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Thomas Troward_Edimburgo y Doré

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Las Conferencias de Edimburgo y Doré de Thomas Troward sobre Ciencia Mental y el Nuevo Pensamiento
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THOMAS TROWARD Conferencias de Edimburgo y Doré

Las Conferencias de Edimburgo sobre Ciencia Mental (Doré inicia en la página 78) Thomas Troward Traducidas por el equipo de traducción de Ciencia de la Mente MÉXICO bajo la dirección de Rebeka Piña Alonso RScF, B.Ed. I. Espíritu y Materia Al comenzar una serie de conferencias sobre la Ciencia Mental es difícil fijar la mejor manera de abrir el tema. Puede uno acercársele desde muchos puntos de vista, cada uno con una ventaja peculiar; pero después de una cuidadosa deliberación me parece que, para el propósito del presente curso, no puede haber mejor punto para comenzar que la relación entre Espíritu y Materia. He seleccionado este punto porque la distinción, o lo que creemos que es la diferencia, entre ellos es una con la cual estamos tan familiarizados que puedo asumir que será reconocida por todos; y podré por lo tanto, hacer esta distinción de inmediato al usar los adjetivos que habitualmente aplicamos para expresar la oposición natural entre ambas, - espíritu viviente y materia inerte. Estos términos expresan nuestra impresión actual entre espíritu y materia con la suficiente precisión y considerados solamente desde el punto de vista de las apariencias externas, esta impresión es, sin duda, correcta. El consenso general de la humanidad hace lo correcto al confiar en la evidencia de nuestros sentidos y cualquier sistema que diga que no debemos hacerlo jamás obtendrá estatus permanente en una comunidad sana y cuerda. No hay nada malo en la evidencia de los sentidos sanos llevada a la mente sana, el error se cuela al juzgar esta evidencia. Estamos acostumbrados a juzgar solamente por las apariencias externas y por ciertos significados limitantes que atamos a las palabras, pero cuando

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comenzamos a indagar el significado real de nuestras palabras y a analizar las causas que dan lugar a las apariencias, encontramos que nuestras nociones antiguas van cayendo gradualmente hasta que despertamos al hecho de que vivimos en un mundo enteramente distinto de aquel que reconocíamos anteriormente. La antigua y limitada modalidad de pensamiento de ha alejado imperceptiblemente y descubrimos que estamos ante un nuevo orden donde todo es libertad y vida. Este es el trabajo de una inteligencia iluminada que resulta de la persistente determinación de descubrir lo que la verdad es en realidad, sin tomar en cuenta ninguna de las nociones preconcebidas, derivadas de cualquier fuente; la determinación de pensar honestamente por nosotros mismos en lugar de dejar que piensen por nosotros. Empecemos por indagar lo que queremos realmente decir por la vitalidad que le atribuimos al espíritu y la cualidad mortal que le atribuimos a la materia. Al principio diríamos que la vitalidad se compone del poder del movimiento y la muerte de su ausencia; pero la ciencia más reciente muestra que esta distinción no es lo suficientemente profunda. Ahora sabemos que todos los átomos de la "materia inerte" se mueven. Veo un pedazo de acero sólido y a la luz de la ciencia actual sé que los átomos de esa masa inerte vibran con intensa energía, yendo y viniendo continuamente con rapidez incesante cuya actividad compleja deja perpleja a la imaginación. La masa como tal puede estar inerte sobre la mesa; pero en vez de estar destituida del elemento del movimiento es la morada de una incansable energía que mueve las partículas con una velocidad increíble. Es, por lo tanto, no el mero hecho del movimiento lo que esta en la raíz de la distinción que hace instintivamente ente espíritu y materia; Debemos ir mas allá de esto. La solución del problema nunca se encontrara al comparar la Vida con aquello que llamamos muerte y la razón para esto se volverá aparente más adelante; pero la verdadera clave del asunto se encontrará al comparar un grado de vitalidad con otro. Existe, por supuesto, un sentido en el cual la calidad de la vitalidad no admite graduación; Pero hay otro sentido en el cual es enteramente una cuestión de grado. No tenemos duda de la vitalidad de

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una planta, pero nos percatamos de que es algo muy distinto a la vitalidad de un animal. ¿Qué niño no preferiría un perro a un pez por mascota? ¿Por qué el niño es mas avanzado que el perro? La planta, el pez, el perro y el niño están todos igualmente vivos, pero hay una diferencia en la calidad de su vitalidad acerca de la cual nadie tiene dudas, y nadie dudaría en decir que esta diferencia reside en el grado de inteligencia. De cualquier forma que veamos el tema siempre encontraremos que lo que llamamos vitalidad de cualquier vida individual esta al fin medida por su inteligencia. Es la posesión de una mayor inteligencia lo que posiciona al animal por encima de la planta en la escala, al hombre por encima del animal, al intelectual por encima del salvaje. Entre más elevada la inteligencia, el modo del movimiento se encuentra bajo su control de forma más completa; Y al descender en la escala de inteligencia, el descenso se ve marcado por el correspondiente incremento de movimiento automático que no esta sujeto al control de una inteligencia consciente de sí misma. Este descenso es gradual desde el reconocimiento de sí mismo de la personalidad humana más elevada al orden más bajo de las formas visibles a las que nos referimos como cosas, en las cuales el reconocimiento de sí se encuentra absolutamente ausente. Vemos, entonces, que la vitalidad de la Vida consiste en inteligencia, en otras palabras, en el poder del Pensamiento; y podemos también decir que la cualidad distintiva del espíritu es el Pensamiento, y, como opuesto a esto, podemos decir que la cualidad distintiva de la materia es la Forma. No podemos concebir a la materia sin forma. Alguna forma debe de haber, aun invisible al ojo; para que la materia sea materia debe ocupar un lugar en el espacio y el ocupar un espacio cualquiera necesariamente implica una forma correspondiente. Por estas razones podemos establecer como una proposición fundamental que la cualidad distintiva de la materia es la Forma y la del espíritu es el Pensamiento. Esta es una distinción radical desde la cual importantes consecuencias se obtienen, y deberán de ser notadas con cuidado por el estudiante. La Forma implica extensión en el espacio y también limites dentro de ciertas fronteras. El pensamiento no implica ninguno de estas dos. Cuando, por lo mismo, pensamos en la Vida como existente de una forma en particular, la asociamos con la idea de su extensión en el espacio, de tal manera que un elefante puede decirse que consiste de

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mucha más sustancia viva que un ratón. Pero si pensamos en la Vida como el hecho de la vitalidad no lo asociamos con ninguna idea de extensión e inmediatamente entendemos que el ratón esta tan vivo como el elefante, sin importar la diferencia de tamaño. El punto importante de esta distinción es que si podemos concebir cualquier cosa como carente totalmente del elemento de la extensión en el espacio, debe estar presente en su totalidad en cualquier parte y en todas parte, es decir, en todo punto del espacio simultáneamente. La definición científica del tiempo es que es el periodo ocupado por un cuerpo en pasar de un punto dado en el espacio a otro, y por lo tanto, de acuerdo a esta definición, al no haber espacio no puede haber tiempo; y, por lo tanto aquella concepción del espíritu que lo comprenda como carente del elemento del espacio debe entenderlo como también carente del elemento tiempo; y por lo tanto encontramos que la concepción del espíritu como Pensamiento puro, y no como Forma concreta, es la concepción de que éste subsiste en perfecta independencia de los elementos de tiempo y espacio. De esto se obtiene que si la idea de cualquier cosa se concibe como que existe en éste nivel solamente puede representar aquella cosa como existente solamente en el aquí y en el ahora. En esta visión de las cosas nada puede estar tan remoto de nosotros ni en tiempo ni en espacio: o la idea se disipa por completo o existe como una entidad presente, y no como algo que será en el futuro, dado que si no hay secuencia en el tiempo, no puede haber futuro. De igual forma, cuando no hay espacio, no puede haber un concepto de algo que exista alejado de nosotros. Cuando los elementos del tiempo y el espacio se eliminan, todas nuestras ideas de las cosas deben, necesariamente, ser el de que éstas existen en un aquí universal y un eterno ahora. Esto es, sin duda, una concepción sumamente abstracta, pero le pido al alumno que la trate de entender en su totalidad, ya que es de vital importancia para la aplicación práctica de la Ciencia Mental. El concepto opuesto es el de las cosas que se expresan a sí mismas a través de condiciones de tiempo y espacio y así establecen una variedad de relaciones hacia otras cosas, como de tamaño, distancia y dirección, o de secuencia en el tiempo. Estos dos conceptos son respectivamente, el concepto de lo abstracto y de lo concreto, de lo incondicional y de lo condicionado y de lo absoluto y lo relativo. No se oponen entre sí en un sentido de incompatibilidad, sino que son complementarios y la única

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realidad es en la combinación de ambos. El error del idealista en extremo es en batallar para entender lo absoluto sin lo relativo, y el error del materialista extremo es en querer comprender lo relativo sin lo absoluto. Por un lado el error es tratar de comprender un interior sin exterior y viceversa; ambos son necesarios para la formación de una entidad substancial. II. EL MODO SUPERIOR DE INTELIGENCIA CONTROLA AL INFERIOR. Hemos visto que el descenso desde la personalidad, como la conocemos en nosotros mismos, hacia la materia, como la conocemos en lo que llamamos formas inanimadas, es un descenso gradual en la escala de la inteligencia desde aquel modo de ser que es capaz de entender su propia fuerza de voluntad como la capacidad de originar nuevos trenes de causación hacia ese modo de ser que es incapaz de reconocerse a si mismo. Entre más alto sea el grado de vida, más elevada la inteligencia; de lo que se deduce, que el supremo principio de la Vida debe ser también el principio ultimo de la inteligencia. Esto se demuestra claramente por el grandioso orden natural del universo. A la luz de la ciencia moderna el principio de evolución nos es familiar a todos, y el ajuste certero que existe entre todas las partes del plan cósmico es demasiado autoevidente como para insistir sobre ello. Todo avance en la ciencia consiste en descubrir nuevas sutilezas de conexión dentro de este magnifico orden universal, el cual ya existe y solamente necesita nuestro reconocimiento para llevarlo a un uso práctico. Si, entonces, el trabajo más elevado de las mejores mentes no consiste más que en el reconocimiento de un orden ya existente, no hay manera de alejarse de la conclusión de que una inteligencia monumental debe de ser inherente en el Principio de Vida, el cual se manifiesta a sí mismo como este orden; y así vemos que debe haber una gran inteligencia cósmica que subyace la totalidad de las cosas. La historia física de nuestro planeta nos muestra primero una rebulla incandescente dispersa sobre vastas infinidades de espacio; mas adelante esto se condensa en un sol central rodeado de una familia de planetas apenas consolidados de una materia plástica primordial; luego

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se suceden incontables milenios de lentas formaciones geológicas, una tierra poblada por las formas de vida más bajas, vegetales o animales, desde estos crudos orígenes un movimiento majestuoso e incesante lleva a las cosas de etapa en etapa hasta la condición en que las conocemos ahora. Viendo esta estable progresión nos queda claro que, de cualquier manera que podamos concebir la naturaleza de este principio evolutivo, provee el continuo avance de la raza. Pero lo hace al crear tales números de cada tipo que, después de permitir un amplio margen para todos los posibles accidentes en los individuos, la raza aun continuará."Tan cuidadosa con el tipo parece Tan sin cuidado de la vida individual" En resumen, podemos decir que la inteligencia cósmica trabaja a través de una Ley de Promedios que permite un amplio margen para los accidentes y fallas de lo individual. Pero el progreso hacia una inteligencia más elevada siempre es en la dirección de aminorar este margen de accidentes y llevar al individuo más y más lejos de la ley de promedios y substituirla por la ley de la selección natural. En lenguaje científico ordinario, es la supervivencia del más apto. La reproducción de los peces es a una escala que anegaría los mares si cada individuo sobreviviese; pero el margen de destrucción es igualmente enorme y así la ley de promedios sencillamente mantiene la proporción normal de la raza. Pero al otro lado de la escala, la reproducción no es tan enormemente excedente de la supervivencia. Es verdad que hay un amplio margen de accidentes y enfermedad que recorta los números de los seres humanos antes de que hayan alcanzado el promedio de duración de la vida, pero aun así es a una escala muy diferente de la destrucción prematura de cientos de miles contra la supervivencia de uno solo. Por lo tanto, puede tomarse como un hecho establecido que en proporción al avanzar la inteligencia el individuo de esa de ser un mero sujeto de la ley de promedios y tiene un poder que incrementa continuamente de controlar las condiciones de su supervivencia. Vemos, por lo tanto, que hay una marcada diferencia entre la inteligencia cósmica y la inteligencia individual, y que el factor que diferencia a esta ultima de la primera es la presencia de la voluntad

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individual. El asunto de la Ciencia Mental es el de asegurar que la relación de este poder individual de volición a la gran ley cósmica que provee el mantenimiento y avance de la raza; y el punto relevante es que el poder de la voluntad individual es en sí mismo el resultado del principio cósmico evolucionario al punto donde alcance su nivel más elevado. El esfuerzo de la Naturaleza ha sido siempre hacia arriba desde el tiempo en que solamente las formas mas bajas poblaban la tierra y ahora ha culminado en la producción de un ser con una mente capaz de razonar abstractamente y un cerebro equipado para ser el instrumento físico de una mente tal. En esta etapa el principio creativo de Vida se reproduce a sí mismo en una forma capaz de reconocer los trabajos de la ley de evolución y la unidad y continuidad del propósito que corre a través de la progresión total hasta ahora indica, mas allá de toda duda, que el lugar de tal ser en el esquema universal debe de ser el de introducir la operación del factor el cual, hasta este punto, ha sido notorio por su ausencia, el factor, principalmente, de la voluntad inteligente individual. La evolución que nos ha llevado hasta este punto ha trabajado a través de la ley cósmica de promedios; ha sido un proceso en el cual el individuo en sí mismo no ha tomado parte consciente. Pero dado que es lo que es, y lleva la caravana de la procesión evolutiva, si el hombre ha de evolucionar más allá, solamente puede ser a través de su cooperación consciente con la ley que le ha llevado al punto donde puede comprender que tal ley existe, su evolución en el futuro debe ser con su consciente participación en el gran trabajo y esto solamente se podrá efectuar a través de su inteligencia y esfuerzo individual. Es un proceso de crecimiento inteligente. Nadie más puede crecer por nosotros, cada uno debemos crecer por nosotros, y este crecimiento inteligente consiste en nuestro reconocimiento creciente de la ley universal, la cual nos ha llevado hasta donde estamos. Es una gran máxima que la Naturaleza nos obedece en la misma proporción en la cual nosotros la obedecemos primero. Estas consideraciones nos muestran que aquello que distingue a la forma superior de inteligencia de la inferior es el reconocimiento de sí, y entre más inteligente sea este reconocimiento, mayor será el poder. El grado menor de auto reconocimiento es aquel que solo se comprende a sí misma como una entidad separada de las demás entidades, como el ego distinto del no ego. Pero el grado mas elevado de auto

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reconocimiento es aquel que, al reconocer su propia naturaleza espiritual, ve a las demás formas, no tanto como no egos, o como aquello que no es si mismo, sino como un alter ego, o aquello que es como si mismo en otro modo de expresión. Es este nivel mas elevado de auto reconocimiento el cual es el poder por el cual el Científico Mental produce resultados. Por esto es imperativo que entienda claramente la diferencia entre Forma y Ser; que uno es el modo relativo y la marca de estar sujeto a las condiciones y que el otro es la verdad de lo absoluto y aquello que controla las condiciones. Este reconocimiento del ser como una individualización del espíritu puro debe por necesidad controlar todos los modos del espíritu que no hayan aun alcanzado el mismo nivel de auto conocimiento. Estos niveles más bajos del espíritu están sujetos a la ley de su propio ser porque no conocen la ley; y por lo tanto, el individuo que ha obtenido este conocimiento puede controlarlos a través de la ley. Pero para entender esto, debemos indagar un poco más en la naturaleza del espíritu. Y hemos demostrado la presencia de una inteligencia maravillosa que lo subyace todo, pero ¿dónde se encuentra esta inteligencia? Finalmente, solamente podemos concebirla como inherente en alguna sustancia primordial que es la raza de todos los demás modos de la materia que nos son conocidos, ya sean visibles al ojo o necesariamente inferidos por la ciencia a través de sus efectos perceptibles. Es aquel poder que, en todas las especies y en todos los individuos, se convierte en lo que la especie o el individuo es; Y así, solamente podemos concebirlo como una inteligencia auto formativa inherente en la sustancia última de la cual cada cosa es una manifestación particular. El que esta sustancia primordial sea considerada como auto-formativa por una inteligencia inherente que habita en sí misma resulta evidente del hecho que la inteligencia es la cualidad esencial del espíritu; y si hubiésemos de concebir a la sustancia primordial como algo aparte del espíritu, entonces tendríamos que postular algún otro poder que no es ni espíritu ni materia y origina a ambos, pero esto solamente es poner la idea de un poder auto evolucionante un paso mas atrás y el asegurar la producción de un grado inferior de espíritu indistinto de uno más elevado, lo cual es una conclusión gratuita y una contradicción de cualquier idea que nos podamos formar de un espíritu indistinto.

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No podemos evitar la conclusión de que el espíritu contiene la sustancia primordial en sí mismo, lo que nos lleva al enunciado común de que lo hizo todo a partir de la nada. Así que encontramos dos factores en la creación de todas las cosas, Espíritu y la Nada, y al sumar el espíritu con la Nada, nos quedamos solamente con el Espíritu: X + 0 = X. Desde estas consideraciones vemos que el fundamento último de cualquier forma de la materia es el espíritu, y por ende que la inteligencia universal subsiste a través de la Naturaleza inherente en cada una de sus manifestaciones. Pero esta inteligencia críptica no pertenece a la forma particular excepto en la medida en que este físicamente adecuada para su concentración en una individualidad autocogniscente: permanece escondida en esa sustancia primordial de la cual la forma visible es una manifestación más amplia. Esta sustancia primordial es una necesidad filosófica, y solamente podemos imaginárnosla como algo infinitamente más fino que los átomos que son en sí mismos una inferencia filosófica de la ciencia física: aun, por carecer de una palabra mejor, podemos convenientemente hablar de una inteligencia primaria inherente en la sustancia misma de las cosas como Inteligencia Atómica. Este término puede, tal vez, estar sujeto a algunas objeciones, pero servirá a nuestros propósitos para distinguir este modo de la inteligencia del espíritu de su opuesto, es decir de la Inteligencia Individual. Esta distinción debe de anotarse cuidadosamente porque es por la respuesta de la inteligencia atómica a la inteligencia individual que el poder del pensamiento puede producir resultados en el plano material, como en la cura de una enfermedad a través del tratamiento mental. La inteligencia se manifiesta a sí misma a través de su responsividad y toda la acción de la mente cósmica al llevar el proceso evolucionario desde sus principios hasta su a actual estado humano no es nada más que la continua respuesta inteligente a la demanda que cada etapa en el proceso le ha hecho para ajustarse a sí misma con su entorno. Al haber reconocido la presencia de una inteligencia universal que todo lo permea, también debemos reconocer la correspondiente responsividad que se encuentra escondida profundamente dentro de su naturaleza y que está dispuesta a entrar en acción en cuanto la llamen. Todo tratamiento mental depende de esta responsividad del espíritu en sus grados inferiores hacia grados superiores de sí mismo. Aquí la

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diferencia entre el científico mental y la persona sin instruir, radica, el primero usa esta responsividad y él ultimo no, porque no la conoce. III. LA UNIDAD DEL ESPIRITU Hemos pavimentado el camino para entender mejor lo que queremos decir cuando decimos "unidad del espíritu". En la primera concepción del espíritu como el origen subyacente de todas las cosas vemos una sustancia universal que, en esta etapa, no está diferenciada en formas específicas. Esta no es una cuestión de algún tiempo pasado, sino que subsiste en cada momento de todos los tiempos en la naturaleza más interior de todo ser; y cuando vemos esto, vemos que la división entre una forma especifica y otra tiene una profunda unidad esencial, que actúa como apoyo de todas las formas distintas de individualidad. Al ir penetrando nuestro patrón de pensamiento en la naturaleza de esta sustancia espiritual que todo lo produce vemos que no se puede limitar a una porción única de espacio, sino que debe ser tan ilimitada como el espacio en si, y que la idea de una porción de espacio donde no este es inconcebible. Es una de esas percepciones intuitivas de las que la mente humana no puede evadirse, que este espíritu primordial que todo lo genera debe ser inconmensurable y por lo tanto jamás podemos pensar sobre el sino es en términos universales o infinitos. Es una verdad matemática que el infinito debe ser una unidad. No se pueden tener dos infinitos, porque entonces ninguno sería infinito, cada uno estaría limitado por el otro. El infinito es unidad matemáticamente esencial. Este es un punto que no puede enfocarse demasiado, porque le siguen las consecuencias más importantes. La Unidad, como tal, no puede multiplicarse ni dividirse, dado que ambas operaciones destruyen la unidad. Al multiplicar producimos una pluralidad de unidades en la misma escala que el original; y al dividir producimos una pluralidad de unidades a menor escala y una pluralidad de unidades no es unidad sino multiplicidad. Por lo tanto, si penetráramos por debajo de la naturaleza externa del individuo hacia aquel principio interno de su ser desde el que su individualidad se levanta, solamente lo podemos hacer al pasar de la concepción de la existencia individual hacia aquella de la unidad del ser

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universal. Esto podría parecer como una mera abstracción filosófica, pero el alumno que producirá resultados prácticos debe comprender que estas abstracciones son los fundamentos del trabajo que realizara. El hecho más grande que debe reconocerse sobre la unidad es que, dada que es una unidad sencilla, donde quiera que este, debe estar en su totalidad. En el momento en que permitimos a nuestra mente divagar hacia la idea de la extensión en el espacio y decimos que una parte de la unidad esta aquí y otra por allá, hemos descendido a la idea de que la unidad esta fraccionada y en ese caso estamos lidiando con lo relativo, o la relación que existe entre dos o más entidades que están limitadas entre sí, y hemos pasado de la región de la unidad sencilla que es el absoluto. Es por lo tanto, una necesidad matemática que, dado que el principio de Vida es infinito, este sea una sola unidad y consecuentemente sea omnipresente. Dado que es infinito, o ilimitado, esta en todos lados, por lo tanto todo el espíritu está presente en todo momento en todos lados. Éste es el hecho fundamental de todo ser, y es por esta razón que he preparado el camino al esclarecer la relación entre espíritu y materia como la relación entre idea y forma, de un lado el absoluto y por otro el relativo, que depende de los elementos de tiempo y espacio que están ausentes de lo absoluto. Este gran hecho es que el espíritu subsiste continuamente en el absoluto, ya sea o no de forma corpórea, y desde él fluyen todos los fenómenos del ser, ya sea en el plano mental o en el físico. El conocimiento de este hecho es la base de toda operación espiritual consciente, y por lo tanto en proporción a nuestra creciente reconocimiento de este aumentara nuestro poder de producir resultados visibles también incrementará. Él todo es más grande que las partes, y por lo tanto, si a través de nuestro reconocimiento de esta unidad podemos concentrar todo el espíritu en cualquier punto dado en cualquier momento dado, incluiremos cualquier individualización de este que deseemos.. La totalidad es más grande que su parte, y es así, si, por nuestro reconocimiento de esta unidad, podemos concentrar todo el espíritu en cualquier lugar determinado, en cualquier momento que lo deseemos.

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El espíritu puro es el principio de Vida considerado aparte de la matriz en el cual asume relación al tiempo y al espacio de forma particular. En este aspecto es pura inteligencia indiferenciada (sin forma) hacia la individualización. Como inteligencia pura es susceptibilidad y responsividad puras. Al estar desproveída de las relaciones temporales y espaciales esta desprovisto de personalidad individual. Por lo tanto, es así que, en este aspecto un elemento meramente impersonal sobre el cual, por razón de su inherente inteligencia y susceptibilidad, podemos impresionar cualquier reconocimiento de la personalidad que queramos. Estos son los grandes hechos con los cuales trabaja el científico mental, y el alumno hará bien en reflexionar ampliamente sobre ellos y en la responsabilidad que esto conlleva. IV. Mente Subjetiva y Objetiva Hasta este momento ha sido necesario establecer las bases de la ciencia a través de la declaración de principios generales altamente abstractos que hemos alcanzado a través de puro razonamiento metafísico. Ahora pasamos a la consideración de ciertas leyes naturales que han sido establecidas después de una gran serie de experimentos y observaciones, su significado completo se volverá más claro cuando veamos su aplicación a los principios generales que han ocupado hasta este momento nuestra atención. Los fenómenos de la hipnosis son ahora totalmente reconocidos como hechos científicamente establecidos y cuestionar su credibilidad sería totalmente superfluo. Dos grandes escuelas de medicina se han fundado sobre estos hechos, y en algunos países se ha vuelto materia de discusión legislativa especial. La pregunta ante nosotros hoy en día, no es acerca de la credibilidad de los hechos, sino de las deducciones y conclusiones apropiadas que podamos extraer de ellos. La apreciación correcta de estas conclusiones es una de las ayudas más valiosas que pueda hacer el científico mental, ya que confirma las conclusiones puramente de razonamiento a priori por un orden de instancias experimentales que coloca la verdad de éstas más allá de la duda.

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La gran verdad que la ciencia del hipnotismo ha traído a la luz, es la naturaleza dual de la mente humana. Ha existido mucho conflicto entre diversos escritores acerca de que si esta dualidad es el resultado de la presencia de dos mentes separadas en un hombre, o es la acción de la misma mente empleándose de diferentes funciones. Ésta es una de esas distinciones sin una diferencia clara que afectan enormemente el camino a la verdad. Una persona necesita su individualidad para ser verdaderamente un ser humano, así que el resultado neto es el mismo, ya sea que concibamos sus diferentes modos de acción metal como si provinieran de mentes separadas (por decirlo así) en el hilo de su individualidad única y cada una adaptada a un uso en particular, o como funciones distintas de la misma mente; en cualquier caso estamos lidiando con una individualidad, y como quiera que imaginemos la mecánica de este funcionamiento mental, es meramente cuestión de cual será la imagen que nos revele su acción mas claramente. Por lo tanto, por conveniencia del tema, hablaré en estas lecciones de esta acción dual como si procediera de dos mentes, una externa y una interna, la interna la llamaremos la mente subjetiva y la externa la mente objetiva, ya que estos son lo nombres reconocidos más frecuentemente dentro de la literatura que trata estos temas. Una larga serie de experimentos cuidadosos realizados por observadores de reconocida reputación mundial, ha establecido diferencias contundentes entre la mente subjetiva y la mente objetiva que podríamos enunciarlas de la siguiente manera: La mente subjetiva sólo puede razonar deductivamente y no inductivamente, mientras que la mente objetiva lo puede hacer de las dos formas. El razonamiento deductivo es el silogismo puro que demuestra, por qué una tercera proposición debe de resultar necesariamente si asumimos las otras dos, aunque no nos ayuda a determinar si las dos declaraciones iniciales son verdaderas o no.

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La esfera del razonamiento inductivo es determinar la verdad por medio de conclusiones basadas en la observación de una serie de diversos hechos. La relación entre los dos modos de razonar consiste en observar primero un suficiente número de ejemplos para llegar inductivamente a la conclusión de que cierto principio es aplicable en general. Después, entrar al proceso deductivo asumiendo la verdad de este principio y determinar el resultado a seguir en un caso determinado, según la hipótesis de su verdad. El razonamiento deductivo procede de asumir la veracidad de cierta hipótesis o suposiciones con las que se expresa el silogismo; no se interesa en la veracidad o falsedad de dichas suposiciones, sino sólo con la cuestión que surgirá si suponemos su veracidad. El razonamiento inductivo es el proceso a través del cual comparamos entre sí un número de instancias separadas hasta ver el factor común que les dio su razón de ser. La inducción surge al comparar distintos hechos, y la deducción al aplicar principios universales. Por lo tanto, la mente subjetiva únicamente sigue el método deductivo. Múltiples experimentos practicados en personas dentro del estado hipnótico han demostrado que la mente subjetiva es incapaz de seleccionar y comparar, lo que es indispensable para el proceso inductivo, pero acepta cualquier sugerencia, no importa qué tan falsa sea, pero habiendo aceptado la sugestión deduce las conclusiones en forma estrictamente lógica y opera sobre cualquier sugestión hasta la mínima fracción de aquellos resultados que le corresponden. Como consecuencia de esto, se deduce que la mente subjetiva está completamente bajo el mando de la mente objetiva. Con suma fidelidad ella reproduce y elabora cualquier cosa que la mente objetiva imprime en ella hasta sus últimas consecuencias; los hechos del hipnotismo, demuestran que las ideas pueden ser impresas en la mente subjetiva por la mente objetiva de otro, así como también por la suya propia. Esto es un punto muy importante, ya que todos los fenómenos de

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sanación dependen de esta obediencia a la sugestión del pensamiento de otro, ya sea presente o ausente, de telepatía o algo parecido. Bajo el control del practicante del hipnotismo la personalidad del sujeto se modifica de momento; él cree ser cualquier cosa que el hipnotista le dice que es; es un nadador nadando en las olas del mar, un ave volando en el aire, un soldado en los tumultos de batalla, un indio rastreando a su víctima. Mientras esté bajo la influencia del hipnotista, actúa aquello que se le sugiere con gran exactitud. Pero los experimentos de hipnotismo van más allá de esto, y demuestran la existencia en la mente subjetiva de poderes mayores que trascienden cualquier poder ejercido por la mente objetiva por medio de los sentidos físicos; poderes tales como la habilidad de leer el pensamiento, transferencia de pensamientos, clarividencia y otros parecidos, los cuales se manifiestan frecuentemente cuando el paciente se encuentra bajo el estado de hipnosis. Tenemos prueba experiencial de la existencia en nosotros de facultades trascendentes, las cuales en pleno desarrollo y control concientizado nos podrían poner perfectamente en una nueva esfera de la vida. Pero debe de ser entendido que el control debe de ser nuestro y no ejercido por ninguna otra inteligencia externa ya sea de ésta u otra dimensión. Pero tal vez el hecho más importante que los experimentos hipnóticos han demostrado que la mente subconsciente es la constructora del cuerpo. La entidad subjetiva en el paciente es capaz de diagnosticar el carácter de la enfermedad que padece y de señalar remedios, indicando un conocimiento psicológico que puede exceder aquel del médico más entrenado, y también de entender las correspondencias entre las condiciones de la enfermedad de los órganos del cuerpo y los remedios materiales que apoyan el alivio. Y desde aquí sólo estamos a un paso de esas numerosas instancias en donde se dispensa completamente del uso de remedios materiales y trabaja en sí directamente en el organismo, para que la restauración completa de la salud se dé como resultado de las sugestiones de salud perfecta hechas por el hipnotizador al paciente mientras permanecía en estado hipnótico. Estos son hechos completamente establecidos completamente en cientos de experimentos conducidos por una variedad de

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investigadores en diferentes partes del mundo. De ellos podemos extraer dos inferencias de importancia mayor: una es que la mente subjetiva es absolutamente impersonal y la otra que es la constructora del cuerpo, o en otras palabras es el poder creativo en el individuo. Que la mente subjetiva es impersonal en sí misma se demuestra por su disponibilidad de asumir cualquier personalidad que el hipnotista escoge imprimir sobre ella. La deducción inevitable es que la personalidad que se proyecta bajo hipnosis en la mente del sujeto hipnotizado proviene de la asociación de su propia mente objetiva con la del hipnotista. Cualquiera que sea la personalidad que la mente objetiva imprima sobre ella, será la personalidad sobre la que ésta actúe y asuma; y ya que es la constructora del cuerpo, construirá un cuerpo en correspondencia con la personalidad impresa sobre ella. Estas dos leyes de la mente subconsciente forman los cimientos del axioma que establece que nuestro cuerpo representa el cúmulo de nuestras creencias. Si nuestra creencia firme es que nuestro cuerpo está sujeto a todo tipo de influencias fuera de nuestro control, y que un síntoma u otro son influencias incontrolable influencia que operan sobre nosotros, entonces esta es la creencia impresa en la mente subconsciente, que por la ley de su propia naturaleza, la acepta sin discusión y procede a diseñar condiciones físicas que correspondan a esta creencia. De nuevo, si nuestra creencia firme es que ciertos remedios físicos son los únicos medios de sanción, entonces encontramos en esta creencia los cimientos de toda medicina. No hay nada irrazonable en la teoría de la medicina; ella está estrictamente en correspondencia lógica con la medida del conocimiento de aquellos que se apoyan en ella y que pueden asimilarla, y actúa perfectamente de acuerdo con su creencia de que en un gran número de casos la medicina hará bien, pero de que falla en muchos otros casos. Por esto, para aquellos que aún no han alcanzado una percepción más profunda de las leyes de la naturaleza, el agente sanador de la medicina es una ayuda de sumo valor para aliviar cualquier enfermedad. El error a combatir, no es la creencia de que la medicina es capaz de hacer el

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bien por sí sola, sino el error de que no existe un modo más sutil o mejor. Entonces, siguiendo el mismo principio, si entendemos que la mente subconsciente es la constructora del cuerpo, y que el cuerpo no está sujeto a influencia alguna, exceptuando aquellas influencias que alcanzan su mente subconsciente, entonces lo que debemos hacer es imprimir esto sobre la mente subconsciente y pensar habitualmente acerca de ella como la fuente de Vida perpetua que está renovando continuamente el cuerpo, construyendo a través de material sano y fuerte, y en la independencia más completa de cualquier tipo de influencia, excepto de aquellas que deseamos imprimir sobre nuestra mente subconsciente por nuestro propio pensamiento. Cuando hayamos comprendido completamente estas consideraciones, veremos que es tan fácil exteriorizar condiciones sanas del cuerpo, como lo contrario. Prácticamente el proceso equivale a una creencia en nuestro propio poder de vida; y ya que esta creencia, de ser domiciliada dentro de nosotros, necesariamente producirá un cuerpo sano correspondiente, no debemos escatimar cualquier esfuerzo alguno que nos convenza que existen bases suficientes y razonables que la sostienen. El sostenimiento de una base sólida a esta convicción es el propósito de la Ciencia Mental. V. MÁS CONSIDERACIONES RELACIONADAS CON LA MENTE SUBJETIVA Y OBJETIVA Una consideración inteligente acerca del fenómeno del hipnotismo nos muestra que lo que llamamos estado hipnótico es el estado normal de la mente subjetiva. Siempre se concibe a sí misma con relación a alguna sugestión que se le dé (consciente o inconscientemente) al modo objetivo que la gobierna, y sus resultados externos emergen correspondientemente. La naturaleza anormal de las condiciones inducidas por el hipnotismo experimental, es causada al remover el control normal que sostiene la mente objetiva del individuo sobre su mente subjetiva, y sustituirlo por

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otro control. Es así que podemos decir que la característica normal de la mente subconsciente es su acción perpetua de concordancia ante algún tipo de sugestión. Se vuelve entonces una cuestión de importancia muy elevada, el determinar en cada caso, la naturaleza contenida en la sugestión, y cuál es la fuente de su origen; pero antes de considerar las fuentes de la sugestión debemos de entender más profundamente el lugar que ocupa la mente subjetiva en el orden de la naturaleza. Si el lector ha entendido lo que se ha dicho hasta ahora acerca de la presencia de un Espíritu inteligente que prevalece a través del espacio y que permea toda la materia, no tendrá dificultad ahora en reconocer este espíritu - que lo trasciende todo, como la mente subjetiva universal. Es obvio que no puede, como mente universal tener las cualidades de la mente objetiva. La mente universal es el poder creativo de la Naturaleza; y como poder originador, debe primero de crear las formas variadas dentro de las cuales la mente objetiva reconoce su individualidad, antes de que estas mentes individuales puedan reaccionar a ella; y por lo tanto, como espíritu puro o primera causa, no puede ser nada más que mente subjetiva; Y el hecho, que ha sido abundantemente probado por experimentación es, que la mente subjetiva es la constructora del cuerpo, nos muestra que el poder de crear a través del crecimiento interior, es la característica esencial de la mente subconsciente. Con ambos, tanto experimentación como razonamiento a priori, puede decirse que dondequiera que encontremos el poder creativo trabajando, nos encontramos percibiendo la mente subjetiva, ya sea trabajando en la gran escala del cosmos, o en la escala miniatura individual. Podemos así establecer como un principio el hecho de que la inteligencia que todo lo trasciende (la que consideramos en la segunda y tercera sesión) es puramente mente subjetiva, y sigue la ley de la mente subjetiva, es decir, que es moldeable a cualquier sugestión, y que llevará cualquier sugestión que sea impresa en ella hasta su consecuencia más lógica y rigurosa. La incalculable importancia de esta verdad, quizás no impresione al lector a primera vista, pero una pequeña consideración le mostrará las enormes posibilidades que ella contiene, y en la sección de conclusiones tocaré brevemente las serias conclusiones que resultan de

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ésta. Por el momento será suficiente entender que la mente subjetiva en nosotros es la misma mente subjetiva que está trabajando a través del universo dando vida a la infinidad de formas naturales de las cuales estamos rodeados, y que de forma similar, también nos está dando vida a nosotros mismos. Se le puede llamar la sostenedora de nuestra individualidad; y podemos hablar libremente de nuestra mente subjetiva como nuestra parte personal dentro de la mente universal. Esto, por cierto, no quiere decir que la mente universal esté dividida en fracciones, y es para evitar ese error que he discutido la unidad esencial del espíritu en la tercera sección; pero para evitar concepciones elevadamente abstractas al lector principiante, usaremos por conveniencia la idea de una parte personal dentro de la mente universal subjetiva. Comprender nuestra mente subjetiva individual de este modo, nos ayudará mucho a sobrepasar la dificultad metafísica que confronta nuestro entendimiento consciente, del uso de la primera causa, en otras palabras el crear resultados externos a través del uso de nuestro propio pensamiento. A fin de cuentas, solamente puede existir una primera causa la cual es la mente universal, pero dado que es universal no puede, siendo universal, actuar en el plano de lo individual y particular. Para que ella lo fuese, tendría que dejar de ser universal y por lo tanto dejar de ser el poder creativo que deseemos usar. Por otra parte, el hecho de que estamos trabajando por un objetivo específico definido implica nuestra intención de usar este poder universal para aplicarlo a un propósito en particular, es así que nos vemos involucrados en la paradoja de tratar de hacer el acto universal en el plano de lo particular. En la balanza de la naturaleza, queremos efectuar un cruce entre los dos extremos, el espíritu creativo profundo y la forma particular externa. Entre estos dos existe un abismo, y la cuestión es, cómo construir un puente entre ellos. Entonces, es aquí, que la concepción de nuestra mente subjetiva individual como nuestra parte de la mente subjetiva universal, provee los medios para confrontar la dificultad, ya que por una lado está en conexión inmediata con la mente universal y por el otro está en contacto inmediato con el objetivo individual, o mente intelectual; y

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ésta, por su parte, se localiza en el tiempo y el espacio. Por lo tanto, la relación entre la mente subjetiva y la mente objetiva en el individuo forma el puente que es necesario para conectar los dos extremos de la balanza. La mente subjetiva individual puede ser entonces considerada precisamente como el órgano del Absoluto, de la misma manera que la mente objetiva es el órgano de lo Relativo, y es para que regulemos nuestro uso de estos dos órganos, que debemos entender lo que significan los términos "absoluto" y "relativo". El absoluto es aquella idea de una cosa que se contempla existiendo en sí misma y no con relación a otra cosa, es decir, que contempla su esencia; Y lo relativo, es aquella idea de una cosa que se contempla con relación a otras cosas, es decir circunscrita por un cierto medio. El absoluto es la región de las causas, y lo relativo es la región de las condiciones; y por lo tanto, si deseamos controlar las condiciones, podemos lograrlo sólo a través de nuestro poder de pensamiento en el plano de lo absoluto; lo que podemos hacer solamente a través del medio de la mente subjetiva. El uso consciente del poder creativo del pensamiento consiste en obtener el poder de Pensar en lo Absoluto, y esto sólo se puede alcanzar por medio de una clara concepción de la interacción entre nuestras diferentes funciones mentales. Por esta razón, el estudiante debe recordar enfáticamente la idea de que la mente subjetiva, en cualquier escala, es sensitiva intensamente a la sugestión, y que como poder creativo, trabaja con exactitud para materializar en el mundo externo la sugestión que se imprima más fuertemente sobre ella. Entonces, si tomamos cualquier idea fuera del ámbito de lo relativo, donde está limitada y restringida por las condiciones impuestas sobre ella por las circunstancias que la rodean, y la transferimos al ámbito de lo absoluto, donde no está limitada, un reconocimiento correcto de nuestra constitución mental nos permitirá hacer esto por medio de un método claro y definido. El objeto de nuestro deseo, es necesariamente concebido primero por nosotros, como relacionado a circunstancias existentes, que pueden o no, parecer favorables a él; y lo que queremos eliminar es lo imprevisto, y obtener algo que es seguro en sí mismo. Para lograr esto, hay que trabajar en el medio de lo absoluto, y para este propósito debemos de

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trabajar en imprimir en nuestra mente subconsciente la idea de aquello que deseamos, y hacerlo dejando totalmente aparte cualquier condición. Esta separación de los elementos de condición, implica la eliminación de la idea de tiempo, y consecuentemente debemos de pensar en la cosa como ya realizada y existente. Si no hacemos esto, no estaremos operando conscientemente sobre el plano de lo absoluto, y no estaremos empleando el poder creativo de nuestro pensamiento. La forma más sencilla de obtener el hábito de pensar de esta manera, es concebir la existencia en el mundo espiritual, de un prototipo espiritual de todo aquello que existe, el cual se convierte en el molde de la existencia externa correspondiente. Si nos habituamos a ver al prototipo espiritual como el ser esencial de la cosa, y la forma material como el desenvolvimiento de este prototipo en la manifestación exterior, entonces veremos que el paso inicial para la producción de cualquier hecho externo, debe de ser la creación de su prototipo espiritual. Este prototipo, siendo puramente espiritual, puede ser formado solamente por la operación del pensamiento, y para que tenga substancia en el plano espiritual debe de ser pensado como ya existente ahí. Esta concepción ha sido elaborada por Platón en su doctrina de ideas arquetípicas, y por Swedenborg en su doctrina de correspondencia; y de forma aún más elevada el gran maestro, "Por eso les digo: que todo lo que pidan en la oración, crean que ya lo han recibido, y lo recibirán". (Marcos 11:24 y Mateo 21:22) La diferencia de tiempos verbales en este pasaje es extraordinaria. El autor nos pide que primero creamos que nuestro deseo ya ha sido concedido, que ya es algo consumado, y que su logro seguirá como algo seguro en el futuro. Esto no es nada más que el uso del poder creativo del pensamiento en una dirección específica, imprimiendo la mente universal subjetiva con aquella cosa en particular que deseamos como un hecho ya existente. Al seguir esta dirección estamos pensando en el plano de lo absoluto y eliminando de nuestras mentes toda consideración a condiciones externas que impliquen limitación o la posibilidad de contingencias adversas; así estamos plantando una semilla que si la dejamos ininterrumpida, germinará infaliblemente en su manifestación externa.

