The Naturals

Jennifer Lynn Barnes
Tú.

Has sido escogido, y escogido bien. Tal vez esta va a ser la que te detenga. Tal vez
ella será diferente. Tal vez será suficiente.
Lo único que es seguro es que ella es especial.
Crees que son sus ojos. No el color; un helado, transparente azul. No las
pestañas, o la forma, o la manera en la que no necesita delineador para darle la
apariencia de gato.
No, es lo que está detrás de esos ojos azul hielo lo que trae a la audiencia masiva.
Lo sientes, cada vez que la vez. La seguridad. El saber. Ese destello del otro mundo
que usa para convencer a las personas que es la gran cosa.
Tal vez lo es.
Tal vez en verdad puede ver cosas. Tal vez sabe cosas. Tal vez es todo lo que
aclama ser y más. Pero verla, contando su respiración, tú sonríes, porque en lo
profundo, sabes que ella no va a detenerte.
En verdad no quieres que te detenga.
Ella es frágil.
Perfecta.
Marcada.
Y lo único que esta psíquica no verá venir, eres tú.
Capítulo 1.

Los horarios eran malos. Las propinas eran peor, y la mayoría de mis compañeros de
trabajo definitivamente dejaban algo qué desear, pero c’est la vie, qué será será*,
inserta un lenguaje cliché extranjero de tu elección aquí. Era un trabajo de verano,
que mantenía a Nona alejada de mí. También evitaba que mis varias tías, tíos, y mis
primos que trabajaban lavando platos se sintieran como si tuvieran que ofrecerme un
empleo temporal es su restaurant/Carnicería/Práctica Jurídica/Boutique. Dada la
talla de la muy larga y extensa (Y muy italiana) familia de mi padre, las
posibilidades eran infinitas, pero siempre eran una variación de la misma cosa.
Mi papá vivía a medio mundo de distancia. Mi madre estaba desaparecida, presunta
muerta. Yo era el problema de todos y de nadie.
Adolescente, presuntamente en problemas.
“¡Pedido!”
Con facilidad practicada, tomé el plato de panecillos (El lado con tocino) con mi
mano izquierda y dos platos de un desayuno de burritos (Con jalapeños a lado) con
mi derecha. Si el SAT no iba bien en el otoño, tenía un futuro real por delante de mí
en la industria de mierda de comida.
“Panecillos con un lado de tocino. Desayuno de Burrito, jalapeños a lado”. Puse los
platos en la mesa. “¿Algo más que pueda conseguir por ustedes, caballeros?”.
Antes de que alguno de los dos pudiera abrir la boca, yo ya sabía exactamente qué
iban a decir. El chico de la izquierda iba a pedir por mantequilla extra. ¿Y el chico
de la derecha? Él iba a necesitar otro vaso de agua antes siquiera en poder pensar en
esos jalapeños.
Las probabilidades eran de diez a uno, a él ni siquiera le gustaban.
A los chicos que de hecho le gustan los jalapeños no los piden de lado. El señor
Desayuno de Burrito simplemente no quería que las personas pensaran que era un
cobarde. Sólo que la palabra que él habría usado no era cobarde.
Espera ahí, Cassie. Me dije a mí misma severamente. “Hay que mantenerlo sin
vulgaridades”

