EL FUNERAL DE TIO TIGRE

Cuento popular adaptado por Heinz Roth el 05 de diciembre de 2006. Sujeto a revisión.

Estaba un día Tío Conejo comiendo tranquilamente un corzo. Para abrirlo usó una piedra y lo golpeó varias veces hasta que la cáscara se abrió. Sin darse cuenta Tío Conejo ve que a su lado tiene una sombra que conocía muy bien. Tragó grueso y cuando estaba a punto de salir corriendo sintió una mano que lo agarraba por las orejas. – ¡Ahora sí que te fregaste! Resonó la voz de Tío Tigre. Tío Conejo sintiéndose atrapado, lo único que se le ocurrió decir, fue: –Espérese un momento Tío Tigre, deje que me termine de comer esto y después hablamos. – ¿Y qué es eso que te estás comiendo, que te importa más que tu propia vida? –Pues qué va a ser. Me estoy comiendo mi colita…Mmmm – ¿Tu colita? ¿Te estás comiendo tu colita? – ¡Claro Tío Tigre! Tenga un poquito para que pruebe… Tío Tigre un poco incrédulo tomó un pedacito que le estaba dando Tío Conejo y Dudando, la probó: –Mmm, no está nada mal Tío Conejo…Yo no sabía que uno se podía comer su propia cola… –Sí Tío Tigre ¿Verdad que está buenísima? –La verdad es que sí… –Tome, tenga otro poquito… –Mññññ… La verdad es que está demasiado buena Tío Conejo, déme otro poquito. – ¡Ayy Qué lástima Tío Tigre! Se me acabó porque era muy poquita, pero no importa ahora imagínese, si así sabía mi colita que era chiquita ¿cómo sabrá la suya que es grandota y gruesa? –…Pues no sé… – ¡Vamos Tío Tigre! La suya debe estar súper suculenta, vamos a comernos la suya. – ¿Usted cree, Tío Conejo? Dice Tío Tigre mirándose la cola. –Sí, mire como se mueve sola, esa cola esta pidiendo a gritos ¡qué me coman! – ¿Pero y cómo hacemos para comérnosla, Tío Conejo? –Igual que hice yo, primero hay que abrirla con esta piedra para comernos lo que hay dentro. – ¿Y eso no duele? – ¡Qué va Tío Tigre! ¿No será que usted como que tiene miedo? – ¿Miedo? ¿Yo? ¡Nunca Tío Conejo! –Déme esa piedra para que nos comamos ahorita mismo mi cola… –Pero recuerde que tiene que darle un solo golpe seco para que se abra Tío Tigre… Tío Tigre coloca la cola sobre una piedra y con una mano agarra con fuerza la piedra que le pasó Tío conejo. Lo que se ve es cuando Tío

Tigre levanta con energía la piedra y se oye un espantoso crujido de rama seca con un golpe sordo. ¡¡CRRRACKKKK!! Toda la selva retumba por el alarido de Tío Tigre, mientras Tío Conejo, muerto de la risa, sale corriendo de unos matorrales y se pierde de vista. ¡¡¡¡AAAAYYYYY!!!! Después de un tiempo Tío Tigre está en su casa con la cola vendada acompañado de sus amigos Tío Caimán y Tío Tragavenado. –Eso no tiene perdón compadre, ese Tío Conejo le ha hecho ya muchas bromas pesadas. ¿Se acuerda la vez que terminó cantándole una serenata a Tío Venado? – ¡Cállese Tío Caimán! Que esas cosas no se repiten, no me lo recuerde más que lo que quiero hacer es ahorcar a ese desgraciado de Tío Conejo… –Sí Tío Tigre, es que encima el Tío Conejo ése es demasiado vivo y usted nunca lo puede atrapar. Le dice Tío Tragavenado. –Es la verdad compadre, lo peor es que las pocas veces que lo he agarrado termina engañándome y eso es peor, porque la Tía Cotorra le va con el chisme a la gente de la selva y me pierden el respeto. –Eso es verdad Tío Tigre. Soy testigo de cómo se ríen de usted a sus espaldas cuando pasa por ahí… (Comenta Tío Tragavenado sonreído, pero éste se queda callado y desvía los ojos al piso cuando Tío Tigre le echa una mirada asesina). –No malinterprete a Tío Tragavenado, nosotros somos sus amigos y por eso estamos aquí con usted. Interviene Tío Caimán, tratando de calmar la ira de Tío Tigre. –Lo que pasa –continúa diciendo Tío Caimán– es que para atrapar a Tío Conejo se necesitan usar las mismas armas que él utiliza. ¡El engaño! Todos se miran por un rato descubriendo la verdad de las palabras de Tío Caimán. – ¡Claro, ahí está! Dice Tío Tigre. –Tío Conejo no se deja atrapar en la forma tradicional porque siempre está en guardia y como es tan malintencionado, anda siempre con una trampa. Pero si esta vez, soy yo quien lo hace caer en la trampa… ¡Chas! –Bueno Tío Tigre ¿Y cómo piensa engañar a Tío Conejo? –Mmmm, déjeme pensar un momento… En ese momento los interrumpe Tío Rabipelado que toca la puerta que está entreabierta y se asoma pidiendo permiso. –Permiso Don Tío Tigre, vengo a traerle estas flores y ver como está con su cola, Tía Cotorra me contó que Tío Conejo casi lo mata con una de sus bromas pesada s… Tío Tigre, Tío Caimán y Tío tragavenado se miran unos a los otros sonreídos y asombrados. –Pase Tío Rabipelado, es usted un genio. –Dice Tío Tigre– Nos acaba de dar la solución a un problema…