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Haciendo uso inteligente de nuestra mente subconsciente, creamos un núcleo, por llamarlo así, que en cuanto es creado, comienza a ejercer una fuerza de atracción, que atrae todo aquel material correspondiente, y si a este proceso se le permite seguir ininterrumpido, continuará hasta que una forma externa correspondiente a la naturaleza del núcleo se manifieste en el plano objetivo y relativo. Éste es el método que la Naturaleza utiliza universalmente en todo plano. Algunos de los pensadores más avanzados en la ciencia física, en su deseo de comprobar el gran misterio del origen del mundo, han postulado lo que ellos llaman la formación de "anillos vortex" formados por una substancia primordial infinitamente fina. Nos dicen que si dicho anillo fuera formado en la escala más diminuta y se hiciera rotar, entonces, al estar rotando en puro éter y no expuesto a ninguna fricción, debería, de acuerdo a todas las leyes físicas conocidas, de ser indestructible y de movimiento perpetuo. Al permitir que dos de estos anillos se aproximaran uno al otro, se unirían por medio de la ley de atracción, y así sucesivamente hasta formar la materia manifiesta, tal como la conocemos con nuestros sentidos externos. Por supuesto que nadie ha visto estos anillos con los ojos físicos. Son una de esas abstracciones que resultan si seguimos las leyes de la física observada y las secuencias matemáticas a sus consecuencias necesarias inevitables. No podemos responsabilizarnos por las cosas que podemos ver, a menos que asumamos la existencia de otras cosas que no podemos ver; y la "teoría del Vortex" es una de estas suposiciones. Esta teoría no se ha establecido por científicos mentales, sino puramente por científicos físicos. Es la conclusión final, a la que sus investigaciones los han llevado, y su conclusión es que todas las formas innumerables de la naturaleza tienen su origen en el núcleo, infinitamente minúsculo, del anillo del vortex, por cualquier medio que él haya recibido su impulso inicial. Una cuestión que no le interesa a la ciencia física es el medio a través del cual el vortex recibió el impulso inicial. Así como la teoría del vortex reconoce la formación del mundo inorgánico, la biología reconoce la formación de organismos vivos. Ellos también tienen su origen en un núcleo primordial el cual, al establecerse, opera como un centro de atracción para la formación de todos esos órganos físicos de los cuales está compuesto el individuo perfecto. La ciencia de la embriología muestra que esta regla es válida

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sin excepción, en todo el mundo animal, incluyendo al humano; y la botánica nos enseña, cómo el mismo principio trabaja dentro de todo el mundo vegetal. Todas las ramas de la ciencia física demuestran el hecho que toda manifestación, de cualquier especie y en cualquier escala, es iniciada por el establecimiento de un núcleo, infinitamente pequeño pero dotado por una energía de atracción inquebrantable, causando su incremento constante de poder y definición de propósito, hasta que el proceso de crecimiento es consumado o la forma madura se expresa como un hecho consumado. Ahora si éste es el método universal de la naturaleza, no es nada difícil suponer que su operación se inicia en un estado bastante anterior al de la formación del núcleo material. Tan pronto este es llamado a ser, comienza a operar por la ley de atracción en el plano material; ¿pero cuál es la fuerza que origina al núcleo material? Dejemos que nos dé la respuesta un trabajo reciente en la ciencia física; "En su esencia primordial, la energía puede ser incomprensible por nosotros, excepto como una exhibición de la operación directa por aquello que llamamos Mente o Voluntad." Esta cita es de un curso de conferencias acerca de "Las ondas en las Aguas, Aire y Éter," dada en 1902, en el Instituto Real, por J. A. Fleming. Éste es pues, el testimonio de la ciencia física, de que la energía originadora es Mente o Voluntad; y estamos entonces, no sólo haciendo una deducción lógica de ciertas intuiciones de la mente humana, sino que también estamos siguiendo las líneas de la ciencia física más avanzada, cuando decimos que la acción de la Mente planta ese núcleo, el cual, si se le permite crecer ininterrumpido, eventualmente atraerá a sí todas las condiciones necesarias para su manifestación en la forma visible exterior. La única acción de la Mente es el Pensamiento; y es por esta razón que por medio de nuestros pensamientos creamos condiciones externas correspondientes, porque creamos el núcleo que atrae a sí sus propios equivalentes en perfecto orden hasta que el trabajo final se manifiesta en el plano externo. Esto está de acuerdo estrictamente con la concepción científica de la ley universal del crecimiento; Y podemos brevemente resumir todo el argumento, diciendo que cualquier pensamiento nuestro, crea un

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prototipo espiritual de él mismo que constituye un núcleo, o centro que atrae todas las condiciones necesarias para su eventual materialización en el mundo externo, gracias a la ley de crecimiento inherente en el mismo prototipo. VI LA LEY DEL CRECIMIENTO El entender correctamente la Ley de Crecimiento es de la más alta importancia para el alumno de la Ciencia de la Mente. El gran hecho que debe comprenderse con respecto a la Naturaleza es que es natural. Podremos pervertir el orden de la Naturaleza, pero éste prevalecerá a la larga, regresando, como dijo Horacio, por la puerta trasera, aun cuando lo saquemos con trinchete; y el principio, el medio y el fin de la ley de la Naturaleza, es el principio de crecimiento que proviene de una vitalidad inherente en la entidad misma. Si entendemos esto desde el comienzo, no destejeremos nuestro propio trabajo, al empeñarnos en forzar que las cosas se conviertan en aquello que por su misma naturaleza no son. Por esta razón, cuando la Biblia dice que "aquel que cree, no se apresurará" enuncia un gran principio natural: que el éxito depende de que nosotros usemos la ley universal del crecimiento, y no de que la opongamos.. Sin duda, entre mas vitalidad le pongamos al germen, el cual hemos acordado llamar el prototipo espiritual, más rápido germinará; pero esto se debe simplemente a que, con una concepción más entendida le pondremos más poder de crecimiento a la semilla que lo que le pondríamos si tuviéramos una concepción más débil. Nuestros errores, eventualmente, siempre pueden rastrearse a nuestra falta de confianza en la ley de crecimiento. O a veces creemos que la podemos acelerar con alguna coerción exterior de nuestra parte, lo que nos lleva a la prisa y a la ansiedad, por no decir que a veces nos lleva al empleo de métodos terriblemente equivocados. Otras veces renunciamos a toda esperanza y así negamos el poder de germinarse que tenía la semilla que plantamos. El resultado es el mismo, ya que en ambos casos estamos en efecto, formando un prototipo espiritual nuevo, de características opuestas a nuestro deseo, lo que así neutraliza el primer deseo formulado y lo desintegra y usurpa su lugar. La ley es siempre la misma, la ley de que nuestro Pensamiento forma un prototipo

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espiritual que, si se deja en paz, se reproducirá a sí mismo en circunstancias externas; la única diferencia está en el tipo de prototipo que formemos, y así, el mal nos llega precisamente a través de la misma ley que nos brinda el bien. Estas consideraciones simplificarán en gran medida nuestras ideas acerca de la vida. Ya no hemos de considerar dos fuerzas, sino solamente una, como la causa de todas las cosas; la diferencia entre el bien y el mal es simplemente el resultado de la dirección en la cual esta fuerza se haga fluir. Es ley universal que si revertimos la acción de una causa, al mismo tiempo revertimos su efecto. El mismo aparato que encendemos con mociones mecánicas produce electricidad, o lo podemos encender con electricidad y producir mociones mecánicas; o aritméticamente, si 10 entre 2 =5 entonces 10 entre 5=2, y entonces, si hemos de reconocer que el poder del pensamiento produce cualquier resultado, veremos que la ley, por la cual el pensamiento negativo produce resultados negativos, es la misma por la cual el pensamiento positivo produce resultados positivos. Por lo tanto, toda nuestra desconfianza en la Ley de crecimiento, ya sea que se demuestre en la ansiosa tarea de presionar desde el exterior, o en permitir que la desesperación tome el lugar de la gozosa expectación, revierte la acción de la causa original y consecuentemente revierte la naturaleza de los resultados. Es por esta razón que la Biblia, el cual es el libro más profundamente esotérico de todos, continuamente se hace tanto énfasis sobre la eficiencia de la fe y la destructiva influencia de la incredulidad; y de la misma manera, todos los libros de cualquier rama de la ciencia espiritual nos avisan continuamente contra la admisión de dudas o miedo. Son lo inverso del principio que construye y por lo mismo son el principio que destruye; sin embargo, la Ley en sí misma no cambia jamás, y la Ciencia de la Mente se basa en la inmutabilidad de la Ley. Estamos acostumbrados a entender la inmutabilidad de la ley natural en nuestra vida diaria, y por lo mismo, no debería ser difícil comprender que esa misma inmutabilidad de la ley, que obtiene resultados en el lado visible de la naturaleza, lo hace también en el lado invisible. El factor variable no es la ley, sino nuestra propia voluntad; y es al combinar este factor variable por el invariable, que podemos producir los diversos resultados que deseamos. El principio de

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crecimiento en la semilla es uno de inherente vitalidad, y el trabajo que el jardinero tiene es paralelo al trabajo que se hace en la Ciencia mental. Nosotros no ponemos la vitalidad auto-expansiva en la semilla, pero necesitamos sembrarla y también, por así decirlo, alimentarla con la contemplación callada y concentrada de nuestro deseo como si fuera un hecho ya consumado. Sin embargo, debemos remover cuidadosamente de dicha contemplación la idea de cualquier esfuerzo intenso de nuestra parte para hacer que la semilla crezca. Su eficacia consiste en ayudar a eliminar esos pensamientos negativos de duda que plantarían cizaña en nuestro trigo, y por lo tanto, en lugar de algo extenuoso, tal contemplación debe estar acompañada por una sensación de placer y descanso al prever la segura obtención de nuestros deseos. Esto es lo que el apóstol Pablo recomienda, el dar a conocer nuestras peticiones a Dios con gratitud, y su razón de ser reside en la perfecta totalidad de la Ley del Ser que solamente necesita nuestro reconocimiento de ella para que la usemos de cualquier manera que queramos. Algunas personas poseen el poder de la visualización, o de hacer imágenes mentales de las cosas, en un nivel más avanzado que otras, y tal facultad pueden emplearse ventajosamente para facilitar la realización de las operaciones de la Ley. Pero aquellos que no poseen tal facultad de manera notable, no necesitan descorazonarse por su falta de ésta, ya que la visualización no es la única manera de realizar o comprender que la ley opera en el plano invisible. Aquellos cuyo sesgo mental sea hacia la ciencia física deberán comprender esta Ley de Crecimiento como la fuerza creativa que aparece a través de toda la naturaleza; y aquellos que tengan una mente matemática pueden pensar que todos los sólidos se generan a partir del movimiento de un punto, el cual, como dijo Euclides, es aquello que no tiene ni partes ni magnitud y es, por lo tanto, una abstracción tan completa como podría serlo cualquier núcleo espiritual. Para usar las palabras del apóstol Pablo, estamos tratando con la sustancia de las cosas que no se ven, y tenemos que adquirir el hábito mental a través del cual podremos ver su realidad y sentir que estamos manipulando mentalmente la única sustancia que existe, y de la cual todas las cosas visibles no son más que diferentes modos. Por lo tanto, debemos ver nuestras creaciones mentales como realidades espirituales, y después, confiar implícitamente en la Ley de Crecimiento para que haga el resto.

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VII RECEPTIVIDAD Para poder sentar las bases del trabajo práctico, el alumno debe esforzarse por obtener una concepción clara de lo que quiere decir la inteligencia del espíritu indistinto, o no diferenciado. Queremos comprender la idea de inteligencia aparte de la idea de individualidad, esta es una idea que nos elude hasta que nos acostumbramos a ella. Es la falta de comprensión de esta cualidad del espíritu lo que ha dado pie a todos los errores teológicos que tanta amargura han traído al mundo y que han sido las causas primordiales del retraso del verdadero desarrollo de la humanidad. El transmitir adecuadamente este concepto en palabras, es tal vez imposible, y el intentar definirlo es introducir la idea misma de limitación que queremos evitar. Es una cuestión de sentimiento más que de definición; sin embargo, si hemos de encontrarla, algo de esfuerzo debe dedicarse para indicar la dirección en la cual debemos sentir esta gran verdad. La idea es comprender la personalidad sin ese estado de identidad con el yo (ego), que diferencia a una persona de la otra. "Yo no soy aquel otro por que soy yo mismo" esta es la definición del yo (ego) individual; pero necesariamente imparte la idea de limitación, porque el reconocimiento de cualquier otra individualidad, afirma a la vez el punto donde nuestra propia individualidad cesa y la otra comienza. Este modo de reconocimiento no puede atribuírsele a la Mente Universal. Que ésta reconociera un punto donde ella misma cesara y algo más tuviera su comienzo sería el reconocerse a sí misma como no universal; como el significado de la universalidad es la inclusión de todas las cosas, por lo tanto, que esta inteligencia reconociera cualquier cosa como algo que tiene su ser fuera de ella misma, sería una negación de su propio ser. Por lo tanto, podemos decir que, cualquiera que sea la naturaleza de esta inteligencia, debe estar enteramente desprovista del elemento de auto reconocimiento como personalidad individual en cualquier medida. Al verlo en esta luz queda claro desde el principio que el espíritu originador que todo lo permea es el gran principio impersonal de la Vida que da cabida a todas las manifestaciones particulares de la Naturaleza. Su absoluta impersonalidad, en el sentido de completa ausencia de cualquier consciencia del yo individual es un punto en el

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cual es imposible insistir demasiado. El atribuirle una imposible individualidad a la Mente universal es uno de los dos grandes errores que encontramos que erosionan los fundamentos de la religión y la filosofía de todas las edades. El otro consiste en apresurarnos al extremo opuesto y negar la cualidad de inteligencia personal a la mente Universal. La respuesta a este error, como en antaño, es la sencilla pregunta: "¿Aquel que hizo al ojo no habrá de ver? ¿Aquel que implanto el oído, no habrá de escuchar?" O para usar un dicho popular "No puedes sacar de una bolsa más de lo que hay en ella"; y por consecuencia, el hecho de que nosotros mismos somos centros de esta inteligencia personal es prueba de que el infinito, del cual se concentran estos centros, debe ser inteligencia infinita, y así no podemos evitar atribuirle los dos factores que constituyen la personalidad, es decir, inteligencia y voluntad. Por lo tanto llegamos a la conclusión de que esta esencia universalmente difundida, de la cual podemos pensar como una especie de protoplasma espiritual, debe poseer todas las cualidades de la personalidad, sin el reconocimiento consciente de sí mismo que constituye la individualidad separada: y dado que la palabra "personalidad" se ha asociado en nuestra plática diaria tan cercanamente a la idea de "individualidad", será tal vez mejor acuñar un término nuevo, y hablar de la no-personalidad de la Mente Universal como personez para indicar su cualidad personal, aparte de la individualidad. Debemos comprender que este espíritu universal permea todo el espacio y toda la sustancia manifiesta, tal como nos dicen los científicos físicos que lo hace el éter. Que donde quiera que esté, ahí debe llevar con él todo lo que es en su propio ser; y así veremos que estamos en medio de un océano de Vida indistinta pero Inteligente, arriba, abajo y por todos lados, impregnándonos tanto mental como corporalmente, y haciendo lo mismo con todos los otros seres. Gradualmente, al ir comprendiendo la verdad de esta declaración, nuestros ojos empezarán a abrirse a su inmenso significado. Significa que toda la Naturaleza está llena de una personez interior, infinita en sus potencialidades de inteligencia, responsividad y poder de expresión y que solamente espera que nosotros la reconozcamos para ponerse en acción. Según los términos de su naturaleza, solamente nos puede responder según la reconozcamos. Si estamos en ese punto intelectual donde no podemos ver otra cosa que la suerte gobernando al mundo, entonces esa mente universal subyacente se nos presentará nada más

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como una confluencia fortuita de fuerzas sin ningún orden inteligible. Si estamos lo suficientemente avanzados como para darnos cuenta que tal confluencia solamente produciría el caos y no el cosmos, entonces nuestro concepto se expande ante la idea de una Ley universal y encontramos que esto es la naturaleza de un principio que todo lo subyace. Hemos avanzado enormemente desde el campo del mero accidente hasta llegar a un mundo donde existen principios definidos en los cuales podemos contar con certeza cuando los conocemos. Pero he aquí el punto crucial. Las leyes del universo están ahí, pero somos ignorantes de ellas y solamente a través de la experiencia obtenida de diversos fracasos podemos obtener revelaciones sobre las leyes con las cuales tenemos que tratar. Cuán doloroso es cada paso y cuán lento el progreso. Millones y millones de años serían insuficientes para entender todas las leyes del universo, no solamente en el mundo visible, sino también en el invisible: cada vez que fallamos por desconocer la ley, implica sufrimiento, causado por nuestra ignorancia de ella; y así, dado que la Naturaleza es infinita, nos topamos con la paradoja de que, de alguna manera, debemos abarcar el conocimiento de lo infinito con nuestra inteligencia individual y debemos peregrinar por una incesante Vía Dolorosa bajo los latigazos de la inexorable Ley hasta que encontremos la solución del problema. Pero se preguntarán: "¿No podemos avanzar hasta que poseamos por fin todo el conocimiento?" La gente no se da cuenta de lo que se quiere decir con infinito, o no harían preguntas tales. Lo infinito es aquello que es ilimitado e inexhausto. Imagina la capacidad más vasta que puedas y habiéndola llenado con el infinito lo que queda del infinito es tan infinito como antes. Para el matemático esto es muy sencillo. Eleva x a la potencia que quieras, y no importa qué tan vasta sea la disparidad entre ésta y las potencias menores a X, ambas son igualmente desproporcionadas con Xn. El reino universal de la Ley es una verdad magnífica; es uno de los dos grandes pilares del universo simbolizados por los dos pilares que estaban a la entrada del templo de Salomón: es Jachin, pero Jachin debe estar equilibrado con Boaz. Es una verdad perdurable que nunca puede alterarse, que cualquier infracción a la Ley de la Naturaleza debe acarrear con ella

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circunstancias punitivas. Jamás podemos ir más allá del rango de causa y efecto. No hay escapatoria de la ley de castigo más que a través del conocimiento. Si conocemos una ley de la Naturaleza y trabajamos con ella, encontraremos que es nuestra amiga constante, siempre dispuesta a servirnos y que jamás nos reclama por errores pasados; pero si la transgredimos ignorante o voluntariamente, se convierte en nuestra implacable enemiga, hasta que una vez más la obedezcamos; y por lo tanto la única redención posible del dolor y de la servidumbre perpetuos, es la auto expansión que pueda comprender el infinito mismo. ¿Cómo puede hacerse esto posible? Por medio de nuestro progreso en ese grado y tipo de inteligencia por el que comprendemos la inherente personez de la Vida divina que todo lo permea, que es a la vez La Ley y Sustancia de todo lo que es. Bien lo dijo el antiguo rabino Judío: "La Ley es una Persona". Una vez que nos damos cuenta de que la Vida universal y la Ley universal son una con la Personez universal, entonces hemos establecido el polar de Boaz que se necesita para complementar a Jachin; y cuando encontremos el punto común en los que se unen estos dos, hemos elevado el Arco Real a través del cual podemos entrar triunfalmente en el Templo. Debemos disociar la Personez Universal de cualquier concepto de individualidad. Lo universal jamás puede ser lo individual; eso sería una contradicción de términos. Pero dado que la personez universal es la raíz de todas las personalidades individuales, encuentra su máxima expresión en la respuesta a aquellos que comprenden su naturaleza personal. Y este es el reconocimiento que soluciona la paradoja aparentemente irresoluble. La única manera en que podemos obtener el conocimiento de Ley Infinita que cambiará la vía Dolorosa por el Sendero de la Alegría es la de incorporar en nosotros un principio de conocimiento conmensurado con la infinidad de aquello que se necesita saber. Esto se logra al comprender que hay una Inteligencia, tan infinita como la ley misma, en medio de la cual flotamos como en un océano. Una Inteligencia sin personalidad individual, pero la cual al producirnos se concentra en las individualidades personales que somos. ¿Cuál debería ser la relación de esa Inteligencia hacia nosotros? No una de favoritismo: siendo Ley no puede respetar a una persona por encima de otra, porque su ser es la raíz y apoyo de todos por igual. No una de rechazo a nuestros avances; ya que carente de individualidad no puede

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tener ningún objetivo personal propio que esté en conflicto con el nuestro; y dado que es en sí misma el origen de toda inteligencia individual, no puede apagársele por la inhabilidad de entenderla. Por los mismos términos de su ser, por lo tanto, esta Mente infinita que todo lo subyace y todo lo produce debe de estar lista inmediatamente para responder a todos aquellos que comprenden su verdadera relación con ella. Como es el principio mismo de Vida, debe ser infinitamente susceptible al sentimiento, y reproducirá consecuentemente, de manera absolutamente fidedigna, cualquier concepto de sí misma que le imprimamos. Por lo tanto, si comprendemos que la mente humana está al punto de la evolución del orden cósmico, en el cual se ha elevado una individualidad capaz de expresar, no sólo la vitalidad, sino la personez del espíritu universal subyacente, entonces veremos, que su modo más perfecto de auto expresión debe ser el identificarse a sí misma con estas personalidades individuales. La identificación, está, por supuesto, limitada por la medida de la inteligencia individual, es decir, no sólo la percepción intelectual de la secuencia de causa y efecto, sino también la indescriptible reciprocidad de sentimiento a por medio del cual reconocemos instintivamente algo en otro que lo hace parecido a nosotros. Es así que, cuando inteligentemente comprendemos que el principio íntimo del ser, debe, a causa de su universalidad, tener una naturaleza común a la nuestra, entonces hemos resuelto la paradoja del conocimiento universal, porque hemos identificado nuestro ser con la Mente Universal, la cual es equiparable con la Ley Universal. Así, llegamos a la verdad de la declaración de San Juan: "Ustedes conocen todas las cosas", sólo que este conocimiento es primariamente del plano espiritual. No se lleva a los enunciados intelectuales se necesiten o no; porque no es en sí mismo el conocimiento específico de hechos particulares, sino el principio indiferenciado de conocimiento el cual podemos diferenciar de cualquier forma que escojamos. Esto es una necesidad filosófica del caso, ya que aunque la acción de la mente individual consista en diferenciar lo universal en aplicaciones particulares, el diferenciar el todo universal sería una contradicción de términos; y así, dado que no podemos agotar el infinito, nuestra

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posesión de éste, debe consistir en nuestro poder de diferenciarlo, según lo requiera la ocasión, siendo el único limite el que nosotros queramos asignarle a la manifestación. De esta manera, el reconocimiento de la comunidad de personalidad entre nosotros y el Espíritu universal indiferenciado (que es la raíz y sustancia de todas las cosas) resuelve la cuestión de nuestra liberación del puño de hierro de una Ley inflexible, no al abolir la Ley, lo que significaría la aniquilación de todas las cosas, sino al producir en nosotros una inteligencia en afinidad con la Ley universal misma, lo que nos permite aprender y llenar los requisitos de la Ley en lo particular, según se vaya dando. Es así que la Inteligencia Cósmica se vuelve individual y la inteligencia individual se torna universal; las dos se vuelven una, y en la proporción en que esta unidad se comprenda y se actúe, se encontrará que la Ley, la cual da lugar a todas las condiciones externas, se vuelve más y más clara de entender, y puede así usarse más libremente, de tal manera que a través de una diligente y estable labor, podemos alcanzar grados de poder a los cuales es imposible asignar límites. El alumno que entienda el razonamiento del desarrollo de sus propias posibilidades no debe cometer errores aquí. Debe comprender que todo el proceso es cuestión de llevar lo universal hacia la esfera de lo individual, y de elevar lo individual al nivel de lo universal, y no viceversa. Es un axioma matemático que no puedes contraer lo infinito, pero que si puedes expandir lo individual; y es precisamente bajo este esquema que funciona la evolución. Las leyes de la naturaleza no pueden ser alteradas en el más mínimo grado; pero podemos llegar a tal comprensión de nuestra relación con el principio universal de la Ley que los subyace, como para poder presionar todas las leyes particulares, ya sean del lado visible o invisible de la Naturaleza a nuestro servicio, y así tornarnos en los amos de la situación. Esto se deberá conseguir a través del conocimiento; y el único conocimiento que efectuará este propósito en toda su inmensurable inmensidad, es el conocimiento del elemento personal en el Espíritu Universal, y de su reciprocidad con nuestra propia personalidad. Nuestro reconocimiento de este Espíritu, debe ser por lo tanto doble, como el principio de secuencia necesario, orden o Ley, y también como el principio de Inteligencia que responde a nuestro propio reconocimiento de ella.

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(Personez: característica carente de personalidad individual u objetiva.) VIII. ACCIÓN RECÍPROCA DE LAS MENTES UNIVERSAL E INDIVIDUAL Debe admitirse que las presentes consideraciones nos llevan a las fronteras de la especulación teológica, pero el estudiante debe tener presente que, como Científico Mental, es de su incumbencia, ver aún el más exaltado fenómeno espiritual desde un punto de vista puramente científico, el cual resulta de la operación de una Ley universal natural. Si de esta manera simplemente trata los hechos según los vaya encontrando, habrá pocas dudas acerca del verdadero significado de muchos enunciados teológicos que se le volverán más claros. Sin embargo, hará bien en sentar como regla general que no es necesario que demos una explicación teológica, ya sea del lado personal o del lado impersonal de la Naturaleza, ni para el uso ni para el entendimiento de la ley; por lo tanto, la cualidad personal inherente en el espíritu universal subyacente (el cual este presente en todas las cosas) no puede sobre enfatizarse; no obstante, debemos recordar que estamos tratando con un poder puramente natural que reaparece en cualquier punto con una variedad proteica* de formas, ya sea como persona, animal o cosa. (Nota del editor: *proteico que cambia fácilmente de formas o de aspecto, como el dios griego Proteus.) En todo caso, en lo que este poder se convierte para el individuo, se mide exactamente a través del reconocimiento de éste por aquel individuo. Para todos y cada uno, conlleva la relación de apoyo de la raza, y ahí donde el desarrollo individual sea incapaz de comprender nada más, será el limite de la relación; Pero al ir expandiéndose el poder de reconocimiento del individuo, encontrará una expansión recíproca de parte de este poder inteligente el cual se desarrollará gradualmente en la consciencia como íntimo compañerismo entre la mente individualizada y su fuente no individualizada.

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Ahora bien, ésta es exactamente la relación que, bajo principios científicos ordinarios, debemos esperar encontrar entre el individuo y la mente cósmica, en el supuesto de que la mente cósmica sea mente subjetiva y que, por las razones que ya se han dado, no la podamos ver bajo ninguna otra luz. Como mente subjetiva debe reproducir exactamente la concepción de sí misma que la mente objetiva del individuo le imprime, al actuar a través de su propia mente subjetiva; y al mismo tiempo, como mente creativa, construir factores externos en correspondencia con este concepto. Quot homines tot sententioe: Cada cual exterioriza, precisamente en sus circunstancias exteriores su idea de la Mente Universal; y el hombre que comprenda que a través de la ley natural de la mente puede llevar a la Mente Universal a una acción perfectamente recíproca con la suya, la hará una fuente infinita de instrucción y una fuente infinita de poder. Así, él alternará sabiamente los aspectos personales e impersonales respectivamente entre su mente individual y la Mente Universal; cuando busque guía o fuerza, él contemplará a su propia mente como el elemento impersonal el cual recibirá personalidad de la sabiduría y fuerza superiores de la Gran Mente; y cuando por otra parte, él tenga que dar esas reservas así acumuladas, deberá revertir la posición y considerar a su propia mente como el elemento personal, y a la Mente Universal como el elemento impersonal, el cual podrá por lo tanto dirigir con certeza al imprimirle su propio deseo personal. No necesitamos asombrarnos con la grandeza de esta conclusión, ya que se llega a ella naturalmente, por la relación entre las mentes subjetiva y objetiva; y la única pregunta es si limitaremos nuestra visión al nivel más bajo de la objetiva, o lo expandiremos de manera que asumamos las ilimitadas posibilidades que nos presenta la mente subjetiva. He lidiado con esta cuestión largamente porque nos provee la llave de dos temas muy importantes, la Ley de Provisión (Divina Providencia) y la naturaleza de la Intuición. Los estudiantes a veces encuentran que es más fácil entender más fácilmente cómo la mente puede influir al cuerpo con el cual está tan íntimamente asociado, pero encuentran más difícil entender cómo puede influir a las circunstancias. Si la operación del poder del pensamiento estuviese confinada exclusivamente a la mente individual esta dificultad podría surgir; pero si hay una lección

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que la Ciencia Mental debe aprender de memoria más que ninguna otra, es que la acción del poder del pensamiento no está limitada a una individualidad circunscrita. Lo que hace el individuo es únicamente darle dirección a algo que es ilimitado, es llamar a la acción una fuerza infinitamente mayor que la suya, la cual, dado que es en sí misma impersonal aunque inteligente, recibirá la impresión de su personalidad y podrá por lo tanto hacer sentir su influencia más allá de los límites que limitan la percepción objetiva del individuo sobre las circunstancias con las que tiene que lidiar. Por esta razón enfatizo la combinación de dos aparentes opuestos en la Mente Universal: La unión de la cualidad de inteligencia con la cualidad de lo impersonal. La inteligencia no solo le facilita recibir la impresión de nuestro pensamiento, también le da causa para que divise exactamente los medios correctos para lograrlo. Este es solamente el resultado lógico de la hipótesis de que estamos tratando con una Inteligencia infinita que también es Vida infinita. Vida significa Poder, y vida infinita, entonces significa poder ilimitado; y un poder ilimitado activado por inteligencia infinita no puede concebirse interrumpido jamás por falta de recursos para alcanzar el logro de su objeto; es así, que recibiendo la intención de la mente Universal, no puede haber duda de su logro final. Después viene la pregunta de intención. ¿Cómo sabemos cual es la intención de la mente Universal? Aquí llega el elemento de impersonalidad. No tiene intención, por que es impersonal. Como ya lo dije, la mente Universal trabaja por medio de una ley de porcentajes para el avance de la raza, y no está preocupada por los deseos en particular del individuo. Si sus deseos están alineados con el movimiento evolutivo del principio eterno, no hay lugar en la Naturaleza, ni poder alguno, que pueda restringir su logro. Si se encuentran en oposición al movimiento evolutivo general, lo traerán a un choque con él. De la relación entre ellos, resulta que el mismo principio que se muestra en la mente individual como Voluntad, se convierte en una Ley de Tendencia en la mente universal; y la dirección de esta tendencia debe ser siempre la de donadora de Vida, porque la mente universal es el espíritu indiferenciado del universo. Por lo tanto, en cada caso, la prueba es la de si nuestra intención particular va en la misma dirección vital; y si así es, entonces podremos estar

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absolutamente seguros de que no hay intención por parte de la mente universal de oponerse a la intención de nuestra mente individual; estamos tratando con una fuerza puramente impersonal, y no se opondrá con planes suyos o propios, como tampoco lo harían el vapor o la electricidad. Combinando así estos dos aspectos de le Mente Universal, su impersonalidad y su inteligencia perfecta, encontramos precisamente el tipo de fuerza natural que necesitamos, algo que sobrellevará cualquier cosa que pongamos en sus manos sin que se nos hagan preguntas o se regateen términos, y habiendo tomado nuestro asunto, dará a éste una inteligencia en donde el conocimiento unido de la raza humana es insignificante, y ofrecerá un poder equivalente a su inteligencia. Quizá esté usando una expresión muy directa y cruda, pero mi objetivo es proporcionarle al estudiante, la naturaleza del poder que él puede emplear y el método con el que lo puede lograr, y así, establecer mi posición completamente: aunque tu propósito no sea dirigir el cosmos entero, pero atraer beneficios físicos, mentales, morales, o financieros a tu vida o la de otro. Desde este punto de vista individual el poder universal creativo no tiene mente propia, y es así que tú puedes decidir por Él. Cuando se a hecho una decisión por él, nunca usurpa su lugar como el poder creativo, pero instantáneamente activa su trabajo para llevar acabo el propósito para el cual fue concentrado; Y amenos de que esta concentración haya sido disipada por el mismo agente (tu mismo) que la produjo en primer lugar, trabajará en esta gracias a la ley de crecimiento para terminar la manifestación en el plano exterior. Al tratar con esta gran inteligencia impersonal, estamos trabajando con el infinito, y debemos comprender a la Infinidad como aquello que toca todos los puntos. Y si así lo hace, no debe existir dificultad en entender que esta inteligencia puede atraer desde los confines del mundo, todos los medios requeridos para su propósito, y comprendiendo la ley a través de la cual el resultado es ejecutado; definitivamente debemos dejar a un lado todo cuestionamiento acerca de lo medios específicos que se emplearán en cualquier caso.

