Las doce moradas del viento

Ursula Kroeber Le Guin

Colección Nebulae 68 y 69

Título original: The wind's twelve quarters

Traducción: María Elena Rius

© 1975 by Ursula K. Le Guin © 1985 by Edhasa

Revisión y compaginación de Sadrac El digitalizador original de cada relato se indica al final del mismo

Nota del editor digital

El presente libro no es una digitalización original sino que ha sido “armado” a partir del trabajo de varias personas, habiéndose agregado los relatos faltantes, el prólogo, las introducciones a cada cuento, etc.. Por lo tanto las traducciones de algunos de los relatos no concuerdan con las de la obra publicada por Edhasa, en este caso se hallan: El collar de Semley, Abril en París, La palabra que libera, Nueve vidas, Más vasto que los imperios y más lento, Dirección de la carretera, Los que se marchan de Omelas, y El día anterior a la revolución.

Índice
Nota del editor digital...................................................................................................3 Prólogo ........................................................................................................................5 El collar de Semley......................................................................................................8 Abril en Paris .............................................................................................................25 Los maestros.............................................................................................................37 La caja de la obscuridad ...........................................................................................53 La palabra que libera.................................................................................................61 El Poder de los Nombres ..........................................................................................67 El rey de Invierno ......................................................................................................76 El viaje.......................................................................................................................95 Nueve vidas.............................................................................................................102 Cosas ......................................................................................................................128 Un viaje a la cabeza ................................................................................................137 Más vasto que los imperios, y más lento.................................................................143 Las estrellas en la roca ...........................................................................................170 El campo de visión ..................................................................................................188 La dirección de la carretera .....................................................................................207 Los que se van de Omelas......................................................................................213 El día antes de la revolución ...................................................................................219

Hay uno viejo que dejé de lado porque no me gusta mucho.”. No he sido estricta en la cronología. pero todos me dieron la situación. ni la mayoría de los cuentos de los últimos años. La mayoría de los cuentos de este volumen están conectados con mis novelas. Así que le obedecí. Ya había concluido con Semley. luego quizá ser corregidos. y ¿qué fecha usar? Pero no hay alteraciones de peso..Prólogo Esta recopilación es lo que los pintores llaman una retrospectiva. ya que es imposible: los cuentos pueden escribirse un año. fue un regalo final. Aunque El collar de Semley constituye un cuento completo en sí mismo. publicarse dos o tres más tarde. fue el embrión de una novela. a los treinta y dos años. así como La palabra que desliga y El poder de los nombres. decía. un simple espectador que no se hundió obedientemente en la obscuridad cuando el relato hubo terminado. los que llamo psicomitos. de la novela por venir. cuentos más o menos surrealistas que comparten con la fantasía la cualidad de transcurrir fuera de la historia. Cosas apareció como El fin. fuera del tiempo. más tarde. No es de ninguna manera una colección completa de mis cuentos. no he incluido en este libro la ficción que no cabe en los apartados de literatura fantástica o ciencia ficción. pues las antologías en las que se publicaron por primera vez aún están en venta. “soy Rocannon. los dos últimos de este volumen aparecieron en 1973 y 1974. Quizá los coleccionistas tengan interés en saber que los títulos usados en este volumen son de mi propia elección. Quiero explorar mi mundo. una revisión cronológica aproximada de los cuentos que escribí en la década que siguió a mi irrupción en las letras de molde. Aquí están más o menos en el orden en que fueron escritos. No corresponden a ese esquema ni mis primeras fantasías ni.. Sin embargo. tarde pero sin miedo. en aquella región de la mente viviente que –sin invocar ningún concepto de inmortalidad– parece carecer en absoluto de límites espaciales y temporales. Es realmente imposible discutir con esta gente. El último cuento del libro no es embrionario sino otoñal. en el sentido de que corresponden más o menos al esquema más bien errático de “historias del futuro” que siguen todos mis libros de ciencia ficción. antes que el personaje. variando en algunos casos los de publicaciones previas: El collar de Semley apareció por primera vez como La dote de los Angyar (un error gramatical del editor. El campo de visión apareció como Campo de visión. pero un personaje secundario. que no hablaba el angyo con fluidez). continuó insistiendo: “Escribe mi historia”. El rey de Invierno fue otro de estos cuentos embrionarios. recibido con gratitud. de modo que el desarrollo de la artista puede constituir parte del interés. Los únicos cuentos que sufrieron un cambio más importante que el ocasional de una . Llegó después de la novela. La relación entre cuento corto y novela que hay en la mente de la escritora es muy interesante. de modo que los diecisiete relatos cubren los últimos diez o doce años.

Ursula Kroeber Le Guin . Más vasto que los imperios y más lento (un corte en las primeras páginas). Nueve vidas (ver la nota).palabra o una oración o la restitución de cortes y errores de las versiones publicadas. son: El rey de Invierno (ver la nota).

Ahora –por un instante me detengo antes de disiparme– toma. aquí estoy. desde la noche y la mañana y desde el cielo de los doce vientos. A. Habla ahora y te responderé. Housman Un muchacho de Shropshire . dime cómo ayudarte antes de que emprenda el interminable camino a las doce moradas del viento. la substancia de la vida para tejerme sopló hasta aquí. rápido.Desde lejos. mi mano y dime lo que escondes en el corazón. E.

al centelleo de una joya. como malas hierbas. No hay duda de que sigo siendo una romántica y eso me alegra. Traducido por Ana Goldar en El mundo de Rocannon. un explorador se halla con que sus propios hechos –realizados poco tiempo atrás– se han convertido en los gestos de una divinidad. publicado en 1964 como La dote de los Angyar y en 1966 como prólogo de mi novela El Mundo de Rocannon. penetrando luego en un espacio familiar. crecen la incertidumbre y la desproporción.FOMALHAUT II. al sólo entrevisto movimiento de un brazo de mujer. ¿Cómo distinguir la leyenda de los hechos en esos mundos tan alejados en el espacio y el tiempo? Planetas sin nombre. En el intento de relatar la historia de un hombre. veloces como la luz. 1982. un simple científico de la Liga. a su regreso. pero el candor y la inocencia de El collar de Semley se han convertido gradualmente en algo más fuerte. ramas y enredaderas hasta la repentina geometría brillante de una rueda o una pulida piedra. Y así se inicia: Area galáctíca 8. . que pocos años ha partiera hacia ese mundo sin nombre. donde el pasado es tema de mitos y. y en esa obscuridad. escrito en 1963. que escribí en 1972. Este cuento. ¿Cómo separar el hecho de la leyenda. mi estilo ha progresado. es en realidad el octavo que publiqué. más duro. y más complejo. Editorial Bruguera S. Lo irracional obscurece la brecha del tiempo que atraviesan las naves espaciales. el centelleo azul sólo entrevisto. al imposible titilar de una llama. a los que sus gentes llamaron simplemente El Mundo. cualquiera se siente como un arqueólogo entre ruinas milenarias. A. Desde este cuento hasta el último de la selección.El collar de Semley Semley's necklace. Formas de vida de elevado cociente de inteligencia. Contactos con las siguientes especies: . la realidad de la realidad? En el relato de Rocannon surge la joya. avanzando a través de densas marañas de hojas. Colección Naranja 6.. conocido apenas. flores. pero inicia este libro porque pienso que es el más característico y romántico de mis primeros trabajos fantásticos y de ciencia ficción. ©1963. que se presenta como un acceso luminoso a la obscuridad. planetas sin historia. alejándose lenta y continuamente del franco romanticismo. nº 62.

–Querría tener algún medio de saber quién es ella. diurnos.. Nivel E . y una cultura orientada tecnológicamente según la temprana edad del acero.Interrogante. El nivel tecnológico se ha elevado hasta el punto C durante la misión de la Liga de los años 252-254. Aún quedan algunas especies «no confirmadas» en esta lista. además de los trogloditas –dijo Ketho. b) Angyar.. individuos observados piel y cabellos claros. talla media 120 a 135 cm. piel obscura. trogloditas nocturnos. «hombres normales». levantando la vista del Manual abreviado de formas inteligentes de vida. de estructura comunal. telepatía parcial colonial. al menos ahora la conocemos a ella. antropoides. –Es la raza de ella –dijo Rocannon. La raza parece atecnológica y evasiva. B) Fiia (singular Fian): elevado cociente de inteligencia. su cabello brillaba con el puro e inmutable oro de los de su raza. En todo caso. tecnología bloqueada (Bronce) y cultura heroico-feudal. modificada por telepatía parcial colonial. muy altos. Se ha advertido un desdoblamiento social horizontal en dos subrazas: a) Olgyior. esta especie posee una aldea fortificada. observaba algo en una vitrina. inmóvil en el centro del amplio salón del museo: erguida. y por encima de todas sus carencias. Nivel C-Prima. aproximadamente 130 cm de talla. diurnos. con su corona de cabellos brillantes. Parece llegado el momento de enviar una misión investigadora más profunda. antropoides.. nunca ha habido contacto con ellas. antropoides. En el momento de establecerse el contacto. Especie II: Liuar (singular Liu): elevado cociente de inteligencia. se inclinaban ya en los tiempos en que ella no era más que una niña descalza que correteaba por las praderas. la luminosa y ardiente cabellera como un cometa. En el 254 un vehículo automático (desde Nueva Georgia del Sur y retorno) fue entregado a los oligarcas de la comunidad del Mar de Kirien. en general. cabellos obscuros. esquemas culturales mínimos y cambiantes. A su alrededor se movían cuatro pigmeos ansiosos y desagradables. estos cavernícolas poseían una sociedad oligárquica y estratificada con rigidez. a su paso.Especie 1: A) Gdemiar (singular Gdem): elevado cociente de inteligencia. sacudida por los duros vientos de . –Tampoco yo. –No sabía que en Fomalhaut II viviesen estos otros tipos. descendiente de los primeros reyes de los Angyar. con indicios de onda corta TK. Unos pocos contactos han señalado aldeas de grupos nómadas.. cabellos rubios. piel clara. Los diminutos Fiia. piel clara. elevada talla y cabellos rubios. cabellos obscuros. para mirar a la mujer de piel obscura. el director del museo. No sujetos a contribución. «señores». Provenía de una antigua familia. estatura media encima de los 170 cm. Sociedad constituida por clanes.

trenzaba el fuego de su cabello y sonreía a su joven esposo a través del espejo de plata de su habitación. cómo sus hijas se unían a hombres pobres.. contribución para la guerra que los Señores de las Estrellas sostenían con algún extraño enemigo. armas y espadas de plata. a menudo. desde que aparecieran los Señores de las Estrellas. Escasas podían ser las esperanzas para los Angyar de Hallan y para las Tierras del Oeste. monturas. recamado con mil menudos cristales. al oír sus risas mientras bebían vino amargo y jugueteaban en la fría. entre mestizos y hombres de casta inferior. el anciano ofrecía vino a Semley con su propia mano y hablaba de las cacerías con su sobrino y heredero Durhal. Ventanas sin cristales. si nacía una niña. Semley nunca mostró a su marido el descontento que la colmaba. joyas y alhajas sobre las que la joven esposa arrojaba miradas de envidia. En el cuarto puesto a partir del trono de Hallan Revel se sentaban Durhal y su esposa Semley. Porque a pesar de su dulzura para con ella. Y fue una niña y la llamaron Haldre. dentro de sus salones. El rostro del Señor de Hallan se ensombrecía al contemplar a la pareja de cabellos dorados. y ella temía ese desprecio. Los familiares lejanos de Durhal aún eran dueños de guardarropas suntuosos. cómo crecían sus hijos sin intervenir en una sola batalla. Ella nada había aportado como dote a su esposo: ni siquiera una horquilla de plata. de pie. al despertar. de piel blanca y cabellos obscuros. volviendo sus ojos hacia una diadema de perlas o un broche de oro cuando el dueño de la joya le cedía el paso como signo de deferencia por la alta alcurnia de su linaje y matrimonio.. constituían toda su riqueza.Kirien. Ellos habían bloqueado todos los antiguos caminos y se habían inmiscuido en las viejas guerras. Tierna era su edad cuando Durhal de Hallan la conoció. viendo cómo enmohecían sus espadas de doble filo. envolviendo a la joven pareja en una mirada de amor torvo y sin esperanzas. piedra desnuda en los pisos. El vestido de Los Mil Cristales estaba reservado para el día de la boda de su hija. «Será también vuestra. en su duro orgullo de señor. tampoco había comodidades. sin aportar la dote de un patrimonio heroico a un noble marido. se podía ver la nieve nocturna acumulada junto a las ventanas. lejos de las ruinosas torres y ventosos espacios de su niñez. el único oro que jamás poseería. ruinosa y antes resplandeciente fortaleza de su casta. Allí. La esposa de Durhal. mobiliarios de maderas doradas. aunque perdurara el esplendor. En . Durhal sólo abrigaba desprecio hacia la envidia y los deseos vanos. brilló como el oro inmutable. pero la última generación de los Angyar había permanecido inerte en su ociosa vergüenza. con sus casas que brincaban sobre pilares de fuego y sus tremendas armas que arrasaban montañas. incluso a los de baja cuna. descalza sobre el suelo helado. resultaba una vergüenza insoportable para los Angyar el tener que pagarles un tributo. Ese espejo y el traje de boda de su madre. durante la estación fría. cortejó y llevó consigo. y aunque los montos eran pequeños. esta guerra» decían. El propio rostro de Semley se endurecía a la vista del salón donde relampagueaba el brillo de las piedras preciosas en asientos muy por debajo del suyo. en algún lugar del espacio abismal entre las estrellas. hacia la alta casa de Hallan. tan cerca del señor de Hallan que. herencia de generaciones señoriales. y cuando el cabello creció en su cabecita obscura. junto a la montaña.

mientras contemplaba las verdes colinas donde el largo verano hacía soplar sus cálidos vientos incansables por entre los bosques y los caminos blancos. con lentitud. Mi bisabuela lo llevaba. sin duda podría obscurecer a cualquier otra aquí. Era un collar de oro con una piedra azul en el centro. . ¡toda la riqueza de un reino por una joya! Oh.cambio. –Fue comprado –prosiguió Semley– con todas las riquezas que mi antepasado Leynen obtuvo cuando se apoderó del sur de Fief. el cómputo típico de los hombres normales. Por ser ésta una boda entre parientes y la segunda para ambos. siempre me ha asegurado que los Fiia han de saber dónde está. habló con Durossa. ¿No son blancos. Sobre un asiento de piedra. se asemejan a los niños. mi padre me ha dicho que fue robado antes de que los Señores de las Estrellas llegasen a nuestros dominios. el verano de aquellos Angyar del norte. Durossa. sólo que más delgados y sensatos. creo. Estaba muy avanzada la estación cálida del año. –Mi familia fue dueña de un gran tesoro hace tiempo –le dijo–. pero se sentaba en el trono.. en Hallan. Gustan del Sol de los valles del sur. Semley y Durossa contemplaban los rayos de Sol desde una ventana alta de la Gran Torre. sabedora de toda clase de cuentos. aun a esos enormes cristales que lleva tu primo Issar. Para Semley. los Fiia! ¡Cuánto me gustaría verlos! –dijo Durossa–. no estaba segura del nombre. –¿Se asemejan a los gredosos? –A ésos no los conozco.. Durossa había sido otorgada en segundo matrimonio al Señor de Hallan. junto al anciano señor y gobernaba con él sus dominios.. pero su sangre era más antigua y más pura que la de cualquiera de los integrantes del grupo del noroeste. –¡Ah. aquél resultaba un calendario extraño. hasta alcanzar la lejana costa. se mantienen alejados de nosotros en el sur. dentro de su año de ochocientos días que inicia el ciclo de los meses en cada nuevo equinoccio. No. Durossa no recibía el título de Señora de Hallan –que Semley habría de ostentar algún día–. y deformes? Los Fiia son graciosos. en el apartamento de las mujeres casadas. que con tanta libertad se unían a los Olgyior. la hermana de Durhal. demasiado frías. –¿Tú nunca lo viste? –preguntó la mujer. quién lo robó y dónde lo oculta. lo llamaban Ojo del Mar. amaba a la joven esposa de éste y se deleitaba con la rubia Haldre. como los hombres normales. Viuda desde su juventud y sin hijos. pero una anciana de la casta común. si yo pudiera ir a una fiesta de Hallan y sentarme junto a mi marido con toda la riqueza de un reino en torno a mi cuello y eclipsar a las otras mujeres. Mayor que su hermano Durhal.. Me pregunto si sabrán dónde está el collar. Su familia se extinguía ahora. Era tan bello que le dieron un nombre propio. ¿Por qué nunca vendrán a las Tierras del Oeste? –Demasiado altas. Piensa. ¿un zafiro? Sonriente. El prefería no tocar el asunto. –Se perdió antes de que yo naciera. Conocen tantas canciones y leyendas. que era hermano del padre de ella. Durossa alzó los hombros. tal como ellas eclipsan a los hombres.

Pero cuando hubo pasado otra estación fría y hubieron regresado.. luego se inclinó a besar a su hija... a través de los campos de Kirien.. que brilla como una estrella fugaz. y cuando hubo pasado también otra estación cálida y Haldre ya había crecido hasta convertirse en una dulce y locuaz niña. a Kirien. que examinaba sus propios piececitos obscuros sobre una manta. y antes de que Durossa pudiese hablar ya marchaba. de piel a rayas. entre su madre y su tía. hasta la solana de Durossa. claras y vigorosas alas que se elevaban y caían a cada lado de Semley. la mujer de Durhal ha de remendar su vestido. cabalgando sobre escuálidas bestias con el viento del norte. al montar sobre la alta silla de su animal alado se sintió niña otra vez. Semley. pero su montura actual provenía de las montañas de Hallan. Vuestros primos de Harget Fief se han mofado de Durhal. una mañana. –¡Semley! ¿Sabe Durhal que partes? –Dile que el mío será un regreso feliz –respondió la joven Semley rompiendo en una breve risa gozosa. –Ten contigo a Haldre por unos pocos días. descubriendo y ocultando las nubes por encima y las colinas por debajo. ese mestizo. Las mujeres casadas de los Angyar jamás cabalgaban. sino por necesidad. –¿El orgullo de Durhal está en su mujer o en lo que ella lleva? Pero Semley no cambió su propósito. Y Semley. como la doncella indómita que había sido. en la Torre. descubriendo y ocultando. viendo las verdes colinas del verano que llegaban hasta el mar distante. una vez más. de modo que todos los Angyar se sintieron humillados hasta el límite de la rebeldía–. extremidades vivaces. En la tercera mañana arribó a Kirien y. sobre el suelo de piedra de la solana. ojos verdes. se detuvo en medio de las . –Los Señores de Hallan se han convertido en hombres pobres en su propia mansión. era de la mejor de las razas.. ligera como el viento. Traeré mi dote a mi señor. los Señores de las Estrellas para coger sus tributos por la guerra –y esta vez una pareja de gredosos enanos les servía de intérpretes. tal como una de mi estirpe debe hacerlo. ahora. ¡Esa bruja de pelo negro! Y en tanto. recia y lustrosa. incluso Parna. Durossa –pidió con calma. Semley. Semley la llevó consigo. se cree con derecho a atormentarlo porque su mujer tiene un edredón de raso para su lecho y unos pendientes de diamante y tres vestidos. y Semley no había salido de Hallan después de su matrimonio. penetrantes a pesar del viento. pero de prisa–. –¿Vas a ver a tu padre? –Hallaré mi herencia.Durossa inclinó el rostro hacia la niña. –Semley es una simple –murmuró a la niña–. una vez más.. voy a ir al sur. Semley lucía una vieja capa y una capucha cubría sus cabellos. la mujer de un hombre que no quiere más oro que el de ella. callaba.

he venido a buscar mi dote. pero la sonrisa de ella fue tan dulce que se sintió vencido. incurso distinguir con certeza a uno de otro era arduo. Pregúntale a los Fiia. Vete con ellos. Señora? Para . si quieres saberlo. –¿A qué has venido? –en tanto que sus ojos hinchados recorrían las paredes y el rostro de la joven. Su padre había estado bebiendo durante toda la noche y. y ella no sabía si siempre hablaba con el mismo interlocutor. Sigue tu camino. –¿Es verdad. la mata de fuego de su cabellera había desaparecido y sólo gruesas arrugas le cubrían el cráneo–. y los niños corrían y gritaban a su alrededor. conducida por todos. y se instaló en una de las luminosas casas. con enfado. Semley abandonó el antiguo hogar. rebosante de Sol. ésta es una plaza perdida. en grandes rebaños. Pero tuvo la sensación de que sólo uno de ellos le hablaba. en los sótanos. habitantes del Sol. porque los Fiia reían a cada palabra: era su actitud habitual. padre. Penetró en la aldea. luego de atravesar la aldea de hombres normales. Semley la Bella! Todos coreaban dulces nombres y ella los oía con placer. y al par que ella iba descendiendo. –Salud. ¿El joven de Hallan no se ha casado contigo y vienes aquí con tus lloros? –Soy la mujer de Durhal. Semley descendió por un valle de verde intenso. filtraba por entre las grietas de los techos. Marchaba hacia una colina escarpada.salas ruinosas. la luz del Sol. con la rienda entre las manos. Dama de los Vientos. Gris e hinchado. Señora de Kirien. Era difícil saber la edad de un Fian adulto. en el centro de la bienvenida. en tanto unos atendían su cabalgadura y otros le ofrecían agua y frutas de sus árboles. vacía. que la saludaron con hosco respeto. por un momento. –¡No han sido los Fiia quienes han robado el collar de los Señores de Kirien! – exclamaba el hombrecito–: ¿Qué podrían hacer los Fiia con el oro. Los hijos de Leynen han muerto todos. sin enfadarse por sus carcajadas. No hay espacio en Kirien para las muchachas. Con la rienda de su cabalgadura alada entre las manos. amigos de los hombres. y quisiera no haber nacido nunca. La presencia de su hija aumentó su disgusto. que los Fiia han sido los que robaron el collar. firme y erguida en su capa azul. En lo profundo del valle estaba asentada la aldea de los Fiia. como en días pasados. déjame solo aquí. tambaleante. gruñó una vez más. padre. las diminutas gentes corrían a su encuentro desde huertas y jardines riendo y nombrándola con sus finas vocecillas: –¡Salud. En los campos pacían las bestias aladas y semisalvajes. el Ojo del Mar? –¿Cómo puedo saberlo? Son viejas leyendas. sus riquezas han desaparecido. creo. porque se movían con la rapidez de una mariposa en torno de la luz. gentes blancas. Ebrio aún. Se detuvo. el oro y todo lo demás. Aquí ya es el fin. hablar y reír. Esa joya se perdió antes de nacer yo. esposa de Hallan. se volvió. Fiia. para ir a ocultarse de la luz del Sol. lo abrumaba. vuelve con tu marido. casi como un pordiosero en una casa ruinosa.

Y permanecía sentada. –No vayas al encuentro de los gredosos. dijo adiós en respuesta a los adioses. –En las montañas lejanas se separaron los Fiia y los Gdemiar. Las frutas amarillas. si es que allí estaba. comiendo sola en un claro de los montes sureños. pues. ellos lo son. alguno de los normales? –¿Cómo osaría hacerlo un normal? Ah. tal vez el que le hablara antes de la comida. aunque conservaba algo de su sabor primitivo: por un momento. todos los cuencos de agua clara estaban vacíos. Semley –le dijo. marchó sin compañía por las cavernas del mar. hacia las cavernas de las costas rocosas del Mar de Kirien. había obscurecido el aire que los rodeaba. El trayecto era largo. Lo que no somos. hace muchos años se separaron –dijo el pequeño hombre de los Fiia–. –¿Los gredosos? Un estallido de risa seca. poco a poco fueron desapareciendo. El Fian. Sólo los muertos saben cómo se ha perdido. con un lento vaivén de la mano por encima de sus ojos. tan complacidos con su donaire como ella lo estaba con su presencia. Fuera de la aldea Semley montó en su cabalgadura.nosotros brilla el Sol en la estación cálida y en la estación fría nos quedan los recuerdos de ese brillo. el amarillo de la cabellera de nuestra Señora de Kirien: no tenemos otro oro. Mucho antes de eso fuimos un solo pueblo. Restos de frutas llenaban las fuentes. cuando Kireley el Arrogante. Temía tener que penetrar en las cavernas para hallar a las gentes que buscaba: le habían dicho que los gredosos nunca salían fuera de sus grutas a la luz del Sol y que hasta recelaban de la luz de la Gran Estrella y de las lunas. las hojas amarillas de fin de estación. –¿Lo robó. una vez bajó a tierra. Señora de Kirien. oyó el tono apacible de una voz y le pareció haber visto el rostro de Durhal. y en el viento de la tarde se remontó hacia el sudoeste. El Fian se inclinó. Piensa que no todos los senderos que hay son buenos. De pronto estaba sola junto a la mesa con uno de ellos. Pero cuando la oyeron repetir su propósito de buscar la joya entre los gredosos. vívido y joven. ni ninguna de las siete castas. vuelto hacia ella a la luz de las antorchas de Hallan. ni el hombre. Semley la del cabello de Sol. soñando con que al regresar con toda la riqueza de un reino en tomo a su cuello le diría: «He . El pan estaba duro y reseco ahora y sabía a piel. –Siéntate con nosotros. viendo el rostro austero. Piensa en la luz del Sol y en la hierba y en los árboles que dan frutos. ni el Fian. Y se sentó a comer con los Fiia. Semley. con una sonrisa. bisabuelo de nuestra Semley. nerviosa. pero lo que nosotros somos. ellos no lo son. para que su cabalgadura cazara alguna alimaña mientras ella comía un trozo de pan de su alforja. cómo fue robada la joya ningún mortal lo sabe. tiempo ha. Pero quizá esté entre los Enemigos del Sol. y por un instante el corazón de la Señora de Hallan se estremeció. llegada desde el norte. dejaron de reír. ni el normal.

que se perdiera tiempo atrás. de pie. pero sus ojos no veían más que un cielo gris. con una suerte de ronroneo. Pero éstos son antiguos cuentos. contrahechos. sombría. obscureciendo la puesta de la Gran Estrella. que cesó en sus ronroneos. regresa a su hacedor –no era más que una conjetura. –¿Sois los gredosos? –Somos los Gdemiar. un mar gris. crispada la piel bajo la mano de su ama. de piedra la mirada. sal y noche. corría. que sacudió las orejas en tanto volvía a ronronear. que ella le dejó descender sobre la arena. –Porque las cosas perdidas se hallan en los lugares profundos –repuso Semley. luego otra. deslizándose sobre la arena. Yo soy Semley de Kirien. Semley. arenas obscuras. Luego.» Se apresuró luego. se ajustaba la capa en torno a los hombros. confiada en la protección que la bestia le brindaba. con los toscos pies descalzos inmóviles sobre la arena. –Salud. pero se mantenían apartados de su montura. Y fue exacta. ralos los cabellos negros. esposa de Durhal de Hallan. y oro que ha venido de la tierra tiene un medio de volver a ella. una sombra. –¿Por qué lo buscas aquí. se detenía. Desde el oeste se había elevado una brisa suave que viró luego para adquirir empuje. He venido hasta vosotros a buscar mi herencia. En silencio. Señores de la Noche. La montura de Semley luchaba contra el viento con tanto esfuerzo. se presentó una criatura baja. Desnudos. el collar llamado Ojo del Mar. Semley cogió las riendas. palmeando el pescuezo del animal. Semley no estaba segura de quién le había hablado. en un instante la rodearon todos. y en todo lo demás. el sonido del mar se amortiguó. Pero. Angya? Aquí sólo hallarás arena. No podía haber engaño: eran de la talla de los Fiia. El contacto tibio le reconfortó la mano. cubierto de jirones de nubes. una imagen negra de aquel pueblo risueño. Y aunque se hubiera dicho que no la habían advertido. las extrañas gentes la observaban. Los llamó en alta voz. hábil para las agudezas–. pero al alcanzar la costa el Sol se había ocultado. dicen..querido traer un regalo digno de mi marido.. Y la Gran Estrella se ponía también. Señor. –¿Podría escucharlos en el mismo lugar en que fueron narrados? El círculo de gentes obscuras guardó silencio por un instante. Angya. tal como le ocurriera con los Fiia. El viento gris barrió la arena. La bestia plegó sus alas y encogió las gráciles patas bajo el cuerpo. –Por cierto que conocemos el nombre de Ojo del Mar. el pueblo de los Señores de los Reinos de la Noche. Y a veces lo hecho. La voz profunda vibró otra vez: . como si dudara. por fin todo un grupo que se agazapaba. tiempo ha. la tez gris y viscosa como la de un gusano. La piedra azul procedía de los campos de arcilla de nuestros parientes del este. La voz tuvo una inesperada hondura y corrió pomposa a través del anochecer salino. pero temerosa de la ferocidad que podía manifestar. y vendido por nosotros a los Angyar. Fue hecho en nuestras cavernas.

–Aguardaremos. su montura se echó a su lado. La obscuridad del túnel se debilitó. Hubo como una asechanza en la voz. pero Semley no quiso oírla. con alguna vestidura sobre el tosco cuerpo gris. los ocho hombres gredosos se acuclillaron. uno de los gredosos dijo: –La bestia no debe entrar. otra más lejos y otra. Podrás penetrar en las Moradas Profundas. La puerta central resonó al abrirse. no la dejaré aquí. menor era el espacio entre una y otra bola de fuego y todo el túnel estaba iluminado con una luz brillante y fría. No os hará daño. habían llegado hasta el lugar donde pendía del techo una bola de tenue fuego blanco. llevando con la rienda corta a su cabalgadura de agudas garras. Tras un instante de duda avanzaron. –No –repitieron voces obscuras. y sus voces hondas murmuraban palabras en su propia lengua. tanta era la obscuridad bajo la piedra. una boca desdentada de la que surgían vahos fétidos. Tres puertas que parecían ser de acero bloqueaban el acceso a otras tantas vías. la boca de la cueva parecía haberse cerrado tras ellos. Semley la última. ¡Entra y contempla las maravillas de nuestras tierras. A medida que avanzaban. mientras yo sujete las riendas. Detrás de Semley. apareció en el vano de la puerta e hizo señas de que se adelantaran–. aunque sacudidas una y otra vez por un impulso de vuelo. y ocho de ellos permanecieron junto a ella en tanto otros tres abrían una de las puertas y la franqueaban antes de que cayera tras ellos con estrépito. como festones. negros gusanos larguísimos colgaban de las rocas. jactanciosa y resonante. –Sí –dijo Semley. Ante la boca de la caverna. Pero otras asintieron: –Como tú quieras. –Sí. –¡Dejad que Angya penetre en el Reino de la Noche! –gritó una nueva voz. con las alas plegadas.–Sí. No me pertenece. un hombre gredoso. en el túnel. Siguió a los gredosos por la arena. batiendo una y otra vez su cola a rayas. no puedo dejarla. Marchaban de uno en fondo. Entre ellas. Señora de los Angyar. Firme y erguida se mantuvo la hija de los Angyar bajo la descolorida luz de las lámparas. Angya –dijeron. los prodigios realizados por las manos de los Señores de la Noche! . Síguenos. Los guías de Semley se detuvieron. –No –repuso todo el grupo.

Se produjo un ruido estridente. –He venido hasta vosotros para buscar el tesoro perdido de mi familia. El carro se detuvo. Semley tiró de las riendas e inclinó la cabeza para seguir a su nuevo guía por un pasaje de poquísima altura. que nunca conociera la luz del Sol. –Mucho es lo que se dice allí donde el Sol centellea. Otro túnel iluminado se abría delante. botas flexibles. tras ajustar barras y ruedas. Busco el botín de Leynen. los muros corrían a cada lado. Semley penetró en el carro e hizo que su montura la acompañara. serviles enanas siempre apresuradas. el chirrido agudo y la vibración de los metales. estaban desnudas. Semley siguió a su guía por gradas de basalto hasta una vasta antesala y luego a una más vasta cámara. En las paredes. Cuando hubieron llegado frente a un grupo de gredosos que lucían diademas de acero sobre sus cabellos. Lo que vio. paredes húmedas. No pregunto cómo se ha perdido el collar ni cómo ha vuelto a vosotros. sin volver la cabeza ni a derecha ni a izquierda. lo vio sin observar. y los globos de fuego se convirtieron en un trazo de luz y el aire fétido y cálido era un viento que sacudía la capucha de la mujer. se dice. Semley. erosionada en la roca por el agua de los siglos o tal vez por los excavadores gredosos. el eco intermitente. El gredoso se sentó frente a ella. –Y las palabras son llevadas por el viento. deslumbrantes bajo la luz blanca. De todo ello la roca devolvía. Más y más veloces cada vez. estaba iluminado con el misterioso brillo frío de los globos de fuego. señora de Hallan –esta vez logró determinar quién le había hablado: un individuo más bajo que los otros. grandes paletas metálicas giraban y giraban para remover el aire viciado. sus artífices de antaño. aunque las pocas mujeres que se dejaban ver. –En otro tiempo lo tuvisteis. y luego los muros del túnel comenzaron a deslizarse. –Así nos lo han dicho nuestros mensajeros. hasta donde llegaba la vista. Sobre las barras se apoyaba una especie de carro de ruedas metálicas. . Señores del Reino de las Tinieblas –dijo en tono solemne–. el Ojo del Mar –su voz sonaba débil en medio del estrépito. allí donde el viento sopla. avanzó por donde la conducían. sin trazas de vacilación o asombro en el rostro. el guía se detuvo y con voz profunda anunció: –¡Los excelsos Señores de Gdemiar! Eran siete y todos le habían clavado los ojos con tal arrogancia pintada en sus grises rostros terrosos que ella sintió deseos de reír.Silenciosa. aquel ámbito. En la enorme sala cerrada zumbaban las voces graves de los gredosos. una y otra vez. Obediente a los gestos del guía. No poseemos lo que buscas. Sobre el suelo dos barras de acero pulido se extendían a cada lado. tras amplias rejas. que apenas si le llegaría al pecho y lucía un resto fiero en el rostro–. túnicas con capucha. La mayoría de los hombres eran soldados que portaban armas parecidas a los terribles lanzarayos de los Señores de las Estrellas. el rechinar de metal sobre metal. si bien Semley pudo advertir que se trataba de simples garrotes de metal. Allí los gredosos cubrían sus rollizos cuerpos con prendas similares a las de los Señores de las Estrellas amplios pantalones.

Pues bien. a los Campos de Arcilla. No podemos hacer otra cosa. a Hul-Orren. los Gdemiar! Vuestros jefes vienen aquí. a Roohan. el carro que se impulsa a sí mismo. Pero ahora tú estás aquí. no. ¿qué nos darías? –Mi gratitud. podrás observar algunas de las maravillas infinitas de nuestra raza: las luces que arden por siempre. ¿qué significa para nosotros tu agradecimiento? –Esto lo debéis contestar vosotros –repuso Semley–. en otro lugar. Y tenlo presente: ¡nosotros. Vosotros no lo poseéis. entre el temor y el enojo demasiado tiempo reprimidos. Ellos nos favorecen tal como nosotros los favorecemos. Todos la contemplaban con asombro maligno. Angya. compran sus espadas y se alejan sin mirar ni comprender. murmurando: –Tranquilízate.Esas son viejas historias. antiguas habladurías. La bestia alada se agitaba. Repentinamente Semley estuvo rodeada de centenares de opacas cabezas negras. con hosco sentimiento. Sólo intento encontrarlo ahora. pues. las máquinas que hacen nuestras ropas y cuecen nuestros alimentos y purifican nuestro aire y nos sirven en todo. Señor. contéstala. pues. a todas vuestras mansiones. Señores de la Noche. los Gdemiar. –No está aquí. –Se ha dicho: los Angyar toman. . Y permaneció firme y bella. el silencio se adensó. para ayudarlos a entenderse con vosotros. te llevaremos hasta donde está el tesoro –una vez más le había hablado el gredoso de la cara blanca y diadema de acero–. la evitaron. ¿Pero quién fabrica vuestras espadas de acero brillante? ¡Nosotros. podrás mirar. los Gdemiar dan y toman. los Fiia dan. excepto un pequeño espacio cercano a la Señora de Hallan. Perteneces a una raza que no lo comprenderá. Los Señores a quienes los orgullosos Angyar pagáis tributo son nuestros amigos. Te he hecho mi pregunta. –Angya. no sabes cuánto. a menos que cuentes con nuestra ayuda. no yo. sonriente entre ellos. –Está donde tú no puedes llegar. grande es el favor que pides. crecía con rapidez y sin ruidos. porque sólo os cuidáis de cabalgar en los vientos. y sus ojos se dilataban como cuando un animal de su especie se veía obligado a volar de noche. os lo pido en mí condición de huésped vuestra. –Escucha. Si hiciéramos esto por ti. Debes saber que todas estas cosas están más allá de tu entendimiento. Por un instante los siete se agruparon para hablar y callar luego.. Una muchedumbre se agrupaba en torno a ellos. pero quizá sepáis dónde está. no puedes comprenderlo. hasta que se cubrió de gente todo el suelo de la caverna resonante. de levantar cosechas. mi valiente señor del viento. pelear a espada y vocear juntos. –Estará.. Semley acarició la tibia piel de la cabeza. somos amigos de aquellos a los que llamáis Señores de las Estrellas! Con ellos hemos ido a Hallan. –Ayudadme. Las miradas la buscaron.

un gredoso introdujo una larga aguja en la corva dorada de la bestia. manos y pies. Debes partir sola. se sometió. –Será prolongado. un grupo de hombres cogió a la bestia dormida para llevársela. Habrás cabalgado en una bestia aérea mucho mayor cuando vuelvas a ver esta tuya. aun cuando no estaba cierta de ello. hasta donde están quienes ahora lo poseen. –Oh. muy estrecho y claro. –¿Cuán largo será el viaje. todo. De lo ocurrido en las horas siguientes Semley no podría dar cuenta. por completo sombría y la obscuridad estaba poblada de raras alimañas. estrépito. –¿He muerto? –preguntó Semley.Deberás venir con nosotros en demanda del collar. sonido. Y cerró los ojos ante tal visión. Hubo un instante en que el carro rodó por una caverna estrecha. Más tarde vio cómo una aguja se introducía en su propio brazo. feliz. . y siempre más cavernas. Pero había más túneles a recorrer. la oprimía. los gritos roncos. y vio grandes bandadas frente a las luces del carro. quedó dormido. Pero los gredosos estaban aún junto a ella y la hacían penetrar en otro carro o en otra cueva. Hubo un estruendo y luego un hondo silencio. confusión. porque no se sintió adormecida. no. Señora. Otra aguja penetró en sus carnes y le dijeron que tendría que dejarse atar en una especie de silla plana: ligaduras en la cabeza. Pero al ver que sus cuatro acompañantes gredosos se dejaban atar. La bestia alada no podrá acompañarte. Mientras ella acariciaba la cabeza de su cabalgadura. sorpresa. y feas caras y retumbantes voces graves. pero el animal se agitó apenas y luego. –Dormirá hasta tu regreso. Semley estuvo a punto de gritar. después de las enormes cavernas húmedas y de la noche iluminada de estrellas. elevó la vista. un peso enorme. hasta que por fin llegaron al aire libre. hacia las estrellas y la única luna resplandeciente. comprobó que no tenían alas y que eran ciegas. la pequeña Heliki que brillaba en el oeste. Viajó en carros que atravesaban puertas de hierro innumerables cavernas abovedadas. ¿Podréis cuidaros de mi montura por esta noche? Ningún daño debe ocurrirle. cuando pudo verlas a la débil luz blanca. –No lo permitiré –dijo Semley. no estaba cierta. Señor? El gredoso apretó los labios con fuerza. –Sí. Era un espacio pequeño. luego desapareció todo: peso. Aunque no haya de durar más que una larga noche. Con claras muestras de miedo. Todo era prisa. En seguida –los labios grises se distendieron. Señora –respondió una voz desagradable. lleno de diminutas luces temblorosas. entre ronroneos. invisible. –Agradezco vuestra cortesía. más cuerpos grises. Quedaron solos. Oyó sus chillidos. Era noche cerrada. quizá para probar su valor. ¿No preguntas adónde te llevaremos? –¿Podremos emprender ya ese viaje? Quisiera no faltar por mucho tiempo de mi hogar.

Permítenos tan sólo tocar tu cabello.. con la cabeza doblada y los ojos cerrados.. . de hecho. aun antes de tomar contacto con todas las especies inteligentes. ¿o era bruma. al menos ahora sabemos a qué raza pertenece. Sus ligaduras habían desaparecido y dio un brinco: no tenía peso ni cuerpo. jamás. había visto tan bello tipo alienígena. –No te haremos daño –dijo la voz o varias de ellas–. le habían dicho. especializado en formas de vida inteligentes.. Se sintió como una mera ráfaga de terror en el viento. pero Rocannon asintió con sobriedad. Luego quisieron tocarle las manos. inclinada sobre ella. Sacudió su cabeza. y se ruborizó.. cuando ella volvió su espléndido rostro. le hizo una profunda reverencia. Gdemiar de por medio. a los centaurianos siempre les han gustado los cavernícolas nocturnos. se resistía al empleo de tales palabras–. y uno. pero tienen el grado C entre nuestros aliados. estos trogloditas. No son hermosos. –Vaya.. Muy larga. una gran boca sumida. Busca algo que tenemos aquí. –Querría tener el medio de saber quién es –murmuró el director–. ojos como piedras. pero cayó desfallecida. inmóvil. –Parecen tenerle un temor respetuoso.Al abrir los ojos entrevió una cara blanca. Cuando la luz se tornó dorada. los gredosos retrocedieron. lleno de escrúpulos. hasta plantar un rodilla en tierra. Me pregunto por qué la Comisión los escogió a ellos para el plan de desarrollo. jamás había visto ninguna mujer tan bella. los pies y los brazos. –No te hemos hecho daño. Señora –le dijeron. Creo que aquí tenemos la especie II. –Preferiría hablarle sin estos trog.. Sentada. Cuando se lo ordenaron. como exoetnólogo. sonriente. Pero no hay manera – Rocannon se encaminó hacia los visitantes y. Fuera de su única ventana se extendía una noche total. nada afecto a las hipérboles. Y. o nada? Una larga noche. Apuesto a que lo decidieron los de Centauro. ni aquí ni en Nueva Georgia del Sur. volvió a tenderse en la silla y a dejarse atar. –Bien –dijo Rocannon–.. déjanos tocarlo. en cierto modo. El carro tembló un tanto. a través de la ventana. ¿No es lo que han dicho los trogloditas? –No los llames trogloditas –observó Rocannon. en dieciocho años. Parece una diosa –el rubor le cubrió ahora la calva. la garganta: saltó entonces en pie. porque Ketho era un hombre tímido. hubiera querido llorar ante aquel espectáculo. soportó el contacto de las gruesas manos grises sobre su cabello. y mostró los dientes. en el museo.. –¿Tú no? Ketho contempló a la mujer una vez más.

puede que ella esté prisionera. con un enorme zafiro azul engastado en el centro. tuvimos que dejarles comprar la nave con que han venido. Los pigmeos le deben estar manifestando mera cortesía.? ¿Puedes disponer de las piezas. déjame consultar el catálogo. en carácter de . ¿En qué podemos complacer a la Señora nosotros. porque la consideran superior. –¿Qué collar? –preguntó el científico. una AD-4.Era lo que él denominaba un «gesto de acercamiento intercultural» y lo ejecutaba con cierta gracia. Rocannon enarcó las cejas. –Pero se diría que piensan que la joya pertenece a esta mujer y no a ellos o a nosotros.. ¿Cómo podemos saber. Todos los objetos de la sala Exótica están. una pieza única. Es el collar Fomalhaut. que sabía de viajes espaciales–. –Ha dicho: Señores de las Estrellas. tesoro de sus ancestros remotos. estas especies no han sido estudiadas bien. El collar fue parte del pago. a pesar de las apariencias. que sea un señuelo. Ketho? –Veamos. Rocannon. señaló el centro de una vitrina que exhibía una pieza magnífica: una cadena de amarillo oro.. macizo pero delicado en su orfebrería. o no le habrían dedicado tanto tiempo a esta diligencia. –Bueno. Ha de ser importante. Al parecer estos tipos tienen la obsesión de los negocios. Gdemiar. –¿De dónde salió esta pieza. La mujer. lo que sean. ahora están adiestrados en la rama industrial. sin duda –contestó el etnólogo. Gracias. ni el Manual ni la Guía me dan datos suficientes para una estimación correcta. sí. bueno. Mucho. Fue hecho por ellos. técnicamente. –Ha dicho que. este tesoro es mío.. por favor. la voz de la mujer se deslizó como una brisa de plata.. Está claro que. sonriente. Señor de las Estrellas» –gruñó uno de los pigmeos. –Apostaría a que ya no pueden hacer esta clase de trabajo. Cuando se irguió. Ketho? –Oh. en su monserga galáctica. –Varios años. –Salud. La joven sonrió a los dos hombres y volvió a hablarles. –Ha dicho «salud. Salió de estos trog. Joven y Anciano. que le había comprendido. Aquí lo tengo. Aquí está. mucho tiempo atrás. Señora de los Angyar –respondió Rocannon–. O. le devolváis su collar. O quizá los deseos de ella sean órdenes. la mujer habló. mientras Ketho murmuraba sobre su hombro: –Tiene buen gusto. O quizá una guerra interracial dependa del maldito zafiro. los del museo? Tras los gruñidos del troglodita. Habitantes de la Casa de los Tesoros. No muchos. El intervalo objetivo entre Fomalhaut y aquí debe de ser considerable.

. Semley la Bella. La mujer inclinó la cabeza en un saludo hacia Ketho y Rocannon. Paz. entre sonrisas. por un instante. Había pagado por el collar. de un mito trágico. hasta que llega la Guerra.. quiero llegar pronto junto a Durhal... Dásela tú. Semley la del Collar.. a medida que el viento despejaba la obscuridad de sus pensamientos–. Me pregunto.préstamo. Pocas veces ha habido negativas. antes que nada. –comenzó Rocannon. donde la roca la aplastaba. Los gredosos se habían plegado a su deseo y también lo hablan hecho los Señores de las Estrellas.. en aquel terrible lugar al que la llevaran los gredosos. aclarándose la garganta–. tras una larga pausa. y volaba en un suave viento sureño. . Me pregunto cuál es su nombre. no son de nuestra propiedad. un gran placer. el pasado era pasado. a través del cielo brillante. me encuentro con estas gentes de mundos que conocemos tan poco. la tendió hacia Rocannon–. siento como si transitara por el margen de una leyenda.. hacia Hallan. se volvió hacia la espléndida alienígena con el manojo de fuego azul y oro.. rápido –le decía. en un principio. Semley la Dorada. luego... –A veces siento. Ahora el animal estaba restablecido. Su montura alada se había deslizado fuera de una gran caja. tal vez. bien.. –A veces siento. –Rápido. Pero su mente estaba lejos. cuando. –Entonces creo que es mejor que se lo entregues. las voces retumbaban y las grises manos se tendían a. –Es un privilegio –dijo. Ella no alzó las manos para cogerlo. y abriendo la vitrina cogió la gruesa cadena de oro... Y la piedra azul. Pero aún no había podido desechar el sentimiento opresivo de aquellas cavernas que la rodearon. Ketho sonrió. tímido. que no alcanzo a comprender. delectación y gratitud que Rocannon enmudeció y el director murmuró en su propia lengua: –Es un placer. refulgió en las manos del científico. con los ojos como velados y la piel escarchada. Refulgía como una brasa en torno a su garganta broncíneo dorada. Parecía tan llena de orgullo. Le habían hablado y le habían devuelto con alegría su tesoro. Ya era suficiente.. –Sí –dijo el director. la ciudad que estaba al término de la noche. sino que inclinó la cabeza y él deslizó el collar sobre sus cabellos.. –¿Qué? –preguntó Ketho con voz ronca. al abandonar las cuevas de los Gdemiar no había querido volar. ya que estas reclamaciones se han producido siempre. La cuenta estaba saldada.. luego se volvió hacia sus guardias (¿o captores?) y envolviéndose en la capa azul atravesó el salón y se marchó. Ahora le pertenecía... a veces.

fue muerto en una batalla hace siete años. donde los bosques prosperan. la esposa de Durhal. Los Señores de las Estrellas jamás regresaron. Entramos en guerra con las Castas del Este. Semley quedó petrificada. Semley se encaminó hacia la escalinata de la Torre. doncella? Soy Semley.. veloces. –He traído mi presente a mi marido Durhal.Y volaron. ¿O habían sido los Fiia con sus extrañas artes? Luego Durossa dejó de llorar y dio un paso atrás. por su aspecto. ¿Dónde está él? –Durhal ha muerto. La niña la observaba con extrañeza. sollozante. Señora». Pero una anciana le salió al encuentro. Tan joven como en el día en que te marchaste. Se mantuvo silenciosa y sin moverse durante todo el tiempo en que Durossa. el Señor de Hallan. le preguntaba si era verdad que los Gredosos la habían capturado y la habían puesto bajo hechizo por todos esos largos años. Ya las cavernas de los gredosos no eran más que una pesadilla lejana. Semley. con los Angyar de Log y con Hul-Orren. Nadie acudía. mi hermano Durhal. se inclinaron. entre abrazos y sollozos. –Tu marido. estaban a mil pasos de Hallan y atravesaron el Puente del Precipicio. y dio un paso atrás. –¿Quién eres tú. ¿Estarían cenando en el Gran Salón? El silencio era agobiante. Durante la lucha Durhal cayó herido por la lanza de un normal. nueve años después de tu partida. donde llegaron al atardecer del segundo día. hallarse sola en presencia de Durhal necesitaba el apoyo de Durossa. Semley permaneció de pie en la ruinosa sala dorada. Señora? –Soy Durossa. porque su cuerpo tenía poca protección. .. se precipitó hacia la Torre. Yace sepultado en los campos cercanos al pantano de Orren. de regreso a Hallan. –¿Me conoces. murmurando «sí. –¡Oh. –Aún estás joven. En la sala de entrada detuvo a una joven que pasaba. parienta cercana de Durhal. ¿Le dirás a la Señora Durossa que he regresado? Porque temía entrar y. una joven bellísima. Y llevas el collar en tu cuello. Semley! Jamás había visto a aquella mujer de cabellos grises. aunque Semley no lograba recordar su nombre. Tras unos momentos. Semley. quizá. atravesando el piso de piedra. sin dejar de admirar la mágica joya que lucía en tomo a su garganta. Semley. en el portal. y su espíritu ninguna. los guardias. En la luz dorada del crepúsculo desmontó en las cuadras y caminó entre las rígidas estatuas de los antepasados heroicos. con los brazos abiertos.

por el puente y la escalinata. –Es tuyo. De pie junto a Durossa. que cayó sobre la piedra con un frío y musical sonido–. no quitaba sus ojos profundos de aquella Semley que era su madre y tenía su misma edad. ¡Para Durhal y para Haldre lo he traído desde el fin de una larga noche! –Semley gritó estas palabras en tanto se arrancaba la pesada cadena. Edición digital de Sadrac .Semley giró sobre sí misma. su belleza. Tómalo. –¡Aguarda. –Allí lo buscaré. sólo que Semley era apenas más alta y lucía la piedra azul en su pecho. una joven de tal vez diecinueve años. ¡Es tuyo. Le entregaré mi dote. con los mismos ojos azules obscuros de Durhal. precipitándose en el bosque de la ladera montañosa. Haldre! –gritó una vez más. a la que había preguntado por Durossa. Iguales eran sus años. tu hija! ¡Aquí está. sus cabellos de oro. Haldre la Bella! Era la joven con la que ya había hablado. Agitada por el llanto se volvió y se alejó de Hallan. Semley! ¡La hija de Durhal. pues –dijo mientras cubría con la mano la cadena de oro–.

la calefacción se apagaba el 1 de abril. y lo habían recompensado con una licencia de un año sin enseñar. ese día era 2 de abril. cuando escribí un Origen-de-la-vidasobre-la-Tierra para Astounding que. El doctor Pennywither se hundió en el desánimo. posiblemente. que es la meta del artista. A los doce años tuve la satisfacción de recibir una auténtica comunicación impresa de rechazo. Publicaron algunas poesías. ©1962. Centro Editor de América Latina. Tenía demasiado frío. Miraba su libro con aversión. fue rechazado (John Campbell y yo nunca concordamos). el hecho de recibir una paga implica que tu trabajo va a circular. Traducido por Elvio Gandolfo en Cuentos de ciencia ficción contemporáneos Tomo 1: Estados Unidos. un profesional es alguien que recibe una paga por hacer lo que un aficionado hace por amor. Abril en París fue la primera de mis obras que formó parte de un “género” (fantasía reconocible o ciencia ficción) desde 1942. sombría y no apartaba los ojos de la mesa que estaba ante él. Le estoy agradecida por haberme abierto las puertas. y él había publicado. Pero en una economía de dinero como la nuestra. y era la editora más perceptiva y emprendedora que jamás haya tenido una revista de ciencia ficción. Celle Goldsmith Lalli fue quien compró este cuento en 1962. Biblioteca Básica Universal 165. 1981. inconcebiblemente. inciertas y cerniéndose en el crepúsculo. y después se estremeció. Si el doctor Pennywither alzaba un poco la cabeza podía ver desde su ventana las dos torres cuadradas de Notre Dame de Paris. El “profesionalismo” no es una virtud. El profesor Barry Pennywither estaba sentado en una buhardilla fría. sin paga. Gracias a él había ganado un año en París: publicar o morir. pero fue a los treinta que empecé a mandar ficción sistemáticamente. me enseñó a leer. pero a los treinta y dos tuve la satisfacción de recibir un cheque. El Munson . El pan había sido su cena. Los dos estaban secos. Aunque los departamentos de los pisos inferiores de la antigua casa eran bastante elegantes. es como una pequeña barcaza remolcada río abajo detrás de la Isla de la Cité. Sistemáticamente me la iban devolviendo. sobre la que descansaban un libro y una cáscara de pan. cansado de tener una hermana de cinco años analfabeta. es la manera de comunicarse. y había cellisca. donde el vivía. pasara lo que pasara. Este es el primer cuento que me pagaron. dijo el decano de Facultades. el libro el trabajo de toda su vida. tan cercanas que casi podían tocarse. El doctor Pennywither suspiró. el segundo que publiqué y. que lo van a leer. Pero no alzó la cabeza. porque la Isla de Saint Louis.Abril en Paris April in Paris. Hago poesía y ficción desde que mi hermano Ted. el trigésimo o cuadragésimo que escribí. donde se yergue Notre Dame. Alrededor de los veinte empecé a mandar cosas a los editores. Las grandes torres se hundieron en la obscuridad.

Se levantó y quitó la frazada de la cama. respecto a la misteriosa desaparición del poeta François Villon en 1463? A nadie. sobre la mesa. el delincuente juvenil más grande de todos los tiempos. tampoco. había un trozo de queso y un libro enorme. Cerca. El encendedor chasqueó en vano. a leer manuscritos del siglo XV en la Biblioteca. Nada salía bien. ni siquiera el doctor Pennywither. y se puso en pie de un salto agitando los brazos locamente. llenó el encendedor. mal pago. Y su trabajo lo tenía enfermo. a ver florecer los castaños a lo largo de las avenidas. manuscrito. Así que con sus trabajosos ahorros había regresado a París. sobre una pequeña estufa de hierro hervía a fuego lento un pequeño alambique. y lo hizo chasquear. de las muñecas en adelante. El fluido se había desparramado un poco. Su autor lo miraba con aversión. Pero no había funcionado. era sólo una teoría y no podría demostrarse nunca. se levantó. Suspiró una vez más. con cerrojos de hierro. ¿Y además qué importaba si Villon murió en la horca de Montfaucon o (como pensaba Pennywither) en un burdel de Lyon en camino a Italia? A nadie le importaba. se sentó así abrigado ante la mesa. ¿Por qué iba a hacerlo? Un pedante asocial. Tenía cuarenta años. absolutamente seguro. La cellisca agostaría las flores en capullo de los castaños. No podía demostrarse nada. –Soy poco realista –dijo en voz alta con otro suspiro y otro escalofrío. A través de la ventana que estaba tras él las dos torres cuadradas de Notre Dame se erguían en el ocaso primaveral. ¿A quién le importaba su teoría. El encendedor se encendió. alto. Porque después de todo su Teoría sobre el pobre Villon. ¿Qué pasaba si su teoría estaba equivocada? ¿Qué pasaba si el agua era el elemento primordial? ¿Cómo puede uno demostrar algo semejante? ¡Tiene que haber algún modo. con llamas azules saltando de sus nudillos. gritando «¡Demonios!» y encolerizado con el Destino.College no podía permitirse pagar a profesores que no enseñaban. Jehan Lenoir acercaba su silla con un movimiento mecánico hacia la estufa de vez en cuando. El libro se llamaba (en latín) De la Primacía del Elemento Fuego sobre los Otros Tres Elementos. «¡Demonios!» dijo al fin (en francés medieval tardío). la Teoría Pennywither. tomó una lata de maloliente fluido francés para encendedores. en busca de calor. Ya nadie amaba lo suficiente a Villon. pero su mente estaba concentrada en problemas más profundos. se sentó. Frente a él. en un cuarto frío. sentado a solas en un desván sin calefacción de una vivienda sin restaurar tratando de escribir otro libro ilegible. se envolvió en ella. soltero. ¿Qué sentido tenía todo? Eran las 08:12 de la noche del 2 de abril de 1961. no a través de un abismo de quinientos años. Un hombre estaba sentado con los hombros encorvados ante una mesa. a vivir otra vez como un estudiante en una buhardilla. cerró el libro de un golpe y se levantó. y trató de encender un Gauloise Bleue. se envolvió otra vez en su capullo. demasiado viejo para buhardillas solitarias. y también el doctor Pennywither. algún método para estar seguro. Nadie amaba al doctor Pennywither. de un solo hecho! Pero cada . –¡Demonios! –exclamó. un par de centímetros.

cerca de la mesa. iluminada sólo por las azules llamas vacilantes de sus garras feroces. negra e informe. Aunque la habitación estaba cubierta de polvo y desordenada. mirando por la ventana hacia la obscuridad donde uno ahora sólo podía adivinar las dos torres cuadradas. Recorrió más rápido las últimas palabras. tomó la tiza y trazó una pulcra estrella de cinco puntas en el piso. desde la que surgía un seco sonido traqueteante. Pero encogida contra la puerta se veía una pequeña criatura. se armaba un enredo monstruoso. después alzó el libro y empezó a leer con voz clara pero tímida: –Haere. preparó lo necesario: sulfuro. Era grueso y marrón y se titulaba Incantatoria Magna. y sea como fuere nadie leería su libro. su puerta. ¿Sobre su mesa? Un manuscrito invalorable proveniente del año 1407. furioso. y las Autoridades se oponían. –¡Muy bien! –le dijo al Destino–.. del que existía una sola copia indemne en la Biblioteca Ambrosiana de Milán. la puerta. ni siquiera los miserables pedantes de la Sorbona. Era un encantamiento largo. dos o tres docenas de montones de libros increíbles encuadernados en cuero. con la boca muy abierta. plata. pero era racional. Se encogió de hombros. Su ventana. y en su mayor parte insensato. Entonces hizo una pausa. su pequeño banco de trabajo se veía ordenado y bien dispuesto. Observó una estufa. Después lo miró con más atención. Un vigilante pasó abajo dando la hora en voz alta.. Barry Pennywither no era un hombre muy valiente. Barry Pennywither pudo controlarse al fin y apagar el fuego enterrando las manos en los pliegues de la frazada con la que estaba envuelto. los ojos clavados en la figura enorme. La boca se le fue abriendo lentamente. si no había aprendido nada. volvió a sentarse. Ileso pero perturbado. –Esto es ridículo –murmuró. Pronto estuvo listo. las ocho de una noche límpida y fría. sacó de un tirón un volumen de debajo de uno de ellos (rayando el cuero y lastimándose los nudillos cuando los infolios de encima cayeron en avalancha). así que tomaré lo que necesito! Se dirigió a uno de los montones de libros que cubrían la mayor parte del piso. Después. ¿Qué sentido tenía? ¿Qué había de bueno en esa vida pasada en la pobreza y la soledad. lo depositó con violencia sobre la mesa y empezó a estudiar una de sus páginas. informe que estaba parada dentro de la estrella. ondulantes. Pensó que había enloquecido. aburrido y molesto. simplemente adivinado y teorizado? Se paseó por la buhardilla. Miró lentamente a su alrededor. Su voz se apagó.hecho llevaba a otros. haere.. y después cayó hacia atrás contra la puerta.. audi me. Olfateaban herejía. Ya no era delgado y gris y llevaba como título Los últimos años de Villon: investigación de posibilidades. y después se quedó inmóvil. tiza. y por lo tanto dijo con bastante firmeza: . cerró el libro. Todo estaba tan inmóvil que pudo oír cómo el agua del Sena lamía las orillas. Miró su libro. aún con una decidida y fría expresión rebelde. el banco de trabajo de un químico. Se quedó de pie. la ventana. frunció el entrecejo. ¡Perfecto! ¡No me has dado nada.

aunque había una diferencia de casi treinta centímetros entre ambos. hereje. se crispó. dando un vistazo hacia la invisible Notre Dame. –A mí también –dijo el huésped. –¿Qué está haciendo usted en mi cuarto? Hubo una pausa.. entonces puedo conquistar a la propia Naturaleza. pero en un inglés perfecto –no. en un francés perfecto– no. puedo obrar un milagro! Al diablo con la ciencia entonces. en un francés bastante extraño: –Mais vous estes de Dieu –dijo. y la criatura alzó un rostro muy humano y contestó con voz humilde: –Jehan Lenoir. –miró a Barry con los ojos ardientes–. –Este es mi cuarto –dijo al fin. ¡Por Dios. soy algo peor que eso! ¡Soy un hechicero. –¿Usted es doctor? Lenoir asintió. de licencia en París para proseguir mis estudios de francés medieval tar. A modo de experimento. –Barry A. Soy profesor de francés en el Munson College de Indiana.. Barry se irguió y la escrutó. en toda su estatura de un metro sesenta. pero en realidad no parecía triunfante–. –¿Quién es usted? –Lenoir alzó una mirada desafiante hacia Barry. el profesor hizo la Señal de la Cruz. ¡Ja! –dijo.–¿Es usted el diablo? La criatura se estremeció y traqueteó.. Jehan el negro! La magia funciona. –¿Quién es usted? –preguntó. ¿En qué año . Ante esto la criatura se crispó. ¿verdad? Entonces la ciencia es una pérdida de tiempo. un mago negro. ¡Ya no! Me llaman idiota. paseándose de aquí para allá entre los infolios. acababa de tomar conciencia del tipo de acento que tenía Lenoir–. Sí. con orgullo. Barry paseó la mirada por los libros y alambiques que lo rodeaban. –se detuvo. Hubo otra pausa. Lenoir dejó de estar de rodillas y se irguió. yo lo traje aquí.. no retrocedió. Toda su actitud había cambiado. aunque con gran cortesía. Me gustaría que no hubiese funcionado –dijo con más calma. Después dijo algo con voz débil. Pennywither. –Sí. soy doctor –dijo–. Yo era científico. –¿Entonces cómo llegué aquí? –Yo lo traje. ¡Si la Naturaleza no quiere cederme el conocimiento.

Lenoir. pero nuevo. Escuche. encuadernada en suave y flexible piel de becerro.. con la cortesía espléndida aunque abstraída del erudito pobre–: ¿Le cansó el viaje? Tengo pan y queso. alerta. Lenoir era un hombrecito delgado. con las letras doradas refulgentes. Lenoir. aquí y allá. vivaz. Descuidado. Luis XI. –¿Entonces usted es un hombre? –Sí. –Es evidente –dijo el alquimista–. La vieja araña mugrienta. su encantamiento. –Luis es rey –dijo–. –¿Es inglés? –los ojos de Lenoir ardieron–. Soy de Norteamérica.estamos? ¿En qué siglo? Por favor. creo que usted. pero sabía que no se trataba de un espejismo. y Barry saltó. aunque pálido y enjuto: inteligente. su cuarto. Vengo de. Estaban sentados a la mesa masticando pan y queso. ¿por qué? Por el conocimiento. y agregó.. Sonaba tonto. Clavó el cuchillo un centímetro en la madera de la mesa. ¡Harto! Hace veinte años que soy esclavo de la soledad. hemos aprendido un poco... Y la copia de Albertus Magnus que estaba junto a su rodilla era nueva... Para aprender algunos de los secretos de la Naturaleza. Tenía un rostro magnífico. Lenoir se encogió de hombros. . Se quedaron mirándose el uno al otro como indios de madera durante cierto tiempo. si quiere hacerme el honor de compartirlos. y él era un hombre modesto. Al principio Lenoir intentó explicar por qué había probado con la magia negra. No pueden aprenderse. A Barry le recordaba el rostro de un famoso físico atómico.. ¿Quién gobierna este país? –gritó Barry. Por alguna razón la semejanza lo impulsó a decir: –Algunos sí. doctor Lenoir.. No con cinco siglos de edad. con el movimiento típico de un francés (hay cosas que nunca cambian). ¿Usted es francés? –No. Y allí estaba Lenoir con su manto negro. El cuarto en el que se encontraban. los significados de las palabras cambian tanto como su pronunciación–. en casa.. No. ¿Es usted un mugriento anglo? –No. –Estaba harto –dijo–. pero evidentemente apasionado. Lenoir fue el primero en hablar. –el francés parecía confundido.. –Le ruego que se siente. de su futuro. señor –estaba diciendo Lenoir. tiene que haber chapuceado un poco.. Del siglo veinte después de Cristo –Barry se ruborizó. cuya fotografía había aparecido en los diarios hasta 1953.. no de traje. se veía nuevo.

maestro mío –exclamó–.. no creo. La vela parpadeó. La hulla y el diamante son carbón. –¡Oh. y reapareció poco más tarde con una botella. una alta figura envuelta en una frazada marrón. estoy agotado –dijo Barry–. su voz se . no soy científico. se sentía demasiado agradecido y tal vez también demasiado cansado como para discutir. ¿Conoce el nombre del poeta François Villon? –Sí –dijo Lenoir con cierta sorpresa–. pero ellos hacen diamantes. –Puede. Será mejor que me envíe de vuelta. no en latín.. después de que bebieron una copa juntos Lenoir dijo–: Si pudiese devolverle el favor. pero sólo escribía basuras en francés. –Jehan. sus gargantas estaban secas. Lenoir se abalanzó fuera. –¿Cómo? –Con carbón. con los ojos en llamas. con una pandilla de malhechores como él. ahorcado aquí en Montfaucon.–¿Qué? –dijo el alquimista. sabe. el cuchillo en la mano. a la noche. un buen año. el mismo elemento. El alquimista era demasiado cortés. –¿Puede hacer oro? –sonreía mientras preguntaba. sí. y el vigilante había dado las tres de una madrugada límpida y fría. –Adieu –dijo Lenoir con tristeza.. Lenoir empezó a leer el encantamiento hacia atrás. –Bueno. según creo. Dos horas después. Barry se paró rígidamente dentro de la estrella de cinco puntas. fumando un Gauloise Bleue. yo no soy. –¿Sabe cómo o cuándo murió? –Oh. –¿Elemento? –Como le decía. pero curioso. entiende... una vez que le arrancó a Barry hasta la última gota de los restos del curso de química de la facultad. –No. entiende: sometida a mucho calor y presión. –¿Cuál es el elemento primordial? –gritó Lenoir. hulla. escéptico. –Au revoir –contestó Barry. pensar que le ofrecí sólo pan y queso! –era un agradable burgundy.. cosecha 1477. en el 64 o el 65. –Hay unos cien elementos –dijo Barry fríamente. ocultando su alarma. ¿Por qué? Dos horas después la botella estaba vacía.

la vela que palidecía. Al ver los libros impresos los ojos de Lenoir refulgieron de curiosidad... yo también. ¿Cómo pasó esto. ¡Escuche. fumó el otro cigarrillo. suspiró.. Sin pactos firmados con sangre. me quedé sentado y gemí durante una hora. los estantes de libros.dulcificó: –Me audi. –No sé –dijo Barry–. a este cuarto. Dos hombres que vivieron en este cuarto. durante un par de horas. –Amigo mío –dijo–. los alambiques. volvió a encender la vela.. un verdadero amigo. La catedral se veía como siempre. Durmió.... después golpeó el libro abierto con los puños y dijo–: Y un amigo como ese. Mire. horriblemente antiguo.. Jehan? –Haga de cuenta que está en su casa –dijo Lenoir con un gesto elegante que abarcó el cuarto. Después del desayuno (costras de pan y cáscaras de queso) salieron y subieron a la torre sur. ¿Puedo vivir con usted. –¿Se quedará? –Sí. gris sobre gris.. y alzó los ojos. haere. pero el panorama le provocó una fuerte impresión a Barry. Fumó uno de los cigarrillos que le había dejado Barry: se había aficionado al tabaco en seguida. No demonios. ¿Qué puedo hacer con lo que he aprendido? ¿Quién me creería? ¿Cómo puedo probarlo? ¿Y a quién demonios podría decírselo en todo caso? ¿A quién le importa? No podía dormir. Cuando despertó caviló un momento.. –¡Pero aprendí tan poco! –exclamó Lenoir dirigiéndose al cuarto vacío. regresé allí. Al otro lado de la ventana. por estar con él. y un reloj de oro–.. sabe. Lo que veía era un pueblito. –Oh. varios libros. Dos . después de todo? Que los dos seamos hombres. La vela parpadeó. saliendo con rapidez de la estrella de cinco puntas y estrechando la mano de Lenoir–. Jehan! Pero antiguo.. exhibió ocho paquetes de Gauloises. Podría venderlo por un buen precio – explicó–. usted dijo que vendería el alma.. Era el amanecer del 3 de abril. traje esto: por si usted me invocaba –avergonzado. haere. después abrió el Incantatoria y empezó a leer en voz alta: –Haere. Sabía que los francos en billetes no servirían de mucho.. se alzaban las dos grandes torres de Notre Dame. este mismo cuarto. sentado ante la mesa.. gracias a Dios –dijo Barry... Lo desentrañaremos más tarde.. Pensé: Dios mío. La estrella de cinco puntas estaba vacía. pero siguió inmóvil. aunque más limpia que en 1961. usted no estaba allí. haere –leyó. Pero no lo hicimos. ¿qué he hecho? Vendería mi alma por regresar.

. –Bueno. que ya había visto el panorama. después del almuerzo discutían la electricidad. Sabían que no harían nada con lo que cada uno había aprendido del otro. Al principio Barry se ponía un poco nervioso en las calles atestadas de gente. A Montmartre. sobre la ribera derecha se amontonaban más casas dentro de un muro fortificado. empezaron a despertar. La vida de ambos pronto se asentó en una serena rutina. la fisiología. –Vamos a festejar –dijo–. sobre la ribera izquierda unas pocas calles sinuosas rodeaban el colegio superior. y otras cuestiones en las que estaba interesado Lenoir. 1881– y movió la cabeza en un sabio movimiento afirmativo. En realidad nunca habían esperado que les prestaran atención. –Supongo que nunca pensaste mucho en el matrimonio. pero Barry nunca había valorado mucho la comodidad. Una vez que compraron una cama y una navaja –Barry había olvidado la suya– y que lo presentaron al dueño de casa como M. Eran perfectamente felices.. por lo general sin éxito. Así que eran felices por primera vez en sus vidas. y llevaban a cabo pequeños experimentos químicos y anatómicos. miró la inscripción –Hamilton Bros. New Haven. . y eso era todo. ¿eh?. quedó resuelto todo lo que tenía que ver con la vida doméstica. y el comprador. y parecía irrelevante.. después de la cena simplemente hablaban. Sencillamente habían deseado aprender. salgamos al campo. lo único que lo denunciaba como extraño era la altura. Iremos allí –señaló una verde colina brumosa sobre la cual apenas se veían un molino de viento y unas pocas chozas–. no –contestó su amigo. y el reloj aún debe de estar allí. o visitando a diversos poetas menores en los que estaba interesado Barry. un chambelán de la Corte que buscaba un regalo espléndido para obsequiarle al rey. El nivel de vida era bajo y los piojos inevitables. Las palomas arrullaban en la piedra calentada por el Sol. Hace dos años que no me muevo de la ciudad. estoy en las órdenes menores. en verdad. ¿verdad? –dijo Barry una noche. lo suficiente como para vivir durante un año. ¿En 1961 cómo podría Barry probar su conocimiento del París antiguo. en su amistad. en el cuarto en penumbras con la ventana abierta sobre la noche primaveral. Barrie. El reloj de Barry rindió un precio tremendo: cuatro piezas de oro. lo único que extrañaba realmente era el café en el desayuno. Después de dos semanas era como si se hubieran conocido de toda la vida. Por desgracia fue encerrado en una de las mazmorras del Rey Luis por cortesanos perversos de Tours antes de que presentara el obsequio. entre las gárgolas. tan felices. Charlas tranquilas. Es decir. detrás de un ladrillo de las ruinas de Plessis. Lenoir. me dijeron que hay buenas tabernas.. Lo vendieron como una asombrosa y nueva máquina para medir el tiempo que provenía de Iliria.. pero esto no perturbó a los dos eruditos. Probablemente fuera el hombre más alto en la Francia del siglo quince. Por las mañanas vagaban contemplando la Bastilla y las iglesias. un primo de Lenoir que venía de Auvernia. que ciertos deseos antes siempre subyugados al deseo del conocimiento.islas pequeñas cubiertas de casas. estaba tallando la fecha (en números romanos) sobre un parapeto. la teoría atómica. vacilante–. Pero en un manto negro que le sobraba a Lenoir. interminables. en 1482 cómo podría Lenoir probar la validez del método científico? No les molestaba. que recorrían los siglos pero siempre terminaban allí.

