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AWOL - The Ancient World Online
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Editora de Reseñas: Lidia Raquel Miranda
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Colaboraró en este número como evaluador:
Dr. Sandro Abate [Universidad Nacional del Sur].
Publicación del Instituto de Estudios Clásicos
Facultad de Ciencias Humanas. UNLPam
Nº XVII | Año 2013
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Secretaria de Investigación
y Posgrado: Prof. Marisa Elizalde
Secretario Administrativo: Cr. Martín Ussei
Secretaria del Consejo Directivo: Prof. María Marta Dukart
Índice
Presentación ............................................................................................. 7
Artículos
i. Julián Barenstein - Diana Angélica Fernández
Carta de Giovanni Pico della Mirandola a Andrea Corneo: el incidente
de Arezzo y la elección entre vita activa y contemplativa .................. 13
ii. María Delia Buisel
Magistraturas e Imperium: de la monarquía al principado ................ 31
iii. Diana L. Frenkel
La novela José y Aseneth: el pasaje de la idolatría al monoteísmo ....... 45
iv. Marina Larrosa
A propósito de un Eros de cera (Ἔρως κήρινος): Anacreóntica 11 ...... 61
v. Francesca Mestre
Luciano y Taciano: sobre el más allá y el juicio fnal .......................... 71
vi. María Jimena Schere
La función argumentativa del personaje de Demóstenes en la
comedia Caballeros de Aristófanes ....................................................... 89
vii. Alicia Schniebs
Dubitatio y exemplum en Valerio Máximo: el funcionamiento
de la ejemplaridad y la memoria en Roma .......................................... 107
viii. Mariano Javier Sverdlof
Reescrituras de la tradición: Le latin mystique de
Remy de Gourmont ................................................................................ 123
ix. Mariana Sverlij
Momus sive de Principe y las Intercenales de Leon Battista Alberti:
la simulación, el absurdo y la risa.......................................................... 151
Reseñas
Marta Alesso
Atienza, Alicia; Battiston, Dora; Buis, Emiliano; Crespo, María Inés;
León, Nilda; Rodríguez Cidre, Elsa (coordinadores).
NÓSTOI Estudios a la memoria de Elena Huber ................................... 171
Paola Druille
Racket, Andrés. Esquilo. Prometeo Encadenado ................................. 175
Mariana Gardella Hueso
Mársico, Claudia e Inverso, Hernán. Platón. Eutidemo ..................... 180
Lidia Raquel Miranda
Matacotta, Dante. Simmaco. L’antagonista di Sant’ Ambrogio ........... 184
Laura Pérez
Balzaretti, Lena y Coria, Marcela. Aristófanes. Nubes .......................... 188
Luciano A. Sabattini
Rodríguez Cidre, Elsa; Buis, Emiliano; Atienza, Alicia (compiladores).
El oîkos violentado: genealogías confictivas y perversiones
del parentesco en la literatura griega antigua .......................................... 193
Marcela Alejandra Suárez
Sánchez, Luis; Demaría De Lissandrello, Fabiana;
Kalinowski, Juan Pedro. Retórica Neolatina Rioplatense.
Las prolusiones jesuíticas ............................................................................. 199
Colaboradores ....................................................................................... 205
Normas para colaboradores ........................................................... 213
7 Nº XVII / 2013 / ISSN 1514-3333
Presentación
E
xisten muchos modos de enfocar los problemas
e indagar posibles respuestas. Siempre el punto
de partida va a estar en un diálogo estimulador,
sea entre maestro o discípulo, sea entre texto y
lector, sea con un antagonista al que queremos
rebatir. Siempre también va a haber asombro,
curiosidad, interés, estupor o admiración ante
el milagro del conocimiento por develarse y la
experiencia por adquirirse. Parece sencillo el camino del descu-
brimiento de nuestras posibilidades –o de nuestros límites– en
una disciplina. Pero al poco andar, nos damos cuenta de que si
bien el estudio no existe sin intelecto, tampoco existe sin tradi-
ción, sin marco cultural propio, es decir, sin condicionamientos
sociales, locales, geográfcos y temporales. La travesía no es
simple, es compleja. Por esa razón, ubicados en el aquí y ahora,
en la Argentina de 2013 y más precisamente en La Pampa y
más puntualmente en la Facultad de Ciencias Humanas de la
Universidad de La Pampa, damos a conocer los resultados de
las investigaciones en estudios clásicos y en la tradición que
proviene de textos griegos y latinos que han llegado a nuestra
publicación y que han sufrido el proceso normal de evaluación.
El primer trabajo que abre el listado de los nueve artí-
culos que presentamos en este número es la traducción de
Julián Barenstein de una Carta en latín de Giovanni Pico della
Mirandola a su amigo Andrea Corneo. Examina un tema de
raigambre platónica, debatido arduamente por los intelectuales
del siglo XV, pero que también concita en la actualidad debates
entusiastas: la preferencia de la vida contemplativa por sobre
la vida activa. La carta hace referencia, además, al llamado
“incidente de Arezzo”, un episodio oscuro en el que es raptada
la esposa de Giuliano Mariotto de’ Medici. La traducción está
precedida por una introducción y exhaustivamente anotada.
Como en ocasiones anteriores, hemos exigido que la traduc-
ción se presente revisada con rigor por algún otro especialista,
para el caso, Diana Angélica Fernández.
Marta Alesso / Presentación 8
Dos artículos de reconocidas personalidades, estudiosas
de las letras latinas, van a realizar un análisis profundo de cier-
tos aspectos de formas políticas y sociales de la antigua Roma.
Nos referimos a María Delia Buisel y Alicia Schniebs. Buisel se
detiene en su artículo –titulado “Magistraturas e Imperium: de
la monarquía al principado”– en cuestiones terminológicas, no
exentas de refexiones sobre las pugnas en la política romana
interna. El trabajo analiza las nociones y términos en relación
con potestas, vis y virtus, y en particular con imperium, así como
el tratamiento de un problema clave para la época, la oposición
vitium - virtus. La investigadora se detiene especialmente en las
perspectivas de Cicerón, quien temía los excesos de los magis-
trados y confaba en la constitución republicana, pero percibía
también la necesidad de un ‘principado’.
Alicia Schniebs, en “Dubitatio y exemplum en Valerio
Máximo: el funcionamiento de la ejemplaridad y la memo-
ria en Roma”, se sumerge en las transformaciones políticas,
sociales y simbólicas propias de la instauración del principado.
Va a focalizar su interés en las características y funciones de
las fguras retóricas en Valerio Máximo. Elige sobre todo la
dubitatio para demostrar los matices de las refexiones de este
autor acerca de la memoria, de la interpretación del pasado
y de su modo de exaltar las virtudes romanas, mediante el
estilo propio de un retórico profesional. Schniebs recupera
el comportamiento del enunciador como agente del discurso
ejemplar y de sus destinatarios, puestos ante la necesidad de
dar respuestas o de volver a formular esas u otras preguntas
en el marco del régimen autocrático romano.
En este ejemplar nos esperan además tres artículos sobre
literatura griega, los de Marina Larrosa, María Jimena Schere
y Francesca Mestre.
Marina Larrosa ofrece un artículo que será con seguridad
muy útil, tanto para su utilización en el aula como para todo
quien disfruta la poesía de Anacreonte o de sus epítomes de la
Antigüedad tardía. El poema que analiza en “A propósito de
un Eros de cera (Ἔρως κήρινος): Anacreóntica 11” subraya las
propiedades mágicas de la imagen de Eros hecha de cera que
nos presenta la canción 11 del corpus anacreóntico. Larrosa
se detiene especialmente en las dos explicaciones diferentes
que se le otorgan al término παντορέκτης. De la premisa de
que el vínculo entre el poeta y Eros se produce a partir de los
9 Nº XVII / 2013 / ISSN 1514-3333
mecanismos de la magia se deduce que el sometimiento a esta
divinidad signifca que el poeta se rinde ante la poesía erótica
porque despliega indudablemente efectos mágicos.
“La función argumentativa del personaje de Demóstenes en
la comedia Caballeros de Aristófanes” de María Jimena Schere
se propone demostrar que el personaje del esclavo Demóstenes,
homónimo del general ateniense, se constituye en portavoz
provisorio del enunciador-autor hasta que el Morcillero alcanza
la estatura que se espera del héroe cómico. No es que Demóste-
nes pueda asumir en forma defnitiva ese lugar, pues no logra
generar la identifcación del ciudadano ordinario con el héroe,
pero sí puede alcanzar un papel relevante en el marco de la
estrategia persuasiva de la pieza, al menos en la primera parte.
Francesca Mestre ha optado por un tema interesantísimo
en su trabajo titulado “Luciano y Taciano: sobre el más allá y
el juicio fnal”. Se trata de las descripciones del más allá que
encontramos en las obras del fértil sofsta helenístico, con
énfasis en las decisiones de Radamantis como juez de los seres
humanos. Por otra parte, la versión de Taciano, apologista
cristiano, en su Oratio ad Graecos, distingue con claridad entre
el juicio de Radamantis y el del propio Dios. Coinciden ambos
autores en carecer de alusiones al inferno o a horrorosos cas-
tigos infernales; para ellos, la naturaleza de la vida después de
la muerte signifca que la justicia es aplicada de manera auto-
mática, sin castigo explícito. Las conclusiones son el resultado
de un extenso tiempo dedicado a este tema por la autora.
Diana Frenkel, especialista en textos sobre judaísmo hele-
nístico, en su trabajo “La novela José y Aseneth: el pasaje de
la idolatría al monoteísmo” aborda un concepto que exige un
desarrollo amplio y refexivo: el prosélito, en referencia a todos
los que adoptaron el judaísmo entre los siglos II a.C. y II d. C.
El personaje de Aseneth es el protagonista de la novela que
Frenkel analiza, y se encuadra en la complejidad de los límites
del grado de compromiso que el judaísmo exige. La narración
demuestra el modo en que un pagano puede adoptar la tradi-
ción monoteísta y puede crecer dentro de ella con las mismas
posibilidades que las de los demás hijos de Israel.
En respuesta a la convocatoria de trabajos sobre el con-
cepto –demasiado vasto– de ‘tradición clásica’, Mariano Javier
Sverdlof y Mariana Sverlij muestran que no está rota la cadena
de nuestra deuda literaria con los antiguos griegos y romanos.
Marta Alesso / Presentación 10
Mariano Sverdlof, en “Reescrituras de la tradición: Le latin
mystique de Remy de Gourmont”, especialista en las diversas
relecturas de la literatura latina ‘decadente’ de los últimos años
del siglo XIX, elige la obra de Gourmont, de 1892, porque
ocupa un lugar peculiar en la tradición escrituraria en tanto
se trata de una antología, comentada y traducida, que explora
exponentes un tanto marginales a la literatura canónica. Esta
colección crítica de obras glosadas por un apasionado por la
historia y la literatura antiguas tanto como interesado en las
nuevas investigaciones estéticas podría explicar –según Sver-
dlof– las lecturas que escritores como Ezra Pound o Jorge Luis
Borges hicieron de la latinidad clásica y medieval.
La controvertida fgura de Leon Battista Alberti aparece
en nuestras páginas bajo la pluma de Mariana Sverlij en su
artículo “Momus sive de Principe y las Intercenales de Leon
Battista Alberti: la simulación, el absurdo y la risa”. Momus es
una sátira alegórica, de tono político, que sigue como modelo
a Luciano de Samosata, también presente en estas páginas de
Circe. Las Intercenales, por su parte, son una clara muestra
por la apetencia de este típico renacentista atraído por las más
variadas disciplinas. Sverlij percibe con inteligencia una de sus
facetas menos investigadas, el rostro más sombrío –o menos
luminoso– de su obra, la que Alberti construye en torno a
la creencia en una inestabilidad sustancial o una existencia
simulada que gobierna al mundo humano.
Siete reseñas de libros de reciente publicación completan
este volumen. Son compendios con críticas que esperamos sean
útiles para los eventuales lectores de las obras que comentamos.
No se puede, como dije al principio, aislar un objeto de
estudio de su ámbito de producción, de su contexto, de sus
antecedentes, pero tampoco se puede apartar de su devenir, de
su futuro. Auguramos por tanto que estos trabajos, estas espe-
culaciones y propuestas, serán contribuciones trascendentes
para el campo de las investigaciones en los estudios clásicos y
para el conjunto de los atraídos por los studia humanitatis en
todos los órdenes e instancias del conocimiento.
Marta Alesso
rtículos
A
13 Nº XVII / 2013 / ISSN 1514-3333 (impresa) / ISSN 1851-1724 (en línea), pp. 13-30
Presentación
C
omo es bien sabido, el
año 1486 fue uno de
los más prolíficos de
Pico. En marzo había
regresado a Florencia
después de unos meses
de estudio en la Uni-
versidad de París; se
escapaba así del exceso de torneos dia-
lécticos y tosquedades lingüísticas para
encontrarse con sus amigos Lorenzo
de’ Medici y Angelo Poliziano. Con 23
años ya había descubierto la cábala,
comprado algunos de los libros más
representativos de esta arcana sabiduría
hebrea, que él mismo volvería cristiana,
y encargado su traducción al enigmático
Flavio Mitrídates, nombre bajo el cual
se ocultaba el judío converso Guillermo
de Moncada. Y todavía le esperaban
meses de trabajo febril donde habría
de conjugar flosofía del amor, poetica
theologia y prisca philosophia en una
Carta de Giovanni Pico della
Mirandola a Andrea Corneo:
el incidente de Arezzo y la
elección entre vita activa
y contemplativa
Julián Barenstein (traducción y prólogo) [Universidad de Buenos Aires - CONICET]
[aneleutheroi@yahoo.com.ar]
Diana Angélica Fernández (revisión) [Universidad de Buenos Aires - CONICET]
[dianaf02@yahoo.com.ar]
Resumen: En este trabajo presentamos la
traducción del latín al español de la carta de
Giovanni Pico della Mirandola a su amigo
Andrea Corneo de Urbino con introducción y
notas. En el texto, Pico expone sus puntos de
vista respecto una de las cuestiones que tuvo
en vilo a los intelectuales del siglo XV: la de la
elección entre la vida activa y la contemplativa.
La carta trata, además, del llamado “incidente
de Arezzo”, un confuso episodio en el que
el joven conde raptó a la esposa de Giuliano
Mariotto de’ Medici. A lo largo del texto Pico se
revela como imitador de los autores clásicos
latinos, entre ellos, Séneca, Horacio, Gelio,
Plauto, Terencio y especialmente Cicerón.
Palabras clave: otium - vita activa - vita
contemplativa - res uxoria.
Giovanni Pico della Mirandola´s letter to
Andrea Corneo: the incident of Arezzo
and the election between vita activa and
comtemplativa
Abstract: In this paper, we offer the translation
from latin to spanish of Giovanni Pico della
Mirandola’s letter to his friend Andrea Corneo
from Urbino with introduction and notes. In this
text, Pico presents his points of view about
one of the most important problems along the
fifteenth century: the choice between active and
contemplative life. In addition, the letter enter
upon the so-called “incident of Arezzo”, a confus-
ing episode in which the young count kidnapped
Giuliano Mariotto de’ Medici’s wife. Along the text,
Pico reveals himself as classical latin authors’s
imitator, among others, Seneca, Horace, Gellius,
Plautus, Terence and specially Cicero.
Key words: otium - vita activa - vita contem-
plativa - res uxoria.
Julián Barenstein - Diana Angélica Fernández / Carta de Giovanni Pico della Mirandola… 14
síntesis universal de todo el saber que
hallaría su suelo nutricio en la excelsa
dignidad de la naturaleza humana.
Pero, entremedio de toda esta sublime
vorágine, como un árbol en medio del
bosque, se asoma otro Pico, no ya el
flósofo o el teólogo, sino el hombre de
corte, aquél que mientras arde de amor
por el conocimiento, no ve de lejos las
festas y los placeres (Garin 1984: 178-
179; Borghesi 2008: 212-215; Edel-
heit 2008: 281-282); vayamos, pues, a
su encuentro.
El 1 de mayo, Pico abandona la
ciudad del lirio y fja su destino hacia
Roma. En camino a la ciudad de los
papas hace escala en Arezzo, donde
intenta, aunque sin lograrlo, raptar a
Margherita, “bellísima” esposa de Giu-
liano Mariotto, un ofcial de aduana,
miembro de una rama muy colateral
y pobre de la familia Medici
1
. El con-
fuso episodio será conocido como “el
incidente de Arezzo”
2
.
El propio Giuliano le escribe a su
primo Lorenzo acerca de las circuns-
tancias del incidente, afrmando que en
la mañana del 10 de mayo, su esposa
había ido con su dama de compañía y
un muchacho de maestranza a escuchar
1 Margherita era la rica viuda de un tal Cons-
tante Speziale, que criaba caballos para el
palio, y se había desposado con el primo del
Magnífco en segundas nupcias.
2 La documentación sobre el incidente de
Arezzo ha sido compilada en M. Del Pia-
zzo (1963: 271-290), H. De Lubac (1994:
12-102) y D. Berti (1859: 32-46). Para más
detalles sobre la documentación, ver E.
Garin (1984: 181, n.

21). En nuestro tra-
bajo seguiremos principalmente al primero
de estos autores.
misa en la catedral aretina, cuando súbi-
tamente “…fu a tradimento, et armata
manu […] et per forza messa a cava-
llo…” (Del Piazzo 1963: 279)
3
. El dam-
nifcado afrmaba que los raptores eran
hombres al servicio del conde, dispues-
tos —según él— para hacer cualquier
cosa que se les ordenara
4
.
Mientras así describía Giuliano lo
sucedido, los magistrados de Arezzo
se apresuraron a notifcar a Lorenzo
que consideraban los hechos como una
ofensa para todo el pueblo aretino. De
este modo, los ecos del alboroto se
encendieron como hierba seca y la
noticia rápidamente se expandió entre
los despachos ofciales y la correspon-
dencia diplomática, generando dife-
rentes versiones de lo ocurrido. Así
pues, de acuerdo con una carta que
Aldobrandino Guidoni, uno de los
fiscales estenses, dirigiera a Ercole
3 Si bien el trabajo de Del Piazzo fue publi-
cado en 1963, contiene la primera edición
de una serie de textos en italiano del siglo
XV, producidos alrededor del incidente de
Arezzo. En modo alguno se debe entender
que los textos citados aquí fueron produci-
dos en 1963. Asimismo, se ha de poner en
evidencia que todos los escritos recogidos
en este compendio entrañan algunas dif-
cultades de lectura para el lector contem-
poráneo y un cierto número de irregulari-
dades que no están presentes en el italiano
moderno.
4 “Colla serva pigliare recreatione al Duomo
Vecchio da fuori d’Arezzo, fu da gente del
signore della Mirandola, contra sua volontà,
presa e messa a cavallo et in groppa a gente di
sua famiglia colla quale era il decto Signore;
che per questo era venuto la sera dinanzi qui
agli alberghi d’Arezo, con circa 20 cavagli et
con balestrieri acti a far male…” (Del Pia-
zzo 1963: 276).
15 Nº XVII / 2013 / ISSN 1514-3333 (impresa) / ISSN 1851-1724 (en línea), pp. 13-30
d’Este el 12 de mayo, Margherita había
dejado Arezzo “…infogata de lo amore
del conte…” (Del Piazzo 1963: 279) y
según se desprende del texto de Gui-
doni, la mujer ya estaba enamorada
de Pico antes de su casamiento con el
primo de El Magnífco (Garin 1984:
180). En esta misma línea, el cronista
Luigi della Stufa escribe que la esposa
de Mariotto “…come innamorata e
cieca di sì bel corpo, volontariamente
montò a cavallo…” (Del Piazzo 1963:
277). En una tercera versión, Stefano
Taverna, orador milanés en Florencia,
después de poner de relieve la fama de
santidad de Pico y la opinión favorable
que de él se tenía, afrma que este fue
“…provocato da una femina impazita di
luy…” (Del Piazzo 1963: 281). Algo
más tarde, Constanza Ventivolgio,
cuñada de Pico, en una carta del 16 de
mayo a fray Ieronimo da Piacenza se
alza en su defensa en los mismos tér-
minos, alegando que Margherita “…lo
seguiva voluntariamente…” (Del Pia-
zzo 1963: 277). Por contraste, Fran-
cesco Baroni llegará a afrmar que, a
causa de lo ocurrido, el conde había
perdido toda su reputación.
Más allá de la pluralidad de versio-
nes, lo cierto es que Filippo Carducci,
capitán y mayor de Arezzo, había
dado la señal de alarma y perseguido
al Mirandolano con sus hombres y un
grupo de cerca de doscientos volun-
tarios, que lo interceptaron cerca de
Marciano, en las afueras de Sienna. De
acuerdo con della Stufa, en el hecho
murieron dieciocho hombres de Pico y
solamente él y su secretario, Cristoforo
da Casale Maggiore, lograron, aunque
maltrechos, escapar de la muerte, gra-
cias a la velocidad de sus caballos
5
. Aun-
que no corrieron la suerte de los otros,
ambos permanecieron bajo la custodia
de Giovanni Nicolacci da Marciano, que
había colaborado con los perseguido-
res, siendo Cristoforo quien cargó con
los peores tratamientos. Por contra-
posición, Pico recibió un trato afable
debido, quizás, a su condición de noble
y de protegido de Lorenzo
6
.
Ahora bien, el incidente no solo
tuvo cierta resonancia, por así decir,
a nivel popular
7
. Políticos e intelec-
tuales de renombre como, el ya men-
cionado, Lorenzo de’ Medici, al que se
suman Ercole I, Ficino y Alessandro
Cortese, deseaban excusar al prín-
cipe de Concordia. En efecto, el 13 de
mayo, Lorenzo escribe a los señores de
Arezzo (Otto di Guardia), refriéndose
a la ofensa cometida contra su primo,
pero sin mencionar a la persona res-
ponsable. El segundo, escribió a su
orador, Aldobrandino, diciéndole que
se hallaba muy apenado a raíz de lo
5 “...perché gli aretini hebono più gente
n’amazorno XVIII et il magnifco signore
fu ferito malamente et se non su fussi stato
il buon cavallo che haveva sotto, rimaneva
anche lui in compagnia de’ 18…” (Del Pia-
zzo 1963: 281).
6 No sería aventurado, pues, afrmar que esto
último haya sido lo que determinó la par-
ticipación del secretario en la conjura que
terminó con el envenenamiento del conde.
7 “Et veramente questo caso è di natura che
a tutta questa città rencresce perché questo
conte Zohanne havea in questa cità uno
nome del più docto homo che fusse uno
buon pezo: et era reputato uno sancto; ora
ha perso la reputatione et conditione sua…”
(Del Piazzo 1963: 279).
Julián Barenstein - Diana Angélica Fernández / Carta de Giovanni Pico della Mirandola… 16
ocurrido y con un tono más bien dulce,
da cuenta de la estima que siente por
el insigne intelectual, pidiendo entre
citas de Salomón –que también usará
Pico– su liberación como si se tratara
de un hermano
8
.
Para llevar las cosas a otro nivel,
Ficino escribe una apología, Apologus
de raptu Margarite nymphe ab heroe
Pico, en la que se enarbola a Pico como
“heros ingeniosus”, hijo de Mercurio
y de Venus. En el texto, Margherita
viene caracterizada como una ninfa,
por designio divino amante de héroes y
no de hombres, hija también de Venus,
pero fruto de su unión con Apolo. En el
relato echa mano de argumentos mito-
lógicos: ambos –nos dice– fueron víc-
timas de marciales demonios que los
separaron sin hacer caso de la justicia
divina, desconocida por la plebe igno-
rante que aprueba la crueldad de Marte
y desaprueba la magnanimidad del
héroe. Asimismo, trae a colación los
ejemplos de Teseo y Ariadna, Hércu-
les y Iole, Plutón y Perséfone, y Júpiter
y Europa, a los que se suman algunos
extraídos de la Biblia. Por su parte y
sin salir de este paradigma mitológico,
Alessandro Cortese, amigo también
de Pico, escribe a su hermano sobre el
hecho, metamorfoseando al conde en
Paris y a Margherita en Helena, para
afrmar, entre risas, que a veces los
flósofos actúan alocadamente (Garin
1962: 81).
8 “…che certo le son cose che anche Salamone,
che fue tanto sapientissmo, incorse anchora
lui alcuna volta in simile trasgressione, sì che
il gli è da havere compassione...” (Del Pia-
zzo 1963: 284).
Sea de ello lo que fuere, fnalmente
y gracias a la intervención de Lorenzo,
Pico fue liberado y partió para Umbría.
Durante los meses siguientes se
genera una gran variedad de noticias
alrededor del suceso, algunas incluso
con ínfmos detalles
9
, pero nada se sabe
por la pluma del propio Pico. Habrá
que esperar hasta septiembre para
volver a oír su voz –o leerla–, en una
carta dirigida a Ficino con fecha del
nueve. La epístola del Mirandolano
contesta una misiva en la que el fló-
sofo de Careggi le solicita la devolu-
ción de su ejemplar del Corán. Pico
aprovecha la ocasión para ponerlo al
tanto de sus estudios lingüísticos y sus
conversaciones con Flavio Mitrídates y
el médico Pierleone da Spoleto, miem-
bro también de la Academia platónica.
Además se leen allí algunas referencias
a la disputa romana, centro de todas
sus preocupaciones actuales
10
. Empero,
9 Como por ejemplo las pertenencias del
conde que habían quedado en el lugar:
“...restaci un cavallo di quelli del Signore
appresso l’oste, una cappa rosata foderata
di panno verde, due balestre d’acciaio...un
turchasso...una cappetta,... un giacho di
maglio...” (Del Piazzo 1963: 279).
10 Si bien algunos autores han afrmado como
posible que por esta fecha Pico le diera
algunos toques al Commento sopra una
canzone d’amore di Girolamo Benivieni, nos
parece más seguro afrmar que este texto
haya sido escrito entre los años 1486 y 1489.
Sobre todo, a juzgar por las similitudes de
esta obra con el Heptaplus, con fecha cierta
de 1489, que presenta algunos cambios
importantes en referencia a lo expresado
en la Oratio de 1486. Aunque a juicio de
Eugenio Garin algunos pasajes del Hepta-
plus son partes del Commento traducidas al
latín, al extender la fecha de su redacción
17 Nº XVII / 2013 / ISSN 1514-3333 (impresa) / ISSN 1851-1724 (en línea), pp. 13-30
no es sino en la segunda carta después
del rapto fallido donde Pico aborda el
tema del incidente. Se trata de una
epístola dirigida a su amigo Andrea
Corneo de Urbino, el quince de octu-
bre del mismo año. ¶
Estructura y contenido
L
a carta, que es a todas luces
un trabajo no revisado, consta
de cuatro párrafos. En el pri-
mero de ellos, que hace las veces de
introducción, ya se deja ver el tono
áspero y enojoso que recorre todo
el texto. En efecto, a diferencia de
lo que ocurre con la mayoría de las
epístolas publicadas por su sobrino
Gianfrancesco, en esta, Pico soslaya
toda norma de cortesía, i.e., saludo y
alabanza o augurio de buenos deseos
al receptor, uso de vocativos exclama-
tivos, etc., para ir sin dilación a los
temas de su interés. Así, inicia el texto
respondiendo la queja de Corneo
que lo acusa de no haber contestado
ninguna de las cartas que él le había
escrito previamente. Ante el tenor del
reclamo, Pico se apresura a decir que
no recibió ninguna carta anterior a la
que aquí responde, poniendo como
garantía de veracidad su diligente
amor por la escritura (1. 1), para ter-
minar defniendo la verdadera amis-
tad, como una tal que no exige, como
conditio sine qua non, un mutuo inter-
cambio de cartas (1. 2-3).
podríamos pensar justamente lo contrario,
cosa que —por lo expuesto— nos parece
más plausible (Garin
2
2004: 22).
El segundo párrafo, que será tra-
ducido al inglés por sir Tomas More
hacia el fnal de su vida, aborda la cues-
tión de si ha de ser preferida la vida
activa (vita actuosa et civilis) por sobre
la contemplativa (contemplandi vita)
o viceversa y constituye la parte más
compleja y flosófca del texto.
Desde el comienzo, el Mirando-
lano no deja dudas acerca de su posi-
ción, obvia en un hombre de un temple
como el suyo: “en vano me incitas a la
vida activa y civil” –sentencia– y asume
que la exhortación de su amigo a este
tipo de vida se apoya en una categórica
descalifcación de la labor y la fgura del
philosophus y de la vida contemplativa.
Delineado entonces el frente con el
que combatirá, el Mirandolano ve con
claridad que para revertir el punto de
vista del Urbinate es imperioso precisar
el signifcado de los términos “philoso-
phus” y “philosophia”. Así pues, no sin
una acusada indignación empuña la
palabra, transfgurada ahora en un arma
temible, y alega creer precisamente lo
contrario que Corneo. Con todo –como
se verá– su opinión no entraña una des-
califcación de la vita activa o del pasaje
de la contemplativa a la activa, sino más
bien un rechazo de los motivos por los
cuales esto deba hacerse, i.e., la infamia
(ignominia) y el ultraje (contumelia) de
los flósofos (2. 4).
Convencido, pues, de su punto de
vista, da cuenta de que esta convic-
ción general (persuasio) que Corneo
hace propia, es también sostenida por
unos cuantos e implica otra, cierta-
mente funesta y monstruosa (existia-
lis et monstruosa): que los hombres
Julián Barenstein - Diana Angélica Fernández / Carta de Giovanni Pico della Mirandola… 18
de Estado no deben flosofar, que el
flosofar mismo solo sirve para gran-
jearse favores o bien, que es pura
pedantería sin ninguna fnalidad. Se
trata de la acepción general de que la
flosofía constituye la paradójica acti-
vidad del que hace algo no haciendo
nada, la de quien actúa ociose (2. 5-7).
Y a esta opinión antepone no la suya,
sino aquella de los sabios (sapientes),
pensando quizás en Agustín, Séneca y
Cicerón –en ese orden–, para quienes
la frme y sólida felicidad reside solo
en los bienes del alma, y en ellos está
la flosofía, por lo que en poco han de
ser tenidos los bienes exteriores (2. 8).
Como es evidente lo que busca Pico
con este primer paso es poner la aten-
ción sobre la ambigüedad del término
“ociose”. De aquí en adelante, su argu-
mentación estribará principalmente en
el análisis del uso común y una conse-
cuente reinterpretación del sustantivo
“otium” y del adverbio “ociose”. En
efecto, al considerar el otium como algo
necesario para la flosofía, si el sentido
del término “ociose” es correctamente
entendido, deberá ser modifcado el
carácter peyorativo que poseen “phi-
losophia” y “philosophus” en el gueto
cultural que se mueve Corneo.
Ahora, sin salir de esta línea argu-
mentativa, pero como previendo una
objeción de su interlocutor, el conde se
anticipa y habiéndose puesto en la piel
del Urbinate, reformula sus palabras,
relajando la afrmación inicial. Así, lo
que este habría querido decirle podría
no haber sido “abandona la flosofía”
sino algo así como “sé un príncipe,
hombre civil, etc. sin abandonar la bús-
queda de la sabiduría” (2. 9)
11
. Pero ni
siquiera esta aclaración es sufciente.
Pico vuelve a cargar las tintas: si bien,
de un lado, reconoce que una afrma-
ción de este tipo no sería tan desacer-
tada –siempre y cuando fuera eso lo
que Corneo hubiera querido decirle–,
del otro, esto no es lo mismo que afr-
mar que es un crimen o un error el
no pasar de la vida contemplativa a la
activa –como Corneo efectivamente
parece estar sosteniendo (2. 10) –.
Se vislumbra aquí el cenit de la
argumentación piquiana: si solo se
puede flosofar ociose (sin hacer nada)
y, por tanto, no hay que flosofar, enton-
ces ¿en qué consiste este otium propio
de la flosofía que conlleva virtud y
lleva al hombre a esa felicidad de la que
hablan los más grandes sabios? Si es un
otium sine dignitate —para decirlo a la
usanza romana— como se sugería con
el “ociose” que Pico ponía en la mente
de Corneo, entonces sería impropio
de un hombre libre o de un príncipe
el llevar a cabo un estudio desintere-
sado de la sabiduría (2. 11). Pero esto
no podría ser sostenido ni siquiera por
el más aguerrido enemigo de la vita
contemplativa, e incluso –advierte– si
alguien piensa así, será porque nunca
ha flosofado, sino más bien utilizado
la flosofía como si fuera una mercan-
cía (2. 12-13).
11 Todo esto, nuestro autor lo expone bajo las
fguras de Marta y María del célebre pasaje
de Lc 10. Se trata de un lugar común utili-
zado por una gran cantidad de autores que
antes que él trataron el tema, i.e., Agustín,
Meister Eckhart, Salutati, Landino y, en
general, toda la tradición cristiana
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Sabemos ya que el adverbio “ociose”
no puede ser entendido como sin hacer
nada y que el otium es necesario para
la contemplación, veamos ahora cómo
hay que entender “philosophia”: “Me
pides –sigue Pico– que tome el lugar
que me corresponde entre los prín-
cipes de Italia, pero aun no conoces
la opinión que los flósofos tienen de
sí mismos…”. Y aquí no deja de ser
signifcativo que no se haga alusión a
la opinión de algún flósofo, sino a la
de un poeta. Así pues, el conde para-
frasea un pasaje de Horacio en donde
este hace referencia a la extravagan-
cia y los excesos de los flósofos, ante
lo cual –declara– se ha de buscar la
“dorada mediedad” (aurea mediocri-
tas). Se trata de una expresión popu-
larizada por el autor del Ars poetica,
que implica un cierto equilibrio, alcan-
zado el cual no se incurre en peligro ni
exceso alguno, es decir, una suerte de
ataraxía epicúrea, adaptada al estilo de
vida romano.
Siguiendo, entonces, los imperati-
vos de esta mediocritas, Pico despliega
un retórico juego de opuestos a través
del cual antepone la celda del monje
a suntuosos palacios, los estudios a
los negocios públicos, el deleite de los
libros a la habilidad para sacar ventaja,
y la paz del alma a los favores de la
curia, para dar una muestra de sus pre-
ferencias, a las que considera propias
de un verdadero flósofo (2. 14-25).
Como si esto fuera poco, el Miran-
dolano remata su argumentación ale-
gando que ni siquiera se preocupa
por la utilidad que haya de depararle
su ocio literario (litterarium otium),
por lo que, a fortiori, menos saldrá a
la arena de los asuntos públicos (publici
negocii) buscando algún beneficio
(2. 26). Con todo, señala que tiene
en mente dar a luz algunos libros –y
seguramente piensa en las Conclu-
siones sive thesis DCCCC– para que
muchos puedan alcanzar la felicidad
(2. 27). Por lo demás, insiste, no ha sido
desperdiciado su otium, sino que lo ha
convertido en un otium philosophandi,
gozando del cual logró dominar la len-
gua hebrea, la caldea y con el cual, en
breve dominará la árabe; todas lenguas
semitas, sagradas, poseedoras de un
misterioso encanto y aun bastante
desconocidas en la Europa continen-
tal. Todo esto, en suma, es lo que Pico
considera digno de un príncipe impor-
tante (2. 28).
Hacia el fnal del párrafo, el conde
de Mirandola se detiene a alabar a los
príncipes de Italia, en especial a Ludo-
vico il moro (2. 29) y hace alusión a su
pronto traslado a Roma, para terminar
dando cuenta de la veracidad e irrefu-
tabilidad de lo que ha dicho hasta aquí
(2. 31-33).
En el tercer párrafo, después de
aceptar los consejos que Corneo le
hiciera sobre asuntos maritales (res
uxoria), Pico hace algunas referen-
cias un tanto confusas al “incidente de
Arezzo”. Entre ellas, que pensaba devol-
ver a Margherita a su esposo, que esta
había huido, al menos en principio, no
impulsada por su amor hacia él, sino
para alejarse de su marido que la tra-
taba casi como una cautiva; todas cosas
de las que el conde da cuenta utilizando
un léxico muy afectado (3. 34-44). Sin
Julián Barenstein - Diana Angélica Fernández / Carta de Giovanni Pico della Mirandola… 20
embargo, rápidamente despacha el
tema para reconocer su responsabili-
dad en el asunto y reprochar a su amigo
por haberlo defendido (3. 45-47).
En este contexto de lamentación y
penitencia que nos descubre otra de
las facetas de Pico –la que irá acen-
tuándose más y más después de su
cautiverio en las cárceles francesas en
1487–, ensaya una velada defensa de su
‘crimen’. Así, en tercera persona, como
avergonzado, promete no incurrir dos
veces en la misma falta, encomia al
amor como la fuerza más poderosa y,
como contraparte, al hombre como el
ser más débil. La confesión se cierra
con el ejemplo del santísimo Jerónimo,
que a pesar de su vida ascética, sucum-
bió ante sus infujos de su avasallante
poder (3. 48-57).
Por último, el cuatro párrafo de la
carta constituye un breve post scriptum
en donde rechaza el ser presentado
ante la familia Bonromeo de la mano
del propio Corneo (4. 58). ¶
Traducción
O
frecemos aquí la traducción del
latín al castellano anotada de la
carta que Giovanni Pico della
Mirandola envió a Andrea Corneo de
Urbino el 15 de octubre de 1486. El
texto que hemos utilizado se incluye
en los f 314-316 de la editio princeps,
publicada por Gianfrancesco Pico y
Pietro Maynardi, dos años después de
la muerte del conde (1496). La nume-
ración de los párrafos y de las líneas en
la traducción sigue la división del texto
latino. Hemos agregado entre “< >”
algunas palabras que, aunque ausentes
en el texto latino, precisan el sentido de
algunas expresiones de Pico. ¶
Giovanni Pico della
Mirandola a
Andrea Corneo de Urbino
1.
[1] He recibido tus cartas, las
que me enviaste más cerca
de los idus
12
de octubre. Las
otras que, según escribes, me enviaste
antes, no llegaron. Si las hubiera reci-
bido, en seguida te las habría contes-
tado, tal como soy, infatigable para
escribir y, ya sea por estudio o natu-
raleza, en modo alguno perezoso para
este ofcio. [2] Con todo, el silencio no
era cosa para temer. Nuestra amistad,
pues, no puede debilitarse ni siquiera
con uno largo: yo soy un amigo para
toda la vida, no uno circunstancial
13
.
[3] Además, una amistad no es lo
sufcientemente frme si es tal que
exige, por así decir, al modo en que
se apoyan los fautistas —para utilizar
12 Con el término idus se denominaba en el
calendario romano el día 13 de los meses de
enero, febrero, abril, junio, agosto, septiem-
bre, noviembre y diciembre y el día 15 de
marzo, mayo, julio y octubre. Estos últimos
meses eran los únicos de 31 días.
13 En este pasaje no sería necesario utilizar el
pronombre personal ego. Está sobreenten-
dido en la desinencia verbal, sin embargo,
y en correlación con el tono agresivo de la
carta, el Mirandolano lo utiliza para dar
mayor énfasis a la afrmación, indicando
que en la antítesis amicus perpetuus-amicus
temporarius, él se encontraría en el primer
término de la ecuación.
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un término de Plauto
14
— el mutuo
intercambio de cartas
15
como si se
tratara de una relación superfcial y
posesiva
16
.
14 Titus Maccius Plautus es, probablemente,
el cómico más exitoso de la Antigüedad.
Según algunos historiadores, habría nacido
en Sársina (Umbría) hacia el 254 a. C. y
habiendo comenzado su carrera como
actor, se dedicó ya en la madurez a la com-
posición de comedias hasta su muerte en el
184 a. C. Nos han llegado veintiuna come-
dias de su autoría de acuerdo con la lista
de Marco Terencio Varrón, todas las cuales
gozaron de cierta fama durante el Renaci-
miento. Se trata de Amphitruo (Anftrión),
Asinaria (Comedia de los asnos), Aulula-
ria (Comedia de la ollita), Bacchides (Las
báquides), Captivi (los cautivos), Casina
(Cásina), Cistellaria (Comedia del cofre),
Curculio (El górgojo), Epidicus (Epídico),
Menaechmi (Los mellizos), Mercator (El
mercader), Miles Gloriosus (El soldado fan-
farrón), Mostellaria (El fantasma), Persa (El
persa), Poenulus (El cartaginés), Pseudolos
(El mentirosito), Rudens (El sable), Stichus
(Estico), Trinummus (Las tres monedas),
Truculentus (El hombre salvaje) y Vidularia
(Comedia de la valija). Para más detalles
sobre la obra de Plauto y su trascendencia
ver C. Panayotakis (2005: 130-148).
15 Plauto utiliza el verbo furcillere (no furcilere)
en una sola ocasión: “Vae tibi, tu inventu’s
vero, meam qui furcilles fdem. quasi mihi non
sescenta tanta soli soleant credier.” (Plauto,
Pseudolos 631-632). El término entraña el
sentido de apoyar, sostener, etc. y solo parece
encontrarse en Plauto. De ahí que Pico diga
“ut Plauto dixerim verbo”. Por lo demás, en
referencia a las exigencias de los fautistas,
cfr. Plauto, Aulularia 290-293.
16 En esta oración hay dos juegos. El primero de
ellos, de opuestos, entre los términos nutans
(superfcial) - infrmuscula (posesiva). El
segundo, de palabras, entre frma (frme) y
nuevamente, infrmuscula (posesiva).
2. [4] Pero, para pasar a aquello por
lo que me escribes, en vano
17
me incitas
a la vida activa y civil, hablándome con-
tra la infamia y hasta del ultraje de los
flósofos, si a fn de cuentas no sudaré
en la palestra
18
por tratar estas cosas y
llevarlas a cabo. [5] Ciertamente, mi
amado Andrea, habría perdido todo el
benefcio y el tiempo de mis estudios si
estuviese ahora de tal modo animado
que pudiera asentir y sumarme a esta
opinión tuya. [6] ¿Acaso no es esta
sino la funesta y monstruosa convic-
ción que ha invadido la mente de los
hombres: que los estudios de flosofía
no han de ser encarados por hombres
17 Traducimos el adverbio modal “frustra”
por “en vano”. Si bien la traducción no deja
lugar a ambigüedades, si lo hace el lugar que
ocupa este término en la oración: “…adhor-
taris me tu ad actuosam vitam et civilem
frustra me et in ignominia quasi ac contu-
meliam tam diu philosophotatum dicens…”.
Esto produce en el lector una cierta perple-
jidad, puesto que el “frustra” puede referirse
tanto a la exhortación a la vida activa y civil
como al utilizar como argumento una refe-
rencia a la infamia y el ultraje de los fló-
sofos. En nuestra opinión, se trata de una
ubicación estratégica, cuya fuerza reside en
la posibilidad de aplicar dicho adverbio a las
dos opciones conjuntamente.
18 Con el término “palestra” (del griego
παλαίστρα) llegó a designarse en la Antigua
Grecia a una suerte de recinto que, en sus
inicios generalmente funcionaba como el
anexo de un gimnasio y estaba destinado a
ofciar exclusivamente de lugar de entrena-
miento de los luchadores profesionales. Más
tarde la palestra fue albergando diferentes
disciplinas, no solo deportivas, sino tam-
bién sociales, educativas, etc. convirtiéndose
fnalmente en una escuela de adiestramiento
gimnástico y cultivo del espíritu. Es evidente
que Pico utiliza este término de acuerdo con
su primera acepción.
Julián Barenstein - Diana Angélica Fernández / Carta de Giovanni Pico della Mirandola… 22
de Estado o bien que han de ser degus-
tados por labios delicados antes bien
para ostentación del ingenio
19
que para
el cultivo del alma o, en una palabra,
ociosamente
20
? [7] En general sostie-
nen como un dogma aquel dicho de
Neoptólemo de que no hay que floso-
far para nada o muy poco en virtud de
las bagatelas y de las vanas historietas
que ya nos llegan gracias a la floso-
fía
21
. [8] Sin embargo, en palabras de
19 Si bien en castellano existe la palabra “inge-
nio” con la que generalmente se traduce la
latina “ingenium”. La primera designa una
suerte de capacidad imaginativa o creativa
muy aguda cuya aplicación primera y prin-
cipal estriba en la resolución de todo género
de problemas o difcultades. La segunda,
por su parte, se refere más bien a lo que
indicamos en castellano con “talento”, con-
cebido éste como una posesión natural exis-
tente desde el nacimiento susceptible sin
embargo, de ser ampliada y perfeccionada
por medio del trabajo o el estudio. Para una
aproximación a la cuestión en autores clási-
cos, cfr. Cicerón, Pro Archia 3. 17. 31. 32 et
passim, y Séneca, Epistulae Morales ad Luci-
lium 108. 23. Para una presentación esque-
mática de la infuencia ciceroniana en el
Renacimiento y en particular en la cuestión
acerca del mejor estilo de vida me remito
a los textos de R. A. Bonnell (1966), M.
Jurdjevich (1999), Ch. Trinkaus (1964),
P. A. Lombardo (1982) y especialmente al
trabajo de H. Baron (1938).
20 Ociose (ver la sección titulada “Estructura y
contenido”).
21 La expresión de Neoptólemo, personaje que
hace su primera aparición en un poema de
Ennio, es “philosophari est mihi necesse, at
paucis; nam omnino non placet”. A partir de
Ennio es retomada por diversos escritores
latinos, los cuales indican haberla extraído
de los escritos de éste, p.e., Cicerón la repro-
duce como “philosophari velle, sed paucis;
nam omnino haud placere” (Cicerón, De
Re Publica 1. 30); Aulo Gelio la reproduce
los sabios, la frme y sólida felicidad
reside en los bienes del alma, por lo
que poco o nada deben importarnos
los bienes exteriores, ni los del cuerpo
ni los de la fortuna
22
. [9] Pero, dirás,
“yo quiero que abraces a Marta sin
abandonar, mientras tanto, a María”
23

y no rechazo esta opción, ni condeno,
ni acuso a quienes la siguen, [10] pero
dista mucho decir que no es un error
pasar de la vida contemplativa a la civil
de afrmar que sea una vergüenza o
decididamente un crimen o un delito
el no pasar de una a la otra, porque uno
podrá ser llevado a ello por algún vicio,
mientras otro seguirá y perseguirá la
virtud por amor a la virtud misma, no
como “philosophandum est paucis; nam
omnino haud placet” (Noctes Atticae 5.
15-16). Ambos autores, entre otros, atri-
buyen la sentencia a “ille Ennianus Neop-
tolemus”. No es posible afrmar con certeza
de dónde tomo la sentencia Pico, pero, sin
duda alguna, Cicerón o Aulo Gelio son
fuentes más probables que el propio Ennio;
máxime, toda vez que en su biblioteca no
se encontraron obras de este autor y si de
los dos anteriores, incluso en una carta diri-
gida a Lorenzo de’ Medici en 1484, trae a
colación un pasaje de Noctes Atticae (2. 13.
5) en el § 2. Sea de ello lo que fuere, es evi-
dente que el conde está citando de memoria
(Garin 1936: 115-116).
22 Si bien es obvio que en “sapientium” pue-
den estar incluidos una gran cantidad de
escritores, flósofos y teólogos, lo más pro-
bable es que Pico estuviera pensando en
tres de ellos, Agustín, Séneca y Cicerón, en
ese orden. Se trata no solo de tres autores
predilectos del Mirandolano, sino también
de algunos los pensadores más leídos en el
Renacimiento.
23 Se trata de una referencia a Lc 10. 38-42.
Signifca en este contexto, sé un hombre
público sin descuidar los bienes espirituales.
23 Nº XVII / 2013 / ISSN 1514-3333 (impresa) / ISSN 1851-1724 (en línea), pp. 13-30
buscando nunca nada más que ella, de
modo que investigando los misterios
divinos y los principios de la natura-
leza, se gozará en ese ocio,
24
desdeñoso
de las demás cosas y despreocupado
cuando por medio de este se pueden
cumplir sufcientemente las promesas
de su escuela
25
. [11] Luego, ¿será algo
indigno de un hombre libre y de nin-
gún modo propio de un príncipe, el
llevar a cabo un estudio desinteresado
de la sabiduría
26
? [12] ¿Quién sopor-
tará o escuchará estas cosas con ánimo
sereno? [13] Realmente nunca ha flo-
sofado quien por esta causa flosofó, de
modo que unas veces no podía y otras
no quería flosofar, antes bien practicó
el comercio que la flosofía.
[14] Me escribes que ha llegado el
momento de que tome mi lugar como
uno de los grandes príncipes de Italia,
[15] pero todavía no sabes la opinión
que los flósofos tienen de sí mismos,
24 Otium sin más designa el tiempo libre, de
ahí que se lo contraponga a negotium (nec-
otium). Ahora bien, entre los escritores
latinos clásicos –y de entre ellos máxime
en Cicerón– con dicha palabra se hace refe-
rencia al tiempo libre de las ocupaciones
ciudadanas y por extensión, al momento
apropiado para estudiar, investigar, o –para
decirlo con pocas palabras– llevar a cabo
diversas actividades con las que se ejercita
o perfecciona el ingenium. De aquí que se
hable de un otium philosophandi, un otium
litteratum o un otium cum dignitate. (Cfr.
Cicerón, Pro Archia 3. 12. 30 et passim y
Séneca, Epistulae Morales ad Lucilium 8. 1
y 10. 4).
25 Con “escuela” hemos traducido el término
“secta”, que hace alusión a una escuela flo-
sófca.
26 Pico se refere a que si se acepta la opinión
de Corneo, se cae en un absurdo.
[16] quienes, como dice Horacio
27
, se
creen reyes de reyes, no saben consen-
tir ni acomodarse a las costumbres,
[17] habitan consigo mismos y están
satisfechos con la tranquilidad de su
alma, ellos se bastan a sí mismos, [18]
no buscan nada fuera de sí, lo que el
vulgo pone en sitial de honor, ellos lo
reputan como deshonroso, desprecian
y rechazan cualquier cosa por la que
se despierta el deseo de los hombres
y todo lo que ansía su ambición, [19]
cosa que, fuera de duda, vale tanto
para ellos como para todos, [20] no
solo para los que la fortuna ha favo-
recido [21] al punto que pueden vivir
suntuosa, cómoda y, encima, esplén-
didamente. [22] Esas grandes fortunas
elevan al hombre y lo vuelven célebre,
pero a menudo también lo dan por
tierra como un potro desbocado que
derriba a su jinete, [23] de esos que,
por cierto, siempre han tenido mala
reputación porque más bien vejan
que viajan
28
. [24] Hay que desear, por
27 Quintus Horatius Flaccus, hijo de un liberto
y recaudador de impuestos, nació en Venu-
sia (Apulia), cerca de Lucania, una región
helenizada, el 8 de diciembre del 65. a. C. y
murió el 27 de noviembre del 8 d. C. Su obra,
de la que nos ha llegado una gran parte, se
divide en epodos, sátiras, odas, y epístolas.
Los especialistas han concluido que Hora-
cio no escribió siempre en estos géneros,
ni mucho menos simultáneamente, por el
contrario, se estima que se dedicó al pri-
mero desde el 41, es decir, desde su regreso
a Roma, hasta el 30 a. C., al segundo, desde
el 35 al 30 a. C., al tercero, desde el 30 al 13
a. C. y al último desde el 26 hasta el 13 a. C.
Para más detalles ver G. Davis (2010: 7-33,
93-104, 253-270 y 391-413).
28 Juego de palabras: vexant (vejan) - vehant
(viajan).
Julián Barenstein - Diana Angélica Fernández / Carta de Giovanni Pico della Mirandola… 24
tanto, aquella dorada mediedad
29
que
más fácilmente nos lleva como en sus
manos y, sometiéndonos a su impe-
rio, estos <potros> nos servirán, no
nos dominarán. [25] Yo, quedándome
con esta opinión, antepongo mi celda,
mis estudios, el deleite de mis libros, y
la paz de mi espíritu a vuestros regios
palacios, a vuestros negocios públicos,
a vuestra rapacidad para sacar ventaja
30

y a los favores de la curia. [26] No miro
ni siquiera los frutos que me haya de
deparar este ocio literario como para
que me arroje y agite al calor, a la
vorágine de los asuntos públicos. [27]
Sin embargo, hay unos libros que he
engendrado y estoy por dar a luz, los
cuales entregaré a algún editor para
pública utilidad a fn de que si no por
la doctrina e ingenio de su autor, al
menos por lo que allí se revele
31
, alguno
pueda llegar a ser feliz y próspero. [28]
Y para que no pienses que mis afanes
29 Horacio, Carmina 2. 10. 5. Aurea mediocritas
es una expresión que se remite a la flosofía
epicúrea y se refere a un punto medio entre
los extremos o un estado óptimo, en el que el
sabio no resulta afectado por los excesos ni
por la virtud, sino la justa medida de ambos.
Aparece como tema poético por primera vez
en Horacio (Horacio, Carmina 2. 3).
30 El término aucupium, que hemos traducido
por la expresión “rapacidad para sacar ven-
taja”, se refere a la caza o captura de aves
(avis-cupire), así como también a un deseo
exagerado (cupire). Si bien una traducción
podría haber sido la de “capacidad para…”
en vez de “rapacidad para…”, creemos que
solo a partir de la segunda opción es posible
mantener el tinte peyorativo de esta palabra.
31 El verbo olere que Pico utiliza aquí solo
fgurativamente signifca revelar, represen-
tar, indicar, etc. Como es evidente, el signi-
fcado primario es oler, despedir olor, etc.
y esfuerzos versan sobre cualquier
cosa, has de saber que yo, después de
haber encarado el estudio de la len-
gua hebrea y el de la caldea, pasando
asiduas e infatigables noches en vela,
fnalmente he llegado a aprenderlas
y ahora, además, estoy concentrando
todas mis fuerzas para sobrepasar las
difcultades de la arábiga. Son pues,
estas, las cosas que yo he considerado
siempre, y aun considero, dignas de
un príncipe importante. [29] Pero, así
como he dicho estas cosas con verdad
y solemnidad
32
, de esta estirpe de prín-
cipes excelentísimos, por encima de
todos respeto y venero al magnánimo
duque Ludovico de Bari
33
, a nadie le
debo más de entre los príncipes de Ita-
lia, y le debo –según entiendo– mucho
y por muchos motivos, y no habrá
impedimento alguno tan grave ni tan
arduo para que (si se me concediera la
prerrogativa) no hubiera de sentirme
favorable a este hombre. [30] Pero tal
es la dignidad de estos <príncipes> y
tal mi insignifcancia que yo no podría
no necesitar de ellos, mientras que
ellos en absoluto pueden necesitar de
mí, de mi ayuda o de mi presencia. [31]
De todos modos, según lo planeado,
al amanecer partiré hacia Roma y, sin
duda, pasaré el invierno ahí, a menos
que un imprevisto, alguna casualidad
32 Juego de palabras: vere (verdad) - severe
(severidad).
33 Se trata de Ludovico Sforza (1452-1503),
hijo de Francesco Sforza y Bianca Visconti,
más conocido como ‘Ludovico il moro’. En
el tiempo en que Pico escribe esta carta,
Ludovico era el duque de Bari, se converti-
ría en duque de Milán recién en 1494, con
la muerte de Gian Galeazzo, su sobrino.
25 Nº XVII / 2013 / ISSN 1514-3333 (impresa) / ISSN 1851-1724 (en línea), pp. 13-30
o el arrebato de una nueva fortuna me
traiga otra vez. [32] De allí oirás, qui-
zás, que sumido en la contemplación
de su vida umbrátil y sedentaria
34
tu
amigo Pico hizo algunos progresos o
que… fnalmente lo diré igual, aunque
suene presuntuoso: digo que cuando,
al oír aquella noticia, tú le opusieras la
sentencia adversa de otros doctores,
esta será, sin duda, una opinión carente
de autoridad en cuestiones literarias
35
.
[33] En efecto, en Roma y en cualquier
lugar a donde yo vaya, habrá príncipes
de estos que, según su voluntad, orde-
narán a quien le habrán de arrancar

34 La misma expresión aparece en la carta a
Lorenzo de Médicis, fechada en Florencia,
15 de julio de 1484: “At te quis non videat
ea non tenere precario, sed ut in quae ius
habeas et potestatem pro arbitrio versare,
agere et tractare, haec tu, proh felix inge-
nium, in aestu rei publicae, in actuosa vita
es assecutus quae nos, philosophorum non
discipuli, sed inquilini, in umbratili vita et
sellularia, sequimur potius quam consequa-
mur.” (Pero ¿quién no vería que tú posees
esto, no precariamente, sino que tienes
sobre ello verdadero derecho y poder para
dominarlo, escribirlo y desarrollarlo? Tú,
¡Oh feliz ingenio! has concebido en el her-
vor de la política, en tu agitada existencia
lo que nosotros, ni siquiera discípulos de
flósofos, más bien sus inquilinos, en nues-
tra vida umbrátil y sedentaria apenas segui-
mos, más no conseguimos).
35 Con “res litteraria” se hace referencia a dife-
rentes disciplinas, i.e., la historia, la poesía,
la flosofía, etc.
las muelas, como dice Plauto
36
, “de
tiradores
37
”.
3. [34] Lo que me escribes sobre
el matrimonio
38
, no lo considero
como algo dicho a la ligera, ni mucho
36 Gelio, Noctes Atticae 3. 3. 14. La referencia
se remonta al comentario de Gelio respecto
de que Plauto, al haber perdido el dinero
Ganado como dramaturgo, se vio obligado
a trabajar en un espacio cedido en una pana-
dería, removiendo muelas “de tiradores”.
37 En este oscuro pasaje Pico se refere a que en
cualquier parte del mundo, habrá opinio-
nes encontradas respecto de la valoración
de su trabajo, su acción, etc. Su respuesta,
ciertamente anticipada, a esta diversidad
de opiniones, consiste en afrmar que los
“buenos” comentarios sobre sus obras,
serán los correctos y la opinión contraria
carecerá de valor porque solo podrá ser
arrancada por la fuerza a algún erudito. En
otras palabras: Pico sostiene que nadie en
su sano y libre juicio, podrá decir que él no
haya hecho algunos progresos en su “vida
umbrátil y sedentaria”. Desde ya, como él
mismo lo advierte, esta declaración suena
presuntuosa. Se ha de advertir también, que
aunque hemos dicho que el Mirandolano se
anticipa a una posible crítica, en el fondo,
en todo este pasaje está pensando en el
incidente de Arezzo. En efecto, respecto de
este suceso también había opiniones encon-
tradas y no hay motivo para suponer que
el conde no las conociera, por consiguiente,
según creemos, por medio de esta suerte
de “defensa anticipada”, Pico estaría sosla-
yando las opiniones adversas sobre dicho
incidente, más aun, toda vez que éste será
el tema del párrafo siguiente, que comienza
inmediatamente.
38 De larga data en el derecho romano, la
expresión “res uxoria”, que hemos tradu-
cido por “matrimonio”, llegó a designar un
tópico renacentista: el de la relación entre
los esposos, desde el punto de vista del
hombre
Julián Barenstein - Diana Angélica Fernández / Carta de Giovanni Pico della Mirandola… 26
menos, [35] pero soy Davo, no Edipo
39

y si fuese no querría serlo. [36] Si a ti
algo de todo esto te parece latino
40
,
explícamelo, si no, haz como Harpó-
crates
41
, [37] más, como estas cosas
las sabes por experiencia
42
, acepto el
consejo. [38] No tienes por qué echar
de menos mis versos etruscos
43
, ya
hace un tiempo que, concentrado en
otra cosa, abandoné los galanteos con
juegos libertinos. [39] Sin embargo,
quiero que esto también te recuerde a
tu Laura, para que si te propones recha-
zarla, la retengas aun algunos días más,
[40] pues, quizás en el futuro nuestros
39 La expresión “Dauus sum, Edippus non
sum” corresponde a la comedia Andria de
Terencio (194). Se trata del parlamento que
el autor pone en boca del esclavo Davo, con
el sentido de “soy un mero esclavo, no un
adivino”.
40 El sentido de esta expresión es indicar que
algo es ininteligible. Una oración similar
puede leerse en Marcial (Marcial, Epigram-
maton libri 2. 8).
41 Harpócrates (Ἁρποκράτης) es el nombre
griego del Dios egipcio Horus en su epi-
fanía de niño. Se trata del hijo póstumo de
Isis y Osiris que representa, bajo la fgura de
un niño de piernas débiles, al Sol que brilla
tenue en el amanecer. Harpócrates se trans-
forma en Hartomes, al vengar la muerte de
su padre y representa, ya transfgurado, al
Sol poderoso del mediodía. Por lo demás,
durante el reinado de los ptolomeos en
Egipto, Harpócrates fue celebrado como
dios del silencio. De este modo, la expresión
“esto harpocrates” que utiliza Pico, signifca,
“cállate”.
42 El texto latino reza “…sese dant in arma…”
43 Con la expresión “Rhytmos meos etruscos”,
Pico se refere a sus versos escritos en len-
gua italiana o, mejor aún, toscana. La anti-
gua región de Etruria se encontraba en la
zona de la actual Toscana.
conciudadanos leerán sobre nuestro
amor (y presta atención a lo que digo)
cosas que hasta entonces no habrán
leído
44
. [41] Tú mismo podrás obser-
var muchísimos detalles que atañen,
en gran medida
45
, a tu problema. Y
acerca de Alibrana
46
, aunque no es con-
veniente que hable del tema, le había
dicho que aun cuando fuera justo, de
mal grado
47
la llevaría de regreso con
su esposo, pues, [42] no se trató tanto
de una simple fuga suya al regazo de
otro hombre cualquiera, sino más bien
de una huída hacia sí misma que la ale-
jaba o desviaba del anterior
48
, puesto
que en lo que hace a mis domésticos, ni
antes ni ahora —como bien sabes—, les
faltó el amo a la palabra ni ellos enga-
ñaron a su señor, cosa que él no puede
44 El Mirandolano hace referencia a que lo
sucedido en “el incidente de Arezzo” irá
deformándose con el tiempo, una vez
convertido en historia o, ¿por qué no?, en
leyenda.
45 Juego de palabras: plurima (muchísimos
detalles)-plurimum (en gran medida).
46 “Alibrana” es un pseudónimo para Marg-
herita, cuyo signifcado es no-libre. El tér-
mino entraña una ambigüedad, pues, Pico
no trata aquí de designar a una persona
que ha perdido o no ha alcanzado su liber-
tad por causas externas, como un esclavo
que por una coacción es mantenido en su
estado, sino más bien a alguien que no es
libre por propia voluntad o indecisión. La
connotación es idéntica a la del término
griego ἀνελεύθερος.
47 Hay aquí un juego entre dos expresiones:
“bene meritum” (justo) y “male gratiam”
(mal grado).
48 Aquí explica Pico que el que Margherita
haya caído en sus brazos no es nada más
que un hecho colateral.
27 Nº XVII / 2013 / ISSN 1514-3333 (impresa) / ISSN 1851-1724 (en línea), pp. 13-30
decir
49
, ni mucho menos pagar lo que
me debe. [43] Sé que ella después huyó
hacía mí y más tarde también de mí,
[44] pero al elefante no le preocupa el
mosquito
50
, [45] porque quiero confe-
sarte todo en lo que ha pecado hasta
ahora este hombre licencioso
51
, pero
para que en el futuro no se me agote
la paciencia por el hecho de que no se
haga cargo de su deuda para conmigo,
yo, fnalmente me obligaré a pagarme.
[46] ¿Por qué defendiste a éste amigo
tuyo
52
que terminó mal en Floriano
53

por problemas amorosos? ¿Lo hiciste
por deber? ¿Por qué, si él tenía argu-
mentos con qué librarse de la eviden-
cia de sus crímenes, extraídos de las
historias, de los poetas, e incluso de
la flosofía misma? ¿Por qué, si tenía
con qué protegerse con sentencias de
grandes hombres, sobre todo las de
David y Salomón, para no hablar de
las de Aristóteles
54
, quien, dado que
49 He aquí una posible alusión a la potencia
sexual del Mirandolano por oposición a
la impotencia de Giuliano Mariotto de’
Medici.
50 “Non curat culicem elephas” es un refrán
popular latino. La idea que encierra es que
un hombre importante no ha de detenerse
en minucias o que en un asunto grave uno
no debe perderse en detalles.
51 A partir de aquí, Pico comienza a hablar de
sí mismo en tercera persona.
52 De esta afrmación se desprende que, en
lo que hace a la evaluación del “incidente
de Arezzo”, Corneo se alineó en las flas de
Lorenzo de’ Medici, Ercole de’Este, Ficino,
etc. como defensor del Mirandolano.
53 Arezzo.
54 La obra de Aristóteles, perdida en su mayor
parte para el occidente medieval hasta el
s. XIII, constituye la primera enciclopedia
muchas veces también desataba sus
pasiones con algunas meretrices, no
recordaba nada de sus preceptos acerca
de las costumbres
55
cuando hacía a la
mujer amada lo que en los misterios,
a Ceres Eleusina
56
? [47] Pero tu amigo
no abraza estas defensas como justi-
fcación de su crimen, no solo no lo
ama, sino que además lo odia, lo repu-
dia y lo rechaza, al tiempo que lo reco-
noce como propio. No esquiva, pues,
la culpa y se lamenta por no haberse
defendido él mismo, siendo él quien
había pecado. [48] Parece incluso que
para limpiar su nombre tiene que ser
disculpado por otros, porque él no
puede disculparse por nada; en fn, no
de Occidente. Se suele creer que durante
el Renacimiento fueron pocos los cultores
de la flosofía de Aristóteles, privilegiando
la flosofía platónica, fundamentalmente a
partir de la fundación de la escuela Neo-
platónica de Florencia por Marsilio Ficino.
A pesar de esto, existe nueva evidencia e
interpretaciones nuevas y más profundas
de evidencia anterior que dan cuenta de la
permanencia y continuidad en el uso de los
textos del estagirita desde su reingreso en
el s. XIII hasta fnes del s. XVI. Llegados
a este punto, cabe señalar que la primera
formación de Pico fue aristotélica, bajo el
magisterio del judío Eliahu del Medigo, y
que dejó una impronta muy profunda en su
pensamiento. (Garin 1936: 3-48; Kriste-
ller 1993: 52-72; Schmitt 2004: 21-54)
55 Se refere a los preceptos contenidos en las
Éticas de Aristóteles.
56 La diosa Ceres, la diosa de las cosechas, la
Deméter de los griegos, tenía en la Grecia
antigua dos festas: Eleusina y Tesmoforia.
Se trataba de celebraciones en donde se
ofrecían libaciones, sacrifcios y ritos que
ponían de manifesto la fecundación de la
diosa. Es evidente que Pico está haciendo
referencia a esto último.
Julián Barenstein - Diana Angélica Fernández / Carta de Giovanni Pico della Mirandola… 28
hay nada más débil que el hombre
57
, ni
tampoco hay nada más poderoso que
el amor. [49] ¡Si hasta el espíritu inven-
cible e inquebrantable de Jerónimo
58
,
mientras permanecía todo él insepa-
rable del cielo, asistía a las danzas de
las doncellas, si este amor pudo con su
soledad, con sus miembros postrados
57 Esta declaración no deja de sorprender,
toda vez que Pico está a punto de encarar la
célebre disputa romana y, tiene al menos en
mente, pues quizás aun no la había escrito,
la llamada más tarde Oratio de honinis dig-
nitate, con todo lo que esto implica.
58 San Jerónimo nació con el nombre de
Eusebio Sophronio Jerónimo en Stridón,
Dalmacia en el 347 y murió en Belén en el
420. Bajo el magisterio de los más grandes
doctores de su época llegó a ser erudito en
latín, griego y hebreo. Durante el quattro-
cento italiano, su fgura cobra un particular
interés, sobre todo a causa de esto último.
En efecto, a diferencia de lo que había ocu-
rrido en épocas anteriores, durante el siglo
XV hay un número considerable de pensa-
dores cristianos que estudian con maestros
judíos entre otros, nuestro Pico y el carde-
nal Egidio de Viterbo en Italia, Johannes
Reuchlin en Alemania y François Tissard
en Francia. Por otra parte, entre los Padres
de la Iglesia, ni el conocimiento del pensa-
miento hebreo, ni el aprendizaje de la len-
gua en la que había sido escrito el Antiguo
Testamento formaban parte de las priorida-
des de los grandes intelectuales, salvo por
los casos excepcionales de Orígenes y Jeró-
nimo, ambos admirados por Pico. Por lo
demás, hay sobrada cuenta de la presencia
de Jerónimo en el Renacimiento. Ejemplo
de ello son las múltiples representaciones
del santo que nos han llegado. Entre las
más célebres, la de Domenico Ghirlandaio
de 1480 y la de Niccolò Colantonio, hacia
1450, donde se ve a Jerónimo sacando la
espina de la garra de un león, es decir, del
animal junto al que se lo representa en la
mayoría de las pinturas. Para más detalles
cfr. A. Cain (2009: 101-132).
en tierra, con su abstinencia de sema-
nas, si esta peste bien pudo infestarlo
a él, a quién no domará
59
! [50] ¡quién
no podría en pluma, en sombra, en
toda abundancia de lujos ser domi-
nado por él! [51] Y a esto se suma que
esta es la primera vez que aquél, siem-
pre orgulloso e ignorante, cayó presa
de una desgracia semejante; [52] que
vaya ahora a reclamarle a Neptuno, que
causó tantos naufragios. [53] Nadie le
tenderá una mano, nadie le tendrá
compasión si llegara a tropezar dos
veces con la misma piedra. [54] Ahora,
con justicia, no puede ser disculpado.
[55] Que se castigue a quien así actuó,
para que él no se considere a sí mismo
digno del perdón de una disculpa,
[56] y que se lo castigue lo sufciente,
para que cuando este, tu amigo, quiera
hacer memoria de lo sucedido, no solo
no pueda hacerlo en modo alguno, al
punto que ni siquiera le sea posible
por registros escritos
60
, sino que en lo
sucesivo se esfuerce incluso por olvi-
dar hasta el más mínimo detalle. [57]
Salud.
59 El Mirandolano, que interpreta el rapto de
Margherita como un pecado gravísimo, se
refere en este pasaje a su tajante decisión de
olvidarse del incidente, su insistencia es tal
que llega a deplorar escribir sobre el tema.
En nuestra interpretación es esto último
lo que se sugiere con la expresión “non
solum aliquo modo non litteris tradi”. Por lo
demás, sobrada prueba de este rechazo al
relato de lo sucedido en Arezzo es el uso de
la tercera persona para referirse a sí mismo
en tanto pecador, que Pico ha utilizado a lo
largo de todo el párrafo.
60 Cristoforo da Casale Maggiore, secretario
de Pico.
29 Nº XVII / 2013 / ISSN 1514-3333 (impresa) / ISSN 1851-1724 (en línea), pp. 13-30
4. [58] Cristoforo
61
no estaba pre-
sente cuando recibí tus cartas. No
quiero que me presentes a tu señor y
a toda la familia Bonromeo