Pasado un tiempo y en otro sitio, está Tía Cotorra Chismeando con su comadre Tía Guacamaya. –Sí comadre, Tío Rabipelado fue a ver cómo estaba Tío Tigre y me dijo que la cosa es mala. Que si Tío Tigre no mejora de aquí a unos días, no va a poder aguantar más… –Caramba ¿Tan grave está Tío Tigre? –Yo creo que Tío Tigre se está muriendo comadre. Si hubiese visto la cara de Tío Rabipelado… era todo un poema. En otro sitio Tío Mono le dice a Tío Chicho: –Sí vale, que está muy mal Tío Tigre. Me contaron que Tío Conejo se pasó con la última broma que le echó. –Bueno, en el fondo bien hecho. Ese maluco de Tío Tigre se lo merece. Tío Morrocoy le dice a Tío Garceta. – ¿Qué se está muriendo Tío Tigre? ¿Por culpa de Tío Conejo? –Sí, Tío Morrocoy. Parece que Tío Tigre ya está delirando. Me contaron que Tío Rabipelado ya fue a buscar al cura… Entre los matorrales se asoma sorpresivamente Tío Venado y exclama: – ¡Ayyy pero pobrecito el gaticoooo! Más tarde Tío Morrocoy le comenta a Tío Conejo: –…Compadre, la cosa es seria. Tío Tigre como que no cuenta ésta. Los demás animales están divididos, unos le echan a usted la culpa… –Caramba compadre. Le confieso que sí es verdad que me quité de encima a Tío Tigre gastándole una broma, pero tampoco era así como para que se esté muriendo. – ¿Entonces sí es verdad que todo fue por su culpa? –Sí, pero le repito que no fue para tanto. Tío Tigre se quebró el rabo él solo con una piedra. Nadie se muere de eso. –Debe ser que agarró una infección, porque parece que está grave de verdad, verdad. – ¿Usted cree, compadre? Mejor yo me quedo escondido por acá y espero nuevas noticias suyas. Poco a poco los animales fueron a visitar a Tío Tigre a su casa. En la puerta los recibía Tío Rabipelado y adentro, en la cama estaba Tío Tigre acostado en compañía de Tío Caimán y Tío Tragavenado. –Pase Tío Chicho –dice Tío Rabipelado– Tío Tigre está en el fondo, pero le advierto que no hable muy alto… Tío Tigre disimulando y poniendo cara de estar más allá que de acá le dice a Tío Chicho. –… ¿Quién está aquí? No puedo ver… –Soy Yo, Tío Chicho, vengo a saludarlo y desearle una pronta mejoría. –Ayyy mi buen amigo Tío Chicho, gracias, gracias…Tos, Tos, Tos. Tío Caimán le dice a Tío Chicho: –Mejor salga y dejemos descansar a Tío Tigre, es que ya está en sus últimas horas…

Tío Chicho apenado se dispone a salir cuando se cruza en la puerta con Tío Venado, que viene llorando vestido de negro. Tío Rabipelado desde la puerta le grita a Tío Tigre: –Tío Tigre, aquí viene a visitarlo Tío Venado ¿Dejo que entre él también? –¡¡¡¡Nooo!!!! Al día siguiente Tía Cotorra le dice a Tío Garceta: – ¡Anoche se murió Tío Tigre! –Dios mío ¿y cómo pasó? –Sí, eran como las doce de la noche cuando salió Tío Caimán llorando de la casa de Tío Tigre. Yo lo oí cuando decía ¡Se nos fue, se nos fue! Y había qué ver cómo lloraba Tío Caimán. También oí cuando Tío Tragavenado salía a consolar a Tío Caimán y le decía que esta noche sería el velorio. Y tío Caimán llorando le contestaba que todo había sido por culpa de Tío Conejo, que al menos por respeto Tío Conejo debía ir al velorio. Eso lo repitieron varias veces. Así durante el día se corrió en la selva la noticia sobre la muerte de Tío Tigre. Tío Chicho: – ¡Se murió Tío Tigre! Tío Maputite: – ¡Murió Tío Tigre! Tía Guacamaya: – ¡Se murió Tío Tigre! Tío Pajarraco: – ¡Crruack! Tío Búho: ¡Anoche murió Tío Tigre! Tío Venado: (cae desmayado) Más tarde Tío Morrocoy ya estaba en el escondite de Tío Conejo. –Sí compadre, y esta noche es el velorio. Todos dicen que usted debería ir también a darle sus respetos al muerto. Que es lo menos que puede hacer ahora por él. – ¿Y qué opina Tío Chicho? –Él también está de acuerdo con lo demás. –Caramba. Tío Conejo se quedó pensativo y muy serio mirando el piso mientras hacía dibujos con una ramita en la arena. –Está bien… ¿Pero sabe una cosa Tío Morrocoy? Tengo un mal presentimiento. – ¿qué Tío Conejo? –No sé, pero no estoy muy seguro. Mejor tomo mis precauciones.