–Oye. domine. le puso la capa sobre los hombros. –Invoquemos una mujer. Al parecer era esclava en la servidumbre del subprefecto de Galia del norte. y ni siquiera sabía quien era emperador de Roma en su época. aullando. y trazaron una estrella de cinco puntas. murmurando. en mis tiempos. toma mi capa –dijo Barry. .–Y costoso. piel blanca y claros ojos grises. lascivo. dijo Lenoir con desprecio. aterrorizantes. Y lo era: una bárbara ignorante. Hubo una ráfaga de aire frío. –¡Latín! –gritó Lenoir–. y en la otra. Las mujeres norteamericanas son unas criaturas tan condenadamente equilibradas y eficientes y encantadoras. para festejar la disección exitosa del sistema nervioso central de una rana embarazada. Realmente bárbara. amos míos? –preguntó con timidez pero sin malhumor. Cuando la convencieron de que no soñaba. –¿Lo es? Lo era. y en la estrella de cinco puntas apareció un ser de ojos enloquecidos y largo cabello negro. sonriendo como una gárgola. desnudo por completo.. Esa noche no hablaron más sobre mujeres. Leyó las últimas palabras. como escarabajos. por Dios –dijo Barry. bebieron dos botellas de Montrachet del 74 y se emborracharon. Además. ¿Una mujer que habla latín? Le llevó más tiempo a él recobrarse de esa conmoción que a Bota superar la suya. ninguna mujer que se respetara quería compartir el tipo de vida que llevo. porque ahora el pobre ser estaba con la boca abierta y temblando. taciturna. –¿Debo servirles. Pero sí lo hicieron en la siguiente. con olor a pantano. que vivía en la isla más pequeña de la barrosa ciudad isleña llamada Lutecia. –Haere. haere –empezó Lenoir. supuso evidentemente que aquello era alguna broma de su amo extranjero y todopoderoso. –Mujer. La habían despertado de un sueño profundo. Hablaba el latín con un fuerte acento celta. mirando a uno y a otro. lo reemplazó Barry. con los dientes picados –dijo Lenoir hoscamente. –Y las mujeres de aquí son chiquitas y morenas. Jehan –dijo Barry en tono bajo. y en la próxima. y aceptó la situación sin más trámites. el subprefecto. –Gratias ago. cuando le dio hipo.. humilde y de pelo enredado. Ella se la acomodó con un movimiento mecánico. –¿Y si esta vez hacemos que se alce un demonio? –¿Hay realmente mucha diferencia? Rieron como locos.

y sumergido en la conversación con la persona sentada al pie de la cama. nuevamente con suavidad. En una breve semana floreció. El cachorro ladró. ¿La apago? Por dos sueldos adicionales al año el dueño de casa les permitió usar la despensa como segundo dormitorio. Lenoir estaba sentado en la cama. sabiendo lo que pasaría.. El placer que sentían empapaba a Lenoir con olas de júbilo protector.» Jolie se acostó. pero ahora sin timidez. yo dormiré en la despensa –y se fue. y Lenoir dormía ahora otra vez solo en la habitación principal de la buhardilla. –Te estás transformando en una parisiense hecha y derecha –oyó que la acusaba Barry una noche (las paredes del altillo eran delgadas). y agregó en francés.. abrió el libro. loco de alivio. Alrededor de la medianoche. tratada siempre como mujer pero nunca como ser humano.–A mí no –gruñó Lenoir. Bota alzó los ojos hacia Barry.. Observaba el idilio de su amigo con un interés meditabundo. después se adelantó con timidez. después de mordisquear una costra de pan. y pocos romanos. ningún galo. se levantó y preparó sin hacer ruido las pizcas de sulfuro y plata. alzó la cabeza hacia él con ojos líquidos y dejó escapar un gemido modesto. siempre temerosa. . Dupont. cuando todo estaba en silencio. Al salir de su despensa-dormitorio-cuarto-de-luna-de-miel por la mañana. siempre sola. 36 rue de Seine. El perrito le lamió las manos y saltó alrededor de él. Lenoir se incorporó en su catre y caviló. Ella contestó: –Si supieras lo que es para mí no estar siempre defendiéndome. mimando a un cachorro blanco. Leyó con mucha suavidad el encantamiento. ningún romano le había hablado nunca con tal bondad. Barry se detuvo en seco en el umbral. una pelirroja vestida de plata. –Su lámpara –(era una vela. Lenoir dijo: –¡Buenos días! La mujer sonrió maravillosamente. En el interior de la estrella apareció un perrito blanco. Y el alquimista abrió el libro otra vez y leyó. Ningún galo. pero ella nunca había visto una vela)– está casi consumida –dijo–. revelando bajo su suave pasividad una naturaleza alegre. nada celoso. Se asustó y dejó caer la cola. trazó la estrella de cinco puntas. dirigiéndose a Barry–: Adelante. París VIé. Un cachorro perdido. olfateó la mano de Lenoir. En el collar de cuero blanco tenía una plaquita de plata grabada: «Jolie. inteligente. se reanimó. sin miedo. se enroscó debajo de la silla de Lenoir. Lenoir lo acarició.. tenían una estatura tan magnífica. Bota había llevado una vida brutal. Su rostro se veía preocupado. El profesor y la muchacha esclava se amaban con delectación y ternura. suplicante.

Lo detestaba.–Por todos los santos –murmuró Barry (en inglés). su acento francés era peor que el de un estudiante de primer año consagrado al fútbol–. –Oiga. Intenté explicárselo a Jehan anoche. Pozo 4. Jehan! –lo acusó Barry–. después dijo–: Buenos días. –Kislk –dijo ella. sabes. con una mirada larga. para nosotros. señora. quince mil años de historia registrada? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Y de dónde vino ese condenado cachorro? –El cachorro estaba perdido –dijo Lenoir.. saludables y hermosos. y exitosos... no. y saludables. ese único encantamiento. Hemos sido muy afortunados. Isla 2. ¿De cuándo es usted? El efecto era el que provocaría Rita Hayworth. como es lógico sólo lo conocemos por inscripciones. ¿Por qué ese estúpido encantamiento antiguo funciona para Jehan. –¡Fue peligroso intentarlo otra vez. Jehan me lo explicó todo. creo. dentro de tres mil años –rió con su risa maravillosa.. Estaba excavando en las ruinas de París III. Nuestras profesiones y la proporción de éxito son preplanificados para nosotros en los . tal vez? –De Altair. el trabajo. con su rostro moreno muy grave–. –Pero después de todo estás jugando con magia negra... y agresivos. entienden. –¿De Altair? ¿La estrella? Pero usted es humana. en la Île Saint-Louis. serena–. ocho. Kislk –dijo Barry sin un sólo tropiezo–. y yo lo odiaba. en ninguna otra parte. No tenemos emplomaduras en los dientes. también con gravedad–. otros de piel dorada. Era un hermoso día de primavera. Escuche no conozco su nombre. El día. para nadie más en cinco. Afortunados no. en el emplazamiento de una casa.. Sector D. Soy arqueóloga. –No –dijo el francés–. Pero todos hermosos. –Nuestro planeta fue colonizado por la Tierra hace unos cuatro mil años. la gente que me rodeaba –miró otra vez al enjuto y pequeño alquimista. Algunos de nosotros somos morenos. como parecemos estar haciendo? –Nunca he visto u oído hablar de un caso de magia certificado. Somos todos muy altos.. es decir.. Todos los cráneos de Norteamérica Primitiva tienen emplomaduras en los dientes. no. Lamento hablar tan mal el idioma. y aquí.. con una sonrisa aún más maravillosa... En algún lugar cercano a esta casa. sublimada: ¿Hayworth más la Mona Lisa. y miró a Lenoir–. otros blancos. –¿Entonces qué ocurre? –rugió Barry–. a unos siete mil años de ahora –dijo ella.. y bien adaptados.. Hemos mejorado la raza. pero sigo confundida. –Y yo estaba clasificando fragmentos de vasijas –dijo Kislk. la ciencia de ustedes debe de estar fantásticamente adelantada: ¿existe algún tipo de magia? ¿Existe o no? ¿Pueden las leyes de la Naturaleza quebrarse realmente.

la soledad es más fuerte. y sobre las riberas del río florecían los castaños. Edición digital de urijenny . todos extraños a mí por dentro. la gente viva. –Kislk no conoce el latín –dijo Lenoir con inmensa satisfacción–. Ahora he conocido a un hombre vivo que es más bajo que yo. Era abril en París. la esclava gala y el profesor de Indiana los seguían. Bota estaba espiando más allá del umbral. según dicen.Hogares Preescolares Estatales. hablando en latín. ¿eh? La soledad es el encantamiento. hablando en francés. Pero ahora he visto un cuarto poco higiénico con calefacción insuficiente. Fui entrenada como arqueóloga porque los Maestros vieron que en realidad no me gustaba la gente. mientras Lenoir se ponía su manto negro comido por las polillas. Sobre ellos Notre Dame elevaba sus dos torres cuadradas contra el cielo.. por ejemplo. Tenemos que enseñarle a Bota un poco de francés. Yo.. Tengo hambre. mientras Barry se rascaba pensativo una picadura de piojo del cuello. Todos parecidos a mí por fuera. Cuando todos se parecen. Sonrió con timidez y le dio los buenos días a la recién llegada en un cortés latín. Soledad. con dientes en mal estado y mal genio. Bota se peinó. brillaban con la luz del Sol. salgamos y traigamos algo de pan. Ahora he visto una catedral que no está en ruinas. Las calles estrechas estaban atestadas. ya no estoy sola! –Sola –dijo Lenoir con suavidad dirigiéndose a Barry–. tomados de la mano. Junto a ellos el Sena era recorrido por ondas suaves. La gente me aburría. En realidad no parece sobrenatural. El alquimista y la arqueóloga interestelar iban primero.. Kislk ocultó su túnica plateada bajo la útil y anónima capa. Pero de vez en cuando hay una falla genética.. con el rostro enrojecido entre su cabello negro enmarañado. estoy donde puedo ser yo misma. ¡Ahora estoy en casa. Después salieron a comprar las cosas para el desayuno. Francés es el idioma del amor. ¿eh? Vamos. ¿dónde queda el hogar?.

mientras la obscuridad avanzaba y parloteaba a su alrededor. por lo general un solitario. alguien al margen de las cosas. El viento se hizo más frío.. el rostro le brillaba con el sudor. –Ahora camina –ululó la gran voz–. A mí me aburre la tecnología compleja. nada aparecía dentro del círculo de luz. Algunos están contra la tecnología. la existencia y los logros de la ciencia son. A pesar de ello tiene una buena frase: “Había estado tratando de medir la distancia que hay entre la Tierra y Dios”. a pesar de que la antorcha se sacudía en sus manos temblorosas. Sus brazos rígidos empezaron a estremecerse. de un modo u otro. más alto.” El tiempo estaba detenido. sostenla en alto. Sin embargo. que crecieron y crecieron hasta convertirse en un aullido.. envolviéndolo. su espíritu. Un personaje habitual de mis cuentos es el científico. más allá. verdadero y de genuina lana virgen que publiqué. la llama roja menguó. al menos hasta donde los comprendo. es decir. Por lo menos eso es lo que los lunes entiendo como ciencia ficción. No estaba. Algunos escritores de ciencia ficción detestan la ciencia. Con la antorcha sobre su cabeza fue pisando el suelo que no podía ver. La alzó sobre su cabeza ostensiblemente. Camina hacia adelante. De vez en cuando soplaba una ráfaga de viento. desnudo.. o para el que. El resplandor rojizo iluminaba unos metros de aire y suelo. Los maestros fue el primer cuento de ciencia ficción auténtico. se oía un vasto murmullo: “¡Sostenla más alto!” El hombre se esforzaba un poco más. que sostenía una antorcha humeante. Y de nuevo el parloteo suave. luego a sacudirse un poco. pero me fascinan la biología. En la obscuridad había un hombre solo. nadie lo tocaba. la psicología. . enorme: “Sostenla en alto. se vislumbraba un brillo de ojos.Los maestros The masters. su método y su obra. ©1963. Los martes a veces pienso en forma diferente. un aventurero aislado.. esenciales. sólo continuaban los susurros. lo obscuro. otros la adoran. para su espanto. un cuento en el que. El tema de este cuento es un tema al que regresé más tarde y considerablemente mejor equipada. y los fines especulativos de la física y la astronomía. lo inmensurable.

hombres de rodillas le ofrecían azafates y esponjas. ¡Levántate de la obscuridad y camina hacia la Luz del Día Común! Ganil sintió acercarse unas manos que lo ayudaron. los pliegues de una túnica blanca..Y cayó. Lo llevaron por el suelo negro. clamando socorro. la cara le picaba y se le nublaban los ojos ante la claridad. y la voz le espetó–: ¡Levántate. la voz le habló: –Yaces en la Tumba. Se sostuvo sobre sus manos y rodillas en el barro de una especie de zanja. ¿jurarás con nosotros nuestro Voto? Alguien codeó a Ganil y le susurró: “Juraré. que caía hasta el suelo desde el techo. todos lo rodeaban. oh Hombre caído! Ganil pudo incorporarse.. y bajo el altísimo cielorraso de envigado blanco. La luz se derramaba.. Los ojos miraron a Ganil. otros le frotaron el cuerpo con toallas hasta dejarlo seco y abrigado con una capa gris sobre los hombros. de rectos pliegues y diez metros de longitud. como quien explica un hecho. La cortina se abrió sin ruidos. que no quería soltar. Ganil contempló nebulosamente lo que había aparecido: un elevado altar. hasta una cortina también blanca. gloriosa. le chamuscaba los ojos. Arrójala. Te ha conducido a la tumba. –Vamos. La figura blanca señaló.. Y la dejó caer. rodeado por truenos y obscuridad mientras la antorcha. –¡Levántate ahora! –gritó la figura blanca. Desde su enlodada desnudez contempló la figura radiante y difusa erguida ante él. una larga mesa. sobre una blanca cabellera.” .. casi arrastrándolo. y un anciano vestido de blanco. Vamos. su voz iba in crescendo–. Las risas y las charlas habían muerto. Yaces en la Tumba del Conocimiento. –La Cortina del Misterio –dijo alguien a Ganil. –Esa es la Luz de la Razón Humana. Un hombre calvo le palmeó el hombro. Aquí yacen eternamente tus antepasados entre las cenizas del Infierno –una pausa breve. silenciosos.. habían vuelto a comenzar. –Postulante.? ¿He hecho todo bien? –¡De maravillas! Sólo que estuviste demasiado tiempo aferrando esa maldita antorcha. es la hora del Juramento. el tiempo y la luz y el dolor. El tiempo. rodeado de las risas y conversaciones extendidas por todo el amplio e iluminado salón. Ganil se dio cuenta de que aún sostenía un palo negro y embarrado. la antorcha... Pensé que nos ibas a tener gruñendo en la obscuridad todo el día. –¿He.

mirando alrededor. murmullos. ¿eh? –dijo una voz suave. Ganil se sintió mareado.. que parecía estampada sobre la claridad del cielo. –Vivir bien... Ganil. al Rito Interior del Misterio de la Máquina.. voy a ser tu Co-Maestro en la tienda de Lee. confundido. una voz le susurró al oído: –No jures. que al impulso de un nuevo codazo murmuró con ellos. juro. estaba completamente abierta. Esto lo juro por el Sol –un rumor estridente ahogó casi las voces de los hombres mientras una parte del techo se iba abriendo pausadamente para mostrar el cielo de verano. azules de verdad. Mede Fairman se bebió medio tazón. otros no. la maquinaria. La iniciación había terminado. Maestros del Rito! –el anciano levantó un objeto de plata: una cruz en forma de X sobre un pequeño pedestal de acero–.. juro no revelar nunca los ritos y misterios de mi Logia. –Te has librado por poco de que la luz de la Razón te cegara. y obedecer a los Maestros Superiores de mi Logia desde ahora hasta mi muerte. –Evitar las herejías.. hubo un rechinar de engranajes. gris amarillento y cubierto de nubes. Ganil levantó la mano y descubrió que su sien y mejilla izquierdas estaban en carne viva–. denunciar a todos los nigromantes ante las Cortes del Colegio.. los ritos. –Por la Cruz. como los de un gato albino o un caballo ciego.–Juraré –tartamudeó Ganil. pero el hombre rubio continuó con voz suave. –¡Contemplad la Luz del Día Común! –gritó triunfante el anciano de blanco.. trabajar bien. Cuando Ganil terminó la letanía. ¿Tomamos una cerveza al salir de aquí? El calor húmedo de la taberna que olía a cerveza y populacho fue un cambio extraño después de todo el terror y la ceremonia del día.. y dijo: –Bienvenido. –murmuraron los hombres que rodeaban a Ganil. Por suerte no te has herido el ojo. Maestro Ganil.. Ganil vio un hombre hermoso.– murmullos. farfulló una o dos palabras y luego calló–. algunos parecían repetir el largo texto. Ganil era un Maestro más de la Logia. –Tienes una fea quemadura –le dijo el hombre calvo mientras regresaban al salón. y Ganil levantó el rostro hacia ella. inmediatamente apartó la vista de la deformidad.. Soy Mede Fairman. la misma que había susurrado “No jures” durante la toma del Voto–. luego silencio. de cabellos castaños y ojos azules. Por la Cruz del Día Común. pensar bien. se quitó con placer la espuma de los labios y preguntó: . El anciano se adelantó. Y juro no enseñar nunca los Misterios de la Mecánica a ningún gentil. besó a Ganil en ambas mejillas. –¡Jurad entonces..

Ganil –invitó. Pero la longitud de tu pulgar no tiene importancia mientras lo uses con firmeza. señalada tan sólo por un simple círculo de bronce pulido. Ganil lo siguió.–¿Qué te pareció la iniciación? –Fue. –Por supuesto que lo es. la gente del Día Común. jamás lo harán hasta el fin del mundo. Es tan difícil recordar. sobraba una pulgada–. se mantenía muy cerca de Mede. Bueno. Las casas. señor.. su rostro obscuro se obscureció–. es que XVI más IXX no suman XXXVI. como si a pesar de su novísimo Magisterio. Creo que un farmacéutico debería examinar esa quemadura. aturdido por el cansancio y el dolor y la fuerte cerveza. se amontonaba y holgazaneaba y empujaba y hablaba y maldecía y reía. Maestro Ganil? –preguntó con voz débil. Es que mi pulgar es demasiado largo –dijo el chico. morena y bronceada. fue. mostrando sus manos nudosas. Ahora bebe.. Ganil contempló su cerveza. y nunca podrán. chico? ¿No puedes sumar? El principiante se sonrojó. obediente.. Aprendiz Wanno –dijo una voz profunda: Lee. a las calles angostas y atestadas de peatones.. –XVI más IXX –dijo Ganil con impaciencia–. estaban separadas de vez en cuando por la fachada de un templo. ¿qué diablos pasa. Lo que sí tiene importancia. de carros de caballos y bueyes y de motores vacilantes. la distancia entre la primera coyuntura y la segunda del pulgar era. Humilde de verdad. Ven un minuto. y salieron a la tarde. ese extraño de ojos azules fuese su único guía. Un.. efectivamente. señor. nunca lo han hecho. el Maestro de la Tienda. un hombre gordo.. so idiota. ¡pedazo de gentil incompetente! –Sí. Muy interesante. y a lo largo de High Street las grandes puertas de las Tiendas y Logias ya estaban trancadas. como respuesta Ganil clavó una de las varillas que el chico había estado manipulando en el lugar correspondiente de la locomotora a vapor que estaba en reparación. Los artesanos confirmaban la proximidad de la noche levantando sus paradas. un gran misterio –perplejo.. –Lo es –dijo Ganil. –¿No es entonces XXXVI. –¿Te hizo sentir humilde? –Sí –asintió Ganil–. angulosas y destacadas. amarilla y carente de adornos. conduciendo al novel Maestro a un rincón más tranquilo de la . Mede sonrió y dijo con su voz suave: –Lo sé. –Hasta humillado –sugirió el hombre de los ojos azules.. de pecho amplio y brillantes ojos negros–. y Ganil. Bajo las quietas nubes del crepúsculo de aquel corto y pesado verano. –Sí. demasiado larga.

” Un poco más y empezarás a computar. Lani. y luego prosiguió alegremente–: Eres un poco impaciente. Ojalá ella eligiese a un sujeto bueno y estable como tú. primer paso oficial de un galanteo. –¿El Sol? Sí. Conté ochenta y una estrellas. Mede. –Ganil. –Por entonces yo estaba en el norte.... Por fin había reunido valor para hacerse invitar por la madre a una cena. e inconscientemente se frotó la cicatriz blanquecina de su sien.. –Bueno. Tómatelo con calma. Maestro Ganil. no sólo tenía en su bolsillo a la mayoría de los hombres jóvenes del negocio.. para encontrarse con los ojos azules de su amigo. eso es todo. –¿Cuándo fue la última vez? –A ver.. Era mi primer Magisterio –Mede se apoyó en el contracarril de madera de la pesada locomotora tipo mientras hablaba. Mi hija es una tunante voluntariosa –el Maestro volvió a reír. seca y tranquila. –¿Qué es esto? –preguntó. Tenía en la mano su Bastón de Comparaciones. . Pero te haré una advertencia imparcial. y pensaba en la sonrisa de Lani. Se volvió. Sus ojos claros miraron más allá de la ajetreada tienda: contemplaba a través de la ventana la lluvia continua y transparente de fines de otoño–. ¿has visto alguna vez el Sol? –era una voz baja. sino también a su padre. y Ganil hizo una mueca pesarosa. claro que lo he visto... que bajó para dibujar una figura redonda en el suelo polvoriento. Le tomó tiempo darse cuenta de que a él (sólo a él). Recuerdo haber llegado a contar ochenta y una antes de que el cielo se cerrara. ¡infierno! ¡Hasta los gentiles saben cuánto es XXX menos IV! Mede sonrió débilmente. Ganil hizo una mueca. en Keling. magnífico! Más puntos a tu favor. Creo que tenía veintiséis años.. Si no he entendido mal. Hace un momento oí cuando hacías contar al joven Wanno. Por un momento me pareció que pretendías que el chico lo computara –rió fuertemente. Ganil. y esa noche también salieron las estrellas.tienda. hace cuatro. –Bien sabes tú que hasta los Maestros olvidan de vez en cuando una suma –Lee le palmeó el hombro paternalmente–. Y allí seguía de pie donde Lee lo había dejado. el próximo Día del Altar vendrás a casa a cenar.” “Cuando tenía veintiséis años.. una hermosa risa de bajo a través de la cual brillaban jubilosos y con infinita perspicacia sus ojos–. Voluble e inteligente. la hija del Maestro de la Tienda. hace cuatro. ¿No estabas entonces aquí en Edun? Salió al caer la tarde. “Lo importante es que XVI más IXX no suman XXXVI. ¿no es así? –Me tomé la libertad. –¡Magnífico.. al principio más bien había asustado a Ganil. –Wanno debería saber sus tablas de sumar. casi implorante.. le hablaba con cierta timidez.

–Sí. de quién es el conocimiento de la figura que significa Nada? –De nadie. Se podría usar en las tablas de restar.. –Los Maestros de Tiendas aprenden algunas señales secretas y contraseñas –dijo Mede con su voz seca y suave–. estaban muy cerca uno del otro.. Quizás has pensado que les estaba permitido computar.. II menos I es igual a I. Mede. y por supuesto. y hace ya cuatro meses que eres Maestro. claro –Ganil contempló el círculo. Esto. Pero no saben más que tú. No hay más. hasta el día de tu muerte. Ganil –concluyó Mede. un mal consejero. un amigo perdido. las tablas.–El Sol. el rostro áspero por el enojo. –Y sin embargo hay cosas que aprender. ¿Es éste conocimiento de los Sacerdotes? –No –Mede dibujó una X sobre el círculo–. los números.. por ejemplo. golpeó el círculo con su bastón–. No me vuelvas a hablar de ello. Ganil se volvió y se fue. ¿verdad?. –Pero los Maestros de Tiendas. Ganil. Es esto.. –¿La figura que significa Nada? –Sí. –¿Dónde? –Fuera. la imagen sacra del Sol. Con toda su fuerza de voluntad dirigió esa confusa y conflictiva ira contra Mede. –¿Por qué contaste las estrellas.. Hablaban en voz baja. –Sí. tienen poder. Porque quería saber. un hombre con la mente tan deforme como el cuerpo. ¿no es cierto? ¿Pero cuánto es II menos II? –una pausa. –¿Entonces qué. ¿no es cierto? Pues no. Ganil? –Por. Por eso soy un Mecánico. . Siempre me ha gustado contar. Hubo una larga pausa. Tienes treinta años. –Bien. La figura que significa Nada.. como si discutieran acerca de una medida inscrita en el Bastón de Comparaciones de Mede. –No puedo escuchar esto. No es un misterio –Ganil hizo un gesto de sorpresa ante esta aseveración. No te denunciaré.. que el ser Maestro significa que has aprendido todo lo que tu gremio puede enseñar? De ahora en adelante.... También es una figura. No es así. no aprenderás más. la Luz escondida. Un número. ¿Has pensado alguna vez. el Rostro de Dios–. De ninguno. Ganil estaba en silencio..

El círculo redondo y vacío. En un instante. y Lani. tengo sueño.. regresó goteando y se sentó en el lecho. y XI será 11. –¡Mede! –Ganil prosiguió con susurros exilados–. Ganil contempló la figura. duérmete. Ganil... se colaba por la ventana.. Todo lo que has hecho. y trató de enfocar a la persona que se abría paso ruidosamente por su cuarto. Ganil tenía que olvidar esta dulzura insufrible. de ocho meses por lo menos si se cumplían paso a paso. Al cabo de un momento dijo. No me había dado cuenta de que se podía usar una base. La primera luz de la madrugada. su gruesa mujer. La borrosa silueta resultó ser Ganil. El círculo. tendido en su lecho del cuarto encima de la Tienda.. No pienses en nada. 12. de labios.. ¿ves? Yo utilicé el XII porque es cómodo. usa al X como base. se dijo. –A ver. Señor! El hacer la corte era un asunto muy largo. de buen humor. luego. dentro de un minuto te diré por qué. parecía que en cuestión de minutos el entusiasmo de la familia se transformaría en ternura. X será 10. que todavía percibía con exactitud dónde: allí. con una extraña voz forzada: –¿No es ése uno de los números negros? –Sí que lo es. Lee. la mano de la joven tocó la suya. idos. tímida y radiante.. La joven gravedad de Ganil era motivo de sus burlas. Pero mira. Oh Lani. suave roce de manos. de un amarillo sucio. pero aún en ellas vibraba esa nota suplicante y dócil.. eso –exclamó Mede. al llegar a XIV. ¡Oh Señor. I0? Mede Fairman se sentó en la cama. empujando a Ganil y su pizarra. pero el XII escríbelo así –y escribió en la pizarra. por fin dijo–: ¿Recordarás esto? –y cuando Ganil asintió. emitió un lujurioso gemido en la obscuridad completa de la noche ciudadana. cerca de la muñeca. es llegar a los números negros por la puerta trasera.. . No pienses en nada.. Y pensó en Nada. –Oh. y ahora te enseñaré un medio más fácil de hacerlo. al pasar un plato en la mesa. Mira. un toque suave. ¿ves? Y XIII será I-I. ¿Y qué si ponías I al lado de 0? ¿Qué figura sería esa. el lacio pelo sobre los ojos vacilantes. Ganil. como era debido con la hija de un Maestro. XII se transforma en 1-0.Era una noche agradable. ¡Mira! –puso una pizarra bajo las narices de su Co-Maestro–. la sumergió allí por unos momentos. –Chitón –Mede estudió la pizarra. ¿Cuánto era I vez 0? Lo mismo que II veces 0. se levantó y fue a empaparse la cabeza en la palangana de agua helada que tenía sobre el ropero. mira lo que se puede hacer con la figura de Nada. borró con la manga las prolijas y apiñadas figuras inscritas allí–. el ruido se convirtió en susurro. en el costado de la mano derecha. –Hoy es el Día del Altar –gruñó–. –Puedes usar cualquier número como base.

¿Cómo se escribe VIII en números negros? Al anochecer de aquel frío Día del Altar. entre dos puntos cualesquiera usando sus inalcanzables. estaba blanco como una sábana (mucho más que las de Mede). con la cabeza aturdida por las dieciséis rubio–. Para explicar cosas. si arrojas una pelota.. –Las tablas no llegan tan lejos. Repetir el mismo número XII veces. No es el mío. triángulos. Dame la pizarra –murmuró Ganil. habían llegado tan lejos como les permitieron los conocimientos de Mede. 1200 120 ------ Y luego. –Así es.. su lenguaje. Puede medir la distancia triángulos. Te podrá enseñar lo que medidas. Yin trabaja con ángulos. en silencio. Ganil había ido aún más lejos. ¿qué la hace mover? –El hecho de que la hayas arrojado –Ganil hizo una mueca.. más tarde. 0000 2400 1200 ---------144000 Hubo otra larga pausa. No amo a los números en sí. –Tres Nadas. –¿Cuánto es CXX repetido MCC veces? –preguntó Mede. –Y el mío propio. aunque sean puntos números son el corazón de su . luego de un silencio roto solamente por el golpeteo de la lluvia y el chirriar de la tiza en la pizarra–. –Mira –Mede escribió en la pizarra. Es un gran Estudiante. mientras Ganil miraba.. Los conocimiento. Por ejemplo. Los quiero usar.Ganil estaba sentado al lado de Mede. –Tienes que conocer a Yin –dijo el hombre necesitas.

practicamos las artes ocultas. no mantenemos un secreto sino que practicamos un arte. Hazme el favor de enseñarle la matemática de las curvas. un rey furioso por poseer un imperio imposible de controlar a causa de su gran extensión–. la figura que le había gritado “Levántate” cuando yacía en su tumba. ¿Puedes entender esto? Ganil asintió. nada más que un anciano. Ven con plena libertad. Lo misterioso no pertenece a nadie. Si alguien nos traiciona. Hasta algunos artesanos... Debemos confiar unos en otros. la humildad. –Yin era un Maestro de Máquinas como nosotros –explicó Mede mientras esperaban ante la puerta trancada por barras de acero–. Entretanto la puerta se había abierto y luego un sirviente los condujo al piso alto. Su sonrisa era la de un rey que regresa del exilio. Y se encontró muy conmovido y turbado. ¡Y hablan de Misterios en sus tiendecillas cerradas.. Un hombre se levantó de una silla de roble de respaldo alto para saludarlos. que abre gatos muertos –en su tono había cierta tolerancia no exenta de diversión. sea.horas de matemáticas sin haber comido o descansado.. Para saludarlos levantó la mano izquierda. solamente los números llegaban con facilidad a él. ¿Porque el aire la sostiene? –Entonces. Aquí todos somos nigromantes. había perdido el miedo. ya verás por qué. Yin rió con la risa suave y corta de un anciano. alta. su brazo derecho terminaba a la altura de la muñeca en un muñón cicatrizado hacía mucho tiempo. Un carnicero. Ganil pensó inmediatamente en el Maestro Supremo de su Logia. Aquí vienen hombres de todas las Logias. Anoche inventó el sistema duodecimal. –Este es Ganil –estaba diciendo Mede–. vayamos a cenar algo y visitemos luego a Yin. Pero.! – resopló Mede–. ¿por qué cae finalmente? ¿Por qué sigue una curva? ¿Qué clase de curva es? ¿Ves ahora cómo necesito tus números? –esta vez era Mede el que parecía un rey.. Ahora está retirado. tejedores. de día o de noche. La casa. como si el gesto de Ganil hubiese sido más que suficiente–. El crepúsculo sulfúreo de fines de otoño colgaba sobre el abrupto tejado de pizarra. un cuarto que tenía un gran hogar en el que ardían leños. vieja y construida contra los muros de la ciudad. –Bienvenido.. como a veces los físicos se refieren a los biólogos. que brillaba por la lluvia. Ganil.. nunca las palabras. De ahora en adelante puedes volver cuando desees. ¿por qué sigue en movimiento? –Porque. Maestro Yin. hablándole con tranquilidad. constructores. . También Yin era viejo y alto y usaba la túnica blanca de los Maestros Supremos. boticarios. –Magnífico –dijo Mede–. Mira. Y vete con la misma plena libertad.. Esto no era una solemne Iniciación o un Voto. Pero era encorvado y su rostro mostraba cansancio y arrugas como las de un lebrel viejo. –Bueno –dijo Yin. O lo intentamos. espió desde sus ventanas emplomadas a los dos jóvenes Maestros que estaban en la calle...

Ningún hombre había abandonado a Lani en medio de un noviazgo. y lo lamentaba por ella. los sacerdotes estaban en los templos. aunque también le temía. más el haber inventado el álgebra.? ¿Cambias esas medidas alguna vez? –preguntó. y se dirigía siempre a Ganil con verdadera timidez. y quizá mañana salga el Sol. y la cubierta de nubes estaba aclarando.¿Queréis vino. toda la gente de Edun había invadido las calles y plazas. bien pueden cambiar a un hombre.. parecía mayor.. tratando de encontrar un tema de qué hablar. su rostro reflejaba cierta contrariedad y cierta desolación. por llegar a su secreto. y hacían reverencias y se entrelazaban en el amplio atrio de la Junta. más duro. preparados para tirar de las cadenas que abrirían los techos.. Lani estaba mirando a Wanno. Los Sacerdotes de la Junta habían tenido razón por una vez. Este había dado el segundo paso del galanteo. durante esos meses había cambiado. –Repite esa medida –ordenó el Maestro a Wanno para luego volverse inquisitivamente hacia la chica. y vigilaban el cielo. Hacia el mediodía había cesado la lluvia. Y la conversación terminó. Estaba ceñudo. jóvenes Maestros? ¿O preferís cerveza? Mi cerveza negra de este año ha salido de primera. los Sacerdotes habían comenzado la danza ceremonial. –Maestro Ganil –dijo una voz tímida. –Mi padre me ha pedido que te diga que la Tienda cerrará mañana. Cuatro horas de sueño por noche. los sombreretes de las chimeneas y las cumbreras. por llegar a él. De una forma vaga. –¿Cerrará? ¿Por qué? –La Junta ha anunciado que se está levantando viento del oeste. ¿Así que te gustan los números. Lani había cambiado también. ¿verdad? Gracias –y se volvió al Modelo. de manera que la luz del Sol diese sobre la piedra del altar. comenzaba a agitarse y a retirarse lentamente hacia el este. Ningún hombre la había atravesado con la mirada. él lo sabía. –Cambiar un Modelo es la herejía de la Invención. ¿Qué veía? Estaba loca por saberlo. y luego había quedado absorto en sus trabajos con Yin y no avanzó más. el cielo se . –¿Cambian. Pero más o menos una de cada diez veces conseguían un Sol. al caer la tarde. lo que era un trabajo infructuoso.. –¡Bien! Un buen comienzo para la primavera. y esta era una de aquellas veces. Dedicaban la mayor parte de sus horas a predecir el tiempo. el muro y los campos más allá del muro. Y por fin. las tres visitas al caer la tarde. como lo estaba haciendo él en ese momento. Por la tarde. más resuelto. Ganil? A principios de primavera Ganil se encontraba en la tienda vigilando a Wanno mientras el aprendiz anotaba sobre su Bastón de Comparaciones medidas del motor de un carro de transporte a modelo.

decían... En esos momentos a Ganil le parecía decididamente que no era un disco sino una bola enorme en forma de avellana cayendo con lentitud. El Sol se había puesto. La grieta celeste se ensanchó. se elevó de las calles. todavía brillaban vislumbres de cielo claro y profundo. Aquella noche lo arrestaron. que el viento fresco había traído. Había estado intentando medir la distancia que hay entre la tierra y Dios. En lo alto.. de color azul verdoso. levantando el rostro. –¡Mirad! –gritó Ganil. excepto el Maestro Lee) le dijeron que su crimen era conocer a Mede Fairman. muros de la ciudad de Edun. pero muy pocos se volvieron. qué importaban las estrellas. pasaban las nubes y el Sol reaparecía. pensar que hubo un tiempo en que el hombre sólo tenía que levantar la cabeza para ver al Sol. cada vez más bajo. La niebla amarillenta (que era parte de la mortaja que cubría la Tierra con su manto de lluvia y polvo desde hacía catorce generaciones... A veces. al oeste. En él. tejados. se abatió sobre la ciudad. a mediados de invierno. entre jirones de nubes. Se hundió. Una noche fría. tremendo. Empezó a enrojecer justo antes de hundirse en la densa masa de nubes.abrió. pero soplaba el viento del oeste. en el oeste. Ganil estaba con los demás. la cicatriz de su quemadura acusaba el impacto del Sol. Ganil suspiró. y repentinamente las gotas de lluvia brillaron como bolitas de cristal iluminadas en la noche. fragmentos de nubes cubrían la irresistible faz y el Mundo volvía a ser frío y gris y las flautas callaban. y ya se lo podía mirar sin que los ojos doliesen. el círculo de fuego. y regresó a su casa junto con el resto de los habitantes del Día Común. un sonido alegre y débil que procedía de la Junta. Mede. entumecido de tanto estirarlo. pero la gloria que reflejaban era la gloria del Sol. sobre el borde de una nube ascendente. Un chaparrón. un murmullo suave. él. solitario y enceguecedor sobre el oeste. –El cielo. Se fue. que estaba acusado de herejía. Retumbaron flautas y tambores. Entre desgarrados y humeantes bordes de un gris amarillento apareció una raya azul. –¿Es un círculo o una esfera? ¿Cuan grande será? ¿Estará muy lejos? Ah. se frotó el cuello. cubrió a la estrella. Un suspiro. de medir las distancias. un medio. brilló un punto luminoso: el lucero de la tarde. cuando lo del Fuego del Infierno). la faz de Dios. Lo habían visto en los campos apuntando hacia el Sol con un instrumento.. . El Maestro lo contempló hasta que los ojos se le inundaron de lágrimas. Yin y otros habían estado hablando delante del fuego en casa del anciano. plazas. el cielo. Luego. cerca del lugar donde se había puesto el Sol. Los guardias y sus compañeros de prisión (todos los de la Tienda Lee. –¿Qué es el Sol? Estaba recordando la suave voz de Mede.

del mismo azul del cielo sobre las nubes. Al tercer día los guardias vinieron a buscar a Ganil y lo trasladaron de uno de los patios cerrados de la Junta a la lluvia transparente de primavera. Eres sospechoso de ser amigo de Mede Fairman. a menos que desees retractarte en alguna de tus negaciones. no.. estaba escoltado por guardias. has respondido “No” tres veces. Vio un lugar vacío. Te habló alguna vez de medidas tomadas sin los Bastones de Comparación? –No. ¿Eres amigo de este hombre? –Éramos Co-Maestros. acababa de darse cuenta de que a partir de ese mismo momento le parecería que su brazo terminaba en la muñeca. sus ojos eran azules. –Como Mecánico –estaba diciendo el sacerdote dorado–. de escribir.Los aprendices fueron liberados pronto. confundido mientras miraba los rostros vacíos. Maestro Ganil. una mirada directa. A Ganil lo llevaron a una de estas últimas y lo empujaron a través de las filas de hombres vestidos de blanco y amarillo que llenaban la sala. como Ganil. –No –contestó Ganil. de rezar. hasta que estuvo frente a ellos. fría y descolorida. y el gran complejo de la Junta de Edun consistía en una serie de escasas barracas que rodeaban los patios de dormir. –Maestro Ganil. estás acusado de haber cometido herejías de Invención y Computación.. estas pueden repetirse usando el prensamanos hasta que las conteste. ¿Qué significaban todos estos aspavientos? Era como en su iniciación. y frunció el ceño. La mayoría de los Sacerdotes vivía a la intemperie. El hombre lo estaba mirando. Y permaneció más confundido y asustado después de que trajeron una caja chata de madera y encerraron en ella su mano derecha. conoces el uso de la palanca.” Ahora las repetiré. las altas paredes que lo rodeaban. un altar. ¿Te retractarás? –No –dijo Ganil. de comer y las salas de tribunales. .. –La Orden dice: “Si el sospechoso negase las preguntas cuatro veces. todos sin techo. –Sí. –Ganil Kalson de Edun.. como el de Yin. una larga mesa que brillaba. ¿Conoces lo que dice la Orden de los Maestros Sacerdotes del Misterio de la Ley sobre los sospechosos de herejía? –No. y tras ella un sacerdote vestido con la túnica dorada del Misterio Supremo. En el extremo opuesto de la mesa había otro hombre que. –¿De las artes ocultas? –No. –¿De números negros? –No. aquella vez lo habían conseguido. empapada por la lluvia. donde todos habían tratado de asustarlo con tanto ardor.

volvió a hacerlo. Antes de que Ganil hubiese podido comprender algo. nadie pasaba. . –¿Le has hablado de las artes ocultas? –Sí. los rostros atentos.. sin piedad y sin súplica. Mi padre te volverá a aceptar en la Tienda. Regresa a casa conmigo. Lo hará si se lo pido. no. Era demasiado estúpido. amarillas y blancas. Al recordarlo. No. El sacerdote dorado se volvió nuevamente a la corte: –No hay ninguna prueba en contra del sospechoso Ganil. bajo el crepúsculo. y una voz le habló: –¡Ganil! Ganil. agazapado sobre la acera. sospechoso... que atrancaron estruendosamente detrás de él. –Ahora tranquilízate –le susurraba un guardia. –¿Le has enseñado las artes ocultas? –No. Solo. Su capa gris hedía. las filas inmóviles. Lo dejaron cerca de una puerta lateral de la Logia. roto sólo por el rumor de la lluvia. Pero ya no en él. el dolor le había hecho vomitar. las miradas fijas. La lluvia susurraba alrededor. el sacerdote dorado dijo–: ¿Eras amigo de Mede Fairman? –No –dijo Ganil. Ganil permaneció en silencio..–Muy bien –mientras uno de los guardias cogía la palanca que salía de la caja de madera. apretando bajo la capa la mano sanguinolenta y ennegrecida contra su costado. Será un estupendo Maestro de Tienda –los fríos ojos azules miraron a Ganil. contestó negativamente a todas las preguntas. la lluvia fría que le caía por la cara cesó luego. Regresa mañana al mediodía para presenciar la ejecución de la sentencia. casa por casa. Todo está bien. Tu ausencia sería interpretada como prueba de tu culpabilidad. aún cuando había dejado de oír la voz del sacerdote. se levantó y echó a andar por la ciudad calle por calle. era difícil escuchar a Mede–. Estuvo parado allí unos momentos. juntó sus fuerzas. No se atrevía y no podía aprender. –Hereje. La luz iba y venía. paso a paso en dirección a la casa de Yin. hasta oír su propia voz mezclada con el eco que hacía sobre las paredes el palmoteo de la corte–. Una sombra se movió entre las sombras del portal. Puedes irte. no me importa si eres sospechoso. no. alguien estaba tratando de ayudarle a levantarse. aun en el silencio del patio. y siguió negando. Traté de hacerlo –la voz se quebró ligeramente. los guardias lo sacaron del patio. ¿conoces a este hombre? –Es mi Co-Maestro. seguían allí amontonadas.

–Me han seguido hasta aquí.. Ganil la hizo a un lado y entró.. Ahora ven aquí. Yin lo hizo acostarse.. Tenía que escapar esa misma noche. y luego le limpió y vendó la mano como mejor pudo. alborozada de la joven. todos los Estudiantes. El silencio cubría la casa. No te preocupes por tus amigos. una chica de la Tienda. enviará a los guardias aquí. Tengo que estar en la Junta mañana al mediodía. Lani. Te acostumbrarás a ello. Esta misma noche. Ganil.. Dijo que no había podido enseñarme nada. Ven a sentarte. . sabía que vendrías aquí. Todos habían sido prendidos. Te esperaba. Pero si la chica le cuenta a Lee y tu nombre aparece ligado al mío. Abandonar la Tienda sin el permiso del Maestro Principal significaba la excomunión. te he seguido otras veces –la risa nerviosa. Ganil se detuvo a contemplar el rostro tranquilo y arrugado del anciano. la hija de Lee. y todos iban a ser interrogados y torturados y asesinados. La puerta de Yin nunca estaba atrancada. Separadamente. resolló en un suspiro. –Bueno –dijo–. tienes que hacerlo.. No acudió ningún sirviente. Luego dijo como un niño: –Mira –estiró el brazo derecho–.. Ganil hizo un esfuerzo por escuchar los ruidos de la calle.–Ven conmigo.. ¿Qué podía hacer con su mano lisiada? ¿A dónde podía ir? Jamás.. –No puedo –dijo de pronto–. silenciosa. los pesados pasos de una patrulla de guardias que venía a arrestarlo de nuevo. Sería excluido de su propio gremio.. Yo lo fui durante veinte años. Tengo que. Al rato. Ganil no contestó nada. –Y salvar tus matemáticas. ahora eres un sospechoso de herejía. Ganil habló muy rápidamente.. A mí no. el cabello le brillaba bajo la luz de la lámpara.. cerrando tras de sí. en toda su vida.. la casa estaba a obscuras. me dejaron partir. –No. –Sí. se había apagado. –Hace tres días que pedí a los demás que se marcharan –al oír la voz de Yin.. –¿Quién es? –Yin estaba de pie en el rellano de la escalera. la pérdida de su Magisterio. ¿Por qué vienes a la casa del anciano Yin? ¿Quién vive aquí? ¿Quién es ella? Regresa conmigo. había salido de Edun.. como el tuyo. siéntate –Ganil se controló y obedeció. –Lo condenaron. Para salvarme. mi padre no aceptaría a un sospechoso en la Tienda a menos que yo. –Déjame. que yo no podía aprender. si le cuenta a su padre él reconocerá tu nombre. Será mejor que abandonemos Edun. sentado entre Ganil y el resplandeciente fuego.

un sacerdote joven trató de retirarse pero no pudo. y repetía en silencio: “Permitid que el humo lo ahogue primero. no había forma de substraerse a la escena. Es preferible.. a causa de la multitud anhelante y atenta. Sin embargo. Ganil estaba de pie. sólo siervos. ¿eh? De acuerdo. en la sien lastimada por el fuego.. –Te veré en Keling –fue la única despedida del anciano. Ganil vio a una muchacha vestida con una túnica violeta en el lado opuesto de la plaza.. Ganil sintió el calor en su rostro. inaccesible a simple vista. pensó Ganil. La voz del anciano sonó muy seca y cansada cuando habló de nuevo: –Bajo esa condición te liberarán. si no te perseguirán por las Cuarenta Ciudades como a un hereje condenado. ¿Por qué iba a estar allí. “La naturaleza del movimiento”. estaba muy blanco. cuando Ganil dejó la casa. criados. contemplando la muerte de Mede? No sabía qué era lo que odiaba o qué era lo que amaba. poseer. en el gran atrio de la Logia.Yin comprendió lo que Ganil no dijo. bajo la capa: un rollo de papeles escritos con la letra clara de Mede Fairman: “Trayectorias”. A los sospechosos no los persiguen. la muerte. Solamente la canalla y los ociosos se reunían para ver la muerte de un hereje. varias antorchas encendieron los montones de madera que rodeaban el piquete. El humo empezó a subir.. tambaleándose un poco y respirando entrecortadamente. Vete cuanto antes. y viaja con poco equipaje. Un sacerdote dorado elevó los brazos en cruz invocando al Sol que al mediodía. No estaba ninguno de los otros Estudiantes. el exilio. mendigos. Yin había partido antes del amanecer sobre un asno gris. los ojos. Un sacerdote le ordenó que se situase al frente de la multitud. Muchos lo miraban con curiosidad. aislado. y mientras bajaba los brazos. Antes de irme te diré dónde nos encontraremos. del mismo color gris amarillento que las nubes. Ahora duerme un poco. El silencio volvió a rodearlos. y en ese momento la amplitud de la plaza era lo único que los separaba. simplemente los convierten en parias. es algo monstruoso. Ganil. hazlo. tuvo que quedarse quieto. el cabello. escolares novilleros y mujeres con sus niñeras y sus niños llorones estaban allí con Ganil. Ganil observó el rostro de su Co-Maestro. llevaba algo consigo. A su lado. la atávica palidez de la piel.” Pero la madera estaba seca y prendió con rapidez. el amor que sólo quiere conseguir. apretando con fuerza su mano herida en cabestrillo contra el rollo de papeles escondido bajo su capa. vistiendo su túnica de Maestro. “Velocidad de los cuerpos en caída libre”. Sin embargo Ganil no estaba dispuesto a admitir que lo que los separaba eran sus propios actos. frente a la multitud. se hallaba tras la mortaja de nubes. enroscándose. No estaba seguro de que fuera Lani. Pero ella lo amaba. la ignorancia.. El humo ya era denso y . Poco antes del mediodía trajeron a Mede. ya avanzada la mañana. toda su deformidad expuesta..

persistente: “¿Qué es el Sol? ¿Por qué cruza el cielo? ¿Ves ahora cómo necesito de tus números? En vez de XII.. en dirección norte. Pero Ganil podía oír la voz.escondía las llamas y la figura que estaba entre ellas. Edición digital de Sadrac . ya no suave sino potente. a través de las calles de la ciudad y a través de la puerta de la ciudad.” Los gritos se habían apagado. pero al mismo tiempo en su interior sonaba una voz serena.. Ganil miró el cielo cubierto y luego se fue. se obligó a oírla. Ganil levantó la cabeza. El joven sacerdote. La oyó. al exilio y a su hogar. muy potente. arrodillado en la acera. escribe 12. oraba y sollozaba en voz alta. la multitud se estaba dispersando. Esta también es una figura. suave. significa Nada. pero la voz suave no.

En el horizonte lejano apareció por un momento la serpiente marina. –asintió Dick–. Caminó sin echar sombra ni dejar huellas sobre la arena extendida entre los acantilados y el mar. abrió apenas la caja para que yo sólo alcanzara a ver el interior. el familiar. con un bramido. Le respondí que gusanos. etc. elefantes. sonrió con una sonrisa difícil de describir. –¿Y qué tiene dentro? –la bruja se volvió para mirar la cara redonda de su hijo–. –Sí. formando siete arcos enormes.. y me dijo: “Obscuridad”. pero las manecillas del reloj que había en su interior no se movieron nunca. no volvió a emerger. la choza brincó y se frotó las patas delanteras como lo hubiese hecho un abogado o una mosca. Mientras subía por un sendero al acantilado. –¿Dónde la encontraste? El familiar de mamá saltó desde las vigas adornadas por guirnaldas de cebolla. –¿Sí? Déjame ver –cuando se inclinó para mirar. El mar la rechazó. ratones. las truchas saltaban en el océano sin sal. cerró los ojos. sin dejar de ronronear. se sumergió. El familiar ronroneó y no dijo nada. El niño silbó. mamá. se me acercó una vez con una pequeña caja de madera en las manecitas y me dijo: “Adivina qué hay en esta caja”. frente al que se erguía un promontorio con césped sobre el que una choza se sostenía sobre sus cuatro patas. –¿Qué es lo que llevas allí..La caja de la obscuridad Darkness box. –Una caja. y mientras le rodeaba el cuello como una piel de zorro dijo: –En la orilla del mar. Las gaviotas chillaban en el cielo luminoso y sin Sol. Cuando mi hija Caroline tenía tres años. Sacudió la cabeza. ocupada en la caza de ballenas. ©1964. En consecuencia. he aquí este cuento. y luego. Dick? –le preguntó su madre mientras agregaba perejil y una pizca de pimienta en el guiso de conejo que hervía en un alambique. –Obscuridad. ¿Qué tiene dentro? –repitió.. pero la serpiente marina. Un niño pequeño caminaba por la arena suave de la orilla del mar sin dejar huellas. el niño apretó la caja contra el pecho y levantó muy cuidadosamente .

hombre contra hombre.la tapa apenas un par de centímetros–. el caballo. El camino descendía sinuoso. Ve a lavarte las manos. ronroneando y gorjeando. ponte! Y mientras el niño maniobraba la pesada bomba de agua del patio y se mojaba la cara y las manos. y al hacerlo arrancó la traílla de la mano de Rikard. Dio a sus capitanes la orden de marcha ligera y espoleó su caballo. los muros fortificados de la ciudad de su padre. el mar. Atormentaba al caballo blanco lanzándose hacia él en picado abriendo y cerrando el pico y elevándose justo a tiempo. tan frágil y sin sombra como una perla. la arena cada vez más blanda. más allá de los pendones y penachos de su ejército. se lanzó sobre un hombre alto de gris. resplandecía débilmente en la planicie. mientras mamá dormía su siesta matutina. era su única sombra. y entonces el animal voló serenamente a su lado. El familiar negro iba pegado a sus talones y trotaba pacientemente por la arena y el césped áspero. Tienes razón –dijo su madre–. Después de la comida. El camino terminaba bruscamente. recomenzaba el juego. espada contra espada. Dick cogió del estante de los tesoros la caja blanqueada por el agua e incrustada de arena y se fue con ella por las dunas. supo que nunca podría ser tomada. Sus hombres venían saltando la pendiente. Rikard vio una larga fila de hombres en la playa. El grifo se remontó con un estridente chillido. las voces sonaban débiles por el ruido del mar. las banderas azules flameaban en el viento marino. y su corazón cantó de orgullo. Trató de herir las patas del caballo. Rikard. Ahora guárdala. aparecía más y más cercano. tres naves de negra proa. Y mientras el pico de acero mordió el hombro tratando de llegar a la garganta. se volvió en el preciso instante en que Rikard le caía encima. que no llevaba freno. no permitas que ande rodando por allí. y medio enceguecido por la sangre y la arena. la espada de acero punzó arriba y abajo y tajeó la barriga del grifo. En la cúspide del desfiladero el príncipe Rikard se volvió sobre la silla de montar para contemplar. volaba sobre las dunas y luego. el jefe enemigo. Al salir de las dunas. y detrás. volteó con un golpe de su gran ala al hombre. El mar se extendía por delante de él. El grifo cacareaba y rugía. Me pregunto qué habrá sido de la llave. Al verla. pero le era imposible porque el animal retrocedía y se encabritaba y lo embestía. mientras que la espada . ¡Mesa. pululaban en las dunas. lejos del mar. Sin pronunciar palabra. que se encabritó y salió a galope mientras el grifo planeaba y chillaba en lo alto. en algún lugar allende los acantilados se escondían las tropas enemigas que acaudillaba su hermano. Pero la espada del hombre alto ya estaba fuera de la vaina. ambos ejércitos se encontraron. El hombre se levantó tambaleándose y le cortó la cabeza y las alas. Sin parlamentar ni advertirse mutuamente. la choza resonaba con el estruendo de los platos y cubiertos que hacían su aparición. amagaba furiosas dentelladas a la cola escamosa o se erguía intentando golpearla con sus cascos de plata. con un chillido. luego. que se dobló en el aire. con el pico y las garras extendidos como los de un halcón. más allá del largo camino descendente. Bajo el cielo sin Sol. el caballo saltó los tres metros de la pendiente y siguió galopando por la playa. acabó por atraillarlo. ya a la derecha ya a la izquierda. levantó la espada humeante para rechazar el ataque. temiendo que se cansase antes de la batalla. cayó gritando y ennegreció la arena con su sangre.

Permíteselo. los empujaron en el agua. su ejército serpenteaba. –¿Qué iba a hacer? ¿Permitir que mi hermano acosara la ciudad? –Sí. Todos los que podían caminar se reunieron en fila en una hondonada detrás de la duna donde se erguía Rikard. se destacaban claramente en el mar. Sopló una ráfaga de viento. Cuando sólo quedaba un grupo de más o menos veinte. La bruja. Pero mi padre el rey lo ha desterrado. En la proa de la primera se erguía un hombre alto. Los atacantes pelearon tenazmente pero cada vez había menos de ellos. sus cabellos negros se agitaban al viento marino. Detrás. a través de cadáveres cortajeados. levantó el brazo y frunció el ceño ante la gran criatura que trataba de posarse en su muñeca enguantada y que agitaba las alas y chillaba como un gato. Hizo una señal a sus capitanes. gallina. vete a tu gallinero! El monstruo gritó al ser insultado y flotó en dirección este hacia la ciudad. Sobre su cuerpo cayó una llovizna de la arena marrón desprendida de los cascos del caballo cuando Rikard lo espoleó y dirigió al centro de la lucha. y los pocos que quedaban iban siendo obligados a retroceder paso a paso hacia el mar. y no pasó muy lejos de la choza de cuatro patas que se alzaba en el promontorio. Los malheridos trataron de arrastrarse hacia él sobre sus manos y rodillas. El hombre alto levantó la espada una vez más.. no debe siquiera pisar nuestras costas. se encaramaron en ellos. inmóvil como un caballo de piedra. –¡Grifo inútil –le dijo–. armado de blanco sobre un caballo blanco. A sus espaldas. de pie en el umbral. Se desplomó en silencio. Soy soldado de mi padre y lucho cuando me lo ordena. Ningún hombre puede tomar la ciudad. Las naves negras. Por debajo estaban sus hombres. Rikard gritó a sus hombres. –Príncipe –le dijo–. . de gris. cercano al cuerpo del grifo. subió de un salto a su montura y regresó al trote hacia la ciudad a través de las dunas. Rikard tomó un camino más fácil. con las velas desplegadas. Inclinó la cabeza y se cubrió el rostro con las manos. era torvo e inflexible. en silencio. Galopó a encontrarla. Se le acercaron por la arena. Era obscura y brillante como el carbón. Rikard se sentó a solas entre el áspero césped de la cima de la duna. arremetió y recibió en pleno rostro el zumbante tajo del arma de su hermano. malcarado. atravesando las colinas sin dejar huella. los tres barcos negros descansaban inmóviles en alta mar. Cuando el grifo planeó y chilló en las alturas. o cómo sus propios hombres formaban fila y marchaban a sus espaldas. –Lo sé. sin esperar a ver cómo las naves negras se dirigían hacia la playa donde las abordarían sus soldados. Cerca estaba el caballo blanco. otra vez irás a pelear más de lo prudente. Rikard se rió. yacía el hombre alto con el rostro cubierto de sangre y los demás muertos descansaban contemplando el cielo donde no brillaba ningún Sol. frenó ante el portón del pequeño patio y la miró. Rikard levantó el rostro. en la playa. se rindieron y corrieron hacia sus barcos con desesperación. Ella lo contempló. aunque joven..de Rikard lo atacaba desde arriba. Detrás del príncipe. lo saludó.

minino! –pero el viento le arrebató la voz. nariz y mentón se hicieron puntiagudos como los de una vieja. Escucha. La bruja regresó a su choza mirando aquí y allá los rincones de su única habitación para comprobar si todo estaba en su sitio: murciélagos.. Un gato sonriente se había sentado a su lado. lo miraba asustado mientras sostenía una caja estropeada y arenosa. Esta mañana el mar trae regalos. –Dentro está pintada de negro –dijo el príncipe con un gesto adusto.. –El mar ha traído esto... luego salió de la choza y llamó: –¡Dick! –el viento del oeste estaba soplando frío y hacía que la gruesa hierba se doblara–. el familiar. de verdad que no.. ¡Ciérrate! –la puerta se cerró obedientemente al sonido de un nuevo chasquido. minino. señor.! ¡Minino. agradeciendo. príncipe.. Cuídate. Un niño pequeño.. ¡Dick. príncipe. Tu hermano no eligió ni servir ni gobernar.La bruja miró el mar y luego. minino minino minino! El joven príncipe caminaba en grupo con sus hombres. cebollas. príncipe: cuídate –el rostro joven volvió a ser cálido y bello–.. sólo una rendija. blanca como una gaviota sobre la suave curva de las dunas. Rikard se inclinó solemnemente... bolas de cristal (trizadas). calderos. esteliones. Cuando llegaron al desfiladero y pudo ver a sus pies la ciudad en la planicie. los cristales se rompen. alfombras. escoba. horizontal y a setenta centímetros del suelo mientras la choza temblaba y saltaba de nervios–. luego cerró rápidamente mientras el niño decía: –No permitas que el viento la esparza.! ¡Aquí. de vez en cuando gritaba–: ¡Dick. ¡ténlo! –¿Qué tiene dentro? –Obscuridad. los ojos relampagueantes. –Príncipe. su rostro obscuro se afiló. Por favor. ¡Ábrela más! Con cuidado. gobierna y sé gobernado. Es para el príncipe del lugar –explicó el niño–.. . rumbo al sur. sé que lo es. los Libros. Volvió a mirar. –No. chasqueó con los dedos y la escoba apareció volando en la puerta. la bruja montó en la escoba y despegó con un largo planeo sobre la playa.. sintió que tironeaban de su capa. Hizo girar su cabalgadura y alejarse. la desgarró en pedazos y la alejó con un soplido. Rikard levantó cinco centímetros más y espió. –Sirve y sé servido –dijo–. el viento sopla.. Rikard cogió la caja y tras una ligera vacilación la abrió un poco. la delgada luna creciente colgaba de la chimenea. tan pequeño que aún era gordo y mofletudo. de nuevo al joven príncipe..

Rikard alzó la caja de madera. Está en tus manos. que apretaba entre los puños las cabezas de las dos quimeras que formaban los brazos del trono. –Bien hecho. luego se levantó y retrocedió de espaldas a través de la larga sala sin alzar la cabeza. Pero te lo agradezco. Señor. siempre arrodillado. –El Desterrado murió junto a la mayor parte de sus hombres. yo con mis propias manos! Y el mar escupe mi regalo –un largo silencio. la gente se inclinó cuando Rikard pasó galopando con estruendo por las calles de mármol que conducían al palacio. Al entrar. ¡Guárdala bien cerrada. Pasó entre ellos sin mirarlos ni hablarles y . Las puertas de bronce de la ciudad giraron sobre sus goznes y se abrieron ante el ejército que se aproximaba. silencioso e inconsolable. El familiar no estaba allí.. era un hombre coronado de acero. –Te traigo un regalo del mar. Los mastines ladraron. Señor –siempre con la cabeza inclinada. príncipe. la más alta de las nueve torres blancas del palacio. el resto huyó en las naves. reír. dirigió una mirada al gran reloj de bronce del campanario. –Todos los regalos del mar pertenecen al rey.. El mar no lo quiere.–Se la llevaré al rey. Rikard se arrodilló y narró el éxito de su incursión con la cabeza inclinada y sin levantar la mirada ni una sola vez.. señor. Las manecillas inmóviles indicaban que faltaban diez minutos para las diez. el niño pequeño y redondo y el joven recio y espléndido. –Por eso mismo te lo he traído. Guárdala. El rey lo esperaba en la Sala de Audiencia. niño –se miraron un momento. Bien. príncipe. bien cerrada. vagaba por las colinas. –¡Esto me pertenece. el rey habló luego con más suavidad–. guárdatelo. de cabellos grises y aspecto feroz. La voz que le respondió era cual una puerta de acero que gira sobre bisagras nuevas.! ¡Yo se lo di al mar. pero el viento dirigía su grito a la Tierra. Cuando volvió a entrar en la antesala resplandeciente. mientras Dick. –Pero es para ti.. luego Rikard se volvió y continuó su camino. los nobles y los oficiales se reunieron a su alrededor para preguntarle sobre la batalla. beber y charlar como de costumbre. El niño trató de responder. yo tampoco. –Esto me pertenece –dijo el anciano rey con tanta brusquedad que Rikard levantó la mirada por un segundo para ver los dientes desnudos de las quimeras y los ojos relampagueantes del rey. príncipe! Rikard. los guardianes presentaron armas. La voz de la madre se oyó muy lejana en el sur. se inclinó aún más en demostración de gratitud y consentimiento.

El príncipe sólo poseía una: el grifo que siempre luchaba por él. los cabellos rubios. Permaneció quieto. cristales y la más brillante de todas las joyas: velas encendidas. hablar una vez con su hermano antes de luchar. una ornamentada pieza enmarcada de oro y esmalte azul.. no lo sabía. El cuerpo. lebreles. No había llave para cerrarla. Mientras rascaba la crin del animal. debía obedecer. ratones blancos. tigres. ardillas. El grifo apareció en el dormitorio al galope. Cada una de las paredes de su habitación luminosa y carente de sombras y ventanas estaba decorada con estucos de oro incrustado de topacios. El grifo retrocedió con un gemido. se cubrían de ella. El palacio estaba repleto de animales: gatos. y la ciudad. –Está bien.. y la obscuridad le cubrió las manos. a menudo bajaba la vista para encontrarse con la mirada dorada y amorosa de sus ojos redondos. en uno de . cachorros de hipogrifo. coronado de plata en la habitación resplandeciente y sin sombras. Se agachó y la recogió. Se colocó en la cabeza el casco de plata y se volvió para recoger su capa. Cogió la espada en la vaina incrustada de perlas y se la enhebilló. detrás de cada silla acechaba la obscuridad. y uno debía morir. que no le correspondió. arrojó su capa. azotando el aire con su cola. Las velas ardían. Desde una habitación lejana llegaba una música suave. simios. que también se dirigían de vez en cuando a la caja que descansaba sobre la mesa. y la dio vuelta. todos los cortesanos su docena de mascotas. ¿qué? De escuchar la música que había cesado. su voz era fría. Todas las damas tenían su unicornio. de. Y anhelante. preparado para la lucha. Faltaban diez minutos para las diez: la hora de levantarse y ceñirse la espada. La obscuridad se derramó sobre el rostro de Rikard. su herencia. había que obligar a sus negras naves a retirarse al mar. Colocó la caja sobre una mesa de vidrio. por encima de su cabeza. Luego levantó la caja con lentitud. que yacía abierta en el suelo. ópalos. Heredero y defensor.. quien miró en torno pues la música lejana se había detenido y todo estaba en completo silencio. las manos. La vaina perlada que colgaba de su cinturón golpeó algo detrás de él. un entrelazamiento continuo de notas semejante al rumor de una fuente. y ocasionales motas de luz ponían manchas doradas y reflejos violetas en el cielorraso y en las paredes. raspando el suelo de mosaico con las garras. El Desterrado volvía. triste y cansado como estaba. Pero todos los rincones estaban obscuros. No. inmóviles en sus candelabros dorados. se desembarazó del cinturón en el que colgaba su espada. y se sentó suspirando.se retiró a solas a sus aposentos privados. Entonces se movió con rapidez y se le cayó la caja. y cuando Rikard volvió la cabeza su sombra saltó a lo largo de la pared. Alto y cubierto por su armadura blanca. Rikard sostenía la caja abierta y contemplaba la densa obscuridad que se escurría del interior. vamos –dijo Rikard. También un gato negro y bruñido rondaba por la habitación. Rikard se levantó y el grifo saltó de inmediato. Rikard no le prestó atención. y el grifo gimoteó de excitación y frotó el pico contra la mano de su amo.. llevando con cuidado la caja entre las manos. Los hermanos debían pelear. su único amigo indiscutible.. arrojada sobre una silla. salvarse. llamar a sus hombres e ir a la batalla.. decidido a tomar la ciudad y reclamar su derecho al trono. apoyó la cabeza sobre las rodillas del príncipe a la espera de que le rascase la crin plumosa. Rikard se volvió para mirar el reloj que descansaba sobre la repisa de la chimenea. se volvió y vio la caja.

y los corredores del palacio devolvieron el eco de gritos mezclado con las últimas y estruendosas campanadas. Los relojes estaban dando las diez. –Llegarás tarde a la batalla. El pico de acero estaba abierto. en su sangre. hasta que un repentino sonido lo sobresaltó. Forcejeó mientras el gran pico le mordía el cuello y las garras laceraban los brazos y el pecho. pero emitió un extraño chillido metálico. Rikard extendió la mano y le habló. retirar el arma y volver a cortar. como dos piedras rojas. el aleteo del grifo había apagado o volteado todas las velas menos una. Pero solamente uno de vosotros. Alguien aporreó la puerta. reflejada débilmente en un ramillete de topacios que adornaba la pared. príncipe! –el gato se sentó y enroscó pulcramente el rabo en sus patas. y crepúsculo. Rikard levantó la cabeza. –Está muerto –dijo una vocecilla suave. Rikard vio las alas negras contra el cielorraso. Entonces uno de vosotros regresará a la ciudad. De una vez por todas. yació inmóvil. nada se movió. La única vela vaciló en su candelabro. El grifo yacía inmóvil. en sus oídos. se cubrió con la capa y se dirigió a la puerta. las garras. y de pronto el mismo Rikard se asustó. chillidos de animales asustados. Al cabo de un minuto hizo lo que había hecho en la duna después de la batalla: inclinó la cabeza – la respiración entrecortada– y escondió el rostro entre las manos. y caerá la noche. desenvainó la espada. los ojos también. órdenes.. La espada de Rikard cayó al suelo con estruendo. El animal no se movió. que cayó en contorsiones en las sombras entre astillas de vidrio. Reinaba un completo silencio. sin expresión. –Hoy habrá tarde –dijo el gato–. príncipe –dijo el gato. Por último. evitando cuidadosamente los fragmentos de la destrozada mesa–. . A tientas buscó una silla y se sentó.los rincones negros había visto el resplandor rojizo de dos grandes ojos.. ¡escucha. príncipe.. la mole le cayó encima antes de haber podido lanzarle una estocada. –¡Vamos! ¿Estás asustado en la obscuridad? –le dijo.. un ligero y cercano ¡ting! En lo alto de la torre estaba sonando una campanada sorda y colosal que retumbó en la piedra del suelo. Retrocedió un paso hacia la puerta. la envainó. Rikard buscó su espada a tientas entre sombras y sangre. por supuesto. el segundo golpe partió a medias el pescuezo del grifo. tú o tu hermano. Rikard permaneció inmóvil. el pico de acero. forcejeó hasta que pudo liberar el brazo que sostenía la espada y así comenzar a cortar. y el monstruo saltó. El grifo. voces. Tenía las manos pegajosas por su propia sangre y apenas podía ver. su sangre formaba un charco negro como la primera obscuridad derramada fuera de la caja. y el gato de la bruja se aproximó.

Edición digital de Sadrac . fuera? –Sí. entonces vale la pena –dijo el joven.Rikard estaba callado. –Bueno. Preguntó: –¿Brilla ahora el sol. está brillando. con su sombra pegada tras él. que avanzó hacia el tumulto y el pánico de los salones soleados.

Traducido por Francisco Arellano en Los mejores relatos de fantasía 2. y lo atara. el aire negro y apestoso. chisporroteando. murmurando cierta Palabra. La luz no producía reflejos en las húmedas paredes.. supo que estaba en peligro. todo está bien. recopilados por Ellen Kushner. Excepto el dolor de cabeza. . Se sentó. tan alta que Festin. Festín gimió y dijo: –¡Báculo! Cuando su báculo de brujo hecho en madera de aliso no acudió a su mano. por la forma en que imagina el Mundo de los muertos. y al no poder recurrir a su báculo para que le diese la luz apropiada. También manifiesta cierta obsesión por los árboles. porque son mitos y están fuera de los confines del tiempo. –Arriba –dijo Festin. y una postura erguida. Y la bola de fuego zigzagueó hacia arriba hasta iluminar una trampilla abovedada muy por encima de él. sobre el que más tarde escribiría tres novelas. Para el resto de vosotros. que una vez descubiertos siguen apareciendo a lo largo de mi obra. ©1964. y que la historia del dragón Yevaud es un tanto obscura. La palabra que desliga anuncia el final del último libro de la trilogía. Pienso que sin duda soy la más arbórea de las escritoras de ciencia ficción. que no se someten a los requerimientos causales o unidireccionales del relato.) Pero esto sólo se puede esperar de los dragones. encendió una chispa entre el índice y el pulgar. al proyectarse al interior de la bola de fuego momentáneamente. Una centelleante bola de fuego azulado saltó de la chispa y rodó débilmente a través del aire. y los lectores que estén familiarizados con la trilogía notarán que en algún momento los gnomos de Terramar se extinguen. Aún quedamos unos pocos balanceándonos aquí arriba. que descendisteis y desarrollasteis pulgares oponibles. vio su propia cara doce metros más abajo como un pálido punto entre las tinieblas. por medios mágicos. y aquello era todo lo que había. en la Isla de Pendor. estaban entretejidas a partir de la noche. Ediciones Martínez Roca S.La palabra que libera The word of unbinding. ¿Dónde estaba? El suelo era duro y fangoso. La costa más lejana. El poder de los nombres explora primero un elemento esencial en el funcionamiento de la magia en Terramar. Fantasy 6. (Deben de haber pasado algunas décadas o siglos en Sattins Island antes de que Ged lo encontrara. A. 1985. Volvió a su cuerpo y dijo: –Fuera. y esas cosas. Al principio no sabía mucho del lugar. Tendido de plano sobre el frío y húmedo suelo. Los dos cuentos siguientes fueron mi primer acercamiento y mi primera exploración del “mundo secundario” de Terramar.

al sonido del viento en sus hojas. cuyas raíces están en profunda comunicación con las corrientes de agua. Por un momento. gritando en voz alta un Nombre capaz de romper todas las cerraduras y abrir cualquier puerta hecha por el hombre. había abandonado las ciudades y se había ido a conversar con los árboles. Hacía seis meses que no hablaba con un ser humano. había pensado. Voll era fuerte. En su propio terreno. se había sentido agobiado por un sentimiento de fuerza desperdiciado.La bola murió. por sorpresa. sin usar. no había prestado mucha atención a los cuentos sobre Voll el Funesto. «Puedo proteger esta isla». un joven brujo ocupado con su entrenamiento. al sabor de la luz del Sol sobre las hojas. y Festín. Entonces. o a las obscuras aguas subterráneas fluyendo entre las raíces. Sus esclavos le seguían en naves. Festin sintió un sudor frío. Hacía mucho tiempo que había oído hablar por primera vez de Voll el Funesto. castaños y alisos. Y así. conociendo su todavía no probado poder. Últimamente. tras frotarse la ahora doblemente dolorida cabeza. y la fuerza de Festin no era ni la mitad de la que hubiese tenido de no haber perdido su báculo. en el calabozo construido con sus propios hechizos. ¿Dónde estarían ahora los árboles. se sentó. sus viejos compañeros? ¿Habría destruido Voll el bosque? Despierto al fin y puesto de pie. devastando bosques y expoliando los campos. relativos sólo a sí mismo. eso lo habían visto. Los refugiados de las islas destruidas contaban siempre la misma leyenda. resonando en sus oídos y haciéndole caer de rodillas y ocultar la cabeza entre los brazos hasta que los ecos murieron en las bóvedas que había sobre él. Festin hizo dos amplios movimientos con manos rígidas. sin lanzar hechizos. ramas y ramitas. que había llegado al atardecer en un viento obscuro por encima del mar. todavía temblando. su cuerpo se disolvió en una nube de fina bruma. Suavemente. su magia resistiría cualquier ataque directo. Pero nadie había visto al propio Voll. lo último que recordaba era que había estado caminando a través de sus bosques. en aquellos años solitarios de la mitad de su vida. Debían de haberle hechizado desde detrás. Había estado ocupado con los elementos esenciales. que volvieron hacia Festin. Estaban en lo cierto. hablando con los árboles. que pasaba de isla en isla de la Región Exterior. especialmente con los robles. Había muchos hombres y criaturas del mal campando por las Islas. de Proyección y Transformación. ¿Quién podía haberle encantado y encerrado en aquel pozo apestoso? –¿Quién? –preguntó a las paredes. un nombre llegó hasta él y le embistió como una gruesa gota negra que rezumase de poros de piedra y esporas de hongos–: Voll. meditabundo. y sellando en tumbas subterráneas a cualquier brujo o mago que se atreviese a combatir con él. .. no oían. al ritmo del crecimiento en sus redondos troncos. Festin se sentó en las tinieblas haciendo crujir los nudillos. Pero aquellas paredes impregnadas de noche y del nombre de su creador no escuchaban. por eso. y había vuelto a sus robles y alisos. sin molestar a nadie. al atardecer. El nombre levantó ecos. necesitando aprender lo que era paciencia. y.. esclavizando a los hombres. se transformó. lentamente. Pero ni siquiera su captor podía arrebatarle sus poderes. de quien se decía que era más que un brujo pero menos que un hombre. deshaciendo el trabajo de los Antiguos.