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El cuestionar esto, es como sembrar la semilla de la duda, la cual debe ser erradicada como nuestro primer objetivo. Y nuestra labor intelectual debe ser dirigida, no en el intento de divisar las múltiples causas secundarias que deben combinarse para producir el resultado deseado, poniéndole de antemano que causas particulares deben ser necesarias, y de que lugar deben de venir; Por el contrario, la labor intelectual debe estar dirigida para ver más claramente el raciocinio de la ley general, a través de la cual las vías de causas secundarias se ponen en movimiento. Utilizando nuestro intelecto de la forma descrita anteriormente, puede ser nuestro mayor obstáculo para el éxito, pues solo ayuda a que nuestras dudas se incrementen, pues está tratando de comprender particularidades que están enteramente fuera de su círculo de visión por el momento; pero utilizado posteriormente constituye un apoyo material para mantener ese núcleo, sin el cual, no hay centro desde el cual el principio de crecimiento pueda afianzarse. El intelecto solo puede deducir consecuencias desde los hechos que es capaz de identificar, y consecuentemente no puede deducir ninguna seguridad de hechos de cuya existencia aún no tiene conocimiento por medio de sus sentidos externos; pero por la misma razón puede entender la existencia de una ley a través de la que las circunstancias aún no manifestadas son traídas a su manifestación. Entonces, usado en su orden correcto, el intelecto se convierte en sirviente de ese poder más interior dentro de nosotros, que manipula la substancia invisible de las cosas, y que podríamos llamarle primera causa relativa. Indiferenciado: IX. CAUSAS Y CONDICIONES La expresión "primera causa relativa" se usó en la última sección, para distinguir de las causas secundarias, la acción de la Primera Causa Universal del principio creativo en la mente individual Según existe en nosotros, la causación primaria es el poder de iniciar un tren de causación dirigido a un propósito individual. Es causa

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primaria por ser el poder para iniciar una secuencia fresca de causa y efecto, y es relativa al referirse a un propósito individual, y por lo tanto puede hablarse de ella como causa primera relativa, o como el poder primario manifestado por el individuo. La comprensión y el uso de este poder es el objetivo total de la Ciencia Mental y por lo tanto es necesario que el estudiante vea claramente la relación entre causas y condiciones. Una sencilla ilustración explicará este propósito mejor que una elaborada discusión. Si se lleva una vela encendida a un cuarto el cuarto se ilumina, y si se retira la vela el cuarto regresa a la oscuridad. Ahora bien, tanto la iluminación como la oscuridad son condiciones, una positiva que resulta de la presencia de la luz, y otra negativa que resulta de su ausencia. De este ejemplo sencillo podemos ver que toda condición positiva tiene una condición negativa exactamente opuesta y correspondiente, y que esta correspondencia resulta, de que ambas están relacionadas a la misma causa, una positiva y otra negativamente. En consecuencia, podemos sentar la regla de que todas las condiciones positivas resultan de la presencia activa de cierta causa, y todas las condiciones negativas de la ausencia de tal causa. Una condición, ya sea positiva o negativa, nunca es la causa primaria, y la causa primaria de cualquier serie jamás puede ser negativa, dado que la negación es la condición que surge de la ausencia de una causación activa. Esto debe entenderse minuciosamente, ya que es la base filosófica de todas esas "negaciones" que juegan un papel tan importante en la Ciencia Mental, y que puede resumirse en la declaración de que como el mal es negativo (o la ausencia del bien), no tiene existencia sustancial en sí mismo. Sin embargo, en cuanto las condiciones llegan a existir, ya sean positivas o negativas, se convierten a su vez en causas y producen otras condiciones, y así ad infinitum, creando una cadena de causas secundarias. Mientras emitamos juicio basados solamente en la información de los sentidos externos, estaremos trabajando en el plano de la causación secundaria. No veremos más que una sucesión de condiciones que son parte de una cadena infinita. Condiciones antecedentes que surgen del pasado y que se extienden hacia el futuro; y desde este punto de vista, estaremos bajo el puño de hierro de un destino del que parece no haber posibilidad de escapatoria.

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Esto se debe a que los sentidos externos son solamente capaces de lidiar con las relaciones que un modo de limitado, dado que son instrumentos a través de los que obtenemos conocimiento de lo relativo y lo condicional. Ahora bien, la única manera de escapar es elevándonos de la región de las causas secundarias hacia la de la causación primaria, donde se encuentra la energía originadora antes de haber pasado a la manifestación como condición. Esta región se encuentra dentro de nosotros mismos; es la región de las ideas puras; y es por esta razón que he enfatizado los dos aspectos del espíritu como pensamiento puro y como forma manifiesta. La imagen de pensamiento o patrón ideal de una cosa es la causa primaria en lo que se refiere a esa cosa; es la sustancia de esa cosa, sin haber sido aún afectada por condiciones antecedentes. Si nos damos cuenta de que todas las cosas visibles a nuestro alrededor deben tener su origen en el espíritu, entonces comprendemos que toda la creación a nuestro alrededor es evidencia de que el punto de partida de todas las cosas está en las imágenes de pensamiento (ideas); ya que ninguna otra acción, sino la formación de tales imágenes, pudo concebirse del espíritu antes de que se manifestara en materia. Si entonces, éste es el modus operandi del espíritu para su autoexpresión, solamente tenemos que transferir esta concepción de la escala del espíritu cósmico que trabaja en el plano de lo universal, a la del espíritu individualizado que trabaja en el plano de lo particular, para ver que al formar el patrón ideal en nuestro pensamiento ponemos en movimiento la causa primaria relacionada a este objeto especifico. No hay diferencia en especie entre la operación de la causa primera en lo universal y en lo particular, la diferencia es solamente una diferencia de escala, pero el poder en sí es idéntico. Por lo tanto debemos que siempre tener muy claro si estamos siendo o no conscientemente la primera causa. Noten la palabra "conscientemente", porque consciente o inconscientemente, siempre estamos usando la causa primaria; por esto enfaticé el hecho que la Mente Universal es puramente subjetiva y por lo tanto está atada a las leyes que se aplican a la mente subjetiva en cualquier escala.

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Siempre estamos imprimiendo algún tipo de ideas sobre la Mente Universal, ya sea que estemos o no conscientes del hecho, y nuestras limitaciones resultan de haber impreso sobre ella la idea de limitación, la cual hemos absorbido, limitando así cualquier posibilidad a la región de las causas secundarias. Pero ahora que la investigación nos ha demostrado que las condiciones jamás son causas en sí mismas, sino meros eslabones subsecuentes en una cadena que se comenzó en el plano del ideal puro, lo que tenemos que hacer, es revertir nuestra manera de pensar y ver al patrón ideal como lo real, y a la manifestación externa como un mero reflejo que debe cambiar con cualquier cambio que se produzca en el objeto que lo genera. Por estas razones, es esencial saber si estamos o no usando conscientemente la causa primaria con un propósito definido o no, y éste es el criterio. Si vemos a la satisfacción de nuestro propósito como algo contingente de las circunstancias, pasadas, presentes o futuras, no estamos haciendo uso de la causa primaria; hemos descendido al nivel de la causación secundaria, la cual es la región de las dudas, miedos y limitaciones, todos los cuales se imprimen en la mente subjetiva universal, con el inevitable resultado que construirá las correspondientes causas externas. Pero si nos damos cuenta que la región de las causas secundarias es la región de las meras reflexiones, no pensaremos en nuestro propósito como en algo que depende de ninguna condición, sino que sabremos que al formar la idea de ello en el absoluto, y al mantener esa idea, hemos moldeado la causa primaria en la forma deseada y podemos esperar los resultados con gozosa expectación. Aquí encontramos la importancia de entender la independencia del espíritu del tiempo y del espacio. Un ideal como tal, no puede formarse en el futuro. O debe formarse aquí y ahora o no debe formarse para nada; y es por esta razón que todo maestro que ha hablado alguno vez con conocimiento del tema, ha impreso en sus seguidores la necesidad de imaginar la satisfacción de sus deseos como algo ya realizado en el plano espiritual, una fait accompli, como condición indispensable de la satisfacción de tal deseo en lo visible y concreto. Cuando esto se entiende debidamente, cualquier ansiedad acerca de qué medios se utilizará para la realización de nuestros propósitos, se ve como algo totalmente innecesaria. Si el fin ya se aseguró, entonces

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todos los pasos que llevan a él, estarán igualmente seguros. Los medios llegarán al pequeño círculo de nuestras actividades conscientes, día tras día, en el orden debido, y luego hemos de trabajar sobre ellos, no con miedo, duda o emoción febril, sino clamada y gozosamente, porque sabemos que el fin ya está asegurado, y que nuestro uso razonable de tales medios, como se presenten en la dirección deseada, es solamente una porción de un movimiento coordinado mucho más grande, del cual no admite duda el resultado final. La Ciencia Mental no ofrece un premio a la pereza, sino que traslada el trabajo de la región de la ansiedad y la laboriosidad asegurando al trabajador el éxito de su labor, si no en la forma precisa en que lo anticipó, en otra aun más adecuada a sus requisitos. ¿Pero supongamos que cuando llegamos al punto donde alguna decisión importante tenga que tomarse, decidamos mal? Bajo la hipótesis que el fin ya está asegurado, no se puede decidir erróneamente. Tu decisión correcta es tan sólo uno de los pasos necesarios para la obtención de un fin, como cualquiera de los otras condiciones que nos dirigen a él. Por lo tanto, aunque debemos ser cuidadosos en evitar acciones apresuradas, podemos asegurarnos que la misma Ley, que controla el resto de las circunstancias en la dirección correcta, también influenciará nuestro juicio en esa dirección. Para obtener buenos resultados debemos entender debidamente nuestra relación con el gran poder impersonal que estamos usando. Este poder es inteligente, nosotros somos inteligentes, y ambas inteligencias deben cooperar. No debemos precipitarnos a la Ley y esperar que haga por nosotros, lo que solamente puede hacer a través de nosotros. Por eso debemos usar nuestra inteligencia y saber que está actuando como instrumento de una inteligencia mucho mayor, y al tener este conocimiento podremos, y deberemos, cesar toda ansiedad sobre el resultado final. En la práctica, debemos primero formar la concepción ideal de nuestro objeto, con la intención definitiva de imprimirla sobre la mente universal. Es esta intención, la que extrae tal pensamiento de la región de las meras imaginaciones casuales. Así podemos afirmar que nuestro conocimiento de la ley es razón suficiente para esperar calmamente los resultados correspondientes, y que por lo tanto, todas las condiciones necesarias nos llegarán a su debido tiempo. Entonces podemos regresar

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a los asuntos cotidianos con la tranquila seguridad de que las condiciones iniciales, o ya están aquí, o pronto llegarán a nuestra vista. Si no las vemos inmediatamente, descansemos satisfechos en el conocimiento de que el prototipo espiritual ya está en existencia, y esperemos hasta que alguna circunstancia que apunte en la dirección deseada comience a manifestarse. Puede que sea una circunstancia pequeña, pero es la dirección y no la magnitud la que debe tomarse en cuenta. Tan pronto como la veamos, debemos considerarla como el primer brote de la semilla que hemos plantado en el Absoluto, y hacer calmamente y sin excitación, lo que requieran las circunstancias. Al hacer esto, veremos que se nos llevará a nuevas circunstancias en la misma dirección, hasta que nos encontremos guiados paso a paso hasta conseguir nuestro objetivo. De esta manera, el entendimiento del gran principio de la Ley de abastecimiento, por medio de experiencias repetidas, nos liberará de pensamientos ansiosos o labor extenuante, y nos llevará a un mundo nuevo, donde el uso todos nuestros poderes, ya sea mentales o físico, serán solamente el desenvolvimiento de nuestra individualidad sobre las líneas de su propia naturaleza, y por lo tanto una fuente perpetua de salud y felicidad; Sin duda, un incentivo suficiente, para estudiar cuidadosamente las leyes que gobiernan la relación entre el individuo y la Mente Universal. X. INTUICIÓN Hemos visto que la mente subjetiva es susceptible a la sugestión de la mente objetiva; pero también existe una acción de la mente subjetiva sobre la mente objetiva. La mente subjetiva individual es su ser más profundo, y su cuidado primordial es el mantenimiento de la individualidad ya que es su fuente; y dado que es espíritu puro tiene su existencia en ese plano del ser, donde todas las cosas subsisten en el eterno aquí y ahora universal, puede entonces informar a la mente menor de cosas removidas de su alcance de saber, ya sea por los elementos de distancia o de futuro. Podemos asignarle un poder ilimitado a la percepción de la mente subjetiva ya que debido a la ausencia de las condiciones de tiempo y

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espacio, debe de concentrar todas las cosas en un enfoque presente, y ahí emerge la pregunta; ¿por qué no mantiene a la mente objetiva informada continuamente en todo momento y de todo? Y la respuesta es, que lo haría, si la mente objetiva estuviese lo suficientemente entrenada para reconocer las recomendaciones otorgadas, y uno de los propósitos de la Ciencia Mental es llevar a cabo este entrenamiento. Cuando reconocemos que la posición de la mente subjetiva es la manutención de la individualidad, no podemos dudar que mucho de lo que consideramos como movimiento espontáneo de la mente objetiva, tiene su origen en la mente subjetiva, impulsando a la mente objetiva en la dirección correcta, sin estar nosotros conscientes de ello. Pero hay veces, cuando la urgencia del caso lo amerita, o cuando por una razón desconocida la mente objetiva se compenetra con la mente subjetiva, que la voz interior se escucha más fuerte y persistentemente. Cuando esto sucede, haremos bien en prestar toda nuestra atención a esa voz interior. La importancia de entender y seguir la intuición no puede ser exagerada, pero yo admito de corazón, la dificultad práctica de mantener el balance entre ignorar la voz interior o dejarnos llevar por locuras sin fundamento. La mejor guía es el conocimiento que nos llega con la experiencia, la que gradualmente nos conduce a la adquisición de segundo sentido interior, que nos permite distinguir lo verdadero de lo falso, y que parece aumentar por medio del sincero deseo por la verdad y el reconocimiento del espíritu como su fuente. Los únicos principios generales que el escritor puede deducir de su propia experiencia son, que cuando, a pesar de toda apariencia apuntando en dirección de cierta línea de conducta, si aún existe un sentimiento persistente para no seguirla, en la mayoría de los casos, se encontrará que los argumentos de la mente objetiva, (aunque correcta según los hechos conocidos objetivamente) ignoraba hechos que no podían ser reconocidos objetivamente en aquel momento, pero que conocía la intuición.

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Otro principio es que a menudo, nuestra muy primera impresión o sentimiento sobre cualquier asunto suele ser correcto. Antes de que la mente objetiva comience a argumentar sobre el tema, es como la superficie tranquila de un lago que refleja la luz claramente de arriba; pero en el momento que empieza a argüir basándose en apariencias externas, ellas también se reflejan sobre su superficie, haciendo que la imagen original se vea borrosa e irreconocible. Esta primera concepción se empaña rápidamente, por lo que debe de ser cuidadosamente observada y registrada en la memoria, prestando atención a los muchos argumentos que se presentarán en el plano objetivo. Sin embargo, es imposible de someter esta acción tan interior de la intuición a reglas duras e inflexibles, y más allá de notar cuidadosamente casos particulares tal y como van ocurriendo, probablemente el mejor plan para el estudiante será de incluir todo el tema de la intuición en el principio general de la Ley de Atracción, especialmente si observa como esta ley inter-actúa con esta cualidad del espíritu universal del que ya hemos hablado. XI. EL SANAR El tema del sanar ha sido elaborado y tratado por muchos escritores y merece por completo toda la atención que se le ha dado, pero el objeto de estas conferencias, es más bien, el de afirmar en el estudiante aquellos principios generales en el que todo el uso consciente del poder creativo del pensamiento está basado, más que en establecer las reglas para su aplicación especifica. Entonces, examinaré los principios generales que parecen ser comunes dentro de los diversos métodos del sanar mental que están en uso, los cuales derivan su eficacia, no de la peculiaridad del método en lo particular, sino por ser el método que permite que las leyes Naturales actúen. Ahora bien, el principio universalmente expuesto por todo sanador mental, en cualquier término en el que se ha explicado, es que la base de toda sanación es un cambio de creencia.

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La secuencia de donde resulta esto es: • La mente subjetiva es la facultad creativa dentro de nosotros, y crea todo aquello que la mente objetiva le imprime; • La mente objetiva, o intelecto, imprime su pensamiento en la mente subjetiva; • El pensamiento es la expresión de la creencia; • Todo lo que la mente subjetiva crea es la reproducción externa de nuestras creencias. Nuestro objetivo principal es el de cambiar nuestras creencias. No podemos hacer esto sin una sólida convicción de la falsedad de nuestras viejas creencias y de la veracidad de las nuevas creencias, y esta base la encontramos en la ley de causación, la cual me ha interesado explicar. La falsa creencia, que se materializa en el mundo externo como enfermedad, es la creencia de que una causa secundaria, la cual es simplemente una condición, es la causa primaria. El conocimiento de la ley nos demuestra que solo existe una causa primaria, y éste es el factor al que hemos llamado la mente subjetiva o subconsciente de nuestra individualidad. Por esta razón he insistido en la diferencia entre colocar una idea en la mente subconsciente, esto es, en el plano de lo absoluto, sin referencia de tiempo y espacio, y colocar la misma idea en la mente consciente intelectual, la cual sólo percibe las cosas relacionándolas a su tiempo y espacio. Ahora, la única concepción que puedes tener de ti mismo en el absoluto o incondicional, es como Espíritu viviente puro, no obstaculizado por condiciones de ninguna clase, así que no está sujeto a la enfermedad; y cuando esta idea está firmemente impresa en la mente subconsciente, se materializa en el mundo externo. La razón por la cual este proceso no es siempre exitoso en el primer intento, es porque toda nuestra vida hemos retenido la falsa creencia de
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la enfermedad como una entidad en sí misma y por lo tanto siendo una causa primaria, en vez de ser meramente el resultado de una condición negativa por la ausencia de una causa primaria; y una creencia que se engendró desde la infancia no se puede erradicar de un momento a otro. Encontramos muy seguido, entonces, que después de un tiempo durante un tratamiento hay una mejoría en la salud del paciente, y poco después los síntomas reinciden. Esto es porque la nueva CREENCIA en su facultad creativa, aún no ha tendido tiempo para penetrar a las profundidades de la mente subconsciente, y que sólo ha entrado parcialmente. Cada tratamiento que sigue refuerza el subconsciente dentro de la aceptación de la nueva creencia, hasta que se efectúa una cura permanente. Éste es el método de auto-sanación basado en el propio entendimiento de la ley de su ser, obtenido por el paciente. Pero "este conocimiento de la ley no lo tiene todo hombre y mujer" o al menos, no lo reconoce tanto como para permitirle darse un tratamiento exitoso a sí mismo, y en estos casos se vuelve necesaria la intervención del sanador o (practicante metafísico.) La única diferencia entre sanador y paciente, es que el sanador ha aprendido cómo controlar al máximo los modos menos conscientes del espíritu, por el de mayor consciencia, mientras que el paciente no ha alcanzado aún este conocimiento; y lo que el sanador hace, es substituir su propia conciencia objetiva (consciente) la cual es la voluntad asociada al intelecto, por la del paciente, y así encontrar entrada a su mente subconsciente (del paciente) e imprimirle la sugestión de Salud Perfecta. Surge una pregunta, ¿cómo es que el sanador puede substituir, su propia mente consciente por la del paciente? Y la respuesta muestra la aplicación práctica de aquellos principios tan abstractos que he introducido y establecido desde las primeras secciones. Nuestra concepción ordinaria o común, es la de una personalidad individual que termina donde empieza la personalidad del otro; en otras palabras, que las dos personalidades están completamente separadas. Esto es un error. NO hay tal línea firme de demarcación entre personalidades, y las fronteras entre una y otra pueden ser

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reducidas o incrementadas en su rigidez de acuerdo a la voluntad, de hecho pueden ser temporalmente removidas tan completamente que, por el momento las dos personalidades se fusionan como una. La acción que toma lugar entre el paciente y sanador depende de este principio. El sanador le pide al paciente que adopte una actitud mental receptiva, indicando así que va a ejercitar su volición con el propósito de remover la barrera de su personalidad objetiva, y así poder permitir la entrada al poder mental del sanador. A su vez, el sanador hace lo mismo con la diferencia que, mientras el paciente, por su parte remueve la barrera, con la intensión de admitir el flujo del poder mental, el sanador lo hace con la intensión de dar salida a ese flujo, y así, gracias a la acción conjunta de las dos mentes, las barreras de las dos personalidades es removidas y la dirección de los dos flujos de volición se determina; fluye activamente del sanador (por decir así) para pasar al paciente que está pasivamente dispuesto a recibirla, de acuerdo con la ley natural universal de que el influjo debe de ser siempre, desde el plenum al vacío. Esta eliminación mutua de las barreras mentales externas entre sanador y paciente, es a lo que se le da el término de empatía mutua. Aquí se encuentra una aplicación práctica del principio explicado anteriormente en este libro, de que el espíritu puro está presente en su totalidad en todo lugar simultáneamente. Es por esta razón, que tan pronto como sanador reconoce que las barreras externas de la personalidad entre él y el paciente han sido removidas, que puede comunicarse con la mente subconsciente de su paciente como si fuera la suya propia; ya que ambas mentes son espíritu puro, el pensamiento de su identidad las hace idénticas. Las dos están concentradas en una sola entidad, a tal punto, que la mente consciente del sanador puede sostener la mente subjetiva del paciente, de acuerdo al principio universal del control de la mente objetiva por medio de la sugestión. Por esto he insistido en la distinción entre espíritu puro (concebido aparte de la extensión de cualquier matriz) y la concepción de éste, como extensión de una matriz.

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Si concentramos nuestra mente pensando en la condición de la enfermedad del paciente como una entidad separada, no estamos concibiendo al paciente como espíritu puro, lo cual no nos permitirá entrar eficazmente a la fuente de su ser. Por esto debemos de retirar nuestro pensamiento de la contemplación de todo síntoma, y de hecho de toda su personalidad física, y debemos de pensar en él como individualidad puramente espiritual, y como tal enteramente libre de estar sujeta a cualquier condición. Por consecuencia, materializa en el mundo externo las condiciones máximas de vitalidad e inteligencia propias del espíritu puro. Al pensar así del paciente, afirmamos mentalmente que la correspondiente vitalidad perfecta que es su creencia interna, se reconstruirá externamente. Al ser impresa esta sugestión por el pensamiento consciente del sanador, (mientras al mismo tiempo el paciente está aceptándolo) el resultado es que la mente subconsciente del paciente se unifica con el reconocimiento de su propio poder dador de vida, y de acuerdo a la ley de la mentalidad subjetiva, procede a llevar el trabajo de esta sugestión hacia la manifestación externa, remplazando la Salud por la enfermedad. Debe entenderse que el propósito de este proceso aquí explicado, es el de fortalecer la individualidad del sujeto, y no de dominarla. El usarla para dominar sería un acto inverso, trayendo la penalidad correspondiente para el practicante. En esta descripción he contemplado el caso en el que el paciente está cooperando con el sanador, habiendo sido instruido previamente por el sanador acerca de los amplios principios de la Ciencia Mental, siempre y cuando no esté relacionado con ellos. Pero esto no es siempre recomendable o posible. Hay veces que, el pronunciamiento de principios crea oposición ante prejuicios existentes, y cualquier antagonismo activo de parte del paciente, tenderá a intensificar la barrera de la personalidad consciente, que como primer objetivo del sanador, debe ser removida. En casos como estos, nada es tan eficiente como el tratamiento ausente. Si el estudiante ha comprendido todo lo que se ha dicho en el tema del espíritu y la materia, verá que en el tratamiento mental, el tiempo y el espacio no cuentan para nada, porque la acción completa toma lugar en un plano en el que estas condiciones no existen; y por eso es

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intrascendente que el paciente tenga que estar en la presencia inmediata del sanador o en territorio distante. Sobre estas circunstancias se ha encontrado que por experiencia, uno de los modos de sanación más efectivos, es el de hacer tratamientos mientras duerme el paciente, ya que naturalmente, todo su sistema está en estado relajado, previniéndolo de presentar oposición consciente al tratamiento. Y bajo la misma regla, el sanador es capaz de tratar aún más eficientemente durante su propio dormir, que durante su estado despierto. Antes de irse a dormir imprime firmemente en su mente subjetiva para que se lleve la sugestión curativa a la mente subjetiva del paciente, y entonces, gracias a los principios generales de la relación entre la mente subjetiva y objetiva esta sugestión es conducida durante todas las horas en la que la individualidad consciente se encuentra en reposo. Este método es aplicable a los niños pequeños, a los que los principios de la ciencia no se les puede aun explicar; y también a personas a distancia: y en verdad la única ventaja adicional para el encuentro personal del paciente y el sanador, es en la instrucción que es dada oralmente, o cuando el paciente se encuentra en ese estado inicial de conocimiento donde la presencia visible del sanador da la sugestión que algo se está haciendo y que no se podría hacer en su ausencia; de otro manera la presencia o la ausencia del paciente son asuntos perfectamente indiferentes. El estudiante debe de recordar que la mente subconsciente no necesita trabajar a través del intelecto o mente consciente para producir sus efectos curativos. Es parte de la perpetua fuerza creativa de la naturaleza, mientras que el intelecto no es creativo sino distributivo. De la sanación mental solo hay un paso a la telepatía, clarividencia y otros modos de manifestación de poder trascendental, que se exhiben de vez en cuando por medio de la entidad subjetiva que obedece a leyes tan exactas como aquellas que gobiernan a la que estamos acostumbrados a considerar nuestras facultades más normales, pero estos temas no entran apropiadamente dentro del enfoque de este libro, cuyo propósito es exponer los amplios principios que subyacen a todo fenómeno espiritual.

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Hasta que estos principios sean entendidos claramente, el estudiante no aprovechará el estudio detallado de los poderes más interiores; ya que hacerlo sin una base de conocimiento firme y algo de experiencia en la aplicación práctica, lo expondrá a cosas desconocidas que no le aprovecharán positivamente, sino que serán contrarios a los principios científicos que nos dicen que avance a lo desconocido, solo debe de ser hecho desde lo conocido, de otro modo sólo se arribará a una región confusa de trabajo - sin principios claramente definidos para su guía. XII. VOLUNTAD La Voluntad es de una importancia primordial tal, que el estudiante debe estar en guardia contra cualquier error sobre la posición que ésta mantiene en la economía mental. Muchos maestros y escritores insisten en la fuerza de voluntad como si ésta fuera una facultad creativa. No hay duda que una fuerza de voluntad intensa puede desarrollar ciertos resultados externos, pero como todos los otros estados obligados, carece de la permanencia natural del crecimiento. Las apariencias, formas y condiciones producidas por la mera intensidad de la fuerza de voluntad sólo permanecerán, mientras continúe sosteniéndolas esa fuerza; pero si ésta se agotase o removiese, los elementos así forzados a combinarse de manera poco natural, regresarán inmediatamente a su estado anterior. La forma que se creó forzadamente, jamás tuvo el germen de vitalidad en sí misma, y por lo tanto se disipa tan pronto como se retira la energía externa que le apoyaba. El error está en atribuirle poder creativo a la voluntad, o tal vez debería decirse, en atribuirnos a nosotros mismos cualquier forma de poder creativo. La verdad es que el hombre jamás crea nada. Su función no es crear, sino combinar y distribuir aquello que ya tiene existencia. Aquello que llamamos nuestra creación, es una combinación nueva de un material ya existente, ya sea mental o corpóreo. Esto se demuestra ampliamente en las ciencias físicas. Nadie habla de crear energía, sino de transformar una forma de energía en otra; y si entendemos esto

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como un principio universal, veremos que en el plano mental, tanto como en el físico, nunca creamos la energía sino que nada más proveemos las condiciones por medio de las cuales, la energía que ya existe de un modo, puede exhibirse a sí misma de otro. Por lo tanto, aquello que llamamos el poder creativo del hombre, es esa actitud de expectación receptiva, la cual (por decirlo así) forma un molde, en el cual la forma plástica y aún indiferenciada pueda fluir y asumir la forma deseada. La voluntad no es el poder, sino que mantiene las facultades mentales en la posición relativa al poder que le permita llevar a cabo el trabajo deseado. Si llamásemos la imaginación la función creativa, pudiésemos decir que la voluntad el principio centralizador. Su función es la de mantener a la imaginación centrada en la dirección correcta. Nuestro objetivo es controlar conscientemente nuestros poderes mentales, en lugar de dejar que nos apresuren aquí y allá de una manera sin propósito; debemos entender la relación entre ellos, para que produzcan los resultados externos deseados. La causación comienza a partir de alguna emoción que da lugar a un deseo; enseguida, el juicio determina si es aconsejable exteriorizar ese deseo o no. Luego, cuando el deseo que ha sido aprobado por el juicio, aparece la voluntad y ella dirige la imaginación para formar el prototipo espiritual necesario. Con la imaginación así centrada en un objeto en particular, se crea el núcleo espiritual, el que a su vez actúa como un centro, alrededor del cual comienzan a actuar las fuerzas de atracción, y continúa operando hasta que (a través de la ley de crecimiento) el resultado concreto se vuelve perceptible a nuestros sentidos externos. Entonces, el trabajo de la voluntad es el de retener las variadas facultades de nuestra mente en una posición donde ellas hagan en realidad el trabajo que queremos, y esta posición se puede generalizar en las tres siguientes actitudes: • Deseamos actuar sobre algo • Deseamos que éste algo actúe sobre nosotros • Deseamos mantener una posición neutral.

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En otras palabras, o tratamos de proyectar una fuerza, o de recibir una fuerza o de mantener una posición de inactividad con relación a un objeto en particular. Entonces, el juicio determina cuál de estas tres posiciones tomaremos, si la activa consciente, la receptiva consciente, o la neutral consciente. La función de la voluntad es simplemente mantener la actitud que hemos determinado; y si mantenemos una cierta actitud mental, podemos esperar con certeza que la ley de atracción atraerá a nosotros hacia lo que corresponde exteriormente a la actitud en cuestión. Mantener una actitud determinada es muy distinto al enredo de fuerzas nerviosas, casi de manera animal, que en algunas personas constituyen la fuerza de voluntad. Esto no implica esfuerzo alguno de parte del sistema nervioso y en consecuencia no termina en cansancio alguno. La fuerza de voluntad, al ser llevada de la región de la mentalidad inferior al plano espiritual, se convierte sencillamente en la determinación calmada y pacífica de retener una cierta actitud mental a pesar de todas las tentaciones al contrario, sabiendo que al hacerlo, el resultado deseado aparecerá seguramente. El entrenamiento de la voluntad y su transferencia de las regiones inferiores al plano más elevado de nuestra existencia es uno de los objetivos más elevados de la Ciencia Mental. El hombre se define por su voluntad. Cualquier cosa que haga por voluntad propia es su propio acto; cualquier cosa que haga sin consentimiento de su voluntad no es su propio acto, sino por el poder que forzó su voluntad. Debemos reconocer que en el plano mental, ninguna otra individualidad puede obtener el control sobre la nuestra, a menos que primero se lo permitamos. Por esta razón todo uso legítimo de la Ciencia Mental se enfoca en el fortalecimiento de la voluntad, tanto en nosotros como en los demás, y en colocarla así bajo el control de una razón iluminada. Cuando la voluntad se da cuenta de su poder para lidiar con la causa primaria, ya no es necesario que cada vez que desee usarla, el que la opera se recuerde y enuncie in extenso toda la filosofía de su acción. Ya sabiendo que la voluntad entrenada es una fuerza espiritual tremenda que actúa en el plano de la causa primaria, simplemente expresa su intención de operar en ese plano, y sabe que el deseo así expresado se exteriorizará a su debido tiempo como un hecho concreto.

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El que opera la voluntad ve ahora que el punto que realmente demanda su atención, no es el de poseer o no el poder de exteriorizar los resultados que escoja, sino el de aprender a escoger sabiamente qué resultados quiere producir. Nunca supongamos que aun los poderes más elevados pueden exceptuarnos de la ley de causa y efecto. Jamás podemos poner en movimiento alguna causa sin producir aquellos efectos que ya contiene en su embrión. Estos efectos se convertirán a su vez en otras causas, produciendo así una serie que debe seguir fluyendo, hasta que se le detenga al operar una causa de carácter opuesto a aquella que la originó. Así encontramos el campo para ejercitar nuestra inteligencia esta para que continúe expandiéndose con la expansión de nuestros poderes. Si nuestra intención es buena, siempre desearemos ver los resultados de nuestra acción, según el alcance de nuestra inteligencia. Tal vez no seamos capaces de ver muy lejos, pero existe un principio general y seguro acerca de las causas y condiciones. Este principio es la secuencia del carácter mismo de la causa inicial: si tal carácter es negativo, es decir, que no contiene ningún deseo de exteriorizar amabilidad, gozo, fuerza, belleza o cualquier otro tipo de bien, esta cualidad negativa se sentirá por todo el proceso; pero si el motivo original es la característica afirmativa opuesta, entonces se reproducirá en formas de amor, gozo, fuerza y belleza con impecable precisión. Por lo tanto, antes de ponernos a producir nuevas condiciones a través del ejercicio de nuestro poder de pensamiento, debemos sopesar cuidadosamente los resultados a los que nos pueden conducir a largo plazo. Así encontraremos de nuevo un amplio campo para el entrenamiento de la voluntad; aprender a adquirir ese auto control nos permitirá posponer una satisfacción presente pero inferior, en aras de la perspectiva de un bien mayor. Estas consideraciones nos llevan, naturalmente, a tema de la concentración. Acabo de señalar que toda acción mental debidamente controlada consiste en mantener la mente en una de tres actitudes; pero existe una cuarta condición mental, que es la de dejar que nuestras funciones mentales funcionen sin que nuestra voluntad las dirija hacia algún propósito especifico. Es en la palabra propósito que debemos fijar toda nuestra atención; en lugar de derrochar nuestras energías, debemos seguir un método inteligente de concentración. La palabra concentración significa estar unido en el centro, y el centro de cualquier

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cosa es el punto en donde todas sus fuerzas están igualmente balanceadas. Entonces, concentrarse significa llevar primero nuestra mente hacia una condición de equilibrio que nos permita dirigir conscientemente el flujo del espíritu hacia un propósito reconocido definitivamente, y entonces tener cuidado de evitar pensamientos que dirijan el flujo en la posición opuesta. Debemos tener en cuenta siempre, que estamos lidiando con una maravillosa energía potencial la cual no se ha diferenciado aún en algún modo en particular, y que a través de la acción de nuestra mente, se puede convertir en cualquier modo particular de actividad que queramos. Al mantener nuestro pensamiento fijo en el hecho de que el influjo de esta energía está tomando lugar, y que a través de nuestra actitud mental nosotros estamos determinando su dirección, realizaremos gradualmente una materialización correspondiente. Entonces, la concentración adecuada no consiste en tremendos esfuerzos. Estos agotan el sistema nervioso y derrotan su propio objetivo, ya que sugieren una fuerza adversa contra la cual hay que luchar, y por lo tanto crean las circunstancias adversas temidas. La concentración efectiva excluye todos los pensamientos que puedan dispersar el núcleo espiritual que estamos formando, e insiste alegremente en el conocimiento de que, dado que la ley es certera en su acción, nuestro deseo está seguro de obtenerse. El otro gran principio a recordar es que la concentración tiene el propósito de determinar la calidad que hemos de dar a la energía previamente indiferenciada, en lugar de arreglar las circunstancias especificas de su manifestación. Ese es el trabajo de la energía creativa en sí misma, la cual construirá sus propias formas de expresión de manera bastante natural si se lo permitimos, evitándonos así una gran cantidad de ansiedad innecesaria. Lo que realmente queremos es expansión en una cierta dirección, ya sea de riqueza, salud o lo que sea. Mientras lo obtengamos, qué importa si nos llega a través de un canal insospechado. Es el hecho de que estamos concentrando energía de un tipo particular para un propósito en particular en la que debemos fijar nuestra mente, y no en buscar los detalles específicos ni tenerlos como esenciales para la consecución de nuestro objetivo.

