You are on page 1of 5

La energía eléctrica llegó a la vereda Orejón, de Briceño, Antioquia, solo el año pasado.

DONJUAN logró acceder al lugar donde 425 personas están confinadas por un paro armado de la guerrilla y cerca de 360 minas antipersonales. Hace cuatro meses, el 19 de febrero de 2013, Yudy García Moreno, de 16 años, murió a tan solo 300 pasos de la escuela. Diez personas más quedaron heridas por el estallido. Ninguno de los jóvenes que sobrevivió a la explosión de la mina recuerda haber escuchado el estruendo. Aunque dicen que el estallido se alcanzó a oír hasta en los filos brumosos de la vereda contigua, Toto, un muchacho campesino de 15 años de edad, dice que el bombazo sonó muy poco, que se esparció por los aires coreado por un simple y suave ―¡tac!‖. Las diez personas que estaban arremolinadas en aquel punto, el 19 de febrero de 2013, a solo unos 300 pasos de la escuela de la vereda Orejón, de Briceño, volaron más de dos metros montaña abajo con la explosión. —Uno queda sonso como una gallina. La mina nos levantó. No quedó nadie, todo el mundo voló a la puta mierda. Cuando me desperté me mandé la mano a la cabeza y no vi sangre, al rato fue que se dieron cuenta de que tenía sangre por la espalda y por detrás de las piernas —dice Duván Hernández, un primo de Toto, señalando las cicatrices que se esparcen por su piel a manera de manchas rojas y sin forma. El estrépito los ensordeció. Eso dicen Toto y sus hermanos Sebastián, de 17 años, y Daisy, de 14. Ellos aseguran no haber escuchado nada. Por eso la sensación de silencio absoluto, por eso ese recuerdo de un seco y sucinto ―¡tac!‖. —Eso suena suavecito, uno se queda sordo un momentico y cae y se le van las luces y cuando vuelve y abre los ojos ya todo pasa —dice Daisy, cuatro meses después, sentada en el antejardín de su casa, sobre la cúspide de una montaña. Toto, Sebastián y Duván quedaron inconscientes. Los demás comenzaron a levantarse, asolados, prendiéndose de los matorrales del camino, por donde unos minutos más tarde, a eso de las 8.30 de la mañana, deberían pasar, en fila india, los niños de primaria, con sus botas de caucho, de camino a la escuela. Todos se fueron levantando menos Yudy García Moreno, una muchacha de 16 años que momentos antes de la explosión había dejado a su hijo de brazos en la casa de al lado, y que tras el estallido quedó acostada boca abajo, junto a las piedras manchadas de sangre, con el peso de las esquirlas arañándole la cara y el abdomen. A su lado quedó acostado el novio y papá de su hijo, Alejandro Hernández. —En ese momento ya iba subiendo un viaje de niños para la escuela. Yo quedé tan atolondrado que no me di cuenta de si esos niños se devolvieron para la casa o si siguieron derecho a estudiar. No sé. Pero donde hubieran estado ahí, le digo que la mina habría matado a más de veinte personas —dice Alejandro, mientras toma alientos para recordar aquella imagen de su novia que lo persigue desde entonces. —Yudy cayó cerquita de donde yo caí. Yo no podía moverme, yo estaba encalambrado. No podía hacer nada. Cuando vi que cogieron a Yudy, ella ya tenía la cabeza volteada y no le pude ver la cara. Entonces me llevaron cargado. Me ponían toallas higiénicas en las heridas, pero me seguía saliendo sangre. La noche anterior, en el mismo sitio, había estallado otra mina. Cerca de las 9.30 p. m. se sintió el cimbronazo. Hubo un ―booooooooommmmmm‖ y luego el monte quedó en silencio. Y co mo estaba oscuro, nadie en Orejón se atrevió a verificar si había muerto una vaca, un perro o algún vecino. Todo fue silencio hasta que le sonó el celular a Antonio*, un campesino de la zona. Al otro lado de la línea se escuchó la voz de un comandante de las Farc que le pedía que fuera a recoger a un guerrillero que había muerto instalando una mina, cerquita de la escuela. Pero Antonio se negó, muerto de miedo, y apagó las luces de