Deseó ardiente y amargamente tener su báculo. cuando una aguda sensación de peligro le obligó a transformarse rápidamente. secándolas. El troll avanzó hasta la trampilla. pero Festin ya se había convertido en un halcón y aleteaba en dirección a la ventana. recogió el anillo.. A su través.. Descendió a plomo doce metros y aterrizó sobre el suelo de piedra. Había logrado pasar casi por completo. bajando en espirales hasta el suelo.. con el que podría haberse procurado algo para comer. Festin estuvo por unos momentos simplemente respirando. la bruma se elevó del suelo. donde se transformó en una ligera corriente de aire puro. El acechante troll inhaló sospechoso. un anillo de oro. Reasumiendo su verdadera forma. donde tomó de nuevo la forma de Festin. derivó hacia la grieta. . Hasta un loco se sabría ese truco. Lo hizo justo a tiempo. Precipitadamente. Festin se convirtió en un pequeño murciélago negro y voló hacia el techo. rastrera. Después de todo. frotándose dolorosamente un codo herido. La transformación es una característica emocional de los brujos introvertidos del tipo de Festin. disolvió su cuerpo en la infinita delicadeza de aceites volátiles. la experiencia deviene espantosa. con un diñe. y con voz despiadada dijo: –¡El halcón. dispersando las gotas de bruma. Empezó a moverse demasiado tarde. que apareció jadeando. y estaba soplando suavemente a través del vestíbulo en dirección a una ventana.. falló por escasos metros. Esa vez consiguió salir. cuando a esa característica se añade el shock de enfrentarse a una muerte inhumana en la forma asumida por uno. El troll arremetió contra él. que rodaba con rapidez. Nuevamente. la bruma retrocedió de nuevo hacia la cueva. que se filtró a través de la grieta. Demasiadas transformaciones para un estómago vacío.Perezosa. no podía transformar o proveerse de ninguna cosa material. –Paciencia –se aconsejó Festin a sí mismo. y lo levantó con una enorme mano como de piedra caliza. se filtró. Estaba irritado consigo mismo. se sentó. ni luces ni chuletas de cordero.. una grieta fina como un cabello. Probablemente. El huracán de aire ártico que habría dispersado su forma aérea como un caos irreconstruible simplemente enfrió un poco su forma de anillo. adquiriendo la primera forma pequeña y coherente que llegó a su mente. gotita a gotita.. derivando sobre las fangosas paredes hasta que encontró. Mientras pasaba la tormenta permaneció sobre el pavimento de mármol. aunque pudiese cambiar de forma y ejercer determinados hechizos y poderes. Sin él. preguntándose qué forma debería adoptar para atravesar la ventana más rápidamente. Cuando hubo recuperado el aliento. atrapad el halcón! Mientras descendía en picado desde el castillo encantado hasta el bosque que se extendía obscuro hacia el oeste. Voll había dejado fuera un viento caliente al acecho. donde la cueva se hacía pared. la luz del Sol y el reflejo del mar le deslumhraron. Un gigantesco troll de rostro inexpresivo avanzaba a largas zancadas por la habitación. se detuvo. descorrió el cerrojo de hierro y murmurando un encantamiento arrojó a Festin a las tinieblas. cuando un viento ardiente como la ráfaga de un horno le golpeó. había sido una estupidez intentar escapar como bruma. convirtiéndose en el aroma de una chuleta de cordero frita.

o mejor aún. con el frío saliéndole de la médula e inundando nervios y venas. El olor le permitió ver con el ojo de la mente los pantanos que se extendían desde el bosque amurallando el mar.. grande y silenciosa. Despertó nuevamente en el húmedo y malsano suelo del calabozo. en el bosque. había perdido su fuerza. con ojos sin párpados vio ante él el profundo pozo marrón entre las grandes y nudosas raíces de un aliso. y los labios mojados con su propia sangre. Saboreó el agua con los costados. con las manos.. Se precipitó hacia delante. anhela la tierra o las aguas de su hogar.Festín cortaba el aire corno una flecha. Confiando excesivamente en su poder. Sol. poder. con tinieblas por delante y por detrás. con ella. el cabello. mar y torres giraron a su alrededor y desaparecieron. lentamente. las ramas que se veían a través de la habitación en que solía dormir. Cualquiera que fuese la forma que adoptase a partir de entonces. su lenta corriente. No podría volver a intentar escapar directamente. que ni siquiera el hechizo de curación podía calentar. hacia las . aguas subterráneas por sangre. y empezó a actuar con una magia. a la sombra de los árboles. ésta compartiría su debilidad. o viéndose en peligro. Sólo en sueños conseguían los grandes magos realizar la magia de volver al hogar. Oh. el gas de los pantanos. donde en otoño los cisnes volaban alineados. Gritando. permaneció de pie entre las negras paredes.. reuniendo su poder hasta que brilló como una candela en la obscuridad de su carne. una irresistible e inagotable caricia. en el exilio. corrían hacia el mar rápidos y silenciosos riachuelos. Como un gusano ciego. Los muros desaparecieron. Pero una flecha más rápida chocó con él. corriente arriba. Pero Festín. donde. Debía proteger aquella tierra. cayó. descansando y oculto. La flecha se había clavado en el ala del halcón. la mesa en la que comía. Toda la frialdad del subsuelo fluyó a lo largo de su espalda y de su vientre. sus amados pantanos donde ningún hombre acudía. con rocas y vetas de granito por huesos. entre tranquilos pozos y cañaverales. cerca de los manantiales.. y murmuró un hechizo para cerrar la herida. Era una gran magia. poder ser un pez en una de esas corrientes. Estaba demasiado débil y cansado. Sus ojos estaban sumidos en las tinieblas. imaginando la vista desde el umbral de su casa. Pero había perdido mucha sangre y. en el claro remanso bajo las raíces de un aliso. y sería atrapada. dejando que la bola de fuego chisporroteara con una última bocanada de metano. plateado. se movió a través de la tierra hacia el oeste. raíces por nervios. Se mantuvo inmóvil. Al cabo de un rato pudo sentarse y rememorar un hechizo más largo y poderoso de curación. Estaba en la tierra. incluso cuando recurrió a la bola de fuego e iluminó el aire hediondo: la misma bruma tenebrosa que había podido ver cerniéndose sobre su bosque y las pequeñas aldeas de su territorio. estar más lejos. se acuclilló. Festín no la había practicado más de lo que lo hace cualquier hombre que. en el hombro del hombre. Temblando a causa del frío. Un frío helado se había apoderado de la médula de sus huesos.

la que sólo se pronuncia una vez. Estaba otra vez en poder de su enemigo. apaciguando su herida y con su frescura alejando el desolador frío que había penetrado en él. los hombres pensarán que fui un cobarde.. y no supo nada más allá de ella. y los trolls.. Girando la cabeza ligeramente hacia un lado. Permaneciendo inmóvil.sombras. El agua brotaba intemporal de su clara fuente. »Dicen que todos los brujos y hombres poderosos que ha vencido viven encerrados en tumbas como ésta. Al cabo de mucho tiempo. sofocándose. »Pero ¿y si uno elige no vivir?» Así. caras vagas. sobre qué tierra caminará? »Me teme. Se agitó en la red. se hundió en el fondo del pozo de la noche. Estaba libre. poco a poco empezó a darse cuenta de que estaba de nuevo en su forma humana. pues cuando se movió. fuera del alcance del dolor. y se puso al acecho. le agarraron y le mantuvieron retorciéndose en el aire. La agonía continuó. habían aplastado el frágil cuerpo de trucha. aunque no me queden fuerzas. hizo una última inspiración profunda y susurró la palabra que libera. desaparecieron y volvieron a aparecer. no estaba muy lejos de la muerte. El frío le atravesaba. boqueando en el seco.» Pero no se retrasó con aquel pensamiento. mucho más poderosa que cualquier hechizo de encantamiento. Roto y sin fuerza. servidores de Voll. Festín pensó: «¿Por qué no me ha matado? ¿Por qué quiere mantenerme con vida? »¿Por qué nunca ha sido visto? ¿Con qué ojos se le puede ver. Estaba en su hogar. . escondió el brillante cuerpo de trucha bajo el arco de las raíces del aliso. ¿Quién caminaba por su bosque? Demasiado fatigado para cambiar de forma. Tras otro lapso de tiempo. Luchó para recobrar su propia forma. Festín hizo su elección. Mientras descansaba. pero había otro. Su último pensamiento fue: «Si estoy equivocado. reaparecieron. pero no pudo. la caja torácica y un antebrazo le dieron un navajazo de dolor. y casi. Grandes dedos grises tantearon en el agua. no saldría de allí de aquel modo. viven año tras año intentando liberarse. pero no totalmente. A través de la palidez del agua. ojos en blanco surgieron y se desvanecieron. sintió y oyó una sacudida y un temblor en la tierra. su propio hechizo para regresar al hogar le encadenaba. por su garganta obligaban a bajar un líquido agrio y picante. Redes y manos buscaron a tientas. cerró los ojos. Y aunque podía respirar de nuevo. Se quedó en la arena del fondo del remanso. dejando que el agua le acariciase. agitando la arena. se encontró tirado boca abajo sobre el suelo mojado y pestilente de la cueva. No tenía poder para cambiar de forma. brillante y terrible aire.

le siguió de cerca. La sombra de Voll lloriqueó. –Entra –dijo Festin. se convirtiera en polvo. Las estrellas permanecían fijas sobre él. Voll se acercó a él. Su cuerpo. los ojos que se habían deleitado mirando árboles y corrientes. y desapareciera todo su maléfico poder. muy lentamente. luego se sentó a descansar sobre unas grandes rocas. No hubo cambio. Recorrieron un largo camino. Las estrellas colgaban del cielo. entre los cantos rodados. en el corazón del país donde no hay costas. atravesando ciudades o bajando por sus callejas obscuras entre casas por cuyas ventanas no miraba cara alguna. debería montar guardia hasta que el cuerpo de Voll. tranquilos. las hábiles manos. Voll retrocedió. y Festín se dirigió lentamente hacia la lejana pendiente de la colina de la existencia. recordando. desnudo. En el seco lecho. bajo nuevas estrellas. sobre corrientes de lava seca de extintos volcanes. y el cielo del atardecer. yacía un cuerpo muerto: el de un hombre viejo. Pero ellos continuaron. donde una vez la muerte había encontrado el camino de regreso al otro mundo. El cadáver se desvaneció de inmediato. Festin estuvo allí de pie un rato. Y. Festin siempre siguiendo los pasos del otro. permanecieron sin cambio. ninguna descendía. lenta. Sin marcas. Festin le siguió cuando huyó. Como la llama de una vela. y las salas y torres. a las que la muerte no afecta. Festín se acercó. sobre los contrafuertes de las silenciosas colinas. Edición digital de Umbriel . pero Festin se acercó más. allí no lo había olvidado. perfectamente tranquilos y llenos de frío. infinitamente paciente. devuelto a su tumba. Pero las paredes desaparecieron. inmaculados.No hubo transformación. En vida había tenido gran poder. no a dormir. hacia el lugar por donde en un tiempo corrió un río. Ningún día llegó. se movió en las tinieblas de aquella amplia tierra. empezó a olvidar la voz de las corrientes y el sonido de la lluvia sobre las hojas del bosque de la vida. mucho tiempo antes: un río de las tierras vivientes. y el mar. las largas piernas y brazos. y mientras las miraba. incapaz de resistir. Festin esperó entre las rocas por las que ningún río volverá a correr. y el bosque. ojos mates mirando fijamente las estrellas. La cueva construida con magia desapareció. Debería vigilar aquel lugar. ninguna se levantaba. Desaparecieron. a través de valles de corta hierba negra. un denso y pálido espectro bajo la luz de las estrellas. pronunció el nombre de su enemigo: –¡Voll! Llamado. que recortaban sus conos contra las estrellas sin nombre. se detuvo. esparcido por el viento y arrastrado por la lluvia hasta el mar. y el otro se acobardó y gritó como si estuviera ardiendo. y penetró por la boca abierta de su propio cuerpo muerto. A descansar. No hubo cambios. los secos cantos rodados centellearon bajo la luz estelar. Paciente.

y por lo tanto merecía respeto. sonriendo y respirando con dificultad. por temor. Traducido por ? en Axxón 65. –¡Día. y budín inglés con salsa fermentada. «¡Sentémonos aquí. más allá de la cual en realidad no había llegado nadie. pero sus elixires eran ineficaces con frecuencia. ¿eh?». curioseaban y escudriñaban y hacían incursiones cuando el señor Bajocolina salía. y sirvió una colación espléndida. como un simple aldeano más. ni siquiera la antecámara. Hasta lo invitaban a cenar.. con plata. Era todo lo que la pequeña isla poseía a modo de mago.El Poder de los Nombres The Rule of Names. cristal. El señor Bajocolina contempló el cielo brillante de diciembre y sonrió más ampliamente que nunca. o si llovía: «Vayamos a tomar un trago a la taberna. Algunos de los niños de la aldea. día! –respondía él a todos. aunque todos sabían que él no bebía nada más fuerte que agua de pozo. pero la puertecilla que conducía a la habitación interior estaba cerrada por medio de un . algunos con cariño. los tomates que encantaba no llegaban a ser más grandes que los melones. y además. el señor Bajocolina permanecía siempre debajo de su colina.) Todos le hablaban. Cada resoplido salía disparado por las ventanas de su nariz como una doble bocanada de vapor. decía sonriendo y señalando hacia el bosquecillo de abetos. El señor Bajocolina salió de debajo de su colina. blanca nieve bajo el Sol matinal. Luego se dirigió al pueblo. © 1964. ganso asado. y durante los contados días en que alguna nave extraña se detenía en el puerto de Sattins. al mal de ojo. donde un adjetivo descuidado puede cambiar el tiempo por una semana. y descargaban su irritación tratando al señor Bajocolina con bastante familiaridad. Una vez él invitó a cenar a algunos de ellos. Por esta generación los aldeanos se las apañaban con puertas mal colocadas y hechizos inútiles.. tentados por aquella cueva. era suficiente con decir sólo el momento del día. pero estuvo tan nervioso que quitó toda alegría a la comida. No le gustaba que nadie visitara su cueva. entre casas de tejados cónicos y sobresalientes como los sombreretes rojos y gruesos de las setas venenosas. un chispeante Andrades 639. (Por supuesto que desear a cualquiera un buen día traía mala suerte. mostrando unos dientes blancos como la nieve. En otras palabras. explicaba. todos volvieron a estar hambrientos media hora después. Cuando veía que se acercaba gente a la colina. bajo los pinos!». Se esmeraba medianamente en los fuegos artificiales. salía trotando a recibirla. en un lugar tan afectado por Influencias como Sattins Island. era un mago por la misma razón por la que el zarco Gan era un carpintero: por negligencia. Febrero de 1995. ¿pero cómo se podía respetar a un hombrecillo regordete y cincuentón que se tambaleaba con los pies hacia adentro. señor Bajocolina –le decían los aldeanos cuando se cruzaban con él por la calle angosta. otros con cariñoso desdén. Las verrugas que hechizaba reaparecían a los tres días. sonriendo y exhalando vapor? En el trabajo tampoco era gran cosa. –Día. albaricoque.

en el baldío. la maestra. también debía pasar por la casita de Fogeno. que ese día se reunía fuera. ¿Cuál es una de ellas? –No es buena educación preguntarle a nadie cuál es su nombre –gritó un niño gordo y veloz. y se ensuciaban los pantalones con heno. Palani. Hoy. El no salió. –decían haciendo mohines. llevaron allí una palanca y un hacha. una muchacha rolliza y bonita de veinte años. niños. rodeada por treinta niños atentos menores de doce años y cuarenta ovejas distraídas menores de cinco. no chilles. El señor Bajocolina había regresado temprano. –Me pone nerviosa. pero al primer golpe surgió del interior un rugido de ira y una nube de vapor purpúreo. Los niños huyeron. sonriendo con timidez. El señor Bajocolina. el señor Bajocolina pasó por la escuela. Hablaba con seriedad. con el rostro enrojecido por el viento y las palabras. pero el señor Bajocolina continuaba intentándolo).encantamiento. –Ya habéis aprendido las Reglas de los Nombres. que fue interrumpido por una niña pequeña que chillaba: –¡Nunca podrás decir tu propio nombre a nadie. hacía un cuadro encantador allí. la viuda del fabricante de concertinas. y las muchachas le tenían vergüenza. dice mi mamá! –Sí. Los hombres jóvenes y fuertes de la aldea le producían timidez. los llevaba a donde tuviera ganas. sonríe tanto. se detuvo a mirar y escuchar. con niños y ovejas a su alrededor. y los niños no sufrieron ningún daño. en días de Sol. En los días lluviosos los niños se reunían en el desván del Granero Común. estaba enseñando un punto importante en el plan de estudios: las Reglas de los Nombres. retorciendo rizos sedosos alrededor de un dedo. Palani. y todas las madres respondían adustas: –Nerviosa un cuerno. La mayoría de los amigos del señor Bajocolina eran ancianos. no existían libros en los cuales aprender a leer ni pupitres en los que grabar iniciales ni pizarras que borrar. Aquel día tenía que comprar en el pueblo tres docenas de huevos frescos y cuatrocientos gramos de hígado. «Nerviosa» era una palabra de última moda. y al parecer. por una vez. y por último se detendría a charlar con la vieja Goody Guld. Son dos. bajo el Sol invernal. lo que sois es tontas. y de hecho no existía un edificio escolar. Una vez que dos niños creían que el hechicero se encontraba en la Costa Oeste curando el burro enfermo de la señora Ruuna. aunque dijeron que de no escucharlo. y son las mismas en todas las islas del mundo. Sí... nadie podría creer que aquel hombrecillo regordete produjera ese horrible y enorme grito-bramido-aullido-silbido. Suba. Tenéis razón. se trataba de un encantamiento eficaz. un roble sin hojas sobre la cabeza y las dunas y el mar y el cielo pálido y transparente detrás. ¡El señor Bajocolina es un hechicero muy respetable! Después de despedirse de Goody Guld. el capitán. Dado que no había nadie alfabetizado en Sattins Island. querida Popi. Nunca preguntaréis a nadie su . a renovar el hechizo de los ojos del anciano (bastante inútil aplicado a un caso de desprendimiento de retina.

hayáis dejado la escuela y estéis atravesando el Pasaje. tímida. Ese día el viento era fresco y ligero y venía del oeste. –¡Porque vive debajo de una colina! –gritó media clase. Popi. ¿Por qué existe esta regla? Los niños permanecieron en silencio. Ni siquiera un mago puede decir su verdadero nombre. los que nunca deberéis preguntar ni entregar. y manadas de vacas y .nombre. y el chillido de la pequeña Popi le hizo eco: –¡No! –¿Cómo sabéis que no lo es? –Porque llegó aquí solo y entonces no había nadie que supiera su verdadero nombre y por eso no nos lo podían decir. –¿Pero es ése su verdadero nombre? –¡No! –dijo el niño gordo. y los pescadores se sumaron luego desde sus hogares. El señor Bajocolina contestó la pregunta: –Porque el nombre es la cosa –dijo con voz suave. Suba. un chico de vista aguda lo notó y. Y él se fue a su colina al trote. y él se puso radiante y aferró nervioso su bolsa de huevos. evidentemente un poco desconcertada por su intervención. un barco extranjero!» La solitaria isla muy rara vez era visitada por algún barco de otra isla igualmente solitaria de la Bordada Este. corrió por la calle gritando: «¡Un barco extranjero. o por un mercader aventurero del Archipiélago.. y el verdadero nombre es la verdadera cosa. ¿No es así. media aldea ya estaba allí para saludarlo. Nunca diréis el vuestro. –Muy bien. debió de haber dejado uno o dos escapes en el hechizo pues la antecámara vacía pronto estuvo llena del olor de los huevos fritos y el hígado tostado. aferrando los huevos contra el pecho. Por alguna razón. señorita maestra? Ella le sonrió e hizo una reverencia. no grites. dejaréis atrás vuestros nombres de niños y conservaréis solamente vuestros nombres verdaderos. Cuando vosotros. y él no podía. Cuando el barco llegó al embarcadero. conocedor como todos los niños de cada vela y cada mástil de los cuarenta botes de la flota pesquera. Ahora pensad en ello un minuto y decidme por qué llamamos a nuestro hechicero señor Bajocolina –sonrió al señor Bajocolina por encima de las cabezas ensortijadas y los lomos lanudos. los niños. Las ovejas balaron con dulzura. el momento que había pasado contemplando a Palani y a los niños le había abierto el apetito. Cuando irrumpió en el horizonte. Tienes razón.. cerró la puerta interior con un encantamiento apresurado. Al pasar. Al mediodía había traído un pequeño bote que llegó al puerto de Sattins peinando las olas brillantes. Conocer el nombre significa controlar la cosa. ronca–.

Solamente había un hombre a bordo del barco.. Cuando se lo contaron al anciano capitán Fogeno. que los saludó alegremente desde su barco y saltó a tierra como cualquier marinero que llega contento a puerto. Todo Sattins Island fue a mirar. un cardumen de cejas blancas descendió hasta sus ojos sin vista. –Es la primera isla sin mago que veo –dijo un día Barbanegra a Goody Guld. inmediatamente le dieron uno: Barbanegra. ¡si tenemos al señor Bajocolina! –dijo la anciana.. pero lo más que había hecho hasta ese momento para demostrarle su amor había sido regalar canastas de caballas frescas a la cocinera de su padre.. –Para lo que sirve. y luego se ruborizó hasta el color púrpura y se le derramó el té. y los tejados dorados de Havnor. Como el extranjero no podía decir su nombre. ¿Qué hacéis cuando os duele un diente o una vaca se seca? –Bueno. estaba conmovida por la audaz hermosura de Barbanegra. llenas de torres. Así que los aldeanos quedaron sin aliento ante la posibilidad de ver por una vez en sus vidas a un Mago.. Se presentó de inmediato como un buhonero de mar. pero algunos de ellos se preguntaban por qué un mercader viajaría solo..buscadores de almejas y cazadores de hierbas jadeaban por las rocosas colinas en dirección al puerto. que en la ocasión había invitado a su sobrino y a Palani a tomar una taza de té de junco con el viajero–. y quizás a comprar algo. Un brujo.. . para que les contara sus viajes a lejanas y extrañas islas de la Bordada o les describiera las grandes y ricas islas del Archipiélago. el anciano movió la cabeza y dijo: –¡Malo! Dos hechiceros en una aldea.. el joven sobrino de Goody Guld. Pero la puerta del señor Bajocolina permaneció cerrada... Tenía un pequeño y revuelto hato de ropas y sandalias y plumas de piswi para adornar capas e incienso barato y piedras ligeras y hierbas delicadas y grandes cuentas de cristal de Venway. pobladas. los fondeaderos blancos de naves. y contemplaban pensativamente su vara de roble. Durante todo este tiempo el señor Bajocolina permaneció debajo de su colina. –murmuró Birt. el lote habitual de un buhonero. ricas. Pero cuando le contaron al capitán Fogeno que llevaba consigo un bastón de roble. un sujeto guapo. un hechicero o un Mago. quien al igual que todas las mujeres y todas las muchachas de la aldea. Los chicos también le rondaban. estaba enamorado de la maestra de escuela. –Hay una sola clase de hombres que naveguen a solas por la Bordada Externa. Se decepcionaron. –su boca se cerró con un chasquido. –¡Imposible de olvidar! –cacareaba Goody Guld. uno de los poderosos Magos Blancos de las islas interiores del Archipiélago. pues el viajero era bastante joven. a charlar con él. de barba negra. las Rutas Internas. Los hombres escuchaban sus relatos con gusto. Y le prestaron mucha atención..

–¿Cuál de estas naves es la de vuestro hechicero? ¿O tiene una de esas que los Magos pliegan dentro de cáscaras de nuez cuando no las usan? –No –dijo un imperturbable pescador–.. cuatro. Hasta arriba del todo. que arreglaba una red allí cerca.. El sobrino de Goody Guld. ¿Más té. ¿verdad? –No –dijo Goody Guld–. Barbanegra le sonrió. llegó en un pequeño barco. –también se ruborizó un poco. dice él.. pobre criatura. suspirando imperturbablemente. hará cinco años. No. si la magia es blanca!» Dice el capitán. Apenas llevas una semana aquí. no mejor que tú. –Es un buen sattinsano entonces. ¿tenéis un hechicero? –preguntó Barbanegra–.. ¿hace cuatro años? Fue un día después que concluyó la arribada del sábalo porque estaba recogiendo las redes en la Ensenada Este. Por un momento. que entonces no estaba ciego.. y era un gato naranja. Tenía un aspecto bien raro después de eso. Entonces llega navegando en una pequeña chalupa cargada hasta el tope de grandes cofres y cajas y le dice al capitán Fogeno. ¿No están deseando uno?»«¡Ya lo creo. el día de la arribada prolongada de los arenques. aunque sabe Dios que estaba tan viejo como para haberse quedado ciego dos veces: «Oigo contar –le dice– que no tienen un brujo o hechicero. y Pondi Cowherd se rompió la pierna aquella misma mañana. Barbanegra se hallaba en el muelle trabajando en la tabla arrancada de su barco. durante el encantamiento del frío. ¿Es invisible? –No.. pero no derramó su té. No. y como de costumbre. Goody Beltow se tomó la muerte de su gato. Aunque la piel creció gris. luego Barbanegra sonrió y dijo: .. Al día siguiente. hacía hablar a los taciturnos sattinsanos. y vemos tan pocos extranjeros. solamente muy tímido –dijo Palani–. ¿no?. Murió el invierno pasado. y habló hasta que cayó la noche. –¿Llevó hasta su cueva el barco que lo trajo? –Sí.–Oh. peor que cuando su marido se ahogó en las Orillas Largas. son cinco. No. unos ojos negros y listos se encontraron con unos ojos azules e inocentes. debajo de la colina. mi querido. Llena hasta el tope de grandes cajas llenas hasta el tope de libros con encantamientos. fue el año en que el ajo no se dio. Está allá arriba en su cueva.. cuando mi sobrino Birt aquí presente no era más que un bebé en pañales –el sobrino de la señora Goody Guld volvió a derramar el té y Barbanegra hizo una mueca.. a cuya reparación parecía dedicarle mucho tiempo. Yo ayudé. Era pesada como el plomo –y el imperturbable pescador le volvió la espalda. y antes de decir «pulpo» el señor Bajocolina se había instalado debajo de la colina y estaba hechizando la sarna del gato de Goody Beltow. sobrino? Mantenlo en la taza esta vez.. pero la anciana prosiguió sin desfallecer. levantó la vista de su trabajo y preguntó con igual imperturbabilidad: –¿Verdad que te gustaría conocer al señor Bajocolina? Barbanegra le devolvió la mirada.

. Desembarcaron. y el Archipiélago no estuvo tan preocupado por guerras y piratería. y en las proas de las siete naves más fuertes colocaron siete Magos. el dragón se había ido. ni tampoco el saber que estaba sentado sobre todo ese tesoro.. amigo Birt. Un hechicero. Nada se movió.. Tengo una historia para contarte antes de que visitemos a tu hechicero. –Es una historia que empezó hace cien años. cuando haya terminado con esto –dijo el pescador. astuto. apareciendo solamente una vez cada uno o dos años. él y el del Archipiélago partieron por la calle de la aldea hacia la alta colina verde. los del dragón. Así que cuando la Liga se fortaleció. y que todavía no ha terminado. Mató al Señor del Mar y a sus soldados. y allí se reunió un gran tesoro. Bueno. se decidió atacar Pendor. Al saber que no habría podido resistirse a siete Magos. amaba el oro y las piedras preciosas por sobre todas las cosas. Invadía islas cercanas en busca de alimento.. ¿Me llevarás a la colina. –Cuéntala –dijo Birt. le siguieron la pista hasta allí. y que como todos los dragones. llegó un dragón muy poderoso. los platos sobre las mesas llenos del polvo de cien años.. y los habitantes de Pendor huyeron de noche en sus naves. y descubrieron que había volado a una isla desierta en el norte llamada Udrath. cuando debía comer. negro. ¿y qué encontraron? Huesos de nuevo. Por lo tanto se reunió una enorme flota de cincuenta islas. Y allí permaneció durante cien años. Los huesos del viejo Señor del Mar y de sus hombres yacían en los patios del castillo y en las escaleras. sabio.. Pero mientras cruzaban el baldío. Y cuando hubo terminado de remendar la red. ni una simple cuenta de plata. Llegaron. Ellos siempre están deseando dinero. hay una pequeña ínsula llamada Pendor.. Sus huesos. Birt? –Sí. y navegaron hacia Pendor. lleno de fuerza y artificios. hace mucho tiempo. sentándose bajo la sombra de una encina perenne. sino un monstruo grande. Botines y rescates y tributos diluviaban sobre Pendor. Pero no había ningún dragón. ni un diamante del tamaño de una semilla de amapola. Huyeron todos. Lo rastrearon. donde los dragones se crían en las islas de lava. Aunque pronto terminará. muy pronto. de algún lejano lugar en la Bordada Oeste. y dejaron al dragón enroscado dentro de las Torres de Pendor. Todas las casas estaban vacías. En el mismo corazón del Archipiélago. No era uno de esos lagartos hiperdesarrollados que la mayoría de vosotros los habitantes de la Bordada Externa llamáis dragones. Y las habitaciones de la torre apestaban a dragón. –Así es –dijo Barbanegra–. ¿Sabes lo que comen los dragones? Birt cabeceó y dijo en un susurro: –Doncellas. expulsar al dragón y recuperar el oro y las joyas para el tesoro de la Liga. esto no se podía soportar eternamente. arrastrando su barriga escamosa sobre esmeraldas y zafiros y monedas de oro. algún hechicero desconocido de otro . En aquel entonces. Pero ningún tesoro. donde las islas se apiñan densas como moscas en la miel. Barbanegra le dijo: –Espera un momento. Los señores de Pendor eran hombres poderosos en los viejos días de guerra anteriores a la Liga.–Sí. Tampoco ningún tesoro.. alado.

Pertenece a la casa de Pendor. el rostro de Birt aparecía más y más obtuso. una vez derrotado ese hechicero y que yo me haya ido. como creo que lo adivinaron algunos de los zoquetes de aquí. si no tienes miedo. pero al oír decir a Barbanegra que conocía el verdadero nombre de señor Bajocolina. –Por supuesto que habrá sido un hechicero poderoso e inteligente para primero matar al dragón. Es un hechicero agraciado. Espera aquí. .lugar. cerró la boca y contempló al del Archipiélago.. ¡Observa! –Barbanegra levantó su bastón de roble y gritó–: ¡Inalkil! –la punta de la vara empezó a brillar. Y yo conozco al ladrón. –¿Cómo. sino que soy un descendiente de los Señores de Pendor.? Birt palideció y no dijo nada. Pero yo soy más poderoso.. zoquete.. ¡delante de las mismas narices de la Liga! El pescador escuchaba. Nunca volverás a tener la oportunidad de observar a un hechicero en todo su poder –Barbanegra se volvió. viajando por la Bordada Norte durante tres años. una niebla deslumbrante del color de la hierba de abril. La joya conoce a su dueño. –¡Soy el Señor del Mar de Pendor. lo aprendiste? –dijo muy lentamente. Esos idiotas de la Liga no pudieron encontrarlo porque no es de ellos. pero la varilla señalaba en la dirección correcta. más y más inexpresivo. Inalkil la Piedraverde. yo había estado ausente. Los Señores y Magos del Archipiélago no pudieron seguirle el rastro en absoluto. Esto sucedió la primavera pasada. Bueno. ¿Quieres saber por qué. Y después se fue con el tesoro. Es mío. Ni sospechas siquiera de dónde había venido o hacia dónde había ido. conoce a su dueño. y al mismo tiempo la vara se inclinó en la mano del hechicero hasta señalar en línea recta el costado de la colina que se levantaba sobre sus cabezas. la estrella del tesoro. zoquete? ¡Porque conozco su nombre! A medida que el tono de Barbanegra se hacía más arrogante. se sacudió. Inalkil respondió cuando la llamé. Y me pidieron que les ayudara a encontrar al hechicero desconocido. O puedes venir y mirar. y sin mirar atrás subió a grandes trancos la colina. –¿Magia negra? –insistió Birt. Barbanegra hizo una mueca y no le contestó. Estuvieron a punto de abandonar. y las joyas que mis madres usaron. y regresé en aquellos días. si no.. Esto fue un rasgo de inteligencia de parte de ellos. Porque no soy solamente un hechicero yo mismo.... ahora podrás contar toda la historia a tus gaznápiros de aldea. Ese tesoro es mío. y la Piedraverde! Porque son míos. y sabe que es mío.. verde. debió de haberlo encontrado indefenso y lo derrotó. un encendido resplandor verde. y poseeré el oro que mis padres ganaron. y la gran esmeralda. y segundo escaparse sin dejar rastro. hacia la entrada de la cueva. atento e inexpresivo. –¿Cómo. que pudo con un dragón. –En el lejano Havnor el resplandor no era tan potente –murmuró Barbanegra–. y lo someteré.

Birt se agachó. Alas negras obscurecían toda la colina. ¡Te lo ordeno por el poder de tu verdadero nombre: Yevaud! Birt estaba petrificado. Por un instante. gran dragón. ante los ojos fijos del pescador se levantaban dos colinas: la verde que ya conocía y una nueva. Asustado. transformado en una lengua de fuego que azotaba las ramas secas y negras. bajo la cueva se alzaba un bosquecillo alto. brincaba al encuentro del león. lista para beberse la torrencial catarata. y he venido a reclamar mi tesoro. era una figura obscura y envarada. estaba el señor Bajocolina.. ladrón del Tesoro de Pendor. ni siquiera podía parpadear. un arco de agua plateada y estruendosa que tronaba sobre el fuego. Pero donde se habían alzado los árboles. ladrón.. De pronto. una repentina catarata empezó a caer desde la ladera de la colina. sal a la vista! Se oyó un estruendo como de loza rota dentro de la cueva. Ahora. Allí donde había estado la catarata revoloteaba un dragón. que había desaparecido. garras de acero se extendían. del color de la noche y el relámpago. tanteando. se sentó bajo un espino y miró. los colmillos blancos destellando. reparó Birt... de pie y absolutamente inmóvil ante la boca bostezante de la caverna. como sucedía siempre que la gente era grosera con él. sola en la verde ondulación de la colina.Muy lentamente. Pero el juego se vuelve aburrido.. vio a Barbanegra aún inmóvil. Se puso amarillo. brotaba fuego y vapor. nunca había tenido una. y sin varilla. el señor Bajocolina se fue poniendo rosado lentamente. pequeño hechicero. Un tigre gigantesco. y después de parpadear parpadeó de nuevo pues lo que estaba viendo era mucho peor. una loma parda y pelada. se encendió en el aire. el resplandor esmeralda invadió el ámbito mientras gritaba: –¡Ladrón. Birt lo siguió. Repentinamente movió el bastón sobre su cabeza. de la que salió despedida una cantidad de polvo. polvoriento y desgreñado. el cabello se convirtió en cerdas. Inalkil. Ante esto. Pero Barbanegra se había esfumado. y se convirtió en un león amarillo que saltó por la colina hacia Barbanegra. Sobre el sitio ocupado antes por el fuego. conteniéndose en pleno salto justo antes de caer bajo la sombra de los árboles. y con las piernecillas arqueadas cubiertas por calzas negras. entreabiertos. que había desaparecido.. Debajo de la criatura monstruosa. Parecía pequeño y enternecedor. negro bajo el Sol invernal. Esto sucedió con tanta rapidez que Birt parpadeó. Quiero contemplar mi tesoro. Se agachó. Barbanegra se reía. escamosos. indeciso entre . emitió un rugido parecido a una tos. El del Archipiélago se había detenido. Cuando volvió a mirar. –¡Toma cualquier forma que te guste. y en la boca de la cueva. y de los labios obscuros. El tigre. Puedo enfrentarte. pequeño señor Bajocolina! –se burló–. recobra tu forma real. Se detuvo a una buena distancia. con los pies torcidos hacia adentro como de costumbre. El señor Bajocolina preguntó con su vocecilla ronca: –¿Quién es usted? –Soy el Señor del Mar de Pendor.

la colina vacía. el fuego que llameaba a la manera de muchas lenguas desde la boca escamosa. y además hacía mucho. Pero tres días más tarde dejaron de comentarlo pues tuvieron otras cosas que comentar. Ambos corrieron recto hacia el muelle. El muchacho desató las amarras. y bajó por la calle de la aldea hasta la casa del padre de Palani. el sobrino de Goody Guld. ella lo miró fijamente. y mi verdadera forma es esta. remando como un demonio. Edición digital de Axxón . abandonando todas sus plumas y cuentas. Mi verdadero nombre es Yevaud. y cómo le temblaba los labios orlados de barba. veía al dragón suspendido en el aire sobre Barbanegra. cogió los remos y partió.. El señor Bajocolina había resuelto que ya que su verdadero nombre no era más un secreto. La joven estaba en el jardín desmalezando las capuchinas. y luego caló como un halcón. Vio cómo el rostro de Barbanegra se volvía blanco como la tiza. –Ese era otro dragón –intervino el dragón. Los aldeanos creyeron que nunca dejarían de comentar cómo Birt. mucho tiempo que no comía una verdadera comida. él la aferró de la muñeca y la arrastró consigo. Cuando los abrió. dispersando las ovejas a izquierda y derecha. y unas pocas huellas de garras en la hierba. cuando el señor Bajocolina salió por fin de su cueva. –¡Ven conmigo! –jadeó Birt. Encontraron sus huesos en la isla de Udrath. la chalupa pesquera. –Pero el dragón había muerto. Atravesó el baldío a la carrera. el cielo estaba despejado. bien podía abandonar su disfraz. pero no se resistió. el humo que salía en chorros de las rojas ventanas de la nariz. Palani chilló un poco.. Birt cerró los ojos. se había vuelto loco y había escapado en un bote con la maestra el mismo día que el buhonero Barbanegra desapareció sin dejar rastro. Caminar era mucho más difícil que volar. Birt empujó a Palani dentro del Queenie. con las garras extendidas. Birt el pescador se puso en pie y corrió. –¡Tu nombre es Yevaud! –Sí –dijo un vozarrón ronco y silbante–.hacerlo o no. Lo último que Sattins Island vio de él y de Palani fue la vela del Queenie desvaneciéndose en dirección de la isla más cercana en el oeste. excepto una mancha pisoteada de color negro rojizo.

entonces las fotografías vienen al pelo: instantáneas. Cuando en el transcurso del tiempo surgen torbellinos. Un hecho sobre el que siempre vale la pena reflexionar. paradójica. Y es una trampa sin salida. Mira primero al joven rey. En consecuencia. “madre”. Y encuentro que los pronombres fabricados. pero es sencillamente equitativo. muerto en un corredor iluminado solamente por espejos en los que se refleja una ciudad incendiada. y la historia parece arremolinarse en torno a un tronco que se hunde. ni la muerte puede ser burlada. son pesados y fastidiosos. vi la oportunidad de reparar levemente aquella injusticia. Muchas feministas se han sentido afectadas o agraviadas porque a los andróginos de La mano izquierda de la obscuridad se los llama “él” desde el principio hasta el fin. pero el cambio de pronombre pone en claro que la relación central. Es evidente que mi inconsciente conocía a los gethianos mucho tiempo antes de que le pareciese oportuno informarme.El rey de Invierno Winter's king. Quizás esto saque de sus casillas a algunos antifeministas. © 1969. “élella”. etcétera. El hermafroditismo de los personajes tiene poco que ver con lo que sucede en el cuento. En la tercera persona del singular. un año antes de empezar la novela La mano izquierda de la obscuridad. que el uso de “él”. Para el momento en que la historia salió impresa lo supe. Al revisar el cuento para esta edición. etcétera. el orgullo de una nación. y que también pueden barajarse y volver a ordenarse hasta que los años corran incesantemente. pero era demasiado tarde para enmendar términos tales como “hijo”. el pronombre genérico inglés es igual al pronombre masculino. una especie de Edipo al revés. el tiempo (como lo advierte el Axt Plenipotenciario) no se invierte. el más luminoso y . como puede haber parecido en la otra versión. al joven rey con el viejo. entre padre e hijo no es. Cuando escribí este cuento. En esta versión aplico a todos los gethianos el pronombre femenino. él siempre está haciendo cosas por el estilo. mientras que mantengo ciertos títulos masculinos como Rey o Señor solamente para recordar su ambigüedad. no sabía que los habitantes del planeta Invierno o Gheten eran andróginos. apártala por un momento. más injusto. sino algo menos familiar y más ambiguo. Porque a pesar de los trucos de la comunicación interestelar instantánea y de los viajes interestelares casi tan veloces como la luz. “ellaél”. que pueden ser equiparadas para comparar al padre con el hijo. aunque la fotografía más conocida sea aquella imagen obscura de un rey joven que contempla a un rey viejo. porque la exclusión del femenino (ella) y del neutro (ello) del genérico masculino (él) hace que el uso de cualquiera de ellos sea más específico.

lloró lágrimas secas y gritó: –Eje. temblaba. Abdicaré. –Abdicaré –dijo en voz baja y luego. le había sujetado con finas cuerdas blancas los párpados que trataba en vano de cerrar. –¿Quién soy? La máscara negra.. y renunció a todo... ningún sueño. por favor. y su rostro aparecía vacío y demente. sino el suelo de madera de la habitación de la torre. a su reino.. Eje. pues había perdido esa confianza mínima en el Mundo que se llama cordura. Abdicaré”. que lo desamparaba. el rey frío. –¡Gerer! Pudo respirar. Detenido. Deben. ¡Detente! Se detuvo. porque iba a comenzar el ahogo: no podría respirar hasta que no dijese el nombre. La persona vestida de negro había llegado y le había cogido la cabeza. . diciendo: –¡Majestad! Se ha descubierto un complot contra tu vida en la Escuela de Artesanos. las cumbres blancas del Kargav. tregua. Estaba roñosa. y el joven rey tanteó. a salvo para poder jugar con Piry a que acunaba al gato y para sentarse al lado del fuego sobre el regazo de Borhub. implacable. –Rebade –susurró–.. suavemente. –¿Quién soy? –dijo una voz distinta.. las hermosas planicies de las Tierras Bajas del oeste. nada de cemento manchado de orina. hasta que fue tan fuerte y agudo que entró en su carne. Con los ojos cerrados vio las habitaciones de rojas paredes del Palacio. ¿Qué suelo? Nada de mosaicos rojos. el nombre correcto. detenedlo. vacía.. sollozando. Escondió la cabeza entre los brazos y susurró: –Detenedlo... desgajó los nervios de sus canales e hizo que sus huesos bailaran y sonaran. la contempló. Le permitieron respirar. tan cálido y profundo como un sueño. buscando la fuerte presencia que siempre le traía sueño.. los huesos desnudos ensartaban hebras blancas y delgadas. gritó cuando la persona vestida de rojo y blanco se le acercó una vez más. Había reconocido a tiempo al de negro. Y el zumbido comenzó nuevamente. ninguna seguridad. Pero el zumbante plañido se hizo más alto y cercano y fuerte. –Duerme.. a salvo de su monstruoso padre. Repetía dentro de su cabeza lo que había repetido durante horas o años: “Abdicaré. fuerte. se la había hecho levantar. solaz. apoyaba la espalda contra una pared.. el pequeño dormitorio de la torre donde ella estaba a salvo.. dime qué hacer. saltando al ritmo de la melodía. Ejecutarlos. Pero no había ningún escondrijo. Brincó y se sacudió en contorsiones. Cuando se tomó esta fotografía.afortunado ser de veintidós años que haya existido. las torres y calles de Erhenrang bajo la nieve que caía. Cayó al suelo como un montón ruidoso y rechinante. loco.. El joven rey se debatió.

que le imploraba que se detuviese. un eructo rítmico y estridente: su nombre. mi señor. –Lo hago. ya que las paredes se habían obscurecido como lo hacían con frecuencia y se habían acercado hasta formar una pequeña celda a su alrededor. Confío en ti. –Llamarás. eso no era correcto. le quemó los ojos y se los hizo abrir. y sin soñar. Rebade dijo: –¡Muy bien. interminable. pero su amiga frunció el ceño. Sácame de aquí –susurró el joven rey. Hay que darles una lección –el joven rey hablaba rápida y enfáticamente.Obedeció. con voz alta y aguda.. una sabia decisión! Correcto. Estás actuando como se debe. y Rebade la sacó del balcón y la llevó a la tranquilidad roja y vasta del Salón de Audiencias. la expresión de Rebade era sosegada y compasiva. Que disparen a matar. el zumbido plañidero que le desgarraba el cerebro. porque todo estaba sucediendo en la realidad. temblando. –Llamaré a la Guardia de Erhenrang. En el instante. Confía en mí. una vez más. –Ab. irreal. y la persona de blanco y rojo se acercaba ya por el suelo rojo. anulada por las voces de ellos. –¡Majestad! Se ha descubierto un complot contra tu vida en la Escuela de Artesanos. pues el ruido estaba empezando suavemente. ¿Qué harás ahora? El joven rey permaneció en silencio. –Ven. . de pie en el balcón del Palacio contemplando bajo sus pies cincuenta mil agujeros negros que se abrían y gritaban.. aferrando el brazo de Rebade. –¿Qué harás ahora? –le dijo con su voz dulce. –No –dijo Rebade con calma–. gritando su nombre. como un insulto. Abdicaré. El nombre rugía en sus oídos como una mofa. rey mío –dijo la única voz dulce. y allí estaba. Eso no es correcto. Rebade se iba en calma y con pena a pesar de las súplicas del joven rey. Saldremos bien parados.. Los sueños aparecían cuando despertaba. las bocas pestilentes de la chusma que la odiaba... Había alejado a Rebade y a la esperanza. Durmió profundamente.. De los agujeros brotaba un chorro paroxístico de sonido. que regresase. Como siempre. Rebade la ayudó a sentarse en el catre de hierro. Golpeó las manos contra la angosta baranda de bronce y les gritó: –¡Os haré callar! No pudo oír su propia voz. Haré que disparen contra la multitud. El griterío cesó con un chasquido. La espantosa luz seca y roja del atardecer.

las lámparas de la calle se consumían. ladrones. estaba drogada. pero no captó ningún aroma resinoso de esencias. Los dos brazos extendidos fláccida y dócilmente sobre los fríos guijarros estaban manchados por ronchas de inyecciones. Había sido drogada entonces. ya que estamos. –¡Eh. apenas iluminado por las lámparas callejeras. pero había visto una sirena. montó la radio y llamó al Cuartel Oeste para pedir un coche. El guardia Pepenerer. Luego. y hasta bajo los efectos de la hipnosis o de una droga profunda no habría manera de distinguir entre las ideas o emociones implantadas y las . luego se agachó a su lado. Los ladrones no habrían dejado el anillo de oro en el dedo índice. Todos los indicios estarán enterrados. hasta la orilla del agua. eso habían comunicado los boletines. manchada de lodo marino. y también en Orgoreyn. y no podemos adivinar las preguntas que tenemos que hacerle. de revisar todo lo que ocupa su mente. el rey Argaven estaba en las montañas. En Karhide hay demasiados expertos en remodelar mentes. pero eso no nos da casi ninguna pista que seguir. si tuvieron un mínimo de habilidad tienen que haber vuelto inaccesible para la razón todo cuanto hicieron. luego volvió a mirar el perfil derecho estampado en el clarobscuro de la piedra fría. No hay ninguna forma. los recuerdos escondidos. desde hacía un par de semanas.. De cualquier manera. Los relatos de viejos marineros se borraron de la mente de Pepenerer. lloriqueando. dirigió una mirada a aquella bóveda oblicua de luz sin sospechar nada. balanceándose sobre sus delgados pies palmípedos.. pero resbaló en las piedras lustrosas de escarcha de la calle y cayó de cabeza con los miembros extendidos. Luego volvió la cabeza y contempló el perfil pálido y golpeado que yacía sobre las piedras del pavimento. al oír el ronroneo del coche eléctrico girando en el Longway hacia el Old Harbor Street. –Podernos suponer que su mente fue remodelada –dijo el doctor Hoge–. Pepenerer olfateó. y vio algo que se tambaleaba hacia ella. sino a mentalistas o médicos respetables que no pueden conseguir drogas por medios legales. dejó escapar un aullido de terror y trató de escabullirse. era un objeto macizo. medio desnuda y con ojos extraviados. no te muevas! –vociferó mientras corría. Sacó de su bolsa una moneda nueva de cuarto de corona y miró el perfil izquierdo estampado en el estaño brillante. Y en lo referente a sonsacarle algo a ella. murmurando para sí misma: –Maldita idiota. con un resplandor cavernoso. excepto la destrucción cerebral. Pepenerer no creía en las sirenas. la borracha. o la venganza ritual de una secta. que estaba cumpliendo su recorrido. cazando. y vio a una borracha o una loca o una víctima que se bamboleaba entre las paredes grises y húmedas del depósito. casi tan grueso como el nudillo. No me refiero a criminales que la policía podría rastrear. guardó la moneda en su bolsa. grabado.A lo largo de Old Harbor Street. Pepenerer sacó su pistola y descargó un trueno en medio segundo para mantener quieta a la borracha. Pepenerer se inclinó hacia adelante para contemplarlo. No estaba borracha. boqueando aire seco.

pero no habló. roja. También el Viejo Rey Emran había hablado con voz de niño durante su última locura. relámpagos. Luego el . sostenía el cuerpo del rey casi al nivel de sus ojos. La anciana consejero sintió temor al ver que los ojos de Argaven estaban abiertos. en el mundo llamado Invierno. El confort llegaba a ellos rara vez. que estaba sentado al lado de la cama. temores. Los ojos brillantes y agotados de Argaven se volvieron hacia Gerer y durante un segundo se posaron. inmóvil. fuego y oro. posiblemente se diera cuenta de lo que le estaban haciendo. con su propia debilidad en el esfuerzo de escapar. El lecho amplio. se volvió hacia el médico y el Consejero. y sin duda las drogas le causarán efectos laterales y posteriores”.propias autónomas. chimeneas. Magnificencia. a través de una amplia y veloz marea de obscuridad. Lord Gerer. amada infinitamente. y su mente ha sido manipulada. meteoros. el espanto. con Hoge. Hoge le había advertido: “El rey no se comportará con normalidad. conduciendo al joven rey hacia sombras. –¿Cuál es? –preguntó con serenidad Lord Gerer. cargado con mantas y colchas rojas. Sin embargo. vestida de negro. parada en el frío del centro de la habitación donde la cabecera del lecho. y contemplaban con fijeza las estrellas a través de una ventana cubierta a medias por la cortina. infantilmente quejumbrosa. sobre ella. Durante trece días ha sufrido torturas.. no habían instalado calefacción central en ningún edificio durante muchos siglos de Era Tecnológica. Su voz sonaba aguda. estas cosas satisfacían a la gente de Karhide. y de 5° en la mitad del trayecto entre las dos grandes chimeneas. no arrancó ninguna respuesta de la anciana Gerer. vio el odio. como la alegría. luego la vio. antes de que la adiestrasen. oyó cómo calmaban a Argaven y la volvían a acostar. Y Gerer. Las fogatas. excepto en las colonias árticas por encima del paralelo 35. amenazas. agotamiento. –El rey es resuelta y veloz. aunque no podía ver reflejada la máscara negra. La temperatura era de 12° en esa habitación del Palacio Real de Erhenrang donde se encontraba Lord Gerer. la idiotez. Gerer lo veía como un barco que navegaba. afuera nevaba levemente. un esplendor fugaz. elevado sobre áureas columnas. inexpresivos. fuegos artificiales. La primavera había llegado a Invierno. en cualquier caso. Lord Gerer. –la voz baja de Hoge fue perdiendo fe mientras hablaba. devorando troncos gruesos como muslos. Ni el temor ni el estar advertida la protegieron de la conmoción. aunque dudo de que su ciencia mental sea esa gran cosa de la que se jactan. que jadeaba con terror imbécil y luchaba con el sirviente. la ocultaba de los ojos del rey. Ambas cruzaron la habitación al mismo tiempo. un lujo severo. haberse permitido alguna vía de escape. de huir de Gerer. Gerer temía la locura. Tenemos una sola esperanza verdadera. y entonces haber puesto algún obstáculo o resistencia. era un don. era un día benigno de pocos grados bajo cero. vio a su joven rey. Al principio. años. crepuscular. Quizá los Extranjeros puedan hacer algo. semejante a una proa. El lacayo personal del rey. era bienvenido sin ser buscado. y se arrastró en el silencio de la habitación alta. no sabía qué era lo que temía. volcanes. rugían en cada extremo de la habitación.. desvaneciéndose. duro. Es posible que el cerebro esté dañado. que estaba de pie delante del fuego. ello está fuera de nuestro alcance.

mi rey. una promesa tan bella.silencio. y en estos momentos reacciona favorablemente al tratamiento. ¿qué te han hecho? Una esperanza tan grande. por una puerta lateral. La voz de Gerer no pareció preocupar al rey. como un avergonzado suicida del último reino pero al revés) cometió un delito de lesa majestad: acurrucada sobre su taburete. comprendió y dijo a Argaven con suavidad: –El príncipe Emran está bien. dejó caer la cabeza sobre el costado del lecho y se durmió. y luego se quedó en silencio. ya que amar y servir al joven rey era para ella lo único que valía la pena en el Mundo. a pesar de ser el médico y. etc. normalmente tranquilo se arrugó. el lacayo personal del rey. Argaven habló en voz alta: –Mi niño. mientras encendían fuego sobre el altar chimenea. etc. se acercó un poco al lecho. pero Hoge. Gerer retrocedió.. que había estado sentada al lado del lecho real desde que trajeron al enfermo a Palacio (la noche anterior. sensatas y breves. pero manteniéndose detrás de la alta cabecera. Gerer se acercó un paso. perdidas. sintiendo que las palabras eran arrancadas de su propio cerebro. Y entre susurros llegaron oficiales y recibieron un nuevo comunicado sobre la salud del rey para dar al público. el crepitar de las dos fogatas. Atacado por síntomas de fiebre mientras estaba de vacaciones en High Kargav.. “Que la Rueda gire en favor de nuestro rey”. Mi niño. aquella vieja tosca y prudente cortesana. el jefe de todas ellas. –¿He estado enfermo? –Aún no estás bien –dijo el médico con dulzura. en Erhenrang. quien hizo una o dos preguntas más. en secreto. el lacayo Korgry. decía solemnemente la gente en las casas de la aldea. a la que no obnubilaba el amor. bostezó y se frotó los ojos.... perdidas..? –Estás en tu habitación del Palacio Real. Así se apenaba y la pasión atormentaba a aquella que parecía un terrón de roca negra a medio esculpir. etc. Gerer estaba desesperada. mi señor.. Hoge frunció el ceño y su rostro. El guardia de la puerta dejó lugar a un nuevo guardia entre susurros. no se atrevió a dedicarle el ceño al Consejero. Al rato. desde el palacio. –¿Dónde. El médico Hoge rem ir Hogeremme. en consecuencia. Nos comunicamos con ellas constantemente. . fuera del campo visual del rey. Gerer oyó cómo el rey respiraba con dificultad.. Se encuentra con sus servidores en el castillo de Warrever. Korgry. Allá todo está en orden. y dijo: –No sabemos dónde has estado. había hecho pública la siguiente opinión. el rey había sido transportado presurosamente a Erhenrang. Hoge llenó una aguja hipodérmica con algo que sacó de una ampolleta.. sin llegar a mostrarse.

contemplando a los que entraban y salían. sorda. Las manos le temblaban y la respiración tropezaba en su garganta.. cuando te sientas más fuerte. cierta serenidad juvenil. Argaven estaba sentada.. Después de la tosca brutalidad del reinado de Emran. y todavía quedaban varios centenares en las inmediaciones. parados pacientemente en la nieve. convoca al Consejo. todo lo cambiaba. y balbuceó en un acceso de miedo que no había hallado motivo o fuerza en la que encarnarse. Era la voz del rey. como todo el Mundo ha dicho. ella se muestra equilibrada y cálida. contemplaba a Gerer con ojos que ardían a través del aire obscuro. Por eso le suceden estas malas jugadas”. muy envarada. atravesó con velocidad el frío y el calor de la gran habitación.? ¿Todas las drogas.. –Ahora.. pero mantenían encendida la radio para escuchar el siguiente boletín. que ha sido reemplazada por una cualidad similar pero menos tranquilizadora. que hubiera vuelto a ser ella plenamente. bien vestida y terminando un copioso desayuno. que había terminado con la sombra de la locura y la bancarrota del país. Diles que abdicaré. Ese día. Haciendo abstracción de este rasgo.. Conversa con la docena más cercana de las cuarenta o cincuenta personas que comparten o sirven la mesa (el aislamiento es un privilegio real. e incluye al resto en la amplitud de su cortesía. en aquella obscuridad que la absorbe y la abstrae.. hipnosis. hay algo que falta. estimulación de neuronas.. contemplando el balcón vacío. esforzándose–. ¡Convoca al Consejo. Y su fiel lacayo aún dormía a su lado. cierta seguridad. parahipnosis. pero siempre se vuelve a hundir allí. Gerer. Argaven XVII era amado en sus dominios. determinación. –Mi señor. Aunque quizá no sea del todo así. en la que llevaba el anillo con el Sello de la dinastía Harge. una especie de distracción. –Gerer –dijo el rey con claridad. galante. Parece. joven. Aquí aparece el rey Argaven XVII muy saludable. Gerer! Luego estalló..a lo que los ancianos sentados junto al hogar observaban: “Esto ocurre por sus vagabundeos solitarios por la ciudad y por ir a escalar montañas. cuerda y sagaz. En la fotografía siguiente parece que las cosas han tomado mejor cariz. Era la fuerza y el centro de una nueva era: una que había surgido. Tenía el fuego. ¿es miedo. negligente y sereno.. un gran número de gente había ido y venido y remoloneado y charlado en la plaza del Palacio. la luz del fuego y la obscuridad. dolor. terrores. tan sencillo. –Gerer. había llegado ella: repentina. y no obstante magnánima. como estallaría un arco al cortarse la cuerda. yacía el rostro durmiente del lacayo.? . el esplendor que convenía a su gente. como monarca del reino debido. por una vez. ¿Tan crudo.. Junto a su mano izquierda. apareación de sinapsis y shocks eléctricos que Hoge había descrito provocaban este resultado tan burdo? No había tiempo que perder. pero la privacidad no).

Todo lo que dijo.El señor Mobile Axt. no regresó. La anciana jefe del Consejo. No se ha recuperado. Argaven extendió hacia el plenipotenciario ambas manos.. salió al encuentro del extranjero en la puerta del gran salón y lo saludó con la cortesía polisilábica de Karhide. luchando con alguna emoción reprimida–. aunque ningún alma viviente lo había visto. –A veces se adentra en la ciudad a solas. se inclinó. emitimos noticias falsas. Si anunciábamos su desaparición. Ella es muy joven –Gerer hizo una pausa. Cree que debe abdicar al trono. fue: –¡Por fin! –Partí apenas recibí tu mensaje. partió como una figura paciente y desgarbada y declinante caminando a lo largo del prolongado corredor. Las presiones de un reino. el plenipotenciario descubrió el reflejo de esa angustia en los ojos del joven rey.. Es difícil. su propia confianza en sí misma. El plenipotenciario respondió lo mejor que pudo. –Me han dicho que el rey se ha recuperado completamente –dijo–. habla con extraños. hasta Erhenrang. Y al volverse inadvertidamente. La voz seguía siendo baja y sorda. Debemos trabajar en el secreto más absoluto. Axt asintió. de noche. hace seis meses... No ha estado enferma. de corazón. no recuerda nada. En Karhide no hay otras diez personas que sepan esta verdad. imperturbable. el subconsejero y yo recibimos un mensaje. si esperábamos en silencio medio mes la devolverían intacta. Gerer rem ir Verhen. ya que en Karhide se reconocía al Ekumen como un reino hermano. Por supuesto que habían corrido rumores. Aún no sabemos qué enemigo o bando. su voz sonó repentinamente empañada y descolorida–. no podemos hacer naufragar la confianza que el pueblo le tiene. Señor Axt. En Orgoreyn este y en las Tierras Bajas del oeste los caminos aún están escarchados. pero en su sonrisa había un puñal. Al amanecer. le cuento esto confiando en su discreción. –¿Celebrando mi audiencia. que había pasado los últimos seis días en la carretera tratando de conducir un automóvil eléctrico a más de 50 k/h desde Mishnory. durmió hasta tarde y se saltó el desayuno. Permanecimos en silencio. Karhide. La decimotercera noche la encontramos vagando por la ciudad. y vivamente. percibiendo entre la elocuencia de Gerer su deseo de contarle algo. los ojos traicionaban su angustia. Pero me sentí . embajador plenipotenciario del Ekumen de los Mundos Conocidos ante Invierno. Orgoreyn. La anciana Consejero se disculpó. saludándolo de igual a igual. La habían drogado y le habían lavado el cerebro. Pero sus palabras no fueron el discurso cortés que Axt esperaba. –No lo es –dijo la anciana consejero. Una noche. Destruyeron su voluntad y dirigieron su mente hacia una sola cosa. con vestidos vulgares y camina. y no pude apresurarme mucho. prima del rey. prima? –Argaven sonrió. Pero lo que hicieron es obvio. que sea verdaderamente así. le mentimos al Consejo. la matarían. espero. así que llegó al Salón de Audiencias puntualmente pero con hambre.

Me alegro de que encuentres más fresco el aire de Karhide. Es extraño saber que uno los ha visto cara a cara y sin embargo no puede reconocerlos. para que sea rey. El rapto es un arte bastante formal. quién sabe si no veo esos rostros a diario. Lord Axt: si hubiesen querido verme muerta me habrían matado. esperó a ver lo que implicaba la bienvenida de Argaven contemplando con cierto regocijo el rostro dúctil. las tensiones y sediciones de este dinámico reino le eran bien conocidas. Ven por aquí. . hermoso. mientras me estaban rehaciendo para que encajara en el molde que me habían preparado y actuara como querían. Si hubiese sido uno de los grupos antiextranjeros que piensan que vuestro Ekumen tiene la intención de esclavizar al mundo posiblemente habrían ignorado las reglas. Axt era de entendimiento rápido. el poder que tuvieron en el anterior reinado. que contemplaba el rostro del joven rey bajo aquel resplandor sombrío. A pesar de lo lejos que se encontraba Invierno del resto del género humano tanto en el espacio como en la fisiología de sus miembros. Axt dijo: –Pero si abdicas no necesitarán siquiera poner en marcha la máquina. señor. seguiré las órdenes que implantaron en mi cerebro. pues tanto él como el joven rey disfrutaban de su mutua sinceridad. El plenipotenciario y ella caminaban juntos por la habitación larga e inmensamente alta y se dirigían a las sillas y doseles del extremo opuesto. entonces? –Yo lo decidí. ¿Por qué? ¡Para no encajar en el molde ni actuar como quieren! Escúchame. trabajaré para lograr sus fines. como era habitual en este planeta frío. Contento de partir. Hay una sola cosa de la que estoy seguro. Karhide. Ellos no me dijeron que debía abdicar. Quieren que viva. Además. Como tal. Las ventanas eran poco más que rajas. las modalidades y asuntos de Karhide. su país dominante. andrógino.muy contento de venir. de ellas caían sobre el suelo oblicuamente proyectadas franjas leonadas de sol crepuscular que encandilaban a Axt. como observó uno de mis antepasados. también –Axt sonrió al decir esto. –¿Quién. –Orgoreyn cría fanáticos de la misma manera que un cadáver cría gusanos. Todo estuvo en concordancia con las antiguas reglas. para que gobierne. Los informes de Axt se evaluaban a una distancia de ochenta años luz en las juntas centrales del Ekumen. La única forma de anular esto es descartar la máquina. había demostrado ser un miembro leal al Ekumen. ¿Gerer te dijo que me raptaron. el equilibrio del Todo descansa en cada una de sus partes. de nada sirve especular. la máquina que esperan poner en marcha. Soy un instrumento. –¿Cuándo. Pero aún no lo sabemos. Borraron toda huella. y por qué? –Cuando me tenían. esa era la condición mínima para desempeñarse como un móvil del Ekumen. movedizo. Mientras ambos se sentaban frente al fuego en las grandes sillas duras. etcétera? Sí. creo que fue una de las bandas-clan que esperaba recobrar poder por mediación mía.. Bueno..

y como la conversación seria no cabía mientras comían.. Los antiguos hainitas colonizaron un centenar de planetas. La gente con la que nos hemos topado en todos los lugares que conocemos. Lord Axt? Axt sonrió ante esta forma de diferenciar tan típica de Karhide. –Recuerdo que una vez dijiste que a pesar de lo distintos que somos ambos. atravesase un bloque. ¿Era una aseveración moral o material. Una dura contracción. sobresaltado. un nombre. Argaven sacudió la cabeza. –Ambas cosas. –No lo creo –dijo. y por fin. un tazón de plata lleno de cerveza. ¿Podrá la ciencia de tu pueblo reparar lo que me han hecho? –Posiblemente. Parecía exhausta. Gerer había sido regente durante un año después de la muerte de Emran y antes de la coronación de Argaven.–¿Aún si dejo a mi hijo como heredero.. a las Edades Ancestrales de Hain.. –Nosotras llamamos “antigua” a la época de antes de que mi dinastía gobernara Karhide. de lo distintos que son tu pueblo y el mío. señor. Axt veía cómo trabajaban los músculos de la garganta de Argaven mientras se esforzaba por hacer que una palabra. Un lacayo que acababa de entrar estaba poniendo una pequeña mesa junto a la silla del plenipotenciario. con un regente de mi propia elección? –Quizá serán ellos los que entonces elegirían al regente –dijo Axt con cautela. –¡Gerer no trabaja para ninguna banda! –dijo. en un susurro estrangulado. Argaven se había dado cuenta de que su huésped no había desayunado. El rey frunció el ceño. dijo: –Gerer. en suma un pequeño rincón del espacio polvoriento bajo las vigas del Universo. tardaría veinticuatro años en llegar. En el Instituto de Ollul. rodajas de pan de manzana.. –¿A quién has pensado nombrar? Se produjo una larga pausa. es realmente humana. Si mandase llamar a un especialista esta misma noche. Axt asintió. A pesar de que las viandas de Invierno (en su mayoría vegetales y los más de estos crudos) eran sosas para el gusto de Axt.. nos une un parentesco de sangre. Poco después agregó: –Lord Axt. Estás seguro entonces de que tu decisión de abdicar fue. Argaven la desvió hacia asuntos generales. sabía de su honestidad y total devoción por el joven rey. se dedicó a ellas con gratitud. Pero el parentesco se remonta a un millón de años o más. ¡hace setecientos años! .. La cargó de frutas.

señor. La vida adora el conocerse hasta sus más lejanos límites. –Señor –dijo–. Nuestra diferencia es nuestra belleza. . soy un extraño en tu Mundo. con la edad. ¡Rehusarán mi abdicación.. tendré que matarme –Argaven hablaba bastante serena y razonablemente. por supuesto. No puedo consentirlo.. Todos estos mundos y las variadas formas y costumbres de las mentes y las vidas y los cuerpos que hay en ellos. volver a reunir a todos los pueblos de todos los mundos en un mismo hogar. esa nave está en disposición de partir hacia Ollul. –Debería.–Nosotros también llamamos “antigua” a la Era del Enemigo. y si reino serviré a mis enemigos! Si no me ayudas. El placer se halla en intentarlo –apuró su tazón. Necesito tu ayuda. –Nunca se ha logrado ninguna –dijo el plenipotenciario–. en el que me he convertido en un instrumento del mal. Ha terminado. Perdóname. Es imposible. ¿Cómo podría ayudarte? –Tienes una nave en la isla Horden. Te tendré aquí. –No hay armonía que perdure –dijo el joven rey. cambia con el ojo. Represento el poder. hace de todo menos revertirse. No puedo abdicar contra la voluntad del Consejo. El plenipotenciario se ciñó un poco más la gruesa capa. –El sueño del Ekumen es. pero no tengo ninguno. De una forma o de otra –concluyó el joven rey. restaurar aquella antigua y verdadera comunidad. Axt asintió mientras mascaba el pan de manzana. Alteza. se secó los dedos con la servilleta de hierbas trenzadas. que fue hace menos de setecientos años. temía esto –suspiró el plenipotenciario–. El tiempo se estira y encoge. –Al menos entretejer cierta armonía alrededor. con un puñado de ayudantes y un pequeño artefacto mediante el cual puedo comunicarme con otros extraños de mundos lejanos. lo que eso significa? –Mi huida del tiempo. señor. o repetirse. me obligarán a reinar.. No. con la estrella. ¿Sabes. –Ah. Créeme. hasta que me creas. –No hay huida –dijo Axt.. –Ese fue mi placer como rey –dijo Argaven–.. el acto despreciable en esencia–.. se deleita comprendiendo lo que es complicado. juntos constituirían una armonía espléndida. ¡Eres la pieza en la cual los jugadores no repararon! Tienes que ayudarme. sin vacilar–. Lord Axt. entonces. pero Axt sabía cuánto costaba a un karhidenita mencionar el suicidio. tenía frío. –Ha terminado. señor. distante veinticuatro años luz. el mismo frío de hacía ya siete años.

La niñera yacía en la cama. se volvió. Y todo esto ha sucedido en el más completo silencio. Este era el centro. blanda. el viento gemía en los ángulos y remates del techo. El cuarto estaba tranquilo. y pasó por encima de ella una cadena de la que colgaba un anillo macizo con la insignia de los Señores de Harge grabada. el cuarto planeta de un sol amarillento. sola a través de las calles azotadas por la cellisca de Erhenrang.. depende de cómo se mire. También ella había dormido allí cuando era una niña pequeña. la están trasladando. Ni siquiera los peones eran . y cerca había ayudantes y agentes del Ekumen para saludarle. el niño estaba en la cuna cabeza abajo. Había sido su primer reino. tengo que dejarte. a la porción de espacio que rodea una mota de polvo llamada Ollul. el centro de todo. Ruidosamente ahora. quiso vaciarse del gran miedo y la desdicha que la invadían. Por supuesto que veinticuatro años o diecisiete horas atrás. se había sentado cerca de la chimenea mientras la pequeña boca le tironeaba el pecho. Parece que no existe. y después se dirigió hacia el Puerto Nuevo. sombrío. le había canturreado las canciones que Burhob había canturreado para ella. Ahora no hay fotografía.. reina bien. lo conoció por entero. cálida. visible. y con fuego y encandilamiento meteórico suficientes para satisfacer el anhelo de esplendor de toda una vida karhidenita. Al poco tiempo. Sé buena. Una lamparilla cubierta ardía al lado de la puerta. cubriéndose los ojos de la luz de un sol extraño. Siguió la más segura. emerge de ella y se detiene por un momento en la salida. Conocía varias maneras de salir de Palacio sin ser vista. viaja casi a la velocidad de la luz. abandonó corriendo el cuarto de la torre. sin mirar. A duras penas puede ser considerada “hermano mortal” alguien cuyo tiempo pasa setenta mil veces más lentamente que el nuestro. etéreo. Miró el cuarto. Aquí había venido a amamantar a su niña.. vive mucho tiempo. habiendo envejecido menos de un día. no puedo llevarte. inseguro. colocándose entre llamas en el punto exacto del que partió hace unos cincuenta y cinco años.” Se enderezó. La cadena era demasiado larga. Axt había avisado su llegada mediante el transmisor instantáneo. el joven rey.. la diestra nave aterriza.La helada lluvia primaveral repicaba sobre las piedras de la torre. susurrando inaudiblemente: “Emran. no es más que un pensamiento incomunicado. Argaven estaba al lado de la cuna. Al dar escape a esa pequeña ansiedad. Con mucha cautela y suavidad deslizó la mano bajo la tierna cabecita. Y no obstante. y Argaven la anudó para acortarla. Veloz como el pensamiento. o más bien lo vio. tendrás que reinar por mí. Emran. sé buena. ni un ser humano. húmeda. al menos no se ve ninguna. Ya ha doblado su edad cuando llega. roncando suavemente. Emran. ¿con qué ojos se podría observar un proceso que es cien millones de veces más lento que la luz? Ya no se puede decir que es un rey. Está más que sola. Se agachó hasta tocar con su mejilla la mejilla del bebé. el reino perdido. su primogénita. caliente. Ella es el viaje. Emran. pensando que se podía enredar y ahorcar a la niña.

aunque sin duda planearon varias cosas favorables mientras tanto.. debo decir. no es más que agua! Bien podía haberse convertido en un monarca increíblemente depravado. –Cuando queráis –dijo el señor Harge. abriendo puertas. Uno de los agentes había pasado uno de los veinticuatro años aprendiendo karhideño para que Argaven pudiese hablar con alguien. durante la cual fueron abandonadas vuestras colonias árticas. luego se hicieron a un lado. –Sí. señor Harge. Provocada realmente de forma maravillosa. Para aquellas que estaban bajo llave poseían delicados instrumentos que siempre encontraban la combinación. ¡No. y por último aquel que debió de haber sido el primero. señor Harge. se pararon con ella en el balcón del Palacio. la persona de rojo y blanco. No de un día para otro. grisásea. y este gethiano era. Penetraron en su mente con mucha suavidad. ya veo por qué en el Clearinghouse se habla tan bien de Karhide. Ya veo –dijo la persona que la noche anterior había besado a aquel heredero de un año. se le acercó diciendo: –Majestad. y el compasivo Rebade. Bueno. Una paranoia provocada. Y el señor Harge gritó con terror abyecto..ignorados por estos jugadores de la gran partida. Tome. un camino hacia la confianza de usted. La señal para empezar a saltarse las otras órdenes y determinar la causa de su fobia.. bueno.. Muy abreviado: la regencia de Lord Gerer fue benigna y tranquila.. pero en este momento la economía es bastante estable. esta clase de habilidad y paciencia es bastante escasa. el arreglamentes. Si usted perdona mi objetividad. cada vez más desapegado de su gente. beba esto. y con ella escalaron las grietas de pesadilla hasta llegar al cuarto de la torre. que no era compasivo. Esa es la maravilla.. Le habría llevado varios años convertirse en un verdadero tirano. y varios mensajes privados para usted. se ha descubierto un complot. cada vez más obsesionado por el temor a complots y subversiones. con mucha sutileza. Su heredero fue coronado a los dieciocho años. –Entonces hice lo correcto –dijo por fin el señor Harge. –Cuando le parezca conveniente. después de todo. . y se despertó. –¡Bueno! Eso fue lo que impulsó el resto. por supuesto. mientras el paciente se recobraba. la persona peluda. los especialistas de nuestro Instituto de Beltix. una vez que Rebade se abriese camino. unisexuada de algún lugar llamado Cetians. Hallaron a la persona de negro que no era Gerer. y la dejaron entrar. Así siguió divagando el doctor. y ya lleva siete en su mandato. hubo una depresión en los dos primeros años. un rey. El rey preguntó inmediatamente: –¿Qué noticias hay sobre mi país? –Lord Axt y el sucesor que usted ha dejado mandan con regularidad resúmenes de los sucesos.. señor Harge. encontrará todo el material en sus aposentos..

