempre el mismo: El Hijo de Dios es inocente” (T.14.V.2:1). “El contenido del curso, no obstante, nunca varía. Su tema central es siempre: ‘El Hijo de Dios es inocente, y en su inocencia radica su salvación’” (M.1.3:4-5). Es un mensaje de absoluta inocencia, completa inocencia, inocencia universal, sin dejar a nadie ni a nada fuera de ella. No se condena a nadie. No se juzga a nadie como culpable. Nadie es castigado. “Puesto que mi santidad me absuelve de toda culpa, reconocer mi santidad es reconocer mi salvación. Es también reconocer la salvación del mundo” (4:2-3). Como un Hijo de Dios yo soy santo, y por eso soy bendito. Pero si yo soy un Hijo de Dios, tú también lo eres, también lo es todo el mundo, porque soy un Hijo de Dios no por mi propio mérito ni por ningún logro que me diferencie de los demás, sino simplemente debido al hecho de que Dios me creó santo. A medida que reconozca este hecho sobre mí mismo, tengo que incluir a todos los que Dios creó, o me quedo excluido junto con todos los demás. Mi derecho a la inocencia, y a “todo lo bueno y sólo lo bueno” (5:2), reside en el hecho de que soy el Hijo de Dios. Dios quiere todas las cosas buenas para mí y por lo tanto debo tenerlas, no porque me las haya merecido de algún modo, sino porque Él quiere darlas. “El cuidado que me prodiga es infinito y eterno. Soy eternamente bendito por ser Su Hijo” (5:7-8). No importa lo que yo piense de mí mismo o que piense que lo he estropeado todo: todavía soy Su Hijo. Todavía soy inocente. Todavía soy santo. “Recuerda esto: pienses lo que pienses de ti mismo, pienses lo que pienses del mundo, tu Padre te necesita y te llamará hasta que por fin regreses a Él en paz”. (Canción de la Oración 3.IV.10.7) “Ten fe en lo que sigue a continuación, y ello será suficiente: la Voluntad de Dios es que estés en el Cielo, y no hay nada que te pueda privar del Cielo o que pueda privar al Cielo de tu presencia. Ni tus percepciones falsas más absurdas, ni tus imaginaciones más extrañas ni tus pesadillas más aterradoras significan nada. No prevalecerán contra la paz que la Voluntad de Dios ha dispuesto para ti”. (T.13.XI.7:1-3)

LECCIÓN 59 – 28 FEBRERO
Repaso de las Lecciones 41 a 45 “Dios va conmigo dondequiera que yo voy” “Dios es mi fortaleza. La visión es Su regalo” “Dios es mi Fuente. No puedo ver separado de Él” “Dios es la luz en la que veo” “Dios es la Mente con la que pienso”

Instrucciones para la práctica

Propósito: Repasar las lecciones y así dejar que se adentren en un nivel más profundo. También, ver la relación entre ellas y lo entrelazado que está el sistema de pensamiento al que se te está llevando. Ejercicios: Tan a menudo como puedas (sugerencia: cada hora, a la hora en punto), durante al menos dos minutos. • Solo y en un lugar tranquilo, lee una de las cinco lecciones y los comentarios relacionados. Fíjate en que los comentarios como si fueran tus propios pensamientos sobre la idea. Intenta imaginarte que son tus propias palabras. Te ayudará introducir tu nombre a menudo. Esto te preparará para la fase siguiente, en la que tú mismo produces pensamientos semejantes. • Cierra los ojos y piensa en la idea y en los comentarios. Concretamente piensa en la idea central del párrafo del comentario. Reflexiona sobre ella. Deja que surjan pensamientos relacionados (utilizando el entrenamiento que has recibido en esa práctica). Si tu mente se distrae, repite la idea y luego vuelve a reflexionar sobre ella. Éste es el mismo ejercicio básico de la Lección 50, en el que activamente piensas sobre las ideas para dejar que se adentren más profundamente en tu mente. Observaciones: • Al comienzo y al final del día lee las cinco lecciones. • A partir de entonces, haz una lección por sesión de práctica, el orden no importa. • Haz cada lección por lo menos una vez. • Cumplido eso, concéntrate en una lección determinada si es la que más te atrae. Comentario Está claro que la mayor intensidad de estas cinco ideas está en Dios, cada pensamiento empieza con esta palabra. Dios está siempre conmigo. Él es mi fortaleza, mi Fuente, mi Luz, y la Mente con la que pienso. Como dice la Biblia: “Él no está lejos de cada uno de nosotros, pues en Él vivimos, y nos movemos y existimos (Hechos de los A.17:27-28). Cuando reconozco que el ambiente en el que existo, la energía misma que forma mi vida, es Dios, la paz viene a mi mente. ¿Cómo podría estar separado del Infinito? El Hijo de Dios “no se puede separar de lo que está en él” (T.13.XI.10:2), ni de Aquello en Lo que él está. La siguiente cosa que me doy cuenta que se le da importancia es a mi manera de ver. “La visión de Cristo es Su regalo… Hoy me valdré de este regalo” (2:5-6). “Puedo ver lo que Dios quiere que vea. No puedo ver nada más” (3:3-4). “No puedo ver en la obscuridad. Dios es la única luz” (4:2-3). Cualquier aparente forma de ver separada de Dios no puede ser real. La Voluntad de Dios determina lo que puede verse, y Dios es la luz con la que veo. ¡Que me alegre de ver lo que Él me muestra, que yo vea tal como Él quiere que vea! De principio a fin, la lección pone de relieve mi unidad con Dios. Si soy uno con Dios y con toda la creación, ¿cómo puedo ver diferente de Él? Por lo tanto, creer que puedo, es negar lo que soy y desear estar separado de Dios, capaz de ver lo que Él no ve. Compartir Su visión y Sus pensamientos es afirmar mi verdadero Ser, tal como Él me creó.

DÍA DEL AÑO BISIESTO – 29 FEBRERO
En los años bisiestos, que tienen un día más (el 29 de Febrero), hay varias posibilidades sobre qué hacer en ése día añadido. Una posibilidad es continuar a la siguiente lección, y así terminar las lecciones del año un día antes o repetir la última lección seis veces en lugar de las cinco que se indica. Esto tiene el efecto de cambiar todas las lecciones a un día diferente del calendario

para el resto del año. En estos comentarios de las lecciones, hemos elegido no hacerlo así, de modo que los comentarios se podrán usar sin cambios en cualquier año del calendario. Otra posibilidad es repetir la lección del 28 de Febrero (Lección 59), o la del 1 de Marzo (Lección 60). Puesto que éstas ya son lecciones de repaso, esto no parece especialmente útil. Las tres posibilidades que quedan son: 1) elegir una lección favorita y hacerla el 29 de Febrero; 2) tomarse un día libre, sin hacer ninguna práctica; o 3) utilizar el día para hacer una lectura completa de las diez lecciones del Primer Repaso. Mi recomendación es la tercera de estas posibilidades restantes, pero puedes elegir hacer lo que quieras. La razón por la que recomiendo hacer una lectura completa del Primer Repaso es que estas diez lecciones, juntas, proporcionan uno de los resúmenes más claros, breves y fáciles de leer sobre los pensamientos que las primeras 50 lecciones han estado intentando enseñarnos. Robert Perry ha dicho que este repaso está escrito de una manera tan clara y sencilla que acalla cualquier pregunta sobre si el autor es capaz de tal claridad y sencillez; también nos da motivos para pensar que si otras partes del Curso, tales como el Texto, están escritas con una mayor dificultad, tiene que haber una buena razón para ello. Tal como las mismas instrucciones del Repaso afirman: “En lo que ahora estamos haciendo hincapié es en la relación que existe entre las primeras cincuenta ideas que hemos presentado hasta el momento y en la cohesión del sistema de pensamiento hacia el cual te están conduciendo” (L.rI.In.6:4). ¿Qué mejor modo de obtener ese sentido de cohesión del sistema de pensamiento que leer todo el repaso de una sentada? Hay veinte páginas en el Primer Repaso, pero con tanto espacio en blanco que en realidad son poco más de diez páginas. El repaso completo puede leerse en voz alta en menos de treinta minutos, lo sé porque lo he grabado en cinta (casete). (Puede que tú mismo quieras hacerlo, si tienes magnetofón. Descubrí que escuchar todo el repaso repetidas veces, mientras iba y venía del trabajo, era un poderoso instrumento de aprendizaje). Intenta reservar media hora en algún momento durante el día, y léelo todo de una sentada. Si lees deprisa, entonces léelo dos o tres veces. Intenta centrar toda tu atención, como sugiere el repaso, en la relación entre las ideas, y en la cohesión de todo el conjunto.

LECCIÓN 60

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1 MARZO

Repaso de las Lecciones 46 a 50 “Dios es el Amor en el que perdono” “Dios es la fortaleza en la que confío” “No hay nada que temer” “La Voz de Dios me habla durante todo el día” “El Amor de Dios es mi sustento”

Instrucciones para la práctica
Propósito: Repasar las lecciones y así dejar que se adentren en un nivel más profundo. También, ver la relación entre ellas y lo entrelazado que está el sistema de pensamiento al que se te está llevando.

Ejercicios: Tan a menudo como puedas (sugerencia: cada hora, a la hora en punto), durante al menos dos minutos. • Solo y en un lugar tranquilo, lee una de las cinco lecciones y los comentarios relacionados. Fíjate en que los comentarios como si fueran tus propios pensamientos sobre la idea. Intenta imaginarte que son tus propias palabras. Te ayudará introducir tu nombre a menudo. Esto te preparará para la fase siguiente, en la que tú mismo produces pensamientos semejantes. • Cierra los ojos y piensa en la idea y en los comentarios. Concretamente piensa en la idea central del párrafo del comentario. Reflexiona sobre ella. Deja que surjan pensamientos relacionados (utilizando el entrenamiento que has recibido en esa práctica). Si tu mente se distrae, repite la idea y luego vuelve a reflexionar sobre ella. Éste es el mismo ejercicio básico de la Lección 50, en el que activamente piensas sobre las ideas para dejar que se adentren más profundamente en tu mente. Observaciones: • Al comienzo y al final del día lee las cinco lecciones. • A partir de entonces, haz una lección por sesión de práctica, el orden no importa. • Haz cada lección por lo menos una vez. • Cumplido eso, concéntrate en una lección determinada si es la que más te atrae. Comentario Mis Amigos más queridos: Me dirijo a vosotros de este modo a causa de la línea de esta lección: “Reconoceré en todos a mi Amigo más querido” (3:5). Esa línea me impactó tanto en cierta ocasión que, durante cuatro o cinco meses, cada carta que escribía (excepto a aquellos que probablemente no lo entenderían) la empezaba con “Mi Amigo más querido, (nombre)”. No es extraño que el Curso nos diga: “En la creación de Dios no hay extraños” (T.3.III.7:7). Mi Amigo más querido es todo el mundo, en la realidad, cada uno es ese Amigo. Ésa es su Identidad real, aunque oculta. Hablando de “Aquellos que aceptan el propósito del Espíritu Santo como su propósito comparten asimismo Su visión” (T.20.II.5:3), el Curso dice: “Él no ve extraños, sino tan sólo amigos entrañables y amorosos” (T.20.II.5:5). Imagínate ver el mundo de ese modo. Imagínate amar a todos con los que te encuentras, reconociendo en todos y cada uno a un amigo muy, muy querido, y sabiendo que en lo más profundo de sus corazones son totalmente amorosos, al igual que tú. Imagínate estar rodeado de un amor así. Ésa es la visión del Curso del mundo real, el mundo al que se llega mediante el perdón total (ver T.17.II.5:1, y T. 30.VI.3:3). “El perdón es el medio por el cual reconoceré mi inocencia” (1:4). Y cuando reconozca mi inocencia, ya no veré nada que perdonar (1:3). Únicamente veré amigos amados y amorosos. Mientras vea otra cosa, algo distinto, hay trabajo de perdón que queda por hacer. Estamos aquí por un propósito, y sólo uno: para perdonar al mundo tan completamente que amemos absolutamente a todos y a todo, cualquier cosa que sea menos que eso es perdón incompleto. ¿Qué es lo que limita nuestro amor sino alguna forma de falta de perdón? Únicamente eliminando por completo cada obstáculo al amor llegaremos a conocer la totalidad del amor que somos. La fortaleza de Dios en mí me permite hacerlo. A medida que perdono, recuerdo esa fortaleza en mí, una fortaleza que yo he olvidado. “Perdono todas las cosas porque siento Su fortaleza avivarse en mí” (2:5). La Voz de Dios me guía en este camino del perdón, paso a paso cuidadosamente, realmente no hay ningún otro lugar al que ir. “Me dirijo firmemente hacia la

verdad” (4:4). A veces mis pasos parecen inseguros, pero no puedo perderme. El Amor de Dios me sostiene. Al escucharle avivarse muy hondo dentro de mí, puedo recordar que yo soy Su Hijo. Nuestros pasos han sido inciertos, y las dudas nos han hecho andar con lentitud por el camino que este curso señala. Pero ahora vamos a ir más deprisa, pues nos estamos acercando a una mayor certeza, a un propósito más firme y a una meta más segura. Padre nuestro, afianza nuestros pasos. Aplaca nuestras dudas, aquieta nuestras santas mentes, y háblanos. No tenemos nada que decirte, pues sólo deseamos escuchar Tu Palabra y hacerla nuestra. Guía nuestras prácticas tal como un padre guía a su hijo pequeño por un camino que éste desconoce, pero que aun así, el hijo lo sigue, seguro de que está a salvo porque su padre le muestra el camino. De este modo es como llevamos nuestras prácticas hasta Ti. Si tropezamos, Tú nos levantarás. Si se nos olvida el camino, sabemos que Tú siempre lo recordarás. Y si nos extraviamos, Tú no te olvidarás de llamarnos. Aligera nuestros pasos ahora de modo que podamos caminar con mayor certeza y mayor rapidez hasta Ti. Y aceptamos la Palabra que Tú nos ofreces para unificar nuestras prácticas, a medida que repasamos los pensamientos que Tú nos has dado. (L.rV.In.1:5-3:6)

LECCIÓN 61

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2 MARZO

“Yo soy la luz del mundo” Instrucciones para la práctica
Propósito: “Éste es uno de los primeros pasos en el proceso de aceptar tu verdadera función en la tierra” (3:2). Esta lección es una continuación de lo que comenzó en la Lección 37 (“Mi santidad bendice al mundo”), que contenía “los primeros destellos de tu verdadera función en el mundo, o, la razón por la que estás aquí” (L.37.1:1) Ejercicio: Tantos como puedas, (sugerencia: cada hora, a la hora en punto), durante uno o dos minutos. • Dite a ti mismo: “Yo soy la luz del mundo. Ésa es mi única función. Por eso es por lo que estoy aquí”. • Luego piensa en estas frases. Deja que te vengan pensamientos relacionados. Si puedes, cierra los ojos para hacer esto. Si tu mente se distrae (mejor dicho, cuando se distrae), repite la idea. Éste es el mismo tipo de práctica que hiciste en la Lección 50 y durante el Primer Repaso. Al pensar activamente en la idea, la haces tuya propia. Observaciones: Empieza y termina el día con una sesión de práctica. Éstas pueden ser más largas si quieres. Estas prácticas harán que tu día empiece, termine, y se llene con la afirmación de la verdad sobre ti. Ésta es la clase de día al que el Libro de Ejercicios nos lleva, en el que practicamos por la mañana, por la noche, y durante todo el día. Éste es el primero de los siete “pasos gigantescos” en tu viaje de regreso al hogar. Intenta hacer hoy exactamente eso. Utilízalo para “empezar a sentar las bases” (7:4) de los pasos gigantescos que quedan por llegar. Comentario Probablemente, si te pareces a mí, la mayoría de los días no te sientes la luz del mundo. Algunos días me siento como el último rescoldo de la chimenea. Pero esta lección no habla acerca de

cómo me siento, habla de lo que soy en verdad. “No se refiere a ninguna de las características con las que has dotado a tus ídolos. Se refiere a ti tal como fuiste creado por Dios” (1:5-6). No se refiere a quien yo pienso que soy, se refiere a mis características del diseño original, directamente de la mano del Creador. Según la enseñanza tradicional cristiana, Jesús es la luz del mundo y el resto de nosotros somos los ciegos que necesitan su luz. Decir “Yo soy la luz del mundo” puede parecer demasiado. Puede parecer arrogante, lleno de orgullo, incluso lleno de ego. Cuando Dios te ha hecho la luz del mundo, ¿qué hay más arrogante que decir: “Lo siento, Jefe, te equivocas. Soy un pobre pecador”? Tú y yo estamos aquí para ser conductores de la luz de Dios. Ser la luz del mundo es nuestra única función, y la única razón por la que estamos aquí (5:3-5). Somos portadores de la salvación, no hay otro modo de que la salvación venga al mundo excepto a través de nosotros, ¡a través de todos nosotros! La lección pide nuestra aceptación y práctica de esta idea “uno de los primeros pasos en el proceso de aceptar tu verdadera función en la tierra” (3:2), “un paso gigantesco” (3:3), “una aseveración categórica de tu derecho a la salvación” (3:4). No es únicamente una lección más, ¡es cosa seria! Bajarte del tren del “pobre de mí, necesito que me salven” y subirte al tren de “portador de la salvación” puede ser un punto decisivo importante. La clave general de la idea se refleja en el viejo dicho de los años sesenta: ¿Eres parte del problema o de la solución? Al principio puede parecer que esta idea pide demasiado de nosotros. “¿Quién, yo salvar al mundo? ¿Estás de broma? ¡Ni siquiera puedo salvarme a mí mismo!” Pero esa creencia sobre nosotros mismos es exactamente donde está nuestro problema. Intenta darle amor a alguien hoy y descubrirás que puedes llevar luz a su vida. Haz esto unas cuantas veces y tu opinión acerca de ti mismo empezará a cambiar. Tu verdadera sensación de valía propia empezará a florecer. Al dar ayuda, te estarás ayudando a ti mismo. Afirmas la divinidad de tu Fuente y te reconoces a ti mismo como un Hijo de Dios al reconocer que ser útil, dar amor, extender amabilidad, y mostrar compasión es la verdadera razón por la que estás aquí.

LECCIÓN 62

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3 MARZO

“Perdonar es mi función por ser la luz del mundo” Instrucciones para la práctica
Ejercicio: Tan a menudo como puedas (sugerencia: cada hora, a la hora en punto), durante uno o dos minutos. • Dite a ti mismo (con los ojos cerrados si la situación lo permite): “Perdonar es mi función por ser la luz del mundo. Cumpliré mi función para así poder ser feliz”. • Luego usa la práctica que has estado haciendo últimamente: Piensa en las afirmaciones (en este caso, alargándote concretamente en la felicidad que tu función te proporciona). Deja que vengan pensamientos relacionados. Si tu mente se distrae, repite la idea y añade: “deseo recordar esto porque quiero ser feliz”. Este pensamiento añadido motivará a tu mente a que regrese y mantenga la atención. Observaciones: Fíjate en la gran importancia que se da a tener un día feliz. Por esa razón hacemos las prácticas, nos ayudarán a que nuestro día sea feliz. También traerá felicidad a las personas a nuestro alrededor, ¡incluso a personas de tiempos y lugares lejanos! No es ésta una práctica egoísta. Fíjate también en que esta lección menciona la fórmula del Libro de Ejercicios de practicar por la mañana, por la noche, y durante el día (4:1). Como ayer, podemos suponer hoy que podemos alargar las prácticas de la mañana y de la noche si queremos.

Finalmente, date cuenta de por qué pueden salir libremente pensamientos relacionados: porque “tu corazón reconocerá estas palabras, y en tu mente se encuentra la conciencia de que son verdad” (4:5). En otras palabras, los pensamientos relacionados vienen de un pozo profundo en nuestra mente, en el que ya entendemos estas ideas. Ellas sacan la sabiduría de ese pozo a la superficie y las hacen nuestras. Comentario ¿Qué hace la luz del mundo? Perdona. Por ser la luz del mundo, mi función no es enseñar nuevas ideas a la gente, ni corregir sus errores, ni ser el caballero de la brillante armadura (rescatar a otros). Mi función es simplemente perdonarles. El perdón es la demostración de que tú eres la luz del mundo. Mediante tu perdón vuelves a recordar la verdad acerca de ti. (1:3-4) El perdón no sólo trae luz a las mentes de aquellos que están a mi alrededor, también me permite recordar la luz en mí mismo, me recuerda la verdad acerca de mí. El perdón es lo que me salva. Hacer aquello por lo que estoy aquí me recuerda lo que yo soy verdaderamente. ¿Por qué? Porque “las ilusiones que tienes acerca de ti y acerca del mundo son una y la misma” (2:1). Si veo la ilusión de pecado en un hermano, estoy realmente viendo mis propias ilusiones acerca de mí. Cuando perdono a ese hermano, me estoy perdonando a mí mismo, estoy viendo más allá de la ilusión que ha oscurecido la verdad tanto acerca de él como de mí. Cuando los pensamientos de ataque se substituyen con pensamientos de perdón, sustituyo la muerte con la vida. El perdón es el medio que el Curso establece como tu camino para escapar del infierno, porque el infierno en el que estamos se hizo con nuestros juicios y pensamientos de ataque. Perdonar invita al Cristo en mí, mientras que atacar invita a mi propia debilidad. Al invitar al Cristo en mí, Cristo se da a conocer, y empiezo a reconocer a Cristo como mi verdadero Ser. El perdón reinstaura en tu conciencia “la invulnerabilidad y el poder que Dios le dio a Su Hijo” (3:5). ¿Dónde es necesario el perdón? No sólo en lo que pensamos que son cosas importantes: traición, engaño, o intento claro de hacer daño. Cualquier pensamiento en mi mente que me separe de otro y me haga diferente es un pensamiento de ataque, y necesita ser reemplazado con el perdón. Cualquier pensamiento que menosprecie a otra persona, la rebaje, la vea como “menos que”, la considere menos merecedora de amor por alguna razón, la aparte, la mire con disgusto, me vea a mí mismo ganando a costa de que ella pierda, le desee daño o pérdida de algún modo, o dude del amor en su corazón, es un pensamiento de ataque y necesita ser reemplazado con el perdón. Ésa es mi función, hoy y todos los días. Que libere al mundo del aprisionamiento en el que lo he puesto. Que retire los juicios que he hecho acerca de él, y que así vuelva a descubrir la milagrosa verdad de mi propia naturaleza divina al estar dispuesto a verla en todos los que me rodean.

LECCIÓN 63

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4 MARZO

“La luz del mundo le brinda paz a todas las mentes a través de mi perdón” Instrucciones para la práctica

Propósito: Ponerte en contacto con el poder de llevar paz a todo el mundo, reconocer los medios con los que puedes hacerlo, y experimentar la felicidad que proviene de ello. Ejercicio: Tan a menudo como puedas (sugerencia: cada hora, a la hora en punto), durante uno o dos minutos. • Dite a ti mismo: “La luz del mundo le brinda paz a todas las mentes a través de mi perdón. Yo soy el instrumento que Dios ha designado para la salvación del mundo”. • Luego usa la práctica que has estado haciendo últimamente: Piensa en las afirmaciones y deja que vengan pensamientos relacionados. Si tu mente se distrae, repite la idea. Observaciones: Las observaciones sobre cerrar los ojos se mantienen para todas las sesiones de práctica más cortas en el Libro de Ejercicios (excepto las de los ojos abiertos). La razón es sencilla. Por una parte, te beneficiarás más si cierras los ojos, porque te permitirá mayor atención. Por otra parte, si esperas hasta que la situación te permita cerrar los ojos, eso perjudicará a la frecuencia de tu práctica. Así que, cierra los ojos si la situación lo permite; si no, hazla con los ojos abiertos. Al igual que ayer se nos dice que seamos felices para practicar por la mañana, por la noche y durante el día. Esto se debe a que esta práctica nos pondrá en contacto con nuestra función, y nuestra función es la fuente de nuestra felicidad. Al igual que en la Lección 61, las sesiones de práctica al comienzo y al final del día puedes alargarlas si quieres. Comentario ¿Has recibido alguna vez el verdadero perdón? No hay nada tan liberador, nada que alivie tanto la mente como ser perdonado de verdad. Si creo que puedo haber ofendido a alguien o causado algún daño con lo que he dicho o hecho, y me responden con verdadero perdón y me ven incluso mejor que lo que yo me veo a mí mismo, eso le da una paz increíble a mi mente. Eso alivia las punzadas de mi culpa. Hay una sensación de amor hacia la otra persona, una alegría de que nuestra relación no se ha dañado sino quizá mejorado. Tú y yo tenemos el poder de llevar esa paz a todas las mentes. Ésa es nuestra función Podemos permitir que esto se logre a través de nosotros (1:2). ¡Qué propósito más maravilloso le da esto a nuestra vida: llevar paz a todas las mentes a través de nuestro perdón! Podemos liberar a todos a nuestro alrededor del infierno de su propia culpa. “No aceptes en su lugar ningún propósito trivial ni ningún deseo insensato, o te olvidarás de tu función y dejarás al Hijo de Dios en el infierno” (2:4). Cuando aceptamos un propósito menor, inevitablemente olvidamos el principal. Por ejemplo, podemos estar intentando hacer que alguien actúe de un modo que nos guste, para nuestro propio placer personal. Podemos tener expectativas acerca de lo que alguien debería hacer o decir. Estos propósitos menores pueden hacer que nos olvidemos por completo de nuestra verdadera función de perdonar, y echarle más culpa a la persona cuando no satisface nuestras expectativas. Necesitamos practicar esta idea cuidadosamente, tan a menudo como podamos, para reforzarla en nuestra mente: “Yo soy el instrumento que Dios ha designado para la salvación del mundo” (3:5). El perdón fluye a través de mí y le lleva paz a todas las mentes con las que me encuentro hoy, ¡que recuerde no impedir que fluya!

LECCIÓN 64

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5 MARZO

“No dejes que me olvide de mi función”

Instrucciones para la práctica
Propósito: Recordarte constantemente elegir tu felicidad para elegir cumplir tu función. Resistir la tentación de dejar que el mundo que ves borre tu función de tu consciencia. Ejercicios más largos: Al menos uno, de diez a quince minutos. • Cierra los ojos y repite estos pensamientos: “No dejes que me olvide de mi función. No dejes que trate de sustituir la que Dios me dio por la mía. Déjame perdonar y ser feliz”. • Luego haz de nuevo las prácticas recientes de reflexionar acerca de las frases. Piensa en ellas. Deja que vengan pensamientos relacionados (te ayudará recordar lo importante que es tu función para ti y para otros). Observaciones: Es fácil en periodos largos de reflexión como éste entrar en una fiesta de distracciones de la mente, por la sencilla razón de que “aún no tienes la disciplina mental que ello requiere” (7:2). Así que, estate a la caza de pensamientos sin importancia. Cuando se presenten, repite la idea (puedes incluso repetir las tres frases). Aunque tengas que hacerlo veinte veces, eso es mejor que dejar que tu mente flote sin rumbo por el país de la fantasía.. Recordatorios frecuentes: Muy a menudo, durante varios minutos. En diferentes ocasiones, usa una o la otra de estas prácticas: 1. Una versión corta del ejercicio más largo. Repite: “No dejes que me olvide de mi función .No dejes que trate de sustituir la que Dios me dio por la mía. Déjame perdonar y ser feliz”, y luego piensa sólo en ello. Tu mente se distraerá; cuando lo haga, repite las ideas para traerla de vuelta a la práctica. 2. Repite las mismas frases, luego mira lentamente a tu alrededor sin hacer ninguna selección, y di: “Éste es el mundo que es mi función salvar”. Comentario La Lección 62 dijo que el perdón es mi función, así pues, esta lección expresa mi decisión de no olvidar para qué estoy aquí: para perdonar al mundo, llevándole paz a todas las mentes. ¿Qué hace que me olvide? El mundo en su totalidad. Todo lo que ven mis ojos ven es “una forma de tentación, ya que ése fue el propósito del cuerpo en sí” (2:1). El ego fabricó el mundo y el cuerpo con un propósito determinado: 1. Ocultar mi función de perdonar. 2. Justificar el olvido de mi función. 3. Engatusarme para que abandone a Dios y a Su Hijo tomando forma en un cuerpo. La continuidad del ego depende de mi identificación con la forma corporal. La maldad del mundo y la sensación de carencia del mundo a mi alrededor justifica mi el que yo esté dispuesto a perdonar. Mi relación con el mundo, convirtiéndole en el centro de mis metas e incluso de mi vida, obscurece mi verdadera función (en el Cielo: crear; aquí: perdonar). El plan del ego parece haber funcionado muy bien. El sistema de pensamiento del Curso es bastante poco habitual y extremo. Como dice más tarde en el Libro de Ejercicios, la enseñanza del Curso es que: “El mundo se fabricó como un acto de agresión contra Dios” (L.pII.3.2:1). No fue creado por Dios sino fabricado por el ego para abandonar a Dios, tomando una forma física para ocultar nuestra realidad espiritual. Me resulta difícil aceptar esta comprensión: no estoy solo (separado). El Curso se da cuenta de que ésta es una idea difícil. Pero cuando empiezo a darme cuenta del modo en que mi mente funciona, se hace más fácil de aceptar, porque empiezo a darme cuenta de la manera en que mi

mente utiliza al mundo y usa todo lo que veo con los ojos para mantener la ilusión de separación. A medida que me inclino hacia el perdón, también descubro que algo en mi mente se resiste con uñas y dientes, intentando justificar mi negativa a perdonar, intentando que me olvide del perdón por completo. Y empiezo a reconocer que lo que el Curso está diciendo aquí tiene una curiosa semejanza con lo que está sucediendo dentro de mi mente. Entonces, quizá lo que dice es verdad, una verdad que yo me resisto a aceptar, pero que parece confirmada por mi propia experiencia. Sin embargo, el Espíritu Santo tiene otro propósito para todo en este mundo. “Para el Espíritu Santo el mundo es un lugar en el que aprendes a perdonarte a ti mismo lo que consideras son tus pecados” (2:3). Eso es lo que hacemos cuando perdonamos a “otros”. Cumplir tu función es lo que te hace feliz (¡Yo puedo dar testimonio de ello!). Es interesante la relación entre perdón y felicidad. Si piensas en ello por un momento, te darás cuenta de que cuando te niegas a perdonar, te sientes fatal. Por ejemplo decir: “No me siento feliz por el modo en que te comportas en nuestra relación” es lo mismo que decir; “Te he juzgado y fallas en algo”. Perdonar a alguien es ser feliz con él. Perdonar significa abandonar tus excusas para ser desgraciado” Cuando perdonas, “la felicidad se vuelve inevitable” (4:2). Y “no hay otra manera” (4:3). El no perdonar es precisamente una elección de continuar siendo desgraciado, sin el perdón no puedes ser verdaderamente feliz. Ése es el razonamiento de esta afirmación: “Por lo tanto, cada vez que eliges entre desempeñar o no tu función, estás en realidad eligiendo entre ser feliz o no serlo” (4:4). Luego la lección sigue y señala que cada decisión que tomamos en un día puede resumirse a esta simple elección: ¿Quiero ser feliz o desgraciado? Cuando puedas empezar a ver desde esta perspectiva tus decisiones en la vida, la elección es muy sencilla. ¿Quién elegiría a sabiendas ser desgraciado? Cuando empieces a darte cuenta de que eso es lo que estás eligiendo, empiezas a entender por qué el Curso se refiere a nosotros como “dementes”. “No dejes que me olvide de mi función. No dejes que trate de sustituir la que Dios me dio por la mía Déjame perdonar y ser feliz”. (6:2-4) Intentemos acordarnos de hacer la práctica hoy. (Tengo que confesar que he estado escatimando la práctica). Una cosa en la que hay que fijarse es en la sesión de práctica de diez a quince minutos que se pide hoy, eso es algo nuevo. Intenta hacerle un hueco.

LECCIÓN 65

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6 MARZO

“Mi única función es la que Dios me dio”

Instrucciones para la práctica
Propósito: Abandonar nuestras metas habituales, aunque sólo sea por un rato, para que así puedas poner toda tu atención en aceptar la función que Dios te dio como tu única función. Ejercicios más largos: Una vez, de diez a quince minutos. • Repite la idea, luego cierra los ojos y repítela de nuevo. • Observa cuidadosamente tu mente, el paso de lo que consideras pensamientos normales. Observa cada uno con tranquilidad (como se te enseñó en lecciones anteriores) y di: “Este pensamiento refleja un objetivo que me está impidiendo aceptar mi única

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función”. Cuando empieces a quedarte sin pensamientos de ese tipo, intenta durante un minuto o así atrapar cualquier pensamiento que quede, aunque no hagas ningún esfuerzo por encontrarlos. La razón de esta fase es vaciar tu mente de tus metas y funciones habituales. Luego di: “Que en esta tabla rasa quede escrita mi verdadera función”, o la misma idea con tus propias palabras. Estate dispuesto a que las metas que te has adjudicado a ti mismo sean reemplazadas por la de Dios. Repite la idea de nuevo y pasa el resto de la sesión de práctica pensando acerca de la idea y dejando que te vengan pensamientos relacionados. Habiendo expulsado tus funciones habituales, ahora estás intentando “entender y aceptar” (3:1) tu verdadera función, para reflexionar activamente acerca de ella a fin de que se convierta en la tuya propia. Pon toda tu atención concretamente en la importancia y lo deseable de tu función, y la resolución y alivio que te ofrece. Cuando surjan pensamientos de distracción, te sugiero que los hagas desaparecer con la frase que acabamos de usar: “Este pensamiento refleja un objetivo…”

Observaciones: Cuando dice que necesitas elegir un horario para la sesión más larga de práctica, y que lo mantengas durante el día y durante los próximos días, eso puede sonar amenazador. Sin embargo, tiene perfecto sentido. Estás empezando a entregar toda tu vida a tu verdadera función. Dedicarle un tiempo durante el día, un tiempo sólo para eso, un tiempo que es como una roca firme en un río de objetivos sin importancia que no paran, es una estrella, un pie en el hogar. Si no puedes dejar que tu verdadera función ponga un pie en el hogar, ¿cómo puedes alcanzar el punto en el que le dedicas toda tu vida? Recordatorios frecuentes: Al menos uno por hora. A veces usa la primera de estas dos formas; otras, usa la segunda: • Cierra los ojos y di: “Mi única función es la que Dios me dio. No quiero ninguna otra ni tengo ninguna otra”. • Mira a tu alrededor y di la misma frase, dándote cuenta de que lo que ves parecerá completamente diferente cuando aceptes de verdad lo que estás diciendo. (Sugiero que lo intentes ahora y veas el efecto que tiene sobre ti). Comentario De lo que me di cuenta cuando lo leí fue la última frase del primer párrafo: “Aceptar la salvación como tu única función entraña necesariamente dos fases: el reconocimiento de que la salvación es tu función, y la renuncia a todas las demás metas que tú mismo has inventado”. (1:5) Algunos de nosotros todavía podemos estar teniendo problemas con la primera fase: reconocer la salvación como nuestra función. No es fácil. Decir: “Mi tarea es sanar y ser sanado” requiere un cambio fundamental en la mente para la mayoría. Vernos a nosotros mismos como la luz del mundo no es algo que nos llegue fácilmente. Por eso las lecciones anteriores han tratado ese hecho, y aparecerá de nuevo en lecciones posteriores. Esta lección va más allá de reconocer que la salvación es nuestra función, añade el pensamiento de que es nuestra única función. Lo deja muy claro que para que esto sea así, todas las demás funciones deben ser abandonadas. Dios nos dio esta única función, y ninguna otra. Las otras nos las hemos inventado nosotros mismos, y cada función diferente compite en algún modo y le quita importancia a la que Dios nos dio. A medida que transcurre el día, observo cómo mis “propósitos y objetivos triviales” (4:3) interfieren con la búsqueda de mi única función. Puedo observarlo en la práctica sencilla que se

propone para los próximos días: reservar de diez a quince minutos para intentar entender y aceptar la idea del día. La lección me pide que me organice el día a fin de reservar este tiempo para Dios. Reservar estos quince minutos requerirá que deje a un lado otros propósitos durante esos minutos. Sacará el tema tratado en esta lección: el modo en que mis otros objetivos compiten con la función que Dios me ha dado. En mi comprensión con el Curso, el asunto de reconocer mi verdadera función puede tener lugar muy pronto, lo que puede llevar más tiempo es el proceso de abandonar todos mis propósitos menores hasta que no tenga ningún otro que el de Dios. Al principio, no tenemos ni idea de los muchos propósitos competitivos que nos hemos asignado a nosotros mismos. Lleva tiempo descubrirlos y abandonarlos todos. Hoy es sólo el principio, pero cuanto más en serio me tome esta idea, más eficaz puede ser la práctica de hoy.

LECCIÓN 66

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7 MARZO

“Mi función y mi felicidad son una”

Instrucciones para la práctica
Propósito: Aceptar que tu felicidad y la función que Dios te ha dado no sólo están relacionadas sino que además son lo mismo, por muy diferentes que aparenten ser; y aceptar que no tienen nada que ver con todas las funciones que tu ego te ha dado. Ejercicios más largos: Una vez, de diez a quince minutos. • Pasa un rato reflexionando activamente en la lógica siguiente: “Dios me da únicamente felicidad (frase 1). Él me ha dado mi función (parte 2). Por lo tanto, mi función tiene que ser mi felicidad (conclusión)”. Fíjate en que la conclusión sigue a las frases anteriores; así que si las frases son ciertas, la conclusión tiene que serlo también. • Por lo tanto, piensa durante un rato en la primera frase (“Dios me da únicamente felicidad”). Utiliza el párrafo 6 como guía. Dice que, al final, tienes que aceptar la primera frase o aceptar que Dios es malvado. • Luego pasa un rato pensando en la segunda frase (“Él me ha dado mi función”). Utiliza los párrafos 7 y 8 como guía. Dicen que nuestra función nos la tiene que haber dado Dios o el ego, pero el ego no da regalos. Es una ilusión que ofrece la ilusión de regalos. • Después Pasa un rato pensando acerca de cómo tu vida refleja una lógica alternativa, que es algo así: “Mi ego me ha dado muchas funciones (piensa en algunas). Ninguna de ellas me ha dado felicidad (piensa en ello). Por lo tanto, mi ego nunca me da felicidad”. ¿No es ésta una conclusión lógica? ¿No te hace esta conclusión querer elegir en su lugar la función que Dios te ha dado? • Finalmente, intenta poner esta reflexión en una aceptación de la conclusión (“Por lo tanto, mi función tiene que ser mi felicidad”). Usa la reflexión para llevarte al momento en que realmente comprendes y acepta la conclusión. Observaciones: Esta lección es otro paso gigantesco (el primero fue la Lección 61), pero únicamente será un paso gigantesco para ti si realmente entregas tu mente a ello. Por lo tanto, hazlo así por tu propio bien. Dale a la sesión más larga toda tu concentración, y a las sesiones más cortas la frecuencia que se indica. Recordatorios frecuentes: 2 por hora, de un minuto o algo menos. Di: “Mi función y mi felicidad son una porque Dios me dio las dos”. Repetir esto lentamente y pensando en ello hará que sea completamente diferente.

Comentario Esta lección me parece interesante por el modo en que usa la lógica común, aplicada a ideas extraordinarias. Se espera que se pase el periodo de práctica más largo pensando en las frases de la lógica que se dan en el párrafo 5 (5:7 y 9:1). En otras palabras, la lección nos pide que examinemos mentalmente la lógica de sus propuestas. Está claro que el Curso le da una gran importancia a pensar y razonar. Está firmemente basado en la razón, y espera que sepamos usar esa facultad de nuestra mente. En este tipo de práctica me es muy útil escribir las ideas que me vienen mientras lo hago. Hoy la idea central es una que ya hemos visto antes: la felicidad y mi función son, en esencia, lo mismo. Las dos ideas son muy sencillas, especialmente la primera: Dios me da únicamente felicidad Si Dios es un Dios que se merece mi lealtad, un Dios de amor, esto tiene que ser así. ¿Por qué seguir a un dios que hace desgraciado? Si Dios da tristeza, Él debe ser malvado (6:5). Y si Dios es malvado, mejor es que le abandone ahora, nunca encontraré la felicidad en las garras de un dios sádico, que da tristeza a sus creaciones. Segundo, Dios me ha dado mi función. Esto es un poco menos claro. “Función” puede entenderse como “naturaleza”. En palabras sencillas, Dios me creó y, al hacerlo, definió lo que yo soy. Lo que yo soy define lo que hago. ¿Qué alternativa hay? Si Dios no me definió, ¿quién lo hizo? La única alternativa es el ego (8:3). O yo podría decir que yo me hice a mí mismo (lo que es lo mismo). Pero ¿cómo puede algo crearse a sí mismo? ¿Quién creó su poder de crear? ¿Es realmente posible que el ego me hiciera o me definiera? No. Por lo tanto, esta segunda idea debe ser verdad: Dios me ha dado mi función. Ahora bien, si Dios me da únicamente felicidad, y Dios me ha dado mi función, ¿cuál es la conclusión lógica? Mi función tiene que ser la felicidad. Mi razón de ser es ser feliz. Llevar a cabo mi función es lo que me hace feliz. Si pensamos en todas las maneras en que hemos intentado encontrar la felicidad siguiendo a nuestro ego -como se nos indica la lección- tenemos que admitir, si somos honestos, que ninguna de ellas ha funcionado, ninguna nos ha hecho feliz. La lección está intentando traernos al punto donde hacemos una elección, la elección entre la locura y la verdad, entre escuchar al ego o al Espíritu Santo. Nos está pidiendo que nos demos cuenta de que todo lo que el ego nos dice es una mentira, y que sólo la verdad es verdadera, sólo lo que Dios nos ha dado tiene realidad. Esta lección es el segundo paso gigantesco (10:4). El primero fue la Lección 61. Lo veremos de nuevo en las Lecciones 94, 130, 135, y 194. La Lección 61 nos dijo: “Yo soy la luz del mundo” que es “uno de los primeros pasos en aceptar tu verdadera función en la tierra… un paso gigantesco que te conducirá al lugar que te corresponde en la salvación” (L.61.3:2-3). Somos portadores de la luz, planeado por Dios para transmitir Su luz al universo: ésa es nuestra función. Aceptar eso es un paso gigantesco, un fuerte comienzo. Ahora se nos dice: “Mi función y mi felicidad son una”. La felicidad consiste en traer luz al mundo, ser la luz del mundo es cumplir nuestra función, y cumplir nuestra función es felicidad.

LECCIÓN 67 - 8 MARZO
“El Amor me creó a semejanza de Sí Mismo”

Instrucciones para la práctica
Propósito: Experimentar la resplandeciente luz de tu realidad que no cambia nunca, ni siquiera un sólo instante. Volver a definir a Dios como Amor y darte cuenta de que tú estás incluido en Su definición de Sí Mismo. Ejercicios más largos: Una vez, duración de diez a quince minutos. •

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Repite la idea. Luego pasa unos minutos añadiendo pensamientos relacionados con las líneas siguientes: “La Santidad me creó santo. La Asistencia me creó servicial”. Usa únicamente cualidades que estén de acuerdo con las enseñanzas del Curso acerca de Dios. Durante un breve intervalo, intenta abandonar todos los pensamientos. El resto es un ejercicio de meditación, utilizando el método enseñado a partir de la lección 42: 1. Ve más allá de la espesa nube de todas las imágenes que tienes de ti mismo a la luz de tu verdadero Ser. Pasa de largo las ilusiones acerca de ti y sumérgete en la verdad en ti. 2. Cuando te distraigas, repite la idea. Si esto no es suficiente, añade más pensamientos relacionados, como en la fase anterior. 3. Mantén en tu mente la confianza de que la luz de tu verdadero Ser está ahí y puedes alcanzarla; incluso aunque no la alcances ahora, tendrás éxito en hacer que esa experiencia venga antes.

Recordatorios frecuentes: 4 o 5 veces por hora, quizá más. Repite la idea. Mientras lo haces, date cuenta de que no es tu diminuta voz la que te dice esto, sino la Voz de la verdad diciéndote Quién eres realmente. Te recomiendo que la repitas así ahora, y veas el efecto que tiene. Observaciones: El comentario en 5:2 es muy importante. Las lecciones a partir de la 71 a la 80 dan mucha importancia a las repeticiones frecuentes, y esta frase explica por qué son tan importantes. Necesitas practicar la verdad con frecuencia porque practicas la ilusión muy a menudo. Concretamente: “tu mente está tan ocupada con falsas imágenes de sí misma” (5:2). Dentro de cada pensamiento habitual hay una falsa imagen de ti mismo. Por esa razón necesitas introducir en tu mente tantos pensamientos como puedas acerca de la verdad de lo que tú eres. Comentario El Curso emplea una grandísima cantidad de espacio diciéndonos lo que somos, cómo fuimos creados a semejanza de Dios, Quien nos creó, y cómo esa realidad no ha cambiado ni puede cambiar (2:1). La Lección 229 prácticamente es el pensamiento de hoy: “El Amor, que es lo que me creó, es lo que soy”. El Quinto Repaso nos hace repetir durante cada día a lo largo de diez días: “Dios es sólo Amor y, por ende, eso es lo que soy yo”. Y luego están todas las lecciones con ese tema exacto (la única lección que se da más de una vez con las mismas palabras, en la 94, 110 y 162); otras cuantas en las que la idea se repite (132, 139, 237 y 270); y veinte lecciones de repaso (201 a 220) en las que repetimos las palabras: “Aún soy tal como Dios me creó”. ¡Está claro que el Curso piensa que esta idea merece ser repetida! De hecho, la lección de hoy nos dice exactamente por qué este pensamiento es tan importante, y por qué es tan necesaria la repetición: “Hoy te resultará especialmente beneficioso practicar la idea del día tan a menudo como puedas. Necesitas oír la verdad acerca de ti tan a menudo como sea posible, debido a que tu mente está

tan ocupada con falsas imágenes de sí misma. Sería sumamente beneficioso que te recordaras cuatro o cinco veces por hora, o incluso más si fuese posible, que el Amor te creó a semejanza de Sí Mismo. Oye en esto la verdad acerca de ti” (5:1-4) Necesitamos oír la verdad acerca de nosotros tan a menudo como podamos porque nos hemos enseñado a nosotros mismos una imagen falsa acerca de lo que somos, y nos la hemos enseñado muy, muy bien. “Enseña solamente amor, pues eso es lo que eres” (T.6.I.13:2) es una de las frases más famosas del Curso, y le da muchísima importancia a lo mismo: Lo que somos es Amor, porque el Amor nos creó a Su Semejanza. ¿Cuántos de nosotros, si se nos pregunta: “¿Qué eres?”, encontraría la palabra “amor” surgiendo inmediatamente en nuestra mente? Para la mayoría de nosotros es demasiado pensar en nosotros como amor, y sólo amor. Podemos pensar que hay algo de amor en nosotros, pero ¿pensar: Amor es lo que somos? Nunca. Por eso necesitamos oírlo tan a menudo como sea posible, la razón por la que necesitamos repetir hoy la idea 4 o 5 veces cada hora, o incluso más, durante el día. Eso hace unas 80 veces hoy, si estamos despiertos 16 horas. Amor es lo que soy. Por esa razón soy la luz del mundo. Por esa razón soy el salvador del mundo, y la razón por la que el Cristo en todos busca la salvación en mí, porque lo que yo soy es la salvación del mundo (1:2-5). Sabiendo esto acerca de mí mismo ¿viviría hoy de manera diferente? Date cuenta de que la lección no espera que “cojamos” esta idea inmediatamente. Si se esperase que la atrapásemos al instante, no tendríamos que repetirla 80 veces. Todo lo que buscamos es “darnos cuenta plenamente, aunque sólo sea por un momento, de que es verdad” (1:6). El Amor está en nosotros como nuestro verdadero Ser, y estamos intentando ponernos en contacto con el Amor dentro de nosotros (3:2-3). Puede que hoy no entremos en contacto con Él directamente, pero se merece el esfuerzo, aunque sintamos que no hemos tenido éxito: “Confía en que hoy harás mucho por acercarte a esa conciencia, tanto si sientes que has tenido éxito como si no” (4:4). Algún día, en algún momento, tendremos éxito, quizá incluso hoy. Es inevitable porque no podemos escondernos por siempre de lo que somos, no podemos escaparnos de lo que está dentro de nosotros. En algún momento sucederá: “superar todo eso… y valiéndote del intervalo en el que tu mente está libre de pensamientos, quizá puedas llegar a la conciencia de una luz resplandeciente en la cual te reconoces a ti mismo tal como el Amor te creó” (4:3). “El Amor te creó a semejanza de Sí Mismo” (6:4).

LECCIÓN 68 - 9 MARZO
“El amor no abriga resentimientos”

Instrucciones para la práctica
Propósito: Sentir la profunda sensación de paz y seguridad que procede de no albergar resentimientos. Esto te proporcionará la motivación que necesitas para desprenderte de ellos cada vez más. Ejercicios más largos: Una vez, duración de diez a quince minutos.

Busca en tu mente a aquellos contra los que guardas serios resentimientos, luego a aquellos contra los que aparentemente guardas resentimientos menores. Date cuenta de que nadie está completamente libre de ellos, y lo solo que esto te ha hecho sentir. Decídete a verlos a todos como amigos. Dile a cada uno: “Te consideraré mi amigo, para poder recordar que eres parte de mí y así poder llegar a conocerme a mí mismo”. Date cuenta de la evolución a través de las tres etapas (amigo/ parte de mí/ conocerme a mí mismo). Intenta sentir de verdad cada etapa. Durante el resto de la sesión de práctica, piensa en ti mismo estando en paz con un mundo que es verdaderamente tu amigo, un mundo que te ama y te protege, y que tú a cambio amas. Intenta sentir realmente que la seguridad te rodea como un manto, revoloteando a tu alrededor como las alas de un ángel, y sujetándote como una sólida roca debajo de tus pies. Termina diciendo: “El amor no abriga resentimientos. Cuando me desprenda de todos mis resentimientos sabré que estoy perfectamente a salvo”.

Recordatorios frecuentes: Varias veces (al menos 3 por hora). Di: “El amor no abriga resentimientos. Quiero despertar a la verdad de mi Ser dejando a un lado todos los resentimientos y despertando en Él”. Respuesta a la tentación: Siempre que sientas un resentimiento contra alguien. Rápidamente aplica la idea en esta forma: “El amor no abriga resentimientos. No traicionaré a mi propio Ser”. Por supuesto, la idea es que debido a que tu Ser es Amor, abrigar resentimientos es un acto de traición a tu Ser. Piensa en ello. Comentario Esta lección es una poderosa enseñanza acerca del efecto que abrigar resentimientos tiene en nuestra mente y en nuestra manera de pensar. Abrigar un resentimiento es desear hacerle daño a alguien; ya sea que lo consideremos así o no, es “tener sueños de odio” (2:5). Alguno de nosotros, quizá la mayoría, a veces lo hemos hecho, literalmente tener sueños de venganza contra alguien que percibimos que nos está haciendo su víctima. Posiblemente, hemos deseado conscientemente que alguien estuviese muerto. Sin embargo, probablemente hemos reprimido la consciencia de tales pensamientos y deliberadamente hemos olvidado que los hemos tenido. No obstante, incluso los resentimientos “pequeños” son lo mismo, sólo que de una manera más suave. Abrigar un resentimiento es sentir que se te ha tratado injustamente, y que el que lo ha hecho se merece ser castigado por obrar mal. “El amor no abriga resentimientos”. Abrigar un resentimiento es lo opuesto al amor, el amor y los resentimientos no pueden existir juntos. La lección de ayer nos enseñó que “El Amor me creó a semejanza de Sí Mismo”. Entonces, abrigar resentimientos es negar esa verdad, es afirmar que soy algo distinto del amor. No podemos conocer nuestro Ser como Amor si albergamos algún resentimiento porque abrigar resentimientos es justamente lo contrario. “Quizá no hayas comprendido del todo lo que abrigar resentimientos le ocasiona a tu mente” (1:5). La enseñanza de las siguientes líneas es sustanciosa. Nuestra Fuente es Amor, y estamos creados a semejanza de esa Fuente. Cuando albergamos un resentimiento, parece que somos diferentes de nuestra Fuente, y por lo tanto parece que estamos separados de Él (1:6). Nosotros no somos Amor, y Dios sí lo es, tenemos que estar separados. Sin embargo, la mente no puede ni siquiera imaginar que una fuente y sus efectos sean totalmente diferentes; por lo tanto, para arreglar este problema de lógica, nuestra mente se imagina a Dios a semejanza de nuestra imaginada imagen de nosotros mismos: “Te hace creer

que Él es aquello en lo que tú piensas que te has convertido” (1:7). Pensamos que Dios alberga resentimientos, y tiene sueños de religiones que hablan de “pecadores a manos de un Dios furioso”. Fabricamos una imagen de un dios vengativo y castigador, y nos alejamos aterrorizados de su presencia, temerosos de nuestra propia existencia. Los efectos de los resentimientos no terminan con desprendernos aparentemente de Dios, haciéndonos diferentes y separados, y luego convertir a Dios en un demonio terrorífico y vengativo. Dentro de nosotros, nuestro propio Ser parece quedarse dormido y así dejar de tomar parte activa, mientras que la parte de nosotros que “teje ilusiones mientras duerme, parece estar despierta” (2:1). Nos olvidamos de nuestro Ser e imaginamos que somos otra cosa, un “ser” mezquino, que alberga resentimientos, enfadado con el mundo. “¿Podría ser todo esto el resultado de abrigar resentimientos? ¡Desde luego que sí!” (2:2-3). Hemos inventado a un dios semejante a nuestra imagen. Sentimos culpa. Hemos olvidado quién somos. Todo esto es inevitable para todos aquellos que abrigan resentimientos. No nos hemos dado cuenta del daño que le estamos haciendo a nuestra mente al albergar resentimientos. Por esta razón el Curso nos enseña que el perdón no es algo que hacemos a favor de otros, lo hacemos por nuestro propio bienestar. Puede parecer imposible abandonar todos los resentimientos, eso dice la lección (4:2). Sin embargo, no es cuestión de que sea posible o imposible, sino únicamente cuestión de motivación. Podemos abandonar cualquier resentimiento, la cuestión es ¿queremos hacerlo? Por eso, esta lección se propone aumentar nuestra motivación pidiéndonos que hagamos un experimento. Básicamente, nos pide “trataremos de ver cómo te sentirías sin ellos” (4:4). La idea es que si podemos sentir lo que es estar sin resentimientos, preferiremos este sentimiento nuevo. Como dice el anuncio de televisión: “Pruébalo, te gustará”. Y una vez que estemos motivados, una vez que queramos abandonar los resentimientos, lo haremos. Nuestra mente tiene todo ese poder. Fíjate en el uso de las palabras “tratando” y “trata” en el párrafo 6. Aquí estamos haciendo un ejercicio de imaginación. Imagínate estar en paz con todo el mundo. Imagínate sentirte completamente a salvo, rodeado de amor y amando a todos los que te rodean. Imagínate, aunque sólo sea por un instante, que nada puede hacerte daño, que eres invulnerable y estás completamente seguro y, aún más, que no hay nada que quiera hacerte daño aunque pudiese. “Si lo logras, aunque sea brevemente, jamás volverás a tener problemas de motivación” (4:5). Una vez que pruebes lo que es este estado mental, vas a quererlo. ¡Porque es realmente maravilloso! Vas a desear hacer todo lo que sea necesario para experimentarlo cada vez más y durante más tiempo, hasta que sea para siempre. Quiero recalcar que la lección de hoy no nos dice “deshazte de todos tus resentimientos”. No está estableciendo una ley ni haciéndonos sentir culpables por tener resentimientos. Simplemente está intentando motivarnos para que queramos abandonarlos; primero al mostrarnos cuánto dolor causan los resentimientos a nuestra mente (daño ilusorio, pero en nuestra experiencia parece real), y luego al dejarnos experimentar cómo se siente una mente sin resentimientos. Nos hace reconocer que albergar resentimientos es una traición, no a Dios ni a nadie más, sino a nosotros mismos como Amor. Los resentimientos nos hacen creer que somos algo que no somos, y que no somos lo que verdaderamente somos.

LECCIÓN 69

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10 MARZO

Mis resentimientos ocultan la luz del mundo en mí”

Instrucciones para la práctica:
Propósito: Levantar el velo de resentimientos que ha ocultado la luz del mundo en ti, para que puedas experimentar la luz y dejar que la salvación brille sobre el mundo. Éste es otro intento de experimentar la luz en ti (ver L.41.5:3 y L.44.3:1). Ejercicio más largo: Una vez, duración de diez a quince minutos. • Pasa varios minutos cultivando la elevada actitud que es tan importante para la meditación del Curso. Piensa en lo que estás intentando, en su importancia para ti y para el mundo. Estás intentando levantar el velo y entrar en contacto con la luz del mundo, para que puedas mantenerla en alto y que todos la vean y sean bendecidos por ella. Estás intentando llegar a lo único que necesitas, a tu única función, tu meta y tu objetivo. Decídete a alcanzarla. • Luego, con los ojos cerrados, abandona todos tus pensamientos. Imagínate tu mente como una inmensa esfera de luz radiante, completamente envuelta por una capa de nubes obscuras (tus resentimientos). Desde tu posición fuera de la esfera, todo lo que puedes ver son nubes. • Ahora empieza la meditación. Como antes, puedes ver que tiene tres aspectos: 1. El movimiento básico es de viajar a través de las nubes y hacia dentro de la luz. “Extiende tu mano y, en tu mente, tócalas. Apártalas con la mano, y siente cómo rozan tus mejillas, tu frente y tus ojos a medida que las atraviesas” (6:3-4). 2. Si tu mente se distrae, repite la idea y luego continúa tu viaje a través de las nubes. 3. Sobre todo, mantén esa elevada actitud cultivada en la primera fase, una actitud de deseo (recuerda lo mucho que deseas alcanzar la luz), decisión firme (decídete a llegar allí), y confianza (date cuenta de que no puedes fracasar, porque esto está de acuerdo con la Voluntad de Dios. • Si haces tu parte correctamente, el poder de Dios hará el resto. Sentirás Su poder elevándote y llevándote dentro de la luz. Recordatorios frecuentes: Tan a menudo como sea posible (sugerencia: varias veces por hora). Di: “Mis resentimientos ocultan la luz del mundo en mí. No puedo ver lo que he ocultado. Mas por mi salvación y por la salvación del mundo, deseo que me sea revelado (por Dios). Respuesta a la tentación: Siempre que te sientas tentado de albergar un resentimiento. Di: “Si abrigo este resentimiento, la luz del mundo quedará velada para mí”. Comentario Yo soy la luz del mundo, pero la luz no puede brillar hacia fuera porque mis resentimientos la ocultan. Cuando abandono mis resentimientos, la luz es liberada, y libera a mi hermano y a mí mismo. Mi función con todo el que me encuentro es compartir mi salvación con él. La práctica de hoy es otro intento de “llegar a la luz en ti” (2:1), en otras palabras, de volverme consciente de mi Ser tal como Dios Lo creó, completamente amoroso y completamente digno de ser amado. Fíjate en que la forma de esta práctica es semejante a lo que ya hemos visto antes, es una práctica que se repite a menudo en el Libro de Ejercicios de maneras diferentes. En general, se trata de intentar ir a través o dejar atrás, o abandonar los pensamientos que normalmente ocupan nuestra mente, establecernos en la quietud profunda de nuestro interior, y más allá de mis pensamientos de la superficie llegar a algo muy profundo dentro de mí, al Ser del que normalmente no soy consciente. Éste es el método de meditación del Curso. Es una de las herramientas que nos da el Libro de Ejercicios, y debería aprenderse y usarse incluso después de que la práctica del Libro de Ejercicios haya terminado.

A lo que estamos intentando llegar es “aquello que nos es más querido que ninguna otra cosa” (3:1). Llegar, encontrarlo, y liberarlo al mundo es nuestro único propósito y nuestra única función en la tierra. “Aprender lo que es la salvación es nuestra única meta” (3:4). Me encantan las conmovedoras imágenes de esta frase: “Estamos tratando de descorrer el velo y de ver las lágrimas del Hijo de Dios desaparecer a la luz del sol” (2:5). ¿Puedes sentir como yo ese tirón, ese vivo deseo de liberar la luz del mundo que está en ti? “Hay una luz que este mundo no puede dar. Mas tú puedes darla, tal como se te dio a ti. Y conforme la des, su resplandor te incitará a abandonar el mundo y a seguirla. Pues esta luz te atraerá como nada en este mundo puede hacerlo” (T.13.VI.11:1-4).

ECCIÓN 70

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11 MARZO

“Mi salvación procede de mí”

Instrucciones para la práctica
Propósito: Darte cuenta de que la salvación no está fuera de ti, que tanto la enfermedad como el remedio están dentro, y que estás unido a Dios en querer el remedio para ti mismo. Ejercicios más largos: 2 veces, duración de diez a quince minutos. • Repite: Mi salvación procede de mí. No puede proceder de ninguna otra parte”. • Cierra los ojos y durante varios minutos repasa lugares externos en los que has buscado la salvación: personas, posesiones, situaciones, acontecimientos, imágenes de ti mismo. Di: “Mi salvación no puede proceder de ninguna de esas cosas (intenta de verdad sentir esto). Mi salvación procede de mí, y sólo de mí”. • Luego entra de nuevo en meditación, intentando una vez más atravesar las nubes y llegar a la luz en ti. Utiliza la misma técnica de ayer (puedes repasar esas instrucciones si lo deseas). Hoy la diferencia está en que las nubes, en lugar de ser tus resentimientos, son las cosas externas en las que has buscado la salvación. Ya que tu mente se ha quedado aferrada a estas nubes (patrones de conducta), puede resultar poco fácil no quedarse enganchado en ellas. No importa qué método utilices para dejar atrás las nubes, lo que importa es tu deseo y decisión firme de dejarlas atrás. Un método que te puede ser muy útil es imaginar que Jesús te lleva de la mano al atravesar las nubes hacia la luz. Él dice que si lo haces así, no será una imaginación. Observaciones: Ahora que vamos a subir a dos periodos de práctica más largos, tienes que hacer lo mismo que antes: decidir de antemano cuando harás esas sesiones más largas y luego esforzarte para mantener esa decisión. Para acordarte de por qué es importante, lee las “observaciones” del comentario de la Lección 65. Recordatorios frecuentes: A menudo. Di: “Mi salvación procede de mí. No hay nada externo a mí que me pueda detener. En mí se encuentra la salvación del mundo y la mía propia”. Mientras dices esto, recuerda que únicamente tus propios pensamientos pueden impedir tu progreso. Esto te pone a ti a cargo de la salvación. Comentario

El mensaje de esta lección es una de las enseñanzas centrales del Curso. La culpa y la salvación están en mi propia mente, y no en otro sitio. “La culpabilidad es sólo una invención de la mente” (1:5) Es muy tentador poner la culpa de mis problemas en algún lugar fuera de mí. Instintivamente evito aceptar la responsabilidad de cualquier problema que tenga, y la idea de que todos ellos están en mi mente y en ningún otro sitio es aplastante. Sin embargo, considera las consecuencias de la otra alternativa: que la fuente de mis problemas y de mi culpa están fuera de mí. Si ése es el caso, soy una víctima indefensa de estas fuerzas externas. No puedo hacer nada al respecto, excepto despotricar y criticar, lanzando insultos y culpa, y pedir misericordia de unos poderes a los que no les importo. Sin embargo, si mis problemas se encuentran únicamente en mi propia mente, entonces puedo hacer algo al respecto. De hecho, sólo yo puedo hacer algo, y nada externo a mí me puede impedir que lo haga. “No hay nada externo a mí que me pueda detener” (10:7). Yo tengo todo el control, mi salvación procede de mí, y sólo de mí. No dependo de nada de fuera de mí mismo, y por lo tanto ya soy libre. El “costo” de reconocer que la salvación procede de mí y de ningún otro sitio es que tengo que abandonar cualquier idea de que la “caballería” va a aparecer a rescatarme. “Nada externo a ti puede salvarte ni nada externo a ti puede brindarte paz” (2:1). Nada ni nadie puede hacerlo por mí. Depende de mí. Mi pareja no lo va a hacer por mí. Mi posición y mis riquezas no lo van a hacer por mí. Mi psiquiatra no lo va a hacer por mí, tampoco mi maestro o gurú. Ni siquiera Jesús lo hará por mí. El Curso no lo hará por mí. Cualquiera de estos o todos ellos pueden apoyarme, ayudarme, animarme; sin embargo, al final, mi salvación vendrá de mí mismo, de las elecciones de mi propia mente. “La idea de hoy te pone a cargo del universo, donde te corresponde estar por razón de lo que eres” (2:3). Impresionante y un poco alarmante. Yo no quiero creer que tengo tal poder, pero el no creerlo es lo que me metió en este lío. Ahí está mi enfermedad. ¡Buenas noticias! Dios quiere que sanemos y seamos felices, y nosotros también. Por lo tanto, nuestra voluntad es una con la de Dios. Hemos estado eligiendo la enfermedad pero realmente no la queremos, porque nos hace desgraciados. Así que podemos estar de acuerdo con Dios y elegir de nuevo, elegir estar bien en lugar de enfermos. En el ejercicio de hoy nos imaginamos a nosotros mismos apartando de nuevo las nubes para llegar a la luz. Ayer las nubes representaban nuestros resentimientos; hoy, representan las cosas en las que hemos buscado la salvación. “No puedes encontrarla (la salvación) en las nubes que rodean la luz, y es ahí donde la has estado buscando” (8:2). Por extraño que parezca, los resentimientos y los objetos en los que hemos buscado la salvación no son tan diferentes; un resentimiento contra un hermano es también una afirmación de que algo de ese hermano nos hace desgraciados, lo que le convierte también en una posible fuente de salvación: yo sería feliz si él cambiara. Ver la salvación fuera de mí mismo o tener un resentimiento son medios por los que cedo mi poder y niego mi única responsabilidad por el universo de mi mente. En el ejercicio de apartar las nubes, Jesús nos dice: “Si te resulta útil, piensa que te estoy llevando de la mano, y que te estoy guiando. Y te aseguro que esto no será una vana fantasía” (9:3-4). Para algunos de nosotros, nos será útil imaginarnos agarrándonos a la mano de Jesús y siendo conducidos a través de las nubes. Para otros, la imagen puede resultar más desconcertante que útil; quizá es necesario sanar nuestra relación con él antes de que esa imagen nos resulte atrayente; por lo pronto yo encuentro inmensamente útil imaginar a alguien que ya ha estado ahí y que ha vuelto, y que quiere guiarme en el proceso. Él no puede hacerlo por mí, pero con total seguridad puede ayudarme.

A veces pienso en Jesús como la parte de mi mente que ya ha despertado. Y él es parte de mí, tal como tú lo eres, y como todos lo son. Él no es un ser divino impresionante a quien no puedo siquiera parecerme. Él es yo, recordando. Él es yo, despierto. Tomar su mano es identificarme con el Cristo en mí. ¡Ve derecho a la luz hoy!

LECCIÓN 71

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12 MARZO

“Sólo el plan de Dios para la salvación tendrá éxito”

Instrucciones para la práctica
Propósito: Reconocer de verdad que sólo el plan de Dios funciona y alegrarnos de ello, pues significa escaparnos de la desesperanza del plan del ego y de lo inútil de intentar seguir los dos planes al mismo tiempo. Ejercicios más largos: 2 veces, duración diez a quince minutos. • La primera parte es otro ejercicio de pensar en la idea del día. Concretamente, piensa en las dos partes de la idea. Primera parte: El plan de Dios tendrá éxito. Según las últimas lecciones, el plan de Dios se refiere a entrar en contacto con la luz interna y abandonar los resentimientos, todo lo cual supone cambiar tu mente. Segunda parte: otros planes no tendrán éxito. Esta lección nos dice que el plan del ego consiste en buscar la felicidad fuera de ti mismo, albergar resentimientos cuando lo de fuera no colabora, y negarte a cambiar tu mente. Basándote en la lógica de tu experiencia, intenta llegar a la conclusión de que sólo el plan de Dios tiene la única esperanza de darte felicidad de verdad. • La segunda parte es el primer ejercicio de pedir ayuda del Libro de Ejercicios. Pídele a Dios que te revele Su plan para ti hoy. Pregunta: “¿Qué quieres que haga? ¿Adónde quieres que vaya? ¿Qué quieres que diga y a quién?” La buena voluntad que estás demostrando sólo con hacer esto te da derecho a una respuesta, así que escucha con confianza. “No te niegues a oírla” (9:8). Una vez que preguntes, escucha la más ligera indicación interior, no necesita venir en palabras. Si no oyes nada, puedes repetir la pregunta, haciéndola más concreta: “¿Qué quieres que haga hoy?” o “¿Dónde quieres que vaya después de comer?” Recordatorios frecuentes: 6 o 7 por hora, durante medio minuto o menos. Repite la idea como una afirmación de dónde procede realmente tu salvación. Respuesta a la tentación: Siempre que te sientas tentado de guardar un resentimiento. Mantente alerta a los resentimientos durante todo el día. Responde a cada uno diciendo: “Abrigar resentimientos es lo opuesto al plan de Dios para la salvación. Y únicamente Su plan tendrá éxito”. Comentario Después de que ayer se nos dijera que la salvación procede de mí y sólo de mí, es un poco fastidioso que se nos diga que sólo el plan de Dios tendrá éxito y que el plan en el que yo creo (que es el del ego) no vale para nada. Parece como dar y luego quitar, ¿no? Pero en realidad no dice nada diferente. El plan del ego consiste en buscar la salvación fuera de mí mismo; el plan de Dios está totalmente centrado en el cambio de mi mente. En el plan de Dios, la salvación procede de mí; en el del ego, procede de cualquier lugar excepto de mí.

Para el ego, la salvación significa “que si tal persona actuara o hablara de otra manera, o si tal o cual acontecimiento o circunstancia externa cambiase, tú te salvarías” (2:2). Desde el punto de vista del ego, básicamente yo soy bueno, yo soy la víctima inocente; el problema está en algo fuera de mí. Siempre que estoy pensando: “Si esto fuera diferente, me sentiría bien”, estoy creyendo en el plan del ego para la salvación, porque estoy exigiendo “el cambio de mentalidad necesario para la salvación… a todo el mundo y a todas las cosas excepto” a mí mismo (2:5). No tropieces con la frase de sonido religioso “plan para la salvación”. Puede sonarte a algún folleto barato de Biblia anunciando “el plan de Dios para la salvación”. En ellos a lo que se refiere la salvación se resume en “yo estaría bien, mis problemas se solucionarían”, y el plan del ego afirma afirmaba: “Si esto fuera diferente, yo me salvaría”. En el plan del ego, el único propósito de la mente es calcular lo que tiene que cambiar para que yo me salve (lo que da por sentado que no soy yo lo que tiene que cambiar). El ego nos dejará elegir cualquier cosa que no funcione (lo que incluye todo lo que miro, cosas fuera de mí mismo, ya que la salvación procede de mí y no de algo fuera de mí). El ego me hace buscar en todos los sitios excepto en el único lugar en el que está la respuesta: en mi propia mente. El plan de Dios para la salvación es que yo la busque donde está: en mí mismo. Sin embargo, para que este plan funcione hay una condición: tengo que buscar en mí mismo y en ningún otro lugar. No puedo buscar la salvación en mí mismo y fuera. Esto únicamente divide mis esfuerzos entre dos planes diferentes. Hay dos partes en la idea de hoy: 1) El plan de Dios tendrá éxito, y 2) otros planes (por ejemplo, los planes que yo hago) no tendrán éxito. La lección da a entender que la segunda parte puede parecer deprimente. Podemos sentir una llamarada de ira. De hecho, lo que nos impide sencillamente aceptar el plan de Dios es que queremos tener la razón, queremos que nuestros planes tengan éxito. Preferimos tener la razón a ser felices, aunque la mayoría de las veces no nos damos cuenta de ello. Pero el plan del ego consiste en guardar resentimientos. ¿No has sentido alguna vez la experiencia de darte cuenta de que podrías abandonar un resentimiento y ser feliz, pero que de algún modo parece estupendo estar enfadado? No quieres abandonar el resentimiento. Prefieres tener la razón a ser feliz. La lección dice: “Únicamente puedes salvarte al cambiar tu mente. No tiene que cambiar nada de fuera para que tú seas feliz. Puedes elegir la felicidad, en este mismo instante”. ¿Y nuestra respuesta típica? “El infierno, ¡no! Yo quiero ser feliz, pero antes él tiene que cambiar”. Nos estamos aferrando a nuestro plan para la salvación y rechazando el de Dios. Sorprendentemente, la práctica de hoy no trata principalmente de abandonar resentimientos, o de buscar dentro la salvación. Trata de escuchar. Trata de pedir que Dios nos guíe. Lo importante es que quitemos las manos de las riendas de nuestra vida y Le demos las riendas a Dios. Si podemos aprender a hacer eso, podemos empezar a aprender que Su plan funciona mejor que el nuestro.

LECCIÓN 72

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13 MARZO

“Abrigar resentimientos es un ataque contra el plan de Dios para la salvación”

Instrucciones para la práctica
Propósito: Dejar de atacar el plan de Dios como si fuera algo que no es. Y en su lugar, darle la bienvenida tal como es, y darte cuenta de que ya se ha llevado a cabo en ti.

Ejercicios más largos: 2 veces, durante diez a quince minutos. Éste es otro ejercicio de tratar de oír la Voz de Dios. Esta vez Le estás preguntando a Dios cuál es Su plan para la salvación, para cambiar tus suposiciones acerca de lo que es. Tus resentimientos te han representado a Dios a tu semejanza, como un cuerpo que se siente injustamente tratado por el mal comportamiento de otros (lo que incluye tu mal comportamiento). Desde este punto de vista, tu reconciliación con Él, Él exige (como cualquier ego) que sacrifiques tus placeres por él y pagues el precio por tus delitos. ¿No ves que este punto de vista acerca de Su plan es la razón por la que lo has rechazado? En la sesión de práctica, deja de lado tus suposiciones sobre lo que es el plan de Dios y pregúntale a Él lo que es. Pregunta de todo corazón: “¿Qué es la salvación, Padre? No lo sé. Dímelo, para que lo pueda entender”. Mientras escuchas, la actitud que tienes es importantísima. Ten confianza de que Él te contestará. “Resuélvete a escuchar” (12:6). Cuando sientas que tu confianza disminuye, repite la pregunta de nuevo, conscientemente, “recordando que le estás preguntando al infinito Creador de lo infinito, Quien te creó a semejanza de Sí Mismo” (12:1). Puede ayudarte cambiar las palabras de las frases. Por ejemplo: “¿Cuál es Tu plan para la salvación? Renuncio a mis suposiciones. Quiero entenderlo de verdad”. Escucha la más ligera indicación. Confía en lo que escuchas. Puedes escribirlo después si quieres. Recordatorios frecuentes: 1 o quizá 2 por hora, durante un minuto o así. Di: “Abrigar resentimientos es un ataque contra el plan de Dios para la salvación. Permíteme aceptarlo en lugar de atacarlo. ¿Qué es la salvación, Padre?” Luego espera en silencio y escucha Su respuesta, mejor con los ojos cerrados. Comentario Ésta es una lección larga y nada fácil. El alcance de las ideas presentadas aquí es de enormes proporciones, incluso para el alumno avanzado del Curso (incluido yo). No hay modo de que yo dé una explicación detallada de todas las ideas en este breve comentario, así que principalmente voy a centrarme en unas pocas ideas interesantes. La fuerza del argumento aquí es que albergar resentimientos siempre está relacionado con el comportamiento de un cuerpo. De este modo, los resentimientos confunden a la persona con su cuerpo; se basan en la suposición de que lo que somos es un cuerpo, y que lo que Dios creó son cuerpos. Puesto que los cuerpos mueren, Dios es un mentiroso cuando promete vida. La muerte es el último castigo por nuestros pecados, y eso es lo que Dios nos da. Entonces el ego entra en escena en el papel de “salvador” diciéndonos: “Muy bien, eres un cuerpo. Así que apodérate de lo que puedas” (6:6). Vemos la salvación como algo relacionado con el cuerpo. O bien odiamos nuestro cuerpo y lo humillamos o lo amamos y tratamos de exaltarlo (7:2-3). “Mientras tu cuerpo siga siendo el centro del concepto que tienes de ti mismo, estarás atacando el plan de Dios para la salvación” (7:4). ¿Por qué? Porque el plan de Dios no tiene nada que ver con el cuerpo, tiene que ver con la mente, el ser que tú eres. Una cosa muy importante que el Curso está intentando hacernos entender es que no somos cuerpos: “El cuerpo es lo que está fuera de nosotros, y no es lo que nos concierne. Estar sin un cuerpo es estar en nuestro estado natural” (9:2-3). Esto va en contra de nuestra percepción habitual. La suposición universal acerca del hombre es que estamos dentro de nuestros cuerpos. Decir que el cuerpo está fuera de nosotros parece no tener sentido en absoluto. Pero en realidad, no es una idea tan inconcebible. Hay un modo de entender cómo nuestra consciencia puede parecer que está en el cuerpo cuando en realidad está en otro sitio.

Muchos de vosotros habréis oído hablar de la realidad Virtual (RV), es decir, un mundo artificial que puedes experimentar a través de un ordenador. Mi hijo, Ben, está haciendo el doctorado en Informática en la facultad de Georgia, centrándose en RV. No hace mucho visitó unos laboratorios de RV en Japón donde estaban experimentando con RV en relación con robots. Se puso un casco de RV (de modo que sus ojos y oídos entonces contemplaban y oían lo que se proyectaba en la pantalla de su casco o sonaba a través de los altavoces); llevaba un brazalete de RV en el brazo y en la mano. Éstos estaban conectados a un robot, que tenía una cámara y un micrófono sobe su “cabeza”, su brazo y mano mecánicos respondían a los movimientos del brazo y de la mano de Ben. Ben estaba viendo lo que el robot “veía”, oyendo lo que “oía”, y cogiendo objetos con la mano del robot. Luego tuvo una experiencia muy extraña. Giró su cabeza (la del robot), miró al otro extremo de la habitación, y vio su cuerpo de carne sentado en el otro extremo, llevando puesto aquel raro artilugio. La consciencia de Ben estaba dentro del robot, aunque su cuerpo estaba al otro lado de la habitación. Él parecía estar separado de su cuerpo. Creo que nuestros cuerpos se parecen mucho a ese robot de RV. Nuestra mente recibe sólo la información de los ojos y los oídos del cuerpo, así nos engañan haciéndonos pensar que estamos dentro de él. En realidad estamos “en otro lugar”, no dentro del cuerpo. Verdaderamente, lo que vemos en nuestro cuerpo es sólo realidad virtual. De hecho, el cuerpo está “fuera” de nosotros, y estar sin un cuerpo es nuestro estado natural. Uno de los objetivos del Curso es ayudarnos a “ver que nuestro Ser es algo separado del cuerpo” (9:5). Espero que estos pensamientos te ayuden a tener en cuenta esa posibilidad. Las sesiones de práctica pretenden que nos concentremos en preguntar: “¿Qué es la salvación, Padre? No lo sé” (10:6-7).La intención es que abandonemos las ideas que tenemos acerca de la “salvación”, que giran todas alrededor del cuerpo, ya sea glorificándolo o humillándolo, para que otra cosa ocupe el lugar de esas ideas. La salvación está en la aceptación de lo que somos, y lo que somos no es un cuerpo. La lección deja la respuesta acerca de la salvación a nuestra escucha interior. Dice que si escuchamos, se nos contestará (11:3; 12:5).

LECCIÓN 73

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14 MARZO

“Mi voluntad es que haya luz”

Instrucciones para la práctica
Propósito: Otro intento de llegar a la luz en ti, que te mostrará el mundo real. Ejercicios más largos: 2 veces, duración de diez a quince minutos. Veo esta lección muy parecida a la Lección 69, donde pasaste una primera fase pensando en lo mucho que quieres encontrar la luz en ti y luego, en la fase final, entraste en meditación en la que verdaderamente intentabas llegar a esa luz. • Pasa varios minutos pensando en que la salvación es tu verdadera voluntad, lo que quieres de verdad. (Para prepararte, te recomiendo que vuelvas a leer 6-9, poniendo a menudo tu nombre mientras lo haces). Piensa en que la salvación es tu voluntad, no un propósito extraño que se te impone. Puesto que llegar a la luz es tu voluntad, puedes tener confianza en tu intento de encontrarla hoy. Durante tu meditación lleva esta actitud de “alcanzar la luz es mi voluntad”.


Luego, “con templada determinación y tranquila certeza” (10:1), dite a ti mismo: “Mi voluntad es que haya luz. Quiero contemplar la luz que refleja la Voluntad de Dios y la mía”. El resto del periodo de práctica es una meditación en la que intentas llegar a la luz en ti. Mantén tu verdadera voluntad en la mente y déjala que, unida a Dios y a tu Ser, te lleve a la resplandeciente luz en el centro de tu mente. Recuerda responder a las distracciones con la idea y, sobre todo, recuerda mantenerte en contacto con tu voluntad de experimentar la luz.

Recordatorios frecuentes: Varios cada hora. Di: “Mi voluntad es que haya luz. La obscuridad no es mi voluntad”.Si lo dices como una auténtica “declaración de lo que realmente deseas” (11:1), obtendrás más de ello. Respuesta a la tentación: Siempre que te sientas tentado a albergar un resentimiento. Es importante decir: “Mi voluntad es que haya luz. La obscuridad no es mi voluntad”. Recordar que no es tu voluntad guardar resentimientos te liberará de aferrarte a ellos. Comentario Ésta es una lección sobre nuestra voluntad: “la voluntad que compartes con Dios” (1:1). Me gustaría centrarme sólo en lo que en esta lección se dice sobre nuestra voluntad. Primero, es una voluntad que compartimos con Dios. Es decir, el Curso dice que nuestra voluntad es idéntica a la Voluntad de Dios. Queremos lo mismo que Dios quiere para nosotros, porque fuimos creados como extensiones de Su Voluntad; ¿qué otra cosa puede ser nuestra voluntad sino la misma que la Suya? “Tu paternidad y tu Padre son uno. La Voluntad de Dios es crear, y tu voluntad es la Suya. De ello se deduce, pues, que tu voluntad es crear, toda vez que tu voluntad procede de la Suya. Y al ser tu voluntad una extensión de la Suya tiene que ser, por lo tanto, idéntica a la de Él” (T.11.I.7:6-9). Nuestra “verdadera” voluntad (que según la definición del Curso es nuestra única voluntad) no es lo mismo que los deseos del ego: la enorme variedad de pensamientos que parecen estar en conflicto con la Voluntad de Dios y con la de todos. Desde el punto de vista del Curso éstos no son nuestra voluntad, únicamente son deseos del ego. Un deseo de atacar, no importa cuánto podamos identificarnos con él, no puede ser nuestra voluntad; sólo puede ser un vano deseo del ego. Nuestra voluntad representa a nuestro Ser tal como Dios nos creó, cualquier cosa que parezca venir de una fuente diferente no es voluntad sino deseo. Concretamente lo que esto significa es que los pensamientos de nuestro ego no son parte de nuestro verdadero Ser, y que en realidad no los queremos. “La voluntad que compartes con Dios encierra dentro de sí todo el poder de la creación” (1:3). Por lo tanto, nuestra voluntad tiene que cumplirse, nada puede oponerse a ella. Tendremos lo que de verdad queremos porque nuestra voluntad tiene todo el poder de la creación, mientras que los deseos del ego no tienen ningún poder en absoluto. Creemos en la ilusión de que los deseos de nuestro ego lo pueden casi todo, y lo que pensamos de nuestra más elevada voluntad a menudo parece débil en comparación. Esto no es verdad. Únicamente puede parecer que es verdad durante un tiempo limitado; finalmente, la voluntad de nuestro Ser debe hacerse inevitablemente. “Pierdes conciencia de tu voluntad en este extraño intercambio” (3:1). Nuestra consciencia no está en contacto con la voluntad de nuestro Ser. La necesidad de resentimientos de nuestro ego ha fabricado figuras en nuestra mente, “figuras que parecen atacarte” (2:2), imágenes del pasado

que ponemos sobre nuestras percepciones en el presente, así podemos reaccionar a las personas en el presente como si fuesen las figuras de nuestro pasado. Este tráfico de resentimientos ha ocultado de nuestra consciencia nuestra verdadera voluntad, cubriéndola con los deseos del ego haciendo que esos deseos parezcan nuestra voluntad. Y ya no somos conscientes de qué es lo que queremos de verdad. “¿Iba a crear la Voluntad que el Hijo comparte con su Padre semejante mundo?” (3:2). La respuesta es “No”. ¿Cómo podríamos haber querido un mundo de ataque y de juicios? Está claro que esto no es algo que pueda desear nadie. El mundo que vemos refleja los deseos del ego, no nuestra voluntad. “Hoy trataremos una vez más de ponernos en contacto con el mundo que está de acuerdo con tu voluntad” (4:1). Éste es el “mundo real”, tal como el Curso lo define. Hay un mundo que está de acuerdo con nuestra voluntad. No lo vemos ahora, pero podemos verlo. “Sin embargo, la luz que resplandece sobre dicho mundo es un reflejo de tu voluntad. Por lo tanto, es dentro de ti donde la buscaremos” (4:5-6). El mundo real refleja nuestra verdadera voluntad, lo que verdaderamente queremos en nuestro Ser eterno. La luz que brilla sobre el mundo está en nosotros, y podemos encontrar ese mundo buscando la luz dentro de nosotros. “El perdón despeja las tinieblas, reafirma tu voluntad y te permite contemplar un mundo de luz” (5:4). El perdón permite que abandonemos los resentimientos, eliminando así los puntos obscuros en nuestra mente que estamos proyectando como manchas obscuras sobre el mundo, al igual que una mota de polvo en un proyector de películas proyecta una mancha negra sobre la pantalla. El perdón nos permite ver el mundo tal como nuestro Ser quiere verlo de verdad, el perdón reafirma nuestra voluntad. “El sufrimiento no es felicidad, y la felicidad es lo que realmente deseas” (6:5). Parece tonto decir algo como “el sufrimiento no es felicidad”, y sin embargo a menudo lo tratamos como si fuese felicidad. Parecemos preferir nuestro dolor a arriesgarnos a algo nuevo; por lo menos sabemos cómo sufrir, y por raro que perezca tenemos miedo de que no sabremos cómo actuar si somos felices. Pero en realidad no queremos sufrir, ¿cómo vamos a quererlo? ¿Cómo va a quererlo alguien? En realidad, nuestra voluntad es la felicidad. “Y, por lo tanto, la salvación es asimismo tu voluntad” (6:7). Si queremos felicidad, queremos la salvación, porque la salvación es felicidad. Salvación significa felicidad. Queremos liberarnos del sufrimiento, queremos ser felices. A veces me sorprende lo poderoso que puede ser este mensaje. La mayor parte del tiempo parece como si yo tuviera una mente dividida: parte de mí quiere ser feliz, y parte de mí estropea mis esfuerzos. ¿No es extraño lo habitual que es este pensamiento: “Es demasiado bueno para durar”? O ¿“Nada dura para siempre”? O ¿“En toda vida tiene que caer un poco de lluvia”? Algo en nosotros nos dice que no podemos ser felices todo el tiempo, que no nos lo merecemos, o incluso que no podríamos soportarlo. ¡Ideas ridículas! La voluntad de nuestro verdadero Ser, con todo el poder de la creación apoyándole, es que seamos felices. Por lo tanto, lo seremos. Tiene que ser así. “Quieres aceptar el plan de Dios porque eres parte integrante de Él. No tienes ninguna voluntad que realmente se pueda oponer a ese plan, ni tampoco es ése tu deseo” (7:2-3) ¡Realmente quiero la Voluntad de Dios, mi voluntad es la misma que la Suya! Quiero aceptar la salvación. No hay ninguna parte de mi voluntad que se oponga a ello; únicamente los vanos y míseros deseos del ego parecen oponerse. Así que no puedo perder; no puedo fracasar. Mi voluntad no es diferente de la de Dios.