su casa, temiendo una represalia. Y amaneció y así fue como Alejandro, Duván, Toto, Daisy y Yudy,con su bebé en brazos, llegaron, instados por las Farc, a ver qué podían hacer con el cadáver del guerrillero tirado sobre las piedras de esa especie de socavón abrupto, por donde luego debían pasar los niños. Pero nadie, por supuesto nadie, sabía que había otra mina instalada, y menos debajo de una piedra sobre la que Toto ya se había sentado. —Pasen tranquilos, que ya no hay más minas —dijo por teléfono un insurgente. ¿Entonces cómo fue que estalló? Hay varias teorías, según dice Alejandro varios meses después, desde Medellín, donde vive hoy en día. Como ningún campesino quería meterse en problemas ni con la guerrilla ni con el Ejército, un señor llamado Amado Suescún* trajo un cámara fotográfica –que en realidad es una tableta con cámara– para dejar registro del guerrillero fallecido. Más que entregar la imagen a las autoridades, los campesinos querían curarse en salud. Estaban entre la espada y la pared. —Algunas de esas minas no explotan si uno las pisa. Puede uno hasta dormir ahí encima y no le pasa nada. Se activan con una llamada a un celular o cuando uno prende un aparato electrónico, como un computador —reflexiona Duván. Amado intentó encender la cámara, pero no prendió.

El frente 36 de las Farc-Ep ha prohibido el tránsito de vehículos. Y mientras tanto qué. había ocurrido una tragedia muy similar causada también por una mina que explotó en un sendero que va del corregimiento de Pueblo Nuevo a la vereda El Pescado. Yudy. pero que no sabía nada ni de Arley ni de Diomedes. los heridos qué. de que Yudy no se movía ni respiraba. una obra que para el 2018. Y todos hablaban y nadie se atrevía a coger ese cuerpo ahí tirado y Amado por fin pudo prender la cámara y fue en ese momento cuando todo quedó blanco y se escuchó un ―¡tac!‖. pero pocos se atreven a ir a sus veredas. bramando de dolor. en una línea que serpentea las sinuosidades de la cordillera Occidental.20 de la noche. que ya es bastante decir. que mire ese cuerpo cómo quedó. en cambio. otra menor de edad llamada Yomis. Alejandro. todo achicharrado. que la guerrilla está llamando. Los hombres. Mientras se incorporaban. también está causando limitaciones a la movilidad. Pero aquel monumento de ingeniería en ciernes contrasta con las noticias provenientes de Briceño. junto con Yéison y Arley. No hace falta imaginar el . que cultiva por la zona. y pese a las gestiones de Santiago Londoño. el casco urbano del municipio. Aníbal Areíza. Aníbal fue a la vereda con el presentimiento a cuestas. Tres más quedaron heridos. El llanto del bebé de Yudy se escuchaba al fondo. que trabajan como hormigas en la construcción de la hidroeléctrica Ituango. mientras tanto los heridos qué. Diomedes. entre impávidos y espantados. en cambio —recuerda Sebastián— se hacían los valientes. de Briceño –veredas La Mina. Al patio de la casa de al lado. un hombre jovial de barriga salida. un muchacho que iba a cumplir 15 años de edad. La Calera y Orejón– estarían en situación de confinamiento desde enero. Tampoco es que sea tan fácil llegar a Briceño: la guerrilla ha quemado este año 12 buses de la empresa Coonorte. Pero más allá de los combates y del conflicto. poco a poco se dieron cuenta. con los pies ensangrentados. es porque ir significaría adentrarse en campos donde brotan. caos. Sebastián. la razón por la que a veredas como Orejón no han podido llegar funcionarios de la Gobernación de Antioquia ni de Naciones Unidas ni de la Presidencia ni de la Defensoría del Pueblo. dos compadres y compañeros de jornales de El Pescado. Duván. las minas antipersonales. como un carbón. se demoraría siete horas. caminando rengo. Además de la muerte de Yudy. mientras llamaban a Medellín para que mandaran un helicóptero porque ir montados sobre el lomo de una bestia por entre la trocha hasta