, a la que
siempre he estimado y aun estimo en
gran manera.
[59] Perugia, 15 de octubre, año de
la gracia 1486. ¶¶
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61 Se trata de una familia milanesa de origen
paduano, cercana a los Visconti y a los
Sforza. Hacia mediados del siglo XV, gra-
cias a la actuación de Filippo Borromeo, se
contaban entre los banqueros más impor-
tantes de la península.
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Recibido: 22-02-2013
Evaluado: 20-04-2013
Aceptado: 15-05-2013
31 Nº XVII / 2013 / ISSN 1514-3333 (impresa) / ISSN 1851-1724 (en línea), pp. 31-44
Introducción
L
a reflexión sobre las
causas del bel lum
civile, la continuidad o
agotamiento de ciertas
magistraturas, las deci-
siones y planteos posi-
bles campean en los
escritos políticos del fn
de la República, unidos al análisis de
las circunstancias históricas que verif-
camos en Cicerón, Salustio, Tito Livio,
en la poesía de Horacio y Virgilio o en
el accionar de Julio César y en el del
futuro Augusto.
La crisis terminal del sistema
republicano no solo se debió a fallas
constitutivas intrínsecas, observadas
en el encuadre de las magistraturas
con falencias serias para afrontar la
expansión territorial romana y habér-
selas con nuevos pueblos y fronteras,
o a la imprudencia o incapacidad de
ciertos políticos, sino también a la
corrupción electoral o ejecutiva, a la
Magistraturas e Imperium:
de la monarquía
al principado
María Delia Buisel [Universidad Nacional de La Plata]
[madebu1@gmail.com]
Resumen: El artículo analiza las nociones y
términos en relación con potestas, vis y virtus,
en particular con imperium, la tipificación del
mismo y las magistraturas que lo detentaban;
respecto del dictator, subraya las limitaciones
y extralimitaciones en el ejercicio del imperium
y su desarrollo histórico; señala también la
crisis de las magistraturas, destacando la del
consulado al final de la República; examina la
propuesta de Cicerón para la salida de la crisis:
el unicato con un princeps, y las semejanzas
y diferencias entre el consul, el proconsul, el
dictator, el dux y el princeps. Por último, da
tratamiento a un problema clave: vitium y virtus
en la política de la época.
Palabras clave: magistraturas - potestas -
imperium - vis - virtus.
Magistracy and Imperium: from the
Monarchy to the Principate
Abstract: We analyze the concepts and terms
regarding potestas, vis an virtus, particularly
those of imperium, its definition and the mag-
istracy that supported it; regarding the dictator,
we highlight the limitations and excesses in the
exercise of imperium and its historical develop-
ment; we noted the crisis of the magistracy,
emphasizing the consulate at the end of the
Republic. We examined the Cicero’s proposal
for ending the crisis: the autocracy with a prin-
ceps; similarities and differences between the
consul, the proconsul, the dictator, the dux and
the princeps. It treats a key problem: vitium and
virtus in politics and in the politics of the period.
Key words: magistracy - potestas - imperium
- vis - virtus.
María Delia Buisel / Magistraturas e Imperium: de la monarquía al principado 32
violencia empleada sin escrúpulos y
a la carencia de las virtutes necesarias
requeridas para los funcionarios del
gobierno, que eran el sostén de la repú-
blica o summa res como lo atestigua el
célebre verso de Ennio “Moribus anti-
quis res stat Romana virisque” (Ennio,
Ann., frag. 296)
1
que, en el desarrollo
de los Annales presenta, si bien frag-
mentariamente, ejemplos concretos
de lo que eran las costumbres y el
heroísmo de los ancestros, como el de
Manio Curio no vencido nec ferro nec
auro
2
(frag. 121).
Cicerón, identifcado con el sis-
tema mixto de la antigua república
antimonárquica, pero aristocrática en
su funcionamiento por el predominio
del Senado, era perfectamente cons-
ciente de que esta había decaído y que
de su fbra moral poco o nada había
quedado
3
. Cicerón, que fue cónsul en el
63 a.C., experimentó la debilidad de un
consulado bicéfalo, pleno de mutuos
condicionamientos, lo que difcultaba
la toma de decisiones en momentos de
1 Cfr. Segura Moreno (1984: 122); en
Warmington (1988), nº 467. A Cicerón le
parece oracular por su concisión, porque ni
los hombres sin esas virtudes cívicas, ni las
moribus sin el gobierno de tales hombres
hubieran podido fundar ni mantener por
tan largo tiempo una república tan grande
y con un territorio tan extenso.
2 En cuanto al segundo frag. enniano, el 121
(Segura Moreno 1984: 74), también lo
cita Cicerón (De re publica 3. 3. 6) como
alto ejemplo de probidad. Después de Bene-
vento, los samnitas derrotados quisieron
comprarlo con oro, por lo que Manio Curio
replicó que la gloria no reside en poseer oro
sino en derrotar a los que lo poseen.
3 Cfr. Gowing 2005: 3.
grave peligro, y ya en el De re publica
atisba una nueva magistratura seme-
jante y a la vez diferente a la del dictator
y a la del rex, aunque no la caracteriza
con precisión. Busca recomponer la
auctoritas perdida que debe conformar
la base de cada magistratura.
La dictadura, de carácter inape-
lable, le fue concedida por el Senado
para solucionar la conjuración de
Catilina y terminar con ella, lo que
hizo, pero a un costo personal y polí-
tico muy alto, ya que debió cargar con
el ajusticiamiento legal, aunque políti-
camente incorrecto de los lugartenien-
tes de Catilina. Sin olvidar que después
Pompeyo fue excepcionalmente cón-
sul sine collega en el 53 a.C., con lo
que el Senado evitó nombrarlo dictator
para poder someterlo a juicio si era
necesario.
El arpinate refexiona sobre la nece-
sidad de un poder unifcado efectivo
por encima de las magistraturas del
cursus honorum porque el poder deci-
sorio, si es compartido, no resulta apli-
cable en circunstancias de alto riesgo.
Y lo decía por experiencia propia. ¶
Potestas, imperium y
magistraturas
A
sí acuña el arpinate una expre-
sión latina que caracteriza una
modalidad del poder imperium
nullum nisi unum de nítido carácter
absoluto que parecería corresponder
a la época de la monarquía o de los
emperadores más arbitrarios o fun-
33 Nº XVII / 2013 / ISSN 1514-3333 (impresa) / ISSN 1851-1724 (en línea), pp. 31-44
damentar el Principado
4
, sin embargo
fue redactada por Cicerón cerca del
54 a.C. (De republica 1. 38. 60) cuando
ambas posturas políticas, optimates
y populares, en encarnizadas disen-
siones, coincidían necesariamente
en la unicidad del mando ejercido o
imperium para ordenar el caos de esos
años y los de la siguiente transición,
porque los hechos y las conductas
desbordaban la estructura legal.
Antes de analizar el texto, debemos
examinar someramente la noción de
imperium con sus alcances y mati-
ces desde la monarquía al Princi-
pado en las diversas magistraturas
que lo poseían intrínsecamente. En
los comienzos de la monarquía, el
rey elegido por el populus (patricios
y plebeyos) ejerce poderes religiosos,
políticos, administrativos, judiciales
y militares de vida y muerte por una
lex curiata de imperio; además elige un
senado consultivo, pero ni legislativo
ni vinculante, coincidiendo en él la
plenitud de la potestas y del imperium.
Con el advenimiento de la república
(509 a.C.), la potestas (poder político)
se dividió y transfrió a las magistratu-
ras, unas con imperium y otras sin él.
Se denominaba imperium al ejercicio
de la autoridad ejecutiva con poder
soberano en materia militar, civil y
judicial para tomar todas las medidas
de utilidad pública, incluso más allá de
la ley, o como lo dice Mommsen, era
el derecho de mandar en nombre de la
comunidad reclamando obediencia o
4
4
Cfr. Beranger (1953), obra abarcativa; cfr.
además Michel (1971). Ambas son obras de
consulta general, pero muy esclarecedoras.
constriñéndola
5
, lo que comportaba el
uso de la vis; era el imperium la señal
concreta más elevada de la potestas.
Esta se diversifca confando las fun-
ciones religiosas al pontifex maximus
y al rex sacrorum, las político-militares
a dos cónsules anuales y las judicia-
les a dos pretores, con derecho al veto
mutuo en ambos casos. El Senado
acrecentó sus facultades reservándose
(como luego el cónsul) el derecho a
designar en circunstancias graves un
dictator
6
temporario con funciones
inapelables, cuasi reales, salvo las
sacerdotales ordinarias o regulares.
Los cónsules y los pretores poseye-
ron imperium ordinario; los dictatores
y los magistri equitum, extraordina-
rio. Dentro de Roma (imperium domi)
era un poder restringido por el dere-
cho de apelación o por el veto, pero
en campaña (imperium militiae) un
general o en provincias un procónsul
lo ejercían sin restricciones. El impe-
rium era dado a los cónsules por los
comitia curiata (patricios) y al dictator
o al magister equitum por el Senado
o por uno de los cónsules con carác-
ter temporario
7
, lo que la volvía una
magistratura excepcional.
El dictator
8
, cuyo cargo era el más
alto en el cursus honorum, ejercía
5 Cfr. Mommsen (1942: 118 y 127). Incluso
contando con los auspicia maiora.
6 En De re publica 2. 32. 56, el autor recuerda
que el primer dictator fue Ticio Larcio Flavo,
instituido diez años después del consulado.
7 No más de seis meses, o menos, si cesaba o
moría el cónsul designante.
8 No hubo dictadura en Roma entre el 202 y
el 82 a.C. y se hizo accesible a los plebeyos
María Delia Buisel / Magistraturas e Imperium: de la monarquía al principado 34
el mando absoluto del ejército con
autoridad necesaria para reducir a los
facciosos a la obediencia, aplicar pena
capital y ejercer ciertos actos religiosos
de ritual no regular. Un signo hono-
rífco de la superioridad del dictator
sobre el cónsul se evidenciaba en la
duplicación de las fasces de los lictores
escoltas. Ya nombrado, su accionar no
dependía de la aprobación colegiada
ni consular; su jurisdicción absoluta
se limitaba a resolver el asunto para
el que había sido nombrado por un
tiempo y espacio determinado. En
suma, la dictadura se tuvo siempre y
justifcadamente como una institución
cuasi monárquica dentro del sistema
republicano y más de una vez sospe-
chada de un retorno a la realeza
9
, pero
su brevedad y acotación ejecutiva la
eximía de tal conjetura.
No se oponen, pero tampoco son
sinónimos exactos, potestas e impe-
rium, sino que este es parte de la
primera; propio del imperium es la
vis o fuerza o capacidad ejecutiva de
coerción; Tito Livio (3. 70. 1) señala
que en campaña ambos cónsules son
potestate pari, pero la summa imperii
la tiene uno solo
10
, que es el que toma
desde el 356 a.C. a condición de que hubie-
ran alcanzado previamente el consulado.
Cfr. Gow (1946: 211 y 184).
9 Incluso la denominación primera del dicta-
tor en los inicios de la república fue magíster
populi, lo que era casi la misma defnición
del rey ya que este mandaba sobre patricios
y plebeyos, es decir, sobre el conjunto del
populus.
10 César (Bellum civile 3. 51. 4) caracteriza al
imperator (jefe en el campo de batalla, con
imperium militar), consul o dictator, dife-
la decisión última, no la comparte y se
hace responsable de ella.
El siglo terminal de la república
muestra que por realismo político, por
ambición o por las circunstancias con-
cretas, más de un cónsul ejerció o quiso
ejercer el imperium por más tiempo
del estipulado (un año), ya sea como
cónsul o dictator. Así en 104 a.C., Cayo
Mario elegido cónsul y sostenido en el
cargo, a pesar de la ley y del Senado,
por cinco años consecutivos, sentó un
riesgoso precedente apoyado por los
representantes de la plebe y por el ejér-
cito por él profesionalizado, al vencer
a los cimbrios y alejar tal peligro para
la república. En el 67 a.C. por la ley
Gabinia se designó a Pompeyo como
procónsul por tres años añadiéndosele
una dictadura naval para limpiar de
piratas el Mediterráneo hasta 50 millas
costeras; como Pompeyo resultó vic-
torioso al año siguiente se lo nombró
por la ley Manilia gobernador de tres
provincias orientales: Bitinia, Ponto y
Cilicia con el apoyo de Cicerón, cri-
ticado por contribuir al quebranta-
miento de la república y por abrir un
camino a las ambiciones de los cau-
dillos
11
. Previamente, del 74 al 71 a.
C., Marco Antonio el Crético, padre
del triunviro, recibió un imperium
marítimo semejante al de Pompeyo,
renciándolos del legatus, que omnia agere
ad praescriptum, alter (imperator) libere ad
summam rerum consulere debet, o sea que el
‘legatus’ se atiene a las órdenes dadas, mien-
tras que los primeros deliberan y actúan
libremente para lograr la más alta y completa
fnalidad recibiendo tal título por haber con-
ducido a la victoria en una batalla.
11 Cfr. Grimal (1984: 60).
35 Nº XVII / 2013 / ISSN 1514-3333 (impresa) / ISSN 1851-1724 (en línea), pp. 31-44
así como Servilio Isáurico por cinco
años renovados también para com-
batir la piratería. En el 59 a.C., Julio
César elegido cónsul hizo votar una
ley para que la Galia le fuese asignada
como procónsul por cinco años, ley
contraria a las leyes específcas, pero
basándose en el previo ejemplo de
Pompeyo. Este mando militar se pro-
rrogó por cinco años más
12
tomando
incluso César dentro de Roma el título
de imperator, solo reservado al general
en campaña; fue además revestido con
la dictadura y la censura a perpetui-
dad, reelegido cónsul con continuidad
y con la inviolabilidad que le confería
el poder tribunicio; obtuvo todo este
imperium legalmente, poder que lo
hizo casi un rey o más que cualquiera
de ellos, por la garantía de un ejército
que no tuvo ninguno de los reyes; esta
realeza de hecho es uno de los cargos
con que los conspiradores justifcaron
el magnicidio.
De modo que cuando llegamos a
la frase antedicha, existe ya una serie
de antecedentes a los que Cicerón ha
aportado su granito de arena, no por
traición, corrupción o acomodamiento
a la situación del momento, aunque se
le puedan reprochar fallas humanas,
sino porque su realismo aristotélico
y/o naturalmente latino le había adver-
tido que la situación política venía
con una crisis de arrastre, la extensión
territorial del imperio se magnifcaba
volviéndose más compleja y difícil de
12 Cicerón se manifestó a favor del manteni-
miento de César en la Galia añadiendo un
elogio de la obra del procónsul, cfr. Grimal
(1984: 82).
gobernar, exigiendo la creación de
nuevas medidas y operativos; las ins-
tituciones estaban en crisis, la anarquía
apuntaba sus zarpas y se enseñoreaba
la corrupción sin controles ni cuestu-
ras efcaces.
De todas las magistraturas, el con-
sulado era la más lábil y en situación
crítica. De la autoridad real que sus
mandantes representaban, poco o nada
quedaba; la bicefalia, producto, a veces,
de alianzas momentáneas entre distin-
tos partidos
13
, con mutua intercessio o
veto por ambas partes, el cambio men-
sual de funciones (por ej. pasar cada
mes de ocuparse de los asuntos inter-
nos a los exteriores y viceversa), la falta
de control para los grupos facciosos
que carecían de contención legal o el
sometimiento a los mismos, el manejo
de las elecciones para designar al suce-
sor, campaña que los ocupaba apenas
subían al cargo y el condicionamiento
al conocerse a los sucesores, incidía
fuertemente en la efcacia de sus fun-
ciones públicas, aun dejando de lado el
fantasma o la realidad de la corruptela.
Cicerón que había ejercido el con-
sulado en el 63 a.C., había probado
estas falencias en carne propia y había
conjurado una situación peligrosa
como la de Catilina, gracias al ejercicio
temporario de las facultades extraor-
dinarias conferidas por la dictadura y
por eso no se hacía ilusiones sobre la
evolución de la crisis.
13 Como en el consulado de 63 a.C. de Cice-
rón y C. Antonio Hybrida, el primero apo-
yado por el partido senatorial y el segundo
por su disposición a pactar con el que le
rindiese benefcios económicos.
María Delia Buisel / Magistraturas e Imperium: de la monarquía al principado 36
El equilibrio de la forma mixta, que
incluía una sabia dosis de monarquía,
aristocracia y democracia de la anti-
gua república, tan alabado por Poli-
bio un siglo antes
14
, ese equilibrio, se
había roto por la falencia intrínseca
de las magistraturas o la inmoralidad
reinante en la dirigencia y el estado
de convulsión pública generalizado.
Álvaro D’Ors (1984: 23) señala que
a partir de la revolución gracana, la
forma mixta de gobierno hace crisis
y se frustra, de allí que de un monar-
quismo teórico surja con sentido prag-
mático y con las debidas restricciones
republicanas, la idea de un poder per-
sonal, el del princeps civitatis, diferente
del de un rey del período inicial de
Roma. El triunvirato o la perpetuación
de los cónsules o los dictatores eran una
realidad actuante, oscura y riesgosa,
porque conllevaba tanto la pérdida de
las libertades concretas como el avasa-
llamiento de la justicia (amisimus [...]
colorem et speciem pristinam civitatis
15
)
además de la posibilidad de encauzar
o no el desorden. ¶
Princeps y principatus
E
sa problemática tan compleja,
bien discernida por Cicerón,
lo ha llevado a buscar una
salida en un ‘unicato’, sino perpetuo,
al menos bastante prolongado, pero
14 Para Polibio, las formas de gobierno no
son perpetuas, ya que cuando llegan a una
cima, no escapan a la decadencia como exi-
gencia propia del decurso histórico.
15 Cfr. Ad Atticum 4. 18. 2.
basado en la auctoritas
16
tanto de tra-
dición romana como probada en las
monarquías helenísticas o sustentada
por los grandes flósofos de Platón
en adelante. La auctoritas consiste en
el crédito acordado a un personaje
prestigiado por su incorruptibilidad
moral o virtus, su inteligencia práctica
para resolver situaciones difíciles en el
orden público, poseedor de una fgura
paternal cercana a la de un monarca
sin serlo, porque es el primer some-
tido a la ley, un princeps
17
, el primero
cualitativamente, guía de los optima-
tes, o sea encumbrado sobre cónsules
y senadores
18
, por eso su auctoritas es
y debe ser ‘summa’.
El término princeps expresa el
aspecto civil de la función del dux
imperator o autoridad militar
19
. En lo
que resta del texto del De re publica,
el término no aparece aplicado a un
personaje histórico concreto
20
, aun-
16 Cfr. Balsdon

(1960: 43-50) y Galinsky
(1996: 74).
17 Para las cualidades y condiciones del prin-
ceps, cfr. Grammatico (1994: 189-204 y
205-237) en Cicerón, un alma ardiente,
y cfr. además Bréguet (1980: 128-142),
prólogo a la ed. de Les Belles Lettres, con
enjundioso y contundente análisis del
tema. Cicerón aplica el término a Tarquino
Prisco, nacido en Corinto donde era prin-
ceps suae civitatis (2. 19. 34) por sus condi-
ciones humanas y políticas mucho antes de
emigrar a Italia; en 1. 25 idéntica expresión
para Pericles.
18 Cfr. Boyancé (1970: 193-194).
19 Cfr. Hellegouarch (1998: 122-125).
20 San Agustín en Civ. Dei 5. 13 transcribe el
vocablo al indicar lo siguiente: ubi (Cicero)
loquitur de instituendo principe civitatis,
que podría corresponder a un párrafo per-
37 Nº XVII / 2013 / ISSN 1514-3333 (impresa) / ISSN 1851-1724 (en línea), pp. 31-44
que no debemos olvidar que los libros
5 y 6 que se referen al optimus civis
se han perdido casi en su totalidad.
Sin embargo, en el Somnium Scipionis
que corona el De re publica, el autor
emplea dos comparaciones para carac-
terizar al princeps civitatis: 1) la ima-
gen del Sol (4. 17) en el centro de las
órbitas rigiendo el mundo como dux
et ‘princeps’ et moderator luminum reli-
quorum, mens mundi et temperatio, y
2) la del ‘princeps deus’ (3. 13 y 8. 26)
que rige el mundo y que se goza en
la fundación y acrecentamiento de las
civitates. Vocabulario puramente polí-
tico donde ‘princeps’ es la palabra y la
magistratura clave con la que nuestro
autor se distingue del primitivo ‘rex’
romano, del ‘dictator’ extraordina-
rio, del ‘imperator’ con mando mili-
tar y en funciones cívicas en Roma,
del ‘proconsul’ con amplios pode-
res de decisión, pero acotado a una
provincia y a un período prefjados;
distinción, pero también sincretismo
de funciones, no siempre delimitado
con claridad, pero sí medianamente
discernible. Esto ocurre por el escaso
empleo del término en lo que subsiste
del texto y porque el mismo, teniendo
una connotación republicana, puede
ser pensado como si se asentase más
en la vis que en la virtus, como quiere
Cicerón. Por otra parte, debemos estar
alertas por los matices que se dan entre
el empleo plural o singular del tér-
mino, ya que el princeps proviene del
estamento dirigencial de los principes
u optimates, pero está por encima de
dido del libro 5, tal vez 5. 10. 12 según Bré-
guet (1980: 131).
ellos. Ríos de tinta vienen corriendo
para precisarlo
21
.
Se ha discutido también si el arpi-
nate tenía en mente en el 54 a.C.,
en los años de redacción de nuestro
texto, a un político ideal
22
o un modelo
concreto para su princeps y si este era
Pericles
23
mencionado en 1. 16. 25;
Escipión (recordado en 1. 19. 31 y 1.
21. 34 y en el Somnium 6. 11, como el
único capaz de sacar adelante la procu-
ratio atque administratio rei publicae);
Pompeyo, al que Cicerón promovió
para que el Senado le concediera una
dictadura marítima, pero del que se
fue apartando ante la creciente falta de
apoyo al arpinate, por sus coqueteos
con los cesarianos y su inclinación a
perpetuarse en el poder; Bruto o Casio
después de la muerte de Julio César; u
otro o el mismo Cicerón confado en
su capacidad y virtudes intelectuales
y políticas, ya que aunaba en sí la tra-
dición del pensamiento político helé-
nico con la capacidad rectora de los
romanos y el vigor original que le era
propio
24
. Lo seguro es que no tenía en
mente a César.
Richard Heinze (1973: 291-314)
observa que Cicerón escatima el tér-
21 Cfr. Bréguet (1980: 130), donde enuncia
una bibliografía básica, pero muy selectiva
y valiosa, con el estado de la cuestión.
22 Cicerón es una mentalidad realista y la
urgencia de la situación lo llevaría a buscar
un hombre concreto.
23 Cfr. Michel (1974: 8-18).
24 Cfr. Galinsky (1996: 74), quien señala que,
dada la vanidad del arpinate, varios pasa-
jes de la caracterización por él aducida son
solo aplicables al mismo Cicerón, por ej. De
re pub. 1. 3 y 13.
María Delia Buisel / Magistraturas e Imperium: de la monarquía al principado 38
mino princeps para su rector, pero
aunque esté funcionalmente cercano
a consul y a dictator, tal vez por el uso
de la fuerza, no se confunde y encie-
rra el reconocimiento de una posición
más destacada que la de estos; es más
explícito en De fnibus 5. 11 al decir:
cum docuisset qualem ‘in re publica
principem’ esse conveniret. ¶
De Republica 1. 38. 60
M
unidos de estos anteceden-
tes ubiquemos el texto en
su contexto donde dialo-
gan Escipión y Lelio sobre las pasio-
nes que alteran el alma: ira, avaricia,
ambición de mando o gloria, concu-
piscencias deshonestas, entre otras,
todas ellas contrarias a la razón y con-
trolables por o con el consilium o pru-
dencia o inteligencia o razonabilidad,
que funciona como un rey por ser
la animi pars optima; el dominio del
alma le sirve a Escipión para realizar
una analogía
25
sobre el gobierno de
la república donde se inserta nuestro
texto
26
:
Cur igitur dubitas quid de re publica
sentias? In qua, si in plures
translata res sit, intellegi iam licet
nullum fore quod praesit imperium,
25 El argumento se reforzará luego con otras
dos analogías; una mítica: Zeus, dirige el
universo como rey paternal de dioses y
hombres, y otra flosófco-estoica: un espí-
ritu o principio único rige el cosmos.
26 Citamos por la edición de Esther Bréguet
(1980), pero también consultamos la de
Konrat Ziegler (1969) y la de Leonardo
Ferrero (1969).
quod quidem, nisi unum sit, esse
nullum potest.
Así pues, ¿por qué dudas sobre lo
que debes pensar acerca de la repú-
blica?
En ella, si los asuntos públicos se
confían a muchos, es
lícito que se comprenda ya, que no
existirá ningún poder que mande,
pues por cierto, si (el mando) no es
único, no puede existir.
Cicerón pone esta opinión en boca
de Escipión, quien si bien es su admi-
rado portavoz, ya el empleo de un
alterlocutor implica una leve toma de
distancia que le evita un compromiso
dogmático y político excesivo en tiem-
pos tan facciosos.
En segundo lugar, Escipión con-
diciona este unicato como el mejor
(optimum), si modo ‘iusti’ sint (39.
61)
27
; luego exige competencia e ido-
neidad para el cargo, si ‘digni’ modo
sint iis artibus (40. 62)
28
. Los libros 5
y 6 tenían como tema el optimus civis,
su educación y atributos políticos, al
parecer equiparado al rector, aunque
no siempre sinónimos intercambia-
27 Cfr. De re publica 3. 15. La justicia manda
respetar a todos, proveer por el género
humano, dar a cada uno lo suyo, no tocar lo
sagrado, ni lo público ni lo ajeno.
28 No olvidemos que cuando Cicerón en
su correspondencia o en otros tratados
se refere a cualquiera de sus obras suele
hacerlo con el título que conocemos, pero
la mayoría de las veces con una sinonimia,
así hablando del De re publica suele preci-
sar en De legibus su equivalencia De optimo
civitatis statu et de optimo cive.
39 Nº XVII / 2013 / ISSN 1514-3333 (impresa) / ISSN 1851-1724 (en línea), pp. 31-44
bles
29
; el argumento se atiene a las
necesidades palpables para combatir
los abusos del partido popular como
alterador del orden público (40. 63),
sin embargo Cicerón/ Escipión se
guarda muy bien de concluir el silo-
gismo sosteniendo el unicato para
poner orden con la fuerza
30
.
Deja inconcluso el razonamiento
teórico e introduce una nueva obser-
vación: este ejercicio irrestricto de la
libertad popular que minatur, recusat,
appellat, provocat (1. 40. 63), no obs-
tante en tiempos de guerra se autores-
tringe, porque la seguridad y el miedo
lo llevan a obedecer a sus magistrados
como a un rey (paret ut regi 1. 40. 63).
Antaño pues, en tiempos de graves
peligros, nuestros antepasados acorda-
ron sine collega omne imperium nos-
tri penes singulos esse voluerunt (“los
nuestros quisieron que todo el mando
residiese en magistrados únicos sin
colega”). Por supuesto que se refere al
dictator llamado en los inicios magis-
29 Así para Drexler (1958: 243-280), ‘princeps’
indica la posición política más encumbrada
en el contexto del estamento dirigencial de
los ‘optimi cives’ y ‘rector’ se refere a la fun-
ción política gubernativa. En plural son los
consejeros políticos, en singular, el que toma
la iniciativa. Las indagaciones de Drexler
no son ajenas a su contexto histórico de la
Alemania de la primera mitad del siglo XX.
Cfr. también sobre el rector, pero no equipa-
rado al princeps, Roberto (1990: 1-37).
30 En el Pro Sestio ya había tratado el tema
de los optimates frente a los populares sin
presentar el problema del ‘unicato’ y sin
hacer un problema de clase social sino de
calidad espiritual en el destinado a regir la
res publica para lograr un estado de orden
y posibilitar así el cum dignitate otium. Cfr.
Nótári ( 2010: 197-217).
ter populi (1. 40. 63); en suma, la salus
patriae exige imperium unifcado en
una sola autoridad, para el uso de la
fuerza con iustitia, la cual puede resi-
dir en los plures, pero a estos, no les
corresponde el imperium.
La evocación de Rómulo vía Ennio
trae el elogio de la monarquía que no
hubiera caído si no fuese por la injus-
ticia de uno solo
31
(Tarquino el Sober-
bio). Las transgresiones en las formas
primarias conducen a la destrucción de
los estados, por exceso de injusticia o
libertinaje, y aunque la monarquía es
la mejor de las formas puras (1. 45. 69),
lo más efcaz aún es la forma moderada
y combinada de los tipos puros por la
integración respectiva de caritas, consi-
lium y libertas al condicionar el empleo
abusivo de la fuerza. La constitución
mixta peligra no como sistema sino
por los defectos de los que gobiernan
(principum).
Karl Büchner
32
en un planteo –
creo– muy formalista, sostiene taxati-
vamente que la constitución mixta es
la única expresión válida de la justicia y
que toda decisión, incluso temporaria
de Escipión a favor de la monarquía,
no tiene más que una significación
relativa, por lo tanto no puede ser
considerada como opinión ni del Afri-
cano y, mucho menos, de Cicerón. Sin
embargo –agregamos– se desprende
una leve diferencia entre la monarquía
pretérita con imperium a perpetuidad
y la proposición del princeps, tal como
la adelanta Cicerón, como medio para
31 Cfr. De re publica 2. 25 y 26.
32 Cfr. Büchner (1974: 134-145, esp. 136 y
138-139).
María Delia Buisel / Magistraturas e Imperium: de la monarquía al principado 40
volver a revivir la república mixta, pero
con un imperium maius quam consul,
expresión usada en su discurso a favor
de Pompeyo mucho antes. Para Büch-
ner la fórmula del princeps supone
imperium quam consul
33
, siendo difícil
de esclarecer cuando se trata de dife-
rencias concretas.
Este unicato ciceroniano añade un
plus: el soporte teórico que no tuvo la
monarquía, dado por una doctrina
flosófca. El principatus ciceroniano
conjuga el maridaje de dos elementos:
uno monárquico parido con dolor por
la falencia de las magistraturas republi-
canas, y una teoría flosófca acuñada
por diversas escuelas griegas sobre
los atributos del gobernante como
coniunctio potestatis ac sapientiae
34
. ¶
Poder y virtus
S
in embargo Cicerón ha expe-
rimentado algo que no probó
Polibio en su entusiasmo por
la república romana, aunque tal vez
lo previó: que ninguna forma, ni
siquiera la mixta, subsiste cuando
magnis principum vitiis evenit (1. 45.
69); carencia de virtudes o supremacía
de los vicios abaten cualquier tipo de
gobierno, hasta el más estable. ¿Cómo
salir entonces de una situación como
la de esos años terminales? Si el obje-
tivo ciceroniano es res publica resti-
tuenda, lema que Augusto hará suyo
con todas las diferencias semánticas y
33 Cfr. Büchner (1974: 140).
34 Cfr. Béranger (1944: 144-154).
prácticas que se quieran
35
encubiertas
en idéntica fórmula, ¿con qué magis-
tratura o institución de transición se
llegará a restaurarla mutatis mutan-
dis?, ¿puede reimplantarse la justicia
sin la fuerza?, ¿cuál es el límite de
esta?, ¿cómo integrar virtus y vis con
equidad o auctoritas por encima de la
potestas?
Todavía sobre la virtus cabe una
distinción: ¿es heredada o adquirida?
En el De re publica, Cicerón porme-
noriza la diferencia; el arpinate no se
opone a la virtus heredada siempre que
se convalide con actos propios, como
el del joven Escipión, doblemente
Africanus por herencia y por méritos
propios, pero es evidente que él como
homo novus pone el acento en la adqui-
rida y ejercida con esfuerzo propio.
En ese caso no era el primero en
señalarlo, ya el discurso de Mario
36

en el Bellum Iugurthinum 85. 1-50 de
Salustio era un precedente ilustre, por-
que Mario –también nacido en Arpi-
35 Marcadas por Grenade (1951: 162-183),
quien sostiene que Augusto traicionó el
ideal ciceroniano del princeps con su polí-
tica de usurpación; tesis, por supuesto, muy
controvertida; mucho más imparcial el artí-
culo de Boyancé (1970: 160-179).
36 Cfr. Florio (2012: 279-292), artículo exce-
lente donde se analizan con gran rigor las
posibles alusiones al discurso salustiano de
Mario viendo un claro eco del mismo en
sus juveniles Verrinas 2. 3. 7-8. No se trata,
según Florio, de la única alusión o referen-
cia al paradigma mariano; por otra parte,
la trayectoria del homo novus, exemplum
de virtus adquirida que se transcodifca al
cristianismo y a su nueva épica, evidencia la
solvencia y rigor del autor al tratar el tema
con una exhaustiva bibliografía que le es
muy familiar.
41 Nº XVII / 2013 / ISSN 1514-3333 (impresa) / ISSN 1851-1724 (en línea), pp. 31-44
num– se enorgullece de su condición
de homo novus patente en las heridas
de su pecho y en la auctoritas que le
reconoce el estamento militar a su jefe;
exemplum
37
tal vez no explicitado en
Cicerón, porque Salustio militaba en
la opuesta vereda cesariana
38
.
La propuesta de Cicerón de un
princeps que no es rex, ni dictator, ni
imperator, ni consul, ni proconsul, sino
que comparte un rasgo de cada uno y
añade otros plus quam, es una nove-
dad que: 1) no desdice las magistra-
turas de la república mixta en las que
se inspira y perfecciona; 2) se corona
con una garantía flosófco-religiosa;
3) responde a las exigencias de una
república abismada en una crisis pro-
funda y destruida por las facciones y
la corrupción; 4) por su fexibilidad,
basada en un sano realismo, carece de
la rigidez de los formalismos legalistas,
entre ellos los de la duración temporal,
de la que nada dice, porque la situa-
ción real de la crisis no tiene un plazo
exacto para resolverla; 5) se permite,
como magistratura por encima de las
existentes, modificaciones dictadas
por la experiencia, la idoneidad y la
37 Salustio/Mario considera que si bien la
naturaleza humana es unam et communem
omnium, sin embargo solo el fortissimum
deviene generosissimum, es decir solo el
muy valeroso se vuelve de linaje muy noble
(85. 15).
38 En De legibus 1. 1-2, la fgura ejemplar de
Mario es evocada en la encina mariana, así
bautizada porque Mario descansó bajo la
misma; sin embargo los cinco años del 104
al 100 a.C. –en que Mario se arrogó el con-
sulado con apoyo militar y popular– no son
objetados por su coterráneo sino pasados
en silencio.
prudencia para asegurar su perfectibi-
lidad; 6) su princeps está lejos de una
monarquía o dictadura a perpetuidad,
semejante a una tiranía, como ocurrió
con Sylla o con las ambiciones no rea-
lizadas totalmente de Pompeyo o con-
cretamente del gobierno de César; 7)
exige virtus maxima en el candidato a
princeps como conditio sine qua non
para cumplir la concordia ordinum.
En fn, del pasado rescata lo mejor
sin anclarse en un conservatismo irra-
cional, y en cierto modo ha prefgurado
el principado de Augusto, con las debi-
das diferencias, ya que de a poco este se
fue desprendiendo de las magistraturas
inferiores a la de princeps doblemente
ejercidas, pero no se puede soslayar
que su teoría y práctica de gobierno
bebieron forma e identidad política
en las instituciones del pasado y en la
refexión ciceroniana
39
.
En suma, la propuesta ciceroniana
es difícil, pero no irrealizable ni utó-
pica, ya que él mismo la encarnó con
frme convicción y la perfló en los
paradigmas de su diálogo, Escipión
y Lelio, y con todas sus limitaciones
y errores, en las magistraturas por él
ejercidas.
Nadie como Cicerón temió los
excesos de los distintos magistrados
y él mismo caminó por un flo muy
riesgoso; confaba en la constitución
republicana, pero sin atenerse a ningún
legalismo utópico o formulario y como
sus enemigos políticos, que también
veían con lucidez los problemas y hasta
compartían las mismas soluciones,
39 Cfr. Gowing (2005: 154-155).
María Delia Buisel / Magistraturas e Imperium: de la monarquía al principado 42
pero con distintos detentadores del
poder, la salvación de la república fue
lo que le dictó la necesidad del ‘princi-
pado’ que tanta tinta ha hecho correr y
sigue hoy desatando enconos.
La prudencia política (2. 25. 45)
40

no dicta medidas concretas idénticas
y rígidas para cada situación, al con-
trario anticipa o pronostica los cam-
bios de rumbo y la necesidad de otras
soluciones; Cicerón vislumbró esta
insufciencia y propuso la novedad del
principado como modo de contención
o remedio, porque si enim sapientia
est quae gubernet rem publicam, quid
tandem interest haec in unone sit an in
pluribus (“si pues la sabiduría es la que
gobierna la república, ¿qué importa
que el gobierno sea de una o de varias
personas”) (3. 35. 47). Con ello remo-
zaba datos de la historia y añadía otros,
lo que no signifca que la ejecución
posterior de dicha magistratura tran-
sitara los carriles previstos por el arpi-
nate y la concepción del principado se
modifcara por la ampliación del impe-
rium en el tiempo y el espacio.
Para todos estos romanos presti-
giosos, enfrentados en los medios y las
personas o en las soluciones a lograr,
la máxima ley era la salvación de la
40 Id enim est caput civilis prudentiae videre
itinera fexusque rerum publicarum, ut, cum
sciatis quo quaeque res inclinet, retinere aut
ante possitis occurrere. (“Lo esencial de la
prudencia ciudadana es ver las rutas y los
giros de los asuntos públicos, para que,
sabiendo hacia donde se inclinan las reali-
dades, poder contener o salir anticipada-
mente al encuentro de las mismas”).
patria
41
, lema presente en el antiguo
senatus consultum ultimum republi-
cano con el que se designaba un dic-
tator: “Caveant/ videant consules ne
quid detrimenti respublica capiat”. Esta
solicitud por ‘servare summam rem’ –
seguimos con Ennio– se yergue en el
itinerario de la historia de Roma, de
modo que, asesinados César y Cicerón,
los grandes protagonistas de esos años
de sangre y de refexión, la generación
siguiente ahondó la meditación sobre
los problemas políticos, pero a medida
que la situación se fue ordenando y
pacifcando, se hizo más evidente en
los textos la insistencia en la virtus del
gobernante como se ve en los grandes
poetas y prosistas augusteos.
No fue la de Cicerón una refexión
política y dolorida solo para su pre-
41 Cfr. 3. 28. 40, frag. 2: Debet enim constituta
sic esse civitas ut aeterna sit. Itaque nullus
interitus est rei publicae naturalis ut hominis,
in quo mors non modo necessaria est, verum
etiam optanda persaepe. Civitas autem cum
tollitur, deletur, extinguitur, simile est quo-
dam modo, ut parva magnis conferamuus,
ac si omnis hic mundus intereat et concidat
(“Una ciudad debe constituirse de manera
que resulte eterna. La muerte no es natu-
ral para una república, como lo es para un
hombre, para quien es necesaria y muchas
veces deseable. Cuando, sin embargo, se
suprime, se destruye o desaparece una
ciudad es, comparando lo pequeño con lo
grande, como si muriese y se derrumbase
todo este mundo”), y 3. 29. 41: Tamen de
posteris nostris et de illa inmortalitate rei
publicae sollicitor, quae poterat esse perpe-
tua si patriis viveretur institutis et moribus
(“Sin embargo me inquieto por nuestra
posteridad y por la inmortalidad de la repú-
blica, que podría ser perenne si viviere con
las instituciones y costumbres de nuestros
antepasados”).
43 Nº XVII / 2013 / ISSN 1514-3333 (impresa) / ISSN 1851-1724 (en línea), pp. 31-44
sente y su futuro inmediato, sino tam-
bién válida para uno tan globalmente
convulsionado como el nuestro que no
debería ignorar de ninguna manera
estas refexiones. ¶¶
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Recibido: 26-11-2012
Evaluado: 20-02-2013
Aceptado: 01-04-2013
45 Nº XVII / 2013 / ISSN 1514-3333 (impresa) / ISSN 1851-1724 (en línea), pp. 45-60
José y Aseneth: una
novela judía en un mundo
grecorromano
L
a ficción narrativa
surgida en el seno del
judaísmo entre los
siglos II a.C. - II d..C.
(Esther, Daniel –ambas
con sus respectivas adi-
ciones griegas, Judith,
Tobit, José y Aseneth–)
ha sido motivo de discusión en rela-
ción con su pertenencia o no al género
novelístico grecorromano. Comparte
con este último, rasgos signifcativos
comunes (Wills 2011: 142 ss.) y en
lo particular sus héroes adquieren un
nivel de ejemplaridad que los instaura
como modelo para las generaciones
posteriores. Ese elemento hagiográ-
fco o aretalógico es el que prepara
el camino para la ficción narrativa
cristiana (Pervo 2002: 686) Las obras
mencionadas –salvo José y Aseneth–
La novela José y Aseneth:
el pasaje de la idolatría
al monoteísmo
Diana L. Frenkel [Universidad de Buenos Aires]
[dfrenkel17@yahoo.com.ar]
Resumen: Nos proponemos analizar el
personaje de Aseneth, protagonista de la
novela judeohelenística José y Aseneth en
función de su decisión de abandonar su vida
anterior para adoptar la creencia monoteísta. A
partir de ella reflexionaremos sobre identidad
y el fenómeno del prosélito, su ‘aceptación’
dentro de la comunidad judía y fuera de ella,
por lo cual nos valdremos de algunas de las
fuentes históricas y literarias que atestiguan la
existencia del prosélito y su inserción en una
sociedad en una época de transición entre el
mundo pagano y el cristiano.
Palabras clave: Aseneth - novela - Biblia -
judaísmo - prosélito.
The novel José and Aseneth: the passage
of the idolatry to the monotheism
Abstract: The paper analyzes the character
of Aseneth, main character of the Hellenistic
Jewish novel Joseph and Aseneth according to
his decision of leaving his former life to adopt
the monotheistic belief. From this point we will
meditate on identity and the phenomenon of
the proselyte, its ‘acceptance’ inside the Jewish
community and outside it, so we will use some
of the historical and literary sources that testify
the existence of proselyte and its insertion into
a society in a time of transition between the
pagan and the Christian world.
Key words: Aseneth - novel - Bible - Judaism
- proselyte.
Diana L. Frenkel / La novela José y Aseneth: el pasaje de la idolatría al monoteísmo 46
se encuentran en el texto bíblico por
lo cual el hecho de su inclusión en
un género fccional ha dado lugar a
una serie de interrogantes y cuestio-
namientos que continúan hasta el día
de hoy. El egiptólogo A. C. Hermann
(1953-1954: 51-62) postula la existen-
cia de una Egyptian Royal Novella o
Königsnovelle como antecedente de los
relatos existentes en Daniel y Esther
1..

Kilpatrick (1970: 234) defne a los
libros de Ruth, Esther, Tobit y Judith
como ‘religious romances’. Salvo Judith,
ellos incluyen el motivo del matrimo-
nio y los personajes femeninos jue-
gan el papel principal, a excepción
de Tobit). En todos es importante la
relación con el mundo pagano y el
tema del exilio forma parte de alguno
de ellos. Grotanelli (1984: 9) afrma
que tanto la novela griega como la
romana no son un producto enraizado
en el período helenístico sino que sus
orígenes se encuentran en el mundo
oriental y ejemplifca con José y Ase-
neth. Wills (2011: 142-143) propone
una clasifcación de las novelas judías
en un contexto grecorromano en un
intento taxonómico de un género
cuyos límites no siempre son claros
2
.
1 Este género se caracteriza por describir un
rey dueño de todo el poder, los confictos,
envidias y rivalidades existentes entre los
integrantes de la corte real, los sueños o
revelaciones del soberano y el problema
de sus interpretaciones, la llegada de un
extranjero a la corte que aporta la solución
al enigma, etc.
2 Wills distingue: 1. novelas propiamente
dichas cuyo personaje central es una fgura
no prominente del texto bíblico e incluye a
mujeres (Esther, Daniel, Tobit, José y Ase-
neth); 2. novelas de héroes nacionales (frag-
Docherty (2004: 27 ss.) propone el
término ‘rewritten Bible’ para designar
a textos que a partir del relato bíblico
amplían temas breves u oscuros del
original
3
. ¶
José y Aseneth
L
a novela José y Aseneth
4
es una
obra escrita en lengua griega, de
autor anónimo, que a pesar de
haber sido olvidada por los estudio-
sos del mundo clásico, logró popula-
ridad durante varios siglos. Se trans-
mitió a través de cuatro familias de
manuscritos griegos y fue traducida
al eslavo, siríaco, armenio, rumano,
latín (dos versiones), inglés, copto y
armenio (West 1970). Su tema pro-
mentos de la obra de Artápano sobre Abra-
ham, Moisés; entre los no judíos el Libro de
Ahikar, la Novela de Alejandro, Nino, etc);
3. novelas de carácter histórico, con perso-
najes de un pasado histórico más reciente
(II Macabeos, la familia real de Adiabene
–en Josefo, AJ 124. 154-236; 20. 2. 17-96–).
Nótese el difuso límite entre 2. y 3.
3 “A narrative that follows Scripture but
includes a substantial a mount of supple-
ments and interpretative developments”
(opinión de Vermes citada por Docherty
2004: 28)
4 Este título no se encuentra en nin-
gún manuscrito sino que fue adoptado
siguiendo el modelo de las novelas grie-
gas, llamadas con el nombre de sus dos
protagonistas. West (1974: 70) señala los
dos títulos bajo los cuales se transmitió
el texto: Π¡άçεt, :oῦ ¬o¸xά.oi Ἰωoὴç
xoὶ :ῆ, ¸ivotxὸ, oὐ:oῦ Ἀoεvὲ0 0i¸o:¡ὸ,
Πεv:εç¡ῆ ἱε¡έω, Ἡ.toi¬ό.εω, es uno
y el otro Βίo, xoὶ ἐçojo.ό¸qot, Ἀoεvὲ0
0i¸o:¡ὸ, Πεv:εç¡ῆ ἱε¡έω, Ἡ.toi¬ό.εω,
xoὶ ¬ῶ, ἔ.opεv oὐ:ὴv ὁ ¬ά¸xo.o, Ἰωoὴç
εἰ, ¸ivoῖxo.
47 Nº XVII / 2013 / ISSN 1514-3333 (impresa) / ISSN 1851-1724 (en línea), pp. 45-60
viene de Génesis 41. 45, versículo que
narra la entrega a José de Aseneth,
hija del sacerdote Poti Fera, de On,
como mujer, por parte del Faraón.
5
El
texto abarca 29 capítulos; del 1 al 21 se
cuenta la historia del encuentro entre
los jóvenes, el proceso de conversión
de Aseneth, su purifcación y poste-
rior boda. Predomina el tema amoroso
y místico. Del capítulo 22 al fnal la
narración se asemeja a un relato épico
de traiciones y emboscadas al descri-
bir los inútiles esfuerzos del hijo del
Faraón, en combinación con algunos
hermanos de José para apoderarse de
Aseneth, su antigua prometida.
La crítica concuerda en señalar
como lugar y fecha de composición
al Egipto romano anterior a la época
de Trajano, emperador que sofocó
cruelmente la rebelión de la comuni-
dad judía (115-117 d.C). Fuera de ello
hay numerosos puntos de discusión:
la intención del autor, el género de la
obra, su problemática y los lectores a
quienes está dirigida. Durante largo
tiempo se consideró que José y Ase-
neth era una obra de un autor cristiano,
opinión formulada por Batiffol, el
primer editor del texto griego. Actual-
mente se la considera un escrito de
un autor judío conocedor de la Sep-
tuaginta. Los rasgos lingüísticos de la
obra que también se encuentran en el
Nuevo Testamento pueden explicarse
en función de una época de composi-
ción contemporánea de la incipiente
literatura cristiana. ¶
5 Mediante esta boda, José ingresa a la capa
superior de la nobleza egipcia.
La novela
E
l relato comienza con la expre-
sión lingüística habitual de
la narrativa bíblica 1yέv.+o.
La mención del espacio y el detalle
minucioso del tiempo otorga al relato
un rasgo de verosimilitud. José, per-
sonaje de confanza del Faraón, en
su gira por Egipto, llega a Heliópo-
lis
6
, cuyo sacerdote Pentefrés
7
tam-
bién cumple una función política, es
gobernador oo+çά¤q, del Faraón, y
jefe de todos los demás funcionarios
reales, un hombre rico, prudente y
6 Ciudad situada a seis millas de El Cairo fue
la capital del XIII nomo del bajo Egipto. Era
el centro del culto al sol. Es mencionada
varias veces en el A. T. (Gn 41.50; 46. 20; Ez
30. 17. Según Flavio Josefo (B. J. 1. 31-33)
el sumo sacerdote Onías, quien debió
huir de Jerusalem a la llegada de Antíoco
IV (175-163 a.C.) fundó en esa ciudad un
templo semejante al de Judea. Las fuentes
talmúdicas (Yomá 39 y Menajot 109b) tam-
bién mencionan la existencia de un templo
de Onías, sin decir la ubicación geográfca
Para más datos cfr. Frenkel (1999).
7 El texto bíblico menciona al amo de José,
Potifar, eunuco del Faraón (Gn 39. 1), al
sacerdote de On, Poti Fera, padre de Ase-
neth (Gn 41.45; 50). Éste nombre pro-
viene del egipcio Pa-di-pa-re “el que ha
sido entregado por Re (dios del Sol). José
y Aseneth llama a éste último Pentefrés. La
confusión entre estos dos personajes data
de tiempos antiguos. En el Testamento de
José 12 aparece el nombre Pentefrés para
designar al bíblico Potifar; ocurre lo mismo
en Jubileos XL 10 e incluso un arqueólogo
prestigioso como Albright incurre en el
mismo error: “Potiphar is simly an adapta-
tion or corruption of Poti Phera, name of the
priest of Heliopolis” (1918: 127).
Diana L. Frenkel / La novela José y Aseneth: el pasaje de la idolatría al monoteísmo 48
mesurado
8
. Aseneth
9
su hija, es des-
cripta según el canon de las novelas
griegas: virgen
10
y poseedora de una
belleza extraordinaria; el rasgo dis-
tintivo es el de su semejanza con las
heroínas bíblicas. Esta mención es el
primer dato que revela el origen judío
de la novela y anticipa el futuro de la
joven
11
. Su habitación, atuendo y joyas
rebosan de elementos característicos
de un culto idólatra
12
, hecho que des-
taca la magnitud e intensidad de su
conversión. El carácter de Aseneth se
describe al comienzo altanero y des-
deñoso: antes de conocerlo, rechaza
la boda con José por considerarla
denigrante y aspira a ser la esposa del
8 La descripción de Pentefrés recuerda la de
Licomedes (Jenofonte de Éfeso 1. 1. 1) y la
de Caritón de Afrodisia (6. 7. 10).
9 Nombre de origen egipcio. Signifca “la que
pertenece a Neith”, diosa de la ciudad de
Sais, en la zona este del Delta. Su culto se
remonta al período predinástico. Divinidad
de la caza, guerra y el tejido, es una fuerza
creadora, que dio nacimiento al mundo y
a los primeros dioses. Philonenko (1968:
64) la considera bisexual, manifestán-
dose su androginia en los epítetos que ella
recibe “Padre de los padres y madre de las
madres…”. Lesko (1999: 62) no acepta su
carácter andrógino.
10 Aseneth vive aislada en una torre, aten-
dida por siete doncellas, también vírgenes
(2. 1-11). Con respecto a la simbología de
la torre cfr. P. Riessler (1922) “Joseph und
Aseneth. Eine altjüdische Erzälung”, Teo-
logische Quartalschrif” 103, pp. 1-22; 145-
183 (citado por Piñero 1982: 201)
11 Cfr. Rt 4. 11: Los ancianos desean que el
futuro de la joven moabita sea como el
de Raquel y Lea “que edifcaron la casa de
Israel”.
12 Cfr. 2.4-5; 3. 10.
primogénito del Faraón (4. 12)
13
. La
visión de José, desde la ventana de la
torre en la que pasa sus días Aseneth,
provoca el notable cambio en los sen-
timientos de la joven (6. 1 ss.) la cual
arrepentida por sus palabras previas,
reconoce su ignorancia
14
. La angustia
de Aseneth crece aún más al ser recha-
zada por José, quien advierte su pesar
y ruega a Dios por ella. Por medio del
discurso del joven se da a conocer su
carácter piadoso y temeroso de Dios
15
.
El relato crea un ambiente semejante
al de una liturgia de admisión de pro-
sélitos, un típico rito de iniciación.
La triple fórmula de la plegaria Koὶ
ἀvoioίvioov […] ioὶ ἀvά¤\ooov
[…] ioὶ ἀvo(oo¤oίqoov […] así lo
demuestra
16
. Otro rasgo piadoso del
hijo de Jacob es el hecho de comer
en una mesa aparte para no ingerir
alimentos impuros (7. 1)
17
El ritmo
narrativo se concentra en la descrip-
ción minuciosa del arrepentimiento
13 Según su palabras, José es un varón prisio-
nero, extranjero, fugitivo y vendido como
esclavo, hijo de un pastor de Canaán.
14 Cfr. 6. 6: “No sabía que José es hijo de Dios”.
15 José se perfla como el modelo de todas las
virtudes, no sólo lo en esta obra sino en
los Testamentos de los Doce Patriarcas. Cfr.
Piñero (1987: 17).
16 Cfr. Philonenko (1965: 151). El autor
señala que la fórmula ternaria “pan-copa-
ungüento” se corresponde con la otra fór-
mula ternaria “renuévala-vuelve a mode-
larla-vuelve a vivifcarla”.
17 La misma conducta sigue Daniel en la corte
del rey Nabucodonosor (Dn 1. 8). En 2 y
4 Macabeos la negativa de ingerir carne de
cerdo desencadena los hechos de martirio
del anciano Eleazar y la madre con sus siete
hijos.
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de la joven, purifcación y transfor-
mación en una doncella apta para
ser la esposa de José. Nueve capítulos
de los veintinueve
18
describen el pro-
ceso de evolución exterior e interior
del personaje que cambia de manera
radical y como resultado de la trans-
formación, el mayor deseo para quien
antes despreciaba al hijo de Jacob
dando muestras de soberbia y desdén,
es el de llegar a ser su esclava, lavarle
los pies y servirlo durante el resto de
su vida (13. 12). Para ello se requiere
la intervención de otro personaje que
no es José, que ha proseguido viaje.
Aparece un ser semejante a éste en el
aspecto exterior (14. 8) quien se pre-
senta a sí mismo como “comandante
de la morada del Señor y general en
jefe de todo el ejército del Altísimo”
(14. 7)
19.
El autor introduce un rasgo
18 El capítulo 9 describe la reacción de la joven
a la plegaria de José (mezcla de alegría, tris-
teza y miedo (ibid. 1); su llanto posterior,
el apartamiento de los dioses paganos (ibid.
2) y la partida de José con la promesa de
retornar al octavo día (ibid. 5). La peniten-
cia de Aseneth ocupa el capítulo 10: ella
se despoja de sus joyas vestiduras y viste
una túnica de duelo, destroza las estatuas
de los ídolos y destina su regio alimento a
los perros. Durante siete días permanece
postrada, sin probar bocado. Al octavo día
pronuncia una plegaria de arrepentimiento
que se extiende a lo largo de los capítulos 12
y 13. Los capítulos 14-17 constituyen el clí-
max de su arrepentimiento: la aparición de
un hombre celestial –el arcángel Miguel–
quien continúa el rito de iniciación llevado
a cabo por José.
19 Tales jerarquías confrman que se trata
del arcángel Miguel (cfr. El testamento de
Abraham A 7; Apocalipsis de Esdras 4. 24;
2 Henoch 33. 10), aunque en el relato no se
menciona su nombre. El autor lo nombra
místico en la novela mediante esta
aparición celestial, a fn de disipar
cualquier duda respecto a la sinceri-
dad del arrepentimiento de la joven y
su conversión a una nueva vida. En el
discurso de este personaje se destacan
tres momentos: la orden a la joven de
despojarse del velo
20
, el cambio de su
nombre, característica de los héroes
bíblicos futuros paradigmas naciona-
les, como el caso de de Abraham (Gn
17. 5), su esposa Sara (Gn 17. 15) y su
nieto Jacob (Gn 32. 39); y la importan-
cia del arrepentimiento µ.+άvoio
21

