El hermano Francisco

El santo que no muere por

DANIEL ELCID

1978

(Contraportada)

El paso de los siglos no ha logrado reducir al silencio la voz y el ejemplo de Francisco de Asís. Su mensaje —su vida—, que nos habla de pobreza, de abnegación, de alegría rans!igurada, de san idad, en suma, conserva la !rescura primaveral y la !uerza revolucionaria de oda empresa au "n icamen e evang"lica. #impia demos ración de lo dicho es es e libro. En "l descubrir$ el lec or oda la riqueza humana y espiri ual del %obrecillo de Asís. El au or huye del moralismo !$cil, evi a la presen ación erudi a, cercena oda mi& i!icación !an $s ica, y da, de !orma sencilla y direc a, la imagen real de Francisco, en su ambien e medieval y en su inmarcesible modernidad. Aun siendo una !luida narración biogr$!ica, el lec or se perca ar$ en seguida de que la obra es $ escri a obje ivamen e, con seriedad cien í!ica an o como con amor apasionado, y sos enida sobre una !irme base bibliogr$!ica de la mejor calidad. Es, pues, ambi"n ' il para quienes deseen es udiar a San Francisco para conocerlo mejor y presen arlo a los dem$s

A todos aquellos a quienes San Francisco también hoy les puede decir algo. Es decir, a todos.

ÍNDICE

Presentaci n..................................................................................................................! ". #ace el hermano Francisco ($$%&'$&(()................................................................$( (. )uando a'n no era *San+ Francisco........................................................................(( ,. - ro hombre.............................................................................................................,, .. El precio de su liber ad............................................................................................./ 0. Su nueva !amilia......................................................................................................0( 1. 2ivo or o, la primavera............................................................................................1( "". As) *ueron sus pasos ($&(+'$&&,)..........................................................................!( (. )ómo era, en cua ro rasgos .....................................................................................3/ ,. Su amor de la soledad..............................................................................................44 .. El poe a San Francisco..........................................................................................(// 0. %eregrino del Amor...............................................................................................((. 1. El ca ólico %obrecillo.............................................................................................(,. 3. El hombre que no logró hacerse ma ar..................................................................(.3 5. #a gran prueba.......................................................................................................(00 """. -uere . y no muere . San Francisco ($&&/'$&&!).........................................$0! (. An epen'l ima e apa6 el Alverna...........................................................................(15 ,. %en'l ima e apa6 su 'l imo Asís............................................................................(31 .. 7l ima e apa6 la muer e hermana...........................................................................(4/ Apéndice....................................................................................................................$%1 8)ar a a los !íeles9, o es amen o universal del hermano Francisco, con un codicilo para las au oridades de los pueblos............................................................................(45 #ota bibliogr2*ica.....................................................................................................$+%

PRESENTACIÓN

Escribo esta bre3e biogra*)a sobre San Francisco de As)s por encargo de la editorial, que ha marcado sus normas, y a ellas he tratado de atenerme4 un libro popular, no para especialistas5 de car2cter hagiogr2*ico y moderno, re*le6o del -edioe3o en que 3i3i el protagonista y oportuno para el hombre de hoy5 sin aparato cr)tico, pero cr)ticamente elaborado5 a pla7o corto y con una paginaci n *i6a. 8ales normas son, por s), unas limitaciones, a las que yo he sumado las m)as ine3itables. 9e huido de escribir mi 3ida de San Francisco, y mi es*uer7o ha estado dirigido en todo momento a presentarlo limpiamente5 ni peor, ni me6or, ni distinto de lo que *ue. En estas p2ginas no hay una sola a*irmaci n sobre su biogra*)a o su psicolog)a .sobre sus hechos y su estilo de ser— que no esté a3alada con una o m:ltiple cita *ormal de sus escritos personales o de sus m2s genuinos bi gra*os. -2s que biogra*iarle yo, he procurado que se autobiogra*)e él por s) mismo y por la descripci n de quienes le conocieron. -2s a:n4 quiero y puedo a*irmar que el libro est2 hecho, *undamentalmente, con te;tos del mismo San Francisco y de sus bi gra*os primiti3os4 inme6orables materiales5 m)o es s lo el empe<o y esmero del or*ebre. -)o es también el amor y el go7o con que he traba6ado. 8ambién he e3itado morali7ar y el prurito de erudici n5 la me6or lecci n de San Francisco es la que brota espont2nea y l:cidamente de él mismo, de su 3ida. #adie busque aqu), pues, ni un estudio actual del *ranciscanismo, ni un intento de interpretar al Santo desde nuestra mentalidad de hoy. 9e apro3echado las in3estigaciones modernas que he tenido a mi alcance. = si he tomado posici n en alguno de los puntos hoy toda3)a discutidos, no ha sido por decidir la polémica, sino en ser3icio de las caracter)sticas de la obra. #o quiero 3estirme con plumas a6enas, y agrade7co muy de cora7 n su ayuda a cuantos me la han prestado, desde los primeros bi gra*os hasta los :ltimos in3estigadores *ranciscanistas, y a quienes me han ayudado *raternamente a enmendarme a m) mismo5 y siento que la presentaci n popular de la obra no muestre al lector lo que corresponde a

cada cual. E;preso también gustoso mi gratitud a mis hermanos de San Ferm)n de los #a3arros, porque con su sacri*icio han hecho posible mi traba6o. A tra3és de estas l)neas sale al mundo, por die7milésima 3e7, el hermano Francisco5 quiera >ios que para seguir conquistando cora7ones. Alguien di6o hace tiempo que San Francisco sonr)e a sus bi gra*os, y es mucha 3erdad. El sonr)a también desde estas p2ginas a cuantos las lean. -adrid, % de septiembre de $+1%. :A;<E# E#)<:, -.F.=.

S"?@AS >E AA8BCES = BDCAS C"8A>BS E# ES8E @"DCB $ Adm > Admoniliones o e&hor aciones de San Francisco, en Bpuscula, de ?. Esser, p.(/3@(5. A<: > Alaban7as del >ios Alt)simo, de San Francisco, en Bpuscula, de ?. Esser, p.(0,. A% > Anónimo de %erusa, Comien7o y *undaci n de la Brden... Aarg > %iero Aargelini, San Francisco de As)s. )elano. .)omp > @eyenda de los tres compa<eros. ) aF > Carta a los *ieles, de San Francisco, ,.a versión, en Bpuscula, o.c., p.,/5@(.. ) a= > Carta a un ministro, de San Francisco, en Bpuscula, o.c., ,.,@... ) a- > Carta a toda la Brden, de San Francisco, en Bpuscula, o.c., p.,1B@ 3.. Esp > Espe6o de per*ecci n. As)s. #)h > @egenda ad usum chori, de Com$s de )elano. #= > @eyenda mayor de San Francisco, de San Auenaven ura. #=i > @eyenda menor de San Francisco, de San Auenaven ura. #% > @eyenda de Perusa. #S)l > @eyenda de Santa Clara, de Com$s de )elano, en Escritos de Santa Clara y... de <. -maechevarría, p.(,1@BB. -E > -mer Engleber , Eida de San Francisco de As)s. -!% > B*icio de la pasi n, de San Francisco, en Bpuscula, o.c., p...4@11. -puse > >ie Bpuscula des 9l. FrancisFus 3on Assisi, de ?. Esser. -rig > @a Brden *ranciscana. Br)genes e ideales, de ?. Esser. %rocS)l > Proceso de la canoni7aci n de Santa Clara, en Escritos de Santa Clara y ..., o.c., p.3(@(/5. <2 > Primera Cegla de San Francisco, en Bpuscula, o.c., p..55@0/,. ,2 > Segunda Cegla de San Frncisco, en Bpuscula, o.c., p..33@5(.
D"ase al !in la no a bibliogr$!ica de allada. [En esta edición se han omitido las citas a pie de p !ina "Nota del Editor#$
(

2S)< > Cegla de Santa Clara, en Escritos de Santa Clara y E, o.c., p. ,1(@53. Ces > 8estamento de San Francisco, en Bpuscula, o.c., p.0.4@00. Sar > #uis de Sarasola, San Francisco de As)s. SD > Saludo a las 3irtudes, de San Francisco, en Bpuscula, o.c., p. 0,5@ ,4. CSp > 8emas espirituales, de ?. Esser. F > #ucas Fadingo, Annales -inorumE, ,G ed. HIuarachi (B.(J. FKo > Fal er Koe z, 9istoria uni3ersal ..6 *#a Edad =edia+.

El hermano Francisco

I. NACE EL HERMANO FRANCISCO (118 !1 ""#

Es e bendi o varón que conocemos como San Francisco nació en Asís, en ((4( o en ((4,. Iuiz$, a caballo de esos dos aLos, como una alegría m$s de aquella ;avidad o como un regalo de aquellos 2eyes =agos. Iuiz$ ambi"n, esa circuns ancia dio origen, por la gracia de o ras m$s cier as que vinieron despu"s, a que surgiera la leyenda de que es e in!an e asisiense, como el divino ;iLo be lemi a, vino al mundo en un es ablo. %ero lo cier ísimo es que San Francisco de Asís nació mucho m$s arde, cuando ese niLo llegó a sus vein icinco aLos. #o bau izaron seguramen e en la ca edral de San 2u!ino, %a rono de la ciudad. Mijo de messer %ie ro y de madonna %ica, su madre le puso en el bau izo el nombre de Nuan. Aquel día era papa #ucio <<< H((4(@41J, y emperador, Federico <, el c"lebre Aarbarroja H((,,@B/J. ;inguna de las dos supremas cabezas de la cris iandad se en eraron de que había en rado en sus dominios un niLo que, an$an$o el iempo, les había de sobrepasar, y mucho, con su !ama. ;o se en eró ni siquiera su padre, %edro Aernardone, din$mico comercian e, que por aquellas !echas andaba por ierras de Francia en uno m$s de sus viajes de negocios. )uando regresó, debió de gus arle el beb", pero no el nombre, porque se lo cambió por el de 8Francesco9O dicen que por su a!ición a la Francia de su enriquecedor r$!ago de paLos% ambi"n dicen que había una ela llamada 8!rancesco9 H> paLo !ranc"sJ, que al Aernardone le haría rebrillar de gozo codicioso los ojillos cada vez que la miraba, como cuando con emplaba es a o ra pieza preciosa de su propia carne, su 8bambino9, en re elas de su corazón. El nombre de Francisco no era nuevo, pero !ue es e niLo quien lo bau izó para la his oria de!ini ivamen e. Sabemos que %edro y %ica uvieron, an es o despu"s de Francisco, o ros hijos, uno de ellos llamado 8Angelo9, el cual les dio, a su vez, dos nie os6 %icardo y Nohanne —o ra vez, la gracia del nombre de Nuan, a!ición o devoción !amiliar que heredaría y mejoraría San Francisco—. A (/

su hermano Angel lo encon raremos m$s arde por la calle de es as p$ginas. :e sus dos sobrini os no nos ha quedado m$s que esa leve huella medieval de sus nombres. En cuan o uvo edad escolar le llevaron a la iglesia de San Norge, vecina de su casa. Allí aprendió a leer y escribir y la ín. %ero no !ue muy adelan e en sus es udiosO en cuan o llegó a mozo, su padre le asoció a los lucra ivos negocios de su comercio, y el mismo Francisco se ocupó de dar de lado a la ciencia seria, para a!icionarse a lo que pudo leer y oír de la gaya ciencia o de los rovadores y a los can ares de ges a, que an a impron a le dejarían den ro para oda la vida. %ara en onces leía y hablaba ambi"n el !ranc"s, aunque no llegó a dominarlo e&pedi amen e. 1% C&AND' A(N N' E)A *+AN, -)ANCI+C' Francisco era ya "l6 Francisco. Pn joven bullen e de su bullen e ciudad de Asís, de la cual "l es aba seguramen e orgulloso. Suavemen e recos ada en una de las laderas del SubasioO con el airoso penacho de su orreón dominando el caserío, residencia del regen e del emperador, incendiado, cuando ya vivía Francisco, en una de aquellas !recuen es revuel as !eudales o an i!eudalesO y con la gracia de las murallas !es oneando el vecindario, an bajas como para con ener odas las casas en su desparramamien o escalonado y su!icien emen e al as como para asomarse al precioso valle de Espole o, al que )arducci llamaba, ena@ morado, 8el pulmón verde de < alia9. En aquel alborear del siglo Q<<<, Asís sumaba no m$s de ,11 casas y unos ,./// habi an es. <mpor a mucho ener en cuen a es e da o demogr$!ico para percibir con jus eza muchas an"cdo as de la vida de Francisco. El Asís de hoy pasa los 1/.///. Dolvamos a "l, a nues ro h"roe, y ra emos de conocerlo. Kracias a la diligencia amorosa de su primer biógra!o, Com$s de )elano, enemos al de alle su re ra o !ísico. #as pinceladas es $n omadas de cuando el celanense lo conoció, ya maduro, pero eran ya las de es e joven ciudadano de Asís. 8Es a ura mediana, m$s pequeLo que al oO cabeza proporcionada a al amaLo y redondaO ojos ni grandes ni pequeLos, negros y candorososO cabello morenoO ros ro ovalado y alegre, con el men ón ligeramen e pronunciadoO !ren e lisa y es rechaO sienes planas, cejas rec asO nariz proporcionada, rec a y !inaO orejas pequeLas y erec asO dien es apre ados, iguales y blancosO labios gr$cilesO barba negra y ralaO cuello delgado, ((

hombros rec os, brazos cor os, manos delicadas, dedos largos, uLas ovala@ das, piernas !ibrosas, pies breves, piel !inaO y una voz vigorosa y dulce, clara y sonora. Es aba do ado de una in eligencia aguda y de una memoria enaz y rica9. Moy, por es udios realizados muy recien emen e, en enero de (B54, sobre las reliquias de su osamen a, conocemos al cen íme ro esa 8es a ura mediana9 que da el biógra!o como primer rasgo de su re ra o6 Francisco medía un me ro y sesen a cen íme ros, e&ac amen e. Adem$s de eso, sabemos que ya en onces era de comple&ión delicada, has a en!ermizo. :e salud !r$gil, desde niLo uvo que vivir en re cuidados, y %ica se ingeniaba en prepararle alimen os bien condimen ados, pues era caprichoso para comer. )omo con rapar ida, poseía un em@ peramen o de !ibra. Se diría que de su madre había heredado la !inura, y de su padre, el car$c er !irme y emprendedor. Damos a verlo en seguida. El comerciante %iero Aargelini, per rechado de abundan e bibliogra!ía, ha descri o aquel siglo como 8el siglo de la lana9, an o o m$s que el siglo del hierro !eudal. #lega a a!irmar que ese ma erial an suave resul ó uno de los elemen os m$s revolucionarios de oda la Edad =edia6 8#o que !ue en el siglo Q<Q el algodón y ha sido en el QQ el pe róleo, lo !ue la lana en los siglos Q<< y Q<<<, por el hecho de !omen ar la indus ria m$s !lorecien e y por venir del brazo de un comercio en prodigiosa e&pansión9. #a )hampagna y %rovenza eran en onces el cen ro de la ac ividad comercial europea, y allí acudían especialmen e los comercian es i alianos, que animaban y dominaban las !erias, y luego rivalizaron para in roducirse con "&i o en los mismos mercados de Alemania. ;ace en Europa la compe encia mercan il. R la lana lleva a sus comercian es a cons i uirse en gremio, que pron o es m$s pujan e que los o ros gremios Hpanaderos, herreros, al!areros, armeros, carpin eros, albaLiles, zapa eros, e c.J, y podía permi irse el lujo de buscar sus reivindicaciones y logros au ónomamen e, por m$s !uer e y m$s rico, omando así el liderazgo de la nacien e nueva clase 8burguesa9 H> ciudadanos libresJ, verdadera clase media en re la nobleza y la plebe. A es e gremio, a es a burguesía de Asís, per enecía por propios m"ri os %edro Aernardone. Era uno de los m$s acaudalados paLeros de la ciudadO pero se sabía de origen plebeyo, palabra que le escocía la sangre, y soLaba con que su hijo Francisco, an despier o y bien do ado, llegara con (,

!or una —y con su !or una— a lo que no había llegado "l6 a ser armado caballero. Cenía su ienda, al a y cuadrada, aledaLa a su propia viviendaO a ella bajaba por una escalera e& erior, con inuada en una callejuela pen@ dien e. Codavía ese local se conserva y la calleja lleva su nombre. #a inercia !amiliar le llevó al mozo Francisco a ser comercian eO pero con la misma !lor de la puber ad desper ó "l como un emperamen o original, y nunca !ue igual a su progeni or. #a cosa del comercio se le daba, y has a era superla ivamen e habilidoso en el oma y daca de la o!er a y la demandaO pero el dinero no se le pegaba a los dedos, ni el acumularlo le en aba. M$bil en las !erias y en la ienda para mul iplicarlo, !$cil y !an asioso para derrocharlo. 8;o sabía guardar el "rmino medio9, dice el segundo de sus biógra!os, Nuli$n de Espira. El padre, de acumulador ambicioso, resul ó avaroO el mozo, despil!arrador. 2ealmen e —des aca o ro primi ivo—, m$s que hijo de mercader, parecía serlo de un gran príncipe. Es e modo de ser de su hijo le revolvía con !recuencia la bilis a messer %edroO pero al cabo se lo oleraba odo, porque era muy rico y porque esperaba que llegara a ser conde o barón. R porque le amaba. A %ica le cos aba menos disculparle, porque era la madre y porque adem$s enía una no disimulada pre!erencia por FranciscoO esa pre!erencia inna a con que las madres se inclinan hacia los hijos en!ermizos, delicados de salud o de emperamen o, y m$s si encima son dulces y simp$ icos. En suma6 Francisco es aba en el mundo de los negocios, se movía y desenvolvía en "l con liber ad y desparpajo, pero sin enredarseO mas no era por m"ri o de un asce ismo y desprendimien o cris ianos, sino porque "l, de los pies a la cabeza, per enecía a o ro mundo, al de los juglares y los caballeros. Al de los juglares sobre odo. El .u!lar En aquellos aLos de la mocedad de Francisco había llegado a su apogeo la "poca de los juglares y los rovadores. #os juglares enían por o!icio y vocación el en re ener y diver ir —y a odas las clases sociales— con los chis es, el mimo, la imi ación y el can oO ellos, si reci aban o can aban versos, generalmen e no los componían, se los pedían a los rovadores. #os rovadores, por su par e, no siempre can aban los versos que componían, pero eran los verdaderos poe as de la "poca, m$s en el campo de la lírica que de la "pica, y sus escenarios eran principalmen e los de la nobleza. #os juglares —ar is as mi ad poe as, mi ad payasos— vivían para hacer reírO los rovadores —composi ores cul os y has a re!inados—, (.

para delei ar. Francisco conoció bien ambas clases de ar is as, a los de la !ar$ndula y a los palaciegos. %recisamen e en esos aLos de su mocedad es cuando comenzó a e& enderse la juglaría por los reinos espaLoles de )as illa y Aragón, y has a el de #eón, por la gracia ambulan e de los juglares provenzales, que mucho an es habían llegado a < alia por su mayor pro&imidad y a!inidadO si no es que el mismo Francisco llevaba en sus venas sangre provenzal, pues se ha a!irmado mucho que su madre era de la %rovenza, aunque hoy una crí ica m$s de archivo se inclina a pensar que vino de la %icardía y que 8%ica9 era un apodo. Sea lo que sea de al cues ión genealógica, parece cier o que %edro Aernardone se rajo en uno de sus viajes de mercader, jun o con su carga de elas, la o ra dulce carga de su esposa. #o que "l no barrun ó en su luna de miel es que de aquella delicada !oras era le iba a nacer un hijo juglar. %orque Francisco lo era con a!ición, aun sin raspasar las murallas de su ciudad. )omo los jóvenes de su iempo, vivía para la alegría moceril. )onocemos aquel ambien e por el acucioso his oriador de la ciudad, A. For ini. #os hijos de los burgueses, acompaLados de algunos nobles jóvenes, se reunían con demasiada !recuencia para comer y beber, can ar y chancearseO luego, bulliciosos por el doble zumo de las vides umbras y de su sangre joven, recorrían las calles arriba y abajo, de día y de noche, haci"ndolas resonar con sus risas y sus can os, sus violas y sus voces es en óreas, o desper ando amores al pie de los balcones de las mozas n'biles. A Francisco le iraba an o la mocina, que, en cuan o la sen ía por su calle o alg'n amigo asomaba para invi arle, dejaba en el ac o la ela en el comercio o la comida en la mesa y se sumaba jubiloso a la cuadrilla de sus camaradas. %ron o empezó a querer des acar, a ser como el que m$s gas aba sin medida, invi ando rumbosamen e en las rondas d"l comer y del beberO se ves ía de elas m$s lucidas y caras de lo que le correspondíanO pujaba por ser el primero en gozar y en diver ir a los dem$s. R no lo hacía por orgullo, sino por vanidadO con al de a raer jubilosamen e la a ención, era capaz de hacerse coser en su ves ido, de impecable paLo !ranc"s, un re azo de la ela m$s baja y de dis in o color. S=ira por dónde aquel alegre mozo del Asís medieval !ue el precursor de nues ros jóvenes es ra!alarios de hoy, con sus chaque as de lana o buen cuero y sus desvaídos pan alones vaqueros, recosidos con la disonancia de un remiendo chillónT

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%ero algo había en aquella e& ravagancia que le salvaba de las envidias y del dispara e. Francisco respe aba a los dem$s y caía bien, empezando por sus amigos. R con es o llegamos a un pun o en el que surge, espon $nea, una curiosidad6 la juven ud de Francisco, U!ue simplemen e alegre o !ue, adem$s, licenciosaV =$s claro6 Uhas a dónde llegaron los pecados de nues ro mozoV #a respues a e&ac a siempre ser$ un mis erio que se llevó a la umba el bendi o %obrecillo. R oda a!irmación o negación de pecados concre os es dejar correr a la imaginación por los caminos de cada pre!erencia personal de in erpre ación, por los que alguien llegar$ a ver en "l un cr$pulaO los m$s, un joven corrien e y molien e, y algunos, un $ngel con cas aLuelas. =iremos noso ros primero, para seguir alguna pis a, lo que nos dicen de es e Francisco pecador sus primeros biógra!os. Com$s de )elano escribió su /ida primera en (,,4, a dos aLos de su muer e preciosa, cuando Francisco es aba en la men e y en el corazón de odos como el san o incomparableO y con propósi o ejemplarizador buscó el con ras e del Francisco miserablemen e dado a la vanidad y a la es ul icia, con el Francisco luego maravillosamen e san i!icado por la gracia del SeLorO pero claramen e, en ese re ra o moral, las in as m$s gruesas vienen dadas para describir la inmoralidad general de la "poca6 8ya desde la cuna se enseLa a los hijos para el mal, y, con la lac ancia misma, se les va iniciando en la se&ualidad viciosa...9 R llega a describirla ci ando es a sen encia de S"neca6 8%ues crecemos en la escuela de padres ales, así aprendemos desde niLos odos los males9 %ero a con inuación, hablando ya biogr$!icamen e de Francisco, lo m$s negro que ano a es que perdió !' ilmen e aquellos aLos y que era un vanidoso y un chocarreroO aun en endiendo es e apela ivo en el peor de sus sen idos Hobsceno, peor que graciosoJ, la obscenidad es $ en la boca m$s que en los bajos !ondos. =$s adelan e, al condensar oda la vida del ya San Francisco en unas !rases, an es de narrar sus dos 'l imos aLos maravillosos, se re!iere al iempo an erior a su conversión, diciendo que en aquella primera e apa de su juven ud se acordaba bien poco de :ios y se la pasó en la vaciedad y en el hervor de las pasiones El mismo )elano escribió poco despu"s su /ida para uso coral0 una abrevia ura condensada de esa su /ida primera% En ella resume así la moral de los aLos juveniles de Francisco6 8=al educado desde niLo, vivió (1

insolen emen eO has a casi los vein icinco aLos gas ó su iempo viviendo vanamen e9. Ese insolen emen e, ambi"n en la peor de las acepciones, signi!ica 8desvergonzadamen e9O pero ambi"n signi!ica descaro, arrogancia, os en ación, prodigalidad..., cualidades odas que hemos vis o ya acompaLando a nues ro mozo juglar sin descomponerlo. SIu" ocasión es a para haber escri o —"l que gus a de biogra!iar con locuciones de la Escri ura— 8lujuriosamen e9, recogiendo en ese adverbio oda la ejemplaridad de es e nuevo hijo pródigo, paralelo al de la par$bola, que 8se gas ó sus dineros viviendo lujuriosamen e9T H#c (1,(.J. %ero el biógra!o moralizador se con en ó con ese o ro adverbio redondo y gen"rico. =edia docena de aLos m$s arde, en re (,., y (,.1, o ro !ranciscano poe a y biógra!o, Nuli$n de Espira, escribe su /ida de +an -rancisco. R es cier o que "l pro!iere unas recriminaciones morales m$s vigorosas, pues habla de 8lascivia de su corazón, de la que hacía alarde en juegos y danzas, en su por e y en sus ves idos, con palabras y can os imp'dicos9. A pesar de la rudeza aparen e de esos dos vocablos subrayados, la a!irmación no nos da m$s luz, porque es $ dicha en el mismo con e& o moralizan e y has a con las mismas palabras del primer biógra!o, carg$ndolas de e&presividad. #a lascivia imp'dica de Espira se queda así en la chocarrería de )elano. ;ada m$s. :e an es de (,01 enemos o ro es imonio que podía ser precioso por lo que en o ros aspec os de la vida de nues ro Francisco supone de limpia !uen e primi iva6 el del Anónimo de 1erusa% %ero es e ransparen e biógra!o, luego de una presen ación general de las inieblas morales de la "poca, in roduce en escena a 8un varón que vivía en la ciudad de Asís, de nombre Francisco, de pro!esión mercader, derrochador vanísimo de las riquezas de es e mundo9, y pasa, sin m$s, a hablar de la magnanimidad de Francisco. En (,05, )elano vuelve a escribir su /ida se!unda de +an -rancisco0 por encargo o!icial de la -rden, guarnecido de odo el ma erial de es igos que pudo reunir y queriendo redac ar una biogra!ía m$s comple a. %ues bien6 ahora el buen !raile se deja en la manga la " rica descripción ambien alO nos cuen a que madonna %ica era 8una mujer amiga de oda hones idad9 Hhoy se da el da o de que peregrinó a Cierra San aJ y nos asegura que Francisco cau ivaba ya en onces a sus paisanos por sus rasgos de generosidad y por la honradez de sus cos umbres. :iríamos que el acen o moralizan e ha bailado de unas íes a o rasO de casquivano y (3

arambana, a buen chico ejemplar. #o que es $ claro es que )elano ha querido enmendar su primer re ra o. Craigamos a juicio un es igo m$s6 San Auenaven ura. San Auenaven ura escribió su /ida de +an -rancisco en (,3,. )ul o, ecu$nime, con grandes do es de escri or, general de la -rden, la escribió a pe ición de los !railes y en agradecimien o personal al san o Fundador, per rechado de las biogra!ías an eriores y de cuan os da os pudo hallar, especialmen e de los es imonios de los primeros compaLeros del San o que a'n vivían. Su juicio sobre la moral juvenil de Francisco es "s e6 8)on la ayuda del SeLor, aunque era a!icionado a las diversiones, no siguió los desen!renos de la carne, ni, con lo muy do ado que es aba para el negocio, se apegó al dinero9. %ero en es a galería de es igos nos !al a a'n la voz m$s in eresan e6 la del pro agonis a Francisco. Ra hemos insinuado que "l se llevó a la umba su secre o, y eso que !ue e& remoso en su sinceridad, especialmen e para hablar mal de sí mismo. UIu" nos llega a revelar el %obrecillo cuando, levan ando en su es amen o el velo sobre su primera juven ud, nos con!iesa con dolida humildad que 8es aba en pecados9V )on esa !rase nos revela mucho, sí, pero ambi"n, concre amen e, nada. #o cier o es que, ley"ndole en el conjun o de sus escri os personales y conoci"ndole en sus an"cdo as, vemos que se sen ía mucho mayor pecador cuando san o que mirando su vida de an es de conver ido. Aas en aquí es as e&presiones de su primera 2egla6 8;oso ros, por nues ra culpa, somos podridos y hediondos, míseros, ingra os y malos, enemigos del bien, pero pron os y dispues os para el mal.9 - ro da o es ambi"n digno de no arse y hermoso6 con emplando en panor$mica oda su vida pos erior, vemos que aquellos iempos livianos no le dejaron huella ni mellaO ning'n ves igio de una vida psicológica o moralmen e ro a sobre la que volver los ojos cons an e e inconsolablemen e para llorarla. Sencillamen e, le volvió la espalda y empezó a vivir de una manera nueva. R o ro da o m$s, pequeLo y rico6 días y días, en la ascensión, c"ni y ocaso de su san idad plena, gus ar$ de dirigirse a :ios los domingos y !ies as con un salmo compues o por "l mismo con !rases suel as del sal erio o!icialO salmo que, si es verdad que lo decía con emplando la vida de Nesucris o, lo rezaba ambi"n con aplicación a su propia vida y persona. Me aquí res !rases de ese salmo6 8SeLor, ' eres mi esperanza desde mi juven ud. :esde el vien re de mi madre, ' eres mi pro ec or. A i van siempre mis canciones9. - sea, que Francisco mira su vida de la cuna a la umba, y no encuen ra en ella sino mo ivos para dar limpiamen e gracias a :ios. Sean los que !ueren los pecados de sus aLos (5

mozos —y, cier amen e, algunos pudieron ser graves—, Francisco se los llevó al paraíso como una no a m$s del can o de su humildad y de su agradecimien o. En onces, lec or amigo, Uqu"V UEn qu" quedamos en es o de los pecados del joven FranciscoV Ro he pre!erido dar e a i los da os del problema, para que ' mismo lo resuelvas y saques us conclusiones. Si quieres conocer las mías, e dir" que sí, que al vez la vida juvenil de Francisco dejara mucho que desear, pero que el hervor de la sangre moza se le !ue m$s por la espi a de la vanidad que por la de la lujuria. Mablando con palabras de hoy6 Francisco arras raba en Asís como nadie a las cuadrillas de jóvenes, les llevaba con el repique eo de su alegría des@ bordan e a las abernas o bares de la ciudad, no a las casas de ci asO sus !ies as, que se prolongaban has a muy al a la noche, erminaban no en un burdel, sino por las calles y callejas empedradas y pendien es, voceando las e&celencias del vino, la belleza de Asís y las lindezas de sus mujeres, para regalo de las damas casaderas y !as idio de la gen e madura, que pre!ería dormir. SíO aquel ser suyo noble y cor "s, generoso, y espl"ndido, y alegre, muy alegre, le salvó de caer en dispara es mayoresO de ese Escila y )aribdis que acecha a odo hombre en el navegar impe uoso de su juven ud6 la en ación del dinero y la de la lujuria. 8Fue un regalo que le hizo :ios9, comen a San Auenaven ura san iguando su crónica9 El ca2allero Francisco era, sí, emperamen almen e, un juglarO pero, aun con odo lo que le hemos vis o, en lo m$s hondo de su juglaría respiraba 8el juglar de ges a9 m$s a'n que el bu!ón, el a!icionado a las canciones de los rovadores, a admirar las grandes hazaLas de los h"roes y a imi arlas. %ara eso le vino muy bien el !ranc"s, que su madre le habría enseLado con su dulce acen o, que su padre le había imbuido para ejercicio del negocio, pero que "l aprendió muy a sabor de su a!ición caballeresca. #os rovadores le dejaron su huella para siempre, y an o o m$s que las canciones ama orias, le gus aban ya en onces las de ges a. %or emperamen o —y ahí donde el emperamen o iene m$s de !ibra que de c$scara— era noble y cor "s, ya lo hemos vis o, y !ue, sin duda, es a cualidad la que le salvó de ser un liber ino, a'n mejor que su !ace a alegre de juglar. 2espe aba caballerosamen e a las damas an o como podía amarlas. R alejaba de sí cuan o podía signi!icar injuria o descor esía para (4

nadieO con al !inura, que no parecía hijo de mercader, sino de padres de superior alcurnia. %oseía ya en !lor la elegancia na ural del espíri u. En es o como en odo y como odos, Francisco es aba siendo hijo de su "poca. Sus aLos mozos no sólo coincidieron con el paso de un siglo a o ro, sino que le ocó vivir en la vor$gine de un pro!undo cambio social. #a !"rrea sociedad medieval, que duran e siglos había es ado bipar i amen e compues a de seLores y siervos, empezaba a verse escindida por una nueva clase como por una vigorosa cuLa6 los comercian es, que dieron origen a la burguesía comunal. Su riqueza m$s y m$s !lorecien e les había elevado no sólo por encima de los siervos, sino ambi"n sobre los menes rales o ar esanosO y, si la sangre les cerraba la puer a para la nobleza, su dinero y su !uerza social se la iba abriendo para codearse con las clases direc ivas y has a para en rar en la orden de la caballería, escalando luego, por propios m"ri os, los í ulos nobiliarios. #legar a ser caballero era la ambición na ural de odo burgu"s, corona y penacho de su riqueza y de su in!luencia social. Así surgió el municipio, creado en la ascensión de es a nueva clase como reacción an e la hege@ monía de los nobles, !ermen ación de una nueva sociedad. R en un ira y a!loja de derechos y deberes, como acaece en oda "poca de pro!unda rans!ormación, se sucedían en aquella < alia medieval las luchas y los pac os en re los 8maiores9, o nobles por na uraleza, y los 8minores9, ya libres, cada día m$s vigorosamen e libres6 la nueva clase, la nacien e burguesía. %orque los o ros 8minores9, los rabajadores de la gleba !eudal, siguieron —como ambi"n, por desgracia, suele acon ecer— an esclavos como an esO y a'n m$s, porque empezaron a ener dos amosO los nobles de siempre y los nuevos ricos, a'n m$s duros "s os que aqu"llos. #a guerra de los in ereses era !eroz. Francisco abrió los ojos a la mocedad, con sus !loridos quince aLos, en el !ragor de una de es as guerras in es inas. :esde la al a !or aleza de la 2occa manda en la ciudad el duque )onrado de Prslingen, lugar enien e del emperador Aarbarroja. =uere "s e el (/ de junio de ((B/, y le sucede su hijo Enrique D< H((31@B5J, el cual, a su vez, abandona el rono y la ierra el ,/ de sep iembre de ((B5, a sus rein a y dos aLos, dejando como heredero a su hijo Federico, de res aLos de edad, el que, andando el iempo, sería Federico << H((B0@(,1/J. May un momen o crí ico con esa muer e de Enrique D<, en que el ablero de ajedrez del juego polí ico in ernacional se descompone por la rivalidad en re el %apado y los nobles alemanes del <mperio para alzarse con la ven aja de la ape ecida u oría del sucesor. <nocencio <<< aprovecha h$bilmen e la si uación para ane&ionarse el ducado de Espole o —al que (B

per enecía Asís— a los erri orios bajo in!luencia pon i!icia, y el duque )onrado sale de la ciudad para rendir plei esía al papa. El municipio de Asís, que llevaba un cuar o de siglo en progresiva ebullición avariciosa de su au onomía, aprovecha la ausencia del duque, incendia el orreón, e&ilia a los nobles, se alza con la au oridad y, para u elar su independencia, levan a, con las mismas piedras de la !or aleza demolida, unas airosas y es ra "gicas murallas, que en par e odavía se conservan y dan a la ciudad un oque de vigorosa y suave belleza incon!undible. Iuiz$ el moci o Francisco, que a'n no enía edad para omar las armas, pero que ya se sen iría soldado de aquella re!riega, aprendió, con la cons rucción de es as murallas, su o!icio de albaLil. #as luchas con inuaron luego con ra las ciudades vecinas, donde se habían re!ugiado los nobles e&pulsados de Asís. Aien resume For ini6 en aquel Asís no !lorecían ni el Evangelio ni la paz. ;o hay que olvidar, sin embargo, el impor an e papel que en al si uación —compleja como odas las edades reales de la his oria— enía la religiónO y no sólo como poder polí ico, sino como ideología y sen imien o de erminan es de la acción. %or eso, aqu"lla es ambi"n la "poca de los hospi ales, de las abadías y de las cruzadas, que e&al aron a su cima ideal, m$s que ninguna o ra causa, a la !lor y na a de los caballeros con odo su cor ejo guerrero e idealis a. =iremos ya a Francisco sobre ese !ondo de su circuns ancia his órica, aquí an someramen e esbozado. El sen imien o caballeresco lo llevaba "l, m$s que como una ambición ambien al de la "poca, como la do e m$s rica de su emperamen o, y esas dos car as aludidas —la religiosa y la caballeresca— jugaban en onces en su in erior la misma par ida. %or eso era !recuen e que "l se hiciera re!le&iones como "s a6 8Ra que eres generoso y cor "s con los que son como ' o m$s que ', eso que de ellos has de recibir sólo !avores pasajeros, jus o es, Francisco, que lo seas ambi"n con quienes son menores que ', por amor de :ios, que es inigualablemen e generoso en la recompensa9. Pn día como o ro cualquiera en la ciudad. Francisco, de r$s del mos rador, a iende a la clien ela con vivacidad y simpa ía. En eso en ra un pordiosero con la mano e& endida y el acen o mísero6 — Pna limosni a por amor de :ios. Francisco le miró, pero no le vio. )on ra su cos umbre, pues era a en o y r$pido en sus reacciones, siguió in eresado en sus clien es, haci"ndose el dis raído con el suplican e, y has a le insinuó un ges o de ,/

nones. El pobre, herido del desprecio y con el desengaLo de la nega iva, se !ue en busca de una puer a mejor. :e pron o, como con una iluminación repen ina, se da cuen a Francisco de que había come ido, cris ianamen e hablando, una !elonía. Se le ocurrió6 8Si ese pobre e hubiera pedido en nombre de un gran conde o barón sonado, de buena gana le hubieras dado cuan o e pidiera. S)on cu$n a m$s razón debis e hacerlo, cuando e pedía en nombre del 2ey de reyes y SeLor de odosT...9 Sal a de un brinco el mos rador, se lanza a la calle, la corre has a alcanzar al pedigWeLo, y le pone en las manos una can idad generosa. Dolvió por sus pasos regalado por den ro. SA enciónT Iue en es a primera an"cdo a de Francisco vemos ya en "l al que vamos a ir conociendo m$s y mejor, despun ando en es as !ace as an in eresan es6 su nobleza y su espon aneidad, la calidad de su !e medieval y su amor a los pobres. En aquel pun o se hizo el !irme propósi o de no negar en adelan e nada que se le pidiera en nombre de :ios. El bendi o lo cumplió has a la muer e. :e alles así iban madurando a Francisco. Nuerguis a y leal con los amigos, respe uoso y simp$ ico con odos, generoso con cuan os podía serlo. Cal índole le iba ampliando día a día el círculo de su acep ación cariLosa y admira iva en la pequeLa ciudad, donde odo lo de odos se conocía. R !ue haci"ndose voz com'n que es e Francisco llegaría a realizar grandes cosas9. )omo recogiendo las auras de es e e& raordinario ambien e popular, un hombre sencillo, cada vez que se opaba con "l en la calle, se descolgaba r$pido la capa, la e& endía garbosamen e an e Francisco y le decía inclin$ndose en un ges o de alegre cor esía reverencial6 — %asa, !u uro gran príncipe, pasa. R. Francisco pisaba y pasaba, juglarmen e al ivo y sonrien e. Es e pro!e a del pueblo acer ó en cuan o que al pro!e izado le esperaba un !u uro preciosoO pero ninguno de los dos ni nadie se !iguraba en onces por qu" caminos. :ios sí lo sabía y los iba preparando. Dein e aLos enía nues ro caballeroso h"roe cuando es alló el !uego de la guerra en re %erusa y Asís, a izado por los in ereses de clase Halgunos nobles e&pulsados de Asís se habían re!ugiado en %erusaJ y por los o ros in ereses de las dos ciudades, de siempre rivales por vecinas y prósperas. Francisco, por aven ura y por deber, se hizo soldado. R en la ba alla de )oles rada, librada en la llanura jun o al puen e de San Nuan, cerca de ,(

%erusa, un día de (,/,, cayó prisionero, jun o con una gran redada de asisienses, nobles y plebeyos. %erusa era una de las !erias y clien elas visi adas habi ualmen e por Francisco, y allí enía amigos. %or eso o por aquello de su simpa ía y de su riqueza, le pusieron en la c$rcel con el grupo de los nobles. %ero una c$rcel es penosa en odo lugar, y la de %erusa no !ue una e&cepción. :ominaba en odos la ris eza y el desalien o. Sólo Francisco parecía alegre, y has a hacía alarde de jovialidad, con la que ra aba de animar a odosO has a a un compaLero que, por lo que !uera, resul aba an ip$ ico para el grupo en general, que le hacía un cerco de claro desa!ec o. Se diría que Francisco se empeLaba en rasladar al lóbrego escenario carcelero su alegría impeni en emen e !ies era. )ier o día, un colega de rejas, moles o por aquel con ras e, le increpó, llev$ndose un dedo a la sien6 — Francisco, S ' es $s locoT... R Francisco, imper urbable en su llama ivo j'bilo, dio es a respues a6 — UIu" pens$is de míV :ía llegar$ en que me ver"is por encima de odos. ;ues ro original prisionero, muy en con!ormidad con lo que había sido has a ahora, mos raba, al hablar así, o ra de sus ricas cualidades6 era un imagina ivo, un soLador. Al aLo hubo una regua pac ada en re %erusa y Asís, o el mercader Aernardone pagó un al o precio por su hijo. El hecho es que Francisco volvió al Asís de sus dineros y sus devaneos. 3% '4)' 5'67)E ALo (,/0. )omienzan los meses de la ges ación del hombre nuevo que sería es e Francisco. Iuien primero le visi ó en su casa de Asís !ue la que "l llamaría despu"s, con su gracia de poe a san o, la hermana en!ermedad. :ebió de venir ya malo de %erusa, y no es e& raLoO los rigores de la c$rcel, las comidas no muy escogidas, la inacción !orzada..., acabaron por minarle la salud, enclenque de siempre. El se es!orzó por dis!ru ar de la ansiada liber ad, respirando con avidez hacia su vida de an es6 el negocio y las diversiones. %ron o se dio cuen a de que algo había cambiadoO en la c$rcel, en re las rejas y las risas, había dejado su pasado. Mabía pensado mucho. Dolvió de allí, por ejemplo, m$s decidido a ser generoso con los pobres. ,,

#a e&periencia de su propio es ado de desvalido le había ornado m$s humilde, m$s compasivo y m$s desprendido. Auen índice de que, si su salud corporal se había resquebrajado, su salud psicológica era buena, has a !uer e. R :ios, que había empezado a obrar en "l. =as, al poco iempo, la en!ermedad pudo con "l y con odos sus es!uerzos, sos enidos por las ganas de volver a ser el de an es. En cama. =eses y meses de pos ración, en el dolor y en el desmadejamien o de las !uerzas, sin poder bajar al mos rador ni a las calles empedradas. :e nuevo, y m$s serenas, horas largas para la re!le&ión, con calma y solo. Cambi"n rezaba, porque algo le decía por den ro que :ios le es aba buscando6 an es la c$rcel, ahora es o... Kracias a los cuidados e&quisi os de madonna %ica, sanó. %ero le quedó una gran debilidad. Ayud$ndose de un bas ón, empezó por dar di!icul osamen e unos pasos den ro de casa. Pn día pudo bajar a la ienda, a dar un vis azo. R o ro día, ya con m$s !uerzas, apoy$ndolas en el bas ón amigo, se llegó has a la muralla almenada con la ilusión de volver a la ir con aquel inmenso corazón vege al, su amado valle. Se llevó un desengaLo a roz6 aquella vis a que an es le delei aba an o, larga, espaciada, colorida, luminosa, ahora le dejaba indi!eren e, nada le decía. )on emplaba bajo el sol el panorama y cada rincón del erreno, queriendo sorber el gozo de an es, de an as veces an es. R nada. Fría nos algia amarga. R has ío. Dolvió m$s de una vez, en las prolongadas semanas de la convalecencia, a aquel balcón na ural. %ero !ue lo mismo. R llegó a juzgar como necios a los amadores de bellezas ales, "l el primero. Sin embargo, no se dejó derro ar por la melancolía. Es aba do ado de una volun ad an !irme, que podía parecer erquedad, y, si allí había una mano especial del SeLor, "l la esquivaba. Seg'n recuperaba el vigor, recobraba ambi"n la ilusión, o las ganas de enerla. R se lanzó de nuevo al !renesí de su mundanidad. )omprobó con amargura que las !ies as no le sa is!acían como an es, y se buscó a sí mismo por o ros derro eros. %ues ya la sola vanidad no le llenaba, iría ras la gloria. El momen o pin aba propicio. )orrían aLos de ensa hos ilidad en re el %apado y el <mperio para ane&ionarse el reino de Sicilia, y en aquel rimes re !inal de (,/0 vibraba < alia de eu!oria b"lica. Se ra aba de ma ar de una vez las ambiciones germanas sobre la isla meridional de la península. #os ej"rci os imperiales, que habían conocido una larga racha de riun!os, iban 'l imamen e de derro a en derro a por la lanza capi ana del h"roe !ranc"s Kual erio de Ariena, a quien los ,.

rovadores provenzales e i alianos magni!icaban y popularizaban. En odas las ciudades se hacían levas para las ropas pon i!icias, mandadas por Kual erio. R Francisco decidió alis arse como caballero. Dio su gran opor unidad, y la aprovechó con la decisión que le carac erizaba. R lo hizo como "l hacía las cosas cuando las hacía. )omo dinero no le !al aba y le sobraba ambición, se preparó las armas con magni!icencia, elegancia y gus o6 la co a, de hierro, y, bajo ella, la gambesina acolchada, que pro egían el cuerpo del cuello a las rodillasO las calzas, de malla, de!ensa de piernas y piesO el yelmo para la cabezaO la espada, cuya empuLadura "l procuró que !uera una preciosidadO la lanza con su banderola colorinesca, para la cual "l mismo cor ó las m$s brillan es de sus elasO el escudoO y, cubri"ndole y hermose$ndolo odo, la 'nica mili ar, !uer e y elegan ísima. Pn alarde de gas o y gus o. R el caballo, con su equipo de hierro y dem$s arreos comple o6 Francisco se compró el mejor alaz$n. R el mozo escudero, que no debía !al ar a un caballero como "l, ambi"n con su caballo y sus armas. Es a vez, %edro Aernardone le dejó hacer y gas ar, pues ambi"n "l veía llegada la ocasión de lograr el í ulo de nobleza para su !amiliaO mien ras, %ica lloraba en secre o al ver de nuevo a su delicado v$s ago me ido en los azares incier os y duros de la guerra. ;ues ro h"roe se alis ó en la ropa de un conde asisiense, o ro ambicioso de dinero y de gloria, con el plan concer ado de llegar a ser armado, caballero. Es aba ebrio de ilusión y se las prome ía !$ciles y !elices. Pn día opó en la calle con un amigo noble venido a menos, quiz$, uno de sus colegas de prisión en %erusa. #o vio venir pidi"ndole sin pedirle, con la ris eza que da a la alcurnia un ves ido vulgar. R Francisco, en uno de sus ges os c"lebres, le cubrió con lo que llevaba encima6 uno de los ves idos m$s apreciados de su ropero. Aquella noche, en re el recuerdo de su ges o elegan e de hoy y la ilusión de sus hazaLas de maLana, uvo en sueLos una visión6 se le represen ó la sala espaciosa de un hermoso palacioO cubriendo las paredes, una pro!usa y bien aderezada e&posición mili ar6 magní!icas mon uras, penachos vis osos, lujosos arneses, re!ulgen es yelmos y escudos, lanzas, y pe os, y oda clase de armas a barullo. Pna cruz, como la de la empuLadora de su espada, signaba, cada una de las piezas. R en el cen ro luminoso de la sala, una mujer bellísima, que miraba con la gracia y la dicha de una esposa... =ir$balo odo sin salir del asombro, y oye resonar una voz6 ,0

— Francisco, odo lo que ves es para i y para que equipes a us caballeros y soldados. Francisco se desper ó. Comó aquel sueLo por buen augurio y se lo guardó para "l. ;o podía aspirar m$s al o6 una bella dama y la !ama. Apresuró los prepara ivos para la marcha a la %ulia. 2ebosaba j'bilo e impaciencia, y a cuan os le pregun aban el porqu" de aquella alegría repen@ ina y desa!orada, les respondía con acen o visionario6 —@S" que llegar" a ser un gran príncipe. E!ec ivamen e, "l se soLaba ya capi $n de un gran ej"rci o. <gnoraba que :ios se reservaba o ra in erpre ación para su sueLo. ;o odo era eu!oria, sin embargo. Mabía momen os en que le invadía no precisamen e el des$nimo, sino como pron o, aguijoneado por el inolvidable sueLo de la dama y las armas, nues ro caballero, una maLana, con su escudero, dejó a sus espaldas la ciudad, encaminando sus pasos hacia el sur. #legó a Espole o al a ardecer, y decidió pasar allí la noche. Sen ía d"biles sus !uerzasO la primera jornada cargado de hierro, su salud no vigorosa, la ensión de los 'l imos días, las emociones de las despedidas, la inseguridad de su porvenir mili ar... ;ecesi aba reposo. R aquella noche, "l no sabría decir si !ue l'cidamen e dormido o visionariamen e despier o, pero creyó escuchar claramen e una voz que le dijo6 —Francisco, Uadónde vasV )on es ó a la voz e&plic$ndole al de alle sus planes, sus esperanzas, sus ambiciones. El de la voz le dejó hablarO cuando acabó, volvió a in errogarle6 —:ime6 Uqui"n e puede valer mejor, el seLor o el siervoV —SEl seLor, por supues oT —con es ó con decisión Francisco. —U%or qu" en onces abandonas al SeLor por el vasalloV Nam$s Francisco había escuchado la palabra 8SeLor9 con al acen o de may'scula. R no pudo menos que responder, embloroso de humildad6 —SeLor, Uqu" quieres que hagaV —Duelve a u ciudadO allí conocer$s mis planes. Esa noche de Espole o !ue luminosamen e crucial en el camino de la vida de Francisco. En cuan o amaneció, caballero y escudero par ieron de vuel a a Asís, los dos silenciosos6 Francisco, rumiando el mis erioO el ,1

escudero, sin en ender las nuevas razones de su amo. A Francisco no le impor ó lo que de su pron o regreso pensaran sus conciudadanos, ni se preocupó mucho de ales c$balas. Se daba cuen a de que :ios en raba en su vida. SoLador "l, :ios le buscó por el camino de sus sueLos, y se los volvió de rev"s, que suele ser la manera divina de ponerlos al derecho. Pna vez en Asís, incorporado a su vida de an eayer, dejó sus armas, pero no su alegría, y parecía como nuevo. 2ealmen e, "l se sen ía o ro, aun sin conocerse odavía qui"n. R a quienes le pregun aban e& raLados la causa de su repen ino cambio de planes, les respondía, en re mis erioso e iluminado6 —Aquí ser$ donde yo lleve a cabo mis hazaLas. )ualquier medianamen e conocedor de la psicología de la san idad, se habría perca ado de que en nues ro joven había acaecido un cambio radical, m$s in erior que e& erno, en el corazón m$s que en la armadura6 la gracia del SeLor le había ocado el hondón del alma, el meollo de su personalidad. %or desgracia, ales psicólogos no abundan, m en onces ni ahora. Adem$s, Francisco era el primero en ocul arlo. Cra ó de reanudar su vida con na uralidad. En la nueva dis ribución de iempo, sin embargo, empezó a dar m$s impor ancia a la re!le&ión y a la oración que al negocio, y, por supues o, que a las diversionesO es as ya no le a raían, aunque se dejaba arras rar a ellas por sus amigos, llevado de su conna ural cor esía. <n ui ivo por na uraleza, seba haciendo m$s y m$s pensa ivo, y, como ins in ivamen e, !ue cobrando a!ición a las iglesias sombreadas, a los rincones recole os, a los lugares soli arios. ;unca se sen ía m$s a gus o que cuando se encon raba !uera del bullicio y sin compaLía, porque aprendió a dialogar con :ios. #e dio por ser amigo de los pobres y m$s generoso con ellos y se con!irmó en su promesa de no negar jam$s la limosna que se le suplicara por amor de :iosO cuando así se la pedían, doblaba la can idad. #legaba a e& remos an es no conocidos6 si se erciaba que, al limosnearle un mendigo, no llevaba una blanca en la !al riquera, por no despedirle sin nada, le daba su gorro o su correaO y si ampoco llevaba ni cuero al cin o ni cosa en la cabeza, se me ía en el primer por al, se qui aba r$pidamen e la camisa in erior, la dejaba plegada con cuidado en un rincón, y avisaba al pobre para que, por :ios, la recogiera en secre o. Era especialmen e pródigo en sur ir de los elemen os del cul o a los sacerdo es necesi ados, a los que reverenciaba pro!undamen e. ,3

Pna mues ra de que es e nuevo Francisco no había perdido ni el humor ni el ingenio es que, cuando su padre se ausen aba para viajes lejanos, "l seguía poniendo en la comida y en la cena sobre la mesa los pla os de siempre y pan abundan e, como si hubiese invi ados, aun cuando luego se sen aran a la mesa los jus os de la !amilia6 —UIu", raes invi adosV —;o, madre. —En onces, Ua qu" an os panesV —Son los que voy a dar a quienes me lo pidan por amor de :ios, pues se lo engo prome ido. R madonna %ica se callaba, e& raLada, sí, pero in eriormen e con en a. )ada día buscaba m$s la soledad, y, para disimular mejor sus salidas, omó por compaLero de las mismas a un amigo que le era especialmen e querido, y le dijo que es aba a pun o de dar con un recóndi o esoro. El amigo seba con "l y con la esperanza de compar ir el hallazgo a donde Francisco le ci aba6 —UEs a arde, al bosque de 2ivo or oV R así a un lugar o a o roO pre!eren emen e a una de las al as cuevas de #e )$rceri H> #as )$rcelesJ, ladera arriba del Subasio. Francisco se en regaba ocul a y largamen e a sus pensamien os y s'plicas mien ras el !iel colega esperaba. En re odos sus escondi es, le gus aba mucho esa cueva, cerca y lejos de la ciudad. %or lo queremos viendo, la ges ación del nuevo Francisco se !raguó m$s in ensamen e en esa gru a. Allí iba siempre que podía. #os dos amigos hablaban del esoro al ir y volver. Francisco, en par$bolaO el o ro, con la ilusión de la par e que le ocaríaO "s e, por o ra par e, se sen ía su!icien emen e !eliz acompaLando a su simp$ ico amigo en sus nuevas e& ravagancias. =e ido en la cueva, Francisco pensaba y oraba, horas largas, con humildad, con es!uerzo, ra ando de comprender lo que el SeLor quería de "l. 2epasaba con amargura los aLos pre "ri os, que ahora veía perdidos e in' iles, y suplicaba una y o ra vez6 —SSeLor, en piedad de mí y mu"s rame u volun adT Su vida an erior ya no le a raía, su presen e no dejaba de ser incier o, su !u uro an incógni o le daba un poco miedo. Emociones así de complejas se sucedían6 vivo dolor por sus aLos de !rivolidad, gra i ud por las dulzuras espiri uales que sen ía, angus ia por lo que podía acon ecerle, ,5

y, por encima de odo, querer saber el querer de :ios sobre "l. R el SeLor, en re aquellas sombras, le iba dando sus luces. )ada día m$s, :ios era su a racción, el amor de su corazón. )uando salía era o ro hombre6 p$lido, su@ doroso, has a desencajadoO pero ambi"n iluminado. El amigo lo achacaba al es!uerzo y la ilusión por la b'squeda del esoro. R era verdad. A odo es o, Ucómo se las arreglaba para compaginar su remenda ensión in erior con una vida aparen emen e normalV Aunque ya no vibraba !ies eramen e con sus camaradas, con inuaba siendo generoso en re ellos. R ellos se empeLaban en no perderleO achacaban aquel desapego a ris eza por el !racaso de sus in en os caballerescos, y re@ cordaban su o ra crisis de humor al regreso de la c$rcel de %erusa. R de erminaron sacarle de aquella prisión de su melancolía con el golpe de una !ies a sonada. S#e coronarían rey de la juven ud de la ciudadT :icho y hecho. )on la connivencia del mismo Francisco, organizaron un gran banque e. )omo pos re de las viandas suculen as y del vino abundan e, la ceremonia juglaresca6 colocaron sobre la !ren e de Francisco una corona de laurel y rosas, y en las manos, una !ina vara colorinescamen e decorada, como bas ón de mando. El, mien ras el banque e y el ri o de la coronación, aun par icipando con alegría, no perdía el hilo a su cavilación in erior y se dejaba hacerO pensaba en o ros sabores, en o ros honores. Así les llegó, bien en rada, la noche. Salieron, como solían, a recorrer calles y plazas, con doblada algarabía de bailes, y can os, y gri os, proclamando a Francisco rey mozo de Asís. :e pron o se perca an de que "l no es $ con el grupo danzan e y voci!eran e, y ornan sobre sus pasos. R lo encuen ranO al volver un recodo, en mi ad de la calle, quie o como una es a ua, con su ce ro y su corona, mirando con arrobo a lo al o, en re los ejados, hacia las es rellas. —UIu" e pasa, FranciscoV —le dijeron casi a coro. R "l, nada. R ellos, insis en es y humorís icamen e regocijados6 —U)avilas ya en omar mujerV Aajó el ros ro Francisco de la calle de es rellas a la calle de piedras, como quien volvía de una ausencia, y les dijo que sí, que había decidido casarse, y que su esposa sería la m$s sabia, la m$s noble, la m$s bella, al que nunca igual habían vis o. Se lo decía juglarescamen e, pero con convicción. Aquel momen o in emporal le había sido deliciosoO le embargó al gozo in erior, al sensación de que :ios le omaba, que no se hubiera movido de allí por nada ni por nadie. SAhT Seguía siendo el soLadorO sólo que, si an es sus sueLos cabalgaban m$s all$ de las murallas, ahora se ,4

lanzaban m$s all$ de los espacios siderales6 has a el SeLor de los mismos. Nam$s como en aquel ins an e uvo la juven ud mejor rey, ni Asís mejor alcalde A par ir de aquella !ies a, Francisco se apar ó de sus camaradas, no por menosprecio, sino por e&igencias de la o ra Amis adO la !rivolidad no sólo no le decía ya nada, sino que le causaba edio y angus ia. Al margen de a ender lo jus o su ienda, se dedicó a la oración, que le a raía m$s y m$s. )on el amigo de marras o sin "l, cul ivaba en la soledad el di$logo con el SeLor. R el Espíri u le preparaba en es os di$logos para el siguien e paso. Al !inal de su vida, recordando lo m$s memorable de es os días de su conversión, san iguar$ su es amen o con es a memoria6 8El SeLor me concedió a mí, el hermano Francisco, comenzar de es e modo a hacer peni encia6 cuando es aba en pecados, me era irresis iblemen e amargo ver a los leprosos...9 )uan o se diga del asco na ural del joven Aernardone an e la lepra, es pocoO rayaba en el ridículoO has a verles a lo lejos le horrorizabaO y m$s6 en cuan o divisaba una leprosería a Xilóme ros de dis ancia, se apaba apara osamen e las narices con las manos. %sicológicamen e lo com@ prendemos6 Sera an !ino, an elegan e, an vanidoso, an sensi ivo, an e&quisi o en el ves ir, en el yan ar, en odoT... R a la verdad que enía ocasiones en que ejerci ar su repugnancia, pues no eran aquellos iempos los de nues ra sanidad occiden al. Mabía en onces en Europa no menos de ,/./// leproserías, y sólo en los alrededores de Asís se levan aban cinco o seis lazare os ;o es e& raLo que, en sus nuevos a!anes de agradar a :ios d$ndole un vuelco a cuan o había sido an es, le preocupara su sensibilidad casi en!ermiza para con los leprosos. Suplicaba al SeLor que le hiciera capaz de lo imposible, y se abría para recibir esa !uerza del Espíri u. Pn día, :ios le dio a en ender la manera. #os 4res compa8eros nos han conservado el e& o de es a iluminación6 8Francisco, es necesario que desprecies cuan o has amado has a ahora carnalmen e, si quieres conocer mi volun ad y mi !uerza. Pna vez que empieces a poner es o en pr$c ica, e ser$ insopor able y amargo lo que an es e parecía suave y dulceO y al rev"s, encon rar$s gran dulzura y suavidad en aquello que ahora e es an repugnan e9. Su ascesis y la gracia divina le !ueron enseLando y comprobando la verdad de es e principio. ,B

