ENSAYOS

DE

CRÍTICA FILOSÓFICA
POR
El.

DOCTOR

DON MARCELINO MENÉNÜEZ Y PELAYO

EDICIÓN ORDENADA Y ANOTADA

DON ADOLFO BONILLA Y SAN MARTLM

MADRID
LIBRERÍA GENERAL DE VICTORIANO SUÁREZ CALLE DE PRECIADOS. 48

1918

OBRAS COMPLETAS
DEL EXCMO. SEÑOR

DON MARCELINO MENÉNDEZ Y PELA YO

ENSAYOS
DE

CRÍTICA FILOSÓFICA

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2009

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University of Toronto

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ENSAYOS
DE

CRÍTICA FILOSÓFICA
POR EL DOCTOR

DON MARCELINO MENÉNÜEZ Y PELAYO

EDICIÓN ORDENADA Y ANOTADA

DON ADOLFO BONILLA Y SAN MARTIN

MADRID
LIBRERÍA GENERAL DE VICTORIANO SUÁREZ CALLE DE PRECIADOS, 48

1918

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ES PROPIEDAD

Madrid.

— Establecimiento tipográfico de Forlanet, Libertad, 29. —Teléfono ggi.

DE LAS VICISITUDES

FILOSOFÍA PLATÓNICA EN ESPAÑA
DISCURSO LEÍDO EX LA UNIVERSIDAD CENTRAL EN LA SOLEMNE INAUGURACIÓN DEL CURSO ACADÉMICO

DE 1S89 Á 1890

ExcMO. Señor:
jCuán
alta

y generosa idea tuvo

el

que por primera vez llamó
la

universidad de letras ó estudio general á

noble institución en que

vivimos! ¡Qué gérmenes de cultura se encierran en esta sola frase,
si

atentamente

la

consideramos!

No

es, no,

la

ciencia que aquí se
el

profesa, ciencia estéril, solitaria, egoísta, encerrada tras

triple

muro de

la

especialidad,

y

llena

de soberbia en su aislamiento: no
artificial

es función de casta,

que por selección

recluta sus

miem-

bros: es función humana, generalísima

y

civilizadora,

que á todos

llama á su seno,

y sobre todos difunde

sus beneficios. Aquella cade-

na de oro que enlaza todas

las ciencias; aquella

ley de interna genedel espíritu
;

ración de las ideas, verdadero ritmo del

mundo
que
los

aquel

orbe armónico de todas
enciclopedia, sólo

las disciplinas,

griegos llamaron

en

la institución universitaria está

representado,

y

sólo desde la Universidad penetra

y

se difunde en la vida.

A refresy com-

car en nosotros, cada vez más íntimo, cada vez
prensivo, el sentimiento

más

claro

y

la

noción de esta primitiva armonía,
alegrada por los bulliciosos anhelos

viene de año en año esta

fiesta,

de

la

juventud, que,

al

renovarse incesantemente, parece que trae

á este severo recinto oleadas de vida nueva, henchida de esperanzas

y de promesas.
las

Pero es inflexible ley de
sin

cosas humanas, que no haya triunfo

mezcla de lágrimas,

ni alegría sin

sombra de pena, y
la

las

corpo-

raciones que gozan vida perenne,

como

nuestra, están condena-

das á ser panteón de sus hijos, á la vez que officina gentium y fábrica viva de nuevas generaciones intelectuales.

Ya que
la

por duro aunla

que imperioso deber reglamentario,

llevo

hoy

voz de
los

Facultad

de Letras, permitidme evocar en acto tan solemne

nombres de

I

o

ENSAYOS DE CRITICA FILOSÓFICA

los

dos grandes maestros que en este año ha perdido; maestros

que por que con

solos podían legitimar la reputación de

una escuela, y

ser, á

primera

vista, tan diversos

por

el

orden de estudios

en que ejercitaron su actividad, y por la educación primera que habían recibido, no dejaban de tener en su espíritu algunos puntos

de contacto y semejanza, que á su vez trascendieron

al

espíritu

general de nuestra Facultad, imprimiéndola durante largos años

un

sello especialísimo.
el

Los que

tal

hicieron viven

y enseñan aún

desde

sepulcro; antes de entrar en materia, cumplamos, pues,

con

el

piadoso deber de enterrar á nuestros muertos.
el

El menos anciano de estos ilustres varones fué

primero en

abandonarnos. Maestro igual de literatura clásica ¿cuándo volvere-

mos
cias

á verle en España?

Los antiguos hubieran dicho que
la

las

Gra-

habían hecho morada en su alma, y que

dulce Persuasión

habitaba en sus labios. Espíritu genial, inundado de luz
cijo interior,

y de regola fan-

que

se transmitía á
fiesta

cada una de sus palabras, había
perpetua del ingenio y de

convertido
tasía,

la

enseñanza en

en evocación perenne de risueñas imágenes, que nos traían
ni las

nuevas de otro mundo ideal y sereno, donde
punzaban, donde
los

mismas espinas

mismos monstruos eran hermosos. [Cuánto
le

tendrán que envidiarnos los que no

oyeron, porque sólo una pe-

queñísima parte de su ingenio ha pasado á sus escritos, y aun éstos

son tan breves, tan escasos y dispersos, que
riamente injusta
si

la

posteridad será notofallo!

tan sólo por ellos pronuncia su

La desbordada imaginación de aquel hombre no podía contenerse en el estrecho cauce de la forma escrita
tenía
:

cuando quería hacerlo,

que renunciar á

la

mayor

parte de sus ventajas: prohibirse las

innumerables y chistosísimas digresiones á que su memoria, enriquecida con tan vasta y amena doctrina,
los pliegues
le

arrastraba;

componer

de su toga, que habitualmente llevaba con tanto desen-

fado; quitar á sus palabras el hervor de la improvisación; renunciar

á la sorpresa del hallazgo, á
franca de

la

invención artística continua, á

la risa

donde brotaba

la sabia reflexión,

porque de todo había
aristofánica,

en aquella singular comedia, medio socrática, medio

de que tantas veces fuimos espectadores, y que por gran desdicha nuestra no volveremos á presenciar en la vida. No era un comenta-

LA filosofía platónica en ESPAÑA
rio ni

I I

una interpretación de

la

antigüedad

lo

que de

allí

sacábamos:

era la fascinación del ojos

mundo

antiguo, que

allí

resucitaba á nuestros

y que por todas
en
el

partes nos envolvía.

No

era aquel

filólogo,

riguroso sentido de la palabra: respetaba

hombre un mucho á los
las

que

lo son,

pero no se atravesaba en su camino: entendía que

palabras son piedras

y que
la

las

obras literarias son edificios;

y más
,

que contemplar
ya á
las

la

piedra en la cantera, gustaba de verla sometida
euritmia arquitectónica. Entendía, y no
él,

suaves líneas de

faltará

quien entienda

como

que

el

mayor
el

fruto

que puede sa-

carse del dominio de una lengua no es

estudio de sus raíces ni de

su vocabulario, sino

el
le

estudio de sus grandes pensadores

y de sus

grandes poetas. Más
ios arcaísmos:

interesaba en Plauto

la

fábula cómica, que

más gustaba en Cicerón de
le

los

arranques oratorios,
el

que de

las

fórmulas jurídicas: más

importaba en Tito Livio

drama de la historia, verdadera ó falsa, que el mapa estratégico de las campañas de Aníbal: menos veces hojeaba á los gramáticos que
á los poetas,

y por una

sola elegía de Tibulo ó

una sola

sátira

de

Horacio, hubiera dado, sin cargo de conciencia, todas las curiosida-

des archivadas en Festo, Varrón, Nonio Marcelo y Aulo Gelio.
se dice esto en son de elogio suyo, ni

No

tampoco de censura: toda

labor formalmente científica merece respeto
este sitio,

y

si el

vulgo no

la

y aplauso, y más en comprende, peor para el vulgo: se dice

sólo para mostrar que el doctor

Camús

quien apenas es necesario

nombrar, puesto que tan vivo y perenne está en nuestra memoria, y no podéis menos de haberle reconocido aun en los toscos rasgos

de mi pluma), era
siglos se

el

tipo

más perfecto y acabado de

lo

que en otros
las

llamaba un humanista, es decir, un hombre que toma

letras clásicas

de

cultura,

como educación humana, como base y fundamento como luz y deleite del espíritu, poniendo el elemento
por cima del elemento histórico y arqueológico, y rele-

estético

muy
la

gando á
el

categoría de andamiaje indispensable, aunque enojosoí

material lingüístico. Si la literatura latina se redujese á los fragá Plauto

mentos anteriores

y

á las obras de la latinidad

de extrema

decadencia pagana ó cristiana, es seguro que
se

tomado

el

trabajo de estudiarla

Camús jamás se hubiey profundizarla, por mucho que
importen bajo

el latín arcaico, el latín

popular y

el latín eclesiástico

12

ENSAYOS DE CRITICA FILOSÓFICA

Otros respectos,
las

y por mucha

luz

que nos den sobre
interés

la

génesis de

lenguas vulgares. Para

Camús no había
él la

donde no hay

belleza,
lico,

y

belleza tal

como

concebía, belleza de

mármol pentéy maque era>

penetrada é inundada por

el sol

del Ática. Otras formas

neras de arte llegaba á entenderlas,

como hombre

cultísimo

llegaba á sentirlas

y de ingenio muy vivo y curioso, pero no y amarlas como sentía y amaba la cultura de la Roma imperial, como sentía y amaba el helenismo puro, como sentía y amaba la gentil primavera del Renacimiento. En el siglo xv y de

muy

varia lectura

hubiera frecuentado

la

corte del
el

Magnánimo Alfonso en

Ñapóles, 6
el

en Florencia
la sátira

la

de Lorenzo

Magnífico: hubiera afilado

dardo de

tenido
vi//a

como Philelpho y Lorenzo Valla: sus /acedas no hubieran menos picante sabor que las de Poggio: en los festines de la
y
Marsilio Ficino, reel

Careggi hubiera alternado con Poliziano

produciendo en su compañía

simposio que dio á sus amigos
sí la

Agatón, poeta trágico, y reservándose para
nes. Si algo faltaba á
los

parte de Aristófa-

Camús para

el

aticismo perfecto, culpa fué de

tiempos y no culpa suya. Nacido trescientos años antes, su cul-

tura hubiera sido toda de una pieza, desarrollándose con entera
plitud, libre

am-

de

las

graves preocupaciones del

mundo moderno, y

hubiera encontrado un medio dispuesto para recibirla con juvenil
entusiasmo. Pero tuvo la desgracia de nacer tarde, y de nacer en

España cuando
con

los estudios clásicos
la falta

andaban por

el suelo,

y tuvo
grados

que luchar toda su vida con
el

de preparación de sus oyentes,
ellos traían tales

gusto depravado que

muchos de

de

los

inferiores

de

la

enseñanza,

y con hábitos

de repetición insen-

sata

carácter estético, y aun con toda racional enseñanza.

y mecánica, que parecen incompatibles con toda enseñanza de Lo que tra-

bajó

y logró en

tales condiciones, es

poco menos que maravilloso;

pero nadie está obligado á

lo imposible. ni

Hacer

sentir las bellezas

de

un texto á quien no sabe
todas
las fuerzas

puede

leerlo, es

cosa que sobrepuja

humanas, y este milagro, no obstante, se viene
caso, sino

pidiendo á nuestra Facultad desde que existe, sin que por parte
alguna veamos esperanza de remedio. ¿Qué hacer en
lo
la
tal

que Camús hacía con harto dolor de su

alma.' Prescindir

de

colaboración directa de alumnos que de ningún

modo podían

3

LA FILOSOFÍA PLATÓNICA EN ESPAÍÍA
prestársela; convertir la cátedra en

1

conferencia iamiliar y amenísi-

ma, con toques de magnífico humorismo y rasgos de soberana elocuencia; deleitarse
él

mismo con
no

la

pompa de
llegar al

sus recuerdos

y

la

magia de sus evocaciones, y hacer
descuidado de sus oyentes,
nos
el
si

alma del más torpe y
lo

el

conocimiento positivo, á

me-

aroma de

la flor

de

la

antigüedad, oculta para ellos en huerto

cerrado y secretísimo. Si alguno penetraba más adelante, [qué regocijo para el anciano maestro!
la vida; casi

Pero de estos regocijos tuvo pocos en

todos los que pasaron por aquella cátedra se limitaron

á respirar

muy

de

lejos el

perfume del azahar escondido: fué raro
las

el

que
las

llegó á poner las

manos en
escribió

doradas toronjas del jardín de

Hespérides.

He
cipal

dicho que

Camús

él sino

una idea

muy

imperfecta.

poco y que sus escritos no dan de He indicado también la causa prinen mi juicio, su exube-

que

le retrajo

de escribir,

la cual fué,

rante temperamento oratorio;
causa,

y aun puede añadirse otra segunda que comprenderá bien todo el que sienta el mismo entrañable
sentía por los libros: quiero decir, la
las

amor que Camús y aquel

mucha

parte

que en su vida tavieron
singularísimo

absorbentes preocupaciones del

bibliófilo,

y perezoso
la

deleite de saborear la producción

ajena robando horas á

propia.

Camús había
crítica;

leído,

y prosiguió
á

le-

yendo hasta
griega

el

fin

de su vida, cuanto hay que leer de literatura

y

latina,

de humanidades y de

y cediendo
tiene

un gé-

nero de pereza honesta y sabia, que entre nuestros hombres de
ciencia hace estragos, por lo

mismo que en España
el

más

dislos

culpa que en otras partes, seguía, día por día,

movimiento de

estudios de su especial predilección, sin dejar olvidado ni un libro,
ni

un

artículo, ni

un comentario,

ni

una

tesis:

sacaba de todo

ello
al

goces inefables, pero se guardaba
público

muy mucho
la

de comunicárselos

como no

fuese por

medio de

palabra. Si algo importante
inédito,

escribió en sus últimos años,

hubo de quedarse

y

ni siquiera
la

á sus íntimos amigos y más familiares discípulos trascendió
cia.

noti-

Los

trabajos de su primera época no nacieron de propio impulla

so,

sino de estímulo oficial ó de transitorias necesidades de

en-

señanza.

En

1845, fecha de

la

memorable transformación de nuestros

es-

14
tudios, faltaban

ENSAYOS DE CRITICA FILOSÓFICA

manuales de muchas artes y ciencias, y Camús y

otros profesores, entonces novísimos, acudieron á llenar este vacío,

ajustándose á los programas que de Francia había importado Gil
Zarate. Entonces publicó

y

Camús, dando muestras de juvenil ardor

y de
ria;

sus variados conocimientos,
el

un Manual de Filosofía

raciottal,

calcado en

esplritualismo cousiniano; varios Compendios de histo-

un Manual de antigüedades romanas; una nueva edición refunla

dida de

Retórica del ilustre humanista

y elegante poeta

latino
la

Sánchez Barbero; hizo algunas traducciones apreciadas, como
Sistema de las facultades del alma, de Laromiguére,

del

y

colaboró ac-

tivamente en varias empresas de carácter enciclopédico, obras todas

que fueron

útiles

en su tiempo, pero que su autor tenía completaoriginales,

mente olvidadas. Mucho más importantes y
bastante conocidos, son sus estudios
la la

aunque no

como humanista. Además de
1

Synopsis de sus lecciones, impresa en
extensa

8 50, puede y debe citarse

y bien ordenada

colección de clásicos latinos

y

castella-

nos, en cinco volúmenes, que, por encargo del Gobierno, formó

en 184Q, asociado con otro eminente profesor de esta Universidad

y memorable historiador de nuestras letras en la Edad Media, don José Amador de los Ríos; obra que, por la riqueza de su contenido, por lo vario y ameno de los textos, por la integridad con que se
presentan, por las doctas ilustraciones que los acompañan, por el

buen gusto y

la

amplitud de criterio con que

la

selección fué hecha,
la dieron,

y por el
teca,

carácter histórico-crítico

que sus autores

traspasa

los límites

de una vulgar antología y llega á ser una pequeña biblio-

que

ojalá hubiera sido

compañera inseparable de cuantos han

pisado desde entonces nuestras aulas de letras humanas.

Fué aquel

un grande esfuerzo, y no sé

si

bastante agradecido,

y de generacio-

nes formadas por aquel método, algo
esperarse; pero la rutina venció,
celo,

y aun mucho hubiera podido como tantas otras veces, al buen
la

y sepultó en olvido, al cabo de pocos años, mús y Amador, por el capital é imperdonable
cas, útiles tan sólo

colección de Ca-

defecto de ser de-

masiado buena, sustituyéndola con dosis cada vez más homeopátipara mantener
la

ignorancia y

la desidia,

hasta que

totalmente acabe de borrarse en España todo vestigio de latinidad.

A

conjurar tanto mal, cuyo solo temor bastaba para cubrir de

5

LA FILOSOFÍA PLATÓNICA EN ESPAÑA
tristeza aquella alma,

1

habitualmente tan risueña, procuró atender

Catnús, no sólo con la colección citada, sino con otra
é ingeniosa

muy

original

de Preceptistas latinos (1846), donde presentó, reunidos

en un solo cuerpo y

muy doctamente

ilustrados

para que juntos formasen una especie de teoría

literaria,

y concordados, ó compen-

dio razonado y doctrinal de las reglas del arte de la oratoria
poesía, los diálogos retóricos de Cicerón, la Epístola
los Pisones, las Instituciones oratorias

y de

la

de Horacio á
diálogo sobre

de Quintiliano,

el

las causas de la corrupción de la elocuencia,
las Controversias

y algunas muestras de
el

y Suasorias que coleccionó Séneca y

Retórico.

La

utilidad práctica de este libro es inapreciable,

ojalá su estudio

sustituyese al de tantas vaguedades seudo-estéticas, que sin prove-

cho alguno han venido á injertarse en
cional,

el

árbol de la retórica tradini

formando una enseñanza híbrida y monstruosa,
ni

verdade-

ramente práctica,
de
los casos

verdaderamente
inútil,

filosófica,

y en

la

mayor parte
útil tan

rematadamente

cuando no

perjudicial,

sólo

para formar

copleros y pedantes. El

método que Chaignet recoy su

mienda en su excelente y novísimo
Historia, publicado en
1

libro sobre la Retórica

práctica por

Camús

888, había sido ya adivinado y puesto en desde 1846. El libro del ilustre helenista francés
la

no es más que un comentario desarrollado y completo de ca de Aristóteles.

Retóri-

Tenía Camús condiciones nada vulgares de polemista, de
les

las

cua-

muy

rara vez hizo uso, por la natural

bondad de su

carácter.
la
inti-

Los

chistes

midad, y rara vez confiaba á
satírica. Intervino

más agudos y mordaces solía guardarlos para la pluma las expansiones de
con singular donaire en
allá
el

su vena

célebre pleito del frag-

mento de Afranio, que
latinistas

por

los

años de 1864 enzarzó á tantos

españoles y franceses, algunos de merecida nombradía.
la

En
y

mi concepto,
sible

interpretación de Camús es
arbitraria;

más ingeniosa que

plau-

y

tiene

mucho de

pero

la

carta llena de erudición

desenfado con que anunció su descubrimiento, es quizá, de todos
sus escritos, el único que parece trasunto
liares,
fiel

de sus pláticas fami-

tan caprichosas

y errabundas, tan

ricas

de donaires y
el

filigra-

nas de erudición.

Una de

sus víctimas predilectas solía ser

abate

Gaume, por aquella absurda paradoja de Le Ver Rongetir, ó sea de

6

1

ENSAYOS DE CRITICA FILOSÓFICA
de
los estudios clásicos

la influencia

en

lucionario de los tiempos modernos.

la impiedad y espíritu revoCamús, que en materias de arte la

era fervoroso pagano, pero
cristiana
telas del
llas

al

mismo tiempo amigo de
ella,

tradición

y muy respetuoso con

sentía

que

le

llegaban á las

corazón cuantos intentaban presentar en desacuerdo aquelo

dos aspiraciones de su alma. Algo de

que pensaba sobre esto

lo

consignó en extensa carta dirigida á un elocuentísimo y

muy

predilecto discípulo suyo, carta que sirve

como de

dedicatoria á la

traducción que

el

mismo Camús

hizo de

la

célebre homilía de San
los autores profanos.

Basilio sobre la utilidad

que puede sacarse de

A esto y á
en
la

un dilatado y original estudio sobre Aristófanes, inserto Revista de nuestra Universidad, se reduce cuanto de él ha

llegado á mis manos: pequeña parte, en verdad, de lo que

pudo y
sus

debió producir, pero bastante para que su nombre quede archivado

en documentos menos

frágiles

y perecederos que
lo

la

memoria de

admiradores y discípulos. Éstos conservarán, no obstante,
legio exclusivo

el privi-

de haber recibido directamente

mejor del espíritu
familiar,

de Camús;

ellos solos

podrán considerarle como sombra

como genius loci de estas aulas, que parecen llorar su ausencia con más intensidad y amargura que la de ningún otro, porque en Camús
no perdimos sólo un maestro sabio y ejemplar, una organización crítica poderosa, sino también el tipo de una cultura que se extingue,
ce,
el

último representante de una casta de hombres que desapare-

y no podemos menos de recordar sus postrimerías con la íntima tristeza de quien contempla descender al ocaso el sol de las humanidades españolas. Filólogos podrán quedar, y de hecho queda alguno, y es de esperar que se multipliquen, pero ¿cuándo volveremos á tener humanistas? Bueno es saber la antigüedad, pero todavía es cosa

más

sintiéndola

rara y más delicada y más exquisita sentirla, y sólo y viviendo dentro de ella se adquiere el derecho de ciu-

dadanía en

Roma y en

Atenas.
la

Aun

no se había cerrado

tumba

del doctor

Camús, cuando se
de los
las

abrió, bajo el sol

de Andalucía,

al cual

había ido á pedir calor en

sus postreros avanzadísimos años, la

tumba

del maestro

orientalistas españoles, el inolvidable Dr. García Blanco,

una de

más

claras é indisputables glorias

de esta Facultad y de esta casa.

7

LA filosofía platónica EN ESPAÑA

1

Mi tesLimonio no

es sospechoso:

me

separaban de

él

hondas dife-

rencias de criterio en puntos
tar

muy

esenciales, pero

¿cómo no respe-

y amar á quien solo, ó casi solo, mantuvo en España, durante más de medio siglo, la tradición de los estudios hebraicos, y no
la luz

permitió que se apagase un solo día

que en

otras edades enel

cendieron los Quimjis y Montanos? Siendo españolísimo

carácter

de Camús,

tenía,

sin

embargo, mucho de humanista cosmopolita;

su universal curiosidad, su primera educación francesa, por

muy

singularmente que en

él

apareciese transformada, le daban cierto
la

parentesco con los antiguos profesores de

Sorbona y del Colegio

de Francia, que
que,

él

en sus mocedades había oído. Tenía más arranoratoria que Boissonade, pero se le

más

nervio,

más amplitud

parecía
si

mucho en
el

sus predilecciones, en sus gustos, en sus malicias;

bien era

gusto de

Camús más

franco,

más

primitivo,

más sano

y robusto, menos sutil y refinado, por lo cual sus preferencias le llevaban á las cumbres del arte antiguo, como Homero y Aristófanes,

y no

á los arroyuelos de

la

decadencia alejandrina ó bizantina;

no

á las

ingeniosas puerilidades de las epístolas galantes de Alci-

phrón y Aristeneto, ó á los madrigales de la Antología, en todo lo cual empleaba deliciosamente Boissonade lo que él llamaba, con su

mimosa
fué

afición á los diminutivos, ingeniolum

meuní tenue. Pero, en

suma, Camús hubiera podido ser un excelente profesor francés,

como

un singular profesor español. Por

el

contrario, García Blanco era

español de pies á cabeza, y ni sus métodos ni sus opiniones, ni sus
hábitos, se

comprenden más que en España. Era un
tierra,

fruto propio

y

espontáneo de nuestra

como

lo es

en

el

campo de
que

la filolo-

gía helénica otro gran varón, gloria de nuestras aulas,

ojalá

con-

tinúe ennobleciendo por
trina.

muchos años con
lo tocante al

su precisa y severa docla

Era García Blanco, por

hebreo,

antigua escuela

española hecha hombre, con plena conciencia de
desarrollo histórico, con desdén visible

misma

y.

de su

fuera de ella

y poco justificado á cuanto hubiese nacido. Él se remontaba áOrchell, Orchell á PéBayer á
Castillo

rez Bayer, Pérez

Trilles, Trilles á la heroica pléya-

de del

Montanos y Leones, á los Zamoras y Coroneles, por donde la tradición cristiana venía á soldarse con la gran tradición rabínico-española de los siglos medios; y de
siglo XVI, á los Cantalapiedras,
1

y PELAro.^£«j<iyí>í de crítica filosófica.

2

8

1

ENSAYOS DE CRÍTICA FILOSÓFICA

este

modo,

sin solución

de continuidad, sin que ningún

anillo falta-

se á la cadena, venía á encontrarse García Blanco,

y

él

realmente se

consideraba,

como heredero
y de
la

directo de aquellos grandes

y famosos
inme-

gramáticos españoles de los siglos x, xi y
diatos de Saadía
gráfica
el

xii (discípulos casi

los Karaitas),

cuyos trabajos de

crítica lexico(l),

no han sido superados, según confesión de Renán
novísima
filología:
el

hasta

advenimiento de

de aquel Menahem-benraíces;

Saruk de Tortosa, que formó

primer diccionario de

de

aquel Judá-ben-David, que por primera vez dio base científica y sólida al estudio del
trilíteras
li!

hebreo, estableciendo

la

doctrina de

las raíces

y de

la

vocalización de ciertas consonantes; de
el

Abul Guala sin-

Meruan-ben-Ganah,

cordobés, creador del estudio de

taxis,

y finalmente, de
los Ouimjis,

las

dos gloriosas dinastías de los Ben-Ezras
los

y de
el

que tanto influyeron en

primeros pasos de

la

filología hebraico-cristiana, la cual

ya aparece formada y adulta en

Pugio

Fidel, del glorioso hebraizante catalán Fr.

Ramón
lo

Martí.

¡Tradición ciertamente magnífica,

y

á cuya eficacia se debe el que

pocos ó muchos, obscuros ó claros, trabajando por
soledad y en
el

común en

la

apartamiento, los hebraizantes españoles de estas tres

últimas centurias hayan vivido casi exclusivamente del fondo nacional,

constituyendo verdadera escuela, con procedimientos de ense-

ñanza gramatical no mendigados del extranjero, sino engendrados y crecidos dentro de casal Estos procedimientos claros, sencillos, filosóficos, fueron fijados

por Orchell y expuestos, desarrollados y dela

fendidos por García Blanco, á quien debe

mayor

parte de su posclara,

tuma

gloria el ilustre arcediano

de Tortosa. La enseñanza
las

perspicua

y

filosófica

de Orchell, superior en mucho á

absurdas
la

teorías de gramática general
cillez

que imperaban en su tiempo:

sen-

y

evidencia inmediata de sus doctrinas fonéticas: la eleganel

cia

con que simplificó

hasta entonces hórrido capítulo de la

mu-

tación de los puntos vocales, verdadera crux ingeniorum en las gra-

máticas antiguas:

la luz

que derramó en

el

estudio de ios verbos
otros

imperfectos (defectivos ó quiescentes),

y en

muchos puntos

(i)

Bisíoire genérale et Sysiinte comparé des langues se'mitíques, Paris, 1S63,

página 173.

9

LA filosofía platónica EN ESPAÑA

1

-que aquí no se mencionan para no entrar en menudencias técnicas,

son

el

antecedente indispensable del

monumento
el

gramatical que ha
del Dr. García

techo imperecedero en nuestras escuelas
Blanco: Análisis filosófico de
la escritura

nombre

y

lengua hebrea, publicado

en

tres

tros

alumnos por
le

volúmenes desde 1846 á 1848, y más conocido entre nuesel título hebreo de diqdiiq ó trituración., que su
dio siguiendo á otros gramáticos masoretas. Podrán discu-

autor

tirse los

méritos de García Blanco

como

etimologista

y exégeta: pointérprete de

drán ponerse graves reparos, de
la

muy

varia índole, á la parte que de
al

Biblia dejó traducida; pero los

menos favorables
al

los

Salmos y de

las

Lamentaciones, y

modo y

sistema general de

aquellas versiones que pretenden ser supersticiosamente literales,

veces son literales de
la

la letra

más que

del espíritu; los

y mismos que
la

censuren

novedad excéntrica y á ratos temeraria, y

afectada

dureza del

estilo

(que tiene en ocasiones singular energía

y extraño
los

y poético
teoría

sabor), tendrán

que reconocer y ponderar justamente
la facilidad

méritos del profesor y del gramático. Parece imposible exponer la

de cualquier lengua viva ó muerta, con

luminosa,

con

el análisis severo,
al

con

la

amenidad y

el artificio

que García Blan-

co ostentaba en
el libro,

declarar los arcanos de la lengua de los Profetas, ya
la

ya en

cátedra. El estudio

más árido y repugnante quizá
la

de todos

los estudios

humanos,

el

estudio de las palabras, que á

larga llega á ser insoportable a todo el

que siente

la

noble ambición
la

de

las cosas,

perdía toda su aridez

al

pasar por los labios ó por
el

pluma de García Blanco.
esto, sino

Y

no consistía en otra cosa

secreto de

en que García Blanco, que además de hebraizante era
ardientes afectos

hombre de
mo, hasta

sobre toda otra cosa en
el

la tierra, le

y de pródiga fantasía, amaba el hebreo amaba con pasión, con fanatislas oblila

punto de sentir verdadera impaciencia cuando

gaciones de su estado traían delante de sus ojos los versículos de
Escritura en lengua diversa de
la original;

y

esta pasión y este fanale

tismo suyo, inflamando su mente y coloreando su lenguaje,
irresistible

hacían
disdis-

currir mil

y elocuente hablando de hebreo, y le hacían, además, ingeniosos medios para empeñar la atención del más
de
las reglas,
él

traído, para hacer insensible el estudio
al

para procurar
la

alumno su posesión antes que

mismo cayese en

cuenta, para

20

ENSAYOS DE CRITICA FILOSÓFICA
el libro

ponerle desde los primeros días en intimidad con
para allanar todas
la

sagrado»,
tal

las cuestas,

óá

lo

menos para ocultar de
la fatiga,

modo

pendiente, que cuando empezásemos á sentir
la

nos encon-

trásemos ya en
todo
el

cumbre, austera y varonilmente recreados durante
el arte

camino por
didáctico,

prodigioso de aquel hombre: arte profunni

damente
te

que no parecía,

una vez

sola, arte

independien-

y divorciado de la enseñanza, arte literario puro, como en Camús acontecía; sino que formaba un cuerpo mismo con la doctrina, entérminos
tales,

que hasta

las raras

anécdotas y los excéntricos ras-

gos de traducción adquirían desusado valor
nico.

como medio mnemotécel el

Era tan único en su género de explicación, como Camús en
al

suyo: uno y otro daban larga rienda
chiste de
el

elemento cómico, pero

Camús jugueteaba

entre rosas y parecía volar bíter pociila;

de García Blanco

solía ser

más
el

incisivo

y profundo, más acre y
al

despiadado, más amargo en

fondo y de más vigorosa intención. paso que por
la

La serenidad dominaba en
Había en su
trágica;

el

ánimo de Camús,
á

mente de García Blanco cruzaban

menudo amagos de tempestad.
y lucha que
el

espíritu cierta contradicción

tenía algo

de

y contribuían á

darle misterioso prestigio á nuestros ojos ju-

veniles, aquella debilidad

que tuvo siempre por

simbolismo gra-

matical, aquella tendencia á ver en las letras arcanos

y sentidos qui-

méricos, aquella especie de cabala etimológica en que tanto pecábanlos hebraizantes antiguos,
lo) á

pero que contribuía (no hay que dudar-

envolver en una atmósfera poética su enseñanza. El viento de

la lingüística sía juvenil

moderna ha

ido talando todas esas selvas que

la fanta-

de los antiguos filólogos poblaba de extraños monstruos
las

y de raíces de portentosa virtud; pero á quien no mire
los ojos severos

cosas con

de

la

ciencia positiva, no ha de serle

difícil

encon-

trar disculpa para los

gramáticos que,
la

como García

Blanco,

quema-

ron demasiado incienso en aras de

imaginación, reina

y señora de

su casa. Si para García Blanco las letras hebreas, aun materialmente
consideradas, no hubiesen sido un
cifra la

última razón de lo

mundo jeroglífico que contenía en humano y lo divino: si, abandonando la
las restantes

anticuada é insostenible teoría del hebraísmo primitivo, hubiese pe-

netrado más en
ticas,

el

estudio

comparado de
filólogo

lenguas semí-

hubiéramos tenido un

muy

superior,

y España,

sirt

LA filosofía platónica en ESPAÑA

21

perder nada de
en
la

las

riquezas de su tradición, hubiese entrado de lleno

corriente moderna; pero García Blanco, perdiendo en origina-

lidad, quizá

breo, aquel masoreta redivivo, aquella especie de

no hubiese sido aquel profesor de hebreo, y sólo de hemago de la grala varita

mática, que con

de su diqduq nos abría

las

peñas de Sión
res-

y

los vergeles del
la

Carmelo. Nuestra Universidad conservará con

peto

memoria

más
de
la

sólido é

hombre, y para darla todavía un fundamento inquebrantable, me atrevo á proponer que, honrándose
del tal

así misma, interponga su poderosa mediación para que salga pronto

obscuridad

el

primer Diccionario Hebreo-Español, que García

Blanco dejó terminado después de largos años de labor, por encar-

go y comisión expresa

del Gobierno.

Pagado, aunque imperfectamente,

el

tributo de obsequio

y de meel

moria que mi Facultad debía á

las

dos lumbreras que en

curso

anterior ha perdido, tengo que solicitar de
cia para entrar,

nuevo vuestra indulgeny ahorrando preámencaminada á seguir

aunque sea por

transición brusca
disertación,

bulos, en el verdadero

tema de mi

en su desarrollo una de

las corrientes

más caudalosas de nuestra

ciencia patria, inseparable de la historia de nuestro arte literario,

que

es objeto capital,

por no decir único, de mis tareas.

Me

refiero

á las diversas manifestaciones que entre nosotros ha alcanzado la
filosofía platónica.
la

No

temáis que en materia tan vasta y rica ceda á

tentación del alarde erudito,

amontonando

sin tasa

nombres y

fe-

chas.

Atento á

las ideas

más que

á los nombres, algunos pensadores
el

escogidos

me

bastarán para determinar

modo y grado de

esta in-

fluencia en cada

uno de

los períodos

de nuestra historia

filosófica.
él

Los

límites

de un discurso son siempre harto breves para que en
los

puedan campear
sidad

innumerables detalles que son
las

la

mayor

curiosi

y encanto de
la

monografías. Bastante habré conseguido
la

alcanzo á mostraros en un caso concreto

persistencia

y

continui-

dad de

tradición en el pensamiento ibérico, la posibilidad, por

22

ENSAYOS DE CRITICA FILOSÓFICA

tanto tiempo disputada, de marcar sus principales direcciones y trazar su historia á través de

muchos

siglos.

De

los dos gigantes

de

la filosotía
la

griega

y aun de toda

filosofía^

Aristóteles ha influido en

educación del género humano

mucho
la

más directamente que

Platón.

La manera

libre,

vaga y poética de

Academia, ha tenido siempre menos adeptos que

la rígida disciplina

y

el

severo dogmatismo del Liceo.
es,

La

influencia

de Platón en

el

mundo moderno
influencia
ca.

por decirlo

así,

influencia expansiva

y

difusa; la

de Aristóteles es influencia concentrada, formal, despótidoctrinas cerradas, ha inspirado vagos anhelos-

La una, más que

y generosas idealidades; la otra ha cristalizado el pensamiento en fórmulas y categorías. El platonismo ha servido como estímulo de invención y despertador de propio pensar; el peripatetismo, como organización sistemática y método de enseñanza. Enlazados estrechamente en su origen, hasta
una sola
el

punto de ser á

los ojos

de quien

ncv

se deje deslumhrar por diferencias
filosofía

más

accidentales que íntimas,,

y no

dos,

han llegado á separarse totalmente en
el

su evolución histórica, hasta

punto de aparecer como encarniza-

dos enemigos y odiosos

rivales.

La bandera

del maestro ha prote-

.gido á todos los disidentes

de

la

escuela del discípulo,
la

y

raras cir-

cunstancias han hecho que en los períodos críticos

bandera de

Platón haya aparecido siempre
tóteles,

como bandera de

libertad; la

de Aris-

como bandera de
de

orden, cuando no de servidumbre. Todos
árabe, judía o cristiana, son en

los insurrectos

la escolástica

may na

yor ó menor grado platónicos.

Ha

habido en todo esto singulares

contrasentidos, derivados casi siempre de

un

falso, superficial

directo conocimiento de los dos grandes filósofos griegos, cuyos

nombres
historia
el

se invocan sin cesar
la filosofía,

como

gritos de combate; pero para la
el

de

tanto importa

Aristóteles falsificado

como

genuino; tanto

el

Platón fantaseado por los alejandrinos y los

teósofos,

como

el

mismísimo discípulo de Sócrates en sus propios
serie

originales.

Entrambos pensadores han pasado por una

de en-

carnaciones

y metamorfosis no menores que
la

las

de

los dioses del

politeísmo antiguo;

virtud genial del pensamiento

humano

es tan

invencible, que aun imponiéndose

dad, halla

un yugo y acatando una autorisiempre algún resquicio por donde reconquistar su liber-

LA filosofía platónica EN ESPAÑA
tad nativa, y á
la

23

sombra de un comentario ó de una interpretación,
desde
principio de

á veces desvariada y mil leguas distante del texto que se interpreta,
acierta á producir sistemas originalísimos. Si
la
el

Edad Moderna
el

Aristóteles

y Platón hubiesen

sido perfectamente

entendidos y críticamente explicados,
nuestros días,

como han

llegado á serlo en

desarrollo histórico de la filosofía se hubiese veri-

ficado ciertamente por diverso

pero quizá

el

resultado especulativo hubiese diferido
sin

camino y dentro de otros moldes, muy poco del
á lo que realmente fué, es cosa de á

que hoy alcanzamos. Pero
lo

perdernos en vagas conjeturas sobre

que pudo

ser,

y ateniéndonos
forma de
la

toda evidencia que

la filosofía anterior

Kant

se desenvolvió orgá-

nicamente bajo

la

enciclopedia aristotélica, así en la di-

visión de los tratados

tear los problemas

y de las cuestiones, como en el modo de plany de traerlos á resolución; siendo el mismo carla

tesianismo más bien un llamamiento á la independencia de

razón,

que una verdadera

filosofía,

y siendo

el

empirismo sensualista una

remozada interpretación de

ciertos conceptos
la psicología

que estaban en ger-

men más
teles,

ó menos latente, en

experimental de Aristólos in-

por más que desde Bacon en adelante fuese hábito en
si

novadores superficiales renegar de su verdadero
sado maestro. Aristóteles, no sólo por
la fuerza

bien no confe-

del

pensamiento

especulativo, sino por haber sistematizado todas las nociones científicas

que en su tiempo

existían (herencia

que

el

género humano

acrecentó poco durante largos siglos), por haber llegado á una con-

mundo y de la vida, por haber satisfecho con unidad y grandeza la aspiración incontestable de ley, método y disciplina, que en todo ser racional existe, merecía y no podía menos de
cepción total del obtener
la cátedra

de ciencia uni\ersal en que
el

la

Edad Media

le

puso. Pero por grandes que
teles fuesen,

prestigio

y

la

autoridad de Aristó-

nunca, ni en

la

Edad Media,
total

ni

mucho menos en

el

Renacimiento, dejaron de levantarse contra su dominación voces
hostiles,

unas solicitando

la

renovación

ó parcial de los méto-

dos; otras limitándose á hacer la crítica de lo existente
la

y reservando
fin,

tarea de edificar para después de haber demolido; otras aspirando

á cierta

manera de eclecticismo ó de concordia; algunas, en
lo

procurando restaurar

que alcanzaban de

la filosofía

griega ante-

24
rior al Estagirita,

ENSAYOS DE CRITICA FILOSÓFICA

y naturalmente con más
al

predilección, las doctri-

nas,

nunca del todo oh-idadas, del idealismo platónico. Nadie ignora

por qué camino habían llegado éstas

mundo moderno.
la ciencia

Sin

la es-

cuela de Alejandría sería imposible explicarlo. Por

medio de Philón
talQiúdica

y de
en
la

los judíos helenizantes,

penetraron en

y

Cabala; por medio de Orígenes
la ciencia cristiana,

y

del seudo-Areopagita pe-

netraron en

y con Escoto Eriúgena descendieron
del último tiempo,

por

el río

de

la Escolástica;

finalmente, por medio de los libros de

Proclo, del falso

Empédocles y de otros teósofos

alcanzó

la

influencia á los nestorianos de Persia

y de

Siria,

que

ini-

ciaron á los árabes en la filosofía. Así, en tres divergentes rayos,
irradió el sol

de

la

ciencia antigua desde

un solo foco, que en rigor

no era platónico

ni aristotélico, sino sincrético,

predominando Arisla

tóteles en la lógica

y en

la física,

y Platón en

metafísica

y en

la

teología.