“Por encima de todo, quieres tener la libertad de recordar quién eres realmente. Hoy es el ego el que se encuentra impotente ante tu voluntad. Tu voluntad es libre, y nada puede prevalecer contra ella” (7:5-7) El poder de tu voluntad y de la mía puede traer luz a este mundo si elegimos reclamarla. Sencillamente nos damos cuenta de lo que queremos y decimos: “Mi voluntad es que haya luz”. Y habrá luz. Tal como Dios dijo: “Hágase la luz”, y hubo luz. Porque nuestra voluntad es creativa como la Suya.

LECCIÓN 74

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15 MARZO

“No hay más voluntad que la de Dios”

Instrucciones para la práctica
Propósito: Darte cuenta de que no puedes estar en conflicto, porque tu voluntad y la voluntad de todos es la Voluntad de Dios. Experimentar la paz que procede de este hecho. Ejercicios más largos: 2 veces, duración de diez a quince minutos. • Di: “No hay más voluntad que la de Dios. No puedo estar en conflicto.” Repite estas frases de una manera especial: “varias veces, lentamente y con la firme determinación de comprender su significado y de retenerlos en la mente” (3:1). • Luego durante varios minutos deja que te vengan pensamientos relacionados. Recuerda tu entrenamiento en esto. • Si te vienen pensamientos acerca de conflictos en tu vida, rápidamente deséchalos diciendo: “No hay más voluntad que la de Dios. Estos pensamientos conflictivos no significan nada.” Si un conflicto determinado continúa intentando introducirse, sepáralo. Brevemente identifica a la persona y situación de que se trata y di: “No hay más voluntad que la de Dios. Yo la comparto con Él. Mis conflictos con respecto a____ no pueden ser reales.” Probablemente necesitarás tener los ojos abiertos durante esta parte para consultar las frases que tienes que repetir. • En este momento, tu mente debería estar despejada y preparada para volverte hacia dentro. El resto del ejercicio es una meditación en la que te sumerges hacia abajo y adentro, al lugar de paz en el que la Voluntad de Dios es tu voluntad. Si estás teniendo éxito, sentirás una paz gozosa y despierta. Niégate a caer en una falsa paz de ensimismamiento. Repite la idea tan a menudo como necesites para salir de él. Observaciones: Los comentarios de los párrafos 5 y 6 están entre los más importantes del Libro de Ejercicios acerca de la meditación. Deberías tenerlos presentes en cada meditación. Por una parte, te dice que no confundas la meditación con retirarte de los conflictos de la vida a un mundo de fantasía mental. Por otra parte, te pide que hagas todo lo que puedas para evitar esa retirada. Esto significa: no te dejes llevar a la deriva dentro de ese adormilamiento de falsa paz en que puede terminar fácilmente la meditación. La verdadera paz es despierta y gozosa, no adormilada y perezosa. Cuando empieces a caer en el ensimismamiento, repite la idea para sacar a tu mente de él. “Haz esto cuantas veces sea necesario” (6:4). Es mejor hacer esto una y otra vez, aunque no encuentres la paz que buscas, que quedarse dormido en esa bruma adormilada. Recordatorios frecuentes: A intervalos regulares que puedes elegir de antemano (sugerencia: cada media hora), durante uno o dos minutos. • Di: “No hay más voluntad que la de Dios. Hoy busco Su paz.”

Luego haz una breve meditación en la que intentas encontrar esa paz, con los ojos cerrados si es posible.

Comentario Esta lección afirma que esta idea “se puede considerar como el pensamiento central hacia el cual se dirigen todos nuestros ejercicios” (1:1). El Curso hace afirmaciones semejantes sobre ideas que parecen totalmente diferentes de ésta, por ejemplo: “¡El mundo no existe!” (L.132.6:2). Sin embargo, todas las ideas identificadas como “pensamiento central” pueden resumirse a lo que podemos llamar “no-dualismo”. Es decir, Dios no tiene opuesto, no existe nada aparte de Él y de Sus creaciones. El demonio no existe, ni ningún poder que se oponga a Él, ni nada que exista separado de Él y pueda tener una voluntad diferente. Decir que nada puede tener una voluntad diferente de la de Dios nos incluye a nosotros. El resultado de creer esto es que el conflicto abandona nuestra mente. ¿Cómo puede estar nuestra mente en conflicto si no tenemos una voluntad en conflicto con la de Dios? Aunque, ¿qué podemos decir de nuestra experiencia habitual de querer cosas que pensamos que se oponen a Dios, o de querer hacer lo que Él no quiere que hagamos? ¿O incluso algo más terrenal como sentirnos divididos entre deseos conflictivos? Si no hay más voluntad que la de Dios, ¿cómo es posible tal experiencia? La respuesta real es: no es posible, a menos que se trate de ilusiones: “Sin ilusiones el conflicto no es posible” (2:4). El conflicto sólo existe entre dos ilusiones. En la realidad no hay conflicto, y tampoco entra en conflicto la realidad con las ilusiones: “La guerra contra ti mismo no es más que una batalla entre dos ilusiones… No existe conflicto alguno entre ellas y la verdad… La verdad no lucha contra las ilusiones ni las ilusiones luchan contra la verdad. Las ilusiones sólo luchan entre ellas.” (T.23.I.6:1-2; 7:3-4) Cuando parece que hay una voluntad opuesta a la de Dios, ya sea fuera de nosotros o dentro de nosotros, estamos viendo ilusiones. “No hay más voluntad que la de Dios. No puedo estar en conflicto” (3:2-3). Ésta es la verdad. A menudo he descubierto que los pensamientos conflictivos en mi mente se calman simplemente al reconocer que no significan nada y que el conflicto no puede ser real. No es posible la paz si creo que mi mente puede estar en conflicto, pero cuando me doy cuenta de que no puedo estar en conflicto, el resultado es una paz increíble. Hay una observación muy interesante en el párrafo 5 acerca de distinguir la realidad de los sentimientos de paz como lo opuesto de la falsa paz que resulta del abandono y la represión. Según 5:4, la paz verdadera produce “una profunda sensación de dicha y mayor agudeza mental”, mientras que la falsa paz produce “somnolencia y debilitamiento”. En nuestros intentos de entrar en la quietud y sentir nuestra paz, se nos aconseja que evitemos el abandono y que nos llevemos de regreso a la atención vigilante mediante la repetición de la idea de hoy. “Es ciertamente ventajoso negarse a buscar refugio en el ensimismamiento, aun si no llegas a experimentar la paz que andas buscando” (6:5). De esto podemos suponer que incluso el conflicto consciente es mejor que el conflicto reprimido, aunque el propósito es darnos cuenta de la irrealidad del conflicto y de este modo experimentar la paz. Otro pensamiento: Éstas son instrucciones muy detalladas para la meditación, y muestran que se confía en que los alumnos están intentando hacer estos ejercicios durante diez o quince minutos dos veces al día.

LECCIÓN 75

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16 MARZO

“La luz ha llegado”

Instrucciones para la práctica
Propósito: Dejar a un lado tus percepciones sin perdón del mundo y contemplarlo con la visión. Hoy es un día de celebración especial, pues será un nuevo comienzo: “el comienzo de tu visión y del panorama que ofrece el mundo real” (11:2). Ejercicios más largos: 2 veces, duración de diez a quince minutos. • Dite a ti mismo, como si estuvieras anunciándote “las buenas nuevas de tu liberación” (5:3): “La luz ha llegado. He perdonado al mundo”. • El resto de la sesión de práctica es un ejercicio de intentar ver el mundo que la visión te muestra. Empieza retirando conscientemente todo el significado que le has dado al mundo. Imagínate que tu mente está “libre de todas las ideas del pasado y de todo concepto que hayas inventado” (6:2). Imagínate que “todavía no sabes qué aspecto tiene (el mundo) (6:5). Este acto de limpiar los significados que has escrito sobre el mundo es también un acto de perdonar al mundo, y esto es lo que te concede la visión. • Luego espera, con los ojos abiertos, para que te llegue la visión. Mientras lo haces, con paciencia y lentamente repite de vez en cuando: “La luz ha llegado. He perdonado al mundo”. La actitud principal a tener mientras esperas es de confianza, de que experimentarás la visión porque “tu perdón te da derecho a la visión” (7:1), y porque el Espíritu Santo está ahí contigo y no fallará en darte el regalo de la visión. Mientras esperas dite estas cosas a ti mismo y al Espíritu Santo, y de ese modo date a ti mismo la confianza que necesitas. Y cuando se debilite tu confianza, repite de nuevo las líneas con las que empezaste, y luego continúa esperando que te llegue la visión. Recordatorios frecuentes: Cada quince minutos. Lleno de alegría recuérdate a ti mismo que hoy es un tiempo de celebración diciendo: “La luz ha llegado. He perdonado al mundo”. Dilo con una sensación de agradecimiento a Dios. Dilo como la celebración por la sanación de tu vista. Dilo lleno de la confianza de “que este día será un nuevo comienzo” (9:5). Respuesta a la tentación: Siempre que te sientas tentado a disgustarte con alguien. No dejes que esta persona te arrastre a la obscuridad. En su lugar dile: “La luz ha llegado. Te he perdonado”. Comentario En esta lección, como en otras, el Curso habla de mí como si yo hubiese aceptado su mensaje y hubiese perdonado al mundo, como si este mismo día yo estuviese preparado para ver el mundo real, como si hubiese alcanzado su meta de paz. Quizá hoy no me siento merecedor de esa confianza. Sin embargo, si lo que hemos estado leyendo los dos últimos días es verdad, cualquier idea que yo tenga de que mi voluntad es diferente de la de Dios es sólo una ilusión. Mi verdadero Ser, del que yo soy consciente en mi mente recta, es exactamente tal como esta lección lo describe. Esta lección es la verdad acerca de mí mismo, lo haya reconocido o no. Si siento que soy hipócrita al practicar esta lección tal como se indica, no importa. Si aparecen dudas acerca de mí cuando digo: “He perdonado al mundo” (5:5; 6:9; 10:3), dejo que las dudas se queden ahí, no les doy el poder de molestarme. Simplemente estoy afirmando la verdad acerca de mí mismo. Hoy estoy en paz y llevo la paz conmigo dondequiera que yo voy (1:5). “La luz ha venido”. Me permito a mí mismo creerlo, dejo que entre este conocimiento en mi mente.

Sea cual sea mi experiencia hoy, esta lección es verdad. No puedo oponerme a lo que está dentro de mí, no puedo ser algo distinto a lo que Dios me creó. “El desenlace final es tan inevitable como Dios” (T.2.III.3:10). “Nuestro único propósito hace que la consecución de nuestro objetivo sea inevitable” (4:3). Veré el mundo real, veré el reflejo del Cielo por todas partes. ¿Siento que me falta seguridad de las palabras de la lección de hoy? Por eso precisamente necesito repetirlas. Quizá si estoy dispuesto a decirlas, a afirmar que esto es lo que quiero ser, el Espíritu Santo añadirá Su poder a mis palabras y las haga verdad para mí. Quizá incluso hoy. “La luz ha venido”. Está aquí, ahora mismo, junto a mí, disponible para mí. “El espíritu Santo estará contigo mientras observas y esperas. Él te mostrará lo que la verdadera visión ve. Ésa es Su Voluntad y tú te has unido a Él. Espéralo pacientemente. Él estará allí” (7:5-9). Así que espero. Espero “con paciencia” y no con ansiedad. Puede que lleve tiempo mostrarse, pero espero con paciencia, con confianza, sabiendo que Su promesa no puede fallar. La visión que busco vendrá a mí. “Él estará allí”. Se nos dice “Dile que sabes que no puedes fracasar en tu empeño porque confías en Él” (8:1). Así que lo digo, rezo:”Espíritu Santo, sé que no puedo fracasar porque confío en Ti”. Afirmo mi confianza en mi Ser, afirmo la verdad acerca de mí, y dejo a un lado las mentiras que he creído. Puedo tener confianza en que este día es un nuevo comienzo para mí. Algo ha cambiado dentro de mí, y sé que quiero la paz y la luz de las que habla esta lección. Sé que puesto que las quiero, debido a lo que soy, y debido a que estoy unido al poder del Espíritu Santo en quererlo y de acuerdo a la Voluntad de Dios, no puedo fracasar. El día de hoy está dedicado a la serenidad (11:1). Hoy está dedicado a la celebración del comienzo de mi visión. Me acepto mí mismo tal como Dios me creó. “La luz ha llegado”.

LECCIÓN 76

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17 MARZO

“No me gobiernan otras leyes que las de Dios”

Instrucciones para la práctica
Propósito: Entender realmente que no te gobiernan otras leyes que las de Dios, ver la libertad en esta idea, y alegrarte de que así sea. Ejercicios más largos: 2 veces, duración de diez a quince minutos. • En la primera fase, repasa brevemente las diferentes “leyes” en las que crees. Éstas incluyen las leyes corporales: tales como las leyes de la nutrición, de la medicina, y de economía; las leyes sociales: tales como las leyes de la reciprocidad y de las buenas relaciones; las leyes religiosas: que determinan lo que debes darle a Dios para que Él te garantice Sus regalos. • Rechaza estas “leyes” con el pensamiento de que no hay otras leyes que las de Dios. Luego espera en receptivo silencio oír la Voz de Dios (éste es otro ejercicio de escuchar al Espíritu Santo). Mientras escuchas, de vez en cuando repite la idea, como una invitación a la Voz de Dios para que te ayude a entender de verdad esta idea. Cuando oigas al Espíritu Santo, Él puede decirte que las leyes de Dios sólo dan, a diferencia de las “leyes” del mundo. Las leyes de Dios no piden pago por darte bendiciones sin fin. Puede continuar hablándote de todas las bendiciones que estas leyes te ofrecen, incluyendo los infinitos gozos del Cielo, todos los cuales proceden del infinito Amor de Dios por ti. Recuerda escuchar con confianza, sabiendo que incluso aunque ahora no

oigas nada, La Voz de Dios continúa todavía hablándote, y que tu escucha de hoy te acercará más a oír de verdad. Si escuchas algo, puedes escribirlo luego si quieres. Termina repitiendo la idea.

Recordatorios frecuentes: de 4 a 5 por hora (como mínimo). Repite la idea como una declaración de libertad de todas las leyes tiránicas de este mundo, y en reconocimiento de que únicamente vives bajo la bendición del Amor de Dios. Respuesta a la tentación: Siempre que te sientas sometido a las leyes de este mundo. Repite la idea. Debido a que generalmente damos por sentado las leyes de este mundo, no siempre nos damos cuenta cuándo nos sentimos oprimidos por ellas. Por lo tanto, puedes explorar tu mente de vez en cuando para buscar las cosas que te esclavizan e identificar las leyes en las que se basan. Por ejemplo, en cualquier momento dado puedes descubrir que te esclavizan las leyes del hambre, del tiempo (trabajos con límite de plazo), del dinero (puede que tengas escasez de dinero), de la dinámica social (puedes estar en una situación políticamente delicada). Observa las leyes que te están esclavizando y responde a ellas repitiendo la idea como una declaración de que te has liberado de ellas de verdad. Comentario Ésta es quizá una de las lecciones más desafiantes del Libro de Ejercicios. Se enfrenta y echa al traste toda la parafernalia de protecciones de seguridad y substitutos de la salvación que hemos inventado, y de los cuales nos hemos convencido a nosotros mismos que dependemos. Nos impacta con sus afirmaciones enérgicas. Si estamos abiertos a lo que dice, empezaremos a ver que el Curso desafía todas nuestras suposiciones básicas sobre la vida y sobre nosotros mismos. Estamos más atrincherados en las ilusiones del ego de lo que hasta ahora nos hemos dado cuenta. El punto de vista siguiente es el fondo de esta lección: 1. Somos mente perfecta y sin forma, cada uno de nosotros parte de una totalidad perfecta, pero hemos deseado separar y dividir una pequeña parte de la mente para llamarla “yo”. Además, no sólo hemos deseado hacerlo, sino que nos hemos convencido a nosotros mismos que de verdad lo hemos hecho. Nuestra sensación de identidad se limita a este pequeño fragmento de mente. Nuestra mente se siente enormemente culpable a causa de esta creencia, que es falsa. 2. Hemos inventado un mundo lleno de cuerpos por dos razones: primera, para apoyar nuestras ilusiones de separación; y segunda, para escapar de la culpa en nuestra mente proyectando esa culpa sobre el mundo y los “otros”. Nos hemos identificado principalmente con nuestro propio cuerpo, en lugar de incluso hacerlo con el pequeño fragmento de mente que percibimos como que está “dentro” del cuerpo. 3. Creyendo que somos el cuerpo, y que nosotros (nuestro cuerpo) estamos amenazados por muchas cosas en el mundo, hemos ideado una interminable lista de medios para proteger y conservar nuestro cuerpo. Éstas son las “leyes” del mundo de las que se habla en esta lección. La primera frase de la Lección 76 se refiere a una afirmación anterior, en los tres primeros párrafos de la Lección 71, que señalaban en cuántas cosas sin sentido hemos buscado nuestra salvación (que pueden entenderse como protección, o seguridad, o incluso felicidad). En la Lección 71, el factor principal acerca de cada una de estas cosas era el pensamiento: “Si esto fuera diferente, me salvaría” (L.71.2:4).La Lección 76 ahora añade el pensamiento de que “cada una de ellas te ha aprisionado con leyes tan absurdas como ellas mismas” (1:2). Por ejemplo, si buscamos buena salud física para “salvarnos”, quedamos esclavizado por un montón de leyes que gobiernan la salud: nutrición, medicina, etc.

La lección identifica muchas de las supuestas leyes a las que creemos que estamos sometidos: la necesidad de dinero ( papel moneda y discos de metal), uso de medicinas para protegernos de la enfermedad, necesidad de interacción física con otros cuerpos (sexo, compañía), leyes de la medicina, de economía, y salud (nutrición, ejercicio, sueño, vitaminas), cualquier modo que utilizamos para proteger el cuerpo, “leyes” de la amistad y reciprocidad (ser justo), incluso leyes “religiosas”. No estamos aprisionados por ninguna de estas leyes (1:3). Ésta es una afirmación sorprendente y casi increíble. Sin embargo, para entender nuestra libertad de estas leyes, primero tenemos que “darnos cuenta de que la salvación no se encuentra en ninguna de ellas” (1:4). En otras palabras, tenemos que darnos cuenta de que nuestro cuerpo y nuestro ego no necesitan protección. Tenemos que deshacer el error de identificación que hemos cometido. Por supuesto, ese deshacimiento es de lo que trata Un Curso de Milagros. Al decir que nos “atamos” a nosotros mismos “a leyes que tampoco tienen sentido” (1:5) mientras buscamos la salvación intentando cambiar algo, cualquier cosa, que no sea nuestra mente, el Curso nos dice que estar sometidos a estas leyes del mundo es algo que hemos elegido y que continuamos eligiendo en cada momento. Al seguir los mandatos de nuestro propio ego en sus intentos de protegerse a sí mismo a costa de nuestra realidad, continuamos ciegamente buscando la salvación fuera de nosotros mismos. Esa búsqueda ciega es la que nos ata a las leyes del mundo. Por consiguiente, terminar esa búsqueda equivocada nos librará de las leyes de este mundo. Creemos que los milagros significan la sanación repentina del cuerpo, o la llegada de dinero de una fuente inesperada, o la aparición de alguien o de algo que creemos que nos dará la felicidad. Creer esto es también buscar la salvación fuera de nuestra propia mente, y continuará atándonos a las leyes de este mundo. Lo que es peor, también continúa haciendo que nos parezca real nuestra identidad como egos separados. La idea de vivir sin ninguna necesidad de dinero, o medicinas, o medios físicos de protección le atrae a todo el mundo. Ese estado puede ser nuestro, pero únicamente sin buscarla. El mundo y sus leyes no es donde se encuentra nuestra libertad. Libertad no es tener todo el dinero que necesitamos proporcionado mágicamente. Libertad no es tener perfecta salud física. Libertad no es tener “buenas” relaciones. La libertad no tiene nada que ver con nuestro cuerpo. La libertad solo puede encontrarse dentro de nosotros mismos. “El cuerpo se ve amenazado por la mente que se hace daño a sí misma” (5:2). Toda nuestra escasez y sufrimiento físico es producido de manera inconsciente por nuestra propia mente, para que la mente no se dé cuenta de que es su propia víctima (5:3-5). Debido a nuestra culpa primaria, causada por nuestra creencia en la realidad de la separación, nuestra mente “se ataca así misma y quiere morir” (5:5). Por esta razón creemos que somos un cuerpo (el cual muere). Las “leyes” que creemos que tenemos que obedecer para salvar nuestro cuerpo son sólo un intento de la mente de disfrazar el verdadero problema, que es sus propios pensamientos de culpa y separación. “Las leyes de Dios dan eternamente sin jamás quitar nada” (9:6). Las “leyes” del mundo no son como las de Dios, por lo tanto no pueden ser reales porque no proceden de Dios. Y “no hay más leyes que las de Dios” (9:1). En la práctica de hoy se nos pide que pensemos en nuestras insensatas leyes, y luego que escuchemos muy dentro para “escuchar la Voz que te dice la verdad” 92. Esta Voz nos hablará del eterno Amor de Dios, de Su deseo de que conozcamos “la dicha infinita” (10:5), y Su anhelo de usarnos como canales de Su creación (10:6). Si oímos este mensaje de Amor dentro de nosotros, nuestros pensamientos de culpa y separación desaparecerán. Nos daremos cuenta de Quién somos. Y al hacerlo, nuestro deseo demente de atacarnos y matarnos a nosotros mismos se acabará. La causa de nuestra falsa búsqueda

desaparecerá, y con ella, nuestro aprisionamiento a las “leyes” que gobiernan estos ídolos que hemos fabricado. Al llevar nuestra “leyes” imaginarias ante las leyes de Dios -leyes en las que no existe la pérdida, ni el dar o recibir pago, ni intercambios o substituciones, sino sólo el Amor de Dios sin condiciones- estamos llevando nuestras ilusiones ante la verdad (ver T. 14.VII.1-4, para una excelente aclaración de la razón por la que estos dos sistemas de creencias deben ponerse juntos para que todo lo falso desaparezca a la luz de la verdad).

LECCIÓN 77

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18 MARZO

“Tengo derecho a los milagros”

Instrucciones para la práctica
Propósito: Reclamar los milagros que te pertenecen, reclamar la seguridad de que son realmente tuyos, y negarte a contentarte con menos. Ejercicios más largos: 2 veces, durante diez o quince minutos. • Repite la idea con confianza como una petición de los milagros que Dios te ha prometido. Cierra los ojos y recuérdate a ti mismo 1) que estás pidiendo lo que te pertenece, y 2) que al aceptar los milagros confirmas el derecho a los milagros de todo el mundo. • Durante el resto de la sesión de práctica, espera en silencio con confianza a que el Espíritu Santo te asegure que tu petición se te ha concedido, que realmente tienes derecho a los milagros. En otras palabras, esto es otro ejercicio de esperar algo del Espíritu Santo. En lecciones anteriores (71, 72, 75, 76), esperabas dirección, comprensión, o una experiencia de la visión. Aquí esperas la seguridad de que el almacén de milagros está abierto para ti realmente, de que es tuyo de verdad. 1. Espera con la mente en silencio y lleno de esperanza. 2. Espera con confianza. Puesto que pides la confirmación de algo que ya es tuyo, puedes pedir sin ninguna duda. 3. De vez en cuando renueva tu petición y tu confianza repitiendo la idea. Recordatorios frecuentes: Muy a menudo. Repite la idea. A lo largo del día estate alerta a las situaciones en las que pedir un milagro. “Reconocerás tales situaciones” (7:5). Luego pide un milagro con confianza repitiendo la idea. Respuesta a la tentación: Siempre que te sientas tentado a guardar un resentimiento. Di rápidamente “No intercambiaré milagros por resentimientos. Quiero únicamente lo que me pertenece. Dios ha establecido mi derecho a los milagros”. No aceptes quedarte satisfecho con algo que no sea un milagro. Comentario Lo que hoy celebramos es nuestra verdadera Identidad, como seres que somos uno con Dios (1:3, 5, 6).La clave para lo que el Curso llama “salvación” es simplemente recordar lo que somos. Me gusta el triple resumen con el que empieza la lección. Cambiando un poco las palabras, los tres puntos son: • Lo que somos nos da derecho a los milagros. • Lo que Dios es garantiza que recibiremos milagros. • Nuestra unidad con Dios significa que ofreceremos milagros a otros.

Nada de lo que pensamos acerca de nosotros, ningún poder especial que creamos tener, y ningún ritual que hagamos, nos traerá milagros. Vienen a nosotros debido a lo que somos, debido a algo que es parte de nuestro Ser. Los requisitos para los milagros se nos dieron en la creación, no tenemos que ganárnoslos.

Él (el Espíritu Santo) nunca te preguntará qué has hecho para ser digno del regalo de Dios. Así pues, no te lo preguntes a ti mismo. Acepta, en cambio, Su respuesta pues Él sabe que tú eres digno de todo lo que Dios dispone para ti. No trates de librarte del regalo de Dios que el Espíritu Santo tan libre y gustosamente te ofrece. Él te ofrece sólo lo que Dios Le dio para ti. No tienes que decidir si eres merecedor de ello o no. Dios sabe que lo eres” (T.14.III.11:4-10). La lección afirma que se nos “ha prometido total liberación del mundo que construimos” (3:2), de toda la obscuridad, del dolor, del sufrimiento y de la muerte que resultan de nuestros intentos de separación. Más allá de ello se nos “ha asegurado que el Reino de Dios se encuentra dentro de ti y que jamás lo puedes perder” (3:3). Hoy estamos decidiendo no ponerlos en duda, sino aceptarlos como hechos. Se puede escapar de la obscuridad, y la luz nunca se ha perdido. Y así, hoy, fijamos nuestra mente en la decisión “de no conformarnos con menos” (3:5). Los periodos de práctica más largos empiezan con un breve momento de afirmación, recordándonos a nosotros mismos que tenemos derecho a los milagros, y que los milagros no se dan a uno a costa de otro. Al pedir para mí, estoy pidiendo para todos. Después de ese breve recordatorio, se pasa la práctica en quietud, esperando una sensación interna de seguridad de que los milagros que hemos pedido se nos han concedido. Ya que estamos pidiendo lo que es la Voluntad de Dios, para la salvación del mundo, existen todas las razones para creer que Él responderá favorablemente a nuestras peticiones. En realidad, pedir milagros no es realmente pedir nada. Es una afirmación de lo que siempre es verdad. El Espíritu Santo no puede sino asegurarnos que se nos ha concedido nuestra petición (6:1-3).¿Cómo podría responder de manera diferente? Él no puede negarnos nuestra oración sin negar la verdad, y Él habla sólo en favor de la verdad. “Nada real puede ser amenazado. Nada irreal existe” (T.In.2:2-3). Esto es lo que afirma esta clase de oración. En la descripción de las sesiones cortas de práctica, se nos dice que pidamos milagros “cada vez que se presente una situación que los requiera” (7:4). Luego dice: “Reconocerás tales situaciones” (7:5). Aquí no hay pregunta, ni siquiera la necesidad de explicar cómo lo sabremos. “Reconocerás tales situaciones”. Algo dentro de nosotros sabe cuándo pedir un milagro. Fíjate también en que no intentamos producir el milagro nosotros, con nuestros propios recursos; se lo pedimos al Espíritu Santo. Nos volvemos con nuestra necesidad a la Fuente de los milagros; no intentamos ocupar el lugar de la Fuente. Lo que somos es lo que nos da nuestro derecho a los milagros, pero no dependemos de nosotros mismos para encontrarlos (7:6). Recordemos que un “milagro”, tal como el Curso lo entiende, no significa necesariamente ningún cambio visible. “Los milagros son pensamientos” (T.1.I.12:1). Son cambios aparte del nivel del cuerpo, un modo en el que reconocemos nuestra propia valía y la de nuestro hermano al mismo tiempo (T.1.I.17:2; 18:4). Un milagro es una corrección en el pensamiento falso (T.1.I.37:1). Los milagros son siempre expresiones de amor, “pero puede que no siempre tengan efectos observables” (T.1.I.35:1). Recordemos también que “puede que no siempre” no significa “nunca”. Si digo: “A menudo tomo cereales en el desayuno, pero puede que no siempre los tome”, la consecuencia es que muchas veces tomo cereales. Así que, cuando el Curso dice que puede que los milagros no siempre tengan efectos observables, claramente da por sentado que la mayoría de las veces tienen efectos observables. No deberíamos pensar que un milagro no ha sucedido si no hay efectos observables, pero tampoco deberíamos abandonar toda esperanza de efectos

observables. Sin embargo, el ingrediente esencial no es nada de este mundo, sino liberar a nuestra mente de las ilusiones.

LECCIÓN 78

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19 MARZO

“¡Que los milagros reemplacen todos mis resentimientos!”

Instrucciones para la práctica
Propósito: Dejar a un lado el negro escudo de resentimientos “y, suavemente, alzaremos los ojos en silencio para contemplar al Hijo de Dios” (2:3). Ejercicios más largos: 2 veces, de diez a quince minutos. • Selecciona una persona contra la que tienes resentimientos. Lee la lista en 4:5, y elige a la persona que te venga a la mente mientras lees la lista. • Cierra los ojos y repasa cómo ves en la actualidad a esta persona, de dos maneras. Primero, repasa sus actos y rasgos negativos: sus faltas, sus errores, sus “pecados”, y todos los modos en los que te ha causado problemas y dolor. Segundo, repasa su cuerpo “las imperfecciones de su cuerpo así como sus rasgos más atractivos” (6:4). Visualizar su cuerpo es una buena manera de ponerte en contacto con los resentimientos que albergas contra él. • Luego pídele al Espíritu Santo que te muestre al radiante salvador que es realmente esta persona, más allá de tus resentimientos. Di: “Quiero contemplar a mi salvador en éste a quien Tú has designado como aquel al que debo pedir que me guíe hasta la santa luz en la que él se encuentra, de modo que pueda unirme a él”. Esta frase larga es un poderoso cambio de cómo ves a esta persona en la actualidad. Ahora le ves como un agresor que está separado de ti. Sin embargo, esta frase te lo representa como tu salvador, cuya santidad te llevará dentro del resplandor de tu verdadera realidad, donde descubrirás que tú y él sois uno. Lo único que se necesita para que él cumpla su papel es que tú le veas de verdad, que es a lo que invita la frase. Así que, no digas la frase sólo una vez. Repítela muchas veces durante el periodo de práctica. • Esta frase invita a una experiencia real del Espíritu Santo. Le invita a Él a que te revele la realidad radiante de esta persona, que está más allá de tus resentimientos. Así pues, éste es otro ejercicio de pedir algo interno al Espíritu Santo. Recuerda el entrenamiento que has recibido en esto. 1. Espera en calma. “Mantente muy quedo ahora, y contempla a tu radiante salvador” (8:6). 2. Espera con confianza. “Lo que has pedido no se te puede negar” (8:1). 3. De vez en cuando renueva tu petición repitiendo la frase. Recordatorios frecuentes / Respuesta a la tentación: Siempre que te encuentres o pienses o recuerdes a alguien. Ora: “¡Que los milagros reemplacen todos mis resentimientos!”. Esto significa “Que el milagro de Quien tú eres realmente reemplace mis resentimientos contra ti”. Date cuenta de que esto os libera a los dos, junto con todo el mundo. Comentario Si yo no tuviera resentimientos, todo sería milagroso para mí. La opinión del Curso es que la verdad es muy clara, y sólo parece difícil de ver porque la ocultamos de nuestra conciencia con nuestros resentimientos. El verdadero propósito de un resentimiento es ocultar el milagro que se encuentra debajo de él (1:2). Sin embargo, el milagro sigue ahí.

Hoy queremos ver milagros. “Invertiremos la manera como ves al no dejar que tu vista se detenga antes de que veas” (2:2). A eso es a lo que estamos acostumbrados a hacer: permitir que nuestra vista se detenga en la apariencia externa, sin mover nuestra percepción más allá de lo que la apariencia oculta. Lo que vemos en primer lugar, la apariencia externa, es nuestro “escudo de odio” (1:2; 2:3). Siempre nos muestra cosas que nos producen dolor de un modo u otro. Y no nos queremos detener en eso, queremos dejar a un lado el escudo y “alzaremos los ojos en silencio para contemplar al Hijo de Dios” (2:3). El Hijo de Dios está oculto en cada uno de nosotros. Únicamente nuestros resentimientos nos impiden verle en todos. Algunos de nosotros podemos ser muy conscientes de nuestros resentimientos, otros podemos preguntarnos de qué diablos se está hablando. Pero, a menos que ya vivamos en la perfecta percepción verdadera, libre de todo sufrimiento y siempre completamente feliz; si miramos honestamente a los pensamientos en nuestra mente, encontraremos allí resentimientos. A menudo no los reconocemos como lo que son. Hay una auténtica necesidad de un examen honesto de uno mismo para reconocer los escudos en nuestra mente que impiden a nuestra vista la luz. Mira a algunas de las sugerencias (en 4:5) para elegir una persona con la que practicar esta lección. “Alguien a quien temes o incluso odias”, está muy claro para nosotros si tenemos una persona así en nuestra vida, podemos reconocer esto fácilmente como un resentimiento. “Alguien a quien crees amar, pero que te hizo enfadar”, también está probablemente muy claro; sí, eso es un resentimiento. Un amigo “que en ocasiones te resulta pesado”, ¿es eso un resentimiento que me oculta la luz? ¡Sí, ciertamente! Alguien “difícil de complacer”, a quien vemos exigente o irritante. ¿Son resentimientos? ¡Sí! O incluso alguien “que no se ajusta al ideal que debería aceptar como suyo, de acuerdo con el papel que tú le has asignado”. ¿Cuántos de nosotros, que nos consideramos alumnos espirituales del Curso, reconoceríamos ese pequeño juicio como un resentimiento? Sí, esa opinión que tienes acerca de esa persona que no se ajusta a sus posibilidades, esa persona a quien amas y cuidas y por la que te preocupas tanto, eso es también un resentimiento que te impide ver la luz del Hijo de Dios. Me gusta el modo en que Jesús dice: “Ya sabes de quién se trata: su nombre ya ha cruzado tu mente” (5:1). Él a menudo parece conocer muy bien lo que pasa dentro de nuestra mente, ¿verdad? Este ejercicio es muy poderoso. También es muy práctico y con los pies en la tierra, ocupándose de una persona en nuestra vida. “Deja que él sea hoy tu salvador” (5:5). ¿Él? ¿Mi salvador? ¿Quieres que yo deje que esa persona sea mi salvador? ¿Cómo puedo yo verle así? Si preguntas así me vienen, sólo demuestran la solidez ilusoria del escudo de resentimientos en mi mente. Puedo ver al Hijo de Dios en “ése” si estoy dispuesto a abandonar mis resentimientos. Ahora recuerda. Sólo estamos haciendo aquí un ejercicio. Quizá no te sientes completamente preparado para abandonar todos tus resentimientos y tus juicios sobre esa persona para siempre. De acuerdo. ¿Qué tal si lo practicas durante diez o quince minutos? Sólo inténtalo para ver cómo te va, para ver cómo te sientes. Eso es todo lo que se pide. Así es como salvamos al mundo, sólo con este tipo de práctica. Cristo espera ser liberado en cada uno de nosotros. Tú tienes el poder de liberarle hoy en cada uno a tu alrededor, sólo con

mirar más allá de tus resentimientos y viendo el Cristo en ellos. El Espíritu Santo en tus hermanos y hermanas “se extiende desde (ellos) hasta ti, y no ve separación alguna en el Hijo de Dios” (8:4). Al permitirle a tu hermano que desempeñe el papel de salvador en tu mente, “Le has permitido al Espíritu Santo expresar a través de ese hermano el papel que Dios le asignó a Él para que tú te pudieses salvar” (8:8). Le has visto tal como es, y esa visión en tu mente despertará la suya para que vea la verdad acerca de sí mismo. La sacarás de él por medio de tu fe. Así es como nosotros mismos desempeñamos el papel de salvador, al sacarla de tus hermanos, su gratitud te enseñará la verdad acerca de ti, y te darás cuenta de que algo en ti se ha manifestado como gracia salvadora para elevar a tu hermano. Lo que has dado, tenías que tenerlo para haberlo dado. La salvación que le has dado es tuya, y la reconoces porque la has dado. Así es como funciona este proceso. Lo podemos practicar incluso con personas de nuestro pasado (10:3). Así asumo el papel que Dios me ha asignado. Hoy elijo permitir que los milagros reemplacen a todos los resentimientos en mi mente. Cada vez que me dé cuenta de un resentimiento, pediré que un milagro lo reemplace. Amigo, que hoy te vea como mi salvador. Gracias por estar ahí. Gracias por ofrecerme esta oportunidad de dar.

LECCIÓN 79

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20 MARZO

“Permítaseme reconocer el problema para que pueda ser resuelto”

Instrucciones para la práctica
Ejercicios más largos: 2 veces, duración de diez a quince minutos. • Intenta liberar a tu mente de la opinión que tiene de tus problemas. Esfuérzate en “poner mínimamente en duda la realidad de tu versión de lo que son tus problemas” (8:3). Intenta darte cuenta de que los muchos problemas que tienes no son sino una pantalla de humo, que esconde el hecho de que sólo tienes un problema. Sin embargo, no definas cuál es este problema. • Luego pregunta cuál es tu único problema y espera la respuesta. Aunque la lección ha dicho que tu único problema es la separación, deja eso de lado y escucha la respuesta que viene de tu interior. • Luego pregunta cuál es la respuesta al único problema. Al preguntar acerca del problema y la respuesta, utiliza tu entrenamiento sobre cómo escuchar al Espíritu Santo: espera con la mente en silencio, espera con confianza (la respuesta “se nos dará” 7:6), y de vez en cuando repite tu petición mientras esperas. Respuesta a la tentación: Cada vez que veas un problema. • Reconoce que éste es el único problema mostrándose bajo un disfraz. Di de inmediato: “Permítaseme reconocer el problema para que pueda ser resuelto”. • Luego intenta dejar de lado lo que piensas que es el problema. Si puedes, cierra los ojos y pregunta cuál es. La respuesta se te dará. Comentario Esta lección, junto con la anterior, presenta una de las afirmaciones más claras de un principio muy importante del Curso: “Un solo problema, una sola solución”, como se afirma en la Lección 80 (1:5). Estas lecciones merecen ser leídas repetidas veces hasta que las ideas que enseñan se arraiguen en nuestros procesos de pensamiento. Parece que me enfrento a una multitud de problemas, aplastantes en número y dificultad, desde pequeños a enormes, cambiando constantemente, alternando, apareciendo y desapareciendo en

todos los momentos de la vida. Desde este punto de vista, si me paro a considerar las cosas objetivamente, la única respuesta posible es el pánico ciego. Desde un punto de vista consciente, la atención prestada a un problema borra docenas de ellos, igualmente merecedores de mi atención. Como Lucy y Ethel en la cinta trasportadora de pasteles, cuando las cosas empiezan a apurar, sólo puedo empezar a meter algunos de los pastelillos debajo de la camisa, intentando esconderlos antes de que mi fracaso para manejarlos se haga evidente. Visto desde la perspectiva del espacialismo, mis problemas me condenan a un fracaso tras otro, aumentando en cada momento mi aplastante sensación de incapacidad. ¿Qué pasaría si todos mis problemas fueran verdaderamente uno solo? ¿Qué pasaría si yo ya tuviera la solución a ese único problema? Apenas puedo imaginarme la enorme sensación de alivio que recorrería todo mi ser si pudiera captar que esto es verdad: todos mis problemas son uno, y ese problema ya se ha resuelto. ¿Podría ser así? Sí. Si pienso que mis problemas son muchos y separados, si no he reconocido el único problema en todos ellos, podría tener ya la respuesta y no saberlo. Incluso podría tener la respuesta sin darme cuenta de que se aplica a todo lo que a mí me parecen problemas diferentes. “Ésta es la situación del mundo. El problema de la separación, que es en realidad el único problema que hay, ya se ha resuelto. No obstante, la solución no se ha reconocido porque no se ha reconocido el problema” (1:3-5). Entonces, para liberarme de este aprisionamiento ilusorio, mi primer paso debe ser reconocer el problema en cada problema. Tengo que hacerme consciente de cuál es el problema antes de darme cuenta de que ya tengo la solución. Mientras crea que el problema es algo distinto a mi separación de Dios (que ya ha sido completamente resuelto, por lo que es algo sin ninguna importancia), continuaré pensando que tengo problemas y que me falta la solución. Buscaré la “salvación” de mis problemas en cualquier sitio excepto donde está la respuesta, porque ya he dejado de lado la solución por considerarla no importante para el problema que me ocupa. “¿Quién puede darse cuenta de que un problema se ha resuelto si piensa que el problema es otra cosa? “ (2:3). La aparente complejidad del mundo no es sino el intento de mi mente de no reconocer el único problema, impidiendo así su solución (6:1). Por lo tanto, mi mayor necesidad es percibir “el común denominador que subyace a todos los problemas” (6:3). Si puedo ver la separación en la raíz de cada problema, me daría cuenta de que ya tengo la respuesta, y usaría la respuesta. Sería libre. Una vez más, esta lección es maravillosamente perdonadora. Incluso la idea de ver todos mis problemas como variaciones del tema de la separación puede parecer una tarea de enormes proporciones. Por eso la lección me dice: “Eso no es necesario. Lo único que es necesario es poner mínimamente en duda la realidad de tu versión de lo que son tus problemas” (8:2-3) ¿Lo único que tengo que hacer es dudar? ¡Eh, yo puedo encargarme de eso, yo soy muy bueno en dudar! Todo lo que se me pide que haga es “suspender todo juicio con respecto a lo que el problema es” (10:4). “Suspender” quiere decir calmar temporalmente; la lección ni siquiera me pide que abandone mis juicios para siempre. Sólo durante un instante. Sólo permitirme a mí mismo dudar de mi versión de las cosas y considerar que podría haber otro modo de mirarlas. Así que hoy se me pide que dude. Dudar de mi versión de lo que son mis problemas. Pensar para mí mismo: “Probablemente no estoy viendo esto con claridad. Probablemente aquí me

estoy haciendo un lío en algún punto”. Y luego preguntar: “¿Cuál es el verdadero problema aquí?” ¡Ese tipo de práctica incluso yo puedo manejarla! ¡Gracias, Padre, por un Curso tan sencillo!

LECCIÓN 80

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21 MARZO

“Permítaseme reconocer que mis problemas se han resuelto”

Instrucciones para la práctica
Propósito: Reclamar la paz a la que tenemos derecho por el hecho de que Dios ha solucionado tu único problema. Ejercicios más largos: 2 veces, duración de diez a quince minutos. Este es un ejercicio de disfrutar de la consciencia de que estás libre de problemas. La veo muy semejante a la Lección 50 (puedes repasar aquellas instrucciones ahora), en la que pensabas en la idea y disfrutabas de la paz que te proporcionaba. Así que hazlo ahora. Cierra los ojos y date cuenta de que, habiendo reconocido el problema (ayer), también has aceptado la solución. Esto significa que tu único problema se ha solucionado. Piensa en ello. Piensa en el hecho de que todos tus problemas se han ido. Piensa en el hecho de que estás libre de conflictos. Sólo tienes un problema, y Dios lo ha solucionado. Usa estos pensamientos para reclamar la paz que ahora te pertenece. Relájate y disfruta de esa paz. Descansa en la sensación de estar sin problemas. Recordatorios frecuentes: Tan a menudo como sea posible. Con gratitud y profunda seguridad repite la idea (puedes acortarla a “Mis problemas se han resuelto”). Si quieres, intenta repetirla ahora con gratitud una vez, y luego intenta repetirla con profundo convencimiento. Respuesta a la tentación: Cada vez que surja un problema, especialmente con alguna persona. De inmediato di: “Permítaseme reconocer que este problema se ha resuelto”. No te permitas cargar con problemas que no existen. Comentario “Un solo problema, una sola solución” (1:5). “El problema tiene que haber desaparecido porque la respuesta de Dios no puede fallar” (4:2). Así que yo debo estar en paz, lo sepa o no. No tengo más problemas. Ver y entender esto, aceptarlo completamente, es la esencia de la salvación (1:8; 2:5; 5:6). Ver un problema sin resolver es acumular un resentimiento e impedir que la luz llegue a mi consciencia. Un problema sin resolver es una situación de falta de perdón. Representa algo que yo no apruebo, la causa de un juicio en mi mente. “Es cierto que no parece que todo pesar no sea más que una falta de perdón. No obstante, eso es lo que en cada caso se encuentra tras la forma” (L.193.4:1-2). Cuando el Curso habla de que perdonemos al mundo, significa lo mismo que decirnos que reconozcamos que todos los problemas son formas de separación, que ya ha sido resuelta. Por lo tanto, la respuesta a cada problema es el perdón, o la aceptación de la Expiación, reconociendo que nada puede separarnos de Dios, sea cual sea la forma, que nada puede quitarme la paz. Escribo esto el último día (1995) de mi visita a mi hijo en California. He pasado las dos últimas noches durmiendo en un colchón de aire. La noche pasada, se abrió un agujero en el colchón de aire, y me desperté alrededor de las cinco con casi todo el cuerpo sobre el suelo mientras mis brazos y piernas estaban medio flotando varios centímetros más alto, una posición muy

incómoda. No pude volver a dormirme, así que me siento a falta de sueño. Estoy preocupado por tener que regresar conduciendo a casa esta noche muy tarde desde Phoenix, dos horas en el oscuro desierto, solo y con sueño. Eso parece ser un problema. ¿Cómo puede ser eso una falta de perdón? ¿En qué forma es este problema de la falta de sueño una manifestación de la separación? Si reconozco que mi único problema es la separación y que ha sido resuelto, puedo darme cuenta de que una falta de sueño no puede separarme del Amor y la paz de Dios. Puedo perdonar al colchón de aire, o perdonar a mi hijo por darme una cama defectuosa. Puedo perdonarme a mí mismo por preocuparme acerca de tener que conducir. Puedo aceptar que todo está bien y que mi vida está en las manos de Dios, y todo saldrá como debería. Quizá mi cuerpo estará lleno de fuerza y no me dormiré mientras conduzco de regreso a casa. Quizá pasaré la noche con amigos en Phoenix, aunque ése no es “mi” plan. Quizá me saldré de la carretera y dormiré en mi caravana. Pase lo que pase, no necesito perder la paz por este acontecimiento, mi problema ya ha sido solucionado. Puedo estar en paz ahora. O, si elijo de otro modo, puedo arruinar mi último día con mi hijo y mis nietos, obsesionándome con el problema. Puedo preocuparme por quedarme dormido al volante. Puedo disgustarme porque me veo forzado a cambiar mi plan. Puedo estar gruñón y malhumorado y perderme el amor que me rodea con mis nietos. ¿De verdad es ésa la elección que quiero tomar? Un colchón que se viene abajo no es un problema. El único problema es permitir que eso, o algo parecido, me haga perder la paz de Dios que es mía siempre si elijo tenerla. Los acontecimientos o personas pueden cambiar o no como resultado de mi elección. La Expiación no tapa el agujero del colchón de aire. Puede darme más energía o no, para conducir a Sedona. A veces esas cosas suceden, a veces no; depende del plan que el Espíritu Santo tenga para mí. Lo que sucede externamente no es el problema, y la solución no está en lo externo, sino dentro de mí. ¿Elegiré la paz o estar disgustado? ¿Perdonaré o proyectaré mi rechazo a la paz sobre cosas externas y las culparé? La paz está en la aceptación. Acepto la paz de Dios suceda lo que suceda. Me niego a creer que algo puede separarme del Amor de Dios. Me niego a engañarme a mí mismo acerca de dónde está el problema. Reconozco que el problema está dentro de mí, y llevo el problema a la solución. Y descanso, confiando en que el Espíritu Santo se encargará de las circunstancias como mejor lo vea, no como yo creo que deberían ser. Estoy libre de conflicto, soy libre y estoy en paz.

SEGUNDO REPASO INTRODUCCIÓN Unas pocas palabras sobre las instrucciones del repaso. Hay dos sesiones largas de práctica de unos quince minutos, en los que leemos las dos ideas y los comentarios asociados, y luego pasamos la mayor parte del tiempo con los ojos cerrados, “Escuchando sosegadamente aunque con mucha atención” (L.rII. In.3:1). La mayoría de los estudiantes que llevan mucho tiempo con el Curso están de acuerdo en que esto no significa que deberíamos esperar oír una voz, como Helen Schucman hacía, aunque algunos puede que la oigan. Los mensajes pueden venir de muchas formas: un sentimiento, una idea, una consciencia sin palabras. No estamos acostumbrados a sentarnos sosegadamente sólo escuchando, y esto es una práctica en ello. Durante la primera mitad del día, tenemos que trabajar con la primera idea; y en la segunda mitad, con la segunda idea. No se menciona el número de sesiones cortas, continuamos las aplicaciones “frecuentes” de las lecciones anteriores. Si tienes en cuenta todas las sesiones en que se menciona un número para estas sesiones más cortas, la media es de cinco cada hora; pienso que podemos suponer que eso es lo que se pretende durante estos días de repaso.

Fíjate en la importancia que se le da tanto a las prácticas largas como a las cortas. Yo, por lo pronto, intento evitar la tentación de tratar el periodo de repaso como un tiempo de hacer el vago. Esto es lo que el autor dice: “Considera estas sesiones de práctica como consagraciones al camino, a la verdad y a la vida. No dejes que ninguna ilusión, ningún pensamiento de muerte ni ninguna senda sombría te desvíe de tu propósito. Estás comprometido a la salvación. Resuélvete cada día a no dejar de cumplir tu función”. (L.rII.In.5:1-4) Éste es un curso en entrenamiento mental. Nuestras mentes no estarán entrenadas si no practicamos. No aprenderemos a escuchar si no practicamos. De eso trata el Libro de Ejercicios. SEGUNDO REPASO INSTRUCCIONES PARA LA PRÁCTICA Ejercicios más largos: 2 veces (una para cada idea), durante quince minutos. • Durante tres o cuatro minutos, lee lentamente la idea y los comentarios (si quieres varias veces) y piensa en ellas. • Cierra los ojos y pasa el resto del periodo de práctica escuchando el mensaje que el Espíritu Santo tiene para ti. Podemos considerar a este tiempo de escuchar como que tiene los siguientes componentes: 1. Escucha “sosegadamente aunque con mucha atención” (3:1), escucha en quietud y con toda tu atención. 2. Mantén una actitud de confianza (“este mensaje me pertenece”), deseo (“yo quiero este mensaje”), y determinación (“estoy decidido a tener éxito”). 3. Escuchar durante diez minutos puede ser una gran invitación a que la mente se distraiga, por eso la mayor parte de las instrucciones para este ejercicio tratan de este asunto. Si la mente se distrae sin control, regresa a la primera fase y repítela. Para las distracciones menores de la mente, date cuenta de que los pensamientos que te distraen no tienen poder, y que tu voluntad tiene todo el poder, y luego reemplaza los pensamientos con tu voluntad de tener éxito. Haz esto con firmeza. “No permitas que tu intención vacile” (4:1). “No dejes que… te desvíe de tu propósito” (5:2). Esto no se menciona en las instrucciones pero te puede ser útil para preguntar el mensaje de verdad, al comienzo y luego de vez en cuando a lo largo de la práctica. Puedes decir, por ejemplo: “¿Cuál es Tu mensaje para mí hoy?” Incluso puedes usar esta petición como el medio para despejar los pensamientos que te distraen. Recordatorios frecuentes: Muy a menudo. Repite la idea como un medio de reafirmar tu determinación a triunfar. • Primera mitad del día: la primera lección. • Segunda mitad del día: la segunda lección. Respuesta a la tentación: Cada vez que te sientas tentado a disgustarte. Repite alguna variación de la idea, modificada para aplicarla a ese disgusto concreto. • Puedes usar una de las tres “aplicaciones concretas” (L.rII.In.6:1) que se sugieren después de cada lección. Date cuenta que se refieren a un disgusto concreto. Cada una está dirigida a “esto” que te molesta o a un “nombre” que te molesta. • O puedes utilizar tus propias palabras usando una variación de la práctica de dejar que surjan pensamientos relacionados. Simplemente relájate y deja que tu mente te traiga una frase que aplique la esencia de la idea a tu disgusto actual. Como ejemplos, mira las formas concretas que se sugieren después de cada lección.

LECCIÓN 81

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22 MARZO

(61) “Yo soy la luz del mundo” (62) “Perdonar es mi función por ser la luz del mundo”

Instrucciones para la práctica Ver las instrucciones del Segundo Repaso (páginas 171 y 172)
Comentario “Yo soy la luz del mundo”. Iluminar al mundo es nuestra función. El Curso nos está enseñando Quién somos, y a empezar a vivir como Quien somos. Somos luz, y podemos vivir como luz en este mundo, a través de nuestro perdón compartiendo la feliz noticia de la liberación de toda culpa. Tal como oraba San Francisco de Asís: “Señor, hazme un instrumento de Tu paz”. Que hoy deje a todos los que me encuentre un poco más iluminados. Que el mundo les parezca un poco menos oscuro a todos los que me encuentre. Que cada uno de los que toque se sienta más amoroso como resultado de encontrarse conmigo. Que yo pida ver la luz en cada situación, que yo responda a la obscuridad con la luz. “Perdonar es mi función por ser la luz del mundo”. Si hoy no me siento la luz del mundo, que perdone a los demás; todos aquellos a los que perdono me mostrarán la luz en mí. Está bien si todavía no entiendo lo que es el verdadero perdón; eso no me puede detener si yo quiero aprender, y yo quiero. Cada situación que parece traer dificultad es una oportunidad de aprender lo que es el verdadero perdón. No quiero usar las circunstancias de hoy para otro propósito que no sea el de Dios. Que todo sea útil.

LECCIÓN 82

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23 MARZO

(63) “La luz del mundo le brinda paz a todas las mentes a través de mi perdón” (64) “No dejes que me olvide de mi función”

Instrucciones para la práctica Ver las instrucciones del Segundo Repaso (páginas 171 y 172)
Comentario Según este repaso, mi perdón sirve tres propósitos fundamentales: 1. La luz del mundo se expresa a través de mí, en este mundo, a través de mi perdón. La segunda parte del Libro de Ejercicios dice que el perdón es el reflejo del amor en este mundo (L.352. 1:4); también se refiere a él como “el reflejo de la verdad” (L.357.1:1). La realidad total del amor no se puede conocer en este mundo, pero podemos conocer su reflejo, que es el perdón. La realidad de lo que yo soy se refleja aquí cuando perdono.

2. Me vuelvo consciente de mi realidad, la luz del mundo, a través de mi perdón. Lo que sale a través de mí me muestra lo que soy. Me vuelvo cada vez más consciente del Espíritu Santo en mí, y de Cristo del que Él habla, al ver Sus efectos a través de mí (T.9.IV.5:5). Para aprender que yo soy amor, tengo que enseñar amor. El perdón, reflejo del amor, es como yo lo aprendo en este mundo. 3. El mundo sana a través de mi perdón, y yo también. Cuando perdono a aquellos a mi alrededor, ellos ven el amor reflejado a través de mí, y se ven a sí mismos en la luz del amor y sanan. Es fácil ver por qué el perdón juega un papel tan importante en el Curso. Es fácil sentirse motivado a “perdonar al mundo para que éste pueda sanar junto conmigo” (1:5). Me gusta practicar la línea “Que la paz se extienda desde mi mente a la tuya, (nombre)” (2:2). La practicaré ahora, mientras escribo esto, pensando en todos los que recibiréis este mensaje: Que la paz se extienda desde mi mente a la tuya. Con el perdón como mi función, y puesto que el perdón tiene efectos tan profundos, hoy no quiero olvidarlo. Me ayuda a hacerme consciente de mi Ser, y por eso quiero practicarlo hoy. Que hoy aproveche todo como una oportunidad para aprender el perdón.

LECCIÓN 83

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24 MARZO

(65) “Mi única función es la que Dios me dio” (66) “Mi función y mi felicidad son una”

Instrucciones para la práctica Ver las instrucciones del Segundo Repaso.
Comentario Estar sin metas conflictivas en la vida es una bendición maravillosa. La mayor parte del tiempo, me siento estresado con metas conflictivas. Quiero hacer ejercicio pero tengo una fecha tope que cumplir en el trabajo. Quiero estar con mis amigos pero dan mi programa favorito en la televisión. Y así sucesivamente. Cuando soy capaz de darme cuenta de que mi única función es la que Dios me dio, el perdón, o simplemente ser feliz en lugar de enfadarme o disgustarme, todo se vuelve maravillosamente claro. Mi meta se convierte en estar en paz, ser feliz, estar en calma y sin que me altere nada de mi alrededor. “Lo que debo hacer, lo que debo decir y lo que debo pensar” (1:4) sencillamente me viene. Quizá me doy cuenta de que no importa si hago ejercicio o escribo. Quizá me doy cuenta de que uno u otro pueden esperar. Recordar mi única y verdadera meta soluciona todo lo demás de un modo u otro. Solía pensar que cuando tenía un conflicto, la única manera de estar en paz de nuevo era tomar una decisión para solucionar el conflicto. Muy raras veces funcionó. Generalmente, cuando tomaba la decisión, sentía cierta angustia por lo que no había hecho, o alguna pérdida por no haber tomado la otra decisión (por ejemplo: ver la tele o estar con mis amigos, uno u otro tenía que ser “sacrificado”). Últimamente he empezado a darme cuenta de que si en el primer lugar de la lista pongo estar en paz, si primero elijo estar en paz antes de tomar mi decisión (quizá tomar un minuto para cerrar los ojos y aquietarme, recordando Quién está conmigo), la decisión se

vuelve sencilla, y no hay sensación de sacrificio. Cuando pongo la paz en primer lugar, sé lo que tengo que hacer. Ésta es la manera de ser feliz. Mi función es una con mi felicidad. Si puedo estar en paz, abandonando los resentimientos y las pequeñas exigencias que constantemente le hago a mi vida, soy feliz. Al igual que el perdón, la felicidad es una elección que puedo tomar en cualquier momento. Hoy me doy cuenta de que los ejemplos que se dan de los diferentes modos de aplicar las ideas a situaciones concretas parecen hacer hincapié en la negación. Destacan que la situación, o el modo en que la percibimos, no pueden afectarnos si así lo elegimos. El modo de percibir esto no cambia mi función, ni me da una función diferente, ni justifica que elija una meta distinta a la que Dios me dio. No importa lo que yo vea, no importa lo que suceda, nada cambiará el hecho de que el único modo de encontrar la felicidad es cumplir mi función de perdonar, bendecir, y estar en paz. No hay felicidad aparte de mi función, y me dejo engañar por una ilusión cuando pienso que la hay. ¿Espero encontrar la felicidad permitiéndome estar preocupado, o justificando mi enfado, o permitiéndome mis apetitos, o dándole vueltas a mis heridas de dolor? Nunca sucederá. Sólo en el perdón, sólo liberando a todos y a todo de mis exigencias y expectativas, sólo en la pacífica quietud de mi mente, encontraré la felicidad.

LECCIÓN 84

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25 MARZO

(67) “El Amor me creó a semejanza de Sí Mismo” (68) “El amor no abriga resentimientos”

Instrucciones para la práctica Ver las instrucciones del Segundo Repaso.
Comentario Si fui creado a semejanza de mi Creador, entonces “no puedo sufrir, no puedo experimentar pérdidas y no puedo morir. No soy un cuerpo” (1:3-4). Eso tiene sentido. Dios no puede sufrir, ni experimentar pérdida ni morir, y Él no es un cuerpo. Él me creó a semejanza de Sí Mismo (1:8); por lo tanto, esto debe ser verdad acerca de mí. Mi realidad es completamente diferente a lo que yo creo acerca de mí mismo, pues sin duda yo he creído que puedo sufrir o experimentar pérdida o morir, y me he identificado casi por completo con mi cuerpo. ¿Qué es lo que ocasiona y refuerza esta ilusión de mí mismo? Los resentimientos. “El amor no abriga resentimientos” (3:1). Yo soy amor, a semejanza del Amor que me creó; pero cuando elijo guardar un resentimiento, estoy negando mi propia realidad, estoy afirmando que yo no soy amor, porque “los resentimientos son algo completamente ajeno al amor” (3:2). Al hacer eso, estoy afirmando que yo soy lo que creo que he hecho de mí mismo, y sin ser consciente de ello estoy eligiendo sufrir, perder y morir. El único modo en que puedo volver a descubrir mi propia realidad es dejar de abrigar resentimientos. Un resentimiento es un ataque a mi Ser (3:6; 4:4). Afirma que soy algo que no soy. Si veo lo desagradable, lo no amoroso, o maldad en mis hermanos, me estoy atacando a mí mismo. Si niego lo que son, estoy negando lo que yo soy. Hoy elijo ver a todo el mundo como quiero verme a mí mismo, y como quiero que Dios me vea. Tengo el poder de tomar esta decisión. Veo lo que deseo ver, y hoy deseo ver mi Ser, en mí mismo y en todo el mundo.

LECCIÓN 85

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26 MARZO

(69) “Mis resentimientos ocultan la luz del mundo en mí” (70) “Mi salvación procede de mí”

Instrucciones para la práctica Ver las instrucciones del Segundo Repaso.
Comentario ¿A qué se refiere el “esto” de las seis aplicaciones concretas de esta lección? ¿Qué es lo que bloquea mi vista e impide que la luz se extienda? ¿Qué es lo que no necesito y que me tienta a buscar mi salvación lejos de mí? ¿Qué es “esto” que me impide darme cuenta de la Fuente de la salvación y que parece tener poder para quitarme la salvación? “Esto” son los resentimientos: cualquier cosa a la que yo reaccione con menos que el perfecto amor que es mi realidad. Algo que no me gusta, o que alejo de mí, o culpo por mis problemas, o que contemplo como inferior a la creación de Dios. Cualquier cosa dentro de mí que albergo con algo que no sea compasión y perdón. “Mis resentimientos me muestran lo que no está ahí” (1:2). Hacen que yo vea algo que no es real, y reacciono con miedo u odio o enfado. Mis reacciones son tan inapropiadas como el miedo de un niño a una cortina que se mueve en la obscuridad. Estoy viendo algo que no está ahí, porque sólo lo que Dios creó es real. Me estoy asustando por sombras, cuando la realidad es pura belleza. Los resentimientos no sólo me muestran cosas que no son reales sino que también me ocultan lo que de verdad quiero. Si esto es lo que hacen los resentimientos, ¿por qué voy a quererlos? Realmente no los quiero, los he utilizado en un intento equivocado por protegerme, pero ahora puedo reconocer que ya no los quiero ni los necesito más. No me culpo a mí mismo por haberlos elegido en el pasado pero no necesito continuar eligiéndolos ahora. Yo quiero ver y, por eso, lleno de alegría dejo a un lado los resentimientos, sin culpa y sin pesar. Lo que busco es mi Ser (3:3). Hoy no buscaré fuera de mí. “No es algo que se encuentre afuera y luego tenga que traerse adentro. Se extenderá desde dentro de mí y todo aquello que vea no hará sino reflejar la luz que brilla en mí y en sí mismo” (3:6-7). Mis resentimientos me tientan a buscar la salvación fuera: pensando que sé lo que tiene que cambiar ahí fuera para que me traiga paz, sintiendo ira o dolor o traición; cuando contemplo las cosas, las culpo por mi pérdida de paz. Pero hoy reconozco que la respuesta está en mi Ser. En lugar de buscar la luz, hoy yo seré luz e iluminaré todo mi mundo.

LECCIÓN 86

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27 MARZO

(71) “Sólo el plan de Dios para la salvación tendrá éxito” (72) “Abrigar resentimientos es un ataque contra el plan de Dios para la salvación”

Instrucciones para la práctica Ver las instrucciones del Segundo Repaso.
Comentario

Me parece muy interesante cómo las lecciones parecen alternar entre ver resentimientos y dónde buscamos la salvación. Estoy empezando a entender la idea, pienso: Cuando mi ego quiere impedirme encontrar la salvación de Dios dentro de mi Ser, me distrae con algún tipo de resentimiento fuera de mí. Al ver la causa de mis problemas fuera, naturalmente busco la solución fuera. Busco la salvación fuera de mí mismo. El problema no es nunca lo de fuera. “Los que consideras culpables se convierten en los testigos de tu culpabilidad, y es en ti donde la verás, pues estará ahí hasta que sea des-hecha. La culpabilidad se encuentra siempre en tu mente, la cual se ha condenado a sí misma. No sigas proyectando culpabilidad, pues mientras lo hagas no podrá ser deshecha” (T.13.IX.6:6-8). Lo que estamos viendo ahí fuera, el objeto de nuestros resentimientos, es únicamente la proyección de la condena a uno mismo. Podemos cambiar el nombre del pecado para proteger a los culpables (nosotros mismos), pero es nuestro pecado lo que estamos viendo ahí fuera en el mundo. Por esa razón ver resentimientos fuera nos impide encontrar la salvación dentro. Como dice el repaso, hemos buscado la salvación en muchos lugares y cosas diferentes, y nunca estaba donde buscamos (1:3). No la podemos encontrar ahí fuera porque no está ahí fuera en ningún sitio. No hay esperanza de salvación en el mundo, y eso son buenas noticias. Son buenas noticias porque ya no tenemos que depender de nadie ni de nada fuera de nosotros para que haga su papel adecuado, ni que llegue en el momento oportuno para satisfacer nuestras necesidades, ni que haga nada. Podemos abandonar la expectativa de que alguien nos salve, y podemos volvernos a lo único en lo que podemos confiar absolutamente: nosotros mismos, nuestro Ser. Podemos liberar a todos del aprisionamiento en el que los hemos tenido durante toda nuestra vida. Podemos decirle al mundo: “No eres responsable de mí. Ya no te hago responsable de mi infelicidad. Me he dado cuenta de que es tarea mía, no la tuya”. Recuerdo lo raro que me sentí, pero también lo feliz, de decirle a mi querida amiga Lynne, hace años: “Me he dado cuenta de que no te necesito”. Siendo más sabia que yo en aquel momento, ella se quedó encantada. Yo tenía miedo de que ella se sintiera ofendida, ¡qué cosa tan “poco romántica” decirle a tu pareja: “No te necesito”! Aunque ella entendió exactamente lo que yo quería decir. Yo le estaba diciendo que ya no esperaba que ella me hiciera feliz, ya no cargaba con la insoportable carga de mi felicidad. Pensar que nuestra pareja es responsable de nuestra felicidad es exactamente lo que convierte a las relaciones especiales en un infierno, porque cuando yo no soy feliz, tengo un resentimiento, como en un sindicato de trabajadores: “¡Eh! Tú no estás cumpliendo tu parte del trato. Se supone que tienes que hacerme feliz”. Y el resentimiento contra nuestra pareja nos aleja de la salvación en nuestro corazón. Siempre me ha gustado la última línea de la lección de hoy: “Esto es un llamamiento a la salvación, no al ataque” (4:4). Me recuerda a una vieja frase de la serie televisiva de Superman (la de George Reeves, ¡aquí estoy demostrando mi edad!). Clark Kent mira a un crimen o desastre que está ocurriendo y dice: “Esto es trabajo de Superman”. En lugar de mirar a los acontecimientos de nuestra vida y pensar: “Esto es trabajo del ego. ¡Ataquemos!. Hagamos y guardemos un resentimiento”, podemos mirar a la situación y decir: “¡Esto es trabajo de Dios! Perdonemos. Respondamos con amor a la petición de amor”. Cuando surja una necesidad a mi alrededor, ¿qué poder voy a invocar: a Dios o al ego? La elección es “entre la percepción falsa y la salvación” (4:2). La única alternativa a la salvación es algo irreal, una ilusión, una percepción falsa. El único modo en que puedo impedirme ser feliz es percibir falsamente a mi hermano; si le veo de verdad, siempre encontraré la salvación. “Al abrigar resentimientos, por lo tanto, estoy excluyendo de mi conciencia mi única esperanza de salvación” (3:4). ¡Qué cosa más tonta! ¡Voy a dejar de hacerlo! “Quiero aceptar el plan de Dios para la salvación y ser feliz” (3:6).

LECCIÓN 87

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28 MARZO

(73) “Mi voluntad es que haya luz” (74) “No hay más voluntad que la de Dios”

Instrucciones para la práctica Ver las instrucciones del Segundo Repaso.
Comentario El repaso de hoy trata de la voluntad, la nuestra y la de Dios, que son una. El Curso nos anima a hacer uso del poder de nuestra voluntad. Constantemente nos anima a elegir de nuevo, y dice que “El poder de decisión es la única libertad que te queda como prisionero de este mundo” (T.12.VII. 9:1). Podemos querer, o elegir, que haya luz. Esto está de acuerdo con la Voluntad de Dios. Se puede decir que nuestra única elección verdadera es decidir de acuerdo con la Voluntad de Dios, y tenemos que tomar esta decisión una y otra vez hasta que nos demos cuenta de que no hay otra voluntad y, por lo tanto, ninguna elección real excepto entre la realidad y la ilusión. En el repaso de “No hay más voluntad que la de Dios” hay un interesante resumen de la evolución del error del ego: • • • • Creo que hay otra voluntad además de la de Dios. A causa de esto tengo miedo. A causa del miedo, intento atacar. A causa del ataque, temo que mi propia seguridad eterna está en peligro (pensando que Dios me atacará por ser un agresor).

La solución es simplemente reconocer que nada de esto ha ocurrido. Abandona esta idea, date cuenta de que no hay más voluntad que la de Dios, y el resto del error del ego desaparece. Me gusta el modo en que las dos ideas se aplican a cómo veo a las otras personas a mi alrededor: “(Nombre), estás en la luz junto conmigo” (2:3) y “La Voluntad de Dios, así como la mía, es que tú, (nombre), seas Su Hijo” (4:3). Una noche en nuestro grupo de estudio en Sedona estábamos estudiando el Capítulo 14, sección V: “El Círculo de la Expiación”. Toda la sección trata de ver a otras personas dentro del círculo de paz, viéndoles incluidos, o viéndoles en la luz junto conmigo, como pone aquí. En esa sección Jesús nos ruega: “Ocupa quedamente tu puesto dentro del círculo, y atrae a todas las mentes torturadas para que se unan a ti en la seguridad de su paz y de su santidad (T.14.V.8:6). Dice que éste es: “el único propósito al que mi enseñanza te exhorta” (T.14.V.9:9). Nuestro único propósito aquí es despertar a todos al hecho de que están incluidos en la paz y la seguridad de Dios porque no hay otra voluntad que la Suya. Imagínate saludar mentalmente a todos con los que hoy te encuentres diciéndoles: “Estás en la luz junto conmigo”. ¿Qué efecto tendría eso en ti? ¿O en ellos? La Lección 109 dice que tiene un profundo efecto, no sólo en las personas con las que te encuentras, sino en todo el mundo, incluso aquellos que se fueron más allá de este mundo, y aquellos que han de venir a él:

“En los descansos que hoy tomas cada hora, una mente fatigada de repente se alegrará” (L.109.6:1). “Cada vez que hoy descansas cinco minutos el mundo se acerca más a su despertar” (L.109.7:1). “Hoy descansas en la paz de Dios, y desde tu descanso exhortas a tus hermanos a que encuentren el suyo y descansen junto a ti. Hoy serás fiel a tu cometido, al no olvidarte de nadie e incluir a todos en el infinito círculo de tu paz, el sagrado santuario donde reposas. Abre las puertas del templo y deja que tus hermanos distantes y tus amigos más íntimos vengan desde los mas remotos lugares del mundo, así como desde los más cercanos; invítalos a todos a entrar y a descansar contigo” (L.109.8:1-3). Hoy descansas en la paz de Dios, tranquilo y sin miedo. Cada uno de tus hermanos viene a descansar y a ofrecerte a ti su descanso. Descansamos juntos aquí, pues así es como nuestro descanso es total, y lo que hoy damos ya lo hemos recibido. El tiempo no es el guardián de lo que damos hoy. Damos a los que aún no han nacido y a los que ya partieron, a todo Pensamiento de Dios, y a la Mente en la que estos Pensamientos nacieron y en donde descansan. Y les recordamos su lugar de descanso cada vez que nos decimos a nosotros mismos: "Descanso en Dios” (L.109.9:1-6).

LECCIÓN 88

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29 MARZO

(75) “La luz ha llegado” (76) “No me gobiernan otras leyes que las de Dios”

Instrucciones para la práctica Ver las instrucciones del Segundo Repaso.
Comentario Las ideas que hoy se repasan parecen ocuparse de ideas muy diferentes, sin embargo tienen algo en común que sale en este repaso. Eso que tienen en común puede expresarse en este pensamiento: Sólo lo que es de Dios es real, lo que parece estar en oposición es sólo una ilusión sin poder alguno excepto el que le da mi creencia en ello. La luz de la salvación ya ha venido. “Siempre elijo entre la verdad y la ilusión” (1:5), y “el ataque y los resentimientos no existen como opciones” (1:4). Verdaderamente no tengo alternativa a la luz porque no hay alternativa. Toda mi experiencia de obscuridad es una aventura en el error y nada más, no existe la obscuridad. “Solamente puedo elegir la luz porque no hay otra alternativa” (1:7). Por esta razón el Texto me dice que es inevitable el resultado de mi drama aquí en la tierra. “Alcanzar a Dios es inevitable, y tú no puedes eludirlo, de la misma manera en que Él no te puede eludir a ti” (T.4.I.9:11). Al buscar que mi percepción cambie, únicamente estoy buscando lo que ya está ahí, y lo único que existe. Únicamente me gobiernan las leyes de Dios. Las otras leyes que creo que tienen poder sobre mí son las leyes que yo he inventado. “Sufro únicamente porque creo en ellas. Pero en realidad no me afectan en absoluto” (3:5-6). Las leyes del ego no me pueden obligar, puede liberarme de ellas ahora porque en realidad estoy libre de ellas siempre, no tienen ningún poder. Mi ego a veces parece enormemente poderoso, la reacción instintiva de dolor e ira parece fuera de mi control, pero no es así. Estoy libre de estas “leyes” del caos, del pecado, de la culpa, del castigo y de la separación. La sanación de todas las relaciones es inevitable porque las leyes de Dios nos unen, nunca separan. “Todo tendrá un desenlace feliz” (L.292, encabezamiento), porque no

hay otras leyes que las de Dios, y no hay más voluntad que la de Dios. Únicamente mi creencia le da poder a la apariencia de que hay una voluntad opuesta, con leyes opuestas. Que hoy contemple todo con esta comprensión. Donde parece haber obscuridad, que yo proclame la realidad de la luz. Donde veo leyes que funcionan en oposición a Dios, que yo las declare impotentes. Gracias, Padre, por la seguridad de Tu plan, la realidad de Tu luz en este momento.

LECCIÓN 89

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30 MARZO

(77) “Tengo derecho a los milagros” (78) “¡Que los milagros reemplacen todos mis resentimientos!”

Instrucciones para la práctica Ver las instrucciones del Segundo Repaso.
Comentario Porque no me gobiernan otras leyes que las de Dios” (las leyes del amor, de la extensión, de compartir, y de dar), “tengo derecho a los milagros” (1:2). Dar milagros es lo que Dios hace, de acuerdo con Sus leyes. Las leyes de los resentimientos me dicen que no tengo derecho a los milagros. Cada resentimiento que guardo contra un hermano o hermana es mi propia mente diciéndome a mí mismo que no merezco milagros; el simple hecho del ataque mental que supone abrigar un resentimiento me hace sentir que no los merezco. Cada resentimiento oculta un milagro, y al abandonar el resentimiento dejo que suceda el milagro. Hay una razón por la que Dios me da milagros: Él me los da para que yo pueda cumplir la función que me ha dado (1:5), continuar Su extensión, permitir que Él extienda Su Amor a través de mí. El Curso es enérgico acerca del hecho de que al encontrar mi verdadera función como extensión de Dios y cumpliéndola es la manera de ser feliz. Mi meta no es estar en estado de éxtasis, es la de recibir para que yo pueda dar, aceptar el amor para que yo lo comparta con todos. Como una bombilla que recibe corriente eléctrica para que pueda extender luz, yo recibo los milagros de Dios para extenderlos a todos. Hoy “uno mi voluntad a la del Espíritu Santo” (3:2), y declaro: “¡Que los milagros reemplacen todos mis resentimientos” (3:1). Quiero que todas mis ilusiones sean reemplazadas con la verdad. Mientras me siento en la quietud esta mañana, traigo a mi mente a todas las personas que conozco y les digo: “(Nombre), dejemos que los milagros reemplacen todos nuestros resentimientos” (4:3). Pienso en los lugares destrozados por la guerra y digo: “Dejemos que los milagros reemplacen todos nuestros resentimientos”. Hoy quiero ofrecer milagros a todos con los que me encuentre. Quiero ser un canal de milagros; Padre, que no los impida con mis resentimientos. Cuando algo surja ante mi vista que parezca una causa para un resentimiento o dolor, que yo recuerde: “Detrás de esto hay un milagro al que tengo derecho” (2:2). Que me diga a mí mismo: “Visto correctamente, esto me ofrece un milagro” (2:4). Todo se puede utilizar para los milagros, en esta aula todo se puede aprovechar para los milagros.

LECCIÓN 90

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31 MARZO

(79) “Permítaseme reconocer el problema para que pueda ser resuelto”

(80) “Permítaseme reconocer que mis problemas se han resuelto”

Instrucciones para la práctica Ver las instrucciones del Segundo Repaso.
Comentario Este repaso le da a estas dos ideas un enfoque diferente al de las lecciones originales. Allí, el único problema se dijo que era la separación. Aquí, más relacionado con las lecciones anteriores acerca de los resentimientos: “el problema es siempre alguna forma de resentimiento que quiero abrigar” (1:2). Por supuesto, hay una estrecha relación entre separación y resentimientos. Un resentimiento me separa de cualquier cosa o persona contra quien guardo un resentimiento. Por eso, podemos ver un resentimiento como un pensamiento o creencia que me separa de mis hermanos. Más tarde, en el Libro de Ejercicios se afirma el mismo pensamiento de manera ligeramente diferente, en términos de perdón o de falta de perdón: “Es cierto que no parece que todo pesar no sea más que una falta de perdón. No obstante, eso es lo que en cada caso se encuentra tras la forma” (L.193.4:1-2). El problema es un resentimiento o una falta de perdón. Y no siempre nos parece que es así. A veces, cuando siento alguna forma de sufrimiento, o experimento lo que me parece un problema, no puedo ni por lo más remoto ver un resentimiento o una falta de perdón en ello. El ego es un experto en ocultarlo. Sobrevive a base de trucos y engaños: “¿De qué otra manera, sino con espejos, podría seguir manteniendo la falsedad de su existencia?” (T.4:IV.1:7). Sus tentaciones de atacar o de guardar un resentimiento están a menudo tan bien disfrazadas que nos los reconozco como tales, aunque es “cierto” que eso es lo que son. La forma engaña, pero el contenido es lo mismo. Cuando acudo al Espíritu Santo con mis problemas o mi angustia, tengo que estar dispuesto a que me muestre el resentimiento o la falta de perdón que se esconde en ellos. En mi caso a menudo lo que encuentro es una forma de resentimiento contra mí mismo, algún juicio acerca de mí. Otras veces no entiendo la relación entre la forma de mi problema y el perdón, pero afirmo mi voluntad de que me lo muestre, y conscientemente elijo un milagro para todos los implicados, incluido yo mismo. “El problema es un resentimiento; la solución, un milagro” (1:5). Si no puedo ver dónde está la falta de perdón en lo que veo como un problema, al menos puedo elegir un milagro en lugar del problema. Esa elección es suficiente. La idea de que el problema y la solución son “acontecimientos simultáneos” (3:4) parece rara. Parece “natural” separarlos en el tiempo: primero el problema, luego la solución. Pero si el problema es la separación o un resentimiento, la idea es más fácil de entender. Dios respondió a la separación con el Espíritu Santo en el mismo instante en que la idea de la separación entró en la mente del Hijo de Dios (M.2.2:6). Por lo tanto, cada problema que veo ya ha sido resuelto antes de que yo lo vea. “Es imposible que yo pudiera tener un problema que no se hubiese resuelto ya” (3:7), porque la separación, el único problema que hay, ya ha sido resuelto. Por lo tanto, no tengo que esperar a que cambien las circunstancias; puedo aceptar la paz de la solución completa ahora, sin que cambie nada. “No tengo que esperar a que esto se resuelva” (4:2). Tengo un problema de relación de hace mucho tiempo, que ha continuado durante más de quince años, y que no muestra signos externos de solucionarse. La otra parte no tiene el menor interés en hablar conmigo, mejor dicho lo detesta, así que la solución parece imposible en el tiempo. Sin embargo, puedo abandonar la tensión que esto me produce. Puedo liberarme del dolor de “una relación no sanada”. En el instante santo puedo saber que ese problema, ese distanciamiento, ya ha sanado. En lo más profundo de mi mente y de mi corazón ya nos amamos, todo se ha perdonado. La enfermedad de la separación ya ha sanado, y la medicina del perdón se está extendiendo lentamente y sin ningún fallo a través de la mente de los dos,

moviéndose desde la esfera invisible del espíritu a la esfera más concreta y densa de la manifestación en el mundo material. No hay razón para preocuparse. “Los que se han conocido, no obstante, volverán algún día a encontrarse, pues el destino de toda relación es hacerse santa” (M.3.4:6). Hoy puedo reconocer que este problema ya se ha solucionado. Creo que el que yo lo reconozca acerca más el día en que esa sanación se manifestará en la forma. Puede que no sea en esta vida, ¿qué importa eso? La sanación ya ha tenido lugar. Una cosa de la que me doy cuenta mientras pienso así acerca de esta relación, incluso ahora mientras escribo, es: Aceptar que el problema ya se ha resuelto me libera de la tentación de culpar a la otra persona por negarse a hacer las paces. ¡Ah! Ahí había un resentimiento, ¿verdad, Allen? En su lugar acepto un milagro; gracias, Padre.

LECCIÓN 91

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1 ABRIL

“Los milagros se ven en la luz”

Instrucciones para la práctica
Propósito: Olvidarte por un instante de tu débil imagen de ti mismo basada en el cuerpo y tener una experiencia de tu verdadera fortaleza. En su luz verás los milagros que siempre han estado ahí, esperando que tú los vieses. Ejercicios más largos: 3 veces, de diez minutos. • Empieza repitiendo: “Los milagros se ven en la luz. Los ojos del cuerpo no perciben la luz. Mas yo no soy un cuerpo. ¿Qué soy entonces?” Haz esta pregunta final con verdadera honestidad. Con esta pregunta, estás pidiendo que la fortaleza en ti te dé una experiencia de tu realidad, más allá del cuerpo. Así que pregúntalo con esa intención. • Luego pasa varios minutos pensando en tus opiniones acerca de ti, y permite que sean corregidas y que sus opuestos ocupen su lugar. Por ejemplo, di: “No soy débil, sino fuerte. No soy un inútil, sino alguien todopoderoso. No tengo dudas, sino seguridad”, y así sucesivamente. Centra tu atención concretamente en los rasgos que suponen debilidad. • Luego intenta experimentar estas verdades sobre ti, especialmente la experiencia de fortaleza. Intenta retirar tu fe en el cuerpo como tu única realidad, pues eso es lo que te hace sentirte débil. Dale instrucciones a tu mente para que vaya al lugar de fortaleza en ti (este ejercicio parece ser una especie de meditación). Recuerda que tu voluntad tiene el poder de hacerlo. “Puedes escaparte del cuerpo si así lo decides. Puedes experimentar la fortaleza que mora en ti” (5:5-6). Puedes usar la pregunta del principio: “¿Qué soy entonces?” como una especie de mantra para que te lleve a este lugar en ti. • Durante el resto de la sesión, relájate con la confianza de que tu débil esfuerzo está apoyado con el poder de Dios, que se une a ti en tu práctica. Su fortaleza te llevará al profundo lugar donde tu fortaleza y Su luz moran. Recordatorios frecuentes: 5 o 6 por hora, a intervalos regulares (cada diez o quince minutos). Repite la idea, que significa que el milagro siempre está ahí, no tienes más que querer abrir los ojos. Ésta es una idea muy importante en el sistema de pensamiento que estás aprendiendo. Por esta razón hoy se necesitan repeticiones tan frecuentes. Respuesta a la tentación: Cada vez que te sientas tentado a estar disgustado. Repite: “Los milagros se ven en la luz. No voy a cerrar los ojos por causa de esto”. Comentario

Como las lecciones del Libro de Ejercicios son más largas, no es práctico intentar comentar todo lo de la lección. Eso sería más de lo que una persona puede escribir en un día; de hecho, he escrito un librito de 48 páginas sobre la Lección 135. (El título es Una mente que ha sanado no hace planes). Por eso, elegiré y escribiré sobre algún aspecto de la lección que me diga algo en especial. La primera idea, muy importante para la lección, es que “los milagros y la visión van necesariamente de la mano” (1:1). Se nos dice que repitamos esto con frecuencia, y que es una idea central para nuestro nuevo sistema de pensamiento. Aquí se habla de lo que el Curso quiere decir sobre la naturaleza del milagro. Un milagro no es un cambio en algo fuera de nuestra mente, es un cambio en la manera de ver, “un cambio a la visión”: “Tal como el ego quiere que la percepción que tienes de tus hermanos se limite a sus cuerpos, de igual modo el Espíritu Santo quiere liberar tu visión para que puedas ver los Grandes Rayos que refulgen desde ellos, los cuales son tan ilimitados que llegan hasta Dios. Este cambio de la percepción a la visión es lo que se logra en el instante santo”. (T.15.IX.1:1-2) “El milagro está siempre aquí” (1:4). Lo que cambia es nuestra aceptación o rechazo de la visión, o vemos o no vemos. Lo que cambia es nuestra consciencia. Por eso para experimentar el milagro, tenemos que tener la visión. Tenemos que abandonar la obscuridad para ver la luz. Como dice la sección “¿Qué es un milagro?”: “Un milagro es una corrección. No crea, ni cambia realmente nada en absoluto. Simplemente contempla la devastación y le recuerda a la mente que lo que ve es falso”. (L.pII.13.1-3)2 La devastación es lo que vemos con nuestros ojos. El Curso es muy sincero acerca de la vista física: “Los ojos del cuerpo no perciben la luz” (6:39). “Tú no dudas de que los ojos del cuerpo puedan ver. No dudas de la realidad de las imágenes que te muestran” (3:3-4). Y, sin embargo, la lección nos pide que lo hagamos, que dudemos de que nuestros ojos realmente ven, y que dudemos de que lo que ven es real. Tenemos que abandonar la obscuridad para ver la luz; y lo que los ojos del cuerpo nos muestran no es luz, por lo tanto, tiene que ser obscuridad. Necesitamos un cambio a una nueva visión. Esta necesidad de quitar nuestra fe a nuestros ojos y a lo que ven es parte de la razón por la que esta lección va a una segunda idea: “No soy un cuerpo” (6:4) Se nos dice que le demos instrucciones a nuestra mente de que no somos un cuerpo. Tenemos que querer darnos cuenta de que somos algo más, algo que no se ve con los ojos, sino de una manera diferente. Los ejercicios de hoy están pensados para ayudarnos a darnos cuenta de que somos algo distinto de un cuerpo; estamos buscando una experiencia muy concreta. En el párrafo 7 se nos dice: “Necesitas hacerte consciente de lo que el Espíritu Santo utiliza para reemplazar en tu mente la imagen de que eres un cuerpo” (7:2). “Necesitas sentir algo en lo que depositar tu fe” (7:3). “Necesitas tener una experiencia real de otra cosa” (7:4). Una consciencia, una sensación, una experiencia. Hay algo dentro de nosotros, una fortaleza segura, “la cual pone fácilmente a tu alcance todos los milagros” (4:4). ¡No nos damos cuenta de lo fuertes que somos! Y más que eso: “tus esfuerzos, por insignificantes que sean, tienen todo el respaldo de la fortaleza de Dios y de todos Sus Pensamientos” (10:1). Siempre pienso en esto por medio de una semejanza, algo parecido a las ondas de sonido o de radio. Cuando mi pequeña voluntad encuentra la longitud de onda apropiada, de repente me siento unido por la armonía del universo, un poderoso rayo de energía divina que suena conmigo. Si podemos encontrar hoy la apropiada frecuencia de
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Las páginas “¿Qué es?” Son un problema para el esquema de las referencias del Libro de Ejercicios. Están numeradas de 1 a 14, como las lecciones 1 a 14. Para evitar la confusión, las referencias a “¿Qué es?” de la segunda parte del Libro de Ejercicios siempre llevan pII. Cuando veas un número 1-14 detrás de pII, se refiere a una de estas secciones de “¿Qué es?”.

pensamiento, encontraremos esa consciencia, sentiremos esa sensación, y tendremos esa experiencia que nos lleva más allá del cuerpo y dentro de la visión. ¿No se merece esto diez minutos de esfuerzo, 3 veces hoy? Sé que sí. Sin embargo, no te sientas desanimado si no sientes nada. Encontrarás la visión. Hoy tus esfuerzos no se pierden, y no pienses que has “fracasado” si no sucede nada. Recuerdo cuando aprendí a patinar. Empecé cayéndome mucho. Si hubiera pensado que había fracasado, lo habría dejado y nunca habría aprendido a patinar. Pero no lo hice. Continué cayéndome una y otra vez, hasta que un día ya no me caí. Con la visión espiritual, estoy en la etapa de caerme. He tenido experiencias increíbles, instantes santos, tal como en los comienzos de patinar había momentos en que me recorría manzanas sin caerme (patinando por la acera, saltando por encima de los agujeros), hasta que de repente me caía. Todavía no tengo la visión espiritual constante. Pero el milagro siempre está aquí, lo vea o no. Y mi visión mejora cada vez que practico.