Pna arde paseaba por la campiLa a sus anchas soli arias. =archaba a caballo, y, por dejarse llevar por las riendas de sus pensamien os, sol aba las de su alaz$n a donde "s e guiaba. :e pron o se encuen ra an e un leproso que le cierra el camino con ges o y voz suplican es. Codo su horror ins in ivo se, le subió a la gargan aO pero "l, sobreponi"ndose con un es!uerzo sobrehumano, sal ó del caballo, se acercó al leproso con paso !irme y embloroso, agarró con sus manos las de "l, de!ormadas, purulen as, hediondasO las besó con un cariLo c$lido y largo y deposi ó en ellas una generosa limosna. El l$zaro no salía de su asombro. R Francisco no pensabaO volvió a mon ar, y al ro e, es all$ndole el pecho en un j'bilo que nunca an es había e&perimen ado, la campiLa le pareció m$s hermosa que nunca, y la vida ambi"n, y rompió a can ar alabanzas al SeLor... #a escena me recuerda a Saulo de Carso. A Saulo le iró del caballo el SeLor y le dejó ciego, mas !ue para empezar a ver mejorO Francisco se iró del caballo "l mismo, y, mirando y besando al leproso, empezó de pron o a ver al hombre y al mundo con o ra luz, esplendorosamen e dis@ in a. Fue el mismo SeLor Nes's quien descabalgó a los dos y les iluminó por den ro con su Espíri u, 8el que ac 'a odo en odos9 H< )or (,,3J. :e aquel beso de amor de un hombre al o ro hombre, del amor cris iano al dolor humano, nació un nuevo ser6 Shabía nacido el hermano FranciscoT Era una !echa en re (,/1 y (,/3. ;ues ro hombre rondaba sus vein icinco aLos. 9% EL 1)ECI' DE +& LI7E)4AD 2enacer, como nacer, no es m$s que empezar, y los comienzos son siempre unos balbuceos. )ier o, había nacido el hermano Francisco, pero a'n le quedaba mucho para madurar como al. ;i a "l se le ocurrió odavía llamarse así. %ero el paso es aba dado6 aquella !ies a noc urna, que para sus amigos !ue la m$s sonada de su juven ud juerguis a, para Francisco !ue m$s y mejor que su despedida de sol ero6 su despedida de mundano. Ra no volvió a sus orgías. R el beso al leproso, en el valle rans!igurado, !ue la puer a que le in rodujo a la comprensión y el goce progresivos de una nueva belleza. %ara Francisco resul ó realmen e una e&periencia maravillosa el comprobar que lo que an es le era insopor able, se le había conver ido en una dulzura in erior, en la m$s e&quisi a de odas las dulcedumbres. R le omó gus oO en adelan e !recuen ó las leproserías del "rmino de Asís, ./

conversando con los leprosos y sirvi"ndoles al y como podía. En su es amen o "l de!iniría vein e aLos despu"s es a solici ud de un modo simple e inmejorable6 8El SeLor me condujo en re ellos, y yo los ra " con misericordia9 #os leprosos de los alrededores y los pobres de la ciudad vinieron a ser sus nuevos amigos, :ios apar eO y su primer cuidado —cosa lógica—, re!ormar su an erior an delicado modo de vivir y reducir a su regalado cuerpo a la disciplina de la aus eridad y del bien obrar. Ra no mi@ raba su pulcri ud en el ves ir. #a inspiración in erior que le llevó has a el beso al lazarino, le !ue llevando ambi"n a la mor i!icación de su carneO sabemos que por en onces, y en lo m$s crudo del invierno, se zambullía en una hoya de nieve, con el doble !in —a es igua el biógra!o— de vencerse a sí mismo y de preservar su carne del !uego del placer sensual. %or prevenirse o para superarse, o en reparación de su regalada vida an erior, parece que la peni encia cons i uía una de sus nuevas preocupaciones. <nsis amos en que no se mor i!icaba sólo para domeLar su sensualidadO su en ación m$s !uer e seguía siendo su buen ver, su vanidad, y por ahí le buscó el enemigo6 le vino a la men e la obsesión de que, de seguir por es e raro camino, acabaría en un desas re de !ísico. Mabía en Asís una vieja horrorosamen e de!ormada por una joroba, y el diablo le quería me er en la cabeza que "l ambi"n erminaría así, !eo y giboso. #uchaba por espan ar de su imaginación al horrible pensamien o. R, como nos sucede ambi"n a noso ros, anhelaba !recuen emen e la solución del escapismo6 le en aba ladea de rasladarse a o ra ciudad, en la que, desconocido de odos, ves ido de pordiosero, se humillaría pidiendo limosna por amor de :ios. Es uvo a pun o de probar esa e&periencia en el propio AsísO pero no se decidía, por la vergWenza que le daba el solo pensar que le vieran así sus amigos y conocidos. %or aquellos días, quiz$ para liberarse de aquel cerco de di!icul ades, quiz$ por la devoción de poner al pie de los após ales su nueva vida, emprendió viaje a 2oma. SIu" dis in as y mejores sus re!le&iones de ahora que las de sus o ros viajes, guerreros o comercialesT... #legó a la Prbe y se encaminó a la basílica de San %edro. #e e& raLó la cica ería general de los peregrinos, que deposi aban en el suelo, jun o a la reja que pro egía el al ar, unas escu$lidas monedas. El, noO me ió la mano en su bolsa de cuero, la sacó colmada de monedas, y con un ges o amplio las arrojó sobre el al ar a rav"s de la reja. El alegre in ineo llamó la a ención sobre "lO pero "l no lo hacía porque le mirasen, sino por ser "l mismo, con liber ad. Salió al pór ico, en cuya escalina a se sen aba una .(

abigarrada colección de mendigos..., y aprovechó ingeniosamen e la ocasión6 se llevó apar e a uno de ellos con el cebo de una buena limosna y le propuso in ercambiarse los ves idos por el res o del día. R allí se lo pasó Francisco, de pordiosero, comiendo y mendigando con los pordioserosO adem$s, para simularlo mejor y por el j'bilo que sen ía, "l pedía limosna en !ranc"s. )on es a e&periencia regresó a Asís enormemen e aligerado. Ra en su ciudad, prosiguió e in ensi!icó su nuevo plan de vida. Se guardaba para sí sus secre osO pero nos cons a que algunas veces se aconsejó ya en onces con Kuido, el obispo de Asís, que an o iba a relacionarse con Francisco desde su renacimien o has a su muer e. =enudeaba y prolongaba sus visi as a la gru a al a y soli aria, y allí se desahogaba con el SeLor. 2ecordaba y lloraba con amargura su vida pasada y suplicaba luces para su !u uro. Ra en aquellos iempos de su conversión rezaba una oración que ha llegado has a noso rosO an o bien le hizo, que la conservó oda su vida con predilección y la enseLó y la recomendó. ;os ha llegado en la ín y en umbro@i aliano, que sería como la rezaría en onces "l, dici"ndosela a Nesucris o en la cruz con un ri mo y rima que recordaban las canciones de los rovadores, parodi$ndolas. =e apro&imo lo m$s que puedo a ese e& o primi ivo con es a versión6 8S-h al o y glorioso SeLorT, ilumina las inieblas de mi corazónO dame una !e rec a, esperanza cier a, caridad per!ec aO sen ido y conocimien o para cumplir u veraz y san o mandamien o9. Pn día en que con mayor !ervor se dedicaba a sus llan os y plegarias, pensando en el amor y dolor de )ris o cruci!icado, vio de pron o con sus ojos in eriores, pero en una e&presión real y vivísima, a ese Amor en regado, Nesucris oO el ros ro, coronado de espinas y sangran eO el cuerpo, llagadoO las manos y los pies, clavados...O y le miraba a "l, con un ges o ine!able de complacencia desde su en regado dolor. Cal emoción le produjo aquella con emplación, que rompió a llorar, de angus ia y de gozo. R !ue como si aquella imagen de )ris o se le quedara grabada a !uego divino en el corazón, porque ni la pudo ni la quiso olvidar ya jam$s, como "l mismo lo reveló al !inal de su vida. UEra un premio del beso al leproso, de Aquel que dijo6 8-s lo aseguro6 lo que hicis eis con un hermano mío de esos humildes, conmigo lo hicis eis9V H= ,1,0/J. .,

)on es as cosas y o ras, cada día se sen ía m$s psicológicamen e $gil, liberado. Aumen aban sus goces y apenas le quedaban dudas y ris ezas. Su preocupación se ensó ahora en qu" hacer por su amado Nes's. ;o ardó en dar, de la mano del mismo SeLor, un paso de!ini ivo. %aseaba un día sus pensamien os jun o a San :ami$n, una capilla en las a!ueras, viejecilla y ruinosa, y uvo la in uición de que den ro le esperaba el SeLor. En ró y oró devo ísimamen e. R es aba mirando con oda el alma al cruci!ijo bizan ino, cuando le pareció que los labios divinos se abrían, y creyó escuchar su voz, que le, dijo6 —Francisco, Uno ves que es a mi casa se derrumbaV Anda, pues, y rep$ramela. —SeLor, con mucho gus o lo har" —con es ó sin vacilar Francisco, embloroso y gozosísimo. En cuan o salió, buscó al sacerdo e encargado y le puso en las manos una buena rima de dineros para la a ención de la capilla. En es e momen o biogr$!ico se impone una re!le&ión. Codo lo que veamos en adelan e en el hermano Francisco, nues ro nuevo hombre, arranca de aquí, y aquí hay que volver para en enderlo. May un re!r$n que dice que las primeras papillas no se digieren, se asimilan al cien por cien, quedan como cons i u ivas del organismo recen alO pues es os acon ecimien os espiri ualmen e nu ricios y balbucean es del Francisco san o, lo mismo. Nes's se le grabó en el corazón como su vivo Amor, y su voz le resonaría en los oídos como una urgidora y permanen e e&igencia. Nam$s lo olvidaría. Codo su empeLo vi al se reducir$ en adelan e a ser !iel a es e Amor, a es e Amado. Es os días y muchos o ros días, nada m$s raerlo a su memoria, no podr$ con ener las l$grimas, y ser$ por las sendas y los bosques llorando a voz en gri o la pasión del SeLor, con unos acen os pa " icos y con agiosos. Pn amigo —Uel del esoro !allidoV—, que le encon ró en al rance en una ocasión, le pregun ó que por qu" an o dolor, y de al manera se lo e&plicó Francisco, que acabaron los dos llorando. #a leyenda de %erusa nos guarda la memoria, no el nombre, de es e buen asisiense 8que simpa izó siempre con Francisco y le daba $nimos an o cuando a'n es aba solo como cuando con ó con muchos hermanos9. :esde es e momen o, los acon ecimien os se precipi an. Francisco, que a'n no era pro!e a de su propio des ino, in erpre a las palabras del cruci!ijo ma erialmen e. En una de sus repen inas decisiones originales, se raza solemnemen e sobre el pecho con su mano la seLal de la cruz, como ..

si "l mismo se armara caballero de )ris o, oma su caballo, lo carga con piezas de las mejores elas de su ienda, mon a sobre "l con la ilusión de quien va a realizar una proeza... Sy a FoliLoT FoliLo es aba de !eria aquel ,0 de enero de (,/3, con la !ies a de San Feliciano, su %a rono. FoliLo era un buen mercado, "l lo sabía. Allí coloca oda su mercancía con su habilidad y con suer e, y, para redondear la ven a, negocia ambi"n su soberbia cabalgadura. R regresa soLando nuevos planes de acción, ilusionado de haber hecho el mejor negocio de su vida, es a vez para la iglesia y para los pobres, a pie las res leguas que separan Asís de FoliLo. Da derecho a San :ami$n y en rega al sacerdo e oda la suma, e&plic$ndole que quiere que sea empleada en la reparación de la iglesia. El sacerdo e, en re sorprendido y descon!iado, no la acep aO aprecia a Francisco, pero a'n conserva de "l la imagen del joven manirro o e in!ormal. #e suplica Francisco que, al menos, le permi a quedarse en San :ami$n, porque ya no piensa volver a su casa. #e acoge el cura, pero insis e que el dinero no. R Francisco lo arroja, con bolsa y odo, en el al!"izar de una ven ana enrejada. ;o arda en en erarse Aernardone de los locos dispendios de su hijo, y va por "l !urioso, acompaLado de un grupo de los suyos. Francisco, avisado, se esconde de la ira pa erna, que se calma, en par e, al encon rar y recoger en la ven ana el precio del viaje a FoliLo. Francisco cobra miedo —hay que decir la verdad—, y se pasa un mes en un escondi e sabido sólo por un amigo —Uel de marrasV—, que le raía ocul amen e algo que comerO pero el iempo y la soledad le serenan y la oración le !or alece. Se perca a de que es $ siendo un cobarde y se avergWenza de su cobardía. R, sign$ndose de nuevo con la cruz, decide valerosamen e arros rarlo odo. Sale de su escondrijo y se dirige a la ciudad. UEs "s e FranciscoV Escu$lido por el hambre y las ensiones de su si uación, descuidados los ves idos y el cabello, con paso vacilan e en su misma decisión, porque no in uía nada bueno... %ero su corazón es aba !irme de con!ianza en el SeLor y decidido a odo. :onde va Francisco va el bullicio, de calle en calle, de plaza a plaza6 —SFrancisco es $ locoT SFrancisco se ha vuel o locoT... R los chiquillos le iran piedras, y los mayores se ríen burlonamen e de "l, y sus camaradas le miran con ris eza y vergWenza. #a no icia llega a la ienda de paLos, y Aernardone sale al encuen ro de su hijo, !urioso, descon rolado por el disgus o. #e increpa, le golpea, le arras ra a su casa .0

con acompaLamien o de bo!e adas e improperios, y le encierra en un oscuro cuar o con rejas y sin ven ilación. A odo eso, Francisco dejaba hacer y a nadie respondía nada. )omo abs raído, pensaba en su SeLor cruci!icado, y su!ría gozosamen e por El. Es aba llevando a cabo su primera san a locuraO es aba escribiendo con su vida el primer capí ulo de lo que "l llamaría luminosamen e despu"s 8la per!ec a alegría9. U)u$n o es uvo Francisco en aquella mazmorra dom"s icaV Se ignora. Se sabe que su buena madre ra ó de persuadirle de que se dejara de rarezas y que volviera a ser el buen chico de an esO pero !ue ella la que se convenció de que allí no había nada que hacer. )omo le amaba mucho, su!ría de ver a su Francisco prisionero, con ella de carceleraO y aprovechó la primera ausencia de su marido para sol arle, como se le abre a un ave la jaula6 —Anda, hijo, y haz lo que quieras, y que :ios es " con igo... Francisco volvió a San :ami$n. 2egresa el padre, se encuen ra sin Francisco, y se las oma con la buena de %ica, poni"ndola de mala madre y peor. R sale disparado en busca de Francisco, decidido a llevarle an e los cónsules de la ciudad para que renuncie a los derechos !amiliares y le des ierren. ;o es que !uera mal padre, sino que, como cali!ica el Anónimo de 1erusa, 8amaba a Francisco carnalmen e9, es decir, con el amor de su sangre, no el del espíri u, y emperamen almen e era incapaz de comprender, y menos a'n de acep ar, aquella conduc a de su hijo, que le ponía en ridículo an e oda la ciudad y adem$s echaba por ierra odos sus planes de nuevo rico. Ra Francisco no era el de la primera persecución. Al ver venir a su padre desde San :ami$n, sale a su encuen ro decididamen e, y se encara con "l6 —Es oy dispues o a su!rirlo odo por el amor de mi SeLor Nesucris o. —:"ja e de us locuras. Cendr$s que venir conmigo a los ribunales para responder de la ven a del caballo y de las elas, y, como me llamo %edro Aernardone, e aseguro que no he de parar has a que los cónsules e arrojen de la ciudad, mal hijo, vergWenza de u casa... —An e los cónsules no ir". =e he consagrado al SeLor, y mi 'nico juez es el obispo. #os cónsules le dan jurídicamen e la razón a Francisco. .1

—S%ues vamos an e el obispoT —decide en onces airadamen e %edro Aernardone. An e el obispo, el juicio !amoso. El obispo Kuido era seguramen e el 'nico en Asís que pene raba algo la in erioridad de Francisco, dispues o, por eso mismo, a ser, al menos, imparcial. )i a privadamen e a Francisco, le e&plica la querella presen ada por su padre con ra "l, y le convence de que comparezca y le devuelva odo el dinero que le quede. ;o se esperaba el buen prelado, ni nadie, lo que iba a venir. Se cons i uye el ribunal. Coda la ciudad es $ en vilo, a la e&pec a iva, porque, encima de no ser grande, no había conocido un juicio igual, y Francisco era !amoso. #a sorpresa iba a ser may'scula. )omienza el juicio. Aernardone e&ige a su hijo que le res i uya an e el obispo odo lo que a'n enga de "lO "l lo decía por su dinero. R Francisco, sin mediar !órmula, se adelan a sereno y alegre y dice, dirigi"ndose al obispo, y en "l a oda la concurrencia6 —SeLor, muy a gus o le voy a devolver no sólo su dinero, sino cuan o por cualquier í ulo podría llamar suyo. R en ra en el cuar o con iguo, se despoja de sus ves idos y sale limpiamen e desnudo, con un cilicio sobre sus carnes, sonrien e, dueLo de sí mismo y de la si uación. Asombro general. ;o !al a alguna sonrisa burlona, pero el silencio es absolu oO la curiosidad iene perplejas odas las miradas. Francisco camina hacia su padre y le en rega odos sus ves idos, y, sobre ellos, el dinero que le quedabaO luego le mira a los ojos, mira al obispo y a odos los presen es y, con el ono de una inspiración solemne, e&clama6 —Mas a ahora he llamado padre a %edro Aernardone. Codos sois es igos de que le devuelvo cuan o engo de "l, para calmar su irri ación. :esde es e momen o quiero decir —y miró con !ervor y ernura hacia lo al o—6 8%adre nues ro, que es $s en los cielos9, y no ya m$s6 8padre %edro Aernardone9. #a emoción puso l$grimas en los ojos de muchos, y un nudo en la gargan a de odosO adem$s, miraban sobrecogidos que Francisco ceLía su !ino alle con aquel o ro ves ido peni encial de su cilicio. El obispo Kuido, conmovido ambi"n, se llegó a "l y cubrió a!ec uosamen e su juvenil desnudez con su amplia capa. R el comercian e Aernardone desapareció de la escena con prisa, nervioso y disgus ado. El obispo dio a Francisco el ves ido de uno de sus sirvien es, el que primero halló a mano. Francisco no quería m$s. Se razó con una iza sobre .3

"l una cruz a la al ura del corazón, con el ges o de quien adop a decididamen e su san o y seLa. Salió de la ciudad y se lanzó al mon e. Era invierno. )aminaba sin rumbo, sin o ro nor e que el de su liber ad conquis ada. #ibre, en re el cielo gris y la ierra nivea. )on el gozo de sen irse hijo de :ios, rompe a can ar en !ranc"s, como solía cuando se inspiraba. En pleno bosque le salen al paso unos bandoleros, no raros en aquellos parajes, en busca de bo ín6 —SAl o ahíT UIui"n eresV —SRo soy el heraldo del gran 2eyT —con es a en!$ ica y jubilosamen e Francisco. #os bandidos lo cachean, y, al no hallarle nada encima, a empujones y pun api"s lo arrojan a una pro!unda hoya de nieve, mien ras le dicen con risa y desprecio6 —S:escansa ahí, ', palurdo heraldo de :iosT En cuan o puede reponerse, Francisco se levan a ranquilamen e, sin perder ni el humor ni la pazO sale de la hoya, se sacude la nieve y sigue a la buena de :ios el camino del bosque, can ando caballerescamen e al Amor de sus nuevos des inos #a buena de :ios y la necesidad de buscar re!ugio a su !río y a su hambre le llevaron a ocar la puer a del monas erio benedic ino de San Derecundo, cerca de Kubio. #os monjes le recibieron de caridad, como a un mendigo de paso. R Francisco se quedó allí bas an es días, de pinche de cocina, por hacer algo. %ues no le necesi aban, nadie le hacía casoO y se alimen aba muy poco, de lo que pescaba. Aien les pesó a los monjes, a la vuel a de los aLos, no haber enido mejor ojo psicológico, y el propio abad le pidió disculpas por su desconsideración. :e San Derecundo, !orzado por el mal pasar, Francisco se llegó a Kubio, donde buscó a un viejo amigo, que le acogió bien y le dio un ves ido sencillo, pero comple o, como de ermi aLo, mejor que aquel de labriego pobre que llevabaO uvo l$s ima de ver así a quien había conocido luciendo el ipo con simpa ía y elegancia. En Kubio, al amparo de su !iel amigo, se quedó unos días, dedicando su iempo a la oración y al cuidado de los leprosos, que ampoco allí !al abanO les a endía con delicadeza y a!ec o, bes$ndoles y abraz$ndoles como hermanos. .5

)on la calma de vida le !ue viniendo insis en emen e a la memoria su compromiso de res aurar la iglesia de San :ami$n, y decidió regresar a Asís. En ró en su ciudad como un !oras ero y se encaminó derechamen e a San :ami$n, su re!ugio. R mien ras cavilaba en cómo empezar la res auración, se en re enía en lo suyo6 la oración, los leprosos, y una nueva a!ición que !ue cobrando6 visi ar las iglesias cercanas, así den ro como !uera de la ciudad, y decir simplemen e en ellas es a oración que "l se inven ó en su !ervor bajo el Espíri u del SeLor6 8Ce adoramos, SeLor Nesucris o, aquí y en odas us iglesias que hay en odo el mundo, y e bendecimos, pues por u san a cruz redimis e al mundo9. Codavía no era m$s que uno, y ya rezaba en pluralO no enía iglesia !ija ni en su Asís, y su oración sonaba ya con aire universalis a. En sus visi as a las iglesias —in ramuros o de la campiLa— llevaba consigo una escoba, y, si las veía sucias o descuidadas, las limpiaba, con permiso de los sacerdo es respec ivos, a los que saludaba con respe o y a!ec o, y les suplicaba con humildad y cor esía que uvieran suma limpieza en odo lo rela ivo al cul o del SeLor An es les daba c$lices o limosnasO ahora les daba su consejo y e&hor ación y se daba a sí mismo. %or !in se decidió a emprender la !$brica. Empezó solo, por sus medios rudimen arios6 buscaba piedras, las rasladaba sobre sus hombros, pedía cemen o a quienes lo enían... Es de admirar el esón de su volun adO cómo "l, d"bil de !uerzas, enclenque de salud, !ino de educación, mal comido y peor ves ido, rabajaba de albaLil, peón y maes ro en una pieza. #e sirvieron su habilidad para odo y lo que aprendió del o!icio en la cons rucción de las murallas cuando su primera juven ud. El cura de San :ami$n le !ue cobrando aprecio, y, aunque pobre ambi"n "l, le daba de comer. Francisco, a cambio, le daba esperanzas de que su iglesia quedaría como nueva. Pn día decidió apresurar los rabajos, y se en ró por la ciudad pidiendo ma eriales como quien o!rece una mercancía mejor6 —Iuien me d" una piedra, endr$ de :ios un premioO quien me d" dos piedras, recibir$ dos premios, a an as piedras, an os premios, an os premios... #o decía como can ando y con an a convicción y gracia, que la buena gen e empezó a reaccionar. #uego no pedía sólo piedras y cemen o, sino volun arios que colaborasen con "l por el amor de Nesucris o. R no !al aron. Pnos u o ros le acompaLaban a ranspor ar las piedras y a .4

levan ar los muros. Pn día vio acercarse a unas jovenci as de la nobleza de la ciudad que paseaban por allí y se acercaron por curiosidad, y, en vez del piropo galan e con que les hubiera saludado en o ros iempos, clamó ins@ piradamen e en !ranc"s desde el al o muro en que laboraba, dirigi"ndose a un grupo de curiosos y de mendigos, que le miraban m$s que le ayudaban6 —Denid, ayudadmeO iempos vendr$n en que morar$n aquí unas damas san as, que har$n !amoso es e lugar. %or ellas ser$ glori!icado en oda la <glesia nues ro %adre del cielo. Pna de aquellas dami as, )lara, hija del caballero Favarone de -!!reduccio, recordaría esas palabras con gozo imborrable, ya se&agenaria, en su es amen o de !undadora. )omo le ocurría cuando parecía que las cosas se le enderezaban, se puso a re!le&ionar6 8U;o e avergWenza que es e pobre sacerdo e e es " alimen ando con lo suyoV U:ar$s con uno así donde quiera que vayasV Aien es que e hagas a vivir como un pobre de verdad. #os mendigos lle@ van en su mano una escudilla, recogen en ella de puer a en puer a lo que las buenas gen es les quieren echar, y se lo comen an ricamen e. U;o ser$s ' capaz de hacerlo por amor de Aquel que nació pobre, vivió mendigando y murió sin nadaV...9 #o que prueba que Nes's pobre y cruci!icado seguía siendo su idea !ija. %ensado y hecho. )opio de los 4res compa8eros6 8:e maLana, se me ió en la ciudad con una escudilla en la mano. #a mezcolanza de manjares que le iban echando causaba compasiva admiración a los que lo veían y recordaban su buen pasar de an es. %ero "l, en cuan o se propuso comerla, sin ió un asco de n$useas, porque no sólo no es aba habi uado a ingerir al bazo!ia, pero ni aun a mirarla. Sin embargo, acord$ndose de su Amor, se venció, y empezó por !in a comer. Crasegó a su es ómago la escudilla en era. R le pasó como cuando el beso al leproso6 que :ios le cambió el asco del paladar y del es ómago en ine!able dulzura del espíri u. %or ninguna de sus comidas mundanas había dado gracias a :ios an e!usi@ vamen e como por aqu"lla. R le dijo al sacerdo e de San :ami$n que ya no se preocupara m$s de su sus en o9. Francisco, con su pobreza de mísero, se había cons i uido en pa rono de aquella iglesia de San :ami$n, y mien ras la reedi!icaba cuidaba ambi"n de que luciera cons an e y bien viva la l$mpara an e el cruci!ijo. %or eso, o ra de sus rondas !recuen es por la ciudad vino a ser para mendigar acei e. R no !al ó es a an"cdo a6 al doblar una esquina, an e la .B

puer a de la casa donde pensaba limosnear, un grupo nu rido de personas —quiz$ sus an iguos camaradas— se divier eO ins in ivamen e, con el impulso de su vergWenza, an es de que le no en, Francisco se re rae y re rocede y en!ila r$pida y nerviosamen e o ra calle, con el ros ro rojo de ruborO pero pron o re!le&iona, se de iene, piensa en su SeLor cruci!icado, y vuelve por sus pasosO se dirige decididamen e hacia el grupo alegre, llama la a ención sobre sí, y en !ranc"s, con j'bilo, como en sus mejores iempos, hecho de nuevo el cen ro de aquel corro !es ivo, les pide acei e para el SeLor, para su l$mpara de San :ami$n. R se lo dieron, ganados por su simpa ía una vez m$s, el que enían para su diver imien o. Iuienes no veían es as originalidades bien, sino cada día peor, eran su hermano Angel y su padre. En una madrugada invernal, Angel ve a Francisco guareci"ndose del vien o g"lido en el quicio de una puer a, iri andoO llama a un ranse'n e, y por "l, con sarcasmo, le envía es e reca@ do verbal6 —Francisco, v"ndeme unos c"n imos de u sudor. —Aien caro se lo espero cobrar un día a mi SeLor —con es a Francisco con buen humor y en voz al a para que se lo oiga su hermano. :e su padre, nos podemos imaginar la rabia que le daba cada vez que le con aban las e&cen ricidades de su hijo mendigo, y m$s a'n cuando se lo opaba por la calle. =ascullaba disgus os y barbo aba vilipendios, y le maldecía, como a mal hijo, con oda su alma. Francisco se ingenió ambi"n aquí6 se buscó un viejo pordiosero llamado Alber o y se hacía acompaLar de "l, d$ndole de las limosnas que el mismo Francisco recogía. R cuando se encon raban con %edro Aernardone, en cuan o "s e !iniqui aba su re ahíla de maldiciones, Francisco se arrodillaba ri ualmen e an e el mendigo y le decía6 —Aendíceme, padre. R Alber o lo hacía, razando sobre "l una gran cruz cuasi episcopal. Francisco, que renunció a odo, no podía pasar sin nada. Sin padre, menos a'n, porque "l, desde aquella escena an e el obispo, se sen ía m$s !ilial, por m$s hijo de :ios, que nunca. )on ese ges o de su nueva juglaría es aba glosando maravillosamen e el a&ioma cris iano6 8;o devolv$is mal por mal, ni insul o por insul oO al con rario, responded con bendiciones, pues a es o os llamaron6 a heredar una bendición9 H<%e .,BJ. R es que, como cierra es a an"cdo a el Anónimo de 1erusa0 8no ajus aba ya su conduc a a los cri erios de la sabiduría humana, sino al Espíri u, que le inspiraba y !or alecía9. 0/

:e %edro Aernardone queda no icia en los archivos de Asís has a (,(1O pero, en la hagiogra!ía de Francisco, los res m$s suyos —%edro, %ica y Angel— se eclipsan aquí. Su !amilia de la sangre da paso a su !amilia del espíri u. Si "l recuerda despu"s el apellido de su padre, ser$ para que se lo re in ineen con el acen o de ironía o de desprecio que ambi"n enía6 sólo como un í ulo m$s para su humildad recuerda que es 8el hijo de %edro Aernardón9. :% +& N&E/A -A6ILIA Francisco dio rema e a San :ami$n. )omo no podía es ar inac ivo y aquello lo en endía como su vocación, siguió res aurando iglesias6 la de San %edro, ambi"n !uera de Asís, jun o a la murallaO la de San a =aría de los Angeles, llamada por el pueblo 8la %orci'ncula9 o 8la porcionci a9, por lo pequeLi a que era —y que es—, de sie e me ros por cua ro, ruinosa, con nidos de p$jaros en re la yedra. Fue un juego ilusionado para el albaLil de :ios reparar es a capilli a, por mínima y porque es aba en un rincón del bosque, pero m$s a'n porque hizo con ello una cor esía de juglar y caballero a la =adre de :ios, a la que, si an es pro!esaba devoción, ahora mucha m$sO ahora que amaba an o a Nesucris o, el Mijo de :ios y de ella. Can o le gus ó, que se quedó a vivir allí. R !ue aquí una maLani a invernal del (,/4. Escuchó en la misa el evangelio de la misión de los :oce6 8;o vay$is a ierras de paganos..., sino a las ovejas descarriadas de <srael. %or el camino proclamad el 2eino de :iosO curad en!ermos, limpiad leprosos... :e balde lo recibis eis, dadlo de balde. R no os procur"is oro, ni pla a, ni calderilla para llevarlo en la !ajaO ni ampoco al!orja para el caminoO ni dos 'nicas, ni sandalias,Y ni bas ón...9 H= (/,1@(/J. Francisco in uyó que allí sonaba una voz divina an clara como la del )ris o de San :ami$n, y al !inal de la misa suplicó al celebran e que le e&plicase ese e& o. :ios es uvo en la e&plicación del sacerdo e, porque a seguida, como quien lo ha comprendido odo de un golpe, Francisco e&clamó como arreba ado6 —SEs o es lo que yo quiero, es o es lo que yo busco, es o es lo que mi corazón anhelaT R salió veloz de la capilli a, y se despojó del cin o de cuero con que suje aba su raje de ermi aLo, y se sol ó y abandonó sus sandalias, y omó el bas ón que u ilizaba para sus camina as y lo lanzó al bosque cu$n lejos 0(

pudo. Se procuró con prisa una 'nica de bajo paLo y se la suje ó al cuerpo con una cuerda sencilla. R al !ue ya su ves ido mien ras vivió. En el hermano Francisco, los !ranciscanos habían es renado su h$bi o. )on la luz de ese evangelio comprendió que :ios no lo llamaba para albaLil de iglesias ruinosas, sino para res aurador de la <glesia viva, con an a ruina de almas. Se volvió enormemen e animoso, y empezó a hablar con odo el que se encon raba, salud$ndole an es con es e saludo evang"lico que le vino a las mien es como o ra inspiración, y que ya no se le caería de los labios6 —El SeLor e d" la paz. El la había encon rado. %or el proceso y progreso de su conversión, ya eran muchos los que iban cambiando de opinión sobre "l, y le escuchaban con respe o cuando les deseaba la paz y les animaba a la peni encia. A m$s de uno le daba qu" pensar. Empezaba a ser pro!e a en su ierra. El primero que rompió la soledad de Francisco !ue Aernardo de Iuin aval, un varón ejemplar de Asís y rico. Su conversión abre bellamen e las maravillosas -lorecillas0 pero la narran igual de bellamen e los biógra!os m$s inmedia os. Iuin aval, que, adem$s de rico y socialmen e bien considerado, era hombre sencillo y piadoso, había ob@ servado largamen e la evolución de Francisco desde mozo jaranero has a res aurador de iglesias y predicador, y algo veía en "l que le hacía envidiable6 su alegre liber ad y su !ervor. #e invi ó varias veces a su casa, por mor de conversar con "l y conocerle, y ese ra o !ue madurando la decisión de seguirle. En una de esas invi aciones, hablando hablando les sorprendió la noche. Aernardo le decía, como en un acer ijo6 —-ye6 si una persona iene, y de mucho iempo a r$s, bienes que son de un seLor y no quiere seguir ya con ellos, Uqu" podría hacer mejorV —Sin duda —le respondió pron o y alegre Francisco, adivinando la adivinanza—, devolver a su seLor cuan o ha recibido de "l. —SíO reconozco que, cuan o engo, :ios me lo ha dado, y es oy dispues o a renunciar por El a odo, seg'n u consejo. R he e aquí a nues ro Francisco me ido seriamen e a consejero espiri ual. ;o lo dudó6

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—Si quieres demos rar con hechos lo que acabas de prome er, maLana emprani o en ramos en una iglesia y lo consul amos con )ris o abriendo su Evangelio. :ecidieron reposar unas horas, aguardando el amanecerO pero el uno al o ro se engaLaron bendi amen e. Francisco !ingió dormir, y Aernardo ambi"n, y "s e has a empezó a roncar es en óreamen e para simularlo mejor. Francisco, así asegurado, se levan ó y se pasó la noche de rodillas, orando, 8en alabanzas al SeLor y a su gloriosa =adre la Dirgen9. #o que m$s le asombraba a Iuin aval era escucharle e&clamar una y o ra vez, en re sollozos y l$grimas, como abismado en una con emplación6 8S:ios míoT S:ios míoT...9 Se convenció6 82ealmen e, "s e es un hombre de :ios9. )on la primera luz del día buscaron a o ro que ambi"n había mani!es ado deseos de irse con FranciscoO se llamaba %edro. Era curioso6 había renunciado a con inuar la !amilia de %edro Aernardone, y :ios se lo devolvía duplicado —has a en la duplicación del nombre y apellido de su padre— en es os %edro y Aernardo, los dos primeros hijos de su nueva !iliación. Seguramen e, ellos !ueron los primeros en llamarle 8el hermano Francisco9, y "l a ellos, porque desde es e momen o se consideraron y se amaron como ales. Era el (3 de abril de aquel (,/4. Francisco les llevó a la cercana iglesia de San ;icol$s, a buscar 8la suer e de :ios9, a consul ar el Evangelio, abier o al azar por res veces invocando al SeLor. R las res veces salió el mensaje de una vida radicalmen e evang"lica. #os biógra!os primi ivos nos han conservado con esmero esa suer e que decidió el porvenir de los res y de los que les siguieron6 8Si quieres ser un hombre logrado, ve e a vender lo que ienes y dalo a los pobresO y anda, sígueme a mí H= (B,,(JO 8El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga9 H#c B,,.JO y el mismo que a Francisco en la %orci'ncula6 8;o llev"is al!orjas para el caminoO ni dos 'nicas, ni sandalias, ni bas ón, que el bracero merece su sus en o9 H= (/,(/J. #a san a locura de Francisco se reveló con agiosa. <nmedia amen e, el hermano Aernardo !ue a su casa y dispuso la liquidación de oda su haciendaO el hermano %edro no enía de qu" o no podía disponer de lo suyo. #os res se colocaron con odo el dinero de Aernardo a la puer a de su casa, y no ardó en des!ilar an e ellos una procesión de menes erososO unos, porque omaban ya perezosamen e el sol en la plaza cercanaO o ros, porque la no icia de es e nuevo despil!arro limosnero se e& endió 0.

r$pidamen e por oda la ciudad. El río regalaba dinero a mano libre. %asó por allí messer Silves re, sacerdo e avaro y con aLos, que había dado o vendido a Francisco piedras para la res auración de San :ami$n, y vio ahí un buen momen o para cobr$rselas6 —SEh, FranciscoT A'n me debes las piedras que me llevas e. Francisco me ió la mano en la bolsa de Aernardo, la sacó rebosando monedas y se las dioO la volvió a me er y le dio o ro puLado6 —UEs $n pagadas ahoraV —%agadas —masculló Silves re mien ras se escabullía guardando $vidamen e sus dineros, con cuidado de que no se le cayera ninguna pieza. =$s arde, es e Silves re mezquino y gruLón vendría a ser "l ambi"n, evang"licamen e, un lapidador de odo lo suyo y uno de los hermanos de mayor con!ianza de Francisco. Se !ueron a la %orci'ncula y levan aron jun o a la capilli a una choza. En cuan o pudieron, Aernardo y %edro se vis ieron una 'nica y una cuerda como las del hermano Francisco. 8El Espíri u del SeLor y su san a opera@ ción9 —e&presión que despu"s le gus aría mucho al hermano Francisco— había engendrado en el seno de la <glesia una nueva !amilia religiosa. Francisco no se lo podía creer, del gozo que le daba es ar acompaLado. )uando las cosas se enredan, ambi"n cuando se enredan bien, no hay dos sin res. El ercero !ue un bienaven urado hombre llamado Kil. Pna semana despu"s, el día ,., !ies a de San Norge, espejo de caballe@ ros, Kil, o ro cris iano sencillo y piadoso, !ue en busca de Francisco, se arrodilló an e "l donde lo encon ró, en el bosque aledaLo a la choza, y le espe ó, sin m$s, que le recibiera como o ro de los suyos. Francisco, al verle de an limpia y simple volun ad, encan ado e inspirado, le dijo6 —Moy e ha hecho :ios un grandísimo !avor. Si viene a Asís el emperador y quiere armar caballero a un ciudadano, Uno sal aría "s e de gozoV %ues m$s debes alegrar e ', escogido por :ios para ser su caballero, su servidor amadísimo en la guarda del Evangelio. SAnimo y !irmeza, hermano, en es a vocación que :ios e daT R le omó de la mano y le in rodujo en la cabaLa, presen $ndole a lo o ra pareja. Codos eran cua ro, pero muy !elices. Empleaban el día y par e de la noche en la oración, en el cuidado de los leprosos y en pedir limosna, de la que vivían. Francisco los iba !ormando, comunic$ndoles en di$logos !ra ernos sus e&periencias de conver ido. #a limosna !ue su prueba de 00

!uego. Francisco se perca aba del rubor, invencible que les daba, y los primeros días era "l sólo quien salía a limosnear por la ciudad, para ahorrarles a ellos la vergWenzaO pero pron o se animaron con su ejemplo y la gracia del SeLor. Al principio, casi nadie se la daba, y Segaron a pasar hambreO les decían, y no con gracia6 —Mab"is despil!arrado vues ros bienesO y ahora quer"is comer de los nues ros. Crabajad, vagos... R los menospreciaban y escarnecían como a necios y a es 'pidos, hechos el hazmerreír de la ciudad. Sólo el obispo Kuido, conquis ado por el hermano Francisco y en quien "s e con!iaba ya como en un padre, se mos raba comprensivo y bondadoso con ellos. )omo podía, les de!endía an e la opinión generalO pero ambi"n "l enía sus ideas y sus dudas, y le decía a Francisco6 —=uy rigurosa es vues ra vida para voso ros, pero es que encima complic$is la de los dem$s. U%or qu" no os reserv$is siquiera algunas propiedades para vues ro mediano pasarV Era la primera ba alla !ranciscana en re el idealismo evang"lico y el realismo de la vida ru inaria. Francisco, con in uición an o como con liber ad, le con es ó6 —SeLor6 si uvi"ramos algunas propiedades, necesi aríamos ambi"n armas para de!enderlas, pues por ellas hay un sin!ín de querellas y plei os, que alejan del amor de :ios, y del prójimo. %or eso no queremos poseer nada en es e mundo. #a respues a, y al como se la dijo Francisco, encan ó al obispo. #a primera ba alla de la pobreza !ranciscana es aba ganada. Eran cua ro, dos parejas. R decidieron dividirse, porque la cabaLa y la ciudad se les quedaban pequeLas para su gozo y su ilusión de dar a conocer al SeLor. %edro y Aernardo permanecieron en la %orci'ncula, Francisco y Kil se dirigieron a la =arca de Ancona. %or el camino rezaban y can aban jubilosamen e y hablaban de :ios a cuan os encon raban. Codavía Francisco no predicaba al pueblo, pero no había villa o lugar por el que a ravesaran que "l no aprovechase para e&hor ar a hombres y mujeres a amar al SeLor y a conver irse. El hermano Kil le escuchaba am@ bi"n, sonriendo bea í!icamen e, y, en cuan o Francisco concluía, e&clamaba, ba iendo palmas6 —S=uy bien dichoT Fiaos de "l. 01

:e villa en villa, los m$s les ra aban como villanos, y las muchachas se asus aban y corrían an e es os hombres míseramen e ves idos, que saludaban sonrien es a odo el que encon raban. Keneralmen e, los miraban como algo locos, pero algunos quedaban impresionados, porque in uían un signo especial en su locura. %or los caminos no se aburrían6 oraban, dialogaban, soLaban. Pn día el hermano Francisco le dijo al hermano Kil para animarle6 —Ra lo ver$s6 llegaremos a ser una orden, y nos pasar$ como a un pescador a!or unado, que lanza sus redes y recoge gran can idad de peces. )on el gozoso asombro de an as piezas, selecciona los mayores y los guarda en su ces o, y los m$s chicos los devuelve al agua. Francisco seguía roLando. :os por un camino y o ros dos por o ro6 "sa era oda la ropa. U2ecordaría Francisco, al hablar así, aquel sueLo de la sala del palacio conver ida en sala de armas 8para su gran ej"rci o9V Ahora soLaba despier o. Era el Espíri u del SeLor quien le hacía soLar así, el mismo que le iba a conver ir el sueLo en realidad, muy por encima de lo que ese par de alegres andan es podía imaginarse. Campoco se perca aba, quiz$, de que, bajo la nueva inspiración, empezaba a ser m$s y mejor que un juglar6 un buen parabolis a. Al cabo del iempo, luego de recorrer libremen e la =arca, volvieron a Asís. Allí !ueron sumando hermanos6 Felipe, Saba ino, =orico y Nuan. El hermano Felipe #ongo llegó a ener unos labios como brasas, del !ervor con que hablaba de :ios. :el hermano Saba ino no sabemos de alle. =orico el )hico, de la -rden de los )ruci!eros, morador en el hospi al de San Salvador de la %ared, jun o a Asís, !ue a raído por la caridad misericordiosa y la pobreza e& rema del pequeLo grupo, y vivió en adelan e, en cuan o a los alimen os, como un riguroso vege ariano. Nuan, el hermano Nuan de )apella, sería al !in ris emen e c"lebre, ahorc$ndose como Nudas Ra eran ocho, cua ro parejas. R decidieron probar una nueva e&periencia apos ólica, separ$ndose en cua ro direcciones, hacia las cua ro par es del mundo. Es precioso el discurso de despedida del hermano Francisco seg'n )elanoO una e&hor ación !ra erna a ir por el mundo de dos en dos, anunciando la paz y la peni encia, amando a odo hombre, sopor ando con alegre paciencia —y has a con gra i ud— las con rariedades que se les presen en. R los !ue despidiendo uno a uno, con un emocionado abrazo y es e saludo, que ya repe ir$ siempre que d" a un hermano una obediencia6 8Encomienda a :ios us a!anes, que El e 03

sus en ar$9 HSal 11,,.J. )uriosa observación psicológica6 es e hombre originalísimo que !ue Francisco, repe ía sin cansarse las !rases que le gus aban. )aminaban am$ndose, y, jun a la pareja, alababan a :ios, hablaban de El a quienes querían escucharles, se arrodillaban an e la cruz dondequiera que la veían, aun desde lejosO pernoc aban donde podían6 en una casa, en un pajar, en un por alO pedían de limosna la comida de cada díaO y su!rían lo que les salía al paso, que no !ue poco, al verlos con ese alan e de ves ido y de vida6 burlas, insul os, pedradas de los chiquillos o pellas de barro de los mayores, y no !al ó quien les despojó de su h$bi o por aprovecharse o para reírse mejor, y los dejó en mi ad de la calle o en despoblado como vinieron al mundo. %ero ellos lo perdonaban odo de corazón, y alegremen e le decían a odo el que les ra aba mal6 8S:ios e perdoneT9 R aprovechaban la ocasión para hablar con amor de Nes's cruci!icado. Así, de lugar en lugar, mendigos aven ureros de :ios, sin o ro plan que el de acercarse a muchos, a odos. )uando les pregun aban qui"nes eran, respondían con sencillez6 —Somos varones peni en es, oriundos de Asís. ;o pocos acabaron por mirarles con simpa ía y devoción. Se habían ci ado para el regreso al poco m$s o menos. SIu" alegría de niLos la suya cuando en una misma !echa coincidieron en la %orci'ncula los ochoT... Pna cor esía de su %adre celes ial cier amen eO pero ambi"n una corazonada6 la !uerza cen rípe a del amor de hermanos que se enían, y que no les su!ría el pasar ya m$s iempo los unos sin los o ros, y menos a'n odos sin el hermano Francisco. )on algunos m$s de la comarca y o ros que vinieron como pesca al anzuelo de sus andanzas y pr"dicas, la !ra ernidad llegó a con ar doce. R no cons a precisamen e que es a ci!ra le recordara a Francisco los doce após olesO pero sí es cier o que en onces decidió marchar a 2oma con los suyos para pedir al papa la aprobación de su nueva !orma de vida. Ano a el serio his oriador Fadingo con gra a sorpresa que 8no e&is ía en onces ninguna norma del derecho que les obligara a pedir es a con!irmación papal, ni siquiera el ejemplo de o ros9. Fue, simplemen e, una in uición m$s del sano ins in o eclesial de Francisco, con el cual huyó desde un principio del peligro de los herejes y con es a arios, que pululaban por aquellos iempos y lugares. Mizo escribir una 2egla con pocas y sencillas palabras..., y Sa 2omaT, con su original cor ejo de hermanos. 05

En 2oma dieron de improviso con su obispo, Kuido. Es e, de primer impulso, se disgus ó, porque pensó que Francisco y los suyos habían levan ado el vuelo de Asís cuando "l les había omado aprecio, convencido de que eran un bien para su diócesisO pero, al e&plicarle Francisco el mo ivo de su viaje, quedó complacido, y "l mismo se brindó a !acili arles la en revis a con el papa y has a se ocupó de su hospedaje. Mabló a un cardenal amigo suyo, Nuan )olonna de San %ablo, obispo de Sabina, con !ama de sabio y aus ero y piadoso en re los cardenales, y con el que ya había comen ado la nueva vida de sus originales peni en es. Al decirle que los enía en 2oma y con aquella pre ensión, el cardenal mos ró in er"s en conocerlos personalmen e. Se los llevó a su palacio con la in ención de observarles de cerca. Ra con ellos, y emiendo que an al o ideal no pudiera man enerse duran e mucho iempo, ra ó pruden emen e de convencerles de que se adhirieran a alguna de las órdenes mon$s icas e&is en es, de las cuales "l era en usias a de!ensor. Fue la segunda ba alla en re el realismo y el idealismo, y ambi"n la ganó el hermano Francisco6 el que in en aba vencer por la sabia prudencia, !ue conquis ado por el sencillo !ervor. )omo argumen aría despu"s el mismo )olonna a o ros cardenales, llev$ndoles el !uego que en "l había encendido Francisco6 —Si rechazamos la pre ensión de es e pobrecillo como novedosa y demasiado ardua, SojoT6 es aríamos oponi"ndonos al Evangelio de )ris o, pues "l no pide sino que se le con!irme su !orma de vida evang"lica. El cardenal habló al papa6 —Me encon rado a un hombre es upendo, que quiere vivir pura y llanamen e el Evangelio. A mí, San idad, me ha conquis ado, y es oy convencido de que :ios depara por "l un gran bien a su <glesia. El papa, asombrado de an a seguridad en varón an pruden e, le con es ó con sólo es e impera ivo6 —Cr$emelo. El papa an e quien es aba al día siguien e el hermano Francisco, humilde y sereno, era <nocencio <<<. :e "l da es e juicio Fal er Koe z en su Mis oria universal6 8#o ario de Segni había asimilado en 2oma, %arís y Aolonia la educación universi aria de su iempo con rara per!ección, llegando a ser agudo dial"c ico, impresionan e eólogo e insuperable juris a... Sabía encon rar una salida a oda si uación, por des!avorable que pareciese, y ocar odos los regis ros, desde el halago has a la amenaza, desde la suavidad m$s blanda has a la m$s in!le&ible dureza, desde el en usiasmo arreba ador has a el c$lculo m$s !ríoO odo ello sus en ado por 04

una en rega grandiosa a sus !unciones. %olí icamen e hizo progresar a la <glesia pon i!icia un gran recho sobre lo ya conseguido, llev$ndola a la cumbre de la dominación universal. Superior a odos los príncipes de su iempo en ar e polí ico, nunca la unidad de la his oria occiden al encarnó de modo an palpable como en es e papa. ;unca ampoco las pre ensiones de dominación universal sus en adas por la )uria romana llegaron a al pro&imidad de cumplimien o. Sin duda, el pon i!icado de <nocencio <<< puso la base para muchos errores de la <glesia pos erior medievalO pero d grandioso gobierno eclesi$s ico polí ico de es e papa ha de desper ar siempre una admiración renovada9. En el aspec o in raeclesial, su ac ividad !ue ambi"n in ensísima, y m$s de una vez le veremos en esa !unción por es as p$ginas bio!ranciscanas. :e "l han llegado a noso ros has a 3./// car as. =irando la sucesión parabólica del papado de aquellos siglos medios, se puede a!irmar que el sol de primera magni ud que !ue en lo religioso y en lo polí ico duran e la baja Edad =edia San Kregorio =agno H10/@3/0J, y luego en la primera al a Edad =edia San Kregorio D<< H(/,/@41J, lo !ue en su "poca, religiosamen e urbulen a y enormemen e decisiva en lo polí ico, <nocencio <<< H((3(@(,(3J. An e es e papa que concedía audiencia res veces por semana, se presen ó pobre y con!iado el hermano Francisco. Fue su ercera ba alla. )on la sencillez y el calor de su convicción, le e&puso su programa de vida, y le suplicó que se lo aprobara en el nombre bendi o del SeLor Nes's. El papa le escuchó ensamen e, mir$ndole en pro!undidad, ra ando de descubrir y analizar aquella san a pre ensión has a lo m$s hondo. Al concluir, le mani!es ó las mismas prevenciones que el cardenal y el obispo6 aquella despreocupación o al de sí mismos podía resul ar una compli@ cación social y una vida demasiado dura, si no para ellos, para quienes les quisieran seguir... %ero, pruden emen e, al cabo ni se lo negó ni se lo concedió. #e había caído bien. #e dijo6 —%iensa, hijo, en lo que e he dicho. R pide al SeLor que e d" unos, cri erios m$s sensa os para vivir su Evangelio. )uando los engas, vuelve a mí y e los aprobar". R reza para que yo ambi"n conozca en es o la volun ad del SeLor. SR vaya si el hermano Francisco rezó y volvió, y pron oT ;o para una rec i!icación juiciosa de sus ideales, sino para con arle al papa una !$bula que se le había ocurrido mien ras dialogaba en la oración con el SeLor 0B

suplic$ndole le inspirase las palabras m$s convenien es para con el seLor papa6 8Divía en el desier o una mujer pobre, pero hermosa. #a conoció el rey, la amó y se la desposó. Cuvo de ella hijos e hijos, y regresó a su palacio. #os hijos crecieron e& raordinariamen e bellos. Ra mayores y bien educados, su madre les envió a la gran urbe, con un abrazo y es a recomendación6 —=archad con!iados. R no os avergWence vues ra pobreza, pues sois hijos de aquel gran rey. <d derechos a su palacio y pedidle cuan o necesi "is. Sorpresa y j'bilo en los hijos al escuchar es a revelación de su origen. Ra ven cambiada su miseria en riqueza, y ellos mismos, nombrados príncipes. Se presen an decididamen e al rey, que se pasma al mirarse como re ra ado en sus ros ros6 —U:e qui"n sois hijosV —:e aquella mujer que vos amas eis en el desier o. —SSois en onces mis hijos y mis herederosT Craedme a palacio a vues ra madre y a odos vues ros dem$s hermanos...9 <nocencio <<< le escuchó como jam$s había escuchado a ning'n embajador. Fue o ra vic oria6 del poe a sobre el cien í!ico, del idealismo sobre la prudencia. R acabó por concederle gus oso lo que pedía. R no !ue sólo porque le cayó bienO cier amen e, el pobrecillo enía $ngel, pero es que adem$s, y m$s, enía providencia6 se veía que 8el SeLor es aba dondequiera que "l iba9, como apun a )elano a propósi o de es a an"cdo a. <gnoraba Francisco que, mien ras "l hablaba, a <nocencio <<< le vino a la memoria un sueLo mis erioso que había enido una de sus noches, en que has a dormido se preocupaba por los graves males de la <glesia6 miraba aquella basílica de #e r$n inclin$ndose peligrosamen e hacia su ruina, y he aquí que se acerca un hombrecillo pobre ves ido al modo religioso, apoya su hombro con ra la pared y evi a que la iglesia se derrumbe. El papa pensaba6 8U;o ser$ "s e quien sos enga a la <glesia con la puridad y el es!uerzo de su vida evang"licaV9 El hermano Francisco y los once suyos salieron de aquella audiencia papal como renacidos. El ni se preocupó de que el papa le e& endiera un documen o proba ivoO pero siempre consideró es a hora como uno de los momen os claves de su vidaO y lo recordó así en su es amen o6 8El SeLor me reveló que debía vivir seg'n la norma del san o Evangelio. R yo la hice 1/

escribir en pocas y sencillas palabras, y el seLor papa me la con!irmó9. <nocencio <<< se man uvo !iel al hermano Francisco, y en el concilio de #e r$n H(,(1J, cuando se prohibieron nuevas reglas de vida religiosa, obligando a los nuevos ins i u os a omar alguna de las radicionales en la <glesia, le man uvo a Francisco su con!irmación, aun con ra el parecer de muchos obispos y cardenales. #os doce del idealismo con!irmado salieron de 2oma con an o con en o como prisa. :e camino, el hermano Francisco les hablaba o ra vez parabólicamen e6 —Es aba yo en uno de mis sueLos luminosos. )aminaba por una carre era soli aria. A lo lejos, al borde del camino, un $rbol. Seg'n me acercaba, el $rbol seba haciendo mayor, mayor, al ísimo. %ero he aquí que, al llegar jun o a "l, ambi"n yo empec" a crecer, y crecer, y crecer, has a la al ura de su copa. #o om" desde arriba con mi mano y lo dobl" has a ponerlo a las plan as de mis pies... Francisco lo con aba sin asomo de orgullo, como inspirada e&presión jubilosa de su agradecimien o al SeLor, 8que e&al a a los humildes9 H#c (,1,J. En endieron los once que eso era lo que había pasado en re <nocencio <<<, el m$s encumbrado $rbol de la cris iandad, y su pobrecillo hermano FranciscoO y ambi"n ellos se alegraron indeciblemen e, agradecidos al SeLor. Macía un aLo jus o de cuando Francisco empezó a ener imi adores. ;% )I/'4')4'0 LA 1)I6A/E)A #a ciudad —y menos la urbe inmensa y pro ocolaria— no era para Francisco. )aminaron con prisa la jornada en era en las deliciosas pl$ icas de su alegría por el espaldarazo del seLor papa a su es ilo nuevo de vida evang"lica y en la rea!irmación de sus propósi os de permanecer !ieles a lo que el seLor papa les había aprobado. <nocencio <<<, adem$s, les había concedido licencia de predicar, siempre que el hermano Francisco se lo au orizara, y el cardenal )olonna les había con!erido la onsura eclesi$s ica. )aminaron has a que les cogió la noche. En onces se dieron cuen a de que enían hambre. Era un lugar soli arioO pero agradecieron al %adre del cielo que no les !al ó una sobria cena de pan. Al día siguien e, o ra jornada caminan e. Así has a -r e. En -r e, en un paraje bellísimo cercano a la ciudad, con $rboles para el cobijo y a la mano el servicio del agua 1(

corrien e y limpia, se demoraron dos o cinco semanas, que en es o di!ieren los biógra!os. Algunos iban a la ciudad al minis erio de la limosna, y el res o y odos pasaban el día en re la oración y las pl$ icas !ra ernales. Aquel plan de vida llegó a gus arles, y has a demasiadoO se dieron cuen a de que era e&cesiva !elicidad, y de erminaron proseguir el viaje para no apol ronarse en aquellas espiri uales delicias de )apua. Se insinuaba la primera en ación !ranciscana. Se encaminaron hacia el valle de Espole o. =ien ras andaban, el hermano Francisco les prevenía con o ra par$bola6 —:e principio encon raremos unos !ru os dulces y suaves, e&quisi os al paladarO despu"s, o ros menos sabrososO pero unos an amargos al !inal, aunque parezcan hermosos y per!umados, que ser$n desechados por odos y noso ros no los podremos ni mascar. SIu" lejos es aba en onces el %obrecillo de pensar que describía pro!" icamen e con esa par$bola la evolución de su nueva !amiliaT... El se lo decía ahora a los suyos para en re enerlos y has a para animarlos. El andar era largo y había horas para odo, has a para la discusión, na ural en unos hombres que se habían abier o cada uno desde su puer a hacia un !u uro desconocido. R volvió a surgir en aquel camino la primera en ación !ranciscana, como corneja de la linde sinies ra. Saboreaban a'n en su cora@ zón las dulzuras soli arias de -r e. UIu" sería m$s gra o al SeLor6 que !ueran sólo y o almen e de El, buscando parajes soli arios para la absorción de la con emplación, o que predicaran el Evangelio a los hombresV #a e&periencia de -r e les inclinaba a la primera solución, pero algo les decía en la sencillez de su corazón que lo m$s sabroso no es siempre lo mejor. =ien ras el grupo discu ía, Francisco lo consul aba in eriormen e con su Amor personal, con Nesucris o, y vino a cerrar la discusión con es a sen encia6 —#o nues ro no es vivir para noso ros mismos, sino para Aquel que murió por noso ros y conquis arle las almas que el diablo rabaja por arreba ar a su amor. Apun aba ya la gran ensión in erna del !ranciscanismo his órico, y el hermano Francisco marcó de un primer golpe la solución6 mirar a )ris o bendi o. Apun aba ambi"n aquí, una vez m$s, su alma cris iana, caballeresca, enamorada. R como, para "l, pensar era ya ejecu ar, desde aquel momen o empezó a predicar con calor por los villorrios y ciudades del camino —;arni, Cerni...—, levan ando !ervores con los suyos. A ravesaron así —pobres, gozosos, comunica ivos— el valle de Espole o. 1,

Sus pasos les llevaban a Asís. #es impulsaba ín imamen e la !uerza de una querencia a la par ins in iva y evang"licaO sí, :ios les llevaba a ser pro!e as en su propia ierra. )omo ya no enían ni querían casa en Asís, se re!ugiaron en una choza campes re que había a res Xilóme ros largos de la ciudad, en 2ivo or o, paraje llamado así —río uer o o orcido— por un riachuelo que lo cruzaba pronunciando eses suaves en re los $rboles del bosquecillo. Si San Francisco nació en el valle del beso al leproso, y el !ranciscanismo, en la %orci'ncula, o en 2oma, o en -r e, seg'n se mire, aquí, en 2ivo or o, aquellos doce primeros !ranciscanos abrieron por un iempo una originalísima escuela de espiri ualidad primi iva y deliciosa. #a 2egla que les había aprobado el papa rezumaba idealismo religioso y pureza evang"lica, y el hermano Francisco se cons i uyó en animador de aquella !ra ernidad !ranciscana originaria y originalO y si !ervorosas eran sus lecciones habladas, m$s lo eran sus lecciones pr$c icas, pues iba adelan e en odo con el ejemplo. #a pobreza era suma6 moraban en al es rechez, que Francisco dividió por doce el suelo y la pared, escribiendo sobre "s a docepar i amen e el nombre de cada hermanoO no por ordenancismo —que no le iba—, sino para que cada cual pudiera darse con liber ad al sueLo o a la oración. USu alimen oV %an, y, si !al aba, nabos, que pedían a los labriegos por los campos. UEl vinoV ;i ca arlo, y has a se medían, por mor i!icación, el agua. UDes idosV #os simples e indispensables que eran su h$bi o6 unos calzones y la cuerda y la 'nica. El hermano Francisco les dijo una vez en crudo invierno6 —SAhT Si ardi"ramos en el corazón con el deseo del cielo, el !río de !uera nos sería muy llevadero. R como lo sen ía así, "l mismo se zambullía desnudo en el riachuelo !riísimo, para es ar muchos codos por encima de la en ación y del regalo de la carne. R les repe ía como un a!orismo de ocasión "s e, que "l había aprendido como una sen encia monacal6 —Se sube al cielo m$s aprisa desde una choza que desde un palacio. %oseemos como descripción de aquella vida un documen o preciosísimo, el m$s primi ivo de los escri os !ranciscanos —apar e los del mismo Francisco—O precioso por la !rescura de su inspiración y porque muy probablemen e da a de (,,56 el +acrum commercium 2eati -rancisci cum domina 1aupertate, o 8#os san os amores del bienaven urado Francisco con la seLora %obreza9. Es os amores de "l y de 1.

