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Un cacho de cultura

Santo Tomás
Por Martín Jali

La Fundación TEM reúne los archivos personales, la biblioteca y las obras de Tomás Eloy Martínez y las pone a disposición del público. También promueve la formación de nuevos cronistas y escritores.

acia el final de su vida, Tomás Eloy Martínez imaginó una fundación que no sólo reuniera su biblioteca, su extensa obra y su archivo personal –disperso a lo largo y ancho del mundo, desde Estados Unidos hasta Venezuela, donde permaneció exiliado entre 1973 y 1985– sino que, especialmente, continuara con una convicción personal: estimular y contribuir al trabajo creativo de los escritores jóvenes. Tomás Eloy Martínez supo impulsar ese deseo, tanto material como intelectualmente. Así, poco después de su muerte (en enero de 2010) la Fundación TEM comenzó a cobrar cuerpo, especialmente a partir del trabajo y dedicación que le imprimieron los hijos del escritor.

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“Mucha gente habló de lo generoso que era él con la gente que se acercaba. Él conversaba, daba contactos, consejos, los atendía. Todo eso quería seguir haciéndolo. Por eso el espacio de la Fundación es seguir con ese legado y estimular a los jóvenes que tienen talento y posibilidades. La Fundación es eso: no tanto mantener su obra vigente, circulando, sino ponerla a disposición de la gente, del público y de investigadores que quieran consultarla”, sostiene Ezequiel Martínez, presidente de la Fundación y albacea de la obra de su padre, que recorre géneros tan diversos como la novela, la crónica periodística, el relato y la crítica literaria. Fundación TEM –Carlos Calvo 4319

1º piso (Caba)– se erige en pleno barrio de Boedo, en el mismo edificio donde funciona la Biblioteca Pública Miguel Cané, en la que puede visitarse el escritorio que utilizó Jorge Luis Borges entre 1937 y 1946. A un amplio espacio donde se realizan presentaciones de libros, lecturas y charlas, le sigue una habitación que contiene la correspondencia y el archivo personal de Tomás Eloy Martínez –revisitados habitualmente por investigadores y periodistas– además de la biblioteca que consultaba con mayor frecuencia. Más allá, el salón donde se dictan los talleres y seminarios que brinda la Fundación TEM, acompañado por otra gran biblioteca conformada por autores latinoamericanos y extran-

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jeros, primeras ediciones dedicadas y traducciones de novelas como Santa Evita o La novela de Perón a idiomas como el vietnamita o el chino. “En Estados Unidos se estila mucho que las universidades te compren el archivo, los papeles, la biblioteca. Pero la verdad es que tenerla en Estados Unidos y no en la Argentina era un poco ridículo. Todo esto que dijo Ezequiel se deriva con el objetivo de que la gente de la Argentina pudiera aprovechar el material que él dejó”, destaca Margarita García Robayo, directora de la Fundación, que arribó con la experiencia de haber trabajado en la Fundación Nuevo Periodismo de Gabriel García Márquez. Los fondos para comenzar con la Fundación TEM llegaron como parte de la herencia de Tomás Eloy Martínez. El problema, entonces, era encontrar un espacio adecuado para llevar adelante el proyecto. Y llegó a través del Ministerio de Cultura de la ciudad de Buenos Aires, que cedió el piso superior de la Biblioteca Miguel Cané. Después de las tareas de remodelación, comenzaron los trabajos en el archivo personal, en la biblioteca y en el diagrama de los primeros talleres y cursos, que tienen como objetivo brindar un espacio de fomento para la creación literaria, tanto de ficción como de no ficción, y la oportunidad de tener tutorías y talleres con periodistas, cronistas y escritores de renombre. Más tarde, se conformó el Comité de Honor, un órgano de consulta e interacción formado por figuras de la talla de Paul Auster, García Márquez, Sergio Martínez y Juan Villoro, entre otros, además de los fallecidos Carlos Fuentes y José Saramago: antiguos colegas y compañeros de ruta de Tomás Eloy Martínez. “Lo interesante es que son figuras que están realmente comprometidas con la Fundación. Por el momento esta es la forma que han tenido de ayudarnos. Y es muchísimo, porque las posibilidades de que una persona así venga a tu fundación y dicte una charla son muy escasas y, sobre todo, es muy costoso. El hecho de que ellos se hayan comprometido con la Fundación es un plus maravilloso”, comenta García Robayo. Además de los talleres de producción de obra y los temáticos, este año,