*Que será será en el original
Como regla general, yo no maldecía mucho, pero tenía un mal hábito de tomar las
peculiaridades de otras personas. Ponme en una habitación con un puñado de
Ingleses y voy a salir de ahí con un acento Británico. No era intencional.
Simplemente pasé mucho tiempo en los años metiéndome en la cabeza de las
personas.
Gajes del oficio. No el mío. De mi madre.
“¿Podía obtener otros paquetes de mantequilla?” El chico de la izquierda preguntó.
Asentí. Y esperé.
“Más agua”, el chico de la derecha gruñó. Desinfló su pecho y se comió con los ojos
mis pechos.
Forcé una sonrisa.
“Estaré de vuelta con el agua”. Me mantuve de agregar Pervertido al final de la
frase, pero a punto.
Estaba aún sosteniendo la esperanza de que ese chico en sus tardíos veintes quien
pretendía gustarle la comida con especias e hizo un punto mirando fijamente a su
mesera adolescente como si estuviera compitiendo en Comerse Con La Mirada
Olímpicos fuera igualmente ostentoso al dejar propinas.
Entonces otra vez, pensé mientras iba a rellenar el vaso, él podría resultar ser el tipo
de chico que molesta a la pequeña mesera sólo para demostrar que podía.
Distraídamente, puse los detalles de la situación en mi cabeza: La manera en que
Señor Deasyuno de Burritos estaba vestido; su posible ocupación; El hecho de que
su amigo, quién ordenó los panecillo, estaba llevando un reloj muy caro.
Él peleará para obtener el cheque, y luego dar propinas de mierda.
Esperaba que estuviera equivocada, pero estaba segura de que no lo estaba.
Otros niños pasaban sus años de preescolar cantando el ABC. Yo crecí aprendiendo
diferentes alfabetos. Comportamiento, personalidades, ambientes. Mi madre lo
llamaba El BPE, y esos era trucos del negocio. Pensar que esa no era la clase de
cosas que tú solo podías apagar, incluso cuando eres lo suficientemente mayor para
comprender que cuando tu madre le decía a las personas que era una psíquica, estaba
mintiendo, y cuando tomaban su dinero, era fraude.
Incluso ahora que se había ido. No podía parar de descifrar a las personas, como no
podía dejar de respirar, parpadear, o contar los días en los que cumpliera dieciocho.
“¿Mesa para uno?” Una voz baja y divertida me trajo de vuelta a la realidad. La voz
del dueño se veía como el tipo de chico que estaría más en casa en un Club de
Campo que en un comedor. Su piel era perfecta, su pelo revuelto artísticamente.
Incluso cuando decía sus palabras como si fueran una pregunta, no lo eran. No en
verdad.
“Claro” Dije, tomando un menú. “Por aquí”.
Una observación más cercana me dijo que Chico de Campo era como de mi edad.
Una sonrisa jugaba a través de sus facciones perfectas, y caminaba con ese estilo de
nobleza de escuela. Sólo verlo me hacía sentir como un siervo.
“¿Esta está bien?”. Pregunté, dirigiéndolos a la mesa cerca de la ventana.
“Está bien”, agregó, deslizándose en la silla. Casualmente, él inspeccionó la
habitación con seguridad a prueba de balas. “¿Tienen mucho tráfico aquí los fines de
semana?”
“Seguro” Repliqué. Estaba empezando a preguntarme si había perdido la habilidad
de hablar oraciones complejas. Por la mirada en el rostro del chico, él también. “Te
daré un minuto para mirar al menú”.
No respondió, y yo pasé mi minuto llevando a Panecillos y a Desayuno de Burrito
sus cuentas, en plural. Pensé que si lo dividía a la mitad, podría terminar con una
propina la mitad de decente.
“Les cobraré cuando estén listos”, dije, con una sonrisa falsa firme.
Me giré a la cocina y atrapé al chico de la ventana viéndome. No era el tipo de
mirada Estoy Listo Para Ordenar. No estaba segura de lo que era, de hecho, pero
cada hueso en mi cuerpo de dijo que era algo. La sensación persistente de que había
una detalle clave que me había saltado de toda esta situación, acerca de él, no se iba
a ir. Chicos como estos no comían en lugares como estos.
No miran fijamente a chicas como yo.
Autoconsciente y cautelosa, a travesé la habitación.
“¿Decidió que le gustaría?” Pregunté. No había una salida de tomar su orden, así que
dejé que mi cabello cayera en mi cara, oscureciendo su vista.
“Tres huevos” Dijo, con sus ojos color avellana en los míos, en lo que pudo ver de
mí. “Un lado panecillos, un lado de jamón”
No necesitaba escribir la orden, pero entonces me encontré a mí misma deseando
por una pluma, así tendría algo que sostener.
“¿Qué tipo de huevos?” Pregunté.
“Tú dime” Las palabras del chico me atraparon con la guardia baja.
“¿Perdón?”
“Adivina” Dijo.
Me le quedé mirando a través del revoltijo de cabello que aún cubría mi rostro.
“¿Tú quieres que adivine cómo quieres que cocinen los huevos?”
Sonrío.
“¿Por qué no?”
Y solo así, vino.
“No revueltos” Dije pensando en voz alta. Los huevos revueltos eran muy normales,
muy comunes, y este era un chico que le gustaba ser un poco diferente. Aunque no
demasiado diferente, lo que indicaba huevo cocidos, al menos en un lugar como
este. Fritos sería muy desordenado para él; Muy cocinados no eran lo
suficientemente desordenado.
“Over easy*”. Estaba segura de la conclusión como de que estaba segura del color
de sus ojos. Él sonrió y cerró el menú.
“¿Vas a decirme si yo tenía razón?”. Pregunté, no porque necesitaba una
confirmación, sino porque quería saber cómo respondería.
El chico se encogió de hombros.
“¿Cuál sería la diversión en eso?”
Quería quedarme ahí, mirando hasta que lo descifrara. No lo hice. Puse su orden.
Entregué su comida. La adrenalina del almuerzo se mantuvo persistente conmigo, y
para el tiempo en que volví a checarlo, el chico de la ventana se había ido. No había
incluso esperado por su cuenta, solamente dejó veinte dólares en la mesa. Había
decidido que podía hacerme jugar juegos de adivinanza para la diversión de su
corazón por propina de veinte dólares cuando me di cuenta de que no era lo único
que había dejado.
También había una tarjeta de negocios.
La levanté. Color blanco. Letras negras. Espacios uniformes.
Había un sello en la parte superior izquierda, en la esquina. Relativamente, un
mensaje: Un nombre, un título de trabajo, un número telefónico. A través de la parte
de arriba de la tarjeta, había cuatro palabras, cuatro pequeñas palabras que me dejó
sin respiración.
Me guardé la tarjeta, y la propina. Fui de nuevo a la cocina. Atrapé mi respiración.
Luego miré de nuevo.
Tanner Briggs. El nombre.
Agente Especial. Título de empleo.
Oficina Federal de Investigación.
Cuatro palabras, pero me les quedé mirando tan fuerte que mi visión se volvió
borrosa y sólo pude ver tres letras.
¿Qué cosa en el mundo había yo hecho para atrapar la atención del FBI?