LECCIÓN 92

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2 ABRIL

“Los milagros se ven en la luz, y la luz y la fortaleza son una”

Instrucciones para la práctica
Propósito: Experimentar la luz de la fortaleza en ti, que te mostrará los milagros que siempre están ahí. Ejercicios más largos: 2 veces, mañana y noche, durante veinte minutos. Este ejercicio es otra meditación, como las que has estado haciendo desde la lección 41. Por eso las instrucciones son tan cortas, se supone que sabes cómo hacerlo. Aquí, intentas sumergirte a ese lugar profundo de tu mente donde la luz y la fortaleza son una, y donde “tu Ser se alza presto a recibirte como Suyo” (9:2). Busca este lugar y descansa en la paz que te está esperando allí. Tu búsqueda no es tu propio esfuerzo únicamente. “Déjate conducir” allí (10:2), pídele a la verdad que te lleve allí (a esto se le daba mucha importancia en las Lecciones 69, 73, y 91). Mientras vas allí, recuerda retirar tu mente de las distracciones como se necesita, y tener una actitud de confianza, deseo y determinación. Recordatorios frecuentes: Tan a menudo como puedas. Repite la idea, reconociendo que se te está alejando de la ceguera del cuerpo a la luz de la verdadera visión, en la que se ven los milagros. Hazlo pensando “Me estoy preparando para la práctica de la noche”. De este modo, puedes usar el día para prepararte para un auténtico instante santo al final del día. Comentario El propósito de esta lección me parece que es encontrar “el lugar de encuentro entre el ser y el Ser”, tal como se dice en 10:4. “La fortaleza de Dios en ti es la luz en la que ves” (3:1). Hay Algo en mí que está muy lejos de lo que pienso que soy, como el sol está lejos de una cerilla. Hay una inmensidad en mí que no me imagino y que, por medio de estas lecciones, se me está conduciendo a descubrir. Hoy, en los dos periodos de práctica de veinte minutos, la “reunión” de la mañana y la noche como se le llama en 11:2, estoy intentando llevar el ser al Ser, llevar la cerilla al sol. Estoy intentando abrir la puerta a lo Infinito dentro de mí. Esta fortaleza dentro de mí es mucho más poderosa de lo que se pueda decir. Es “constante, tan segura como el amor y eternamente feliz de darse a sí misma” (8:1). Dentro de mí, mi Ser “se alza presto a recibirme como Suyo” (9:2). Soy como una batería cerca de una planta de energía

nuclear, a punto de enchufarse a un poder interminable que se renueva a sí mismo sin cesar. No, esa imagen es demasiado fría, le falta el “abrazo” de que se habla. Soy un niño pequeño y asustado, a punto de ser arrastrado a los brazos del universal Dios/Padre/Madre compasivo y todopoderoso. Pienso que quizá el modo en que un niño pequeño ve a sus padres (gigantescos, inmensos, que todo lo saben, totalmente merecedores de confianza y capaces de hacerlo todo) es quizá un reflejo de la verdad de nuestra relación con Dios, e incluso de nuestra relación con nuestro verdadero Ser. Esta lección me parece enormemente esperanzadora. Me dice que la fortaleza es la verdad acerca de mí (4:7). ¡Esas palabras merecen repetirse muchas veces! La verdad le da su fortaleza a todo el que se la pide, sin límites (5:4). Esta luz, esta fortaleza “no cambia, ni titila hasta finalmente extinguirse” (7:5). “Nadie que pida compartir su visión lo hace en vano” (8:2). Como una lección posterior nos dice: “Nadie que se proponga alcanzar la verdad puede fracasar”, L.131, encabezamiento). No importa cuántas veces lo haya intentado y haya fracasado, o cuánto tiempo hace que tuve un rayo de luz en mi mente, o lo débiles y pequeños esfuerzos de mi corazón; no puedo fracasar. Tengo la fortaleza de Dios en mí, y me llevará a donde quiero ir. Hoy vengo a las sesiones de práctica con confianza en esa fortaleza. Mi fortaleza. Vengo a permitir, por este corto tiempo, que mi ser se encuentre con mi Ser. Vengo a dejar atrás la obscuridad y dejar que en la luz surja la verdadera visión en mi mente. No importa que no parezca durar. No importa que mi mente pueda parecer obscura antes y después de ello; ¡que me abra a la luz durante este instante, y que empiece su trabajo de llevarme a mi hogar! Traigo mis dudas, mis miedos, mi incredulidad al descubierto, y las expongo a esta luz, y en la luz desaparecen, y mi corazón se llena de alegría. Se me está “llevando de las tinieblas a la luz, donde únicamente pueden percibirse milagros” (11:3).

LECCIÓN 93

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3 ABRIL

“La luz, la dicha y la paz moran en mí”

Instrucciones para la práctica
Propósito: Dejar de lado tu creencia de que eres pecador y malvado, y experimentar la inocencia de tu Ser tal como Dios te creó. Ejercicios más largos: Cada hora, a la horas en punto, durante cinco minutos. • Repite: “La luz, la dicha y la paz moran en mí. Mi impecabilidad está garantizada por Dios.” Me resulta útil hacer una breve pausa después de cada cualidad (“Luz… dicha… paz…”) de modo que puedo agradecer cada una por separado. • El resto es una meditación corta, en la que intentas dejar el falso ser que te has inventado, que incluye todo tu sentido de ser y todas tus imágenes falsas acerca de ti. Llega muy dentro a tu Ser tal como Dios te creó, lleno de luz y dicha y paz. Intenta experimentar Su unidad y agradecer Su santidad y Amor.”Permítele venir ahí donde le corresponde estar” (9:6). Recuerda tener una actitud de confianza, deseo y determinación, y expulsar los pensamientos que distraen por medio de repetir la idea. Alternativo: a la hora en punto, durante al menos un minuto. Intenta hacer cada hora los cinco minutos siempre que puedas. Cuando no puedas o no estés dispuesto, por lo menos haz el ejercicio alternativo:


Di: “La luz, la dicha y la paz moran en mí. Mi impecabilidad está garantizada por Dios.” Cierra los ojos e intenta darte cuenta de que esto es la verdad acerca de ti.

Respuesta a la tentación: Cada vez que una situación o persona te tiente a estar disgustado. 1. Si una situación te altera, di rápidamente: “La luz, la dicha y la paz moran en mí. Mi impecabilidad está garantizada por Dios.” 2. Si una persona parece enfadarte, dile en silencio: “La luz, la dicha y la paz moran en ti. Tu impecabilidad está garantizada por Dios.” Apoyo a la práctica: Hoy es el comienzo de una serie de lecciones en las que se te pide que practiques cinco minutos cada hora. Para ayudarte a mejorar en este reto, estas lecciones contienen una enorme cantidad de ánimo para la práctica. Puedes ver ese aliento al final de las frases de esta lección, que te dicen que al hacer la práctica de hoy puedes ayudar a la salvación del mundo, acercar más tu propio papel en esa salvación, y ganar la seguridad de que la luz, la dicha y la paz verdaderamente moran en ti. Comentario El pensamiento del encabezamiento es muy positivo y refleja la verdad acerca de mí; pero el primer párrafo de la lección es bastante sombrío y refleja lo que el ego me ha enseñado acerca de mí, y me lo ha enseñado muy bien. Creo que yo soy “la morada del mal, de las tinieblas y del pecado” (1:1). A decir verdad, no muchos de nosotros somos conscientes de que pensamos esto de nosotros, y cuando surgen esos pensamientos los olvidamos rápidamente. Pero el modo en que me respondo a mí mismo, ciertamente, muestra que así es como pienso de mí mismo. De otro modo, ¿por qué protejo tanto mis “pensamientos privados”, por ejemplo? ¿Por qué tengo tanto miedo a examinarme a mí mismo y a mis motivaciones internas? ¿Por qué tengo miedo de abandonar el cuerpo y aparecer ante Dios, cuando esa posibilidad cruza mi mente? Tengo profundamente arraigadas dudas acerca de mi propia bondad y valía. Supón que tuviera que encontrarme con alguien que pudiera leer mi mente y conocer cada uno de mis pensamientos. ¿Me sentiría cómodo con esa persona? Imagínate que tuviera que llevar puesto un casco con una pantalla de vídeo encima de mi frente y que reflejase mis pensamientos para que todos los viesen. ¿Cómo me sentiría? No tengo ninguna duda de que me sentiría muy, muy incómodo y quizá aterrorizado, porque hay muchos pensamientos que cruzan mi mente todo el tiempo que no me gustaría que los viese todo el mundo. Incluso cuando estoy bastante seguro de lo inofensivo de mis intenciones, siempre hay algo escondido debajo de mis motivaciones y que desprecio. A veces mis actos más bondadosos están mezclados con cierto resentimiento o sensación de sacrificio y con motivos ocultos. A veces soy muy consciente de no confiar en mí mismo en ciertas situaciones. En el cuadro que describe el Curso, cada uno de nosotros tiene esta duda básica acerca de sí mismo. Secretamente sospechamos, o incluso conscientemente creemos, que no somos completamente merecedores de confianza ni completamente buenos y amorosos. Y como dice la lección, es “difícil” (2:1) sacar estas creencias acerca de nosotros mismos, sin embargo de eso es de lo que trata el Curso: despejar estos obstáculos que nos impiden darnos cuenta de la presencia del amor, que es nuestra herencia natural (ver T.In.1:7). La verdad es que en lo más profundo de mi Ser, soy completamente amoroso y digno de ser amado (T.1.III.2:3-4). La luz, la dicha y la paz moran en mí, yo soy su hogar, y permanecen conmigo para siempre como creación de Dios. Para empezar a dudar de mis fuertes creencias negativas acerca de mí (que es un modo de definir lo que el Curso llama “culpa”), y para empezar a verme tal como Dios me creó, necesito “un punto de referencia muy distinto” (3:1).

Necesito alcanzar un estado mental diferente. Eso es lo que el Espíritu Santo hace por mí, eso es lo que sucede en el instante santo. La verdad acerca de mí es “que todo el mal que crees haber hecho nunca ocurrió; que todos tus pecados no son nada; que sigues siendo tan puro y santo como fuiste creado, y que la luz, la dicha y la paz moran en ti” (4:1). Negamos este mensaje constantemente, aunque es completamente ilógico hacerlo. Como dice Spot en Star Trek: los seres humanos no siempre son lógicos. Nuestra mente automáticamente inventa argumentos en contra para negar nuestra propia inocencia. O simplemente lo descartamos como absurdo, como “Poliana” sin siquiera considerarlo seriamente. ¿Por qué? Porque pensamos que admitir la verdad de nuestra inocencia es la muerte. Estamos tan identificados con esta imagen culpable de nosotros que amenazarla es amenazar nuestra propia existencia, o así lo parece. “Sin embargo, es la vida” (4:3), no la muerte. Cuando el Espíritu Santo nos presenta una imagen de nuestra inocencia nos aterroriza porque pone nuestro mundo patas arriba y rompe nuestro marco de referencia, basado en los juicios que hemos hecho. Da miedo pensar que hemos estado tan completamente equivocados acerca de nosotros, incluso aunque el error haya sido condenarnos y la verdad que desconocemos es nuestra propia inocencia. Un método que la lección usa para ayudarnos a romper la vieja imagen de culpa acerca de nosotros es repetir una y otra vez: “Tu impecabilidad está garantizada por Dios” (6:1, y seis veces más en la lección). La repetición frecuente es un modo excelente de reprogramar la mente, por eso se nos pide que pasemos cinco minutos de cada hora (si podemos) repitiendo estas ideas y pensando en ellas, aceptando que son la verdad acerca de nosotros: “La luz, la dicha y la paz moran en mí. Mi impecabilidad está garantizada por Dios” (8:2-3; 10:4-5). Cuando dice esto, la lección no quiere decir que Dios garantiza que nos cogerá a nosotros, pobres criaturas pecadoras, y que nos hará sin pecado. Eso no es necesario porque para empezar fuimos creados sin pecado y conservamos esa cualidad. Nunca he pecado, eso es lo que me dice la lección. Pienso que he pecado (¡y eso piensan los que me conocen!), creo que lo he hecho, estoy completamente convencido de que lo he hecho, pero nunca he pecado. Errores, sí; pero no pecados, porque no existe el pecado. “Pecar supondría violar la realidad, y lograrlo” (T.19.II.2:2), y eso simplemente no es posible. “El Hijo de Dios puede estar equivocado, engañarse a sí mismo e incluso usar el poder de su mente contra sí mismo. Pero no puede pecar. No puede hacer nada que en modo alguno altere su realidad, o que haga que realmente sea culpable” (T.19.II.3:1-3). Mi impecabilidad está garantizada porque no puedo pecar; eso es pura lógica. Si algo es imposible para mí, es una apuesta muy segura que nunca lo haré y que nunca lo he hecho. Los ejercicios de hoy son intentos de sentir este único Ser, esta realidad tal como Dios la creó. Se necesita abandonar el otro “ser”. Abrirnos a la inmensidad del Amor que está dentro de nosotros, flotar en Él, ser rodeados por Él, abrazados por Él. Y luego el pensamiento más sorprendente: “Ahí estás tú; Eso es lo que eres” (9:7). ¡Eso eres tú! Si puedes, piensa en la experiencia más directa y dramática que hayas tenido de la Presencia de Dios, o de la presencia del amor, y dite a ti mismo: “Eso que experimenté en aquel momento, Eso soy Yo. Eso es lo que yo soy”.

LECCIÓN 94

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4 ABRIL

“Soy tal como Dios me creó”

Instrucciones para la práctica

Propósito: “Sentir la verdad que se encuentra en ti” (3:1), sentir tu verdadero Ser. Ejercicios más largos: Cada hora, a la hora en punto, durante cinco minutos. • Di: “Soy tal como Dios me creó. Soy Su Hijo eternamente”. • El resto es de nuevo una meditación corta, de una forma ligeramente distinta. Primero, deja a un lado todas las imágenes que tienes de ti mismo: “todos los atributos tanto buenos como malos que te has adjudicado a ti mismo” (4:1). Luego “aguarda la verdad con silenciosa expectación” (4:1) para que tu verdadero Ser se muestre a ti. Espera con confianza, sabiendo que Dios te ha prometido esta revelación. Esta espera significa tener tu mente en quietud y silencio, vacía de las cosas concretas sin embargo llena de la esperanza de que Quien tú eres llegará. Cuando tu mente se distraiga, repite la idea para volver tu mente a esta espera confiada. Esto me parece el primer ejemplo de lo que yo llamo Meditación de Mente Abierta, que será el más elevado método de meditación del Libro de Ejercicios. En esta técnica, conscientemente dejas a un lado tus habituales pensamientos y creencias, y luego mantienes tu mente en quietud y silencio, esperando que se te muestre la verdad. Para más ejemplos, ver la Introducción al Quinto Repaso, párrafo 12; y la Lección 189, párrafo 7. Alternativo: A la hora en punto. Si no haces los cinco minutos a la hora en punto, al menos repite: “Soy tal como Dios me creó. Soy Su Hijo eternamente”. Esta práctica de pasar un minuto con la idea, si no puedes hacer los cinco minutos completos, se aplicará a todas las lecciones de cinco minutos cada hora. Recordatorios frecuentes: Muy a menudo. Repite la idea, en la forma original o en la forma ampliada. Respuesta a la tentación: Cada vez que alguien parezca irritarte. Asegúrate de responderle: “Eres tal como Dios te creó. Eres Su Hijo eternamente”. Apoyo a la práctica: Se te pide con insistencia “haz todo lo posible hoy por llevar a cabo los ejercicios que se deben hacer cada hora” (5:8). Se te promete: “Cada sesión de práctica será un paso gigantesco hacia tu liberación” (5:9). Si dejas que esta línea te convenza, descubrirás que es un enorme motivador para practicar. Esa línea también significa que esta lección es otro de los pasos gigantescos del Libro de Ejercicios (los primeros fueron las Lecciones 61 y 66). Esto es cierto porque “Soy tal como Dios me creó” es la primera vez que aparece en el Libro de Ejercicios, luego se repite en las Lecciones 110, 162, y a lo largo de las veinte lecciones del Sexto Repaso. Comentario Esta lección continúa con el pensamiento de ayer: “La salvación requiere que aceptes un solo pensamiento: que eres tal como Dios te creó” (L.93.7:1). El Curso le da una importancia significativa a esta única idea. Es la única idea que se usa como el tema central de más de una lección, es el encabezamiento de esta lección, de la Lección 110 y de la Lección 162. Se introdujo en el Texto (T.31.VIII.5:2). Es parte del tema de las Lecciones 132 y 139, y el Sexto Repaso nos hace repetir durante veinte días: “No soy un cuerpo. Soy libre. Pues aún soy tal como Dios nos creó”. Tienes la sensación de que Jesús quiere que cojamos esta idea, y que la cojamos muy bien. Lee de nuevo el primer párrafo de esta lección y verás lo importante que esta idea es en el programa de estudios del Curso: se le llama “la idea que nos brinda total salvación” (1:1).

Así que, ¿por qué es tan importante esta idea? Justo por esto: todo nuestro “problema” está en nuestra creencia de que, si Dios me creó completo y entero, de algún modo yo lo he fastidiado. De algún modo lo he perdido, lo he hecho trizas, destruido, o me he corrompido. “Soy tal como Dios me creó”afirma que nada de eso ha sucedido. Dios me creó completo, y “Soy tal como Dios me creó”. Todavía soy completo. Todavía soy santo. Todavía estoy sin pecado y sin culpa. Pensar que podemos cambiar lo que Dios creó, y que podemos corromperlo es el no va más de la arrogancia, afirma que nuestro poder es mayor que el de Dios, que podemos anular lo que Él creó. Si Dios nos creó completamente amorosos y completamente dignos de ser amados, entonces todavía somos eso, no importa lo que pensemos, no importa lo que creamos que hemos hecho. No somos lo que inventamos de nosotros, todavía somos lo que Dios creó. “Si sigues siendo tal como Dios te creó, tienes que ser fuerte, y la luz tiene que encontrarse en ti” (2:2). Así que “te encuentras en la luz, firme en la impecabilidad en la que fuiste creado” (2:6). Ésa es la verdad acerca de todos nosotros, y todo el Curso trata de deshacer cualquier creencia que podamos tener que contradiga y niegue la verdad. Una vez más, la práctica de hoy pide “los primeros cinco minutos de cada hora de vigilia” (3:1) como momentos en los que intentamos sentir la verdad acerca de nosotros, y llegar al Hijo de Dios en nosotros. Esta práctica de cinco minutos cada hora, que se empezó ayer, va a continuar durante otras dieciséis lecciones hasta la lección 110, así que acostúmbrate a ella. Ésta es probablemente la práctica extendida más intensa que requiere el Libro de Ejercicios, después de la Lección 110 se establece en una sesión por la mañana y por la noche con recordatorios más cortos cada hora. Como verás, casi todas estas dieciocho lecciones de la 93 a la 110 son variaciones del tema de llegar al Cristo dentro, el verdadero Ser, yo mismo tal como Dios me creó. Date cuenta de lo importante que es esto, y haz un verdadero esfuerzo para realizar las prácticas de cada hora, si te es posible reorganizando tu día si es necesario. Sin embargo, recuerda que la lección de ayer nos dijo que es posible que no queramos, o incluso que no nos sea posible hacerlo así, y si nuestra motivación no es tan elevada, sugería que al menos pensemos un minuto cada hora repasando la idea del día. Reconoce también que el Libro de Ejercicios no incluiría dieciocho lecciones con el mismo tema y formato básicos si esperase que lo lograras perfectamente “a la primera”. Entrar en contacto con nuestro único Ser requiere práctica, y para eso están las lecciones. El texto se refiere a los beneficios de practicar “El mecanismo del instante santo” (T.15.II.5:4) incluso aunque realmente no consigas “sentir la verdad que se encuentra en ti” (3:1) cada vez; practicar el mecanismo, seguir los pasos que se indican, es lo que acerca un poco más la realidad del instante santo cada vez que lo haces. Afirma tu voluntad de recibir la gracia que Dios quiere darte, deshace tu resistencia, que es lo único que te impide ser consciente de tu Ser. Las palabras finales de la lección subrayan la importancia de esta práctica: “Haz todo lo posible hoy por llevar a cabo los ejercicios que se deben hacer cada hora. Cada sesión de práctica será un paso gigantesco hacia tu liberación, y un hito en el proceso de aprender el sistema de pensamiento que este curso postula” (5:8-9). Así que únete a mí en intentar de verdad hacer lo que estas lecciones nos dicen que hagamos. Recuerda los consejos de la Introducción del Libro de Ejercicios: “Es la práctica de los ejercicios, no obstante, lo que te permitirá alcanzar el objetivo del Curso.” (L.In.1:2). “Se te pide simplemente que las apliques tal como se te indique. No se te pide que las juzgues. Se te pide únicamente que las uses. Es usándolas como cobrarán sentido para ti, y lo que te demostrará que son verdad”. ( L.In.8:3-6)

Pero no hagas excepciones al aplicar las ideas expuestas en el libro de ejercicios. Sean cuales sean tus reacciones hacia ellas, úsalas. No se requiere nada más.” (L.In.9:4-5)

LECCIÓN 95

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5 ABRIL

“Soy un solo Ser, unido a mi Creador”

Instrucciones para la práctica
Propósito: Intentar de nuevo llegar a tu único Ser. “Lleno de paciencia y esperanza, hoy volveremos a tratar de llegar a Él” (3:3). Ejercicios más largos: Cada hora, a la hora en punto, durante cinco minutos (si no puedes hacer esto, al menos haz el alternativo). • Di de todo corazón: “Soy un solo Ser, unido a mi Creador, uno con cada aspecto de la creación, y dotado de una paz y un poder infinitos”. Probablemente necesitarás tener los ojos abiertos para leer las frases. • Cierra los ojos y repite: Soy un solo Ser”. Di esto varias veces, “lentamente y a conciencia, tratando de dejar que el significado de las palabras penetre en tu mente” (11:3). Diciéndolo de este modo tendrá un mayor efecto en ti. • El resto es una meditación en la que intentas llegar a tu único Ser, que está perfectamente unido con Él Mismo, perfectamente unido con todos tus hermanos, y perfectamente uno con Dios.”Siente a este único Ser, y deja que Su resplandor disipe todas tus ilusiones y dudas” (13:3). Saca todo el entrenamiento que has recibido acerca de la meditación en el Libro de Ejercicios. Recordatorios frecuentes: Tan a menudo como puedas. Hay dos formas para esta práctica frecuente: 1. Repite la idea. Date cuenta de que cada vez que la haces, la sanación entra en la mente de alguien. 2. A todo el que encuentras dile: Tú y yo somos un solo Ser, unidos con nuestro Creador en este Ser. Te honro por razón de lo que soy, y de lo que es Aquel que nos ama a ambos cual uno solo”. Aplicar la idea a todos con los que te encuentras es una práctica importante, que ya lo has hecho en las Lecciones 37, 43, y 78. Apoyo a la práctica: Aquí en nuestro tercer día de la práctica de cinco minutos cada hora, se nos da una extensa explicación de por qué este plan de práctica es tan importante en este momento. Primero, necesitas periodos de práctica más cortos. De otro modo, tu mente divagará sin cesar, de lo que probablemente ya te has dado cuenta en esos periodos de diez a quince minutos. Segundo, necesitas frecuentes sesiones de práctica. Cuando había sólo dos periodos más largos de práctica al día, probablemente tendías a olvidarte de los cortos (recordatorios frecuentes y respuesta a la tentación). Con los más largos ahora siendo más frecuentes, probablemente te acordarás de los más cortos. Tercero, necesitas sesiones de práctica con regularidad. Tenerlos planeados en estos intervalos fijos y regulares es más probable que los practiques, dada tu resistencia a practicar. Por todas estas razones, te pide con insistencia que te saltes tan pocas como puedas. La clave para llevarlo a cabo es cómo responder cuando te has perdido una. Perder una sesión de práctica es un simple error, eso es todo. El modo de responder a este error es corregirlo, que significa volver a practicar. Sin embargo, el peligro es que consideres este error como un pecado real. Esto toma la forma de decidir que lo has fastidiado sin esperanzas y que vas a abandonar toda práctica del día. ¿Te resulta familiar?

Éste es un ingenioso truco del ego. Está aterrorizado de lo que te traerá tu práctica: la comprensión de tu Ser. Su miedo es lo que te hizo saltarte esa práctica en primer lugar. Ahora te ha convencido de que puesto que no has hecho una, deberías continuar no haciendo más. Ha anulado con éxito la amenaza de tu práctica al convencerte de que no practiques. La solución es considerar esa sesión que no has hecho como un simple error y perdonarte a ti mismo por ello. No fue nada, sólo un momento de debilidad. Verlo como un momento de debilidad le quita poder. Ahora ya no tiene el poder de darte órdenes sobre lo que hacer después, de que pases el día de igual manera. Ahora simplemente lo corriges, vuelves a tu práctica. A propósito, éste es el consejo constante del Libro de Ejercicios acerca de cómo tratar con las sesiones de práctica que no se han hecho. Haz lo más que puedas para seguir este consejo, empezando hoy. “No te olvides hoy” (se te dice dos veces, en 14:1 y 14:6). El Cielo necesita los pensamientos sanadores que envías al mundo con la práctica de hoy. El Cielo confía en que lo harás, así que tú puedes confiar también. Comentario Esta lección es una de mis favoritas, porque reconoce tanto mi identidad como la pobre imagen que me he hecho de mí mismo. Afirma mi grandeza sin negar mi ilusión de debilidad. Apoya la imagen exaltada de mi “solo Ser, unido a mi Creador, uno con cada aspecto de la creación, y dotado de una paz y un poder infinitos” (11:2). Pero lo hace hablando acerca de mi “falta de diligencia” y mis fallos en “seguir al pie de la letra las instrucciones que se nos dan para practicar la idea del día” (8:3). Me hace darme cuenta de que, de alguna manera, esta visión elevada de mi Ser no es incompatible con mis torpes y pequeños intentos de seguir este Curso. Me hace saber que mis errores no niegan la verdad acerca de mí. Si alguien duda de lo que dije ayer (que la intención de estas dieciséis lecciones siguientes es tener una experiencia interna de nuestro Ser, y que el Libro de Ejercicios le da muchísima importancia a la práctica disciplinada como medio de alcanzar esa experiencia) que lea esta lección varias veces. No puedes perderte el mensaje, y yo no lo puedo decir más claro que lo que lo dice la lección: La estructura, entonces, es necesaria a estas alturas. (6:1) No te olvides hoy… Hoy vas a intentarlo… Mantente alerta… No te olvides hoy… Recuerda tu objetivo a lo largo del día. (14:1,3,5-7) La lección parece estar hablando de dos cosas muy distintas. Por una parte, mi Ser tal como Dios me creó, mi perfecta unidad. Por otra parte, la importancia de la práctica reglamentada, muy concreta y estructurada, durante los primeros cinco minutos de cada hora. Si soy perfecto, ¿por qué necesito toda esta disciplina? ¿Por qué no afirmar simplemente la verdad acerca de mí mismo y acabar con la práctica? Necesitamos la práctica porque no creemos la verdad acerca de nosotros. Tenemos todos estos guerreros escondidos en nuestra mente, los ingeniosos y engañosos manipuladores de la conciencia plantada por el ego que nos impiden la plena consciencia. Cuídate de caer en la tentación de decirte a ti mismo que no vas a hacer la práctica disciplinada porque no la necesitas. Demuéstrame que no la necesitas al hacerla, y quizá te crea. No puedes simplemente sentarte al piano y de buenas a primeras tocar el Concierto Número 1 para Piano de Tchaikovski, hay que empezar con las escalas. Las escalas no son gran música pero son el camino necesario. Así pues, “La regularidad en cuanto al horario (tocar las escalas) no es el requisito ideal para la forma más beneficiosa de la práctica de la salvación (el concierto). Es ventajoso, no obstante, para aquellos cuya motivación no es constante, y cuyas defensas contra el aprendizaje son todavía muy fuertes” (6:2-3). Ése soy yo, no sé tú, pero ése soy yo.

La belleza de este tipo de práctica repetitiva es que revela todos los trucos del ego que nos alejan de Dios. Sólo hazlo, como dice el anuncio de Nike, y empezarás a darte cuenta de cuántas tensiones de resistencia de virus antiespiritual hay en el laberinto de tu mente, cuántas maneras de impedirte conocer tu Ser te has inventado. Ése es uno de los propósitos fundamentales de la práctica: “Has visto cuán grande es tu falta de disciplina mental y la necesidad que tienes de entrenar a tu mente. Es necesario que reconozcas esto, pues ciertamente es un obstáculo para tu progreso” (4:4-5) Tenemos que reconocer nuestra necesidad antes de que podamos reconocer la solución que ya se nos ha dado. Tenemos que reconocer el “ser dividido en muchas partes conflictivas” (2:2) antes de que podamos reconocer la “perfecta unidad” (1:4) de nuestra realidad. Así que esta práctica dejará al descubierto nuestra necesidad, y dejará al descubierto al ego; eso es bueno, eso es lo que se pretende que haga. Pero eso no es todo. Sí, parte del propósito es que aprendamos a perdonarnos nuestros fallos. Pero el propósito no es fallar y luego perdonar. El propósito es fallar, perdonar, y luego hacer la práctica. Decirte: “Oh, por supuesto no he hecho la práctica hoy, se supone que voy a fallar” es sólo otro modo de negarte a permitir que el error se corrija. Es no estar dispuesto a intentarlo de nuevo. “Permitir que el error siga repitiéndose es cometer errores adicionales, que se basan en el primero y que lo refuerzan. Éste es el proceso que debes dejar a un lado, pues no es sino otra manera de defender las ilusiones contra la verdad”. (9:3-4) En otras palabras, aceptar el fallo no es el propósito, es lo que se tiene que dejar a un lado. Tanto el fallo como permitir que el fallo continúe “son intentos de mantener alejado de tu conciencia el hecho de que eres un solo Ser” (10:2). Un solo Ser, con un solo propósito: “brindar a todas las mentes la conciencia de esta unidad, de manera que la verdadera creación pueda extender la Totalidad y Unidad de Dios” (12:2). Que yo me entregue a este proceso, conociendo mi verdadero propósito, reconociendo que me estoy entrenando para despertar a la humanidad junto conmigo. Que tome estos minutos de cada hora para hacerme consciente de Quién soy. “Se te ha concedido poder sentir este Ser dentro de ti” (13:5). Yo quiero eso hoy, Padre. Quiero abandonar mis viejas ilusiones y sentir la extensión y el poder de mi verdadero Ser, que Tú me has dado. Quiero olvidar mi creencia en la pequeñez, aunque sólo sea durante unos pocos segundos cada hora, y llevar continuamente mi ser a estos recordatorios (puesto que me olvido tan rápido) hasta que la consciencia surja en mi mente de manera permanente, para no olvidarla nunca más. Que así sea.

LECCIÓN 96

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6 ABRIL

“La salvación procede de mi único Ser”

Instrucciones para la práctica
Propósito: Encontrar el pensamiento de la salvación en lo más profundo de nuestra mente, y permitirle devolverle a tu mente su verdadera función de bendecir todas las mentes. Ejercicios más largos: Cada hora, a la hora en punto, durante cinco minutos (si no puedes hacerlo, al menos haz el alternativo).


Di: “La salvación procede de mi único Ser. Sus pensamientos están a mi disposición”. El resto parece ser una mezcla de meditación (en la que intentas llegar a tus pensamientos reales, como en la Lección 45) y escuchar al Espíritu Santo (estando atento a Su enseñanza espiritual, como en la Lección 76). Busca muy dentro de tu mente la Presencia del Espíritu Santo. Él está ahí para decirte tus propios pensamientos, los pensamientos de tu verdadero Ser, en especial el pensamiento de la salvación. Si tienes éxito, te vendrán pensamientos que te dirán que te has salvado y que puedes salvar. Estos pensamientos son más que pura información, llenarán tu mente de fortaleza, permitiéndote bendecir a todas las mentes. Recuerda el entrenamiento que has recibido tanto en meditación como en escuchar al Espíritu Santo: Mantén tu mente en un estado de atención silenciosa, escucha con confianza, y retira a tu mente de toda distracción cuando sea necesario.

Recordatorios frecuentes: Tan a menudo como puedas. Repite la idea. Mientras lo haces, imagina que estás depositando otro tesoro en tu almacén de tesoros, un tesoro que puedes reclamar en cualquier momento que quieras. Si lo deseas, repite la idea de este modo ahora. Apoyo a la práctica: Puede que hoy no te sientas seguro de haber tenido éxito, pero tu Ser sabe que no puedes fracasar. Tu práctica Le llena de gozo a Él, y guardará este gozo para ti, guardándolo en tu almacén de tesoros hasta que estés listo para recibirlo y experimentarlo. Comentario “Aunque eres un solo Ser, te percibes a ti mismo como si fueses dos” (1:1). Sentirnos divididos es una experiencia universal. Incluso la misma práctica de estas lecciones nos lo hace ver claro: por una parte, queremos hacer la práctica porque queremos ir a Dios, queremos la iluminación; por otra parte, cuando llega la hora y es el momento de tomar cinco minutos, algo dentro de nosotros se resiste a hacerlo. Parece como si hubiera dos seres dentro de nosotros: uno “bueno” y el otro “malo”, uno que quiere la luz y el otro que se agarra a la obscuridad. La mayor parte de mi vida he vivido con esto, creyendo que mi experiencia era verdad. Sin embargo, algo dentro de mí me decía que no es así. ¿Cómo podría ser dos seres diferentes? ¿Cómo podría tener dos naturalezas, como me enseñó mi formación cristiana (carne y espíritu)? No tenía sentido. La naturaleza de algo, de cualquier cosa, es siempre una. El Curso explica que una, el espíritu, es real; la otra, el ser separado que se experimenta a sí mismo como un cuerpo, es irreal, nada más que un producto de mi imaginación. Yo no estoy dividido, y todo lo que parezca que lo estoy es un truco de mi mente, un engaño a mí mismo. Basada en la ilusión de estar dividida en opuestos, la mente “ha buscado muchas… soluciones” (1:3). Se ha engañado creyendo en la realidad de esta división y en la realidad del ser físico. Por lo tanto, intenta continuamente hacer que las cosas funcionen, y nunca lo hacen. La mente se pone al servicio del cuerpo, planea maneras de que se sienta cómodo, de que esté a gusto, de que dure para siempre, de mantenerlo a salvo de daños. Al hacer esto, la mente pierde su verdadera función. Nuestro único Ser es espíritu. En su preocupación por el cuerpo, la mente ha perdido de vista al espíritu casi por completo. Necesita recuperar su verdadera función de servir al espíritu: “La mente es el medio del que el espíritu se vale para expresarse a Sí Mismo” (4:1). Esto es lo que nos trae paz y llena de alegría nuestra mente; mientras que servir al cuerpo no trae más que conflicto y dolor. Los pensamientos del espíritu buscan expresarse a través de nuestra mente, para eso es la mente.

El Espíritu Santo es un agente de Ayuda divina, que lleva a la mente de nuevo a su verdadera función de servir al espíritu. Para nuestra mente, Él es el representante del espíritu, de nuestro verdadero Ser, recordándonos constantemente que dejemos a un lado esta inútil búsqueda de la salvación en el reino de lo físico, y que abramos nuestra mente al espíritu. “Si eres espíritu, el cuerpo es entonces el que no tiene ningún sentido en tu realidad” (3:7). Debido a que hemos separado a nuestra mente de su verdadera función, pensamos que estamos solos y separados. Necesitamos un Ayudante Que nos recuerde nuestra verdadera relación con el espíritu. Nuestro espíritu, nuestro Ser, “aún conserva Sus pensamientos, los cuales permanecen dentro de tu mente y en la Mente de Dios (7:1). Seguimos siendo, en espíritu, tal como Dios nos creó. Así que no estamos intentando cambiar lo que es nuestra mente, sino cambiar el propósito al que sirve. En estos ejercicios, estamos buscando volvernos a conectar con el espíritu, dejar a un lado durante cinco minutos los problemas del ser físico que pensamos que somos y que nos distraen por completo, estamos buscando abrirnos a estos pensamientos del espíritu para permitir que nuestra mente encuentre su función como canal del espíritu. “Una vez que su fortaleza haya sido restaurada, tu mente podrá fluir de nuevo desde su espíritu al espíritu de todas las cosas creadas por el Espíritu a semejanza de Sí Mismo. Tu mente bendecirá todas las cosas” (10:3-4). Ésa es nuestra función, para eso es para lo que fuimos creados. “Extender el Ser de Dios es la única función del espíritu” (T.7.IX.3:1). De este modo me descubro a mí mismo como prolongador del Ser de Dios. Dios es Amor, y por eso yo amo. Dios crea, y por eso yo creo, que aquí en la tierra se expresa como sanación, como restaurar la creación a su estado natural. Este “Ser” del que el Curso habla no es algo separado de mí, soy yo. Hablar de buscar los pensamientos de mi único Ser, casi parece como si el Ser estuviera separado de mí y yo estuviera buscando comunicarme con Él. Pero el Ser soy yo. “Ahí estás tú, Eso es lo que eres” (L.93.9:7). Estamos poniendo en contacto la mente con nuestro espíritu, pero soy yo, la luz ya está en mí, los pensamientos que estoy “buscando” son mis propios pensamientos que yo he apartado de la consciencia de mi mente. Aquí no se describe con gran detalle lo que se nos pide que practiquemos. Puedes estarte preguntando: “¿Qué es lo que estoy esperando mientras me siento durante cinco minutos?” Y yo no puedo decírtelo, nadie puede. Lo sabrás cuando lo encuentres. La lección reconoce que puede que no “conectes” hoy; utiliza frases como “si tienes éxito” (10:1) y “tal vez tu mente siga dudándolo por un rato” (11:2). Nos dice: “pero no te dejes desanimar por ello” (11:3). Relájate, ten paciencia. Haz los ejercicios de todos modos. Cada vez que los haces tu Ser se llena de gozo, aunque ese gozo no llegue a tu mente consciente, y guarda ese gozo, listo para llevarlo a tu consciencia cuando “tengas éxito” y sientas a tu único Ser.

LECCIÓN 97

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7 ABRIL

“Soy espíritu”

Instrucciones para la práctica
Propósito: Acercar la realidad a tu mente todavía más. Sacar a tu mente del conflicto de una identidad dividida y llevarla a la paz de tu identificación con tu único Ser. Ejercicios más largos: Cada hora, a la hora en punto, durante cinco minutos (si no puedes hacerlo, al menos haz el alternativo). • Entrégale lleno de alegría el periodo de práctica al Espíritu Santo. Empieza diciendo: “Espíritu soy, un santo Hijo de Dios; libre de toda limitación, a salvo, sano y pleno. Libre para perdonar y libre para salvar al mundo.”

El resto parece ser la misma práctica de ayer, una mezcla de meditación y escucha al Espíritu Santo. Sumérgete en ese profundo lugar de tu mente donde mora el Espíritu Santo. Si llegas a este lugar “Él te hablará, recordándote que eres espíritu” (8:2). Él te ayudará a entender Quién eres realmente. Recuerda que Él utilizará tu sesión de práctica para llevar la sanación alrededor del mundo. Cuanto más profundo vayas, más sanación puede repartir.

Recordatorios frecuentes: Tan a menudo como puedas. Di: “Espíritu soy, un santo Hijo de Dios; libre de toda limitación, a salvo, sano y pleno. Libre para perdonar y libre para salvar al mundo.” Luego durante un momento escucha al Espíritu Santo asegurarte que estas palabras son verdad. Respuesta a la tentación: Cada vez que te sientas tentado a creer que no eres espíritu. Repite: “Espíritu soy, un santo Hijo de Dios; libre de toda limitación, a salvo, sano y pleno. Libre para perdonar y libre para salvar al mundo.” Apoyo a la práctica: Cada vez que practicas tu mente se acerca más a la realidad. Esta lección hace la sorprendente afirmación de que en algunas de tus prácticas ahorras mil años o más. Esto se debe a que el Espíritu Santo toma los pensamientos sanadores que produces en tus ejercicios y los lleva alrededor del mundo, depositándolos en cada mente que esté abierta a la sanación que llevan. Cada mente que los acepta los refuerza, de modo que a través de este proceso, estos pensamientos multiplican su poder millones de veces. El resultado es que, cuando el Espíritu Santo te los devuelve, tus cinco minutos pueden convertirse ciertamente en mil años. Está claro que esto es un enorme estímulo para tu práctica, pues no sólo puedes acelerar inmensamente tu viaje sino que también puedes llevar sanación a personas de todo el mundo. Comentario El único Ser del que habla el Curso es espíritu. Afirmar: “Soy espíritu” es abandonar todas las ilusiones de una identidad dividida, de un ser bueno y malo, y de todos los intentos que podríamos hacer para reconciliar de algún modo el ego que está limitado a un cuerpo con el espíritu que no está limitado por un cuerpo. El “no-dualismo” del Curso no es del tipo que dice: “Todo es uno porque todos los aparentes opuestos son polos opuestos de la unidad”. No obtiene un concepto de unidad al unir opuestos de algún modo; enseñando por ejemplo que el mal y el dolor son parte del Uno. En lugar de eso, el Curso afirma la unidad declarando que todo lo que parece oponerse a la santidad y al amor es una ilusión y no existe. La Introducción al Texto declara: “Aquello que todo lo abarca no puede tener opuestos” (T.In.1:8). Se nos pide “reconocer a tu Ser como un amor que no tiene opuesto en ti” (L.99.9:8). “El amor no puede tener opuestos” (L.259.2:3). El Curso utiliza mucho la repetición, aparentemente cree firmemente que repetir la misma idea una y otra vez tiene grandes beneficios. Se nos dice: “practica hoy esta verdad tan a menudo como puedas” (1:4). ¿Por qué se insiste en la repetición? Porque “cada vez que practicas, te vuelves cuando menos un poco más consciente” (3:2). Puede que no logres sorprendentes avances; si eres como la mayoría de las personas, probablemente no lo lograrás la mayoría de las veces. Pero de vez en cuando, se ahorran “mil años o más” (3:2). Para aquellos que piensan que el Curso enseña una salvación inmediata, me gustaría señalar algo sobre esta última línea. Si algunas veces podemos ahorrar mil años mientras practicamos, ¿qué da a entender eso acerca de la duración que puede tomar todo el viaje? Si estamos eliminando fragmentos de mil años, ¿Cuánto dura todo ello? Tiene que ser por lo menos mil años y un día, ¿de acuerdo? No quiero que esto sea deprimente, el Curso se presenta a sí mismo como un medio de ahorrar tiempo, y claramente enseña que cualquiera de nosotros podría despertar en cualquier momento que lo elijamos. Pero está muy claro que puede llevar miles de años llevarnos al momento de querer despertar. Así que no debemos esperar la iluminación de la

noche a la mañana, tampoco debemos no esperarla. La actitud que el Curso anima a tener hacia el tiempo es de despreocupación acerca de él, ya que es parte de la ilusión. “La Expiación se puede equiparar a la escapatoria total del pasado y a la total falta de interés por el futuro” (M.24.6:3). Cuando hacemos nuestro pequeño esfuerzo de cinco minutos para Dios, el Espíritu Santo une toda Su fortaleza a la nuestra (4.3). Él toma lo poco que damos y lo lleva alrededor del mundo a cada mente abierta para recibirlo. Los regalos que Le damos Él los multiplica diez millones de veces (miles de veces y decenas de miles más, 6:1). Toma eso literalmente o como una forma de hablar, no importa, el significado es el mismo, lo que Le damos a Él se multiplica y extiende a millones de mentes porque todas las mentes están unidas. Cuando yo practico, no estoy practicando para mí solo, el despertar de mi mente impulsa a todas las mentes. Cuando te sientas en silencio durante cinco minutos, estás salvando al mundo. Por cada parte que das, lo recibimos multiplicado diez millones de veces. “Sobrepasará en poderío la pequeña ofrenda que hiciste, en forma parecida a como el resplandor del sol es infinitamente más potente que el pequeño destello que emite la luciérnaga” (6:2). ¿Importa este tipo de práctica? ¡Puedes apostar que sí! Cuando recuerdo lo que dice esta lección, el tiempo que paso recordando “Espíritu soy, un santo Hijo de Dios” (7:2) parece mucho más importante y significativo. No es sólo mi pequeño yo luchando para hacer mi pequeña práctica, es el Hijo de Dios recordándose a Sí Mismo. Es el despertar de Cristo en toda la humanidad.

LECCIÓN 98

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8 ABRIL

“Aceptaré el papel que me corresponde en el plan de Dios para la salvación”

Instrucciones para la práctica
Propósito: Con seguridad y felizmente dedicarte a aceptar tu papel en el plan de Dios para la salvación, tomar una postura sobre esto hoy. Ejercicios más largos: Cada hora, a la hora en punto, durante cinco minutos (si no puedes hacerlo, al menos haz el alternativo). Esta práctica me parece similar a la que hicimos en la Lección 77. Allí repetías: “Tengo derecho a los milagros” y luego esperabas a que el Espíritu Santo te diera Su seguridad de que estas palabras son verdad. Aquí, en esta lección, repites: “Aceptaré el papel que me corresponde en el plan de Dios para la salvación” y luego esperas a que el Espíritu Santo Le dé a tus palabras Su seguridad, de modo que realmente aceptes tu papel. A lo largo de la sesión de práctica, sigue repitiendo la idea, y deja que Él haga de cada repetición una dedicatoria total hecha con convencimiento, con sinceridad y seguridad, y llena de comprensión. Deja que Él transforme la simple repetición “Aceptaré el papel que me corresponde en el plan de Dios para la salvación” en una aceptación real de tu papel. Ése es tu propósito hoy, utilizar estos periodos de práctica para tomar una postura, usarlos para aceptar tu parte en el plan de Dios. Recordatorios frecuentes: A menudo. Repite la idea. Intenta pensar que cada hora es un tiempo de preparación para tu siguiente sesión de cinco minutos de práctica. “Repite (la idea) a menudo, y no te olvides de que cada vez que lo haces, preparas a tu mente para el feliz momento que se acerca” (10:3) Apoyo a la práctica: Los párrafos 5 y 6 dan ánimo y energía. Hacen la pregunta: ¿No vale la pena dedicar cinco minutos cada hora a cambio de recibir una recompensa sin límites? Recomiendo leer estos párrafos lentamente y pensándolos con detenimiento, dejando que estas preguntas y promesas hagan su trabajo en ti. Los párrafos 2 al 4 también animan de un modo

maravilloso. Nos dicen que al aceptar nuestra parte en el plan de Dios (que es la razón de la práctica de hoy) podemos dejar a un lado nuestras dudas y encontrar certeza de propósito. Nos dicen que aquellos que ya lo han hecho, estarán con nosotros en nuestra práctica, ayudándonos a tomar la misma postura que ellos tomaron. Y estos párrafos también nos dicen que nuestra postura ayudará a otros a tomar la suya, lo que a su vez reforzará la nuestra (como se nos dijo en la lección de ayer). Comentario “Hoy es un día de una consagración especial. Hoy vamos a adoptar una postura firme en favor de un solo bando. Nos vamos a poner de parte de la verdad y a abandonar las ilusiones. No vacilaremos entre una cosa y otra, sino que adoptaremos una firme postura en favor de Dios”. (1:1-4) “¡Qué dicha tener certeza! Hoy dejamos de lado todas nuestras dudas y nos afianzamos en nuestra postura, seguros de nuestro propósito y agradecidos de que la duda haya desaparecido y la certeza haya llegado”. (2:1-2) Quizá mientras leo estas líneas acerca de la certeza, me encuentro dudando de esa misma certeza. Probablemente surja el pensamiento: “¿Tengo certeza?” Quizá me siento como que esta lección no me pertenece. EI ego me recuerda maliciosamente que no he superado las dudas. ¿Cómo puedo decir: “La duda ha desaparecido”? Sin embargo en las palabras de esta lección está el reconocimiento de mi estado: “Hoy dejamos de lado todas nuestras dudas”. Sí, las dudas están ahí. Jesús lo sabe. Él únicamente sugiere que en estos cinco minutos que pasamos con Él, dejemos las dudas a un lado. Únicamente abandónalas y quédate sin ellas durante unos pocos minutos. Mira cómo te sientes sin ellas. Si quieres puedes dudar luego; ahora, mira lo gozoso que es tener seguridad. Dentro de mí hay un lugar que siempre está seguro. Nunca ha dudado. No puede dudar porque sabe. Ése es mi verdadero Ser. Las dudas son pensamientos que hacen preguntas acerca de la realidad de ese Ser, la realidad de la parte de mí que tiene seguridad, que es la única parte real. Esta lección me lleva a dudar de mis dudas. Me lleva a escuchar la seguridad, el eterno silencio del espíritu que sabe. Cuando, aunque sólo sea por un momento, estoy dispuesto a dejar de lado mis dudas, a acallar el parloteo constante de la mente, el culebrón de mis pensamientos frívolos, encuentro una seguridad serena y silenciosa. No es una seguridad de ideas y palabras, es una seguridad del ser, una calma majestuosa. La quietud está más allá del espacio y del tiempo. No tiene nada que ver con el drama que se representa en este planeta. Es de esto de lo que hablamos hoy. Es de aquellos que saben sentir esta calma eterna de los que la lección dice: “Descansan en la serena certeza de que llevarán a cabo lo que se les encomiende hacer. No ponen en duda su propia capacidad porque saben que cumplirán debidamente su función en el momento y lugar perfectos”. (3:3-4) Ocupo mi lugar con aquellos que, antes que yo, han llegado a este lugar. Es el mismo lugar para todos. Es el mismo Ser el Que llegamos a conocer. Y sé, en ese instante santo, que si uno ha estado en este lugar antes que yo, todos lo encontraremos. Si uno ha estado en este lugar (y sé que muchos han estado) todos estaremos en él, pues uno no puede llegar a menos que sea para todos. La naturaleza de este lugar, de esta seguridad silenciosa, es que es de todos y para todos. No podría estar aquí para mí si no fuera también para ti. No podría haber estado ahí para Jesús si no fuera también para mí.

“Todos aquellos que adoptaron la postura que hoy vamos a adoptar nosotros, estarán a nuestro lado y nos transmitirán gustosamente todo cuanto aprendieron, así como todos sus logros. Los que todavía no están seguros también se unirán a nosotros y, al compartir nuestra certeza, la reforzarán todavía más. Y los que aún no han nacido, oirán la llamada que nosotros hemos oído, y la contestarán cuando hayan venido a elegir de nuevo. Hoy no elegimos sólo para nosotros”. (4:1-4) En medio de la tormenta de dudas e inseguridad está el centro de la calma. La tormenta ruge. Todavía podemos sentirlo. Sí, aquí, aquí en nuestro Ser estamos en calma. Estamos en silencio. Descansamos. Por supuesto tienes dudas e inseguridades. ¡De eso es de lo que te vas a dar cuenta al hacer esta lección! Únicamente durante un momento estate dispuesto a que desaparezcan. Hay Uno contigo Que siempre está seguro, y Él está contigo, has olvidado eso. Por muy brevemente que sea, permítete identificarte con Su certeza, y abandona tu identificación con las dudas. Haz esa elección, eso es lo único que se te pide.

Él impartirá a las palabras que utilices al practicar con la idea de hoy la profunda convicción y firmeza de las que tú careces. Sus palabras se unirán a las tuyas y harán de cada repetición de la idea de hoy una absoluta consagración, hecha con fe tan perfecta y segura como la que Él tiene en ti. La confianza que Él tiene en ti impartirá luz a todas las palabras que pronuncies, e irás más allá de su sonido a lo que verdaderamente significan”. (7:2-4) “Ofrécele las palabras y Él se encargará del resto” (9:1). ¡Qué maravillosa afirmación! Él sólo te pide tu vacilante “Sí”. No se te pide que cambies tus dudas en fe. Él hará eso. “Mi parte en el plan de Dios” es muy sencilla: aceptarla. Mi parte no es un papel activo, sino pasivo. Es estar dispuesto a recibir, eso es todo. Mi parte es decir: “De acuerdo. Sí. Lo acepto”. Darle a Él estas palabras, eso es todo. Él responderá con toda Su fe, con todo Su gozo, y con toda Su certeza que lo que dices es verdad. Una y otra vez durante el día, una y otra vez a lo largo de tu vida, dale a Él estas palabras: “Aceptaré mi papel. Sí.” Esto es entregarse. Esto es todo lo que hacemos. No hay que hacer nada más. Tan sencillo. Tan difícil para ser tan sencillo. Tan difícil dejar de hacerlo por nuestra cuenta. Abandona todo intento de hacerlo por tu cuenta y déjaselo a Dios. “Sí, Dios. Sí, Espíritu Santo. Acepto mi papel.” Dile a Él una vez más que aceptas el papel que Él quiere que hagas y que te ayudará a llevar a cabo, y Él se asegurará de que quieres esta elección, que Él ha hecho contigo y tú con Él. Quizá no estoy seguro de quererlo. Pero Él se asegurará de que lo quieras. Ven a Él tal como te sientes, con todas tus dudas y con todos tus miedos. Únicamente ven. Únicamente di: “Sí. Acepto”.

LECCIÓN 99

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9 ABRIL

“La salvación es mi única función aquí”.

Instrucciones para la práctica

Propósito: Llevar a cabo tu función al dejar que tus pensamientos tenebrosos sean sacados del lugar donde se esconden y se encuentren con el Pensamiento de la luz de Dios, para que tu obscuridad sea reemplazada con Su luz. Ejercicios más largos: Cada hora, a la hora en punto, durante cinco minutos (si no puedes hacerlo, al menos haz el alternativo). • Di: “La salvación es mi única función aquí. La salvación y el perdón son lo mismo”. • Luego invita al Espíritu Santo a tu mente y pídele que busque en los rincones obscuros y secretos de tu mente los pensamientos, creencias, y objetivos que quieres mantener ocultos de ti mismo o de otros. Cuando uno salga a la luz, repite el Pensamiento: “Dios sigue siendo Amor, y esto no es Su Voluntad”. Deja que la luz en este pensamiento limpie tu pensamiento tenebroso, deja que esa luz te ofrezca el perdón de ese pensamiento. De este modo, se iluminará ese lugar obscuro de tu mente. Luego empieza el proceso de nuevo: Deja que el Espíritu Santo busque otro pensamiento tenebroso escondido. Luego repite de nuevo: “Dios sigue siendo Amor, y esto no es Su Voluntad”, y deja que este Pensamiento perdone y limpie la obscuridad, reemplazándola con luz. Mientras continúas con este proceso, de vez en cuando piensa en el significado de “Dios sigue siendo Amor, y esto no es Su Voluntad”. Significa que este mundo de dolor no es Su Voluntad. Significa que Dios quiere que tú seas Su Hijo, uno con Él. Recordatorios frecuentes: Entre las sesiones de práctica de cada hora. Repite la idea, comprendiendo que al hacerlo estás invitando a que el perdón reemplace a todos tus miedos e invitando al amor a tu mente, que te mostrará que tú eres Hijo de Dios. Respuesta a la tentación: Cada vez que una apariencia te tiente a caer en el miedo y en la duda. Di: “La salvación es mi única función aquí. Dios sigue siendo Amor, y esto no es Su Voluntad”. Date cuenta de que este mensaje especial “tiene el poder de eliminar para siempre de tu mente cualquier forma de duda o de temor… Recuerda que las apariencias no pueden resistirse a la verdad que encierran estas poderosas palabras” (11:1-2). Comentario Hoy sólo comentaremos unas pocas ideas de la lección.

El Espíritu Santo contempla impasible lo que tú ves: el pecado, el dolor y la muerte, así como la aflicción, la separación y la pérdida. Mas Él sabe que hay algo que no puede sino seguir siendo verdad: que Dios sigue siendo Amor, y que eso que ves no es Su Voluntad.” (5:4-5) Vemos pecado, dolor y muerte. Vemos sufrimiento, separación y pérdida. Pensamos que estas cosas son reales. Lo que es peor, creemos que todas ellas son la Voluntad de Dios. Si creemos que este mundo y su creación son obra de Dios, entonces todo lo que vemos es Su Voluntad, Él las creó (eso es lo que creemos, aunque la creencia no sea consciente). Al menos, creemos que Él voluntariamente creó la posibilidad de todo este sufrimiento y pérdida, y que de algún modo planeó que pasáramos por todo ello. Mucha de la enseñanza cristiana se ve muy clara en todas estas creencias. Un ser amado muere antes de tiempo. Nos invade la agonía, el sufrimiento y la pérdida; y algún amigo con buenas intenciones intenta consolarnos con el pensamiento: “Es la Voluntad de Dios”. ¿Qué consuelo es ése? ¿Qué hace eso sino echarle la culpa de nuestra agonía a Dios? ¿Qué otra cosa puede hacer sino convertirle a Dios en un monstruo, objeto de nuestro miedo e incluso de nuestro odio? El pecado, el dolor, la muerte, el sufrimiento, la separación y la pérdida no son la Voluntad de Dios. Tal creencia procede de la creencia escondida de que Dios la tiene tomada contra

nosotros, que Él nos está castigando por nuestros pecados. Para albergar tal creencia debemos también creer que nos merecemos esta experiencia horrible. Éste es el instante de nuestra creencia en la separación de Dios representada en el escenario del mundo. Tú y yo hemos creído que Dios quería esto para nosotros. Él quería que estuviésemos en este mundo de dolor. A veces hemos estado de acuerdo con lo que pensábamos de Él, de acuerdo en que merecíamos sufrir. A veces, con enfado, hemos negado que lo mereciésemos, y Le hemos acusado de ser injusto. A menudo nos hemos sentido desconcertados, preguntándonos con pena por nosotros mismos qué habíamos hecho para merecer todo esto; seguros de haber hecho algo pero sin la menor idea de lo que podía ser. Nunca se nos ha ocurrido tener en cuenta este pensamiento: “El mundo del dolor no es Su Voluntad. Perdónate a ti mismo el pensamiento de que eso fue lo que Él deseó para ti.” (7:4-5) La razón de nuestra angustia es el pensamiento de que Dios quiere todo eso para nosotros. Lo que nos hiere en lo más profundo es la oculta creencia de que Dios es la fuente de este dolor. Aquél que mi corazón ama, y que ama apasionadamente, quiere esto para mí. Es mi Padre el que me impone este dolor. Nos encogemos de sufrimiento y pena, sin esperanza y perdidos, porque pensamos que es la Voluntad de Dios. “Ésta no es Su Voluntad”, nos dice Jesús. “Perdónate a ti mismo el pensamiento de que eso fue lo que Él deseó para ti” (7:5). ¿Cómo pudimos pensar esto de Dios? ¿Cómo pudimos creer que es tan vengativo? Todavía no nos damos cuenta de que es este pensamiento acerca de Dios el que le da al dolor todo su poder sobre nosotros, sin embargo lo descubriremos si nos concedemos a nosotros mismos este perdón. Cuando el dolor nos rasga por dentro, cuando el miedo nos atenaza, o cuando una profunda sensación de pérdida parece deshacer nuestra alma, si nos volvemos al Espíritu Santo y Le oímos decir: “Ésta no es Su Voluntad. Dios no quiere esto para ti”, nos parecerá posible perdonarnos a nosotros mismos por pensar que sí lo era. En el momento que lo hagamos, la fuerza del dolor se elimina. “Dios no quiere esto para mí. Esto no procede de Él”. El dolor se transforma en algo diferente. No es Dios Quien quiere este dolor para nosotros. Somos nosotros. Creemos que Dios nos castiga porque creemos que merecemos el castigo. Experimentamos la vida como dolor porque inconscientemente nos estamos castigando a nosotros mismos. No estamos hablando aquí del acontecimiento que pensamos que ha causado nuestro dolor: la muerte de un ser amado, la aparente pérdida de amor, el sufrimiento físico. Estamos hablando principalmente del estado mental y emocional en el que lo vivimos. Esto es una cosa interna. Esta angustia, esta profunda pena, este terror, todo esto no es la Voluntad de Dios para ti. Sufrimos tan increíblemente porque, sin darnos cuenta, aceptamos la mayor parte de la vida como un castigo. Un escarmiento. Parte del precio a pagar por ser la cosa horrible que pensamos que somos. A causa de que creemos que lo penetrante del dolor es Su Voluntad, no podemos llevárselo a Él en busca de consuelo. Pensamos que Él es su Causa, así que huimos de Él. Nos negamos a nosotros mismos el alivio de Su Presencia amorosa. En esa Presencia podemos encontrar a nuestro Ser. Podemos mirar a nuestra propia esencia y “ningún obstáculo te impedirá ver lo que Él dispone para ti” (8:3).

“Dirígete entonces a Aquel que comparte contigo tu función aquí, y permítele que te enseñe lo que necesitas aprender para poder dejar de lado todo miedo y reconocer a tu Ser como un amor que no tiene opuesto en ti.” (9:8) “Perdónate a ti mismo el pensamiento de que eso fue lo que Él deseó para ti” (7:5). Lleva tu dolor ante Jesús. El dolor no es la Voluntad de Dios para ti. La experiencia por la que estás atravesando puede ser el camino que lleva a tu infinita libertad si abandonas tus defensas en contra de Dios. Su Presencia puede transformar tu experiencia de dolor en una experiencia de alegría. Puede ser el camino a conocer tu Ser como Amor. Tal cosa nos parece imposible a nosotros, pero los milagros siempre parecen imposibles. Abandona tus defensas. Dios no está enfadado. Él no quiere este sufrimiento para ti. Libérate de tu miedo de Él. No tengas miedo de Su toque. Perdónate el pensamiento de que Él te impuso esto. Permite que Él te muestre tu Ser tal como Él lo ve, y ábrete a Su Amor sanador.

LECCIÓN 100

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10 ABRIL

“Mi papel en el plan de salvación de Dios es esencial”

Instrucciones para la práctica
Propósito: Experimentar la felicidad que es la Voluntad de Dios para ti, comprender que contagiar tu felicidad a otros es el modo en que llevas a cabo tu parte en el plan global de la salvación. Ejercicios más largos: Cada hora, a la hora en punto, durante cinco minutos (si no puedes hacer esto, al menos haz el alternativo). • Repite la idea. “Luego comprende que tu papel es ser feliz” (7:3), y no hacer nobles sacrificios, únicamente ser feliz. • El resto es una meditación en la que intentas encontrar la alegría que Dios puso en ti. Busca muy dentro de ti. Sumérgete hacia abajo y adentro para encontrar el Cristo en ti, la fuente de tu alegría. Mientras te sumerges, deja de lado “los pensamientos pueriles y metas absurdas” (8:5). No dejes que te retrasen. Incluso puedes preguntarte a ti mismo: “¿Qué pensamiento pueril tiene poder para detenerme?” O puedes simplemente recordar que tu única intención es llegar a ese inagotable pozo de alegría en el centro de tu ser, tu única intención es llegar al Cristo en ti. Búscale con confianza, “Él estará allí. Y tú puedes llegar a Él ahora” (9:1-2). Durante todo el ejercicio continúa buscando dentro de ti ese pozo de alegría sin fin. Recordatorios frecuentes: Entre las sesiones de práctica de cada hora. Repite la idea, recordando que al hacerlo estás contestando a la llamada de tu Ser. Como siempre, recomiendo repetirlo de este modo ahora, para que puedas sentir los beneficios que te ofrece. Comentario Dios no tiene “un plan para mi vida”. Él tiene Su plan, y yo soy una parte de ese plan. No hay miles de millones de planes separados para miles de millones de individuos separados. Sólo existe la Voluntad única de Dios, y cada uno de nosotros tiene una parte esencial en ella. Parte de lo que la salvación está deshaciendo es “la descabellada creencia en pensamientos y cuerpos separados, que viven vidas separadas y recorren caminos separados” (1:2). Cada uno de nosotros tiene el mismo propósito, la misma función, y en eso estamos unidos.

Parte de la sanación de mi propia mente es el reconocimiento de que la otra persona ciertamente comparte el mismo propósito conmigo, y en su realidad quiere lo mismo que yo. Si miro a su ego, veo intereses separados, y eso puede ser todo lo que él o ella ve. Pero cuando abandono mi interpretación y permito que el Espíritu Santo lo interprete por mí, veo que el miedo de la otra persona, que se manifiesta como ataque, en realidad es una petición de amor y es un testigo de la creencia en el amor dentro de su mente. El resultado de esto es que veo que la otra persona no necesita cambiar para ser uno conmigo, ¡ya es uno conmigo! Tengo un aliado secreto en su mente. Tengo su propio consentimiento conmigo en una meta común. La parte que Dios “ha reservado para mí” (2:1) en Su plan está planeado para devolverme la felicidad, porque Su Voluntad para mí es felicidad. Hay algo en nosotros (¡el ego, por supuesto!) que me dice que está mal querer perfecta felicidad. Pero si la Voluntad de Dios para mí es perfecta felicidad, entonces ¡pensar que no me la merezco es oponerse a la Voluntad de Dios! Para que la Voluntad de Dios sea completa, mi alegría debe ser completa, pues ¡Su Voluntad es perfecta alegría para todos! Si cada uno con quien me encuentro ve una cara radiante de alegría, oirá la llamada de Dios en mi risa feliz (2:6). Soy esencial para el plan de Dios, mi alegría es esencial para Su plan (3:1). Así pues, que hoy elija la alegría de Dios en lugar del dolor. “Sin tu sonrisa, el mundo no se puede salvar… toda risa no es sino el eco de la tuya” (3:3-4). Así que mi tarea hoy, y todos los días, es ser feliz. No puedo ser feliz si ataco, o juzgo, o culpo, o condeno. Tal como el Curso enseña, no puedo ser feliz a menos que acepte, a menos que perdone, no prestando atención a las ilusiones del ego, para ver la feliz verdad en cada uno: quieren amor al igual que yo. Enseñamos a través de nuestra felicidad. Pedimos a todas las mentes que abandonen sus sufrimientos con nuestra “dicha en la tierra” (4:2). Está claro que esto es acerca de la alegría que se ve, visible en tu cara a través de la sonrisa y de la risa feliz. “Los mensajeros de Dios rebosan de dicha, y su júbilo sana todo pesar y desesperación” (4:3). Una buena afirmación para el día podría ser: “Mi alegría cura”. La parte que todos tenemos en el plan de Dios es demostrar, a través de nuestra alegría, que Dios quiere perfecta felicidad para todos los que quieren aceptarla como Su regalo. La tristeza es una elección, una decisión de “desempeñar otro papel en lugar del que Dios te ha dado” (5:3). La tristeza es el loco deseo del ego de ser independiente de cualquier poder excepto del suyo. Cuando me opongo a mi felicidad dejo de mostrar el mundo que Dios quiere para todos nosotros, y de este modo no puedo reconocer la felicidad que ya es mía, siempre mía. “Hoy trataremos de comprender que la dicha es nuestra función aquí” (6:1). Nada tiene que cambiar para que esto sea posible. Puedo ser perfectamente feliz ahora mismo, porque la felicidad no depende de nada fuera de mi mente. Disgustarse con algo o alguien no lo cambia; únicamente la felicidad cura. Únicamente la felicidad trae un cambio duradero. A veces pensamos equivocadamente que nuestra felicidad permite de algún modo el error y el pecado de otros. Si alguien está siendo cruel y yo continúo siendo feliz, parece que apruebo la crueldad. Sin embargo, disgustarse por la crueldad no la sana, la hace real. Es mucho más gozoso y mucho más sanador, ver en la crueldad un miedo infundado que oculta una petición de ayuda; eso muestra que dentro de esa persona existe un vivo deseo que comparte conmigo, un ardiente deseo de Dios, un vehemente deseo de Su regalo de felicidad. Mi felicidad ante la crueldad enseña que no hay motivos para la crueldad. No ataca el síntoma de la crueldad,

deshace la causa de la crueldad. Ser feliz no es salir perdiendo, ni sacrificar, ni morir (7:7). Es vivir eternamente. Son nuestros pensamientos pueriles y metas absurdas los que nos impiden ser felices (9:3-5). Nuestra mente ha elegido hacer algo más importante que ser feliz, y lo que eso significa en términos metafísicos profundos es que hemos inventado algo más importante que Cristo o que Dios. Si buscamos, Él está en nosotros. “Él estará allí”, (este pensamiento se repite dos veces 9:1; 10:1). El Cristo está en mí, esperando que yo lo reconozca como mi Ser. Ésa es la única fuente de verdadera de felicidad, y todos Le tenemos ya. Mi tarea hoy es ser Su mensajero, y “encontrar lo que Él quiere que des” (10:4). Encontrar la felicidad en mí mismo y dar mi felicidad a otros: ésa es la razón por la que estoy aquí, ésa es la razón por la que este día existe para mí. Soy esencial en el plan de Dios para la salvación del mundo. Sin mi sonrisa, el mundo no se puede salvar (3:3).

LECCIÓN 101

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11 ABRIL

“La Voluntad de Dios para mí es perfecta felicidad”

Instrucciones para la práctica
Propósito: Aprender que tus pecados no son reales y, por lo tanto, que lo que Dios quiere para ti es alegría, no castigo. Experimentar esa alegría y escapar de la pesada carga que has echado sobre ti al creer que tus pecados son reales. Ejercicios más largos: Cada hora, a la hora en punto, durante cinco minutos (si no puedes hacer esto, al menos haz el alternativo). • Di: “La Voluntad de Dios para mí es perfecta felicidad. El pecado no existe ni tiene consecuencias.” • Luego haz el mismo tipo de meditación que hiciste ayer. Mira muy dentro de ti, buscando ese lugar donde se encuentra la Voluntad de Dios para ti, ese lugar donde sólo existe la dicha, recordando que “la dicha es justa” (6:2), porque tú nunca pecaste. Recuerda concentrar toda tu intención en llegar a ese pozo de dicha en ti, retirando tu mente de esos “pensamientos pueriles y metas absurdas” (L.100.8;5) cuando se quede atrapada en ellos, buscando con confianza la Voluntad de Dios en ti, sabiendo que te liberará de todo el dolor que te has causado a ti mismo. Recordatorios frecuentes: Tan a menudo como puedas. Repite: “La Voluntad de Dios para mí es perfecta felicidad. Ésa es la verdad, pues el pecado no existe.” Apoyo a la práctica: “Hoy necesitas las sesiones de práctica” (5:1). Porque pueden enseñarte que tus pecados nunca fueron reales. Pueden hacer que aceptes la Expiación. Tus pies ya están fijos en el camino a la salvación, y la práctica de hoy puede darte alas para acelerarte a lo largo del camino, y puede darte esperanza para que tu velocidad siga aumentando. Por lo tanto, practica felizmente. “Da gustosamente estos cinco minutos” (7:1). Comentario Cuando Un Curso de Milagros habla de “salvación” significa “ser feliz”. Esto es completamente diferente del punto de vista habitual acerca de la salvación, que significa algún tipo de sufrimiento por nuestros pecados. Si somos honestos con nosotros mismos, descubriremos que la idea de “pagar por nuestros pecados” está profundamente grabada en nosotros, apareciendo

de maneras muy claras a veces, o tras no tan claras. Una de las más ingeniosas, pero más fáciles de descubrir si la buscas, es nuestra culpa por ser felices. ¿No te has dado cuenta de eso? De alguna manera no parece bien o seguro ser “demasiado” feliz. Tenemos este extraño sentimiento de que si somos “demasiado” felices, nos sucederá algo malo. Un ejemplo de ello es el dicho popular: “Esto es demasiado bueno para que dure”. Sondra Ray en su Entrenamiento en Relaciones Amorosas solía hacer la pregunta: “¿Cuánto tiempo puedes aguantar lo bueno?” Interesante pregunta. O, podemos sentirnos culpables por ser felices cuando un amigo está triste o disgustado por alguna razón, nos sentimos obligados a unirnos a él en su sufrimiento. Y la idea de que podríamos ser felices todo el tiempo nos parece demasiado ridícula para tenerla en cuenta. Pensamos que el sufrimiento es una parte natural de estar vivos. Quizá incluso pensamos, al igual que Carly Simon, que “el sufrimiento es lo único que me hizo sentir que estaba viva”. (Escucha su canción “No Tengo Tiempo para el Dolor” desde el pensamiento del Curso). Pensamos que lo necesitamos. Nunca nos damos cuenta de que todas estas ideas están directamente relacionadas con nuestra creencia en el pecado y en el castigo. No nos damos cuenta de que estamos eligiendo nuestro sufrimiento activamente. No hay necesidad de penitencia. No hay que pegar ningún precio por el pecado, porque no existe el pecado. Leyendo esto, alguno de nosotros inmediatamente pensará que estas ideas son peligrosas: si no hay que pagar un precio por el pecado, entonces no habrá control sobre los pecadores. Pensamos que el castigo es necesario para controlar el mal. Dentro del mundo en el que los cuerpos parecen reales, el control es a veces necesario, aunque quizá mucho menos de lo que pensamos. Pero darle vueltas a cómo aplicar estas ideas a la mala conducta (por ejemplo, el crimen) nos llevaría meses. Y ésta no es la cuestión aquí. Creemos que es Dios Quien pide que paguemos las ofensas que hemos cometido contra Él. ¿Y si no Le hemos hecho ninguna ofensa? ¿Y si nuestros “pecados” son para Él como la picadura de un mosquito a un elefante, que no Le afectan en absoluto? ¿Cómo puedo ser feliz si creo que Dios está enfadado conmigo? ¿Cómo puedo sentirme atraído por la salvación que viene a través del dolor, matándome lentamente, quitándome la vida hasta que me quede en los huesos (metafóricamente hablando)? ¡El infierno no es salvación! No es un Dios de Amor Quien exige esas cosas. Dios no está enfadado, Su Voluntad para mí es perfecta felicidad. Si el pecado es real, el castigo es real; y si el castigo es real, tengo todos los motivos para huir de Dios. Por eso precisamente fomenta el ego que pensemos así de Dios. La lección dice: “El pecado no existe” (5:4), y nos dice“Practicaremos hoy este pensamiento tan a menudo como nos sea posible” (5:5). ¿Y la justicia? “La dicha es justa”. ¡Eso es la justicia: alegría! Cuando pienso en esto, a menudo llego a una aplicación muy sencilla con la que me enfrento cada día. Cuando hago algo que no apruebo, o no hago algo que creo que debería haber hecho, o me doy cuenta de que estoy teniendo pensamientos de condena o de juicio a alguien, a menudo me pesco a mí mismo pensando que tengo que pasar por un largo periodo de remordimiento antes de poder ser feliz de nuevo. Sólo con haberme dado cuenta de mi error y decidir cambiar mi mente probablemente no es suficiente para merecer ser feliz de nuevo, ¿no? ¿No tengo que “pagar por mi pecado” de algún modo? Por lo menos, ¿quizá pasar diez minutos en meditación? ¡Qué disparate! Y sin embargo, sigo dándole vueltas a la idea. Esto me muestra que mi mente no se ha librado de esta idea de pecado-y-castigo, que todavía creo que tengo que compensar la cuenta con Dios antes de poder ser feliz de nuevo. Lo que Dios quiere en ese instante, y en cada instante, es que yo sea feliz. “Obedecer a Dios” significa “ser feliz”. Significa abandonar la penitencia que me he impuesto a mí mismo y que me alegre en el Amor de Dios. Significa aceptar la Expiación

para mí mismo. ¿Qué mejor modo de “renunciar al pecado” que dejar de hundirme en llorosas humillaciones y negarles el poder de impedirme la felicidad? Que hoy me niegue a echarme el fardo de culpa a mí mismo. Que levante la cabeza, sonría y Le dé a Dios la gloria de que soy feliz. El mayor regalo que puedo dar a los que están a mi alrededor es mi felicidad.

La Voluntad de Dios para mí es perfecta felicidad. Ésa es la verdad, pues el pecado no existe.” (7:6-7)

LECCIÓN 102

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12 ABRIL

“Comparto con Dios Su Voluntad de que yo sea feliz”

Instrucciones para la práctica
Propósito: Soltar todavía más tu creencia de que el dolor te ofrece algo. Darte cuenta de que el sufrimiento no tiene ningún beneficio, ni propósito, ni realidad. Darte cuenta de que lo que quieres es la misma felicidad que Dios quiere para ti. Ejercicios más largos: Cada hora, a la hora en punto, durante cinco minutos (si no puedes hacer esto, al menos haz el alternativo). • Di: “Comparto con Dios Su Voluntad de que yo sea feliz. Y acepto ahora la felicidad como mi función”. Dilo de corazón, haz que sea un acto real de aceptar la Voluntad de Dios. • Luego, pasa el resto del tiempo en meditación intentando “encontrar la felicidad que Dios ubicó en ti” (3:1). Ésta es la práctica que has hecho los dos últimos días y que continuarás haciendo durante varios días más. Recuerda buscar este lugar con verdadero deseo, pues únicamente aquí te sientes en el hogar, en descanso, seguro, y en paz. Recuerda también buscarlo con confianza, pues si de verdad quieres junto con Dios llegar a este lugar, entonces “no puedes dejar de encontrarlo” (4:4). Recordatorios frecuentes: Muy a menudo. Repite: “Comparto con Dios Su Voluntad de que yo sea feliz. Y acepto ahora la felicidad como mi función”. Comentario “Comparto con Dios Su Voluntad de que yo sea feliz”. Qué estupendo que el Libro de Ejercicios va a pasar varios días dedicado a “ejercicios que han sido diseñados para ayudarte a encontrar la felicidad que Dios ubicó en ti” (3:1). Me doy cuenta de que no estoy intentando “hacerme feliz” sino intentando llegar a la felicidad que ya existen mí. Un gurú americano (llamado Da Free John, ahora conocido como Adi Da) dijo una vez: “Ya eres siempre feliz”. Esa frase se me quedó en la mente, y está de acuerdo con lo que el Curso dice acerca de la felicidad. El Ser que existe en mi interior siempre es feliz. Dios lo creó feliz, la Voluntad de Dios “puso” la felicidad dentro de mí. No estoy intentando crear la felicidad, estoy simplemente intentando encontrarla dentro de mí, descubrirla allí. Nuestra creencia en el mérito del sufrimiento se opone a la felicidad. La lección no espera que estemos ya totalmente libres de esta creencia en el sufrimiento. “Esta creencia, no obstante, ha quedado sin duda quebrantada ahora, por lo menos lo suficiente como para permitirte ponerla en

duda y empezar a sospechar que en realidad no tiene sentido” (1:3). Esta creencia es lo que se ha puesto sobre nuestra felicidad original, ocultándola y haciéndonos sentir el dolor y el sufrimiento. Nuestra felicidad está escondida debajo de capas de dolor únicamente porque creemos que el dolor tiene algún valor para nosotros. Y sé que por lo menos pongo en duda esta creencia. No quiero sufrir, por supuesto que no. Sin embargo, si sufro yo lo he elegido así, no porque quiera el dolor sino porque quiero lo que creo que el dolor me dará. El mensaje de la lección acerca de esto es: “el dolor no tiene objeto, ni causa, ni poder alguno con que lograr nada” (2:1). No sólo eso, sino que todo lo que creo que me dará el dolor carece de existencia igualmente. Todo ello es un espejismo engañoso que el ego hace aparecer como por arte de magia con el fin de impedirnos nuestra eterna felicidad en Dios. Así pues, hoy afirmamos que compartimos con Dios Su Voluntad de que seamos felices. Afirmamos que queremos ser felices. Sencillamente ser lo que Dios creó como nuestra función. “Sé feliz, pues tu única función aquí es la felicidad” (5:1). La frase siguiente (5:2) habla de ser menos amoroso con nuestros hermanos que lo que lo es Dios, y dice que no hay necesidad de ello. La tristeza es nuestra “excusa” para ser menos amorosos que Dios. ¿Cómo puedo abrirte mi corazón lleno de amor cuando estoy triste? Al elegir ser feliz me estoy permitiendo ser completamente amoroso. El Curso siempre parece hacer estas interesantes relaciones entre cosas que nunca se me ocurrirían a mí, pero que son muy claras cuando las muestra.

LECCIÓN 103

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13 ABRIL

“Dios, al ser Amor, es también felicidad”

Instrucciones para la práctica
Propósito: Intentar de nuevo corregir nuestra falsa creencia de que Dios es temible. En lugar de ello, darnos cuenta de que puesto que Dios es Amor Él debe ser un dador de pura alegría. Ejercicios más largos: Cada hora, a la hora en punto, durante cinco minutos (si no puedes hacer esto, al menos haz el alternativo). • Di: “Dios, al ser Amor, es también felicidad. Tener miedo de Él es tener miedo de la dicha” • Luego, como en días anteriores, entra en meditación con el propósito de encontrar la felicidad que Dios puso en ti. Busca este santo lugar dentro de ti, lleno de esperanza, confiando en que el gozo de Dios ocupará el lugar de tu sufrimiento. Date cuenta de que no puedes fracasar, porque buscas lo que es tuyo ya. Busca este lugar dándole la bienvenida a la felicidad que con toda seguridad vendrá a ti. Y cuando tu mente se quede dormida, pensando en las falsas promesas de felicidad del mundo, recuerda retirar tu mente de ellas. Recordatorios frecuentes: A menudo. Refuerza tu esperanza de que encontrarás la dicha de Dios, refuérzala diciendo: “Dios, al ser Amor, es también felicidad. Y la felicidad es lo que busco hoy. No puedo fracasar, pues lo que busco es la verdad”. Respuesta a la tentación: Cada vez que sientas cualquier clase de miedo o temor. Acalla todos tus miedos con estas palabras: “Dios, al ser Amor, es también felicidad. Y la felicidad es lo que busco hoy. No puedo fracasar, pues lo que busco es la verdad”. Comentario

“Dios, al ser Amor, es también felicidad”. ¡Hay un Dios del Que nunca oí hablar en la iglesia! “Dios es felicidad”. (Bueno el catecismo de Westminster de la Iglesia Presbiteriana dice que el fin principal del hombre es amar a Dios y gozar de Él eternamente. Pero no oí muy a menudo hablar de “gozar de Dios”). Sin embargo, del modo en que la lección lo expresa de manera lógica, la idea es muy clara y no te la puedes pasar por alto. Sin amor, nadie puede ser feliz. Si el amor estuviera ausente, también la felicidad estaría ausente. Esto parece muy fácil de entender. La felicidad tiene que ser una cualidad del amor, las dos van, o vienen, juntas. Dios es Amor. “El amor no tiene límites, al estar en todas partes” (1:4). Puesto que esto es verdad, la felicidad debe estar también en todas partes, al igual que Dios. Así pues, Dios es felicidad, y también Amor. Entonces, la negación de la felicidad es la negación de Dios. De hecho, el Texto dice algo muy parecido a esto en el Capítulo 10, cuando dice que la depresión es blasfemia (T.10.V.12:3-4). Pero ten cuidado, la razón de decir esto no es hacernos sentir culpables por sentirnos tristes o deprimidos. El propósito del Curso es deshacer la culpa, no provocarla. Nos está mostrando la causa de nuestra tristeza y depresión. Está diciendo: “Estás sufriendo porque Le estás volviendo la espalda a Dios, al Amor, a la Felicidad Misma. No es algo fuera de ti, fuera de tu control, que te lo está haciendo a ti. Tú tienes el poder de cambiarlo, elige de nuevo y sal de esa depresión”. Estamos tristes y deprimidos porque pensamos que lo que hemos hecho es real (2:1). Pensamos que hay “brechas en el amor”, que no está en todas partes y siempre. Estamos tristes porque pensamos que, al menos en cierto modo, estamos fuera del Amor de Dios, más allá de sus “límites”. Y no lo estamos, no podemos estar fuera de Su Amor. ¡Si supiéramos que en lo más profundo de nuestro ser, nunca podemos sufrir ni ser desgraciados! Debido a que creo que el amor tiene límites, tengo miedo de él: miedo de que se me retire, miedo de sus condiciones, miedo de que lo que parece ser amor sea sólo una burla cruel, una promesa tentadora que amenaza con desaparecer si nos portamos mal. Ese miedo, esa constante ansiedad por la posibilidad de que el amor desaparezca, es la causa de mi falta de alegría. ¿Cómo puedo estar contento, aunque las cosas vayan “bien”, si el amor puede desaparecer en cualquier momento? Éste es el error de nuestra mente que estamos tratando de destapar, de sacar a la luz, y de abandonar. Justo ahora, en este momento, estoy rodeado por Su abrazo. Justo ahora, sin que cambie nada, el Amor de Dios me llega sin límites, sin reservas, y sin preguntas. Saber esto es felicidad, y esto es lo que busco hoy.