También intentó olvidar que era rey. el hielo que burbujeaba en su cerveza en las frías mañanas de Palacio. Porque entre aquella gente apacible cuya cualidad principal parecía ser una tristeza fría y profunda. trataban denodadamente de no considerarla a ella como una pervertida.–Lo hizo. Pero al estar poseídos ellos mismos por la ambición se olvidaron de la posibilidad de la abnegación. si usted perdona mi positivismo. Realmente debo leer sobre esta otra ciencia mental de ustedes.. Vivía en la ciudad Vaxtsit. ni tampoco privacidad. en unas barracas cercanas al Clearinghouse. Ollul era llamado la Tierra: uno de esos hechos que dan vuelta el Universo de adentro para afuera. Contaron con que su moral no le habría permitido el suicidio. ahora que hemos puesto su pasado donde corresponde. Nada le importaba mucho. entre ellos. pues rara vez la temperatura afuera bajaba de 10° bajo cero. Aprendió que las personas unisexuadas. me imagino que estarán esperando que vaya pronto al Clearinghouse para discutir su futuro. bueno. Aprendió que cuando pronunciaba Ollul como si dijera “horror” alguna gente se reía. no le molestaba la vida en las barracas. Una puerta que sólo una persona de espíritu vigoroso. Las máquinas y los artefactos y las experiencias y las palabras (más sencillas y más exigentes) de los que disponía el Ekumen la condujeron a una insinuación de lo que sería el comprender la naturaleza y la historia de un reino que tenía más de un millón de años de antigüedad y un trillón de millas de extensión. ya había aprendido que la Tierra. como el de alguien cuyo centro está en otra parte. ni el voto del Consejo la abdicación. aquí.. el suicidio o la huida eran los únicos actos o consecuencias que habría cometido por su propia voluntad. Aun cuando al fin llegaba el invierno sudaba.? –Como desee –dijo el señor Harge. a las que procuraba denodadamente no considerar como pervertidas. el querido frío amargo de Invierno. el ex-rey de Karhide se sabía una bárbara inculta e ignorante. ¿cómo la llaman? ¿Predicción? Creía que era una especie de basura ocultista. y que. Una vez que la Escuela la tomó por su cuenta. ¿eh. aquí. y cuando le sugirieron que fuese a la escuela asintió de buena gana. era Invierno. Asistía a la Escuela Ekuménica. Trabajaba y transcurría los días con vigor y competencia pero siempre con cierto descuido. como una media. el hielo del Puerto Viejo. tampoco era tan malo como había creído vivir con personas de un solo sexo. cuando la nieve no caía por doscientos días seguidos. el calor terrible de Ollul que algunas veces llegaba a los 35° durante la interminable estación deslumbrante. el frío. aunque encontraba que su condición de estudiante perpetuo era cansadora. aprendió y olvidó muchas más cosas.. Lo único que encontraba incómodo era el calor. y dejaron una puerta abierta para usted. Aprendió que un régimen carnívoro provoca diarrea en los intestinos no habituados. Aprendió mucho. junto a unos doscientos extranjeros. Y como nunca había tenido mucho que fuese solamente de ella.. ninguno de los cuales era ni andrógino ni ex-rey. libremente. y las barracas seguían sofocantes. que no se distinguía de una hilaridad profunda y cálida. Cuando hubo empezado a adivinar la inmensidad de este reino . y soñaba con las nieves del Kargav. desnuda y agitada. En el Clearinghouse conversó con diversas personas del Ekumen para los Mundos del Oeste. puede elegir atravesar. La abdicación. pero evidentemente. aunque los otros extranjeros llevasen gruesos jerseys todo el tiempo. Bueno. pensaba ella. Dormía sobre las sábanas.

por lo general discreto. de nuevo lo desconocido.. sin embargo estaba insatisfecha. . representaba en ese momento a la pluralidad local con la que no se sentía involucrada: ellos. –Oh.que era la humanidad y el dolor duradero y el desperdicio monótono de su historia. Pero en tal caso. después de todo.. supuestamente muerto. –Un rey sin país –dijo Gist con su insulso acento terráqueo–. como parece ser que el rey actual lo está haciendo. En este acrecentarse de su mente y de su ser había una gran satisfacción. proporciones. señor Harge –le decían–. La última instantánea tomada bajo la luz de un sol extraño: erguida. Tu propia conciencia. tenemos que construir sobre las bases existentes. El desperdicio es una pena. ¿por qué cree que estamos perdiendo tiempo con usted? –Por bondad. vislumbró las fuentes de la hilaridad y la serenidad. más allá de los límites de lo que había aprendido. la bondad. Argaven. –dice el Inamovible. la miró sardónicamente. que puede entrometerse (si así lo desea) en los destinos de cuarenta mundos. para los propósitos del Ekumen. se puede sentir un poco superfluo.. Con seguridad que no habría dividido y aterrorizado el país.. números. Aparte de esto. en la física cetiana. autoexiliado. mitos. Quizás hasta podría haber unificado el planeta.. y vio.. –¿Cómo útil? El etnógrafo Mobile Gist. al lado del Agente Principal del Ekumen en los Mundos oeste. bueno. el Inamovible. Tiene un sentido del equilibrio. ¡Qué desperdicio! Señor Harge. relaciones y demás. –¿Considera usted que no puede ser ya útil. en las matemáticas. escritorio por medio. también empezó a comprender lo que se hallaba más allá de sus límites en el espacio y el tiempo. una persona hermosa de sexo indeterminado está de pie. necesitamos que estudie temas a los que le pueda dar una aplicación útil. Sin duda usted era el rey perfecto para Invierno. sudando copiosamente sobre la grama verde.. y entre rocas desnudas y soles como hornos y la desolación resplandeciente que prosigue más y más. antes de desesperarse por no ser útil en la vida. el señor Hoalans de Alb. considere sólo nuestras esperanzas y necesidades. Usted sabe que por más bondadosos que seamos no podemos darle nada que lo haga feliz. No siempre la dejaban avanzar en ciertos campos tan lejos como quería. Excepto. epopeyas. los que “le decían”. los manantiales inagotables. cubierta por una capa gris al estilo hainita. –Ha empezado tarde. habló con furia repentina: –Lo creo. señor Harge? El señor Harge.. y sus propios atributos. Deberá vivirla cuarenta o cincuenta años más. una inmensidad espléndida.. –No puedo ordenarte que vayas allí.. para Karhide. Aprendió una gran cantidad de hechos.

de la Guardia de Palacio. Ker –hablaba con claridad. era imposible adivinar lo que sentía–. La miraron. Lo que basta. ¿Algún otro que conozca? Soy Argaven. Salen. aunque su capa gris tironeaba y ondeaba en el frío viento marino. Por su apariencia. pero el de la lancha ya se estaba arrodillando. en el aire. Pero una vez cada diez o veinte años el fuego lamía las rocas y el mar bullía en las costas. una vez a la tierra gris en el norte del otro lado del agua. un encuentro ambiguo. lo que hace reír también al Inamovible. al que los años habían llenado de marcas y cicatrices similares a las de un tronco que ha pasado por el fuego. fue entregada al Ekumen como feudo absoluto durante el reinado de Argaven XV. dos minutos. varios eran ancianos. –debajo y detrás de él. Estuviste conmigo cuando yo era sargento y tú eras muy joven –la cabeza gris se inclinó repentinamente. Se adelantó tan imprevistamente que el embajador Horrsed tuvo que hacerse a un lado con precipitación. Generaciones anuales de aves anfibias trepaban arrastrándose por las rocas áridas. –¿Embajador Horrsed? Soy Harge –dijo el de la nave espacial. Argaven de Karhide! –mientras se enderezaba. en la cubierta. Luego miró una vez el pesado sol en el oeste.. la pequeña lancha eléctrica del plenipotenciario se acercó. en medio de la armonía que los Poderes del Ekumen desean para las almas humanas. así que se encontraron a mitad de camino. y si en la isla había aves anfibias. basta –dice Argaven Harge. y una persona empezó a subir mientras otra empezaba a bajar. en la costa sur de Karhide. diciendo en voz alta en karhideño: –¡Bienvenido. Argaven Harge se mantuvo erguida y perfectamente inmóvil durante un minuto. Nadie vivía allí. morían. De pronto uno de ellos. Se dirigió sin vacilar a uno de los ancianos que había sobre la cubierta. había un grupo grande de gente que observaba con atención al recién llegado. sobre la cubierta de la lancha.. No podía reconocer tu rostro.–Renuncié a mi reino hace doce años de acuerdo con mi propia conciencia. se adelantó un paso. como . todos eran karhidenitas. Cuando el mar dejó de hervir. La nave espacial dejó salir una plancha de telaraña de acero que se apoyó en la cubierta de la lancha. Después de setenta años. tres minutos. –Te reconocí por el brazo manco. soy Bannith. Explica cuándo debo. Se ha llevado su merecido. y en seguida ríe inesperadamente. –Mi señor. de nuevo a la gente silenciosa agrupada debajo. La isla Horden. Permanecieron en silencio. –¿Eres Ker rem ir Kerheder? –Lo soy. el embajador agregó con un rápido susurro–: Ven como tú mismo. y ponían y empollaban sus huevos y criaban a sus pichones. y por último los conducían en una larga fila india al mar. entre la tierra y el mar.

homenaje, o para ocultar las lágrimas. Después se adelantó otro, y otro; las cabezas que se inclinaban eran grises, blancas, calvas; las voces que saludaban al rey se quebraban. Uno de ellos, Ker el manco, a quien Argaven había conocido cuando era un paje tímido de trece años, habló con ferocidad a aquellos que aún permanecían inmóviles: –Este es el rey. Tengo ojos que han visto y que ven ahora. ¡Este es el rey! Argaven los miró, rostro tras rostro, las cabezas inclinadas y las erguidas. –Soy Argaven –dijo–. Fui rey. ¿Quién reina ahora en Karhide? –Emran –le contestó uno de ellos. –¿Emran mi hijo? –Sí, mi señor –dijo el anciano Bannith; casi todos los rostros permanecían inexpresivos, pero Ker dijo con voz fiera y temblorosa: –¡Argaven, Argaven reina en Karhide! He vivido para ver el retorno de los días luminosos. ¡Larga vida al rey! Uno de los más jóvenes miró a los otros y dijo resuelto: –Así sea. ¡Larga vida al rey! Y todas las cabezas se inclinaron. Argaven, imperturbable, recibió el homenaje, pero en cuanto tuvo una oportunidad de dirigirse a solas a Horrsed el plenipotenciario, le preguntó: –¿Qué es esto? ¿Qué ha sucedido? ¿Por qué me han engañado? Me dijeron que debía venir para asistirle, como ayudante, del Ekumen... –Eso sucedió hace veinticuatro años –dijo el embajador, disculpándose–. Yo estoy aquí desde hace solamente cinco. Los asuntos de Karhide van muy mal; el rey Emran rompió relaciones con el Ekumen el año pasado. En realidad, no sé cuál era el propósito del Inamovible en la época que le mandó venir, pero en estos momentos estamos perdiendo Invierno. Así que los agentes de Hain me han sugerido que desplacemos a nuestro rey. –Pero yo estoy muerto –dijo Argaven, encolerizado–. ¡Hace sesenta años que estoy muerto! –El rey ha muerto –dijo Horrsed–. ¡Viva el rey! Al acercarse algunos de los karhidenitas, Argaven abandonó al embajador y se dirigió a la pasarela. El agua gris bullía y se deslizaba por el costado del barco. La costa continental se veía a la izquierda, gris con manchas blancas. Hacía frío, era un día de comienzos de invierno durante la Edad del Hielo. El motor del barco ronroneó suavemente. Hacía doce años que Argaven no oía el ronroneo de un motor eléctrico,

la única clase de motor que la lenta y sólida Era Tecnológica de Karhide había decidido usar. El sonido le resultó muy grato. –¿Por qué nos estamos dirigiendo hacia el este? –Argaven hablaba resueltamente y sin volverse, como quien sabe desde la infancia que siempre ha de haber alguien para responderle. –Nos dirigimos a las tierras de Kerm. –¿Por qué a las tierras de Kerm? –Porque esa parte del país está rebelada contra el... contra el rey Emran. Yo soy de Kerm: Perreth ner Sode. –¿Está Emran en Erhenrang? –Erhenrang fue tomada por Orgoreyn hace seis años. El rey está en la nueva capital, al este de las montañas... La Vieja Capital, en realidad: Rer. –¿Emran perdió las Tierras del Oeste? –preguntó Argaven, y volviéndose para enfrentar al joven noble fornido, insistió–: ¿Perdió las Tierras del Oeste? ¿Perdió Erhenrang? Perreth retrocedió un paso, pero respondió con presteza: –Durante seis años hemos estado escondiéndonos en las montañas. –¿Están los Orgota en Erhenrang? –El rey Emran firmó un tratado con Orgoreyn hace cinco años, en el que les cedía las Provincias Occidentales. –Un tratado vergonzoso, majestad –interrumpió el viejo Ker, más feroz y tembloroso que nunca–. ¡El tratado de un idiota! Emran baila al son de los tambores de Orgoreyn. Todos los que estamos aquí somos rebeldes, exiliados. ¡El mismo embajador, aquí presente, es un proscripto que se oculta! –Las Tierras del Oeste... Argaven I conquistó las Tierras del Oeste para Karhide hace setecientos años –dijo Argaven, que se había vuelto hacia sus hombres para contemplarlos con su mirada extraña, inteligente, perdida en la lejanía–. Emran... – vaciló–, ¿Cómo sois de fuertes en Kerm? ¿Os apoya la costa? –La mayoría de los hogares del sur y el este están con nosotros. Argaven permaneció pensativo por unos instantes y luego continuó su interrogatorio: –¿Tuvo Emran un heredero alguna vez? –No de la carne, mi señor –respondió Banith–. Procreó seis. –Ha nombrado a Girvry Harge rem ir Orek como su heredero –dijo Perreth. –¿Girvry? ¿Qué nombre es ese? Los reyes de Karhide se llaman Emran –dijo Argaven–, y Argaven.

Por último se ve la fotografía obscura, la instantánea que fue tomada a la luz del fuego; del fuego porque las plantas motrices de Rer están en ruinas, las tuberías cortadas, y en esos momentos media ciudad se está incendiando. La nieve cae pesadamente sobre las llamas y brilla, roja, un momento antes de derretirse en el aire, silbando sin fuerza. La nieve, el hielo y la guerrilla mantienen acorralado a Orgoreyn en el lado oeste de los montes Kargav. Nadie ayudó a Emran, el viejo rey, cuando su pueblo se sublevó. Sus guardias huyeron, su ciudad arde, y finalmente debe toparse cara a cara con el usurpador. Pero en el postrer instante mantiene algo del descuidado orgullo familiar. No presta atención a los rebeldes; los mira con fijeza y no los ve, porque yace en el obscuro corredor iluminada solamente por los espejos que reflejan fuegos lejanos. Muy cerca se ve el revólver con el que se mató. Argaven se inclina al lado del cuerpo y levanta esa mano fría. Empieza a quitar del dedo índice, nudoso por la edad, el anillo macizo, grabado, de oro. Pero no lo hace. –Guárdalo –susurra–, guárdalo. Por un momento se inclina más aún, como si murmurase al oído muerto o apoyase la mejilla contra aquel rostro frío y arrugado. Luego se yergue y permanece quieto, y poco después se pierde por los corredores obscuros, pasa delante de ventanas brillantes por el hielo y el fuego lejano, se dirige a organizar su hogar: Argaven, el rey de Invierno.

Edición digital de Sadrac

El viaje
The good trip, © 1969.

Este cuento se publicó cuando el problema de las drogas estaba en su apogeo y una de las reacciones que provocó fue que alguien dijera que yo estaba tratando de sacar provecho de un tema candente. Eso me hizo gracia, dado mi infalible talento para perder la nave en la que navega la gente que se pone a la moda, y también porque de alguna manera la clave de este pequeño relato está en que Lewis no hace el viaje químico, sino que llega allí por su cuenta... con una ayudita de su amigo. Pero tampoco es un cuento antidroga. Mi única opción decidida sobre las drogas (marihuana, alucinógenos, alcohol) es que estoy en contra de la prohibición y a favor de la educación. Tengo que admitir que la gente que expande sus estados de conciencia viviendo en vez de consumiendo productos, por lo general regresa con relatos mucho más interesantes acerca de donde han estado. Admito que yo misma soy una adicta (tabaco), y sería necia si condenase a alguien por una dependencia similar.

Mientras tragaba la substancia supo que no debía tragarla, lo supo con seguridad, de la misma manera que un conductor ve venir un camión en línea recta hacia él a 110 km/h. Repentinamente, íntimamente, finalmente. La garganta se le cerró, el plexo solar se le anudó como una anémona marina, pero ya era muy tarde. No te puedes permitir tener miedo. El miedo lo enreda todo, y manda a aquellos pocos infelices, un porcentaje muy pequeño, al depósito loco, a agacharse en los rincones sin decir palabra... No hay nada que temer con excepción del temor. Sí señor. Sí señor don Roosevelt señor. Lo que hay que hacer es relajarse. Pensar cosas agradables. Si la violación es inevitable... Contempló a Rich Harringer mientras abría su pequeño paquete (compuesto con precisión y envuelto higiénicamente por un par de tipos que cursaban la escuela primaria de química gracias al método americano aprobado de la empresa libre; sin duda algo ilegal pero eso no es raro en América donde tan pocas cosas son legales que hasta un niño pequeño puede ser ilegal) y tragaba el pequeño caracol amargo con gozo deliberado y ceremonioso. Si la violación es inevitable, relájate y goza. Una vez a la semana. ¿Pero existe algo inevitable aparte de la muerte? ¿Por qué relajarse? ¿Por qué

perder la lucha y volverme loco. o a Sacramento. arrinconado en su esquina. el Llorica de Sonoma. pelea! Lewis se levantó. y por eso era que había invitado a Jim y Rich y Alex. No tenían aura. Nada sucedió. Estaba tratando de ponerse a tono con su mujer. 100 microgramos. bebió la mitad. suprímela. veneno. una vacación a bordo del pintoresco Old Erewhon. ¡Banzai! ¿Pero dónde está el satori? ¿Dónde está el significado. observando con placer la pronta desenvoltura de sus reflejos y la perfección de su sentido del equilibrio. No haría un mal viaje. Oh. veneno. Insignificante. ¿por qué no puede sacarle alguna melodía? No. Lewis Sidney David. el judeocelta. Si se desplaza con una guitarra a cuestas. en silencio. La satisfacción infinita del acorde. vamos. quizá deseaba un viaje a Vietnam. –Bebe conmigo –dijo. y en este rincón. y empezó a volcar delicadamente el resto sobre las raíces de un olivo en miniatura plantado en una maceta emparchada que valía diez centavos. y llenó un vaso de agua en el vil fregadero. y Alex estaba punteando en la guitarra. sin mirar atrás. la mejoría. ¿Por qué vivía en este vertedero? ¿Por qué había pedido a Jim y a Rich y a Alex que vinieran a compartir con él sus terrones de azúcar? Ya era suficientemente piojoso como para convertirlo además en un fumadero de opio. estaban en foco. pero mío. Pelos de barba. ni más. Un fregadero pequeño. Lewis llevó el vaso de agua hasta la ventana. 62 kgs. Lucharía concienzuda y deliberadamente contra la droga. repelerte. envenéname.. ¡Dejadme ir. y vería quién triunfaba. Pronto estaría lleno de cuerpos inertes. el Torbellino Tibetano. un fregadero de perversidad.gozar? Lucharía. LSD/alfa. Paz. La irritabilidad es un síntoma de que se está perdiendo el autocontrol. Un bonsai. Suprime todo. rehusarte. Jim estaba echado en el sofá leyendo Murallas. damas y salvajes. ¡Censor.A. ¿Era esto una Percepción? No. la intensificación de la percepción de la realidad? ¿Cuánto tiempo necesita para actuar este maldito menjunje? Allí estaba su olivo. equipo. el hombre sin apellido. La satisfacción infinita de la cuerda. Lo más difícil de tener que contemplar cómo va enloqueciendo tu mujer es que no puedes seguirla. pero la paz no llega.. esputos de Colgate. sin haber crecido. usando baúles blancos. pero siempre estaba adormilado. Por eso era que vivía en este vertedero. Ven alucinación. Sursum corda. en un largo viaje al silencio. medía doce centímetros pero era muy similar a un olivo. ven para que pueda luchar contra ti. maletas rojas y bolsas azules. cualquier cabeza de melón podría percibir esto sin la ayuda de drogas. nudoso y perdurable. La lira enmudece y los psiquiatras también . Se aleja más y más. En este rincón. con bata lisa. Richard estaba adormilado. censor! ¡Pelea. Sus tres compañeros parecían normales. manchas de óxido y restos de comida. de ojos que saltarían como canicas y rodarían bajo la cama para reunirse con el polvo y las ruinas que acechaban desde allí. No hay suficientes olivos debido a la explosión demográfica de la especie humana. mirando al árbol desde más cerca.. miró con cautela a su alrededor. dejadme ir! Clang. todas las figuras y los colores y los significados. LSD/B. Como Isobel. Ni menos. M. sin pánico pero con resolución. Los hombres gritan Paz. aun cuando almorzaba gratis en el parque. aunque fuera de su alcance. y por eso era que se había tomado un viaje con ellos. un crucero de placer.A.

dijo Lewis Sidney David.. había gritado mucho. Tres mil metros más alta. alucinógeno. durmiente pero no oficialmente extinto. Nunca fue buena caminadora. vísperas. Pero esto lo sentía bastante a menudo y sin ayuda de productos químicos. Tirar alfas. Ella no oye su nombre gritado. Gritas: ¡Isobel! Ni visto ni oído. Solamente te abre la puerta a las realidades más elevadas. Supuso que la esquizofrenia hacía lo mismo. Las paredes que ahora los separan son de ladrillo. género humano. El avión se estrella en silencio. como un lama. y la base del monte y sus laderas inferiores estaban cubiertos por un velo de smog. A través del vidrio grasoso se erguía el monte Hood con sus tres mil metros de altura. Lewis sintió un fuerte impulso de gritar a todo pulmón el nombre de su esposa. Te encuentras detrás de la pared de vidrio de tu cordura como alguien que ve un accidente desde el aeropuerto. por supuesto. Sin embargo.mienten. Llévame a un viaje en el que haya estado mi esposa. y él podía estar a su antojo en su propia casa cuerda de cristal. peso 42 kg. Maitines. necesitarás un monasterio. Era un verdadero creyente y su vida estaba ahora centrada en la experiencia del LSD/a como la de un místico religioso en su disciplina mixta. 22 años. lleno de fuegos adormilados y rodeado por su propio clima y atmósfera. antes de que empezase el silencio. nonas. Ni siquiera te desenreda los cromosomas. Destroza la pared de cristal. ¿podías seguir haciéndolo una vez a la semana durante dos años? ¿A los treinta? ¿A los cuarenta y dos? ¿A los sesenta y tres? Encontrarás la vida terriblemente monótona y adversa. Vamos. pelo castaño. como lo venía haciendo desde hacía tres meses. pero en ella el problema era que no podías hablar. grandes y sólidas paredes de ladrillo. sexo femenino. Pero lo reprimió. Entretanto. cuando la había llevado en mayo al sanatorio después de la época de silencio. empieza. Estaba sentado de una forma notable. Terminó de volcar el agua en pequeños canales alrededor de las raíces del olivo y levantó la mirada hacia la ventana. –Maldito sea –dijo Lewis en voz alta. silencio. Persona perdida. inhalando. no podías decir nada.61 m. 1. muros. En enero. Alucínate. Jim había abandonado sus Murallas. Podía alcanzarla saltando a la pata coja. crash. No. Entre él y la montaña se extendía una cantidad de basura. Tampoco le pudo hablar. sintiendo que estaba a punto de percibir algo verdaderamente importante. Por eso era que vivía en este vertedero. Tirar piedras. tan diferentes de aquellos que reinaban en alturas más bajas: nieve y luz despejada. Tintín. LSD/alfa no te volvía loco. muy sólidas. autopistas y edificios de oficinas disponibles y altos montículos y elefantes de neón que lavaban automóviles de neón con punteadas duchas de neón. Se iba a encontrar con la realidad del modo correcto. allí estaba la montaña. Llegaré hasta allí por mí mismo. Para mantener fuera a la grosera realidad. así que el pico flotaba. un volcán que poseía la simetría serena característica de los volcanes. y .. no podías comunicarte. algunas veces durante todo el día. veías la realidad más alta. hombre. Porque cuando mirabas a través de la ventana. alucina.

Dios. caminando y azotando sus flancos dorados con rabos borlados de oro. pacíficos. haciéndole sentirse R. y con su pizarra y sus aparejos de pesca. luego el silencio. el olivo. cualquier cosa. R. sin la monotonía ecuatorial. Pero tenía mucho tiempo. No sirve para nada. ocios y sutilezas de la luz. en busca de más altos riesgos. Por los verdes parques de Portland y por largas calles laterales correteaban niños. Era un buen abrigo. no pudo subir al autobús de Gresham que le habría ahorrado mucho tiempo. y oyó cómo retumbaban cordialmente sus botas de excursión. Dado que era obvio que los transportes públicos estaban prohibidos para un hombre en su estado. fuerte y triste. sin los extremos polares. Bajó las escaleras de la casa de huéspedes que hedía a gato viejo. En la escalinata se cruzó con los pintores y estucadores. El Sol se puso en algún lugar al oeste de los tejados. con el rostro fresco. A medida que Lewis dejaba las últimas casas de la ciudad y se adentraba en tierras agradables. Ni siquiera una parodia de algocidio. Niños hay que son tahúres natos. o ver colores. Alguna que otra vez se veía un chico solitario. Pobres desgraciados. Y en los días despejados. sino con inviernos de largas sombras y veranos de largos atardeceres: degradaciones y ajustes de la claridad. similar al que producían leones rugiendo en sus jaulas. Esta era la antesala. o que lo hiciera caer sobre su mecedora. montañosas y bien labradas. La basura se amontonaba en las canaletas y un viento cálido la movía a ratos. Raskolnikov.. Pero hoy no iba a asesinar a ninguna anciana usurera. Rich y Jim y Alex. el óleo de dos metros por tres de un desnudo atáxico pintado por un amigo cuya compañía de selfcrédito le había embargado las obras. con sus cubos y escaleras. pero en las lejanas alturas de la montaña ardía aún un fuego blanco. también de la cresta dentada del monte Adams. sus Obras completas de Theodore Sturgeon encuadernadas en sensacional cartón.. su madre y su hermana se lo habían comprado a duras penas como regalo de Navidad. . con una buena vista del monte Hood. Pero aquí nada sucedería. Y sintió que todo esto ya había sucedido alguna vez. ¡Oh. Desde la ciudad se oía un sonido lejano. Primero el llanto.a él el miedo le hacía llorar. que hiciera algo. Podía contar con que el atardecer veraniego prolongaría la iluminación. Dio por terminadas sus faenas de riego y levantó la mirada hacia la habitación: era un vertedero. y los ojos de debajo de la cama? Eso era asunto de ellos. la guitarra de Alex. que le permitiera gritar. Le rogó a la droga que corría por su sangre que actuase. Recogió su abrigo de una silla rota y salió. con sus cinco kilos de fotografías de la arquitectura doméstica japonesa. hombres de cuarenta y cincuenta años. Salir de la ciudad le tomó bastante tiempo. e iban a pintar su habitación. llevándolo a través de los suburbios y bajando en la mitad del trayecto. Nada sucedió. rugiendo sin parar. jugando a la Soledad. pero grande. sácame de esto! Trató de serenarse. Imploró que todo eso terminase. que con el azúcar habían tomado la leche del Paraíso? ¿Y con sus apuntes sobre LeNotre. Los crepúsculos de las latitudes que se hallan entre el trópico y el polo son dulces y benignos en cuanto a longitud. ¿qué harían con el fregadero? ¿Y con los tres drogados. el polvo. Olmsted y McLaren. Eran tres. forrado de lana de oveja y con una capucha y esas cosas. el viento empezó a oler a tierra húmeda. jugando todos ellos en la ciudad un solo juego: el juego de la Juventud. y abandonó la lucha contra su enemigo impalpable.

Pero él tenía los bosques debajo. un capricho del cerebro. Pero estaba solo. Se había quedado sin tiempo. La luz no lo esperó más. en las cumbres donde sólo había nieve y piedra y aire y la amplia. como lo hace cuando cae la noche. una pequeña gotera en el dique. Oh mi muchacha loca. las estrellas aparecían y lo miraban a los ojos desde los golfos de obscuridad. ¿Dónde? Ni esquíes ni trineo ni botas para la nieve ni siquiera una cámara de aire.. Dios. Recordó el sendero cuando lo vio.fría. solitarios. No sabía a dónde ir. compuesta. ¡Isobel. A las alturas. más alto! Un joven que llevaba a través del hielo y de la nieve una pancarta con este extraño lema: AYUDA AYUDA SOY UN PRISIONERO DE LA REALIDAD MÁS ALTA. La luz se extinguió y el blanco de la nieve se ensombreció. y pasando Sandy. Las lágrimas se arrastraban por su rostro y él se arrastraba por el rostro de la montaña. Al atardecer los lugares muy altos son terribles. Había estado con. Eso no estaba bien. después de todo. ven a salvarme de ti misma! He trepado a tu zaga todos los senderos y ahora me encuentro aquí. al salir de los bosques desembocaba una y otra vez en golfos de claridad amarillenta. Cuando había sucedido aquello no fue estando solo.. Ya no le quedaba mucho tiempo. mi esposa. con un leve tono albaricoque bajo la luz del Sol. Si hubiese sido el encargado de este paisaje. Mientras escalaba el largo y empinado camino. brillante y saturnino. . en el que brillaban unas pocas estrellas.. una espoleta de la granada. ¿Sacrificar la grandeza en aras de la comodidad? Bueno. blanco. Desgreñado. sobre bosques y praderas interminables y obscurecientes y lagos claros enmarcados por colinas. Prosiguió hasta que pudo ver por encima de los bosques y por encima de la obscuridad. –Empezabas a preocuparme.. Arriba se alzaba el pico. clara. tan sólo un senderillo. escaló crestas que no habían sido escaladas. Temblando de frío y de miedo gritó a la cumbre blanco muerte y a los lugares negros el nombre de su esposa: –¡Isobel! Ella apareció en el sendero. solo. y no iba a descender. Lewis. Tenía mucho tiempo. perdurable luz. No hay dónde ir. la obscuridad invadía los bosques que se alzaban en las laderas que atravesaba. Dios o el Estado o él mismo había puesto un sendero en la montaña. habría hecho un sendero por aquí. Cuando desviaba la vista de la planicie empinada. Pero la nieve mantenía su propia luz fría. y siguió trepando. En el este. Se tenía que encontrar con. No hará ningún daño.. Lewis no sabía dónde estaba el refugio. entre las tinieblas. resplandecía Saturno. Giró a la izquierda y permaneció quieto. Escaló. mi amor silencioso.. A cada lado tenía un vacío. Giró a la derecha y se equivocó. a la que vendí a un manicomio porque no escuchabas mi charla. y mientras escalaba lloraba. en algún lugar después de los bosques. solamente una leve rajadura en la Campana de la Libertad. ¡Más alto.

–Llegué más lejos de lo que había pensado –dijo Lewis. –Di mi nombre –susurró Lewis. Pensé que quizá tu pierna te había hecho retrasar. el sueño más importante que he tenido. Me contestabas. Cada cosa en su momento.. y luego la abrazó. y tú podías oírme. . y haciendo que él también se detuviera y ya no se oyó siquiera el ruido de sus botas sobre la nieve seca. Solitaria. ningún otro sonido que no fuese el sonido suave de aquella bendita voz–. –Oh. no –murmuró avergonzada. la luz del fuego. –Llévame mañana.. –Así es. Este silencio. sobre la cuerda floja tendida entre los fuegos externos e internos. ¿verdad? –Espectacular.. no estaba preocupada. Ella se volvió y lo miró. ¿no es así? –A todos menos a uno –respondió Lewis. Fue. El silencio sobre todo. siempre elegirán vivir junto a un volcán. Pero era como esto. Terriblemente parecido a este. Saturno. Un hermoso paseo. quietud. Eso lo sabía. Algunos. Nieve.. sobre todo. –La luz permanece tanto tiempo aquí que piensas que seguirá eternamente. estaba segura. tú lo oías. Reinaba un silencio tal que si yo decía algo. y había obscurecido y no tenían ninguna prisa. hace frío. con lentitud. Tú sabes. –Planeta. un lecho. Giraron a la izquierda. obscuridad en derredor. delante.. luz estelar. –No. –Cuando estaba en el sanatorio –dijo Isobel deteniéndose. –Hace frío. Al no estar tú. Lewis contestó diciendo el de ella. Y creo que durante el sueño dije tu nombre.. Lewis aún cojeaba ligeramente a causa del tendón desgarrado que le había impedido esquiar los últimos días. tenemos que continuar –y prosiguieron.. Lo dijo. –Se comió a sus niños. Fuego bajo los pies. tahúres natos. Este estar en las alturas. A pesar de que no puedo recordarlo con claridad. No se oía sonido alguno en las montañas o entre las estrellas. –¿No te has divertido esquiando? Ella sacudió la cabeza. Siento haberte preocupado. –Mira aquella estrella enorme. Iban de la mano.. tenía un sueño como este. ambos temblaban. Nunca pude. ni siquiera durante las terapias. cerveza. el Padre Tiempo.

las torres del montacargas. cómo había ingerido la substancia. borrosas y esfumadas. Un mensaje. que tu fusses. Llovía pero aún no había obscurecido. plegado dentro de la palma como una anotación para trampear en un examen final de francés. cómo lo había abierto. además. Edición digital de Sadrac . –Buen viaje –dijo Lewis. pero esto le resultó difícil a causa del vaso de agua que estaba sosteniendo. estaba allí donde las personas no oyen ni pueden contestar. bajó las escaleras y salió a la calle. Lewis sacudió la cabeza. Jim no le escucharía. Cogió el impermeable (de popelín sucio. amurallado. que en ese instante exhalaba la bocanada que había inhalado mientras Lewis comenzaba a regar el olivo.Delante.. Tenía las manos frías y por un momento se sacó los guantes para frotarse una con otra. al vientre. Se inclinó sobre Jim. También recordó con el mismo orden y exactitud dónde había estado hasta el momento y supo que aún no había estado allí. Un pequeño envoltorio cerrado que contenía azúcar empapada en 100 mg de LSD/a. en orden y con exactitud. nada de forro de lana). Pero había algo que se le estaba quedando en la mano. y el viento urbano soplaba fuertes bocanadas frías que traían el olor de la tierra húmeda y de los bosques y de la noche. degustado su sabor. sería difícil explicarle que ya había regresado del viaje que no había hecho. pequeña y pegoteada de sudor. El verano terminaba. –Gallina –murmuró Jim. vieron bajo la luz gris de las estrellas la mole de la cabaña alta. ¿Cerrado? Recordó. espera. ¿De quién y para quién? De la tumba. Abrió la mano y estudió el objeto durante un momento. Terminó de verter el agua en los pequeños canales alrededor de las raíces del olivo y colocó el vaso al lado del florero emparchado. qu'il fût. al pie de un declive.. sonriendo. Suave y diestramente guardó el paquete en el bolsillo del abrigo de Jim. y la vasta extensión de las pistas. la estación estaba cambiando. que je fusse. –¿No vienes? –preguntó Jim.

que no me di cuenta de que también era importante. Le Guin. esparciendo pus plateado a través del crepúsculo. sino como una metáfora o un símbolo. Playboy introdujo en el cuento una serie de alteraciones poco importantes. desarrollo el tema cualitativa y psicológicamente. y luego escribí esto. había crepitaciones en la obscuridad. Estaba viva por dentro pero muerta por fuera. que fueron mantenidas en las reimpresiones posteriores. Fue la primera vez (y es la única) que me topé con algo que pudiera llamar prejuicio sexual. y yo asentí. Los temblores que cruzaban el rostro de Libra eran simples estremecimientos de corrupción: debajo. y me pareció tan tonto. Era calva y ciega. Nueve vidas apareció en 1968 en Playboy con el único seudónimo que he utilizado: U. en los negros pasillos. –¡Asqueroso planeta! –murmuró Pugh. En esencia uso el elemento científico no como un fondo en sí mismo. de este cuento. Es un relato sobre “y qué si. K..Nueve vidas Nine lives. –Me gustaría ver un rostro humano. su rostro era una negra red de arrugas.” No obstante. de parte de un editor o publicador. es la elaboración de un tema extraído directamente de trabajos contemporáneos sobre las ciencias cuantitativas. pero lo que sí me sorprende a mí es darme cuenta de cuan irreflexivamente les seguí el juego. Lo leí. tumores y grietas. Los editores preguntaron cortésmente si podían utilizar nada más que la primera inicial. prejuicio contra mí por ser una mujer que escribe. En su estupendo libro La bomba de tiempo biológica aparece un capítulo dedicado al clonismo. . No es sorprendente que a Playboy no le remordiera entonces la conciencia. Nunca he estado tan cerca de la ciencia ficción “vital” o “en esencia” como en este cuento. con mi nombre completo. fermentos. –Gracias –ironizó Martín. y siempre que puedo controlar las ediciones aparece la que está impresa en estas páginas. pesadillas químicas que se prolongaban desde hacía siglos. mientras la cúpula retemblaba y un forúnculo reventaba a un kilómetro al sudoeste. El biólogo Gordon Rattray Taylor es el responsable. Yo prefiero mi versión. un medio de decir algo que de otra manera sería inexpresable. aunque inocente. tan grotesco.. © 1969.

asombrado–. el mismo rostro. Martín siguió el descenso de la nave a través de la pantalla durante veintidós minutos. y a intervalos de cien metros al este de la nave. Pueden descender. seguido por una joven que emergió con el mismo quiebro gimnástico. –Martín –dijo Pugh–. conteste. los cabellos negros. Les esperamos en la puerta. cual Nijinsky y Nureyev. tú y yo somos más feos de lo que creía. Owen.–El tuyo es humano. hacia la nave. Todos tenían el mismo rostro. Las señales de la pantalla desaparecieron. ojos de un samurai. –Pueden salir –dijo Martín por la radio portátil–. piel bronceada. El cuarto estaba saliendo por la escotilla con el mismo quiebro gimnástico. Martín agitó la mano. –Cállate. Tres módulos salieron flotando a intervalos de cuatro minutos uno de otro. Todos eran altos. Ésta es la nave Passerine. desde luego –dijo Pugh–. Se posó silenciosamente. Esperen. –Exacto –dijo uno de ellos–. ojos color de hierro. Lo había olvidado. –Expulsión dentro de siete segundos terrestres. –Álvaro Guillén Martín –dijo Martín. –¿Es ése el aspecto de un ser humano? –inquirió Pugh-. –Aquí Libra. pero lo he visto tanto que ya no puedo verlo. inclinándose ligeramente. desaparecieron y volvieron en forma de rostro y voz. ya que la tenue atmósfera de Libra apenas transportaba sonido. Era joven y espléndido. de la cual surgió otro joven con el mismo quiebro gimnástico. .. luego pudieron verla más allá de la cúpula. ¿Es usted el teniente Martín? –Soy Owen Pugh. por favor. abrieron las cámaras de aire de la cúpula y corrieron a saltitos. –Cállate. con la piel bronceada. Somos un clon de diez. Estamos en contacto. Pugh y Martín cerraron las escafandras de sus trajes. Unas señales aparecieron en el intercomunicador que Martín estaba manipulando. La escotilla se abrió.. pero Pugh estaba mirando hacia la escotilla. Todo preparado. El joven que habían visto en la pantalla asomó con un quiebro gimnástico y saltó al polvo y a las escorias de Libra. –¿Todos tienen ese aspecto? Martín. tenemos un clon. El nombre es John Chow. Pugh. El rostro llenó la pantalla: nariz de un rey asirio. una pequeña estrella en el oriente color sangre. hundiéndose. –Base Misión Exploradora Libra. ceremonioso. la nariz aguileña.

y desde otra dirección una voz: –Estamos acostumbrados a dormir solos. Esto no es más que un exceso de mellizos. . –Pagada de sí misma –murmuró Owen Pugh. ruborizada y soñolienta. Todos se levantaron en el espacio de un minuto. Uno de los otros se acercó a la pareja. se ha perdido el tacto. ella miró de soslayo a Pugh y desapareció en el interior del saco de dormir. Desde su saco de dormir. El primer encuentro con un desconocido resulta difícil. Martín la miró. Tras dos años de estancia en un planeta muerto –y el último medio año aislados como un equipo de dos– resulta todavía más difícil recibir a un desconocido. Una de sus hermanas le murmuró algo. y estaba sufriendo una conmoción tecnológica. Ser uno mismo diez veces. El clon. y ellas le sonrieron. ¿Me engañará? ¿Destruirá la imagen de mí mismo? ¿Me invadirá? ¿Me cambiará? ¿Será distinto a mí? Eso es lo terrible: el misterio de lo desconocido. y revive el temor. –Tranquilo –le dijo Pugh. era igualmente pagada de sí misma. se ha perdido la costumbre de diferenciar. cinco varones y cinco hembras. un joven y una muchacha. con un hormiguear de presencia humana.Otra joven estaba saliendo. más amable que la de los jóvenes. el propio Pugh se quedó dormido y soñó en un gigante de un solo ojo que le perseguía a través de las trepidantes salas del Infierno. dirigiéndose a su amigo–. y de su pecho escapó un suspiro. por mucho que se desee su llegada. con los dorados senos al aire. llenando todos los silencios. un enjambre de doradas abejas. capitán Pugh. Permanecía pegado al codo de Martín: el contacto le tranquilizaba. el mismo bello rostro. Su sonrisa. que permanecían fuertemente enlazados y todavía durmiendo en un saco. todos los espacios. la ansiedad primitiva. Y todos los John Chow se habían acostado inmediatamente. una furiosa mirada desde otra dirección. Pugh contempló el despertar del clon. Entraron. eso es. Incluso el mayor extravertido. ¡Sería glorioso! Pero Martín estaba dormido. Finalmente. Espero que no le importe. tres a la vez. Martín suspiraba y roncaba. nueve síes en cada voto. Zumbaban silenciosamente. prepararse para entrar. seguida por una risa entre dientes. en su primer encuentro con el más amable de los desconocidos experimenta cierto temor. echar una ojeada a Libra. aunque es posible que lo ignore. y la cúpula se llenó con ellos. en un par de minutos. no roncaban. habiéndole en castellano–. Martín miró con una expresión de asombro a las esbeltas muchachas. descargar la nave. lo que para un solo hombre requería veinte: saludar a Pugh y a Martín. La cúpula estaba llena de su tranquila respiración. Los durmientes se despertaron y la muchacha se incorporó. Nueve segundos para cada movimiento. Eran jóvenes. había realizado. excepto una pareja. Era evidente que nunca había pensado en el cloneo.

Zayin. Todos asentían a la vez. si usted lo desea. un John dijo: –Ahora. Resultaba difícil hablar con ellos. qué equipo! Hay algo que no comprendo. En aquel momento deseó encontrarse muy lejos. Owen Pugh era bajito y delgado. Las migajas habían sido compartidas. Todos adelgazaron. El Reino Unido había salido bastante bien librado de la Gran Escasez. Daleth. Pero. Los hombres eran Aleph. en la Gran Bretaña murieron menos y ninguno engordó. las mujeres Sadhe. perdiendo menos de la mitad de su población: una marca alcanzada mediante un riguroso control de los alimentos. ya que todas las voces eran iguales. estaba allí. al mismo . cada uno de ellos llevaba un nombre. Beth y Resh. y se sintió como un pollo desplumado. Entre nosotros no existe telepatía ni nada por el estilo. Kaph. los otros la contemplaron con una mirada de aprobación–. capitán Pugh. con todo.. Habían substituido la supervivencia de los más aptos por la supervivencia de los honestos. donde ahora se encuentran ellos. Martín untó de mantequilla y masticó su tostada. Sometidos al mismo estímulo. Martín no dijo nada. Pero pensamos igual. sus nietos delgados. Tenemos exactamente el mismo equipo. a pesar de que la mina era descubrimiento y proyecto suyos. Gimel y Sameh. Zayin. Sobre la insignia del Cuerpo de Explotación que lucían en sus monos. –Desarrollaremos nuestro propio plan.. Yod. pequeños. cada una de ellas con la misma expresión de inteligente interés. de osamenta frágil y susceptibles a las infecciones. desde luego. A menudo había envidiado el robusto y moreno cuerpo de Martín. –Adelante. pero con un nombre central distinto.–Es un placer–dijo Pugh. llevando únicamente los calzoncillos con los cuales dormía. y Pugh tuvo que apechugar con la tarea. En tanto que en países más ricos muchos habían muerto y algunos habían engordado. Pugh intentó utilizar los nombres. estrictamente hablando –respondió una de las muchachas. todas inclinadas hacia él a través de la mesa y casi en el mismo ángulo. a veces ni siquiera sabía cuál de ellos había hablado. el de pila John y el apellido Chow. ¿Alguna novedad en la mina desde el último informe a la Misión? Vimos los informes cuando el Passerine estaba orbitando el Planeta V. ¿no es cierto? –Exacto –dijeron dos John. pero renunció inmediatamente. Las mismas caras. A continuación tuvo que levantarse. ¿Hasta qué punto sabe cada uno de ustedes lo que los otros están pensando? –Ninguno sabe lo que piensan los otros. Sus hijos fueron delgados. huesudo y granujiento. Durante el desayuno. Los estraperlistas y los acaparadores habían sido ejecutados. sin faltar del todo a la verdad. y finalmente intervino: –Ustedes son un equipo. –¡Dios.

desde luego.. pescador submarino.problema. individuos con un elevado Cociente de Inteligencia.? . Todo es cuestión de adiestramiento. sacudiendo la cabeza al unísono con varios otros–. No pudieron salvar el cerebro. la substancia genética es idéntica. etcétera. Su interés en el cloneo no era tan reciente ni tan ávido como el de Martín. ¿pueden ustedes enfrentarse a un problema inesperado como un equipo nor. etcétera. Los clones son extraídos del mejor material humano.. interesado en los problemas de la mecánica estructural. Esto facilita nuestro trabajo de equipo. Pero. hasta ahora –respondió Zayin–. pero estamos adiestrados de un modo distinto.. de modo que extrajeron algunas de sus células intestinales y las cultivaron para un cloneo. Nosotros compartimos el equipo y las tendencias básicas. –Desde luego –dijo Martín–. no podemos beneficiarnos de la interrelación de mentes diversas. –Entonces. ¿cada uno de ustedes representa una faceta distinta de su mente. porque sólo tienen la mitad de los cromosomas. Martín estaba impresionado. ¿Quién es. Como equipo. –¿Qué edad tienen ustedes? –Veintitrés años. Nosotros somos John Chow. ¿cómo es posible que algunos de ustedes sean mujeres... Murió sin poder desarrollar la mayor parte de sus teorías. no necesitamos recurrir a ellas. violoncelista. Las células reproductoras no se utilizan para el cloneo. Como la mayoría de las personas. pero todos somos ingenieros en Explotación Planetaria. Biomatemático. –Todo ello multiplicado por diez. ¿Le habían extraído células germinativas por anticipado? –Murió a los veinticuatro años en un accidente de aviación –intervino Gimel–. Pugh y yo hemos pasado siete horas de cada diez durante seis meses confundiéndonos el uno al otro. Las células intestinales resultan fáciles de individualizar y reprogramar para un crecimiento total. –Un tipo Complejo Leonardo –dijo Yod–. Rara vez hay disensiones entre nosotros. seguramente –dijo Pugh cortésmente. Un clon posterior puede ser adiestrado para desarrollar otros aspectos del equipo básico.. de su talento? –No –dijo Zayin. en casos de emergencia. quién era John Chow? –Un genio. pero gozamos de una ventaja compensativa. Las explicaciones resultan fáciles: normalmente. Y. –Astillas de una misma madera –dijo Martín atrevidamente–. Constitución Genética alpha doble A.. lo más probable es que experimentemos las mismas reacciones y encontremos las mismas soluciones al mismo tiempo. un equipo no emparentado? –Las estadísticas demuestran que sí.. –Dicen que él murió joven.

les hubiera resultado difícil decirlo. Martín asintió y masticó una tostada fría. sus decisiones tenían gran poder de persuasión. Por ello la mayoría de clones proceden de varones. ¿De acuerdo? Si Pugh o Martín no hubiesen estado de acuerdo. ¿Respiraron anoche ustedes dos? –Sí –dijo–. El contribuyente desea lo mejor a cambio de su dinero. Con Pugh y Martín iban un joven y una muchacha... –Nuestras hembras son estériles –dijo Beth con absoluta ecuanimidad–. y todos cambiaron de humor. –Para su siguiente generación –dijo Martín. Decididamente. No olvide que el cromosoma Y fue extirpado de nuestra célula original. y desde luego los clones son caros. los John estaban preparados para salir–. Pugh se preguntó si podía dar órdenes a aquella entidad-de-diez-superhombres-y-mujeres. –Desolado –dijo uno. Los varones pueden cohabitar con hembras individuales autorizadas. Como comandante de la Base 2 Libra.. como una bandada de estorninos que cambian de rumbo con un solo golpe de ala. la voz de la muchacha era más aguda y más suave. ¿Y si fuéramos a echar una ojeada a la mina? Luego descargaremos el equipo. El camino inverso. el sexo debía ser algo tan normal como el respirar. es decir.. Sólo hay que borrar el gene masculino de la mitad de las células. todavía impresionado–. .–Resulta fácil programar la mitad de la masa clonal con tendencia a lo femenino – intervino Beth–. –Ésta es nuestra primera salida. Los John eran corteses y a la vez unánimes. es mucho más complicado. Con la manipulación de las células. y éstas revierten a lo básico. Sin duda no les importaría que se lo preguntara. a la luz de las estrellas. Traemos algunos modelos nuevos que les gustará ver. Para ellos. –Bien –dijo uno de los John. Pugh se preguntó si serían los dos que habían compartido un saco de dormir la noche anterior. siguiendo a un cabecilla con tanta rapidez que ningún ojo puede ver quién conduce. –Todo se hace de acuerdo con las técnicas más depuradas –explicó Gimel–. ya que el clon funciona mejor bisexualmente. por añadidura. Ninguno de los dos dijo nada. o sea injertar cromosomas Y artificiales. exceptuando el período de adiestramiento en la Luna. es desolador. y un genio. Se pegó a Martín mientras salían al exterior. la incubación en Placenta Ngama y el mantenimiento y el adiestramiento de los grupos. venimos a costar alrededor de tres millones por cabeza. Cuatro pasajeros en cada uno de los tres grandes trineos a motor se deslizaron hacia el norte sobre la rugosa piel de Libra. si lo desean. a lo femenino. Pero siempre que quieran conseguir otro John Chow sólo tienen que reclonear una célula de este clon. supongo que ustedes.

la abertura principal se halla enfrente de nosotros. Aquellos jóvenes habían salido de Tierra años antes de que los informes de Martín llegaran allí. Es mejor así. Desde el punto de vista sísmico. Yo quería experimentarlo. mientras permanezcan estables en sí mismas. la mina. sin metáfora–. –No se preocupe –dijo Martín. –Sólo por una vez –dijo uno de ellos–. esta región parece ser tan segura como cualquier otra de la zona. cada uno de ellos con un leve gesto de protección hacia el otro. «Valía su peso en hombres». El material era como oro..–¿Qué impresión les produjo el gran salto? –Nos drogaron. en el Trench. Doce rayos luminosos discurrieron a lo largo de las húmedas y agrietadas paredes. Ama a tu prójimo como a ti mismo. Para conocerlo. o en el próximo planeta. es decir Boca del Infierno. El Cuerpo de Explotación se limitaba a enviar equipos regularmente y a ciegas. pero literalmente. Ya vieron las cifras porcentuales. contemplando cómo los altos jóvenes y muchachas entraban uno a uno en el negro agujero que Martín había bautizado con el nombre de Hellmouth. Es un filón con un alto contenido en mineral. El Gobierno necesitaba uranio con tanta urgencia que no podía esperar a que llegaran los informes desde años luz de distancia. sus homeostáticas lámparas frontales se iban encendiendo. pero cuando en el curso de una investigación local Martín había descubierto la mina de uranio. y Martín su técnico y cartógrafo. y compensaba la minería extraterrestre y los viajes interestelares. «Tu piel es mi piel –pensó Pugh.» Aquel antiguo y difícil problema estaba resuelto. y el trineo se inclinó hacia el suelo. o en otro planeta del que aún no habían oído hablar. Los gemelos alargaron los brazos hacia la palanca de mando al mismo tiempo. sabiendo que habría un trabajo para ellos en Libra. Su filón central se encuentra a treinta y seis metros de profundidad y discurre por una serie de cinco cavernas-burbuja en dirección nordeste. anticuado pero esencial. El último movimiento volcánico parece haberse producido hace unos dos mil años. El piso superior de basalto estabiliza todas esas subestructuras. Pugh era el geólogo extraterrestre de la Misión Exploratoria. Las montañas de Merioneth surgieron lepróticas a la luz de las estrellas hacia el este. y habían ignorado en qué consistiría su trabajo hasta llegar aquí. al timón del trineo–. así como la responsabilidad de sondear el filón y de planear el trabajo del Equipo de Explotación. pensó Pugh amargamente. Y aquí estaba Hellmouth. La falla más próxima está a veintiocho kilómetros al este. Un penacho de gas congelante se arrastró plateado desde una grieta de ventilación al oeste. A medida que entraban. Nos encontramos en una fisura lateral. –Aquí está el declive –anunció la voz de Martín a través del intercomunicador portátil–.. Pugh le cedió todo el mérito. Había hablado el joven. El prójimo era el mismo yo: el amor era perfecto. La extracción no planteará ningún .

y se dio cuenta de que Martín estaba haciendo lo mismo.. recuerda que tienen el problema de los embarques de NAFAL. ¿Qué espesor puede tener? ¿Diez metros? –El informe decía de tres a veinte. Pugh ajustó el intercomunicador de modo que sólo intercambiara con el de Martín. Unas voces empezaron a hablar.. En plan de . –Lo intentaré –dijo. desde luego. allanarlo un poco e instalar raíles deslizantes para los robots. Lo único que tienen que hacer es abrir las cavernas por la parte superior.. Me gustan las cavernas.. –Pero el techo es de basalto. –Tú descubriste esto. Yo ya he estado allí. –Podemos utilizar el acceso en el cual nos encontramos..... ¿sabes? Por eso vine aquí. –Odio este lugar.. –Tendremos que cargar mineral puro. el buey. pero ninguno de los dos estaba acostumbrado a hablar demasiado de sus sentimientos.. –¿Tenemos suficiente material para entibar? –¿A cuánto calcula usted que asciende la carga útil total. –La próxima vez no me dejes salir de casa.problema. los otros le siguieron.. –Los transportes llegarán aquí dentro de diez meses terrestres. ¿O era una sola voz expresando las ideas de diez mentes? –En el próximo salto –dijo Martín– me gustaría encontrar un planeta que no tuviera nada que explotar.. –De acuerdo. Martín? –Pueden bajar ustedes... en hebreo. Pugh quedó complacido. Martín? –A más de cinco mil millones de kilos y menos de ocho mil millones. el caudillo– se agarró a la escalerilla e inició el descenso. y él había vacilado en preguntárselo. podrán purificarlo en la órbita de la Tierra. El primero –¿Aleph?. –Abrir la caverna por arriba.. Resultaba un poco fastidioso oír a una persona pensar en voz alta en diez voces. Pugh y Martín se quedaron en el borde de la hendidura. –Es el método más seguro. –No. Había confiado en que Martín querría continuar trabajando con él.. y la radio portátil no les confería ninguna posición en el espacio.. pero todas eran la misma voz. –¿Bajamos..

Owen? ... Una vez adulto. y nosotros no hemos llegado tan lejos. con frecuentes viajes en trineo a la mina para efectuar mediciones y comprobaciones. eran corteses. Dos de los clon permanecían en la cúpula haciendo cálculos. Y parte de la dificultad estribaba en que nunca hablaban realmente con Pugh y Martín. Conocen su trabajo. él se dedicó principalmente a las biomatemáticas. Un clon podía ser realmente el primer ser humano estable y digno de confianza. pero desde los veintiuno hasta los veintitrés. mecánica electrónica. Pugh estaba fascinado y asustado por su gran eficacia. Se bastaría a sí mismo física. Kaph y ella habían continuado con las matemáticas. La nueva ola subió la escalerilla en fila india y rodeó a Martín. Zayin y Kaph. A Zayin por su figura. No necesitaban a nadie más. en tanto que los otros ahondaban en otras especialidades. tantos pensamientos farfullando en una ávida mente. a consecuencia de un martillazo recibido a la edad de seis años. no. –La nueva ola –dijo Pugh. Bromeaban con ellos. no necesitaría la ayuda de nadie. –Nos necesitan principalmente en este campo –dijo Kaph. Él no les servía para nada. los diez habían recibido una adecuada educación matemática desde los tres hasta los veintiún años. Sin duda existían muchas diferencias. sus otros yo. Pero las diferencias resultaban difíciles de descubrir. se comportaban correctamente. Pugh había vuelto a situar su intercomunicador en posición normal. emocional e intelectualmente. miró al clon. –Kaph y yo –dijo Zayin– tenemos la impresión de que somos el elemento del clon más aproximado a lo que fue John Chow durante su vida individual. la nutrición. geología. Pugh y Martín pudieron distinguir pronto a aquella pareja de los demás. cualquier miembro del clon recibiría siempre el apoyo y la aprobación de sus compañeros. Hiciera lo que hiciera. la naturaleza podía ser idéntica. y habían empezado a operar en la mina. los Johns habían descargado todo su equipo y material. Al cabo de cinco días terrestres. Aunque supongo que esa tribu sabrá desenvolverse. Pero. y a la Hellmouth. desde luego.espeleología. –¿Tendremos suficiente material para los apuntalamientos? –Kalph puede calcular las tensiones. Eran los matemáticos del clon. No había de qué quejarse. Tal como Zayin explicó. físicas y psicológicas entre ellos. se mostraban muy agradables. a Kaph únicamente por su descolorido dedo anular de la mano izquierda. –¿Procede usted de Irlanda. y a la arrugada llanura. y a Martín que permanecía silencioso entre ellos. atómica aplicada. ingeniería de minas. sexual. con la patriótica pedantería que a veces evidenciaban. etcétera. Pero ésta es una porquería. su confianza y su independencia. Pero no daban nada. tenían la estereotipada simpatía norteamericana.

–No susurres. de modo que los alimentos escasearon.. pero ya no hay irlandeses. Una expresión mojigata.. Lo que pasa es que a un hombre le gusta hablar su idioma natal de cuando en cuando. –Desde luego. o casi todos. eran solteros. No aceptaron el control de la natalidad. ¿Por qué tenían que mostrarse simpáticos? La simpatía es una de las cosas que se dan porque necesitamos que nos la devuelvan. –¿Qué pasará si abordo a una de las chicas? –Ella se lo dirá a los otros y decidirán como grupo. no el mío: el castellano que se habla en la Argentina. Luego se borró. hombre. No tenían ninguna experiencia de la ironía. En la época de la Tercera Escasez no quedaba ningún irlandés. –¿Lo aprendieron para conversar en privado? –¿De quién tendríamos que ocultarnos aquí? No. –¿De acuerdo con un plan previo? –A fin de que nadie se quede sin su parte. –¿Y qué me dices de nuestra parte? –No se les habrá ocurrido pensar en nosotros. –Un galés. También él sentía curiosidad. Zayin. –Hay muchos irlandeses-americanos. pensó Pugh.–Nadie procede de Irlanda. y todos ellos. Aquella noche Pugh utilizó el castellano para su comunicación con Martín. apareció por un instante en su rostro. Yo creo que hay un turno de rotación. étnicamente? –preguntó Kaph. aparte de los curas. –Creo que es al azar. ¿qué es usted. Martín se echó a reír. es su idioma. Zayin y Kaph sonrieron rígidamente. desconocida en él. pero dijo: –No. –¿Se unen siempre las mismas parejas. –Entonces. . –El nuestro es el inglés –dijo Kaph secamente. hace feo. Un par de miles en toda la isla. –¿Es galés lo que Martín y usted suelen hablar? «No te importa». o cambian cada noche? Martín pareció sorprendido.

Martín estaba sentado bajo una brillante luz. Luego se incorporó ligeramente para mirar a su alrededor. Saturados pero excluidos. amigo mío –dijo Pugh–. . –Calma. –Para el relevo. ¿Quieres abordar a una de ellas? Martín se encogió de hombros. –¿Dónde está la horda dorada? –inquirió Pugh. y el malhumor de Martín le crispaba los nervios. Se separaron. enojados y resentidos. –Hoy se han producido algunas sacudidas importantes –dijo. –¿Para qué? –estalló Pugh. tan amplia como antes de que llegara el clon. todos los miembros de la Misión Exploratoria serían relevados. volviendo a su mapa–. Se suponía que no debían efectuar largos viajes solos. Pugh y Martín quedaban saturados diariamente por las intimidades de su continuo intercambio emocionalsexual-mental. No quiero que me juzguen. –¿Estás tachando los días en tu calendario? –inquirió en tono burlón. que señalaba las 18:45 horas. –Faltan dos meses –dijo Martín una noche. pero últimamente lo habían hecho a menudo. una vasta llanura de lava cuyo borde más próximo se encontraba a una distancia de dos horas de vuelo. –Recobra el sentido común. Martín se encogió de hombros. –¿Qué quieres decir? –Lo que he dicho. con tal de que lo hagan fuera del alcance de mi oído! El clon había renunciado a toda apariencia de recato. Dentro de sesenta días. Pugh regresó después de pasar un día solo en las Pampas. en dirección sur. la cara cancerosa. Últimamente se mostraba muy irritable. o masturbación? –¡No me importa.. Owen. –Dejémosles con su incesto. hacia el sol agazapado como un gran sapo rojo sobre la llanura oriental. dibujando uno de sus elegantes y magistrales mapas: éste era de toda la cara de Libra.. Aparte él no había nadie más en la cúpula. –¿Incesto. y hacia el reloj.–No soy un toro –dijo Martín–.

Hablaban amistosamente.¿Lo has notado desde allí? Echa una mirada al sismógrafo.. –Me ha parecido algo distinto. –¿De veras? . ¿Qué hay para cenar? –Pensé que lo habrías preparado. –De acuerdo. Pensaban sacar a la superficie la primera carga. El indicador zigzagueaba sobre el cilindro pautado. Resultaría difícil conservar el secreto.. a menos de que dispusieran de un planeta para ellos solos. ¿Por qué? –No han venido a almorzar. Me refiero ilegalmente. –No se morirán de hambre. no te preocupes. Todo un ejército. como tenían por costumbre.. –En la Base Uno solía permanecer despierto toda la noche debido a la trepidación del suelo. masticando–.. La computadora conectada al sismógrafo había sido puesta en marcha y había indicado: «Epicentro 61' norte por 4' 24" este». Esta mañana se marcharon temprano. por dos veces. ¿no crees? –Pero. Un millar de duplicados. Sería una fuerza a tener en cuenta. la aguja había sobrepasado el cilindro pautado. ¿cuántos millones costaría la operación? Placentas artificiales y todo eso. Resulta curioso cómo se acostumbra uno a las cosas. introdujo dos de ellas en el Horninstant y las sacó al cabo de un minuto. Pugh sacó una docena de latas. Mucho antes de las Escaseces. formar con ellos regimientos. aquí está la cena. –Se marcharon a las siete. –Mal asunto si así no fuera. Nunca dejaba de bailar. –He estado cavilando –dijo Martín mientras se acercaba a la mesa–. Pero los alimentos empezaron a escasear antes de que pudieran poner en práctica aquella idea. cuando la Tierra tenía gobiernos nacionales. Más intenso. –Estaba esperando al clon. diez mil. Me pregunto qué pasaría si un clon se reprodujera a sí mismo.. –Esta vez no es en el Trench. El cilindro pautado había registrado cinco sacudidas de máxima intensidad a media tarde. hablaban de eso: reproducir a los mejores soldados.. ¿verdad? –Todos menos Kaph y Zayin. –Es curioso –dijo Martín.

levantando ante ellos ficticias paredes de hierro a través de las cuales se deslizaban. Martín. –Una de las sacudidas fue muy intensa. mira cómo ha quedado el techo de basalto. como tejido visceral. cables. De alguna de ellas brotaba un gas blanquecino. Alrededor de la entrada del túnel se veía una mescolanza de grúas. Buscaron afanosamente entre las máquinas. Seguramente tenían latas de aire de repuesto. Se había hundido dentro de sí misma. Martín se sentó. La primera. Martín saltó del trineo y corrió hacia la mina. servomecanismos y excavadoras. –No es automática. El suelo se había humedecido con algún líquido pegajoso. –Tal vez Kaph y Zayin se llevaron latas de repuesto. Expuesta de nuevo al aire. Owen. Pugh se adelantó y vio. La joroba de tierra que techaba las cuevas conservaba aún el aspecto irreal de una ilusión óptica. Llegó a asustarme. –No. dejando una amplia hoya... Sin el menor entusiasmo subieron al trineo de dos plazas y se dirigieron hacia el norte. La luz y la sombra horizontales dificultaban la visión. –Owen. Todo aparecía como cubierto de una ponzoñosa gelatina roja. –Estaban dentro –dijo Martín. no hay ninguna falla. Cuando Pugh se acercó. vio que también estaba agrietada por numerosas fisuras.. Pugh estaba cansado y tenía hambre. pero no comió. la brillante. parecía algo orgánico. hay una señal de alarma en todos los trajes. Volvió a salir inmediatamente. Saben cuidar de sí mismos. Pugh suspiró y dijo: –De acuerdo. –¡Dios mío! ¡Se han hundido. Además.. y convirtiendo la convexa llanura más allá de Hellmouth en un enorme lago de aguas color sangre. Había llegado . hasta localizar el trineo. –La mina no está sobre la falla. –Siéntate y come. –Pueden estar aún ahí. hombre. ¡Aquí no hay ninguna falla! Pugh se acercó rápidamente a su amigo. juntos. Tras una breve pausa. Seguramente no estaban todos dentro. húmeda y negra pared que remataba el túnel.Luego Pugh cayó en la cuenta: los tanques de aire contenían suministro para ocho horas. a unos cinco metros de la entrada. Owen! –exclamó.

Luego se sentaron junto al camastro y sorbieron el aguardiente. retornando a Kaph a la vida. montó en él y siguió a Martín. su rostro adquirió un tinte negruzco. Martín tiró de los hombros hacia abajo. Pugh preparó dos vasos de alimento concentrado y dos copas de aguardiente. –Debió de ser la primera sacudida. Aquello fue lo único que encontraron. Pugh. Kaph yacía inmóvil. –Mi padre era médico –dijo Pugh–. Martín obedeció. –La sacudida de las catorce horas fue como ésta –murmuró la Razón en la voz de Martín. –Ignoraba que se te diera tan bien la medicina –dijo Martín. Se hallaba bajo los efectos de una intensa conmoción. pálido como la cera. ¡Lástima de aguardiente! ¿Por qué se ahoga nuestro amigo? . la más intensa –dijo Martín–. Pero allí no había ninguna señal. sabiendo que iba a marearse. el mundo se escurrió debajo de ellos..en dirección sur. y se estrelló contra un remolino de polvo coloidal. entre el desenfreno y la ruina del Mundo. los negros cabellos sobre los hombros. El cuerpo muscular se le resistía. incineraron inmediatamente el cadáver con las pistolas láser que el reglamento les obligaba a llevar y que hasta entonces no habían utilizado nunca. arrastró al superviviente hasta el trineo biplaza y envió a Martín a la cúpula con él. como aquellas formaciones en el Cuadrante treinta y uno. y el cuerpo estaba helado y duro como una roca. Luego vomitó. Mientras hablaba. Pugh hundió la aguja en el nervio vago.. gritaron: «¡Ja! ¡Ja! ¡Ja!». Descubrieron una hinchazón en su occipucio que podía significar una conmoción cerebral. Pugh saltó a través de su vertido aguardiente y ayudó a Kaph a tumbarse. El superviviente era Kaph. y los objetos cesaron de danzar. Su traje se había desgarrado por las perneras. Kaph gritó. –Vamos –dijo. Llevaba dos pasajeros. luchó. pero no parecía existir ninguna fractura. Uno estaba semihundido en el polvo. Debió de hundir toda la estructura. y tras descubrir un trineo de cuatro plazas intacto. el otro colgaba atrapado por el trineo. –¡Oxígeno! –dijo Pugh. Probablemente había capas de gas en las rocas laterales. temblando como si todo el frío de Libra hubiese penetrado sus huesos. mientras Martín sujetaba la mascarilla. y su mano encontró la jeringuilla apropiada en el botiquín como por instinto. respirando fatigosamente. pero los indicadores de su traje funcionaban normalmente. bebiéndose el tónico. Los objetos saltaron y brincaron. Pero la Sinrazón se apaciguó. Tal como se les exigía. los labios rígidamente entreabiertos.

–¿Por qué no hizo la señal? –¿Cómo dices? –Los ocho que estaban dentro de la mina no tuvieron tiempo.. Mira en el libro. Él tenía que estar en el exterior. con los ojos en blanco y los labios azulados. –En tal caso.. tiró de la muchacha. –Pensé que era una servilleta. la subió al trineo y se dispuso a regresar a la cúpula. Sacudido por las convulsiones de alguien que se ahoga. –Ni en «shock» ni en «conmoción» hay nada sobre cianosis o asfixia. le dio una bocanada de oxígeno y luego se arrodilló junto a Pugh. Tal vez ella estaba en la entrada y resultó alcanzada por el primer desplome. La ayuda la buscaban entre ellos mismos. Se sirvieron otra copa de aguardiente y volvieron a sentarse junto a Kaph con su guía médica. –¿Se le ha pasado el ataque? . ¿qué debió sentir cuando el suelo empezó a temblar y se encontró en el exterior. surcos en las comisuras de la boca..–No lo sé. Owen. Kaph estaba respirando normalmente y el color había vuelto a su rostro. había recibido un golpe en la cabeza. El lanzamiento resultó corto. No estaba en sus cabales. golpeó y derribó a Pugh. tal vez en la cabina de control. ¡Uf! Pugh tiró el libro sobre una mesa. –¡Owen! ¿Te encuentras bien? –Creo que sí –dijo Pugh–. «Hemorroides anales». únicamente los labios estaban todavía un poco amoratados.? En respuesta. Martín le arrastró hasta el camastro. Te has arañado la mejilla contra aquella caja. tropezó con un montón de cestos y cayó al suelo. saltó del camastro. ¿Por qué me estás frotando eso por la cara? Era un trozo de cinta de computadora. Y en todo ese tiempo no se le ocurrió pulsar el botón de alarma de su traje. Martín la dejó caer. solo.. y secó su cortado pómulo. Echó a correr. El rostro de Martín era como una máscara india. ahora manchada con sangre de Pugh. ojos de frío carbón. pero la muchacha y él debían encontrarse en el exterior. Con el traje puesto no puede haber respirado nada.. el cual se estaba incorporando. ¿Por qué? –Bueno. Pero incluso en condiciones más favorables dudo que se le hubiese ocurrido enviarnos la señal. Kaph gritó. debido a que el propio Pugh o la mesa no habían recobrado del todo su equilibrio..

Ówen? –Creo que está muriendo con ellos. –¿Cuánto tiempo he dormido? –Medía hora.. tambaleándose. Pugh limpió su mejilla y se quitó la camisa. la tela de la cúpula osciló violentamente. Todos murieron. –Parece epilepsia. Luego dijo: –Si había algo que podíamos hacer. Pugh se tendió encima de su saco de dormir. El sol parecía haber aumentado de tamaño y era mucho más rojo. sus dientes eran una línea blanca en el interior de los obscuros labios entreabiertos. El suelo tembló. sudando. su Danza de los muertos. sus rígidos músculos empezaron a relajarse. ¿Una lesión cerebral. no puedo sostenerme en pie. –Ojalá yo pudiera.. –Boca a boca –dijo. –No sé lo que había en la inyección que le apliqué anteriormente. Pugh sacudió la cabeza.. Todos ellos eran él. él es todos ellos. aplastados o asfixiados. Empezó a masajear el tórax de Kaph. De pronto. Se levantó. y un instante después le despertó un espantoso ruido. buscó la aguja hipodérmica. –Tal vez se ha quedado dormido. Acuéstate. Libra estaba danzando de nuevo su espantosa polca. Contemplaron a Kaph rígidamente tendido..–Eso parece. su pulso se hizo más regular. Kaph expulsó una bocanada de aire. trató tres veces de clavarla correctamente y fracasó. lo hemos intentado. Permanecieron en pie. Martín obedeció. . –¡Dios mío! –murmuró Martín. tal vez? –Podríamos inyectarle una dosis entera de meprobamato. Ahora está muriendo sus muertes una a una. Entre el terremoto y él. Podría ser contraproducente. encima del corazón. –Tienes una fea herida en el pómulo. No quiero sobrecargarle de medicamentos. –¿Con ellos? ¡Ellos están muertos! –Nueve de ellos. –Todos están muertos –murmuró Martín. –¿Qué le pasa. yo me quedaré un rato.

hasta que él mismo perdió el conocimiento.La próxima vez ocurrió lo mismo. Volvió a quedarse dormido y sólo el hambre le despertó. Kaph dormía tranquilamente. La quinta vez fue peor. ya que Kaph luchó y deliró. tratando de hablar pero sin conseguir emitir las palabras. –No –replicó Pugh en tono perentorio–. los ataques se hicieron más débiles. bebe. Pugh ocupó el lugar de Martín y contempló los ojos castaños que miraban hacia los suyos pero no en los suyos. sin hablar. ya que su valor era literalmente astronómico. –Vamos. Finalmente lo consiguieron. . Después. mirando hacia una obscuridad que no estaba allí. Los otros. Despertó. viejo? Kaph no respondió. Martín se acercó a él. –¿Cómo te encuentras. El sol estaba muy alto sobre las obscuras llanuras y el planeta había dejado de danzar. Calentó alimento concentrado y se lo ofreció a Kaph. No queda vivo lo bastante de mí. –Estoy muerto en mis nueve décimas partes –habló Kaph con claridad y precisión–. Pugh y Martín bebieron té y contemplaron a Kaph como si fuera algo que les perteneciera. Martín y Pugh se turnaron en la tarea de poner a salvo el material aprovechable después del desastre. Tu vida depende de ti. La cúpula estaba a obscuras. Ellos están muertos. –El próximo terminará con él –vaticinó Martín. Tú no eres ellos. tú estás vivo. Cuando Kaph despertó. mientras Kaph permanecía sentado o tumbado. El octavo ataque se produjo alrededor de las cuatro y media. –No te estás muriendo. Pugh y Martín trabajaron hasta las cinco y media. Tus hermanos y hermanas. aunque también él se iba debilitando cada vez más. Era como si su boca estuviera obturada con rocas o arcilla. haciendo todo cuanto estaba a su alcance para conservar la vida en el cuerpo que se hundía en la muerte y sin protestar. El que se quedaba en la cúpula se dedicaba a trabajos de oficina. Tú eres John Chow. Aunque era una tarea muy pesada para un solo hombre. Pudo ver que los músculos de la garganta de Kaph se ponían rígidos. Y así ocurrió. con la mirada fija en su obscuridad. –Dejadme morir –dijo el joven. no querían dejar solo a Kaph. Aguzó el oído y oyó la respiración de los dos hombres que dormían. Pero Pugh insufló su propia respiración en los inertes pulmones. El joven permaneció inmóvil.