*Over easy es un estilo de cocinar huevos. Cocinado en una cacerola en donde el
lado de la yema se cocine menos.
Capítulo 2.

Después de ocho horas de trabajar, mi cuerpo estaba cansado hasta los huesos, pero
mi mente estaba vibrando. Quería encerrarme en mi habitación, colapsar en mi
cama, y descubrir qué demonios había pasado esa tarde.
Desafortunadamente, era domingo.
“¡Ahí está! Cassie, estábamos a punto de mandar a los chicos por ti” Mi tía Tasha
estaba entre los varios hermanos más razonables de mi padre, así que no me guiñó y
me preguntó si me había encontrado un novio para ocupar mi tiempo.
Ese era el trabajo del tío Rico. “Nuestra pequeña rompe corazones, ¿eh? ¿Estás ahí
afuera rompiendo corazones? ¡Claro que sí!”
He sido un arreglo regular en las cenas de domingo por la noche desde que Servicios
Sociales me soltaron en la puerta de mi padre (metafóricamente, gracias a Dios)
cuando tenía doce. Después de cinco años, todavía no había escuchado al tío Rico
hacer una pregunta que inmediatamente no procediera a responder por sí mismo.
“No tengo un novio” dije. Este era un script bien establecido, y esa era mi línea: “Lo
prometo”.
“¿De qué estamos hablando?” Uno de los hijos del tío Rio preguntó, dejándose caer
en el sofá de la sala de estar, balanceando sus piernas al lado.
“Del novio de Cassie” dijo el tío Rio.
“Creo que me confundiste con Sofía y Kate” dije. Bajo circunstancias normales, no
habría tirado a mis primas bajo el bus, pero tiempos desesperados llamaban por
medidas desesperadas. “Es más probable que ellas tengan un novio secreto que yo”
“Bah” dijo el tío Rio. “Los novios de Sofía nunca son un secreto”.
Y se así fue; bromas familiares de buena intención. Jugué la parte, dejando que su
energía me afectara, diciendo lo que quería que dijeran, sonriendo las sonrisas que
querían ver. Era cálido y a salvo y feliz, pero no era yo.
Nunca lo era.
Tan pronto en cuanto estaba segura de que no iba a ser extrañada, me fui a la cocina.
“Cassandra. Bien” My abuela, hasta los codos de harina, su pelo gris atado en un
chongo flojo en la nuca de su cuello, me dio una sonrisa cálida. “¿Cómo estuvo el
trabajo?”
A pesar de su apariencia de ancianita, Nonna dirigía a la familia entera como un
general dirigiendo a sus tropas. Justo ahora, yo era la único yéndose de formación.
“El trabajo es trabajo” Dije “No está mal”
“Pero tampoco bien, ¿no?” Ella entrecerró los ojos.
Si no jugaba esto bien, tendría diez ofertas de trabajo dentro de la hora. La familia
cuidaba a la familia, incluso cuando “familia” estaba perfectamente en sus
capacidades de cuidarse a sí misma.
“Hoy de hecho fue decente” dije, intentando sonar animada “Alguien me dejó una
propina de veinte dólares”
Y también, añadí silenciosamente, una tarjeta de trabajo del FBI.
“Bien” dijo Nonna. “Eso está bien. Tuviste un buen día”
“Sí, Nonna” dije, atravesando la habitación para besar su mejilla, porque supe que la
haría feliz. “Fue un buen día”
Para cuando todos se fueron a las nueve, la tarjeta en mi bolsillo se sentía pesada.
Intenté ayudar a Nonna con los platos, pero me mandó arriba. En la tranquilidad de
mi propia habitación, pude sentir la energía drenándose de mí, como aire en un
balón desinflándose lentamente.
Me senté en mi cama y luego me dejé caer hacia atrás. Los resortes viejos resortes
gimieron con el impacto, y cerré mis ojos. Mi mano derecha había encontrado su
camino hacia mi bolsillo, y saqué la tarjeta.
Era una broma. Tenía que ser. Era la razón por qué el bonito chico de club de campo
se sentía extraño para mí. Era la razón por qué se había interesado: para reírse de mí.
Pero no se parecía a ese tipo.
Abrí mis ojos y miré a la tarjeta. Esta vez, me dejé a mí misma leerla en voz alta:
“Agente Especial Tanner Briggs. Beaureu Federal de Investigación”
Unas cuantas horas en mi bolsillo no había cambiado el texto en la tarjeta. ¿El FBI?
¿A quién estaba este tipo intentando engañar?
Se veía de dieciséis, diecisiete, máximo.
No como un agente especial.
Sólo especial. No podía empujar ese pensamiento, y mis ojos se movieron
reflexivamente hacia el espejo de la pared. Era una gran ironía de la vida que heredé
todos los muebles de mi mamá, pero nada de la magia con las que habían venido en
su cara. Ella había sido hermosa. Yo era extraña: lucía rara, raramente callada,
siempre la rara.
Incluso después de cinco años, no podía dejar de pensar en mi madre sin pensar en
la última vez que la había visto, corriéndome de su camerino. Acerca de la sangre,
en el suelo, en las paredes, en el espejo. No me había ido por mucho tiempo. Había
abierto la puerta…
“Sal de ahí” me dije a mí misma. Me senté y empujé mi espalda en contra del
cabecero, sin poder dejar de pensar en el olor de la sangre y el momento en saber
que era de mi madre y rezando para que no lo fuera.
¿Y si de esto se trataba? ¿Y si la tarjeta no era una broma? ¿Y si el FBI estaba
buscando en el asesinato de mi madre?
Han pasado cinco años, me dije a mí misma. Pero el caso todavía estaba abierto. El
cuerpo de mi madre nunca había sido encontrado. Basada en la cantidad de sangre,
eso era lo que la policía había buscado desde el principio.
Un cuerpo.
Giré la tarjeta de trabajo en mis manos. En la parte de atrás, había una nota escrita a
mano.