LECCIÓN 104

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14 ABRIL

“Busco únicamente lo que en verdad me pertenece”

Instrucciones para la práctica
Propósito: Dejar libre un lugar en tu mente donde los regalos de dicha y paz de Dios sean bien recibidos y se sientan. Ejercicios más largos: Cada hora, a la hora en punto, durante cinco minutos (si no puedes hacer esto, al menos haz el alternativo). • Empieza con: “Busco únicamente lo que en verdad me pertenece, y la dicha y la paz son mi herencia”. • Luego, de nuevo, entra en meditación con el propósito de sentir la dicha que Dios ha puesto en el centro de tu ser. Esta lección habla de ir al santo altar dentro de ti, el lugar

profundo en tu mente que contiene tus devociones principales (puedes visualizar este altar). Has cubierto este altar con los insignificantes regalos del mundo, ocultando así los regalos de Dios. En tu meditación intenta retirar los regalos del mundo. “Despejamos en nuestras mentes un santo lugar ante Su altar” (4:2). Luego busca los regalos de dicha y paz que Dios ha colocado sobre este altar para ti. Ya están allí, aunque todavía no los veas. Pide reconocerlos. Mientras los buscas, por encima de todo ten una actitud de confianza, confiando en que los regalos de Dios son tu herencia, que te pertenecen, que siempre han sido tuyos, y que los puedes pedir ahora. Recordatorios frecuentes: Tan a menudo como puedas. Repite: “Busco únicamente lo que en verdad me pertenece. Lo único que quiero son los dones de dicha y paz de Dios”.Hacerlo tan a menudo te impedirá perder de vista los regalos de Dios entre las sesiones de práctica de cada hora. Comentario Hoy dejo a un lado las complicaciones y me concentro en dos cosas muy sencillas: la dicha y la paz de la mente. Hoy no voy a preocuparme por verdades metafísicas profundas, ni por la realidad invisible de mi Ser. Hoy únicamente busco conocer la paz y la dicha que son mías por razón de lo que soy. Me olvido de la urgencia de las metas que yo me he inventado, de la importancia que le he dado a las cosas que pienso que debo hacer. Ignoro las normas inventadas por los hombres y con las que a menudo me juzgo a mí mismo o dejo que otros me juzguen. Hoy pongo toda mi atención en las únicas cosas que son verdaderamente importantes: la dicha y la paz mental. ¿Qué puede tener más valor que éstas? Si viviera en un palacio, tuviera riquezas sin límite, y la pareja más perfecta del mundo, y no tuviera paz mental y dicha, aún así sería pobre. Si viviera en una casucha con paz mental y dicha, sería rico. Y puedo tenerlas, son mi derecho debido a lo que soy. La dicha es mi derecho divino. La paz es mi derecho divino. Están al alcance de todo el mundo, sin importar su pasado, sin que importe su educación, sin importar sus ingresos. Hoy, en estos momentos en que me paro a recordar, esto es lo que quiero recordar. Abro mi corazón con gratitud a Dios Que me dio estos regalos, Le honro por disfrutar de ellos. Le honro por ser dichoso y estar en paz en estos periodos de cinco minutos, y no me olvidaré entre esos periodos. Recuerdo un seminario que hice hace años en el que nos dedicamos a una profunda búsqueda interior, intentando atrapar algunas de las mentiras que nos habíamos estado diciendo a nosotros mismos, los pensamientos negativos acerca de nosotros y que nos humillaban y debilitaban nuestra vida. Luego los resumimos a lo que, para cada uno, parecía la mentira principal que nos estábamos diciendo acerca de nosotros. A continuación, se nos pidió que invirtiéramos aquella mentira y la convirtiéramos en una afirmación. Y finalmente, caminamos por la sala, presentándonos unos a otros, y afirmando nuestra “verdad eterna”. Nunca olvidaré a una mujer, aunque he olvidado su nombre la llamaré Carol. Vino hacia mí, me miró directamente a los ojos, y sonrió con una radiante sonrisa. Dijo: “Hola. Soy Carol, y mi alegría cura”. ¿Y sabes qué? Lo hizo. Justo en aquel momento. De pronto mi mente lo comprendió, y nunca la he olvidado, nunca he olvidado su alegría. Ella había descubierto una verdad acerca de sí misma. ¡La alegría cura! Cuando soy feliz, los que están a mi alrededor sanan. ¿¿No has visto eso alguna vez en personas que son felices, verdaderamente felices? Su felicidad te cura. ¿Qué puede ser más valioso que una felicidad así?

La paz cura también. Una persona en paz dentro de una sala llena de gente nerviosa puede llevar paz a todos. Elijo ser esa persona hoy, porque es mi derecho. Me calmo en cada momento de práctica y despejo en mi mente un santo lugar ante Su altar (4:2). Despejo ese lugar para recibir los eternos regalos, la dicha y la paz que Dios quiere darme. “No hay nada más que en verdad nos pertenezca” (4:4). Ninguna de las otras cosas que pienso que quiero me pertenecen igual que me pertenecen la dicha y la paz. Éstas son “posesiones” que bendicen al mundo, en lugar de quitarle. Nadie pierde porque yo tengo dicha y paz, todo el mundo gana. ¡Yo ya tengo estos regalos! “Busco únicamente lo que en verdad me pertenece”. La dicha me pertenece, la paz me pertenece. Gracias, Dios. Gracias.

LECCIÓN 105

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15 ABRIL

“Mías son la paz y la dicha de Dios”

Instrucciones para la práctica
Propósito: Aceptar los regalos de Dios de paz y dicha, y comprender que al hacerlo estás en verdad aumentando Su paz y dicha, en lugar de quitárselas. De este modo, “aprenderás a ver lo que es un regalo de otra manera” (3:3). Ejercicios más largos: Cada hora, a la hora en punto, durante cinco minutos (si no puedes hacer esto, al menos haz el alternativo). • Piensa en aquellos a los que les has negado la paz y la dicha, pues así te las negaste a ti mismo. Dile a cada uno: “Hermano, te ofrezco paz y dicha para que la paz y la dicha de Dios sean mías”. Al dar los regalos de Dios allí donde te negaste a darlos, ahora te sentirás con derecho a reclamarlos como tuyos. Hacer bien este paso preparatorio te garantizará el éxito en el siguiente paso. • Luego cierra los ojos y di: “Mías son la paz y la dicha de Dios”, e intenta encontrar estos regalos en lo más profundo de tu mente. Permítete sentir la dicha y la paz que te pertenecen. Deja que la Voz de Dios te asegure que la paz y la dicha de Dios son realmente tuyas. Esto parece ser otra meditación dirigida a entrar en contacto con la felicidad que Dios puso en ti. Alternativo: A la hora en punto. Si no puedes hacer los cinco minutos, no pienses que hacer la versión corta no tiene ningún valor. Al menos repite: “Mías son la paz y la dicha de Dios”, dándote cuenta de que al hacerlo Le invitas a que te dé la felicidad que Él quiere para ti. Respuesta a la tentación: Cada vez que te sientas tentado a negarle a alguien el regalo de Dios. Agradécele a esa persona que te proporcione otra oportunidad de recibir la paz y la dicha de Dios al darlas tú. Envíale tu gratitud con esta bendición: “Hermano, te ofrezco paz y dicha para que la paz y la dicha de Dios sean mías”. Comentario La lección de hoy añade importancia a la paz y la dicha de la lección de ayer. Repite mucho de lo que había en la lección de ayer, pero añade el pensamiento de que recibimos estos regalos al darlos. “Uno de los principales objetivos de aprendizaje de este curso es invertir tu idea de lo que es dar, de modo que puedas recibir” (3:1). Esta idea, de que recibimos al dar, aparece a lo largo del Curso, y se le da muchísima importancia, pero éste es el único lugar que conozco en el que

aprender esta lección se identifica concretamente como “una meta de aprendizaje muy importante” del Curso. Ayer señalamos que la paz y la dicha son regalos que aumentan al ser compartidos. Compartir mi paz contigo la aumenta en lugar de disminuirla. Esta lección hace la sorprendente afirmación de que cuando recibo la paz y la dicha de Dios, la dicha de Dios aumenta (4:1). Al aceptar la paz y la dicha como mías, estoy permitiendo que Dios “se complete a Sí Mismo, tal como Él define lo que es estar completo” (5:2). Por medio de mi experiencia de esto, aprendo lo que es mi propia sensación de estar completo (5:3). Incluso el salmista del Antiguo Testamento sabía algo de esto cuando escribió: ¿Cómo podré pagar al SEÑOR todo el bien que me ha hecho? Aceptaré la copa de salvación e invocaré el Nombre del Señor” (S.116:12-13). ¿Qué regalo puedo darle a Dios para darle gracias por Su bendición? Puedo darle el regalo de recibir Su salvación y de invocar Su Amor. Acepto los regalos de dicha y paz, y Él me dará las gracias por el regalo que Le hago (5:6). Todos hemos tenido una pequeña muestra de esto, por lo menos. Conocemos la dicha de dar. Sabemos que cuando damos amor y, nuestro amor es recibido, se fortalece nuestro amor, no se debilita. El amor compartido es una gran dicha. El amor recibido es mucho más rico que el amor reconocido. Incluso recibir la alegría de un niño con su juguete nuevo o su nueva mascota, se añade a la dicha del niño. Éstos son pequeños reflejos de cómo funciona el dar de Dios, y nosotros estamos destinados a ser parte del dar. Esta clase de dar, el dar cosas que aumentan cuando se dan, es la forma en que creamos (“Dar verdaderamente equivale a crear”) y la forma en que nos completamos a nosotros mismos. Hoy los ejercicios nos preparan para recibir paz y dicha. La preparación consiste en dar paz y dicha de manera consciente a aquellos a los que se las hemos negado en el pasado: nuestros “enemigos”. Las personas que, a nuestros ojos, no se habían merecido tener paz y dicha. No nos dábamos cuenta de que al negarles el regalo, en la misma medida nos lo estábamos negando a nosotros mismos. Si lo que damos aumenta en nosotros; si se lo negamos a alguien, también nos lo negamos a nosotros mismos. Para decir de corazón, y experimentar: “Mías son la paz y la dicha de Dios”, tenemos que abrir nuestro corazón para compartir la paz y la dicha con el mundo. Empiezo con esa persona a la que le he cerrado mi corazón. “Hermano, te ofrezco paz y dicha” (7.2; 9:6). Si abro mi corazón, que la paz, la dicha y el amor se extienden a aquellos que me rodean, lo que estoy haciendo es permitir que “lo que no puede contenerse a sí mismo cumpla su cometido de dar lo que tiene, asegurándose así de que lo poseerá para siempre” (4:5). ¿Qué es lo que no puede contenerse a sí mismo? Mi Ser, mi propio Ser. Este Dador sin límite soy yo.

LECCIÓN 106

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16 ABRIL

“Déjame aquietarme y escuchar la verdad”

Instrucciones para la práctica
Propósito: Dejar a un lado la voz del ego, acallar tu mente, y escuchar la Voz de tu Padre, y luego ofrecerle tu voz para que Él hable a todos los que necesitan oír Su Palabra.

Ejercicios más largos: Cada hora, a la hora en punto, durante cinco minutos (si no puedes hacer esto, al menos haz el alternativo). • Di: “Me aquietaré y escuchare la verdad. ¿Qué significa dar y recibir?” • Pasa el resto del tiempo esperando tu respuesta del Espíritu Santo. Pero es importante que entiendas de verdad lo que estás pidiendo. Estás pidiendo recibir de Dios (oír Su Voz y recibir Su Palabra, para que te llene por completo desde dentro) para que tú puedas dar a tus hermanos, quienes a su vez harán que tu recibir sea más completo y pleno. Luego, es importante que Le ofrezcas tu voluntad de dar lo que recibes. Aparentemente este dar sucede tanto durante la sesión de práctica en que tu mente se extiende a otras mentes, como después del periodo de práctica pues lo que hoy sientes te inspira verdaderamente para “el comienzo del ministerio para el que viniste” (8:3). Mientras esperas tu respuesta, recuerda el entrenamiento recibido en las lecciones anteriores: Mantén tu mente en silenciosa espera y disposición, retirándola del ego cuando se detenga a escuchar su voz. Escucha con confianza: “confía en que se te contestará” (8:1). Y de vez en cuando repite tu pregunta, para afirmar tu espera confiada. Recordatorios frecuentes: Tan a menudo como puedas. Di: “Déjame aquietarme y escuchar la verdad. Hoy soy el mensajero de Dios. Mi voz es Suya para dar lo que recibo”. Esto reforzará tu elección de recibir Su Palabra, lo cual te prepara para dar. Apoyo a la práctica: Date cuenta de que tu práctica no es un acto de autocomplacencia solitario. Más bien, al sentarte y hacer tu práctica, estás literalmente liberando mentes por todo el mundo. “Por cada cinco minutos que pases escuchando, mil mentes se abrirán a la verdad y oirán la santa Palabra que tú oyes” (9:2). Comentario Al principio la lección de hoy no parece seguir el tema de ayer acerca de dar y recibir, pero en la mitad de la lección se desvía de nuevo a él. Quizá parece un cambio brusco. La primera parte de la lección, que habla de acallar nuestra mente para escuchar la Voz de Dios, no parece relacionada con pensamientos de dar y recibir. Sin embargo, para esto es para lo que escuchamos, esto es lo que oímos. Estamos aprendiendo acerca de nuestra verdadera naturaleza. Éste es el mensaje de la salvación: “Cuando todo sea tuyo y lo hayas dado completamente, permanecerá contigo para siempre” (7:1). ¿Para qué estoy en este mundo? Según esta lección, es para oír la Voz de Dios hablarme del eterno regalo de Dios para mí, el regalo de Cristo, el regalo de mi Ser, el Hijo bienamado de Dios, “cuyo otro nombre eres tú” (4:7). Y estoy aquí para extender ese mismo mensaje al mundo. Éste es el “ministerio para el que viniste, el cual liberará al mundo de la creencia de que dar es una manera de perder” (8:3). Oír la Voz de Dios y hablar por ella están estrechamente relacionados en esta lección al igual que dar y recibir. Si de verdad oigo la Voz, Le daré a Él mi voz para que hable a través de mí. Si recibo la Palabra, la compartiré, porque el mensaje es compartir. La Palabra de Dios para mí es que yo soy un salvador, un sanador, y un portador de la verdad. Yo soy Su Hijo, Su creación, como Él, extendiendo sanación, ofreciendo paz y dicha a todo el mundo, haciéndoles saber que ellos son también Su Hijo. A veces pienso que tomamos el Curso con demasiada seriedad, y necesitamos iluminarlo. Otras veces pienso que nos lo tomamos demasiado a la ligera, y necesitamos tomarlo más en serio. Por ejemplo, esta lección me dice que cada vez que me paro durante cinco minutos para

aquietarme y escuchar la verdad, mil mentes se abrirán a la verdad (9:2). ¿Te imaginas que me lo tomo en serio? Imagínate que me paro cada hora, como se nos dice. A lo largo del día, quince mil mentes se abrirían a la verdad. ¿Te imaginas que todos los que leen estos comentarios lo hicieran (unas seiscientas personas)? Entonces, ¡nueve millones de mentes se abrirían a la verdad! No me tomo esto suficientemente en serio. No hago caso, pensando que con una o dos prácticas al día ya es suficiente. Recientemente, pusieron en la televisión la vieja película de Charlton Heston Los Diez Mandamientos. La vi sólo unos pocos minutos, suficientes para recordar una frase de ella que siempre me impresionó. Moisés, sufriendo los contratiempos de los primeros días de intentar que el faraón liberase a los hebreos, ora a Dios diciéndole: “Señor, perdóname mi débil uso de Tu gran poder”. Hoy, al leer la lección, he pensado acerca de esa frase. He pensado acerca de cómo llevo estos momentos de práctica muchos días: como si no tuvieran importancia. Me imagino a mí mismo como que afecto poco a Su plan, al menos la mayor parte del tiempo. Pero si me tomo en serio esta lección, ¡puedo ser el instrumento que lleva la luz a quince mil mentes! No intento echar la culpa a nadie, menos a mí mismo. Estoy intentando aumentar mi consciencia acerca del poder que Dios ha puesto en mis manos (o, mejor dicho, en mi mente). Hoy cada uno de nosotros que conecta con la verdad en nuestra mente, escuchando a la verdad, está haciendo que se eleve la consciencia de… iba a decir “de este planeta”, pero es mucho más que eso, es el despertar de la consciencia de Cristo en todo el universo. Esos cinco minutos, durante los cuales parece que no sucede nada, en los que puedes estar luchando con las distracciones de la mente, o que a veces parecen interminables mientras que tu ego te recuerda que “vuelvas a tu trabajo” o a lo que estabas haciendo (esos cinco minutos son una parte muy importante para la salvación del mundo). Déjame aquietarme y escuchar la verdad. Hoy soy el mensajero de Dios. Mi voz es Suya para dar lo que recibo. (10:3-4)

LECCIÓN 107

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17 ABRIL

“La verdad corregirá todos los errores de mi mente”

Instrucciones para la práctica
Propósito: Dejar a Cristo que te lleve a una experiencia de la verdad, para que puedas unirte a Él en Su función de llevar la verdad al mundo. Ejercicios más largos: Cada hora, a la hora en punto, durante cinco minutos (si no puedes hacer esto, al menos haz el alternativo). • Empieza pidiéndole a tu Ser, al Cristo, que vaya contigo (lo cual es muy sensato pues nunca puedes esta separado de Él). Mientras Se lo pides, también “comprométete a permitir que Su función se realice a través de ti” (9:2). Ésa es la razón del ejercicio de hoy: dejar que Él te llene de la verdad, para que se la puedas llevar al mundo (éste es muy parecido al ejercicio de ayer). • Luego pide que la verdad venga a tu mente. Pide con confianza, con la seguridad del éxito. Da por seguro que la verdad estará ahí, pues te pertenece. Afirma tu petición de esta manera: “La verdad corregirá todos los errores de mi mente, y descansaré en Aquel que es mi Ser” (9:5). • “Deja entonces que Él te guíe dulcemente hacia la verdad, la cual te envolverá y te llenará de una paz tan profunda y serena que te será difícil regresar al mundo que te es familiar” (9:6). Esto parece ser una meditación parecida a las de las lecciones 69, 73, y

91, en las que confiabas en una fortaleza más allá de la tuya para que te llevase a tu meta interna. Recordatorios frecuentes: No te olvides hoy. Repite la idea con confianza, dándote cuenta de que hablas por ti mismo (por tu propio deseo de liberación), por el mundo (por su deseo de liberarse), y por Cristo, “Aquel que liberará al mundo según te libere a ti” (11:2). Apoyo a la práctica: Date cuenta de que al dejar que la verdad entre en tu mente, ciertamente beneficiarás al mundo. Durante la sesión de práctica, la verdad se extenderá de tu mente a otras mentes para corregir sus errores. Y luego, después del periodo de práctica, la verdad irá contigo mientras te son enviados aquellos que necesitan que se les dé el regalo de la verdad. Comentario ¡Ésta es la promesa que da ánimo! Los errores sólo son errores, no defectos. ¿Qué son los errores sino ilusiones que aún no se han reconocido como tales? (1:2). Una ilusión que no se reconoce como ilusión hace que reaccionemos como si fuera real. Si veo un enemigo ilusorio y respondo con ataque, eso no me hace malo o tonto. La reacción es apropiada, dado que yo creo que es la verdad. Puedo recordar muchas noches en el pasado, cuando me sentaba en casa sintiéndome solo y cansado de la vida. Algo en mí veía una ilusión y creía que era verdadera. Veía soledad y cansancio por la vida, una necesidad de ser consolado, y por eso buscaba consuelo en la televisión y en quedarme levantado hasta muy tarde. Lo que yo hacía no era el error, el error era creer que la ilusión era real. Cuando miro a la ilusión, desaparece. El instante santo es un estado mental sin ilusiones, un momento de paz palpable, “en el que te sentiste seguro de ser amado y de estar a salvo” (2:3). Es un anticipo “del estado en el que tu mente descansará una vez que haya llegado la verdad” (3:1). Es mi verdadero estado. Puedo encontrar ese estado en cualquier momento en que esté dispuesto a mirar a mis ilusiones y abandonarlas. A menudo, a altas horas de la noche, solía sentirme desconectado, insatisfecho, vacío sin saber por qué, y trataba de llenar ese vacío con fantasía, televisión, leyendo, o con comida. El vacío es una ilusión. Cuando sienta ese vacío, que recuerde que no es real, que afirme mi plenitud. El estado mental que permanece exactamente como siempre fue, sin cambios, todavía parece muy lejos de mí. Jesús dice: “Será tuyo, ya es tuyo. Está garantizado”. “Es imposible que alguien que la busque verdaderamente no la pueda encontrar” (6:4). Los aparentes cambios por los que aparentemente paso ahora son todos parte de la ilusión, no son reales, no están sucediendo de verdad. Yo estoy seguro. Yo no puedo cambiar. Nada me falta. Cuando parezca que hay cambios y dudas, que me recuerde a mí mismo que únicamente son un sueño. No significan nada, no cambian nada. Que no les dé el poder de alterar mi paz. Que no cometa el error de identificarme con ese cambio y que no piense que soy yo lo que está cambiando. Yo no puedo cambiar. Los errores de mi mente son aquellos que me dicen que puedo estar separado de Jesús, el Cristo. Él es mi hermano. Somos lo mismo. Él es mi Ser. ¿Cómo puedo estar separado de mi Ser? Que hoy me tome con regularidad momentos para volver a este centro, para reconocer que Jesús y yo somos un solo Ser. Hoy, cualquier pensamiento que me diga lo contrario, se lo llevaré a Él para que lo corrija: cualquier pensamiento que me diga que soy algo distinto de este Ser en calma, sereno sin miedo, completamente satisfecho. Que hoy busque en mi mente los

pensamientos que me dicen otra cosa y que los lleve sin miedo a la luz de la verdad. ¡Jesús, ayúdame a romper la identificación con cualquier pensamiento de debilidad o vacío o soledad! ¡Que me apoye en tu fuerte brazo y confíe en Ti! Aunque los demonios griten, chillen y despotriquen a mi alrededor: “Aunque camine por el valle de las sombras de muerte, ningún mal temeré, porque Tú vas conmigo. Tu vara y Tu cayado me consuelan”. (Salmos 23:4) Tú eres el Fuerte en mí, y Tú eres mi Ser.

LECCIÓN 108

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18 ABRIL

“Dar y recibir son en verdad lo mismo”

Instrucciones para la práctica
Propósito: Ejercicios más largos: Cada hora, a la hora en punto, durante cinco minutos (si no puedes hacer esto, al menos haz el alternativo). • Di: “Dar y recibir son en verdad lo mismo. Recibiré lo que estoy dando ahora”. • Cierra los ojos y ofrece a todos esas afirmaciones y cualidades internas que te gustaría recibir. Por ejemplo, di: “Le ofrezco paz interior a todo el mundo. Le ofrezco ternura a todo el mundo”. “Repite cada frase lentamente y luego haz una pequeña pausa, esperando recibir el regalo que diste” (9:1). Confía en que te vendrá en la medida en que diste. Puedes elegir a una persona en concreto a quien das tus regalos, entendiendo que al dárselos a él también se los das a todo el mundo. Recordatorios frecuentes: A menudo. Repite la idea, dándote cuenta de que cada repetición hace que tu aprendizaje se acelere y consolide (10:3). Apoyo a la práctica: Intenta pensar en los ejercicios de hoy como “rápidos avances en tu aprendizaje” (10:3), que te muestran la naturaleza de causa y efecto, y que aumentan la velocidad de tu progreso. Comentario La primera parte de la lección describe el estado la Mente Una, en la que todos los opuestos se han terminado en “un solo concepto que sea completamente cierto” (1:3). Cuando eso ocurra, esa idea desaparecerá porque El Pensamiento que se encuentra tras él aparecerá para ocupar su lugar. Y ahora estás en paz para siempre, pues en ese punto al sueño le llega su fin”. (1:4-5) Esto es el Cielo, alcanzar este estado está más allá del alcance del Curso. Pero es nuestra meta final, un estado en el que la percepción y los conceptos han desaparecido, y únicamente queda el conocimiento. Ese “estado mental que se ha unificado en tal grado que la oscuridad no se puede percibir en absoluto” (2:2) está dentro de mí. Es la Mente de Cristo, y de ella viene mi paz mental, de ella viene la percepción única y verdadera. Es a esta Mente a la que invoco o en la que entro,

atrayéndola a mí hasta que se me muestre. Es donde yo estoy siempre y lo que soy eternamente, pero que he olvidado. Una de las mejores y más útiles lecciones que podemos aprender mientras nos acercamos a este estado de la mente es que dar y recibir son uno y lo mismo. Como todos los opuestos, no son opuestos en absoluto, son parte de una amplia gama de la realidad. Ninguno ocurre antes que el otro, los dos tienen lugar al mismo tiempo. Por medio de la experiencia real con este ejemplo de cómo se solucionan los opuestos podemos empezar a aprender cómo se reconcilian todos los opuestos. Podemos tener una experiencia de cómo se resuelven los opuestos a voluntad. Es un experimento que siempre funciona. Siéntate en silencio y quietud, y empieza a enviar paz a todo el mundo. Piensa en personas concretas, y en tu mente diles: “Yo te ofrezco quietud. Te ofrezco paz mental. Te ofrezco ternura” (basado en (8:6-8). Repasa tu lista de amigos y relaciones mentalmente, enviándoles paz a todos y cada uno de ellos. Ofrécesela al mundo en general. Lo que descubrimos al hacer esto es que, cuando ofrecemos paz a otros, la sentimos nosotros mismos. Literalmente, lo que damos, lo recibimos. Inmediatamente. No hay pausa, no hay retraso en la respuesta. Nuestra acción de dar es literalmente un acto de recibir. Hay un acto y contiene las dos cosas, porque no hay dos cosas, únicamente una. La aplicación general de esta lección es que dar y recibir son uno en la verdad (mi interpretación de 10:2-3). Me lleva a darme cuenta de que mi pensamiento de ataque a otro es literalmente un ataque a mí mismo, en ese mismo instante. Pensamos en causa y efecto de un modo lineal, como si lo que hago hoy tendrá efecto sobre mí mañana o en el futuro. Ése es un cuadro incompleto. De hecho, no hay retraso de tiempo en absoluto. Mi pensamiento de ataque me afecta ahora, tal como mis pensamientos de ofrecer paz me hacen sentir la paz inmediatamente. Del mismo modo, pensamiento y acción son lo mismo. Constantemente estoy provocando mis diferentes experiencias. En realidad, no hay nada fuera de mi mente. No existe nada excepto estos pensamientos. El mundo que vemos es únicamente nuestros pensamientos con forma. En verdad, nunca han abandonado nuestra mente.

LECCIÓN 109

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19 ABRIL

“Descanso en Dios”

Instrucciones para la práctica
Propósito: Descansar en Dios, sin que nos afecten las tormentas del mundo. Ejercicios más largos: Cada hora, a la hora en punto, durante cinco minutos (si no puedes hacer esto, al menos haz el alternativo). Este ejercicio es una meditación en la que te sumerges en la quietud usando la frase: “Descanso en Dios”. Deja que esta frase te lleve a un descanso en el que “no tienes inquietudes, preocupaciones, agobios, ansiedades o dolor” (5:1), y en el que la agitación del mundo exterior no puede tocarte. Mientras estás en este estado, invita a todos “tus hermanos distantes y tus amigos más íntimos” (8:3), y dales la bienvenida al templo santo dentro del cual descansas con Dios. Date cuenta de que su descanso aumentará y completará el tuyo.

Recordatorios frecuentes: A menudo. Repite la idea, comprendiendo que no sólo te estás recordando a ti mismo tu lugar de descanso sino que les estás recordando a todos los Hijos de Dios su lugar de descanso, incluyendo a aquellos que ya no están en el cuerpo y a aquellos que aún no han nacido. Repite ahora la idea teniendo en la mente la sensación de que “les estoy recordando a todas las mentes su verdadero lugar de descanso”. Respuesta a la tentación: Cada vez que te enfrentes a un problema o sientas sufrimiento. Repite la idea, sabiendo que tiene poder para sanar todo sufrimiento, solucionar todos los problemas, y llevarte más allá de todas las tormentas y luchas a la paz de Dios. Apoyo a la práctica: Se le da un poder increíble a la idea de tu práctica de hoy (lee especialmente los tres primeros párrafos), no sólo para ti sino para todo el mundo. Repetir la idea de hoy tiene el poder de invitar a todas las mentes a descansar contigo, incluyendo a todas las que vinieron en el pasado o que todavía no han venido (lee 2:5 y 9:5). Los párrafos 6 y 7 describen un escenario inspirador. Tus cinco minutos llevan sanación a un pájaro herido y a un arroyo seco. Luego, una mente cansada, tan agotada que no está segura de poder continuar en la vida, oye al pájaro empezar a cantar y ve el manantial manar de nuevo. Y ver este renacimiento le da a esa mente la fuerza y la esperanza de continuar. Pensemos o no que este escenario tendrá lugar, necesitamos comprender que nuestra práctica tiene el poder de producir efectos como estos. Comentario Esta lección representa lo que tantas lecciones intentan que yo haga: simplemente tomar un poco de mi tiempo durante el día para descansar en Dios. Aquietarme. Estar en paz. Sentir la quietud en lo profundo de mi ser, puesta allí por Dios en mi creación. Hacer esto no sólo una vez por la mañana sino a menudo durante el día, recordarme a mí mismo constantemente que esta paz, esta serenidad del ser, es mi estado natural; y que las frenéticas distracciones, el ir y venir de pensamientos opuestos que habitualmente llenan mi mente, no es lo natural. Lo que hasta ahora me ha parecido “normal” no ha sido nada sino “frenéticas fantasías (que) no eran sino los sueños de un delirio febril que ya pasó” (5:5). Hay un lugar en ti en el que este mundo en su totalidad ha sido olvidado, y en el que no quedan memorias de pecado ni de ilusiones. Hay un lugar en ti donde el tiempo ha desaparecido y donde se oyen ecos de la eternidad. Hay un lugar de descanso donde el silencio es tan absoluto que no se oye ningún sonido, excepto un himno que se eleva hasta el Cielo para brindar júbilo a Dios el Padre y al Hijo. Allí donde Ambos moran, allí Ambos son recordados. (T.29.V.1:1-4) La inmutabilidad del Cielo se encuentra tan profundamente dentro de ti, que todas las cosas de este mundo no hacen sino pasar de largo, sin notarse ni verse. La sosegada infinitud de la paz eterna te envuelve dulcemente en su tierno abrazo, tan fuerte y serena, tan tranquila en la omnipotencia de su Creador, que nada puede perturbar al sagrado Hijo de Dios que se encuentra en tu interior. (T.29.V.2:3-4) Y aquí “descanso en Dios”. Aquí respiro el aire del Cielo. Aquí puedo recordar lo que soy. La lección me habla de cosas maravillosas que me llegan por estar dispuesto a tomarme estos momentos de descanso. Estos momentos de quietud no son únicamente para mí. Son mi misión para el mundo, por medio de ellos le llevo paz a todas las mentes. Nuestros periodos de práctica no son una pequeñez para saltárselos sin hacer, el autor les da una enorme importancia: • Dice que traen el final del sufrimiento a todo el mundo (2:5). • Nos dice que no hay sufrimiento ni problema que no puedan solucionar (3:3-4).

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A través de estos momentos llamamos a todo el mundo a que se una a nosotros en nuestro descanso (4:5-6). Cada vez que descansamos, sanamos al mundo: alegramos a una mente cansada, hacemos que cante un pájaro herido, y le damos agua a un manantial seco (6:1-2).

Vine a llevar la paz de Dios al mundo. Éste es mi “cometido” (8:2), mi misión sagrada, mi razón de ser. Jesús me pide: “Abre las puertas del templo y deja que tus hermanos distantes y tus amigos más íntimos vengan desde los mas remotos lugares del mundo, así como desde los más cercanos; invítalos a todos a entrar y a descansar contigo” (8:3). Esto es lo que hago cada vez que paro el parloteo mental, me siento, y en la quietud “descanso en Dios”. Soy como Buda, extendiendo su compasión sobre el mundo. Soy Buda, soy Cristo. Me veo a mí mismo como una célula en un cuerpo cósmico, un cuerpo que ha sido invadido por un virus mortal: el virus de la enemistad, de la falta de armonía, del odio, de la envidia y de la lucha, el virus de la amargura, del sufrimiento y del dolor, el virus de la desesperación, de la depresión y de la muerte. Cuando tomo mi tiempo de descanso, es como si la pequeña célula hubiera descubierto cómo producir la antitoxina, el remedio para el virus: la paz de Dios. Y la naturaleza de nuestros pensamientos compartidos, que se comunican, es la circulación de la sangre que lleva esta sustancia sanadora a otras células, que la absorben y a su vez empiezan a producirla. La paz mental, la sustancia sanadora para el mundo. Para esto es para lo que he nacido. Por esto estoy aquí, y por nada más. A través de estas sencillas prácticas, llevamos la sanación a todo tiempo: pasado y futuro: “El tiempo no es el guardián de lo que damos hoy. Damos a los que aún no han nacido y a los que ya partieron, a todo Pensamiento de Dios, y a la Mente en la que estos Pensamientos nacieron y en donde descansan. Y les recordamos su lugar de descanso cada vez que nos decimos a nosotros mismos: "Descanso en Dios”. (9:4-6)

LECCIÓN 110

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20 ABRIL

“Soy tal como Dios me creó”

Instrucciones para la práctica
Propósito: Dejar de adorar las falsas imágenes que tienes acerca de ti y, en lugar de ello, buscar y encontrar tu verdadero Ser. Ejercicios más largos: Cada hora, a la hora en punto, durante cinco minutos (si no puedes hacer esto, al menos haz el alternativo). • Di: “Soy tal como Dios me creó. Su Hijo no puede sufrir. Y yo soy Su Hijo”. • El resto de la sesión de práctica es una meditación es muy parecida a la que hiciste la primera vez que apareció esta idea, en la Lección 94 (puedes ir allí y leer mis instrucciones para la práctica de aquella lección). Toda tu atención debe estar en buscar ese lugar en lo profundo de tu mente donde mora tu verdadero Ser, el Cristo. Para llegar ahí, necesitas dejar a un lado todas las imágenes que tienes acerca de ti (son los ídolos y falsas imágenes de los que habla la lección). Como siempre recuerda tu entrenamiento en meditar: concentra toda tu intención en sumergirte hacia adentro al centro de tu mente, retira tu mente de las distracciones tan a menudo como sea necesario, y acércate a tu Ser con deseo, pues es tu Ser Quien tiene el poder de salvarte. Recordatorios frecuentes: Tan a menudo como puedas. Repite la idea para recordarte a ti mismo tu verdadera Identidad como el santo Hijo de Dios.

Apoyo a la práctica: Se te dice: “Practica la idea de hoy con gratitud” (5:3) porque, sencillamente, tiene muchísimo poder (como puedes ver al leer los primeros cinco párrafos). Ésta es la principal lección del Libro de Ejercicios. Se te recuerda repetidas veces que la idea de hoy es “suficiente” (1:2; 2:2-4) para salvarte, eso es “todo lo que necesitas” (2:1; 3:3) Comentario Se nos dice que este solo pensamiento es suficiente para salvarnos no sólo a nosotros sino al mundo, si creemos que es verdad. “Su veracidad significa que no has efectuado ningún cambio real en ti, ni que tampoco has cambiado el universo de manera que lo que Dios creó hubiese podido ser reemplazado por el miedo y la maldad, por la aflicción y la muerte”. (1:3) Éste es el principal significado para mí de esta idea: nada de lo que he hecho ha cambiado nada. Los pensamientos del ego no han hecho nada, no han cambiado nada. El miedo, la maldad, el sufrimiento y la muerte no han sucedido. Sigo siendo tal como Dios me creó. No he dañado nada. La pequeña y loca idea de sustituir a Dios de Su trono no ha logrado absolutamente nada. Todavía soy perfecto, inocente, puro amor. “Esta idea es suficiente también para dejar que el tiempo sea el medio por el que el mundo entero aprende a escaparse del tiempo y de todos los cambios que éste parece producir con su pasar”. (2:4) Vemos los estragos del tiempo. Vemos el cuerpo que envejece. Vemos a los seres amados venir y marchar. Vemos la decadencia, la muerte y la pérdida. Pero el tiempo puede ser el medio por el que aprendemos a escaparnos del tiempo y de todos sus cambios. Con el paso del tiempo aprendemos a mirar más allá de las apariencias de cambio a lo que nunca cambia, y aprendemos que únicamente esto es real. “Llévame por el camino eterno” (Salmos 139:24). “Si eres tal como Dios te creó, entonces no ha habido separación alguna entre tu mente y la Suya, ni división entre tu mente y otras mentes, y sólo ha habido unidad en la tuya”. (4:2) Ninguna separación, ninguna división, ninguna esquizofrenia. Soy un solo Ser, unido a mi Creador, y dotado de un poder y de un amor infinitos. Confío en mis hermanos, que son uno conmigo, porque soy tal como Dios me creó y nunca me he separado de ellos. Lo que encuentro dentro de mí cuando escucho la Voz silenciosa del Espíritu Santo es lo también son todos los demás. Dentro de mí encuentro al Uno Santo. Yo soy Esto, tú eres Esto. Que yo me vuelva consciente de cualquier pensamiento que diga otra cosa, cualquier imagen de mí que inventa un ídolo falso y limitado, y que abandone ese pensamiento y esa imagen. “En lo más recóndito de tu mente el santo Cristo en ti espera a que lo reconozcas como lo que tú eres. Y mientras no lo reconozcas y Él siga siendo un desconocido para ti, tú seguirás perdido y sin saber quién eres”. (9:4-5)

TERCER REPASO. INTRODUCCIÓN
De nuevo un repaso. A casi todos los que conozco, especialmente cuando hacen el Libro de Ejercicios por primera vez, les parecen los repasos aburridos o frustrantes. Es una demostración de la orientación de nuestra mente. Aparentemente tenemos ansia por lo nuevo, y la idea de prácticas que se repiten con las mismas ideas, incluso por segunda vez, parecen sin interés y sin importancia. Queremos conseguir algo nuevo y emocionante.

Lo que parece que no entendemos es que cualquiera de estas ideas puede ser el gran avance para nosotros. Hacia el final de la Introducción de este repaso, se les llama a los repasos una “segunda oportunidad de repasar cada una de estas ideas” (12:3). Pues bien, si te pareces a mí, la primera vez no acumulaste un resultado final perfecto en la práctica. Te olvidaste de las prácticas de cada hora, sólo hiciste unas pocas cada día, y quizá te saltaste días enteros sin hacerlas. Así que, piensa que ésta es una segunda oportunidad de obtener los beneficios de cada lección. Pienso así de este repaso, y sé que necesito hacerlo. La Introducción al Tercer Repaso es uno de los más importantes debates del libro acerca de las prácticas del Libro de Ejercicios. La actitud hacia la práctica nos da mucha información. Lo primero de todo, seguir las instrucciones al pie de la letra, y hacer las dos prácticas de cinco minutos junto con prácticas a la hora en punto y a la media hora, se considera muy, muy importante. Se nos “ruega” que prestemos atención a las instrucciones y “seguirlas tan fielmente como puedas” (1:3). Segundo, el autor es muy razonable. Reconoce que es imposible que sigamos al pie de la letra las instrucciones del modo que se sugiere como “optimo” (2:1). Por ejemplo, una madre que cuida a niños muy pequeños es muy posible que no pueda parar cada media hora y cerrar los ojos, un empleado de una tienda es posible que no pueda dejar a los clientes durante un minuto cada media hora. “Tu aprendizaje no se verá afectado si se te pasa una sesión de práctica porque te resultó imposible llevarla a cabo en el momento señalado” (2:2). Así que si te la pierdes porque te es imposible practicar, no pasa nada. Sin embargo, date cuenta de la palabra “imposible”. No dice “incómodo” o “que no te viene bien”, dice “imposible”. La clave para saber si nuestro aprendizaje se verá afectado o no, no es que no hagamos la práctica sino por qué no la hacemos. ¿Es porque no podemos, o porque no queremos? Fíjate también en que “No es necesario tampoco que te esfuerces excesivamente por recuperar el número de sesiones perdidas” (2:3). Para mí, eso supone que hacer esfuerzos razonables para recuperarlas sería lo adecuado. Así que si pierdo la del mediodía porque estoy hablando con mi jefe, pero estoy libre quince minutos después, tendría sentido parar entonces durante un minuto y recuperar la sesión que me he perdido. Pero la meta no es el ritual en sí, no es “hacerlo a la perfección”. Lo importante es nuestro deseo y nuestra buena voluntad, no el número de sesiones de práctica. No tenemos que obsesionarnos por esto. Tercero, está claro que el autor entiende nuestra torpeza y resistencia a la práctica. Saltarnos una sesión de práctica porque no queremos hacerla (o “no nos apetece”), ¡afectará a nuestro aprendizaje! (3:1). Esta afirmación demuestra que seguir las instrucciones sí importa y que no es suficiente con sólo leer la lección por la mañana. Se toma la molestia de señalar las maneras en que nos engañamos a nosotros mismos, escondiendo nuestra falta de buena voluntad “tras la falsa apariencia de situaciones que parecen estar fuera de tu control” (3:3). Señala que muchas de ellas han sido ingeniosamente tramadas por nosotros “para… enmascarar tu falta de buena voluntad” y nos pide que aprendamos a distinguirlas de aquellas otras situaciones “que no son propicias para tu práctica” (3:4). A menudo he descubierto que las veces en que “hago la práctica” aunque no me apetezca son aquellas en las que tengo la más profunda consciencia de que se produce un cambio en mi estado mental. Por si acaso alguno de vosotros se siente ofendido por todo esto, debo decir que no pasa nada por leer la lección a la mañana y olvidar las direcciones para la práctica. Simplemente date cuenta de que es eso lo que estás haciendo y de que es ésa tu elección. No luches contigo mismo. Si realmente no quieres hacer ahora la práctica, no la hagas. Esta clase de práctica disciplinada puede que no sea lo que necesitas en este momento. Puede que todavía no estés listo ahora, pero que lo estés más adelante. O quizá encuentres otro camino espiritual. Pero no juzgues el Curso ni digas que no te funcionó, a menos que hagas las lecciones como se dice. Si las haces, funcionarán.

También, date cuenta de que las prácticas que a propósito “dejaste de hacer porque por una razón u otra no quisiste llevarlas a cabo, deberías hacerlas tan pronto como hayas cambiado de parecer con respecto a tu objetivo” (4:1). ¡Deberías intentar recuperar esta clase de prácticas perdidas! “Llevar a cabo tus prácticas te lo ofrece todo” (4:5). La parte del medio de la Introducción nos da una instrucción fascinante sobre tener fe en nuestra propia mente. Se supone que dejaremos que nuestra mente relacione las ideas que estamos repasando con nuestras necesidades, preocupaciones y problemas. La imagen que se da es de asociación libre: poner la idea en nuestra mente y luego ver dónde nos lleva. Jesús nos pide que tengamos fe en que nuestra mente usará las ideas sabiamente. Esto parece estar pensado para contrarrestar las dudas acerca de nosotros mismos. Quizá piensas que, si se te deja libremente, tu mente se distraerá y se perderá. Pero “para tomar sus decisiones cuenta con la ayuda de Aquel que te dio los pensamientos a ti” (6:2), es decir, el Espíritu Santo. Si nos distraemos, Él nos guiará de vuelta. En este tipo de ejercicio estamos aprendiendo a confiar en nuestra propia sabiduría interna. “La sabiduría de tu mente acudirá en tu ayuda” (6:5). Si lo que te viene a la mente es una frase muy parecida a la idea del día, déjala que venga. A menudo la idea dicha con tus propias palabras te será más eficaz que la forma original, y se te quedará en la memoria mucho mejor. La parte final de la Introducción vuelve de nuevo a las instrucciones generales sobre la práctica y lo que puede considerarse como “charla para dar ánimos”. En esta parte se le da mucha importancia a la aplicación de las ideas a nuestras vidas a lo largo del día (9:2-3). “Estas sesiones de práctica están diseñadas para ayudarte a formar el hábito de aplicar lo que aprendes cada día a todo lo que haces” (11:2). “No es cuestión de repetir el pensamiento y luego olvidarte de él” (11:3). ¡Me resulta familiar! ¡Este repaso expone de manera maravillosa todos los pequeños trucos que nuestra mente ha estado usando para evitar los beneficios de las lecciones! No dejes que eso te desanime. Sólo el darse cuenta de las astutas estratagemas con las que el ego se resiste ya es un avance importante del plan de estudios. Pero no te quedes ahí, ahora que ya conoces los trucos del ego, puedes darle vuelta a la situación y empezar a dejar que las ideas de las lecciones te ayuden, “su propósito es serte útil en toda circunstancia, en todo momento y lugar, así como siempre que necesites cualquier clase de ayuda” (11:5). Y por si no nos hemos dado cuenta del propósito, mira cómo termina la Introducción al repaso: “No te olvides”… (12:2)

“No te olvides de lo poco que has aprendido. No te olvides de lo mucho que puedes aprender ahora. No te olvides de lo mucho que tu Padre te necesita, según repasas los pensamientos que Él te dio” (13:1-3).

TERCER REPASO. INSTRUCCIONES PARA LA PRÁCTICA
Propósito: Una segunda oportunidad para las últimas veinte lecciones, en la que puedes practicarlas mejor, y que puede adelantarte tanto que continuarás tu viaje “sobre un terreno más firme, con pasos más seguros y con mayor fe” (12:3). Observaciones: Por favor, sigue las instrucciones de abajo con tanto detalle como puedas. Si pierdes una sesión de práctica (ya sean las más largas o las de cada media hora) porque no pudiste hacerlas en el momento adecuado, tu progreso no se verá afectado, No te preocupes por recuperarlas. Sin embargo, si no las hiciste porque no quisiste dedicarles tiempo, tu progreso se

verá dificultado. Ésas deberías recuperarlas. Las dejaste de hacer porque pensaste que otra actividad te daría más. Tan pronto como recuerdes que “tu práctica te lo ofrece todo” (4:5), haz los periodos de práctica que las compensan como una afirmación de que tu verdadera meta es la salvación. Al decidir si debes compensar un periodo de práctica, se muy honesto contigo mismo. No intentes hacer pasar el “no quise hacerlo” por “no pude hacerlo”. Aprende a distinguir entre situaciones que verdaderamente no te permitían hacerlo y aquellas en que podías haberlas hecho si hubieses querido. Ejercicios más largos: 2: 1 por la mañana, y 1 por la noche (preferentemente en los primeros y en los últimos cinco minutos del día), durante cinco minutos (más si quieres). • Lee las dos ideas y los comentarios acerca de ellas, para que las ideas se asienten firmemente en tu mente. • Luego cierra los ojos y empieza a pensar en las ideas y deja también que te vengan ideas relacionadas (esto se ha hecho ya en lecciones anteriores). Sin embargo, hay un giro importante. Deja que tu mente busque diferentes necesidades, problemas o preocupaciones. En otras palabras, deja que tu mente aplique las ideas de manera creativa para eliminar tu sensación de necesidades, problemas o preocupaciones. Ésta es una versión más avanzada de dejar que vengan pensamientos relacionados, en la que esta técnica se combina con la respuesta a la tentación (ya había consejos de esto en el Segundo Repaso; mira mis comentarios acerca de la respuesta a la tentación en las instrucciones para la práctica del Segundo Repaso). • Recuerda tu entrenamiento en dejar que surjan en tu mente pensamientos relacionados: pon las ideas en tu mente. Confía en la propia sabiduría de tu mente para traer pensamientos relacionados (esta confianza es un tema importante en este repaso). No hagas esfuerzos, deja que tu mente saque los pensamientos. Los pensamientos sólo necesitan tener una cierta relación con las ideas, aunque no deben estar en conflicto con ellas. Si tu mente se distrae, o te quedas en blanco, repite la idea e inténtalo de nuevo. • Si lo intentas y te resulta con muy poca estructura, he encontrado la siguiente versión con más estructura para que te resulte útil: 1. Deja que te venga a la mente una necesidad, un problema o una preocupación, y nómbrala para ti (por ejemplo: “Veo este conflicto con… como un problema”). 2. Repite una o las dos ideas del día (por ejemplo: “”Soy espíritu”). 3. Mientras repites la idea, observa tu mente en busca de chispas de comprensión que surjan y que se apliquen a tu necesidad, problema o preocupación, y repítete esta comprensión a ti mismo (por ejemplo: “Como espíritu, nada puede hacerme daño. Soy totalmente invulnerable”). 4. Continúa con más pensamientos relacionados, o pasa a la siguiente necesidad, preocupación o problema. Recordatorios frecuentes: A la hora en punto y a la media hora, durante un momento. • Repite la idea a aplicar (a la hora en punto: la primera idea; a la media hora: la segunda idea). • Deja que tu mente descanse en silencio y en paz durante un momento. • Después, intenta llevar la idea en tu mente, teniéndola preparada como respuesta a la tentación. Respuesta a la tentación: Cada vez que tu paz se vea amenazada. Repite la idea (la que te toca de tu última sesión de práctica). Al aplicar la idea a los asuntos del día, harás que esos asuntos sean santos. Observaciones: Estas sesiones más cortas de práctica (recordatorios frecuentes y respuesta a la tentación) son tan importantes como las más largas, por lo menos. Si te las saltas, lo cual has tendido a hacer, no dejas que las ganancias de las sesiones más largas se aplique al resto de tu

vida, donde podrías ver lo valiosos que son sus regalos. Después de tus sesiones más largas de práctica, no dejes “que lo aprendido permanezca inactivo” (10:1). Refuérzalo con los recordatorios frecuentes cada media hora. Y después de éstos, no te olvides de la idea (11:3). Tenla preparada y lista para usarla como respuesta a todos tus pequeños disgustos. De esta manera, construyes una cadena continua que se extiende desde las sesiones más largas a lo largo del ajetreo y bullicio de tu día.

LECCIÓN 111

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21 ABRIL

(91) Los milagros se ven en la luz. (92) Los milagros se ven en la luz, y la luz y la fortaleza son una. Instrucciones para la práctica Ver las instrucciones del Tercer Repaso Comentario Hoy deseo abrir mi mente a la luz. Estoy ansioso por salir de mi obscuridad, y no tendré miedo de lo que la luz me mostrará. Nada de lo que he estado escondiendo puede hacerme daño. Estoy hambriento de la verdad. Dentro de mí únicamente hay inocencia, y no lo que yo temía que hubiese. Dentro de mí, en la luz, está lo que he estado deseando encontrar durante toda mi vida. Yo soy un milagro. La luz de Dios es mi fortaleza. Me siento incapaz de elevarme hasta esta altura invocando, pero mi debilidad es la obscuridad que desaparece en Su luz. No necesito ser fuerte para venir a la luz, la luz me da fuerza al acercarme a ella. Siento que me falta fuerza para ver con la pureza de visión que pide el Curso, pero Dios me da la fortaleza que necesito, y en Su luz yo veo. Gracias, Padre, por la luz. Hoy Tú brillas en mi mente. Gracias, Padre, por la luz ahora, en este mismo instante.

LECCIÓN 112

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22 ABRIL

(93) La luz, la dicha y la paz moran en mí. (94) Soy tal como Dios me creó. Instrucciones para la práctica Ver las instrucciones del Tercer Repaso Comentario Soy el hogar de la luz. Mi auténtico ser es naturalmente compatible con la luz. La luz me pertenece y está en mí. No soy el hogar de la obscuridad. Por naturaleza, cuando la ilusión no la impide, extiendo luz a todo a mi alrededor. Soy el hogar de la dicha. El sufrimiento y la tristeza no están en mi naturaleza. Cuando la dicha entra, mi mente siente que le pertenece. No hay nada en mí que se oponga a la pura dicha. No hay nada en mí que impida un ambiente de dicha constante. Por naturaleza, la dicha se extiende

desde mi ser y permanece conmigo. Me siento a gusto en la dicha y la dicha se siente a gusto conmigo. Soy el hogar de la paz. La paz me pertenece. La paz es el estado natural de mi mente, cuando está asentada en la verdad. Nada en mí se opone a un estado mental constante. La paz está en armonía con mi ser. Mi resplandor natural extiende paz a todas las mentes a mi alrededor. Así es como Dios me creó. Así es como soy, y seré eternamente. No puedo cambiar tal como Dios no puede cambiar, soy uno con Él, y Él conmigo. Nada de lo que he hecho, dicho o pensado ha cambiado la verdad en mí. Lo que soy no puede cambiar, lo que soy es eterno y constante en su ser. Hoy, al reconocer la luz en mí, le doy la bienvenida a la verdad. Le doy la bienvenida a la pura dicha. Le doy la bienvenida a la paz de Dios. Y las comparto con el mundo.

LECCIÓN 113

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23 ABRIL

(95) Soy un solo Ser, unido a mi Creador. (96) La salvación procede de mi único Ser.

Instrucciones para la práctica Ver las instrucciones del Tercer Repaso Comentario Hay algo atrayente en ser “un solo Ser”, que no se puede explicar. Gran parte de la psicología moderna habla de la “integración” de los distintos aspectos de nuestro ser. Así pues, la mayor parte del tiempo nos sentimos como si estuviésemos hechos de piezas diferentes, que a veces trabajan juntas pero que la mayoría de las veces están en conflicto. Hay lo que los psicoanalistas Jungianos llaman nuestra “sombra”, que son tendencias reprimidas que nos siguen como figuras tenebrosas en nuestros sueños. El Curso ofrece la visión de un Ser unificado. Habla de “una mente que está en paz consigo misma” (L.p.II.8.3:4). Nos dice que debido a que somos un solo Ser, no podemos estar en conflicto. El Texto habla de nuestra guerra contra nosotros mismos (Capítulo 23), y dice que el aparente conflicto que vemos en el mundo a nuestro alrededor no es nada más que un reflejo de la ilusión de conflicto que todos llevamos dentro de nuestra mente. Dice: “Se empieza a tener paz en él (mundo) cuando se le percibe de otra manera, y esta nueva percepción nos conduce hasta las puertas del Cielo y lo que yace tras ellas” (L.200.8:2). La paz tiene que comenzar dentro de nosotros, en la serenidad y en la calma de un ser unificado, en una mente libre de conflicto y ataque. Sin embargo, el Ser del que estamos hablando es más que un individuo completo y unificado. Es un Ser que todos compartimos, “uno con toda la creación y con Dios” (1:2). Son aspectos diferentes de la misma cosa, pues cuando nos liberamos a nosotros mismos del conflicto dentro de nosotros, nuestro conflicto con el mundo desaparece milagrosamente. Por eso, la salvación procede de mi único Ser. Cuando nos hayamos unido a nosotros mismos y hayamos reconocido la verdad de nuestro ser unificado, este estado de estar completo se

extenderá a los otros de manera natural. Desde dentro del Círculo de la Expiación (T.14.V), acercamos a otros a su propia plenitud, que comparten con nosotros. Hoy aquieto y acallo a mi mente de todos sus conflictos. Me aparto de la separación. Tomo mi tiempo en la quietud y el silencio para romper mi identificación con esta imagen de un ser dividido en partes diferentes, y me sumerjo en la consciencia de “un Ser” dentro de mí, Que es lo que realmente soy. Las imágenes conflictivas acerca de mí vienen y van con sorprendente frecuencia, ellas no pueden ser mi realidad. Algo permanece debajo de todo ello, el “murmullo” del ser en el que todos los destellos y dramas parecen ocurrir. Esta constancia es lo que soy, no los pensamientos que van y vienen y que exigen mi atención. Abrazo a este único Ser, con gran anhelo, diciendo: “La salvación procede de mi único Ser. Esta unidad es mi salvación. Esta unidad es mi realidad”

LECCIÓN 114

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24 ABRIL

(97) Soy espíritu. (98) Aceptaré el papel que me corresponde en el plan de Dios para la salvación. Instrucciones para la práctica Ver las instrucciones del Tercer Repaso Comentario “No hay cuerpo que pueda contener mi espíritu” (1:3) o limitarlo. Muy a menudo, incluso cuando conectamos de algún modo con nuestra realidad espiritual, pensamos que somos seres humanos teniendo una experiencia espiritual (como alguien dijo), sería más exacto pensar que somos seres espirituales teniendo una experiencia humana. La primera manera considera nuestra humanidad la única realidad, y lo espiritual algo que va y viene dentro de esa realidad. La segunda manera se da cuenta de que lo espiritual es nuestra realidad básica, y que la “experiencia” humana es algo que viene y va dentro de esa realidad. “Soy espíritu” (1:1). Eso es lo que soy. La experiencia de que soy un ser humano en un cuerpo es una cosa temporal y pasajera. No cambia lo que soy, y no puede limitar lo que verdaderamente soy, aunque parece que me limita debido a que creo en la limitación. El valor de cosas tales como las experiencias psíquicas o paranormales está en el grado en que nos ayudan a darnos cuenta de que los límites bajo los cuales nos movemos habitualmente no son firmes ni rígidos. Las mentes están verdaderamente unidas, el tiempo y el espacio no son límites absolutos, y así sucesivamente. Todos tenemos muchas habilidades de las que no somos conscientes (ver M.25.21:3), porque no somos cuerpo sino espíritu. Ir más allá de estos límites, mientras parece “supernatural desde la perspectiva del cuerpo, es verdaderamente natural; los límites son lo que no es natural” (ver M.25.2:7-8). Cualquier cosa que rompa nuestra ilusión de estar limitados al cuerpo, y que haga esa ilusión menos sólida, es útil, siempre que usemos esas experiencias o poderes bajo la dirección del Espíritu Santo. Las experiencias y los poderes no son objetivos en sí mismos. Nuestro propósito principal no es desarrollar habilidades paranormales, sino llevar a cabo nuestro papel en el plan de Dios para la salvación, que es sencillamente aceptar Su Palabra acerca de “lo que soy y lo que por siempre he de ser” (2:2). En otras palabras, espíritu completo, santo y eterno. Date cuenta de que: mi función, mi parte en el plan, es aceptar la verdad acerca de lo que soy. Puede parecer que eso no tiene nada que ver con nadie más, pero tiene todo que ver con todos los demás, porque lo que soy es parte todos y todos son parte de mí. Mi ilusión es la de que estoy separado, la verdad es que todos somos uno. Aceptar la verdad acerca de mí es

aceptar que tú eres parte de mí, y nosotros juntos parte de Dios. Eso conlleva perdonarte, perdonar al mundo y perdonar a Dios. Aceptar la Expiación para mí mismo significa extender la Expiación a todos a mi alrededor, no puedo encontrar mi Ser si te excluyo a ti. Para aceptar la plenitud de mi Ser y mi propio poder creativo, debo dejar de verme a mí mismo como víctima de algo o de alguien, porque ésa no es la verdad de lo que yo soy. Para aceptar mi integridad sin mancha de ser, debo dejar de culparte de cualquier cosa y darme cuenta de que únicamente mis propios pensamientos pueden afectarme. Hoy, quiero relajarme y abandonar los límites del cuerpo. Miraré a los límites en los que creo y me recordaré a mí mismo que no son reales. Dejaré de darle “valor a lo que no lo tiene” (L.133, encabezamiento) y abandonaré mi inversión en mi cuerpo. Lo cuidaré como a cualquier posesión que me sea útil, pero intentaré, al menos un poco, deshacer mi apego a él y mi sensación de identidad con él. El cuerpo morirá, dejará de existir; pero yo no, pues yo soy espíritu. Quiero aceptar esta realidad acerca de mí porque éste es mi papel en el plan de Dios para la salvación.

LECCIÓN 115

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25 ABRIL

(99) La salvación es mi única función aquí. (100) Mi papel en el plan de salvación de Dios es esencial. Instrucciones para la práctica Ver las instrucciones del Tercer Repaso Comentario Mi tarea es perdonar al mundo por todos mis errores (1:2). A menos que sepa algo acerca de las enseñanzas del Curso sobre la proyección, no tendré idea de lo que esto significa. Cada “pecado” que veo ahí fuera en el mundo (incluso los atentados terroristas) es, en cierto modo, una proyección de un juicio que he hecho acerca de mí mismo. Mi negativa a perdonar algo, o a verlo como una petición de amor que merece una respuesta de amor sanador, es un reflejo del grado en el que no me he perdonado a mí mismo. La forma que percibo “ahí fuera” puede cambiar, alterar y sufrir una transformación de mi propia forma de “pecado” para que yo no la reconozca. De hecho, en lo que al ego se refiere, cuanto menos se reconozca mejor. Pero el contenido es siempre el mismo. Puede que no ponga bombas a niños, pero si juzgo a aquellos que lo hacen como que no merecen perdón, estoy albergando una creencia en la venganza (que no me he perdonado a mí mismo), y mi juicio acerca de los terroristas es mi juicio acerca de mí mismo. Por lo tanto, cuando libero al mundo de culpa, me he liberado a mí mismo. Mi única función es perdonar. No es tener éxito en el mundo, ni cambiar algo, únicamente perdonar. Únicamente cuando acepto perdonar llego a la paz interna. El que yo lo haga (mi parte en el perdón) es esencial para todo el proceso. Para que el mundo encuentre su completa inocencia, su falta de culpa, tengo que dejar de culparle yo. Hay personas a mi alrededor hoy que necesitan que se les quite la culpa de sus hombros y, para que así sea, me los encuentro. Puede parecer que estoy de negocios, comprando o vendiendo, enseñando, arreglando huesos rotos, o programando ordenadores, pero la verdadera razón por la que estoy aquí es para salvar al mundo, para perdonarlo y liberarlo de toda culpa.

LECCIÓN 116

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26 ABRIL

(101) La Voluntad de Dios para mí es perfecta felicidad. (102) Comparto con Dios Su Voluntad de que yo sea feliz.

Instrucciones para la práctica Ver las instrucciones del Tercer Repaso Comentario En algún lugar de nuestra mente colectiva hay un mito obscuro y terrible. El mito significa que la Voluntad de Dios para nosotros es sufrimiento, sacrificio, la pérdida de todo lo que amamos, renunciar a todo lo que queremos por Su Reino. Según este mito hacer la Voluntad de Dios es una cosa sin alegría y sombría. En una de sus conferencias, Marianne Williamson lo describió así: “Creía que tendría que vestirme de gris el resto de mi vida”. La Voluntad de Dios es felicidad. ¿Cómo puede el Amor querer menos que eso para nosotros? Cada ser humano, incluso los más mezquinos, quieren que sus seres amados sean felices. ¿Cómo hemos podido imaginar que Dios, Amor perfecto, quería algo distinto a la perfecta felicidad para nosotros? Entonces, todo nuestro sufrimiento debe venir de la creencia de que hay alguna “otra” voluntad que se opone a la de Dios y quiere estropear nuestra felicidad. Quizá, secretamente sospechamos que esa voluntad es la nuestra. Si no, sabemos que “ellos” están ahí fuera en algún lugar, y que la tienen tomada con nosotros. Sin embargo, no hay “otra” voluntad. No hay un poder malvado acechando al universo y apuntando a nuestra destrucción. Sólo existe Dios. Comparto con Dios Su Voluntad de que yo sea feliz. No soy un incurable destructor de mí mismo, con un ramalazo obscuro e incomprensible contra Dios, contra el universo, y contra mí mismo, que me lleva sin remedio a la muerte. Mi verdadera voluntad es la de Dios, y yo quiero felicidad. “Mi voluntad es que haya luz”, como decía la lección 37. Su Voluntad es todo lo que realmente quiero. El Curso habla mucho sobre los tenebrosos cimientos del ego que llevan a la muerte. Esas corrientes sombrías circulan por nuestra mente, deformando y viciando nuestra experiencia en este mundo. Pero el Curso no nos deja ahí, sin esperanza. Trae el mensaje de que aunque el ego parece real, no es lo que nosotros somos. No tiene poder sobre nosotros, es una invención equivocada de nuestra mente. Y debido a que nosotros lo hicimos, podemos deshacerlo. Ya que lo elegimos, podemos elegir de nuevo. Si dejamos de tenerle miedo a esos rincones tenebrosos de nuestra mente y los miramos de frente, reconoceremos que no tienen fundamento. Más allá de ellos veremos a nuestro Ser. Veremos lo que esos obscuros cimientos han estado ocultando todo el tiempo: nuestro propio intenso y ardiente amor a Dios, y el Suyo a nosotros (ver T.13.III.2:8). Aquí, en el auténtico cimiento de nuestro ser, queremos lo que Dios quiere y amamos lo que Dios ama. Hoy, me permito descansar en el pensamiento feliz de que en el centro de mi ser hay un impulso irresistible hacia la verdad. Quizá no sienta “perfecta felicidad”, pero la sentiré. Tengo que sentirla porque lo más profundo de mi corazón lo quiere y se une a Dios en Su Voluntad, y no hay nada que pueda oponerse, nada real o con poder para oponerse.

“La Voluntad de Dios se hace sean cuales fueren tus reacciones a la Voz del Espíritu Santo, sea cual fuere la voz que elijas escuchar y sea cuales fueren los extraños pensamientos que te asalten”. (T.13.XI.5:3-4) Es imposible que no alcances el Cielo, pues Dios es algo seguro, y lo que Su Voluntad dispone es tan seguro como Él. (T.13.XI.8:9)

LECCIÓN 117

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27 ABRIL

(103) Dios, al ser Amor, es también felicidad. (104) Busco únicamente lo que en verdad me pertenece.

Instrucciones para la práctica Ver las instrucciones del Tercer Repaso Comentario “Quiero recordar que el amor es felicidad y que nada más me puede hacer feliz” (1:2). Una de las cosas que con el tiempo me ha convencido de la verdad del Curso es esta misma experiencia: soy más feliz cuando estoy amando. No quiero sólo decir “soy feliz cuando estoy enamorado”, en el sentido romántico de la palabra, aunque eso tampoco está excluido. Cuando el amor fluye a través de mí, ya sea en una relación cercana e íntima o en algo más “distante” (sentado aquí y escribiendo estas notas y pensando en todos vosotros, por ejemplo), soy feliz. Amar me hace feliz. No, más que eso: “El amor es felicidad” (1:2). (Barry Kaufman escribió un libro maravilloso titulado Amar Es Ser Feliz Con. Siempre he pensado que es un título muy profundo). Por otra parte, el enfado es sufrimiento. Si pienso acerca de cómo me siento cuando estoy enfadado, me daré cuenta de que no me gusta cómo me siento. El Curso habla mucho de ideas y de cambiar nuestra mente, a menudo el cambio de mente es una decisión sobre los sentimientos: “Puedes empezar a cambiar de parecer con lo siguiente: Por lo menos puedo decidir que no me gusta cómo me estoy sintiendo ahora” (T.30.I.8:1-2). Los sentimientos pueden ser muy útiles cuando pensamos en ellos, y usarlos como motivadores para cambiar nuestra mente. El enfado me hace sufrir, amar me hace feliz. Por lo tanto, quiero elegir amar. ¿Es eso prestar atención a los sentimientos, o es lógica? ¿O los dos? Sea lo que sea, funciona. He dicho que darme cuenta de que el amor y la felicidad van juntos, me ha convencido de que el Curso es verdad. Aquí está la razón. El Curso dice que somos completamente amorosos y completamente merecedores de ser amados. Dice: “Enseña solamente amor, pues eso es lo que eres” (T.6.I.13:2). A veces no siento que soy amor. Sin embargo, si cuando amo soy feliz, el amor debe ser mi voluntad, tiene que ser mi naturaleza. ¿Qué es la felicidad, excepto la libertad de ser yo mismo y de hacer realidad mi naturaleza? Si soy feliz cuando amo, entonces tengo que ser amor. Esto es lo que significa esta frase: “El amor, al igual que la dicha, constituyen mi patrimonio” (2:2). Mi herencia. Mi naturaleza. Lo que yo soy. El amor me pertenece en verdad, y con él la felicidad, ya que son lo mismo. Hoy, tan a menudo como pueda, me propongo recordarme a mí mismo: “El amor es felicidad”. Y luego en ese momento, ser simplemente el amor que yo soy. Si quiero ser feliz siempre, que

sea siempre amoroso. ¡Y feliz! ¡Oh, qué felicidad y alegría cuando el corazón se abre y deja salir el amor! Que hoy no me cause dolor a mí mismo al no dejarlo manifestarse. ¡Que Dios os bendiga a todos!

LECCIÓN 118

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28 ABRIL

(105) Mías son la paz y la dicha de Dios. (106) Déjame aquietarme y escuchar la verdad.

Instrucciones para la práctica Ver las instrucciones del Tercer Repaso Comentario Los substitutos que me he inventado son lo que me impide aceptar la paz y la dicha de Dios. Ya tengo la paz y la dicha de Dios, pero mi ego ha decidido que no son suficientes. Como el Curso dice, quiero “más que lo que lo es todo” (T.29.VII.2:3), mi propia plenitud no es suficiente. La sección del Texto dice realmente que buscar “más que lo que lo es todo” lo demuestra el hecho de que estoy en este mundo. “No hay nadie que venga aquí que no abrigue alguna esperanza, alguna ilusión persistente o algún sueño de que hay algo fuera de sí mismo que le puede brindar paz y felicidad” (T.29.VII.2:1). “La felicidad y la paz” es lo que estoy buscando, pero fuera de mí mismo. He negado que están dentro de mí, donde Dios las puso. Para encontrar la paz y la dicha que están dentro de mí y son mías, tengo que “cambiar” todos los substitutos que me he inventado. Tengo que dejar de buscar la felicidad fuera de mí mismo. Según mi experiencia, eso no es fácil. Parece suceder poco a poco, con el paso del tiempo. Poco a poco aprendemos que lo que estamos buscando en el mundo no está ahí, no de manera que dure. Al mismo tiempo, poco a poco, empezamos a tener pequeñas experiencias de nuestra dicha y paz internas. Cuando empezamos a comparar las dos experiencias, resulta muy claro que la paz y la dicha de nuestro interior son mucho más seguras y satisfactorias que lo que procede de fuera. Puede que por un tiempo intentemos tener las dos, pero no funciona. Finalmente las abandonaremos, y regresaremos a los brazos de Dios. Finalmente aceptaremos la paz y la dicha de Dios. Mi voz sigue intentando decir cómo deberían ser las cosas. Básicamente, el Curso nos dice que dejemos de escuchar nuestro propio consejo. Tenemos que dejar de pensar que tenemos el control, que sabemos lo que hay que hacer y lo que se necesita, y tenemos que aprender a escuchar. Como una persona que se está ahogando, nuestros propios esfuerzos para salvarnos a nosotros mismos son el mayor obstáculo para nuestro Salvador. Necesitamos confiar en Él, relajarnos y dejarnos llevar. El mejor modo que conozco de hacer esto es practicarlo. Simplemente sentarse durante cinco, diez, quince minutos (lo que pida la lección, lo que nos parezca bien) y, después de repasar la idea del día por un momento, sólo aquietarnos y permanecer en silencio. Muchos días parece enormemente difícil aquietarme y estar en silencio. En el instante en que lo intento, mi mente empieza a recordarme cosas: “No olvides hacer esa llamada de teléfono. Necesitas yogur del supermercado. ¿Qué vas a hacer acerca de tu relación con...? Esta semana no has hecho la colada. Tienes exceso de peso y te vas a morir”. Respiro profundamente. Una y otra vez, sigo respirando lenta y profundamente. Repito las palabras de la lección: “Déjame aquietarme y escuchar la verdad” (2:1). O digo al Espíritu Santo: “¡Ayúdame!” Dejo que los pensamientos vengan y se vayan. Me hago a un lado, los observo, e intento no dejarme arrastrar por ellos. Y escucho, quizá me lleguen algunas palabras de mi Maestro. Y a veces, me llegan. A veces me

quedo muy quieto, y el parloteo de mis pensamientos se calma, si no completamente por lo menos a un murmullo apagado de fondo, como un montón de gente en un restaurante concurrido a la que no presto atención. Practico aquietarme y escuchar. No sé tú, pero pienso que es un ejercicio que merece la pena hacerlo. A veces, incluso me sostiene durante el día, y me encuentro escuchando Su Voz y no a mí mismo durante el día. Y de eso se trata.

LECCIÓN 119

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29 ABRIL

(107) La verdad corregirá todos los errores de mi mente. (108) Dar y recibir son en verdad lo mismo

Instrucciones para la práctica Ver las instrucciones del Tercer Repaso Comentario La primera idea habla de la corrección del error. Las dos frases explicativas que la siguen hablan de un nivel muy elevado, que definen el “error” como cualquier pensamiento de que algo pueda hacerme daño. Lo que soy es espíritu. El espíritu es eterno y no puede cambiar, creado por Dios a Su semejanza. Según la definición del Curso, lo que puede sufrir o ser dañado no es real. Eso incluye nuestro cuerpo, nuestra mente que puede ser herida, todo lo que vemos en el universo físico; todo ello tiene un final. La Introducción al Texto dice: “Nada real puede ser amenazado” (T.In.2:2). Lo que estoy aprendiendo es que mi ser no puede ser amenazado, la eterna seguridad de mi Ser que descansa en la Mente de Dios. Estamos pasando por un suave y continuo proceso de desengancharnos de nuestra identificación con lo pasajero. Lo que somos en verdad no muere. Hemos soñado un sueño, y tontamente hemos creído que nosotros somos el sueño. No somos el sueño, somos el soñador (el Texto habla largo y tendido de esto en el Capítulo 27, secciones VII y VIII). El Espíritu Santo nos alivia por medio de una fase de transformación, cambiando nuestro sueño aterrador en un sueño feliz, para que podamos despertar suavemente y alegremente, nunca más asustados por los terrores de la noche. ¿Cómo vamos a cambiar nuestro sueño? Es un salto demasiado grande para pasar de un estado donde el dolor, el sufrimiento y la muerte son realidades para nosotros, a una consciencia de nuestra naturaleza eterna. Por eso la segunda idea habla de los medios con los que podemos empezar a cambiar dulcemente al sueño feliz: el perdón. Llegamos a reconocer nuestra inocencia, y de este modo nuestro Ser, al perdonar todo a nuestro alrededor. Tenemos que aprender a aceptar la verdad acerca de nosotros, y lo hacemos al aprender a mirar más allá del error en otros, hasta que empezamos a darnos cuenta de que lo que hay debajo de los errores de otros es Algo que compartimos con ellos. Nos encontramos a nosotros mismos en nuestros hermanos y hermanas por medio del perdón. Lo que hemos aprendido a dar a otros se nos ha dado a nosotros, todo el tiempo. Despertamos al despertar a otros. Enseñamos paz para aprenderla. En la bondad y misericordia hacia otros, entramos en el corazón bondadoso y compasivo de Dios.

LECCIÓN 120

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30 ABRIL

(109) Descanso en Dios. (110) Soy tal como Dios me creó.

Instrucciones para la práctica Ver las instrucciones del Tercer Repaso Comentario De vez en cuando recuerdo a mi profesor de inglés del instituto y estoy contento de que me enseñara a hacer esquemas de las frases. Me doy cuenta de que estoy fijándome en las partes principales de una frase, como ésta: “Descanso en Dios y dejo que Él obre en mí… mientras descanso… “(1:2). Para mí, hoy, lo que dice es que me relaje y confíe en el proceso. Únicamente “abandonar todo y dejárselo a Dios”, como dice el refrán. El domingo es un “día de descanso” en la tradición cristiana, y para la mayoría de nosotros es un día adecuado para practicar el descanso (más que otros días). De vez en cuando es beneficioso tomarse un día, y de manera consciente hacer que sea un día de descanso para ti. Eso no quiere decir que no puedas hacer algo productivo, pero si lo haces, que sea porque te gusta hacerlo, porque quieres hacerlo. Hoy quiero recordar la paz. A veces me preocupo tanto que no lo consigo. Toco las heridas de mi mente que está sanando, y me pregunto cuándo sanarán por completo. Me preocupo por pequeñeces y me pregunto qué más puedo hacer para que el proceso de sanación se acelere. Estoy intentando acelerar el proceso de sanación. Preocuparse empeora las cosas. De lo que se me está curando es de la preocupación. Por eso, que hoy yo descanse. ¡Ahhh! Mientras descanso, mi Padre me dice Quién soy realmente. “El recuerdo de Dios aflora en la mente que está serena” (T.23.I.1:1). Cuando me permito a mí mismo descansar en el espíritu, encuentro un cimiento sólido, la morada de mi Ser, tal como Dios me creó. Estoy bien. La agitación por la que me preocupo tanto no es más que “una enfermiza ilusión que albergo acerca de mí mismo” (2:3). Lo que soy está bien, y no necesito protegerlo. Estoy en casa.

LECCIÓN 121

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1 MAYO

“El perdón es la llave de la felicidad” Instrucciones para la práctica Propósito: Aprender a dar el perdón y ver que, cuando lo das, tú recibes perdón. Práctica de la mañana/ noche: 2 veces, durante diez minutos. • Identifica a alguien a quien perdonar. Piensa en alguien que no te gusta o que desprecias o que te parece irritante o que quieres evitar. El que ya te ha venido a la mente vale. • Cierra los ojos y contémplalo en tu mente, míralo durante un rato. Intenta ver una pequeña chispa de luz en tu imagen de él. Estás buscando algo amoroso o una cualidad verdadera en él, o quizá algún pensamiento amable o un gesto bondadoso suyo (algún reflejo lejano de la luz de Dios en él). Todo depende de esto, así que tómate tiempo. Una vez que encuentres algo, piensa que representa una pequeña chispa de luz en algún lugar de tu obscura imagen de él. Luego ve a esta chispa crecer hasta que cubra completamente tu imagen de él, sustituyendo toda la obscuridad por luz. En otras palabras, contémplale sólo en la luz de esta única cualidad o acción amorosa. Piensa en ella como la única pista de lo que él es de verdad. Si tienes éxito, él te parecerá una persona santa, sin defectos, extendiendo luz. Puedes incluso imaginar que Grandes

Rayos brillan y se extienden desde él. Ahora contempla esta nueva imagen de él durante un rato. Agradece lo amoroso e inocente que es. Ahora piensa en alguien a quien consideras amigo. Intenta extenderle a tu amigo la luz que viste en tu “enemigo”. Esto hace que tu amigo parezca mucho más que un amigo. Se te muestra como tu salvador, con poder para iluminarte con sólo una mirada de sus santos ojos. Ahora deja que tu salvador te ofrezca la luz que le diste. Después deja que tu antiguo enemigo se una a él, para que ambos puedan ofrecerte esta luz. ¿Por qué no iban a darte este santo regalo, cuando tú se lo diste a ellos, y mostrarte tu santidad durante el proceso? Ve rayos de perdón saliendo de ellos y cubriéndote, perdonándote tus “pecados”, haciendo que tú extiendas los mismos Grandes Rayos que ellos. Contémplate a ti mismo uno con ellos, unido en la santa luz del perdón que tú has dado y recibido. “Ahora te has perdonado a ti mismo” (13.3).

Recordatorios frecuentes: Cada hora (no te olvides). Repite: “El perdón es la llave de la felicidad. Despertaré del sueño de que soy mortal, falible y lleno de pecado, y sabré que soy el perfecto Hijo de Dios”. Para entender estas líneas, puedes poner “por medio del perdón” al principio de la segunda frase. ¿Recuerdas el viejo dicho: “Equivocarse es humano, perdonar es divino”? El perdón es lo que nos demuestra que somos más que humanos, que somos divinos. Una cosa más: Si vas a repetir estas frases cada hora, necesitarás aprendértelas de memoria o escribirlas en una tarjeta. Comentario Cuanto más estudio el Curso más sentido tiene esta lección para mí. La primera vez que la leí, me pareció poco probable que el perdón fuese la llave de la felicidad. Podía ver que era una llave pero no la llave. Cuando la explicación del Curso acerca de la raíz de todos nuestros problemas empezó a meterse en mi mente, empecé a ver que de un modo u otro, la falta de perdón estaba detrás de cada problema. Luego empezó a tener sentido que el perdón los solucionaría todos ellos. Mira a la letanía de males que abarca esta descripción de “la mente que no perdona” (2:1-5:5): • Miedo. • Un modo de pensar estrecho y cerrado que no deja espacio para que el amor crezca y se desarrolle. • Tristeza, sufrimiento, duda, confusión, ira. • Los pares contradictorios de miedos, para mí el más claro es “miedo de cada sonido que oye, pero todavía más del silencio” (3:1). • La deformación de la percepción que resulta de la falta de perdón, que no nos deja ver los errores como lo que son y, en su lugar, percibe pecados. • El terror alucinante de nuestras propias proyecciones. Me reconozco a mí mismo, o por lo menos recuerdos de mí, en tantas de estas frases: “Desea vivir, sin embargo, anhela estar muerta. Desea el perdón, sin embargo, ha perdido toda esperanza” (4:3-4). Yo me he sentido así. Estos párrafos nos describen a todos nosotros. Pienso que si alguien no se reconoce aquí en algunas cosas, no esta siendo honesto consigo mismo. Y el pensamiento más horrible de todos es este: “No cree que pueda cambiar” (5:3). ¿No has sentido ese miedo en tu propio corazón alguna que otra vez? Yo sé que lo he sentido. Cuando reconocemos que estas descripciones son adecuadas acerca de nosotros, que nos encontramos en uno u otro de estos estados mentales, la misma palabra “perdón” suena como un oasis en el desierto de Sahara. Fresca, calmante y refrescante. Como se nos decía en la Lección 79, tenemos que reconocer el problema antes de darnos cuenta de cuál es la solución.

“El perdón es algo que se adquiere. No es algo inherente a la mente” (6:1-2). Esto afirma un principio fundamental que explica mucho de los métodos del Curso, y explica por qué es necesaria alguna forma de transición entre dónde pensamos que estamos y dónde estamos ya en realidad. Si ya somos perfectos, tal como Dios nos creó, ¿por qué tenemos que aprender algo? Porque la solución al problema de la culpa es el perdón, y el perdón no era parte de nuestra mente tal como Dios la creó. No había necesidad de perdón. Sin pensamientos de pecado, la idea del perdón no tiene significado. Debido a que nos enseñamos a nosotros mismos la idea de pecado, ahora se nos tiene que enseñar el antídoto: el perdón. El perdón tiene que ser aprendido. Pero la mente que no perdona no puede enseñarse a sí misma el perdón. Cree en la realidad del pecado, y con esa base el perdón es imposible. Todo lo que percibe en el mundo demuestra que “todos sus pecados son reales” (3:3). Atrapados en la falta de perdón, estamos convencidos de que nuestra percepción de las cosas es correcta. No la ponemos en duda. Desde esa perspectiva no hay manera de que nuestra mente pueda siquiera imaginar el verdadero perdón. Por eso necesitamos al Espíritu Santo “Maestro que representa a tu otro Ser” (6:3). Tiene que haber un “Poder más elevado” Que representa un modo de pensar diferente. La causa de nuestra percepción tiene que estar fuera del modo de pensar del ego, aparte de él, limpio de él. Y eso es Él. Él nos enseña a perdonar y, por medio del perdón, se Le devuelve nuestra mente a nuestro Ser, Que “jamás puede pecar” (6:5). Cada persona “fuera” de nosotros, cada representante de esa multitud de mentes que no perdonan, “te brinda una oportunidad más de enseñarle a la tuya cómo perdonarse a sí misma” (7:1). Nuestros hermanos y hermanas, que manifiestan su ego llenos de miedo, dolor, y de la agitación y confusión del mundo, hablándonos con brusquedad desde su terror, son nuestros salvadores. Al perdonarles a ellos, nos perdonamos a nosotros mismos. Cuando enseñamos la salvación, la aprendemos. Al liberar a otros del infierno, nos liberamos a nosotros mismos. Al dar, recibimos. De esto trata el Curso. Al practicar hoy, que podamos darnos cuenta de que nos estamos dedicando al ejercicio más importante del Curso, estamos aprendiendo “la llave de la felicidad”. Y no pensemos que ya sabemos lo que es el perdón, vengamos con humildad, preparados para que nos enseñe Uno Que sabe.

LECCIÓN 122

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2 MAYO

“El perdón me ofrece todo lo que deseo” Instrucciones para la práctica Propósito: “Experimentar la paz que ofrece el perdón y la dicha que te proporciona el descorrimiento del velo” (11:2). Práctica de la mañana/ noche: 2 veces, durante quince minutos. Vete a lo más profundo de tu mente donde moran los regalos del perdón. Intenta sentir la felicidad, la paz, y la dicha que ofrece el perdón. Busca de todo corazón ese lugar dentro de ti, lleno de esperanza y alegría. Esta práctica parece un ejemplo de la meditación del Libro de Ejercicios. Es muy parecida a las que venían después de la Lección 100, en las que aquietabas tu mente y tratabas de sentir la felicidad y dicha que Dios ha colocado muy dentro de ti. Basándote en las lecciones pasadas, probablemente deberías empezar repitiendo la idea del día, y luego usar esa idea de vez en cuando para sacar a tu mente de distracciones.

Observaciones: Ven a estos momentos de práctica lleno de esperanza, porque has llegado a un punto decisivo de tu viaje. Después de esto, el camino será más fácil y llevadero. Practica “gustosamente y con ahínco” (9:2), con la confianza de que la salvación puede ser tuya hoy. Recordatorios frecuentes: Cada quince minutos, durante un minuto por lo menos. Di: “El perdón me ofrece todo lo que quiero. Hoy he aceptado que esto es verdad. Hoy he recibido los regalos de Dios”. Observaciones: Estos periodos más cortos de práctica son extremadamente importantes. Practicar durante un minuto, por lo menos, 4 veces por hora no es una hazaña pequeña para la mayoría de nosotros. El propósito de estos periodos más cortos de práctica es conservar en nuestra mente los regalos que hemos aceptado en la práctica de la mañana. Esos regalos se irán apagando si no los renuevas cada hora. Sugiero repetir estas frases como una auténtica y sincera dedicación a la verdad de la idea de hoy. Cuando repitas estas frases, puedes hacerlas más concretas: “Perdonarte (nombre) me ofrece todo lo que quiero (felicidad, paz, seguridad). Hoy (día de la semana) he aceptado que esto es verdad. Hoy (fecha) he recibido los regalos de Dios”. Comentario

Hay una frase casi al final de la lección que, para mí, siempre destaca. Habla de cómo el perdón me permite ver “lo inmutable en medio del cambio y la luz de la verdad tras toda
apariencia” (13:4). Para mí, esta frase se ha convertido en otro modo de considerar lo que es el perdón. Detrás de cada apariencia hay algo que no cambia. Las apariencias cambian, y muy rápido. Esto es verdad tanto físicamente como en percepciones más finas. Pero el espíritu dentro de nosotros no cambia, habiendo sido creado por lo eterno. El perdón es un modo de mirar más allá de las apariencias a la realidad que no cambia. No hace caso de la imagen pasajera de los errores del ego, y ve al Hijo de Dios. Como la Madre Teresa dijo de cada uno a los que ella ayudaba, vemos a “Cristo en sus disfraces de sufrimiento”. “El perdón permite que se descorra el velo que oculta la faz de Cristo de aquellos que contemplan el mundo sin piedad” (3:1) El perdón es abandonar todas las razones que hemos inventado para negar el amor. Se levanta el velo de todos nuestros juicios, y contemplamos algo maravilloso, algo asombroso, algo que no se puede describir. “Lo que entonces recordarás jamás podrá describirse” (8:4). (¡Por eso, ni lo intento!) Cuando el perdón ha eliminado todos los obstáculos a nuestra consciencia de la presencia del amor, vemos amor en todas partes. El amor no ha cambiado ni puede cambiar. No es de extrañar, entonces, que el perdón me ofrezca todo lo que quiero, dándome paz, felicidad, quietud, seguridad, y “una sensación de belleza y de ser valioso que transciende el mundo” (1:4). Cuando ves lo inmutable en medio del cambio, desaparece la angustia de tu corazón porque no hay razón para ella. ¿Por qué nuestro estado de ánimo y nuestros sentimientos nos causan tantos problemas? Porque nos identificamos con ellos, porque cuando nuestro estado de ánimo y nuestros sentimientos cambian creemos que nosotros hemos cambiado. El Curso nos enseña a identificarnos con algo que está más allá del cambio, con la Mente de Cristo dentro de nosotros, que nunca cambia y nunca cambiará. Aquí tienes una regla general: Lo que cambia no soy yo. Mi Ser permanece “inalterado e inalterable por siempre jamás” (L.190.6:5). Esto está empezando a tomar mejor forma en mi mente, cuando empiezo a entender que el perdón es sencillamente ver lo inmutable en medio del cambio. Es reconocer que lo único que necesita cambiar es el pensamiento de que es posible cambiar la Mente del Hijo de Dios. Es

darse cuenta de que todos mis “pensamientos” del ego no han cambiado nada, y que todos los “pensamientos” del ego de mi hermano tampoco han cambiado nada. Es darse cuenta de que lo que cambia no soy yo, es dejar de identificarme con lo que cambia, y dejar de creer que mi hermano es mis percepciones cambiantes de él. El perdón significa mirar más allá de lo que cambia a lo que nunca cambia. Nuestro sufrimiento procede de identificarnos con lo pasajero. Nuestra paz procede de identificarnos con lo eterno. Dios no ha creado nada que cambie. Nada que cambia es realmente yo. Lo que puede cambiar está amenazado por el cambio, y “Nada real puede ser amenazado” (T.In.2:2). Por lo tanto, nada que cambia es real. Todo lo que cambia no es nada sino una marca pasajera en tu viaje a lo eterno. No es nada a lo que aferrarse. Piensa en una hilera de piedras por las que cruzas un arroyo, no te aferras a cada una mientras lo pasas. Agradeces su utilidad para ayudarte a cruzar al otro lado, pero no lamentas haber pasado por ellas. Tu meta es la otra orilla. Ése es el único valor de las cosas de este mundo, cosas que incluyen nuestro propio cuerpo y el de nuestros seres queridos, así como las cosas materiales e incluso las ideas de nuestro sistema de pensamiento. Las cosas que cambian sólo pueden valorarse como los peldaños en los que te apoyas para llegar a lo eterno, y que luego abandonas suavemente para subir el siguiente peldaño a lo eterno y que no cambia, que siempre está con nosotros, siempre la realidad de nuestro ser, incluso cuando parece que viajamos hacia allí.