los suyos, que habían comenzado ya en la %orci'ncula an espon $neamen e, se !or alecieron y animaron en -r e, a la vuel a del re!rendo del seLor papaO de aquellos días a!irma )elano6 8)omenzaron a man ener allí ra o con la pobreza evang"licaO y gozaban an o en compar ir su vida con ella, que de erminaron permanecerle así de !ieles has a la muer e, donde es uvieran9. Cales !ervores de amores prosiguieron luego en 2ivo or o y de nuevo en la %orci'ncula, como en una au "n ica luna de miel. :el +acrum commercium omemos como re ra o de aquel ambien e primigenio e irrepe ible unos p$rra!os. #uego der en busca de :ama %obreza por caminos y ciudades, dan con ella en la cima de un mon e, y, a seguida de un largo di$logo inspirado, envidia de los mejores libros de caballería, :ama %obreza accede a seguirles has a su morada del bosque. Al en rar en "l les dice6 —9Empezad por mos rarme la capilla, el claus ro, el comedor, la cocina, vues ras celdas, los es ablos..., pues has a ahora sólo conozco la alegría de vues ros ros ros, como de quien lo iene odo a pedir de boca. —SeLora y reina nues ra6 us enamorados servidores se hallan cansados del largo viaje, y ambi"n ' debes de es ar rendida. Si e parece, vamos primero a comer, que, an pron o hayamos reparado nues ras !uerzas, sa is!aremos odos us deseos. —SIue me placeT %ues venga ya el agua para lavarnos las manos, y la oalla para sec$rnoslas. R ellos le rajeron en seguida agua en un bo ijo despor illado. Suplicó con un ges o la oalla, y uno de los hermanos le o!reció el halda de su 'nica. #uego la llevaron a la mesa, si mesa podía llamarse al corro en omo a unos mendrugos de pan esparcidos sobre el c"sped. Se sen aron odos y dieron gracias a :ios por la generosidad de sus dones. :ama %obreza mandó raer las !uen es con los manjares preparadosO pero no rajeron sino una escudilla con agua limpia y !resca, donde cada cual remojaba y comía su mendrugo de pan. —U;o endr"is algunas verduras con que acompaLar es oV Se disculparon con ingenio y humildad, alegando no ener ni huer o ni hor elanoO mas, por complacerla, algunos !ueron al bosque y volvieron con hierbas silves res. —U;o endr"is siquiera sal con que sazonar es as hierbas amargasV —SeLora, por sal habría que ir a la ciudad. 10

—AuenoO pasemos sin salO pero dadme un cuchillo con que limpiar esas hierbas y cor ar es e pan, que de veras es $ duro. —SeLora, lo sen imos, pero no con amos con un herrero que nos !orje cuchillos. %or hoy, que suplan nues ros dien es, y maLana :ios dir$. —U=e dar"is a probar vues ro vinoV —S-h seLora nues raT ;unca lo bebemos, y a i ampoco e conviene, pues la esposa de )ris o debe huir del vino como del veneno. )almada el hambre con la abundancia de su pobreza, en onaron alegremen e himnos de gra i ud. En onces, :ama %obreza mani!es ó deseos de reposar un an o, pues se sen ía !a igada, y los hermanos le o!recieron por lecho la desnuda ierraO pidió una almohada, y buscaron una piedra y se la colocaron bajo la cabeza. Al desper ar, luego de un sueLo breve y ranquilo, se le an ojó visi ar el claus ro. #a llevaron a la cima de una colina, y, seLal$ndole en redondo el horizon e, le dijeron6 —Es e es nues ro claus ro, seLora. #a bella visi an e se mos ró complacidísima. #es dijo6 —2ealmen e, hoy ha sido para mí como es ar en el cielo.9 R se despidió de ellos con unas palabras encan adoramen e !ervorosas. =as nadie piense, an e es a belleza li eraria, que su vida era sólo así de boni amen e idílica. )ier amen e amaban la pobreza an o como aparece ahíO y su alimen o codiciado era la oraciónO una oración m$s men al que vocal, pues a'n no enían breviario, y le dedicaban muchas horas, de día y de noche, soli arios o en grupoO pero no descuidaban el rabajo, y con "l un buen empleo del res o de las horas. Sobre odo se dedicaban a cuidar a los 8hermanos cris ianos9, como empezó a llamar Francisco a los leprosos — Upor recordarle m$s a )ris o pacien e, por verlos m$s cris os de dolorV—. %or cier o que uno de la media docena de lazare os que rodeaban de lejos a Asís como almenas del su!rimien o y la repugnancia, se alzaba en re 2ivo or o y la %orci'ncula. )on !recuencia, para no es ar ociosos, se desplazaban a los campos para ayudar a los labriegos pobres en sus labores, y "s os les daban de su comida en agradecimien o, por amor de :iosO o a la ciudad y a los lugares vecinos, para el apos olado de su sencilla predicación dialogal o para limpiar las iglesias pobrecillas y abandonadas. %ersonalmen e, al hermano Francisco le seguía agradando es e menes er, pues su!ría mucho cuando en raba en ellas y las hallaba 11

suciasO lo buscaba adem$s como una ocasión para encomendar a los sacerdo es respe o y limpieza, por la honra del SeLor El alma de oda es a vida, la llama que man enía el calor y el gozo de es e hogar de 2ivo or o, era el amorO el amor en re ellos y el amor a Nes'sO "s e sobre odo. %odía resumirse odo escribiendo que su vida consis ía en vivir como )ris o y am$ndole. Francisco les enseLaba a enerlo como su 'nico esoro, por el que habían renunciado a odo lo dem$s. Su oración pre!erida era el padre@ nues ro, glosado por el mismo Francisco, y aquel 8Adór$mos e, SeLor Nesucris o...9, original de Francisco, que decían arrodill$ndose en las iglesias en las que en raban para orar. En cuan o divisaban una iglesia o una cruz de cerca o de lejos, se arrodillaban devo amen e ambi"n, adorando en la cruz a Nes's cruci!icado, y en las iglesias, a su sacramen ado SeLor, asal ando con el corazón su sagrario, por usar una e&presión lograda de Nos" =aría Escriv$. R, por amor de El, eran sencillos y se some ían a odos. #a o ra llama era el amor de hermanos que se enían. Pnos a o ros se cas igaban las !al as que come ían, imponi"ndose mu uamen e peni encias, o se adelan aba cada uno en hacerlas9. %ac aron en re sí con sencillez no decir ni hacer nada que pudiese o!ender a o ro hermano. Cenían una !e c$ndida. %or ejemplo6 por aquellos días se con!esaban con un sacerdo e de Asís que moralmen e dejaba mucho que desearO pero ellos por eso no apreciaban menos el sacramen o. Pn día, es e sacerdo e le dijo a uno de los hermanos6 —=ira, hermano, que no me resul es un hipócri a. El al hermano quedó deprimido, y desahogaba su angus ia en lamen os de día y de noche, sin que los o ros lograran consolarleO porque decía6 —;o os cans"is. Pn sacerdo e es el que me ha dicho que no sea un hipócri a, UnoV %ues un sacerdo e no puede men ir. R uvo que ser Francisco quien le sacó de aquel a olladero con ingenio y amor Si 2ivo or o era un remanso de evangelio, el ambien e polí ico hervía de pasiones y de in ereses encon rados. <nocencio <<< decidió por en onces apoyar las pre ensiones del 8gWel!o9 - ón <D a la corona del <mperio, y seLaló el 0 de oc ubre de aquel (,/B para su coronación en 2oma. #as ciudades bullían de curiosidad y de en usiasmo al paso del nu rido y lujoso cor ejo imperial. Asís !ue una de ellas, y el cor ejo pasaría muy cerca de 13

2ivo or o. El hermano Francisco no cedió a la curiosidad ni quiso que los hermanos se dejaran llevar por ellaO pero delegó a uno para que es uviera en acecho a la linde del camino y, cuando llegara el emperador, le !uera repi iendo como una can inela6 —Coda la gloria del mundo pasa, y la uya no va a ser muy larga. R bien poco duró la corona imperial sobre la es a de - ón, pues el mismo <nocencio <<< le e&comulgó no mucho despu"s por su pre ensión de ane&ionarse Sicilia, y, para desbancarle, apoyó las pre ensiones del 8hohens au!en9 Federico << a la corona imperial. #a his oria boni a era la que es aban escribiendo Francisco y sus hermanos en el libro vege al de 2ivo or o. El les animaba a ejerci arse en la humildad pidiendo limosna con!iadamen e, por amor a la pobreza, 8a ejemplo del SeLor y de su san ísima =adre9O sí, con!iadamen e, porque — les decía— ellos o!recían m$s que recibían6 el amor de :ios. R les hacía de pro!e a, anunci$ndoles que ya verían, que no ardarían en venir al grupo muchos sabios y nobles buscando la honra de abrazar la pobreza6 —Alegraos voso ros que sois las primicias, para que les comuniqu"is los esoros de la pobreza evang"lica. R aprendieron la lección. Pn día, un hermano volvía de la limosna al!orja al hombro, can ando que daba gus o y alabando al SeLor. Francisco salió presuroso a su encuen ro, le abrazó, le aligeró de la pobrecilla carga y le besó el hombro sobre el que la raía. Aprendieron la lección, mas no odos por igualO hubo uno en re los once a quien Francisco le puso el mo e de 8hermano =osca9, pues, bien in encionado al principio, luego se dedicaba m$s a la vagancia que al rabajo y la oración6 —Anda ya, hermano =osca, que quieres vivir a cos a de us hermanos, como z$ngano de colmena, que, sin hacer nada, se quiere alimen ar con el !ru o de las laboriosas abejas. El al no perseveró en la -rden ni en una vida honrada y religiosa. USería el hermano Nuan de )apella, a quien )elano no quería ni nombrarV #a radición le ha seLalado como el Nudas de los doce após oles !rancis@ canos. - ro hermano había que se avergonzaba de saludar a las gen es con el evang"lico de la 2egla6 8SEl SeLor e d" la paz, porque algunos se le burlaron y le dolía hacer el ridículo6

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—%ermí eme usar o ro saludo —le suplicó a Francisco—. %ero "s e le ayudó a vencer, a pura paciencia y humildad, esa o ra !orma del amor propio que es el no poder sopor ar el ridículo. 2esul aba por dem$s lindo y hermoso el cariLo con que se amaban, y ya en onces el modelo era el que perpe uó pos eriormen e Francisco en sus dos 2eglas6 como el de una madre a su hijoO m$s a'n que !ra ernal, mu ua@ men e ma erno. UIue una vez dos hermanos ransi an por una calle y un bo ara e del lugar se pone a diver irse a su cos a, sigui"ndoles a pedrada limpiaV %ues uno correr$ a ser escudo para el o ro, decidido a librarle del descalabro con su pellejo. - ra vez alguien se despier a en la cabaLa a media noche, dolido de mal comido, y se pone a gri ar6 —S=e mueroT... S=e mueroT... Se desper aron sobresal ados y encendieron una luz. Francisco indagó6 —UIui"n se es $ muriendoV —Soy yo —dijo el ris e, ruborizado. —U%ues qu" e ocurreV U:e qu" e vas a morirV —=e muero de hambre. Sacaron lo que había, y, para que no pasase vergWenza de comer solo, yan aron odos con "l. R el hermano Francisco, de pos re, les endilgó un sermonci o sobre la prudencia en la mor i!icación. Aquel 2ivo or o erminó de película. Pn campesino llega allí con su burro, quiz$ porque ya de o ras veces conocía y aprovechaba la chozaO ambi"n porque juzgó a los hermanos unos in rusos y que se iban a apropiar de aquel erreno, y qui"n sabe si has a irar la choza para hacerse una buena vivienda. Arreando al asno, gri aba6 —SArre, burro, arre..., que vamos a hacerle un !avor a es e lugarT A Francisco le dolió aquella ironía ruda del labriego, y ambi"n in uyó que los juzgaba unos aprovechados. <nmedia amen e, dando unas sonoras palmadas, invi ó a los suyos a salir, respondiendo, sin responder, con o ra ironía inocen e y regocijada6 —D$monos, hermanos, que no nos ha llamado :ios para dar hospedaje a un asno R se !ueron de allí sin nada, porque nada enían. %asaron varios días buscando un cobijoO lo ges ionaron con el seLor obispo, con los canónigos de San 2u!ino, y nada. %or !in, Francisco se dirigió al abad de San Aeni o 14

del =on e Subasio, y le pidió que les permi iera ocupar la %orci'ncula, propiedad de la abadía. El abad !ue generoso, y sólo por insis encia del hermano Francisco, que se negaba a poseer nada en propiedad, quedó con "l en alquil$rselo... por una ces i a de peces al aLo. Cornaban al lugar de su comienzo. Era =aría, la =adre del SeLor, quien les esperaba y les a raía allí, y el hermano Francisco comenzó a amar aquella capilla m$s que o ra iglesia ninguna en el mundo. En el nuevo nido, la vida con inuó con el mismo ri mo y es ilo que en 2ivo or o. Algunas de las an"cdo as re!eridas en es e capí ulo sucedieron allí o aquíO da igual. Empezaron a acudir m$s y m$s hermanos al reclamo de aquella vida radical y a rac ivamen e evang"lica. )on ella, el hermano Francisco es aba poniendo en marcha, de cara a la his oria venidera, un original y hermoso sen ido de la e&is encia6 hombres religiosos, desin eresados, libres, alegres, puros, cari a ivos, pací!icos... Pn es ilo de vivir que, en su ingenuidad, a'n nos a rae con !uerza a los hombres de hoy y lo in uimos m$s que bello6 carism$ icamem e renovador, revolucionario. A'n per!uman el mundo y le cau ivan los e!luvios encan adores de aquella primavera. :esde la %orci'ncula, con amor.

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II. AS& F'ERON S'S PASOS (1 "(!1

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Aquello de 2ivo or o y la %orci'ncula primi iva, como au "n ica primavera, era sólo los comienzos. :e (,/B a (,,3, en que el hermano Francisco dejó la ierra, diecisie e aLos. 2es ando los dos 'l imos, que dejaremos para la ercera par e de es e libro, nos quedan quince. Iuince aLos como o ras quince primaverasO o mejor a'n6 si aquello supuso la primavera del hermano Francisco, los quince aLos que le siguen !ueron su largo y c$lido verano, un verano luminoso y !ecundo. Ma llegado para mí el momen o de aclarar que es e libro, en re las muchas cosas que no es, no es un es udio cronológico, sino una abreviada biogra!ía, una presen ación de su vida. R su vida es $, m$s que en la sucesión de sus aLos, en lo que "l era, en cómo !ue. Francisco resul ó un emperamen o original y un san o singular, 'nicoO lo que !ue por la gracia de :ios, lo !ue desde ahí, desde el cen ro vigoroso de su original perso@ nalidad. <mpor a m$s presen arle como !ue que narrar sucesivamen e lo que hizo, aun con haber hecho progresivamen e an o. Adem$s de que una vida an andariega como la suya, andando y desandando caminos, llevando y rayendo su amor por odas las sendas de < alia y del mundo, es di!ícil de enmarcar en una !ijación progresiva de !echas. Damos a hablar, mejor, de sus amores. Aun así, en cada una de esas !ace as de su personalidad le iremos viendo desarrollarse, y bien bellamen e por cier o. 1% C<6' E)A0 EN C&A4)' )A+='+ 8El SeLor me dio hermanos9 HCes (0.J Ra hemos vis o que Francisco, en cuan o echó a andar por su nuevo camino, se susci ó nuevos amigos. El lo dijo en su es amen o con per!ec a sencillez6 8El SeLor me dio hermanos.9 R desde ese segundo momen o de su condición de conver ido, Francisco no puede ser ya pensado sino acompaLado, rodeado de la corona de sus 8hermanos menores9 o pequeLos, alen $ndoles, !orm$ndolos, inspir$ndoles. El mismo es 3/

bau izado como 8el hermano Francisco9 cuando comienzan a es ar con "l o ros de su mismo cor e6 el hermano Aernardo, el hermano %edro, el hermano Kil... El Espíri u !ecundo del SeLor susci ó en orno suyo, como proli!eración de "l mismo, aquella primi iva generación !ranciscana, una de las m$s bellas parcelas de !lorecillas del SeLor en su campo que es la <glesia. Francisco les llamar$, con in!ini o cariLo, 8mis bendi os hermanos9. #a cosa sucedió con al espon aneidad, que se diría que Francisco había sido raído al mundo para es o. Se diría ambi"n que cada uno vivía para hacer par icipar a o ros, a muchos, de su alegría de ser hermanos. 8E&perimen aban —narra )elano de aquellos iempos— un gozo inmenso, un j'bilo incon enible, cada vez que se presen aba a pedir el h$bi o un nuevo hermano, rico o pobre, noble o plebeyo, sabio o incul o, cl"rigo o seglar9. Sobre odos, el hermano FranciscoO si an es era un soLador de su halagWeLo !u uro, ahora era un idealis aO con un idealismo comunica ivo, prodigiosamen e con agioso. El mismo )elano nos conserva, de los días en que a'n no llegaban a la docena, es a arenga po" ica que les dirigió6 —SAnimo, carísimosT ;o os desanime nues ro poco n'mero, ni mi simplicidad o la vues ra. :ios nos ha de di!undir por oda la rosa de los vien os. R es oy viendo ya la gran muchedumbre que viene a noso ros para llevar nues ra vida y ves ir nues ro h$bi o. El rumor sonoro de sus pasos llega has a mis oídos, yendo y viniendo a la voz de la obediencia san a. #os caminos se llenan de hermanos nues ros por odas par es6 vienen los !ranceses, corren los espaLoles, se apresuran los ingleses y los alemanesO un incon able n'mero varioparlan e... Es as palabras eu!óricas y caballerescas resul aron pro!ecía. Si las decía en (,/B, sabemos, por ejemplo, que, ese mismo aLo, las pocas parejas de hermanos que se repar ieron el mundo para predicar con el sermón de su vida peni en e, al !inal de su aven ura se habían conquis ado a muchos para la nueva !orma de vida. #os Cres compaLeros a es iguan, en general, que vivían los hermanos con an a honradez, pobreza y alegría, que se me ían en el corazón de muchos, sobre odo de los jóvenes, los cuales, en un arranque divino, dejaban padre y madre y cuan o poseían y se iban con los hermanos, que les conducían a Francisco. A la vuel a de su !racasado viaje a EspaLa, en (,(1, Francisco recibe en la -rden a un grupo nu rido de li era os y de nobles, con j'bilo cor "s de "l y de ellos. R no pasarían muchos aLos sin que la cris iandad pareciese una e!ervescencia vocacional !ranciscana. %riores de monas erios, poe as, es udiosos, 3(

secre arios de obispos, chan res, jun o con oda clase de menes rales y de rabajadores de la gleba, se inscribían en la nueva orden de caballería religiosa. Ra para ese (,(1 se habían e& endido no sólo en el cen ro y en el nor e de < alia, sino ambi"n por el sur de Francia y por EspaLa. R eso con aquellos medios rudimen arios de la comunicación social del =edioevo y casi e&clusivamen e por el con ac o personal, como !uego en barbecho. %odemos dar !e a las Florecillas cuando nos cuen an que en el !amoso capí ulo de las es eras —uno de los capí ulos generales de la -rden, llamado así porque muchos se alojaron en iendas de es era— se llegaron a reunir m$s de 1./// hermanos, y seguro que no vinieron odos los que eran. )onocemos el caso, que no sería 'nico, de Ascoli, en el que por una sola predicación del hermano Francisco dejaron el mundo y abrazaron la 2eligión nada menos que rein a varones en re cl"rigos y seglares. R aquí no hablamos m$s que de uno de los cauces de la di!usión !ranciscana, porque a los o ros dos —monjas y erciarios— aludiremos, aunque de pasada, m$s adelan e. =as no es el n'mero, sino la calidad, lo que nos in eresa en es e !enómeno mul iplicador del hermano Francisco. )uando "l se hizo !amilia, no dio al mundo una !undación religiosa m$s6 creó una hermandad, una !ra ernidad. El mismo enía es a conciencia cuando puso nombre a su ins i ución6 8Iuiero que es a !ra ernidad se llame -rden de los Mermanos =enores9. Así6 en el principio !ranciscano !ue la !ra ernidad, y luego, el nombre de orden, y "s a, una orden de 8hermanos9 menores. 8Es a !ra ernidad9, 8venir a la !ra ernidad9, 8ser admi idos a la !ra ernidad9, eran e&presiones normales y habi uales en re ellos. Es cier o ambi"n, sin embargo, que desde su aparición, y m$s desde su aprobación por <nocencio <<<, ellos se consideran y son considerados como una au "n ica orden eclesi$s ica, equiparable como al a las de los benedic inos y cis ercienses, por ejemploO pero ambi"n lo es que, desde su nacimien o, la nueva -rden se presen a con unas carac erís icas originales y llama ivas6 aquí no había abad ni prior y los superiores podían ser elegidos indis in amen e en re los cl"rigos y los laicos, y se llamarían y serían 8minis ros9, servidores de los o ros hermanos. Así, como de un plumazo lib"rrimo y !ra ernizador —m$s y mejor que democr$ ico—, suplan aba Francisco el principio pa ernalis a y cuasi !eudal de las órdenes an iguas por el de una comunidad evang"lica c$lidamen e !ra ernal. Es e hecho nuevo, hermoso y a rac ivo, e&plica en buena par e su r$pido 3,

crecimien o, adem$s de la simpa ía personal, maravillosamen e cau ivadora, del mismo Francisco. El era el animador de la !ra ernidad, m$s que la sencilla 2egla aprobada por el papa. El y el Evangelio, que les predicaba con su !ervorosa palabra y con su vida ensa, pues con odo les quería !ormar en el amor imi a ivo de nues ro SeLor Nesucris o. #es decía6 GAnte >ios no hay acepci n de personas (Col ,,&0), y el Esp)ritu Santo es el 3erdadero -inistro ?eneral de nuestra Celigi n, y El descansa sobre quien le place5 también sobre el pobre y el sencilloH. %ara el hermano Francisco, es e Espíri u del SeLor era el espíri u de la liber ad jubilosa de los hijos de :ios H2om 4,,(J. SR cómo gozaba vi"ndoles amarse como hermanosT )uando se encon raban de pron o en una casa o por los caminos, corrían a abrazarse, se besaban, conversaban con una dulzura de miel en el corazón y una envidiable sonrisa en los labiosO odo lo que gozaban al encon rarse, lo su!rían luego a la hora de la separación. Cambi"n, por ese espíri u, su alegría era la pron i ud en obedecer y en ir de una par e a o ra caballerescamen e en busca de las hazaLas del SeLor, procur$ndole los amores de los hombres. Alegres y libres en su pobreza, no pedían ni acep aban m$s limosna que la indispensable para el díaO rabajaban con los leprosos o en cualquier area que les salía en la ciudad o en el campo, con al que no !uera de seLorío o deshones a, y 8no por in er"s de lucro, sino por emplearse en algo bueno y por huir de la ociosidad, enemiga del alma9. R odo porque su verdadero gozo era imi ar a Nesucris o seg'n el Evangelio, amarle y hacerle amar. Se dedicaban a la oración en cuan o podían, y con sencillez le daban gracias a :ios por el bien que hacían, y lloraban an e El amargamen e por el mal de sus pecados, por los que se imponían !uer es peni encias Mermanos hubo que pac aron en re sí comunicarse, para alicien e mu uo, odos los !avores del SeLor, sin ocul arse uno9. Francisco dis!ru aba ambi"n en!ren $ndolos en una san a emulación, porque sabía que el Espíri u del SeLor se sirve de las cualidades humanas de cada cual pues as al servició de su gracia. Así, les decía6 —Ser$ un per!ec o hermano menor quien enga la sencillez del hermano #eón, la a!abilidad del hermano Angel, la cor esía y el buen hablar del hermano =aseo, la !e inquebran able del hermano Aernardo, la a!ición con empla ivo del hermano Kil, el amor al rabajo bien hecho del hermano 2u!ino, la paciencia alegre y cari a iva del hermano Nunípero, el 3.

!ervor servicial del hermano 2ogelio, la !or aleza espiri ual y corporal del !orzudo hermano Nuan de #$udibus... )onocía y amaba a cada uno como era. #os miraba como 8sus caballeros de la Cabla 2edonda9O su rey Ar 's era el SeLor Nes's, y "s a, una de las reglas de su 2egla6 8;oso ros, desde que abandonamos el mundo, no hemos de emplearnos en o ra cosa que en seguir la volun ad del SeLor y en placerle a El. Derdaderos pares de la mesa redonda del !ranciscanismo, iguales en su dignidad conscien e de hijos de :ios y en la ilusión de vivir como hermanos en re sí y con los hombres odos. SAdmirable y bendi a aquella generación primi ivaT )on sus an"cdo as se pueden escribir las p$ginas m$s deliciosas de aquel milagro de na uraleza y gracia que !ue la !loración !ranciscana. %ero noso ros sigamos mirando al hermano Francisco, que es lo nues ro. En re sus escri os inspirados hay uno par icularmen e bueno para conocerle en su in imidad psicológica6 su +aludo a las >irtudes% Francisco saluda a las vir udes como los enamorados saludan a sus novias, como si !uesen personas amadísimasO y las saluda caballerescamen e, con oda la inspirada cor esía de su alma6 es aba saludando en ellas a su propio ideal. =$s sumariamen e de lo que sería mi gus o, pues ni siquiera voy a ranscribir ín egro su +aludo0 vamos a omarle sus palabrasO en remos en su vida por esas puer as o ven anas de su in imidad que "l mismo nos abre. Sorprenden emen e, con ellas nos va a enseLar unas lecciones ac ualísimas. 1%? La sa2idur@a de su sencilleA El hermano Francisco no despreció ni la sabiduría ni la ciencia. #o con rario6 es ella el primer valor y amor que saluda, y con un "n!asis 'nico6 mien ras a las o ras vir udes, personi!ic$ndolas, las llama aquí 8seLoras9, a la Sabiduría la llama 8reina9. %ero la amó a su modo evan@ g"lico y original6 8SSalve, reina SabiduríaT El SeLor e salve con u hermana la san a pura Sencillez9 ;o, el hermano Francisco no despreció el saber, ni el hablado ni el escri o. :e camino o en una casa, si veía en el suelo un papel cualquiera, lo recogía con ges os de reverencia y lo colocaba, como con un ri o sagrado, en lugar limpio y digno, por si allí es aba escri o el nombre 30

—U%or qu" recoges con al respe o ese papel de un pagano, si "se no lleva el nombre del SeLorV —SAy, hijoT, porque aquí es $n las le ras con las que se puede escribir el nombre glorioso de nues ro :ios y SeLor. Adem$s de que lo que aquí haya de bueno, no es de los paganos ni de nadie, sino de sólo :ios, de quien es odo bien Es verdad que aqu"llos eran los siglos del pergamino, que no conocían el papel, ni menos en es a pro!usión de nues ra sociedad de consumo, invadiendo y ensuciando calles y parques. %ero Sa ver6 qui"n de voso ros — eólogo, o cien í!ico, o simple a!icionado al buen leer— iene un cariLo y un respe o a la palabra escri a, ni de lejos, como es e del hermano FranciscoT En el mismo lugar cuen a )elano el de alle increíble de que, cuando "l escribía una car a de saludo o de consejo, así quedaba ella como le salía6 no achaba vocablo ni le ra, ni consen ía que o ros le acharan nada, aunque !uera algo super!luo o e&presivamen e menos logrado. a!ición a la ciencia como ciencia, así como de que los suyos no se dejaran cau ivar por es e seLuelo9. El pre!irió la o ra sabiduría6 la de la vida y el amor. Aquí es $ odo. Ciempos eran aquellos, cier amen e, en que se necesi aba la cul ura religiosa m$s que el panO en (,,/ no había en la cris iandad m$s all$ de vein e doc ores en eología. #a <glesia se empeLó arduamen e en remediar es a penuria in elec ual, caldo de cul ivo de las herejías, y el Espíri u del SeLor susci ó una reacción maravillosa con San o :omingo de Kuzm$n H((5/@(,,(J y su -rden de %redicadoresO medio siglo despu"s, sólo en re los dominicos había 5// doc ores en la ciencia sagrada. #a solución !ran@ ciscana a los problemas de la "poca venía por o ro camino divinamen e complemen arioO a la hora de poner el acen o en re la ciencia y la vida, Francisco escogió la vida. Pno de sus a!orismos carac erís icos era que 8 an o sabe el hombre cuan o vive lo que sabe9O con ra lo com'n en noso ros, que sabemos mejor que vivimos, "l se en regaba a vivir m$s que a saber. Me aquí, en es a línea, unas !rases suyas6 G?uardémonos de la sabidur)a de este mundo, muy a*icionada a palabras y poco a obras, que no busca la santidad del cora7 n y s) una apariencia de religi n con que enga<ar a los hombresH. 31

G>ice el Ap stol4 I@a letra mata, mientras el esp)ritu da 3idaJ (&Cor ,,!). -ueren por la letra los que quieren saber palabras, palabras, para ser tenidos por sabios, ol*ateando grande7as, y los que, neg2ndose a seguir el esp)ritu de las di3inas letras, s lo desean saberlas y e;plic2rselas a los dem2s. = 3i3en del esp)ritu aquellos que todo lo que saben y desean saber no se lo apropian y atribuyen a s) mismos, sino que con su palabra y con su e6emplo lo re*ieren al alt)simo >ios y Se<or, de quien es todo bien.H A un minis ro deseoso de ener muchos y cos osos libros, que le pedía permiso para qued$rselos, Francisco le dio es a respues a radical, en la cual cues a no percibir algo de desabrimien o6 —:e ning'n modo quiero perder el libro del Evangelio, que prome í guardar, por odos us libros. C' har$s al !in lo que e parezca mejor, pero mi permiso no ha de ser u rampa. Cales e&presiones disonar$n a m$s de un oído modernoO pero la ac i ud del hermano Francisco sigue siendo valedera hoy, y algo de es o viene a decir un escri or hodierno que yo he vis o ci ado en un libro de ciencia@!icción, #uis %auZels6 8)iencia sin conciencia no es m$s que ruina del alma9O sólo que Francisco iba a'n m$s all$6 ciencia sin vida, engaLo del sabio. El llegó a es a conclusión por luz de :ios y por su e&periencia vi al. )on!esaba a los suyos6 —Cambi"n yo su!rí la en ación de ener librosO pero om" el libro de los evangelios y lo abrí al azar, rogando al SeLor que me abriera su volun ad. R leí6 8Doso ros es $is ya en el secre o de lo que es el reino de :iosO a ellos, en cambio, odo se les queda en par$bolas9 H=c 0,((J. SAy, muchos son los que desean acumular cienciaT SAendi os de :ios los que renuncian a ella por su amorT <nsis amos con )elano en que 8no decía esas cosas porque le disgus aran los es udios de la Escri ura, sino para prevenir a los suyos de la super!luidad en el aprender y porque quería para ellos el bien del amor por encima de odo pruri o de vanagloria9. U#a ciencia o la vidaV )ues ión de acen os quiz$, o quiz$ no. San o :omingo dio al problema una solución, San Francisco o ra. El primero, hombre doc o, puso su saber al servicio de la causa de :iosO el segundo, hombre del pueblo, en regó a :ios y a los hombres su vida enamorada, y ya se sabe que el amor es e&clusivo. Pn hijo del primero, San o Com$s de Aquino, levan ó con su +umma theolo!ica el mayor monumen o de la 33

ciencia sagradaO pero el hermano Francisco, sin escribir un libro, nos ha dejado lo que D$zquez de =ella acer ó en llamar 8la +umma viva del amor9. #o cier o es que San o :omingo y San Francisco !ueron buenos amigosO ambi"n lo es que el espaLol apreció y admiró al i alianoO y eso dice mucho a !avor de la humildad de aqu"l y de la 8sabiduría9 de "s e. El hermano Francisco, que al principio no quería para los suyos m$s libros que el Evangelio y los necesarios para rezar el o!icio, luego, vencido y convencido por las circuns ancias, y a ins ancias de la )uria romana, que deseaba po enciar y canalizar es a o ra !uerza apos ólica, permi ió que aquellos de sus hermanos 8que supiesen le ras9 se dedicaran ambi"n a aprender y a enseLar, y enemos en re sus car as una de cua ro líneas como cua ro joyas, escri a a San An onio de %adua, que había en rado en la -rden cuando ya era maes ro de eología en )oimbra, su %or ugal6 8El hermano Francisco al hermano An onio, mi obispo, salud. =e gus a que e&pliques a los hermanos la sagrada eología, eniendo en cuen a, como dice la 2egla, que con ese es udio no apagues el espíri u de oración y devoción9. En es e "n!asis no ransigiría jam$s6 8#os que no saben le ras, no se preocupen de aprenderlasO y a iendan odos a que, por encima de odo o ro empeLo, deben ener el Espíri u del SeLor y su san a operación, orar siempre a El con un corazón limpio, y ener humildad, paciencia y amor9. :ecía ambi"n6 8Aueno es, hermanos, leer la Sagrada Escri ura, bueno es buscar en ella a :ios nues ro SeLorO pero yo la he asimilado ya an o, que para mis re!le&iones y medi aciones me es su!icien ísimo. ;o necesi o m$sO yo s" a )ris o pobre y cruci!icado9. <napreciable glosa de las palabras del Após ol6 8)on voso ros decidí ignorarlo odo, e&cep o a Nes's, y a "s e, cruci!icado9 H< )or ,,,J. %arabolizaba en el corro de los suyos con e&presivo gracejo6 8Si viene a noso ros un cl"rigo insigne, que de en rada renuncie de alg'n modo ambi"n a su ciencia, y así, desposeído de oda propiedad, o!r"ndese desnudo en los brazos del )ruci!icado. A muchos la ciencia les vuelve al ivos y envarados, y su al ivez y empaque no les permi e doblegarse en el ejercicio de la humildad. %or eso me gus aría que, cuando venga a noso ros un hombre le rado, me dijera para comenzar6 Mermano, mucho he vivido en el mundo y no he conocido realmen e a :ios. Ce suplico que me envíes a un lugar re irado del barullo mundanal para repensar en la con rición mis aLos perdidos, acos umbrar mi corazón 35

al recogimien o y enderezar mi alma hacia un !u uro mejor. UIu" porvenir pens$is que le espera al que empezara asíV Saldría de allí como león de sus cadenas, es!orzado para oda buena empresa, y el meollo con que "l se hu@ biera alimen ado en sus comienzos iría desarroll$ndose progresivamen e en su vida m$s y m$s. SEs e sí que se en regaría con acier o al minis erio de la palabra, porque rebosaría de lo que bullía en su corazónT9 Cal sucedió e&ac amen e con el ci ado hermano An onio de %adua, y se diría que Francisco es aba pronunciando esa par$bola sobre el buen le rado pensando pro!" icamen e en el que "l llamaría, con humilde gozo, 8su obispo9. Pna empes ad cambió el rumbo de su vida y le desembarcó en < aliaO allí, desconocido de los hermanos, pidió re irarse a un eremi orio in ernado en el mon eO y de aquel re iro le sacó una obediencia humilde y providencial para ser el após ol prodigioso y :oc or Evang"lico que conocemos. %ero volvamos en seguida al hermano Francisco. )onocemos por sus biógra!os el m" odo de su ciencia de la vida6 dedicar m$s iempo a las buenas obras que a las buenas lec uras, y, m$s que a las dos, al di$logo ín imo, humilde y amoroso, con el SeLor, para conocerle a El y su volun ad, ciencia suprema. R resul ó que donde no llegaba su cul ura, lo pene raba la in uición de su amor. )on esos ojos sencillos y enamorados leía de cuando en cuando los libros san os, y lo que una vez le in eresaba, no se le olvidaba m$sO su libro era su memoria, que era rica y !eliz, y en es o m$s, porque lo que le gus aba una vez, lo repasaba con inuamen e en el o ro libro de su corazón. :ecía que "s e sí es provechoso leer, y no ho@ jear p$ginas y p$ginas. %apas, cardenales y muchos sabios quedaron gra amen e boquiabier os an e es a sencilla y medular sabiduría. Pn ejemplo. En Siena se le acerca un doc or dominico y le propone un e& o de Ezequiel que a "l le inquie aba y cuyo sen ido se le escapaba6 8Si no predicas al malvado su maldad, a i e pedir" cuen as de su alma9 HEz .,(4J. El doc or, luego de ci arle con re in ín el e& o, le dijo6 —Ro mismo conozco a muchos que viven !rancamen e mal, y no siempre se lo reprocho. En onces, U:ios me pedir$ cuen a de sus almasV Francisco evadió la respues a, e&cus$ndose con que "l, en achaques de la Escri ura, m$s es aba para aprender que para enseLarO pero el dominico insis ió6 —Mermano6 a m$s de un sabio he oído la e&plicación de ese e& o, pero me gus aría conocer cómo lo en iendes '—%ues, si le buscamos un sen ido bueno para odos —accedió lis o y humilde Francisco—, yo lo 34

in erpre o así6 que el hombre de :ios debe vivir de al manera, que su ejemplo sea lengua y luz que reproche a los malvados su conduc a y se la ponga en evidencia. Así 8predicar$ a los malvados su maldad, y :ios no le pedir$ cuen a de sus almas9. R el doc or se !ue aclarado y con en o, comen ando con los primeros que encon ró6 —Es e hombrecillo no ha es udiado, pero su eología, aprendida del mismo :ios con sencillez en la oración, es como vuelo de $guila en comparación de nues ra pobre ciencia ras rera. %ero Francisco no sólo había dilucidado un problema e&eg" ico. En esa ocasión, como en an as, había salido en de!ensa de lo suyo6 la ciencia de la vida. Sí6 8SSalve, reina SabiduríaT :ios e salve con u hermana la san a SencillezT9 Sí6 era la sencillez, la sinceridad, la vida misma, monda y lironda, lo que le encan aba al hermano Francisco6 —SMermanos míos, hermanos míosT SEl SeLor me llamó por el camino de la sencillez, el SeLor me mos ró es e caminoT... #a sencillez era 8su9 vir ud, y la e&igía en los suyos m$s que el h$bi o que llevaban, an o en los le rados como en los incul os, pues no es opues a a la sabiduría, sino su mejor hermana9. )elano, a propósi o de ese verso del poe a %obrecillo, y mir$ndole a "l, eje es a preciosidad de elogios6 8#a sencillez era una vir ud empeLosamen e procurada por Francisco, y la quería en los dem$s. =as no cualquier sencillez, sino sólo aquella que, con en a con :ios, iene a menos odo lo dem$sO la que no sabe hablar mal ni obrar el malO la que, juzg$ndose a sí misma, no juzga ni condena a nadieO la que, suje $ndose siempre a la vir ud, no ansia mandar sobre nadieO la que no se deja enga usar por la vanidad o por el orgullo, y pre!iere hacer a enseLar o aprenderO la que, en las cosas del SeLor, deja para o ros la cor eza —las palabras boni as o ampulosas, las elucubraciones, la curiosidad— y se queda con el meolloO la que pre!iere el corazón a la cabezaO en !in, la que no se complica con muchas cosas, sino que en odo busca el bienO el bien grande, sumo y es able9. A es a sabia sencillez y maravillosa simplicidad del hermano Francisco llam"mosla, con un nombre de hoy, au en icidad, o, si se pre!iere, ingenua au en icidad, una ingenuidad preciosa. Fue en realidad una ingenuidad asombrosa, eniendo en cuen a que se daba en un hombre 3B

muy ingenioso por na uraleza y con cualidades emperamen ales equilibradas y ricas. Su principal y sumo cuidado !ue siempre no ser hipócri a ni an e :ios ni an e los hombres. Escribe Eloi #eclerc en el pór ico de su +a2idur@a de un po2reB 8#a palabra m$s errible que haya sido pronunciada con ra nues ro iempo es, quiz$, "s a6 hemos perdido la ingenuidad. Al perderla, el hombre ha perdido ambi"n el secre o de la !elicidad. Coda su ciencia y odas sus "cnicas le dejan desasosegado y en soledad9. %or eso, -rdenO que es 8el mismo siempre9, igual con los de arriba que con los de abajo, con los que le pueden recompensar y con quienes nada pueden darleO que se goza de que un obispo, el de Cerni, le llame p'blicamen e hombre simple y sin cul uraO que se lleva a la mesa de los cardenales mendrugos de pan en la manga de su h$bi o para comer allí lo que sus pobres hermanos, e invi a luego a esos grandes de la <glesia a par icipar de su limosna o que, al salir de yan ar bien en casa de seglares, con!iesa a los que se encuen ra lo bien que ha comido que, si le cosen bajo su 'nica una suave piel de zorro para alivio de su en!ermedad del bazo y del es ómago, e&ige que le sobrecosan o ra igual por encima para que la vean odos o que, por el con rario, si le preparan en el bosque aledaLo una celda de madera lisa, rabajada con sierra y hachuela, para de!enderle mejor de las inclemencias, "l, !iel a su dama la %obreza, e&ige que se la ornen osca, revis i"ndola r's icamen e por den ro y por !uera es e hombre que, en cuan o le viene un pensamien o de vanagloria, se arrodilla an e quien iene delan e y se lo con!iesa con limpia humildad, o que declara de alladamen e sus pecados an e el pueblo como e&ordio de su sermón.... Es e hombre es $ en el lími e humano de la au en icidad, Uno es cier oV Ese mismo de alle que le hemos conocido hace poco de no querer ni consen ir enmendar sus escri os — oda corrección es un ves ido, mejor o peor, sobrepues o a la espon aneidad—, Uno es $ marcando, y con !uerza, an o los quila es e& raordinarios de su au en icidad, como de su originalidadV )omo si dijera, en eso como en odo6 8SIue me conozcan como soyT9 Deamos al de alle una sola de las innumerables an"cdo as6 Eran ya iempos en que el hermano Francisco es aba en su Asís, como en an as par es, con halo de san idad. )ayó en!ermo de cuar anas, y los hermanos, para su !or alecimien o, le procuraron carne y caldo de gallina. El hermano Francisco los omó, recordando aquello del Evangelio que "l había pues o como norma de la 2egla6 8)omed lo que os pongan 5/

delan e9 H#c (/,4J. =as no ardó en sen ir rubor de sí mismo6 8las gen es me creen aus ero y peni en e, y yo aquí bien servido de gallina...9 Crazó r$pidamen e su plan. Comó a odos los hermanos que halló y se !ue con ellos a la ciudad. )onvocaron en la plaza del municipio a cuan os pudieron, que !ueron muchos, pues al solo anuncio de que iba a hablarles el hermano Francisco, lo dejaban odo por oírle. Aquella vez le vieron, con asombro, en rar en la plaza como ajus iciado en re los alguaciles de la <nquisición. S)ómo venía, SeLorT6 desnudo de los pies a la cabeza, con solos los paLos de la hones idad, y era crudo inviernoO con una gruesa soga argoll$ndole el cuelloO le llevaba de la soga, m$s sollozando que irando de "l, el hermano %edro )a ani, el an es canónigo de la ciudadO y una procesión de hermanos le hacía cor ejo silencioso y en ris ecido. #legan a la par e al a de la plaza comunal. El hermano Francisco se empina sobre la gran piedra cuadrada en la que colocaban a los ajus iciados. Allí, an e un silencio o al que el aire g"lido ensaba, el hermano Francisco predica6 —Doso ros me en"is por un hombre peni en e y san o. SAy de míT Sabed que es os días he sido un comilón de pollo y de gallina y me he re!ocilado con su rico caldo... ;o siguió mucho m$s. El sermón de la au en icidad es aba dado. #as gen es sol aron sollozos y l$grimas, y, mien ras se re iraba la original procesión de peni en es con el mismo ri o que había raído, e&clamaban6 —SAy, sí, de noso ros, por nues ra vida pecadora y muelleT Iue es e hombre de :ios, en!ermo y con !iebre, se acusa de comer un poco de gallina y no repara en e&poner sus carnes al cor an e !río por servir al SeLor en humildad y verdadera peni encia... 2ealmen e, ver así al hermano Francisco era como para ponerle a cualquiera carne de gallinaO y no sólo por su limpia y iri an e desnudez corporal, sino por aquella o ra desnudez, m$s limpia a'n, de su o al au en icidad. 3% ? 1o2reAa0 C tra2a.o0 C li2ertad #a segunda vir ud de su saludo —la primera por muchos quila es en su corazón— !ue la pobreza6 8SeLora san a %obreza, 5(

el SeLor e salve con u hermana la san a Mumildad9.Nun a en un saludo a la pobreza y la humildad porque son, como vir udes inseparables, hermanas siamesas m$s a'n que gemelasO la pobreza es la propiedad de los humildes, y la humildad es la pobreza del que no se posee a sí mismo. %ues bien, 8nadie ha deseado las riquezas an o como Francisco la pobreza9, a es igua su primer biógra!o, y un conocimien o somero de su vida nos convence de ello sin di!icul ad. Can o que ha quedado para la his oria, an onom$s icamen e, como 8el %obrecillo9. =as para en!ocar y en ender es e primer amor del hermano Francisco hay que colocarse en la misma óp ica de su men e y de su corazónO porque en "l la vida en pobreza no !ue una vir ud ípicamen e social, ni siquiera una vir ud simplemen e asc" ica, sino un amor, su AmorO su amor personal a Nes's pobre y cruci!icado. El amor de su corazón san o !ue como "l eraO caballerescoO y se llamar$ :ama %obreza, y le aplicar$ odos los nombres y los adje ivos del corazón6 esposa, seLora, madre..., comple ando los piropos con enamorados superla ivos6 al ísima, san ísima, nobilísima, preciosísima, amabilísima..., y no erminaría nunca. #a pobreza es la vir ud que m$s veces y m$s ilusionadamen e 8personi!ica9, hace persona, "l. R es que al amorba a una %ersonaO en es e hermano Francisco, :ama %obreza es el nombre caballeresco de su verdadero y 'nico amor6 Nesucris o. A cualquiera que le hubiera pregun ado por el nombre de su amor cuando lo encon raban llorando o brillan e de sonrisas, "l, enderezando r$pidamen e su índice, le hubiera con es ado con es as palabras suyas6 8=iremos, hermano, al Auen %as or, que por noso ros se ha abrazado desnudo al dolor la de cruz...9 - le reci aría uno de sus e& os evang"licos pre!eridos6 8#a zorras ienen madriguera, y los p$jaros nidos, pero el Mijo del hombre no iene dónde reclinar su cabeza9 H= 4,,/J )uan o realizó el hermano Francisco por la pobreza, lo hizo en "l su amor concre o a Nes's pobre y cruci!icado. :esde aquí hay que en enderlo odo, y sin es o no se en iende bien nada. %or eso, la primera !orma de su amor a la pobreza era 8la pobreza de su amor9O la conciencia de su pequeLez y de su indignidad, de su dependencia o al de :ios y de Nes's, y de ahí su humildad, la desapropiación de sí mismo y de odo. Me aquí dos e&presiones de esa su consciencia, en re muchas6 —;o ha renunciado realmen e a nada quien se ha reservado las monedas de su egoísmo in erior. 5,

—Sepamos que nada enemos nues ro, sino nues ros vicios y pecados. Aquí había que apun ar ambi"n su pasión por la peni encia y el ayuno6 si ayunaba largamen e, sal eados o con inuos, dos ercios de los días del aLo, era porque le acuciaba el hambre mejor de amar e imi ar a Nes's, 8el cual, siendo rico, por noso ros se hizo pobre9 H,)or 4,BJ —o ro de los e& os de la Escri ura que no podía ni quería olvidar—, y en memoria del ayuno del Salvador en el desier o y de su hambre duran e su vida p'blica. #uminosamen e dedica, en re sus EDhortaciones0 una glosa a la primera bienaven uranza —sobre la pobreza de espíri u— y o ra a la se& a —sobre la limpieza del corazón—, y parece que ras rueca los rayos de luz6 la pobreza es $ en la humildad y humillación, y la limpieza del corazón se da en el menosprecio de los bienes errenos para amar mejor los celes iales Su llama ivo y c"lebre li eralismo evang"lico, que marcó an as opciones de su vida y le llevó a de alles an curiosos como no consen ir al cocinero que pusiera de víspera a remojo las legumbres, porque dice el SeLor6 8;o os inquie "is por el maLana9 H= 3,.0J, hay que mirarlo y admirarlo desde aquí, si no queremos dejarlo en el ridículoO an o amaba a Nes's, que su gozo 'nico consis ía en ser como El y hacer de pe a pa lo que El decía. Francisco !ue 8el hermano Simple de Nes's9, como aquel Nuan el labriego, el hermano Nuan el Simple, que se san i!icó imi ando, como un niLo o como un comedian e, cada uno de los ges os del hermano Francisco. SAh, bendi os e&cesos, dichosas e&cen ricidadesT ;ada hay m$s original y ípico que esa imi ación de )ris o, al pie de la le ra, del pobrecillo Francisco. UEs ampas pobres de es e %obrecilloV Codas las an"cdo as de su vida 8desde que salió del mundo9, sin una sola e&cepción. :esde ese renacimien o has a su muer e, no llevó sobre sus carnes m$s ves ido que los calzones y una 'nica con el cordón —las res piezas, de baja calidad —, y un pequeLo man o, como abrigo para el rigor invernalO y con eso se enía por rico. :e lecho, "l y los suyos, un poco de paja sobre el suelo, y el que ponía un paLo gas ado sobre la paja crujien e, pensaba que dormía sobre un lecho nupcial9. Su comida, la de un mendigo, y ya le hemos vis o llevarse el pan de su limosneo a la mesa del cardenal Mugolino, por no salirse de su regla y su gus oO eso cuando a la vir ud, no sumaba el ingenioO veces había que, invi ado a la casa de gen e principal, luego de probar algo de comida, seg'n era "s a, seguía haciendo que comía, llev$ndose la mano 5.

a la boca, pero disimuladamen e se guardaba el bocado en el seno de su 'nica. UDinoV Su vino era el agua, siempre9. Se negaba a llamar suyo a nada de lo que usaba, y los hermanos que vivían con "l, guardianes o no, pasaban apuros por es a su san a manía. Sucedió en Sar eano. #e habían levan ado una celdi a de ablas, cerca y lejos del eremi orio, para que se en regara con en era liber ad a la oración. Pn día se cruza en el camino con un hermano y Francisco le pregun a6 —U:e dónde vienesV —Dengo de ver u celda. —Ra que has dicho que esa celda es mía, en adelan e o ro ser$ quien la habi e, que lo que es yo, no —le replicó el hermano Francisco, y aLadió6 —El SeLor, cuando es uvo en el desier o y ayunó duran e cuaren a días, no se hizo cons ruir ninguna celda, sino que se guareció como pudo. Aien podemos imi arle, siquiera no eniendo nada como propio, ya que no podemos vivir habi ualmen e sino en casas. Es e san o y poe a que en ese +aludo a las >irtudes can aba6 8El que o!ende a una de ellas, no iene ninguna y a odas o!ende9, sen ía y su!ría como hechas a "l mismo las injurias a su :ama %obreza. Craigamos un caso en re mil6 A la vuel a de uno de sus viajes, volviendo a la %orci'ncula para asis ir al capí ulo anual, se encon ró con la ingra a sorpresa de que cerca de la capilli a habían levan ado un gran edi!icio de mampos eríaO lo habían cons ruido los ciudadanos de Asís por la devoción que les inspiraban los hermanos y para que uvieran un poco de holgura en las aglomeraciones capi ulares, o para los en!ermos. El hermano Francisco no dijo de momen o nada, ni los o ros se a revieron a darle ninguna e&plicación, por@ que conocían que le disgus abaO pero, inesperadamen e, un buen día omó a varios de sus m$s !ieles y se encaramó con ellos has a el ejado, y allí empezaron a irar ejas con al decisión, que se les veía dispues os a no dejar eja en el ejado ni piedra sobre piedra. )orrieron algunos a avisar a los de Asís, que a'n llegaron a iempo de aclararle6 —Mermano, es a casa es propiedad de la ciudad, y ' no ienes razón ni derecho para des ruirla. —Es $ bien —con es ó Francisco—. Si es a casa es vues ra, all$ voso ros con ella. 50

:e hecho, el municipio de Asís omó el acuerdo, que cumplió largo iempo, de que el podes $ de urno mandase cada aLo re ejarla y realizar odos los rabajos de sos enimien o y reparación Es e amor suyo a la pobreza se encarnaba de modo especial en su amor a los pobres, a cada pobre, por la doble razón de su corazón, na uralmen e compasivo, y de su locura de amor de siempreO odo pobre le recordaba, como un re ra o vivo, al SeLor pobre y a su pobrecilla =adre. R se le subía de vergWenza al ros ro la color del pavo cuando se opaba con uno m$s pobre que "lO en onces le decía invariablemen e a su compaLero de ru a6 —;os abochorna esa pobreza. —U%or qu", hermanoV —%orque noso ros hemos elegido la pobreza como un esoro, y aquí hay uno que la iene m$s y mejor que noso ros. R lo decía casi llorando. Adem$s, enía en es a ma eria una noción singular del derecho6 —Mermano, demos a es e pobre nues ro man o, porque es suyo. —U)ómo suyoV —Sí, a noso ros se nos ha dado has a que encon remos a o ro que lo necesi e m$s. —#a caridad bien ordenada empieza por uno mismo —le por!ió el compaLero, sobre odo porque le daba pena que el %obrecillo se quedara ligero de ropa con aquel !ríoO pero el hermano Francisco le a ajó6 —=e endría por ladrón si no diera lo que engo a o ro que lo necesi a m$s que yo. R como a ladrón me juzgaría ambi"n el gran #imosnero Así, 8el gran #imosnero9, llamaba "l al %adre celes ial providen e. R gozaba imi $ndole con los bienes de su pobreza. )omo en esa ocasión, los man os invernales duraban poco sobre sus hombros, y los hermanos guardianes enían que prohibirle bajo obediencia que los regalaraO pero seguro que "l no era en onces menos ingenioso que el simple y bueno del hermano Nunípero, el cual, en ocasiones así, le decía al m$s pobre de urno6 —;o engo, nada que dar e, si no es la 'nica con que me cubro, y me ha mandado el guardi$n que no se la d" a nadieO pero, si ' me la qui as de encima y e la llevas, uya es.