en el caso de Aseneth (15. 7-9)
22
. La
purifcación se sella con la ingestión
de miel de un panal aparecido mila-
grosamente; del mismo modo apa-
como un ser que ha venido desde el cielo
ἄv0ço¤o, ἐL oὐçovoῦ (14. 4).
20 El hecho de despojarse del velo indicaba
que la novia ya había llegado a la cámara
nupcial; por lo tanto ya podía casarse con
José (cfr. Piñero 1982: 224). Este rasgo de
androginia fue interpretado por algunos
críticos como una alusión a las característi-
cas atribuidas a la diosa Neith (cfr. nota 9).
21 Traducimos µ.+άvoio por arrepentimiento
y no conversión como lo hace Piñero en
su versión al español. Consideramos que
Aseneth experimenta un proceso en el que
se arrepiente de su modo de vida anterior y
lo expresa mediante los siete días de ayuno
y penitencia. Por otra parte, como lo ha
señalado la crítica, la novela no describe
ninguna costumbre relacionada con la con-
versión habitual, sino más bien un rito de
iniciación mediante un panal de miel (cfr.
nota 25).
22 Aptowizer (1924: 304) considera que Ase-
neth en una baalat teshubá, una prosélita
cuya conversión ha sido acompañada por
una profunda emoción y un proceso de
purifcación al término del cual ha adop-
tado un nuevo estilo de vida.
Diana L. Frenkel / La novela José y Aseneth: el pasaje de la idolatría al monoteísmo 50
recieron las abejas que surgieron de
éste
23
. Este fenómeno es otro rasgo
típico de un rito iniciático: el enviado
de Dios invita a la joven tres veces
(15. 2; 3; 5) a tomar coraje mediante el
imperativo 0άço.i, verbo utilizado en
tales situaciones para armar de coraje
al futuro iniciado a punto de abando-
nar costumbres anteriores e incorpo-
rar nuevas responsabilidades, previo
pasaje a través de un rito mistérico
24
.
Se interpreta
25
que el alimento inge-
rido por el ser celestial y Aseneth se
trata de maná, alimento enviado por
Dios al pueblo en su salida de Egipto
y cuyo sabor semejaba al de una torta
de miel
26
. El episodio en cuestión,
seguido de la muerte y resurrección
de las abejas ha sido explicado como
23 La miel era “blanca como nieve” y tenía
“un aroma de vida” (16. 4). Se alimentaron
con ella el ser celestial y Aseneth. Las abe-
jas que salieron del panal se posaron sobre
el cuerpo de la joven, cayeron a tierra y
murieron, para fnalmente resucitar y volar
hacia el patio.
24 Cfr. el artículo de Joly (1955: 167) en el
cual considera que el empleo de 0oçç.ῖv
revela un origen en los cultos eleusinos.
25 Cfr. Philonenko (1965: 152-3)
26 Cfr. Ex 16. 30: Philonenko (ibid.) recuerda
que la expresión en hebreo lehem abi-
rim “pan de los fuertes” del Salmo 78. 25
se traduce en la Septuaginta como ἄç+o,
ἀyyέ\ov “pan de ángeles”. En Sb 16. 20 tam-
bién se alude al maná mediante la expresión
ἀyyέ\ov +çoçή. Philonenko concluye:
“Là est la révélation initiatique, la mystérieuse
leçon de l´ ange: le pain de vie, c´est le pain
des anges”. Walter (2009: 85) piensa que se
trata de una combinación del maná con el
néctar y la ambrosía.
símbolo de vida e inmortalidad
27
.
Después de la ceremonia iniciá-
tica, Aseneth está preparada para su
matrimonio con José, es una “virgen
santa”, y él, por su parte es un “varón
piadoso, sensato, virgen, poderoso
en sabiduría y conocimiento, el espí-
ritu y la gracia de Dios están con él.
(4. 9). La primera parte termina con
la boda de los jóvenes celebrada por
el Faraón, el banquete nupcial
28
y el
nacimiento de Menasé y Efraím, los
hijos de la pareja (21. 6-8)
29
.
En la segunda parte (caps. 22-29)
después de los siete años de abundancia
el hambre asoló el país de Egipto. Los
personajes de José y Aseneth pierden
protagonismo frente a la importancia
que cobran el hijo del Faraón y los
hermanos de José. El hijo del Faraón
enamorado locamente de Aseneth,
maquina la muerte de José (23. 1-6). Se
dan a conocer los diferentes caracteres
de los hermanos de José: Dan y Gad
dispuestos a ayudar al hijo del Faraón
en cumplimiento de su funesto plan y
quienes defenden a José: Simón, Leví,
27 La edición de Philonenko en su comenta-
rio a 16. 15 señala que la imagen de abejas
que simbolizan la resurrección se encuentra
también en el Apocalipsis Apócrifo de Juan
11. Sin embargo Chesnutt (1992: 971)
no acepta esta interpretación. Cfr. también
la opinión de Fredrikson (2003: 68). En
Ben Sirá, en el discurso pronunciado por
la sabiduría, personifcada, se afrma que
su recuerdo es más dulce que la miel y su
posesión es más dulce que un panal de miel
(24. 20).
28 Dura siete días como lo observa la tradición
judía.
29 La novela sigue felmente el pasaje bíblico
de Gn 41. 50-52.
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Nafalí, Asher (23-25). Benjamín, el
hermano menor, en una escena ins-
pirada en el enfrentamiento de David
y Goliat, hiere mortalmente al hijo del
Faraón
30
. A la muerte éste, es José quien
recibe el trono. La última parte intro-
duce innovaciones en el relato bíblico:
la visita de José y su esposa a Jacob en
Canaán, el complot del hijo del Faraón
contra José y la asunción de éste como
rey de Egipto
31
. La escasa presencia de
la fgura de José se compensa con la de
su hermano Leví, descripto como “pro-
feta, piadoso y temeroso del Señor”
(22. 8), cualidades que se reiteran en
el curso de la acción (23.8; 10; 26. 7).
El don de poder leer palabras escritas
en el cielo
32
y revelárselas a Aseneth
secretamente (22. 9) hace de Leví una
fgura mística
33
. En la última parte los
elementos propios de acción e intriga
juegan un papel más importante que
en la primera, aunque ambas coinciden
30 Cfr. 1 R 17. 48-52. Benjamín era un joven
valiente y de hermoso aspecto (27. 2), tal
como lo era David (1 R 16. 12).
31 El dato acerca de José como autoridad
suprema de Egipto se encuentra en Sb 10.
14 y Josefo A.J. 2. 174.
32 Philonenko (1968: 2011) aclara que se
trata de tablillas celestiales en las que están
escritos sucesos del pasado y del futuro y
remite al Testamento de Levi 5. 4 y el Testa-
mento de Asher 2. 10; 7. 5.
33 Cfr. Kee (1983: 405). El énfasis sobre las
cualidades morales de los personajes es un
rasgo que se acentúa en la literatura posbí-
blica, sobre todo en los Testamentos de los
Doce Patriarcas. El relato histórico del texto
bíblico deviene un ejemplo moral. El caso
mas notable es el de José, alabado por su
castidad frente a los avances de la mujer de
Potifar. Cfr. nota 15.
en determinados rasgos que confor-
man el sello característico de la obra: el
amor a primera vista de Aseneth tiene
su correspondencia en el del hijo de
Faraón; el personaje celestial com-
parte cualidades con Leví y a su vez
éste con el de José en la primera parte.
Todos los hechos tienen lugar dentro
de un marco ético presente no sólo en
los relatos bíblicos sino también en
el género novelístico: los buenos son
recompensados y los malos castigados
(West 1970: 75). ¶
Aseneth y su inserción
en el mundo hebreo
L
a fgura de Aseneth es un perso-
naje que a pesar de haber sido
mencionado sólo dos veces en el
relato bíblico (Gn 41. 45; 50) ha pro-
vocado una serie de discusiones por
el hecho de que José, el hijo preferido
de Jacob, no contrajo matrimonio con
una israelita, sino con la hija de un
sacerdote egipcio, adorador de ídolos.
Lo mismo ocurrió con Judá quien se
casó con la hija de un cananeo (Gn 38.
2) y Moisés con la midianita Tzipora
(Ex 2. 1). En dichos matrimonios, la
mujer extranjera fue incorporada a la
comunidad hebrea. Sin embargo, estas
uniones han generado difcultades en
la exégesis rabínica
34
al sacar a la luz
temas fundamentales y complejos
34 Reproducimos el comentario de Sarna
(1989: 265) a Gn. 38. 2: “Conscious of the later
prohibition on intermarriage with canaanites
(De. VII 1-3), Jewish commentators have gen-
erally understood Hebrew Kena´ani here in
the sense of ‘merchant’ […]”.
Diana L. Frenkel / La novela José y Aseneth: el pasaje de la idolatría al monoteísmo 52
como lo son la presencia del extran-
jero ger, zar, ben nekar, nokrí y su rela-
ción con el pueblo judío (Harrison
1988: 1). La Biblia hebrea presenta
al extranjero en distintas situacio-
nes en las que se manifesta el juego
de aceptación-rechazo por parte del
pueblo hebreo (Rauber 1970: 31).
Es “el otro” que viene a irrumpir en
una identidad étnica consolidada o
en proceso de serlo, pero con una adi-
ción signifcativa: algunos personajes
patriarcales que han sido consagra-
dos como fguras ejemplares inclu-
yen dentro de sí un rasgo de alteridad
que los vuelve vulnerables y sensibles
frente al padecimiento del otro y por
lo tanto obligan a refexionar una y
otra vez acerca de esa situación. Abra-
ham en el diálogo con los hijos de Het
se considera un extranjero (Gn 23.
4) (partió de su tierra natal, Jarán a
la tierra de Canaán); Dios le anticipa
que su estirpe será extranjera en una
tierra que no le es propia (Gn 15. 13)
(en alusión a la esclavitud de Egipto).
El hijo de Moisés es llamado Gersón
por considerarse extranjero ger en
una tierra extraña (Ex 2. 22) La expe-
riencia nacida a partir de los sufri-
mientos vividos en Egipto constituye
el argumento esencial para respetar al
extranjero que reside junto al pueblo
judío, el uno y el otro han padecido
alejados de su tierra natal, compar-
tieron dolores, por ello se lo incluye
entre los que deben cuidar el sábado
(Ex 22. 10), y su maltrato está prohi-
bido puesto que el pueblo hebreo tam-
bién ha sido extranjero en Egipto (Ex
22. 20)
35
. Al mismo tiempo está des-
pojado de ciertas prerrogativas polí-
ticas (Dt 17. 15), económicas (Dt 15.
3) y referidas al culto (Ex 12. 43); no
obstante el extranjero puede orar en el
Templo de Jerusalem (1 R 8. 41). Los
libros proféticos dirigen sus críticas a
naciones extranjeras (Egipto; Edom,
Siria; Babilonia, Tiro, Sidón) advir-
tiéndoles una pronta destrucción (Jr
46; 49; 50; Ez 28-30) pero también
vislumbran la posibilidad de incorpo-
rarlos al pueblo hebreo (Is 56. 3-8; 66.
18-21). El contacto con el amonita y
moabita debe ser evitado por el mal-
trato que éste infigió a quienes salían
de Egipto tras experimentar siglos de
servidumbre (Dt 23. 4-5); la misma
prohibición existe con respecto a los
pueblos habitantes del territorio de
Canaán (Dt 7. 1-6). Sin embargo, el
Libro de Ruth presenta el caso de la
moabita homónima, bisabuela del
rey David (Rt 4. 18-22). La obra en
cuestión relata el destino de Elime-
lech quien con su mujer Noemí y sus
dos hijos emigraron a Moab debido al
hambre que asolaba la ciudad de Bet-
lehem
36
. Ambos jóvenes se casaron
con mujeres moabitas y al morir éstos
y quedar viuda Noemí, ella retorna
a su tierra natal acompañada de su
35 Se ubica al extranjero en el mismo nivel que
la viuda y el huérfano. La misma idea ocu-
rre en la literatura profética: Jr 7. 6; 22. 3; Ez
22. 7 y 29, etc.
36 El motivo del hambre es causa de migracio-
nes, así lo refejan varios relatos bíblicos: el
descenso de Abraham a Egipto (Gn 12. 10);
los hermanos de José (Gn 42. 1-2). En José y
Aseneth dicho motivo recorre todo el relato
(4. 8; 22. 1. 1-2; 25. 6).
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nuera Ruth, quien se negó a abando-
narla
37
. En Betlehem Ruth contrajo
matrimonio con Boaz, pariente de
Noemí
38
, y del hijo de ambos des-
ciende la dinastía davídica
39
. ¶
El prosélito
E
l término ‘prosélito’ ¤çooή\u+o,
es usado en la Septuaginta como
sinónimo de extranjero resi-
dente (traduce el original hebreo ger,
extranjero residente en el país; Ex 20.
10; 22. 21; 23. 9; Dt 4. 14; 16. 11), ello
ocurre setenta y siete veces y general-
37 Cfr. la respuesta de Ruth a Noemí (Rt 1.16).
Ciertos comentaristas interpretan este
versículo como una señal de conversión.
“Does all this mean that Ruth, a Moabitess,
is now technically a convert to Judaism?” cfr.
Campbell (1977: 80).
38 Siquans (2009: 445) menciona las opi-
niones de F. Fischer y Y. Zakovitch que
ubican la composición del Libro de Ruth a
mediados del siglo V a.C. como respuesta
a Dt 7. 1-6; 23. 4; Esd 9-10 y Ne 13. 23-30:
“Tese marriages are exactly the kind of rela-
tionship that is strictly forbidden by Ezra and
Nehemiah”.
39 “[…] the Jews of antiquity held a wide range
of opinions about the degree to which the
proselyte became just like the native born”
(Cohen 1989: 14). El autor describe siete
maneras por las que un gentil podía mani-
festar su aprecio o respeto por el judaísmo:
1. admirar algunos aspectos de la tradi-
ción judía; 2. reconocer el poder de Dios o
incorporarlo al panteón pagano; 3. benef-
ciar a los judíos o mostrarse amistoso con
ellos; 4. practicar algún ritual del judaísmo;
5. venerar a Dios y renegar de las divinida-
des paganas; 6. integrarse a la comunidad
judía sin efectuar una conversión formal; 7.
haber hecho una conversión formal y prac-
ticar todos los preceptos.
mente el contexto sugiere un sentido
religioso (Stuehrenberg 1992: 503)
emanado de la aplicación del código
legislativo, por ejemplo, cuando el
extranjero debe ser juzgado del mismo
modo que un nativo (Lv 24. 22 y 25.
35). En otros pasajes se utilizan los
términos ¤άçoiio, (Ex 12. 45; 18.3),
ἀ\\ό+çio, (1 R 8. 41), ἀ\\oy.vή, (Is
56. 3 y 61. 5). En épocas posteriores
“prosélito” adquiere la signifcación
de “convertido al judaísmo”.
Filón, probablemente contempo-
ráneo del autor de José y Aseneth, uti-
liza los términos ἐ¤q\ύ+q,, ἔ¤q\u,,
ἐ¤ή\u+o, con mayor frecuencia que
¤çooή\u+o, para referirse a los que
adoptaron el judaísmo. El filósofo,
poseedor de una visión universalista
(Alesso 2007: 14) afrma que quienes
se convierten al judaísmo deben ser
amados por los demás como iguales
por el hecho de haber abandonado su
patria, costumbres, templos (De virtu-
tibus 103). Ejemplifca con la fgura de
Abraham, un caldeo, hijo de un astró-
logo quien dejó atrás su tierra natal,
su casa paterna y sus antiguas creen-
cias por la fe en un único Dios (Virt.
212-214) y lo considera un modelo
de nobleza para todos los conversos
(Virt. 219). Acerca de la defnición de
‘prosélito’ discusiones y defniciones
se han sucedido hasta hoy en día, al
resultar difícil determinar con exac-
titud cuál es el alcance específco de
dicho término
40
. Esta complejidad en
el establecimiento de límites precisos
en la defnición del grado de compro-
40 Libro comentado por Cohen (1996).
Diana L. Frenkel / La novela José y Aseneth: el pasaje de la idolatría al monoteísmo 54
miso con respecto al judaísmo ha dado
lugar a una revisión sobre el llamado
“proselitismo judío”, fenómeno atesti-
guado en diversas fuentes del Nuevo
Testamento y en autores grecorroma-
nos (McKnight 1991). Según los his-
toriadores E. Will y C. Orrieux
41
, el
Evangelio de Mateo 22. 15 sería la única
fuente que menciona expresamente
una actividad misionera por parte del
pueblo judío. Los demás testimonios
(que citaremos en párrafos siguien-
tes) presentan tal grado de ambigüe-
dad, según los autores mencionados,
que impedirían afrmar la existencia
de una conducta misionera por parte
de los judíos a partir del siglo I a.C. El
Nuevo Testamento no sólo menciona a
prosélitos (Hch 2. 11 y 6. 5), también
se refere a los o.µόµ.voi +ὸv 0.όv o
çoµoύµ.voi +ὸv 0.όv “los temerosos
de Dios,” (Hch 10. 1; 13. 16; 16. 14;
18. 7) términos aplicados a personas
atraídas por la religión judía que par-
ticipaban del ritual en las sinagogas,
sin haber llevado a cabo una conver-
sión formal
42
, a diferencia del prosélito
quien se habría comprometido a cum-
plir con los preceptos de la legislación
mosaica. Sin embargo, la distinción
entre estos grupos no parece ser tan
clara (Albright & Mann 1967: 126;
Stern (1976: 104).Flavio Josefo suele
evitar el término ‘prosélito’ en relación
a los conversos (Stuehrenberg 1992:
503) salvo en el caso de Fulvia, una
mujer romana atraída por el judaísmo
41 Tal es el caso de Hch 10. 1: el centurión
Cornelio no es un prosélito.
42 Provincia de la Mesopotamia, cuya capital
era Arbela, actualmente la iraquí Arbil.
(AJ 18.82), engañada por unos judíos
impostores quienes se apropiaron
de su donación al Templo en benef-
cio propio. Este hecho, según Josefo
originó la expulsión de los judíos de
Roma por Tiberio (AJ 18. 83-84).
Menciona a los o.µόµ.voi +ὸv 0.όv
cuando describe la enorme riqueza del
Templo de Jerusalén originada en las
donaciones de los judíos y de los que
reverencian a Dios (AJ 14. 110). El his-
toriador presenta un interesante relato
sobre la conversión de Helena, reina de
Adiabene
43
y su hijo Izates (AJ 20. 17).
En los pasajes en cuestión tampoco se
vale del término ‘prosélito’ sino de la
expresión µ.+oµά\\.iv .ἰ, ἔ0q “adap-
tar las costumbres”. La reina ya se había
convertido al judaísmo cuando su hijo
conoció a un comerciante judío Ana-
nías quien había enseñado a mujeres
de la corte a “reverenciar a Dios”. Iza-
tes adoptó la fe judía sin circuncidarse
43 Cfr. Nolland (1981: 173 ss.). El autor
comenta el artículo de Neil J. McEleney
en el que se afrma que durante el período
helenístico existía una apertura en la comu-
nidad judía que permitía aceptar a un con-
verso que respetara las leyes mosaicas aún
sin estar circuncidado. Se basa en pasajes de
Filón, Epicteto y en textos rabínicos, obras
que según Nolland ofrecen una interpre-
tación ambigua. Analiza el relato de la con-
versión de Izates en el texto de Flavio Josefo.
Destaca que la posición de Ananías es dis-
cutible, por tratarse de un comerciante y no
un conocedor exacto de las leyes ancestra-
les como Eleazar. Además, Izates, a pesar de
ser un monarca, se consideraba estar en un
rango inferior al de un prosélito en su situa-
ción (pág. 194). Concluye Nolland que
no existe evidencia de la existencia de una
apertura judaica anterior al siglo I a.C. en el
hecho de aceptar un converso sin haberse
circuncidado.
55 Nº XVII / 2013 / ISSN 1514-3333 (impresa) / ISSN 1851-1724 (en línea), pp. 45-60
por temor a la opinión de sus súbditos,
decisión avalada por su madre y Ana-
nías (AJ 20. 41-42). Pero otro judío,
Eleazar, lo exhortó a cumplir el ritual
para no cometer impiedad (AJ 20.
43-44). Este pasaje señala dos puntos
de vista sobre la admisión del prosélito
al seno del pueblo judío, que refejan
diferentes opiniones por parte de los
sabios (siglos I a.C. - II d.C): para unos
la circuncisión era un requisito funda-
mental para formar parte del judaísmo,
según otros no era un rito esencial para
incorporarse al seno del pueblo judío.
Hasta hoy en día no se ha arribado a
una conclusión unánime sobre lo que
se habría exigido a un futuro prosélito
para ser llamado como tal
44
. ¶
Prosélitos en Roma
D
iversos pasajes de autores lati-
nos demuestran de manera
contundente la presencia de
prosélitos en Roma, y las consecuen-
cias que derivaron de ello. Valerio
Máximo (siglo I d.C.) en dos pasa-
jes de Facta et Dicta Memorabilia se
refere a la expulsión de judíos que
llevaban a cabo una actividad misio-
nera en Roma (139 a.C.) Se trata
del primer suceso de la historia de
los judíos de Italia conocido hasta
ahora
45
. En ambos pasajes se atri-
44 Stern (1976: 357) cree que Valerio Máximo
pudo haberse informado de este suceso por
Tito Livio.
45 El primer pasaje (1. 3. 3; Stern 147a) nom-
bra al pretor Cornelio Hispalo (Cn. Cor-
nelius Scipio Hispanus) como autor de la
expulsión no sólo de los judíos sino tam-
buye la expulsión al hecho de que los
judíos pensaban transmitir sus ritos
sagrados a los romanos
46
, conducta
que puede interpretarse como una
actividad misionera
47
. La Sátira XVI
(vv. 96-106) de Juvenal (siglo I d. C.)
ofrece otro testimonio acerca de este
punto y corroboran la existencia de
simpatizantes de la religión judía en
la sociedad romana: los vicios de los
padres infuyen en la conducta de
sus herederos, quienes avanzan un
grado más que sus progenitores
48
. Así
bién de los caldeos –famosos por sus cono-
cimientos de astrología–. El mismo Hispalo
(que había echado a los caldeos) expulsó a
los judíos porque se proponían transmitir
a los romanos sus ritos sagrados. Hispalo
echó sus altares privados de los lugares
públicos. El segundo pasaje (1. 3. 3; Stern
147b) amplía el primero, puesto que especi-
fca la fecha de la expulsión: durante el con-
sulado de Popilio Laenas y Calpurnio (139
a. C) y menciona un edicto que expulsaba a
los caldeos de Roma y de Italia y también a
los judíos. Este pasaje ofrece un testimonio
sobre la errónea identifcación por parte de
los paganos del Dios de Israel con Sabazio
(deidad frigia identifcada con Dioniso).
Cfr Stern (1976: 359).
46 Stern (1976: 359) menciona a determi-
nados historiadores (Schürer, Fried-
länder) que consideran a la delegación
enviada por Simón el Hasmoneo como un
acto de celo misionero; en cambio otros
(Gressmann; Janne, Nock) interpretan
que la actividad misionera se debió a los
judíos de Frigia.
47 Cfr. El comentario de Duff (1962: 420)
señala que el proselitismo judío era cono-
cido en Roma.
48 Tácito (5. 5. 4-5) también expresa que la
circuncisión fue instituida para que los
judíos pudieran reconocerse entre ellos
y quienes adoptan su fe, llevan a cabo la
misma práctica.
Diana L. Frenkel / La novela José y Aseneth: el pasaje de la idolatría al monoteísmo 56
los hijos de los metuentes ‘temerosos
de Dios’, se circuncidan
49
. Omitimos
otros testimonios histórico-literarios
que se encuentran en la obra de Stern
y que también prueban la existencia
de una corriente proselitista en Roma.
Otro tema sumamente debatido es
el de la aceptación de prosélitos por
parte de las autoridades judías des-
pués de la caída del Segundo Templo
de Jerusalem (70 d.C.) y que se refeja
en la literatura talmúdica. Ésta fue
compuesta a fn de aclarar y comentar
pasajes del texto bíblico que requerían
algún tipo de explicación complemen-
taria. No existe una única defnición
con respecto a quienes adoptaron el
judaísmo: por un lado se elogia a sabios
judíos conversos o descendientes de
ellos (Rabi Akiva; Onkelos; Smaya;
Abtalión, Rabi Meir), pero por el otro
un sabio palestinense comenta que
los prosélitos son tan molestos como
una costra
50
en la piel (bYeb. 109b). Un
sabio judío, converso, Rabi Abraham
Ha Guer, interpreta dicha afrmación
de un modo elogioso. Los conver-
sos, para integrarse al pueblo judío,
han debido estudiar en profundidad
los preceptos y son tan rigurosos en
cumplirlos, que resultan molestos a los
demás judíos que no alcanzan un grado
tal alto de cumplimiento. Estas opi-
niones fueron vertidas en la literatura
talmúdica, compuesta en los primeros
siglos de la edad cristiana (el Talmud
49 Cfr. Kant (1987: 686).
50 Saphahat en el original hebreo se refere a
una especie de lepra, que convierte a un ser
humano portador de la misma en impuro.
Para más información cfr. Lavee (2012).
babilónico fue clausurado en el 500
d.C.), cuando las autoridades judías
construyeron límites muy defnidos
a la población para evitar su disper-
sión y asimilación fuera del judaísmo.
José y Aseneth fue compuesto varios
siglos antes en Alejandría, lugar en el
que existía una numerosa población
judía. Filón afrmaba que los judíos
habitaban dos de los cinco barrios de
la ciudad y que había no menos de un
millón de judíos (In Flacc. 43)
51
. El
cumplimiento de los preceptos mosai-
cos era esencial para la continuidad de
la comunidad, pero desligados de un
sentido territorial
52
, fenómeno que
provocó la reducción del sentido reli-
gioso de la tierra y el hecho de con-
centrarse en la trascendencia de Dios.
La Carta de Aristeas a Filócrates com-
puesta en Alejandría a fnes del siglo
II a.C. expresa que es posible una vida
judía en la Diáspora si se observan los
preceptos del judaísmo
53
. Esta convi-
vencia con la sociedad greco-egipcia
acarreó determinadas consecuencias.
El contacto cotidiano con el mundo
no judío derivó en matrimonios con
gentiles
54
, uniones peligrosas para la
continuidad del pueblo judío, según
51 La cifra proporcionada por el flósofo no se
puede comprobar, pero da a entender que la
población en la ciudad era numerosa. (cfr.
Collins 1997: 137).
52 Cfr. nota 6.
53 Cfr. Frenkel (2005: 172).
54 Schwartz (2009: 247) interpreta que la
mezcla con gentiles derivó en un proseli-
tismo, “ya fuera por razones altruistas o
como reacción defensiva contra las acusa-
ciones de distanciamiento y misantropía”.
57 Nº XVII / 2013 / ISSN 1514-3333 (impresa) / ISSN 1851-1724 (en línea), pp. 45-60
la concepción ideológica subyacente
en los libros de Esdras y Nehemías
55
,
a los que se les opone el mensaje del
Libro de Ruth
56
. ¶
Reflexiones finales
J
osé y Aseneth fue compuesta
por un judío alejandrino cuya
comunidad proseguía con
el cumplimiento de los preceptos
mosaicos y a la vez experimentaba el
infujo de la cultura helenística. Esta
apertura a nuevas formas de expre-
sión y de pensamiento se refeja en la
obra que recreó a manera de novela
la unión de José con una idólatra. Lo
hizo introduciendo ciertos cánones de
la novelística grecorromana a la que
entretejió la problemática bíblica. Por
su parte, la tradición hebrea elaboró
las siguientes explicaciones (midras-
him en hebreo), sobre el mismo tema,
estudiadas por Aptowizer (1924): 1.
Aseneth, en verdad descendía de la
familia de Jacob (era hija de Dina, pro-
ducto de una violación); 2. ella fue la
salvadora de José; 3. se trataba de una
persona piadosa que decidió abando-
nar la idolatría por el monoteísmo.
La primera explicación halla eco en
la novela El Targum de Pseudo Jona-
55 Durante el exilio babilónico, algunos judíos
se habían casado con mujeres extranjeras,
motivo por el cual los jefes de la comunidad
Esdras y Nehemías ordenan la separación
de los matrimonios con extranjeras (Esd
9-10; Ne 13. 23-30). Cfr. nota 39.
56 Cfr. nota 39.
than
57
; en su paráfrasis de Gn 41. 45
comenta que Aseneth era la hija que
Dina, hija de Jacob dio a luz después
de haber sido violada por Siquem,
hijo de Jamor (Gn 34). La niña fue
criada por la esposa de Potifar. Una
explicación semejante ocurre en Pirké
de Rabí Eliezer cap. 38
58
. La versión
que hace de Aseneth la salvadora de
José está atestiguada en Yalkut Genesis
par. 146. La piedad de Aseneth es su
virtud más destacada y una persona
poseedora de dicha cualidad puede
alcanzar un estatus semejante o supe-
rior a cualquier integrante del pueblo
judío. Se trata una evidente defensa
del prosélito
59
. Gran parte de la crítica
comenta el propósito ‘misionero’ de
57 El Targum no es sólo una traducción del
Pentateuco, sino incluye también gran can-
tidad de explicaciones, paráfrasis y expan-
siones del texto bíblico. La fecha de com-
posición del Targum de Pseudo Jonatahan
es incierta, al igual que la de Pirké de Rabí
Eliezer, pero se cree que no puede ser ante-
rior al siglo VIII, si bien una parte esencial
de su contenido debía circular oralmente en
siglos anteriores.
58 Pérez Fernández, editor de la obra, en
el comentario ad hoc manifesta que la
leyenda no tiene base flológica en el texto
bíblico y su surgimiento se debe a motivos
teológicos a fn de disipar el escándalo del
matrimonio entre José y una extranjera por
un lado; por el otro para contrarrestar las
tendencias más abiertas de judíos alejan-
drinos y prosélitos que dieron origen a la
novela de José y Aseneth.
59 Cohen (1989: 21-22) considera que Ase-
neth es una prosélita del tipo 5 (cfr. nota 40)
que destruye sus ídolos y renuncia al poli-
teísmo, si bien el texto no menciona ningún
cumplimiento de preceptos. El autor añade
que numerosas leyendas sobre Abraham
relatan cómo el patriarca destruyó los ído-
Diana L. Frenkel / La novela José y Aseneth: el pasaje de la idolatría al monoteísmo 58
José y Aseneth (Philonenko 1968: 55
ss.; Cohen 1996: 432; Piñero 2006:
91; Walter 2009: 84); por nuestra
parte ignoramos si se trató de un texto
destinado a difundirse entre los genti-
les
60
o más bien fue conocido dentro
de los límites de la comunidad judía.
De haber ocurrido la segunda posi-
bilidad, que creemos más probable,
consideramos que el objetivo primor-
dial era demostrar no sólo la plena
incorporación del prosélito al pueblo
judío, sino, como afrmamos pre-
viamente, la posibilidad de alcanzar
dentro de ella un lugar privilegiado
y devenir en ejemplo paradigmático
para los demás, mediante un sincero
arrepentimiento de la vida y costum-
bres anteriores. El propósito del libro
es, según nuestra opinión, demostrar
cómo un pagano puede adoptar la tra-
dición monoteísta y crecer dentro de
ella con las mismas posibilidades que
las de los demás hijos de Israel
61
. La
imagen de una prosélita que se trans-
forma en una ‘Ciudad de refugio’ para
cobijar a numerosos pueblos recuerda
el mensaje profético de Isaías 45.
14 ss.; 46. 6-8 y Zacarías 2. 15 entre
otros, aunque no se trata de la ciudad
de Jerusalem, como aluden los profe-
tas, sino de una pagana que cambió
sus costumbres y pensamiento por
los de su padre y adoptó la fe en un dios
único, sin especifcar precepto alguno.
60 José y Aseneth no presenta ningún pasaje
apologético de la ley como lo hay en la
Carta de Aristeas (128-171).
61 De la unión de José y Aseneth nacieron dos
hijos: Efraím y Menasé ( Gn 46. 20) que
conformarán dos tribus de Israel.
medio del arrepentimiento y adquiere
un nivel de santidad cercano al de la
ciudad sagrada. Del mismo modo que
Abraham es, de acuerdo con la óptica
floniana, un ejemplo para todos los
conversos, la novela instaura a la
joven egipcia en el mismo nivel que el
patriarca (Philoneko 1968: 55), con-
solidando un espacio de legitimidad
que no siempre fue fácil de encontrar
para quien abandonaba su vida y cos-
tumbres previas en búsqueda de un
nuevo camino. ¶¶
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Recibido: 02-04-2013
Evaluado: 20-05-2013
Aceptado: 27-05-2013
61 Nº XVII / 2013 / ISSN 1514-3333 (impresa) / ISSN 1851-1724 (en línea), pp. 61-69
E
l presente artículo con-
sistirá en un comenta-
rio de la canción 11 de
la colección poética
anónima que conoce-
mos como Carmina
Anacreontea o Ana-
creónticas
1
. Específca-
mente, nos interesa la fgura de Eros
realizada en cera (+ço, iήçivo,)
mencionada en el primer verso, pues
nos permitiría ingresar en el mundo
de las prácticas mágicas en la Antigüe-
dad grecorromana. Las lecturas previas
que han buscado una interpretación de
nuestra canción considerando este tipo
de prácticas no han intentado preci-
sar el supuesto accionar de una fgura
tal, por lo que será nuestro objetivo
ofrecer una respuesta satisfactoria al
1 La numeración corresponde a la edición de
M. L. West (1993), de donde se ha tomado
el texto griego. Las traducciones al caste-
llano, tanto de los poemas anacreónticos
como de otros textos citados, son de mi
autoría.
A propósito de un Eros
de cera (+ço, iήçivo,):
Anacreóntica 11
Marina Larrosa [Universidad Nacional de Rosario - Conicet]
[marina.larrosa@gmail.com]
Resumen: El objetivo de este breve artículo es
definir las propiedades mágicas de la imagen
de Eros hecha de cera que nos presenta la
canción 11 del corpus anacreóntico. Dado que
el término ¤ov+oçέi+q, en particular (v. 11)
ha generado al menos dos explicaciones dife-
rentes, argumentaremos a favor del sentido de
‘todopoderoso’, considerando para ello algunos
casos similares de construcción de figuras
mágicas en otros textos, así como el contexto
de la propia poética anacreóntica.
Palabras clave: magia - Eros - poesía ana-
creóntica - coerción erótica - juramento.
Apropos of a wax efÞgy depicting Eros
(Ἔω ήνο): Carmen Anacreonteum 11
Abstract: Our aim is simply to define the magi-
cal qualities of a wax effigy depicting Eros as
presented in the eleventh song of the anacre-
ontic corpus. Since two different meanings are
given to the word ¤ov+oçέi+q, (v. 11), we will
argue that its sense here is ‘all-doing’, basing
ourselves on the construction of similar magical
figurines as described in other texts, as well as
on the context of the anacreontic poetics.
Key words: magic - Eros - anacreontic poetry -
erotic constraint - oath.
Marina Larrosa / A propósito de un Eros de cera (+ço, iήçivo,): Anacreóntica 11 62
respecto. En el camino que trazare-
mos nos detendremos en particular
en el vocablo ¤ov+oçέi+q, (v. 11),
el cual ha sido interpretado de forma
distinta a como lo haremos aquí. Final-
mente, contextualizaremos el motivo
de la magia empleado en esta canción
dentro de la poética anacreóntica en
su conjunto, la cual, como propondre-
mos, podría comprenderse en térmi-
nos de una ‘coerción erótica’.
En la Anacreóntica 11 se representa
un diálogo entre quien podríamos asu-
mir es la ‘persona’ del poeta y un ven-
dedor, caracterizado como un joven
que desea deshacerse de una fgura de
Eros hecha de cera.
+ço+o iήçivόv +i,
v.qvίq, ἐ¤ώ\.i·
ἐyὼ oέ oἱ ¤oçoo+ά,
’¤όoou 0έ\.i,’ ἔçqv ‘ooi
+ὸ +u_0ὲv ἐi¤çίoµoi;’
o o’ .ἶ¤. ooçiά(ov
’\άµ’ oὐ+ὸv ὁ¤¤όoou \qi,.
ὅ¤o, o’ ἂv ἐiµά0qi, ¤ov,
oὐi .ἰµὶ iqço+έ_vo,,
ἀ\\’ oὐ 0έ\o ouvoii.ῖv
+ço+i ¤ov+oçέi+oi.’
’oὸ, oᾂv, oὸ, oὐ+ὸv ἡµῖv
oço_µq,, io\ὸv oύv.uvov.’
+ço,, oὺ o’ .ὐ0έo, µ.
¤ύçooov· .ἰ oὲ µή, oύ
io+ὰ ç\oyὸ, +oiήoqi.
Un Eros de cera
un joven vendía.
Yo, parado junto a aquel,
le pregunté: “¿A cuánto quieres
que te compre el producto?”
Y en dialecto dórico dijo:
“Llévatelo por lo que te parezca.
Y para que sepas todo,
yo no hago artesanías de cera,
pero no deseo convivir
con un Eros todopoderoso”.
“Dámelo, pues; por un dracma
dame al bello concubino”.
Y tú, Eros, ya mismo
abrásame; si no lo haces, tú
bajo la llama te fundirás.  
P. Rosenmeyer (1992: 171) ha
establecido una posible relación
intertextual entre la Anacreóntica y
el famoso Idilio 2 de Teócrito. En este
último el relato de Simeta nos permite
asistir al ritual que ella misma va reali-
zando para ‘atar’ (io+ooήooµoi, v. 3,
v. 10, v. 159) a su innoble amante. Una
de las acciones que intervienen en el
ritual es la fundición de un muñeco
de cera expuesto al fuego (ὡ, +oῦ+ov
+ὸv iqçὸv ἐyὼ oὺv ooίµovi +άio,
v. 28). Es evidente, no obstante, que no
se trata de la misma práctica, pues en
el caso del poema teocriteo la fgura
de cera representa al amado de Simeta,
el cual (se espera) habrá de derretirse
por el calor del amor así como su equi-
valente de cera lo va haciendo literal-
mente por acción de la llama. En la
Anacreóntica, en cambio, el muñeco
representa a Eros y, de acuerdo con el
pedido que se realiza en los versos fna-
les, podemos decir que del objeto se
esperaría un comportamiento idéntico
al del dios. Resultará más adecuado,
por tanto, el cotejo con otros textos.
Primero, manteniéndonos dentro
de la esfera de la literatura, podemos
mencionar un opúsculo de Luciano de
Samósata, El amante de las mentiras,
en donde se relata la construcción de
una fgura que representa a Eros (14):
63 Nº XVII / 2013 / ISSN 1514-3333 (impresa) / ISSN 1851-1724 (en línea), pp. 61-69
+έ\o, o’ oᾂv ὁ Ὑ¤.çµόç.o, ἐi
¤q\oῦ ἐçώ+iόv +i ἀvo¤\άoo,,
A¤i0i, ἔçq, ioὶ ἄy. Xçuoίoo.
ioὶ ὁ µὲv ¤q\ὸ, ἐLέ¤+o+o, µ.+ὰ
µiiçὸv oὲ ἐ¤έo+q iό¤+ouoo +ὴv
0ύçov ἐi.ίvq ioὶ .ἰo.\0oῦoo
¤.çiµά\\.i +ὸv I\ouiίov ὡ,
ἂv ἐiµovέo+o+o ἐçῶoo ioὶ
ouvqv ἄ_çi oὴ ἀ\.i+çuόvov
ἠioύooµ.v ᾀoόv+ov.
Al fnal el Hiperbóreo, luego de
modelar un pequeño Eros a partir
de arcilla, dijo: “Vete y trae a Crí-
side”. Y el (muñeco) de arcilla salió
volando, y en poco tiempo aquella
apareció llamando a la puerta, y
tan pronto entró, abrazó a Glaucias
como si hubiera estado locamente
enamorada, y estuvieron juntos
hasta que oímos a los gallos cantar.
En comparación con el Eros de
nuestra Anacreóntica, no solamente
el material es diferente, sino que a la
fgurilla de Luciano se la ha animado
(ἐµµu_ίo) para que cumpliera con un
encargo amoroso, mientras que el Eros
de cera parece ser un objeto mágico en
sí mismo. De todos modos, el hecho de
que se trata de una fgura de Eros (a
diferencia del muñeco de cera de Teó-
crito, el cual representaba al amado de
Simeta) nos permite presuponer que
el objetivo del modelaje de este dios
habría sido, por lo general, la creación
de un mediador entre el enamorado y
el amado.
Recurriendo ahora a documentos
no literarios, son los denominados
papiros mágicos
2
los que nos ofrecen
2 Se citan con las siglas PGM (Papyri Graecae
Magicae), que corresponden a la edición en
más material acerca de este tipo de
fguras. En dos recetas (PGM 4. 1840 ss.
y 12. 15 ss.) se revelan los pasos nece-
sarios para construir fguras de Eros,
las cuales son consideradas en los dos
casos como un ‘asistente’ (¤άç.oço,).
En PGM 4. 1840 ss., la asistencia de
la fgurilla del dios, realizada aquí en
madera de morera, coincide con la
función descrita en el texto de Luciano,
esto es, que Eros se presente ante la per-
sona amada y conduzca a esta, ahora
enamorada, hacia el interesado. Otra
función del Eros ¤άç.oço, explici-
tada en esta misma receta y que revela
nuevamente el carácter del dios como
intermediario es la de enviar sueños
(ὀv.iço¤oµ¤.ῖv). En la receta PGM
12. 15 ss. se agrega a las funciones ya
referidas del Eros ¤άç.oço, (en este
caso, construido de cera tirrénica) la de
provocar insomnio (ἀyçu¤vίo) y la
expulsión de daimones malignos. Estas
habrían sido, por lo tanto, algunas de
las habilidades de este muñeco, quizás
las más requeridas. Pero destaquemos
que en la fórmula que, según se repro-
duce en esta misma receta, se debe pro-
nunciar para lograr que el Eros cumpla
con su tarea, más que la determina-
ción de una acción en particular se le
pide ante todo que se convierta en un
servidor y que responda siempre a lo
que se le pide (oioiόvqoόv µoi, ioὶ
ἀ¤άyy.i\ov ἀ.ί, ὅ+i ἄv ooi .i¤o,
PGM 12. 40-41). Es lógico pensar
que cualquiera sea el servicio que se
requiera de esta fgura, será mayor-
mente dentro de la esfera de lo eró-
dos volúmenes de Preisendanz (1928 y
1931).
Marina Larrosa / A propósito de un Eros de cera (+ço, iήçivo,): Anacreóntica 11 64
tico, pero en sí la fgura podría realizar
muchísimas tareas, pues su función es,
ante todo, cumplir con la voluntad de
su propietario
3
.
Podemos, entonces, suponer que
el modelaje de fguras (de arcilla, de
madera o de cera) que representaban
a Eros solía estar orientado a la confec-
ción de un asistente (¤άç.oço,) que
operase principalmente como inter-
mediario entre el amante y agente del
hechizo y el amado, por lo que tam-
bién esta habría sido la función de la
fgurilla en la Anacreóntica 11 (inde-
pendientemente del pedido fnal, el
cual analizaremos al fnal de este tra-
bajo). Es cierto que en el poema no se
describe la construcción de un Eros
¤άç.oço, sino la compra del mismo,
pero el funcionamiento del muñeco no
tendría por qué verse alterado. Es úni-
camente el escenario lo que cambia,
ya que lo mágico se transforma aquí
en una experiencia amena de la vida
urbana y social, en lugar de estar conf-
nado a la privacidad del ritual mágico-
erótico. Esta operación de banalización
acuerda perfectamente con el tono
ligero de toda la poesía anacreóntica.
La venta de la fgura de Eros se rea-
liza a partir de una llamativa excusa del
vendedor, quien asegura a su cliente
que él no ha realizado la artesanía y
que, por lo tanto, no lo pone a la venta
porque sea su propio producto, sino
porque es mucho más que un sim-
ple muñeco hecho de cera y no desea
3 Para una descripción de la fgura del
¤άç.oço, según su aparición en las dis-
tintas recetas mágicas ver Ciraolo (2001)
y Scibilia (2002).
convivir (ouvoii.ῖv) con un objeto
al que califca como ¤ov+oçέi+q,
(v. 11). Llegamos así a este vocablo,
sobre cuyo signifcado no hay con-
senso. En Liddell, Scott & Jones
(1940, s. v. ¤ov+oçέi+q,) se ofrecen
dos entradas; en primer lugar, en tanto
compuesto a partir del verbo ῥέ(.iv,
el término aparece como sinónimo de
¤ovoῦçyo,, que a su vez es defnido
como ‘preparado para realizar toda
clase de cosas’, aunque a juzgar por los
ejemplos que se ofrecen, dichas cosas
tendrían una connotación negativa
4
.
Como ejemplo de esta primera acep-
ción, se ofrece precisamente el v. 11
de nuestra Anacreóntica. La segunda
entrada corresponde a la defnición
de ‘que lo desea todo’ (all-desiring), en
cuyo caso el compuesto se forma con
el verbo ὀçέy.o0oi. Curiosamente,
quienes se han dedicado a estudiar el
corpus anacreóntico se inclinan en su
mayoría por este segundo signifcado,
pues sería “más lógico pensar que el
muchacho quiera desprenderse de un
dios veleidoso que de un dios omni-
potente” (Brioso Sánchez, 1981:
11, n. 5). Así también lo interpreta P.
Rosenmeyer (1992: 171), para quien
la Anacreóntica 11 podría estar remi-
tiendo a una típica escena de venta de
4 Cfr. Hesiquio 1009 ¤oççέi+q,: ¤άv+o
¤çά++ov ἐ¤ὶ ioiῶi, donde, por el con-
trario, la construcción con ἐ¤ί parece estar
indicando un accionar contra aquello per-
nicioso. Recordemos, a propósito de esta
defnición, que el Eros de la receta PGM 12.
15 ss. podía expulsar daimones malignos.
La entrada de Hesiquio correspondería a
una formación del compuesto con ¤ov- en
lugar de ¤ov+(o)- (cfr. ¤oççqoίo).
65 Nº XVII / 2013 / ISSN 1514-3333 (impresa) / ISSN 1851-1724 (en línea), pp. 61-69
esclavos, donde este Eros vendría a
cumplir el papel de un servidor con
‘apetitos ilimitados’. También para G.
Lambin (2002: 229) habría una insi-
nuación sexual, pero la adjudica a
una oposición entre ¤ov+oçέi+q, y
oύv.uvo, (v. 13); mientras la primera
palabra sería empleada por el vendedor
de manera despectiva (Lambin tra-
duce el término curiosamente como
vaurien, i. e. ‘bueno para nada’, ‘inútil’),
el comprador lo encuentra perfecto
como ‘compañero de alcoba’. El sen-
tido erótico se intensifca si se toma el
término oύv.uvo, como un eco del
adjetivo çί\.uvo,, aplicado a Ana-
creonte en la Anacreóntica 1.7. Final-
mente, A. Müller (2010: 210, n. 685),
recurriendo a la aparición del término
en textos tardíos, se inclina por consi-
derar el signifcado de ¤ov+oçέi+q,
en relación con el deseo incontrolable
que se atribuye a la fuerza que encarna
Eros.
No obstante los argumentos ofre-
cidos por los críticos mencionados,
algunas observaciones nos permi-
tirán sostener que aquí el término
¤ov+oçέi+q, aludiría al poder del
objeto mágico y no al carácter del dios.
Primero, hemos visto ya que el Eros
¤άç.oço, de las recetas mágicas era
útil para diversas acciones, pues en sí
su función primordial sería respon-
der a los encargos de su propietario.
En este sentido, y teniendo en cuenta
que el Eros de la Anacreóntica es asimi-
lable al Eros de las recetas, el término
¤ov+oçέi+q, que utiliza el vendedor
podría referirse a la efcacia de este asis-
tente en distintas tareas. Este carácter
multifacético haría del Eros un objeto
con un poder excepcional pero a la vez
temible, lo que justifcaría el deseo del
prudente vendedor de deshacerse de
una imagen que no se anima a tratar.
En segundo lugar, y siguiendo el argu-
mento de Rosenmeyer (1992: 171, n.
47; ver supra), la palabra en cuestión
puede interpretarse en el contexto de
un intercambio comercial. Tal como ha
explicado la autora, la frase del verso
octavo (ὅ¤o, o’ ἂv ἐiµά0qi, ¤ov)
puede entenderse a partir de una obli-
gación que habría tenido el vendedor
de esclavos de ofrecer al potencial com-
prador toda la información que poseía
sobre la ‘mercadería’ pretendida. Pero
si dentro de la misma lógica comercial
pensamos no ya en la venta de esclavos
sino en ferias de artesanos (es decir, lo
que en efecto parece ser el contexto del
diálogo), podríamos entender los repa-
ros del vendedor como una estrategia
de venta orientada a estimular la curio-
sidad del comprador. Cabe mencionar
en este punto que C. Bonner (1950:
17) había sugerido precisamente esta
conducta en los antiguos (y actuales)
vendedores de amuletos y demás obje-
tos mágicos, quienes habrían solido
exagerar o directamente inventar las
precauciones que se habían tomado
para proveer al objeto de un verdadero
poder. Desde nuestro punto de vista,
en la Anacreóntica 11 se podría estar
utilizando el término ¤ov+oçέi+q,
en una estrategia similar; al expresar su
deseo de deshacerse del objeto mágico,
el vendedor está advirtiendo sobre los
peligros de exponerse a su accionar,
cumpliendo quizás con cierta ética
Marina Larrosa / A propósito de un Eros de cera (+ço, iήçivo,): Anacreóntica 11 66
comercial, pero al mismo tiempo esta-
ría acentuando lo que queda implícito:
que la fgura de Eros podrá realizar
todo aquello que le indicare su posesor.
En cuanto al sentido sexual que Lam-
bin hallaba en el término oύv.uvo,
en réplica al término ¤ov+oçέi+q,,
entendemos nosotros que aquel res-
pondería mejor al verbo ouvoii.ῖv
empleado por el vendedor (“no deseo
convivir con este Eros”, “dame a mí al
bello concubino”), y que por ello no
necesariamente habría implícito un
componente erótico.
Por su parte, en los tres últimos
versos advertimos también una refe-
rencia a ciertos rituales basados en
la noción mágica de sympatheia. Si
bien podemos reconocer un guiño
en el hecho de que Eros pueda con-
vertirse en víctima del fuego con que
suele realizar sus propios tormentos
(Rosenmeyer 1992: 172; cfr. Antolo-
gía Palatina 5. 179 y 9. 179), la gracia
de esta paradoja se apreciaría mucho
mejor si advirtiéramos que no se trata
solamente de un artilugio conceptual,
sino que a la idea de un Eros derritién-
dose subyace la imagen de una práctica
ritual del ámbito jurídico: la disolución
de io\ooooί de cera. Desde nuestra
perspectiva, la amenaza que realiza el
comprador se relacionaría con las fór-
mulas tradicionales de los juramentos
e imprecaciones, cuya pronunciación
podía ser acompañada de la acción
anteriormente referida, donde las
figuras de cera expuestas al fuego
simbolizaban la destrucción de aquel
que no cumpliere con su palabra
5
. Una
amenaza de este orden estaría justif-
cada en tanto Eros, en su calidad de
¤άç.oço,, se encontraría obligado a
actuar según una promesa contenida
en el término ¤ov+oçέi+q,, dicho
por el vendedor. En la medida en que
el poeta ha adquirido el muñeco por
su supuesto poder, pretende ahora
asegurar que el mismo actuará de
acuerdo con aquello por lo que lo ha
comprado. En este punto resulta inte-
resante destacar que la enunciación de
una amenaza no habría sido ajena a la
propia construcción del ¤άç.oço,.
La fórmula que acompaña la creación
de la fgura de Eros en la receta PGM
12. 14 ss. fnaliza con una advertencia
en el caso de que aquella no cumpliere
con su cometido. Debemos aclarar, no
obstante, que la amenaza aquí no es la
destrucción de la fgura, sino que se
mencionan consecuencias cósmicas
6
,
5 Ver Faraone (1993: 60-65; 1999) y
Collins (2008: 92). Quizás sea necesario
aclarar que estas fguras de cera representa-
ban en verdad a la persona que juraba y que
la amenaza de su destrucción era lanzada
por este mismo en muestra de su voluntad
de sujetarse al juramento. En la Anacreón-
tica, en cambio, quien hace la amenaza
es el comprador, mientras que quien se
encuentra sujeto a un juramento implícito
es el Eros de cera. No creo, empero, que esto
invalide la interpretación de los versos fna-
les en relación con las amenazas incluidas
en los juramentos.
6 Brioso Sánchez (1981: 12, n. 1) y Rosen-
meyer (1992: 172) mencionan como un
antecedente de la amenaza de la Anacreón-
tica 11 el Idilio 7. 103 ss. de Teócrito, en
donde las consecuencias de un hipotético
incumplimiento por parte del dios Pan
están formuladas también en términos de
67 Nº XVII / 2013 / ISSN 1514-3333 (impresa) / ISSN 1851-1724 (en línea), pp. 61-69
pero en todo caso estamos advirtiendo
acerca de la posibilidad de que la ame-
naza hubiera sido una expresión usual-
mente factible dentro de los rituales
mágico-eróticos. En PGM 1. 42 ss.,
por ejemplo, se exhorta al practicante
a que una vez conseguido el asistente
divino (que en este caso no es Eros), se
lo someta a un juramento (ἐLόçii(.),
por el que prometa lealtad y obedien-
cia. Si bien no se menciona aquí una
amenaza, lo que sí podemos corrobo-
rar es que el ¤άç.oço, estaría atado
a un juramento de por sí.
En contraste con las lecturas que
relegan el tema de la magia a un
segundo plano o a una intertextuali-
dad muy superfcial, entendemos que
la comprensión de la naturaleza de este
Eros ¤ov+oçέi+q, es crucial para
interpretar la Anacreóntica 11 y que no
se trata de una simple excusa para ejer-
citar una variación en el tratamiento
anacreóntico del amor. En el corpus en
su conjunto, el tema de la magia puede
parecer marginal, pero a continuación
veremos que en realidad habría una
defnición programática del amor ana-
creóntico en términos mágicos.
En la canción primera del corpus
que nos ocupa, la cual opera en el con-
texto de la colección como un poema
programático, se relata una escena
onírica de iniciación poética en la que
Anacreonte cede su corona (o+έço,)
a su sucesor. En los últimos cuatro
alteraciones en el orden de lo natural. La
Anacreóntica estaría en este sentido mucho
más cerca de las fórmulas de los juramentos
acompañados de la acción de derretir fgu-
ras de cera.
versos (vv. 14-17), el ahora poeta ana-
creóntico dice lo siguiente:
ἐyὼ o´ὁ µoçὸ, ἄço,
ἐoqoάµqv µ.+ώ¤oi·
ioὶ oq0.v ἄ_çi ioὶ vῦv
ἔço+o, oὐ ¤έ¤ouµoi.
Y yo, un insensato, la tomé
y a mi frente la até.
Y desde entonces hasta ahora
del amor no he descansado.
Al haberse analizado este poema
en relación con el motivo de la
Dichterweihe
7
, se ha puesto el énfasis en
la entrega de la corona como acto sim-
bólico de consagración, semejante a la
entrega que hacen las Musas a Hesíodo
de una rama de laurel o a Arquíloco de
una lira, y no se ha prestado atención
a la totalidad del acto, que incluye la
atadura de la corona, probablemente
porque esta no es interpretable en el
marco del tópico de la Dichterweihe.
Deteniéndonos, en cambio, en el frag-
mento reproducido, observamos que la
iniciación poética es concebida por el
propio poeta en términos de una coer-
ción erótica que, en el contexto de la
poesía anacreóntica, es asimismo una
restricción poética: el poeta no puede
elegir libremente su materia, sino que
está obligado a cantar siempre poe-
sía amorosa
8
. A este respecto, resulta
7 Acerca del motivo de la Dichterweihe en
la Anacreóntica 1 y sus implicancias pro-
gramáticas, ver Brioso Sánchez (1979;
también 1981: 2, n. 1), Rosenmeyer (1992:
68-69), Bartol (1993) y Müller (2010:
124-130).
8 En el último verso citado de la Anacreón-
tica 1 la palabra ἔço, refere tanto al amor
como a la poesía de temática erótica. Un
Marina Larrosa / A propósito de un Eros de cera (+ço, iήçivo,): Anacreóntica 11 68
importante destacar que el evento que
da comienzo a esta coerción es justa-
mente una atadura, acción que en el
marco de las prácticas mágicas tiene
el objeto de manipular la conducta de
un otro. Proponemos, por lo tanto,
comprender la atadura de la corona
en términos de una acción cuyo efecto
es una coerción y, de este modo, pen-
sar la iniciación poética anacreóntica
como un ritual en donde intervienen
también mecanismos atribuidos a la
magia.
Como segunda y última observa-
ción señalaremos que la atadura es rea-
lizada por el propio poeta que se inicia,
por lo que se da la paradoja de que la
restricción es autoprovocada. En esta
primera Anacreóntica, el poeta se cali-
fca a sí mismo de insensato (µoçό,,
v. 14), declarando así haber ignorado
las consecuencias de la atadura de
la corona. Sin embargo, en el resto
del corpus el motivo de la ‘sumisión
voluntaria’ es recurrente, por lo que la
coerción erótico-poética experimen-
tada por el poeta anacreóntico es por
él mismo deseada y celebrada. El argu-
mento de la canción 11 se encuentra,
por lo tanto, en total relación con el
programa anacreóntico. El poeta no
pretende emplear la fgura de Eros para
manipular a un tercero, de acuerdo
con lo que habría sido el uso habitual
ejemplo claro de la imposibilidad de com-
poner otra clase de poesía lo encontramos
en la Anacreóntica 23, compuesta como una
recusatio algo singular, ya que el poeta sí
muestra la voluntad de componer poemas
épicos, pero se ve traicionado por el queha-
cer autónomo del instrumento musical, que
solo toca canciones eróticas.
de estas estatuillas en el marco de las
prácticas mágicas, sino que desea que
Eros utilice su poder sobre él mismo.
De esta manera debemos interpretar
la expresión fnal en nuestra canción.
Pero además, la elección de un motivo
tal no sería una simple variación, fruto
de un ingenio puesto al servicio de una
práctica poética superfcial, sino que
recupera una noción presente en el
programa anacreóntico y, por lo tanto,
determinante para defnir esta poesía:
que el vínculo entre el poeta y Eros se
podría explicar a partir de los meca-
nismos de la magia. Y en la medida en
que el sometimiento a Eros equivale al
sometimiento a la poesía erótica, esta
última nos estaría revelando su natu-
raleza encantatoria. ¶¶
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Recibido: 08-05-2013
Evaluado: 06-09-2013
Aceptado: 16-09-2013
71 Nº XVII / 2013 / ISSN 1514-3333 (impresa) / ISSN 1851-1724 (en línea), pp. 71-88
Luciano y la tradición
del ultramundo
L
uciano de Samosata
describe el mundo de
los muertos en varias
de sus obras. A pesar
de que, generalmente,
esas descripciones son
consideradas un pre-
texto para la parodia de
las tradiciones religiosas griegas y una
excelente oportunidad para la inter-
textualidad, cabría preguntarse si este
sub-mundo tiene realmente un sentido
propio en la obra de Luciano.
Mi objetivo en este artículo es
explorar someramente el marco y los
personajes de las descripciones lucia-
nescas del más allá, y presentar algu-
nas consideraciones sobre el papel de
Radamantis como juez de los seres
humanos. El tipo de moralidad que
revisten sus decisiones puede anali-
zarse tanto desde el punto de vista de
la tradición greco-romana como desde
Luciano y Taciano:
sobre el más allá
y el juicio Þnal
Francesca Mestre [Universidad de Barcelona]
[fmestre@ub.edu]
Resumen: El marco y los personajes de las
descripciones del más allá que encontramos
en las obras de Luciano, que ponen un énfasis
especial en las decisiones de Radamantis como
juez de los seres humanos, muestra un tipo de
moralidad que puede analizarse tanto desde la
perspectiva de los modelos grecoromanos tra-
dicionales como desde el enfoque de otros con-
textos religiosos nuevos del Imperio Romano.
Los apologistas cristianos, por otro lado, entre
otros Taciano en su Oratio ad Graecos, insisten
en distinguir claramente entre el juicio de Rada-
mantis y el del propio Dios. Tanto uno como otro
enfoque reciben la influencia del mito griego
y de la manipulación de Platón de este mito.
La pérdida de la antigua función del mito entre
los paganos y la existencia de ideas cristianas
propias relativas a la vida después de la muerte
pueden haber provocado que un escritor como
Luciano haya encontrado en la vida en el más
allá uno de sus temas favoritos.
Palabras clave: más allá - Radamantis -
Luciano - Taciano - religión.
Lucian and Tatian: about the Afterlife and
the Last Judgment
Abstract: The framework and the characters
of Lucian’s descriptions of the afterlife, focusing
in particular on the decisions of Rhadamanthys
as a judge of human beings, show a kind of
morality which can be analyzed both from the
perspective of traditional Graeco-Roman stand-
ards and from that of the new religious contexts
of the Roman Empire. Christian apologists, on
the other hand, like Tatian in Oratio ad Graecos,
insist on distinguishing clearly between the
judgment of Rhadamanthys and that of God
himself. Both views of the afterlife are influenced
by Greek myth and by Plato’s manipulation of it.
The loss of the ancient function of myth among
the pagans and the real presence of Christian
issues regarding the afterlife may have caused
a writer like Lucian to reflect on the real sense
of the afterlife..
Key words: Afterlife - Rhadamanthys - Lucian
- Tatian - Religion.
Francesca Mestre / Luciano y Taciano: sobre el más allá y el juicio final 72
el del contexto de las nuevas religiones
del Imperio romano.
Todos los humanos, de todas las
civilizaciones, se han preocupado de
lo que sucede después de la muerte.
Todas las culturas tienen relatos sobre
la muerte
1
; a lo largo de la historia los
seres humanos han intentado compren-
der la experiencia de la muerte, y han
propuesto explicaciones y respuestas.
Los mitos cosmogónicos proto-indo-
europeos suelen ser defnidos como
el resultado de un acto de sacrifcio
primordial que implica a dos herma-
nos gemelos, humanos, de los cuales
uno, la víctima del otro, se convierte
en señor de los muertos. Esto es así en
la mayoría de mitologías indoeuro-
peas; la mitología griega, sin embargo,
presenta un relato algo más complejo
2
:
por un lado, según Hesíodo (Trabajos y
días 169
3
), Cronos, no un hombre sino
un dios, substituye a su padre, Urano,
como señor de los muertos; por otro
lado, Homero (Odisea 4. 564) pone a
Radamantis, un héroe –hijo de Zeus y
Europa–, mortal por lo tanto, al frente
de los campos elíseos, que son, tam-
bién, morada de los muertos.
La tradición mítica griega sobre
el más allá, pues, hasta donde alcanza
nuestro conocimiento, deriva, en
substancia, de esas dos primeras ase-
veraciones que son la base para todos
los relatos griegos que hablan de la
vida después de la muerte; por lo
tanto, todos los motivos de la mitolo-
1 Cfr. Edmonds (2004: 2).
2 Cfr. ahora Lincoln (1981: 236-238).
3 Cfr. también Píndaro, Olímpica 2. 70-77.
gía griega sobre el tema constituyen
el resultado de distintas operaciones
que tratan de dar explicaciones sobre
tan ardua cuestión, siempre a partir
de la adaptación, desarrollo o mani-
pulación de aquellos mitos originarios.
Preguntas del tipo: ¿a dónde vamos
los humanos después de la muerte?,
¿quién va y quién no?, ¿quién manda
allá?, ¿cómo se llega hasta allá?, ¿se
puede regresar, cómo?, ¿cómo es ese
lugar?, ¿cómo son sus gobernantes?, y
otras por el estilo, reciben respuestas, a
lo largo de la tradición griega, siempre
siguiendo el esquema original trazado
por los poetas arcaicos
4
; es interesante
notar, en este sentido, que existe en la
cultura griega desde la época arcaica
una tradición de viajes, en vida, al
más allá, de algunos personajes que
tienen oportunidad de entrevistarse
con los muertos –desde la Odisea a la
Eneida, pasando por Platón (Gorgias,
República) y Aristófanes (Ranas)–, del
mismo modo que son bien conocidos
los mitos del retorno a la vida –siempre
momentáneo– de algunos personajes
míticos ya fallecidos.
Luciano, con sus divertidas y mor-
daces puestas en escena del mundo
de los muertos, forma parte, induda-
blemente, de esta tradición. Las cir-
cunstancias culturales concretas de su
época, no obstante, no tienen nada que
ver con las de los antiguos mitógra-
fos; en efecto, cuando Luciano evoca
un mito, esta evocación depende más
de las elaboraciones sucesivas: por un
lado, del desarrollo que sobre temas
4 Para una aproximación al tema, cfr. Brem-
mer (2002: 4-8).
73 Nº XVII / 2013 / ISSN 1514-3333 (impresa) / ISSN 1851-1724 (en línea), pp. 71-88
míticos se hacía en los ejercicios de
escuela convencionales
5
, y, por otro,
del uso flosófco de ese mismo mito,
muy especialmente por parte de Pla-
tón
6
, sea por la aportación de una ver-
sión racional del mito, sea por la crítica
de la versión de los poetas
7
.
Sin embargo, en mi opinión, el
tratamiento de los mitos relacionados
con el más allá y la vida después de la
muerte tienen en Luciano una carga de
mayor calado, sobre todo teniendo en
cuenta el tratamiento de otros mitos
5 Cfr. Elio Teón, Progymnasmata 66. 19-21:
oiqyήo.o, oὲ ¤oçoo.ίyµo+o ἂv .iq
iά\\io+o +ῶv µὲv µu0iiῶv ἡ Π\ά+ovo,
… ¤.çὶ oὲ +ῶv ἐv Aioou ἐv +ῷ doίoovi ioὶ
ἐv +ῷ Ioçyίᾳ ioὶ +ῷ o.iά+ῳ +q, ¤o\i+.ίo,
[“Los más bellos ejemplos de narración
serían, de las míticas, … las narraciones
de Platón relativas al Hades en el Fedón, en
el Gorgias y en el libro décimo de la Repú-
blica”], sigo la edición de Patillon (1997)
y la traducción al castellano es mía; cfr.
también Apolodoro 3. 1. 2; 2. 4. 11, etc.
6 Cfr. Gorgias 523a-524a, Fedón 127e-128a,
entre otros, como bien sabía Teón (véase
nota anterior).
7 Tal como ha sido ampliamente debatido,
la utilización, por parte de Platón, de los
mitos, incluidos los suyos propios, es siem-
pre difícil de interpretar: ¿son un puro
adorno literario, o bien expresión simbólica
de la realidad?, cfr. Edmonds (2004: 26-28),
quien ve en esta utilización de los mitos
“competing forms of authoritative cultural
discourse”; sin embargo, esas aparentes con-
tradicciones ofrecen material de parodia a
Luciano y, como veremos, dan pie a los cris-
tianos para desacreditar los mitos paganos:
en realidad, lo que Edmonds (2004: 238)
califca de “bricolage with a limited set of
traditional elements”, así como el hecho de
comunicar ideas nuevas a la sociedad poni-
éndolas en escena en obras literarias es algo
difícilmente aplicable al período imperial,
ni por parte de Luciano ni de los cristianos.
por parte del propio samosatense. No
se trata aquí de simple parodia de lo
referente a los antiguos dioses; o, al
menos, es posible detectar un pensa-
miento sobre estos asuntos algo más
profundo de lo que a simple vista
pudiera parecer. Ciertamente no es
que Luciano presente un auténtico
programa flosófco, pero muestra una
preocupación evidente con respecto a
este tipo de temas tan humanos, esté
o no esté involucrado un sentimiento
religioso, y, sin duda, un estableci-
miento de valores.
Luciano aborda el motivo del más
allá en muchas de sus obras
8
; esta recu-
rrencia es, a mi modo de ver, altamente
signifcativa.
Caster (1937: 275-306), en el capí-
tulo “L’au-delà et les mystères” de su
libro Lucien et la pensée religieuse de
son temps
9
, distinguía entre algunas
obras de la lista mencionada y afrmaba
que algunas de ellas debían incluirse en
un grupo cuyo tema principal era la
8 Concretamente en las siguientes: Relatos
Verídicos (VH), El descenso hacia el Hades o
el tirano (Cat.), Icaromenipo (Icar.), Caronte
o Los contempladores (Cont.), El afcionado
a las mentiras o el incrédulo (Philops.),
Menipo o la nigromancia (Nec.), Sobre el
luto (Luct.), Alejandro o el falso profeta
(Alex.), Diálogos de los muertos (DMort.).
9 En realidad, el interés principal de esta obra,
tal como leemos en la reseña de Rose (1939),
es resumir y discutir los estudios sobre reli-
giosidad y sobre las infuencias flosófcas de
la segunda sofística y del Imperio en gene-
ral –de entre los cuales, sobre todo, Helm
(1906). Con independencia de la utilidad
que esto pueda tener, lo cierto es que el tema
ha sido estudiado con mayor profundidad
desde entonces y los resultados son cada vez
menos concluyentes.
Francesca Mestre / Luciano y Taciano: sobre el más allá y el juicio final 74
descripción tradicional del Hades, muy
relacionadas con la mitología popu-
lar y la diatriba menipea, mientras en
otro grupo distinto había que situar el
relato de la estancia en la Isla de los
Bienaventurados de Relatos Verídicos
(VH 2. 4-34), inspirado en un motivo
novelesco pitagórico
10
.
No es mi intención discutir ahora
esta clasifcación ni los términos de
los que Caster se sirve para defnir
cada uno de los dos grupos; me inte-
resa más, en cambio, establecer otra
distinción, a saber, por un lado, las
obras que contienen una descripción
del viaje
11
, y, por otro, aquellas otras
obras que describen cómo es la organi-
zación del sub-mundo, las leyes que lo
rigen, y la celebración de los juicios
12
.
Luciano aborda los dos temas de una
manera completamente diferente, lo
cual parece revelar una posición dis-
tinta, signifcativa en lo que atañe a su
implicación personal, y, por lo tanto,
infuye en su crítica o aceptación de
algunas ideas que eran lugares comu-
nes en su entorno.
Mientras el relato del viaje suele
estar teñido, en general, de humor, a
base de poner de relieve algunas absur-
didades divertidas –como el hecho de
que los muertos están obligados a pagar
(El descenso hacia el Hades, Sobre el
luto), o la terrible burocracia que llevan
a cabo los funcionarios infernales–, los
asuntos legales y los juicios, en cambio,
10 Cfr. Iamb. VP 82, y Edmonds (2004: 79).
11 Cont. y algunos diálogos de DMort. serían
los mejores ejemplos.
12 Véase ahora VH y Cat.
así como el poder indiscutible de los
jueces, son cuestiones abordadas en
términos de justicia ética y social. Esos
tribunales son presentados como las
únicas instancias donde se hace justicia
de verdad y, por ello, parecen desvelar
los presupuestos de Luciano respecto al
mundo que lo rodea
13
. Nuestro autor,
pues, encuentra en esas descripciones
un ejemplo perfecto de uso del mito
como espejo en el cual refejar los pro-
pios deseos no realizados –una vida
feliz para los buenos y los humildes, y
una vida de sufrimiento para los ricos,
soberbios y opresores–, pero, al mismo
tiempo, la coincidencia con los tópicos
cristianos para una vida feliz después
de la muerte terrenal es evidente. En
realidad, los cristianos de los primeros
tiempos, mucho antes de la introduc-
ción del purgatorio como lugar donde
las almas son purifcadas, creían que
los seres humanos creyentes, buenos
y humildes, iban directamente, des-
pués de su muerte, al lado de Cristo,
mientras esperaban la resurrección y
el juicio fnal. En cambio, de nuevo, los
ricos y opresores iban directamente al
inferno. En ambos casos, ciertamente,
ese destino de después de la muerte
es un lugar donde son corregidas las
injusticias terrenales
14
. ¶
13 Cfr. Edmonds (2004: 4).
14 Cfr. Bremmer (2002: 56-70).
75 Nº XVII / 2013 / ISSN 1514-3333 (impresa) / ISSN 1851-1724 (en línea), pp. 71-88
Minos y Radamantis:
los jueces del ultramundo
L
as obras de Luciano a las que
nos referimos siguen la tradi-
ción griega que hace de Minos
y Radamantis los jueces que deciden
sobre lo bueno y lo malo y, por tanto,
si hay que recompensar o castigar. Es
el mismo principio que leemos en
Platón: los seres humanos, una vez
muertos, se presentan ante un ente
de justicia suprema, y merecen ser
juzgados con imparcialidad; es decir,
no de acuerdo con los valores terre-
nales sino por un cuerpo legislativo
que trasciende la vida cotidiana de
nuestro mundo. Además, la época de
Luciano se caracteriza por la reivindi-
cación, más o menos explícita, de una
vida mejor y, por lo tanto, al no con-
seguirla, la seguridad de alcanzarla
en el más allá. En efecto, el Imperio
romano distaba mucho de cualquier
pretensión igualitaria, mucha gente
–flósofos, sofstas, poetas, intelec-
tuales– tenían una cierta tendencia
a poner de relieve el hecho de que
debía de haber un lugar en el que los
humanos obtuviesen justicia verda-
dera. No es una coincidencia que los
cristianos proclamaran no solo el ori-
gen humilde de Cristo sino también
la clara preferencia de Jesús por los
humildes, los pobres y los inculpa-
dos o condenados
15
; es indudable que
15 Hay ejemplos de ello incluso antes de los
martirios, cfr. por ejemplo, Nuevo Testa-
mento, Evangelio de Lucas 16. 19-31 y 23.
43. Más tarde, los Acta Martyrum lo hacen
aún más evidente: estos escritos tienen ade-
el rol cristiano en la discusión sobre
la igualdad entre los hombres forma
parte del mismo contexto.
De todos son bien conocidas las
aportaciones del cristianismo para des-
pués de la muerte y, evidentemente, lo
que se suele llamar la vida después de
la muerte, es decir, la resurrección (en
griego, el término ἀvάo+ooi,, a par-
tir de los escritos neotestamentarios,
queda especializado con este signif-
cado
16
); a pesar de que las tesis sobre
la inmortalidad del alma de Platón
podrían ser entendidas en esta direc-
ción, lo cierto es que la aportación más
radical de los cristianos en este asunto
es precisamente esta nueva vida, no
solo de alma, sino también de cuerpo.
Por otro lado, es interesante notar
que uno de los principales ataques
cristianos a la mitología y a las creen-
cias del paganismo es, precisamente,
el papel de jueces ejercido por Minos
y Radamantis, su intervención en lo
que los cristianos llamaban juicio
fnal, que, para ellos, tenía lugar des-
pués de la resurrección y de la segunda
muerte
17
.
Algunos estudiosos han estable-
cido paralelos entre Luciano y el cris-
tianismo de su época
18
. En general
se discute si el escritor de Samosata
más la función de infundir ánimos a los
creyentes para soportar las persecuciones,
cfr. Bremmer (2002: 57).
16 Cfr., por ejemplo, Nuevo Testamento,
Hechos de los Apóstoles 17. 16-32.
17 Cfr. Nuevo Testamento, Apocalipsis 20.
4-15.
18 Lightfoot (2003: 203); Whittaker
(1982: xi).
Francesca Mestre / Luciano y Taciano: sobre el más allá y el juicio final 76
conocía o no las principales directri-
ces cristianas de su tiempo, basándose
sobre todo en su obra Sobre la muerte
de Peregrino
19
: en efecto, la descripción,
en clave satírica, de los cristianos que
acuden, ingenuamente, a socorrer al
impostor Peregrino, parece correcta,
aunque algo caricatural –lo cual, por
otro lado, no es raro en Luciano.
Sin duda, el papel que Luciano da
a los dos hermanos del inframundo,
hijos de Zeus y Europa, parece estar
relacionado con el argumento reduc-
cionista con el que los cristianos se
apresuran a diferenciar sus propias
creencias a propósito del juicio fnal de
las actividades de los jueces míticos
20
;
un argumento, sin embargo, que no
pone en duda el núcleo de la cuestión,
es decir el juicio, su existencia y su fun-
ción, sino simplemente en manos de
quién está la facultad de juzgar; dicho
de otro modo, la gran diferencia –o
casi la única– es quién juzga.
Encontramos un ejemplo ilus-
trativo en el Discurso a los griegos de
Taciano
21
:
oiiά(ouoi oὲ ἡµῖv oὐ Mίvo,
oὐoὲ Ῥooάµov0u,, ᾔv ¤çὸ +q,
+.\.u+q, oὐo.µίo +ῶv µu_ῶv,
ὡ, µu0o\oyoῦoiv, ἐiçίv.+o,
ooiiµoo+ὴ, oὲ oὐ+ὸ, ὁ ¤oiq+ὴ,
0.ὸ, yίv.+oi.
19 Concretamente algunos pasajes muy evi-
dentes: cfr. Peregr. 13.
20 Cfr. Taciano, Oratio ad Graecos 6.1; 25.2;
etc.
21 Taciano Oratio 6.1. Las traducciones de
Taciano al castellano son mías; en cuanto a
la edición, sigo la de Goodspeed (1915).
A nosotros no nos juzgan ni Minos
ni Radamantis, antes de cuya
muerte ningún alma, según el mito,
fue juzgada, sino que nuestro juez
es el mismo dios creador
22
. ¶
Taciano y su
Discurso a los griegos
E
l Discurso a los griegos es, en
mi opinión, un extraordi-
nario ejemplo de composi-
ción escolar
23
, pues contiene una
amplia gama de progymnasmata:
confrmación (io+ooi.uή), refu-
tación (ἀvooi.uή), comparación
(oύyiçioi,), tesis (0έoi,), contradic-
ción (ἀv+ίççqoi,)
24
. Taciano, que fue
un apologista cristiano destacado en
el s. II d.C., fue educado (al igual que
Luciano, con quien comparte, ade-
más, el mismo origen provincial) en la
paideia griega
25
, y la obra a la que nos
22 Cfr. también, más adelante, ibidem, 25. 2-3:
…içi+ὰ, .ἶvoi Mίvo ioὶ Ῥooάµov0uv, ἐyὼ
oὲ oὐ+ὸv +ὸv 0.όv. En este segundo pasaje,
no obstante, la oposición entre paganos y
cristianos es presentada desde el punto de
vista de la suma de todas las contradicci-
ones heredadas por los flósofos paganos,
que se peleaban unos con otros cada uno
con su postura, mientras que los cristianos
tienen una sola verdad.
23 A diferencia de la Apología de Justino, a
pesar de la coincidencia en algunos temas;
para una comparación entre Justino y
Taciano, cfr. Hawthorne (1964: 187-188)
y Marcovich (1995: 1-3); Whittaker
(1982: xiv).
24 Cfr. Kennedy (2003), para una visión de
conjunto de los progymnasmata.
25 Cfr. Whittaker (1982: xiii), cfr. también
Hawthorne (1964).
77 Nº XVII / 2013 / ISSN 1514-3333 (impresa) / ISSN 1851-1724 (en línea), pp. 71-88
estamos refriendo demuestra clara-
mente una aplicación de los ejercicios
practicados en la escuela
26
. En efecto,
la defensa del dogma cristiano que el
autor lleva a cabo en ella se estructura
a base de la yuxtaposición de breves
composiciones retóricas, teniendo
cada una de ellas como tema central
uno de los aspectos donde la tradición
pagana supuestamente se equivoca; el
autor, seguidamente, ofrece una solu-
ción defnitiva a dichos errores, solu-
ción que pasa siempre por la nueva
verdad transmitida por el cristia-
nismo. El conjunto de este Discurso,
pues, está formado por la sucesión
–no siempre coherente– de esas pie-
zas más breves
27
. El pasaje citado más
arriba pertenece a la parte que tiene
por fnalidad explicar la creación por
el verbo de Dios y la absoluta necesi-
dad de la resurrección del cuerpo al
fnal de los tiempos. En este contexto
–y de un modo bastante confuso, vale
decir– es introducida la noción de jui-
cio. No es mi intención aquí discutir
la coherencia o el peso de los argu-
mentos utilizados para refutar el mito
pagano; pretendo solamente estable-
cer que Taciano pasa completamente
26 Estos ejercicios se basan, normalmente,
por su contenido, en la teoría de Platón
sobre la inmortalidad del alma. Los cristia-
nos infuenciados por la flosofía pagana,
como Taciano y Justino, introducen la
dualidad alma/cuerpo para explicar el con-
cepto cristiano de resurrección, cfr. Brem-
mer (2002: 59).
27 Cfr. Marcovich (1995: 5): “Tatian’s train
of thought is given to digression and the
structure of his Oratio is rather loose and ill-
organized”; cfr. Whittaker (1982: xx).
por alto el encargo divino a Minos y
Radamantis, claramente explicado
en el Gorgias de Platón (523a-524a),
e insiste exclusivamente en el hecho
de que esas supuestas divinidades
eran en realidad mortales y, por lo
tanto, tuvieron una vida histórica, por
así decir, en el tiempo real, antes de
morir, lo cual, según Taciano, con-
vierte la noción de juicio universal
en manos de tales personajes en algo
imposible, por simple cuestión crono-
lógica.
En cambio, por su lado, los cris-
tianos habían fjado una cronología
clara para lo de después de la muerte:
la sucesión de hechos cronológicos
consistía en primera resurrección,
juicio fnal dictado por Dios después
de un reinado de mil años, y segunda
resurrección
28
. Por ello Taciano parece
tan preocupado por la cronología,
sobre todo teniendo en cuenta que
pretende, al mismo tiempo, establecer
que las genealogías griegas así como las
fechas relevantes de la tradición griega
son posteriores a Moisés
29
, con lo cual
añade otra absurdidad a los mitos
paganos del más allá: es cronológica-
mente imposible afrmar que todos los
seres humanos, de todos los tiempos,
han sido juzgados por Radamantis por
la condición de mortal del propio juez.
En este punto puede ser útil poner
de relieve –como han hecho otros– que
Taciano es un contemporáneo estricto
de Luciano y, además, como también
se ha mencionado, oriundo, al igual
28 Cfr. supra n. 15, y Taciano, Oratio 6.
29 Cfr. Taciano, Oratio 36 y 40-41.
Francesca Mestre / Luciano y Taciano: sobre el más allá y el juicio final 78
que aquel, de Siria; Siria, por lo demás,
era en aquella época, un foco muy
importante para el desarrollo del cris-
tianismo y, como puntualiza Swain
30
,
todo lo griego se asociaba cada vez más
a los dioses paganos, mientras que los
cristianos encontraban en el ataque
a las inconsistencias de las religiones
antiguas –tanto las griegas como las
no griegas
31
– una manera óptima para
propagar su infuencia.
En consecuencia, podríamos supo-
ner que las biografías de Taciano y
Luciano presentan un buen número de
coincidencias: viajes, educación, rela-
ciones. Las últimas líneas del Discurso
a los griegos de Taciano son bastante
explícitas –y permiten la suposición
mencionada
32
–:
Toῦ0’ ὑµῖv, ᾓ ἄvoç., J\\qv.,,
ὁ io+ὰ µoçµάçou, çi\oooçῶv
To+iovὸ, ouvέ+oLo, y.vvq0.ὶ,
µὲv ἐv +¸ +ῶv Ἀoouçίov y¸,
¤oio.u0.ὶ, oὲ ¤çῶ+ov µὲv +ὰ
ὑµέ+.ço, o.ύ+.çov oὲ ἅ+ivo
vῦv iqçύ++.iv ἐ¤oyyέ\\oµoi.
yivώoiov oὲ \oi¤ὸv +ί, ὁ 0.ὸ,
ioὶ +ί, ἡ io+’ oὐ+ὸv ¤oίqoi,,
ἕ+oiµov ἐµou+ὸv ὑµῖv ¤çὸ,
+ὴv ἀvάiçioiv +ῶv ooyµά+ov
¤oçίo+qµi µ.voύoq, µoi +q, io+ὰ
0.ὸv ¤o\i+.ίo, ἀv.Loçvή+ou.
Todo esto, griegos, lo he redactado
para vosotros yo, Taciano, un fló-
sofo de tierra bárbara, nacido en el
país de los asirios, y educado pri-
mero en lo vuestro, pero después
30 Swain (1996: 307-308).
31 Lightfoot (2003: 206-208).
32 Taciano, Oratio 42.
en aquello que profeso difundir.
Conociendo, por lo tanto, quién
es Dios y cuál es su creación, estoy
listo para ofrecerme a vosotros para
el análisis de mis creencias, mien-
tras me reafrmo en mi modo de
vida, siguiendo a Dios, sin posibi-
lidad de renuncia.
De ahí que las coincidencias pesen
más que las divergencias, por mucho
que, a lo largo de los siglos, los estudios
han tendido a magnifcar las diferen-
cias, a exagerarlas, en mi opinión, para
marcar, desde sus orígenes, la gran dis-
tancia –que no es tal– entre las con-
cepciones de paganos y cristianos ante
asuntos como los que tratamos aquí.
Lo que es innegable es que los primeros
intelectuales cristianos fueron forma-
dos en la paideia griega e, indudable-
mente, en la mayoría de aspectos, su
imaginario coincide
33
. ¶
Juicios en el más allá
de Luciano
E
n las obras de Luciano, el juicio
efectuado por Minos y Rada-
mantis tiene lugar en Relatos
Verídicos y en El descenso hacia el
Hades o el tirano. Si analizamos las
actitudes y decisiones de dichos jue-
ces podemos inferir una clara tenden-
cia de Luciano a hacer del mundo de
los muertos un lugar de justicia social
y moral; los elementos religiosos, en
33 Hawthorne (1964: 177) lo expresa con
diáfana claridad: “Te important thing here
is that Tatian invented nothing; he but bor-
rowed arms from the arsenal of the Greeks to
combat the Greeks”.
79 Nº XVII / 2013 / ISSN 1514-3333 (impresa) / ISSN 1851-1724 (en línea), pp. 71-88
cambio, no parecen tener demasiado
peso. Así pues, la concepción luciá-
nica del más allá es similar a la de
los primeros cristianos, con una sola
diferencia: la ausencia de creencia
religiosa.
Al principio del segundo libro, el
narrador de Relatos Verídicos y sus
compañeros consiguen matar a la
ballena –en cuyo interior habitaban–
y partir para un viaje a través de varias
islas; así llegan a la Isla de los Bien-
aventurados
34
, donde Radamantis es,
al mismo tiempo, rey
35
y juez.
Los viajeros, pues, como todos los
que arriban a la Isla de los Bienaven-
turados, son conducidos ante Rada-
mantis para ser juzgados –la única
diferencia es que estos están vivos.
La descripción de la escena del juicio
nos muestra cómo Radamantis realiza
su trabajo de juez, ya que lo vemos
tomando decisiones sobre unos cuan-
tos casos internos difíciles que afectan a
los héroes, habitantes naturales, por así
decir, de la Isla. En efecto, Radamantis
debe decidir si Áyax telamonio puede
ser autorizado a vivir en la Isla o no; en
segundo lugar, debe decidir quién tiene
derecho a vivir con Helena, si Teseo
o Menelao; y, por último, debe fallar
sobre si Alejandro es mejor que Aní-
bal o viceversa. Todas estas cuestiones
afectan directamente a los habitantes
de la Isla de los Bienaventurados, y, en
este sentido, la decisión de Radaman-
34 Cfr. VH 2. 5.
35 Tiene un papel relevante como rey: está al
mando del ejército de los héroes bienaven-
turados que luchan contra la insurrección
de los malvados (cfr. VH 2. 23).
tis es siempre adecuada, sabia: Áyax
debe sanar de su locura antes de ser
admitido, Menelao será quien viva con
Helena porque es su esposo legítimo,
y, naturalmente, Alejandro prevalece
sobre Aníbal.
Es de suponer que los lectores de
Luciano debían de considerar tales
decisiones como una cuestión de sim-
ple sentido común, a pesar del alto
grado de humor que la escena contiene
y de que, tanto el caso de Áyax como el
de Menelao, implican una corrección
del mito, ya que este, sin duda, no se
adaptaba a la moralidad del Imperio
36
.
Seguidamente, Radamantis debe
tratar con el problema de qué hacer
con esos visitantes que han ido a parar
a la Isla de los Bienaventurados antes
de morir. Actúa con gran refexión,
ponderación e inteligencia, y llega
incluso a pedir asesoramiento a otras
autoridades legales –Arístides de Ate-
nas, por ejemplo; al fnal, esta es su
sentencia:
ὡ, oὲ ἔooL.v oὐ+ῷ, ἀ¤.çήvov+o,
+q, µὲv çi\o¤çoyµooύvq,
ioὶ +q, ἀ¤ooqµίo,, ἐ¤.ioὰv
ἀ¤o0άvoµ.v, ooῦvoi +ὰ,
.ὐ0ύvo,, +ὸ oὲ vῦv ῥq+ὸv _çόvov
µ.ίvov+o, ἐv +¸ vήoῳ ioὶ
ouvoioi+q0έv+o, +oῖ, ἥçooiv
ἀ¤.\0.ῖv. ἔ+oLov oὲ ioὶ +ὴv
36 Es interesante notar, en estos casos, la
manera segmentada de abordar los mitos
por parte de Luciano: como aquí lo que
interesa es presentar a un Radamantis
justo y en perfecta consonancia con el
sentido común de los lectores de Luciano,
no importa tergiversar asuntos que, si se
observan bien, no son de detalle, sino que
alteran, en buena parte, todo el sistema
mitológico griego.
Francesca Mestre / Luciano y Taciano: sobre el más allá y el juicio final 80
¤ço0.oµίov +q, ἐ¤ioqµίo, µὴ
¤\έov µqvῶv ἑ¤+ά (2. 10).
Cuando hubo tomado una deci-
sión, se nos comunicó que ya ren-
diríamos cuentas de nuestra curio-
sidad y viaje al morir, pero que, de
momento, nos iríamos de allí, tras
permanecer en la isla un tiempo
estipulado durante el cual com-
partiríamos el modo de vida de
los héroes. Fijaron que el plazo de
nuestra estancia no sería superior a
siete meses
37
.
Por desgracia, los visitantes come-
ten un grave error, impropio de quien
ha sido autorizado a visitar la Isla:
resulta que uno de ellos, para su pro-
pia vergüenza y la de sus compañeros,
seduce a Helena y se acuesta con ella
(2. 25). Enterado del hecho, Menelao
pide justicia a Radamantis y, también,
en este caso, la decisión no puede
ser más justa: el amante delincuente
y sus más allegados son transferidos
al lugar de los condenados, el mundo
subterráneo, mientras que el resto de la
expedición es obligada a abandonar la
Isla de inmediato, mucho antes, pues,
del tiempo que se les había dado para
permanecer en ella de visita.
De nuevo, es fácil observar que la
decisión del juez es del gusto de los
contemporáneos de Luciano, y no solo
del gusto, sino adecuada a sus valores
morales: el adulterio y, tal vez todavía
más, la incapacidad de controlar los
impulsos sexuales –aunque sea ante
la mismísima Helena–, son delitos
37 Las traducciones de VH son de Mestre y
Gómez (2007).
infames cuyo castigo debe ser severo;
pero, por ende, a la gravedad de tales
delitos hay que sumar el perjuicio que
implican para terceros: los compañeros
de expedición, como ángeles caídos
38
,
pierden la posibilidad de pasar más
tiempo en la Isla de los Bienaventu-
rados, donde todos son felices y están
libres de enfermedad o daño; son, en
defnitiva, expulsados del paraíso
39
.
En el Descenso hacia el Hades o el
tirano, Luciano, después de dar razón,
a través del diálogo entre varios perso-
najes, de cómo se produce, un día cual-
quiera, el viaje al inframundo, pone al
tirano Megapentes ante el juez Rada-
mantis y, con él, también al zapatero
Micilo y al flósofo Cinisco, actuando
este último como acusador del tirano
40
.
Este interesante diálogo tiene clara-
mente dos niveles; el primero, cercano
a los Diálogos de los Muertos o de los
Dioses, satiriza los aspectos literales
del mito: el personaje de Caronte –
un inquieto barquero que siempre va
con prisas por terminar el trabajo y se
pone nervioso esperando a Hermes–, o
bien algunos pequeños incidentes que
38 El concepto de “ángeles caídos” es una
innovación del Nuevo Testamento, y suele
aplicarse a los seguidores de Satanás, expul-
sados, ellos también, del paraíso, cfr. Nuevo
Testamento, Apocalipsis 12. 9.
39 Los juicios en la Isla de los Bienaventura-
dos no están atestiguados en ningún otro
lugar de la literatura antigua: los héroes van
allí directamente, del mismo modo que los
cristianos van directamente al encuentro
de Cristo, cfr. Nuevo Testamento, Segunda
Epístola a los Corintios 5. 1-10; Epístola a
los Filipenses 1. 22-23; Evangelio de Lucas
23-43.
40 Cfr. sobre este diálogo Mestre (en prensa).
81 Nº XVII / 2013 / ISSN 1514-3333 (impresa) / ISSN 1851-1724 (en línea), pp. 71-88
se producen antes o durante el viaje, o
bien el papel de Cloto y de Átropo, una
especie de azafatas del inframundo,
cuya misión es, en el caso de Cloto,
llevar el control de los muertos que
embarcan hacia el Hades, y, en el caso
Átropo, ir en busca de los vivos en la
tierra, para acompañarlos, ya muertos,
ante Radamantis después de desem-
barcar. Este nivel está íntimamente
relacionado, como ha sido bien obser-
vado por la crítica
41
, con la tradición
popular, igual que sucede en otra obra
del mismo Luciano, Sobre el luto.
Ahora bien, en el Descenso hacia
el Hades o el tirano, desde el capítulo
14 en adelante, el tono cambia; este
cambio de tono viene marcado por
dos discursos: el del zapatero Micilo,
un hombre corriente, pobre; y el de
Cinisco, un flósofo con nombre suf-
cientemente elocuente. Las palabras de
Micilo tienen una importancia central
en la obra, precisamente por señalar el
punto de infexión entre una exposi-
ción satírica, pero ligera, de los relatos
míticos relacionados con la muerte,
y la sátira dura, amarga incluso, sar-
cástica, del carácter igualador de la
muerte. Como rematando la exposi-
ción del zapatero, el flósofo Cinisco
emprende la acusación del tirano ante
Radamantis y, fnalmente, se produce
la sentencia.
En efecto, Micilo basa su discurso
en mostrar una actitud ante la muerte
totalmente opuesta a la del tirano:
mientras este se lamenta de todo lo
que deja atrás, el zapatero manifesta
41 Cfr. Grinsell (1957: 260-4).
a Cloto su inmensa alegría de aban-
donar la miserable vida que lleva en el
mundo de los vivos:
ἐyὼ oὲ ἅ+. µqoὲv ἔ_ov ἐvέ_uçov
ἐv +ῷ µίῳ, oὐi ἀyçόv, oὐ
ouvoiiίov, oὐ _çuoόv, oὐ oi.ῦo,,
oὐ oόLov, oὐi .ἰiόvo,, .ἰiό+o,
.ὔ(ovo, ἦv, iἀ¤.ioὴ µόvov ἡ
A+ço¤o, ἔv.uoέ µoi, ἄoµ.vo,
ἀ¤oççίµo, +ὴv oµί\qv ioὶ +ὸ
iά++uµo – içq¤ῖoo yάç +ivo ἐv
+oῖv _.çoῖv .ἶ_ov – ἀvo¤qoήoo,
.ὐ0ὺ, ἀvu¤όoq+o, oὐoὲ +ὴv
µ.\ov+qçίov ἀ¤oviµάµ.vo,
.ἱ¤όµqv, µo\\ov oὲ ἡyoύµqv,
ἐ, +ὸ ¤çόoo ὁçῶv· oὐoὲv yάç
µ. +ῶv io+ό¤iv ἐ¤έo+ç.ç. ioὶ
µ.+.iά\.i. ioὶ vὴ Aί’ ἤoq io\ὰ
+ὰ ¤oç’ ὑµῖv ¤άv+o ὁçῶ· +ό +.
yὰç ἰoo+iµίov ἅ¤ooiv .ἶvoi ioὶ
µqoέvo +oῦ ¤\qoίov oioçέç.iv,
ὑ¤.çήoio+ov ἐµoὶ yoῦv ooi.ῖ.
+.iµoίçoµoi oὲ µqo’ ἀ¤oi+.ῖo0oi
+ὰ _çέo +oὺ, ὀç.ί\ov+o, ἐv+oῦ0o
µqoὲ çόçou, ὑ¤o+.\.ῖv, +ὸ
oὲ µέyio+ov, µqoὲ ῥiyoῦv +oῦ
_.iµῶvo, µqoὲ voo.ῖv µqo’ ὑ¤ὸ
+ῶv ouvo+o+έçov ῥo¤ί(.o0oi.
.ἰçήvq oὲ ¤ooi ioὶ ¤çάyµo+o ἐ,
+ὸ ἔµ¤o\iv ἀv.o+çoµµέvo· ἡµ.ῖ,
µὲv oἱ ¤έvq+., y.\ῶµ.v, ἀviῶv+oi
oὲ ioὶ oἰµώ(ouoiv oἱ ¤\oύoioi (15).
Yo, en cambio, como no tenía nada
que me atara a la vida, ni campo, ni
fnca, ni oro, ni muebles, ni fama,
ni efgies, lógicamente estaba dis-
puesto, y, en el mismo momento
en que Átropo me hizo señal, con
gusto solté la tijera y el cuero –pues
tenía una bota en las manos–, al
punto pegué un brinco, y descalzo,
sin ni siquiera limpiarme el betún,
la seguí, mejor dicho, me puse yo
Francesca Mestre / Luciano y Taciano: sobre el más allá y el juicio final 82
delante, mirando al frente: pues
nada de lo que dejaba atrás me
hizo girarme ni me reclamaba. Y
¡por Zeus!, lo veo todo hermoso,
ya aquí entre vosotros: que haya
igualdad de honores para todos y
que nadie se distinga del vecino,
me parece ciertamente estupendo.
Soy testigo de que aquí ni se recla-
man las deudas a los deudores ni se
pagan impuestos, y lo más impor-
tante, ni se pasa frío en invierno, ni
se enferma, ni está uno expuesto a
los golpes de los más poderosos. Paz
total y tornas completamente vuel-
tas; mientras los pobres nos reímos,
se afigen y lamentan los ricos
42
.
Por su lado, Cinisco, cuando le
llega el turno de hablar ante el juez,
presenta una larga lista de los crímenes
de Megapentes, la mayoría de los cua-
les repiten lo que la tradición griega,
y el propio Luciano en otras obras
43
,
tiene establecido como tipología de
la tiranía
44
: posesión de una guardia
42 Las traducciones de Cat. son de Jufresa y
Vintró (2013).
43 Cfr. Fálaris, El Tiranicida; en realidad,
el tirano Fálaris era uno de los nombres
utilizados como paradigma de crueldad
extrema, incluso entre los cristianos (cfr.
Taciano, Oratio 34; Gregorio Nacianceno,
Contra el emperador Juliano 35. 624; Orí-
genes, Contra Celso 4. 67, por no citar más
que tres ejemplos). Asimismo, los cristianos
mostraban la absurdidad de los paganos
porque, a pesar de las atrocidades come-
tidas por Fálaris, los griegos le erigieron
estatuas por doquier, como a otros muchos
personajes de dudosa ejemplaridad: cfr.
Taciano, Oratio 34.
44 Es preciso recordar que, en época impe-
rial, los repertorios escolares a través de los
personal, nepotismo, abuso de poder,
corrupción, conspiración, asesina-
tos…; la novedad es que, en el Hades,
todas sus víctimas se encuentran pre-
sentes y están dispuestas a comparecer:
[...] oὐ+ίio .ioῃ ¤çooio\έoo,
+oὺ, ὑ¤’ oὐ+oῦ ¤.çov.uµέvou,·
µo\\ov oὲ ἄi\q+oi, ὡ, ὁço,,
¤άç.ioi ioὶ ¤.çio+άv+.,
ἄy_ouoiv oὐ+όv. oᾃ+oi ¤άv+.,, ᾓ
Ῥooάµov0u, ¤çὸ, +oῦ ἀ\i+qçίou
+.0vooiv, oἱ µὲv yuvoiiῶv ἕv.io
.ὐµόççov ἐ¤iµou\.u0έv+.,,
oἱ oὲ uἱέov ἀ¤oyoµέvov ¤çὸ,
ὕµçiv ἀyovoi+ήoov+.,, oἱ oὲ
ὅ+i ἐ¤\oύ+ouv, oἱ oὲ ὅ+i ἦoov
o.Lioὶ ioὶ oώççov., ioὶ oὐooµoῦ
ἠçέoiov+o +oῖ, oçoµέvoi, (26).
[...] vas a averiguarlo enseguida si
haces comparecer a los que fueron
asesinados por él. Mejor dicho, sin
haber sido llamados, ya ves que se
han personado aquí y rodeándole
le agarran del cuello. Todos estos,
Radamantis, han fallecido a manos
de este criminal: unos, víctimas de
emboscadas por culpa de sus her-
mosas mujeres, otros, fuera de sí
por el ultraje que sufrieron sus hijos
secuestrados, otros porque eran
ricos, y otros porque eran rectos
y razonables y no aprobaban sus
fechorías.
cuales se van asentando los aspectos más
convencionales de la tradición hasta fjar-
los como topoi, hacen precisamente de la
acusación del tirano o de las manifestacio-
nes en contra de la tiranía un ejemplo de
ejercicio retórico, concretamente del koinós
tópos, cfr. Hermógenes, Progymnasmata 6.
40; Afonio, 10. 17.
83 Nº XVII / 2013 / ISSN 1514-3333 (impresa) / ISSN 1851-1724 (en línea), pp. 71-88
Después de escuchar al acusador, el
juez entra en acción; en efecto, Rada-
mantis asume a la perfección su papel
de juez: invita a Megapentes a hablar
en su defensa, seguidamente autoriza
a Cinisco la presentación de testigos, y
escucha a todos. Para terminar, ordena
al tirano que se despoje de sus vesti-
mentas de púrpura para comprobar
las marcas de su cuerpo, siendo esta la
última comprobación antes de emitir
sentencia
45
. Vistas las manchas, el juez
ya tiene sufciente para emitir un vere-
dicto, aunque no tiene claro cuál debe
ser el castigo a imponer:
A\i, ἤoq +ῶv µoç+ύçov. ἀ\\ὰ ioὶ
ἀ¤όou0i +ὴv ¤oççuçίoo, ἵvo +ὸv
ἀçi0µὸv iooµ.v +ῶv o+iyµά+ov.
¤o¤oί, ὅ\o, oᾃ+o, ¤.\iovὸ, ioὶ
io+άyçoço,, µo\\ov oὲ iuάv.ό,
ἐo+iv ἀ¤ὸ +ῶv o+iyµά+ov. +ίvo
ἂv oᾂv io\oo0.ίq +çό¤ov; ἆç’
ἐ, +ὸv Πuçiç\.yέ0ov+ά ἐo+iv
ἐµµ\q+έo, ἢ ¤oçooo+έo, +ῷ
K.çµέçῳ; (28)
Basta ya de testigos. Ala, pues, des-
pójate del traje de púrpura para que
veamos la cantidad de manchas que
tienes. ¡Carajo! todo él está lívido y
moteado, mejor dicho, está amo-
ratado por las marcas. ¿Qué cas-
tigo habría que imponerle? ¿Acaso
debe ser lanzado al Pirifegegonte, o
entregado a Cerbero?
45 Sobre las marcas que distinguen a las almas
según sus pecados, cfr. Plutarco, Sobre
el retraso de la divina venganza (Moralia
548A-568A) 563B ss.; a propósito de esta
obra en relación con el cristianismo primi-
tivo, cfr. Betz, Dirkse & Smith (1975).
Cinisco, el flósofo, vuelve a ser de
vital importancia para esta decisión, ya
que su propuesta es aceptada inmedia-
tamente por Radamantis: en realidad,
no hace falta utilizar la violencia para
castigar los actos violentos del tirano;
privarlo de la capacidad del olvido
será castigo suficiente y no menos
terrible que otros. Del mismo modo
que Micilo podrá, en el Hades, olvidar
su lastimosa vida y Cinisco su sufri-
miento intelectual por no conseguir
abolir la injusticia, y ambos podrán así
compartir la felicidad de los Bienaven-
turados, Megapentes, en cambio, será
condenado a recordar sus privilegios
perdidos, durante toda la eternidad.
Hemos visto cómo la Isla de los
Bienaventurados es presentada, en Rela-
tos Verídicos, como paradigma de buena
administración y de justicia, incluso
para los bienaventurados héroes, y pone
de relieve que el bien siempre preva-
lece sobre el mal. Este lugar tiene, sin
duda, puntos en común con la utopía
del paraíso de los cristianos.
Sobre el paralelo de la Isla de los
Bienaventurados con el paraíso cris-
tiano, ya se ha observado más arriba la
alusión al carácter equiparable de los
visitantes que son expulsados por mal
comportamiento con el de los ángeles
caídos. Existe, sin embargo, un para-
lelo aún más evidente.
En efecto, Sócrates, uno de esos
bienaventurados habitantes de la Isla
46
,
que ha obtenido tal estatus por su
46 Para la asimilación de Sócrates y, en gene-
ral, de todos los que practican flosofía, con
los héroes, cfr. Platón, Fedón 95b7-8; 89c5-
10, etc.
Francesca Mestre / Luciano y Taciano: sobre el más allá y el juicio final 84
incansable lucha contra el mal, recibe
un premio del rey Radamantis: un vasto
y hermoso paradeisos, donde puede
pasear y conversar con sus amigos.
Es importante no pasar por alto esta
broma, muy signifcante, de Luciano.
El término paradeisos (¤oçάo.ioo,),
préstamo léxico del antiguo iranio
(pairi-daeza, “recinto”)
47
, significa
“parque de caza”
48
, y es, por otro lado,
la palabra que en la Septuaginta se
usa para traducir al griego el término
“jardín del Edén” –paraíso– en los pri-
meros capítulos del Génesis. Desde el
período helenístico en adelante, esta
palabra es entendida como un prés-
tamo no solo léxico, sino también cul-
tural y religioso. Los cristianos retuvie-
ron la palabra de la tradición judía y,
en tiempos de Luciano, seguramente
debía de evocar un contexto cristiano.
El samosatense, pues, de una
manera irónica y poco casual, coloca
un paradeisos en la Isla de los Bien-
aventurados, que, consecuentemente,
hace que pueda ser evocada como un
paralelo del paraíso de los cristianos
49
.
Por otro lado, en Descenso hacia
el Hades o el tirano, la recompensa de
Micilo y de Cinisco, así como el castigo
de Megapentes, denotan una suerte de
47 Cfr. Chantraine (1974: 857): s.u.
¤oçάo.ioo,.
48 Así es utilizado por Jenofonte en diversas
ocasiones, refriéndose siempre a los par-
ques de reyes y nobles persas, cfr. por ejem-
plo: Helénicas 4. 1. 15; Económico 4. 13;
Anábasis 1. 2. 7; 2. 4. 14, etc.
49 Esta podría ser la razón por la cual el esco-
lio a Luciano señala el uso inapropiado de la
palabra en VH 2. 23, y no solo por razones
de purismo lingüístico.
programa moral por parte Luciano. Es
cierto que todo ello se presenta más
bien como justicia social y no como
religión –Luciano estaba probable-
mente muy poco interesado en la reli-
gión
50
–; no obstante esta justicia social
parece señalar una moralidad cercana a
la de los cristianos
51
. No cabe la menor
duda de que el zapatero Micilo, a través
de su discurso, pretende exponer una
muestra de los importantes valores del
más allá; parece, efectivamente, que
la vida real no da comienzo hasta el
momento en que los seres humanos
abandonan sus vidas terrenales. Micilo,
cuando Átropo va en su busca, lo deja
todo y “me puse yo delante, mirando
al frente”; no necesita ninguna prepa-
ración, como si desde siempre hubiera
estado esperando este gran momento:
“descalzo, sin ni siquiera limpiarme
el betún”; y cuando entra en el ultra-
mundo siente como si hubiera alcan-
zado la perfección: “lo veo todo her-
moso, ya aquí entre vosotros”, y muy
especialmente “que haya igualdad de
honores para todos” (ἰoo+iµίo)