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Estas son las dos reglas de oro en lo que concierne a la concentración, pero no debemos suponer que debido a que tenemos que estar en guardia contra divagaciones ociosas no existe el reposo, al contrario es durante los periodos de reposo en los que acumulamos la fuerza para la acción, pero el reposo no es un estado sin propósito. Como espíritu puro, la mente subjetiva nunca descansa: solamente la mente objetiva en conexión con el cuerpo físico necesita descanso. Aunque sin duda haya momentos en que el descanso mejor se obtenga al detener la acción de nuestro pensamiento consciente de una vez por todas, el método más aconsejable es el de cambiar la dirección del pensamiento y en lugar de centrarnos sobre algo que tenemos intención de hacer, pensemos calladamente en lo que somos. Esta dirección del pensamiento puede, por supuesto, desarrollarse hacia la especulación filosófica más profunda, pero no es necesario que siempre estemos ya sea proyectando conscientemente nuestras fuerzas para producir algún efecto externo, o dilucidando los detalles de algún problema metafísico. Simplemente nos daremos cuenta de que somos parte de una vitalidad universal y así obtendremos una callada centralización, la cual, aunque se mantenga a través de un acto consciente de la voluntad, es la esencia misma del resto. Desde este punto vemos que todo es Vida y todo es Bueno y que la Naturaleza, desde su superficie claramente visible hasta sus profundidades más arcanas, es un vasto almacén de vida y de bienestar enteramente dedicado a nuestro uso individual. Tenemos la llave de todos sus tesoros, y ahora podemos aplicar nuestro conocimiento de la ley del ser sin entrar en todos esos detalles que solamente se requieren para propósitos de estudio. Al hacer esto, encontramos los resultados en haber adquirido la consciencia de nuestra unidad con el todo. Este es el gran secreto, y cuando lo hayamos captado podremos disfrutar la posesión del todo, o de cualquier parte de éste, porque al reconocerlo lo habremos hecho (y seguimos haciéndolo) nuestro. En un momento dado, lo que más nos atrae del espíritu viviente universal es aquel aspecto con el cual estamos más en contacto; al darnos cuenta de esto, extraeremos ríos de energía vital de él, que nos harán vivir gozosamente, y que nos hará irradiar una esfera de vibración que esquivará toda sugerencia hiriente de cualquier plano. Tal vez no obtengamos habilidades literarias, artísticas o científicas como resultado de nuestra comunión con la Naturaleza, pero el gozo de

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esa introspección, producirá un flujo correspondiente que se manifestará a sí mismo en el semblante más feliz de aquel que se percata de su unión con el todo. Él se da cuenta (y este es el gran beneficio en la actitud mental que no está dirigida a ningún objeto externo especifico) que, por sí mismo, es, y siempre será, el centro de toda esta galaxia de la Vida. Así, se contempla a sí mismo sentado al centro de la infinidad, no la infinidad de un espacio en blanco, sino una que pulsa con el ser viviente, y en la sabe que la esencia verdadera no puede ser más que buena. Esto es lo opuesto a la concentración egoísta del ser, es el centro en donde encontramos que recibimos de todos y fluimos a todos. No hay vida verdadera aparte de este principio de circulación, y si contemplamos nuestra posición central como algo que nos brinda ventajas más grandes para el consumo, hemos fallado por completo en entender el tema de nuestros estudios. Hemos perdido de vista la verdadera naturaleza del Principio de Vida, la cual es acción y reacción. Si queremos que la vida entre en nosotros, nosotros mismos debemos de entrar en la vida; entrar en su espíritu de la misma manera en que nos adentramos en el espíritu de un libro o de un juego, para disfrutarlo. No puede haber acción solamente al centro, debe haber un perpetuo fluir hacia la circunferencia, y de nuevo hacia el centro, para mantener una actividad vital. De otro modo se asegurará el colapso, ya sea por causa de anemia o de congestión. Pero si entendemos la naturaleza recíproca de la pulsación vital, vemos que fluir hacia afuera consiste en el hábito mental de ver y dar el bien a los demás, en lugar de en acciones específicas. Entonces veremos que el cultivo de esta disposición proporcionará incontables avenidas para que la vitalidad universal fluya a través de nosotros, ya sea al dar o al recibir, lo que no habíamos sospechado antes. Esta acción y reacción edificará nuestra propia vitalidad de tal manera que encontraremos que cada día estamos aun más vivos que el anterior. Esta es pues, la actitud de reposo en la cual podemos disfrutar de las bellezas de la ciencia, de la literatura y del arte, o podemos estar en comunión pacifica con el espíritu de la naturaleza, sin la ayuda de una tercera mente para actuar como interprete. Ésta continúa siendo una actitud llena de propósito, aunque no esté dirigida a un objeto específico: no hemos permitido que la voluntad relaje su control, sino que hemos alterado su dirección nada más. Así que tanto para la acción

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como para el reposo, encontramos que nuestra fuerza reside en nuestro reconocimiento de la unidad del espíritu y de nosotros mismos como concentraciones individuales de este. XIII EN CONTACTO CON LA MENTE SUBCONSCIENTE Las páginas precedentes han hecho que el estudiante cobre consciencia de alguna manera de la enorme importancia que tienen nuestros tratos con la mente subconsciente. Nuestra relación con ella, ya sea en la escala de lo individual o de lo universal, es la clave de todo lo que somos o lo que podemos llegar a ser. En su trabajo no reconocido está la fuente de todo lo que podemos llamar la acción automática de cuerpo y mente y en la escala universal es el poder silencioso de la evolución que trabaja gradualmente hacia delante, hacia ese "evento divino hacia el que toda la creación se mueve" y por nuestro reconocimiento consciente de lo que lo hagamos, con relación a nosotros, todo lo que creemos que sea. Entre más compenetración tenga nuestra relación con él, más de lo que hemos considerado acción automática, ya sea en nuestros cuerpos o circunstancias, pasará a estar bajo nuestro control, hasta que al final controlemos todo nuestro mundo individual. Entonces éste es el gran asunto involucrado, ¿Cómo hemos de ponernos en contacto con la mente subconsciente de manera práctica? La pista que nos da la dirección correcta, se encuentra en la cualidad impersonal de la mente subconsciente de la que he hablado. No "impersonal" como en carente de los elementos de la personalidad, ni aún, en el caso de la mente subjetiva individual, como carente del sentido de individualidad, sino impersonal en el sentido de no reconocer las relaciones externas particulares que le parecen a la mente objetiva como las constituyentes de su personalidad y de tener una comprensión de sí muy independiente de estas. Si entonces, hemos de entrar en contacto con ella, debemos hacerlo bajo sus propios términos. La mente subjetiva solamente puede ver las cosas desde el punto de vista deductivo, por lo cual no puede tomar nota del punto de vista inductivo con el que construimos la idea de nuestra personalidad externa, y consecuentemente, si nos pusiéramos en contacto con ella,

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no podríamos hacerlo trayéndola al nivel de lo externo y no esencial, sino solamente al elevándonos a su propio nivel en el plano de lo interior y esencial. ¿Cómo puede hacerse esto? Dejemos que dos escritores conocidos nos den la respuesta: Rudyard Kipling nos dice en su historia KIM, cómo el niño podía perder su sensación de personalidad al preguntarse varias veces " ¿Quién es Kim?" Gradualmente su personalidad parecía desvanecerse y experimentaba una sensación de pasar a una vida más grande y amplia, en la cual el niño Kim era desconocido, mientras que su consciencia individual permanecía, solamente que exaltada y expandida a una dimensión inconcebible; y en la biografía de Tennyson, escrita por su hijo, se nos dice que a veces el poeta tenía experiencias similares. Nos ponemos en contacto con el absoluto, exactamente en la proporción en que nos alejamos de lo relativo; son inversamente proporcionales. Para ponernos en contacto con nuestra mente subconsciente, debemos esforzarnos en pensar en nosotros mismos como ser puro, como la entidad que apoya la manifestación exterior, y al hacerlo debemos entender que la cualidad esencial del ser puro debe ser buena. Es en sí misma, Vida pura, y como tal, no puede desear nada que vaya en deterioro de la Vida pura, en cualquier forma en que ésta se manifieste. Consecuentemente, entre más puras sean nuestras intenciones, más fácilmente pondremos a nuestro yo en relación con nuestra entidad subjetiva; y lo mismo aplica para esa Mente Subconsciente Mayor de la cual nuestra mente subjetiva individual es una manifestación particular. En la práctica, el proceso consiste primero, en formar una idea clara en la mente objetiva del concepto que deseamos transmitir a la mente subconsciente, entonces, cuando esto se haya comprendido claramente, debemos esforzarnos en perder de vista todos los otros hechos conectados con la personalidad externa, excepto el uno en cuestión, y así mentalmente dirigirnos a la mente subjetiva como si fuese una entidad independiente e imprimir sobre ésta lo que se desea hacer o creer. Cada cual debe formular su propio método de trabajo, pero un método que sea a la par sencillo y efectivo, como decirle a la mente subjetiva:

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"esto es lo que quiero que hagas, ahora tomarás mi lugar, trayendo todos tus poderes e inteligencia, y te considerarás como yo mismo." Habiendo hecho esto, regresa a la realización de tu propia personalidad objetiva y deja a la mente subjetiva llevar a cabo su tarea con total confianza que, por la ley de su naturaleza, lo hará si no se le molesta con la repetición de mensajes contrarios desde la mente objetiva. Esto no es una mera fantasía, sino una verdad que comprobada diariamente por las experiencias de muchos. Los hechos no se fabrican para adecuarse a la teoría, sino que la teoría se ha construido a través de la cuidadosa observación de los hechos; y dado que se ha demostrado tanto por la teoría como por la práctica, que tal es la ley de relación entre mente subjetiva y objetiva, nos encontramos cara a cara con una gran cuestión. ¿Existe alguna razón por la cual las leyes que son efectivas para la mente subjetiva individual, no lo sean también para la Mente Universal? La respuesta es que no la hay. Como se ha mostrado, la Mente Universal debe, por su misma universalidad, ser puramente subjetiva y lo que es ley para una parte debe ser ley para el todo. Podemos concluir estas conferencias al considerar el resultado de aplicar lo que hemos aprendido respecto a la mente individual subjetiva con relación a la Mente Universal. Hemos aprendido ya, que los tres grandes hechos relacionados con la mente subjetiva son: su poder creativo, su respuesta a las sugerencias, y su incapacidad de trabajar por otro método que no sea el deductivo. Este último es un punto sumamente importante, porque implica que la acción de la mente subjetiva no está de ninguna manera limitada por un precedente. El método inductivo trabaja sobre principios inferidos de un patrón preexistente, y por lo tanto, lo mejor que produce es forma nueva de una cosa vieja. Pero el método deductivo trabaja de acuerdo a la esencia o espíritu del principio y no depende de ninguna manifestación previa concreta para su deducción. Este último método de operación debe necesariamente ser el de la Mente que todo lo origina, dado que no podría haber un patrón preexistente del cual se pudiesen haber aprendido los principios de construcción. La necesidad de un patrón hubiera prevenido su construcción si el método hubiese sido inductivo en lugar de deductivo. Así, por las necesidades del caso, la Mente

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Universal debe actuar deductivamente, es decir, de acuerdo a la ley que se ha encontrado ser la verdadera para la mente individual subjetiva. Por lo tanto no está limitada a precedente alguno, lo cual quiere decir que su poder creativo es absolutamente ilimitado, y al ser esencialmente mente subjetiva y no objetiva, es enteramente receptiva a las sugerencias. Es una deducción inevitable, que así como podemos imprimir cierto carácter de personalidad sobre la mente subjetiva individual a través de la sugerencia, así también podemos imprimirlo, y lo hacemos, sobre la Mente universal. Es por esta razón que he enfocado la atención sobre la cualidad personal inherente del espíritu puro al contemplarla en su plano más interior. El carácter que le investimos a la Mente universal se convierte en la más importante de las consideraciones, dado que nuestra relación hacia ésta es puramente subjetiva, infaliblemente nos traerá de regreso aquel carácter que le imprimamos; en otras palabras será para nosotros exactamente lo que creamos que es. Esto es sencillamente una inferencia lógica del hecho de que, como mente subjetiva, nuestra relación primaria con ésta solamente puede darse en el plano subjetivo, e indirectamente, nuestras relaciones objetivas deben surgir también de la misma fuente. Este es el significado de ese pasaje de la Biblia que se repite dos veces (Salmo 18:26 y 2Sam.22:27), "Limpio serás con el limpio, pero del perverso tú te apartarás" ya que el contexto nos enseña claramente que estas palabras son dirigidas al Ser Divino. El reino espiritual está dentro de nosotros, y al entenderlo así se convierte para nosotros en una realidad. Es la invariable ley de la vida subjetiva que "así como un hombre piensa en su corazón, así es", es decir, sus estados subjetivos internos son la única realidad verdadera, y aquello que llamamos realidades externas son solamente sus correspondencias objetivas. Si comprendemos absolutamente la verdad de que la Mente Universal debe ser exactamente como el concepto de ella que tengamos, y que esta relación no es meramente imaginaria, sino que debe ser para nosotros un hecho real, y también la base de todos los otros hechos; por lo tanto, es imposible sobre estimar la importancia del concepto de la Mente Universal que adoptemos. Para los no instruidos no hay elección. Ellos se forman un concepto de acuerdo a la tradición que han recibido de los demás y hasta que aprendan a pensar por sí mismos, deben regirse por los resultados de tales tradiciones. Ya que las leyes naturales no admiten excepciones, no importa cuán fallida sea la idea tradicional, su aceptación involucrará una reacción correspondiente en

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la Mente Universal, que a su vez se verá reflejada en la mente consciente y en vida exterior del individuo. Jesús, el más grande maestro de la Ciencia Mental, ha dejado bases claras para nuestra guía. Él compele a su público, aquellas gentes comunes, sin instrucción, que lo escuchan felices, a imaginarse a la Mente universal como un padre de todos, benigno y compasivo, que envía las bondades de la Naturaleza sobre todos, buenos y malos. También la dibujó como un Algo que ejerce un cuidado especial y peculiar sobre aquellos que reconocen su disposición de hacerlo: "Los cabellos de tu cabeza están contados" y "Ustedes son más valiosos que los gorriones" Nos decía que la oración debería hacerse al Ser no visto, no con duda o miedo, sino con la absoluta seguridad de una respuesta certera, y no deberían ponérsele límites a su poder o voluntad de trabajar por nosotros. Pero para aquellos que no lo comprendan así, la gran Mente es necesariamente el adversario que los arroja en prisión para hasta que paguen hasta el último centavo. Así, en todos los casos, el Maestro imprimió en sus escuchas la correspondencia exacta de la actitud de este Poder invisible hacia ellos con su propia actitud hacia Él. Tales enseñanzas fueron la adaptación para la capacidad intelectual de una multitud iletrada, de las verdades más profundas de lo que ahora llamamos Ciencia Mental. La base de todo es la personalidad críptica del espíritu que se esconde a través de la infinita Naturaleza bajo toda forma de manifestación. No puede ser otra cosa que bondad, no puede tener nociones de maldad, por lo que todo mal intencional nos pone en oposición a ella, nos priva de su guía, y nos abandona a luchar nuestra batalla solos contra el universo, con una desventaja, que a la larga será demasiado grande para nosotros. Pero recuerda que la oposición jamás puede ser de parte de la Mente Universal, porque en sí misma es mente subconsciente. Suponer cualquier oposición activa de su parte contra su propia iniciativa, sería contrario a todo lo que hemos aprendido de la naturaleza de la mente subconsciente ya sea individual o universal. La posición de la mente Universal hacia nosotros es siempre el reflejo de nuestra propia actitud. Aunque la Biblia esté llena de amenazas contra aquellos que persisten en la oposición consciente de la Ley Divina del Bien, por otro lado está llena de promesas de inmediato y total perdón para todos aquellos que cambien su actitud y deseen cooperar con la Ley del Bien como la conozcan. Las leyes de la Naturaleza no actúan vengativamente, y

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debemos darnos cuenta de que estamos lidiando con la ley suprema de nuestro ser. Es sobre la base de esta ley natural que encontramos declaraciones como la de Ezequiel 18:22, la que nos dice que si nos olvidamos de nuestras iniquidades, nuestras transgresiones pasadas jamás se nos volverán a mencionar. Estamos lidiando con los más grandes principios de nuestro ser subjetivo, y nuestro mal uso de ellos en el pasado jamás pueden hacer que su inherente ley de acción cambie. Si nuestro método de usarlo en el pasado nos ha traído tristeza, miedo y problemas, sólo debemos regresar a la ley, y al hacerlo, la causa de los efectos se revertirá. Un sincero esfuerzo de actuar al nivel de nuestra nueva actitud mental es esencial. Porque no podemos realmente pensar de una manera y actuar de otra; pero nuestras repetidas fallas al actuar como desearíamos hacerlo no deben descorazonarnos. La intención sincera es lo esencial, y es lo que a la larga nos liberara de los hábitos que parecen por ahora insuperables. El paso inicial consiste en determinar imaginarnos a la Mente Universal como el ideal de todo lo que desearíamos que fuese (tanto para nosotros como para los demás) junto con la tarea de reproducir este ideal, no importa cuán imperfectas sean nuestras vidas. Al haber tomado este paso, podemos entonces verla como nuestra Amiga omnipresente, quien nos provee de todo lo bueno, nos libera de todo peligro y nos guía con todo consejo. Al habituarnos a ver así a la Mente Universal, encontraremos que de acuerdo a las leyes que hemos estado considerando, se nos volverá cada vez más y más personal, y en respuesta a nuestro deseo su inherente inteligencia se nos hará cada vez más y más perceptible en nuestro interior; como el poder de percibir la verdad más allá de cualquier enunciado que pudiésemos formular a través de la mera investigación intelectual. De la misma manera, si pensamos en ella como un gran poder dedicado a satisfacer todas nuestras necesidades, también le imprimiremos este carácter, y por medio de la ley de la Mente Subjetiva, procederá a actuar la parte de esa providencia especial con la que hemos acreditado su ser. Si nos damos cuenta por encima de todo esto, que queremos algo aun más grande y perdurable, aplican las mismas reglas: dale a la Mente Universal la sugerencia de deseo y por la ley de relación entre mente subjetiva y objetiva también esto se cumplirá. Así, los problemas

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más profundos de la filosofía nos llevan al antiguo enunciado de la Ley: "Pide y se te concederá, busca y encontrarás" "Toca y se te abrirá". Este es el resumen de la ley natural de la relación que hay entre nosotros y la Mente Divina. Debemos empezar desde donde nos encontramos ahora, y a través de estimar correctamente nuestra relación con la Mente Divina Universal podremos gradualmente obtener cualquier condición que deseemos. Si cambiamos primero nuestra actitud mental habitual, nos convirtamos en la persona que corresponde a esas condiciones, ya que jamás podremos ponernos por encima de la ley de correspondencia. Para esta ley no hay límites. Lo que puede hacer por nosotros hoy, lo puede hacer mañana y a través de todos los mañanas de la eternidad. La creencia en la limitación es la única cosa que causa la limitación, puesto que así le imprimimos límites al principio creativo. Pero no debemos ignorar nuestras responsabilidades. El pensamiento entrenado es mucho más poderoso que el no entrenado y por lo tanto, entre más profundamente penetremos en la Ciencia Mental, más cuidado debemos tener para evitar todo pensamiento y palabra que exprese aun en lo mínimo una forma de mala voluntad. Chismes, murmuraciones e ironías, no van de acuerdo a los principios de la Ciencia Mental, y de igual manera aun nuestros pensamientos de bondad más pequeños, llevan con ellos una semilla de bien la cual seguramente dará frutos a su debido tiempo. Esto es una importante lección de la Ciencia Mental, dado que nuestra mente subjetiva toma su color de nuestros hábitos mentales establecidos y una ocasional afirmación o negación no serán suficientes para cambiarla. Por lo mismo, debemos cultivar el tono que deseemos ver reproducido en nuestras condiciones, ya sean de cuerpo, mente o circunstancia. En mis conferencias el propósito ha sido el de asentar los amplios principios generales de la Ciencia Mental. El conocimiento de los libros solamente es un medio para un fin. Los libros solamente pueden dirigirnos hacia qué buscar y dónde, pero debemos encontrarlos por nosotros mismos. Por lo tanto, si realmente has captado los principios de la ciencia, enmarcarás tus propias reglas que te darán mejores resultados que si trataras de seguir los de alguien más. Nunca temas ser tú mismo. Si la Ciencia Mental no te enseña a ser tú mismo, entonces no enseña nada. Tú mismo, más de ti mismo, y más de ti mismo es lo que quieres, únicamente con el conocimiento de que el ser verdadero

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incluye el ser superior y el ser interior, los cuales están siempre en contacto con la Gran Mente Divina. Como dice Walt Whitman. NO estás todo incluido entre tu sombrero y tus botas. XIV EL CUERPO Para algunos estudiantes les es difícil captar que la acción mental puede producir algún efecto verdadero en la substancia material; pero si esto no es posible entonces no hay tal cosa como Ciencia de la Mente, cuyo propósito es producir condiciones mejoradas, tanto en el cuerpo físico, como en el entorno, para que la máxima manifestación a la que se aspire sea siempre una de demostración en el plano de lo visible y lo concreto. Por lo tanto, el lograr una convicción de una verdadera conexión entre lo visible y lo invisible, entre el interior y el exterior, es uno de los puntos más importantes de nuestros estudios. Que tal conexión existe debe de existir se prueba con el argumento metafísico en respuesta a la pregunta ¿Cómo llegó a existir el todo? Y la creación toda, incluidos nosotros, queda como evidencia de esta gran verdad. Pero para muchas mentes un mero argumento abstracto no es del todo convincente, o de alguna manera se hace más convincente si está apoyado en algo de naturaleza más concreta; y para tales lectores les daría algunas sugerencias con respecto a la correspondencia entre lo físico y lo mental. El tema abarca un área muy amplia, y el limitado espacio de que dispongo sólo me permitirá tocar en algunos puntos sugerentes; aún así, estos pueden ser suficientes para mostrar que el argumento abstracto tiene algunos hechos correspondientes que lo respaldan. Una de las pruebas más convincentes que Yo he visto, la brinda el "biómetro", un pequeño instrumento inventado por un eminente científico francés, el finado Dr. Hippolyte Baraduc, que muestra la acción de lo que él llama "la corriente vital". Su teoría es que esta

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fuerza, cualquiera que pudiera ser su naturaleza, está universalmente presente, y opera perpetuamente como una corriente de vitalidad física, fluyendo con más o menos energía a través de todo organismo físico, y que puede, de alguna manera y hasta cierto grado, ser controlado por el poder de la voluntad humana. La teoría en toda su minuciosidad es extensivamente elaborada, y ha sido descrita en detalle en los trabajos publicados del Dr. Baraduc. En una conversación que tuve con él hace como un año, me dijo que estaba escribiendo otro libro que daría más luz al tema, pero unos meses después falleció antes de que fuera presentado al mundo. Sin embargo, el hecho que quiero presentar al lector, es la demostración visible de la conexión entre la mente y la materia, que nos proporciona un experimento con el biómetro. El instrumento consiste de un capelo dentro del cual pende una aguja de cobre de un delgado hilo de seda. El capelo está sobre una base de madera, debajo de la cual hay un serpentín de cobre, que sin embargo, no está conectado a ninguna batería u otro aparato y tan sólo sirve para condensar la corriente. Debajo de la aguja, dentro del capelo, hay una tarjeta circular dividida en grados para marcar el movimiento de la aguja. Dos de estos instrumentos se ponen uno junto del otro, pero de ninguna manera conectados, y el experimentador extiende los dedos de ambas manos a más o menos a una pulgada de distancia de los capelos. Según la teoría, la corriente entra por la mano izquierda, circula por el cuerpo y sale por la mano derecha; es decir, hay una atracción por la mano izquierda y una proyección por la derecha, así entonces de acuerdo con los experimentos de Reichenbach sobre la polaridad del cuerpo humano. Debo confesar que, aunque había leído el libro del Dr. Baraduc, Les Vibrations Humaines, aborde el instrumento con un enfoque mental muy escéptico; pero pronto me convencí de mi error. Al principio, manteniendo una actitud de entera relajación, encontré que la aguja de la mano izquierda era atraída veinte grados, mientras que la aguja de la mano derecha, la que era afectada por la corriente de salida, era repelida por diez grados. Después de permitir que el instrumento regresara a su equilibrio normal, una vez más lo aborde con el propósito de ver si el cambio de actitud mental modificaría en lo más mínimo el flujo de la corriente. En esta ocasión, asumí la actitud mental más fuerte que me fuera posible con la intención de enviar un flujo a través de la mano derecha, y el resultado, comparado con el

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anterior fue notable. La aguja de la izquierda ahora fue atraída sólo diez grados, mientras que la de la mano derecha fue desviada algo más de treinta grados, por ende indicando claramente la influencia de las facultades mentales en la modificación de la acción de la corriente. Puedo mencionar que el experimento se realizo con la presencia de dos médicos que tomaron nota de los movimientos de las agujas. No me detendré aquí para discutir la cuestión de cual puede ser en sí la constitución de esta energía vital - será suficiente para nuestro propósito actual que está ahí, y el experimento que he descrito nos encara con el hecho de una correspondencia entre nuestra actitud mental y las fuerzas invisibles de la naturaleza. Aún si decimos que esta corriente es alguna forma de electricidad, y que la variación de su acción está determinada por los cambios en la polarización de los átomos del cuerpo, entonces este cambio de polarización es el resultado de acción mental; por lo que el adelantar o retrasar la corriente cósmica es igualmente el resultado de la actitud mental, sea que supongamos que nuestra fuerza mental actúa directamente sobre la corriente en sí, o indirectamente al inducir cambios en la estructura molecular del cuerpo. Cualquiera que sea la hipótesis que adoptemos la conclusión es la misma. En sí, que la mente tiene el poder para abrir o cerrar la puerta a fuerzas invisibles, de tal manera que el resultado de la acción mental se hace aparente en el plano material. Ahora bien, las investigaciones muestran que el cuerpo físico es un mecanismo especialmente adaptado para la transmutación de poder interior o mental a modalidades de actividad externa. Sabemos por la ciencia médica que todo el cuerpo tiene entreverado una red de nervios que sirven como canales de comunicación entre el ego espiritual interno, que llamamos mente, y las funciones del organismo exterior. Este sistema nervioso es dual. Un sistema, conocido como el Simpático, que es el canal para esas actividades que no son conscientemente dirigidas por nuestra volición, tales como la operación de nuestros órganos digestivos, la reparación del desgaste de los tejidos y demás. El otro sistema, conocido como el Voluntario o Sistema Espino - Cerebral, es el canal a través del cual recibimos la percepción consciente de los sentidos físicos y ejercemos control sobre nuestros movimientos del cuerpo. Este sistema tiene su centro en el cerebro, mientras que el otros tiene su centro en masa gangliónica detrás del estomago, conocido como el plexo solar, y del que algunas veces se habla de él como el

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cerebro abdominal. El sistema espino - cerebral es el canal de nuestra acción por volición o acción mental consciente y el sistema simpático es el canal de la acción mental que inconscientemente apoya las funciones vitales del cuerpo. Así, el sistema espino - cerebral es el órgano de la mente consciente y el sistema simpático es el de la mente subconsciente. Pero la interacción de la mente consciente y subconsciente requiere de una interacción similar entre los sistemas nerviosos correspondientes, y la conspicua conexión por la que esta es proporcionada es el "nervio vago". Este nervio sale de la región cerebral como una porción del sistema voluntario, y a través de él controlamos los órganos vocales; de ahí pasa hacía el tórax enviando ramificaciones hacía el corazón y los pulmones; y finalmente, pasando por el diafragma, pierde su capa exterior que distingue a los nervios del sistema voluntario y se identifica con los del sistema simpático, formando así un enlace que conecta a los dos y haciendo del hombre una sola entidad física. En forma similar diferentes áreas del cerebro indican su conexión con las actividades objetivas y subjetivas de la mente respectivamente, y hablando en general podríamos asignar la parte frontal del cerebro a la mente objetiva y la parte posterior a la mente subjetiva, mientras que la porción intermedia toma del carácter de ambas. La facultad intuitiva tiene su correspondencia en esta parte superior del cerebro situada entre las porciones frontal y posterior, y hablando fisiológicamente, es aquí donde las ideas intuitivas encuentran entrada. Estas al principio están más o menos sin forma y generalizadas en cuanto a su carácter, sin embargo son percibidas por la mente consciente, de otra manera no estaríamos conscientes de ellas para nada. Entonces el esfuerzo de la naturaleza es traer estas ideas a una forma más definida y utilizable, por eso entonces la mente consciente las toma e induce una corriente vibratoria correspondiente en el sistema nervioso voluntario, y esto a su vez induce una corriente en el sistema involuntario, por lo tanto entregando la idea a la mente subjetiva. La corriente vibratoria que primero descendió del ápice del cerebro al cerebro frontal y por ende a través del sistema voluntario al plexo solar ahora se invierte y asciende del plexo solar a través del sistema simpático al cerebro posterior, indicando esta corriente inversa la actividad de la mente subjetiva.

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Si removiéramos la porción superficial del ápice del cerebro encontraríamos inmediatamente debajo el cinturón brillante de substancia cerebral llamada el "cuerpo calloso". Este es el punto de unión entre lo subjetivo y lo objetivo, y conforme la corriente regresa del plexo solar a este punto ésta es restaurada a la porción objetiva del cerebro en forma fresca que ha adquirido por una silenciosa alquimia de la mente subjetiva. Por lo que la concepción que primero fue vagamente reconocida es restaurada a la mente objetiva en forma definida y utilizable, y entonces la mente objetiva, actuando a través del cerebro frontal - el área de comparación y análisis - procede a trabajar sobre una idea claramente percibida y a extraer las potencialidades latentes en ella. Claro que debe tenerse en cuenta que aquí estoy hablando del ego mental en la modalidad de su existencia con la cual estamos más familiarizados, que se reviste de carne, aunque hay mucho que decir de otras modalidades de su actividad. Pero para nuestra vida diaria tenemos que considerarnos como somos en ese aspecto de vida, y desde este punto de vista la correspondencia fisiológica del cuerpo a la acción de la mente es un punto importante; y por lo tanto, aunque siempre debemos recordar que el origen de las ideas es puramente mental, no debemos olvidar que en el plano físico la acción mental implica una acción molecular correspondiente en el cerebro y en el sistema nervioso dual. Si, como dice el poeta Elizabetano, "El alma es forma y hace al cuerpo", se hace claro que el organismo físico debe ser un arreglo mecánico especialmente adaptado para el uso del poder del alma, así como la maquina de vapor es al poder del vapor; y es el reconocimiento de esta reciprocidad entre los dos que es la base de toda curación mental o espiritual, y por ello el estudio de esta adaptación mecánica es una importante rama de la Ciencia Mental. Sólo no debemos olvidar que esto es el efecto y no la causa. Al mismo tiempo es importante recordar que tal cosa como la reversión de la relación entre causa y efecto es posible, así como un mismo aparato se le puede hacer que genere fuerza mecánica mediante la aplicación de electricidad, o que genere electricidad mediante la aplicación de fuerza mecánica. Y la importancia de este principio

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consiste en esto. Siempre hay la tendencia de que las acciones que al principio eran voluntarias se vuelvan mecánicas, esto es, que pasan de la región de la mente consciente a la región de la mente subconsciente, y que adquieran un lugar permanente ahí. El profesor Elmer Gates, de Washington, ha demostrado esto fisiológicamente en sus estudios de la formación del cerebro. Nos dice que todo pensamiento produce un ligero cambio molecular en la substancia del cerebro, y la repetición del mismo tipo de pensamiento causa la repetición de la misma acción molecular hasta que finalmente un verdadero canal se forma en la substancia del cerebro, que sólo puede ser erradicado con un proceso de pensamiento invertido. De esta manera "surcos de pensamiento" son cosas muy literales, y una vez establecidos, las vibraciones de las corrientes cósmicas fluyen automáticamente a través de ellos y por tanto reaccionan en la mente por medio de un proceso contrario a aquel de nuestra voluntad e intención de atraer lo invisible hacía el mundo de los efectos. De esta manera se forman lo que llamamos "hábitos", de ahí la importancia de controlar nuestros pensamientos y cuidarnos de ideas indeseables. Pero por otra parte es proceso reaccionario puede utilizarse para confirmar modalidades de pensamiento buenas y que dan vida, para que por medio del conocimiento de sus leyes podamos reclutar al mismo cuerpo en la construcción de esa plena y perfecta personalidad, cuya obtención es el objetivo de nuestros estudios. XV EL ALMA Habiendo atisbado a la adaptación del organismo físico a la acción de la mente, ahora debemos percatarnos de que la mente es en sí un organismo que de la misma manera se adaptó a un poder aún superior, sólo que aquí la adaptación es una de facultad mental. Como en otras fuerzas invisibles todo lo que podemos conocer de la mente es observando lo que hace, pero con esta diferencia: que como nosotros mismos somos esa mente, nuestra observación es una observación interior de los estados de consciencia. De esta manera reconocemos algunas facultades de nuestra mente, cuyo orden de funcionamiento he considerado en la página 74; pero el punto al cual atraería la atención

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ahora es que estas facultades trabajan siempre bajo la influencia de algo que las estimula, y este estímulo puede venir del exterior a través de los sentidos, o del interior por la consciencia de algo no perceptible en el plano físico. Ahora, el reconocimiento de estas fuentes interiores de estímulo a nuestras facultades mentales es una rama importante de la Ciencia Mental, porque la acción mental así establecida funciona en forma tan exacta a través de las correspondencias físicas, así como aquellas que se inician del reconocimiento de hechos externos, y por ello el control y dirección correcta de estas percepciones interiores es asunto del primer instante. Las facultades más inmediatas que nos conciernen son las de la intuición y las de la imaginación, pero al principio es difícil ver como la intuición, que es totalmente espontanea, puede llegar a controlarse por medio de la voluntad. Desde luego que no se puede interferir con la espontaneidad de la intuición de ninguna manera, porque si dejara de actuar con espontaneidad dejaría de ser la intuición. Su esfera de acción, como quiera que sea, es la de capturar ideas del infinito y presentarlas a la mente para ser manejadas a su discreción. En nuestra constitución mental, la intuición es el punto de origen y, por lo tanto, dejar de actuar con espontaneidad sería dejar de actuar totalmente. Pero la experiencia de una gran sucesión de observadores muestra que la intuición puede ser entrenada para adquirir una mayor sensibilidad hacía una dirección en particular, y la elección de esa dirección en general está determinada por la voluntad del individuo. Se encontrará que la intuición trabaja más prontamente en aquellos temas que más habitualmente ocupan nuestro pensamiento; y de acuerdo a las correspondencias fisiológicas que hemos estado considerando, esto puede explicarse en el plano físico por la formación de canales cerebrales especialmente adaptados para la inducción de vibraciones en el sistema molecular correspondientes a la clase particular de ideas en cuestión. Pero desde luego debemos recordar que las ideas en sí no son causadas por los cambios moleculares, sino por el contrario, son la causa de los mismos; y es en esta traslación de acción de pensamiento a acción física que somos llevados a encarar el eterno misterio del descenso del espíritu a la materia; y que aunque podamos rastrear la materia a través de sucesivos grados de refinamiento hasta que se convierte en lo que, en comparación con esas modalidades más densas que son más familiares, podríamos llamar substancia espiritual,

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aún así al final, no es el principio pensante en sí. El criterio está en la palabra "vibraciones". Por delicadamente etérica que sea la substancia, su movimiento se inicia con la vibración de sus partículas, y la vibración es una onda de cierta longitud, amplitud, y periodicidad, es decir, algo que sólo puede existir en términos de espacio y tiempo; y tan pronto estamos tratando con algo capaz de la concepción de medida podemos estar seguros que no estamos tratando con el Espíritu, sólo con uno de sus vehículos. Por lo tanto aunque podemos llevar nuestro análisis de la materia más y aún más hacía atrás - y sobre esta línea hay una gran cantidad de conocimiento que se puede adquirir encontraremos que el punto que poder espiritual o fuerza de pensamiento que se traduce a vibraciones etéricas o atómicas siempre nos eludirá. Por lo tanto no debemos atribuir el origen de ideas al desplazamiento molecular en el cerebro, aunque, la reacción de lo físico en lo mental de que hablé más arriba, la formación de canales de pensamiento en la materia gris del cerebro puede tender a facilitarnos la recepción de ciertas ideas. Algunas personas realmente están conscientes de la acción de la porción superior del cerebro durante el influjo de una intuición, siendo la sensación una de expansión en el área del cerebro, que podría comparase a la apertura de una válvula o una puerta; pero todo intento de inducir el influjo de ideas intuitivas por medio del recurso fisiológico de tratar de abrir esta válvula ejerciendo la voluntad debe desalentarse por la posibilidad de daño al cerebro. Considero que algunos sistemas orientales abogan por este método, pero podemos confiar en que la mente regulará la acción de sus canales físicos de manera adecuada a sus propios requerimientos, en lugar de tratar de manipular la mente forzando en forma antinatural su instrumento mecánico. En todos nuestros estudios sobre estas líneas debemos recordar que el desarrollo es un crecimiento perfectamente natural y no se logra presionando indebidamente ninguna porción del sistema. El hecho, sin embargo, persiste en que la intuición trabaja más libremente en la dirección en que más habitualmente concentramos nuestro pensamiento; y en la práctica se encontrará que la mejor forma de cultivar la intuición en cualquier dirección es meditar sobre los principios abstractos de esa clase de temas en particular en lugar de sólo considerar casos aislados. Tal vez la razón sea que casos particulares tienen que ver con fenómenos específicos, esto es la ley trabajando en bajo ciertas condiciones limitadas, mientras que los

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principios de la ley no están limitados por condiciones locales, así la meditación habitual sobre ellos libera nuestra intuición a un rango infinito donde la concepción de condiciones antecedentes no la limitan. De todas maneras, cualquiera que sea la explicación teórica, se encontrará que la captación clara de principios abstractos en cualquier dirección tiene un efecto acelerador sobre la intuición en esa dirección en particular. La importancia de reconocer nuestro poder de así dar dirección a nuestra intuición no se puede exagerar, porque si la mente está sintonizada en simpatía hacía las más altas fases del espíritu este poder abre la puerta a posibilidades ilimitadas de conocimiento. En su funcionamiento más elevado la intuición se convierte en inspiración, y algunos grandes registros de verdades fundamentales y misterios supremos que nos han llegado de miles de generaciones heredados por grandes pensadores de antaño sólo se pueden explicar en el supuesto de que sus pensamientos más intensos sobre el Espíritu Originario, aunado a una adoración reverente del mismo, abrieron la puerta, a través de su facultad intuitiva, a la más sublime de las inspiraciones con relación a las verdades supremas del universo, en cuanto a ambos, la evolución del cosmos y la evolución del individuo. En dichos registros explicativos de los misterios supremos tres sobresalen en forma preeminente, todos dando testimonio de la Verdad Única, y cada uno a su vez dando luz sobre el otro; y esos tres son la Biblia, la Gran Pirámide y La Baraja - una combinación curiosa pensarán algunos, pero espero en otro volumen de estas series poder justificar mi postulado. Hago alusión aquí a estos registros porque la unidad de principios que exhiben, sin contraponer su gran divergencia de método, nos aporta prueba de que la dirección tomada por la intuición es ampliamente determinada por la voluntad del individuo que abre la mente en esa dirección en particular. Cercanamente aliada a la intuición es la facultad de imaginación. Esto no quiere decir meras fantasías, que hacemos a un lado sin mayores consideraciones, sino nuestro poder de formar imágenes mentales sobre las que centramos nuestra atención. Estas, como he dicho al principio de este libro, forman un núcleo que, en su propio plano, llama a la acción a la Ley Universal de atracción, dando así origen al principio de Crecimiento. La relación de la intuición a la imaginación es que la intuición capta una idea de la Gran Mente Universal, en la que todo