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A veces limosneaba para ellos ves idos y o ras cosas, o, si los encon raba llevando alg'n !ardo pesado, arrimaba el hombro en su ayuda - les daba lo que enía a mano, como aquella vez, a la madre pobre de un !raile, el ;uevo Ces amen o, lo 'nico que había en casa, para que lo ven@ diera y remediara en algo su necesidad, comen ando6 —)reo a pie jun illas que es o agradar$ m$s al SeLor y a la San ísima Dirgen que si lo conservamos para nues ro rezo9. R, si no enía nada que dar, que era muchas veces, en onces les prodigaba dobladamen e su a!ec o, en la mejor !orma que se lo sabía e&presar. #e dolía en el alma si alg'n hermano, con ligereza, juzgaba o ra aba mal a un pobre, y le corregía duramen eO lo omaba como una o!ensa personal a su :ama %obreza. )omo sucedió en el eremi orio de 2ocabricia, donde había ido para predicar a las gen es de aquella región. El día del sermón se le acercó un hombre muy pobre y en!ermo. El %obrecillo quedó impresionado, y comen ó con su compaLero aquel doble desamparo de su pobreza y su dolor. El o ro no sen ía igual, porque pensaba que le conocía6 —Mermano, es realmen e muy pobreO pero bien puede ser que no haya en odo el con orno o ro con m$s ganas de ser rico. Francisco le reconvino por ese mal juicio grave y gra ui o, y el reconvenido reconoció su !al a. —UMar$s la peni encia que e digaV —#a har". —%ues bien, despója e ahora mismo de la 'nica y ve e así desnudo a pos rar e a los pies del pobre. )on!i"sale que has pecado con ra "l, juzg$ndolo mal en u corazón. R luego ru"gale que pida por i a :ios, para que el SeLor e perdone. El hermano se qui ó la 'nica, alcanzó al pobre y se disculpó an e "l, y, luego de recibir de "l un perdón sorprendido y asombrado, se vis ió de nuevo y volvió donde el hermano Francisco. Es e comple ó la lección6 —UIuieres saber por qu" has pecado con ra ese pobreV %orque has pecado ambi"n con ra el mismo )ris o. )uando veas a un pobre, piensa, hermano, que miras en "l, como en un espejo, al SeLor y a su pobrecilla =adre. R lo mismo en un en!ermoO en "l debemos mirar con ojos de amor la debilidad y los dolores que nues ro SeLor Nesucris o acep ó y su!rió por noso ros para salvamos. 53

Nun o a la pobreza, y como la !orma conna ural de ella, el rabajoO el rabajo manual o cari a ivo sobre odo. En su es amen o lo dir$ con una e&presión ajan e6 8Ro rabajaba con mis manos, y quiero rabajarO quiero asimismo !irmemen e que odos mis hermanos rabajen en rabajos hones osO y quienes no saben, aprendan9. Apar e de evi ar rabajos que desdijesen de su condición de hombres de :ios en re los hombres, y para mejor serlo en su condición de 8hermanos menores9, ampoco quería que ejercieran de mayordomos, ni de cancilleres, ni de presiden es de nadaO ning'n o!icio de relevancia En su 2egla de!ini iva les dejó es a regla de oro6 8#os hermanos a quienes el SeLor dio la gracia de rabajar, rabajen !iel y devo amen e, de modo que, alejando la ociosidad, enemiga del alma, no apaguen el espíri u de la san a oración y devoción, al cual deben servir odas las realidades emporales. R reciban como precio de su rabajo lo que para vivir necesi en ellos y sus o ros hermanos9 2egla de oro ambi"n para noso ros, en!ermos de ac ividad laboral y de consumismo super!luo. U;o vale m$s que odo el oro del mundo esa lecciónV Pn rabajo honrado, sin egoísmosO m$s a'n, sin orgullos prepo en es y sin injus iciasO y moderado, an o cuan o bas e para la vida !rugal, !eliz y providencialis a del hombre. El rabajo para el hombre, y no al rev"s, como hoy es plaga an !recuen e, que acaba en an os la paz y la saludO y el hombre y su rabajo, para "l, para provecho de los o ros hombres y para agrado y gloria del )reador6 llevar a una pleni ud divina, en el progreso y por el amor, al mundo de las cosas y de los hombres. R el lec or no me lea con acen o moralizan e es e p$rra!o y alg'n o ro similar, como si yo incumpliera lo prome ido en el prólogoO no lo he escri o para seLalar con índice acusa orio nues ros !allos, sino para poner m$s de relieve los acier os del hermano Francisco y para evidenciar, a modo de ejemplo y como de pasada, la vigencia ac ual de su mensaje. ;o podía sopor ar a los vagos, a los que viven de los dem$s, par$si os de los es!uerzos ajenos. A un hermano an amigo de comer como de no rabajar, le mos ró la puer a con el índice, dici"ndole6 —Sigue u camino, hermano z$ngano, que quieres vivir del sudor de us hermanos, sin sudar una go a ' #a limosna, con ser an habi ual en re ellos, no era, sin embargo, sino un medio suple orio para su sus en o6 limosneaban si no enían rabajo o cuando la recompensa de "s e no les bas aba para comerO no olvidemos que aqu"llos no eran nues ros iempos indus rializados. R, den ro de las limi aciones an es dichas, rabajaban de odo lo que salíaO por ejemplo6 del 55

hermano Kil sabemos que !ue aguador en Arindisi, mimbrera y sepul urero en Acre, leLador en 2oma y rapeador de la cocina del cardenal de C'sculo, y acei unero, y vina ero, y espigador... %ero hay que decir ambi"n que a veces se dedicaban a pedir la limosna con la !ormalidad de un o!icio y m$s, como ejercicio de su humildad y para que los o ros cris ianos merecieran an e :ios por su generosidad. El hermano Francisco les enseLaba6 8May un con ra o en re el mundo y voso rosO voso ros dadle buen ejemplo, y "l os alimen ar$O el día que dej"is de darle vues ro buen ejemplo, "l ambi"n os re irar$ su mano9. )erremos es e ema con un de alle curioso6 si es cier o que el %obrecillo jam$s es uvo ocioso, ambi"n lo es que su !uer e no !ue el rabajo manual remuneradoO con lo que ganó "l rabajando en oda su vida, no se hubiera podido alimen ar ni una semana. Así lo a!irma San Auena@ ven ura. El hermano Kil, ambi"n por ejemplo, ganaba !recuen emen e en una jornada m$s de lo que el hermano Francisco ganó en los vein e aLos de su conversión. )on ese de alle 'l imo y con cuan o va dicho en las p$ginas preceden es, vemos con gozoso asombro que es e hombre alcanzó la liber ad. ;o poseía nada y gozaba d$ndose y dando odo lo que enía El y los suyos vivían en es e mundo 8como !oras eros y peregrinos9 HMeb ((,(.JO de paso, de paso siempre hacia la pa ria de!ini iva, pero con un paso an alegre como libre, haciendo de su vida un servicio a :ios y a los hombres. 8;ues ra celda es el cuerpo —se decían—, y nues ra alma, el ermi aLo, que la habi a9. R all$ se iban celda y ermi aLo, alma y almario, por esos mundos de :ios, alegres, incansables en predicar y realizar su 2eino, 8con en os con ener qu" comer y con qu" cubrirse9 H< Cim 3,4J, seg'n la e&presión paulina, que ellos incorporaron a su 2egla. Cal !ue la liber ad del hermano Francisco, que su m$s original biógra!o pudo a!irmar que, en!ermo y d"bil como es uvo oda la vida, su cuerpo no se oponía a su espíri u, sino que has a se le adelan aba en el bien obrar. R San Auenaven ura, recordando con "l a la viuda del Evangelio, dice6 8El %obrecillo de )ris o no enía para dar m$s que dos monedi as, su cuerpo y su almaO pero las enía an o!rendadas por el amor, que las es aba regalando siempre9 SEnvidiable liber ad, !ru o de la renunciaT Moy se habla como nunca en !avor de los pobres y se rabaja por su elevación social, cier oO pero ambi"n lo es que hoy como nunca se desea por odos la riqueza y se hacen es!uerzos por conseguirla. R el hombre es $ en re esas dos esclavi udes, a 54

cu$l peor6 la de la miseria inhumana o la pobreza incon!orme y rebelde, y la de la riqueza o el bienes ar insaciablesO o en re las dos !iebres que en!erman y ma an a nues ro mundo6 la del hambre y la de la sociedad de consumo. Es verdad asimismo que esa pobreza en liber ad —o liber ad en la pobreza— del hermano Francisco iene meollo evang"lico y no sociológico al usó de hoyO pero es una lección u ilísima ambi"n para noso ros, con unas consecuencias sociales enormemen e liberadoras, m$s y mejor que revolucionarias. Se dirían escri as mirando a nues ro hermano Francisco es as palabras del concilio Da icano << sobre el cris iano au "n ico6 8#e da gracias a :ios por odo y usa y goza de las cria uras en pobreza y liber ad de espíri u. Así en ra de veras en posesión del mundo, como quien nada iene y es dueLo de odo H,)or 3,(/J6 Codo es vues roO voso ros sois de )ris o, y )ris o es de :ios H< )or .,,,@,.J9 H=audium et spes .5J. 9%? +u coraAón0 la ternura o el 2ien de la solidaridad #a pobreza, esa renuncia cordial y o al, hizo libre al hermano FranciscoO libre, sobre odo, para amar. )uando "l in uyó su nueva -rden como una !ra ernidad, buscaba es rechar a odos en el abrazo de su corazónO primero, a quienes el SeLor le dio como hermanos, es cier o, y luego, a sus hermanas, las 8sores9 de San :ami$n, y poco m$s arde, a sus Mermanos de la %eni encia, los 8 erciarios9O pero en ellos, y con ellos, y m$s all$ de ellos, a odos los hombres, sin una sola e&clusión. R si creó así su nueva -rden de caballería, la doble regla invariable de los nuevos caballeros era "s a6 obediencia y amorO la obediencia, como ejercicio de la liber ad en la humildadO y el amorO un amor al que sublimase, boni a y divinamen e, el mejor amor conocido en re los hombres6 el amor de la !amilia y de la amis ad. :e es e lema hizo "l el ercer verso de su +aludoB 8:ios e salve, )aridad san a, con u hermana la san a -bediencia9. -bediencia en el amor mu uoO Francisco redescubrió la obediencia evang"lica, la obediencia con alma !ra erna6 el superior era el 8minis ro9, el primer obedien e, pron o para minis rar o servir a la !ra ernidad y a cada uno de sus miembrosO y los hermanos odos —les decía en la 2egla—, 8con caridad de espíri u, de buena volun ad, sírvanse y obed"zcanse unos a o rosO que "s a es la verdadera obediencia de nues ro SeLor Nesucris o9. 5B

Así vivían, buscando y cumpliendo en re odos la volun ad de :ios, siempre lis os para some erse a El en el superior y procurando por odos los medios ayudarse mu uamen e y no causarse moles ias. %or eso, su o ra norma era la misericordia invariableO Francisco escribía una vez ilusionado que pensaba presen ar al capí ulo pró&imo es a moción6 8Si alguno, por ins igación del enemigo, pecare mor almen e, es " obligado a recurrir a su guardi$nO pero cuan os hermanos conozcan su pecado, no se lo echen en cara ni se lo cuen en a o ros, sino que engan con "l una gran misericordia, y man engan su pecado muy secre o, porque no necesi an m"dico los sanos, sino los en!ermos H= B,(,J. R si alguno pecare venialmen e, con!i"sese con un hermano sacerdo eO y, si no lo hay, con!i"sese con cualquier hermano, y "s e perdónele en nombre de :iosO pero no le imponga o ra peni encia que decirle6 De e, y en adelan e no vuelvas a pecar HNn 4,((J9. Me aquí, para redondear el p$rra!o, o ro precioso a&ioma suyo6 8Aendi o el hombre que sopor a la, !ragilidad de su prójimo como querría ser sopor ado "l si alg'n día la uviera9 2esul an eresan e y alen ador es e riple de alle psicológico con que lo describe )elano6 8era riguroso con "l, bondadoso con los dem$s y pruden e en odo9. E&igen e con "l, síO pero, aun sin minimizar sus peni encias personales, que an o des acan los biógra!os primi ivos acomod$ndose a los cri erios asc" icos de la "poca, hay que no ar con Esser que sus escri os hablan muy poco de rigores corporales y es $n odos acen uadamen e en la ver ien e c$lida de la comprensión y del amor compasivo. #a ascesis del hermano Francisco se encuen ra en los an ípodas de la es rechez de corazón o de cualquier ipo de masoquismo y se ejerci a en la plena liber ad del amor a :ios y a los hombres El procuraba en los suyos, sobre odo, la peni encia del corazón, el gozo de la conversión. En cuan o podemos dar !e de e&ac i ud a las ma em$ icas de las líricas Florecillas, es in eresan e es e da o6 en el m$s conocido de los capí ulos primi ivos, el de las es eras, se reunieron m$s de 1./// hermanos, ya lo hemos vis oO en "l, el hermano Francisco mandó que odos los que uvieran cilicios se los qui asen y los colocasen an e "lO salieron m$s de 1//, de hierroO aunque las Florecillas dan la ci!ra como un encomio peni encial, bien mirada, no son muchos, ra $ndose de una reunión !ervorosaO e&ac amen e, sólo un (/ por (// lo llevaban. En esa cualidad suya —rigor consigo mismo, bondad con los dem$s — es $ apun ando la mejor !lor psicológica del hermano Francisco6 la 4/

misericordia. El era en raLable, y con odos. R, pues "l sen ía su seno como unas en raLas, "l mismo les buscó apellidoO enía unas en raLas ma ernales. 8El varón que iene corazón de lis..., el mínimo y dulce Francisco de Asís9, que can ó nues ro 2ub"n, es descri o con es os rasgos por su primer biógra!o6 8 enía ges os e&quisi os, emperamen o apacibleO era a!able en sus palabras, sereno de juicio, dulce y sin es ridencias de $nimo9 Ra en aquella par$bola del gran rey y de la mujer pobre y madre con que se me ió en la manga a <nocencio <<<, la madre era "l6 8SeLor, yo soy aquella mujer pobrecilla...9, le dijo al papa con osadía y simplicidad, porque así sencillamen e se sen ía. 8Ce hablo, hijo, como una madre9 le escribir$ al hermano #eón. R a odos6 8)ada uno descubra al o ro su necesidad, para que mu uamen e se la remedien. R cada cual ame y alimen e a su hermano como una madre ama y alimen a a su hijo, y a'n m$s9. %ero quiz$ ning'n escri o suyo rezuma esa savia del amor ma ernal, esa placen a envolven e y comunica iva de la vida, como es e que dirigió a un minis ro Hnombre !ranciscano del supe@ riorJ6 8Ce hablo, como mejor puedo, de la si uación en que e encuen ras6 odas las cosas que e es orban para amar al SeLor :ios y cualquier persona que e lo impida, se ra e de hermanos o de o ros, aunque lleguen a des rozar e, debes considerarlo odo como una gracia. R qui"relo así como es, y no o ra cosa. R c'mplelo por verdadera obe@ diencia al SeLor :ios y a mí, porque s" cier ísimo que "s a es verdadera obediencia. R ama a los que se por an así con igo. R no pre endas de ellos o ra cosa, sino cuan o por ahí e d" el SeLor. R $malos precisamen e en es oO y ' no e&ijas que sean para i mejores cris ianos. R en eso por mejor que vivir en un eremi orio. R en es o quiero conocer si amas al SeLor y a mí, siervo suyo y uyo, si procedes así6 que no haya en el mundo ning'n hermano que haya pecado cuan o haya podido pecar, y que, luego que haya vis o us ojos, se vuelva jam$s sin u misericordia, si es que busca misericordia. R si no busca misericordia, preg'n ale ' si quiere misericordia. R si mil veces volviere a pecar an e us propios ojos, ' $male m$s que a mí para es o6 para que lo raigas al SeLorO y compad"ce e siempre de los ales...9. 4(

Si ser madre es saber sopor ar lo insopor able, ser !iel por encima de oda in!idelidad, perdonar siempre, con!iar en el cambio bueno de los hijos a pesar de odo, amarlos como nos ama :ios, m$s misericordiosamen e cuan o m$s miserables..., esa p$gina del %obrecillo, aun con su li era ura rudimen aria, merece !igurar en una an ología del m$s hermoso amor de la ierra6 el amor ma ernal, aquí elevado a una verdadera ma ernidad espiri ualO y, por supues o, como p$gina de honor en el código de odo superior que quiera serlo seg'n el modelo de )ris o. En el círculo m$s amplio del amor cris iano universal, yo no conozco una glosa mejor de aquella pregun a de %edro6 8SeLor, y si mi hermano me sigue o!endiendo, Ucu$n as veces le endr" que perdonarV9, y la respues a in!ini a de las se en a veces sie e, del SeLor H= (4,,(@,,J. Francisco pudo ser realmen e an madre porque era in ui ivo y voli ivo por na uraleza. :escubría los es ados de $nimo de los suyos con unos limpios ojos pene ra ivos, como si el alma de los o ros !uera de cris al, y con una sola palabra o con una simple mirada les daba un vuelco, de la ris eza o la inquie ud, a la paz y al gozo. A un urbado le regaló es as palabras de seda6 —Mijo mío, s$be e que cuan o m$s en ado e veo, me eres m$s amado Se mos raba sumamen e pacien e con los neuras "nicos y los escrupulosos, 8como con niLos sin volun ad9. - ro de alle6 había días de ayuno de la 2egla que "l lo quebran aba para que o ros en!ermos no uvieran el rubor de comer, y veces hubo que se !ue por las calles mendigando carne para que no le !al ara a un hermano en!ermo. Pna noche velaba su desvelo ma ernalO es aba en!ermo un hermano y muy d"bil. Francisco se dijo6 —Si es e hermano comiese emprani o unas uvas maduras, le sen arían de maravilla. )on el primer rayo de sol, desper ó sigilosamen e al en!ermo, sin aler ar a los o ros, y se !ue con "l a una viLa vecina, y allí, sen ados jun o a una bien cargada cepa, mano a mano se comieron los racimos que al en!ermo le ape eció. Es e llegó a viejo, y has a su !in con aba con l$grimas sus uvas inolvidables, aquella delicadeza ma ernal del hermano Francisco. Ese !ue un caso en re mil. #os hermanos conocían la debilidad cordial de 8su9 madre, y jugaban con "l a capricho6 se cambiaban con "l el man o o la 'nica, y has a hubo un hermano viajero que le dijo que quería llevarse de recuerdo los recor es de sus uLas como un alism$n con ra sus en aciones, y el hermano@madre se las cor ó en seguida para "l. #os 4,

hermanos... y los no hermanos, que ambi"n le conocían esas en raLas. Se le acerca en la ciudad de )elano una anciani a pobre6 —Mermano, una limosna por amor de :ios. El hermano Francisco, con un ges o ins in ivo, se descuelga el man o de los hombros y se lo da6 —Maz e con es o una saya, que bien la necesi as. #a viejecilla se va con su man o con en ísimaO pero al poco h" ela de nuevo an e el hermano Francisco y su compaLero6 —Me cor ado u ela para hacerme la saya y no me alcanza. —U-yes lo que dice es a pobrecillaV —le dice alegremen e a su pareja—. Anda, bien podemos noso ros sopor ar un poco de !río para que es a viejeci a se remedie. R allí voló el o ro man o a encon rarse con las hermanas ijeras y ves ir en re los res —man o, y ijera, y man o— a la pobre, que brincaba de gozo Pna ernura al es capaz de rans!ormar la sociedad, porque es capaz de cambiar el corazón del hombre, aun del m$s empedernido. An e ella no hay problema social que se resis a. En )olle, una aldea del condado de %erusa, se opa Francisco con un pobre conocido suyo6 —U)ómo e va, hermano míoV —le saludó a!ablemen e. —%or culpa de mi amo, a quien :ios maldiga, me encuen ro muy mal, pero que muy mal, pues se ha quedado injus amen e con odo lo mío. El hermano Francisco uvo l$s ima de "l, de su pobreza y de su despojo, y m$s a'n de aquella !uria de su corazón, del odio mor al que le cegaba. R con inuó dici"ndole, endulzando el ges o y la voz6 —%erdona a u amo por el amor de :ios, para que u odio no e pierda el alma. A'n puede ser que e devuelva lo que e qui ó. R en el peor de los casos, adem$s de no recobrar us bienes, perder$s u alma. —:e ning'n modo le perdonar", si an es no me res i uye lo que es mío. En onces Francisco, mul iplicando la ernura, le dijo, al mismo iempo que se desprendía de su man o6 —Coma, mi man o es uyo, y e ruego encarecidamen e que, por el amor de :ios, perdones a u amo. )ómo se lo insinuaría, que le llegó al corazón. #a dureza del ros ro se le cambió en sonrisa, y prome ió a Francisco no odiar m$s a su amo. %or 4.

encima de la an"cdo a, "s e es un caso ípico de la ac i ud de San Francisco an e el hombre caren e de bienes o de vir udes, an e el mismo problema social. Cal ac i ud misericordiosa del hermano Francisco, que "l insu!ló en los suyos como su espíri u, raig$mosla de ayer a hoy. Moy hablamos en es o de solidaridad. )ier o, la suya no !ue una solidaridad humana al como muchos la quieren hoy, buscada a sangre y !uego como una revolución social iguali aria del plane aO ni siquiera como la en ienden y anhelan muchos m$s con oda legi imidad, como e&presión de la jus icia na ural y de la igualdad real de los derechos de oda persona humanaO pero sí !ue, limpia y desin eresadamen e, una genuina y hermosa solidaridad humanísima, querida y procurada desde la raíz del amor, y no sólo por razón de nues ra com'n igualdad de na uraleza, sino adem$s, y primordialmen e, por nues ra com'n dignidad de hijos de :ios, por el %adre celes ial, que nos ha hecho hermanos. Es a es la gracia peculiar y la e!icacia innegable de la !ra ernidad !ranciscana6 una razón divina para el amor universal, que el hermano Francisco demos ró que no es una evasión, sino la encamación envidiable y óp ima del m$s humano de los ideales. S-jal$ nues ro mundo le siguiera por ese caminoT Al menos, le debería es ar inmensamen e agradecido por haberle abier o una senda al, en la que caminan jun os el amor y la jus icia, el gozo y la esperanza. :%? EAle!r@aF El hermano Francisco acer ó6 en re la ciencia y la vida, apos ó por la vidaO apos ó por la liber ad con ra el ma erialismoO y, con ra odo egoísmo, apos ó por el amor. R ganó. Kanó el gozo. R llega has a noso ros, an e nues ro mundo de la "cnica, de la sociedad de consumo, del hedonismo universalizado y de la indi!erencia bru al, gri $ndonos simp$ icamen e con su vida6 Salegría, alegría, alegríaT Demos que la alegría le bro a por odos los poros de su ser y le escuchamos como un ní ido reclamo !ascinan e, que nos invi a y nos inci a a cons ruir, como "l, un mundo de hermanos. SIu" alegría la suyaT :iríamos que había sido creado por :ios para ser alegre. Me aquí un 'l imo de alle del re ra o psicológico de )elano6 8Era de palabra !$cil y salerosa, enía habi ualmen e en el ros ro una a rac iva sonrisa, odo "l re!lejaba bondad9. %ero una alegría como la de San Francisco, que dura siglos, no es una alegría cualquiera, y la minimizaría ris emen e quien la redujera a la chabacanería, a la simpa icona carcajada o a la risa como no a dominan e de la vidaO no es 40

ampoco un !ilosó!ico op imismo concep ual. %ara en ender su alegría hay que remon arse a los días de su conversión y a Aquel que se la cambió de mundana en espiri ual, sólo que despu"s resul ó ser ambi"n la mejor alegría del mundo. )onsideraba la ris eza como la en!ermedad del diablo, 8unos polvos venenosos que el maldi o quiere insu!lar en el hombre de :ios para qui arle el gozo de ser su hijo9 y llevarle a la pereza, a la desesperación y a odos los vicios. #e arreba aban los alegres y no le gus aban nada los ris es y melancólicos. A un hermano caralarga le reconvino6 —U%or qu" os en as así u ris ezaV ;o hay m$s que una razón para es ar ris e6 el pecado. R "se es un asun o en re ' y :ios. %ide al SeLor que e devuelva su gozoO pero en re an o disimula y vu"lve e alegre, que no es $ bien que los hombres vean con ros ro ceLudo al siervo de :ios. R al poco ra o aLadió6 —#os demonios me ienen envidia por mi alegría y por o ros regalos que me ha hecho el SeLorO pero yo creo que, si alguna vez cayera en la en ación de la ris eza, me bas aría ver alegre a o ro hermano para ponerme an alegre como "l %ensaba que la misma alegría e& erior consis ía en el !ervor y la pron i ud del hombre para hacer el bien, y que no es ar haciendo algo bueno era pecar con ra :ios y con ra los hombres. Pna noche, en Sena, desper ó a los hermanos con palmadas jubilosas para comunicarles esa idea suya y convencerles de su bondad #es e&hor aba ambi"n6 8Feliz el religioso que no iene j'bilo y alegría sino en las san ísimas palabras y acciones del SeLor, y por ellas arras ra a los hombres con gozo al amor de :ios. S:esgraciado el que se delei a en palabras vanas y ociosas, y con ellas lleva a los hombres a una risa on aT9 :e es a alegría hizo en su primera 2egla un precep o, que Saba ier llamó, con acier o, 8el cuar o vo o de la vida !ranciscana96 8R gu$rdense los hermanos de aparecer ris es, ceLudos, hipócri asO sino odo lo con rario6 gozosos en el SeLor HFlp 0,0J, y alegres y cor "smen e salerosos )omo la al es una alegría con agiosa, los hermanos que enían la dicha de convivir con "l la compar ían, y la con agiaban luego a los dem$s, derram$ndola por donde iban. Aquí se encierra ambi"n el secre o de la sorprenden e di!usión !ranciscana. )oncedamos que la al no es una alegría com'n, sino per!ec aO per!ec a, sobre odo, cuando la vemos en el hermano Francisco ocando el $pice y el hondón, colmando odo su ser, has a en las circuns ancias 41

humanamen e menos propicias a ninguna alegría6 su amor gozoso al mismo dolor. Sí, es la paradoja, es el esc$ndalo y la locura de la cruz H< )or (,,.J, pero con alma !ranciscana. Me aquí una de sus enseLanzas m$s sublimes, imperecedera, dada por "l de palabra y de obra. UIui"n desconoce el capí ulo 5 de las Florecillas, el di$logo de la per!ec a alegríaV UIui"n ha dejado de dis!ru ar con "lV Ro lo voy a ranscribir ín egro, como inmejorable colo!ón de es e capí ulo de su re ra o en cua ro rasgos, con un indispensable oque de modernidad, lo jus o para que lo veamos m$s gra@ amen e en el escenario de hoy con la vigen e ac ualidad que permanen emen e iene. El hermano Francisco y el hermano #eón deciden salir de su gloria celes e y darse una vuel eci a por es e mundo nues ro, an dis in o del de ellos en la c$scara y an el mismo en los ins in os elemen ales del corazón, para represen ar en "l, una vez m$s, su inmor al escena. R aparecen en escena como !ueron6 simples y en unicados. )aminan de nuevo por la carre era de %erusa a Asís. Es invierno6 vien o, lluvia, nieve. )omo van de mendigos, nadie se !ija en ellos. El rayec o se alarga. El hermano #eón marca el paso varios me ros por delan e del hermano FranciscoO los dos, abs raídos en sus pensamien os san os y buenos. :e pron o, m$s !uer e que la voz del vien o, el hermano Francisco dice6 —SMermano #eónT Aunque el hermano menor conozca, odos los secre os de las ciencias y llegue, por las vías del progreso, a las en raLas del mar y de la ierra y has a el i ileo de las es rellas m$s lejanas, escribe y advier e claramen e que no es $ en eso la per!ec a alegría. Sorprendido, el hermano #eón escucha y sigue caminando. Al poco, vuelve a vocearle el hermano Francisco6 —SMermano #eónT Aunque el hermano menor sep$ odas las lenguas, y no sólo las de la ierra, sino has a las de los $ngeles, y con ellas se eleve a la m$s al a cima de la cul ura y de la eología, escribe que no es $ en eso la per!ec a alegría. ;uevo asombro y nuevo silencioso y medi a ivo andar del hermano #eón. R o ra voz del hermano Francisco6 —SMermano #eónT Aunque el hermano menor llegue a vencer al dolor y a suprimir oda l$grima por el ar e de la medicina y de la psicología, escribe bien claro que no es $ en eso la per!ec a alegría. R vuel a a andar, y vuel a a pensar, y vuel a a escuchar6 43

—SMermano #eónT Aunque el hermano menor, me ido a reden or del hombre, haga el milagro de nivelar odas las di!erencias sociales, y odas las gen es del plane a dis!ru en, gracias a "l, de una vida con!or able, escribe que ampoco es $ en eso la per!ec a alegría. Así anduvieron, Xilóme ro ras Xilóme ro. ;i en esos logros ni aunque el hermano menor consiguiera conver ir a la !e y al amor de )ris o a los mahome anos y budis as, a los comunis as y a odos los a eosO ni aunque lograra la unidad de la <glesia y de odas las iglesiasO ni aunque... Al cabo, el hermano #eón, ya irresis iblemen e in rigado, se paró, habló y dijo6 —Mermano Francisco, e ruego en el nombre del SeLor6 si no es $ en la ciencia, ni en la cul ura, ni en la salud, ni en la belleza, ni en la riqueza, ni en el "&i o, ni siquiera en el logro del apos olado, Uen qu" es $ en onces la per!ec a alegríaV %arece que el hermano Francisco aguardaba es a reacción vivaz y curiosa del hermano #eón, porque coge al vuelo la pregun a y, emparej$ndose con "l en el andar, prosigue6 —Fig'ra e, hermano #eón, que, al llegar noso ros a San a =aría de la %orci'ncula, ya de noche, así empapados y iri ando como vamos, llamamos a la puer a del conven o y, sin abrirla ni pregun ar palabra, el hermano por ero nos con es a6 8;o son "s as horas para llamar. <dos a o ra par e9. Si noso ros su!rimos es e desplan e sin al erarnos, por el amor de Nesucris o bendi o, escribe, hermano #eón, que en eso sí es $ la per!ec a alegría. R si noso ros, a eridos por el !río y !orzados por la incomodidad, llamamos al ra o de nuevo, y al decirle6 8Somos dos hermanos vues ros que no hemos podido llegar an es por la inclemencia del iempo9, sale "l reven ando de ira y nos increpa al vernos así, escu$lidos y con nues ro h$bi o pobrecillo6 8S#o que voso ros sois es una pareja de vagos, que haríais mejor en buscar un rabajo decen eT9, y aLade cien perrerías m$s, y ermina d$ndonos violen amen e con la puer a en las naricesO si noso ros escuchamos oda esa le anía de improperios con paz en el ros ro y gozo en el corazón, acord$ndonos de Nesucris o bendi o, escribe, hermano #eón, que ahí sí es $ la per!ec a alegría. R si, pobrecillos de noso ros, no pudiendo sopor ar ya ni el sueLo, ni el hambre, ni el hielo de la noche, nos animamos a llamar por ercera vez, y sale "l como en romba blandiendo un garro e y nos oma por la capucha y nos arras ra, como a unos muLecos, has a el medio de la calle, y allí nos zarandea a placer en re el agua y la nieve, moli"ndonos a palos y dej$ndonos sin !uerza y sin respiro...O si 45

noso ros sopor amos cada palo, cada o!ensa, cada humillación e ignominia con una paciencia alegre, acord$ndonos de nues ro SeLor Nesucris o cruci!icado, escribe, hermano #eón6 Ahí, ahí sí es $ la per!ec a alegría. R ahora oye la conclusión, hermano #eón6 sobre odos los bienes, y gracias, y dones del Espíri u San o que Nesucris o concede a sus amigos, es $ el vencerse el hombre a sí mismo y su!rir de buena volun ad, por amor del mismo Nesucris o, penas, injurias, oprobios y moles iasO ya que de odos los o ros dones de :ios no podemos gloriarnos, porque no son nues ros, sino de El, y por eso dice el Após ol6 8UIu" ienes que no hayas recibido de :iosV R si lo has recibido de El, Upor qu" e glorías como si !uera uyoV9 H< )or 0,5J. %ero en la cruz de las ribulaciones y a!licciones sí podemos gloriarnos, porque dice el Após ol6 8A mí, líbreme :ios gloriarme m$s que en la cruz de nues ro SeLor Nesucris o9 HK$l 3,(0J. El hermano Francisco había pulsado la mejor cuerda de su inspiración, de la que bro a el c$n ico m$s limpio de su alegría in erior y e& erior6 su amor a Nes's, su amor de iden idad con Nes's pobre y cruci!icado. R no digo que "l y el hermano #eón se olvidaron con eso del camino, y del !río, y de la noche, porque, erminado el di$logo, revolaron al cielo como habían venido, con en os de haber encomendado, una vez m$s, a los vien os su ilusionada lección. )ris o nos enamore ambi"n a noso ros y el Espíri u San o nos d" por El un cachi o de esa alegría per!ec a. SAy, an o como la buscamos por o ros caminos y no la encon@ ramosT )laro, porque no es $. 3% +& A6') DE LA +'LEDAD )lara, 8pequeLa Francisco...9 plan a del dichosísimo %adre

H2egla de San a )lara ..J )lara Favarone, San a )lara de Asís H((B0@(,1.J, en ró en la vida del hermano Francisco en la !lor de la edad de ella y en la !lor de la san idad de "l. %er enecía a la nobleza de la ciudad, a la !amilia de Favarone de -!!reduccio. #as vidas de )lara y de Francisco parecían llamadas a ser unas vidas encon radas, y en la primera par e de su his oria así lo !ueronO como clase social eran rivales. R si sucedió que, por uno de aquellos ava ares de la guerra in es ina en re los nobles y el pueblo, 44

Francisco mozo cayó prisionero y se pasó un aLo a la sombra carcelera de %erusa, an es, y por o ro ava ar de las mismas luchas, les había ocado perder a los nobles de Asís, quiz$ cuando el incendio del orreón de la ciudad, y Favarone, con odo el clan !amiliar, uvo que huir de Asís y se re!ugió en %erusa, donde los -!!reduccio poseían, cerca de la ciudad, el cas illo de )occorano. Su palacio de Asís, si o en la misma plaza de San 2u!ino, cerca de la ca edral, !ue saqueado. %arece probado que en la ba alla en que !ue hecho prisionero Francisco luchaban con los nobles de %erusa, con ra las milicias comunales de Asís, Favarone y =onaldo, ío pa erno de )lara, je!e de los -!!reduccio. %ero el Espíri u del SeLor les iba a unir en una amis ad his órica. ;o odo eran da os irreconciliables6 las madres de los dos, %ica la del comercian e y -r olana la noble, habían peregrinado a Cierra San a. )lara creció bella an o como noble, y, m$s a'n que rica y hermosa, con una índole !emenina e&quisi a y !irme, emperamen al y espiri ualmen e. Su primer conocimien o de Francisco !ue en su primera mocedad, cuando "l era ya el peni en e conocido por odosO le gus aba verlo de albaLil de :ios, reparando la capilla de San :ami$n, a lo que ayudó con sus dineros y los de su !amilia. En uno de sus paseos, en que se llegó has a allí con su hermani a <n"s para ver cómo iban las obras, le escuchó a Francisco aquel p$rra!o en !ranc"s, anunciando alegremen e, con aire de rovador, que aquel San :ami$n sería mansión de san as y !amosas damas. ;i el rovador ni el par de damiselas que le escucharon en re el grupo de curiosos se dieron cuen a en onces de que en el aire claro de Asís había sonado el soplo de la pro!ecíaO pero el Espíri u del SeLor había lanzado con "l el primer lazo de una simpa ía sobrena ural que uniría inseparablemen e las dos vidas. :esde aquel día cobró m$s simpa ía )lara a aquel hombrecillo de :ios, que, para ser de El, lo había dejado odo, menos la liber ad y la alegría. %rocuraba escucharle cuan as veces podía, que no eran pocas, sobre odo cuando Francisco empezó a rodearse de imi adores y se me ió a sencillo predicador. May que darse cuen a de lo que cada una de esas opciones personales por la nueva y chocan e vida hacía bullir a la reducida ciudad. Pno de los que siguió pron o al original Francisco !ue 2u!ino, primo de )lara, hijo de Scipione de -!!reduccio, hermano de su padre y rico y noble como ellaO "s e sería un nuevo y !uer e impac o en su alma sensi iva. UAsis iría a aquel sermón c"lebre de la ca edralV Si el hecho !ue cuando )lara no había dejado a'n su palacio, a!irmemos que sí, pues ella vivía a un paso y adem$s se ra aba de su primo. 4B

El hermano Francisco, para ejerci ar en la humildad al hermano 2u!ino, y ambi"n para a!ianzar su personalidad, pues era marcadamen e in rover ido, le habló un día con dulce decisión6 —Mermano, he pensado que ser$ gra o al SeLor y provechoso para i que e despojes del h$bi o y vayas así, en puros calzones, a ravesando la ciudadO ll"ga e a la ca edral y allí predica lo que el SeLor e d" a en ender. %or!ió que no el hermano 2u!ino, que, an o como in rover ido, era de na ural erco y emoso, y humanamen e no le !al aba razón, pues encima era hombre de pocas palabras y sin graciaO pero el hermano Francisco no cedió, y "l, que quería ser un buen novicio, obedeció. All$ seba el hermano 2u!ino con su vergWenza y su vir ud, incapaz de hilvanar una idea para la pr"dica, hecho la risa burlona de sus conciudadanos. A su paso comen aban, llev$ndose el dedo a la sien6 —Es os, de an a peni encia, se vuelven locos, y así acabar$n... =as no !al ó quien le siguiera, chicos y grandes, pues "l se dejaba decir que iba a predicar en la ca edral. El hermano Francisco, al poco de ver marchar al hermano 2u!ino, empezó a re!le&ionar6 —Soberbio ', m$s que soberbio, hijo de %edro Aernardón, que mandas a pasar al deshonra al hermano 2u!ino, no able gen ilhombre de la ciudad. U;o e abochornasV S%ues vas a probar ' lo que mandas a o rosT :icho y hecho. R con la misma ves e jus a para el pudor, y encargando al hermano #eón que le siguiera con los dos h$bi os y sus cuerdas, arranca a la ciudad, la a raviesa apresuradamen e y. cuando en ra en la ca edral, ve al pobre del hermano 2u!ino subido en el pulpi o y su@ dando la pena, dirigiendo unas simples y premiosas palabras al corro de los curiosos y es upe!ac os oyen es. El hermano Francisco sube ambi"n al p'lpi o, e, inspirado de !ervor, pronuncia una pl$ ica sobre la huida del pecado, sobre la !elicidad de la peni encia, y, m$s de enidamen e, sobre el amor de Nesucris o a!ren ado y desnudo en la cruz. #a general curiosidad burlona del audi orio se cambió en devoción y l$grimas. R el hermano Francisco y el hermano 2u!ino se vis ieron su h$bi o y regresaron a su re iro, con en os de que el SeLor hubiera conver ido en an o bien su humillación. Es uviera o no en re esos es igos del amor y del esc$ndalo de la cruz, con sus grandes ojos n'biles abier os por el asombro devo o, o se en erara del caso por el cuen o que se esparció en seguida por la ciudad, lo cier o es que )lara, a sus diecis"is aLos, empezó a menudear sus di$logos con el hermano Francisco, que en onces rondaría la rein ena. Francisco había B/

regresado de 2oma con la aprobación de su !orma de vida por el papa, y nuevos hermanos se le unían. En )lara germinaba con !uerza in erior irresis ible el mismo ideal de amor al SeLor con aquella limpia y alegre radicalidad evang"licaO ni ella ni "l sabían ni se imaginaban cómo podría realizarlo una mujer de su condición, pero lo indagaban en la oración y en el di$logo. Favarone quiso apresurar unas buenas bodas para )lara, y le buscó novio de su alcurniaO pero ella, que, adem$s de sus o ras prendas, despun aba ya como una !irme personalidad y lis a, le dijo redondamen e que no, que ella decidiría el cómo y con qui"n de su ma rimonio. El cu$ndo y cómo no lo preveía, pero el con qui"n, síO su amor, no sería ya o ro que el mismo Amor del hermano Francisco6 Nesucris o, el SeLor. :os aLos largos duraron los secre os y divinos cabildeos. El hermano Francisco, caballero de nuevo cuLo, había vis o muy pron o en ella un corazón digno de ser sólo de :ios, y se adelan aba a encon rarse con ella para animar aquel !uego celes e que el Espíri u había encendidoO pero lo m$s !recuen e era que )lara buscaba al hermano Francisco, se ci aba con "l en el bosque, en los caminos, en alguna iglesia, y allí maduraban su nueva vocación y planeaban. )lara se hacía acompaLar por su amiga y parien a Aona de KWel!uccio, noble como ella, la cual recordaría cuaren a y res aLos despu"s, como los mejores momen os de su vida, su provecho personal y la !ruición deliciosa de aquellos di$logos san os. R llegó el día en que maduraron, como un capullo a pun o de es allar, sus planes humanos para sus divinos amores. El hermano Francisco man endría in!ormado al obispo Kuido, por lo que le compe ía y por lo que pudiera venir. R !ue el (4 de marzo, :omingo de 2amos, de (,(,. )lara asis ió con los suyos al ri o de las palmas en la ca edral, a aviada con lo mejor de sus galas. R por la noche !ue el mis erio6 cuando se cercioró de que odos dormían en el palacio !amiliar, se !ugó de "l por una puer a de servicio y, acompaLada por %ací!ica, hermana de Aona —peregrina en 2oma—, se deslizó en re los claros y las sombras de la ciudad, de la muralla, de la campiLa rala o arbolada, arriba :ios y la luna. El hermano Francisco le esperaba velando en el bosquecillo de la %orci'ncula, el corazón la iendo en re el emor y la ilusión, con su Cabla 2edonda de hermanos, decidido a realizar por su SeLor una hermosa hazaLa. En cuan o sin ieron que llegaban, encendieron an orchas, y, acompaL$ndola con ellas, en raron procesionalmen e en la capilli aO allí, al pie del al ar de la Dirgen, )lara se arrodilló an e el hermano Francisco, y "s e la recibió por esposa de )ris o en el nombre del mismo SeLorO omó unas ijeras que )lara o "l enían prevenidas, y con ellas rapó limpiamen e su cabeza, dando a la B(

buena de Aona la reliquia de aquella hermosa cabelleraO le colocó un velo nupcial y pobre sobre la cabeza rapadaO y odos en onaron c$n icos de gra i ud al SeLor. )lara, por su par e, prome ió obediencia al hermano Francisco. Kozaba indeciblemen e su momen o6 cerraba lo que ella llamaría despu"s 8su vida en la vanidad del siglo9, y se abría del odo al amor esencial y absolu o. El cor ejo, seg'n el plan convenido, llegó an es que la aurora al monas erio de monjas benedic inas de San %ablo de Aas ia, a cuyo buen recaudo quedó la nueva esposa de )ris o y primer re oLo !emenino del hermano Francisco. Fal an y !al ar$n en es e libro mil de alles preciososO pero "s a no es ampoco una biogra!ía, ni siquiera esbozada, de San a )lara de Asís, aunque escribirla es una de las m$s largas ilusiones de mi vida. Sigamos con nues ro hermano Francisco. A la luz de aquella luna m$s caballeresca que rom$n ica, caballeresca a lo divino, acababa de abrir un nuevo capí ulo en su vida, doblando su nueva !amiliaO sin propon"rselo, había !undado la nueva -rden de las que "l mismo llamaría, ambi"n a lo divino caba@ lleresco, 8sus :amas9, 8las :amas %obres de San :ami$n9, hoy -rden de San a )lara. #a 8plan i a9 !lorecería y se mul iplicaría r$pida y maravillosamen e. Apar e lo anecdó ico, la presencia de la hermana )lara en la vida del hermano Francisco supone mucho m$s que esa !ecundidad espiri ual de una nueva rama de su !amilia. :ios cumplió, una vez m$s, en plano sublime lo que dice la Escri ura cuando creó a Eva para Ad$n6 8Doy a darle el au&iliar que le corresponde9 HK"n ,,(4J. #a hermana )lara vino a ser como la media alma del hermano Francisco6 la mi ad de su alma en lo que enía de ideal m$s queridoO en su adhesión amorosa, apasionadamen e absorben e, a )ris o. )lara encarnó así su m$s elevada aspiración. R no sólo de "l, sino de oda su !amilia, de su -rdenO )lara y sus hermanas recole as resul aron el peso ne o con empla ivo, al lado d" la movilidad apos ólica de los hermanos menores, para man ener el !iel en la balanza de su en rega a :ios y a los hombresO como lo e&presaría ella, el sen ido de su vida era ser, an e el mundo, espejo y ejemplo de en rega o al al SeLor, y vivir para alabarle y glori!icarle y para ser !or alecidas por El en la pr$c ica generosa del bien. Ra vimos apun ar es e problema como la primera crisis del !ranciscanismo nacien e al narrar su primer viaje de regreso de 2oma, reci"n es renada la aprobación papal. #a crisis, en !orma de ensión viva B,

en re las e&igencias humanas y divinas del ideal evang"lico, perduró y a'n perdura como dinamismo in erior propio del espíri u !ranciscano, que iende por sí a la simplicidad y a la radicalidad, y ha hecho de es a !amilia amplia y !ecunda el grupo humano@religioso que ha su!rido y gozado m$s re!ormas e in en os de renovación y de au en icidad en la his oriaO pero, sobre odo, perduró agudamen e en la vida personal del hermano Francisco. Acer amos seguramen e si pensamos que el comprobar con sus ojos la plena !elicidad de )lara, dedicada de lleno a la con emplación, agudizó en "l la irres aLable querencia. Ra por aquellos iempos de la consagración de la hermana )lara, "l se re iraba a orar a sus solas y a sus anchasO a veces, oda una cuaresma, y normalmen e dividía su iempo —regalo de :ios—, como a par es iguales, en re su empeLo por conquis arle las almas de los hombres y su dedicación morosa y amorosa a darle del odo la suya propia en la con emplación Es a energía de al a ensión en re predicación e in imismo con empla ivo le man uvo en vilo mien ras vivióO pero lo mejor de su alma se lo llevaba siempre la soledad con :ios, donde le sen ía y se le en regaba como al cen ro de gravedad de su serO en el mismo !in de sus días le describe el biógra!o anhelando volver a empezar sus hazaLas apos ólicas, pero m$s a'n anhelando salir de en re los hombres para aden rarse en los lugares m$s escondidos, y allí no ener m$s cuidado que comunicarse con :ios, 8sin o ra separación en re El y "l que el !r$gil abique de su cuerpecillo9 Esa iran ez psíquica en re su irresis ible simpa ía divina para con los hombres y su o ra irresis ible a racción a sólo :ios, no ardó en provocarle una crisis, y bien agudaO hoy la llamaríamos una !uer e crisis de iden idad, a es e al o nivel6 Ucon emplación o apos oladoV Su vida, sin par ir, para una sola en rega, porque Francisco iba siendo cada día m$s el hombre de la en rega absolu a, y lo absolu o, cuando se posesiona de un hombre, no en iende mucho de par es en equilibrio es $ ico. )urioso, pero normalO "l, que había zanjado sabia y decididamen e es a cues ión en su incipien e !amilia, no daba para sí mismo con la solución. 2e!le&ionó largo y oró in ensamen eO pero la duda persis ía, y cada vez m$s negra. R decidió, en su humildad, consul arlo con el SeLor por dos de los suyos pre!eridos6 el hermano Silves re y —claro es $— la hermana )lara. #lamó a los hermanos Angel y =aseo y los envió primero a San :ami$n y luego al re iro de las )$rceles, mon e arriba de Asís, donde el hermano Silves re oraba en soledad, con el encargo de que a la una y al o ro le e&pusieran sus dudas y el uno y la o ra le dieran la B.

respues a que les inspirase el SeLor. #a doble respues a no ardó en llegar, y !ue id"n ica has a en las palabras6 —Iue seas pregonero de )ris o en el mundo, porque el SeLor no e ha elegido sólo para i, sino para mucho provecho de los dem$s. )lara, que había suplicado las luces del Espíri u jun amen e con sus monjas, le aLadiría que para la o ra !orma de la con emplación e&clusiva las enía a ellas. R Francisco, en uno de sus arreba os carac erís icos, en cuan o oyó al solución, salió con los mismos hermanos =aseo y Angel del re iro de sus re!le&iones y se llegó al pueblo m$s cercano, %ian de Arca, en re )annara y Aevagna, a dos leguas de Asís, ardien e de predicar. )aminaba con al prisa, que se veía que lempulsaba el Espíri u, y caminaba gozoso, e&ul an e. Mabía hallado la clave para su crisis. Es a seguiría con "l, como sigue la sombra al cuerpo, pero "l enía ya en la mano la solución6 el ra o con :ios lempulsaría al ra o con los hombres, y el ra o con los hombres le haría buscar $vidamen e el ra o con :ios Iuien quiera ignorar la primacía del aprecio de la con emplación en el alma del hermano Francisco, ignora el alma de su alma, lo mejor de su persona. Allí, en la con emplación, dialogaba "l con su Amado y su SeLorO allí le conocía a El y su EvangelioO allí bro aban sus inspiraciones m$s logradas, sus 8oraciones9, que luego escribiría o dic aría para el !ervor de an os, y sus esquemas de predicaciónO allí le dio :ios la cer eza, con indecible gozo de su alma, de que le había perdonado o almen e sus peca@ dos, y respiró como un renacidoO de allí salía ese hermano Francisco que arreba aba luego a los hombres con su simpa ía y su ardor. Deces había que, es ando con o ros, repen inamen e se cubría el ros ro con el man o o con las manos, por no dejar de a ender a la visi a imprevis a del Mu"sped in erior, y así se es aba un buen ra o. El ra aba luego de disimular, como siempre que salía de sus !ervores rascenden es, y solía decirle a :ios6 —9SeLor, gu$rdame ' es a dulzura y consolación que me has dado, an icipo de u cieloO gu$rdamela en i para cuando vaya a i, que yo, pecador, no soy sino un ladrón y un malbara ador de us esoros9. R a los o ros decíaO —9Pno, cuando sale de la oración, debe es ar con los dem$s como lo que es, pobrecillo y pecador, como si :ios no le hubiera galardonado con sus gracias especiales9. B0

Esa maravilla humana de la humildad y de la alegría del hermano Francisco, que an o nos ha podido gus ar y asombrar en el capí ulo an erior, se en iende correc amen e sólo en es e marco de su conocimien o de sí mismo en la oración6 8)osa rara —e&clama )elano—6 odos le ama@ ban y elogiaban a por!ía, y sólo "l se enía por un villano y se despreciaba pro!undamen e9. En una de sus e&hor aciones ípicas, comparaba "l a la manzana del paraíso con la volun ad propia6 8)ome del $rbol prohibido quien se apropia de sí mismo, de su volun ad, y se enorgullece de los bienes que :ios dice u obra por "lO con lo cual cambia el $rbol del bien en $rbol del mal9 R una de sus m$&imas !avori as era6 8#o que es el hombre delan e de :ios, eso es, y nada m$s9. Es a humildad re!erida a la san idad, que para "l resul aba la mayor evidencia del mundo, no la en endían siempre ni quienes m$s convivían con "l, y con !recuencia le miraban con an a e& raLeza como asombro. Sobre un e& o precioso de )elano, las -lorecillas ejen es a a'n m$s preciosa an"cdo a6 Salía el hermano Francisco de orar en la selva. El hermano =aseo le había espiado y le esperaba. Se le hace el encon radizo y le espe a, en ono !ingido de reproche6 —U%or qu" a iV U%or qu" a iV U%or qu" a iV —UIu" me quieres decir con esoV —respondió pregun ando, sin en ender, el hermano Francisco. —:igo que por qu" odo el mundo va de r$s de i, si ' no eres ni un buen ipo, ni sabio, ni noble... Francisco se alborozó al oír esa de!inición de lo que "l no era. =iró un buen ra o al cielo, como siguiendo el hilo a la con emplación de la que venía, y luego e&clamó en un ono subido de !ervor6 —UIuieres saber por qu" a mí, por qu" a mí, por qu" odo el mundo me sigue a míV %uesS es o me viene de los ojos del al ísimo :ios, que en la ancha ierra con emplan a odos, buenos y malosO y porque esos ojos san ísimos no han vis o en re los pecadores ninguno m$s vil, ni m$s in' il, ni mayor pecador que yo, y porque no han encon rado sobre la haz de la ierra cria ura m$s incapaz para realizar la obra maravillosa que se propone llevar a cabo, por eso me ha escogido a mí y no a o ro6 para con!undir la nobleza, y la grandeza, y la belleza, y la !or aleza, y la sabiduría de es e mundo, a !in de que se conozca que oda vir ud y odo bien procede de El y no de la cria ura, y para que ninguno pueda gloriarse de sí mismo, sino de El, al cual sea oda la gloria y la honra por siempre. B1

El hermano =aseo le debió de responder con un 8am"n9 gozoso y sonoro como un 8am"n9, coral. R noso ros ambi"n. Aendi as largas noches de oración, que dieron a luz ese sol luminoso que es el hermano Francisco. Aendi as cimas soli arias, oscuras gru as, espesuras recole as de los bosques, que nos regalaron es a divina algarabía de hombre en re los hombres que !ue "l. El es capaz de curarnos, con su ejemplo, de esa doble en!ermedad que acecha al hombre religioso de hoy y de siempre6 el ac ivismo y el quie ismoO el en regarse a los hombres y a las cosas m$s que a :ios o el vivir an e :ios en un hedonismo espiri ual, de espaldas al mundo y a los hombres. #a suya es una maravillosa !órmula, hecha de conversión personal y de gra i ud al SeLor, pero ambi"n un logrado aleamien o de acción humana y de obra, divina, o de acción divina y de espon $nea liber ad humana, hijo de :ios y hermano de oda cria ura. ;ues ro divino juglar anduvo odo el camino de su vida sobre es a cuerda !loja, ensa en re los dos imanes de su emperamen o y de su san idad6 de su emperamen o e& raver ido, hecho para la amis ad y el di$logo, y de su san idad, !uerza del Espíri u que le arras raba al di$logo y la amis ad de El solo. =$s de una vez, caminando en re los hombres, vacilaba, la en ación volvía, le llevaba hacia uno solo de los dos polosO pero en onces se acordaba de la mi ad de su alma, de la !igura y la vocación de la hermana )lara, y seguía. Pna leyenda lo ha e&presadonme@ jorablemen e6 una noche, el hermano Francisco oraba con el alma inquie aO quie a era la ersura de la noche blanca, con la luna en su c"ni O cerca había un pozoO a "l se acerca Francisco, por variar de con emplación o por mirar el !ondo negro de sí mismoO y, en el espejo redondo del agua, la luna re!leja el ros ro de la hermana )lara, sereno y oran e, con el blanco y dulce óvalo de su cara enmarcado en la oscura oca. S#a hermana )lara velaba y oraba por "lT... R la luz y la paz volvieron al alma del urbado %obrecillo. =ucha in a se ha gas ado, desde los au ores primi ivos, para describir las relaciones en re San a )lara y San Francisco, des acando el e&agerado cuidado de "s e para no ra arla —a ella y a sus sores— con mucha !amiliaridad Halg'n librepensador m$s moderno, indocumen ado o malin encionado, ha querido mirar esas relaciones como una amis ad meramen e humanaO pero no hay por qu" es!orzarse en deshacer es e en uer o, un disla e m$s de los que la li era ura bara a o !an$ ica es $ plagadaJ. %or encima de cuan o se ha escri o, y aun anulando oda o ra in erpre ación, es $ es e e& o de "l a ellas6 B3

8Ra que por divina inspiración os hicis eis hijas y siervas del al ísimo %adre y sumo 2ey celes ial y os desposas eis con el Espíri u San o, eligiendo vivir seg'n la per!ección del san o Evangelio, quiero y prome o ener siempre de voso ras un cuidado diligen e, una a ención especial9. )lara copia en su 2egla reveren emen e es e au ógra!o, y por su par e es imonia6 8lo cual cumplió "l cuidadosamen e mien ras vivió, y quiso que lo cumpliesen siempre los hermanos9. R en su es amen o, mir$ndose a sí misma y a sus hermanas, le recuerda con inmensa nos algia, y le llama 8columna nues ra y, despu"s de :ios, nues ro 'nico consuelo y sos "n9. #os de alles, originales siempre y m$s de una vez aparen emen e e& remosos, con que Francisco medía y dila aba llegarse a San :ami$n, m$s por evi ar charla anerías de o ros que por "l, no eran sino e&presión delicada y !irme de que en ellas quería de!ender y guardar in ac o su pro@ pio ideal6 el amor o al, limpio y absolu o, has a e&clusivo, a Nesucris o, el SeLor. Sabía, por su !e cris iana y por su e&periencia personal, que "sa era la mejor suer e, y procuraba que nada ni nadie se la qui ara H#c (/,0,J. %or eso, cuando les dic e su es amen o líricamen e original, con su verso y melodía, en una de sus es ro!as@cl$usulas les recomendar$6 8Ra no mir"is a la vida e& eriorO Sla vues ra del espíri u es mejorT9 SAhT Iuería que 8su plan i a9 siguiera en el jardín mís ico de San :ami$n, ahondando en las e ernas raíces, con su allo erguido en permanen e vigilia de con emplación, y la corola del corazón enamorado, en perpe uo girasol, vuel a a aquel Sol de amor hacia el que "l mismo la había orien ado. )on esa de!ensa ac iva y pasiva de la 8vida con :ios9, con esa elevación permanen e y ardien e de la pun a de su corazón hacia lo al o, pero ambi"n con ese corazón la iendo c$lidamen e de in er"s por los hombres con quienes le ocó vivir, el hermano Francisco le es aba dando al mundo una lección sobre la iden idad de odo hombre como cria ura de :ios, impuls$ndole a recuperarla. Cambi"n esa lección sigue vigen e para noso ros, hombres de hoy, y la necesi amos, como el desier o necesi a el agua. Denimos de :ios y vamos hacia El, y sólo El ilumina el camino, pero a quien busca su luz en la oración. )omo en el hermano Francisco, la vida de odo hombre cambia radicalmen e si se orien a hacia :ios. %ara decirlo con palabras que ienen au oridad e&cepcional para el hombre B5

moderno, copio es as e&presiones de Fernher von Araun, el genio que ha hecho del espacio un paso para los sueLos y las ambiciones mul iseculares del hombre6 8En es a "poca de vuelos espaciales y !isiones nucleares —escribía en (B3B—, es preciso conseguir una a mós!era de " ica y moral que gobierne nues ro con rol de poder. R es o puede conseguirse solamen e dedicando muchas horas a esa concen ración pro!unda que llamamos oración. R yo me pregun o6 UIueremos hacerlo asíV Es necesario es!orzarse en conseguirlo. #a oración puede llegar a conver irse en un rabajo realmen e duro. %ero la verdad es que es el rabajo m$s impor an e que podemos realizar en el momen o ac ual9. =irar, con emplar el mundo y la vida a esa luz de :ios, su )reador, nos devolvería —un don suyo m$s, y no el ín!imo— la poesíaO la poesía resca ada de la e& orsión y del pecado, pura y originalO una poesía de la vida como la que gozaron el hermano Francisco y la hermana )lara. Aunque a es a poesía vi al le dedicamos el capí ulo siguien e, adelan emos aquí una es ro!a. ;o cons a his óricamen e que )lara dejara jam$s su amada clausura de San :ami$nO pero ahora leamos en las poe izadoras Florecillas es a escena de ilusión, enormemen e signi!ica iva6 8)uando el hermano Francisco moraba en Asís, visi aba a menudo a la hermana )lara y le daba san os consejos. R sucedió que a ella le vino un grandísimo deseo de comer siquiera una vez con "l, y se lo pidió rei eradamen eO pero el hermano Francisco no accedía. Diendo los hermanos la ilusión de ella y la obs inación de "l, le dijeron6 —Mermano, esa rigidez no parece con!orme a la caridad de :iosO porque, siendo la hermana )lara una virgen an san a y amada del SeLor, no es $ bien que no la con en es en de alle an pequeLo como es comer con igo, y m$s cuando por u palabra abandonó ella las riquezas de su casa y las vanidades del mundo. :e verdad, hermano6 aunque e pidiera un !avor mayor, la deberías complacer, como a hija uya espiri ual. El hermano Francisco, que deseaba ambi"n ín imamen e ser convencido, inquirió6 —U)re"is en onces que es bueno acceder al capricho de nues ra hermanaV —Sí, jus o es que le des es e consuelo. —%ues que así os lo parece a voso ros, ambi"n me lo parece a mí. R. para que sea mayor su ilusión, quiero que engamos es e $gape en San a B4

=aría de los AngelesO aquí !ue ella raída por :ios y consagrada como esposa de Nesucris o, aquí comeremos jun os en nombre de :ios. El día convenido salió de su San :ami$n la hermana )lara con o ra dama pobre, y o ra vez en procesión alegre, escol ada por algunos compaLeros del hermano Francisco, vino a la %orci'ncula, saludó a la Dirgen =aría delan e de su al ar, arrodillada en el mismo pun o donde había dejado sus cabellos y recibido el velo. El hermano Francisco hizo poner la mesa cerca de la capilli a, sobre el suelo, como acos umbraba. #legada la hora, se sen aron a la mesa6 Francisco, con la hermana )laraO un hermano, con la o ra damiani a. %or san iguada y aperi ivo, el hermano Francisco comenzó hablando, como le iba a su emperamen oO pero, inspirado con la e& raordinaria y caballeresca circuns ancia, le dio por hablar de :ios an e&quisi amen e, que, olvidados de los sencillos manjares, los cua ro comensales !ueron arreba ados por el !ervor, arrobados de un gozo pen ecos al, con los ojos y las manos elevados al cielo. El Espíri u del SeLor ale eaba allí. UIu" iempo duraron en la gozosa suspensiónV #as gen es de Asís, de Ae ona y de la campiLa oda vieron con sus o y asombro que el bosquecillo de la %orci'ncula, en la noche incipien e, ardía como en una enorme y clara llama, y corrieron all$ con gran prisa para apagar el !uego. El !uego que creían, porque, al llegar corriendo sin alien o, vieron que no había al !uego, sino o ro mejor, pues encon raron a las dos bendi as parejas ensimismadas en :ios, arreboladas del !ervor de su amor, alimen $ndose sin comer, olvidado el humilde yan ar de aquella campes re mesa...9 #a narración es inocen e y bellísima, y, apar e de los elemen os imagina ivos, recoge de maravilla la ac i ud permanen e de es as dos vidas que el SeLor unió para que se amaran am$ndole a El como 'nico Amor, mirando a lo al oO e&presa el amor de dos almas que el Espíri u sublimó a la ebriedad del gozo puro, rans!igurando su vida en un paisaje envidiablemen e luminoso. Aien podemos noso ros, para degus ar su belleza, volver a con emplar el !inal de esa escena encan adora, mir$ndola con la descripción vesperal de Nuan 2amón Nim"nez en el Angelus de su %la ero6 8=ira qu" de rosas caen por odas par es6 rosas azules, rosas blancas, sin color... :iríase que el cielo se deshace en rosas... :e las sie e galerías del paraíso se creyera que iran rosas a la ierra... =$s rosas, m$s rosas, m$s rosas...9 BB

#a mejor belleza de la vida, la luz que idealiza y rans!igura al mundo, viene siempre de arriba. 9% EL 1'E4A +AN -)ANCI+C' 8#oado seas, mi SeLor, con odas us cria uras.9 H)$n ico del hermano Sol.J Sí, el poe a nace. #o ha probado, si a'n hacía !al a, nues ro hermano Francisco. Iuien le haya seguido por es as p$ginas has a aquí, por poca perspicacia psicológica que enga, habr$ vis o al poe a que "l era desde el vien re de su madre6 su delicadeza emperamen al, su a!ición a juglar y rovador, su imaginación repen is a, su es ilo na ural e inspirado de presen ar las ideas en !orma de símbolos o par$bolas, su gus o por personi!icar H> hacer personasJ a las ideas o por esceni!icar las lecciones morales, su espon aneidad al adop ar, an e cada circuns ancia, una ac i ud siempre original, que con !recuencia parecía chocan e, y, sin embargo, caía bien...O odo eso es $ diciendo que nos encon ramos an e un poe a na o, an e un creador ins in ivo de belleza, poe a de los de en onces y de los de siempre. )on su conversión cambió el hombre, pero siguió el poe a6 del comercian e que !ue el mozo 8Francesco9 no quedó nadaO del poe a y caballero, odo, y mejoradísimo. De$moslo en uno de sus nuevos pasos. Fue jus o al aLo siguien e de su hazaLa caballeresca con la hermana )lara, a la que —mejor que en el mejor libro de caballería— libró, con un golpe de amor y de audacia, de la prisión del mundo mundano, en la que el corazón y el alma de la joven noble y hermosa languidecían por Aquel por cuyo amor suspiraba. En la primavera de (,(., el hermano Francisco con el hermano #eón habían salido en pareja apos ólica del valle de Espole o, dirigi"ndose hacia la 2omaLa, y al pasar al pie del cas illo de =on e Fel ro percibieron el bullicio de una !ies a e& raordinaria6 —UIu" hay en el cas illoV —pregun aron. —Iue un conde se arma caballero. R el hermano Francisco dijo al hermano #eón6 —En remos noso ros ambi"n, que, con la ayuda de :ios, aquí podemos sacar para El mucho provecho.