Briceño. prefirió quedarse jugando al billar en Pueblo Nuevo. Y despertaron todos menos Yudy. el Ejército informó que no había condiciones de seguridad para que el helicóptero aterrizara. Todo estuvo en calma hasta las 9. el 14 de enero en la noche. Un paro armado que afecta la zona rural y cabecera municipal. llegaron en hombros los heridos: Daisy. Sin embargo. Durante las próximas ocho horas. un mes antes. El 1 de junio de 2013. secretario de Gobierno de Antioquia. hora en la que apareció Yéison. El 23 de mayo el batallón del Ejército Atanasio Girardot reportó en la vereda Buenavista la muerte de tres soldados que combatían con guerrilleros del frente 36. será la generadora de energía más grande de Colombia y que tendrá un costo de US$5. Amado y dos adultos más.000 personas. muy cerca de Orejón. que es donde vive Toto. que los niños ya vienen subiendo. pese a las súplicas que salían de la casa de Toto. se arriesgó a pasar por el camino faltando quince minutos para las seis.45 de la noche. que dónde está el Ejército. Y llegó y se sentó a esperar a los muchachos. se supone. gritando y diciendo que una mina había explotado. Es fácil llegar hasta el casco urbano del municipio. motocicletas y animales de carga‖. las mujeres también lloraban inconsolables. como si fueran matas perversamente sembradas. la Oficina para la Coordinación de Asuntos Humanitarios de las Naciones Unidas (Ocha) hizo una alerta que parecía más una reseña de un país en guerra: ―425 perso nas en el corregimiento de Pueblo Nuevo. Ese día la guerrilla avisó en El Pescado que después de las seis de la tarde nadie podía pasar. Y ni el Gobierno ni el Ejército saben dónde están. esas aguas que se han llenado de obreros y de maquinaria de las Empresas Públicas de Medellín.508 millones. la única que presta el servicio hasta Ituango. Y. habitadas por cerca de 20. paralelo a la vía. Por allí. Los más aliviados revoloteaban buscando gasas y costales para hacer camillas. muerta desde el momento de la explosión. permaneció acostada en aquel patio al descuido del sopor y de las moscas. pasa encañonado el río Cauca. mientras tanto. Eso decían. dando pasos de ciego hasta su casa –la única que se ve entre una amplia extensión de selva– por ese camino por el que todos los días tiene que pasar.. … BRICEÑO ES UN MUNICIPIO del Norte de Antioquia al que se llega por la misma carretera que va hacia Ituango.. El accidente ocurrió como a las 8. Y mientras tanto Yudy alcanzó a llevar a su bebé a la casa y volver. .De los celulares salían llamadas de aquí para allá.

hablan más que cualquier retórica: 21 campesinos heridos y cuatro muertos. listas para transportar a unos señores de Naciones Unidas. Yo era desesperado dándoles Ibuprofeno. Yéison se queda callado un rato. y que decidieron dejar de estudiar. Es que aquí no dentra cualquiera (sic) —añade.—Cuando llegó le dije angustiado. Algunos. Hay días que uno se hace solo 10. pedazos de ropa y calzado. —En un día uno se puede sacar 10 arrobas de hojas de coca. sin que ello lo hiciera necesariamente culpable. a las 9. como ocurre en otras zonas del país. O quebrado no. pero no pudimos encontrar un piecito y una mano —recuerda Aníbal aterrorizado. en un día dándole duro. En Briceño. por Dios. Tierra. . Cuando eran las once de la noche y veíamos que no llegaba. mientras que el Ejército registra un herido. ojos. Las nalgas. frotándose nuevamente las manos. Ayudas como mercados. Pero solo a las once de la mañana del día siguiente pudo aterrizar el helicóptero. Pero no como una gran revelación. Yéison Julián García es un muchacho de espalda fornida y ojos verdes. Yéison y Arley se acostaron en el corredor de la casa a retorcerse. Veinte minutos más tarde. es q ue era un muchacho trabajadorcito‖. ambos menores de edad–. incluso. Mientras avanzaban por entre las breñas iluminadas con linterna. sin poderlos tocar mucho porque