(Cat.
15), de modo que los humildes y los
pobres ríen, mientras los ricos lloran.
La belleza del lugar y la igualdad son
sufcientes para distribuir a cada uno lo
que merece, tal como muestra el juicio
fnal de Radamantis. ¶
50 Lightfoot (2003: 187): “seriousness about
religion is essentially foreign to Lucian”; cfr.
Baldwin (1961).
51 Véase, de nuevo, en Taciano, el sentido de
sus ataques contra los espectáculos de gla-
diadores (Taciano, Oratio 23, nuevo para-
lelo de la misma moralidad); cfr. también
Clarke (1967: 125).
85 Nº XVII / 2013 / ISSN 1514-3333 (impresa) / ISSN 1851-1724 (en línea), pp. 71-88
Juicio final en Luciano
y Taciano
C
omo Luciano, los cristianos de
las dos o tres primeras centu-
rias aún no tienen en mente ni
el inferno ni los horrorosos castigos
infernales; Bremmer lo afrma cla-
ramente: sus expectativas se dirigían
hacia la promesa de salvación, no de
condena eterna
52
. La propia naturaleza
de la vida después de la muerte signi-
fca que, de modo automático, la justi-
cia es aplicada, sin castigo explícito.
No es improbable que Luciano
estuviera al tanto de las principales
ideas de los cristianos; quién sabe, tal
vez en alguna ocasión se cruzó con
Taciano y discutieron sobre el tema…
Documentalmente, sin embargo, las
alusiones concretas son escasas
53
, pero
es difícil imaginar, en el siglo II d.C.,
una ignorancia completa por parte
de los intelectuales paganos como
Luciano de lo que los cristianos pro-
clamaban por doquier, sobre todo en
un momento en que su expansión ya
era de tipo intelectual y no solo, como
en los primerísimos tiempos, de carác-
ter popular. Ya hemos mencionado
más arriba la descripción caricatural
que de ellos hace Luciano en Sobre la
muerte de Peregrino. No tan caricatu-
52 Cfr. Bremmer (2002: 64).
53 Cfr., de nuevo, Sobre la muerte de Peregrino
13 y también Alejandro o el falso profeta 25;
sobre la falta de información correcta sobre
los cristianos por parte de Luciano, cfr.
Walsh (1991: 261); sobre las coincidencias
entre paganos y cristianos sobre demonolo-
gía, cfr. Conybeare (1896).
ral, no obstante, es que Luciano, en este
mismo pasaje, dé a Cristo el apelativo
de sofsta; vale la pena reproducir el
pasaje, tanto por la defnición que en
él se hace de la comunidad cristiana,
como por la caracterización de su
líder
54
:
¤.¤.ίiooi yὰç oὑ+oὺ, oἱ
ioioooίµov., +ὸ µὲv ὅ\ov
ἀ0άvo+oi ἔo.o0oi ioὶ
µiώo.o0oi +ὸv ἀ.ὶ _çόvov,
¤oç’ o ioὶ io+oççovoῦoiv +oῦ
0ovά+ou ioὶ ἑiόv+., oὑ+oὺ,
ἐ¤ioioόooiv oἱ ¤o\\oί. ἔ¤.i+o oὲ
ὁ voµo0έ+q, ὁ ¤çῶ+o, ἔ¤.io.v
oὐ+oὺ, ὡ, ἀo.\çoὶ ¤άv+.,
.ἶ.v ἀ\\ή\ov, ἐ¤.ioὰv ἅ¤oL
¤oçoµάv+., 0.oὺ, µὲv +oὺ,
T\\qviioὺ, ἀ¤oçvήoov+oi, +ὸv
oὲ ἀv.oio\o¤ioµέvov ἐi.ῖvov
ooçio+ὴv oὐ+ὸv ¤çooiuvῶoiv ioὶ
io+ὰ +oὺ, ἐi.ίvou vόµou, µiῶoiv.
io+oççovoῦoiv oᾂv ἁ¤άv+ov
ἐL ioq, ioὶ ioivὰ ἡyoῦv+oi,
ἄv.u +ivὸ, ἀiçiµoῦ, ¤ίo+.o,
+ὰ +oioῦ+o ¤oçoo.Lάµ.voi. ἢv
+oίvuv ¤oçέ\0ῃ +i, .ἰ, oὐ+oὺ,
yόq, ioὶ +._vί+q, ἄv0ço¤o, ioὶ
¤çάyµooiv _çqo0oi ouvάµ.vo,,
oὐ+ίio µά\o ¤\oύoio, ἐv µço_.ῖ
ἐyέv.+o ἰoiώ+oi, ἀv0çώ¤oi,
ἐy_ovώv.
Y es que los infelices creen a pies
juntillas que serán inmortales, y
que vivirán eternamente, por lo
que desprecian la muerte e incluso
muchos de ellos se entregan gozo-
sos a ella. Además, su fundador
les convenció de que todos eran
54 Luciano, Sobre la muerte de Peregrino 13;
la traducción al castellano es de Alsina
(1966), ligeramente modifcada.
Francesca Mestre / Luciano y Taciano: sobre el más allá y el juicio final 86
hermanos. Y así, desde el primer
momento en que incurren en este
delito reniegan de los dioses grie-
gos y adoran en cambio a aquel
sofsta crucifcado y viven según
sus preceptos. Por eso desprecian
los bienes, que consideran de la
comunidad, si bien han aceptado
estos principios sin una completa
certidumbre, pues si se les presenta
un mago cualquiera, un hechicero,
un hombre que sepa aprovecharse
de las circunstancias, se enriquece
en poco tiempo, dejando burlados
a esos hombres tan sencillos.
Es este un pasaje muy conocido y
muy citado, uno de los pocos en que un
escritor pagano se refere a los cristia-
nos, aludiendo incluso, sin nombrarlo
a Jesucristo. En general, la crítica ha
querido ver en esta parodia de los
cristianos una prueba del desconoci-
miento y de la indiferencia de Luciano
hacia ellos
55
; sin embargo, llamar
sofsta a Jesucristo es una muestra, en
mi opinión
56
, de que ni es tal la indife-
55 Para un estado de la cuestión y una revisión
de apreciación sobre este asunto, que com-
parto, cfr. Karavas (2010).
56 Una opinión, vale decir, que ya otros han
expresado, como por ejemplo Pernot
(2002:248-250): “Il convient de prendre au
sérieux le mot de “sophiste” appliqué à Jésus.
(…) En qualifant Jésus de sophiste, Lucien
n’a donc pas lancé un mot en l’air. Il a risqué
une assimilation. Il a voulu dire que le chris-
tianisme n’était pas coupé de la civilisation
gréco-romaine, dans laquelle il s’est déve-
loppé. (…) Lucien a été le premier à faire un
tel rapprochement. Il fallait sans doute être
un esprit fort, comme c’était son cas, et être
animé d’une puissante volonté polémique
pour ouvrir cette perspective”.
rencia ni tampoco el desconocimiento;
lo cual no quiere decir, por otro lado,
que Luciano entienda de ellos lo que
una mirada cristiana posterior crea
que se debía entender.
Para Luciano un sofista es un
hombre formado, con capacidad de
infuencia sobre los demás. Como en
todo, los hay buenos y los hay malos;
a estos últimos, impostores que apa-
rentan tener una formación y defender
unos ideales elevados que, en realidad,
no tienen porque solo buscan su pro-
pio provecho, el samosatense dedica
una parte de su obra y vierte sobre ellos
un segmento de responsabilidad de
los males del mundo que le rodea. Un
sofsta es, pues, en defnitiva, alguien
sobre quien recae el deber de mantener
una ética y unos valores determina-
dos y usar esta situación de privilegio
para engañar es una falta gravísima.
Denominando así al líder de los cris-
tianos parece indicarse claramente que
la actitud de este ante sus seguidores es
en todo similar a la de algunos sofstas
que lesionan gravemente las expectati-
vas de sus seguidores y discípulos.
Asimismo, es difícil, por otro lado,
no ver en los ataques de Taciano un eco
de algunas de las creencias paganas –sus
historias relacionadas con el mundo del
más allá: en sus referencias a Radaman-
tis y el juicio que lleva a cabo, Taciano
puede ser tachado de simplista, y, por lo
tanto, más cercano a las frescas palabras
de Luciano que a los profundos argu-
mentos de Platón y sus seguidores. Los
argumentos de Taciano contra la acti-
vidad de juez de Radamantis son de la
misma categoría que las de Luciano en
87 Nº XVII / 2013 / ISSN 1514-3333 (impresa) / ISSN 1851-1724 (en línea), pp. 71-88
Sobre el luto cuando se burla evocando
todas las cosas que, dicen, se pueden
ver en el inframundo al mismo tiempo
que afrman que está totalmente oscuro;
o bien cómo aquellos que regresan de
allá –Alcestis, Protesilao, Teseo, Odi-
seo– pueden hablar del Hades si han
sido obligados a beber de la fuente del
olvido…
57
Supongamos por un momento que
Luciano y Taciano se están respon-
diendo el uno al otro sobre la cues-
tión de la vida después de la muerte.
El énfasis de Luciano estaría puesto en
afrmar que lo que los humanos nece-
sitan realmente es justicia auténtica,
no dogmas. En cambio, si es Taciano
el que responde a Luciano, su princi-
pal argumento es que los juicios de
Radamantis son cronológicamente
imposibles y, por lo tanto, un mito, no
una realidad. Ahora bien, a pesar de la
ideología tan dispar, tal vez se pueda
afrmar que la profunda noción de jus-
ticia y de sentido común son bastante
compartidas: si Taciano denuncia el
engaño en el que viven los paganos
por estar sujetos a sus mitos, también
Luciano advierte que las promesas del
sofsta Jesucristo llevan a un engaño
similar, por mucho que el envoltorio
sea diferente. ¶¶
Bibliografía
Ediciones y traducciones
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Recibido: 04-03-2013
Evaluado: 10-04-2013
Aceptado: 20-04-2013
89 Nº XVII / 2013 / ISSN 1514-3333 (impresa) / ISSN 1851-1724 (en línea), pp. 89-106
Introducción
L
a comedia Caballe-
ros (424 a.C.) tiene el
propósito político de
degradar la imagen
pública del líder con-
temporáneo Cleón,
representado en la pieza
bajo el personaje de
Pafagonio. La obra describe la relación
existente entre el dêmos ateniense y sus
líderes a través de la alegoría del amo
y del esclavo: Pafagonio es un esclavo
del viejo Demos, personifcación del
pueblo votante, que difama en forma
permanente a los demás servidores
(i.e. sus rivales políticos) y adula a su
amo para ganar sus favores y ocupar
un lugar de privilegio en la casa de
Demos. En este contexto, los escla-
vos identifcados por los manuscritos
medievales como Nicias y Demóstenes
constituyen los rivales de Pafagonio.
Nicias perteneció al ala moderada del
poder político, opuesta al sector popu-
La función argumentativa
del personaje de Demóstenes
en la comedia Caballeros
de Aristófanes
María Jimena Schere [Universidad de Buenos Aires - CONICET]
[jimenaschere@hotmail.com]
Resumen: Este trabajo se propone demostrar
que el personaje de Demóstenes cumple
un papel central dentro de la estrategia
persuasiva de la pieza, que intenta degradar
la imagen pública de Cleón. En las obras
tempranas, el héroe cómico suele ser el
principal portavoz de la postura defendida en
la obra; sin embargo, en Caballeros la imagen
del héroe, el Morcillero, resulta al principio tan
devaluada que debilita la fuerza argumenta-
tiva del ataque; en este sentido, Demóstenes
actúa como un héroe provisorio y un portavoz
autorizado del enunciador-autor hasta que
el Morcillero alcanza legitimidad y verdadera
estatura heroica.
Palabras clave: Demóstenes - Cleón - estrategia
persuasiva - héroe cómico - legitimidad.
The argumentative function of the character
of Demosthenes in Aristophanes’ Knights
Abstract: This paper aims to demonstrate that
the character of Demosthenes plays a central
role in the persuasive strategy of the piece,
which attempts to degrade the public image
of Cleon. In the early works, the comic hero is
usually the main spokesperson who defends
the position maintained in the work; however,
the image of the hero in Knights, the Sausage-
Seller, is so devaluated at first that the argumen-
tative force of the attack becomes weak; in this
sense, Demosthenes acts as a provisional hero
and authorized spokesman for the enunciator-
author until the Sausage-Seller reaches more
legitimacy and true heroic stature.
Key words: Demosthenes - Cleon - persuasive
strategy - comic hero - legitimacy.
María Jimena Schere / La función argumentativa del personaje de Demóstenes en la comedia… 90
lar liderado por Cleón; Demóstenes,
por su parte, fue el general responsable
del plan táctico en la reciente victoria
de Pilo (425 a.C.), que le había dado
enorme fama a Cleón y había consoli-
dado su poder.
En este trabajo, nos proponemos
analizar la función argumentativa que
desempeña el esclavo Demóstenes en
Caballeros. A nuestro modo de ver, en
el prólogo de la obra, el personaje actúa
como el principal portavoz del discurso
positivo avalado en la pieza –es decir, el
ataque contra la política cleoniana– y
asume un lugar de héroe cómico pro-
visorio durante las primeras escenas
de la pieza. En las comedias tempranas
del período cleoniano, el héroe cómico
(i.e. Diceópolis, Trigeo) suele operar
como el portavoz privilegiado de la
postura política sustentada en la obra.
Sin embargo, el comienzo de Caballe-
ros presenta una imagen totalmente
degradada de su héroe, el Morcillero,
que se revertirá tan solo en el desenlace
de la pieza cuando el personaje alcance
su verdadera estatura heroica y guíe a
Demos hacia su transformación def-
nitiva. En virtud de esta imagen nega-
tiva del comienzo, el autor ha incluido
fguras alternativas, más legitimadas,
que puedan hacerse cargo del ataque
contra Pafagonio-Cleón con mayor
autoridad que el héroe y que logren
generar, entonces, un efecto persua-
sivo sobre el público. En este sentido,
el personaje de Demóstenes asume en
la obra, según intentaremos demostrar,
una función central dentro de la estra-
tegia argumentativa de la pieza. ¶
La función de Demóstenes
en la apertura de la obra
L
a comedia Caballeros fue repre-
sentada en el momento de mayor
popularidad de Cleón, luego de
su victoria en la isla de Pilo (425 a.C.).
Según el testimonio de Tucídides (4.
1-41), Demóstenes fue el principal
impulsor de esa campaña. El historia-
dor relata los hechos de la siguiente
manera: el general Demóstenes realiza
un bloqueo en Pilo y toma prisioneros
espartanos. Los peloponesios in ten-
tan frmar una tregua para que liberen
a los prisioneros, pero el líder Cleón
pro mueve su rechazo en la asamblea
y el bloqueo se prolonga indefnida-
mente sin que se encuentre una so lu-
ción defnitiva al conficto. Cuando
se acerca el invierno, los atenienses
temen no poder apro vi sio nar a sus
tropas y perder el control de la isla. En
ese momento, la asamblea ciudadana
cuestiona a su líder por haber propul-
sado el rechazo de las negociaciones;
por su parte, Cleón se defende cri-
ticando a los generales responsables,
en particular a Nicias, y asegura que
si él mismo tuviera el mando podría
obtener el domino completo de Pilo.
Los asistentes a la asamblea le toman
la palabra y el demagogo no tiene
otra alternati va que hacerse cargo de
las operaciones. Finalmente, Cleón
marcha a Pilo y, junto con el gene ral
Demóstenes, logran la victoria defni-
tiva sobre los espartanos.
El suceso de Pilo, que consolida el
poder de Cleón en la Atenas contem-
poránea, ocupa un lugar destacado en
91 Nº XVII / 2013 / ISSN 1514-3333 (impresa) / ISSN 1851-1724 (en línea), pp. 89-106
la comedia Caballeros. Aristófanes le
asigna a Demóstenes una actuación
protagónica desde el inicio de la obra,
precisamente, para pre sen tarlo como el
verdadero responsable de la victoria y
desprestigiar de ese modo la fgura del
líder, tan benefciada por el episodio.
La comedia no identifca de manera
explícita la identidad de los dos ser-
vidores, pero al comienzo de la pieza
pone en boca del esclavo Demóstenes
una referencia clara al suceso de Pilo
que permite deducir su identidad:
Δqµoo0έvqç
(…) ioὶ ¤çώqv y᾽ ἐµoῦ
µo(ov µ.µo_ό+o, ἐv Πύ\ῳ
Aoioviiήv,
¤ovouçyό+o+ά ¤o, ¤.çioçoµὼv
ὑçoç¤άoo,
oὐ+ὸ, ¤oçέ0qi. +ὴv ὑ¤᾽ ἐµoῦ
µ.µoyµέvqv
1
.
Demóstenes: (…) Y el otro día,
cuando yo había amasado una
torta lacónica en Pilo,
con la mayor maldad, apresurán-
dose, me la robó
y le sirvió él mismo la torta que yo
había amasado.
(vv. 54-57)
Dover ha afr mado que la iden-
tidad del esclavo Demóstenes puede
resultar factible por esta referencia
explícita al suceso de Pilo (vv. 54-57);
sin embargo, observa que no hay evi-
dencias cla ras para vincular al otro
esclavo con Nicias
2
. Por su parte,
1 Utilizamos la edición de Sommerstein
(1981). Las traducciones son nuestras.
2 Dover (1959) (1975 [1967]) cuestiona
que la identidad de los dos esclavos fuera
Henderson (2006 [1998]: 222, n. 2)
manifesta que los dos esclavos son
personajes genéricos, sin una identi-
dad específca, porque con sidera que
la inteligibilidad de sus palabras y
acciones no depende de la caricatura
perso nal
3
. En un artículo posterior,
Henderson (2003) alega que –aparte
de la referencia a Pilo– ninguna otra
anéc dota remite específcamente a la
fgura de Demóstenes. Por el contra-
rio, Sommerstein (1980: 46-7) (1981:
144-5) acepta la identidad de los ser-
vidores, propuesta por los manuscri-
tos medievales. A los fnes de nues tra
interpretación de la obra, resulta espe-
cialmente signifcativo determinar la
identidad del esclavo que personifca-
ría a De móstenes. A nuestro entender,
además de la referencia expresa al epi-
sodio de Pilo, la imagen del Demóste-
nes aristofánico en Caballeros coincide
con la que aporta Tucídides (4. 1-41),
que lo presenta claramente como el
impulsor y el responsable del plan
tác tico de Pilo
4
: Demóstenes planifca
identifcable desde la apertura misma de
la pieza a través de máscaras que hicieran
reconocibles a Nicias y a Demóstenes. Sos-
tiene, asimismo, que el humor de la primera
escena no requiere necesariamente la iden-
tifcación. El autor enfatiza las difcultades
técnicas que hubiera im pli cado para los
antiguos griegos fabricar máscaras con una
identidad reconocible para el pú bli co.
3 También Tammaro (1991) cuestiona la iden-
tidad individualizada de los dos esclavos.
4 Woodcock (1928: 101) argumenta que
Tucídides se muestra hostil hacia la fgura
de Demóstenes porque lo vincula con la
democracia radical y entiende que su victo-
ria en Pilo ha permitido mantener a Cleón
en el poder. Además, Woodcock subraya
María Jimena Schere / La función argumentativa del personaje de Demóstenes en la comedia… 92
rodear a las tropas espartanas y atacar-
las por todos los fancos desde sitios
elevados, utilizando infantería ligera
dotada de fechas, dardos, piedras y
hondas; de este modo, los enemigos
se verían embestidos por todas par-
tes, de frente y por la espalada, y no
podrían defenderse (4. 32). Tucídides
destaca que “Demóstenes, al principio,
concibió el desembarco con este plan
y lo dispuso en la práctica”
5
. Es decir
que, de acuerdo con este testimonio,
el general no solo fue el responsable
de idear la táctica de ataque desde un
comienzo, sino también de su ejecu-
ción defnitiva.
En Caballeros el esclavo Demós-
tenes propone el plan salvador para
librarse de Pafagonio (vv. 109-11) y
luego se ocupa de la iniciación polí-
tica del Morcillero (vv. 147-233). En
este sentido, el personaje tiene un
papel sumamente activo y es el primer
impulsor de la derrota de Pafagonio,
que Tucídides no aprovecha la misma línea
argumental de Aristófanes para degradar
a Cleón (i.e. atribuir el mérito de Pilo en
exclusividad a Demóstenes), sino que atri-
buye la victoria sobre todo a la suerte. Por
el contrario, creemos que Tucídides sugiere
una estrategia argumentativa semejante a la
de Caballeros al presentar expresamente a
Demóstenes como el responsable del plan
táctico y de su ejecución. Sobre la imagen
de Demóstenes en Tucídides, cfr. Wylie
(1993: 20-30). Se desconoce la relación que
efectivamente haya existido entre Demóste-
nes y el historiador, pero Gomme (1951: 76)
conjetura que habría sido amistosa y que
sus familias pueden haber estado ligadas
por vínculos matrimoniales.
5 Tucídides. 4. 32-33: +oioύ+ῃ µὲv yvώµῃ ὁ
Aqµoo0έvq, +ό +. ¤çῶ+ov +ὴv ἀ¤όµooiv
ἐ¤.vό.i ioὶ ἐv +ῷ ἔçyῳ ἔ+oL.v.
así como el Demóstenes histórico
habría tenido una función determi-
nante en el episodio de Pilo. Por cierto,
su fgura ocupa un lugar central desde
el comienzo de la pieza; Demóstenes
inaugura la obra y presenta, antes que
ningún otro personaje, el blanco cen-
tral de la comedia:
Δqµoo0έvqç
ἰo++o+oiὰL +ῶv ioiῶv,
ἰo++o+oῖ.
ioiῶ, Πoç\oyόvo +ὸv
v.ώvq+ov ioiὸv
oὐ+oῖoi µou\oῖ, ἀ¤o\έo.iov oἱ
0.oί.
ἐL oᾃ yὰç .ἰoήççqo.v ἐ, +ὴv
oἰiίov
¤\qyὰ, ἀ.ὶ ¤çoo+çίµ.+oi +oῖ,
oἰiέ+oi,.
Demóstenes: ¡Ay, ay, qué desgra-
cias! ¡Ay!
Ojalá destruyan los dioses de mal
modo al canalla recién comprado,
Pafagonio, junto con sus planes.
Porque desde que llegó a esta casa,
no deja de hacer dar palizas a los
esclavos.
(vv. 1-5)
En la apertura de Caballeros,
Demóstenes juega un papel semejante
al del héroe Diceópolis en Acarnienses,
quien presenta en su monólogo inau-
gural (vv. 1-42) el principal blanco de
ataque de la obra: la política en favor
de la continuidad de la guerra entre
Atenas y Esparta. Del mismo modo,
Demóstenes menciona en los primeros
versos al blanco central, Pafagonio, y
lo ubica como su principal antagonista.
Demóstenes pronuncia lueg o un
extenso parlamento en el que relata
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la situación y describe los rasgos
negativos que caracterizan a Pafla-
gonio en toda la pieza (vv. 40-72): el
nuevo esclavo de Demos, Paflago-
nio, ha resultado ser el más malvado
(¤ovouçyό+o+ov, v. 45) y el más
calumniador (oioµo\ώ+o+όv, v. 45);
a partir de su llegada, no deja de adular
a Demos y de difamar a los otros escla-
vos para ganar un lugar de privilegio
en la casa de su amo. El largo relato de
Demóstenes comienza con una refe-
rencia explícita a los espectadores:
µoύ\.i +ὸ ¤çoyµo +oῖ, 0.o+oῖoiv
ççάoo; (“¿Quieres que explique el
asunto a los espectadores?”, v. 36). La
mención expresa de los 0.o+oί en boca
de un personaje es una marca con-
vencional en Aristófanes que favorece
la cercanía y la complicidad entre el
público y ese personaje. En Acarnien-
ses, por ejemplo, el héroe Diceópolis es
el único que tiene el privilegio de utili-
zar el término “espectadores” (ἄvoç.,
oἱ 0.ώµ.voi, v. 496). En Caballeros,
Demóstenes es el primer personaje en
la obra que goza de esta prerrogativa.
Su mención del público quiebra la ilu-
sión dramática
6
y favorece la empatía
inicial del público hacia su fgura y
hacia su postura anticleoniana.
A partir de este largo parlamento
de Demóstenes, el público podría
6 Sifakis (1971) no acepta que exista la ilusión
dramática en la comedia aristofánica. Sin
embargo, coincidimos con Thiercy (1986:
139) en que resulta abusivo negar su existen-
cia. A nuestro modo de ver, la referencia al
público genera una cercanía cómplice entre
el personaje y los espectadores. Para una dis-
cusión sobre el tema de la ilusión dramática,
cfr. Cottone (2005: 33-41).
identifcar por primera vez, sin ambi-
güedades, tanto a Demóstenes como
también al propio Cleón. El relato
incluye, por un lado, la referencia
explícita antes citada a la “torta lacó-
nica” (vv. 54-57) elaborada en Pilo,
que Pafagonio ha robado y regalado
al amo como si fuera suya; pero, ade-
más, el esclavo llama a Paflagonio
“curtidor de pieles” (µuçoooέµqv, v.
44), adjetivo que, como ha observado
Sommerstein (1981: 146), permite
que el público contemporáneo con-
frme por primera vez la identidad de
Cleón, cuya riqueza familiar provenía
del negocio de la curtimbre
7
. Por lo
tanto, este pasaje tiene una relevan-
cia insoslayable dentro del prólogo. Si
como sostiene Dover (1975 [1967])
las máscaras no permitían reconocer
individualidades concretas
8
, tan solo el
parlamento de Demóstenes posibilita
que los espectadores puedan corro-
borar, a la vez, los referentes precisos
de los personajes involucrados en la
escena y comprender el significado
histórico de la alegoría política repre-
sentada en Caballeros. En defnitiva,
este pasaje no debe tomarse como una
mención aislada y sin importancia,
como sostienen algunos autores, sino
que resulta clave para la interpretación
de la obra; el hecho relevante de pre-
7 Los “po líticos nuevos”, como Cleón, se
caracterizaban por tener riqueza, pero no
pertenecían a la aristocracia (cfr. Connor
1992: 162). En su modo de hacer política
cobra relevancia la alianza con los sectores
populares antes que el apoyo de círculos
de amigos, como era el modelo tradicional
(cfr. Connor 1992: 135).
8 Cfr. n. 2.
María Jimena Schere / La función argumentativa del personaje de Demóstenes en la comedia… 94
sentar conjuntamente una referencia
inequívoca a Cleón y a Demóstenes ha
sido pasado por alto por los autores
que consideran a los dos esclavos como
personajes genéricos.
Además de inaugurar la pieza (vv.
1-5), relatar la situación en casa de
Demos (vv. 40-72), defnir las iden-
tidades de los personajes y tener el
privilegio de mencionar al público de
manera expresa (v. 36), Demóstenes
es el encargado de idear el plan salva-
dor, imagen de estratega astuto, que lo
acerca al retrato tucidídeo como res-
ponsable del plan táctico de Pilo. Por
el contrario, Nicias se muestra incapaz
de proponer soluciones efectivas. En la
comedia antigua, las burlas que se diri-
gen contra él suelen ridiculizar su falta
de confanza, su ten dencia a la dilación
y el rechazo a tomar responsabilida-
des
9
. También en la pri mera escena de
Caballeros, el esclavo que representa a
Nicias muestra su re ti cen cia a propo-
ner una solución para hacer frente a
Pafagonio:
Δqµoo0έvqç
+ί iivuçόµ.0᾽ ἄ\\o,; oὐi ἐ_çqv
(q+.ῖv +ivo
oo+qçίov vῷv, ἀ\\ὰ µὴ i\ά.iv
ἔ+i
Νtxίαç
+ί, oᾂv yέvoi+᾽ ἄv;
Δqµoo0έvqç
\έy. oύ.
Νtxίαç
oὺ µὲv oᾂv µoi \έy.,
ἵvo µὴ µά_oµoi.
9 Aristófanes, Aves 640; Aristófanes, fr. 100;
Frínico, fr. 59. Cfr. Sommerstein (1981:
145).
Demóstenes: ¿Por qué nos lamen-
tamos sin razón? ¿No deberíamos
buscar alguna salvación para
ambos y dejar ya de llorar?
Nicias: ¿Y qué salvación podría
haber?
Demóstenes: Dila tú.
Nicias: Dímela tú para que no
peleemos.
(vv. 11-14)
La carac terización del Nicias
aristofánico parece responder a esta
tendencia de los come dió grafos a
ridiculizar su falta de resolución (Som-
merstein 1981: 145). En otras obras
tempranas, es el héroe cómico quien
propone el plan salvador o la solución
al conficto central que se plantea en la
pieza: por ejemplo, en la comedia Paz
el campesino Trigeo, héroe cómico de
la obra, idea la forma de recuperar a la
diosa Paz para todos los helenos y se
enfrenta con su antagonista Pólemos,
una personifcación de la guerra. En
Acarnienses el campesino Diceópolis,
ante el desinterés generalizado por la
tregua entre Atenas y Esparta, encuen-
tra una manera de salvarse a sí mismo,
consigue una tregua individual para él
y su familia y se enfrenta contra todos
los antagonistas que quieren frustrar
su plan. En Caballeros, en cambio,
esta función propia del héroe corre
por cuenta de Demóstenes: Demóste-
nes encuentra la solución al conficto
planteado en la obra y descubre la
manera de librarse de su antagonista
Pafagonio. El esclavo propone robar
los oráculos de Pafagonio que duerme
borracho (vv. 109-11) y, a partir de las
revelaciones de esos oráculos, des-
95 Nº XVII / 2013 / ISSN 1514-3333 (impresa) / ISSN 1851-1724 (en línea), pp. 89-106
cubre que un vendedor de morcillas
será capaz de vencer a Pafagonio (vv.
143)
10
. Si bien la ejecución del plan
–esto es, la derrota efectiva de Pafago-
nio– estará a cargo del héroe, el Morci-
llero, resulta signifcativo que la autoría
del plan salvador sea mérito exclusivo
de Demóstenes.
Por último, Demóstenes se ocupa
también de la iniciación política del
Morcillero. El héroe, que en un pri-
mer momento se resiste a en fren tarse
con Pafagonio, pregunta con escepti-
cismo quiénes lo apoyarán en su lu cha.
Demóstenes, entonces, aporta el argu-
mento central que permite convencer
al Morcillero:
Δqµoo0έvqç
ἀ\\᾽ .ἰoὶv ἱ¤¤q,, ἄvoç.,
ἀyo0oί, _ί\ioi
µiooῦv+., oὐ+όv, oï µoq0ήoouoί
ooi,
ioὶ +ῶv ¤o\i+ῶv oἱ io\oί +.
iἀyo0oί,
ioὶ +ῶv 0.o+ῶv ὅo+i, ἐo+ὶ
o.Liό,,
iἀyὼ µ.+᾽ oὐ+ῶv, _ὠ 0.ὸ,
Lu\\ήµ.+oi.
Demóstenes: Hay mil caballeros,
hombres nobles,
que, como lo odian, te ayudarán
y de entre los ciudadanos los bue-
nos y nobles,
y de entre los espectadores todo el
que sea inteligente,
10 Tammaro (1991: 147) destaca que Nicias
corre el peligro de ejecutar el robo. Sin
embargo, nos parece destacable el hecho de
que Demóstenes idea la solución y ordena
realizar el robo a Nicias. El esclavo Nicias
se limita a cumplir las indicaciones de
Demóstenes.
y yo estaré con estos, y el dios
ayudará.
(vv. 225-230)
Demóstenes incluye entre los cola-
boradores del héroe a los caba lle ros, a
las personas decentes y a los espectado-
res inteligentes, y los encolumna detrás
de su fgura y la del Morcillero. Asi-
mismo, vuelve a tener el privilegio de
nombrar en forma expresa a los espec-
tadores (v. 229), como al comienzo de
la obra (v. 36). Demóstenes es el primer
personaje que menciona en dos opor-
tunidades a los 0.o+oί, referencia que
permite generar una empatía inicial
entre su fgura y el público
11
.
En síntesis, en el prólogo el papel
más activo queda en Caballeros a cargo
de Demóstenes: el esclavo no solo
inaugura la pieza y relata el conficto
central, como lo hacen otros esclavos
de la comedia temprana
12
, sino que
además propone el plan salvador y
convence al Morcillero de enfrentar
a Pafagonio, función que suele des-
empeñar el héroe cómico, quien tiene
en otras obras la iniciativa de concebir
11 En la comedia Caballeros hacen mención
expresa del público los personajes que se
oponen a Cleón, es decir, aquellos que
ocupan el lugar más favorable en la pieza:
el héroe provisorio De mós tenes (vv. 36,
228), el coro en la parábasis (v. 508) –como
es habitual– y el Morcillero (v. 1318) en la
última escena, ya transformado. Demos
también nombra a los espectadores, pre-
cisamente en el momento previo a su
me tamorfosis positiva (v. 1210).
12 En Avispas y Paz también uno de los escla-
vos expone el conficto central de la pieza.
María Jimena Schere / La función argumentativa del personaje de Demóstenes en la comedia… 96
y poner en práctica su “gran idea”
13
.
Cabe destacar que ni la fgura de Nicias
ni la de Demóstenes escapan al ridí-
culo en el prólogo; por cierto, ambos
participan de la misma alegoría del
amo y del esclavo con la que se ridi-
culiza al líder Cleón. Sin embargo, el
personaje de Demóstenes se ve real-
zado por los elementos mencionados
que le asignan un lugar de privilegio.
En la comedia aristofánica, todos los
personajes suelen ser objeto del ridí-
culo y carecen de una imagen ideali-
zada; sin embargo, algunas fguras, por
lo general los héroes cómicos, gozan de
ciertos rasgos positivos que atenúan
los efectos corrosivos del humor. En
el caso de Demóstenes, este comparte
con los héroes aristofánicos la inven-
tiva para resolver el conficto, su frme
determinación, su capacidad de acción
para poner en marcha la solución del
problema y su habilidad retórica para
involucrar a los demás personajes en
su plan
14
. ¶
13 Robson (2009: 11) hace referencia a una
“estructura emocional” de la comedia anti-
gua centrada es pe cial mente en el héroe
cómico: insatisfacción - gran idea - oposi-
ción - solución - celebración.
14 Whitman (1964) caracteriza al héroe
cómico, entre otros rasgos, como un salva-
dor, falto de escrúpulos, hábil orador y con
gran poder de decisión.
La función de Demóstenes
en la primera escena agonal
y su posterior desaparición
E
n la obra hay tres escenas ago-
nales que enfrentan al héroe
cómico, el Morcillero, con su
antagonista Pafagonio
15
. La primera
(vv. 235-497) se desarrolla entre
Pafagonio-Cleón, por un lado, y el
Morcillero, Demóstenes y los caballe-
ros, por otro. El segundo agón tiene
lugar en el Con sejo (vv. 624-682)
entre Pafagonio y el Morcillero y
el tercero, frente a Demos (vv. 691-
1408). Solo la primera escena agonal
incluye la presencia de Demóstenes,
que desaparece por completo después
de la parábasis. Analizaremos el papel
que cumple Demóstenes en este pri-
mer enfrentamiento y luego indagare-
mos las razones de su desaparición en
los últimos dos embates.
La primera escena agonal de la obra
se inaugura con el parlamento inicial
de Pafagonio (v. 235) y se cierra con
la parábasis (v. 497). Pafagonio sale al
escenario acusando de conspiradores
a sus oponentes (vv. 235-9). Ante la
aparición de Pafagonio, el Morcillero
demuestra su cobardía y trata de huir
de su poderoso rival; nuevamente es
15 Whitman (1964: 88-89), entre muchos
otros autores, observa que toda la obra cons-
tituye un gran agón dividido en tres secuen-
cias principales: en primer lugar, un enfren-
tamiento entre los dos rivales, caracterizado
por la presencia de gritos y expresiones de
alarde; luego, una segunda disputa ante
el Consejo; por último, una competencia
por ganar el favor de Demos. Cfr. Thiercy
(1986: 248) y Brock (1986: 25).
97 Nº XVII / 2013 / ISSN 1514-3333 (impresa) / ISSN 1851-1724 (en línea), pp. 89-106
Demóstenes quien logra persuadirlo
para que le haga frente y llama al coro
de caballeros en su auxilio:
Δqµoo0έvqç
oᾃ+o,, +ί ç.ύy.i,; oὐ µ.v.ῖ,; ᾓ
y.vvάoo
ἀ\\ov+o¤ῶ\o, µὴ ¤çooῷ, +ὰ
¤çάyµo+o.
ἄvoç., ἱ¤¤q,, ¤oçoyέv.o0.·
vῦv ὁ ioiçό,. ᾓ `ίµov,
ᾓ Πovoί+i᾽, oὐi ἐ\o+. ¤çὸ, +ὸ
o.Liὸv iέço,;
ἅvoç., ἐyyύ,. ἀ\\᾽ ἀµύvou
iἀ¤ovoo+çέçou ¤ά\iv.
ὁ iovioç+ὸ, oq\o, oὐ+ῶv ὡ,
ὁµoῦ ¤çooi.iµέvov.
ἀ\\᾽ ἀµύvou ioὶ oίoi. ioὶ
+ço¤ὴv oὐ+oῦ ¤oioῦ.
Demóstenes (al Morcillero): ¿Tú,
por qué huyes? ¡Quédate! Noble
Morcillero, no traiciones el plan.
Señores caballeros, venid. Ahora es
la oportunidad. Simón,
Panecio, ¿no cabalgaréis hacia el
ala derecha?
Nuestros hombres están cerca.
(Al Morcillero) Deféndete y date
vuelta de nuevo.
La polvareda indica que atacan en
conjunto.
Pero deféndete y persíguelo y
ponlo en fuga.
(vv. 240-246)
Demóstenes una vez más es el prin-
cipal propulsor del ataque y evita con
sus arengas que el Morcillero escape de
inmediato, amedrentado por las ame-
nazas de Pafagonio. El Morcillero no
inter vie ne en el diálogo hasta iniciado
el enfrentamiento (v. 275 y v. 280)
16
;
por ende, el protagonismo inicial recae
sobre Demóstenes y los primeros argu-
mentos que comprometen seriamente
la imagen de Cleón que dan a cargo
de los caballeros, que representan a la
joven aristocracia de Atenas:
Χogόç
(…) +ὰ ioivὰ ¤çὶv \o_.ῖv
io+.o0ί.i,,
iἀ¤oouiά(.i, ¤iέ(ov +oὺ,
ὑ¤.u0ύvou, oio¤ῶv
ὅo+i, oὐ+ῶv ὠµό, ἐo+iv ἢ
¤έ¤ov ἢ µὴ ¤έ¤ov·
ioὶ oio¤.ῖ, y. +ῶv ¤o\i+ῶv
ὅo+i, ἐo+ὶv ἀµvoiῶv,
¤\oύoio, ioὶ µὴ ¤ovqçὸ, ioὶ
+çέµov +ὰ ¤çάyµo+o.
iἄv +iv᾽ oὐ+ῶv yvῷ, ἀ¤çάyµov᾽
ov+o ioὶ i._qvό+o,
io+oyoyὼv ἐi X.ççovήoou,
oioµo\ὼv ἀyiuçίoo,,
16 Sommerstein (1981: 158) y Henderson
(2006 [1998]: 264) atribuyen el verso 274 al
Morcillero, pero esta variante ha sido motivo
de controversia. El manuscrito asigna al coro
el parlamento del verso 274 (“Y has graz-
nado, ¿como siempre revuelves la ciudad?”)
y el verso 275, al Morcillero (“Pero yo te
pondré en fuga a ti con este grito primero”).
Neil (1966: 44), por ejemplo, conserva la
versión del manuscrito. Otra alternativa pre-
sentan Hall y Geldart (1907): los autores
atribuyen el verso 274 al coro y el 275 a Pafa-
gonio; en ese caso, el Morcillero no interven-
dría en el agón hasta el verso 280. A nuestro
entender, la opción de Hall y Geldart
parece la más adecuada al desarrollo de la
escena y a las características de los perso-
najes involucrados. De todas formas, si nos
atenemos estrictamente a la atribución del
manuscrito, el Morcillero habla por primera
vez en el verso 275, también ya iniciado el
agón y con una intervención marginal y
poco signifcativa. El Morcillero toma mayor
protagonismo tan solo a partir del verso 280.
María Jimena Schere / La función argumentativa del personaje de Demóstenes en la comedia… 98
.ἶ+᾽ ἀ¤oo+çέµo, +ὸv ᾓµov
oὐ+ὸv ἐv.io\ήµooo,.
Coro: (…) devoras los fondos
comunes, antes de tocarte
en suerte tu parte,
y presionas oprimiendo a los obli-
gados a rendir cuentas como higos,
viendo
cuál de estos está verde o maduro o
no maduro aún;
y miras cuál de los ciudadanos
tiene mente de cordero,
es rico y no malvado y temeroso de
los asuntos públicos.
Y si descubres que alguno de estos
es ajeno a los asuntos públicos y
boquiabierto
lo traes desde el Quersoneso,
poniéndole la zancadilla con
calumnias,
entonces, lo pones de espalda y te
lo engulles.
(vv. 258-263)
El coro acusa a Pafagonio de sacar
benefcios económicos de su liderazgo,
practicar la calumnia y la extorsión.
Por lo general, el héroe cómico tiene
la función de denunciar las faltas de
sus antagonistas. Sin embargo, la fgura
del Morcillero resulta al principio tan
negativa que no puede hacerse cargo
legítimamente de la postura avalada
en la obra; por ese mismo motivo, el
autor apela a fguras alternativas de
refuerzo como Demóstenes y el coro
de caballeros. Si el ataque corriera, en
cambio, por exclusiva cuenta del héroe,
sus efectos argumentativos perderían
ef cacia persuasiva.
El Morcillero adopta por primera
vez un papel activo en la escena agonal
durante la competencia que propone
el coro de caballeros (v. 227): el coro
incita a los dos rivales a batirse en una
lucha que consagrará ganador a quien
pueda demostrar ser superior en des-
vergüenza (ἀvoίo.io). A partir de la
sugerencia del coro, Pafagonio toma
la iniciativa y acusa al Morcillero de
exportar “cuerdas para las trirremes
de los peloponesios” (vv. 278-9). Esta
acusación directa de Pafagonio con-
tra el Morcillero le asigna al héroe por
primera vez un lugar protagónico en
la escena; el Morcillero rompe el silen-
cio
17
y responde con otra imputación
en espejo, secundada por Demóstenes:
ἈXXαvxonώXqç
voὶ µὰ Aίo iἄyoy. +oῦ+ov, ὅ+i
i.v¸ +¸ ioi\ίᾳ
.ἰooçoµὼv .ἰ, +ὸ ¤çu+ov.ῖov
.ἶ+o ¤ά\iv ἐi0.ῖ ¤\έᾳ.
Δqµoo0έvqç
vὴ Aί᾽, ἐLάyov y. +ἀ¤όççq0᾽,
ἅµ᾽ ἄç+ov ioὶ içέo,
ioὶ +έµo_o,, oᾃ Π.çii\έq, oὐi
ἠLiώ0q ¤ώ¤o+..
Morcillero: Sí, por Zeus, y yo
[lo acuso] a él, porque después de
haber corrido
al Pri ta neo con la panza vacía, sale
luego con la panza llena.
Demóstenes: ¡Por Zeus!, expor-
tando lo prohibido, pan, carne,
fletes de pescado salado, con lo
que jamás fue dignifcado Pericles.
(vv. 280-283)
17 Cfr. n. 16.
99 Nº XVII / 2013 / ISSN 1514-3333 (impresa) / ISSN 1851-1724 (en línea), pp. 89-106
Luego del episodio de Pilo, se le
había concedido a Cleón el privilegio
de comer en el Pritaneo a expensas del
Esta do, honra que se reservaba a per-
sonas excepcionalmente destacadas,
como los ga nadores de los festivales
deportivos, pero que jamás se había
concedido a un po lítico (Sommers-
tein 1981: 158)
18
. El suceso de Pilo
vuelve a gravitar de manera signif-
cativa en la pieza. La re ferencialidad
no fccional del hecho le suma fuerza
persuasiva al argumento del héroe; sin
embargo, por la falta de legitimación
del Morcillero, su primera acusación
en este enfrentamiento con su rival es
secundada por la de Demóstenes, que
le aporta credibilidad y valor argumen-
tativo. En este caso, Demóstenes agrega
la in culpación de exportación ilegal y
el hecho de que ni el propio Pericles
había go zado del honor de comer en
el Pritaneo (vv. 280-281).
Inmediatamente después del par-
lamento de Demóstenes, se desarrolla
un cruce entre los dos rivales, sin par-
ticipación de los demás personajes; sin
embargo, resulta signifcativo observar
que este primer duelo directo, sin per-
sonajes de refuerzo, tiene un carácter
farsesco. Por cierto, en la primera
escena agonal el Morcillero se limita
sobre todo a protagonizar este tipo de
escenas payasescas, en las que domi-
18 Wilkins (2000: 179-189) señala que el
honor de comer en el Prita neo alude a las
ventajas que el demagogo saca de su fun-
ción pública. Sobre la visión de Pafagonio-
Cleón como un consumi dor voraz, véanse
también Whitman (1964: 92-96), Tai-
llardat (1965: 413) y, más recientemente,
Wor man (2008: 92).
nan los gritos, las amenazas de golpe
y las expresiones de alarde:
ΠαφXαγώv
ἀ¤o0ov.ῖo0ov oὐ+ίio µά\o.
ἈXXαvxonώXqç
+çi¤\άoiov i.içάLoµoί oou.
ΠαφXαγώv
io+oµoήooµoi µoῶv o..
ἈXXαvxonώXqç
io+oi.içάLoµoί o. içά(ov.
ΠαφXαγώv
oioµo\ῶ o᾽, ἐὰv o+ço+qy¸,.
ἈXXαvxonώXqç
iuvoio¤ήoo oou +ὸ vῶ+ov.
ΠαφXαγώv
¤.çi.\ῶ o᾽ ἀ\o(ov.ίoi,.
ἈXXαvxonώXqç
ὑ¤o+.µoῦµoi +ὰ, ὁooύ, oou.
ΠαφXαγώv
µ\έµov .i, µ᾽ ἀoioçoάµui+o,.
ἈXXαvxonώXqç
ἐv ἀyoço iἀyὼ +έ0çoµµoi.
ΠαφXαγώv
oioçoçήoo o᾽, .i +i yçύL.i.
ἈXXαvxonώXqç
io¤çoçoçήoo o᾽, .ἰ \o\ήo.i,.
ΠαφXαγώv
ὁµo\oyῶ i\έ¤+.iv· oὺ o᾽ oὐ_ί.
ἈXXαvxonώXqç
vὴ +ὸv Tçµqv +ὸv ἀyoçoῖov,
iἀ¤ioçiῶ y. µ\.¤όv+ov.
Pafagonio: (a Demóstenes y el
Morcillero) Moriréis los dos ahora
mismo.
Morcillero: Graznaré tres veces
más que tú.
Pafagonio: Haré callar tus gritos
gritando.
Morcillero: Haré callar tus grazni-
dos graznando.
Pafagonio: Te difamaré, si eres
estratega.
Morcillero: Te golpearé como a un
perro el lomo.
María Jimena Schere / La función argumentativa del personaje de Demóstenes en la comedia… 100
Pafagonio: Te cercaré con impos-
turas.
Morcillero: Te cortaré los caminos.
Pafagonio: Mírame sin pestañar.
Morcillero: Yo también me he
criado en el Ágora.
Pafagonio: Te haré pedazos, si
refunfuñas algo.
Morcillero: Te cubriré con mierda,
si parloteas.
Pafagonio: Confeso que robo y
tú no.
Morcillero: Sí, ¡por Hermes del
Ágora!
Y juro en falso cuando me ven.
(vv. 284-298)
En este pasaje, se dejan de lado los
argumentos más serios y elaborados,
pa ra pasar a un intermedio de carác-
ter lúdico, a cargo de Pafagonio y el
Morcillero, que excluye a los persona-
jes más legitimados de la obra (Demós-
tenes y el coro). En suma, la primera
escena agonal comienza con el prota-
gonismo de Demóstenes, que incita al
Morcillero a no huir y llama en auxilio
a los caballeros (vv. 240-246); luego,
las acusaciones más serias corren por
cuenta del coro (vv. 247-277); el Mor-
cillero interviene por primera vez con
una acusación secundada por Demós-
tenes (vv. 280-283) y, por último, se
desata una escena lúdica entre los dos
rivales (284 ss.). Este comienzo del pri-
mer agón demuestra que la función del
héroe es al principio marginal, carece
de autonomía y se reserva para las
escenas farsescas. Por eso, el autor ha
destacado desde el comienzo la fgura
de Demóstenes, y luego apela al coro,
para aportarle mayor efcacia argu-
mentativa al embate contra Pafagonio-
Cleón. La simple actuación del héroe,
en esta primera instancia, no sería suf-
ciente para darle fuerza persuasiva al
ataque contra el demagogo. El prestigio
del Demóstenes histórico, afamado por
sus aptitudes militares, le aporta una
mayor legitimidad al embate. Además,
la inclusión de personajes históricos
permite que la comedia no quede cir-
cunscripta al ámbito de la mera fcción
literaria, sino que pueda traspasar más
fácilmente sus fronteras e incidir de
manera real y efectiva en la opinión
pública
19
.
Luego de la parábasis, Demóste-
nes desaparece defnitivamente de la
escena. Sobre su desaparición, Hen-
derson (2003) ha argumentado que
si realmente los esclavos tuvieran
una identidad extra tex tual específca
–hecho que niega–, el autor les hubiera
dado un papel relevante tam bién des-
pués del prólogo. A nuestro entender,
Demóstenes cumple una fun ción de
héroe cómico alternativo que solo es
necesaria durante el progresivo pro-
ceso de legitimación del Morcillero.
Un vez que el Morcillero alcanza un
lu gar destacado y victorioso, después
del primer agón, la función provisoria
de Demóstenes como héroe cómico y
19 Parte de la crítica aristofánica niega que
el comediógrafo se proponga infuir sobre
la opinión pública en cuestiones políticas
(cfr. Halliwell 1984; 2008; Heath 1987;
Olson 2010); sin embargo, la presencia de
personajes con referente extratextual preciso
y bien identifcable para el público, como
Cleón y Demóstenes, demuestra que el autor
intenta trascender la mera fcción literaria e
incidir en el debate contemporáneo.
101 Nº XVII / 2013 / ISSN 1514-3333 (impresa) / ISSN 1851-1724 (en línea), pp. 89-106
portavoz del discurso positivo ya no
es necesaria, y podría incluso opacar
al verdadero héroe de la obra; por lo
tanto, Demóstenes debe ser necesaria-
mente excluido.
Las tres escenas agonales signif-
can un incremento gradual del poder
del Morcillero y el debilitamiento de
Pafagonio
20
. Las victorias sucesivas
del héroe en los tres episodios agona-
les van legitimando progresivamente
su ima gen negativa del comienzo
ante el público. En el segundo agón,
luego de su primera victoria, el Mor-
cillero asu me ya su plena condición de
héroe cómico clásico como principal
representante del punto de vista del
enunciador-autor
21
y por primera vez
pronuncia acusaciones serias contra
su rival, sin el refuerzo de otros per-
sonajes:
ἈXXαvxonώXqç
ioὶ ¤ῶ, oὺ çi\.ῖ,, o, +oῦ+ov
ὁçῶv oἰioῦv+᾽ ἐv +oῖ,
çioάivoioi
ioὶ yu¤oçίoi, ioὶ ¤uçyioίoi,
ἔ+o, oyooov oὐi ἐ\.oίç.i,,
ἀ\\ὰ io0.ίçLo, oὐ+ὸv µ\ί++.i,;
Ἀç_.¤+o\έµou oὲ çέçov+o,
+ὴv .ἰçήvqv ἐL.oiέoooo,, +ὰ,
¤ç.oµ.ίo, +᾽ ἀ¤.\oύv.i,
20 Brock (1986: 25) destaca que la obra cons-
tituye una serie de agônes que representan
caí das sucesivas de Pafagonio. Cfr. n. 15.
21 La noción “enunciador-autor” se refere a
una cons truc ción de carácter discursivo,
diferente del emisor o autor empírico
(cfr. Charaudeau y Maingueneau 2005
[2002]: 541-2). Nuestro abordaje se pro-
pone explorar la identidad discursiva que el
autor empírico elabora de sí mismo, y de su
postura política, a través de su obra.
ἐi +q, ¤ό\.o, ῥo0o¤uyί(ov, oï
+ὰ, o¤ovoὰ, ¤çoio\oῦv+oi.
Morcillero: ¿Y cómo tú lo amas [a
Demos], si no te compadeces de
verlo habitar en toneles
y en nidos de buitres y en almenas
durante ocho años,
y, por el contrario, luego de
haberlo encerrado, lo exprimes? Y
cuando Arqueptólemo traía
la paz la dispersaste al viento; y
echas las embajadas
de la ciudad a patadas en el trasero,
aquellas que ofrecen treguas.
(vv. 792-796)
En este punto del enfrentamiento,
la argumentación del Morcillero se
transforma en un ale ga to serio contra
Paflagonio, elaborado con datos de
la realidad contemporánea. El héroe
denuncia hechos histó ri cos, efectiva-
mente ocurridos, como la situación de
los campesinos emigrados a la ciudad
por causa de la guerra (vv. 792-3)
22
y
el impulso para rechazar la tregua por
parte de Cleón (vv. 794-6), quien siem-
pre había sostenido una posición beli-
cista. Si en el primer agón el Morcillero
actúa como mero doble cómico, idén-
tico a su antagonista, ya en su segundo
enfrentamiento se convierte en héroe
cómico clásico, es decir, denunciante
justiciero y principal portavoz del
enunciador-autor.
Además de este giro notable en la
argumentación del Morcillero durante
el segundo agón, el desenlace de la
obra rescata especialmente su fgura:
22 El testimonio de Tucídides confrma la situa-
ción de los campesinos emigrados (2. 52).
María Jimena Schere / La función argumentativa del personaje de Demóstenes en la comedia… 102
el héroe se transforma mágicamente
en un buen líder y guía a Demos hacia
su conversión defnitiva (vv. 1316 ss.)
23
.
El liderazgo del Morcillero promueve
la adopción por parte de Demos de
una serie de medidas políticas opues-
tas a la orientación de Cleón: asegu-
rar el legítimo salario de los remeros
(vv. 1366-7); prohibir que los hopli-
tas, una vez enrolados, puedan por su
infuencia cambiar de inscripción (vv.
1369-1371); evitar la infuencia de los
jóvenes políticos adiestrados en el arte
de la retórica (vv. 1373-1380). A par-
tir de este cambio, podemos afrmar
que, a pesar de la imagen negativa del
comienzo, el desenlace presenta una
imagen renovada del Morcillero que
destaca su liderazgo.
23 La sorpresiva resolución de la obra con la
conversión fnal del héroe ha dado lugar a
innumerables interpretaciones y es uno de
los pasajes más discutidos de esta comedia.
Murray (1933: 50), por ejemplo, des ta ca
la inconsistencia argumental de la pieza.
Algunos autores entienden que el Morci-
llero adopta en el desenlace un carácter
favorable, ya sea porque asume rasgos
divinos (Whitman 1964: 83-4 y 101-3),
por transformarse en un cocinero benéfco
(Reckford 1987: 116-120; Wilkins 2000:
198-200) o en un fármaco salvador (Ben-
net y Blake Tyrrell 1990; Bowie 1993:
58-66). Asimismo, Ford Jr. (1965) inter-
preta que el fnal de Caballeros representa el
paso de la Atenas real a la Atenas ideal (cfr.
Brock 1986). Por su parte, Land fester
(1967) destaca que el Morcillero le reinte-
gra fnalmente a Demos su so beranía per-
dida. A nuestro entender, la transformación
del Morcillero indica una clara línea diviso-
ria entre él y Pafagonio, y ubica claramente
a este úl timo como blanco cómico central
de la pieza.
Es preciso subrayar que los héroes
aristofánicos carecen de una imagen
idealizada; sin embargo, son aquellos
que actúan como portavoces privi-
legiados del discurso positivo y que
ocupan el lugar más destacado en la
pieza. Diceópolis, por ejemplo, asume
la postura en contra de la guerra, como
alter ego del enunciador-autor, pero
adopta una solución egoísta: una tre-
gua con Esparta para él y su familia;
con todo, el héroe concibe esta alter-
nativa individual luego de percibir el
rechazo del resto de sus conciudada-
nos que se desinteresan por la paz
24
.
Trigeo asume también la perspectiva
a favor de la paz, pero idea el cómico
plan de subir montado en un pestilente
escarabajo hasta el Olimpo. En el caso
del Morcillero, su imagen es negativa
en grado extremo, mucho más que
la de ningún otro héroe aristofánico
y requiere, según vimos, el necesario
refuerzo de personajes menos degra-
dados; pero con el transcurso de la
pieza, esas figuras deben perder su
protagonismo: Demóstenes desapa-
rece por completo y el coro adopta un
papel marginal para que el héroe pueda
alcanzar su verdadera estatura heroica.
En el comienzo de la obra, la fama de
Demóstenes como militar exitoso,
lo vuelve propicio para convertirlo
en el primer portavoz autorizado del
enunciador-autor. En este sentido, su
referencia extratextual precisa, que el
público puede reconocer desde el ini-
24 Parker (1991: 206) argumenta que el ego-
ís mo de Diceópolis encuentra un atenuante
en la ceguera de sus conciudadanos que
rechazan la paz.
103 Nº XVII / 2013 / ISSN 1514-3333 (impresa) / ISSN 1851-1724 (en línea), pp. 89-106
cio, a partir de los versos claves 54-57,
favorece la estrategia persuasiva de la
pieza en tanto su fgura prestigiosa le
aporta legitimidad a la postura anti-
cleoniana y, al mismo tiempo, opaca
los méritos atribuidos a Cleón por la
victoria de Pilo. Desde la perspectiva
aristofánica, Cleón ha construido su
liderazgo valiéndose exclusivamente
del engaño y de maniobras deshones-
tas: el episodio de Pilo es un ejemplo
más de su arte de distorsionar la reali-
dad en benefcio propio. La presencia
del Demóstenes histórico sirve enton-
ces para sacar a la luz los falsos méritos
sobre los cuales Cleón ha consolidado
su poder. Con el transcurso de la obra,
sin embargo, Demóstenes debe ser
relegado para permitir la apoteosis
del Morcillero. La condición inicial
de Demóstenes como héroe proviso-
rio hace indispensable su eliminación
luego de la parábasis; solo entonces
el Morcillero puede cobrar verdadera
autonomía, acaparar la atención y la
empatía del público y ocupar su lugar
clásico de portavoz central del enun-
ciador-autor. En caso de permanecer
en escena, la presencia de Demóstenes
hubiera duplicado la función del héroe
y opacado la fgura del Morcillero en
su proceso paulatino de legitimación. ¶
Conclusiones
E
l análisis del personaje de
Demóstenes nos ha permitido,
en primer lugar, apoyar la hipó-
tesis, discutida por algunos autores,
de que el esclavo que inaugura la pieza
responde efectivamente a la identi-
dad del general ateniense. En primer
orden, destacamos el hecho de que
la identidad de Pafagonio-Cleón y la
del esclavo Demóstenes se confrman
conjuntamente en el mismo pasaje (vv.
40-72). Además de la referencia explí-
cita al suceso de Pilo, hemos observado
que el papel activo que desempeña el
personaje se corresponde con la repre-
sentación del Demóstenes tucidídeo,
capaz de idear y llevar a cabo la cam-
paña de Pilo. El carácter protagónico y
resolutivo del esclavo resulta coherente
con las intenciones argumentativas
de la pieza que se propone atribuir al
general el mayor mérito por el suceso
de Pilo y opacar la fama del Cleón his-
tórico. Henderson (2003), quien ha
cuestionado la identifcación de los dos
esclavos, observa que si es tos tuvieran
realmente una identidad extratextual,
Nicias debería asumir en la obra el
papel cen tral por ser una fgura polí-
tica más destacada que Demóstenes
25
.
Desde nuestra pers pectiva, Aristófanes
le asigna una actuación protagónica a
Demóstenes, precisamente, para pre-
sen tarlo como el verdadero respon-
sable de la victoria de Pilo, versión de
los hechos sugerida en Tucídides y que
seguramente circularía entre los círcu-
los opositores a Cleón.
En segundo lugar, observamos
que el esclavo Demóstenes cumple
un papel central en la primera parte
de la obra y desempeña algunas fun-
ciones relevantes que en otras come-
dias corresponden al héroe cómico.
Demóstenes es el encargado de pre-
25 De la misma opinión es Tammaro (1991:
147-8).
María Jimena Schere / La función argumentativa del personaje de Demóstenes en la comedia… 104
sentar al blanco central de la pieza y sus
rasgos salientes, idea el plan salvador y
le da el impulso inicial, ante las reticen-
cias del Morcillero. La fgura del héroe,
hemos argumentado, resulta al prin-
cipio tan degradada, carente de todo
prestigio y semejante a su antagonista,
que no puede funcionar como un por-
tavoz autorizado de la posición defen-
dida en la pieza. Por lo tanto, el autor
ha introducido fguras alternativas de
refuerzo, Demóstenes y el coro, que
legitiman en primera instancia la pers-
pectiva avalada en la obra. La elección
del prestigioso general Demóstenes le
aporta, sin duda, efcacia persuasiva a
la pieza. En el transcurso de la obra, el
Morcillero experimenta un paulatino
proceso de legitimación debido a sus
sucesivas victorias, que culmina con
su conversión fnal. Si bien su fgura
nunca tiene un carácter idealizado –al
igual que el resto de los héroes aristofá-
nicos–, el personaje alcanza luego de su
primera victoria una mayor estatura y
puede asumir de manera autónoma su
condición de portavoz del enunciador-
autor. Además, sus intervenciones ya
cuentan con el aval previo que le han
proporcionado las fguras más presti-
giosas de Demóstenes y el coro en la
primera escena agonal. A diferencia de
Henderson, creemos que Demóstenes
desaparece luego de la parábasis para
no opacar el proceso de legitimación
del Morcillero y resaltar su fgura como
el verdadero héroe de la pieza.
Al igual que en las otras comedias
tempranas, el verdadero héroe cómico
es un personaje fccional, un hombre
común, con cierta cuota de estilización
heroica, carente de especial notorie-
dad o relevancia política o social, capaz
de captar –al menos parcialmente– la
identifcación del público
26
. El Morci-
llero se adapta a este patrón, pero su
fgura se desempeña al comienzo como
un mero doble cómico de Pafagonio,
idéntico a su antagonista, y requiere,
por lo tanto, el aval de un general
preeminente, con referencia histórica
concreta. Demóstenes tampoco podría
asumir en forma defnitiva el lugar de
héroe cómico, precisamente, por ser
un personaje reconocido, incapaz de
generar la identifcación del ciudadano
ordinario; en este sentido, no se ajusta
al modelo aristofánico del héroe, pero
sí resulta una importante figura de
apoyo y un héroe cómico provisorio
durante la primera parte de la obra. ¶¶
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26 Henderson (1993: 310) considera que el
héroe se identifca con el ateniense ordina-
rio y sus in te reses. Por el contrario, Thiercy
(1986: 188) señala que el héroe, por su mez-
cla de aspectos ani males, humanos y divi-
nos es superior al común de los hombres.
Coincidimos en este punto con Thiercy y
creemos que el héroe es un hombre común,
pero con cierto grado de excepcionalidad,
por ejemplo su astucia, su dominio de la
retórica, su autodeterminación; en otras
palabras, es un ateniense co mún con cierta
cuota de estilización heroica.
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107 Nº XVII / 2013 / ISSN 1514-3333 (impresa) / ISSN 1851-1724 (en línea), pp. 107-122
D
edicados a Tiberio,
a quien se presenta
como respaldo de
la preservación
de las virtudes y
el castigo de los
vicios, los Facta et
dicta memorabilia
de Valerio Máximo consisten en una
colección de episodios del pasado de
Roma y de algunos pueblos extranje-
ros que, especialmente seleccionados
y califcados como exempla, el autor
distribuye en una serie de secciones
dedicadas a temas que hacen al sis-
tema institucional y axiológico propio
de esa cultura, todo lo cual aparece
enunciado explícita o implícitamente
en el prefacio de la obra:
Vrbis Romae exterarumque gentium
facta simul ac dicta memoratu digna
apud alios latius difusa sunt quam
ut breuiter cognosci possint, ab inlus-
tribus electa auctoribus digerere cons-
titui, ut documenta sumere uolenti-
bus longae inquisitionis labor absit.
Dubitatio y exemplum
en Valerio Máximo:
el funcionamiento de la
ejemplaridad y la
memoria en Roma
Alicia Schniebs [Universidad de Buenos Aires]
[latines@yahoo.com]
Resumen: La obra de Valerio Máximo se
inscribe en las transformaciones políticas,
socioculturales y simbólicas propias de la
instauración del principado. En este artículo
se estudian las características y funciones
de la dubitatio, una de las figuras retóricas
más idiosincrásicas del estilo de este autor,
como marca textual que permite recuperar el
comportamiento del enunciador como agente
del discurso ejemplar y de la memoria, temas
centrales del texto y de un contexto en que la
elite se ve obligada a redefinir su identidad y
su papel en la escena política.
Palabras clave: Valerio Máximo - dubitatio -
memoria - ejemplaridad - Tiberio.
Dubitatio and exemplum in Valerius
Maximus: the operation of exemplarity and
memory in Rome
Abstract: The work of Valerius Maximus
enrolls in the political, socio-cultural and
symbolic transformations of the advent of the
Principate. We study the features and functions
of dubitatio, one of the most idiosyncratic rhe-
torical figures of this author’s style, as a textual
markings which allows recover the position
of the speaker as an agent of the exemplary
discourse and memory, main focus of the text
and of a context in which the elite is forced
to redefine their identity and their role in the
political scene..
Key words: Valerius Maximus - dubitatio -
memory - exemplarity - Tiberius.
Alicia Schniebs / Dubitatio y exemplum en Valerio Máximo: el funcionamiento de la ejemplaridad… 108
[...] Te igitur huic coepto, [...] certis-
sima salus patriae, Caesar, inuoco,
cuius caelesti prouidentia uirtutes,
de quibus dicturus sum, benignissime
fouentur, uitia seuerissime uindican-
tur (1. pr.)
1
.
Esta conjunción de elementos
históricos, éticos y retóricos en una
obra que además se precia de cumplir
una fnalidad didáctica problematiza
su encuadre genérico y ha dado pie a
diversas posiciones de los estudiosos
2
.
Pero más allá de su innegable hibri-
dez, que a nuestro juicio se inscribe
en la transformación política y socio-
cultural propia del período (Alfonsi
1 “Los hechos y dichos dignos de memoria de
la ciudad de Roma y de los pueblos extran-
jeros han sido desplegados por otros de
forma demasiado amplia como para poder
conocerlos en poco tiempo; resolví pues
seleccionar y ordenar algunos tomados de
autores famosos para liberar del esfuerzo
de una larga indagación a quienes quieran
recurrir a estas enseñanzas. [...] Por tanto,
para esta empresa te invoco a ti, [...] segu-
rísima salvaguarda de la patria, César, cuya
celestial prudencia con suma benignidad
vela por las virtudes, de las que hablaré
luego, y con suma severidad castiga los
vicios”. Para Valerio Máximo, seguimos el
texto fjado por Briscoe (1998). Las tra-
ducciones de este y del resto de los textos
latinos son nuestras.
2 Aunque el grueso de los flólogos (Desi-
deri 2004; Gowing 2005; Guerrini 1981;
Maslakov 1984) la inscribe en el género
historiográfco, otros estudiosos la consi-
deran un tratado de ética práctica (Skid-
more 1996; Thurn 2001) e incluso una
simple recopilación de exempla destinada a
quienes aprendían o practicaban las decla-
mationes, postura sostenida por Bloomer
(1992) con argumentos un tanto parciales y
ya objetados por la crítica.
1984: 3-5), lo interesante del variopinto
compendio valeriano es que muestra el
funcionamiento de la ejemplaridad en
Roma y su injerencia en la construc-
ción y determinación de la memoria,
precisamente en un momento en el que
los sectores dominantes, generadores y
guardianes por excelencia del deber ser
y el deber hacer romanos, ven compro-
metidas su función e identidad por la
instauración defnitiva del principado
(Roller 2001: 3-13). De los muchos
caminos posibles para abordar este
tema, nos centraremos aquí en el estu-
dio de una fgura particular, la dubita-
tio, que consideramos relevante pues,
al igual que la adnominatio, constituye
uno de los rasgos más idiosincrásicos
de la factura retórica de la obra (Bloo-
mer 1992: 248-259). En este orden de
cosas, proponemos que, por sus carac-
terísticas y funciones, la dubitatio no es
un elemento más del ornatus sino una
marca textual del posicionamiento del
enunciador como agente de la opera-
ción a la vez selectiva e interpretativa
anunciada en el prefacio.
En la cultura romana, la ejem-
plaridad es un discurso, un sistema
coherente de símbolos que organiza
el pasado de una manera particular,
determina una manera también parti-
cular de fjarlo, conocerlo y emplearlo,
y consta de cuatro instancias: (a) una
acción puntual llevada a cabo por un
sujeto individual o colectivo; (b) una
‘audiencia primaria’, constituida por los
testigos, que evalúa el acto como repre-
sentativo para la comunidad y lo asocia
con alguna de sus prácticas, institucio-
nes o valores; (c) la conmemoración a
109 Nº XVII / 2013 / ISSN 1514-3333 (impresa) / ISSN 1851-1724 (en línea), pp. 107-122
través de testimonios de diverso tipo
(narrativos, plásticos, rituales, etc.),
que inscriben el hecho en la memo-
ria colectiva y lo perpetúan para una
serie infnita de ‘audiencias secunda-
rias’; y (d) la imitación o evitación del
tal acto, esto es, su transformación en
paradigmas ya sancionados positiva
(laus) o negativamente (reprehensio)
por el conjunto social, tal como leemos
en Valerio
3
:
Gratas uero animi signifcationes et
ingrata facta libuit oculis subicere,
ut uitio ac uirtuti iusta merces aes-
timationis ipsa comparatione acce-
deret. Sed quoniam contrario propo-
sito sese distinxerunt, nostro quoque
stilo separentur, prioremque locum
obtineant quae laudem quam quae
reprehensionem merentur (5. 2. pr.)
4
.
Concebida pues como un con-
junto de modelos de conducta elogia-
bles o reprochables, la función social
de la ejemplaridad, al igual que la de
la memoria, es en Roma fundamen-
talmente pragmática (Roller 2009:
218; Farrell 1997), cosa que se veri-
fca no solo en ciertas prácticas, como
por ejemplo la evocación del quehacer
de los antepasados sea en los convivia
3 Para esta concepción y características de la
ejemplaridad, seguimos a Roller (2004:
4-7).
4 “He querido poner a la vista las muestras
de agradecimiento y los actos ingratos
para que la comparación misma aporte
justa estimación al vicio y la virtud. Pero,
puesto que se distinguen por sus intencio-
nes opuestas, sepárelos también mi pluma y
obtenga el primer lugar aquello que merece
alabanza por sobre lo que merece censura”.
sea a través de las imagines familiares
5
,
sino también en el propósito didáctico
de los historiadores
6
, y, lo que resulta
más interesante para nosotros, en las
palabras del mismo Valerio:
[...] iniciam stilum qua nostrae urbis
qua exterarum gentium priscis ac
memorabilibus institutis: opus est
enim cognosci huiusce uitae, quam
sub optimo principe felicem agimus,
quaenam fuerint elementa, ut eorum
quoque respectus aliquid praesentibus
moribus prosit (2. pr.)
7
.
Desde luego, este acervo de epi-
sodios y actores modélicos se presu-
pone como de público conocimiento
y, de hecho, de allí deriva la efcacia
del exemplum histórico en la oratoria,
donde ofcia como una forma particu-
lar del razonamiento inductivo, cuya
fuerza persuasiva reside, al decir de
los tratadistas, en que, por conside-
rarse del orden de la verdadero e inte-
grar la enciclopedia compartida por
el orador y su auditorio, opera como
una res certa que no necesita demos-
tración
8
. Sin embargo, aunque desde
una perspectiva fáctica el episodio en
5 Cfr. Skidmore (1996: 13-21).
6 Cfr. Salustio. Cat., 4. 2; Livio. pr., 3; 9-10.
7 “[...] daré curso a mi pluma por las antiguas
y memorables instituciones de nuestra ciu-
dad y de los pueblos extranjeros. Pues es
necesario conocer cuáles fueron los funda-
mentos de esta vida feliz que llevamos bajo
un óptimo líder, a fn de que volver la vista
hacia ellos sea de algún provecho a las cos-
tumbres actuales.”
8 Cfr. Retórica a Herenio, 1. 13; 4. 62; Cice-
rón. De orat., 3. 204. 205; Orat., 120: Verr.,
3. 209; Quintiliano. Inst., 5. 11. 6-16.
Alicia Schniebs / Dubitatio y exemplum en Valerio Máximo: el funcionamiento de la ejemplaridad… 110
sí sea incuestionable, su interpreta-
ción y empleo por parte de las audien-
cias secundarias, entre las cuales se
encuentran Valerio Máximo y sus lec-
tores, pueden apartarse de los estable-
cidos por la primaria, diferencia esta
que incluye desde el cuestionamiento
mismo del estatuto ejemplar del tal
suceso hasta la sustitución o amplia-
ción de las prácticas, instituciones o
valores que supuestamente ilustra. Es
indudable que, por un lado y como
bien afrma David (1980: 85), el fun-
cionamiento de los exempla comporta
una focalización por sinécdoque pues
el agente queda reducido a un único
comportamiento del cual se constituye
en modelo, cosa que Valerio expone
con toda claridad cuando, a propósito
de Aulio Fulvio que ordena la muerte
de su hijo porque se había unido a la
conjuración de Catilina, comenta:
Licuit, donec belli ciuilis rabies prae-
teriret, inclusum arcere: uerum illud
cauti patris narraretur opus, hoc
seueri refertur (5. 8. 5)
9
.
Pero, por el otro, los textos nos
muestran a la vez la maleabilidad del
discurso ejemplar, de lo cual es prueba
nuevamente el propio Valerio, ya que
los casos de flicidios cometidos en
nombre de la salvaguarda de las ins-
tituciones ilustran tanto la severitas
patrum a través de los ejemplos del
citado Aulio Fulvio, Lucio Bruto (5. 8.
1) y Espurio Casio (5. 8. 2), como la
9 “Pudo haberlo apartado encerrándolo hasta
que pasara la furia de la guerra civil. Pero
eso se hubiera narrado como la obra de un
padre precavido; esto se refere como la de
uno severo”.
disciplina militaris, a través de los de
Postumio Tuberto y Manlio Torcuato
(2. 7. 6). Así pues, por consensuada y
unívoca que parezca, la ejemplaridad,
al igual que la memoria, están sujetas
a los vaivenes del contexto discursivo e
histórico en el que se actualizan. Es por
esto, quizás, que Valerio no se limita
a enunciar un tema e ilustrarlo con
episodios por todos conocidos, sino
que pone especial cuidado en acom-
pañarlos de comentarios autorales,
que dan cuenta de su parecer acerca
de los hechos, sus agentes o su mismo
estatuto ejemplar. Es aquí donde opera
la dubitatio y es esto lo que torna sig-
nifcativa la recurrencia a esta fórmula
de hesitación, pues se trata de tramos
discursivos en los que el autor se posi-
ciona explícita o implícitamente como
audiencia secundaria y, en consecuen-
cia, como agente de la ejemplaridad y
la memoria o, para retomar sus propios
términos en el prefacio, como selector
y ordenador de una cierta ejemplari-
dad digna de constituirse en parte de
la memoria.
La dubitatio consiste, en un sentido
amplio, en la expresión por parte del
enunciador de su presunta incertidum-
bre o indecisión entre dos o más inter-
pretaciones de un hecho, un estado de
cosas, una idea, una persona, etc.
10
:
Dubitatio est, cum quaerere videatur
orator, utrum de duabus potius aut
quid de pluribus potissimum dicat,
hoc modo: “Ofuit eo tempore pluri-
mum rei publicae consulum sive stul-
10 Cfr. Quintiliano. Inst., 9. 2. 19; 9. 3. 88;
Lausberg (1967: §776-777); Mortara
Gravelli (1988: 275-276).
111 Nº XVII / 2013 / ISSN 1514-3333 (impresa) / ISSN 1851-1724 (en línea), pp. 107-122
titiam sive malitiam dicere oportet
sive utrumque” (Retórica a Herenio
4. 40)
11
.
Su formulación lingüística es
amplia y puede resolverse a través de
conectores disyuntivos, como vemos
en el citado ejemplo de la Retórica a
Herenio, o incluir además reforzado-
res lexicales, como el verbo nescire o
el adjetivo dubius:
Quo postquam, dubium pius an sce-
leratus, Orestes
exactus furiis ipse venerat suis
(Ovidio. Tristezas, 4. 4. 69-70)
12
.
[...] Nil moror tibicinam;
nescias utrum ei maiores buccaene an
mammae sient (Plauto. El cartagi-
nesito, 1415-1416)
13
.
Como puede verse, al igual que la
praeteritio y la correctio, estrechamente
vinculadas con ella, se trata de una
fgura por adjunción, que suministra
un plus de información al destinatario,
pero enmascarándola o disimulándola,
en este caso bajo una supuesta disyun-
tiva, que desde el punto de vista prag-
mático atenúa la responsabilidad del
emisor, a la vez que, por la vía de un
aparente soliloquio, genera una suerte
11 “La dubitación se produce cuando el orador
parece preguntarse acerca de cuál de entre
dos o más palabras usar, de este modo: ‘En
aquel tiempo la república fue perjudicada
por –hay que decirlo– la estupidez de los
cónsules o su malicia o ambas cosas a la vez’”.
12 “Después que Orestes, dudo de si piadoso
o criminal, había llegado allí, perseguido él
mismo por sus propias Furias”.
13 “No me interesa la fautista; uno no puede
saber si tiene más grandes la quijada o las tetas”.
de diálogo silente con el destinatario
y apela a su coparticipación. Hechas
estas aclaraciones sobre el recurso en
general, corresponde ahora que nos
adentremos en sus características y
funciones dentro de Facta et dicta.
Como ya adelantamos, Valerio
recurre con notable frecuencia a la
dubitatio y lo hace sobre todo en los
comentarios autorales que acompañan
a los exempla, los cuales suelen ubi-
carse antes o después de la narración
propiamente dicha y operan en el nivel
interpretativo
14
. Los más frecuentes y
más provechosos para nuestro análi-
sis son los segundos pues constituyen
lo que Guerrini (1980) denomina
“refexión conclusiva”. Todos ellos se
construyen sobre la base de dos nocio-
nes fundamentales: la duda entre dos o
más opciones explícitamente enuncia-
das y la comparación, expresadas estas
por elementos lexicales y morfosintác-
ticos, y acompañadas por lo general de
tramos explicativos de las razones que
sostienen las alternativas de la disyun-
ción. En cuanto a la interpretación en
sí, su rasgo común es ampliar el rango
de lo ilustrado por el exemplum a tra-
vés de una focalización múltiple que
toma en cuenta los diversos aspectos
que intervienen en la concreción del
suceso relatado. Veamos un primer
caso que muestra a las claras lo dicho
hasta aquí. En el apartado 2.7, dedicado
a ilustrar la observancia de la disciplina
14 Tomamos este concepto de Suleiman
(1977), quien observa que el relato ejemplar
opera en tres niveles: narrativo (el relato en
sí), interpretativo (el comentario) y prag-
mático (la aplicación).
Alicia Schniebs / Dubitatio y exemplum en Valerio Máximo: el funcionamiento de la ejemplaridad… 112
militaris, que se califca como la gloria
y estabilidad del poder romano y en
cuya tutela residen la paz y la tranqui-
lidad (2. 7. pr.), se incluye el ejemplo
de la negativa del senado a recuperar a
los seis mil soldados romanos hechos
prisioneros por Aníbal en la batalla de
Canas y ofrecidos por este a cambio de
un rescate. Referido el hecho, Valerio
comenta:
Quorum nescio utrum maius dedecus
fuerit quod patria spei an quod hos-
tis metus nihil in his reposuerit, haec
pro se, ille ne aduersus se dimicarent
parui ducendo (2. 7. 15)
15
.
Como puede observarse, se veri-
fca aquí la presencia tanto de las dos
nociones señaladas: la de duda, indi-
cada por el verbo nescire y la interro-
gativa indirecta doble o disyuntiva, y
la de comparación, a través del adje-
tivo maius, como de un tramo expli-
cativo que fundamenta la alternativa
planteada. Evidentes son también la
mecánica y función del segmento en
términos interpretativos. En efecto,
por un lado y al revés de lo que cabría
esperar y de lo que, por lo demás, es
usual en la obra, la mirada no se cen-
tra en el sujeto (el senado) que realiza
la acción en tanto representante de
la institución (la disciplina militaris)
ilustrada por el exemplum, sino en el
objeto (los prisioneros) afectado por
ella, completando con la mención de
su desdoro la polaridad laus / repre-
15 “No sé si su mayor deshonra fue que la
patria no tuviera esperanza alguna en ellos
o que el enemigo no les tuviera miedo;
aquella tuvo en poco que lucharan por ella,
este que lo hicieran contra él”.
hensio que vertebra la sanción social.
Por el otro, y a través de la justifcación
de las dos opciones propuestas, suma
una mirada secundaria dirigida a un
tercer personaje, Aníbal. Participante
indispensable del suceso pero a la vez
carente de todo valor para convalidar
la práctica e importancia de la disci-
plina militaris en Roma, la mención de
sus motivos opera como un refuerzo
de la focalización en el objeto. A su
vez, en el caso del senado, foco prin-
cipal del relato y del tema tratado, la
mirada provista por la dubitatio amplía
y matiza lo ya dicho en el tramo narra-
tivo pues la desvalorización del rendi-
miento militar de los soldados cautivos
aparece como otro motor posible que
se agrega al del castigo de su vergon-
zosa conducta
16
.
Todos estos elementos reaparecen
en el resto de los casos donde la dubi-
tatio oficia de reflexión conclusiva,
aunque con variantes respecto de la
resolución lingüística y del centro ele-
gido para la focalización. Entre otros
ejemplos de la mirada dirigida no al
sujeto que realiza la acción paradigmá-
tica sino al objeto afectado por ella
17
,
pueden citarse:

1.- la reflexión conclusiva del
permiso concedido por el senado a
Escipión el Africano, a pedido de las
tropas, para desempeñar el consulado
16 “[...] memor tantam multitudinem armato-
rum iuvenum, si honeste mori voluisset, tur-
piter capi non potuisse” (“considerando que
un número tan grande de hombres jóvenes
armados no hubiera podido ser vergonzo-
samente tomado prisionero, si hubiera que-
rido morir con honor”).
17 Cfr. 4. 6. 1; 6. 6. 1.
113 Nº XVII / 2013 / ISSN 1514-3333 (impresa) / ISSN 1851-1724 (en línea), pp. 107-122
antes de tener la edad estipulada por
la ley, que ilustra los reconocimientos
extraordinarios otorgados a ciertos
individuos. Aquí, aunque el agente es el
senado, se incluye, al igual que en la de
los prisioneros, una mirada centrada
en un actor secundario (el ejército),
cuyo quehacer, como el de Aníbal en
el caso anterior, se enuncia como causa
alternativa de la sanción social:
Ita nescias utrum illi plus decoris
patrum conscriptorum auctoritas an
militum consilium adiecerit: toga
enim Scipionem ducem aduersus
Poenos creauit, arma poposcerunt (8.
15. 1)
18
.
2.- la del episodio de la devotio de
Decio durante la Tercera Guerra Sam-
nita, que ilustra la pietas erga patriam.
Su peculiaridad es que la focalización
sobre el objeto afectado comporta ade-
más una ampliación del mismo, toda
vez que no es ya el que efectivamente
ofcia como tal en el relato (los solda-
dos), sino la totalidad de Roma:
Ita dinosci arduum est utrum
Romana ciuitas Decios utilius habue-
rit duces an amiserit, quoniam uita
eorum ne uinceretur obstitit, mors
fecit ut uinceret (5. 6. 6)
19
.
18 “Así, uno no puede saber si a Escipión le
comportó más honor la autoridad de los
padres conscriptos o la decisión de los sol-
dados, pues la toga lo designó comandante
contra los cartagineses, el ejército lo exigió.”
19 “Así, es difícil dilucidar si la comunidad de
Roma tuvo por más provechoso el haber
tenido a los Decios como jefes o el haberlos
perdido, pues la vida de estos impidió que
fuera vencida, su muerte hizo que venciera”.
3.- la de la absolución de Clodio
por parte de un tribunal sobornado
por favores sexuales, que ilustra los
censurables efectos de la libido. Su inte-
rés reside en que la focalización con-
fere estatuto de agente a quienes, en
sentido estricto, son los objetos afecta-
dos por la comisión del vitium referido
en este apartado, de tal manera que,
agrupados todos como responsables
de un taetrum fagitium, el episodio
ejemplifca las nefastas consecuencias
sociales de la libido, pero, a la vez, la
corrupción de los tribunales y la vio-
lación de la pudicitia:
Quo in fagitio tam taetro tamque
multiplici nescias primum quem
detestere, qui istud corruptelae genus
excogitauit, an qui pudicitiam suam
sequestrem periurii feri passi sunt, an
qui religionem stupro permutarunt
(9. 1. 7)
20
.
En otras ocasiones, la reflexión
conclusiva gira en torno del sujeto
agente del hecho ejemplar. En estos
casos, la focalización múltiple se con-
creta a través de la incorporación de
variantes internas o externas al epi-
sodio en sí, que complejizan la inter-
pretación y aplicabilidad del modelo.
Ejemplos de este comportamiento son,
entre otros
21
:
20 “En tan abominable y múltiple crimen, uno
no puede saber a quién execrar primero, si
a quien maquinó esta forma de corrupción,
o a quienes permitieron que su castidad
deviniera agente de un perjurio, o a quienes
permutaron su juramento por sexo ilícito”.
21 Cfr. también 2. 9. 2; 2. 10. 5; 3. 8. ext. 4; 5.
1. 8; 5. 2. 9; 9. 6. ext. 2. Omitimos el cierre
del pasaje 4. 3. 14, que parecería inscribirse
Alicia Schniebs / Dubitatio y exemplum en Valerio Máximo: el funcionamiento de la ejemplaridad… 114
1.- el caso de Coriolano, modelo de
falta de codicia por haber rechazado
la recompensa económica ofrecida
por el cónsul a sus hazañas militares y
haber solicitado, en cambio, el caballo
que había montado en batalla y la vida
de un prisionero al que lo unía una
antigua amistad. La variante es aquí
interna y equipara como motores de la
laus el rechazo del botín, que sin duda
es el acto socialmente más represen-
tativo pues implica la renuncia a un
derecho adquirido y hace al ámbito
de lo público y lo comunitario, con el
pedido de retener el caballo y el amigo,
inscripto en el terreno de lo privado y
lo anecdótico:
Qua tam circumspecta animi modera-
tione nescias utrum maiore cum laude
praemia elegerit an reiecerit (4. 3. 4)
22
.
2.- el de Porcia, paradigma de amor
conyugal que, imitando la muerte viril
de su padre Catón, se suicida tragando
carbones encendidos al enterarse de la
muerte de su esposo Bruto. El foco no
está puesto en la acción modélica en
sí sino en el modo de llevarla a cabo y
la ponderación resulta de la inclusión
de una variante externa (el suicidio de
Catón), cosa que abre la posibilidad de
que el mismo hecho sea leído también
como ejemplo de los valores puestos
en juego a la hora de elegir la forma
de morir:
en este grupo, porque los problemas de la
tradición manuscrita no permiten recupe-
rar con total certeza el sentido del texto.
22 “Ante tan observante moderación, uno
no puede saber si mayor fue la gloria por
las recompensas que eligió o por las que
rechazó”.
Sed nescio an hoc fortius, quod ille
[sc. Cato] usitato, tu nouo genere
mortis absumpta es (4. 6. 5)
23
.
3.- el de Jerjes, que ilustra la super-
bia y la impotentia cuando, a punto de
declarar la guerra a los griegos, con-
voca a los príncipes de Asia y les dice
que los ha reunido meramente para
que no parezca que decide las cosas por
sí solo pero que, en rigor, la función de
ellos es obedecer, no aconsejar. Aquí
la variante es también externa pues
incorpora el resultado de la guerra y
abre la posibilidad de que el episodio
sea leído como ejemplo no solo de la
falta de prudentia en el gobernante
sino del riesgo resultante de ignorar el
consilium de los pares, cosa que puede
vincularse quizás con el papel prota-
gónico que Valerio confere al senado
a lo largo de toda su obra:
Adroganter, etiam si uictori repetere
ei regiam contigisset: tam deformiter
uicti nescias utrum insolentius dic-
tum an inprudentius (9. 5. ext. 2)
24
.
Una tercera posibilidad es que la
disyunción derive de la focalización
conjunta del sujeto agente del acto
modélico y del objeto afectado, estra-
tegia que aparece en dos casos. Uno de
ellos es la refexión fnal del episodio
protagonizado por la vestal Claudia
23 “Pero no sé si más valerosamente que él
[Catón], porque él se mató con un tipo
habitual de muerte, tú con uno novedoso”.
24 “Arrogante, incluso si le hubiera tocado en
suerte volver victorioso a su palacio; (pero)
como discurso de alguien tan vergonzosa-
mente derrotado, uno no puede saber si fue
más insolente o más imprudente”.
115 Nº XVII / 2013 / ISSN 1514-3333 (impresa) / ISSN 1851-1724 (en línea), pp. 107-122
quien, ejemplo de la pietas erga paren-
tes, acompaña el carro de triunfo de
su padre Apio Claudio para desalen-
tar, con la sacralidad de su persona, a
quienes pretendían impedirle disfrutar
de tal honor:
[...] nec discerni potuit utri plus lau-
dis tribueretur, cui uictoria an cui
pietas comes aderat (5. 4. 6)
25
.
El otro, es la del protagonizado por
los esclavos de Plocio Planco, quienes
ilustran la fdes servorum pues, aunque
sometidos largamente a la tortura, se
negaron a revelar a los agentes de los
triunviros el paradero de su amo, hasta
que este se presentó voluntariamente
para privar de tal suplicio a sus feles
servidores:
Quod certamen mutuae beniuolen-
tiae arduum dinosci facit utrum dig-
nior dominus fuerit, qui tam cons-
tantem seruorum fdem experiretur,
an serui, qui tam iusta domini mise-
ricordia quaestionis saeuitia libera-
rentur (6. 8. 5)
26
.
El elemento común es que el objeto
afectado deviene la vara con la que se
mide la laus del verdadero protago-
nista del acto ejemplar, lo cual se debe,
probablemente, al lugar que uno y otro
ocupan en la jerarquía social. Desde
25 “[...] y no pudo determinarse a cuál de los
dos atribuir más gloria, si al que tuvo por
compañera a la victoria o a la que tuvo por
tal a la abnegación”.
26 “Este certamen de mutua benevolencia
hace difícil dilucidar si fue más digno el
amo de experimentar una lealtad tan frme
de parte de sus esclavos, o los esclavos de
ser librados de la crueldad del interrogato-
rio por la misericordia tan justa de su amo”.
luego no es lo mismo una vestal que
los esclavos, pero por su condición de
mujer Claudia es un actor subalterno
y de hecho no es casual que el mismo
procedimiento se use, como vimos,
para mensurar el tipo de suicidio ele-
gido por Porcia.
Ahora bien, como lo muestran los
casos analizados, los datos aportados
por esta focalización múltiple resul-
tante del uso valeriano de la dubitatio
son en cierto modo accesorios pues
ninguno de ellos hace en sentido
estricto a la eficacia del exemplum
como ilustración del tema tratado.
Pero esto no les resta importancia sino
todo lo contrario. A nuestro modo de
ver, el empleo de la dubitatio, recurso
que el lector previsto está desde luego
en condiciones de reconocer, ofcia
como una marca que diferencia este
tipo de refexión conclusiva de otras
formuladas del modo usual, como es
el caso de esta que comenta las conse-
cuencias positivas a nivel ejemplar de
la patientia de Zenón, quien, mientras
Falaris lo torturaba a la vista de todos,
increpó a los de Agrigento para que
depusieran su temor y se enfrentaran
al tirano:
Senis ergo unius eculeo inpositi non
supplex uox nec miserabilis eiulatus, sed
fortis cohortatio totius urbis animum
fortunamque mutauit (3. 3. ext. 2)
27
.
Esta diferencia formal remarca
para el lector otra a nivel del contenido:
27 “Así pues, la voz de un único anciano,
constituida no en suplicante ni en misera-
ble lamento sino en valiente exhortación,
mudó el espíritu y la fortuna de toda una
ciudad”.
Alicia Schniebs / Dubitatio y exemplum en Valerio Máximo: el funcionamiento de la ejemplaridad… 116
la que existe entre las interpretaciones
unívocas consagradas por la tradición
y estas otras, abiertas y plurivalentes,
que no niegan las anteriores sino que
las complejizan. En su estudio sobre el
empleo de los ejemplos históricos en
Cicerón, David (1980: 85-86) advierte
con acierto que, por efecto de su reite-
ración, el exemplum termina convir-
tiéndose muy a menudo en una suerte
de catacresis socio-lexicalizada. Estas
cristalizaciones son las que hiende
Valerio al multiplicar, a través de la
dubitatio, las miradas con las que
evalúa los testimonios del pasado. Se
nos podría objetar que ninguno de los
casos revisados conlleva algún aporte
realmente signifcativo en términos de
interpretación, no solo por el tenor de
los datos aportados sino porque, dado
que la presunta duda involucra solo
una cuestión comparativa, el efecto
de sentido resultante es, como va de
suyo, la aseveración de las alternativas
planteadas. Puede que así sea, pero lo
interesante no reside en las alternati-
vas de lectura en sí, sino en el hecho
mismo de formularlas pues es esto
lo que muestra no solo el estatuto
dinámico del discurso ejemplar y de
la memoria sino los modos como se
concreta su determinación. En otras
palabras, si Valerio anuncia en el prefa-
cio de su obra que esta consiste en una
selección de los dichos y hechos del
pasado dignos de integrar la memoria
de la comunidad en tanto testimonios
de los mores maiorum, creemos que la
dubitatio es una marca textual de que
recortar el pasado es una operación
compleja que supone por parte de su
agente la decisión acerca no solo del
qué de la materia recordada, sino tam-
bién del cómo, del porqué y del para
qué. Para corroborarlo, corresponde
revisar las otras apariciones de la fgura
en el texto.
Fuera del caso ya estudiado, donde
la dubitatio opera a modo de refexión
conclusiva, su empleo más frecuente se
produce en los segmentos que prece-
den al relato propiamente dicho, como
sucede en los siguientes ejemplos
28
:
Sed quae ad custodiam religionis
adtinent, nescio an omnes M. Atilius
Regulus praecesserit [...] (1. 1. 14)
29
.
Sed cum aliquotiens senatus pro mili-
tari disciplina seuere excubuerit, nes-
cio an tum praecipue, cum [...] (2.
7. 15)
30
.
Sed nescio an Octauius Balbus con-
citatioris et ardentioris erga flium
beniuolentiae fuerit (5. 7. 3)
31
.
Sed nescio an Hannonis excellentissi-
mae prudentiae consilium [...] (7. 2.
ext. 16)
32
.
28 Cfr. también 5. 4. 6; 7. 8. 5; 8. 15. 11; 9. 9. 3.
29 “Pero en lo que hace a la custodia de la
religión, no sé si precede a todos M. Atilio
Régulo [...]”.
30 “Pero, aunque el senado veló varias veces
severamente por la disciplina militar, no sé
si lo hizo sobre todo entonces, cuando [...]”.
31 “Pero no sé si fue más vívida y más ardiente
la benevolencia para con su hijo de Octavio
Balbo”.
32 “Pero no sé si el consejo de la más eminente
sabiduría fue el de Hanón [...]”.
117 Nº XVII / 2013 / ISSN 1514-3333 (impresa) / ISSN 1851-1724 (en línea), pp. 107-122
Quorum e numero nescio an in pri-
mis Pausanias debeat referri [...] (8.
14. ext. 4)
33
.
Desde luego se trata de fórmulas
de transición, lo cual a primera vista
parecería restarles importancia no solo
como segmentos interpretativos sino
como dato pertinente para analizar el
funcionamiento de la ejemplaridad y
la memoria. Pero la perspectiva cam-
bia, sin embargo, si reparamos en que
el elemento común de todas ellas es la
idea de comparación, que reconocimos
como propia del empleo de la dubitatio
en Valerio, indicada aquí a través de
elementos lexicales (el prefjo prae-) o
morfológicos (comparativos y super-
lativos). En efecto, para una sociedad
como la romana, donde la elite se
caracteriza por su carácter timocrático,
donde la contentio dignitatis genera y
justifica enfrentamientos políticos,
donde la identidad de un individuo se
construye en y por el juicio de sus pares
acerca de él, su familia y sus antepasa-
dos, proponer un rango en el interior
de la cadena ejemplar no es una acti-
vidad menor. Esto lo prueba el mismo
Valerio cuando se disculpa con Rómulo
por referir en primer lugar a Horacio
Cocles, y no a él como paradigma de
fortitudo (3. 2. pr.), cuando señala que
los actos realizados por dos miembros
de la familia gobernante, Julio César y
Tiberio, son el grado máximo de esa
escala, superable tan solo por los mis-
mos dioses (8. 9. 3; 5. 5. 3), o cuando
lisa y llanamente justifca, ante quie-
33 “De entre cuyo número, no sé si en primer
lugar debe mencionarse Pausanias [...]”.
nes les corresponde por derecho propio
integrar el repertorio de los exempla
dignos de laus, la inclusión de accio-
nes llevadas a cabo por actores sociales
externos a la elite (3. 8.7). Considera-
mos, por lo tanto, que, aun cuando este
empleo de la dubitatio al inicio de los
exempla parezca ser solo un recurso del
ornatus destinado a proveer una más
de las muchas variantes utilizadas por
Valerio para enlazar las distintas partes
de ese patchwork que por momentos
parece su obra, el contenido proposi-
cional implica un cierto modo de rein-
terpretar el pasado y de constituirse en
sujeto de esa operación
34
.
El análisis efectuado es sufciente,
creemos, para demostrar que, como
postulamos en un principio, el estudio
del uso de la dubitatio en Facta et dicta
memorabilia es una herramienta útil
para dar cuenta del funcionamiento de
la ejemplaridad y la memoria en Roma
y de la constitución de Valerio como
agente de su determinación. Pero sin
embargo queda una pregunta por for-
mular y responder: ¿por qué la dubi-
tatio? Unos pocos ejemplos del uso
de esta fgura no considerados hasta
ahora nos dan la respuesta. Al refe-
rirse a Alcibíades, Valerio echa mano
de la dubitatio para incluir, a manera
de apósito, un comentario respecto de
34 Obsérvese, al respecto, que la otra variante
del empleo de la dubitatio en el tramo ini-
cial, registrada en dos oportunidades (3. 2.
23; 6. 4. 4), consiste precisamente en una
disyunción inclusiva acerca de la prece-
dencia de las dos áreas, facta et dicta, que
el prefacio enuncia como constitutivas de la
memoria y la ejemplaridad.
Alicia Schniebs / Dubitatio y exemplum en Valerio Máximo: el funcionamiento de la ejemplaridad… 118
las dudas que genera su interpretación
como sujeto histórico:
Et ut a Graecis aliquid, Alcibiades
ille, cuius nescio utrum bona an uitia
patriae perniciosiora fuerint [...] (3.
1. ext. 1)
35
.
El contenido de la duda es en sí
mismo irrelevante respecto del papel
de nuestro autor como agente de la
ejemplaridad y la memoria porque,
apenas unas líneas después, el texto
endilga la disyuntiva y su resolución
a los propios atenienses:
Sed uiderint Athenae utrum Alcibia-
dem lamententur an glorientur, quon-
iam adhuc inter execrationem hominis
et admirationem dubio mentis iudicio
fuctuatur (3. 1. ext. 1)
36
.
Pero lo que sí es relevante, en
cambio, es el empleo de la fgura para
indicar esta suerte de alternativa entre
laus y reprehensio que comporta el
quehacer de ciertos personajes, y que
Valerio reitera en otros casos donde
la duda es signifcativa porque hace
a los romanos. De entre ellos, el más
representativo es uno que involucra a
Pompeyo, fgura ineludible del pasado
reciente pero a la vez confictiva para
quien dedica su obra a Tiberio y no
pierde ocasión de glorificar a Julio
César. El objetivo de todo el apartado
35 “Y, para tomar algo de los griegos, aquel
Alcibíades, de quien no sé si fueron más
dañinos para su patria sus buenas cualida-
des o sus defectos”.
36 “Pero vea Atenas si se lamenta o se gloria de
Alcibíades, pues hasta ahora la duda fuctúa
entre la execración y la admiración de ese
hombre”.
(5. 3) es ilustrar el por completo cen-
surable incumplimiento de la gratia:
Quo te nunc modo, Magne Pompei,
attingam nescio: nam et amplitudi-
nem fortunae tuae, quae quondam
omnes terras et omnia maria fulgore
suo occupauerat, intueor et ruinam
eius maiorem esse quam ut manu
mea adtemptari debeat memini. Sed
tamen nobis quoque tacentibus Cn.
Carbonis, a quo admodum adules-
cens de paternis bonis in foro dimi-
cans protectus es, iussu tuo interempti
mors animis hominum non sine ali-
qua reprehensione obuersabitur, quia
tam ingrato facto plus L. Sullae uiri-
bus quam propriae indulsisti uere-
cundiae (5. 3. 5)
37
.
Como podemos ver, Valerio com-
bina aquí, sugerentemente, la dubitatio
con otra de las fguras por adjunción
vinculadas con ella, la praeteritio. Una
y otra se complementan, ahondan la
focalización múltiple propia del uso de
la dubitatio en Valerio, y enfatizan así
el tenor alusivo y a la vez elusivo de
todo el pasaje. En efecto, leída a la luz
37 “En cuanto a ti, Pompeyo Magno, no sé
de qué modo tratarte, pues no solo tomo
en cuenta la grandeza de tu fortuna, que
alguna vez ocupó con su brillo todas las
tierras y todos los mares, sino que tengo en
mente que su caída fue demasiado grande
como para que yo deba acercarme a ella con
mi mano. Pero con todo, incluso aunque se
silencie, la muerte, ejecutada por orden
tuya, de Cneo Carbón, quien te había pro-
tegido luchando en el foro por tus bienes
paternos cuando eras aún muy joven, per-
manecerá en la mente de los hombres no
sin alguna censura, pues con este acto tan
ingrato complaciste más al poder de Lucio
Sila que a tu propio sentido del respeto”.
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de la frase participial concesiva (quo-
que tacentibus) que denota la presencia
de la praeteritio, la dubitatio parece-
ría plantear una disyuntiva implícita
entre tacere / dicere, derivada, en el
decir del autor, del estrepitoso cam-
bio de fortuna padecido por Pompeyo
entre su extraordinaria gesta militar
y algo que se da por sobreentendido,
lo cual implica una mirada centrada
en el agente pero enriquecida por ele-
mentos externos al hecho específco,
tal como vimos en el ya comentado
caso de Jerjes. Así, la duda (quo ...
modo) no ronda o, mejor dicho, no
parece rondar en torno del modo de
formular el exemplum sino de algo más
básico: la opción de referirlo o callarlo.
Sin embargo, el resto de la preterición
complejiza esta primera lectura porque
identifca a Pompeyo con un vitium,
censurado de manera explícita a través
del sustantivo reprehensio, e implícita a
través de la identifcación con Sila, del
verbo indulgere, de la negación de la
verecundia, y del hecho signifcativo de
que, unas pocas líneas antes y dentro
de los ejemplos que ilustran el cum-
plimiento de la gratia, Valerio incluye
precisamente al propio Sila, quien
demuestra públicamente su reconoci-
miento a Pompeyo por haberlo apo-
yado en su juventud, cuando peleaba
en el ejército de su padre (5. 2. 9). Pero
además, al referirse a un hecho ocu-
rrido entre el 82 / 81 a. C. y por lo tanto
previo a los momentos de esplendor
y ruina antes mencionados, nuestro
autor deja entrever la posibilidad de
que esa estrepitosa caída, que desde
luego no es otra cosa sino la derrota
de Farsalia, pueda deberse no solo o
no tanto a la fortuna, sino también, al
menos desde la perspectiva de un cesa-
riano, a su propia índole que lo lleva a
desatender sus compromisos para con
Julio César y con Roma. Este denso
entramado de implícitos permite pen-
sar que la alternativa subyacente en la
dubitatio es doble y en ambos casos
involucra el posicionamiento de Vale-
rio como sujeto del discurso ejemplar
y la memoria. Por un lado, plantea la
disyuntiva entre callar o decir, esto
es, entre recordar u olvidar, opción
fundamental para quien se presenta
en el prefacio como un selector de la
masa de hechos y dichos recordables,
pues, como bien señala Flower (2006:
1-13), el olvido es en Roma, como en
cualquier otra cultura, una forma de
ejercer el control de la memoria; algo
que Valerio tiene muy presente pues
en sus referencias a las feroces pros-
cripciones dispuestas por los triun-
viros, se cuida muy bien de “olvidar”
que Augusto era uno de ellos
38
. Por el
otro, formula la alternativa entre dos
maneras de decir el recuerdo: una
abierta y explícita que, verifcada en el
resto de los exempla del apartado, no
deja dudas respecto de la opinión del
enunciador; y otra que solo la insinúa,
como se comprueba al cotejar esta for-
mulación del caso de Pompeyo con el
pasaje que introduce los del resto de
los individuos mentados:
Ceterum ut senatus populique mens
in modum subitae tempestatis con-
citata leni querella prosequenda est,
38 Cfr. 5. 7. 3; 6. 7. 2; 7. 3. 9; etc.
Alicia Schniebs / Dubitatio y exemplum en Valerio Máximo: el funcionamiento de la ejemplaridad… 120
ita singulorum ingrata facta liberiore
indignatione proscindenda sunt,
quia potentes consilii, cum utrumque
ratione perpendere liceret, scelus pie-
tati praetulerunt (5. 3. 3)
39
.
El contraste entre este modo de
referir la memoria definido como
libera indignatione proscindere y aquel
otro implicado en la dubitatio no puede
ser más explícito. Desde luego estamos
aquí frente a un personaje particular-
mente controversial en sí y sobre todo
bajo Tiberio y las prácticas de censura
y castigos derivadas de su legislación
de maiestate
40
, que en nada puede com-
pararse al inofensivo suicidio de Porcia
o a los austeros reclamos de Coriolano.
Pero su ventaja consiste en que, por
efecto de la artifciosa factura retórica,
el texto deja entrever su propio proceso
productivo y, con ello, la razón de ser
de la dubitatio en la puesta en palabra
de la operación selectiva e interpreta-
tiva anunciada por el autor.
Como esperamos haber demos-
trado, al ampliar y/o variar la focaliza-
ción del pasado, sea aportando la pers-
pectiva de Aníbal, sea jerarquizando
el quehacer de algunos por sobre el de
otros, sea sugiriendo la dualidad de
Pompeyo, el soliloquio aparente pro-
pio de la dubitatio implica la propia
39 “Pero, así como la mente del senado y del
pueblo, excitada como una súbita tempes-
tad, debe referirse con leve reconvención,
así los actos ingratos de los individuos en
particular deben fustigarse con la más libre
indignación, pues pudiendo deliberar y
sopesar lo uno y lo otro por medio de la
razón, prefrieron el crimen a la piedad”.
40 Cfr. Levick (1999: 180-200).
refexión de este hacedor de la memo-
ria acerca no solo de su contenido, sino
también la manera de interpretarla y,
por ende, de emplearla. Poco importa,
insistimos, el tenor en sí de las presun-
tas dudas. Lo que importa es plantear-
las como tales y colocar al emisor y en
cierto modo a sus destinatarios ante la
necesidad de volver a dar respuestas o,
quizás mejor, de volver a formularse las
preguntas, reformulación ineludible
para la elite en un escenario signado
por la instauración del régimen auto-
crático, que la elección de un sucesor
por parte de Augusto plantea como un
estado de cosas defnitivo e irreversi-
ble. En efecto, esta transformación
implica un reposicionamiento de la
dirigencia que, anulada como sujeto
colectivo de poder, pone en discurso
un abanico complejo y a veces contra-
dictorio de representaciones tendien-
tes a construir su actitud y función ante
el régimen autocrático, caracterizado,
según bien señala Lobur (2008), por la
instalación del consensus como instan-
cia de legitimación que trasciende las
instituciones republicanas y garantiza
la concordia, devenida esta condición
sufciente y necesaria no solo de la exis-
tencia y el poder de Roma sino tam-
bién de un modo de vida identifcado
con la salus y la tranquillitas, lemas por
excelencia del principado de Tiberio.
Como va de suyo, esta reformulación
del entramado simbólico comporta
necesariamente la revisión de los mores
y, con ello, de los agentes y las acciones
ejemplares que los refrendaron en el
pasado. Dicho de otro modo, si, como
dice Enio, “moribus antiquis res stat
121 Nº XVII / 2013 / ISSN 1514-3333 (impresa) / ISSN 1851-1724 (en línea), pp. 107-122
Romana virisque” (Anales, 5. 156 Sk)
41
,
el nuevo orden trae consigo no solo un
cierto recorte de la memoria colectiva
sino también y sobre todo una nueva
manera de perpetuarla y de interpre-
tarla. En este proceso de “barajar y dar
de nuevo” se inscriben Valerio, su obra
y, si se nos permite el oxímoron, el dia-
lógico soliloquio de la dubitatio, que
acaso no por casualidad es una de las
fguras predilectas de nuestro autor. ¶¶
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Recibido: 24-02-2013
Evaluado: 12-04-2013
Aceptado: 15-04-2013
123 Nº XVII / 2013 / ISSN 1514-3333 (impresa) / ISSN 1851-1724 (en línea), pp. 123-149
E
n el marco de las
diversas relecturas
de la literatura latina
‘decadente’ del fn-de-
siècle, Le latin mystique
(1892) de Remy de
Gourmont ocupa un
lugar excepcional, en la
medida en que no se trata solamente
de un texto crítico sino también de una
antología comentada y traducida
1
. La
compilación de Gourmont, al igual
que el texto en el cual se inspiró, el capí-
tulo III de À rebours (1884) de Joris-
Karl Huysmans, implica toda una serie
de complejas operaciones de lectura
y reescritura. El ‘redescubrimiento’
de textos antiguos o medievales es un
movimiento ambiguo: por un lado, se
1 Abreviaremos Le latin mystique como LLM.
Citamos siguiendo la siguiente edición:
de Gourmont, R. (1922). Se encuentran
valiosas indicaciones sobre LLM y la obra
de Gourmont en general en URL http://
www.remydegourmont.org/ (accedido el
18/08/2013).
Reescrituras de la tradición:
Le latin mystique
de Remy de Gourmont
Mariano Javier Sverdlof [Universidad de Buenos Aires - Conicet]
[marianojavs@yahoo.com.ar]
Resumen: Dentro de las diversas relecturas
de la literatura latina ‘decadente’ del Þn-de-
siècle, Le latin mystique (1892) de Remy DE
GOURMONT ocupa un lugar excepcional, en la
medida en que no se trata solamente de un
texto crítico sino también de una antología
comentada y traducida. Le latin mystique, texto
que se plantea como la exploración de una lite-
ratura no estudiada por críticos y profesores,
es una obra clave para comprender aspectos
de la sensibilidad Þn-de-siècle y las lecturas
‘no académicas’ que escritores del siglo XX,
tales como Ezra POUND o Jorge Luis BORGES,
harán de la latinidad clásica y medieval.
Palabras clave: Gourmont - décadence - latín
medieval - intertextualidad - Menard.
Re-writings of the Tradition: Le latin mysti-
que by Remy de Gourmont
Abstract: Among the various Þn-de-siècle rein-
terpretations of the ‘decadent’ latin literature,
Le latin mystique (1892) of Remy DE GOURMONT
has a singular place, because is not only a criti-
cal essay but also an annotated and translated
anthology. Le latin mystique, book that reviews
a literature supposedly not studied by critics
and scholars, is a key text for understanding
aspects of the Þn-de-siècle sensibility and the
‘non-academic’ readings that twentieth century
writers, like Ezra POUND or Jorge Luis BORGES,
will make of the classical and medieval latin
literature.
Key words: Gourmont - décadence - medieval
latin - intertextuality - Menard.
Mariano Javier Sverdloff / Reescrituras de la tradición: Le latin mystique de Remy de Gourmont 124
revalorizan obras del pasado, con toda
su carga de autoridad y prestigio; y, por
el otro, tales obras son releídas de un
modo radicalmente novedoso, proceso
este que podrá también observarse, por
ejemplo, en el uso de las fuentes clá-
sicas y medievales que hacen Rubén
Darío o Ezra Pound, ambos atentos
lectores de Gourmont. De este modo,
LLM, texto que se plantea como la
exploración de una literatura no estu-
diada por los críticos y profesores, es
un texto clave para comprender no
solo aspectos de la sensibilidad fn-de-
siècle, sino las lecturas ‘no académicas’
que el siglo XX hará de la latinidad clá-
sica y medieval
2
. ¶
Fin-de-siècle y lógica
del montaje
L
a relectura de las fuentes anti-
guas es, tal como se sabe, uno de
los aspectos más signifcativos
de la literatura del fn-de-siècle. Ahora
bien, una vez que nos adentramos en
el análisis concreto de esas apropia-
ciones, nos encontramos con diver-
sos problemas interpretativos. En
principio, hay que decir que no esta-
mos frente a lectores que dominen
con solvencia absoluta sus fuentes,
al modo en que, por ejemplo, podían
hacerlo un Desiré Nisard o un Ernest
Renan. La lectura que hacen Léon
Bloy, Joris-Karl Huysmans y Remy
de Gourmont implica una interpre-
2 Una interesante discusión de la idea de
lectura ‘no académica’ de los clásicos se
encuentra en García Jurado 1999.
tación en cierto sentido anómala, que
se aparta deliberadamente de la exac-
titud de las lecciones flológicas. Ya
Charles Baudelaire, en sus “Notes
nouvelles sur Edgar Poe” (1859), había
recurrido a la crítica del canon pro-
fesoral para reinterpretar a su modo
la oposición decadencia/clasicismo
3
.
Este gesto antiacadémico se encuen-
tra también en Huysmans, quien
critica en À rebours no solamente a
Virgilio sino a los pedantes (“pions”)
que lo proponen como modelo
4
. La
décadence fnisecular, a la par que
revaloriza la literatura tardoantigua,
bizantina o medieval, propone un uso
deliberadamente distorsivo de la tra-
dición, a partir del cual se interpreta
al ‘clasicismo’ como una copia ser-
vil de las fuentes. Se trata este de un
movimiento ambiguo, dado que por
un lado se critica la erudición acadé-
mica, pero por el otro se hace un uso
discrecional y fragmentario de ella,
que se mezcla con el comentario, la
traducción libre o la reescritura
5
.
3 “Littérature de décadence! - Paroles vides
de sens que nous entendons souvent tomber,
avec la sonorité d’un bâillement empha-
tique, de la bouche de ces sphinx sans
énigme qui veillent devant les portes saintes
de l’Esthétique classique. A chaque fois que
l’irréfutable oracle retentit, on peut af rmer
qu’il s’agit d’un ouvrage plus amusant que
l’Iliade” (Baudelaire 1968: 346).
4 Huysmans 2005: 599.
5 Véase como ejemplo el himno latino que
Jean Richepin preparara para el Tombeau
de Charles Baudelaire (1896), reproducido
en la revista La Plume, que recuerda, a su
vez, a “Francescae meae laudes”, pieza en
latín incluida en las Fleurs du mal (fgura 1).
125 Nº XVII / 2013 / ISSN 1514-3333 (impresa) / ISSN 1851-1724 (en línea), pp. 123-149
La décadence es una forma de
montaje intertextual, que convierte en
principios productivos la mala inter-
pretación o el anacronismo. El cono-
cimiento no especializado, en muchos
casos escolar de la cultura grecolatina,
confgura un archivo fantaseado de las
formas, y posibilita la acuñación de
toda una serie de discursos en torno
a la tradición, que dialogan con la
lectura parcial de las fuentes. Recuér-
dese que el método de composición
de Huysmans para su famoso capítulo
III de À rebours, como ya notara en
su momento el propio Gourmont en
sus “Souvenirs sur Huysmans”, fue el de
fundir pasajes de diversos manuales de
literatura latina, con escasa consulta
de los textos originales
6
. Este gesto, en
cierto sentido inaugural, adelanta toda
una lógica del montaje, a la que acu-
dirá una y otra vez el fn-de-siècle: los
textos antiguos devienen una materia
plenamente manipulable a partir de
la cual se enuncian fcciones críticas
sobre la historia de la literatura. Lo
cual posibilita reorganizar el canon
mediante todo un arte de la referencia
parcial y fuera de contexto: así Gour-
mont puede referirse a Catulo como
“ce Verlaine” (LLM 5), o bien comparar
el “Stabat mater” con la poesía de Jules
Laforgue, para discutir la validez de
la noción de décadence:
Plus d’un trait de la fgure caracté-
ristique des poètes latins du christia-
nisme se retrouve en la présente poésie
française, — et deux sont frappants:
6 de Gourmont 1924: 5-18. Cfr. también
Gomez y Van de Ven 1996 y Céard 1978.
la quête d’un idéal diférent des pos-
tulats of ciels de la nation résumés en
une vocifération vers un paganisme
scientifque et confortable (déifca-
tion de la nature, de la science, de la
force, de l’argent, de l’hygiène, culte
de l’enfant, du petit soldat et de la
gymnastique, etc.); et, pour ce qui
est des normes prosodiques, un grand
dédain. A cause, sans doute, de ces
semblances vaguement perçues, le
nom nous fut donné de décadents; il
ne peut convenir. La décadence d’une
langue c’est sa mort lente ; elle ne peut
être perçue qu’après son extinction
totale. Décadents furent relativement
les poètes qui sculptèrent en un bois
vermineux; décadents par fatalité;
le mot est de convention: pour en
référer encore, par exemple, au Sta-
bat Mater, quels signes de décadence
reconnaître en ce poème oeuvré par
une main douloureuse mais sûre,
selon des lignes très nobles, des voiles
raidis comme par des larmes de sang,
en cette robe de deuil mais frangée
d’or vert, mais stellée d’améthystes?
Ne furent-ils pas bien plutôt les déca-
dents, les Italiens qui alors, ou plus
tard un peu, ovidifaient de mytholo-
giques lamentations?
Et en ces récentes années, quel fut
l’authentique décadent, du poète
chercheur de formes, d’images, du
poète forgeur de son verbe; d’un
Laforgue ou d’un Sully-Prudhomme;
de ce fol ivre d’impossible ou de ce
rédacteur de vers, à l’âme polytechni-
que et morale? (LLM 9)
Mariano Javier Sverdloff / Reescrituras de la tradición: Le latin mystique de Remy de Gourmont 126
La décadence no cesa de inventar
infuencias y genealogías literarias
7
.
LLM propone una fliación medieval
para el verso libre, que habría sido
prefigurado por los secuenciarios
(“sequentiaries”) y las letanías (“lita-
nies”); según Gourmont se estaría
produciendo en la poesía del siglo XIX
una suerte de ruptura comparable a la
que signifcó en la Edad Media el paso
de la métrica cuantitativa de la Anti-
güedad clásica al verso cualitativo de
las lenguas vulgares, basado en la rima,
el acento, la aliteración y la cantidad
de sílabas (es interesante observar que
para Gourmont la métrica de la Edad
Media implicó un retorno a los oríge-
nes populares de la poesía latina: la
métrica cuantitativa, esto es, de largas
y breves, es leída como una importa-
ción “artifcial” tomada de Grecia, que
violentó el verdadero carácter del verso
latino, basado en el número de sílabas,
la aliteración, la rima y la asonancia)
8
.
Para comprender el uso que hace
LLM de la tradición medieval, qui-
siéramos detenernos un poco en este
carácter fccional y descontextualizante
de la erudición fn-de-siècle, ejemplif-
cado en el retrato gourmontiano de la
fgura de Louis Ménard (personaje en
el que se basa, como ha notado entre
otros Emir Rodríguez Monegal, el
Pierre Menard del célebre cuento de
7 Cfr. Michel 1983.
8 LLM 7-8. Cfr. Murat 2010. Para un acer-
camiento a las lecturas gourmontianas del
medioevo, tema que se extiende mucho
más allá de LLM (y por tanto de nuestra
exposición), cfr. Tucci 2008.
Borges
9
). Resumamos brevemente la
narración que hace Gourmont en
el cuarto tomo de sus Promenades
Littéraires: Louis Ménard fue poeta
romántico, plagiario, helenista, histo-
riador de la religión, químico, pintor,
renovador de la ortografía, partisano
de la comuna; en el plano religioso,
se consideró sucesivamente adorador
de los dioses paganos y exaltado cris-
tiano devoto de la Virgen de Lourdes.
Se trata, según Gourmont, de uno
de esos personajes que “admettent
tous les dieux, n'étant pas bien sûrs de
croire en Dieu” (de Gourmont 1920:
161). Ahora bien, a partir del eclecti-
cismo, se confgura toda una práctica
literaria: Ménard escribe poemas a la
manera de Leconte de Lisle; redacta un
Prométhée délivré en francés (aunque,
según Gourmont, el “pagano místico”
hubiese disfrutado más escribiéndolo
directamente en la lengua de Esquilo);
escribe un relato apócrifo de Diderot,
Le diable au café, texto que habría
pasado por original de no haber sido
denunciada la falsifcación por Anatole
France. El clasicismo de Ménard es
una forma de anacronismo:
C'etait un jeune homme d'une ardeur
incroyable à l'étude, mais qui, au
moment même où il se sentait plein
de vers eschyliens, ne pouvait oublier
qu'il était le contemporain de Victor
Hugo. Quand il lisait Homère, il
pensait à Shakespeare, mettait Hélène
sous les regards distraits d'Hamlet et
9 Cfr. Rodríguez Monegal 1987: 112. Para
la relación Gourmont-Borges, cfr. el sug-
estivo e interesante artículo de Gaël Pri-
gent (2011).
127 Nº XVII / 2013 / ISSN 1514-3333 (impresa) / ISSN 1851-1724 (en línea), pp. 123-149
entrevoyait aux pieds d'Achille la
plaintive Desdémone (de Gour-
mont 1920: 163).
Si para Ménard leer un texto del
pasado es invocar el presente, inversa-
mente, escribir es copiar, citar un texto
del pasado, dado que “Il a trop lu et il
a trop de mémoire. Même quand il ne
cite pas, on sent qu'il s'appuie sur une
autorité cachée” (de Gourmont 1920:
166). Ménard padece, pues, un exceso
de erudición, dado que las “mauvai-
ses herbes” que hubiera habido que
arrancar del labrantío de su espíritu
habrían alcanzado para engalanar más
de un campo vecino (de Gourmont
1920: 169). Y esta erudición atrapa
a Ménard en un curioso círculo:
cuando quiere ser original, no hace
más que parodiar (así, su Prométhée
délivré no es más que una mala imi-
tación de Esquilo), y cuando parodia,
no hace más que ser original (Gour-
mont explica que el texto más logrado
de Ménard es Le diable au café, esto es,
una imitación del estilo de Diderot
de la cual dice que está mejor escrita
que cualquiera de las obras de Dide-
rot). A pesar de su erudición (o más
bien gracias a ella), Ménard no logra
deslindar el presente del pasado. Fra-
casa así en uno de los objetivos de la
flología y la ciencia histórica, que es
conocer el pasado en cuanto pasado:
su propio presente se entromete para
reescribir el pasado, como sucede en el
caso del Diable au café. Pero también
fracasa Ménard cuando intenta ser un
autor original, dado que el pasado, la
cita de los antiguos, se entromete en
el presente: su Prométhée délivré es un
poco como las extrañas ropas de fló-
sofo cínico con las que se paseaba por
París, atemorizando a los porteros de
las casas de sus amigos. ¿Es Ménard
‘antiguo’ o ‘moderno’? ¿‘Copia’ o ‘crea’
Ménard? ¿La imitación menardiana
no es, después de todo, una suerte de
originalidad?
La respuesta a estas preguntas,
con grandes resonancias en el arte y
la literatura del siglo XX, es indecidi-
ble, lo cual es una cifra de la compleja
relación que existe en el fn-de-siècle
entre invención y parodia, tal como
se observa también en LLM. Recuér-
dese que muchos textos centrales de
la décadence, tendencia que no deja
de proclamar la originalidad como
valor supremo, revisten un carácter
paródico: el poema de Verlaine
“Langueur”, publicado por primera
vez en la revista Le Chat Noir el 26
de mayo de 1883, al ser recogido en
Jadis et naguère (1884) fue incluido
en la sección titulada “À la manière
de plusieurs”, con lo cual queda bas-
tante claro el carácter irónico de su
enunciación; uno de los textos claves
en la difusión de la idea de que efecti-
vamente existía un movimiento deca-
dente fue Les déliquescences, poèmes
décadents d'Adoré Floupette (1885),
pastiche que combina reescrituras de
Verlaine, Rimbaud, Mallarmé y
otros autores (claro que “Adoré Flo-
upette” es una invención de los ver-
daderos autores del volumen, Henri
Beauclair y Gabriel Vicaire); Paul
Adam y Félix Fénéon publicaron, bajo
el seudónimo de Jacques Plowert, el
diccionario paródico Petit glossaire
Mariano Javier Sverdloff / Reescrituras de la tradición: Le latin mystique de Remy de Gourmont 128
pour servir à l’intelligence des auteurs
décadents et symbolistes (1888). Y por
supuesto, la propia novela À rebours no
puede sino ser interpretada como una
sátira o ironía sobre la propia noción
de décadence. La falsedad y el artifcio
que se supone es propia de los lengua-
jes ‘decadentes’ es llevada al segundo
grado por estas obras que a la vez que
crean la literatura decadente, son ya su
parodia. Es una variante sofsticada,
hipertextual, de la fumisterie o esprit de
blague que encontramos en colectivos
como los Hydropathes, los Hirsutes, o
los Incoherents
10
. ¶
Remy DE GOURMONT, lector
anacrónico del medioevo
E
s notable que Gourmont en
su LLM recurre a procedimien-
tos que recuerdan el anacro-
nismo de la ‘obra’ del pagano mís-
tico Ménard. Y esto no solamente
por las opciones de traducción, a las
10 Una leyenda sobre la acuñación del término
“Décadents” como forma de denominar a
escritores resalta este costado paródico y
humorístico de la décadence (costado que
a veces olvidan lecturas al estilo de la de
Mario Praz, que se concentran sobre todo
en la mitología de la ‘enfermedad’ y el mal
du siècle): se dice que cuando algunos escri-
tores jóvenes invitaron a Verlaine a par-
ticipar de una revista cuyo título iría a ser
La Décade, Verlaine contestó: “On va se
foutre de vous, on va vous appeler les Déca-
dents” (Verlaine 1959: 988); la escuela
‘decadente’ podría deberle, por tanto, su
nombre a un calembour, lo cual no deja de
ser signifcativo. Asimismo, para un con-
texto del problema del pastiche en la litera-
tura francesa del siglo XIX, cfr. Aron 2008.
que en breve nos referiremos, sino
también por el modo en que Gour-
mont, promeneur de la literatura
latina cristiana, recontextualiza diver-
sos detalles con el objeto de saciar la
curiosidad del esteta fn-de-siècle. Así
sucede con las páginas dedicadas a
los debates medievales acerca de la
virginidad de María, donde Gour-
mont, en una clave inequívocamente
fnisecular, glosa las descripciones del
vientre puro de la madre del hijo de
Dios o las discusiones acerca de si fue
ella fecundada o no auricularmente,
bien que aclarando que solamente en
“esprits antimystiques” estas lecturas
podrían provocar representaciones
irrespetuosas (LLM 316-7). Lo mismo
podría decirse de esos inventarios de
piedras preciosas que aparecen en el
lapidario de Marbodio (cap. XII de
LLM), que recuerdan a las coleccio-
nes y catálogos que tanto fascinaban
a des Esseintes o a esas largas series
de adjetivos que Gourmont utilizará
en sus propias “Litanies de la rose”.
También es un ejemplo de anacro-
nismo el modo en el que Gourmont,
como buen psicólogo fnisecular, se
admira del raro conocimiento que
demuestra del “caractère feminin”
Anselmo de Canterbury cuando
desmonta “le mécanisme de cet être
si naïvement immoral” (LLM 243). A
este mismo espíritu misceláneo y fs-
gón, más amante de la sorpresa que
de la exactitud, responde una obser-
vación como la siguiente acerca de
las difcultades que tenían los monjes
medievales para mantener la castidad:
129 Nº XVII / 2013 / ISSN 1514-3333 (impresa) / ISSN 1851-1724 (en línea), pp. 123-149
Ces six degrés de l’échelle de chasteté
apparaissent, même le premier, d’une
dif cile ascension : aussi les vieux
traités de théologie morale sont-ils
remplis d’exemples de manquements,
de chutes en la rupture des échelons.
C’est, au rapport d’Odon de Cluny,
la mémorable aventure de ce prêtre
qui mourut si malheureusement, “ita
divino judicio miser interiit, ut cum
semen funderet animam pariter exha-
laret, sicut mulier perhibuit”.
Au même chapitre II des Collatio-
nes, Odon narre la singulière tenta-
tion, singulière par l’ingéniosité des
arguments, à laquelle, par le fait du
Malin, succomba un pauvre ermite:
Cui per diabolum injecta cogitatio
est ut quandocumque libidine titi-
llaretur, sic semen de tritu genitalis
membri egerere deberet, tanquam
fegma de naribus projiceret.
Et le théologien, merveilleux à
propos! lui applique la parole d’Isaïe:
“Tes mains sont pleines de sang”
(LLM 175).
LLM no es una historia científica-
mente construida (como sí lo son, por
ejemplo, las compilaciones de MIGNE
y DU MÉRIL, consultadas por GOUR-
MONT), sino una serie de ensayos que
incluye textos originales y traduccio-
nes en verso y en prosa
11
. Se trata de
un conjunto heterogéneo en el cual la
voz autoral puede amplificar tal o cual
poesía latina, hacer la écfrasis de una
ilustración medieval o bien proponer
11 Para las fuentes usadas por Gourmont,
véase la bibliografía en LLM 389-398.
traducciones que son en muchos casos
reescrituras. Variedad de registros a la
cual también hay que sumar el frontis-
picio de Maurice DENIS y los ornamen-
tos art nouveau de Roger DEVERIN (cfr.
figuras 2-5), que aproximan a LLM a
L’Ymagier, la revista que Remy DE
GOURMONT dirigió entre 1894 y 1896
con Alfred JARRY, y donde se asiste a
una curiosa lectura de la iconografía
medieval en clave simbolista
12
. LLM
es un artefacto literario en el que se
superponen multitud de tiempos cultu-
rales. Y colabora con este efecto calei-
doscópico la ordenación de la antolo-
gía, que aunque presenta en general un
criterio cronológico, según el cual cada
capítulo incluye uno o varios autores
de la misma época, también intercala
capítulos que narran la diacronía de
un género o tipo de composición, tal
como los “sequéntiaires” (cap. VII),
las “litanies” (cap. IX), la “séquence”
(cap. X), al ciclo anónimo de la Virgen
(cap. XVII) o el “Dies irae” (XVII).
GOURMONT además agrega multi-
tud de citas de autores no medieva-
les o en otras lenguas que el latín.
Así sucede en el capítulo XIX, el que
narra la historia del “Stabat mater”,
que empieza en el siglo XI y termina
con VERLAINE, “le plus méprisé d’entre
les poètes parias” (LLM 361), de quien
asimismo se cita un poema de Sagesse.
Otros ejemplos son las citas de autores
como Laurent TAILHADE (LLM 299),
la inclusión en el cap. IX de una leta-
nía del siglo XVII escrita en francés,
hallada en el breviario de una religiosa
desconocida (LLM 155), o la transcrip-
12 Cfr. fguras 6-10.
Mariano Javier Sverdloff / Reescrituras de la tradición: Le latin mystique de Remy de Gourmont 130
ción en el cap. XVI de unos “Horloges
de la Passion”, que tienen interpolada
debajo del texto latino la traducción a
un francés contaminado de normando
(LLM 287). GOURMONT muestra, pues,
a la tradición como un palimpsesto
plural. Lo cual salta aún más a la vista
si se coteja, tal como ha hecho Gaëlle
GUYAUX-ROUGE, LLM con “La langue
de Dieu”, la reseña que de LLM hiciera
Léon BLOY, publicada en el Mercure
de France en marzo de 1893 (GUYAUX-
ROUGE