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R se colaron. El hermano Francisco no dejaría de recordar sus iempos, a'n no muy lejanos, en que ambi"n "l soLaba y pre endía armarse caballeroO pero ya sin nos algia. - ra m$s al a nos algia le a raía. Se llegan a la plaza cas ellana, donde bulle la gen e, brillan los a avíos, y odos los ojos es $n pendien es de que se inicie la ceremonia. El hermano Francisco, llamando sobre sí la a ención general, se encarama sobre unas al as piedras y con su adem$n de querer hablar logra, por la e& raLeza del caso y de su !igura, un o al silencio. R san igua el sermón con una es ro!a caballeresca sabida por odos6 8%or el mucho bien que espero, el dolor me es placen ero.9 Kus ó el inicioO pero, cuando m$s de uno esperaba que siguiera una rova para el nuevo caballero, el predicador pobrecillo glosó el lema con inspiración y devoción y ges iculando mucho y con gracia, hablando de los após oles y los m$r ires, de la peni encia y de la conversión, de la alegría y la honra de realizar proezas y de su!rir comba es por el amor de )ris o bendi o... Fue un n'mero improvisado de la !ies a, y el mejorO los ojos quedaron encan ados, y los corazones movidosO y no !al aron quienes se prendaron ya para siempre de la simpa ía del hermano Francisco, como el conde -rlando, gran seLor de )hiusi, en )asen ino, a quien volveremos a encon rar m$s adelan e por sus ierras del mon e Alverna %ero a un poe a, quien mejor le en iende es o ro poe a. Criun!aba por aquella d"cada un rovador !amoso, na ural de la =arca de Ancona, conocido como 8el rey de los versos9O era inspirado y !acundo y de preciosa voz, gran maes ro en el can o noble y cor esanoO y an o como un buen poe a y rovador —9can au or9 dirían algunos hoy—, hombre de vida alegre, y licencioso, con m$s versos para el amor libre que para la vir ud liberadora —condición an com'n ambi"n en onces en el mundo de los ar is as—. A al cima de "&i os y de !ama había llegado, que el mismo emperador le coronó en el )api olio como al 8rey de los versos9 en una cor esana !ies a !as uosa. Es e rey lírico coincidió con el hermano Francisco en San Severino, en un conven o de clarisas. ;o le conocía ni de oídas. Mabía ido allí por visi ar a una parien a suya monjaO el hermano Francisco, por en!ervorizar a sus hermanas espiri uales. Aqu"l, con su cor ejo de admiradoresO "s e, con su !ra erna pareja de viaje. El hermano predicó, y el poe a se hallaba en re la concurrencia. En cuan o Francisco empezó a hablar, 8el rey de los (/(

versos9 quedó prendadoO le oía cada palabra como si !uera viva, m$s que e&ac a, y dicha con una asombrosa sencillezO el concep o, ní ido y pro!undo, y la e&presión vocal, ine!ableO y acompaLaba cada vocablo con ges os y miradas an e&presivos, que cau ivaba. #e oía como una inspiración deslumbran e, lo veía como una danza de !uego, de !uego celes e. R su imaginación quedó suges ionada al con emplar, en uno de sus ges os ora orios, aquella cruz peni encial del h$bi o pobrecillo animada por un espíri u ine!able —imagen viva de la misma cruz de )ris o, sobre la que predicaba—, y su corazón se rindió. En cuan o acabó la pr"dica y se pudo acercar a "l, le dijo6 —Mermano, yo quiero ser como 'O admí eme en re los uyos. Al hermano Francisco le hizo !eliz al propues a, y m$s al conocer qui"n eraO mas, ambi"n por ser quien era, le aconsejó un iempo para la re!le&ión y que volverían a hablar. El poe a le con es ó, impacien e y ajan e6 —U%ara qu" m$s palabrasV Dengamos a los hechos. S$came de los hombres y devu"lveme al gran Emperador. El divino poe a había ganado al poe a mundano. Al mismo día siguien e, el hermano Francisco armó caballero de )ris o al hermano %ací!ico, vis i"ndole su librea. #e puso ese nombre de %ací!ico de mu uo acuerdo, porque le había raído de la bara'nda a la paz. El %obrecillo su@ maba uno m$s de sus hermanos, y podía e&clamar con especial propiedad es o que le gus aba decir en o ras ocasiones6 —9Es os son mis hermanos bendi os, caballeros de mi Cabla 2edonda, que gus an re irarse del mundo para ser m$s provechosos a los hombres y m$s gra os a :ios9. - es a o ra !rase ambi"n suya6 —9UIu" son los siervos de :ios sino juglares suyos, que buscan mover los corazones para prendarlos de las alegrías del espíri uV9 Esa an"cdo a es una en re an as, y, si le he dado la prioridad, ha sido por lo que supone de juicio de valor el que un poe a consagrado se encandile con o ro poe a. El hermano %ací!ico no dejó ya de seguir al hermano Francisco y llegó a ser uno en re la media docena de sus m$s !ieles e ín imos compaLeros quiz$, ambi"n, porque al an iguo 8rey de la juven ud9 le gus aba especialmen e la compaLía del an iguo 8rey de los (/,

versos9 y porque los dos habían renunciado alegremen e a sus coronas por una gloria mejor. R aquí podemos y debemos sumar, como descripción de las nada comunes !acul ades po" icas del %obrecillo, unas cuan as preciosidades similares. Escojamos cinco, empezando por des acar esas !acul ades crea ivas de belleza en el medio de e&presión que mani!ies a al poe a, al ar is a na o, mejor a'n que la palabra escri a o hablada6 la mímica. (. El sermón de la ceniAa.—=oraba el hermano Francisco en San :ami$n, y, por lo que !uera, no es aba aquellos días muy amigo de pla icar a las hermanas, las cuales deseaban su palabra como el campo el rocío, o como pajarillos en jaula la a ención y el alimen o. El vicario general — debía de ser el hermano Elías— le indicó insis en emen e que no era razonable ener ayunas de su e&hor ación a las siervas del SeLor, y Francisco se dejó convencer una vez m$s. %ero les predicaría a su manera. #as ci ó en el coro, como de cos umbre, y las sores acudieron con prisa ilusionada, por el doble gus o de escucharle y de verle. Francisco, en cuan o es uvo an e ellas, simplemen e y en silencio se puso en ac i ud de oración, con los ojos en al oO miraba y quería que miraran hacia Aquel a quien enía dirigido y en regado su corazón. #uego, escue amen e, mandó que le rajeran ceniza, y abundan e. R siguió mudo. Se la rajeron. Sin decir nada, omó la ceniza y razó con ella en el suelo un círculo amplio. R se colocó "l como cen ro del círculo gris, se sen ó en cuclillas y se desparramó sobre su cabeza la ceniza sobran e. R así se es uvo un buen ra o, peni en e y callado. SIu" enso y pesado es un silencio asíT... #as monjas empezaban a sen ir has a angus ia. :e golpe, se levan a y, an e los ojos por momen os m$s a óni os de las sores, reci a pausada y sen idamen e el =iserere, ese salmo 1/ largo, dolorido de arrepen imien o y de esperanza. R con el am"n !inal, sin m$s glosa y a pie r$pido, se salió del círculo de ceniza y de la vis a de las monjas. Aquellas con empla ivas nunca habían con emplado una verdad así, ni se lo esperaban. R prorrumpieron a coro en sollozos y l$grimas, desahogo de la emoción ensa y con enida y de la con rición honda y repen ina de sus corazones. =ejor que con el mejor sermón, sin duda. ,. &n reproche pere!rino en Na>idad.—Era el día de la %ascua navideLa y en Kreccio. %or ser al !ies a y porque había llegado a celebrarla con ellos un minis ro de la -rden, los hermanos prepararon la mesa como e& raordinaria, cubri"ndola de blancos man eles, poniendo vasos de cris al jun o a sus escudillas de barro. (/.

Aajó de su celda el %obrecillo para comer, y se disgus ó al ver aquellas elegancias. #lamó sigilosamen e a un compaLero, y con "l concer ó r$pidamen e el plan6 sale !uera del conven o, le pide a un pobre que había llegado al eremi orio su capa, su sombrero y su bas ónO se vis e con esas prendas y espera !uera de la puer a a que los hermanos se sien en a la mesa y empiecen a comerO "l les eda dicho que no esperaran por "l a esa hora. R allí es aba el hermano con!abulado, lis o para avisarle. Es $n ya comiendo y bebiendo a man eles y vasos de cris al, cuando suena sonoramen e la puer aO abre el hermano, y en ra el dis!razado de peregrino, con su capa y su bordón, el sombrero echado a la espalda. En ró saludando humildemen e6 —%or el amor de :ios, una limosna para es e pobre y en!ermo peregrino... #os hermanos le reconocieron de inmedia o. El minis ro siguió el juego y le dijo6 —Mermano, ambi"n noso ros somos pobres, y adem$s muchos, y por eso necesi amos las limosnasO mas por el amor de :ios, a quien has invocado, en ra y e daremos de lo que el SeLor nos ha dado a noso ros. R Francisco en ró, la mano en ges o suplican e. El minis ro le endió la misma escudilla en que "l es aba comiendo, y un rozo de pan. Francisco los omó, pero no se sen ó a la mesa, sino en el suelo. R allí, de abajo arriba, an es de probar bocado, les dijo una pla iquilla sobre la pobreza y la humildad, y erminó con es a alegre e&presión6 —Ahora es oy sen ado como un hermano menor. #as reacciones an e esa corrección an clara como inesperada !ueron varias, pero odas en la gama que va de la vergWenza a las l$grimas. R, en los corazones, es e comen ario6 —SIu" cosas iene nues ro hermanoT %ero no ha hecho m$s que decimos la verdad. .. El capricho de un salterio.—Fue c"lebre el caso del novicio sabihondo, ingenuo y per inaz. ;o era cl"rigo, y sí un ignoran uelo a!icionado a ser como los cl"rigos. %or lo cual se encaprichó en ener sal erio como ellos, y le pidió al minis ro general licencia para procur$rselo. El minis ro se la dio, pero el novicio uvo un capricho m$s6 que se lo permi iera el mismo hermano Francisco. #legó el %obrecillo a aquel conven o, y iempo le !al ó al novicio para e&ponerle meli!luamen e su deseo6 (/0

—%adre mío, para mí sería un gran consuelo ener un sal erioO y, aun cuando el general me lo ha concedido, no quisiera enerlo sin u benepl$ci o. A Francisco le dio por la vena po" ica, y, adop ando un ono caballeresco, le sol ó por respues a el siguien e p$rra!o superquijo esco6 —El emperador )arlos, 2olando y -liveros, así como odos los palaciegos y dem$s es!orzados varones poderosos en la guerra, persiguiendo a los in!ieles has a la muer e con gran rabajo y no menos sudores, ob uvieron de ellos muy seLaladas vic oriasO y ambi"n los san os m$r ires murieron por la !e de )ris o. Moy día, sin embargo, hay muchos que pre enden los honores y las alabanzas de los hombres con sólo narrar lo que aquellos h"roes hicieron. )osa parecida sucede en re noso ros6 hay algunos que con sólo rezar y ponderar lo que realizaron los san os, quieren adquirir la gloria y el honor... El novicio le escuchó sin pes aLear. R se calló. R no en endió o no quiso en ender la respues a del hermano Francisco, porque a los pocos días, es ando el %obrecillo sen ado cerca del !uego, se le acercó de nuevo y le volvió a insinuar lo del dichoso sal erio. Francisco se le quedó mirando, y con voz !irme y un an ico irónica, como queriendo curar erquedad con erquedad, le dijo6 —Si llegas a ener el sal erio, luego desear$s ener el breviarioO y, cuando engas el breviario, e creer$s un gran prelado, y le dir$s a u hermano6 8SCr$eme el breviarioT9 R, al pro!erir esa amarga ironía sobre la hinchazón y ridiculez del orgullo, con gran !ervor de espíri u omó un puLado y o ro de ceniza, y, así sen ado como es aba, se la !ro aba sobre un lado y o ro de la cabeza, como si se la es uviera lavando, a la par que gri aba repe idamen e6 —SIuiero un breviarioT SIuiero un breviarioT SIuiero un breviarioT... Si con el p$rra!o ora orio no pes aLeó, el encaprichado novicio quedó corrido y es upe!ac o con es a escena ea ral que le mon ó el original %obrecillo. Di"ndole así, el hermano Francisco se compadeció de "l, y, cambiando el ges o y la voz, con inuó en ono con!idencial6 —Cambi"n yo, hermano mío, e&perimen " esa en ación de ener libros, pero acudí al SeLor en la oración para que me mani!es ara en es o su volun adO luego abrí el libro de los san os evangelios, y se me o!reció es a !rase6 8Doso ros es $is ya en el secre o de lo que es el reino de :iosO a ellos, en cambio, a los de !uera, odo se les queda en par$bolas9 H=c 0,((J. (/1

Son an os los que se es!uerzan en adquirir la ciencia por su gus o, que bien pueden llamarse bienaven urados los que pasan como ignoran es por el amor de :ios. )on eso, pareció que el novicio y su problema quedaron ranquilos. %ero noO el novicio aquel era hombre de ideas !ijas. Al cabo de unos meses, morando Francisco en la %orci'ncula, paseaba por el camino del bosque, jun o a la celda. R he aquí de nuevo inesperadamen e al novicio de marras lleg$ndose a "l con su pre ensión del sal erio6 —SDe e en pazT —le con es ó Francisco con cier o desabrimien o, como qui $ndoselo de encima —. De e en paz y haz en es o lo que e dijere u minis ro. Se lo dijo ambi"n queriendo llevarle la paz, aunque !uera por ese camino. R el novicio se volvió r$pido por donde había venido, mal disimulando su con en o de haber logrado lo que quería. Francisco, a seguida de su primera reacción, quedó pensa ivo... y pron o pesaroso. ;o había dado el novicio rein a pasos, cuando el %obrecillo le gri ó6 —SEsp"rame, hermano mío, esp"rameT R salió corriendo hacia "l al mismo iempo que se lo gri aba. Al llegar donde se había parado el o ra vez inquie o pe icionario, le dijo6 —Du"lve e conmigo, hermano, y seL$lame el lugar donde e dije que hicieras en lo del sal erio lo que e dijere u minis ro. :esandaron el camino silenciosos. )uando llegaron y el novicio le indicó el lugar, Francisco se arrodilló an e "l y le dijo compungidamen e6 —)on!ieso mi culpa, hermano, con!ieso mi culpaO pues odo el que quiera ser hermano menor debe con en arse con ener para sí los ves idos que indica la 2egla. R nada m$s. ;o sabemos de alle pos erior de es e novicio ignoran illo y pre encioso. %ero esa lección, espiri ual y dram$ icamen e, es magis ral. 0. 4entación de nie>e C luna.—#ecciones dram$ icas y po" icas como "sa, ambi"n se las daba a sí mismo. )elano nos de alla la siguien e, dada en el eremi orio de Sar eano, sobre un escenario blanco de nieve y luna. Asis ió a la represen ación, sin que Francisco se perca ara, un herma@ no que ambi"n velaba oran e y cercano. Aqu"lla había sido para el %obrecillo una noche ingra a de en aciónO empezó por unos pensamien os de descon!ianza sobre el propio camino de su conversión y nueva vida H8Can a peni encia, Upara qu"V SSi :ios perdona del odo los pecados y es buenísimoT...9J, y derivó luego, de suges ión en suges ión, hacia unas inquie an es y obsesivas imaginaciones (/3

lujuriosas. Francisco reaccionóO en cuan o se dio cuen a de que [( =aligno le quería qui ar la paz y arras rarle al mal, se desnudó, omó su cordón $spero y se vapuleó con "l duramen e las espaldas y los lomos, mien ras se decía6 —SMala, hermano asno, halaT Así e conviene es ar, recibiendo la igazos. El h$bi o es para los buenos religiosos, no se lo robes '. R, si quieres ir a o ra par e, ve e. SMala, hermano asno, halaT... )omo la en ación no seba ni con el sarcasmo y la crueldad de los zurriagazos, el que se !ue a o ro si io !ue "lO corrió a pleno campo, así desnudo como es aba, y allí se iró y revolcó en una hoya, levan ando espuma de nieve. #uego se incorporó, y con la nieve, con gran ligereza de manos, !ue levan ando sie e mon ones de dis in as !ormas y amaLos, serio y regocijado como un niLo que jugaraO cuando dio por hecha su area, se encaró con los sie e monigo es y peroró6 —=ira6 es a mayor es u mujerO esos cua ro que le siguen son us hijos, dos niLos y dos niLasO y ahí ienes ambi"n a u criado y a u criada, que no han de !al ar en una !amilia que se precie de al. SAnda, apres'ra eTO vis e a odos, que iri an de !río. R, si e !as idia an a preocupación, dedíca e a servir con solici ud sólo a u SeLor. Se había reído de sí mismo, y la en ación se había vola ilizado an e esa !orma de !idelidad al SeLor, llena de ingenio y de belleza. El !as idio le vino al hermano Francisco al día siguien e cuando se en eró de que su ea ro había enido su espec adorO le mandó que a nadie se lo con ara. 1. /iolinista en el 2osque%—R vamos a cerrar es as es ampas con una serie en que se jun an la inspiración del poe a y la del mís ico. #levado de esa su vena ocurren e y espon $nea, hacía cosas a veces que a los que se las veían les llenaban de e& raLeza6 de pron o se ponía como a bullir por den ro, y, como si !uese incapaz de dominar su in erior, dejaba escapar una in erjección en !ranc"s, y luego, sol ando al aire su j'bilo, prorrumpía en can os, ambi"n en su !ranc"s caballeresco. R o ras veces, sin pronunciar palabra, salía de su celda, se acercaba al bosque, omaba un palo nudoso y se lo apoyaba con la mano izquierda sobre el hombro a guisa de violín, se hacía con o ra vari a lisa y la movía sobre "l a modo de arco, y, acompaL$ndose con ese ins rumen o r's ico, can aba, suspiraba, lloraba, danzaba, in erpre ando la sona a de su amor a Nes's cruci!icado has a arreba arse en la !ruición de "& asis. UDerdad que no cambiaríamos esas cinco es ro!as vivas por odos los versos de muchos poe as consagradosV SEs e sí que era un ar is aT (/5

%ero vamos a aden rarnos un paso m$s en la apreciación del emperamen o aquila adamen e po" ico del %obrecillo. :onde se descubre al verdadero poe a, quiz$ a'n mejor que en esas mani!es aciones sorpresivas y originales en re los hombres, es en su vibración psíquica al con ac o con la belleza na ural y palpi an e de las cosas. %oe a es, sobre odo, el animador conscien e de los seres inconscien es o inanimados, de los que "l se convier e en voz e&presiva, sublim$ndoles la e&is encia. R aquí, el hermano Francisco es m$s que un poe a6 un maes ro de poe as. ALadamos que un maes ro divino, de divina poesía. Moy, despu"s que los dos 'l imos concilios de la <glesia han precisado dogm$ icamen e cómo :ios se ha revelado y se sigue revelando al mundo, los eólogos gus an de e&plicar que al divina revelación es riple, se da como en res !ormas e&presivas de lo que es El en sí mismo y respec o de noso ros6 primero, en su mismo ac o creador, en la creación, o mundo de los seres creadosO despu"s, en la encarnación de la %alabra del %adre, Nesucris oO y, por 'l imo, en la mani!es ación plena que har$ de sí mismo a los elegidos en la gloria celes e. ;o vamos aquí a eologizarO pero es preciso y precioso ener en cuen a ese pensamien o sus an ivo para en ender la e&celencia del hermano Francisco como poe a y la e&quisi a bondad generosa que el )reador uvo con "l al do arle de esa cualidad en grado an eminen e. %orque, en e!ec o, cómo se le haya mani!es ado :ios en el cielo, se nos ocul a, aunque los que vivieron con "l in uyeron y creyeron que allí le es aba reservado, por su humilde y !idelísima san idad, uno de los ronos m$s al os que #uci!er dejó vacío por su soberbiaO pero, por lo que conocemos de las o ras dos revelaciones de la divinidad, hay que decir que el hermano Francisco !ue un privilegiadoO de cómo vio y vivió la revelación de :ios en Nesucris o, es amos eniendo pruebas en cada rincón de es a biogra!íaO y de cómo vio y amó a :ios en sus cria uras, vamos a hablar un poco aquí. Se diría que, cuando el concilio Da icano << a!irma que 8el hombre, hecho nueva cria ura, puede y debe amar las cosas creadas por :ios, porque de :ios las recibe, y las mira y las respe a como salidas de sus manos9 "=audium et spes .5J, es $ eniendo presen e an onom$s icamen e al hermano Francisco. UIui"n ha vivido m$s ní ida e in ensamen e es as relaciones personales de aprecio, de respe o y de amor con las !lores, con los (/4

animales, con la creación en eraV =iraba a las cria uras bro ando de :ios, como "l, y las llamaba como llamaba a los m$s suyos6 sus hermanos, sus hermanas #as miraba an al vivo como a hijas de :ios, que has a en su simplicidad, en su humildad, las escuchaba como si le dirigieran un reproche6 —Codas las cria uras que hay bajo la capa del sol —escribía—, cada una seg'n sabe y puede, sirven, conocen y obedecen a su )reador mejor que '. #o m$s !recuen e era que con un encan o sencillo, como de niLo o de paloma, les e&hor aba al amor y a la alabanza de su )reador, y se servía de cada una de ellas como de o ras an as escalas po" icas para subir de las cosas hermosas al Mermoso por e&celencia, amando a :ios y goz$ndose de :ios "l mismo y por ellas. )on ese op imismo vi al pres ó al mundo un servicio inapreciable, que odos los poe as y dem$s hombres pos eriores le enemos que agradecer. #e ocó vivir en la Edad =edia, negramen e en enebrecida en es e aspec o por los c$ aros, que habían resuci ado virulen amen e las !a a@ les sombras del maniqueísmo, con su principio de la maldad in rínseca de la ma eriaO y "l, el bendi o San Francisco, disipó las inieblas con la luz de su poesía limpia y vi al, y, como resume San Auenaven ura, 8con su amor a cada cosa devolvió el mundo a su paradisíaco es ado de inocencia9. UAlgunos ejemplosV Siquiera algunos, para gozar es e buen sabor de boca. A un hermano que hacía leLa para el !uego, le recomienda cariLosamen e que no cor e el $rbol en ero, para que siga viviendo la plan a, pero, sobre odo, en memoria del $rbol de la cruzO a o ro que cul ivaba un huer o, le advier e que es !eo u ili arismo dedicar oda la parcela a !ru os comes ibles, y le indica que reserve un rincón, el m$s soleado, como zona de jardín, para cul ivo de hierbas arom$ icas y de !lores, a !in de que, ol!a e$ndolas y mir$ndolas, nos delei en y oigamos que nos dicen6 —Es :ios quien me ha creado para i, Soh hombreT Solía poe izar6 —%or la maLana, cuando sale el sol, odo hombre debe alabar a :ios, que lo creó para que nues ros ojos se iluminen con su luzO por la arde, cuando anochece, odo hombre debe alabar a :ios por esa o ra cria ura suya, nues ro hermano el !uego, que en la oscuridad permi e que nues ros ojos sigan viendo con claridad (/B

El agua, las hierbas, los $rboles, odo, has a las piedrasO quienes le acompaLaban le vieron muchas veces rebosando de gozo, acariciando cada cosa, con empl$ndolas morosa y amorosamen e. Sobre odo si, cosa o animal, le recordaba m$s especialmen e, por cualquier concep o, a su Amor, a Nesucris oO en onces el j'bilo y la e&quisi ez del ra o eran indecibles. Me dicho que has a las piedrasO pues, para ser e&ac o, habría que decir que especialmen e las piedrasO al caminar sobre ellas, su paso se volvía como ímido, respe uoso, amorosamen e reverencialO y odo porque recordaba que la Escri ura dice6 8%ero la %iedra era )ris o9 H< )or (/,0J. Damos, que es aba loco, enamoradamen e loco, deliciosamen e loco, como se podía ver ambi"n en es e o ro ges o con que ra aba al agua6 cuando se lavaba las manos, escogía un lugar donde la hermana agua no !uera luego pisadaO o como cuando se encon raba con un campo ma izado de !lores, y se ponía a invi arlas ardorosamen e a que alabaran al SeLor y le dieran gracias por su esbel ez y sus lindas !ormas y colores, como si las !lores le en endieranO y lo mismo an e los viLedos y los rigales, los mon es rocosos y los bosques, los ríos y las campiLas verdes, la ierra, y el !uego, y el aire, y el vien o impe uoso o suave, la luna, y el sol, y el !irmamen o nublado o es rellado... Francisco no era sólo un poe a que gozaba y can aba la na uraleza, sino un amigo suyo, su hermano, que la sen ía palpi ar y comulgaba con ella en ese p$lpi o vi al de cada ser en el universo, y la in erpre aba y compar ía su vida dialogando con ella en una reciprocidad realmen e viva, porque era "l quien la animaba. Derle vibrar y ac uar en esos de alles líricos, era como leer el mejor de los poemas, un encan o, un puro delei e. :e su amor a los animales habría que escribir un libro apar e, el libro m$s boni o del poe a San Francisco. E&clamaba6 —SAhT Si yo hablase con el emperador, le había de pedir y aconsejar que, por el amor de :ios y ambi"n por el mío, diese un edic o en vir ud del cual nadie pudiese ni cazar, ni ma ar, ni causar ning'n daLo a las avecillas que cruzan el aire Es e de alle, que no ser$ muy del agrado de nues ros escope eros cazadores, me da pie para no silenciar una carac erís ica del amor de es e poe a a las cria urasO al amor, precisamen e porque era au "n ico, es $ lejos de odo u ili arismo egoís a. =$s6 se diría que a quienes a endía menos era a los animales que el hombre a iende m$s, de los que se apropia para some erlos a su u ilidad o a su capricho de una !orma u o ra. #os amaba como una re!erencia al )reador, no para sí mismo, y por eso pre!ería la ((/

na uraleza pura6 los valles y los bosques, las !lores y los p$jaros que los pueblan. :e la hermana )lara sí sabemos que enía en su conven i o de San :ami$n una ga i a raviesa, con la cual jugabaO pero ella !ue una san a dom"s ica y adem$s era mujer. :el hermano Francisco no leemos que dijera —Sa an os que leemos que llamaba hermanosT— hermano perro, hermano ga o, hermano caballoO cuando hablaba del hermano asno, lo decía por su cuerpecillo !laco Es e de alle es, por lo menos, curioso, y signi!ica ivo de sus pre!erencias. ;o, no buscó servirse de las cosas egoís amen e, y adem$s quería ambi"n para sus hermanos los seres in!eriores la san a liber ad de los hijos de :ios que deseaba para "l. %or lo mismo, no le gus aban los animales glo ones ni los calculadoramen e pre@ visores, y has a maldijo una vez a un pe irrojo por zamparse su ración y la de los o ros pajarillos de la banda. Amaba a odos cier amen e, pero ambi"n "l enía sus pre!erencias, legí imas en odo aman e. )on especial amor y ernura dis inguía, por ejemplo, a las hermanas alondras, y "l sabía por qu", y lo decía6 8;ues ra hermana alondra lleva en su moLo capucha, como noso ros, y es un ave humilde, que va alegre por los caminos buscando grani os para comer, y, aunque los encuen re en re el barro y la basura, los saca y se los embucha. )uando vuela, ella can a y alaba al SeLor, como los buenos religiosos, que menosprecian lo erreno y ienen su corazón y su conversación en el cielo. Adem$s, el ves ido de su plumaje, con las mangas largas de sus alas, es como el nues ro, de color erroso, y así da buen ejemplo a los religiosos para que no se vis an con rajes preciosos o llama ivos, sino con la sencillez y la parda color de la ierra de los campos9. Si es o que yo escribo, en vez de ser un libro, !uera un libre o para ea ro, aquí sería el momen o de sacar a escena al hermano Francisco con sus hermani os m$s variados. #ejos de un bello y mero lirismo, sería mon ar esc"nicamen e algunas de las incon ables his orie as reales de su vida. ;o buscó servirse u ili ariamen e de los seres in!eriores, ni siquiera al gozar con ellos, y :ios se los regaló maravillosamen e6 su renuncia se rans!ormó en asombroso dominio. #os animales le buscabanO era la realización m$s po" ica del Evangelio6 8Auscad que reine :ios, y lo dem$s se os dar$ por aLadidura9 H#c (,,.(J. Así resuci ó y bau izó en cris iano, encan adoramen e, la bella leyenda de -r!eo. :e muy a r$s le venía la cos umbre de saludarles en cuan o los veía, como amigos y como si le en endieranO pero la primera vez que ellos le (((

demos raron que sí, que le en endían y que le querían ambi"n, !ue cuando salió hecho un !uego apos ólico luego del re!erido vencimien o de su crisis de iden idad. Allí, camino de %ian de Arca, acompaLado como iba de los hermanos Angel y =aseo, vio no muy lejos del camino una bandada de diversos pajarillos. %aró el andar y dijo a sus acompaLan es6 —Esperadme aquí, que voy a saludar a mis hermanas avecillas. R allí se !ue, pasi o alegre, como quien ha vis o inesperadamen e a unos viejos amigos. #as saludó jubilosamen e, como solía, y se e& raLó de que ninguna de ellas se asus ase y alzara el vuelo. SIu" buenoT... R en onces les habló con inspiración y ernura6 —Avecillas, hermani as mías, mucho deb"is amar y alabar al )reador, muchas gracias en"is que darleO pues El, sin que eng$is que hilar, os ha cubier o con ra el !río con dos y has a res ves idos —plumón, plumillas y plumas—, y os ha regalado unas preciosas alas para volar, y ha creado un aire limpio para vues ro cielo, y ha pues o en la ierra !uen es para que beb$is, y mon es y valles para guareceros, y hermosos $rboles para que colgu"is en ellos vues ros nidosO y, sin que eng$is que sembrar ni segar, pone a vues ro alcance lo que necesi $is para comer, y... El hermano poe a no acababa. Seg'n hablaba, iba, con pasi o danzarín, de aquí para all$, de all$ para ac$, queriendo llegar con la caricia de su voz a cada uno de los miembros de la inusi ada asamblea pajaril. Aquello era puro asombroO rozaba las cabeci as y los cuerpecillos con el vuelo de su h$bi o, y las avecillas, allí quie asO quie as no, porque es iraban su cuello como para no perder vocablo, ba ían jubilosamen e sus alas, abrían sus piqui os como embeles$ndose boquiabier as, o como queriendo hablar ambi"n ellas, y se le quedaban mirando encan adas de su compaLía. Cerminó bendici"ndolas e indic$ndoles que se desbandasen, pues parecía que ellas, por ellas, no se querían ir. R en onces las avecillas alzaron el vuelo y se dispersaron, en una algarabía de ale eos y chillidos, san iguando m'l iplemen e la campiLa, como una cruz mul icolor y canora, m$s bella que la rosa de los vien os. El bueno del poe a %obrecillo, rein egrado a su pareja, es aba m$s con en o que odos los niLos jun os, y se lamen ó con sus hermanos de viaje de que no se le hubiera ocurrido an es predicar a las hermanas avecillas. ;o se arrepen iría ya m$s de al negligencia, ni con las avecillas ni con los o ros hermanos menores de la creaciónO ellos se encargarían de recordarle es e irrepe ible pac o de amis ad6 lebra illos que no quieren es ar ((,

con nadie m$s que con "lO conejos campes res que pre!ieren su regazo a la liber ad, y cuan as veces los ponen en el suelo para que corran, o ras an as brincan a sus brazosO aves acu$ icas que o ros cazan y le obsequian, y que "l res i uye a los aires del lago, pero vuelven a la barca y a sus manos, que@ riendo su compaLía m$s que el cieloO peces que le regalan, vuel os por "l al agua sin !ron eras, que se pegan querenciosamen e a la barca en que iban "l y el pescador has a que les manda que se alejen, d$ndoles su bendiciónO g$rrulas golondrinas que se callan repen inamen e a su manda o y se es $n como piezas de museo, quie as y a en as mien ras dura su sermónO cigarras que le desa!ían, en una jus a de alabanzas al SeLor —ellas, con la gui arrilla chirrian e de sus "li rosO "l, con sus salmos y canciones inven adas—, horas y horas, día ras día, has a que les indica que vuelvan a la !lores aO ór olas que, de salvajes, al conocerle a "l, se quedan a vivir con los !railes, mansas como gallini asO corderillos que "l resca a de en re una manada de carneros, porque le recuerdan a )ris o inocen e en re los sica@ rios que le mal ra aron y ma aron, y ellos se lo agradecen con e&presivos balidosO lobos que se amansan dulcemen e an e su m$s dulce presencia... #a enumeración no es comple a, na uralmen e, y me da pena con en arme con sólo enumerar an"cdo as an deliciosas en sus de allesO mas, como mues ra, es su!icien e, pues es e libro no es ampoco una an ología de sus dichos y hechos po" icos. R repi o6 la belleza de es os idilios es $ en que son an"cdo as reales an o como e&presiones boni@ ísimas. El hermano Francisco se encon ró con un mundo de crueldades, de ambiciones y de guerras, y llevó por "l, en su corazón, un mundo —un mundo universal— de hermanos. :% 1E)E=)IN' DEL A6') 8A odos, yo, el hermano Francisco...9 HCarta a los Gieles << (.J )ier o y cau ivador6 el hermano Francisco se sabía y se sen ía verdadero hermano de las !lores y de los $rboles, de las aves y de los peces, de las es rellas, la luna y el sol, porque cada e&is encia concre a era y es hija de :ios, cria ura suya, como "lO pero cuando es a cria ura de :ios era o ro hombre, como "l, redimido por )ris o, amado por )ris o has a el sacri!icio de la cruz, en onces su amor de hermano era como el de odos esos o ros amores jun os, y m$s si de alg'n modo especial le recordaba a ((.

ese Nesucris o bendi o, como los pobrecillos de los caminos o los o ros pobrecillos de los o ros caminos, los pecadoresO en es os casos has a lloraba su desgracia, los compadecía con an a ernura, se in eresaba an delicada y e!usivamen e por ellos, que era la encarnación viva de aquel dicho del Após ol6 8Mijos míos, me caus$is dolores de par o has a que )ris o se !orme de nuevo en voso ros9 HK$l 0,(BJ. ;o hay que bucear mucho ni poco en la personalidad ín ima del %obrecillo para ver que la clave de su e& raordinario amor a los hombres era la misma de odos sus o ros amores6 su amor de enamorado a :ios en Nesucris o. R aquí sería propio omar la palabra 8clave9 en sen ido musical, como signo y principio de in erpre ación de odas las !ormas e&presivas que vienen despu"s. Es decir, que si "l era una lira sensible y a!inada que sonaba dulcemen e cada vez que una cria ura de :ios le aLía, aunque !uera levemen e, cuando es a cria ura era un hombre —obje o personal del amor personal de )ris o, como "lO necesi ado de la misericordia divina, como "l—, sonaba vibran e la cuerda de su simpa ía y de su amor como si le hubieran rasgado en su pun o m$s sensible. Es a bella y propia e&presión lírica es de San Auenaven ura. =$s a'n6 si el re iro de la con emplación le arras raba, era, sí, porque deseaba amar sumamen e al Amor, pero ambi"n porque quería alcanzar con su oración que El se hiciera amar sumamen e por odosO si se daba has a e&cesivamen e a la peni encia, no era sólo por ser hijo de la espi@ ri ualidad de su "poca o por una in!luencia inconscien e del ca arismo — como insin'a Esser con cier o acier o—, sino principalmen e porque quería en regar su vida por los dem$s, como )ris o la en regóO y si resolvió la crisis crucial de su vida de san o lanz$ndose por esos mundos de :ios, !ue por in erpre ar m$s li eral y cabalmen e el amor que a odos los hombres nos uvo )ris o y por llevarle a \l los corazones de odos los hombres y mujeres de su iempo. A es iguan sus biógra!os6 8;o se consideraba amigo de )ris o si no amaba, como El, a cada uno de los que El an o amó9. Solía repe ir que nada debe impor arnos an o como el in er"s de las almas, por esa misma inconcusa razón6 porque el Mijo de :ios en regó por ellas su vida en la cruz. R cuando el SeLor le regaló hermanos, incon ables hermanos, en endió que se los daba como o ros an os corazones con los que mul iplicar ese amor apos ólico suyo. %oniendo en sus le ras un acen o en raLable, les escribía6 8%ara es o os ha enviado :ios a odo el mundo6 para que deis es imonio del mensaje del Mijo de :ios y para que hag$is ((0

saber a odos que El solo es quien lo puede y se lo merece odo9. R cada vez que llegaban a sus oídos las buenas nuevas y la provechosa predicación de sus hermanos, sal aba de gozo y con!iaba a quienes es aban con "l que sen ía como si por sus oídos pene rara has a la medula de su ser un, ungWen o maravilloso, que le pene raba y le esponjaba odo por den ro. )i o aquí una sola an"cdo a, por ra arse de paisanos nues ros6 #lega donde "l un piadoso cl"rigo espaLol, y en un largo p$rra!o — ya en onces peror$bamos los espaLoles así, por lo vis o— le cuen a los horarios e&igen es, los !ru os de san idad, las maravillas que :ios hacía en algunos de ellos..., y cierra el p$rra!o con es a e&clamación, que alg'n maliciosillo juzgar$ hoy como riun!alis a, pero que "l dijo con la sencillez c$ndida de un orgullo legí imo6 —SEs o pasa en nues ra ierraT El hermano Francisco, m$s jubiloso a'n que el cl"rigo espaLol, se levan a como e "reo de !ruición in erior y prorrumpe por odo comen ario6 —SKracias, SeLor, que me das a dis!ru ar an o con mis hermanosT SAendícelos generosísimamen e, y a los que por su buen ejemplo se ornan a i y e agradan con el per!ume de su nueva vidaT =as "l no vivió esperando que le llegaran las no icias de los suyos. Fue un incansable andarínO con su cuerpecillo en!ermizo, pero !ibrosoO con sus desnudos pies $giles, cuando se podía servir de ellos, y, si no, en!ermo, sobre un asnillo, y siempre con la ardien e impaciencia del amor en su corazón, 8por espacio de dieciocho aLos cabales — es i!ica )elano— apenas se dio descanso, con largos y penosos viajes a rav"s de varias naciones. %or el deseo apasionado de gri ar el Evangelio de )ris o a oda la ierra, era capaz de recorrer en un solo día cua ro o cinco cas illos y ciudades, predicando con la palabra y el ejemplo, haciendo de odo su cuerpecillo lengua y voz del SeLor9. U)u$n os miles de leguas recorrerían los pies alados y el corazón llamean e del %obrecillo, del orien e al occiden e de su en oncesV :e !ron era a !ron era de la ancha Francia, a la que cobró un a!ec o especial, por lo que le gus aba caballerosamen e el !ranc"s, y m$s a'n por la devoción de los !ranceses a la eucaris ía. Fue en (,(0 y (,(1O cruzó Francia, bajo el sid"reo camino de San iago, en busca de EspaLa, peregrino del sepulcro del após ol 8hijo del rueno9O a EspaLa en ró por el reino de ;avarra, recorrió los de )as illa y #eón, y llegó al 8!in de la ierra9. #o que arriba era un camino de es rellas y abajo una nu rida ru a de romeros, ((1

los pies apos ólicos del hermano Francisco lo rans!iguraron en el reguero imborrable de las luces de su simpa ía enamorada y enamoradora. -li e, en ;avarra, y )iudad 2odrigo, en )as illa, se glorían de haberle !o ogra!iado en piedra para la pos eridadO la primera, en el pór ico, y la segunda, en el $bside de sus iglesias, aquellos días en cons rucción. :e Kalicia, sa is!echa su devoción de romero, pasó a %or ugal, y volvió a cruzar nues ra península, saliendo de ella por )a aluLa. %ero en es e camino de regreso dejó una huella his óricamen e muy impor an eO orando en San iago, en endió como volun ad del SeLor que los hermanos, aun siendo peregri@ nos de :ios, no !ueran sólo rashuman es, sino que pudieran es ablecerse en lugares !ijos, como cen ros de su irradiación apos ólicaO y en la senda de su regreso jacobeo, desde la misma dudad compos elana, !ue dejando una es ela de !undaciones. %uede, pues, a!irmarse que los primeros conven os !ranciscanos llevan nombre espaLol. Si por ahí es uvo has a el e& remo occiden al, en (,(B y (,,/ se dirigió a -rien e has a donde en onces se podía llegar, y pron o lo veremos por aquellas ierras y caminos de lugares san os y de sul anes como permanen e peregrino de la paz y del amor. El, buen cris iano, enía de la vida del hombre un sen ido, claro y nunca olvidado, de peregrinación, de camino sin pausa hacia la pa ria de!ini iva —una concepción esca ológica de la e&is encia que diríamos hoy—. %eregrino del Amor absolu o, 8!oras ero y emigran e en es a ierra9 H< %e ,,((J, !ue a la par peregrino del amor en re los hombres, apasionadamen e empeLado en llevarlos a odos con "l al paraíso. %ero las ierras m$s ro adas por los !inos pies del %obrecillo !ueron las de la gran bo a geogr$!ica de su < alia, de nor e a sur y de mar a mar. R como cada viaje enía la misma me a y hombres hay en odas par es, cualquier camino era bueno. %or esos caminos de :ios iba un buen día con el hermano =aseo, y se encon raron de pron o con que la senda se par ía en res6 a Sena, a Florencia, a Arezzo. —U%or cu$l iramosV —inquiere el hermano =aseo. —%or donde :ios quiera, hermano —le respondió Francisco con su alegría sorprenden e. —UR cómo sabremos cu$l es ese camino de :iosV —)on la seLal que yo e dar"6 en el nombre de :ios, ahí mismo donde es $s plan ado, pon e a dar vuel as girando sobre i como en el juego de los niLos, y no pares has a que e lo mande yo. ((3

Duel as y vuel as del niLo y buen mozo que era el hermano =aseo, cabriolas y mareos, has a que por !in sonó la voz6 —SIuie o ahíT ;o e muevas. R el rompo grande y niLo paró en seco, como mejor pudo. —UMacia qu" par e mirasV —Macia Sena. —%ues "se es el camino que nos marca el SeLor. R a Sena !ueron, y llegaron en un momen o de sangrien a discordia ciudadana, que apaciguó la presencia y la predicación del hermano Francisco. R como Sena, S an asT #e ocó vivir en un siglo que bullía de rans!ormaciones pro!undas, de rencillas sociales y de ape encias polí icas. Alguna vez enía que empezar su pr"dica desvaneciendo prevenciones par idis as sobre "l mismo, como en %erusa6 —;o me ech"is en cara que soy de Asís... %ero "l iba y llegaba a odos los ambien es con la rami a verde de olivo en sus labios, predicando la paz6 8El SeLor e d" la paz9, 8El SeLor os d" la paz9, era su evang"lico saludo invariable H#c (/,1J, hecho un verdadero $ngel de una paz al mismo iempo errena y celes ial, humana y divina. El camino de la paz casi nunca es !$cil. El hermano Francisco lo encon ró. %or eso es ejemplar y alen ador recoger aquí unos cuan os es imonios de los biógra!os primi ivos6 —9Sus palabras eran an sencillas, que encan aba oírle9. 8Mablaba con al viveza en la voz y en los ges os, que pene raba como !ilo de espada por las en re elas del corazón, y cau ivaba la admiración de odos y los arreba aba en el deseo del bien9. —9A los campesinos les hablaba con palabras rudas, de simples que sonaban, y a los cul os, con pensamien os l'cidos y pro!undos, m$s no ables aun por la cris alina sencillez con que los e&presaba9. —A!irmaba un m"dico6 8)uando oigo la predicación de o ros, la re engo en eraO pero la de es e san o varón se me escapaO y no porque no la recuerde, sino odo lo con rario6 porque, al volver a mi men e sus palabras, me parecen una sombra, un eco desvaído de cuando las oía de su boca9. ((5

—9Siempre que en raba en una ciudad, cas illo o casa, anunciaba la paz, e&hor ando por odas par es, an o a los hombres como a las mujeres, a que amasen y emiesen al )reador y guardasen sus mandamien os9. —9Mablaba a odo un pueblo reunido con igual alegría que si es uviera dialogando con un individuo, y predicaba a una sola persona, hombre o mujer, con an ardien e in er"s como a una mul i ud9. —9)undió largamen e en re el pueblo el rumor de su !ama, y su palabra y su ejemplo causaban al admiración en re los seglares, que los movía al dolor de sus pecados y a la enmienda de su vida.9 8R como primero vivía "l lo que predicaba a los dem$s, se lo decía con oda liber ad de espíri u, con in repidez, sin emor a reproches ajenos. Enemigo de oda adulación, no sabía ocul ar los pecados p'blicos de nadie y los reprendía en"rgicamen e, buscando su enmienda con amor y alegría9. —9;o se ruborizaba an e quien !uera, y con el mismo emple hablaba a los sabios y a los indoc os, a los poderosos y a los humildes9. —9Acos umbraba reprender severamen e los vicios del pueblo. El SeLor le había do ado para ello de an a gracia, que odos los que le oían, de cualquier es ado o condición que !uesen, le respe aban y apreciaban an o, que, por !uer es cosas que les dijera, se edi!icaban y se conver ían al SeLor, o por lo menos quedaban in eriormen e conmovidos.9 Es os e& os y sus semejan es, con decirnos an o, se quedan, sin embargo, !ríos. #a gracia era, cier amen e, una bendición de :ios en los corazones, pero :ios la daba por el ins rumen o de esa o ra gracia de la personalidad original, cor "s, simp$ ica, l'cida —y 'nica— del %obrecilloO y "s a, an o como irrepe ible, es irreduc ible a ninguna descripción. %odemos escuchar cier o empaque ora orio en es a crónica de )elano6 8En yendo "l a una ciudad, se alegraba el clero, vol eaban las campanas, goza@ ban los hombres, se congra ulaban las !"minas, vi oreaban los niLos, y !recuen emen e, cor ando ramas de $rboles, le salían al encuen ro can ando9 %ero "se y o ros es imonios dan !e de que Francisco, con su pobre y alegre cor ejo de hermanos, conmovió dulce y vigorosamen e las en raLas de aquella "poca. #a au en icidad de su vida era la mejor credibilidad de su predicación. Al con rario de an os predicadores y renovadores de su iempo, la predicación !ranciscana era espon $nea, breve, sencilla, nada !an$ ica, amable, respe uosa, humilde, desin eresada, peni encial 8O no renegaba de su siglo, ni se en!ren aba con nadie para ((4

humillarlo, desbancarlo o marginarloO quien vive convir i"ndose "l mismo al SeLor, no echa en cara nada a nadie, sino que le o!rece lo mejor que iene6 su propia conversión evang"licaO y enía al mismo iempo en su sencillez al cor esía, encan o y aplomo, que insu!ló en el cris ianismo los m$s puros e!luvios de su primi iva !rescura. Al !ren e de ese ej"rci o de la alegría y de la paz, el hermano Francisco !ue saludado por sus con empor$neos, con asombro y gozo, como 8hombre de o ro siglo9. ;o, nada escri o nos puede ransmi ir hoy aquel milagro emo ivo y rans!orman e del predicador %obrecillo, ni siquiera lo que el mismo Francisco da como 8e&hor ación y alabanza que pueden hacer odos mis hermanos, cuando les plazca, a quien quieran, con la bendición de :ios9, ni o ros muchos escri os suyos que bien pueden ser omados como esquemas de su predicación o como pr"dica e& ual suya. El milagro no es aba en lo que decía, sino en cómo lo e&presaba, o, mejor a'n, en cómo lo vivía, que se ransparen aba. Deces pasaba que se le olvidaba de plano lo que llevaba preparado, y en onces decía lo que le iba dando a en ender el SeLor, o simplemen e con!esaba an e el pueblo su men e en blanco, le bendecía y lo despedíaO y el ges o humilde y breve enía el !ru o del mejor sermón %ero el milagro se daba. )on amos con un es imonio que puede ser cali!icado his óricamen e de e&cepcional por su seriedad y por proceder de !uen e no !ranciscana. ;os lo da el arcediano Com$s de Espala o en su conocida 5istoria salonitarum0 y es una breve reseLa del sermón que Francisco predicó en Aolonia el ( de agos o de (,,,, escuchado por el mismo Com$s de Espala o. Ra es mucho que un sesudo his oriador recuerde el de alle y la emoción de un sermón al cabo de los aLos6 8El mismo aLo de (,,,, siendo yo es udian e en Aolonia, vi en el día de la Asunción de la =adre de :ios a San Francisco predicando en la plaza del palacio comunal, donde se había congregado casi odo el pueblo. Mabló de los $ngeles, de los hombres y de los demoniosO y con an a elocuencia y precisión, que has a los m$s erudi os se maravillaban de que un ile rado pudiera e&presarse an cabalmen e. Adem$s, su discurso no enía nada del es ilo ni de los modales de los o ros predicadores, sino que parecía una conversación o un can o, y no buscaba o ra cosa que apagar los odios y res ablecer la paz. Su sayal era pobrísimoO su !igura, mezquinaO nada hermoso su ros ro. )on odo, sus palabras lograron reconciliar los bandos de muchas !amilias nobles, de viejo enconados por riLas !uriosas y asesina os, concer ando en re sí ra ados de paz. Cal !ue el en usiasmo, que ((B

hombres y mujeres se abalanzaban sobre "l, !orcejeando por llegar a cor arle alguna riza de su h$bi o, o al menos por ocarle sus !imbrias9. Iue ese impac o renovador del hermano Francisco no !ue un eco que se disipó en el $mbi o de su audi orio, nos lo dice la his oriaO una his oria viva que llega sin par"n esis has a noso ros. R la primera onda e&pansiva de ese movimien o evang"lico !ue la Cercera -rden Franciscana, que hoy pre!iere llamarse, con renovada propiedad, la Fra ernidad Seglar Franciscana. El hermano Francisco era una pura miel celes ial, que se a raía golosamen e a gen es y gen esO mu@ chos se hicieron hermanos ín egramen e como "l, dej$ndolo odo, y la hermana )lara abrió una colmena recole a para mujeres de esa en rega radicalO pero el Espíri u del SeLor susci aba ras "l a o ros muchos que por su condición de casados u o ras !uer es razones no podían 8salir del mundo9. —R noso ros, Uqu" hacemosV —le decían, luego de escuchar su predicación, grupos en eros de un pueblo, sol eros y casados. —R noso ras, Ucómo podemos vivir una vida asíV —le pregun aban muchas mujeres, conver idas por su palabra al ideal de la per!ección evang"lica. R el hermano Francisco, con en o y agradecido de ver crecer la semilla de :ios a sus pies, les daba normas para seguir a Nesucris o a su es ilo seglar allí donde vivían. Es as normas de vida han llegado has a noso ros con el í ulo de Carta a los Gieles0 y por ser "s e el escri o personal m$s e& enso de San Francisco dirigido a los seglares, lo pongo al !inal de es e libro como ap"ndice. El mismo hermano Francisco puso el nombre de 8-rden de los Mermanos de la %eni encia9 a es os !ieles discípulos suyos que 8le seguían sin seguirle9. Pn$nimemen e, los biógra!os primi ivos dan !e de es a ercera !undación !ranciscana9, pero — Sl$s imaT— ninguno da !echas e&ac as de cu$ndo cuajó canónicamen e es a -rden seglar, la primera de cuan as surgieron despu"s al socaire carism$ ico de las diversas !amilias religiosas. Iuien m$s dice —que yo sepa—, en re los his oriadores primi ivos, de esa 8canonicidad9 es el Anónimo de %erusa6 8R los hermanos !undaron con ellos una -rden llamada de los %eni en es, y la hicieron aprobar por el sumo pon í!ice9. %ero m$s impor an e que el mismo da o cronológico !undacional es de ec ar que innumerables seglares siguen a Francisco, qued$ndose en sus areas de casa y de o!icio, 8desde los principios de su predicación9, llam$ndose hermanos como "l y adop ando su modo de vida. El vien o (,/

!ranciscano soplaba a días an !uer e, que grupos en eros de mujeres de un pueblo o ciudad se comprome ían a vivir como los hermanos, y "s os les !undaban monas erios o bea eríos9O pero los m$s seguían e& ernamen e como an es, seglares en re seglares, encarnando en el corazón del mundo el espíri u del %obrecillo con sus vir udes carac erís icas. %ersonas de es irpe real, como la encan adora joven <sabel de Curingia, conocida en sus ierras como 8la amada San a <sabel9 y en el mundo como San a <sabel de MungríaO nobles como Nacoba de Sie esolios o el conde -rlando de )hiusiO gen es de odos los es rados y de odos los es ados6 cl"rigos, religiosos, casados, sol eros, menes rales de los m$s variados o!icios y rabajadores de odos los campos, !ueron surgiendo en n'mero prodigioso como corona evang"lica y apos ólica, o como una cosecha prodigiosamen e m'l iple, de la vida y las palabras de Francisco y sus hermanos, mul iplic$ndolos por odas par es en ondas humanas progresivamen e m$s amplias y e!icaces. En aquel renacer cris ianísimo, en aquella ar esa en que seba !ormando un mundo rans!ormado, se cumplía la par$bola de la levadura evang"lica !ermen ando oda la masa H= (.,..J. Se ha dicho y redicho que "sa —la Cercera -rden— !ue la verdadera revolución social del hermano Francisco, y yo no voy a repe ir la !rase como un es ereo ipo. %ero Ues que hubo una !alsa revolución social suyaV Falsa, no, porque no e&is ióO !alseada, puede ser. Can ine&ac o como resul aría in erpre ar su amor a las cosas como un mero y bello lirismo —y hay quien lo ha hecho—, sería reducir a sociología su amor a los hombresO ni mera sociología ni siquiera una acción apos ólica con acen o marcadamen e sociológico. #o puede a!irmar sin vacilación cualquiera que conozca las !uen es biogr$!icas !ranciscanasO pero bas e por odos los e& os proba ivos es a conclusión del m$s compe en e de los ac uales his oriadores del !ranciscanismo, ?. Esser6 8=uchos han querido ver —en la vida pobre del hermano Francisco— una simple reacción de car$c er social, por la cual Francisco habría in ervenido en la ensión económicosocial de su iempo. %ero las !uen es his óricas no proporcionan ni un solo elemen o para sos ener al hipó esis9 #a revolución social !ranciscana !ue an elemen al, callada y e!icaz como esa levadura de la par$bola evang"lica. ;o buscó una revolución carac erís icamen e social, sino religiosa, porque no buscó al hombre por el hombre, sino por :iosO pero la mejora social vino por aLadidura. El dijo evang"licamen e, an e el problema del hombre y del mundo, 8sí, sí9 y 8no, (,(

no9, sin m$s circunloquios H= 1,.5J, y con ese 8sí9 y 8no9 de su amor y de su renuncia, de su au en icidad humana y cris iana, dio en su ambien e una no a limpia6 la no a de un sen ido jus o y envidiable de la vida, que luego, mul iplicada por sus !railes, monjas y erciarios, !ue resonando en un acorde cada vez m$s ampli!icado de conduc as sociales coheren es con esa au en icidad humana y evang"lica. #a riple !amilia !ranciscana, !ormada !ra ernalmen e, solidariamen e, por personas provenien es de odas las clases sociales, en cada una de sus ramas, rever ía en la sociedad como elemen o !orma ivo de un nuevo ipo de relaciones humanas, de una !amilia !ra erna, !ra ernamen e universal. #a coherencia de los hermanos de la Cercera -rden con el Evangelio les llevó a no pres ar el juramen o !eudal, y ya es e solo de alle !ue una enorme !uerza revulsiva, revolucionaria, liberadora de lo que había de esclavizador en el !"rreo !eu@ dalismo. %ero "l, el hermano Francisco —por a!irmar con palabras del primi ivo perusino lo que a es iguan odos los biógra!os—, 8respe aba a los seLores, honraba a los nobles y a los pudien es. A los pobres les amaba en raLablemen e y se condolía con ellos. En una palabra, se compor aba como el s'bdi o de odos9. R si eligió para sí y los suyos el apela ivo de 8menores9, no !ue por oposición sociológica a los 8mayores9 o prohombres !eudales, como algunos han a!irmado sin pruebas, sino por ne as razones de humildad evang"lica6 8quiso que los hermanos se lla@ masen menores... porque dice el SeLor en el Evangelio6 Cranquilizaos, rebaLo pequeLo, que es decisión de vues ro %adre daros el reino H#c (,,.,JO y ambi"n6 #o que hicis eis a uno de es os mis hermanos menores, a mí me lo hicis eis H= ,1,0/J9 U2ecord$is la an"cdo a del amigo pobre de Francisco, quemado de ira y de odio porque su seLor le había dejado con lo pues o y en la calle, y recuperando la sonrisa y la paz por, la ernura del corazón del %obrecillo K ;o op ar por nadie con ra nadie, amar a odos, y m$s a los m$s necesi adosO darse "l a cada uno como hermano6 "s e sí es el es ilo revolucionario de San Francisco. )on "l !undó y sigue promoviendo lo que se ha llamado 8la cuar a -rden !ranciscana9, la pl"yade de sus innumerables simpa izan es, de odas las razas, edades y religiones, que, gracias a "l, han soLado y siguen queriendo y soLando un mundo rans@ !ormado por el amor universal. Sí, gracias a es e hombre, que amó a odos los hombres como amigos y se es!orzó con pasión y con ilusión para que odos los hombres !ueran amigos en re sí. R le sucedió con ellos como con las cosas6 "l no los buscó para síO sencillamen e, los amó por ellos mismos (,,

y por :iosO y los hombres quedaron cau ivados. R por el sol c$lido de ese amor, en !eliz !rase periodís ica de sus Cres compaLeros, 8 rajo al mundo una nueva primavera9 ;% EL CA4<LIC' 1'7)ECILL' 8%ensaba que en oda circuns ancia y por en@ cima de odo se debe guardar la !e de la san a <glesia romana.9 H() 3,.J —Dayamos a nues ra =adre la <glesia romana, in!ormemos al papa de lo que :ios hace por noso ros, y some amos a su aprobación y obediencia la obra que hemos emprendido. )on esa !rase simple y decidida y con sus primeros once hermanos, simples y decididos como "l, el hermano Francisco san iguó en aquella primavera de (,/B su decisivo viaje a 2oma. Es e camino de Asís a 2oma lo recorrieron luego muchas veces sus pies andariegos o por r$mi es cu@ riales o por devoción. ;o sabemos cier o si el %obrecillo, a su vuel a de EspaLa, asis ió en la )iudad E erna al c"lebre concilio de #e r$n H(,(1J, aunque hay razones para pensar que sí. Sí sabemos por quien le vio allí, Com$s de Eccles on, que a mediados de julio de (,(3 es aba en %erusa, donde el día (3 había !allecido <nocencio <<<O el %obrecillo no quiso dejar de rendir un sen ido homenaje de aprecio y de oración a quien, en nombre de )ris o, había aprobado, sie e aLos an es, su !orma de vida y 2egla. %ero esos pasos Xilom" ricos en re 2oma y Asís, Asís y 2oma, no son los que m$s nos in eresan aquíO m$s que cu$n os, impor a saber cómo !ueron. R, si ha sido y sigue siendo v$lido el re!r$n de que 8Asís es camino para 2oma9, no se debe a que la ciudad de San Francisco se halle en un lugar an es ra "gico que los caminos de Europa con!luyan en ella para seguir luego a la capi al de la cris iandad, sino porque el hombre m$s represen a ivo de Asís es mod"lico en la ac i ud respec o de la <glesia ca ólica y un im$n de irresis ible simpa ía que a rae a muchas almas a encon rar o a recobrar su sen ido personal y ca ólico de la <glesia, !undada y animada por el Espíri u del SeLor. Sí, los pasos del hermano Francisco !ueron ne a y permanen emen e ca ólicos. )uando su casa, y su comercio, y sus sueLos de juven ud se le quedaron cor os para las ambiciones de su nueva vida, acudió al prelado de su ciudad, re!ugiando en su capa (,.

episcopal su corazón de conver idoO cuando ambi"n Asís se le quedó pequeLa, porque el SeLor le había mul iplicado en hermanos y en ilusiones religiosas, acudió a 2oma, al seLor papa, para que le con!irmara y le bendijera su nueva !amiliaO cuando es a su pequeLa nueva !amilia creció abrah$micamen e, 8numerosa como las es rellas del cielo y como la arena de la playa9 HK"n ,,,(5J, y resul ó incon rolable y compleja para su simplicidad de %obrecillo, Francisco pidió al papa un cardenal pro ec or que, en nombre de la <glesia romana, se la guardara... %ero no an icipemos es os pasos. Deamos primero que el mundo eclesial que le ocó vivir a nues ro hermano Francisco no era muy ca ólico que digamos. Frecuen emen e se han des acado los pun os de semejanza his órica de aquellos comienzos del siglo Q<<< con nues ro mundo de hoy en el aspec o social por el desper ar de una nueva conciencia en lo ciudadano y en lo económico, que, a su vez, !ue origen de una nueva sociedad polí ica. ;o es habi ual aplicar ese baremo de comparación en re aquellas d"cadas de la vida de Francisco y es as d"cadas de nues ro siglo QQ al aspec o religioso in raeclesial. R, sin embargo, al como es $n nues ros días, la comparación es an opor una como in eresan e. Cengo para mí ambi"n que an o es verdad que la his oria se repi e como que la his oria no se repi e nuncaO se repi e a veces como un calco de sus an"cdo as y !enómenos, pero hay circuns ancias en cada "poca y lugar que la hacen irrepe ibleO el primer aspec o es la his oria como maes ra de la vida, el segundo sirve para no caer en el error de lecciones simplis as o !a alis as. Dalga es a salvedad, y veamos6 UIue hoy nos preocupa el ecumenismoV El ecumenismo de aquella geogra!ía religiosa medieval se llamaba 8unión de las dos <glesias9, la romana y la orien al, la ca ólica y la or odo&a. R !ue por aquellos aLos, con la conquis a de )ons an inopla por venecianos y cruzados en abril de (,/0, cuando se pensó, una vez m$s, que la hora an anhelada de la unidad había llegado. En (,(1, el men ado concilio de #e r$n decidió, como un re!rendo de la unión, la elección del pa riarca de )ons an inopla. )on <nocencio <<< parecía asegurado lo que los m$s no ables de sus predecesores habían in en ado en vano. Kracias a su espíri u ecum"nico, a su pruden e olerancia de las varian es griegas en el ri o y has a en algunas cues iones de !e, pareció que se había logrado que la <glesia or odo&a acep ara el primado de %edro, piedra angular de la unidad. El corazón ca ólico y universalis a del hermano Francisco la ió de gozo an e es os sín omas de 8un solo rebaLo con un solo %as or9 HNn (/,(3J..., que luego no maduraron. (,0