Hasta ahora no había visto a nadie más porque nunca estuvo solo. menos uno? ¿Martín y usted no han sufrido ningún daño? –Nos encontramos perfectamente. Hace seis días. Pugh le dijo: –El jefe puede pedirte que te quedes aquí con el otro equipo de Explotación. –¿Todos muertos. Un terremoto. Nos odia porque no somos Aleph y Yod y Zayin. está chiflado. Escucha. Pero yo creo que está solo. La radio crujió. –Llegaremos a Libra dentro de cinco semanas. quería advertir al joven. –Para un hombre que murió nueve veces. –Eso no es odio. Ni siquiera puede vernos. –Tal vez. ¿Alguna cosa más? –Nada más. Dieciséis segundos de demora en ambos sentidos. –Owen –dijo Martín. Lo decidiremos cuando lleguemos ahí. por su intercomunicador portátil–. En cualquier caso. Martín.Los días transcurrían silenciosamente. Owen. No sabe lo que es estar solo. ciertamente. todos menos uno. es cierto que en cierto sentido ha estado muerto. Martín y usted serán relevados. Loco. Puedo dejarlos en el proyecto Hellmouth. Desde que había dicho «No queda vivo lo bastante de mí» no había vuelto a pronunciar una sola palabra. Dentro de treinta y cuatro días terrestres y nueve horas. Kaph había oído todo esto y. Tiene . Pero estoy seguro de que no es odio. Kaph no respondió. No puedo imaginar lo que siente. Tenía otros nueve a los que podía mirar. –El Passerine dejó un equipo de Explotación aquí. más tarde. con nosotros. en la mina. jefe. Conociendo las exigencias de la Vida Lejana. Owen. con los que podía hablar y vivir. jefe. Hasta la vista. No nos ve ni nos oye. la nave se encontraba ahora alrededor del Planeta II. Tú ya conoces esto. La radio crujió y habló: nave llamando a la Misión. Hay demasiada obscuridad. Treinta y dos segundos. –De acuerdo. –¿Muy bien? La única emoción que le ha quedado es el odio. Los miembros del equipo de Explotación resultaron muertos. Cuídense. se está portando muy bien. Treinta y dos segundos. Mira sus ojos. –Muchas gargantas han sido abiertas en la obscuridad. ¿Cómo van las cosas en la vieja cúpula? –No muy bien. en vez de dedicarlos al proyecto del Cuadrante Siete.

Nueve décimas partes muerta. desde luego –dijo Pugh. y sonrió. Cuando te quedes a solas con él. sus sacos de dormir. Pugh estaba tratando de ajustar una tecla de la grabadora. cultivado en un tanque. Podían ver a Kaph en el interior del enorme medio huevo que formaba la cúpula. al cabo de unas tres semanas empezó a recobrar el apetito. Pero en el Servicio Lejano me necesitaban con tanta urgencia. Dos días después habló. Había perdido ocho o diez kilogramos. de modo que después de los primeros bocados renunciaba a seguir comiendo. –¿Por qué supones que mejorará? –Es evidente que tiene una fuerte personalidad. produciendo hombres más fuertes y más listos. Mírame a mí. –¿Fuerte? Lisiada. Martín. mientras el servomecanismo empezaba a zumbar. Tras una minuciosa tría. Está pasando por una fase de desconcierto. ¿Comprendes? Y eso es lo que trata de remediar el cloneo. Mi Cociente de Inteligencia y mi índice de Constitución Genética no llegan a la mitad del de ese John Chow. Él lo superará. –Pues lo tengo.que aprenderlo. Dale tiempo. De todos modos. pero no olvides que todos los jóvenes sufren una especie de trauma cuando se separan de su familia. Sin embargo. Artificial hasta cierto punto. –Discurre un poco. ¿sabes? Es un pulmón humano. una especie de cloneo. destruyó un montón de papeles y chucherías. . hizo un pequeño paquete con lo que quedaba y volvió a sumirse en su estado de coma andante. Se encontraban en el exterior de la cúpula. Kaph apenas comía. Estamos en malas condiciones. –Podría hacerlo. maletines y documentos. –Está chiflado –dijo–. Él es un hombre vivo. –No veo cómo. no olvides que puede romperte el cuello con una sola mano. ahora es mi pulmón. y un día Martín y Pugh le sorprendieron revisando las pertenencias del clon. John Kaph Chow. Lo que quiero decir es que ahora hay demasiados hombres como yo y no los suficientes como John Chow. –Pero él no está muerto. como él mismo dijo. Si hubiesen abundado los tipos sanos. programando uno de los servomecanismos para reparar una máquina averiada. ¿crees que hubieran aceptado a un galés corto de vista y con un solo pulmón? –No sabía que tenías un pulmón artificial. Martín gruñó algo ininteligible. Martín sacudió la cabeza. experimentaba dificultades para tragar. que cuando me presenté voluntario me aceptaron y me echaron un remiendo con un pulmón artificial y corrigieran mi miopía. ¿Cuál es el objetivo del cloneo? El de reparar la raza humana.

pero recobró el dominio de sí mismo y entregó la máquina a Kaph. disimulando apenas su malhumor–. No hacía nada que requiriera iniciativa. Ya no es humano. Hace lo que tiene programado. Pugh dijo: . –¡Maldita sea! –exclamó Pugh. dar las buenas noches o los buenos días son detalles poco importantes. no reacciona a otra cosa. –Buenas noches –dijo en inglés–. ocupado en otra mesa. –Pon una cinta –dijo Pugh con deliberada indiferencia. Martín había salido a verificar sobre el terreno sus mapas de las Pampas. –¿Porqué? Martín se encogió de hombros y se echó a reír. –¿Por qué no las pides? –inquirió Martín. Kaph puso la cinta que estaba encima de la pila: música coral. Kaph no dijo nada. Kaph. Kaph permaneció inmóvil. El sonido de un centenar de voces humanas cantando al unísono llenó la cúpula. –No. –Yo puedo cogerlas –dijo Kaph con su voz inexpresiva. y si le pedían que hiciera algo no contestaba. El joven cogió el aparato. –¿Por qué tendría que contestar? –Porque alguien te ha dirigido la palabra. a la hora del desayuno. Y Kaph dijo. Más tarde. –¿Quiere que lo arregle yo? Pugh se sobresaltó. con el rostro inexpresivo. reparó la avería y lo dejó sobre la mesa. –Buenas noches –dijo Martín. Buenas noches. sin que se lo pidieran. En los días siguientes se encargó de algunas tareas rutinarias. Pero pedir que nos pasen una cosa.. aunque si alguien nos saluda estamos obligados a contestar. Está peor que cuando no funcionaba.. Se está convirtiendo en una máquina. Yo puedo pasártelas. Pugh suspiró. –Se está recuperando –comentó Pugh. Kaph alargó el brazo por encima del plato de Martín para alcanzar las tostadas. A la mañana siguiente. hablando en castellano. con voz inexpresiva. –Desde luego. Se tumbó en su camastro.sin conseguirlo.

disgustado. –Kaph puede hacer eso. El propio Kaph estaba en el exterior y se dirigió hacia la entrada. y se marchó. Si ese clon hubiera sido diez ingenieros normales. Es pura hipótesis. Identidad y muerte. riendo. Martín anunció que iba a salir hacia Merioneth. Es cierto que los gemelos idénticos tienden a morir al mismo tiempo. Martín meditó unos instantes y luego estalló: –Entonces. es muy raro. y durante algún tiempo no dirigía la palabra a Pugh. No puede funcionar. –Pensé que como mínimo me echarías una mano con la computadora para terminar los análisis de las rocas –dijo Pugh. incluso cuando no se han visto nunca el uno al otro.. Kaph no contestaba cuando le hablaban. A él le han enseñado eso. ¿no te acuerdas? . más de uno se hubiera salvado. desde luego. Pero creo que de haberse tratado de diez individuos normales. Ofendido. y entonces era Pugh el que dejaba de dirigirle la palabra.. Quiero echar una última mirada al Trench. Ya te lo dije en cierta ocasión.. –¿Qué idioma es ese? –Castellano. Martín. El día antes del previsto para la llegada de la nave de la Misión. –No lo sé. el sol rojizo se arrastraba por el obscuro cielo. cuando ni siquiera saben que existimos? Pugh asintió. Pero no cabe duda de que funcionan mejor como equipo.–Deja al muchacho en paz.. Éste silbaba tonadas galesas hasta que Martín se quejaba. ¡Que os divirtáis! –añadió Martín en castellano. –Podría resultar más práctico separar los clones y mezclar a sus miembros con las otras personas. Pugh se quejaba de los ronquidos de Martín. Pasaron los días. –Los buenos modales son esenciales en los pequeños grupos que viven aislados. ¿Por qué se niega deliberadamente a recordarlo? –¿Acaso te das las buenas noches a ti mismo? –¿Qué quieres decir? –Que Kaph nunca ha conocido a nadie aparte de a sí mismo. todo ese asunto del cloneo es una equivocación. Martín trasladaba su camastro al extremo más apartado de la cúpula. –¿De veras? Yo no estoy tan seguro. ¿Qué pueden hacer por nosotros un montón de genios duplicados. Pugh y Martín se chillaban el uno al otro cada vez con más frecuencia. ¿habrían estado todos en el mismo lugar al mismo tiempo? ¿Habrían resultado todos muertos? Tal vez cuando empezó el terremoto todos esos muchachos se dirigieron corriendo hacia el interior de la mina para salvar al qué estaba más lejos.

murmuró: –Martín está en el Trench. Desde el suelo. camaradas y amigos. desde luego. la piel de la cúpula se hinchó y restalló. Mira el sismógrafo. –Me refiero a ustedes. impasible. Durante el descanso para tomar el té. y la tarea les ocupó todo el día. Con un racionamiento estricto. crispaba los nervios. un fajo de documentos cayó al suelo. Kaph dijo: –¿Qué pasará si la nave de la Misión se estrella? –Morirán todos. Apretándonos un poco el cinturón. dándose cuenta inmediatamente de lo importante que era aquella conversación–. –Emitiremos un SOS por radio en todas las frecuencias. . Kaph continuó sentado. muy pálido. Pugh había dejado un montón de cables sueltos. –¿Enviarían una nave de rescate para tres hombres? –Naturalmente. desde luego –dijo Pugh amablemente. el joven añadió–: Creo que he olvidado un montón de cosas. Las tazas rebotaron sobre la mesa. ya que era el último día y luego llegaría la nave. y al tratar de agarrase al respaldo de la silla ésta eludió su mano. podríamos resistir de cuatro a cinco años. Kaph no añadió comentario alguno. inquirió: –¿Qué sucede? –Un movimiento sísmico –dijo Kaph. Un terremoto no asusta a un hombre que murió en un terremoto. Pugh se dispuso a reanudar el trabajo. ¿Querrás echarme una mano con la computadora. Pero resbaló. Kaph? Kaph asintió. –Esto no tenía importancia.–No –al cabo de unos instantes. Pugh. –¿Qué es el Trench? –El epicentro de los movimientos sísmicos locales. Su voz inexpresiva. pero no importaba. Lo cual significa cuatro años y medio terrestres. mucho más que el propio Pugh. y viviremos a media ración hasta que llegue una nave de rescate de la Base Tres. la antigua tripulación. ahora que volvía a hablar. rápido y sistemático. Kaph era un excelente colaborador.

Trató de establecer contacto por radio con Martín. En el tablero central de control repiqueteó un timbre y se encendió una luz roja. Kaph se acercó a la grabadora y colocó en ella la primera cinta que halló. la luz roja había dejado de parpadear. la tierra tosió. –Cállate de una vez. por el amor de Dios. El silencio persistió. inmenso. Notó que faltaba un botón. En todo el Mundo. Kaph preparó cena para uno. arrastró una nube de gas negro vomitada por una grieta. –Si captas su señal de alarma. Los temblores de tierra habían cesado. y luego con Pugh. Era música pura. Kaph se levantó y empezó a pasear alrededor de la cúpula semivacía. aparte de mí mismo. En el interior de la cúpula. No se oía el menor sonido. Kaph vio cómo el trineo se ponía en marcha. Invirtió casi dos horas. Cuando los temblores de tierra remitieron. Se descontrolan. pero a largos intervalos se producían unas leves sacudidas. Cuando salió al exterior. . Kaph comprobó que la luz correspondía al Traje Dos. –Martín se llevó el jet. comió y se tendió en su camastro. como de costumbre. El silencio persistió. –¿Qué va usted a hacer? –Voy a buscarle.Pugh luchaba con la puerta de un armario que se resistía a abrirse. y con el Traje Dos. electrónica. Libra remangó sus harapientas faldas y bailó una danza del vientre desde debajo de sus pies hasta el rojizo horizonte. temblaba como un meteoro a la rojiza luz diurna y desaparecía en dirección nordeste. rojo pálido. Significa correr un riesgo innecesario. El silencio persistió. Una racha de viento. El suelo de la cúpula retembló. Los trineos no ofrecen garantías de seguridad durante un movimiento sísmico. Cada media hora trató de establecer contacto con el Traje Uno. El sol colgaba al oeste. El sueño de un chiquillo: no hay nadie más que esté vivo en el Mundo. al sur de la cúpula. No parecía hundirse. avísame por radio –dijo Pugh antes de cerrar la escafandra de su traje. hablando con su voz inexpresiva. sin voces. reanudó su trabajo y terminó la tarea de Pugh. Kaph lo contempló fijamente. pero ninguno de los dos contestó. Finalizó. sin armonías. –Es inútil salir ahora en su busca. en forma de naranja. Desde hacía una hora. Kaph se puso en pie. El mono de Pugh colgaba de un montón de muestras de roca. con el mismo resultado. sin obtener respuesta.

. El silencio persistió. –Claro que tengo hambre. –Buenas noches. Empezaba a preocuparme cuando vi llegar a Owen. Pero no recibí ninguna señal por radio. Pugh se despojó del traje y ayudó a Martín a despojarse del suyo. De modo que corrí a situarme en un espacio abierto. siéntate y come –ordenó Pugh. –Recibí la señal de Martín. La boca de Kaph se abrió como si tratara de decir algo. –¿Tienes hambre? –le interrumpió Pugh. –Una roca enorme cayó sobre el jet –dijo Martín. La pequeña estrella se posó en el suelo. Había bajado a reconocer la zona de polvo carbónico cuando noté que el suelo empezaba a temblar. Yo no estaba dentro. –Entonces. se dirigió a su camastro. El traje de Martín estaba cubierto de un extraño polvo que le hacía aparecer tan verrugoso como la superficie de Libra. Dos figuras se acercaron a la cúpula. . Después. Silencio. Pugh amortiguó el brillo de la lámpara hasta dejarlo reducido a un resplandor amarillento menos intenso que la luz de una vela. –He terminado los cálculos –dijo Kaph.Muy bajo. Desde allí vi como una enorme roca aplastaba el jet. que no había mudado de lugar desde que Pugh se quejó de sus ronquidos. galés unipulmonar –dijo a través de la cúpula. –¿Está herido? –inquirió Kaph.. Martín obedeció. sin decir nada. para que no me alcanzara algún desprendimiento de rocas de los acantilados. –Buenas noches. un meteoro parpadeó. sentándose ante la mesa y agitando los brazos–. pero no pude establecer contacto con él ni con usted. y pulsé el botón de alarma. con aire ausente. y se sentó sin hacer nada. –Gracias –murmuró Pugh. desde luego. –Conmocionado –dijo. Se dirigió apresuradamente a la pared norte y tendió la mirada hacia la gelatinosa luz rojiza. cosa que siempre ocurre aquí durante los movimientos sísmicos. Martín no dijo nada más. al norte de la cúpula. pero no salió ningún sonido de ella. La atmósfera era tan polvorienta que no se veía nada a un metro de distancia. y entonces recordé que las latas de aire de repuesto estaban en el aparato. Pugh le sostenía por el brazo.

O. Su rostro estaba cambiado. Nos serías útil. –No lo sé –murmuró–. no sabiendo siquiera cómo podía quererse a otro individuo.–No debí salir –admitió Pugh–. –El jefe no te pedirá que te quedes aquí con un clon. –¿Un clon? –De doce miembros. La nave establecerá contacto con nosotros alrededor de las seis. Puedes marcharte a casa. Kaph alzó la mirada y vio lo que nunca había visto: le vio a él: a Owen Pugh. confieso que me asusté. Pugh apoyó una mano en su hombro. Voy a acostarme.. como si viera algo que hasta entonces no había visto. Cada uno de nosotros estamos solos. –¿Quiere usted a Martín? Pugh alzó la mirada. Al cabo de unos instantes añadió: –Sí. desde luego.. puedes venir con nosotros. Martín tenía aire suficiente para dos horas. . absorto al parecer en sus nuevos temores: el clon que estaba a punto de llegar y del cual no formaría parte. le quiero. Inexperto aún en soledad. –Estoy cansado –dijo Pugh–. algo excesivo para él. desde luego.? Pero Pugh no pudo decírselo. también su voz había cambiado.. –Es un clon –dijo Kaph–. el desconocido que tendía su mano en la obscuridad. –Martín es mi amigo. El otro equipo de Exploración que llegará con la nave.? ¿Cómo. tendría que enfrentarse con la absoluta y cerrada autosuficiencia del clon de doce. No corre prisa decidirlo. Pero sin posibilidad de establecer contacto con él. –¿Cómo puede usted. Se interrumpió. ¿A qué viene esa pregunta? Kaph no dijo nada. ¿Qué puede hacer uno excepto extender la mano en la obscuridad? Kaph inclinó la mirada. ahora contrapunteado por los ronquidos de Martín. incluso con una sola lata. pero miró al otro hombre. con el suelo abriéndose y cerrándose a su alrededor. Fue algo espantoso.. verle en medio de aquel polvo negro. enfurecido. Vinieron con nosotros en el Passerine. si lo prefieres. consumida por su propia intensidad. Kaph se sentó bajo la amarillenta claridad de la lámpara.. Se puso en pie y se desperezó.. Retornó el silencio. el otro. Hemos trabajado juntos mucho tiempo y es una buena persona. No lo sé.

deslizándose en el interior de su saco y medio dormido ya. de modo que no oyó a Kaph contestar. Owen. tras una breve pausa: –Buenas noches. Edición digital de urijenny .–Buenas noches –murmuró Pugh.

Con estas cosas se construyen casas. cosas con las que construimos: ladrillos. hechos por él mismo. los barriles de arcilla. eran demasiado duras para romperlas. palabras. Pero los edificios caen. o donde se adivinaban. Damon Knight. Lif no había intentado deshacerse de sus cosas. con los plañideros. En la playa. con una sonrisa burlona: –¿Vas a levantar una pared de ladrillo para esconderte detrás cuando llegue el final? Otro vecino. miraba a lo lejos. todo había sido recogido apresuradamente en preparación del final. en Heights Hall. con el título El final. sus mercancías y pertenencias pesaban demasiado para tirarlas. No recuerdo ahora cómo llegamos a este título. con tentáculos de color violeta. que adquirían todos un suave color dorado rojizo en el oro del Sol de la tarde. El horno estaba frío pero dispuesto. o parecía ser. o allá abajo. Sólo los siglos podían destruirlas. editor mirabilis. quizá una luz. brilló una estrella. los capachos y carretillas de su oficio. quizá. Pero yo he vuelto a él porque –al menos después de leer el psicomito– destaca lo que hay que destacar. Las tiendas y casas de sus vecinos estaban vacías. Por ello. pero sospecho que él pensó que Cosas sonaba demasiado a algo que se ve en televisión a la una de la madrugada. y eran imposibles de quemar. un último paso a dar. todo estaba allí. una brecha. en los campos. allí está mi reino. y los caminos no llegan hasta el final. publicó por primera vez este relato en un tomo de Orbit.Cosas Things. más allá de las largas líneas de espuma. o su deseo de una luz. muy lejos. con los iracundos. Casi todo el Mundo estaba allá arriba. volvió a subir los escalones de piedra de su pueblo. Allí donde habían sido amontonadas o arrojadas formaban lo que habría podido ser. Cosas que usamos. o podía ser. una ciudad. © 1970. ciudades y caminos. de mortero seco y de cal. donde estaban las islas. Un hombre de Scriveners Lane le había preguntado. –Allí –le dijo al mar–. y exclamó después con un . cosas que poseemos y que nos poseen. desocupadas. Queda un abismo. que subía a Heights Hall. se quedó unos momentos mirando aquellos montones y pilas de ladrillos bien formados y bien cocidos. Avanzado el crepúsculo. A medida que avanzaba la tarde desde detrás de su espalda. las líneas de espuma palidecieron y amainó el viento. Su patio estaba aún lleno de pilas y montones de ladrillos. por encima del agua. Pero Lif no había podido recoger y vaciar su casa. El mar le dijo lo que dice el mar a todo el Mundo. y al oeste.

No he visto pasar a nadie más desde la puesta del Sol. por encima de ese Mundo que se acaba! Lif sonrió. y el crío y yo no podremos acabarnos la carne antes de que llegue el final. claro. pues muchas gracias –dijo Lif. cosas! ¡Libérate de las cosas. como si la respuesta fuese suficiente para ella: –Es que yo tengo al niño. volviendo a ponerse el abrigo. Ya no se construyen casas. No comía carne desde el año pasado. que había sido albañil suyo. en el límite del Mundo. ni en los campos? –preguntó Lif. Era un hombre bajo y pesado. Bajaron los dos por Masons Lane hacia Weavers Lane. ni la creciente y llorosa desesperación de los comulgantes de los Heights. mientras tomaba un ladrillo de un montón y lo colocaba en su lugar. sentía hambre. Se sentaron a comer los tres. Todo está más silencioso que. seguía sin sentir la desesperación riente y destructora de los iracundos. otra vez en la fábrica de ladrillos. ni reparaciones siquiera. el viento del mar. mientras la viuda ponía pan y carne caliente en la mesa de gruesa caña. Y me duele que se desperdicie una carne tan buena. atravesando la obscuridad y el viento que barría las empinadas calles. sino que había bajado a la playa. al final de aquel Mundo que terminaba. Te he visto subir por la calle. que mataron a todos los animales de mi señor. Lif le puso en pie. el último niño que había nacido en el pueblo. ni un gallinero. –Ni una –dijo él–. más allá del cual sólo había agua. se sentía vacío. hay personas que quieren tener ropa nueva hasta el final. confuso. ¿sigues tejiendo alguna cosa? –Sí. –emitió una leve .suspiro. y la he pagado con el dinero que me dieron por una pieza de lienzo fino que tejí para la hija de mi señor. –Ah. Esta carne se la he comprado a los iracundos. Y la viuda le respondió. un crío gordito que empezaba a tenerse en pie. él no había subido a Heights Hall ni había salido para ayudarles a arrasar los campos y a matar a los animales. sintiendo un peso en el corazón: –¡Cosas. una callejuela que cruzaba la calle de él algunas casas más abajo–. Y tú. Cuando hubieron pasado todos. de ese peso que te arrastra hacia abajo! ¡Ven con nosotros... –Sí. había soplado sobre él durante toda la tarde sin moverle en absoluto. Lif echó una mirada a la casita que había construido el esposo de la mujer. Lif jugó con el pequeño. el niño roía con cuatro dientes un pedazo de pan duro. En la casa iluminada de la viuda. Lif! –exclamó la viuda de Weavers Lane. Ni una pared... en una pila. ¿Has cenado? Estoy a punto de sacar el asado del horno. no recuerdo el día. –¡Qué buena está esta carne! –exclamó–. y el niño se echó a reír y se cayó. Lif. –¡Hola. pero siguió hablando–. –no acabó la frase. Ahora. con el olor a sal en la ropa y la cara caliente por el viento del mar. para un vestido que quiere llevar el último día. –¿Cómo es que no estás en la colina.

como los peces. y sus montecillos movidos por el viento. se habían convertido en una certeza. Lif tuvo un sueño. y vio que se podía hacer una especie de alfombra de cañas. se inclinaron. Son malos tiempos. las islas no eran ya un deseo ni una intuición: como una estrella cuando se debilita la luz del día. y los llevó a la playa. lo que le había llevado por encima del agua? No había volado. Pero en su país no crecían ni habían crecido nunca plantas como aquéllas. como decía siempre mi marido. cuando despertó. sírvete una buena tajada. ni había caminado. llevó a la playa su carretilla y su capacho más grande. cuando apoyó en ellos una mano. y los montones de juncos que tenía el cestero habían sido quemados. y un mundo de hojas verdes que se extendía hacia el Sol desde las mil ramas ascendentes. las conocía. nada que tejer. pero aquella noche surcó las aguas del mar y fue hacia las islas. pudiesen flotar. aturdidos aún por la orgía destructiva de la noche anterior. pero los curtidores llevaban varias semanas sin trabajar. Sírvete. ¿qué era. Lif. El cordero de primavera es la mejor carne del Mundo.. Aquella noche. Decidió dejar de buscar la ayuda de otros. en su sueño. ni apenas lana. Vio que flotaban. Se puso a pensar en cómo podía un hombre moverse por encima del agua. mientras comía la sabrosa carne asada–. Aquella mañana blanca y ventosa. Pero los grandes cañaverales humeaban aún junto al río. y de comprensión también. cuyos tallos de color pardo eran más gruesos de lo que podían abarcar sus brazos. ¿de dónde saldrá el pan? Y ahora que están envenenando los pozos. pero había cruzado las llanuras verdes y grises del mar. hasta que llegaba el otoño. engrasados. le miraron de soslayo desde un obscuro portal. Sobre aquellos tallos podía un hombre desplazarse por encima del mar. y una vez allí había oído voces. En su sueño. Como habían nacido tan pocos niños en los últimos años. se llenaron de agua y se hundieron. hasta llegar a las islas.. no se vio rodeado de ninguna curiosidad infantil que le preguntase qué estaba haciendo. en su casita de la fábrica de ladrillos. Tal vez los pellejos de animales. Los peores. ni había ido por debajo del agua. a través del aire . Cargó la carretilla de inútiles y bien hechos ladrillos. Él solía dormir tan quieto como los propios ladrillos. –Y ahora que los campos están quemados –continuó la viuda–. Vamos. y no había pellejos en venta. había visto en las islas unas cañas o hierbas de unos quince metros de altura. y los dejó en la quieta superficie del agua de una laguna. Volvió al acantilado y a su casa. –Sí –dijo Lif. Pensó que aquellos objetos eran demasiado ligeros. aunque en Heights Hall había un cuchillo cuyo mango era de un material marrón y opaco del que se decía que procedía de una planta que crecía en algún otro país y que se llamaba madera. Pero él no podía cabalgar por el mar rugiente montado en el mango de un cuchillo. Los campos quemados y los rebaños muertos. había visto luces de pueblos. pero. ¿de dónde saldrá el agua? Ah.exclamación de burla. y continuó–: Pero ya no hay lino. echarse en ella e impulsarse con los brazos. Pero. y entonces decía que la mejor carne del Mundo es el cerdo asado. Pensó en cómo flota la hierba en los ríos. aunque uno o dos iracundos. pero estoy hablando como una plañidera. Nada que hilar. Y.

sobre el mar. subió por el camino del acantilado y por las calles mojadas de lluvia. aunque se dio cuenta de que en lo alto del acantilado estaba la viuda de Weavers Lane observando la escena con expresión asustada. como una almeja o un mosquito de agua. había un grupo numeroso de personas a lo largo del profundo surco que había hecho la carretilla en la arena. con los extremos puntiagudos. para ir a buscar otra carretilla de ladrillos. por primera vez en una semana. de modo que. Junto a él esperaba un asno. usando toda la fuerza de sus hombros para equilibrar su avance por el tortuoso sendero del acantilado que llevaba a la playa. y esto de flotar en el agua no es lo mío –dijo Lif. las ventanas de los dormitorios estaban ciegas. encima de ellas. forzando su ancha espalda. y otros varios de las calles que rodeaban la plaza del mercado. Al oeste. y volvieron a llenarla cuando él la vació inclinándola. frenando su peso en las pendientes. y cuando Lif. Construyó una pequeña cúpula de ladrillo. –Yo soy ladrillero. la volcó. Lif las conocía.luminoso. y las voces de los pastores en las colinas. parecida a un pez. le siguieron dos de sus convecinos. no se veía otra cosa que restos de algas y unas nubes de lluvia. sin usar. además. Las olas la llenaron. Esta vez. ayudado por una gran ola. Pasó todo el día bajando a la playa ladrillos y los elementos necesarios para el mortero. cuando se enderezó. la desintegró en sus ladrillos elementales y hundió éstos en la agitada arena. La tenería estaba vacía. dando lugar a un hedor terrible. Introdujo la carretilla en el mar hasta que el agua le llegó al pecho. Lif no les prestó atención. con la espuma del mar siseando sobre sus negros pies desnudos y un sudor frío en la cara. y a la mañana siguiente. Lif siguió su camino y cargó de ladrillos la carretilla. A éstos se sumaron dos o tres más de Scriveners Lane. cuando hubo fraguado el mortero. aunque no había vuelto a tener aquel sueño. Si una taza o una carretilla llenas de aire podían flotar. Pero las islas estaban allí. obstinadamente. y. hecha de una sola hilada de ladrillos hábilmente dispuestos en espiral. Y. se hundió más y más en la arena mojada. un anciano zapatero remendón quemaba. se dio cuenta de que Leather Street parecía desierta. barrida por las ráfagas de viento. con la carretilla llena . con lluvia y arena disponibles en grandes cantidades para endurecer el cemento. con sus grandes hierbas que tenían diez veces la altura de un hombre. Volvió a la playa corriendo. y por fin la atrapó una oleada verde en su poderosa resaca blanca. y volcó los ladrillos. cuando hubo considerado su estupidez desde todos los puntos de vista. cuando bajaba con ella. sería resistente. Tenían el aspecto perezoso y apático de los iracundos. sus colinas coronadas de blanco por encima del mar. Las tiendas de los artesanos eran como una hilera de pequeñas bocas abiertas y negras. ovalada. Al final de la calle. sus pueblos blancos. ¿por qué no podía flotar una cúpula de ladrillo? Y. de su absurdo deseo de desplazarse por el agua. Libre. salió del agua. sólo había basura. un pequeño montón de zapatos nuevos. que sacudía las orejas al percibir el pestilente humo. empezó a colocar sus ladrillos en la playa de marzo. Lif se quedó mojado hasta el cuello y enjugándose el rocío salado de los ojos. Pero. ensillado. sus solitarios campos dorados barridos por el viento del mar. volcó la cúpula y la empujó hasta la espuma blanca de los rompientes.

y Lif echó a andar por el sendero para ir a buscar otra carga de ladrillos. pero durante la cena en la casa iluminada estuvo tranquila y amable como siempre. Durante la marea alta el trabajo era difícil. Algunos de los iracundos se alejaban ya. Deja los ladrillos mojados y tranquilos. –Y tú lo que quieres es ahogarlos. Sonriendo. Al día siguiente. Lif –le dijo la viuda en lo alto del acantilado. El otro asintió. y. y apretaba al bebé contra ella para protegerlo del viento. bajó al mar unas largas barras de hierro y apuntaló lo que había construido. le creyeron ocupado en la misma tarea que ellos. Un hombre alto del grupo de Scriveners Lane le dijo con una sonrisita: –Oye. Guardé unas cuantas antes de que se marchasen los panaderos. y traeré una hogaza. amigo. Había empezado con la marea baja. La pendiente de la arena era gradual. –Ven a cenar con nosotros. Lif? Él se rió de buena gana y le contestó que sí. Cuando subían juntos por las callejuelas. mientras el mar le hervía en la cara y atronaba por encima de su cabeza. si los iracundos le observaban. el hombre se alejó. . de modo que su obra no quedase nunca al descubierto. así que podía seguir construyendo sin trabajar siquiera por encima del agua. ¿por qué no los tiras desde lo alto del acantilado? –Si lo hiciese así. Parecía preocupada. Al atardecer. una carga tras otra. Lif sonrió. pues una contracorriente tendía a socavar su carretera a unos dos metros y medio del principio.de espuma. pero él no lo abandonaba. de modo que ningún iracundo pudiese sospechar que se estaba llevando a cabo un acto de afirmación. Había quien pensaba que querías construir algo ahí abajo. la viuda le preguntó: –¿Estás echando los ladrillos al mar. Se aseguró de que incluso los extremos de las barras quedasen ocultos por el agua durante la marea baja. Dos ancianos que venían de llorar en Heights Hall pasaron junto a él cuando subía. y sonrieron gravemente al verle. Ella mostró entonces una expresión que habría podido ser de alivio y que habría podido ser de tristeza. empujando ruidosamente la carretilla vacía por las callejuelas de piedra envueltas en el crepúsculo. Lif siguió bajando ladrillos a la playa. Muy bien. y querían convertirte en cemento. –Es bueno liberarse de las cosas –dijo en voz baja uno de los dos. y comieron alegremente pan seco y queso. pero ella no. –Vendré –dijo él–. caerían en la arena –respondió Lif. Volcaba los ladrillos y se esforzaba después por disponerlos en hiladas.

Últimamente. hazlo si quieres. No cargues demasiados. una confusión de elementos. gateando por la arena para recoger los ladrillos que le arrojaba su fiel ayudante desde el acantilado. excepto los peces. empujando la ruidosa carretilla. mar y cielo claros toda la tarde. agotado. A medida que avanzaba. o de gotas de agua rodeadas de aire. jadeando. hablaron de ello. largas. Una noche en que Lif se dio cuenta de esto porque no estaba demasiado cansado. aunque la primavera avanzaba con sus suaves. Podía flotar en el agua y moverse por encima o por debajo de ella. rodeado de espuma. con la piel y los ojos irritados por la sal. de burbujas de aire rodeadas de agua. –Muy bien. Ella le ayudó. y después tirarse al agua y seguir trabajando. que él supiera. era mayor el declive de la arena. que quedaba a medio metro por debajo del nivel del mar durante la marea baja. tibias tardes. Y puedes sentar al niño encima de la carga y darle un paseo. así te ahorrarás un trecho del camino. El camino tenía ya muchos metros de longitud. Trabajaba durante todo el día. Su método consistía ahora en subirse al extremo de lo que había construido. la viuda fue a verle al ladrillar y le dijo: –Déjame tirarlos yo por el acantilado. –Cargar la carretilla es un trabajo pesado –dijo él. al aire cargado de rocío. y a un metro o metro y medio durante la marea alta. Un día de aquella semana. Nunca había oído decir que un hombre pudiese hacer aquello. entre los bancos de pececillos que le miraban. y sólo la necesidad de respirar le hacía salir. los cargaba en la carretilla y los llevaba por el camino que construía. y la viuda dijo: . pero no pensó mucho en el asunto. y la lluvia de abril. para compartir con la viuda y con el pequeño la comida que hubiese. saliendo a flote e impulsándose hacia el fondo. aunque no había vuelto a soñar con las islas. sin apoyarse en el fondo con los pies ni con las manos. no quedaba nada más que pudiese florecer. pues. sombrío y verde. y floridas las hierbas que crecían en las grietas del acantilado. Lif siguió construyendo su carretera. por lo muy ocupado que estaba todo el día con sus ladrillos. durante unos días de tiempo gris y suave. Te daré la carretilla pequeña. hambriento como un tiburón. por el acantilado y por las tranquilas callejuelas. y Lif había tenido que aprender una habilidad que no había aprendido nadie más. a buscar otra carga de ladrillos. los dejaba caer cuando llegaba al extremo. –No importa. No subía al pueblo hasta el anochecer. que se mostraban extrañamente rebeldes e ingrávidos. luchando con los ladrillos. el pueblo estaba muy obscuro y silencioso. Pero los ladrillos pesan mucho. A veces se sentía feliz en aquel Mundo irrespirable. con dificultad. volcar desde allí la carretilla cuidadosamente cargada. niebla por la mañana. de vez en cuando.Al día siguiente. se tiraba al agua y seguía construyendo. y la niebla. para nivelar los ladrillos y encajarlos entre las barras que había colocado previamente y después volvía a subir por la arena gris. después volvía a la playa a buscar otra carga.

que existen? Miró a su hijito que dormía. silencio. no quedan muchos ladrillos. Ella no se rió. ¿Tú crees que esto.. Sólo unos centenares. –A las islas –le respondió por fin. se limitó a decir: –¿Están allí esas islas? ¿Es verdad. que volvía a salir limpia ahora que los iracundos se habían ido hacía días–. Lif? Él calló un momento. Tendrás que hacer más. en la colina. creo. de tu cama y de tu risa. y le dijo: –Lif.. después de todas las hierbas extrañas y los moluscos que has encontrado para que comiésemos. que estaba sentado frente a ella. ¡Pues iré a las islas nadando! Pero no llores. muy leve aunque más cercana. Había hecho lo que había podido. en los campos quemados y en las tierras asoladas.? –le costaba decirlo.. querida. no llores más. y hubo de decirlo–: ¿Tú crees que esto es el fin? Silencio. ¿a dónde han ido? Ella se encogió de hombros. Después volvió a mirar a Lif. del fuego de tu hogar. –No –respondió la mujer. no había ninguna manera. un cielo silencioso.? –preguntó Lif al cabo de un buen rato. durante el cual ella recogió la mesa y lavó los platos en agua del pozo. la respiración de un niño dormido. Alzó sus ojos obscuros hacia los de él. pensando en su camino sumergido que tenía treinta y cinco metros de longitud. –¿Todos? Y. –¡Santo Dios! –exclamó Lif.. –¿Tú crees. Pero él sabía que. En la única habitación iluminada y en todas las obscuras habitaciones y calles. después de tu mesa. la obscuridad de la primavera. silencio. y. puede ser.. silencio continuado. Por encima de ellos. –¿A dónde lleva tu camino de ladrillos. Lo que había podido hacer llegaba a treinta y cinco metros de la playa. la obscuridad tibia que llenaba las calles por las que no andaba nadie y las estancias en las que no vivía nadie. es que ya se han ido todos. Excepto el sonido lejano del mar. a ti y al pequeño? Después de todos los ladrillos que has estado a punto de tirarme a la cabeza. ¿crees que podría dejarte cuando lloras? Anda. . y le miró unos momentos a través del silencio iluminado. pues. pero ella le escuchaba en silencio. los tres juntos. Déjame pensar en alguna manera de llegar a las islas. por la puerta abierta. ¿Crees que os dejaría aquí solos. en Heights Hall.. Y se echó a llorar quedamente. para un ladrillero. Un aire silencioso. y miró. ninguna respuesta. silencio en todos los lugares. Y después se echó a reír y la miró a los ojos. y en el mar que se extendía veinte mil kilómetros más allá– .–Ah.

por encima del cual estaba el cielo silencioso. –No –dijo la mujer–. ¿por qué estamos aquí todavía. un débil gemido en el largo. llevando al niño soñoliento en un pliegue del abrigo. frío. El agua mojó sus ropas. de modo que. y entraron en el agua.. brillaba en las líneas de espuma que siseaban en la arena.. hasta donde llegue. Ella asintió.Se sentó frente a él y apoyó las manos en la mesa. siseante murmullo del mar. sino que pasó junto a la plaza del mercado. Lif no se volvió ni hacia la carretera que llevaba al norte por la costa ni hacia la carretera del sur. A medida que avanzaban. no puedo! –exclamó la madre. Cuando llegaron al borde del agua. –Tenemos que irnos mañana –dijo él al cabo de unos momentos. y ninguno de los dos dijo nada. la luz que saltaba. él se volvió. el gran abismo. No quedaba nada para comer. unas manos hermosas tan obscuras como la tierra. Lif le tomó la mano libre. El fin será el fin. Estaba muy fría. –respondió ella–. heló sus carnes. Bajaron hacia la playa. el vacío. Una oleada les golpeó en su avance hacia la playa. y él una gruesa capa que había sido del esposo de ella... el embate de las olas se hizo más fuerte. sobresaltado por el duro bofetón del mar. en un pliegue de su abrigo. Pero se aferró a la mano del hombre y se colocó a su lado. detrás de ellos. tus ladrillos. y la fría luz del este. Esto sólo es la espera. al oeste. tú tenías tus cosas... A su alrededor estaban el agua y la espuma turbulenta. y yo tenía al niño. los tres solos? –Bueno. cuando ella hubo guardado en una bolsa unas pocas ropas para el bebé y se hubo puesto su cálido abrigo de cuero. a poca distancia. Se levantaron antes del amanecer.. el niño. Ella asintió con un gesto. vio. que se iba aclarando. –Entonces. que decía siempre la misma cosa. empapó sus cabellos y sus caras. Cuando subieron al principio del camino. y el niño quedó dormido en el hombro de su madre. la silueta que cabalgaba en el agua. dejaron la casita y salieron a la luz pálida y fría de las calles desiertas. el parpadeo blanco como el pecho de una golondrina que refleja la luz del amanecer. Cuando Lif levantaba la cabeza para dar el último paso desde aquel camino a ninguna playa. . sintieron los ladrillos firmes bajo sus pies. Ante ellos estaban el agua intranquila. y dijo quedamente: –Iremos por el camino que has construido. llegó al acantilado y bajó por el rocoso sendero hasta la playa.. la arena obscura al pie del acantilado. Subía la marea.. Detrás de ellos quedaba la playa. se despertó y se echó a llorar.. Llegaron al final del largo trabajo de Lif. –Os sostendré en el agua tanto tiempo como pueda –dijo. las palmas como el marfil. Ella le siguió. y se tambalearon. –¡Oh. Él iba delante y ella le seguía.

–¡Esperad! ¡Esperad! La llamada salió de la forma que cabalgaba por las olas grises y bailaba sobre la espuma. y dieron el último paso.Le pareció que sonaban unas voces por encima de la voz del mar. vio las caras y los brazos que se tendían hacia él. Pero ella inclinaba la cabeza sobre su hijo. cuando la vela se inclinó. –¿Qué es eso? –le preguntó la mujer. que saltaba hacia ellos y hacia la luz más grande que aumentaba detrás de ellos. Lif se quedó inmóvil y vio la blancura de la vela. Las voces sonaban muy dulces. blanca. y. la luz que saltaba por encima de las olas. hacia él. Edición digital de Sadrac . y les oyó decir: –¡Venid. venid con nosotros a las islas! –Agárrate bien –le dijo suavemente a la mujer. intentando acallar el débil gemido que desafiaba al vasto balbuceo del mar. subid a la barca.

pues las cosas habían cambiado súbitamente. llevaba varios meses sin escribir nada. y vuelve a empezar de pronto. Quiero saber dónde estoy. por la ladera de una colina. seguí escribiendo y llegué al final. Estábamos en Inglaterra. –Soy. con un estallido. rodando. estábamos otra vez en nuestra casa de Oregon. dicho sea en su honor. –No gran cosa –dijo el que estaba a su lado–. –¿Es esto la Tierra? –exclamó. me habían robado en el puerto de Southampton la maleta que contenía todos mis originales. ya saben. “El infierno son los demás”. anochecía a las dos de la tarde. no puede trabajar. Por la razón que sea. Israel y Egipto han defoliado mutuamente sus desiertos. –Pues entonces no ha cambiado nada –dijo él. sin hacerme ninguna ilusión. Me senté y me puse a juntar palabras. era el mes de noviembre. Virginia Kidd. en busca de seguridad. Hay un tipo de relato que yo definiría como “sacacorchos”. más o menos. dime quién eres –dijo el otro. por aquello de aguantar el tipo. y Rusia ha contaminado Marte con moho de pan. para gran satisfacción mía.Un viaje a la cabeza A trip to the head. Este relato fue sin duda un “sacacorchos “. no entendía al verdulero y él no me entendía a mí. –Que se vaya al infierno Jean-Paul Sartre.. –Pues entonces. pero lo hizo mi agente. y llovía) encontré aquel borrador.. –Sí. La señora Jacqueline Kennedy Onassis se casará con Mao Tse-tung. y algunos relatos nacen también de ese estado. Llegué. llovía. No llegué a dar con el titulo adecuado. y no estás fuera de ella. y del barrilito salta un chorro de cerveza que llena el suelo de espuma. pero una desesperación tranquila. es la Tierra –dijo el que estaba a su lado–. hasta “pues intenta ser Amanda –dijo el otro agriamente”. La población de la Tierra aumenta en treinta mil millones de personas todos los jueves. © 1970. y lo dejé estar. La mayoría de las personas “llevan vidas de tranquila desesperación”. Como dijo Jean-Paul Sartre a su encantadora manera. palabras. Un año después (los Ferrocarriles Británicos habían encontrado mi maleta. El Reader's Digest controla el monopolio Estados Unidos de América/General Mills. palabras. ¿Y bien? . Palabras. En Zambia hay hombres que se entrenan para los vuelos espaciales metiéndose en toneles y bajando en ellos. el escritor se ha atascado. y era la desesperación.

Aquella voz bondadosa le dio ánimos a blanco. y al correr se le cayó el nombre. una X.. con los ojos llenos de lágrimas y las rodillas temblorosas. Era un blanco. obscuros por abajo y multitudinariamente verdes por arriba. de pie. Estaban en el lindero de un bosque. estaba casi seguro. se secó la cara con la manga. Pero tampoco tenía nombre. Se dominó. un número.–Me llamo. La sombra se deslizó hacia el este y hacia arriba en los ojos del otro. Era otro. pero no recordaba a quién se pedía ayuda. conocido como el arrecife New Welsh. se hundió en el mar. Deseaba pedir la ayuda de alguien. Era un bosque reconocible. y estropeado en los márgenes por el herbicida. Pero el otro le dijo: –Inglaterra se hundió hace años. objetos grandes. más o menos. –¿Que se hundió? –Sí. Tenía un cuerpo y todo eso. aquí. No le servía de nada. agarrándose a aquel clavo ardiente. algo les miró dulcemente desde la obscuridad de los árboles. Al oír esto. pero no sabía quién era. Se preguntó si cada uno tenía un nombre o si llevaban todos el mismo. Cuando salieron de allí y llegaron a la luz del Sol. Se echó a llorar. y al cabo de un rato le apoyó una mano en el hombro. ¿Cómo? Allí estaba. aunque de hojas bastante sucias. diciendo: –Vamos. –Desde luego –dijo el otro–. Era como él. Empezaba por T. de estas cosas –añadió. El otro se sentó en la hierba junto a él. Señaló los objetos que les rodeaban. No queda nada de ella. blanco se hundió también. –Creo –dijo cuidadosamente blanco– que debemos salir de la sombra del él. ¿compartían el mismo nombre o tenían cada uno el suyo? –Tengo la impresión de que recordaré mejor lejos de esto. –exclamó. excepto los últimos cuarenta centímetros del monte Snowdon. La sombra llegó a los ojos cuando la Tierra giró sobre su eje. Un cervato se alejaba de ellos hacia el bosque. no te lo tomes así. él recordó enseguida que aquello . En cuanto a él mismo y al otro. Quedó destrozado. Pero la diferencia no será tan grande como antes. –Oh. Antes de desaparecer. y miró al otro. cayendo de rodillas. y se daba cuenta de que no sabía su nombre. –¡Esto es Inglaterra! –exclamó blanco. él y el otro.. éste. cuyos nombres no recordaba ya. Zozobró.

siendo así. Los pantalones de basta tela se ajustaban a sus poderosos muslos. cualquier nombre –dijo el otro. –Existiré –afirmó. se sonó la nariz y dijo: –Me llamaré. cualquiera servirá. ¿Qué voy a hacer? –Oye. –Eso no es siempre fácil.. Sólo soy un poquito testaruda. no importa el nombre que lleves. Tal vez no conocía personalmente a aquellos árboles. Lo importante será lo que hagas.. –No. soy dueño de todas las tierras de aquí a . –¿Qué voy a hacer? –dijo–. Blanco se irguió. –Es usted una estúpida –dijo. el sudor humedecía su cabello espeso y rizado.. –Bueno. Pero. –¿No se da cuenta de que. de pie. tendiéndole una caja azul en la que se leía “Desechables”.. Mi nombre lo elegiré yo mismo.se llamaba bosque y que aquellos objetos se llamaban árboles. siendo yanqui. si quieres. Bueno. El otro le observaba benévolamente. por así decirlo. De ser así. Él estaba al Sol. no recordaba ninguno. dándole la espalda a Amanda. –No lo había pensado. Me llamaré Ralph. Elige un nombre. Pero no recordaba si cada árbol llevaba o no un nombre distinto. puedes llamarte como te dé la gana. aterrorizado. Pero entretanto podrías ponerte una etiqueta. decidido–. Si hiciese algo. ¿no quieres un kleenex? Blanco tomó un kleenex. que estaba sentada a la obscura sombra de la pacana con su viejo vestido gris. Se interrumpió. encolerizado. Se golpeaba las botas con la fusta. ¿Por qué no? –Pero yo quiero saber mi nombre verdadero. para facilitar la conversación. el corbatín se alzaba sobre su cuello. –¿Eso te haría ser? –Naturalmente. –No –dijo blanco orgullosamente–. –¿Cómo puedo decir quién soy si no puedo decir lo que soy? –¿Cómo podrías averiguar lo que eres? –Si tuviese algo. señor Ralph –replicó la suave y melodiosa voz sureña–...

de mal humor. y sus labios se encontraron en un largo. a la sombra de los grandes y viejos árboles: la blanca azucena del jardín. con las piernas dobladas. Amanda. –No es tan importante.. –¿Quieres decir que no importa que yo sea un hombre o una mujer? –Claro que importa. y usted es una mujer. ay. Amanda. –¡Oh. y ella aullaba: –¡Oooh! ¡Aaah! ¡Me corro. No son sus tierras lo que me interesa. según el caso. –¿Soy un hombre? –preguntó–. Se arrojó a sus pies. me corro. apoyada en la pacana. mi pequeña rebelde! ¡La deseo. ay. Él brincaba como un potro sin domar. Copularon. como se doblega una flor blanca. Avanzó hacia ella desabrochándose la bragueta. AY! Y ahora. ¿Eres tú una mujer? –Y yo qué sé –contestó el otro. ay. volviéndose. Pero ello no pareció servir de nada. mi blanca azucena.Weevilville? ¡Soy el dueño del condado! ¡Su granja es más pequeña que un cuadro de cacahuetes en el huerto de uno de mis negros! –Desde luego. largo beso. Quizá habría que adelantar la cosa unos veinte o treinta años. Amanda podría ser negra. la deseo! ¡Dígame que se casará conmigo! –Sí. –murmuró él. ¿Qué significa esto? –Soy un hombre. y le apretó las manos con fuerza. –Pero está la relación sexual. en la hierba infestada de ciempiés. completamente desnuda. sentada en la hierba. en un arranque de cólera–. –¡Oh.. –Hija de puta. También importa saber qué hombre y qué mujer somos. ¿Por qué no viene a sentarse a la sombra. –murmuró él. La vio. –Creo que aclarar este punto es lo más importante de todo. señor Ralph? Tiene usted mucho calor ahí donde está. ¡Lo único que me interesa es usted. Se inclinó hacia él. o no somos.. ¿qué? Blanco estaba a poca distancia del bosque. blanca como una azucena en su vestido raído. confusa. A mí también me importa saber lo que soy. por todos los demonios! –exclamó el otro. La vio. me corro. Ella se echó a temblar. señor Ralph! –exclamó débilmente–. volviéndose. me casaré con usted –murmuró ella.. Los . y miraba desconsoladamente al otro. –Arpía orgullosa. Por ejemplo.

No se le permitía decir nada. ni mirar atrás. venían las sombras. canciones infantiles. –No importa –dijo el otro–. Se preguntó si avanzaba realmente o si permanecía inmóvil mientras el agua negra corría debajo de él. ni un vestigio de posesión. Cuando un hombre toma a una mujer. Significa poseer y actuar en la forma más intensa. Buscó y rebuscó. –Ya. Le alcanzó la sombra. El cemento no hacía ningún ruido. Un viaje en canoa.gusanos tienen relaciones sexuales. Después dijo. El techo y los muros eran de cemento. obscura y reluciente extensión de agua. Sabía que había alguien detrás de él. mitos. ¡Ya sé lo que pasa! Estoy en un viaje. –Lo siento –dijo blanco. Estaba en un viaje. –¡Oye! –exclamó blanco poniéndose en pie de un salto–. Nunca saldría a la luz del día. ¿Qué demuestra esto? –El sexo es real. en silencio.. cuesta arriba. en un viaje. chag. haciendo dibujos con las agujas de pino. ¿qué haría entonces? Cerró los ojos y siguió remando. los monos tienen relaciones sexuales. El otro no parecía darse cuenta siquiera de que blanco había estado ausente. ¿y si ese hombre es una mujer? –Yo era Ralph. juguetes viejos. Remaba en una pequeña canoa por una larga. ¡Eso es! Así era. y le preguntó: –¿Cómo andas de memoria? Blanco examinó su memoria para ver si había mejorado mientras estaba fuera. De ningún modo podía remar más despacio. el remo entraba en el agua silencioso como el cuchillo en la mantequilla. pero ningún alimento para adultos.. chiriu. Él remaba contra corriente.. El agua no hacía ningún ruido. Remaba sin hacer ruido. hacia el este y hacia arriba. Hubo una pausa. Seguía echado en la hierba. río o cloaca formaba una visible pendiente. Aquel lago. y. demuestra su propia existencia. saldría.. El armario estaba vacío. tan silenciosa como el agua negra y brillante. He tomado algo y estoy viajando. saldría. Pero. Desde el bosque. El otro estaba tumbado en la hierba. por encima de la hierba. Había un montón de trastos en las bodegas y buhardillas. río arriba. triste. Estaba muy obscuro. inseguro: . con fuerza. cuentos de viejas. estrecha. Era un gran esfuerzo. Su gran guitarra eléctrica negra y perla estaba en el asiento de delante. con las piernas encogidas. –Pues intenta ser Amanda –dijo el otro agriamente. metódico como una rata famélica. No había ningún ruido detrás de él. Al fin y al cabo. de modo que si ellos no se mantenían a su altura era cosa de ellos. quiero decir que es verdaderamente real. JeanPaul Sartre tiene relaciones sexuales. Saldría. ni una migaja de éxito. pues la corriente podía quitarle la canoa de debajo del cuerpo. no se le podía considerar responsable. pero la canoa se deslizaba hacia adelante. pero no decía nada. Blanco estaba sentado. Había en ella menos cosas que antes. haciendo dibujos con las agujas de pino. no era real. Unos pajarillos gritaban chag.

¿Qué era lo que había perdido? Se adentró más y más en las sombras. se llamaba Lewis D. en el bosque virgen en el que ardían los tigres sin nombre. él. abandonándose. Pero el otro se había marchado. por favor! Lo había hecho mal. y. y en el límite oriental de la Tierra. bajo las hojas. –Y. efectivamente. ofendido. Soy yo. Volvieron a callar los dos. con raíces y ramas. Y gritó: –¡Vuelve! ¡Vuelve. –Ah. ¿sí? –exclamó el otro. –¿Yo? –dijo blanco. ¿de qué sirve esto si no tengo nombre. al decir esto. Hasta de Omaha debes de acordarte. ni nada? ¡Lo mismo podría ser un gusano o un mono! –Lo mismo podrías ser Jean-Paul Sartre –convino el otro. –Hombre. Y. Charles. –Quiero decir que recuerdo haber estado en Inglaterra. desordenando las agujas de pino–. Había encontrado un nombre que no era. Se volvió. Bajo los árboles volvió a olvidarse enseguida de su nombre. –No soy nadie. y estaba tan seguro de ello como de su propio nombre.–Me acuerdo de Inglaterra. Allí estaba el bosque. se encontró con que era. De modo que te acuerdas de cuando existías. sin el menor impulso de autoconservación. Allí estaba él. que se hundía en las empinadas pendientes de la noche. Movido a la negativa por tan nauseabunda idea. claro. Charles miró el ojo encendido del oeste y el ojo obscuro del este. para poder encontrar lo que había abandonado. –Lo he perdido todo. Lewis D. Se olvidó también de lo que buscaba. Había una obscuridad en la mirada del otro. hacia el este. ni sexo. había ido hacia atrás. Lástima que Inglaterra se haya hundido. se puso en pie y declaró: –No soy Jean-Paul Sartre. se adentró en el bosque virgen. Edición digital de Sadrac . –Al menos –dijo el otro– sabes que eres humano.

lo que me interesa es lo que ocurre en el interior. quedarían aislados tanto en el espacio como en el tiempo. si la acción no expresa a la persona. y todas las tripulaciones de aquellas naves de investigación estaban trastornadas.Más vasto que los imperios. y el señor Silverberg me permitió conservarlo. cinco o seis siglos? ¿Y recibida por quién? Esto era antes de que se inventara el comunicador instantáneo. Bosques no explorados. como lo habían sido todos los mundos conocidos. me preguntó muy amablemente si cambiaría el título. solo. cada noche. Fue durante las primeras décadas de la Liga cuando los terrestres. mundos auténticamente extraños. Es de Marvell. © 1971. Árboles otra vez. ¿Quiénes si no hubieran salido a recoger información que no sería recibida sino al cabo de cuatro. y más lento. lanzaron naves que realizarían viajes enormemente largos. Como Nueve vidas. Recuerdo que Robert Silverberg. uno de los mejores relatos de ciencia ficción que conozco. Ninguna persona en su sano juicio que hubiera experimentado el deslizamiento del tiempo. inacabables. Cada uno de nosotros se pierde en ese bosque. este relato no es un psicomito sino una historia corriente de ciencia ficción. El protagonista de He who shapes. los relatos de aventuras me aburren mucho. Evidentemente. Nuestro amor vegetal se hará más vasto que los imperios. El espacio interior y todo eso. aunque sólo hubiera sido durante unas pocas décadas y . tal vez en un intento de mantener en alto su apaleado ego colectivo. menos cosas suceden. Buscaban mundos que no hubieran sido colonizados ni explotados. por los Founders on Hain. se llama Charles Render. He usado su nombre para bautizar un síndrome.. hacia la mitad del relato. de Roger Zelazny. pero era demasiado hermoso y demasiado adecuado para prescindir de él.. no desarrollada en función de la aventura sino de la psicología. a menudo me parece que cuanta más acción hay. y más lento Vaster than empires and slower. Oculto entre las hojas hay un pequeño acto de homenaje. Todos tenemos bosques en nuestras mentes. mucho más allá de las estrellas. Si la acción física no refleja la acción psíquica. el lector podía encontrar el título demasiado descriptivo. de A su amante esquiva . Me daba cuenta de que. que publicó por primera vez este relato en New Dimensions 1.

físico. –No puedo soportarle –decía Porlock. e hicieron diversos e ineficaces intentos de conocerse durante los tres días que tardaba el transbordador en alcanzar su nave. ahora es intolerable! . desapareció. Diez de ellos subieron a bordo del transbordador en Smeming Port. Y en algún lugar. astrónomo. ecología. El gran analista terrestre Hammergeld sostenía que la causa de la condición autista se debía. Tendría que viajar utilizando cohetes a propulsión. que quiere decir. No era tan fácil como parecía. Lo que tenía que hacer la nave era buscar el planeta. –Nosotros utilizamos. más o menos. o sea. tanto ella como la Estrella KG-E-96651 y el Mundo 4470 podían acabar explotando. Cuando al cabo de diez horas y veintinueve minutos. La terapia fue un éxito total.entre mundos cercanos. En el equipo había un lowcetiano. como indicó un cartógrafo hacía bastante tiempo. utilizándonos a nosotros como cobayos. el Científico Blando (psicología. mientras su bigote se iba cubriendo de pequeñas gotas de saliva–. y de hecho estuvo viviendo con el doctor Hammergeld hasta los dieciocho años. se ofrecería voluntaria para un viaje de medio milenio. El transbordador se fue y el Gum comenzó su viaje. Los investigadores eran escapistas. es el primer caso de completa curación del síndrome de Render. una variedad de autismo infantil que se pensaba era incurable. dos hainisianos y cinco terrestres. los miembros del equipo de Investigación podrían conocerse aún mejor. Su tripulación subió a bordo a través de un tubo. Con toda seguridad habría también una adorable estrella de luz dorada. a unos pocos cientos de miles de kilómetros por hora. –¡No. inadaptados. Ese hombre está loco. Mundo 4470. El Navegante Matemático Asnanifoil sabía muy bien dónde tendría que estar el planeta y calculaba que lo alcanzarían en diez días-E [días terrestres]. etc. dentro de una esfera de cuatrocientos millones de kilómetros. antropología. y desarrolló el tratamiento apropiado. pero fletada por el Gobierno de la Tierra. habría también un planeta verde. 256 años. En el espacio planetario. geólogo. Gum es un apodo lowcetiano.). la nave era de construcción cetiana. claro. la Gum no podría ir a una velocidad cercana a la de la luz. el Cientíco Duro (químico. en su caso. en Pesm. hámsters –dijo Maimón. El ya no es autista. como aprensivos espermatozoides que fueran a fertilizar el Universo. Gum reapareció en el espacio normal. Gum. bruscamente. ya sabes que Osden es verdaderamente un caso muy raro. era uno de los hombres de Hainish–. De hecho. Entretanto. nene o animalito casero. introvertidos. en lugar de cobayos. a menos que se trate de un experimento deliberado de incompatibilidad. En fin. además de psiquiatría. un hairycetiano. se contaba con que estuviera en las cercanías de la Estrella KG-E-96651. Voló durante algunas horas por el borde del espacio a unos pocos cientos de millones de kilómetros de Pesm y luego. generalmente. a una capacidad empática supernormal. planeado por la Autoridad. etc. Osden fue el primer paciente que siguió ese tratamiento. No logro entender por qué se le permitió ser miembro de este equipo. uno a uno. cortésmente. si lo hiciera. –¿Un éxito? –Pues sí.).

1976. otro hainishiano. aunque se perdiera la mayor parte de su disertación. El Ingeniero enrojeció y sonrió vagamente. a él no parecía importarle. –No hay nada que justifique que nadie sea un bastardo como él –dijo Porlock.. era una mujer de aspecto delicado. lo siente. Osden acababa de entrar en la cabina principal. el autismo seria preferible. yo sólo vi una sinopsis en el boletín del HILP. lo resuelve con un mecanismo agresivo-defensivo. Se detuvo. y le es difícil decir cuál es de cuál. –Hasta el momento –puntualizó Mannon con su sonrisita–. Nadie tiene párpados en las orejas. * _ Véase la novela El mundo de Rocannon. o sus ropas o la forma de dar la mano. mirando con aprensión las gotas de saliva del bigote de Porlock–. de pura ascendencia asiática. Osden y tú) es algo de lo que apenas se es consciente. Poco antes de dejar yo Hain llegó un informe muy interesante de uno de los mundos recientemente * descubiertos. pero. costumbres. Siente sus sentimientos y los tuyos. o cualquier cosa por el estilo. el biólogo. es algo que se pasa por alto. ¿por qué la incrementa con ataques e insultos constantes? No puedo decir que confíe mucho en la cura del doctor Hammergeld. –¿Y no puede ignorarnos? –preguntó Harfex.–Bueno.. ¡La empatia no es telepatía! Nadie ha llegado a ser telépata. con una voz sorpresivamente ronca. además de un espontáneo sentimiento de desagrado hacia su aspecto. mira –dijo Mannon. tú has aprendido a ignorarlo. que es un empático. quiéralo o no. –Nadie te odia a ti. –Sucede como con la acción de escuchar –respondió Olleroo. Editorial Bruguera S. querido –dijo Olleroo. profunda y suave–. –Actúa como si nos odiase –dijo Haito. por ejemplo. .. Osden. –No –le contestó Porlock–.. El oye nuestros sentimientos. El siente este desagrado. la Coordinadora. A. –y continuó hablando. –Entonces ¿por qué nos odia? –preguntó Eskwana. Como se le ha hecho olvidar su defensa autística. la reacción defensiva-agresiva normal que se establece cuando dos extraños se encuentran (como. Un tal Rocannon informa de algo que podría ser una técnica telepática susceptible de ser aprendida existente entre una raza de homínidos mutantes. los demás habían aprendido que podían hablar mientras Mannon lo hacía. Digamos que existe un elemento normal de hostilidad hacia cualquier extraño en la reacción emocional de ti hacia él cuando os encontráis.. ayudante del Científico Duro.. pintándole una uña a Eskwana con su laca fluorescente. en respuesta al tipo de agresión que tú proyectas sin proponértelo sobre él –Mannon siguió explicando cosas así durante largo rato. el Ingeniero. colección Nova 2. Mannon. dejando de pintarse las uñas con laca fluorescente–.. maneras. –¿Sabe lo que estamos pensando? –preguntó Eskwana. falta de atención. Nadie puede desconectarse de la empatia. Si sufre con nuestra hostilidad. hasta el punto de que incluso negarías que existe. Sin embargo.

Eskwana se había ido repentinamente a dormir. bien preparados. los cetianos no eran muy inclinados a aceptar lo obvio. los párpados surcados por las venas y los ojos sin color. Porlock tenía los ojos llenos de lágrimas.Parecía que le habían despellejado. Harfex. Esta misión va a fallar –le susurró Harfex a la Coordinadora. ¿por qué eres tan insoportable? Ander Eskwana bajó la cabeza y se cubrió la cara con las manos. Olleroo miraba con una expresión ausente y sin embargo ansiosa. –No puede explicarse su presencia en el equipo sino como un complot por parte de la Autoridad terrestre. dijo: –Una razón de peso puede ser que debamos pasar juntos varios años. Acabo de darme cuenta ahora. y se mantenía físicamente tan alejado de todos ellos como le permitían las dimensiones de la cabina–. Su cara carecía de expresión. Porlock? ¿No puedes mirarme? Continúa con las prácticas de autoerotismo en la forma en que lo estabas haciendo la pasada noche. como la sangre muy seca. pero tampoco eran azules o grises. Nunca miraba directamente a nadie. hombre paciente y reservado. eso te hará bien. El cabello tenía una tonalidad herrumbrosa pálida. todo se le apreciaba tan claramente como si estuvieran hechos para una lección de anatomía. como un dibujo de anatomía. Ninguno de vosotros constituye en sí mismo razón alguna para que yo cambie de actitud. –Estoy de acuerdo –dijo con una voz alta y áspera de tenor– en que incluso el autismo sería preferible a esta niebla de emociones ordinarias y de mal gusto con la que me rodeáis. infinitamente penetrable. pero pensaron que exageraba. inestables y personalmente simpáticos. Tenía la piel extrañamente blanca y fina. no miraba a Asnanifoil. La tensión le asustaba.. –¿Acaso no has entendido que no me importáis un comino? –le atajó Osden. Lo que más se le notaba eran los pómulos. Luego tomó sus cintas y salió. dejando en ellos una claridad fría como de agua. los colores habían desaparecido de los ojos de Osden. sus venas destacaban como un mapa de carreteras en rojo y azul. el hairycetiano. No tenía los ojos rojos porque no era albino. Su manzana de Adán. Asnanifoil estaba dibujando figuras en el aire con el dedo y murmurando el Ritual. echando miradas furtivas sobre su hombro. –Osden –dijo Asnanifoil. tenían razón. ¿Por qué estabas diciendo ahora que me odias. Los Investigadores esperaban que sus compañeros de equipo fueran inteligentes. Ya les había dicho que todos estaban locos. Asnanifoil se encogió de hombros. con su peculiar voz baja–. Tenía ojeras y las pestañas sólo se le veían bajo cierta luz. Sin embargo. . –¿Y por qué no iba a serlo? –replicó Osden. el eterno espectador. los huesos y los ligamentos de sus muñecas y manos. ¿Quién demonios ha movido mis cintas? No quiero que nadie roque mis cosas.. La vida será mejor para nosotros si. o como si estuviera desollado. los músculos que le rodeaban la boca.

el señor Sin-Piel. tumbada. –Vosotros no vais tras los hechos. hacia aquel pobre bastardo arrogante y emponzoñado. y se esperaba que las depresiones. El título de Osden era nuevo: era el Sensor del equipo. Estáis intentando llegar hasta mí. pensó que el tono de su voz había sido admirablemente tranquilo. perra! –le gritó. su amplio margen de receptividad bioempática. –Entonces no podrá establecer ninguna relación humana.. un poco de curiosidad y una gran cantidad de desagrado. –Pobre desgraciado –dijo Olleroo–. su poder de empatía. e incluso casi pena hacia él. sería interesante saber lo que siente alguien cercano y los sentimientos que se tienen hacia esa persona.Habrían de trabajar juntos en espacios reducidos. Podía compartir la sensualidad con un ratón blanco. ¿no te importa si Harfex viene un rato esta noche? –¿No puedes ir tú a su departamento? Estoy harta de ir a sentarme a la cabina . Pero ¿con qué esperaba encontrarse comportándose como se comportaba? ¿Amor? –Supongo que no puede soportar que nadie sienta piedad por él –dijo Olleroo. ¿Queréis comprender de una vez por todas que no quiero que os acerquéis a mí. fobias y compulsiones de unos y de otros fueran lo suficientemente moderadas como para permitir unas buenas relaciones personales. todavía tranquila. Osden podía ser inteligente. Como podríais acercaros a un perro muerto o ver los gusanos retorcerse.. mientras ella permanecía en silencio. que deseo estar solo? –su piel se cubrió de manchas rojas y violeta. acariciándose el pecho. Tomiko. paranoias. Todo lo que su doctor Hammergeld hizo fue sacar al exterior a un autista. No podía exhibir en su favor más que aquel don singular suyo. –Lo único que intentaba es conocer algunos hechos –dijo ella. La Autoridad había decidido que sería muy útil en un mundo extraño. –¿Qué es emoción. Este don no era específico. intentando entrar en contacto con él–. su pregunta no había sido más que un pretexto. Osden? –le había preguntado un día Haito Tomiko en la cabina. manías. pero tuvo que salir y dirigirse a su departamento. hablando con propiedad. un simple esfuerzo por interesarle. mientras elevaba la voz–. –Cálmate –dijo ella. pero su preparación era escasa y su personalidad desastrosa. Con una mezcla de un poco de miedo. al menos durante gran parte del tiempo. Estaba claro que él había acertado sus motivaciones. ¡Revuélcate en tu propia porquería. podía captar emociones y percepciones de cualquiera que las sintiera. Estoy vadeando a través de vuestras heces. ¿Qué es exactamente lo que captas de nosotros con tu sensibilidad empática? –Porquería –respondió él en voz alta y exasperada–. ¿Pero qué había de malo en ello? ¿No implicaba aquello un respeto por el otro? En el mismo instante de formularse aquella pregunta había sentido una poderosa sensación de repulsión hacia él. dolor con un pájaro aplastado y fotofobia con un murciélago. Los excrementos psíquicos del reino animal. como le llamaba Olleroo.

su subcultura terrestre. Su inestabilidad personal apenas había sido nunca tan clara como en aquel momento: era un profundo desagrado de sí misma que se manifestaba en forma destructiva. una sensación de comunidad les invadió. les servía ahora para unirlos. aunque sí que lo sabía. Tomiko no había llorado desde que tenía diez años. sostenía que el plástico cortaba el sonido empático . Aquí sería mejor. El egoísmo de Osden. Lo que los terrestres llaman víctima propiciatoria. sobre los continentes no había ninguna de esas líneas y montones que hacen los animales que construyen. No había luces en la parte en que era de noche. Entraron en órbita. Tal vez su influencia nos sea beneficiosa. o quien sea. que tenía una pantalla para él solo y la cabeza dentro de una bolsa de politeno. –Le odias. no serviría para nada hacerlo. Se había declarado voluntaria para aquel trabajo porque. Aquélla no era una nave feliz. –Claro que no –le espetó Osden. –Pues dales gusto a los dos. con el pincel de las uñas en la mano y los ojos muy abiertos. Mientras miraban cómo crecía el disco de jade. –No hay hombres –murmuró Harfex. La pequeña beldenense levantó la vista. era puritana. ya que ellos comparten la cabina. pero la situación mejoró cuando Asnanifoil y su computadora encontraron el Mundo 4470. el Planeta Jardín. eso que has dicho es muy desagradable. –Entonces inténtalo con Osden –dijo Tomiko. entonces –dijo Tomiko con la acritud de la modestia ofendida. Beldene. –Me gusta estar solo con uno cada noche –le contestó Olleroo con inocente serenidad. como algo verdadero en el fondo de un Pozo de gravedad. recogió algunos de sus papeles y salió de la cabina. su premeditada crueldad. –¿Por qué? –¡Sería una vileza! ¡No me siento atraída por Osden! –No sabía que eso te importara –dijo Tomiko con indiferencia. como una joya de un verde obscuro. acabéis pronto. Olleroo se había puesto a llorar. puntualizando–: Espero que tú y Harfex.principal con ese maldito nabo. pero es que anoche dormí también con Harfex y Asnanifoil puede sentirse celoso. –Tomiko. no había descubierto nunca la castidad. ella lo había heredado de casta. Allí estaba. Lo hacía con facilidad. estoy cansada. con toda probabilidad. tan preocupados estaban de no herir los sentimientos de los otros. ¿verdad? Me imagino que él lo nota. después de todo –y nadie le contradijo. –Tal vez –dijo Mannon– le han enviado para que nos sirva de acicate. la del este asiático.

. Coordinador Haito. Había dejado la pantalla y se estaba sirviendo una taza de té. Conversaban en voz baja.que recibía de los demás–. señor Sensor. Sabían que sus voces rompían un silencio de millones de años. las hojas y el viento. un viento cálido cargado de esporas y polen. os lo diré. y hubieran ignorado totalmente las decisiones de cualquier oficial de servicio. violeta. púrpura. Se probó que las previsiones del biólogo eran correctas. La rigidez quitinosa de la disciplina militar resultaba totalmente inconcebible para esos equipos de Científicos Locos. Plantas: infinitas plantas. la doctora Haito Tomiko había recibido el título de Coordinador. Sin embargo. Los Investigadores caminaban como excursionistas sobre llanuras soleadas de fllicaliformes violetas. Infinitos silencios. triste y sereno. Estamos a dos siglos luz del límite de la Expansión hainishiana. acariciando las hojas. soplando y cesando de soplar. y fuera de él no hay hombres. el silencio del viento y las hojas. por favor. no de la vida. reconsideraré mi responsabilidad. Todas las formas de vida que existían eran fotosintetizadoras o saprófagas. marrón y rojo. Infinitas tonalidades de verde. donde había vida. por una inescrutable decisión de la Autoridad. páramos sin matorrales. pero Osden pareció tambalearse de espaldas a ella: como si la ira de la mujer le hubiera golpeado con fuerza física. –Parece una pura fitosfera –dijo Harfex–. Osden. Incluso Osden no parecía tan inexpresivo como de costumbre. Pero si persistes en darme órdenes. rozaba las cámaras extensibles. bosques sin flores que jamás nadie pisó. Lo único que se movía era el viento. Rara vez respondía a las preguntas. –¿Cómo podría «captar» ninguna sensación del exterior –dijo Osden sin volverse– con las emociones de nueve homínidos neuróticos pululando a mi alrededor como gusanos en una lata? Cuando tenga algo que deciros. ¿crees que la Creación hubiera podido cometer el mismo error absurdo dos veces? Ninguno le prestaba demasiada atención. aunque no humana. conteste al señor Harfex. Descendieron sobre el mar. pero. rodeaba la nave. Y además. estaba temblando. reconocieron el aire. Un mundo cálido y triste. pero ninguna de las especies conocidas por los visitantes. que jamás contempló nadie. una y otra vez. manchando las lentes de un fino polen. Soy consciente de mi responsabilidad como Sensor. y lo que veían no era desolación sino paz. Cuando comenzaron a realizar los correspondientes análisis no encontraron animales ni entre los microorganismos. Confío en que de ahora en adelante las órdenes no sean necesarias –la voz de toro de Tomiko sonaba tranquila. No respondió. Entre los hombres siempre existían problemas. Allí nadie se comía a nadie. vivían de la luz o de los seres muertos. hablándose suavemente. y ahora ejercía su prerrogativa por primera vez. –Señor Sensor Osden –dijo–. Una llanura de algo parecido a la hierba. ¿captas algún sentimiento? Todos se volvieron hacia el Sensor. –Muy bien. su cadena de mando descansaba en cierto modo entre el procedimiento parlamentario y la orden informal. miraban con cariño aquella inmensidad de jade que discurría bajo ellos. verde y grueso. extendiendo el dulce polvo verde pálido por las praderas de enormes hierbas. aterrizaron.