2005). BLOY hace en este texto
una exégesis alegórica de la transfor-
mación de la lengua latina; de este
modo, mientras que el latín del Impe-
rio Romano habría sido la lengua de la
corrupción, el latín medieval cristiano
sería la lengua de la salvación; el latín
se identifica, de hecho, directamente
con el cuerpo de Cristo, dado que se
dice que él también fue crucificado
como el hijo de Dios
13
. Y al modo
en el que del pecado de Loba surgió
la dulzura de la Virgen, del corrupto
latín romano nació el latín cristiano,
instrumento de la revelación, cuyo
exponente más logrado es el “Stabat
mater”. Lo cual contrasta, tal como
explica GUYAUX-ROUGE, con la asi-
milación que GOURMONT intenta entre
misticismo cristiano e “idéalisme” fin-
de-siècle (por ejemplo, en LLM 123), y
13 “Mais la langue latine fut heureusement
accrochée par les Trois Clous et ne ft plus un
pas vers la mort. A des profondeurs incom-
mensurables, elle est ainsi devenue la Polaire
toujours immobile d’un frmament dévasté.
Elle est aux autres langues, en un mot, ce
que la Vulgate est aux autres versions de la
Parole, l’unique à ‘peu près’ de restitution
divine” (Bloy: marzo de 1893).
con una lectura puramente literaria de
la literatura medieval. De este modo,
mientras que BLOY presenta como una
versión exasperada y radicalizada del
Génie du Christianisme (1802) de
René DE CHATEAUBRIAND o del Du
pape (1819) de Joseph DE MAISTRE,
GOURMONT, interesado en la diacronía
literaria, a la vez condena la ortodoxia
gramatical y se burla sutilmente del
dogmatismo religioso. Agreguemos
asimismo que también un HUYSMANS
ya convertido atacará directamente esa
zona de ambigüedad y anacronismo
que es manifiesta en el texto gourmon-
tiano: en el prefacio a la primera edi-
ción de LLM (que luego sería sacado
por GOURMONT), critica abiertamente la
moda literaria del misticismo, y emite
incluso un juicio adverso sobre las tra-
ducciones de LLM, que no le parecen
“suffisamment littérales et exactes”
14
.
Objeción esta a la que responderá
Marcel SCHWOB en su reseña a LLM
14 El prefacio de Huysmans fue luego
recogido en En marge (1927), compilación
preparada por Lucien Descaves. Cita-
mos de la edición electrónica de ese texto:
“Je laisse maintenant de côté une partie du
livre qui, je l’avoue sincèrement, me gêne un
peu, celle des traductions. Souvent, elles me
paraissent rester inertes et parfois elles ne
sont pas, à mon avis du moins, suf sam-
ment littérales et exactes. Mais, sauf cette
réserve, il est légitime de glorifer le livre, car,
en dehors même de sa parfaite chimie qui
parvient à condenser en de brèves pages la
masse de documents épars dans de copieux
bouquins, il relève et assaisonne des sujets
jusqu’alors cuits à l’étuvée et dans de l’eau de
pompe par de bas cuistres” (Huysmans 1927
[Disponible en URL http://www.huysmans.
org/enmarge/enmarge4.htm], accedido el
18/08/2013).
131 Nº XVII / 2013 / ISSN 1514-3333 (impresa) / ISSN 1851-1724 (en línea), pp. 123-149
aparecida en el Mercure de France en
noviembre de 1892:
M. de Gourmont a adopté un sys-
tème particulier pour rendre en
français le Latin mystique. Il le tra-
duit en bon frère. Il le transforme et
il l’orne, parce qu’il l’aime par-dessus
tout et qu’il veut le faire aimer aux
autres. Ainsi Baudelaire a donné du
style aux phrases parfois incertaines
d’Edgar Poe. Quand M. de Gour-
mont traduit:
Oculorum acies nunquam satiatur
[avara,
“Les yeux concupiscents, poignards
[insatiablement avides”,
il n’est point besoin de nous avertir
que sa traduction est volontairement
inexacte, et qu’il a faussé le sens vers
le concret (Schwob: noviembre de
1892).
Y efectivamente, la “méthode
littéraire-littérale” (nótese la obvia
contradicción de la expresión) que
dice seguir GOURMONT acude al ana-
cronismo y la reescritura
15
. Así, por
ejemplo, la última estrofa del “Pan-
gue lingua” (LLM 74-5), escrito por
15 “Aucun des textes qui seront mis en fran-
çais n’avaient encore été interprétés selon
la méthode littéraire-littérale et la plupart
n’avaient jamais été traduits: À ce point de
vue, et aussi par son ensemble et sa logique,
ce travail aura donc un intérêt certain pour
tous ceux qui ne sont pas atteints de misoné-
isme, qui ont échappé à l’incuriosité de ce
siècle, à  sa stupidité, à son incapacité spiri-
tuelle” (LLM 4). Para un excelente análisis
de la técnica de traducción de Gourmont,
cfr. Céard 1996.
Venancio FORTUNATO pero errónea-
mente atribuido a Claudio MAMERTO:
Sola digna tu fuisti ferre pretium
[saeculi
Atque portum praeparare nauta
[mundo naufrago
Quem sacer cruor perunxit fusus
[Agni corpore.
(Solamente tú fuiste digna de pagar
[una fanza por la época
Y de preparar, como navegante, un
[puerto para el mundo náufrago,
Ungido de la sagrada sangre que
[manó del cuerpo del Cordero)
16
.
se traduce así:
Seul, tu fus digne de porter la rançon
[du siècle,
O fanal éternel du havre permanent.
Secours défnitif du monde rénové par
[le sang sacré de l’Agneau.
Del mismo modo, esta letanía
(LLM 154):
Christe eleison, qui expansis in cruce
manibus traxisti omnia ad te saecula.
Christe eleison.
Kyrie eleison, Agne mitis basia cui
lupus dedit venenosa, Kyrie eleison.
Christe eleison, qui prophetice promp-
sisti : Ero mors tua, o mors, Christe
eleison.
(Compadécete Cristo, que abiertas
tus manos en la cruz, arrastraste
todas las épocas humanas hacia tí,
Compadécete Cristo.
16 Todas las traducciones del latín entre parén-
tesis nos pertenecen.
Mariano Javier Sverdloff / Reescrituras de la tradición: Le latin mystique de Remy de Gourmont 132
Compadécete Señor, dulce Cor-
dero al cual el lobo le dio venenosos
besos, Compadécete Señor.
Compadécete Cristo, tú que profé-
ticamente revelaste: Seré tu muerte,
oh muerte, Compadécete Cristo)
se traduce así:
Christ, aie pitié, ô Toi qui les mains
épandues sur la croix, attiras à toi
tous les siècles, ô Christ, aie pitié.
Seigneur, aie pitié, ô très doux
Agneau, à qui le loup donna de véné-
neux baisers, Seigneur, aie pitié.
Christ, aie pitié, toi qui murmuras
prophétiquement : Je serai ta mort, ô
mort ! Christ, aie pitié.
Nótese que Gourmont traduce
“prompsisti” por “murmuras”, lo cual
es un excelente hallazgo poético, pero
se aparta del sentido original de promo,
que puede signifcar “decir”, “revelar”, o
“dar a conocer”, pero no “murmurar”
17
.
Otro buen ejemplo de los resulta-
dos de este método es la traducción del
Dies irae (LLM 339):
Dies irae, dies illa,
Solvet saeclum in favilla,
Teste David cum Sibylla.
(Día de la ira, día de la ira
Disolverá en cenizas al tiempo
[humano
Siendo testigos el rey David y la
[Sibila)
Jour de colère, en ce-jour-là,
Comme David le prophétisa,
Le monde en cendres s'en ira.
17 Cfr. OLD s.v. promo.
Versión encantadora sin dudas
desde el punto de vista rítmico, en
donde sin embargo desaparece la Sibila
absorbida por el verbo prophétiser, a
los efectos de conservar la rima. Otra
forma del anacronismo, si se quiere la
más paradojal, es la traducción etimo-
lógica. Gourmont a menudo intenta
elegir la palabra francesa que más se
acerca a la etimología latina, lo cual sin
embargo da por resultado una traduc-
ción aún más anacrónica: así sucede
con la traducción de “De saeculi istius
fine” (acróstico de Comodiano de
Gaza) por “De la fn du siècle” (LLM
19). Nótese que si bien se respeta la raíz
de la palabra latina (o bien justamente
por eso), la traducción es un anacro-
nismo, en la medida en que la expre-
sión “fn du siècle” remite obviamente
al crepúsculo de siglo XIX y no al fn de
los tiempos apocalíptico al que refere
Comodiano. Asimismo, la ya mencio-
nada traducción de “acies oculorum”
por “poignard”, es también una forma
de invención basada en la etimología:
Gourmont literaliza la expresión
“acies oculorum” (que en latín era una
frase hecha que signifcaba brillo de los
ojos, la mirada) y vuelve al sentido ori-
ginal de acies, el de flo o espada
18
. Éste
es un excelente ejemplo de cómo el
método de traducción de Gourmont
puede ser a la vez ‘literal’ y ‘literario’.
Ahora bien, la reescritura gour-
montiana del latín medieval desborda
LLM: Gourmont escribió su propio
“Livre des litanies” (1896), integrán-
dose a ese sorprendente “Nachleben”
18 Cfr. OLD s.v. acies.
133 Nº XVII / 2013 / ISSN 1514-3333 (impresa) / ISSN 1851-1724 (en línea), pp. 123-149
del género “letanía” de las últimas
décadas del siglo XIX, al que Isabelle
Krzywkowski (2002) le ha dedicado
recientemente un detallado estudio.
Quizá la letanía gourmontiana más
conocida sea “Letanies de la rose”,
texto que toma de los secuenciarios
presentados en los capítulos VII y VIII
de LLM su esquema rítmico, y de las
letanías descriptas en el capítulo IX la
invocación y la repetición formular:
Fleur hypocrite,
Fleur du silence.
Rose couleur de cuivre, plus frau-
duleuse que nos joies, rose couleur
de cuivre, embaume-nous dans tes
mensonges, feur hypocrite, feur du
silence.
Rose au visage peint comme une flle
d’amour, rose au cœur prostitué, rose
au visage peint, fais semblant d’être
pitoyable, feur hypocrite, feur du
silence.
Rose à la joue puérile, ô vierge des
futures trahisons, rose à la joue pué-
rile, innocente et rouge, ouvre les rets
de tes yeux clairs, feur hypocrite, feur
du silence.
(…)
(de Gourmont 1921: 149)
Claro que no se canta aquí a la rosa
mística sino a la for carnal. La rosa
gourmontiana entronca así con ese
linaje de las fores corruptas y pecado-
ras del fn-de-siècle, linaje que incluye a
la Pisanelle d’annunziana, a la Flor de
la gran Síflis de À rebours o a las “violis
et foribus” con las que Heliogábalo
sofocó a sus invitados, según la escena
que narra la Historia Augusta (Vida
de Antonino Heliogábalo 21.5) y que
reprodujo el pintor Lawrence Alma-
Tadema en su célebre cuadro Te roses
of Heliogabalus (1888).
Podemos decir, pues, que ‘menar-
dianamente’ Gourmont parodió a los
textos cristianos medievales de LLM.
“Les Saintes du paradis” (1898) es una
larga serie de plegarias ordenadas
alfabéticamente según la inicial del
nombre de las santas, lo cual genera
un efecto de extrañamiento, que parece
adelantar procedimientos vanguar-
distas u oulipianos, pero que también
evoca a los acrósticos de Comodiano
de Gaza citados en LLM y a esos him-
nos alfabéticos del antifonario de Cam-
gill que integran la biblioteca de des
Esseintes
19
. Otro ejemplo de este uso
19 “Agathe,
Joyau trouvé parmi les pierres de la Sicile,
Agathe, vierge vendue aux revendeuses
[d’amour,
Agathe, victorieuse des colliers et des bagues,
Des sept rubis magiques et des trois pierres
[de lune,
Agathe, réjouie par le feu des fers rouges.
Comme un amandier par les douces pluies
[d’automne,
Agathe, embaumée par un jeune ange vêtu
[de pourpre.
Agathe, pierre et fer, Agathe, or et argent,
Agathe, chevalière de Malte,
Sainte Agathe, mettez du feu dans notre
[sang.
Agnès,
Agnelle, épouse du feu, Agnelle, amie de
[l’Agneau,
Agnès, plus forte que la magie des jeunes
[cheveux,
Agnès, flle sacrée du signe de la croix,
Agnès, Agnelle et Danielle, toi qui caressas
D’une main pure la crinière cruelle des
[brasiers,
Mariano Javier Sverdloff / Reescrituras de la tradición: Le latin mystique de Remy de Gourmont 134
paródico del latín místico es “Orai-
sons mauvaises” (1900), una plegaria
paradójica donde encontramos líneas
como “Que ton âme soit bénie, car elle
est corrompue” o “Que ta bouche soit
bénie, car elle est adultère!” (de Gour-
mont 1919: 75-7). ¶
Productividad de la
lectura gourmontiana en
el siglo XX
T
anto el LLM como las letanías
gourmontianas tuvieron una
prolífca posteridad. Las Pâques
à New York (1912) de Blaise Cen-
drars se plantean explícitamente
como una reescritura de LLM; T. S.
Eliot cita a Gourmont en diversos
ensayos y reescribe las “Litanies de la
rose” en “Ash Wednesday” (1930)
20
;
Blanche Agnès, décollée par le glaive aveugle.
Et trempée dans la gloire vierge des lys
[rouges.
Brebis, Toison, Manteau, trame et chaîne des
[palliums,
Sainte Agnès, flez pour nous la laine éternelle.
Angèle
Qui avez vu dans le ciel une échelle,
Une longue échelle rouge où montaient des
[jeunes femmes,
De belles jeunes femmes vêtues de blanc,
Angèle qui avez gravi l’échelle de neige et de
[sang,
Angèle qui êtes montée au ciel en revenant
[de Jérusalem,
Angèle qui avez le pouvoir d’apaiser les orages,
Sainte Angèle, apaisez les orages de notre
[coeur.”
(…) (de Gourmont 1919: 60-1)
20 “Lady of silences
Calm and distressed
Torn and most whole
Rose of memory
Ezra Pound dice haber encontrado
en la obra y las teorías de Gourmont
una confrmación de sus propias ideas
acerca del ritmo (artículo de diciem-
bre de 1915 en la Fortnighty review),
le dedica a Gourmont un elogioso
obituario en la revista Poetry (1916)
21

y en Instigations (1920) transcribe y
comenta las “Litanies de la rose” (agre-
guemos que el método de traducción
y cita de Homage to Sixtus Propertius
o de los Cantos, recuerda bastante a
las reescrituras gourmontianas)
22
. El
modernismo latinoamericano tam-
bién reescribió a su modo el antifo-
nario gourmontiano: tal como explica
Karl Uitti (1960) en un extenso
trabajo sobre la presencia de Gour-
mont en el mundo hispánico, Darío
Rose of forgetfulness
Exhausted and life-giving
Worried reposeful
Te single Rose
Is now the Garden
Where all loves end
Terminate torment
Of love unsatisfed
Te greater torment
Of love satisfed
End of the endless
Journey to no end
Conclusion of all that
Is inconclusible
Speech without word and
Word of no speech
Grace to the Mother
For the Garden
Where all love ends” (Eliot 1963: 87-8).
21 Cfr. “Remy de Gourmont”, en Fortnightly
Review, XCVIII (N.S.) 588, (1
ero.
de diciem-
bre de 1915), pp. 1159-1166 y “Remy de
Gourmont”, en Poetry VII.4, enero de 1916,
pp. 197-202, ambos compilados en Pound
1991: 125-134.
22 Para la relación entre Pound y Gour-
mont, cfr., inter alios, Espey 1955.
135 Nº XVII / 2013 / ISSN 1514-3333 (impresa) / ISSN 1851-1724 (en línea), pp. 123-149
se refrió numerosas veces a Gour-
mont en sus Opiniones. Anota Uitti
que, según Arturo Marasso, el título
Prosas profanas se habría inspirado en
LLM (recuérdese que la prosa es un
género de poesía litúrgica)
23
. Uitti
23 Agreguemos esta observación de Ricardo
Sáenz-Hayes sobre la lectura del antifonario
gourmontiano en la Argentina: “Con el latín
místico se acompañaba ese otro místico sutil
que fue Joaquín V. González. En aquella
suerte de tétrica antología de los poetas del
antifonario y del medieva lismo simbólico
que es el Latín místico. Poco amor humano
expresan esos místicos en una lengua que
se parece al latín clásico como Notre Dame
al Partenón: como un poema de piedras y
de lágrimas a una oda de Píndaro; lo que el
Calvario a los juegos pyticos; lo que María
a Diana. Tan atroz e incorregible se les pre-
senta a tales poetas, precursores de Dante,
la perversidad del hombre, con entrañas de
lobo para su semejante, que han perdido
toda esperanza de infundirle misericordia
con palabras de amor y recurren a las amena-
zas, a los anuncios de mundo en trance de
desaparecer en un inferno cuyo fuego devo-
rador jamás ha de extinguirse en la eternidad
de castigos que se merecen los culpables.
Me refero en este caso al himno Dies Irae,
de Fray Tomás de Celano, compañero de
San Francisco de Asís, que Gourmont tra-
duce al francés y González al español. Con
una diferencia, honradamente señalada por
González: que la versión de Gourmont
es directa del latín, calcada sobre el original
en ritmo y rima, y la de González es trasla-
dada del inglés de Macaulay, muy libre, sin
el ritmo ni la rima del original. Citaré solo el
primer terceto del himno:
Fray Tomás:
Dies irae, dies illa
Solvet saeclum in favilla
Teste David cum Sibylla
De Gourmont:
Jour de colère, en ce-jour-là,
Comme David le prophétisa,
Le monde en cendre s’en ira.
percibe ecos de LLM en diversas
obras, tales como “El coloquio de los
centauros”, a lo que podríamos agre-
gar nosotros la “Letanía de nuestro
señor don Quijote” (1905), o la breve
“Secuencia para nuestra señora”
(1914). Asimismo LLM habría sido el
hipotexto de algunos pasajes de Las
montañas del oro (1897) de Leopoldo
Lugones, lo cual no sería raro si
tenemos en cuenta que, como hemos
podido constatar, existe un ejemplar
con marcas de lectura del antifonario
gourmontiano en la biblioteca perso-
nal de Lugones, conservada en La
Biblioteca del Maestro de la ciudad
de Buenos Aires. Es particularmente
notoria la inspiración de LLM en “El
himno de las torres”, dado que ade-
más de varias referencias a la litera-
tura medieval, Lugones incorpora
una cita del poema erótico latino
“Sevit aure spiritus” (que se incluye en
las páginas 148-9, como poema Nº 56,
en la sección “Amatoria. Potatoria.
Lusoria” de Schmeller 1883; note-
mos que en la biblioteca personal de
Lugones hay una reedición de 1904
de la compilación de Schmeller)
24
.
De González:
Vendrá el día de la cólera, día del futuro
[incierto
que David y la Sibila vaticinan de concierto,
y el mundo caerá en el abismo convertido
[en polvo yerto.
(Sáenz-Hayes 1965: 240-241).
24 “Y mi alma –golondrina ideal- desde su
torre sigue mirando: y mira a San Bene-
zeto haciendo cantar la trulla en los altos
andamios, sobre los granitos bordados de
las gárgolas; y a San Juniperto pensando
un mosaico bajo los claustros bizantinos;
y a Santa Hildegarda diciendo foridas
Mariano Javier Sverdloff / Reescrituras de la tradición: Le latin mystique de Remy de Gourmont 136
Indiquemos, para terminar, otros
dos episodios (según nuestro cono-
cimiento, nunca comentados) de la
posteridad gourmontiana en la litera-
tura argentina. Se trata de dos reapro-
piaciones que por su tono tan diverso
ponen en primer plano la ambigüedad
de la lectura simbolista del latín medie-
val, que vacila entre el idealismo y la
carnalidad, y que admite, por tanto,
interpretaciones opuestas. El primer
episodio se da en la obra de Jorge Luis
Borges, quien, en la reedición de 1969
de Fervor de Buenos Aires, añade “La
rosa”, texto que se diferencia clara-
mente del tono criollista que domina
en el resto del poemario. Borges
retoma en este poema (acaso inspirado
en el pasaje de “Ash Wednesday” que
hemos citado más arriba) el tópico de
la rosa y el procedimiento de la letanía.
Lo cual aproxima el poema borgeano al
texto de Gourmont, sobre todo si se
considera la cercanía que existe entre
los sintagmas que referen a la inefabi-
lidad de la rosa (“la inmarcesible rosa
secuencias para agradar a Dios; y a San
Juan de Segovia labrando el oro de las basí-
licas, para componer, como una oración de
pedrerías, una custodia; y a Jehan Fouquet
iluminando de oro una miniatura anjélica;
y a los errantes clérigos goliardos cantando
en las ferias, y bajo los portales de la abadía,
sus estribillos de latín ingenuo.
(Nudam fovet Floram lectus
Caro candet tenera,
Virginale lucet pectus
Parum surgunt ubera)”
(Acoge el lecho a la desnuda Flora,
Se enciende la tierna carne,
Brilla el virginal pecho
Surgen poco a poco los senos)
(Lugones 1999: 65).
que no canto”/ “la ardiente y ciega rosa
que no canto” / “la rosa inalcanzable”)
y la “Fleur de silence”, a la que alude
una y otra vez la letanía gourmontiana:
La rosa,
la inmarcesible rosa que no canto,
la que es peso y fragancia,
la del negro jardín en la alta noche,
la de cualquier jardín y cualquier
[tarde,
la rosa que resurge de la tenue
ceniza por el arte de la alquimia,
la rosa de los persas y de Ariosto,
la que siempre está sola,
la que siempre es la rosa de las rosas,
la joven for platónica,
la ardiente y ciega rosa que no
[canto,
la rosa inalcanzable.
25
Por supuesto que, como a menudo
ocurre en Borges, la determinación
de las fuentes se revela sumamente
difcultosa. No afrmemos pues taxati-
vamente que las letanías gourmontiana
o elliotiana fueron el hipotexto del
poema borgeano. Sí observemos que
Borges cita aquí la imagen de la “rosa
de las rosas”, presente por ejemplo en
la cantiga 10 de Alfonso X (“Rósas
das rósas e Fror das frores, /Dona das
donas, /Sennor das sennores”
26
) o en
los Carmina Burana (“Flos est puella-
rum/quam diligo/et rosa rosarum”
27
),
25 Borges 2010: 27 (con notas de los tra-
ductores/anotadores al poema “La rosa” en
pp. 85-6).
26 Casson, “Cantiga 10”.
27 Cfr. Schmeller 1883: 211 carm. 140. Para
el tópico de la rosa en la literatura medieval,
cfr. Joret 1892.
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reapropiación de la literatura medieval
que no hubiese desagradado a Gour-
mont. Agreguemos asimismo otra lla-
mativa coincidencia: en las Crónicas de
Bustos Domecq (1967), en “Homenaje a
César Paladión”, se describe a un émulo
de Pierre Menard (y por tanto del
Louis Ménard gourmontiano). Pala-
dión compone copiando obras enteras,
motivo por el cual es comparado con
Pound y Eliot
28
. Asimismo, en el
relato “Naturalismo al día” se comenta
la obra de Hilario Lambkin, quien
propone un “mapa” de la Divina Come-
dia que es idéntico palabra por palabra
a la Divina Comedia; luego, se narra el
caso del poeta Urbas, quien ganó un
concurso literario sobre el tema de la
rosa al presentar una rosa real en lugar
de una escrita, y se impuso así sobre
los otros competidores que escribie-
ron diversas variaciones sobre el tema
28 “La metodología de Paladión ha sido objeto
de tantas monografías críticas y tesis doc-
torales que resulta casi superfuo un nuevo
resumen. Bástenos bosquejarla a grandes
rasgos. La clave ha sido dada, una vez por
todas, en el tratado La línea Paladión-
Pound-Eliot (Viuda de Ch. Bouret, París,
1937) de Farrel du Bosc. Se trata, como
defnitivamente ha declarado Farrel du
Bosc, citando a Myriam Alien de Ford,
de una ampliación de unidades. Antes y
después de nuestro Paladión, la unidad
li teraria que los autores recogían del acervo
común, era la palabra o, a lo sumo, la frase
hecha. Apenas si los centones del bizantino
o del monje medieval ensanchan el campo
estético, recogiendo versos enteros. En
nuestra época, un copioso fragmento de
la Odisea inaugura uno de los Cantos de
Pound y es bien sabido que la obra de T.
S. Eliot consiente versos de Goldsmith, de
Baudelaire y de Verlaine” (Borges y Bioy
Casares 1979: 304).
de la rosa. Plagio, reescritura, relacio-
nes paradójicas entre el modelo y la
copia, Pound, Eliot y el tópos de la
rosa: todo parece remitir al universo
gourmontiano, según una red de rela-
ciones que la crítica debería investigar
en detalle.
La otra reapropiación de la letanía
gourmontiana es un texto de 1974 de
Osvaldo Lamborghini. Este escritor
que, como se sabe, también hizo de
la parodia uno de los procedimientos
fundamentales de su poética, le otorga
una sorprendente posteridad al tópico
medieval de la rosa, al parafrasearlo
en clave posvanguardista y lacaniana,
“excremental”:
¿ROZAMIENTOS MÚLTIPLES?
¿PRUEBA DE REALIDAD?
¿LETANÍA O CANCIÓN MASO-
QUISTA?
Pubis y esfínteres.
Margaritas ya sin pétalos, letanía,
Nada: ni un solo pétalo por arrancar.
Margaritas felices
Y al mismo tiempo desgraciadas,
Pubis y esfínteres:
Vivir la coherencia
De algún estado,
Vivir en coherencia
¡Con algún estado!
Un cuerpo hay
Uno solo y verdadero
No millares, letanía
Rozamientos múltiples
Rozamientos de pubis
Rozamiento de esfínteres,
Órganos de los ojos
Órganos del goce,
Letanía o canción masoquista.
Margaritas: toda la sangre fuyó
Mariano Javier Sverdloff / Reescrituras de la tradición: Le latin mystique de Remy de Gourmont 138
Pasado el momento de la agreste
[podadura.
El látigo es un órgano del esfínter.
Pero ni siquiera bellos uniformes
Aun siquiera para a algún naides
[conformar.
O para vestir las desnudas corolas.
Planicie de hielo, planicie de esfín-
teres,
Otra vez la prueba de la realidad
Y otra vez la protesta
Letanía, canción masoquista.
Ni naides es menos nadas, ni
Nadas es menos naides.
Nada, ni siquiera un par de charreteras
O un emborlado bastoncillo de desfle,
A cambio de nuestros pétalos,
A cambio de nada.
El vacío empieza a suceder
Y es lo único que sucede, él es el
[único,
Emperador, rey y soberano.
Letanía: nuestros cuerpos,
Achatados retratos sobre la tierra…
Nuestros cuerpos,
Achatados retratos sobre la tierra…
Letanía, todo es letanía y letanía,
Muerte y merda.
Monoeyaculación monódica.
Monóculos de bazar, llenos de tedio
[y de soslayo, letanía:
Rozamientos múltiples
Rozamientos de pubis
Rozamientos de esfínteres.
Y viene el idiota de las preguntas.
¿Dónde está la herida?
En el halo,
En el ano,
En la connota,
En el aura siempre, letanía, canción
[masoquista,
En el círculo: áulica herida.
El esfínter es (rozamientos de pubis,
[rozamientos múltiples)
por defnición aquello que se “carcome”
[y “amorfa”.
Letanía, canción masoquista.
La piel nuestra, una miríada,
rosetones de esfínteres.
La rosa excremental en el cuerpo
[cardinal.
Tierra desplegada, letanía, sin puntos
[ni horizontes.
Mar de adioses y ya estamos de vuelta.
Letanía, canción masoquista:
Rozamientos múltiples
Rozamientos de pubis
Rozamientos de esfínteres.
(Lamborghini 2012: 64-66)
La “rosa” se ha convertido en “roza-
mientos”, “rosetones de esfínteres” y
“Margaritas ya sin pétalos”, la letanía
religiosa en “canción masoquista”.
También esta reescritura es una prueba
del “menardiano anacronismo” -esto
es, de la productividad- del texto gour-
montiano. ¶¶
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Recibido: 31-08-2013
Evaluado: 24-09-2013
Aceptado: 29-09-2013
141 Nº XVII / 2013 / ISSN 1514-3333 (impresa) / ISSN 1851-1724 (en línea), pp. 123-149
Figura 1: Poema de Jean RICHEPIN “In honorem Baldelarii novempedalis prosa”, publicado en
página 147 de La Plume 165 (1ero. de marzo de 1896). El poema integró el Tombeau de Charles
Baudelaire (Paris: Bibliothèque Artistique & Littéraire, 1896; 68-9). Para un estudio de Jean RICHE-
PIN como poeta latino y en particular de este poema, cfr. DAVID 2001.
Mariano Javier Sverdloff / Reescrituras de la tradición: Le latin mystique de Remy de Gourmont 142
(Prosa de nueve pies en honor de
Baudelaire:
Con vocablos de barbarie
Ya teñida por una putrefacción de tan
[varios
Colores, yo te cantaré, Baudelaire
Pues del pus mezclado con esperma
Que desde lo profundo has destilado
Estamos enteramente ungidos.
Y sin embargo tenemos sed
De esa hora que, en presencia del
[nuevo
Siglo, dará blanca aurora.
Por eso te amamos,
Figura femenina del hombre
Áspera dulzura en la amargura.
La rosa y el rocío de tu zarzal
Nos embriagan toda la boca,
Tanto a bárbaros como a sutiles.
Cada uno exclama, cuando ofreces
tu corazón de donde fuye pus y
[fuido licor:
“Desespero y estoy totalmente
[abandonado”
De allí que junto a tu cadáver se
[cultive
El andropogon o vetiver,
Hasta que de él reverdezca la primavera.
Mientras tanto estamos en el océano
Agitado por los vientos tormentosos;
Y, cuando ya nos hundimos, entonces
[surges,
Y por el mar de las tinieblas te haces
Estrella polar para las barcas de
[muchas gemas
De nuestos cármenes multicolores.
Por todo eso, Deidad que ha de ser
[invocada
Con esta voz podrida y lívida,
Entrecortada y balbuciente, permite
Que a ti con lengua de barbarie
Ya teñida por la putrefacción de tan
[varios
colores yo te cante, Baudelaire.)
143 Nº XVII / 2013 / ISSN 1514-3333 (impresa) / ISSN 1851-1724 (en línea), pp. 123-149
Figura 2: LLM, frontispicio de Maurice DENIS.
Mariano Javier Sverdloff / Reescrituras de la tradición: Le latin mystique de Remy de Gourmont 144
Figura 3: Portada de LLM.
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Figura 4: página 1 de LLM (con ornamento de Roger DEVERIN).
Mariano Javier Sverdloff / Reescrituras de la tradición: Le latin mystique de Remy de Gourmont 146
Figura 5: página 223 de LLM (con ornamento de Roger DEVERIN).
147 Nº XVII / 2013 / ISSN 1514-3333 (impresa) / ISSN 1851-1724 (en línea), pp. 123-149
Mariano Javier Sverdloff / Reescrituras de la tradición: Le latin mystique de Remy de Gourmont 148
Figuras 6-9: “Passion” de Alfred Jarry, en páginas 11-17 de Nº1 (dedicado a la Pasión de Cristo) de
revista L’Ymagier (1894).
149 Nº XVII / 2013 / ISSN 1514-3333 (impresa) / ISSN 1851-1724 (en línea), pp. 123-149
Figura 10: página 27 de Nº1, dedicado a la Pasión de Cristo, de revista L’Ymagier (1894).
151 Nº XVII / 2013 / ISSN 1514-3333 (impresa) / ISSN 1851-1724 (en línea), pp. 151-167
R
eflexionar sobre la
obra de Leon Battista
Alberti (1404- 1472)
supone en primer
lugar reconocer la
presencia de dos
visiones antagóni-
cas del hombre y el
mundo que se aglutinan al interior
de una misma mentalidad. Su narra-
ción latina, Momus sive de Principe,
así como los diálogos, narraciones y
fábulas que conforman sus Intercena-
les, relatan el carácter absurdo de la
experiencia vital, contrastando con I
libri della Famiglia y sus tratados sobre
arte, que ponen en primer plano la
capacidad humana de racionalizar el
mundo. En el presente artículo nos
centraremos en aquellas producciones
de Leon Battista Alberti incluidas en
lo que denominaremos el ‘paradigma
del absurdo’. Este paradigma se nutre
de una convicción: el mundo humano
carece de un esquema racional que lo
contenga y le otorgue sentido, soste-
Momus sive de Principe y las
Intercenales de Leon Battista
Alberti: la simulación,
el absurdo y la risa
Mariana Sverlij [Universidad de Buenos Aires]
[svmariana2000@yahoo.com.ar]
Resumen: Lejos de la interpretación de Leon
Battista Alberti como prototipo del “hombre
universal”, GARIN ha reconocido el carácter
contradictorio del pensamiento albertiano. En
efecto, en la extensa y polifacética obra del
humanista genovés coexisten dos visiones
antagónicas del hombre y el mundo. A una le
corresponde la confianza en la razón, a la otra
la constatación del carácter absurdo de la exis-
tencia. Este Alberti “sombrío” se expresa en las
páginas de Momus y las Intercenales. En ellas,
la apelación a una existencia simulada es
abordada a través de una risa desacralizadora
del ideal humano que alumbró el temprano
Renacimiento italiano.
Palabras clave: Alberti - razón - absurdo - risa
- simulación.
Leon Battista Alberti’s Momus and Interce-
nales: simulation, absurdity and laughter
Abstract: Far from the interpretation of Leon
Battista Alberti as a prototype of the “universal
man”, GARIN has analyzed the contradictory
nature of Alberti’s thought. In fact, in the exten-
sive and versatile work of the Genoese human-
ist two opposite visions of man and the world
coexist: one believes in the power of reason,
the other acknowledges the absurdity of life.
It is in Momus and the Intercenales that this
“somber Alberti” is present. In these texts the
appeal to a simulated life is addressed through
a form of laughter that demystifies the human
ideal of the early Italian Renaissance.
Key words: Alberti - reason - absurd - laughter
- simulation.
Mariana Sverlij / Momus sive de Principe y las Intercenales de Leon Battista Alberti… 152
niéndose y propagándose sobre la
base de valores irracionales. Es en el
marco de esta ‘desilusión’ albertiana
1

