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ANTONIO MACHADO Comentario de texto: Campos de Soria (VIII

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He vuelto a ver los álamos dorados, álamos del camino en la ribera del Duero, entre San Polo y San Saturio, tras las murallas viejas de Soria -barbacana hacia Aragón, en castellana tierra-. Estos chopos del río, que acompañan con el sonido de sus hojas secas el son del agua cuando el viento sopla tienen en sus cortezas grabadas iniciales que son nombres de enamorados, cifras que son fechas. Álamos del amor que ayer tuvisteis de ruiseñores vuestras ramas llenas; álamos que seréis mañana liras del viento perfumado en primavera; álamos del amor cerca del agua que corre y pasa y sueña; álamos de las márgenes del Duero, conmigo vais, mi corazón os lleva!

Campos de Castilla.

Se trata de un poema lírico cuyo contenido podemos organizar en dos partes bien diferenciadas que exponemos a continuación: - Primera parte (vv. 1-12). Descripción de los álamos. Localización: parajes cercanos a Soria. (1-6) Aspectos acústicos de los álamos: sonido de sus hojas secas. (7-9) Aspectos visuales: iniciales grabadas (asociación con el amor). (10-12) -Segunda parte (vv. 13-20). Alusión directa a los álamos: asociaciones con el amor y con la esperanza. (13-19) Sentimiento de unión entre el poeta y los álamos. (20) Las ideas y el contenido de estas dos partes son muy similares, sin embargo, el aspecto que cambia entre ambas es el tipo de enunciación. El poeta pasa de la enunciación en tercera persona (descripción de un objeto externo) a la enunciación en segunda persona (“apóstrofe lírico”, el poeta se dirige directamente a los árboles). TEMA: La cercanía emotiva del yo lírico con los álamos del río, símbolos del amor. RESUMEN: El yo lírico contempla unos álamos de la ribera del Duero, junto a Soria. Los asocia con el sonido de la naturaleza de aquel paisaje y los relaciona con el amor. Finalmente, declara su gran sentimiento de unión a ellos.

1. Organización de las ideas.

2. Tema y resumen.

Localización Tipo de texto.

3. Comentario crítico.

Autor

Se trata de un texto lírico escrito en verso. Es un fragmento del poema “Campos de Soria”, perteneciente al poemario Campos de Castilla del poeta sevillano Antonio Machado. Hijo de una familia culta y liberal, Machado estudió filosofía y tras un estimulante paso por París, donde conoció a Rubén Darío, ejerció como catedrático de filosofía en Soria. Allí conoció el amor y se casó con la joven Leonor, cuya posterior desaparición y muerte dejó abatida el alma del poeta. Más tarde, tras un paso por ciudades como Baeza (Jaén), Segovia o Madrid, con el estallido de la Guerra Civil y el avance de las tropas franquistas, Antonio Machado abandonó España para pasar sus últimos días como refugiado en Collioure (Francia), donde falleció días después de hacerlo su madre.

Obra

[podríamos incluir el contexto histórico y literario, las poéticas de Machado, pero lo dejamos por falta de tiempo]

El poema es una muestra bien conocida de la poesía machadiana que constituye el libro Campos de Castilla, poemario central en la obra de Machado. Dicho libro, publicado en 1912 y ampliado en 1917, está integrado por poemas inspirados en el paisaje y los valores castellanos que al poeta andaluz le resultaron especialmente inspiradores. Se recogen igualmente en el libro otros conjuntos poéticos, como Proverbios y Cantares, los poemas que dedica a la enfermedad y pérdida de Leonor (A un olmo viejo, A José María Palacio), o también La tierra de Alvargonzález, poema narrativo en el que la envidia, la codicia y la maldad llevan al fratricidio. El texto comentado es un fragmento que, junto a los otros que lo continúan, demuestra la admiración hacia el sencillo paisaje castellano, que para Machado está vinculado a su propia vida y a sus emociones más íntimas. Es una visión que transforma el paisaje y sus elementos en poesía: los álamos acompasan el ruido de sus hojas con el sonido del río, acogen a los ruiseñores y sus cantos, y son testigos favorables de los diálogos de los enamorados. La creación de Machado atribuye a los álamos notas connotativas de belleza y sentimentalidad: álamos dorados, álamos del amor, álamos que seréis mañana liras. A partir de los atributos y cualidades que les asocia, los álamos cobran el protagonismo poético. En cuanto al contenido, es una visión admirada de un paisaje amable, humanizado, que contribuye al goce amoroso. Esa mirada que se deleita en el paisaje natural es algo habitual en Machado, y en este libro en especial. La poesía canta al paisaje, a la belleza natural, como algo que nos proporciona agrado y deleite; el poeta se complace en la contemplación de los álamos, a los que personifica para establecer cierto diálogo poético con ellos.