a las minas a veces les echan veneno. Lo único que Yéison dice de Diomedes. que valen 60. ahora desde la calma. —Y claro. se ganan la vida raspando hoja de coca. quedarnos aquí. mientras que la onda explosiva desgarra los tejidos. Casi siempre salían juntos para las fincas vecinas a desyerbar y eso los hizo fraguar una amistad de hierro. Yéison y Arley habían llegado vivos y eso significaba alguna esperanza. lo dimos por muerto. piernas.000 pesos —había dicho el joven. Yéison. — ¿Qué hicieron mientras tanto? —Nada. quién los va a rescatar y qué tal si en el camino hay más bombas. esperando que no se fueran a morir. medicinas y demás son llevadas solo hasta el corregimiento de Pueblo Nuevo. un campesino de Orejón—. sino los civiles: once heridos y dos muertos –Yudy y Diomedes. —Diomedes no llegó. Yéison también se quedó sordo al momento del estallido y por eso no alcanzó a escuchar los quejidos. ―Me puse a trabajar y así me quedé‖. y se abrieron —cuenta Argemiro*. Era el efecto de las diminutas partículas de pólvora y metralla que les dragaba la piel. que queda a unas tres horas de Orejón. aunque malheridos. Los heridos por minas antipersonales sufren porque las ondas explosivas entierran pedazos sucios y contaminados de metal y plástico en sus cuerpos.000 pesos. despedazado. sino como algo que hacía parte de su cotidianidad. Aníbal y varios vecinos se llenaron de arrestos y se fueron en busca de Diomedes. Un repaso por los números que el Programa Presidencial para la Acción Integral contra Minas (Paicma) contabiliza desde el año 1990. siete soldados heridos y cuatro muertos. Allí pasaron la noche. causando quemaduras severas e irregulares. y ahí mismo se devolvieron. con Yéison y Arley detrás cargados en camillas. Echamos el cuerpo en la camilla. Pues. Eran cerca de la una de la mañana cuando llegaron a Pueblo Nuevo a tocar las puertas del centro de salud. órganos genitales. Luchando con Yéison y Arley. tronco y cabeza también resultan agujereados por las esquirlas. ―hombre. que dieron sus compañeros en medio de la oscuridad. —En estos días estábamos en el filo. La vida de Yéison es el espejo de la vida de otros jóvenes de su edad. tal vez ahogados. pero sin poderme mover de esta casa. será —responde. Ya no escucha por un oído. doblándolos del dolor. ahora qué vamos a hacer. casi invariablemente. a la media noche. Pero. Y yo no sé quién les dijo que por ahí estaba la guerrilla. Pero ¿y Diomedes? ¿Qué pasó con él? Don Aníbal se toma su tiempo para contestar. en el camino vimos a Diomedes. que están repartidos por las veredas vecinas. Antes de llegar hasta la casa de Yéison. brazos. haciéndolos pedir auxilio. pagaron los fletes. la amputación. Sin embargo. en medio del trance. Estaba todo quebrado. … EL DÍA DEL ACCIDENTE. Estudió hasta tercero de primaria. uno de ellos se atrevió a hablar de su vida como raspachín. que acaba de cumplir 18 años. dice mientras se frota nerviosamente sus protuberantes manos de labriego. hasta hoy. fragmentos óseos y esquirlas se internan en el miembro afectado para causar. en condiciones similares: encendido de dolor por las esquirlas roceadas en sus piernas y espalda. Lo que coja uno le envenena la sangre. en el momento en el que se dispone a contar qué fue de la suerte de Diomedes y de Arley el día del accidente. El recuerdo ya no le alcanza para saber en qué punto de su vida reflexionó que no quería ir a la escuela. Yéison gritaba que no lo dejaran morir. ¿quién va a venir hasta acá por ustedes?‖ —recuerda haber exclamado don Aníbal. Había nueve mulas ensilladas. los coagula. a la casa de Aníbal llegó Arley. un auxilio que no llegaría ni por migajas a esa hora y a ese lugar. —La soledad. este año la cuota de víctimas por minas no las ha puesto la Fuerza Pública.40 de la noche. — ¿Qué ha sido lo más duro de afrontar en estos meses? –le pregunto–. para llevárselos a Medellín.

