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Osvaldo Bodni - Psicopatología General

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Aparece a partir de la unificación narcisista. El mundo exterior ya no es indiferente, sino hostil en tanto
fuente de displacer, o incorporado en tanto de placer. Esto es característico del narcisismo. Lo único importante
para el Yo de Placer Purificado es la satisfacción del deseo. Y la va a realizar por el camino más corto y fácil: si
puede alucinar, lo hace. Sólo busca sentir placer.

Este Yo sólo acepta aquello que distingue como beneficioso, bueno y placentero. Cuando no atribuye esta
cualidad produce un rechazo a la percepción. Lo bueno es declarado existente, y lo malo inexistente. Es
expulsado del campo de la percepción.

Para el Yo de Placer coinciden el juicio de atribución y el juicio de existencia.

Este Yo es aliado de la pulsión, y sus defensas se orientan hacia la realidad, porque ésta pone límites a la
satisfacción pulsional. Freud usa para entenderlo el modelo del escupir del bebé: lo que le gusta lo traga, lo que no
lo escupe,lo proyecta. Esta es ya una proyección defensiva.

Ahora bien, para realizar esta función es necesario que este Yo pueda cualificar a la percepción. Debe
probar el bocado para saber si le gusta o no. Es decir, un juicio de atribución debe decidir el carácter placentero o
displacentero de la percepción.Este responde a dos tipos de pulsiones: si se trata de las sexuales el juicio va a ser
bueno o malo, (placentero o displacentero), si se trata de las de autoconservación el juicio va a ser útil o
perjudicial
.

Este juicio hace que el Yo le de vía libre a la percepción, en caso de ser placentera, para ser juzgada como
existente. Y en caso contrario, rechazarla.

Poder aceptar una realidad, aunque sea desagradable, es una conquista del desarrollo psíquico. El aparato
tiene que ganar evolutivamente la posibilidad de tolerar una verdad dolorosa. Al principio sólo se acepta lo
agradable, lo placentero.

Este Yo es el del narcisismo: importante, grandioso, omnipotente e idealizado, poderoso, capaz de eliminar
un displacer con sólo rechazar la percepción.

El Yo de Placer Purificado es más complejo que el anterior que sólo percibía ritmos y cantidades. La
cualificación se hace efectiva mediante el juicio de atribución. Como correlato clínico, en un paciente narcisista,
podemos observar que de lo displacentero siempre culpa a alguien, mientras que si le sucede algo bueno cree que es
porque lo merece. No conoce el agradecimiento a un otro.

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Este Yo de Placer Purificado exige constantemente ser atendido, y reclama perentoriamente que se satisfaga
la pulsión. No puede frenarla porque es su aliado. Esto no significa que deje de ponerle límites, pero no se originan
en sentimientos de culpa, sino en maniobras del Yo destinadas a evitar el dolor por castigo social o frustración.
Estas estrategias son defensas muy distintas a la represión, porque implican consumación del deseo, aún a costa del
si mismo.

Es decir, el reclamo de placer implicará defensas mediante ajustes a la realidad, pero que todavía no son
represivas porque no existe un Yo capaz de oponerse a las pulsiones.

En esta etapa se privilegia defenderse de las percepciones antes que de las pulsiones. Por eso estas
fijaciones no dan lugar a neurosis, sino a organizaciones patológicas narcisistas, con el predominio de errores
cognitivos graves.

Por ejemplo, en las perversiones, el Yo de Placer no acepta la percepción de la diferencia sexual anatómica
porque la falta de pene en la mujer hace creíble el peligro de la propia castración.

Vemos entonces que el Yo de Placer usa de un modo privilegiado defensas frente a la realidad. Dado que
todo aquello de lo que el Yo se defiende, en algún momento tiende a retornar, no sólo hay retorno de lo reprimido,
sino también de aquellas impresiones sensoriales tempranas que fueron rechazadas por displacenteras.

Entonces se reconoce el sentido tardíamente para una percepción que tempranamente se desestimó. El Yo
de Placer Purificado desestima una percepción y años después la resignifica cuando retorna, por ejemplo, en forma
de alucinación.

Las desestimaciones son normales en determinados momentos de la vida, forman parte de la evolución del
Yo. Pero, si son utilizadas en otras etapas del desarrollo, implican patologías graves.

Este es el caso del Hombre de los Lobos. En cierto momento, amenazado con la castración, desestimó la
frase. Siendo más grande, tuvo una alucinación: creyó haberse amputado un dedo con una navaja mientras jugaba
con ésta. Luego advirtió que sólo lo había imaginado. Esta alucinación, señaló Freud, fue el retorno de lo
desestimado.

La desestimación es uno de los mecanismos utilizados por el Yo de Placer Purificado en la psicosis para
atacar al Yo de Realidad Definitivo, soporte de la percepción.

Para que el Yo de Placer desestime una percepción tiene en primer lugar que percibirla, luego atribuirle
cualidad displacentera, y por fin, rechazarla. A pesar de esto queda un registro, una inscripción que retorna y se
resignifica en un momento posterior.

Para cerrar el tema, digamos que las regresiones a los puntos de fijación del Yo de Placer Purificado dan
lugar a distintas patologías narcisistas que complican la relación del Yo con la realidad. Los juicios de atribución
sufren graves alteraciones. A veces, los correspondientes a las pulsiones sexuales entran en conflicto con los de
autoconservación.

En algunas patologías el juicio de atribución determina que algo es placentero cuando en realidad es
perjudicial. Esto es prototípico de los trastornos tóxicos o de la alimentación, por ejemplo, del drogadicto, del
fumador, de la anorexia nerviosa, de las bulimias.

Es importante tener en cuenta que la supervivencia de todas las especies biológicas está garantizada por un
sistema nervioso que regula sus defensas de modo tal que aquello potencialmente perjudicial resulte displacentero y
lo útil sea placentero. así el Principio de Placer está al servicio de la vida. Es patológico cuando esto se invierte.

Recordemos también que este Yo incorpora lo placentero a través de la identificación y desestima lo
displacentero. Este mecanismo es el que Freud llama verwerfung, desestimación, que Lacan estudió como forclu-
sión;
y es una defensa característica de las estructuras narcisísticas psicóticas.

El Yo de Placer Purificado es el del narcisismo, de la identificación primaria, es el que en muchos trabajos
vamos a encontrar con el nombre de Yo Ideal. Su destino al desarrollarse el Yo de Realidad Definitivo es ser
precursor del Ideal del Yo y del Superyó de cuya estructura va a formar parte.

ESQ Yo de P.P.

En el Yo de Placer el tegumento conforma un intersticio unificante. En el modelo, grafica también un límite
dentro del que pueden incorporarse o no las percepciones.

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