LECCIÓN 123

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3 MAYO

“Gracias Padre por los regalos que me has concedido” Instrucciones para la práctica Propósito: El Libro de Ejercicios supone que has hecho algún progreso real en tu viaje a Dios, con el resultado de que tu viaje será ahora más suave porque mucha de tu resistencia ha disminuido. Hoy te vas a dedicar a dar gracias por estos beneficios. No comprendes toda su extensión. Únicamente al dar gracias por ellas, apreciarás lo grandes que son. Práctica de la mañana/ noche: 2 veces, durante quince minutos. Pasa estos quince minutos dando gracias a Dios y recibiendo Su agradecimiento a ti. ¿Cuáles son exactamente las cosas por las que das gracias? Descubro tres clases de cosas. Primero, Los regalos de Dios para ti en el Cielo: Su eterno Amor por ti, el hecho de que Él te creó inmutable, de modo que ninguno de tus errores puede deshonrar tu Identidad. Segundo, Sus regalos para ti en la tierra: que Él no te ha abandonado sino que siempre está contigo, hablándote Su Palabra salvadora, que Él te ha dado una función especial en Su plan. Tercero, los beneficios que has tenido como resultado de Sus regalos: el hecho de que el Espíritu Santo está salvándote del ego poco a poco. Pasa también un rato recibiendo la gratitud de Dios a ti. ¿Por qué te da las gracias exactamente? Te está agradeciendo que escuches Su mensaje, que lo apliques, y que se lo pases a otros. Te está dando las gracias por sanar a otros por medio de tu manifestación de mayor cordura, salud y seguridad. En otras palabras, te agradece que apliques Sus verdades, tal como tú Le agradeces lo mismo. Tómate tiempo para abrir tu mente a la idea de que Dios no te está juzgando, sino dándote las gracias de todo corazón y con total sinceridad, y de que Su agradecimiento y el tuyo a Él se unen como uno.

Observaciones: Dios tomará tu regalo de gratitud a Él, lo multiplicará cientos de miles de veces, y te las devolverá como Su gratitud inmensa a ti. Esta multiplicación de tu regalo le dará un poder enormemente aumentado para salvarte a ti y al mundo. Cada segundo que das te será devuelto en forma de años de progreso, permitiéndote ahorrar eones de años al viaje del mundo a Dios. Recordatorios frecuentes: Cada hora, no se especifica el tiempo. Repite la idea y pasa un rato agradeciéndole a Dios todos Sus regalos a ti. Comentario La lección de hoy me hace pensar en todos los regalos que Dios me ha hecho a mí, personalmente. Pienso que eso es lo que se pretende que hagamos cada uno de nosotros, un día para contar tus muchas bendiciones. Así que tenlo en mente conmigo mientras comparto contigo algunos de mis pensamientos personales, y tómalo como una inspiración para que tú hagas lo mismo. Pienso que he estado en el camino espiritual la mayor parte de mi vida, quizá toda. Recuerdo algunos acontecimientos cuando era niño que perecían decirme que mi camino ya estaba marcado, el regreso. Una vez escribí un poema para la chica que me cuidaba, creo que estaba en segundo curso entonces. Todavía recuerdo las palabras: Gracias Padre por el sol y los campos, Gracias Padre por los arbustos y los árboles, Gracias Padre por las cosas que comemos. Gracias, Señor, gracias. Recuerdo un lunes después de clase, cuando yo tenía unos diez años, juntándome con tres de mis amigos en la esquina de una calle e intentando explicarles por qué estaba tan impresionado con la lección de la escuela dominical que había escuchado el día anterior. Era una lección sobre el Eclesiastés (11:1): “Echa tu pan al agua, que al cabo de mucho tiempo lo encontrarás”. Me impresionó el principio que encerraba, que lo que das te vuelve, y que nuestra riqueza puede medirse por lo que damos, en lugar de por lo que compramos. Es un mensaje que oí de nuevo, de una manera muy clara, muchos años más tarde en el Curso. Tuve un hambre y un deseo espiritual de Dios enorme durante toda mi infancia, aunque me desvié en otras direcciones durante un tiempo, metiéndome en travesuras de juventud, incluso problemas con la policía, y estando tremendamente avergonzado cuando me atrapó robando el dueño de una tienda que me había ofrecido un trabajo de verano (que por supuesto no acepté). Tuve experiencias de lo que llamo un instante santo varias veces, una sensación de estar cerca de Dios y, sin embargo, la mayor parte del tiempo parecía que no podía encontrarle. A los dieciséis años tuve una experiencia de “nacer de nuevo” y, durante los siguientes veintidós años, me convertí en un cristiano radical, aunque nunca firmemente en línea con ninguna denominación religiosa. Algo seguía haciéndome romper todos los moldes en los que la gente intentaba meterme. Leí a algunos místicos, leí a los herejes, así como la Biblia. No quería que nadie me trazara el mapa de la Nueva Jerusalén, quería caminar sus calles por mi cuenta. Pasé años en un modelo religioso occidental “luchando contra el pecado” como Jesús lo llama en el Curso (T.18.VII.4:7). Como dice en esa frase: ¡“Es extremadamente difícil encontrar la Expiación” de ese modo! Durante aquellos veintidós años, pasé hambre de Dios. Durante aquellos veintidós años, me sentí desgraciado la mayor parte del tiempo, asqueado de mí mismo. Durante aquellos veintidós años, me pregunté si alguna vez “lo lograría”. Finalmente, al final de aquellos años, abandoné. Puse a un lado mi Biblia y dejé que acumulara polvo. Decidí que el Cristianismo, para mí, era

un callejón sin salida. Perdí la esperanza de “cruzar el Jordán” alguna vez y “entrar en la tierra prometida”. Decidí que tenía que aceptar la vida tal como era, y aprender a vivir con ella, Pasaron unos seis años. Todavía andaba buscando algo, pero ya nada espiritual. O eso es lo que me decía a mí mismo. Mi relación con Dios estaba en un compás de espera, y ya no nos hablábamos. Leí psicología. Hice el entrenamiento est. Leí libros Zen e intenté meditar un poco. Estudié la Ciencia de la Mente. También disfruté del mundo a fondo, como nunca antes me había permitido hacerlo, incluyendo sexo a lo grande y haciendo más dinero del que había tenido en toda mi vida. Empecé a darme cuenta de que las cosas de que me hablaban la psicología y las filosofías del mundo, y los escritos religiosos orientales que estaba estudiando, eran todas las mismas cosas que realmente me habían tocado en el Cristianismo. Como dijo una vez Aldous Huxley, había una “filosofía eterna” que atravesaba todo, un núcleo central de verdades en las que todos los que “lo habían logrado” coincidían, tuvieran antecedentes religiosos o no. Y cuanto más claro lo tenía, más cuenta me daba de que todo ello era algo que yo siempre había sabido de alguna forma. Como “Echa tu pan al agua” Luego en enero de 1985, encontré Un Curso de Milagros. Desde entonces, he estado leyendo y estudiando estos libros, y practicando lo mejor que puedo lo que dicen. Y cuando hoy miro a mi vida, puedo ver que en algún lugar a lo largo de la línea mi vida experimentó un cambio muy importante. Pasé de una sombría certeza de que nunca encontraría la felicidad verdadera a un firme convencimiento de que la he encontrado. Así que, al leer la lección de hoy, me he sentido inundado de una profunda sensación de agradecimiento. Al leer el primer párrafo, he sentido que con toda honestidad podía decir que me encajaba perfectamente: “Ya no nos asalta el pensamiento de volver atrás, ni resistimos implacablemente a la verdad. Aún hay cierta vacilación, algunas objeciones menores y cierta indecisión, pero puedes sentirte agradecido por tus logros, los cuales son mucho más grandes de lo que te imaginas”. (L.123.1:3-4) Hace unos pocos días (1995) un amigo nuestro Allan Greene, murió a los 51 años. Era cuadrapléjico y hace un año se vino a vivir a Sedona para participar en las lecciones y grupos de apoyo sobre Un Curso de Milagros del Círculo de Expiación. Nuestro grupo de apoyo se reunía en su casa, ya que casi no podía moverse en absoluto. Únicamente podía mover la cabeza y los hombros, estos sólo ligeramente. En los dos últimos años le habían tenido que cortar una pierna y una mano. Solía decir que estaba abandonando su identificación con el cuerpo trozo a trozo. Allan era estudiante del Curso desde hacía mucho tiempo, uno de los pocos que conozco que realmente llegó a conocer a la escriba del Curso, Helen Schucman. Se peleó con él Curso, pero había llegado a la firme decisión de entender todo lo que enseñaba. En peores circunstancias de lo que nos podemos imaginar, Allan mantenía un sorprendente sentido del humor y una alegre decisión de curar su mente, pasara lo que pasara con su cuerpo. El mes pasado, cuando le iban a quitar la vesícula biliar, no quiso anestesia porque no sentía nada en el cuerpo, pero una enfermera le puso una pantalla delante para que no tuviera que verse cuando le abrían. ¡Durante toda la operación, Allan estuvo hablando con la enfermera acerca de Un Curso de Milagros! Anoche (2 mayo 1995) tuvimos una reunión en recuerdo de Allan. Asistió mucha gente, y uno tras otro compartieron como Allan había influido en sus vidas, incluyendo una media docena o así de cuidadores que le habían atendido en el último año. Quedó muy claro que la vida de Allan había impactado a montones de personas. Estoy seguro de que sus logros eran, como nos dice la lección, mucho mayores de lo que se imaginaba. Sé que Allan no se consideraba a sí mismo especialmente avanzado. Se lamentó hasta casi el final de lo lento que aprendía. A menudo discutía con sus cuidadores, y uno o dos le abandonaron furiosos. Tenía sus dudas. Pero esta noche por la evidencia de las personas que amó y que le amaron, había avanzado mucho más de lo que él pensaba.

Espero que esto sea verdad acerca de mí, creo que es verdad acerca de todos nosotros. Ahora no podemos conocer, aunque estoy seguro que en algún momento lo haremos, todas las influencias positivas que hemos tenido en todos a nuestro alrededor con cosas tan pequeñas como una sonrisa, un pequeño acto de amabilidad, o un toque suave y amoroso en el momento adecuado. Quizá, como a veces sucedía con Allan, nada más que una risa, o hacer reír a alguien. El jueves pasado, cuando Allan estaba en el hospital, en nuestro grupo de la noche de Un Curso de Milagros guardamos unos minutos de silencio por él. Al día siguiente, el día anterior a su muerte, uno de nuestros estudiantes le llamó al hospital y le habló de nuestros minutos de silencio. Allan dijo: “Hubiera sido más apropiado unos minutos de contar chistes”. Que hoy, entonces, dedique tiempo a expresar mi agradecimiento a Dios por todos los regalos que me ha hecho. Le doy gracias por este Curso, que se ha convertido en mi camino seguro al hogar. Le doy gracias por el alivio a todos aquellos años de desesperación silenciosa. Le doy gracias porque, cuando me aparté, Él nunca me abandonó. Le estoy tan agradecido por Su Espíritu dentro de mí, mi Guía y Maestro, y por todos los amigos y compañeros amorosos del viaje. Él me ha traído mi camino (especialmente, esta noche, por Allan). Le estoy tan agradecido por todos vosotros, y por la oportunidad que me Él me ha dado de compartirla con todos vosotros, y de recibir de todos vosotros. Le doy gracias por empezar a recordar mi Ser. Le doy gracias por la seguridad en aumento de que encontraré mi camino de vuelta al hogar en todo momento. ¡Le doy gracias a mi Padre por los regalos que me ha concedido!

LECCIÓN 124

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4 MAYO

“Que no me olvide de que soy uno con Dios” Instrucciones para la práctica Propósito: Practicar y sentir la idea de que eres uno con Dios y de ese modo mantener tu propia paz y también liberar al mundo. Hoy es un punto decisivo en el Libro de Ejercicios, tu primera sesión de media hora de práctica, y también la primera práctica larga en la que no se te dan instrucciones y se te deja hacerla por tu cuenta (un adelanto de lo que está por llegar). La práctica se está intensificando (haciéndose más larga y menos estructurada). Más largo: 1, de treinta minutos, en el momento más conveniente. No hay palabras concretas o guías a seguir para esta meditación. Sencillamente se espera que dediques la sesión de práctica a la idea de hoy, a morar en la unidad con Dios, a intentar sentir esa unidad y a dejar que Su Voz dirija tu práctica. Jesús confía claramente en que has aprendido suficiente de las lecciones hasta ahora para hacer esta práctica de manera provechosa, sin perderte en distracciones. Por lo tanto, echa mano de todo lo aprendido hasta ahora, y ábrete a la dirección del Espíritu Santo durante esta práctica. Apoyo a la práctica: Los párrafos 9-11 sirven para proporcionar estímulo para hacer la práctica y valorar lo importante que es. Nos enseñan a ver esta media hora como un espejo, enmarcado en oro, con treinta diamantes incrustados, uno por cada minuto. Durante esta media hora miraremos en este espejo y veremos nuestro rostro transformase en el rostro santo de Cristo, nuestro verdadero Ser, Que es uno con Dios. En este espejo, nos reconoceremos como Quien realmente somos. Aunque nada de esto parezca suceder durante la práctica, podemos tener la confianza de que en algún momento, “tal vez hoy, tal vez mañana” (10:1; 11:1,3), tendremos esta experiencia como resultado de esta media hora.

Recordatorios frecuentes: Cada hora. Repite: “Que no me olvide de que soy uno con Dios, en unión con todos mis hermanos y con mi Ser, en eterna paz y santidad”. Hacerlo así añadirá más diamantes todavía al marco alrededor del espejo en el que ves tu verdadero Ser. Sugiero aprender de memoria esta frase o escribirla en una ficha. También recomiendo que, mientras la repites, intentes sentir cada clase de unidad: primero la unidad con Dios, luego la unidad con tus hermanos, después la unidad con tu verdadero Ser. Comentario Esta lección tiene una visión muy elevada, procede de un elevado estado mental. Básicamente, en la primera parte de la lección parece dar por sentado que ya estamos iluminados. Y por supuesto, desde la perspectiva de este estado mental, lo estamos. “La iluminación es simplemente un reconocimiento, no un cambio” (L.188.1:4). Si no es un cambio, entonces la iluminación significa que siempre lo estamos. Entonces, esta lección está simplemente afirmando la verdad acerca de nosotros, la verdad que nos hemos ocultado a nosotros mismos. Un ejercicio que es muy provechoso es orar, dar gracias a Dios por la verdad tal como Él la ve, la verdad sobre nosotros tal como Él nos ve. Toma un párrafo de esta lección (o la lección entera) y conviértela en acción de gracias, expresando con palabras tu agradecimiento mientras lees. Por ejemplo, del segundo párrafo, yo podría decir: ¡Gracias por la santidad de nuestra mente! Gracias porque todo lo que veo refleja la santidad de mi mente, que es una Contigo, y una consigo misma. Gracias por ser mi Compañero en mi breve recorrido por el mundo, gracias por el privilegio de dejar detrás luminosas huellas que señalan el camino a la verdad a aquellos que me siguen. Ésta es nuestra tarea, la razón por la que estamos aquí. Quizá la mayor parte del tiempo no recordamos nuestra Identidad en Dios. Mayor razón para dedicar un día a recordar, para recordárnoslo a nosotros mismos. Podemos entender esta lección como una descripción de un maestro avanzado de Dios. Dondequiera que va, deja la luz detrás para iluminar el camino a otros. El maestro camina siendo consciente todo el tiempo de la Presencia de Dios. Siente a Dios dentro. Los pensamientos de Dios llenan su mente, y ve únicamente lo amoroso y lo que merece amor. Este maestro de Dios sana a las personas del pasado, del presente y del futuro, y de cualquier lugar. Entra en ese estado mental, corazón mío. Sé el Cristo, ignora todos los obstáculos que la mente levanta contra ello. Practica la consciencia de la unidad con Dios. En la última parte de la lección está claro que el autor no se ha vuelto loco ni está viviendo en un mundo de sueños. Él sabe muy bien que podemos sentarnos durante media hora y levantarnos pensando que no ha sucedido nada. Sabe que, para la mayoría de nosotros, aquello de lo que habla está tan lejos de nuestra consciencia que podemos dedicar treinta minutos a intentar reconocerlo y no encontrar ni una pizca de ello. No Le importa porque, desde donde Él está y la manera en que Él ve, sabe con total seguridad que lo que está diciendo sobre nosotros es verdad. Y nos dice que no dejemos que nos preocupe: “Quizá no estés listo hoy para aceptar estas ganancias. Pero en algún punto y en algún lugar, llegarán a tu conciencia, y no podrás sino reconocerlas cuando afloren con certeza en tu mente”. (9:2-3) Aunque no sintamos nada, Él nos dice: “jamás habrías podido invertir mejor el tiempo” (10:3). La práctica de hoy de media hora que se dedica a recordar la unidad es poco corriente en el Libro de Ejercicios. La rutina vuelve a dos sesiones de quince minutos, o tres sesiones de diez

minutos, en los próximos días. Pero lo que verdaderamente es más importante es la falta de “reglas (y) palabras especiales con las que dirigir la meditación” (8:4). Hoy nos deja a nuestro aire. Si hemos estado haciendo todos los ejercicios, tendremos una idea bastante buena de alguna de las “técnicas” que podemos querer utilizar, y podemos usar cualquiera de ellas, o lo que se nos ocurra. Realmente no nos está dejando “a nuestro aire”, nos está dejando en manos de “la Voz de Dios”, nuestro Guía interno. Pregunta cómo pasar esta media hora de meditación, y escucha a lo que te llegue. “Mora en Él durante esa media hora. Él se encargará del resto”. (8:6-7) “Puedes estar seguro de que algún día, tal vez hoy, tal vez mañana, entenderás, comprenderás y verás”. (11:3)

LECCIÓN 125

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5 MAYO

“En la quietud recibo hoy la Palabra de Dios” Instrucciones para la práctica Propósito: Oír a Dios hablarte, recibir Su Palabra. Más largo: 3 veces (en los momentos más adecuados para el silencio), durante diez minutos. Ayer se nos dijo que no necesitábamos instrucciones especiales para nuestra práctica más larga. Siguiendo con esto, hoy se nos dice que todo lo que necesitamos es acallar y aquietar nuestra mente. “No necesitas ninguna otra regla” (9:2). Sin embargo, la lección nos dice algo más que esto. Podemos organizar sus instrucciones en tres pasos. 1. Aquieta tu mente. Acalla tus pensamientos caóticos, tus deseos sin significado, y todos tus juicios. 2. Entra en ese “sereno lugar de tu mente donde Él mora para siempre” (4:3), el trono de Dios en tu mente, el centro de quietud. 3. Espera y escucha. Cuando llegas a ese lugar de quietud en tu mente, tu tarea se ha acabado. Simplemente espera y escucha, con confianza de que tu Padre vendrá a ti y te dirá Su Palabra. Por supuesto, oír Su Voz puede presentarse de maneras diferentes: desde oír palabras a recibir ideas o imágenes o sentimientos. Durante este tiempo, con frecuencia necesitarás apartar tu mente de todos esos pensamientos y deseos insignificantes que intentan molestar. Para este propósito, sugiero usar la idea del día, o elegir una frase como “sólo necesitas estar quieto y escuchar” (9:3). Como siempre, empieza la práctica repitiendo la idea del día. Recordatorios frecuentes: Cada hora, durante un momento. Repite la idea. Date cuenta de que al hacerlo te estás recordando a ti mismo el propósito especial de hoy: recibir la Palabra de Dios. Luego pasa un rato escuchando en la quietud. Comentario Todo lo que hoy se nos pide es estar en silencio y quietos durante diez minutos, 3 veces

durante el día y cada hora. Únicamente estar en silencio. “Sólo necesitas estar muy
quieto. No necesitas ninguna otra regla que ésta” (9:1-2). “Sólo necesitas estar quieto y escuchar” (9:3). “Su Voz espera tu silencio, pues Su Palabra no puede ser oída hasta que tu mente se haya aquietado por un rato y tus vanos deseos hayan sido acallados” (6:2).

¿No es sorprendente cuánta práctica se necesita para aprender a aquietarnos? No puedo decirte cuántas veces me he sentado a meditar y aquietarme y, a veces sólo unos pocos minutos más tarde, me he encontrado a mí mismo tan distraído con algunos pensamientos que me venían que abro los ojos y me levanto para “hacer algo” antes de darme cuenta de lo que estoy haciendo. Me dejo caer de nuevo en la silla, diciéndome entre dientes “¡Cielos!” por la distracción de mi mente. Respiro profundamente, pienso para mí: “Quieto, Allen. Quieto. Paz, aquiétate”. Las dificultades que tengo para aquietarme, en lugar de levantarse como un obstáculo insuperable, se han convertido en indicadores de cuánto necesito esta práctica. Claramente el Curso nos está enseñando que una mente en silencio es esencial. “El recuerdo de Dios aflora en la mente que está serena” (T.23.I.1:1). No podemos oír Su Voz hasta que nos aquietemos durante un rato. El Curso describe la voz del ego con frases llenas de color: “insensatos alaridos”, “chillidos estridentes e imaginaciones enfermizas”, “alaridos discordantes y chillones”, “insensato ruido de sonidos que no tienen sentido”, “frenéticos y tumultuosos pensamientos, sonidos e imágenes de este mundo demente”, “estridentes gritos e insensatos arranques de furia”, “una voz estridente y ensordecedora”, “frenética avalancha de pensamientos sin sentido”. Nuestro ego es una máquina constante de hacer ruido que intenta tapar la Voz de Dios; necesitamos aprender a acallar nuestra mente, dejar de prestarle atención a los gritos del ego. El ego es ruido, el espíritu es silencio. Entonces, tiene mucho mérito estar en silencio, aunque parezca que no sucede nada más. Que hoy recuerde dedicar este tiempo para aquietarme, para estar en silencio, y para escuchar. ________________________________
Referencias de las descripciones de arriba acerca de la voz del ego: T.25.V.3:5; L.49.4:3; Psicot. 2.VI.2:6; T.31.I.6:1; L.49.4:4; T.21.V.1:6; T.27.VI.1:2; L.198.11:2

LECCIÓN 126

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6 MAYO

“Todo lo que doy es a mí mismo a quien se lo doy” Instrucciones para la práctica Propósito: Entender la idea de que dar no es perder, sino recibir. Más largo: 2 veces, durante quince minutos. La idea de hoy es tan distinta a nuestro modo de pensar habitual que necesitamos la ayuda interna del Espíritu Santo para comprenderla de verdad. No puede hacerse únicamente con la inteligencia. Para buscar esta ayuda, “cierra los ojos… y busca amparo en el sereno lugar” (10:1) a donde vas en la meditación. Cuando llegas a ese lugar, “repite la idea de hoy, y pide poder entender lo que realmente significa” (10:2). Estate dispuesto a dejar a un lado tu falsa creencia de que dar es una pérdida, y desea tener una comprensión nueva, en la que te das cuenta de que dar es un regalo para ti mismo. Siente la Presencia del Espíritu Santo en tu sesión de práctica, y estate preparado para repetir tu petición de una comprensión verdadera hasta que recibas esa comprensión. Observaciones: Y si “sólo logras captar un pequeño atisbo” (8:5) de la idea, del verdadero significado de dar, éste será un día glorioso para ti y para el mundo. Pues esta idea hará que el perdón ya no sea una tensión, sino algo a lo que te sentirás obligado a dar todo el tiempo, como un modo de darte a ti mismo.

Recordatorios frecuentes: Tan a menudo como puedas (no dejes pasar mucho tiempo), durante un momento. Repite: “Todo lo que doy es a mí mismo a quien se lo doy. La Ayuda que necesito para comprender que esto es verdad está conmigo ahora. Y confío en Él plenamente”. Luego haz una versión corta de la sesión larga de la mañana: aquieta tu mente y ábrela al Espíritu Santo, dejándole que sustituya tus viejas creencias acerca de dar con la verdad. Por medio de estas sesiones de práctica, durante todo el día puedes mantener viva la sensación de que tu meta es de gran importancia hoy. Comentario Ésta es una lección que apunta claramente a cambiar por completo de tu manera de pensar (1:1). Empieza con la suposición de que tenemos ideas equivocadas sobre el perdón. “No entiendes lo que es el perdón” (6:1). En el párrafo 6 explica que nuestra comprensión equivocada del perdón es la razón por la que no podemos entender que el perdón nos da paz, que es un medio para nuestra liberación, y que el perdón puede devolvernos la consciencia de la unidad con nuestros hermanos. Nuestra comprensión equivocada acerca del perdón es la razón de que quizá hayamos tenido problemas con las Lecciones 121 y 122, que nos dijeron que el perdón es la llave de la felicidad y que nos ofrece todo lo que queremos. La idea de que “todo lo que doy es a mí mismo a quien se lo doy” es fundamental para cambiar por completo nuestra manera de pensar, comprendiendo que hará que el perdón no nos cueste ningún esfuerzo. El párrafo 2 repasa una lista de “lo que crees en lugar de esta idea” (2:1). Así que, practiquemos la inversión del pensamiento, y cambiemos el significado de este párrafo para ver lo que supone la idea de hoy. Si comprendiéramos que todo lo que damos se nos da a nosotros mismos, nos daríamos cuenta de que los demás no están separados de nosotros. Su compartimiento influye en nuestros pensamientos, y nuestro comportamiento influye en sus pensamientos. Nuestras actitudes afectan a otras personas. Sus peticiones de ayuda están estrechamente relacionadas con las nuestras. Verlos como “pecadores” afecta a nuestra percepción de nosotros mismos. Condenar su pecado nos condena a nosotros mismos y perdemos nuestra paz mental. Si comprendiéramos todo esto y lo creyéramos, perdonaríamos de manera natural. Nos daríamos cuenta de que juzgar a alguien como pecador nos produce culpa y pérdida de paz, y no elegiríamos hacerlo. Comprendiéramos que la manera en que vemos a la otra persona es la manera en que nos vemos a nosotros mismos, y no querríamos vernos de esa manera. Aprenderíamos rápidamente a ver que las acciones de su ego no son pecados sino peticiones de ayuda, estrechamente relacionadas con nuestras propias peticiones de ayuda, y responderíamos de la manera más apropiada a ellas. Comprenderíamos que nuestra actitud de juzgar tiene un efecto negativo sobre el comportamiento de los demás, y elegiríamos cambiar nuestra actitud. Cambiaríamos nuestros pensamientos para tener un efecto beneficioso en lugar de un efecto perjudicial. Reconoceríamos que no estamos separados y aparte, sino que compartimos la misma lucha contra los miedos y las dudas, al igual que compartimos la liberación de ellos. Dado todo esto, podríamos entender que el perdón es la llave a la felicidad. Veríamos que si juzgar ocasiona la pérdida de paz, entonces el perdón podría llevarnos de nuevo a la paz. Entenderíamos que el perdón nos devuelve la consciencia de la unidad con la otra persona. Veríamos que puede liberarnos de lo que parece ser un problema con otra persona. La práctica de hoy es una especie de meditación de pensar. Se nos pide que vengamos al Espíritu Santo con la idea de hoy: “Todo lo que doy es a mí mismo a quien se lo doy”, y que nos abramos a Su ayuda para aprender que es verdad, “y deja que tu mente sea receptiva a Su

corrección y a Su Amor” (11:6). Estamos pidiendo ayuda para comprender lo que significa la idea de hoy (10:2), y lo que el perdón significa realmente. Estamos pensando en las ideas con Su ayuda, pidiendo nueva comprensión, nuevo entendimiento. Nuestro comportamiento, nuestras actitudes, y nuestras dolorosas experiencias en este mundo son toda la evidencia que necesitamos para dejar que nuestros pensamientos sean corregidos. Si de verdad creyéramos lo que dice la idea de hoy, no estaríamos teniendo estas experiencias dolorosas. Todavía tenemos que tener falsas ideas alojadas en nuestra mente, y necesitamos ser sanados. Quizá pensamos que entendemos lo que se dice, y sin duda hay una parte de nosotros que está de acuerdo con ello, o no estaríamos estudiando estas lecciones. Es la otra parte la que nos preocupa, los guerreros escondidos, las creencias contrarias que hemos separado e incluso escondido y de las que no nos damos cuenta. Si pedimos ayuda sinceramente, se nos dará ayuda (8:3). Hoy nos llegará comprensión nueva. Quizá venga en forma de comprensión interna mientras meditamos. Quizá nos llegue en el laboratorio de la vida, cuando las circunstancias nos impresionan y hacen ver que todavía creemos alguna que otra de las ideas que menciona la lección al describir lo que creemos en lugar de la idea de hoy. Pero llegará. “La Ayuda que necesito para comprender que esto es verdad está conmigo ahora. Y confiaré en Él plenamente”. (11:4-5)

LECCIÓN 127

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7 MAYO

“No hay otro amor que el de Dios” Instrucciones para la práctica Propósito: Ésta es una lección enormemente significativa, pues te pide “dar el paso más ambicioso de los que requiere este curso en tu avance hacia el objetivo que ha establecido” (6:5).Das el paso al soltar las creencias que limitan el amor y al abrir tu mente a Dios para que Él pueda enseñarte el verdadero significado del amor. Más largo: 2 veces, durante quince minutos. Este ejercicio es muy parecido al de ayer, en el que fuiste al centro de quietud en tu mente y pediste a la Voz de Dios que corrigiese tus falsas creencias acerca de dar. Hoy, haces lo mismo, pero ahora Le pides que corrija tus falsas creencias acerca del amor. Repite la idea y luego “abre tu mente y descansa” (8:2). Ahora abandona tus creencias (una tras otra) en las leyes y límites de este mundo, pues todas ellas apoyan el amor limitado y cambiante. Abandona tus creencias en el amor parcial, en el amor selectivo, y amor cambiante. Cuando abandonas cada una de estas creencias, Dios la sustituirá con “una chispa de verdad” (9:3), una comprensión de lo que el amor significa realmente. Llámale y pídele que ilumine tu mente acerca del verdadero significado del amor. Ésa es la esencia de esta sesión de práctica: abrir tu mente, abandonar tus creencias que limitan el amor, y pedirle a Dios que te enseñe el significado del amor, que es mucho más grande y más glorioso de lo que tu mente sola podría imaginar. Observaciones: Da este tiempo con alegría. Es el mejor uso del tiempo que puedes hacer. Pues si obtienes la más pequeña chispa del verdadero significado del amor, en verdad has dado un paso gigantesco. Has avanzado en tu viaje muchísimos años y le has traído libertad a todo el que viene aquí.

Recordatorios frecuentes: 3 veces por hora, por lo menos. Piensa en alguien que conoces y mentalmente dile estas frases: “Te bendigo, hermano, con el Amor de Dios, el cual quiero compartir contigo. Pues quiero aprender la gozosa lección de que no hay otro amor que el de Dios, el tuyo, el mío y el de todos”. Como el ejercicio más largo, ésta es una técnica muy poderosa para abrir tu mente al verdadero significado del amor. Comentario “Tal vez creas que hay diferentes clases de amor” (1:1). Para mi mente no hay “tal vez” acerca de ello, todos pensamos que hay diferentes clases de amor, que cambia con los amigos, familia, hijos, amante, personas, animales, y cosas. La lección afirma que hay un solo Amor: el Amor de Dios. La lección dice que pensar que el amor cambia dependiendo de su objeto de amor es perder el significado del amor por completo (2:1). “Ninguna persona o circunstancia puede hacer que cambie (el amor)” (1:6). Para nosotros, esto nos puede parecer una descripción del amor muy atemorizante, porque lo que llamamos amor no encaja en esta imagen. Nuestro “amor” viene y se va, crece y disminuye, cambiando con las personas y las circunstancias como la temperatura de un termómetro. Tal como se describe en la lección, el Amor no se ve afectado por nada de fuera de sí mismo. Esto es verdaderamente amor incondicional. Me siento elevado por la idea de que, si éste es el Amor de Dios, y éste es el único amor que existe, entonces Su Amor por mí nunca cambia y “no hay divergencias ni distinciones” (1:4). Nada de lo que hago o dejo de hacer, cambia Su Amor por mí en lo más mínimo. El Amor de Dios simplemente es, eternamente, sin fin. “No tiene opuestos” (3:7). Es el pegamento que “mantiene a todas las cosas unidas” (3:8). Es la esencia del universo. Consuela saber que el Amor de Dios por nosotros es así. Sin embargo, puede atemorizarnos pensar que se nos pide que nos amemos los unos a los otros del mismo modo. Parece más allá de nosotros, y si se nos juzga por si estamos o no a la altura de este amor, parecería que todos “estamos privados de la gloria de Dios” como dice la Biblia en Romanos 3:23. Sin embargo, la lección se enfrenta a este miedo en nosotros, y lo hace con una afirmación increíble: “Ningún curso cuyo propósito sea enseñarte a recordar lo que realmente eres podría dejar de subrayar que no puede haber diferencia entre lo que realmente eres y lo que es el amor” (4:1). En frases cortas, nos dice esto: “El Amor es eterno, sin condiciones, y sin cambios. Tú eres ese amor”. Ya sabes de qué amor estamos hablando, que parece tan ajeno a nosotros, más allá de nuestras posibilidades. Bueno, ¡eso es lo que tú eres! Es la otra imagen de ti, incapaz de tal amor, que cambia con cada circunstancia, eso es una mentira. Este amor que no cambia, esto es la verdad, esto eres tú. ¡No hay ninguna diferencia entre este amor y lo que tú eres! “Pues lo que tú eres es lo que Él es. No hay otro amor que el Suyo, y lo que Él es, es lo único que existe” (4:3-4). No vamos a ver este amor mirando al mundo (6:1). No es algo que pueda verse con los ojos del cuerpo; sin embargo, es perfectamente visible para los ojos y los oídos que ven y escuchan al amor (lo que se llama la visión de Cristo). Ésa es la meta de la lección de hoy: ver ese amor en nosotros, captar aunque sólo sea “el más leve vislumbre de lo que significa el amor” (7:1), “comprender la verdad del amor” (9:4). Este intento de acallar nuestra mente, de liberar a nuestra mente de todas las leyes que pensamos que tenemos que obedecer, todos los límites que nos hemos impuesto a nosotros mismos, y todos los cambios que pensamos que hemos hecho en nosotros, y encontrar nuestro Ser, Que es Amor, a este intento le llama “el paso más ambicioso de los que requiere este curso en tu avance hacia el objetivo que ha establecido” (6:5). Si

tenemos éxito, habremos “salvado una distancia inconmensurable hacia tu liberación y te habrás ahorrado un tiempo que no se puede medir en años” (7:1). ¡Esto no es poca cosa! Ser capaces, aunque sólo sea un poco, de vernos como amor, de captar el hecho de que el amor es todo lo que existe, incluidos nosotros. Esto es un salto enorme ciertamente. Dedicar un rato a este propósito merece la pena. “No hay mejor manera de emplear el tiempo que ésa” (7:2). Cuando empecemos a darnos cuenta de que sólo existe el amor, que este amor lo es todo y que nos incluye a nosotros, nos daremos cuenta de que incluye a todos los demás también. ¡La única manera de que el amor pueda ser todo, es si incluye a todos! Así empezamos a ver, no sólo a nosotros sino al mundo, de una manera diferente: “El mundo que acaba de nacer aún se encuentra en su infancia”. (11:1)

“Ahora todos ellos se liberan junto con nosotros. Ahora todos ellos son nuestros hermanos en el Amor de Dios”. (11:3-4) No podemos excluir de nuestro amor a ninguna parte de nosotros si queremos conocer a nuestro Ser. (12:1) Y así, 3 veces cada hora, se nos pide que recordemos a un hermano o hermana que esté haciendo este viaje con nosotros, y que mentalmente les mandemos este mensaje, como ahora te lo mando yo a ti: Te bendigo, hermano, con el Amor de Dios, el cual quiero compartir contigo. Pues quiero aprender la gozosa lección de que no hay otro amor que el de Dios, el tuyo, el mío y el de todos.

LECCIÓN 128

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8 MAYO

“El mundo que veo no me ofrece nada que yo desee” Instrucciones para la práctica Propósito: Abandonar el valor que hemos dado a las cosas del mundo, para que nuestra mente pueda experimentar lo que es verdaderamente valioso: nuestro hogar en Dios. Más largo: 3 veces, durante diez minutos. Esta práctica trata de liberar a nuestra mente de las cadenas para que pueda volar al hogar: a Dios. Podemos considerar que tiene dos fases. En la primera fase, retiramos el valor que le hemos dado al mundo. Retiramos todos los propósitos que hemos dado a las cosas del mundo, el propósito de satisfacer nuestros intereses personales (como dijo la Lección 125). Esto es como quitar las cadenas a nuestra mente. Sin cadenas, nuestra mente será libre para extender sus alas y volar hacia dentro adonde pertenece, a su hogar en Dios. La segunda fase de la sesión de práctica es el proceso de nuestra mente que vuela a su hogar. Es un proceso de silenciar y abrir nuestra mente, y dejarse guiar a su lugar de descanso en Dios. Durante este proceso, necesitamos abandonar los pensamientos que nos distraen que por supuesto, se relacionan con cosas que valoramos en el mundo. Para sacar nuestra mente de estos pensamientos podemos repetir la idea del día. Observaciones: Cada periodo de práctica cambiará todo tu punto de vista un poco, retirará parte del valor que le has dado al mundo.

Respuesta a la tentación: Cada vez que te des cuenta de que estás dando valor a alguna cosa del mundo. Date cuenta de que al hacerlo estás poniéndole una cadena a tu mente. En lugar de ello, protege tu mente diciendo con silenciosa seguridad: “Esto no me tentará a que me demore. El mundo que veo no me ofrece nada que yo desee”. Si de verdad observas tu mente, te darás cuenta de que tienes abundantes cosas con las que practicar. Recomiendo que dediques tiempo a aprender de memoria estas dos frases. Si de verdad vas a usarlas con frecuencia, aprenderla es casi una necesidad. Comentario El pensamiento general de esta lección es parecido a las tres primeras de las Cuatro Verdades Nobles de Buda: que la vida es sufrimiento, que la causa del sufrimiento es el deseo para uno a expensas de los otros, y que el modo de escapar del sufrimiento es renunciar a tales deseos. “Cree esto y te habrás ahorrado muchos años de miseria” (1:2). La lección nos pide que abandonemos toda atadura a cosas de este mundo, para poner fin al deseo de las cosas que el mundo nos ofrece. Puede parecernos una lección dura, pero es enormemente sensata: si no deseas nada, no puedes sentirte desilusionado. Las cosas del mundo hacen de cadenas cuando las valoramos (2:1). Lo que quizá es más difícil de comprender es que ése es el propósito para el que las hicimos: “ése es su único propósito. Pues todas las cosas tienen que servir para el propósito que tú les has asignado, hasta que veas otro propósito en ellas” (2:1-2). Cuando damos a las cosas del mundo un propósito en el tiempo, generalmente una forma de satisfacción o engrandecimiento de uno mismo, nos encadenamos al mundo. Forzosamente, ya que todo en el mundo tiene que tener un final, esto nos causa un dolor enorme. Todo lo que consigue esta valoración equivocada es que nos atemos al mundo e impedir nuestra sanación final. Para el Espíritu Santo, el único propósito de este mundo es la sanación del Hijo de Dios (ver T.24.VI.4:1). No hay nada en el mundo que merezca la pena luchar por ello. “El único propósito digno de tu mente que este mundo tiene es que lo pases de largo, sin detenerte a percibir ninguna esperanza allí donde no hay ninguna” (2:3). Esto es parecido a la afirmación del Texto: “Para el Espíritu Santo el propósito del tiempo es que éste finalmente se haga innecesario” (T.13.IV.7:3). El Espíritu Santo da al tiempo, al mundo y a todo lo del mundo el propósito de la salvación y la sanación de nuestra mente. Para Él, nada aquí tiene ningún otro propósito. Por lo tanto, el mundo no ofrece nada que nosotros queramos. Todo es “útil”. Todo se convierte en medios para alcanzar una meta: nuestro despertar a la vida, nuestro regreso a Dios. No hay nada en el mundo que sea una meta en sí mismo. Cuando la lección nos recomienda “No dejes que nada que esté relacionado con pensamientos corporales te demore en tu avance hacia la salvación” (4:1), está diciendo lo mismo con otras palabras. “Pensamientos corporales” se refiere a nuestra identificación equivocada con nuestro cuerpo. Es todo lo que procede del pensamiento “yo soy un cuerpo, y para beneficiarme y protegerme a mí mismo lo más importante de todo es cuidar mi cuerpo”. Nuestras ansias de placer para el cuerpo, comodidad del cuerpo, protección del cuerpo, vida larga del cuerpo, y belleza del cuerpo, son todos pensamientos corporales. Hacer de tales cosas lo más importante sólo puede retrasar nuestro avance. La lección nos pide que practiquemos mentalmente abandonar todo el valor que le hemos dado al mundo (5:1). La lección nos pide que eliminemos del mundo “todo aquello que queríamos que fuese” (5:3). Ésa es una tarea dura, ¿verdad? Pasamos tanto tiempo deseando que las cosas sean diferentes y tratando de cambiarlas para que así sea. De hecho, si miramos a nuestra vida

con honestidad, la actividad que ocupa la mayor parte de nuestra vida es desear que algo o alguien sean diferentes y tratar de lograr ese cambio. Entonces, para los propósitos de esta lección, practica dedicar unos pocos minutos a dejar que tu mente descanse de tal actividad: “Permanece muy quedo y en paz por un rato, y observa cuán alto te elevas por encima del mundo cuando liberas a tu mente de sus cadenas y dejas que busque el nivel donde se siente a gusto” (6:1). La lección nos dice que tu mente “sabe dónde le corresponde estar” (6:3). Si sueltas las cadenas de tus deseos, tu mente “volará sin titubeo alguno y con alegría a unirse con su santo propósito” (6:4). Cada vez que practicas tal ejercicio durante sólo diez minutos, “tu perspectiva del mundo cambiará ligeramente” (7:3). Deja que tu mente descanse de sus ansias constantes y que se relaje, mientras que su instinto de volver al hogar toma el mando y te lleva a donde verdaderamente perteneces. Durante el día, la lección nos pide que nos demos cuenta de cuándo estamos dando valor a algo del mundo, y que mentalmente lo corrijamos con estas palabras: “Esto no me tentará a que me demore. El mundo que veo no me ofrece nada que yo desee”. (8:3-4)

LECCIÓN 129

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9 MAYO

“Más allá de este mundo hay un mundo que deseo” Instrucciones para la práctica Propósito: Tener un día de gracia en el que ves el mundo que realmente quieres ver. Por medio de esto te darás cuenta de que abandonar el mundo que no quieres no es abandonar nada para ganar todo. Más largo: 3 veces (mañana noche y otra entre medias), durante diez minutos. Empieza repitiendo: “Más allá de este mundo hay un mundo que deseo. Elijo ver ese mundo en lugar de éste, pues no hay nada aquí que realmente desee”. Intenta decir estas frases de todo corazón. Están intentando inspirarte un verdadero deseo de sustituir este mundo por el mundo real, y la elección auténtica que procede de este deseo. Siente el deseo. Haz la elección. Luego cierra los ojos, observa y espera con confianza tener una experiencia de la verdadera visión, un atisbo del mundo real. Esta práctica es muy parecida a la de la Lección 75. Puedes leer los párrafos 6-8 de aquella lección. La principal diferencia en esta lección es que estamos buscando una experiencia de la visión con los ojos cerrados (en lugar de con los ojos abiertos). Estamos buscando ver una luz del significado y la santidad que nuestros ojos no pueden ver, únicamente puede verlos nuestra mente. Mientras estás sentado, observas y esperas, siente tu deseo de ver un mundo de significado que es totalmente inofensivo, pacífico, bondadoso, y amoroso, sin una pizca de dolor o pérdida. Puedes repetir la idea de vez en cuando, para renovar tu concentración y apartar de tu mente todos los pensamientos que puedan distraerte. Recordatorios frecuentes: Uno cada hora, durante un momento. Limpia tu mente y concéntrate en estas frases: “El mundo que veo no me ofrece nada que yo desee. Más allá de este mundo hay un mundo que deseo”. Haz que esta repetición sea una confirmación de la elección que has hecho en las sesiones más largas de práctica: la elección de sustituir este mundo por el mundo real. Comentario ¡El Curso tiene los pies tan en el suelo a veces! “No puedes detenerte en la idea de que el mundo no tiene ningún valor, pues a menos que veas que hay algo más por lo que sentirte esperanzado, no podrás evitar caer en la depresión” (1:2). ¡Qué cierto es! La afirmación de que

“el mundo no tiene ningún valor” es muy rotunda, no hay mucha discusión posible acerca de lo que significa. Y tengo que confesar que, después de diez años de estudiar el Curso y, con el paso del tiempo, aunque estoy de acuerdo con sus ideas, todavía encuentro ese planteamiento un poco opuesto. Casi me puedo oír a mí mismo contestando: “Um… yo no lo diría exactamente así”. Porque todavía hay algo en mí que quiere encontrar algún valor aquí, algo que merezca la pena, algo que merezca conservarse y por lo que luchar. Sin embargo, el Curso no pone la importancia en que “renuncies al mundo, sino en que lo intercambies por algo mucho más satisfactorio, algo rebosante de alegría y capaz de ofrecerte paz” (1:3). Bueno, eso no es tan mal negocio, ¿verdad? Empieza a tener muy buen aspecto si echamos una mirada al mundo al que estamos intentando aferrarnos: “despiadado, inestable y cruel, indiferente en lo que a ti respecta, presto a la venganza y lleno de odio inclemente” (2:3). Acontecimientos como el del atentado contra un edificio del gobierno en 1995, y la furia rabiosa contra el terrorista, son testimonio de ello. Se pensó que el terrorista se estaba “vengando” de las acciones del gobierno contra David Koresh Waco, y luego la gente se quería vengar del terrorista. Las muchas guerras producidas por diferencias de raza, de religión, o étnicas, son ciclos de venganza que han estado repitiéndose durante siglos. Así es el mundo. “En él no se puede encontrar amor duradero, porque en él no hay amor. Dicho mundo es el mundo del tiempo, donde a todo le llega su fin” (2:5-6). Quizá ésa es la parte más cruel acerca de este mundo. Incluso cuando encuentras amor, no puede durar. Así pues, ¿no preferirías encontrar un mundo donde es imposible perder algo? ¿Dónde la venganza no tiene sentido? (3:1). ¿Cómo podría ser una pérdida hallar todas las cosas que realmente anhelas, y saber que no tienen fin y que perdurarán a través del tiempo exactamente tal como las deseas? (3:2). Aquí habla de lo que el Curso llama “el mundo real”; y la siguiente frase “desde allí te trasladarás a donde las palabras son completamente inútiles” (3:3) habla del Cielo, una existencia en la eternidad que no tiene ninguna relación con lo físico. ¿De qué habla cuando se refiere a “todas las cosas que realmente anhelas”? Si son cosas que no tienen fin y que no cambian con el paso del tiempo, no pueden ser cosas físicas, ciertamente no se trata de cuerpos. Está hablando del Amor Mismo, está hablando de nuestro Ser que es espíritu, y que compartimos con todo el mundo. Estamos aquí para encontrar lo que no cambia en medio del cambio, y para aprender a valorar lo que no cambia y renunciar a lo que cambia. Cuando elegimos lo que no cambia, y valoramos el mundo real del espíritu en lugar de lo que cambia y se deteriora, estamos muy cerca del Cielo, y nos prepara para él. Soltar nuestro apego al mundo facilita la transición al Cielo. Apegarse al mundo trae pérdida. Cuando intentas apegarte a lo perecedero, te condenas a ti mismo al sufrimiento. Como vimos en el comentario de ayer, el Budismo ha enseñado una lección muy parecida desde hace mucho tiempo. Hacer los ejercicios de la práctica de hoy tiene un efecto notable. Cuando digo: “El mundo que veo no me ofrece nada que yo desee. Más allá de este mundo hay un mundo que deseo” (9:4-5), me doy cuenta de todas las ataduras a las cosas de este mundo que todavía tengo, me doy cuenta de que es muy borrosa la idea que tengo de lo que “realmente quiero” que está más allá de este mundo. Y por eso traigo esas ataduras y esa idea borrosa al Espíritu Santo, y Le pido que me ayude en esto. Sé que Él lo hará.

LECCIÓN 130

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10 MAYO

“Es imposible ver dos mundos”

Instrucciones para la práctica Propósito: Darte cuenta de que no puedes conservar un poco de este mundo y ver el mundo real, que tienes que elegir uno u otro. Hacer la elección del mundo real al renunciar a todo el valor que le has dado a este mundo. Éste es otro de los pasos gigantescos del Libro de Ejercicios (ver 9:2). Más largo: 6 veces, durante cinco minutos. La práctica de hoy es muy parecida a la de los dos últimos días, especialmente a la Lección 128. Empieza repitiendo estas frases: “Es imposible ver dos mundos. Permítaseme aceptar la fortaleza que Dios me ofrece y no ver valor alguno en este mundo, para así poder hallar mi libertad y mi salvación”. Estás pidiendo que la fortaleza de Dios te apoye y te ayude a tomar una decisión definitiva en favor mundo real, en lugar de este mundo. Intenta pedirlo de todo corazón. Luego cierra los ojos y pasa un rato “vaciando tus manos de todos los vanos tesoros de este mundo” (8:3). Luego extiende la mano a una experiencia de verdadera percepción, la clase de visión que tus ojos de por sí no pueden ver. Desea ver sólo el otro mundo, el mundo del amor. Durante este tiempo, “esperas la ayuda de Dios” (8:4). Confía en que Él está ahí, ayudándote a hacer la elección de darle valor sólo al mundo real. Mientras esperas, repite la frase: “Ayúdame a ver sólo el mundo real”. Respuesta a la tentación: Cada vez que te des cuenta de que estás dándole valor a algo del mundo. Recuerda que al valorar una pequeña parte del infierno estás eligiendo la totalidad del infierno, y cerrándole la puerta al Cielo. Di: “Es imposible ver dos mundos. Lo único que deseo es mi libertad y mi salvación, y esto no forma parte de lo que quiero”. Necesitarás vigilar tu mente con cuidado durante todo el día, porque no estás buscando alteraciones y disgustos, sino atracciones. Comentario La lección de hoy no admite tratos en absoluto. Los dos primeros párrafos explican la postura del Curso acerca de la percepción con total claridad, como en los tres libros. Lo que valoramos es lo que queremos ver, lo que queremos ver determina nuestro modo de pensar, y lo que vemos refleja lo que pensamos. “Nadie puede dejar de ver lo que cree desear” (1:6). O, como se afirma brevemente dos veces en el Texto: “La proyección da lugar a la percepción” (T.13.V.3:5; T.21.In.1:1). Además, puesto que no podemos odiar y amar al mismo tiempo, no podemos proyectar dos mundos completamente opuestos al mismo tiempo. Proyectamos el mundo del miedo o el mundo del amor. Y “el mundo que ves es la prueba de que ya has elegido algo que es tan completamente abarcador como lo es su opuesto” (6:2). En otras palabras, el mundo que vemos demuestra que nuestra mente ha hecho la elección del miedo que lo abarca todo. “El miedo ha dado lugar a todo lo que crees ver” (4:1). Como ya he dicho, en esto no hay posibilidad de tratos. No permite que ninguna parte de este mundo quede fuera de la categoría de “proyección del miedo”. El mundo que vemos es “completamente congruente desde el punto de vista desde el que lo contemplas. Es un sólo bloque porque procede de una sola emoción, y su origen se ve reflejado en todo lo que ves” (6:4-5). Si tratamos de dejar fuera de este cuadro una parte del mundo, afirmando que “seguramente esta parte es buena”, estamos intentando “aceptar una pequeña parte del infierno como real” (11:1). Y garantiza que todo el cuadro será “ciertamente el infierno” (11:1).

Por otra parte, el Curso no intenta provocar ningún rechazo al mundo. Nos dice que sólo la parte que contemplamos con amor es real (ver T.12.VI.3:2-3). Por lo tanto, nos pide amarlo a todo ello por igual, y de este modo “haz que el mundo real sea real para ti” (T.12.VI.3:6). Nuestros intentos de rescatar “partes” del mundo como reales, están equivocados porque separan y hacen que ciertas partes sean especiales, más merecedoras de amor que el resto. Tal como lo vemos, a través de los ojos del miedo, el mundo no tiene ningún valor en absoluto. Aceptemos la Fortaleza de Dios para “no ver valor alguno en este mundo” (8:6). Si de verdad lo queremos, veremos otro mundo con la visión que “no se trata de una de la que tus ojos por sí solos hayan visto jamás” (9:4). “Cuando lo único que desees sea amor, no verás nada más” (T.12.VII.8:1). Para ser un poco más prácticos durante un momento, he descubierto que las palabras finales de la lección son enormemente útiles ante problemas de todo tipo: “Esto no forma parte de lo que quiero” (11:5). Si veo únicamente lo que quiero ver, y estoy viendo algo que me angustia, que afirme mi elección de cambiar mi mente: “Yo ya no quiero más esto”. Aunque mi aplicación de esto no es muy constante, he visto que esta afirmación hace que desaparezca en una relación la separación. He visto hacer desaparecer la sensación de pobreza. He visto cambiar a mi cuerpo, y darle una energía que pensaba que había perdido. He visto darle la vuelta a enfermedades próximas. Os la recomiendo muchísimo a todos.

LECCIÓN 131

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11 MAYO

“Nadie que se proponga alcanzar la verdad puede fracasar” Instrucciones para la práctica Propósito: Dios te hizo una antigua promesa, y tú se la hiciste a Él, que un día cruzarías la puerta en tu mente y encontrarías el mundo real. Hoy se cumplirá esa promesa. Más largo: 3 veces durante diez minutos. Las instrucciones en los párrafos 11-13 son tan claras que simplemente he puesto las frases en líneas separadas: Comienza con lo siguiente: Pido que se me conceda ver un mundo diferente y tener pensamientos distintos de aquellos que inventé. El mundo que busco no lo construí yo solo, y los pensamientos que quiero tener no son los míos. Durante varios minutos observa tu mente y contempla, aunque tus ojos estén cerrados, el mundo insensato que crees que es real. Revisa asimismo los pensamientos que son compatibles con dicho mundo que tú crees que son verdad. Luego descártalos y deslízate por debajo de ellos hasta llegar al santo lugar donde no pueden infiltrarse. Debajo de ellos hay una puerta en tu mente, la cual no pudiste cerrar completamente cuando quisiste ocultar lo que se encuentra más allá. Busca esa puerta hasta que la encuentres. Pero antes de tratar de abrirla recuerda que nadie que se proponga alcanzar la verdad puede fracasar. Y es esto lo que estás pidiendo que se te conceda hoy.

Nada excepto esto tiene ahora significado; ahora no valoras ni persigues ninguna otra meta, no hay nada que se encuentre a este lado de la puerta que realmente desees y sólo andas en pos de lo que se encuentra detrás. Empuja la puerta, y ve cuán fácilmente se abre sólo con tu intención de cruzarla. Allí ángeles alumbran el camino, disipando toda oscuridad, y tú te yergues en una luz tan brillante y tan diáfana que puedes entender todo lo que allí ves. Un breve momento de sorpresa, tal vez, haga que te detengas antes de que te des cuenta de que el mundo que ves ante ti, en la luz, refleja la verdad que siempre has conocido y de la que no te habías olvidado totalmente mientras vagabas en sueños. (L.131.11:2-13:3) Corto: A menudo. Repite la idea, mientras mantienes en tu mente que hoy cruzarás la puerta y encontrarás la verdad y que, por lo tanto, hoy es un día de gracia, un tiempo para la alegría y celebración. Recomiendo mucho recordarte a ti mismo este último hecho. Cambiará tu estado de ánimo durante el día si lo recuerdas. Respuesta a la tentación: Si olvidas lo especial que es este día y caes en la depresión y en las quejas. Recuérdate a ti mismo la verdadera naturaleza de este día al repetir: “Hoy busco y encuentro todo lo que deseo. Mi único propósito me lo brinda. Nadie que se proponga alcanzar la verdad puede fracasar”. ¿Cómo puedes sentir depresión cuando te das cuenta de que estás encontrado todo lo que siempre has querido? Recomiendo escribir las frases en una ficha y tenerlas a mano o, mejor aún, aprenderlas de memoria. Comentario A veces le parece a casi todo el mundo que la búsqueda de la verdad nunca tendrá éxito. Parece que buscamos, y buscamos, y buscamos algo más, y que nunca llegamos a la seguridad. La lección de hoy viene como una tranquilizadora seguridad de que la búsqueda de la verdad es la única búsqueda que tendrá éxito con toda seguridad. “La búsqueda es inevitable aquí” (3:1). Es la naturaleza del mundo, la naturaleza del apuro en que nos hemos metido a nosotros mismos. Buscar es la razón por la que vinimos aquí, y “es indudable que harás lo que viniste a hacer” (3:2). Si hemos venido a buscar, entonces, busquemos algo que merezca la pena encontrar: “una meta que se encuentra más allá del mundo y de todo pensamiento mundano… un eco de un patrimonio olvidado” (3:4). Lo que estamos buscando es el Cielo, “un patrimonio olvidado”. Lo que estamos buscando es el hogar que abandonamos y que casi pusimos fuera de nuestra mente, aunque hacerlo por completo es imposible. Ésa es la razón por la que nos sentimos empujados a la búsqueda. “Tras la búsqueda de todo ídolo yace el anhelo de compleción” (T.30.III.3:1). Lo que estamos buscando es lo que somos, por eso es imposible que no lo encontremos. “Nadie puede dejar de querer esta meta, ni nadie puede; en última instancia, dejar de alcanzarla” (4:3). A veces parece que la verdad te ha abandonado. Pienso que todos hemos tenido una sensación así, el último cartucho del ego para alejarnos de la búsqueda cuando estamos demasiado cerca de la verdad. Me ha pasado a mí, y todo lo que puedo decirte es: “¡Sigue adelante!” Tu búsqueda no puede fracasar, aunque pienses que ya ha fracasado. Yo llegué a esa etapa obscura de mi vida. No sé cómo porque no parecía tener nada que ver conmigo, que es lo que me convence de que mi “salida de ello” es real y duradera. Todavía caigo en la desesperación de vez en cuando, pero ya no me quedaré allí nunca más. “Nadie que se proponga alcanzar la verdad puede fracasar”.

Lo que estamos buscando, y quizá encontremos hoy, es algo que está por debajo de todos los pensamientos de nuestra mente que están relacionados con este mundo sin sentido, “debajo de ellos hay una puerta en tu mente” (11:8). ¡Una puerta en nuestra mente! Más allá de la puerta hay “una luz tan brillante y tan diáfana que puedes entender todo lo que allí ves” (13:2). El ejercicio de hoy es maravilloso para visualizarlo en la mente, verdaderamente imaginando esa puerta, viéndonos a nosotros delante de ella, y con una intención: abrirla empujándola y cruzándola dejando atrás este mundo y entrando en otro, como la entrada al guardarropa de Narnia en los libros de fantasía de C.S.Lewis. Estos ejercicios son como ensayos, y cuando los repetimos se hacen cada vez más reales para nosotros, atrayendo nuestra mente y entrenándola en un modelo que lleva al descubrimiento de la verdadera puerta, dentro de nuestra mente, que nos lleva al Cielo.

LECCIÓN 132

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12 MAYO

“Libero al mundo de todo lo que pensé que era” Instrucciones para la práctica Propósito: “Liberar al mundo de todos los pensamientos vanos que hayamos tenido acerca de él y acerca de todos los seres vivientes que vemos en él… para así poder ser libres” (14:1,5). Más largo: 2 veces, durante quince minutos. Empieza repitiendo: “Yo que sigo siendo tal como Dios me creó quiero liberar al mundo de todo lo que pensé que era. Pues yo soy real porque el mundo no lo es. Y quiero conocer mi propia realidad”. El resto del periodo de práctica me parece una meditación como las del Libro de Ejercicios, en la que acallamos y aquietamos nuestra mente, “alerta pero sin tensión” (15:4). Basándome en las frases que repetimos, este ejercicio me recuerda otras dos lecciones (122 y 128) en las que tenemos la sensación de retirar nuestra mente de su atención al mundo exterior y de llevarla hacia dentro al centro de quietud, donde descansamos, donde nuestros pensamientos se transforman, y donde experimentamos nuestra verdadera realidad. Observaciones: Sentirás tu propia liberación, pero es posible que no te des cuenta de que tu liberación también liberará al mundo, llevando sanación a muchos hermanos cercanos y lejanos. Respuesta a la tentación: Cada vez que pienses que tus pensamientos no tienen poder para ayudar en las situaciones problemáticas que vemos a nuestro alrededor. Cuando notes un pensamiento así, repite: “Libero al mundo de todo lo que pensé que era, y en lugar de ello elijo mi propia realidad” (será útil aprenderlo de memoria), dándote cuenta de que al repetirlo estás liberando el poder de tu mente para liberar al mundo, y añadiéndola a la libertad que le diste en la sesión más larga de práctica. Comentario Para mí, hoy, el significado de esta lección es: yo tengo el poder de hacer eso. Puedo liberar al mundo de todo lo que pensé que era sencillamente al cambiar mi propia mente. Esta lección contiene la afirmación más sorprendente del Curso: “¡El mundo no existe! Éste es el pensamiento básico que este curso se propone enseñar” (6:2-3). La lección admite que no todo el mundo está listo para aceptar esta idea, aunque deja claro que todos lo haremos, finalmente, la aceptaremos. (Tal aceptación podría necesitar muchas vidas, creo, y sin duda hemos pasado por muchas ya para llegar a donde estamos, ésta es mi propia opinión, no necesariamente la del Curso.)

Al hablar de esto, hace la comparación con un loco, el primer párrafo dice que a un loco no se le puede “persuadir cuestionando los efectos de sus pensamientos” (1:6). La postura del Curso es que el mundo es el efecto de nuestros pensamientos. Por eso el enfoque que, finalmente, nos llevará a entender que el mundo no existe no sigue el camino de directamente poner en duda la realidad del mundo. Ése es un camino inútil, tan inútil como intentar convencer a un loco de que sus alucinaciones no son reales. El enfoque que da fruto es poner en duda la causa, es decir: poner en duda los pensamientos que producen las alucinaciones. “Cambia de mentalidad con respecto a lo que quieres ver, y el mundo cambiará a su vez” (5:2). Cuando empezamos a permitir pensamientos de sanación dentro de nosotros, nos abrimos a aprender la lección. “El hecho de que estén listos hará que la lección les llegué en una forma que ellos puedan entender y reconocer” (7:2). Entonces, lo importante para nosotros no es negar la realidad del mundo, sino abrir nuestra mente para llevar sanación al mundo que vemos. Hacerlo nos traerá experiencias que nos convencerán de que el mundo no es tan real como suponíamos. Puede que tengamos una experiencia cercana a la muerte. Puede que pasemos por una experiencia de iluminación que nos muestre una realidad más allá de toda discusión y que contradice todo lo que hemos creído que era la realidad hasta entonces. De hecho, al hacer los ejercicios de hoy, podemos experimentar algo que nos haga despertar. La falta de realidad del mundo se produce cuando empezamos a sentir la realidad de nuestro Ser: “conocer tu Ser es la salvación del mundo” (10:1). Si somos tal como Dios nos creó, entonces lo que parece cambiarnos no puede existir, no puede ser real; no puede haber lugar donde podamos sufrir, ni tiempo que pueda cambiarnos. El mundo es el efecto de nuestros pensamientos, y nada más: “tú mantienes el mundo intacto en tu mente mediante tus pensamientos” (10:3). Cuando descubrimos lo que verdaderamente somos al permitir al amor que entre en nosotros y nos sane, nos damos cuenta de que: “Si tú eres real, el mundo que ves es falso, pues la creación de Dios es diferente del mundo desde cualquier punto de vista” (11:5). Liberamos al mundo de lo que pensábamos que era al aceptar nuestra unidad con Dios, y al darnos cuenta de que el mundo, tal como lo vemos, no puede ser real porque no refleja esta verdad: “Lo que Él crea no está separado de Él, y no hay ningún lugar en el que el Padre acabe y el Hijo comience como algo separado” (12:4). “Liberar al mundo” es sanarlo. En la meditación de hoy “envías estos pensamientos para bendecir al mundo” (16:1). “Libero al mundo” significa que yo extiendo sanación a todo el mundo, lo libero de todo sufrimiento, lo perdono de toda culpa, lo sano de la enfermedad, le quito todo pensamiento de venganza. Aceptar este papel de salvador del mundo es lo que nos revela nuestro verdadero Ser, transforma nuestros pensamientos y, a su vez, transforma al mundo que es su efecto. Éste es “el poder de este simple cambio de mentalidad” (17:1).

LECCIÓN 133

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13 MAYO

“No le daré valor a lo que no lo tiene” Instrucciones para la práctica Propósito: Vaciar nuestras manos de todas las cosas que valoramos en este mundo y alcanzar el estado del Cielo. Más largo: 2 veces, durante quince minutos. Repite: “No le daré valor a lo que no lo tiene y solo iré en pos de lo que es valioso, pues eso es lo único que deseo encontrar”. Luego intenta encontrar lo que es verdaderamente valioso dentro de ti. Mantén en la mente un deseo honesto de no engañarte a ti mismo acerca de lo que es valioso. Niégate a engañarte a ti mismo al creer que las cosas de este mundo pueden darte

felicidad verdadera y duradera. En lugar de eso, intenta valorar sólo lo eterno, en tus hermanos y en ti mismo. Vacía tus manos de los tesoros de este mundo. Abre tu mente y abandona sus ataduras habituales. En este estado abierto y vacío, vete hasta la puerta del Cielo dentro de ti, y se abrirá de par en par, ofreciéndote el regalo de todo. Respuesta a la tentación: Cada vez que te sientas sobrecargado o que te enfrentes a una decisión difícil. De inmediato responde repitiendo: “No le daré valor a lo que no lo tiene, pues lo que tiene valor me pertenece”. Esto te recordará que ninguna decisión puede ser difícil, porque eliges entre lo infinitamente valioso y lo que no tiene ningún valor. Comentario Las leyes que gobiernan la elección son dos: • • Sólo hay dos alternativas: todo o nada. No hay tratos, no hay entremedias.

Los criterios para juzgar lo que merece desearse son: • • • • ¿Durará para siempre? (Si no dura, no es nada.) ¿Es una elección en la que nadie pierde? (Si alguien pierde, tú te quedas sin nada.) ¿Está el propósito libre de las metas del ego? (Si no está libre de ego, hay un trato.) ¿Está la elección libre de toda culpa? (Si no, las alternativas están confusas.)

¡Éstas son reglas muy estrictas! Son claras, pero no se aprenden fácilmente. Por ejemplo, ¿cómo podemos saber si las metas del ego se están metiendo por medio? “En esto es en lo que es más fácil caer en el engaño” (8:5). El ego se disfraza de inocencia. Sin embargo, la lección afirma que el camuflaje del ego es sólo “un fino velo, que sólo podría engañar a los que les place ser engañados” (9:1). “Sus objetivos son obvios para todo aquel que se toma la molestia de examinarlos” (9:2). Únicamente tenemos que querer mirar y el detector del ego es muy sencillo: la culpa. “Si sientes el más mínimo vestigio de culpabilidad con respecto a lo que has elegido, es que has permitido que los objetivos del ego nublen las verdaderas alternativas” (11:2). Si aplico estos criterios de elección a las decisiones de mi vida, mi vida cambiará radicalmente. El primer criterio rechaza absolutamente cualquier objetivo que suponga algo material, incluyendo cuerpos y relaciones humanas habituales. ¿Durará para siempre? ¿Qué durará para siempre? ¿Qué dura para siempre en este mundo? Únicamente el amor. Y no todo lo que llamamos amor dura para siempre; todos nos lo hemos demostrado a nosotros mismos, en todas las formas, o lo hemos visto a nuestro alrededor. A propósito, la frase del Curso es: si no dura, no era amor: “Si ha habido desilusión es porque realmente nunca hubo amor, sino odio, pues el odio es una ilusión y lo que puede cambiar nunca pudo ser amor” (T.16:IV.4:3-4). Pero hay un amor que no es de este mundo, una luz que no podemos encontrar en el mundo pero que podemos dar al mundo (ver T.13.VI.11:1-2). Como Stephen Levine ha escrito: no podemos poseer al amor, pero podemos ser poseídos por él. Y eso es lo que aquí se dice. Podemos pensar que la mayoría de nuestras elecciones no son tan monumentales como todo esto. Pero todas son la misma elección. En cada momento estamos eligiendo entregarnos al

amor, que el amor tome el control y nos use, o estamos eligiendo apartarnos de él, en el miedo. Elegir el amor es la única elección sin culpa. No es complicado. “La complejidad no es sino una cortina de humo que oculta el simple hecho de que tomar decisiones no es algo difícil” (12:3).Es la decisión: “Que yo sea amor en esta situación, y nada más”. No, no sabemos cómo hacerlo. Por eso es por lo que tenemos que venir “con las manos vacías y las mentes abiertas” (13:1).Sin aferrarnos a nada, sin estar sobrecargados con cosas de menos valor (14:1). Y sin ninguna idea acerca de lo que significa el amor, con mentes abiertas. En palabras de un poema de la poetisa cristiana Amy Carmichael: Ama a través de mí, Amor de Dios. Hazme tu aire claro, A través del cual, sin obstáculos, los colores pasan Como si no estuviera allí.

LECCIÓN 134

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14 MAYO

“Permítaseme poder percibir el perdón tal como es” Instrucciones para la práctica Propósito: Practicar el verdadero perdón, para que puedas liberar a tu hermano, liberarte tú mismo de las cadenas con las que te has aprisionado, y dejar que tus pasos iluminen a los que te siguen. Más largo: 2 veces, durante quince minutos. Este ejercicio necesita cierta explicación. Primero: “¿Me condenaría a mí mismo por haber hecho eso?” no significa “Si yo hiciera eso, ¿me condenaría a mí mismo? Más bien significa: ¿Quiero de verdad condenarme a mí mismo por hacer esto (porque si yo le condeno, yo me condenaré a mí mismo)? Esta especie de “¿quieres?” aparece por todo el Curso. Por ejemplo: “¿Quieres saber lo que la Voluntad de Dios dispone para ti?” (T.8.V.5:1). • Pregúntale al Espíritu Santo, Quien entiende el significado del perdón: “Permítaseme poder percibir el perdón tal como es”. • Luego elige un hermano a quien perdonar, bajo Su dirección. • Ahora haz una lista de los “pecados” de esta persona, uno tras otro (pero no te pares en ninguno de ellos). Con cada uno, pregúntate a ti mismo: “¿Me condenaría a mí mismo por haber hecho eso?” (porque cuando condenas a un hermano por este “pecado” concreto, te mides a ti mismo con la misma medida). Busca mentalmente un “pecado” parecido en ti, y luego condénate a ti mismo por eso, tal como le condenaste a él. Para que este significado te entre muy profundamente, puedes hacer una versión extendida de la pregunta. Di: “¿Quiero condenarme a mí mismo por (nombra el ‘pecado’ que ves en él, por ejemplo, juzgar excesivamente a los demás)? No me voy a encadenar a mí mismo de esta manera. No quiero condenarle por hacer eso.” Al nombrar este pecado concreto, hazlo de manera general como para que sirva también para algo que sueles hacer. • Si practicas bien, sentirás que te has quitado un peso de encima, quizás de tu pecho, como si te hubieran quitado unas cadenas del pecho. Recordatorios frecuentes: En todo lo que hagas.

Recuerda: “Nadie es crucificado solo, mas, por otra parte, nadie puede entrar en el Cielo solo”. Esto significa que cuando crucificas a tu hermano, te crucificas a ti mismo también. Y Cuando le liberas, abres la puerta del Cielo para los dos. Respuesta a la tentación: Cada vez que te sientas tentado a atacarte a ti mismo al condenar a otro. Di: “Permítaseme poder recibir el perdón tal como es. ¿Me acusaría a mí mismo de eso? No me voy a encadenar a mí mismo de esta manera”. Ésta es una versión reducida de la sesión más larga de práctica. Comentario Esta lección contiene un debate muy centrado en lo que significa “perdonar”. Se merece no sólo una práctica cuidadosa como lección del Libro de Ejercicios, sino también un cuidadoso estudio, como ejercicio aparte cuando tengas más tiempo. Varias de estas lecciones más largas del Libro de Ejercicios entran en esa categoría. La enseñanza principal de esta lección es que el perdón, para ser verdadero, debe estar plenamente justificado. Se aplica sólo a lo que es falso. El pecado, de ser real, no se podría perdonar (5:3-4). El verdadero perdón ve la nada del pecado. “Los mira con ojos serenos, y simplemente les dice: "Hermano mío; lo que crees no es verdad" (7:5). La lección por sí misma explica la idea muy bien. Quiero centrarme en los resultados del perdón: el alivio que nos trae. El perdón es “un profundo consuelo para todos aquellos que lo conceden” (6:1). Nos despierta de nuestro sueño. Aunque no entiendas toda la teoría del Curso acerca del perdón, cuando perdonas, cuando abandonas tus resentimientos contra alguien, sientes que se te quita un enorme peso del corazón. Puede que no entiendas por qué sucede eso, pero sabes que es verdad. Como la lección dice: “empezarás a notar una sensación de ser elevado; un gran alivio en tu pecho y un sentimiento profundo e inequívoco de desahogo” (16:3). Perdonar es un sentimiento muy feliz. ¿Por qué? Porque, sin darte cuenta, cuando condenamos a alguien por sus pecados, secretamente nos estamos condenando a nosotros mismos. Al condenar a otro, estoy diciendo: “El pecado es real y se merece castigo”. Si apoyo ese principio, entonces debo pensar también que cuando yo peco, yo también merezco ser castigado. La forma de mi “pecado” puede no ser la que yo condeno en mi hermano, por supuesto, puedo acusarle de hacer algo que yo nunca haría, e imagino que puesto que yo no cometo esa falta concreta, de algún modo mi condena a otro comprará mi salvación. Pero he apoyado el principio de que el pecado es real y que merece castigo. Inevitablemente sé, muy dentro de mí, que yo también he “pecado” de algún modo. Y si lo he hecho, no puedo esperar otra cosa que castigo. Lo que le aplico a mi hermano se aplica también a mí. Cuando sentimos la tentación de condenar a alguien, el Curso nos aconseja que nos preguntemos a nosotros mismos: “¿Me acusaría a mí mismo de eso?” (9:3), o “¿Me condenaría a mí mismo por haber hecho eso?” (15:3). Las palabras “acusaría” significan “¿quiero acusar?” La pregunta no es: “si yo hiciera lo que esa persona ha hecho, ¿me acusaría a mí mismo de eso?” Porque, si estoy juzgando al otro por ello, sin duda me juzgaría a mí mismo si hiciera lo mismo. Normalmente guardamos nuestros juicios más duros para aquellas cosas que creemos que nunca haríamos nosotros, precisamente porque nos condenaríamos a nosotros mismos por hacerlo. Cuando leemos esta pregunta, por ejemplo, y pensamos en un violador de niños, si entendemos mal la pregunta, podemos responderemos: “¡Por supuesto que me condenaría a mí mismo si yo lo hiciera!” En realidad, el significado de la pregunta es: “¿Quiero hacer el pecado real e insistir en que debe ser castigado? Porque si eso es lo que quiero, me estoy condenando a mí mismo al castigo también”. Nos encadenamos a nosotros mismos al encadenar a otro (17:5; 16:4).

Por eso es por lo que liberar a mi hermano de las cadenas me trae alivio. Cuando libero a otro, me estoy liberando a mí mismo del principio de que “el pecado es real y debe ser castigado”. ¡Y es un alivio! El que perdona, y ofrece escapar de la culpa a otro, ahora ve que escapar de la culpa es posible también para él: No tiene que luchar para salvarse. No tiene que matar a los dragones que pensaba le perseguían. Tampoco tiene que erigir las sólidas murallas de piedra ni las puertas de hierro que pensó que lo mantendrían a salvo. Ahora puede deshacerse de la pesada e inútil armadura que construyó a fin de encadenar su mente a la miseria y al temor. Su paso es ligero, y cada vez que alza el pie para dar otro paso hacia adelante, deja tras de sí una estrella para señalarles el camino a aquellos que le siguen. (12:1-5) El perdón es un profundo alivio.

LECCIÓN 135

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15 MAYO

“Si me defiendo, mi Ser es atacado” Instrucciones para la práctica Propósito: Dejar a un lado tus planes y aprender tu papel en el plan de Dios, acercar el momento en que tu luz, unida a la luz de tus seguidores, iluminará al mundo de alegría. Éste es un día muy importante en tu despertar, es la Pascua Florida en tu salvación. Éste es otro de los pasos gigantescos del Libro de Ejercicios (26:4). Más largo: 2 veces, durante quince minutos. • Repite: “Si me defiendo, Mi Ser es atacado. Mas en mi indefensión seré fuerte. Y descubriré lo que mis defensas ocultan. • Luego descansa de todo plan y de todo pensamiento. Tus planes han sido murallas que has levantado para no dejar entrar al plan del Espíritu Santo para tu vida. Su plan es que tú “te conviertas en una luz” (20:1) cuyos “seguidores” (20:3) iluminen al mundo. Así que abandona tus ideas sobre tu vida y abre tu mente a la Suya. Ven sin defensas y escucha mientras Él te revela “cuál es tu papel en el plan de Dios (25:5). Puede decirte sólo tus planes para hoy, pero esos planes son parte de Su plan más amplio para ti. No tengas miedo de que estos planes te pidan sacrificio alguno. Son el camino a tu liberación. Y todo lo que necesites para llevarlos a cabo se te dará. Puesto que éste es un ejercicio de escuchar la Voz de Dios, recuerda tu entrenamiento en escuchar en espera de dirección: espera con la mente en silencio, espera con confianza, y de vez en cuando repite la petición. Respuesta a la tentación: Cuando te sientas tentado a hacer tus propios planes. Repite: “Ésta es mi Pascua Florida. Y quiero conservarla santa. No me defenderé, pues el Hijo de Dios no necesita defensas contra la verdad de su realidad”. Como esto es largo necesitarás probablemente escribirlo en una ficha si vas a usarlo. Observaciones: En el transcurso del día, intenta no darle forma ni organizarlo según lo que tú crees que son tus necesidades. En lugar de ello, si escuchas Sus planes y los sigues, encontrarás una felicidad que no te puedes imaginar, y todo el mundo celebrará “tu Pascua Florida contigo” (26:4).

Comentario “Si me defiendo, mi Ser es atacado”. El pensamiento general que encabeza esta lección afirma que todas las formas de defensa son en realidad testigos de ataque, o de tu creencia en el ataque. Si ves necesidad de una defensa, tienes que estar viendo un ataque. El ser que crees que eres es tan débil que necesita defensa; tu verdadero Ser, que es espíritu, no necesita defensa. Esta lección demuestra que cuando haces planes cuyo propósito es defender tu pequeño “yo” (la imagen que te has hecho de ti mismo, que se compone del ego y su expresión: el cuerpo), estás indirectamente atacando tu verdadero Ser, porque ves a ese Ser atacándote a “ti”. El Curso continuamente nos enseña que “todo ataque es un ataque contra uno mismo” (T.10.II.5:1). Dice que nos estamos atacando continuamente, pero que no nos damos cuenta de ello. Pensamos que el ataque viene de algún lugar fuera de nosotros, y nunca nos damos cuenta que proviene de nuestros pensamientos de culpa. Una y otra vez, el Curso nos dice que estemos atentos a lo que estamos haciendo y pensando, para reconocer nuestro propio ataque, y para elegir abandonarlo. La Lección 135 aplica este principio general a una parte concreta de nuestra vida de la que no hemos pensado que es un ataque a nosotros mismos: hacer planes. Primero, señala que todas las defensas son una forma de ataque a uno mismo porque hacen real la ilusión de amenaza, y luego intenta ocuparse de las “amenazas” como si fueran reales. Nos pide que miremos de cerca lo que pensamos que nos estamos defendiendo, cómo nos defendemos, y contra qué. Segundo, identifica nuestros planes como una forma de defensa contra futuras amenazas que nos imaginamos. Si esto es así, lo contrario es cierto: todas las “defensas son los planes que emprendes para atacar la verdad” (17:1). En otras palabras, las defensas y los planes son lo mismo. Cuando preparas una defensa, estás haciendo planes. Todas las defensas son planes, y todos los planes que iniciamos por nuestra cuenta son defensas. Resumiendo, hacer planes es una forma de defensa, y todas las defensas son ataques contra uno mismo. Por lo tanto, hacer planes es únicamente otra forma de ataque a ti mismo, date cuenta de ello y abandónalos. Finalmente, la lección habla de cómo se plantea la vida “la mente que ha sanado” (11:1; 12:1): no haciendo planes, sino recibiendo los planes del Espíritu Santo, con confianza total en la dirección del Espíritu Santo, y con confianza en Su plan. Únicamente este enfoque permite el cambio, la sanación, y que los milagros ocurran en el momento presente. “La mente que ha sanado no planifica. Simplemente lleva a cabo los planes que recibe al escuchar a una Sabiduría que no es la suya.” (11:1-2) Esto no significa que una mente que ha sanado no siga un plan. Sigue un plan, sólo que él no hace el plan. Recibe el plan a través de la dirección del Espíritu Santo. Dicho de manera sencilla, la mente que ha sanado escucha al Espíritu Santo y hace lo que Él le dice, en lugar de escuchar los planes del ego, que siempre están basados en el miedo y toman una postura defensiva. Los planes del ego siempre están intentando proteger y conservar el cuerpo; a menudo, los planes del Espíritu Santo parecen no preocuparse por el cuerpo en absoluto. El Espíritu Santo tiene prioridades muy diferentes. Cuando el Curso habla de “la mente que ha sanado” se refiere a la meta del Curso (el estado en el que estará tu mente cuando te hayas graduado en el Curso). Esto no es algo en lo que entras

sólo con hacer unas pocas lecciones, esto es cómo estarás después de trabajar con el Curso y lo hayas integrado totalmente a tu vida.