Hierbas cortas. que sufría ataques epilépticos. –Me comentó que odia las plantas –dijo Olleroo con una risita. veinticinco horas o más de las treinta y dos que tenían los días. Porlock? El químico se echó a reír. de una forma u otra. saboteándolo. Sin cambios. ¿Lo has hecho tú. Todas iguales. Subyugados por el increíble silencio.siendo humanos. durmiéndose mientras reparaba una radio o comprobaba los circuitos de un helijet. cuyo trabajo consistía principalmente en reparaciones y mantenimiento. mirando a las dos mujeres–. biólogo y técnico. –Supuse que le gustaban. no lo ha hecho –dijo Jenny Chong. Y Osden odia todo lo que está vivo. Mannon la había . ¡No está hecho para convivir con otras personas! Aterrizaron en el Polo Norte. Nadie le pidió a Osden que les acompañara en sus vuelos o sus expediciones fotográficas. –El no es realmente tan malo –dijo Olleroo. Eskwana había comenzado a dormir mucho. –Osden no puede soportar que le toquen –dijo Olleroo amargamente–. puesto que no le molestan tanto como nosotros. mirando las ondulaciones purpúreas del bosque circumpolar–. Acabará destruyendo este equipo. como tres virus moviéndose en el seno de un gigante inmóvil. Todo ese fantástico mecanismo de alta fidelidad en su cerebro y sin nada que recibir. mientras pilotaba un helijet sobre el cuadrante polar norte–. como si yo fuera una cosa sucia. Introdujo los datos botánicos taxonómicos de Harfex en las computadoras de la nave e hizo de ayudante de Eskwana. –Pero todo está vivo –dijo Jenny Chong–. Un hombre solo ahí perdería la cabeza. –Pobre viejo Osden –decía Jenny Chong. Porlock la miró de reojo y preguntó: –¿No te has acostado nunca con él. no podían evitar conversar. y él nunca se ofreció a acompañarles. No había nadie más allí a excepción de Poswet To. Olleroo? Olleroo se puso a llorar y gritó: –¡Los terrestres sois unos obscenos! –No. La Coordinadora se quedó un día en la base para observarle. Una vez le rocé sin querer y me apartó bruscamente. de modo que apenas abandonaba la base. los tres Investigadores cogieron sus instrumentos y recogieron muestras. magnánima. –Es malo –dijo Porlock. No somos más que cosas para él. lo cual equivalía a decir una sola dirección: sur. mientras las correspondientes gotas de saliva aparecían en su bigote. Un sol de medianoche caía sobre unas suaves colinas. –Yo no puedo decir lo mismo de esas plantas –dijo Porlock. secas y de un rosa verdoso se extendían en todas direcciones. Recuerda mis palabras. defendiéndola–.

Cuando no sepa cómo hacerlo. –¿Pero cómo puedes esperar que sienta afecto por ti si te comportas como lo estás haciendo? –¿Y qué importa cómo me comporte. –¡Con placer! –dijo con su voz vengativa–. pero él evitaba su mirada. con la cabeza apoyada en la mesa. –Pero sí eres responsable de las tuyas. No podrías imaginar lo que es experimentar los irracionales terrores de Eskwana. Pero como vi que tenías ahí la 840. ¿Qué es lo que sabes tú acerca de la compasión? Ella le miraba. Y las recibo. Al cabo de un minuto Tomiko lanzó una mirada a su alrededor. Puedo hacerlo de una forma más precisa de lo que podrías tú. procura no estar con él. ¿por qué no induces nunca la más ligera compasión por tu parte? –Compasión –dijo Osden–. –¿Quieres que verbalice tu actual situación emocional con respecto a mí? – preguntó–. acaso piensas que eso significa algo? ¿Crees que la naturaleza humana es un pozo de amor? Para mí no . Estoy adiestrado para analizar esas respuestas a medida que las recibo. ni habló. Eskwana es esencial para nuestro trabajo aquí. –Osden. Osden dejó a un lado sus herramientas y se levantó. estúpida cerda. Si no puedes controlar tu hostilidad. –Deberías utilizar la micro 860 para cerrar esa conexión –dijo Eskwana con su voz suave y vacilante.introducido aquel día en un circuito de terapia en estado catatónico preventivo. –¡Obviamente! –Lo siento. pero por la postura del hombre se notaba que estaba escuchando. pediré tu consejo. ¡Tener que compartir su terrible cobardía. tener que amedrentarse con él ante cualquier cosa! –¿Estás intentando justificar tu crueldad con él? Creí que tenías más dignidad – Tomiko se dio cuenta de que estaba temblando de ira–.. Eskwana estaba dormido. Ingeniero. Tomiko introducía informes en el almacén de datos y vigilaba a Osden y a Eskwana. El blanco rostro no se volvió. Pasaron dos horas. –Yo no soy responsable de sus reacciones psicóticas. Si es cierto que tu poder empático te hace compartir la desgracia de Ander. Compasión. –No es posible que no te des cuenta de la vulnerabilidad de Eskwana.. –Y la colocaré en su lugar cuando saque la 860. y tú no.

–se le salían los ojos de las órbitas. Haito –dijo él en un tono de burla–. ella permaneció en silencio durante unos momentos. cínicamente: –¿Serías capaz de matarte. Detrás de mí –miraba a los demás con los ojos opacos por el terror o el cansancio. Todo hombre posee. después de haber trabajado con las carnosas y altas graminiformes. En el bosque. –Siéntate. Una cosa grande. No puede haber un animal tan grande. Moviéndose.. Fue sólo un movimiento. No sé lo que puede haber sido. Y aquí estoy yo.) Mannon.. En el borde del bosque. El Científico Duro regresó a la base corriendo. un. Osden? –Esa sería tu forma de actuar. prefiero ser odiado. detrás de mí. Harfex ni siquiera ha mirado aún los bosques. Ahórranos tu presencia. esa orgía mística de matemáticas superiores que supone el mayor placer del alma religiosa cetiniana. vuelve a contárnoslo. Tuvo un desvanecimiento. Asnanifoil y Poswet To mantuvieron una Epifanía Numérica durante toda la noche.. Estarás fuera de toda conexión empática. nadie entrará en tu radio de acción.. ¿Qué quieres que haga yo aquí? –Vete. (La música llevaba a Osden al borde de la locura. Comunícate todos los días a las ocho y a las veinticuatro en punto. Porlock. Coge un vehículo aéreo y un administrador de datos y vete a contar especies. Eskwana se mantenía despierto dieciocho horas al día.. Harfex parecía enfadado. –Algo. Yo soy único.hay más alternativa que ser odiado o ser despreciado.. Harfex. Desbordada por aquel torrente de solipsismo abismal. Olleroo se acostó con todos. Como no soy ni una mujer ni un cobarde. –No con claridad. –Carroña. y no supieron nada de él durante cinco días. –No hay nada aquí que pueda atacarte.. Has visto algo.. Poswet To sacó su laúd estelar y cantó las armonías celestiales. Autocompasión. Ahí estáis todos vosotros. –Pero yo no soy un hombre –la atajó Osden–.. Entre los árboles. Jenny Chong y Tomiko dejaron de tomar tranquilizantes. Era como si nadara entre los árboles.. Y ahora. una enredadera que se . Tranquilízate. aparte de dos lacónicas señales diarias comunicando que se encontraba bien. en el bosque. Yo no soy un depresivo y el seppuku no es mi plato favorito.. los arboriformes o como quiera que los llamemos. luego dijo sin ira ni piedad. Porlock. jadeaba y le temblaban los dedos y el bigote–.. Algo que poseía movimiento propio. Porlock destiló no sé qué cosa en su laboratorio y se lo bebió todo entero. Yo estaba trabajando cuando vino hacia mí. El trabajo marchaba bien. Un. Elige un área de cien metros cuadrados. –¿No es posible que vieras caer de repente un epifito. No hay ni siquiera microzoos. El humor de la gente de la base cambió. Osden se fue.

desplomara detrás de ti? –No –dijo Porlock–. Se dirigía hacia mí, a través de las ramas, muy rápido. Cuando me volví despegó de nuevo. Hizo un ruido, una especie de chasquido. ¡Si no se trata de un animal, Dios sabe lo que puede haber sido! Era grande, tan grande como un hombre. Me parece que era rojizo. No lo pude ver, no estoy seguro. –Era Osden –dijo Jenny Chong– haciendo de Tarzán –se echó a reír nerviosamente, y Tomiko reprimió una fuerte carcajada; pero Harfex no sonreía. –Uno se encuentra incómodo bajo los arboriformes –dijo con su voz educada, contenida–. Yo me he dado cuenta de ello. Puede que por eso haya dejado de trabajar en los bosques. Existe una cualidad hipnótica en los colores y en los ritmos de ramas y hojas, especialmente las helicoidales; y los generadores de esporas están colocados de una forma tan regular que no parece natural. Subjetivamente hablando, lo encontré casi desagradable. Me pregunto si un fuerte efecto de ese tipo podría producir una alucinación... Porlock movió la cabeza y se humedeció los labios. –Estaba allí –dijo–. Había algo, moviéndose con un fin. Intentaba atacarme desde atrás. Cuando Osden llamó, puntual como siempre, a las veinticuatro en punto aquella noche, Harfex le informó de lo sucedido. –¿Has captado algo que pueda apoyar la impresión de Porlock de una forma viva y en movimiento en el bosque? Sssss, dijo la radio sardónicamente. –No. Mierda –contestó Osden con su desagradable voz. –Has permanecido en el bosque mucho más tiempo que nosotros –dijo Harfex con su inagotable educación–. ¿Estás de acuerdo con la impresión que yo tengo de que el ambiente del bosque es más bien perturbador y puede tener un efecto alucinógeno sobre las percepciones? Sssss. –Estoy de acuerdo en que las percepciones de Porlock se alteran fácilmente. Que se quede en su laboratorio. Allí causará menos problemas. ¿Alguna otra cosa? –No, por el momento –dijo Harfex, y Osden cortó la comunicación. Nadie dio crédito a la historia de Porlock, pero tampoco pudo rebatirla nadie. Lo cierto es que algo grande había intentado atacarle por sorpresa. Eso era difícil negarlo, porque estaban en un planeta extraño, y todo el que había entrado en el bosque había sentido un cierto escalofrío bajo los «árboles». («Llamadlos árboles – había dicho Harfex–. En realidad son lo mismo, aunque, naturalmente, diferentes.») Todos estuvieron de acuerdo en que se habían sentido incómodos, o que habían tenido la sensación de que alguien les miraba entre los árboles.

–Tenemos que aclarar esto –dijo Porlock, y pidió voluntarios para internarse en el bosque con él para explorar y observar. Olleroo y Jenny Chong se ofrecieron voluntarias si podían ir las dos. Harfex las envió al bosque que estaba cerca de donde habían acampado, una gran extensión que cubría gran parte del Continente D. Les prohibió que llevaran armas blancas. No tendrían que salirse de un semicírculo de cincuenta kilómetros, que incluía el lugar por donde investigaba Osden. Se comunicarían con la base dos veces al día, durante tres días. Porlock informó haber visto de refilón algo que parecía una gran figura semierecta moviéndose a través de los árboles en dirección al río; Olleroo estaba segura de haber oído algo moviéndose cerca de la tienda la segunda noche. –No hay animales en este planeta –dijo Harfex con terquedad. Entonces Osden dejó de hacer su llamada matutina. Tomiko estuvo esperando algo menos de una hora y luego voló con Harfex al área donde había informado estar Osden la noche anterior. Pero cuando el helijet sobrevolaba las impenetrables e ilimitadas extensiones de hojas purpúreas, sintió un pánico desesperante. –¿Cómo vamos a encontrarle ahí? –Informó que estaba junto al río. Busquemos el vehículo aéreo, puesto que él debe de estar acampado cerca, y no puede alejarse demasiado de su campamento. Contar especies es un trabajo lento. Ahí está el río. –Y ahí está el vehículo –dijo Tomiko, captando un brillo ajeno a aquella naturaleza entre los colores y las sombras vegetales–. Por allí debe de estar, entonces. Descendieron. El mar de vida se cerró sobre sus cabezas. Cuando sus pies tocaron el suelo del bosque, ella desabrochó la funda de su pistolera; luego, viendo que Harfex estaba desarmado, no sacó la pistola, pero mantuvo su mano sobre ella. No se oía el más mínimo ruido, aunque estaban a unos pocos metros del lento y amarronado río, y la luz era escasa. Grandes troncos de árboles se repartían por la zona con gran regularidad, casi simétrica; unos parecían cubiertos por una fina piel, otros eran sedosos, otros esponjosos, grises, marrón verdoso o marrones, unidos por lianas y festonados con epifitas, ramas parecidas a las de los sauces, rígidas, llenas de hojas obscuras, formando conjuntos de veinte y treinta metros de espesor. El suelo era elástico como un colchón, totalmente cubierto de raíces y de una hierba de hojas pequeñas y carnosas. –Ahí está su tienda –dijo Tomiko, asustada por el propio sonido de su voz en medio de aquel silencio. En la tienda estaba el saco de dormir de Osden, un par de libros y una caja de comida. Tomiko pensó que tendrían que llamarle, gritar su nombre, pero no se atrevió siquiera a sugerirlo; tampoco lo hizo Harfex. Dieron una vuelta alrededor de la tienda, cuidando de no perder de vista aquellas inmensas formas, aquellos troncos que se agrupaban junto a ellos. Tomiko encontró el cuerpo de Osden a unos treinta metros de la tienda, al llamarle la atención el brillo de su libro de notas.

Estaba tendido boca abajo entre dos enormes raíces de árbol. Tenía la cabeza y las manos cubiertas de sangre, en parte seca, en parte todavía fresca. Harfex apareció junto a ella, con su pálida piel casi verde bajo aquella luz. –¿Muerto? –No. Ha sido golpeado. Por detrás –los dedos de Tomiko recorrieron su cráneo ensangrentado, sus sienes–. Con un arma o un utensilio. No logro encontrar fracturas. Cuando le dio la vuelta, los ojos de Osden se abrieron. Ella le sujetaba, muy cerca de su cara. Los pálidos labios del hombre temblaron. Un miedo mortal invadió a Tomiko. Lanzó dos o tres fuertes gritos, e intentó huir corriendo, tropezando, hacia la terrible espesura. Harfex la alcanzó, y con el efecto de su voz y el contacto de su mano, su miedo fue disminuyendo. –¿Qué te sucede? ¿Qué te sucede? –le preguntaba él. –No lo sé –dijo ella, sollozando; su corazón le latía aún fuertemente y no lograba ver con claridad–. El miedo... el... Me invadió el pánico. Cuando vi sus ojos. –Los dos estamos nerviosos. No comprendo esto... –Ya me encuentro bien. Vamos, tenemos que trasladarle para poder curarle. Actuando de prisa, llevaron a Osden a la orilla del río y le cubrieron con una manta; colgaba como un saco, retorciéndose un poco sobre el obscuro mar de hojas. Le colocaron en el helijet y despegaron. En un minuto se hallaban en campo abierto. Tomiko cerró su pistolera. Lanzó un profundo suspiro y sus ojos se encontraron con los de Harfex. –Estaba tan aterrada que casi me desmayo. Nunca había hecho nada semejante. –Yo también... estaba irracionalmente asustado –dijo el hainishiano, y en efecto parecía tembloroso y envejecido–. No tan mal como tú, pero de forma igualmente irracional. –Fue cuando entré en contacto con él, al sujetarle. Durante un momento pareció estar consciente. –¿Empatía...? Espero que pueda decirnos qué fue lo que le atacó. Osden yacía como un muñeco roto cubierto de sangre y barro mientras salían apresuradamente del bosque. Hubo más pánico desatado cuando llegaron a la base. La absurda brutalidad del ataque resultaba siniestra y aterradora. Puesto que Harfex había establecido sin lugar a dudas que no existía ninguna posibilidad de vida animal, comenzaron a especular acerca de plantas conscientes, monstruos vegetales, proyecciones psíquicas. La fobia latente de Jenny Chong se despertó y ya no pudo hablar más que de los Egos Obscuros que seguían a la gente por la espalda. Olleroo, Porlock y ella habían vuelto a la base; nadie tuvo la idea de salir de nuevo.

Osden había perdido bastante sangre durante las tres o cuatro horas que había permanecido solo, y las graves contusiones le habían puesto en un estado de semicoma. Cuando finalmente volvió en sí y le fue bajando la fiebre, llamó varias veces al «doctor» con voz átona: «Doctor Hammergeld...» Cuando se despertó totalmente, al cabo de dos largos días, Tomiko llamó a Harfex a su departamento. –Osden, ¿puedes decirnos qué fue lo que te atacó? Sus pálidos ojos estaban fijos en un punto más allá de la cara de Harfex. –Fuiste atacado –le dijo Tomiko cariñosamente; aquella mirada era odiosamente familiar, pero ella era médico, protectora del que sufre–. Puede que no lo recuerdes aún. Algo te atacó. Estabas en el bosque... –¡Ah! –gritó, mientras sus ojos centelleaban y sus facciones se contorsionaban–. El bosque... en el bosque... –¿Qué sucedió en el bosque? Tomó aliento. Su cara se iluminó, ya plenamente consciente. Al cabo de un momento, dijo: –No lo sé. –¿Viste lo que te atacó? –preguntó Harfex. –No lo sé. –Lo recordarás ahora. –No lo sé. –Puede que las vidas de todos nosotros dependan de ello. ¡Debes decirnos lo que viste! –No lo sé –repetía Osden, sollozando débilmente. Estaba demasiado agotado como para ocultar expresamente la respuesta. Allí cerca, Porlock mordía su bigote intentando escuchar lo que se decía en la habitación. Harfex se inclinó sobre Osden y dijo: –Vas a decirnos... –Tomiko tuvo que intervenir enérgicamente. Harfex se controló mediante un doloroso esfuerzo. Salió en silencio y se dirigió a su departamento, donde con toda seguridad se tomó una dosis doble o triple de tranquilizantes. Los demás hombres y mujeres, repartidos por el gran edificio, que tenía un amplio salón y diez dormitorios, no decían nada, pero parecían deprimidos. Osden, como siempre, los tenía a su merced. Tomiko le miró con un odio que le quemaba en la garganta como si fuera bilis. Su monstruoso autismo se había introducido en las emociones de los demás y su absoluto egoísmo era peor que cualquier deformidad de la carne, por horrible que ésta fuera. Igual que un monstruo congénito, no debería haber vivido. No debería estar vivo. Debería haber muerto. ¿Por qué no le habrían abierto la cabeza?

Era consciente de lo que sentía y de lo que. –No –dijo con una voz débil. Ella no estaba. Lo que sentía por él era ontá. Ella confiaba en eso: no hay más que una emoción que pueda reinvertirse totalmente. Me he dado cuenta de ello. enamorada de Osden... con las manos caídas a los lados y sus descoloridos ojos muy abiertos. Al quedarse dormido. no respondas. otras cosas –dijo de forma casi inaudible. Tomiko se dirigió hacia él. No me importa quién ha sido. ahora lo comprendo. Fue uno de nosotros. No deseo herirte.. Permítemelo. interés. No puedes darte cuenta de lo difícil que resulta para nosotros comprender. Bruscamente. Escucha. Se produjo un largo silencio entre ellos. odio polarizado. Pero escucha. Osden. Diez. En hainishiano existía una palabra para designarlo: ontá. No comprendo cómo ha sucedido.. Lo siento mucho. Eso no tiene importancia. Ella mantenía su mano entre las suyas y la corriente fluía entre ambos. que valía para el odio y para el amor. y éste se encontraba casi relajado. –El bosque –murmuró. la tremenda electricidad del toque que él siempre había temido.. Lo sentiste. como quien ha tenido un gran dolor y se lo están aliviando. –Supongo que había ruidos procedentes de mi subconsciente. él yacía allí.. no importa. pero siguió manteniendo su mano sobre la de Osden y se quedó mirándole mientras se dormía. Durante un minuto estuve loca de miedo.. Al menos ahora no había odio. se relajó.Mientras tanto. pero no me equivoco. polarizarse en un momento. Osden.. El intentó retirarla. ¿verdad? Había simpatía. ¿Fue tu miedo hacia mí lo que yo sentí? –No. No importa. Podría haber sido yo mima. volviste parcialmente en ti y yo sentí horror de ti. Osden? ¿Es eso lo que sentiste? –Entre. Miedo. Él intentó apartarla. Descansa. a punto de dormir. buenos deseos. pero no tuvo fuerzas. Si hubiera amor. Cierto que hay animales en este planeta. Quiero sentir afecto por ti. por ello. cuando intenté darle la vuelta a tu cuerpo. Lo siento. cuando te encontramos en el bosque.. él debía sentir. –Osden –murmuró ella–. ¿verdad? No. blanco y sin fuerzas. hace un momento solamente. ella apenas podía entenderle–. en vez de odio o miedo. No te preocupes. –¿Por qué no? ¿Por qué no puede suceder nunca? ¿Somos tan débiles los seres humanos? Es terrible. el anillo de músculos que rodeaban su boca y que parecían un grabado de anatomía. y Tomiko vio en su cara lo que ninguno de ellos había visto . Ella no continuó presionándole. ¿verdad. Había lágrimas en ellos. Estoy en lo cierto. ¿Nunca habrá amor? –No.. escucha. e intentó levantar las manos para protegerse la cabeza–. por supuesto. ¡No! Ella se sentó junto a la cama y al cabo de unos instantes puso su mano sobre la del hombre. Su mano estaba todavía sobre la del hombre. dime solamente si me equivoco.

quedó sorprendida cuando escuchó una carcajada débil.. Cerró la boca y los músculos de sus labios se pusieron rígidos. Incluso Harfex. como muchas veces había hecho el propio Osden. Y él le contestó con el tono seco y cauteloso que ambos estaban ahora utilizando: –No. Mejoró.nunca antes: una sonrisa. porque perderían la confianza entre ellos. Puede que tengas razón en no querer contarles la verdad. Al otro lado de la cortina de politeno los otros ocho seres humanos del Mundo 4470 se movían lentamente. –Están todos asustados –dijo Tomiko. salvado por un hombre. –¿Por qué? –Hay algo. –En parte. Harfex quería interrogarle. a vivir. Pero ¿por qué somos todos tan débiles. y nos desmoronamos con tanta facilidad? ¿Estamos todos realmente locos? –Pronto lo estaremos más. y en la extraña crueldad de los grandes doctores. Fue Padre/Madre/ Dios. –¿En el bosque? . Al día siguiente ya se sentaba y estaba hambriento.. Están haciéndose mil conjeturas acerca de qué sería lo que te atacó. –¿Es verdad que esto te evita la recepción empática? –le preguntó ella. Este mundo sería peor. El doctor Hammergeld pensó que sería eficaz. protección y amor. Eskwana dormía. –Entonces no es más que una advertencia. Un hombre que le dio todo. de espinaca gigante. Una especie de patata-mono. pensando en la increíble soledad de Osden. Una vez sintió el amor. Luego desapareció.. Coordinadora? Todos hemos dejado a nuestras familias atrás. Jenny Chong intentaba disponer las luces de su cubículo de tal manera que no proyectaran ninguna sombra. un niño que se ahogaba. –Murió hace unos dos siglos y medio –respondió Osden–. Poswet To estaba en terapia. Colgó una sábana de politeno sobre la puerta del cubículo. Un hombre que le enseñó a respirar... El siguió durmiendo. sofocado por las emociones agresivas de los adultos. ¿Olvidas dónde estamos. Es más bien autosugestión. tan incapaces de enfrentarnos con los hechos. no sé. –¿Un ente sensible? –Una sensibilidad. Puede que lo sea en cierta medida. pero Tomiko se lo impidió. Un niño aterrorizado. –¿Vive todavía? –le preguntó Tomiko. Sus voces eran ahogadas.. asustada–. forzada.

lo mismo que nos ha pasado a nosotros.. Osden no ha visto ni oído aquella. Tenía la cara metida en la suciedad. Como si finalmente hubieran sabido que yo estaba allí. –¿Ellos? ¿Quiénes son ellos... ello. aquella cosa sensible. ya lo sabes. Supongo que podía sentir las raíces. sino una sensación empática. Y también está seguro de que no lo captó de nosotros. Pero cuando volvió en sí. no pudo ver nada. Desgraciadamente. La cosa llegó y le golpeó con un instrumento contundente. Debajo de mí. solo en el bosque. No podía moverme.. Está seguro de eso. Como si estuviera encajado en él. yaciendo sobre ellas. No podía ver nada. Lo que se teme es ajeno. El asesino es un alienígena. No podía detener el proceso de seguir reenviándoles el miedo y éste seguía aumentando. no uno de nosotros. De forma que. –Estabas inmovilizado. y creyó que ella y Osden estaban confabulados y que escondían un hecho de gran importancia o peligro para el resto del equipo. eso fue como combustible arrojado al lento fuego de la ansiedad paranoide que ardía en el pobre Harfex. Osden? –Ellos. Era capaz de darme cuenta de que tenía las manos llenas de sangre y que era la sangre la que ensuciaba mi cara. sintió un gran miedo. como si formara parte de él. Harfex? –preguntó Tomiko. incluso había bloqueado esa comprensión–. entre ellas. Se parecía más bien a un estado de paralización progresiva. mi querida Haito –dijo Harfex con rabia mal reprimida–. Aquella materia estaba en mis ojos y nariz.. no lo sé. –¿De qué estaba hablando? –le preguntó Harfex cuando Tomiko le informó de su conversación. sino en su cerebro. No su propio miedo. Tomiko sintió que el miedo erizaba sus cabellos.El asintió. Sentí el miedo. en ese suelo blanduzco. –Es como el ciego que intenta describir un elefante. Cuando caí allí. El miedo. enterradas en el suelo. Como si estuviera dentro del suelo. No podía levantarme. –¿Qué es. –Yo estaba sobre el suelo. no podía echar a correr.. . la cosa que ellas temían. bajo ellas. y que sin embargo era parte de su miedo. y yo no podía moverme. ¡El mal no está en mí! El primer golpe ya le dejó fuera de combate –continuó Tomiko débilmente–. –Pero él lo sintió. pero él no quiso entender su tono significativo. No lo sé.? –El miedo –de nuevo pareció inquieto–. O tal vez fui recuperándolo poco a poco. en el suelo. Fue en aumento. no perdí el conocimiento del todo. Como tampoco ellos. ¿No captó nada de ella? –¿Qué es lo que debería haber visto. Sabía que me encontraba entre dos árboles pese a que nunca los había visto. notando que debía proteger a Osden de la arremetida de las poderosas y superreprimidas emociones del hainishiano. No enfáticamente. un extraño. Ella todavía no quería que Harfex le interrogase.

enroscado sobre sí mismo. con un dedo en los labios. y tal vez podría interpretar mejor aquel fondo obscuro de insinuaciones y empatías donde se perdían los biólogos. y los demás trabajaban o se ocupaban en algo. Por ello. paseó su mirada por los demás. Su nueva. como el ataque sufrido por uno de los miembros del equipo en el bosque. por lo cual las connotaciones arquetípicas de la palabra «bosque» proporcionan una metáfora inevitable. que se hallaba diseccionando algunas raíces marrones. Diez indios pequeños. Harfex la miró un momento. Horas más tarde. –Dos días. ¿No lo notáis? ¡En nombre del cielo. Se hundió cada vez más en su sueño. vacilante. ¿cómo iban a hacerlo los demás? Porlock y Eskwana estaban encerrados en sus cubículos.. la ansiedad es explicable en términos de una particular situación de stress. cierta fuerza. caminando lentamente. temblando suavemente de vez en cuando. Tomiko se despertó al oír gritar a Osden sumido en una pesadilla. como si tuviera ochenta años en vez de cuarenta.evidentemente. No comprendo tus motivos –se levantó y se alejó de la mesa del laboratorio. –este era Porlock. Mannon? –ella había tenido una súbita esperanza al recordar que él era psicólogo. Mientras jugaba al ajedrez con Asnanifoil. Sintió cierta desesperación. nueve indios pequeños. –¿Qué enemigo? ¿Qué es lo que sientes. Haito. levantándose y agitando el brazo izquierdo–. de su habitación. ido. –Siento una ansiedad violenta con una orientación espacial específica. No pudo ser despertado con drogas estimulantes. las formas de vida nativas no son totalmente insensibles. y ella se volvió a sumergir en sus propios sueños obscuros. de su mente. Había algo extraño en sus posiciones. Pero si ni tan siquiera Harfex podía mantener la cabeza en su sitio. Ella paseó su mirada. Se dirigió hacia Mannon. Porlock! –Nos está volviendo locos a todos –dijo Porlock. estáis todos ciegos! ¿No notáis lo que está haciendo. dos noches. y también en términos de situación de stress total. hasta que quedó quieto. Pero no soy un empático. y estaba bien segura de ello. –Intentas asustarme. Al principio la Coordinadora no supo decir qué era. ceñudo. ¡Nos está haciendo enloquecer de miedo! . las emanaciones? Todas proceden de él. –Y tú eres el siguiente pequeño indio –le espeto Jenny Chong–. El asintió y dijo con una brevedad inusitada: –Mantengo vigilado al enemigo. Olleroo había corrido su silla de tal forma que estaba casi junto a él. y le dijo que estuviera atento a lo que veía.. Mannon le estaba tranquilizando. que es mi presencia en un entorno totalmente ajeno. frágil y profunda interdependencia de Osden le proporcionaba. Por la mañana Eskwana no se despertó. ¡Ve a analizar tu orina. pero luego vio que todos estaban sentados dando la cara al bosque.

vas a decirnos lo que sabes. Asnanifoil le hizo retroceder. no es de mí de quien hay que tener miedo. ¡Y yo voy a hacerlo! –Pues no lo estás haciendo muy bien –dijo Osden. Sutiles. por mis dioses. Se lo llevaron mientras gritaba algo acerca de radios gigantes. un aleteo visto de reojo. pero que emitiese todo el tiempo. –¿Por qué no informaste de ello? –Pensé que me estaba volviendo loco. Porlock. Está saboteando la misión haciendo que discutamos. y todo lo que sabes. Tomiko le obligó a sentarse antes de que hablara. pero Tomiko observó. es Osden. como la carcasa de una radio que no hiciera sonido alguno. –También eso deberías haberlo informado. sujetándole mientras Mannon le administraba un sedante. en la puerta de su cubículo–. aunque me hubiera vuelto psicótico. Vosotros os habíais dado cuenta de que el hecho de que se me incluyera en esta misión había sido un error. Haito y Harfex están ya casi bajo su control. en los bosques! Porlock hizo un absurdo intento de atacar a Osden. Parecía a punto de desvanecerse. –¿Es preciso que diga su nombre? Pues bien. abalanzándose sobre el pequeño terrícola. como todos vosotros. y la Autoridad cometió el error de aceptarme. y ahora está haciéndonos enloquecer proyectando miedo sobre nosotros de forma que no podamos dormir ni pensar. un titubeo en los hombros de Osden y que se atirantaban sus músculos faciales. Fue un error por mi parte el ofrecerme como voluntario a la Investigación Extrema. esta vez con certeza. –Yo no sé nada –dijo Osden.–¿De quién estás hablando?– preguntó Asnanifoil. sino de lo que hay ahí fuera. ni pensar. No soy capaz de convivir con otras nueve personalidades neuróticas en un recinto tan pequeño y cerrado. lleno de vendajes. Al cabo de un minuto el sedante hizo su efecto y Porlock se sumó al pacífico silencio de Eskwana. Eran muy vagos. y que no te dejara dormir. ¡ahí. a medio vestir. pero el resto aún puede salvarse. Por todos los demonios. Como un trazo en una habitación cerrada. nada. como si registrara la amargura de que todos estuvieran de acuerdo con lo que estaba diciendo. ¡Osden! ¡Osden! ¿Por qué creéis que intenté matarle? ¡En defensa propia! ¡Para salvarnos a todos! Porque ninguno ve lo que nos está haciendo. . En realidad. ¿cómo podía captar afectos empáticos donde no había ser alguno que los emitiera? Entonces no eran malos. yo no quería regresar a la base porque sentía una gran curiosidad. –Muy bien –dijo Harfex–. –Después de estar tres días en el bosque pensé que estaba recibiendo ocasionalmente alguna especie de afecto sutil. –Además. –Me hubierais hecho regresar a la base y no podía arriesgarme a ello. Yo mismo hubiera podido hacerme más daño. Ninguno dijo nada. Ahora.

No existe. porque no es cierto. Y que te dan una célula para examinarlo. sin movimiento. es la conexión: la cualidad de conectarse. –Entonces.Durante un momento cobró ánimos al notar cómo le escuchaban. No hago más que subrayar que están todos intercomunicados. Incluso cuando su relato les atraía más. sin objeto ni sujeto. No estoy intentando decir que exista. reacciones. a la luz. Pero me pregunto si Osden podría ser capaz de describirlo. La voz de Osden se quebró. supongamos. –No son los árboles –dijo Harfex–. yo pensé que serían los árboles –dijo. Nada más. Respuesta al sol. y Tomiko estaría distraída por la piedad. ¿Correcto? Ahora bien. Ellos escuchaban. que no sabes nada acerca de la estructura del cerebro animal. ¿Estás tratando de establecer la hipótesis de que esos individuos arboriformes son las «células» de una especie de cerebro. lo cual es realmente improbable. demasiados para vencerlos. estados de ánimo. Consciencia de ser. de modo que él hablaba.. ¿eh? –¿Qué sucede con ellos? –Son indudablemente conexiones. Entonces Osden se levantó y comenzó a hablar como si estuviera en trance: –Sensación sin sentidos. Porque incluso la hierba tiene esas conexiones en las raíces. No es comprensible para una mente animal. y luego se detuvo. En cierto sentido. Es una función de las células conectadas. tal vez Olleroo estaba pensando que no era atractivo. respuesta al tacto.. se haría odioso. Mannon? –No exactamente. Una cierta irritabilidad. –Yo. de modo que estaría constantemente a su capricho. Estaba totalmente en sus manos. Si les desagradaba. Una sola célula es capaz de respuesta mecánica a los estímulos. ¿no es cierto? Sé que la sensación o la inteligencia no son una cosa. no se las puede separar o analizar fuera de las células del cerebro. sonriendo traviesamente. Nirvana. Harfex estaría buscando el significado ulterior de sus palabras. ¿por qué captaste miedo? –preguntó Tomiko en voz baja. se convertiría en algo grotesco. Presencia sin mente. fallaba la atención de alguno de ellos. Una unión de una complejidad y una extensión física increíbles. estaría escapando hacia la eterna paz de los números. sin nervios. si se burlaban de él. que no lograba sentirse atraída durante largo tiempo por lo concreto. Eran siete. No tienen un sistema nervioso superior al de las plantas hainishianas descendientes de las de la Tierra... al agua y a los elementos químicos que se encuentran en la tierra en torno a las raíces. tanto por esos nudos de las raíces como por los verdes epifitos que tienen en las ramas. si le escuchaban. ¿Serías capaz de descubrir lo que era? ¿Podrías saber que la célula es capaz de sentir? –No. –Los árboles no te han dejado ver el bosque. No podía encontrar coherencia. Ciega. Conexiones entre los árboles. como dicen en la Tierra –señaló Mannon. Perdió su tono de amenaza. contaría historias. Harfex le miró–. Qué me dices acerca de esos nudos de las raíces que nos han sumido durante veinte días en la perplejidad. No puedo ver cómo surge la consciencia de los objetos en los demás: una . la mente de Asnanifoil. –No lo sé. Ninguno. por el miedo. Obedecía las exigencias de sus emociones.

Osden asintió. No puedes enviar algo que no existe. –No –dijo Harfex–. ¿no? –¿Y cuál es la diferencia? Fue todo lo que sentisteis. –Escucha. ni de responder a ella.respuesta imperceptible.. pese a vuestra sordera. –Pero nosotros no intentamos hacer ningún daño. elevando la voz exasperado– de por qué yo os desagrado y vosotros me desagradáis a mí? ¿Os dais cuenta de que yo retransmito todos los afectos negativos o agresivos que sentís hacia mí desde que me visteis por primera vez? Yo .. Peligro. nadie! Lo más que podía haber es una función. No os extrañe que eso temiera. –El silencio de esas inmensas extensiones me aterroriza –murmuró Tomiko–. Y luego. Puesto que había. Pero eso es. mediante el miedo. Haito. –Deberías saber. ¿Te das cuenta –dijo Osden. dile que no vamos a hacerle daño... lo que se mueve rápidamente es peligroso. el bosque. y escucharon el silencio del exterior. –Si tal función existiera –dijo Harfex– no sería capaz de concebir una entidad material. Permanecieron en silencio. Eskwana ha quedado sin sentido porque posee cierta capacidad empática. parece bastante probable que fuera consciente de la presencia de Osden. Huracanes. Y si posee mente. no mi propio miedo. No podría ser consciente de nosotros. que somos amistosos. –¿Lo somos? ¿En el bosque. terribles.. las plantas. ¡No hay ningún ser. –Puede que para el bosque –dijo Mannon– nosotros seamos fuego. pues... Para una planta. Pascal fue consciente del Infinito. pero es demasiado débil. cuando caí entre los dos árboles y mi sangre llegó a las raíces. –Todos lo sentisteis. tú puedes emitir. ninguna criatura. ¿no puedes transmitírselo tú a tu vez a eso? Envía un mensaje. Emítele. Nunca será nada más que un médium. que nadie puede emitir un mensaje empático falso. os sentíais amistosos? –No. –el rostro de Osden se cubrió de sudor–. –No había más que miedo –dijo Osden. al bosque.. Podría emitir si aprendiera a hacerlo. o hay.. una especie de afecto que se traduce en lo que nosotros sentimos como emoción. Los seres sin raíces serían ajenos.. eso. –¿Es eso lo que yo sentí todo el tiempo detrás de mí? –preguntó Jenny Chong. Pero durante días hubo una especie de desasosiego.. y que cayó de dolor y miedo en ello. al miedo que hay allí fuera. Osden –dijo Tomiko–. Recibí el miedo. sólo miedo. Somos amistosos. Dile que no hacemos daño. Aterrorizados. cuando me recogisteis. realmente dentro de ello. cuya propia mente estaba abierta a la conexión con todos los demás en tanto que es consciente de ello. como nosotros no lo somos del Infinito..

ello crea un circuito cerrado. tenían que hacer su trabajo. y no existían árboles o matorrales en la llanura. y él obedeció. tardarán en percatarse de nosotros. y ellos le habían visto: un hombre indefenso cogido en una trampa. Es autodefensa. Tomiko podría haber construido con él una lenta resonancia de sentimiento. o tal vez no se dé cuenta de nuestra presencia en absoluto. –¡Aquí se puede respirar!. tal vez incluso por la piedad que ella le demostraba. ¡porque cuando quedo expuesto a él no puedo sentir otra cosa más que terror! –Entonces. exceptuando algunas saprofitas y otras que se reproducían por esporas. Si al conocerle le hubieran ofrecido confianza. –Vete a descansar. Por la noche el equipo ya había establecido el nuevo campamento. les lanzaba su basura por los barrotes. no de él. ¿qué es lo que hubiera aparecido ante ellos? Pero ninguno lo había hecho. dispusieron el Gum para conducción mecánica y lo condujeron alrededor del Mundo 4470. Las formaciones de plantas no se producían más que en extensas colonias de especies que nunca se entremezclaban. era obra de ellos. como ésta ha tardado. –repetían una y otra vez. –Sería un alivio –observó Osden ahogadamente. ¿Podéis haceros cargo de mi punto de vista? La mente del bosque que hay fuera transmite solo terror. Al día siguiente guardaron sus cosas. Y Mannon le respondió apresuradamente: –Cambiar el campamento a otro continente.os devuelvo vuestra hostilidad. claro está. Ella podía ver ahora cómo su rostro se iluminaba con su resentimiento feroz provocado por su curiosidad. Tal vez. y ahora era ya demasiado tarde. que se mantiene a sí mismo y se refuerza. como Tomiko. y el único mensaje que yo puedo enviarle es terror. Vuestra reacción inicial ante mí fue de antipatía instintiva. ahora. Habían elegido casi al azar el continente G: toda una pradera. sobre las tierras rojas y verdes. sobre los abundantes y verdes mares. No había sucedido. aunque es la única técnica que he desarrollado para reemplazar mi defensa original de total separación de los demás. Lo hago como forma de autodefensa. una armonía. veinte mil kilómetros cuadrados de graminiformes movidas por el viento. ¿qué debemos hacer? –preguntó Tomiko. se ha convertido en odio. Si le hubieran dado tiempo. En un radio de cientos de kilómetros no había ningún bosque. Ellos habían construido la jaula y le habían encerrado dentro. Los demás habían estado mirándole con una curiosidad nueva. pero los demás estaban bien. Como Porlock. con un pequeño intercambio de amor. No había una habitación lo suficientemente grande para construir una cosa de tal magnitud. se habían dado cuenta de que la propia trampa. y como un mono enjaulado. Se había mostrado como era en realidad. Eskwana dormía aún y Porlock continuaba bajo los efectos de los sedantes. Desgraciadamente. una consonancia de confianza. Esa herida está sangrando de nuevo –le dijo ella. su cruel egotismo. con piedad. si hubieran sido lo suficientemente fuertes como para ofrecerle amor. pero no había tiempo. Si allí también hay mentes-planta. y ellos debían hacerlo con simpatía. .

Porlock soñaba en voz alta pronunciando palabras en su obscura lengua natal. ¿cuál es su función en la supervivencia de las especies? –Tal vez ninguna –contestó Osden–.. no había sonido alguno. la vegetación epifítica. irracional. Mientras le curaba sus manos temblaban. sencillamente. parecía extraño. Ni enemigos. Es simplemente una red de procesos. no había más sonido que el suave silbido del viento. sensitiva. la obscura corriente de las venas. Nadie había dicho nada todavía. ¿Cuánto tarda un pensamiento en ir de un lado a otro del cerebro? –Esto no piensa. Olleroo y Jenny Chong jugaban a las cartas con el rostro contraído. Pero no es concebible. Flotaba en el ambiente un ligero olor dulzón a polen. –Aislada –dijo Osden–. Poswet To estaba en el nicho de terapia. Que toda la biosfera de un planeta constituya una red de comunicaciones. el sonido del viento. No hay plantas individuales. las hierbas también. al otro lado del planeta. El viento había cesado. Su rojizo cabello. sino que. o destructores. Harfex? ¿No eres un hainishiano? ¿Acaso no es la complejidad la medida del gozo eterno? . Solo para siempre. Ni más relaciones que consigo mismo. la Tercera Forma de los Mejores. –No son sólo los árboles. los sueños que avanzaban. Ahora tenía hebras blancas. –Es todo una sola cosa –dijo Osden–. Haito Tomiko escuchaba. desanimado–. no cabe duda. inmortal. En la larga noche. somos. Entonces escuchó. –¿Cómo es que el miedo está también aquí? –pregunto ella. –Pero nos encontramos a doce mil kilómetros de donde estábamos esta mañana. Su vendada cabeza le dolía un poco. Y aquí nunca ha habido nadie. el sonido de la muerte al caminar. ¿Por qué te vuelves teológico. Finalmente todo quedó obscuro y las estrellas no fueron más que ventanas iluminadas en la distante casa del Hombre. pues. –Tienes razón –dijo Mannon. escuchando la sangre de sus arterias. allí se apoyó y quedó contemplando la obscura masa de hierba que no era hierba. Mannon y Harfex estaban sentados junto a Osden. No ha tenido observadores. –Entonces. Incluso el polen forma parte de la unión.. Saltó de la cama y huyó de la soledad de su cubículo. una especie de sensación transportada por el viento. Las ramas. Le cambió a Osden los vendajes de la cabeza. ¡Eso es! Ese es el miedo. Un enorme pensamiento verde.Osden se levantó y se dirigió tembloroso a la salida. la respiración de los que dormían. Estaba tumbada. casi en un susurro–. la inmensa estática de las estrellas que aumentaba a medida que el Universo moría lentamente. no está pensando –dijo Harfex. No se trata de que nosotros seamos seres con movimiento. aislada. Asnanifoil dibujaba un mandala. Somos otros. Eskwana dormía solo. a la débil luz del amanecer. las raíces con esas uniones nodales entre los individuos: todos ellos deben de ser capaces de transmitir impulsos electroquímicos. en aquellos lugares en que no había tenido que afeitarlo... propiamente hablando. y su voz sonó falsa en el silencio aterrador de la noche vegetal.

¿sabéis? Antes de que el pánico me invadiera sentí. una gran serenidad. y lo interpreta como Amor. No es agradable.. era la primera vez que la miraba a los ojos con una mirada prolongada.. –Deberíamos irnos –murmuró Harfex.. –Si me adentro en ello –musitó Osden–. Lo he hecho con cobras y tigres. Captaría algo más que el miedo..Harfex no captó la indirecta.. –Ahora sabréis por qué yo siempre deseaba apartarme de vosotros –dijo Osden con una especie de genialidad morbosa–.. Ser una totalidad... clara como el agua. Todos los vientos y los períodos de calma. –Sería mejor en el bosque –dijo Osden–. Su mensaje es rechazo.. Tener raíces y no enemigos. ¿No comprendéis? Nada de invasiones. . El vaciló. Pero tienes algo de razón. si no nos vamos de aquí. Puedo comunicarme con los animales. Haito. –¿Es que la salud mental me ha hecho algún bien alguna vez? –dijo él en tono de burla–. no para formar parte de un equipo humano. Lo cual te mataría en un momento o te conduciría de nuevo a un aislamiento psicológico total. ¿podría comunicarme? –Por «adentrarte» –dijo Mannon con una voz rápida y nerviosa– supongo que quieres decir dejar de reenviar la información empática que recibes de la entidadplaneta: dejar de rechazar el miedo y absorberlo. –Estás indefenso contra eso. su inteligencia superior es una ventaja. –Eso es erróneo. Tomiko pensó que antes nunca había hablado. Puede que nosotros no nos volvamos locos.. Eres vulnerable a ello. Tu personalidad ya ha cambiado. Debí haber sido seleccionado para un zoo. Parecía enfermo. pero tú sí. Antes de que os vengáis abajo u os volváis violentos. Las estrellas de invierno y las de verano al mismo tiempo.. es. Mannon les miraba alternativamente a uno y a otra. Pero mi salvación es rechazo. ¿Qué puede un solo cerebro humano contra algo tan extenso? –Un único cerebro humano puede percibir un modelo a escala de estrellas y galaxias –dijo Tomiko–. Captar toda la luz del día y toda la noche. pero yo sí. Entonces no me di cuenta de toda su magnitud. ¿el miedo de los otros. –Tenemos que abandonar este mundo –dijo. Eso no es inteligente. –¿Y qué? –dijo Osden–. ¿Quién de vosotros quiere llevarme allí? –¿Cuándo? –Ahora. ¡Si pudiera conectar con esas malditas y estúpidas patatas! Si no fuera todo tan aplastante. Osden –dijo ella–. al autismo. Nada de otros. Ser un todo.. luego miró a Tomiko.? Si hubiera una inteligencia animal. Harfex permanecía en silencio.

. ahora la obscuridad estaba bajo ellos. La profunda vitalidad del mundoplanta era mucho más fuerte allí. –Yo lo desapruebo. en el bosque. charlando como niños asustados. Estrellaría el aparato. estoy demasiado asustado.. –Creo que nos vemos impulsados a ello. las partes del todo. Harfex –dijo Tomiko... –¿Asustadas de la obscuridad? –se burló Osden. negro en la obscuridad.. Eskwana se removió en su sueño. –Sí. –Me llevaré a Eskwana. mirando a Osden a la cara. luchando contra su imperioso impulso de volar muy alto. los no-árboles. Estoy. de su miedo en aumento. –No puede haceros daño. incluso después de que Osden abriera la puerta. Apenas se le veía la espalda y la vendada cabeza a la tenue luz del panel de mandos mientras se dirigía a la salida. las raíces. Ella buscó un lugar donde aterrizar. va a venir a llevarte. Osden se levantó. todavía dormido. e incluso a Asnanifoil. anhelante como la cara de un amante. La respiración de Harfex se hizo rápida y profunda y permaneció sentado. –Yo no puedo –dijo Mannon–. la cruzaron. No es más que una pesadilla. de escapar. Coordinador? –preguntó Harfex. –Ninguno de nosotros lo hará –dijo Harfex. En torno a ellos se elevaba ahora el bosque. –¿Aceptas el plan de Sensor. el viento que pasa a través de las ramas. rígido. Es un impulso que pasa a través de las sinapsis. mientras volaba bajo. y su pánico les golpeaba en inmensas oleadas obscuras. Harfex y Osden miraban en silencio la obscura línea del bosque al fondo de la llanura. Tomiko se acurrucó y cerró los ojos. Si puedo llevar esto adelante..–Lo haré yo –dijo Tomiko. Sin embargo. la fea máscara blanca transfigurada. Frente a ellos apareció un pálido sendero y una pequeña elevación desnuda que sobresalía encima de la más alta de las obscuras sombras oue la rodeaban. Olleroo y Jenny Chong estaban jugando a las cartas para apartar sus pensamientos de sus camas encantadas. en el departamento posterior. Hizo un mal aterrizaje. iré contigo. Tomiko pilotaba. Se acercaron a la línea obscura.. como si las hubiera Introducido en un líquido frío. Eskwana iba. y a Porlock. Despegaron en un helijet. él me servirá de médium. Sus manos se apoyaban húmedas sobre los mandos. –Pero mira a Eskwana. –Esa cosa está en el bosque.

no –repetía en un susurro–. Cesó. La noche era obscura y las estrellas brillaban sobre el bosque. Comenzó a darse cuenta de que a Harfex le pasaba algo. mucho más alto. Silenciosamente. No. –Regresa. y fuera no había nada más que el miedo. –Osden –dijo ella. Se había ido. pero nadie le respondió. –¡Te quedarás solo. cuando de repente. atravesó la puerta y se sumergió en la obscuridad. –No. Volvió a hablar. .. como si se perdiera en el sonido del viento–. Tomiko lanzó un grito. Osden se movió. no. No. –Osden. –¿Dónde estás? Silencio. no. Empezaba a soplar el viento. en la quietud mortal.. Te aprecio. en el centro de su ser. Escucha.. no. No había nada más. más alto. parecía estar intentando levantarse. No podía levantar la cabeza. Tú no puedes quedarte. en el obscuro compartimiento posterior. Intentó encontrar su cabeza en medio de la obscuridad. «¡Estoy llegando!». Se irguió. no. La boca se abrió y habló. Osden! –Escucha –la voz se había hecho más ligera. Harfex tosió. –Todo va bien –dijo la suave voz procedente de la boca de Eskwana. no. No. lentamente separó las manos. No hubo respuesta.. con la mano sobre la boca. pero no lo hacía. –Todo bien –dijo.» Era la voz de Eskwana. Silencio. –Voy a quedarme aquí –dijo la suave voz–. Ella encendió las luces interiores y vio que el Ingeniero yacía acurrucado y dormido. Levantó la cabeza. dijo una gran voz sin sonido. una voz dijo: «Bueno. porque el hombre se había deslizado de su asiento. Tomiko se refugió en sí misma.Tomiko estaba temblando.

La distancia no importaba.. a través de las extensas colonias de vida. Asnanifoil y una de las mujeres iban al bosque diariamente. y la del Sensor Osden. Aún había hombres allí para recibir (incrédulos) los informes del equipo y registrar sus pérdidas: la del Biólogo Harfex. pero no hubo respuesta. Osden! Silencio y el agitar de las hojas por el viento. vientos de invierno y de verano soplaron. años y años luz. Dejaron alimentos para Osden.Ella le llamó. al obscuro silencio del bosque–. Había mundo suficiente. una calma total que era semiconsciente de su presencia y totalmente indiferente a ella. y tiempo. Pero las palabras escapaban a su control. Podían haber pasado junto a él y no haberle visto. ropa. y valorando la razón mucho más después de aquella intolerable experiencia. Pero ése no era el vocabulario de la razón. que se había quedado como colono. Allí no había horas. El había metido el miedo dentro de sí. Edición digital de ? . Acabaron la investigación prescripta del Mundo 4470. Había entregado su yo a lo ajeno. instrumentos. El había aprendido a amar al Otro. porque ya no existía el miedo. los ocho. y por eso había entregado todo su yo. rodeados por un silencio aterrador. –¡Osden! –gritó ella. les llevó cuarenta y un días más. comida suficiente para cincuenta años. ¡Volveré. en Pesm. La Gum volvió después de muchas investigaciones. y al aceptarlo lo había trascendido. Racional. muerto de miedo. Al principio. tiendas. No buscaron más. Debo llevar a Harfex a la base. llevando el pálido polen sobre los océanos tranquilos. pero Tomiko no estaba muy segura de cuál era exactamente la región en la que aterrizaron aquella noche de terror. si éste deseaba esconderse. Eskwana seguía tumbado. Harfex también. Volveré. asomándose a la puerta. Tomiko intentaba comprender racionalmente lo que Osden había hecho. en donde no cabía el mal.. en busca de Osden. Las personas del equipo de investigación caminaban bajo los árboles. en aquellos innumerables laberintos y obscuros corredores vegetales. a lo que hacía algunos siglos había sido Smeming Port. Pero sabían que estaba allí. no había modo de encontrar a un hombre solo. El planeta giraba entre la luz del sol y la gran obscuridad.

La casa y las construcciones anexas. o en los años treinta. y a los mecanismos de relojería. Todo parecía claro: una simple alegoría. en parte para generalizarla y en parte porque yo usaba también la ciencia como un sinónimo del arte. relatos de ciencia ficción que hacen exactamente esto.) captan el estado del inconsciente: los cielos estrellados. Los símbolos que se creía que eran simples equivalencias.. ¿Qué le ocurre a la mente creativa cuando se ve obligada a ocultarse? Ésta era la cuestión. Pero a todo esto le había dado yo la forma de psicomito. el submarino– y lo pone patas arriba. de Jung: “Haríamos bien en pensar en la conciencia del yo como rodeada por una multitud de pequeñas luminosidades (. que era de yeso y ladrillo. Como en el relato The masters. sobre la idea de la ciencia. representadas por el gobierno.. pero la cúpula. un relato fuera del tiempo real. el precioso metal esparcido por las capas de blanca arcilla. en mitad del suelo. Las llamas se extendieron a las vigas que sostenían el telescopio grande. blanquecina contra el cielo verde del . y yo creía conocer mi respuesta. libros. Y Jung cita de un alquimista: “Seminate aurum in terram albam foliatam”. mapas y dibujos. es el de una historia que toma algún posible o imposible artefacto tecnológico del futuro –Soylent Green.. de mi mente. cuando la genética chocó con las ideas de Stalin. vertieron aceite encima y les prendieron fuego. sino sobre la ciencia misma. Mucho tiempo después de escribir el relato. encontré un pasaje en Sobre la naturaleza de la psique.Las estrellas en la roca The stars below. desde luego. Pero no es tan fácil explorar las regiones clandestinas. pero el definir la ciencia ficción según esos relatos es un poco como definir los Estados Unidos según Kansas. de cualquier mente que se vuelve hacia sí misma. la máquina del tiempo. ni del arte. estrellas reflejadas en el agua obscura. Existen. Después. Tal vez este relato no habla de la ciencia. todas ellas de madera. El concepto popular de ciencia ficción. pasado o futuro. ardieron rápidamente. instrumentos.. signos. creía saber lo que estaba haciendo. Y sobre lo que le ocurre a esta idea cuando se encuentra con ideas totalmente opuestas y muy poderosas.) Intuiciones introspectivas (. contaba una historia no sobre un artilugio ni sobre una hipótesis. © 1973. creo. como en el siglo diecisiete. no ardió. Cuando escribí Las estrellas en la roca. sino de la mente. los hombres amontonaron los restos de los telescopios. cuando la astronomía chocó con las ideas del Papa. toman vida y adquieren significados que el autor no buscaba y que no puede explicar. debajo de la cúpula. Los aldeanos que contemplaban el espectáculo desde el pie de la colina vieron cómo la cúpula. pepitas de oro o arena de oro esparcida por la tierra negra”.

pero aquellos mensajes fragmentarios no . –¡Guennar! ¡Maestro Guennar! –llamó el recién llegado. o se detenía. –¿Dónde estabais. Con un gesto mecánico. hombres obscuros con arneses obscuros. El astrónomo lo acompañó de mala gana. Algunos volvían la cabeza para mirar la colina. mientras de la hendidura alargada surgía un humo negro y amarillo lleno de chispas: una visión fea y extraña. y después. De vez en cuando. El otro se quedó inmóvil. sabía que estaríais aquí –Bord se rió. maestro? El hombre señaló vagamente al suelo. sin dejar de mirar la puerta. echó a andar colina abajo llevando el caballo a paso rápido. Pero ésta no giraba para seguirlas. primero en un sentido y luego en otro. Los aldeanos se quedaron donde estaban hasta después de que se hubieran marchado los soldados. y. mirando la puerta. la llevaba apretada contra el muslo. –¿Hay un sótano? ¿Estabais ahí durante el incendio? ¡Dios mío! Yo lo sabía. Acababa de recoger algo de entre la confusión de restos medio quemados que había en el suelo. Después. A veces se inclinaba. se guardó el objeto en el bolsillo del abrigo. sus sentidos le decían: «Voy a caballo». Obscurecía. Por la abertura se veía una neblina rojiza de luz. desmontó junto a las ruinas de los talleres y se acercó a pie a la cúpula. Alguien gritó unas órdenes. espesaba el aire un humo acre e inmóvil. Está empezando a amanecer. al este aparecían las estrellas. Bord le obligó a salir. y después seguía avanzando torpe y lentamente. tenía el pelo y las ropas chamuscados y embadurnados de negra ceniza. En una vida sin cambios y sin amplitud. en la que ardían algunas estrellas. Una hora antes del amanecer. bajo una capa de ceniza. La otra mano. Fue hacia ella. no mirando la luz gris del amanecer sino volviendo la cabeza para mirar la hendidura de la cúpula. a medida que anochecía. o bien «Está amaneciendo». Las estrellas giraban lentamente detrás de la negra colmena de la cúpula. Los soldados bajaron por el camino en fila india. salid de aquí. un incendio equivale a un festival. con la brida en la mano. ni del dolor. empezaron a regresar a sus pueblos.atardecer. que se había quemado en la palma y los dedos al recoger un objeto de metal que estaba aún al rojo vivo. se fueron apiñando. le hizo montar el caballo. y casi cerrados de tan hinchados. El astrónomo se apoyaba con una mano en la silla de montar. su respiración era difícil y entrecortada. y tomó a Guennar por el brazo– . No subieron a la colina. se estremecía y giraba. un hombre subió a caballo por el empinado zigzag. Venid. muy tenue. algo histéricamente. No se daba cuenta de esto. Allí se movía una figura alta. Tenía los ojos enrojecidos. por el amor de Dios. La puerta había sido derribada. donde nada se movía. procedente de una gran viga que había caído y que había ardido en rescoldo durante toda la noche. en silencio. Debajo de la cúpula.

Y la obscuridad que reinaba en aquel lugar parecía aligerar aquella carga. Se estremeció de frío cuando se levantó el viento del amanecer. quizá. pero los bosques. La apagó. –Aquí. Se tumbó dentro de aquella obscuridad. en la que no había otra cosa que obscuridad. y sintió la fría roca contra las manos quemadas y doloridas. Ahora los rodeaba la luz del Sol. Él estaba acostumbrado a la obscuridad. Esto es la antigua entrada de una mina. Lo que quedaba de él podía muy bien estar enterrado. Bord se marchó. que daba sombras alargadas a las rocas por encima del lecho de un río. haciendo cálculos. no habían sido nunca normales. Le envolvió entonces la obscuridad. aun en los momentos de lucidez y serenidad. pues las rodillas no le sostenían. y para su mente. No vayáis más adentro. Ningún granito es tan duro como el odio. Aquel lugar no era caluroso y cerrado. estaban muy lejos de su mente. y su mente estaba alterada. . ahora ya no trabajan por esta parte. como de hecho lo estaba. que hacía susurrar los obscuros bosques junto a los cuales pasaban ahora los dos hombres y el caballo. la tierra. agudamente. Y ahora todo aquello a lo que había dedicado su vida había desaparecido. el viento.tenían sentido para él. por un profundo sendero envuelto en cardenchas y brezos. que se fueron disipando. y el olor de la tierra. la razón. pues había vivido de noche. listas y mapas de cosas que nadie conoce y que a nadie interesan. una carga que no estaba preparado para llevar. por el humo que había respirado y por algunas heridas leves. sino frío y silencioso. sus pensamientos no encontraron palabras. Había allí un lugar obscuro. En aquel lugar. y Bord lo apremió para que se dirigiese a él. Vio sombras verdes. Si pensó algo. el frío. formas de color ocre que se movían por la negrura. echando una mirada a los veteados muros. se dejó caer al suelo. silenciosa y total. cosas que no se pueden alcanzar ni tocar. de una gran carga de cólera y dolor. Aquella negrura opaca y fría era un bálsamo para sus ojos inflamados y doloridos. Yo volveré. cuando haya obscurecido. y ninguna arcilla es tan fría como la crueldad. el cielo que clareaba. Le envolvía la negra inocencia de la Tierra. bajo tierra. Tan pronto como Bord le permitió detenerse. No salgáis. temblando un poco a causa del dolor y del alivio que sentía en el dolor. el astrónomo levantó la cabeza y miró a su alrededor. Estaba febril por el agotamiento. pero quizá los procesos de su mente. Sólo tenía conciencia. Mucho rato después de que se hubiese apagado el sonido de sus pisadas. sentado en aquella obscuridad. construyendo telescopios. Pero esta idea de estar enterrado no se le ocurrió. Bord le hizo desmontar. podéis ocultaros –dijo Bord. ¡No salgáis! ¡No os dejéis ver! Cuando esa jauría se haya calmado. No es normal que un hombre se pase veinte años puliendo lentes. y se quedó dormido. marcados por las cicatrices de los picos de los mineros. el único peso era la roca. os haremos cruzar la frontera. Le aplastaba la mente. mezclada con la fetidez y el calor del incendio. a la luz de su linterna–. En esos antiguos túneles puede haber derrumbamientos y otros peligros. había ardido. las obscuras paredes y la pequeña vela encendida. observando las estrellas.

Yo sólo sé que vos os habéis sentado a mi mesa y me habéis hablado. pero vos me habéis dicho que las hogueras de Dios son las estrellas. del principio y el fin de los tiempos. y advirtió otra vez al astrónomo que no se aventurase fuera de la mina. ¿Debo presenciar cómo os llevan a la hoguera? Es el fuego de Dios. Y lo soy.Le despertó una luz. encendiendo la vela con pedernal y eslabón. conde? –Vos creéis que soy un estúpido –dijo Bord con una sonrisa que no era una sonrisa. Creíais que ellos os dejarían trabajar en paz. Y creíais que yo os dejaría ir a la hoguera –miró a Guennar a través de la luz de la vela. ¿Comprendéis? Además. Los ojos del astrónomo. –Sí.. –¿Por qué hacéis esto. ni los juicios ni las ejecuciones. . la verdad de ellos.. ¿Por qué me hacéis esta pregunta? ¿Por qué le hacéis a un estúpido una pregunta estúpida? –Perdonadme –dijo el astrónomo. hombre de Dios! ¡Por hereje! Los ojos azules de Bord le miraban. del curso de los planetas. Yo vivo en la Tierra. Pero me gustaba escucharos. no allá arriba. una botella de agua. sonriendo como un lobo. Fui un estúpido al escucharos.. No tardó en marcharse. porque no me hicisteis caso. furiosos. desde el otro lado de la quieta luz de la vela. –Os están buscando –decía–. quemado. –Pero si todo lo que he hecho está destruido. Nadie me había hablado nunca de otra cosa que del maíz de sembrar y del estiércol de vaca. Aunque yo no dejaré que os atrapen. Saben que habéis escapado. estaba aún irritada por el humo–. sensual y obstinada. ¿qué sé yo de la verdad? ¿Soy acaso un maestro? ¿Conozco el curso de las estrellas? Quizá vos lo conocéis. –¿Qué sabéis vos de los hombres? –preguntó el conde–. un pedazo de torta de guisantes y una bolsa de pan. Allí estaba el conde Bord.. sino la sonrisa de un lobo.. dicen ellos. entre las estrellas. su voz era débil. la sonrisa del perseguido y del cazador–. no me gustan los soldados ni los forasteros. claros y separados. al igual que sus ojos.. su garganta. Había traído un yesquero y tres velas de sebo. se encontraron con los del conde y le miraron fijamente. ¿Por qué me persiguen? –¿Que por qué os persiguen? ¿Necesitáis que os lo diga? ¡Os buscan para quemaros vivo. Quizá lo conocen ellos. Fui un estúpido cuando os advertí del peligro. la boca roja.? –dijo el astrónomo. pero en sus ojos azules había un destello de verdadera hilaridad–. El rostro de Bord aparecía animado en aquella luz: el color subido y los ojos azules del cazador entusiasta. ¿sabéis?. Me gustaba oíros hablar de las estrellas. –¿Por qué. pero ellos quieren su presa. Vuestra verdad.

y que atrancaron las puertas. No diré nada más sobre la órbita de los planetas. pero dejadme ver! –Por todos los demonios. Juran que. Ahora es de noche. ¡No hablaré.. un pequeño fragmento del orden de vuestra creación. No eran los relojes lo que echaba en falta. ¿Ha sido por mi arrogancia al atreverme a describir vuestras obras? Pero. el girar de las constelaciones en torno a la estrella polar. Y entonces les oí encima de mí. Habría debido haceros caso. no publicaré. Señor. Señor! Y. a cuya exquisita precisión se debían tantos de sus descubrimientos. Ahora dicen que sois un nigromante. maestro: en este momento se alojan en mi casa dos de esos perros negros. No hablaré. el luminoso arco del Sol y las fases de la Luna. y no he tenido otro remedio que ofrecerles hospitalidad. Dios mío –rezó el astrónomo Guennar en aquella obscuridad subterránea–. ¿cómo podía evitarlo. Os siguen buscando. sobre la naturaleza de las estrellas. el dulce tañido de las campanas de las iglesias de los pueblos que llamaban a oración por la mañana y por la tarde. a veces se me entumecen los dedos. maestro Guennar. Dios mío. Qué demonio. y tengo que bajar a calentarme las manos –extendió sus manos ennegrecidas. caso de encontrarse ocultas en un agujero para salvar la piel. Escuchad. aun así. no eran los relojes lo que echaba en falta. el girar más amplio de las estaciones de las estrellas. Dejé un pasillo para poder acercarme a la chimenea durante las noches frías. si ello molesta a vuestra santa Iglesia. ¡Esto no podía ofenderos. Y llueve. os vieron allí durmiendo. callaos. deslumbrado por la linterna–. no me castiguéis más. Me resultará difícil volver aquí. Y no . le preocupó una cosa extraña de su situación.Cuando Guennar volvió a despertarse. y las miró vagamente–. –Estaba durmiendo –explicó Guennar. y ahora no encuentran huesos entre las cenizas. Son emisarios del Consejo. yo soy el conde. Sin ver el cielo. Señor. cubiertas de ampollas. En aquel lugar no existía el tiempo.. No era algo que hubiese preocupado a la mayoría de las personas. Se os oye desde la entrada del túnel –dijo Bord. pero a él le resultaba angustiosa: no sabía la hora que era. ¿no habéis comido nada? –¿Cuánto tiempo ha pasado? –Una noche y un día. la delicada y deliberada exactitud de los relojes que usaba en su observatorio. la danza del planeta. no se puede percibir la rotación de la Tierra. Éste es mi condado.. sino el gran reloj. ¿cómo puede ofenderos que se os alabe? Todo lo que yo vi con mis telescopios era una chispa de vuestra gloria. –Oh. –Aquí tenéis algo más de comida. todo esto estaba perdido. Todos los procesos del tiempo. ellos están aquí. cubriéndose los ojos–. permitidme reconstruir el telescopio pequeño. Me fui al pasillo que hay debajo de la cúpula.. y el astrónomo abrió los ojos. la urdimbre sobre la que estaba tejida su vida. cuando vos me permitíais ver aquellos inacabables campos de estrellas? ¿Cómo podía ver aquello y permanecer en silencio? Oh. Llegaron los soldados. eran bien pocos los que me creían. cuando llegaron a vuestra casa.

media botella de agua y la carne salada. sin haber encontrado indicios de que Bord hubiese venido otra vez. Después de unos cientos de pasos. y se tumbó en la obscuridad. Bord le había traído tres hogazas y algo de carne salada. Esta vez. colocando la comida. Le quedaban dos hogazas. pero era tan cálido como siempre. y cuatro velas. cuando se metía en la cama. Guennar le oyó tropezar y maldecir mientras avanzaba a tientas. y estaba muy sucio y chamuscado a raíz del incendio. tambaleándose por el cansancio. y a Guennar le resultaba tan familiar como su propia piel. y tomando un pedazo de la reseca costra de la torta de guisantes. empezando por el pan más seco. Quedad con Dios. Vio el color de los ojos azules de Bord. . el salto de las sombras por el rugoso techo cuando él tomó la linterna y dio media vuelta. y echó a andar por el túnel lateral y después por la bocamina. ¿Estáis bien aquí? ¿Os quedaréis aquí? Yo os acompañaré a la frontera cuando se hayan marchado los soldados. Tenía sed. y con el que muchas veces dormía. ¿Qué ocurriría si los sacerdotes les preguntasen: «¿Sabéis dónde está? ¿Juráis por Dios que no sabéis dónde está?» Es mejor que no lo sepan. a través de la esfera de la débil luz amarilla de la vela. La luz y el color murieron cuando Bord. y extendiendo la capa. pero habrían podido ser tres. Y no habléis en voz alta. Era de buena piel de cordero. regresó a su campamento y miró sus provisiones. a modo de colchón. Yo vendré cuando pueda. la obscuridad del túnel que tenía ante sí. envolvió las provisiones en la capa. Torció a la izquierda. Ahora son como moscas. que aún no había tocado. maestro. Después de haber vuelto tres veces a aquel primer túnel lateral. llegó a un túnel transversal más grande. Con el abrigo puesto se sentó a comer. y llegó a una gran bancada de tres niveles. Podrían buscaros en estos viejos túneles. del que partían muchos filones cortos y algunas estancias grandes o bancadas. estableció Guennar su nuevo campamento. dos velas más y un segundo odre de agua. Llevaba el abrigo que se ponía siempre en las noches frías en el observatorio. que era de una arcilla dura y cascajosa. el cual estaba aún bien entibado con postes y vigas. que estaba ya consumida en una cuarta parte. detrás de un ángulo de intrusión de cuarzo que los mineros habían dejado sobresaliendo para que hiciese de contrafuerte. el agua. apagó la linterna. y una gruesa capa de lana basta. el yesquero y las velas donde pudiese encontrarlos fácilmente en la obscuridad. Calculó que debían de haber pasado seis días desde la última visita de Bord. Deberíais ir más adentro. Después apagó la vela. Yo volveré. Recordaba las palabras de Bord: «Deberíais ir más adentro». u ocho. hacia abajo y hacia adentro. cerca de la salida. al amanecer. tomó el fardo en una mano y la vela encendida en la otra. En una esquina del nivel inferior. –Id con Dios. en el suelo. pero no se atrevía a beber mientras no tuviese otra provisión de agua. Guennar no tenía frío. Guennar encendió una de las velas y comió y bebió un poco. Cuando hubo acabado de comer. conde. mirando. El nivel más alejado estaba sólo a cinco pies del techo.quiero enviaros a ninguno de mis hombres. Entró en ella.

tenue y enorme. un pozo de chimenea. pero después. vio que el entibado del túnel estaba torcido. Él la dejó caer. a lo lejos. y la vela se apagó. agachándose y buscando el camino con las manos. en línea recta. Llegó a un pozo ciego. con un cabo de vela metido aún en la cavidad de la frente. de modo que avanzaba a cuatro patas o bien con los dos pies y una mano. por el que le fue fácil bajar gateando por lo que quedaba de la escalera de madera. Las luces le siguieron. Hanno? –¿Qué estabas haciendo en esa galería. Él llegó a donde estaban. compañero! ¡Espera! Guennar corrió ciegamente hacia la obscuridad. Se puso en pie. le derramó en los dedos unas gotas de sebo caliente. La obscuridad le seguía y le precedía. Las llamas proyectaron extrañas sombras en las caras ennegrecidas. compañero? –¡Eh! ¿Quién anda ahí? –¿Quién demonios anda ahí? ¡Detente! –¡Eh. –¡Eh! ¿Quién está ahí? ¿Eres tú. Cuando la sombra fue tragada por la obscuridad de antes y volvió el silencio de antes. Las estrellas se movieron y bailaron. atrapadas en una estrecha abertura parecida a la abertura de la cúpula del observatorio: una zona alargada de estrellas en la obscuridad. roto. Bailaron y se volvieron más luminosas. asqueado por la fetidez de su humo. se olvidó de contar los pasos. y más adelante vio una lámpara de minero abandonada. La monotonía de los muros de piedra cortada y de entablado de madera embotaba su mente. y ellas le hablaron. olvidándose de la vela. Diminutas. levantando la cabeza para evitar aquel hedor a quemado. en el nivel bajo. siguió avanzando a tientas. que se consumía. túnel abajo. con el . remotas. veía las estrellas. y sacaban extraños brillos de los ojos vivos y luminosos. A los ciento veinte pasos. y echó a correr hacia las estrellas. y que había puntos en los que el relleno de grava se había roto y había caído en el suelo del túnel. como lo hacían en el campo de visión del telescopio cuando se estremecía el mecanismo de relojería o cuando el astrónomo tenía los ojos muy cansados. Pasó junto a un mango de pico. y él persiguió su propia sombra. La buscó a tientas en la súbita obscuridad.Se puso en marcha para encontrar agua. La vela. Se guardó el cabo de vela en el bolsillo del abrigo y siguió adelante. luminosas. Al principio. hacia el lugar del que venía. Delante de él. contó los pasos. Seguía avanzando. como quien está dispuesto a caminar eternamente. quemándole. Después se dejó caer en el suelo y se quedó agazapado contra la pared.