junto con Revista Anfibia y Editorial Planeta, la Fundación TEM lanzó su “Primer certamen de crónicas La Voluntad”, que premió la producción de historias de no ficción sobre la contemporaneidad social, política, económica y cultural argentina. El concurso fue un verdadero éxito, con más de doscientas obras inscriptas. Pero el futuro, para Ezequiel Martínez, se presenta todavía más ambicioso. “Mi principal deseo es, si encontramos quien lo apoye y financie, concretar una idea muy concreta de la Fundación. Tomás escribió la novela sobre Perón gracias a una beca del Wilson Center, si no hubiese obtenido esa beca, no la habría terminado. No podía escribir esa novela porque tenía que trabajar. Entonces se dio cuenta de lo bueno que sería que existiera un premio para proyectos de ficción y no ficción avanzados. Por supuesto se necesita dinero, no sólo para dar el premio, sino también para jurados acorde a lo que sería el premio, y toda la estructura que requiere. Sería un año dedicado a ficción, otro a no ficción. Como aspiración, objetivo y deseo, me gustaría poder concretar ese sueño.” Actividades. Pensada como un espacio de estímulo y formación para escritores, la Fundación TEM propone, por un lado, múltiples talleres y clínicas permanentes y, por otro, talleres temáticos que, generalmente, tienen una duración de cuatro u ocho clases. “Los talleres permanentes duran todo el año y están orientados específicamente a la producción de textos. Son clínicas de trabajo que apuntan a gente que ya está embarcada en un proceso de escritura”, explica García Robayo. Los alumnos deben postularse a través de la página de la Fundación (www.fundaciontem.org) y el profesor realiza una selección, con el objetivo de conformar grupos homogéneos de alrededor de 15 alumnos. En el primer año, Carlos Busqued fue el encargado del taller de novela mientras que Samanta Schweblin dictó el de cuentos. Este último año se sumaron Leopoldo Brizuela y Federico Falco. Los talleres temáticos, en cambio, apuntan a un tema específico. Betina González ha dictado un taller de nouvelle, Mariana Enríquez otro sobre cuentos de terror mientras que

LA PACIENCIA DEl MUNDO
Por Litto Nebbia
El mundo está cada vez más impaciente. Todos se quejan de que no pueden realizarse, ahorrar, preservar, proyectar, guardar y no sé qué cantidad de cosas más que de alguna manera están relacionadas con pasarla mejor en el futuro. Esa impaciencia puede estar relacionada quizá con una ansiedad sexual. Este tipo de ansiedad no está totalmente localizada en la concreción instantánea de una eyaculación. Para ser un poquito más claro. No es alguien que está “caliente” y entonces tiene que lograr su deseo. No. Tan sólo se trata de alguien que está muy impaciente, nada más. De alguna manera, es un mal de nuestra época. Conseguir algo sin mirar a quién y a veces sin mirarse a uno mismo (risas). Pero yo no quiero impacientarme y me gustaría descubrir alguna explicación racional, si no esotérica, que me diga cuál es la urgencia. ¿Por qué todos corren? ¿Adónde van? ¿Qué me estoy perdiendo? ¿Quién soy? ¿Dónde estoy? ¿Qué hora es? (Sátira cronológica sobre Les Luthiers). Debemos partir de la noción de que el mundo no usa agenda. No tiene que llegar o partir de algún lugar en horario preciso. Quizá sólo trata de acomodarse a nuestros horarios. El mundo es lo más grande, porque incluye a todos. Ahí está todo. El viejo Elvis y Los Beatles. Los Stones y Frank Zappa. También Miles Davis y John Coltrane. Nuestros Lalo Schifrin y Gato Barbieri. Cuchi Leguizamón, Dúo Salteño y Cadícamo. Virgilio Expósito, por supuesto, y Homero también, que el 4 noviembre habría cumplido 96. Cuando encuentro algo feo en la persona que quiero, quito esa cosa de mi memoria. La persona que quiero no tendrá eso que detesto, que no amo… Sólo tendrá la cosa del porqué la quiero. Lo mejor para mí. No hay demasiadas maneras de querer. Esta es una de ellas.

Claudia Piñeiro investigó las herramientas del guión cinematográfico al servicio de la narrativa. Por último, en materia de no ficción, la oferta es amplia y jugosa: seminarios de crónica a cargo de Cristián Alarcón o el exitoso taller de Leila Guerriero: una suerte de gran cátedra sobre cómo hacer perfiles periodísticos. A estas instancias de formación se suman presentaciones de libros, charlas gratuitas y encuentros.
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