Como la de si no viene profesor de bachillerato el año entrante. el mismo que lloraba ese día con el revuelo de los heridos. En el cerro El Capitán. sí. es decir. habrá que ponerse a ayudar en la casa. o trabajar en una finca. todos los días. alentado. ya va una vaca y un perro. cuando uno se va perdiendo más adentro en la manigua. sin puerta. ahora desocupada. contando que un día que no recuerda del año pasado. Sentados en una cafetería le cuento a Alejandro que estuve en Orejón. papel higiénico. con un pedacito de lápiz. porque de cuatro de la tarde a cinco de la mañana no pueden pasar‖. lejos —dijo otro niño de ojos achinados. —Una vaca apareció muerta en La Guinea. arrugado el ceño. por aquí no. en esa lejura. ya casi en ruinas. —¿Qué te han dicho sobre las minas? —Que uno tiene que irse por el camino seguro. a verse hasta la media noche cada una las telenovelas del momento. una muñeca y los tenis que curiosamente tiene puestos en la foto que en este momento vemos. en Orejón. con las paredes despintadas y cuarteadas por el moho. Apenas el año pasado EPM llevó la luz. de siete años de edad. alertó a la comunidad. Antes que seguir. —¿Por qué? ¿Por dónde estamos pasando hay minas? —le preguntamos a Checho. ni a los pozos a tomar agua. que ahora juega inquieto con un marcador metiéndoselo a la boca. pero prácticamente sí. por su parte. Como también dicen. Un planeta que duró treinta años pidiendo luz eléctrica y un camino carreteable. de todo. otro que se insinúa lejano y diminuto en el camino antes de Orejón. —En otro filo una bomba mató un perro. vio de camino a la escuela algo que su mamá ya le había advertido que podía ver. Checho*. y nadie pasa. su perfume. helado. Todos los niños que asisten a la escuela de Orejón. es como el oro. aceite y todo aquello que en Orejón. Y le digo a Alejandro que Briceño me pareció otro planeta. Mientras más se adentran los animales en el monte y mientras más se despide la luz del día. con una antena que se asomaba entre el matorral. Animales. que conocí y monté en la mula sobre la que Yudy recorría los circuitos de la vereda. Es un sendero estrecho y pedregoso –siempre en ascenso– por el que suben caballos y bestias acostumbradas a llevar sobre sus lomos arrobas de panela. la mula marrón a la que ella misma bautizó Tesoro. guerrilleros. lejos. Y le digo que allá. su hijo y el de Yudy. Mandan mensajes como que ―amarren los perros. O pedir un helicóptero y eso solo cuando el caso es de una mina. Ese día Federico se quedó quieto. se quedó Federico*. Un planeta. Alejandro fue a parar a un albergue en Medellín. Y la comunidad fue y miró y desde entonces nadie pasa por el camino. no meterse a las sombras. O casi nadie. pero adonde no volvió desde el año pasado el profesor de bachillerato. Si le dan ganas de orinar o de ensuciar. se devolvió como un espanto para la casa. en la escuela que queda cerca de donde estalló la mina. Con esa incertidumbre se estudia. no jugar en el camino. que la guerrilla avisa a los campesinos cuando van a instalar o activar las bombas. un gallo y una gallina. su cuerpo enjuto. campesinos. donde hay una docente para toda la primaria. un niño de 12 años que está en quinto de primaria y que también una vez se salvó de haber caído. le digo que estuve en su casa. —No. me cuenta que desde el día de la muerte de la mamá. Y con otras. parte de los dientes. un muchacho de 14 años que nos llevó hasta Orejón. le avisó a su mamá lo que había visto y ella. que es ese cerro que usted ve por allá. Sobre todo . están informados. iluminado apenas por un rumor de luna. —No podemos arrimarnos donde estallan las minas porque botan a la gente lejos. más crecen las advertencias de los campesinos. Cuando la vimos tenía mochada una pata. con sus botas para el pantano. Que lo vi ahí. le sigo diciendo a Alejandro –como si él ya no lo supiera–. … DESDE QUE MURIÓ YUDY y después de haberse