La
de de
la

falsa idea

de oponer radicalmente Aristóteles á Platón es idea
se ha ido robusteciendo
existió
decir,

Edad Media, que
Pero
ni

con

el

transcurso

los tiempos.

en
en

la

escuela alejandrina, por

más

que en su edad de oro, es

los

tiempos de Plotino, predo-

minase Platón sobre Aristóteles, y en los tiempos de su extrema
decadencia predominase Aristóteles sobre Platón, merced á
fuerzos
los esni
lo

y comentarios de Temistio, Simplicio y Juan Philopono; había existido tampoco en las escuelas greco-romanas, como nos
prueban, sin dejar resquicio á duda,
tan célebre
las

obras de nuestro Séneca,
raetafísico,

como

moralista, tan

poco estudiado como
la

y
el

tan digno de serlo,

aunque perdidos

mayor

parte de los filósofos

en que debió de

leer,

nos sea imposible determinar con certeza

grado de originalidad de su doctrina, que ha de tener, como toda
filosofía

romana, mucho de compilación y de trabajo erudito. En

Metafísica,

Séneca no es

estoico, sino ecléctico,

con marcadas ten-

armonismo, y es ciertamente cosa muy para considerada y que no debe atribuirse á mera coincidencia, el encontrar bosquejada ya en el más antiguo de nuestros pensadores, en un filósofo
dencias
al

gentil del siglo

i

de nuestra era, uno de los que han sido impulsos
del pensamiento español, siempre
sí.

y aspiraciones primordiales

que

libremente ha podido dar muestra de

Séneca acepta

á

un tiempo

LA filosofía platónica EN ESPAÑA
la

2j
Xil

teoría platónica de las ideas

y

l,a

teoría aristotélica de
ni

forma
eidos?

(eidos):

en su sistema no puede haber contradicción

discordancia

entre

ellas.

«¿Qué diferencia encontráis

(dice) entre idea

y

Idea es forma ejemplar: eidos es forma tomada del exemplar é im-

puesta á

la

obra. Son, pues,

la

misma cosa
las

idea

y forma, pero
antes de

la

llamamosy¿r;«^ cuando está en
fuera de las cosas,

cosas creadas; idea, cuando está

y no
las

tanto fuera de las cosas

como

las

cosas mismas»

(l).

Estas ideas, que otras veces llama números en
coloca Séneca en
la

sentido pitagórico,

mente de Dios, adelanlos platónicos cristianos,

tándose

al

que fué luego sentir unánime de

por más que haya en Platón indicaciones
punto. Verdad es que para Séneca,
era otra cosa que la

muy

vagas acerca de este
los estoicos.

como para

Dios no

mente ó

el

principio activo del universo.

Séneca pudo

leer,

y leyó

sin duda, total

y directamente,
la

los diálas

logos platónicos. Pero á medida que avanza
escuelas latinas,
el

decadencia de

estoicismo y

el

epicureismo, cada vez más

em-

pobrecidos de sustancia
autor del Timeo y
al

metafísica,

suplantan

de

la

Metafísica, dejando reducidos sus

y obscurecen al nompunto más alto
síntesis las teo-

bres á vaga reminiscencia literaria. ¡Y esto cabalmente cuando en

Alejandría alcanzaba

la

especulación metafísica

el

de sus temeridades, aspirando á concertar en vasta

gonias de Oriente con los sistemas de Grecia! Ninguna parte de la
filosofía

debe positivo adelanto á
ni reciben, sino

los

romanos. Ni

la

crean original-

mente,

muy

tarde, la de los griegos, y ésta sólo en
éticas, prefiriendo

sus derivaciones

y consecuencias

siempre Zenón
los

6 Crisipo á Platón, y Epicuro á Aristóteles. Nunca hubo para
latinos
la

de raza otro arte
la

ni otra ciencia

que

el arte

y

la ciencia

de

vida política, de

ley

y

del imperio. Pueblo de soldados, de
legistas,

agricultores, de usureros

y de

todo

lo

demás en Roma
al

es

importación, elegantísima á veces, pero importación

cabo. Por

(

i)

Ep.

58:

«Idea

cst

eorum quae natura fiuni exemplar aetcrnum... Quid
est,

ín-

ter sit quwris?
imposita...

Alterum exemplar

allerum forma ab exemplar i sumpla
est:

et

operi

Etiamnum aliam

desideras distinciionem? Eidos ¡n opere
est,

Idea exep. 68:

tra opus, nec tantum extra opus

sed ante

opus.-»

Véase además

la

íHíec exemplaria rerum omnium Deus intra se habei, numerosque univer serum
quce

agenda sunt

et

modos mente complexus

est.

•>

26 eso
la

ENSAYOS DE CRÍTICA FILOSÓFICA
cultura

romana

influye

más que en Roma misma, en

los

pue-

blos que nacieron de sus ruinas, romanizados por las artes de su
política.

La verdadera y
en
las
el

legítima poesía de

Roma, como su verdaen
la

dera

filosofía, está

la acción,

en

la vida,

historia,

y en

el

simbolismo y en

fórmulas de su derecho.

Roma

no ha escrito
filosofía

más poema que
que
la

poema

jurídico, ni

ha inventado más

razón escrita de sus leyes. Cicerón y Lucrecio son exposito-

res admirables

de

los griegos,

pero

el

uno no pone de su parte más
la

que

la

elocuencia,

y

el

otro nada

más que

pasión trágica y

la

su-

blimidad poética. Si en Séneca parece advertirse mayor originalidad, es porque Séneca es un filósofo provincial, y porque en su

tiempo

la

civilización

romana, á fuerza de hacerse universal y de
acabado

cobijar bajo sus inmensas alas á todos los pueblos, había

por perder
(i)

el

áspero sabor del viejo terruño latino
fué

(l).

Contemporáneo de Séneca
quien por

un pitagórico gaditano llamado Modéel cap.

rate, á

mucho tiempo
filósofo

se ha confundido con su paisano Columela.

De

este

Moderato

hace mérito Porfirio en

xx de

la

Vida de

Ploiino, y en el xlviii de la de Pitágoras, atribuyéndole diez eruditísimos
libros en lengua griega sobre las doctrinas

de su

secta.

Son muy
ellos,

escasos, pero

importantes, los fragmentos y las noticias que restan de
Porfirio,

en

el

mismo

en Stobeo y en otros antiguos, y especialmente en el comentario de Simplicio á la Física de Aristóteles. No todos he podido encontrarlos en
la

colección de
48),

MuUach (Fragmenta Philosophorum Graecorum, tomo
dista bastante

ii,

pági-

na

que todavía

de ser completa. Pero

los

que trae Simla aten-

plicio son

realmente importantísimos, y no sin motivo han llamado
i,

ción de Vacherot en su Historia déla escuela de Alejandría (tomo

pág. 309),

de Ravaisson, en su Ensayo sobre

la Metafísica de Aristóteles,

tomo

11,

pág. 33 1)>

y de Fouillée, en su libro acerca de la filosofía de Platón (tomo m, pág. 162). Moderato es, en efecto, uno de los más calificados precursores de la escuela

de Alejandría. «Las nuevas tendencias de
se muestran por primera vez en

la filosofía

griega (dice Vacherot),
i

un pitagórico del

siglo

de

la

era cristiana,

Moderato, de Cádiz, que intenta fundir en una sola doctrina
el

el

pitagorismo y

platonismo. Este filósofo admitía, además de

la

materia, tres principios de

las cosas: la

unidad primera, superior
el

al

ser y á toda esencia; la unidad se-

gunda, que es
es el alma, y

verdadero
tal,

ser, lo inteligible, las ideas; la tercera unidad,

que

que como

participa de la unidad primera

y de

las ideas.

En

cuanto á

la

materia, Moderato intentaba enlazarla con el principio divino.»
(decía),
la

La razón universal

queriendo dar nacimiento á todos

los seres,

había

separado de su esencia

cantidad, retirándose de ella y privándola de todas

LA FILOSOFÍA PLATÓNICA EN ESPAÑA
Sólo
el

27
er>

cristianismo vino á despertar la vitalidad filosófica

Occidente.

Y aunque

sea manifiesto que los Padres griegos superan

mucho mayor la y mayor la importancia que concedieron á la filosofía como preparación ó propedéutica para el dogma, también lo es que el mundo latino no
bajo este aspecto á los latinos, y que fué en ellos

compenetración del organismo teológico con

el filosófico,

había producido hasta entonces filósofo alguno igual á San Agustín,

cuyos

libros,

providencialmente colocados
la

al fin

de

la

Edad Anti-

gua, constituyeron

principal biblioteca de los teólogos de la

Edad
la

Media.

Y precisamente
al

por esos libros comenzó á insinuarse en

ciencia patrística occidental,
reservas,

aunque con

cierta timidez

esencialísimo elemento platónico
la

y muchas que luego había de

incorporarse en

Escolástica: la teoría de las ideas arquetipas con-

tenidas en la divina inteligencia, razones eternas, inmutables, no sujetas ni á la generación ni á la muerte,

San Agustín, reproduciendo, aunque no sistemáticamente,
tir

el

sen-

de

los platónicos,

ó (como antes se decía) de los académicos., por
la

encontrarlos

menos apartados de
le

verdad que otros

filósofos anti-

las

formas é ideas que

pertenecen. Esta cantidad, esta

idea,
las

separada, por

privación, de la razón universal

que contiene en
la

misma
(*).

razones de tola

dos los seres, es

el

modelo de
la

materia corpórea

Por consiguiente,
la

materia no es otra cosa que

cantidad ideal desprendida de
real, sin

unidad divi-

na y convirtiéndose, por su separación, en ca?itidad

forma y sin unila

dad, dividida y dispersa hasta lo infinito El mundo, en este sistema, es

multiplicidad inteligible que sale de la Unidad divina y se realiza por una

especie de privación misteriosa, que Dios verifica en su ser. «Este punto de
vista (continúa

Vacherot) era nuevo en

el

platonismo, y representaba un pro-

greso bástanle considerable para que lamentemos no conocer con amplitud

su origen y todos sus desarrollos.» Fouillée va todavía más lejos: á su juicio,
la

tentativa de

Moderato para conciliar á Pitágoras con Platón, es mucha
la

más profunda que
derato descubrió

de Alcinoo para conciliar á Platón con Aristóteles. Moel

la

unidad oculta bajo
al

dualismo del Timeo y que sólo se
la

deja entrever en el Parménides,

paso que Alcinoo se contentó con atribuir

á Platón el dualismo peripatético, desconociendo
idealizar la materia.

tendencia platónica á

{*) Me aparto en algunas cosas de la exposición de Vacherot, para seguir más de cerca el texto conservado por Simplicio. [Véanse los fragmentos de Moderato de Cades en A. Bonilla: Historia de la Filosofía española. I, 417 y siguientes (A. B.)]

2S
guos, fué sin duda

ENSAYOS DE CRÍTICA FILOSÓFICA
el

camino

principal,

aunque no

el

más
las

directo,

por

el

cual cierto platonismo

nunca se extinguió
Aledia.

del todo,

aun en

los siglos

más obscuros de
la Gracia,

la

Edad
y

Además de
si

obras del

Doctor de

leyeron los escolásticos,

bien no con grande

estimación, ciertos compendios

abreviaciones, harto áridas

y

des-

carnadas, que de
africano de índole

la

doctrina de Platón había hecho otro escritor
diversa, el liviano retórico

muy

y novelista Lucio
Platonis, exponía

Apuleyo. El

cual,

en sus tres libros
la

De dogmate

muy

en extracto, y á

verdad

muy

superficialmente, la filosofía

natural

y moral

del gran maestro ateniense, juntamente con la lógiel

ca aristotélica; y en

De Deo

Socratis, mezcla extraña

de

filosofía

y de
de

superstición, desarrollaba las ideas demonológicas

y teúrgicas

los

más exaltados neoplatónicos
el

alejandrinos.

Pero Platón,

verdadero Platón, ¿dónde estaba? Cosa averiguada
el siglo xiii,

es que, por lo menos hasta

un sólo diálogo suyo fué
solo

conocido de los doctores escolásticos y
la

él

mantuvo entre

ellos

tradición de la

Academia

antigua; diálogo, en verdad de ¡os

más
y ma-

importantes, aunque no bastara ni con

mucho para

dar entero

cabal conocimiento de la filosofía platónica, lo uno por ser de
teria

puramente cosmológica,

lo otro

por estar lleno de reminiscenél el instinto

cias pitagóricas,

y por preponderar en

adivinatorio del
el

poeta sobre

la

severa disciplina del filósofo. Este diálogo era

Timeo, traducido

y comentado en época

ignorada, verisímilmente

en

el siglo iv,

por Calcidio, á ruegos de un cierto Hosio, de quien no

podemos
la la

afirmar con certeza que fuese nuestro grande obispo de
los concilios

Córdoba, luz de

de Nicea y de Sardis, aunque esta sea

opinión más generalmente admitida,
identidad de

y

á ella nos inclinemos. Si

ambos personajes

llegase á ser bien

averiguada,

habría que contar á Hosio entre los
nos,

más antiguos

platónicos cristia-

no sólo porque estimuló

esta versión

y comentario (cuyo autor
de profesar
el cristianis-

por cierto, no da en

ella indicios claros

mo

(l),

antes bien incurre en graves errores, tales

como

la

eternidad

(i)

[Parece probable, según las últimas investigaciones, que Calcidio, no
.\.

sólo fuese cristiano, sino eclesiástico. Vid.
tada,
I,

Bonilla y

San Martín, obra

ci-

1S4, nota

2? (A.

B.)]

LA filosofía platónica EN ESPAÑA
del

29
sino

mundo,
él

la

naturaleza divina del sol

y de
(i).

las estrellas, etc.),
el Tiineo,

porque

mismo tuvo

intención de traducir
la

según expre-

samente dice Calcidio en
tiene

dedicatoria
histórica:

El trabajo de Calcidio

inmensa importancia

en

él

encontró sus armas

el

realismo

mis exagerado
la

é intransigente de la

Edad Media; en
el

él

aprendió
sas, sino

doctrina de las ideas separadas no solamente de las cola

de

misma esencia

divina.

Así como

platonismo ortocristianismo hete-

doxo y
rodoxo,
na,

cristianizado arranca de
el

San Agustín,

el

idealismo absoluto se remonta

más

allá

de Escoto Eriúge-

y tiene sus raíces en el comento de Calcidio. Es más que dudoso que ningún otro tratado platónico formase
la

parte de
tinos de

Biblioteca escolástica antes del siglo
la

xiii.

Los Benedic-

San Mauro, autores de
han relegado
al país

grandiosa Histoire Littéraire de
las fábulas la noticia

la France,

de

de un coel

mentario de Mannon, maestro de
Calvo, sobre
las

la

Escuela Palatina de Carlos

Leyes y

la

Reptlblica.

¿Cómo

era posible que el

neoplatónico Escoto Eriúgena, compañero y amigo de Mannon, dejase de hacer en sus obras alguna referencia á textos de tan capital

importancia? Ni una sola vez cita Escoto más obra platónica que Timeo. Hasta
hasta
el el siglo xiii

el

no se encuentra una versión del Phedon:

mismo

siglo,

y

esto por conducto de la ciencia arábigo-esla

pañola, no llegan á las escuelas cristianas los diálogos de
blica.

Repú-

Lo que no
derse en
las

se veía

en los textos mismos, tampoco podía apren-

compilaciones de Casiodoro, de Beda, de San Isidoro,
insignificante la dosis platónica en todas ellas.
si

de Alcuino. Es

Las

traducciones de Boecio,
inferirse

es

que realmente

las hizo,

como parece
me-

de una anfibológica

frase del rey Teodorico, tuvieron

nos suerte que sus versiones y comentarios aristotélicos, y debieron

(i)

Conceperas animo florente ómnibus studiis humanitatis excellenlique in-

genio iuo spem dignam proventu operis

ad hoc tempus

inientaíi, ejusque

usum a
mahiisti

Graecis Latió

muiuandum
te esse

statueras:

El quanquam

ipse hoc

cum facilius tum comei potius

moditts faceré posses, credo propter admirabilem

vercamdiam,

injungere quem

alterum indicares. (La mejor edición del comentario de
el

Calcidio es

la

de Mullach en

tomo

11

de sus Fragmenta philosophortim Grae-

coriim, págs. 147 á 2 58.)

30

ENSAYOS DE CRITICA FILOSÓFICA
interesa lo

de perderse muy pronto. Más nos

que puede haber de
las

platonismo en los libros enciclopédicos del gran Doctor de

Es-

pañas. Hasta ocho veces, salvo error, aparecen mencionados en sus
escritos Platón

y

los platónicos.

La mayor parte de

estas citas per-

tenecen á su obra magna de
reliquias del

las

Etimologías, gran depósito de las
estas referencias

mundo

clásico.

Ninguna de

arguye

conocimiento directo de Platón, pero algunas son importantes. El
metropolitano de Sevilla invoca su autoridad, juntamente con
la

de

Aristóteles, al tratar de la distinción entre los conceptos de ciencia

y

arte (l). El fondo de la distinción hecha por
la

San Isidoro

es pla-

tónico, pero

distinción

misma no
el

está formulada

en Platón, sino

en uno de

los libros

de Philón

judío,

que parecen no haber sido
la

desconocidos de nuestro obispo. San Isidoro da por carácter de
ciencia lo universal

y necesario
lo

(qiiae alíter evenire

non possunt), y

por materia del arte

contingente y relativo (qiiae aliter se kabere

possunt), lo verisímil, lo

meramente opinable. Define, aunque obsde Platón, se manifiesta algo enterado de
la

curamente,

la

dialéctica

sus nociones geométricas, y confusamente de su teoría de
niscencia, pero
sofía

remifilo-

nunca se arroja á exponer parte alguna de su

con

la claridad

y
la

el

método con que expuso, aunque en forma
Organon, conocidos ya en
las

sucinta, los principales tratados del

escuelas latinas por

traducción de Boecio.
vivió en Occidente la filosofía platónica
la

Tan pobre y desmedrada
hasta
el

grande y trascendental hecho de

introducción de los

y de su traducción por Juan Escoto Eriúgena, maestro palatino de Carlos el Calvo. Eran los libros
libros areopagíticos en el siglo ix,

del llamado Areopagita la expresión

más

brillante

y completa del

neoplatonismo cristiano de

la

escuela de Alejandría: eran conceptos

de
así,

Plotino,

de Porfirio y aun de Jámblico, bautizados, por decirlo
aguas de
la

en

las

teología cristiana, que les había quitado, en

lo posible, la

levadura panteística. Nadie, á no ser algún eclesiástico

francés, empeiíado en sostener á todo trance la autoridad
dito de las tradiciones dionisianas

de su

iglesia,

y el puede seguir

créatri-

buyendo

tales

obras

al

juez ateniense contemporáneo de los

Após-

(i)

Vid. Elymologiarum,

lib.

i,

cap.

i;

lib. n,

cap. xxiv.

LA filosofía platónica EN ESPAÑA
toles;

3

I

pero no habrá quien con atención recorra estos libros, ya tan
leídos, sin admirar,

poco
París,

con su comentador
la

el

mártir arzobispo de
lo ele-

Darboy,

la

sublimidad de

enseñanza que contienen,

vado, fervoroso y puro de su teología, la profundidad y audacia de su filosofía, y aun el andar majestuoso de su dicción y el resplandor
platónico de su estilo.

Ave

del cielo le llamó

San Juan Crisóstomo,
el

asombrado de
las Escrituras,

lo

muy hondamente
la alteza

que desentrañaba

sentido de

y de

y exactitud con que

discurría sobre

Dios y su naturaleza y sobre los atributos divinos. Apócrifos y todo, esos libros parecen remontarse á no menor antigüedad que el siglo V,

y por

el

método y
el

las divisiones,

y por

la

fecundidad de sus

ideas, fueron

una de

las principales

bases de

la Escolástica.

Merced
antiguas

á ellos se acrecentó

caudal platónico derivado de San Agustín,
la

y á
en

ellos se

debió principalmente

conservación de

las

doctrinas acerca del
el

amor y
las

la

hermosura, contenidas en

el

Fedro,

Simposio y en

Enéadas. Nunca son más platónicos y más
la

alejandrinos los doctores de
al falso

Edad Media, que cuando comentan
los raudales

Dionisio. Allí bebieron su inspiración, torciéndola unas veotras

ces

y acrecentándola

con
la

de

la

ciencia cristiana.

Escoto Eriúgena, Gilberto de

Porree, Juan de Salisbury, Alberto

Magno, Santo Tomás, Dionisio Cartujano, de todos los cuales hay explanaciones ó glosas sobre los escritos de este anónimo griego,
apellidado por algunos el

más

metafisico de los Padres. Esos libros

son

el

De

Coelesti Hierarchia, el
el

De

Ecclesiastica Hierarckia, el

De

Divinis notninibtis,

De

Mystica Thcologia y algunas epístolas.
el el

Esos

libros, recibidos

en don pontificio por Carlos

Calvo, fue-

ron traducidos y dados á conocer en Europa por
realista irlandés

audacísimo

Juan Escoto Eriúgena, verdadero precursor del panpapel de intérprete, y su grande aunque extraviada

teísmo y del racionalismo moderno. Porque Escoto no podía contentarse con
el

genialidad metafísica, le
el

movió á hacer retrogradar
las

las ideas hasta

mismo punto en que
el

había recogido
el

el

autor de los libros

areopagíticos, es decir, hasta

monismo

idealista

de Alejandría,

sobre
la

cual levantó

el edificio

de su original Teodicea, fundada en

unidad de naturaleza, que se determina en cuatro formas, dife-

rencias 6 especies: una, increada

y creadora;

otra,

creada y creado-

32
ra; la tercera,

ENSAYOS DE CRITICA FILOSÓFICA

creada y que no crea; la cuarta, ni creadora ni creada. El fondo de la doctrina de Escoto Eriúgena parece haber pre-

ocupado á sus contemporáneos mucho menos que
cias teológicas

las

consecuen-

que de

ella

dedujo, especialmente en las materias de

predestinación

y de

libre albedrío,
el

de

las

penas. Sin embargo,

y en lo tocante á la eternidad más notable de los impugnadores de

Escoto, nuestro español Prudencio Galindo, venerado

como

santo

en

la diócesis

de Troyes, de donde fué obispo, no deja de notar en

su refutación del libro
sica
la

De

Praedestinatione

el

enlace de la metafíel

de Escoto Eriúgena con su teología, y defiende

principio de
la

multiplicidad

y de

la

variedad de los efectos naturales contra

absorción unitaria predicada por su adversario
El neoplatonismo crudo no tiene en
tante que Juan Escoto, cuyo
la

Escolástica

más represenlue-

nombre y opiniones cayeron muy

go en

olvido; pero las manifestaciones del realismo son numerosas,

y en

todas, cuál más, cuál menos, se discierne algún elemento pla-

tónico: clara

y descubiertamente en

la

glosa de Remigio de
(l);

Auxe-

rre (siglo ix), sobre el libro

de Marciano Capella

con tendencias

eclécticas en Gerberto (2), discípulo de nuestras escuelas de Cataluña,

y que parecía haber heredado

algo de la aspiración armónica

del pensamiento español, puesto que en pleno siglo

x

trata

nada
el

menos que de poner de acuerdo
Thneo, coronando

el libro

de

las

Categorías con
la tesis

la dialéctica peripatética

con

de los uni-

versales ante rem, formas de las formas. Seguir las vicisitudes del

realismo en San Anselmo, y en Bernardo de Chartres [perfectissi-

(i)

Est autem miindas aeternus
in
el

et intellectualis

Ule videlicet, primor dialis

causa quae
(2)

mente Dei semper fuil, qiiam Ptato ideam vocat.
tratado

En

De

rationali et ratione
\'<'"=

titi.

(Vid. Hauréau: Hisioire de la

Phüosophie Scliolastique,
casi

partie, 1872, pág. 213). El tratado

de Gerberto,

ignorado ó desdeñado por sus antiguos biógrafos, ha tenido dos edicio-

nes modernas. El pasaje siguiente es curioso y decisivo: «Alia sunt quidem

rerum formas,

vel ut ita dixerim, formae formarum, alia actas, alia sunt quae-

dam poiestates...
et species,

Aliter enim rationale, vel, ut universalius dicamus, aliter genera

di/erentiae et accidentia in intellectibitibus considerantur, aliter in

intetligibilibus, aliler in

naturalibusi (cap.

11).

Vid. B. Pez: Thcsaunis Noviss. Anecdot.,

tomo

i,

parte

11,

pág. 149.

LA filosofía platónica EN ESPAÑA

33

mus

Ínter platónicos).,
la

en Guillermo de Champeaux, en Adelardo de

Bath y en

escuela mística de

San Víctor, más ontologista y neoinspirada directamente en los

platónica que otra ninguna,

como

libros del Areopagita, nos haría penetrar
toria general
sito,

más de

lo justo

en

la his-

de

la Filosofía, sin

gran ventaja para nuestro propólas corrientes escolásticas del

puesto que, apartada España de

centro de Europa por causas históricas bien sabidas, no daba entonces muestras de su vitalidad filosófica en
sino en las escuelas árabes
las

escuelas cristianas,

y

judías.

Durante

los siglos xi

y no

otra es

la

verdadera

filosofía

española,

y

á ella

y xii, esa debemos dirimás

girnos en busca de reminiscencias platónicas, y ciertamente

copiosas que

las

que puede ofrecernos
si

la

Escolástica.
la filosofía

Ante todo, hay que advertir que,

bien

de Platón no
la

alcanzó nunca entre los árabes la boga

y

el

prestigio

que tuvo

en-

ciclopedia aristotélica, no por eso dejaron de conocer en su lengua

algunos de los principales diálogos, y lograron noticia bastante
exacta de los restantes
(l).

Las obras predilectas de los traductores,
el

entre los cuales figura en primera línea

célebre Honein ben Isaac,

fueron la Repitblíca, las Leyes y

el

Timeo: con menos seguridad se
del Sofista, sin contar varios essalidos, á

mencionan versiones
critos apócrifos

del Gritón

y

de Medicina, Aritmética y Geometría,

no

dudarlo, de las infatigables oficinas de Alejandría. Consta también

que Plotino fué traducido

al siriaco,

más fundamentales de
haber sido
Aristóteles,

Porfirio
al

misma lengua y también

y que algunos tratados de los y de Jámblico habían pasado á la árabe. Pero mucho más leídas parecen
de Proclo;
las
la

la Institución teológica,

llamada Teología de

no conforme en nada con
lleva,

enseñanzas del filósofo
los tra-

cuyo nombre

pero

con

las del

grupo neoplatónico;

tados herméticos (2)

y

otro libro apócrifo atribuido á Empédocles.

(i)

Vid. sobre este punto de las traducciones,

la

Hisioirc de la Médcchíe

árabe, del Dr. Leclerc,
(2)

tomo

i,

págs. 191 y siguientes. (París 1876.)

O

sean los atribuidos

al

mitológico personaje
la

Kermes

Trismegistro.

Admítese hoy generalmente, siguiendo

opinión de Creuzer en su Simbóli-

ca, que estos rituales y formularios de iniciación, conocidos con el título de Potmander, pertenecieron á alguna de las infinitas asociaciones secretas en

que se subdividió
Mbhésdez r

el

sincretismo greco-oriental, y ofrecen una extraña mez3

'Sl¿L.l.\o.— Ensayos de critica filasóficu,

34

ENSAYOS DE CRITICA FILOSÓFICA

Como
ría

ha observado
filosofía

muy

bien JMunk

y ha

repetido Dugat

(l), el

nombre de

árabe es enteramente inexacto: más propio se-

decir filosofía musulmana, puesto que la

mayor

parte de estos
ni

pensadores son de origen persa ó español. Por otra parte,
filosofía era

esa

más que una derivación
las últimas

veces

muy

original en los

detalles)

de

evoluciones del pensamiento griego, ni llegó
el

á echar nunca raíces en

suelo calcinado del islamismo; teniendo
el

que sucumbir

muy

pronto bajo
el

anatema de

los teólogos,

ayuda-

dos en España por

hierro

y

el

fuego de los Almorávides y de los
el

Almohades, que prohibieron por edictos

estudio de

la filosofía

y arrojaron á
Esta

las llamas cuantos libros

de ciencia tan perniciosa pu-

dieron haber á las manos.
filosolía,

pues, cuyas glorias mayores se compendian, por lo
los

que hace á Oriente, en

nombres de Alkendi,

Alfarabi, Algazali

y

el

gran A\icena,

y por

lo

tocante á España, en otros tres no me-

nos memorables, Avempace, Tofáil
lástica,

y Averroes,

es,

como

la

Esco-

un organismo peripatético, penetrado y saturado de ideas neoplatónicas, sin el contrapeso que el teísmo cristiano acertó á
poner siempre á
occidentales.
los descarríos

de

los

más temerarios pensadores
filosofía es, sin

Lo más

original

de esta

duda,
el

la aspi-

ración (mística por su término, pero racionalista por

procedi-

miento que para llegar á

él

se emplea) á la unión ó conjunción del

alma con

el

entendimiento agente, pasando por los grados interme-

dios del entendimiento en efecto

y

del entendimiento adquirido.

En
y
la

esta conjunción residen la inmortalidad, la perfecta sabiduría
beatitud; siendo el entendimiento agente
luz

y separado

á

modo

de una

que difunde sus rayos por todo
la

lo inteligible,

suscitando en todo

objeto los colores de

intelección.
el

La

terminología es aristotélica, pero

fondo de

la

doctrina es

totalmente alejandrino, y sólo en algunos peripatéticos del último
tiempo, discípulos de aquella escuela
cla

y más

influidos por las ense-

de conceptos pitagóricos y platónicos con vestigios de la antigua religión Su antigüedad no parece grande, puesto que arguyen el conocimiento de la gnosís cristiana en alto grado de desarrollo.
egipcia.
(i)

Histotre des phihsophes et des ihéologUns musulmans... París, 1S7S, pá19.

gina

LA filosofía platónica EN ESPAÑA ñanzas de Proclo y de Damascio que por
-sólo
las del hijo

35

de Nicómaco,

en Temistio y en Philopono pueden encontrarse gérmenes de

€Sta doctrina, cuyo desarrollo se debe indiscutiblemente á los ára-

bes y es

la

mayor novedad que
le

trajo á las escuelas el averroismo.

Pero aunque Averroes, por ser
filósofos

el

último en fecha entre los grandes

de lengua arábiga,

haya dado su nombre, no fué en esta

parte sino heredero
á Alfarabi
el

y continuador de una tradición que se remonta y que había sido expuesta metódicamente por Avicena,
el

Aristóteles del islamismo,

organizador de

la

enciclopedia

filo-

sófica entre los libros suyos

musulmanes. Desgraciadamente nos
luz podían

faltan aquellos
el

que más

darnos sobre sus relaciones con

-misticismo alejandrino.

Con

los

nombres de

Filosofía Oriental

y de

Filosofía Celeste, parece haber existido entre los árabes

una especie
raros, aun-

de doctrina esotérica ú

oculta,

cuyos monumentos son

que todavía nos queda uno singularísimo por su forma, y debido á autor español, la novela de Abubeker ben Tofail, llamada en la
traducción latina de Pococke Philosophus autodidactas. Pero ya

mucho

antes de escribirse esta novela, que pertenece a
XII,'

la

mitad

del siglo

había llegado á España esa filosofía secretísima, pro-

fesada en misteriosos conciliábulos de Persia, verdaderas sectas de

iluminados, á las cuales parece haber pertenecido

el

cordobés

Aben

Mesarra, que en

el siglo

x

trajo á

España

los libros del

Falso

Em-

pédocles, donde, con vagas reminiscencias de la verdadera doctrina

de este

filósofo

acerca del amor

y

el

odio, se exponía sin ambajes

el sistema

de

la

forma universal que se desarrolla en larga cadena

de emanaciones. Tal doctrina encontró
tajadísimo intérprete en uno de los

muy

pronto

(siglo xi)

aven-

más eminentes

filósofos é inspi-

rados poetas que
birol (de
te

la

raza hebrea ha producido, en

Salomón ben Galibro

Málaga ó de Zaragoza), autor del célebre
líricas,

de

la

Fuen*

de la Vida, y de algunas poesías
le

ya himnos, ya

elegías,

que

colocan, lo

mismo que

á su compatriota el toledano Judá

Leví, en puesto superior á todos los líricos que florecieron desde

Prudencio hasta Dante. Su gloria de poeta, aunque limitada

al re-

cinto de la Sinagoga, no se ha obscurecido jamás, puesto que

hoy
día

mismo

sus cantos, henchidos de grandeza,

y especialmente

su sobeel

rano poema

La

Corona Real {Keter Malchut), se repiten en

36

ENSAYOS D£ CRÍTICA FILOSÓFICA
(l);

de Kipur y figuran en todos los libros de rezo judaico descubrimiento de nuestros días, debido al benemérito

pero

es-

orientalista-

Munk

(2), el

de

la

identidad del poeta religioso tan venerado déapellidado por algunos
el

los suyos,

con

el filósofo panteísta,

Espi-

nosa de
en
el

los

tiempos medios, autor del

Makor Hayhn, y conocido

las escuelas cristianas

por

cual

le

citan bastante á
la

el extraño nombre de Avicebrón, con menudo Alberto el Magno y Santo To-

más de Aquino. Por
cebrón pertenece á
el

lengua usada en sus obras

filosóficas,

Avi-

la historia

fondo de su cultura;

y también por pero no hay pensador musulmán que ni rela filosofía

de

árabe,

motamente pueda compararse con
de
la

este filósofo judío, ni en la fuerza

especulación, ni en
la

el

arranque metafísico.
la

No

nos detendre-

mos en

poética exposición de
el

cosmología peripatético-alejan-

drina que se contiene en

Keter Malchut: para nuestro objeto,,

mucha más importancia tiene la Fuente de la Vida. En toda la filosofía de la Edad Media no hay monumento neoplatónico de tan singular importancia. Porque neoplatónico es el fondo del pensamiento

de Avicebrón, en términos

tales,

que

la

doctrina del filósofo he-

braico-hispano se confundiría totalmente con la de Plotino
Proclo,
si

el autor,

atento á salvar de algún

modo

el

y la de dogma de la
con
la tesis

creación, no sustituyese la

unidad de
la cual,

los alejandrinos

de

la

voluntad

divina.,
la

de

por

libre decreto,

emanaron

!a

forma universal y

materia universal. Los términos materia y forma-

son esencialmente

aristotélicos,

pero
el

Aben

Gabirol los toma

como
usa-

hipostases alejandrinas,

y emplea

mismo procedimiento que
lo

ban

los filósofos

de aquella escuela para descender de

uno y simsistema

ple á lo múltiple

y compuesto, mediante una
las cuales figuran, lo

serie

y cadena de
el

emanaciones, entre

mismo que en
el

de Gabirol,

el

entendimiento universal y

alma universal. Es mas-

que dudoso,

es inverisímil, que, á pesar

de tantas coincidencias (á

las cuales todavía

puede

atíadirse la idea del

mundo

inteligible,

que

(1^

Vid. Sachs (Michael): Die Religiosc Poesie der Jiiden

i>i

Spanien, Ber-

lín, 1845.

— Geiger (Abraham): Salomo

Gabirol wtd seine Dichiun^eii, Leipzig^

1867.
(2)

Munk: Mélanges

de PhilosophU Juive et Árabe, París, ¡Ssg.

LA filosofía platónica EN ESPAÑA
«es

37

como

Aben

arquetipo y paradigma del mundo inferior y sensible), Gabirol conociera directamente las obras de Plotino ni las de

Precio; pero de sus ideas no se le escapó ninguna esencial,

merced

á los libros apócrifos atribuidos á Empédocles, á Pitágoras, á Platón

y

á Aristóteles. Sin

el

auxilio

de estas compilaciones místicas, de

estos libros de sociedad secreta á que antes aludíamos (l),

¿cómo
voz

explicar ciertos lugares de nuestro filósofo judío, que coinciden manifiestamente con otros de las Encadas? ¿Quién no cree oir
•de
la

Plotino en este elocuentísimo pasaje de la Fuente de la Vida?
las

«Si quieres imaginar

sustancias simples

y

el

modo cómo

tu esen-

cia

las

penetra y contiene, es necesario que eleves tu perísamiento
último ser inteligible; que te limpies y purifiques de
las
la in-

hasta

el

mundicia de
naturaleza,

cosas sensibles; que te desates de los lazos de la
llegues,

y que

por

la

fuerza de tu inteligencia,
la

al

límite

€xtensi\-o de lo que te sea posible alcanzar de

realidad de la susasí,

tancia inteligible, hasta que te despojes, por decirlo tancia sensible,

de

la sus-

como si nunca la hubieras conocido. Entonces tu ser abrazará todo el mundo corpóreo, y le pondrás en uno de los rincones de tu alma, entendiendo cuan pequeña cosa sea el mundo sensible al lado del mundo inteligible. Entonces las sustancias
y
las

espirituales se revelarán y manifestarán ante tus ojos,

verás

•alrededor de
-cia.

ti

y debajo de

ti,

y

te

parecerá que son tu propia esenellas,

Y

á veces creerás

que eres una porción de

porque

esta-

rás ligado á las sustancias corpóreas, otras veces creerás

que eres

enteramente idéntico con
esencia estará unida á
la

ellas, sin diferencia

alguna, porque tu
ellas.

suya y tu form^ á
la

la

de

Y

si

ascien-

des á los últimos grados de

sustancia inteligible, te parecerán los
el

cuerpos sensibles pequeños é insignificantes, y verás
tero corpóreo nadando en ellos,
jaros en
el aire.» la

mundo
los

enpá-

como

los

peces en

el

mar ó

El sincretismo alejandrino había intentado

conciliación de Pla-

(i)

Entre estos libros descuella
al latía

la

llamada Teología de

Aristóteles,

que fué

traducida

en

el siglo xvi:

Sapientissimi philosophi Aristotelis Stagiriiae

Tkeologia sive Mysiica Pliüosophia secunditm Aegipiios, noviier reperta et in la-

iiuum castigatissime redacta. (Roma,

1519.)

38

ENSAYOS DE CRITICA FILOSÓFICA
el

ton y de Aristóteles: esta misma concordia fué
Gabirol,

sueño de Aben-

como de

casi todos los

grandes metafísicos de nuestra raza.

En su sistema, la forma universal es la impresión ó sigilación de lo Uno Verdadero, y esi-a^ forma universal es la que constituye la esencia

de

la

generalidad de

las especies,

ó lo que es lo mismo, de
las

!a

especie general

que da á cada una de

especies particulares su

propia esencia, porque en su idea están contenidas las especies todas. Idea ó forma universal son, pues,

conceptos idénticos entre

si

é idénticos á la unidad segunda, especie de las especies y razón de

todas las formas parciales.

La voz de
piedad y

Gabirol no tuvo eco entre los judíos.

Su acendrada
la

la belleza

de sus cantos religiosos

le

salvaron quizá de

proscripción y del anatema; pero salvo algún cabalista, nadie

le si-

guió en sus especulaciones filosóficas.

Y sabido es que
la al

la

Cabala (1),

aunque haya vivido tolerada dentro de
de

Sinagoga, es una especie
espíritu

de gnosticismo judaico, abiertamente contrario
la letra las

y aun á

Sagradas Escrituras, y debe considerarse como una
las ideas alejandrinas

nueva y singular manifestación de
ción,

de

if'radia-

emanación y mundo arquetipo. Aparte de esta influencia mis-

teriosa

y

latente, la

concepción neoplatónica fué enérgicamente
los

coma Abraham ben David, que por los filósofos peripatéticos y racionalistas como el cordobés Maimónides, que tuvo la gloria de redactar la Suma teológica y filosófica del judaismo en su famoso More Nebuchim ó Guia
rechazada, lo
el

mismo por

defensores de

la tradición bíblica,

gran poeta Judá Leví y

el sutil

controversista

de los que andan perplejos obra escrita con
,

el

declarado propósito

de reconciliar á Aristóteles con

la Biblia.

La autoridad de Maimóde Cataluña y del Medel averroísmo,

nides por una parte, á pesar de las tempestades que su libro excitó,,
al

tiempo de su aparición, en

las sinagogas

diodía de Francia;

y por
lo

otra, la influencia

cuya

vida fué tan corta entre los árabes, pero tan persistente entre los
judíos de España,

como

muestran aún en

el siglo

xv

los

nombres

(i)

Munk

y Neubauer han probado, sin dejar lugar á réplica, que
el Zo/tar,

el

más-

importante y extenso de los monumentos cabalísticos,
puesto en
el siglo xiii

fué

com-

y en España por Moisés de León.

LA FILOSOFÍA PLATÓNICA EN ESPAÑA

39

de Abraham Bibago, Joseph ben
tino,

Sem Tob
las

de Segovia y Jacob Man-

acabaron de restañar totalmente

aguas de

la

Fuente de la
la

Vida.,

que no volvieron á correr, y eso
en
los

muy

mezcladas con

co-

rriente clásica, hasta el siglo xvi,

diálogos de

León Hebreo,
filósofos

discípulo

del

Renacimiento todavía más que de

los

de

su raza.