Cassandra, decía, PORFAVOR LLAMA.

Eso era todo. My nombre, y luego una orden para llamar, en mayúsculas. Sin
explicación. Sin nada.
Debajo de esas palabras, alguien había escribido otras instrucciones en pequeñas y
filosas letras, y pensé en el chico del comedor.
Tal vez él era el agente especial.
Así que eso lo hace, ¿qué? ¿El mensajero?
No tenía una pregunta, pero las palabras escritas a través de la parte de debajo de la
tarjeta resaltaron para mí, tanto como lo hacían las del agente Tanner Briggs: POR
FAVOR LLAMA.
Si yo fuera tú, no lo haría.
Tú.

Eres bueno esperando. Esperando por el momento correcto. Esperando a la chica
correcta. Ahora la tienes, y aun así, estás esperando. Esperando a que despierte.
Esperando a que abra esos ojos y te vea.
Esperando a que grite.
Y grite.
Y grite.
Y que se dé cuenta de que nadie puede escucharla excepto tú.
Tú sabes cómo irá, cómo se enojará, luego se asustará, y luego jurar que si la dejas
ir, no le dirá ni a una alma. Te mentirá, e intentará manipularte, y tendrás que
mostrarle- en la manera en que le has mostrado a muchas más- cómo no lo harás.
Pero todavía no. Justo ahora, todavía está durmiendo. Hermosa, pero no tan
hermosa como será cuando hayas terminado.
Capítulo 3.

Me tomó dos días, pero llamé el número. Claro que lo hice, porque incluso había un
99 por ciento de oportunidad de que esto fuera un tipo de engaño, había un 1 por
ciento de que no lo fuese.
No me había dado cuenta de que estaba sosteniendo mi respiración hasta que
alguien respondió.
“Habla Briggs”
No podía identificar qué era más encantador, el hecho de que este ‘Agente Briggs’
aparentemente me había dado su número de línea directo o la manera en que
contestó el teléfono, como si decir ‘Hola’ hubiera sido un desperdicio de aliento.
“¿Hola?” Como si pudiera leer mi mente, el Agente Briggs habló de nuevo: “¿Hay
alguien ahí?”
“Esta es Cassandra Hobbes” dije “Cassie”.
“Cassie” Algo en la manera en la que el Agente Briggs dijo mi nombre me hizo
pensar que él sabía incluso antes de que yo hubiera dicho una palabra que yo no iba
por mi nombre entero. “Estoy feliz que llamaras”
Esperó a que le dijera algo, pero me quedé en silencio. Todo lo que dices o hiciste
es información que pones ahí afuera al mundo, y yo no le quería dar a este hombre
más información de lo que tenía que- no hasta que supiera qué quería de mí.
“Estoy seguro que debes estarte preguntándote por qué te contacté. Por qué mandé
a Michael a contactarte”
Michael. Así que ahora el chico del comedor tenía un nombre.
“Tengo una oferta que quisiera que consideres”
“¿Una oferta?” Me sorprendió que mi voz sonara tan calmada como la de él.
“Creo que es una conversación que es mejor tener en persona, Señorita Holmes.
¿Hay algún lugar en donde te sientas a gusto para encontrarnos?”
Él sabía lo que estaba haciendo: dejándome escoger la locación, porque si él
especificaba una, tal vez no habría ido. Probablemente me debí de haber rehusado a
encontrarme con él de cualquier manera, pero no pude, por la misma razón por la
cual tenía que levantar el teléfono y llamar.
Cinco años es mucho tiempo para no encontrar ningún cuerpo. Ningunas
respuestas.
“¿Tiene una oficina?”
La ligera pausa al otro lado del teléfono me indicó que no esperaba que dijese eso.
Pude haberle preguntado que me encontrara en el comedor o en una cafetería cerca
de la escuela secundaria o en cualquier lugar en donde pude tener la ventaja de zona
de casa, pero he aprendido a creer que no hay tal cosa.
Puedes decir más de un extraño al ver sus casas de lo que lo harías al invitarlo a la
tuya.
Además, si este tipo en verdad no era un agente del FBI y esto era un tipo de
pervertido con alguna clase de juego, me imaginé que iba a tener un gran tiempo
intentando arreglar una junta con la oficina local del FBI.
“En verdad no trabajo en Denver” finalmente dijo “Pero estoy seguro de que puedo
arreglar algo”
Probablemente no un pervertido, entonces.
Me dio una dirección. Le di una hora.
“¿Y Cassandra?”
Me pregunté que había esperado al decir mi primer nombre. “¿Sí?”
“Esto no es acerca de tu madre”.