«Tienes que ver aquello aunque sólo sea una vez –me dijo–. comió. voy a ver. –Déjame quedarme aquí.. –Ya me lo parecía. ¿qué mal hay en volver a ver a Temon. No quiero ver lo que no debe ser visto. A mí no me importa. No tengas miedo. compañeros –les he dicho–. y bebió la última agua que le quedaba. la vela que llevaba sujeta a la frente proyectó al techo de la bancada una luz que saltaba. igual que cuando vivían? ¿Por qué no?» Y por esto he venido. en lugar de ir hacia el este. que llegaba hasta más allá de lo que alcanzaba la luz de la vela. y también ha sido una suerte que viniesen hacia aquí desde el crucero. Ya decía yo que no era ningún gnomo. obscuridad. Aquí abajo hay sitio para ti y para mí. Una caverna grande y alta como el cielo. y ¿qué haremos si es un fantasma. no te haré ningún daño. Cuando despertó. con un gesto de la cabeza. ni tampoco un minero. pero. Llevaba colgando del cinturón un manojo de velas y el pico. a pesar de lo mucho que he oído hablar de ellos. Cuando el minero asintió. Tienes que ver el Mundo que hay debajo del Mundo. o aletargado. ¿Por qué te escondes de la luz del Sol? –Los soldados. decidió levantarse e ir otra vez a buscar agua. Se agachó a unos diez pies de Guennar. alto o bajo? «Los gnomos son lo que no se ve. en dirección al Sol.. o al viejo Trip? ¿Acaso no les he visto en sueños. como los gnomos. –¡Quédate. una herramienta bien hecha y de mango corto. de todos modos. Por allí. Allí durmió. a menos de cincuenta pies de donde se había detenido. Escóndete si quieres. cuando me llevó mi padre. creedme. Volvió a su campamento. eran toscas sombras de color de tierra..» Y vi una cueva que parecía no tener fin. Su cara y su cuerpo. lo encendió con el pedernal y el eslabón. claro! ¿Acaso es mía la mina? ¿Por dónde has entrado. trabajando y con la cara sudorosa. y soñó que le hablaba una voz. Silencio. No he visto nunca un fantasma. Pero tú no eres un fantasma. Muy bien. en los túneles. Abrieron esas cuevas antes de que yo naciese. pero se quedó dormido.. uno de los amigos que quedaron atrapados cuando se rompió el depósito de agua en la vieja bocamina del sur?» «Pues bien –les he dicho yo–. este nivel lleva a las cuevas. Y más allá de aquella cueva. pobre hombre? No tengas miedo. dejando colgar las manos entre las rodillas. Allí hay unas cuevas muy grandes. Y lo que hemos visto era un hombre. Podrías ser un desertor. y a su luz encontró el pozo vertical. siguiendo el antiguo filón que había allí.» «¿Qué está haciendo en la mina? –han dicho ellos–. Hacía un ruido como un susurro sin fin que saliera de la obscuridad. y . debajo de la inquieta estrella de la vela. por la vieja galería que da al río? Has tenido suerte al encontrarla. o un ladrón. ¿Quién ha oído hablar nunca de un gnomo que sea tan alto como un hombre? ¿O quién ha visto nunca a uno. ¿lo sabías? No lo sabe nadie más que los mineros.pecho lleno de fuego. –Aquí estás. Encontró el cabo de vela en la palmatoria de estaño que llevaba en el bolsillo. Las vi una vez. ¿O es que has perdido el juicio. y un arroyo negro que corría por ella.

Cuando vio un destello de luz en el túnel. y todas brillan por el cristal de roca. o un hongo: era algo muy extraño. esos incendios y juicios? Más les valdría dejar en paz a la gente honrada. después de mostrarle dónde nacía la fuente y de advertirle que no siguiese el curso del agua. Mientras escuchaba. Y esta parte de aquí está agotada. El conde era un hombre honrado. los señores. todo es piedra estéril. roma y pesada como una piedra rota. Por allí. para que compareciese ante el Consejo. Pero no era más que el viejo minero. Quizá hay un número infinito de ellas. –Esos soldados vestidos de negro se lo llevaron a la ciudad. si no hubieses salido y tropezado con nosotros. El agujero que has escogido es bastante seguro. pues todo su miedo. te enseñaré dónde está. Has tomado una dirección que no es. hay muchas fuentes. Pero toda esa gente. a lo lejos. en el otro nivel. no son de fiar. ¿Qué buscabas? ¿Comida? ¿Una cara humana? –Agua. le pareció ver un poco más lejos en la obscuridad. todas las vigas estaban cubiertas de una gruesa y centelleante piel blanca. salitre quizá. Sólo aquí abajo hay gente de fiar. Ven. –No. Yo trabajaba allá abajo. se agazapó detrás del puntal de cuarzo con un gran trozo de granito en la mano. pues no le quedaba ningún otro alimento. compañero. para que lo juzgaran. metido hasta las rodillas en la maldita agua fría. ¿Quién sabe? Están unas encima de otras. Aquí debajo. Hace mucho tiempo. los hombres que bajan a la mina. cuando . por encima del agua aceitosa. he sido estudiante –respondió él. ¿Qué otra cosa tiene un hombre aquí abajo sino sus manos y las manos de sus compañeros? ¿Qué hay entre él y la muerte. esos soldados. y con la visita del minero. –No es agua lo que falta por aquí. –Tú no eres un soldado corriente –dijo el minero. pues no se atrevía a decirle al minero quién era. Era una determinación ciega. Ven. tan honrado como puede serlo un rico. ciervos y zorros? ¿Le va a juzgar un consejo de zorros. acaso? ¿Qué significa todo este espiar. ¿Por qué han de juzgarle? ¿Qué ha hecho el conde sino cazar osos. su cólera y su dolor se habían reducido a una sola cosa allí en la obscuridad. El viejo minero le dejó en su campamento. Cuando se quedó solo. y escuchó cómo hablaba el minero. Se sentó con el astrónomo. le pareció que se aligeraba un poco el peso que oprimía su alma. Allá abajo. Guennar se comió todo el queso. y era justo con sus siervos. según dicen. y del conde Bord.debajo de ella. antes de que se agotase la veta. y le habló. hace años. había otras. le habló del incendio de la Casa Redonda de la colina. pues el entibado debía de estar podrido y una pisada o un ruido podía dar lugar a un desprendimiento. se habían convertido en la decisión de que nadie le pondría las manos encima. pesada en su alma. El minero sabía todas las cosas que habían ocurrido en la región. Guennar pensó que había soñado con aquel túnel blanco lleno de agua negra. que le traía un pedazo de queso seco. Pero no le dijo nada más.

nada escondido. ¿de qué servirían sus espadas y sus gritos en esta obscuridad? Aquí abajo me gustaría verles un día. Y aquí no baja nadie más que ellos. ningún secreto. un pie en dos semanas. bajando y bajando por el pozo de chimenea hacia la obscuridad? ¡No bajarían aquí por nada del Mundo! Ellos son muy valientes para pasearse por allá arriba. cómo romper el granito con el pico de aguda punta. Cuando llegaban. o afilando las herramientas. –Ha sido Hanno quien ha pensado en la lámpara –explicó el viejo–. como a un niño. Le habían adoptado. Él era su secreto.hay un desprendimiento o cuando se cierra un pozo ciego y él se queda atrapado sino las manos de sus amigos. o empujando el carretón del mineral por su pasarela acanalada hacia el gran pozo. No sirve de gran cosa pasarse doce horas al día en un agujero obscuro de la Tierra. si allí no hay nada. o a los soldados. Allí. en pequeñas venas por entre la ganga. y fue a la bancada. ¿Puedes imaginarte al dueño de la mina. cuando se oían incesantemente los crujidos. Él les ayudaba todos los días. Aquí abajo uno puede contar con sus compañeros. algo más de queso. hombres viejos. si se apaga. pero. A veces alargaban un túnel. Guennar volvió a recorrer el nivel inferior que había recorrido antes. Uno o dos días después. Le enseñaron al astrónomo cómo poner una cuña y cómo manejar la almádena.. Le llevaron otra vez a la bancada y le dejaron trabajar con ellos.. le enseñaron lo que había que buscar. si no hubiese confianza entre nosotros aquí abajo. Pero donde habían trabajado diez cuadrillas de quince hombres. cómo separar el metal de la ganga. con sus encajes. durante toda la vida. y los golpes de los cubos vacíos que bajaban al encuentro de los hombres que empujaban los pesados carretones. . en la obscuridad. en aquellos mismos niveles. Estaba la plata. Le mostraron la mina. Y aquí tienes una docena de velas. –¿Saben todos que estoy aquí? –Sólo nosotros –respondió el minero–. y le traían una lámpara y un jarro de aceite. Las ha birlado el joven Per. pan y unas manzanas. pues le pareció que la corriente de aire que bajaba por él olía a quemado. el matraqueo y el estrépito de los cubos cargados que subían por el chirriante montacargas. La mecha es de cáñamo. Le trataban como a un invitado. hasta que vio las velas de los mineros danzar como estrellas. ningún tesoro. Ellos no. Cuando volvió le acompañaba otro hombre. sus palas y su voluntad de sacarle? No habría plata allá arriba. y relevaba a unos y a otros durante todo el día con la pala. que no tenían otro oficio que la minería. ahora sólo trabajaba una cuadrilla de ocho hombres: hombres de más de cuarenta años. las escasas y brillantes venas del puro metal. al Sol. o abriendo túneles. sopla fuerte y puede que se encienda otra vez. en dirección al oeste. –Era una gran mina –decían con orgullo. allá arriba. por supuesto. la quebradiza y rica mena. él se apartó del pozo. Los hombres compartieron con él su comida. bien equilibrado. las bombas y el gran pozo donde estaban las escaleras y las poleas con los cubos. Había aún algo de plata en el duro granito. estaba en la bancada esperándoles.

no le dejaban trabajar durante mucho rato. conociendo las escaleras inseguras y los pasos angostos. y yo juro que me bañaría en cerveza! Pero. cuando estaba solo. cuando los mineros habían subido por las largas escaleras hacia el exterior. se lo impedían el orgullo y la costumbre. inteligentes y vulnerables. –¿Por qué se lo diríais a los amos? –¡Hombre! ¡A nosotros nos pagan por lo que sacamos! ¿Te crees que hacemos este maldito trabajo por gusto? –Sí. Todos se echaron a reír. cubiertas de polvo y de sudor. Le alimentaban con su pobre y escasa comida. manos de hombres viejos con las gruesas uñas ennegrecidas por el contacto hiriente de la roca y del acero.» . él se echaba y pensaba en ellos. La plata que no era suya. sucias de tierra. un filón nuevo. que habían abierto la tierra y que habían encontrado la brillante plata en la dura roca de aquellas tenebrosas profundidades. Pero por aquí todo está yermo. ellos la habrían encontrado. en sus voces. si encontrásemos un filón nuevo! ¡Mi mujer podría tener un cerdo. llenas de cicatrices. no des golpecitos como un leñador. Así. –¡Ah. por esto excavaron tan lejos hacia el este. algo que le hacía guiños como respondiéndole y que después desaparecía. intrigado por el juego de su vela en las paredes de roca. agotado. por el brillo de la mica que parecía salir del interior de la piedra. –Mira. Sólo habría que saber verlas. La plata que ellos nunca conservaban. El tiempo se extendía detrás de él y delante de él como las obscuras galerías y traviesas de la mina. los niveles profundos llenos de agua. si quedase plata por aquí. Se hace así. que estaban todas presentes a la vez. Sus ojos vivos brillaban en las caras ennegrecidas. como si se hubiese deslizado detrás de una nube o del disco invisible de un planeta. con una risa estruendosa. que ellos nunca gastaban. en sus manos grandes. compañero. «Hay estrellas en la Tierra –pensaba–. burlona. ¿lo ves? Pero después otro le pedía: –Dame unos golpes aquí. estuviese donde estuviese él con su pequeña vela. en sus caras. como antes. ¿qué haríais? –Lo abriríamos y se lo diríamos a los amos. inocente. en la cuña. ¿Por qué brillaba a veces de aquel modo? Brillaba como si la vela hubiese encontrado algo mucho más allá de la brillante y quebrada superficie. conociendo los lugares peligrosos. aquellas manos. cuando se quedaba solo en la tierra hueca. Ahora. el astrónomo solía vagar por los túneles y las viejas bancadas. No hay nada que hacer. Por la noche. –Si encontraseis una veta nueva.

Era torpe con el pico, pero hábil con las máquinas. Ellos admiraban su habilidad y le traían herramientas. Él reparaba bombas y tornos; le hizo al «joven Per», que trabajaba en un largo y estrecho túnel cerrado, una lámpara con cadena, con un reflector que hizo con una palmatoria de estaño, que convirtió a fuerza de golpes en una lámina curvada, y que pulió con fino polvo de roca y con el forro de piel de su abrigo. –Es una maravilla –dijo Per–. Es como la luz del día. Y, al estar detrás de mí, no se apaga cuando el aire se enrarece y me dice cuándo tengo que retroceder para respirar. Pues un hombre puede seguir trabajando en un túnel cerrado algún tiempo después de que se haya apagado su vela por falta de oxígeno. –Deberías colocarte allí un fuelle. –¿Un fuelle? ¿Como en una fragua? –¿Porqué no? –¿No subes nunca allá arriba, por las noches? –le preguntó Hanno, mirándole con algo de tristeza–. ¿Sólo para echar una mirada? Hanno era un hombre melancólico, pensativo, bondadoso. Guennar no le respondió. Se fue a ayudar a Bran a entibar; ahora, los mineros hacían todos los trabajos que antes habían hecho cuadrillas de estibadores, picadores, acarreadores, clasificadores, y otros. –Le da pánico salir de la mina –explicó Per en voz baja. –Sólo para ver las estrellas y respirar un poco de aire fresco –dijo Hanno, como si le hablase aún a Guennar. Una noche, el astrónomo se vació los bolsillos y miró los objetos que habían estado en ellos desde la noche del incendio del observatorio: cosas que había recogido en aquellas horas que ahora no recordaba, aquellas horas en que había andado a tientas, tropezando, entre los restos de su casa, convertidos en brasas humeantes... buscando lo que había perdido... Ahora ya no pensaba en lo que había perdido. Aquello estaba aislado en su mente por una gruesa cicatriz, la cicatriz de una quemadura. Durante mucho tiempo aquella cicatriz de su mente le impidió comprender la naturaleza de los objetos que ahora estaban ante él en el polvoriento suelo de piedra de la mina: un fajo de papeles chamuscados por un lado; un trozo redondo de vidrio o cristal; un tubo de metal; una rueda dentada bellamente trabajada; un pedazo de cobre retorcido y ennegrecido, grabado con finas líneas; y otros restos y fragmentos. Volvió a guardarse los papeles en el bolsillo, sin intentar separar las quebradizas hojas que estaban medio pegadas, sin intentar leer la fina escritura. Siguió mirando las demás cosas, tomándolas de vez en cuando para examinarlas mejor, sobre todo el pedazo de vidrio. Sabía que aquel vidrio era el ocular de su telescopio de diez pulgadas. Había pulido la lente él mismo. Cuando lo tomó en las manos, lo manejó con delicadeza, sosteniéndolo por los bordes, para evitar que el ácido de su piel marcase la

superficie. Después se puso a limpiarlo, frotándolo con un jirón de la fina lana de cordero de su abrigo. Cuando el ocular estuvo limpio, lo sostuvo en alto, miró su superficie y miró a través de él desde todos los ángulos. Su expresión era tranquila y decidida, y sus ojos, claros y separados, estaban serenos. Inclinada en sus dedos, la lente del telescopio reflejaba la llama de la lámpara en un diminuto punto brillante próximo al borde y que parecía estar debajo de la curva de la superficie, como si la lente hubiese guardado en su interior una estrella de los muchos cientos de noches que había estado vuelta hacia el cielo. Guennar la envolvió cuidadosamente en el jirón de lana y le hizo un lugar en el hueco de la roca, donde guardaba el yesquero. Después tomó las demás cosas, una a una. Durante las semanas siguientes, los mineros vieron a su fugitivo con menos frecuencia mientras trabajaban. Pasaba muchas horas solo, explorando las desiertas regiones orientales de la mina, según dijo cuando le preguntaron. –¿Para qué? –Para encontrar plata –respondió, con la sonrisa breve y sobresaltada que le daba aspecto de loco. –Pero, amigo, ¿qué sabes tú de encontrar plata? Esa parte de la mina está agotada. La plata se acabó, y no encontraron ningún filón al este. Quizá encontrarás un poco de mineral pobre, o una vena de estaño vidrioso, pero nada que valga la pena. –¿Cómo puedes saber lo que hay en la tierra, Per, en las rocas que tienes bajo los pies? –Lo sé porque conozco las señales, amigo. ¿Quién lo va a saber mejor que yo? –Pero ¿y si esas señales estuviesen ocultas? –Entonces es que la plata estaría escondida. –Pero tú sabes que está allí, si supieses dónde cavar, si pudieses ver el interior de la roca. ¿Qué otra cosa puede haber allí? Vosotros encontráis el metal porque lo buscáis, porque caváis para sacarlo. ¿Qué otra cosa podríais encontrar, a mayor profundidad que la mina, si la buscaseis, si supieseis dónde cavar? –Roca –dijo Per–. Roca, roca y roca. –¿Y después? –¿Después? El fuego del Infierno, que yo sepa. ¿Por qué, si no, hay más claridad en los pozos cuanto más profundos son? Esto es lo que dicen. Que, cuanto más se ahonda, más se acerca uno al Infierno. –No –dijo el astrónomo, con voz clara y firme–. No. Debajo de la roca no está el Infierno. –¿Qué hay allí, pues, abajo de todo?

–Las estrellas. –Ah... –dijo el minero, desconcertado. Se rascó el áspero cabello, en el que había gotas de sebo, y se rió. –Esto sí que es extraño –añadió, mirando a Guennar con lástima y admiración; sabía que Guennar estaba loco, pero la dimensión de su locura era para él una cosa nueva y admirable–. ¿Y tú encontrarás esas estrellas? –Las encontraré si encuentro la manera de buscarlas –afirmó el astrónomo, con tanta calma que Per no encontró otra respuesta que tomar su pala y volver a su tarea de cargar el carretón. Una mañana, cuando llegaron los mineros, se encontraron con que Guennar dormía aún, envuelto en la vieja capa que le había dado el conde Bord, y vieron junto a él un objeto extraño, un artefacto hecho de tubos de plata, de codales y alambres de estaño hechos a partir de viejas lámparas de minero, una estructura de mangos de pico cuidadosamente trabajada y encajada, ruedas dentadas, un pedazo de vidrio centelleante. Era un artilugio frágil, provisional, delicado, complejo, absurdo. –¿Qué demonios es esto? Rodearon el aparato y se lo quedaron mirando, centrándose en él las luces de las lámparas que llevaban en la frente, un rayo amarillo iluminando a veces al hombre que dormía cuando uno de los mineros le echaba una mirada. –Lo ha hecho él, seguro. –Sí, no hay duda. –¿Para qué? –No lo toques. –No lo iba a tocar. Las voces le despertaron, y Guennar se incorporó. Los rayos amarillos de las lámparas daban a su cara un color blanco y la hacían destacar contra la obscuridad. Se frotó los ojos y dio los buenos días a los mineros. –¿Qué es eso que has hecho, amigo? Él pareció estar turbado o confuso cuando vio el objeto de su curiosidad. Apoyó una mano en él como para protegerlo, pero, durante unos momentos, él mismo lo miró como si no lo reconociese. Por fin dijo, frunciendo el entrecejo, en un susurro: –Es un telescopio. –Y, ¿eso qué es? –Un aparato que permite ver con claridad las cosas lejanas. –¿Cómo es eso? –le preguntó uno de los hombres, desconcertado.

El astrónomo le respondió, hablando cada vez con más seguridad: –En virtud de ciertas propiedades de la luz y de las lentes. El ojo es un instrumento delicado, pero es ciego para la mitad del Universo, para mucho más de la mitad. Decimos que el cielo de la noche es negro, que entre las estrellas sólo hay vacío y obscuridad. Pero, si dirigimos la lente del telescopio hacia ese espacio que hay entre las estrellas, descubrimos más estrellas. Estrellas demasiado pequeñas y lejanas para verlas a simple vista, hilera tras hilera, esplendor tras esplendor, hasta los últimos confines del Universo. Más allá de toda imaginación, en la obscuridad exterior, hay luz: un gran esplendor de luz solar. Yo lo he visto. Yo lo he visto, noche tras noche, y he hecho mapas de las estrellas, que son los faros de Dios en las costas de la obscuridad. ¡Y también en la obscuridad hay luz! No hay ningún lugar privado de luz, del consuelo y el resplandor del espíritu creador. No hay ningún lugar desterrado, proscripto, abandonado. Ningún lugar ha quedado en la obscuridad. Donde han mirado los ojos de Dios, allí hay luz. ¡Hemos de ir más lejos, hemos de mirar más lejos! Hay luz, si queremos verla. No sólo con nuestros ojos, sino con la habilidad de nuestras manos, con los conocimientos de nuestra mente y con la fe de nuestro corazón se nos revelará lo que no hemos visto, y se hará evidente lo que está oculto. Y toda la obscura Tierra brillará como una estrella dormida. Hablaba con esa autoridad que los mineros sabían que pertenecía por derecho a los sacerdotes, a las grandes palabras que pronunciaban los sacerdotes en las iglesias resonantes. No era lógico que estuviese allí, en aquel agujero en el que ellos se ganaban penosamente la vida, en las palabras de un fugitivo loco. Más tarde, al hablar entre ellos, movían la cabeza, o se llevaban un dedo a la frente. –Su locura va en aumento –dijo Per. –¡Pobrecillo! –exclamó Hanno. Pero, al mismo tiempo, no había entre ellos ninguno que no creyese lo que el astrónomo les había dicho. –Enséñame a usar eso –le dijo el viejo Bran a Guennar cuando le encontró solo en un profundo túnel de la parte oriental, ocupado con su complicado aparato. Bran era el primero que había seguido a Guennar, el que le había llevado comida y el que le había hecho conocer a los demás. De buena gana, el astrónomo se hizo a un lado y le mostró a Bran cómo sostener el aparato dirigido hacia abajo, hacia el suelo del túnel, y cómo enfocarlo, e intentó explicarle su funcionamiento y lo que podía ver con él. Hablaba con vacilación, pues no estaba acostumbrado a dar explicaciones a personas ignorantes, pero sin impacientarse cuando Bran no entendía algo. –No veo otra cosa que la tierra –dijo el minero, después de mirar seriamente, durante mucho rato, con el instrumento–. La tierra, el polvo y las piedrecillas. –Quizá es que la lámpara te deslumbra –dijo el astrónomo con humildad–. Es mejor que mires sin ella. Yo sé hacerlo porque llevo mucho tiempo en ello. Es cuestión de práctica, como colocar las cuñas, que vosotros siempre hacéis bien y yo siempre hago mal.

. pero el saber que era un sabio le hacía difícil llamarle «compañero» o «amigo». Las estrellas que hay en la roca. Bran. Sus ojos eran claros. Bran se interrumpió. Pero ello le habría asustado. . aquí abajo es algo diferente. y no habló. El hecho de que fuese un hereje no le importaba. llevaba su harapiento abrigo de piel de cordero. que estaba negro por la arcilla y el polvo de los túneles. Puede ser. semejanzas. Allí era donde estaba la mayor parte del tiempo. Pero están ahí. la roca en la que estaban. Ahora. surgiendo de repente de una traviesa que había a la derecha. –Sólo las he visto un momento. muchas veces. el fugitivo hablaba con grandes palabras. y después explicó: –La Osa Mayor. Su cabello rubio se había vuelto gris. el astrónomo conocía la mina mejor que cualquiera de ellos. Una noche. Aún no he aprendido la manera correcta de mirar. El astrónomo apoyó la mano en el armazón de su mecanismo y dijo con voz suave: –Hay. el astrónomo asintió. él salió a su encuentro. el Escorpión. se mostraban más tímidos. los túneles abandonados y los túneles de exploración que iban hacia el este. Como siempre.–Sí. aunque siempre le guardaban una parte. Hacía poco.. Ahora. con este aparato? Mirándole aún a través de la débil luz de la lámpara con ojos claros de expresión reflexiva. mejor incluso que Bran. cuando volvían todos con el último carretón hacia el pozo principal. ven. Y tampoco podía llamarle «maestro». –Bran –dijo–. son constelaciones. y ellos no le seguían.. y no se reían. Hay una gran constelación en la bancada del viejo nivel cuatro.. constelaciones? Guennar miró a Bran como desde muy lejos. no veían a Guennar en la bancada cuando llegaban a su trabajo.. –¿Cómo son? –preguntó Bran en voz baja. y él no se reunía con ellos ni siquiera a la hora de comer. el suelo picado de la mina. donde está el granito blanco. y en aquellas ocasiones habría sido fácil llamarle «maestro». a pesar de toda su mansedumbre. y no sólo la mina «viva» sino también la «muerta». Ahora puedo enseñártelo. Cuando aparecía entre ellos y hablaban con él. familias. sino que señaló hacia abajo. –¿Qué puedes enseñarme? –A ver las estrellas.. la Hoz junto a la Vía Láctea en verano. había caído en la cuenta de quién era Guennar. Dime lo que tú ves. grupos de estrellas. palabras que cautivaban el alma... –¿Qué es eso. constelaciones. Dibujos de estrellas. Había ocasiones en que. –Y. hacia las cuevas. ¿tú ves constelaciones aquí.

–Mira donde te he dicho –le dijo Guennar a Bran–. hombres encorvados de caras fatigadas y sucias y grandes manos dobladas endurecidas por el contacto del pico. Estaban confusos. y no dijo absolutamente nada. Me quemarían los ojos. impacientes. compadecidos. Esto es lo que dijo. por una vez. La mina no está muerta. Estamos en noviembre. Vendré contigo y lo veré. hay que ir más abajo. y después un día entero. le vieron un momento. –Ya nos íbamos. El astrónomo les miró a la cara. Ya veremos eso mañana –dijo Bran. –Está allí: debajo del suelo. y duermes bajo un techo y no bajo la tierra aquí solo. Nos vamos a casa a cenar. No llevaba lámpara ni vela. . y después sólo vieron la obscuridad. amigo. la pala y la almádena. a ratos al principio. nunca. como si su cara se hundiese en la sombra.. llamando de vez en cuando. –Aquí no hay luz –susurró Hanno–. A la mañana siguiente. ¡Ven. Fue como si se apagase una luz. Bran! Los mineros estaban cerca de él y le miraban. No apareció. Su brillo asciende por la obscuridad. y seguramente llueve. Aquí nunca ha habido luz. no estaba esperándoles. ¡Buenas noches! –Buenas noches –dijo el astrónomo. Hanno dijo con su voz ronca y amable: –Sube con nosotros por una vez. Más abajo. y tomas una comida caliente. –Ha ido más abajo –dijo Bran–. Bajaron tanto como se atrevieron. desde que se creó el Mundo. Se volvió hacia el túnel lateral mientras ellos se alejaban. Guennar retrocedió unos pasos. y se puso a empujar el pesado carretón hacia el pozo. baja conmigo a verlas.–Conozco el lugar. que habían sido mineros toda su vida. Allá arriba es noche cerrada. y entraron. aunque en aquellas grandes cavernas ni siquiera ellos. nadie te verá si vienes a mi casa y te sientas junto a mi fuego. Son como caras de bailarinas. se atrevían a gritar debido al terror de los interminables ecos en la obscuridad. Per y Hanno con las espaldas tensas para sostener el carretón y evitar que se deslizase. Una gran reunión de estrellas resplandecientes. Compruébalo con tus propios ojos.. Bran y Hanno le buscaron. –Sí. como ojos de ángeles. junto a esa pared blanca. hasta que llegaron a la entrada de las cuevas. Para encontrar la luz. –Dejadle tranquilo –dijo Per. –No –dijo–.

como grupos de estrellas. la luz. y se pusieron a cavar. donde el astrónomo había dejado una señal. A un pie de profundidad encontraron mineral de plata. fueron los dos al lugar del que les había hablado el astrónomo. como estrellas. y Per le escuchaba. una especie de símbolo dibujado con hollín de vela en el suelo de piedra. no en la roca blanca sino en el suelo. donde una gran vena de duro granito claro bajaba por entre la roca más obscura que se había dejado intacta.Pero Bran era un viejo testarudo. Un día. Volvieron a entibar el techo de la antigua bancada allí donde las vigas se habían movido. capa tras capa. debajo de la capa de cuarzo. Edición digital de Arahamar . ramas. venas. porque parecía piedra estéril. y debajo del mineral –trabajando ahora los ocho mineros– los picos descubrieron plata en bruto. cincuenta años atrás. con una mente literal y crédula. sin fin. haces y nudos de plata que brillaban entre los cristales rotos y entre los fragmentos de roca. debajo de ella.

Shelley fue expulsado de Oxford –creo que nunca se ha probado la autenticidad de la anécdota. dame la situación. Por supuesto. Las voces dejaron de oírse sin que hubiera acabado la transmisión.El campo de visión The field of vision. hasta poco antes de que se abriera su escotilla de regreso. La entrada automática de información de la nave continuó. Aquí hay una interferencia óptica”. Tengo el sentimiento de que esta pintada necesita una segunda mano de vez en cuando. pero las respuestas de Psyche eran excéntricas. pero a continuación se oyó a Hughes pidiendo una lectura de panel de control. Un gesto grosero. Durante los 26 días de vuelo siguientes. por favor. en que los astronautas estuvieron durmiendo a base de drogas. Houston pidió explicaciones. Los mandos automáticos de a bordo. los altavoces dijeron con la voz de Hughes: “Houston. es una especie de rabieta sublimada. No había monitor médico en las misiones Psyche. dirigidos por el equipo de Tierra. El único vínculo con la tripulación era el contacto verbal. pero el único intento que hizo de . la larga tensión en Houston se convirtió en desesperación. y la recepción era muy mala. habían vuelto a la nave y estaban iniciando la operación de regreso. Una carta indignada al editor. pero no importa– por haber escrito en la pared que cerraba un callejón sin salida: «Por aquí se va al cielo». Rogers dijo: “Si queremos llevarla a casa. aparentemente en respuesta a las preguntas de Houston. Vi la eternidad la otra noche como un vasto anillo de luz pura e interminable.. y luego algo acerca de una dosificación. Trataron de dirigirle. tenemos que hacerlo ahora”. totalmente rutinarios. En una ocasión. Los 220 segundos que se tardaba en recibir la respuesta empeoraban las cosas. 82 horas y 18 minutos antes de lo previsto. los informes siguieron siendo normales. La actividad solar interfería la comunicación. © 1973. y conectados a los HKL e IV.. El comandante Rogers dijo entonces repentinamente por radio que habían abandonado la superficie. La salida fue normal. acababan de establecer la trayectoria de regreso de la nave. Henry Vaughan (1621-1695) Los informes del Psyche XIV llegaron con regularidad. de repente. Psyche seguía interrumpiendo la comunicación. cuando. Apenas sé qué decir acerca de El campo de visión. Cuando dejaron de llamar el Día 2.

De acuerdo. por favor. El comandante Rogers estaba en su puesto de vuelo. le volveremos a poner las compresas. la nave se estabilizó. doctor Hughes.. pero estaba aturdido y desconcertado. Llevaba unos diez días muerto. se abrió la escotilla. Cálmese. aunque no opuso ninguna resistencia activa. –La habitación está casi a obscuras. Entraron en la nave y los sacaron de allí. Abra los ojos otra vez. Posible hipersensibilidad. –Por favor. Está bien. El control de Tierra había hecho un buen trabajo. déjeme la venda sobre los ojos. –¿Puede ver algo? –¡Sí! Por favor. doctor Hughes? –De todos los colores. El doctor Hughes estaba en un estado de colapso. por favor. No salió nadie. aún sujeto a su asiento y conectado a los HKL e IV. . es demasiado fuerte. Tuvieron que arrastrarlo para sacarlo de la nave. –Mmmm. y estaba claro por qué los demás no le habían abierto el traje. –¿Ve la luz que le estoy enseñando? ¿De qué color es. –¿Puede señalarla con la mano? –Está en todas partes. El capitán Temski parecía físicamente ileso. aunque plenamente consciente. Es demasiado brillante. La nave había caído a medio kilómetro del California. blanca. parecía estar ciego. quemada por la alta velocidad.. –No está a obscuras. ¿qué le parece así? ¿Suficientemente obscura para usted? –¡Apague la luz! –Mantenga las manos quietas. Le dijeron a Hughes que no tocara nada. La nave.corrección manual fue desastroso. se hundió envuelta en nubes de vapor. Los enormes paracaídas de color pálido se abrieron sobre el Pacífico como rosas cayendo lentamente del cielo. se reunieron las balsa salvavidas. balanceándose en las altas olas. No hablaba ni respondía a las instrucciones que se le daban. Los helicópteros se elevaron sobre el lugar. Casi inmediatamente después de esto volvieron a perder el contacto verbal. y el equipo de Tierra tardó cinco horas en compensarlo. volvió a emerger inmediatamente y quedó allí quieta. que ellos se encargarían de llevar la nave a la Tierra.

¿Cómo estás? H. H. muy bien. –Lo siento –dijo. H. (Risas. Hughes era soltero y no tenía parientes cercanos. –¡No! –Hughes cerró los ojos. ¿Puede verme? –No. Decelis había sido especialista en Psyche XII. aturdidos y llenos de temor. enmarcado por la obscura barba de un mes. si no está a obscuras? –Doctor Hughes. igual que Hughes había participado en Psyche XIV. Ahora puede tocar Greensleeves. Por supuesto. los ojos abiertos. Hola.) Oh. Por lo menos ella lo . ¿Tú estás bien? D. Se habían preparado juntos. estaba mortalmente pálido–. estaba brillante de sudor. ¿no? H. la conversación se grabó. Claro. respirando hondo. ¿Barnie? D. ya lo creo. –¿Por qué me dice esto. ¡No puedo ver a causa de la luz! El doctor incrementó la iluminación hasta que pudo ver la cara de Hughes. Estoy mareado – murmuró–. ¿Qué tal está Gloria? D. con las mandíbulas apretadas. apenas distingo su cara. Bien.El hombre dejó de debatirse y se relajó en cuanto le taparon los ojos. –Abra los ojos. Se sabía que su mejor amigo era Bernard Decelis. –Volveremos a intentarlo cuando haya descansado. la misión que había descubierto la ciudad de Marte. todo me da vueltas –tomó una bocanada de aire y empezó a vomitar. –¿Qué. está así más obscuro? –preguntó con el sarcasmo de la impotencia. Soy Decelis. Gerry. ¿Ha pasado ya de Aunt Rhody? D. Su rostro alargado. Bien. por favor. La habitación está casi a obscuras. D. sólo hay una débil iluminación rojiza encima de mí. y se quedó quieto. Llevaron a Decelis a la estación de aclimatación en Pasadena y le pidieron que hablara con su amigo. No fue ningún paseo. nada más.

médicos de ojos de aquí. Sólo dijeron que tiene tendencia a la introversión. D. Entonces es evidente que lo que falla es mi cerebro.llama Greensleeves. Tres diferentes oculistas. Ah. ¿Qué empezó? H. . H. H. tuvo que serlo. Gerry? H. la habitación. No lo sé. Lo ignoro. No tienen a un coro investigando su caso. Dejó de hablar. ¡Introversión. D. Ya lo harás. D. ¿Qué es toda la ciudad? D. ¿Aún piensan eso? D. o lo que demonios sean. por supuesto. Todo esto está en vuestros informes. y he visto también algunas de las holografías que os trajisteis. D. Escucha. D. Dwight pensó que era un cafard. H. En aquel lugar. Se menciona como una posibilidad. Para verte. No lo sé. ¿Ocurrió algo especial allá arriba? H. me han asegurado que tus ojos están perfectamente. Fue edificada. Dejó de responder. ¿Y qué hay de Joe Temski? D. Quizá en el sentido de una mala conexión. construida. H. Sólo eso. D. Dios mío. No le he visto. Los he visto. ¿Temski? ¿Ese bromista? H. Encontramos la habitación. Pero te juro que están absolutamente seguros de esto. H. ¿Es una construcción? H. H. ¿Qué ocurrió? H. Me gustaría poder devolver el cumplido. Todo empezó con él. ¿Qué diablos es. Dejó de responder. oftalnosequé. D. ¿Para qué te han traído a este basurero? D. sí. Una especie de coro que tienen. Dejó de darse cuenta de las cosas. Eran en realidad tres oftamachacantes y un neurólogo. Introvertido como una roca. Fantástico. ¿Qué te dijeron de él? D.

cómo puedes asegurarlo cuando desconoces lo que la hizo? ¿Una concha marina ha sido “hecha”? Si no lo supieras. Duró varios días. No.. Estuvo de acuerdo.. ¿podrías decir cuál de los dos ha sido “hecho”? ¿Y para qué? ¿Qué significado tiene? ¿Y qué dirías de una concha de cerámica? ¿O de un nido de avispas de papel? ¿O de una geoda? D. regularidad. Pero él se estaba volviendo como loco. Gerry? H. D. Cuando salió del primero estaba tembloroso. A unos diez días de la Tierra. No lo sé. Estupenda.H. me mareaba. ¿Cómo lo sabes. se estaba quedando agotado. pero en cuanto estuvimos dentro sufrió otro ataque. Empecé a ver esos destellos de luz que dejaron mi percepción de profundidad totalmente deshecha. No me lo habían dicho. No lo sé. durante casi todo el tiempo funcionaba uno de los dos. Nos llevó muy bien a la nave. como de epilepsia.. No quería utilizar la radio. y cada vez duraban más tiempo. Una relación matemática. Son un misterio.. no quería tocar el ordenador de a bordo.. y miraras una concha marina y un cenicero de cerámica. Las cosas se desenfocaban. H. Pensé en pasar estas disposiciones espaciales a un ordenador para buscar una pauta que tenga sentido. D. Cualquier tipo de modelo geométrico. De acuerdo. Le dije que teníamos que intentar llegar cuanto antes a la nave mientras pudiéramos. ¿Fue entonces cuando notaste las molestias en los ojos? ¿Cómo empezó? H. ¿Qué conclusiones sacaste tú? D. D. disposiciones que llamáis “casilleros” en los informes? He visto las holografías. podía estar ya muerto. D. ¿qué piensas programar como “sentido”? D. ¿Estuvisteis mucho tiempo dentro? H. me refiero a Dwight.. . código. Le di algunos tranquilizantes y lo sujeté al asiento. Como con la vista cansada. Cuando le hablé de mis ojos. si no tuvieras un entorno y no pudieras establecer una comparación. No te convence la idea. Dwight y yo programamos el rumbo. ¿Qué le ocurría? H. pero parecía racional. ¿Pero. Incluso antes de que despegáramos tuvo una especie de ataques. No lo sé. H. No hubieras podido hacer nada. Todo el tiempo. en el ML. me dijo que había tenido una especie de ataques de temblores. No sé. Era peor fuera de la habitación. Murió mientras dormía. Sí. Pero empeoraba. ¿Cómo era el lugar.. y esas cosas. porque Joe empezaba realmente a no funcionar. Únicamente. no sé. aún podía distinguir las cosas.. Empezó a alucinar entre uno y otro. Cuando volvíamos a la nave. desde que lo encontramos. Cuando cogí el sueño. esas. D. ¿Qué conclusiones sacasteis? H. Gerry.

. No crees. El sistema nervioso. Esos ataques eran como sobrecargas. como el resto de Marte. ¿Y por qué todos tenemos síntomas diferentes? D. Ciudades. H. ¡Tú lo sabes. por lo que conocemos. Es demasiado antiguo.. ¿Plaga espacial? ¿Fiebre marciana? ¿Misteriosas esporas de otro tiempo que enloquecen a los astronautas? D. Bueno.. ¿Algún tipo de virus? H. No entendemos.. que no se oye hablar mucho de ella. H. D. Joe se vuelve catatónico. está muerto. H. D.. La habitación que encontrasteis. Dwight tiene una sobrecarga en la corteza cerebral. No habría estado en el programa. De acuerdo. Lo ignoro. no hay vida allí.. las drogas afectan a cada persona de forma distinta. ¿Cuánto tiempo habías estado tú.. seis días? H. ¿Qué relación hay? D. Pero pudo haberla habido. Durante los ataques hablaba. La ciudad que nosotros encontramos. Barnie. Como tú.H. es algo que sobrepasa a la mente humana. Los epilépticos no hablan mientras sufren un ataque. Como si se le fundieran los fusibles. Ya.. ¡Es lo único que puedo ver! . intentando explicarlo en nuestros propios términos. Pero la habitación fue sellada. No se puede explicar.. Como a borbotones. Entonces no es eso. ¿Qué te hace pensarlo? D. Y parece como si todos vosotros. Un salto a la Luna... como si intentara pronunciar de golpe una frase entera. sabes de sobra que. D. Si Rogers hubiera tenido esta tendencia. carecemos de contexto. No existe un significado. ¿no? D. todo eso. has estado allí! No hay ningún maldito germen ni virus. yo empiezo a tener visiones. hablas como un estúpido periodista populachero. No lo sé. Descubren la tendencia y la curan al principio. ¿Piensas que encontramos allí alguna maldita especie de hongo psicógeno? No hay nada allí. La epilepsia está tan controlada hoy día. H. habitaciones. no podemos entender. Ahora me doy cuenta. H. Dios mío. Le consumían. había estado seis meses en el espacio. H. ¿Qué? D. las condiciones son demasiado distintas. suena estúpido. H. todo consiste en unas formas de barro. una especie de ladridos.. únicamente estamos haciendo analogías. ningún tipo de vida. ¡Ciudad! Santo Dios.

estando muerto. hacía sus necesidades en un rincón. El caso de Temski era más difícil de explicar. todo irá bien. Su estado físico era bueno y estaba bastante tranquilo. A los cinco minutos tuvieron que sacarla llorando. comía un poco con los dedos. Sin embargo. cuando tenía hambre y había comida delante. Había desempeñado correctamente sus funciones. Fue necesario emitir un informe acerca de un nuevo chequeo médico a los astronautas que habían estado más de quince días en el . ni se tomaba ningún interés en lo que sucedía a su alrededor. No le pasaba nada. D. pero algunos rumores habían trascendido a la prensa. únicamente algo parecido a una ceguera histérica. Todo se arreglará. El resto del tiempo permanecía sentado. Vamos. Esto inquietó a muchos de sus superiores militares. así que se esperaba que contestara de forma racional a las preguntas y que explicara exactamente lo que había ocurrido. (confuso) luz y (confuso) intento ver lo que toco y no puedo. tenía un historial muy bueno. Lo único que hacía Temski era estar sentado. ¡Lo que veo cuando abro los ojos! D. era un intelectual. Es decir. Resiste. Gerry. para quienes una gran inteligencia era sinónimo de inestabilidad e insubordinación. Todo lo que está aquí y no tiene sentido.. Se le pidió que trabajara con Temski y con Hughes. Podía cuidar de sí mismo y lo hacía. no pudo o no quiso hacerlo. Hughes.D.. Escucha. Puesto que Temski no respondía y Robert. Estoy aquí. Oh. que se incorporó al programa espacial a partir de la astrofísica. un aficionado al béisbol. pero ahora se sacaba a relucir con frecuencia que. no entiendo y no puedo (confuso) D. ¿Ver qué. cuando tenía sueño.. resultaba normal que se viera a Hughes como responsable de todo en cierto modo. resultaba impensable admitir que la misión había sido un fracaso (la palabra “desastre” ni siquiera se mencionó). Nada de lo que se le dijera le producía la más mínima reacción. un eminente doctor de Nueva York llamado Shapir. yo. cálmate. te pondrás bien. Era un experto piloto de pruebas. pero ahora su conducta era aún más aberrante que la de Hughes.. se echaba en el suelo y dormía. ¿Qué? H. a pesar de todas las medidas de seguridad. Gerry? H. realmente brillante. muchacho. no podía responder. Los irresponsables periodistas querían saber por qué se mantenía incomunicada a la tripulación de Psyche XIV. cuando tenía ganas. y su conducta había sido irreprochable. y reivindicaron el “derecho” del pueblo americano a saber. Llevaron a su mujer ante él con la esperanza de lograr alguna respuesta.. H. Por supuesto. un capitán de las Fuerzas Aéreas. después de todo. Se llamó a un psiquiatra.. Cálmate.

una conversación muy relajada y trivial.. Shapir habló durante media hora con Hughes acerca de la comida del hospital. hacia una gran altura. –¿Los oculistas no se la hicieron? –Sí.. y del último informe de los chinos sobre su cohete a Alfa Centauro. Por supuesto. mire. no le estoy dando la imagen. y se vela toda. se volvían transparentes. o. y le daban la mirada fija y arrogante de los que llevan gafas obscuras. supongo que Kray sí.. Sobre todo en escaleras y en desniveles. desaparecían. –Era como si estuviera mirando desde una gran altura.. Al principio. –¿Qué quiere decir? –preguntó con aspereza el astronauta. ¿Qué está arriba y qué está abajo en el espacio? No. que estaba fuera de la cama y vestido. Me producía vértigo. Como cuando se sobreexpone una película. No hay imagen.. Demasiada luz. –¿Le han molestado alguna vez las alturas? –Demonios. –Para esto hace falta valor –dijo Shapir. ver. Y al mismo tiempo. Tener el sentido más importante para la mente consciente –la vista– dando cuenta de cosas inexistentes e incomprensibles.espacio. Luego dijo: –¿Qué ve cuando abre los ojos? Hughes.. –¿Qué le dijo usted? –Es difícil de describir. siguió sentado un rato en silencio. He intentado mirar más. Supongo que mis ojos enviaban señales a mi oído interno. y que esto . no sirve de mucho. no. Antes de que decidieran que lo mío era mental. El caso es que resulta indescriptible. Luego la luz. y se ordenó al doctor Shapir que diagnosticara y curara lo más rápidamente posible a los astronautas.. a causa del inesperado y trágico fallecimiento del comandante Rogers de un ataque al corazón. el oído. y hubo que escribir una nueva serie de artículos para los periódicos acerca de planes para construir una ciudad-burbuja en Marte –Little América– a fin de mantener una actitud positiva en el público. creo que se llama. Unos anteojos opacos le cubrían totalmente los ojos. en contradicción flagrante con los demás sentidos: el tacto.. la gente que contaba sabía que el resto del programa Psyche estaba en peligro. transformaciones constantes. sí. una especie de remolino. de Cal Tech. Hubo un silencio. pero al revés. Posiciones y relaciones cambiantes. aprender a. –Nadie me ha hecho esta pregunta –dijo. Como esa enfermedad del oído. Primero los objetos se desenfocaban. –Bueno. el sentido del equilibrio y demás. Ni siquiera tienen sentido para mí. ¿No altera la orientación espacial? –Síndrome de Méniére.

única. –Así que procuro mantener los ojos cerrados –dijo Hughes con terquedad– como un maldito mono cegato. de cómo percibe el mundo un bebé. Sólo que no entiendo lo que veo. No hay formas. y Shapir le pidió que no se pusiera los anteojos. A Shapir no le pareció que el cambio de la penumbra del ascensor a la cálida y lechosa luz de julio en la azotea afectara a aquellos ojos cerrados. aunque levantó la cara hacia el Sol al notar el agradable calor en sus pies. No se les permitía abandonar la planta y todo el que entraba allí tenía que pasar todavía diez días en cuarentena antes de volver al Mundo exterior.. por ejemplo. –¿De qué hablaba.. porque no hay cosas. No tiene sentido. Si pudiera explicárselo.suceda cada vez que uno trata de abrir los ojos. e inspiró hondo a través de la apretada . –E irracional. –William James –dijo Shapir con satisfacción. En lugar de formas veo transformaciones. Y cuando la experiencia es nueva. no-percusivo. sino intentar investigarlo. sólo que es tremendamente difícil explicar una experiencia directa con palabras. salía ganando con esto la teoría de la plaga marciana. sobrecogedora. no? –tenía una voz agradable. no parece fácil. Pero sin embargo. Obligaron a Hughes a llevar una mascarilla higiénica. ¿Tiene esto algún sentido? –Creo que sí –dijo Shapir–. como los demás. ¿Qué otra cosa puedo hacer? Al parecer. Naturalmente.... Los dos astronautas permanecían ahora en el décimo piso de un gran hospital militar en Maryland. –Para aprender a ver. pero no puedo explicarlo. –Cuando tiene los ojos abiertos y mira hacia algún objeto conocido. dijo usted. subió en el ascensor con la boca y la nariz tapadas y con los ojos destapados pero fuertemente cerrados. ver como antes. con un timbre suave y metálico.. transfiguraciones. ¿qué ve? –Una efervescente y vibrante confusión. –dijo con tristeza. Asintió varias veces. su propia mano. Hughes no apretó los párpados con más fuerza contra el torrente de luz. No hay contornos ni distinciones. a Hughes se le permitió salir al jardín de la azotea del hospital (el ascensor fue debidamente esterilizado y puesto fuera de servicio durante tres días). Dócilmente. uno no se lo podía imaginar amenazando o gritando. Eso es. y luego dijo con un inesperado y notable aumento de confianza: –He de hacerlo. ni siquiera entre más cerca y más lejos.. nunca seré capaz de. pensando en las implicaciones de lo que Hughes había dicho. veo. Hay algo ahí. ¿Es así como se siente? Hughes dudó. –Hughes hablaba ahora con verdadera gratitud–. y no sólo vivir con esto. Ante la insistencia de Shapir.. Aprender.

y ahora. No me quedaré mucho tiempo. Generalmente camino mucho. Escucha. Digan lo que digan. pero se volvió hacia Shapir buscándole a tientas con la mano derecha. Estar al aire libre me hace sentir más ciego. respirando aire enlatado o acondicionado. Escucha. –En absoluto. ¿Sabías que han escrito en su historial que está “funcionalmente sordo”? H. ¿Prefieres que me vaya? H. –¿Ha recuperado el sentido de la orientación? –preguntó Shapir. había gracia en sus movimientos. Shapir le observaba meditabundo.. tengo una extraña historia acerca de Joe Temski. –De acuerdo –dijo. Hughes había rechazado toda ayuda a lo largo de los pasillos y en el ascensor.. Luego se soltó. Hola. Geraint Hughes. incluso cuando andaba a ciegas. Si sabes elegir la ruta. no fue buena idea la mía. Sesión de consulta psiquiátrica. y lo mismo de vuelta. Soy Sidney. tenía inteligencia táctil. Tengo miedo de caerme del edificio. Hughes apretó con más fuerza en el momento de abrir los ojos. Movió los brazos hacia adelante y hacia arriba. –¿Podría abrir los ojos? –preguntó Shapir con su voz metálica e indiferente. S. El bajo mobiliario constituía un peligro para Hughes. En realidad no es una historia. Unos tres kilómetros hasta el despacho. los ojos bien abiertos. y había encontrado su camino tanteando hábilmente. pero aprendió en seguida a localizarlo. Era cierto. No. No tenía idea. mirando fijamente el cielo desnudo. desde luego. Pero tampoco el derecho. Hughes se detuvo. Necesito un buen paseo. New York es una bonita ciudad para pasear. 18 de julio. con la cabeza echada hacia atrás. S. y se derrumbó como un hombre golpeado por un mazo. a pesar de su broma acerca de caerse a la calle. Y añado también rodeos. dio un paso atrás extendiendo los dos brazos. Shapir se adelantó y dejó que la mano se apoyara en su brazo. De acuerdo. Lo siento. S. sino un hecho curioso. –No había salido al aire libre desde marzo –dijo.gasa. Estaba emocionado: un hombre activo que salía de un largo período de confinamiento. empezó a explorar el jardín de la azotea. Shapir.. Dios mío –murmuró. ¿Sordo? . Un grito le brotó de dentro. Yo también me estoy poniendo muy nervioso. Había vivido en un traje espacial o en una habitación de hospital. En la azotea. –Oh..

Imposible. el caso es que empecé a hacerme preguntas..) Sería algo más que ruido. Deja que te lea este artículo de Science. S. intento llegar a él. me habría derrumbado totalmente. Sí. ¿no? S. Mierda. A mí me interesó. Sabes perfectamente que algún día te lo diré. lo que pensé es ¿por qué no intentar taponarle los oídos? Ponerle tapones en las orejas. Bueno. Supongo que no querrás hablar acerca de. Si no te tuviera a ti para hablar. sesenta.. por supuesto. No sé. Tengo tantas cosas que hacer. Tantos libros que leer. Te gustaría saber lo que vi. No. Claro. ¿Pero y si no es una metáfora? A veces ocurre con los niños pequeños. Si tuvieras que mirar continuamente tu juego de luces.) Uno no puede cerrar los oídos. H. Tu coronel Wood me lo dio y dijo que podía interesarte. S. le toco. S. pues quizá Joe no puede realmente oírme. si puedes cargar tú solo con ello. aparte de hablar contigo. He tenido pacientes que me han dicho de muchas maneras “no puedo oírle”. H. te perturba. y tantas bellas mujeres que mirar. S... Eres muy paciente conmigo. ¡Mi curiosidad es mi problema. H. intento establecer contacto visual. sordo. cualquier tipo de contacto. Lo siento.) H.S. en la azotea. (Pausa de cuarenta segundos. Yo entro y hablo con Joe. ¿no? Bueno. A lo mejor ese ruido ahoga para él todo lo demás. ésta es la idea. porque no tengo a nadie más con quien hablar. Los autores sugieren que registremos el cinturón de meteoros en busca de los restos de una flota transestelar que sufrió un desastre en nuestro sistema solar hace unos seiscientos millones de años. S. Primero habrían estado en Marte. H. Bueno. Es acerca de lo que encontraron dentro del meteorito argentino. No. H. se les considera retrasados y luego resulta que tienen una disfunción auditiva del treinta. pero no se distraería. Después de todo. ni a cualquier otra cosa. H. Una metáfora. Ya lo sé. Es posible. Eso es lo que yo pensé también. ¿Te parece que están locos estos tipos? H. ¡Demonios. Ésta es una razón por la que quiero saber qué fue. Pero cuando estés dispuesto. Sea lo que fuere que vieras allá arriba. Seguiría sin poder oírte. (Pausa de veinte segundos. (Pausa de veinte segundos. ochenta por ciento. Igual que tú no puedes verme. adelante. ¿no? A lo mejor esto es lo que le ocurre a Joe. basta de hablar. no el tuyo! Escucha. Resultaría duro. Geraint! (Pausa de veinte segundos. Por supuesto. Lee el artículo. .) ¿Quieres decir que oye cosas? ¿Que está escuchando? S. Pero diablos. Sidney. ya sabes. no podrías prestarme mucha atención a mí. de acuerdo.

Se levantó. Temski miró a su alrededor. satisfecho y confiado. a derecha y a izquierda. –dijo–. un orangután quizá. Miró al otro lado de la habitación. Eso fue suficiente. –Ah –dijo. y finalmente mediante la escritura. y se quedó callado. para ver si había comida a mano. Por primera vez en diecisiete días de contacto diario vio a Shapir. hizo su parte del diálogo con una máquina de escribir portátil. sin añadir nueva información. No un chimpancé. El bello rostro de Temski se contrajo en una mueca de ansiedad o aturdimiento. Temski no hizo al principio nada extraño. pensó Shapir. Temski pidió que se le dejara ver a Hughes. Los dos hombres hablaron principalmente del viaje de regreso y de la enfermedad y el fallecimiento del comandante Rogers. más contemplativo.Temski tenía el sueño profundo. –Dónde.. El acorde perdido. Se sentó en la cama. bostezó. que Temski no recordaba. se desperezó.. sino moviendo la cabeza para intentar encontrar los sonidos desaparecidos.. Llevándose las manos a las orejas en busca de la causa del silencio. Hughes tenía que escribir. como los que usan los que padecen de insomnio. Otros nuevos intentos tuvieron más éxito. Pero el orangután empezó a sentirse inquieto. el gesto. volviendo aún sin descanso la cabeza. El nerviosismo y la atención de Temski fueron en aumento. A partir de la quinta sesión. Sin embargo. Temski se prestó a participar en sesiones más largas que incluirían el uso de una droga para anular el nervio auditivo durante unas cinco horas cada vez. como sabía mecanografiar. dónde. se rascó y miró perezosamente a su alrededor. ¿No es interno. Cuando se despertó. encontró los tapones y se quitó uno. Durante el segundo de estos largos períodos. no todo el material encontrado en la papelera pudo ser adecuadamente intercalado en la grabación hablada de Temski. y en realidad distinta de cualquier comportamiento humano que hubiera visto jamás. Puesto que Temski estaba artificialmente sordo. se pensaba que se podría obtener más información si los dos se hablaban con entera libertad. pero no le veía. Quizá no estaba mirando. A Shapir ya se le habían dado instrucciones de que los astronautas se hablaran si fuera posible. y a Shapir le resultó fácil ponerle unos tapones de cera normales mientras dormía. Su rostro se relajó. algo más manso. No tocaron el tema de la “habitación” (emplazamiento D) o de sus respectivas incapacitaciones excepto en lo que sigue: T. no? . con nerviosismo. en esa forma serena que Shapir consideraba para sus adentros muy distinta de todos los comportamientos psicóticos que había visto. Temski le recordaba a un animal doméstico sano. Hughes describió todo esto de la misma manera que en anteriores ocasiones. Aunque al principio se encontraba aturdido. Su mirada aún se dirigía directamente hacia Shapir. Temski se mostraba cooperativo cuando se le volvía sordo artificialmente y respondió con prontitud a los intentos que hacía Shapir para comunicarse con él mediante el tacto..

. empecé a ver que no era una escisión. Pero cuando Shapir empezó a decirme el tiempo que había pasado. como los arcos iris alrededor de un prisma. Debe ser formidable. Era todo tan distinto. eso es lo que oigo. Dios mío. Mira. Diablos. es real. Precioso.H.. cuando me desperté y había este silencio. no. no sabía cómo oírlo. Pero no tiene por qué ser música.. Un cambio. abrumado. Pero aprendes. La verdad es que no tiene importancia. ¿no. los tapones mejorarían tu recepción. H. T. Como si fuera dos personas diferentes. igual que tú. como te he dicho. Cuanto más escuchas. Creo que debe ser así. Estaba como. Oh. H. Me gustaría poder verlo. No estamos hechos para eso. a ti te ocurría algo así. T.. quizá no somos lo bastante fuertes. Por lo menos al principio. ¿No es cierto? En otras palabras. ¿no? Es lo mismo. Me cambió a mí. sólo que no es música. Pensé que había algún problema en la radio de mi traje espacial. me dices que hace dos meses que volvimos de Marte. pero no importa. es . por lo menos ahora sé que fue mucho tiempo. estaba realmente horripilado. T. mierda. cada día ahora. ya sabes. ya lo creo.) No podía seguir el esquema. la primera vez que me pusieron estos tapones en los oídos. No.. H. ¡Por Dios! (Risas.. y yo te creo. y cuando tú puedes ver. Gerry? H. Entonces. No tenía muchas ganas de regresar. Pero empecé a hilar las cosas. No podemos con todo de golpe. las transformaciones. no sé. bueno. no es música. y me di cuenta de que esto era la Tierra. Ya sabes... más oyes. me volvió loco de terror al principio. ¿no es cierto? (Las respuestas mecanografiadas de Hughes a lo que sigue no pudieron identificarse entre el material de la papelera. Dios mío. Me costó mucho tiempo volver de donde había estado. Pero te diré una cosa. Al principio. esto es lo que me horrorizó: pensé que a lo mejor esto había sido una especie de alucinación. Tienen que volvernos artificialmente sordos y ciegos para que no lo oigamos. ¿he perdido la chaveta? Eso me asustó. y no lo veamos. T. Es real. como las modulaciones. es demasiado. Es así.. estoy contento de que me saquen de esto así. es real. sólo que con el sonido. Mira. es como si todo se convirtiera en esa música. T. Mira.) H.. T. Me llevó mucho tiempo empezar a entenderlo. Al principio no tenía ningún sentido. Exactamente. Si lo fuera. te cambió a ti. sobrecogido. Tú o Dwight me decíais algo y había esa especie de acordes en torno a vuestras voces. es eso lo que ves. y todo eso. Porque cuando puedo oír. sino. Me gustaría que pudieras oírlo. de manera que ni siquiera puedes ver el prisma. Lo que intentaré hacer mientras estoy aislado es escribir algo de esto. es. no sé hacerlo.

–No. Es más complejo que eso.simplemente una manera de describirlo. Gerry. No estaba tan exaltado como al principio. aunque debido a la cuarentena no podían visitarle. No veo el emplazamiento D. escucha. Creo que podría explicarlo también en palabras.. –Apuesto a que sí –dijo Hughes con una breve carcajada–. Tras una pausa. Puesto que es lo único que puedo ver. Con los ojos tapados. Hughes y Decelis tuvieron una importante conversación acerca de la llamada habitación. tal como dijiste? –Tuve problemas para listar el programa. Decelis dijo: –Si no entro en el equipo Dieciséis y logro ver ese maldito lugar me cabrearé. Explicar lo que significa. Yo listaré el programa. –¡Vaya! ¡Ésta es una respuesta categórica! Pensé que no querías afirmar nada acerca del emplazamiento D. Quizá mejor.. Decelis preguntó con prudencia: –¿A ver qué? –El emplazamiento D... –¿Aprendiendo a qué? –A ver. Veo. Estoy aprendiendo. de la inspección llevada a cabo por Psyche XIV. El día 27 de julio. Una nueva luz.. –Quieres decir que esto es lo que tú. –Ver es creer –observó Hughes. ¿Te estás ablandando? –No. y tendía a mostrarse lacónico y más bien agrio. . Envíame el material. ¿Si tengo miedo de qué? Bernard Decelis y su mujer telefoneaban a Hughes cada dos días. ¿Hubo alguna vez maquinaria en esos casilleros? –No. porque es bello... –Escucha. Oh. –Hughes habló en tono de hastío y con desgana–. T. A quien deberías preguntar es a Joe Temski. excepto que resulta incomprensible para la mente humana. ¿llegaste a pasar los casilleros por Algie. el Mundo a la luz del emplazamiento D. cuando tienes los ojos abiertos. emplazamiento D.. H.

Te he oído. no estaba leyendo los labios. etc. Gerry. ahora estaba magnífico. Gerry. era que algo en la disposición de los elementos que constituían la “habitación”. –Quítate las anteojeras. Hughes negó con la cabeza. pero las holografías estaban siendo examinadas a fondo por los expertos. durante su larga e intensa inspección del lugar. –¿Qué luz? –La luz. ya lo tengo.Temski entró radiante en la habitación de Hughes. –No puedes sentarte en la obscuridad. emplazamiento D. puedo oírte. había causado un grado de desorganización en las ondas cerebrales de los tres astronautas. La hipótesis aceptada provisionalmente por la mayoría –incluido el doctor Shapir– con diversas reservas. encerrado en ti mismo para siempre. –”Envenenamiento ptomaínico”. ¡Vamos! –Envenenamiento ptomaínico. Pero no he perdido la música. ¿ves? Escucha. –¿Tienes qué? –Lo tengo todo junto. la palabra. la verdad que hemos aprendido a percibir y a conocer –dijo Temski con la dulzura de la absoluta certeza y en una voz llena de calidez. Temski! Habían pasado doce semanas desde el amerizaje de Psyche XIV. –Gerry –dijo–. No. una bacteria o cualquier otro agente físico. Hughes no podía verle (aunque la cámara oculta en la rejilla de ventilación sí podía. Psyche XV debía llevar a cabo una investigación aún más . –¡Vete! –dijo Hughes– ¡Vete. –¿Por qué no puedo? –No puedes hacerlo después de haber visto la luz. Di algo de espaldas a mí. Tienes que salir. una calidez como la de la luz del Sol. No puedes elegir la ceguera. una espora. Hughes no había empeorado y Temski parecía ya totalmente recuperado. Podía darse como seguro que lo que había afectado a la tripulación de Psyche XIV no había sido una infección portada por un virus. Gerry –dijo la voz amable y vibrante. Aún no se conocía qué elementos de la “habitación” tenían que ver con el asunto. y lo hizo). Entre el personal de la estación de aclimatación no se habían dado síntomas más alarmantes que el aburrimiento. ¡Lo tengo todo al mismo tiempo! De ojos azules y pelo rubio. algo parecido a la perturbación que producen en las funciones cerebrales las luces giratorias a determinadas frecuencias. Temski era normalmente un hombre guapo. pero oyó la vibración de su voz y se sintió conmovido y asustado.

aunque no podían ser calificados de racionales. La trascripción completa dice lo siguiente: RUN CASILLEROS EMPLAZAMIENTO D MARTE SECTOR NUEVE DIOS . una tumba por allí. A. ninguno salvo el programa listado por Decelis y Hughes en el nuevo Algebrale V de la NASA. y de que lo único que la “habitación” podía “contarnos” estaba en el tipo de información que tan bella y concisamente proporcionan los estratos rocosos. y de que estudiándola podríamos aprender algo acerca de su naturaleza y del funcionamiento de sus mentes: esas mentes inimaginables de hace seiscientos millones de años (ya que ahora había absoluta seguridad en cuanto a la antigüedad del desmoronamiento radiactivo del lugar). Ninguno de estos programas había producido por el momento una evidencia clara de que existiera una planificación consciente o una pauta racional. de la repetición de ciertos elementos y la no repetición de otros. sin embargo. una copia de Hamlet de Shakespeare? Imaginemos que los arqueólogos que encuentran esta copia de Hamlet no son humanoides. antes de que fuera suprimida por ser considerada un posible fraude. que había obtenido ciertamente resultados. Newman. no tienen libros ni obras de teatro. Los elementos sospechosos del emplazamiento D eran tan numerosos y estaban tan intrincadamente relacionados entre sí que resultaba muy difícil para una sola mente intentar organizarlos y ordenarlos. y había provocado la risa de aquellos pocos científicos a los que Decelis se la había mostrado. o las líneas de un espectro. del Instituto Smithsoniano. Desde luego. y demás. las proporciones de las “subcámaras” primera. y complicado no sólo en un sentido tecnológico: digamos. la profundidad y las configuraciones de los “casilleros”. Un tal trabajo de investigación. ¿Pero qué ocurriría si todo lo que tuviéramos de una antigua civilización fuera algo muy complicado. lo expresó con claridad: “Los arqueólogos están acostumbrados a obtener gran cantidad de información a partir de cosas muy sencillas: recipientes. trocitos de pedernal. los anillos del tronco de un árbol. T. las extraordinarias propiedades acústicas de la habitación en su totalidad. de la semirregularidad de las longitudes de líneas. la trascripción resultante (print-out) había hecho estremecerse a los jefazos de la NASA.completa del emplazamiento. Algunos marcianólogos estaban convencidos de que las especiales propiedades de la “habitación” eran sólo un accidente geológico. es decir. y por supuesto una incomodidad. una pared por aquí. el primer paso obvio era el empleo de ordenadores. no hablan ni escriben ni piensan como nosotros en absoluto. tomando las debidas precauciones para proteger y controlar a los astronautas. Otros estaban igualmente convencidos de que la ciudad había sido construida por seres inteligentes. era desalentador. ¿Qué conclusión sacarían de este pequeño artefacto físico. el tamaño. de su evidente complejidad y falta de propósito. y de todo lo demás? ¿Cómo van a leer Hamlet?” Para aquellos que aceptaron la “teoría Hamlet”. media y tercera. y varios aparatos habían sido puestos a trabajar para analizar los diversos elementos del emplazamiento D: el espaciamiento.

Pero está el teléfono. No hubo manera. Me gustaría.. Hughes no respondió. Con las pupilas agrandadas por la larga ausencia de luz. No es lo mismo. –Ya sabes que Temski ha sido dado de alta. Geraint.. no podemos escribirnos. –después de un largo silencio completó la frase–. –Me parece que has trabajado demasiado. pero. Ahora está en camino hacia Florida. No sé lo que piensan hacer contigo. Había pedido que me dejaran quedarme dos semanas más contigo. –Me mandan de regreso a New York –dijo..BIEN DIOS DIOS BIEN TÚ ERES DIOS RECOMPONER RECOMPONER TOTALMENTE COMPRENSIÓN ABSURDO PERCIBIR ABSURDO NO SENTIDO VERDADERO BIEN DIOS PERCIBIR RECIBIR INSTRUCCIONES DIRECCIÓN PROCEDER INFORMAR DESINFORMADOS DIOS DIOS DIOS DIOS DIOS DIOS END Cuando Shapir entró. Sidney –dijo Hughes con dulzura–.. Desde luego. Y las cintas. bajó las manos y miró directamente a Shapir. –Te veo –dijo Hughes–. encontró a Hughes echado en la cama con los anteojos negros puestos. –Quiero permanecer en contacto contigo. voy a dejarte una grabadora. ¿Quieres saber lo que veo? ... sus ojos parecían casi tan negros como los anteojos. llámame. –No hay problema –dijo Hughes. Con su mujer. Espío. –Eres un hombre muy bueno. Al cabo de un minuto se incorporó. Si no me encuentras. habla a la grabadora. Jugar al escondite. Se llevó las manos a la cara y se quitó los anteojos negros. Estaba pálido y parecía enfermo. Los llevaba tan ajustados a las órbitas que le costó un poco quitárselos. Shapir tomó asiento. Tú eres Eso. Cuando lo hubo hecho. por favor. Cuando quieras hablar. Hughes no respondió. como solía pasar ahora la mayor parte del tiempo. al otro lado de la habitación. Había pedido.

. incluso. Ahora se mantiene en silencio.... Un borrón en el campo de visión. No eran exploradores. no sirve de nada ser un buen hombre. Exactamente lo mismo. ¿Cuál es la verdadera visión? La de la realidad. Eran misioneros que tenían en sus manos la verdad. para ver la verdad. en cierto modo. si soy un hombre inteligente o un tonto. un cuarto de instrucción. Una sombra. a todos los malditos pobres paganos que vivían en la obscuridad exterior. Ya ves. Yo veo a Dios. –levantó la cabeza y volvió a mirar hacia Shapir. Nada acerca de nosotros importa. Y aprendes la Misión y sales de allí con la Misión. Ellos conocían la respuesta. Pero él es quien te lo puede explicar. una obstrucción. no es únicamente una iglesia: es una misión. a oír a Dios y a conocer a Dios. Los místicos siempre han tenido problema para expresar sus visiones en palabras. Yo he sido reprogramado para percibir la realidad. las estrellas no importan. Si quieres una verdadera explicación. un rudimento. Puesto que ahora sabes lo ciegos que están y lo fácil que resulta ver. y la llevaban a otras razas y a las razas futuras. un. –¿Un misionero? –¿No te das cuenta? ¿No entiendes lo que es la “habitación”? Un centro de preparación. Hundió el rostro entre las manos. Un estorbo. –¿El campo de visión? ¿Qué es el campo de visión? –¿Qué piensas que es? –dijo Hughes en tono muy bajo y cansado–. Algo totalmente sin importancia. No importa si eres un hombre bueno o malo. Una vez has conocido la respuesta. Sólo Dios es. está esperando el momento propicio. No predicaré. con sus ojos obscuros al mismo tiempo ciegos y penetrantes–. –¿Un centro religioso? ¿Una iglesia? –Bueno. pregúntale a Joe Temski.–Sí –dijo Shapir con suavidad. Intentaba ser un hombre racional. ¿no? Temski actuará. cubriéndose los ojos. excepto aquellos que oían la Voz. ¿Pero de qué sirve la razón cuando uno es capaz de ver la verdad? Ver es creer. –Una mancha. ¡Un lugar donde te conviertes! Y luego sales y predicas el conocimiento de Dios a los demás. ya nada más importa. La Tierra no importa. –Yo era un hombre pensante –dijo–. una trivialidad.. y querían que todos conociéramos la respuesta. –¿Y cuando te miras a ti mismo? –Lo mismo. Un lugar donde te enseñan a ver a Dios. Un centro de conversión. En todas . Y a amar a Dios. –¿Un dios de otro mundo? –No un dios. Dios. a los paganos. Éstos por lo general reaccionaban y actuaban de inmediato. Pero yo no. el único Dios verdadero inmanente a todas las cosas.. La Misión. No seré un misionero. desde luego. No. nada es nada. Resulta más difícil de hacer con las percepciones visuales. Algo incompleto. excepto que somos vehículos insignificantes de la gran verdad. Puede traducir lo que oye: traducirlo a palabras. la muerte no importa. Me niego.

partes, eternamente. He aprendido a ver a Dios. Todo lo que tengo que hacer es abrir los ojos y veo el Rostro de Dios. Y daría mi vida entera únicamente por volver a ver un rostro humano, por ver un árbol, un solo árbol, una silla, una silla de madera, normal y corriente. Pueden quedarse con su Dios, pueden quedarse con su Luz. Yo quiero que me devuelvan mi Mundo. Quiero preguntas, no respuesta. Quiero que me devuelvan mi propia vida, y mi propia muerte.

Por recomendación del Ejército, el psiquiatra que relevó a Shapir en el caso de Hughes fue despedido, y Hughes fue trasladado a un hospital militar para perturbados mentales. Como era un paciente por lo general tranquilo y cooperativo, no se le mantenía bajo estricta vigilancia, y por desgracia, tras once meses de internamiento, llevó a cabo con éxito una tentativa de suicidio, al cortarse las venas con el mango de una cuchara que había robado del comedor y que había logrado afilar frotándola contra los hierros de la cama. Resulta un hecho interesante el que Hughes se suicidara el día en que la misión Psyche XV emprendía su camino a la Tierra desde Marte, trayendo consigo los documentos y grabaciones que, una vez interpretados por el Primer Apóstol, forman hoy los primeros capítulos de la Revelación de los Antiguos, los textos sagrados de la santa y universal Iglesia de Dios, portadora de la luz a los paganos, único vehículo de la Verdad Una y Eterna. Oh, insensatos (dije), preferir así la noche obscura a la luz... Pero mientras censuraba de este modo su locura uno dijo así: Este anillo lo trajo el novio sólo para su amada.

Edición digital de Sadrac

La dirección de la carretera
Direction of the road, © 1974. Traducido por Sebastián Castro en nueva dimensión 132, Ediciones nueva dimensión S. A., 1981.

El árbol se encuentra justo al sur del desvío de McMinnville en la autopista 18 del estado de Oregón. Perdió una rama principal el año pasado, pero aún tiene un aspecto magnífico. Pasamos en coche a su lado varias veces al año, y nunca ha dejado de sostener la idea de la Relatividad con dignidad y con la habilidad de una larga práctica.