No

es posible afirmar ni negar con seguridad
escrito primitivamente en árabe,

la

influencia

que

el
le

Makor Hayim,

aunque hoy sólo

conozcamos en hebreo y en latín (l), pudo ejercer en el pensamiento de Aben-Bageh, de Aben Tofail y de Averroes, que, según parece,

no

le

mencionan en parte alguna. Pero de todos modos,

la

prioridad histórica de Gabirol es incontestable, é incontestable tam-

bién

la

semejanza de sus doctrinas con
la

lo

más místico y más
Solitario
es

alejan-

drino que en

epístola del

Régimen del

y en

la

fábula de sino

Hay
que

ben yokdan puede encontrarse.
se explica

No

mera coincidencia,

con plena

luz

por

el

empleo de unas mismas

fuentes,

es decir,

de

los libros mistagógicos

cionados.

Aun

siendo verdad,

como Renán

y esotéricos tantas veces mensostiene en su Ave-

rroes (2), que Plotino fué desconocido de los musulmanes, habrá

(i)

La versión

latina
el

de Domingo Gundisalvü y Juan Hispalense, mucho

más completa que
profesor de
la

extracto hebreo de

Sem Tob

Falaquera, se está publi-

cando actualmente en Münster, por diligencia del Dr. Clemente Baeumker,
Universidad de Breslau, formando parte de
la

colección titulada

Beitráge zur Geschichte der PlUlosophie des Mittelalters {Avicebronis {Ibn Gebirol)

Fons vHae ex arábico in latinum translaius ab lohawie Hispano

el

Dominico

Gundissalino.

Ex

codicibus Parísinis, Amploniano, Columbino primum edidit Cle-

mens Baeumker. Monasterii, 1892, formis Aschendorffianis). No ha aparecido hasta ahora más que el primer fascículo (*): la edición es esmeradísima. Ha de
advertirse que el códice de
la

biblioteca

de

la

catedral de Sevilla, descrito
la

por mí en
librería

1879,

que Baeumker llama Colombino, no ha pertenecido nunca á
al

de D. Fernando Colón, en cuyos registros no consta, sino
la biblioteca

fondo

primitivo de
lensis.

del Cabildo.
(**).

Debe

llamársele, pues, codex Hispa-

(Nota de esta edición.)
Averroes et

(2)

V Avérroisme,

essai hisiorique, 2.^ edición, 1861, pág. 99.

(*)

Hoy
De

está completa la publicación, y
la edición

forma un tomo de x.xiv

x

558 págs. en 4."

(A. B.)
(**)

de 1S92. (A.

B.)

40

ENSAYOS DE CRITICA FILOSÓFICA
el

que convenir con

mismo

orientalista,

en que nada hay más seme-

jante á las Encadas que algunas páginas de

Avempace,

así

como

ciertos pasajes del Autodidacto parecen literalmente traducidos de
Járablico.

La doctrina de ambos
es

filósofos

musulmanes,
el

el

zaragozano
misticis-

y

el

guadixeño, merece con toda propiedad
si

nombre de

mo
con

racionalista,

que no parece violenta

la

unión de estas palaunión
la

bras; puesto
el

que uno y otro aspiran á de

la perfecta gnosis, á la
la

entendimiento agente, mediante

especulación racional,

ciencia

y

el desarrollo

las facultades intelectuales. Si el

fondo de

esta filosofía es

mucho más
merced á

indio

que griego, no

lo es

por deriva-

ción directa, sino
te,

los lejanos efluvios del

extremo Orienpurísimo de

que en Alejandría alteraron tan gravemente

el tipo

la

especulación helénica. ¿Qué cosa más alejada del ideal ateniense
la

que

concepción del gnóstico, ó

la

del filósofo solitario

y peregrino,

cuya utopía nos presentan Avempace y Tofail? El dogma socrático
jamás se
div'orció

de

la vida, al

paso que

el

iluminismo alejandrino

y el de sus discípulos árabes es la negación misma de ella. Parece que el Solitario de Avempace vive todavía en el mundo; pero en
realidad es ciudadano de una república ideal

y más

perfecta: su

misión es aislarse de los hombres hylicos ó materiales,
los

y

unirse con

que aspiran

á las formas inteligibles, á las formas especulativas

que tienen en

mismas su entelequia. Estas formas pueden

ser las

ideas platónicas, pero serán ideas estériles sin participación ni co-

municación. Cuando
ellas, al
te,

el Solitario llegue

á

la

más

alta

y pura de

todas

entendimiento adquirido, emanación del entendimiento agenel

y comprenda en todo

resplandor de su esencia

las inteligenellas,

cias simples

y

las sustancias separadas, será
él

como una de

y

podrá decirse de
no, exento

con

justicia

que

es

un ser absolutamente

divi-

y desnudo no

sólo de las cualidades imperfectas de lo

corpóreo, no sólo de las formas particulares de lo espiritual, sino de
las

mismas formas universales de
la

la espiritualidad.

Esta concepción, ya tan extraordinariamente idealista, recibe los
últimos toques en

extrañísima fantasía ó novela psicológica de
aislar al Solitario

Abubeker

(Tofail),

que comienza por

de toda co-

municación con seres humanos, haciéndole construir por su propio
individual esfuerzo toda su ciencia, y acaba por precipitarle en los

1

LA filosofía platónica EN ESPAÑA
abismos del éxtasis y de
vimiento circular,
tario después
al
la

4
el

contemplación, lograda mediante

moSoli-

cual grosero ejercicio debe entregarse

el

de repetidas abluciones, fumigaciones y sahumerios de toda inmundicia
física.

que
firio,

le -limpien

Entonces, cual otro Por-

haciendo saltar de su pedestal á Eros y Anteros; cual otro
los

Jámblico evocando

genios de

la

fuente de Egadara, llega Tofail,

aunque por medios menos poéticos, menos cómodos y menos limpios, á abstraerse de su propia esencia y de todas las demás esencias,

vivo

y

y á no contemplar otra cosa en la naturaleza sino lo uno, lo lo permanente; y al volver en sí de aquella especie de em-

briaguez, á

un tiempo material y
la

metafísica, saca por término

de sus

contemplaciones
particular. El
rol,

negación de su propia esencia y de toda esencia

panteísmo de Tofail no está templado, como en Gabini

por ninguna reminiscencia monoteísta,

contrabalanceado por
las

ninguna tendencia armónica; no se expresa tampoco con
atenuaciones y obscuridades con que

mil

Avempace y Avicena
con

velaron
los

pensamientos bastante análogos. El

libro

de Tofail, escrito para

iniciados, arranca todos los velos é ilumina

siniestra luz el fon-

do de

la filosofía

oriental. Para el Solitario

no hay más esencia que

la esencia

de

alcanzar

la

verdad increada, potente y gloriosa: el que llega á ciencia, ó sea la intuición racional de la esencia primera,
la

alcanza

la

esencia misma, sin que entre

el ser

y

el

entender haya

diferencia alguna. Sólo en apariencia
existir
teria:

y á

los ojos del

vulgo puede
la

variedad y multiplicidad en las esencias separadas de
el

ma-

filósofo

las

ve

como formando en

su entendimiento un

concepto y noción única que corresponde á una esencia única
también.
El espíritu positivo de Averroes no podía complacerse en tales
fantasmagorías intuitivas y unitarias; pero toda su sobriedad científica,

toda su prudencia mundana, toda su adoración por Aristóteles,
sal-

todo su fanatismo peripatético (mejor diríamos), no bastaron á
varle del contagio alejandrino

toda aquella

filosofía.

y Sólo que

teosófico
el

que llevaba en sus venas
él

panteísmo tomó en

una forma

nada mística, convirtiéndose en una especie de monopsiquismo ó de
panteísmo ideológico, basado en
la

unidad del intelecto, ó sea en

la

razón impersonal y objetiva. Fuera de esto, y aun en esto mismo.

42

ENSAYOS DE CRITICA FILOSÓFICA
la historia

Averroes pertenece á

del Peripato

y de

la

Escolástica,

y

de ningún modo á

la historia del

platonismo

ni del

neoplatonismo,

por más que parafraseara de un
Platón
(l),

modo muy
los

singular la República

de

desfigurándola con mil absurdas interpretaciones, nacidas

del absoluto desconocimiento

que

árabes tuvieron de

la civiliza-

ción clásica en su parte

debía resultar
tar técnica
ciencia,

más íntima y sustancial: ignorancia que todavía más intolerable cuando se trataba de comen-

una novela

y pedantescamente una obra de arte más bien que de filosófica en cuya composición intervinieron las

Gracias todavía

más que

las

Musas.

Hay en

esta paráfrasis de

Ave-

rroes indicaciones históricas de gran precio: hay opiniones propias
del comentador,

muy dignas

de tenerse en cuenta, especialmente su
las cuales

enérgica reivindicación de los derechos de las mujeres, á
declara aptas para la guerra, para
cultivo de la filosofía
los
el

gobierno de

la

república, para el

y de todas

las artes, si

bien en grado

menor que

hombres; pero para convencerse de que Averroes no entendía
sola palabra del texto

una
la

que iba explanando, baste recordar que
la

vida

nómada de

los

árabes antes del Islam,
fiel

vida del camello

y de

la tienda, le

parecía un trasunto

de

la

república ideal pla-

tónica.

Buscar entre

los árabes

averroísmo posterior á Averroes, parece

intento casi excusado: apenas podrían citarse,
dío, las respuestas
tas filosóficas del

como

fruto
las

muy

tar-

de Aben-Sabin,

filósofo

murciano, á

pregun-

emperador Federico
la

II (2),

célebre por su incre-

dulidad notoria y por á
la

singular protección que concedió en Sicilia

ciencia de hebreos

y musulmanes. Las persecuciones de
la

los

almohades extinguieron totalmente

filosofía

arábiga,

y

sólo los

judíos por una parte, y los cristianos por otra, recogieron la herencia.

Existe, pues, verdadero averroísmo judaico,
el

que dejó su huella
el siglo xvii,

hasta en

pensamiento de Maimónides; y existió hasta

(.1)

Tert'ium

Volumen Arisiotelis Stagii ilae. Libri Moralem totam PhilosoCordubensis in Moralia Nicomachia exposiVenetiis,

phiam

complecteníes, cuní Averrois

tione et in Platonis libros de República Paraphrasi...

apnd Juntas. Pá-

ginas 174 á 192.
(2)

Publicadas por Amari en

el

Journal Asiatique (Febrero y Mai'zo

de

1853).

LA FILOSOFU PLATÓNICA EN ESPAÑA

4J
(l),

en

las escuelas cristianas, otra
la

manera de averroísmo heterodoxo

que simplificando
reducida á
la

doctrina del comentador cordobés hasta dejarla
panteísta del entendimiento uno, á la teoría

la teoría la

de

eternidad de

materia

y

á

la

negación de

la

inmortalidad del

alma individual, se convirtió en bandera de incredulidad y de materialismo,

y aun después de vencido y
el INIagno,

arrollado por los gloriosos

esfuerzos de Alberto

de Santo Tomás, de Fr.
la

Ramón
escuela

Martí y de Raimundo Lulio, persistió obscuramente en

de Padua, siendo Cremonini su último representante.
Pero antes de esta invasión del averroísmo en
las escuelas

de la

Edad Media, había penetrado en

ellas la ciencia

semítico-hispana

mediante una serie de traducciones y comentos, algunos de los
cuales (2) parecen remontarse á la mitad del siglo
xi, si

bien

el

ma-

(i)

rroes influye

Aparte de este averroísmo manifiesto y declarado, la doctrina de Avemucho en la psicología escolástica de los siglos xrv y xv, espe-

cialmente en los escotistas,
ciones y datos

como ha demostrado extensamente, con observael

muy

nuevos,

profesor de Viena, Carlos Werner, en su diserin der ChristUch-Peripatetischen Psychologie

tación intitulada

Der Averroismus

des Spaieren Miitdalters. (Viena, 1881.)
{2)

Tales son los de Constantino Africano,
ellos tradujo libros

Hermann

Contracto, etc.,

pero

ninguno de

de

filosofía,

sino de medicina y astronomía.

En cuanto

á

las

traducciones

filosóficas, la

prioridad es indisputablemente

del arzobispo D. Raimundo,

como lo reconocen
en

autoridades nada sospechosas.

«La introducción de

los textos árabes

los estudios occidentales (ha

dicho

Renán en su Averroes, pág. 201) divide la historia científica y filosófica de la Edad Media en dos épocas enteramente distintas. El honor de esta tentativa,
que había de tener tan decisivo influjo en la suerte de Europa, corresponde á Raimundo, arzobispo de Toledo y gran canciller de Castilla.» «El beneficio
del arzobispo D.

Raimundo (añade Hauréau,
eterna. >
11,

Hist. de la Phil. Scholast.,

página 55) es de los que se deben grabar en bronce: acaso no hay otro
sea

tomo 11, que

más digno de memoria
las

«AD. Raimundo
el

(escribe el Dr. Leclerc,

Hist.de la Méd. Árabe, tomo

pág. 337} pertenece
al latín

honor de haber provo-

cado
tiva,

en su ciudad episcopal, y esta iniciaque fué conocida en Europa más ó menos pronto, puede ser considetraducciones del árabe

rada

como

el faro

que hizo correr á Toledo sabios de todos
xii,

los

puntos del

horizonte, no sólo en el siglo

sino en

necesario de los trabajos de Alfonso el
tísimo episodio científico de
la

y como el antecedente Sabio.» La historia de este importane)

siglo xui;

Edad Media empieza á

ser conocida

en todos

sus pormenores, honrosísimos para la cultura española. El primero que llamó

44

ENSAYOS DE CRITICA FILOSÓFICA
los

yor número de estos trabajos, y
filosófico,

más importantes bajo
el

el

aspecto

pertenecen

al

reinado de Alfonso VII

emperador, y

salieron del célebre colegio de traductores toledanos, protegido
el

por

arzobispo D. Raimundo, que ocupó aquella Sede Metropolitana
1 1

desde
tores

30 hasta

1 1

50.

Sabidos son los nombres de los dos traductal

de quienes se valió para

empeño, y por cuya
el

diligencia se

hicieron familiares á los escolásticos las obras de Avicena
gazel, la

y de Al-

Fuente de

la

Vida, de Avicebrón, y

famoso libro

De
los

Causis, que no venía á ser otra cosa que un extracto de
ción Teológica de Proclo.

la Institu-

De

este

modo, y á un mismo tiempo,

dos famosos intérpretes Juan Hispalense y Domingo Gundisalvo ó
González (Dominicus Gundisalvi), arcediano de Segovia, lanzaban

en

la

corriente científica los principales

monumentos

del peripatelas

tismo arábigo, ya ohúdado entre los árabes mismos, y

obras

más

acentuadas de

la teoría

neoplatónica, entre las cuales, por su breve-

dad y por la forma de teoremas, obtuvo singular boga el libro De Causis, que resumía en breve espacio las conclusiones del más absoluto realismo. Juan Hispalense dedicó la fuerzos á
la

mayor parte de

sus esel

versión de obras astronómicas

y matemáticas; pero

segoviano Gundisalvo, personaje de capital importancia en
ria

la histo-

de

la filosofía

de

la

Edad Media, por más que

hasta ahora la forel

tuna haya sido ingrata con su recuerdo, no se limitó á traducir

la

atención sobre el grupo de traductores toledanos fué A. Jourdain (á quien
libro bastante flojo sobre
les anciennes

no ha de confundirse con un hijo suyo, autor de un la filosofía de Santo Tomás) en sus Reclterches sur
latines d\Arísíoie (París, 1843),

traductions

memoria excelente y

llena

de sólida erudición,
las varias

aunque ya en algunas partes incompleta y anticuada. Añadieron nuevos datos, é hicieron

importantes rectificaciones, H. Ritter en
cristiana;

ediciones

de su Historia de la filosofía

Munk, Hauréau, Renán y

el

Dr. Luciano

Leclerc en sus trabajos ya citados.

Yo mismo

añadí algunas cosas en mi Hisi,

toria de los Heterodoxos Españoles (18S0),

tomo

lib. in,

cap.

i,

y publiqué por

primera vez
-Casi

el

importantísimo tratado de Gundisalvo

De

Processione Mundi.
la

simultáneamente, Hauréau, en una Memoria leída en
I' Instituí

Academia de

Inscripciones y Bellas Letras (Mémoires de

National de France, Aca-

démie des Iiiscriptions

et Selles Lettres,
la

tome vingt-neuviéme, París, 1879), reivin-

dicó para Gundisalvo

paternidad del Liber de Unitate. [Cons. A. Bonilla:
i.

Historia de la Filosofía española, tomo

(A. B.)]

LA filosofía platónica EN ESPAÑA

45

pensamiento de

las escuelas

árabes

y

judías de España, sino que,
el

volando con alas propias, aunque inspirado siempre por

Makor

Hayim, que
fico

él

había traducido, demostró verdadero talento filosóel

en los tres tratados originales suyos que hasta
el

presente co-

nocemos:
el

De

Inmortalitate Animae,

el

De

Processioue

Mundi y

Liber de Unitate, fuente principal de los errores que motivaron la

condenación de David de Diñan. B. Hauréau ha demostrado plenamente, en una Memoria leída años hace en
el Instituto

de Francia,
fuente

que
de

el

Libellus Alexandri citado por Alberto el

Magno como

las herejías panteístas

de David de Diñan, no es obra de Alejandro
filósofo griego, ni

de Afrodisia,
rabi, ni

ni

de ningún otro
ni

tampoco de Alfa«de un clerícus

de Algazali,

de ningún

filósofo árabe, sino

de España
primero en

muy
la

versado en ciertas doctrinas que fueron profesadas

escuela de Alejandría

y luego en

la

de Bagdad, y que

tenía estas doctrinas temerarias por la última palabra de la filosofía

especulativa»,

el

cual compilador (según el códice

número 86 de

la

biblioteca del colegio de
el

Corpus Christi de Oxford) no fué otro que

arcediano de Segovia,

Domingo Gundisalvi{l).

El descubrimiento

es importante, porque unido á otros indicios, arroja extraordinaria
luz sobre los orígenes

de aquella explosión pqnteísta de principios
los

del siglo

XIII,

que ha sido hasta hoy uno de
la historia

mayores enigmas

que presentaba

de
el

la Escolástica.

Y al ver la corruptela del
al

nombre de Gundisalvo en
raria presunción la

de Alejandro, quizá no parezca temearcediano de Segovia

que identifique también

con aquel misterioso Maiiritius Hispamis, cuyas doctrinas aparecen
condenadas en París en 12 1 5 por
juntamente con
Diñan.
los libros
el

legado Roberto de Courgon,

de Amalrico de Chartres y de David de en

Poco esfuerzo

se necesitaba para encontrar

el

Libellus

Alexan-

(i)

El Libellus de Unitate acaba de ser publicado y ampliamente ilustrado
Dr. Pablo Correns en los ya citados Beitrage zur Geschichte der Philo-

por

el

sophie des Mittelalters (Die des Dominicus Gundisalvi

dem Bodhius fdls:hlich zugerschriebene Abhandlung
Unitate. Herausgegehcn

De

undphilosophiegeschichtlich
(*).

behandelt von Dr. Paul Correns. Münster, 1891). (Nota de esta edición.)

(*)

De

la edición

de 1892. (A.

B.)

^.6

ENSAYOS DE CRÍTICA FILOSÓFICA
el

dri

principio de

la

unidad de sustancia. Nada iguala á

la

fransive

queza de SUS declaraciones monistas: «Sive enim

sit simplex,

composita, sive spiritualis, sive corpórea, res unitate

una

est.-»

El

principio de toda sustancia corpórea ó incorpórea es la unidad;

pero esta unidad no excluye

la

composición de materia y forma.
la

En

la

unidad primera, absolutamente simple,
la

materia y

la

forma

son idénticas. Pero en
arquetipas,

unidad segunda, en

el la

mundo de

las ideas

y en

la

unidad tercera, ó sea en
la

sustancia de nuestro

mundo
¡a

corpóreo, aunque

materia permanezca una é indivisa, nace
la

diferenciación merced al concepto de

forma

(i).

Hay, pues, en

el

sistema de Gundisalvo un dualismo formal y un panteísmo sus-

tancial,
la

que aniquila ese dualismo y

le

hace perderse en

el

seno de

unidad primitiva, en cuya esencia no cabe

la distinción
la

de matevoluntad

ria

y forma. Aben
de

Gabirol, mediante su doctrina de
la

activa, creadora

materia y de

la

forma, había procurado sal-

var del naufragio la personalidad de Dios

y

el

dogma de la

creación:

con

y otra. Más atenuadas se presentan estas ideas en el De Proccssione Mundi, donde el autor admite resueltamente la creación ex nihilo, pero no
la la materia y de la forma, de donde proceden todas las demás cosas por composición y generación; y procura interpretar

doctrina del libro de Unitate son incompatibles una

en tiempo, de

á su

modo
allí

el

primer capítulo del Génesis, torciéndole á su sentido

avicebronista,
está

y

sólo en apariencia peripatético.

La creación misma
de
lo diviel

explicada

como una mera impresión ó

sigillatio

no, semejante á la impresión de la forma en el espejo.

«Y como
así

Verbo
lo

es luz inteligible
refleja la

que imprime su forma en

la

materia, todo

creado

pura y sencilla forma de

lo divino,

como
y
el

el

espejo reproduce las imágenes. Porque la Creación no es
el brotar
Iz.

más que
im-

forma de

la

sabiduría

y voluntad

del Creador,

(i)

Es

la

misma doctrina que Santo Tomás atribuye
tres: in corpóreas,

á

David de Diñan:

<D¡visU Davit res in parles
paratas.

animas

eí substaniias aeiernas se-

Et primum

indivisibih ex quo cotisíituuniur corpora, dixit yle.

autem

itidivisibile

ex quo constituuntur animae, dixit noym vel mentem.

auiem

indivisibile in substantiis aeiemis, dixit Deiim.

Et hae

tria

Primum Primum esse unum et
in

Ídem, ex quo iterum consequitur esse

omniaper esseníiam unum.y (Comm.

Mag.

Sent.

dist. 17, q.

i.)

LA FILOSOFÍA PLATÓNICA EN ESPAÑA
primirse en
las

47

imágenes materiales á semejanza del agua que mana
sola vez cita Gundisalvo á Platón, y no es directa; nuestro arcediano permaneció tan
los filósofos

de una fuente inagotable.» Una
claro

que

la cita

extraño

como todos

de

la

Edad Media
el

nuino platonismo, pero no puede negarse que
tal

al puro y geemanatismo orien-

y neoplatónico

es la verdadera raíz de su doctrina

y que

se di-

lata

con exuberante y pródiga vegetación por toda ella. Apenas podemos formarnos idea de la rapidez con que se divullos libros los

gaban

en cierto período de
xii

la

mente en

dos asombrosos siglos

y

Edad Media, y especialxiii. Dada la señal por el
y
literaria

arzobispo D. Raimundo, divulgadas

las

versiones de Gundisalvo

Juan Hispalense, creció

la

fama de Toledo como ciudad

y foco de todo saber, especialmente de

y empezaron á acudir

á ella

los misteriosos y vedados, numerosos extranjeros, sedientos de
la cris-

aquella doctrina greco- oriental que iba descubriendo ante

tiandad atónita todas sus sospechosas riquezas. «Los clérigos (decía

Elinando) van á París á estudiar

las artes

liberales; á Bolonia, los

códigos; á Salerno, los medicamentos;

á

Toledo, los Diablos,
lo

y á

nin-

guna parte
rasteros,

las

buenas costumbres.» Venían, por
noticia

común,

estos fo-

con poca ó ninguna

de

la

lengua arábiga: buscaban

algún judío ó mozárabe toledano, que, literalmente y en lengua vulgar ó en
latín

bárbaro,

les

interpretase los textos de Avicena 6
latín escolástico,

Averroes: traducíanlo ellos en

y

la

versión hecha

por

tal arte se

esparcía en innumerables copias é iba á levantar
los

tempestades en

claustros de París.

Así trabajaron, con fervor

Hermán el Dálmata, Daniel de Morlay, Gerardo de Cremona, Hermán el alemán y Miguel Escientífico superior á toda ponderación,

coto, gran privado del

escéptico emperador Federico
Italia

II,

y verda-

dero introductor del averroísmo en

y Francia.

Conocida ya totalmente

la

enciclopedia peripatética, primero por

intermedio de los árabes, y
del griego,

muy

pronto por traducciones directas

entre las cuales deben mencionarse las del dominico
el

Guillermo de Moerbeka,
idealista

pensamiento neoplatónico,

el

panteísmo
así

y

la teosofía oriental

fueron perdiendo terreno,

entre

los sectarios
el

de

la

impiedad averroísta, para quienes Aristóteles era
doctor divino y por excelencia;

único doctor,

el

como en

los

48

ENSAYOS DE CRÍTICA FILOSÓFICA
el siglo xiii

grandes maestros á quienes durante
zación

se debió la organi-

y forma

definitiva de

la

ciencia escolástica; por

más que,

como queda

dicho, en la gran síntesis de Alberto
los

Magno y de Santo
cuya proce-

Tomás, entrasen por mucho

libros areopagíticos,

dencia alejandrina es indisputable; siendo todavía más profunda
esta influencia en los místicos de la escuela franciscana,

y especial(l),

mente en
la

el seráfico

doctor San Buenaventura, cualquiera que sea
el

opinión que tengamos sobre

grado de su ontologismo

ma-

teria

hoy de interminables polémicas, que no quitarán nunca su cay en
cierto

rácter místico,

modo

platónico cristiano,

al

Itinerarium

mentís in Deuní, lectura predilecta de nuestros grandes contemplativos del siglo XVI.

El representante entre nosotros del pensamiento franciscano, es
el

iluminado Dr.

Ramón

Lull, nuestra

mayor

gloria filosófica
la

de

la

segunda Edad Aledia. Nadie más independiente de
Lulio, en cuanto á la forma de su enseñanza,
lar

tradición que

que

es siempre

popu-

y mezclada de ciencia y

arte;

pero en

el

fondo de su absoluto

realismo,

como en

todas las concepciones del

mismo orden que

la

historia nos presenta,

siempre se ve fulgurar
el solitario

la

eterna luz del pen-

samiento platónico.
leer lo

No porque

mallorquín alcanzara á
ni

que en su integridad nadie leyó antes del Renacimiento,
él

antes de

podía ser entendido, sino porque respondiendo
los

la

con-

cepción platónica á uno de

impulsos primordiales del espíritu

humano, á uno de

los

grandes modos posibles de explicación del
vivir

mundo, nunca ha dejado de
(i)

como

ideal,

aunque á veces pa-

Sobre este punto del ontologismo deben tenerse

muy

presentes los

escritos del cardenal Zigliara, especialmente su Tratado de la luz intelectual.

El autor sostiene con gran pi-ofundidad y copia de testimonios, que la luz
intelectual, lo

mismo en San Buenaventura que en Santo Tomás, no
ilustración especial

es nin-

gún género de iluminación o

que nos ponga en inmediata

relación con las ideas divinas o ejemplares increados.,

como parece

serlo en

Enrique de Gante y otros platónicos escolásticos, sino enérgicamente activa (abstractiva e iluminativa a un tiempo), que los escolásticos solían llamar
entendimiejito agente,
los árabes, sino

no en

el

sentido de inteligencia separada que le daban
la

en

el

de propiedad subjetiva, que ciertamente participa de

luz divina esencial, sin la cual seria imposible todo conocimiento, pero

que

no es

la luz

misma.

)

LA FILOSOFÍA PLATÓNICA EN ESPAÑA
rezca extinguirse

49

como

doctrina. El realismo luliano

y todo realismo
pero

de

la

Edad Media no
y
el espíritu,

es

más que una

filosofía platónica sin Platón.
la letra,

Los

realistas

los místicos

de entonces no conocían
le

adivinaban
lio,

y más que ninguno
escuela. El

adivinó

Raimundo Lu-

por

lo
el

mismo que
polvo de
la

filosofaba al aire libre,

á otros

y le pesaba menos que mismo reconoce hasta cierto punto
libro

esta filiación,

cuando nos dice en su

De
él

auditu Kabbalistico
la

que

la filosofía

de Platón es introducción necesaria á

Kábala, es

decir, á esa

Kábala ó teosofía cristiana que

enseriaba

y que

allí

mismo
rerum

define:

«Habitns animae rationalis ex recta ratione divinarum
todo
el

cognitiviis% (l). Si bien se mira,

sistema de Lulio está

contenido en germen en aquel pasaje, tan vigorosamente sintético,
del principio del Arte

Magna, en

el

cual se afirma que

el

entendi-

miento busca, requiere y apetece una sola ciencia general, aplicable
á todas las ciencias, con principios generalísimos, en los cuales esté
implícito

y contenido

el

principio de las ciencias particulares,

como

está contenido lo particular en lo universal. Esta aspiración á la
ciencia universal se

cumple en

la

escuela luliana, no por medio de

un

artificio

mecánico,

como

algunos neciamente han interpretado,
la

sino por

medio de una doctrina trascendental {punto trascendente
(2),

llama Lulio)
real y
nica.

que es á un tiempo Lógica y Metafísica, Lógica

tíO formal, y análoga, por consiguiente, á la Dialéctica plató«La idea en Dios (escribe R. LuU) es ente ú objeto eterna-

mente.

Y

esta Idea en Dios es el

mismo
tal

Dios.

La Idea en tiempo
ciencia

es semejanza de la idea eterna,
la

y

idea 6 semejanza es creada en

criatura»

(3).

No

hay, por consiguiente,

más

que

la cien-

cia

de

las

ideas, llamada

por Platón Dialéctica y por Raimundo

(

1

Raymundi

LitUii 0/>era ea qiiae

ad adinventam ab

ipso

artem universa -

lem... pcrtinent.

Argeniinae (Strasburgo), sumptibus Lazari

Zetz?teri, 1598,

pá-

gina 45.
(2)

E! punto

trascendente es instrumento del entendimiento humano, con el

qual alcanza su objeto segtin las naturalezas de las potencias inferiores, y alcanza
el objeto

supremo sobre su naturaleza (Árbol de la Ciencia de

el

muy Iluminado

Maestro Raymitndo Lulio, nuevamente traducido y explicado por... D. Alonso de Zepeda y Andrada), Bruselas, pág. xcix.
(3)
Ib--

pág- cu.
r

Menkndez

PsLAro.

Ensayos de

critica filosófica.

4

50

ENSAYOS DE CRITICA FILOSÓFICA
la

Lulio arte magna., general y última,
del pensar

cual es, á un tiempo, ciencia
lo
la

y

ciencia del ser, puesto

que en uno y otro sistema
real,

formal es prueba y fundamento de lo
realidad, ó

y de

la idea se

induce

más

bien, la idea es entidad realísima,

que hace posible

y legítimo
lio

el tránsito del

conocer

al ser.

Por eso en Teodicea, Lu-

y Sabunde y todos los lulianos admiten sin vacilar el argumento de San Anselmo, sin que valga contra ellos la acusación de paralogismo que vale contra Descartes y contra todo pensador que quiera
fundar
el

Hay

algo de pueril en suponer que San

mismo argumento sobre una base puramente psicológica. Anselmo inventó un argu-

mento, y que este argumento puede admitirse ó rechazarse aisladamente, sin tener cuenta con el sistema realista de que forma parte.

Valdrá ó no valdrá dialécticamente

la crítica

que de

él

hicieron los

antiguos conceptualistas escolásticos y luego Kant; pero á los ojos

de todo

idealista absoluto, la

prueba del ser por su idea nunca pue-

de ser un argumento
su doctrina.

aislado, sino el

fondo mismo y

la

esencia de

El carácter realista y platónico de la lógica de Lulio no se ocultó nunca á sus discípulos y comentadores más perspicaces, entre los
cuales, sin disputa,

debe ocupar

el

primer lugar
(l),

el ilustre

cisterciense
el testa-

del siglo xvui, Antonio

Raimundo Pascual
las

que redactó

mento (digámoslo

así)

de esta antigua y españolísima escuela, en su
Vindictas Lulianas. Allí se ve perfec-

obra vasta y magistral de

tamente deslindado

el

concepto trascendental del arte Luliana, que

no considera

las

cosas

meramente como

intencionales,

según hacía
la

la

lógica tradicional, ni aisla el ente real de su ¡dea,
Aristotélica; sino

como

metafísica

que levantándose sobre
la esfera

la distinción del

ente real

y del ente intencional, busca en
tales

de

los

puntos trascendenla cual, lo

una más

alta

y generalísima

intuición,

por virtud de

real

y

lo intencional

igualmente se explican y fundamentan.
la

Para desarrollar sus concepciones ontológicas, no empleó Lulio

forma del diálogo socrático, que no era de su raza
pero
(
I

ni

de su tiempo;

como

fué

hombre de ardorosísima y
Raymundi
i,

plástica imaginación,

gran

)

Vindiciae Lullianae, sive Dimonsiraíio Critica inmunitatis Doctrinae llluLulli...

tninati Docioiis B.

Avenione, 1778. 4 volúmenes en 4.° Vid.

«especialmente el

tomo

disert. 1.* in ioium.

1

LA filosofía platónica EN ESPAÑA

5

poeta en su
escribía
ficiosos

\'ida

y gran poeta en sus obras, especialmente cuando

en prosa y no encerraba su altivo pensamiento en los artiy cortesanos moldes de la agonizante métrica provenzal,
al

acudió unas veces

auxilio

de

la

representación schemdtica en for-

ma

de árboles y de círculos;
el

otras, á la parábola

y

al

apólogo, é in-

vadió más de una vez

Pero lo más exquisito,
la

lo

campo de la novela utópica y social (l). más acendrado, lo más puro de su alma,
las

quinta esencia de su espíritu, quedó en
las

efusiones místicas del

inmenso volumen de
tico

Contemplaciones y en los versículos del cánla

verdaderamente divino D¿¿ Amigo y del Amado, que es
el

joya

de más quilates que encierra
tiempo, de ciencia

tesoro luliano. Obras son éstas, á un
ellas se

y de

arte,

y en

reproduce

el

singular fe-

nómeno

que, á través de los siglos, une en su forma exterior las

manifestaciones

más diversas
Lulio,
el

del pensamiento idealista, haciendo

que en Platón, como en
ques

en Gabirol y en León Hebreo, como
artístico se

en Bruno ó en Schelling,
ni barreras,

elemento

desborde

sin di-

y convierta la filosofía en una especie de poética y deslumbradora teosofía, donde el mito, la alegoría y el símbolo
parecen
la

única vestidura digna de concepciones que ya en su orilo

gen tuvieron, por
si

menos, tanto de poéticas como de metafísicas,

es

que

la

Metafísica

y

la

Poesía no se identifican totalmente en su

aspiración ideal

y en

sus determinaciones

más

altas.

La
lla

y armónica de Lulio, y especialmente aqueaudacísima Teodicea suya que intenta probar por razones natufilosolía sintética

rales,

no ya

los

preámbulos de

la fe,

sino los
el

mismos dogmas

revela-

dos, reaparece á principios del siglo xv en
(i)

Libro de las Criaturas

El Blanguerna es una novela utópica, pero no fantástica y fuera de las

condiciones de este mundo,

como

lo

son

la

República de Piatón,
la

la

Uiopia de
la

Tomás Moro,
aun por

la

Ciudad del Sol de Campanella,

Océana de Harrington, ó

Icaria de Cabet. Al contrario, R. Lull, tenido
fanático, aparece en este libro

comúnmente por entusiasta y suyo hombre mucho más práctico y
sola

de más recto sentido que todos
edificar ciudades imaginarias.

los moralistas

No hay una

de

y políticos que se han dado á las reformas sociales, peda-

gógicas ó eclesiásticas, propuestas por R. Lulio, cuyo fondo no esté dado en alguna de las instituciones de la Edad Media y especialmente de su patria
catalana, ninguna

de

las

cuales él quiere destruir, sino avivarlas mediante la

infusión del espíritu cristiano, razonador y militante.

52

ENSAYOS DE CRÍTICA FILOSÓFICA

6 Teología natural, del barcelonés Raimundo Sabunde, célebre, entreotras cosas,

por haberle traducido y comentado á su manera Miguel
lu-

de Montaigne. La doctrina teológica y metafísica de Sabunde es
liana pura

y neta, pero con cierta originalidad, no sólo en el método, sino en la importancia que concede al procedimiento psicológico y á
la

experiencia propia, «ciencia certísima
la

nadie puede negar porque
testimonio». Por esta
cia,
fe

ve dentro de
el

y clarísima, que mismo con infalible y debe
cierta-

inquebrantable en

testimonio de concien-

superior para

él

á toda otra certidumbre, se ha contado

contarse á Sabunde entre los precursores de Descartes,

y

mente que nos parece
cuando vemos
á

leer en profecía el Discurso sobre el Método.,
la

Sabunde encarecer tanto
á

necesidad de que
si, si

el

hombre

entre en si y venga

si y habite dentro de

es

que quie-

re conocerse á

mismo

(l),

y cuando pasando más adelante quiereet

(i)

Nulla autem certior djgttüio qiiam per experitntiam

máxime per expeest iota-

rieiitiam cnjitsUbet intra seipsum

Ista scienfia nulla alia indiget scieniia.

Non enim pracsuponil Logicam ñeque Metaphysicam
et habilet intra se
sitbiilissimi.....

Quia ergo homo

liter exira se, ideo si debet videre se, necesse est qiiod iníret in se, et venial

ad

se,

(Theologia Naturalis Rayinundi de ¡¡abunde Hispani viri

Venctiis

apud Franciscum Zileium,

15S1.)

Diálogos de la naturaleza del hombre, de su principio y de su fin
de lengua latina en la qual los compuso el

traducidos

Sebunde, en castellano,

y anotados por

el

y piadoso Maestro Remundo de la Sagrada P. Fr. Antonio Ares

muy

docto

Religión de los Mínimos..., Madrid, Juan

de

la

Cuesta, año 1616, 4.°

Entre

las

monografías acerca de Sabunde, merecen especial mención:

Schaur (Jacob): Raymundus von Sabunde, Dilingen, 1S50.
Kleiber (Dr.
lín,

L.):

De Raynmndi quem
Inconnu
célebre.

vocant de Sabunde vita

et scriptis,

Ber-

1856.
(D.):

Reulet

Un

Recherches historiques

et critiques

sur Ray-

mo7td de Sebonde, París, 1S75. Este libro no deja de contener cosas útiles, á

pesar del extravagante

empeño que
el

el

autor

tomó queriendo hacer
los escritores

á Sebon-

de natural de Tolosa, contra
ráneo; contra
el

testimonio del abad Trithemio, su contempo-

de Montaigne, y contra todos
el siglo

que han hablado

de Sabunde desde

xv

acá.

Compairé

(Gabriel):

De Raimundo Sebundo acde

Theologiae Naturalis libro,

París, Thorin, 1873.

Schumann
Holberg:

(Alejo):

Raimvndusvon Sabunde und der Ethische Gehalt seinerRaimundi Sebundi, Halle de Sajonia.

Naturthcologie. Ein Beitrag zur Et'tik des Miítelalters..., Crefeld, 1S75.

De

Thelogia Naturali

LA.

FILOSOFÍA PLATÓKICA EN ESPAÑA

53

alcanzar una Teodicea por procedimientos meramente psicológicos:
v-Cognitio de

Deo

qiiae oríticr ex propria
.

natura

est nobis certior et

.magis familiarist Pero examinando

más adentro

las cosas, se

ve

•que no es tanto en Sabunde,
clusivismo psicológico.

como á primera vista El título mismo de Libro de
él

parece, el exlas Criaturas
la

<jue el suyo lleva, muestra cuánta importancia daba á

prueba

•cosmológica, á lo que

llama «el libro de

la

naturaleza,
et

común

y

abierto á todos» líber naturae

ómnibus communis

generalis

M

naturalis

ómnibus patcns

quilibet in eo legere potest, libro
al

natural que es

como

puerta, vía é introducción

conocimiento de

propio: Ideo est ordinata rerum et creaturarum universitas, taniter,

quam
Jier

via et scala imnobilis, habens gradas firinos et inmobiles,
venit et ascendit

quam homo

ad seipsum. De
del

suerte que

el

ver-

dadero procedimiento de Sabunde, totalmente inverso del de Lulio,
es del

mundo
el

exterior

al

hombre y

hombre

á Dios.

En

realidad,

Edad Media, discípulo de San Agustín, de San Anselmo y de Hugo de San Víctor, mucho más que del Ángel de las Escuelas, aparece como un Jano -de dos caras, colocado entre dos mundos filosóficos enteramente
Sabunde,
último de los grandes realistas de
la

distintos. Cierra el

uno y abre

las

puertas del otro. Por un lado, en

su bellísima doctrina acerca del amor, doctrina capital en su Teodicea, es místico
•la

como Suso y como
las

Tauler,

y precede y anuncia

á

gran generación española de los místicos del siglo xvi. Pero esta

•no es

más que una de
la

dos caras de Sabunde: aquella con que

mira á
Pascal,

otra cara está vuelta hacia Descartes y de quienes es heraldo, y hacia Kant, cuya Crítica de la Ra-

Edad Media, La

zón Práctica en algún

modo

preludia con su demostración de Dios

como fundamento
sobre todo,
la

del orden moral.