LECCIÓN 136

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16 MAYO

“La enfermedad es una defensa contra la verdad” Instrucciones para la práctica Más largo: 2 veces, durante quince minutos. • Empieza con esta oración de sanación: “La enfermedad es una defensa contra la verdad. Aceptaré la verdad de lo que soy, y dejaré que mi mente sane hoy completamente”. Con esta oración estás pidiendo que tu mente ya no utilice más la enfermedad para “demostrarte” que eres un cuerpo. En lugar de eso, pides darte cuenta de lo que realmente eres, que es espíritu. • Después de hacer esta invitación, mantén tu mente en silencio y vigilante, preparada para recibir la respuesta que has pedido. Abre tu mente y deja que la sanación la ilumine. Deja que todos los propósitos que le has dado al cuerpo se borren, mientras la verdad de quién eres surge para despejar y abrir tu mente. Observaciones: Si has practicado bien, tu cuerpo no sentirá nada. No se sentirá ni enfermo ni sano, ni bien ni mal. No tendrá poder para decirle a la mente qué debe sentir. Únicamente quedará su utilidad. Ciertamente, su utilidad aumentará, pues eran los propósitos que le diste los que le hacían débil, enfermo y capaz de ser atacado. “A medida que éstos se dejan a un lado, el cuerpo tendrá suficiente fuerza para servir a cualquier propósito que sea verdaderamente útil” (18:2). Sin embargo, Debes proteger este estado con una vigilancia cuidadosa, respondiendo inmediatamente a cualquier pensamiento que suponga que eres un cuerpo. Pues estos pensamientos hacen enfermar a la mente, y entonces la mente atacará al cuerpo con la enfermedad. Respuesta a la tentación: Cada vez que tengas pensamientos de ataque, de juicios, o de hacer planes. “Remédialo de inmediato” (20:1) diciendo: “He olvidado lo que realmente soy, pues me confundí a mí mismo con mi cuerpo. La enfermedad es una defensa contra la verdad. Mas yo no soy un cuerpo. Y mi mente es incapaz de atacar. Por lo tanto, no puedo estar enfermo”. Las últimas líneas están relacionadas con unas líneas del Texto que dicen: que hay dos condiciones necesarias para que ocurra la enfermedad: “que el propósito del cuerpo es atacar, y que tú eres un cuerpo” (T.8:VIII.5:7). Si puedes aceptar de verdad que tú no puedes atacar, y que tú no eres un cuerpo, entonces “la enfermedad es inconcebible” (T.8.VIII.5:8). Comentario Ésta es otra de esas lecciones que pagará con creces estudiarla cuidadosamente, ¡hay cosas muy buenas en ella! El pensamiento principal se afirma muy claro: la enfermedad es un medio que usamos para defendernos contra la verdad. Es una decisión que tomamos, elegida intencionadamente cuando la verdad se acerca demasiado para resultar cómoda, se elige para distraernos y para aferrarnos de nuevo al cuerpo. Entonces, viéndolo por el lado positivo, cuando enfermamos, ¡nos podemos felicitar por dejar entrar a la verdad si el ego se ha asustado tanto de ella! Por ejemplo, en 1995 Robert y yo dimos un seminario intensivo de fin de semana acerca de “Somos la Luz del Mundo: Aceptar Nuestra Función”. Durante aquel fin de semana me sentí profundamente impresionado por el mensaje que el Curso nos estaba trasmitiendo a todos. Al día siguiente del intensivo, tuve diarrea. ¡Hay pocas cosas que te bajen a nivel corporal como

tener que correr al baño todo el tiempo! Pero en realidad lo encontré divertido, pensé: “¡Típico del ego! ¡Se veía venir!” En lugar de tener el efecto deseado (por el ego), tuve el contrario; me sirvió para recordarme la verdad, en lugar de distraerme de ella. Y, ¿sabes qué? Desapareció rápidamente. “Las defensas que son inservibles se abandonan automáticamente” (T.12.I.9:8). La mayoría de las personas, cuando se les dice que han elegido la enfermedad, reaccionan negándolo rotundamente. Esto es fácil de descubrir. La lección dice que nuestra elección “se encuentra doblemente sellada en el olvido” (5:2). Primero elegimos esconder la molesta verdad que ha estado destruyendo nuestras ilusiones de separación y de la naturaleza física de nuestra identidad, y nos hace enfermar, ésa es la decisión que tomamos. Luego elegimos olvidar que lo hemos elegido; el primer escudo del olvido. Finalmente, nos olvidamos que elegimos olvidarlo; el segundo escudo del olvido. Todo esto sucede en una fracción de segundo (ver 3:4; 4:2-5:1). En esa fracción de segundo somos conscientes de lo que estamos haciendo, pero se levantan tan rápidamente los escudos que todo el proceso parece ser inconsciente (3:3). Necesitamos recordar lo que hemos olvidado. El olvido intencionado de nuestra elección. Podemos recordar si estamos dispuestos a “reconsiderar la decisión que se encuentra doblemente sellada” (5:2), es decir, la decisión de escapar de la verdad, la decisión de que la verdad es algo contra lo que tenemos que defendernos. Ésta es la razón por la que el ejercicio del día dice: “La enfermedad es una defensa contra la verdad. Aceptaré la verdad de lo que soy, y dejaré que mi mente sane hoy completamente”. (15:6-7) El antídoto a todo el proceso es no intentar sanar el cuerpo enfermo, sino aceptar la verdad acerca de mí mismo, dejar que mi mente sea sanada. La enfermedad es un efecto lateral de rechazar la verdad acerca de mí mismo, la cura es aceptar la verdad en su lugar, volver a considerar la decisión original que, aunque oculta de la consciencia, tiene que estar ahí para que la enfermedad haya ocurrido. En el último párrafo, la lección nos advierte: “No te confundas con respecto a lo que necesita sanar” (20:2). No es el cuerpo el que necesita sanación, es la mente. Esto está de acuerdo con el Texto, que nos dice: Cuando el ego te tiente a enfermar no le pidas al Espíritu Santo que cure al cuerpo; pues eso no sería sino aceptar la creencia del ego de que el cuerpo es el que necesita curación. Pídele, más bien, que te enseñe cómo percibir correctamente el cuerpo, pues lo único que puede estar distorsionado es la percepción. (T.8.IX.1:5-6) Lo que debe ponerse en duda y cambiarse es esa decisión original de rechazar la verdad de lo que somos, porque parece amenazar lo que pensamos que somos. La lección dice algunas cosas increíbles acerca del cuerpo de una persona cuya mente ha sanado, y cuyo cuerpo ha sido aceptado como nada más que un instrumento para ser usado para sanar al mundo. “El cuerpo tendrá suficiente fuerza para servir a cualquier propósito que sea verdaderamente útil. La salud del cuerpo queda plenamente garantizada porque ya no se ve limitado por el tiempo, por el clima o la fatiga, por lo que come o bebe, ni por ninguna de las leyes a que antes lo sometías” (18:2-3). Si un cuerpo no está limitado por el tiempo, no envejece. No limitado por el clima significa que no necesita ropa de abrigo o refugio. No limitado por la fatiga, no necesita dormir. No limitado por lo que come o bebe, no necesita comer. ¿Quién de nosotros puede decir que esto es verdad para nosotros? Quizá hemos experimentado unos pocos atisbos de una luz tan brillante, sin fatiga, sin necesidad de comer durante un tiempo. Pero nadie que yo conozca está en este estado de confianza perfecta. Nos queda camino por recorrer, a ti y a mí. Así que no creo que deba

sorprendernos si un resfriado nos ataca, o si la gripe nos deja por los suelos, o incluso si algo “más serio” nos ocurre. Todavía tenemos miedo de la verdad (¡gran sorpresa!). En lugar de pensar: “¡Oh! ¿Por qué me he hecho esto a mí mismo? ¿Qué anda mal en mí que todavía me pongo enfermo?”, que diga: “¡Bah! He cometido un error. He olvidado lo que realmente soy, pues me confundí a mí mismo con mi cuerpo. ¡Qué tonto! Sólo necesito recordar que no soy un cuerpo, esto no es lo que soy”. La “enfermedad” del cuerpo puede entonces convertirse en un acelerador para la sanación de mi mente, en lugar de una defensa contra la verdad.

LECCIÓN 137

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17 MAYO

“Cuando me curo no soy el único que se cura” Instrucciones para la práctica Propósito: Dejar que tu mente sane, para que puedas enviar sanación al mundo, consciente de que tú y el mundo sanáis juntos. Más largo: 2 (mañana y noche), durante diez minutos. • Di: “Cuando me curo no soy el único que se cura. Y quiero compartir, mi curación con el mundo, a fin de que la enfermedad pueda ser erradicada de la mente del único Hijo de Dios, Quien es mi único Ser”. • Luego descansa en la quietud. Y mientras descansas, deja que la Palabra de Dios entre a sanar tus pensamientos dementes, para que esta sanación pueda extenderse de ti al mundo. Una vez que la sanación entre en tu mente, puedes intentar lograr un sentido general de extendérsela a todos, o puedes seleccionar personas concretas para enviársela. Incluso puedes sentir que algunas personas te han venido a la mente para que les envíes sanación, quizá incluso extraños. Observaciones: Este ejercicio te preparará para tu práctica de cada hora. Más corto: Cada hora, a la hora en punto, durante un minuto. Recuerda tu propósito de hoy repitiendo: “Cuando me curo no soy el único que se cura. Y quiero bendecir a mis hermanos, pues me curaré junto con ellos, tal como ellos se curarán junto conmigo”. Observaciones: ¿No merece la pena un minuto para recibir el regalo de todo? Comentario Aunque esta lección tiene mucho que decir sobre la sanación en general, su principal mensaje es que la sanación, que es nuestra función en el mundo, es un fenómeno compartido, y que sanar es compartir. La sanación restablece la unidad. “Los que se han curado se convierten en los instrumentos de la curación” (11:1). “Aislarse uno de los demás y rehusar la unión es lo que da lugar a la enfermedad” (1:3). Es aislamiento (2:1). La sanación invierte eso, es un movimiento hacia otros, una unión. La sanación de la que habla esta lección es la sanación de la mente, y no necesariamente del cuerpo. “Nuestra función es permitir que nuestras mentes sean curadas, para que podamos llevar la curación al mundo e intercambiar… la separación por la paz de Dios” (13:1). Sea cual sea el estado de mi cuerpo, no puede impedir esta función. Mi cuerpo no puede refrenar ni limitar mi mente. “Las mentes que estaban amuralladas en un cuerpo quedan liberadas para unirse a otras mentes, y así ser fuertes para siempre” (8:6). Mi tarea hoy, y todos

los días, es permitir que mi mente sane, y permitir que la sanación se extienda desde mi mente a otras mentes, llevando sanación al mundo. Eso puede suceder sea cual sea el estado de mi cuerpo. Normalmente no me doy cuenta de lo poderosa que es mi mente, y de lo que pueden extenderse los efectos de su sanación. “Y a medida que te dejas curar, te das cuenta de que junto contigo se curan todos los que te rodean, los que te vienen a la mente, aquellos que están en contacto contigo y los que parecen no estarlo” (10:1). Cuando hoy abro mi mente a la sanación, me doy cuenta de que sea cual sea el estado de mi cuerpo, “lo que se opone a Dios no existe” (11:3). Cuando me niego a aceptar la enfermedad como mi realidad, mi mente “se convierte en un refugio donde los que están cansados pueden hallar descanso” (11:3). La enfermedad es sólo un caso especial de “soy un cuerpo”. Así que lo que se nos pide hacer no es sólo negar las limitaciones de la enfermedad, sino negar las limitaciones del cuerpo completamente. Hoy, elijo dejar que “los pensamientos de curación vayan… desde lo que ya se ha curado a lo que todavía tiene que curarse” (12:6). Dedico cierto tiempo, diez minutos por la mañana y por la noche, y un minuto cada hora, a entregarle a mi mente su función de compartir con el mundo pensamientos de sanación. “Extiéndele la mano a todos tus hermanos, e infúndelos con el toque de Cristo” (T.13.VI.8:2). Hoy, quiero que la curación se efectúe a través de mí (15:1). Quiero ser un canal, un canal de bendiciones para el mundo. ¿Qué otro propósito podría darme tanta alegría?

LECCIÓN 138

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18 MAYO

“El Cielo es la alternativa por la que me tengo que decidir” Instrucciones para la práctica Propósito: Elegir el Cielo, “la decisión que el tiempo tiene como fin ayudarnos a tomar” (7:1). Más largo: 2 (los primeros y los últimos momentos del día), durante cinco minutos. Utiliza estos cinco minutos para elegir el Cielo de una manera firme y definitiva. • Empieza diciendo: “El Cielo es la alternativa por la que me tengo que decidir. Me decido por él ahora y no cambiaré de parecer, pues es lo único que quiero”. • Luego pasa el resto del tiempo llevando a tu mente a un lugar donde dices de corazón estas palabras. Esto probablemente requiera llevar a la luz las creencias inconscientes de que la vida es algo terrorífico donde toda esperanza es finalmente devorada por la muerte, y donde la muerte es tristemente la única escapatoria del conflicto. Trae este sistema de creencias a la luz y pide la ayuda del Cielo, y verás que esta opinión no sirve para nada en absoluto, “que tan sólo aparenta ser verdad” (11:2). Luego deja esta infernal opinión de la vida, que no tiene ninguna realidad, junto a la alternativa: el Cielo. Si lo haces, verás que elegir el Cielo es tan claro y natural que no es una elección. Más corto: Cada hora, durante un corto tiempo de quietud. Conscientemente afirma de nuevo la elección que has hecho por la mañana diciendo: “El Cielo es la alternativa por la que me tengo que decidir. Me decido por él ahora y no cambiaré de parecer, pues es lo único que quiero”. Hay una nota de fuerza en estas frases, por lo que puedes darle más fuerza a “tengo” y “ahora” y “no”. Observaciones: Dedica la práctica de la noche a reafirmar la elección que has hecho al comienzo del día y que has reforzado cada hora. Al terminar de este modo, dedicas todo el día a la elección del Cielo. Comentario

La lección hace algunos contrastes rotundos entre este mundo y la creación. Uno es un reino de dualidades, en el que “la oposición es parte de lo que es "real"” (2:2). El otro es un reino de unidad, de igualdad perfecta. “La creación no conoce opuestos” (2:1). Ésta es la clásica discusión acerca de lo que puede llamarse dualidad y no-dualidad. No-dualidad o unicidad (uno y lo mismo), es lo que es real. Donde hay unicidad no puede haber elección, porque no hay nada entre lo que elegir. Si la unicidad es la realidad, entonces la elección, cualquier elección, es una ilusión y nada más. La elección es imposible, impensable. Eso es la realidad. Dentro de nuestro sueño, la verdad no puede entrar porque sólo se encontraría con el miedo; la imposibilidad de elección de la unidad parece la última amenaza para una mente que cree que todo lo que existe es dualidad. Por lo tanto, en este mundo, estamos aprendiendo a tomar una decisión, la final. Es una elección para acabar con todas las decisiones, la elección entre la ilusión y la realidad. El tiempo existe únicamente para hacer esta elección, para “darnos tiempo” para hacerla. Se nos pide que elijamos el Cielo en lugar del infierno. Hace años, antes de encontrar el Curso, había pasado por un montón de cosas, leído un montón de libros, asistido a muchos seminarios. Me senté un día intentando extraer, por escrito, lo que había aprendido de la vida. Estaba escribiendo para mis hijos, entonces adolescentes. Recuerdo claramente que en el aquel momento de mi vida, sentí que sólo estaba seguro de dos cosas: Una, que puedes contar con el Universo. Dos, que la felicidad es una decisión que yo tomo. No me molestaré en comentar la primera, pero la segunda es fundamental para el Curso, la comprensión de que nada fuera de mi mente me hace feliz o desgraciado, mi felicidad es enteramente el resultado de mi propia elección. Cuando leí por primera vez esta lección en el Libro de Ejercicios me quedé sorprendido por la semejanza de la idea, incluso las mismas palabras. “El Cielo es la alternativa por la que me tengo que decidir”. Quizá el hecho de que yo había llegado a esta conclusión por mi cuenta fue una de las razones por la que acepté el Curso tan rápidamente, confirmaba lo que para mí era la esencia de mi propia sabiduría personal, palabras que por lo que yo sabía eran enteramente mías. Aquí estaba este libro, diciéndome lo mismo. Al decir que tenemos que elegir el Cielo y que ésta es “la decisión” que tenemos que tomar, el Curso está diciendo que aprender esto es de lo que trata la vida. Es “la decisión que el tiempo tiene como fin ayudarnos a tomar” (7:1). Es una elección, una decisión, que acepta la total responsabilidad de la mente por el modo en que ve la realidad. Pero la lección dice mucho más que esto. La discusión entre dualidad y no-dualidad en esta lección explica claramente por qué tantos de nosotros, sin duda la mayoría de nosotros, experimentamos tal división o conflicto interno en aceptar la simple verdad. Hemos llegado a convencernos de que los opuestos y el conflicto no son simplemente parte de la vida, son la vida. Para nosotros son la realidad. “La vida se ve como un conflicto” (7:4). Esta creencia se muestra, por ejemplo, en el planteamiento un tanto frívolo de que el Cielo, donde nada cambia y no hay opuestos, suena aburrido. Somos adictos a los sucesos dramáticos, nos dedicamos a la deliciosa agonía de la indecisión. Para nosotros, no tener elecciones suena como la muerte. Resolver finalmente y completamente el conflicto nos parece el final de la vida misma. Sin embargo, eso es lo que el Curso nos promete y nos pide: el final de todo conflicto. Cuando esto surge en nuestra mente, retrocedemos en terror mortal. Estas creencias descabelladas pueden llegar a arraigarse profundamente y de manera inconsciente, y atenazar a la mente con un terror y una ansiedad tan

intensos que le resulta imposible abandonar las ideas que tiene acerca de su propia seguridad. Tiene que ser salvada de la salvación, sentirse amenazada para estar a salvo y armarse de una coraza mágica que la proteja de la verdad. (8:1-2) Esto es inconsciente, no nos damos cuenta de lo que está sucediendo. Pero literalmente huimos de la verdad, y retrocedemos ante el amor total, sin saber lo que estamos haciendo. Casi todo el mundo que trabaja con el Curso durante un tiempo siente esto en su vida. Parece como si se nos pidiera morir. Y en cierto sentido, así es: morir a la vida como la hemos conocido. La única salida es cambiar. Cambiar del miedo al amor. “El Cielo es algo que se elige conscientemente” (9:1). Para que una decisión sea consciente, las dos alternativas deben verse con claridad. Tenemos que ver el infierno a plena luz del día, así como el Cielo. Nuestro miedo del infierno, nuestro terror a la destrucción, nuestra agonía por la culpa deben “someterse al entendimiento para ser juzgado nuevamente, mas esta vez con la ayuda del Cielo” (9:3). Fue nuestro propio deseo de otro plan distinto al Cielo lo que hizo el infierno, y tenemos que entender que la dualidad es una fiera que hemos inventado nosotros, y que nuestro deseo no tiene ningún efecto real. “¿Quién podría decidir entre lo que ve claramente y lo que no reconoce? Por otra parte, ¿quién podría dejar de elegir entre dos alternativas si ve que sólo una de ellas es valiosa y que la otra carece de valor al no ser más que una fuente imaginaria de culpabilidad y de dolor?” (10:2-3). Nuestra invención de la dualidad parece una cosa tan monstruosa, enterrada en la mente para no darnos cuenta de ella, “se hizo enorme, vengativo y despiadado de tanto odio” (11:4), pero cuando se lleva a la luz de la consciencia “ahora se reconoce que no fue más que un error trivial y sin importancia” (11:5). Todo lo que la mantiene como está es nuestra culpa a causa de ello. Cuando la miramos de nuevo, ahora “con la ayuda del Cielo”, la elección de abandonarla se convierte en la única decisión que podemos tomar. Y en esa decisión somos liberados.

LECCIÓN 139

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19 MAYO

“Aceptaré la Expiación para mí mismo” Instrucciones para la práctica Propósito: “Aceptar hoy la Expiación, y luego seguir tu camino regocijándote en el infinito Amor de Dios” (10:2). Más largo: , mañana y noche, durante cinco minutos. • Empieza repasando tu misión: “Aceptaré la Expiación para mí mismo, pues aún soy tal como Dios me creó”. • Luego entra en meditación con el propósito de conectarte de nuevo con el conocimiento de quién eres. No has perdido este conocimiento. Todavía está ahí, muy dentro en tu memoria. Puedes imaginarte este conocimiento como una luz en el centro mismo de tu mente, y luego pon toda tu atención en ir hacia abajo y muy adentro para conectarte con él. Aumenta tu motivación de llegar a este conocimiento dándote cuenta de que puedes recordarlo por todos y para todos (11:5). Cuando tu mente se distraiga, asegúrate de hacerla regresar repitiendo el encabezamiento de la lección. Más corto: Cada hora, durante varios minutos. Haz una versión más corta del periodo más largo de práctica (empieza repitiendo: “Aceptaré la Expiación para mí mismo, pues aún soy tal como Dios me creó”). Deja a un lado todos los pensamientos que te distraen. Deja que se retiren todas tus falsas creencias acerca de ti mismo, y

aprende que las cadenas que quieren esconder tu Ser de tu consciencia no son más que débiles telarañas. Comentario ¿Qué significa aceptar la Expiación para mí mismo? Esta lección pone fin a cualquier idea de que esto es algo egoísta, o de que significa que me preocupo únicamente por mí mismo o por mi felicidad personal. Nada puede ser más claro que esto: “Vinimos a alcanzar mucho más que nuestra propia felicidad. Lo que aceptamos ser, proclama lo que todo el mundo no puede sino ser junto con nosotros” (9:4-5). Aceptar la Expiación para mí mismo significa aceptar la verdad de lo que soy, decidir “aceptarnos a nosotros mismos tal como Dios nos creó” (1:2). ¿Y qué soy yo? Ya lo sé, en lo más profundo de mi corazón, pero me resisto a saberlo. Esta lección es espléndida en su irónico examen de la locura en el modo en que ponemos en duda nuestra Identidad. Pone en duda todas nuestras dudas. Lleva a hacernos dudar de nuestras dudas. Niega la posibilidad de la negación. Menosprecia nuestra pequeñez. ¿Cómo podemos ser algo distinto de lo que somos? “Lo único que cualquier cosa viviente puede saber con certeza es lo que ella es” (2:3). Dios nos creó como extensiones de Su Amor. Ésa es nuestra misión, es lo que somos. Aceptar la Expiación es aceptar esta verdad acerca de lo que somos. Aceptar la Expiación es empezar a funcionar como el Amor de Dios en el mundo. Cada vez que nos negamos a ver la grandeza en otro, estamos negando la nuestra propia. Miramos a los demás con algo menos que amor porque nos negamos a ver cuánto lo merecemos nosotros. Somos los representantes de Dios en la tierra, aceptar la Expiación es aceptar nuestra misión. Estamos aquí para devolverle a todas las mentes la grandeza de lo que todos somos, no sólo para nuestra propia grandeza. Esta grandeza, este espléndido abarcar a todos, esta generosidad divina es nuestro propio Ser. Tenemos que abrir el corazón para abrazar al mundo, recordando “lo mucho que cada mente es parte de nosotros” (11:6). En nosotros, el Amor de nuestro Padre puede contener a todos. Nuestro corazón es lo suficientemente grande para todo el mundo. Esto es lo que somos. Que yo lo recuerde hoy. Que hoy acepte mi santo propósito. Que hoy me conozca a mí mismo como parte de este Corazón de Dios palpitante y que abarca a todos y a todo. LECCIÓN 140 20 MAYO

“La salvación es lo único que cura” Instrucciones para la práctica Propósito: Buscar la sanación de la mente, no del cuerpo, escuchando la Voz de la sanación, que Dios puso dentro de ti, tan cerca que no la puedes perder. Más largo: 2 veces (al principio y al final del día), durante cinco minutos. Deja a un lado todos los pensamientos que interfieren como si fueran uno, pues ninguno de ellos tiene significado. Con las manos vacías, con el corazón elevado y la mente a la escucha, ora: “La salvación es lo único que cura. Háblanos, Padre, para que nos podamos curar”. Estás pidiendo a la Voz de la sanación que te hable, que sane tu mente, que es la causa de toda enfermedad.

Luego, en silencio, sin ningún pensamiento, escucha la Voz de Dios, Que curará todos los males, sin importar su tamaño o forma. Siente Su manto de salvación que te rodea con protección y paz profunda, no dejando que ninguna ilusión moleste a tu santa mente. Observaciones: Tendrás éxito en la medida en que te des cuenta de que no hay ninguna diferencia significativa entre las ilusiones. Ninguna es real. Por esa razón pueden todas ser curadas. Más corto: Cada hora, a la hora en punto, durante un minuto. Haz una versión corta de la sesión más larga de práctica. Di: “La salvación es lo único que cura. Háblanos, Padre, para que nos podamos curar”. Luego escucha en gozoso silencio, y oye la respuesta de Dios. Comentario La “sanación” de la que está hablando el Curso es la sanación de la mente, no del cuerpo. “El cuerpo no tiene necesidad de curación. Pero la mente que cree ser un cuerpo, ciertamente está enferma.” (T.25.In.3:1-2). Buscar la sanación en el reino físico, por cualquier medio (incluso por medios de la Nueva Era) es lo que el Curso llama “magia”. (Llamarlo “magia” no significa que no podamos usarlo si nuestro nivel de miedo lo necesita, el Curso recomienda un enfoque conciliatorio en tales circunstancias. (Ver T.2.IV.4:5 y T.2.V.2, de lo que hablo un poco más tarde). La Expiación sana la mente que piensa que el cuerpo puede estar enfermo. “Esto no es magia” (6:4). Esta lección se aplica a la enfermedad del cuerpo, pero también a cualquier “problema” en este mundo material: falta de dinero, soledad y así sucesivamente. Estos problemas ocurren todos dentro del sueño, y “encontrar una fórmula mágica” dentro del sueño no es nunca la solución (2:2). Estamos “curando” el síntoma y no la enfermedad. La raíz del problema está dentro de la mente. “No tratemos hoy de curar lo que no puede enfermar” (7:1). Nuestros problemas no son de naturaleza física. “No tratemos hoy de curar lo que no puede enfermar” (9:1). “Así pues, dejamos a un lado nuestros amuletos (cristales, medallas religiosas), nuestros talismanes y medicamentos, así como nuestras encantaciones y trucos mágicos de la clase que sean” (10:1). Al comienzo del Curso, Jesús deja muy claro que la magia no es mala. Sólo que no funciona. Es sólo un remedio provisional, un intento de librarnos de los síntomas sin curar realmente la enfermedad. Sin embargo, a veces eso es lo mejor que podemos hacer. Tenemos un dolor de cabeza, y con un dolor de cabeza terrible a menudo es difícil acallar la mente y meditar en paz. Así que usamos la magia. Tomamos una aspirina, no hay nada vergonzoso en tomarla. Sólo que no nos engañemos a nosotros mismos creyendo que hemos hecho algo para curar la enfermedad, únicamente hemos tapado el síntoma. “Si tienes miedo de usar la mente para curar, no debes intentar hacerlo” (T.2.V.2:2). Si tu nivel de miedo es alto, un “enfoque conciliatorio” puede ser necesario (T.2.IV.4:47). “La salvación es lo único que cura”. La magia de este mundo puede tapar el síntoma pero no curar. “La mente que lleva sus ilusiones ante la verdad cambia realmente. No hay otro cambio que éste” (7:4-5). Hoy se nos pide que practiquemos sólo esto: llevar nuestras ilusiones a la verdad, permitir que la culpa sea eliminada de nuestra mente. Sólo esto cura, y nada más. “No hay ningún lugar en el que Él (Dios) no esté” (5:5), y esto incluye nuestra mente. “Éste es el pensamiento que cura” (6:1). El pecado, y por tanto la enfermedad, no pueden ser reales porque Dios está en nosotros, Él no nos ha abandonado, y lo que pensamos que es pecado no puede serlo. En nuestra consciencia de Su Presencia, la culpa desaparece, y con ella, la causa de la enfermedad. La lección que se le encomendó enseñar es que “lo que estaba enfermo era la mente que pensó que el cuerpo podía enfermar.” (T.28.II.11:7).

CUARTO REPASO. INTRODUCCIÓN Si recuerdas, en la Introducción al Libro de Ejercicios se nos dijo: “El libro de ejercicios está dividido en dos secciones principales. La primera está dedicada a anular la manera en que ahora ves, y la segunda, a adquirir una percepción verdadera” (L.In.3:1). Aunque la segunda parte no empieza hasta dentro de ochenta lecciones, la Introducción al Cuarto Repaso anuncia que estamos entrando en una etapa de cambio en el Libro de Ejercicios, que nos estamos “preparando para la segunda parte del aprendizaje en la que se nos enseña cómo aplicar la verdad” (1:1). Las lecciones de la Segunda Parte del Libro de Ejercicios, si las miras, verás que ocupan media hoja, o menos. Se dan pocas instrucciones concretas para la práctica, y nos ofrecen mucha mayor libertad sobre cómo practicamos. Están pensadas para estudiantes que han empezado a hacer suyas las verdades del Curso, y que están preparados para aplicarlas por su cuenta. Este repaso nos da algunos ejercicios acerca de esa práctica independiente. En la Lección 153, poco después de terminar este repaso, habrá un cambio mayor en la práctica, como veremos, que establecerá el modelo para la práctica durante el resto de la primera parte del Libro de Ejercicios. Por lo tanto, seguir las instrucciones de práctica para este repaso es muy importante, si queremos estar preparados para lo que está por venir. Te darás cuenta de que los repasos nos dan el pensamiento central para este repaso y las dos ideas de los temas que se están repasando, no hay comentarios añadidos. En cierto modo, se supone que nosotros pondremos ese comentario por nuestra cuenta. Se pretende que tomemos las ideas y dejemos que el Espíritu Santo explique el significado a nuestra mente, sin el apoyo de palabras escritas que nos ayuden. “Deja que cada palabra refulja con el significado que Dios le ha dado, tal como se te ha dado a ti a través de Su Voz” (7:4). Quizá no te sientas preparado para esto. Confieso que la primera vez que hice el Libro de Ejercicios perdí bastante interés después de la primera parte, hacía las lecciones pero en realidad todo lo que hacía era leerlas, pensar en ellas durante un minuto o dos, y luego olvidarlas. Los repasos como éste me parecían inútiles. Dos o tres frases no eran suficiente para estimular mi mente, y aparentemente no estaba preparado para dejar que el Espíritu Santo “iluminase cada palabra en mi mente”. Puede que tú te encuentres en la misma situación. De todas formas, te digo: “intenta seguir las instrucciones”. Coge las pocas líneas que se dan para cada día y piensa en ellas. Piensa en ellas detenidamente. Piensa en lo que sabes acerca de su significado, y pide que se te enseñe más. Si te sirve, intenta empezar un diálogo con el Espíritu Santo sobre las ideas. Conviértelas en oraciones. Piensa en cómo puedes aplicarlas a tu vida. Guarda silencio delante de Dios y deja que el sentimiento de las ideas limpie tu mente. Haz cualquier cosa que te sea útil. Quizá sientas que no lo estás haciendo muy bien, pero ¿cuál es el propósito de la práctica, sino aprender a hacer algo que no sabes hacer bien? Fíjate en el pensamiento central para el repaso: “Mi mente alberga sólo lo que pienso con Dios” (2:2; 5:3). Las instrucciones nos dicen que pasemos cinco minutos dejando que este pensamiento, y sólo éste, ocupe nuestra mente y elimine todos los demás pensamientos. Lo que estamos haciendo es despejar el escenario, haciendo sitio para que el Espíritu Santo nos enseñe. Los cinco minutos pasados con esta idea cada día es nuestro periodo de preparación. Nos estamos preparando para recibir los pensamientos de Dios, a través de Su Espíritu Santo. Nos estamos preparando para tener la experiencia de unión con Dios. Después de estos cinco minutos de preparación, se nos dice que tomemos los dos pensamientos del repaso, y que dejemos que su significado ilumine nuestra mente. Aquí no se da límite de tiempo, tenemos que repasarlos “lentamente” (7:2) y “sin prisa” (7:3). ¡Ciertamente esto necesita más que unos pocos segundos! Más bien varios minutos, como mínimo. Lo mejor es hacer este repaso sin preocupación por el tiempo, si son cinco minutos o veinticinco, no importa. Lo importante es que

seamos uno con Dios, y dejar que Sus Pensamientos llenen nuestra mente. Como la lección dice de nuestras sesiones de repaso a cada hora, debemos hacerlas “con tiempo suficiente para que puedas ver los regalos que (las dos ideas) encierran para ti, y deja que se reciban allí donde se dispuso que fuesen recibidos” (8:2). El tiempo que dedicas se deja a tu elección. CUARTO REPASO. INSTRUCCIONES PARA LA PRÁCTICA Propósito: Prepararnos para la segunda parte del Libro de Ejercicios (que no empieza hasta dentro de ochenta lecciones). El siguiente repaso (Quinto Repaso) habla de esta misma preparación. El Libro de Ejercicios parece dar por sentado que ya hemos pasado la peor parte (ver, por ejemplo, L.122.10:2), y que ahora, con mucha menos resistencia, podemos poner toda la atención en prepararnos para la cumbre del Libro de Ejercicios: la Segunda Parte. Más largo: 2 (al principio y al final del día), durante siete minutos aproximadamente. Primero, pasa cinco minutos pensando en la idea central de este repaso: “Mi mente alberga sólo lo que pienso con Dios”. Acalla tu mente, y repite la idea una y otra vez, muy lentamente, poniendo toda tu atención en su significado. Deja que despeje y sustituya a toda tu habitual manera de pensar. Tus pensamientos habituales (como explican los párrafos 3 y 4) son realmente faltas de perdón disfrazadas. Puesto que estos pensamientos no son de Dios, ocultan la verdad de que tu mente alberga sólo lo que piensas con Dios. Al apartarlos y pensar sólo este pensamiento del Curso, entras en contacto con tu verdadero estado mental, en el que sólo piensa los Pensamientos de Dios. Esto te preparará para un día que refleja ese estado verdadero, en el que los pensamientos que se te ocurren proceden de Dios (ver 6:1-2). Si tus pensamientos habituales intentan meterse por medio, elimínalos con el pensamiento central. Una sugerencia para estos momentos es usar las imágenes de 4:3. Imagina que tu mente es el océano. Poner uno de tus pensamientos habituales en tu mente es como un niño arrojando un palo al agua. ¿Cómo puede eso cambiar los grandes ritmos del océano (las mareas, el sol calentando el agua, la luna reflejándose sobre la superficie)? ¿Cómo puede eso cambiar los grandes pensamientos que compartes con Dios? Después de estos cinco minutos, pasa a la segunda fase de la práctica. Lee las dos ideas del repaso, cierra los ojos, y repítelas mentalmente para tus adentros (muy, muy lentamente). Dios ha puesto un regalo dentro de cada palabra. Deja que tu mente reciba ese regalo. “Deja que cada palabra refulja con el significado que Dios le ha dado” (7:4). Recibe el pensamiento que Él ha puesto ahí para ti, pues ese recibir es el verdadero estado de tu mente. El propósito de la primera fase de la práctica es prepararte para esta segunda fase. Al pasar cinco minutos con el pensamiento de Dios, te preparas a ti mismo para ver en las dos ideas únicamente el significado que Dios les ha dado. Observaciones: Por la noche, repite la misma práctica. Date cuenta de que el pensamiento central ha hecho “de ese día una ocasión especial de bendición” (9:3), tanto para ti como para el mundo, debido a tu práctica llena de fe. Date cuenta también de que duermes rodeada con la gratitud de Dios por tu práctica. Pues ahora estás aprendiendo a reclamar la herencia que Dios te dio. Más corto: Cada hora, durante un momento de silencio y quietud. Esta es una pequeña versión de la práctica de la mañana y de la noche. Pasa un momento de quietud y silencio con el pensamiento central, y luego repite las dos ideas del repaso, lentamente, dándote tiempo para ver los preciosos regalos de significado que Dios ha puesto en ellas para ti. LECCIÓN 141 21 MAYO

“Mi mente alberga sólo lo que pienso con Dios”

(121) El perdón es la llave de la felicidad (122) El perdón me ofrece todo lo que deseo Instrucciones para la práctica Ver las instrucciones para la práctica en el Cuarto Repaso Comentario El perdón realmente nos ofrece todo lo que queremos, y sin el verdadero perdón no es posible la felicidad. Puede que todavía no creamos esto completamente y conscientemente, pero nuestra mente recta lo cree, y siempre lo ha creído. El perdón tiene efectos no sólo sobre lo que yo creo que el mundo me ha hecho (en realidad no le ha hecho nada a mi Ser), sino también sobre lo que no ha hecho que yo quería que hiciera. Cuanto más viejo se hace uno, más desilusionado está uno con el mundo. Hablamos de personas “hartas del mundo”y cínicas cuando envejecen, porque a pesar de las grandes esperanzas que teníamos cuando éramos más jóvenes, a pesar de las brillantes promesas que el mundo parecía hacernos, nos ha desilusionado. No nos ha hecho felices. Descubrimos que el mundo no es justo, que las personas buenas no siempre triunfan, que no siempre tenemos lo que queremos. Y cuando logramos lo que queremos, no es tan bueno como habíamos esperado. El perdón consiste en reconocer que somos nosotros los que hemos inventado esas esperanzas acerca del mundo, y somos nosotros los que hemos hecho que nos desilusione. Hemos pedido lo imposible, nada de este mundo me satisfará nunca ni me hará feliz. La felicidad tiene que buscarse y encontrarse únicamente en nuestro estado natural, es decir, en la unión con Dios y con todos mis hermanos. Perdonar al mundo significa dejar de molestarse por sus imperfecciones. No podemos culpar al mundo de nuestro sufrimiento, tampoco podemos culparlo por no hacernos felices. No podemos culparlo por nada en absoluto. Cuando por fin dejamos de crujir los dientes, relajamos los puños, y nuestra respiración se calma al liberar esos antiguos resentimientos, lo que descubrimos es nuestra felicidad natural, que ha estado ahí todo el tiempo, pero oculta por nuestra falta de perdón. LECCIÓN 142 22 MAYO

“Mi mente alberga sólo lo que pienso con Dios” (123) Gracias Padre por los regalos que me has concedido (124) Que no me olvide de que soy uno con Dios Instrucciones para la práctica Ver las instrucciones para la práctica en el Cuarto Repaso Comentario Que mi mente alberga sólo lo que pienso con Dios no es algo en lo que tenga que trabajar para lograrlo. No es un pensamiento que haya que repetir como un purgante, para expulsar los pensamientos contrarios, con el trasfondo de “tengo que hacer que mi mente albergue sólo los pensamientos de Dios”. Que mi mente alberga sólo lo que pienso con Dios “es un hecho, y representa la verdad de lo que eres y de lo que tu Padre es” (L.r.In.IV.2:3). Como se nos dijo al principio del Libro de Ejercicios, cuando creemos que estamos pensando sin Dios, no estamos pensando en absoluto, nuestra mente está en blanco. “Mientras tu mente siga absorbida con ideas sin contenido, la verdad permanecerá bloqueada. Reconocer que tu mente ha estado simplemente en blanco, en vez de seguir creyendo que está llena de ideas reales, es el primer paso en el proceso de allanar el camino a la visión” (L.8.3:2-3). “En lo que ahora estamos haciendo

hincapié es en el hecho de que la presencia de esos "pensamientos" significa que no estás pensando en absoluto” (L.10.3:2). Los Pensamientos de Dios que llenan mi mente son en realidad el regalo que mi Padre me hace. Hoy abro mi mente a Sus Pensamientos. Lo que normalmente considero como pensamientos que interfieren o se oponen a los Pensamientos de Dios son como los ruidos de una radio que impiden oír la señal verdadera. No son pensamientos, son interferencias, son ruido. La señal sigue ahí, pero la interferencia debe quitarse para que la señal pueda llegar. La verdad acerca de mí es que soy uno con Dios, Su Mente es mi mente, Sus pensamientos son mis pensamientos. Yo no soy algo distinto a lo que Él es. Ésta es “la verdad de lo que eres y de lo que tu Padre es”. Decir que mi mente alberga sólo lo que pienso con Dios es una afirmación gozosa de la verdad. Puede recordarme Sus regalos para mí, y recordarme que soy uno con Él. Eso en mí que parece opuesto a Dios, lejos de Dios, separado de Dios, no es quien yo soy, no es mi realidad. No tiene significado. No hay nada en mi mente que se oponga a Dios. Otra manera de decir esto es que lo que parece estar dentro de mí, opuesto a Dios, no es nada, es una ilusión o una alucinación, sin poder ni fuerza de por sí. Únicamente tiene poder cuando creo en ello. Hoy elijo negar que algo que no es de Dios tenga poder sobre mí. Elijo recordar lo que es mi realidad. Elijo recordar que soy uno con Dios. LECCIÓN 143 23 MAYO

“Mi mente alberga sólo lo que pienso con Dios” (125) En la quietud recibo hoy la Palabra de Dios (126) Todo lo que doy es a mí mismo a quien se lo doy Instrucciones para la práctica Ver las instrucciones para la práctica en el Cuarto Repaso Comentario El Pensamiento de Dios crea. Fuimos creados cuando Dios pensó en nosotros, Su Mente se extendió hacia fuera y lo que estaba en Su Mente se extendió y se convirtió en nuestra mente. Hablar del pensamiento central: “Mi mente alberga sólo lo que pienso con Dios”, dice la Introducción al repaso, “Éste fue el pensamiento mediante el cual el Padre creó a Su Hijo, estableciéndolo así como cocreador con Él” (L.rIV.In.2:4). Por lo tanto, nuestra mente tiene que ser como la Suya, creando como Él al extender nuestros pensamientos hacia fuera. Somos los Pensamientos de Dios, y Sus Pensamientos tienen Su naturaleza: “De la misma manera en que el Pensamiento creador de Dios procede de Él hacia ti, así tu pensamiento creador no puede sino proceder de ti hacia tus creaciones. Sólo de esta manera puede extenderse todo poder creativo. Las obras de Dios no son tus obras, pero tus obras son como las Suyas. Él creó a la Filiación y tú la expandes. Tienes el poder de acrecentar el Reino, aunque no de acrecentar a su Creador. Reivindicas ese poder cuando te mantienes alerta sólo en favor de Dios y de Su Reino. Al aceptar que tienes ese poder, aprendes a recordar lo que eres”. (T.7.I.2:3-9) Tal como recibimos la Palabra de Dios hoy, así tenemos que darla. Si la recibimos, la daremos, porque lo que recibimos es un pensamiento de compartir. Fuimos creados mediante este compartir pensamientos, este extender el Ser de Dios; compartir o darnos nosotros mismos es nuestra herencia, la esencia de lo que somos. En el primer pensamiento que repasamos hoy está la palabra “recibo”. En el segundo pensamiento está la palabra “doy”.

Aceptar o recordar lo que somos significa darnos cuenta de que somos seres que extienden, que dan, que comparten. Creados por el Amor somos amor. Por esta razón el Curso da tanta importancia a aceptar nuestra función de salvadores del mundo; al aceptarla, estamos aceptando nuestro Ser tal como Dios nos creó. Simplemente estamos ocupando nuestro lugar en el proceso creativo, eligiendo no poner más obstáculos a la extensión de amor desde Dios a nosotros, y de nosotros al mundo. “Crear es amar. El amor se extiende hacia afuera simplemente porque no puede ser contenido”. (T.7.I.3:3-4) En la quietud recibo hoy la Palabra de Dios, que es la afirmación de Su Amor a todas Sus creaciones. Abro mi mente para reconocer ese Amor, recibiéndolo para mí. Y luego me ofrezco para dar tal como he recibido, sabiendo que al darlo a mis hermanos, estoy dando ese Amor a mí mismo. Darlo es recibirlo. Con mis palabras, mis pensamientos, mis expresiones y mis actitudes comunico a todos a mi alrededor la Palabra que he recibido: “Tú, también, eres amado. Tú, también eres amoroso. Tú, también, eres la expresión y el canal del Amor de Dios”. LECCIÓN 144 24 MAYO

“Mi mente alberga sólo lo que pienso con Dios” (127) No hay otro amor que el de Dios (128) El mundo que veo no me ofrece nada que yo desee Instrucciones para la práctica Ver las instrucciones para la práctica en el Cuarto Repaso Comentario ¿Por qué la idea central del repaso, de que “mi mente alberga sólo lo que pienso con Dios”, “es el pensamiento que garantiza plenamente la salvación del Hijo” (L.r.IV.In.3:5)? Significa que no hay nada en mi mente que sea contrario a los pensamientos de Dios, las cosas que veo dentro de mí que no son semejantes a Dios, o que son no amorosas, son percepciones falsas de mí mismo. Significa que no hay nada en la realidad que pueda impedirme la compleción como Hijo de Dios. Los enemigos y obstáculos que parecen interponerse en el camino (especialmente los que parecen ser parte de mí) no son reales, y no tienen substancia. Si no hay más amor que el de Dios, y mi mente alberga sólo lo que pienso con Él, entonces el vacío que a veces siento dentro de mí, la falta de amor, el anhelo por un amor completamente satisfactorio que no falla nunca y que siempre está ahí, algo con lo que puedo contar en cada situación, será satisfecho. Pensar que estoy buscando amor en este mundo es simplemente un error. El amor que estoy buscando está dentro de mí, justo en mi propia mente. No busco nada en este mundo, aunque a veces parece que sí. Estoy buscando algo que ya tengo, pero que he negado. Y el modo de encontrarlo es dándolo. Ser amor. El amor no es algo que pueda poseer. El amor es algo que puede poseerme, y en esa posesión está la satisfacción. El intento de ganar amor, de poseerlo y de acapararlo me hace sufrir. Mi alegría puedo encontrarla dando amor, compartiéndolo, bendiciendo al mundo con él. Reconocer que mi mente alberga sólo este amor, y darlo al mundo, es todo lo que quiero. Esto, y sólo esto, me dará felicidad. Las palabras “el mundo que veo no me ofrece nada que yo desee” podrían decirse con desesperación. El pensamiento detrás de ellas podría ser “Nada aquí es lo bastante bueno para mí. Nada aquí me satisface, y por lo tanto nunca estaré satisfecho”. O, pueden decirse estas palabras con alegría. Si estoy conduciendo un coche flamante, justo de la clase que más me gusta, equipado con

todos los accesorios que siempre he deseado, y paso junto a un desguace de coches, puedo pasar junto a él y decir “ese desguace no me ofrece nada que yo desee”. Mis deseos están satisfechos. Si no hay más amor que el de Dios, y Él se ha dado a Sí Mismo, Su Pensamiento, a mi mente, puedo mirar con serenidad al mundo y darme cuenta de que en él no hay nada que se pueda comparar con lo que yo ya tengo. Tengo en mi corazón un pozo de amor sin fin. Nunca me puede faltar amor. Yo soy ese mismo amor, y veo ese mismo amor en cada ser a mi alrededor, brotando de la misma Fuente. El amor está a mi alrededor y dentro de mí, sólo con que yo quiera verlo. Que hoy busque el Amor de Dios en todo lo que veo, y que me alegre cada vez que lo encuentre. Que lo reconozca en cada sonrisa. Que lo dé en cada oportunidad que se me presente. Que aliente cada chispa de amor en otros y en mí mismo. En esto está la salvación. Ésta es mi función y mi felicidad. Y está garantizado, porque mi mente alberga sólo los Pensamientos amorosos de Dios. LECCIÓN 145 25 MAYO

“Mi mente alberga sólo lo que pienso con Dios” (129) Más allá de este mundo hay un mundo que deseo (130) Es imposible ver dos mundos Instrucciones para la práctica Ver las instrucciones para la práctica en el Cuarto Repaso Comentario Aunque la mente del Hijo de Dios alberga sólo lo que piensa con Dios, “La falta de perdón es lo que impide que este pensamiento llegue a su conciencia” (L.rIV.In.2:7). Por lo tanto, el mundo que veo es un mundo que me muestra mi falta de perdón. “Es el sistema ilusorio de aquellos a quienes la culpabilidad ha enloquecido” (T.13.In.2:2). Lo único que mantiene la ilusión de que este mundo es real (con sus aparentes castigos, dolor, sufrimiento, separación y muerte) es una falta de perdón. ¿Por qué el dolor que siento, mental, emocional y físico, parece tan real? Toda esta realidad viene y es mantenido por una falta de perdón en mi mente. Por eso, como dice la Lección 121: “El perdón es la llave de la felicidad” (L.121, encabezamiento). Hay un mundo que quiero de verdad, un mundo que está más allá de este mundo. El Curso lo llama el mundo real. “El mundo real es el estado mental en el que el único propósito del mundo es perdonar” (T.30.V.1:1). “El mundo real se alcanza simplemente mediante el completo perdón del viejo mundo, aquel que contemplas sin perdonar” (T.17.II.5:1). Mi percepción cambia de ver el mundo del dolor a ver el mundo real por medio de una única cosa: el perdón. Ésta es la razón por la que no se pueden ver dos mundos. Pues, o bien mi mente perdona o no. O condena lo que ve, o lo acepta con compasivo perdón. Que empiece conmigo mismo: ¿Soy cruel conmigo mismo por lo que pienso de mí? ¡Que poca compasión tengo conmigo al juzgar mis errores! Esta crueldad que tengo conmigo es el origen del mundo cruel que veo. Dentro de mí, y dentro de todos, hay un inmenso espacio de amabilidad, un corazón enorme que abraza a todos con amor. Ésta es la Mente que comparto con Dios. Dentro de mí, también, hay un niño asustado, lleno de dolor, que cree haber hecho daño al universo para siempre. Que me vuelva con amor a esa parte dolorida de mí y que le abra los brazos con consuelo y tierna y amorosa amabilidad. Mi corazón es lo bastante grande para sanar este dolor en lugar de rechazarlo. El amor que comparto con Dios es lo bastante grande para concederme misericordia. Que no me mantenga a

mí mismo alejado de mi corazón por más tiempo. Que me acoja a mí mismo, con una cálida y tierna bienvenida. Que también mire a los que se encuentran cerca de mí con la misma aceptación tierna y amable. Aquí está la curación de la soledad y el dolor, pues no hay nada tan doloroso como un corazón cerrado al amor. Ciertamente no hay otro dolor que este. El dolor es estrechar el corazón. El dolor es negar el amor que soy. En este gesto interno e ingenioso de rechazo está la causa del mundo que veo. Mi salvación y la salvación del mundo están en el deshacimiento de esta contracción de dolor. Aquí está la entrada al mundo real, un mundo radiante de amor, de esperanza, y seguro en su alegría. Más allá de este mundo hay un mundo que deseo, y la llave para abrir la puerta es el perdón. LECCIÓN 146 26 MAYO

“Mi mente alberga sólo lo que pienso con Dios” (131) Nadie que realmente se proponga alcanzar la verdad puede fracasar (132) Libero al mundo de todo lo que pensé que era Instrucciones para la práctica Ver las instrucciones para la práctica en el Cuarto Repaso Comentario Continuando con la ampliación de ideas acerca del tema central del repaso, me quedé impresionado con estas frases de los párrafos 2 y 4 de la Introducción al repaso: “No obstante, es verdad eternamente (que mi mente alberga sólo lo que pienso con Dios)” (L.rIV.In.2:8). “Tu mente, sin embargo, alberga sólo lo que piensas con Dios. Tus auto-engaños no pueden ocupar el lugar de la verdad, de la misma manera en que un niño que arroja un palo al mar no puede cambiar el ir y venir de las olas, evitar que el sol caliente las aguas o impedir que el plateado reflejo de luna se vea por la noche en ellas” (L.rIV.In.4:1-3). Es “verdad eternamente” que mi mente alberga sólo lo que pienso con Dios. Era verdad cuando Dios me creó. Será verdad cuando el viaje haya terminado y esté en mi hogar con Dios. Y es verdad ahora mismo. “Verdad eternamente”. El tercer párrafo habla de las muchas formas de falta de perdón “cuidadosamente ocultas” en mi mente, las defensas del ego, sus ilusiones, su uso del engaño a mí mismo para que continúe el juego de no ser consciente. Sin embargo, a pesar de esto, “mi mente alberga sólo lo que pienso con Dios”. Nada de lo que hago afecta a este hecho. Todos los engaños del mundo pueden ocultar este hecho, pero no pueden cambiarlo. “Tus auto-engaños no pueden ocupar el lugar de la verdad” (L.rIv.In.4:2). La imagen del niño arrojando un palo al océano es perfecta. Recuerdo que de niño solía ir al Cabo Cod. Solía estar cerca del rompiente del oleaje, con olas más altas que yo rompiendo delante de mí, y solía pegar puñetazos a las olas, peleando con ellas, mandando mi puño contra ellas. Para mí en aquella época, yo era como un guerrero luchando contra el océano. ¡Estaba seguro de que el océano estaba preocupado! ¡Estaba seguro de que mis esfuerzos poderosos reducían la velocidad de la marea un poco, por lo menos! ¡Seguro que sí, por supuesto!

Nuestra “rebelión” contra Dios ha tenido el mismo efecto. En otras palabras, ningún efecto. La idea de que podemos cambiar la creación de Dios es tan ridícula como un niño con un palo que cree que puede hacer daño al océano cuando lo arroja a él. Ésta es la razón por la que “nadie que se proponga alcanzar la verdad puede fracasar”. Porque la verdad está aquí, en mi mente, donde siempre ha estado y donde siempre estará No puedo dejar de encontrarla porque ¡nunca la he perdido! Todavía la conservo. He contemplado este mundo y he creído que era un lugar donde Dios no está. He visto lo que parece ser una falta de amor total. He estado profundamente desilusionado del mundo. Bueno, “Libero al mundo de todo lo que he pensado que era”. Dejo que todas esas impresiones del mundo se vengan abajo, porque no puede ser lo que pensé que era, no si todas nuestras mentes todavía albergan lo que pensamos con Dios. ¡Hay algo mal en esta imagen del mundo! Justo cuando había empezado a entender el mundo, viene el Curso y dice: “¡No te acercas ni por lo más remoto!” Así que, abandono mis juicios acerca del mundo, y abro mi mente para que se me enseñe de nuevo. Quizás, sólo quizás, el modo en que lo veía está relacionado con lo que pensaba acerca de mí, con la creencia de que mi mente estaba en guerra contra Dios. Quizás he visto un mundo en guerra contra Dios porque así me imagino que está mi mente, y lo he proyectado sobre el mundo. Y quizás. Si abandono mis locas ideas acerca de mí, mi imagen del mundo cambiará también. ¡Estoy deseando intentarlo! LECCIÓN 147 27 MAYO

“Mi mente alberga sólo lo que pienso con Dios” (133) No le daré valor a lo que no lo tiene (134) Que yo perciba el perdón tal como es Instrucciones para la práctica Ver las instrucciones para la práctica en el Cuarto Repaso Comentario Que hoy mire a las cosas que considero valiosas y cambie mi opinión de todas ellas. ¿Por qué estoy haciendo esto? ¿Qué estoy valorando en ello? Las cosas que considero valiosas a menudo son tonterías si las examino. Por ejemplo, cuando empiezo a sentir la satisfactoria calidez de una verdadera intimidad en una relación, nada parece merecer la pena de terminar esa calidez. Recuerdo haber leído acerca de una iglesia fundamentalista que se dividió por el tema de si era pecado o no enchufar una guitarra eléctrica. Me pregunté: ¿Cómo es posible valorar algo como eso tanto como para apartar de tu corazón a personas que una vez fueron amigos muy cercanos? Así pues, muchas relaciones se rompen por temas que parecen igual de insignificantes. El perdón ve que nada merece la pena de apartar de mi corazón a un Hijo de Dios. Tenemos tantas prioridades en nuestra consciencia, cosas que consideramos más importantes que el amor, más importantes que la unidad, más importantes que nuestra propia paz mental. ¿He llegado ya a valorar la paz mental por encima de todas las cosas? ¿He llegado al punto en el que todo lo que impida que el amor se extienda a través de mí es rápidamente eliminado? Necesitamos hacernos conscientes de la causa de nuestro sufrimiento. Nos duele cerrar nuestro corazón. Nos duele negarnos a perdonar, darle vueltas en la mente a las ofensas cometidas contra nosotros y negarnos a abandonarlas. “El amor no abriga resentimientos” (L.68, encabezamiento). El perdón es un regalo para mí mismo, es una liberación de mi propio dolor. ¿Qué valoro por encima del libre fluir del amor, la calidez de la unión con mis hermanos? Que elija no valorar por más tiempo esas cosas que no tienen ningún valor, y que elija perdonar.

Que hoy dedique cinco minutos por la mañana, y cinco minutos por la noche, a abrir mi mente y despejarla de todos los pensamientos engañosos (L.rIV.In.5:2). Que aparte a un lado todos los valores menores, y que recuerde que mi mente alberga los mismos pensamientos que Dios. Que valore este pensamiento por encima de todo. Que me alegre de que mi mente y la Mente de Dios están de acuerdo, y que me dé cuenta de esta unión de mi mente con la de Dios, este compartir Sus pensamientos, esto es todo lo que es verdaderamente valioso. LECCIÓN 148 28 MAYO

“Mi mente alberga sólo lo que pienso con Dios” (135) Si me defiendo, mi Ser es atacado (136) La enfermedad es una defensa contra la verdad Instrucciones para la práctica Ver las instrucciones para la práctica en el Cuarto Repaso Comentario Lo que me parecen obstáculos dentro de mi mente, pensamientos fuera de mi control que entorpecen mi camino espiritual, son mis defensas contra la verdad. No entra nada en mi mente sin mi permiso. Nadie está pensando pensamientos en mi mente excepto yo (y Dios). Como nos enseñó la Lección 26, mis pensamientos de ataque atacan mi propia invulnerabilidad (el hecho de que nada me puede hacer daño). Puedo pensar que estoy atacando a otro, pero lo que estoy atacando es mi propia Identidad con Dios. Mi ego ha fabricado un sistema de defensas muy astuto y con muchas capas en contra de la verdad, y lo ha escondido y disfrazado en la obscuridad. El Curso me presenta el proceso de descubrir estas defensas, hacerme consciente de ellas, juzgarlas como dementes, y abandonarlas. Todas ellas son falsas, y lo que es falso no puede afectar a lo que es verdadero. Debajo de todos los disfraces del ego, mi mente todavía alberga sólo lo que pienso con Dios. El resto es una ilusión complicada sin ningún poder de tener efectos de ningún tipo. La enfermedad es un sistema de defensa del ego muy efectiva y notable. En la enfermedad, algo que mi mente ha causado parece ser un ataque desde el exterior, un enemigo visible o invisible con muchos efectos visibles en mi cuerpo. Es algo contra lo que me tengo que defender continuamente, y luchar con todos los medios a mi alcance cuando ataca. Tan pronto como se supera una enfermedad, parece surgir otra con efectos aún más devastadores. La mayor parte de la humanidad no está lista para aceptar que la enfermedad es sólo de la mente. Yo mismo no lo he aceptado completamente, mi nivel de miedo es todavía muy alto. Por eso, existen todas las razones para continuar aliviando las enfermedades de las maneras que lo hemos estado haciendo, sin embargo debemos darnos cuenta de que únicamente estamos cambiando los síntomas sin eliminar la causa. Sólo cuando cada vez más de nosotros empecemos a darnos cuenta de que nuestra mente alberga sólo lo que pensamos con Dios, y que todo lo que parece no proceder de Dios es una ilusión que hemos creado nosotros, entonces empezará a desaparecer la necesidad del enfoque conciliatorio de usar la medicina física. Hoy con mi práctica estoy contribuyendo a la curación final de toda enfermedad. Cuando saco a la luz mis propias defensas internas, que en realidad son formas de ataque a mí mismo, y las abandono, estoy colaborando con el poder de Dios para liberar a la humanidad de la enfermedad, y no sólo de la enfermedad sino también de cada sistema de defensa basada en el ego contra la verdad. Cuando despejo mi mente de todo pensamiento engañoso (L.rIV.In.5:2), y pongo Su Mente a cargo de todos los pensamientos que recibo (L.rIV.In.5:4), no estoy trabajando solo. “Éstos (los pensamientos) no procederán únicamente de ti, pues los compartirás con Él” (L.rIV.In.6:1).

Que dedique los momentos destinados a recordar la verdadera Fuente de todos mis pensamientos, y permita al Espíritu Santo apartar las telarañas del engaño de mi mente. Que dedique cinco minutos por la mañana a “encauzar el día según las pautas que Dios ha fijado” (L.rIV.In.5:4). Cada vez que lo hago, cada día que recuerdo mi práctica, me acerco y todo el mundo junto conmigo al día en que todo engaño desaparecerá ante la luz. LECCIÓN 149 29 MAYO

“Mi mente alberga sólo lo que pienso con Dios” (137) Cuando me curo no soy el único que se cura (138) El Cielo es la alternativa por la que me tengo que decidir Instrucciones para la práctica Ver las instrucciones para la práctica en el Cuarto Repaso Comentario Cuanto más avanzamos a través del Libro de Ejercicios, lo que se nos pide es que realmente seamos uno con Dios. O para ponerlo en palabras más mundanas, ponernos en comunicación con Él: Te has enseñado a ti mismo el hábito completamente antinatural de no comunicarte con tu Creador. Sin embargo, permaneces en estrecha comunicación con Él, y con todo lo que mora en Él, lo cual mora también en ti. Desaprende, mediante el amoroso consejo del Espíritu Santo, el aislamiento que aprendiste, y aprende la feliz comunicación que desechaste, pero que aún así no pudiste perder. (T.14.III.18:1-3) Cuando despejamos nuestras mentes de pensamientos inferiores y nos ponemos en armonía con los pensamientos que compartimos con Dios, vendrán a nuestra mente pensamientos, y no procederán de nosotros solos: Y así, cada uno de ellos te traerá mensajes de Su Amor, devolviéndole a Él mensajes del tuyo. De esta forma es como estarás en comunión con el Señor de las Multitudes, tal como Él Mismo lo ha dispuesto. (L.rIV.In.6:2-3) Al unir mi mente con Dios, me uno también con mis hermanos, porque todos nosotros estamos unidos a la misma Fuente. No soy el único que se cura. No me vendría mal un “mensaje de Su Amor” hoy, ¿y a ti? Y no me importaría devolverle mi mensaje de amor a Él, también. Hay momentos en una relación de amor en los que el amor parece ir y regresar tan rápido que no puedes seguirlo, y ni siquiera puedes estar seguro de cuál de los dos procede. De hecho sobrepasa el ir y venir, va más allá del movimiento de ir y venir que supone esa semejanza, y se convierte en una corriente de amor constante y que se repite, que va en las dos direcciones al mismo tiempo. Ni siquiera sientes que estás haciendo algo, te quedas atrapado en la corriente, poseído por el amor. Una especie del modo en que te sientes cuando miras los ojos de la persona amada y sientes que te estás hundiendo, cuando el amor que te envía es casi demasiado para soportarlo, y el amor que sientes parece que va a hacer estallar tus circuitos. Me gustaría un momento así con mi Amado. Bueno, me gustaría un momento así todo este año. He tenido momentos así, pero no muchos. ¿Por qué son tan pocos? Tener esos momentos de sentirme uno con Dios, que es un anticipo del Cielo, es decisión mía. Es una decisión que yo tomo; no, es la decisión que tengo que tomar:

El instante en que la grandeza ha de descender sobre ti se encuentra tan lejos como tu deseo de ella, mientras no la desees, y en su lugar prefieras valorar la pequeñez, ésa será la distancia a la que se encontrará de ti. En la medida en que la desees, en esa misma medida harás que se aproxime a ti. (T.15.IV.2:2-4) Está más cerca que mi propio corazón, así de cerca. Esta sensación de ser transportado por el amor, esta unión con Dios, está sucediendo ahora mismo. Mi mente recta nunca ha dejado de estar en perfecta comunicación con Él (ver T.13.XI.8). “La parte de tu mente donde reside la verdad está en constante comunicación con Dios, tanto si eres consciente de ello como si no” (L.49.1:2). Así que todo lo que es necesario es decidir que lo quiero, y está aquí. Sólo con conectarme. ¿Qué es lo que me impide elegirlo? ¿Qué me impide permitirme enamorarme de Dios? ¿Qué me frena? ¿Estoy dispuesto a enamorarme de todos o tengo miedo de parecer demasiado “flojo”? ¿Tengo miedo de perder el control de todo? ¿Tengo miedo de ser demasiado frágil? ¿Qué me retiene? Que hoy me mire y me pregunte: “¿Por qué no estoy sintiendo que estoy en el Cielo ahora mismo? Cuando te das cuenta de que en cualquier instante no tienes más que “cambiar de canal” (no escuchar al ego), ¡y que no lo haces!, es un momento del que puedes aprender mucho. De repente no puedes culpar a nada ni a nadie por sentir algo inferior al Cielo. Reconoces que tú lo estás eligiendo: “soy yo el que me estoy haciendo esto a mí mismo” (T.27.VIII.10:1). Literalmente no hay nada que pueda impedirme sentir el instante santo ahora mismo. Nada excepto mi rechazo a aceptarlo, nada excepto mi miedo. “Así pues, hoy comenzamos a examinar la decisión que el tiempo tiene como fin ayudarnos a tomar” (L.138.7:1). No hay prisa, tenemos todo el tiempo para hacer esta elección. Pero, ¿por qué esperar? ¿Por qué no ahora? LECCIÓN 150 30 MAYO

“Mi mente alberga sólo lo que pienso con Dios” (139) Aceptaré la Expiación para mí mismo (140) La salvación es lo único que cura Instrucciones para la práctica Ver las instrucciones para la práctica en el Cuarto Repaso Comentario Tal como yo lo entiendo, aceptar la Expiación para mí mismo significa permitir a Dios que me libere de todas las clases de culpa. Abandonar todos mis juicios contra mí mismo, todas las valoraciones de mí mismo que me rebajan. Significa que no soy mis pensamientos y que, por encima de todo, no soy mi ego. No soy lo que he pensado que soy. No soy lo que temo que soy. Aceptar la Expiación para mí mismo significa que puedo contemplar mi ego sin condena, reconocerlo como un error tonto acerca de mí que puede ser corregido. Cuando acepto la Expiación para mí mismo, dejo de medirme con medidas injustas y me acepto a mí mismo tal como soy. Puedo contemplarme a mí mismo con amor, verme con compasiva aceptación. En el instante santo acepto la Expiación, y para entrar en él no es necesario que no tenga pensamientos de ego, únicamente que no tenga pensamientos que quiera conservar (ver T.15.IV.9:12). Reconozco que he cometido errores, pero estoy dispuesto a que cada error sea corregido, y no acepto ninguna culpa por esos errores. No permito que mis errores me impidan el instante santo, porque el instante santo es el lugar donde esos errores pueden ser corregidos, y sus consecuencias deshechas.

Esto es la salvación. Esto es el deshacimiento de los errores, la corrección de los errores. La salvación es un des-hacer en el sentido de que no hace nada, al no apoyar el mundo de sueños y de malicia. De esta manera, las ilusiones desaparecen. Al no prestarles apoyo, deja que simplemente se conviertan en polvo. (L.pII.2.3:1-3) Esto es lo único que cura. Cualquier cosa menos que esto es un simple alivio de los síntomas, un simple cambio de forma sin cambiar el contenido. La causa de la culpa debe ser deshecha. “El Espíritu Santo sabe que la salvación es escapar de la culpabilidad” (T.14.III.13:4). Saber que mi mente alberga sólo lo que pienso con Dios es escapar de la culpa. Saber que mi mente alberga sólo lo que pienso con Dios es la salvación y verdaderamente cura mis males. La Expiación es la respuesta de Dios a todo lo que hay en mi mente que parece ser diferente de Dios. Borra cada pensamiento que se opone a la verdad y me deja con la verdad limpia y pura de mi inocencia. Puedo traer cada pensamiento de ego, cada pensamiento no digno, cada pensamiento de aislamiento y separación, cada pensamiento de dolor y venganza y desesperación a este milagroso lugar de la Expiación, dejarlo allí sobre el altar de mi mente, y verlo desaparecer: Éste es el cambio que brinda la percepción verdadera: lo que antes se había proyectado afuera, ahora se ve adentro, y ahí el perdón deja que desaparezca. Ahí se establece el altar al Hijo, y ahí se recuerda a su Padre. Ahí se llevan todas las ilusiones ante la verdad y se depositan ante el altar. Lo que se ve como que está afuera no puede sino estar más allá del alcance del perdón, pues parece ser por siempre pecaminoso. ¿Qué esperanza puede haber mientras se siga viendo el pecado como algo externo? ¿Qué remedio puede haber para la culpabilidad? Mas al ver a la culpabilidad y al perdón dentro de tu mente, éstos se encuentran juntos por un instante, uno al lado del otro, ante un solo altar. Ahí, por fin, la enfermedad y su único remedio se unen en un destello de luz curativa. Dios ha venido a reclamar lo que es Suyo. El perdón se ha consumado. (C.4.6:1-10) LECCIÓN 151 31 MAYO

“Todas las cosas son ecos de la Voz que habla por Dios” Instrucciones para la práctica Práctica de la mañana/ noche: Quince minutos. Repite la idea lentamente, sólo una vez. Luego observa tu mente, observa tus pensamientos. Cuando cada pensamiento cruza tu mente, entrégaselo al Espíritu Santo. Luego escucha mientras Él te lo devuelve purificado. Lo que Él hace es quitarle todos los elementos de ego, dejando únicamente la luz que hay en el pensamiento: el amor, la bondad, las intenciones puras, tu deseo de paz y de Dios (para la enseñanza acerca de esto, ver T.5.IV.8:1-6). Por ejemplo, digamos que el pensamiento que Le has dado al Espíritu Santo es: “No tengo tiempo para hacer esta tarea”. La forma purificada que recibes de Él podría ser: “De verdad quiero hacer esto bien. Quiero hacer lo correcto para las personas a quienes esto afecta”. En otras palabras, Le das pensamientos que tienen todo tipo de elementos: puntos de obscuridad mezclados con hilos de luz. Sin embargo, cuando Él te los devuelve, sólo quedan los hilos de luz. Serán pura luz, y de este modo pondrán de manifiesto la luz en ti. Y los verás venir juntos en un pensamiento perfecto y simple, que derramará sus bendiciones sobre todos. Observaciones: Este proceso de purificación de tus pensamientos renovará tu mente, haciendo que hoy sea tu Pascua Florida. También dará comienzo a tu ministerio. Pues tu ministerio es simplemente extender tus pensamientos purificados, que liberarán a todos de la culpa y les enseñará su santidad.

Más corto: Cada hora. Repite la idea (que básicamente significa que puedes ver en todas las cosas, en el mundo y en tu mente, la interpretación que el Espíritu Santo les ha dado. Puedes sentir todas las cosas como ecos de la Voz de Dios). Agradece al Espíritu Santo los pensamientos purificados que Él te da, y confía en que el mundo aceptará lleno de felicidad esos pensamientos como suyos. Esto parece dar a entender que cada hora harás una forma corta de la práctica más larga, quizá dándole al Espíritu Santo un pensamiento y escuchando a que Él te devuelva ese pensamiento purificado. Comentario El mundo tal como lo vemos parece dar testimonio constante de la separación, del pecado, de la muerte, del odio, y de la naturaleza pasajera de todas las cosas. El mundo que se ve con la visión de Cristo, tal como lo ve el Espíritu Santo, da testimonio de la verdad, de la unidad, de la santidad, de la vida, del amor, y de la naturaleza eterna de todas las cosas. Todas las cosas son ecos de la Voz que habla por Dios, todo el tiempo, pero no la escuchamos. Escuchamos a la voz del ego constantemente. Las dos formas de ver no pueden ser más opuestas. ¿Por qué nos mostramos tan defensores del ego? La primera parte de esta lección señala que la razón de que el mundo a menudo nos parezca tan real se debe a las dudas escondidas que tenemos de su realidad. Nos pide que miremos al hecho de que el ego va demasiado lejos en su terca insistencia de que lo que nuestros ojos y oídos nos muestran es de fiar por completo. Dice que, aunque por nuestra propia experiencia sabemos que nuestros sentidos nos engañan, y que nuestros juicios a menudo son completamente equivocados, sin ninguna razón lógica continuamos creyendo en ellos totalmente. Mostramos sorpresa cada vez que descubrimos que lo que creíamos que era verdad no es cierto, aunque hayamos tenido esta experiencia cientos o miles de veces. Y nos pide: ¿Por qué confías en ellos tan ciegamente? ¿No será por la duda subyacente que deseas ocultar tras un alarde de certeza? (2:5-6) Es como la frase en Hamlet de Shakespeare: “La dama protesta demasiado, en mi opinión”. Es el comportamiento de alguien que está intentando acallar sus dudas con protestas de seguridad total. Así pues, para el Espíritu Santo ¡nuestra completa “seguridad” en la realidad del mundo es una prueba de las dudas que tenemos sobre ello! Estamos seguros incluso cuando no es razonable estar seguro, y eso es una prueba que demuestra nuestras dudas escondidas. Nosotros que estudiamos el Curso estamos acostumbrados a la idea de que proyectamos nuestra culpa y nuestra ira sobre otros. Sin embargo, aquí el Curso introduce la idea de que el ego se proyecta a sí mismo sobre nosotros. El ego duda. El ego se condena a sí mismo. El ego por sí solo siente culpa. Sólo el ego está desesperado (ver 5:1-6). Pero proyecta todas estas cosas sobre nosotros, e intenta convencerte de que “su propia maldad es la tuya” (6:2). Nos tiende esta trampa mostrándonos el mundo a través de sus ojos, y presentándonos las cosas del mundo como testigos de nuestra maldad, nuestra culpa, nuestra duda y desesperación. El ego está desesperado porque veamos el mundo como el quiere porque el mundo del ego es lo que nos demuestra que somos idénticos al ego. Por ejemplo, nos lleva a examinar nuestro propio progreso espiritual y a que nos encontremos fallos, nos provoca desesperación. ¿Por qué? Porque él (ego) se siente desesperado, sabe (aunque no lo admite) que va a perder. Ésta es la razón de que la desesperanza espiritual se apodere de nosotros después de un gran avance espiritual. El ego siente desesperación, y proyecta esa desesperación a nuestra mente, intentando convencernos de que la desesperación es nuestra en lugar de suya. Por esa razón, el ego insiste tanto en convencernos de la realidad del mundo. Necesita que el mundo le apoye.

El Curso nos pide que pongamos en duda todas nuestras valoraciones, que hemos aprendido del ego, y que dudemos de lo que nos muestran nuestros sentidos. Nos pide que dejemos que el Espíritu Santo sea el Juez de lo que somos, y de todo lo que parece sucedernos (8:1; 9:6). Si intentamos juzgar las cosas por nuestra cuenta, nuestro ego nos engañará, y el modo en que nos vemos a nosotros mismos y al mundo será un testigo de la realidad del ego. Sin embargo, si abandonamos nuestros juicios y aceptamos el juicio del Espíritu Santo, Él dará testimonio de nuestra hermosa creación como Hijo de Dios. Si miramos con Él, todo lo que veamos nos mostrará a Dios. Lee el párrafo once, describe perfectamente cómo el Espíritu Santo lleva a cabo esta nueva interpretación de todo. Cuando Le entregamos a Él nuestros pensamientos, Él nos los devuelve en forma de milagros (14:1). Que hoy Le entregue al Espíritu Santo mis pensamientos. Que no Le esconda mis pensamientos ni intente cambiarlos yo mismo antes de mostrárselos para que Él los vea. Que le pida que sea Él Quien los transforme, Quien cambie el plomo en oro ante mis ojos. Ése es Su trabajo. Cada pensamiento tiene elementos de la verdad dentro de él, a lo que hemos añadido falsedad e ilusión. El Espíritu Santo elimina lo falso, y deja la pizca de oro de la verdad. Él nos muestra “el amor que se encuentra más allá del odio, la inmutabilidad en medio del cambio, lo puro en el pecado” (11:3). Él hace esto con nuestros pensamientos, y de este modo nos muestra el dulce rostro de Cristo como nuestro propio Ser. LECCIÓN 152 1 JUNIO

“Tengo el poder de decidir” Instrucciones para la práctica Propósito: Ser verdaderamente humilde, y dejar a un lado todas las ideas acerca de mí mismo, que con arrogancia afirman que soy débil y pecador, y aceptar el poder de mi verdadero Ser. Práctica de la mañana/ noche: cinco minutos. Repite estas frases: “Tengo el poder de decidir. Hoy me aceptaré a mí mismo tal como la Voluntad de mi Padre dispuso que yo fuese”. Puedes también expresarlo de esta manera: “Con el poder ilimitado de mi decisión, aceptaré el poder ilimitado de mi Ser”. Luego pasa un rato abandonando tus ideas acerca de ti mismo, que son solo mentiras que te has dicho acerca de quién eres. Dicen que eres débil, a merced de un mundo que tú no hiciste. Dicen que eres pecador, y deberías avergonzarte de lo que eres. Deja a un lado todas esas ideas sobre ti, reconociendo que su pequeñez es sólo arrogancia, ya que suponen que Dios se equivoca acerca de ti. Luego espera en silencio, mientras humildemente pides a tu Ser que se muestre a ti en toda Su grandeza y poder, Su inmutabilidad (que no ha cambiado), y Su plenitud. Eleva tu corazón a tu Creador con verdadera humildad, y permítele que te muestre el infinito Hijo que Él creó en ti. Espera que Su Voz responda y sustituya tus falsas ideas con la comprensión de tu verdadero Ser. Cada vez que tu mente se distraiga, repite de nuevo las frases del comienzo, y vuelve a esperar. Más corto: Cada hora. Haz una versión corta de la práctica larga, invitando a la comprensión de tu Ser con estas palabras: “Tengo el poder de decidir. Hoy me aceptaré a mí mismo tal como la Voluntad de mi Padre dispuso que yo fuese”. Comentario La petición central de esta lección es “aceptar el papel que (me) corresponde como co-creador del universo” (8:3). Por medio de sus conclusiones lógicas, intenta convencerme para que acepte el

hecho de que yo inventé el mundo que veo (6:1). “Jamás ocurre nada que no sea una representación de tus deseos, ni se te niega nada de lo que eliges” (1:5). Si eso es cierto, y lo acepto, entonces tiene sentido el pensamiento principal de la lección: “Tengo el poder de decidir”. Mi elección hace al mundo. Lo que le da a nuestra ilusión de sufrimiento, pecado, y muerte tal aparente solidez es que creemos que existe fuera de los límites de nuestro poder, que no somos responsables de él. Sin embargo, si puedo aceptar que yo inventé lo que es, entonces puedo reconocer la posibilidad de ejercer el mismo poder de decisión para hacerlo desaparecer. Si niego que yo lo inventé, no puedo deshacerlo. Sin embargo, si reconozco que yo he inventado el mundo que veo, estoy aceptando al mismo tiempo que Dios no lo hizo. Lo absurdo de la idea de que Dios creó este mundo se afirma claramente aquí: Pensar que Dios creó el caos, que contradice Su Propia Voluntad, que inventó opuestos a la verdad y que le permite a la muerte triunfar sobre la vida es arrogancia. La humildad se daría cuenta de inmediato de que estas cosas no proceden de Él. (7:1-2) Si no son de Él, tienen que ser de mí propia cosecha (mis fabricaciones o invenciones, el resultado de mi poder de decisión y, por lo tanto, son cosas que puedo deshacer). Aplicado a mí mismo, estas ideas significan que todavía debo ser completo, que mis errores no me han cambiado: Tal como Dios te creó, tú no puedes sino seguir siendo inmutable; y los estados transitorios son, por definición, falsos. Eso incluye cualquier cambio en tus sentimientos, cualquier alteración de las condiciones de tu cuerpo o de tu mente; así como cualquier cambio de conciencia o de tus reacciones. (5:1-2) Me encantan esas palabras “los estados transitorios son, por definición, falsos”. Si cambia, no es real. ¡Ah! ¿Qué le hace esto a cualquier preocupación que yo pueda tener acerca de mis altibajos de estado de ánimo? ¿De envejecer? ¿De la enfermedad? ¿Del dinero? (¡“Transitorio” parece tan adecuado con respecto al dinero!) ¿Y sobre los cambios de mi consciencia? Transitorios, por lo tanto, falsos. ¿Cambios en la manera en que respondo al Curso? Transitorios, por lo tanto, falsos. La verdad es verdad, y sólo la verdad es verdad; todos los cambios son “contradicciones que (yo) mismo he introducido” (4:4). He empezado a aprender que cuando me siento mal, por la razón que sea, puedo recordarme a mí mismo que este sentimiento es transitorio y, por lo tanto, falso; nada por lo que yo deba preocuparme. Esto no siempre expulsa mi sentimiento de estar mal, pero me impide sentirme culpable por estar mal, o por sentirme preocupado acerca de que algo va muy mal en mí. Como resultado, el sentimiento negativo no dura tanto como solía hacerlo, porque ya no continúo añadiendo capas de condena a mí mismo al sentimiento de estar mal. Esta actitud de algún modo me aparta de los sentimientos o cambios transitorios de mi consciencia. En lugar de actuar desde el sentimiento, empiezo a actuar sobre él, con dulzura y perdón compasivo. Algunos han expresado la diferencia de palabras al decir cosas como “mi cuerpo está enfermo” en lugar de “yo estoy enfermo”, o “estoy sintiendo una depresión” en lugar de “estoy deprimido”. En lugar de confundir el pensamiento o el sentimiento “conmigo”, soy consciente del “yo” aquí, constante y que no cambia, aunque esté experimentando este estado mental transitorio o pasajero. “Yo” soy distinto, y no me identifico con el pasajero cambio que mi mente me muestra. Y en esa situación, puedo reconocer: “Tengo el poder de decidir”

LECCIÓN 153

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2 JUNIO

“En mi indefensión radica mi seguridad” Instrucciones para la práctica Propósito: Aprender que “la indefensión es fortaleza” (6:1), pues descansa en la consciencia de la fortaleza de Cristo en nosotros, una fortaleza tan grande que nunca puede ser atacada. Tiempo de quietud por la mañana/ noche: Por lo menos cinco minutos; lo ideal es treinta minutos o más. Esta práctica parece la misma que la de ayer, en la que dejabas a un lado todas las ideas de ti mismos que te describen como débil, y deja que la consciencia de tu verdadero Ser surja en ti. Aquí, haces lo mismo, con una importancia especial en ponerte en contacto con Su fortaleza en ti. Si tienes éxito, te darás cuenta de que no tienes necesidad de defensas pues fuiste creado de manera que nada puede atacarte. Deja que el rato de la mañana sea tu preparación para un día sin defensas. Envuélvete en la fortaleza de Cristo. Recordatorios cada hora: Uno o dos minutos, a la hora en punto, (menos si las circunstancias no lo permiten). • Repite la idea, recordando que mientras lo haces Cristo está a tu lado, dándote Su fortaleza, haciendo que no sean necesarias las defensas. • Luego siéntate en quietud y silencio, y espera a Dios. Dale gracias por Sus regalos de la hora que ha pasado. Y deja que Su Voz te diga lo que Él quiere que hagas en esta hora que empieza. Respuesta a la tentación: Cada vez que sientas la tentación de defenderte. Repite la idea como un modo de llamar a la fortaleza de Cristo en ti. Luego “detente por un momento, al oírle decir: "Aquí estoy"” (19:6). Observaciones generales: El Libro de Ejercicios considera a esta lección un punto decisivo. Aquí se nos dan las instrucciones para ¡las siguientes cuarenta y ocho lecciones! Y se nos dice (en el párrafo 20), que nuestra “práctica empezará a adquirir ahora la vehemencia del amor” (20:1). En lugar de ser un cumplimiento del deber, será una expresión sincera y natural de nuestro corazón. Demos este paso adelante con confianza. Jesús nos pide: “No tengas miedo ni timidez” (20:2), porque sencillamente no podemos fracasar. Dios se asegurará de que lo hagamos nuestro propósito. Comentario Con respecto a nuestra práctica, date cuenta de que esta lección da instrucciones a seguir “por algún tiempo” (15:1). Concretamente, la forma de práctica que hoy se da continúa hasta la Lección 170. Se dan una vez y ya no se mencionan salvo brevemente, se supone que recordaremos las instrucciones de esta lección. Date cuenta también de que las instrucciones -acerca de lo que tenemos que hacer en estos periodos de cinco a treinta minutos cada día- no son muy claras. En su mayor parte se resumen en “concentrando nuestra atención en el pensamiento diario el mayor tiempo posible” (15:2). Se nos dice que nuestra “práctica empezará a adquirir ahora la vehemencia del amor” (20:1). Las sesiones más largas de práctica se convierten en “tiempo para pasar con Dios” (15:5), ¡disfrutamos tanto de Su Presencia que media hora es demasiado poco! Hasta cierto punto, para ahora, nuestra práctica ha pasado de ser una sesión obligada a una cita con nuestro Amado. Si eso no nos ha sucedido todavía, lo hará: “No hay duda de que alcanzarás tu objetivo final” (20:3). La lección empieza señalando que este mundo no es un lugar seguro: “está arraigado en el ataque” (1:3). La paz mental en este mundo es imposible (1:5). Por todas partes hay cosas que nos hacen ponernos a la defensiva (2:1-2). Pero las defensas afectan no sólo a lo que está fuera de nosotros, también nos afectan a nosotros. Refuerzan nuestra sensación de debilidad (2:4), y puesto que a la

larga no funcionan (2:4), nos engañan. Nos traiciona el mundo de fuera y nuestras propias defensas (2:5-6). Es como si (la mente) estuviera encerrada dentro de un círculo, dentro del cual otro círculo la atenaza, y dentro de ése, otro más, hasta que finalmente pierde toda esperanza de poder escapar. (3:1) Estamos atrapados en círculos concéntricos de ataque y defensa, nos sentimos incapaces de romper el ciclo de ataque-defensa (3:2-3). No nos damos cuenta de lo profundamente que el mundo a nuestro alrededor amenaza a nuestra mente. Si hacemos un esfuerzo por imaginarnos a alguien profundamente atrapado en un arrebato de miedo intenso: “la sensación de amenaza que el mundo fomenta es mucho más profunda, y sobrepasa en tal manera cualquier intensidad o frenesí que jamás te hayas podido imaginar, que no tienes idea de toda la devastación que ello ha ocasionado” (4:3). El Curso dice que todos nosotros vivimos en un pánico ciego, disfrazado de un fingido estado superficial de estar en calma. Pánico es todo lo que hay justo debajo de la superficie. Piensa en las cosas que nos amenazan constantemente, y la atención que les prestamos en nuestra vida personal y en los medios de comunicación. Desastre nuclear. Pandillas callejeras. Conductores borrachos. Todos los conductores. Políticos corruptos. La avariciosa estructura de poder. Amenaza de derrumbamiento económico. Aditivos en los alimentos, reducción de la capa de ozono, alimentos sin vitaminas, aumento de hormonas en la leche, nitratos en la panceta, colesterol, grasas saturadas, suministro de agua contaminada, sequía, olas de calor, tormentas de nieve, inundaciones, huracanes, tornados, terremotos, invasión de extraterrestres, medios de comunicación falsos, insectos en nuestro hogar, cuerpos que envejecen, relaciones amorosas o de negocios que no son de fiar, sida, cáncer, ataque al corazón (la lista puede seguir sin fin). Y no hemos empezado a hablar de la amenaza de invasión extranjera o de los golpes económicos, enemistades raciales, o intolerancia religiosa. Somos esclavos de la amenaza del mundo (5:1). “No sabes lo que haces del miedo que le tienes. Tú que sientes su mano de hierro atenazándote el corazón, no entiendes lo mucho que has tenido que sacrificar” (5:2-3). Intenta imaginarte, por un momento, como sería estar sin ninguno de esos miedos sobre las cosas que hemos mencionado. Si te pareces a mí, ni siquiera puedes imaginártelo. ¡Nos hemos acostumbrado tanto al zumbido inconsciente del miedo! Tampoco nos damos cuenta de cuánto daño le hemos hecho a nuestra propia paz con nuestra constante postura defensiva (5:4). La elección que esta lección nos ofrece (6:3) es entre dos cosas: el “juego tonto” (6:4) de las defensas, al que juegan niños cansados cuando tienen tanto sueño que ya ni se acuerdan de lo que quieren (¡un poco parecido a como me siento yo ahora!), y el “juego que juegan niños felices” (12:1), un juego feliz que nos enseña que el juego del miedo se ha terminado. El juego feliz es la “salvación” (12:1), o cumplir la función de un ministro de Dios en el mundo, ofreciendo la luz a todos nuestros hermanos. Resumiendo, podemos pasar nuestro tiempo intentando defendernos, o podemos abandonar nuestras defensas y extender la mano al mundo con amor. Ésas son las únicas elecciones. El juego de las defensas es un juego de muerte. En las defensas “la locura que reina en ellas es tan aguda que la esperanza de recobrar la cordura parece ser sólo un sueño fútil y encontrarse más allá de lo que es posible” (4:2). Las defensas nos aprisionan al ciclo de ataque-defensa que no termina nunca. La indefensión se basa en la realidad de lo que somos. “No necesitamos defensas porque fuimos creados inexpugnables” (9:1). Es testigo de nuestra fortaleza. Como ministros de Dios, estamos protegidos. No necesitamos defensas porque somos “los que se cuentan entre los elegidos de Dios, al haber sido ésa Su elección, así como la nuestra” (10:6).