Fui a la junta de cualquier manera. Claro que lo hice. El Agente Especial Tanner
Briggs sabía suficiente sobre mí como para saber que el caso de mi madre era la
única razón por la cual había seguido las instrucciones en la tarjeta y llamé. Quería
saber cómo había obtenido esa información, si había visto sus documentos
policiacos, si lo haría, previsto que le diera cualquier información que quisiera de
mí*
Quería saber por qué el Agente Especial Tanner Briggs había hecho de su
incumbencia saber sobre mí, de la misma manera en la que un hombre comprando
una nueva computadora habría mencionado los específicos del modelo que había
llamado su atención.
“¿Qué piso?” La mujer a mi lado en el elevador estaba a la mitad de sus sesentas.
Su pelo rubio plata estaba recogido en una ordenada cola de caballo en su nuca, y el
traje que llevaba estaba perfectamente hecho a la medida.
Todo negocios, justo como Agente Especial Tanner Briggs.
“Quinto piso” Dije “Por favor”

*Como la traducción, el texto original no tenía sentido.
Con energía nerviosa para quemar, robé otra mirada a la mujer y empecé a buscar mi
camino a través de la historia de su vida, contada de la manera en la que estaba
parada, su ropa, el ligero acento en su habla, la capa clara de laca en sus uñas.
Estaba casada.
Sin hijos.
Cuando empezó en el FBI, había sido un club sólo para chicos.
Comportamiento. Personalidad. Ambiente. Prácticamente podía oír el
entrenamiento de mi madre a través de este análisis.
“Quinto piso” Las palabras de la mujer eran animadas, y agregué otra entrada a mi
columna mental: impaciente.
Atentamente, salí del elevador. La puerta se cerró detrás de mí, y evalué mis
alrededores. Se veía tan… normal. Si no hubiera sido por la seguridad enfrente y la
credencial de visitante en mi vestido de verano negro y desvanecido, nunca hubiera
pensado que es un lugar dedicado a pelear contra el crimen federal.
“Entonces, ¿qué? ¿Estabas esperando un show de perro y pony?”.
Reconocí la voz al instante. El chico del comedor. Michael. Sonaba divertido, y
cuando me di vuelta para enfrentarlo, había una sonrisa familiar bailando en sus
facciones, una que probablemente pudiera omitir si al menos tuviera la inclinación a
intentar.
“No estaba esperando nada” le dije “No tengo ningunas expectativas”.
Me dio una mirada que decía que sabía a qué me refería yo. “No expectaciones, no
decepciones”
No podía decir si esa era su evaluación de mi estado de mente actual o su lema por
el cual él vivía su propia vida. De hecho, estaba teniendo problemas para agarrar una
idea de su personalidad en absoluto. Había cambiado su polo de rayas por una
camiseta negra ajustada y sus jeans por pantalones khakis. Se veía tan fuera de lugar
como se había visto en el comedor. Tal vez ese era el punto.
“Sabes” dijo convencionalmente “Sabía que vendrías”.
Levanté una ceja en su dirección. “¿Incluso cuando me dijiste que no lo hiciera?”
Se encogió de hombros. “Mi Boy Scout interior tenía que intentar”.
Si este chico tenía un boy scout interno, yo tenía un flamingo.
“Así que, ¿estás aquí para llevarme con el Agente Especial Tanner Briggs?”
pregunté. Las palabras salieron bruscamente, pero al menos no soné fascinada,
ciegamente enamorada, o tan siquiera atraída por el sonido de su voz.
“Hmmmmm” En respuesta a mi pregunta, Michael hizo un sonido de sin-
compromiso bajo su aliento e inclinó su cabeza: lo más cerca a un sí que iba a tener.
Me dirigió hacia un pasillo. Carpeta neutral, paredes neutrales, una expresión neutral
en su cara criminalmente atractiva.
“Entonces, ¿qué tiene Briggs sobre ti?” Michael preguntó. Podía sentirlo
observándome, buscando por emociones- cualquier emoción- que le dijera si su
pregunta había tocado un nervio.
No lo había hecho.
“Quieres que me ponga nerviosa con esto” le dije, porque eso era claro por sus
palabras “Y me dijiste que no viniera”.
Sonrío, pero había un toque duro en ello. Un destello de. “Supongo que podrías
decir que no estoy de acuerdo”.
Resoplé. Esa era una palabra para ello.
“¿Vas a darme una pista sobre lo que está sucediendo aquí?” pregunté mientras nos
acercamos al final del pasillo.
Se encogió de hombros. “Eso depende. ¿Vas a dejar de jugar Quién Tiene La
Mejor Cara de Poker conmigo?”
Eso me sorprendió con una risa de mí, y me di cuenta de que había pasado un largo
tiempo desde que había reído porque no podía evitarlo y no porque alguien más se
estaba riendo también.
La sonrisa de Michael perdió su dureza, y por un segundo, la expresión cambió
completamente de su rostro. Si había sido guapo antes, ahora era hermoso. Pero no
duró. Tan rápido como había llegado, se desvaneció.
“Lo dije en serio, lo que escribí en esa tarjeta” dijo suavemente. Asintió a la puerta
cerrada de la oficina a la derecha “Si yo fuera tú, no iría ahí dentro”
Entonces, supe (de la manera en la que siempre me enteraba de cosas) que Michael
había estado en mis zapatos alguna vez y él había abierto la puerta. Su preocupación
era genuina, pero yo abrí esa puerta también.
“Señorita Hobbes. Por favor, entre”
Con una mirada a Michael, entré a la habitación.
“Au revoir” el chico con la cara de póker excelente dijo, resaltando las palabras con
un chasquido exagerado de sus dedos.
El Agente Especial Tanner Briggs aclaró su garganta. La puerta cerrada tras de mí.