Moy surgen por odas par es las que llamamos, gen"ricamen e, 8las comunidades de base9, an numerosas como diversas6 buenas, medianas y vi andasO con su buen !ermen o de renovación eclesial unas, y o ras, como iglesias paralelas o sub err$neas, con es a arias de la es ruc ura y de m$s de un dogma de la <glesia que ellos llaman peyora ivamen e 8o!icial9. R se palpa un ambien e bas an e generalizado de repulsa a la jerarquía eclesi$s ica y a cuan o ella supone, que es an o. %ues bien, nada hay nuevo bajo el sol. En aquellos días del hermano Francisco pululaban en la inquie a y discon!orme cris iandad los joaquini as, los humillados, los pobres ca ólicos, los pobres de #yón o valdenses, los c$ aros, que, a su vez, se llamaban en < alia pa arinosO en Francia, albigensesO en Europa orien al, bogomilas, y en los países del ;or e, bugros o b'lgarosO una e!ervescencia de in en os de renovar o re!ormar a la <glesia y oda una gama de ma ices m$s o menos eclesiales o an ijer$rquicos y an ieclesiales. Alguno de esos movimien os, como los pobres ca ólicos y los humillados —que en (,(3 con aban con (1/ comunidades sólo en la diócesis de =il$n y es aban divididos en res órdenes—, puede ser considerado como un predecesor his órico del movimien o !ranciscano. - ros, como los valdenses, empezaron siendo simplemen e an ijer$rquicos, y luego cayeron bajo la ne!as a in!luencia de los c$ aros. Mabía quienes negaban la validez de los sacramen os adminis rados por sacerdo es indignos, como los secuaces de Arnaldo de Arescia, que ambi"n acabaron absorbidos por los c$ aros. Es os, los c$ aros —e imológicamen e, 8los puros9—, !ueron los verdaderos herejes de aquel iempo, y resul aron el gran peligro de la <glesia medieval por lo ardien e de su proseli ismo y por su conciencia de religión universal. :e en re los sacramen os, rechazaban con especial virulencia el de la eucaris ía. Enemigos irreconciliables de la <glesia romana, la comba ían con un !ana ismo que deja pequeLo al de nues ros es igos de Nehov$O eran capaces de dejarse ma ar, y ni la <nquisición pudo e& erminarlos. Ra hemos vis o an eriormen e que, en re la suma de sus errores, uno capi al era su !iloso!ía maniquea de un doble principio creador, el bien y el mal, con la consecuencia de que el cuerpo humano, creado por el principio malo, es esencialmen e perverso, y las9 relaciones se&uales, ne!as as. ;o voy a hacer aquí un elenco de odos los dispara es !ilosó!icos, eológicos y sociales del ca arismoO pero sí me in eresa des acar, como resumen, que <nocencio <<< les declaró peores enemigos del cris ianismo que los mismos sarracenos, y surgió ladea de una cruzada in erior europea con ra ellosO cruzada que llevó a cabo en Francia Simón de =on !or a sangre y !uego (,1

—demasiada sangre—, mezclando la causa religiosa con sus in ereses polí icos. Francisco conoció muy bien, y desde joven, a los c$ aros. Eran no icia diaria, y c$ncer de la <glesia en que 3( vivía. #os nobles y los nuevos ricos azuzaban las invec ivas c$ aras con ra los bienes eclesi$s icos para apropiarse de ellos. Mas a en las ciudades de los Es ados %on i!icios se di!undían pro!usamen e sus ideas y en la misma 2oma enían una escuelaO llegaron a colocar sus peones has a en las an ec$maras del papa. R una presencia m$s pró&ima a Francisco6 en Espole o había un obispado c$ aro desde !ines del siglo Q<<, es decir, duran e oda la vida de Francisco. El valle de Espole o —Squ" c$ aro era su valleT— se había conver ido en el eje revolucionario del ca arismo en la < alia cen ral. En su mismo Asís de (,/., cuando "l enía vein i'n aLos, un c$ aro era el podes $. Es preciso con emplar den ro de ese marco real al Francisco mozo, conver ido y san o. R resul a enormemen e in eresan e ver su ac i ud, el hombre de <glesia que !ue "l, an e los con es a arios y los herejes en general y an e los c$ aros en par icular. El los comba ió como la luz a las inieblasO simplemen e, siendo. En ninguno de sus escri os ni en ninguna de sus an"cdo as le leemos ni oímos una sola !rase con ra ellos. Eso sí6 pondr$ un cuidado sumo, has a e& remoso, para que sus !railes, monjas y erciarios evi en has a la sombra de la herejía y huyan de ella y de la 8con es ación9 eclesi$s ica como del propio diablo pero por "l, lo que es por "l, no sabríamos ni el nombre de los c$ aros. Sin embargo, por los que le conocieron, conocemos que en su apos olado en ró en con ac o con ellos, y que ellos, como se dice vulgarmen e, 8le iraban a ma ar9 y le endieron lazos para desacredi arlo an e el puebloO pero "l man uvo inal erable, has a con ellos, su $c ica evang"lica de 8no plei ear, no discu ir, no juzgar a los dem$s, sino ser con odos manso, pací!ico, cor "s, moderado y humilde, y hablar a odos con corrección, como conviene9. :ejó para o ros, como su amigo San o :omingo y sus hermanos predicadores, el es ilo de la ora oria ensamblada de argumen os sabios y celososO San An onio de %adua, de la segunda generación !ranciscana, a quien hemos vis o que el mismo Francisco le llamaba, cariLosa y respe uosamen e, 8su obispo9, era universalmen e conocido por esos mismos aLos como 8mar illo de los herejes9, por la con undencia de su predicación y de sus milagrosO pero "l, el hermano Francisco, escogió la ora oria de la vida y el milagro del amor, y ra aba como amigos suyos a los que le comba ían, 8a los cuales —decía— hemos de amar mucho como verdaderos amigos nues ros, ya que por lo que nos hacen su!rir enemos la (,3

vida e erna9 . :el !ru o de es a evangelización de la verdad y del amor dicen mucho es as líneas de )elano, con aire de crónica6 8Iuedaba con!undida la malignidad de los herejes, riun!aba la !e de la <glesia, y, con gran regocijo de los !ieles, los cori!eos her" icos se escabullían. Can claro era el es imonio de su vida san a, que, cuando es aba rodeado de p'blico, nadie se a revía a en!ren arse con "l de palabra. %ensaba que en oda circuns ancia, y por encima de odo, se debe guardar, reverenciar e imi ar la !e de la san a <glesia romana, porque sólo en ella es $ la salud de los elegidos. Deneraba a los sacerdo es y abrazaba a odo el orden eclesi$s ico con un aprecio cordial9. )on sencillez, respiraba a pleno pulmón ca ólicamen e6 U#os c$ aros comba ían los adornos de las iglesias y vilipendiaban los vasos sagradosV %ues "l con su escoba limpiaba que daba gus o las iglesias pobrecillas y abandonadas, suplicaba con amor y humildad a los sacerdo es pulcri ud y respe o en los u ensilios del al ar y encargaba a la hermana )lara y sus sores 8corporales9 preciosamen e ejidos y limpísimos para dis ribuirlos con pro!usión. UIue los c$ aros ponían a la <glesia de chupa de dómine por los pecados de los malos curas y decían que los sacramen os adminis rados por ellos eran como paja deleznableV El con!esaba6 8pues no quiero mirar su pecado, porque veo en ellos al Mijo de :ios y son mis seLores9 y enseLaba a los suyos que an e los sacerdo es de la <glesia romana, por la dignidad de su ordenación, sin a ender a su conduc a como personas, no sólo debían inclinar reveren emen e la cabeza y besar con devoción y respe o sus manos, sino has a los cascos y las huellas de los caballos en que cabalgaban. UIue los c$ aros, con el dualismo de su doc rina maniquea, anulaban pr$c icamen e el mis erio de la encarnación del Mijo de :ios, y su pasión y muer e no enían en idad real, sino que eran pura !an asía de la ma eria, y los sacramen os, especialmen e el del al ar, venían a ser ni m$s ni menos que !an asmas del diabloV %ues "l haría de esos res pun os dogm$ icos el eje !irmísimo de su espiri ualidad personal. =as no caigamos en el error de pensar que el hermano Francisco obraba de ese modo simplemen e por una reacción an ic$ ara. El !ue así, an ca ólico, por un carisma seLalado que :ios le regaló y por la opción personal con que "l cooperó a ese carisma. :i!ícilmen e puede hallarse en la his oria del cris ianismo un ipo m$s represen a ivo del hombre (,5

carism$ ico, y di!ícilmen e ambi"n un cris iano m$s li eral y radicalmen e 8es able en la !e ca ólica y suje o a los pies de la san a <glesia9, como "l mandaba a los suyos. El hermano Francisco es cier amen e hombre de una piedad espon $nea y lib"rrima, personal y simple, pues lo suyo no !ue la lucubración eológica ni los problemas de escuelasO pero alimen ó !iel y permanen emen e esa piedad suya con el meollo de los dogmas ca ólicos6 la Crinidad, la encamación, la eucaris ía, la Dirgen =adre del Salvador... #o que o ros escribían o peroraban como eología eclesi$s ica, "l lo e&presaba como vivencia y como amor, como amor sobre odoO ese amor que dio sen ido a su vida y 8que supera odo razonar9 HFlp 0,5J. En ese abrazo del amor, que es la gracia suprema, el SeLor le dio la o ra gracia de saber alear en !órmula per!ec a la inspiración 8subje iva9 del carism$ ico con la inspiración o revelación obje iva eclesial, las iluminaciones in eriores del Espíri u con la %alabra ransmi ida por la <glesia, sus sacramen os, la jerarquíaO y aqu"llas en el marco de "s a. Siempre me ha gus ado la !rase de )hes er on, por propia y por po" ica, de que 8San Francisco en endió la religión algo así como unos amores9, unos amores de enamorado. Amor de :ios, amor a :ios, amor a los hombres y de los hombres como hijos de :ios, como hermanosO amor a las cria uras, ambi"n hermanas suyas por hijas de :ios, como "l. Amor a :ios primero que nada, porque su vida nueva es aba baLada de luz en el amor de :ios para con "l. R amor divinamen e riplicado, pues enía una conciencia clarísima y una vivencia muy agudizada del dogma cris iano de la CrinidadO si como poe a personi!icaba a los seres inanimados y a los animales y a esos mismos concep os abs rac os que son las vir udes, como ca ólico no olvidaba jam$s que, si los hombres somos personas, es porque nos ha hecho es e regalo de regalos —ser seres libres y conscien es— el :ios uno y rino, las personas por suma an onomasia6 el %adre, el Mijo y el Espíri u San o. #os escri os del %obrecillo es $n sellados a cada paso, con !uerzas y !ervor, por la pro!esión personalísima de su !e rini aria. R )elano lo pondr$ de relieve en su mismo amor a las cria uras, y lo a!irmar$ pregun ando, que es como mejor se dicen las cosas que es imposible decir6 8UIui"n podr$ e&presar la dulzura que le invadía al con emplar en las cria uras el poder, la sabiduría y la bondad del )readorV En cualquier obje o admiraba a su Au or, en oda obra creada reconocía y elogiaba al Ar is a, y en las cosas hermosas, al Mermosísimo, pues nos es $n diciendo6 *SEl que nos ha hecho es buenísimoT+8 )ualquiera puede leer ahí en re líneas que Francisco dedicaba morosa y amorosamen e su a!ición con empla iva a mirar, admirar y agradecer la omnipo encia (,4

creadora del %adre, la sabiduría embellecedora del Mijo, la bondad y per!ección di!usivas del Espíri u San o Si hay alguna e&presión que recoge oda la carga a!ec iva del hermano Francisco e impulsa su vida en era con la ensión de una al a corrien e el"c rica, "sa es 8el amor de :ios9. #e bas aba oír 8el amor de :ios9, para sen irse e&ci ado, conmovido, in!lamado, como si esas cinco sílabas hubieran sido los dedos de un ar is a, y su corazón, las cuerdas de una lira in erior. R !recuen emen e lo mani!es aba, e&clamando an e los suyos6 —S:emos gracias a :ios, hermanos, pues nos ama como si en el mundo no uviera o ra cosa o persona a quien amarT )omo si !u"ramos los 'nicos9. Así concebía y sen ía "l a :ios6 como 8el -mnipo en e, el Al ísimo y Sublime, el San ísimo9, pero al mismo iempo, y m$s acen uadamen e, como 8el Aueno9 por an onomasia6 8 odo Aien, sumo Aien, del odo bueno, el 'nico realmen e bueno9 sobre odo desde que conoció por revelación ín ima, ya en los albores de su conversión, que le habían sido perdonados o almen e sus pecados, que era hijo limpiamen e amado por el al ísimo, san ísimo y buenísimo SeLor. :esde en onces se dejó amar, y guiar, y llevar por El con la liber ad y el gozo de un niLo privilegiadoO con!iaba an o en 8el Espíri u del SeLor y su san a operación9, que le hubiera gus ado nombrar al mismo Espíri u San o en la 2egla 8minis ro general de oda la -rden9. =as para el hermano Francisco, el amor de :ios y a :ios se concre aba par icularmen e en el :ios encarnado, en Nesucris o. #o venimos viendo y lo seguiremos diciendo en odas las p$ginas de es e libro, y no se canse, el lec or de an a rei eración, si es que quiere de verdad conocerle a "l, porque "l no se cansó nunca de ella. Si yo escribiera la biogra!ía de mi hombre idealis a y !amoso que hubiera enido una amada al modo com'n, y ella hubiera sido no sólo el gozo de su corazón, sino oda la inspiración de su vida y de sus hazaLas, Uno sería de rigor el ci ar, y sin cansarse, el nombre de esa amada, los hechos de ese amorV %ues en esa línea, pero mucho m$s al a, hay que ver y colocar el amor en re el hermano Francisco y Nesucris o, y por eso es es ric amen e biogr$!ico re omar a "l siempre. Sí, Nesucris o !ue odo el sen ido y gozo de su nueva vida, y cuando decía 8el SeLor9, 8el SeLor :ios9, se re!ería habi ualmen e a El. %or eso amaba, reverenciaba y hacía honrar an o las dos presencias suyas permanen es en el mundo6 8sus san as palabras (,B

escri as9 y, m$s a'n, su eucaris ía6 8lo 'nico que veo corporalmen e, en es e mundo, del mismo al ísimo Mijo de :ios9. A es e mis erio, como a su ema !ijo, dedicar$ la mayor y mejor par e de sus car asO ley"ndole, se palpa que la eucaris ía, y al como la cree y adminis ra la <glesia, es la piedra de oque del verdadero ca ólico ayer y siempre. %or ese la ir cris iano de su corazón amó, ambi"n en raLablemen e, a =aría. Fiel a su !e rini aria, la invocaba como 8hija y esclava del al ísimo sumo 2ey el %adre celes ial, =adre de su san ísimo Mijo nues ro SeLor Nesucris o, Esposa del Espíri u San o9. )uriosísimo6 es e í ulo de 8=aría, Esposa del Espíri u San o9, hoy an com'n en la devoción popular y en los es udios eológicos, es una originalidad m$s de nues ro %obrecillo, es $ comprobado. El jesui a ). %assaglia, en una no able obra de inves igación his órica, ha recogido has a 3// í ulos aplicados a =aría por los escri ores eclesi$s icos de -rien e y -cciden eO y en an larga y e&haus iva le anía de adje ivos y piropos, "se no apareceO es en los escri os del hermano Fran@ cisco donde se lee por primera vez. Fue o ra in uición de su corazón enamorado6 odo el amor mariano del %obrecillo e&is ía porque 8ella nos había dado a es e :ios verdadero y hombre verdadero9 8O y en es a !ecundidad divina de =aría, "l no olvidaba que el agen e principal, el que engendró en ella el Fru o de la salvación, había sido el Espíri u San o. R Francisco, que e&presaba sus ideas religiosas con los epí e os del corazón m$s que con los de la !ría re!le&ión, no vaciló en enlazar, amorosa y reverencialmen e —caballeresca y divinamen e ambi"n—, al Espíri u San o y a =aría con el san o, uni ivo y enamorador y enamorado nombre de Esposos. Esa belleza era el pun o de arranque de su amor a =aría, y arraigar$ y crecer$ en "l a la par con su amor 'nico, su amor a Nes's. E&clamar$6 8-mnipo en e, san ísimo, al ísimo y sumo :ios, %adre san o y jus o, e damos gracias por i mismo... R e damos gracias ambi"n porque así como nos has creado por medio de u Mijo, así ambi"n, por el san o amor con que nos has amado, hicis e nacer de la gloriosa siempre Dirgen dichosísima San a =aría a ese mismo verdadero :ios y hombre verdadero...9 Mablar por epí e os, colocar has a cua ro adje ivos por delan e del nombre de quien se ama, Uno es propio de los enamoradosV %ues he ahí una mues ra del enamoramien o mariano de Francisco. (./

El cual no sólo unir$ a Nes's y =aría en ese momen o his órico y lugar eológico !on al de la encarnación, sino siempre, ya siempre. )on lo que llevamos dicho en p$ginas an eriores, conocemos lo que la pobreza signi!icaba como meollo de su espiri ualidad. %ues bien, aquí lo mismo6 Nes's y =aría, inseparables en su recuerdo y en su amor. #a :ama %obreza H> Nes's %obre, de Ael"n al )alvarioJ enía su amor ideal m$s pró&imo en la =ujer %obre, 8la :ama %obre9 de su corazón, =aría. 2ecordemos aquella reconvención suya inspirada6 —)uando ves a un pobre, hermano, se e pone delan e un re ra o del SeLor y de su =adre pobre. R a'n se agudiza m$s ese acen o mariano en es e e& o de su primer biógra!o6 8;o podía recordar sin l$grimas la gran penuria de que es uvo rodeada aquella noche de ;avidad la pobrecilla Dirgen. Pn día, es ando comiendo a la mesa, a un hermano le dio por recordar la pobreza de la bendi a Dirgen, compar ida, con la de su Mijo Nesucris o. R he aquí que, de repen e, Francisco se levan a de la mesa, prorrumpe en gemidos y sollozos, y yan a en el suelo el pan que le queda, hechos sus ojos dos !uen es de l$grimas. %or eso solía decir que la pobreza es de es irpe real, pues brilla an o en el 2ey y la 2eina.9 )opio aquí una plegaria suya, an no able por la devoción como por sus calidades po" icas. El la i ula +aludo a la 2iena>enturada /ir!en 6ar@a% Deamos con qu" ierna delicadeza y con qu" pro!unda inspiración la saluda6 8Salve, SeLora, san a 2eina, san a =adre de :ios, =aría, que eres virgen hecha iglesia, y elegida por el san ísimo %adre del cielo, consagrada por El con su san ísimo y amado Mijo y con el Espíri u San o consoladorO en la cual es uvo y es $ oda la pleni ud de la gracia y odo bien. Salve, palacio de :iosO salve, abern$culo suyoO salve, casa suya. Salve, ves idura suya. Salve, Esclava suyaO salve, =adre suya. Salve ambi"n voso ras odas, san as vir udes, que, por la gracia y la luz del Espíri u San o, sois in!undidas en los corazones de los !ieles (.(

para hacerlos, de in!ieles, !ieles a :ios9. Esa plegaria es o ra mues ra del enamoramien o mariano del hermano Francisco. El !ranciscano F. #ampen ha llegado crí icamen e a la sorprenden e cons a ación de que, dirigi"ndose a =aría, Francisco no ha repe ido dos veces el mismo epí e o, el mismo piropoO "l que ya hemos vis o que, en su originalidad, no enía reparo en repe ir las !rases que le gus aban. %ero con =aría, como de lo que se ra aba era de dejar hablar y can ar a su corazón enamorado, su originalidad se e&presaba en un lirismo rico de inven iva. )on odo lo cual, bien podemos llamar a nues ro juglar 8el juglar de nues ra SeLora9. #a honraba en par icular con el í ulo de 8=adre de bondad9 y la nombró o!icialmen e 8Abogada de su -rden9. R como era poe a, y a su es ilo 'nico, le e&presaba su devoción con maneras an deliciosas como "s a6 Es ando en la %orci'ncula le regalaron una oveji a, y es os animales mansos y lanosos le robaban el corazón siempre, por ellos y por e&presivos de la inocencia y de la simplicidad. )on paciencia de san o y con habilidad de ar is a, le !ue enseLando a par icipar en las alabanzas del SeLor y a evi ar el ser inopor una en re los hermanos. #a oveji a, como conscien e de es a piedad comunica iva del hermano Francisco, seguía las lecciones con sus grandes ojos quie os, abier os por el in er"s. R llegó a es o6 que, en oyendo que los hermanos rezaban o can aban en el coro, corría riscando desde donde es aba y se me ía en la iglesi a, caminaba has a delan e del al ar de la Dirgen, =adre del divino )ordero, y por sí sóli a doblaba con reverencia sus pa i as delan eras y se ponía a balar dulcemen e, saludando a =aría y alabando a :ios a su manera. )oncluyamos es e apar ado con un e& o de )elano, que pondera lo imponderable y resumidamen e dice odo lo que había de meollo eológico y de ernura !ilial en la devoción mariana de Francisco6 8Abrazaba a la =adre de Nes's con un amor indecible, porque ella había hecho hermano nues ro al SeLor de la =ajes ad. #e can aba alabanzas originales, le dedicaba oraciones como piropos, le o!recía los a!ec os de su corazón. #a amaba an o y con ales modos, que la lengua humana no lo sabe e&presar9 R lo mismo que de su devoción a =aría habría que decir de o ros aspec os de su piedadO sus pre!erencias no eran o ra cosa que la respiración de su alien o ca ólico, jerarquizadas seg'n el sen ir de la <glesia6 los $ngeles, y, a su cabeza, el arc$ngel San =iguelO San Nuan Aau is a, el peni en e y ardoroso precursorO los após oles, !elices discípulos del SeLor, y !ieles deposi arios de su Evangelio, y piedras sillares de su <glesiaO los (.,

m$r ires, heroicos man enedores de la !idelidad o al a )ris o... #as mismas vir udes carac erís icas del %obrecillo son ambi"n, de la primera a la 'l ima, vir udes carac erís icamen e ca ólicas, por evang"licas y por darse en la línea del desarrollo del dogma ca ólico. Ra he insinuado que en ellas, al personi!icarlas, saludaba caballerosamen e a su ideal, y habría que aLadir6 a su ideal ca ólico. %ienso que aquí, en su sen ido de <glesia, es $ el acier o y la clave de odo, porque es la clave misma de su amor a Nes'sO la clave de su vida y de nues ra in erpre ación de su vida. %oco despu"s, San o Com$s de Aquino e&plicar$ con pro!undidad eológica el mis erio que es la <glesia como 8la persona mís ica de Nes's9, mis eriosa e&pansión y complemen o de lo que es El mismo como persona divina que vivió y vive con su 8personalidad9 humana. ;ues ro hermano Francisco vivió esa concepción con maravillosa sencillez6 para "l, la <glesia era la presencia de Nesucris o en la ierra y, al mismo iempo, la garan ía de esa presencia. %or eso, la san a <glesia viene a ser su o ra !orma de amar a Nes's, jun o con la san a pobreza. Si :ama %obreza !ue su amor caballeresco y evang"lico a Nes's, 8la san a madre <glesia9 cons i uyó como el hueso para la medula de su amor personal concre o, e!ec ivo y apos ólico a El. SDaya si Francisco en endió a la <glesia como sacramen o, como mis erioT %ero "l no hacía dis inciones en re la <glesia@mis erio y la <glesia@ ins i ución. #a <glesia es así por volun ad de )ris o, y "l la amaba al cual esO para su in uición y su sen ido de la concre ez, la <glesia@mis erio y la <glesia@ins i ución o es ruc ura eran 8la <glesia romana9, 8la san a madre <glesia9, una misma cosa inseparableO m$s que una cosa, m$s que una realidad visible, una personaO veía y amaba a Nes's en ella. Esa clarividencia, con la ac i ud vi al correspondien e, !ue, cier amen e, un !ru o m$s de su sabia simplicidadO pero !ue ambi"n, y mucho m$s, ejercicio de su !e, de su !e simple y enamorada. #a misma pro!unda razón de !e que le llevó a venerar los signos sacramen ales del pan y del vino por la presencia sacramen al de Nes's en ellos, le llevó ambi"n a venerar a la <glesia como ins i ución, signo visible de la presencia de Nes's en ella, como sacramen o universal de vida y salvación. Adem$s de que por la <glesia, y sólo por ella y en ella, enía "l la posibilidad y la garan ía de la misma presencia de Nes's en la eucaris ía, y ya sabemos lo que es o suponía para el %obrecillo, y m$s ahora que conocemos aquel ambien e c$ aro. #a eucaris ía y sus garan es los sacerdo es, !ueran quienes !ueran, (..

8pues ellos —escribía en su es amen o— reciben el cuerpo y la sangre del SeLor y sólo ellos lo adminis ran a los dem$s9 8O les besaba las manos y quería que odos les ra aran con gran reverencia. :ecía muchas veces6 —Si yo me encon rara de pron o a la par con un san o del cielo y con un pobrecillo sacerdo e, primero saludaría a "s e, apresur$ndome a besarle las manos. R con inuaba con gracia ea ral, d$ndole nombre al san o y como encar$ndose con "l, con alegre y respe uosa cor esía6 —S-h, espera, San #orenzo, que las manos de "s e ocan a la %alabra de la Dida y son dueLas de algo m$s que humanoT Ano emos, sin embargo, o ra !ace a impor an e de es a adhesión eclesial del hermano Francisco. Es cier o, cier ísimo, que su personal ideal evang"lico, de espon $neo y lib"rrimo como lo vivió, no cabía en ninguna es ruc uraO pero aquí brilla un valor suyo sorprenden e y ejemplar6 no cabía en ninguna es ruc ura ni se dejó ahogar por ella, pero ampoco des ruyó la es ruc ura, sino que la pene ró con un sen ido humilde y palpi an e de !e, y, viviendo su ideal evang"lico den ro de la es ruc ura, la mejoró y la rebosó. Francisco !ue luz, pero no la luz hirien e y ronan e del rayo, sino la luz novicia y germinal del sol de la primavera, claro y enue, que no abrasa nada y odo lo hermosea, creando suave e irresis iblemen e la vida. R !ue "s e un preciosísimo regalo que :ios hizo a su <glesia por el hermano FranciscoO el cual ni se sal ó ni hizo sal ar la es ruc ura eclesial, sino que la amó y la animó, revi aliz$ndola con lo que es superior a la es ruc ura como al, porque es su alma6 el m$s au "n ico espíri u del Evangelio. - ra vez, la levadura en la masa. Cambi"n en es e campo de la renovación eclesial soplaron los aires de una nueva primavera. Sólo desde es a perspec iva en endemos bien por qu" los que o!endían a :ama %obreza le causaban disgus o y ris eza y por qu", si alguno en re los suyos no era !ielmen e ca ólico, le producía ira. Si en alg'n momen o el es ado de $nimo del %obrecillo se parecía al de Nes's res allando el l$ igo con ra los pro!anadores del emplo, era cuando se encon raba con que alguno de los suyos no obedecía las normas de la <glesia o las respe aba pocoO al disgus o le inspirar$ es e p$rra!o de su es amen o, la sen encia humanamen e m$s dura de odos sus escri os6 8Si se halla a algunos que no son ca ólicos, los dem$s hermanos, dondequiera que es "n, es $n obligados, por obediencia, a llevarlo an e el (.0

cus odio H> superiorJ m$s cercano, y el cus odio s"pase !irmemen e obligado a guardarlo bajo !uerza, día y noche, como a prisionero, de modo que no pueda escapar de sus manos has a ponerlo an e el seLor HcardenalJ pro ec or y corregidor de es a -rden.9 Aunque nos choque, no debemos silenciar el ruido !uer e de es as e&presionesO re!lejan lo que ambi"n era el hermano Francisco. %ero le conocemos demasiado como para percibir en esa ac i ud una !ibra inmisericorde de su corazónO sencillamen e, vibraba de !idelidad a la <glesia, emplo vivo del SeLor, y su amor personal a )ris o reaccionaba aquí celoso y absolu o. :igamos para erminar que, por odo lo que llevamos dicho, Francisco no in en ó 8re!ormar9 a la <glesia, sino repararla, res i uirla a su primi iva belleza evang"lica. En vez de sembrar la rebelión y el odio, como an os con es a arios y re!ormadores de su iempo, "l la amó y la res@ auró con su !orma de vida ne amen e evang"lica, y enseLó y animó a los dem$s a hacer lo mismo. Pn día llega a <mola, muy al nor e de Asís, y endereza sus primeros pasos a la casa del seLor obispo, seg'n su cos umbre, a pedirle permiso para predicar en la ciudad6 —=e bas o yo para predicar a mi pueblo —le con es a secamen e el prelado. El hermano Francisco se ragó la nega iva, le dijo adiós con una cor "s inclinación de cabeza y salió. %ero no había ranscurrido una hora, cuando he e aquí al !railecillo en la presencia episcopal. —UIu" me quieres ahora, hermanoV —le pregun ó el obispo, no sin cier o en!ado nervioso. —#o mismo que an es, seLor. Si un padre echa a su hijo de casa por una puer a, el hijo en ra por la o ra. An e al humildad, na uralidad e ingenio, el obispo se rindió. #e dio un !uer e abrazo y le dijo6 —Sí, hijo, síO en adelan e, ' y us hermanos pod"is predicar libremen e en mi diócesis. Es lo que hizo el %obrecillo siempre6 vencer y convencer a la <glesia y al mundo con su vida, a !uerza de humildad, obediencia y amor. Era enemigo de procurarse de las curias eclesi$s icas privilegios, an o como de predicar sin la licencia del obispo o del sacerdo e del lugar. Así se ganó los corazones y la con!ianza del clero y de los prelados, y los cardenales y (.1

el papa recomendaron a los hermanos menores calurosamen e, 8como verdaderamen e ca ólicos9. R así, inspirado y !avorecido por :ios, anuló muchos bro es her" icos y encauzó por caminos de or odo&ia y de amor la inquie ud religiosa de su sigloO provocada en gran par e por la mundanidad de muchos eclesi$s icos, y con ello pres ó a la <glesia un servicio inapre@ ciable. %ienso que el %obrecillo, peregrino de los caminos del corazón an o como de los de la cos ra del plane a, hubiera !irmado, sin vacilar y muy con en o, es a ingenua plegaria del m$s genuino de sus discípulos6 el hermano Kil6 —S-h san a madre <glesia romanaT6 noso ros, pobres e ignoran es, no e conocemos a i, ni u bondad. C' nos enseLas el camino de la salvación, nos lo preparas y nos lo propones. Iuien lo recorre no ropieza con sus pies, sino que se dirige hacia la gloria. H% EL 5'67)E I&E N' L'=)< 5ACE)+E 6A4A) 8<r, por divina inspiración, en re los sarracenos y o ros in!ieles9. H,2 Q<< (J Sigamos por una senda m$s los pasos del hermano Francisco. #os pasos que le llevaron m$s lejos. Ra hemos vis o que con su conversión dejó de ser negocian eO pero idealis a, no. Su nuevo amor a la na uraleza y a las cosas mejoró en cien quila es la inspiración juglaresca de su juven ud. <gualmen e, es a ambición que le vamos a conocer ahora sublimó su sueLo caballeresco. El primer bro e !lorido de que "l seguía el mismo, decidido a realizar grandes hazaLas, ya se lo hemos vis o6 arreba ó a la vanidad del mundo a la dieciochoaLera hermana )lara para en regarla al amor del Esposo inmor alO pero su bro e caballeresco m$s subido, porque bro ó de la m$s honda raíz de su conversión personal, !ue es e o ro6 su amor, su a!ición, su pasión por el mar irio. Sí, hemos leído bien6 por su mar irio. U)u$ndo le vino a la men e por primera vez an loca san a ideaV Sabemos por odos los biógra!os que muy a los principios. Fue una consecuencia lógica, cer era, de su amor a Nes's cruci!icadoO el amor que le llevó a querer vivir pobre como El, le impulsó a desear morir ma ado, (.3

como El. #o que el SeLor decía en impersonal gen"rico, Francisco se lo aplicaba, como el mismo )ris o, muy personalmen e6 8;o hay amor m$s grande que dar la vida por el amigo9 HNn (1,(.J. R primero le cau ivó y despu"s le obsesionó ladea de dar la vida por quien había dado la suya por "l. Pna oración an iquísima —que algunos le han a ribuido y que "l pudo aplic$rsela an propiamen e— recoge, como ninguna o ra, el alma enamorada de Francisco, del hondón al $pice, y le hace e&clamar6 8SCe ruego, SeLor, que la !uerza abrasadora y dulcísima de u amor absorba de al modo mi alma separ$ndola de odas las cosas, que muera por amor de u amor, ya que por amor de mi amor e dignas e morirT9 #a idea !ue omando cuerpo r$pidamen e. %ensaba ya en onces, y con la a ención pues a especialmen e en los m$r ires, es o que diría m$s arde como enseLanza a los suyos6 8%ongamos los ojos, hermanos odos, en el Auen %as or, que sopor ó el ormen o de la cruz por salvar a sus ovejas. #as ovejas del SeLor le siguieron en la ribulación y la persecución, en el sonrojo y en el hambre, en la debilidad y en la en ación, y en odo lo dem$sO y por ello recibieron del SeLor la vida sempi erna. SKran vergWenza para noso ros6 que los san os lo hicieron, y noso ros queremos recibir la gloria y el honor sólo por con arloT9 R lo que surgió como un sueLo ins in ivo de su amor sublimado, lo !ue en reviendo como una vocación, como una inspiración6 la cruz de su mar irio le a raía como un reclamo irresis ible. ;o ardó en convencerse de que con "l agradaría sumamen e al SeLor, y se puso, sin m$s, a planearlo. Su primer in en o !ue en (,(,, a !ines del mismo aLo de la consagración esponsal de la hermana )lara. Ese mismo aLo, el (3 de julio, los reyes espaLoles unidos, y sin ayuda de cruzados de o ros reinos ca ólicos, derro aron a los mahome anos en las ;avas de ColosaO y an de!ini ivamen e, que un his oriador $rabe reconoce6 8)on es a derro a desaparecieron la au oridad y el poder de los moros en EspaLa9. )ual mala con rapar ida, ese mismo aLo acaeció la penosamen e c"lebre cruzada in!an il, un ej"rci o inverosímil de 1/./// niLos y adolescen es reclu ados en Francia y Alemania, en!ebrecidos con el ideal ilusorio de conquis ar, por su !e y por su pie, los San os #ugares sin armas ni bagajes, y que erminó, como se podía juiciosamen e predecir, en el !racasoO pero no sin dejar un reguero de muer os en las ariscas inclemencias de los Alpes y el baldón de caer o ros en las manos desalmadas de algunos ra!ican es de =arsella, que los vendieron como esclavos en A!rica. (.5

El hermano Francisco 8se cruzó9 "l solo. Era un niLo de :ios, y no buscaba conquis ar ninguna ierra san a ni pecadora, sino predicar el Evangelio a los sarracenos y hacerse ma ar por ellos. Se in!ormó de una nave con ru a a Siria y se embarcó en ella. #a mala !or una de unos vien os con rarios hizo que nave y navegan es se encon raran an e cos as m$s cercanas, !ren e a su misma < alia, en :almacia. Allí se demoraron !orzados por el emporal, y al impacien e %obrecillo se le hacía largo el iempo de espera. ;inguna o ra nave cruzaba rumbo al <slam, ni no icia para odo el aLo. Cra ó de persuadir a los de la suya para que lo llevaran, pero ni su simpa ía pudo esa vez, porque emían que no les alcanzaran los víveres. En erado de que o ra nave par ía para su i aliana Ancona, se coló en ella, de polizón, con su compaLero. El in en o había !allado. Fracasó, pero no desis ió. #o volvió a in en ar al aLo siguien e o al o ro. El viaje en que le hemos vis o dirigirse a EspaLa por el camino de San iago, enía en su men e como me a !inal me erse en país musulm$n a predicar y a morir. :escriben los biógra!os que en es e viaje caminaba el %obrecillo e& raordinariamen e ligeroO an o que su compaLero no le podía seguirO hoy diríamos que iba como drogado, pero de idealismo mar irial. Iuiz$ es a marcha !orzada por su impaciencia, debilucho como era, le rai@ cionó, y su sueLo imposible se vis ió es a vez de en!ermedadO y al, que le obligó a regresar de nuevo a < alia. - ro !racaso que no lo !ue, porque, adem$s del !ru o de su romería compos elana en conversiones y !undaciones, abrió a o ros el camino soLadoO por aquí mismo, y con el con agio de es e ebrio ideal, pasarían, an es de un lus ro, los pro om$r ires !ranciscanos. Apos illa )elano que muchos, "l el primero, agradecieron al cielo es e !racaso. R noso ros ambi"n, sin duda, por las muchas bondades y bellezas que odavía hizo. El hermano Francisco se llevó de EspaLa, con las cenizas de la nueva !rus ración, una devoción en!ervorizada a la le ra C, que vio pro!usamen e grabada en piedra por la ru a jacobea, y que adop ó como emblema de la cruz, y la decisión de no renunciar a su sueLo a pesar de odos sus in en os !allidos. A la ercera va la vencida. El ambien e que halló en < alia aquel (,(1 se le presen ó como propicio. Asis iría o no al <D concilio de #e r$n, celebrado ese aLo, pero la nueva e!ervescencia del espíri u de las cruzadas que bro ó de aquel concilio caló ambi"n en el corazón ca ólico de Francisco, aunque con unas repercusiones 'nicas. :el concilio salió la decisión de la quin a cruzada, y con de erminación de inmedia a. Francisco vio abrirse con ella la puer a de (.4

oro para su sueLo mejor. %ero el enredo de los acon ecimien os polí icos y las renuncias del poco 8cruzado9 Federico <<, nombrado para dirigirla, la re rasaron, e <nocencio <<< murió sin ver ni siquiera iniciado es e 'l imo gran sueLo de su vida. #e sucedió como papa )encio Savelli, Monorio <<<, que sería 8el o ro papa9 de la vida de San Francisco H(,(3@(,,5J. Aendi o varón, sencillo y piadoso, que dio a los pobres casi oda su !or unaO y moderado y pací!ico, sin el espíri u de dominio universal que carac erizaba a su predecesor, pero con un amor a la <glesia y a la causa de )ris o como el de "l. Mabía encanecido al servicio de la )uria como hombre de !inanzas y de adminis ración, y por eso se es!orzó en seguida por asegurar la base econó@ mica del %on i!icado, principalmen e con miras al "&i o de la cruzada. El hermano Francisco le conoció pron o en un viaje m$s que hizo a 2oma por asun os de la -rdenO deseaba mucho saludar e personalmen e, encomendarle su !ra ernidad como al mismo )ris o y o!recerle su obediencia radical y la de los suyos. R m$s6 ansiaba volver a hablar an e el nuevo papa y su colegio de cardenales. R lo logró por mediación del ya muy amigo suyo y de la -rden el cardenal Mugolino. En cuan o Francisco llegó an e Monorio <<<, le saludó alegremen e, como saludaba a odo el mundo6 —%adre %apa, :ios e d" la paz. —:ios e bendiga, hijo mío —le con es ó Monorio. R el %obrecillo, sin un $pice ni de amaneramien o ni de cohibición, simple, libre, concre o y e!usivo, habló al audi orio m$s dis inguido de la cris iandad lo que el SeLor le dio a en ender, con bas an e nerviosismo inicial del cardenal Mugolino, su pa rocinador, que no sabía cómo podría acabar aquello. <gnoramos el ema de su sermón pon i!ical, pero conocemos un de alle mejor6 el %obrecillo hablaba con !ruición, como !uera de sí por el gozo !ervoroso, y acompaLaba cada palabra con ges os de las manos y de los pies y del cuerpo odo, como, en un divino vals de amor comunica ivo, que cau ivó al papa y a los cardenales. %ero no perdamos el hilo a la cruzada ni a nues ro original cruzado. %or !in, superando unas demoras in erminables, el ej"rci o cris iano se !ormó, y zarpó de Ancora rumbo a Egip o el ,0 de junio de (,(B. Pno m$s, el hermano Francisco navegaba allí con un grupo de sus hermanosO en re ellos, el hermano <luminado, pero m$s iluminado "l que nadie por su ardien e esperanza. Abordaron la cos a a!ricanaO !ueron omando (.B

posiciones es ra "gicas y preparando hombres, armas y vi uallasO y decidieron asal ar :amie a. Al hermano Francisco le dio la corazonada, que in erpre ó como una iluminación del SeLor, de que aquella ba alla iba a ser un desas re, y ra ó de que la aplaza me i"ndose a pro!e a y sin impor arle que le juzgaran !a uo. ;o le hicieron caso. El ,B de agos o de (,(B es !echa l'gubre en la his oria de las cruzadas. #os sarracenos sólo rechazaron el a aque, sino que hicieron en re los cruzados una !eroz sarracina. )ayeron 3.///, en re muer os y cau ivos. El hermano Francisco indagaba por aquí y por all$ la suer e del comba e y su!rió en su corazón la derro a. )ompadeció especialmen e a los espaLoles, los cuales, m$s valien es y audaces que los dem$s, no habían sobrevivido sino unos pocos El desas re rajo a los reales cris ianos una regua !orzada. Francisco la aprovechó para su plan como ni pin iparada. R se lanzó "l solo, con su escudero !ra erno, a la cruzada que de verdad le había raído allíO una cruzada del odo nueva6 la cruzada del di$logo y del amor. )on es as armas conquis aría "l para )ris o a los musulmanes. #es comunicaría la luz de la Derdad y el gozo de la Dida6 el conocimien o y el amor de Nesucris o cruci!icado y resuci ado, 8grande y admirable SeLor, misericordioso salva@ dor9. R si, como rechazo de las inieblas a la luz, en el empeLo le ma aban, divina miel sobre hojuelas, sería las delicias de su corazón enamorado6 amaría al !in a Nes's como Nes's le había amado a "l, daría la vida por Aquel que por "l dio la suyaO y adem$s, ambi"n, como el 2eden or, la o!rendaría en sacri!icio por los mismos que le hicieran es e !avor, am$ndolos has a dar su sangre por su iluminación y su salvación. R empezaría decididamen e su in en o por la cabeza de urban e m$s al o6 por el mismo sul $n. R all$ se !ue. )onocía la orden del sul $n de que a odo cris iano que a ravesase la línea de comba e le volaran la cabeza de un cimi arrazo y que "l pagaría cada es a cris iana en buena moneda de AizancioO pero ese bando mili ar era un acica e ideal para "l. )on el hermano <luminado se puso en marcha, pobre y ac"rrimo, an e el es upor de quienes, bajo una moral de derro a, les veían par ir a me erse en la boca del lobo, decididos a predicar la !e a los ma acris ianos. Al poco de andar, en ierra de nadie dieron con dos oveji as que pas aban o merodeaban. Al verlas, Francisco se regocijó6 —SAnimo, hermanoT Iue ya empieza a cumplirse aquello del Evangelio6 8=irad que os envío como ovejas en re lobos9 H= (/,(3J. (0/

#os lobos que "l decía no ardaron en salir, y con !uria bereberO se lanzaron sobre ellos, los mania aron y los zurraron bien zurrados, en re gri os desa!orados e injurian es. #os mansos hermanos se dejaron a ar, golpear e injuriarO el hermano Francisco se acordaba de la per!ec a alegría y la gozabaO pero a los que se la proporcionaban no les decía o ra cosa sino que les llevaran al sul $n. R al sul $n les condujeron. El sul $n =eleX@el@?amel poseía un buen car$c er 8, no era emperamen almen e iracundo. Sin ió primero curiosidad por esos dos hombrecillos ves idos de mendigos, sin un arma encima ni razas de saberlas llevarO y luego, simpa ía. #a simpa ía le nació en cuan o dejó hablar a FranciscoO vio en "l un varón sencillo, espon $neo, amoroso, convencido, que hablaba m$s con ges os que con palabras y que ransparen aba au "n ico espíri u religioso, gracia y !ervor. R le pidió que se quedara con "l unos días. Francisco, !ijo en lo suyo, le con es ó6 —=e quedar" si ' y u pueblo os conver ís al amor de mi SeLor Nesucris o. Mas a en esa propues a osada le cayó bien al sul $n, asombrado de lo que es aba oyendo, de cómo lo es aba oyendo. An e su asombro, con inuó Francisco6 —Si vacilas en dejar la !e de =ahoma y abrazar la de )ris o, manda encender ahí mismo, en u pa io, una gran hoguera, y en remos en ella yo y us imanes, para que veas por el juicio de :ios cu$l es la religión verdadera. —;o creo —con es ó sonrien e el sul $n— que ninguno de mis imanes se quiera me er en el !uego por demos rar su !e, ni poner en la pun a de la llama un dedo de su mano. R es que había observado que, en cuan o sonó la propues a de Francisco, alguno de los imanes m$s conspicuos, barbado y anciano, se había escabullido sigilosamen e de la sala. El hermano Francisco hizo una segunda proposición6 —En onces prom" eme conver ir e ' con u pueblo a la !e de )ris o si yo en ro en el !uego y salgo sin una quemazón. Si me abraso, culpa ser$ de mis pecadosO si no, reconoce que no hay o ro verdadero :ios y Salvador que Nesucris o. Al o!recer la prueba del !uego con al seguridad, el %obrecillo enía en la men e y en el corazón el e& o evang"lico que habla de mordeduras de serpien es y de bebedizos de venenos en los que anuncian la !e, y que, (0(

en el nombre de Nes's, 8nada les har$ daLo9 H=e (3,(5@(4J. =eleX@el@ ?amel, por su par e, an e aquel hombrecillo osado y creyen e, iba de la sorpresa al asombro, y de los dos a la indecisión, y ampoco acep ó la nueva propues a, .qui"n sabe si por compasión o por emorO pero de!ini ivamen e Francisco le cayó bien y se hizo su amigo, y le despidió con regalos, que el %obrecillo se negó a acep ar, con nuevo asombro del sul $n y de odos. Su empeLo por hacerse ma ar había resul ado !allido una vez m$s, derro ado por su propia simpa ía 8. El hermano Francisco regresó al campamen o con su escudero segundón, pero idealis a como "lO venía ris e por su nuevo malogro, ignoran e de que el SeLor le reservaba un mar irio mejor, y con en o por aquella nueva impensada amis ad que :ios le había dado. #os reales cris ianos volvieron a hervir de prepara ivos. :amie a cayó en poder de los cruzados el 1 de noviembre de ese (,(B. Francisco zarpó en (,,/ para Siria, desembarcando en el puer o cris iano de San Nuan de Acre. U%or huir de los laureles licenciosos de aquella )apua a!ricana W del horror de una nueva ba allaV U- por buscarle a su idea !ija mar irial o ra posibilidad esperanzada en ierras m$s orien ales, m$s propiciasV U- por llegarse desde allí a visi ar los San os #ugares, que al im$n enían para su corazón enamorado de )ris o y de su san ísima =adreV Sobre es e viaje de San Francisco al sepulcro del SeLor y dem$s lugares san os se viene especulando hace siglos. #os biógra!os primi ivos no dan ni una seLal sobre "l, y es o ya es muy signi!ica ivoO un silencio al dice mucha negación en de alle de an a mon aO ni siquiera las ingenuas y ardías -lorecillas. El primero en darlo como no icia es Angel )lareno, en (.,., y a es e Angel creen cuan os creen que el %obrecillo anduvo por aquellas ierras. Moy se conoce un documen o que generalmen e se considera como resolu ivo de la cues ión. Monorio <<< prohibió a los cruzados, y bajo pena de e&comunión, visi ar la Cierra San aO escribía a su legado6 8%rohíbe de nues ra par e, bajo pena de e&comunión, a odos los cruzados que nadie se a reva a visi ar el sepulcro del SeLor, ya que ning'n cris iano puede llegar allí si no es pagando ribu o a los sarracenos9. El papa adminis rador hacía una guerra económica. An e ese documen o se juzga de!ini iva la esis de que el hermano Francisco no es uvo en Cierra San a, pues no hay duda de que "l pre!ería la obediencia al mar irio, y m$s a'n a su devoción de peregrino. )on odo y eso, yo no pondría la mano sobre el !uego para asegurar una verdad de archivo en una causa en la que el pro agonis a es aba decidido a poner caballerescamen e en juego y sobre el !uego su cabeza y cuan o enía debajo de ella. R pienso que el ema (0,

seguir$ discu i"ndose a gus o de cada cual, porque es sugeren e y ensoLador. %or de pron o, Francisco no era, es ric amen e hablando, un cruzado, aunque se cruzó mejor que nadieO y, si a sumisión al papa no le ganaba nadie, a ser un obedien e original y lib"rrimo, ampocoO y, en !in, si peregrinó a Cierra San a, seguro que no sería pagando ning'n dinero, que razón de la prohibición y de la e&comunión. Cambi"n se enía por e&comulgado al cruzado que se pasara al enemigoO pero eso no !ue con "l, que se pasó al sul $n para conver irle con odo su pueblo, san iguando así la m$s bella cruzada del amor y de la paz. Cambi"n ignoramos el iempo que permaneció en Siria, pero pudo ser bas y, conoci"ndole, nos es líci o pensar que no se e quie o. #o que sabemos cier o es que en Acre !ue recibid el hermano Elías de )or ona, que es aba al !ren e de aquella misión. Allí, a Siria, le llegó la no icia de los pro om$r ires de su -rden, caballeros pioneros de su ( 2edonda, cruzados de su espíri u mar irial, que ob uvieron lo que "l buscó en balde, sacri!icados salvajemen e en =arruecos el (3 de enero de aquel (,,/. Pna san a en le hizo e&clamar6 —SAhora sí que engo cinco verdaderos hermanos menoresT A Siria le llegó ambi"n la nueva de que no odos hermanos eran verdaderos como ellos y que la -rden pasaba en < alia por una grave crisis. Francisco inmedia amen e embarcó hacia la península con los hermanos Elías y %edro )a ani. U:ejaba a r$s an sólo su !racaso, la umba de su idealV :e ning'n modo. Mabía es renado, y brillan emen e, un nuevo es ilo de misionar, siempre bueno, porque es medularmen e evang"lico, y que hoy apreciamos como especialmen e propio y ac ualO el que "l haría así norma en su primera 2egla6 8Iuien quiera ir en re los sarracenos y o ros in!ieles, vaya, con la bendición de su minis roO y los que van pueden compor arse con ellos de dos maneras6 una, no li igando ni discu iendo, sino some i"ndose a odos y con!esando que son cris ianosO o ra, si ven que así place al SeLor, anunci$ndoles la %alabra de :ios para que crean...9 Pn m" odo y o ro se resumen en 8amar a sarracenos y dem$s como amigos especialmen e queridos9, por !as o por ne!asO o por comunicarles lo que es nues ra vida en )ris o Nes's, que murió y resuci ó ambi"n por ellosO o por agradecerles el que, con lo que nos hacen su!rir y has a morir, 8nos ponen en posesión de la vida e erna9. R consiguió o ro !ru o. %or decir con palabras de un his oriador pro!ano, F. Koe z, lo que es claro en la his oria y lugar com'n en re los his oriadores, 8con ese paso abrió el camino a las misiones de los (0.

hermanos menores por el -rien e has a la lejana )hina9 %or algo, la 2egla !ranciscana es la primera en re odas las reglas que dedica un capí ulo en ero al ema misional En re an o, la cruzada iba de mal en peor. :esacier os $c icos de los cruzados le !ueron dando ven aja al sul $n, el cual en (,,( sorprendió al ej"rci o cris iano, abriendo las esclusas del ;ilo y envolvi"ndolo por comple oO así le obligó a rendirse. =eleX@el@?amel !ue benigno en sus condiciones6 devolución de :amie a, in ercambio de prisioneros y concier o de una regua por ocho aLos. SIui"n sabe lo qu" in!luiría en ese buen $nimo del sul $n, apar e su índole cor "s y sus razones $c icas, el recuerdo de aquel hombrecillo cris iano y amigo que le había ganado, si no convencido, con las solas armas de la paz, del amor y de la simpa íaT 7% LA =)AN 1)&E7A 8SAh, si yo me empeLase en hacerme respe arT %ero...9 HEsp 03J :e los innumerables viajes del andariego hermano Francisco, ninguno de agi ado como es e que le rajo en el verano de (,,/ de Siria a DeneciaO y no porque las aguas medi err$neas es uvieran ormen osas, que no lo sabemos, sino por su agi ación personal in erior. 2ealmen e, las no@ icias que le llevó un emisario de la %orci'ncula, el hermano Es eban, eran alarman esO seg'n su versión, par icipada por los hermanos m$s primi ivos y por muchos o ros, la -rden, por culpa de los dos vicarios que "l había dejado a su !ren e en su ausencia, un par de in elec uales en inovadores, iba derecha y r$pidamen e a la ruina. #os hermanos m$s !ieles a su ideal evang"lico le enviaban es e gri o de angus ia6 —Si a'n es $s en es e mundo, vuelve inmedia amen e para salvar u obra. Al desembarcar en Denecia decidió omarse unos días de descanso. Denía bas an e en!ermo y ago ado de an as leguas erres res y marinas y de an as emocionesO adem$s, a "l no le gus aba presen arse an e los suyos con cara de a ribulado, y quiso serenarse en la oración. Auscó con o ro hermano uno de sus re iros !avori os6 una bella isla !ron era a la ciudad, que había pues o a su disposición el hijo del du& de Denecia, y que a'n hoy es llamada 8la isla de San Francisco9. #e recibió en aquel li oral mi@ (00

n'sculo una abigarrada y variopin a comparsa de avecillas, chirriando en odos los onos y compases desde la maraLa de la isla silves re no habi ada. Era como si en ellas odas las aves de < alia le dieran la bienvenida, jubi@ losas de volver a ver, a su amigo. —Mermano, las hermanas aves alaban a su )reador. %ong$monos en re ellas y loemos ambi"n noso ros al SeLor con el rezo del o!icio. R las aves les incorporaron a su coro, sin menearse y sin dejar de can arO y los hermanos iniciaron las laudes con acompaLamien o de rinos y gorjeos. %ero las aves, animadas y como en compe encia, chirriaban an o, que les es orbaban la a ención. #es mandó el hermano Francisco6 —Mermanas aves, dejad de can ar mien ras noso ros ribu amos a :ios nues ras alabanzas. R las aves guardaron un religioso silencio odo lo que duró el rezo pausado y !ervoroso. R es allaron de nuevo en un guirigay alegre con el 'l imo am"n en cuan o el amigo poe a y san o se lo au orizó. Pn hombre lírico, con ales alegrías y con en os, parece que no es $ suje o a penas duraderas. El hermano Francisco, sin embargo, las uvoO conoció "l ambi"n las ensiones y dis ensiones del emperamen o propio y ajeno, y las noches mís icas del sen ido y del espíri u. Apar e de lo que le hemos vis o en los iempos de su conversión, sabemos, sin que podamos precisar cu$ndo —pero debió de ser bas an e a los principios, cuando a'n los hermanos no eran muy numerosos—, que se pasó dos aLos en puras ascuas de angus ia, urbado en su corazón y en su alma. :ía y noche su!ría y oraba. U%or qu"V U:e dónde le vino es a crisis y qui"nes es uvieron implicados en ella para provoc$rsela, si es que hubo algunoV U- !ue una ín ima prueba de !idelidad di!ícil en re "l y :iosV... Es o ro de los secre os que se llevó a la umba el ransparen e %obrecillo, el cual, a quien indagaba curiosamen e sus e&periencias ín imas, le solía apar la boca con es e es ribillo bíblico6 8S=i secre o para míT S=i secre o para míT9 H<s ,0,(3J. Esa larga ribulación que le duró lo que :ios quiso, erminó cuando quiso :ios. Pna noche m$s de su pena en vilo, el %obrecillo suplicaba, y oyó una voz in erior6 —Francisco, si uvieras !e como un grani o de mos aza, le dirías a ese mon e6 8:espl$za e9, y se desplazaría H= (5,,/J. —UIu" mon e, SeLorV —El de u en ación. —M$gase en mí, SeLor, lo que has dicho H#c (,.4J. (01

R al ins an e se sin ió liberado, an sereno como si jam$s hubiese perdido la paz. %ero la gran prueba de su vida es uvo ligada a la gran obra de su vidaO a su !ra ernidad, a su -rden. R aunque es as penas y zozobras le acompaLaron a lo largo de odo su camino de !undador como unos demonios !amiliares que aparecían y desaparecían, su pun o $lgido hay que colocarlo a par ir de su repen ino regreso de Siria y has a (,,1O una !uer e crisis de res aLos para su !ra ernidad y para "l. Codo individuo iene sus crisis, y odo organismo ambi"nO es ley de vidaO son las crisis del desarrollo. R a m$s riqueza y complejidad de !uerzas vi ales, crisis mayor. Es e es el caso del !ranciscanismo, y el in ui ivo %obrecillo se dio cuen a de es e !enómeno peligroso ya en los albores, con su -rden en paLales, cuando "s a no rebasaba la media docena. #es dijo a aquellos seis idealis as la par$bola que ya conocemos6 —Der"is que el SeLor nos ha de aumen ar increíblemen e. Can o, que al !inal seremos demasiados, y endremos que hacer como el pescador, que cap ura con sus redes an os peces, que no le caben en la barquilla y la ponen en peligro de irse a pique. Se queda con los mejores, y los dem$s los ira por la borda H= (.,05@04J. El n'mero iba a ser mayor de lo que "l en aquel momen o soLaba. ;o acer ó ampoco en que endría ese buen ojo calculador para admi ir sólo a los que serían buenos, y menos a'n la energía para e&pulsar de la -rden a cuan os no dieran la alla de su al o ideal. UEra "l demasiado idealis a, y por eso no se perca ó de que su quijo ismo evang"lico no podía ser vivido por muchos, por la masaV %ienso que, m$s bien, no enía —no quería ener — ac i udes de dic ador y obligar por la !uerza a los que venían a la -rden con buena volun ad. El crecimien o prodigioso de vocaciones le desbordó, y muchos empezaron pron o a vivir en la ordinariez, y o ros, a'n peor, en el aprovechamien o de su condición de mendican es bien recibidos y regalados, o en la rareza de sus barbas y sus ves idos para llamar la a enciónO cuando no hacían vagancia de la soledad conven ual o se pasaban la vida en el vagabundeo, !uera de la obediencia. Algunos de es os hermanos, con el disgus o, le causaban verdadera ira, y vez hubo que se encerró violen amen e en la celda por no verlos. - ras veces, el disgus o y la ira le hacían prorrumpir en es a san a maldición6 —%or i, san ísimo SeLor, y por oda la cor e celes ial, y por mí, u %obrecillo, sean maldi os cuan os con su mal ejemplo con!unden y (03

des ruyen lo que al principio edi!icas e y a'n no cesas de edi!icar por los buenos hermanos de es a -rden. Si an es había vis o una en ación suya como un mon e, ahora comprobaba que no odo el mon e era or"gano. )uando veía el paisaje de unos !railes adocenados, su ac i ud m$s habi ual era, sin embargo, la ris eza, una nos $lgica ris eza. R, suspirando, e&clamaba6 —SAh, si !uera posible, qui"n me diera que el mundo, opando pocas veces con los hermanos menores, admirara a esos pocosT =as no había quien parara aquella mul iplicación !ranciscana, que en conjun o enía muchos n'meros posi ivos, sin duda los m$s, susci ada por el Espíri u del SeLor. Francisco hacía lo que podía6 animaba a unos, cas igaba su cuerpo en peni encia por o ros, daba ejemplo a odos, los amaba sin e&cepción, y a cada uno como era, como una madre. #os ojos claros de su humildad le hicieron ver muy emprano que la obra superaba las capacidades de su !undador. El que poseía inna amen e do es humanas e& raordinarias para el liderazgo, enía ambi"n la convicción de que para organizar no servía, y menos para mandarO o no quería, que en la pr$c ica es o ro modo de no saber. Sus !acul ades eran las del animador, del creador de belleza po" ica o humana@espiri ual, de susci ador de vidaO y pocos le han aven ajado en es o. )reo sin om$ ico que, ya en su primer viaje a 2oma con los once primigenios, uvo la inicia iva de que se eligiera para el ir y volver uno que hiciera de superior de los dem$s, y procuró que la elección recayera en o ro, en el hermano Aernardo. =$s arde, a los pocos aLos de la -rden, renunció al cargo de minis ro o superior general de la misma, aunque en esa decisión jugó, an o o m$s que su e&periencia de que se le iba el mando de las manos, su e&quisi a humildad, que le llevaba a con!iar en o ros m$s que en "l mismoO y ampoco es aría muy lejos su a!ición a la soledad y a la con emplación. El no ener el cargo no le qui ó ni un $pice, sin embargo, del in er"s y preocupación por la -rden y por cada uno de los hermanos, los cuales, a su vez, le siguieron mirando siempre como su guía indiscu ible, como su verdadero padre. R ac uaba como al. )on el iempo, el gran n'mero le llegó a causar miedo, en re las muchas di!icul ades de den ro y los peligros y amenazas de !uera, que ampoco !al aban, de la gen e seglar que no les conocía y les mal ra aba, o de eclesi$s icos que les conocían mal y les querían peor. Pna noche, mi@ rando y orando, una vez m$s, sobre esa problem$ ica por momen os m$s aguda, se le ocurrió una par$bolaO "( se la inven ó, "l se la aplicó6 (05

—Deía yo una gallini a negra, pequeLa como una paloma, con los arsos y los dedos recubier os de plumas. Pna bandada incon able de polli os la seguían, la rodeaban, in en ando cobijarse bajo sus alas, y no podían... Esa gallini a soy yo, pequeLo, morenucho y !eíllo. #os polluelos son mis hermanos, mul iplicados sin n'mero por la gracia del SeLorO y no alcanzo a de!enderlos ni de la algarabía de den ro ni de los zarpazos de !uera Francisco era un idealis aO pero nunca es aba en las nubes, a no ser en las luminosas del "& asis. En cuan o amaneció, omó el camino de 2oma, se presen ó a Monorio <<<, y alcanzó de "l para su -rden la !igura canónica del cardenal pro ec or en la persona de su amigo el obispo de -s ia, el cardenal Mugolino. Esa decisión le valió al %obrecillo por odas sus do es de organizador y salvó su -rden para la his oria. Mugolino era de la misma !amilia de los condes de Segni que <nocencio <<<O nació a mediados del siglo Q<< y murió el ,( de agos o de (,0(, nonagenario o casiO sucedió a Monorio <<< como papa, con el nombre de Kregorio <Q H(,,5@0(J. Apues o, elocuen e, cul ísimo, educado en la diplomacia pon i!icia, hombre de inicia ivas r$pidas y en"rgicasO poseía una gran perspicacia para percibir en las personas y en los acon ecimien os las hondas y vi ales !uerzas de la <glesia y ol!a eaba con aguda cer eza los peligrosO combinaba la disciplina del asce a con una serena devoción religiosa y con las e&al aciones del en usiasmo mís ico, a odo lo cual sabía dar e&presión ar ís icaO poseía ambi"n el sen ido de la pompa y de la majes ad en el despliegue del poder. Aas en esos da os psicológicos para conocer, en lo que nos in eresa ahora, a quien el hermano Francisco consideró desde en onces como 8papa y seLor9, suyo y de odos sus hermanos. #os dos, cada uno desde su nivel, se amaron como verdaderos amigos, sin una nube que ensombreciera el aprecio mu uo6 Francisco, acudiendo a "l con una con!ianza de hijoO el cardenal, gozando deliciosamen e de cuan o decía o hacía el %obrecillo y compar iendo plenamen e sus preocupaciones Mugolino lloró la muer e emprana de FranciscoO pero al aLo de ser papa, el (3 de julio de (,,4, uvo el j'bilo y el honor de canonizar con la mejor de sus pompas a su inolvidable y envidiable amigo. Aien había de necesi ar Francisco ese apoyo eclesi$s ico para la o ra cara, m$s dura a'n, de su agi ada crisis ins i ucional. #a nueva !amilia que el Espíri u del SeLor engendró. en la <glesia por medio de "l, con enía en (04

su mismo germen los elemen os de las conmociones in ernas que iban a per urbarla en lo venideroO y no sólo por ese n'mero m$s o menos reducido o amplio de vagos y malean es que se cuela o bro a en oda agrupación humana numerosa —y m$s en aqu"lla, que pro!esaba alegremen e una gran liber ad—, sino porqu", e& endi"ndose a odas las ierras y en odos los ambien es, la buena volun ad de cada uno no bas abaO ni odos enían acceso al con ac o personal con el %obrecillo, que obraba como un alism$n. #a gran !amilia necesi aba, por ley de vida, una organi@ zación, que la espon $nea y simple regla primi iva no proporcionaba. %or o ra par e, pron o en raron en la -rden, a raídos por el encan o evang"lico de la nueva !orma de vida, varones cul os, sacerdo es o no, que ins in ivamen e quisieron llevar a la -rden hacia un apos olado de m$s al os vuelos que los del ejemplo y la palabra sencilla, con unas es ruc uras semejan es a las de las órdenes mon$s icas para garan izar la rabazón in erna y el dinamismo apos ólico. R !ue surgiendo en el seno de la !ra ernidad una ensión cada día m$s !uer e en re los que se querían man ener en la simplicidad evang"lica de los principios y quienes, secundando la evolución na ural del desarrollo y de los acon ecimien os, se es!orzaban por acomodar el espíri u primi ivo a las e&igencias disciplinares y apos ólicas de una -rden en permanen e crecimien o. #a crisis incidió en la vida personal del hermano Francisco como en el pun o m$s sensible. ;a uralO era 8su9 !ra ernidad, era "l mismo, mul iplicado en cada uno de los hermanos que el SeLor le había dado. Sen ía esa crisis como si odo "l, de arriba abajo, es uviera agrie $ndose. S#o que padeció, sobre odo, cuando le ocaban la simplicidad y la pobreza, el meollo de su vida evang"lica, o cuando le decían que había que copiar lo bueno de o ras !undacionesT En onces decía o casi gri aba, revolvi"ndose desde su !idelidad radical6 —S;o me ci "is ninguna o ra 2egla, ni de San Aeni o, ni de San Agus ín, ni de San Aernardo, ni de nadieT Ro no quiero saber o ra norma de vida sino aquella 2egla que el mismo SeLor, en su misericordia, se dignó inspirarme —SAy de aquellos hermanos que sin razón me con radicen en lo que es oy !irmemen e seguro que es la volun ad de :ios para el bien de nues ra 2eligiónT Aun así, a veces me creo en el deber de condescender con sus deseos9.