Trae un método nuevo:

trae,

poderosa palanca de

la

observación interna enfrente

de

las

contenciones y de

las disputas,

pero en
la

el

fondo su doctrina
la

es la del realismo antiguo,

y especialmente

de San Anselmo y

de Lulio,

sin

que en

tal

realismo parezcan haber influido para nada

las corrientes

platónicas puras que ya

comenzaban

á derramarse

por

Italia.
el

Es error vulgarísimo
íhasta la fecha

de retrasar

la

propagación de

tales ideas
los turcos

de

la

caída de Constantinopla en

manos de

54

ENSAYOS DE CRITICA FILOSÓFICA
la

y de

fuga á Italia de algunos gramáticos griegos.
siglo xiv era frecuente el

Desde

la

segunGre
-

da mitad del
cia é Italia,

comercio

literario entre

comercio que se acrecentó con ocasión del Concilio de

Florencia (1438)

y de

la

frustrada unión de las dos Iglesias, Griega

y

Latina.

Los más
itálico,

ilustres representantes del

platonismo y del neoel

platonismo

Jorge Gemiste Pleton y

cardenal Bessarion

^

habían venido á

Italia

para

de Pleton concibió Cosme

dicho Concilio, y por iniciativa de Médicis el Viejo la idea de la Acadeasistir á

mia Platónica. Pleton, que no era

cristiano
la teurgia

furibundo neoplatónico, dado á
la

más que de nombre, y y á la magia, estuvo á

punto de comprometer

causa de Platón, no sólo con sus invecti-

vas feroces contra Aristóteles, sino con los delirios y visiones de su

propia

filosofía,

que

él

llamaba, zorodstrico-p/aíónica.

La

restauración
aristo-

neoacadémica provocó indirectamente una restauración del
telismo puro, que tenía entre los refugiados bizantinos gran

número

de partidarios, entre
insólito

los cuales

descendieron á

la

arena con ardor

y grande aparato polémico, el patriarca Jorge Scolario (l), Jorge de Trebisonda y Teodoro de Gaza, impugnando de mil modos las vetustas supersticiones que Pleton daba como platonismo,

y mezclando y confundiendo en sus iras la doctrina pura platónica con el sincretismo alejandrina y con las increíbles aberraciones de su discípulo. Fué menester todo el peso de la autoridad y de la
ciencia del cardenal Bessarion (en su libro Adverstts Calumniatorem
Platonis), para deslindar tan revuelto

campo y
la

vindicar con pode-

rosa templanza

el

nombre de Platón de

dura responsabilidad que
le

sobre

él
al

comenzaba á pesar por yerros ajenos que
pueblo cristiano. Todo
el

hacían sospe-

choso

conato de Bessarion fué probar

que

la doctrina platónica, estudiada,

no en

los alejandrinos, sino

en

su fuente pura, es decir, en los diálogos del inmortal filósofo, esta-

ba menos

lejos

de

la

verdad revelada que

la

doctrina de Aristóteles,
fuentes.

tomada asimismo en sus primitivas y genuinas
mostró,
ocultar

Pero

ni se

como

otros, adversario fanático
los

de Aristóteles,

ni trató

de

mañosamente

puntos de discrepancia en que uno y otro

(i)

El patriarca Scolario tradujo

al

griego las Súmulas ¡acicales de nucs

tro Pedro Hispano.

LA filosofía platónica en ESPAÑA
filósofo

55

y toda

la

ciencia antigua difieren esencialmente del
la

dogma

evangélico.

No

diremos que

prudente sinceridad de Bessarion

llegase á sobreponerse en el Renacimiento italiano á la fanática te-

meridad de Gemisto, pero no hay duda que su
za

espíritu

de templanfun-

y de concordia

se reflejó en la
los auspicios

misma Academia Florentina,

dada en 1460 bajo
Pleton,

de algunos discípulos inmediatos de

y acertó á mantener

casi

siempre en límites razonables

el

férvido entusiasmo de Marsilio Ficino

y

las

tendencias pitagórico-

caballsticas de Juan Pico de la Mirándola.

La
silio

severa crítica de nuestro Vives relegó desdeñosamente á Maral

Ficino

grupo de

los filosofastros,

y no anda muy

lejos

de

tal

parecer
le

la crítica

moderna, que, más que como pensador y
erudito que filosofa sin
el

filósofo,

considera
(l);

como «un
ni se le

mucha

originali-

dad»

pero

puede regatear

mérito de haber popularilatinas, las
el

zado más que otro alguno, con sus versiones
Platón y de Plotino, ni negarle
italiano,
el

obras de

primer puesto en

platonismo

que, sin alcanzar grande originalidad científica, tiene, no
el

obstante, decisiva importancia en

desarrollo de la cultura

moderma-

na

(2).

El

mayor pecado de

esta escuela consistió

en confundir á
tal

Platón con los alejandrinos y en comentarle y traducirle de

nera que resultase un iluminado y un taumaturgo, en vez de
espíritu tan ateniense, tan luminoso, tan lleno

aquí

de serenidad y tan

divinamente irónico.

Cuándo llegaron

á P2spaña los
difícil

primeros ecos de este renovado
el

platonismo, es cuestión

de resolver hasta

presente; pero

hay, aunque en escaso número, documentos del siglo xv, que pue-

den ponernos en camino de indagación, y que bastan para probar que esta tendencia madrugó bastante en nuestro suelo. No incluiremos entre
las

manifestaciones platónicas

el

Sompiii de Vinmorta-

(i)

Frase de Pascual ViUari en su obra Niccolb Macliiavdli

e i suoi tempi.

Florencia, 1877,
(2)

tomo

i,

pág. 1S7.

El mejor trabajo

que existe sobre

la

Academia Platónica

es el de

K. Sieveking, Die Geschichte der Platonischen Akademie zu Flo?'enz,

Hambur-

go, 1844. Véase, además, á Schultze, Geschichte der Pliilosophie der Renaissance,

Jena, 1874.

55
litat

ENSAYOS DE CRÍTICA FILOSÓFICA

de

V anima

nostra

(l),

del catalán Bernat Aletge, familiar

y gran

privado del rey de Aragón

Donjuán
lo

el

Primero, cuyo sombra evoca
el

en aquella visión, que por

de sueño recuerda

de Scipión, y por
de

l^i)

Existe en un códice de
las

la

Biblioteca Universitaria de Barcelona, y

él

proceden

copias y extractos que poseemos algunos curiosos. Anunciase

para breve plazo en París una edición crítica de este precioso monumento,
dirigida por el

eminente

filólogo español Dr. D. José ¡Wiguel Guardia.

[Esto escribí en 1889, y por muchas razones lo dejo subsistir ahora, aunque confieso que me excedí no poco llamando eminente filólogo al Dr. Guardia,

cuya Gramática Lati7ta no pasa de ser una compilación, aunque bien hecha
y
si

muy

útil.

La edición del Sueño, de Bernat Metge, ha aparecido en
la

1890,

y

bien bastante lejana de

perfección,

puede consultarse con
el

fruto, te-

niendo siempre en cuenta los graves reparos que ha expuesto Morel-Fatio en
la Ro?na7iia,

entre

las
el

cuales es

muy

chistoso

que

se refiere á la equivo-

cación cometida por

Dr. Guardia confundiendo el ruibarbo con un río llael

mado

Berber.

Yo

hubiera podido seguir

mal ejemplo del Dr. Guardia, que,

arrebatado por sus furores de sectario y por el odio ciego que profesa á su antigua patria, y prevalido de la general ignorancia en que los franceses vi-

ven de

las cosas

y de los hombres de España, se ha desatado contra

raí

en

las

más feroces

injurias,

desde

las
la

columnas de una publicación habitualmente

tan grave y reposada

como

Revue Philosophique, de Ribot, que no hace bien

en dar hospitalidad á semejantes desahogos de mala educación, incompatibles con toda filosofía, incluso el positivismo

de farmacia, que parece ser
la

la

única metafísica del Dr. Guardia. Pero no está en mi ánimo rebajar
ridad de
la

seve-

ciencia con polémicas groseras, en
la

que ambos contendientes queverdad exige de nosotros delos

dan igualmente deshonrados. El culto de
mostraciones y no dicterios. Si algún
día,

en

hervores de

la

primera

mocedad, traspasé algo

los límites

de

la

moderación en

las controversias,

hoy

me

pesa de

ello,

y no quiero contribuir ni en poco ni en

mucho

á

la

propa-

gación de los perversos hábitos literarios que van haciendo incompatible el
oficio

de escritor con
el

el

de persona culta v bien criada. El Dr. Guardia, aun-

que haya tenido
vale, si

mal gusto de hacerse francés, es hombre erudito y que no en filosofía, en otros estudios; y esto basta para que yo no le re-

plique con denuestos.

En cuanto

á sus disparatadas opiniones ó

más bien
exposi-

declamaciones sobre

la

ciencia española, virtualmente, y por

la sola

ción y depuración de los hechos, se encontrarán refutadas en este libro y en

otros

que han de

seguirle,

si

Dios quiere. ^Nota de esta edición

(*).]

[Hoy debe consultarse

la

edición de R. Miquel y Planas: Les obres ifen
B.)]

Bernat Metge, Barcelona, 1910. (A
t*l

La de

1892. (A. B.)

LA filosofía platónica EN ESPAÑA
el

57

á

la

asunto y por algunos de los argumentos, trae involuntariamente memoria el último diálogo de Sócrates con sus discípulos. Allejos, los fulgores del

canzó Bernat Metge, aunque de
pero no tanto en
italianos
la

Renacimiento,

antigüedad, cuanto en los poetas y humanistas
ella.

renovadores de

El

nombre de

Platón,

citado de
diá-

segunda ó tercera mano, no tiene más valor en aquel primoroso
logo,

que
de

los

nombres de Zenón, Empédocles, Xenócrates, alegaerudita; así

dos

allí

mismo por mera reminiscencia
los

como en

la

repe-

tición

nunca olvidados argumentos del Phedon ha de verse,
prestigio

más que

otra cosa, el

de

la

tradición escolástica, que

heredó dichos argumentos de San Agustín, de Mamerto Claudiano

y de nuestro Liciniano. Tampoco hay que buscar platonismo,
remota, en
el

sino por derivación

muy

amor

metafísico

y

abstracto de Ausias March. El

lo

fondo de su psicología tiene más de escolástico que de platónico, y mismo ha de decirse de toda la poesía intelectual y simbólica de

sus únicos maestros, los líricos del primer Renacimiento italiano,

puesto que no sólo Guido Guinicelli, Lapo Gianni y
ble autor del Convito

el

incompara-

son anteriores,

el

y de la Vita Nuova, sino el mismo Petrarca, que menos de un siglo, á la fundación de la Acadela

mia Florentina, y aun á
po,

aparición de Gemisto, y no pudieron re-

cibir sus conceptos psicológicos, sino

de

la

única filosofía de su tiem-

y

á lo

sumo de algún poeta ó

moralista de la antigüedad latina.

El primer escritor español de quien positivamente consta haber
traducido, aunque no directamente, alguno de los diálogos platónicos, es el castellano

Pedro Díaz de Toledo, capellán del Marqués de

Santillana, y colaborador

que

fué en sus nobles empresas

de erudi-

ción
del

y de cultura. Son curiosos estos primeros ensayos y tanteos humanismo español, todavía no seguro de sus fuerzas. Antes
el

de 1445 tenía romanzado de
la

Dr, Pedro Díaz de Toledo, valiéndose

versión latina, entonces recientísima, de Leonardo Bruni de
el libro

Arezzo,

de Platón, llamado Fedrón
es de

(sic),
al

en qne se trata de

cómo

la

muerte no

temer

(l),

dedicándolo

«muy generoso

é

(i) El docto hispanista y muy querido amigo mío Morel-Fatio, que por primera vez ha dado cuenta de este Fedrón ea un artículo inserto en la Ro-

58

ENSAYOS DE CRÍTICA FILOSÓFICA
la

virtuoso señor singular suyo, Iñigo López de Mendoza, señor de

Vega».

Y no contento con haberle

traducido, le imitó años después
la

en su Diálogo 6 Razonamiento sobre
tillana,

muerte del Marqués de Sanel

obra de carácter más acentuadamente platónico que
al

cele-

brado Sompni de Bernat Metge, forma y tendencia
(l).

cual se asemeja

mucho por

su

El ejemplo de Pedro Díaz de Toledo debió
el

de servir de estímulo para

renacimiento del diálogo, cuya más
el

dramática manifestación fué en aquella edad

tratado de Juan de

Lucena, «en
prolixo, en
título, tiene
el

estilo

breve, sentencia, no sólo largo,

mas hondo é

qual ha

nombre

Vita Beatas, libro que, á pesar de su

Pero Lucena, y Díaz de Toledo, y de
la

corte

mucho más de Cicerón que de Boecio (2). la mayor parte de los eruditos de Don Juan II eran meros latinistas, y, por consiguiente,
clase,

humanistas de segunda

detenidos en un grado inferior
italiano.

al

que

ya alcanzaba

el

Renacimiento

Por otra parte,

el

uso conti-

mania (tomo

xiv, 18S5), afirma

que

esta versión, conservad.T

hoy en un códice

de

la

Biblioteca Nacional de París, no es del Phedon fá pesar de su título),

sino del Axioco (dialogo contado

hoy entre

los apócrifos).

Yo no dudo que

el

códice de París contendrá el Axioco, pero poseo dos códices, uno del siglo xv

y otro del siglo xvi, que real y positivamente contienen el Phedon traducida por Pedro Díaz de Toledo. Sería verdaderamente inverisímil que el traductor hubiese

confundido dos diálogos tan diversos por su asunto, por su ex-

tensión y por los nombres de sus personnjes. Creo, pues, que Pedro Díaz de Toledo tradujo ambos diálogos, el Phedon y el Axioco, y que el copista del JIS.
parisiense aplicó á uno de los diálogos el

La confusión
por
el Sr.

del

amanuense
al

es tanto

nombre y la dedicatoria del otro. más de extrañar, cuanto que el Axioco
el

es brevísimo, y así ocupa sólo cuatro folios en
Morel-Fatio,
los

códice misceláneo descrito
él

paso que

el

Phedjn llena

solo un razonable vo-

lumen en
(i)

dos códices de mi biblioteca.
Bibliófilos

La Sociedad de

Españoles acaba de publicar esta obra en
literarios, dirigido

el

interesante

tomo de Opúsculos
del códice

por D. Antonio Paz y
la

Melia.

Además

de

la

Biblioteca de

Osuna (hoy de

Nacional) que
la bi-

ha servido para esta edición, hay otro que yo poseo, procedente de
blioteca del
(2)

Marqués de Astorga. (Nota de esta edición.) También la Vita Beata figura en el lomo de Opúsculos antes

citado.

El Sr. Paz y Melia ha descubierto que en gran parte el libro de Lucena es

traducción de uno de Bartolomé Fazzio (humanista de la corte de Alfonso

V

de Aragón), que se

titula

Dialogus de felicitate vitae. ÍNota de esta edición.)

LA filosofía platónica EN ESPAÑA

59
slis escritos,

nuo de
fíliaba

la

lengua vulgar y

la

tendencia general de

los

más

bien entre los moralistas populares que entre la aristo-

cracia literaria de entonces.

La

cultura verdadera

clásica sólo renació en la corte napolitana

de Alfonso

y genuinamente V de Aragón,
Pero aquel imlas

lazo providencial entre las dos penínsulas hespéricas.

pulso fué puramente

literario.

El

más antiguo representante de
de

tendencias del Renacimiento en

la esfera

los estudios filosóficos
ella:

no perteneció

á aquella corte ni se
la

educó en

comenzó por

ser

un portento en

palestra escolástica, y acabó por aplicar sus labios
la ciencia antigua,

á los raudales de
drino
el

abiertos por su maestro

y

pa-

cardenal Bessarion. Llamóse este personaje Fernando
la

de

Córdoba, y su vida parecería
si

más

inverisímil leyenda científica,
(l).

no estuviese comprobada por documentos irrecusables
sin

Algo-

hay que conceder,

embargo, á
la

la fantasía

de sus estupefactos
el

contemporáneos. El autor de

Crónica de Neoburg,

abad

Tritel

hemio, Mateo d'Escouchy y otro cronista anónimo conocido por
bourgeois de París, nos refieren contestes ó con leve diferencia,

y
la

todos con

mucha gravedad, que
las escuelas,

el tal

Fernando de Córdoba, á
los

edad de veintidós años, sabia de memoria todos
entonces en

übros conocidos
la Biblia

incluyendo entre ellos

con las

glosas de Nicolás de Lyra, las obras de Santo Tomás, Alejandro de

Hales, Escoto

y San Buenaventura; todo Averroes,
el

el

Canon de
la

Avicena y

el

Cuerpo del Derecho Canónico. Aparte de
carácter de

enormi-

dad de

la

hipérbole, nótese

Edad Media que toda
los

esta erudición tenía; pero nótese
le

también que

mismos

cronistas

atribuyen singulares conocimientos filológicos, que explican,,

hasta cierto punto, sus trabajos posteriores. «Sabía (dice) escribir y

hablar cinco lenguas, es á saber:
be.» Pertrechado con toda esta

latín,

hebreo, griego, caldeo y áraciencia, adquirida
la

masa de

no sabe-

mos cuándo

ni

dónde, se presentó en

L'niversidad de París el

año 1445) causando tan general asombro con sus victoriosas disputas

y argumentaciones, que
rrotados por
él

los

maestros de aquella Universidad, detuvieron por
el

en toda

la línea, le

Anticristo,

y de-

(i)

Véase
el

la

interesante monografía de Julián Havet: Maíire Fernand de
de París au XVsiécU, París, 1883.

Cordouc

r Universiíe

€o

ENSAYOS DE CRÍTICA FILOSÓFICA
él

terminaron encarcelarle, con intento de ejercer sobre
rigores,

más graves

que prudentemente esquivó refugiándose primero en los

Países Bajos,

todos

los

y luego en Italia, tierrra de promisión entonces para hombres de letras. Allí vivió tranquilo y respetado, á la
que
le

sombra
la

del cardenal Bessarion,

hizo

nombrar subdiácono de

Santa Sede, y que movido de su fama de helenista le asoció á sus grandes trabajos de apología platónica, encargándole de la composición de un paralelo entre las dos filosofías, la de Platón
Aristóteles, obra

y

la

de

que Fernando de Córdoba no llegó á terminar por
antes en otra de carácter puramente especulatiel

haberse

empeñado

vo, que afortunadarhente poseemos aún con

título

De

Artificio

oinnis et investigandi et inveniendi natura scibiüs (i). Libro es este

(
I

)

No

se ha impreso aún

(*),

en

la

Biblioteca Marciana de Venecia, en un códice en

y eso que ciertamente lo merece. Se conserva 8.°, de 88 folios útiles,

«scrito en vitela con

códice es

el

mucho primor, 'y exornado de capitales de colores. Este mismo que Fernando de Córdoba presentó al cardenal Bessarion,

y lleva sus armas.

De

él es
4.°,

copia (con algunas variantes) el códice 1.377
escrito en papel, letra de fines del siglo

<lc la

Biblioteca Vaticana, en

xv ó

prin-

copia que yo poseo y espero publicar algún día; véanse algunos extractos del proemio, que darán
cipios del siguiente.

De entrambos

códices procede

la

idea del propósito del autor y de las condiciones de su obra:
1

Quos vides Ínter scholasticos
¿ti

et praestanti ingenio viras, vel susíitlisse penilus,
i/i

vel

dubium revocasse,

sil

ne artijicium quo omite natura scibile

singulis dis-

ciplinis et invesiigari el inveniri possit, eos consiat

rerum

origines nescisse videri,

et

eam quidcm opinalionem de Metaphysicae
apud eam scientiam
sil perspicuum

artis ignoratione descenderé.

Nam

cuín

nullum vel quiddilatem vel nalurain plu-

ribus convenir i posse, nisi per rationem unius cui primo convenit, qnod in Aristoiele

secundo Prim. Phs. et in Parmenide divi Plaionis legimus, alioquin nulla esseí

ratio cur multitudinem uniuscujusque generis
ei

ad ejus generis uniiatem

refferas,

ante

omnem datam

mnllitudinem, priorem illius generis ponas unitalem, et

omne
non

ante composiíum simplum constiluas, et ante omne diversuin aliquid quod

sil

diversum sed ipsum idem.
ipsos

Ex

cujus repilae ignoratione perspici facite polest nec

quidem

artífices scientiarum satis

cognitam habere posse doctrinam circa

qiiam versantur. Quo autem pacto grammaliais significationem vocabuloruin inter-

noscereposselnisiobhancperceptionemducemdeprimaephilosophiaefonlemananiem?...

Singulas antein scieniias atque disciplinas singulas

et proprias artes

habt-

paña

Se imprimió en Madrid, igil, al final del discurso académico de A. Bonilla y San (*i Martín: Pírnando de Córdoba (ii.f2j-14.S6?) y los origenis del Rinacimiento filosófico en Es(Episodio de la Historia de la Lógica). (A. B.)

LA FILOSOFÍA PLATÓNICA EN ESPAÑA

6r

á un tiempo de Lógica y de Metafísica, tentativa audaz para buscar
la

ley interna de relación de los conocimientos

humanos; huyendO'

del sendero dialéctico trillado por

Raimundo

Lulio, á quien acerbaél

mente maltrata Fernando de Córdoba, pero aspirando como
hacer de
dental
la

á

ciencia

un todo orgánico mediante un principio trascen-

mulado

y armónico, que Fernando de Córdoba cree encontrar forlo mismo en la Metafísica de Aristóteles, que en el Parméiúla

des de Platón; principio que reduce á
las diferencias, lo

unidad

la

muchedumbre de
lo

compuesto á

lo simple, lo

diverso á

idéntico

>

haciéndose

así posible el

sueño de una sola é indivisible ciencia, cuel

yas leyes se extienden á todo
te

mundo

inteligible

.

Sueño ciertamenla

magnífico

y

generoso, aunque se haya de quedar en

categoría
la

de

los sueños,

ya que esa ciencia trascendental y una, sólo en
ella,

mente

divina existe, y sólo alcanzamos de
sos y múltiples reflejos. Pero
si

en esta vida terrenal, disperla filosofía^

bien se mira, ¿qué es toda

sino una aspiración,
re exploraUtm
esi.

más ó menos

frustrada, á esa síntesis

suprema?

Artes vero diversae in diversis

scieiitiis el diversis scibilibtis esse

non posimt
scibilis

nisi

artimn multiiudinem
sií.

in stnguto scibili in

aríem

refferas,

quamvií
sci-

única ars

Esi

igitur única et indivisibilis ars

qua omne natura

bile ei investigar i et inveniri possit.

Itaque liaec ars nobis subtiliter et artificiosiPhilosophiis, id est Platonis et Aristotelis,
et

ssime iuvestiganda

est.

Nam de duabus

utra alteri praestet disserentem me, súbito

cursu suo revocavit voluntas

tua.

Qiíippe qui jussisti inlermittendum esse opus et in artificium oinnis et investigandt
et inveniendi scibilis

calamum

esse referendum.

Nam quod ad comparationem
ejus operis tractationem

cum

Arisíotele Platonis attinet,

ad mullam partem
la

perduxe-

ram.t (En otra parte vuelve á aludir á
íionibus demonstrabimus in opere de

misma

obra: t-Quod apertissimis ra-

duabus

pliilosophiis et praestantia

Physicae

Platonis supra Aristotelis iuo nomini dedicato.-»)
»

Suni auiem

¡lujus artificii utilitates ct particulae sex,

prima qua r alione singuprae-

lam veritatem
cise rationibus

scibilem per

naturam

et

investigare et demonstrare possis, tot

quot demonstrabilis

esi,

nec plúribus ncc paucioribus. Secunda par-

tícula, agit de

Arte in generali et spetiali inventionis medii cujuscumque demonstraexpHcat artem per quam omnes quaestiones formabiks in

tionis. Tertia partícula,

quactimque materia, nec plures nec pauciores quae formar i possunt inventas.

Quarta partícula, pollicetur cujuscumque
in illa scientia,
iie

scientiae invenire

omnia considerabilia
in spe-

tam complexa quam incomplexa. Quinta partícula, exponit
scibiles et

quo pacto omnes conclusiones

eorum numerum praecisum

invesliges

in

quacumque

scientia.

Sexta partícula, declarai qua ratione invenire possis in

quacumque

scientia

tam principia prima complexa quam incomplexa.^

^2

ENSAYOS DE CRITICA FILOSÓFICA

III

Tres grandes nombres compendian en España
platónico del siglo xvi:

el

movimiento
Morcillo.

León Hebreo, Miguel
el

Servet,

Fox

León Hebreo, representante
tino,

más puro
la infusión

del neoplatonismo floren-

renovado y vivificado por

de un elemento semitico-

español

muy

poderoso, que da á su doctrina una trascendencia on-

tológica, no lograda

jamás por Bessarion

ni

por Marsilio Ficino; Mi-

guel Servet,

carna
tación

el

neoplatónico heterodoxo y panteísta en quien reenespíritu de Plotino y de Proclo en su mayor grado de exalel

y

delirio:
la

Fox

Morcillo, el filósofo sintético y armonista,
al

que

volviendo
alto
•da

espalda

sincretismo alejandrino, busca un
los

modo más

de concordia entre

dos príncipes del pensamiento griego, y

con una fórmula fecunda que lleva en potencia toda una revolu-

ción metafísica.
Caracterízase la filosofía de los siglos xv

y

xvi,

vulgarmente

lla-

mada
paña

Filosofía del Renacimiento (y en la cual cabe á Italia
la

y á Es-

mayor

gloria),

por una reacción más ó menos directa contra

y procedimientos del peripatetismo escolástico de los siglos medios. La difusión del conocimiento de las lenguas antiguas;
el espíritu
el

estudio directo de las obras de los filósofos griegos en sus fuentes;

los

grandes trabajos de investigación y de

filología

que entonces co-

menzaban y que hoy gloriosamente vemos cumplidos; la maj'or pureza de gusto que traía por consecuencia forzosa una nueva forma de
exposición y una aversión cada día

mayor

á las sutilezas

y

argucias,

deleite de la escuela degenerada; la importancia

que

j-a

se iba con-

cediendo á

los

métodos de observación, no reducidos aún á nuevo
con nuevas tierras

órgano, pero próximos á serlo; los descubrimientos que cambiaban
la faz

del

mundo, completándolo, por

decirlo

así,

y nuevos mares, y difundiendo por medio de

la

imprenta

la

verdad

y

el

error en innumerables libros;

la

vida artística cada vez más ava-

salladora y
rales,

más luminosa;

la

heroica infancia de las ciencias natuel

que fueron desde su principio

más formidable

ariete contra

LA FILOSOFÍA PLATÓNICA EN ESPAÑA
el

63

formalismo vacío y contra

el

despótico dominio de las combinala

ciones lógicas, que por tanto tiempo habían sustituido á
activa y fecunda; todo, en suma, concurría á acelerar
el

realidad

advenimiento

de

la

libertad filosófica, por la cual en diversos sentidos, pero con

igual ahinco, trabajaban los platónicos, los peripatéticos helenistas

adversarios suyos, los renovadores de
V'alla,

la

Dialéctica

como Lorenzo
Reuchlin, y

Rodolfo Agrícola,

el

salmantino Herrera y Pedro Ramus; los

teosofías

como Agripa y

Paracelso; los cabalistas
el

como
la

levantándose sobre todos ellos
Luis Vives.

poderoso espíritu

crítico

de Juan
alta

La obra de aquel gran pensador, prez
no produjo
ni

más

de

nuestra
irutos ni

filosofía,

podía producir entonces todos sus
ni

aun ser entendida de muchos. Vives no era platónico

pe-

ripatético,

rigurosamente hablando: filosofaba por su cuenta y con
las

extraordinaria novedad de método, lanzando

semillas del experi-

nientalismo baconiano, del psicologismo cartesiano y en algún caso
hasta las del

mismo

criticismo kantiano

(l).

Pero antes de llegar

a

(1)

Entre Platón y Aristóteles, Vives prefirió siempre
el

el

método

del se-

gundo. Encontraba

de Platón poco acomodado á

la

enseñanza. ^Primiis

omnium Plato iCripsU ekgaiiier sane mulla el docte^ sed ad docendum dlscendumque parum accommodaie: Aristotelis omnia ordinein el formam liabent instUidionis ac
discipllnae^, dice

en su Censura de opertbus Aristotelis. Seria

difícil

encontrar

en Vives ninguna teoría realmente platónica. Algunos han querido hacerle
partidario de las ¡deas innatas, interpretando mal unas palabras con que
pieza el tratado de Instrumenio Probabilitatis:
veri cognoscendi, naturalem
ris illis primis et

emve-

iMens humana, quae

est facultas

quandam habct cognationem atque amicitiam cum
<¡.catalepsesy>:

tanquam seminibus, unde reliquia vera nascunlur, quae anlicihinc Platonis

pationes atque informationes nominaniur, a Graecis
est orla opinio

recordari

7zos,

non

addiscere, et

animas hoininum magnarum mulin corpus mergerenlur,

íarumque rerum habuisse cognitionem, priusqitam
ro in hanc lucemprodeant: potestas ea est

sed

profecto non magis qulim kabent ocnli noiitias colorumpriusquam ex matris ule-

ad

isla, fion actus:

ex principibus

illis

veris panllalim alia vera colligit, sicut ex seminibus stirpes crescunt.-»

Prescindiendo de que

las

últimas palabras de este trozo, en verdad

muy

im-

portante, determinan su verdadero alcance y sentido, hay
ta

que tener en cuensu verdadera teoría

otras declaraciones

muy

explícitas de Vives, para

fijar

del conocimiento,

que está muy lejos de la de Platón y muy cerca del criticismo kantiano. Las que Vives llama naturales informationes, cánones, fórmuó
catalepses,

las

no son ideas innatas, sino formas

subjetivas.

Vives distingue

64

ENSAYOS DE CRÍTICA FILOSÓFICA

tales resultados, antes

de recobrar su autonomía y entrar con paso
el

firme en los nuevos métodos, era necesario que

pensamiento mo-

derno velase largo tiempo en
gos,

la

escuela de los humanistas

y

filólo-

y diera, por decirlo así, una vuelta completa á la filosofía antigua que tomaba como punto de partida. Hubo, pues, en la segunda mitad del siglo XV y en todo el xvi una restauración más ó menos artificiosa

y

erudita, pero á veces

muy

original en los detalles,
el

de

casi

toda

la ciencia clásica

libremente interpretada. Platón fué

primero que
la

volvió á las escuelas cristianas á disputar á su famoso discípulo

hegemonía de que por tantos

siglos venía disfrutando.

Conocidos

ya por entero y en su lengua Aristóteles y Platón, puestos enfrente

en

el

conocimiento un elemento material y un elemento formal, que llama

efecctón ó forma del conocimiento,
la

y otras veces

artificio ?iatural, y fermento

de

masa

del conocimiento:
silva, et

*Ex hac

materia per uni-oersum diffusa,

mmii semper

natura velut ex eodem fermento

addi suum artificium guasi massae fermentum... qtiibus de
illud est pro effectione aut forma.*
la

indit,

nam fermentum

La
las

crítica

de Vives, idéntica en esto á

de Kant, responde del elemento

formal, pero no del material ác\ conocimiento.
afirmaciones del tratado
esse,

En este punto son terminantes De Prima Philosophia: <Ergo nos quae dicimus esse
non
talia,

aut non

haec aut

illa,

talia aut

ex sententia animi nostri cense-

mus, non ex rebus

ipsis, illae

enim non sunt nobis mensura sed mens nostra,

nam
cer>-

quum dicimus
sendae sunt

bona, mala, utilia, inutilia, non re dicimus sed nobis. Qiiocirca

tiobis res ?ion

sua ipsorum nota sed nostra aestimatione acjudicio..jt
la

Hay también en Vives
meno, que
vestitum,
et
él

algo semejante á

distinción á€[

fenómeno y del noúet

llama sensile y sensatum: <Id quod sensili est tectum
pervium, a quo manat actionts

quasi con-

quod appellamus sane sensatum.. .y Tum quiddam intimum
ulli scnsu est

esse

neccessum

quod nec oculis nec

et opera...

Ñe-

que enim vim aut facultatem aut potentiam ipsam cernimus, nec sensu ullo usurpainus, quae in penetralibus sita est cujusque rei quo non penetrant sensus nostrt
hebetes.

Aun pueden

hallarse en Vives otros singulares
la distinción

gérmenes de kantismo. La
la

mucha importancia que concede á
pio de
la

entre la ratio speculativa y
el

ratio practica y, sobre todo, la insistencia

con que repite é inculca

princi-

subjetividad del conocimiento: t/íaque modus cognitionis lucisque in
la

assequenda veritate fiosirarum est meniium, non rerum», indican que
cia crítica del

tenden-

pensamiento de Vives
de la razón pura.

le llevó

á presentir algunos de los resul-

tados de

la Crítica

Estas indicaciones hallarán su

complemento en una extensa monografía que
la

nos proponemos escribir sobre

vida y obras del gran filósofo de Valencia.

LA FILOSOFÍA PLATÓNICA EN ESPAÑA

65
el

y

cotejados,

hubo de

surgir,

y surgió desde luego,

pensamiento

de concordarlos, de resolver su aparente antinomia en un armo-

nismo superior.
El primer representante de esta tendencia armónica dentro del

neoplatonismo que comúnmente se llama florentino, y con más propiedad

y vocablo más comprensivo
un médico, judío

debería llamarse neoplatonismo

iialo-hispano, fué
el

espafiol

de

los

que arrojó á

Italia

edicto de los

Reyes Católicos en I492. Llamábase entre

los

he-

breos Judas Abarbanel; entre los cristianos, León Hebreo, y era hijo

primogénito del célebre maestro D. Isaac Abarbanel, arrendador

que fué de
rante
tal,

las rentas reales

y proveedor de nuestros
1

ejércitos

du-

la

guerra de Granada. Desde

502 tenía acabada su obra capi-

los

Diálogos de amor, cuyo texto original no ha sido impreso
tal la

nunca, haciendo veces de
visto edición anterior á la

versión italiana, de la cual no he

de

Roma

de 1535

(l).

El libro de Judas

(i)

filosófico se hicieron

Son muy numerosas en todas lenguas las ediciones que de este libro durante el siglo xvi. Tengo á la vista las cinco siguientes:

— Dialogi di amore, composti per Leone Medico, di nationi Hebreo, et dipoifaiio

Chrisiiano, Venecia, in casa dei Figliouli di Aldo, 1541.

— Dialoghi di Amore di Leojie Hebrto Medico.
Venecia, presso Giorgio
de' Cavalli, 1565.

Di

miovo correti

et ristampati,

—Leonis Hebraei, Dodissimi alque sapientissimi —La traduzion del
— Philograpltia
sa,
Iridio

viri.

De Amore

Dialogi

tres,

nuper a Joanne Carolo Saraceiio Laiinilate donati, Veneiiis, 1564.
de los tres Diálogos de

Amor
los

de León Hebreo,

tiec/ta

de Italiano en Español por Garcilaso Inga de la Vega..., 1590, 4.°

Universal de todo

el

mundo, de

Diálogos de León Hebreo,

traduzida de Italiano en Español, corregida y añadida por Micer Carlos

Mante-

Zaragoza, 1602, 4.°

En mi

Historia de las ideas

dio á la estética de

estéticas, tomo 11 (1S84), dediqué un largo estuLeón Hebreo. Dos años después (1886), el docto israelita

de Breslau, Dr.

B.

Zimmels, ha publicado una interesantísima monografía socríticas:

bre este filósofo español, llena de curiosidades biográficas y

— Leo

Hebraeus, ein jüdischer Philosoph der Renaissance; sein Leben, sein
Lehren..., Breslau, 1SS6, 4.° [Véase

IVerke
breo,

und seine

también ídem: Leone Heautor de los Dialoght es
la

Nene

Stitdien,

Wien,

1S92.
el

Hoy

se discute

si

el

León Hebreo ó MesserLeo
los Origeius de la Novela,

mantuano.

He

reproducido

versión castella-

na del Inca Garcilasso, según

¡a

edición madrileña de 1590, en el

tomo

iv

de

de Menéndez y Pelayo (Madrid,
de critica filosófica.

1915). (A. B.)]
5

Mexéndez t Pklaxo. — Ensayos

66

ENSAYOS DE CRÍTICA FILOSÓFICA
es,

Abarbanel

como

su título lo indica, una filosotía ó doctrina del

amor, tomada esta palabra en su acepción platónica y vastísima.
esta
la

A

nueva
el

ciencia,

que en rigor abraza un sistema metafísico
ella

total,

llama

autor Plülograpltia, y en
la

vienen á fundirse

la filosotía

de Platón y

de Aristóteles con

el

misticismo judaico

y con

la

Ca-

bala. Si Marsilio Ficino

y

los

suyos eran cristianos platonizantes,

León Hebreo era un judío que platonizaba, como Philon y como los antiguos judíos helenistas de Alejandría. Érale familiar todo el movimiento intelectual de
le

la Sinagoga durante los siglos medios, y así vemos gloriarse de discípulo y compatriota del que llama «nuestro Albenzubrón en su libro de la Fuente de la Vida», mostrarse

muy
bre

enterado de

la

doctrina de los peripatéticos árabes y judíos soel

la feliz

«copulación del entendimiento posible con
las variantes

entendi-

miento agente», y de todas

que

el

sistema de la

ema-

nación había recibido en sus escuelas: «de esta suerte hacen los árabes una línea circular del Universo, cuyo principio es
la

Divinidad

y

su término la materia prima,

y de

ella

va subiendo y allegándose

de grado en grado hasta fenecer en aquel punto que fué principio,

que es en

la

suma hermosura

divina, por la copulación con ella del

entendimiento humano».

Pero en León Hebreo, sobre
ción de sinagoga, predomina
del Renacimiento.

el

carácter de judío y sobre la educa-

el

carácter y la educación de

hombre
que
fuente,

En

él se

juntan dos corrientes
la

filosóficas

habían caminado distintas, pero que emanaban de
es decir,
te del

misma

de

la

escuela alejandrina, del neoplatonismo,

y especialmenel

de

las

Enéadas.

En
el

la

Edad Media,

los

hebreos habían sido

más

eficaz

conductor de

la ciencia arábiga

á las escuelas cristianas.

En

el

Renacimiento,

destierro de los judíos castellanos

y

portu-

gueses lanza de nuevo por Europa las semillas de

la ciencia

arcana

encerrada en

la

Fuente de
al

la

Vida ó en

el

Zohar. Pero esta ciencia
la ciencia italiana re-

hebraicoespañola,

ponerse en contacto con

novada de

la

antigüedad, se transforma;

y

al

paso que reconoce sus

comunes

orígenes,

y remontando

la

corriente de los siglos, vuelve

á anudar la cadena de Plotino, de Proclo

y

del falso

Hermes
ritos,

Trisla Si-

megisto, se va despojando de las embarazosas vestiduras de

nagoga, abandona sus tiendas, abandona sus fórmulas y

y hace

LA FILOSOFÍA PLATÓNICA EN ESPAÑA
-oir

67

SU VOZ al aire libre
la

y

á la radiante luz del sol, bajo los pórticos
el

de
los

Atenas Medicea. Estudia

griego, para conocer de cerca á
la

maestros del pensamiento antiguo; restaura

forma dramática
en contraste con
sólo, sino

del diálogo,
la

y hace uso de

los desarrollos oratorios

forma rígida del razonamiento escolástico.

Y no es esto

que extiende y agranda su concepción, dando á los términos valor universalísimo; y desde el primer momento plantea juntos el pro-

blema ontológico y el cosmológico, reconociendo que entre Platón y Aristóteles no hay diferencia esencial en cuanto á ellos. Es claro

que todas

las predilecciones filosóficas

de León Hebreo están por

Platón y no por Aristóteles, de quien llega á decir que «tuvo en las

cosas abstractas vista un tanto

más

corta».

Y

^cómo no había de

parecer pobre y apegado á

la tierra

todo otro sistema metafísico
religioso

que

el platónico, al
la

que con temor
la

enseñaba que «para
el

contemplar

verdad y

hermosura conviene hacer como
el día

Sumo

Sacerdote, que cuando en

sagrado de
las

los

Perdones entraba

en

el Saiicta

Sanctorum, dexaba

vestiduras doradas llenas de

piedras preciosas, y con vestimentos blancos y candidos impetraba
el

divino perdón». Persuadido de

la

antigua tradición arábiga
los

y

cristiana
libros, se

que suponía en Platón conocimiento de

sagrados
cabalista,

empeñaba en
en
las

hacerle creyente judaico

y hasta

porque

«al fin,

cosas divinas, habiendo sido Platón discípulo

de nuestros
tóteles,

viejos,

aprendió de mejores maestros y más que Arisnoticia

y tuvo mayor

de

la

antigua sabiduría».