Elegir la indefensión es elegir la fortaleza de Cristo, en lugar de nuestra debilidad. Lo que nos pone en una posición que no puede ser atacada es extender la mano para sanar, en lugar de encogernos hacia adentro en defensa propia. Nuestra verdadera seguridad está, no en proteger lo que tenemos, sino en darlo y compartirlo, porque esto nos identifica firmemente con el Cristo. LECCIÓN 154 3 JUNIO

“Me cuento entre los ministros de Dios” Instrucciones para la práctica Propósito: Ser ministro de Dios en este mundo, ofrecerle a Él nuestra Voz, manos y pies. Por medio de esto nos unimos a Su Voluntad y con todos los regalos contenidos en Su Voluntad. Tiempo de quietud por la mañana/ noche: Por lo menos cinco minutos; lo ideal es treinta minutos o más. Repite: “Me cuento entre los ministros de Dios, y me siento agradecido de disponer de los medios a través de los cuales puedo llegar a reconocer que soy libre”. “Los medios” se refiere a dar los mensajes de Dios a tus hermanos. Pasa el periodo de práctica dejando que la verdad de estas palabras se adentre en tu mente. Deja que el mundo se pierda de vista mientras concentras toda tu atención en estas palabras. Déjalas que iluminen tu mente, déjalas que cambien tu mente. Haz esto en cualquier modo que te sirva. El propósito de este periodo de práctica es prepararte para usar esos “medios” (salir y atender a tus hermanos). A diferencia de otras lecciones, el punto principal de esta lección está en lo que harás después de la sesión de práctica. Durante el día, demuestra que has entendido las palabras que has practicado al ofrecerle a Dios tu voz, para que Él pueda hablar palabras de amor a tus hermanos a través de ti. Ofrécele a Él tus manos, para que Él pueda usarlas para entregar mensajes de amor a tus hermanos. Ofrécele a Él tus pies, para que Él pueda dirigirlos allí donde alguien esté necesitado. Al hacer esto, estás uniendo tu voluntad a la Voluntad de Dios. Y cuando Su Voluntad sea la tuya, todos los regalos contenidos en Su Voluntad serán tuyos también. Al ser Su instrumento ganarás Sus tesoros. Recordatorios cada hora: Uno o dos minutos, a la hora en punto, (menos si las circunstancias no lo permiten). Repite la idea y luego siéntate en quietud y silencio, y espera a Dios. Pregúntale cómo quiere que atiendas a tus hermanos en la hora que va a comenzar, y luego escucha atentamente la respuesta de Su Voz. Comentario Tal como la veo, esta lección me dice dos cosas importantes: • Mi función en la tierra es ser un ministro (o mensajero) de Dios, y la forma concreta que esa función tiene ya está determinada, no por mí, sino por el Espíritu Santo. • Como mensajero, mi función es recibir los mensajes de Dios para mí mismo, y luego darlos como me dirija el Espíritu Santo. Al dar los mensajes, reconoceré y entenderé los mensajes que he recibido. El Espíritu Santo me conoce hasta lo más profundo. Él conoce mis puntos fuertes y débiles; Él conoce el “plan más amplio” (1:5) que yo no conozco; Él sabe cómo utilizar mejor mis puntos fuertes, “dónde se puede hacer mejor uso de ellos, con qué propósito, a quién pueden ayudar y cuándo” (2:2). Por lo tanto, es poco sensato intentar valorarme a mí mismo o dirigir cómo debo cumplir mi función en este mundo, y es mucho más acertado ponerme en Sus manos. Por esto, “no elijo ningún papel que no me haya sido asignado por Su autoridad” (7:3). Él elige mi función por mí,

me dice cuál es, me da fuerza para llevarla a cabo y para tener éxito en todo lo que esté relacionado con ella (3:2). Una parte importante del programa de entrenamiento del Libro de Ejercicios es aprender a escuchar Su Voz y aceptar Su autoridad. Aprender a escuchar Su Voz no es algo que viene sin esfuerzo. Ciertamente, se precisa esfuerzo y un gran deseo de aprender (T.5.II.3:9-10). Al principio puedo sentir que no sé como escuchar Su Voz, pero por eso es precisamente por lo que necesito esta práctica. Cuando empiezo, no sé cómo distinguir la Voz del Espíritu Santo de la voz de mi propio ego; necesito entrenamiento para distinguirlas, y se aprende equivocándose. Pero si sigo las instrucciones de este libro, aprenderé. El segundo punto es realmente animarme a aceptar la función que Dios me ha dado, que es ser Su mensajero: Él necesita nuestra voz para poder hablar a través de nosotros. Necesita nuestras manos para que acepten Sus mensajes y se los lleven a quienes Él nos indique. Necesita nuestros pies para que éstos nos conduzcan allí donde Su Voluntad dispone que vayamos, de forma que aquellos que esperan acongojados puedan por fin liberarse. Y necesita que nuestra voluntad se una a la Suya, para que podamos ser los verdaderos receptores de los dones que Él otorga. (11:2-5) Está claro que Él me dirige concretamente, eligiendo dónde voy físicamente, a quién hablo, y lo que digo. Sin embargo, lo importante es que yo acepte esta función general de “mensajero” para mi vida; si la acepto, los detalles vendrán. Hay un proceso de tres pasos claramente definidos en esta lección: 1) recibir, 2) dar, y 3) reconocer. • Primero, yo recibo el mensaje para mí mismo, lo acepto, y lo aplico a mi propia vida. Acepto la Expiación para mí mismo, viendo que la apariencia de culpa dentro de mí es una ilusión, y reconociendo la inocencia que oculta. Acepto con Dios mi aceptación. Abandono mis ideas falsas y de culpa acerca de mí mismo. Segundo, doy el mensaje a todos los que el Espíritu Santo me envía. Esto puede ser con palabras, con acciones, o simplemente con la actitud de compasión y aceptación que muestro a aquellos con los que me encuentro. Doy el mensaje que he recibido. Les muestro la misericordia que Dios me ha demostrado. Veo en ellos lo que he empezado a ver en mí mismo. Tercero, como resultado de dar, reconozco la realidad de lo que he recibido. “Nadie puede recibir, y comprender qué ha recibido, hasta que no dé” (8:6). Dar el mensaje lo fortalece y le da validez en mi propia mente. “No reconoceremos lo que hemos recibido hasta que no lo demos” (12:1).

El segundo paso es una parte fundamental de todo el proceso. Sin dar el mensaje, el proceso no puede completarse; mi propio reconocimiento de la salvación no puede completarse. No es suficiente recibir los mensajes de Dios. “No obstante, hay otra parte de la tarea que se os ha señalado que todavía tiene que llevarse a cabo” (9:4). Los mensajes deben darse, compartirse, para ser recibidos completamente. Debo aceptar mi función como mensajero de Dios si quiero entender lo que he recibido. Date cuenta de que las instrucciones para la práctica están adaptadas de la Lección 153, donde se nos dijo: “Hoy practicamos siguiendo un formato que vamos a utilizar por algún tiempo” (L.153.15:1). Estas instrucciones seguirán hasta que se den nuevas en la Lección 171 (Quinto Repaso), y se aplicarán a las Lecciones 181-200 también.

LECCIÓN 155

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4 JUNIO

“Me haré a un lado y dejaré que Él me muestre el camino” Instrucciones para la práctica Tiempo de quietud por la mañana/ noche: Por lo menos cinco minutos; lo ideal es treinta minutos o más. Se nos están dando menos instrucciones acerca de lo que tenemos que hacer durante los periodos más largos de práctica. Se espera que confiemos cada vez más en lo que antes se ha trabajado y en lo que el Espíritu Santo nos inspire a hacer en el momento. Durante la práctica más larga de hoy, se espera que nos unamos mentalmente a Dios, Quien nos hablará, diciéndonos cuánto nos ama y cómo nos ha encomendado nuestros hermanos a nosotros, confiando totalmente que les llevaremos al hogar, a Él. Por eso, repitamos las palabras que se nos dan (“Me haré a un lado y dejaré que Él me muestre el camino, pues deseo recorrer el camino que conduce hasta Él”), y luego entra profundamente en tu mente, escuchando en silencio y quietud Su Voz. Recuerda tu entrenamiento acerca de cómo hacerlo: escucha en quietud, con confianza, y con paciencia, repitiendo las frases cuando tu mente se distraiga. El propósito de la práctica de la mañana es agarrarte firmemente a Su Mano, para que Él pueda llevarte, mientras tú a tu vez llevas a tus hermanos. Al prepararte para servir a tus hermanos, el propósito de la práctica de hoy es fundamentalmente la misma que la de ayer. Recordatorios cada hora: Uno o dos minutos, a la hora en punto, (menos si las circunstancias no lo permiten). Repite la idea y luego escucha en silencio y quietud la Voz de Dios. Pregúntale cómo quiere dirigirte en esta hora que comienza, cómo quiere que guíes a tus hermanos por el camino que lleva a Él. Y dale gracias por Su dirección en la hora que ha pasado. Comentario “Hay una manera de vivir en el mundo que no es del mundo, aunque parezca serlo” (1:1). Y todos aspiramos a este modo de vida. Lo sorprendente del Curso es que ofrece lo que podría llamarse un camino del medio entre renunciar al mundo y meterte de lleno en él. Muchos, quizá la mayoría, de los buscadores espirituales cometen el error de pensar que una vida espiritual de algún modo tiene que parecer diferente. Algunos se visten de manera diferente, algunos renuncian a las comodidades modernas, algunos encuentran la espiritualidad en las verduras, algunos llenan sus hogares de incienso, algunos viven en pobreza, o alejados de la normal multitud mundana. Esta lección es una de las más claras afirmaciones en el Curso de que un buen estudiante del Curso no cambia de aspecto, excepto que quizá sonríe más frecuentemente. Hay caminos espirituales que piden un cambio de apariencia (una cabeza afeitada, vestimenta diferente) y esto no es para quitarle mérito a estos otros caminos. Pero no son el camino del Curso. Una de las lecciones más difíciles para los estudiantes del Curso, por lo que he observado, parece ser aprender a ser normales. Un verdadero estudiante del Curso es como todos los demás, tanto es así que “los que aún no han percibido el camino también… creerán que eres como ellos, tal como una vez lo fuiste” (1:5). Sin embargo, somos diferentes. La diferencia está dentro; nos hemos hecho a un lado, hemos dejado el control de nuestras vidas, y estamos dejando que nuestro Guía Interno dirija nuestro camino a Dios. Todo el mundo, incluidos nosotros, vinimos a este mundo por elección propia, “buscando un lugar donde poder ser ilusiones y así escapar su propia realidad” (2:2). Pero hemos descubierto que no podemos escaparnos de nuestra realidad, y hemos elegido darle menos importancia a las ilusiones, y seguir la verdad. Hemos aceptado nuestra función, y reconocemos que estamos aquí ahora, no por nosotros solos, sino para servir a aquellos que nos rodean tal como nos servimos a

nosotros mismos (5:4). Caminamos hacia Dios, y llevamos al mundo con nosotros hacia Dios (12:1; 13:1). Nos hacemos a un lado, y dejamos que Él nos muestre el camino.

LECCIÓN 156

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5 JUNIO

“Camino con Dios en perfecta santidad” Instrucciones para la práctica Tiempo de quietud por la mañana/ noche: Por lo menos cinco minutos; lo ideal es treinta minutos o más. Aunque no se nos dan instrucciones concretas para las sesiones de práctica, se nos dice cómo practicar de manera general. Antes de poner los pies en el camino, caminábamos de forma inconsciente creyendo que caminábamos solos, acompañados únicamente por nuestros pecados. Llevábamos el peso de lo que creíamos haber hecho como una roca pesada sobre nuestros hombros. Cuando pusimos nuestro pies en el camino, abrimos nuestra mente a la idea de que Dios camina con nosotros, de que Su Ser no se separa jamás de nuestro ser, y de que por tanto llevamos la santidad con nosotros, no nuestros pecados. Ahora parece que tenemos dos mentes, a veces creyendo que caminamos solos con nuestros pecados, otras veces creyendo que caminamos con Dios en santidad. Entonces, nuestra práctica consiste en preguntarnos: “¿Quién camina a mi lado?” Queriendo decir: ¿Dios o el pecado? Al preguntar, necesitamos darnos cuenta de que ésta es una pregunta verdadera, todavía no estamos realmente seguros de cuál es la respuesta. Y luego tenemos que responder con estas palabras: “Camino con Dios en perfecta santidad. Ilumino el mundo, ilumino mi mente, así como todas las mentes que Dios creó una conmigo”. Al decir estas palabras necesitamos darnos cuenta de que no son nuestras propias palabras intentando responder a nuestra pregunta. Son las palabras que Dios nos ha dado, es Él Quien nos responde (8:4). Si podemos aceptar esta respuesta de verdad, entonces nuestra santidad brillará hacia fuera para que todos la vean. Como dice el párrafo 4, incluso las flores, las olas, los árboles y el viento nos responderán como si estuviéramos visitando a la realeza ((inclinándose delante de nosotros, extendiendo una alfombra delante de nosotros, protegiendo nuestra cabeza del calor, llenando el aire de un dulce olor a incienso), pues sentirán al Rey de los Cielos caminando con nosotros. Recordatorios cada hora: Uno o dos minutos, a la hora en punto, (menos si las circunstancias no lo permiten). Haz la pregunta: "¿Quién camina a mi lado (Dios o el pecado)?” Y luego contesta con estas frases: “Camino con Dios en perfecta santidad. Ilumino el mundo, ilumino mi mente, así como todas las mentes que Dios creó una conmigo”. Luego dale las gracias a Dios por caminar contigo en la hora que ha pasado. Puedes pensar en sucesos de esa hora que demuestran que Él camina contigo. Y finalmente, pídele que te dirija en la hora que comienza: dónde Él quiere que vayas y lo que quiere que hagas. Sugerencia: Puedes hacer esta práctica de hacer la pregunta ("¿Quién camina a mi lado?”) y repetir la respuesta (“Camino con Dios…) muchas veces cada hora. La lección dice que se haga mil veces al día, o aproximadamente una vez por minuto. Esta sorprendente frecuencia quizá está un poco más allá de nuestro nivel de disciplina. Sentiremos beneficios poderosos si lo hacemos unas cuantas veces por hora. Comentario “Las ideas no abandonan su fuente” (1:3). Cuando una mente piensa una idea, esa idea permanece en la mente; no se vuelve algo separado ni aparte de la mente que la pensó. Y yo soy un Pensamiento de Dios; por lo tanto, no puedo estar separado de Él. He pensado que yo estaba separado. Sin duda,

muchas veces todavía lo pienso y me comporto como si estuviera separado de Dios. Pero no lo estoy, no puede ser. Estar separado de Dios es imposible. Dios es Ser, Dios es Existencia. Todo lo que existe, está en Él. Él es Vida. Todo lo que vive, vive en Él. “Él es lo que tu vida es. Donde tú estás, Él está. Hay una sola vida. Ésa es la vida que compartes con Él. Nada puede estar separado de Él y vivir” (2:5-9). Dios también es santo. Si Dios es santo, y yo estoy en Él, yo soy santo también. “Todo lo que vive es tan santo como Él” (3:3). Por lo tanto, “Camino con Dios en perfecta santidad”. “No puedo ser pecaminoso, de la misma manera en que el sol no puede elegir ser de hielo” (3:3). Esto no es una débil esperanza; es un hecho. Es la verdad acerca de mí, y de ti, y de todos los que viven. Sin embargo, nos hemos enseñado a nosotros mismos que esta verdad no es verdad. Me asombra ver qué ideas tan contradictorias surgen en mi mente cuando repito esta afirmación. Sería un ejercicio útil escribir la idea de hoy como una afirmación, diez o más veces, y luego en otra columna escribir la respuesta de mi mente a esta idea. Puede que obtengas cosas así: “Camino con Dios en perfecta santidad”. “No soy tan santo”. “Camino con Dios en perfecta santidad”. “Me queda mucho trecho para ser santo”. “Camino con Dios en perfecta santidad”. “No me gusta que me llamen santo”. “Camino con Dios en perfecta santidad”. “La mayor parte del tiempo camino solo”. Y así sucesivamente. Lo que es interesante de este ejercicio es que te muestra la serie de pensamientos que domina tu mente, que se opone a la idea de hoy y la ataca constantemente. Es esta cadena de pensamientos negativos lo que bloquea la luz en mí. Todas las respuestas son una forma de la idea “soy un pecador”, lo que con todas mis fuerzas negaría creer, si alguien me lo preguntase. Y sin embargo, frente a la afirmación de que camino con Dios en perfecta santidad, estas formas de la idea de que soy pecador surgen “por sí solas”. ¿De dónde vienen? Está claro que de un muy cuidadoso entrenamiento del ego desde hace mucho tiempo, un lavado de cerebro muy eficaz, tan bien hecho que ni siquiera me doy cuenta de que mi mente ha sido programada. ¿Creo que soy un pecador? “Tú has desperdiciado muchos, pero que muchos años precisamente en este pensamiento descabellado” (7:1), dice la lección. Sí, sin duda, lo creo. Pero cuando me doy cuenta de estos pensamientos negativos acerca de mí, puedo abandonarlos. Puedo “dar marcha atrás” y dejar de acusarme. Cuando lo hago, “la luz que refulge en ti da un paso adelante y envuelve al mundo” (6:2). ¿Cómo podemos deshacer la programación del ego? Un modo, claramente recomendado por esta lección, es una rotunda programación al contrario. Recomienda que mil veces al día nos preguntemos: “¿Quién camina conmigo?” Y luego, que respondamos escuchando a la Voz de Dios diciendo por nosotros: “Camino con Dios en perfecta santidad. Ilumino el mundo, ilumino mi mente, así como todas las mentes que Dios creó una conmigo”. (8:5-6) La seguridad de nuestra santidad no viene con una sola repetición de la idea de hoy. Necesitamos miles de repeticiones. Necesitamos continuar repitiéndola hasta que estemos seguros de ella. Si tomáramos esto al pie de la letra, repetir la idea mil veces significaría repetirla más que una vez por minuto, a lo largo de todo el día, suponiendo que estamos despiertos dieciséis horas. ¡Ésas son muchas repeticiones! Que hoy vea la “extraña absurdidad” (6:4) de la idea del pecado, y me ría del pensamiento. Que empiece a aceptar la maravillosa enseñanza del Curso de que el pecado “es un pensamiento descabellado, un sueño tonto, ridículo quizá, pero no temible” (6:5). Y que me inunde la maravilla de: “Camino con Dios en perfecta santidad”.

LECCIÓN 157

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6 JUNIO

“En Su Presencia he de estar ahora” Instrucciones para la práctica Propósito: Conducirnos a nuestra primera experiencia directa del Cielo. Éste es un día santo, un punto decisivo en el programa de estudios, el comienzo de un nuevo viaje. Hoy empezará tu ministerio. Tu único propósito ahora será llevar al mundo la visión que refleja lo que sientes hoy. Y se te dará poder para tocar a todos con esa visión. Tiempo de quietud por la mañana/ noche: Por lo menos cinco minutos; lo ideal es treinta minutos o más. Acércate a esta práctica con un sentido de santidad, pues estás intentando pasar más allá del velo del mundo y entrar en el Cielo. Repite la idea (puedes repetirla una y otra vez), y déjala que te sumerja en ese profundo lugar de tu mente, el lugar de quietud y descanso. Luego espera allí “en tranquila expectación y en sereno gozo” (4:3), la experiencia que se te ha prometido. Confía en que tu Ser te llevará a donde necesitas ir. Él elevará tu mente a las más elevadas cimas de la percepción, a la más santa visión posible. Aquí, a “las puertas donde finaliza el aprendizaje” (2:3), te detendrás un momento, y luego atravesarás la entrada a la eternidad. Irás más allá de toda forma y por poco tiempo entrarás al Cielo. Hoy se pretende que sea tu primera experiencia de lo que el Texto llama revelación: unión directa con Dios y con tu Ser. Si sucede (y la lección de mañana parece reconocer el hecho de que puede que no; ver L.158.11:1), no será la última. Tendrás esta experiencia cada vez más. Cada vez os acercará a ti y al mundo un poco más al día en el que esta experiencia será vuestra para toda la eternidad. Recordatorios cada hora: Uno o dos minutos, a la hora en punto, (menos si las circunstancias no lo permiten). Repite la idea y pasa un momento de quietud con ella, buscando entrar en la Presencia de tu Ser. Luego da gracias a Dios por Sus regalos a ti en la hora anterior, y deja que Su Voz te diga lo que Él quiere que hagas en esta hora que viene a continuación. Comentario Experiencia y Visión Hoy me gustaría compartir algunos pensamientos basados principalmente en la Lección 157, pero con algunas referencias a la Lección 158 también. Esta lección introduce una serie de lecciones planeadas para llevarnos al instante santo, que es un objetivo muy importante del Libro de Ejercicios. A partir de este momento, “cada lección, fielmente practicada, te lleva con mayor rapidez a este santo lugar” (3:3). El Curso habla aquí de una experiencia y de una visión que es el resultado de esa experiencia. El instante santo contiene un instante de conocimiento -algo más allá de la percepción- del que regresamos con la Visión de Cristo en nuestra mente, que podemos ofrecer a todos. La experiencia de la que aquí se habla es sencillamente entrar en la Presencia de Dios. Es “una manera de sentir distinta y una conciencia diferente” (1:4) en la que “aprender a sentir el júbilo de la vida” (1:6). Se le llama el instante santo. La Lección 157 lo llama “un atisbo del Cielo” (3:1) y un momento en el que se te deja con tu Ser. Es un instante en el que “el mundo se olvida calladamente y

el Cielo se recuerda por un tiempo” (6:3). Por un momento abandonamos el tiempo y entramos en la eternidad (3:2). No es algo que nosotros hacemos; el Espíritu Santo, “el Dador de los sueños felices de la vida” y “el Traductor de la percepción a la verdad”, nos conducirá. (8:2). La visión de la que se habla es el resultado de la experiencia. No es “una visión”, algo que se ve con los ojos del cuerpo, sino “la visión”, una manera de ver. No hablamos de un estado de trance, ni de algunas apariciones en nuestra mente de visiones místicas. Estamos hablando de una manera diferente de ver el mundo, un mecanismo diferente de vista, algo distinto a los sentidos físicos. La religión oriental habla del Tercer Ojo para indicar lo mismo. Al experimentar el instante santo, hemos despertado una manera diferente de ver. Ese nuevo tipo de visión no desaparece cuando regresamos al mundo (7:1), por así decir. Es sólo una manera de hablar para decir que volvemos. Nunca nos marchamos. O quizá mejor, puesto que el Cielo es lo real y este mundo es la ilusión, nunca vinimos aquí en absoluto. Lo que “regresa” con nosotros, dentro del sueño, es el recuerdo de Dios y del Cielo, el recuerdo de lo que vimos en ese instante santo. Seguimos viendo atisbos de él más allá de la vista del mundo, viendo el “mundo real” más allá del mundo; y más allá del mundo real vemos el Cielo. Cada (aparentemente separado) instante santo que sentimos, fortalece esta nueva visión, este mecanismo nuevo de ver. Éste es el propósito de las recomendaciones del Libro de Ejercicios para los periodos de meditación diarios por la mañana y por la noche; son sesiones de práctica, ejercicios para desarrollar nuestra nueva visión. Por supuesto, se espera que ejercitemos esta visión constantemente durante el día, para tener varios instantes santos a lo largo del día. Si comparamos esto con aprender un idioma, las sesiones de meditación son como los laboratorios de idiomas y los estudios de gramática. Los ejercicios concentrados del idioma no son un fin en sí mismos sino que están planeados para prepararnos y mejorar nuestras capacidades de hablar y entender cuando salimos fuera y realmente utilizamos el idioma. Del mismo modo, la meditación no es un fin en sí misma. Es un ejercicio para fortalecer nuestra visión espiritual, pero el propósito es salir a la vida diaria y empezar a utilizar esa nueva visión tan a menudo como sea posible. La Lección 157 dice: “Una experiencia como ésta no se puede transmitir directamente. No obstante, deja en nuestros ojos una visión que podemos ofrecerles a todos” (6:2-3). No puedo darte un instante santo directamente. Puedo hablarte de él, pero tú tienes que hacer tu propio trabajo y tener la experiencia por ti mismo. Lo que puedo darte u ofrecerte es la nueva visión, la nueva manera de ver el mundo. La visión que todos podemos enseñar, como maestros de Dios “en prácticas”, es la del perdón y el amor dentro del mundo. Puedo enseñarte que es posible ver lo invisible más allá de lo visible, ver la verdad duradera detrás de las nubes de duda, miedo y defensa. Puedo enseñarte a “no ver a nadie como un cuerpo y a saludar a todo el mundo como el Hijo de Dios que es reconociendo que es uno contigo en santidad” (L.158.8:3-4). Al verte sin culpa, te enseño que ver sin culpa es posible. Y al estar dispuesto a practicar la visión, dispuesto a pedir que se te muestre una manera diferente de ver, llega la experiencia del instante santo. LECCIÓN 158 7 JUNIO

“Hoy aprendo a dar tal como recibo” Instrucciones para la práctica Propósito: Practicar ver a tus hermanos con la visión de Cristo, viendo más allá de sus cuerpos, de sus errores y de sus pensamientos de miedo a la santidad pura y sin mancha de su verdadera Identidad.

Tiempo de quietud por la mañana/ noche: Por lo menos cinco minutos; lo ideal es treinta minutos o más. Como siempre, empieza repitiendo la idea del día. Su significado puede parecer poco claro, pero la lección lo explica muy claro. Significa: “Hoy aprendo a dar a mis hermanos una visión de Quién son realmente, tal como yo recibo de Dios el conocimiento de Quién soy realmente”. El conocimiento que Dios te da no puede darse directamente; únicamente puedes darlo en forma reflejada, dándoles a otros tu visión de su santidad. Luego pasa el resto del tiempo como el Espíritu Santo te indique tal como el Libro de Ejercicios te ha enseñado a hacer. Lo principal que te ha enseñado a hacer durante estos periodos más largos de práctica es aquietar la mente y sumergirte hacia adentro y abajo al profundo santuario dentro de ti, manteniendo toda la atención en ello, y retirando tu mente de las distracciones por medio de repeticiones de la idea del día. Hoy, haz esto con la intención de ponerte en contacto con el conocimiento de Quién eres, para que puedas dárselo a tus hermanos. Al sumergirte dentro de este profundo pozo dentro de ti, obtendrás la consciencia de que no somos cuerpos, y ésta es la consciencia que vas a dar a tus hermanos hoy. Recordatorios cada hora: Uno o dos minutos, a la hora en punto, (menos si las circunstancias no lo permiten). Repite la idea y luego (ésta es recomendación mía) pasa un rato intentando ver a un hermano concreto a través de los ojos de Cristo. Conscientemente intenta ver más allá de su cuerpo y de su personalidad a la santa luz de su verdadera realidad. Luego da gracias a tu Padre por los regalos que te ha dado en la hora anterior: quizá regalos de ver más allá de la apariencia de un hermano concreto a su verdadera realidad. Finalmente, pide dirección para la hora que comienza. Puedes pensar en personas con las que es posible que te encuentres y prepárate para esos encuentros, mirando intencionadamente más allá del cuerpo de cada persona a la santidad que brilla en él. Recordatorios frecuentes: Cada vez que te encuentres con alguien. Acuérdate de ver a cada hermano con el que te encuentres con la visión de Cristo. Contémplale como el Hijo de Dios, uno contigo, y no como una mente separada que habita en un cuerpo separado. Para motivarte, recuerda que lo que ves en él es lo que ves en ti. Si le ves con la visión de Cristo, entonces esa visión brillará sobre ti. Comentario Esta lección encierra mucha metafísica profunda, concretamente de la relacionada con el tiempo, un punto de partida genial es el libro de Ken Wapnick Una Enorme Ilusión: El Tiempo en ‘Un Curso de Milagros’. ¡No puedo escribir un libro esta noche y probablemente no quieres leer uno en este momento! Así que voy a saltarme la mayor parte de ello. El asunto práctico que esta lección está intentando exponer es que el “conocimiento”, que pertenece al mundo del Cielo, está más allá del alcance de este Curso. Todos recibimos el conocimiento cuando fuimos creados; todo ser viviente sabe, por naturaleza, que está conectado a su Fuente: “mente, por siempre libre de pecado y totalmente exento de miedo al haber sido creado del Amor” (1:2). Puede parecernos que esto es algo que no tenemos, y que es esto lo que estamos intentando dar a los otros y recibirlo para nosotros. Pero no podemos darlo porque todos lo tienen ya. Existe completamente fuera del tiempo. El momento del tiempo en el que la experiencia de este conocimiento se revela ya ha sido determinado, por nuestra propia mente (2:9). Cuando tenga que suceder, sucederá. Dentro del tiempo -que es una ilusión- lo que podemos dar y recibir es el perdón. El perdón es el regalo que refleja verdadero conocimiento “de manera tan precisa que su imagen comparte su invisible santidad” (11:2). Lo que podemos dar es una visión de inocencia total, la “visión de Cristo”. Podemos mirar más allá del cuerpo y ver una luz, mirar más allá de lo que puede tocarse y ver una

idea, mirar más allá de los errores y los miedos de nuestros hermanos y ver su pureza natural. Podemos saludarnos al otro y verle “como el Hijo de Dios que es, reconociendo que es uno contigo en santidad” (8:4). No estamos dando el conocimiento. Cuando nos encontramos con alguien, podemos darle nuestra visión de él sin mancha alguna de pecado. A través del modo en que le percibimos, puede encontrar una nueva percepción de sí mismo, una que no ha encontrado por su cuenta. Cuando responda a nuestra visión misericordiosa, nos devolverá esa visión a nosotros, permitiéndonos ver el Amor de Dios dentro de nosotros. Cuando perdonamos a otro, al mismo tiempo hemos perdonado nuestros propios pecados, porque “en tu hermano te ves a ti mismo” (10:3). No podemos saber cuándo vendrá la revelación de la verdad, la experiencia de nuestra realidad. Ese momento ya ha sido fijado, el drama se está representando, no hay nadie que dé ni un solo paso al azar (3:1-3). Y sin embargo, cada acto de perdón acerca más ese día. Entonces, nuestra preocupación no es la experiencia final, sino la práctica de la visión, ver con los ojos de Cristo. Esto es algo que podemos alcanzar, esto es algo acerca de lo que podemos hacer algo. Y lo podemos hacer hoy. Ahora mismo. “Esto se puede enseñar, y todo aquel que quiera alcanzarlo tiene que enseñarlo” (8:1). El modo de aprender la visión de Cristo es darla. El modo de lograr la visión de nosotros mismos como Cristo nos ve es practicar ver a otros con Sus ojos. Lo damos para recibirlo. Éste es el plan completo del Curso. LECCIÓN 159 8 JUNIO

“Doy los milagros que he recibido” Instrucciones para la práctica Propósito: Abrir el almacén de tesoros de Cristo, en lo más profundo de tu mente, recoger azucenas de perdón allí, y luego dárselas a tus hermanos. Únicamente al darlas, reconocerás que las has recibido. Tiempo de quietud por la mañana/ noche: Por lo menos cinco minutos; lo ideal es treinta minutos o más. Como es habitual en esta etapa, no se nos dan instrucciones acerca de qué hacer durante nuestras sesiones de práctica. Así que lo que viene a continuación es una sugerencia basada en el contenido de la lección. Cierra los ojos, repite la idea, y sumérgete en lo más profundo de tu mente. Cuando te acercas al centro de quietud en tu mente, ves un almacén de tesoros, una estructura hermosa y brillante que extiende una sensación de santidad. Te acercas a esta enorme entrada, preguntándote si podrás entrar. Sin embargo la lección nos recuerda: “A nadie se le niega la entrada a este nuevo hogar donde le aguarda su salvación” (7:4). La puerta se abre silenciosamente delante de ti, y al entrar contemplas el tesoro almacenado en este lugar. En lugar de oro y plata, ves un sagrado jardín con las más sorprendentes azucenas que has visto. Literalmente brillan con santidad. A su alrededor oyes en el aire el suave canto de coros celestiales. Te das cuenta de que éstas son las azucenas del perdón. Son los milagros. También te das cuenta de que es en la visión de Cristo donde crecen, “el milagro del que emanan todos los demás milagros” (4:1). Estás aquí para recoger estos milagros y llevarlos contigo de vuelta al mundo. Así que camina por el jardín y empieza a recoger las azucenas. No seas tímido, para eso es para lo que están. Al recoger cada una, date cuenta de que en su lugar florecen dos más. Ahora, con un montón de azucenas, estás listo para salir a lo que tengas que hacer ese día, listo para dar esos milagros a todos con los que te encuentres.

Después de este periodo de práctica, cuando continúas con las actividades del día, imagina que estás dando una de estas azucenas a cada persona con la que te encuentras. Tu azucena es el reconocimiento de que esa persona es el Cristo, totalmente limpio de su pasado, listo para levantarse de la tumba de sus pecados, y así nacer de nuevo. Así que cuando le das la azucena, puedes decirle mentalmente: “Estás perdonado. Ésta es tu Pascua Florida”. Recordatorios cada hora: Uno o dos minutos, a la hora en punto, (menos si las circunstancias no lo permiten). Sugiero repetir la idea y entonces elegir una persona. Luego imagina darle una azucena a esa persona, mientras le dices mentalmente: “Estás perdonado. Ésta es tu Pascua Florida”. Después pregúntale a Dios qué azucenas quiere que des en la hora siguiente, y dale gracias por las azucenas que Él ha dado a través de ti en la hora que ha pasado. Comentario Fíjate en que el título de la lección de hoy es casi el mismo que el de la lección de ayer: “Hoy aprendo a dar tal como recibo”. Hay un pensamiento en común en estas dos lecciones, incluso extendiéndose a dos lecciones anteriores. Todas ellas hablan de la visión de Cristo. Todas ellas nos presentan la idea del instante santo como una parte fundamental de nuestra práctica espiritual, aunque no se habla de ello concretamente en cada una de estas lecciones. La idea general que se presenta es la de nuestra continua práctica espiritual. Es ésta: Entramos en el instante santo a menudo. Ahí, experimentamos un toque de eternidad o del Cielo, un atisbo del conocimiento de la verdad. Mientras que la experiencia no podemos traerla con nosotros al mundo, podemos traer cómo es esa experiencia traducida a la percepción, a esto se le llama “la visión de Cristo”, que se manifiesta en el perdón. En esta lección, el instante santo se da a entender con frases como: “Permitámonos por un instante soñar con Él” (10:6), o “Recíbelos ahora abriendo el almacén de tu mente donde se encuentran” (2:5). El Instante Santo es el “almacén” al que venimos, el lugar en el que recibimos los regalos de la visión de Cristo. Tenemos que recibir antes de que podamos dar. Pero no podemos reconocer, o hacernos conscientes por completo de lo que hemos recibido hasta que lo demos: “Al dar es como reconoces que has recibido. Es la prueba de que lo que tienes es tuyo” (1:7-8). Extender la visión de Cristo es una parte esencial del plan de salvación que presenta el Curso. Es lo que nos trae seguridad. Esto es muy parecido al principio que enseña Alcohólicos Anónimos de que te mantienes sobrio ayudando a otro a mantenerse sobrio. Aquí se enseña: Comprendes que estás sano cuando ofreces curación: Aceptas que el perdón se ha consumado en ti cuando perdonas”. (2:1-2) Es únicamente cuando traemos las “azucenas” del perdón del instante santo, donde las recibimos, y las damos al mundo, cuando verdaderamente sabemos que estamos perdonados. Al dar los milagros cuando los recibimos. Padre, ayúdame hoy a darme cuenta de que soy rico. El almacén de mi mente está lleno de milagros. Puedo venir a este almacén y, en este instante santo, recibirlos. Me los confiaste para que yo los diera. Que hoy me detenga a menudo, para encontrarme aquí Contigo, y luego lleve estos tesoros para ofrecérselos al mundo. Éste es mi único propósito en la vida, ésta es la razón por la que estoy aquí. LECCIÓN 160 9 JUNIO

“Yo estoy en mi hogar. El miedo es el que es un extraño aquí” Instrucciones para la práctica Tiempo de quietud por la mañana/ noche: Por lo menos cinco minutos; lo ideal es treinta minutos o más. Mi sugerencia: Empieza dándote cuenta de que la experiencia de miedo y la experiencia de hogar no pueden sentirse al mismo tiempo. Cuando verdaderamente te sientes en el hogar, tienes una sensación de refugio y seguridad, una sensación de unión y de pertenecer ahí, una sensación de comodidad y paz. Cuando sientes miedo, sientes la ausencia de todas esas cosas. Fundamentalmente, te sientes sin hogar. Ahora pasa un tiempo intentando ponerte en contacto con ese estado. Primero, imagina sintiéndote completamente en el hogar dentro de ti mismo, pase lo que pase fuera de ti. Imagina que sabes quién eres, sintiéndote en el hogar contigo mismo. Imagina sintiéndote en el hogar con Dios, envuelto en Su Amor. Imagina al miedo siendo un pensamiento que acecha en la superficie de tu mente, intentando invadir la paz de este hogar interior, llamando a la puerta, dando golpes en la ventana, pero que no puede entrar. Luego ponte en contacto con el estado de miedo, el estado en el que todos vivimos. Date cuenta de cómo en este estado, el miedo, la ansiedad y la preocupación son tus reacciones más naturales a los acontecimientos del mundo, tan naturales que son respuestas automáticas. Esto te hace sentir que no tienes un puerto seguro ni un refugio verdadero. Te sientes separado de Dios y alejado de ti mismo. Es como si estuvieses acechando fuera, mientras el miedo se sienta sin problemas en el trono de tu mente. Ahora pregúntate a ti mismo con sinceridad: “¿Quién es el extraño?” ¿Es el miedo o tú? ¿Quién se sienta en el hogar de tu mente, y quién está fuera caminando sin hogar? ¿Es el miedo o tú? ¿Cuál de los estados por los que has pasado es la verdad y cuál es la mentira? Ahora responde con estas palabras que Dios te ha dado: “Yo estoy en mi hogar. El miedo es el que es un extraño aquí”. Date cuenta de que esta respuesta es verdad porque viene de Dios. Repítela una y otra vez. Intenta sentir la verdad que encierra. Finalmente, deja que esta idea te lleve muy adentro en tu mente, al lugar donde estás en tu hogar y donde el miedo no tiene lugar. Siente la atracción del hogar llevándote muy dentro en tu interior. Sumérgete allí donde eres uno con tu Ser, en el hogar en tu Creador. Para renovar el centro de tu atención, de vez en cuando repite: “Yo estoy en mi hogar”. Y cuando un pensamiento se cuele en este santo hogar, di: “Yo estoy en mi hogar. Este pensamiento es el que es un extraño aquí”. Recordatorios cada hora: Uno o dos minutos, a la hora en punto, (menos si las circunstancias no lo permiten). Repite la idea, dejando que te lleve a un lugar en tu mente donde te sientes verdaderamente en el hogar. Dale gracias a tu Padre por las cartas desde el hogar que te ha enviado en la hora anterior, en forma de relaciones y cambios en la percepción. Y pregúntale que hacer en la hora a continuación. Respuesta a la tentación: Cuando te sientas tentado a sentir miedo o a ver a un hermano como un extraño. Cuando sientas la tentación del miedo, di: “Yo estoy en mi hogar. Este pensamiento de miedo es el que es un extraño aquí”. Mientras lo haces, imagínate a ti mismo en el hogar dentro de tu mente mientras que el pensamiento de miedo espera fuera, sin poder entrar. Cuando sientas la tentación de ver a un hermano como un extraño, recuerda que él es parte de tu Ser. Puedes decirle mentalmente a este hermano: “Tú estás en el hogar conmigo. No hay extraños aquí. Comentario En esta lección el miedo es lo mismo que el “ego”. La imagen que aquí se da es que hemos invitado a nuestro hogar al miedo, personificado como un extraño, y el extraño se ha puesto al mando y ha declarado que él es nosotros. Ha absorbido nuestra identidad casi por completo. Y la parte demente de todo ello es que vamos con el extraño. Hemos aceptado que el extraño es realmente nosotros, y le hemos dejado nuestro hogar a él por completo. Nos ha despojado de todo.

¿Quién es el extraño? ¿Tú o el ego? Es tan fácil, cuando pensamientos de miedo invaden nuestra mente, creer que el miedo es nosotros. Que la ira es nosotros. Que la soledad es nosotros. Que la incapacidad es nosotros. Nos hemos acostumbrado a identificarnos con nuestros pensamientos y sentimientos de miedo, pensamos que ellos son nosotros. La fuerza de esta lección es que todas estas manifestaciones de miedo son un intruso, no una auténtica parte de nosotros en absoluto. Tú no eres el ego, el ego no es tú. Stephen Levine, en varios de sus libros, habla acerca de relacionarnos con nuestro miedo en lugar de relacionarnos desde nuestro miedo. La diferencia que hace es entre identificarnos con el miedo (relacionarnos desde él) o diferenciar nuestro ser de él (relacionarnos con él). Cuando me relaciono desde el miedo, me tiene atrapado. Me dirige el miedo, el miedo es yo. Sin embargo, cuando me relaciono con mi miedo, puedo mirarlo con misericordia y sin confusión. Puedo reaccionar al miedo con compasión, y sanar en lugar de dejarme invadir por el pánico. Es la diferencia entre decir: “Tengo miedo” y decir: “Tengo pensamientos de miedo” o “Estoy sintiendo miedo”. Mis pensamientos no son yo. Yo soy el pensador que está pensando los pensamientos, pero yo no soy los pensamientos. Cuando podemos separarnos del miedo que sentimos, ya nos hemos identificado con nuestro verdadero Ser. Nuestro Ser está seguro de Sí Mismo, y actúa para sanar nuestra mente, para llamarnos al hogar. Cuando damos la bienvenida en nuestra mente a este Ser, recordamos Quién somos. Sin embargo, esta nueva visión de nosotros mismos incluye necesariamente a todos. Es como si Dios nos estuviera ofreciendo unas gafas y dijera: “Si te las pones, verás tu verdadero Ser”. Pero nos rebelamos, cuando descubrimos que al ponérnoslas no sólo nos vemos a nosotros en una nueva luz sino a todos. Queremos vernos a nosotros inocentes, pero no estamos dispuestos a ver a todos de ese modo. Si nos negamos a ver inocentes a todos a nuestro alrededor, nos quitaremos las gafas, rechazaremos la visión de Cristo, y no podremos reconocernos a nosotros mismos (10:5). “Mas tú no lo podrás recordar a Él (Dios) hasta que contemples todo tal como Él lo hace” (10:4). Cuando pensamientos de miedo entren hoy en mi mente, que yo reconozca que ellos son los extraños, los intrusos, y que yo soy el que estoy en mi hogar, no el miedo. El miedo no pertenece aquí. No necesito aceptarlo en mi mente. Pero que no luche contra el miedo, que contemple a mis pensamientos de miedo con compasión y con comprensión, reconociéndolos como un simple error, y no como un pecado. No hay que sentirse culpable por sentir miedo, no hay necesidad de ello. Puedo abandonar estos pensamientos, puedo ir a mi Ser, y ver esos pensamientos como las ilusiones que son. Puedo contemplarme con amor. Y desde este mismo lugar de consciencia compasiva, veo a todos mis hermanos en la misma luz: atrapados por el miedo, confundiendo al miedo consigo mismos, y que necesitan no juicio ni ataque sino perdón, amabilidad y compasión. LECCIÓN 161 10 JUNIO

“Dame tu bendición, santo Hijo de Dios” Instrucciones para la práctica Propósito: “pronunciarnos en contra de nuestra ira” (1:1). Eliminar los miedos que hemos proyectado sobre nuestros hermanos y ver el salvador divino que son. Tiempo de quietud por la mañana/ noche: Por lo menos cinco minutos; lo ideal es treinta minutos o más. Elige un hermano en representación de todos los hermanos. Al perdonarle a él, perdonas a todos.

Contémplalo en tu mente tan claro como puedas: su rostro, manos, pies, su sonrisa, sus gestos. Al hacer esto te pones en contacto con todos los significados negativos que has proyectado sobre él. Como la lección ha dicho antes, el cuerpo de otro es una gran pantalla de proyección. Luego date cuenta de que lo que estás viendo te impide la visión de tu salvador. Muy dentro de esta persona hay un ser santo que, como un gran maestro espiritual, puede iluminarte con su bendición y liberarte de las cadenas que te has puesto a ti mismo. Si le vieras tal como es, te sentirías impulsado a arrodillarte a sus pies. Pídele a este santo ser que te libere. Dile: “Dame tu bendición, santo Hijo de Dios. Quiero contemplarte con los ojos de Cristo, y ver en ti mi perfecta impecabilidad”. Repite estas frases una y otra vez, con el corazón, tal como le pedirías su bendición a un maestro iluminado. Has invocado al Cristo en él, y el Cristo en él te responderá. Se te caerán las vendas de los ojos y te darás cuenta de que has estado completamente equivocado acerca de quién es esta persona. “Contempla ahora a aquel que tan sólo habías visto como carne y hueso, y reconoce que Cristo ha venido a ti” (12:3), venido para revelarte al Cristo en ti. Recordatorios cada hora: Uno o dos minutos, a la hora en punto, (menos si las circunstancias no lo permiten). Repite la idea, quizá aplicándola a una persona determinada. Luego da gracias a Dios por las bendiciones que Él te ha dado en la hora que ha terminado. Y pídele Su dirección para la hora que comienza. Respuesta a la tentación: Cada vez que sientas la tentación de atacar a un hermano. Utiliza la idea inmediatamente. Déjala que te ayude a ver más allá de la apariencia de demonio (12:6), o de un animal salvaje ansioso por hacerte pedazos (8:2-4), a la realidad de que aquí delante de ti está el Cristo. Comentario (Los comentarios de hoy son algo que escribí hace unos años cuando estaba trabajando como especialista en ordenadores en Nueva Cork. En aquel día concreto, yo había esperado poder trabajar desde casa, a través del modem, pero mi cliente había insistido en que fuera a su oficina. Esto había echado por tierra mis planes de un largo “rato de quietud”. Los comentarios que siguen fueron los que me vinieron al leer la lección.) “Hoy vamos a… pronunciarnos en contra de nuestra ira de modo que nuestros temores puedan desaparecer y darle cabida al amor” (1:1). ¡Qué casualidad que yo empiece esta lección con llamaradas de ira por tener que salir precipitadamente a trabajar! Cuando un hermano o una circunstancia parecen causar ira en mí, en lugar de escuchar al ego y estar de acuerdo con que la causa de mi ira es el hermano o la circunstancia, que yo vea que el hermano me está dando una bendición al mostrarme que estoy furioso y que me he soltado de la mano de Jesús. Piensa en ello por un momento con lógica. Si estoy completamente conectado al Amor de Dios en mi corazón, nada podrá alterar mi paz. Si surge algo que (aparentemente) altera mi paz, algo tiene que haber sucedido antes. Primero tengo que haberme desconectado del Amor de Dios, para reaccionar de ese modo. Entonces, ese algo en lugar de causar mi disgusto simplemente me lo está mostrando. Por lo tanto, puedo ver la acción de mi hermano o la circunstancia como una bendición, un mensaje de Dios, una lección que Dios quiere que yo aprenda. “La condición natural de la mente es una de abstracción total” (2:1). La abstracción se refiere al contenido, en lugar de a la forma. Separa las cualidades o propiedades de un objeto por sí mismo de la forma física de ese objeto. El estado natural de la mente considera al contenido “separado de la existencia concreta” (Diccionario Americano Heritage). Aquí Jesús dice que parte de la mente se ha vuelto concreta y específica en lugar de abstracta. Ve pedazos del todo, en lugar de ver todo. Ésta es la única manera en que podríamos ver “el mundo”.

“El propósito de la vista es mostrarte aquello que deseas ver” (2:5). Si estoy viendo algo que “me hace” enfadar o disgusta, es porque quiero verlo. La mente, que se dedica a lo abstracto, ya se ha separado del Amor de Dios (o piensa que lo ha hecho, o desea hacerlo, ya que la separación es imposible). Por lo tanto, divide la realidad, ve formas concretas que parecen justificar su separación, su ira y su disgusto. Inventa ilusiones que aparentemente dan razones válidas para estar disgustado. Consigue esto sólo al ver pedazos en lugar del Todo. Nunca me disgustaría si pudiera ver todo el cuadro, tal como Dios lo ve, incluyendo cosas que ni siquiera puedo imaginarme desde mi limitada comprensión. Yo he inventado esas cosas concretas. Puesto que yo las he inventado, y estoy metido de lleno en esas cosas concretas que he inventado con el propósito de justificar mi separación de Dios, “ahora son las cosas concretas las que tenemos que usar en nuestras prácticas” (3:2). El Espíritu Santo tomará las circunstancias concretas que yo me he inventado como un ataque a Dios y Él las usará para llevarme de regreso. ¿Cómo? Se las entregamos al Espíritu Santo, de manera que Él las pueda utilizar para un propósito diferente del que nosotros les dimos. Él sólo se puede valer, para instruirnos, de lo que nosotros hicimos, pero desde una perspectiva diferente, a fin de que podamos ver otro propósito en todo. (3:3-4) (En otras palabras, todo con lo que tenemos que trabajar son las cosas concretas que nos hemos inventado, para que Él las utilice) …para instruirnos pero desde una perspectiva diferente, a fin de que podamos ver otro propósito en todo. (3:4) “La mente que se enseñó a sí misma a pensar de manera concreta ya no puede captar la abstracción en el sentido del abarcamiento total que ésta representa” (4:7). Ideas como “todas las mentes están unidas” y “un hermano es todos los hermanos” ¡no significan absolutamente nada para nosotros! No podemos entenderlas. Estas afirmaciones abstractas sencillamente no nos ayudan, tan metidos como estamos en la ilusión. Nos aferramos a las cosas concretas, a símbolos como el cuerpo, porque nuestro ego quiere miedo, y éste es el único modo en que el miedo puede parecer muy real. Así que ponemos toda nuestra atención en los símbolos, las cosas concretas, el cuerpo. Nos sentimos limitados por nuestro propio cuerpo, y por los cuerpos de otros, vemos a los cuerpos como si nos estuvieran atacando. Cuando veo a un hermano como un cuerpo que me ataca, lo que veo es mi propio miedo como si estuviera afuera, listo para atacar (párrafo 8). Tendemos a pensar que cuando proyectamos miedo, vemos personas que tienen miedo; no es así, lo que vemos son personas que parecen hacer que tengamos miedo. Vemos un monstruo que “chilla de rabia y da zarpazos en el aire deseando frenéticamente echarle mano a su hacedor y devorarlo” (8:4). Cuando me disgusto y enfado con mi cliente por “obligarme” a ir a su oficina, esa situación externa concreta realmente me está mostrando ¡mi propio miedo al Amor de Dios! Me está dando la oportunidad de ver más allá del aparente ataque y de pedirle una bendición, para que me muestre mi propia perfecta inocencia. Si Le permito al Espíritu Santo que me muestre a mi hermano como es, en lugar de verlo como mi miedo lo ha imaginado, lo que vea será tan impresionante que apenas podría contener el impulso de arrodillarme a sus pies (9:3). Y sin embargo, lo que él es, yo lo soy y seré; en lugar de arrodillarme tomaré su mano (9:4). Invoco al Cristo en él (mi cliente) para que me bendiga. Únicamente estoy viendo un símbolo de mi propio miedo a Dios. Le traigo ese miedo al Espíritu Santo ahora. Y cuando lo hago, empiezo a sentir una chispa de verdadera gratitud a mi hermano por ofrecerme esta salvación del miedo. Siento que desaparece mi enfado por tener que viajar a la ciudad. Esto también es una lección, y muy buena. Gracias, Jesús, por esta lección. Y gracias a ti, mi hermano.

LECCIÓN 162

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11 JUNIO

“Soy tal como Dios me creó” Instrucciones para la práctica Propósito: Aceptar la perfecta santidad que es tu derecho, reconocer al Hijo de Dios en ti. Y así llevar esta aceptación y reconocimiento a todos. Tiempo de quietud por la mañana/ noche: Por lo menos cinco minutos; lo ideal es treinta minutos o más. Mi sugerencia: Pasa este tiempo en profunda meditación. Deja que el poder de estas palabras sagradas (“Soy tal como Dios me creó”) te lleve al lugar de tu mente donde sientes el Ser que Dios creó como tú. Puedes empezar esta meditación repasando las diferentes imágenes que tienes de ti mismo, afirmando cada una como “Me veo a mí mismo como…” y abandonando cada una al afirmar: “Pero soy tal como Dios me creó”. Recordatorios cada hora: Uno o dos minutos, a la hora en punto, (menos si las circunstancias no lo permiten). Concéntrate en la idea y deja que lleve tu mente a la quietud. Luego dale gracias a tu Padre por Sus regalos en la hora que ha terminado. Y pídele Su dirección para esta hora que comienza. Observaciones generales: Recomiendo tomar una decisión consciente de empapar tu mente en estas palabras hoy. Empieza el día con ellas, termina el día con ellas, e intenta mantenerlas contigo todo el tiempo entre medias. Si lo haces así, sentirás su poder de elevar tu estado. Pueden transformar tu mente en el almacén de tesoros en el que se guardan todos los regalos de Dios, listos para que tú los repartas al mundo. La lección de hoy da por sentado que tu comprensión de esta idea se ha metido muy adentro, pues mientras que en las anteriores apariciones de esta idea (Lecciones 94 y 110) se te dieron frases añadidas a repetir, esta lección dice que no se necesitan pensamientos adicionales para entender su significado (4:2). Comentario Por tercera vez encontramos como el pensamiento principal de una lección lo que es el pensamiento más repetido en el Curso. (Las primeras dos lecciones fueron la 94 y la 110, la idea ya apareció también en la 93). La frase “como Dios me creó” aparece 105 veces en el Curso. La veremos como el centro de atención de nuestro repaso en el Libro de Ejercicios en otras veinte lecciones: 201-220. ¿Por qué es tan importante y se repite tan a menudo esta idea? “Sólo con que mantuvieses este pensamiento fijo en la mente, el mundo se salvaría” (1:1). En el Texto, todo nuestro viaje espiritual se describe como esta idea: “No haces sino emerger de una ilusión de lo que eres a la aceptación de ti mismo tal como Dios te creó” (T.24.II.14:5). Si estas afirmaciones son verdad, es motivo suficiente para aprender esta idea de memoria y repetirla una y otra vez hasta que se convierta en parte de nuestro sistema de pensamiento. Podemos decir que todo el Curso no tiene otro objetivo, ni más ni menos, que llevarnos al punto en el que mantenemos firmemente este pensamiento en nuestra mente. En el párrafo 4 se describe nuestra práctica del día de una manera muy sencilla. Todo lo que necesitamos son las palabras de la idea principal: “no necesitan pensamientos adicionales para poder producir un cambio en la mente de aquel que las utiliza” (4:2). El cambio de mente que el Curso pretende es sencillamente la aceptación de nosotros mismos tal como Dios nos creó. Al poner toda nuestra atención en este pensamiento, meditarlo, repetirlo, y darle vueltas en nuestra mente,

aceleramos este cambio de mente. “Y así aprendes a pensar con Dios. La visión de Cristo ha restaurado tu vista al haber rescatado tu mente” (4:4-5). En la Lección 93, había unas palabras añadidas, que a mí me ayudaron a aclarar su significado: La salvación requiere que aceptes un solo pensamiento: que eres tal como Dios te creó, y no lo que has hecho de ti mismo. Sea cual sea el mal que creas haber hecho, eres tal como Dios te creó. Sean cuales sean los errores que hayas cometido, la verdad con respecto a ti permanece inalterada. La creación es eterna e inalterable. (L.93.7:1-4) No somos lo que hemos imaginado de nosotros mismos. Nuestros errores no han cambiado la verdad acerca de nosotros. Eso es lo que significa aceptar esta idea: el reconocimiento de que nada que hayamos hecho ha podido alterar nuestra relación con Dios en lo más mínimo, ni cambiar nuestra naturaleza, que Dios nos dio en nuestra creación. Nuestros actos más vergonzosos, los pensamientos que nunca mostraríamos al mundo, no han cambiado la creación de Dios en lo más mínimo. No hay razón para la culpa, no hay motivo para alejarnos de Dios con miedo, nuestros imaginados “pecados” no han tenido ningún efecto. Todavía estamos a salvo, y completos, y sanos, y nada nos falta. ¿Cómo tenemos que usar estos pensamientos? “Santo es en verdad aquel que hace suyas estas palabras; que se levanta con ellas en su mente, las recuerda a lo largo del día, y por la noche se las lleva consigo al irse a dormir” (3:1). Me recuerda a las palabras escritas acerca de Dios en el Antiguo Testamento: “Se las repetirás a tus hijos, les hablarás de ellas tanto si estás en casa como si vas de viaje, así como acostado o levantado” (Deuteronomio 6:7). En otras palabras, haz de ellas parte de toda tu vida, especialmente al levantarte por la mañana y cuando te vas a dormir. Reconocer que “Soy tal como Dios me creó” es reconocer al Hijo de Dios. Es estar libre de culpa. Es conocer la inocencia de cada cosa viviente. Es reconocer a Dios como el Creador perfecto. Es liberar el pasado. Es perdonar al mundo. Todo lo que necesitamos está en estas palabras: “Soy tal como Dios me creó”.

LECCIÓN 163

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12 JUNIO

“La muerte no existe. El Hijo de Dios es libre” Instrucciones para la práctica Propósito: Adoptar una postura en contra de todas las formas de muerte; darnos cuenta de que, a menos que Dios esté muerto, la muerte misma debe ser irreal. Mirar más allá de la apariencia externa de la muerte (que nos rodea por todas partes), y ver la verdadera vida que brilla en todas las cosas. Así liberamos a todos los que adoran a la muerte. Tiempo de quietud por la mañana/ noche: Por lo menos cinco minutos; lo ideal es treinta minutos o más. Empieza con la oración al final de la lección (ésta es la primera oración del Libro de Ejercicios). Hazla tu oración del día. La oración pide que Dios bendiga tus ojos, les dé poder para ver más allá de la ilusión de la muerte a la que te enfrentas por todas partes, y que veas la vida eterna que brilla en todas las cosas. A través de esta visión abandonas la religión de adorar a la muerte, y rescatas a otros de este mismo culto peligroso. Después de la oración, haz aquello a lo que te sientas guiado a hacer en la sesión de práctica. Puesto que la oración se centra en ver con la visión de Cristo, puedes intentar sumergirte en tu mente y unirte al Cristo en ti, para que Sus ojos se vuelvan tus ojos.

Recordatorios cada hora: Uno o dos minutos, a la hora en punto, (menos si las circunstancias no lo permiten). Repite la idea. Puedes también repetir la oración de nuevo, lo recomiendo de verdad. Luego dale gracias a Dios por Sus regalos en la hora anterior, y deja que Su Voz te diga lo que Él quiere que hagas en la hora siguiente. Respuesta a la tentación: Cada vez que te sientas tentado a creer en alguna forma de muerte. Las formas de muerte incluyen cualquier cosa en la que la vida (en el más amplio sentido de la palabra) parezca estar perdiendo la batalla. Esto incluye la tristeza, el miedo, la ansiedad, la duda, la ira, la envidia; resumiendo: cualquier emoción negativa (ver 1:2), así como la enfermedad y la muerte física. Ante todas ellas, repite inmediatamente la idea del día. Date cuenta de que significa que la vida y la muerte no pueden las dos ser reales, ya que una contradice a la otra. Y puesto que la vida es de Dios y Dios no puede ser asesinado, la única realidad que puede existir es la vida sin fin. Comentario Cuando el Curso dice: “La muerte no existe”, no está hablando de la muerte del cuerpo. De hecho, en otro lugar afirma que el cuerpo no muere, por la sencilla razón de que nunca ha existido (T.28.VI.2:4; T.6.V(A).1:4). Es una insensatez hablar de la inmortalidad física y basarla en Un Curso de Milagros. ¿Cómo puede vivir eternamente lo que nunca ha existido? La lección dice: “La muerte es un pensamiento” (1:1). No un acontecimiento en el mundo físico, sino un pensamiento. En su forma más simple es el pensamiento “la vida termina”. Es de este pensamiento básico del que brotan muchas formas diferentes. La tristeza es un pensamiento de muerte. El miedo es un pensamiento de muerte. La ansiedad es un pensamiento de muerte. La falta de confianza es un pensamiento de muerte. La preocupación por el cuerpo es un pensamiento de muerte. Incluso “todas aquellas formas en las que el deseo de ser como no eres” (1:2) son en realidad variaciones del pensamiento de muerte. Mi preocupación por el cuerpo y querer perder peso es una forma oculta del pensamiento de muerte. Parte de la motivación para evitar estar demasiado gordo es para “vivir más”. Pero si el cuerpo no está vivo en absoluto, ¿de qué estamos hablando? Incluso el pensamiento aparentemente espiritual de desear dejar el cuerpo detrás y estar libre de él es un modo de ver la muerte física como una especie de salvación. “Mi cuerpo es algo completamente neutro” (L.294, encabezamiento). No es una cosa santa, destinada a vivir eternamente si soy lo bastante espiritual, ni es una trampa, ni una prisión, ni una limitación real para el espíritu. Estar en un cuerpo no me impide ser completamente espiritual. Estar en un cuerpo no me hace un ego. Más bien, ¡es ser un ego lo que inventa al cuerpo! Según la manera de pensar del mundo, la muerte es de lo único que se puede estar seguro. Todo lo demás parece “perderse demasiado pronto independientemente de cuán difícil haya sido adquirirlas” (3:1).Como el predicador del Eclesiastés grita: “¡Vanidad de vanidades! Todo es vanidad, inútil y atrapar vientos” (Eccl 1:2, 14). La riqueza, el lujo, la familia, los amigos, nada satisface, y nada dura para siempre. La muerte se los lleva todos al final. La muerte nunca deja de triunfar sobre la vida. El Curso dice que aceptar este sistema de pensamiento (lo cual todos hacemos en mayor o menor grado, y mucho más ampliamente de lo que cualquiera de nosotros reconoce) es proclamar que “lo opuesto a Dios (la muerte) es señor de toda la creación, más fuerte que la Voluntad de Dios por la vida” (4:3). Cada aparente triunfo de la muerte es un testigo de que Dios ha muerto (5:1-3). Aquel Cuya Voluntad es la vida no puede poner fin a esta muerte, así que Él tiene que haber muerto. Y cuando contemplamos el drama de la muerte, susurramos “llenas de miedo que así es” (5:4). Podemos responder diciendo que no queremos creerlo. No queremos adorar a la muerte, no queremos morir; queremos creer en Dios y creer en la vida. De hecho, sin embargo, queremos creer

en la muerte, al menos en ciertas formas de ella. Ya hemos señalado que la ira es un pensamiento de muerte. Desde la ira, queremos que alguien “se muera” o “no exista”, que en esencia significa que queremos que mueran. Realmente nos aferramos a la culpa porque pensamos que la culpa es útil; tenemos miedo de que sin culpa todo sería caos. La culpa o la condena es un juicio de que algunos aspectos de las cosas no merecen existir. Es un deseo de muerte, muerte de una parte de nosotros o de otro. Y ciertamente nos aferramos tercamente al “deseo de ser como no eres” (1:2). Tratamos de llegar a un acuerdo. Queremos aferrarnos a ciertos pensamientos de muerte mientras abandonamos otros. La lección dice que esto es imposible. No puedes “seleccionar unas cuantas que no favoreces y que incluso deseas evitar, mientras sigues creyendo en el resto” (6:1). ¿Por qué? Porque “la muerte es total. O bien todas las cosas mueren, o bien todas viven y no pueden morir. En esto no hay términos medios” (6:2-4). Si existe la muerte, contradice totalmente a la vida. Es el opuesto a la vida, seguramente eso está claro. La lección dice: “lo que contradice totalmente un pensamiento no puede ser verdad, a menos que se haya demostrado la falsedad de su opuesto” (6:5). En palabras concretas, podemos decir lo mismo de este modo: la muerte contradice a la vida completamente, y no puede ser verdad a menos que se haya demostrado la falsedad de la vida. Lo contrario es también verdad: la vida contradice a la muerte completamente, y no puede ser verdad a menos que se haya demostrado la falsedad de la muerte. Si Dios es la Voluntad por la vida, ¿cómo puede existir la muerte? Algo debe haber ahí contradiciendo Su Voluntad, algo más poderoso que Dios. Cualquier cosa más poderosa que lo que llamamos Dios debe ser realmente Dios, el Dios real. Así que si estamos diciendo que la muerte es real en cualquier forma (muerte física, o ira, o envidia, o miedo) estamos diciendo que la muerte es Dios, y que el Dios de la vida está muerto. Aquí de nuevo encontramos un eco de las profundas palabras de la Introducción al Texto: “Nada real puede ser amenazado. Nada irreal existe” (T.In.2:2-3). La vida no puede ser amenazada. La muerte no existe. “La idea de que Dios ha muerto es algo tan descabellado que incluso a los dementes les resulta difícil creerlo” (7:1). ¡Es ridículo creer que Dios ha muerto! Sin embargo, lo que el Curso está señalando aquí es que eso es lo que creemos, si creemos en cualquier forma de muerte. “Puede que los que veneran la muerte tengan miedo” (8:1). Está hablando de nosotros, de ti y de mí. Tenemos miedo de la muerte, seamos honestos acerca de esto. Sin embargo, ¿pueden ser realmente temibles estos pensamientos? Si se diesen cuenta de que eso es lo que creen, se liberarían de inmediato. (8:2-3) En otras palabras, ¿puede ser temible el pensamiento de que Dios ha muerto? Es visiblemente absurdo, completamente ridículo, absolutamente falso. Si viéramos que es esto lo que estamos creyendo, al creer en cualquiera de sus muchas formas, nos liberaríamos al instante. ¡Nos reiríamos de nosotros mismos! La creencia en la muerte es sólo otra forma de la “diminuta y alocada idea de la que el Hijo de Dios olvidó reírse” (T.27.VIII.6:2). Si verdaderamente viéramos que la preocupación por la muerte física, la tristeza, la ira, la envidia, la ansiedad, el miedo, la duda, la desconfianza, la preocupación por el cuerpo, y el deseo de cambio, todas ellas son formas de la idea “Dios ha muerto”, ¡nos reiríamos de ellas! Veríamos que todo esto no es gran cosa, todo ello es sólo una idea tonta que es total y absolutamente imposible y por lo tanto nada de lo que preocuparse. Y por eso:

La muerte no existe, y renunciamos a ella en todas sus formas, por la salvación de ellos, así como por la nuestra. Dios no creó la muerte. Cualquier forma que adopte, por lo tanto, tiene que ser una ilusión. Ésta es la postura que hoy adoptamos. Y se nos concede mirar más allá de la muerte, y ver la vida que se encuentra más allá. (8:5-9) Nadie dice que esto sea fácil. En la ilusión del tiempo, no sucede de repente. En la práctica, se necesitan muchas repeticiones, una vigilancia constante de la mente, hasta que aprendamos a arrancar de raíz y negar todas las formas de la negación de la verdad que hay en nuestra mente. Nuestra función aquí es “negar la negación de la verdad” (T.12.II.1:5). Es reconocer los pensamientos basados en la muerte y ver que sencillamente son tontos y sin significado. Cuando me doy cuenta de que estoy preocupado, ansioso o triste, puedo preguntarme a mí mismo: “¿Ha muerto Dios?” Encuentro que de algún modo me ayuda a ver lo absurdo de todo ello. Levanto una bolsa de comestibles y se rompe la parte de abajo, derramándose los alimentos por el suelo, y me pongo rojo de ira y profunda tristeza, sintiendo pena por mí mismo. Supón que en ese momento me pregunto: “¿Ha muerto Dios?” Pues eso es lo que mi ira y tristeza están proclamando: que Dios ha muerto. De repente me parece tan absurdo pasar de mis comestibles derramados a la muerte de Dios, tan absurdo que puedo reírme. Y recojo los comestibles. Con cosas más serias, quizá experimento “una gran pérdida”. Mi amado muere, o quizá paso por un divorcio desgarrador. El sufrimiento parece no tener fin, y me siento como si la vida se hubiese acabado. “¿Ha muerto Dios?” En contraste con la dimensión de Dios, mi pérdida personal (e ilusoria) es como si no fuera nada. ¿Creo realmente que lo que sucede en mi pequeña vida puede destruir la realidad de Dios? Por supuesto que no. Especialmente si lo que pienso que ha sucedido ni siquiera es real. Naturalmente en circunstancias tan perturbadoras no me recupero tan rápidamente como en el caso de los comestibles derramados. Sin embargo, los mismos pensamientos que sugiere la lección pueden ser un inmenso consuelo. Nada muere. Nada real puede ser amenazado. Sea cual sea la forma que tome la muerte, debe ser una ilusión. Cuando un cuerpo “muere”, no muere nada realmente. Cuando un divorcio aparta de mi existencia un cuerpo amado, no se ha perdido nada realmente. He estado aprisionado a una ilusión, pero Dios sigue todavía vivo. El dolor y la agonía de la pérdida por una muerte o un divorcio pueden continuar durante meses. Negar lo que siento no es sano, y no quiero decir ni sugerir que deberíamos tapar nuestro sufrimiento con afirmaciones idealistas de “La muerte no es real” y “No se ha perdido nada”. En lugar de eso, como el Curso sugiere, puedo mirar a lo que estoy pensando y sintiendo, y reconocer que por muy real que lo sienta, está basado en la negación de la verdad. Puedo recordarme a mí mismo: “Estoy creyendo que la muerte es real, y que la pérdida es real. Estoy creyendo que Dios está muerto, y ésa es sólo una idea ridícula. Este dolor, que estoy sintiendo, no es por lo tanto real y no es nada por lo que preocuparme. Estoy bien, y Dios sigue vivo.” Podrías llamarlo vida lúcida, parecido a sueño lúcido. Aunque la experiencia por la que estás atravesando parece terriblemente real, y el sufrimiento y la tristeza son reales en la misma medida de tu creencia en la realidad de la pérdida, todavía hay una parte de ti que es consciente de que estás soñando, que te estás dejando engañar por una ilusión. Te estás dejando engañar por la ilusión, sufres el dolor y la tristeza, pero parte de ti sabe que no es real verdaderamente. Eso es todo lo que el Curso nos pide que hagamos. No nos pide que nos deshagamos rápidamente de nuestros sentimientos y de nuestros pensamientos equivocados. Todo lo que el Curso pide es que reconozcamos que están basados en una mentira, que están afirmando que Dios ha muerto, y eso sencillamente no es verdad. Si hacemos eso, el Espíritu Santo hará el resto. Poco a poco, (así nos parece) la sombra de la ilusión empezará a desaparecer de nuestra mente. Empezará a tomar forma en nuestra mente la forma de “vida más allá” de la muerte que vemos, y la ilusión será cada vez menor. Nuestra creencia en las muchas formas de muerte se debilitará, y nuestra creencia en la vida

se fortalecerá. Los acontecimientos de la ilusión nos afectarán cada vez menos, y experimentaremos la segunda frase del título de la lección: “El Hijo de Dios es libre”. Sabremos que estamos vivos eternamente, que siempre lo hemos estado, y que no hay nada que temer. LECCIÓN 164 13 JUNIO

“Ahora somos uno con Aquel que es nuestra Fuente” Instrucciones para la práctica Tiempo de quietud por la mañana/ noche: Por lo menos cinco minutos; lo ideal es treinta minutos o más. Promesas inmensas vienen con la práctica de la lección de hoy, si la hacemos con fe (4:5), si practicamos “con fervor” (9:5). Así que traigamos cada pizca de buena voluntad a esta práctica de hoy. Empieza llevando a cabo un proceso de renunciar “a todas las cosas que crees desear” (8:1). Haz una lista de todas las cosas a las que tu ego se aferra, y con cada una durante este periodo de práctica, estate dispuesto a considerar que no tiene valor real. Puedes imaginarte que estás dentro de la habitación de tu mente, una habitación abarrotada con todos los “frívolos tesoros” (8:2) a los que estás aferrado. Uno a uno, elimina esos “tesoros” sin valor de esta habitación. Ahora tienes una habitación limpia y abierta, preparada para recibir el tesoro real de Cristo, “el tesoro de la salvación” (8:2). Deja que esta habitación se llene con “una paz ancestral que llevas en tu corazón y que no has perdido” (4:2). Deja que se inunde de “una sensación de santidad que el pensamiento de pecado jamás ha mancillado” (4:3). Escucha a tu Padre llamándote, y luego escucha al Cristo en ti responderle por ti. Pero sobre todo, intenta dejar que venga la visión de Cristo. Abre las cortinas de esta habitación, deja que entre la luz. A través de estas ventanas abiertas, ahora puedes “ver el mundo renovado, radiante de inocencia, lleno de esperanza” (L.189.1:7). Ahora la habitación de tu mente se ha convertido en Su almacén de tesoros, llena del oro y la plata de Sus milagros. Ahora, mires donde mires, tus ojos reparten estos milagros, mientras bendices lo que ves con tu amorosa mirada. Sal a tus actividades del día sabiendo que éste es tu trabajo, sanar a todo el mundo que ves mirándoles con “Su visión redentora” (7:6). Recordatorios cada hora: Uno o dos minutos, a la hora en punto, (menos si las circunstancias no lo permiten). Repite la idea como un modo de entrar al almacén de tesoros de tu mente y de sentir tu unidad con Dios. Luego dale gracias por los tesoros que te ha ofrecido en la hora anterior. Y pregúntale lo que Él quiere que tú hagas en esta siguiente hora. Comentario A cualquiera que ha hecho las lecciones del Libro de Ejercicios hasta este punto, está claro que las últimas lecciones están alcanzando un nuevo nivel. Se le da una importancia constante a lo que el Curso llama el instante santo, aunque muchas de las lecciones no usan estas palabras. Pero cuando una lección, como ésta, habla de “en este mismo instante, ahora mismo” como el momento en el que “contemplar lo que se encuentra ahí eternamente” (1:3), o del tiempo que dedicamos a pasar en quietud “con Él, más allá del mundo” (3:2), está claramente indicando los momentos en que entramos en el instante santo, un momento de eternidad dentro del tiempo. La práctica que se nos pide (desde la Lección 153), día tras día, es reservar momentos de no menos de cinco minutos, y hasta media hora o más, por la mañana y por la noche, a trabajar nuestra visión y escucha espirituales. Se nos pide escuchar “el himno del Cielo” (1:6) que está sonando continuamente más allá de los sonidos de este mundo. Esta “melodía procedente de mucho más allá del mundo” (2:3) es la canción del amor, la llamada de nuestros corazones a Él, y la Suya a nosotros.

Estos momentos son periodos en los que nos olvidamos de todos nuestros aparentes pecados y dejamos de recordar todos nuestros pesares (3:3), y recordamos los regalos que Él nos da (3:4). Practicamos dejar a un lado las vistas y los sonidos del mundo que son testigos constantes para nosotros del mensaje de miedo del ego, y escuchamos la canción del Cielo. Nos aquietamos, acallamos nuestra mente, e intentamos ponernos en contacto con “un silencio que el mundo no puede perturbar” (4:1), la “paz ancestral que llevas en tu corazón y que no has perdido (4:2), y la “sensación de santidad que el pensamiento de pecado jamás ha mancillado” (4:3). Todo esto, como dice el primer párrafo: “se encuentra ahí eternamente, no ante nuestra vista sino ante los ojos de Cristo” (1:3). No lo estamos creando, no estamos haciendo que suceda, sino que estamos apartando todo lo que hay en nuestra mente que lo oculta de nuestra vista. “Ahora se hace visible lo que realmente está ahí, mientras que todas las sombras que parecían ocultarlo simplemente se sumergen en la nada” (5:2). Esta práctica pone a nuestra mente en un estado en el que sentimos puro gozo. Gozo es la palabra que me viene a la mente para describir “lo que se siente” en el instante santo. Hay una sensación de satisfacción, una seguridad de que todo está bien, a pesar de toda la evidencia en contra. Hay una relajación pacífica dentro de la mente de Dios. De modo natural nuestra mente se extiende hacia fuera con amor a todo el mundo, desde este santo lugar, bendiciendo en lugar de juzgar. Puede ser difícil para nosotros desde este momento entender completamente cómo esta práctica de quietud, algo que sucede completamente dentro de nuestra propia mente, puede “curar y salvar al mundo” (6:3). La lección afirma sin posibilidad de dudas que, por medio de esta práctica “podemos cambiar el mundo” (9:2). ¿Cómo puede ser así? Eso es así porque todas las mentes están unidas, y aunque podemos entender la idea, nuestra sensación de su realidad es muy débil. Eso es normal, el efecto sobre el mundo tiene lugar, nos demos cuenta de ello o no. Por el momento, podemos centrarnos en el beneficio personal: “Pero sin duda quieres esto: poder cambiar todo sufrimiento por dicha hoy mismo” (9:4). Si te pareces a mí, la realidad e importancia de esta práctica aumenta lentamente. Hay muchos días que “dejamos pasar” sin tomarnos el tiempo de hacer el trabajo sobre nuestra mente que el Libro de Ejercicios pide. Los detalles de la vida, la presión de los negocios, las crisis diarias piden nuestra atención a gritos, alejándonos del trabajo interno, que es lo que pretenden. Se necesita una firme decisión de poner lo primero este “momento de quietud” con Dios, por encima de todas las demás cosas. Pero cuando lo hacemos, sucede algo sorprendente. Como dice la Lección 286: “Padre, ¡qué día tan sereno el de hoy! ¡Cuán armoniosamente cae todo en su sitio!” (L.286.1:1-2). Recuerdo, hace mucho, que leí lo que Martin Luther escribió una vez: “Tengo tantas cosas que hacer, que tengo que pasar tres horas en oración para prepararme a mí mismo para ello”. Había un hombre que entendía, dentro de su propia situación, que preparar su mente con Dios era lo más importante, y cuanta mayor presión por parte del mundo, más necesitaba ese momento de quietud en la Presencia de Dios. LECCIÓN 165 14 JUNIO

“Que mi mente no niegue el Pensamiento de Dios” Instrucciones para la práctica Propósito: Dejar de negar el Pensamiento de Dios, sentirlo y luego abandonar todas las demás comparaciones sin ningún valor. Tiempo de quietud por la mañana/ noche: Por lo menos cinco minutos; lo ideal es treinta minutos o más. Practica tal como te indique el Espíritu Santo, pero la esencia debe ser deshacer tu negación del Pensamiento que te creó y que te apoya, y pedir conocer ese Pensamiento. De este modo, debe haber

una atención negativa en abandonar tu negación y tu resistencia, y una atención positiva en pedir la experiencia del Pensamiento de Dios, la experiencia del Cielo. “Pide con fervor” (5:1) y “lleno de esperanza” (7:1). Es normal que tengas dudas acerca de cuánto lo deseas. La seguridad vendrá únicamente de experimentar lo que estás pidiendo. Esto te llevará más allá de todas tus dudas a donde sabes que esta experiencia es ciertamente lo único que quieres. Recordatorios cada hora: Uno o dos minutos, a la hora en punto, (menos si las circunstancias no lo permiten). Repite la idea, intentando abandonar tu negación y dándole la bienvenida a la conciencia del Cielo. Luego dale gracias a Dios por Sus regalos en la hora que ha terminado, y pídele Su dirección para la hora que comienza. Comentario La lección de hoy, la de mañana, y las de antes y después, son un aliento inmenso para seguir adelante. En estos días, el Curso está intentando llevarnos más allá de la duda a un compromiso firme. ¿Qué es lo que hace que este mundo parezca real sino tu negación de la verdad que se encuentra más allá de él?... ¿Qué podría privarte de lo que te pertenece sino tu propia decisión de no verlo, al negar que se encuentra ahí? (1:1, 4) Ken Wilber, autor de muchos libros de psicología transpersonal y crecimiento espiritual, señala que considerado como evolución, el crecimiento espiritual avanza hasta el punto de que deseamos morir al nivel inferior de vida para ir más allá y recordar el nivel superior. El hecho de que nuestra experiencia está a nivel del ego no es porque el nivel más alto no esté ya aquí, es porque hemos elegido el inferior como un sustituto del superior, y lo elegimos en cada instante. Cuando el nivel inferior se ha vivido a tope, se ha probado al máximo en cierto sentido, y se ha descubierto que no satisface, entonces hay motivación para ir al superior. Necesitamos sentirnos desilusionados del ego hasta tal punto que empezamos a ver a través de sus ilusiones. El grado en que el ego nos parece real es la medida de nuestra negación de “la verdad que se encuentra más allá de él” (1:1). No podemos ver el mundo real porque no queremos verlo. Estamos negándolo activamente. La realidad del mundo real, si se percibe y se acepta, significa el final de la realidad tal como la conocemos ahora. El Cielo nos parece una amenaza a nuestro imaginado nivel de comodidad en el nivel del ego. Jesús nos pide: No niegues el Cielo. Hoy se te concede sólo con que lo pidas. No es necesario tampoco que percibas cuán grande es este regalo ni cuánto habrá cambiado tu mente antes de que te llegue. Pídelo y se te concederá. La convicción radica en él. Hasta que no le des la bienvenida como algo que te pertenece, seguirás en la incertidumbre. Mas Dios es justo. No tienes que tener certeza para recibir lo que sólo tu aceptación puede otorgar. (4:1-8) No tienes que estar seguro antes de pedir el Cielo. “No tienes que tener certeza” (4:8). De hecho, no puedes estar seguro ni tener certeza antes de pedirlo porque “la convicción radica en él” (4:5); es decir, no encuentras la convicción, la seguridad, la certeza hasta que tienes el Cielo, y no puedes saber que lo tienes hasta que lo pides. Mientras vivimos pensando que somos ego, pensando en ir hacia delante, pensando en abandonar al ego, el ego lucha por su propia existencia. Nos dice: “No sabes en lo que te estás metiendo. ¿Cómo puedes estar seguro de que te gustará? Mejor es asegurarte antes de dar un paso”.

La certeza, la seguridad y la convicción vienen de la experiencia. Cuando hayas experimentado el mundo real, aunque sea un poco, sabrás que eso es lo que quieres y que es lo que has buscado equivocadamente en el mundo de las ilusiones del ego. Así que, pide el Cielo. Otro consuelo es que no necesitamos entender todo lo que es el Cielo, o el mundo real, antes de pedirlo. No necesitas tener una idea clara de lo que estás pidiendo, de “cuánto habrá cambiado tu mente” (4:3). Ese cambio de la mente no viene antes de la decisión de pedir, sino que viene después. Es el deseo lo que permite que venga. ¡Ni siquiera tienes que estar seguro de que el Cielo es lo único que quieres! No tienes que estar seguro de que lo que estás pidiendo es lo único que deseas. Mas cuando lo hayas recibido sabrás que estás en posesión del tesoro que siempre anhelaste. (5:2-3) Es normal entrar en esto a medias, con pensamientos como: “Quizá puedo tener el mundo real y también aferrarme a mis relaciones especiales. O quizá puedo tener paz interior y disfrutar también de mis pequeños placeres”. Todo esto desaparecerá una vez que hayas saboreado lo que es real. Una semejanza pobre, pero que lo aclara: “¿Cómo puedes retenerlos en la granja después de haber visto Paris?” Una vez que pruebas “el tesoro que siempre has buscado”, ¿por qué ibas a regresar a cosas más pequeñas? Ya tenemos la seguridad dentro de nosotros, en la realidad. Eso es parte de lo que hemos ocultado con las ilusiones de nuestro ego. Cuando encontramos el Ser, lo encontramos con seguridad total. El proceso del Curso de “despejar los obstáculos que impiden experimentar la presencia del amor” (T.In.1:7), se reafirma aquí en forma de esa seguridad interior: “Este curso elimina toda duda que hayas interpuesto entre Él y tu certeza acerca de Él” (7:6). El proceso consiste en hacernos conscientes de nuestras dudas, de que las tenemos, reconocerlas, y luego no tomarlas en serio. Éste es exactamente el mismo proceso que seguimos con otros obstáculos, tales como la ira, la tristeza y el dolor. Contémplalos con claridad para que puedas ver que las dudas son parte de la ilusión también. “No tienen sentido, pues Dios goza de perfecta certeza” (7:3). “Su certeza se encuentra tras cada una de nuestras dudas” (8:3). La seguridad no es algo que nosotros podemos producir por nuestra cuenta. “Contamos con Dios, no con nosotros mismos, para que nos dé certeza” (8:1). Pero para que eso suceda, tenemos que querer avanzar hacia delante, querer “morir” al nivel inferior de vida que conocemos ahora y pedir algo más, una manera de ver diferente, un tipo diferente de visión. Necesitamos estar dispuestos a pedir que “el Pensamiento de Dios” entre en nuestra mente y expulse el sistema de pensamiento equivocado que hemos estado albergando. Necesitamos “seguir las instrucciones”, por así decir, que se dan en el Curso; si lo hacemos, la seguridad vendrá a nosotros. LECCIÓN 166 15 JUNIO

“Se me han confiado los dones de Dios” Instrucciones para la práctica Propósito: Dar los regalos de Dios a aquellos que todavía recorren el camino solitario del que tú te has escapado. Demostrar con tu felicidad lo que significa recibir los regalos de Dios. Tiempo de quietud por la mañana/ noche: Por lo menos cinco minutos; lo ideal es treinta minutos o más. Pasa un rato sintiendo el toque de Cristo. Has inventado un falso ser que es como una persona sin hogar y mentalmente enferma (ver 4:4). Como resultado, andas sin rumbo sintiéndote solo y

empobrecido. En tu meditación, deja que Cristo te dé un toque en el hombro y te ofrezca la consciencia de que no estás solo y que no eres pobre. Siente la alegría que viene al sentir Su toque. Esto te preparará para un día en el que “tu mano se convierte en la que otorga el toque de Cristo” (14:5), en el que te vuelves el recordatorio a las personas “sin hogar” a tu alrededor de que no están solas y no son pobres. Haces esto principalmente al demostrar la alegría que has recibido de Cristo. “¡Que tu felicidad dé testimonio de la gran transformación que experimenta la mente que elige aceptarlos y sentir el toque de Cristo!” (15:4). Recordatorios cada hora: Uno o dos minutos, a la hora en punto, (menos si las circunstancias no lo permiten). Repite la idea e intenta sentir el toque de Cristo. Luego da gracias a Dios por los regalos que Él ha puesto en tus manos durante la hora que ha terminado. Y pregúntale cómo quiere que des estos regalos en esta hora que empieza. Respuesta a la tentación: Cada vez que te sientas tentado de sentirte triste, temeroso, afligido, o enfermo. Mi sugerencia: Repite la idea para expulsar esos sentimientos, pues traicionan tu deber sagrado, tu misión. Siempre que tengas miedo, escucha a Cristo responderte: “Eso no es cierto” (11:3). Cuando te sientas pobre, déjale que te señale Sus regalos para ti. Cuando te sientas solo, déjale hablarte de Su compañía. Comentario Esta lección continúa con el tono general de la anterior, intentando convencernos para continuar moviéndonos adelante, dejando atrás la ilusión acerca de nosotros mismos con la que hemos estado contentos. Empieza con la idea de que Dios confía tanto en nosotros que Él nos lo ha dado todo. Todo. Él conoce a Su Hijo, y debido a que conoce a Su Hijo, nos da todo sin excepción. Su confianza en nosotros no tiene límites. Dudamos de nuestra propia seguridad, pero podemos depender de Dios. Confío en la confianza que Dios tiene en mí. De lo que tenemos miedo es que esa confianza en Dios es “traicionarnos” a nosotros mismos (3:2). Estamos apegados a este mundo que hemos inventado. Admitir que no es real es traicionarme a mí mismo. Si he avanzado más allá del punto de creer que yo puedo crear como Dios, que puedo hacer un mundo que de algún modo es perfecto, al menos puedo aferrarme a la idea de que puedo deshacer lo que Dios creó, que puedo destruir el mundo y destrozar su perfección. Que se me diga que mis acciones, mis pecados, mis negaciones, mis dudas, y todas las cosas por el estilo, no tienen ningún efecto es humillante para mi ego. Por eso contradigo la verdad del Cielo para mantener lo que yo he inventado. Hay una parte de nosotros que quiere ser “una figura trágica”, como un héroe o una heroína en una ópera (6:1 y siguientes). Queremos poder decir: “Mira lo noblemente que soporto las adversidades de una suerte atroz”. Pensamos, sin darnos cuenta de ello, que sin la “suerte atroz” perderíamos nuestra nobleza. Cuando escucho a mi ego, así es como quiero verme a mí mismo. ¡Una figura tan trágica! Pobrecito, tan cansado y agotado. ¡Mira a su vestimenta gastada! ¡Cuánto tiene que haber pasado! Y sus pies… están sangrando. ¡Oh! ¡Pobrecito! Todos podemos identificarnos con esta figura. “No hay nadie que no se haya identificado con él, pues todo el que viene aquí ha seguido la misma senda que él recorre, y se ha sentido derrotado y desesperanzado tal como él se siente ahora” (6:2). Sabes de qué está hablando esto. Has estado ahí, quizá estás ahí ahora. Sabes lo que significa la “derrota y desesperación”, también las has sentido.