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subsiste como potencialidad, y se la presenta a la imaginación en su esencia más que en una forma definitiva y entonces nuestra facultad de construir imágenes le da una clara y definitiva forma, la cual presenta a la visión mental, la que a su vez nosotros vivificamos centrando la atención de nuestro pensamiento sobre ella, infundiéndole así nuestra propia personalidad, y con ello proporcionando ese elemento personal a través del cual la acción específica de la ley universal relativa al individuo en particular toma lugar. El que a nuestro pensamiento se le permita entonces centrar su atención sobre una imagen mental en particular depende de nuestra propia voluntad, y el que ejerzamos nuestra voluntad depende de nuestra creencia en nuestro poder para utilizarla para dispersar o para consolidar una imagen mental dada; y finalmente nuestra creencia en nuestro poder para hacer esto depende de nuestro reconocimiento de nuestra relación con Dios, Quien es la fuente de todo poder; porque es una verdad invariable que nuestra vida tomará su forma total, tono y color de nuestra concepción de Dios, sea esta concepción positiva o negativa, y en la secuencia en que lo hace es la que ahora se da. De esta manera entonces, nuestra intuición está relacionada a nuestra imaginación, y esta relación tiene su correspondiente fisiológico en el círculo de vibraciones moleculares que he descrito arriba, que, teniendo su comienzo en la más elevada o porción "ideal" del cerebro, fluye a través del sistema nervioso voluntario, el canal físico de la mente objetiva, regresando por el sistema simpático, el canal de la mente subjetiva, completando así el circuito y siendo entonces restaurado al cerebro frontal, donde es conscientemente moldeado a formas claras hechas a la medida para un propósito específico. En todo, este poder de la voluntad para regular la acción de la intuición y de la imaginación no se le debe perder de vista, ya que sin este poder de control central perderemos todo sentido de individualidad; y por ende el objetivo final del proceso evolutivo es la evolución de las voluntades individuales impulsadas por tal beneficencia e iluminación como para hacerlas vehículos adecuados para el flujo del Espíritu Supremo que ha creado hasta ahora cósmicamente y que ahora puede llevar el proceso creativo a sus más elevados estados sólo a través de la unión consciente con el individuo; siendo ésta la única solución del

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gran problema, ¿Cómo puede la Mente Universal actuar en su plenitud sobre el plano individual y particular? Esta es la máxima evolución, y la evolución exitosa del individuo depende de su reconocimiento de esta máxima y el trabajar hacía ella; por lo tanto esto debe ser el gran fin de nuestros estudios. Hay una correspondencia en la constitución del cuerpo a las facultades del alma, y hay una correspondencia similar en las facultades al poder del Espíritu Origen del todo; y como en toda adaptación de vehículos específicos así también aquí, nunca podemos comprender correctamente la naturaleza del vehículo y utilizarlo correctamente hasta que captamos la naturaleza del poder para el cual está especialmente adaptado. Dejémonos entonces, en breve conclusión considerar la naturaleza de ese poder. XVI EL ESPIRITU ¿Qué debe de ser en sí el Espíritu Origen del Todo? Esa es la pregunta ante nosotros. Comencemos con un hecho relativo a él acerca del cual no podemos tener la menor duda - es creativo. Si no fuese creativo nada podría llegar a existir; por lo tanto sabemos que su propósito, o Ley de Tendencia, es traer vidas individuales a la existencia y rodearlas con un medio ambiente adecuado. Ahora bien, un poder que tiene esto como su naturaleza inherente debe de ser un poder amable. El Espíritu de Vida que busca expresión en vidas individuales no puede tener otra intención hacía ellas que "que tengan vida y la tengan en abundancia". Suponer lo contrario sería una contradicción de términos. Sería suponer al Principio Eterno de Vida actuando en contra de sí mismo, expresándose a la inversa de lo que es, en cuyo caso no estaría expresándose a sí mismo sino a su opuesto; así que sería imposible concebir al Espíritu de Vida actuando en algo que no fuera el incremento de vida. Esto hasta ahorita es sólo imperfecto en apariencia por razón de nuestra apreciación imperfecta de la posición, y nuestro consecuente anhelo de unidad consciente con la Única Vida Eterna. Conforme nuestra consciencia de unidad se perfecciona, así también la dación de vida del Espíritu se hace más aparente. Pero en el ámbito de principios la naturaleza puramente Afirmativa y de dación de Vida del

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Espíritu Origen de Todo es una inevitable conclusión. Ahora bien, ¿por qué nombre podemos llamar tal inherente deseo de agregar a la plenitud de cualquier vida individual - es decir, hacerla más fuerte, brillante y más feliz? Si esto no es Amor, entonces no sé que otra cosa es; y así, somos guiados filosóficamente a la conclusión de que el Amor es el poder primario impulsor del Espíritu Creativo. Pero la expresión es imposible sin Forma. ¿Qué forma entonces debe de dar el Amor a sus vehículos de expresión? Por la hipótesis del caso, no podría encontrar auto - expresión en formas que fueran odiosas y repugnantes a sí mismo - por lo tanto la única correlación lógica del Amor es la Belleza. La Belleza no es aún universalmente manifestada por la misma razón que la Vida tampoco, en sí, la falta de reconocimiento de su Principio; pero que el principio de belleza es inherente en la Mente Eterna está demostrado por todo lo que es Bello en el mundo en que vivimos. Estas consideraciones nos muestran que la naturaleza inherente del Espíritu debe consistir en la interacción eterna del Amor con la Belleza como la polaridad Activa y Pasiva del Ser. Entonces este es el Poder para cuyo funcionamiento nuestras facultades del alma están especialmente adaptadas. Y cuando este propósito de la adaptación es reconocido comienza a revelársenos la forma en que nuestra intuición, imaginación y voluntad se deben ejercer. Entrenando nuestro pensamiento a estar habitualmente centrado en esta dualidad de unidad de las Fuerzas Origen del Amor y Belleza, la intuición se torna más y más sensible a las ideas que emanan de esta fuente suprema, y la facultad de crear imágenes se entrena en la formación de imágenes correspondientes a tales ideas; mientras que en el lado físico la estructura molecular del cerebro y del cuerpo se ajusta más y más perfectamente a las corrientes vibratorias tendientes a la manifestación externa del Principio Originador. Así el hombre total es llevado a la unicidad consigo mismo y la Fuente Suprema de Vida, para que, en las palabras de San Pablo, él es día a día renovado a imagen de Él que lo creó. Nuestro más inmediato reconocimiento del Amor y Belleza Origen del Todo por tanto fluirá como paz mental, salud corporal, discreción en el manejo de nuestros asuntos y el poder para llevar a cabo nuestras empresas; y conforme avanzamos a una concepción más amplia del

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funcionamiento del Espíritu de Amor y Belleza en sus infinitas posibilidades, así mismo nuestra intuición encontrará un alcance más amplio y nuestro campo de acción se expandirá junto con él - en una palabra, descubriremos que nuestra individualidad está creciendo, y que estamos siendo más verdaderamente nosotros mismos más de lo que nunca antes fuimos. La cuestión de las líneas específicas sobre las cuales el individuo puede ser más perfectamente entrenado en cuanto a su relación al Espíritu de Vida que todo lo abarca es por tanto de suprema importancia, pero es de tal magnitud que aún el sólo delinear brevemente su alcance requeriría un volumen por sí sólo, y por lo tanto no trataré adentrarme en ello aquí, mi propósito en este momento es únicamente ofrecer algunas pistas sobre los principios subyacentes en la unicidad trinitaria del Cuerpo, Alma y Espíritu que sabemos que somos. Tan sólo estamos en comienzo del sendero que nos lleva a la realización de esta unicidad en el desarrollo total de todos sus poderes, pero otros han caminado por esta vereda antes que nosotros, de cuyas experiencias podemos aprender; y no menos importante es el fundador de Fraternidad Más Cristiana de los Rosacruces. Esta mente maestra, que en su juventud salió con la intención de ir a Jerusalén, cambió el orden de su viaje y primero residió por tres años en la ciudad simbólica de Damcar, en el país místico de Arabia, y después como por un año en el místico país de Egipto, y después por dos años en el país místico de Fez. Entonces, habiendo aprendido todo lo que se podía adquirir en esos países en esos seis años, regresó a su nativa Alemania, en donde, con base al conocimiento que había adquirido, fundó la Fraternidad de los Rosacruces, para quien escribió los libros místicos M. y T. Entonces, cuando se dio cuenta que su trabajo en su estado actual estaba terminado, por propia voluntad dejó a un lado el cuerpo físico, no, según está registrado, por descomposición o por enfermedad, o por muerte ordinaria, pero por dirección expresa del Espíritu de Vida, resumiendo todo su conocimiento en las palabras Jesus mihi omnia. Y ahora sus seguidores esperan el advenimiento de "el Artista Elías", quien traerá el Magnum Opus su terminación.

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"Dejad que el que lea entienda".

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LAS CONFERENCIAS DE DORE – THOMAS TROWARD Las conferencias contenidas en este volumen fueron dictadas por mí en la Galería Doré, Bond Street, Londres, durante los Domingos de los primeros tres meses del presente año y ahora son publicadas por bondadosa solicitud de muchos de mis oyentes; de ahí su título de “Las Conferencias de Doré”. Un número de discursos separados sobre una variedad de materias se presentan, necesariamente, con la desventaja de carencia de continuidad, y también, con el riesgo de frecuente repetición de ideas y expresiones similares. Así que confiamos en que el lector perdonará estos defectos como inherentes a las circunstancias de la obra. A la vez se encontrará que, aunque no diseñadas especialmente en tal forma, hay un cierto desarrollo progresivo de pensamiento a través de la docena de conferencias que componen este volumen, la razón de esto es que todas ellas tienen por objeto expresar la misma idea fundamental; es decir, aquella de que aunque las leyes del universo no pueden romperse nunca, pueden hacerse operar bajo condiciones especiales que producirán resultados que no podrían ser producidos bajo condiciones provistas espontáneamente por la naturaleza. Este es un principio científico simple y nos indica el lugar ocupado por el factor personal de una inteligencia que ve más allá de la limitada manifestación presente de la Ley, hasta su esencia real y que constituye así la instrumentalidad por medio de la cual las infinitas posibilidades de la Ley pueden ser evocadas en formas de poder, utilidad y belleza. A más perfecta, por consiguiente, la operación del factor personal, mayores serán los resultados desarrollados a partir de la Ley Universal; y de aquí que nuestra línea de estudio debe ser doble: por una parte el estudio teórico de la acción de la Ley Universal y por otra el ajuste práctico de nosotros mismos para hacer uso de ella. Si el volumen presente ayuda al lector en esta doble búsqueda, habrá cumplido su propósito. Necesariamente que las diferentes materias han sido tratadas muy brevemente y las conferencias pueden ser consideradas solamente como sugerencias de líneas de pensamiento que el lector puede seguir

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por sí mismo y por lo tanto no debe esperar una elaboración cuidadosa de los detalles, que gustosamente hubiese efectuado si hubiese estado escribiendo exclusivamente acerca de uno de estos temas. Este pequeño libro debe ser tomado solamente por lo que es, el registro de algunas charlas fragmentarias con una audiencia muy inteligente y a la cual dedico este volumen con agradecimiento. T. Troward Junio 5, 1909.

ENTRAR EN EL ESPIRITU DE ELLO Todos conocemos el significado de esta frase en nuestra vida diaria. El Espíritu es aquello que da vida y movimiento a cualquier cosa, en efecto es le causa de todo lo que existe. El pensamiento del autor, la impresión del pintor, el sentimiento del músico, es aquello sin lo cual sus obras nunca hubiesen venido a existencia, y así, es solamente cuando entramos en la idea que hace surgir la obra que podemos derivar todo el goce y beneficio que ella puede conferir. Si no podemos entrar en el Espíritu de ella, el libro, le pintura, la música, no tienen sentido para nosotros. Para apreciarlas debemos compartir la actitud mental de su creador. Este es un principio universal; si no entramos en el Espíritu de una cosa, está muerta en cuanto concierne a nosotros, pero si entrarnos en él reproducimos en nosotros la misma cualidad de vida que trajo esa cosa a existencia. Ahora bien, si este es un principio general, por qué no podemos llevarlo a abarcar mayor número de cosas? Por qué no al más elevado alcance posible? No podríamos alcanzar hasta el Espíritu originador de la Vida mismo y reproducir así en nosotros una fuente perenne de potencia vital? Este, seguramente, es un asunto que merece nuestra más cuidadosa consideración. El espíritu de una cosa es aquello que es causa de su movimiento inherente y por consiguiente la pregunta que se nos presenta es: ¿cuál es la naturaleza del poder primario de movimiento que se encuentra en el fondo del orden interminable de vida que vemos a nuestro alrededor, incluyendo nuestra propia vida? La ciencia nos proporciona terreno

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amplio para decir que no es material, porque la ciencia ha, ahora, al menos teóricamente, reducido todas las cosas materiales a un éter primario distribuido universalmente y cuyas innumerables partículas están en equilibrio absoluto; de aquí se sigue, con bases matemáticas solamente, que el movimiento inicial que empezó a concentrar el mundo y todas las substancias materiales a partir de las partículas del éter disperso, no podría haberse originado en las partículas mismas, Así, por una deducción necesaria, a partir de las conclusiones de la ciencia física, estamos obligados a suponer la presencia de algún poder inmaterial capaz de separar o apartar ciertas áreas específicas para el despliegue de la actividad cósmica y construir entonces un universo material, con todos sus habitantes, por medio de una secuencia ordenada de evolución, en la cual cada etapa establece el fundamento para el desarrollo de la etapa que debe seguir; en una palabra, nos encontramos cara a cara con un poder que exhibe, en una escala estupenda, las facultades de selección y adaptación de medios para ciertos fines y así distribuye la energía y la vida de acuerdo con un esquema reconocible de progresión cósmica. Por lo tanto no es solamente Vida, sino también Inteligencia, y la Vida guiada por la Inteligencia se torna en Voluntad. Es este poder primario originador el que significamos cuando hablamos de “el Espíritu” y es en este Espíritu de todo el universo que debemos entrar, si hemos de reproducirlo como una fuente de Vida Original en nosotros. En el caso de las producciones del genio artístico sabemos que debemos entrar en el movimiento de la mente creativa del artista, antes de poder comprender el principio que dio nacimiento a su obra. Debemos aprender a participar del sentimiento, a encontrar expresión para lo que es el motivo de su actividad creadora. No podríamos aplicar el mismo principio a la Gran Mente Creadora con la cual buscamos tratar? Hay algo en la obra del artista que es análogo con la creación original. Su obra, literaria, musical o gráfica es creación original en una escala miniatura y en esto difiere de aquella del ingeniero, la cual es constructiva, o de aquella del científico, que es analítica; porque el artista, en cierto sentido, crea algo a partir de nada y por consiguiente parte del simple sentimiento y no de una necesidad preexistente. Esto, por la hipótesis del caso, es verdad también de la Mente Paterna, porque en la etapa donde toma lugar el movimiento inicial de la creación no hay condiciones existentes para compeler la acción en una dirección más que en otra. En consecuencia, la acción tomada por el

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impulso creativo no es dirigida hacia circunstancias externas y el movimiento primario debe ser por la tanto enteramente debido a la acción de la Mente Original sobre Sí Misma; es el proceder de esta Mente para la realización de todo lo que ella siente que es en Si Misma. Así que el proceso creativo es, en su principio, un asunto puramente de sentimiento, exactamente lo que significamos por “motivo” en una obra de arte. Ahora bien, es en este sentimiento original que necesitamos entrar, porque él es la fons et origo de toda la cadena de causación subsecuente. Entonces, ¿qué puede ser este sentimiento original del Espíritu? Puesto que el Espíritu es Vida-en-Sí-Mismo, su sentimiento solamente puede ser hacia una mayor expresión de Vida, cualquier otra clase de sentimiento sería autodestructivo y por lo tanto inconcebible. Entonces, la expresión de Vida plena implica Felicidad y la Felicidad implica Armonía; la Armonía implica Orden y el Orden implica Proporción; la Proporción implica Belleza y es así que en el reconocimiento de la tendencia inherente al espíritu, hacia la producción de Vida, podemos reconocer también una tendencia inherente semejante para la producción de estas otras cualidades; y puesto que el deseo de otorgar la mayor plenitud de vida gozosa solamente puede ser descrito como Amor, podemos resumir la totalidad del sentimiento, que es impulso del movimiento original en el Espíritu, como Amor y Belleza, el Espíritu encontrando expresión a través de formas de Belleza en centros de Vida y en relación armoniosa Consigo Mismo. Este es un enunciado generalizado del extenso principio a través del cual el Espíritu se expande, partiendo de lo más interno hacia lo más externo, de acuerdo con una Ley de tendencia inherente en Sí Mismo. Se ve a Sí Mismo, por así decir, reflejado en varios centros de vida y energía, cada uno con su forma apropiada, pero en el primer caso estas reflexiones no pueden tener existencia, excepto dentro de la Mente originadora. Tienen su iniciación como imágenes mentales, así que, además de los poderes de Inteligencia y Selección, debemos también comprender el de la Imaginación como perteneciendo a la Mente Divina; debemos representarnos estos poderes como operando a partir del motivo inicial de Amor y Belleza.

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Este es el Espíritu en que necesitamos entrar y el método de hacerlo es perfectamente lógico. Es el mismo método por el cual se efectúa todo adelanto científico. Consiste en observar primero como opera una cierta ley en condiciones provistas espontáneamente por la naturaleza y luego considerar cuidadosamente el principio que indica esta operación espontánea; finalmente, deducir de esto cómo actuaría el mismo principio en condiciones especialmente seleccionadas y no provistas espontáneamente por lo naturaleza. El progreso en la construcción de buques proporciona un buen ejemplo de lo que quiero decir. Anteriormente se empleaba la madera en vez del hierro, porque la madera flota en el agua y el hierro se hunde; no obstante, ahora los navíos son construidos de hierro; el pensamiento cuidadoso mostró que la ley de flotación es que cualquier cosa puede flotar si, volumen por volumen, es más ligera que la masa de líquido desplazada por ella; y así ahora hacemos que el hierro flote por la misma ley por la cual se hunde, porque con la introducción del factor personal proveemos condiciones que no ocurren espontáneamente, en acuerdo con la máxima esotérica de que “la naturaleza sin ayuda fracasa”. Ahora queremos aplicar el mismo proceso de especialización de una Ley genérica a la primera de todas les Leyes, aquella de la tendencia genérica dadora de Vida del Espíritu mismo. Sin el elemento de la personalidad individual el Espíritu solamente puede trabajar cósmicamente por una Ley genérica; pero esta Ley admite una especialización más elevada y esta especialización solamente puede ser alcanzada a través de la introducción del factor personal. Para introducir este factor el individuo debe ser completamente consciente del principio subyacente en la acción cósmica o espontánea de la Ley. Dónde, entonces, encontraremos este principio de Vida? Ciertamente que no será contemplando la Muerte. Para colocar un principio en operación en la forma que requerimos, debemos observar su acción cuando está operando espontáneamente en esta dirección en particular. Debemos preguntarnos por qué actúa en la dirección correcta hasta donde llega su alcance, y habiendo aprendido esto podremos hacerla ir más lejos. La Ley de flotación no fue descubierta contemplando el hundimiento de las cosas sino contemplando la flotación de cosas que flotaban naturalmente y entonces preguntándose inteligentemente por qué lo hacían así.

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El conocimiento de un principio debe ser obtenido por el estudio de su acción afirmativa; cuando comprendemos esa acción estamos en posición de corregir las condiciones negativas que tienden a evitar o impedir la acción. Ahora bien, la Muerte es la ausencia de la Vida y la enfermedad es la ausencia de la salud, así que para entrar en el Espíritu de la Vida necesitamos contemplarlo donde se le puede encontrar y no allí donde no se encuentra. Hacemos frente a la antigua pregunta: “Por qué buscas a los vivos entre los muertos?” Es por esto que iniciamos nuestros estudios con la consideración de la creación cósmica, porque es allí donde encontramos al Espíritu de Vida operando a través de incontables edades, no solamente como energía inmortal, sino con perpetuo avance hacia más elevados grados de Vida. Si solamente pudiéramos entrar en el Espíritu como para hacerlo personalmente en nosotros lo que El, evidentemente, es en Sí Mismo, se realizaría la magnum opus. Esto significa comprender nuestra vida como inducida directamente del Espíritu Originador; y si ahora comprendemos que el Pensamiento o la Imaginación del Espíritu es la gran realidad del Ser y que todos los hechos materiales son solamente correspondencias, entonces se sigue lógicamente que lo que debemos hacer es mantener nuestro lugar individual en el Pensamiento de la Mente Paterna. Hemos visto que la acción de la Mente Originadora debe ser necesariamente genérica, que está acorde con los tipos que incluyen multitud de individuos. Este tipo es la reflexión de la Mente Creativa al nivel de ese prototipo genius, y que al nivel humano es el Hombre, no como asociado con circunstancias particulares, sino como existente en el ideal absoluto. Entonces, en la misma proporción en que aprendamos a disociar nuestro concepto de sí mismos de cualesquiera circunstancias particulares y a descansar en nuestra naturaleza absoluta, como reflexiones del Ideal Divino, así, nosotros, a la vez, reflejamos de regreso hacia la Imaginación Divina la concepción original de Sí Misma como expresada en el Hombre genérico o típico y así, por ley natural de causa y efecto, el individuo que comprende esta actitud mental, entra permanentemente en el Espíritu de Vida y llega a ser una fuente perenne de Vida, que surge espontáneamente de su interior.

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Se encuentra entonces siendo, como dice la Biblia, “la imagen y semejanza de Dios”. Ha alcanzado el nivel en el que proporciona un nuevo punto de partida para el proceso creativo; y el Espíritu, encontrando un centro personal en él, comienza su operación de novo, habiendo así solucionado el gran problema de cómo permitir que lo Universal actúe directamente en el plano de lo Particular. Es en este sentido, como proporcionando el centro requerido para una nueva partida del Espíritu creativo, que se considera al hombre como un “microcosmos”, o universo en miniatura; y esto es también lo que se significa en la doctrina esotérica de La Octava y de la cual podré hablar más plenamente en otra ocasión. Si los principios establecidos aquí son cuidadosamente considerados, se encontrará que arrojan mucha luz sobre lo que en otra manera sería oscuro; y proporcionarán también la clave de los ensayos subsiguientes. Se le pide al lector, por consiguiente, que las medite cuidadosamente y tome nota de sus relaciones con el tema de nuestra próxima conferencia. INDIVIDUALIDAD La individualidad es el complemento necesario del Espíritu Universal, que fue el tema de nuestra consideración el domingo pasado. El problema total de la vida consiste en encontrar la verdadera relación de lo individual con el Espíritu Universal Originador; y el primer paso hacia la averiguación de ésta es comprender lo que el Espíritu Universal debe ser en Si Mismo. Ya hemos hecho esto en alguna extensión y las conclusiones a las que hemos llegado son: • Que la esencia del Espíritu es Vida, Amor y Belleza. • Que su Motivo, o impulso motor primario, es expresar la Vida, el Amor y la Belleza que El se siente Ser. • Que lo Universal no puede actuar en el plano de lo Particular excepto a través de llegar a ser lo particular, esto es, por expresión a través de lo individual.
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Si estos tres axiomas son comprendidos claramente, habremos obtenido un fundamento sólido para iniciar la consideración de nuestro tema para hoy. La primera pregunta que se presenta naturalmente es: Si estas cosas son así, por qué no todo individuo expresa la vida, el amor y la belleza del Espíritu Universal? La respuesta a esta pregunta se encuentra en la Ley de Consciencia. No podemos ser conscientes de cosa alguna a menos de comprender una cierta relación entre ella y nosotros. Debe afectarnos en alguna manera, en otra forma no podemos ser conscientes de su existencia; y de acuerdo con la manera como nos afecta nos reconocemos como subsistiendo en relación con ella. Es este autorreconocimiento de nuestra parte, llevado a abarcar la suma total de todas nuestras relaciones, ya sean espirituales, intelectuales o físicas, lo que constituye nuestra comprensión de la vida. Con base en este principio, entonces, para la comprensión de Su propia Vivencia, llega a ser una necesidad para la Mente originadora la producción de centros de vida, a través de los cuales lograr relaciones conducentes al logro de esta comprensión consciente. Entonces se sigue que esta comprensión solamente puede ser completa donde lo individual tiene libertad perfecta para retenerla; en otra manera ninguna comprensión verdadera podría haber tenido lugar. Por ejemplo, consideremos la operación del Amor. El Amor debe ser espontáneo o no tendría existencia. No podemos imaginar algo como amor inducido mecánicamente. Porque cualquier cosa que es formada como para producir automáticamente un efecto, sin volición alguna de su parte, no es sino una pieza de un mecanismo. De ahí que si la Mente Originadora ha de llegar a comprender la realidad del Amor, solamente puede ser a través de algún ser que tenga el poder de retener amor. Lo mismo se aplica a la comprensión de toda otra modalidad de vivencia; así que es solamente en la proporción a la vida individual como centro independiente de acción, con la opción de actuar ya positiva o negativamente, que cualquier vida real ha sido producida del todo. A más lejos se encuentre la cosa creada de ser un arreglo meramente mecánico, más elevado es el grado de creación. El sistema solar es un trabajo perfecto de creación mecánica, pero para constituir centros que pueden reciprocar la naturaleza superior de la Mente Divina, se requiere no un mecanismo, no importa lo perfecto, sino un centro mental que sea, en sí mismo, una fuente independiente de acción. De

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ahí que en lo requerido del caso, el hombre debe ser capaz de colocarse ya en relación positiva o negativa con la Mente Paterna, de donde se origina; en otra manera no sería más que una figura de movimiento regular. En esta necesidad del caso encontramos, entonces, la razón de por que la vida, el amor y la belleza del Espíritu no son reproducidas visiblemente en todo ser humano. Son reproducidas en el mundo de la naturaleza, en tanto una acción mecánica y automática pueda representarlas, pero su reproducción perfecta solamente puede tomar lugar con base en una libertad semejante a aquella del Espíritu Originador, que por consiguiente implica la libertad de negación tanto como la de afirmación. Por qué, entonces, el individuo hace una selección negativa? Porque no comprende la ley de su propia individualidad y la cree una ley de limitación en vez de una Ley de Libertad. El no espera encontrar el punto de partida del Proceso Creativo reproducido dentro de sí, así que busca el aspecto mecánico de las cosas como el fundamento de su razonamiento acerca de la vida. En consecuencia, su razonamiento lo conduce a la conclusión de que la vida es limitada, porque asume la limitación en sus premisas y así, lógicamente, no puede escapar de ella en sus conclusiones. Entonces cree que esta es la ley y ridiculiza la idea de trascenderla. Indica la secuencia de causa y efecto, por medio de la cual la muerte, la enfermedad y el desastre, retienen su predominio sobre el individuo y dice que la secuencia es ley. Y está en lo correcto en cuanto a esto, porque es una ley; pero no la Ley. Cuando hayamos alcanzado apenas esta etapa de comprensión, tendremos que aprender todavía que una ley superior puede incluir a una inferior tan completamente como para absorberla enteramente. La falacia implicada en este argumento negativo, es la suposición de que la ley de limitación es esencial en todos los grados del ser. Esta es la falacia de los antiguos constructores de buques en cuanto a la imposibilidad de construir buques de hierro. Lo que se requiere es alcanzar hasta el principio que se encuentra en el trasfondo de la Ley en su operación afirmativa, especializarlo bajo condiciones superiores a aquellas presentadas espontáneamente por la naturaleza y esto solamente puede hacerse por la introducción del elemento personal, es decir, por una inteligencia personal capaz de comprender el principio.

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La pregunta, entonces, es: Cuál es el principio a través del cual llegamos a ser? Y esta es solamente una aplicación personal de la pregunta general: ¿Cómo vino cosa alguna a existencia? Ahora bien, como indicamos en el artículo precedente, la deducción final de la ciencia física es que el movimiento originador toma lugar en la Mente Universal, y es análogo a aquel de nuestra propia imaginación; y como acabamos de ver, el ideal perfecto solamente puede ser aquel de un ser capaz de reciprocar todas las cualidades de la Mente Originadora. Consecuentemente, el hombre, en su naturaleza más interna, es el producto de la Mente Divina imaginando a expresión una imagen de Sí Misma en el plano de lo relativo, como complementaria de su propia esfera de lo absoluto. Si hemos de ir al principio más Interno en nosotros, al cual la filosofía y las Escrituras, por igual, declaran estar hecho a la imagen y semejanza de Dios, en vez de ir a los vehículos que tal principio externaliza como instrumentos a través de los cuales funciona en los varios planos de ser, encontraremos que hemos alcanzado un principio en nosotros que se encuentra en loco dei en relación con todos nuestros vehículos y también con nuestro medio ambiente. Que se encuentra por encima de todos ellos y los crea, no importa lo ignorantes que seamos de tal hecho, y que en relación con ellos ocupa el lugar de causa primera. El reconocimiento de esto es el descubrimiento de nuestra propia relación con la totalidad del mundo de lo relativo. Por otra parte, esto no debe conducirnos al error de suponer que no hay nada superior, porque, como ya lo hemos visto, este principio interno o ego es en sí mismo el efecto de una causa antecedente, porque procede del proceso imaginativo de la Mente Divina. Así que nos encontramos colocados en una posición intermediaria entre la verdadera Causa Primera, por una parte, y el mundo de las causas secundarias por la otra; y para comprender la naturaleza de esta posición, debemos regresar al axioma de que lo Universal solamente puede trabajar en el plano de lo Particular a través de lo individual. Entonces vemos que la función de lo individual es diferenciar el flujo indistribuído de lo Universal en direcciones apropiadas para iniciar diferentes cadenas de causación secundaria.

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El lugar del hombre en el orden cósmico es el de distribuidor del Poder Divino; sujeto, sin embargo, a la ley inherente al poder que distribuye. Vemos un ejemplo de esto en la ciencia ordinaria, en el hecho de que nunca creamos fuerza; todo lo que podemos hacer es distribuirla. La palabra misma Hombre (Man) significa distribuidor o mediador, en común con todas las palabras derivadas de la raíz MN (raíz “Sanderit” MN, dice el original), e implica la idea de medida, como en las palabras “Moon” (luna), mes, mente, “man” (hombre), el peso Indio de 80 libras; y es por esta razón que se habla del hombre en las Escrituras como del dispensador de los dones divinos. A medida que nuestra mente se abra al significado total de esta posición, las inmensas posibilidades y también la responsabilidad contenida en ella, se harán manifiestas. Significa que el individuo es el centro creativo de su propio mundo. Nuestra experiencia pasada no nos proporciona evidencia alguna en contra de esto. Nuestra verdadera naturaleza está siempre presente, solamente que hasta ahora hemos tomado el aspecto inferior y mecánico de las cosas como nuestro punto de partida y así hemos creado limitación en vez de expansión. Y aún con el conocimiento de la Ley Creativa que hemos alcanzado ahora, continuaremos haciendo lo mismo, si buscamos nuestro punto de partida en las cosas que se encuentran por debajo de nosotros y no en la única cosa que se encuentra por encima de nosotros, es decir, en la Mente Divina; porque es solamente en ella que podemos encontrar Poder Creativo ilimitado. La vida es ser, es la experiencia de estados de consciencia y hay una correspondencia infalible entre estos estados internos y nuestras condiciones externas. Ahora vemos que, a partir de la Creación Original, el estado de consciencia debe ser la causa, y la condición correspondiente el efecto, porque en la iniciación de la creación no existían condiciones y la operación de la Mente Creativa sobre sí misma puede haber sido solamente un estado de consciencia. Este, entonces, es claramente el Orden Creativo, de estados hacia condiciones. Pero invertimos este orden y pretendemos crear partiendo de las condiciones hacia los estados. Nos decimos: “Si tengo tales y tales condiciones, ellas producirán el estado de sentimiento que deseo”, y al hacerlo así corremos el riesgo de cometer un error en cuanto a la correspondencia, porque puede resultar que tales condiciones particulares sobre las cuales nos fundamentamos pueden ser tales que

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no produzcan el estado deseado, O, además, aunque ellas pudieran producirlo en cierto grado, otras condiciones podrían producirlo en aún mayor grado, mientras abrimos al mismo tiempo la senda para la realización de más elevados estados y mejores condiciones. Por esto nuestro plan más sabio es seguir el modelo de la Mente Paterna y hacer del autorreconocimiento mental nuestro punto de partida, sabiendo que por la Ley inherente del Espíritu las condiciones correlativas llegarán por un proceso natural de crecimiento. Entonces el gran autorreconocimiento es aquel de nuestra relación con la Mente Suprema. Ella es el centro generador y nosotros somos los centros de distribución; así como la electricidad es generada en la estación central y distribuida en diferentes formas de poder, por razón de su paso a través de centros apropiados de distribución, de modo que en un lugar ilumina una habitación, en otro lleva un mensaje y en un tercero impulsa un tranvía. En igual manera el poder de la Mente Universal toma formas particulares por medio de la mente particular del individuo. Ella no interfiere con las líneas de su individualidad, sino que trabaja siguiéndolas, haciéndole así, no menos, sino más sí mismo. Así que no es un poder obligante, sino un poder expansivo e iluminador; así que a más reconocimiento por parte del individuo de la acción recíproca entre Ella y sí mismo, debe llegar a mayor plenitud de vida. Así que tampoco tenemos que preocuparnos de condiciones futuras, porque sabemos que el Poder originador de todo está operando a través de nosotros y para nosotros y que de acuerdo con la Ley, demostrada y probada por toda la creación existente, produce todas las condiciones requeridas para la expresión de la Vida, del Amor y de la Belleza que ES, así que podemos perfectamente confiar en El para abrirnos el camino a medida que avanzamos. Las palabras del Gran Instructor: “No penséis en el mañana”, y observe que la traducción correcta es: “No pensáis ansiosamente”, son la aplicación práctica de la filosofía más cierta. Esto, naturalmente, no significa que no debamos esforzarnos. Debemos ejecutar nuestra parte en el trabajo y no esperar que Dios haga para nosotros lo que El solamente puede hacer a través de nosotros. Debemos usar nuestro sentido común y nuestras facultades naturales para trabajar en las condiciones presentes ahora. Debemos hacer uso de ellas, en cuanto sea factible usarlas, pero no debemos tratar de ir más allá de lo requerido por las cosas presentes; no debemos tratar de forzar las cosas, sino permitir que crezcan

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naturalmente, sabiendo que lo están haciendo así bajo la guía de la Sabiduría Creadora de Todo. Siguiendo este método entraremos más y más en el hábito de considerar la actitud mental como la Clave de nuestro progreso en la Vida, sabiendo que todo lo demás debe surgir de ésta; y descubriremos, además, que nuestra actitud mental está eventualmente determinada por la forma en que consideramos la Mente Divina. Entonces el resultado final será que veremos que la Mente Divina no es nada menos que Vida, Amor y Belleza - la Belleza siendo idéntica con la Sabiduría, o ajuste perfecto de las partes con el todo; nos consideraremos como centros de distribución de estas energías primarias y por consiguiente, a nuestra vez, centros subordinados de poder creativo. Y a medida que penetremos en este conocimiento encontraremos que trascendemos una ley de limitación después de otra, encontrando una ley superior, de la cual la inferior es solamente una expresión parcial, hasta que llegaremos a ver ante nosotros, como nuestra meta final, nada menos que la Ley Perfecta de Libertad; no libertad sin Ley, lo cual es anarquía, sino Libertad acorde con la Ley. En esta forma encontraremos que el Apóstol habló la verdad literal, cuando dijo que llegaríamos a ser como El cuando Le viéramos como El es, porque el proceso total por el cual es producida nuestra individualidad es el de reflexión de la imagen existente en la Mente Divina. Cuando comprendamos así la Ley de nuestro propio ser, podremos especializarla en modalidades poco concebidas hasta el presente pero, como sucede con todas las leyes naturales, la especialización no puede tener lugar a menos que el principio fundamental de le ley genérica haya sido completamente comprendido. Por estas razones el estudiante debe esforzarse en comprender más y más perfectamente, tanto en la teoría como en la práctica, la ley de relación entre las Mentes Universal e individual. Esta es la ley de acción recíproca. Si este hecho de la reciprocidad es comprendido, se encontrará que explica tanto el por qué el individuo no alcanza a expresar la plenitud de la Vida, que es el Espíritu, como el por qué puede alcanzar a la plenitud de esa expresión; exactamente como la misma ley explica por qué el hierro se hunde en el agua y como puede hacérsele flotar. La individualización del Espíritu Universal, por el reconocimiento de su reciprocidad con nosotros, es el secreto de la perpetuación y del crecimiento de nuestra propia individualidad.