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—SAhT UIui"nes son esos que me quieren robar de las manos mi 2eligión y la de mis hermanosV Si puedo asis ir al capí ulo, Sya les enseLar" yo cu$l es mi volun adT... Me escogido esas e&presiones suyas $lgidas, den ro del marco de la crisis que no he hecho sino esbozar, a !in de que el lec or se d" cuen a del su!rimien o del hermano FranciscoO pero no sólo para que le compadezcaO es admirabilísimo cómo el %obrecillo reaccionó en la vor$gine que sacudió su alma, cómo encajó la crisis. )ier amen e, la -rden iba par i"ndose por aLos y por días m$s agudamen e en esos dos bloques bien marcadosO sin embargo, el %obrecillo, que enía el corazón m$s del lado de los de la !idelidad simple al ideal primi ivamen e vivido, no se dejó llevar sólo por el corazón. S)on lo a rac ivo y !$cil que le resul aba emperamen almen e alzarse como el adalid de es a !acción con ra la o ra, enarbolando el es andar e de una vuel a radical a las !uen esT =uchos se lo e&igían, y a "l le venía como la cres a al gallo el ser je!e de idealismos evang"licos. %ero ni lo hizo ni lo quiso. :e Siria se vino acompaLado del hermano %edro )a ani, uno de los de la primera hora, pero ambi"n con el hermano Elías, que pron o se signi!icaría como uno de los !au ores de la renovación o de las innovaciones, de la pues a al día que diríamos hoy, con unos cri erios que serían muy discu idos. El no cesaría jam$s en la de!ensa de su vida evang"lica, pero no lucharía con ra ninguno de sus hermanos ni consen iría la lucha in es inaO evi aba a los cizaLeros y a los mordaces, y, si runruneaban en su presencia, se apaba los oídos para no escucharles. Pna y mil veces aprovechaba la e&hor ación, incesan emen e acudía a la oración, no dejaba de enseLar, sencilla y valien emen e, con su buen ejemplo. 8%re!ería alcanzar su !in por la !uerza de la humildad, no de la au oridad9, dice de "l Nord$n de Nano 8;o quiso en rar en lucha con los hermanos —asegura o ro de sus !ieles—, ya que emía mucho el esc$ndalo, an o por "l como por los mismos hermanos, y así cedió, a disgus o suyo, a la volun ad de ellos. R se e&cusaba a sí mismo delan e del SeLor, es ableci"ndose en su humildad y en su en rega personal m$s generosa9. :ecía alguna vez6 —;o hay en el mundo un superior an emido y respe ado de sus s'bdi os como podría serlo yo de mis hermanos, si en ello me empeLaseO pero me ha concedido la gracia de es ar m$s con en o que odos, porque me veo como el m$s insigni!ican e de la -rden. =e guardar" mucho de conver irme en un irano y alimen o mi con!ianza de que, aun a rav"s de es os males, el SeLor vaya llevando a cabo su obra (1/

%ero donde ocó !ondo la colaboración del %obrecillo a una evolución sa is!ac oria de aquella crisis ins i ucional !ue en la acep ación providencialis a de su propio dolor, con esa con!ianza que apun $bamos en la 'l ima !rase. SíO le salvaron su humildad y su amor, y su sen ido providencialis a de la obediencia a :ios y a los hombres, al como "l la can aba en su Saludo a las vir udes6 8#a san a obediencia con!unde los caprichos y volun ades del hombre carnal y da muer e al propio yo, y lo man iene suje o a la obediencia del espíri u y a la obediencia a su hermano, y lo orna un s'bdi o humilde de odos los hombres que hay en el mundoO y no sólo de los hombres, sino has a de las bes ias y las !ieras, para que hagan de "l lo que quieran, cuan o les permi iere desde arriba el SeLor9. :esde que !undó su !ra ernidad, "l ambi"n se sabía obligado a obedecer, y m$s que nadie, y era !eliz suje $ndose a o ro. Es aba siempre pron o a some er su persona y su vida a los superiores legí imos, !ueran quienes !ueran, y quería y procuraba ener jun o a sí uno que le mandase en odoO y cer i!icaba que uno de los dones que m$s agradecía al SeLor era su disponibilidad para obedecer has a a un novicio reci"n en rado, si se lo daban como superior El resor e de es a obediencia $gil, pro!unda y o al era su amor y su idea !ija de siempreO 8porque —decía— nues ro SeLor Nesucris o en regó su vida para no perder la obediencia a su san ísimo %adre9 Es as palabras las escribiría "l a odos sus hermanos una vez remon ada la gran crisisO pero ahora las vivía, como vivía heroicamen e es a glosa suya a las mismas6 8:ice el SeLor en el Evangelio6 Iuien no renuncia a odo lo que iene, no puede ser discípulo mío H#c (0,..J. 2enuncia a odo quien se en rega del odo a sí mismo en manos de su superior, por la obediencia... R si alguna vez ve cosas mejores y m$s provechosas que las que le manda su superior, sacri!ique gus osamen e a :ios las suyas y procure cumplir las de su superiorO que "s a es la obediencia del amor H<%e (,,,J, con la cual complacemos a :ios y al prójimo... R si el superior le manda alguna vez cosa con ra su alma, en eso no le obedezca, pero ampoco por (1(

eso se apar e de "l. R, si hay algunos que le con rarían por ello, $meles m$s a'n, por :ios. %ues aquel que pre!iere aguan ar la persecución an es que escaparse de sus hermanos, "se permanece de veras en la per!ec a obediencia, porque da la vida por sus hermanos HNn (1,(.J9. =edular asimilación del mis erio de la cruz y preciosa norma de oda vida comuni aria y !amiliar. %ero se equivocaría de medio a medio quien omara como pasividad ese sen ido del dolor y de la obediencia. El hermano Francisco, sobre odo desde su regreso de Siria, se es!orzó in@ cansablemen e por solucionar la crisis de su -rden. ;ombró minis ro general al hermano %edro )a ani, que ya lo había sido en los principios cuando Francisco renunció al cargoO uno de sus m$s !ieles, hombre religioso an o como pruden eO pero el hermano %edro murió a los pocos meses. En (,,(, Francisco, con esmero elusión, dio los 'l imos oques a la 2egla, con lo que esperaba sosegar los $nimos y encauzar la evolución con !idelidad a las raícesO pero esa 2egla, henchida de ci as evang"licas y de en usiasmos mís icos, no sa is!izo a los par idarios de la ac ualización, por poco jurídica. )on inuó con dolor y sin pausa sus es!uerzos, y al !in, en ],,., presen ó a Monorio <<< una nueva 2egla, preparada con la ayuda del cardenal Mugolino, y el papa se la aprobó. Es a 'l ima redacción legisla iva de la -rden recogía odo el meollo de la inspiración evang"lica primi iva, in roducía las 'l imas normas canónicas de la <glesia, a endía al momen o evolu ivo de la -rden y es aba e&presada en "rminos su!icien emen e jurídicos. El hermano Francisco la hizo plenamen e suya y la en regó a los hermanos como su mejor in en o y garan ía de unidad. )omo podía suponerse, ampoco sa is!izo a odosO algunos la juzgaron e&cesivamen e leguleyaO o ros, alicor a para las necesidades ac uales de la -rdenO pero odos la aca aron, y eso salvó a la ins i ución. Moy se la considera inmor alO cuando, con los aires renovadores del concilio Da icano <<, las reglas de las órdenes y congregaciones religiosas —an iguas y no an an iguas— han quedado como obsole as, y los ins i u os se han vis o sanamen e !orzados a buscar su ac ualización prescindiendo de ellas o busc$ndoles una rein erpre ación radical, la -rden !ranciscana sigue considerando es a 2egla bulada como insus i uible, sus ancialmen e v$lida en su in egridad, !undamen o ac ualísimo de su legislación y de su espiri ualidad y venero de la au "n ica vida !ranciscana, m$s rico y !ecundo cada día. %ara Francisco !ue la superación de la crisis. SoLaba parabólicamen e6 miraba an e sí a una muchedumbre de hermanos (1,

hambrien osO para saciarlos no enía m$s que unas migui as de pan esparcidas por el sueloO se disponía a ir d$ndoselas con emblor, emiendo que se le escurriesen como harina en re los dedos, cuando oyó a :ios que le decía6 —Francisco, haz un panecillo con odas esas migas y d$selo a cuan os quieran comer... En endió que las migas eran las palabras evang"licas, y el panecillo, la 2egla. R con!ió al seLor papa su harina y su levadura. Pna vez m$s, su sen ido de <glesia le salvó a "l y salvó su obra. Mabía dado con una !órmula en la que se combinaban el espíri u y la !orma en una aleación ya imperecedera, y de ese modo, sin perca arse quiz$ de has a qu" pun o era así, admi ía y aprobaba como una obra de :ios el desenvolvimien o de su -rden a rav"s de los siglos. Iuiz$ aquellos iempos no es aban maduros para una vida evang"lica pura como la del ideal ne o de FranciscoO quiz$ ambi"n convenía así, para que la levadura coe&is iera permanen emen e con la masa, con su vigor de rans!ormación renovadoraO así y odo, es eviden e que el !ranciscanismo apor ó y sigue apor ando algo comple amen e nuevo y renovador, mas no !ue sin haber superado aquella crisis normal de su crecimien o. El hermano Francisco recobró la paz, una paz inal erable. :ialogaban "l y el SeLor6 —SeLor, e con!ío la !amilia que me dis e. —UA qu" urbar e, hombrecilloV UIui"n engendró u nueva !amilia sino yoV UCe he pues o yo al !ren e de ella para que llegues a olvidar que yo soy el je!e principalV %ara es o e elegí6 para que lo que yo obro y obrar" en i, lo imi en quienes quieran seguir e. ;o e urbes, puesO si uno e deja, llamar" a o ro para que ocupe su lugarO y si es e odavía no ha nacido, har" que nazca. R, aunque oda u -rden se quedara alguna vez en res hermanos, permanecer$ inconmovible con mi ayuda. Es a seguridad con!iada !ue el premio de su sacri!icio. Ahí, en la renuncia de su propia obra, encon ró Francisco la paz, la liber ad y el gozo. #a 2egla había sido con!irmada papalmen e el ,B de noviembre de (,,.. An es de un mes, el hermano Francisco culminaba aquella crisis y aquel aLo con un acon ecimien o maravilloso, uno de los m$s bellos !lorones de su inspirada alegría. :ecidió celebrar en Kreccio la ;avidad. (1.

Aun con odo lo que llevamos dicho sobre la apasionada devoción del %obrecillo a la pasión y muer e del Salvador, hay que decir con )elano que, para "l, la ;avidad era 8la !ies a de las !ies as9, porque era la puer a del mis erio, por la que :ios, hecho niLo, había en rado a odos los dem$s mis erios de nues ra salvación. %ero "l no se quedaba en una alegría de pandere aO besaba, arreba ado de amor, las im$genes del :ios ;iLo, y su devoción se deshacía en ernura y compasión an e el desamparo de Ael"n, y las e&presaba prorrumpiendo an e El en balbuceos dulcísimos, enloquecedores, niLo con el ;iLo. )elebraba cada aLo la ;avidad con ine!able j'bilo. A uno, el hermano =orico, que dijo un día de ;avidad que no habría carne en la mesa porque era viernes, el %obrecillo le a ajó y se lo reprochó6 —%ecas, hermano, llamando viernes al día en que nos nació el SeLor. Iuiero que hoy has a las paredes coman carne, y, si no pueden, que se les un e con ella. R quería y procuraba que los pudien es dieran abundan e y buen alimen o a los pobres en al !ies a, y que ambi"n a los bueyes y a los asnos se les proporcionara m$s y mejor pi anza que de ordinario, en recuerdo de los de su especie que es uvieron en la gru a de Ael"n. R solía decir6 —Si yo hablase con el emperador, le había de suplicar que proclamara un edic o a odo el imperio6 que cuan os ienen rigo y o ros granos, los derramen copiosamen e por los caminos, para que en es a !ies a par icipen y se sacien ambi"n las avesO en especial, las hermanas alondras. Si eso era cada ;avidad, aquella de Kreccio de (,,., con el nuevo gozo de su nueva liberación, se desa ó en el j'bilo. )onvocó an e una al a gru a, a rav"s del camino inverosímilmen e encaramado, a odo el pueblo. #a ;ochebuena resplandecía como el día mejor, de an a luminaria que por aban las gen es congregadas, apiLadas, para celebrar de manera nunca vis a el nacimien o del SeLor. En la gru a, un pesebre, en espera del bendi ísimo ;acidoO y en el pesebre, heno recien e, y cerca, un buey y un asno acompaLando la li urgia. En la misa, el hermano Francisco o!ició de di$cono y predicó deliciosamen e, desbord$ndole la devoción y el gozoO se relamía como en miel los labios cada vez que pronunciaba 8Nes's9 o 8el ;iLo de Ael"n9O parecía que balaba cada vez que nombraba a Ael"n, del dulce saboreo con que lo decía6 8Aeee@lee"n...9 %arecía ranspor ado e& $ icamen e rece siglos a r$s9. Aquella !ies a noc urna !ue un encan o. 2edescubría Ael"n e inven aba los belenes. SIu" lejos y qu" cerca aquella o ra noche de su (10

'l ima juerga moza en Asís, cuando, es igos las es rellas, escogió al Amor de su corazón, sen ido de su vidaT SIu" lejos y qu" cerca ambi"n aquella o ra noche m$s que es rellada, verdaderamen e celes e, la primera ;ochebuenaT #os grandes amores ornan a sus principios, se dejan llevar dulce e irresis iblemen e por la querencia inicial. #os amores del hermano Francisco a )ris o, ambi"nO Kreccio es su re omo a una in!ancia no sólo espiri ual, sino personalmen e divina6 a la in!ancia de Aquel que desde ella le había arreba ado el alma, porque, siendo inmenso y poderosísimo como :ios, se hizo niLo desvalido por noso ros, naci"ndonos de =aría, la m$s bendi a de las mujeres H#c (,0,J. Aendi o El por siempre H2om B,1J.

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III. M'ERE * + NO M'ERE * SAN FRANCISCO (1 1 -#

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ALo (,,0. A r$s quedan quince aLos como quince primaveras, con sus !lores mís icas y sus p$jaros de maravilla, con el sol de su simpa ía cubriendo su carrera de orien e a occiden e, con sus días de c$lido amor y sus noches serenas en la mirada con empla iva. #a primavera se había prolongado en un largo y ardien e verano, con sus !ru os opimos y sus !uer es ormen as pasajeras. El o oLo de su vida se acercaba... :espu"s de haberle vis o ir y venir, cruzando libremen e regiones y países, paisajes y cul uras, por odos los caminos de la ierra y el mar, es hora de que re omemos el hilo cronológico de su vida. En jimio de (,,0, por la !ies a de %en ecos "s asis ió en la %orci'ncula al capí ulo general. Fue el 'l imo en que "l es uvo, presidiendo a odos con su au oridad de !undador y de padre pobrecillo. =inis ro general era el hermano Elías. #as ensiones in ernas con inuaban a'n, y a!loraban con mayor in ensidad a nivel de superiores, y m$s con esa ocasión de buscar de erminaciones pr$c icas complemen arias de la 2egla reci"n es renada. El %obrecillo seguía poniendo en el pla illo de la !idelidad al primi ivo ideal evang"lico el peso de sus e&hor aciones y la presencia convincen e de su ejemplo. 2ecalcaba res pun os, como siempre que presidía una reunión de superiores, e&periencia y consejos de !undadorO res noes que no han perdido ac ualidad6 —;o cambi"is las cos umbres si no es por o ras mejores. ;o busqu"is !avori ismos de nadie en ninguna curia ni cor e. ;o ejerz$is vues ro cargo como poderO cumplidlo como un servicio. )uando las discusiones capi ulares despun aban violen as, "l in ervenía para res ablecer la paz, o el en!oque m$s evang"lico, si creía que algunas proposiciones se desviaban. A veces, desde su callado y modes o segundo pues o, sen ado jun o al hermano Elías y un poco m$s bajo que "l, le susurraba a "s e su opinión, y el hermano Elías la comunicaba a la asamblea6 —El Mermano dice... (13

Eso era "l, 8el Mermano9, "l hermano por an onomasia, el hermano de odos. Su amor y su in er"s y el ver el curso y proceso de la -rden seguía siendo su espina, aunque ya no le qui aba la paz. En un apar e de las sesiones capi ulares, un hermano le hurga6 —U%or qu" e despreocupas de los hermanos y los dejas en manos de o ros, como si ya no !ueran uyosV —Mijo, amo a los hermanos como puedoO pero ambi"n e digo que, si se man uvieran en mi camino, los amaría a'n m$s y no es aría an e ellos como un e& raLo. Ra ves que hay algunos minis ros que enarbolan las normas de órdenes an iguas y menosprecian las mías. All$ ellosO al !in se ver$ el !ru o de cada uno. El hermano dialogan e insis ió6 —U%or qu" no cambian a esos minis ros, que an o han abusado de la liber adV R al hermano Francisco se le escapó es a e&clamación, aguda y penosa como un gemido6 —SDivan como quieran, porque mejor es el daLo de unos pocos que la perdición de muchosL Cerminado el capí ulo, "l suspiró por la soledad. 1% AN4E1EN(L4I6A E4A1AB EL AL/E)NA %ara su aislamien o escogió el m$s al o y apar ado de sus re iros6 el mon e Alverna, una de las cres as de los Apeninos, a (..// me ros de al ura, en el eje de una mese a agres e y soli aria. Se acompaLó de media docena de sus hermanos m$s amigos6 #eón, 2u!ino, Angel, <luminado, =aseo, Aenizzo. El mon e lo había pues o muní!icamen e a su disposición, aLos an es —regalo de caballero a caballero—, el conde -rlando de )hiusi, a quien ya vimos ganado para )ris o por el predicador %obrecillo en una !ies a cas ellana. El mismo conde se quiso encargar de que nada les !al ara mien ras es uvieran allí. #legaron a primeros de agos o. ;ada m$s llegar, y luego de gozar del maravilloso paraje, se dis ribuyeron en cabaLas individuales, como solíanO una m$s amplia servía de capilla, dedicada a nues ra SeLora de los Angeles. El recibimien o de la selva !ue encan ador6 oraba el hermano Francisco al despun ar el primer amanecer, cuando p$jaros de odos los (15

plumajes acudieron a posarse en su celdi a de ramasO pero no en bandadasO venía uno, desgranaba alegremen e su rino, y revolabaO llegaba o ro, rinaba sus compases, y remon aba el vueloO y o ro, o ro, o ro, en un variado y prolongado concier o de solos, dulces, alegres, chirrian es, con la admiración y el encan o de los hermanos. Sorprenden eO si alguien ha dicho del após ol %obrecillo, hablando de hombres, que los $rboles no le dejaban ver el bosque, esas avecillas del Alverna le demos raron que ambi"n ellas se sen ían individualmen e amadas por "l, y cada una voló a agradec"rselo. Apar e eso, Francisco lo omó por buen augurio. )on la !ies a de la Asunción, el día (1, Francisco inició una de sus cuaresmas habi ualesO "s a especialmen e querida, porque la abría con !ies a an seLalada de la =adre de :ios y la cerraba con la de San =iguel Arc$ngel, o ra de sus pre!erencias devocionales. El horario de los hermanos era lib"rrimo6 se en regaban a la oración y al descanso a su aire, al aire de cada cual, !uera de algunos rezos comunes. Al hermano Francisco se le hizo amigo inesperado, y muy ' il y cor "s, un halcón que enía el nido vecino de su celdaO mien ras duró la cuaresma, cada media noche, a la hora de mai ines, el hermano halcón se descolgaba de su nido, se posaba a la puer a de su celdi a y no cesaba de vocear y de ba ir ruidosamen e sus alas has a que le desper aba. Es e reloj canoro le causaba a Francisco gran placer y le despabilaba el alma m$s a'n que los ojos. #e cobró un gran cariLo, y se pasaba de día largos ra os con "lO cariLo y agradecimien oO porque, cuando el hermano Francisco se ponía m$s en!ermo, el hermano halcón no le desper aba a mai ines, sino esperaba a la alborada para desper arle con la sonora campani a de su voz. #a cuaresma la quiso pasar Francisco del odo a solas, aislado del grupi o de los hermanos has a en el rezo del o!icio. #e respe aron la volun ad. En el mon e abrup o se reservó una porción de di!ícil acceso, con grandes peLas hendidas, de arbolado inverosímil, con una gran cueva !or@ mada por unas peLas enormes y una inmensa piedra salien e como echo. En aquella soledad quie a e impresionan e, con su ayuno y su oración, le esperaba el prodigio. #e esperaba, impensadamen e, lo que an as veces había buscado con !racaso6 su cruz y su mar irio. Aunque no an impensadamen eO su corazón y su pensamien o es aban por días m$s irresis iblemen e !ijos en su Amor y su SeLor, Nesucris o pobre y cruci!icado. %ensaba en El, y con esos adje ivos, como en la mani!es ación suprema del amor de :ios, con admiración y pavor, con un dulce es remecimien o. )on oda su alma ansiaba a )ris o, y se (14

en regaba a El plenamen e, no sólo con el corazón, sino con oda su capacidad de ser, alma y cuerpoO anhelaba darle, con su espíri u enamorado, cada uno de sus pobrecillos miembros. 2umiaba su recuerdo y deseaba ser rans!ormado en El por el ardor de su amor o alizan e. R, concre o e in ui ivo como era, le ra aba con alan e de amigoO an personal, que le miraba y le hablaba como si le uviera delan e, presen ísimo. Sen ía, deseaba y vivía es o que "l había escri o6 que Nes's bas a para odo. Cres veces acudió a conocer la volun ad divina sobre "l en aquella circuns ancia, abriendo al azar los sagrados libros, como en los días primigeniosO y las res veces le salió el ema de la pasión. :ía y noche, noches y días, escaso el pan, poca el agua, ligero el sueLo, oraba y con@ emplaba. )on emplaba y oraba a su maneraO el hermano #eón, quien, por el aprecio admira ivo que le enía, no podía vencer la en ación de espiarle desde $ngulos ocul os en las peLas o ras los $rboles, le veía mover los labios, alzar y bajar los brazos, ges icular con las manos y con odo el cuerpo, enardecido unas veces de gozo, y o ras, de dolor, de !ervor siempre. Pna vez percibió que clamaba6 —UIui"n eres ', dulcísimo :ios y SeLor míoV UR qui"n soy yo, vilísimo siervo uyoV R lo repe ía y volvía a repe ir, in ercalando largos silencios, e& $ icas miradas, suspiros, y sollozos, y gemidos, sin cansarse. :is!ru aba en rezar el o!icio de la pasión, que había compues o para ejercicio de su devoción y la de sus hermanosO un mosaico brillan e y ardoroso de salmos davídicos y de !rases originales suyasO en re muchas, es as encendidas e&presiones6 —UIu" hay para mí en el cielo !uera de iV Fuera de i, Uqu" he amado yo sobre la ierraV HSal 5,,,1J. R no qui aba los ojos de )ris o clavado, injuriado, aheleado, agonizan e, muer o y sepul ado, y resuci ado, ascendido, glori!icado, Nuez de odos y SeLor de odo Aquellas rocas ro as del Alverna, !ormidables, imponen es, eran apropiadísimas para un recuerdo de la cruz, m$s calvario que el )alvario mismo, óp imas para la leyenda que se creó despu"s de que !ueron causadas por el dolor con que se es remeció la ierra la arde del Diernes San o. %or la !ies a de la San a )ruz, una maLani a de mediados de sep iembre, prema uramen e o oLal en aquellas al i udes, el hermano Francisco le decía a su Amor es a s'plica nunca an es o da6 —SeLor mío Nesucris o, dos gracias e pido an es de morir6 que su!ra yo en mi cuerpo y en mi alma, en cuan o me sea posible, el dolor que ', (1B

dulcísimo Nes's, su!ris e en u acerbísima pasión, y que sien a yo en mi corazón, ambi"n en cuan o pueda, aquel e&cesivo amor que a i, Mijo de :ios, e llevó a su!rir volun ariamen e ales ormen os por noso ros pecadores. Era, una vez m$s, la respiración y la aspiración del mar irio, e&presión m$&ima de su amor a :ios y a los hombres. #o que no alcanzó de "s os, se loba a cumplir, benignísimamen e, El. Pnos días despu"s sucedió la maravilla6 Aquel a quien es aba con emplando habi ualmen e sin verle, se le hizo visible, Sy de qu" modoT %re!iero describirlo sin palabras mías, con las del primero de sus biógra!os6 8Dio, con visión mís ica, un hombre que a la par era un sera!ínO enía seis alasO había descendido sobre "l, con los brazos e& endidos y los pies jun os, clavado a una cruz. :os alas se alzaban ver icales por encima de su cabeza, o ras dos se endían horizon almen e en adem$n de volar, las o ras dos cubrían reverencialmen e odo su cuerpo. Al con emplarlo, el bendi o siervo del Al ísimo se llenaba de indecible admiración, pero no comprendía qu" se le quería mani!es ar con al aparición. #e embargaba el j'bilo al mirar el ros ro benigno y hermoso del sera!ín y al verse mirado por "lO pero al mismo iempo le causaba insu!rible dolor verlo clavado horriblemen e a la cruz. :esaparecida la visión, quedó "l ine&plicablemen e, al mismo iempo, muy ris e y gozosísimo, en una al erna iva o conjunción ine!able de ambas emociones e& remas. R se quedó muy pensa ivo y ansioso, d$ndole vuel as a la visión celes ial, deseoso de comprender su signi!icado. R he aquí que, sin poder qui arse esa curiosidad de la men e, empezaron a abrirse en sus manos y en sus pies las seLales de los clavos, como los había vis o en el hombre cruci!icado6 en el cen ro de cada mano y de cada pie, emergiendo de la herida, una !orma carnosa semejaba por un lado la cabeza de un clavo, y por el o ro imi aba su pun a. #as llagas de las manos eran redondas en la palma y alargadas en el dorso, y en cada dorso sobresalía la !orma de un clavo re orcido y remachadoO y de igual modo en el empeine y en la plan a de cada pie. R en su cos ado derecho se abrió o ra llaga, como herida abier a por una lanza9 HCan e& raordinario lance se merece una cor a digresión his órica. #a crí ica racionalis a de los siglos QD<<< y Q<Q, negadora por principio de odo milagro, negó ambi"n es e prodigio de las llagas de San Francisco como imposible, especialmen e por uno de sus cori!eos, Augus o Mase. (3/

Ese racionalismo, con sus juicios na urales y sus prejuicios sobrena urales, llega en muchas men es has a nues ros días. #a lógica del racionalismo se reduce a a!irmar, con la !ijeza de un logari mo o de un eorema6 la na uraleza no es m$s que na uraleza, y como la na uraleza es $ suje a a leyes !ijas, el milagro no e&is e, no puede e&is ir. En vez de razonar con humilde obje ividad desde los mismos hechos6 el milagro se da a vecesO luego el milagro puede darse en la na uralezaO y sólo !al a la mirada limpia y juiciosa para ver si realmen e en un caso concre o se ha dado el milagro o no. :os y dos son cua ro, y no pueden ser m$s que cua ro. )ier amen eO pero no perciben ellos, los racionalis as de an es y de hoy, que el mismo SeLor de la na uraleza, que creó a "s a numerable y mensurable y con un pasmoso y es able dinamismo in erior en su conjun o y en cada ser, es El muy libre y muy SeLor para crear sobre ella una realidad nueva. El milagro no es an o una derogación de las leyes na urales —que ambi"n se le ha de!inido así—, sino una supererogación de las mismas6 dos y dos siguen siendo cua ro, pero :ios aLade un nuevo ejercicio de su poder y de su amor, por el cual el resul ado es, maravillosamen e, cinco, una nueva creación, una realidad renovada, una nueva realidad sobre la ya e&is en eO ni ignora ni anula la an eriorO crea o ra sobre ella y con los elemen os que hay en ella, un inesperado modo de e&is ir sorprenden e y mejor. Cal es as cinco llagas en el cuerpo del hermano Francisco. El capuchino -c aviano de 2ieden ha realizado modernamen e un es udio de inves igación his órico@crí ica, que por hoy puede considerarse e&haus ivo, sobre es e !enómeno de las llagas de San Francisco, con una aplicación rigurosa del m" odo cien í!ico y con el resul ado de una m$&ima garan ía a su !avor. :uran e su vida le vieron la llaga del cos ado dos es igos privilegiados6 el hermano 2u!ino y el hermano ElíasO las de manos y pies se las vieron muchas veces sus m$s ín imos, que así lo cer i!icaron jurando sobre los san os evangelios, y ambi"n algunos cardenales de su especial amis ad. San Auenaven ura asegura que "l mismo oyó al papa Alejandro <D H(,10@3(J a!irmar en un sermón que había vis o es as bendi as llagas con sus propios ojos, vivo a'n el San o. A seguida de su muer e, con el largo !uneral clamoroso, se las vieron y lo a es iguaron m$s de cincuen a hermanos, )lara y sus sores, y muchísimos seglares, muchos de los cuales las besaron y las palparon con sus manos, con emocionada devoción9. R el hermano Elías, a raíz de la muer e de San Francisco, comunicó o!i@ (3(

cialmen e, como minis ro general, a oda la -rden es e prodigio nunca an es conocido. R volvamos a nues ra narración.J Aiogr$!icamen e hay que ano ar aquí el emblor mís ico y humano en que la es igma ización sumió al %obrecilloO para con el SeLor :ios quedó en "l un agradecimien o humildísimo y supremoO mas para con sus hermanos... U)ómo iba a descubrirles un secre o alV UR cómo iba a ocul $rselo, si es aba an pa en eV Aun con su car$c er an comunica ivo, de siempre había sido reservado para sus in imidades mís icas, y enía habi ualmen e como m$&ima y como pr$c ica "s a6 8Aendi o el siervo que guarda en su corazón los secre os del seLor9. %or ese principio, jam$s reveló a nadie lo que dialogaron )ris o y "l duran e la apariciónO pero Sah, las llagasT... #e resul aban ormen o doble, por lo que le dolían !ísicamen e y por lo que su!ría sólo de pensar que se las pudieran ver. %ero sus compaLeros de re iro le conocieron que ocul aba alg'n mis erio, y le argumen aron que :ios regala a veces sus dones ambi"n para gozo y provecho de los dem$s. #es cos ó persuadirle, pero al !in "l les descubrió la gracia, e&igi"ndoles la m$&ima reserva. Así y odo, "l vivía mucho m$s de su mis erio que de lo que pensaran los dem$s. )ris o le había concedido ambi"n la segunda s'plica, y m$s y mejor a'n que la primera6 amarle como El le había amado, amar a los hombres como les amaba El. 8Su alma quedó hecha un maravilloso !uego de amor9, cer i!ican los Cres compaLeros. El amor de )ris o, y un amor como el de )ris o, le había con!igurado con El ín ima y e& ernamen e. El %obrecillo había comenzado así en o ros iempos una glosa del K"nesis6 8=ira, Soh hombreT, en qu" al a e&celencia e ha colocado el SeLor :ios, pues e ha creado y !ormado a imagen de su amado Mijo seg'n el cuerpo, y a su semejanza seg'n el espíri u...9 HKen (,,3J. )uando escribió es as palabras, Squ" lejos es aba de pensar que el mismo Mijo de :ios las iba a cumplir en "l de un modo an gr$!ico, con un sen ido an plenoT... Mablando a lo loco divino —y hablando así agradaremos seguramen e al %obrecillo y adem$s nos acercaremos al mis@ erio mejor que con la ciega pesan ez ma erialis a—, podemos decir que, desde la es igma ización del Alverna, )ris o es el alma de Francisco has a al pun o, que Francisco es cuerpo de )ris o, que saca a relucir lo que su alma es, lo que en el alma iene. Aquel Nes's cruci!icado que se le grabó (3,

in eriormen e en la cueva de su conversión y que permaneció indeleblemen e vivo en su recuerdo y en su corazón, a!loró al !in has a e& eriormen e, por la violencia de su amor imi a ivo y por la gracia del mismo divino SeLor, en quien el %obrecillo deseaba rans!ormarse y que le o orgó prodigiosamen e su deseo. El hermano #eón, embloroso "l ambi"n por su cercanía al mis erio, se valió de su in imidad y le suplicó que le escribiera una oración para su piedad personalO y el hermano Francisco no quiso negarseO le pidió pluma y pergamino, y escribió con el corazón sangran e de amor, m$s que con la in a, las Ala2anAas del Dios Alt@simo0 verdadero 8=agni!ica 9 de la 8encarnación9 de )ris o cruci!icado en "l, pobrecillo. Escribe arreba ado de inspiración, y, m$s que para complacer a su amigo, para desahogar el !uego in erior que le devoraO no pide nadaO se dirige a )ris o en una le anía desbordada de piropos6 8C' eres..., ' eres..., ' eres...9 Mas a .( veces le repi e el 8 ' eres9 en menos de (. líneas seg'n el e& o crí ico que ranscribe ?. Esser. Ro lo presen o en líneas suel as, s$lmicas, para que se perciba mejor su e&presividad6 8C' eres el san o, SeLor :ios 'nico, que haces maravillas. C' eres el !uer e, ' eres el grande, ' eres el al ísimo, ' eres el rey omnipo en eO ', %adre san o, 2ey del cielo y de la ierra. C' eres rino y uno, SeLor, :ios de los dioses. C' eres el bien, odo bien, sumo bienO SeLor :ios, vivo y verdadero. C' eres el amor, la caridadO ' eres la sabiduría, ' eres la humildad, ' eres la paciencia, ' eres la hermosura, ' eres la mansedumbreO ' eres la seguridad, ' eres el descanso, ' eres el gozo, ' eres nues ra esperanza y alegría. ' eres la jus icia, ' eres la emplanza, ' eres oda nues ra riqueza has a la saciedad. C' eres la hermosura, ' eres la mansedumbre, ' eres el pro ec or, ' eres nues ro cus odio y de!ensorO ' eres la !or aleza, ' eres el re!rigerio. C' eres nues ra esperanza, ' eres nues ra !e, ' eres nues ro amor, ' eres oda nues ra dulzura, ' eres nues ra vida e ernaO grande y admirable SeLor, (3.

:ios omnipo en e, misericordioso Salvador9. Es a plegaria de su gra i ud humildísima y de su gozo ebrio, apar e de ser ejemplar de la respiración habi ual del %obrecillo en su con emplación de :ios, así como de los aspec os pre!erenciales de su piedad para con El, nos o!rece como curiosos de observar res de alles6 que, con inspirarse en una gracia an singular, "l la dice en plural, asociando al hermano #eón y a odos en su alegría y agradecimien oO que hay un divino piropo rei erado, el 'nico que repi e, como si no quisiera de ning'n modo que se le quedara en el in ero o como si su corazón le e&igiera esa rei eración, y es llamarle a :ios 8hermosura9O y que, ins in ivamen e, el poe a %obrecillo pre!iere aquí, y con mucho, los nombres sus an ivos a los adje ivos. Si es verdad que al poe a se le conoce en la pro!usión y propiedad de los epí e os, al enamorado se le ve lo subido y loco de su luminosa ceguera cuando aplica a su amor arreba adamen e nombres m$s que hiperbólicos6 mucho se dicen los enamorados si se llaman hermosa y guapo, in eligen e y lis a, buena y generoso, e c.O pero se dicen mucho m$s cuando se piropean llam$ndose mi es rella, mi sol, mi ensueLo, mi encan o, mi vida, e c. %ues ambi"n por es e de alle respira en es a plegaria, como en ninguna o ra suya, el enamorado %obrecillo. R es que es a ocasión !ue ambi"n 'nica en su vida. El hermano Francisco permaneció en el Alverna un par de semanas m$s, has a concluir su cuaresma. Acabada, decidió regresar a la %orci'ncula con el mismo hermano #eón. May un documen o a ribuido al hermano =aseo, cuya au en icidad original no se prueba, pero que es de un valor 'nico como descripción de es e momen o psicológico, an emo ivo, de la vida del hermano Francisco. ;o me resis o a ranscribirlo6 8#a maLana del ./ de sep iembre de (,,0 nos reunió en la capilla donde había oído la san a misa. #uego dijo6 —Adiós, adiós, adiós, hermano =aseo. Adiós, adiós, adiós, hermano Angel... R en la misma !orma se despidió de los o ros hermanos allí presen es. R aLadió6 —Divid en la paz, amadísimos hijos míos. SAdiósT =e voy a la %orci'ncula con el hermano 8-vejuela de :ios9, para no volver m$s aquí. =i cuerpo se aleja de voso ros, pero os dejo mi corazón. SAdiós, adiós, adiós a odos voso rosT SAdiós, adiós, mon e AlvernaT SAdiós, roca enhies a, ya no nos volveremos a ver m$sT SAdiós, San a =aría de los (30

AngelesT A i, =adre del Derbo e erno, e encomiendo es os hijos míos aquí presen es... #lor$bamos a l$grima viva. El se alejó, sollozando ambi"n y llev$ndose, con "l, nues ros corazones9. R emprendió viaje de regreso, una vez m$s, hacia lo que era el cen ro geogr$!ico querencial de oda su vida6 Asís, su Asís. Su 'l imo Asís. 3% 1EN(L4I6A E4A1AB +& (L4I6' A+Í+ El hermano Francisco había subido aquellas empinadas es ribaciones del Alverna a lomos de un asnillo, pues se hallaba d"bil, con sus en!ermedades habi uales agudiz$ndose. :os de los hermanos se lo habían procurado de un arriero, al pie del mon e. El arriero les pregun ó6 —USois voso ros compaLeros del hermano Francisco de Asís, "se del que an o bueno se diceV R al responderle ellos que sí, y que precisamen e para "l le suplicaban el jumen illo, el buen hombre lo aderezó con ilusión y "l mismo se lo llevó al san o varón, al cual le dijo con ruda campechanía6 —U:e modo que ' eres el c"lebre hermano FranciscoV %ues procura ser an bueno como dice la gen e y nunca de!raudes lo que esperan de i. R el hermano Francisco, que ya se había mon ado, sal ó del animal, se arrodilló an e el campesino, le besó los pies y le dio alegremen e las gracias por su buen consejo Ahora bajaba como había subido, al paso len o y su!rido de o ro burrillo. El se conocía bien es e ranspor e de los pobresO desde su conversión no volvió a u ilizar el caballo, a no ser en circuns ancias de absolu a necesidadO y eso en los 'l imos meses an eriores a su muer e, cuando se encon raba ya muy mal. )onocemos algunas jomadas de es e i inerario de regreso6 Aorgo San Sepolcro, =on e )asale, )i $ di )as ello... %or donde pasaba, la !ama le precedía, y susci aba en usiasmos y !ervores. Can o ir y venir hablando a odos, amando a odos, le habían hecho popularísimo y muy queridoO le enían como hombre del pueblo y hombre san o. Sin darse cuen a, ranspiraba el mis erio de :ios, del que vivía absorben emen e. )omo en Aorgo San Sepolcro. :ecidió pasar la noche en una leprosería si a luego de rebasar es a ciudad. Mombres y mujeres, al cundir la no icia de su llegada, acuden, se apiLan, le ocan, le empujan, has a le (31

cor an roci os de su h$bi o para llev$rselos como reliquia. El ni se en eróO iba an absor o en los pensamien os de su corazón, que, cerca ya del lazare o, con el Aorgo bien a r$s, despabiló los ojos como quien vuelve de o ro mundo y pregun ó6 —UFal a mucho para San SepolcroV En re ese clamor de !ervores populares, con ese cor ejo de corazones en usiasmados, llegó a la %orci'ncula llagado y d"bil. #e quedaban dos aLos de vidaO dos aLos de en!ermedades varias y moles as, pero ambi"n, a pesar de ellas, de apos olado ac ivo y ub"rrimo. Pna vez m$s, omó aquel lugar primi ivo como cen ro de las hazaLas de su caballeresco amor. :e aldea en aldea, de ciudad en ciudad, de asnillo en asnillo. )omo apenas podía caminar, de !laqueza por sus dolencias y porque los clavos de los pies se lo impedían con !recuencia, se hacía llevar a los pueblos y a las almas, arras rando aquel cuerpecillo casi cad$ver a !uerza de paciencia y de amor. ;oso ros que vemos hoy como la cosa m$s na ural del mundo el en usiasmo con que siguen a los ar is as de la voz o del celuloide sus 8!ans9, a veces increíblemen e mul i udinarios, has a susci ar en ellos verdaderos ranspor es de locura colec iva, no deberíamos e& raLarnos, sino odo lo con rario, de que los individuos y las masas bulleran en orno a aquella llama viva de simpa ía, de ar e popular y de amor que era el hermano Francisco, y se !ueran ras "l, engolosinadas y en usias as, en su !ervor religioso. :en ro de esa es ela de san idad y de en usiasmos, los biógra!os primi ivos nos hablan de milagros, y. no pocosO y uno de ellos, San Auenaven ura, guarda imborrable el recuerdo y la gra i ud por haber sido librado "l mismo de la muer e en su niLez por su bendi a mediación. ;os@ o ros creeremos o no creeremos en es os milagrosO es un hecho que sus con empor$neos los uvieron como alesO ambi"n lo es que odos ellos son 8milagros del corazón9O milagros de su amor y de su compasión y de la !e que las gen es ponían en es e hombrecillo de :ios. El, por su amor personal limpio de odo lo que no era :ios y ser ' il a los hombres, y enso has a absorberle odas las !uerzas, es aba plenamen e cris i!icado, no lo olvidemosO con!igurado con )ris o has a e& ernamen e. #as gen es no le veían las llagas, pero adivinaban y has a percibían el espíri u. Era un caso lími e del cumplimien o del lema de San %ablo6 8)on )ris o qued" cruci!icadoO y ya no vivo yo, sino que )ris o vive en mí9 HK$l ,,,/J. )uando el amor de Nesucris o, el SeLor, posee plenamen e a un hombre como "s e y lo u iliza para darse a conocer y a amar por los dem$s (33

median e "l, en absolu a liber ad y simpa ía, allí se es $ realizando el 2eino de :ios, que es 2eino del amor creador y !uerza del Espíri u. =irando la vida de San Francisco, sin embargo, los ojos se vuelven ins in ivamen e hacia es a maravilla humana que !ue la misma san idad del %obrecillo, para admirarla. SIu" milagro no es capaz de hacer al sencillez y au en icidad, al simpa ía alegre, al amorT... R es a o ra re!le&ión6 no enemos no icia de que haya ransi ado los caminos de la ierra una copia vivien e de Nesucris o —del Amor en regado— m$s per!ec a. Ra lo hemos insinuado6 por es os caminos 'l imos de su vida llevaba a )ris o cruci!icado el %obrecillo, an o o m$s que en sus prodigiosos es igmas, en sus en!ermedades corporales. Es o no es empequeLecer los dolores de sus llagas, que pudieron pasar por varios períodos Hcica rización, reaper ura, aumen o, disminuciónJ, pero que e!ec ivamen e le dolían. #a hermana )lara —ella en!erma ambi"n— le !abricó, con amor !ilial y ma erno, unas amplias zapa illas de suave piel !elposa para que se ocul ara las llagas de los pies y se las aliviaraO en el pro omonas erio de las clarisas, hoy den ro de la ciudad de Asís, las conservan y enseLan como reliquia. Sabemos que especialmen e la llaga del cos ado le manaba sangre con !recuencia, has a enrojecer sus ves idos, y que una vez su en!ermero, el hermano 2u!ino, al roz$rsela en un descuido cuando le mudaba la 'nica, le causó un dolor an agudo, que el %obrecillo le apar ó ins in ivamen e la mano de sobre su pecho y e&clamó6 —SAyT... :ios e perdone, hermano. %ero su verdadera cruz !ísica eran sus en!ermedades. #legó a es ar moles ado por an as y an penosas, que podía a!irmarse que no había en su cuerpo par e que no su!rieraO padecía habi ualmen e del es ómago, del hígado y del bazoO por ellas y por la desnu rición, se !ue quedando en piel y huesos, con el 'nico grosor !o!o de su hidropesía. R de su viaje a Siria se rajo una nueva dolencia, la que m$s iba a moles ar, a "l y a cuan os le amaban6 una grave a!ección a los ojos, que, sobre resul arle dolorosa, !ue agrav$ndose has a dejarle casi ciego. )onoci"ndole, sin embargo, se diría que sus dolencias moles aban a odos m$s que a "lO porque has a cuando aseguraba que 8era pre!erible padecer cualquier mar irio an es que sopor ar res días aquellos dolores9, lo decía sonrien e y goz$ndose, con superla iva admiración de quien se lo escuchabaO y le daba es a razón6 (35

—SAy, hijoT ;ada hay ni ha habido para mí m$s gra o, m$s dulce, m$s deseable, que lo que quiera hacer mi SeLor Nesucris o en mí y de míO y mi 'nico anhelo es acoplar mi volun ad con la suya. )on ese buen humor, a las en!ermedades no las llamaba penas, sino hermanas, y cali!icó de simplón e irre!le&ivo a un hermano por insinuarle que rogara al SeLor le !uera algo m$s benigno y compasivo, 8pues había cargado en demasía su mano sobre "l9. 8Así vivía lo que había escri o en la regla para odos6 8Suplico al hermano en!ermo que por odo d" gracias al )reador...O porque el mismo SeLor dice6 A los que yo amo, los reprendo y los corrijo HAp .,(BJ. R si alguien pierde la paz, o se impacien a con ra :ios o con ra los hermanos, o si pide con e&cesiva solici ud medicinas, por salvar una carne que pron o ha de morir, sepa que eso proviene del enemigo y es camal, y no parece ser de los hermanos, porque ama el cuerpo m$s que al alma9. Ese era o ro modo suyo de ponerse en las manos de :ios para que hiciese de "l lo que quisiera 2ealmen e, "l, por "l, nunca se empeLó, ni mucho ni poco, en que se a endiese a su curación R "se era o ro problema6 que has a se resis ía a omar medicinas, e hizo !al a oda la au oridad amorosa del cardenal Mugolino y del minis ro general, el hermano Elías, para que se dejara cuidar. Al cabo, consin ió en medicinarseO aunque, m$s a'n que el peso de esas 8obediencias9, lo que le convenció !ue la !uerza de es e argumen o, idea ocurren e del hermano Elías6 —Coma es a medicina en el nombre del Mijo de :ios que la ha creado. Así es $ escri o6 8:ios hace que la ierra produzca medicinas, y el hombre pruden e no las desdeLar$9 HEclo .4,0J. R el bendi o varón se rindió, y no an o para ser pruden e, sino porque le había ocado su !ibra m$s sensible6 su amor y sumisión a Nesucris o. ;unca como en onces !ueron cier as es as a!irmaciones de )elano6 8El amor a Nes's era en "l como un manan ial que le colmaba las en raLas y bro aba al e& erior. :e mil modos ranspiraba a Nes's6 enía a Nes's en su corazón, a Nes's en sus labios, a Nes's en sus oídos, a Nes's en sus ojos, a Nes's en sus manos, a Nes's en los dem$s miembros de su cuerpo6 siempre9. %ero el hermano Francisco no era ni $ngel ni de piedra, y e&perimen aba !recuen emen e gran decaimien o !ísico y, a ra os, la (34

en ación. %or buscar mayor aislamien o se rasladó a San :ami$n, donde la hermana )lara le hizo cons ruir, con an a pobreza como cariLo, una choza de caLas y es eras, bien pro egida del vien o y de oda luz, que ya no la podía sopor ar por su racoma el %obrecillo, pared con el monas erio El hermano Francisco, el día que no podía asis ir a la misa, como le gus aba muchísimo, hacía que an es de la comida le leyeran el evangelio. Su!ría y esperaba. Mabía venido a es ar an adolorido por el mal de su vis a que duran e sesen a días no pudo sopor ar un momen o la luz, ni la del sol ni la del !uego9. El hermano Elías había decidido llevarlo a 2ie i, donde había un especialis a a!amadoO pero a'n era crudo invierno, y no quiso e&poner al %obrecillo a los rigores de un camino inclemen e. A odos sus males vino a sumarse o ro con el que no con aban6 una ropa de ra ones invadió su celdi a. SSe sen ían an bien los pequeLos e inquie os roedores en aquel ambien e de ierra y caLas, en aquella c$lida oscuridadT )orre eaban jun o a "l, se le encaramaban, subían a su mesa y has a al pla o en que comíaO y no le dejaban calma ni para el sueLo ni para la oración. Pna noche de es as m$s a ormen adas, orando en su Ke semaní, al %obrecillo le dio por dialogar con el SeLor en o ra de sus par$bolas6 —Fig'ra e —le decía ín imamen e el SeLor— que oda la mole de la ierra es oro puroO las rocas, piedras preciosas, y per!ume odas las aguas. %ues bien6 si, en premio a lo que ahora su!res, se e diera luego el esoro de un cielo an precioso, an hermoso, an delei oso, que en su comparación odo eso o ro es nada y no vale ni la pena de nombrarlo, Uno e alegrarías, sopor ando con gus o es as dolencias pasajerasV —SDaya si me alegraría, SeLor, pero que muchoT —con es ó Francisco casi en al a voz. R en endió que el SeLor le seguía diciendo6 —S%ues góza e, que u en!ermedad es prenda de mi reino y en por seguro que e espera mi cielo como premio a u pacienciaT )omo o ras veces le había sucedido, es a iluminación celes e, ac uando en sus !acul ades po" icas, le rans!iguró. Crajo a su imaginación, con emoción y gra i ud, a odas las bellezas na urales de la vida, de las que an o había gozado, de las que ahora no podía dis!ru ar, y —poe a de una nos algia in!ini a y oda alegre— compuso el )$n ico del hermano sol o de las hermanas cria uras. En es e marco realísimo de dolores, y penas, y moles iasO de !iebre, y de insomnio, y de gozo in eriorO en es e ambien e (3B

an maravillosamen e impropio para el ejercicio de la poesía, hay que colocar el primor lírico de es os versos ya inmor ales6 8Al ísimo, omnipo en e, buen SeLor, uyos son la alabanza, la gloria y e honor y oda bendición. A i solo, Al ísimo, e corresponden, y ning'n hombre es digno de pronunciar u nombre. #oado seas, mi SeLor, con odas us cria uras, especialmen e el seLor hermano SolO "l es el día y por "l nos alumbras, y es bello y radian e con gran esplendorO de i, Al ísimo, lleva signi!icación. #oado seas, mi SeLor, por la hermana #una y las Es rellasO en el cielo las !ormas e claras, y preciosas, y bellas. #oado seas, mi SeLor, por el hermano Dien o, por el Aire, y el ;ublado, y el Sereno, y odo iempo, por los cuales a us cria uras das sus en o. #oado seas, mi SeLor, por la hermana Agua, la cual es muy ' il, y humilde, y preciosa, y cas a. #oado seas, mi SeLor, por el hermano Fuego, por el cual alumbras la noche, y es !uer e, y robus o, y jocundo, y bello. #oado seas, mi SeLor, por nues ra hermana la madre Cierra, la cual nos sus en a y gobierna y produce diversos !ru os con coloridas !lores y yerbas...9 Era un himno rí mico cuyas es ro!as se podían ir sumando in erminablemen e, an as como hermanas cria uras nos hizo el amor muni!icen e del %adre. #a noche era larga, y Francisco ya no sen ía el insomnio. #e puso m'sica de rovador a sus versos y los can ó "l mismo, "l solo para :ios, ray"ndole viva oda la na uraleza. #uego, en cuan o amaneció, se los can ó a sus hermanos, y les encargó que el hermano %ací!ico y o ros de buena voz y mejor espíri u !uesen por esos mundos de :ios can $ndoselos a odas las gen es, invi $ndoles a las alegrías del espí@ ri u9. %or eso le puso a su )$n ico es a es ro!a !inal6 8#oad y bendecid a mi SeLor, agradeced su amor (5/

y servidle con humilde corazón9. Es e bello himno, que le iba a inmor alizar como poe a lírico, no !ue el can o de cisne del hermano Francisco. ;i ampoco o ro que compuso poco despu"s y en el mismo marco de sus en!ermedades agravadas. Sin duda que uno de los primeros audi orios an e el que los hermanos juglares in erpre aron el )$n ico del hermano Sol !ueron las hermanas de San :ami$nO an cercanas, que es aban allí mismo, y seguían con a!ec o !emeninamen e !ra erno, al día, las incidencias de la en!ermedad del hermano y padre %obrecillo. Adem$s de que ya es aban enseLadas por "l a amar y loar al SeLor por sus cria uras, y es a lección pr$c ica de su an linda enseLanza les in eresaba muchísimo. U#e comen arían luego al %obrecillo lo que su )$n ico les había gus adoV El hecho es que "l pensó en ellas y les adivinó el gus o que endrían de recibir unos versos suyos especialmen e dedicados. Ra que no podía visi arlas y consolarlas en persona por la pos ración de su en!ermedad, iría a ellas con su palabra, hecha m'sica y le ra de canción U)ómo olvidar a es as hermanas !ieles e idealis as, y menos en es e lugar que "l mismo les había dado como morada y para guardar, y m$s ahora que era su hu"spedV %ensó en ellas al como ellas eran y es aban y como las enía en el corazón, an semejan es a "l. #a hermana )lara se hallaba ambi"n en!erma, y o ras como ellaO y su pobreza era aus era, y dura su vida peni encial. El hermano Francisco, que conocía ambi"n la alegría de su paciencia, les quiso e&hor ar en el SeLor a la perseverancia en el amor mu uo, a la !idelidad en su vida con empla iva, a la prudencia en el uso de alimen os y medicinas y a la esperanza del premio celes e9. %or los au ores primi ivos se enía no icia de la e&is encia de es e es amen o lírico del hermano Francisco a sus damiani as, y en (B0( se publicó ya su e& o, con re!erencia a unos an iguos códices del monas erio de San a )lara de Derona. %ero una ins in iva descon!ianza cubrió con el velo del escep icismo es a joya lírica y biogr$!ica. Moy, despu"s del riguroso y de allado es udio crí ico del !ranciscano Kiovanni Aoccali, no queda duda sobre su au en icidad. Me aquí su versión rimada y !iel. S%ena que ni de es a composición ni del )$n ico se nos haya conservado la m'sicaT El lec or supla esa !al a melódica escuch$ndola en su in erior al ri mo del corazón y del alma del hermano Francisco. El %obrecillo, desde su yacija, can a para sus hermanas es as palabras de es amen o, consejo y e&hor ación6 (5(

8-íd, pobrecillas, por el SeLor llamadas, de muchas par es y regiones congregadas6 Divid en la verdad, de suer e que en la obediencia os encuen re la muer e. R no mir"is a la vida e& eriorO Sla vida del espíri u es mejorT -s suplico con gran amor6 usad con discreción las limosnas que os da el SeLor. #as agravadas con la en!ermedad y las que por ellas os agobi$is, unas y o ras llevadlo odo en pazO que endr"is, como premio a al !a iga, corona de celes e pedrería, reina cada una con la Dirgen =aría9. Avanzaba la c$lida primavera de (,,1. El hermano Elías planeó el viaje a 2ie i, y seLaló a cua ro hermanos como inseparables del %obrecillo, de la m$&ima con!ianza de "s e, para que le a endieran en odo6 el pacien e y callado hermano 2u!ino, el sencillo e ins ruido hermano #eón, el muy discre o hermano Angel y el apacible y llama ivamen e vigoroso hermano Nuan de #$udibus, con !ama de haber sido el m$s !uer e a le a de su iempo El camino hacia el sur, in ern$ndose luego hacia el valle rea ino, que el río Delino a raviesa zigzaguean e y encajonado en un, paisaje suave y agres e, con gargan as agudas en re rocas caprichosas, !ue o ra cadena de apo eosis. El hermano Francisco cubría su cabeza con un capuchón que le con!eccionaron los mismos hermanos, y, bajo "l, a'n pro egía m$s sus ojos con una venda de lana y lino, recosida al capuchón. #e condujeron a caballo, por su andar m$s amor iguado. Así llegaron a 2ie i. El pueblo en masa se volcó en j'bilo y ví ores de bienvenida. El hermano Francisco se alojó duran e varios días en casa de Ceobaldo, apodado 8El Sarraceno9O quiz$ le había conocido en la )ruzada. Allí, como los días eran ambi"n un largo y dolorido insomnio, aprovechó que es aba con "l el hermano %ací!ico, en sus iempos an buen ci aris a como per!ec o can or, y le dijo6 —Mermano, me gus aría escuchar e ocar la cí ara, y que luego me can aras, acompaL$ndo e con ella, el )$n ico de las hermanas cria uras. Seguro que con eso me olvidaría de mis males. De por el pueblo y pide secre amen e una de pres ado. (5,