Mas, ¿es su situación realmente trágica, si te percatas de que está recorriendo el camino que él mismo eligió, y que no tiene más que darse cuenta de Quién camina a su lado y abrir sus tesoros para ser libre? (6:3) ¿Es “él”, el héroe trágico (tú y yo), realmente trágico? ¿O es sólo un tonto? ¿Está únicamente cometiendo un error tonto? Cuando ves que está eligiendo su camino y podría elegir de otro modo, ¿puedes considerar trágico su sufrimiento? “Éste es el ser que has elegido, el que forjaste para reemplazar a la realidad” (7:1). Esto, amigos, es el ego que hemos elegido ser. Es la manera en que nos hemos visto a nosotros mismos. Éste es el ser que estamos defendiendo. Ésta es la persona en la que nos hemos convertido, y negamos todas las pruebas y testigos que demuestran que esto no es nosotros. Jesús nos pide que abandonemos el papel de víctimas y que reconozcamos: “No soy víctima del mundo que veo” (L.31, encabezamiento), y que reconozcamos: Soy responsable de lo que veo. Elijo los sentimientos que experimento y decido el objetivo que quiero alcanzar. Y todo lo que parece sucederme yo mismo lo he pedido, y se me concede tal como lo pedí. (T.21.II.2:3-5) Te ves a ti mismo como esta figura trágica, pero la respuesta de Jesús es: “Él (Cristo) te haría reír de semejante percepción de ti mismo” (8:3). Me gustaría pensar en eso por un rato. ¡Jesús quiere hacerme reír! Jesús es un humorista frustrado. Bueno, quizá frustrado no; mira lo que consigue a través de Marianne Williamson. ¡Él quiere que nos riamos de nuestro ego! Quiere que vea el humor de mi situación, defendiendo la tragedia cuando yo he elegido a propósito lo que soy. ¿Cómo podrías entonces seguir teniendo lástima de ti mismo? ¿Y qué pasaría entonces con toda la tragedia que procuraste para aquel que Dios dispuso que gozase únicamente de dicha? (8:4-5) La lástima de sí mismo y la tragedia simplemente desaparecen, eso es lo que sucede. Cuando te ríes de la “lamentable imagen” del ego, la tragedia desaparece. El párrafo siguiente describe muy bien dónde algunos de nosotros estamos en este mismo momento, justo empezando a darnos cuenta de que no somos el ego. Esta lección está escrita en muchos niveles; en primer lugar como hemos visto, dirigiéndose a la persona que se esconde en la ilusión del ego de tragedia; luego en las siguientes frases, la persona que ha empezado a darse cuenta de que el miserable ego no es su verdadera Identidad; y finalmente, en el párrafo 11, la persona que ha visto claramente y ha aceptado que “tú no eres lo que pretendes ser” (11:2). En el párrafo 9, vemos a la persona que está a medio camino: sintiéndose hundida, asustada, casi bajo el ataque de Dios, a Quien normalmente ha evitado durante toda su vida. Escuchemos nuestras respuestas cuando Jesús intenta hacernos reír, y ver en todo ello la divertida verdad. Primero, sentimos la presencia de Dios, de Quien nos hemos estado escondiendo: “Tu miedo ancestral te ha salido al encuentro ahora, y por fin la justicia ha dado contigo” (9:1). Nuestra reacción: ¡Caray! ¡Es Dios! ¡Me la he cargado! Jesús: Es ridículo tener miedo de Dios, es absurdo pensar que Él es tu Enemigo y que quiere hacerte daño. ¡Qué idea más tonta, tener miedo de Dios! La lección: “Cristo ha puesto Su mano sobre tu hombro” (9:2)

Nuestra reacción: ¿Qué ha sido esa sensación extraña? Oh, Cristo, ¿ha sido Cristo? ¿Esa Voz en mi mente es la Suya? Debo estar volviéndome loco. Jesús: Es tu hermano, y quiere llevarte de vuelta al hogar. ¡Qué locura tener miedo de Él! La lección: “…y ya no te sientes solo” (9:2). Nuestra reacción: No estoy seguro de que me guste la idea de tener a alguien siempre conmigo, vigilándome Jesús: ¡Qué reacción más divertida! Yo soy tu Consuelo y tu Maestro, no tu juez. Es ridículo pensar que prefieres estar solo. La lección: “Piensas incluso que el miserable yo que creíste ser tal vez no sea tu verdadera Identidad. Tal vez la Palabra de Dios sea más cierta que la tuya” (9:3-4). Nuestra reacción: ¡No puedo creer que haya empezado a dudar de estas cosas en las que he creído toda mi vida! ¡Debo estar loco! Jesús: Por otra parte, ¿Quién es más probable que tenga razón: tú o Dios? ¡Sé honesto! La lección: “Tal vez los dones que Él te ha dado son reales” (9:5). Nuestra reacción: ¡Sí, y quizá son sólo imaginaciones mías! Jesús: Pero ¿y si estos regalos son de verdad reales? ¿No es una locura no investigarlo? La lección: “Tal vez tu plan de mantener a Su Hijo sepultado en el olvido y de seguir por el camino que elegiste recorrer separado de tu Ser no Le ha engañado del todo” (9:6). Nuestra reacción: Sí, quizá Le ha engañado. Quizá lo he fastidiado tanto que ni siquiera Dios puede arreglarlo. Jesús: ¡Ahora si que tiene eso gracia! ¿Tú, burlándote de Dios? Sí, seguro, ése es un modo de pensar brillante. Dios decide que Él quiere algo, ¿y tú vas a impedir que suceda? Nuestra reacción: Pero si no me burlé de Él, entonces todavía debo ser lo que Él dispuso que yo fuera. No estoy seguro de querer dejar de creer en lo que yo siempre he pensado que soy. Me siento amenazado. Jesús: En ese caso, no pasa nada. Sigue con la imagen de ti que siempre has tenido; estoy seguro de que verdaderamente has disfrutado ser de ese modo. ¿Verdad? Dios no se pelea con ello. La lección: “La Voluntad de Dios no se opone a nada. Simplemente es” (10:1-2). No estás luchando contra Dios, y Dios no está luchando contra ti. Él no lucha, Él no se opone. Él simplemente es. Estás luchando contra la realidad misma. Pensar que estás separado de Dios es tan inteligente como una gota de agua que decide que ya no forma parte del océano. Es como un león que decide que quiere ser un ratón. Estás intentando ser lo que no eres, eso es lo que te produce tanta tensión, cuando sólo da risa. La lucha es únicamente por tu parte, contra un enemigo imaginario. Tú eres la Respuesta a todas tus preguntas. No hay nada aquí de lo que tener miedo. La verdad acerca de ti es maravillosa, no temible. En el resto de la lección, Jesús habla de tres cosas que necesitamos saber. Primero, todos los regalos que Dios nos ha dado, es decir, el Ser real que somos, completo, sano y que lo tiene todo. Segundo, Su Presencia con nosotros, nuestro Compañero de viaje. Y tercero, que los regalos que tenemos son para darlos y compartirlos; tenemos un propósito aquí, dar estos regalos a “todos aquellos que eligen recorrer el solitario camino del que tú te has escapado” (13:1). En cierto sentido ésas son las tres fuerzas principales de Un Curso de Milagros. Primero, aprender la verdadera naturaleza del Ser, la santidad y alegría de nuestro propio Ser. Segundo, e igualmente importante hasta que dejemos este mundo, es el conocimiento seguro de Su Compañía en el camino, la ayuda que necesitamos para lograrlo. Y finalmente, que la naturaleza de la que nos hemos dado cuenta es la de Dador y Amante; para saber que tenemos el regalo, debemos darlo. Tenemos que enseñar al mundo mostrándole “la felicidad que colma a aquellos que sienten el toque de Cristo” (13:5). Nuestra misión es simplemente: ser felices. “Tu cambio de mentalidad se convierte en la prueba de que quien acepta los dones de Dios jamás puede sufrir por nada” (14:5).

Conviértete en la prueba viviente de lo que el toque de Cristo puede ofrecerle a todo el mundo… ¡Que tu felicidad dé testimonio de la gran transformación que experimenta la mente que elige aceptarlos y sentir el toque de Cristo! Ésa es tu misión ahora. (15:2, 4-5) Reconoce Sus regalos. Siente Su toque. Y comparte Sus regalos con el mundo a través de tu felicidad. Ésas son las tres etapas de avanzar hacia delante. Otra manera de decirlo: Abandona el papel de víctima y toma la responsabilidad como la fuente de tu vida. Elige el Cielo en lugar del infierno, pídele a tu Compañero Su ayuda. Y sé la prueba viviente de la realidad del Cielo con tu alegría radiante y tu negación a sufrir por nada. LECCIÓN 167 16 JUNIO

“Sólo hay una vida y ésa es la vida que comparto con Dios” Instrucciones para la práctica Propósito: Aceptar que la vida que Dios nos ha dado no tiene opuesto, no puede cambiar, no puede morir, y ni siquiera puede dormir. Esforzarnos por mantener nuestra mente como Él la creó, dejar que Él sea el Señor de nuestros pensamientos hoy. Ésta es una lección que acompaña a la Lección 163: “La muerte no existe. El Hijo de Dios es libre”. Tiempo de quietud por la mañana/ noche: Por lo menos cinco minutos; lo ideal es treinta minutos o más. Recuerda que durante estos periodos más largos, en este momento del Libro de Ejercicios, se espera que hagas aquello a lo que te sientas guiado a hacer y que te ha servido hasta este momento. Mi sugerencia para el día es intentar entrar en contacto con la “mente despierta” (8:1). Esta lección nos enseña que nuestra experiencia de la muerte no se nos impone desde fuera, sino que es únicamente el resultado de nuestra “idea de la muerte” (2:3). Dice que bajo la influencia de esta idea, nuestra mente parece quedarse dormida en el Cielo y soñar con una vida separada de Dios, una vida en este mundo. Y sin embargo, dice la lección, la mente “simplemente parece que se va a dormir por un rato” (9:2; la letra cursiva es mía). De hecho, la mente “no puede cambiar su estado de vigilia” (6:2). Así que, la experiencia de tu mente como algo que cambia, un campo de cambios, con pensamientos de miedo y esperanza constantemente cruzando por ella, es una ilusión. Tu mente está realmente despierta por toda la eternidad, y como tal no puede cambiar en absoluto ni tiene ningún límite. Ésa es la realidad de tu mente. Por lo tanto, intenta en tu meditación ponerte en contacto con esta realidad. Intenta dejar atrás la ilusión de tu mente como un mar agitado, y siente su realidad como una luz firme y sin límites. Recordatorios cada hora: Uno o dos minutos, a la hora en punto, (menos si las circunstancias no lo permiten). Repite la idea y luego pasa un rato descansando en el estado de vigilancia despierta que es la realidad de tu mente. Luego dale gracias a Dios por los regalos de la última hora. Y pregúntale cómo puedes expresar, en esta próxima hora, la verdad de que la muerte no existe. Respuesta a la tentación: (Sugerencia) cada vez que te sientas tentado a reconocer la muerte en cualquier forma, como: sufrimiento, ansiedad, cansancio, incomodidad. Repite la idea de inmediato. Date cuenta de que tu emoción negativa es una negación de la vida, y utiliza la idea para recordarte a ti mismo que la vida es la única realidad. Comentario Aquí hay una repetición, o quizá una afirmación que anticipé cuando al escribir sobre la Lección 163, dije: “La creencia en la muerte es sólo otra forma de la “diminuta y alocada idea de la que el

Hijo de Dios olvidó reírse” (T.27.VIII.6:2). Esta lección dice que la muerte “es sólo una idea, y no tiene nada que ver con lo que se considera físico” (3:2). Más adelante dice: “La muerte es el pensamiento de que estás separado de tu Creador” (4:1). Ésa es la esencia de la idea de la muerte: la separación de la vida. Ésta es la razón por la que podemos decir: “La muerte no existe. Es simplemente imposible: Dios es Vida, y lo que Él crea tiene que estar vivo. Dejar de vivir sería separarse de Dios, para convertirse en Su opuesto. Puesto que Dios no tiene opuestos, la muerte no existe. La muerte no existe porque lo que Dios creó comparte Su Vida. La muerte no existe porque Dios no tiene opuesto. La muerte no existe porque el Padre y el Hijo son uno. (1:5-7) “Las ideas no abandonan su fuente” (3:6). Esta idea es muy importante para el Curso. Las ideas existen sólo en la mente del que las piensa. Las ideas no se pierden de la mente, ni tienen una existencia independiente, ni se sustentan a sí mismas, tampoco son capaces de oponerse a la mente que las creó. Simplemente no hacen eso. Yo soy una idea en la Mente de Dios. Yo soy el pensamiento de “mí”. No puedo separarme de la Mente de Dios, ni vivir independientemente de Él, ni depender únicamente de mí, ni puedo tener una voluntad que se oponga a la de Dios. Sencillamente no puedo hacerlo. Únicamente puedo imaginar que lo estoy haciendo. (La muerte) Es la creencia fija de que las ideas pueden abandonar su fuente y adquirir cualidades que ésta no posee, convirtiéndose así en algo diferente de su origen, aparte de éste en lo relativo a su naturaleza, así como en lo relativo al tiempo, a la distancia y a la forma. (4-3) Yo no puedo hacer eso, no puedo abandonar mi Fuente ni adquirir cualidades que no están en esa Fuente. Por lo tanto, no puedo morir. Necesitamos ver que, como dijo la Lección 163 (párrafo 1), la muerte toma muchas formas. La “atracción de la muerte”, de la que se habla en la sección “Los Obstáculos a la Paz” (T.19.IV), refleja todas esas formas. Esta lección añade unas pocas más: Sin embargo, hemos aprendido que la idea de la muerte adopta muchas formas. Es la idea subyacente a todos los sentimientos que no son de suprema felicidad. Es la alarma a la que respondes cuando reaccionas de cualquier forma que no sea con perfecta alegría. Todo pesar, sensación de pérdida, ansiedad, sufrimiento y dolor, e incluso el más leve suspiro de cansancio, cualquier ligera incomodidad o fruncimiento de ceño, dan testimonio de la muerte. Por lo tanto, niegan que vives. (2:3-7) ¿Qué es la muerte? Cualquier sentimiento que no sea de suprema felicidad. Cualquier respuesta a algo en nuestra vida que no sea perfecta alegría. ¿Podemos ver que cualquier cosa menor que la suprema felicidad y alegría perfecta es una negación de la vida y una afirmación de la muerte? Ser menos que perfectamente dichoso es afirmar que hay algo distinto a Dios, distinto a la Vida, distinto al Amor, “otra cosa” que disminuye el radiante Ser de Dios. No estoy defendiendo convertirnos en un feliz idiota, que camina negando el dolor y el sufrimiento en nuestra vida y en las vidas de los que nos rodean, afirmando frenéticamente: “Todo es perfecto. Nada de esto es real. Es una ilusión, no le hago caso. Únicamente existe Dios” Más bien a lo que animo es a lo contrario. Estoy sugiriendo que necesitamos empezar a darnos cuenta simplemente de cuánta influencia tiene sobre nosotros la idea de la muerte. Necesitamos darnos cuenta de esos ligeros suspiros de cansancio, esas punzadas de ansiedad, y reconocer que la

idea de la muerte está detrás de todas ellas, la idea de que la separación de Dios es real, que existe algo distinto a Dios, que se opone y anula Su resplandor. Necesitamos darnos cuenta de que creemos que somos ese “algo distinto”, o al menos parte de ello. Darnos cuenta, y decirle a Dios: “Ya estoy otra vez creyendo en la muerte. Me estoy sintiendo separado de Ti. Y sé, por lo tanto, que este sentimiento no significa nada, porque sólo hay una vida, y la comparto Contigo”. Únicamente cuando reconoces que tú eres responsable de esos pensamientos de muerte, es cuando puedes entender verdaderamente que no tienen realidad, excepto en tu propia mente. Afirmar que no tienen realidad sin primero hacerte responsable de ellos es una negación enfermiza. Los deja sin una fuente, y tienen que tener una fuente. Así que tu mente atribuye una fuente imaginaria a Dios o a algún otro sitio fuera de ti, y ya estás de vuelta al pensamiento de separación otra vez, porque no existe nada fuera de Dios o fuera de ti. Al gritar: “¡Es una ilusión!” sin saber que tú eres el ilusionista, haces de la idea de la muerte algo real, algo contra lo que luchar y reprimir. Reconocer los pensamientos de muerte como ilusorios no precisa que ejerzas violencia contra tu mente. Ver más allá de la ilusión es la cosa más natural del mundo cuando sucede de manera natural, como resultado de hacerte responsable de la ilusión. Ver el mundo como una ilusión no necesita esfuerzos coordinados y continuos. No es algo que puedes intentar hacer. Si lo intentas, lo estás haciendo al revés. El mismo principio sirve cuando la gente dice: “Estoy intentando ver el Cristo en él”. No puedes intentar ver el Cristo en una persona, simplemente lo ves o no. Cuando tienes los ojos abiertos y nada se interpone, ¡no tienes que intentar verle! Simplemente Le ves. La visión espiritual es lo mismo. Cristo está ahí, en cada persona, y puedes verle ahí. El problema es, si has levantado muchas barreras defensivas, muchas pantallas, que tapan tu vista. Estás viendo el reflejo de tus propias ideas en lugar de ver quién es la persona, que es Cristo. Por lo tanto, el camino a la visión espiritual, el modo de ver a Cristo en un hermano, es darse cuenta de todas las pantallas que estás levantando, todas las ilusiones que estás proyectando desde tu propia mente, y que impiden la visión. Por raro que parezca, no ves al Cristo en un hermano con mirarle, entrecerrando los ojos y fingiendo que es un ser amoroso; ves al Cristo en él mirando a tu propia mente, tus propios pensamientos, que son el obstáculo a la visión. Quizá de algún modo tienes miedo de la persona. Te parece una amenaza en algún modo, quizá dispuesto a atacarte físicamente, o a robarte tu dinero. En lugar de intentar verle a través de esa imagen de él como una mala persona, mira a la imagen en sí y pregunta de dónde vino. Con la ayuda del Espíritu Santo, verás que se formó completamente en tu propia mente. Es la suma de tus propios juicios solidificados en una opinión. Es la manera en que te has enseñado a ti mismo a ver a tu hermano. Y eso es todo. Sabes, o deberías saber, que no puedes juzgar. No puedes tener toda la información. Así que, puedes volverte al Espíritu Santo y decir: “Reconozco que mi opinión de este hermano es mi propia invención. Está basada en la idea de la muerte, de algo separado de Dios y distinto a Él. Como tal, sé que es sólo un mal sueño. No significa nada. Mi hermano no es lo que yo pienso que es, y yo no soy una mala persona por tener este pensamiento, únicamente estoy cometiendo un error. Quiero abandonarlo, y puesto que yo soy la fuente, puedo abandonarlo”. Puedes seguir sintiendo miedo. La diferencia no está en si el miedo desaparece, a veces desaparecerá. La diferencia está en que, si el miedo (o cualquier sentimiento o juicio del que se trate) está presente, eres consciente de que tú lo estás inventando y que no es real. Esto abre la puerta a que surja en ti un tipo diferente de visión. Si lo que has estado viendo es una ilusión, tiene que haber algo más, otra manera de ver que es real.

La visión de Cristo, que es como el Curso llama esta manera de ver, puede que no entre de repente en tu vista después de una sola aplicación de este proceso mental. Probablemente no lo hará. Tenemos montones y montones de barreras levantadas contra esa visión, y puede que hayas reconocido una de las muchas cosas que te impiden ver al Cristo en tu hermano. Eso es normal. Has entendido que esta barrera concreta es una ilusión, y afirmado que hay otra manera de ver a tu hermano. Eso es todo lo que tienes que hacer. ¡No tienes que intentar buscar la otra manera! Cuando estés listo, cuando las barreras se hayan reconocido como algo que tú te inventas, la visión sencillamente estará ahí. Sencillamente “estará ahí” porque ya está ahí. El Cristo en ti se reconoce a Sí Mismo en tu hermano. El proceso es parecido a dejar de escuchar la interferencia en una radio que tiene filtros electrónicos. Hay una señal de radio que quieres oír, pero las interferencias y mucho ruido te impiden escucharla. Identificas la interferencia, la aíslas, electrónicamente “das instrucciones” a tu equipo para que no las escuche, y finalmente te llega la señal clara. Lo que haces en el proceso que el Curso recomienda (mirar al ego y sus pensamientos de muerte, identificarlos, y decidir no hacerles caso porque vienen de una fuente que no es de fiar) es dejar de escuchar la interferencia. Continúa haciendo eso, y la señal clara de la visión de Cristo te llegará. Está ahí, en ti, justo en este momento. Sólo que no puedes “escucharla” por todo el ruido que el ego está haciendo. LECCIÓN 168 17 JUNIO

“Tu gracia me es dada. La reclamo ahora” Instrucciones para la práctica Propósito: Pedir y sentir el regalo de la gracia, que nos dará primero el regalo de la visión, y después el conocimiento eterno. Esto nos elevará al Cielo por un momento, nos devolverá todos nuestros recuerdos olvidados y nos dará la seguridad del Amor. Éste es un día nuevo y santo. Tiempo de quietud por la mañana/ noche: Por lo menos cinco minutos; lo ideal es treinta minutos o más. Empieza con la oración del final de la lección: “Tu gracia me es dada. La reclamo ahora. Padre, vengo a Ti. Y Tú vendrás a mí que te lo pido, pues soy el Hijo que Tú amas”. Haz esta oración de todo corazón. Con ella, estás elevando tu corazón a Dios y pidiéndole un regalo de gracia, en el que Él se inclina hasta ti y te eleva a Él, devolviéndote la total consciencia de Él y de Su Amor. La siguiente lección explica que ese momento “sólo reemplaza a la idea de tiempo por un breve lapso” (L.169.12:3), pero este corto instante puede cambiar tu vida para siempre. Así que pídelo con todo tu corazón, y luego mantén tu mente en una espera silenciosa, preparada, sin moverte, esperando el descenso de Su gracia. Y si tu mente se distrae, repite la oración de nuevo, para traerla de regreso a esa espera en quietud. Recordatorios cada hora: Uno o dos minutos, a la hora en punto, (menos si las circunstancias no lo permiten). Repite la oración y pasa un momento en quietud, esperando la gracia de Dios. Luego dale gracias por los reflejos de la gracia que has tenido en la hora que ha terminado. Y pregúntale que quiere que hagas en esta hora que empieza. Comentario ¿Qué es la gracia?

Esta lección no da una definición formal, sino como una conversación personal con Dios. “Dios nos habla. ¿No deberíamos nosotros acaso hablarle a Él?” (1:1-2). La gracia es parecida al Amor de Dios, algo que viene con Su Amor como parte del paquete. Él siempre nos ha amado (1:7-11). La gracia es el efecto o aplicación de ese amor que garantiza que Su Amor será plenamente reconocido y recibido. La gracia es cualquier cosa que nos saque de nuestro sueño. Es el movimiento del amor que nos atrae de regreso a Él, el callado susurro de Su Voz en nuestra mente que no nos dejará alejarnos, la cuidadosa planificación de nuestro programa de estudios que nos ayuda a desaprender todo lo que nos hemos enseñado a nosotros mismos, la actividad del Espíritu que trabaja constantemente para ganarse nuestra confianza y devolvernos la alegría y deshacer nuestra culpa. Es Su respuesta a nuestra desesperación. Es el medio por el que reconocemos Su Voluntad (2:3-4). Su gracia se me da. Su gracia es un “ya dada”, una seguridad, parte de lo que significa que Dios es Amor. Es un regalo, siempre disponible, siempre se está ofreciendo, y que espera sólo mi reconocimiento (2:5). “Se trata del regalo mediante el cual Dios se inclina hasta nosotros” (3:2). Y a la larga, la gracia es ese aspecto del amor en el que “al final es Él Mismo Quien viene, y tomándonos en Sus Brazos hace que todas las telarañas de nuestro sueño desaparezcan” (3:4). Entonces, ¿no voy a sentarme, hoy, durante unos pocos minutos de conversación silenciosa con este Dios de Amor? ¿Ni siquiera puedo dedicar tiempo a pedirle que me conceda esta gracia, que Él ya me ha concedido? ¿No puedo expresar mi deseo de recibirla, para permitir que este mundo de sufrimiento desaparezca de mi vista, sustituido por la verdadera visión? ¿No puedo decirle que estoy deseando, al menos parte de mí, desaparecer en Sus abrazo? Me puede parecer que estoy haciendo una especie de rendición o renuncia, o que estoy dejando algo, o perdiendo algo que me es muy querido. Sin embargo, si abrirme a la gracia es rendición, es una rendición al Amor únicamente. Es un suspiro por abandonar la resistencia a todo lo que siempre, siempre he querido. Es abandonar el fingimiento, un regreso a lo que siempre he sido. Es una rendición a mi Ser. Es una rendición a mi Amado, nada más que eso, y nada menos. Es la última manifestación de “caer en el Amor”. ¿Dudo de mi propia capacidad de amar, y de responder adecuadamente al Amor eterno e inmaculado de Dios? “Nuestra fe radica en el Dador, no en nuestra aceptación” (5:2). No es el poder de mi decisión ni mi fe la que hace el milagro, es el poder de Aquel que lo da. Su gracia me da los medios con los que puedo dejar atrás todos mis errores (5:3), incluso cuando dudo de mi propia capacidad de dejarlos. Para eso es para lo que está la gracia. La gracia proporciona todo lo que yo pienso que me falta. Como Dios le dijo una vez al Apóstol Pablo: “Mi gracia te basta, que Mi fuerza se muestra perfecta en la flaqueza” (2 Corintios 12:9). ¿Qué es la gracia? Todo lo que necesitamos para llevarnos de regreso al hogar a Dios, sea cual sea la forma que tome la gracia. LECCIÓN 169 18 JUNIO

“Por la gracia vivo. Por la gracia soy liberado” Instrucciones para la práctica Propósito: Pedir la gracia, y por un momento la experiencia del Cielo que procede de la gracia. Y luego regresar, y traer a otros los regalos que yo he recibido de la gracia. Tiempo de quietud por la mañana/ noche: Por lo menos cinco minutos; lo ideal es treinta minutos o más. Hoy estás pidiendo de nuevo el regalo de la gracia, que por un momento te elevará al conocimiento del Cielo. Empieza con esta oración: “Por la gracia vivo. Por la gracia soy liberado. Por la gracia doy. Por la gracia he de liberar”. La primera mitad de esta oración pide que tu mente sea elevada a la luz del día de la realidad, donde experimentarás la unidad pura. Ésta es “la experiencia que estamos tratando de acelerar” (7:1). Ésta no es la revelación final que te vendrá un día, en la que finalmente desaparecerás del tiempo y del espacio totalmente, pero sí significa que ese

día se acerca. Esto es principalmente una de meditación, en la que vas a buscar todo, así que utiliza todo lo que has aprendido sobre la meditación, y todo tu deseo de Dios. La segunda mitad de la oración habla de los efectos después del instante de gracia. Cuando sales de tu instante de eternidad, las personas verán que la luz aún brilla en tu rostro (13:2), y tú les darás los milagros que se dejaron en tu mente en ese instante santo. Recordatorios cada hora: Uno o dos minutos, a la hora en punto, (menos si las circunstancias no lo permiten). Repite la oración de la práctica de la mañana, pidiendo de nuevo la gracia de Dios. Y luego dale gracias a Dios por cualquier reflejo de la gracia que te ha venido en la hora anterior. Y pregúntale cómo quiere que, en esta hora que comienza, des los regalos que has recibido en la meditación. Comentario Jesús nos dice: “La gracia es el atributo del Amor de Dios que más se asemeja al estado que prevalece en la unidad de la verdad” (1:1). Supongo que se podría decir que vivir por la gracia significa vivir con plena consciencia de la Presencia Del Amor mientras se está en el mundo. En ese sentido, es lo mismo que vivir en el mundo real. Esto encaja con el resto del primer párrafo. El estado de gracia o vivir por la gracia y recibir continuamente la gracia, es algo que está más allá del aprendizaje. El aprendizaje únicamente nos prepara para esto, pues el aprendizaje tiene lugar sólo en este mundo. En realidad, lo que estamos haciendo es desaprender nuestra negación de la verdad acerca de nuestro verdadero Ser. “Se encuentra más allá del aprendizaje, aunque es su objetivo, pues la gracia no puede arribar hasta que la mente no se haya preparado a sí misma para aceptarla de verdad” (1:3). El aprendizaje nos prepara para aceptar la gracia. El aprendizaje no nos da la gracia, pero nos prepara para recibirla, para aceptarla, lo que supone que la gracia ya está a nuestro alcance pero todavía no podemos aceptarla. “La gracia se vuelve inevitable para aquellos que han preparado un altar donde ésta pueda ser dulcemente depositada y gustosamente recibida: un altar inmaculado y santo para este don” (1:4). La gracia simplemente está ahí, al instante, siempre que estemos dispuestos a recibirla. Aprender es necesario para producir el estado de desearla, luego la gracia se vierte. No tenemos que hacer nada para traerla, pero tenemos que avanzar en el (des)aprendizaje para eliminar nuestro rechazo a recibirla. Entonces sigue lo que quizá es la mejor definición de la gracia en la lección: “La gracia es la aceptación del amor de Dios en un mundo de aparente odio y miedo” (2:1). La gracia significa ver más allá de la ilusión. Todavía estoy en este mundo de “aparente odio y miedo” y sin embargo, de algún modo, acepto el Amor de Dios. Acepto que Él es completamente Amor, no enfadado ni vengativo, no algo a lo que temer por mis pecados, no algo a lo que culpar por las aparentes desgracias del mundo; Dios es Amor. En lugar de ver al mundo como sólido y real, y preguntarnos cómo puede Dios ser amoroso cuando todo esto está sucediendo, “aquellos cuyas mentes están iluminadas por el don de la gracia no pueden creer que el mundo del miedo sea real” (2:2). Aquellos que conocen la gracia saben que Dios es real, que el amor es real, y que es el mundo del miedo lo que es ilusorio. La gracia no es algo que se aprende. EI último paso tiene que ir más allá de todo aprendizaje. (3:1-2)

Esto no es algo que se aprende. No puede aprenderse. Tiene que venir de fuera del lugar donde el aprendizaje se lleva a cabo, que es el campo del ego. El Curso dice a menudo que no hay aprendizaje en el Cielo, o en Dios. ¿Cómo podría haber aprendizaje donde se sabe todo? La gracia no es la meta que este curso aspira a alcanzar. No obstante, nos preparamos para ella en el sentido de que una mente receptiva puede oír la Llamada a despertar. Dicha mente no se ha cerrado completamente a la Voz de Dios. Se ha dado cuenta de que hay cosas que no sabe, y, por lo tanto, está lista para aceptar un estado completamente diferente de la experiencia con la que se siente a gusto por resultarle familiar. (3:3-6) Así que, puesto que el aprendizaje es la meta del Curso, la gracia no lo es; la gracia está más allá de lo que el Curso enseña porque no puede enseñarse. Pero el aprendizaje del Curso, que en realidad es un desaprender, nos prepara para la gracia al soltar a nuestra mente de las apretadas garras del ego. Tal como se ve en este párrafo, la meta del Curso es una mente abierta y una consciencia de que hay cosas que no sabemos. No nos damos cuenta de hasta qué punto ha estado cerrada nuestra mente, “completamente sorda a la Voz de Dios”. Eso es lo que tenemos que aprender. De lo que nos damos cuenta es de todas las formas que utilizamos para no dejar entrar a Dios. Cuando aprendemos esto, no queda nada por lo que dejarle fuera, y Él sencillamente ya está ahí, tal como siempre lo ha estado. Luego la lección continúa hablando del estado del Cielo, o unidad. No tengo tiempo para comentarlo aquí, la lección ya lo deja muy claro, cuando dice: “No podemos hablar, escribir, ni pensar en esto en absoluto” (6:1). No obstante, cuando se enseña y se aprende lo que es el perdón, ello trae consigo experiencias que dan testimonio de que el momento en que la mente misma decidió abandonarlo todo excepto esto, está por llegar. (7:2) En otras palabras, el perdón es lo que ahora enseñamos y aprendemos, no la gracia. El perdón es el proceso de aprendizaje, la preparación para la gracia, y nos da experiencias que lo demuestran, anticipos de cómo es vivir en gracia. Pero por ahora es mucho lo que aún nos queda por hacer, pues aquellos que se encuentran en el tiempo pueden hablar de cosas que están más allá de él, y escuchar palabras que explican que lo que ha de venir ha pasado ya. Mas ¿qué significado pueden tener dichas palabras para los que todavía se rigen por el reloj, y se levantan, trabajan y se van a dormir de acuerdo con él? (10:3-4) Todavía estamos en el tiempo. Seamos realistas y prácticos en esto. Hablar de “cosas que están más allá” e intentar entender que “lo que está por llegar” (la iluminación o el despertar, que está en el futuro tal como lo entendemos) “ya ha sucedido” (es decir, que el viaje ya se ha terminado, que ya estamos iluminados, y que la unidad es un estado constante que está aquí ahora, para siempre, como siempre ha sido), hablar de todas estas cosas puede ser fascinante quizá nos anima, pero ¿cómo podemos entenderlo? ¡No podemos! Las palabras nos transmiten muy poco significado mientras vivimos y organizamos nuestra vida por el tiempo, contando las horas. Es bueno pensar en todo esto un poco, pero no es nuestra tarea principal. De hecho, puede ser una pérdida de tiempo si nos distrae del hecho de que “tenemos trabajo por hacer” aquí, ahora. El perdón funciona. Sentarse para hablar de lo que significa vivir continuamente en estado de gracia, en el mundo real, o lo que sigue a continuación en el Cielo, no tiene ningún significado sin ese trabajo real y práctico del perdón, en acción dentro de nuestra vida.

No entenderemos el Cielo hasta que lleguemos allí. La gracia anuncia al Cielo, y ni siquiera podemos entender eso, no por completo. Aunque podemos tener atisbos de ello en los instantes santos en los que entramos en contacto con Dios y con el Amor en nuestra mente. Por eso: Ahora pedimos que se nos conceda la gracia, el último regalo que la salvación puede otorgar. La experiencia que la gracia proporciona es temporal, pues la gracia es un preludio del Cielo, pero sólo reemplaza a la idea de tiempo por un breve lapso. (12:2-3) Las experiencias de gracia vienen, y se van. Nos sentimos fuera del tiempo “pero sólo durante un rato”. Estas experiencias, que vienen en momentos de verdadero perdón, son todo lo que necesitamos por ahora. “Mas ese lapso es suficiente” (13:1). Los instantes santos, el “ratito” de cada experiencia de perdón, es suficiente. Es todo lo que necesitamos. “Pues ahí es donde se depositan los milagros” (13:2). En otras palabras, el instante santo nos abre a los milagros. Es el modo por el que se extienden a nuestra vida los milagros, “que tú has de devolver de los instantes santos que recibes a través de la gracia que experimentas, a todos los que ven la luz que aún refulge en tu faz” (13:2). Cuando “regresas” del instante santo, hay una luz que aún brilla en tu cara. Otras personas la ven, y a ellos les llevas los milagros que has recibido en ese momento. ¿Qué es la faz de Cristo sino la de aquel que se adentró por un momento en la intemporalidad…? (13:3) Esto trata de ti y de mí. El rostro de Cristo es tu cara, mi cara, cuando hemos recibido un instante santo y “volvemos” al mundo del tiempo, nuestra cara brilla con la luz del Cielo. ¿… y al volver trajo consigo -para bendecir al mundo- un claro reflejo de la unidad que experimentó allí? (13:3) Ésa es nuestra función aquí en el mundo: traer un claro reflejo de la unidad del Cielo para bendecir al mundo. Pedir la gracia, abrir nuestra mente a recibir la gracia de Dios, tan a menudo como podamos elegir “entrar” en el instante santo en el que sentimos la unidad del Cielo, y luego regresar con un reflejo de él para bendecir al mundo. Date cuenta de que la unidad “se siente” y no sólo se acepta y se comprende intelectualmente. Se siente. Eso es lo que sucede en un instante santo. Oímos acerca de vivir en el mundo real, o acerca de lo que debe ser vivir en un estado constante de unidad (Cielo), y lo deseamos. Lo queremos ahora. Nos sentimos frustrados porque los instantes santos vienen y se van, duran “sólo un ratito” y eso nos parece decepcionante. Jesús explica aquí que la etapa de aprendizaje es totalmente necesaria, y que no deberíamos sentirnos decepcionados, no deberíamos pensar que estamos fracasando en nuestra tarea si los instantes santos no duran. ¿Cómo podrías llegar a alcanzarla para siempre, mientras una parte de ti se encuentre afuera, ignorante y dormida, necesitada de que tú des testimonio de la verdad? (13:4) Los hermanos que te rodean por todo el mundo, “ignorante y dormida” son tus propios pensamientos con forma. Son “una parte de ti” que “permanece fuera”. Tienes una misión aquí, un propósito que cumplir. El despertar tiene que comunicarse. Quieres un estado continuado de “permanecer en el instante santo”, pero Jesús te pregunta: “¿Cómo puedes alcanzarlo si una parte de ti está fuera de ese estado de unidad, ignorante, dormida y sin darse cuenta de ello?” Tu unidad tiene que incluirlos a ellos. Jesús dice que en realidad deberíamos estar agradecidos de “regresar” de esos instantes santos, de vuelta al mundo del tiempo. Escucha:

Siéntete agradecido de poder regresar, de la misma manera en que te alegró ir por un instante, y acepta los dones que la gracia te otorgó. Es a ti mismo a quien se los traes. (14:1-2) Si el instante santo es un momento en el que eres consciente de la unidad, en cierto sentido tienes que volver. Tienes que volver porque eres consciente de tu unidad con todos los que todavía no han visto. Son parte de ti, y por eso tienes que “volver” para llevarles los regalos de la gracia a la parte de ti que todavía está dormida, lo cual ves reflejado en tus hermanos. Jesús nos dice claramente que nos alegremos con esto: “no estamos pidiendo lo que no se puede pedir” (14:7). Querer el Cielo para mí y dejar a mis hermanos detrás es no hacer caso a lo que es el Cielo: ser consciente de la unidad. Una salvación privada es imposible. O vamos todos juntos o no vamos. Algunos pueden reaccionar a esto como si toda la humanidad nos estuviera reteniendo e impidiendo nuestra iluminación total. Ese pensamiento está basado en un estado de separación, y por lo tanto es completamente distinto a la gracia y al Cielo. El mundo que ves no es una fuerza separada de ti, que te retrasa. Es un reflejo de tu propio aprisionamiento a ti mismo, de tu propia resistencia que todavía no ha sido vencida o desaprendida. El mundo no está fuera de tu mente, sino en ti. Tú eres el mundo, eso es lo que estás aprendiendo. Te conviertes en lo que siempre has sido al aceptar tu papel de salvador del mundo. Tu salvación es la salvación del mundo. No son dos cosas, son lo mismo. “Regresamos” a salvar al mundo. Eso no significa que tengamos nuestro momento de felicidad y luego regresemos a predicar al mundo acerca de ello y decirles lo iluminados que estamos y por qué ellos no. Si tu salvación es la salvación del mundo, lo contrario también lo es: la salvación del mundo es la tuya propia. Salvas al mundo trabajando en ti. “La única responsabilidad del obrador de milagros es aceptar la Expiación para sí mismo” (T.2.V.5:1). Salvas al mundo cambiando tu mente, porque ahí es donde está el mundo, en tu mente. Sólo hay una mente, sólo uno de nosotros está aquí. Cuando estás en una película, si hay un problema en la pantalla, no vas a la pantalla a arreglarlo, sino que encuentras el proyector y lo arreglas. Esas “personas no iluminadas” que ves ahí fuera son partes de tu propia mente que todavía no has reconocido como partes de ti, no las atraes intentando arreglar la pantalla (esas personas separadas de ahí fuera), lo haces intentando arreglar el proyector (tu propia mente). Alégrate de ir por un instante, y también da gracias al volver, para llevar la luz de Dios al mundo. Te la traes a ti mismo. Al entender ese hecho, te salvas. El regreso no es un paso atrás en el tiempo. No, es un paso adelante hacia tu despertar, los medios por los que llevas contigo a todo el mundo dentro de la eternidad, para ser allí la unidad que has tocado y conocido. LECCIÓN 170 19 JUNIO

“En Dios no hay crueldad ni en mí tampoco” Instrucciones para la práctica Propósito: Pararte delante de la devoción que le tienes a la crueldad como un medio de seguridad, verlo como un ídolo sin significado, y elegir no servirle por más tiempo. Tiempo de quietud por la mañana/ noche: Por lo menos cinco minutos; lo ideal es treinta minutos o más.

Necesitamos mirar con honestidad a nuestra creencia de que atacar a otros en defensa propia nos mantiene a salvo. Esto significa que creemos que la crueldad nos mantiene a salvo, ya que todo ataque tiene la intención de herir y el intento de herir es cruel. Esto ha puesto a la crueldad como a un dios en el trono de tu mente, un dios que no nos atrevemos a poner en duda. Sin embargo, hoy, debemos poner en duda a este ídolo. Tenemos que mirar con serenidad a nuestra creencia de que la crueldad significa seguridad. Por eso, primero, ponte en contacto con esta creencia dentro de ti. Fíjate en que crees que cuando atacas, tu ataque te mantendrá seguro. Luego, estate dispuesto a poner en duda esta creencia. Piensa en la posibilidad de que tu propia defensa contra un ataque es lo que le da poder al ataque a tus ojos. Piensa en la posibilidad de que tu propia crueldad es a la larga lo que te hace tener miedo. Y piensa que esta creencia de que la crueldad es seguridad, es únicamente eso: una creencia, una idea que tiene que ser examinada de nuevo con calma, y no un dios a quien adorar. Ahora examina otro aspecto de esta creencia. Te das cuenta de que Dios quiere que abandones tus armas, que renuncies al ataque y a la defensa. Esto Le hace parecer cruel, pues Él quiere quitarte tu protección. Él aparentemente quiere que seas manso y santo cuando te hieren. Tan pronto como veas a la crueldad como el ídolo que te protege, entonces el auténtico Dios de Amor te parecerá cruel. Estate dispuesto a ponerlo en duda. ¿Es posible que Él quiera tu seguridad más que tú? ¿Es posible que “el amor es tu seguridad”? (L.pII.5.5:4) Al mirar a ambas creencias (que la crueldad es tu dios, y que Dios es cruel) te encuentras ante el mismo ídolo, y estás haciendo una elección. “¿Vas a restituirle al amor lo que has procurado arrebatarle para ponerlo a los pies de ese inanimado bloque de piedra?” (8:4). Mientras intentas tomar la decisión, sigue repitiendo: “En Dios no hay crueldad ni en mí tampoco”. Piensa que Dios es sólo Amor y que tu naturaleza es como la Suya, que la crueldad no forma parte de tu naturaleza en absoluto. Sinceramente intenta “posar tu mirada por última vez sobre ese bloque de piedra que tú mismo esculpiste, y dejarás de llamarle dios” (11:2). Si tienes éxito, caminarás sobre un mundo nuevo, que verás con nuevos ojos. Mirarás a las mismas personas, pero mientras que antes veías peligro en ellas, ahora verás la gloria de Dios en ellas. Donde antes tu corazón estaba lleno de miedo y crueldad, ahora estará lleno de amor y nada más. Recordatorios cada hora: Uno o dos minutos, a la hora en punto, (menos si las circunstancias no lo permiten). Repite la idea, intentando renunciar a tu lealtad a la crueldad, y aceptar el amor que es tu verdadera naturaleza. Luego dale gracias a Dios por los regalos de Su Amor en la hora que ha transcurrido. Y déjale decirte cómo manifestar en la siguiente hora el amor nuevamente encontrado en tu corazón. Comentario El pensamiento básico que contiene la lección de hoy es que nuestros intentos por defendernos a nosotros mismos son lo que hace que el ataque externo nos parezca real. Tenemos miedo porque, en algún lugar muy dentro de nuestro corazón, creemos que hemos atacado y que merecemos castigo por nuestro ataque. Sentimos dentro de nosotros la creencia de que “herir a otro (nos) brinda libertad” (1:4). Esta creencia está detrás de cada ataque que consideramos en defensa de nosotros mismos. No importa cuánto intentemos justificar nuestros ataques, algo dentro de nosotros sabe que nuestro intento es herir a la otra persona porque creemos que hiriéndole nos liberará en algún modo de algo. Resumiendo, creemos que somos crueles por naturaleza. Proyectamos nuestra creencia en el ataque sobre algo externo, vemos los ataques como si vinieran de fuera de nuestra propia mente. En realidad no hay nada fuera de nuestra mente, somos nosotros los que nos atacamos a nosotros mismos con nuestra culpa, pero creemos ver el ataque como externo a nosotros, justificando más ataques por nuestra parte. De este modo, el miedo y la defensa se convierten en los medios de protegernos a nosotros mismos. Y “al amor… se le dota con los atributos del miedo” (5:3): es decir, el amor se convierte en algo temible porque nos aconseja que abandonemos todas nuestras defensas. El amor se convierte en algo peligroso.

Desde este punto de vista, el miedo y la crueldad se convierten en “un dios”, un ídolo, algo que hay que proteger a toda costa. Abandonar el miedo se convierte en el máximo peligro. Por encima de todas las cosas tenemos miedo de no tener miedo; nos aferramos al miedo, creyendo que nos protege. Llevada al extremo, esta “adoración” del miedo y de la crueldad terminamos proyectándola sobre Dios Mismo, Le vemos como un Dios vengativo, que expulsa fuego, que nos amenaza con el infierno, listo para engañarnos con Sus palabras de amor, que se ríe con alegría salvaje mientras nos hundimos en la derrota. De hecho, enterrado lo mejor que podemos, está nuestro miedo a Dios, disfrazado de muchas formas cuando sale de nuestro inconsciente, pero siempre presente, ésa es la idea básica “que entrona como un dios al pensamiento del miedo” (9:4). “Este momento puede ser terrible. Pero también puede ser el momento en que te emancipas de tu abyecta esclavitud” (8:1-2). A la larga, todas nuestras defensas son defensas contra Dios. Enterrada muy hondo en nuestra mente está nuestra seguridad de que el universo va a por nosotros. Si miramos con honestidad, nos pasamos la mayor parte de nuestra vida reforzando nuestras defensas contra “cosas” que parecen amenazarnos. El Curso nos dice que la única manera de descubrir que la amenaza no es real es abandonar las defensas (2:6-7). Dios no está enfadado. El universo no va a por nosotros. Si nos parece que Dios está separado de nosotros, sólo las barreras que hemos levantado hacen que así nos lo parezca. Sólo somos víctimas de nuestras propias defensas. No tenemos nada que temer. No somos crueles, no podemos serlo, pues Dios Quien nos creó no tiene crueldad en Él. No hay ningún castigo acechando sobre nuestras cabezas. Somos el inocente Hijo de Dios, el Hijo que Dios ama. Sin ese miedo primario, no hay nada que proyectar sobre otros; cuando dejamos de proyectar nuestro miedo, no se percibe ningún ataque fuera; cuando no se percibe ningún ataque fuera, no hay necesidad de defensas. Si examinamos con honestidad a nuestro “dios” de miedo y defensa, tenemos que ver que está hecho de piedra. No tiene vida, no puede salvarnos. El miedo provoca miedo, el ataque provoca ataque. Las guerras del mundo lo demuestran constantemente. Herir a otros nunca nos pone a salvo, únicamente aumenta el ciclo de miedo y ataque. Darnos cuenta de que el método en el que confiamos para garantizar nuestra seguridad no sirve de nada, que nuestro guerrero ganador es un traidor, puede ser un momento aterrador. Los almacenes de misiles en los que hemos puesto toda nuestra confianza ¡apuntan directamente a nuestro propio corazón! “Este momento puede ser terrible. Pero también puede ser el momento en que te emancipas de tu abyecta esclavitud” (8:1-2). Pensar en abandonar las defensas por completo puede paralizarnos de miedo por un momento. Pero puede ser el momento en el que somos libres para reconocer que lo que tememos no existe, y se le permite la entrada al “enemigo” que nos hemos esforzado en mantener fuera, trayéndonos Su paz con Él. QUINTO REPASO. INSTRUCCIONES PARA LA PRÁCTICA Propósito: Prepararnos para la Segunda Parte del Libro de Ejercicios. Dedicar más tiempo y esfuerzo a practicar, para que puedas acelerar el paso en tu viaje a Dios. Reconocer la verdad de la idea central (“Dios es sólo Amor y, por ende, eso es lo que soy yo”). Hacer de este repaso un regalo a Jesús, y un tiempo en el que compartes con Él una experiencia nueva y sin embargo antigua. La oración: Usa la oración de los párrafos 2 y 3 para dedicar el repaso a Dios. Le pides a Dios que dirija tus prácticas y que te llame de vuelta cuando te retrasas en tus prácticas, para que puedas progresar más rápido por el camino que te lleva a Él.

El pensamiento central: El centro del repaso es esta idea (“Dios es sólo Amor y, por ende, eso es lo que soy yo”). El propósito de este repaso es llevarnos a un lugar donde entendemos y experimentamos esta idea de verdad. Y el propósito de las ideas que se repasan es apoyar la idea central, sacar diferentes aspectos de ella, y hacerla “más significativa, más personal y verdadera” (L.rV.In.4:2). Por lo tanto, haz que esta idea domine cada uno de estos diez días del repaso. Empieza y termina el día con ella, empieza y termina cada periodo de práctica, y envuelve con ella cada repetición de las ideas del repaso. Tiempo de quietud por la mañana/ noche: Por lo menos cinco minutos; lo ideal es treinta minutos o más. Pasa un rato repitiendo el pensamiento central (“Dios es sólo Amor y, por ende, eso es lo que soy yo”). Y las dos ideas del repaso. Envuelve cada idea del repaso con el pensamiento central. Usa las ideas del repaso para que iluminen algún aspecto del pensamiento central y hazlo más significativo para ti. Luego entra en lo que llamamos “meditación de la mente abierta”. Mantén tu mente quieta y silenciosa, sin palabras. Las palabras son como señales indicadoras: señalan al significado; pero ahora estás buscando la experiencia directa del significado, y para esto las palabras se interponen. En este vacío de palabras, simplemente espera con “silenciosa expectación” (L.94.4:1) la experiencia de lo que nos hablan las palabras, la experiencia de nuestro verdadero Ser. Toda tu atención está esperando en “tranquila expectación” (L.157.4:3). Tu mente está en reposo, sin embargo también preparada. Toda tu consciencia está esperando que surja la comprensión y se extienda. Concéntrate en esto sin palabras. Sin embargo, cuando tu mente se distraiga, lo que sucederá de vez en cuando, repite el pensamiento central para recordarte a ti mismo lo que estás esperando: la experiencia de tu propio Ser; y luego vuelve a tu espera sin palabras. Termina repitiendo el pensamiento central una vez más. Recordatorios cada hora: Uno o dos minutos, a la hora en punto (más corto si las circunstancias no lo permiten). Sugerencia: Repite las dos ideas del repaso, rodeando cada una de ellas con el pensamiento central. Luego dale gracias a Dios por Sus regalos en la hora anterior, y pídele Su dirección para la hora que comienza. Termina con el pensamiento central. LECCIÓN 171 20 JUNIO

“Dios es sólo Amor y, por ende, eso es lo que soy yo” (151) “Todas las cosas son ecos de la Voz que habla por Dios” (152) “Tengo el poder de decidir” Instrucciones para la práctica Ver las instrucciones para la práctica en el Quinto Repaso Comentario ¡Otro repaso! Mientras lees la Introducción al Quinto Repaso, te darás cuenta de que no se dan instrucciones detalladas para la práctica. El resumen, que se da en el párrafo 11, es la única referencia a la práctica real que se espera que hagamos. Un rato por la mañana, un rato por la noche, y tener la idea en nuestro recuerdo a lo largo de todo el día, ésa es toda la instrucción que se nos da. A decir verdad, las instrucciones completas se dieron en la Lección 153, párrafos 15-18. Allí, se dijo que las instrucciones seguirán “un formato que vamos a utilizar por algún tiempo” (L.153.15:1). Ese “por algún tiempo” todavía continúa. En los diez días del repaso, comentaré principalmente la Introducción al Repaso, en lugar de las ideas que se están repasando. Hoy trataré de los tres primeros párrafos, y luego un párrafo cada día

durante las restantes nueve lecciones del repaso. La idea central del repaso es: “Dios es sólo Amor y, por tanto, eso es lo que soy yo”. Se nos dice (4:2) que cada uno de los veinte pensamientos que estamos repasando aclara algún aspecto de este pensamiento central, también intentaré señalar algunas de las maneras en que las dos ideas del día están relacionadas con El pensamiento central. La Introducción a nuestro repaso empieza con una poderosa petición de que tomemos nuestras prácticas más en serio, “para poner más de nuestra parte y dedicar más tiempo a nuestro empeño” (1:2). Una vez más, como en el Cuarto Repaso, se nos recuerda que esta serie de lecciones está planeada para ayudarnos a prepararnos “para un nuevo nivel de entendimiento” (1:3). El Cuarto Repaso dejó claro que esto se refiere a la Segunda Parte del Libro de Ejercicios: “Esta vez… nos estamos preparando para la segunda parte del aprendizaje en la que se nos enseña cómo aplicar la verdad” (L.rIV.In.1:1). La comprensión de que nos estamos preparando para algo más, un cambio a otra fase, se pretende que motive nuestros esfuerzos “para poder seguir adelante con mayor certeza, mayor sinceridad y mayor fe” (1:4). Se tiene la sensación de que la eficacia de la segunda mitad del Libro de Ejercicios depende, en gran medida, de cuánto tiempo y esfuerzo estamos dispuestos a poner en nuestra práctica ahora, en este momento. Recuerdo las primeras veces que hice el Libro de Ejercicios, siempre me daba la sensación de que la segunda parte era un desastre. Decepcionante. También recuerdo que no hacía serios esfuerzos para seguir las instrucciones de la práctica, sólo leía la lección por la mañana. Estoy completamente convencido de que hay una relación directa entre estos dos hechos: mi débil práctica y mi sensación de decepción. El Libro de Ejercicios reconoce que hemos estado flaqueando, y que hemos tenido dudas que nos han hecho esforzarnos menos en las prácticas. No nos sermonea por ello, pero sí deja claro que si queremos resultados, tenemos que seguir el programa. La recompensa será “una mayor certeza, un propósito más firme y una meta más segura” (1:6). En mi opinión, la oración de los párrafos 2 y 3 es muy buena para utilizarla cada día, durante este repaso. No necesita comentarios, el significado de cada frase está muy claro. Es una oración para esforzarnos en la práctica. Es una afirmación de confianza en que, si nos olvidamos, tropezamos, o nos extraviamos, Dios nos lo recordará, nos levantará y nos llamará para que volvamos a ellas. Los dos pensamientos de hoy se relacionan fácilmente con el pensamiento central. Si Dios es sólo Amor, y yo también soy sólo amor, entonces todas las cosas son ecos de Su Voz. Todo es un aspecto de Él. La decisión a la que me enfrento, hoy y cada día, es si aceptar o no este hecho. ¿Quiero vivir hoy como una expresión del Amor de Dios, o quiero elegir intentar lo que es imposible: ser otra cosa? LECCIÓN 172 21 JUNIO

“Dios es sólo Amor y, por ende, eso es lo que soy yo” (153) “En mi indefensión radica mi seguridad” (154) “Me cuento entre los ministros de Dios” Instrucciones para la práctica Ver las instrucciones para la práctica en el Quinto Repaso Comentario Párrafo 4 de la Introducción al Quinto Repaso: “He aquí el pensamiento… ” (4:1). Las palabras se refieren a (“Dios es sólo Amor y, por tanto, eso es lo que soy yo”) la frase 3 del párrafo, el pensamiento central del repaso. Durante el repaso,

tenemos que pensar en este pensamiento lo primero de todo, cada día, cada mañana y cada noche, y muy a menudo durante el día. Cada pensamiento añadido de las lecciones anteriores “clarifica algún aspecto de dicho pensamiento o contribuye a hacerlo más significativo, más personal y verdadero, así como más descriptivo del santo Ser que compartimos y que ahora nos preparamos para conocer de nuevo” (4.2). En nuestro repaso, sería bueno pensar cómo está relacionado este pensamiento central con las otras dos ideas. El centro de atención es el pensamiento central, las ideas a repasar se supone que lo aclaran o extienden. Fíjate en las palabras “nos preparamos” que aparecen de nuevo en la frase 2. El “nuevo nivel de entendimiento” (1.3) para el que nos estamos preparando tiene que ver con acercarnos de nuevo a conocer nuestro verdadero Ser. La primera mitad del Libro de Ejercicios se ha concentrado en deshacer nuestro viejo sistema de pensamiento, la segunda mitad no lleva a reclamar el conocimiento del Ser que pensamos que habíamos perdido. El santo Ser que somos es sencillamente una extensión de Dios. Él es Amor, y nosotros también. Nosotros somos lo que Él es, extendido. Nos estamos preparando para recordar Eso, más que recordar, saber. Esa palabra sola implica mundos. Puedo escribir las palabras, puedo estar de acuerdo con ellas, pero ¿conozco lo que estoy diciendo? Conocer que soy una extensión del Amor de Dios cambiará todo en mi vida, desterrará el miedo, y me dará una sensación de propósito santo con el que nada de lo que haya sentido antes se puede comparar. ¿Cómo es este Ser, que soy yo? “Sólo sus pensamientos son perfectamente congruentes; sólo ese Ser conoce a Su Creador, se comprende a Sí Mismo y goza de un conocimiento y amor perfectos, así como de un estado de unión constante con Su Padre y Consigo Mismo” (4:5). Ésta es una descripción de mí y de ti tal como Dios nos creó. Para “conocer de nuevo” Eso nos está preparando este repaso. ¿No se merece esta meta “poner más de nuestra parte y dedicar más tiempo”? (1.2). Intenta imaginarte como será (no “sería”, sino “será”) ser perfectamente constante en todos tus pensamientos. Intenta sentir cómo será conocer a Dios y a ti mismo perfectamente. Intenta imaginarte viviendo en un estado constante de unión con el Padre, y con tu Ser, sin cambios o alteraciones en ese estado de unión. Las dos ideas del repaso de hoy nos ayudan a ver el camino de nuestra meta, negativamente y positivamente. Si yo soy Amor, ¿cómo puedo estar a la defensiva? Para ser lo que en verdad soy, debo abandonar mis defensas. Y si soy Amor, ¿qué puedo ser sino un ministro de Dios? ¿Cuál puede ser mi propósito aquí sino extender Su Amor, extender la mano y tocar a todos mis hermanos con el toque de Cristo? LECCIÓN 173 22 JUNIO

“Dios es sólo Amor y, por ende, eso es lo que soy yo” (155) “Me haré a un lado y dejaré que Él me muestre el camino” (156) “Camino con Dios en perfecta santidad” Instrucciones para la práctica Ver las instrucciones para la práctica en el Quinto Repaso Comentario Párrafo 5 de la Introducción al Quinto Repaso:

El Ser que es sólo Amor, perfectamente constante en Sus pensamientos, es “lo que nos espera al final de la jornada” (5:1).A menudo necesito recordarme a mí mismo qué “estoy buscando” en este camino espiritual. A veces parece un viaje tan largo: “serán muchas las ocasiones…a lo largo de un tiempo que no parece tener fin” (T.24.VI.7:2). Recordar la meta, lo primero en la mente, para mí es una necesidad. “Eso”, con una “E” mayúscula, “Eso es lo que se nos promete” (5:4). Estoy en el viaje de encontrar mi Ser, y al final del viaje, se me ha prometido, lo encontraré. Un Ser en unión constante con Dios. Un Ser en perfecta paz dentro de Sí Mismo. Eso merece la pena “buscarlo”. El viaje parece largo, pero cada paso me acerca un poco más, “a medida que lo ponemos en práctica es a Eso a lo que nos acercamos” (5:2). Cada vez que me paro un minuto para recordar me acerca un poco más. Cada vez que abro mi corazón con amor a un hermano, me acerca un poco más. Cada vez que hago la práctica de la mañana o de la noche, sentado en silencio, escuchando, me acerca un poco más. El camino que ofrece el Curso no es llamativo. A veces no es muy emocionante. Pero funciona. Para mí está tan claro que debe hacerse este trabajo de algún modo, los retorcidos pensamientos de mi ego tienen que ser deshechos y sustituidos por otra cosa. Los muchísimos disfraces del miedo deben ser descubiertos y reemplazados con amor. A veces deseo que sucediese de la noche a la mañana. A veces me pregunto por qué parece necesitar tanto tiempo y avanzar tan lentamente. Y luego me doy cuenta de mis propios pensamientos, apartándome, retrasándome, y me doy cuenta de la causa. De vez en cuando incluso Le doy las gracias a Dios por no obligarme a nada en contra de mi voluntad, porque cuando por fin termine mi viaje, no habrá ni la más pequeña duda de que es mi voluntad, así como la Suya. Y vuelvo al trabajo seguro que el Curso presenta, sabiendo que (para mí al menos) éste es el único camino que he encontrado que funciona. “Este repaso (hecho como se pide que se haga, por supuesto) acortará el tiempo de manera inconmensurable” (5:3). Por eso me entran las prisas, aquí está el medio de acortar el tiempo que es necesario. Se me han dado los medios, en bandeja de plata, se me ponen delante de los ojos día tras día. ¿Quiero utilizarlos? ¿Quiero usar los medios para acortar el tiempo? A menudo digo que quiero que el viaje avance más rápido. Sin embargo, si se me han dado los medios para acortar el tiempo y no los utilizo, ¿qué dice eso de mi deseo? Mi constancia en la práctica es la medida de mi verdadero deseo. Si practico con la meta en mi mente, si recuerdo por qué lo estoy haciendo, el beneficio será máximo. Sin embargo, si hago la práctica a duras penas, como si fuera un deber que se me ha impuesto, una tares aburrida, mi beneficio será menor. Que hoy “levantemos de las cenizas nuestros corazones y dirijámoslos hacia la vida, recordando que Eso es lo que se nos promete” (5:4).Que levante mis ojos y recuerde la gloriosa meta, mi Ser a Quien nada Le falta y que espera a que yo recuerde. Que mi ansia interna, que nunca me deja, se salga con la suya y me lleve hacia adelante. Las dos ideas del repaso de hoy encajan muy bien con el párrafo de la Introducción a este repaso. “Me haré a un lado y dejaré que Él me muestre el camino” siguiendo Su dirección gustosamente. Y me siento animado en mi viaje sabiendo que mientras lo hago, “Camino con Dios en perfecta santidad”. Este curso nos fue enviado para allanar el sendero de la luz y enseñarnos, paso a paso, cómo regresar al eterno Ser que creíamos haber perdido. (5:5) Gracias, Padre, por este Curso. Gracias por sus instrucciones que me guían paso a paso. Gracias por este tiempo de repaso, por los momentos que puedo pasar Contigo, en la quietud, en silencio, escuchando, esperando, sabiendo que cada minuto me acerca más a mi meta, cada minuto ahorra un tiempo inmenso. Gracias por abrir el camino de la luz. LECCIÓN 174 23 JUNIO

“Dios es sólo Amor y, por ende, eso es lo que soy yo” (157) “En Su Presencia he de estar ahora” (158) “Hoy aprendo a dar tal como recibo” Instrucciones para la práctica Ver las instrucciones para la práctica en el Quinto Repaso Comentario Párrafo 6 de la Introducción al Quinto Repaso: En este párrafo, Jesús habla en la primera persona: “Yo te acompaño en esta jornada” (6:1). Un aspecto del Curso que parece recibir menos atención que muchas otras es la presencia personal del autor en nuestras vidas. Sin duda, muchos de nosotros,, sintiendo que nos hemos “escapado” de lo que nos parecía un fondo cristiano lleno de prohibiciones, que daba mucha importancia a “un salvador personal” y la adoración de Jesús como el único Hijo de Dios, nos sentimos incómodos con la idea de tener a Jesús a nuestro lado al hacer este viaje. Se parece demasiado a lo que dejamos atrás. En la Clarificación de Términos en el Manual para el Maestro, se nos recuerda que “se han hecho amargos ídolos de aquel que sólo quiere ser un hermano para el mundo” (C.5.5:7). Una relación que puede necesitar sanación es nuestra relación con él, podemos traer muchas “ideas sombrías” del pasado que deforman la imagen que tenemos de él. Aquí en el Manual, se nos pide: “Perdónale tus fantasías, y comprende lo mucho que amarías a un hermano así” (C.5.5:8). Sin embargo, el Curso trata este asunto con dulzura, como hace con todos estos asuntos. “Es posible leer sus palabras y beneficiarse de ellas sin aceptarle en tu vida. Mas él te ayudaría todavía más si compartieses con él tus penas y alegrías” (C.5.6:6-7). Así que, si esta idea de tener una relación con él te produce inquietud o incluso desagro, quédate en paz, es normal. Jesús se ofrece a compartir tus dudas y tus miedos para hacerse más cercano a nosotros. Sabemos que él entiende por lo que estamos pasando porque él también lo ha pasado antes. Aunque él ha llegado a un lugar donde la duda, la inseguridad y el dolor no significan nada, él lo entiende cuando las sentimos. No tenemos que sentir que nos estamos acercando a una figura lejana, elevada y poderosa, que con un gesto de su mano quiere acallar nuestra inseguridad por ser poco importante. Él ve lo que nosotros vemos. Él es consciente de todas las ilusiones que nos causan terror, y la realidad que parecen tener para nosotros. Pero él tiene en su mente “el camino que lo condujo a su propia liberación, y que ahora te conducirá a ti a la tuya junto con él” (6:5). Él es como un hermano mayor que ha terminado el viaje, pero que ahora ha regresado para llevarnos al hogar con él. Él sabe que el Hijo de Dios no está completo hasta que hayamos caminado el mismo camino que él. Él está con nosotros ahora, mostrándonos el camino. En mis momentos de quietud hoy, que yo sea consciente de su presencia. Cuando entro en la Presencia de Dios, que yo sea consciente de uno que está a mi lado, quizá sujetando mi mano si me siento temeroso. Que yo esté deseoso de llevarle mi inseguridad y dolor a él, para que yo pueda vencerlos. Tal como recibo la gracia de él permitiéndome dejar a un lado mis miedos y dudas, que yo aprenda a dar tal como recibo. Que yo salga de este instante con él para compartir con los que me rodean lo que he recibido. Que actúe de representante de Dios en el mundo, para perdonar los “pecados” de aquellos que me rodean, calme sus mentes, y les ofrezca la paz que a mí se me ha dado. LECCIÓN 175 24 JUNIO

“Dios es sólo Amor y, por ende, eso es lo que soy yo” (159) “Doy los milagros que he recibido” (160) “Yo estoy en mi hogar. El miedo es el que es el extraño aquí” Instrucciones para la práctica Ver las instrucciones para la práctica en el Quinto Repaso Comentario Párrafo 7 de la Introducción al Quinto Repaso: ¿Sabes qué?, por el modo en que Jesús habla en la primera frase, ¡parece que es algo que él ha experimentado más de una vez! “Mi resurrección se repite cada vez que conduzco a un hermano sin contratiempo alguno allí donde la jornada termina para ya no recordarse más” (7:1). Ciertamente me gustaría pensar que ha habido más que él, sería descorazonador si él fuera el único hasta ahora. Hoy, pienso que probablemente ha habido más de los que nos damos cuenta que han llegado al final del viaje con él. A veces me pregunto por qué parece que hay tan pocos en este mundo que parecen “haberlo logrado”, pero si pienso en ello, me parece que ¡“este mundo” es el último lugar en el que probablemente podemos encontrar a tales personas! Estoy contento de que Jesús, al menos, ha decido quedarse por aquí y ser “un salvador… con aquellos a quienes enseña” (6:5). ((A decir verdad, el Curso da a entender que hay otros también, ver los dos primeros párrafos de la Sección 26 del Manual para el Maestro: “¿Es posible llegar a Dios directamente?”) Levanta el ánimo la idea de que cuando en alguna circunstancia yo aprendo el “camino que nos libera a todos de la aflicción y del dolor” (7:2), Jesús se “renueva”. Por supuesto, eso es cierto acerca de todos nosotros, cada uno de nosotros se renueva cuando un hermano aprende el camino de liberarse de todo dolor y aflicción. Todos a los que tocamos con un milagro nos enriquecen cuando lo reciben. Cuando alguien comparte la explicación de un milagro en su vida, se renueva todo el que lo escucha, eso es lo que hace que el compartir sea tan reconfortante. Mi propio camino con Dios se fortalece cada vez que me doy cuenta de que algo que yo he dicho ha ayudado a alguien. El Curso a menudo dice que aquellos a quienes ayudamos, nos ayudan, así es como aprendemos a recordar lo que somos. Que hoy recuerde que cada vez que vuelvo mi mente a la luz dentro de mí, y Le busco, Cristo renace. Así es como tiene lugar el Segundo Advenimiento (ver L.pII.9.3:2, “¿Qué es el Segundo Advenimiento?”). Cuando todos hayamos dado a Cristo nuestra mente por completo, el Segundo Advenimiento se habrá completado. Cada vez que vuelvo mi mente a la luz dentro de mí, lo acerco más. Cada vez que hoy recuerdo “Dios es sólo Amor y, por tanto, eso es lo que soy yo”, adelanto ese día. Cada vez que elijo dar los milagros que he recibido, cada vez que recuerdo que mi Ser, y no el miedo, está en el hogar en mí, Cristo renace en el mundo. Nadie ha sido olvidado. Me encanta la frase de Marianne Williamson: “Dios no ha perdido tu expediente”. Me gusta imaginar el ajetreo y bullicio de “la oficina celestial”, con todo tipo de seres trabajando para mi bien, todos desconocidos para mí. Dejando pequeñas pistas para que yo las encuentre. Planeando que me encuentre con la persona adecuada, encuentre los libros adecuados, y tenga las experiencias por las que necesito pasar. Pero todo esto necesita mi colaboración. La última frase parece contradictoria, afirmando que Jesús necesita mi ayuda para conducirme de regreso a donde la jornada comenzó. Pero tiene sentido, pues como el Curso dice todo el tiempo, lo único importante es mi pequeña dosis de buena voluntad. Él me lleva, él no me obliga. Mi ayuda consiste en estar dispuesto a seguirle, parándome de vez en cuando para escuchar sus instrucciones. Y mi ayuda consiste en hacer la práctica que él me dice que haga.

¡Me doy cuenta de que él me está llevando hacia atrás! A donde empezó el viaje, para que yo pueda “llevar a cabo otra elección” (7:5). Todo su trabajo conmigo es hacerme regresar al momento en que tomé una decisión equivocada, para que ahora pueda tomar una decisión diferente. No hay nada que no se pueda cambiar. Incluso la decisión que empezó esta pesadilla puede deshacerse, y será deshecha, y ha sido deshecha. Él nos está guiando “en (nuestros) primeros e inciertos pasos de ascenso por la escalera que la separación (nos) hizo descender” (T.28.III.1:2). Cada decisión equivocada que le permito que deshaga hoy, es otro paso en la escalera de ascenso a la memoria de mi estado original, a la memoria del hecho de que “Dios es sólo Amor y, por tanto, eso es lo que soy yo”. Damos los milagros que hemos recibido, y cuando lo hacemos, recordamos que ya estamos en el hogar, y que el miedo es el extraño. LECCIÓN 176 25 JUNIO

“Dios es sólo Amor y, por ende, eso es lo que soy yo” (161) “Dame tu bendición, santo Hijo de Dios” (162) “Soy tal como Dios me creó” Instrucciones para la práctica Ver las instrucciones para la práctica en el Quinto Repaso Comentario Párrafo 8 de la Introducción al Quinto Repaso: Nuestras prácticas de alguna manera liberan al Cristo en el mundo. Abrir nuestra mente al Espíritu Santo nos deja dispuestos como canales para aquellos a nuestro alrededor. Por supuesto, el Espíritu Santo es “Aquel que ve tu extrema necesidad, y que conoce la respuesta que Dios le ha dado” (8:1). Creo que una de las cosas que hace que el Curso sea tan extraordinario es el modo en el que reconoce nuestra “extrema necesidad” y sin embargo afirma que en realidad no tenemos necesidades. Es como si nos dijera: “Sé que el mundo del dolor y la pérdida es sólo una ilusión y nada por lo que debas preocuparte, pero también sé que para ti es muy, muy real, y estoy dispuesto a trabajar contigo partiendo de esa base. Claramente, se nos anima a desarrollar una relación con Jesús y el Espíritu Santo. “Juntos repasaremos estos pensamientos” (8:2). “Juntos les dedicaremos nuestro tiempo y esfuerzos” (8:3). No somos individuos practicando un tipo de manipulación mental; nos estamos comprometiendo a una relación, una aventura de colaboración: La curación no procede de nadie más. Tienes que aceptar dirección interna. La dirección que recibas no puede sino ser lo que quieres, pues, de lo contrario, no tendría sentido para ti. Por eso es por lo que la curación es una empresa de colaboración. Yo puedo decirte lo que tienes que hacer, pero tú tienes que colaborar teniendo fe en que yo sé lo que debes hacer. (T.8.IV.5-9) Así que estamos repasando estos pensamientos con él. No estamos pensando en ellos por nuestra cuenta, sino escuchando esa guía desde dentro mientras pensamos en ellos. “Y juntos se los enseñaremos a nuestros hermanos” (8:4). ¿Te has dado cuenta de que casi cada vez que le Curso habla acerca del proceso que estamos pasando, termina con algún aspecto de compartir o extensión, algún modo de dar a nuestros hermanos lo que nosotros hemos recibido? El Curso no es

un camino personal de salvación. Lo que es más, enseña que no existe la salvación individual, porque “el individuo” es una ilusión. No estamos solos. No somos individuos separados que pueden salvarse individualmente. Somos partes de un todo, y cuando empezamos a recibir lo que el Espíritu Santo tiene que enseñar, debemos compartirlo, porque compartir es lo que Él enseña. “Enseñar con acciones o con pensamientos; con palabras o sin ellas; en cualquier lenguaje o sin lenguaje; en todo lugar o momento, o en cualquier forma” (M.1.3:6). Enseñamos porque el todo no está completo hasta que todos estén incluidos. Tal como Jesús no está completo sin nosotros, nosotros no estamos completos sin nuestros hermanos. Como Jesús, nosotros podemos reconocer que lo tenemos todo en nosotros mismos y al hacerlo, reconocer que nuestros hermanos lo tienen todo. El estado de estar completo está ahí, pero sin admitirlo ni reconocerlo: “Soy tal como Dios me creó”, como nos lo recuerda una de las dos ideas del repaso. “Nuestro hogar ancestral… se ha mantenido a salvo de los azotes de éste, así como inmaculado y seguro, tal como será cuando al tiempo le llegue su fin” (8:8). No lo podemos perder, pero hemos perdido la consciencia de él, y esa consciencia es lo que compartimos con los demás. Cuando empezamos a aceptar que nada nos falta, nos convertimos en recordatorios para todos de que tampoco les falta nada, y de que lo compartimos todo con todos. No hay necesidad de “predicar”, ni de un grupo espiritual selecto diciéndole al resto del mundo “cómo es”. Es la feliz comunicación de que “Tú eres completo, como yo. Soy tal como Dios me creó, y tú eres tal como Dios te creó”. Venimos a nuestros hermanos no como superiores, sino pidiéndoles que nos den su bendición, reconociéndoles como el Hijo de Dios que son, junto con nosotros: “Dame tu bendición, santo Hijo de Dios”. Tu santidad es la salvación del mundo. Te permite enseñarle al mundo que es uno contigo, sin predicarle ni decirle nada, sino simplemente mediante tu sereno reconocimiento de que en tu santidad todas las cosas son bendecidas junto contigo. (L.37.3:1-2) LECCIÓN 177 26 JUNIO

“Dios es sólo Amor y, por ende, eso es lo que soy yo” (163) “La muerte no existe. El Hijo de Dios es libre” (164) “Ahora somos uno con Aquel que es nuestra Fuente” Instrucciones para la práctica Ver las instrucciones para la práctica en el Quinto Repaso Comentario Párrafo 9 de la Introducción al Quinto Repaso: Cuatro días más de este repaso, cuatro días más de nuestro “regalo” a él. Por supuesto, cada momento en que nos conectamos con nuestra mente recta, cada momento que entramos en el instante santo, es un regalo también. Este párrafo tiene un maravilloso sabor de ello: nuestro escuchar sus palabras, nuestro darlas al mundo, Cristo trabajando a través de nosotros para salvar al mundo, caminar con él a Dios, coger la mano de nuestro hermano mientras caminamos. Una maravillosa energía que nos une, todos parte del todo que es nuestro Ser, que procede de Dios. La energía viene a nosotros, y a través de nosotros a nuestros hermanos, y a través de ellos a nosotros, uniéndonos a todos juntos en la estructura divina. Somos uno con Aquel que es nuestra Fuente. “Pues esto es lo único que necesito: que oigas mis palabras y que se las ofrezcas al mundo. Tú eres mi voz, mis ojos, mis pies y mis manos, con los cuales llevo la salvación al mundo” (9:2-3). Éste es

el verdadero propósito de mi existencia y de mi experiencia aquí en el mundo. Puedo sentir confusión, día a día, acerca de mi propósito y la forma que está tomando. Puedo tener mis dudas acerca de aquellos con los que me estoy relacionando ahora, preguntándome cómo demonios pueden ser parte de un plan divino. Puedo preguntarme eso mismo acerca de mí. Pero Jesús habla con estas palabras del Curso: “Mi única necesidad eres tú. Necesito tu presencia física para llegar a través de ti a aquellos que están perdidos en la ilusión de los cuerpos”. ¿Cómo puede ser posible? ¿Cómo, en el lío en el que estoy metido, puede suceder esto? No lo sé. Pero confío en que el Espíritu Santo lo sabe. Todo lo que tengo que hacer es estar disponible, estar dispuesto a que eso suceda. Que recuerde que estos pensamientos de ansiedad, duda, falta de confianza, y tristeza, son sólo formas de la creencia en la muerte; y que los abandone, poniéndolos en Sus manos. Que me ponga yo también en Sus manos, recordando que soy uno con Aquel que es mi Fuente, soy Amor al igual que Dios, soy una extensión de Su Ser, como todos lo somos. Si puedo creer esto, soy libre. Donna Cary ha escrito una canción maravillosa, una de las muchas basadas en su experiencia con el Curso. El estribillo repite una y otra vez: “Él me está pidiendo que me entregue a Él. Llamándome para que me entregue a Él”. La canción habla del miedo que surge cuando oímos esta llamada. ¿Puedo decir hoy: “Él me necesita. Quiere mis manos, mis pies, mis ojos, y mi voz. Padre, tengo miedo, pero aquí estoy. Úsame.”? Que yo sea el instrumento de Su paz. O, en las palabras de una poeta cristiana del siglo pasado, Amy Carmichael: Ama a través de mí, Amor de Dios. Hazme como tu aire claro, A través del cual pasan los colores libremente, como si no estuviera ahí. “Dios es sólo Amor y, por tanto, eso es lo que soy yo”. Que ese Amor se extienda a través de mí libremente y sin obstáculos. Que yo sea claro y puro. Recuérdame, Dios, que yo soy libre hoy, que la muerte no existe, que nada se opone al Amor o a la Vida. Que mi vida sea una expresión de esa verdad. LECCIÓN 178 27 JUNIO

“Dios es sólo Amor y, por ende, eso es lo que soy yo” (165) “Que mi mente no niegue el Pensamiento de Dios” (166) “Se me han confiado los dones de Dios” Instrucciones para la práctica Ver las instrucciones para la práctica en el Quinto Repaso Comentario Párrafo 10 de la Introducción al Quinto Repaso: La práctica del Libro de Ejercicios está pensada no sólo para producir un nuevo sistema de pensamiento sino también una experiencia: “una experiencia que es nueva para ti, aunque tan antigua como el tiempo e incluso aún más antigua” (10:1). ¿Cómo puede ser una experiencia más antigua que el tiempo? ¿Cómo sino siendo parte de la eternidad? “El instante santo se extiende hasta la eternidad y hasta la Mente de Dios” (T.15.V.11:5). “El instante santo es una miniatura de la eternidad” (T.17.IV.11:4). Estos momentos que pasamos en quietud con Dios son oportunidades de salirnos del tiempo y entrar en la eternidad, lo que aquí experimentamos es más antiguo que el tiempo, increíblemente antiguo y, sin embargo, presente ahora mismo, siempre presente.

Estamos sintiendo nuestro Ser. “Santificado sea tu nombre e inmaculada tu gloria para siempre” (10:2-3). Esta palabras nos suenan (si tu formación es cristiana, en todo caso) como si hablaran de Dios. Sin embargo, hablan de ti y de mí. ¿Cómo es sentir esa experiencia? ¿Cómo es conocerte a ti mismo como uno a los que estas palabras pueden aplicarse, uno a quien se le han confiado los dones de Dios? No creo que las palabras puedan expresarlo, aunque muchos lo han intentado. Lo que se necesita es una experiencia; luego, las palabras sobran. “Existe una clase de experiencia tan diferente de todo lo que el ego pudiera ofrecerte que nunca más querrás volver a encubrirla u ocultarla” (T.4.III.5:1). Eso es lo que buscamos en estos momentos de quietud. No desesperadamente ni ansiosamente, no con preocupación o miedo de que no nos venga, sino con paz, en silencio, con confianza. No podemos obligarla a que suceda, únicamente podemos “dejar” que suceda. No buscamos añadirnos nada a nosotros mismos, simplemente buscamos dejar de negar el Pensamiento de Dios, que es la pura verdad acerca de lo que somos. En este momento podemos sentir que nuestra “plenitud ahora es total, tal como Dios lo dispuso” (10:4). Una vez que has conocido tu propio estado de que nada te falta, ¿por qué ibas a querer de nuevo taparlo o esconderlo? Únicamente la mentira de que eres algo que no quieres conocer podría haberte convencido para que lo escondieras. Fuera del instante santo, nuestro Ser está rodeado por un anillo de miedo, tenemos miedo de acercarnos al Ser porque nos hemos engañado al creer que lo que encontraremos es aterrador. El tiempo que parece ser necesario para encontrar el instante santo no se debe a que sea misterioso y difícil de alcanzar, el tiempo es sólo la medida de nuestro miedo a nuestro Ser. Es necesario este tiempo para acallar dulcemente nuestros miedos, hasta que estemos listos para encontrar el Ser que está más allá del tiempo, más antiguo que el tiempo, completo y que nada le falta tal como Dios Lo creó. Este Ser es el Pensamiento de Dios. No somos conscientes de nuestro Ser porque hemos negado este Pensamiento. Nuestra experiencia de nuestro Ser es sólo el final de nuestra negación. El Ser no cambia, no viene y se va. Simplemente es. En este Ser completamos Su extensión con la nuestra (10:5). La extensión creadora de Dios se completa cuando nosotros, a nuestra vez, nos extendemos. El Amor que nos creó ahora fluye a través de nosotros para darles alegría a otros. Estamos practicando lo que siempre hemos conocido, lo conocíamos antes de que la verdad original pareciera desaparecer dentro de la ilusión, y la conoceremos de nuevo. En el instante santo la conocemos ya, ahora mismo. Y lo que conocemos es esto: Se nos han confiado los regalos de Dios. Nuestro darlos completa Su dar. “Y le recordamos al mundo que está libre de toda ilusión cada vez que decimos: Dios es sólo Amor y, por ende, eso es lo que soy yo.” (10:7-8). LECCIÓN 179 28 JUNIO

“Dios es sólo Amor y, por ende, eso es lo que soy yo” (167) “Sólo hay una vida, y ésa es la vida que comparto con Dios” (168) “Tu gracia me es dada. La reclamo ahora” Instrucciones para la práctica Ver las instrucciones para la práctica en el Quinto Repaso Comentario Párrafo 11 de la Introducción al Quinto Repaso:

El párrafo trata una vez más sobre los detalles de la práctica del Libro de Ejercicios. No pretendo criticar este punto, pero como estoy siguiendo el contenido de esta Introducción, la importancia no se la doy yo sino el Curso mismo. El Libro de Ejercicios da mucha importancia a la repetición de las ideas que presenta. La repetición es una de las técnicas fundamentales para el entrenamiento mental que apoya. Si vamos a hacerlo como nos indica (y soy el primero en admitir que me quedo muy corto en hacerlas) pasaremos cinco minutos por la mañana y por la noche pensando en el pensamiento central, siendo mejor todavía si dedicamos más tiempo, hasta media hora. Lo recordaremos cada hora, y utilizaremos el pensamiento central: “Dios es sólo Amor y, por tanto, eso es lo que soy yo”, para envolver los dos pensamientos que estamos repasando en el día. Ésta no es una idea extraña o excesiva. La repetición de pensamientos espirituales es frecuente en muchas religiones. Incluso me encontré con ello en el cristianismo fundamentalista. Un maestro en una clase nocturna a la que asistí una vez en el Instituto Moody de la Biblia en Chicago, en 1959, enseñaba a sus estudiantes lo que él llamaba meditación bíblica. La idea general era aprender de memoria versículos de la Biblia para tenerlos en la mente cuando fuera necesario, y pensar en ellos durante el día: al levantarte, mientras ibas de un sitio a otro, cuando te sentabas a hacer algo, cuando ibas en el tren o en autobús, y de nuevo por la noche antes de dormir. Explicaba la meditación como: “Compartir con el Señor Su propia Palabra, a modo de oración, y aplicándola a la propia vida”. Este maestro afirmaba que este tipo de meditación había cambiado su vida por completo. También cambió la mía. Con el tiempo me aprendí de memoria más de mil versículos de la Biblia. Me sabía capítulos enteros de memoria, palabra por palabra. Estoy seguro de que la práctica es lo que, finalmente, me llevó más allá de las limitaciones del fundamentalismo. Todavía recuerdo una de las primeras veces que reservé un rato para meditar justo antes de dormir. Me senté durante cinco o diez minutos, pensando en los versículos del día, convirtiéndolos en una oración, uniéndome a Dios con ellos, aplicándolos a mi vida. Luego me quedé dormido con las palabras todavía rondando por mi mente. A la mañana siguiente, me desperté y permanecí tumbado en ese estado medio despierto antes de abrir los ojos. Y allí en mi mente, como un mantra, las palabras seguían repitiéndose. Creí entonces, y lo creo ahora, que habían estado sonando una y otra vez en mi mente durante toda la noche como un disco rallado. Aquella mañana me desperté con una alegre explosión de fe, dándome cuenta de que estaba alimentando a mi mente con pensamientos nutritivos. Es maravilloso encontrar las palabras del Curso surgiendo en tu mente de repente durante el día, o cuando te despiertas. Pero eso no sucede con pocas repeticiones. Sin la práctica de estos pensamientos, el disco rallado que da vueltas sin parar en nuestra mente es algo muy distinto, porque ya hemos entrenado a nuestra mente muy bien pero con los pensamientos equivocados. Se necesita un esfuerzo consciente, elegir una y otra vez recordar los pensamientos del día y repetirlos, pensar en ellos, y aplicarlos a nuestra vida. Éste es un curso en entrenamiento mental, y “entrenamiento” significa “entrenamiento”. Cuando entremos con entusiasmo en el entrenamiento, habrá resultados. “Habremos reconocido que las palabras que decimos son verdad” (11.5). Así que, recordemos hoy, y a menudo, que “Sólo hay una vida, y ésa es la vida que comparto con Dios”. Repitámonos continuamente a nosotros mismos: “Tu gracia me es dada. La reclamo ahora”. No te desanimes si lo olvidas. Yo todavía lo olvido a menudo. Pero lo recuerdo más a menudo que antes. Si hasta ahora no has hecho