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EL NUEVO PENSAMIENTO Y EL NUEVO ORDEN En las dos conferencias precedentes me he esforzado por lograr alguna concepción de lo que el Espíritu Originador de Todo Es en Sí Mismo y de la relación del individuo con EL. En cuanto es posible formarnos concepción alguna de estas cosas, vemos que son principios universales aplicables a toda la naturaleza y que al nivel humano son aplicables a todos los hombres, son leyes generales; el reconocimiento de las cuales es un requisito preliminar para cualquier avance posterior; porque el progreso se efectúa, no haciendo de lado la ley inherente a las cosas, lo cual es imposible, sino especializándola a través de la presentación de condiciones que capacitarán al mismo principio para actuar en manera menos limitada. Habiendo, por consiguiente, obtenido una idea general de estos dos esenciales, el universal y el individual, y de la relación del uno con el otro, permítasenos ahora considerar el proceso de especialización. En qué consiste la especialización de una ley natural? Consiste en hacer que esa ley o principio produzca un efecto que no podría producir bajo las condiciones simplemente genéricas provistas espontáneamente por la naturaleza. Esta selección de condiciones adecuadas es obra de la Inteligencia, es un proceso de arreglo consciente de las cosas en un nuevo orden, como para producir un resultado nuevo. El principio nunca es nuevo, porque los principios son eternos y universales; pero el conocimiento de que el mismo principio producirá nuevos resultados, cuando opere bajo nuevas condiciones, es la clave del desarrollo de infinitas posibilidades. Lo que tenemos que considerar, por lo tanto, es la operación de la Inteligencia en el abastecimiento de condiciones específicas para la operación de principios universales, como para producir nuevos resultados que trasciendan nuestras experiencias pasadas. El proceso no consiste en la introducción de elementos nuevos, sino en hacer nuevas combinaciones de los elementos que han estado siempre presentes; así como nuestros antecesores no tenían concepción alguna de carruajes que pudiesen moverse sin caballos y, no obstante, por una combinación apropiada de elementos, que se han encontrado siempre en existencia, tales vehículos son hoy objetos comunes en nuestras calles. Cómo, entonces, es dirigido el Poder de La Inteligencia a Trabajar sobre la ley genérica de la relación entre lo Individual y lo

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Universal, como para especializarlo en la producción de resultados más grandes que aquellos obtenidos hasta ahora? Todas las adquisiciones prácticas de la ciencia, que colocan en ventaja el mundo civilizado de hoy sobre los tiempos del Rey Alfredo o de Carlomagno, han sido logradas por un método uniforme y muy simple. Es siempre a través de la averiguación del factor afirmativo en cualquier combinación existente, y preguntándose ¿por qué, en esa combinación particular, tal factor no actúa más allá de ciertos límites? ¿Qué hace del asunto un éxito, hasta el punto al cual llega, y qué le impide ir más adelante? Considerando entonces, cuidadosamente la naturaleza del factor afirmativo, vemos qué clase de condiciones debemos proveer para capacitarla a expresarse más plenamente. Este es el método científico; respecto a cosas materiales se ha demostrado verdadero; y no hay razón para que no sea también igualmente confiable con respecto a los asuntos espirituales. Tomando éste como nuestro método, nos preguntamos: ¿Cuál es el factor afirmativo en toda la creación y en nosotros, como incluidos en la creación? Como vimos en la primera conferencia, este factor es el Espíritu, ese poder individual que concentra en formas el éter primordial y dota a esas formas con varias modalidades de movimiento, desde el movimiento mecánico simple del planeta hasta el movimiento volitivo en el hombre. Y, puesto que esto es así, solamente el Sentimiento y el Pensamiento del Espíritu Universal puede ser el factor afirmativo primario (ver mis Conferencias de Edimburgo sobre Ciencia Mental). Ahora bien, por la hipótesis del caso, el Espíritu Universal debe ser la Pura Esencia de Vida y, por consiguiente, Su Sentimiento y Su Pensamiento solo pueden estar dirigidos hacia la expresión continuamente creciente de la Vivencia que Ella Es. Y, en consecuencia la especialización que estamos buscando debe encontrarse en condiciones tales que le proporcionen un centro desde el cual pueda realizar más perfectamente este Sentimiento y expresar este Pensamiento; en otras palabras, la forma de especializar el principio genérico del Espíritu es proveyendo nuevas condiciones mentales en consonancia con su propia naturaleza original. El método científico de investigación, por consiguiente, nos conduce a la conclusión de que las conclusiones requeridas para traducir la operación racial o genérica del Espíritu a la operación individual

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especializada, es una nueva forma de pensar una modalidad de pensamiento concurrente con, y no en oposición a, el movimiento progresivo esencial del Espíritu Creativo Mismo. Esto implica una inversión total de nuestros antiguos conceptos. Hasta hoy hemos tomado las formas y condiciones como el punto de partida de nuestro pensamiento; y hemos inferido que ellas son las causas de los estados mentales. Ahora hemos aprendido que el verdadero orden del proceso creativo es exactamente lo inverso; y que el pensamiento y el sentimiento son las causas y, que las formas y las condiciones son los efectos. Cuando hayamos aprendido esta lección, habremos comprendido el principio fundamental por el cual la especialización individual de la ley genérica del proceso creativo llega a ser una posibilidad práctica. Nuevo Pensamiento, entonces, no es el nombre de una secta en particular, sino el factor esencial por medio del cual se continúa nuestro propio desarrollo futuro; y su esencia consiste en ver la relación de las cosas en un Nuevo Orden. Hasta ahora hemos invertido el orden verdadero de causa y efecto; ahora, considerando cuidadosamente la naturaleza real del Principio de Causación en Sí Mismo, causa causans como distinguido de causa causata, volvemos al orden verdadero y adoptamos un nuevo método de pensamiento de acuerdo con él. En sí este orden y este método de pensamiento no son nuevos. Son más antiguos que el fundamento del mundo, porque son los del Espíritu Creativo Mismo; y a través de todas las edades esta enseñanza ha sido entregada en varias formas; su verdadero significado ha sido percibido solamente por unos pocos en cada generación. Pero cuando la luz se hace en cualquier individuo, es una nueva luz para él; y así para cada uno sucesivamente llega a ser un Nuevo Pensamiento; y cuando alguien lo alcanza o lo realiza se encuentra en un Nuevo Orden. Continúa en verdad incluido en el orden universal del Cosmos, pero en una forma perfectamente diferente a la que había supuesto previamente; porque, desde este nuevo punto de vista, encuentra que él está incluido, no tanto como una parte del efecto general, sino como una parte de la causa general; y cuando percibe esto, entonces ve que el método para su avance ulterior debe ser el de permitir que La Causa General fluya

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más y más libremente en su propio centro específico; y él, por consiguiente, busca proveer condiciones de pensamiento que le capaciten para hacerlo así. Empleando aún, entonces, el método científico de seguimiento del factor afirmativo, comprende que este poder causativo universal, por cualquier nombre que sea llamado, se manifiesta como Inteligencia Suprema en la adaptación de medios para ciertos fines. Lo hace así en el mecanismo del planeta, en la producción de abastecimiento para el soporte de la vida física y en el mantenimiento de la raza como un todo. Es verdad que el investigador se enfrenta en cada momento con el fracaso individual; pero su respuesta a esto es que no hay fracaso cósmico, que disminuirá en la proporción en que el individuo logre el reconocimiento del Principio Motor de ese proceso y provea las condiciones necesarias para capacitarlo a tomar un nuevo punto de partida en su propia individualidad. Ahora bien, una de estas condiciones es el reconocerlo como Inteligencia y recordar que cuando opera a través de nuestra mentalidad no cambia en manera alguna su naturaleza esencial; así como la electricidad no pierde ninguna de sus cualidades esenciales al pasar a través del aparato especial que la capacita para manifestarse como Luz. Cuando vemos esto, nuestra línea de pensamiento es algo así como: “Mi mente es un centro de operación Divina. La Divina operación es siempre hacia la expansión, hacia la expresión plena; esto significa la producción de algo que trascienda lo que ha sucedido o habido hasta ahora, algo completamente nuevo, no incluido en la experiencia pasada, aunque procediendo ella en una secuencia ordenada de crecimiento. Por lo tanto, puesto que lo Divino no puede cambiar su naturaleza inherente, debe operar en la misma manera en mí. En consecuencia, en mi propio mundo especial, del cual soy el centro, se moverá para producir nuevas condiciones, siempre en ventaja sobre cualquier cosa que haya sucedido antes”.

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Esta es una línea legítima de argumento, de las premisas establecidas en el reconocimiento de la relación entre la mente individual y la Mente Universal; y resulta de nuestra consideración de la Mente Divina, no solamente como creativa, sino también como directiva; esto es, como determinante de las formas reales que tomarán las condiciones para su manifestación en nuestro propio mundo particular, así como en suplir la energía para su producción. Si no vemos en el Espíritu Originador un poder formativo, echaremos de menos el punto de relación entre lo individual y lo universal. Este es el poder formativo en toda la naturaleza; y si hemos de especializarlo debemos aprender a confiar en su cualidad formativa cuando opera desde su nuevo punto de partida en nosotros. Pero se presenta naturalmente la pregunta: Si esto es así, ¿cuál es la parte jugada por el individuo? Nuestra parte es proveer un centro concreto alrededor del cual circulen las energías Divinas. En el orden genérico de ser ejercemos sobre él una fuerza de atracción, de acuerdo con el modelo innato de nuestra individualidad particular; y a medida que comenzamos a comprender la Ley de esta relación, nosotros, a nuestro turno, somos atraídos hacia lo Divino a lo largo de las líneas de menor resistencia; esto es, en aquellas líneas que son más naturales a nuestra inclinación mental especial. En esta manera lanzamos ciertas aspiraciones, con el resultado de que intensificamos nuestra atracción de fuerzas Divinas en una cierta manera específica y ellas comienzan a actuar, tanto a través de nosotros como a nuestro alrededor, de acuerdo con nuestras aspiraciones. Esto es lo racional de la acción recíproca entre la Mente Universal y la mente individual; y esto nos muestra que nuestros deseos no deben estar dirigidos tanto hacia la adquisición de cosas particulares como hacia la reproducción en nosotros de fases particulares de la actividad del Espíritu; y esto, siendo creativo en su misma naturaleza está limitado a exteriorizarse como cosas y circunstancias correspondientes. Entonces, cuando estos hechos externos aparecen en el círculo de nuestra vida objetiva, debemos trabajar sobre ellos desde un punto de vista objetivo. Aquí es donde muchos son deficientes en la terminación del trabajo. Comprenden lo subjetivo o el proceso creativo, pero no ven que éste debe ser seguido por un proceso objetivo o constructivo y, en consecuencia, son soñadores imprácticos y nunca alcanzan la etapa del trabajo terminado. El proceso creativo trae a nuestras manos los materiales y condiciones para el trabajo; entonces debemos hacer uso de ellos con diligencia y

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sentido común. Dios proveerá el alimento, pero El no cocinará la comida. Esta, entonces, es la parte tomada por el individuo; y es así como llega a ser un centro de distribución de la energía Divina, no tratando por una parte de conducirla como fuerza ciega, ni por otra colocándose él mismo bajo un impulso irracional y ciego, procedente de Ella. El recibe guía porque busca guía; y busca y recibe de acuerdo con una Ley que él es capaz de reconocer; así que, no sacrifica su libertad, ni empequeñece sus poderes, como un ingeniero que se somete a las leyes genéricas de la electricidad, para aplicarlas a algún propósito específico. A más íntimo llegue a ser su conocimiento de esta Ley de Reciprocidad, más encontrará que ella conduce a la Libertad, con base en el mismo principio por el cual encontramos en la ciencia física que la Naturaleza nos obedece precisamente en el mismo grado en que nosotros primero obedecemos a la naturaleza. Como dice la máxima esotérica: “Lo que es verdad en un plano es verdad en todos”. Pero la Clave de este enfrascamiento de cuerpo, mente y circunstancias es en ese nuevo pensamiento que llega a ser creativo de nuevas condiciones, porque comprende el verdadero orden del proceso creativo. Por esto, si hemos de traer un nuevo orden de Vida, Luz y Libertad a nuestras vidas, debemos comenzar por producir un nuevo orden en nuestro pensamiento y encontrar en nosotros mismos el punto de partida de una nueva serie creativa, no por la fuerza de voluntad personal, sino por la unión con el Espíritu Divino, el Cual en la expresión de Su Amor y de Su Belleza inherentes, hace todas las cosas nuevas. LA VIDA DEL ESPIRITU Las tres conferencias anteriores han tocado sobre ciertas verdades fundamentales en un orden definido; primero, la naturaleza del Espíritu Originador mismo; luego, la relación genérica del individuo con este Espíritu Omniabarcante; y por último, la forma de especializar esta relación como para obtener mayores resultados a los que aparecen espontáneamente por la mera acción genérica; y hemos encontrado que esto solamente puede lograrse a través de un nuevo orden de pensamiento. Esta secuencia es lógica, porque implica un Poder, un Individuo que comprende el Poder, y un Método para aplicar el Poder, deducido del entendimiento de su naturaleza. Estos son principios generales sin cuya comprensión es imposible ir más adelante, pero

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asumiendo que el lector ha comprendido su significado, podemos pasar ahora a considerar su aplicación con más detalle. Ahora bien, esta aplicación debe ser personal, porque es solo a través del individuo como la especialización superior del poder puede tomar lugar, pero al mismo tiempo esto no debe conducirnos a suponer que el individuo, por sí mismo, trae la fuerza creativa a existencia. Suponer esto es inversión; y no podemos imprimir con suficiente profundidad sobre nosotros mismos que la relación de lo individual con el Espíritu Divino es aquella de distribuidor y, no de creador original. Si esto se mantiene en la mente con firmeza la forma se hará clara; de otra manera seremos conducidos a la confusión. ¿Qué, entonces, es el Poder que debemos distribuir? Es el Espíritu Originador mismo. Estamos seguros de que esto es así porque el nuevo orden de pensamiento comienza siempre en el principio de cualquier serie que se contempla para traer a manifestación, y está basado en el hecho de que el origen de todo es el Espíritu. Es en esto donde reside su poder creativo; de ahí que la persona que se encuentra verdaderamente en el nuevo orden de pensamiento asume, como un hecho axiomático, que lo que ella tiene que distribuir, o diferenciar en manifestación, no es ninguna otra cosa sino el Espíritu Originador. Siendo este el caso, es evidente que el propósito de la distribución debe ser la expresión más perfecta del Espíritu Originador como El Es en Sí Mismo, y lo que El es en Sí Mismo es enfáticamente Vida. Lo que está buscando expresión, entonces, es la Vivencia Perfecta del Espíritu; y esta expresión debe ser localizada, a través de nosotros, por medio de nuestra modalidad renovada de pensamiento. Veamos, entonces, como nuestro nuevo orden de pensamiento, con respecto al principio de la Vida, promete operar. En nuestro antiguo orden de pensamiento habíamos siempre asociado la Vida con el cuerpo físico, la vida había sido para nosotros el hecho físico supremo. Ahora, sin embargo, sabemos que la vida es mucho más que esto; pero, como lo mayor incluye lo menor, ella incluye la vida física como una modalidad de su manifestación. El verdadero orden no requiere de nosotros negar la realidad de la vida física o llamarla una ilusión; por el contrario, ve en la vida física la terminación de una gran serie creativa, pero se le asigna su lugar apropiado en la serie, que es lo que el antiguo modo de pensamiento no hacía.

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Cuando comprendemos la verdad acerca del Proceso Creativo, vemos que la vida originadora no es física. Su vivencia Consiste en pensamiento y sentimiento. Por este movimiento interior produce vehículos a través de los cuales funciona, y estos llegan a ser formas vivientes debido al principio interno que los está sosteniendo; por la tanto, la Vida en la que estamos interesados primariamente en el nuevo orden es la vida del pensamiento y del sentimiento en nosotros como vehículos, o medios de distribución, de la Vida del Espíritu. Entonces, si hemos comprendido la idea del Espíritu como el gran Poder formativo, como se estableció en la última conferencia, buscaremos en El el origen de la Forma tanto como el Poder; y, como deducción lógica de esto, recurriremos a El para dar forma a nuestros pensamientos y sentimientos. Si el principio es reconocido una vez, la secuencia es obvia. La forma asumida por nuestras condiciones externas, ya de cuerpo o de circunstancias, depende de la forma asumida por nuestros pensamientos y sentimientos; y nuestros pensamientos y sentimientos tomarán forma a partir de esa fuente de la cual les permitimos recibir sugestión. Así, si les permitimos aceptar sus sugestiones fundamentales a partir de lo relativo y de lo limitado, asumirán una forma correspondiente y la transmitirán a nuestro medio ambiente externo, produciendo así la repetición del viejo orden de limitación en incesante círculo recurrente. Ahora bien, nuestro propósito es salir de este círculo de limitación, y la única manera de hacerlo es moldear nuestros pensamientos y sentimientos en nuevas formas, avanzando continuamente hacia mayor y mayor perfección. Para llenar este requisito, por consiguiente, debe haber un poder formativo mayor que aquel de nuestras propias desvalidas concepciones, y éste se encuentra en nuestra comprensión del Espíritu como Belleza Suprema, o Sabiduría Suprema, moldeando nuestros pensamientos y nuestros sentimientos en formas armoniosamente ajustadas a la expresión plena en, y a través de, nosotros, de la Vivencia que el Espíritu es en Sí Mismo. Ahora bien, esto no es nada más que la transferencia al lugar más interno de origen de un principio, con el cual todos los lectores que están “en la idea” se presume están completamente familiarizados, el principio de Receptividad. Todos sabemos lo que se significa por una actitud mental receptiva cuando se aplica a la curación o a la telepatía; y no se sigue lógicamente, que el mismo principio puede ser aplicado a

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recibir la vida misma de la Fuente Suprema? Lo que se quiere, por consiguiente, es colocarnos en una actitud mental receptiva hacia el Espíritu Universal con la intención de recibir su influencia formativa en nuestra sustancia mental. Es siempre la presencia de una intención definida la que distingue la actitud receptiva inteligente de la mente, de la mera absorción tipo esponja, que chupa cualquiera y toda influencia que pueda estar flotando alrededor; porque no debemos cerrar nuestros ojos al hecho de que hay varias influencias en la atmósfera mental por la cual estamos rodeados; y algunas de ellas son de la clase más indeseable. La intención clara y definida es, por consiguiente, necesaria en nuestra actitud receptiva como en nuestras actitudes activas y creativas; y si nuestra intención es tener nuestros propios pensamientos y sentimientos moldeados en formas tales como para expresar aquellas del Espíritu, entonces establecemos aquella relación con el Espíritu que, por las condiciones del caso, debe necesariamente conducirnos a la concepción de nuevos ideales vitalizados por un poder que nos capacitará para traerlos a manifestación concreta. De esta manera es como llegamos a ser centros diferenciadores del Pensamiento Divino dándole expresión en forma en el mundo de espacio y tiempo; así se soluciona el gran problema de capacitar a lo Universal para actuar sobre el plano de lo particular, sin ser estorbado por aquellas limitaciones que la mera ley genérica de manifestación impone sobre ello. Es precisamente aquí donde la mente subconsciente realiza la función de un “puente” entre lo finito y lo infinito, (como lo observamos en mis “Conferencias en Edimburgo sobre Ciencia Mental”) y por esta razón es tan importante un reconocimiento de su susceptibilidad a la impresión. Entonces, por el establecimiento de una relación personal con la vida del Espíritu, la esfera de lo individual se aumenta. La razón es que la persona permite que una inteligencia más grande que la propia tome la iniciativa; y puesto que él sabe que esta Inteligencia es, también, el Principio mismo de Vida, no puede tener temor alguno de que actúe en tal manera para disminuir su vida individual, porque eso sería entorpecer su propia operación, sería una acción autodestructiva, lo cual es una contradicción en términos de la concepción del Espíritu Creativo. Sabiendo, entonces, que por su naturaleza inherente esta Inteligencia solamente puede trabajar hacia la expansión de la vida individual, podemos descansar en Ella con la máxima confianza y estar seguros de que tomará una iniciativa que conducirá a mejores

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resultados que cualesquiera que podamos prever desde el punto de vista de nuestro conocimiento. Mientras insistamos en dictar la forma particular que debe tomar la acción del Espíritu, la limitamos y así cerramos contra nosotros caminos de expansión que de otra manera se nos hubieran abierto; y si nos preguntamos por qué hacemos esto, encontraremos, en el fondo de nuestra mente, que es debido a que nosotros no creemos en el Espíritu como Poder formativo. Hemos, en verdad, avanzado hasta la concepción de El como de un Poder ejecutivo, que trabajará de acuerdo con un modelo prescrito. Pero aún tenemos que comprender la concepción de El como versado en el arte de diseñar y como capaz de elaborar esquemas de construcción, que no serán solamente completos en sí mismos, sino también que estarán en perfecta armonía el uno con el otro. Cuando avanzamos hasta la concepción del Espíritu como conteniendo en Sí Mismo el ideal de la Forma, tanto como el Poder, cesaremos en el esfuerzo de tratar de forzar las cosas en cierta forma particular, ya en el plano interno como en el externo, y estaremos satisfechos en confiar a la armonía inherente, o Belleza del Espíritu, el producir combinaciones mucho más perfectas que cualquier cosa que podamos concebir nosotros mismos. Esto no significa que nos reduciremos a una condición de apatía, en la cual haya sido ahogado todo deseo, expectación, o entusiasmo, porque éstos son los resortes de nuestra maquinaria mental; sino al contrario, su actividad será vivificada por el conocimiento de que en el fondo de ellas está operando un Principio Formativo tan infalible que no puede fallar el blanco; así que, no importan lo bellas y buenas que sean las formas existentes, podemos siempre descansar en la feliz expectación de que vendrá algo todavía mejor. Y vendrá por una ley natural de crecimiento, porque el Espíritu es en Sí Mismo el Principio de Aumento. Crecerán para salir de las condiciones presentes por la simple razón de que si Vd. ha de alcanzar un punto más avanzado solamente puede empezar donde se encuentra ahora. Por esto está escrito: “No despreciéis el día de las cosas pequeñas”. Hay solamente una condición asignada a este movimiento de avance del Espíritu en el mundo de nuestro medio ambiente, y esta es que debemos cooperar con El; y ésta cooperación consiste en hacer el mejor uso de las condiciones existentes con la alegre confianza en que el Espíritu de Aumento se exprese a través de nosotros, y para nosotros, porque estamos en armonía con El. Esta actitud mental será encontrada de inmenso valor para liberarnos de la preocupación y de la ansiedad; y como consecuencia, nuestro trabajo será llevado a cabo de

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una manera mucho más eficiente. Realizaremos el trabajo presente por el valor que posea en sí, sabiendo que allí se encuentra el principio de desarrollo; y haciéndolo simplemente por lo que es en sí traeremos a inferir en él un poder de concentración que no puede fallar en sus buenos resultados; y esto en forma natural y sin ningún esfuerzo penoso. Entonces encontraremos que el secreto de la cooperación es tener fe en nosotros mismos porque tenemos primero fe en Dios; y encontraremos que ésta Divina auto confianza es algo muy diferente del jactancioso egotismo que asume una superioridad personal sobre los demás. Es simplemente la seguridad de un hombre que sabe que está trabajando de acuerdo con una ley de la naturaleza. El no clama como un logro personal lo que la Ley hace por él. Pero, por otra parte, no se complica en razón del clamor contra su audacia presuntuosa, elevado por personas ignorantes de la Ley que está empleando. Por esto no es ni jactancioso, ni timorato, sino que simplemente trabaja con esta alegre expectación, porque sabe que esta confianza está colocada sobre una Ley que no puede ser quebrantada. De este modo, entonces, debemos entender la vida del Espíritu como siendo, también, la Ley del Espíritu. Las dos son idénticas y no pueden negarse. Nuestro reconocimiento de ellas les proporciona un nuevo punto de partida a través de nuestra propia mentalidad, pero continúan siendo lo mismo en su naturaleza; y a menos de ser limitadas o invertidas por nuestra afirmación mental de condiciones limitadas o invertidas, ellas trabajarán a plenitud, y con mayor plenitud continuamente, de expresión de la Vida, del Amor y de la Belleza que el Espíritu es en Sí Mismo. Nuestro sendero, por consiguiente, es claro; es simplemente contemplar la Vida, el Amor y la Belleza del Espíritu Originador y afirmar que ya estamos dándole expresión en nuestros pensamientos y actos, sin importar lo insignificantes que ellos puedan parecer en el presente. Este sendero puede ser muy angosto y humilde en su comienzo pero crece siempre más amplio y asciende más, porque es la expresión en expansión continua de la Vida del Espíritu, el cual es infinito y no conoce límites.

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EL ALPHA Y LA OMEGA El Alpha y la Omega, el Primero y el Último. Qué significa esto? Significa la serie total de causación desde el primer movimiento originador hasta el resultado final y completo. Podemos considerar esto en cualquier escala, desde la creación de un cosmos hasta la creación de una bata para dama. Todo tiene su origen en una idea, en un pensamiento; y tiene su terminación en la manifestación de ese pensamiento en la forma. Son necesarias muchas etapas intermediarias, pero el Alpha y la Omega de la serie son el pensamiento y el objeto o cosa. Esto nos indica que en esencia el objeto ya existía en el pensamiento. La Omega está ya en potencia en Alpha, así como en el sistema Pitagórico se dice que todos los números proceden de la unidad y son resolubles de regreso en ella. Ahora bien, este principio general de la ya existencia del objeto en el pensamiento es de lo que tenemos que apoderarnos en nuestro entendimiento, y así como lo encontramos verdadero en el diseño de un arquitecto de la casa que se construirá, así lo encontramos verdad en la gran obra del Arquitecto del Universo. Cuando veamos que esto es así, habremos comprendido un principio general que opera en todas partes. Ese es el significado de principio general; puede ser aplicado a cualquier clase de sujeto; y el uso de estudiar principios generales es darles aplicación particular en cualquier cosa con la que tengamos que tratar. Con lo que más tenemos que tratar la mayoría de nosotros es con nosotros mismos y así llegamos a la consideración del Alpha y la Omega en el ser humano. En la visión de San Juan, quien pronuncia las palabras: “Yo soy el Alpha y la Omega, el Primero y el Ultimo” (o “el Principio y el Fin”), es descrito como “alguien semejante al Hijo del hombre”; esto es, no importa lo trascendente de la aparición en la visión, es esencialmente humano y nos sugiere así la presencia del principio universal al nivel humano. Pero la figura de la visión apocalíptica no es aquella del hombre ordinario como lo conocemos. Es aquella de Omega como subsiste entronizada en Alpha; es la idea de la humanidad como subsiste en la Mente Divina y la cual fue manifestada en forma objetiva ante los ojos del vidente y presentó por lo tanto el Alpha y la Omega de esa idea en toda la majestad de la Gloria Divina. Si comprendemos la verdad de que el objeto ya existe en el pensamiento, ¿no vemos que esta Omega trascendental debe ya existir

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en el ideal Divino de cada uno de nosotros? Si en el plano del tiempo absoluto esto es así, ¿no se sigue que esta humanidad glorificada es un hecho presente en la Mente Divina? Y si esto es así, entonces este hecho es eternamente verdad concerniente a todo ser humano. Pero si es verdad que el objeto existe en el pensamiento, es igualmente verdad que el pensamiento encuentra forma en el objeto; y puesto que las cosas existen baja las condiciones relativas de tiempo y espacio, están necesariamente sujetas a una ley de Crecimiento, así que mientras la subsistencia del objeto en el pensamiento es perfecta ab initio, la expresión del pensamiento en el objeto es un asunto de desarrollo gradual. Este es un punto que no debemos perder de vista nunca en nuestros estudios; y nunca debemos perder de vista la perfección del objeto en el pensamiento, porque no veamos aún la perfección del pensamiento en las cosas. Por esto debemos recordar que el hombre, como lo conocemos ahora, no ha alcanzado en manera alguna su evolución final. Estamos aún en el proceso, pero hemos alcanzado Un punto en el que podemos facilitar el proceso evolutivo a través de la cooperación consciente con el Espíritu Creador. Nuestra participación en esta obra comienza con el reconocimiento del ideal Divino del hombre, encontrando así el modelo por el cual debemos guiarnos. Porque, puesto que la persona para ser creada, según este modelo, es nosotros mismos, se sigue que, a través de cualquier proceso que el ideal Divino se transforme en realidad concreta, el lugar donde ese proceso opera debe estar dentro de nosotros mismos; en otras palabras, la acción creadora del Espíritu toma lugar a través de las leyes de nuestra propia mentalidad. Si es una máxima verdadera que el objeto debe tomar forma en el pensamiento antes de que el pensamiento pueda tomar forma en el objeto, entonces es claro que el Ideal Divino solamente puede ser externalizado en nuestra vida objetiva en proporción a su formación primaria en nuestro pensamiento; y toma forma en nuestro pensamiento solamente en la extensión en que comprendemos su existencia en la Mente Divina. Por la naturaleza de la relación entre la mente individual y la Mente Universal, este es estrictamente un caso de reflexión; y en la proporción en que el espejo de nuestra propia mente entorpece o refleja claramente la imagen del ideal Divino, en esa proporción dará nacimiento a la reproducción débil o vigorosa de ella en nuestra vida externa.

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Siendo este el aspecto racional del asunto, ¿por qué hemos de limitar nuestra concepción del ideal Divino de nosotros mismos? ¿Por qué hemos de decir: “Soy una criatura demasiado inferior para reflejar tan gloriosa imagen”, o “Dios nunca se ha propuesto reproducir en los seres humanos un ideal tan ilimitado? “. Diciendo tales cosas exponemos nuestra ignorancia de la Ley total del Proceso Creador. Cerramos nuestros ojos al hecho de que la Omega de la terminación ya subsiste en el Alpha de la concepción y que el Alpha de la concepción no sería nada más que una ilusión mentirosa si no fuese capaz de expresión en la Omega de la terminación. El proceso creador en nosotros es que lleguemos a ser la reflexión individual de lo que comprendemos que Dios es relativamente para nosotros y, por consiguiente, si consideramos al Espíritu Divino como el potencial infinito de todo lo que puede constituir un ser humano perfeccionado, esta concepción debe, por la Ley del Proceso Creador, construir gradualmente una imagen correspondiente en nuestra mente, la cual a su vez actuará sobre nuestras condiciones externas. Esto, por las leyes de la mente, es la naturaleza del proceso y nos muestra lo que significó San Pablo cuando habló del Cristo como siendo formado en nosotros (Gal. iv: 19) y lo que en otro lugar llama ser renovados en conocimiento según imagen de El, quien nos ha creado (Col. iii:10). Esta es una secuencia totalmente lógica de causa y efecto; lo que requerimos es ver más claramente la Ley de esta secuencia y usarla inteligentemente; ese es el por qué San Pablo dice de ser “renovados en conocimiento”; este es un Nuevo Conocimiento, el reconocimiento de principios que no habíamos comprendido anteriormente. El hecho, que en nuestra experiencia pasada no habíamos comprendido, es que la mente humana forma un nuevo punto de partida para la obra del Espíritu Creador; y en la proporción en que veamos esto más claramente, más nos encontraremos entrando en un nuevo orden de vida en el cual llegaremos a estar menos y menos sujetos a las antiguas limitaciones. Esta no es una recompensa que nos sea otorgada arbitrariamente por aferrarnos dogmáticamente a ciertas afirmaciones meramente verbales, sino que es el resultado del entendimiento de la ley suprema de nuestro propio ser. En su propio plano es tan puramente científica como la ley de la reacción química; solamente que aquí no estamos tratando de la interacción de causas secundarias, sino con la acción auto-originadora del Espíritu. Por esto se debe considerar una nueva fuerza que no aparece en la ciencia física,

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el poder del Sentimiento. El pensamiento crea forma, pero es el sentimiento el que le da vitalidad al pensamiento. Pensamiento sin sentimiento puede ser constructivo, como en las grandes obras de ingeniería, pero no puede ser nunca creativo como en la obra del artista o del músico; y aquello que origina dentro de sí un nuevo orden de causación es, en cuanto concierne a todas las obras pre-existentes, una creación ex-nihilo y es, por consiguiente, Pensamiento expresivo de Sentimiento. Esta unión indisoluble de Pensamiento y Sentimiento es lo que distingue el pensamiento creativo del mero pensamiento analítico y le coloca en una categoría diferente; y por lo tanto, si hemos de lograr un nuevo punto de partida para continuar la obra de la creación, este debe ser por la asimilación del sentimiento del Espíritu Originador como parte y parcela de Su pensamiento, es aquel entrar en la Mente del Espíritu de que hablé en la primera conferencia. Ahora bien, las imágenes en la Mente del Espíritu deben necesariamente ser genéricas. La razón de esto es que por su misma naturaleza el Principio de la Vida debe ser prolífico, esto es, tender hacia la Multiplicidad y, por consiguiente, la Imagen-pensamiento original debe ser fundamental para todas las razas y no exclusiva de individuos particulares. Consecuentemente las imágenes en la Mente del Espíritu deben ser tipos absolutos de los verdaderos constitutivos esenciales del desarrollo perfecto de la raza, exactamente lo que Platón significó con ideas arquetípicas. Esta es la subsistencia perfecta del objeto en el pensamiento. Por esto es que nuestra evolución, como centros de actividad creadora, los exponentes de nuevas leyes, y a través de ellas de nuevas condiciones depende de nuestra comprensión de que en la Mente Divina existen los arquetipos de perfección mental, simultáneamente como pensamiento y sentimiento. Pero cuando encontramos todo esto en la Mente Divina no nos encontramos con una Personalidad infinita y gloriosa? No falta nada de lo que podamos comprender como Personalidad exceptuando la forma externa; y puesto que la esencia misma de la telepatía es que no importa la presencia física, nos encontramos en una posición de comunión interior con una Personalidad a la vez Divina y Humana. Esta es esa Personalidad del Espíritu que San Juan vio en la visión apocalíptica, y la cual por las condiciones mismas del caso es el Alpha y la Omega de la Humanidad.

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Pero como he dicho, es simplemente genérica en sí misma y llega a ser activa y específica solamente a través de una relación puramente personal con el individuo. Una vez más debemos comprender que nada puede suceder excepto de acuerdo con la Ley y, por consiguiente, esta relación específica no es arbitraria, pero surge de la Ley genérica aplicada bajo condiciones específicas, Y puesto que lo que hace a una Ley genérica es precisamente el hecho de que ella no suple las condiciones específicas, se sigue que las condiciones para la especialización de la Ley deben ser provistas por el individuo. Entonces es cuando su reconocimiento del movimiento creativo originador, como surgiendo del Pensamiento y del Sentimiento combinados, llega a ser una posesión operativa práctica. El comprende que existe un Corazón y una Mente del Espíritu recíprocos a su propio corazón y mente; que no está tratando con una abstracción membranosa, ni con una secuencia puramente matemática, sino con algo pulsante de Vida, tan cálido, vívido y lleno de interés como la suya propia; de ningún modo al contrario, porque es lo Infinito de todo cuanto es en sí mismo. Y este reconocimiento va aún más lejos todavía, porque, puesto que esta especialización puede tomar lugar solamente a través del individuo mismo, se sigue lógicamente que la Vida, que se especializa así, llega a ser su propia vida. Este autorreconocimiento a través del individuo no puede en manera alguna cambiar la naturaleza inherente del Espíritu Creador y, por lo tanto, en la extensión en que el individuo perciba su identificación consigo mismo, se coloca bajo su guía y llega a ser así uno de aquellos “dirigidos por el Espíritu”. Así empieza a encontrar el Alpha y la Omega del ideal Divino reproducido en sí mismo, en muy pequeño grado en el presente, pero conteniendo el principio del crecimiento perpetuo hacia una expansión infinita de la cual todavía no podemos formarnos concepción alguna. San Juan resume su posición total en sus palabras memorables: “Muy amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando El apareciere (esto es, se haga claro para nosotros), seremos semejantes a El; porque (esto es, la razón de todo esto) le veremos como El es”. (I Juan 3:2). EL PODER CREADOR DEL PENSAMIENTO Uno de los grandes axiomas del nuevo orden de ideas del que he hablado, es que nuestro Pensamiento posee poder creador y puesto que

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la superestructura total descansa sobre este fundamento, es bueno examinarlo cuidadosamente. Ahora el punto de partida es ver que el Pensamiento, o la acción puramente mental, es la única causa posible de la cual podría haber venido a manifestación la creación existente y es por esto que en las conferencias anteriores he hecho énfasis en el origen del cosmos. Por consiguiente no es necesario ir de nuevo sobre este aspecto, y comenzaremos la investigación de esta mañana asumiendo que toda manifestación es en esencia la expresión de un Pensamiento Divino. Siendo esto así, nuestra propia mente es la expresión de un Pensamiento Divino. El Pensamiento Divino ha producido algo que es capaz de pensar; pero la cuestión es si su pensamiento tiene la misma cualidad creadora que aquella de La Mente Paternal. Ahora bien, por la hipótesis misma del caso la totalidad del Proceso Creativo consiste de la presión continua hacia adelante del Espíritu Universal, para la expresión a través de lo individual, de lo particular; y el Espíritu en sus diferentes modalidades es, por consiguiente, la Vida y la Sustancia del Universo. De ahí se sigue que si ha de haber una expresión de poder de pensamiento, solamente puede ser a través de la expresión del mismo poder de pensamiento que subsiste latente en el Espíritu Originador. Si fuese menos que esto sería solamente un tipo de mecanismo y no podría ser poder pensante, así que para ser poder de pensamiento debe ser idéntico en clase con aquel del Espíritu Originador. Es por esta razón que se dice que el hombre ha sido creado a imagen y semejanza de Dios; y si comprendemos que es imposible que esto sea de otra manera, encontraremos un fundamento firme del cual extraer muchas deducciones importantes. Pero si nuestro pensamiento posee este poder creador, por qué nos vemos obstaculizados por condiciones adversas? La respuesta es: porque hasta ahora hemos usado nuestro poder invertidamente. Hemos tomado el punto de partida para nuestros pensamientos con base en hechos externos, en consecuencia, hemos creado una repetición de hechos de naturaleza similar y mientras continuemos haciendo esto necesitaremos continuar perpetuando el antiguo ciclo de limitación. Y debido a la sensibilidad de la mente subconsciente a la sugestión (Ver las Conferencias de Edimburgo, Capítulo V), estamos sujetos a una muy poderosa influencia negativa procedente de aquellos quienes no están familiarizados con principios afirmativos, y así las

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creencias raciales, las corrientes de pensamiento de nuestro medio ambiente inmediato tienden a consolidar nuestro propio pensamiento invertido. No es, por lo tanto, sorprendente que el poder creador de nuestro pensamiento, usado así en una dirección equivocada, haya producido las limitaciones de las cuales nos quejamos. El remedio, entonces, es cambiar nuestro método de pensamiento y en vez de tomar los hechos externos como nuestro punto de partida, tomar la naturaleza inherente del poder mental como nuestro verdadero punto de partida. Ya hemos logrado dos grandes pasos en esta dirección, primero viendo que la totalidad del cosmos manifestado no podía haber tenido su origen en ninguna otra parte sino en el poder mental y segundo, comprendiendo que nuestro propio poder mental debe ser igual en clase con aquel de la Mente Originadora. Ahora podemos ir un paso más adelante y ver como este poder en nosotros puede ser perpetuado e intensificado. Por la naturaleza del proceso creativo su mente es en sí misma un pensamiento de la Mente Paterna; así que, mientras este pensamiento de la Mente Universal subsista, usted subsistirá, porque usted es él. Mientras usted piense éste pensamiento él continuará subsistiendo y necesariamente permanecerá presente en la Mente Divina, llenando así las condiciones lógicas requeridas para la perpetuación de la vida individual. Se puede encontrar una analogía pobre del proceso en una dinamo autoalimentado, donde el magnetismo genera la corriente y la corriente intensifica el magnetismo, con el resultado de producir una corriente aún más intensa, hasta que se alcanza el límite de saturación; solamente que en la infinitud sustantiva de la Mente Universal y en la infinitud potencial de la Mente Individual no hay límite de saturación; o podemos comparar la interacción de las dos mentes a dos espejos, uno grande y uno pequeño, opuestos el uno al otro, con la palabra “Vida” grabada en el grande. Entonces, por la ley de reflexión, la palabra “Vida” aparecerá también en la imagen del espejo menor reflejada en el espejo grande. Naturalmente que estas son solamente analogías muy imperfectas; pero si usted puede comprender la idea de su propia individualidad como un pensamiento en la Mente Divina, que es capaz de perpetuarse a través de pensar en sí mismo como el pensamiento que es, habrá alcanzado la raíz de todo el asunto y por el mismo proceso no solamente perpetuará su vida sino que también la expandirá.