Tío Conejo salió de su escondite y se fue a la orilla del pantano. Miró por todas partes para asegurarse que más nadie lo estaba viendo y comenzó a llenarse de barro. Se untó completamente de barro y después se revolcó sobre un montón de hojas secas quedando completamente disfrazado. Parecía un monstruo horrible. Agarró unas ramas secas y se las puso en la cabeza pareciendo que fueran un par de cuernos. –Ahora nadie va a reconocerme. Diciendo esto Tío Conejo cogió el camino hacia la casa de Tío Tigre. Ya estaba oscureciendo cuando comenzaron a llegar los animales de la selva al velorio. Tío Tigre estaba en el medio de la sala acostado sobre una mesa totalmente tapado con una sábana blanca y rodeado por cuatro velones. En la puerta estaba Tío Rabipelado muy serio recibiendo a la gente. –Pase, bienvenido. –Sentido pésame Tío Rabipelado, sabemos cuánto quería usted a Tío Tigre. Entró Tía Guacamaya acompañada por Tío Cotorra. –Gracias, gracias. –Mi sentido pésame. Entró Tío Morrocoy Así fueron llegando todos los animales de la selva. –Caramba ¿Y todavía no viene Tío Conejo? Preguntó Tía Cotorra en medio de una conversación. –No, no lo hemos visto todavía. –Él me dijo que vendría. Interrumpió Tío Morrocoy. –Huuuaaaaa… Rompió a llorar Tío Venado. –Pobre Tío Venado, es que es muy sensible. Dijo Tío Chicho. –Por cierto, ¿ustedes se saben el chiste del jorobado en el cementerio? Intervino Tío Garceta, pero se tuvo que quedar callado y disimular cuando los demás se voltearon para reprocharle con la mirada el comentario fuera de lugar. Ahhhh se oyó un grito en la sala y todos los presentes miraron sobresaltados hacia la puerta. Tío Rabipelado desmayado con la mano todavía agarrando el picaporte daba paso a un monstruo con cuernos que estaba parado en silencio. –Sentido pésame a todos. Dijo la cosa monstruosa. –Gra, gr, gracias, pero ¿Quién es usted? Preguntó Tío Caimán. –Soy el Tío Hojarasca. El espíritu de la selva. El emisario del reino de los muertos. Todos se miraron unos a otros asustados y le abrieron paso al Tío Hojarasca mientras se acercaba al muerto. Una vez delante de Tío Tigre, pregunto: – ¿A qué hora murió este infeliz? –…Como a las doce de la noche… Dijo Tío Tragavenado todo asustado.

Tío Hojarasca con movimientos muy exagerados miró la hora de su reloj de pulsera y sentándose en frente de Tío Tigre, solamente respondió: –¡Bien! Pasó un rato y en el salón todos estaban en silencio muy asustados con la extraña presencia, que de vez en cuando miraba la hora de su reloj. – ¿Querrá usted una tacita de café o chocolate caliente? Le pregunta cortésmente Tío Rabipelado llevando una bandeja con bebidas. –No gracias, yo no puedo tomar ni comer nada…soy un espíritu… Tío Tigre oyendo aquello sintió un escalofrío que le recorrió todo el espinazo. Cuando ya la tensión cortaba el aire, Tío Caimán le pregunta a Tío Hojarasca: –Disculpe que me entrometa, pero ¿por qué mira tanto la hora? –Ahhh mi querido mortal, lo que pasa es que a la ocho en punto llega la hora… Tío Garceta mirando su propio reloj comenta en forma indiscreta: – ¡Falta un minuto para las ocho! Tío Tigre, debajo de la sábana comenzaba a ponerse nervioso porque no entendía muy bien qué era lo que estaba pasando. Una gota de sudor frío le recorrió la frente y no aguantaba la angustia. –Disculpe la curiosidad otra vez… ¿si se puede? – ¡Dígame! – ¿Qué va a pasar a las ocho en punto? Tío Hojarasca, levantándose de la silla y en forma teatral dijo con una voz profunda: –A las ocho de la noche, a las ocho en punto le sacaré el corazón a este muerto para llevármelo a las profundidades del infierno…. Tío Garceta, otra vez con su indiscreción, dijo en voz alta: ¡Faltan diez segundos! Tío Tigre pegando un salto salió bufando como loco del susto y se fue corriendo perdiéndose en la selva ante la sorpresa de todos los presentes. Detrás de Tío Tigre salió persiguiéndolo Tío Hojarasca, gritando: –¡¡¡Agárrenlo que se me escapa!!!! Y afuera, muerto de la risa, Tío Conejo se quitó las hojas y las ramas de la cara burlándose una vez más del pobre Tío Tigre. FIN.

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