Para mejor o peor, estaba aquí para reunirme con un agente del FBI. Sola.
“Estoy feliz que vinieras, Cassie. Toma asiento”
El agente especial Briggs era más joven de lo que había imaginado basado en su
voz de teléfono. Los engranajes en mi cerebro giraron lentamente, incorporando su
voz a lo que conocía. Un hombre más viejo que tomaba molestias en los negocios
era reservado. Un hombre de veintinueve que hacía lo mismo quería ser tomado en
serio.
Había una diferencia.
Obedientemente, tomé asiento. El agente Briggs se quedó en su silla, pero se
inclinó hacia enfrente. El escritorio entre nosotros estaba limpio, excepto por una
pila de papeles y dos plumas, de los cuales uno no tenía su tapa.
Él no era naturalmente limpio, entonces. Por alguna razón, encontré eso
reconfortante. Él era ambicioso, pero no inflexible.
“¿Has terminado?” me preguntó. Su voz no era brusca. Si algo, sonaba
genuinamente curioso.
“¿Terminado con qué?” le pregunté.
“Analizándome” dijo “Sólo he tenido esta oficina por dos horas. No podría ni
siquiera adivinar qué es lo que ha atrapado tu atención, pero pensé que algo lo haría.
Con los Naturales, algo casi siempre lo hace”
Naturales. Dijo la palabra como si esperase que la repitiera con un signo de
pregunta en mi tono. No dije nada. Lo menos que le diera, más me enseñaría.
“Eres bueno al leer a personas, al tomar pequeños detalles y descubrir la foto
completa: quiénes son, lo que quieren, cómo operan” sonríe “Qué tipo de huevos les
gustan”.
“¿Me invitaste aquí porque soy buena adivinando qué tipo de huevos les gusta a las
personas?” pregunté, incapaz de mantener la incredibilidad fuera de mi voz.
Golpeó sus dedos contra el escritorio. “Te pedí que vinieras aquí porque tienes una
aptitud natural para algo que la mayoría de las personas podrían pasar toda una vida
intentando aprender”
Me pregunté si cuando él decía la mayoría de las personas se refería a sí mismo.
Él tomó mi silencio continuo como algún tipo de discusión.
“¿Estás diciéndome que no lees a las personas? ¿Puedes decirme ahora mismo si
prefiero jugar basketball o golf?”
Basketball. Pero él quisiera que las personas pensaran que es golf.
“Podrías intentar explicar cómo descifras a las personas, Cassie, pero la diferencia
entre tú y el resto del mundo es que para explicar cómo descubriste que preferiría
tener una nariz sangrienta en la cancha de basketball que jugar golf con el jefe, tu
tendrías que dar marcha atrás. Tendrías que averiguar cuáles fueron las pistas y
cómo uniste los puntos, porque tú sólo lo haces. Ni siquiera tienes que pensar en
ello, no de la manera en que yo lo haría, no de la manera en que mi equipo lo haría.
Probablemente no podrías detenerte a ti misma si lo intentaras”.
Nunca había hablado de esto, ni siquiera con mi mamá, quien me había enseñado
las partes que podían ser enseñadas. Las personas eran personas, para mejor o para
peor, la mayoría de os días, ellos eran sólo rompecabezas para mí. Rompecabezas
fáciles, rompecabezas difíciles, crucigramas, mind-blenders, sodoku. Siempre había
una respuesta, y yo no podía dejar de empujar hasta que la encontrase.
“¿Cómo sabes estas cosas?” le pregunté al hombre en frente de mí “E incluso si
fuera verdad, incluso si yo tengo buenos instintos sobre las personas, ¿a ti qué?”
Se inclinó hacia enfrente “Sé porque lo hago de mi incumbencia saber. Porque soy
quien convenció al FBI de buscar a personas como tú”.
“Qué quieres conmigo?”
Se reclinó contra el asiento. “¿Qué crees que quiero contigo, Cassie?”
Mi boca se secó. “Tengo diecisiete”
“Aptitudes naturales, como tuyas, se asoman en los años de adolescencia.
Educación formal, universidad, las malas influencias, podrían interferir con el
increíble potencial en bruto que ahora tienes” Dobló los brazos frente de sí “Quiero
ver que tengas las influencias correctas, que tu talento sea moldeado en algo
extraordinario, algo que puedas usar para hacer una cantidad increíble de bien en
este mundo”.
Una parte de mí se quería reír de él, salir de la habitación, olvidar que nada de esto
estaba pasando, pero la otra parte sólo seguía pensando que por cinco años, he
estado viviendo en el limbo, como si estuviera esperando algo sin saber qué era.
“Puedes tomar tanto tiempo como sea necesario para pensar en ello, Cassie, pero lo
que te estoy ofreciendo es una oportunidad de una vez en la vida. Nuestro programa
es único, y tiene el potencial de convertir a naturales, personas como tú, en algo
realmente extraordinario”
“Las personas como yo” repetí, mi mente yendo a noventa millas por hora “Y
Michael”
La segunda parte era adivinando, pero no en verdad. En los dos minutos que
pasamos caminando a su oficina, Michael se había acercado a averiguar qué estaba
pasando dentro de mi cabeza más que nadie que haya conocido.
“Y Michael”. Mientras hablaba, la cara del Agente Briggs estaba más animada. Se
había ido el profesional rudo. Esto era algo personal. Este programa era algo en lo
que él creía.
Y él tenía algo que probar.
“¿Qué involucra ser parte de este programa?” pregunté, midiendo su respuesta. El
entusiasmo en su cara se convirtió en algo mucho más intenso. Sus ojos se clavaron
en los míos.
“¿Cómo te sentirías sobre mudarte a Washington. D. C?”
Capítulo 4.