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Cuando comprendemos esto por una parte y por la otra comprendemos que todas las condiciones externas, incluyendo el cuerpo, son producidas por el pensamiento, nos encontramos situados entre dos infinitos, la Mente infinita y la Sustancia infinita, de las cuales podemos derivar lo que queremos y moldear condiciones específicas a partir de la Sustancia Universal, a través del Poder Creador que logramos de la Mente Universal. Pero debemos recordar que no es por la fuerza de voluntad personal sobre la sustancia, lo cual es un error que nos lanzará en toda clase de inversiones, sino comprendiendo que nuestra mente actúa como un canal a través del cual opera la Mente Universal sobre las substancias en una manera particular, de acuerdo con la modalidad de pensamiento que estamos buscando incorporar. Si, entonces, nuestro pensamiento es concentrado habitualmente sobre principios, más bien que sobre cosas particulares, comprendiendo que los principios son nada menos que la Mente Divina en operación, encontraremos que ellos necesariamente germinarán para producir sus propias expresiones en hechos correspondientes, verificando así las palabras del Gran Instructor: “Buscad primero el Reino de Dios y su Justicia y todas las cosas se os darán por añadidura”. Pero nunca debemos perder de vista la razón del poder creador de nuestro pensamiento, esto es, que es debido a que nuestra mente es en sí un pensamiento de la Mente Divina y que en consecuencia nuestro aumento en vivencia y en poder creador debe estar en proporción exacta con la percepción de nuestra relación con la Mente Paterna. En consideraciones tales como estas se debe encontrar la base filosófica de la doctrina de la Biblia en cuanto a la idea del “Hijo” con su culminación en la concepción del Cristo. Estas no son meras fantasías sino la expresión de principios estrictamente científicos, en su aplicación, para profundizar los problemas más profundos de la vida individual; y su base es que el mundo de cada cual, en o fuera de la carne debe necesariamente ser creado por su propia consciencia, y que, a su vez, su modalidad de consciencia tomará su color de la concepción de su propia relación con la Mente Divina, o hasta la exclusión de la luz y del color, si no comprende la Mente Divina, o bien hasta su construcción en formas de belleza en la misma proporción en que él comprende su identidad de ser con aquel Espíritu Originador de Todo, que es Luz, Amor y Belleza en Sí Mismo.

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Así que la más grande obra creadora del pensamiento en cada uno de nosotros es hacernos conscientemente “hijos e hijas del Todopoderoso”, comprendiendo que debido a nuestro origen divino, nunca podemos realmente estar separados de la Mente Paterna, la cual está continuamente buscando expresión a través de nosotros; y que cualquier separación aparente es debida a nuestra concepción equivocada de la verdadera naturaleza de la relación inherente entre lo Universal y lo Individual. Esta es la lección que el Gran Instructor ha colocado tan luminosamente ante nosotros en la parábola del Hijo Pródigo. EL GRAN AFIRMATIVO El Gran Afirmativo aparece en dos modalidades, la cósmica y la individual. En esencia es la misma en ambos casos, pero en cada uno trabaja desde un punto de partida diferente. Este es siempre el principio de Ser, aquello que es como distinguido de aquello que no es; pero para comprender el verdadero significado de esto, debemos entender lo que se significa por “aquello que no es”. Es algo más que la mera no existencia, porque obviamente no tendríamos por que ocuparnos acerca de lo que es no existente. Es aquello que al mismo tiempo es y no es, y aquello que responde a esta descripción es: “Condiciones”. El pequeño afirmativo es aquello que afirma condiciones particulares como todo lo que es posible de ser comprendido, mientras que el gran afirmativo abarca una más amplia concepción, el concepto de aquello que da surgimiento a las condiciones. Cósmicamente es aquel Poder del Espíritu que emite la creación total como expresión de Sí Mismo y es por esta razón que he llamado la atención en las conferencias anteriores hacia la idea de la creación ex nihilo de la totalidad del universo visible; como nos dicen igualmente las escrituras Orientales y Occidentales, este es la exhalación del aliento del Espíritu Original; y si ustedes han seguido lo que he dicho concerniente a la reproducción de este espíritu en el individuo, que por la misma naturaleza del proceso creativo la mente humana debe ser de la misma calidad con la Mente Divina, entonces encontramos que una segunda modalidad del Espíritu Originador se hace posible, aquella de la operación a través de la mente individual. Pero ya sea que actúe cósmica o personalmente es siempre el mismo Espíritu y por consiguiente no puede perder su carácter inherente, que es aquel del poder que crea ex nihilo. Es la contradicción directa de la

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máxima’ “ex nihilo nihil fit”, nada puede hacerse de la nada; y este es el reconocimiento de la presencia en nosotros mismos de este poder, que puede hacer algo de nada y que es la clave para nuestro progreso ulterior. Como resultado lógico del proceso cósmico creativo, el trabajo evolutivo alcanza un Punto donde el Poder Originador crea una imagen de Sí Mismo; y así proporciona un punto fresco de partida, desde el cual puede operar específicamente, así como en el proceso cósmico opera generalmente. Desde este nuevo punto de vista no contradice en manera alguna las leyes del orden cósmico, pero procede a especializarlas, trayendo así resultados a través del individuo, resultados que no podrían ser logrados en otra manera. Ahora bien, el espíritu hace esto por el mismo método que en la Creación Original, es decir, creando ex nihilo; porque en otra forma estaría atado por las limitaciones inherentes, necesariamente, a la forma cósmica de las cosas y así no se habría logrado un punto fresco de partida. Este es el por qué le Biblia hace tanto énfasis en el principio de Monogénesis, o creación a partir de un poder singular en vez de a partir de un par, y es debido a esto que se nos dice que esta Unidad de Dios es el fundamento de todos los mandamientos y que el “Hijo de Dios” es declarado como “monogenerado” o engendrado de uno, porque esa es la traducción correcta de la palabra Griega. La inmensa importancia de este principio de creación a partir de un poder singular, llegará a ser aparente a medida que comprendamos más plenamente los resultados producidos de la suposición del principio opuesto, o el dualismo del poder creador; pero como la discusión de esta gran materia requeriría un volumen para sí, en el presente, me contento con decir que esta insistencia de la Biblia, sobre la singularidad del Poder Creador, está fundamentada en un conocimiento que va hasta la raíz misma de los principios esotéricos y por lo tanto no es para dejarla de lado en favor de los sistemas dualísticos, aunque superficialmente estos últimos pueden parecer más consonantes con la razón. Si, entonces, es posible colocar el Gran Afirmativo en palabras, es que Dios es UNO y que este UNO encuentra centro en nosotros; y si el significado total de esta afirmación se comprende, el resultado lógico será encontrado como una nueva creación tanto en, como de, nosotros. Comprenderemos en nosotros la operación de un nuevo principio cuyo rasgo distintivo es su simplicidad. Es UNIDAD y no está complicado con segundo alguno; por esto lo que contempla no es como será

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modificada su acción por aquella de algún segundo principio, algo que lo obligaría a trabajar en una manera particular y así limitarlo; sino lo que contempla es Su propia Unidad. Entonces percibe que Su unidad consiste de un mayor o menor movimiento, así como la rotación de la tierra sobre su eje, no interfiere con su rotación alrededor del sol, sino que ambos son movimientos de la misma unidad y están definidamente relacionados el uno con el otro. En manera semejante encontramos que el Espíritu se está moviendo simultáneamente en el macrocosmos del universo y en el microcosmos del individuo, que los dos movimientos se armonizan debido a que son el mismo Espíritu y que el segundo está incluido en el primero y lo presupone. La Gran Afirmación, por consiguiente, es la percepción de que el “YO SOY” es UNO, siempre en armonía Consigo Mismo, e incluyendo todas las cosas en esta armonía por la simple razón de que no hay un segundo poder creador; y cuando el individuo comprende que este poder, eternamente singular, es la raíz de su propio ser, que por consiguiente tiene centro en sí mismo y encuentra expresión a través de él, aprende a confiar en su singularidad y en la armonía consecuente en él de sus acciones con lo que está haciendo a su alrededor. Entonces ve que la afirmación: “Yo y mi Padre somos UNO”, es una deducción necesaria de la comprensión correcta de los principios fundamentales de ser; y entonces, con base en el principio de que lo menor debe estar incluido en lo mayor, desea que la unidad armoniosa de la acción sea mantenida por la adaptación de su propio movimiento particular con el movimiento mayor del Espíritu, operando como el Principio Creador a través del gran todo. En esta manera llegamos a ser centros a través de los cuales las fuerzas creativas encuentran especialización, por el desarrollo de ese factor personal, del cual depende siempre la aplicación específica de las leyes generales. Se forma una suerte específica de individualidad, capaz de ser el eslabón entre el gran Poder Espiritual del universo y la manifestación de lo relativo en el tiempo y en el espacio, debido a que participa continuamente de ambos; y debido a que el individuo de ésta clase reconoce la singularidad del Espíritu como el punto de partida de todas las cosas, se esfuerza en retirar su mente de todos los argumentos derivados de las condiciones externas, ya sean pasadas o presentes y en fijarla en el movimiento de avance del Espíritu, que él sabe que es idéntico, tanto en el universo como en sí mismo. Cesa de intentar dictarle al Espíritu, porque no ve en El una mera fuerza ciega, sino que lo reverencia como la Inteligencia Suprema; y por otra parte no se arrastra ante El en duda y temor, porque sabe que El es uno consigo y

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Se está realizando a Sí Mismo a través de él y por consiguiente no puede tener ningún poder antagónico hacia Su propio bienestar individual. Comprendiendo esto deliberadamente coloca sus pensamientos bajo la guía del Espíritu Divino, sabiendo que sus actos exteriores y condiciones deben por esto ser conducidos a estar en armonía con el gran movimiento de avance del Espíritu, no solamente en la etapa que ha alcanzado ahora, sino en todas las etapas futuras. No niega del todo el poder de su propio pensamiento como agente creador de su propio mundo personal, por lo contrario, es precisamente en el conocimiento de este hecho que se basa su percepción del verdadero ajuste en los principios de la Vida, pero por esta misma razón es más solícito de ser guiado por esa Sabiduría, que puede ver lo que él no puede ver, de manera tal que su control personal sobre las condiciones de su propia vida puede ser empleado para su continuo crecimiento y desarrollo. En esta manera nuestra afirmación del “Yo Soy” cesa de ser la afirmación petulante de nuestra personalidad limitada y llega a ser la afirmación de que el gran YO SOY afirma Su propia SEIDAD igualmente en nosotros, a través de nosotros y así nuestro uso de las palabras llega a ser, muy en verdad, el Gran Afirmativo, o aquello que es la raíz de todo ser, como distinguido de aquello que no tiene ser en sí sino que es solamente exteriorizado como el vehículo para Su expresión. Comprenderemos nuestro verdadero lugar como centros creadores subordinados, perfectamente independientes de las condiciones existentes, porque el proceso creador es aquel de la monogénesis y no requiere ningún otro factor aparte del Espíritu para que pueda ejercerse, pero al mismo tiempo subordinados al Espíritu Divino en la grandeza de Su inherente movimiento impelente, porque hay solamente UN Espíritu y no puede ser antagónico desde un centro hacia lo que está haciendo en otro. Así la Gran Afirmación nos hace hijos del Gran Rey, viviendo simultáneamente en obediencia a ese Poder que está por encima de nosotros y ejerciendo ese mismo poder sobre todo el mundo de causación secundaria que está por debajo de nosotros.

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Así en nuestra medida y estación cada uno de nosotros recibirá la misión del YO SOY.

CRISTO, EL CUMPLIMIENTO DE LA LEY “No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas: no he venido para abrogar, sino a cumplir” (Mateo 5:17) “Porque el fin de la ley es Cristo, para justicia a todo aquel que cree” (ROM. 10:4). Si estas palabras son la pronunciación de una mera superstición sectaria, son carentes de valor; pero si son la afirmación de un gran principio, entonces es digno de investigarse cuál es ese principio. El cumplimiento de cualquier cosa es conducir a total realización todo lo que contiene potencialmente y así el cumplir de cualquier ley en su plenitud, significa expresar todas las posibilidades que hay ocultas en ella. Este es precisamente el método-que ha producido todos los avances de la civilización material. Las leyes de la naturaleza son las mismas ahora que en los días de nuestros incultos antecesores Anglosajones, pero ellos solamente expresaron una fracción infinitesimal de las posibilidades que esas leyes contienen: ahora hemos sacado mucho más de ellas, pero no hemos en manera alguna agotado sus posibilidades y así continuamos avanzando, no contradiciendo las leyes naturales, sino realizando más plenamente su capacidad. ¿Por qué no deberíamos- entonces, de aplicar el mismo método a nosotros mismos y ver si no hay potencialidades ocultas en la ley de nuestro propio ser que aún no hemos conducido a su realización? Hablamos de una buena época que se aproxima y de un mejoramiento de la raza; pero no reflexionamos que la raza está compuesta de individuos y que, por consiguiente, el avance real debe ser efectuado solamente a través del mejoramiento individual y no a través de Actos del Parlamento; Y por lo tanto el individuo con quien debemos empezar es nosotros mismos. La manifestación completa de la Ley de la Individualidad es el fin o propósito de la enseñanza bíblica concerniente a Cristo. Es una enseñanza fundamentada en la Ley, espiritual y mental, reconociendo

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completamente que ningún efecto puede ser producido, excepto por la operación de una causa adecuada; y Cristo es colocado ante nosotros tanto para explicar las causas como para exhibir la medida plena de los efectos. Todo esto de acuerdo con la Ley; y la importancia de estar de acuerdo con la Ley es que la Ley es Universal y las potencialidades de la Ley están, por lo tanto, inherentes en cada uno; no hay ley especial para alguien, pero alguien puede especializar la ley, usándola con un entendimiento más completo en cuanto a lo que puede sacar de ella; y el propósito de la enseñanza de las Escrituras respecto a Cristo es ayudarnos a hacer esto. Las conferencias anteriores nos han conducido paso a paso a ver que el Espíritu Originador, que trajo primero el mundo a existencia, es también la raíz de nuestra propia individualidad y está, por consiguiente, siempre listo, por su naturaleza inherente, a continuar el proceso creativo a partir de este punto de vista individual, tan pronto como las condiciones necesarias sean provistas y estas condiciones son condiciones de pensamiento. Entonces, a través de la realización de la relación de Cristo con la Mente Originadora, con el Espíritu Paternal o “Padre”, recibimos un promedio (Standard) de pensamiento que puede actuar creativamente, haciendo surgir todas las potencialidades de nuestro ser oculto. Ahora bien, la relación de Cristo con el “Padre” es aquella de la Idea Arquetípica en la Mente Creadora de todo, de la cual hemos hablado previamente y así llegamos al concepto de la idea Cristo como principio universal y como siendo una idea, por consiguiente, capaz de reproducción en la Mente individual; explicando así el significado de San Pablo cuando habla de Cristo como siendo formado en nosotros. Es aquí donde viene el principio de monogénesis, ese principio que me he forzado en describir en la primera parte de la serie presente de conferencias como originando la totalidad de la creación manifestada, por una acción interna del Espíritu sobre Si Mismo; y es la ausencia total de control de cualquier poder secundario que hace posible la realización en realidades externas de ideas puramente mentales. Por esta razón el estudio espiritual sistemático comienza con la contemplación del cosmos existente y luego transferimos el concepto del poder monogenético del Espíritu, a partir del cosmos hasta el individuo y entendemos que el mismo Espíritu es capaz de hacer lo mismo en nosotros. Este es el Nuevo Pensamiento, el cual con el tiempo se realizará en el Nuevo Orden y proveeremos así nuevas condiciones del pensamiento que capacitarán al Espíritu para

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continuar su trabajo creador a partir de un nuevo punto de vista, aquel de nuestra propia individualidad. Este logro realizado por el Espíritu, de un nuevo punto de partida, es lo que se significa con la doctrina esotérica de la Octava. La Octava es el punto de partida de una nueva serie de duplicaciones del punto de partida de la serie previa en un nivel diferente, -así -como sucede con las octavas en la notación musical. Encontramos referencias constantes en las Escrituras a este principio; la terminación de una serie anterior en el número Siete y la iniciación de una nueva serie con el número Ocho, el cual toma el mismo lugar en la segunda serie que el Uno tomó en la primera. La segunda serie procede de la primera por desarrollo natural y no podría venir a existencia sin ella, por esto el Primero, o Número Originador de la segunda serie es el Ocho, si consideramos la segunda serie como la prolongación de la primera. Siete es la correspondencia numérica de la manifestación completa porque es la combinación de tres y cuatro, los cuales representan respectivamente el trabajo completo de los factores espiritual y material, involución y evolución, y así juntos constituyen el todo completo. Los estudiantes del Tarot comprenderán aquí el proceso por el cual el Yod de Yod llega a ser el Yod de He. Es por esta razón que la creación primaria o cósmica termina en el descanso del Séptimo Día, porque no puede proceder adelante hasta que un nuevo punto de partida se encuentre. Pero cuando este nuevo punto de partida es encontrado en el Hombre, comprendiendo su relación con el “Padre”, iniciamos una nueva serie y hacemos vibrar la Octava Creadora y por consiguiente la Resurrección toma lugar, no en el Sabbath o Séptimo Día, sino en el Octavo Día, el cual entonces llega a ser el Primer Día de la nueva semana creadora. El principio de la Resurrección es aquel de la comprensión lograda por el hombre de su individualización del Espíritu y su reconocimiento del hecho de que, puesto que el Espíritu es siempre el mismo Espíritu, llega a ser el Alfa de una nueva creación a partir de su propio centro humano de ser. Ahora bien, todo esto es necesariamente un proceso interior tomando lugar en el plano mental; pero si entendemos que el proceso creativo es siempre primariamente un proceso de involución, o de formación en el mundo espiritual, comprenderemos algo del significado del Cristo como “EI Hijo de Dios”, la concentración del Espíritu Universal en una Personalidad en el plano espiritual, correlativamente con la individualidad de cada uno de quienes ofrecen las condiciones de pensamiento necesarias. Para quienes lo comprenden hay entonces,

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descubierta en el Espíritu Universal, la presencia de una Individualidad Divina, recíproca con aquella del hombre individual; el reconocimiento de lo cual es la solución práctica de todos los problemas metafísicos concernientes a la emanación del alma individual a partir del Espíritu Universal y las relaciones que surgen de allí; porque esto lleva los asuntos fuera de la región de la especulación intelectual, la cual nunca es creativa sino solamente analítica, y los transfiere a la región del sentimiento y de la sensación espiritual que es la morada de las fuerzas creadoras. Este reconocimiento personal de lo Divino nos proporciona entonces una nueva base de Afirmación y no necesitamos molestarnos más en retrotraernos para analizarla, porque sabemos experimentalmente que está allí; así encontramos ahora el punto de partida de la nueva creación, listo para nosotros de acuerdo con el modelo arquetípico de la Mente Divina misma y por lo tanto perfecta y correctamente formado. Cuando esta verdad es comprendida claramente, ya sea que lo logremos por un proceso intelectual, o a través de simple intuición, podemos hacerlo nuestro punto de partida y proclamar que tenemos nuestro pensamiento impregnado por el poder creador en base a esto. Pero extensa como es la concepción lograda así, debemos recordar que es todavía solamente un punto de partida. En verdad, trasciende nuestro alcance previo de ideas y presenta así una culminación de la serie creadora cósmica, que va más allá de esa serie y nos trae así al número Ocho y a la Octava; pero debido a esto mismo, es el número Uno de una nueva serie creadora que es personal para el individuo. Entonces, debido a que el Espíritu es siempre el mismo, debemos buscar una repetición del proceso creador en un nivel superior y, como todos sabemos, ese proceso consiste primero en la involución del Espíritu en la Sustancia y, consecuentemente, de la evolución subsecuente de la Sustancia en formas que aumentan continuamente en aptitud como vehículos para el Espíritu: así que ahora podemos buscar una repetición de este proceso universal desde su nuevo punto de partida en la mente individual y esperar una externalización correspondiente, acorde con nuestro axioma familiar de que los pensamientos son cosas. Ahora bien, es como tal manifestación externa del Ideal Divino que el Cristo de los Evangelios es colocado ante nosotros. No deseo

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dogmatizar, pero diré solamente que a más claramente comprendamos la naturaleza del proceso creativo en el aspecto espiritual, más pierden sus fuerzas las objeciones corrientes de la narrativa de los Evangelios; y me parece que negar esa narración como una total imposibilidad es hacer una afirmación semejante con respecto al poder del Espíritu en nosotros. Usted no puede afirmar un principio y negarlo en la misma palabra; y si afirmamos la externalización del poder del Espíritu en nuestro propio caso, no veo cómo podemos lógicamente establecer un límite para su acción y decir que bajo condiciones altamente especializadas no podría producir efectos altamente especializados. Es por esta razón que San Juan coloca el asunto del Cristo manifestado en la carne como criterio total (1 Juan IV:2). Si el Espíritu puede realmente crear, entonces, no se puede limitar la extensión o método de su operación; y puesto que el fundamento de nuestra expectación de expansión individual es el ilimitado poder creador del Espíritu, rechazar el Cristo de los Evangelios como una imposibilidad es quitar el terreno de debajo de nuestros propios pies. Es una cosa decir: “No entiendo por qué el Espíritu debe haber operado en esa manera”, esa es solamente una afirmación honesta de nuestra etapa presente de conocimiento; o podemos muy bien decir que no nos sentimos convencidos de que el Espíritu operó en esa manera; esa es una verdadera confesión de nuestra dificultad intelectual; pero ciertamente que quienes descansan declaradamente en el poder del Espíritu para producir resultados externos, no pueden decir que no posee este poder, o que lo posee solamente en grado limitado; la posición es lógicamente autodestructiva. Lo que debemos hacer por consiguiente, es suspender todo juicio y seguir la luz en cuanto nos sea posible verla y poco a poco se hará más clara para nosotros. Hay, me parece, alturas ocultas en la doctrina de Cristo, designadas por la Sabiduría Suprema para contrarrestar las profundidades ocultas del Misterio de las Tinieblas. No creo que nos sea del todo necesario, o quizá posible, escalar estas alturas o medir estas profundidades, con nuestra presente inteligencia infantil, pero si comprendemos cuan completamente la ley de nuestro ser recibe su plenitud en Cristo, en cuanto conocemos de esa ley, no sería posible que lleguemos a concebir que existan fases aún más profundas de esa ley, la existencia de las cuales solamente podemos suponer ligeramente a través de la intuición? Ocasionalmente solo el borde del velo es levantado para algunos de nosotros, pero esa mirada momentánea es suficiente para indicarnos que hay poderes y misterios más allá de nuestra concepción presente. Pero aún allí la Ley reina

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suprema y por consiguiente tomando a Cristo como nuestro punto de partida básico, comenzamos con la Ley ya realizada, ya en aquellas cosas que nos son familiares o en aquellos reinos que se encuentran más allá de nuestro pensamiento y por lo tanto no necesitamos sentir temor de mal alguno. Nuestro punto de partida es aquel de la seguridad ordenada por la divinidad a partir de la cual podemos desarrollarnos tranquilamente hacia una evolución superior, que es la realización de la ley de nuestro propio ser. LA HISTORIA DEL EDEN Toda la Biblia y la historia total del mundo pasado, presente y futuro está contenida en embrión en la historia del Edén, porque ellas no son más que el desarrollo continuo de ciertos grandes principios que están declarados allí alegóricamente. Que esto no es en manera alguna una noción nueva está indicado por la siguiente cita de Orígenes: “Quién es tan tonto y carente de sentido común como para creer que Dios plantó árboles en el Jardín como un granjero; y plantó allí el árbol de la vida perceptible a los ojos y a los sentidos, el cual dio vida a quien comió de él, y otro árbol que le dio al comedor un conocimiento del bien y del mal? Creo que todos deben considerar esto como figuras bajo las cuales se oculta un sentido recóndito”. Sigamos, entonces, la sugestión de este antiguo Padre de la Iglesia e investiguemos cuál puede ser el “sentido recóndito” ocultado bajo esta figura de los dos árboles. En la superficie de la historia hay dos raíces, una de Vida y la otra de Muerte, dos principios fundamentales produciendo resultados diametralmente opuestos. La marca distintiva del último es que éste es el conocimiento del bien y del mal, es decir, el reconocimiento de dos principios antagónicos y requiriendo así un conocimiento de la relación entre ellos para capacitamos a hacer continuamente los ajustes necesarios para mantenernos en marcha. Ahora bien, en apariencia esto es plausible. Parece tan completamente razonable que no percibimos su destructividad final; y así se nos dice que Eva comió del fruto porque ella “vio que el árbol era grato a los ojos”. Sin embargo, una cuidadosa consideración nos mostrará en qué consiste la naturaleza destructiva de este principio. Está basada en la falacia de que el bien está limitado por el mal y de que no se puede recibir nada bueno, excepto a través de la eliminación del mal correspondiente por su comprensión y derrota. Desde este punto de vista la vida se hace un continuo combate contra toda imaginable forma de mal y después de que hayamos agobiado

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nuestros cerebros en diseñar precauciones contra todo posible mal, queda aún la posibilidad, y mucho más que la mera posibilidad, de que no hayamos en manera alguna agotado la categoría de posibilidades negativas y que puedan presentarse otras que ninguna cantidad de prevención de nuestra parte pueda haber imaginado. A más consideramos esta posición más intolerable se hace, porque desde este punto de vista no podemos tener nunca base alguna cierta de acción y las fuerzas del posible mal se multiplican a medida que las contemplemos. Promulgar ser más listos que todo el mal por nuestro conocimiento de su naturaleza, es intentar una tarea cuya inutilidad se hace aparente cuando la vemos en su verdadera luz. El error es el de suponer que la Vida puede ser generada en nosotros mismos por un proceso intelectual; sino que, como lo hemos visto en las conferencias precedentes, la Vida es el movimiento primario del Espíritu, ya sea en el cosmos o en el individuo. En su orden apropiado el conocimiento intelectual es sumamente importante y útil, pero su lugar en el orden del todo no es el de Originador. Este no es Vida en sí mismo, sino una función de la vida; es un efecto y no la causa. La razón del por qué esto es así, es porque el estudio intelectual es siempre el estudio de varias leyes que surgen de las diferentes relaciones de las cosas entre sí; y por consiguiente, presupone que estas cosas, junto con sus leyes, ya se encuentran en existencia. En consecuencia, no comienza desde el verdadero punto de vista creativo, aquel de crear algo enteramente nuevo, creación ex nihilo, como distinguida de la construcción o el reunir materiales existentes, que es lo que significa literalmente la palabra. Reconocer el mal como una fuerza con la que se debe contar, es por lo tanto, renunciar del todo al punto de vista creativo. Es renunciar al plano de la Causa Primera y descender al reino de la causación secundaria y perdernos en medio de la confusión de una multiplicidad de causas y efectos relativos, sin comprender ningún principio unificador subyacente. Ahora bien, la única cosa que puede liberarnos de la inextricable confusión de una infinita multiplicidad es la realización de una unidad subyacente, y en el fondo de todas las cosas encontramos la presencia de un Gran Principio Afirmativo, -sin el cual nada podría tener existencia. Este, entonces, es la Raíz de Vida; y si le acreditamos como siendo capaz, no solamente de suplir el poder, sino también la forma para su manifestación, veremos que no nos es necesario ir más allá de

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este Poder único y singular para la producción de cualquier cosa. Es el Espíritu produciendo Sustancia a partir de Su propia esencia, y la Sustancia tomando Forma de acuerdo con el movimiento del Espíritu. Lo que tenemos que comprender es, no solamente que esta es la manera como el cosmos es traído a existencia, sino también que debido a que el Espíritu encuentra un nuevo centro en nosotros, el mismo proceso se repite en nuestra propia mentalidad y, por consiguiente, estamos continuamente creando ex nihilo, ya sea que lo sepamos o no. En consecuencia, si consideramos el mal como una fuerza con la que se debe contar y que por lo tanto requiere ser estudiada, estamos en realidad creándola; mientras que por otra parte, si comprendemos que hay solamente una fuerza para ser considerada y que es absolutamente buena, estamos, por la ley del proceso creativo, trayendo ese bien a manifestación. No hay lugar a duda de que para ese uso afirmativo de nuestro poder creativo es necesario que empecemos partiendo del concepto básico de un poder originador singular que es absolutamente bueno y productor de vida; pero si existiera un poder auto-originador que fuera destructivo, entonces, la creación no hubiera venido a existencia jamás, porque los poderes auto-originadores positivo y negativo se cancelan el uno al otro y el resultado sería cero. El hecho, entonces, de nuestra propia existencia es prueba suficiente de la singularidad y bondad del Poder Originador y desde este punto de partida, no hay un segundo poder para tener en consideración y en consecuencia, no tenemos que estudiar el mal que pueda surgir de circunstancias existentes o futuras, sino que se requiere mantener nuestras mentes fijas solamente en el bien que intentamos crear. Hay una razón muy simple para esto. Es la de que toda nueva creación lleva necesariamente su propia ley con ella y por esa ley produce nuevas condiciones de sí misma. Un balón proporciona una ilustración familiar de lo que quiero significar. El balón posee su propio peso, pero con la introducción de un nuevo factor, el gas, trae con él una ley propia que altera completamente las condiciones, y la fuerza de gravitación es totalmente vencida de manera que la masa total se eleva en el aire. La Ley misma nunca se altera, pero la hemos conocido previamente solo bajo condiciones limitantes. Estas condiciones, sin embargo, no son partes de la ley misma; y una comprensión más clara de la Ley nos muestra que contiene en sí el poder de trascenderlas. La Ley que toda nueva creación porta consigo no es por lo tanto una contradicción de la antigua ley sino su especialización en una modalidad superior de acción.

