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la silla, junto a la cama. Levant6 la cabeza hacia Howard y luego mii6 de nuevo al nino.

Scotty tenfa los ojos ceirados y la cabeza vendada. La respiraci6n era tranquila y regulai. De un aparato que se alzaba cerca de la cama pendfa una botella de glucosa con un tubo que iba de la boteIla al brazo del nifio. -<Que tal esta? <Que^ es todo eso? -pregunt6 Howard, senalando la glucosa y el tubo. -Prescripci6n del doctor Francis -contest6 ella-. Necesita alimento. Tiene que conservar las fuerzas. <Por que no se despierta, Howard? Si esta bien, no entiendo por qu6. Howard apoy6 la mano en la nuca de Ann. Le acarici6 el pelo con los dedos. -Se pondra bien. Se despertara dentro de poco. El doctor Francis sabe lo que hace. Al cabo de un rato, afiadi6: -Quiza deberias ir a casa y descansar un poco. Yo me quedare aquf. Pero no hagas caso del chalado ese que no deja de llamar. Cuelga inmediatamente. -<Quien llama? -No lo s^. Alguien que no tiene otra cosa que hacer que llamar a la gente. Vete ahora. Ella mene6 la cabeza. -No -dijo-, estoy bien. -Si, pero ve a casa un rato y vienes a despertarme por la manana. Todo ira bien. ^Qu^ ha dicho el doctor Francis? Que Scotty se pondra bien. No tenemos que preocuparnos. Esta durmiendo, eso es todo. Una enfermera abri6 la pueita. Les salud6 con la cabeza y se acerc6 a la cama. Sac6 el brazo del niiio de debajo de las sabanas, le cogi6 con los dedos la mufieca, le encontr6 el pulso y consult6 el reloj. Al cabo de un momento volvi6 a meter el brazo bajo las sabanas y se acerc6 a los pies de la cama donde anot6 algo en una tablilla. -^Que' tal esta? -pregunt6 Ann. 83