¿Cómo me sentiría mudándome a DC?
“Tengo diecisiete” reiteré. “Una mejor pregunta es cómo mis guardianes legales se
sentirían al respecto”.
“No serías la primera menor que he reclutado, Cassie. Hay maneras”
Claramente, él no había conocido a mi Nonna.
“Hace cinco años, la custodia de Cassandra Hobbes fue remitida a su padre
biológico, Vincent Battaglia, Fuerza Aérea de los Estados Unidos” el agente Briggs
pausó “Catorce meses después de tu aparición en su vida, tu padre fue transferido en
el extranjero. Decidiste quedarte aquí, con tu abuela paterna”.
No pregunté como el Agente Briggs había dado con esa información. Él era FBI.
Probablemente sabía el color del cepillo de dientes que usaba.
“Mi punto, Cassie, es que alegadamente, tu padre tiene la custodia, y tengo toda la
confianza que si quieres que esto pase, yo puedo hacerlo pasar” Briggs pausó otra
vez “En lo que el resto del mundo concierne, nosotros somos un programa para los
talentosos. Muy selectivo, con apoyo de muchas personas muy importantes. Tu
padre es de la milicia. Se preocupa de la manera en la que te aíslas a ti misma. Eso
lo hará más fácil de persuadir”
Empecé a abrir mi boca para preguntarlo exactamente cómo había determinado que
mi padre se preocupaba, pero Briggs levantó una mano.
“No entro en una situación así ciego, Cassie. Una vez que fuiste flechada en
nuestro sistema como un recluta potencial, hice mi tarea”.
“¿Flechada?” pregunté, levantando mis cejas “¿Por qué?”.
“No lo sé. Yo no fui el que te flechó, y honestamente, los detalles de tu
reclutamiento son irrelevantes a menos que estés interesada en mi oferta. Dime si
no, y me iré de Denver esta noche”
No podía hacer eso, y el Agente Briggs probablemente sabía eso antes de que
preguntase.
Recogió la pluma sin tapa y escribió algunas notas en el borde de uno de sus
papeles. “Si tienes preguntas, le puedes preguntar a Michael. No tengo duda de que
él será dolorosamente honesto sobre su experiencia en el programa hasta ahora”
Briggs rodó los ojos en un gesto de exasperación tan universal que casi me olvidé de
la placa y el traje. “Y si hay alguna pregunta que pueda contestar por ti…”
Se detuvo y esperó. Tomé la carnada y empecé a presionarlo por detalles. Quince
minutos después, mi mente estaba tambaleándose. El programa (era como él se
refería a él, una y otra vez) era pequeño, aún es sus etapas principales. Su agenda iba
de dos maneras: primero, para ayudar a personas como nosotros a participar y
perfeccionar nuestras habilidades, y segundo, para usar esas habilidades para ayudar
al FBI detrás de escenas. Era libre de dejar el programa cuando quisiera. Tendría que
firmar un contrato de no divulgación.
“Hay una pregunta que no has preguntado, Cassie” el Agente Briggs dobló los
brazos frente a él “Así que la voy a preguntar por ti. Sé sobre tu historia personal.
Sobre el caso de tu madre. Y mientras no tengo información para ti, puedo decir que
después de todo lo que has pasado, tienes más razones que muchos para querer hacer
lo que hacemos”.
“¿Y qué es eso?” pregunté, mi garganta cerrándose a la pura mención de la palabra
con M. “Dice que va a proveer entrenamiento, y a cambio, consultaré con usted.
Consultar, ¿qué, exactamente? ¿Entrenando para qué?”
Pausó, pero si me estaba evaluando o agregando énfasis, no estaba segura.
“Estarás ayudando con los casos fríos*. Los que el Bureau no ha podido resolver”.
Pensé en mi madre; la sangre en el espejo y las sirenas y la manera en la que solía
dormir con un teléfono, esperando desesperadamente que sonara. Tenía que
forzarme a mí misma a seguir respirando normalmente, a mantenerme de cerrar mis
ojos e imaginar la sonrisa pícara de mi madre.
“¿Qué tipo de casos fríos?” le pregunté, mi voz atrapada en mi garganta. Mis labios
de repente se sintieron secos, mis ojos se sentían mojados.
El Agente Briggs tuvo la decencia de ignorar las emociones ahora evidentes en mi
rostro. “Las asignaciones exactas varían, dependiendo en tu especialidad. Michael es
un Natural en leer emociones, así que pasa mucho tiempo yendo de testimonios a
grabaciones de interrogaciones. Con sus antecedentes, sospecho que eventualmente
será una buena adición para un una división de crimen de cuello blanco*, pero una
persona con sus habilidades puede ser útil en cualquier tipo de investigación. Una de
las otras reclutas en el programa en una enciclopedia andante que ve patrones y
probabilidades en donde sea que vea. La iniciamos en análisis de escena del
crimen”.