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Ahora bien, la Ley final es aquella de la producción ex nihilo por el movimiento del Espíritu dentro de Sí Mismo y todas las leyes subordinadas son solamente las medidas de las relaciones que se presentan espontáneamente entre las diferentes cosas cuando son conducidas a manifestación, y por consiguiente, si una cosa enteramente nueva es creada, debe necesariamente establecer totalmente nuevas relaciones y producir así leyes enteramente nuevas. Esta es la razón del por qué, si consideramos la acción del Espíritu puro indiferenciado como nuestro punto de partida, debemos confiar en que El producirá manifestaciones de la ley que, aunque perfectamente nuevas desde el punto de vista de nuestra experiencia pasada, son tan completamente naturales en su propia forma como cualquiera que haya existido antes. Es por esto que en estas conferencias coloco tanto énfasis en el hecho de que el Espíritu crea ex nihilo, esto es, de formas no preexistentes, sino simplemente por Su propio movimiento dentro de Sí Mismo. Si, entonces, esta idea es comprendida claramente, se sigue lógicamente de ella que la Raíz de la Vida no se encuentra en la comparación del bien y del mal, sino en la simple afirmación del Espíritu como el poder todopoderoso Creador del Bien. Y puesto que, como ya lo hemos visto, este mismo Espíritu creador de todo encuentra un centro, y un punto fresco de partida de operación, en nuestras propias mentes, podemos confiar en que seguirá la Ley de Su propio ser allí, así como en la creación del Cosmos. Solamente no debemos olvidar que está operando a través de nuestras propias mentes. El piensa a través de nuestra mente y nuestra mente debe ser un canal apropiado para esta modalidad de Su operación conformándose o ajustándose a las amplias líneas genéricas del pensamiento del Espíritu. La razón para esto es una que he tratado de imprimir a través de estas conferencias, esto es, que la especialización de una ley nunca es la negación de ella, sino al contrario, el reconocimiento pleno de sus principios básicos; y si este es el caso en la ciencia física ordinaria, debe ser igualmente así cuando llegamos a especializar la gran Ley de Vida misma. El Espíritu nunca puede cambiar su naturaleza esencial como esencia de Vida, Amor y Belleza; y si nosotros adoptamos estas características, las cuales constituyen la Ley del Espíritu, como la base de nuestro propio pensamiento, y rechazamos todo lo que sea contrario a ellas, entonces proporcionaremos las condiciones genéricas amplias para el

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pensamiento especializado del Espíritu a través de nuestras propias mentes; y el pensamiento del Espíritu es aquel de involución, o el paso del Espíritu hacia la forma, lo cual es la razón total del proceso creativo. La mente de que todo el tiempo está siendo formado así es la nuestra propia. No es un caso de control por una individualidad externa, sino la expresión plena de lo Universal a través de una mentalidad organizada, que ha sido siempre una expresión menos perfecta de lo Universal; y por consiguiente, el proceso es de crecimiento. No estamos perdiendo nuestra individualidad, sino que estamos haciéndonos a la posesión plena de nosotros mismos por el reconocimiento consciente de nuestra participación personal en la gran obra de la creación. Empezamos en alguna ligera medida a entender lo que la Biblia significa cuando habla de que somos “partícipes de la naturaleza Divina” (II Pedro 1 :4) y entendemos el significado de la “unidad del Espíritu” (Efesios lV:3). Es indudable que esto implicará cambios en nuestras antiguas modalidades de pensamiento; pero estos cambios no son forzados sobre nosotros, sino que son producidos naturalmente por el nuevo punto de vista desde el cual apreciamos las cosas. Casi imperceptiblemente crecemos hacia el nuevo orden de pensamiento que procede, no de un conocimiento del bien y del mal, sino del Principio mismo de la Vida. Eso es lo que hace la diferencia entre nuestro antiguo pensamiento y el nuevo. Nuestro antiguo pensamiento estaba basado en la comparación de factores limitados: nuestro nuevo pensamiento está basado en una comprensión de principios. La diferencia es como aquella que existe entre las matemáticas del niño, quien no puede contar más allá del número de manzanas o bolas de cristal colocadas ante él y aquellas del graduado sobresaliente en matemáticas que no depende de objetos visibles para sus cálculos, sino que se sumerge audazmente en lo desconocido porque sabe que está trabajando con base en principios indudables. En igual manera, cuando comprendemos el Principio infalible de la Ley Creadora, no nos encontramos más en necesidad de verlo todo claro y definido de antemano, porque si así fuera, nunca podríamos ir más allá del radio de nuestras antiguas experiencias; pero podemos movernos firmemente hacia adelante porque tenemos la certeza del principio creador con el cual estamos trabajando, o mejor quizá, Quién está trabajando a través de nosotros y que nuestra vida, en todos sus más pequeños detalles, es Su expresión armoniosa. Así que el Espíritu piensa a través de nuestro

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pensamiento, solamente que Su pensamiento es mayor que el nuestro. Es la paradoja de lo menor conteniendo a lo mayor. Nuestro pensamiento no carecerá de objeto o será inteligible para nosotros. Será completamente claro en cuanto concierne al asunto. Sabremos exactamente lo que queremos hacer y por qué queremos hacerlo y actuaremos así en una manera razonable e inteligente. Pero lo que no conocemos es el pensamiento mayor que durante todo el tiempo está dando origen a nuestro pensamiento menor y el que se manifiesta a medida que nuestro pensamiento menor progresa hacia la forma. Entonces veremos gradualmente el pensamiento mayor que nos impulsó hacia el menor y nos encontraremos trabajando en armonía con su línea de acción, guiados por la mano invisible del Espíritu Creador hacia el aumento continuo de grados de vivencia a las cuales no necesitamos asignar límites, porque son la expansión del Infinito dentro de nosotros mismos. Este, según me parece, es el significado oculto de los dos árboles en el Edén, el Jardín del Alma. Es la distinción entre un conocimiento que es solamente aquel de la comparación entre las diferentes clases de condiciones y un conocimiento que es el de la Vida que da nacimiento a, y por lo tanto controla, las condiciones. Solamente debemos recordar que el control de las condiciones no es solamente para lograrse por la autoafirmación violenta, la cual es solamente el reconocerlas como entidades substantivas con las cuales batallar, sino por la unidad consciente con ese Espíritu Omnicreador que trabaja silenciosamente, pero seguramente, en sus propias líneas de Vida, de Amor y de Belleza. “No por fuerza, ni por Poder, sino por Mi Espíritu, dijo el Señor de las Legiones”. EL CULTO DE ISHI En Oseas 11:16 encontramos esta notable frase: “Y será ese día, dijo el Señor, que me llamarás Ishi (Marido mío), y no me llamarás más Baali”; y con ésta podemos acoplar la frase de Isaías LXII: 4: “Serás llamada Hephzibah, y tu tierra Beulah; porque el Señor se deleita en ti y tu tierra será cansada”. En ambos pasajes encontramos un cambio de nombre; puesto que un nombre presenta algo que corresponde a él, y en realidad solamente

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equivale a una descripción suscinta, el hecho indicado en estos textos es un cambio de condición que responde a un cambio de nombre. Ahora bien, el cambio de Baali a Ishi indica una alteración importante en la relación entre el Ser Divino y el orador; pero debido a que el Ser Divino no puede cambiar, la relación alterada resulta de un cambio en el punto de vista del adorador; y este solamente puede proceder de una manera de considerar a la Divinidad, esto es, de un nuevo orden de pensamiento concerniente a Ella. Baali significa Señor e Ishi significa esposo y así el cambio en relación es aquel de una esclava que es liberada y luego casada con su antiguo amo. No podríamos tener una analogía más perfecta. En lo relativo al Espíritu Universal el alma individual es esotéricamente femenina, como lo he indicado en “El Misterio de la Biblia y el significado Bíblico”, porque su función es receptiva y formativa. Esto es necesariamente inherente a la naturaleza del proceso creativo. Pero el desarrollo del individuo como medio especializador del Espíritu Universal dependerá enteramente de su propia concepción de su relación con El. En tanto lo considere como un poder arbitrario, algo así como propietario de un esclavo, se encontrará en la posición de un esclavo, manejado por una fuerza inescrutable, sin saber en qué dirección ni para qué propósito. Puede adorar a tal Dios, pero su culto es solamente el culto del temor y de la ignorancia y no hay interés personal en el asunto, excepto el de escapar a algún castigo temido. Tal adorador escaparía felizmente de su tal divinidad, y de su culto el cual, cuando analizado, sería encontrado como nada menos que odio disfrazado. Este es el resultado natural de un culto basado en las tradiciones inexplicadas, en vez de en principios inteligibles, y es el opuesto mismo de ese culto en Espíritu, y en verdad, que Jesús llamó al verdadero culto. Pero cuando la luz comienza a hacerse en nosotros, todo esto se cambia. Vemos que un sistema de terrorismo no puede dar expresión al Espíritu Divino, y comprendemos la verdad de las palabras de San Pablo: “Quien no nos ha dado el espíritu de temor, sino de poder, de amor y de una mente cabal”. A medida que la verdadera naturaleza de la relación entre la mente individual y la Mente Universal se hace más clara, encontramos que esta es una acción y reacción mutua, una perfecta reciprocidad, que no puede estar mejor simbolizada que por una relación afectuosa entre esposo y esposa. Todo es hecho a partir del amor y no de la obligación, hay una perfecta confianza en ambos lados

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y ambos son igualmente indispensables el uno para el otro. Esto es simplemente llevar a cabo la máxima fundamental de que lo Universal no puede actuar en el plano de lo Particular excepto a través de lo Particular; solamente este axioma filosófico lo desarrolla en un cálido intercambio viviente. Esta es la posición del alma que está indicada por el nombre de Hephzibah. En común con todas las otras palabras derivadas de la raíz semítica “hafz” implica la idea de guardar, así como en el Oriente un hafiz es quien guarda la letra del Corán, aprendiendo todo el libro de memoria, y en muchas expresiones semejantes. Hephzibah, puede, en consecuencia, traducirse como “uno guardado”, recordando así la descripción en el Nuevo Testamento de quienes son “guardados en salvación”. Es precisamente este concepto de ser guardado por un poder superior el que distingue el culto de Ishi del de Baali. Una relación especial ha sido establecida entre el Espíritu Divino y el alma individual, una de absoluta confianza y de intercambio personal. Esto no requiere separación alguna de la ley general del universo, sino que es debido a aquella especialización de la ley por medio de la presentación de las condiciones especiales personales del individuo, de las que he hablado antes. Pero nunca ha sucedido actitud mental del individuo; él ha llegado a un nuevo pensamiento, a una nueva percepción más clara de Dios. Ha afrontado las preguntas: ¿Qué es Dios? ¿Dónde está Dios? ¿Cómo opera Dios? y ha encontrado la respuesta en la frase apostólica de que Dios está “sobre todo, a través de todo y en todo” y comprende que “Dios” es la raíz de su propio ser, siempre presente en él, siempre operando a través de él y presente universalmente alrededor de él. Esta comprensión es la verdadera relación entre el Espíritu Originador y la mente del individuo, es aquella que se menciona esotéricamente como el Matrimonio Místico, en el cual los dos han dejado de ser separados y se han hecho uno. En efecto ellos fueron siempre uno, pero puesto que solamente podemos comprender cosas desde el punto de vista de nuestra propia conciencia, es el reconocimiento del hecho lo que la hace una realidad práctica para nosotros. Pero un reconocimiento inteligente nunca causará confusión de las dos partes de las cuales consiste el todo, y no conducirá nunca al individuo a suponer que está manejando una fuerza ciega, o que una fuerza ciega lo

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está manejando a él. Ni destronará a Dios, ni se perderá a sí mismo por absorción en la deidad, sino que reconocerá la reciprocidad de lo Divino y de lo humano como resultado natural y lógico de las condiciones esenciales del proceso creador. ¿Y cuál es el Todo que es creado así? Es nuestra propia personalidad consciente; y por consiguiente, cualquier cosa que saquemos del Espíritu Universal adquirirá en nosotros la cualidad de la personalidad. De ese proceso de diferenciación de lo universal en lo particular, es de lo que he hablado tan frecuentemente, y el cual, a través de una tosca analogía, podemos comparar con la diferenciación del fluido eléctrico universal en modalidades específicas de poder, debido a su paso a través de aparatos apropiados. Es por esta razón, que en lo relativo a nosotros, el Espíritu Universal debe necesariamente asumir un aspecto personal y ese aspecto que asumirá estará en correspondencia exacta con nuestro propio concepto de El. Esto se encuentra de acuerdo con leyes mentales y espirituales inherentes a nuestro propio ser, y es por esto que la Biblia busca construir nuestro concepto de Dios sobre líneas tales que nos liberan de todo temor al mal y nos dejan así en libertad de usar afirmativamente el poder creador de nuestro pensamiento, desde el punto de vista de una mente calmada y sin problemas. Este punto de vista puede ser alcanzado solamente yendo más allá del radio de sucesos del momento, y esto solamente puede hacerse por el descubrimiento de nuestra relación inmediata con la fuente indiferenciada de todo bien. Coloco énfasis en estas palabras “inmediato” e “indiferenciado”, porque en ellas está contenido el secreto de toda la posición. Si no podemos extraer en manera inmediata del Espíritu Universal, nuestro recibir estaría sujeto a las limitaciones del canal a través del cual nos llega; y si la fuerza que recibimos no estuviese diferenciada en sí misma no podría tomar forma apropiada en nuestras mentes y llegar a ser para cada uno de nosotros exactamente lo que requerimos que sea. Es este poder del alma humana, de diferenciar ilimitadamente del Infinito, lo que estamos aptos a olvidar, pero a medida que llegamos a comprender que el alma es en si misma una reflexión e imagen del Espíritu Infinito, y un claro reconocimiento del proceso creativo cósmico muestra que no puede ser otra cosa, encontramos que debe poseer este poder y que en realidad es nuestra posesión de este poder lo que constituye la total raison d’etre del proceso creativo: Si el alma humana no poseyera un poder ilimitado de diferenciación del Infinito, entonces el Infinito no podría ser

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reflejado en ella y consecuencialmente el Espíritu Infinito no encontraría salida para su reconocimiento consciente de Si Mismo como la Vida, el Amor y la Belleza que El Es. Nunca podemos examinar con la suficiente profundidad la definición esotérica de Espíritu como “el poder que se conoce a Sí Mismo”. El secreto de todas las cosas, pasadas, presentes y futuras está contenido en estas pocas palabras. El autorreconocimiento y auto contemplación del Espíritu es el movimiento primario del cual procede toda la creación, y la realización en el individuo de un centro fresco para autorreconocimiento es lo que el Espíritu gana en el proceso; esta ganancia acreditada al Espíritu es a lo que se refieren las parábolas donde el Señor es representado como recibiendo aumento de parte de sus sirvientes. Cuando el individuo percibe esta relación de sí mismo con el Espíritu Infinito, encuentra que se ha elevado de una posición de esclavitud a una de reciprocidad. El Espíritu no puede actuar sin él más de lo que él puede actuar sin el Espíritu. Los dos son tan necesarios el uno al otro como las dos polaridades de una batería eléctrica. El Espíritu es la esencia ilimitada de Amor, Sabiduría y Poder todos tres en uno indiferenciado y esperando ser diferenciados por apropiación, esto es, por la solicitud individual para ser el canal de su diferenciación. Solamente se requiere hacer la solicitud con el reconocimiento de que por medio de la Ley de Ser responderá seguramente, y el sentimiento correcto, la visión correcta y el trabajo correcto para el asunto particular que tenemos a mano fluyan en manera totalmente natural. Nuestros antiguos enemigos, la duda y el temor, pueden tratar de traernos de regreso bajo la limitación de Baali, pero nuestro nuevo punto de vista del reconocimiento del Espíritu Originador de todo como absolutamente unificado con nosotros, debe mantenerse siempre resueltamente en la mente; porque si nos quedamos cortos en esto, no estaremos operando al nivel creador, estaremos creando, en verdad, porque nunca podemos separarnos de nuestro poder creador, pero estaremos creando en la imagen de las antiguas condiciones limitantes y destructivas y esta es solamente la perpetuación de La Ley Cósmica de los Promedios, que es precisamente sobre la cual tiene que elevarse el individuo. El nivel creador es donde las nuevas leyes comienzan a manifestarse en un nuevo orden de condiciones, algo que trasciende nuestras experiencias pasadas y por consiguiente produciendo un avance verdadero; porque no hay avance solamente en repetir lo antiguo aunque lo repitamos durante siglos: es la marcha firme de la

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naturaleza del espíritu avanzando lo que ha hecho del mundo de hoy algo mejor que el mundo de los pterodáctilos y de los ictiosauros, y debemos buscar el mismo movimiento de avance del Espíritu actuando desde su nuevo punto de partida en nosotros mismos. Ahora bien, esta relación especial, personal e individual con el Espíritu es lo que está representando por los nombres de Ishi y Hephzibah. Desde este punto de vista podemos decir que a medida que el individuo despierta a la unidad con el Espíritu, el Espíritu despierta a la misma cosa. Se hace consciente de Sí Mismo a través de la consciencia del individuo y así se soluciona la paradoja del autorreconocimiento individual del Espíritu Universal, sin el cual ningún nuevo poder creador podría ser ejercido y todas las cosas continuarían procediendo solamente de acuerdo con solo el antiguo orden cósmico. Naturalmente que es verdad que en el orden meramente genérico el Espíritu debe estar presente en toda forma de Vida, como lo indicó el Maestro cuando dijo que ningún gorrión cae al suelo sin la intervención “del Padre”. Pero si los gorriones a los que él alude hubiesen sido muertos y estuviesen en venta a un precio que indica que es el destino de una buena cantidad de ellos, vemos en esta precisamente una etapa de manifestación donde el Espíritu no ha despertado al autorreconocimiento individual y permanece al nivel inferior de autorreconocimiento, en aquel del espíritu genérico o de raza. El comentario del Maestro: “Vosotros sois de mayor valor que muchos gorriones”, indica esta diferencia: en nosotros la creación genérica ha alcanzado el nivel que proporciona las condiciones para el despertamiento del Espíritu al auto-reconocimiento en el individuo. Y debemos recordar que todo esto es perfectamente natural. No hay toma de pose o esfuerzo en busca de efecto en cuanto a ello. Si tiene que inflar la Vida, ¿quién va a colocar la Vida en usted para inflarla? Por consiguiente, es espontáneo o nada. Por esto es que la Biblia habla de ello como del don de Dios. No puede ser ninguna otra cosa. Usted no puede originar la fuerza originadora; ella debe originarlo a usted; pero lo que usted puede hacer es distribuirla. Por lo tanto, inmediatamente experimente cualquier sentido de fricción, puede estar seguro de que hay algo erróneo en alguna parte; y puesto que Dios no puede cambiar nunca, usted debe estar seguro de que la fricción está siendo causada por algún error en su propio pensamiento, usted está limitando al

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Espíritu en alguna manera; póngase al trabajo de descubrir lo que es. Es siempre el limitar el Espíritu lo que causa esto. Usted lo está atando a condiciones en alguna parte, diciendo que es en razón de algunas formas existentes. El remedio es regresar al punto original de partida de la Creación Cósmica y preguntar: ¿Dónde estaban las formas preexistentes que entonces dictaron al Espíritu? Puesto que el Espíritu nunca cambia es todavía él mismo y es tan independiente de condiciones existentes ahora como lo fue en el comienzo; y así es que debemos pasar por sobre las condiciones existentes, sin importar cuán adversas sean aparentemente e ir directamente hacia el Espíritu como originador de nuevas formas y nuevas condiciones. Este es verdadero Nuevo Pensamiento, porque no se ocupa de las cosas antiguas sino que va directamente hacia adelante a partir de donde estamos ahora. Cuando hacemos esto, solamente confiando en el Espíritu, y no estableciendo los detalles particulares de su acción, solamente diciéndole lo que queremos, sin dictarle como debemos obtenerlo, encontraremos que las cosas se mostrarán más y más claramente día a día, tanto en el plano interno como en el externo. Recuerde que el Espíritu está vivo y operando aquí y ahora, porque si alguna vez el Espíritu ha de ir del pasado hacia el futuro debe ser pasando a través del presente; por lo tanto lo que usted tiene que hacer es adquirir el hábito de vivir directamente del Espíritu aquí y ahora. Pronto encontrará que este es un asunto de intercambio personal, perfectamente natural y que no requiere ningunas condiciones anormales para su producción. Simplemente trate al Espíritu como lo haría con cualquier otra persona de sensible corazón bondadoso, recordando que está siempre allí, “más cerca que las manos y los pies”, como dice Tennyson, y comenzará gradualmente a apreciar su reciprocidad como un verdadero hecho práctico. Esta es la relación de Hephzibah con Ishi y es aquella del culto en Espíritu y en verdad, que no necesita ni el templo en Jerusalén ni en Samaria para su aceptación, porque todo el mundo es el templo del Espíritu y usted mismo es Su Santuario. Mantenga esto en mente y recuerde que nada es demasiado grande o demasiado pequeño, demasiado interior o demasiado exterior, para el reconocimiento y operación del Espíritu, porque el Espíritu es en Si Mismo tanto la Vida como la Sustancia de todas las cosas y es, también, el Auto-

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reconocimiento desde el punto de vista de su propia individualidad; y por consiguiente, debido a que el Autorreconocimiento del Espíritu es la Vida del proceso creador, por el simple hecho de confiar en el Espíritu usted podrá trabajar de acuerdo con su propia naturaleza, pasar más y más completamente hacia ese Nuevo Orden que Procede de El, Quien dice: “Mirad Yo hago todas tas cosas nuevas”. EL PASTOR Y LA PIEDRA La metáfora del Pastor y la Oveja es de ocurrencia constante a lo largo de la Biblia y naturalmente sugiere la idea de guiar, vigilar y alimentar, tanto a la oveja individual como al rebaño completo, y no es difícil ver la correspondencia espiritual de estas cosas en una manera general. Pero encontramos que la Biblia combina la metáfora del Pastor con otra metáfora, aquella de “la Piedra” y a primera vista las dos parecen algo incongruas. “De allí es el Pastor la Piedra de Israel”, dice el Antiguo Testamento (Génesis 49:24), (Nota del Traductor: La versión de Casiodoro de Reina, revisada por Cipriano de Valera dice: “De allí el pastor, y la piedra de Israel”) y Jesús se llamó a sí mismo: “El Buen Pastor” y “La Piedra rechazada por los constructores”. El Pastor y la Piedra se encuentran identificados y así podemos, por consiguiente, buscar la interpretación en algún concepto que combina los dos. Un pastor sugiere el cuidado personal por el bienestar de las ovejas y una inteligencia mayor que la de ellas. Una piedra sugiere la idea de construcción y en consecuencia, de medida, adaptación de partes al todo, y construcción progresiva de acuerdo con un plan. Combinando estos dos conceptos llegamos a la idea de la construcción de un edificio cuyas piedras son personas, cada una tomando su parte más o menos consciente en la construcción; así, pues, un edificio, no construido del exterior, sino auto formado por un principio de crecimiento, a partir de lo interno, bajo la guía de una Sabiduría Suprema que penetra la totalidad y la conduce etapa por etapa hacia la integridad final. Esto indica hacia un Orden Divino en los asuntos humanos con el cual podemos cooperar más o menos conscientemente; en ambas formas, hacia nuestra ventaja personal o hacia la promoción del esquema mayor de evolución humana como Un todo. El propósito final siendo el establecimiento en todos los hombres de ese principio de ‘la Octava” al

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que ya he aludido antes. Y en proporción, a medida que algún esbozo de este principio es comprendido por los individuos, o por grupos de individuos, estos especializan la ley de desarrollo racial, aunque muy bien no pueden ser perceptivos de este hecho, y se colocan así bajo una operación especializada de la Ley fundamental, la cual les diferencia consecuentemente de otros individuos y nacionalidades, como a través de una guía peculiar, produciendo desarrollos superiores que la mera operación genérica de la Ley no podría lograr. Ahora bien, si mantenemos establemente en la mente que aunque el propósito, o Ley de Tendencia, o el Espíritu Originador, tiene siempre que ser universal en su naturaleza, debe necesariamente ser individual en su operación, podremos ver que este propósito universal puede ser realizado solamente a través de la instrumentalidad de medios específicos. Esto resulta de la proposición fundamental de que lo Universal puede trabajar solamente sobre el plano de lo Particular haciéndose lo individual y particular; y cuando comprendemos el concepto de que la mera operación genérica de la Ley Creativa ha conducido ahora a la raza humana hasta el punto que le es posible, esto es decir que ha desarrollado completamente al simple genus homo natural, se desprende que si cualquier desarrollo posterior toma lugar, puede ser solamente a través de la cooperación del individuo mismo. Es hacia el despliegue de esta cooperación individual hacia lo cual nos está conduciendo ahora al movimiento progresivo del Espíritu, y es a la extensión gradual de este principio universal a lo que se alude en la profecía de Daniel, respecto a la Piedra cortada sin ayuda de las manos y que se expande hasta que llena toda la tierra (Daniel 2:34 y 45). De acuerdo con la interpretación dada por Daniel, esta Piedra es el emblema de un Reino espiritual, y la identidad de la Piedra y del Pastor indica que el Reino de la Piedra debe ser también el Reino del Pastor; y el Maestro, quien se identificó tanto con la Piedra como con el Pastor, declaró enfáticamente que este Reino era, en su esencia, un Reino in tenor: “el Reino de los Cielos está dentro de vosotros”. Debemos por lo tanto, buscar su fundamento en un principio espiritual o en una ley mental inherente a la constitución de todos los hombres, pero esperando ser conducido a desarrollo más pleno por medio de un acatamiento más exacto de sus requisitos esenciales; lo cual es precisamente el método por el cual la ciencia ha evocado poderes procedentes de las leyes de la naturaleza, que no fueron ni soñados en

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edades anteriores; y en manera semejante el reconocimiento de nuestra verdadera relación con el Espíritu Universal, el cual es la causa de todo ser individual, debe conducir a un avance tal, tanto para la raza como para el individuo, del que escasamente podemos formarnos una idea en el presente, pero que apreciamos vagamente a través de la intuición y del que hablamos como el Nuevo Orden. El acercamiento de este Nuevo Orden está haciéndose sentir veladamente en todas partes; se encuentra como dice el Francés, en el aire y la misma vaguedad y misterio que le acompañan está causando un sentimiento de inquietud en cuanto a la forma que pueda asumir. Pero para el estudiante de la Ley Espiritual no es este el caso. El sabe que la Forma es siempre la expresión del Espíritu, y por lo tanto, puesto que se encuentra en contacto con el movimiento progresivo del espíritu, sabe que él mismo estará siempre incluido armoniosamente en cualquier forma de desarrollo que pueda tomar el Gran Movimiento de Progreso. Este es el beneficio práctico y personal que nace de la comprensión del Principio que está simbolizado por la doble metáfora del Pastor y de la Piedra. Y en todos esos nuevos desarrollos que se encuentran, quizá ahora mismo, dentro de distancia mesurable, podemos descansar en el conocimiento de que nos encontramos bajo el cuidado de un Pastor bondadoso y bajo el proceso formativo de un Maestro Constructor sabio. Pero el principio del Pastor y de la Piedra no es algo de lo que no se había oído hasta ahora, o que solamente vendrá a existencia en el futuro. Si no hubiera manifestaciones de este principio en el pasado, podríamos preguntarnos si en realidad existe tal principio; pero un cuidadoso estudio del asunto nos indicará que ha estado operando en todas las edades, algunas veces en modalidades que muestran más inmediatamente el aspecto del Pastor, y algunas veces en modalidades presentando más claramente el aspecto de la Piedra, aunque la una siempre implica la otra, porque son la misma cosa vista desde diferentes puntos de vista. Esta materia es de un inmenso interés, pero cubre tan amplio alcance de estudio que todo lo que puedo hacer aquí es indicar que tal campo de investigación existe y es digno de exploración; y la exploración trae su compensación con ella, no solamente colocándonos en posesión de la historia del pasado, sino mostrándonos que esta es la clave, también, de la historia del futuro y

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además haciendo evidente en escala mayor la operación del mismo principio de Ley Espiritual, de que a través de nuestra cooperación con ella podemos facilitar el proceso de nuestra propia evolución individual. Así añade un vívido interés a la vida, proporcionándonos algo digno hacia lo cual mirar y presentándonos un futuro personal que no está limitado por la proverbial cuenta de tres y diez años. Ahora bien, hemos visto que la primera etapa en el Proceso Creativo es siempre aquella del Sentimiento, del esfuerzo del Espíritu en una dirección particular y por lo tanto podemos buscar algo de la misma clase en el desarrollo del gran principio que estamos considerando ahora. Y encontramos este primer vago movimiento de este gran principio en las intuiciones de una raza particular, que parece haber combinado desde tiempo inmemorial las dos características del vagar nómada con sus rebaños y manadas y la simbolización de sus creencias religiosas en monumentos de piedra. Los monumentos mismos han tomado diferentes formas en diferentes países y edades, pero la identidad de su simbolismo se hace más clara a la luz de una cuidadosa investigación. Junto con su simbolismo encontramos siempre el carácter nómada de los constructores en el hecho de que están investigados con un aura de misterio y romance, tales como no se encuentran en ninguna otra parte, pero siempre podemos encontrarla rodeando a estos constructores, hasta en países tan separados como la India e Irlanda. Luego, cuando pasamos más allá de la etapa meramente monumental, encontramos rastros de evidencia histórica relacionando las diferentes ramas de esta raza, creciendo en su complejidad y fortaleciendo su fuerza acumulativa a medida que avanzamos, hasta que por último somos conducidas a la historia en la cual vivimos; y finalmente las más asombrosas afinidades del lenguaje colocan un toque final a la masa de pruebas que puedan reunirse a lo largo de estas diferentes líneas. En este círculo mágico, países tan remotos el uno del otro como Irlanda, Grecia, Egipto, Palestina y Persia, son traídos a estrecha contigüidad, una tradición similar y hasta una nomenclatura similar, une a los misteriosos constructores de la Gran Pirámide con los, igualmente misteriosos, constructores de las Torres Circulares de Irlanda; y la Gran Pirámide misma, quizá anterior a la llamada de Abraham, aparece como el sello oficial de las Estados Unidos; mientras la tradición traza la piedra de coronación de la Abadía de Westminster al tiempo del Templo de Salomón y aún antes. Porque la mayor parte de los pueblos, antes errantes, se han

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establecido ahora en sus hogares destinados, pero la raza Anglosajona, el Pueblo de la Piedra Angular, es todavía la pionera entre las naciones, y hay algo esotérico en la antigua broma de que cuando se llegue al Polo Norte se encontrará a un Escocés allí. Y no menor en la cadena de evidencia es el eslabón proporcionado por una tribu de seres errantes todavía, los Gitanos con su duplicado de la Pirámide en un paquete de cartas, un volumen que ha sido llamado “El Libro de las Pinturas del Diablo”, por quienes lo conocen solamente en su uso equivocado y en su inversión, pero que cuando interpretado a la luz del conocimiento que estamos obteniendo ahora, proporciona un ejemplo notable de esa divina política por la cual, como dice San Pablo, Dios emplea las cosas tontas de este mundo para confundir al sabio; mientras que una verdadera comprensión de los Gitanos indica su conexión inequívoca con esa raza que a través de su vida errante ha sido siempre el guardián de la Piedra. En estos pocos parágrafos he podido solamente indicar muy brevemente las extensas líneas de investigación que conducen hacia una materia de importancia nacional para los pueblos de Bretaña y América y los cuales nos interesan personalmente, no solamente como miembros de estas naciones, sino porque proporcionan prueba, en la mayor escala posible, de la misma especialización de las leyes universales que cada uno de nosotros tiene que efectuar individualmente para sí mismo. Pero ya sea el proceso individual o nacional es siempre el mismo, y es la traducción al plano más superior, a aquel de la Vida Omnioriginadora, de la antigua máxima de que “la Naturaleza nos obedecerá exactamente en proporción a nuestra obediencia previa a la Naturaleza”; esta es la antigua parábola del señor quien, encontrando a sus servidores ceñidos y esperándole, se ciñe él mismo y les sirve (Lucas 12:35 a 37). La nación o el individuo que realiza así el verdadero principio del Pastor y de la Piedra, se coloca bajo guía y protección Divina especial, no por un favoritismo incompatible con el concepto de la Ley universal, sino por la operación misma de la Ley. Se ha colocado en contacto con sus posibilidades superiores, y para recurrir a una analogía que ya he empleado antes, aprender a hacer flotar su hierro por la misma ley por la cual se hunde; y así se hacen el rebaño del Gran Pastor y el edificio del Gran Arquitecto, y cada uno, no importa lo insignificante que pueda parecer su esfera, llega a ser partícipe en la gran obra y por consecuencia lógica, empieza a crecer sobre nuevas líneas de desarrollo por la simple razón

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de que un nuevo principio produce necesariamente nuevas modalidades de manifestación. Si el lector piensa estas cosas podrá ver que las promesas contenidas en la Biblia, ya en lo nacional o en lo personal, no son más que afirmaciones de la ley universal de Causa y Efecto, aplicada a los principios más internos de nuestro ser y que, por consiguiente, no son mera rapsodia, sino la expresión figurativa de una gran verdad cuando el Salmo dice: “El Señor es mi Pastor” y “Sois mi Dios y la Roca de mi salvación” LA SALVACION ES DE LOS JUDIOS ¿Qué significa este decir del Maestro? Ciertamente que no la mera suposición arrogante en favor de Su propia nacionalidad. Tal idea es negada, no solamente por lo universal de todas sus otras enseñanzas, sino también por la instrucción misma en la cual ocurren estas palabras, porque El declaró que el templo Judío era igualmente con el Samaritano de ninguna importancia en el asunto. Dijo que el verdadero culto era puramente espiritual y enteramente independiente de lugares y ceremonias, mientras que a la vez hizo énfasis en la expectación Judía de un Mesías, así que en esta enseñanza nos encontramos con la paradoja de un principio universal combinado con lo que, a primera vista, parece ser una tradición de tribu totalmente incompatible con cualquier reconocimiento del reino universal de la ley. Así que reconciliar estos opuestos aparentes, parece ser el problema que ha colocado aquí ante nosotros. La solución se encuentra en aquel principio que he tratado de dilucidar a lo largo de estas conferencias, la especialización de la ley universal. Pueden diferir las opiniones en cuanto a la narración Bíblica del nacimiento de Cristo, si esta es tomada literal o simbólicamente, pero no puede, creo, haber diferencia de opinión en cuanto al principio espiritual implicado. Este es aquel de la especialización, por el individuo, de la relación genérica del alma con el Espíritu Infinito del cual procede. La relación misma es universal y resulta de la naturaleza misma del proceso creativo, pero la ley de la relación universal admite de la especialización particular exactamente en la misma manera que todas las otras leyes naturales; es solamente aplicando a la Ley suprema de la Vida el mismo método por el cual hemos aprendido a hacer que el hierro flote, es decir, por el reconocimiento plano de lo que la Ley es en Sí Misma. Cualesquiera otros significados que podamos dar al sustantivo Mesías, significará

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indudablemente la representación absolutamente perfecta en el individuo de todas las infinitas posibilidades del Principio de Vida. Ahora bien, Jesús hizo esa afirmación debido a que este gran ideal constituyó la base sobre la cual se fundó la nacionalidad Hebrea. Este fundamento ha sido lamentablemente mal comprendido por el pueblo Judío pero, sin embargo, no importa cuán imperfectamente, todavía es sostenido por él, y a partir de este pueblo el ideal se ha esparcido por el mundo Cristiano. Aquí, también, este ideal continuó siendo lamentablemente concebido en error, no obstante, es todavía retenido, y solamente es necesario reconocerlo en su verdadera luz como un principio universal, en vez de como dogma ininteligible, para la salvación del mundo. De ahí, debido a que ha proporcionado el medio a través del cual este ideal supremo se ha preservado y esparcido, es verdad que “La salvación es de los Judíos”. Su idea fundamental era correcta pero su entendimiento de ella fue incorrecto; esa es la razón de por qué el Maestro, a la vez, arrolla con todo el culto nacional del templo y preserva la idea nacional del Mesías; y esto es igualmente verdad del mundo Cristiano en el presente. Si la salvación es algo real, debe tener su origen, en alguna ley y si hay una ley ésta debe estar fundamentada en algún principio universal; por lo tanto, es este principio el que debemos buscar si hemos de entender esta enseñanza del Maestro. Ya sea que tomemos la historia Bíblica del nacimiento de Cristo literal o simbólicamente, enseña una gran lección. Enseña que el Espíritu Originador de Todo es el verdadero Padre de lo individual, tanto en alma como en cuerpo. Esto es apenas comprender desde el punto de vista del individuo lo que no podemos dejar de entender en relación con la creación original del cosmos; es la comprensión de que el Espíritu Originador de Todo es a la vez la Vida y la Sustancia en cada individuo aquí y ahora, exactamente como debe haberlo sido en el origen de todas las cosas. El parentesco humano no cuenta para nada, este es solamente el canal a través del cual el Espíritu Universal ha actuado para la concentración de un centro individual; pero la causa final de ese centro, tanto en la vida como en la sustancia, continúa en todo momento siendo el mismo Espíritu Originador Uno.

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Este reconocimiento cercena la raíz de todo poder de lo negativo, y así en principio nos libera de todo mal, porque la raíz del mal es la negación del poder del Espíritu para producir el bien. Cuando comprendemos que el Espíritu está encontrando su propia individualización en nosotros, en su doble esencia como Vida y Sustancia, entonces veremos que puede y está queriendo crear todo lo bueno para nosotros. El único límite es aquel que nosotros mismos nos imponemos al negar Su operación. Cuando comprendemos la creatividad inherente del Espíritu encontramos que no hay razón para quedarnos cortos en punto alguno y decir que no se puede ir más adelante. Nuestro error está en considerar la vida del cuerpo como separada de la vida del Espíritu y este error es corregido por la consideración de que, en su naturaleza final, la Sustancia debe emanar del Espíritu y que ésta es solamente el registro de la concepción que el Espíritu tiene de Sí Mismo, encontrando expresión en el espacio y en el tiempo. Cuando esto se hace claro se sigue que no es del todo necesario tomar en consideración la Sustancia. La forma material está en la misma relación con el Espíritu que la imagen proyectada sobre una pantalla lo está con la transparencia del proyector. Si queremos cambiar el asunto exhibido no manipulamos la reflexión que se encuentra sobre la pantalla, sino que cambiamos la transparencia; y en manera semejante, cuando llegamos a comprender la verdadera naturaleza del proceso creativo, aprendemos que las cosas exteriores deben cambiarse por un cambio en la actitud espiritual interior. Nuestra actitud espiritual estará siempre determinada por nuestro concepto de la relación que tenernos con Dios o con el Espíritu Infinito; y así, cuando empezamos a ver que esta relación es una de absoluta reciprocidad, que es el autorreconocimiento del Espíritu Infinito desde nuestro propio centro de consciencia, entonces descubrimos que todo el secreto de la Vida consiste en la simple confianza en el Espíritu Omnicreador como identificándose conscientemente con nosotros. El ha, por así decir, despertado a una nueva modalidad de Autorreconocimiento peculiar a nosotros, en la que individualmente formamos el centro de Su energía creativa. Comprender esto es especializar el Principio de Vida. La lógica de ello es simple. Hemos encontrado que el movimiento originador del Espíritu, de donde procede toda creación, solamente puede ser Auto contemplación. Entonces, puesto que el Espíritu Original no puede cambiar Su naturaleza, Su Auto contemplación a través de nuestras propias mentes, debe ser tan creativa en, para, y a través de, nosotros como lo

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fue en un principio; y en consecuencia, encontramos el proceso creativo original repetido en nosotros y dirigido por el pensamiento consciente de nuestras propias mentes. En todo esto no hay lugar para la consideración de las condiciones externas, ya sean de cuerpo, o de circunstancias; porque ellas son solamente efectos y no la causa; y por consiguiente, cuando alcanzamos este punto de vista cesamos de considerarlas en nuestros cálculos. En vez de ello empleamos el método de auto contemplación, sabiendo que este es el método creativo y así nos contemplamos como aliados con el infinito Amor y Sabiduría del Espíritu Divino, el cual tomará forma a través de nuestro pensamiento consciente y actuará así creativamente como una Providencia Especial, dedicada enteramente a guardarnos, guiarnos, proveernos, e iluminarnos. Todo el asunto es perfectamente natural cuando es considerado a partir de un reconocimiento claro de lo que la operación creativa del Espíritu debe ser en sí misma; y cuando esto es comprendido en esta manera perfectamente natural, toda tensión y esfuerzo para compeler su acción cesa: estamos unificados con el Poder Omnicreador que ha encontrado ahora un nuevo centro en nosotros, desde el cual continuar Su proceso creativo hacia más perfecta manifestación que aquella que podría obtenerse por medio de las condiciones genéricas, no especializadas, del orden meramente cósmico. Ahora bien, esto es lo que representa el Mesías, y por lo tanto está escrito que “a ellos El dio poder para llegar a ser hijos de Dios, así como a tantos que creyeran en Su Nombre”. Esta “creencia” es el reconocimiento de un principio universal y de una confianza personal en él, como ley, que no puede ser quebrantada; porque esta es una Ley de todo el proceso creativo especializado en nuestra propia individualidad. Entonces, también, no importa lo grande que pueda ser el misterio, la supresión y limpieza de todo pecado se sigue como parte esencial de esta comprensión de una nueva vida; y es en este sentido que podemos leer todo lo que la Biblia nos dice sobre este aspecto del tema. El principio de esa vida nueva es el Amor; porque cuando nos reunimos con el Espíritu Paternal en mutua confianza y amor, ¿qué espacio queda en cualquier parte para recuerdo alguno de fracasos pasados?

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Esto, entonces, es lo que representa el Mesías para el individuo; pero si podemos concebir una nación fundada sobre tal reconocimiento de su relación especial con el Principio Director del Universo, tal pueblo debe necesariamente llegar a ser el conductor de las naciones, y aquellas que se le opongan deberán fracasar por un principio de autodestrucción inherente en la naturaleza misma de la posición que toman. La dirección resultante de tal autorreconocimiento nacional, no estará basada en la conquista y la coacción, sino que vendrá naturalmente. Otras naciones buscarán la razón del éxito y prosperidad fenomenal del pueblo favorecido, y encontrando esta razón en una Ley Universal, empezarán a aplicar la misma ley en la misma manera, y así el resultado se extenderá de país en país hasta que finalmente la tierra entera estará llena de la Gloria del Señor. Y tal nación, o más bien compañía de naciones, existe. Seguir su desarrollo presente, a partir de sus antiguos comienzos, está lejos del alcance de este volumen, y aún más lejos está el especular sobre su desarrollo ulterior; pero para mis lectores en ambos lados del Atlántico puedo decirles que este pueblo es la raza Anglosajona en todo el mundo. Escribo estas líneas sobre el monte histórico de Tara; esto llevará una insinuación a muchos de mis lectores. En algún tiempo futuro me podré extender más sobre este tema; pero en el presente mi meta es solamente sugerir algunas líneas de pensamiento que surgen del decir del Maestro de que la “Salvación es de los Judíos”.

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