Y no era sólo
el

su entusiasmo religioso lo que

le

arrastraba hacia Platón: era tam-

bién su vivo sentimiento de
tico

la belleza,

que

le

hacía preferir

poé-

y vago modo de filosofar de la Academia, á la oración disciplinal del Liceo. Es más: deseaba restaurar, si fuese posible, aquellos

tiempos en que
se

la

Metafísica

y

la

Poesía eran una

misma
lo

cosa;

en que

mezclaba «lo

historial, deleitable

y fabuloso con

ver-

dadero intelectual»; en que «se encerraban los secretos del conocimiento dentro de
las cortinas

de

la

fábula con grandísimo artificio,
las cosas
el

para que no pudiese entrar dentro sino ingenio apto para
divinas e intelectuales».

Ya

el

mismo

Platón, con
la ley

abandonar

uso

de

los versos,

«rompió una parte de

de

la

conservación de la
la

ciencia»: pero Aristóteles «quebró

totalmente

cerradura de

la

68
fábula

ENSAYOS DE CRÍTICA FILOSÓFICA

y dio atrevimiento
á escribir

a otros

no

tales

como

él

(árabes

y

esco-

lásticos),

la filosofía

en prosa

suelta,

y de una declaración
falsificarla,

en

otra,

viniendo á mentes inhábiles, ha sido causa de

corromperla y arruinarla».

En

esta cuasi

perfecta identidad

que

León Hebreo
haciendo de
la

establece entre la Metafísica

y

la

Poesía, se funda la

interpretación, á veces pedantesca, á veces ingeniosa

y

sutil,

que va

teogonia helénica, en
el

la cual

quiere encontrar

más

ó menos velado
cosas.

sistema de las ideas, eternos paradigmas de las

Pero cualesquiera que fuesen sus prevenciones, más bien

artísti-

cas que científicas, contra Aristóteles, no podía cerrar los ojos

León

Hebreo á
lejos

la

grandeza especulativa de

la
el

concepción
platonismo,

aristotélica,

de negarla, trató de resolverla en

suelve lo particular en lo general. Después de sentar

y como se recomo hecho

inconcuso que

las ideas,

en

el

sentido de prenoticias divinas de las
el Stagirita,

cosas producidas, no las niega

puesto que

él

mismo

su-

pone que en
es el

la

mente divina preexiste
él,

el

Nomos

del Universo,

que

orden sabio de

del cual se deriva la perfección
así la

y ordena-

ción del

mundo y de

todas sus partes; expone

famosa antino-

mia: «Sabrás, en suma, que Platón puso en las ideas todas las esencias

y

substancias de las cosas, de
ellas

tal

manera, que todo

lo

procrea-

do de

en

el

mundo corpóreo

se ha de estimar

más bien somle

bra de substancia y esencia, que verdadera esencia ni substancia.
Aristóteles quiere en esto ser
la

más templado, porque

parece que
ar-

suma perfección
en

del artífice

debe producir obras de perfecto
el

tificio

mismas, por donde sostiene que en
sus partes

y en cada una de
cada una de
ellas,

hay esencia

mundo corpóreo y substancia propia de
no son
las esencias y y ordenadoras de

y que

las noticias ideales

substancias de las cosas, sino causas productivas
ellas;

de donde

infiere

que

las

primeras substancias son los indivi-

duos,

y que en cada uno de

ellos se salva

y conserva

la

esencia de

las especies.

Y no

quiero que los universales sean

las ideas

que son

causa de los seres reales, sino que los tiene meramente por conceptos intelectuales

de nuestra alma racional, sacados de

la

substancia

y

esencia que hay en cada uno de los individuos reales... Pero la

diferencia

más bien

está en la corteza

de

los

vocablos que en

la

sig-

LA FILOSOFÍA PLATÓNICA EN ESPAÑA
•nificación

69

de

ellos.

Platón, hallando

que

ios

primeros filósofos de

Grecia no estimaban otras esencias

ni substancias

que

las corpóreas,

y pensaban que

fuera de los cuerpos no había nada, se fué al extre-

mo

contrario

al

de

los físicos,

enseñando que

los cuerpos

por

mis-

mos no poseen ninguna esencia, ninguna mosura como ella es verdaderamente, ni
sombra de
la
la

substancia, ninguna her-

tienen otra cosa que
é ideal

la

esencia

y hermosura incorpórea

que reside en
halló á los

mente del Sumo Artífice del mundo.
por
la

Aristóteles,

que
la

filósofos,

doctrina de Platón, apartados ya de
la
el

considera-

ción de los cuerpos, porque estimaban que toda
cia

hermosura, esen-

y

substancia, estaba en las ideas

y nada en
el

mundo

corpóreo,
las

viendo que por esto se hacían negligentes en
cosas corpóreas, de
falta
la cual

conocimiento de

negligencia había de resultar defecto

y

en

el

conocimiento abstracto de sus espirituales principios,
el

juzgó que era ya tiempo de templar

extremo que en esto había,

y demostró haber propiamente esencias en el mundo corpóreo, y substancias producidas y causadas de las ideas, y haber también en
él

verdaderas hermosuras, aunque dependientes de
(l).

las

purísimas

y

perfectísimas ideas»

Fácil es inferir las consecuencias del
•este

armonismo anunciado en
y diversidad de
ellas.

curiosísimo pasaje.

La

pluralidad, división

las

cosas mundanas no preexisten en las nociones ideales de

Aun-

que

la

primera idea del universo, que está en
es,

la

mente

del

Sumo
las

Hacedor, sea nmltifaria, esto
esenciales partes del

de muchas maneras en orden á

mundo, no por eso aquella multiplicidad

in-

duce en

ella

diversidad esencial separable ni

número

dividido, sino

que

es

de

tal

modo

múltiple,

que queda en

indivisible,

pura y
la

simplicísima,

y en perfecta unidad, «conteniendo juntamente
tal suerte,

plu-

ralidad de todas las partes del universo producido, con todo el or-

den de sus grados, de

que donde está

la

una están todas,

y todas no

quitan

la

unidad de

la una... Allí el

ser contrario

no está

dividido del otro en lugar ni es diverso en esencia oponente, sino que

(i)

Utilizo,

con leves correcciones encaminadas á hacer más claro

el

sen-

tido, la traducción del Inca Garcilaso,

que

me

parece más elegante y clásica

que

la

de Montesa.

.

70

ENSAYOS DE CRITICA FILOSÓFICA
la

en

idea del fuego
la

y en

la del

agua,

y en
la

la del

simple y en

la

det
en-

compuesto, y en
la del

de cada parte, está

del universo todo,
tal suerte,

y

todo

la

de cada una de esas partes, de
el

que

la

mumúl-

chedumbre, en
dad, y
tiple-.
la

entendimiento del primer
la

artífice, es

pura unilo

Divinidad es

verdadera identidad de

lo

uno y de

Viene á

ser,

pues, la Idea, en

el

sistema de

León Hebreo, «una y
di-

esencial luz solar, que en su unidad contiene todos los grados

ferencias de los colores». Identifícase con la sabiduría divina ó
el

con

Logos, porque no sólo en

el

entendimiento divino, sino en todo

actual entendimiento, la sabiduría

y

la

cosa entendida y

el

mismo

entendimiento son una sola cosa en

sí.

Y si esta
más en

hermosura cabe en
el

cualquier entendimiento creado, ¡cuánto

purísimo entenla sabi-

dimiento divino, que de todas maneras es uno mismo con
duría ideal;

y

«así

como produce y
el

el

mundo,

lo

conoce todo y conoen un simplicísimo
él es lo

ce todas sus partes

las partes

de

las pSrtes,

conocimiento, esto

es,

conociéndose á
conocido,
las
el

mismo, y en

mis-

mo
te

el

conociente y

sabio
él

y

la

sabiduría, el inteligen-

y

el

entendimiento y
el

cosas de

entendidas! Están, pues, las

ideas en

entendimiento divino, «todas juntamente, abstractas de

materia, de mutación ó alteración y de toda manera de división

y

muchedumbre»

¿Cómo
al

se efectúa

en este sistema

el tránsito

del orden ontológico

psicológico, del conocimiento divino al conocimiento

humano?

Platón y Aristóteles, concordados bajo los auspicios de Plotino, van á

darnos

la

respuesta. Nuestra alma es una figuración latente de todas

aquellas espirituales formas (las ideas) por impresión que en ella

hace

el

alma del mundo, origen ejemplar suyo;

lo cual

llama Platón

y Aristóteles, interpretado platónica y ubérrimamente por León Hebreo, entendimiento en potencia. Las formas ó especies
reminiscencia.,

representadas por los sentidos, hacen relumbrar las formas
cias ideales

y esenla

que están latentes en nuestra alma.

«Á

este relumbrar

llama Aristóteles acto de entender, y Platón, recuerdo, pero
ción de

inten-

ambos

es

una misma en diversas maneras de decir.» El
clara
la

alma

intelectiva,

aunque de suyo sea
por
la

como rayo de

la luz di-

vina, está ofuscada

densidad de

materia,

y no puede llegar

1

LA filosofía platónica EN ESPAÑA

7

á

los resplandecientes conceptos

de la sabiduría

y

á

los ilustres hábi-

tos

de la virtud, sino realumbrada por
el

la luz divina, la cual,
al

redulas

ciendo

entendimiento de

la

potencia

acto,

y alumbrando
le

especies y las

formas que proceden del acto cogitativo,

hace

CLCtualmente intelectual, con acto claro

y

perfecto. El entendimiento,

por su propia, naturaleza, no tiene una esencia señalada, sino que
es todas las cosas;

y

si

es entendimiento posible, es todas las cosas

en potencia; y en

si

es entendimiento en acto

todos los grados del ser de las formas

y pura forma, contiene y de los actos del unique
la

verso, todos juntamente en ser, en unidad, en pura simplicidad, con

mucha mayor perfección y pureza
nen en
posible,

intelectual

que

ellos tie-

mismos. El entendimiento actual que alumbra
el

al

nuestro

no es otro que
el

Altísimo Dios, y

así, la

bienaventuranza
el

consiste en

conocimiento del intelecto divino, en

cual están

todas las cosas primero y con

más perfección que en ningún entenél

dimiento criado, porque están en
visión ó multiplicación alguna,

esencial

y causalmente,

sin di-

antes en simplicísima unidad. El

último término á que en

la

vida terrena puede ascender este conola

cimiento intuitivo, tiene su nombre en
llama
el éxtasis-,

Psicología alejandrina: se
los

y León Hebreo
el

le

describe en

mismos térmi-

nos que Plotino y Abubeker, pero mezclando siempre algo del tecnicismo peripatético: «entonces

entendimiento, alumbrado de una

más alto que al humano pohumana especulación conviene, y llega á una tal unión y copulación con el sumo Dios, que nuestro entendimiento se conoce como siendo razón y parte divina más que entendimiento en forma
singular gracia divina, sube á conocer

der y á

la

humana...; y, en conclusión, te digo que la felicidad no consiste en

aquel acto cognoscitivo de Dios que guía

al

amor,

ni consiste

en

el

amor que
el

al

conocimiento sucede, sino que solamente consiste en

acto copulativo del íntimo

y unido conocimiento

divino,

que es

la

suma perfección

del entendimiento creado.»

Tales son los fundamentos metafísicos del neoplatonismo de León

Hebreo, pero no bastan
ña originalidad de

ellos solos

para dar idea cabal de
la

la

extra-

los detalles

y de

riqueza del sistema.
Tüept

Nada
más

hemos dicho de su cosmogonía, verdadero poema
inspirado en
el

^ua£w;,

Tiineo

que en

la

Física:

nada de sus disquisiciones

72

ENSAYOS DE CRITICA FILOSÓFICA

sobre la comunidad del ser del amor sobre los amores y
la

y

su amplia universalidad,

unión generadora del gran cuerpo del cielo
la

con

la

materia prima: nada de su filosofía de

voluntad, ni de su
vi

estética, brillante

comentario del Simposio y del libro
fin,

de

la pri-

mera Encada: nada, en

de su temeraria exégesis, que á pesar
ni retrajo á los intérpretes

de sus inauditos arrojos y cavilaciones,
cristianos, ni hizo

sospechoso

el libro.

Todo

lo cubría el

exaltado

misticismo del autor, su bella
espíritu vivificante

y simpática doctrina del amor como que penetra el mundo y como atadura del uniel

verso.

Nadie

espiritualizó tanto

concepto de

la

forma, nadie le

unificó mas,

y nadie

se atrevió á llegar tan lejos en las conclusio-

nes de la teoría platónica, hasta construir esa síntesis deslumbradora
la

que abarca todo

el

cerco de ios entes, afirmando donde quiera

eterna fecundación del amor. Doctrina que puede ser telematolóel

gica en

punto de arranque, puesto que León Hebreo usa

el

mis-

mo

procedimiento psicológico que los Alejandrinos,

pero

que

en su término es esencialmente ontológica, puesto que viene á
considerar
el

mundo como una
y hace

objetivación

del

amor ó de
y

la

voluntad, que se revela

visible

en

infinitas apariciones

for-

mas

(l).

Si los diálogos

de Judas Abarbanel estaban escritos (como de un

pasaje del tercero de ellos se infiere) desde el año 1502 (5262 déla creación, según el
bastante,

cómputo hebreo),
influir

es indudable

que precedieron
eficaz

y debieron de
la

de un

modo muy

en

los diItalia

versos libros de platonismo erótico-recreativo, publicados en

y España desde

primera mitad del siglo xvi. Entre

ellos

baste

recordar, por el hecho de haber sido inmediatamente trasladados á

(i)

La

metafísica pesimista

de Schopenhauer tiene evidentes relaciones
objetivación de la voluntad racional y esenla

con esta metafísica optimista. Schopenhauer admite en términos expresos
las ideas platónicas
cial,

como primera

que en su sistema equivale á

unidad de

los Alejandrinos.

El

mundo

fenomenal es una mera apariencia [mata de
tiene valor

los filósofos de! Indostán),
sí).

como expresión
el

del etwas nouménico (la cosa en
la

y sólo Las ideas sir-

ven de cadena entre

mundo de

vohmiad y

el

mundo de
si,

los

fenómenos.

Son

la

objetivación inmediata y adecuada de la cosa en
la

pero están sujetas

todavía á

forma de

la

representacidn.

LA FILOSOFÍA PLATÓNICA EN ESPAÑA
nuestra lengua, los Asolani del cardenal
algo pedantescos sobre
el

73

Bembo, razonamientos
la

amor, que se suponen habidos en
el

corte

de
ne,

la

Reina de Chipre; y
fué

Cortesano del conde Baltasar Castiglio1

Nuncio que

de Clemente VII en España, desde
el

52 5 hasta

su muerte, acaecida en Toledo
libro

lO de Febrero de 1529. El cuarto

de esta especie de Manual de cortesía y buen tono caballe-

resco, termina con un largo

y

bellísimo razonamiento sobre el

amor

y

la

hermosura, puesto en boca del mismo cardenal Bembo, trozo

muy

digno de memoria, no sólo por

la

peregrina hermosura de
la

!a

dicción,

que

resulta

mayor,

si

cabe, en

prosa castellana de su
intercalar

intérprete Boscán; sino porque el
paráfrasis del

mero hecho de
libro
la

una

Phedro y del Banquete en un

de urbanidad, deplatónica en
el

muestra hasta qué punto había penetrado

moda

mundo
artistas.
el

elegante de

Italia,

y en

el

círculo de

sus poetas

y de

sus

El ejemplo de estos libros italianos que difundían hasta en
las

vulgo y entre

mujeres

los principios

de

la filosofía del

amor,

contribuyó, sin duda, á multiplicar en España los diálogos de asunto
estético

cos. Así, el célebre

y philográphicOi todos esencial y declaradamente platónibotánico Cristóbal de Acosta escribió Del amor
el

divino,

natural y humano;

heroico capitán Francisco de Aldana
platónico; el grave juriscon-

compuso un Tratado de amor en modo
sulto aragonés

micer Carlos Montesa, mal consejero del justicia

Lanuza, una Apología en alabanza del amor. Finalmente, pueden
recordarse
el

ingenioso

y ameno Diálago de
la

atnor,

obra rarísima de

autor anónimo, publicada en Burgos por Juan de Encinas en 1593,

y

el

voluminoso Tractado de

hermosura y del amor

(l),

de Mael

ximiliano Calvi (italiano de origen,

pero no de lengua),

cual

Tractado, en
los

mayor parte de su contexto, es un mero plagio de Diálogos de León Hebreo y de los dos libros De pulchro y De
la

Amare

del célebre peripatético Agustín otra ocasión.

Nipho Suessano, como

lar-

gamente he probado en
ca, fueron

Ksta philographia (ó disciplina amatoria) y esta estética platóni-

una especie de

filosofía

popular en España y en

Italia

(i)

Impreso en Milán,

i5'/6.

De

todos estos libros doy más larga noticia

en

el

mío ya indicado,

Hist. de las ideas estéticas.

74
durante todo

ENSAYOS DE CRÍTICA FILOSÓFICA
el siglo xvi.

Su expresión más

alta

debe buscarse en
la

aquella incomparable oda de Fr. Luis de

León á

música del

cie-

go

Salinas, donde,

con

frases de insuperable serenidad

y

belleza,

está expresado el

que forman
de
la

las criaturas

poder aquietador y purificador del arte; la escala para que se levante el entendimiento deslas bellezas naturales

contemplación de
la

y
la

artísticas hasta la

contemplación de

suma increada hermosura;

armonía viviente

que en

el

LTniverso rige; armonía de números concordes

que

los

pitagóricos oían con los ojos del alma; música celeste, á la cual res-

ponde
pular

débil y flacamente la música humana. Pero la expresión poy más difundida y vulgarizada, aparece todavía más de resalto, por lo mismo que es menos metafísica, en los poetas eróticos, tales

como Camoens, Herrera
tea), los

(l)

y Cervantes (en

el libro iv

de

la

Gala-

mismo que no procedían de un modo discursivo, sino intuitivo, y tomaban llanamente sus ideas del medio intelectual en que se educaban y vivían, nos dan mucho mejor que los
cuales, por lo
filósofos

de profesión, ya escolásticos, ya místicos, ya independiende
la

tes, el nivel

cultura de su edad, mostrándonos prácticamente

cómo
de
la

poética del

y transformaban la manifestación amor profano, y cómo al pasar éste por la red de oro forma poética perdía cada vez más de su esencia terrena y amor
místico,

esos conceptos idealizaban

llegaba á confundirse en la expresión con el
el calor el

como

si

y

la

intensidad del afecto depurase
la

objeto

mismo de
y de
los

pasión.

Es

cierto
letras

y engrandeciera hasta que para la mayor parte de
no era
el

los artistas

hombres de

platonismo otra

cosa que un recurso semejante á la mitología, una retórica de lugares comunes, medio paganos

y medio

cristianos, sobre el

Bien
las

Sumo y

la

Belleza

Una en Dios y derramada
hecho de insertar

difusamente en

criaturas. Pero el solo

tales teorías,

como Cerentreteni-

vantes lo hizo, en una pastoral, en un libro de
miento, destinado á correr en
cellas,
el cestillo

ameno
la

de labor de dueñas y don-

demuestra cuan vigoroso era

el

empuje de

corriente

(i)

Herrera, además, trata dogmáticamente del amor y de

la

hermosura

en

anotaciones á los sonetos 7.° y 22 de Garcilaso, y en otras partes de su célebre comentario á aquel gran poeta.
las

LA filosofía platónica EN ESPAÑA
platónica en
el siglo

75

xvi.

Platónico,

y probablemente derivado de
cierta

Castiglione, era el sentido de aquella

idea que venía á la

mente de Rafael y

le servía

de modelo para sus creaciones. Plató-

nicos son los sonetos de Miguel

Ángel y

los

de Victoria Colonna,

y

las elegías del

divino Herrera, y los diálogos del Tasso

y

sus so-

netos,

y

los cantos

de innumerables poetas eróticos que juntaron á
antigua casuística amorosa de
la la Edad Aledia, como Ausías March de sentimiento y más intital

los recuerdos
tal
la

de

la

como

el

Petrarca

había interpretado y

había realzado con mayor sinceridad

midad de espontánea

psicología, las enseñanzas de la

nueva Acade-

mia Florentina y las de aquel judio español cuya influencia no era menos honda, aunque se confesase menos. Puede decirse que las
lecciones de Diótima {la

fada Diótima^ que decía León Hebreo) y que todo
el

estaban entonces en

la

atmósfera,

mundo

la

respiraba

hasta sin darse cuenta de ello: en los libros místicos, las almas piadosas; en los de erudición
cible entretenimiento, los

y preceptiva, los doctos; en los de apamundanos. El que, para recoger piadosade
las.

mente su
las

espíritu, soltaba

manos

la

Calatea,

y buscaba en

obras del venerable Granada
allí

el

Memorial de

la vida cristiana,

tropezaba

con

la

doctrina de

las

ideas arquetipas, expresada con
al sentir

encantadora ingenuidad y modificada conforme

de San

Agustín y de Santo Tomás:

&Y si

es lícito

comparar

las cosas altas

con

las bajas, así

como en

la oficina

de un famoso impresor, ade-

más

del maestro

mayor que

rige la estampa,

diferencias de letras, unas grandes

das y otras iluminadas y de otras

hay muchas formas y y otras pequeñas, unas quebramuchas maneras, así. Dios mío,

contemplo yo vuestro divino entendimiento como una grande y real oficina, de donde salió toda la estampa deste mundo, en el cual no está solamente
la

virtud eficiente

y obradora de todas

las cosas,

mas también
ras,

infinitas diferencias

de formas y de hermosísimas figuestas formas en

conforme á

las cuales salieron las especies

vemos y que no vemos, aunque

y formas criadas que Vos no sean muque no hay criatura

chas, sino una simplicísima esencia, la cual, de diversas maneras,

por diversas criaturas es participada.
fuera de

De

suerte,

Vos que no tenga

su forma

y modelo dentro de Vos, conlos filó-

forme á cuya traza fué sacada. Estas son aquellas ideas que

~6

ENSAYOS DE CRÍTICA FILOSÓFICA
(l).

sofos ponían en vuestro divino entendimiento»
rial pasaba á las Adiciones,
la
allí

Y

si

del

Memo-

se encontraba traducido á ja letra

mayor parte del razonamiento de la forastera de Mantinea, recomendado y encarecido con estas tan expresivas y aun hiperbólicas palabras: «Casi todo esto que aquí habemos dicho acerca de la divina hermosura, dice maravillosamente Platón, en persona de Sócrates, en el diálogo

que llaman del

Convite... ^ Que' cristiano

habrá

que

lio

se espante de ver en estas palabras de gentiles resumida la
(2).

principal parte de la filosofía cristiana?^
prosista

Escribía

el

admirable

franciscano Fr. Juan de los Angeles su regalado libro de

los Triunipkos del

amor de Dios
los

(1590), siguiendo «la doctrina del

divino contemplativo Dionysio,

y de Platón en su Convite de amor,
esta materia hablaron, con justo

porque entre todos
título llevan la

que de

palma». El beato Alonso de Orozco, mostrándose

digno hijo de San Agustín, esmaltaba su tratado

De

la

suavidad de
lla-

Dios (1576), de sentencias platónicas, y no teniendo reparo en

mar divino filósofo

al

autor de

ellas,

añadía con verdadero asombro:

«Platón, en aquel Convite que escribió,
natural, las grandezas

me

admira, en sola lumbre

que dice de Dios.> El archiplatónico Trataenteramente merecida, de ser
al

do del amor de Dios, compuesto por otro agustino, Cristóbal de

Fonseca, obtenía

la

honra, no sé

si

citado por Cervantes nada

menos que

lado de los diálogos de

León Hebreo

(3).

Y, finalmente, para no hacer interminable á poca

costa esta enumeración, pues nada

hay más abundante que
el

estos

rasgos platónicos en nuestros libros de devoción, citaré
decisivo de

ejemplo

Malón de Chaide, que en

la

parte cuarta de su lozanísi-

ma

Conversión de la Magdalena, intercaló un verdadero tratado de

(i)
(2)

Cap.

I,

2.^ parte.
las Adicioties al

Cap. XIV de

Memorial.
la

(3)

«Si tratáredes

de amores, coa dos onzas que sepáis de
las

lengua tos-

cana, toparéis con

León Hebreo, que os hincha
todo
lo

medidas.

Y^ si

no queréis

andaros por tierras extrañas, en vuestra casa tenéis á Fonseca, Del amor de
Dios,
tal

donde se

cifra

que vos y

el

más ingenioso acertare á desear en

materia.» (Prólogo de

la 1.^

parte del Qu!.xote.) Cervantes olvidaba, sin

doda, que León Hebreo era tan español
sólo á
la

como Fonseca, ó

quiso aludir tan

lengua en que por primera vez se imprimieron sus diálogos.

LA filosofía platónica en ESPAÑA
Metafísica alejandrina, siguiendo

77

(como

él

dice) «á los

que mejor

hablaron desta materia del amor, que son: Hermes Trismegisto,
Orfeo, Platón y Plotino, y
al

gran Dionisio Areopagita, y á algunos

de

los antiquísimos filósofos,

mezclando

lo

que en

la

Sagrada Es-

critura hallare
la

que pueda levantar esta materia». Pero, en realidad,
le

mayor

parte del trabajo se

dio

hecho Marsilio Ficino en su

diálogo í,opra Famore, no sólo imitado

alguna vez literalmente por Malón de Chaide, bar un joven y docto de Chaide pertenecía
teoría del
escritor,
(l).

y explotado, sino traducido como acaba de proornamento de la Orden á que Malón
y en
la

No

sólo en la teoría de la belleza

amor

era

Malón de Chaide fervoroso
serlo,

platónico; lo era

también,
la

y no podía menos de

en

la

doctrina de las ideas, sin
ni explicados.

cual aquellos conceptos no
al

pueden ser entendidos

Pero

admitir las ideas, rechazaba los sueños y obscuridades de

aquellos primei-os platónicos que las imaginaban distintas

y separa-

das de

la

mente

divina, ó bien contenidas

por

el contrario, se

alma del mundo, y declaraba neoplatónico y secuaz de Plotino, que
en
el

dijo divinamente que las ideas están en el mismo Dios,

y

de

él lo

tomo

mi Padre San
las ideas

Agustín,
el

y

de

San Agustín
de
la

los teólogos.

Son, pues,

(según

parecer de Malón de Chaide comentando á Plosabiduría divina, inmen-

tino), «las fuerzas infinitas é inefables

sas fuentes fecundísimas, formas primeras

que concurren en una

divinidad, esto es, que son una cosa con Dios, porque

aunque se

llaman por diversos nombres, y en
chas, pero en

el

nombrallas nos parezcan mu-

hecho de verdad no

lo son,

porque Dios es simplicíuna...

simo y son

el

mismo

Dios,

y

así las

llamamos muchas y

En
su

hecho de verdad, todo
infinito

lo criado é infinito,

y más que Dios con
las

poder puede
sí tiene,

criar,

no es más que retrato de
si

perfeccio-

nes que en

porque
si

en

no tuviera perfección de ángel,

sol y estrella, y hombre y de lo demás, mal pudiera criar el sol, las estrellas, el hombre y lo demás que está criado; de suerte que en sí tiene las
le

no

pudiera criar, y

no tuviera perfección de

ideas ó perfecciones que decimos,

y porque

él es infinito,

por eso

(i)

Vid. Fr. Ljiis de León y la filosofía española del siglo xvi, por Fr. Mar-

celino Gutiérrez. (Madrid, 1885, pág. 114.)

78
tiene infinitas,

ENSAYOS DE CRÍTICA FILOSÓFICA

puede hacer

infinitas.

y porque conforme á aquéllas cría las cosas, por eso Hace como si vos tuviésedes un sello ochala

vado de oro que en
otra,

una parte tuviese un león esculpido; en un
águila,

la

un caballo; en

otra,

y

así

de

las

demás; y en un pe-

dazo de cera imprimiésedes
caballo; cierto está

el león;

en

otro, el águila;

en

otro, el

que todo

lo
lo

que

está
allí

en

la

cera está en

no podéis vos imprimir sino

que

tenéis esculpido.

una

diferencia,

que en

la

cera

al fin es

cera,

y vale

y Mas hay poco; mas en el
perfecciones

el oro,

oro es oro, y vale mucho...
finitas

En

las criaturas están estas

y de poco valor: en Dios son de oro, son el mismo Dios». ^Y quién ha de negar sabor platónico á aquellos incomparables diálogos de los Nombres de Cristo, en que Fr. Luis dé León rivalizó
con
et

rés dramático, á lo

mismo fundador de la Academia, si no en la fuerza de intemenos en el arte luminoso con que los concepabstractos aparecen bañados

tos

más

y penetrados por
además de

el

divino

fulgor de la hermosura? Otras doctrinas,
influido ciertamente
la

la platónica,

han

en

el

pensamiento de Fr. Luis de León: mucho

escolástica tradicional, algo el lulismo; pero no
al

puede negarse

que

insistir

con tanto encarecimiento en

la

noción de unidad,
al

punto nada secundario, sino trascendental en grado sumo, y
buscar con tanto ahinco
la

conciliación entre este concepto y el de

diversidad, obedecía á aspiraciones armónicas

que en

la

escuela de

Alejandría tuvieron su primer origen. «La perfección de todas las
cosas,

y señaladamente de y en que siendo

aquellas que son capaces de entendimiendellas tenga

to

y

razón, consiste en

que cada una
que en

en

á todas las

otras,

tina, sea

todas cuantas le fuere posible, porsí lo

que en esto

se avecina á Dios,

contiene todo.

Y

cuanto

más en esto creciere, tanto se allegará más á él, haciéndosele semejante. La cual semejanza es, conviene decirlo así, el pío general de
todas las cosas,

y

el fin

y como

el

blanco á donde envían todos sus
perfección de las cosas en
esta

deseos

las criaturas... Consiste, pues, la

que cada uno de nosotros sea un mundo perfecto, para que por

manera, estando todos en mí y yo en todos los otros, y teniendo yo mi ser de todos ellos, y todos y cada uno de ellos teniendo el ser
mío, se abrace

y

eslabone toda aquesta máquina del universo,
la

reduzga á unidad

muchedumbre de

sus diferencias,

y se y quedando

LA filosofía platónica EN ESPAÑA

79

no mezcladas se mezclen, y permaneciendo muchas no lo sean, para que extendiéndose y como desplegándose delante los ojos la varie-

dad y diversidad, venza y reine y ponga su
todo.

silla la

unidad sobre

Lo

qual es avecinarse

la

criatura á Dios, de quien
infinito

mana, que

en

tres

personas es una esencia, y en
sola,

número de excellensencilla excellencia.

cias

no comprensibles, una

perfecta

y

Y

porque no era posible que
cas, estuviesen todas

las

cosas así
les

como

son, materiales

y

tos-

unas en otras,
sí,

dio á cada una de

ellas,

de-

más
con

del ser real

que tienen en

otro ser del todo semejante a este

mismo, pero más delicado que
el

él

y que nace en

cierta

manera

del,

qual estuviessen y viviessen cada una dellas en los entendi-

mientos de sus vecinos, y cada una en todas y todas en cada una.»
¡Siempre
la

misma tendencia
la

al

armonismo en todos

los

grandes

esfuerzos de

Metafísica española, lo
lo

en Raimundo Lulio,

mismo en Aben Gabirol que mismo en Sabunde que en León Hebreo ó
de
la numerosa y brillante falange de los no menos lucido y alentado escuadrón

en Fox Morcillo!
Si

(I).

apartamos

la

vista

místicos, para ponerla en el

de

los teólogos

y

filósofos escolásticos,

no nos será
la

difícil

tropezar

con huellas platónicas, aun reconociendo que en
minaron siempre con gran exceso y ventaja
teles
la

Escuela predo-

autoridad de Aristó-

y

el

método y

las

tendencias peripatéticas.
la

Ya

la

antigua es-

colástica,

especialmente

de Santo Tomás, había incorporado en

(i)

Es

casi inútil advertir

que

al

recoger aquí algunos rasgos de

la

doctri-

na platónica esparcidos en nuestros místicos, no pretendo en

modo alguno

dar á estas nociones, puramente filosóficas y humanas, más valor del que tie-

nen y alcanzan, accidental y no esencialmente, en aquella ciencia misteriosa y altísima que San Juan de la Cruz {Noche esaira del alma), define -ícontemplación infusa

ó mysiica

theologia en que de secreto enseña Dios al

alma y

le

instruye

en perfección de amor, sin ella hacer nada más que atender amorosamente a Dios,
oirley recibir su luz sin entender cómo es esta contemplac¿ón!>. Tal ciencia intuitiva,

es evidente

que trasciende, no ya del conocimiento
práctica.

filosófico, sino
(I.

de

la

misma

teología escolástica, que,

como prueba Santo Tomás

q.

I.,

art. iv),

es ciencia

más especulativa que

Y

cualesquiera que sean las semeel

janzas aparentes entre el misticismo racionalista de Plotino y

misticismo

de

las

escuelas cristianas, siempre habrá entre ellos todo el abismo que sepa-

ra el orden natural del

orden sobrenatural y de Gracia.

8o

ENSAYOS DE CRÍTICA FILOSÓFICA

SU vasto organismo algunos conceptos platónicos de la

mayor im-

portancia, admitidos generalmente entre los teólogos cristianos des-

de

la

época de San Agustín. Pero no

me

refiero a este primitivo

caudal que de Santo
sino

Tomás hubo de

pasar á todos sus expositores,

que pongo

la

atención en algo que los del siglo xvi añadieron,

tomándolo directamente de Platón ó de sus intérpretes florentinos.

Ya
rrir

Melchor Cano, en
sobre
al

el libro

x de sus Lugares

Teológicos, al discu-

la

autoridad de los filósofos y

la utilidad

que pueden

prestar

teólogo,

y

vindicarlos del ignorante desdén de los lute-

ranos razón

(l),

que

dirigían entonces contra las fuerzas naturales de la

humana argumentos no muy
la

diversos de los que luego puso

en moda

escuela tradicionalista, mostró inclinarse á una
la

mayor

benevolencia respecto de Platón, y á restringir un tanto
cia

senten-

de Santo Tomás respecto de

la

primacía filosófica de Aristóteles.

Concedía de buen grado á

los platónicos aquel

profundo teólogo y

elegantísimo escritor, que en las cuestiones de la inmortalidad del
alma, de
la

providencia de Dios, de

la creación, del

Sumo

Bien y

de los premios y castigos de

la otra vida,

Platón se había explicado
él

con más claridad y firmeza que Aristóteles, acercándose más que
á la doctrina católica. Pero al

mismo tiempo observaba que no era
de Platón, por su manera libre

posible ni conveniente desarraigar de las escuelas la enciclopedia de
Aristóteles, puesto

que

los diálogos

y

poética,

filosofía

y por no abarcar metódicamente las diversas partes de la ni tocar siquiera muchas de sus cuestiones, no podían en
sustituirla

manera alguna

como

texto de enseñanza. Sin despreciar,
el

pues, ni el parecer de San Agustín, que prefirió á Platón, ni

de

Santo Tomás, que prefirió á Aristóteles, aceptaba

el

segundo cum

moderatione quadam, concediendo algo á los amigos de Platón,

y

no empeñándose vanamente en convertir á Aristóteles en
cristiano, violentando

filósofo

y torciendo

sus palabras (2).

(i)

Nec

video eqitidem. cur ejusmodi Philosophos tanto

Luiheram

odio prost-

quantrir, niii qiiod auctorts obscuros inieUeciuque difficihs perdisccrc nec volunt

nec vero fossimt. (De Locis Theohgicis,
(2)

lib. x,

cap.

11.)

Enimvero quis primas

inter Philosophos habeat, qitisve proinde Ule
sic,

sit,

cui praecipuam daré

operam operae pretitttn

variae siint dociissimorum homie

num

discrepantesque sententiae... D. Augusiino Pialo

svmmus

esl,

D. Thoma-

1

LA FILOSOFÍA PLATÓNICA EN ESPAÍJA

8

La grande autoridad de Melchor Cano

llevó al partido de esta

moderatio quaedam, ó sea benevolencia relativa, que no nos atreve-

mos

á llamar eclecticismo, á los
sin excluir á los

más grandes teólogos de nuestra
la

edad de oro,

más fervorosos tomistas de

misma

Orden de Predicadores

á la cual

Melchor Cano pertenecía. El missabia

mo mo

era continuador en esto de

h

y prudente
disintió

libertad de ániel

de su maestro Francisco de Vitoria, de quien dice Cano, por
elogio,

mayor

que «en algunas cosas

que mereció,

á su juicio,

de Santo Tomás, y mayor elogio disintiendo que consintiendo,
Santo Doctor á bulto y

porque no conviene
sin

recibir las palabras del

examen».
siendo aristotélicos, pues, dieron cierta importancia
platónico, no ya sólo los
al ele-

Aun
mento

que pudiéramos llamar escolásticos

humanistas, verdaderos escolásticos del Renacimiento,
ria

como

Vito-

y su glorioso discípulo, sino más bien debieran colocarse en
los desafectos á

los que, á juzgar
el

por otros indicios,

grupo de

los intransigentes
el

y de
do-

novedades. Tai acontece, por ejemplo, con
los

minico Fr. Bartolomé de Medina, uno de

acusadores de Fr. Luis

de León. Pues bien; Bartolomé de Medina, cuando en su exposición de
la

primera parte de

la

Stimma,

llega á tratar

por incidencia de

la

summus

esí Aristóteles: sic fere res /labeizf,

uí id doctrinae gemís quisque
est.

máxime
alte-

probet cui a teneris aunis máxime assuetus

Exoritur Augustini ratio ex

ra parte, nullus
nicos...

omnium Ckrislianae magis doctrinae concordes quam PlatóAc D. Tliomae sententia quidem et omnium pene gentinm ef multorum secuesse
est...

lorum usu probata
tttm esse posse, si

Illud

coitstat,

neminem

in rebus naturalibus

plañe erndi—
est,

solum Platonem

legat.

Sohis autem Aristóteles abunde sat
eruditus...

ut sit

homo

in Ptülosophiae tribus
tur,

omnino partibus

Sed enim, utmihi

quidem vid

nec Augustini nec Tliomae contemnenda est sententia.

Nam

ei iis

concedendum

est

qui Aristotelem amant

et iis

forsitan qui Platonis amici sunt.

Quorum judicium, in eo quod de animi inmortalitate, de Dei providentia, de rerum creatione, de Finibus bonorum et malorum, deque alterius vitae vel praemio
vel poenis,

Platonem apertius constaniiusque locutum asserant,
est divi

difficile

factu est

non probare. Probanda vero magis

Thomae
illa

opinio,

sed

ita

tamen ut adhienim quoque

beatur moderatio quaedam, sine qua probari
nobis Aristóteles, et recle placel, limus semper

non

potest. Placel

modo ne repugnaniem eíiam Ulan ad Ckrisíivequod interpretes fere solent qui vim contextui

dogma

convertere, et

saepe af/erunt, alque Aristotelem cogunt, ut velit nolit pro fide catlwlicapronuntieí.

(Libro X, cap.

v.)

Mehfndbz

r ^v.l>AYO.— Ensayos de crítica filosófica.

6

82

ENSAYOS DE CRÍTICA FILOSÓFICA

y de

hermosura y del amor, junta amigablemente doctrina de platónicos peripatéticos, refiriéndose con especial elogio á Plotino y al
cdiv'ino Platón

en aquel elegantísimo diálogo de su Convite* de Medina su
¡lustre

(I).

Sigue

las huellas

sucesor en

la

cátedra,

Do-

mingo Báaez, y

al tratar

de igual cuestión, acepta

la

definición plael

tónica de la belleza, citando expresamente el Fedro,
el

Simposio y

Hipias Mayor, como fuente de su doctrina

(2).

Todavía son más frecuentes

los vestigios platónicos
la

y neoplatóque en
la

nicos en los grandes maestros de

Compañía de

Jesús,

antigua España se distinguieron siempre por su independencia
sófica, hasta el

filo-

punto de constituir una verdadera disidencia dentro

del escolasticismo tomista; disidencia que se hizo principalmente
visible

en

las

cuestiones de Gracia y libre arbitrio, pero que en

Vázquez, en Toledo, en Suárez, en Rodrigo de Arriaga (especialmente), alcanza
filosóficos
la

un carácter más general y se extiende á puntos
la

de tanta importancia, como
el

no distinción
la

real entre

esencia y la existencia,

concepto propio de

unidad trascenla

dental, el conocimiento intelectual de los singulares,

identificación

de

la

cantidad con

la materia, la

no distinción

real entre las

poten-

cias del

alma y

el

alma misma,

etc.

Libros hay de jesuítas nuestros,

como

el

elegantísimo de Benito Percrio

De

Comiiiun bus omniíim
(3),

reriim iiatnralium principüs cí affcctionibits

que más que á

la

escolástica parecen pertenecer á la filosofía del Renacimiento;

y

los

diálogos

De Morte

et la

lumortalitate del P. Mariana, aunque repro-

duzcan doctrina de
(i)

Escuela, lo hacen en

modo y forma

tal,

que

Expositio in primam secundae Angclici Docicris Divi Tcmac Aquinatis...
1

Salamanticas,
se

582. P. 378, q. 27:

«Sed

siint ctiaiii

causae aUat ciir amorcm ai

pulchrituio altrahil, guas ex Platonc et Plalonicis dcsiimcmus...