Antes no eran tan exigentes. Nunca nos hacían ir más aprisa que al galope, y aún eso era raro; la mayor parte de las veces se contentaban con un pequeño trote saltarín. Y cuando uno de ellos iba a pie, era un auténtico placer acercársele. Me daba tiempo de realizar toda la acción con auténtico estilo. Le veía hacer como que movía sus piernas y sus brazos según sus costumbres, mientras miraba la carretera, o incluso los campos que atravesaba, o hasta mirándome directamente: entonces me acercaba a él regularmente pero con mucha lentitud, aumentando de tamaño sin cesar, sincronizando a la perfección la velocidad de aproximación y la velocidad de crecimiento, de tal modo que, en el mismo momento en que, tras no haber sido más que una minúscula mota, había adquirido toda mi estatura –veinte metros por aquella época–, me alzaba ante él, inmenso, dominándolo, cubriéndolo con mi sombra. Y sin embargo él no manifestaba ningún temor. Ni siquiera los niños me temían, aunque a menudo no dejaban de mirarme mientras yo pasaba cerca de ellos, para empezar a decrecer a continuación. Ocurría a veces que, en una cálida tarde, uno de los adultos me detenía justo en el lugar donde nos encontrábamos, y se sentaba, su espalda contra la mía, durante una hora o más. Yo no veía en ello el menor inconveniente. Tengo una excelente colina, un buen suelo, un buen viento, una hermosa vista; ¿por qué iba a molestarme el permanecer inmóvil durante una hora o toda una tarde? Después de todo, la inmovilidad no es más que relativa. Basta con mirar al Sol para darse cuenta de la velocidad en que todo se desplaza; y además uno no deja de crecer... sobre todo en verano. En cualquier caso me emocionaba el verles confiar así en mí, dejarme que me apoyara en sus pequeñas espaldas cálidas, y dormirse profundamente entre mis pies. Me gustaban. Es raro que nos hayan caído en gracia como los pájaros; pero realmente los prefería a las ardillas. En aquel tiempo los caballos trabajaban para ellos, lo cual constituía para mí un agrado suplementario. Me gustaba particularmente el galope corto, en el que me volví muy hábil. Aquel movimiento de elevación rítmica que acompaña al crecimiento o disminución les confiere una apariencia de oscilación y de caída que es casi la del vuelo. El galope era menos agradable, con su sincopado martilleo; me sentía agitado

como un árbol joven en la tormenta. Además, el placer de acercarme y crecer lentamente hasta parecer gigantesco, y luego alejarme y decrecer también lentamente, quedaba suprimido por el galope. Había que hacerlo todo brutalmente, tacatac, tacatac, y tanto el hombre como su montura estaban tan absortos por este ejercicio que ni siquiera levantaban los ojos hacia mí. Hay que admitir de todos modos que los casos eran raros. Después de todo, el caballo es mortal y, como todas las criaturas sin raíces, fatigable; los hombres evitaban pues cansar a sus caballos, salvo casos de urgencia; los casos de urgencia, aparentemente, no eran tampoco tan frecuentes en aquella época. No he galopado desde hace mucho tiempo, y a decir verdad me gustaría hacerlo. Bien pensado, aquel ejercicio tenía algo de tonificante. La primera vez que vi un automóvil, lo recuerdo aún, lo tomé, como la mayor parte de nosotros, por un ser mortal una especie de criatura sin raíces a la que no conocía. Sentí un cierto sobrecogimiento ya que, con ciento treinta y dos años de edad, creía conocer a toda la fauna local. Pero una novedad, por fútil que sea, siempre es algo interesante, así que lo observé con atención. Me acerqué a buena marcha, la de un galope corto, pero adoptando un ritmo distinto, adaptado al aspecto falto dé gracia de aquella cosa: un ritmo inconfortable, el de un ser rodante, sofocante, trepidante, agitado por sobresaltos. Pero no, no se trataba de ningún ser mortal, libre o cautivo, con o sin raíces, y me di cuenta de ello en menos de dos minutos, antes de haber alcanzado el tamaño de treinta centímetros. Era un objeto fabricado, como aquellas carretas a las que se ataban los caballos. Lo hallé tan mal hecho que estimé imposible que regresara cuando lo vi desaparecer tras la cima de West Hill, y esperé de todo corazón no volver a verlo nunca más, pues no podía soportar su marcha dura y contrastada. Pero la cosa adoptó un horario regular, al que me vi obligado a doblegarme. Todos los días, a las cuatro, debía aproximarme a él mientras aparecía al oeste con su rítmico tartamudeo, tenía que crecer, erguirme en toda mi altura, y encogerme de nuevo luego. Después, a las cinco, debía ir una vez más a su encuentro trotando como un gazapo pese a mis veinte metros de altura, mientras llegaba por el este dando sus traqueteantes zancadas, impaciente porque aquel horrible pequeño monstruo desapareciera por el horizonte, a fin de poder descansar y relajar mis miembros al viento del atardecer. Siempre había dos personas en el vehículo: un joven macho al volante, y tras él, una vieja hembra de mirada arisca medio sepultada entre mantas. Nunca les oí hablarse. Y sin embargo por aquel tiempo sorprendí varias conversaciones en la carretera. La máquina iba descubierta, pero el enorme ruido que hacía cubría el de todas las voces, incluso la del gorrión cantor que yo albergaba aquel año. Odiaba aquel ruido casi tanto como la bamboleante marcha del vehículo. Soy de una familia que se respeta y mantiene sus rígidos principios. La divisa de los robles es: «Me rompo, pero no me doblego»; y me veo obligado a observarla. Lo que me hacía sufrir, entiendan, no era puramente la vanidad personal, sino el orgullo familiar, el hecho de que un simple objeto fabricado me obligara a saltar y a bambolearme de aquel modo. Los manzanos de la huerta, en la parte baja de la colina, no parecían verse tan

afectados; pero son árboles domesticados. Sus genes han sido manipulados desde hace siglos. Además, son criaturas gregarias; ningún árbol frutal es realmente capaz de formular una opinión personal. Yo guardaba para mí mi propia opinión. Pero cuando el automóvil dejó de envenenarnos me alegré sobremanera. No apareció en absoluto durante todo un mes, durante el cual tuve el placer de andar hacia los hombres y trotar hacia los caballos, yendo incluso a dar saltitos al encuentro de un bebé en brazos de su madre, esforzándome, sin éxito, en ofrecerle una imagen nítida. Al mes siguiente –septiembre, unos pocos días después de la partida de las golondrinas– apareció otra máquina. Nos arrastró de pronto, a mí, a nuestra colina, a la huerta, a los campos, al techo de la granja, en su carrera de este a oeste, dando saltitos, bamboleándose, petardeando; mi velocidad era superior a la del galope, y jamás me había desplazado tan rápidamente. Apenas tuve tiempo de parecer gigantesco cuando ya tuve que empezar a encogerme. Y a la mañana siguiente vino otra máquina. Cada año, cada semana, cada día, la especie se extendía. Llegaron a convertirse en un elemento importante de nuestro Orden Natural. Las carreteras eran levantadas y luego rehechas, ampliadas, con una detestable superficie plana como la huella de un caracol, sin roderas, sin charcos, sin piedras, sin flores, sin sombras. ¿Dónde estaban todos esos pequeños seres sin raíces que antes recorrían la carretera, saltamontes, hormigas, sapos, ratones, zorros y tantos otros, demasiado pequeños la mayor parte de ellos como para que yo acudiera a su encuentro puesto que no llegaban a verme realmente? Los más prudentes evitaban ahora la carretera, los otros se dejaban aplastar. ¡Cuántos conejos he visto morir así a mis pies! Doy gracias a Dios de ser un roble, ya que puedo verme arrancado por el viento, desenraizado, podado o aserrado, pero al menos no podré, bajo ninguna circunstancia, verme aplastado en la carretera. La presencia simultánea de un gran número de vehículos en la carretera exigió de mí un nivel superior de actuación. Era tan solo un arbolillo cuya copa apenas rebasaba las hierbas silvestres cuando aprendí a ir en dos direcciones al mismo tiempo. Conseguí ese logro elemental sin pensar realmente en él, bajo la simple presión de las circunstancias, la primera vez que vi a un peatón al este frente a un jinete que venía del oeste. Tenía que ir en dos direcciones a la vez, y lo conseguí. Supongo que para nosotros los árboles esto es la base del arte. Estaba nervioso, pero conseguí pasar cerca del jinete, luego alejarme de él mientras me encogía trotando hacia el peatón, al cual no alcancé hasta después de haber sido perdido de vista por el jinete... por aquel tiempo no tenía que aparecer aún gigantesco. Estaba orgulloso de mí, siendo aún muy joven, orgulloso de mi hazaña; pero de hecho es menos difícil de lo que parece. Desde entonces, por supuesto, repetí la operación un incalculable número de veces, y ni siquiera le daba importancia; lo hacía incluso en sueños. ¿Pero han pensado ustedes en el increíble esfuerzo que realiza un árbol cuando debe, por un lado, agrandarse simultáneamente a velocidades ligeramente distintas, y al mismo tiempo encogerse para otros vehículos que avanzan en sentido contrario, unos cuarenta a la vez en cada sentido, sin olvidarse de erguirse con toda

crecía y disminuía por cada coche que pasaba por la carretera. Los coches. No. Siempre había tenido una pobre opinión de esas pequeñas criaturas. la circulación era casi incesante. Tenían la ilusión. y los cumplo. tengo mis recompensas. como siempre. en un día lluvioso del mes de marzo. puedo muy bien crecer y decrecer simultáneamente. Hace pues cincuenta o sesenta años que me erijo en defensor del Orden Natural. Tengo mis deberes. Miraban. un roble? Nobleza obliga. y luego volvían a clavar sus ojos camino adelante. Se habían acabado los bamboleos sincopados. Ese es mi destino. De hecho. a través de unos espejitos fijados a la parte delantera de sus vehículos. cubriéndola . aceptaba sus responsabilidades. Y creo poder decir que nunca he dejado caer un glande que no conozca su deber. sin poder gozar con ello. puesto que los pájaros son menos numerosos y los vientos se están volviendo mefíticos. una sierra o un bulldozer me derribe. Puro cansancio. o mis ramas no ocultaban las estrellas. y sin descanso. no seriamente. de ir a alguna parte. Pero a lo que reniego con mis últimas energías es a volverme eterno. y decrecer con la misma precipitación. Yo había supuesto que solo los escarabajos se hacían esta falsa idea del Progreso. en esas noches en las que podía tomarse un descanso. erguirme en toda mi altura en una fracción de segundo. Y lo hago de buen grado. Pero me ha ocurrido algo horrible. La eternidad no es mi destino. ¿cómo podría no hacerlo yo. al parecer. y que mantengo a las criaturas humanas en su ilusión de ir a alguna parte. y sé apreciarlas. sea cual pueda ser mi longevidad. Lo perdí hace un año. en esas benditas noches tenebrosas en las que mi copa no era plateada por la Luna. Se contentaban con mirar fijamente la carretera ante ellos. Puedo ir perfectamente en dos direcciones a la vez. surgían por la carretera en ambos sentidos. La mortalidad es mi privilegio. hora tras hora. aunque lamente que cada vez se hagan más raras. No dejaba un instante de reposo. al pie de la colina. desde el amanecer hasta la caída de la noche e incluso más tarde? Puesto que mi carretera se volvió muy frecuentada. no dejan de precipitarse en todos sentidos sin levantar nunca los ojos. se movía. puedo moverme sin problemas. pensaba seriamente en sustraerme a las obligaciones de nuestro Orden Natural: en dejar de desplazarme. por breve que fuera. Soy un roble. Estoy dispuesto a proseguir todo esto hasta el día en que un hacha. ni menos. Confieso que a veces. incluso a la desagradable velocidad de cien o ciento veinte kilómetros por hora. contra lo cual debo elevar una solemne protesta. Si el más pequeño imbécil de retoño de sauce. ni más. tengo derecho a dejar de ser. Muy raros eran los conductores que se dignaban dirigirme una ojeada.su altura en el momento preciso para cada uno de ellos? ¿Y hacer esto minuto tras minuto. En efecto. parecían no ver nada. Tan solo a medias. aceleraba. hacia la parte de carretera que acababan de recorrer. una y otra y otra vez. Y he perdido este privilegio. Pero al menos ellas me dejaban en paz. Pero. pero cada vez debía ser más rápido: crecer a toda velocidad. saltaba.

En el último momento. y el día desaparecía tan aprisa. levantó los ojos. Me vio como jamás nadie me había visto. por ese motivo intentó situar su vehículo delante del que lo precedía. Me confundió con la eternidad. Para evitar golpear al coche que le hacía frente. y se encontró frente a frente con el del conductor apresurado. Pero en aquel momento otro coche llegaba en sentido contrario. tuvo tiempo de pronunciar ni una palabra. lo cual me obligó a saltar directamente sobre él. Contra lo que me rebelo. Mis ramas temblaron por el choque hasta el punto de hacer caer un nido de petirrojos del año anterior. Y puesto que murió en el momento mismo en que su visión le engañaba. No tenía otra elección. Y la carretera no pudo hacer nada para salvar la situación. haciéndome más grande. El conductor de uno de los coches debía estimar que su necesidad de ir a algún sitio presentaba un carácter de urgencia excepcional. y sentí una tal sacudida que lancé un gemido. Yo estaba tan ocupado en moverme como un bólido. Tuve que lanzarme sobre él a ciento cuarenta kilómetros por hora. puesto que estaba demasiado cargada. Las criaturas humanas no quieren comprender la Relatividad. Esto me resulta insoportable. Era inevitable. con retorcimientos propios de una raíz vieja sobre los cuales caía una lluvia de pequeños trocitos de brillante plancha. una buena capa de cámbium. No podía hacer otra cosa más que matarlo. y quizá yo sea la única cosa que él hubiera visto jamás en toda su vida. Luego percuté contra el vehículo. de modo que todo lamento posterior es superfluo. Me vio bajo los atisbos de la eternidad. roto. Perdí una considerable porción de corteza y. aunque esto no . yo mataré a los conductores de coches. lo que no puedo soportar más. Para efectuar esta maniobra hay que desviarse un momento de la Dirección de la Carretera girando hacia el lado encargado de hacer circular a los coches en el otro sentido (y debo decir que admiro enormemente las capacidades de la carretera. pero toda su parte delantera era un auténtico acordeón. decrecer. estoy cautivo por toda la eternidad. ni siquiera un niño. el vehículo con prisas contravino absolutamente todas las reglas de la Dirección de la Carretera con una conversión de noventa grados. ya que no es fácil efectuar tales maniobras cuando no se es más que un simple objeto fabricado y no un ser vivo). Me vio enteramente. aplastado por el golpe que yo le había dado. que apenas tuve tiempo de ver lo que ocurría. lo que es peor. pero que comprendan la Relación. Me erguí en toda mi altura. El coche lanzó un grito desgarrador. pero para un árbol de veintidós metros de alto y cerca de tres metros de circunferencia en el punto del impacto eso no resultaba demasiado grave. No puedo hacerme cómplice de tamaña ilusión.con sus rápidas carreras. es esto: cuando yo saltaba sobre él. más gigantesco que nunca antes. ni siquiera en los tiempos en que la gente miraba aún a su alrededor. muy bien. Si el Orden Natural lo exige. erguirme en toda mi altura. crecer. Su parte trasera apenas recibió daño. Lo maté No es contra esto contra lo que protesto. Jamás en mi vida había hablado tan fuerte. él me vio. puesto que nada puede modificarla. El conductor no instantáneamente.

Yo no quiero ser para ellos la eternidad. Que no cuenten con los árboles para encontrar en ellos la imagen de la muerte. Edición digital de Arahamar . Pero es injusto imponerme no solo el papel de asesino. sino también el de la muerte. Yo soy la vida.forme parte de las obligaciones normales que incumben a un roble. no el mío. es su problema. Si quieren ver la muerte con sus propios ojos. Puesto que yo no soy la muerte. soy mortal. Que la busquen más bien en los ojos de sus semejantes.

El caso es que no he sido capaz de releer a Dostoievski –aunque me gustaba mucho– desde que tenía veinticinco años. tan ingenuo y caballeroso. En cambio. y en el que. Acervo Ciencia/Ficción 15. Salem es igual a schelomo. pensando sólo en la palabra Omelas. que es igual a salaam. La idea central de este psicomito. aparece en Los hermanos Karamazov. Me senté y empecé a escribir una historia.. y algunas personas me han preguntado. únicamente porque me apetecía. Los ideales como «probable causa de futuras experiencias» ¡he aquí una observación sutil y estimulante! Por supuesto. que parece tan tibio. ¿Ustedes no leen los letreros de la carretera al revés? POTS. la víctima propiciatoria. que es igual a Paz. me impresionó reconocerla. con bastantes recelos. ¡Y fíjense cómo dice «nosotros».Los que se van de Omelas Variaciones sobre un tema de William James The ones who walk away from Omelas. y un radical. Ediciones Acervo.. . por qué le otorgué el mérito a William James. No suele ser tan sencillo. de Dostoievski. Así es como la expresa James: “Consideremos la hipótesis de que se nos ofreciera un Mundo en el que fueran posibles las utopias de Fourier. Ocsicnarf Nas. sólo una emoción muy especifica e independiente podría hacernos sentir todo lo repugnante que sería disfrutar de ella a cambio de aceptar deliberadamente un trato semejante. y había olvidado que él utilizó la idea. Pero cuando me la encontré en El Filósofo Moral y la Vida Moral de William James. fue y sigue siendo un verdadero pensador radical.” Difícilmente podría expresarse mejor el dilema de la conciencia americana. dando por supuesto que todos sus lectores son tan honrados como él! Inmediatamente después del párrafo del «alma perdida» continúa: “Todas las ideas agudas y elevadas son revolucionarías. Traducido por Sebastián Castro y Domingo Santos en Antología no euclidiana 1. Venia de una señal de carretera: Salem (Oregon) leída al revés. 1976. el americano James. Bellamy y Morris. Melas. a la ciencia ficción y a todo el pensamiento acerca del futuro en general. por tanto. son factores ante los que habrán de inclinarse el medio ambiente y las lecciones aprendidas hasta ahora. pero con la única condición de que un alma perdida más allá de las cosas tuviera que llevar una vida de solitario tormento. Se nos presentan mucho menos como efectos de la experiencia pasada que como probables causas de experiencias futuras.” Estas dos frases se aplican muy directamente a este cuento. Dostoievski era un gran artista. millones de personas fueran siempre felices. Por mucho que nos tentara el impulso de agarrarnos a una felicidad así ofrecida. pero su temprano radicalismo social dio un vuelco convirtiéndole en un violento reaccionario. © 1973. soñin NÓICUACERP. relatos recopilados por Domingo Santos. no fue leer a James y sentarse y decir: «Ahora escribiré un cuento acerca de esa 'alma perdida'».

Una descripción tal tiende a afirmar mis presunciones. ni bombas atómicas. El aire matutino era tan puro que la nieve que coronaba aún las Dieciocho Montañas brillaba con un fuego blanco y oro bajo la luz del Sol. Todas las procesiones avanzaban ascendiendo hacia la parte norte de la ciudad. hacia la gran pradera llamada Verdecampo. entre los tupidos jardines y en las avenidas flanqueadas de árboles. toda la procesión no era más que un enorme baile. Omelas. tampoco tenían Bolsa de Valores. Sus crines estaban adornadas con lazos de color plateado. naturalmente. repito . Pero las palabras que expresan la alegría ya no suenan muy a menudo. la Fiesta del Verano penetró en la deslumbrante ciudad de Omelas. excepto un cabestro sin freno. con los pies. ejercitaban a sus caballos antes de la carrera. ni publicidad.O melas. ni policía secreta. aunque fueran felices. cuyas torres dominan el mar. Los caballos no llevaban ningún arreo. verde y oro. rodeando a medias Omelas con su inmenso abrazo. En las calles. Y como vivían sin monarquía y sin esclavitud. entre las casas de tejados rojos y paredes encaladas. donde chicos y chicas. no eran gentes simples. y tampoco había esclavos. Pero en Omelas no había rey. No conozco las reglas y las leyes de su sociedad. se mostraban muy excitados. que a veces reverberaba y se condensaba para estallar en un inmenso y alegre repicar de campanas. No se utilizaban las espadas. mujeres sonrientes pero dignas. un agradable presente difundiéndose en el aire. piafaban y se pavoneaban. ya que el caballo es el único animal que ha hecho suyas nuestras ceremonias. En el puerto. un estruendo de tambores y de platillos. Algunas eran solemnes: ancianos vestidos con ropas grises y malvas. Todas las sonrisas se han vuelto algo arcaico. En otras calles. No eran bárbaros. si no? Con un estruendo de campanas que hizo alzar el vuelo a las golondrinas. Dilataban sus ollares. En la lejanía. desnudos bajo el Sol. se elevaban las montañas. ¿De dónde. Y sin embargo. el ritmo de la música era más rápido. montado en un espléndido garañón y rodeado de sus nobles caballeros. Los chiquillos saltaban por todos lados. ornada por el profundo azul del cielo. avanzando siempre. En el silencio de los amplios prados verdes podía oírse cómo la música serpenteaba por las calles de la ciudad. llevando en brazos a sus chiquillos y charlando mientras avanzaban. al norte y al oeste. o quizá en una litera de oro transportada por musculosos esclavos. Había exactamente el viento preciso para hacer ondear y chasquear de tanto en tanto los gallardetes que limitaban el terreno donde iba a desarrollarse la carrera. primero lejana. ¡Alegre! ¿Cómo es posible hablar de alegría? ¿Cómo describir los ciudadanos de Omelas? Entiendan. y sus agudos gritos se elevaban como el vuelo de las golondrinas por encima de la música y de los cantos. avanzaban las procesiones. ante los enormes parques y los edificios públicos. luego más y más próxima. “¿De dónde saca sus ideas. las piernas y los ágiles brazos cubiertos de barro. señora Le Guin?”. De olvidar a Dostoievski y leer los letreros de la carretera de derecha a izquierda. Una descripción tal tiende a hacer pensar en la próxima aparición del Rey. Homme helas. y la gente bailaba. los gallardetes ponían notas multicolores en los aparejos de los buques. pero estoy segura que éstas eran poco numerosas. maestros artesanos de rostros graves.

aunque su arquitectura sea más sencilla que la del magnífico Mercado del Campo. sus niños eran felices. nobles salvajes. Una cosa que sé que no existe en Omelas es el crimen. el insistente y difuso dulzor del drooz puede perfumar las calles de la ciudad. no vacilen. Si se considera la segunda categoría –la de lo que no es ni necesario ni nocivo. Eran adultos maduros. clero no.. adoptar la violencia es perder todo lo demás.que no eran gentes simples.. y toda esa clase de maravillosos aparatos que aquí aún no hemos inventado: lámparas flotantes. ya que seguramente no podré satisfacerles a todos. etcétera–. campanas. de considerar la felicidad como algo más bien estúpido. pero esta es una actitud puritana. Si les parece útil añadirle una orgía. Esas hermosas personas desnudas pueden sin duda contentarse con pasear por la ciudad. Me gustaría poder convencerles. benévolos utopistas. la del confort. Esta es la traición del artista: su negativa a admitir la banalidad del mal y el terrible aburrimiento del dolor. deseando la unión con la divinidad de la sangre. No eran menos complicados que nosotros. érase una vez.. vuelvan a comenzar. Si eso duele. ¿Podría hablarles yo. dejemos los platillos proclamar la gloria del deseo. y esto provenía del hecho que los habitantes de Omelas son gentes felices. será mejor no tener templos en Omelas. al menos no templos materiales. sólo el mal es interesante. de hecho. Sólo el dolor es intelectual. Pero pese a esos trenes. Y casi lo hemos perdido todo. Pero. Lo malo es que nosotros poseemos la mala costumbre. La felicidad se funda en un justo discernimiento entre lo que es necesario. milagro! Pero me gustaría poder ofrecer una mejor descripción.. Si no pueden ganarles. Dejemos que los tambores resuenen por encima de las parejas copulando. lavadoras. la exuberancia. otra fuente de energía distinta al petróleo. Religión sí.. ¡bah! Entonces. Para aquellos que lo desean. Sonrisas. animada por los pedantes y los sofistas.. Ustedes mismos. cuya vida no era en ningún sentido miserable. ferrocarril subterráneo. el lujo. en un lejano país. inteligentes y apasionados. Dejémosles unirse a las procesiones. Yo me inclino a creer que los habitantes de las ciudades vecinas llegaron a Omelas. Pero aceptar la desesperación es condenar la alegría. aunque no estoy segura del resultado. me temo que Omelas no les parezca una ciudad agradable. el drooz que primero aporta al cuerpo y a la mente una gran claridad y una increíble . Sin embargo. durante los días que precedieron a la Fiesta.. podían tener perfectamente calefacción central. caballos. paradas. añádanle una orgía.. lo que no es ni necesario ni nocivo. un remedio contra el resfriado. en pequeños trenes rápidos y en tranvías de dos pisos. en algunas palabras. tranquilos campesinos. aunque esta fuera mi primera idea. de los habitantes de Omelas? No eran en absoluto niños ingenuos y felices. realmente. ya no podemos describir a un hombre feliz. Quizá sería mejor forzarles a imaginarla por ustedes mismos. ofreciéndose como soplos divinos al apetito de los hambrientos y al placer de la carne. y que (y este no es un extremo que haya que olvidar) los hijos nacidos de tales deliciosos rituales sean amados y educados por toda la comunidad. y que la estación de Omelas es el edificio más hermoso de la ciudad. Omelas resuena en mi boca como una ciudad de cuento de hadas. hace tanto tiempo. Quizá no tuvieran nada de todo eso: es algo que no tiene la menor importancia. y lo que es nocivo. no nos dejemos arrastrar hasta instalar en ella templos de donde surgen magníficos sacerdotes y sacerdotisas enteramente desnudos. hombre o mujer. ni celebrar la menor alegría. ya casi en éxtasis y dispuestos a copular con cualquiera. ¡Oh. Por ejemplo: ¿cuál era su tecnología? No había coches en sus calles ni helicópteros volando sobre la ciudad. aunque. únanse a ellos. ¿Pero podría ser de otro modo? Al principio pensaba que no existían las drogas.. amante o extranjero.

pero no le dicen nada. ¿Qué otra cosa puede hallarse en la radiante ciudad? El sentido de la victoria. Hay un niño sentado en este lugar. Su puerta está cerrada con llave. Para aquellos que tienen gustos más modestos. Un maravilloso aroma a comida escapa de las tiendas rojas y azules tras los tenderetes. estoy seguro. Un poco de polvorienta luz se filtra en su interior por los intersticios de las planchas de otra ventana recubierta de telarañas en algún lugar al otro lado de la puerta. puesto que no tenemos clérigos. vas a ganar. por supuesto. la celebración del valor.. creo que no hay muchos que sientan la necesidad de tomar drooz.. y la gente se las mete entre sus brillantes cabellos. El cuarto tiene tres pasos de largo por dos de ancho: apenas una alacena o un cuarto trastero abandonado. y con el esplendor del verano dominando el Mundo: eso es lo que hincha el corazón de los habitantes de Omelas. es húmedo al tacto. tocando una flauta de madera. Parece tener unos . colocadas cerca de un oxidado cubo. sus ojos obscuros están perdidos en la suave y ondulante magia de la melodía. hay un cuarto. de esta alegría? ¿No? Entonces déjenme describirles algo más. sino en comunión con lo más justo y más hermoso que hay en la mente de todos los hombres. llenas de mugre. distribuye flores de una gran capa. una trompeta deja oír su vibrante sonido desde la tienda que se halla junto a la línea de partida: imperiosa.ligereza. imagino que debe existir la cerveza. Una vieja mujer. está llena de horror y no posee ningún interés. un triunfo magnánimo experimentado no contra algún enemigo exterior. De pronto. solo. no le convendría aquí. y no crea hábito. tras algunas horas. Como si ese pequeño silencio personal fuera la señal. gorda y sonriente. La Fiesta del Verano acaba de comenzar. La mayor parte de las procesiones han alcanzado ya Campoverde. Tranquilizadoramente. Un placer generoso e ilimitado. ya que él no deja de tocar y ni siquiera les ve. de olor repugnante. Puede que sea un niño o una niña. Un niño de nueve o diez años permanece sentado al borde de la multitud. Los caballos patalean y se agitan. Los chicos y las chicas han montado en sus caballos y van agrupándose cerca de la línea de salida de la carrera. de esta ciudad. penetrante. le sonríen. una ensoñadora languidez.. El suelo está sucio. melancólica. se detiene y baja las manos que sostienen la flauta de madera. La alegría que nace de una victoria carnicera no es una alegría sana. Realmente. En el subsuelo de uno de los magníficos edificios públicos de Omelas. y no tiene ninguna ventana. no tengamos tampoco soldados. al tiempo que excita los placeres del sexo más allá de toda imaginación. y luego. ¿Creen ustedes todo esto? ¿Aceptan la realidad de esta celebración. y la victoria que celebran es la victoria de la vida. menuda. o quizá en los sótanos de una de esas espaciosas mansiones privadas. Los rostros de los niños están llenos de dulce. los jóvenes jinetes acarician el cuello de su montura y murmuran palabras halagadoras: «Tranquilo. La multitud que bordea el campo de carreras da la impresión de una pradera de hierba y flores agitada por el viento. Las gentes se detienen a escucharle. como suelen serlo generalmente los suelos de los sótanos.. tranquilo.» Comienzan a formar una hilera a lo largo de la línea de partida. En un rincón del pequeño cuarto hay dos escobas hechas con ramas duras. y finalmente maravillosas visiones del verdadero arcano y de los más grandes secretos del Universo. Pero. Unas migajas de un sabroso pastel permanecen prisioneras en la barba gris de un hombre de rostro placentero.

seis años. pero sabe que las escobas siguen estando allá. Pero con el tiempo empiezan a darse . esos jóvenes espectadores se muestran siempre impresionados y disgustados por lo que ven. La escudilla y la jarra son llenados apresuradamente. A menudo los jóvenes entran llorando en sus casas. cuando han visto al niño y afrontado aquella terrible paradoja. algunas veces de nuevo. Las condiciones son estrictas y absolutas. Está desnudo. y permanece sentado. Tiene miedo de las escobas. o inundados de una contenida rabia. pese a todas las explicaciones. aparecen. a la mala nutrición y a la falta de cuidados. Se rasca la nariz y a veces se manosea los dedos de los pies o el sexo. «mhmm-haa. Esas son las condiciones. algunas veces en que la puerta chirría horriblemente y se abre. acurrucado en el rincón opuesto al cubo y a las dos escobas. Si el niño fuera conducido a la luz del Sol. Es un retrasado mental. cuando se hallan en edad de comprender. incluso la abundancia de sus cosechas y la clemencia de su clima dependen completamente de la horrible miseria de aquel niño. la puerta vuelve a cerrarse con llave. la belleza de su ciudad. Todos saben que está allá. y nadie viene nunca. Cierra los ojos. la sabiduría de sus sabios. la salud de sus hijos. los ojos desaparecen. por la noche. otros no. fuera de aquel abominable lugar. Generalmente esto les es explicado a los niños cuando tienen entre ocho y doce años. Una de ellas entra a veces y golpea al niño para que se levante. y la puerta está cerrada con llave. pero ahora no hace más que gemir suavemente. Quizá naciera deficiente. «Seré bueno –dice–. Está tan delgado que sus piernas son puros huesos y su vientre una enorme protuberancia. y permanece constantemente sentado sobre sus propios excrementos. Las demás no se le acercan nunca. aunque hay también adultos que acuden a menudo a verle. la impotencia. y nadie vendrá. Sus muslos y sus posaderas no son más que una masa de infectas úlceras. toda la prosperidad. Las gentes que permanecen en la puerta no dicen nunca nada. Antes. pero de hecho tiene casi diez. pero si se hiciera esto. que no siempre ha vivido en aquel cuarto y puede recordar la luz del Sol y la voz de su madre. y habla menos cada vez. déjenme salir. Las encuentra horribles. y una persona. o tal vez su imbecilidad sea debida al miedo. el ultraje. Por favor. si fuera lavado y alimentado y reconfortado. vive de medio bol de harina y manteca al día. Algunos comprenden por qué. pero el niño. la belleza y la alegría de Omelas serían destruidas a la siguiente hora. sería sin la menor duda una gran cosa. Les gustaría hacer algo por el niño. Sienten la cólera. o varias personas. el afecto de sus relaciones. el niño gritaba pidiendo ayuda y lloraba mucho. mhmm-haa». Pero no hay nada que puedan hacer. No importa el modo cómo les haya sido explicado. Pueden irla asimilando durante semanas o incluso años. La puerta permanece siempre cerrada. ¡Seré bueno!» Ellos no contestan nunca. pero todos comprenden que su felicidad. habla algunas veces. Sienten el desaliento. excepto algunas veces –el niño no tiene la menor noción del paso del tiempo–. todos los habitantes de Omelas. y la mayor parte de los que van a ver al niño son jóvenes. el talento de sus artistas. al que siempre se habían creído superiores. Cambiar toda la bondad y alegría de Omelas por esa simple y mínima mejora: rechazar la felicidad de miles de personas por la posibilidad de la felicidad de uno solo: sería dejar ingresar el crimen en la ciudad. ni siquiera hay que decirle una palabra amable al niño. pero miran al interior del cuarto con ojos de horror y de disgusto.

Todos ellos se van solos. sin excrementos sobre los que sentarse. Algunas veces también. hombre o mujer. Saben que ellos mismos. la fuerza de su música. luego hundirse en las tinieblas de los campos. al igual que el niño. el otro. un hombre o una mujer adulto permanece silencioso durante uno o dos días. Abandonan Omelas. Es demasiado deficiente y estúpido como para conocer la menor alegría real. y luego abandona su hogar. Entre ellos no existe la felicidad insípida e irresponsable. el lugar hacia el cual se dirigen es aún más increíble que la ciudad de la felicidad. Sus lágrimas ante tan cruel injusticia se secan cuando empiezan a percibir y a aceptar la terrible justicia de la realidad. no regresa nunca a su casa. Siguen andando y abandonan la ciudad de Omelas. por supuesto. a lo largo de ella. Para la mayor parte de nosotros. y esto es casi increíble. no podría interpretar aquella gozosa música mientras los jóvenes y magníficos jinetes se alinean para la carrera. A veces. todos los que se van de Omelas parecen saber muy bien hacia dónde van. Es a causa de este niño que son tan considerados con sus propios hijos. solitarios. Y siguen. Me es imposible describirlo. Conocen la compasión. el viajero debe atravesar poblados. Ha vivido durante demasiado tiempo en el miedo para verse alguna vez liberado de él. Saben que si aquel ser tan miserable no estuviera allá.cuenta que. Pero. chico o chica. no obtendría gran cosa de su libertad: un pequeño y vago placer de calor y alimento. y no vuelven nunca. Y sin embargo son sus lágrimas y su cólera. uno o una de los adolescentes que acuden a ver al niño no regresa a su casa para llorar o rumiar su cólera. ¿Creen ahora en ellos? ¿No les parecen mucho más reales? Pero aún queda algo por decir. hacia las montañas. Es la existencia del niño. el que toca la flauta. tras tanto tiempo. lloriqueando en las tinieblas. y su conocimiento de tal existencia. se sumergen en la obscuridad. se sentiría indudablemente desgraciado sin paredes que le protegieran. Sus costumbres son demasiado salvajes para que pueda reaccionar ante un trato humano. la grandiosidad de su ciencia. Edición digital de Arácnido . de hecho. Esas gentes salen a la calle y avanzan. Quizá ni siquiera exista. pasar entre casas de iluminadas ventanas. lo que tal vez constituya la auténtica fuente del esplendor de sus vidas. Solitario. Cae la noche. bajo el Sol de la primera mañana del verano. sin tinieblas para sus ojos. su tentativa de generosidad y el reconocimiento de su impotencia. cada uno de ellos va hacia el oeste o hacia el norte. lo que hace posible la nobleza de su arquitectura. sin embargo. pero no mucho más. incluso si el niño fuera liberado. no son tampoco libres. De hecho.

1911-1972 La voz del altoparlante resonaba como un furgón de cerveza vacío sobre una calle empedrada. Cuando lo terminé me sentí perdida. El principal enemigo del anarquismo es el Estado autoritario. quien vivió varias generaciones antes de la época en que se desarrolla la novela y que. Este nombre deriva de la fundadora de la comunidad. Debía alcanzar a Taviri a cualquier precio.El día antes de la revolución The day before the revolution. fue para mí un trabajo duro y largo. De todas las teorías políticas es la más idealista y para mí la más interesante. en el sentido de que todo ha comenzado con ella). Porque fue muy gratificante cuando Odo salió de las sombras brumosas de la probabilidad y quiso que escribiese un relato no sobre el mundo de la ley realizada sino sobre su ley misma. por Goldman y Goodman. Odo. Mi novela Los desposeídos habla de un pequeño Mundo de personas que se han dado el nombre de «odonianos». Esta historia trata sobre uno de los que abandonan Omelas. no participa en los acontecimientos (sino implícitamente. Traducido por ? en ?. Toda sudada. La calle le fue bloqueada por un grueso vientre en un chaleco negro y de espaldas imponentes. No oía los sonidos de sus voces. sea capitalista o socialista. Se abrió fatigosamente paso serpenteando entre las personas apretujadas y vestidas de obscuro. sino el anarquismo prefigurado en el primer pensamiento taoísta. el que –cualquiera sea el nombre con que el quiera darse lustre– es terrorismo puro y simple. Fue como empujar . y los presentes estaban apretujados unos sobre otros como las piedras de un adoquinado mientras el estruendo de la voz los dominaba. apoyo mutuo). por lo tanto. no veía sus caras: existía solamente el sonido del altoparlante y aquellos cuerpos adosados los unos a los otros. y me absorbió completamente por varios meses. cosa que en principio no era mi intención. exiliada: una persona sin patria. dio un puñetazo violento. No llegaba justamente a divisar A Taviri: era demasiado pequeña. ni el libertarismo socio-darwinista de derecha. y anticipado por Shelley y Kropotkin. El odonianismo es anarquismo. su principal componente práctico-moral es la cooperación (solidaridad. Taviri se encontraba quién sabe dónde en otra parte de la sala. © 1974. Introducirlo en una novela. In memoriam Paul Goodman. No el que roba llevando un bomba en el bolsillo. Ella debía conseguirlo.

Tuvo que estirar la mano y apoyarse en la cómoda. implacable fulgor de la mañana. ¡qué alegría! ¿Pero cuándo no había sido repugnante. deprimente. Verse y reconocerse repugnante. Taviri estaba allí entre aquella hierba alta. El altoparlante decía algo. Temía caerse. entonces nos preocupamos. Triste. El cielo sobre ella era profundo y descolorido y a su alrededor la hierba alta se doblaba bajo el peso de las florcitas secas y blancas. pero no se detuvo. como pequeños cabellos repugnantes. nunca se había observado de aquel modo? ¡No verdaderamente! Un cuerpo eficiente no es un objeto. Lastimoso. oscilando en el viento que soplaba siempre durante el crepúsculo. De un tobillo al otro corrían arrugas secas y sutiles. no es un instrumento o una propiedad para admirar: es simplemente nosotros mismos. –¡Oh. Se hizo pequeña. un objeto poseído. sentía declives. Dio la espalda al sol. las uñas estaban descoloridas e informes. y le hablaba. las florcitas ondulaban sobre ella. la pequeña área plana había conservado la delicadeza. No podía detenerse. espinos. No parecía alegre: sin embargo reía. Suspiró dos veces. Después comprendió que el mugido no era para ella. con una elegancia severa. En aquel instante recordó el sueño y cómo se había tendido junto a Taviri. porque tenía miedo de caerse. Sobre el suelo percibía zarza. Sólo cuando no es más nosotros sino nuestro. y se puso de pie. En la base de los dedos. ¿Qué le había dicho? No lo recordaba. Con la intención de violentar su memoria. No había podido jamás llamarlas por su nombre. Repugnante: sí. caerse: se detuvo. ¡No soñaba con Taviri desde quién sabe cuanto tiempo. También los otros gritaban. vestido con su mejor ropa. pero de sus grandes pulmones surgió un rumor prodigioso.una roca: el hombre no hizo ningún gesto. Se metió corriendo entre la hierba. Puso todas las palabras a prueba: todas iban bien. Toda excitada también ella gritó: «¡Sí! ¡Sí!» y mientras avanzaba no encontró dificultad para huir de la Plaza de Armas de Parheo. aquella ropa obscura que le daba el aspecto de un profesor o de un actor. tenían la superficie de contacto casi recta y estaban llenos de callos. pero la piel era del color del barro y el cuello del pie era recorrido por venitas anudadas. Levantarse de improviso le dio vértigo. El sonido de su voz la hizo lagrimear: extendió el brazo para aferrarle la mano. La tarde anterior se había olvidado de bajar los postigos. Los dedos. ondulante y muda. Taviri –dijo–. Miserable. comprimidos desde la más tierna edad en zapatos baratos. el lugar está un poco más adelante! –el olor peculiar y dulce de aquella hierba blanca se hacía más intenso a cada paso. se irguió para sentarse. ¿Sus condiciones son buenas? ¿Estará a la altura? ¿Resistirá? –¿Qué importa? –dijo Laia con rabia. sólo con la camisa puesta. que se plegó dócilmente y volvió a erguirse. y ahora no recordaba ni siquiera . agujeros. como un mugido. también. Desagradable. puso las piernas fuera de la cama y se quedó allí doblada en dos contemplándose los pies. la frente se le arrugó. No recordaba ni siquiera si había llegado a tocarle la mano. algunas confusas palabras a propósito de tasas o masas. Sol sobre sus ojos.

la izquierda apretada y cerrada con fuerza en la derecha. los jóvenes habían crecido con el principio de la libertad en el atuendo y en el sexo y en todo el resto. lo incorporaba continuamente en sus palabras. que ella debía ser una buena odoniana? Arrastró las chinelas a lo largo del corredor dirigiéndose a los baños. como antes. y la estupidez de la frase la hizo retornar a la luz de la mañana y a la cama deshecha. pero ella era demasiado vieja para hacerlo. que los huesos se conmovían en aquella obscuridad ardiente. estas cosas no hace falta decirlas. Un buen odoniano. Quedaban pocos de aquellos que lo habían conocido. se acercó al armario y se puso la bata. «Antes de encontrar a Asieo». Mairo se estaba lavando el pelo en una pileta. pero ahora ya no estaban ni siquiera en prisión: estaban en los cementerios de las prisiones. en el hecho que yacían sepultados.sus palabras! Desaparecidas. La palabra la hacía siempre sobresaltarse. Ella no había hecho otra cosa que inventar la libertad: no era exactamente lo mismo. cierto: hablaba de él. naturalmente. el dedo pulgar derecho que ejercía una pequeña presión mientras iba y venía sobre el nudillo del índice izquierdo. y ella no. o bien se encontraban en fosas comunes. aquel del personaje público. uno por uno. Ahora sus viejos y feos pies estaban de nuevo sobre el piso. En la celda. Se puso de pie con un gemido de desaprobación y de esfuerzo. una mano sobre la cómoda. Parecía una jorobada en su camisón. sólo había girado sobre sí misma. No quería arruinar el desayuno de ellos mostrando la propia vejez. –Querido mío –dijo Laia. aquellas primeras semanas después que le habían dicho que Asieo había sido asesinado en un choque en la Plaza del Capitolio y había sido sepultado con los Milcuatrocientos en los fosos de cal detrás de la Puerta de Oring. Toda gente que había estado en prisión. debía usar «compañero». –¡Taviri. ¿Desde cuándo no pensaba en él (para no hablar de soñarlo) como «Taviri»? ¿Desde hace cuánto no pronunciaba su verdadero nombre? Decía «Asieo». Había pensado en todos ellos. hablaba seguramente demasiado de él. Y después de todo. todos los Milcuatrocientos. con el último nombre. Horas. Laia observó admirada aquella larga y lisa madeja empapada de agua. la frente arrugada. «La teoría de la reciprocidad de Asieo». Como. todo desaparecido. aquellas primeras semanas de los nueve años en el Fuerte de Drio. en la celda. años. Entre marido y mujer. Ya tan raramente salía de la Casa que no recordaba . Entonces se reía del hecho de que todos los amigos hubieran estado en todas las prisiones. ¿Pero quién había dicho alguna vez. en la celda. Oh. sin ton ni son. no te he olvidado jamás! –susurró. por ejemplo. días. que la cal actuaba sobre sus carnes. Las manos se ubicaron en su antigua posición. Pero como «Asieo». Naturalmente que no lo había olvidado. Los jóvenes circulaban por los ambientes de la casa con placentera inmodestia. ¿Quién lo había conmovido a él? ¿Cómo eran ahora los delicados huesos de las manos? Horas. «Cuando Asieo y yo estábamos prisioneros en el norte». y se dejó caer sobre la cama porque no soportaba el peso de los recuerdos de aquellas primeras semanas en el Fuerte. El ciudadano común había desaparecido del todo. No se había ido a ningún lugar. llamar a Asieo «mi marido». noches.

y no se saciaba jamás. Ella permanecía fuera. Era una gran cosa estar allí sola.. Qué alivio. en verdad. Y quizá por que era Odo. y después de haber leído también entre líneas. Thu nos aventajará. pero no llegó a terminar la fruta que había tomado. bien en el medio.. en medio de todas aquellas personas que conversaban animadamente. no fuese correctísimo. Es solamente el tiempo el que produce . ¡Tonterías! No participó mucho en la conversación. importantes noticias. de algún modo importaba: se sentía un poco triste y fría. pensó. por cincuenta años» Por amor de Dios. La revolución tendrá la delantera allí primero que en otro lugar. Era una buena habitación. bajó a la mesa. se había inclinado a no darles demasiada importancia. cuántas veces. la hubiera obtenido igual? Era probable. Pero ahora. esa es la palabra. siempre atenta a no entusiasmarse demasiado fácilmente. «No es fácil».. en el Fuerte. era difícil comer. Envidiosa. Ella tenía aquella gran habitación toda a sí sola porque era una vieja que había tenido un ataque de apoplejía. Melenuda!).. se dijo a sí misma para justificarse. ha llegado el momento. El desayuno era bueno. a melena. Después de todo. Algunos de los jóvenes de los pisos superiores vivían de a cinco en una habitación no más grande que esa. ¿Cuántas veces había sido burlada (¡Melenuda. con un sentido de autoconmiseración. Pero ella no había jamás osado esperar que hubieran sido erradicados durante su generación. a cada cambio de prisión un soldado la había rapado con el ceño fruncido? Y después los cabellos volvían a crecer de pelusas a bucles. un placer intenso. Si bien. «aceptar encontrarse fuera cuando se ha estado dentro. pero ella no había vuelto a recuperar el apetito después de aquel maldito golpe apoplejético. pero después de haber leído el artículo del diario. antes de su muerte. había robado una fruta en un puesto callejero en el camino del río. volvían sutilmente y germinaban por todas partes. y después de algunos minutos se levantó y volvió a su habitación. no aquí. Habían llegado noticias de Thu.. quién hubiera querido compartir la habitación con una vieja babosa? Pero no era fácil acertar. a mechones. con una extraña seguridad profunda pero fría: «Bien. No lograba compartir el entusiasmo de ellos. pero la vista de una gran corona de cabellos le daba placer. ¡Como si importara! No habrá más naciones». Y sin embargo. Por amor de Dios.cuándo había visto por última vez una cabeza respetablemente rapada. ¡Qué pena! Dejó a sus espaldas escaleras y autoconmiseración cuando entró en la habitación. Y en Thu. mientras bajaba cansadamente las escaleras. cuando tenía seis o siete años. ¿justamente aquel día tenía que pensar en el tiempo transcurrido? Después que se vistió y rehizo la cama. culto de la personalidad. De chica tenía tantos deseos de comer fruta que la robaba.. Mucho tiempo antes. Bebió dos tazas de té de hierbas. ¿Si no hubiera sido Odo sino solo una mujer que había tenido un ataque de apoplejía. pues. ¡Pero por amor de Dios. termínala! Sonrió y respondió a los saludos y a las corteses preguntas de los comensales y del gordo Aevi que aquella mañana prestaba servicio en el Banco. Las personas que querían vivir en las Casas odonianas eran siempre más de las que ellas estaban en condiciones de contener. Una vez. y después. fuera en verdad. Era él quien la había tentado con la pesca: «¡Pero mira que maravilla! La guardé para vos» Y cómo habría podido rechazarla? Había tenido siempre ganas de comer fruta. cuántas veces los policías o los malhechores le habían tirado de los cabellos. Favoritismo. exclusivismo. Desde el principio. henos aquí.

después de todo. y existían una decena de ediciones diversas. tanto que gimió un poco con los crujidos de los huesos. aquellas cartas las que la gente continuaba diciendo que estaban llenas de «energía espiritual». y en aquel momento ella se encontraba más que nunca imposibilitada de racionalizarla. después de una derrota semejante para el movimiento. Había que hacer algo.? Su grafía no era la misma después de la muerte de Asieo.T. «¡Qué coraje demuestras continuando con el trabajo. soleada: justo aquello que se necesitaba para una vieja babosa que había puesto en movimiento una revolución mundial. en la celda.. Si se quería arribar a la meta era necesario continuar: esto entendía de las palabras «el verdadero viaje es el retomo». después de la muerte de Asieo. Mientras sí había sido suya aquella redondeada y adornada del manuscrito de Sociedad sin gobierno. y se dispuso a revolver en uno de los cajones inferiores del escritorio. que ciertamente era su obra intelectualmente más consistente. Los otros decían: jamás tienes miedo. después de la muerte de tu compañero!»: esto le decían. en los cinco años que siguieron a su muerte había escrito de arriba a abajo La Analogía. en la práctica estaba todo cubierto de papeles con notas pinchadas. ¿Consultar R. era extraño. Diablos.. Provincias septentrionales. ¿Pero qué era el coraje? No había logrado imaginarlo jamás. un objeto bello y macizo que le había regalado la cooperativa de los muebleros de Nio porque una vez uno le había oído decir que el único mueble que verdaderamente desearía tener era un escritorio con cajones de gran superficie. y en el Fuerte papel y pluma eran concedidos. para tener alta la moral. En tanto aquella habitación era bella.los grandes cambios. La Analogía. Y. espaciosa.. Ahora las llamaban Cartas de la Cárcel. Arrastrando sus pies llegó al escritorio. Era el manuscrito de La organización sindical en el período revolucionario de transición. Pero le había dejado la revolución. Se encorvó con demasiado ímpetu. Pero todo había sido escrito en la grafía friolenta y trémula que ella no había reconocido jamás como propia. Taviri había llevado consigo en sus medias no sólo sus pasiones físicas y espirituales sino también su grafía clara. de hace cuarenta y cinco años. en prisión. Todas aquellas cosas. Su secretario llegaría dentro de una hora para ayudarla a acelerar el trabajo cotidiano. Otros aún: tienes miedo pero sin embargo continúas. por lo demás con la grafía pequeña y clara de Noi: Urgente. aquel tipo alto de los ojos acuosos (¿cómo se llamaba? ¡no importa!) había hecho salir del Fuerte por dos años. En la etiqueta Taviri . escribiendo. Y después estaban las cartas que el guardia.. La mano se le detuvo en una etiqueta deteriorada por el tiempo: la sacó.. todo esto había escrito en el Fuerte de Drio. lo que significaba quizás que las había escrito con la cara lívida. al pensarlo. coraje. ¡Qué raza de estúpidos! ¿Qué otra cosa se podría haber hecho? Energía. habiéndola reconocido primero con el tacto que con la vista. pero no había sido otra cosa que una intuición.. ¿Pero qué otra cosa se podría haber hecho sino continuar? ¿Existía una verdadera posibilidad de elección? Morir significaba solamente continuar en una dirección diferente.

el otro estaba todavía a la búsqueda de nuevas adhesiones al partido en las provincias meridionales. La vejez y la enfermedad te llevaban a escindir. se detuvo y le dijo: –¡Lo hago yo! –y se lo anudó con cuidado y pericia en un instante.. entrando a la carrera para ir al baño. Amai había crecido en las Casas odonianas: nacida para la revolución. Pero él había preferido servirse de un impresor de voces. repuso la etiqueta en el cajón. Por amor de Dios. inertes. De nuevo la escisión. verdadera hija de la anarquía. No aparecía otra cosa de él que no fuera su inteligencia. ¿y ella qué había hecho después del desayuno? Se levantó tan de improviso que se tambaleó y tuvo que aferrarse a la silla para cerciorarse de que no se caería. Noi habría llegado. Puso empeño tratando de rehacerlo. nuestro futuro feliz y radiante. menos de un tercio de los años de Laia. Amai. Una niña tan tranquila. Se la rascó. aquí la tienes. Sin embargo eras vos. Sus padres habían sido ambos miembros del Movimiento: uno había sido asesinado en la insurrección del '60. No le daba por pensar en nada que hubiera poseído por más de algún tiempo: haciendo excepción de su desvencijado cuerpo. Aquella sí que era una hermosa grafía. La hacían sentir como un robot con un cortocircuito. No había conservado sus cartas: habría sido sentimental. El ojo derecho de Laia Asieo Odo dejó caer algunas minúsculas lágrimas. viva. Primero autoconmiseración. después la agitó en el aire con rabia. su cerebro insistía: «No soy yo. IX 741.había impreso el título y debajo su propio nombre: Taviri Odo Asieo. La mano derecha le hormigueaba. esto. mientas . De Asieo no le quedaba otra cosa que su nombre escrito sobre la etiqueta del libro. Jamás se había repuesto del todo del ataque. «Ella» y «su cuerpo». ella había envidiado siempre esta posibilidad. La evasión era un juego al que jamás había jugado. El moño gris le caía mal: no se había peinado bien antes de desayunar. Sin embargo había buscado la libertad. sonriendo en silencio. Atravesó el corredor dirigiéndose al baño y se observó en el gran espejo. decididas. Así también la pierna derecha y el ojo derecho y el ángulo derecho de la boca. El original era enteramente impreso. con letras bien modeladas. no soy yo». y también de alta calidad: dudas anuladas e idiotismos personales normalizados. Estaban insensibles en parte. Mientras el tiempo pasaba. No se percibía aquel modo de pronunciar la «o» desde el fondo de la garganta según el hábito de la costa septentrional. con aquellos dedos suyos tan redondos y fuertes. libre y bella que el sólo pensar conmocionaba: es por esto que hemos trabajado. Quizás a los místicos les era posible separar intelecto y cuerpo. era esto lo que quisimos construir. sin esperar poder emularlos. Amai tenía veinte años. seguras. a evadir. siempre allí con el nombre de Asieo entre las manos. sin demora. llenos de hormigueos. lo cerró y se apoyó erecta en el respaldo. ¿pero porqué? ¿No conocía ya aquel nombre sin tener la necesidad de tenerlo bajo los ojos? ¿Acaso había algo en ella que no iba? Se llevó a los labios la etiqueta y besó con decisión y determinación aquel nombre escrito a mano. Qué arduo era tener los brazos levantados. pero ella lo llevaba pegado encima.. naturalmente. después auto adulación. para el cuerpo y el alma.

Una vieja parece solamente más o menos grotesca. era tan hermosa que los hombres se daban vuelta. no siendo capaz de dar placer a los otros. y con placer. espigado y fogoso: ésta era su receta. Laia agradeció a Amai y volvió rápidamente a su habitación. aquel fuerte. ni aún físicamente. Al diablo la decencia. . previo al ataque apoplejético. Probablemente jugo de durazno. por Dios. Noi tenía alrededor de treinta años. por Dios podía al menos complacerse. ¡Santo Dios. para verla. no lloraba e ignoraba qué hacía el derecho. pero el ojo Izquierdo. Taviri. Entró Noi. Que se cepille los cabellos y se cambie la camisa. Mientras la camisa limpia pasaba a través de la cabeza pensó: ¿pero qué tiene Noi de especial? Unió lentamente los alamares del cuello con la mano izquierda. no era solamente por un sentido de decencia. ni siquiera cuando tenía catorce años y caía como una pera madura al paso de un galán cualquiera. Aquellos cabellos suyos sutiles. porque estaba muerto. Se arregla por puro sentido de la decencia. con una voz cálida y vivos ojos obscuros. grises. Vieja babosa. naturalmente. Noi. –¡Buen día –dijo el muchacho. por pura y simple higiene mental. musculoso. pero el punto era éste: ella no quería que la viese con aquella mancha de baba sobre el cuello del vestido y con los cabellos todos desordenados. –Hola. Bruno. con aquella voz gentil. ella no había ni siquiera cerrado la puerta mientras se cambiaba la camisa! Lo vio y se vio a sí misma. ¿Si el hombre que ella había amado. no. y ahora. que se había entretenido apenas un instante en el umbral. Y después de todo. No quería que Noi entrase y la encontrase con aquella baba sobre el cuello. y para el cual su edad no había sido importante. Aquel muchachito no se podía por cierto parangonar con Taviri por inteligencia. Los hombres rubios o gordos no habían ejercido jamás sobre ella la mínima fascinación. y se babea encima sin recato. para consentimiento del prójimo. En el espejo había notado una mancha sobre el cuello del vestido.ella estaba allí de pie entre los lavabos y las letrinas y mientras la hija que ella no había engendrado le arreglaba el pelo. no hace la mínima diferencia. No. esto tampoco tiene valor. Esto era todo lo que lo caracterizaba. solamente por aquel motivo ella debía fingir ser ahora asexuada? ¿Por esto debía reprimir la verdad. y tampoco se había sentido atraída por los tipos altos y dotados de grandes bíceps. Una vieja. Simplísimo. delgado. o en cambio se ponga la camisa de la semana anterior y luzca las trenzas de la noche anterior o todavía se ponga un vestido entretejido de oro y se esparza con polvo de diamantes la cabeza rasurada. El buen sexo de antes. como cualquier estúpida puritana autoritaria? Sólo seis meses antes.

y lo saben. ¿No han tratado ni siquiera de hacer llegar tropas a Soinehe. ¡por amor de Dios! ¡Bien. –Te pregunté si leíste los diarios de hoy. A veces la llamaba «su bella Laia». –¿Esos del norte? –Parheo. se perdía el gusto de la victoria. Los dientes blancos le brillaban sobre el rostro obscuro y lleno de vida. Después de una vida gastada en la esperanza porque nada se le había dado. Había venido a la capital con veintidós años. su revolución fuera muy inmadura y pueril. Sesenta y seis años antes. listo para trabajar. para hacer entrar en el parlamento una representación femenina.Cuando ella tenía seis años y un amigo de papá –Gadeo– venía a hablar con él de política después de la cena. Pero esta vez es la hora de la verdad. –¿Hoy escribimos aquellas cartas? –Está bien. El triunfo ya no era posible. Se seguía viviendo. después de todo. He pasado una noche terrible –era verdad. Él estaba satisfecho de esto. ¿Cuáles cartas? –Para esos del norte –dijo con paciencia Noi. –¿Satisfecha del Soinehe? Soinehe era la provincia de Thu que la noche anterior había declarado la secesión del Estado de Thu. –Sí. sentándose en el sillón. Ella había nacido en Parheo. «Aquí llega mi bella Laia». Ella estaba de acuerdo. Era morocho. Votos y salarios: poder y dinero. Tontos fragmentos de las cartas que . Ella hace un signo afirmativo con la cabeza. Y ella había olvidado desesperar mucho tiempo antes. ella se ponía el collar dorado que la madre había encontrado en un montón de cosas viejas y había llevado a casa escondido en el cuello donde ninguno lo podía ver. Noi estaba en el escritorio. –¿Qué? Siento la cabeza vacía. –Comienza con Oaidun –dijo. tenía dientes blancos que brillaban. Es el inicio del fin para el gobierno de Thu. en cincuenta años algo se aprende! Y después se vuelve a olvidar todo. Huelgas para mejorar los salarios. cuando se había sentido lista para traer la revolución. si bien entonces. antes que ella y los otros lo replantearan. –Lo sé. La bella Laia. ciudad sucia situada sobre un río sucio. Había probado su misma certeza. Pero no llegaba a complacer su satisfacción. Oaidun. Y preocupada. comprendes? No harían otra cosa que llevar los soldados a la rebelión antes de lo inevitable. había dormido menos de lo habitual. Pero ella sabía que esto a Gadeo le gustaba. Un verdadero sentido de triunfo debe estar precedido por una verdadera desesperación.

como si ella hubiera sido una diosa madre. justamente aquel mediodía. Un fenómeno. pero yo estoy cansada de estar en contacto. Es que nada corrompe el altruismo. como si ella fuese la gran torre de Rodarred o el cañón de Tulaevea. insultado. no. ¡Pero porqué no lo leen en mis libros! –Quedar en contacto –dijo Noi con gentileza. Ella aprendía de los extranjeros.. pero ahora estaba cansada de caras nuevas y de mostrarse. Laia dijo. Y de todos modos. Si tu escribes la carta. y que había orinado en público en la Plaza del Capitolio. el ídolo del Universo.. conscientes. ella que había gritado. Venían solamente a verla. y logró bastante bien dictar una carta entera y comenzar otra. citando uno de los temas centrales de la filosofía odoniana.. ¡Diablos! Los jóvenes le gustaban. Es que nada se deja corromper por el deseo del poder cuando el altruismo. pero siempre podía escribir...» «¡No pensarán que la libertad y la disciplina son incompatibles.. Ella buscó ser atenta. Son siempre las mismas cosas. verdad?» Y aquellos aceptaban los azotes dóciles como corderitos. de sus libros y del Movimiento. –Recuerda que en ese momento su sentimiento de fraternidad pudo ser forzado a. si ella hubiera tenido otra cosa que hacer. los habría hecho laminar en bronce y después los habría vendido como souvenir. No había hecho jamás otra cosa. Los viajes de propaganda y las reuniones y la plaza estaban ya fuera de su alcance. . y de un extranjero siempre se aprendía algo. adorador. con enojo–: ¡Tengo otras cosas que hacer! Cuando Noi se fue. –De acuerdo. pero esta mañana no tengo ganas de ocuparme de eso –Noi la observaba con una expresión ligeramente interrogativa o preocupada. de. –anduvo a tientas con las palabras hasta que Noi le sugirió–: ¿El peligro del culto de la personalidad? –Bien. Noi lo habría sabido: tenía en orden su agenda y le recordaba con tacto ciertas cosas..esperaban la respuesta de Laia. y éste era su trabajo. Les hablaba con violencia: «Sean ustedes los que piensen sin que nadie les diga lo que deben hacer. También ellos lo saben.. No sabía hacer otra cosa.» «Esto no es anarquismo. cuando le había dicho si jamás había pensado en traer aquí una herramienta para cortarse a sí mismo los testículos. Por amor de Dios. agarrado a patadas a los policías y escupido a los curas. tu sabes lo que quiero decir: escríbelo.. es puro y simple obscurantismo.. Laia se sentó en el escritorio y colocó las cartas como para trabajar. Era aquel su trabajo: el trabajo de su vida. como por ejemplo la visita de los estudiantes extranjeros. Observaban con temor místico. porque se había sorprendido –aterrorizado– por las palabras que había pronunciado. No. sobre la gran placa de latón que decía: «¡Aquí fue fundado el Soberano Estado de la Nación de A-IO». yo la firmo. No. en peligro. ¡Justamente ella! ¡Ella que había minado las canteras navales de Seissero y que había insultado al presidente del concejo Inoilte ante siete mil personas. un monumento. pero los extranjeros no aprendían de ella: todo lo que tenía para enseñar lo habían aprendido mucho tiempo antes.

«El público invisible de Laia». entienden. yo no estaré –dijo a su público invisible. los muchachos faldones largos. Me ha hecho mucho bien conocerlos. Salió tranquila por la puerta lateral. No tenía por qué admirarse por sentirse un poco extraña. con ojos de cervatillos. quedarse y recibir a los estudiantes extranjeros. no hay más peligro. la hospitalidad de la casa. Justamente como haber estado en prisión. la cara viejita. No huía sola desde. no –dijo Laia– quédense. el buen monumento antiguo. porque siempre lo bahía hecho. El fuego se ha apagado. marciales y arcaicos. deberían operar en dirección de una autosuficiencia ideal. Estaba bajando por las escaleras cuando decidió. Hubiera huido después. muy serios. hirsutos. Y habría escapado. llena de alegría por aquellos jóvenes. con melancolía. Era irresponsable desilusionar a estudiantes extranjeros. vengan a adorar su regazo. pero Laia no se interesaba por los cultivos. pero irse a su habitación a descansar hubiera sido reconocerse vencida. hablen con Aevi y Amai. No lo habrá –no se horroriza de hablar sola. Hablaban de sus expectativas. mientras ella daba vueltas en la pieza murmurando–. y debo moverme un poco. antes del golpe. Hubiera huido de allí. aparecía claro que las comunidades anárquicas. lo llamaba Taviri. en la calle: su mundo era aquel. Por las calles. Eran jovencísimos. –No. y llegó a la calle. no. No hay necesidad que vengan. aunque durante los períodos de transición. Antes había tenido la intención de escapar. y antes de retirarse los saludó a todos con un beso. sonriendo–: ¡El círculo de la existencia! –y mostró el encontrarse de los extremos en el círculo de los dedos sutiles y morenos. fascinados: venían del hemisferio occidental. ¿Hermanitos y hermanitas. volverán pronto a verme? –su corazón estaba con ellos y el de ellos con ella. . Las chicas llevaban pantalones blancos. «¿Qué es un anarquista? Aquel que por elección acepta la responsabilidad de la elección». tez morena. Afuera. Pero los visitantes con mucha modestia se levantaron para despedirse después de media hora. Aquella sutil franja de áspera tierra ciudadana había sido cultivada magníficamente y mostraba una buena cosecha de porotos y cecá. ¿desde cuándo? Desde fines del invierno. Cierto. Es sólo que si estoy sentada me entumezco toda. de Benhili y del reino de Mand. muchachos: háganlo después. Estaba en verdad un poco cansada. superó el cantero verde. ¡Pppuuulthh a todo esto! ¿Qué sentido había en luchar toda la vida por la libertad y después terminar por no tener ni siquiera un poco? Se hubiera escapado de allí para hacer un paseo. Amai y Aevi les sirvieron vino blanco y pan negro.(etc. Había apenas decidido qué hacer. reticentemente. Era muy poco odoniano. etc)! ¡Ppppuuuhhh a todo esto! Y ahora era la abuelita de todos... –En Mand estamos tan lejos de la revolución que quizás estemos cerca –dijo una de las chicas. ojos afectuosos y cabellos perfumados. Era una extravagancia típica de la senilidad. riendo. –No –dijo en voz alta–.

que había intuido quizás antes de saber algo preciso. Estaba siempre el «círculo de la existencia» para ser trazado sobre los muros y en las calles donde la autoridad lo habría visto. despilfarro. Ella no había pretendido jamás cambiar la condición humana. Los slogans iban y venían de acuerdo a la necesidad. lisiados. barro en el barro. El Movimiento no era particularmente versado para poner nombres. ya sabía todo esto: que ella y los otros chicos y sus padres y los padres de sus padres y los borrachines y las prostitutas y toda la gente de Vía de la Abundancia estaban en el fondo de algo. bultos de bajo precio. y ahora reducido a mercado de frutas y verduras y de ropa de segunda mano. antes de conocer el significado de «capital». Y así aquella casa cooperativa. no tenía otro nombre que «el Banco». Antes de escribir su primer panfleto. Cosas. En la parte superior de las impecables columnas sobre el frente de la calle se leían todavía las siguientes palabras: Asociación Bancaria Nacional para la Agricultura.pero en qué modo dicha autosuficiencia se debía obtener en términos reales de terreno o de plantas. con excepción de aquellos quince años de cárcel. Con tal que esto no sea asunto de Affari. Estaba frente a una calle espaciosa y tranquila. Laia retornaba a Temeba como el agua a su condición de equilibrio. Las somnolientas prostitutas con el . No tenía una bandera. Era su patria. ya no era asunto suyo si después vivía en cloacas y bebía insecticidas. éstas. Había campesinos y técnicos agrónomos para esto. Pero cuando se trataba de denominar algo. en un tiempo famoso como mercado negro de substancias psicotrópicas y alucinógenas. por temor a ser vinculados y obligados. Asunto suyo eran sin embargo las calles. la realidad. Examinó con afecto la fachada de la casa. Ahora Laia. los adoquines donde ella había crecido y donde había visto enteramente la vida. no era cosa suya. garitos volantes. antes por notoriedad y luego por vejez. pero a una manzana de distancia estaba la Temeba. un mercado al aire libre. fuente de provecho y medio de poder para otros. casas de empeño. y se sentía a sus anchas en toda la obscena debilidad de su vejez. antes de dejar Parheo. drogadictos. mendigos. crueldad. agua en busca de la condición de equilibrio. antes de traspasar los confines de Vía de la Abundancia donde jugaba con otros chicos de seis años apoyando en la tierra las rodillas lastimadas. y aceptaban o ignoraban los nombres con los cuales se tropezaban. El hecho de que haya sido construida para ser un banco proporcionaba a los actuales habitantes un placer totalmente particular. escultores del cuerpo y hoteluchos infames. Su vitalidad embriagadora había desaparecido. adivinas. se mostraban nuevamente indiferentes. Todo menos esto. avanzaba pesadamente por la calle sucia y rumorosa. Conservaban los sacos de harina integral en la caja fuerte. dejando tras de sí solamente alcohólicos semiparalíticos. de ser la mamita que aparta o que carga todas las durezas de la vida de sus pequeños para que no se lastimen. Con tal que la gente fuese libre de elegir. y a un miserable lugar de actividades menores. No había temido ni despreciado nunca la ciudad. eran el fundamento. las calles ruidosas y sucias. y sin temor de mostrarse contradictorios. y obtenían el estacionamiento de la sidra en barrilitos colocados en las cajas de seguridad. Existiría miseria. lo surgente. No existirían más los bajos fondos como aquellos una vez que la revolución hubiese vencido. Pero ninguno de aquellos que se pensaba hecho de un material más noble que el barro estaba dispuesto a comprender. Pero permanecería la miseria.

la nena de seis años. Nadie compraba. Sí. ¿Pero entonces quién era? La mujer que había amado a Taviri. sino lo fundamental. Sí. Sí. Polvo y barro y el umbral de un tugurio. con los signos de la fatiga y del disgusto de sí misma visibles en su cara que sentía arder. había sido? No. Dio una media vuelta y se dirigió a su casa. No era algo más. No se sentía muy bien. su gente. indiferente. etc. Si no hubiese vuelto atrás ahora. y ella temió en verdad caminar en el aire. aquel campo lleno de hierbas altas y secas. y sentarse por un momento con los otros hombres y las otras mujeres que iban allí cada día. Había tenido la intención de ir al parque Koly. que mascullaba palabras entre dientes. quizás la habría alcanzado un golpe de vértigo. era esto lo que cualquier persona que pasaba veía. para comprender qué significaba estar sentados allí y ser viejos: pero era demasiado lejos. Un vendedor de fruta se sentaba en silencio detrás de su mercadería sucia y marchita. Y además. el mendigo idiota que intentaba cazar las moscas a manotazos: eran éstos sus conciudadanos. y tenía miedo de caerse. inalcanzable. ¿Era verdad? ¿Era esto lo que ella era? Sin ir más lejos. Pero ella. Odo: ¿quién era? La famosa revolucionaria. Hacía tiempo que no se aventuraba tan lejos –cuatro o cinco manzanas– sola. se dejó caer poco a poco. «El verdadero viaje es el regreso». Advirtió en sus oídos un zumbido que cesó súbitamente. sentada sobre el umbral mirando en la niebla sucia y dorada de Vía de la Abundancia.peinado laqueado que estaba todo torcido y a punto deshacerse. sentada sobre el sucio umbral de un tugurio. Nada había quedado. ¿era más de aquello que la famosa revolucionaria. la autora de Comunidad. aquel triángulo de hierba miserable al fondo de Temcha. se sentó y lanzó un suspiro. Ella era ella misma. Había vuelto: no se había ido jamás. Eran sus hermanos. había sido la indefensa trabajadora y pensadora. etc. Había sido sin embargo intenso. bajo el sol de una tarde de verano. bajo el soplido del viento en el crepúsculo. la chica de dieciséis. Ella era la chica con las rodillas lastimadas. Se le asemejaban. Aquello había terminado. feroz. Suficiente en verdad. con la cabeza llena de sueños. ¡Taviri estaba muerto desde hacía tanto tiempo! –¿Quién soy? –masculló Laia a su público invisible. en el fondo del camino. había sido la amante aquella que se abría un camino en la vida. pequeñez. en el rumor y en la muchedumbre y bajo el ardiente sol del verano. la vieja bizca que gritaba cansadamente los nombres de sus verduras. que sabía responder a sus preguntas y le respondió al unísono. La gente pasaba. obscenidad. Ninguno la observaba. Pero no lo suficiente. justamente ella. caer y observar a la gente que se acercaba a mirar a una vieja en pleno estado convulsivo. en su tristeza. . pero un coágulo de sangre en una vena le había robado aquella mujer. En las sombras se saltó un escalón: se diría. en realidad. desprecio. en su repugnancia. ¿Y quién era? Una vieja de cabellos grises y de rostro enrojecido. irascible. pero Taviri muriendo le había quitado aquella mujer. La Analogía.

y era preciso hacer algo. Aquel que había hablado esbozó una sonrisa y algún otro se rió. En el tiempo de la Revuelta del noveno mes no había ni siquiera nacido. Delante de ella. Pasado mañana –no. La sala se había llenado. observando a Laia. aunque hubiese sido cierta? Esperó sentirse bien. Huelga General. dos. Parecía que estuviesen programando una demostración. una. La revolución. ¿qué la esperaba? Su golpe apoplejético privado. pero no temía caerse.–¡Laia! ¿Pero qué estás haciendo acá? ¿Estás bien? Uno de los habitantes de la casa. y a pesar de la torpeza se escapó sin ser vista entre la gente excitada y pronta a subir los escalones uno a uno. por el momento. de la ciudad vieja. para él era solamente historia. una pierna a la vez. delante de ella. recorriendo el viejo itinerario. se sucedían tan rápidamente que también allí los ánimos estaban caldeados. Setenta y dos años y no había tenido jamás el tiempo de llamarlas por su nombre. diez voces estaban diciendo «huelga general». Estaba algo jocosa. La mujer continuaba hablando y otra gente ingresaba excitada a la sala. Se tendría mañana una asamblea general a las ocho de la mañana. en Thu. Laia no se acordaba de su nombre si bien la conocía de años. y dejó que hablase durante todo el camino. –Otra Revuelta en el noveno mes –dijo un joven. Dejó que la llevase a su casa. mañana– habría una marcha. inflamado y sonriente. No estaba como para. logró ponerse en pie. naturalmente: una bella mujer. En la pieza de abajo. Inició el ascenso por la segunda rampa. las florcitas blancas y secas hacían oscilar sus corolas y susurraban en los vastos campos del atardecer. una gran marcha. ¿Pero qué la llevó a hablar así? ¿Pero era necesario decir semejante cosa en la vigilia de la revolución. Amai la miró con aire interrogativo. en su habitación. –¿Mañana? Mañana yo no estaré –dijo bruscamente. murmuró Laia tomando aliento en el descanso de la escalera. Arriba. como una nena de dos años. a sus espaldas. Edición digital de Sadrac . subir las escaleras. en la Plaza del Capitolio. Los eventos. Ahora quería hacer también él su pequeña contribución a la historia. un escalón a la vez. aunque prefiriese estar sola. Laia debería hablar. un poco fanática y un poco charlatana. Hablaron de nuevo y alzaron la voz. Estaba mareada. allá abajo. En el gran salón (en un tiempo ocupado por cajeros intentando contar el dinero detrás de ventanillas brillosas bajo la mirada de guardias armados) Laia se sentó en una silla.

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