recuperado de las heridas. Agitado y sudoroso. fue uno de los que dijeron que era mejor que no nos cogiera la noche.Alguien que encontramos en el camino nos contó que mucho menos han entrado periodistas. desyerbando. Y él. Era como una especie de radio. pero para donde ustedes van. Le cuento también que allá se quedó parte de la ropa de Yudy. el bebé comenzó a chupar dedo. unos cosméticos. soldados. El bebé. porque después hubo que matarla. de todo —dice Checho. o acudir a un curandero –un señor de Orejón que atiende desde diarreas hasta picaduras de culebras–. No murió. Es un niño de crespos que parecen bruñidos con escarcha. maíz. Un planeta con una escuela donde los niños no pueden salir mucho. sentado en su pupitre. Vea. de inmediato. Y por aquí no podemos andar de noche —dijo Checho. ya cumplió once meses. que intentaba responder en su cuaderno. aguantarse hasta la casa —contestó Federico. Eso cae de todo. también dicen que hay muchas minas. porque Diomedes pasó. no salirse del sendero. en el que si uno se enferma de urgencia tiene tres opciones: o ir en bestia tres horas hasta Pueblo Nuevo. Mocha una pata ya qué —continúa. Y es con ese dato que uno entiende por qué Toto se sienta como un poseso. la diferencia que hay entre un pollito. como Yéison en El Pescado.

Y fue así como. Algo así —dice. El problema es que por ese camino minado es por donde se sale de Orejón hacia El Pescado y de El Pescado hacia Pueblo Nuevo. Como la de Alejandro. Entonces muchos se han ido. No le salen. —Nada. hay sembradas unas 360 minas antipersonales. Alejandro quiere que sobre el mármol haya una foto y un mensaje para que Yudy sepa que ni el bebé ni él se acostumbran a vivir sin ella. El nombre de Yudy García Moreno. pero no a Toto ni a Yudy. lloviendo. Pero el hombre le hizo una evidente seña de que no le podía escuchar. con la amenaza de campos infestados de bombas. Alejandro se queda sin palabras. nacida el 23 de noviembre de 1996 y muerta el 19 de febrero de 2013.porque si se camina hacia la montaña de más arriba se entra en una cordillera en la que. la vamos a olvidar. sin importar el dejar sus casas clausuradas. mientras el helicóptero alzaba el vuelo. Y cuando el helicóptero por fin pudo tocar tierra. pero así mismo también se pueden morir.Fotografías: Juan Arredondo . Pero cuando llegamos al cementerio. eso está visto —contesta. nunca. en un acto valeroso que no tiene nombre. según ha dicho la guerrilla. En esas condiciones. con el cortejo fúnebre de Yudy atrás. adonde llegaron. que al principio no pudo aterrizar en el cafetal en el que debieron esperar bajo el rayo de sol. las llamadas desesperadas del secretario de Gobierno en las que decía que. la profesora de primaria. cargado en hombros sobre una camilla hecha de palos. —¿Ustedes saben la ubicación exacta? —le pregunté allá a uno de los tantos campesinos que salió al paso. nadie se atreve a cultivar la tierra. algo como que todavía la amamos. quedó inscrito en una lápida que se pierde en lo alto de una columna del cementerio San Pedro de Medellín. agarró al bebé y lo montó en una mula que desfiló lenta por la trocha durante más de siete horas hasta llegar a Briceño. Y entonces me pregunta. O sí pueden hacerlo. que nunca. Y a Pueblo Nuevo es donde llegan los víveres. enviaría por simple humanidad el helicóptero. ―Yo le gritaba al piloto que no me quería subir sin el cuerpo de Yudy y que tampoco me quería ir sin el niño‖. subieron a Alejandro y a otros cuatro heridos. cómo más se va a sentir uno. —¿Ustedes no se sienten abandonados? —le pregunto a Alejandro. —¿Me puede ayudar a pensar en algo bien bonito? No sé. ellos [–las Farc–] lo único que dicen es ―no pasen por tal zona‖. A la memoria de Alejandro viene el recuerdo de las ocho horas que estuvieron los heridos esperando el rescate. contra toda recomendación del Ejército. —Claro. Por: José Guarnizo Álvarez .

Related Interests