De qua

re

divinus Pleito elcgantissim: in priinis disseruit in Dialogo qtii Convifium appellatur.»

Scholasiica Commtntaria in Primam Partan Angclici Dcctoris D. Tho(2) ma: usqu: ai s::xages¡mam qiiarlam quacsiionem ccmplcctcniia. Azictore Fratre

Dominico Bañes Mondragonensi... Salmanlicac,

\^%¡„c<:¡\. efií.

«Circa sohtiio-

nem ai primum nota ex Platone in Phcdro ct in Symposio ct Hyppia Aíajori, quod pulchrituio cst quaeiam gratia ct sphndor rci, quae p:rccpta per mentem
vel

auditum vel visum

allicit animair.-»

(3)

Me

valgo <ie la edición de Colonia, 1609.

LA FILOSOFÍA PLATÓNICA EN ESPAÑA
al

83

mismo Cicerón diera envidia, y

la

presentan tan artísticamente

engastada, que parecen un eco cristiano del Phídon. Resolvió Pererio la cuestión de priucipiis

con sentido

aristotélico puro; pero

como
de
las

era

hombre de inmensa erudición

clásica,

conocedor, no sólo

doctrinas de Platón y Aristóteles, sino de las de

Anaxágo-

ras,
liso

Demócrito y Leucipo, Pitágoras, Xenóphanes, Parménides, Mey HerácliLo, que largamente expone y discute en su libro, hizo
las

desde

primeras páginas de

él

bizarra declaración

de libertad
física, el pri-

filosófica (l), advirtiendo

que en materias de ciencia
la

mer
si

lugar correspondía á
la

observación y á
la

la

experiencia, el se-

gundo á
no en

razón, y sólo

el

último á

autoridad de los filósotos.

Y

ésta,

en otras obras suyas que se conservan inéditas, se
la

mostró decidido partidario de
trató

teoría platónica de las Ideas, y

de conciliaria con

la

teoría aristotélica

de

la

forma, en térmi-

nos bastante parecidos á

los

que en su plan de concordia propuso

Fox

Morcillo

(2).

(i)

£go viullum Platoni

tribuo, plus Aristotcli, sed rationi

plurimum. In

cxplicandis Pinlosnp/iiac qziaestionibiis disceptandisguc controversüs, equidem

quil Aristóteles scnscrit
det,

di'.igcntcr considero,

s:d multo magis quid ratio sua-

meciim ipse pcrpendo. Si quid Aristotelis doctrinae congrucns ct conveniens
probabile duco: si quid autim rationi conscntancum csse video, sejudico. Itaju: in P.'iyji-jlogia primes juiicio scnsuum, tonga ex-

essc intclligo,

rum certumquí

peri:ntia et diligenti obscrvitioni explórate ac confirmalo,
auctoritati P/iilosop/iorum postremas defero (Praefatin).
(2)

sxundas

rationi,

Existen en

la Biblioteca

Ambrcsiana, de Milán, tres volúmenes mafilo-

nuscritos de lecciones de Benito Pererio, que reproducen su enseñanza
sófica

en

Roma

por

los

años de 1566 á 1568.
las

En uno de

estos códices, el

D.

— 426

inf.,

que contiene

anotaciones Sup:r libros de Anima Aristotelis,

hemos

leído el curioso pasaje siguiente, refutando lo

las ideas platónicas:

«Hasc

Psripatctici, sed profccto haec est

que Aristóteles dijo de mera calumnia
isti

in Platonem, tiam quae de

Ideis a

P.'aíone dicta scripiaque suv.t, sunt longe

verissima. Plato

namque posuit guidem Ideas sed non guales

confingunt et

imponunt Platoni, vjcavit igilur Plato ideas raiioncs,

rpifices ct ef/ectrices

om-

nium rerum,

Ínsitas in mente divina...

quas Ideas non modo non respuuni nostri

Tlteologi, sed ct

amplcxantur:

csse

au tcm

in omni eo guod agit per intellectum inest ratio et
alioquin non ageret per intellectum...
lat Plato Ideam...

nam forma rei quae debet fieri, Hanc autem formam intclligibilem appellias

Ideas neccssarias sic ostendititr

Hace autem

idcac habcnt divi?¡as illas proprietates

quas

84

ENSAYOS DE CRITICA FILOSÓFICA

Por
la

distinto

camino

]a

había buscado en Florencia Juan Pico

de

Mirándola,
sólo, á

si

bien no llevó á cumplida sazón sus trabajos, divulla

gando

ruegos de Angelo Policiano,
al

parte de ellos que se

refiere al

concepto aristotélico del Ser y

concepto, plotiniano

má&
pen-

bien que platónico, de lo Uno, considerados por Pico

como

igual-

mente

nnivej-salcs-,

aunque no

lo

habían sido ciertamente en

el

samiento de

los

alejandrinos.

El tratado

De Ente

et

Uno alcanzó
la

bastantes simpatías entre nuestros escolásticos, y mereció
insigne de que Suárez, en su inmortal
sec.
la
111,

honra
xxviii,

Metafísica (disp.

núm.

13), calificase

de egregias

las

razones con que Pico de

Mirándola y otros neoplatónicos abonaban su nuevo y singular

sentir,

que excluye á Dios
lo

del

concepto de Ente, y

le

pone sobre

el

Ser y sobre

Uno

(l).

Con menos atenuaciones que en Suárez se
platónica y realista en Gabriel Vázquez,

mostraba
Plato
illis

la

inclinación

trihuchat, sunt naynque separatat a rebus singtdaribus, sunt intelli-

gibilc.t,

sunt inmortales, propterca guod stivt in 7nente divina, deinde sunl prio-

res caitsae cognoscendi et producendi... Isiae ideae sunt mullae objcctive et ter-

minative, repraesentant
in

namquc

inulta,

sunt autem

unum

subjective,

guia sunt

natura divina quae una

est rcpraese?!ia?!s

imaginem oinnium rerum. Ceie-

in concavo lunae vel in alio loco,

rum non posiim non mirarihos Ptiilosophos dicentes Platonem posuisse has Ideas cum Aristóteles qui videtur male audisse has
apud Platonem Ideas nusquam
esse et in nullo

Ideas, tamen in 3.' Phys. dicat

loco collocasse et sub fine libri, quasi concludens aliquid contra Platonem, si hoc
gSset, inquit,
(i)

Ideae essent in aliquo loco, quod Plato minime vuli.
in quibus et universa

Metaphysicarum Disputationum,

Naturalis Tlieoe so-

logia ordinate traditur...
cieiaie Jesu.

Tomus Prior. Authore R. P. Francisco Suarcz,

Moguntiae, excudcbat Balthasarus Lippius, sumpiibus Arnoldi

Mylii, IS99,

tomo

11,

pág. 12. Esta disputación trata de la división del ente

en

finito é infinito.
la filosofía

Es lástima que
hasta ahora

del Doctor Eximio apenas haya sido estudiada

más que por

escolásticos de profesión,

empeñados en borrar

<S

atenuar á toda costa

las diferencias,

que es donde reside principalmente

el

interés y la originalidad de un sistema. En Psicología (y daremos este solo ejemplo) distaba Suárez mucho de ser un peripatético intransigente. Encon-

traba en el tratado
errores,

De Anima, de

Aristóteles,

muchas lagunas

)'

evidentes

que

trató

de corregir y salvar con
alia
14.)

sutil análisis

y singular delicadeza
dixerit,

de observación interna: «Quod vero Aristóteles hoc nunquam
urget,
lib.
iií,

non

multa enim
cap.
IX,

praeterivit, alia exacte

non

tractav¡t.^

{De Anima,

núm.

LA FILOSOFÍA PLATÓNICA EN ESPAÑA
constituyendo quizá
€l ilustre autor
la

85

nota

más

saliente

de su doctrina. No dudaba

de

las

Disputaciones Metafísicas (l) en dar cierto

género de realidad á
sas,

las ideas, esencias

ó posibilidades de
el

las

co-

afirmando que cuando una cosa está objetivamente en

enten-

dimiento divino, está ya con su existencia, y con
tancias con que ha de manifestarse después;

las otras circunsellas es

y con

aprehen-

dida por Dios

como
al

posible.

Y

aunque sólo después de producida
que antes tenía en
con
la
la

haya de tener

exterior la existencia real

aprehensión divina, sin embargo,

como

fué aprehendida

misma

existencia posible, no se puede decir que fué únicamente
idea, sino á

hecha á semejanza de su

semejanza de

si

misma, puesto

que Dios exprime en
ble, sin tales

la

obra lo mismo que antes pensó

como

posi-

formar nuevo concepto. Sobremanera nuevas y trascendenlas

eran
él,

consecuencias que Vázquez infería de esta doctrina.
el

Para

antes del concepto del poder divino estaba

concepto de

posibilidad de las cosas. Dios puede ó no puede hacer una cosa en

cuanto

ella es

ó no es posible. El fundam2nto metafísico de
la inteligencia la

la

ley

está, pues,

en

de Dios, en

lo

que

él

llama

la ciencia

de

Dios,

y no en

voluntad divina. Esta doctrina, contraria, á
al

lo

me-

nos en su primera parte,

universal sentir de los escolásticos, fué

seguida, aunque con ciertas reservas, por el agustino Fr. Basilio

Ponce de León, y renovada luego por Leibniz, como capitalísima en su Teodicea. Mostrábase también la tendencia realista de Váz-

quez en admitir y dar por bueno
rechazado generalmente por

el

argumento de San Anselmo,

los conceptualistas escolásticos

como

un sofisma de

tránsito (2).

(i)

Con

este ü'tulo se coleccionaron é imprimieron (Madrid, 16

17,

Ambaobras

res, 1618) las cuestiones filosóficas esparcidas

en

los diez

tomos de

las

de Gabriel Vázquez. La teoría de este profundo teólogo acerca de la Ciencia Divina debe buscarse con todos sus desarrollos en el tomo de sus Commentariorum ac Disputaiionum in Primam Partem Sanefi Thotnae... Aniuer1

piae,
(2) ta,

1

63 1, pág. 31 y siguientes.

Como

se ve, la doctrina de Vázquez acerca de la ley moral represenla escolástica, el

dentro de

punto de extrema

antítesis respecto
la

de

la

doc-

trina de

Duns Escoto, acérrimo propugnador de

Libertad Divina, hasta el

punto de dar á entender que Dios, por arbitrario decreto, podría modificar

00
Si

ENSAYOS DE CRITICA FILOSÓFICA
en tan amig-abips relaciones vivió
la

doctrina de Platón con la
ellos la

de nuestros místicos y escolásticos, aun predominando en
tradición peripatética,

mayores sufragios parece que había de lograr

en
la

el

campo de

los

pensadores independientes, que en tanto número
acto.

bondad ó malicia intrínseca ás un

Fuera de esta temeraria conse-

cuencia, á la cual el exceso de su piedad arrastró á aquel gran teólogo (de-

masiado sacrificado en nuestros días í
de su
filosofía

la gloria

de sus

rivales),

en

el resto

predomina una tendencia
el espíritu crítico,

mejor ó peor con
cierto

que se amalgama cualidad dominante en Escoto. No es
realista innegable,

que su doctrina de

los universales

conduzca

ni

poco

ni

mucho

al e.spi-

nosismo,

como han repetido

tantos,

desde Pedro Bayle

acá;

nada más lejo»

de

la

mente

del Doctor Sutil

que

la

doctrina de la unidad de sustancia: ni

61 ni

sus discípulos admitieron nunca un unin^rsal posUijo

y común «a parte

rci»;

tina

pero admitieron y admiten que la naturaleza humana, por ejemplo, es con cierto género de unidad inferior á la uniiai numéri:a de los indivi-

duos y no susceptible de división. En este sentido, y sólo en éste, pero usando de fórmulas que fácilmente se prestan á una interpretación panteísta,

llegó á decir Escoto

que había unidad de ser en

los seres múltiples (csse

unum

in multis et de multis).

brón, la

Por otra parte, afirmaba y defendía, con Aviceunidad de materia: E¡o autcm ad positioncm Aviccmbronis redco, et
scilic:t

priinam partan
poralibus

quod in ómnibus crcatis per

se subsistcnlibus,

tam cor-

quam

spiritualibus, sit mat:ria, t:nco. Deinde,

probo quod sit única
materia

materia (De
cotistas, ni á la
ceilas)

nrum

prin:ipio,

q. viii, art. 4.°,

núm.

24).

Sabido es que los esla

para explicar

el principio

de individuación, no acuden á

forma, sino á una nueva entidad metafísica que llaman heceidad (haecúltima realidad del ente, última actualidad ó formalidad. Pero juzgúese
se quiera de esta nueva abstracción, añadida á tantas otras, es cierto

como
que
la

unidad de materia que Escoto admite no es unidad mimérica, sino unila

dad de semejanza,

que

él

llama minar unitas.
los franciscanos españoles

La

filosofía

de Duns Escoto ha tenido entre

muy

ilustres representantes,

comenzando por

el

aragonés Antonio Andrés
Sutil,

(Doctor Dulcifluus), discípulo inmediato y fidelísimo del Doctor

y con-

tinuando en los siglos xv: y
los

xvii,

con nombres tan dignos de recuerdo

coma

de Miguel Medina, Pedro de Hermosilla (Fcrmos:llus\ Gaspar Briceño, Gaspar de la Fuente, Llamazares y Merinero. La fecundidad é influencia de
esta escuela fué, sin embargo, inferior á la de otras fracciones escolásticas,

porque dentro de la misma orden de San Francisco muchos prefirieron á San Buenaventura, y otros muchos á Ramón Lull, tanto por el carácter místico de ambos y por la patria española del segundo, como por ser el realismo del Doctor Iluminado mucho más sintético, y estar más en armonía con
los geniales

y ocultos impulsos de nuestra

raza.

LA FILOSOFÍA PLATÓNICA EN ESPAÑA

87

produjo nuestro siglo xvi. Y, sin embargo, fuera del gran nombre

de Fox Morcillo,

la filosofía

de

los

humanistas tiende más

al

Liceo

que á

la

Academia, y

la filosofía

de los naturalistas (Laguna, G. Pela

reyra, V^alles, Huarte), busca en

observación

física

y psicológica

su criterio. Italia

misma no posee un grupo de

aristotélicos puros

(llamémoslos a'.cjaniristas, helenistas ó clásicos), tan compacto y brillante como el que forman Sepúlveda, Vergara, Govea, Cardillo

de Yillalpando, Martínez de Brea, Fr. Arcisio Gregorio, I'edrojuan
Núñez, Monzó, Monllor, Bartolomé Pascual y Antonio Luis. Por
obra y diligencia de estos beneméritos varones, á cuyos esfuerzos

cooperaron dignamente algunos escolásticos reformados,

tales

como

Pedro de Fonseca, Couto, Goes y D. Sebastián Pérez, hablaron de nuevo en lengua latina la mayor parte de las obras de Aristóteles

con una exactitud, claridad y elegancia que no habían alcanzado en
las

versiones anteriores; hízose texto de nuestras escuelas
la

el

texto

griego de Aristóteles; restablecióse

antigua alianza entre los esel

tudios matemáticos y los filosóficos; di\-ulgóse
los

conocimiento de

comentarios helénicos de Aristóteles, especialmente del de Alelas superficia-

jandro de Afrodisia; fueron victoriosamente refutadas
les

innovaciones ramistas, y restablecido en su propia y justa estimación científica el Organon que Núñez comentó y defendió egre-

giamente; y, finalmente, Tié

trailla á

lengua castellana,
toJa
la

mucho

antes

que á ninguna otra de

las vulgares,

enciclopedia aristotélica,

merced
riner, á

á los esfuerzos de

Simón

Abril, de
el

Funes y de Vicente Ma(l).

quien pudiéramos llamar

Tostado de los traductores

Simón Abril tradujo la Pjlitici y la Ética (impresa la primera ea ZaMS. la ssgunda en la B. Nacional) (*). Ordoñjz das Seixas, la Poética (1626). Diego d: Funes y Mendoza, la Htstorix d: los Ani/itaíes {1621), aunque ésta más bien debe llamarse refundición que traducción. Vicente
(i)

ragoza, 1584;

Mariner, el

más fecundo de todos

los helenistas españoles, trajo á nuestra
la Física, los

lengua todos los tratados del Urganon,
ción

tratados de la Genera-

y corrupción,

los Meteorológicos, el d;

mundo

(tenido

hoy por

apócrifo),

los tres libros d:l Alma, los opúsculos psicológicos, la Historia de los animá-

is)

La

(1918) por la Real

versión de la Etica á S'icomaco por Abril, ha sido impresa recientemente Academia de Ciencias Morales y Polúicas, con Introducción y Notas
B.)

de A. Bonilla. (A.

88

ENSAYOS DE CRITICA FILOSÓFICA
esta universal difusión de la doctrina de Aristóteles hasta en

Con
cia,

sus tratados

más abstrusos y más apartados de
la

la

vulgar inteligen-

contrasta

penuria de versiones de Platón en lengua caste-

llana durante todo aquel siglo,

en términos

tales,

que, salvo
Abril,

la del

Cratylo y la del Gorgias, hechas por Pedro
siquiera llegaron á imprimirse,
bachiller

Simón
el

que

ni
el

y

las del

Criton y

Fedon, por

Pedro de Rhua, que corrieron
el

igual fortuna,

pero que tosi

davía se conservan, no recuerdo por

momento

otra ninguna,
los

bien fuera temerario afirmar que no existen.

Aun

mismos co-

mentarios
cillo

latinos,
el

reducidos
el

como

están á los trabajos de

Fox Mor-

ni

Pkedon y la República-, no pueden competir remotamente en número, aunque sí en calidad, con la copiosa
sobre
Twieo,

biblioteca

que formarían reunidas
puesto que

las

obras de nuestros peripatétitraducía á Platón con intento
filosofía era aristotélico

cos helenistas. El

mismo Simón Abril
él

puramente

literario,
la

en

puro,

como

lo

prueban

elegante Lógica ó Filosofía Racional qne impri-

mió en castellano, y otro tratado de Física ó Filosofía Natural, que se conserva manuscrito (l): obras de vulgarización inteligentísima,

donde

tiene bien

que aprender

el

que intente adaptar

el

tecnicismo
esta

filosófico á nuestra lengua, tan

maltratada, por lo

común, en

parte.

De

los

que venían

al

campo de

la filosofía

desde

las escuelas

de

Medicina y otras Ciencias Naturales, podía esperarse todavía menos

que de
tónico.
tóteles;

los

humanistas, adhesión ni simpatía hacia
ellos adversarios tenaces
el

el

realismo pla-

Eran algunos de
pero entre
al

el

empirismo y

y francos de Arisidealismo no podían menos de
es-

propender

empirismo y de mirar como sueño y cavilación de

píritus ingeniosos, el fantástico

mundo

intelectual

de

las ideas sepa-

les,

los cuatro libros

De

¡as partes de los animales y causas dellas, los cinco

De

la generación Je los animales, las dos Retóricas

se conservan en la

y la Poética. Todos estos IMSS. Biblioteca Nacional. Es de presumir que tradujese tam-

bién la Metafísica, pero este códice no parece.

De

la

mayor parte de

estas

obras aristotélicas no ha logrado Francia traducción hasta nuestros días, con

Barthélemy Saint-Hilaire.
(i)

En

la biblioteca

de nuestro sabio amigo D. Aureliano Fernández-

Guerra.

*

LA filosofía platónica EN ESPAÑA
radas.

O9

Gómez Pereira, verdadero iniciador de la doctrina psicológica y predecesor de Descartes ea muchas cosas, combate á muerte el nombre y la autoridad del Estagirita, marcando su total disidencia
de
la

Escuela en

las

más

esenciales cuestiones ideológicas y físicas;

pero en su Antoniana Margarita trata con no menor desenfado á
Platón

y

á los platónicos cristianos
crítica

como San Agustín,
la

discutiendo

con áspera

y rechazando, como pura

retórica, todos los ar-

gumentos de aquella escuela en pro de
que
el

inmortalidad del alma,

médico de Medina del Campo intenta probar por

muy

di-

verso camino.
bre por otra.

No

era

él

hombre que

fuese á trocar una servidumel

En
la

materias especulativas proclamaba

desprecio de
el

toda autoridad (aiíihorítatem quamlibet contemneiidam) y
exclusivo de

imperio

razón «.dutn de religione non agitar, rationibus tan.

tum

innixurum-¡>

Y en sus teorías

físicas,

si

á alguno de los antiguos

se acercó, no fué ciertamente á Platón ni á Aristóteles, sino á

De-

mócrito ó á Leucipo. Partidario como
cas,

él

de doctrinas semiatomístila

pero divergentísimo en todo lo demás, especialmente en

cuestión del alma de los brutos, el Hipócrates complutense Francisco Valles, mostró en sus últimas obras, especialmente en la Pki-

losophia Sacra,
aristotélica,
si

marcadas tendencias á
al

la

conciliación platónico-

bien dando

elemento peripatético cierto predomi-

nio sobre

el

académico, y mezclando uno y otro con reminiscencias

pitagóricas (l), _tales

y

tantas,

que á veces más

le

convierten en

(i)

Véanse especialmente
s¿7<e

los capítulos 69
siiiii

y 70 del célebre
íii

librt)

De Sacra

Philosophia

de ns

ijiiae

scripta

pli\sicc

libris sacris. Augiistae Tait-

rinorum, 1587.
^Hicjus
re.
pulcliritiiditiis

(mundi) rationem aggresi sunt Phytliagorci investigaulli arbitrar,

Res prorsus divina, humanis viribus impar, ñeque

praeter

ipsum

Deum

satis cogniia. Illoriim vero

conatum quis non laudet

ct suspiciai?

qui non soluní aggressi sunt, sed per numerorum etiam scientiam, pro hominum
captu, assequuti sunt multa... Adjiciam de numcris qiiae necesse erit, non quasi

omnium numerorum naturam persequar, sed ut viam a
t/iagorei institerunt, mirabiletn

longe indicem cui Phy-

quidem illam

et verissimam ñeque ullain parte

philosophiae Aristotelicae, quae mérito nunc

omnium máxime probatur, repug-

nantem.^

No

se le ocultó á Valles la semejanza y parentesco entre los principios de

Platón y los de R. Lulio, á quien, por otra parte, era poco afecto, tachándole

gO

ENSAYOS DE CRITICA FILOSÓFICA

y de su teoría de los níimeros, y de sus razones matemáticas, que no de la filosofía post-socr.íLica. Eran ya para Valles tres y no dos los términos de la concordia, la cual se iba ampliando más y más conforme iba í-icndo mis claro y
discípulo de Filolao ó de Arqiiitas,

completo

el

conocimiento histórico de
la

la

primitiva filosjlía giieja,

y sintiéndose
de donde

necesidad de remontarse, aunque fuese por fraglas f.ientes

mentos, leves indicios y testimonios dispersos, á
las sistemas

mismas

de Platón y dz Aristóteles por ley de genederiv-ad,-).

ración racional se habían

A

esta necesiclad
\:í

histórica res-

pondieron, sin duda,

los

trabajos de

Aaleiuia

Arisfo.'cllca i\\\c

durante

el

Concilio de Trcnto establecieron D. Diego de

Mendoza

y varios obispos españoles, siendo alma de ella el insigne helenista Juan Páez de Castro, que se internó más que otro alguno de su
tiempo en
la critica
el

cscaliroso estudio de comentadores y escoliasta^, y en

y revisión de los textos.

«Yo

estoy todo metitlo en Arisel

tóteles (escribía á su

amigo Zurita en I547)i con
ha tenido

mayor aparejo
de ochocientos

quejamos creo que
Aristóteles

christiano lo emprendió...; tengo los textos de
los
h:)m!')re

mis correctos que

años á esta parte. Tengo todo cuanto se ha impreso de comentarios
griegos. Alleiiile dcsto voy jiuilandj

á

Aris'.óteles con Pl.itjii,y

Platón

con Aristóteles.

n

Para preparar esta síntesis, se valió de todo genero

de
rio,

auxilios: Teofrasto,

Sexto Empyrico, Cantacuzeno, Jorge Scolalas paráfrasis

Miguel Psello y hasta

de autores innominados
lo

le

dieron singulares luces. Sabemos que, por

tocante á Platón, disal'

puso de
Gorgias,

los

comentarios, entonces aun inéditos, de Olympiodoro

al Alc'-biales, al

Phedon y

al

Philcbo, de

Theon (D¿

neces-

satiis inathematic's in Platonein),

de

la al

Teología Platónica de Proclo
Qratylo. h'xcusamos advertir
los

y de que

sus esta

comentos

al

Pannénidcs y

enorme

labor,

hecha principalmente sobre
L>.

códices

griegos de las dos famosas colecciones de
del Cardenal

Diego de Mendoza y

de Burgos, no llegó

ni

podía llegar á su término, aun-

de tendencias panteístas: .^íaxímc mihi vidctur errarz quo.i divimm naturam

cum
sua

creatiiris in:pte eí
illa tria principia,

arrogantsr conjung^t... Illui sol:tm intirfuit dkere,
iuum,
ibils et

are

e.tJiiiit

e^u prorsus cu:n Pljtonicis,

codem, altero et esseniia.

LA filosofía platónica EN ESPAÑA

9I

que Dios hubiese alargado mucho
la vida

m.ls allá

de

los límites naturales

de Junn Pnez de Castro. Pero su método
la

filológico era segu-

ro,

aunque

aplicación fuese prematíira; y quien recorre hoy, por

ejemplo,

las

hermosas colecciones de

los

fragmentos de

filosolía

griega formadas porMu'lach, no puede

menos de mirar con respeto á
comprendió todo
el

aquel ¡lustre espaiiol que en

cl siglo

xvi

partido

que podía sacarse de
cal)a

los

exegetas y de los escoliastas. bien Carlos Graux)
(l),
el

«Lo que busla

rn
(juc

«líos (iice

muy

no era

manera

con

habían comprendido y expresado
el

pensamiento de su

maestro, sino

texto

mismo de
la

éste: bajo el escolio, se adivina,

como

por transparencia,

lección de manuscritos

más antiguos en

diez siglos

que

los nuestros:

Páez había adivinado todo esto.»
siglo xvi, que, superficialmente

Hay un

gr'.ipo

de pensadores del

considerados y atendiendo á sus propias declaraciones, parece que
habría que colocar en
el

número de

los Platónicos,

aunque, bien

mirado, fu platonismo es puramente exterior y retórico, y m.1s que
otra cosa una bandera de motín contra la autoridad de Aristóteles,

y una
tante

aspiración de reforma, mal definida

y poco concreta, impor-

como síntoma

revolucionario míis bien que

como

doctrina.

Mo

refiero á los llamados í-aniistiis ó partidarios

de Pedro Ramus.

Ramus, que era un gramático y no propiamente un filósofo, emprendió arruinar, no solamente la cscol.istica, sino la misma doctrina
de Aristóteles, dando clarísimas muestras de no entenderla. Sas
novaciones no pasaron de
corteza. Invocaba el
la

inla

Lógica,

y aun

allí

se detuvieron

en

nombre de

Platón,

como

era

moda

entre los

agitadores filosóficos de entonces; pero en lo poco que escribió de
Metafísica, se mostró ajeno á toda concepción realista,

y en

la

mis-

ma Ko

dialJct'ca

nunca vio más que

el

arte y

la

práctica de la disputa.
el

basta llamarse platónico para serlo: no todos los que llevan

tirso están iniciados

en

los misterios

de Baco. El que ofrecía demos-

(1)

Essai sur

les

origines

dii

fonis grec da V Escurial. Episode de V Histoire
varios eruditos, es-

de la Reitjiissancz des Letlres en Espagnc..., París, 1S80, pág. Si.

La extensa é importante correspondencia de Páez con

pecialmente con Jerónimo Zurita y Honorato Juan, se halla en los Progresos de l.t Historia de Aragón, de Dormer, y en las notas que puso Cerda y Rico
a]

Canto de Turia, de Gil Polo.

g2
trar

ENSAYOS DE CRITICA FILOSÓFICA

en público certamen, que todo

lo

que había enseñado Aristóteesto sólo,

les era error

y mentira, bastante indicaba con
ni el

que

ni el

pensamiento de Platón,
adentro de su espíritu

de Aristóteles, habían encarnado
y temerario.

muy

frivolo, bullicioso

Con alguna
Nú-

mayor templanza
les,

siguieron sus huellas algunos humanistas españoel

siendo los dos más notables

protestante abulense Pedro
el

ñez Vela, profesor de griego en Lausana, y
la

memorable autor de

Minerva y padre de
la

la

Gramática General, Francisco Sánchez de
rarísima. Dia/écíica (l), se limitó á

las Brozas.

Pero Núñez, en su
superstición de los

combatir
Dios,
las

que miraban á Aristóteles como un

de

y ponían sus sentencias en el mismo grado de estimación que los Sagrados Libros, y aunque era amigo personal de Pedro
parte de sus innovaciones, nunca le imitó en

Ramus y aceptaba una
cuyas doctrinas de

su intemperancia contra los peripatéticos.
filosofía

En

cuanto

al

Brócense,
la di-

gramatical son independientes de

rección de Pedro Ramus, es cierto que en muchas cosas de su Or-

ganon

Dialecticiim et Rhetoricum y de su tratado

De

los errores

de

Porfirio, siguió á

Ramus y

á
la

Omer

Talón, su discípulo, absorbiendo,
la

como

ellos, la

Retórica en

Lógica, ó viceversa; desterrando de

Lógica misma todas

las cuestiones físicas

y

metaiísicas;

haciendo

cruda guerra á

la

división de los silogismos, á las proposiciones

mo-

dales, á los términos vocales, mentales, catkegoremáticos

y equívocos;
in-

negando
dose con

la

autenticidad de diversas partes del Organon; ensañán-

\os predicables

de

Porfirio,

y dando alguna muestra de

clinarse al sentido realista y platónico en la teoría de los universales, si

bien trató

el

punto tan de paso, que apenas puede alcanzarse

el

verdadero fondo de su pensamiento.

De

todos modos, fué

el

único

que en este grupo de insurgentes tuvo una aspiración verdadera-

mente fecunda,

á la cual no fueron extrañas, á lo

menos en

su punto

(:)

?t'ec

vero

tilos

imitari dcbemus

qiii

AristoUlem deum

fer't piitant...

Qui

vero Aristoteli, Pytkagorae, Platoni el

st/iiiltdus

hominihus, quoniam ipsi sic di-

xeruiit, crcdit, eos videiur divinis litteris aequare, qiiod absit.

(Petri Nunii Velii Ahdensis, Dialecticae, llbri tres. Basileae,

apud Petrum

Pernam,

1570.)

Es mucho más raraista la 2.^ ed. [P. X. V. A. Dialccticorum, libri III... Eiusdem Dispu/atioiuim L,\í;/ranim, libri tres.tiuiic ¡<rimtim in liicem dafi, 1578.)

LA FILOSOFÍA PLATÓNICA EN ESPAÑA
inicial, las

93 de
la

enseñanzas del Cratylo

(i)

sobre
los

la filosofía

palabra.

Independiente y aislada de todos
nados, levántase
la

grupos hasta aquí mencio-

sombría y trágica figura de aquel antitrinitario
por haber descrito con clala

aragonés, víctima de los odios teológicos de Calvino, y eternamente

memorable en
circulación

los anales

de

la ciencia,

ridad y exactitud, antes que otro ninguno,

pequeña circulación 6

pulmonar

(2).

Espíritu aventurero, pero inclinado á granlos

des cosas, pasó
cia,

como explorador por todos
de

campos de

la cien-

y en

casi todos dejó algún rastro

luz. Inteligencia sintética

y

unitaria, llevó el error á sus últimas consecuencias,

y

dio en

el

pan-

teísmo,

como
la

solían dar los herejes españoles é italianos de aquéllos

tiempos, cuando discurrían con lógica. Teólogo herético, predecesor de

moderna exégesis

racionalista, filósofo neoplatónico,
la

méUni-

dico, geógrafo, editor de

Tolomeo, astrólogo perseguido por

versidad de París, hebraizante y helenista, estudiante vagabundo,
controversista incansable á
la

vez que soñador místico; extremoso
el

en todo, voltario é inquieto, errante siempre, como

judío de la

leyenda; espíritu salamandra, cuyo centro es el fuego (según la expresión de uno de sus biógrafos alemanes),
la historia

de su vida y
his-

de sus opiniones excede
toria

á la

más complicada novela. Esta

he procurado trazarla en un libro mío, y no es del caso re-

(i)

Audi Phüosophos,

qtii niliil ficri shic

causa obnixe testantur: aiidi Plaesse

tonem ipsum, qui nomina (t verba constare affirmat, qui sermotiem

a natura
i,

non ab arte contendit. Scio Aristoteleos aliter
tulo
I.

sentiré...

(Minerva,

lib.

capí-

(2)

En vano

el

Dr. A. Chéreau ha ¡ntentado negar esta verdad inconcusa
la

en una Memoria leída en

Academia de Medicina, de

París,

atribuyendo á

Realdo Colombo

el

descubrimiento de Servet. Sus argumentos han sido vicel infatigable

toriosamente refutados en Alemania por

y docto

servetista

H. Tollin {Die Enideckung des Blutkreislaufs durcli Michael Servet ( Jena, 1 876>.

y Ueber Colombo' s Antheil an der Entdcckung des Blutkreislaufs (Berlín, 1883), y en Francia por Carlos Dardier. (Rcviie Historique, tomo x, Mayo y Junio de 1879.)

Llamo aragonés á Servet porque

así se

llamaba

él

mismo, y de Aragón

descendía; pero su ciudad natal fué Tudela de Navarra, según consta por
declaración suya en el proceso de Viena de! Delfinado, y por los registros

de

la

Universidad de París.

94

ENSAYOS DE CRITICA FILOSÓFICA

petirla: baste lijar la parte

que

el

elemento neoplatónico puede

recla-

mar en
que ha

la

concepción cristológica de Miguel Servet. El desarrollo de

esta doctrina tiene dos fases principales, aparte de otras secundarias
dislincruiclo

con mucha sutileza Tollin,

el

más erudito y meTriiiitaüs erroribus

jor informado de los biógrafos

y expositores de Miguel Servet. La

primera

fase,

contenida en
diñlogos

los siete libros

Dc

(1531) y en

los

De

Trinitáte 1532), es puramente teología

arriana, sin mezcla ni intrusión

de elemento

filosófico alguno,

lil

Logos está entendido en
labra de Dios
(l); las

la

significación material de oráculo^ voz ó pa-

Divinas personas no son todavía para Servet

hipostascs^ sino formas varias de la Divinidad, facies vuiltiformes,

Deitatis aspectus:

el

vocablo eiiianacióa está expresamente rechazafilosófico (2),

do,

como de sabor demasiado

aunque por otra parte,
la

Servet parece profesar un cmanalismo de
materialista

especie

más ruda y
«la

que puede imaginarse, hasta afirmar que
la

carne de
hay, pues,

Cristo fué educida ó sacada de
filosofía

SLibstancia di\ ina».

No

de ninguna escuela en estos primeros escritos; pero hay ya

un verdadero y resuelto panteísmo, lo cual debe tenerse muy en cuenta para no achacar las doctrinas de Alejandría más responsa.1

bilidad de la
vet. Servet,

que realmente tuvieron en

los últimos delirios

de Ser-

mucho
los

antes de haber estudiado á Phllón y á l'roclo,

y

cuando no
su

se inspiraba

más que en

el

texto bíblico interpretado á
la

modo, y en

primeros escritores de

Rcíorma, enseñaba

(3)
la

ya, sin ambajes,

que «Dios es nuestro

espíritu»,

que «Dios es

esencia universal y esenciante», que «Klohim es

la fuente,

de donde

(i)

Nam

logos non p'iihs-p.'ticam i.'lim rem, sed oraculum, voccm,
sonaf...

sermoncm

eloquium D:i

Et

niiillo

magis

csi tcmcraii.im dc

scnnone faceré filium.

(De Trinitatis errortius,
(2)

libri scptem, fol. 47 vto.)
sapit,

Emanationis vocabulum quid philosophictim

guod i.i/ra Dei natu-

ram caderc non potcst.
(3)

Ipscmet Üeiis cst spiritus nosicr. (Fol. 67.)
dico

Imo

quod omnium rcrum asentiré

cst ipse

Deas

ct

cumia

sutii

i;i

ipsc.

{Fo!. 102.)

Ckriitus ips:
(Fol. 98.)

Ehhim

crat esseniia: fons a q:io atines res niundi cmanarunt.

Deus

in seipso

nul'am habet ncturam.

LA filosofía platónica EN ESPAÑA
todas
las

95

cosas emanaron», y que «Dios, en

mismo, no tiene na-

turaleza alguna».

Durante

los

años que transcurrieron desde
el

1

532, fecha de los
Restitiitio-, las

Diálogos, hasta 1553, en que publicó
¡deas de sima,
lil

Chrlstiauisnú

M guel
el

Servet experimentaron una modificación profundíél,

antiguo teólogo persistió en

pero se amalgamó extraña-

mente con

anatómico y
el

el fisiólogo,

condiscípulo deVesalio y ayu-

dante de Wintcr, con

astrólogo y matemStico del Colegio de los
extraiía,

Lombardos; y de una manera no menos
idealista

con

el

pensador

imbuido, hasta
la

los tuétanos,

de

las

doctrinas neoplatónicas

que en

Florencia del Renacimiento se predicaban, y aun cegado
la

por reminiscencias y vislumbres de
nos aparece Servet en
aqi,iella

escuela unitaria de Elea. Así

especie de enciclopedia gnóstica, en

aquel torbellino cristocénirico-, que acabó por arrastrar á su autor á
la

hoguera de

la

colina de Champel, encendida por los calvinistas
el suplicio.

con leña verde para alargar
bre
el

No

es posible engañarse so-

carácter de esta última evolución del pensamiento servetiano.
citas

El mismo autor disipa toda duda con sus
gisto, J.iniblico, Porfirio,

de Ilermes Trismefiló-

Proclo y Plotino, y aun de algunos

sofos hebreo.^,

Ideas

como Abenlízra y Maimónides. La teoría de las está expi'csta en toda su amplitud, al tratar del nombre Elohim.
ia

Desde

eternidad estaban en Dios
las cosas,

las

imágenes ó representaciones
ar-

de todas

reluciendo en
todas en

el

Verbo (Legos) como en su
luz,

quetipo. Dios creadas, del

las veía

mismo, en su

antes que fueran

mismo modo que
la

nosotros, antes de hacer una casa,

concebimos en
luz de Dios,

mente su
el

idea,

que no

es

más que

el reflejo

de

la

porque

pensamiento humano, como dice Philón, es
claridad divina. Sin división real de
la

una emanación de modos. La Idea

la

sus-

tancia de Dios, hay en su luz infinitos rayos que relucen de diversos
es luz

que enlaza

lo espiritual

con

lo

corpóreo, con-

teniéndolo y manifest.indolo en
nuestra alma,

todo. Las imágenes C|ue están en

como son

lúcidas, tienen íntima
la luz

conexión y parentesco
la

con

las

formas externas, con
alma.

exterior y con

misma

luz esen-

cial del

Y

esta luz esencial del

alma contiene

las semillas

de
el

todas esas imágenes, por comunicación de
cual está la

la luz del

Verbo, en

imagen ejemplar de

todas.

96

ENSAYOS DE CRÍTICA FILOSÓFICA
Esta doctrina, más que platónica, es pkiloniana: pertenece á aque-

lla

escuela judaica de Alejandría
la filosofía

que quiso

llevar á término la

unión

de

griega

y de

la

teología hebrea,

y

abrió los caminos del
la

neoplatonismo.

De Philón ha pasado
el

íntegramente á Miguel Servet

distinción entre el Logos interno
Tipotpoptxo?):

y externo
del

(^oyo; ev5:a9cTo;, Xoyos
las

y aun

mismo concepto

Logos como lugar de
las cosas,

ideas,
lo
el

de

los

ejemplares eternos

y razones de

ó

lo

que

es

mismo, como un mundo

intelectual, prototipo del

mundo

visible,

cual realmente no nos ofrece
el

más que simulacros vanos y sombras
propiamente dichos. Es
de
lo

que pasan. Pero

idealismo de Miguel Servet no se explica totalni

mente con Philón,
cierto

con

los alejandrinos

que Miguel Servet
la

afirma,

como

Plotino, la Divinidad
el

Uno,

unidad universal en su simplicidad perfecta,

ente univer-

salísimo pero abstracto, ente incomprensible, inimaginable, incomunicable é impersonal,
esencia,

que en rigor tampoco puede llamarse ente
la

ni

porque está sobre
la

esencia y

el

ente,

y viene á confunPero como Mi-

dirse

con

nada ó con

la

mera posibilidad de
á

ser.

guel Servet se
ta,

empeña en aparecer
la

empieza por corregir

un tiempo cristiano y panteísdoctrina de Plotino con ayuda de la de
al filósofo

Proclo, y admite, siguiendo

ateniense, una doble considesí;

ración de lo Uno:

l.°

Como

cosa inimaginable é inaccesible en

2° Como esencia uniforme, fondo y subsh-atmn de todos los seres. Bajo este aspecto, «Dios es la mente omniforme, el piélago infinito de
la

substancia,

que

lo esencia todo,

que da

el

ser á todo,

y que
el

sos-

tiene las esencias de infinitos millares
te indivisas» (l).

de naturalezas metafísicamenpro-

De

Proclo acepta también Miguel Servet
la

ceso ó desarrollo de

esencia

unidad por cuatro diversos grados,
corporal,

que llama modo de plenitud de substancia, modo
ritual,

modo

espi-

y modo

ideal,

singular y

específico.

