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Acerca del sentimiento de cementerio

ELÍAS CANETTI
Los cementerios ejercen una fuerte atracción; se les visita, aunque no se tenga parientes sepultados en ellos. Se llega a ciudades extranjeras y se peregrina a los cementerios, reservándoles el tiempo necesario como si existieran para ser visitados. Y aun en el extranjero, lo que atrae no es siempre la tumba de un hombre venerado. Pero aunque en un principio lo fuera, siempre resulta algo más de la visita. Se cae en un estado de ánimo muy especial. La costumbre piadosa quiere que uno se engañe acerca de este estado de ánimo; porque la contrición que uno siente y que uno más muestra, encubre en realidad una secreta satisfacción. ¿Qué es lo que de veras hace el visitante cuando se encuentra en un cementerio? ¿Cómo se mueve y con qué se ocupa? Camina, yendo y viniendo por entre las tumbas, mira esta o aquella lápida, lee los nombres y se siente atraído por ellos. Enseguida comienza a interesarse por lo que dice bajo los nombres. Allí hay una pareja que vivió por largo tiempo junta y ahora, como corresponde, reposa lado a lado. Allá, un niño que murió muy pequeño. Allí yace una muchacha que apenas alcanzó sus dieciocho años. Cada vez más son los decursos de tiempo los que cautivan al visitante. Cada vez más se desprenden de sus conmovedoras particularidades y se convierten en meros decursos de tiempo. Uno murió a los 32 años de edad y otro, enfrente, a los 45. El visitante ya es mayor que ellos, y aquéllos están, por así decir, fuera de la carrera. Muchos no llegaron tan lejos como él, y si no han muerto especialmente jóvenes, su destino no despierta ninguna lástima. Pero también hay muchos que lo superan. Allí algunos han llegado a los 70, y en otro lugar también hay uno que llegó a más de 80 años de edad. A éstos aún puede alcanzarlos. Lo incitan a emularlos. Aún todo le es posible. Lo indeterminado de la vida que tiene por delante es una gran ventaja sobre ellos, y con algún esfuerzo hasta podría sobrepasarlos. En el medirse con ellos tiene grandes esperanzas, pues desde ahora les lleva una ventaja: la meta de ellos está alcanzada, ya no viven. Con cualquiera que compita, toda la fuerza está de su lado. Pues allá no hay fuerza, sólo está indicada la meta alcanzada. Los más aventajados han sucumbido. Ya no pueden mirarnos a los ojos de hombre a hombre, y nos insufl an fuerza para llegar a ser más que ellos para siempre. El de 89 años, que allí yace, es como un estímulo supremo. ¿Qué le impide a uno llegar a los 90? Pero éste no es el único cálculo en el que uno cae entre tal plétora de tumbas. Uno comienza a fi jarse en el tiempo transcurrido desde que yacen aquí algunos de ellos. El tiempo que nos separa de su muerte tiene algo de tranquilizador: quiere

Sólo quien está vivo viene y va. y cada vez son más. gran parte del tiempo que desde entonces transcurrió le es a uno muy conocido. Ha leído acerca de él. termina con la cifra del año de su muerte. No pueden separarse unos de otros: permanecen como en un montón. y algo también lo ha vivido uno mismo. Su número es indeterminado. La cronología. todos densamente apiñados. Es difícil no sentir una superioridad en esta situación.decir que el hombre está en el mundo desde mucho antes. pasearse solo por el cementerio. A sus pies yacen muchos desconocidos. aunque ciertamente es elevado. Los cementerios con lápidas bien antiguas. Siente aun más. según su capricho. Todos los siglos de los que conocemos la existencia son nuestros. Sólo él está erguido entre los yacentes. no sospecha el interés del que contempla el palmo de su vida. ¡Cuánto daría el muerto por estar aún al lado del observador! Hace doscientos años que murió: uno ha cumplido. que de otro modo sirve tan sólo para fi nes prácticos. . aun el hombre ingenuo la siente. sin embargo. El que yace bajo tierra. Gracias a tradiciones de todo tipo. sin embargo. continúa hasta él. para él. Uno se detiene pacientemente ante las borrosas inscripciones y no se mueve hasta descifrarlas. por decir así. que datan hasta del siglo XVIII o incluso del XVII. para el observador. tienen algo de enaltecedor. de pronto adquiere vida intensa y llena de sentido. doscientos años más que él. ha oído contar de él. La cronología.

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