que Momus y las Intercenales
2
apelan
a una existencia ‘simulada’, a través
de una risa desacralizadora del ideal
humano que alumbró el temprano
Renacimiento italiano.
Una de las características centra-
les según la cual entendemos y deli-
mitamos ‘la cosmovisión absurda’ es
la puesta en escena de la inestabili-
dad que gobierna en el mundo y que
encuentra una traducción en, por lo
menos, dos niveles: la ausencia de un
1 Alberti escribe Momus entre 1443 y 1450.
El texto fue transmitido a través de cuatro
manuscritos del siglo XV, dos ediciones
impresas en Roma en 1520 y una vulga-
rización en Venecia de 1568. Es de desta-
car, también, una temprana traducción
al castellano, en 1568. La primera edición
moderna, debida a G. Martini, es de 1942.
La redacción de las Intercenales es fechada
entre 1428 y 1437. Las Intercenales fueron
escritas a intervalos, recogidas y distribui-
das en diez libros. Permanecieron inéditas
hasta que en 1890 G. Mancini publicó el
manuscrito oxoniense en que se conserva-
ban diecisiete de las cuarenta y uno de la
actual colección. Las veinticuatro restantes
permanecían guardadas en la Biblioteca del
Convento de S. Domenico de Pistoia y fue-
ron encontradas y puestas en circulación
por E. Garin en 1965.
2 Los pasajes en castellano correspondientes
a las Intercenales son propios y han sido
cotejados con la traducción italiana de F.
Bacchelli y L. D’Ascia (2003). En el caso
de Momo sive de Principe, las citas en cas-
tellano corresponden a la traducción de F.
Jarauta (2002) y los pasajes en latín a la
edición de Knight y Brown (2003). En
todos los casos, los pasajes en latín serán
reproducidos en el cuerpo del texto y su
traducción castellana en nota al pie.
patrón fjo (de un ideal de vida y de
conducta) que dicte el camino a seguir
por los personajes y la precariedad de
la existencia humana, sometida a los
constantes vaivenes de la fortuna. Es
en este sentido que la ausencia de un
esquema racional, en Momus, se arti-
cula con el contenido de la narración,
pero también con las particularidades
del género poético que le da forma:
la sátira menipea. Uno y otro se pre-
suponen mutuamente. Esta ausencia
de parámetros fjos y la inestabilidad
propia de la vida humana dan protago-
nismo a un personaje (Momo) que es
en sí mismo expresión de esta fexibi-
lidad; un personaje que en la mutación
permanente da a luz una ideología y
un programa de acción determinado. ¶
La teoría de la simulación
S
ucintamente, esta es la trama de
Momus sive de Principe: Júpiter
crea al mundo. Su obra se revela
prontamente una segunda versión del
cielo, pero mejorada: los dioses sien-
ten envidia de la nueva creación y
manifestan sus quejas a Júpiter, quien
decide enviar todo tipo de padeci-
mientos al mundo humano. El insi-
dioso Momo, crítico de la creación,
de la conducta de los celestes y de
la arbitrariedad de Júpiter, es expul-
sado del cielo, cayendo en territorio
etrusco. Entre los hombres, Momo
predica en contra de los dioses, quie-
nes, temiendo que se propague la des-
creencia en el mundo humano, envían
a tierra a la diosa Virtud y aceptan
nuevamente a Momo en el cielo.
153 Nº XVII / 2013 / ISSN 1514-3333 (impresa) / ISSN 1851-1724 (en línea), pp. 151-167
Momo ha visto que el ascenso y el des-
censo, la aceptación y el rechazo no
dependen de una conducta virtuosa
sino del desarrollo de una técnica: la
simulación y la disimulación. Vuelto
al cielo, se consagra como cortesano
favorito de Júpiter, quien le solicita
al dios, antes que sus acciones, sus
palabras: Momo es invitado a relatar
su experiencia en el medio humano.
Este relato se concentra en las distin-
tas ‘ocupaciones’ que articulan la vida
de los hombres, y que dan cuenta del
carácter irracional de la existencia,
llevando a Momo a proclamar como
único modelo de buen y feliz vivir al
del vagabundo. El mundo se ha dado
vueltas, o mejor, es visualizado desde
otro lugar: ahora son los hombres los
que se quejan por sus continuos pade-
cimientos. Júpiter, creyéndolos ingra-
tos, considera la necesidad de destruir
el mundo existente y reemplazarlo por
un mundo nuevo. En su afán de con-
seguir y analizar distintas propuestas
sobre un posible mundo futuro, los
dioses hacen un recorrido por las
distintas escuelas flosófcas, consul-
tando la opinión de los flósofos más
destacados. Como producto de una
intriga palaciega de la que deviene
víctima, Momo es nuevamente expul-
sado del cielo, castrado y amarrado a
una roca en el océano. El mundo está
por llegar a su fn, lo que suscita dos
acciones complementarias: la llegada
a tierra desde los infernos del flósofo
Gelasto y el barquero Caronte, para
contemplar el mundo terreno antes
de su acabamiento y que concluye con
su huída desesperada de vuelta a los
Infernos, y la realización de ofrendas
humanas a los dioses para evitar este
fn. Momo desde el océano envía una
niebla que obliga a los dioses a des-
cender a tierra para presenciar los
espectáculos humanos, ocupando
el lugar de las estatuas que en repre-
sentación de ellos los hombres idea-
ron. Una serie de sucesos provocan
la ruina de las estatuas y de los dioses
mismos que retornan al cielo. Una
vez allí Júpiter recuerda un opúsculo
sobre el arte de gobernar, que tiempo
atrás Momo le había entregado, en el
cual se analiza el modo en que debe
conducirse el príncipe y el funciona-
miento de la fortuna.
Volvamos al comienzo:
Nam cum Iuppiter optimus maximus
suum hoc mirifcum opus, mundum,
coaedifcasset et eum quidem esse
quam ornatissimum omni ex parte
cuperet, diis edixerat ut sua pro virili
quisque in eam ipsam rem aliquid
elegans dignumque conferret (ed.
Knight and Brown 2003: 14 [ed.
Jarauta 2002: 15])
3
.
Los dioses más encumbrados
hacen sus contribuciones, entre las
que resaltan el buey de Palas, la casa
de Minerva y el hombre de Prome-
teo que, en calidad de ornamentos,
integran la creación. Una vez conoci-
dos los aportes de los dioses, Momo
revela su lugar en el cielo, poniendo
3 “Cuando el gran Júpiter creó esta obra
maravillosa que es el mundo, deseando
que fuese adornado de la manera más bella
posible, ordenó a los dioses que cada uno
según sus fuerzas y poderes contribuyese a
esa creación con algo elegante y digno”.
Mariana Sverlij / Momus sive de Principe y las Intercenales de Leon Battista Alberti… 154
en acción aquello que lo singulariza:
su espíritu crítico. Momo, en efecto,
no contribuye a la Creación, como los
otros dioses, sino que revela las con-
tradicciones de lo creado, dejando en
evidencia las falencias de la casa, del
buey y, sobre todo, del hombre. Estas
críticas de Momo ubican al personaje
albertiano dentro de una tradición
específica (las amonestaciones del
dios a los dones divinos ya fguran en
la fábula esópica de mediados del siglo
IV a. C) que llega hasta Alberti, sobre
todo, a través de la obra de Luciano de
Samosata. Sin embargo, en el contexto
de la refexión albertiana las críticas de
Momo adquieren un singular valor. De
hecho, Momo, siguiendo la tradición
referida, critica la casa en razón de su
falta de movilidad; un argumento por
el cual la casa, en tanto espacio físico
y hogar, vale decir, en tanto lugar de
cobijamiento de un grupo humano
específco, es valorada en De re aedi-
fcatoria (el tratado de arquitectura
de Alberti) y en I libri della famiglia.
Es, en efecto, esta estructura física y
simbólica la que permite al hombre
mantenerse a resguardo del carácter
‘móvil’ (lábil, transitorio) de todo lo
demás. Por el contrario, en el caso
del hombre diseñado por Prometeo,
Momo señala que:
In eoque opere illud tamen stulta
videri commissum ratione, quod
intra pectus mediisque in praecordiis
homini mentem obdidisset, quam
unam suprema ad supercilia propa-
tulaque in sede vultus locasse oportuit
(ed. Knight and Brown 2003: 16
[ed. Jarauta 2002: 16])
4
.
La crítica de Momo a la creación
prometeica se conecta con tres aspec-
tos centrales del Momus. En primer
lugar, pone en escena uno de los
motores centrales de la narración: las
peripecias narrativas son ocasionadas,
sobre todo, a partir de la apelación a
una conducta simulada. En segundo
lugar, Momo nos presenta al ‘hombre’,
en adelante objeto de una constante
reflexión filosófica y antropológica,
que participa, diferenciándose, de los
presupuestos y debates que se originan
al interior del movimiento humanista.
En tercer lugar, esta crítica del dios da
cuenta de la oposición entre la casa y el
hombre, un antagonismo central en el
marco de la refexión y de los dilemas
albertianos. La casa y el hombre, en la
lúcida refexión de Momo, presentan,
en efecto, un carácter antagónico: al
estatismo de la primera se opone la
movilidad del segundo, siempre presto
a desvincular su rostro exterior de su
rostro interior. Señala Caye:
Alberti es (…) un pensador del
“oikos”, en el doble sentido del tér-
mino griego: pensador de la “casa”,
del “edifcio” como testimonia el
De re aedifcatoria, pero también,
como lo indica el otro signifcado
de este término, pensador (…) de
la “familia”, de ahí la estrecha rela-
4 “[Prometeo] había procedido sin refexio-
nar al haberle escondido el pensamiento
dentro del pecho, en medio de las entrañas,
mientras que habría sido oportuno que
estuviera en lo alto de la frente, en el punto
más descubierto del rostro”.
155 Nº XVII / 2013 / ISSN 1514-3333 (impresa) / ISSN 1851-1724 (en línea), pp. 151-167
ción que une a De re aedifcatoria
al De Familia. En tanto pensador
del “oikos”, Alberti entra necesa-
riamente en relación con el tema
estoico de la “oikeiosis”, lo que
Cicerón llama la “commendatio”
que determina nuestra adaptación
al mundo y el grado de familiaridad
que podemos mantener con él. Los
antiguos pensaban la “oikeiosis”,
la ‘habitación del mundo para el
hombre’, bajo el reino de la “phy-
sis”, de la “naturaleza viviente”, y
bajo el abrigo de su plenitud onto-
lógica, según una perfecta provi-
dencia en la adaptación del hombre
al mundo que da la impresión de
que todo está al servicio del hombre
(2010: 140).
Recordemos que, una vez com-
pleta la creación del mundo y solo a
los fnes de ‘embellecerlo’, el hombre
aparece en la creación: el mundo no
está al servicio del hombre, sino que
el hombre está al servicio del mundo,
de su ‘embellecimiento’. Pero esta rela-
ción cambia pronto de signifcado y
el mundo comienza a manifestarse
contrario y hostil al hombre. Los dio-
ses, que han observado la belleza del
mundo humano, sienten envidia del
hombre, encomendado a Júpiter sus
quejas y haciendo que este quite al
mundo su belleza o, mejor aún, depo-
site sobre la belleza el mal. Para que
en adelante ningún celeste prefera ser
hombre antes que dios, Júpiter:
Ergo in hominum animos curas
metumque iniecit, morbosque et
mortem atque dolorem adegit. Qui-
bus aerumnis cum iam adeo essent
homines longe deteriori in sorte quam
bruta animantia constituti, non
modo deorum erga se invidiam exs-
tinxere, verum et sui misericordiam
excitavere (ed. Knight and Brown
2003: 20 [ed. Jarauta 2002: 18])
5
.
Los padecimientos que Júpiter
envía a la humanidad no solo trans-
forman la envidia de los dioses en com-
pasión, sino que también, y en primer
lugar, hacen del hombre un habitante
extranjero en su propia casa, un ser sin
hogar. El hombre, de aquí en más, vive
en el marco de un divorcio con la reali-
dad, que se revela siempre hostil a sus
ambiciones y necesidades. En este sen-
tido, si las obras ‘racionales’ de Alberti
meditan sobre las fórmulas de recon-
ciliación entre el hombre y el mundo,
sus producciones ‘absurdas’ denuncian
esta desunión, poniendo en escena la
fractura que se ha producido entre el
hombre y el mundo. En sintonía con el
Momus, las Intercenales abordan una y
otra vez esta de falta de nexos entre la
voluntad del hombre y la exterioridad
del mundo. Así, la búsqueda activa del
conocimiento y la labor humanas no
producen felicidad alguna (Pupillus,
Defunctus); los dioses permanecen
ajenos a las desgracias del hombre
(Scriptor, Religio); la justicia no obra en
la tierra (Virtus, Discordia); el dios al
que se alaba es ‘la moneda’ (Nummus);
5 “Infundió a la sazón temores y ansias en las
almas humanas y mandó dolores, enferme-
dades y muerte. A causa de estas desgracias
los hombres quedaron reducidos a una con-
dición mucho peor que la de las bestias, por
lo que no solo hizo desaparecer la envidia
de los dioses sino que esta se transformó en
compasión”.
Mariana Sverlij / Momus sive de Principe y las Intercenales de Leon Battista Alberti… 156
la felicidad radica en el terreno de la
doxa, de la mera opinión (Prohemium
ad Paulum Toscanellum).
Esta extranjería del hombre res-
pecto de la realidad tiene otra conse-
cuencia inmediata: se transforma en
una extranjería del hombre respecto
de sí mismo y, sobre todo, respecto de
sus semejantes. Para sobrevivir en el
medio social, el hombre debe trans-
formarse siempre en ‘otro’, variar de
personaje (persona). Momo, que ha
asumido el rostro de poeta y luego de
flósofo para predicar en contra de los
dioses, advierte sobre la efcacia de
estas transformaciones. Los dioses,
preocupados por el entrelazamiento
de Momo con los hombres, deciden
enviar a la tierra a la diosa Virtud.
Momo comprende enseguida que si la
franqueza había sido el motivo de su
expulsión del cielo, la simulación fue
aquello que lo impulsó a recobrar el
interés de los dioses:
Dices: ‘Nequeo esse non Momus;
nequeo non esse qui semper fuerim,
liber et constans’. Esto sane: ipsum te
intus in animo habeto quem voles,
dum vultu, fronte verbisque eum te
simules atque dissimules quem usus
poscat (ed. Knight and Brown
2003: 44 [ed. Jarauta 2002: 31])
6
.
Ante esta revelación el personaje
de Momo se transforma en un doble
6 “Di incluso: no puedo seguir siendo
Momo, no puedo seguir siendo el que he
sido siempre, anárquico y terco. Esto que
quieres mantenlo en lo más profundo de
tu corazón para que seas capaz de adaptar
el rostro y la lengua a la necesidad, simu-
lando y disimulando”.
sentido. Por un lado, Momo cambia
al interior de la tradición literaria de
la que nace como personaje: deviene
‘otro Momo’, distinto al de Luciano,
o, mejor aún, es el Momo de Luciano
inserto en otro contexto histórico que
lo obliga a desarrollar otro lenguaje
7
.
Si el Momo de Luciano, como señala
Simonicini, encarna “la capacidad crí-
tica y la sinceridad, el rechazo a toda
auctoritas y toda verdad absoluta en los
ámbitos político y flosófco, siendo el
primer autor en darle a este personaje
una ‘personalidad literaria’ acabada”
(1998: 411), el Momo de Alberti, como
sostiene Rinaldi, pone al lado de este
personaje, “demasiado sincero y franco
censor, otra imagen especular de un
Momo simulador e hipócrita” (2002:
115). Dicho de otro modo: si el Momo
de Luciano “deviene en la contamina-
ción (…) entre diálogo filosófico y
comedia antigua, ‘un dios que no cree
en los dioses’ ” (Simoncini 1998: 411),
el Momo de Alberti se transforma en
un dios que emula a los hombres.
Aquello que criticaba de la creación
prometeica, por ello mismo, lo vuelve a
su favor, al mismo tiempo que lo cons-
7 Un ejemplo de la conducta sincera y cen-
sora del Momo de Luciano lo ofrece Zeus
trágico. Zeus ha escuchado que los flósofos
debaten sobre la existencia de los dioses,
llegando a dudar de ella y de sus benefcios.
Decide, pues, convocar a una asamblea
celeste que se propone pensar esta difícil
situación que siembra una amenaza sobre
el cielo. El dios Momo aprovecha la ocasión
e hilvana un discurso sobre las injusticias
que rigen el mundo humano, siendo lógico
el consiguiente descrédito en que se tiene a
los dioses.
157 Nº XVII / 2013 / ISSN 1514-3333 (impresa) / ISSN 1851-1724 (en línea), pp. 151-167
truye como una ‘nueva personalidad
literaria’:
Et profecto hic apud homines versari
oportet, si quid ad dolum et frau-
dem velis astu perfdiaque callere
(...) Atqui hoc mihi ex acerbo exilio
obtigisse voluptati est, quod vafre et
gnaviter versipellem atque tergiver-
satorem praebere me simulando ac
dissimulando perdoctus peritissimus-
que evaserim. Quas profecto artes
commodas et usui pernecessarias in
illo apud superos otio et luxuriae ille-
cebris constitutus numquam fuissem
assecutus (ed. Knight and Brown
2003: 60 [ed. Jarauta 2002: 40])
8
.
Donde no había lógica –el envío
de los padecimientos a los hombres
por parte de Júpiter es del todo arbi-
trario– se instaura una lógica mun-
dana, circunstancial, movediza como
la propia vida. Aún más: una de las vías
de responder a la falta de un esquema
racional (en términos de una razón vir-
tuosa) es la construcción de una razón
calculada que engendra las herramien-
tas para llegar a un determinado fn.
En el marco de esta construcción el
hombre adquiere un dominio sobre sí
8 “Y en verdad hace falta relacionarse con
los seres humanos si quiere acostumbrarse
uno a todas las astucias, los engaños y los
fraudes (…) De este duro exilio hay una
cosa que me ha venido bien: haber apren-
dido maravillosamente a ser sagaz y astuto,
a saber disimular y fngir cualquier cosa y
a poner en mi rostro cuantas caras quiera,
pudiendo urdir cualquier embuste y mal-
dad. Nunca habría adquirido estas técnicas
ventajosas y utilísimas quedándome allí
con los dioses, entre los placeres de la luju-
ria y el dulce no hacer nada”.
mismo. Es en este sentido que Marassi
aduce que, en Momus, el “enmascara-
miento de las intenciones” se consti-
tuye “como un modo de responder al
poder del Hado y a la volubilidad de la
fortuna, no para engañar a la verdad
sino como conquista de la esfera más
íntima del ánimo” (2008: 78). En reali-
dad, en Momus el hombre logra ejercer
un dominio sobre sí mismo a cambio
de desdoblarse, de convertirse siem-
pre en otro personaje. “La vida moral”
deviene, entonces, “una construcción
calculada”, un programa que requiere
del hombre el desarrollo de una apti-
tud a partir de la cual ‘ejercer la vida’:
Ne vero non me architectum elegantem
omnis malitiae praebui? (ed. Knight
and Brown 2003: 62 [ed. Jarauta 2002:
40])
9
, aduce Momo. El portador de esta
lógica mundana debe convertirse, por
ello, en una suerte de nuevo orator,
capaz de alternar en escena su rostro y
sus palabras. En esta dirección, señala
Momo:
Demum sic statuo oportere his qui-
bus intra multitudinem atque in
negotio vivendum sit, ut ex intimis
praecordiis numquam susceptae iniu-
riae memoriam obliterent, ofensae
vero livorem nusquam propalent, sed
inserviant temporibus, simulando
atque dissimulando. In eo tamen
opere sibi nequiquam desint, sed
quasi in speculis pervigilent (...) Alia
ex parte sua ipsi studia et cupiditates
callida semper confngendi arte inte-
gant (...) sempiterne sui sint memores;
9 “¿No he demostrado ser un gentil arqui-
tecto para componer maldades?”.
Mariana Sverlij / Momus sive de Principe y las Intercenales de Leon Battista Alberti… 158
numquam adversariis parcant nisi
cum velint gravius laedere, aretium
more, qui quidem abscedendo impe-
tum concitant, quo vehementius
impetant. (….) frontis familiari-
tate et blanditiis iram animi operi-
ent (...). Quam quidem rem pulchre
assequemur si verba vultusque nostros
et omnem corporis faciem assuefa-
ciemus ita fngere atque conformare,
ut illis esse persimiles videamur qui
boni ac mites putentur, tametsi ab
illis penitus discrepemus. O rem opti-
mam nosse erudito artifcio fucatae
fallacisque simulationis suos operire
atque obnubere sensus! (ed. Knight
and Brown 2003: 102-104 [ed.
Jarauta 2002: 64-65])
10
.
El arte de la simulación supone, en
primer lugar, un dedicado gobierno de
sí. Como señalábamos anteriormente,
10 “(…) los hombres de negocio y quienes tie-
nen una intensa vida de relaciones deben
comportarse de este modo: no olvidar
jamás en lo más profundo de su corazón las
ofensas recibidas, sin revelar el rencor en
ningún caso, y adaptarse escrupulosamente
a las circunstancias, simulando y disimu-
lando; y al hacer esto, no distraerse ni un
instante, estar siempre con los ojos bien
abiertos como si fuera un centinela (...) Por
otra parte deben saber esconder las propias
ambiciones y los deseos con el hábil arte de
fngir. (…) deben tener en todo momento
el pleno control de sí mismos y jamás tener
piedad a los adversarios (…) tener bien
cubierta la animosidad interior bajo una
apariencia amigable y melifua (…) Conse-
guiremos brillantemente el objetivo si nos
acostumbramos a modelar perfectamente
las palabras, el rostro y todo el aspecto
exterior (….) ¡qué excelente cosa es saber
ocultar y envolver en la niebla los propios
sentimientos con la experiencia discreta y
engañosa en el arte de la simulación!”.
el dominio que la fortuna tiene en la
vida del hombre encuentra una res-
puesta en el dominio del hombre sobre
sí mismo. Una vez adquirido este domi-
nio, el hombre vuelve a contactarse con
los demás, pero lo hace mimetizán-
dose con el carácter fraudulento que
visualiza en su entorno social. En el
marco de esta ética circunstancial, la
búsqueda del ser es reemplazada por
la búsqueda del parecer, tal como se
expresa en Oraculum:
Libripeta: Oro, Apollo, fave. Hos
libros dono afero. Aveo videri litte-
ratus.
Apollo: Sis. Atqui ut sis noctesque
diesque assidue, lectitato.
Libripeta: Tedet longueque malo
videri, quam esse.
Apollo: Omnium ergo litteratorum
obtrectator esto (ed. Bacchelli e D’
Ascia 2003: 92)
11
.
Absurdo es vivir en un mundo
social y no poder establecer un con-
tacto efectivo con los otros. Una frac-
tura que se relata una y otra vez en
las Intercenales, catalogadas por Bac-
chelli y D’Ascia como un “manual
de supervivencia del individuo ais-
lado, privado de auténticos contactos
sociales” (2003: xliii). Esta soledad
se pone en evidencia al constatar que
el hombre ha perdido la posibilidad
de comprenderse en el marco de un
11 “Libripeta: Oh Apolo, sedme propicio. Te
traigo en donación estos libros. Bramo de
ser considerado culto. Apolo: para serlo,
lee día y noche. Libripeta: No me interesa,
prefero por mucho parecerlo que serlo.
Apolo: Entonces, murmura acerca de todos
los literatos”.
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plan mayor, en una razón exterior a
él, dando cauce a la emergencia de
un plan y una razón individual, que
opera y destruye, siempre volcada
sobre sí misma. En Religio, el diálogo
entre Lépido y Libripeta revela, en este
sentido, que la única salida efcaz es
aceptar que los confictos humanos se
resuelven humanamente, que la salva-
ción o el naufragio ya no depende sino
del hombre:
Verum tu quidem dic, queso: tuamne
apud pictos deos orabas causam, an
interpres aliorum exstitisti? (…)
Nullos, mihi crede, ad tempestatem
levandam naute, nisi mari et fucti-
bus confderent, uspiam deos nossent.
(...) Atque, tu si causas malorum
fugies, nusquam ullos ad malum abs
te auferendum deos desiderabis; vel, si
homines hominibus nocuos esse cen-
seas, non deos defensores orare, sed vel
magis homines ipsos placare opus est
(ed. Bacchelli e D’ Ascia 2003:
24-26)
12
.
Siguiendo este último criterio, en el
proemio dedicado a Leonardo Aretino,
Alberti señala (…) quamque inepte a
diis ea exposcuntur, que in manibus
nostris adsunt (…) (ed. Bacchelli e
12 “Libripeta: ¿rogaste por ti a esos dioses pin-
tados o lo hacías en nombre de otros? (…)
Ningún marinero, créeme, habría sabido de
dioses capaces de calmar tormentas si no
se hubiera confado a las olas del mar (…)
Tú también, si evitas las causas de tus males
no te verás en obligación de desear que los
dioses alivien tu mal. O si entiendes que son
los hombres los que se dañan unos a otros,
no te hará falta pedir a los dioses que te
protejan; más bien habrás de aplacar a los
hombres”.
D’ Ascia 2003: 86)
13
. El hombre, en
este sentido, ya no consulta con su
deidad el camino a seguir, ni conjura
este desamparo existencial apelando a
los otros, también desamparados. El
diálogo se establece, por el contrario,
al interior de la propia subjetividad:
Nunc vero aliam nostris tempori-
bus accommodatiorem personam
imbuendam sentio. Et quaenam
ea erit persona, Mome? Nempe ut
comem, lenem afabilemque me exhi-
beam. Item oportet discam praesto esse
omnibus, benigne obsequi, per hilari-
tatem excipere, grate detinere, laetos
mittere. Ne tu haec, Mome, ab tua
natura penitus aliena poteris? Potero
quidem, dum velis (…). Spe illectus,
necessitate actus propositisque prae-
miis, ipsum me potero fngere atque
accommodare his quae usui futura
sint (ed. Knight and Brown 2003:
100/ [ed. Jarauta 2002: 63])
14
.
13 “la absurda pretensión de recibir de los
dioses aquello que podemos procurarnos
nosotros mismos”.
14 “(…) pero ahora que son otros los tiem-
pos creo haber alcanzado el momento de
actuar de otro modo, más apropiado a mi
nueva condición ¿Qué personaje Momo?”.
Sin duda uno que se muestre simpático,
apacible y cordial. Estará bien que apren-
das a estar dispuesto para todo lo que los
otros quieran, a recibir con buen humor a
las personas, entretenerlas amablemente
y procurar que se vayan contentas. ¿Y tú,
Momo, podrás domeñar tu naturaleza a
estas cosas tan contrarias a ella? Claro que
podré, si quiero (…). Atraído por la espe-
ranza, movido por la fuerza de las cosas y
por el premio que se anuncia, bien podré
moldearme a mí mismo y adaptarme a lo
que será útil”.
Mariana Sverlij / Momus sive de Principe y las Intercenales de Leon Battista Alberti… 160
Esta ‘actitud dialógica hacia uno
mismo’ recoge los fundamentos del
género soliloquio. En términos de
Bajtín:
En su base está el descubrimiento
del hombre interior; de uno mismo
accesible no a una autoobservación
pasiva sino tan solo a un enfoque
dialógico de su persona, enfoque que
destruye la ingenua integridad de
conceptos acerca de uno mismo
que fundamentaba la imagen lírica,
épica y trágica del hombre. El enfo-
que dialógico de la propia persona
rompe las capas externas de su ima-
gen, que existe para otros hombres,
que determina la valoración externa
del hombre (por otros) y que entur-
bian la pureza de la autoconciencia
(1986: 169).
En Momus el soliloquio existe, sin
embargo, para evidenciar el quiebre
entre la valoración del otro y la pro-
pia valoración en tanto modo político
de relacionarse en la vida social. No
busca autenticidad sino pragmatismo.
Por ello, la revelación (de uno a uno
mismo) se fundamenta en el oculta-
miento (de uno hacia el otro). En este
sentido, Momus ensaya una defnición
desencantada del ‘ser social’
15
. De allí
que el ‘acto de moldearse a sí mismo’
15 Como señala Tafuri, “(…) la misma
simulación –antes de ser acogida como
ingrediente común por parte de las teorías
políticas de los siglos XVI y XVII– era el
tema principal [del] Momus de Leon Bat-
tista Alberti” (1995: 21). El desarrollo de
esta técnica no ociosamente se manifesta
en estrecha relación con la refexión sobre
el papel de la fortuna en la vida humana.
que Pico della Mirandola señalará
como ‘lo propio del hombre’, de su
‘dignidad humana’, se transforme en
Alberti en la astucia que supone ‘fc-
cionalizarse’. ¶
Ficción y autoconciencia
E
l arte del disimulo, sin embargo,
no solo propone un programa
de acción sino que también
sienta las bases de la teoría gnoseo-
lógica que se despliega en el Momus.
“Momo deja de ser Momo” porque
ha aprendido de la experiencia; para
ello tuvo que ‘caer’ y, sobre todo, tuvo
que vivenciar la vida. Es esta última,
de hecho, la que le aporta a Momo
un conocimiento acabado del mundo
humano: un saber cuya fuerza radica
en ocultarse. Dicho de otro modo: lo
que aprende Momo es que lo consti-
tutivo del hombre es la fcción, enten-
dida en términos del ocultamiento del
artifcio.
Es Caronte, el barquero que tras-
lada las almas a los infernos y que llega
a tierra con el flósofo Gelasto en los
últimos tramos de la narración, quien
remonta la lógica de la ‘fcción’ a la
creación del ser humano. Se trata, en
este caso, de una nueva versión, que
dialoga con la prometeica. El Creador
–según escuchó Caronte de la boca
de un pintor– fabricó varios ejem-
plares humanos y les aconsejó seguir
el camino que conducía a un palacio
donde hallarían todo lo que necesita-
sen. Muchos ejemplares humanos, sin
embargo, se desviaron de este camino
central, convirtiéndose por ello en
161 Nº XVII / 2013 / ISSN 1514-3333 (impresa) / ISSN 1851-1724 (en línea), pp. 151-167
seres monstruosos. Volvieron con sus
semejantes, pero fueron expulsados
a causa de su terrorífco aspecto. Por
esta razón se cubrieron con barro, por-
tando desde entonces máscaras seme-
jantes al rostro de los demás. Según
esta historia,
hoc personandorum hominum artif-
cium usu quoad paene a veris secer-
nas fctos vultus ni forte accuratius
ipsa per foramina obductae personae
introspexeris: illinc enim contemplan-
tibus varias solere occurrere monstri
facies. Et appellatas personas, hasce
fctiones easque ad Acherontis usque
undas durare, nihilo plus, nam fu-
vium ingressis humido vapore evenire
ut dissolvantur. Quo ft ut alteram
nemo ad ripam non nudatus amissa
persona pervenerit (ed. Knight and
Brown 2003: 310 [ed. Jarauta
2002: 175-176])
16
.
A diferencia de la arbitrariedad con
que Júpiter envía padecimientos a los
hombres en el comienzo de Momus, el
castigo aquí es consecuencia de la des-
obediencia respecto del mandato del
Creador y se focaliza en la necesidad
de transformación de los verdaderos
rostros que, en adelante, se cubrirán
16 “Este recurso de enmascararse ha llegado
a ser tan común que hay que mirar atenta-
mente a través de los agujeros de la máscara
superpuesta para distinguir las caras falsas
de las verdaderas, solo así son visibles los
diferentes rasgos monstruosos. Estas más-
caras, llamadas ‘fcciones’, duran hasta que
llegan a las aguas del Aqueronte, porque
entrando en el río el vapor las disuelve; esta
es la razón por la que ninguno ha pasado
a la otra orilla sin perder la máscara y ser
descubierto”.
(se ocultarán) con distintas máscaras.
El género humano resulta condenado
a generar ‘fcciones’, lo que ilumina un
campo semántico que se ha reconocido
como propio de la narración: fngir,
simular, disimular, enmascarar. La des-
obediencia trae consigo una opacidad
originaria, imponiendo una marca sus-
tantiva en el mundo humano: la confu-
sión. ¿Qué hay detrás de las máscaras?
¿Qué rostro es verdadero y cuál no? En
el relato de Caronte, la premisa de un
camino recto que hay que seguir y las
tentaciones que representan posibles
desvíos de este camino central intro-
ducen un tono moralizante. Se trata de
una propuesta binaria, representada en
la disyuntiva de optar por un camino
correcto, asociado al bien, frente a otro
que conduce a la perdición, tal como
había sido mentado por Lactancio en
sus Divinae Institutiones
17
. El relato
recuerda también a la República de
Platón, y en particular, al mito de Er.
Pues luego de la actuación en tierra se
halla el vapor del agua, que borra las
máscaras. En este sentido, la evoca-
ción de Caronte recurre a una noción
de justicia fnal, vinculada a la reve-
lación de la identidad verdadera. Sin
embargo, el acento recae en el triunfo
de los enmascarados en tierra, esceni-
fcado en la confusión de rostros. La
secuencia de dos vías opuestas, desde
este punto de vista, pierde nitidez,
17 En el relato de Caronte, a semejanza de lo
que expone Lactancio, el camino correcto
es también el que entraña mayor difcul-
tad. Respecto de las fuentes cristianas del
Momus y, en particular, Lactancio, ver:
Rinaldi 2002: 141-188.
Mariana Sverlij / Momus sive de Principe y las Intercenales de Leon Battista Alberti… 162
como lo pierde la frontera que separa
el ‘bien’ del ‘mal’ o, al menos, las indi-
vidualidades que encarnan una u otra
ética. El difunto Gelasto reconoce esta
confusión. En vida había sido amigo
del flósofo Énope y, al observarlo en
tierra, se asombra de las críticas que
este le propina: Sed nunc intellego fc-
tum hominis ingenium et ex tuo illo per-
sonandorum artifcio obductum; fronti
fctam, non veram benivolentiam exs-
titisse (ed. Knight and Brown 2003:
314 [ed. Jarauta 2002: 178])
18
.
Este reconocimiento de Gelasto
da cuenta de un aprendizaje funda-
mental que se ha revelado en la his-
toria relatada por Caronte: la muerte
proporciona, ante todo, un saber sobre
la vida. Señala Marassi, en este sen-
tido, que en Momus “la vida no es ser,
sino fcción, y la muerte no es nada,
sino verdad” (2008: 81). Defunctus,
uno de los diálogos más extensos de
las Intercenales, que circuló también
de forma independiente, aborda en
forma paradigmática este saber que la
muerte proporciona sobre la vida. El
difunto Neofrono relata a Politropo
cómo, luego de su muerte, se dispuso
a contemplar su propio velorio desde
el techo de una casa vecina. Desde esta
perspectiva privilegiada, Neofrono
advierte los engaños de su mujer, la
alegría de sus hijos, libres del peso que
su padre signifcaba, y el robo que sus
parientes hicieron de sus bienes. Ante
tal panorama, Neofrono no duda en
18 “pero ahora entiendo su falsa y fngida con-
dición pues debía llevar una máscara de ese
artifcio que me has explicado con la que su
rostro simulaba amistad y benevolencia”.
escoger la tesis de la miseria de la vida
del hombre: Equidem in eum propitii
fuistis, superi, cui vestra pietate con-
cessum est, ut diem ante obiret suum,
quam omnes etatis miserias norit (ed.
Bacchelli e D’ Ascia 2003: 430)
19
. El
difunto cobra conciencia del carácter
ilusorio de la vida al abandonarla. La
adquisición de esta nueva conciencia,
por ello mismo, alcanza un estatuto
trágico y a la vez cómico, que descom-
pone esta misma tragicidad sin anu-
larla. Esta tragedia y esta comicidad
dialogan, una vez más, con el corpus
platónico: aquí también el mundo de
las esencias se opone al mundo de las
apariencias, engañoso respecto de la
verdad del ser. Los muertos, represen-
tantes del primero, por ello mismo,
observan desde una posición superior
al mundo de las apariencias, de las que
no pueden sino reírse. Sin embargo,
la narración albertiana, imbuida de
la sátira lucianesca, descompone al
mismo tiempo las bases que sostienen
el edifcio platónico. Los muertos que
circulan con su nueva conciencia, de
hecho, son profundamente humanos.
De este modo, mientras que Neofrono,
al confrontar ambos mundos, se recon-
forta con su liberación de la cárcel del
cuerpo (carcere corpis), Politropo, con la
verdad ya revelada, se muestra entusias-
mado ante la idea de poder volver habi-
tar algún día su antigua materialidad:
Vide ne ille felicior ac beatior longe
sit, qui fortune temeritatem consilio
et prudentia fregerit, qui acerbitatem
19 “Generosos han sido, oh dioses, con aquellos
a los que les concedieron la muerte antes de
conocer todas las miserias de la vida”.
163 Nº XVII / 2013 / ISSN 1514-3333 (impresa) / ISSN 1851-1724 (en línea), pp. 151-167
tolerantia et patientia superarit, quive
sensus et appetituum stimulos ratione
et ordine temperarit. Mihi quidem,
ubi superum benefcio liceat, nihil
eque imprimis dari opto quam, ut
pristinum corpus reintegrem. Nam in
ea preclarissima certandi materia, in
illa ipsa pulcherrima et ornatissima
compage membrorum iuvabit multo
quam antehac egerim ardentius expe-
riri, quid egregie valeam ad ultimam
gloriam et felicitatem pulcherrime
comparandam (ed. Bacchelli e D’
Ascia 2003: 430)
20
.
La muerte, en este sentido, antes
que asumir una forma imperecedera,
perfecta y atemporal, proporciona
una visión ‘clara’ de la ‘verdad’ (veri-
tatis tam claram): el hombre adquiere,
por vez primera, conciencia de sí y de
la arquitectura del mundo en que ha
vivido. De ahí que coloque a Neofrono
ante el descubrimiento de la verdadera
versión de su realidad y, en ese mismo
acto, el edifcio de ciudadano virtuoso
que había construido comience a des-
moronarse. Caído el edifcio, cae tam-
bién la ciudad que lo albergaba, en la
medida en que la revelación excede el
20 “Refexiona si, por caso, no sea mucho más
feliz y beato quien haya superado con su
razón práctica el arbitrio de la fortuna y
con la paciencia las asperezas del destino, o
quien haya subordinado a un orden racio-
nal los estímulos de los sentidos y de los
apetitos. En cuanto a mí, si los dioses lo
permiten, mi mayor deseo no es otro que
volver a tener mi viejo cuerpo: dentro de
aquella excelente materia de lucha, aquella
magnífca conexión de miembros, estaré
contento de poner a prueba mis capacida-
des, con mucho más ardor que antes, para
conseguir la vida beata”.
ámbito de lo individual: (…) nunc enim
defunctus primum conspexi cum cete-
ros, tum etiam ipsum me summa sem-
per in insania fuisse constitutum (ed.
Bacchelli e D’ Ascia 2003: 360)
21
,
refexiona Neofrono. Lo absurdo se
traduce aquí en el divorcio al que
hemos aludido entre el hombre y el
mundo, y entre el hombre y el hombre.
La máscara ha pasado a cubrir el rostro
humano y eso ha depositado al indivi-
duo en una radical soledad: no hay una
construcción civil que albergue al ‘yo’
y al ‘otro’, sino personajes que mutan,
adaptándose a las distintas escenas, a
las distintas circunstancias. Es de este
modo que la mujer del difunto puede
representar el papel de esposa dolida:
At enim sic, ut vides, ridicule res uxoris
acta est (...) quis hanc ipsam fraudu-
lentissimam feminam censeat has fctas
posse lachrimas depromere, aut hos tam
simulatos dolores adeo verisimiles imi-
tari? (ed. Bacchelli e D’ Ascia 2003:
372)
22
. El contraste entre esta verifca-
ción y la imposibilidad de la vida (vale
decir de una conciencia mundana) da
lugar, entonces, a una comicidad para-
dójica: terapéutica, reveladora, mordaz
y, al mismo tiempo, amarga.
La muerte es el lugar de emergen-
cia de la autoconciencia, que redimen-
siona la experiencia de la vida y cons-
truye con ironía una verdad dolorosa.
21 “(…) solo ahora, luego de muerto, me doy
cuenta de que hemos vivido una vida total-
mente absurda, y no menos que los otros”.
22 “Como ves, la mujer recitó su comedia (…)
quién hubiese dicho que fuese capaz de
esparcir sus lágrimas y de imitar con tanta
naturalidad un dolor puramente simulado”.
Mariana Sverlij / Momus sive de Principe y las Intercenales de Leon Battista Alberti… 164
En este sentido, si el ‘yo’ se defne en su
relación con el ‘otro’, la muerte se pre-
senta principalmente como una instan-
cia de redefnición del ‘yo’ que rompe o
redimensiona su vínculo con los ‘otros’.
Es por ello que, aunque en Defunctus
haya ecos de los discursos sobre ‘la
miseria humana’, el diálogo albertiano
se encuadra, sobre todo, en este nuevo
marco cognitivo, vinculado, antes que
al llanto, a la risa. Con el trasfondo de
la ultratumba de Luciano de Samo-
sata, cada uno de los descubrimientos
desoladores que el difunto hace res-
pecto de su vida pasada, encuentran
como respuesta la risa: Nam hec apud
me lascivia uxoris admodum ridicula
est (ed. Bacchelli e D’ Ascia 2003:
370)
23
, refexiona el difunto. Cardini
(2008), incluso, señala a Alberti como
creador del ‘humorismo moderno’.
De hecho en el Proemio de Momus
Alberti declara: Proximus huic erit is
qui cognitas et communes fortassis res
novo quodam et insperato scribendi
genere tractarit. (…) apud Latinos qui
adhuc fecerint nondum satis exstitere
(ed. Knight and Brown 2003: 4 [ed.
Jarauta 2002: 6-7])
24
.
La muerte, señalábamos, propor-
ciona una autoconciencia que se nutre
del reconocimiento de la verdad. La
vida es para esta autoconciencia una
ficción, hábilmente enmascarada.
Esta fcción subsiste en el cambio, en
23 “la lascivia de mi mujer me hace morir de la
risa”.
24 Alberti incita a “afrontar contenidos noto-
rios (…) con un estilo en cierto modo nuevo
e imprevisible”, “no habiendo muchos entre
los latinos que lo hayan conseguido”.
la medida en que el personaje emerge
en virtud de la escena y cambia con
ella. Este saber de esta autoconcien-
cia es ante todo, por tanto, un des-
cubrimiento. Pero si la muerte es un
saber, la vida es ocultamiento y en
última instancia confusión. La risa
que nace de esta revelación alumbra
esta paradoja de la existencia. En este
sentido, en palabras de Cardini, la risa
albertiana se caracteriza por ser
una risa que quisiera hacer reír y
que en cambio da pena, es una risa
que es llanto y es un llanto que es
risa, es en suma un perfecto oxí-
moron: y esto porque el principio
fundante en el pensamiento alber-
tiano es justamente el oxímoron, la
agudísima conciencia de la radical
contradicción que atraviesa al hom-
bre y todas las cosas (2008: 34).
Habíamos advertido en un inicio
que Momus participa de la sátira meni-
pea, un género, de acuerdo con Bajtín,
“fexible y cambiante como proteo”.
Para Bajtín una de las características
de la menipea es ‘la síncrisis’
25
(o la
confrontación) de las ‘últimas cues-
tiones del mundo’, teniendo su origen
(…) en la época de la descompo-
sición de la tradición nacional, de
la destrucción de las normas éticas
que habían integrado el “venerable”
de la Antigüedad clásica (“belleza,
25 De acuerdo con Bajtín uno de los procedi-
mientos principales del “diálogo socrático”,
del que también se nutre la sátira menipea,
es la síncrisis, entendida como “la confron-
tación de diversos puntos de vista sobre un
objeto determinado” (1986: 156).
165 Nº XVII / 2013 / ISSN 1514-3333 (impresa) / ISSN 1851-1724 (en línea), pp. 151-167
generosidad”), en la época de una
intensa lucha entre numerosas y
heterogéneas escuelas religiosas y
flosófcas, cuando las discusiones
acerca de las últimas “cuestiones”
de la visión del mundo llegaron a
ser un fenómeno cotidiano y de
masas en todos los estratos socia-
les y tuvieron lugar en todas par-
tes donde se reunía la gente: en las
plazas de mercado, en las calles, en
los caminos, en las tabernas, en los
baños públicos, en las cubiertas de
los barcos, etc., cuando la fgura
del flósofo, sabio (cínico, estoico,
epicúreo) profeta o taumaturgo se
hizo típica y se encontraba aún más
a menudo que la del monje durante
la Edad Media (1986: 168).
La tradición de la menipea encuen-
tra un momento de auge en el período
de producción de las obras de Alberti,
coincidente con el renacimiento de esa
tradición flosófca-literaria, merced a
la traducción al latín de un número
signifcativo de sus obras: los diálo-
gos de Luciano, las Epístolas pseudo
hipocráticas, las Epístolas del Pseudo
Diógenes, el Axioco pseudo platónico.
La risa albertiana, imbuida de muchos
de los elementos de la sátira menipea
es, sobre todo, una risa que dialoga con
las novedades de su época, revelando y
descomponiendo “las últimas cuestio-
nes del mundo”. De acuerdo con Car-
dini, Defunctus, en particular, es un
texto que pudo ser concebido y escrito
porque en los primeros decenios del
Quattrocento habían madurado en
Italia y al interior del Humanismo
italiano los presupuestos culturales y
flosófcos necesarios para una recon-
sideración y revalorización de la risa.
Sus pilares son Luciano y las epístolas
pseudo hipocráticas, pero también la
emergencia de las nuevos descubri-
mientos que alimentan el paradigma
racional albertiano, particularmente, la
búsqueda brunelleschiana de la pers-
pectiva. En La perspectiva como forma
simbólica, Panofsky (2008 [1927])
señala cómo la perspectiva artifcialis se
presenta como un fenómeno ambiguo:
si, por un lado, los fenómenos artísti-
cos quedan inexorablemente unidos a
reglas matemáticas y el cuadro deviene
una construcción racional y objetiva,
por otro lado, la centralidad que ocupa
el punto de vista en la distribución del
cuadro, hace de este siempre una selec-
ción de la subjetividad que recorta la
realidad a su medida. Para Cardini
–aunque en esta línea se manifestan
también Garin (1992), Tafuri (1995),
Catanorchi (2005)– el ‘ilusionismo
de la búsqueda perspectiva’ abre las
puertas al escepticismo y a una risa que
es efecto de la creencia obsoleta de que
existen elementos y parámetros fjos
que sostienen la realidad. Una risa de
este tipo está presente en el Defunctus
albertiano, que pone en evidencia que
toda representación cambia, modif-
cando el punto de vista, que la realidad
es siempre mutable, y que “este fuir,
esta ambigüedad y esta duda justi-
fcan y alimentan la risa” (Cardini
2008: 31). El Defunctus albertiano,
fnalmente, retoma la perspectiva de
Caronte acerca del origen de la crea-
ción humana: la máscara es una con-
dena inherente a la vida, que solo la
Mariana Sverlij / Momus sive de Principe y las Intercenales de Leon Battista Alberti… 166
muerte puede deshacer. Mirar desde
un lugar-otro (inusual, desnaturali-
zado) abre también y en el sentido más
pleno la posibilidad de ‘descubrir’
26
. ¶
Conclusiones
P
ara Agnès Heller, el hombre
del Renacimiento tiene una
característica central: el dina-
mismo. El Renacimiento, desde el
punto de vista de la flósofa húngara,
constituye “la primera etapa del largo
proceso de transición del feudalismo
al capitalismo” y, por consiguiente, de
la destrucción de “las relaciones natu-
rales entre el individuo y su familia,
su posición social y su lugar estable-
cido en la sociedad” (1994: 8-9). El
hombre dinámico del Renacimiento,
desde esta perspectiva, en vínculo
estrecho con el fomento de la produc-
ción para conseguir riqueza y la diso-
lución de la estructura de la jerarquía
feudal, vive en un proceso constante
de “llegar a ser”. En un mundo cuyas
estructuras y jerarquías tradiciona-
les estaban siendo zarandeadas surge
26 Señala Bajtín, en esta dirección, que en
la menipea “aparece un tipo específco de
fantasía experimental totalmente ajeno a la
epopeya y la tragedia antigua: la observa-
ción desde un punto de vista inusitado, por
ejemplo, desde la altura, cuando cambian
drásticamente las escalas de los fenómenos
observables de la vida, como en el Icarome-
nipo de Luciano o el Endimión de Varrón
(observación de la vida citadina desde la
altura). La línea de esta fantasía experimen-
tal prosigue también durante las épocas
posteriores, bajo la infuencia determinante
de la menipea, en Rabelais, en Swif, en Vol-
taire (Micromegas) y otros” (1986: 164).
una pluralidad de ideales de vida y de
valores morales, solo explicables en el
marco de esta concepción dinámica
del hombre, cuya cualidad funda-
mental es la versatilidad:
La concepción unitaria –pero diná-
mica– del hombre y la pluralidad
de valores morales fueron las dos
caras, necesariamente emparen-
tadas, de un mismo desarrollo. El
dinamismo de la concepción del
hombre refejaba la misma trans-
formación revolucionaria de la vida
social y humana que la desintegra-
ción de la unidad ideal de hombre.
Aunque convendría fjarse en otro
aspecto: en que del interior de una
misma concepción del hombre sur-
gió toda una variedad de ideales
humanos (1994: 26).
En consonancia con esta transfor-
mación que Heller vislumbra en la
vida social del Renacimiento, la obra
de Alberti se construye en torno a la
creencia en una inestabilidad sustan-
cial que gobierna al mundo humano;
esta inestabilidad es abordada desde la
‘razón’ o desde el ‘absurdo’. Momus se
inserta en la vía de lo absurdo haciendo
suya propia la inestabilidad, valiéndose
de un género que acompaña estos
vaivenes y que le permite revisar ‘las
últimas cuestiones del mundo’. Una
de ellas, la central, es la emergencia
de una pregunta: ¿cómo construir y
construirse en el marco de esta ines-
tabilidad? Como hemos podido obser-
var, en Momus y las Intercenales esta
construcción se realiza apelando al arte
de la simulación. La narración denun-
cia y se mimetiza con este desolador
167 Nº XVII / 2013 / ISSN 1514-3333 (impresa) / ISSN 1851-1724 (en línea), pp. 151-167
panorama, recurriendo a una risa des-
tructora de unos valores tan dinámicos
como efímeros, primer movimiento
necesario de rebelión frente a la frac-
tura de la vida. ¶¶
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Recibido: 18-04-2013
Evaluado: 04-06-2013
Aceptado: 06-06-2013
eseñas
R
171 Nº XVII / 2013 / ISSN 1514-3333 (impresa) / ISSN 1851-1724 (en línea), Reseñas, pp. 171-201
F
ue en marzo de 2013 cuando el
nutrido y bullicioso grupo de
discípulos de Elena Huber nos
reunimos en la sala de profesores de
la Facultad de Filosofía y Letras en la
calle Puán, en Buenos Aires, para la
presentación del libro en su home-
naje. Muchas risas y algunas lágri-
mas se superponían para recordar
a la querida maestra, quien a casi
todos nos había enseñado a conocer
el griego desde la letra alfa y a nave-
gar por la cultura helénica desde los
ojos asombrados de Odiseo. Nostoi es
un título muy apropiado para presidir
todas las policromadas expresiones
–científcas y estéticas, académicas y
poéticas– que encierra el volumen.
Setecientas cincuenta y ocho páginas
dan cuenta del derrotero que hemos
seguido y del punto al que arribamos
quienes dimos los primeros pasos de
la mano de Elena. La profusa y diversa
producción –después de las “Sem-
blanzas” y “Poemas” que encabezan el
libro– se agrupa bajo apartados cuyo
título común es Estudios. Así tenemos
de flosofía y cultura de la antigüedad,
de flología griega, de flología latina,
sobre la tradición clásica y de lingüís-
tica y literatura modernas.
Los “Estudios de flosofía y cultura
de la antigüedad” están precedidos por
un fragmento de Plotino (Enéadas 1. 6.
8) que tradujeron María Isabel Santa
Cruz y María Inés Crespo. Después
de ese umbral de lujo asoman los pel-
daños de ocho artículos, de los cuales
destaco el de Cora Dukelsky sobre la
construcción simbólica y visual de los
espacios femeninos en la cerámica
griega (pp. 67-83). Apoyado en exqui-
sitas ilustraciones, el texto desgrana
una interpretación de las ficciones
simbólicas que los artistas helénicos
desarrollaron en los vasos, las hidrias,
los perfumeros y las pyxeis. Las seño-
ras nobles con su cabello largo y las
siervas de pelo corto, las doncellas de
melena suelta y las mujeres maduras
de cabellera recogida, todas, se reúnen
junto a la fuente, se acicalan, se afanan
en el gineceo en arreglos femeniles y
presentan una promesa de seduc-
ción y placer en las pinturas sobre la
cerámica. Las escenas proyectan una
ATIENZA, Alicia; BATTISTON, Dora; BUIS, Emiliano;
CRESPO, María Inés; LEÓN, Nilda; RODRÍGUEZ CIDRE, Elsa
(coordinadores)
NÓSTOI Estudios a la memoria de Elena Huber
EUDEBA, Buenos Aires, Argentina, 2012, 758 págs.
ISBN 978-950-23-2015-1
por Marta Alesso
[Universidad Nacional de La Pampa - alessomarta@gmail.com]
Nº XVII / 2013 / ISSN 1514-3333 (impresa) / ISSN 1851-1724 (en línea), Reseñas, pp. 171-201 172
sucesión de códigos iconográfcos que
solamente una experta puede descifrar
y en este caso Dukelsky nos guía con
paso diestro.
Los “Estudios de flología griega”
están encabezados por unos versos
de Homero (Odisea 9. 19-38) tradu-
cidos por María Inés Crespo. De las
dieciocho colaboraciones elijo dos
para hacer un breve comentario, la de
Claudia N. Fernández, “Consecuencias
de la pa rrhesía cómica: insulto a los
dioses en la comedia de Aristófanes”
(pp. 229-241) y la de Elsa Rodríguez
Cidre, “Divinizar lo deshumanizado:
la apoteosis en Medea de Eurípides”
(pp. 363-372).
Fernández vuelve sobre el concepto
parrhesía, que designa en la época
clásica la posibilidad de exponer con
libertad una crítica, una acusación
o hasta un insulto contra persona-
jes encumbrados –reales o fcticios–,
licencia especialmente admitida sin
censuras en la comedia. Las aristas de
las invectivas contra las divinidades
en Aristófanes son tan ríspidas como
aquellas dirigidas a personalidades ciu-
dadanas y políticas. Ningún dios queda
exento de injurias, ni los olímpicos ni
las divinidades extranjeras reciente-
mente admitidas en el panteón griego,
aunque verdad es que hay divinidades
que son casi siempre objeto más ape-
tecible de los dardos aristofaneos. Es
el caso de Heracles, Hermes y Dioniso.
Heracles es una de las fguras cómi-
cas preferidas del género. Su fama de
glotón insaciable lo precede en todas
sus intervenciones. Así lo retratan las
hospederas del Hades y la criada de
Perséfone en Ranas. Hermes adquiere
protagonismo en Paz y en Pluto. No
abandona su rol de mensajero de Zeus,
pero incorpora con fuerza la faceta de
sujeto elocuente y embustero, lo cual
lo constituye en una especie de doble
del héroe cómico, quien generalmente
ostenta idéntica característica de inmo-
ral locuacidad. Dionisio, por su parte,
aparece como cobarde y afeminado las
más de las veces; basta contemplar su
comportamiento y su disfraz ridículo
en toda la primera parte de Ranas. Fer-
nández certeramente logra demostrar
que los denuestos y las críticas a los
dioses no son ajenos a la vena política
de la comedia antigua. Las divinidades
están integradas a la vida de la polis y
no solo eso, sino que son uno de los
males más enquistados.
Rodríguez Cidre evoca en su capí-
tulo el tema de la animalización de
personajes femeninos en la tragedia,
especialmente en Medea, cuestión
que frecuentó en trabajos anteriores.
Aquí acude al concepto más amplio de
‘deshumanización’ pero en un proceso
inverso a la animalización: la divini-
zación. El procedimiento de elevar a
Medea hasta lo divino en la apoteosis
fnal de la tragedia cobra su dimensión
real si se lo considera en paralelo con
los procesos de reifcación (es nube
de lamentos, roca, hierro) y animali-
zación (es leona, toro, serpiente) de la
protagonista. Son procesos homólogos
en cuanto a los efectos que se generan.
La conclusión de Rodríguez Cidre es
que al colocar Eurípides a Medea por
fuera de la norma, sus actos no pueden
ser juzgados con criterios humanos. Es
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decir, la impunidad fnal del personaje
adquiere un sentido especial en tanto
ha sufrido estos procesos de deshuma-
nización y no puede ser encuadrado en
las reglas de lo natural.
Los “Estudios de flología latina”
son siete, todos profundos e intere-
santes. Están introducidos por unos
versos de Ovidio (Epistulae ex Ponto
1. 3. 27-36), traducidos por Dora Bat-
tistón. Escojo “El epitalamio tardo
antiguo: mitología y sofistificación
en la representación literaria de los
placeres nupciales” (pp. 471-480), de
Liliana Pégolo, para una glosa sucinta.
Pégolo retoma la tradición del cultivo
del hexámetro en las escuelas impe-
riales. Pone el acento en el hecho de
que la poesía hexamétrica de siglo IV
y principios del V no quedó anclada
en los convencionalismos épicos, sino
que se desplegó también con conteni-
dos mitológicos y eróticos, enriqueci-
dos con representaciones alegóricas.
Ejemplifca con un fragmento de un
epitalamio de Estacio y otro de Clau-
diano, quien enlaza el epitalamio con
el panegírico. La hipótesis que emerge
de este trabajo es que el mito renace en
estas expresiones poéticas tardo anti-
guas como un procedimiento retórico
estéticamente aceptable en tanto ya no
representaba una afrenta a los valores
cristianos que muchos aristócratas de
las cortes imperiales habían abrazado.
Unos bellísimos versos de Yorgos
Seferis (Sobre un verso extranjero)
traducidos por Hernán Martignone
abren los “Estudios sobre la tradición
clásica”. De los ocho capítulos, elegi-
mos el último, el de Juan Diego Vila,
cuyo extenso título es “Mas ¿cómo
menguará? ¿quién puso tasa?/ ¿Quién
limitó con ley, de amor, la brasa?: Imagi-
nario homoerótico y traducciones de la
Égloga II de Virgilio en el Siglo de Oro
Español” (pp. 597-615). El estilo es abi-
garrado y oscuro para ser un artículo
científco. Hay más una delectación por
la palabra propia que el cumplimiento
del objetivo de mostrar las pocas bon-
dades del la traducción de la Égloga II
de Virgilio por Abdías Joseph (al pare-
cer un seudónimo de algún otro tra-
ductor destacado de la época), si es que
de eso se trata el objetivo del trabajo.
Porque Vila anuncia que Abdías Joseph
“bien puede ser el inicio de nuestras
refexiones” cuando ya ha transcurrido
medio capítulo, así que de nuevo queda
oscuro el objeto de estudio, pues de los
cinco otros traductores de las Églogas
en el Siglo de Oro –Juan del Encina,
Juan Fernández de Idiáquez, Diego
López, Cristóbal de Mesa y Fray Luis
de León– poco sustancioso dice o,
mejor dicho, nada dice con claridad.
Hasta las mismas conclusiones son fra-
ses enunciadas entre ambigüedades y
elipsis y hasta con inseguridad: “debería
reconocer la imposibilidad de ofrecer
certezas”, “sólo puedo hablar de intui-
ciones”, “quizás no sería errado intuir”.
Una aportación interesante es la infor-
mación que ofrecen dos apéndices: uno
sobre las fechas de las traducciones y
sus reediciones y otro sobre las versio-
nes de las Églogas en lo que respecta
a datos editoriales y de patronazgo o
aprobación.
Los “Estudios de lingüística y
literatura modernas” se inician con
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un fragmento de la voz de Miguel de
Cervantes Saavedra (Don Quijote de
la Mancha, Segunda Parte, capítulo
72) y constan de diez capítulos. Este
apartado es el más heterogéneo por-
que en él se insertan desde un análisis
del discurso de asunción de Fernando
Lugo, presidente de Paraguay, a cargo
de Elvira de Arnoux y Juan Eduardo
Bonnin, hasta capítulos sobre Gramá-
tica como el de “Modalidad y grama-
ticalización” de Laura Ferrari o el de
“El valor aspectual” de Mabel Giam-
matteo, pasando por un estudio de “La
intrusa” de Jorge Luis Borges, por Jorge
Alejandro Flores. El más entrañable y
apropiado es el último artículo, dedi-
cado a la obra poética de Elena Huber,
con un aserto en el título que completa
la idea adecuadamente: “La dilatada
búsqueda de la palabra única”. Está fr-
mado por María Hortensia Troanes.
Después de publicar su primer libro a
los 18 años, Elena espera dos décadas
para que el resto de su obra poética vea
la luz. Troanes reconoce dos períodos:
1) Hálito en fuga (1976) y Búsqueda
del Ser en Mundo Soledad (1977) y 2)
Rubí en asombro (1981), Barrio de imá-
genes (1991) y La Plaza de los Galgos
(2005). Las citas de algunos versos nos
devuelve el aroma de aquella concep-
ción minimalista y profunda de los
haikus de Elena. Imágenes urbanas –
calles, patios, casuales esquinas, pavi-
mento, niebla, balcones– danzan junto
a los destellos de la naturaleza –torca-
zas, ceibos, glicinas– en las composi-
ciones breves y de eco recóndito. La
esencia de una mujer íntegra y equili-
brada fuye de esa poesía en la que una
imagen se confronta con otra y, sin más
comentarios, una refexión concisa y a
la vez efímera o evanescente brota de
cada una de esas composiciones que
en tres versos encierra el meollo sus-
tancial de la existencia.
Creo que el libro Nostoi representa
a Elena. Está allí un pedacito de cada
uno de nosotros, sus discípulos, los que
bebíamos su palabra en las clases, los
que nos amontonábamos en la mesa
de un café para admirar su ademán
amplio y soberbio, su discurso lumi-
noso. “Aquello que más amaba era
enseñar”, afrma el Prefacio, y entonces
viene a la mente su fgura grandiosa al
frente del aula desgranando los versos
de Safo como si los estuviera creando
allí mismo, los aforismos de Heráclito
como si la flosofía estuviera naciendo
ahí delante de nosotros, los hexámetros
de Homero como si se develara por fn
el sentido de la literatura. Quien no
conoció el talento de Elena Huber para
conducir teatralmente aquel asombro
estudiantil desde el deslumbramiento
hacia el conocimiento no entenderá
que estoy hablando de una maestra en
todos los órdenes y en la acepción más
completa. Quizás tratamos vanamente,
los que somos profesores, de imitar su
estilo, quizás intentamos transmitir la
cultura griega como ella. Si no lo logra-
mos, siempre nos quedará el orgullo
de haber pertenecido a su círculo y de
haber sido iluminados por su amistad
generosa y fecunda.
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L
as distintas traducciones de Pro-
meteo encadenado han enrique-
cido el texto atribuido a Esquilo
con interpretaciones que han actuali-
zado el sentido original que el poeta
quiso imprimir en su tragedia. El
trabajo que la editorial Losada nos
acerca de la mano de Andrés Racket
no es la excepción. Lejos de producir
una traducción anclada en la llanura
de lo literal, Racket estudia el texto
griego para reconstruir la formación
rítmica, los versos, el argumento y el
signifcado de las palabras de la tra-
gedia Prometeo encadenado. El tra-
ductor examina el lenguaje utilizado
por Esquilo y desarrolla un análi-
sis singular de su obra aplicando las
herramientas tanto de la metodolo-
gía flológica como de la teoría de los
actos del habla. En este sentido, el tra-
bajo del traductor se convierte en un
verdadero estudio de la forma y del
contenido de la obra esquileana que
atiende a los aspectos más puramente
teóricos del pensamiento del poeta y a
los elementos pragmáticos que hacen
del discurso de cada personaje un
motivo de acción.
La reducida “Introducción” que
inicia la edición (pp. 7-28), presenta
un análisis continuo, sin subtítulos ni
esquemas, de Prometeo encadenado.
El traductor abandona el recorrido
tradicional de las ediciones moder-
nas, y en lugar de confrontar los datos
reales y anecdóticos de la biografía
del autor, expone un resumen de las
discusiones de los especialistas sobre
la autoría y la fecha en que fue escrita
o puesta en escena la obra de Esquilo.
Recuperando información procedente
de distintas épocas –Antigüedad,
Romanticismo, siglo XIX–, Racket se
manifesta de acuerdo con los datos
transmitidos por los comentaristas
antiguos (p. 7). Los primeros biógra-
fos no tuvieron dudas en determinar
que el autor de Prometeo encadenado
fue Esquilo, aunque es la única trage-
dia conservada que se le atribuye de la
que no existe datación, a pesar de que
todo indique que se le debe asignar una
fecha posterior al 479 a. C. Reconoce
que habría una trilogía que empezaba
con Prometeo encadenado, continuaba
con Prometeo portador del fuego y ter-
minaba con Prometeo liberado, y que
las dos últimas obras que completan la
RACKET, Andrés
Esquilo. Prometeo Encadenado
(Introducción, traducción y notas). Colección Griegos y Latinos. Editorial Losada,
Buenos Aires, Argentina, 2012, 104 págs.
ISBN 978-950-03-9918-0
por Paola Druille
[CONICET/Universidad Nacional de La Pampa - paodruille@gmail.com]
Nº XVII / 2013 / ISSN 1514-3333 (impresa) / ISSN 1851-1724 (en línea), Reseñas, pp. 171-201 176
trilogía no se han conservado, a excep-
ción de pequeños fragmentos que han
sobrevivido.
La exposición sobre la datación
de la obra de Esquilo deja espacio a
una nueva síntesis de las versiones del
mito de Prometeo transmitidas por los
autores de la Antigüedad. Además de
la versión que pone en escena Esquilo,
Racket afrma que el mito está atesti-
guado en las obras de Hesíodo, en
fragmentos de Íbico y Safo, en Platón,
en una comedia de Epicarmo y en un
drama satírico de Esquilo, Prometeo
encendedor del fuego, del 472 a. C. (p.
8). De todas las obras que nombra,
comenta con especial dedicación los
argumentos de los relatos contenidos
en Teogonía 535 ss. y Trabajos y días 41
ss. (p. 9), para concentrar su análisis
sobre los conceptos que a su entender
actúan como ejes de la obra de Esquilo.
Estos ejes son introducidos en pares
léxicos cuyos componentes mantienen
una relación de oposición.
El primer par está formado por
elpís (“esperanza”) y tékhne (“arte” o
“técnica”, pp. 10-11). La “esperanza” era
uno de los males contenidos en la jarra
que Pandora abre para diseminarlos en
el mundo. Con interrogantes retóricos,
Racket enfatiza el estado ambiguo del
concepto elpís, el que puede ser exa-
minado como un bien o como un mal
(p. 10). Siguiendo la interpretación que
defende A. Pérez Jiménez en Hesíodo,
Teogonía. Trabajos y días. Escudo
(1997), el traductor sostiene que la
esperanza queda en la jarra porque se
le niega a los hombres la posibilidad
de advertir los males antes de recibir-
los. Con respecto a la tékhne, lleva a
cabo el siguiente recorrido. Primero,
considera que el fuego es una metáfora
de la civilización porque representa el
desarrollo técnico. Segundo, explica el
signifcado del término sosteniendo
que abarca una serie de actividades
dotadas de un componente teórico
y un campo de aplicación práctico.
Tercero, observa que “el término ‘arte’
traduce mal” el signifcado original de
la palabra griega, que considera com-
prendida entre la “ciencia” y el “ofcio”
(p. 11). Por último, interpreta tékhne
como “previsión”, y en este sentido
como metáfora de Prometeo. Mediante
estas consideraciones, Racket concluye
que la tékhne inaugura la posibilidad
de prever en el ámbito de lo humano; la
esperanza, por el contrario, tiene la uti-
lidad de ocultar el futuro. La primera
opera en el campo de lo racional, por
lo que su utilidad implica la supervi-
vencia humana; en cambio, elpís, cae
en el ámbito de lo irracional, ciega toda
posibilidad de previsión.
La previsión de Prometeo le per-
mite decir o callar lo que sabe. Com-
parando a Prometeo con otros dos per-
sonajes de la literatura griega antigua
–Antígona y Casandra–, Racket sos-
tiene que las previsiones de Prometeo
son escuchadas y tienen la capacidad
de modifcar el futuro: Zeus derroca
a Crono gracias a que Zeus escucha
lo que dice Prometeo (vv. 219 ss.).
Para Racket, Prometeo construye el
futuro mediante el uso del lógos. Con
este término, el traductor introduce
la idea de función performativa, que
tiene su origen en la teoría de los actos
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del habla desarrollada por J. L. Aus-
tin, para examinar el valor del lógos y
su efecto. Luego de considerar que el
lógos adopta la misma función que se
le asigna a los oráculos, afrma que las
palabras de Prometeo no se limitan
a describir las acciones futuras sino
que tienen un efecto sobre los perso-
najes con los que dialoga. El episodio
paradigmático que cita como ejemplo
es el encuentro entre Prometeo e Ío.
El protagonista relata los hechos que
sucederán en el futuro a la vez que da
a Ío instrucciones sobre el recorrido
geográfco que debe realizar para que
se cumpla la predicción en la que está
implícita su liberación: Ío dará naci-
miento a la generación que engendrará
al niño que derrocará a Zeus y con él
su tiranía (vv. 700-885). El lógos de
Prometeo tiene como efecto último la
modifcación de la realidad en pos de
un objetivo concreto.
Con respecto a la función trágica
de los personajes ideados por Esquilo,
Racket no considera que sean pasivos.
Por el contrario, sostiene que los per-
sonajes elaboran su propio destino. La
idea de destino en la que se basa Racket
es el determinismo que sostenían los
griegos. Tanto en las tragedias con-
servadas de Sófocles –Áyax, Las tra-
quinias, Antígona, Edipo rey, Electra,
Filoctetes y Edipo en Colono–, como en
las de Eurípides –Medea, Efgenia en
Áulide, Orestes– sucede lo mismo que
con los personajes de las obras com-
pletas de Esquilo –Siete contra Tebas,
Persas y Orestía–, los personajes eligen
y actúan en consecuencia. Aunque no
son libres en el sentido moderno del
término, cuando eligen y actúan “se
hacen partícipes de la construcción
de su propio destino” (p. 16) que ya se
encuentra determinado por el lógos. Si
bien los personajes no esperan que las
cosas salgan mal, el determinismo de
su destino es lo que hace de su futuro
una tragedia. Más allá de las elecciones
que tomen, nada permite que alcancen
la felicidad. Aquí es donde el tema de
Prometeo encadenado es típicamente
trágico si se piensa que muestra no
tanto la capacidad técnica de previsión
otorgada por la tékhne sino cierto ocul-
tamiento, una “ceguera optimista” (p.
17) que está en la naturaleza del hom-
bre, le hace olvidar su condición mor-
tal y caer en la suposición de que las
cosas pueden salir bien. Racket nombra
como ejemplos mitológicos de lo que
podríamos llamar ‘esperanza trágica’ a
Sísifo, las danaides, Casandra, persona-
jes que olvidan su condición mortal y se
aferran a una espera irracional.
El traductor amplía así la idea de
esperanza que aborda en las primeras
páginas de su “Introducción”. Junto
con la capacidad de previsión técnica,
la esperanza, en tanto olvido y nega-
ción de la condición humana, fue dada
a los hombres. Los dioses no tienen
esperanza sino previsión. Prometeo
es quien provee a Zeus de un motivo
inexcusable para que no lo destruya
porque su aniquilación implicaría el
derrocamiento futuro del tiránico dios.
Siendo el poder el que está en juego,
Racket observa que el texto de Esquilo
abunda en la caracterización de Zeus
como un týrannos (p. 19). Aunque
el enfrentamiento entre Prometeo y
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Zeus “no es el de un tirano cruel con-
tra un dios altruista y defensor de los
hombres”, sino una puja entre dioses
que conocen el poder. Prometeo sabe
cómo será derrocado Zeus y utiliza este
conocimiento como protección para su
futuro. Zeus sabe que Prometeo calla
algo indispensable para que se man-
tenga su gobierno. Como los dioses
carecen de la condición humana opti-
mista, son conscientes de cuáles son
sus limitaciones y no están encegueci-
dos por la esperanza de que todo pueda
salir bien. Zeus conoce la naturaleza
del poder y hace uso de él en conse-
cuencia. Prometeo tampoco se engaña
ni olvida que su poder está en no decir
lo que sabe. Por lo tanto, la relación
entre Zeus y Prometeo no da lugar a
la philía (“amistad”, p. 20), otro de los
términos griegos que Racket selec-
ciona de la tragedia de Esquilo. Los
términos týrannos y philía constituyen
el segundo par cuyos componentes se
encuentran en una tensión similar a
la que Racket observa con respecto a
elpís y tékhne. Si bien el análisis de los
textos clásicos griegos a partir de las
relaciones que se generan entre pares
de opuestos es un lugar común en la
crítica moderna, también responde a
la mentalidad dual de la cultura griega.
Racket deja implícito que Esquilo
quiere enseñar a los espectadores de
su tiempo que la philía es inadmisible
en el ámbito del poder. La posibilidad
de amistad debe estar subordinada
a la existencia de alianzas en las que
una de las partes de la relación debe
ceder para que se mantenga un vín-
culo de concordia y hospitalidad que
fomente la unión amistosa. El poder
obliga a que la enemistad gane terreno
sobre la amistad y evolucione en un
intercambio de hostilidades en lugar
de favores. Según Racket, es Prome-
teo quien instala las hostilidades en su
relación con Zeus cuando decide dar a
los hombres la posibilidad de obtener
la mejor parte de los animales como
alimento provocando así que “el poder
no pudiera ser pensado a través de
alianzas” (p. 21). Para el traductor, este
evento es el que provoca llevar a tér-
mino uno de los mayores errores trá-
gicos del mito de Prometeo, la creación
de la mujer. Racket coloca la idea de
hamartía (“error”, p. 22) en los dioses
no en los hombres. La creación de la
mujer tiene una funcionalidad sustan-
cial para la tragedia de Esquilo porque
su existencia produce un encadena-
miento de consecuencias inevitables
que conducen a la desgracia prevista
por Prometeo, pues será una mujer la
que dará a luz un niño que derrocará
a Zeus. El plan de Prometeo fue tra-
zado como una proyección de futuro
que abarca varias generaciones en la
que se mantiene constante la relación
de oposición entre dioses y hombres.
El personaje de Ío es el encargado de
mostrar esta relación y funciona como
una pieza esencial para la consecución
del plan político organizado por el pro-
tagonista de la tragedia. La mentalidad
técnica de Prometeo le permite elabo-
rar estrategias como medios necesa-
rios para dar cumplimiento a un fn
preciso.
Los temas desarrollados por Rac-
ket, i. e. la condición humana, la espe-
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ranza como olvido de la muerte, el sen-
tido de la supervivencia a partir de la
técnica, la palabra como instrumento
para construir el destino, la esterilidad
del poder sin alianzas, son elementos
que lo conducen a refexionar sobre
el carácter político de la tragedia de
Esquilo. La concepción de poder que
expresan Zeus y Prometeo no coincide
con la glorifcación del sistema político
ateniense típica de su obra. En este sen-
tido, Racket vuelve sobre la necesidad
de colocar la obra dentro de la trilogía
incompleta de la cual formaría parte
Prometeo encadenado. El traductor
plantea como hipótesis que la trilo-
gía tendría un cierre en un momento
posterior en el que los dioses deponen
la acción por la fuerza y se redefne la
concepción del poder en términos que
resulten benefciosos para los mortales
y remitan a los idearios sostenidos por
la democracia ateniense.
La “Introducción” finaliza con
una breve sinopsis de la estructura de
la obra (pp. 26- 27), y con un escaso
inventario bibliográfco de las edicio-
nes y comentarios utilizados durante
el desarrollo del análisis crítico y de
la traducción del texto griego. De las
cinco referencias bibliográficas que
Racket anota íntegramente en inglés,
tres corresponden a las ediciones
consultadas para la traducción de la
tragedia, entre las que se encuentra
Aeschylus, Prometheus Bound, editada
por M. A. Grif th, Cambridge Univer-
sity Press, 1935, trabajo utilizado como
base de la presente traducción. En las
últimas páginas de la publicación se
ubican el “Índice” (p. 97) y un extenso
glosario de las distintas traducciones
impresas por Losada (pp. 99-102).
Tanto la “Introducción” como la
traducción propiamente carecen de
notas signifcativas que ilustren al lec-
tor sobre la gran cantidad de tópicos
que posee la obra Prometeo encade-
nado. El trabajo que nos acerca Racket
resulta interesante en cuanto al análisis
crítico que propone en la “Introduc-
ción” y el singular tratamiento de la
métrica de Esquilo, aunque la pobreza
de material bibliográfco que sustente
su estudio y de las notas que otorguen
calidad académica a su excelente tra-
ducción provocan un vacío que hacen
de su labor un material apto para estu-
diantes que inician sus lecturas de los
trágicos griegos.
Nº XVII / 2013 / ISSN 1514-3333 (impresa) / ISSN 1851-1724 (en línea), Reseñas, pp. 171-201 180
E
l Eutidemo de Platón se pre-
senta al lector como un diálogo
enigmático, en torno al cual se
vuelve compleja y laboriosa la tarea
de desentrañar las intenciones del
autor, delimitar los referentes polémi-
cos de la obra y develar el hilo con-
ductor que hilvana la multiplicidad de
temas que allí se desarrollan. Por este
motivo, suele ser abordado de manera
soslayada y sin prestar atención a
las múltiples conexiones que guarda
con el resto del corpus platonicum.
Sin embargo, la traducción que aquí
presentamos procura revertir esta
tendencia, al mostrar el singular valor
que esta obra posee no solo para la
comprensión de problemas centrales
de la flosofía platónica, sino también
para el conocimiento de la relación
que Platón mantuvo con otros dis-
cípulos de Sócrates, entre los que se
cuentan principalmente los flósofos
megáricos, de cuya propuesta flosó-
fca el autor del Eutidemo pretende
diferenciarse.
La presente versión del Eutidemo
se suma a la traducción completa de
los fragmentos y testimonios de los
flósofos socráticos, a cargo de Clau-
dia Mársico, y a los trabajos puntuales
sobre Aristipo de Cirene, desarrollados
por Hernán Inverso, que contribuyen
a poner en valor el pensamiento de
los discípulos de Sócrates. Aunque a
diferencia de Platón y Jenofonte fguras
como Euclides de Mégara, Antístenes,
Aristipo, Fedón de Elís y Esquines de
Atenas fueron considerados como
pensadores ‘menores’, sus propues-
tas flosófcas constituyen verdaderos
hitos del pensamiento del siglo IV
a.C., a la luz de los cuales es posible
reinterpretar las doctrinas de los flo-
sófcos que la tradición consagró como
‘mayores’.
La presente traducción está hecha
en base a la edición de L. Méridier,
publicada en 1931 en la editorial pari-
sina Les Belles Lettres, y toma como
referencia la edición canónica de Henri
Estienne para la numeración del texto.
La traducción logra ajustarse felmente
al original griego respetando, al mismo
tiempo, las estructuras castellanas. Asi-
mismo sortea las difcultades adicio-
nales que impone una traducción del
Eutidemo, pues en numerosos pasajes
de la obra, los hermanos Eutidemo y
Dionisodoro, interlocutores de Sócra-
MÁRSICO, Claudia e INVERSO, Hernán
Platón. Eutidemo
(Introducción traducción y notas). Colección Griegos y Latinos. Editorial Losada,
Buenos Aires, Argentina, 2012, 213 págs.
ISBN 978-950-03-9690-5
por Mariana Gardella Hueso
[CONICET/Universidad de Buenos Aires - marianagardellahueso@gmail.com]
181 Nº XVII / 2013 / ISSN 1514-3333 (impresa) / ISSN 1851-1724 (en línea), Reseñas, pp. 171-201
tes, presentan razonamientos que se
estructuran en base a ambigüedades
semánticas o sintácticas propias de la
lengua griega que no tienen un corre-
lato estricto en nuestra lengua, e.g. los
razonamientos que operan en torno a
la ambigüedad de ciertas proposicio-
nes objetivas, en las que el sustantivo o
participio en acusativo puede interpre-
tarse como sujeto u objeto directo del
verbo en infnitivo (cf. Eut. 299e-300c).
Por esta razón, en profusas notas a pie
se consignan explicaciones sobre estos
fenómenos y se presentan al lector tra-
ducciones alternativas que ponen de
relieve la ambigüedad en cuestión.
La traducción está precedida de
una introducción que comprende una
centena de páginas y que ofrece las
principales líneas de la interpretación
original de la obra que proponen los
autores. Esta culmina con una lista de
bibliografía actualizada que se com-
pleta con las menciones de piezas
bibliográfcas adicionales en notas a
pie. El primer apartado de la introduc-
ción, “Sobre enfrentar hidras y cangre-
jos”, indaga la analogía que Sócrates
establece entre su encuentro con los
hermanos Eutidemo y Dionisodoro y
la segunda de las doce tareas de Hera-
cles, donde el héroe se enfrenta, según
algunas versiones del mito, a la Hidra
de Lerna y al cangrejo que Hera le
enviara para atacarle los pies. Este epi-
sodio se propone como clave de lectura
del diálogo y muestra las batallas que el
propio Platón debe librar contra líneas