—;i me lo pidas, hermano —le respondió el an iguo 8rey de los versos9 Hla cí ara era ins rumen o de !ies as mundanas y de liviandadJ—. =e muero de vergWenza de sólo pensar que lo achacarían a que yo había vuel o a mis devaneos. —%ues dej"moslo —concluyó Francisco resignado, pero ambi"n irónico—. S)u$n o hay que sacri!icar por conservar el buen nombreT... Esa noche, nadie vio ni sin ió nadaO pero el %obrecillo aseguró de madrugada al mismo hermano %ací!ico6 —#o que ' no me quisis e dar, me lo ha concedido, y muy mejorado, el SeLor6 un ci aris a celes ial, yendo y viniendo por la es ancia, me ha delei ado ine!ablemen e duran e m$s de una hora, has a hacerme olvidar oda pena y dolor, embriagado de placer. Así vivía, en re el cielo y la ierra. =ien ras moró en 2ie i, a endió con gran cariLo a una anciani a, pobre y cegajosa como "l, que se ra aba con el mismo doc or. #e regaló su man o, y pidió a sus !railes que mien ras es uvieran allí procuraran que ning'n día le !al ara a la viejecilla qu" comer. El hermano Francisco enía con sus ojos un solo consuelo6 llorar, llorar de amor a Nes's cruci!icado, llorar de compasión y de gra i ud delan e de El o con su solo recuerdo. #loraba así desde siempre, los días y las noches, y quiz$ esas l$grimas no es aban muy separadas de su in!ección en Siria, visi ara o no visi ara los #ugares San os. Pn día, el m"dico, en re sus medidas de asepsia o de suavización, le recomendó con severidad6 —Si quieres sanar de es a ceguera, ienes que dejar de llorar. —;o har" al, hermano m"dico —le con es ó sin rebeldía, pero con decisión, nues ro en!ermo—O que no hay que rechazar ni un rayi o de la luz e erna por la a!ición a es a o ra luz que enemos en com'n con las moscasO pues :ios nos ha dado la luz e& erior para nues ra iluminación in erior, no al rev"s. Al cabo el m"dico decidió la operación. #e subieron al eremi orio de Fon e )olombo, no lejos de 2ie i, para ser allí in ervenido sin las moles ias del gen ío. Codavía hoy enseLan la es ancia en la que se albergó y o ra, con igua, en la que !ue la operaciónO y emociona verlas en su desnuda pobreza y rememorar allí la escena. #os hermanos le dejaron a solas con el doc or, sobrecogidos de miedo y de compasión. El cau erio !ue horripilan e... y precioso6 a hierro canden e vivo, sin anes esia, buscando (5.

secarle el !oco de la in!ección, le sajó desde la oreja has a la sobreceja del ojo que enía peor. An es de comenzar, Francisco, en uno de sus originales ges os inesperados, se dirigió al bis urí ardien e sobre el brasero y le dijo6 —Fuego, hermano mío, el SeLor e ha creado, con envidia de las dem$s cria uras, especialmen e hermoso, poderoso y ' il. S" cor es conmigo en es a hora. 2uego al :ios que e creó que modere u rigor de modo que me seas sopor able. R razó sobre "l la seLal de la cruz. Aguan ó la horrible cau erización sin una mueca y sin chis ar, y dijo luego "l que sin m$s dolor que si le hubieran rozado la sien con una suave pluma. %ero el cau erio resul ó in' il. Francisco suplicó que le llevaran, para orar y descansar, a San Fabi$n, en la Flores a, un re iro soli ario ubicado en la misma comarca. Mas a allí !ue y has a allí le buscaron las gen es, y en gran n'mero. Monorio <<< residía por aquellos días en la ciudad con algunos cardenales, y "s os, con algunos acompaLan es de la curia papal, subían día a día a San Fabi$n por el placer y la compasión de visi ar al %obrecillo. R mucha gen e del pueblo. El sacerdo e que a endía aquella an igua capilla rom$nica empezó a moles arse primero y a disgus arse despu"s, y no porque no apreciara "l ambi"n al hermano Francisco, sino porque poseía una viLa aledaLa a la vivienda, y odos los que en raban a ver al en!ermo enían que pasar por ella, pis$ndosela oda con sus pies o con sus cabalgaduras, y e&poli$ndosela de lo lindo, porque a cada uno le ape ecía probar su racimo, odavía en agraz. R llegó a lamen arse con amargas palabras6 —SAdiós, mi cosecha de es e aLoT =i viLa no es grande, pero me da cada vendimia el vino que necesi o. #a queja del cura llegó a oídos de Francisco. #e hizo llamar y le dijo6 —;o pierdas la paz ni e aíres con ra nadie. ;i ' ni yo podemos ya remediar el mal. %ero pon u esperanza en el SeLor, y con!ía en que El, por el amor que me iene a mí, no me har$ culpable de es e perjuicio uyo y e reparar$ el daLo. U)u$n as c$n aras e da la viLa cuando m$sV .Crece —respondió ris e y pron o el sacerdo e. —%ues en con!ianza en el SeLor y en mis palabras6 si es e o oLo recoges menos de vein e c$n aras, e prome o que yo me ocupar" de comple $r elas. ;o !ue preciso el compromiso vina ero de compensaciónO con los pocos racimos que quedaron, m$s la !e del sacerdo e y de Francisco, m$s (50

el amor de privilegio de :ios a su %obrecillo, la pequeLa viLa llegó a dar aquella vendimia las vein e c$n aras de buen vino, con j'bilo y maravilla del sacerdo e y de cuan os conocieron el caso. A'n hoy se puede ver allí aquel lagar, y emborracha de gozo y de emoción el recuerdo. #a comi iva de hermanos regresó a Asís alumbrando el verano. #a ciudad es aba hecha, o ra vez, un !uego cruzado de pasiones banderizas, y no en re nobles y plebeyos, sino por el obispo y el podes $. #as dos au oridades de la ciudad se habían enemis ado an enconadamen e, que el obispo Kuido lanzó la e&comunión con ra el podes $, y "s e dio un bando por oda la ciudad mandando que nadie comprara ni vendiera cosa al obispo ni hiciera ning'n con ra o con "l. )omo pasa siempre, unos apoyaban a "s e, o ros a aqu"l, y la paz ciudadana era una paloma asus ada y herida. El hermano Francisco, "l ambi"n herido y sobresal ado en su corazón, lo su!ría con angus ia, y m$s al ver que nadie, ni cl"rigo ni seglar, se me ía a paci!icadorO si para odos quería la paz como marco evang"lico del bienes ar y del amor, para su ciudad m$s. El podes $ y el obispo, los dos, le apreciaban a "l, y "l amaba a los dos y a odos. R pensó que, por lo que le querían, quiz$ los dos se reconciliaran. Se inspiró e inven ó una es ro!a m$s para su )$n ico, y se la enseLó a sus juglares. E ideó su plan. #lama a uno de los hermanos y le encomienda6 —C' ve e donde el podes $ y dile de mi par e que acuda al palacio del obispo con los no ables de la ciudad y con oda la gen e que pueda. Al ra o, calculando el iempo para al recado, llama a los dos hermanos de mejor voz y les manda6 —<d ahora voso ros al palacio del seLor obispo, y allí, en su presencia, an e el podes $ y an e odo el pueblo, can ad el )$n ico del hermano Sol con es a es ro!a que os he enseLado. )on!ío en que el SeLor pondr$ en sus corazones la suavidad de la humildad y la dulzura del amor a la paz, y volver$n a ser buenos amigos. #os predicadores juglares caminan a Asís y se dirigen al palacio episcopal. )uando ven reunida y en e&pec ación a la concurrencia, los hermanos se colocan en la par e m$s clara para ser vis os y oídos por odos, y uno de ellos dice6

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—El hermano Francisco ha compues o, a pesar de su en!ermedad, unas Ala2anAas de las hermanas criaturas0 para gloria de :ios y para placer y bien del prójimo. El os pide que las escuch"is con gran devoción. R el d'o de juglares empieza a can ar, con la a ención ensa de odosO sobre odos, del obispo y el podes $. El podes $ se pone de pie, cruza sus brazos sobre el pecho con respe o reverencial, con el ri o que se usaba para escuchar el evangelio, y es odo oídosO y no arda en echarse a llorar de emoción y compunción al con ras ar aquel can o limpio y op imis a de su amigo, el %obrecillo en!ermo, con la dureza y el odio de su corazónO y un nudo in erior le ahoga la gargan a cuando escucha la es ro!a compues a para "l, con un mensaje m$s personal de Francisco para "lO 8#oado seas, mi SeLor, por aquellos que perdonan por u amor y su!ren en!ermedad y ribulación. Aienaven urados aquellos que las su!ren en paz, pues de i, Al ísimo, coronados ser$n9. #os versos del poe a %obrecillo hicieron diana o alO en su humildad y amor había sido un doble acier o el unir las di!icul ades de ellos para perdonar con las di!icul ades de su en!ermedadO ellos le compadecían y amaban a "l por "s as, "l les amaba y compadecía por aqu"llasO y odo era ejercicio de la pequeLez humana y, de la grandeza misericordiosa del SeLor. Así lo comprendió el podes $, el cual al !inal del can o, con la voz en recor ada, pero con el corazón liberado, habló a todo el pueblo6 —-s digo con oda leal ad que no sólo perdono al obispo, a quien debo reconocer por mi seLor, sino que en es e momen o perdonaría has a al asesino de mi hermano o de mi hijo. R se adelan ó hacia donde es aba el prelado, hincó an e "l sus rodillas y le dijo6 —%or el amor de nues ro SeLor Nesucris o y de su siervo Francisco, es oy dispues o a daros cuan o dese"is como sa is!acción por lo que os he o!endido. El obispo Kuido, que ambi"n había seguido el can o con in ensa a ención y es aba igualmen e conmovido y ablandado, endió al podes $ amis osamen e las manos y le alzó hacia sí, al mismo iempo que le decía, reconociendo su !al a6 (53

—=i cargo e&ige humildad, y yo no siempre la engo, sino es e car$c er mío propenso a la cólera. Ce pido que me perdones. R obispo y podes $ se abrazaron y besaron !undidos de ernura y a!ec o, con gran alegría y edi!icación de odo el pueblo por aquella inesperada y emo iva avenencia. R los hermanos juglares regresaron al hermano Francisco, a con arle cómo el SeLor había bendecido su canción y cumplido colmadamen e sus deseos y esperanzas. El %obrecillo seba poco a poco hacia :ios, pero se llevaba con "l por delan e, con dulzura y amor, una marea de corazones la iendo como el suyo. #os meses pasaban sin mejoría. Aun así, el %obrecillo se ocupaba de los dem$s como podía, especialmen e de los que le a endían como unas madres, de día y de noche. #es decía con su ironía alegre6 —#levad con en ereza odo es e rabajo de mi en!ermedad. El SeLor os pagar$ lo que me cuid$is, m$s a'n que a los que dedican su a ención a oda la orden. :eberíais decirme6 8;oso ros e prodigamos nues ra a ención, pero el SeLor iene que recompens$rnoslo por i9. El hermano Elías de erminó probar con o ro m"dico de nombradla, en Sena, al llegar la primavera de (,,3. R hacia Sena se puso en marcha el obedien e hermano Francisco, aunque es a vez sin compaLeros especialesO era o ro modo der muriendo poco a poco ambi"n a sí mismo. #e dijo en ono !irme al hermano Elías6 —;o acep o m$s es a singularidad de hermanos e&clusivos para mí, sino que me acompaLen unos hermanos de cada lugar has a el siguien e, seg'n el SeLor les d" a en ender. R al poco ra o, como hablando consigo mismo y mos rando que allí había un juego de su humildad y de su con!ianza en la divina %rovidencia, prosiguió6 —Pna vez vi a un ciego conducido en el camino por una perri a. En Sena, el o ro doc or ampoco acer ó, aun cuando buscó el remedio m$s a !ondo, per!or$ndole ambas orejas con el bis urí canden e. =as no odo !ueron penas en Sena. Pn conde le regaló un !ais$n para que se lo comiera. El hermano Francisco saludó regocijadamen e al ave6 —S#oado sea nues ro )reador, hermano !ais$nT R luego se dirigió a los que es aban con "l6 (55

—%robemos a ver si el hermano !ais$n quiere vivir con noso ros o regresar a su liber ad campes re. Pn hermano lo llevó !uera de la ciudad y lo deposi ó en una viLaO pero el !ais$n se volvió desde allí r$pidamen e a la casa y celda donde es aba el hermano Francisco. Dolvieron a sacarlo, ahora m$s lejos, y el animali o de :ios, erre que erre, encon ró de nuevo el camino de regreso, y se coló en la celda del San o, agach$ndose por debajo de los h$bi os de los !railes, que en ese momen o obs ruían la puer a. R allí se quedó el !ais$n, bien comido y cariLosamen e cuidado, odo el iempo que permanecieron en Sena los hermanosO y a'n enía el capricho de no querer comer sino de la mano del %obrecillo o en su presencia. Mubo un día en que se puso an mal, que "l y odos pensaron que se moría. El %obrecillo decidió dic ar su 'l ima volun ad, como en un bille e escue o y urgen eO aquellas líneas eran su despedida de los suyos, y, m$s a'n, su ansia !inal de amor para con ellos y su s'plica de !idelidad al ideal abrazadoO res breves cl$usulas con sus res recomendaciones pre!eridas6 que se amaran en re síO que amaran y honraran a :ama %obrezaO que se mos raran siempre !ieles y sumisos a los prelados y a odos los cl"rigos de la madre <glesia. R bendecía a odos los hermanos que había en la -rden y a cuan os hubiera en ella has a el !in del mundo. #legó a Asís con alarma la no icia de su e& rema gravedad, y la ciudad envió inmedia amen e una pequeLa ropa para ra"rselo cus odiado. :e ning'n modo querían quedarse sin "l, ni vivo ni muer o. #o acomodaron sobre un caballo cuidadosamen e aderezado y emprendieron viaje hacia Asís. En )elle de )or ona se les jun ó el hermano Elías, alarmado de las 'l imas no icias6 el es ómago no le recibía nada, el hígado !uncionaba muy mal, a veces vomi aba sangre... #legaron a Sa riano, una aldehuela pobrísima perdida en el campo. #os soldados sen ían hambre, pero no hallaron quien les vendiera ni un rozo de pan. R lo comen aron an e Francisco, en re bromas y veras6 —Cendr$s que darnos de us limosnas, porque en es e poblacho no hay nada. —;o encon r$is —les dijo Francisco— porque con!i$is en vues ras moscas m$s que en :ios Hllamaba mosca al dinero, "l sabría por qu"J. %ero volved a las mismas puer as en que no os han querido vender y pedidles de limosna algo por amor de :ios. (54

)on vergWenza !ueronO y encon raron, con sorpresa y alegría, que la gen e de Sa riano era buena y generosa. :ieron un buen rodeo por no acercarse a %erusa, la e erna rival, por miedo a que los perusinos usaran la !uerza para quedarse con Francisco, pues ambi"n enían como esoro al que vein i r"s aLos an es habían enido como prisionero. Ra en Aagnara, a rein a Xilóme ros de Asís, se le !ueron hinchando los pies an o a causa de la hidropesía, que dudaron de con inuarO mas, sabedores los asisienses de es a de ención, par ió para allí un numeroso equipo de caballeros y gen e del pueblo, emerosos de que !alleciera !uera de su ciudad y se lo rajeron como es aba. #a en rada en Asís !ue un alborozo popular. #o condujeron con honor y amor al palacio del obispo para a enderle allí con el m$&imo esmero. R el %obrecillo se dejaba querer y cuidar. #e con!eccionaron varias 'nicas, por el sudor cons an e de las !iebres, para que se pudiera mudar con !recuencia, de día y de noche. Pn día le ape eció comer escualo, y al poco llegó providencialmen e es e pez de su capricho, acompaLado de una buena ración de camarones, que le gus aban mucho. Se los enviaba desde 2ie i el hermano Kerardo, minis ro de aquella provincia, con el recado de su pena por no poder venir a visi arle. - ra noche se le había an ojado omar perejil, y se lo rajeron en seguida cogi"ndolo al primer puLado en re las hierbas de la huer a, eso que no se veía a un palmo. R es que, ya reducido a la suma debilidad !ísica, pero animoso en el espíri u, había llegado a un pac o de complacencia con su propio cuerpo, 8su hermano asno9, como "l le llamaba. El pac o quería ser una reparación por las e&cesivas peni encias y un re!rendo de su gra i ud por el ro ecillo cons an e, su!rido y alegre con que había llevado siempre a su alma por los caminos del SeLor. Francisco le dijo con la mejor sorna del mundo6 —Al"gra e, hermano cuerpo, y perdóname odo lo pasado, que en adelan e he de ser muy diligen e en cumplir odos us an ojos. El m"dico de cabecera se llamaba Auongiovanni H8Auen@Nuan9JO pero "l, con su !iel li eralidad evang"lica6 8;o hay que llamar bueno a nadie, sino a sólo :ios9 H#c (4, (BJ, le llamaba, con alegre !amiliaridad, Aenbegna e H8Aienvenido9J. Pn día, Francisco le pregun ó6 —UIu" e parece, amigo mío, de es a en!ermedadV —Mermano, con el !avor de :ios, odo ir$ bien —le con es ó el doc or, con la !alsa y amable cor esía que suelen. %ero Francisco insis ió6 (5B

—=ira, dime la verdad. U)u$l es u pronós icoV ;o emas en hablarme claro, que no soy an cobarde como para emerle a la muer e, y, por la bondad de :ios, an dispues o es oy a vivir como a morir. —%ues e lo dir" —le con es ó, vencido y admirado, el 8Auen Nuan9—6 pienso que lo uyo durar$ has a !ines de sep iembre, o, irando mucho, a primeros de oc ubre. R el hermano Francisco, que yacía en el lecho sin vigor, alzó los brazos en un ranspor e de j'bilo y e&clamó6 —SAien venida sea mi hermana la muer eT )omo esas !echas se acercaban, suplicó ardien emen e que le llevaran a la %orci'ncula. R le complacieron. 2ecordaba el re!r$n de sus primeros aLos6 8Se sube mejor al cielo desde una choza que desde un palacio9. ;o, "l no moriría en casa de magna esO había nacido para morir en la %orci'ncula9. #e pusieron sobre unas angarillas y le !ueron bajando por las empinadas calles delicadamen e, como una !r$gil reliquia. A ravesaron la muralla, rumbo a la campiLa. )uando calculó que es aban en un pun o desde el que se divisaba oda la ciudad, ancha en la !alda y descolg$ndose en el mon e, pidió que se de uvieran y le volvieran de cara hacia ella. S#a llevaba an en el corazónT SR ambi"n an odavía en sus ojos ciegosT Se incorporó levemen e, alzó cuan o pudo su mano derecha desde la parihuela y la bendijo6 —Aendi a seas de :ios, ciudad, an iguamen e guarida de sal eadores emidos en oda la comarca, mansión hoy de un pueblo cris iano, de buena !ama y ejemplar. %or ella e ruego, SeLor mío Nesucris o, padre de las misericordiasO haz que en ella moren siempre hijos uyos, elegidos para la vida e erna... #os e& os de es a bendición que nos han llegado son varios, aunque !undamen almen e semejan es, y hoy no es posible es ablecer crí icamen e el au "n ico ne o. ;o impor aO sí impor a lo que ignoraba en ese momen o el %obrecillo y hoy lo sabe odo el mundo6 que la mejor bendición de :ios sobre Asís había sido, y seguiría siendo, "l mismo. ;o ha enido la ciudad mejor ciudadano. 9% (L4I6A E4A1AB LA 6&E)4E 5E)6ANA R así llegas e a u pun o !inal, hermano Francisco. El mismo que había sido el pun o de arranque de u vida cer era y !eliz. )on abas sólo (4/

cuaren a y cinco aLos, pero las cua ro es aciones del amor e habían pues o en u pun o de madurez. Amabas con pasión odos los lugares de la ierra, pero par icularmen e "s e6 la %orci'ncula. )uando en ras e aquí, ahora por 'l ima vez, lo encomendas e a los uyos como u 'nica propiedad6 —=irad, Soh hijosT6 no abandon"is jam$s es e lugarO jam$sO si os echan por una par e, volved a en rar por o ra. Iue aquí nos aumen ó el SeLor de pocos a muchos y aquí nos dio en nues ra pobreza su luz y su caridad. Cenedlo siempre como especial morada suya, muy amada por El y por su san ísima =adre. )aballero has a el 'l imo suspiro, mirabas a r$s y anhelabas recomenzar us hazaLas, emprender nuevas aven uras, seguido por los ahora innumerables caballeros de u Cabla 2edondaO con ilusión les proponías, e&hor $ndoles6 —S)omencemos, hermanos, a servir al SeLor, que has a ahora poco o nada hemos progresadoT Ce acordas e, para u adiós !inal, de odos los que el SeLor e había dado como hermanos. :e la hermana )lara en primer lugar, aquella a quien en es e mismo bosquecillo habías o!rendado virginalmen e al Amor y SeLor de ella y uyo. Sabiendo que penaba por u pró&ima par ida, dic as e para ella y sus sores u 'l ima volun ad, y se la remi iese, en cuan o es uvo escri a, con un a!ec uoso recado verbal de consuelo y con u bendición6 —9Ro, pequeLuelo, hermano Francisco, quiero seguir la vida y pobreza de nues ro al ísimo SeLor Nesucris o y de su san ísima =adre, y perseverar en ella has a el !inO y os ruego a voso ras mis seLoras y os aconsejo que viv$is siempre en es a san ísima vida y pobreza. R guardaos mucho de no apar aros de ella jam$s, ni por idea ni por insinuación de nadie9. ;o olvidas e ampoco a us o ros !ieles hijos, los que seguían u vida y regla desde el corazón del mundoO los seglares, us incon ables hermanos de la %eni encia. R e quisis e despedir de ellos en la persona de una erciaria m$s viva en el aprecio humilde y agradecido de u corazón6 8el hermano Nacoba9, como ' la llamabas con gracia, asoci$ndola a u primera !amilia, la m$s ín ima. Cambi"n para es a noble y rica ma rona, í ulo de Sie esolios, en cuyo palacio e alojas e an as veces en 2oma, hicis e escribir una car a, que es una delicia y reliquia en re las car as de amor6

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8A la seLora Nacoba, sierva del Al ísimo, el hermano Francisco, pobrecillo de )ris oO Ssalud en el SeLor y alianza en el Espíri u San oT S$be e, amadísima, que )ris o bendi o me ha revelado por su gracia que el !in de mi vida es $ pró&imo. %or lo cual, si quieres encon rarme vivo, en cuan o leas es as le ras, corre y ven a San a =aría de los Angeles. %ues, si no vienes pron o, no podr$s encon rarme vivo. R r$e e con igo el paLo para mi mor aja y cera para mi sepul ura. Ce pido ambi"n que me raigas aquel manjar que solías darme en 2oma cuando es aba en!ermo9. SR cómo jugaba el SeLor con igoT <ba a salir para 2oma el hermano@ correo con u car a, cuando se encuen ra en la misma puer a de la %orci'ncula al hermano Nacoba en persona, con la pequeLa cor e de sus hijos y sus criados, rayendo lo que ' le pedías. Mabía sen ido una corazonada como la clara voz de un $ngel ris e y dulcísimo, y la enías allí, queriendo ver e y hablar con igo por 'l ima vez. —UIu" hacemos con el hermano Nacoba —inquirieron ímidamen e los hermanos, luego de anunciar e su llegada—, si ' mismo has prohibido an as veces que en re en el conven o ninguna mujerV —)on el hermano Nacoba no va esa prohibición —decidis e r$pido —. :ejadla en rar en seguida. R os alegras eis indeciblemen e del encuen ro los dos y cuan os os veían. R ' probas e an sólo una pizca de aquel 8mos accioli9, pas el hecho de almendras, miel y o ros ingredien es suaves y nu ri ivos, que o ras veces habías paladeado a sabor, pues u gargan a no e pasaba cosa. R porque el paLo mor uorio del hermano Nacoba e pareció demasiado bueno y porque no querías rehusar aquella cor esía amiga, mandas e que e lo pusieran, sí, pero sobreponi"ndole un saco rudo como el que ' usabas. R recordas e ambi"n, y sobre odo, a 8 us hermanos bendi os9. Cus ojos de padre !ra erno hubieran gozado de verlos a odos en orno de iO pero no veías ya ni a los que rodeaban u lecho. Cu corazón y u alma, sí, llegaban a odos. )on en o de ener conciencia y calma en medio de an os padecimien os, recordas e aquel bille e de u es amen o en Sena, y no e con en as e con "l, y les dic as e ahora un es amen o amplio, recogiendo para ellos u vida de hermano menor desde el principio has a el !in, en el m$s personal de us escri os, con la rei eración c$lida y !irme de us al ísimos ideales. R bendijis e a odos6 —Escribid que bendigo a odos mis hermanos, a los que es $n en la -rden y a cuan os vendr$n a ella has a el !in del mundo. Adiós, hijos (4,

odosO os bendigo cuan o puedo y m$s de lo que puedoO y a odos, presen es y ausen es, perdono sus o!ensas y pecados. #o que yo no puedo, h$galo quien lo puede odo. %ermaneced en el amor del SeLor siempre. Felices los que perseveren !ieles en la urbación que se apro&ima. Ro me apresuro hacia el SeLor, a quien he servido con oda mi alma. Doy a El con!iadamen e. -s encomiendo a su gracia. R pusis e u mano emblequean e de ciego y de moribundo sobre la cabeza de los que allí es aban, y a cada uno le dijis e, con u bendición, u personal adiós, empezando por el hermano Aernardo y por el hermano ElíasO buscando que u ausencia no agravara la crisis ins i ucional, bendijis e por igual, Soh amoroso y magn$nimoT, a la au oridad y a la base, a las raíces de la !idelidad primi iva y a las ramas !rondosas de la e&pansión e&uberan e y ub"rrima. )aballero has a el 'l imo suspiro, uvis e un ges o de !idelidad e& rema a u primer amor, a :ama %obrezaO ahora menos que nunca olvidabas cómo murió ese Amor uyoO y ya que no pudis e dar u vida clavado como El, quisis e morir, al menos, como El6 sin lecho ni ves ido. R pedis e que e desnudaran y e endieran sobre la ierra limpia. R us hermanos e complacieron, llorando. R ', con pudor de humildad, ocul abas con u mano izquierda la llaga de u cos ado. #uego, el hermano que ' enías por u guardi$n, aliviando la angus ia amorosa y compasiva de odos, que no su!rían con emplar e así, omó en sus manos la 'nica, y el capucho, y el cordón, y los paLos de la hones idad, y e mandó6 —Ce mando por san a obediencia que recibas es os ves idos de u pobreza. R para que veas que no obras en es o con ning'n derecho de propiedad, porque no son uyos, e privo has a del derecho de regalarlos a o ro. R accedis e, regocijado con la ocurrencia como un niLo. R e&clamas e6 —Ro he cumplido mi misiónO la vues ra, )ris o os la enseLe. Seguía y subía u !iebre de amor a Nes's, de ser como El has a en sus palabras y ges os !inales. %ensas e erradamen e que era jueves, el 'l imo jueves de u vida. Al a ardecer pedis e un pan, hicis e que lo par ieran en roci os, porque ya us dedos no enían !uerza, y los !uis e en regando a cada uno con emoción, uya y m$s de ellos. %oe a na o has a la muer e, amigo de e&presar e con ademanes an o como son palabras, obras e así, en verdad, por u original y envidiable mime ismo de u SeLor y =aes ro, (4.

rememorando el Nueves San oO pero ambi"n e&presando de es e modo u eucaris ía personal6 queriendo dar e a los uyos has a el !in, anhelando o!recerles, en comunión de amor, u propio espíri u. Era viernes. :eseas e ardien emen e escuchar por 'l ima vez en la ierra las palabras de nues ro Salvador —SNes's en u vida, y en u muer e Nes'sT—, y pedis e que e leyeran u pasaje pre!erido, esas p$ginas del evangelio de San Nuan con el lava orio de los pies, la narración de la pasión y, sobre odo, lo que San Agus ín llamaba 8lo mejor de oda la Sagrada Escri ura96 la oración sacerdo al de Nes's. C' habías omado de ahí el rozo de biblia m$s e& enso rasladado a us escri os. Ahora, con osada y sencilla humildad, pues es abas rans!ormado en El, al par ir a la %ascua e erna e apropiarías, seg'n ibas escuch$ndolas, es as palabras suyas6 —9Sabía Nes's que había llegado la hora de pasar de es e mundo al %adreO había amado a los suyos, y los amó has a el e& remo. R, levan ando los ojos al cielo, dijo6 %adre, ha llegado la hora. Ce he mani!es ado a los hombres que me con!ias e sac$ndolos del mundoO eran uyos, ' me los con!ias e. Ro e ruego por ellos, porque son uyosO mien ras ellos se quedan en el mundo, yo voy a reunirme con igo. %ro "gelos ' mismo...9 HNn (.,( y (5,(@,3J. #legó el s$bado. Se acercaba u hora, y decidis e rema arla a u aire, caballero y juglar, juglar ambi"n has a el !in. Suplicas e que, una vez m$s, e en onaran u )$n ico de la belleza y de la !ra ernidad universal, y le aLa@ dis e la es ro!a pos rema. Cu amor de hermano lo abarcaba y abrazaba odo, has a a la muer e. :ic as e los versos al hermano #eón, para que e los can aran jun amen e con las o ras es ro!as del himno a la vida y al amor. R el coro de hermanos que e rodeaba, al que ' unis e u d"bil voz, en onó el elogio amoroso e inaudi o de la 'l ima hermana del hombre sobre la ierra, la hermana buena y jus a que an pocos aman6 8#oado seas, mi SeLor, por nues ra hermana la muer e corporal, de la cual ning'n hombre vivien e puede escapar. SAy de aquellos que mueran en pecado mor alT Aienaven urados los que hallare en u san ísima volun ad, pues la muer e segunda no les har$ mal9. Ce la can aron el hermano #eón y el hermano Angel, ahog$ndoseles la voz en la gargan a, no sabrían decir si de angus ia o de gozoO pero ellos (40

y odos lloraban, sollozaban. R luego, sin iendo consumida u vida, suplicas e a odos que en onaran con igo el salmo (0(, como el broche m$s propio de u ins an e !inal, el broche con que recoger en una sola voz u e&is encia oda6 8)on mi voz clamo al SeLor, suplican e. An e El e&pongo mi angus ia, pues me va !al ando el alien o... C' conoces mis senderos y que por el camino por donde avanzo me han endido una rampa... A i clamo6 SC' eres mi re!ugioT... Saca mi alma de su prisión para con!esar u nombre. =e esperan los jus os para recibir u recompensa9. )an as e el salmo has a ese 'l imo verso de u segura esperanza con el 'l imo alien o de u voz, ahora sí con u can o de cisne. Ce apagas e, hermano Francisco, heraldo y juglar de :ios, así, can ando. R la muer e abrazó u cuerpecillo en ero suavísimamen e, con amor y candor de hermana compasiva, durmi"ndo e en su seno. 2ecogió el 'l imo calor de u corazón como una alegre llami a mor ecina. R en regó u hermosa alma a u Amor y SeLor. =oría ambi"n la arde de aquel . de oc ubre con las primeras sombras de la noche. #as hermanas alondras, las del pardo color de la gleba y capucha como u h$bi o, amigas uyas y de la luz, irrumpieron en la oscuridad de la es ancia en bandada chirrian eO revolo earon can ando y girando por encima de i, casi rozando u cad$ver, en ges o y ri o de despedida. #ejos y arriba, en el san uario de San =iguel del =on e K$rgano, Kuido, u obispo y amigo, uvo en ese momen o como un golpe in erior la in uición de u muer e6 quien hace vein e aLos e cubrió con su capa y e es rechó con ra su corazón 8cuando salis e del siglo9, "l, cuando salis e del mundo, sin ió su corazón parado, y a odo "l como hu"r!ano o desheredadoO y se lo dijo a los que le acompaLaban y se puso inmedia amen e camino de Asís. El mundo en ero, del que ' habías sido an as veces el corazón y la palabra, e despedía con aquel adiós de su nos algia en el a ardecer o oLal. %ero ', hermano Francisco, con es a (41

muer e, con esa vida, habías en rado ya en la inmor alidad. En el cielo y en la ierra. Aendi o de :ios y de los hombres, hermano Francisco.

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AP.N/ICE

JCarta a los G@elesK0 o testamento uni>ersal del hermano -rancisco0 con un codicilo para las autoridades de los pue2los Pnas palabras para jus i!icar es e ap"ndice. Mago con "l una e&cepción en re los escri os e& ensos de San Francisco, y por una sola razón6 como es e libro va dirigido a un p'blico amplio y par icularmen e a los seglares, me ha parecido que en "l podía ener lugar e in er"s es a llamada )ar a a los !ieles, que el hermano Francisco escribió con esa misma ampli ud de miras y eniendo ambi"n en cuen a especialmen e a los seglares. R la doy en ap"ndice por su amaLo, para no en re ener la narración biogr$!ica. )onocemos dos versiones de es a )ar a, de ninguna de las cuales se puede !ijar hoy por hoy la !echa e&ac a de redacción. #o que es $ !uera de dudas es que ambas son au "n icas de San Francisco y que una de las versiones es bas an e pos erior a la o raO quiz$, la primera, a los comienzos de su predicación al pueblo despu"s de la aprobación papal de la 2egla para su primera !ra ernidad, y la segunda hacia (,,(. Es a 'l ima es mucho m$s e& ensa que la o ra y re!leja las e&periencias y preocupaciones del %obrecillo, especialmen e por sus relaciones con los c$ aros y dem$s herejes, de cuyos errores quiere librar a los suyos y a odos, pues a odos los quiere !ieles ca ólicos. Es a )ar a a los !ieles puede ser considerada como su 2egla para su Cercera -rden, y yo me sien o !eliz al o!rec"rsela a mis hermanos los seglares !ranciscanos lo mejor presen ada que me ha sido posible, para su conocimien o y aprecio progresivos. %ero le he pues o el sub í ulo de 8Ces amen o universal del hermano Francisco9, porque engo para mí que la in ención y la volun ad del %obrecillo llevaban ambi"n es a resonancia. Si en la primera versión empezaba, sin m$s, a re!erirse a sus discípulos m$s varios y numerosos, sus hermanos de la -rden de la %eni encia, anim$ndoles en su nueva vida y con raponiendo "s a con la desgracia de los que viven !uera de la peni encia, Francisco san igua la versión de!ini iva de es e documen o inspiracional con un saludo universal (45

rei erado6 8A odos los cris ianos..., a odos cuan os habi an en el universo mundo...9 R a seguida insis e6 8Siendo yo siervo de odos, es oy obligado a servir a odos...9 R en la 'l ima par e, dirigi"ndose a los que no viven en la peni encia, modi!ica una !rase de la primera versión para darle claramen e es e acen o universal6 8%ero sepan odos...9 %ueden, pues, leer es a )ar a como escri a por el hermano Francisco ambi"n para ellos cuan os se sien an mirados y a raídos por "l, por su simpa ía. Adem$s, es e escri o es una buena mues ra de su es ilo de escribir y de predicar y recoge muy bien el n'cleo de su ideal religioso. El avisado lec or lo comprender$ así luego de haber leído los capí ulos preceden es, y lo agradecer$, si sabe leerlo con magnanimidad y comprensión, a la dis ancia de siglos en que !ue redac ado, y por un hombre sin le ras, pero envidiable has a en algunos pun os de li era ura. Como el e& o de la recien e edición crí ica de ?. Esser, y he ra ado de ser del odo !iel en la raducción. #o presen o con una división quín uple para su mejor comprensión, pues el original es de una sola pieza. #os í ulos y sub í ulos son míos, y los n'meros en re par"n esis corresponden a la edición de Esser, para garan izar la re!erencia crí ica. Asimismo he querido ano ar las ci as bíblicas e&presas o implíci as, para que se vea con es e ejemplo, una vez m$s, lo que la %alabra de :ios suponía en la vida del hermano Francisco. En !in, buscando la unidad en la presen ación li eraria, u ilizo la imagen del camino, no sólo por el sen ido del hombre como caminan e hacia la pa ria celes e que enía es e %eregrino del Amor, sino porque "l mismo a!irma en es e escri o, con palabras de San %edro, que )ris o vivió en re noso ros 8dej$ndonos ejemplo para que sigamos sus huellas9. R aunque a mí me sería gra o presen ar o comen ar cada una de las par es, siquiera brevemen e, para poner de relieve sus valores li erarios o espiri uales, renuncio aquí a mi gus o, a !in de no alargar desproporcionadamen e es e ap"ndice. El lec or avispado e in eresado sabr$ suplirme, y con ven ajaO por ejemplo, aplicando al !ebrici an e e insa is!echo ma erialismo del hombre de hoy la ironía juglaresca con que el hermano Francisco !us iga y condena la avariciosa codicia de su iempo. U:ónde hay peor y m$s epid"mica !iebre6 en la usura medieval o en nues ra sociedad de consumoV

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CARTA A LOS FIELES
I% DE+4INA4A)I'+ L +AL&D' "1M9#

8En el nombre del SeLor, %adre, e Mijo, y Espíri u San o. Am"n. A odos los cris ianos, religiosos, cl"rigos y laicos, varones y mujeresO a odos cuan os habi an en el universo mundo, el hermano FranciscoO mis respe os con obsequiosa reverencia, una verdadera paz del cielo y un sincero amor en el SeLor. %ues o que soy siervo de odos, es oy obligado a servir a odos y a dis ribuirles el per!ume e&quisi o de las palabras de mi SeLor. %or lo cual, d$ndole vuel as en mi men e a que no puedo visi aros personalmen e a cada uno por mi en!ermedad y la debilidad de mi cuerpo, me he propues o haceros llegar, por las presen es le ras y por mensajeros, las palabras de nues ro SeLor Nesucris o, que es la %alabra del %adre, y las palabras del Espíri u San o, que son espíri u y vida HNn 3,30J. II% EL 6EN+ANEB C)I+4'0 CA6IN' DE +AL/ACI<N ":M31#

1% NesucristoB Encarnación% Eucarist@a% 1asión ":M19# Es e Derbo del %adre, an digno, an san o y glorioso, anunci$ndolo el $ngel San Kabriel, !ue enviado por el al ísimo %adre desde el cielo al seno de la san a y gloriosa Dirgen =aría, y en "l recibió la verdadera carne de nues ra humanidad y !ragilidad. R El, siendo rico por encima de oda riqueza H,)or 4,BJ, quiso, con la bienaven urada Dirgen su =adre, escoger en el mundo la pobreza. R cerca ya de su pasión celebró la %ascua con sus discípulos, y, omando pan, dio gracias, y lo bendijo, yo par ió, diciendo6 8Comad y comedO es o es mi cuerpo9 H= ,3,,3J. R, omando el c$liz, dijo6 8Es a es mi sangre de la nueva alianza, que ser$ derramada por voso ros y por muchos para el perdón de los pecados9 H= ,3,,5J. :espu"s oró al %adre, diciendo6 8%adre, si es posible, pase de mí es e c$liz9. R uvo un sudor como go erones de sangre que caían has a la ierra H#c ,,,00J. %ero El puso su volun ad en la volun ad del %adre, diciendo6 8%adre, h$gase u volun adO no como quiero yo, sino como quieres '9 H= ,3,0, y .BJ. R "s a !ue la volun ad del %adre6 que su Mijo bendi o y glorioso, que nos en regó y nació por noso ros, se o!reciese a sí mismo en (4B

el ara de la cruz, median e su propia sangre, como víc ima y sacri!icioO no para sí mismo, pues por El ha sido hecho odo HNn (,.J, sino por nues ros pecados, dej$ndonos ejemplo para que sigamos sus huellas H<%e ,,,(J. 3% &ni>ersalidad C li2ertad de la sal>ación "1:M18# R quiere que odos nos salvemos por El y lo recibamos con un corazón puro y con nues ro cuerpo cas o. %ero son pocos los que le quieran recibir y ser salvados por El, aun cuando su yugo sea suave, y su carga ligera H= ((,./J. Iuienes no quieren gus ar cu$n suave es el SeLor HSal ..,BJ y aman las inieblas m$s que la luz HNn .,(BJ, neg$ndose a cumplir los mandamien os de :ios, son unos maldi osO de ellos se dice por el pro!e a6 8=aldi os los que se apar an de us manda os9 HSal ((4,,(J. %or el con rario, Soh, qu" !elices y bendi os son aquellos que aman a :ios y obran como dice el SeLor mismo en el Evangelio6 8Amar$s al SeLor u :ios con odo u corazón y con oda u men e, y a u prójimo como a i mismo9T H= ,,,.5 y .BJ. 9% EDhortación a amar0 adorar C orar "19M31# Amemos, pues, a :ios y ador"mosle con el corazón puro y con la men e pura, pues El mismo, deseando es o sobre odas las cosas, dijo6 8#os verdaderos adoradores adorar$n al %adre en espíri u de verdad9 HNn 0,,.@ ,0J. R dirij$mosle alabanzas y oraciones de día y de noche HSal .(,0J, di@ ciendo6 8%adre nues ro, que es $s en los cielos...9 H= 3,BJ, porque es necesario que oremos siempre y no nos desanimemos H#c (4,(J. III% 1') D'NDE +E /A 7IEN "33MH3# 1% 1enitencia C eucarist@a "33M3;# Cambi"n debemos con!esar al sacerdo e odos nues ros pecados. R recibamos de "l el cuerpo y la sangre de nues ro SeLor Nesucris o6 quien no come su carne y no bebe su sangre HNn 3,11 y 15J, no puede en rar en el reino de :ios HNn .,1JO pero coma y beba dignamen e, porque quien le recibe indignamen e, se come y se bebe su propia sen encia, no (B/

reconociendo el cuerpo del SeLor H< )or ((,,BJ, es decir, sin discernirlo. Adem$s, hagamos !ru os dignos de peni encia. 3% Amor comprensi>o0 misericordioso0 !eneroso "3HM91# R amemos a nues ros prójimos como a noso ros mismos H= ,,,.BJ. R, si alguno no quiere amarlos como a sí mismo, al menos no les cause ning'n mal, sino h$gales el bien. R quienes han recibido la po es ad para juzgar a o ros, ejerzan el juicio con misericordia, como quieren ellos mismos ob ener misericordia del SeLorO porque juicio sin misericordia endr$n los que no hacen misericordia HSan ,,(.J. Cengamos, pues, amor y humildad. R hagamos limosnas, porque la limosna lava las almas de las manchas de los pecados HCob 0,((J. Es así6 que los hombres pierden odas las cosas que dejan en es e mundo, pero se llevan consigo la recompensa de su caridad y las limosnas que hicieron, y por ellas recibir$n del SeLor el premio y una recompensa digna. 9% ACuno corporal C espiritual% L ser católicos "93# :ebemos ambi"n ayunar y abs enernos de los vicios y pecados, y de la demasía en el comer y beberO y ser ca ólicos. :% Actitud ante los sacerdotes "99M9;# :ebemos ambi"n visi ar con !recuencia las iglesias y ener en veneración y reverenciar a los cl"rigos, no an o por lo que son, si son pecadores, sino por su o!icio y por la adminis ración del san ísimo cuerpo y sangre de )ris o, que ellos sacri!ican sobre el al ar y reciben y ad@ minis ran a los dem$s. R sepamos odos !irmemen e que nadie se puede salvar sino por las palabras san as y la sangre de nues ro SeLor Nesucris o, que los cl"rigos pronuncian, proclaman y adminis ran, y que solos ellos deben adminis rar, y no o ros. ;% Los reli!iosos% Actitud ante nosotros mismos C ante los dem s "9HM :7#

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R de manera especial los religiosos, que han renunciado al siglo, es $n obligados a realizar m$s y mayores cosas, pero sin descuidar "s as H#c ((,0,J. :ebemos aborrecer nues ros cuerpos con sus vicios y pecados, pues dice el SeLor en el Evangelio6 odos los males, los vicios y los pecados salen del corazón H= (1,(4@(BO =c 5,,.J. :ebemos amar a nues ros enemigos y hacer el bien a los que nos ienen odio H= 1,,0O #e 3,,5J. :ebemos guardar los precep os y los consejos de nues ro SeLor Nesucris o. :ebemos, igualmen e, negarnos a noso ros mismos H= (3,,0J y poner nues ros cuerpos bajo el yugo de la sujeción y de la san a obediencia, seg'n cada uno lo ha prome ido al SeLor. R nadie se considere obligado por razón de obediencia a obedecer a quien sea, si en eso se come e deli o o pecado. %ero aquel a quien se le ha con!iado el mando y es enido por mayor, sea como el menor H#c ,,,,3J y siervo de los o ros hermanos. R con cada uno de ellos enga y ejerci e la misericordia que quisiera uvieran con "l, si se hallare en caso semejan e. R no se aíre con ra el hermano por ning'n deli o, sino sopór elo y acons"jele bondadosamen e, con oda paciencia y humildad. ;o debemos ser sabios y pruden es al modo egoís a, sino, m$s bien, sencillos, humildes y puros. R consideremos a nues ros cuerpos como cosa despreciable y vergonzosa, porque odos, por nues ra culpa, somos miserables y podridos, !" idos, y unos gusanos, como dice el SeLor por el pro!e a6 8Ro soy un gusano y no hombre, vergWenza de la gen e y desprecio del pueblo9 HSal ,(,5J. ;unca debemos desear es ar sobre los o ros, sino, m$s bien, debemos ser siervos y es ar suje os a oda humana cria ura por :ios H<%e ,,(.J. H% =randeAa de esta ser>idum2re ":3MHO# R sobre odos aquellos y aquellas que obran así y perseveran has a el !in, se posar$ el Espíri u del SeLor H<s ((,,J, y en rar$ en ellos y har$ en ellos su morada HNn (0,,.J. R ser$n hijos del %adre celes ial H= 1,01J, cuyas obras hacen. R son esposos, hermanos y madres de nues ro SeLor Nesucris o H= (,,1/JO somos sus esposos cuando el alma !iel se une con Nesucris o en el Espíri u San oO somos sus hermanos cuando cumplimos la volun ad de su %adre, que es $ en el cielo H= (,,1/JO somos sus madres cuando lo llevamos en nues ro corazón y en nues ro cuerpo H< )or 3,,/J (B,

por el amor y por una conciencia pura y sinceraO y lo damos a luz por las obras san as, que deben brillar como ejemplo para los dem$s H= 1,(3J. S-h, cu$n glorioso es ener en el cielo un %adre san o y grandeT S-h, cu$n san o es ener un Esposo consolador, hermoso y admirableT S-h, cu$n san o y cu$n amado ener un al Mermano e Mijo, amigable, humilde, pací!ico, dulce y amable, y sobre odas las cosas deseableT El en regó su vida por sus ovejas HNn (/,(1J y oró al %adre por noso ros, diciendo6 8%adre san o, guarda en mi nombre a los que me has dado9 HNn (5,((J. 8%adre, odos los que me has dado en el mundo, uyos eran, y me los has dado9 HNn (5,3J. 8R yo me consagro por ellos, para que sean consagrados en la unidad, como noso ros somos uno9 HNn (5, (( y (5J. 8R quiero, %adre, que donde es oy yo, ambi"n ellos es "n conmigo, para que con emplen mi gloria9 HNn (5,,0J 8en u reino9 H= ,/,,(J. 7% ColoGón en Nesucristo "H1MH3# %ues a quien sopor ó an o por noso ros, a quien an os bienes nos ha raído y nos raer$ en lo venidero, oda cria ura, ya es " en los cielos, en la ierra, en el mar y en los abismos, le rinda, como a :ios, alabanza, gloria, honor y bendición HAp 1,(.J, porque El es nues ra vir ud y nues ra !uerza, y El es el solo bueno, el solo al ísimo, el solo omnipo en e, admirable, glorioso, y el solo san o, loable y bendi o por in!ini os siglos de siglos. Am"n. I/% 1') D'NDE +E /A 6AL "H9M8;# 1% Ce!uera de los pecadores "H9M71# En cambio, odos los que no llevan vida en peni encia ni reciben el cuerpo y la sangre de nues ro SeLor Nesucris o, y se ocupan en los vicios y pecados, y se van ras la concupiscencia mala y los malos deseos, y no guardan lo que prome ieron, y sirven corporalmen e al mundo con los deseos camales y con los a!anes y solici udes de es e siglo y con las preocupaciones de es a vida, engaLados por el diablo, de quien son hijos y cuyas obras hacen HNn 4,0(J, son unos ciegos, pues no ven la verdadera luz, a nues ro SeLor Nesucris o. ;o poseen sabiduría espiri ual, porque no ienen en ellos al Mijo de :ios, el cual es la verdadera Sabiduría del %adre. (B.

:e ellos se dice6 8Su sabiduría ha sido devorada9 HSal (/3,,5J. Den, conocen, saben y obran el malO y a sabiendas pierden sus almas. =irad, ciegos, engaLados por nues ros enemigos, a saber, por la carne, por el mundo y por el diablo, que al cuerpo le es dulce come er el pecado, y amargo el servir a :ios, porque odos los males, vicios y pecados salen y proceden del corazón del hombre H=c 5,,( y ,.J, como dice el SeLor en el Evangelio. R os qued$is sin nada en es e siglo y en el !u uro. %ens$is poseer duran e largo iempo las vanidades de es e siglo, pero es $is equivocados, porque vendr$ el día y la hora en que no pens$is, que desconoc"is e ignor$is H= ,1,(.O #e (,,0/J. 3% 6isera2le Gin de los tales "73M8;# Se en!erma el cuerpo, la muer e se acerca, acuden los parien es y los amigos, y le dicen6 —:ispón de us bienes. R he aquí que su mujer y sus hijos y sus parien es y amigos !ingen que lloran. R "l, mir$ndolos, los ve llorando, y se deja llevar por un impulso !unes oO pensando para sí, H!ice6 —%ongo en vues ras manos mi alma y mi cuerpo y odo lo que es mío. 2ealmen e, es e hombre es maldi o, "l, que en ales manos con!ía, y e&pone su alma y su cuerpo, y odo lo suyoO por eso dice el SeLor por el pro!e a6 8S=aldi o el hombre que con!ía en el hombreT9 HNer (5,1J. R de prisa hacen venir al sacerdo e. El sacerdo e le dice6 —UIuieres recibir la peni encia de odos us pecadosV 2esponde6 —Iuiero. —UIuieres sa is!acer, como puedes con u !or una, los pecados come idos y lo que de!raudas e y engaLas e a los dem$sV 2esponde6 —;o. R el sacerdo e dice6 —U%or qu" noV —%orque odo lo he pues o en manos de mis parien es y amigos. R empieza a perder el habla, y así muere aquel miserable. (B0

%ero sepan odos que, dondequiera y de cualquier modo que muera el hombre en pecado mor al, sin sa is!acer, cuando pudo sa is!acer y no sa is!izo, el diablo arreba a su alma de su cuerpo con an a angus ia y pavura, que nadie puede conocer sino el que la padece. R odos los alen os, y el poder, y la ciencia que pensaba ener H#c 4,(4J, le ser$n qui ados H=c 0,,1J. R deja su !or una a sus parien es y amigos, y ellos la omar$n y se la repar ir$n, y despu"s dir$n6 —S=aldi a sea su alma, que pudo dejarnos m$s y acumular m$s de lo que acumulóT Su cuerpo se lo comen los gusanos. R así pierde el cuerpo y el alma en es e cor o siglo, y se va al in!ierno, donde ser$ a ormen ado sin !in. /% )&E=' -INAL / 7ENDICI<N "8HM88#

En el nombre del %adre, y del Mijo, y del Espíri u San o. Am"n. — Ro, el hermano Francisco, vues ro siervo m$s pequeLo, os ruego y os suplico en el amor que es :ios H( Nn 0,(3J, y deseando besar vues ros pies, que os sin $is obligados a recibir, poner por obra y guardar con humildad y amor es as palabras y las dem$s de nues ro SeLor Nesucris o. R a odos aquellos, y aquellas que las acojan ben"volamen e, las en iendan y las envíen a o ros para ejemplo, si perseveran en ellas has a el !in H= ,0,(.J, bendígales el %adre, y el Mijo, y el Espíri u San o. Am"n.9 Se conserva ambi"n del hermano Francisco o ro escri o inspirado por su caballeresca ambición universal y dirigido a los seglares, "s e e&clusivamen e a los seglares6 su Carta a las autoridades de los pue2los . #a escribió por los mismos iempos que la an erior. %odemos, pues, incluirla aquí como un codicilo de su es amen o universalO para serlo, has a iene la gracia de decir resumidamen e lo preceden e para aLadir algo nuevo. A m$s de uno, es a car a le podr$ parecer anacrónica Hbueno, como an os o ros de alles au "n icos y originales de San FranciscoJ, anacrónica en es e nues ro mundo secularizado. )ier amen e, de aquella sacra y uni aria sociedad medieval, a la nues ra, pluralis a y secularizan e, hay una abismal di!erenciaO pero aquí ambi"n, en es a cl$usula adicional de su es amen o, es $ el hermano Francisco odo en ero y verdadero, con su (B1

san a pasión de amor a :ios y a los hombres, con los e ernos valores de su espíri u6 es as cl$usulas es amen arias del %obrecillo es $n animadas por su anhelo de una !ra ernidad cris iana universal, con el sen ido del mando como responsabilidad seria an e :ios y como servicio humano y espiri ual a los hombres. =uy probablemen e, ese de alle de querer y suplicar que se proclamara p'blicamen e el seLorío divino y universal de Nesucris o cada a ardecer, para que !uera reconocido por odos, se lo inspiró a Francisco lo que vio en ierras musulmanas6 el almuecín voceando piadosamen e desde el alminar o al a orre de las mezqui as la gloria de Al$, a cuya seLal odos los creyen es mahome anos se pos raban en adoración, rodillas y !ren e en ierra. Iuiz$, es a musical y apos ólica sugerencia del %obrecillo, que no sería muy a endida por muchas au oridades seculares del sacro imperio, !ue la semilla del rezo del 8Angelus9, el cual es cier amen e invención y di!usión !ranciscana, ese oque que ha embellecido duran e an os siglos el aire y las almas del mundo ca ólico. Me aquí el e& o de es e codicilo6 CAC8A A @AS AA8BC">A>ES >E @BS PAED@BS 8A odos los podes $ y cónsules, jueces y regidores de odas las par es del mundo, y a odos aquellos a quienes llegaren es as le ras, el hermano Francisco, vues ro pequeLuelo y despreciable siervo en el SeLor, os desea a odos voso ros la salud y la paz. %ensad y mirad que el día de la muer e se acerca HK"n 05,,BJ. %or eso os suplico, con odo el respe o que puedo, que no ech"is en olvido al SeLor por causa de an os cuidados y preocupaciones de es e siglo, ni os apar "is de sus mandamien os, porque odos aquellos que no le ienen en cuen a a El y se apar an de sus mandamien os, son maldi os HSal ((4,,(J, y ser$n echados al olvido por El HEz ..,(.J. R, cuando llegare el día de su muer e, les ser$n arreba adas odas las cosas que creían poseer H#c 4,(4J. R cuan o m$s sabios y poderosos !ueron en es e mundo, an o mayores ormen os su!rir$n en el in!ierno HSab 3,5J. %or lo cual os aconsejo encarecidamen e, seLores míos, que, posponiendo oda preocupación y cuidado, hag$is verdadera peni encia y recib$is con gran humildad el san ísimo cuerpo y la san ísima sangre de nues ro SeLor Nesucris o, en san a recordación suya.

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R ribu ad al SeLor honor en el pueblo que os es $ encomendado, de es a manera6 cada arde an'nciese, por un pregonero o median e o ra seLal, que el pueblo en ero rinda alabanzas y acciones de gracias al SeLor :ios omnipo en e. R sabed que, si no hac"is es o, hab"is de dar cuen a en el día del juicio H= (,,.3J an e nues ro SeLor Nesucris o, vues ro :ios y SeLor. Iuienes conserven consigo es e escri o y lo pongan en pr$c ica, sepan que son bendi os por el SeLor :ios9. Felices y bendi os, sí, quienes, a dis ancia de siglos, en el corazón del mundo, sean au oridades o no, sepan heredar el espíri u cris iano y universal del hermano Francisco. #a ierra en era se lo ! agradecer$, elevada y enriquecida.

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NOTA 0I0LIO1R2FICA

Es a no a bibliogr$!ica iene un doble obje o6 (J comple ar la indi@ cación de las ci as que aparecen en las p$ginas preceden esO ,J orien ar un an o al lec or que desee ampliar su conocimien os de San Francisco. (. En la con!ron ación de las ci as bíblicas del mismo San Fran cisco "ngase en cuen a la versión de la Dulga a, que es la que "l usaba y sobre la que re!leja su pensamien o. ,. %ara el ambien e his órico de la "poca6 9istoria uni3ersal . .6 *#a Edad =edia+, por Fal er Koe z HEspasa )alpe, =adrid (B..J. .. Escri os del mismo San Francisco6 reglas, oraciones, e&hor a@ ciones, car as. Me u ilizado la edición crí ica recien e, de inmejorable garan ía, de ?aje an Esser, -.F.=.6 >ie opuscula des hl. FrancisFus 3on Assisi Hedi . )oll. S. Aonaven urae ad )laras Aquas, Kro a!erra a (B53J. 0. Aiogra!ías primi ivas. ;o se olvide que, en el lenguaje de la "poca, *leyenda+ no signi!ica *engendro de la !an asía+, sino, en el sen ido propio del vocablo la ino *legenda+, *obra o vida para ser leída+, jus o lo que hoy llamamos biogra!ía. Sobre San Francisco hay ma erial biogr$!ico abundan e y bueno. #as doy en el orden cronológico en que !ueron escri as, con indicación de las !echas de su composición6 — Eida primera de San Francisco, de Fr. Com$s de )elano H(,,4J. — @eyenda para el uso coral, de Fr. Com$s de )elano H(,,4J. — Eida de San Francisco, de Fr. Nuli$n de Espira H(,.,@.1J. — Principio o *undaci n de la Brden del biena3enturado Francisco, del An nimo de Perusa Hhacia (,01J. — Eida segunda de San Francisco, de Fr. Com$s de )elano H(,05J. (B4

@eyenda mayor y @eyenda menor de San Francisco, de San Aue@ naven ura Hambas, (,3,J. — Cr nica de Fr. Mord2n de Mano H(,3,J. — @eyenda de los tres compa<eros Hhermanos 2u!ino, Angel y #eónJO @eyenda de Perusa y Espe6o de per*ecci n, ambas con ma eriales recogidos del hermano #eón. #a redacción de!ini iva de es as res obras se coloca en re (.// y (.(1. — Florecillas de San Francisco, que aprovechan el ma erial an erior y lo idealizan bellísimamen e. Fueron escri as por un !ranciscano oscano en la segunda mi ad del siglo &iv. Es !recuen e edi ar con las Florecillas, y como par es complemen arias de las mismas, @as consideraciones sobre las llagas H<<J, y las vidas de Fr. Nunípero H<<<J y Fr. Kil H<DJ, de carac erís icas similares. #ota.—)asi odos los documen os preceden es de los n.. y 0 es $n publicados en edición cas ellana, nuevamen e revisada, por la Aiblio eca de Au ores )ris ianos, bajo el í ulo de San Francisco de As)s. Escritos. Diogra*)as. >ocumentos de la época H=adrid (B54J. En las biogra!ías primi ivas yo he u ilizado, en cuan o me ha sido posible, los e& os originales, edi ados crí icamen e por los !ranciscanos de Iuaracchi en dis in as !echas de la primera mi ad de es e siglo.

1. Es udios modernos que m$s he consul ado6 — San Francisco de As)s, de #uis de Sarasola, -.F.=., ,. ed. Hedi . )isneros, =adrid (B3/J. — San Francisco de As)s, de %iero Aargelini Hedi . %a mos, =adrid (B1BJ. — Eida de San Francisco de As)s, de -mer Engleber Hnueva ed.J HEdi . )e!epal, San iago de )hile (B5.J. )uando ci o a -mer Engleber me re!iero especialmen e al abundan e ma erial his órico@crí ico que "l usa, sobre odo de A. For ini, his oriador de Asís. — :e ?aje an Esser, -.F.=.6 8emas espirituales, en edición i aliana de la colección %resenza di S. Francesco, n.(( H=il$n (B35JO @a Brden Franciscana. Br)genes e ideales Hedi . Ar$nzazu (B53JO y Francisco de As)s y los c2taros de su tiempo4 Selecciones de Franciscanismo, n.(.@(0 H(B53J. — Escritos de Santa Clara y documentos contempor2neos, de <gnacio -=AE)MEDA22]A, -.F.=. Hedi . AA), =adrid (B5/J. (BB

San Francisco de As)s. El hombre lu7, escri o por mí y publicado con mi pseudónimo de *Fray Kil, -.F.=.+, .. ed. Hedi . )isneros, =adrid (B3BJ. Aunque duran e la con!ección de la presen e biogra!ía no he querido ni abrir ese libro mío de juven ud, escri o hace e&ac amen e rein a aLos, para no depender de "l, lo pongo aquí, pues me doy cuen a de que uno es siempre hijo de su propio pasado.

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