interpretación.
[“Explicamos” el poema, demostramos que lo hemos entendido]

Aclaración del contenido:

Valoración del lenguaje, del

estilo, de la forma. [Brevemente, no conviene extenderse demasiado en este punto]

En el poema aparecen algunos de los rasgos estéticos comunes en la obra de Machado, como la localización concreta de un paisaje por el que transita el poeta, el lenguaje sensorial con alusiones a colores (“dorados”) o sonidos (“sonido”, “son”, “lira”, “viento”), o el empleo de símbolos (el agua en movimiento como símbolo de alegría y esperanza). También observamos la alusión a temas típicamente machadianos como el paso del tiempo (en adverbios como “ayer” o “mañana”) o la presencia de la memoria del poeta, de su alma, de su conciencia (“mi corazón os lleva”) Que el paisaje nos aporta una forma de recrearnos ante la realidad es algo indiscutible, constatado en todos los tiempos y culturas. La visión de la naturaleza pone en la vida humana un punto de serenidad, de calma, nos llena con una sensación distinta a la de la esfera cotidiana, y mucho más si lo cotidiano está saturado de ruido, artificio y caos. Nuestros poetas clásicos del Siglo de Oro, a partir de Garcilaso, dejaron plasmados en sus versos ese interés por llevar al marco natural la expresión del sentimiento; así, las églogas de Garcilaso hacían surgir en un marco idílico los lamentos amorosos. En las palabras de nuestros clásicos cobraban nueva vida los tópicos de la cultura grecolatina ligados a la belleza natural (locus amoenus) y la felicidad de quien elige ese medio bucólico para su existencia (beatus ille). Hoy siguen teniendo vigencia tales tópicos, que recogen la necesidad humana de reencontrarse con el medio natural en el que un día surgimos. La dificultad en cambio sería encontrar esos parajes que aún no hayan sido asolados por la insensatez humana, que ha ido destruyendo a un ritmo endemoniado los lugares que nos brindarían ese feliz reencuentro con lo natural. ¿Queda algún lugar no contaminado de alguna forma? La industrialización, el turismo desmedido y las especulaciones urbanísticas ponen en peligro su existencia. Pero, con todo, hoy comprobamos que va en aumento la sensibilidad general hacia el paisaje, que, con nuevas formas, el ser humano vuelve a acercarse al disfrute de la madre naturaleza: turismo rural, senderismo, deportes de naturaleza, etc. En efecto, para cada vez más personas la mejor manera de recuperarse de las tensiones, de restablecerse de una vida alienante es redescubrir la naturaleza, gozar con el panorama y el encanto natural que nos hace conectar con ese fondo de criaturas surgidas en la naturaleza que casi hemos olvidado. Gracias a Machado, gracias a los poetas, recordamos que lo que generosamente nos brinda la naturaleza puede suponer para nosotros una riqueza inigualable que nos haga sentir la hermosa vivencia de recrearnos ante la maravilla natural.

Opinión personal,

[Mostramos nuestra madurez, nuestros conocimientos y nuestra cultura general]

valoración crítica.

[Puede ser positivo

combinar una postura crítica, pesimista y alarmista (¡estamos destruyendo el planeta!) con una visión más suavizada, optimista y que de pie a la esperanza]

Breve párrafo de conclusión y cierre.

Estamos, por tanto, ante un poema que contiene algunas de las claves poéticas de la obra de Antonio Machado al tiempo que pone de manifiesto un tema tan ligado al ser humano como el disfrute en la contemplación de la naturaleza, cuya belleza en muchas ocasiones supera a la del arte o la inspira.