El

modo de emanación por plenitud de

substancia se da sólo en

el

cuerpo y espíritu de Jesucristo.
(i)

Y

véase de qué

modo

tan extraño

Deiis ipsc csseniia sua csi mcns omnifoi-mis...

Dcus

est subsiantiae pela-

gus

infinitus,

omnia

essentians,

omnia

cssc faciens...

Ea

ipsa

Dei univcrsalis et
non metapliysice

omniformis essentia ¡tomines

ct res alias omties essetifiat...

Habet iiague Deus

iiifinitorum millium essentias, et infinilorum millium naturas,
divisas...

LA filosofía platónica EN ESPAÑA
viene á injertarse
el

97

cristianismo unitario de Servet en su concep-

ción panteísta. V^einte veces afirma que «Dios es todo lo que ves

todo

lo

que no ves», que «Dios

es parte nuestra
la

espíritu», y, finalmente,

que «es

forma,

el

y y parte de nuestro alma y el espíritu uni-

y á pesar de fórmulas tan desoladas y tan crudas, su alma, naturalmente mística y enamorada de lo suprasensible, no
versal» (l),

puede resignarse
ni al frío

ni á la

unidad yerta de

la

concepción de Plotino,

deísmo de

los socinianos, ni al

grosero empirismo de los
el

antiguos sabelianos y patripassianos.

En

fondo de su alma que-

daban semillas
Cristo,

cristianas,

y

era, á su

modo, más que devoto, ebrio de
al

de un Cristo

ideal

y arquetipo, harto semejante
así

de

la

Dog-

mática de Schleiermacher; y á este Cristo
centro del

concebido

le

puso como

mundo de

las Ideas.

Para Servet, todo vi\e idealmente en

Dios y todo se concentra realmente en Cristo. El panteísmo de Servet más bien debiera
\\a.m3.Tse

pan- cristianismo, porque en su
la

siste-

ma, Cristo es

la

fuente de todo,

deidad sustancial del cuerpo, del

alma y
ración

del espíritu,
la

sustancia de los ángeles
la

y de su sustancia espiritual emanó por espiy de las almas.
Antropología de Miguel Servet son una mezde ideas materialistas y platónicas en que la mano con Anaxágoras, Philón y
original

La Cosmología y

cla confusa é incoherente

Leucipo y Demócrito se dan

Clemente de Alejandría. Lo más
luz, así material

de

ella es

una teoría de

la

como

espiritual, teoría

cuyos gérmenes quizá pu-

dieran encontrarse en los diálogos de
luz da Servet unas veces
asimila
el

León Hebreo.

A

esta palabra

sentido directo
la

con

la cntelechia

de Aristóteles: es
la idea, la la

y otras el figurado. La madre de las formas, el
la

resplandor ó refulgencia de
vivificadora, el principio

agitación continua,
la

energía

de

generación y de

corrupción, la

fuerza que traba los elementos, la forma sustancial de todo, ó el

origen de todas las formas sustanciales, puesto que de

la

variedad

de formas y combinaciones de
objetos.

la

luz
si

procede

la

distinción de los
esta luz, es

Cuanto hay en

el

mundo,

se

compara con

ma-

(i)

Deus

est id

ioium qtiod vides et id toium quod non
ei

vides.

Dcus

est

om-

nium rerum forma
nostri.

anima

et spiritus... Ipse est

pars nostra

et pars spiritus

Mesksdez r Pzi.íso.—EH¡ayíis

di critica filosófica.

7

gS

ENSAYOS DE CRITICA FILOSÓFICA

y penetrable. Esa luz divina penetra hasta la alma y del espíritu, penetra la sustancia de los ángeles y del alma, y lo llena todo. Así como la luz del sol penetra y llena el aire, la luz de Dios penetra y sostiene todas las formas del mundo,
teria crasa, divisible

división del

y

es,

por decirlo

así, la

forma de
el
el

las formas (l).
la

Parece que descansa

ánimo cuando de

atmósfera tormentosa

en que míseramente se perdió
la

genio de Miguel Servet, se pasa á
el

atmósfera serena y lúcida en que vivió

más

ilustre

de

los pla-

tónicos españoles del Renacimiento, Sebastián
la

Fox

Morcillo, á quien
la luz

severa disciplina de su espíritu, guiado á un tiempo por
socrática

de

la dialéctica

y por

el

rigor deductivo del

método geoméde
la

trico, salvó

constantemente de tropezar en

los escollos

gnosis,

de

la teosofía,

de

la cabala,

de

la teurgia, del

misticismo panteísta
se de-

en que rara vez dejaron de naufragar
(i)

los

que en aquella era

Lux

est

quae cum corporalibus spiritualia connectit, omnia in

se.

conti-

nens ci palam exhibens. Imagines in anima sitae sunt natura lucidae, naturalem lucis cognationem habentes
esseniiali ipsa

cum

externis formis,

animae

luce.

Quae a

luce sunt orta, in
et

luce ipsa quae est

mater formarum. Spiritus
et spiritus

cum externa luce et cum unum cum lucecoe unt, cum lux sunt unum in Deo... Usque
Ipsam angeli ct animae subomnes mundi formas

ad divisioncm animae
Ipsam quoque lucem

peneirat lux

illa.

stantiam penetrai ct implet lux Dei. sicut lux solis aercm pciutrat et implet.
solis peneirat et sustinet

lux

illa Dei:

penetrans et sustinens, est forma formarum.
(Cliristianismi Resíitutio... 1553.

Me

valgo de la reimpresión hecha en Nuel

remberg

el

año

1791,

procurando remedar

papel y letra de

la

primitiva y

rarísima, cuya fecha conserva.

que conozco del

La más extensa y concienzuda exposición sistema de Servet es la obra de Tollin, en tres volúmenes.
filosófica,

Das
luz,

Lehrsyste7n Michacl Servet' s genetlisch dargestellt Gütersloh, 1876-78.)

Esta teoría, más poética que

del conocimiento por

medio de

la

reaparece en

la Esguisse

d'une pliilosophie de Lamennais (1843-46), obra
el

esencialmente gnóstica, que no deja de tener profundas relaciones con
Christiatiismi Restiiutio.

vela

En Lamennais, como en Miguel Servet, esa luz es luz y mamifiesta el mundo real, particular, variable y
de
la

física

cuando nos repero es
luz

limitado;

divina, refulgencia

forma una é
el

infinita, luz

increada ó esencial, cuando

nos pone en contacto con

mundo de

lo inteligible,

con

el

mundo de
la

las

leyes y de las causas. Esa luz divina es la que forma en el
interior,

hombre

palabra

y

le da,

por último término del conocimiento

intuitivo, la

apercep-

ción de lo infinito, la visión de Dios en vista real.

LA filosofía platónica EN ESPAÑA
cían discípulos de Platón, siéndolo
drino.

99

más bien

del misticismo alejansenil

De

tales

quimeras y fantasmagorías, deleite
el

de

la

Grecia
el

degenerada y corrompida por

Oriente, estuvo siempre libre

ánimo austero del joven
dosamente de todo
de
lo

filósofo sevillano, que, al
la

buscar

la

concor-

dia entre los dos príncipes de
lo

especulación griega, huyó cuidala intuición

que pudiera recordar

plotiniana
la

Uno, no dejó penetrar por ningún resquicio en su ontología
al

doctrina del éxtasis, volvió los ojos á la naturaleza y
perimental, olvidados

método ex-

y desdeñados de propósito por
físico

los alejandri-

nos, reivindicó altamente el concepto de la forma,

y mantuvo sus

derechos en
volvió
la
el

el

mundo

contra

la

absorción idealista.

Con

él

problema á plantearse en sus verdaderos términos, no en
en que había querido plantearle y resolverle

fantástica región
la

Juan Pico de

Mirándola. Los estudios habían caminado bastante

para que en tiempo de

Fox

Morcillo no fuese ya posible

la

pere-

grina confusión entre el Parménides
los ojos

y

las

Encadas, que todavía á

de Ficino y de Lorenzo

el

Magnífico encerraban una misma

y sola

filosofía.
la

Era preciso

aislar á Platón
el

de sus discípulos y no
la

confundir

Academia con

Museo, por

misma razón que no

era lícito ya confundir á Aristóteles con Averroes ni con la Escolástica.

Aristóteles

y Platón debían

ser colocados frente á frente sin

intermedios oficiosos, vistos en su propia obra, tales
tintos

como

son, disni

y

singulares, pero

no sistemáticamente contrapuestos

tam-

poco torpemente fundidos en un sincretismo que anula sus rasgos
característicos

y no deja ver

la

razón superior bajo

la cual

se

comlas

ponen sus

particulares oposiciones.
Aristóteles, sólo

Suponer que Platón enseña

mismas cosas que

que

las

enseña de diversa ma-

nera, es desconocer el alcance de la polémica de Aristóteles contra la
dialéctica platónica.
fiere

Es

cierto

que

el

concepto de

la

ciencia

no

di-

sustancialmente en Aristóteles y en Platón; pero en Platón

los principios del

pensar son

los

mismos

principios del ser,

y

la

Lóel

gica

y

la

Metafísica vienen á reducirse á una sola disciplina. Por

contrario, en Aristóteles existe una diferencia profunda, radical, in-

franqueable, entre

el

mundo de

la

Lógica, ciencia puramente forma/,

y

el

mundo de

la Metafísica, ciencia

de

lo real.

No

importa que se
el

hayan deslizado muchos principios metafísicos en

Organon: aun

100
las categorías
les,

ENSAYOS DE CRITICA FILOSÓFICA

mismas están estudiadas

allí

como

principios forma-

no como entidades metafísicas. El pensamiento de Aristóteles;
esta parte la
el

no ofrece en
na á separar

menor sombra: toda

su crítica se encamila existencia.

orden del conocimiento del orden de

Pero

sin pretensión

de hacer decir á Aristóteles otra cosa de lo
al

que realmente

dice,

y conservando su carácter propio

pensa-

miento peripatético, que precisamente por eso tiene en de
la cultura

la historia

humana consecuencias
griega
(l),

tan diversas de las del pensael

miento platónico, bien puede afirmarse con

gran historiador ale-

mán de

la filosofía

que

el

Liceo no es una contradicción,

sino una evolución de la

principio

el

Academia, y que en rigor es un mismo que Sócrates, Platón y Aristóteles nos muestran en dila vista

versos grados de desarrollo: Sócrates, apartando
clusiva consideración física

de

la

extra-

dominante en

las escuelas jónicas,

y

yendo

la filosofía

de

los conceptos, la dialéctica,

de donde forzosa-

mente había de

resultar el idealismo; Platón, objetivando los conla

ceptos y declarando que ellos solos poseen

realidad plena

y

total,

siendo todo lo restante realidad derivada ó participada de
tételes,

ellos:

Aris»
las

poniendo por principio de realidad y causa esencial de
el

cosas un solo concepto,

de forma, no trascendental

ni

separado,
Aris-

como

la

idea platónica, sino

inmanente en

las cosas.

«El

mismo

tóteles ha

notado (escribe Zeller) que

las ideas platónicas

son los

mundo
el

conceptos generales que Sócrates buscaba y que Platón separó del fenomenal. Pero estos mismos conceptos son los que forman
centro de las especulaciones de Aristóteles: para
sí él, la

idea 6 la
las

forma constituye por

sola la esencia, la realidad

y

el

alma de

cosas. Sólo la forma sin materia, sólo el

puro

espíritu

que

se piensa á

mismo, es

la realidad absoluta;

to sólo es la realidad superior
cia.

y

y aun para el hombre el pensamienla suprema felicidad de la existen-

La única

diferencia está en que el concepto, que Platón había

separado del fenómeno y considerado como una ¡dea existente en

misma, Aristóteles

le
la

hace inmanente en

las cosas.
la

Esta concepmateria para
si

ción no implica que

forma tenga necesidad de

realizarse: tiene, al contrario, su realidad en sí

misma, y

Aristó-

(i)

Ed. Zeller, profesor de Filosofía en

la

Universidad de Berlín.

1

LA FILOSOFÍA PLATÓNICA EN ESPAÑA
teles se resiste á relegarla fuera del

10

mundo
lo

sensible, es

únicamente
las

porque

aislada

no podría constituir

que hay de general en
(l).

co-

sas particulares, ni la causa y sustancia de estas cosas»

He

querido transcribir literalmente estas palabras del ilustre pro-

fesor de Berlín, porque,

resumen en breve trecho
del

las

últimas con-

clusiones de
aristotélico,

la

ciencia
es,

moderna respecto

problema platónicoel

que

bajo una determinación particular é histórica,
el

problema
con
el

capital

de toda metalísica: concordar
los

mundo de

las ideas

mundo de

fenómenos. Pues bien; digámoslo

sin falsa

mo-

destia

y con fundado orgullo de

raza: todas estas soluciones

habían

sido propuestas

y
la

desarrolladas,

con gran

alteza

de pensamiento,
filosóficas,

por Sebastián Fox Morcillo en

casi todas sus

obras

y

se-

ñaladamente en

muy

célebre que lleva por título
et

De

natiu-ae pki-

losophia sen de Platouis

Aristotelis consensionc libri quinqué, im-

(i)

Lo mismo, aunque en
tomo
ur,

otros términos, viene á decir el

sutilísimo

crítico
(2.^

Alfredo Fouillée en su estimada obra sobre

La
la

Filosofía de Platán

edición, 1889,

pág. 51): «Platón y Aristóteles nos presentan el

espectáculo de una evolución que parece estar en

naturaleza del pensa-

miento humano.
el

Si profundizáis la

noción de

lo individual,

encontraréis en

fondo de
si

ella la

noción de

lo universal,

modo,

profundizáis la noción de la

y recíprocamente. Del mismo sustancia inmanente al ser, vendréis
entendimiento no

á encontrar en ella la noción del ente trascendental. Basta llevar los contrarios hasta lo absoluto, para concebir su unidad... El
la

comprende, pero
trascendental á
la

razón concibe la necesidad de esa idea, inmanente y vez; interior á las cosas, y, no obstante, separada de ellas.
la el

Es

lo

que Platón enseñó
la

primsro en

el

Parménides, y su discípulo acaba

por volver á

misma concepción de un
de
los opuestos,

principio interno y externo á la vez,

causa universal de

las diversas individualidades, individual,

por otra parte,

en

mismo,

síntesis

otro ni él uno
brilla la

(a(i(po-epa xa¡ ouScTssa).

uno y el otro sin ser ni el En esta cumbre del pensamiento, donde
el
la

que es

unidad fecunda del ser perfecto, toda contradicción desaparece, y

oposición entre Platón y Aristóteles no puede ya subsistir.

Toda

esta oposi-

ción procede de que el primero considera el principio interno del ser, el se-

gundo su principio
haberse separado
clusiva.

externo. Pero aun aquí, Platón
al

y Aristóteles, después de

principio,

van á reconciliarse en una teoría menos ex-

Nuestro principio es externo á nosotros (decía Platón); pero Plaal

tón llega á comprender que este principio es

tro principio es interno (dice Aristóteles); pero él

mismo tiempo interno. Nuesmismo prueba que este

principio está á un tiempo dentro y fuera de nosotros.»

102

ENSAYOS DE CRITICA FILOSÓFICA

presa por primera vez en 1554 (O-

He

aquí, en breves términos, su-

doctrina. Materia de la ciencia es para

Fox todo

lo

que puede caer
los

bajo

el

conocimiento humano, ora esté abstracto de

cuerpos

y

sea perceptible por la sola inteligencia,
esté adherido á la naturaleza corpórea,

como como

la

idea platónica, ora

la

forma

aristotélica.

Pero

lo
la

mismo

la

idea que la forma son conceptos puros,

aunque

sean á

vez fundamento de toda realidad. La principal diferencia
el

entre Aristóteles y Platón está en
las

método. Parte Aristóteles de

cosas sensibles {in scnsíun cadcnübtis), Platón de las nociones

ideales {a rebus mente perceptis). Platón separa
ideal,

de

las

cosas \d.for7na
prototipo;
sustancia.

y

la

coloca en la mente divina
la

Aristóteles

une y

liga á los

como ejemplar y cuerpos como parte de su
y
las cosas singulares.

La

idea platónica, con ser una, infinita
las ideas

eterna, contiene

bajo su unidad

de todas

y abraza Es doctrina de
libro

Platón en

el Parviéttides.

La

idea es

como

el sello

que se va impriel
ii

miendo en
de
las

las

formas singulares. El mismo Aristóteles, en
la

la Física,

parece reconocer cierta forma divina, de
las

cual todas

demás formas proceden, y que
que
si esd.

contiene y abarca todas.
lo

Y es

cierto to

que aquí Aristóteles viene á decir

mismo que

Platón, pues-

forma primera y divina

existe, tiene
la

que ser algo uni-

versal separado de la cosa misma. Para

explicación de los princila

pios de las cosas naturales puede bastar con

materia y

la

forma

(i)

Me

valgo de la edición de París, 1560, y de la de Witemberg, 1594.
el

Léanse, además, para apreciar totalmente
Morcillo, su opúsculo

pensamiento

filosófico

de Fox

De

ratione studii philosophici,
al libro

que sólo he

visto

en

la

reimpresión de Amberes, de 1621, unido

De Studio Philosophico, de Pedro Juan Núñez; ios dos importantísimos tratados De dcmonst ratione ejusque neccssitate ac vi, y De usu ct exercitatione Dialccticae (Basilea, 1556); los
comentarios
al

Timeo, al Pliedon y á la República, impresos en Basilea, 1554

y

'556, y, finalmente, su Eiliica (Ethiccs philosophiae compendium, 1553).

No

me
cia,

dilato

más en

el juicio
difícil

de este

filósofo, á
al

pesar de su grande importan-

porque creo

añadir nada

magistral estudio que le dedicó un

amigo mío

muy

querido, á quien debo

mi primera

afición á estas investiga-

ciones. (Véase el Discurso inaugural de la Universidad de Santiago,

en

ej

curso académico de 1884-85, por
el

el

Dr. D. Gumersindo Laverde y Ruiz.) [Y
la Ccdle,, B.)]

excelente libro sobre Fox Morcilto, por D. Urbano González de
la

premiado por

Real Academia de Ciencias Morales y Políticas. (A.

LA filosofía platónica EN ESPAÑA

IO3
Aristóteles

de

los aristotélicos.
el físico

Pero

si

es verdad,

como

el

mismo
la

añrma, que

debe remontarse
la

á los principios elementales,

hay que buscar algo superior á

materia y á

forma, algo que

preceda á toda composición, y sea por
sima.

mismo

realidad simplicí-

Y esta realidad

sólo

puede encontrarse en

las ideas

divinas (l).

Consecuente con

la

Metafísica armonista de
la

sistema ideológico. Admitiendo en
ciones innatas, rectifica en los
tiguo aforismo peripatético

Fox mente humana

Morcillo es su
las

ideas ó noel

mismos términos que Leibniz

an-

(comúnmente

atribuido á Straton de

Lampsaco): «nada hay en
sado por
los sentidos»,

el

entendimiento que antes no haya pa«excepto
las

añadiéndole esta limitación,

mismo entendimientos. Pero estas nociones, en Fox no son meras formas subjetivas, como en Vives, ni ideas innatas virtualitcr, como en Leibniz, sino ideas innatas con verdanociones naturales del

dero y real y actual innatismo, trasunto y reflejo de
nas. Sólo esas ideas

las ideas divila ciencia, la

hacen posible

la

demostración y

ciencia de los universales

y de

los

primeros principios, única que
al

merece

tal'

nombre

(2).

Sólo con ellos puede contestarse

Pirro-

(i)

Véase especialmente

el cap. vi del lib.

i:

<¡Plaio

formam

illam sive
.

ideam quafn affert, a rcrum coj-porearuní concrctione sejungit, et in Dei mente
veluti exentplar cujusquc effeciionis collocat. Aristotelem

eam rebus

conjugint,

tanquam altcram corporcac

subsiatitiae

parlem. Itaque Plato

in Timaeo,

Plw-

done, Parmenide, locisquc alus...

Sed

lioc

tamen discrimen inter ejusmodi ideam
illa divina,

menti divinae insitam et cogitationem nostram ponit Plato quod

aeterna, efficiendi vi praedita, corporeaeque omnis cogitalionis sit expcrs,
atqiie

adeo ipsamet Dei mcns, hace autcm nostra corpórea, nihilquc per se

effi-

cere valens.

Hanc porro ideam

Ule

únam

esse,

infinitam, aeternam ac singu

larum rerum. Ideas uniiate quadam
quii, iiemque Plotinus in libro

in se compreliendentem, in

Parmenide

in-

De

Idaeis et

carum multitudine. Ab hac una
exprimí
aií.

Plato singularum rerum formas tanquam i
tóteles...

sigillo

At vero Aris-

formam

rebus insitam principium constitutionis esse vult. Nihilominus
statuit,

in secundo

Physicorum divinam quandam formam

a qua caeterae formae

omnes orianiur, quas eadem ipsa complectitur. Qua in re mihi Ule videiur cum
Platone sentiré aut
in

pugnantem sententiam pene
esse putai,

inscius prolabi. Si enim forvcluti

mam

aliquam primam ac divinam
omnes...

ad quam

ad finem

aliae refe-

rantur

tanquam universale quiddam separatum ante re
los

ipsa sejunctum

facial, necesse est.»
(2)

Véanse especialmente

capítulos

m

y

iv del

tratado

De Demons-

104

ENSAYOS DE CRITICA FILOSÓFICA
la

nismo de

Academia Nueva. Innatos son para Fox
las

los

axiomas

matemáticos; innatas

ideas morales: innatos, sobre todo, los ge-

neralísimos conceptos del ser, de la esencia

y

del accidente, de la

cualidad y de

la

modalidad, principales grados del conocimiento en
el

su sistema, por virtud de los cuales

alma va purificando y hacienlos sentidos.

do incorpóreas

las

imágenes que

le el

transmiten

Fox

Morcillo señala, sin duda,
el siglo xvi.

punto de apog'eo.de esta escuela
alto

durante

Fué platónico puro, del más

y metafísico

platonismo, del platonismo dialéctico del Parménides, no del plato-

nismo cosmogónico del Timeo, lleno de símbolos místicos. Sus
bajos,

tra-

que

se extendieron á casi todas las
la

ramas de
la

la

Filosofía,

persiguiendo en
ria el

Moral, en

la Política

y aun en

doctrina litera-

mismo plan de concordia que y
la Dialéctica, son,

aspiró á realizar entre la Meta-

física

por su forma elegantísima, dignos del más
la

atildado pensador del Renacimiento, á

vez que, por

el

fondo, se

adelantan bastante á
aquella

la

mayor parte de
temple del

los escritos filosóficos
fijeza

de un
un

época de transición, y marcan con decisión y
Clásicos por
el

rumbo nuevo.

estilo,

como cumplía

á

tan ferviente y amoroso discípulo de Platón, parecen contemporá-

neos nuestros por

el

pensamiento, y no rara vez nos parece sorprenla filosofia

der en ellos algún eco de

novísima.

Sería cosa de todo punto imposible, dados los breves límites en

que ha de encerrarse una disertación académica, proseguir

el

estu-

tratio?ie ejusque neccssítaic ct vi:

^Debcrc aittem aliquid

essc in

mente nostra

certum ac firmuní,

gjio

tanquam mstrutnenio

et cxetnplo intdligentiae ipsius

multa scimiiur, id

est, formas notionesque rcrum á natura nobis impressas... Quoniam enim ad omnia intelligenda et agenda, veluti sentina quaedam habemus

a natura, ut ct

si

dúo triaque nunquam viderimus, eadem
si

si conjiingantur, esse

quinqué fateamur, et

quid boni aut mali objiciatur, alterum sponte sequa-

mur, alterum vitemus,

et si qualc sit

alterutrum non Judicetur, ut dcnique ad

omnia capienda mens quasi apta
iis

et proclivis per se sit atque aliquid in se simile

videat, quasi alias illa vidisset

aut

didicisset: necesse

profecto

est,

aliquas

tnentibus nostris impressas esse a

natura rerum formas putare, non facúltate
actu... eo
sint,

tantum, ut putat Aristóteles, sed
tionibus satis

modo ut nec sensus

sine iisdem no-

ad scientiam pariendam

nec sine sensibus ipsae notiones.»
el

Todavía es más importante
lección.

el capítulo v,

en que explica

modo de

la inte-

LA filosofía platónica EN ESPAÑA

105

dio de las vicisitudes de la idea platónica en pensadores nuestros de

menos cuenta, ya
ya conocemos.

del

mismo

siglo xvi (l),

ya de

los

dos siguientes.
los

Por otra parte, este estudio no añadiría ningún dato nuevo á

que

No porque
el

la filosofía

española del siglo

xvii,

deca-

dente y todo, deje de ofrecer manifestaciones y accidentes
riosos, tales
tico ó

muy

cu-

como

estoicismo de los moralistas,

el nihilisvio
(2), las

mís-

quietismo buddhista de Miguel de Molinos

singulares

(i)

Por ejemplo,
al

el

cardenal García de Loaysa, en

el brillante

prefacio

que puso
cordia,

frente de los Comentarios

De

Coelo ct

Mundo, del peripatético

de Brea (Alcalá, 1561), presenta un verdadero plan de conaunque menos extenso y desarrollado que el de Fox Morcillo, y no se harta de encarecer á la juventud de las escuelas que mire con la mayor reverencia las palabras de Platón y no le sacrifique á la autoridad de su disclásico Martínez

cípulo,

como era frecuente
agendum,
el

ni jirocnes interim
iione csse

hacerlo: '¡Hace obiter a me dicta de Platone sint, admoneam magna cum revereniia de Platone ejusque condi-

quidquid Plaionicum incidcrit, altiore

esse

mente rcpu-

tandicm. »

Ambrosio de Morales, en el segundo de los quince discursos Obras de su tío Hernán Pérez de Oliva (Córdoba, 1586), discurrre sobre la diferencia grande que hay entre Platón y Aristóteles en la manera de enseñar: «Muchas de las cosas que ambos enseñan son todas unas mismas, mas la manera de enseñarlas es tan diferente, que las hace parecer
El cronista

que añadió á

las

diversas.»

El importante y rarísimo libro del médico Luis de
Dialccticorum, libri dúo, Salamanca, 1558),

Lemos (Paradoxorum

puede considerarse como perteneciente á la escuela platónica mucho más que al raraismo. La tesis principal del autor es demostrar, contra Núñez y demás peripatéticos, que el nombre de Dialéctica debe reservarse para
aplicarse de ningún
la Metafísica

ó primera

filosofía,

y no

modo

á la 'L6giC3i formal de los aristotélicos.
platónica, la aspiración unitaria y sintética del

Es

luli«na, todavía

más que

arquitecto Juan de Herrera en su inédito Discurso sobre la figura cúbica:

«Sabe cualquier entendimiento que nunca halla reposo hasta que topa con
la

halló

armonía y orden sin falta ni sobra, en la cual armonía reposa, porque allí la verdad que buscaba con gran ansia.» Todo el razonamiento de
lo

Herrera está fundado en

que

él

llama «la armonía de los socorros y colas otras

municaciones de unas naturalezas con
(2)

y unos principios con otros.»

Sin duda por las relaciones íntimas que tiene con el pesimismo de

Schopenhauer, hemos asistido en nuestros días á una singular resurrección

de

la

doctrina de Molinos, especialmente en Inglaterra. El representante y
allí

corifeo de esta doctrina

es J.

Henry Shorthouse, hombre de mucho

talen-

I06
aplicaciones que

ENSAYOS DE CRÍTICA FILOSÓFICA
del

método matemático

hizo Caramuel, la invasión

del cartesianismo

y

del gassendismo en la Philosophia Libera

de

Isaac Cardoso, sino porque las tendencias de la época se alejaban

cada vez más del punto de vista objetivo y ontológico, propio de
antigua metafísica, cobrando, por
el

la

contrario, desusada importancia
el

en los escritos de Descartes y de sus continuadores,
subjetivo

principio

y

el

método

psicológico, anunciado en el Renacimiento por

nuestros Vives, Pereiras y Sánchez.

En España,

la escolástica

pro-

longó, no sin gloria, su vida durante todo aquel siglo; Juan de Santo

Tomás,

Basilio Ponce,

Montoya, Baltasar Téllez, Henao, Quirós,

Arriaga, son nombres que todavía suenan bien después de los gran-

des nombres del siglo xvi, y hay entre ellos alguno que basta para

honrar á una Orden y á una Escuela; pero otros muchos se limitaron
á conservar, buena o malamente, el caudal adquirido, sin acrecentarle

en cosa alguna, desentendiéndose, por sistema ó por ignorancia, de
grande y
total

la

revolución que las ¡deas filosóficas habían experimen-

tado en Europa. Otro tanto puede decirse de los lulianos, que vivían

confinados en su

isla

de Mallorca, defendiendo y comentando en
doctrinas de su maestro, sin penetrar las
el

innumerables libros

las

más

de

las

veces todo su alcance metafísico. Pero sobre

elemento pla-

tónico en las doctrinas lulianas y escolásticas, queda ya dicho lo esencial

antes de ahora. Persistía, además, dicho elemento; aunque tan
le

extraordinariamente modificado, que Platón no

hubiese conocido
las

de

fijo,

y á duras penas

le

hubiera reconocido Plotino, en

espe-

culaciones cabalísticas de algunos hebreos peninsulares refugiados

en Holanda y Alemania. El célebre

libro

de

la

Puerta de

los cielos,

que en lengua
Irira,

castellana
al

compuso Abraham Cohén de Herrera ó

y tradujo

paralelo entre

la

cabala y

hebreo R. Isaac Aboab en 165S) es un continuo la filosofía platónica. Análoga tendencia

manifiestan otros dos libros cabalísticos que

compuso Moisés Cordefender

dero ó Corduero con

los poéticos títulos

de Jardín de las Granadas
el

y Palmera de Débora. Menaseh ben

Israel llegaba hasta

to literario.
18S2),
ttie

Véase su célebre novela

qiiieíista

njohn Inglesante

(ed.

Tauchniz,

y su traducción abreviada de \<íG nía espiritual. (Golden t/ioughts from Spiritual Guide of Miguel Molinos the quictist, Glasgow, 18S3.)

LA FILOSOFÍA PLATÓNICA EN ESPAÑA
sistema de
la

10/

reminiscencia (l) y
la

la

metempsícosis pitagórica, rom-

piendo por todas partes

ortodoxia del

dogma

israelita.

Pero nada

de esto tuvo
narse en

ni

podía tener eco en Espaiía, aunque deba mencio-

la historia

de nuestra

filosofía,

por

la patria

y muchas

veces-

por

la

lengua de sus autores.
los

Limitándonos á
dar que
ción en
el el

pensadores cristianos, no dejaremos de recor-

platonismo místico tuvo su última y brillante manifesta-

Tratado de la Hermosura de Dios y su amabilidad por las
del ser divino, obra que dio á la

infinitas perjccciones

estampa

P.Juan Eusebio Nieremberg, y que resume, con grandeza de conceptos y de imágenes, y en estilo apenas contagiado del mal gusto reinante, todo el cuerpo de las doctrinas estéticas y filoen 1641
el

gráficas de Platón, de Aristóteles, de Plotino, del Pseudo Dionisio,

de San Agustín y de
dencia
profano,

los escolásticos.

Doctrinas de análoga proce-

exponía
el

casi

simultáneamente, aunque con intento

más

Conde don Bernardino de Rebolledo en

su elegante Dis-

curso sobre la hermosura

y

el

amor, compuesto en Copenhague
la filosofía (2).

en 1652, para obsequiar a una dama amante de
lo

Ya

he dicho en otra parte: este discurso fué como
la estética

el

canto de cisne
la

de

platónica entre nosotros,

el

último eco de

vigorosa

León Hebreo y de Malón de Chaide. El platonismo aparece ya en Rebolledo muy empobrecido de sustancia metafísiinspiración de
ca.

La forma

es elegante todavía, pero algo afeminada y, en suma,,

más elegante y graciosa que bella. Ha perdido la amplitud, el número y la arrogancia con que se movía en las páginas de Boscán y
del Inca,
precisa.

y

hasta en las de Calvi,

y aparece muelle,

oscilante

y poco
la

Una

especie de dulcedumbre empalagosa se derrama con
las partes

uniformidad por todas

de esta obrita, respondiendo á

monotonía del pensamiento.

Y

era menester

que

así sucediese:

no

hay escuela alguna, por

alta,

por noble que
el

sea,

cuya vitalidad no
círculo durante

se agote cuando sus sectarios ruedan en

mismo
sai,

(i)

En

su Spiraculiim vilae (1652). Véanse además
(1685).

Problemata

XXX de
la

creatione
{2)

mundi

«La Academia (decía Rebolledo) parece que tomó esta doctrina de

Escritura, para restituirla á

San Hierotheo y á San Dionisio, pues

la

pone

Platón en boca de

la

docta Diótima.»

108

ENSAYOS DE CRÍTICA FILOSÓFICA

dos siglos. A la larga todo se convierte en fórmula vacía, y llega 4 repetirse mecánicamente como una lección aprendida de coro.

Entonces se cae en
del

el

amaneramiento

científico,

hermano gemelo

amaneramiento

literario.

Es

seíial cierta

de que aquel

modo de

cuanto podía, y que es necsario cambiar de rumbo, y tener en cuenta otros datos del problema olvidados ó despensar ha dado de

conocidos hasta entonces. Tal aconteció á
tónica,

la estética idealista y placuya juventud tan vigorosa y tan audaz hemos admirado en León Hebreo. Sucumbió, pues, primero por el agotamiento de fuer-

zas,

y luego por

la

indiferencia

y

el silencio,

no interrumpidos du-

rante

el siglo XVIII

sino por la voz extranjera de Mengs, á quien re-

futaron sus amigos españoles.

Pero

si

el

platonismo dogmático puede decirse que murió entre
el siglo xvii, el

nosotros en

platonismo
la
la

crítico,

ó sea el escepticismo

académico de Arcesilao y de

Academia Nueva, tuvo en España
persona de Pedro de Valencia, autor
de la verdad, qne es verdadero

un sapientísimo intérprete en
de un opúsculo sobre

el criterio

mola

numento de erudición
La abundante

filosófica (l)

muy

superior á aquel siglo.

literatura filosófica del siglo xviii

no nos presenta

huella de Platónen parte alguna. Todas las tendencias de la época eran

y

debían ser contrarias

al

idealismo absoluto. Los más espiritualislos

tas se detenían

en

el

dualismo y mecanismo cartesiano:
el

más auda-

ces se lanzaban á banderas desplegadas en

campo

del empiris-

mo

sensualista.

La

fácil

y elegante

crítica del P. Feijóo, vulgari-

zando

los principios

baconianos y

el

método experimental, había
pu-

puesto de

moda

cierto injusto desdén sobre las especulaciones
espíritu

ramente metafísicas, que repugnaban á aquel

más

brillante
la

que profundo. Para contestarle lanzó
no sin

la

escuela luliana, y á

verdad

gloria, sus postreras llamaradas,

especialmente en
fiel al

los escri-

tos del cisterciense Pascual, que,
CTran

permaneciendo

sentido del

pensador

realista del siglo

xiii,

se mostró, no obstante, origina-

lísimo
lles.

y enteramente moderno en la interpretación y en los detaSu hábil y profunda restauración llegó antes de tiempo; hecha

(i)

Académica

sive de Judicio erga

verum ex

ipsis primis fontibus.
1

Opera Pelri

Valentiae Zafrensis in

Extrema Baetica (Ambares,

596).

LA filosofía platónica EN ESPAÑA

I09

un
las

siglo después, hubiera

dado á

la

obra luliana lugar eminente entre
(l).

más fecundas direcciones
el siglo xviii las

del

renovado escolasticismo

Pero

en

corrientes iban por otro camino.

La tradición

nacional no estaba completamente olvidada, pero en ella se estima-

ba sobre todo

el

elemento

crítico

y

psicológico. Piquer, Forner

y

Viegas resucitaron algo del espíritu de Luis Vives, acomodándolo

con habilidad suma á
lograron contener
la

las

nuevas exigencias de

los estudios,

pero no

desbordada avenida del sensualismo lockiano y condillaquista, que bajo la pluma de sus católicos intérpretes españoles,

tomó muchas veces un
la filosofía

tinte

y sabor tradicionalista. Reducida

cada vez más

á un empirismo ideológico, rebajada en
la

mu-

chas ocasiones hasta confundirse con
plorable frecuencia en

Gramática, envuelta con de-

el tumulto de la controversia política y social que por momentos arreciaba, bajó de su pedestal para convertirse

en arma de combate en manos de enciclopedistas y de apologistas,

mucho más atentos á las consecuencias y aplicaciones que á los principios. La Metafísica propiamente dicha fué teniendo cada día menos cultivadores, y aun la misma tendencia sintética y armónica,
inseparable del pensar de nuestra raza, hubiera carecido de verda-

dera y notable representación en ese
leibniziano de Pérez

siglo, á

no ser por

el

libro
la

y López, Principios del orden esencial de
los

naturaleza

(1

785),

donde parece que á través de

tiempos vuelve

á sonar

la

voz de

Raimundo Sabunde.
filosófico

Del estado de conocimiento
este siglo, parece prematuro, esta tribuna.

que hemos alcanzado en

y no

si

conveniente, hablar desde
día los méritos, los

La posteridad ha de apreciar en su

esfuerzos y los propósitos de cuantos han
labor,

tomado parte en
la

esta

y dar á cada cual de

ellos el

galardón debido ó

justa cen-

(i)

libro

que otro
la

Puede mencionarse como curiosidad no ajena de nuestro asunto, el luliano, el P. Luis de Flandes, publicó con el título de El AcaPhysica Pitagórica (1742), exponiendo un plan de
filosofía sincré-

démico Antiguo contra el Scéptico Moderno: Defensa de las Ciencias y especial-

mente de
tica,

en que entran como elementos, además del pitagorismo (que con

extraordinaria sorpresa

vemos renacer

aquí), la lógica aristotélica, la metafíel

sica platónica y el arte luliana,

pio de que las

dando trabazón y enlace á todo ello universales máximas abrazan las opuestas inferiores.

princi-

lio
sura.

ENSAYOS DE CRITICA FILOSÓFICA

Hoy, y pronunciada desde
histórico se ejercita
severiores.

este

sitio, la

alabanza parecería

lisonja, la

censura temeridad, irreverencia 6 ansia de combate. El

método

con más serenidad sobre cosas lejanas.
parte, nuestra historia

Musas colimus
España
ni fuera

Por otra

no queda

incompleta, porque en rigor no existe platonismo del siglo xix ni en

de

ella.

Platón pertenece

hoy á

la literatura
le

mucho

más que

á la filosofía: los helenistas son los

que mejor

entienden é

interpretan.

Con haber

sido tan poderosa la corriente idealista en la
siglo,

primera mitad de nuestro

ha corrido siempre por cauce

muy

diverso del cauce socrático. Ni Hegel es Platón, ni Schelling esPlotino, á pesar

de aparentes y superficiales semejanzas. Basta

la posifilo-

ción del problema crítico, para aislar del
sofía posterior á Kant.

mundo

antiguo toda

En

realidad, hasta el dialecto filosófico

ha

cambiado:
tido (l).

si

duran

los antiguos términos, es

con distinto valor y sen-

Y

para traer un ejemplo no lejano de mi asunto, y casi
el

obligado por

lugar

y ocasión

presente, recordad aquel peregrino
el

discurso inaugural de 1862, en que

elegante estético

Nuñez Are-

nas desarrollaba, en una lengua que parecía robada á nuestros prosistas del siglo XVI, el principio

de

la

Unidad como pío universal de
^'creéis
el

las criaturas.

Las palabras eran de Fr. Luis de León; pero

que

el

autor de los

Nombres de

Cristo se hubiera reconocido en
panegirista.''

racionalismo armónico de su castizo

No entendemos negar
sófico ni la unidad

con esto

la

solidaridad del pensamiento

filo-

de su

historia, sino sólo

determinar claramente

el

carácter de sus evoluciones.
terés
\z.

También en
el

Filosofía tiene capital in-

forma, no, á

la

verdad, en

sentido de forma literaria, sino

manera de exponer y sacar á luz el contenido de la conciencia: como una particular posición del filósofo
entendida
particular

como una
la

respecto de
tica
el

realidad incógnita:

como una

singular armonía dialéc-

que

rige todas las partes bien,

de un sistema. Las ideas son de todo
el

mundo, ó más
(i)

no son de nadie: en

pensador más original
nombre de rea-

Por ejemplo, en

las

escuelas antiguas se conocía con el

lismo lo que ahora llamamos idealismo, y se decía nominalismo lo que hoy em-

pirismo y positivismo. El realismo de algunas escuelas alemanas modernas es ciertamente antítesis del idealismo, pero no quiere ni debe confundirse con
el positivismo.