*Casos fríos: casos viejos que nunca fueron resueltos y terminaron por ser
abandonados.
*White collar en el original.
“¿Y yo?” pregunté.
Por un momento, guardó silencio, midiendo. Miré los papeles en su escritorio y me
pregunté si alguno de ellos era sobre mí.
“Eres una perfiladora Natural” dijo finalmente “Puedes mirar a un patrón de
comportamiento y averiguar la personalidad del perpetrador, o adivinar cómo un
individuo es más probable que se comporte en el futuro. Eso generalmente es útil
cuando tenemos series de crímenes interrelacionados, pero no sospechoso
definitivo”.
Leí entre las líneas de ese argumento, pero quería asegurarme. “Crímenes
interrelacionados?”.
“Crímenes seriales” dijo, escogiendo una palabra diferente y dejándola suspendida
en el aire alrededor nuestro. “Secuestros. Incendio provocado. Acoso sexual” pausó
y supe qué palabra iba a salir de su boca antes de que lo dijera “Asesinato”.
La verdad con la que él había estado jugando las pasadas horas de repente era
increíblemente claras. Él y su equipo, este programa… ellos no querían sólo
enseñarme cómo perfeccionar mis habilidades. Ellos querían usarlas para atrapar
asesinos.
Asesinos en serie.
Tú.

Miras al cuerpo y sientes una oleada de furia. Ira. Se supone que sea sublime. Se
supone que tienes que decidir. Se supone que tienes que sentir la vida salir de ella.
No se supone que ella te apure.
No debería de estar muerta todavía, pero lo está.
Debería ser perfecta ahora, pero no lo es.
No gritó lo suficiente, y luego gritó demasiado, y te llamó nombres. Nombres que
Él solía llamarte. Y te enojaste.
Se había terminado muy rápido, muy pronto, y no era tu culpa, maldita sea. Ella es
la que te enojó. Ella es quien lo arruinó.
Eres mejor que esto. Se supone que tienes que estar mirando su cuerpo y sentir el
poder, la adrenalina. Se supone que tiene que ser una obra de arte.
Pero no lo es.
Tú llevas el cuchillo a su estómago una y otra vez, cegado ante todo lo demás. No
es perfecta. No es hermosa. No es nada.
Tú no eres nada.
Pero no serás nada por mucho tiempo.