intelectuales que, como la megárica, se
reclaman herederas de las enseñanzas
socráticas.
El segundo apartado, “Escenario,
datación y personajes”, está dedicado a
la descripción del gimnasio Liceo, sitio
donde transcurre el diálogo, y al trata-
miento del problema de la fecha fccio-
nal en la que se desarrolla la trama y
de la fecha real de composición del diá-
logo. En torno a este último punto, sin
duda controvertido, los autores ubican
al Eutidemo como un diálogo de tran-
sición, escrito circa 384 a.C., destinado
a conformar el “cinturón protector” de
la teoría de las Formas desarrollada en
diálogos posteriores. El tratamiento de
los personajes, lejos de ser una cues-
tión de detalle menor, es uno de los
puntos nodales de la interpretación
del diálogo, de modo que, allende la
descripción de los principales prota-
gonistas del diálogo, Sócrates, Critón,
y los muchachitos Clinias y Ctesipo, el
tratamiento de las fguras del interlo-
cutor innominado y de los hermanos
Eutidemo y Dionisodoro se profundiza
y completa en apartados posteriores.
Tras una referencia en el tercer
apartado, “Estructura de la obra”, a la
organización general del diálogo, cuyas
diversas secciones son distribuidas en
un cuadro, el cuarto apartado, “Síntesis
exegética de los problemas centrales”,
dividido a su vez en diferentes seccio-
nes, se aboca al tratamiento de la cues-
tión de la identidad de los adversarios
del diálogo y a la crítica platónica de
otras flosofías socráticas (4.1). Luego
de analizar las referencias a la tradi-
ción literaria (4.1.1) y a las menciones
marginales a sofstas que tienen lugar
en la obra (4.1.2), se argumenta a favor
del vínculo entre la práctica erística
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retratada en el Eutidemo y la dialéctica
megárica. La hipótesis que los autores
defenden es que, aunque la dialéctica
megárica guarda algunas semejanzas
con la platónica, pues ambas derivan
de la práctica de interrogación del
Sócrates histórico, en el Eutidemo se
enfatizan las diferencias que existen
entre una y otra, al mostrar cómo el
aspecto beligerante de la erística con-
trasta con el diálogo cooperativo socrá-
tico-platónico. En este punto, Platón
no solo muestra las falencias formales
del procedimiento erístico, sino tam-
bién la falta de una dimensión ética
que procure la mejora del interlocutor,
al exhortarlo a la vida virtuosa. En este
punto, el análisis de los autores podría
enriquecerse con la consideración de la
diferencia entre la práctica refutatoria
o élenchos, propia de los diálogos tra-
dicionalmente llamados ‘socráticos’, y
la dialéctica que Platón desarrolla en
el Fedón y en los libros centrales de
República, escritos en su madurez. A
diferencia de lo que ocurre en estos
últimos diálogos, donde los interlo-
cutores cooperan con Sócrates en la
búsqueda conjunta del conocimiento,
en las obras tempranas la actitud de
algunos interlocutores, e.g. Calicles
en el Gorgias y Trasímaco en el primer
libro de la República, se caracteriza por
la hostilidad y la renuencia a entablar
una conversación amigable, que no se
adecuan a la identifcación total de la
dialéctica socrático-platónica con el
diálogo cooperativo.
Los fundamentos y aspectos for-
males de la dialéctica de los megáricos
son reconstruidos a partir de los testi-
monios supérstites sobre el grupo, en
especial, los que conciernen a las fgu-
ras de Euclides de Mégara y Eubúlides
de Mileto. Sopesando la interpretación
platónica, los autores señalan cómo,
lejos de ser solo una práctica litigante,
la dialéctica megárica pretende alertar
a los usuarios poco precavidos de una
lengua sobre las múltiples ambigüeda-
des, tanto sintácticas como semánticas,
que presenta el lenguaje y que son el
motivo por el cual este se convierte en
una herramienta inútil para acceder
al conocimiento de lo real. Para ello el
flósofo megárico diseña una serie de
argumentos que manifestan las con-
tradicciones de los conceptos gnoseo-
lógicos y ontológicos utilizados por
la tradición flosófca. Este es el caso
de los argumentos desarrollados por
Eubúlides, conocidos como el Menti-
roso, el Velado (o Electra) y el Sorites
(o Pelado), los cuales son analizados
en la introducción.
Luego, los autores realizan un exa-
men pormenorizado de los argumen-
tos refutativos que utilizan Eutidemo
y Dionisodoro (4.2). Entre ellos se
cuentan, por una parte, las paradojas
sobre la imposibilidad de conocer (Eut.
275e-278e), elaboradas en torno a la
homonimia del verbo manthánein, que
poseen una estructura similar a las que
Platón consigna en Menón 80d-e. Por
otra parte, la tesis sobre la imposibili-
dad del error (Eut. 283a-286b), que los
autores vinculan no solo con la doc-
trina protagórica, sino también con la
de Antístenes. Contra este socrático
Platón mantuvo abiertas disidencias,
motivadas especialmente por la dife-
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rencia que la propuesta materialista de
Antístenes guardaba con la doctrina
platónica. Por último, un argumento
contra las Ideas (Eut. 300e-301c), que
problematiza la relación que existe
entre lo Bello y la multiplicidad de
las cosas bellas. Los autores muestran
cómo esta sección puede ser vincu-
lada no solamente con los dilemas
de la participación presentados en
Parménides 130e-131c, sino también,
y en esto radica la novedad del plan-
teo, con la objeción conocida tradi-
cionalmente como ‘el tercer hombre’.
Aunque las versiones más conocidas
de esta objeción son las que Platón
aporta en Parménides 132a-b y las
que Alejandro de Afrodisia atribuye
a Aristóteles y a Eudemo (in Metaph.
83.34-84.7; 84.21-85.3), los megáricos
también formularon versiones de este
argumento. A diferencia de las ver-
siones tradicionales, las megáricas no
postulan un regreso infnito de For-
mas, sino que objetan el concepto de
participación. Los autores analizan la
versión del megárico Políxeno (Alejan-
dro, in Metaph. 16-21) y muestran su
vinculación con el pasaje del Eutidemo.
A continuación, los autores se
dedican al análisis de los modelos pro-
trépticos desarrollados por Sócrates en
la obra (4.3). Luego de formular algu-
nas consideraciones sobre el protéptico
qua género textual tradicional, anali-
zan el contenido de estos discursos a
la luz de su vinculación con algunos
planteos que serán desarrollados pos-
teriormente en la República. Asimismo,
señalan el valor de la apelación a este
género en el contexto del Eutidemo,
que sirve a los efectos de mostrar a
los ojos del lector que la exhortación,
ligada con el ámbito práctico y con la
transmisión de contenido ético, está
ausente en la erística que impulsan
Eutidemo y Dionisodoro, pero no así
de la dialéctica platónica.
Por último, los autores se dedican
al análisis de la fgura del interlocutor
innominado, que aparece al fnal del
diálogo censurando frente a Critón
tanto a los cultores de la erística como
a Sócrates. Los autores adhieren a la
identifcación de este personaje con el
orador Isócates, cuyo Contra sofstas
condena diversos modelos educativos,
entre los que se cuentan los de los fló-
sofos socráticos. Por este motivo es que
Platón pretende marcar distancia con
respecto a prácticas flosófcas que, a
ojos de otros intelectuales como Isó-
crates, pueden parecer idénticas.
Por todo lo dicho, esta traducción
del Eutidemo logra no solo revalorizar
esta obra, sino también acercar al lec-
tor del diálogo al conocimiento de las
voces de los interlocutores platónicos,
cuya consideración permite el surgi-
miento de interpretaciones nuevas
sobre obras y problemas tradicionales.
Nº XVII / 2013 / ISSN 1514-3333 (impresa) / ISSN 1851-1724 (en línea), Reseñas, pp. 171-201 184
L
a fortuna de la obra de Quinto
Aurelio Símaco ha sido diversa
a lo largo de los siglos. Entre
la producción de Macrobio y la de
Casiodoro, la de Símaco ha sido con-
siderada como la de un gran orador;
en la Alta Edad Media su tradición se
eclipsó pero se revalorizó en el rena-
cimiento platónico del siglo XII. Sin
embargo, Símaco no conoce nueva y
especial atención hasta el año 1400,
cuando se produce una vuelta hacia
la cultura romana clásica, recupe-
ración que durará hasta 1600. En el
siglo XIX aparecen dos monografías
sobre la vida de Símaco que renova-
rán el interés, la de E. Morin (Étude
sur la vie et sur les écrits de Symma-
que, préfet de Rome en 384) y la de
O. Seek (Symmachi quae supersunt);
esta última contiene la primera edi-
ción crítica completa de la obra del
romano y signifca un lento rescate
del magisterio del orador. En 1955 se
publica un estudio de R. Romano (In
difesa dei Templi), que, aunque no es
enteramente exhaustivo, encuadra al
hombre en la obra y aborda su con-
texto y su valor. A fnes del siglo XX,
al multiplicarse los estudios sobre la
Antigüedad romana clásica y sobre
la época tardoantigua, la atención
sobre la fgura de Símico ha adquirido
nueva intensidad. En este sentido, la
obra de Dante Matacotta, Simmaco.
L’antagonista di Sant’ Ambrogio, ha
venido a llenar una laguna en el estu-
dio específco sobre la romanidad
tardo imperial y, al mismo tiempo, ha
tratado de enmendar el tratamiento
superfcial, limitado y hasta despec-
tivo de la cultura imperial romana
del período tardoantiguo; además ha
podido hacer emerger, en su comple-
jidad, la signifcación de la vida y de
la obra de Símaco en la historia de la
retórica, la religión y la política.
El texto que reseñamos, publicado
en 2010 por Victrix Edizioni, reedita
el aparecido en 1992; sin embargo
se organiza de manera diferente por
cuanto incluye como parte introduc-
toria un ensayo a cargo del especialista
en religión romano-italiana L. M. A.
Viola, que se ocupa de presentar al
orador Quinto Aurelio Símaco en el
marco de la romanitas y en relación a
la controversia con Ambrosio de Milán
en una dilatada sección de más de 100
(cien) páginas, extractada de la obra
más amplia de dicho autor, Quinto
Aurelio Simmaco, lo splendore della
MATACOTTA, Dante
Simmaco. L’antagonista di Sant’ Ambrogio
Saggio Introduttivo di L. M. A. Viola. Victrix Edizioni, Forli, Italia, 2010, 383 págs.
ISBN 978-88-88646-38-1
por Lidia Raquel Miranda
[CONICET/Universidad Nacional de La Pampa - mirandaferrari@cpenet.com.ar]
185 Nº XVII / 2013 / ISSN 1514-3333 (impresa) / ISSN 1851-1724 (en línea), Reseñas, pp. 171-201
romanitas (2010). En esta introduc-
ción, Viola pone de manifesto la ten-
sión existente en el Imperio romano a
partir de la mitad del siglo III entre los
gentiles y los cristianos, que coincide
con la disgregación del orden social
tradicional a causa de la reorganización
de la administración imperial por parte
de Constantino, en particular la refe-
rida al acceso a los cargos dirigenciales
del imperio. El aspecto más destacable,
en relación con este problema, fue la
asignación de puestos de gobierno a
personalidades provenientes de órde-
nes sociales distintos del senatorial, lo
que comportó un cambio en el equi-
librio y la calidad de la élite romana,
la cual, según la tradición, debía tener
una dignidad religiosa precisa. Esta
degradación del cursus honorum lle-
vada adelante por la política de Cons-
tantino devino, como era de esperarse,
en un embate fundamental a la “autén-
tica tradición romana”. Símaco, como
representante de la nobleza senatorial,
desempeña una misión específca en
esta época, por la cual se convierte en
el símbolo que encarna al “verdadero
Padre romano”, comprometido con
la defensa de Roma, su religión y su
imperio. Según Viola, Símaco fue el
mejor orador de su tiempo: encarnó
el modelo del optimus orator, tal como
fuera descripto por Cicerón y Quin-
tiliano; fue un experto en todas las
artes que formaban al rector civitatis
ejemplar y con su vida personifcó el
ideal del vir vere romanus. El arte ora-
toria le fue indispensable como arma
principal de su cargo, a pesar de que la
función de la elocuencia pública estaba
mudando y la disciplina oratoria ya no
tenía la misma elevada condición que
en el período de la República. La con-
troversia entre Ambrosio de Milán y
Símaco representa la confrontación
del cristianismo con el mundo pagano,
que tuvo lugar en torno a la reposición
del altar de la Victoria en el aula del
Senado romano a fnales del siglo IV.
Luego de una breve nota biográ-
fica comienza el texto propiamente
de Dante Matacotta, especialista en
jurisprudencia y destacado diplo-
mático, fallecido en 2004. Simmaco.
L’antagonista di Sant’ Ambrogio se com-
pone de una Introducción y 18 (diecio-
cho) capítulos que abordan los temas
del contexto (la situación del Imperio
romano en el siglo IV; la herencia de
Roma; el Estado, la sociedad y la vida
religiosa en el período tardoantiguo;
el cristianismo) y los concretos refe-
ridos al orador (juventud y estudios;
familia y amigos; la carrera política; la
obra y sus últimos años). El escrito de
Matacotta resulta un estudio completo
y riguroso del período que abarca el fn
del siglo IV y el inicio del V, durante
el cual el Imperio romano afrontó una
crisis determinada en buena parte por
el progresivo ascenso del cristianismo
y por el ingreso de bárbaros en diver-
sos puntos de la frontera imperial. El
autor pone en evidencia que esta fase
de la tardoantigüedad, tan importante
para la historia europea, permanece
poco conocida y merece el esfuerzo
de los historiadores para una mejor
elucidación. Asimismo, el texto pone
su acento en la personalidad de Símaco
y la célebre polémica con Ambrosio,
Nº XVII / 2013 / ISSN 1514-3333 (impresa) / ISSN 1851-1724 (en línea), Reseñas, pp. 171-201 186
en un análisis que revela ciertas cor-
respondencias con la situación de plu-
ralismo religioso del mundo actual,
perspectiva que destacamos de la obra
por constituir, junto con los aspectos
retórico e histórico, un alcance nota-
ble para una obra referida al siglo IV,
un indiscutible aliciente para iniciar
su lectura.
Habida cuenta del vasto material
que ofrece el texto, a continuación nos
dedicaremos únicamente a los capítu-
los XV, “La Tertia Relatio” y XVI, “La
Polemica”, debido a que se concentran
puntualmente en contenidos atinentes
a la obra de Símaco, su valor retórico y
su contrapunto con el pensamiento de
Ambrosio de Milán.
Las Relationes son los escritos
que Símaco compuso cuando ejercía
el cargo de prefecto en Roma, textos
en los que se presenta como princeps
senatus. De ellos se ocupa el capítulo
XIV de Matacotta, sección que des-
cribe el ámbito de trabajo del orador y
las disputas contra la administración
central, la cual, condicionada por el
clientelismo que predominaba en la
burocracia y en la sociedad romana,
basaba su política de ingreso y pro-
moción del personal no en criterios
de mérito sino en el peso de la amis-
tad y en el juego de los favoritismos. El
contenido y efecto de las casi cincuenta
relaciones son explicados uno por uno
en el capítulo, salvo la Tertia Relatio,
que es tratada específcamente en el
capítulo XV.
El tercer informe al emperador,
universalmente conocido por su
nombre latino, Tertia Relatio, es cierta-
mente la obra en la que Símaco alcanza
la cumbre más alta de su pensamiento
y expresión, redactada en un estilo
bastante sobrio. El texto consta de
unas 1300 (mil trescientas) palabras,
organizadas en 20 (veinte) parágrafos,
que Matacotta traduce al italiano para
hacer más accesible al lector la com-
prensión de los temas que plantea. El
texto posee una arquitectura retórica
muy bien estructurada, con una intro-
ducción, un tratamiento del problema
y una peroración. Cada término parece
haber sido bien pensado y elegido; y
por primera vez, explica el autor del
libro, Símaco abandona su estilo lin-
güístico habitual para incursionar en
la variatio, que consiste en volver atrás
o en repetir ciertos conceptos: ya no
se trata del orador que habla sino del
prefecto que escribe, y, en este sentido,
su discurso escrito posee la pausa y la
majestad de la prosa clásica. En cuanto
al contenido, Símaco no intenta una
defensa de la religión pagana como
tal y evita con gran cuidado tocar
cualquier argumento teológico: se
acerca a este tema solamente en la
parte 10, en la cual, a través de la idea
platónica que permeaba ya en todo el
ámbito romano, afrma la unidad del
ser supremo y concluye con la famosa
frase en favor de la pluralidad reli-
giosa “No se puede llegar por un solo
camino a un misterio tan profundo”,
y en seguida, consciente de haber
tocado un tema muy espinoso, agrega
“pero estas son discusiones dignas de
quienes no tienen nada que hacer”.
Símaco defende la religión romana, no
tratando de mostrar su validez intrín-
187 Nº XVII / 2013 / ISSN 1514-3333 (impresa) / ISSN 1851-1724 (en línea), Reseñas, pp. 171-201
seca, sino alegando los benefcios que
ella ha traído al pueblo romano. Parece
una visión instrumental o utilitaria de
la religión romana, como la entiende
Matacotta, pero sin duda tiene la
ventaja de diferenciarla de otras ins-
tituciones por no ser una mera fun-
ción subordinada al Estado, como la
administración de justicia o la defensa
del territorio. Por lo tanto, el prefecto
sostiene que quitarle el fnanciamiento
estatal a la religión pagana no signif-
caba ponerla en alguna difcultad sino,
simplemente, arruinarla. Esto explica
la valiente defensa que Símaco hace de
los subsidios del Estado a las vestales:
él se refere a las vestales porque ellas
aseguraban la perennidad del Estado
y eran muy apreciadas entre los roma-
nos; pero en realidad, defende todos
los sacerdocios de la religión pagana.
El argumento principal del que se vale
el orador para la defensa de su tesis es
el de la intangibilidad de la tradición:
la religión pagana debe ser mantenida
porque tiene en sí la fuerza de la tra-
dición, entendida esta como una pala-
bra de orden, como un leit motiv que
inspiraba el pensamiento y la acción
de los últimos paganos. Constituía, en
síntesis, una fortaleza con la cual ellos
estaban decididos a salvar del olvido
cuanto fuese posible de la historia,
de la literatura, de los monumentos
y de la religión que les habían sido
transmitidos.
El capítulo XVI se concentra en
el análisis del conflicto en torno al
altar de la Victoria, uno de los últimos
enfrentamientos entre la romanidad
y el cristianismo. Los senadores de
Roma, cuando entraban en posesión
de su cargo, ofrecían incienso y vino
en el altar de la Victoria, en la sala de
reuniones del Senado. Si bien la cere-
monia tiene muchos antecedentes, fue
Augusto, luego de la batalla de Accio,
quien instituyó a la Victoria como
divinidad tutelar y como símbolo del
culto estatal-imperial de Roma: la esta-
tua fue traída desde Tarento y erigida
para presidir las reuniones del Senado.
En 357 la estatua fue removida, y
repuesta por Juliano hacia 361. Luego,
el emperador Graciano dispuso que
fuera nuevamente retirada del Senado,
decisión que fue acompañada por la
eliminación de subsidios a los colegios
sacerdotales. Por ello, gran parte de los
senadores encomendaron a Símaco
que presentara una queja al empera-
dor. El obispo Dámaso de Roma, por
su parte, elevó al obispo Ambrosio de
Milán, donde residía el emperador
Graciano, una nota de los senadores
cristianos. En el año 384, los senado-
res romanos volvieron a insistir, esta
vez ante la corte de Valentiniano II.
Símaco, entonces praefectus urbis, fue
recibido por el joven emperador y leyó
una petición escrita. Ambrosio elevó,
por su parte, una carta a Valentiniano
II. A partir de allí se da la controversia
entre ambas personalidades, que cono-
ció diversos intercambios epistolares y
de relationes.
Según Matacotta, Símaco y Ambro-
sio, en realidad, hablaban “dos lenguas
distintas”. Símaco creía, no tanto en los
dioses como los representaba la mito-
logía clásica sino en el pacto indiso-
luble entre ellos y la res publica, en
Nº XVII / 2013 / ISSN 1514-3333 (impresa) / ISSN 1851-1724 (en línea), Reseñas, pp. 171-201 188
virtud del cual Roma había logrado el
dominio del mundo entero. Ambrosio
no era enemigo del Estado romano, del
que era un alto funcionario, pero con-
sideraba su fe como un valor absoluto,
al que todo debía estar subordinado e,
incluso, si fuera necesario, sacrifcado.
En estos capítulos que hemos
comentado, así como en el resto de
Simmaco. L’antagonista di Sant’ Ambro-
gio, el autor ofrece un tratamiento muy
sustancioso de la vida y de la obra de
Quinto Aurelio Símaco, con gran cui-
dado de abarcar siempre el contexto,
tanto político como cultural, y las
relaciones literarias y retóricas con
otros autores contemporáneos. Esto
le permite mostrar un conjunto de la
actuación del orador romano, modelo
del civis romanus, en el que destacan
generalmente su pensamiento y su
acción, en una coherencia ejemplar
que se revela, con especial intensidad,
en sus escritos.
N
o es posible exagerar la impor-
tancia de contar con traduccio-
nes fables y de calidad a la hora
de acercarnos a las literaturas en len-
gua extranjera. Ello es cierto aún en
mayor medida para la literatura de
la Antigüedad conservada en griego
clásico y latín, lenguas que ya nadie
habla y que solo un reducido público
erudito puede leer. En este sentido, es
un hecho de enorme relevancia el que
las editoriales de nuestro país amplíen
su oferta de textos clásicos en traduc-
ciones elaboradas por especialistas y
preocupadas a la vez por la fdelidad
al original y por la inteligibilidad para
el lector actual. Así, la Colección Grie-
gos y Latinos de la editorial Losada se
enriquece año a año con nuevas tra-
ducciones que acercan al lector con-
temporáneo las obras y los autores
fundamentales de la literatura clásica
antigua. En esta ocasión presentamos
uno de los trabajos publicados en el
año 2012, la comedia Nubes de Aristó-
fanes, que ha sido traducida, con intro-
BALZARETTI, Lena y CORIA, Marcela
Aristófanes. Nubes
(Introducción, traducción y notas). Colección Griegos y Latinos. Editorial Losada,
Buenos Aires, Argentina, 2012, 194 págs.
ISBN 978-950-03-9810-7
por Laura Pérez
[Universidad Nacional de La Pampa - lau_perez75@hotmail.com]
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ducción y anotaciones, por Lena Bal-
zaretti y Marcela Coria. Especialistas
en griego clásico, las traductoras con-
taban ya con amplia experiencia en la
obra de Aristófanes pues previamente
en la misma editorial habían publicado
en conjunto Acarnienses y Avispas,
además de Aves y Las Tesmoforiantes,
elaboradas por Lena Balzaretti.
Nubes fue representada en las Gran-
des Dionisias de 423 a.C. y obtuvo el
tercer puesto en la competencia. Pero a
pesar de este rotundo fracaso, la come-
dia ha provocado un sinnúmero de
lecturas y discusiones porque presenta
una imagen satírica y controvertida de
Sócrates que contrasta fuertemente con
otras descripciones literarias del célebre
personaje, como las de Platón o Jeno-
fonte. Estas semblanzas constituyen
nuestro único punto de comparación
con la paródica visión del comedió-
grafo, pero no debemos olvidar que el
público contemporáneo, en cambio,
podría comparar esa representación
con el hombre real que caminaba por
las calles de Atenas. A través de un
Sócrates que se acerca peligrosamente
a los métodos y modos de pensamiento
de la sofística y un personaje central
que fracasa una y otra vez en sus inten-
tos por adquirir las habilidades retóri-
cas que le permitan sortear la justicia
y evitar los reclamos de sus acreedores,
Aristófanes pone en escena una crítica
mordaz a la nueva forma de educación,
aprovechada de mala manera por los
ciudadanos para obtener ventajas polí-
ticas o ganar juicios injustamente a tra-
vés de un uso tergiversado de la retórica
y de argumentaciones falaces.
La traducción que nos ofrece en
esta oportunidad la editorial Losada
está precedida por una concisa pero
rica “Introducción” donde las traduc-
toras exponen los conceptos y nocio-
nes histórico-culturales indispensables
para una cabal comprensión y contex-
tualización de la obra. El primer apar-
tado se dedica a “La comedia ática
antigua”, la primera fase de la produc-
ción cómica que se caracteriza por la
invectiva y la crítica política y que,
según la periodización que preferen
las autoras, fnaliza con la muerte de
Aristófanes en 385 a.C., único autor
del que se han conservado once obras
completas, frente a la pervivencia de
no más que fragmentos y títulos de
otros comediógrafos. En esta sección
se ubica la comedia en el marco de
las festividades religiosas de la polis y
del culto de Dioniso y se presenta una
detallada descripción de la estructura
de la comedia antigua, sus partes y
sus procedimientos más importan-
tes. Especial hincapié reciben las dos
partes “sustanciales y específcas de
la comedia” (p. 10): el agón, en que el
héroe cómico entra en conficto con
otro personaje, y la parábasis, donde
el coro dirige sus invectivas contra
espectadores particulares, contra el
público en general o contra los adver-
sarios del poeta. En cuanto a los pro-
cedimientos, se destacan, por un lado,
el denominado onomastì komoideîn,
que consistía en el ataque a personali-
dades por todos conocidas y permitía
mostrar a través del prisma de la come-
dia todo el espectro social de la polis
y, por otro, la parodia, que al invertir
Nº XVII / 2013 / ISSN 1514-3333 (impresa) / ISSN 1851-1724 (en línea), Reseñas, pp. 171-201 190
el sentido de un enunciado mediante
su introducción en otro contexto o la
modificación de alguno de sus tér-
minos, ofrecía una particular lectura
de todos los discursos sociales. Con
respecto al lenguaje de la comedia se
señala la funcionalidad política de las
abundantes expresiones escatológicas y
obscenas. Estas permitirían suplir –en
el ámbito teatral– las agresiones físicas
o verbales que serían sancionadas por
las normas ciudadanas, de modo que
ofrecían a la comunidad una forma de
liberación de su malestar y agresividad.
Por último, se indica la importancia de
los esquemas rítmicos en la comedia
y se realiza una breve referencia a los
disfraces y la escenifcación utilizados.
El segundo apartado, “Aristófanes”,
señala la escasez y poca confabilidad
de los datos sobre la vida del poeta.
Solo se sabe que nació alrededor del
445/4 y que murió después del 338
a.C. Se ofrece aquí una cronología de
las obras del comediógrafo y se ubica
Nubes en su primera etapa de produc-
ción, caracterizada por el predominio
del onomastì komoideîn, el compro-
miso político y la convicción pacifsta
que lo lleva a criticar duramente en
varias de sus obras al político Cleón,
opositor de Pericles y partidario de la
guerra. En lo cultural, prevalecen la
afrmación de su propio valor como
poeta y la polémica con Eurípides y
Sócrates, frecuentes blancos de sus
invectivas. La sección “Esta comedia
y su contexto”, presenta sintéticas refe-
rencias al contexto socio-político en
que se produce la obra, estrenada en
423 a.C., pero que ha llegado a nosotros
en una versión reelaborada entre 422 y
417/6 a.C. La Guerra del Peloponeso,
cuyos principales acontecimientos se
puntualizan, y las pestes y epidemias
sufridas en Atenas conforman el tras-
fondo político aludido o asumido en la
obra. El contexto cultural se encuentra
signado por el emerger del teatro, que
prolifera a través de numerosos autores
de comedia y tragedia, y por el surgi-
miento de nuevas formas de pensa-
miento, puestas de manifesto en las
investigaciones de los flósofos de la
naturaleza, el desarrollo de la medicina
y las enseñanzas de los sofstas.
El resto de la “Introducción” –su
sección más extensa– se dedica espe-
cífcamente a la comedia Nubes a tra-
vés de un análisis de su trama y de sus
personajes. En el apartado “El entra-
mado” se realiza un recorrido por el
argumento de la pieza en el transcurso
del cual se señalan aspectos relevantes
para su interpretación. Con respecto
a los personajes centrales, Estrep-
síades y su hijo Fidípides, se explica
que sus nombres apuntan a los rasgos
más notorios de su personalidad, ele-
mento imposible de percibir sin un
conocimiento del idioma griego. En
cuanto a la relación entre Estrepsíades
y Sócrates, las autoras, luego de indicar
lo “preocupante” (p. 22) del hecho de
que Sócrates desempeñe el papel del
bufón que acompaña al héroe, desta-
can la extraña situación que se produce
entre ambos, pues por momentos los
roles de héroe cómico y bufón resultan
intercambiados. Se resalta asimismo
la ridiculización en la descripción de
Sócrates y de los experimentos desa-
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rrollados en su escuela, el “Pensatorio”,
que remiten a las teorías de los flósofos
de la naturaleza. A ello se añaden como
rasgos despectivos la confesión de
ateísmo del maestro y su presentación
como guía de ritos iniciáticos. Entre
las divinidades aceptadas por Sócrates
–que no son las del Panteón tradicio-
nal, cuya existencia niega el flósofo– se
encuentran las Nubes, a las que invoca
para ayuda de Estrepsíades. Ellas con-
forman el coro y sus vestidos volátiles
y vaporosos simbolizan la inconsis-
tencia del pensamiento criticado en la
obra. Ante el fracaso absoluto en sus
intentos de aprendizaje, Estrepsíades
convence a su hijo Fidípides para que
reciba las enseñanzas y lo deja ante dos
maestros, el Argumento Mejor, o más
fuerte, kreísson, y el Argumento Peor,
o más débil, hétton. Estas personifca-
ciones protagonizan el agón que, según
las autoras, desarrolla el “núcleo con-
ceptual de la comedia” (p. 26). A través
de una parodia del método del sofsta
Protágoras, que mediante la argumen-
tación podía hacer prevalecer un dis-
curso o su contrario, el agón presenta
el conficto entre la educación tradi-
cional y las nuevas concepciones de la
cultura y del modo de acceso a ella pro-
puestas por los sofstas. Las traductoras
delinean, basándose principalmente en
la clásica obra de Marroux (1948), las
características principales de ambos
tipos de educación y destacan la
importancia del agón por la riqueza
de los datos que provee al respecto. En
relación con la conducta cambiante del
coro, que primero apoya a Estrepsíades
y luego le advierte sobre las consecuen-
cias negativas de sus acciones, Balza-
retti y Coria señalan que este aspecto
ha provocado diversas interpretaciones
y manifestan su propia posición, que
asume que la conducta engañosa del
coro responde “a la naturaleza de fgu-
ras informes y cambiantes” (p. 29) de
las Nubes. Por último, expresan que el
fnal de la pieza, en que Estrepsíades,
ante los resultados desastrosos de su
plan, intenta quemar el Pensatorio con
maestro y discípulos adentro, resulta
tenebroso y poco cómico, sobre todo
si se lo percibe como anticipación del
otro fnal, el del Sócrates real conde-
nado a muerte en los tribunales de
Atenas.
Al personaje de Sócrates se dedica
la mayor parte de la siguiente sec-
ción de la “Introducción”, “Sócrates y
Estrepsíades”. Las traductoras analizan
la parodia del flósofo y destacan la
yuxtaposición de rasgos disímiles que
caracteriza al personaje, presentado
a la vez como iniciador de misterios,
flósofo de la naturaleza ateo, asceta
preocupado por la moral y sofista.
Balzaretti y Coria opinan que esta dis-
par representación es una respuesta de
la comedia frente a la percepción de
“fenómenos absolutamente nuevos en
el orden del pensamiento” (p. 34), a los
que Aristófanes hace responsables por
la destrucción de los valores sociales y
de su patria. Sócrates representaría, en
este sentido, un “chivo expiatorio” (p.
35) que encarnaba todos estos males
y su inmolación, el medio de salva-
ción de la comunidad. Por otra parte,
se señalan también las dificultades
en la interpretación del personaje de
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Estrepsíades, un héroe fracasado y de
conducta reprehensible, que recurre
como último medio desesperado a
la violencia. Según las autoras, no es
descabellado pensar que una parte del
público ateniense se sentiría identif-
cado con su reacción. La “Introduc-
ción” se cierra con un apartado sobre
“Esta traducción”, donde se indica que
el texto griego seguido es el fjado por
Guidorizzi (1996
1
), aunque se han con-
sultado numerosas ediciones y traduc-
ciones, detalladas en un listado al fnal
de la sección introductoria.
La traducción en sí misma consti-
tuye el aporte más valioso del libro por
su gran calidad, que se aprecia tanto en
la clara legibilidad del texto castellano
para el lector moderno así como en la
fdelidad al texto original. En efecto,
las traductoras han logrado reproducir
la vivacidad y desenvoltura del texto
aristofánico, tarea que siempre implica
un enorme desafío, pero cuya comple-
jidad se amplía en una medida incal-
culable por tratarse, por un lado, de un
texto antiguo cuyo ámbito de produc-
ción resulta prácticamente irrecupera-
ble para el lector actual y, por otro, de
una comedia en que los efectos cómi-
cos se producen a través de juegos del
lenguaje, pequeños guiños o alusiones,
muchas veces imposibles de traspasar
de una lengua a otra. Balzaretti y Coria
nos ofrecen así un texto que transmite
la frescura, gracia y comicidad del
comediógrafo ateniense. Es destacable
también el hecho de que la traducción
respeta los versos del texto original –
siguiendo la numeración fjada por la
crítica– aspecto que resulta de enorme
utilidad para la ubicación de pasajes
específcos y para el cotejo con el texto
griego, pero que a la vez permite que
el lector no especializado alcance una
mejor percepción de la forma poética
de la comedia.
De igual calidad y provecho son las
numerosas notas que acompañan la
traducción aportando elementos varia-
dos que constituyen una herramienta
de inestimable valor para la compren-
sión e interpretación de la comedia.
Los datos léxicos, conceptuales, histó-
ricos e intertextuales resultan funda-
mentales al momento de acercarse a
una obra literaria tan alejada de noso-
tros en el tiempo y el espacio. Pero ade-
más las notas proveen aclaraciones en
aquellos pasajes en que la traducción
no puede refejar un juego de palabras
u otros aspectos lingüísticos y humo-
rísticos. Por último, las notas remiten
a una abundante bibliografía especí-
fca sobre la comedia aristofánica y su
interpretación crítica, de gran utilidad
para aquellos lectores que deseen pro-
fundizar su estudio así como para el
público especializado, aunque hubiera
sido útil la inclusión de un listado fnal
en que se sistematizaran las numerosas
referencias bibliográfcas señaladas en
las notas tanto de la traducción como
de la “Introducción”.
En conclusión, esta traducción
de Nubes no solamente constituye un
aporte inestimable para el público eru-
dito por su calidad y respeto al texto
griego original, sino que además se
presenta como una valiosísima con-
tribución a la difusión y lectura de la
comedia y, en general, de la literatura
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griega clásica entre el público no espe-
cializado, que puede así acercarse, a
través de una edición confable y de
agradable legibilidad, a una de las
obras más emblemáticas de esta litera-
tura fundacional para nuestra cultura
occidental moderna.
L
as páginas que conforman este
libro son el resultado del pro-
yecto de investigación UBACyT
llamado “Genealogías violentas y
problemas de género: confictividades
familiares y perversiones del oîkos en
la literatura griega antigua” y desarro-
llado entre 2010 y 2012. El trabajo con-
tinúa las líneas investigativas explora-
das en un proyecto UBACyT anterior,
cuyo fruto fue la publicación del libro
La pólis sexuada: normas, disturbios y
transgresiones del género en la Grecia
Antigua (Buenos Aires, Facultad de
Filosofía y Letras/UBA) en 2011.
El eje en torno al que giran los diver-
sos capítulos de la obra es el oîkos en
tanto institución confictiva dentro del
mundo helénico antiguo. Como ya ates-
tiguan LSJ y Macdowell (“Te Oikos in
Athenian Law”, en Te Classical Quar-
terly, Vol. 39, 1, 1989), la palabra griega
οἶκος reviste tras de sí una pluralidad
de sentidos que referen tanto a nues-
tras palabras castellanas ‘casa’ u ‘hogar’,
como a la ‘propiedad’ (el conjunto de
bienes domésticos) y a la ‘familia’ (una
acepción análoga tenemos en nuestro
idioma cuando hablamos, por ejem-
plo, de la ‘casa real’). Sobre este último
signifcado de oîkos versan las distintas
investigaciones aquí expuestas, más pre-
cisamente sobre los modos (instaurados
desde la literatura y el arte helénicos) de
cimentación de las rupturas con reglas
y prácticas familiares, socialmente esta-
RODRÍGUEZ CIDRE, Elsa; BUIS, Emiliano;
ATIENZA, Alicia (compiladores)
El oîkos violentado: genealogías conflictivas y perversiones del
parentesco en la literatura griega antigua
Editorial de la Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Buenos Aires, Buenos
Aires, 2013, 292 págs.
ISBN 978-987-1785-81-0
por Luciano A. Sabattini
[Universidad Nacional del Sur - lucianosabattini@yahoo.com.ar]
Nº XVII / 2013 / ISSN 1514-3333 (impresa) / ISSN 1851-1724 (en línea), Reseñas, pp. 171-201 194
blecidas y ancladas, de ascendencia y
consanguinidad.
La actualidad de la problemática
de investigación escogida se hace evi-
dente en el uso del adjetivo ‘violentado’
referido al oîkos, palabra de raigambre
latina instalada en nuestra sociedad
como parte del campo léxico de lo que
se conoce como ‘violencia doméstica’
así como de la llamada ‘violencia de
género’. Así, el título del libro nos dice
que este trabajo no sólo pretende dar
cuenta de la confictividad del oîkos
propia de la Grecia antigua, sino tam-
bién crear un vínculo entre las proble-
máticas del mundo griego antiguo y las
de la cultura occidental actual en que
nos hallamos inmersos, cuyas mismas
bases (entre ellas, podemos mencionar
la noción de familia) son actualmente
fruto de debates con repercusiones en
el universo simbólico que conforma
nuestra cultura, especialmente en la
moral, la política y el derecho positivo.
Podemos apreciar entonces la posición
de los autores respecto del carácter
‘clásico’ que la cultura griega antigua
guarda con nuestra cultura occidental
latinoamericana actual: no se trata de
recibir pasivamente y repetir ritual-
mente la tradición heredada, sino de
reinterpretar el legado griego mediante
el descubrimiento de nuevas proble-
máticas y su desarrollo bajo renovadas
herramientas proporcionadas por el
saber occidental contemporáneo. En
este sentido, las investigaciones siguen
el planteo flosófco-metodológico de
Gadamer.
En estrecha relación con lo dicho
se halla el carácter interdisciplinario de
cada uno de los trabajos presentados.
Esto se observa no sólo en los esfuerzos
individuales y colectivos realizados por
los investigadores, sino también en la
pluralidad de intereses, recepciones e
instancias de producción de cada uno
de ellos. El estudio flológico es poten-
ciado con los aportes proporcionados
por el derecho, la flosofía política, la
psicología o el arte. Con ello, no sola-
mente el contenido de los capítulos
aborda problemáticas escogidas cuyo
tratamiento requiere la consideración
de la cultura griega en toda su com-
plejidad: también la propia flología
griega se halla directamente involu-
crada en una propuesta metodológica
interdisciplinaria a la hora de tratar
su objeto de estudio, a saber, el texto
griego antiguo.
La actualidad del libro también se
observa en su estructura, ordenada en
base a un criterio temático (es decir,
en base a las problemáticas desarro-
lladas en cada investigación), en vez
de hacerlo según una presentación
cronológica de autores y fuentes tra-
tados. Esto responde a la finalidad
explícita de constituir y consolidar ejes
de refexión en torno de la representa-
ción de los vínculos del parentesco, que
como dijimos es uno de los aspectos
fundamentales del oîkos helénico. La
estructura del libro se halla dividida
en tres secciones de tres capítulos cada
una. Cada capítulo ha sido redactado
por un autor que se ha focalizado en un
aspecto concreto del oîkos en cuanto
familia. Con esto observamos, una vez
más, el rescate del planteamiento her-
menéutico gadameriano.
195 Nº XVII / 2013 / ISSN 1514-3333 (impresa) / ISSN 1851-1724 (en línea), Reseñas, pp. 171-201
La primera parte se titula “Trans-
misiones del discurso familiar”, en que
se intenta abordar cómo los textos lite-
rarios dan cuenta de la construcción
genealógica y cómo refejan, bajo la fc-
ción, los nexos entablados entre padres
e hijos o maridos y mujeres. El primer
capítulo que la compone, “Confictos
y poderes familiares en Teogonía. Una
excavación del dispositivo vincular
hesiódico”, cuya autora es María Ceci-
lia Colombani, analiza la confictivi-
dad familiar en el primer segmento
de la Teogonía de Hesíodo bajo la tesis
foucaultiana de la “guerra silenciosa”
en que descansa todo orden político e
institucional y cuya violencia funciona
como productora de nuevos órdenes.
Para la autora, la primera familia
representa un acto fundacional de lo
que luego será la tendencia inscrita
en el dispositivo genealógico y consti-
tuye un primer modelo vincular que se
transmite a las demás familias divinas,
dando cuenta de la ambigüedad de la
fgura de Gea, concebida, por un lado,
como potencia productora de ser, y por
otro, como potencia divina que, unida
a Urano, inicia la sucesión amorosa
que dará cuenta del orden progresivo
de lo real. Con ello, la transmisión del
pensamiento hesiódico marcará las
ulteriores confguraciones vinculares
dentro de la sociedad helénica.
El segundo capítulo, “Transforma-
ción y pervivencia de lo arcaico en la
Orestía de Esquilo” de Jorge Caputo,
analiza la trilogía trágica de Esquilo
(donde, como sabemos, el oîkos se
‘violenta’ a través del asesinato de Aga-
menón y de la posterior venganza de
su hijo Orestes) a partir de la concep-
ción, allí presentada, del tiempo como
una convivencia inarmónica, litigante,
entre presentes, pasados y futuros atra-
vesados por múltiples coexistencias y
confusiones. Así, el autor analiza el
contraste entre Euménides y las otras
dos partes de la trilogía (Agamenón y
Coéforas) para evidenciar el modo en
que la trilogía fuctúa desde una con-
vención escénica donde lo invisible es
presentado mediante modos sustitu-
tivos hacia otra que parece plantear
la absoluta visibilidad de todo lo que,
hasta entonces, permanecía oculto.
Bajo este análisis, Caputo sostiene que,
si el anacronismo (entendido como un
pasado que regresa de forma insistente
en el presente) aparece en las tragedias
analizadas como estructurante, ello se
debe a que la misma realidad política
y social de la Atenas del s. V a. C. se
percibe como una amalgama inestable
en la que lo que se creía superado como
perteneciente a otro tiempo, amenaza
siempre con retornar.
El tercer capítulo, “‘Tenemos que
hablar’. El diálogo matrimonial en
Lisístrata y Asambleístas de Aristófa-
nes” de Mariel Vázquez Bellatti, estu-
dia las dos únicas escenas de diálogo
matrimonial preservadas de la come-
dia de Aristófanes para señalar en ella
la reproducción de los estereotipos de
género. El análisis muestra el modo en
que se representan los confictos pro-
ducidos en el oîkos a partir de un pro-
blema político al que las mujeres, más
que los hombres, enfrentan e intentan
dar solución. Pero el conficto familiar
producto de la ausencia femenina es
Nº XVII / 2013 / ISSN 1514-3333 (impresa) / ISSN 1851-1724 (en línea), Reseñas, pp. 171-201 196
a su vez denunciado por los maridos
preocupados por su bienestar. La divi-
sión de roles aparece aquí reforzada y
las relaciones de oposición, superpo-
sición y complementariedad ha que-
dado evidenciada. La comedia sugiere,
una vez más, que probablemente en el
imaginario del ciudadano ateniense las
divisiones no fueran tan rígidas como
los esquemas teóricos.
La segunda parte “Transgresio-
nes del discurso familiar” trata de las
manifestaciones críticas de la realidad
del oîkos a partir de la visión distor-
sionada que plantean los testimonios
griegos. Su primer capítulo, “Las
mujeres que el teatro ateniense saca
de(l) quicio: un análisis performativo
de Antígona de Sófocles”, de Katia
Obrist, comienza haciendo notar el
simbolismo literario de la puerta, no
solo erótico, como punto de encuentro
entre los sexos, sino también como ele-
mento asociado al dominio femenino.
Se detiene en el análisis de la puerta
central del teatro trágico para expli-
citar la asociación entre el desquicio
y las mujeres. A partir del estudio del
uso de la espacialidad desde los plan-
teos de la Semiótica del Teatro y del
rastreo de unidades léxicas y deícticas
utilizadas para nombrar el ‘aquí’ y el
‘allí’ en Antígona, la parte central del
texto está destinada a refexionar, por
un lado, sobre cómo contribuye el uso
de la espacialidad a caracterizar a la
protagonista, a su hermana y a la pro-
blemática de la obra, y por otro, sobre
las valencias semánticas que gravitan
en torno al éndon en la misma tragedia
a través de la fgura de Eurídice.
El segundo capítulo, “Locura,
mujer y muerte: el ritual dionisíaco
en Bacantes de Eurípides”, de Cecilia
J. Perczyk, estudia la representación
de la locura en Bacantes de Eurípides,
relevando el lugar que en ella ocupa lo
femenino, con aportes de la psicología
y de la flología. Los dos principales
ejes conceptuales de su lectura son, por
un lado, la animalización ‘bestial’ de
los personajes de Dionisos y las muje-
res (recurso utilizado para dar cuenta
del estatuto de alteridad radical de la
locura), y por otro, la elección del ritual
dionisíaco como escenario de la mani-
festación femenina del descontrol. Con
ello, Perczyk analiza la intrusión vio-
lenta de lo femenino en la pólis, mos-
trando la desaparición del eje político
que implica el fenómeno de la ‘manía’
manifestado en el travestismo de
Penteo, los rasgos femeninos de Dio-
nisos y la irrupción del menadismo.
La presencia del dios Baco, intrusiva,
causante de ‘manía’ y mortífera, posee
el poder de confundir las diferencias
entre los hombres y las mujeres, de
tal modo que la organización de la
pólis sufre la disolución, de la misma
manera que Penteo el sparagmós.
El tercer capítulo, “Parir y matar: los
lamentos fúnebres de Medea y Ágave
a sus hijos”, de Elsa Rodríguez Cidre,
trabaja el discurso trenético en Medea
y Bacantes de Eurípides, partiendo de
una concepción de la tragedia como
forma de procesar los confictos de la
ciudad mediante la puesta en escena
de comportamientos que cuestionan lo
socialmente establecido, y como forma
que recurre a la estrategia de perver-
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sión en su tratamiento de los rituales
de la pólis. Si muchas de las mujeres
que entonan thrênoi son madres llo-
rando la pérdida de sus hijos, Medea
y Ágave son las causantes de la muerte
de sus propios hijos a llorar, y su con-
dición de flicidas las ubica en el punto
culminante de la perversión del ritual.
El capítulo despliega una doble línea de
análisis: por un lado, releva los gestos y
expresiones que puedan considerarse
como parte del ritual funerario con
centro en los personajes femeninos y,
por otro, analiza los personajes mascu-
linos como Jasón, Creonte o Cadmo en
función de la perversión del ritual de
thrênos que Eurípides lleva adelante.
La tercera parte, “Transpolaciones
del discurso familiar”, trata sobre las
metáforas de las relaciones de paren-
tesco en ámbitos que exceden el espacio
de lo privado, dando cuenta así del tras-
lado de categorías familiares para expli-
car la realidad político-institucional de
Atenas. En el primer capítulo de esta
última parte, “Enemigos íntimos: el
imaginario simbólico del matrimonio
y las metáforas eróticas de la política
internacional en la comedia antigua”
de Emiliano J. Buis, el autor parte de
los aportes del derecho y de la flología
(específcamente de las nuevas corrien-
tes de pensamiento en el ámbito de los
estudios feministas sobre el derecho
internacional) para interpretar distin-
tos pasajes de Póleis de Éupolis y de
Lisístrata de Aristófanes, mostrando
que estas comedias escenifican un
planteo diplomático que superpone
los planos semánticos del erotismo y
la geopolítica. En efecto, la comedia
recurre a las fguras femeninas para
plantear el expansionismo ateniense,
codifcando en clave erótica la relación
entre Atenas y las póleis aliadas o ene-
migas, instaurando referencias capaces
de develar las relaciones de domina-
ción e identifcarlas como parte de un
enfrentamiento entre la agresión ‘mas-
culinizada’ de Estados hegemónicos (el
caso de Atenas) y la debilidad ‘afemi-
nada’ de pueblos oprimidos.
El capítulo “El universo familiar
frente a la pólis: un fenómeno de plu-
ralismo jurídico en la Atenas clásica
(Arist. Pol. 1252b 9-30)”, de Eduardo
Esteban Magoja, abre su refexión con
la concepción del derecho clásico ate-
niense como pluralista (es decir, que
considera posible la coexistencia de
varios sistemas jurídicos en un mismo
campo social, cada uno con la capa-
cidad de dictar sus propias normas
dotadas de validez y efcacia). Segui-
damente, apoyándose sobre los pasajes
de la Política de Aristóteles en los que
éste describe la forma de organización
de la comunidad ateniense, muestra
el modo en que el oîkos en la Atenas
clásica supuso la existencia de un sis-
tema jurídico que convivía e interac-
tuaba con uno mucho más complejo
y amplio, sin estar enteramente some-
tido a éste: el de la pólis ateniense.
El capítulo “Del drama familiar a
la cerámica: Orestes y las Erinias” de
Cora Dukelsky examina la represen-
tación de las Erinias en la iconografía
de la Orestía pintada sobre las piezas
de cerámica ática e italiota (unos años
posteriores a 458 a. C., fecha de la pri-
mera producción de la trilogía). A lo
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largo del análisis de las piezas arqueo-
lógicas, la autora señala la diferencia
entre la iconografía y la representación
escénica: la cerámica no busca repro-
ducir con exactitud sino traducir el
drama a su propio lenguaje pictórico,
de manera que la interpretación de la
interacción entre iconografía y perfor-
mance resulta siempre compleja.
Los versos y fragmentos de obras
en griego se hallan en su idioma origi-
nal, con la correspondiente traducción
abajo. Las palabras griegas utilizadas en
el cuerpo de cada trabajo son transcritas
según la ortografía griega, pero deter-
minadas palabras son transliteradas al
abecedario latino cuando se las trata
como conceptos teóricos susceptibles
de análisis o establecidos como punto
de partida para exámenes ulteriores
sobre otros conceptos (pólis, oîkos).
El aparato de notas se halla a pie
de página, debajo del cuerpo del texto.
La bibliografía específca de cada capí-
tulo se detalla al fnal de los mismos.
Al fnal del libro se incluyen las biogra-
fías de los autores y posteriormente un
índice general.
El oîkos violentado es una lectura
indispensable para todo especialista
que desee profundizar sus propias
investigaciones sobre los textos clási-
cos o emplear nuevas herramientas de
análisis a la hora de indagar sobre la
cultura griega antigua, ya que cada uno
de sus capítulos aporta nuevos enfo-
ques teóricos y metodológicos para
enriquecer la flología, demostrando
lo fructífero de la interdisciplinariedad
a la hora de dar cuenta de una cultura.
Asimismo, para el lector familiarizado
con la labor académica pero no espe-
cializado en la cultura griega antigua,
el libro puede resultar una buena intro-
ducción a su estudio a través de uno de
sus conceptos fundamentales como es
el oîkos. Sin embargo, es evidente que
la obra no se dirige al público lego ni
por su contenido ni por su estructura,
debido a la pluralidad de temáticas y
fuentes tratadas que pueden desorien-
tar al lector desconocedor de los textos
clásicos.
199 Nº XVII / 2013 / ISSN 1514-3333 (impresa) / ISSN 1851-1724 (en línea), Reseñas, pp. 171-201
E
n el marco del proyecto de inves-
tigación denominado “Rescate,
transcripción y edición crítica de
textos inéditos producidos en el actual
territorio argentino durante los siglos
XVII y XVIII”, radicado en el Centro
de Filología Clásica y Moderna de la
Universidad Nacional de Villa María,
sale a la luz una nueva publicación
titulada Retórica Neolatina Riopla-
tense. Las prolusiones jesuíticas, en la
que han colaborado Luis Sánchez-
Fabiana Demaría de Lissandrello- Juan
Pedro Kalinowski, docentes de Lengua
y Cultura Latina e investigadores con
amplia experiencia en el campo de la
literatura neolatina.
Los veinticinco textos que integran
esta edición bilingüe latín-español per-
tenecen al códice escurialense J- III- 9
de la Biblioteca del Monasterio de El
Escorial (Madrid- España), uno de los
testimonios insoslayables de la “pro-
ducción intelectual proto-argentina”,
pues incluye trabajos que abarcan gran
variedad de temas y géneros literarios,
elaborados en Córdoba y Buenos Aires,
alrededor de 1767, año en que se pro-
duce la expulsión de la orden jesuítica.
Conocidas con el nombre de prolusio-
nes, las composiciones reunidas en esta
publicación pueden ser defnidas como
pequeñas piezas oratorias de carácter
académico, pronunciadas en la instan-
cia previa a la defensa de una tesis doc-
toral: Prolusión a las tesis de Metafísica
pronunciadas a la inmaculada con-
cepción de la Virgen (IV), Prolusión a
favor de las tesis de Física dedicadas a
San Luis (XV), Prolusión a las tesis de
Lógica bajo el nombre de Borgia (XIX),
entre otras. Este tipo de producciones,
prueba palmaria del debate teórico y
metodológico sostenido en los claus-
tros del Colegio Máximo de Córdoba,
se convirtió para los integrantes de la
Compañía en el instrumento apto para
abordar temas flosófcos, gramaticales
o teológicos.
Con respecto a su estructura, el
libro consta de: presentación, versión
bilingüe, bibliografía e índice.
En la presentación, los autores refe-
ren, de manera clara y precisa, las carac-
terísticas del Códice y las difcultades
que este documento ha planteado (tipo
de letra, omisiones, enmiendas, dupli-
caciones, segmentos tachados y reescri-
SÁNCHEZ, Luis; DEMARÍA de LISSANDRELLO, Fabiana;
KALINOWSKI, Juan Pedro
Retórica Neolatina Rioplatense. Las prolusiones jesuíticas
(Edición bilingüe, introducción y notas). Ediciones del Copista, Villa María, Córdoba,
Argentina, 2012, 252 págs.
ISBN: 978-987-563-342-1
por Marcela Alejandra Suárez
[CONICET/Universidad de Buenos Aires - malesu@arnet.com.ar]
Nº XVII / 2013 / ISSN 1514-3333 (impresa) / ISSN 1851-1724 (en línea), Reseñas, pp. 171-201 200
tos, manchas y roturas, trazo del copista,
sistema de abreviaturas) y la metodolo-
gía, es decir, la aplicación del método
flológico que comienza con una trans-
cripción respetuosa de la ortografía y la
puntuación originales. Asimismo, dejan
en claro los criterios editoriales: edición
bilingüe latín-español, acompañada de
un nutrido cuerpo de notas al texto en
latín y a la traducción. En el primer
caso, el objetivo es explicar cuestiones
gramaticales, lexicales y flológicas, y,
en el segundo, iluminar aspectos temá-
ticos, históricos y literarios. En cuanto
a la ortografía latina, se han seguido
las normas del latín clásico con miras a
facilitar la lectura. La escritura original
de las formas anómalas corregidas en
el cuerpo del texto ha sido indicada en
nota al pie con mención del folio en el
que se encuentra.
En cuanto al contexto cultural, se
incluye una breve referencia a las par-
ticularidades del sistema educativo
de la Compañía basado en la Ratio
Studiorum, obra en la que los jesuitas
exponen sus ideales pedagógicos con
el objetivo de evangelizar y educar. Así
se desprende la importancia de un con-
junto de técnicas retóricas (praelectio,
concertatio, scriptionis aferendae, repeti-
tionis utilitas) que confguran la base del
ejercicio de la palabra, de reconocida
tradición didáctica. En este sentido, las
prolusiones manifestan, según los auto-
res, “la sorprendente habilidad retórica
de los jesuitas, su fuido manejo de la
lengua latina y profundo conocimiento
de la tradición clásica” (p. 12).
Sánchez, Demaría y Kalinowski
consideran que la relevancia de estas
producciones en la vida de los jesuitas
se confrma a partir de la existencia, en
el códice J-III-9, de un tratado de carác-
ter preceptivo para componer prolusio-
nes, cuyas características desarrollan en
la presentación. Se trata de la obra del P.
Antonio Machoni (1671-1753) titulada
“Vestíbulo del palacio de la elocuen-
cia o dos tratados sobre el método de
variar los discursos y sobre las precepti-
vas de las prolusiones”. El autor no solo
se centra en la defnición y descripción
de este tipo de discurso, sino también
en su estructura que se caracteriza por
tres partes: propositio (presentación),
confrmatio (confrmación) y applicatio
(aplicación). Con respecto a la elocu-
tio (elocución) de las prolusiones, el
P. Machoni menciona diversos estilos,
a saber: humilde, infantil, elevado. La
última parte del tratado aporta una
variada ejemplifcación.
La introducción concluye con un
comentario acerca de los documentos
jesuíticos conservados en el archivo de
la Universidad Nacional de Córdoba,
que prueban no solo la dedicación de
la Compañía por dejar asentados libros
y papeles, sino también la formación
académica impartida por la orden
desde los claustros.
La traducción, que pone al descu-
bierto una profunda refexión en torno
al texto original en todos sus niveles
de análisis (morfológico, sintáctico,
semántico- léxico y retórico), se ubica
en página enfrentada y cuenta con
notas al pie que permiten aclarar dife-
rentes aspectos socio-históricos, inter-
textuales y estilísticos. El objetivo es,
sin dudas, que el lector interesado en
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el área de los estudios neolatinos com-
prenda cabalmente ciertas problemá-
ticas en relación a la identifcación de
personajes, lugares o sucesos relevan-
tes, la presencia de tópicos literarios,
flosófcos y religiosos, el manejo de las
citas y alusiones, el género y estilo del
texto y las peculiaridades morfosintác-
ticas y lexicales de la composición.
Por tratarse de un trabajo que
aborda textos inéditos, pero a su vez
relacionado, en parte, con el área de la
biblioteconomía, la bibliografía con-
signa diccionarios, catálogos y obras
generales.
Es de notar, pues, que Retórica
Neolatina Rioplatense. Las prolusiones
jesuíticas implica una doble contribu-
ción en el área de la literatura neolatina:
por un lado, echa luz sobre las prolu-
siones como testimonios retóricos de
la intensa actividad académica en el
seno del Colegio Máximo de Córdoba;
y, por otro, revela el énfasis el diálogo
entre tradición clásica y literatura colo-
nial, y rescata la importancia del fondo
bibliográfco jesuítico en la formación
cultural del hombre religioso y letrado
proto-argentino.
olaboradores
C
205 Nº XVII / 2013 / ISSN 1514-3333 (impresa) / ISSN 1851-1724 (en línea), Colaboradores, pp. 205-209
Marta Alesso. Profesora en Letras
(Universidad Nacional de La
Pampa). Doctora en Letras (Univer-
sidad Nacional de La Plata). Profe-
sora Titular de Lengua y Literatura
Griegas en la Facultad de Ciencias
Humanas de la UNLPam. Directora
e Investigadora Responsable del
Proyecto de Investigación Cien-
tífca y Tecnológica (PICT 2008)
“Mesianismo y política en los textos
de Filón de Alejandría”. Editora del
libro “Hermenéutica de los géneros
literarios: de la Antigüedad al cris-
tianismo”, Instituto de Filología Clá-
sica, Universidad de Buenos Aires.
 [Pestalozzi 625, (6300) Santa Rosa,
La Pampa, Argentina]
 [alessomarta@gmail.com]
Julián Barenstein. Profesor y Licen-
ciado en Filosofía por la Universi-
dad de Buenos Aires. Estudiante de
doctorado y becario del CONICET.
Se ha desempeñado como investiga-
dor en diversos proyectos UBACyT
bajo la dirección de la Dra. Silvia
Magnavacca. Es autor de artículos
y traducciones sobre los temas de
su especialidad: la transición Edad
Media-Renacimiento. Entre otros,
“Ramón Llull y los múltiples rostros
de la flosofía” en Ser Filósofo en la
Edad Media, Buenos Aires, 2012.
 [Av. Montes de Oca 675 1º D, (1270) Ciudad
Autónoma de Buenos Aires, Argentina]
 [aneleutheroi@yahoo.com.ar]
María Delia Buisel. Docente de la
Facultad de Humanidades y Cien-
cias de la Educación de la Univer-
sidad Nacional de La Plata. Fue
docente del Seminario Mayor “San
José” de la ciudad de La Plata. Es
investigadora del Centro de estu-
dios latinos (UNLP) y co-direc-
tora del proyecto de investigación
“Tema y Textos de la Latinidad:
El Otro Mundo en la literatura
latina”. Es autora de “Las sibilas de
San Telmo” en Auster 15, 2010 y
“Horacio: historia, épica y lírica en
la Oda II, 1 a Polión” en Revista de
Estudios Clásicos 37, 2010.
 [Calle 32 Nº 483 (esquina 4 bis), (1900)
La Plata, Argentina]
 [madebu1@gmail.com]
Paola Druille. Licenciada en Letras
(Universidad Nacional de La
Pampa). Doctora en Letras, Orien-
tación Estudios Clásicos (Univer-
sidad Nacional del Sur). Docente
auxiliar de Griego y Literatura
Griega Clásica en la Facultad de
Ciencias Humanas de la UNLPam.
Investigadora del Proyecto Inter-
nacional Philo Hispanicus, bajo la
dirección del Dr. J. P. Martín, en
el marco del cual ha publicado
el prólogo, traducción y notas de
Sobre los Querubines en Obras
Completas de Filón de Alejandría.
Vol. II (Madrid: Trotta). Es autora
del libro Clemente de Alejandría y
las costumbres sociales en el marco
apologético del Pedagogo. Tesis
Doctoral (formato CD).
 [Mosconi 825, (6300) Santa Rosa,
La Pampa, Argentina]
 [paoladruille@gmail.com]
Nº XVII / 2013 / ISSN 1514-3333 (impresa) / ISSN 1851-1724 (en línea), Colaboradores, pp. 205-209 206
Diana Angélica Fernández.
Licenciada en Filosofía por la
Universidad de Buenos Aires.
Estudiante de Doctorado y beca-
ria del CONICET. Se desempeña
como docente en el área de Filo-
sofía Medieval de la Universidad
de Buenos Aires. Ha participado
como miembro investigador de
diversos proyectos UBACyT y
PICT bajo la dirección de la Dra.
Silvia Magnavacca. Es autora de
“Agustín y la tolerancia religiosa”
en ETIAM 4, 2009 y de “El flósofo
como ductor hominis: Fides et ratio
en el pensamiento de Agustín de
Hipona y Buenaventura de Bagno-
rea” en Controversias filosóficas,
científcas y teológicas en el pensa-
miento Tardo-Antiguo y Medieval,
2011.
 [Av. Montes de Oca 789 2º F, (1270) Ciudad
Autónoma de Buenos Aires, Argentina]
 [dianaf02@yahoo.com.ar]
Diana L. Frenkel. Doctora en
Letras Clásicas (Universidad de
Buenos Aires). Docente de Lengua
y Cultura Griegas en la Facultad de
Filosofía y Letras (Universidad de
Buenos Aires UBA) y en la Uni-
versidad Católica Argentina. Ha
sido directora del proyecto UBA-
CyT 2008-2010 que produjo una
edición bilingüe con introducción
y notas al texto Ranas de Aristó-
fanes. Es autora de “La institu-
ción de la monarquía en el relato
bíblico” en Stylos 20, 2011 y “La
sabiduría y la cuestión de género”
en Atienza et alii, Nostoi. Estudios
a la memoria de Elena F. Huber ,
Buenos Aires, 2013.
 [San José de Calasanz 45 4º A, (1424)
Ciudad Autónoma de Buenos Aires,
Argentina]
 [dfrenkel17@yahoo.com.ar]
Mariana Gardella Hueso. Pro-
fesora en Filosofía (Universidad
de Buenos Aires). Doctoranda en
Filosofía (Universidad de Buenos
Aires). Becaria del Consejo Nacio-
nal de Investigaciones Científcas y
Técnicas (CONICET). Es miembro
en calidad de investigadora en los
proyectos “Filosofía práctica y psi-
cología en las flosofías socráticas
desde un enfoque por Zonas de
Tensión Dialógica (ZTD)” (PICT
2012-2015) y “Filosofía práctica
y psicología en Platón desde un
enfoque por ZTD” (UBACYT
2012-2015). Es autora de “Con-
fictos socráticos en el Eutidemo:
la crítica platónica a la dialéctica
megárica” en Argos. Revista de la
Asociación Argentina de Estudios
Clásicos 36.
 [Paraguay 2878 6º A, (1425) Ciudad
Autónoma de Buenos Aires, Argentina]
 [marianagardellahueso@gmail.com]
Marina Larrosa. Licenciada en
Letras (Universidad Nacional de
Rosario). Doctoranda en Humani-
dades y becaria de CONICET. Es
miembro del Centro de Estudios
Helénicos de Rosario (CEHel). Es
docente auxiliar de la cátedra de
Griego I en la Facultad de Huma-
nidades y Artes de la Universidad
207 Nº XVII / 2013 / ISSN 1514-3333 (impresa) / ISSN 1851-1724 (en línea), Colaboradores, pp. 205-209
Nacional de Rosario. Es autora de
“El parásito a la mesa: imagen del
poeta en el epigrama de Lucilio”
Circe 14 y de “El himno a Hades
y otras divinidades infernales en
Edipo en Colono (1556-1578): una
lectura” en Argos 34.
Es investigadora del proyecto de
investigación “Usos literarios de
la lengua griega antigua: algunas
propuestas de análisis”.
 [Necochea 1659 3º 3, (2000) Rosario,
Santa Fe, Argentina]
 [marina.larrosa@gmail.com]
Francesca Mestre. Profesora Titu-
lar de Filología Griega de la Uni-
versidad de Barcelona, España.
Es autora de los siguientes libros:
L’assaig a la literatura grega d’època
imperial. Promociones y Publica-
ciones Universitarias, PPU, 1991 y
en colaboración con J. Alsina Clota
y P. Gómez, Luciano de Samosata.
Consejo Superior de Investiga-
ciones Científcas, CSIC, 2007. Es
autora de los artículos: “Plutarco y
la biografía en la época imperial”
en Revista de Estudios Clásicos 34
y “Uso y abuso de los libros en el
mundo libresco: algunos ejemplos
griegos en la época imperial” en
Faventia: Revista de flologia clàs-
sica 30/1-2.
 [Departament de Filologia Grega.
Universitat de Barcelona Gran Via de
les Corts Catalanes 585, (08007) Barcelona.
España]
 [fmestre@ub.edu]
Lidia Raquel Miranda. Profesora
y Licenciada en Letras (Univer-
sidad Nacional de La Pampa).
Doctora en Letras (Universidad
Nacional de Tucumán). Investi-
gadora Adjunta del CONICET.
Directora del proyecto de investi-
gación PICTO 2011 “Metáfora y
episteme: hacia una hermenéutica
de las instituciones”. Es autora de
Europa, Europae. Textos y contex-
tos para refexionar sobre los temas
de la tradición occidental (Buenos
Aires: Biebel), 2012, y de “Uni-
dad y dualidad en la naturaleza
humana en los tratados De para-
diso y De Cain et Abel de Ambrosio
de Milán” en Argos. Revista de la
Asociación Argentina de Estudios
Clásicos 34.
 [Raúl B. Díaz 685, (6300) Santa Rosa,
La Pampa, Argentina]
 [mirandaferrari@cpenet.com.ar]
Laura Pérez. Profesora y Licenciada
en Letras (Universidad Nacional
de La Pampa). Doctoranda en
Letras. Orientación Estudios Clá-
sicos (Universidad Nacional del
Sur). Es investigadora del “Pro-
yecto Internacional Philo Hispa-
nicus, I: Edición de las Obras de
Filón de Alejandría; II: Estudio de
su relación con la Cultura Occi-
dental” dirigido por el Dr. José
Pablo Martín. Es autora de “Orfeo
y el plagio de la flosofía hebrea:
citas órfcas en Stromata 5, 14 de
Clemente de Alejandría” en Circe
15 y de “El cuerpo (σῶμα) como
tumba (σῆμα) del alma en Filón de
Nº XVII / 2013 / ISSN 1514-3333 (impresa) / ISSN 1851-1724 (en línea), Colaboradores, pp. 205-209 208
Alejandría. Uso y resignifcación
de una metáfora” en Circe 16.
 [Savioli 952, (6300) Santa Rosa, La Pampa,
Argentina]
 [lau_perez75@hotmail.com]
Luciano A. Sabattini. Ayudante
alumno de la cátedra Lengua y
Cultura Griega I. Becario del CIN
(Becas de Estímulo a las Vocacio-
nes Científcas 2012) en el marco
del plan “La construcción flosófca
de la alteridad y su tratamiento en
el Áyax de Sófocles”, insertado en
el Proyecto de Investigación Acre-
ditado “¿Marginaciones margina-
das? El imaginario de la exclusión
en los testimonios fragmentarios
del drama y la oratoria de la anti-
gua Grecia”, dirigido por la Dra.
Viviana Gastaldi, en el que parti-
cipa en calidad de Colaborador.
 [Dorrego 589, 1º P, Dpto. D, (8000)
Bahía Blanca, Buenos Aires, Argentina]
 [lucianosabattini@yahoo.com.ar]
María Jimena Schere. Licenciada,
Profesora y Doctoranda en Letras
(Universidad Buenos Aires).
Docente de Lengua y Cultura Grie-
gas de la Facultad de Filosofía y
Letras (UBA). Es investigadora del
proyectos de investigación “El mito
de la Edad de Oro en la Comedia
Antigua” (UBACyT, 2011-2014).
Es autora de “Los destinatarios
del discurso político en la come-
dia Caballeros de Aristófanes” en
Praesentia 13; “Los alcances de la
crítica contra la justicia ateniense
en la comedia Avispas de Aristó-
fanes” en Circe 16; “El tópico del
burlador-burlado en la comedia
Caballeros de Aristófanes” en Nova
Tellus 30; “El êthos discursivo de
los antagonistas aristofánicos en
las comedias Caballeros y Avispas”
en Cuadernos de Filología Clásica.
Estudios griegos e indoeuropeos 23.
 [La Pampa 2020 7º B, (1428). Ciudad de
Buenos Aires, Argentina]
 [jimenaschere@hotmail.com]
Alicia Schniebs. Profesora y Licen-
ciada en Letras (Universidad Bue-
nos Aires). Doctora en Letras
Clásicas (Universidad Buenos
Aires). Profesora Titular Regular
de Lengua y Cultura Latina I, II,
III, IV y V (Facultad de Filosofía y
Letras, UBA). Dirige el proyecto de
investigación “Discurso, memoria
y saber en Valerio Máximo” (UBA).
Es autora de “El cuerpo del ciuda-
dano: alternativas de una metáfora
en Cicerón” en Fornis - Gallego
-López Barja - Valdés (eds.) Dia-
léctica histórica y compromiso
social. Homenaje a Domingo Plá-
cido, Zaragoza, 2010; Ovidio. Arte
de amar. Texto latino, traducción,
introducción y notas (en colab. con
G. Daujotas), Buenos Aires, 2009;
de “Si vir es: palabras de mujer
e identidad masculina en Livio,
AUC 1” en Argos 31; “El diálogo
intertextual en Propercio 4.9” en
Myrtia 18.
 [Güemes 3741, 1° 3, (1425) Ciudad
Autónoma de Buenos Aires, Argentina]
 [latines@yahoo.com]
209 Nº XVII / 2013 / ISSN 1514-3333 (impresa) / ISSN 1851-1724 (en línea), Colaboradores, pp. 205-209
Marcela Alejandra Suárez. Doc-
tora en Letras con orientación en
Lenguas Clásicas (Universidad de
Buenos Aires). Profesora Adjunta
Regular de Lengua y Cultura Lati-
nas del Departamento de Lenguas
y Literaturas Clásicas (Facultad de
Filosofía y Letras, UBA). Investiga-
dora adjunta del Consejo Nacio-
nal de Investigaciones Científcas
y Técnicas (CONICET) y direc-
tora de la Maestría en Estudios
Clásicos. Dirige varios proyectos
de investigación sobre comedia
plautina, traducción y literatura
jesuítica de los s. XVI al XVIII. Ha
tenido a su cargo la edición crítico-
genética y anotada de la Rusticatio
Mexicana de Rafael Landívar y la
edición bilingüe y anotada de Apri-
lis Dialogus de Vicente López.
 [Chacabuco 1980, (1646) San Fernando,
Buenos Aires, Argentina]
 [malesu@arnet.com.ar]
Mariano Javier Sverdloff. Licen-
ciado en Letras (Universidad de
Buenos Aires). Doctor en Letras
(Universidad de Buenos Aires).
Director de la Colección Colihue
Clásica. Docente de la cátedra de
Literatura Europea del Siglo XIX de
la Facultad de Filosofía y Letras de
la Universidad de Buenos Aires, en
la actualidad investiga, como beca-
rio postdoctoral de CONICET, la
recepción y reelaboración de la
literatura latina en los siglos XIX y
XX. Investigador diversos proyec-
tos de investigación en el área de
literaturas comparadas. Es autor de
“Ut pictura decadentia: Huysmans
como crítico de arte. De los impre-
sionistas al Cristo de Grünewald”
en Boletín de estética 12.
 [Tucumán 2118 2º 14, (1050) Ciudad
Autónoma de Buenos Aires, Argentina]
 [marianojavs@yahoo.com.ar]
Mariana Sverlij. Licenciada en
Letras y Profesora de Enseñanza
Media y Superior en Letras,
Facultad de Filosofía y Letras de
la Universidad de Buenos Aires.
Integrante del Departamento de
Ediciones del Centro Cultural de
la Cooperación Floreal Gorini.
Becaria doctoral del CONICET.
Es docente de Literatura europea
del Renacimiento en la Facultad de
Filosofía y Letras de la Universi-
dad de Buenos Aires. Es autora de
“Diálogos de muertos: las Interce-
nales y el Momus de L. B. Alberti”
en Actas de las X Jornadas Naciona-
les de Literatura Comparada, 2011.
 [Curapaligue 967 8º 77. (1406) Ciudad
Autónoma de Buenos Aires, Argentina]
 [svmariana2000@yahoo.com.ar]
ormas para colaboradores
N
213 Nº XVII / 2013 / ISSN 1514-3333
1. El consejo editorial acepta el envío
de artículos sobre la antigüedad clá-
sica grecolatina y tradición clásica
en cualquiera de los idiomas ofcia-
les de la FIEC: español, portugués,
francés, italiano, inglés y alemán. Se
aceptan también traducciones de
textos clásicos breves, con aparato
crítico, de lengua de origen griego o
latín y que no tengan versión publi-
cada en castellano.
2. El comité editorial determina si se
adecua a los intereses temáticos y
metodológicos de la publicación y
gestiona, en consecuencia, la eva-
luación externa. El método de refe-
rato empleado es “doble ciego por
pares” (double blind peer review):
se mantiene el anonimato tanto del
autor como de los evaluadores.
3. Los artículos deben ser trabajos
originales e inéditos. No se acepta
una “segunda versión corregida”
de la exposición presentada en un
congreso. El artículo se envía en
archivo adjunto a las siguientes
direcciones electrónicas circecla-
sicos@gmail.com y alessomarta@
gmail.com.
4. Extensión de las contribuciones:
• Artículos: hasta 40.000 caracte-
res con espacios (incluidas notas
y bibliografía).
• Traducciones originales: hasta
40.000 caracteres con espacios
(incluidas las notas).
5. El estilo general del artículo así
como las notas y la bibliografía
deben seguir las siguientes pautas:
• Programa en el que se guarda el
archivo: Microsoft Word para
Windows.
• Tipo y tamaño de letra: Times
New Roman 12 (texto), Times
New Roman 10 (notas), Times
New Roman 11 (bibliografía).
• Los comentarios bibliográfcos
se harán preferentemente en las
notas utilizando comillas si es
cita textual y entre paréntesis el
apellido del autor, año y página.
Si la cita está en una lengua dis-
tinta al texto (i.e. inglés, francés,
latín, en texto en español) va
en cursiva. Los apellidos de los
autores van en versales.
Ejemplos:
Roma es “una ciudad de espectá-
culos” (Whitmarsh 2001: 78).
D. Butterfield (2010: 25, n. 4)
afrma que “Catullus’ poem clearly
shows this concern”.
• Al fnal del artículo deberá con-
signarse la bibliografía, discrimi-
nada en 1) ediciones y traduc-
ciones de los textos clásicos y
2) bibliografía ‘citada’ en orden
alfabético de autores y en orden
cronológico cuando se citen
varios trabajos del mismo autor.
Apellido/s en versales, la ciudad
de edición en lengua original,
hacer constar fecha de la primera
edición. Ejemplos:
Nº XVII / 2013 / ISSN 1514-3333 214
Ediciones y traducciones
(citar por editor y/o traductor)
Mazon, P. (ed.) (1993). Hésiode.
Théogonie, Les travaux el les
jours. Paris: Les Belles Lettres
(
1
1928).
Santa Cruz, M.I. y Crespo M.I.
(trads.) (2007). Plotino. Enéadas.
Buenos Aires: Colihue.
Bibliografía citada
Charney, M. (
3
2005). Comedy
High and Low. New York: Peter
Lang (
1
1978).
Frontisi, F. (2004). “Ovide porno-
graphe? Comment lire les récits
de viols”. En Clio 19. Disponible
en: [URL: http://clio.revues.org/
document643.html].
Long, A.A. (1990). “Filosofía pos-
taristotélica” en Easterling P.E.
y Knox, B.M.W. (eds.). Historia
de la Literatura Clásica. Vol. I.
Trad. de Federico Zaragoza Albe-
rich. Madrid: Gredos; 669-689.
Rodríguez Cidre, E. (1998). “Las
cóleras en la Medea de Eurípides”.
En Nova Tellus 16/2; 57-77.
• Las referencias a autores antiguos
deberán ir en la siguiente forma:
Homero, Odisea 10. 235
(citar en la bibliografía la edición
utilizada).
• Las citas textuales deberán reali-
zarse entre comillas. En el caso de
que excedan dos líneas, irán sin
comillas en párrafo aparte con san-
gría (2 cm), interlineado sencillo.
• Las notas deben ir en pie de página,
con interlineado sencillo.
• En cursiva: títulos de obras
(Eneida), palabras o citas latinas
y extranjeras y términos técnicos
poco usuales.
• Abreviaturas usuales: siglo V a.C.
/ Cfr. / fr. 13 / 134 ss. / Gn 2. 13
• Para los términos griegos se
empleará Unicode (ἤθος) tamaño
11. Evitar citas extensas.
• No incluir subrayados ni números
en subtítulos.
• En el cuerpo del trabajo no deben
emplearse ni subrayados ni negri-
tas. En caso de que sea necesario
enfatizar una palabra, se hará entre
comillas simples.
5. Deben constar además el título del
trabajo en castellano y en inglés y
resumen y abstract (en castellano
y en inglés) en un solo párrafo de
no más de 100 palabras cada uno y
cinco palabras-clave en castellano
y en inglés.
6. En archivo aparte deben consig-
narse los datos personales del
autor, pertenencia institucional,
título de una o dos publicaciones y
domicilio para correspondencia, al
modo en que aparecen en el apar-
tado Colaboradores los curricula
abreviados.
7. La aceptación de los trabajos sur-
girá de la evaluación externa (sis-
tema de doble anonimato) de un
miembro del comité de referato
internacional. Los especialistas
del comité tendrán en cuenta para
la aprobación de los artículos los
aspectos formales y estilísticos,
la coherencia entre los objetivos
215 Nº XVII / 2013 / ISSN 1514-3333
planteados y su consecución, la
seriedad de la bibliografía y edicio-
nes consultadas y la contribución
al área de investigación específca.
En lo posible se tratará de enviar
el trabajo a dos especialistas y uno
de ellos podrá no ser miembro del
comité. Si uno lo rechaza y otro lo
acepta, se enviará a un tercer eva-
luador. El dictamen se concreta
mediante tablas de evaluación
en formularios ad hoc. Los auto-
res recibirán siempre íntegros los
informes de los evaluadores.
8. Si el artículo resulta aceptado con
modificaciones, el autor deberá
tener en cuenta las observacio-
nes y si mantiene su posición en
determinado aspecto deberá ser
convenientemente fundamentada
y aceptada por el referatista. Una
vez remitido el artículo corregido,
el comité editorial decidirá su
aceptación defnitiva previo envío
al evaluador que recomendó los
cambios.
9. Circe tiene una periodicidad semes-
tral en su versión en línea y anual
en papel. Suele tener un plazo de
espera para la publicación de artícu-
los de cuatro a seis meses. En cada
artículo aparecerá la fecha de su
recepción, evaluación y aceptación.

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