1

LA filosofía TLATONICA EN ESPAÑA
se

I 1

pueden

ir

contando uno por uno
la

los hilos del telar ajeno

que han
reside.
filo-

ido entrando en la trama;

originalidad sólo en la
la

forma

Pues bien;
sófico ha
los

es cosa

de toda evidencia que

forma del pensar

cambiado esencialmente desde

los días

de Kant, aunque

términos del problema metafísico continúen los mismos y no

lleven traza de variar. El

mismo

principio fundamental de la crítica
el

kantiana, es á saber, la distinción entre

fenómeno y

el

noúmeno,

estaba dado en
sentido crítico ó,

la

filosofía platónica,

había sido desarrollado con

más

bien, escéptico, por Arcesilao

y por

la

Aca-

demia Nueva, que á su vez dejaron profundísima huella en
de algunos
filósofos nuestros del siglo xvi, tales
el

la

mente
el

como Luis

Vives,

médico Francisco Sánchez y
cismo kantiano, y aun

doctísimo Pedro de Valencia. Y, sin
el

embargo, ¡qué abismo hay entre
el

de todos

los

dogmatismo platónico y el critipensadores modernos que á

más

ó

menos

distancia le prepararon! Por otra parte, las conclusiolo

nes escépticas

mismo pueden nacer de un exceso de idealismo

que de un exceso de empirismo. David
sofía sensualista

Hume

las extrajo

de

la filo-

de su tiempo, y nadie influyó más poderosamente
pensamiento de Kant, hasta como estímulo de con-

que

Hume

en

el

tradicción dialéctica.

Con un poco de ingenio y de buena voluntad,
fácil

es todavía

más

encontrar un fondo platónico en todas las manifestaciones déla

doctrina de lo absoluto ó filosofía trascendental, sin que para lograrlo
sea necesario convertir á Platón en secuaz 4el

monismo

idealista,

cerrando los ojos

al

espiritualismo

y á

la

dualidad que en su sistema
le

campean

(en

medio de sombras y de contradicciones) y que
la

han

valido tantas simpatías de parte de los teólogos cristianos. Es claro

que Schelling y Hegel platonizan cuando afirman
leyes de lo racional
del Espíritu

identidad de las

y de

lo real,

y reducen

á

una
el

sola la dialéctica

y

la dialéctica

de

la

Naturaleza. Hasta

mismo

principio

de
el

la

identidad ó indiferencia de los contrarios parece enunciado en
la

Parménides. Pero también es principio no menos esencial de
el
,

doctrina hegeliana

nece á Platón, sino á

Werden ó devenir y éste ciertamente no perteHeráclito, interpretado de una manera amplia y

metafísica. El mundodeladialécticaplatónica no esel

mundo

del

Wer-

den 6 de

la

evolución: es

el

mundo de

las

ideas eternas é inmutables

112

ENSAYOS DE CRITICA FILOSÓFICA
se hacen, sino

que no

que

son,

con perfecta y plenísima realidad. Esta
la dialéctica

sola distinción abre

un abismo entre
el

de Platón y

la

de

Hegel. Se ha dicho que

hegelianismo era un platonismo inmanente,

pero

la

idea platónica, aunque (siguiendo el profundísimo sentir de

nuestro
la

Fox

Morcillo)

la

supongamos inherente en
de

las

cosas

como Todo
es

forma

aristotélica,

nunca perderá su carácter de causa ejemplar,
la

ni estará sujeta á las leyes lo

generación y del movimiento.

imperfecto, todo lo mudable, todo lo relativo
la

y contradictorio

ajeno del purísimo ser de

idea platónica, que jamás se digna desel

cender de su solio para lanzarse en
clitismo.

irrestanable torrente del hera-

En

este punto, Schopenhauer, inspirado por su odio feroz

contra Hegel, se ha mostrado
platónico,

mucho más
de

fiel

al

verdadero sentido
la

aun absorbiendo

la teoría

las

ideas en su teoría de

voluntad radical. La idea platónica para Schopenhauer no es más

que representación de
del

la

voluntad, pero representación independiente
á la

tiempo y del espacio, y anterior
llan^'a

misma

ley de causalidad

que Schopenhauer

principio de la razón suficiente y considera

como forma
de
la

general de todo conocimiento subjetivo. El
el

mundo
la

voluntad y

mundo de

los

fenómenos están enlazados en

metafísica de Schopenhauer por una cadena de ideas que en toda

como especies precomo propiedades primordiales, como formas inmutables exentas de pluralidad, como prototipos de innumerables individuos, como símbolos de las especies y como primer elemento armónaturaleza inorgánica y orgánica se manifiestan

determinadas,

nico

y

estético

en

el

caos de

la

creación. Pero aquí se detienen las

analogías entre Platón y Schopenhauer.
fía

pesimista puede distribuirse entre

las costumbres, su

Todo lo restante de la filosoKanty Buddha. Su metajisicade ascetismo enervante como el opio, no fué, ciertafilosofa-

mente, engendrado en aquellos sagrados bosquecillos donde

ba Platón «á
hierba, lugar

orillas del Iliso, á la

sombra

del plátano, sobre la blanda

acomodado para juego de

doncellas, santuario

de

las

Ninfas y del Aquelóo, donde espira fresco viento y resuena el estivo

coro de

las

cigarras» (l).

Fué menester que

el

pensamiento griego,
la

ya agotado y decrépito, plantase sus tiendas á

escasa

sombra de

(i)

Véase

el

principio del Phedro.

LA FILOSOFÍA PLATÓNICA EN ESPAÑA
las

II3

palmas de Alejandría, para que se dejase contagiar y rendir por

esa pérfida languidez contemplativa,
inoculó
el

que por medio del Egipto

le

extremo Oriente, donde una naturaleza exuberante y des-

pótica, engendradora de ponzoñas

y de monstruos, y
disipa,
la

aniquila la gene-

rosa fibra del esfuerzo individual,

como

entre los vapores
la

de un perpetuo sueño,

la

noción de

integridad de

conciencia.
ni

Pero no conviene extremar relaciones

y

semejanzas,

decorar

con nombres antiguos y exóticos desfallecimientos y flaquezas bien modernas. Cada nuevo sistema es un organismo nuevo, y como tal

debe estudiarse, aceptando íntegramente
ella

la

historia

con espíritu desapasionado.

De

las

traducciones, aun de las

y llegándonos á me-

jores, dijo

Cervantes que eran tapices vueltos del revés; pero hay

y son las traducciones de ideas y sistemas ajenos á nuestro propio sistema é ideas. Por eso los grandes filósofos han solido ser tan malos historiadores de la
algo peor que las traducciones de palabras,
filosofía, al

paso que esta historia ha debido servicios eminentes á

espíritus relativamente

Tennemann, como
prender
lo

Ritter. Bástale al historiador

medianos y modestos, como Brucker, como de la filosofía comse librará

que expone: con esto

de

la

peligrosa tentación
este gé-

de rehacerlo. Pero no hay cosa más rara en
nero de comprensión,
tituir
el

el

mundo que

cual en cierto altísimo grado viene á cons-

una verdadera

filosofía,

un cierto modo de pensar

histórico,

que

los metafísicos

puros desdeñarán cuanto quieran, pero que, á desfragilidad,

pecho de su aparente
len romperse

no deja de

ser la piedra en

que sue-

y

estrellarse los

más presuntuosos dogmatismos. La
y de
lo

historia es la filosofía

de

lo relativo

mudable, tan fecunda en
la

enseñanzas y tan legitima dentro de su esfera como

misma

filosofía

de

lo absoluto,

rismos.

y mucho menos expuesta que ella á temerarios aprioExponer con intento polémico una doctrina que ha pasado á y que no nos
lo

la historia

agita

ya con

el

calor de las pasiones conrisible.

temporáneas, es procedimiento anticuado y

Estudiemos des-

y cuantas menos anticipaciones llevemos á tal estudio y menos nos preocupemos de su aplicación inmediata, más luces encontraremos en él para columbrar lo que será ó debe
apasionadamente

que

fué,

ser.

este

Al que con verdadera vocación y entendimiento sano emprenda viril ejercicio de la historia por la historia misma, todo lo demás
MsNtNDEZ T VMl.xro,—En-ayflS
de critica Jilosójua.
^

114
le será

ENSAYOS DE CRITICA FILOSÓFICA

dado por añadidura, y cuando más envuelto parezca en
los detalles, se abrirán

el

minucioso y deslucido estudio de
to sus ojos

de súbi-

y verá
la

surgir,

de

las rotas

entrañas de
la

la historia, el ra-

diante sol de
los

metafísica,

cuya

visión es

recompensa de todos
se

grandes esfuerzos del

espíritu.

Por todas partes
al fin

camina á

ella,

y en todas

partes se la encuentra

de

la

jornada. Quizá es una

aspiración sublime
indestructible
científica

más que una
las leyes
la

ciencia,

pero sin esa aspiración, tan

como

de nuestro entendimiento, no hay vida

que valga

pena de ser vivida.

Al

desarrollar ante vosotros en breve cuadro, no exento, sin duda,
las vicisitudes

de errores y omisiones,

de

la filosofía platónica

en

nuestro suelo, no he pretendido hacer obra dogmática, sino obra de
expositor, obra histórica. Ni soy ni dejo de ser platónico; ni soy ni

dejo de ser aristotélico. Creo que en

el

pensamiento de Platón, como

en

el

de Aristóteles, hay principios de eterna verdad, elementos

integrantes de todo pensar humano, algo que no negará ninguna
metatísica futura; pero
cia
si

estos principios han de tener alguna efica-

y

virtualidad, será preciso

que cada pensador

los

vuelva á penni

sar

y encontrar por

mismo.

Y

entonces no serán ya de Platón

de Aristóteles, sino del nuevo
pio los reconozca.

filósofo

que

los

descubra y en

pro-

Todo organismo
la

filosófico es

una forma histórica

que

el

contenido de

conciencia va tomando según las condiciones

de tiempo y de raza. Estas condiciones ni se imponen, ni se repiten, ni dependen, en gran parte, de la voluntad humana. La historia de
la filosofía

no v'uelve

atrás,

como no

vuelve ninguna historia; pero
el espíritu
la el

á través de las formas pasajeras

y Platón y Aristóteles

y mudables, son tan eternos como

permanece,

conciencia humana.

Malos vientos parece que corren hoy para

idealismo de Platón

y aun
el

para todo idealismo, pero puede preverse casi con certidum-

bre que estas nubes se disiparán mañana. Es cierto que ha pasado

tiempo de

los jefes

de escuela, y ninguno de

los rarísimos

que

aparecen puede pretender una dominación que no sea

muy

efímera.

Las consecuencias del hegelianismo,

el

mayor

esfuerzo metafísico

de nuestro

aun en
nismo,

los

quedan y se disciernen en toda la ciencia alemana, espíritus que más rechazan tal filiación; pero el hegeliasiglo,

como

sistema, ha dejado de existir hace

muchos

años.

La

LA filosofía platónica EN ESPAÑA

II5

moral

del pesimismo, ó

más bien
favorecen

la

parte crítica y negativa que

esta moral entraña, influye en Alemania,

aunque menos que en
el

los

países eslavos,
la raza;

donde

la

el

malestar social y

genio de

pero

la

metafísica del pesimismo,

hondamente quebrantada
ella

por los aditamentos y retoques que en

hizo

Hartmann, pasa

más bien por objeto de
orden, y por otro
el

ociosa especulación que por materia de funla

damental estudio. Por un lado

ausencia de metafísicos de primer

prodigioso desarrollo de los estudios críticos y de las ciencias históricas, verdadera gloria de la Alemania moderna,

hace que muchos estudien
ra,

la filosofía

como una

especie de literatu-

como un

objeto de investigación y de curiosidad erudita,
la

como

una rama de

arqueología y de

la filología, ciencias

que hoy reinan

en aquellas universidades con imperio casi despótico. Con esta forma,
la

más elevada y noble

del espíritu crítico, alterna

el

positivismo de

las escuelas

experimentales, cuya expresión, por lo tocante á los

estudios filosóficos, son la psico-física y la psico-matemática. El la-

boratorio de

Wundt

ha reemplazado á
el

la

cátedra de Schelling, y
calor
el

hoy

se comenta la ley de Fechner con
aíios las evoluciones

mismo
el

que hace cuarenta
realismo, el pesi-

de

lo absoluto.

En suma:

mismo,
formas,

el
el

positivismo,
criticismo

el el

materialismo,

empirismo en todas sus

y

escepticismo, han contribuido juntos ó ais-

lados á difundir en la atmósfera de las escuelas un marcadísimo des-

dén hacia

la filosofía

pura. Los excesos del idealismo fantástico é
la

intemperante no podían menos de traer esta reacción,

cual des-

graciadamente ha ido tan
tido contrario.
lo accidental

lejos,

que

está solicitando

ya

otra en sen-

Lo

particular, lo individual, lo infinitamente

pequeño,
lo

y

fortuito, se

ha sobrepuesto en tales términos á

general, á lo trascendental

y á

lo absoluto;

ha llegado á
tal

tal

desmelas

nuzamiento

el

trabajo intelectual; han triunfado de
las síntesis,

modo

mo-

nografías sobre

que, en vez de

la luz,

comienza á produsin plan,

cirse el caos, á fuerza

de amontonar sin termino, y á veces

hechos, detalles, observaciones y experiencias.

Y
tinta.

esa reacción ha venido, ó comienza á venir por lo menos.
está

La

humanidad

condenada á plagiarse siempre y á ser siempre disSíntomas observados en las escuelas y en los medios filosófi-

cos más diversos, nos indican en aquellos pensadores que serán

Il6
gloria

ENSAYOS DE CRÍTICA FILOSÓFICA

más

ind¡sc;itible

de nuestra edad, un hastío creciente del puro
afir-

empirismo y del puro criticismo, y una tendencia á volver á la mación metafísica más ó menos disimulada; y observadlo, esa
mación, cuanto más se aclara, más próxima parece
al

afir-

armonismo,

más semejanzas
Leibniz,

íntimas presenta con

la

solución adivinada por
el

y antes que por Leibniz por Fox Morcillo. Hasta
la

mis-

mo
que

Lange, en su Historia del materialismo, reconoce
el

necesidad
ideal,

hombre

tiene de completar la realidad por
la

un mundo

«donde nuestro yo reconoce
mientras que
el

verdadera patria de su ser íntimo,
las

mundo de

los

átomos y de

vibraciones

le

parece

extraño y

frío», y, á
filosofía,
el

pesar del punto de vista subjetivo

y

estrecho,

propio de su
el

y de

la

notable influencia que en

él

ejercen

mecanismo y
de

determinismo, no deja de hacer graves afirmaél

ciones en favor de lo que

llama una libre síntesis del espíritu.

Aun
sitivo

las filas del

nominalismo más intransigente han salido sinel ni

gulares concesiones. Stuart Mili murió afirmando que

modo pode
lo so-

de pensar no implica
el

la

negación de

lo
el

absoluto

brenatural. Pasó

idealismo de Hegel, pasó

realismo de Herbart,

y en

la

profundísima tentativa de Lotze (1879) vemos levantarse

triunfante el realismo-idealista, á cuya

sombra empiezan
es

á congre-

garse numerosos partidarios.
trucción del

Lo que Lotze ensaya no
la idea, el

una cons-

mundo por medio de

sino una interpretación

regresiva que intenta referir á un origen incógnito
los

conjunto de

hechos observados y reconocidos, haciendo conv"erger nuestros
al

pensamientos
transigen:
ler,

centro del mundo. Hasta los antiguos hegelianos
el

un discípulo de Rosenkranz,
de Hegel con

sabio estético

Max

Schas-

levanta también la bandera del Real-Idealismus
la dialéctica

y
la

trata

de com-

binar

el

método experimental

é inductivo,

que pone
Francia,

al espíritu

en comunicación directa con

realidad.

En

el

vigoroso entendimiento de Kavaisson, espiritualista in-

dependiente, que siempre ha marchado solo

y con grandes

bríos

por

el

camino de

la

especulación

más ardua,

aspira á reconciliar la

ciencia positiva con la metafísica tradicional, en su expresión
castiza

más

y

sistemática, en la metafísica de Aristóteles, é intenta llegar

á

la

noción de lo absoluto, no por una síntesis dialéctica, sino por
síntesis psicológica,

una

por una conciencia inmediata de nuestra

LA FILOSOBlA PLATÓNICA EN ESPAÑA

117

naturaleza íntima, de nuestra personalidad imperfecta y relativa,

que reclama por su misma imperfección
personalidad, que es la sabiduría y
la
el

lo absoluto
infinitos.

de

la

perfecta

amor
la

De
y

este
al

modo

Metafísica brota de las entrañas de
la

Psicología,

mismo
la

tiempo
tal.

explica y

le

da su razón última por analogía trascendenel

Dios sirve para entender

alma, y

el

alma para entender

naturaleza, porque según la profunda sentencia de Aristóteles, el

alma

es el

lugar de todas las formas, y según
«el

la

no menos profunda

de Leibniz,

cuerpo es un espíritu momentáneo, una dispersión
tales

6 refracción del espíritu». Sin llegar á

extremos de misticismo
la

y de

espiritualisrao (por

no decir de acosmisino),

prudentísima

escuela escocesa, enriquecida
luciones por
análisis
la

y transformada en
la crítica

sus postreras evoel sutil

poderosa dialéctica de William Hamilton y
el

de Mansel, salva

abismo de

kantiana, admitiendo

una primitiva unidad

sintética de la conciencia,
las

cuentra y legitima, en nombre de
cimiento,
la

y dentro de ella enmismas limitaciones del cono-

afirmación de

lo

necesario y de lo incondicionado.

¡Quién sabe lo que puede esperarse mañana de estas direcciones
fecundísimas! ¡Felices vosotros (jóvenes alumnos que
felices
si

me

escucháis),

llegáis á

ver en pleno desarrollo esa planta del idealismo
está escondido en nuestro suelo bajo la espesa
felices
si, al

realista,

cuyo germen

capa que tantos años de decadencia han amontonado;
realizarse la evolución metafísica,

que ya por todas
la

partes,

aunque

de un modo vago, se presiente, alcanzáis de

realidad un concepto

más amplio

é ideal

que

el

que nosotros hemos logrado!

He

dicho.

II

DE LOS ORÍGENES
DEL

CRITICISMO Y DEL ESCEPTICISMO
Y

ESPECIALMENTE DE LOS

PRECURSORES ESPAÑOLES DE KANT

DISCURSO DE RECEPCIÓN

LEÍDO EN LA REAL ACADEMIA DE CIENCIAS MORALES Y POLÍTICAS

EL DÍA 15 DE MAYO DE 189I

Pienso, señores académicos, que ninguno de vosotros habrá acha-

cado á incuria mía,

ni

menos á desdén ú
la

olvido, la relativa tardanza

con que

me

acerco á recibir

honrosa distinción que he debido á
alta es la

vuestros sufragios. Cuanto

más

merced otorgada, tanto
una peen
re-

más

obliga á recoger el ánimo por largo espacio, hasta dar con el

modo menos
que
poso

indigno de corresponder á
la

ella

y de

satisfacer

queña parte de

deuda contraída. Tal ha

sido, señores, el caso
la falta

me

he encontrado: combatido á un tiempo por

de

intelectual,

por

la distracción del espíritu
el

en

muy

varias pero

inexcusables tareas, y por
el

respeto profundísimo que
los graves estudios

me

inspiran
se cul-

nombre de

esta

Academia y
ellos

que aqui

tivan.

Algunos de

hay en que soy enteramente
sentido etimológico de

forastero; otros,

en que no he pasado de discípulo ó de mero aficionado. Si algo
tengo de
es,

filósofo, será

en

el

la

palabra, esto

como amante, harto platónico y desdeñado, de las ciencias especulativas. En cuanto á sus aplicaciones al régimen de la vida y á
la

gobernación de

los pueblos, principal

declaro que ni mis hábitos intelectuales, ni

y glorioso estudio vuestro, el género de educación

que

recibí, ni cierta invencible
la

tendencia que siempre
el arte

me

ha arras-

trado hacia

pura especulación y hacia

puro, en suma, á
los

todo lo más

inútil

y menos

político

que puede darse, á todos

sueños y vanidades del de

espíritu,

me han

permitido adelantar mu-

cho, ni trabajar apenas por cuenta propia, limitándome á admirar
lejos á los que,

como

vosotros,

han acertado á poner

la

planta

122

ENSAYOS DE CRITICA FILOSÓFICA
las

en ese firme terreno de

realidades éticas, económicas

y jurídicas.
en
el

Y

no

es,

señores, que
vivir la

yo deje de deplorar
la práctica,
la

el triste divorcio

que suelen

especulación y

no menos que

muy

funesto que habitualmente existe entre

ciencia

y

el arte,

más que

por limitaciones del entendimiento humano, por vicios de
tradicional

la cultura

y por preocupaciones de varia índole, á las cuales sólo una profunda reforma intelectual puede ser adecuada medicina.
dilettantismo,

Cuando un vacío y presuntuoso
tico,

ya

filosófico,

ya poé-

que suele ser expresión de monstruoso egoísmo, hace desertar
lucha á los fuertes y á los capaces, forzosamente se apoderan
los

de
del

la

campo

empíricos aventureros y temerarios.
al

A

semejante

mal, sólo se ve un remedio: recordar

arte de la política su dela ciencia política

pendencia de

la ciencia

política;

recordar á

su

dependencia de
pendencia de
la

la ciencia

moral; recordar á la ciencia moral su de-

Metafísica, raíz, al

mismo tiempo que complemento,
la savia filosófica

de todas

las ciencias

humanas. Mostrar este parentesco, evidenciarle
en

de mil modos, hacer penetrar por todas partes
el

vasto cuerpo de las ciencias sociales, es

la

noble tarea que glo-

riosamente cumplen Academias
cito,

como

ésta,

con universal beneplálos

no sólo de

los

hombres de estudio, sino de

hombres de

buena voluntad que aspiran á ser regidos conforme á razón y justicia. Nadie debe negar su concurso á tal empresa, cualesquiera que
sean los impulsos que á otra parte
ble antecesor,
le lleven;

y por eso mi inolvidaja-

que cultivó estudios
con un
brillo

muy

análogos á los míos, pero

que

los cultivó

y una

gloria

que yo no alcanzaré

más, daba treguas á sus inspiraciones de poeta, á sus investigaciones de historiador, á sus análisis de crítico, á sus triunfos oratorios,

para buscar en campo, alguno de
los

si

menos

florido,

más

fructífero, solución á

temerosos conflictos sociales que por todas partes nos

amagan.

Es

cierto, sin

embargo, que sus escritos de este orden fueron

breves

y

escasos,

y que

á los ojos de la posteridad el

Marqués de

Molins quedará

va unido á

las

como una figura principalmente literaria. Su nombre pompas y esplendores de la época romántica. Allí le
la crítica,

saludará con respeto
literaria

cuando llegue á escribirse

la historia

de España en

el siglo xix,

hasta ahora no acometida for-

.

DE LOS orígenes DEL CRITICISMO Y DEL ESCEPTICISMO

1

23

malmente

(l); sin

que

tal

vacío haya de atribuirse tan sólo á nuestra
del asunto, en

desidia, sino á la

misma complejidad
ni trazar

que

es dificil

hallar punto

de mira

adecuadas divisiones. Hay, sin em-

bargo, un período que fácilmente se separa de los demás,

y puede

darse por de todo punto cerrado y concluso. Antes de ese período,
la

escuela literaria dominante es

mera prolongación de

la del si-

glo XVIII, llegada á su perfecta madurez. Después de ese período, la

anarquía

y

el

individualismo quedan señores del campo; se inicia

alguna cosa que aun no hemos visto terminada; apuntan muchas
tendencias y apenas llega á granazón ninguna; imítanse alternati-

vamente modelos contrapuestos, ó no
quiera lo particular y

se imita á nadie,
lo

y donde-

autónomo

se
lo

sobrepone á

genérico. Quizá

convenga
dos,
el

así,

y por mi parte no

lamento. Entre estos dos
el

muny

uno, de servidumbre académica, y
el

otro,

de behetría tur-

bulenta y desmandada, epílogo

uno de una

historia pretérita,

prólogo

el

segundo de otra

historia

que aun

está entre los futuros

contingentes; en una palabra, entre

el

mundo de

Quintana, de Lista

y de Gallego, y el mundo de que somos parte cuantos hoy, más ó menos torpemente, movemos la pluma, se dilata otra región poética
en que imperaron modos y formas de arte
cierta especie

muy
la

definidos,

y aun

de teoría que á

los

educados en

disciplina del si-

glo xviii

pudo parecer esencialmente revolucionaria, aunque luego,
casi

en cotejo con otras licencias más radicales,
tenerla por motín escolar ó rebelión de

hayamos venido á

mtra

claustra. El período en

que domina
los

esta escuela,
la

que de un modo ó de otro dejó sembrados
literaria

gérmenes de

independencia

de que hoy más razonada
las literaturas

y

sistemáticamente disfrutamos, se conoce en todas
el

de

Europa con

nombre de romanticismo
Marqués de Mole-

A
lins:

esta escuela pertenecen las obras capitales del

su

drama

histórico

Doña Maria

de Molina^ sus romances y

yendas, hasta sus mismas narraciones en prosa. Pero
luciones literarias rara vez son bruscas, sino

como

las

evo-

que

se van

graduando

(1)

No

había aparecido aún el ensayo del P. Blanco García. (Nota de esta

edición)

(*).

(*)

La

edición de 1892. (A. B.)

124

ENSAYOS DE CRITICA FILOSÓFICA
casi imperceptibles, él,
el

por matices

que había sido
colegio de
la

clásico antes

que

romántico, educado por Lista en

San Mateo, recibien-

do por una parte

las tradiciones

de

escuela sevillana por medio
al

de su dulce y venerado maestro, é inclinándose por otra
grandilocuente y robusto de los últimos y

tono

más

gloriosos líricos sal-

mantinos. Quintana y Gallego, merecía á toda ley ser contado entre los

más

fieles hijos

6 nietos de
xviii,

la literatura

culta

y entonada

de

los últimos

años del siglo

de cuyo dialecto poético conen sus composiciones más
el

servó siempre dejos

muy
el

visibles hasta

románticas, no sólo por

buen gusto y

primor de ejecución, de
sea,

que en ningún sistema

literario,

por libérrimo que

debe pres-

cindir el poeta, sino por cierta declarada predilección á las voces

llamadas generosas y nobles, por cierta tendencia á

la perífrasis

y

al

eufemismo, y un instintivo alejamiento de todo
rastrero y prosaico.

lo

que

le

parecía

Venía á

ser, pues, el

Marqués de Molins un
la traza

ingenio ecléctico, romántico en los asuntos y aun en
posición de sus obras, clásico ó neo-clasico en

y

dis-

el artificio

académico

del estilo. Este prudente eclecticismo se mostraba en la fácil aptitud

para géneros diversos, en

la

variedad de temas, en

el

desembarazo

continuo de
lo

la

ejecución, no

menos que en
de
la
el

el

cuidado de huir todo

redundante y extremoso. Sus obras poéticas, cuando se leen cofiel

leccionadas, parecen espejo

las

transformaciones y mudanzas

de atavío que ha ido ensayando
acá, sin

musa

que haya género de que
que

castellana desde el año 30 Marqués no dejara alguna mues-

tra, ni afición literaria

de su tiempo á que dejara de pagar tributo,
era,

como

espíritu curioso

nada exclusivo

ni intolerante,

benése-

volo por naturaleza
guirlos en lo

y atento

á todos los
racional,

cambios de gusto, para
lo

que tenían de

y en

que congeniaban con

su propia índole.

Por raro privilegio de

la

suerte alcanzó á ser contemporáneo de

tres generaciones literarias,

cronista autorizadísimo de las dos primeras.

y hubiera podido ser, y fué en parte, La gallarda juventud de
el fin,

su mente, que conservó hasta
píritu,

mucho más
siglo,

rara

que

la

longevidad

y aquella longevidad de su esfísica, hacían que su mela literatura

moria fuese un archivo de casos y cosas de

española

de este

de

tal

modo, que

si

se hubiera determinado,

como

DE LOS orígenes DEL CRITICISMO Y DEL ESCEPTICISMO

1

25

muchos
ran sido

solicitaban, á escribir íntegros sus recuerdos (de los cuales

en su extensa biografía de Bretón nos dejó alguna muestra), hubieel

más metódico,

discreto y copioso inventario de cuantos

versos y prosas dignos de

memoria han

salido,

no diremos de

la
la

pluma, porque muchos de
palabra y de
la

ellos ni siquiera se escribieron, sino

de

mente de
en
lo

los

más

singulares ingenios que han pasasiglo.

do por esta

tierra

que va de

El Marqués de Molins los

había conocido á todos, de todos había sido amigo ó discípulo ó
condiscípulo ó protector ó compañero; recordaba todos sus dichos,
lo

que pensaron,

lo
el

nuestros ojos con

encanto que tienen siempre

que improvisaron, y sabía hacerlos revivir á las memorias de la
pasadas. Venía á ser en
fiel

juventud y de

las alegrías

tal

concepto

el

Marqués de Molins,
sin dejar

testigo

de costumbres

literarias
la

ya fenecidas,

de ser un contemporáneo nuestro en

más genuina acepnaturalmen-

ción del vocablo.

Sus

aficiones,

un tanto arqueológicas, debían
la historia,
si

llevarle

te al cultivo

de

no en trabajos de larga extensión, in-

compatibles con vida tan ocupada

como

la

suya, á lo

menos en

in-

vestigaciones de gran novedad, en monografías sobre puntos obscuros, tales

casos

de

la

como la sepultura de Cervantes, ó la averiguación de los y andanzas de cierto aventurero español del siglo xvi, autor Crónica de Enrique VIH de Ingalaterra. En estos y otros estulas

dios,

con que dignamente contribuyó á
el

tareas de nuestras Aca-

demias hermanas, luce

raro talento de amenizar las indagaciones hasta los profanos las sigan con interés
el

más

áridas,

y hacer que

y

deleite,

gustosamente movidos por

acicate de la curiosidad dies-

tramente excitada.
los resultados

En
lo

vez de presentar desnudos

y en seca fórmula
largo,

de su examen, gusta Molins de conducir á sus lectodesconocido por
el

res

de

lo

conocido á

camino más

pero

sin dejarles sentir ni

por un momento

la fatiga;

antes bien, intere-

sándolos en todas sus excavaciones, tanteos y arrepentimientos, de
tal

suerte que lleguen á imaginarse que son ellos los que por su prola

pio esfuerzo racional han alcanzado
bil

solución del enigma. Esta há-

disposición de los datos
calificar

y

del desarrollo del problema,
artística,

que no

dudo en

de elegante y

estaba amenizada todavía
al

más, en los escritos de mi predecesor, merced

arte

de

los para-

126
lelos,

ENSAYOS DE CRÍTICA FILOSÓFICA

de

las

coincidencias

y de

las

aproximaciones, en que se mos-

traba profundo á veces
las cosas

y

otras ingenioso, trayendo á su propósito

más
las

lejanas en

mente con
de
lía

tiempo y espacio, y entretejiéndolas hábilque eran objeto principal de su relato, para poner así
analogías

de manifiesto
las cosas

las ocultas

y

los providenciales
ni

sincronismos

humanas. Sin hacer profesión

alarde de filósofo, so-

ocultar bajo una forma ligera y
filosóficas,

graves y

y un

cierto

mundana consideraciones muy modo de pensar elevado y cristiano,
se trasluce

que en sus mismas obras poéticas
se manifiesta.

y aun declaradamente
políticas,
el espíritu

De

ellas

pueden

inferirse

también sus ideas

en

las

que puede decirse que entraban por partes iguales

nacional, el sentimiento aristocrático, y cierta

manera de
él,

espíritu

municipal ó de libertad antigua y de privilegio que

aun en su
liberalis-

primera juventud, no creía incompatible con

el

templado
la

mo

que profesó siempre. El encariñamiento con

nobleza heredi-

taria,

y

esto no sólo por tradiciones de familia

y por entusiasmo

histórico, sino

Estado, no

le

por considerarla elemento y poder necesario en el movía á estériles vanidades, sino á nobles y sentidas
la

lamentaciones por

postración y abatimiento político de su clase;
vivir

y

si

es

verdad que á ratos parecía

con

las

sombras de sus ma-

yores,

y

los celebraba
el

en octavas y romances, y se deleitaba y ufalos

naba con

recuerdo de los timbres heredados de

que vistieron
de la

la cruz de

Alfama y compraron con sangre

los vergeles

Daya

más veces propendía
uno de
los bellísimos

á aquella especie de enérgico pesimismo que

revelan las palabras puestas en boca de un labrador castellano en

romances que llevan por

título

Recuerdos de

Salamanca.
Esta concepción política, mixta de aristocrática y democrática,
la Edad ¡Media y de esperanzas modernas, es más notable producción dramática de Molins: Doña

de reminiscencias de
el

alma de

la

María de Molina. No
de Tirso,

es ocasión

de establecer aquí paralelos, siemla

pre enojosos, ni de traer á cuento

admirable crónica dramática

La

Prudencia en

la mujer,

por más que

la similitud del

asunto y de algunas de
lante de la memoria.

las situaciones, la

pongan forzosamente delos

No

sin razón

pudo culpar Enrique Heine á
el

Schlegel de obtener

fácil victoria

sobre

teatro de Racine trayen-

DE LOS orígenes del CRITICISMO Y DEL ESCEPTICISMO

.

1

27

do á cuento ejemplos de Eurípides, pertenecientes á otro arte y manera de tragedia, tan distinto del arte francés en el fondo, á pesar de la engañosa semejanza de la superficie.

De

igual

modo, aun-

que Doña

IMaría

de Molina sea protagonista del drama de Tirso, como
el

lo es del del

Marqués de Molins, cada poeta ha tratado

asunto den-

tro

de

las

condiciones del arte de su tiempo, y con ideas y propósitos

diferentes,

siglos medios,

y hasta con una concepción no igual del espíritu de los de donde han resultado, no sólo nuevas situaciones,
el

sino también una modificación profunda en
roína.

carácter de la he-

Por donde no ha de juzgarse
si

el

drama

del

Marqués de Molins

como

fuese un inmenso cuadro de composición histórica al

modo

del de Tirso

y de

los

de Shakespeare, donde revive entero un pe-

dazo de

la

tradición nacional, agrupándose inmenso

número de
cual sobre-

acaecimientos y de personajes en torno de una sola figura que, por
decirlo así,

comunica
el

al

drama

su unidad personal,
la

la

nada siempre sobre

amplio océano de

vida difundido en innu-

merables episodios. Sino que debe estudiarse como drama romántico,

en

el

sentido que se daba á esta palabra en 1834,

y buscar

allí,

no
la

las ideas del siglo xiv, sino las ideas

propias del autor

y de toda

juventud

literaria

y

política

de su tiempo.
el

Y

precisamente por

esto conserva frescura

y encanto

drama. Esos mismos anacroel

nismos de ideas y de sentir político, que notaba

gran Donoso en

su crítica de esta obra, son hoy para nosotros un rasgo precioso de
época. Si queremos recibir impresiones de legítima

conocer á

los castellanos

que afianzaron
la

el

trono del hijo de

Edad Media, y Doña

María de Molina, busquémoslos en

maravillosa creación de Tirso,
los

que no

los

conocía

como

erudito,

pero que

adivinó y sintió

como

poeta, por vivir en tiempos en que el antiguo
ileso.
la

de ser nacional permanecía sustancialmente
nero de fidelidad interna,

y Es

castizo
el

modo

mismo gé-

mucho más

rara

que

arqueológica, que

admiramos en
poeta de
la

las

crónicas dramáticas de Shakespeare. Pero á un
inútil exigirle

generación romántica fuera
Tirso, ni

que

sintiera

y

pensara

como

como

la

Doña María
él

déla historia, puesto que

no siendo reales y sinceros en
su obra.

tantos sentimientos, forzosamente

hubieran parecido cosa pegadiza y comunicado incurable frialdad á

Y

así

no

es

de censurar que

el

poeta,

al trazar la

figura

128
ideal

ENSAYOS DE CRÍTICA FILOSÓFICA

de Doña María de

Aíolina, pareciera tener puestos los ojos

en

otra Reina Gobernadora, en quien se cifraban entonces todas las

esperanzas liberales, y que
se acordase

al

hacer hablar
los

al

mercader segoviano,

demasiadamente de
salió la

procuradores á Cortes del priviva,

mer Estamento. Así
sello del día

obra
ella

original

y marcada con
que luego

el

en que nació.

En

mostraba por primera vez su aupolítico,
le

tor aquella doble naturaleza

de poeta y de

acompañó constantemente en
las

los Parlamentos,

en los Ateneos

y en

Academias.
dilatado en
él
el

Perdonadme que me haya
no tanto ciertamente como

elogio de

mi antecesor,

merece, pero invadiendo quizá un
el

campo que no

es

propiamente

de esta Academia.
la

A otras

perte-

neció Molins, donde voces

más autorizadas que

mía se han levan-

tado ya ó han de levantarse en elogio suyo. Si

me

he atrevido á

meter

la

hoz en mies ajena, sírvanme de disculpa antiguas deudas

de amistad y gratitud nunca bastante saldadas.

Al medir, señores,

la

pequenez de mis

fuerzas, para

salir

del

grave compromiso en que vuestra elección

me

había colocado, hube

de fijarme desde luego en aquella materia
asiduo,

científica

cuyo

cultivo

aunque poco fructuoso, era

el

único título que podía alegar
filosofía

para sentarme entre vosotros.

Un

ensayo de
al

española es lo
será obsequio

único que podéis esperar de mí, y
leve á la

mismo tiempo

memoria de aquel

ilustre varón, tan

español en todo. Pero
las limi-

entended que no os ofrezco más que un ensayo, con todas
taciones de
tal,

concretado á un punto

solo, importante,

pero obstra-

curo, y quizá árido

y técnico en demasía: un ensayo, además,
tolera,

bajado en
ficiente

el la

brevísimo plazo que vuestro Reglamento

de-

en

investigación, pobre en el razonamiento, pobrísimo en
lectura, se

el estilo. Si

no os enfada enteramente su
el

deberá á

la

poca

ó mucha novedad que pueda haber en

asunto, digno ciertamente
la

de ser desarrollado por mejor inteligencia que

mía.

Voy

á tratar,

DE LOS orígenes DEL CRITICISMO Y DEL ESCEPTICISMO
pues, de los antecedentes del criticismo
queréis
del escepticismo, ó

IZQ
si

lo y más concreto, de los precursores de Kant, especialmente en la filosofía española. El mero enunciado del tema suscitará ya alguna sonrisa escéptica; parece que el asunto mismo lo trae consigo;

pero

si

vuestra benevolencia

me acompaña,

quizá veréis probado sin

esfuerzo lo que á primera vista parece juego de ingenio, novedad

extravagante ó paradoja insostenible.
El nombre
años.

mismo á& filosofía española
estudiosos

lo

parecía hace algunos

Con buena voluntad unos, grado, ó hemos logrado algunos

otros con positiva ciencia,
(si

han

lo-

es

que merezco algún
nacional de in-

lugar entre ellos), vindicar en esta parte

la tradición

merecidas ofensas. Se dudó primero de
filósofos; se

la existencia
el

y mérito de

los

negó luego su influencia en
el

pensamiento general de

Europa; se negó, por último,
zos, la existencia

enlace y continuidad de sus esfuercientífica,

de una verdadera tradición
el

de un orga-

nismo que mereciera

nombre de

ciencia nacional,

tara en el curso de las edades algún sello
tico.

y que presendominante y caracterís-

Negar, era

fácil;

dudar, todavía más; burlarse, facilísimo. Pero
dudas, ni las burlas, por

ni las negaciones, ni las

muy

chistosas

que

sean,

pueden en

historia prevalecer contra los
aislados, sino
ni

documentos.

Y los

documentos han venido, no

en legión; y no traídos por patriotas ignaros,

en su mayor parte por apologistas ciegos

sino por investigadores de fuera de casa, á quienes

no podía mover

ningún sentimiento de vanidad nacional,

ni

aun de simpatía hacia

España. Alemanes, franceses y aun italianos han reconstruido la

de nuestra filosofía judaica; y por obra de Munk, de Sachs, de Geiger, de Zunz, de David Cassel, de Graetz, de lelinek, de
historia

Rosen, de Eisler, de Gugenheimer, de Peter Beer, de Luzzato

y de Salomone de Benedettis, podemos apreciar hasta en sus mínimos
detalles,

merced
el

á repetidas ediciones, traducciones, disertaciones

y comentos,

pensamiento de Gabirol, de luda Leví, de Maimó-

León y de los cabalistas. Munk, y especialmente Renán, nos han trazado el cuadro de la filosofía arábiga, y
nides, de Moisés de

han resucitado

la

gigantesca figura de Averroes, cuya influencia en

el aristotelismo escolástico

ha sido estudiada en Alemania por

Werg

ner,

y en

Italia

por Eiorentino y por cuantos han tenido que hablar
de critica JiUsófica.

Mehéndez y Pblayo. — Ensayos

130

ENSAYOS DE CRITICA FILOSÓFICA
escuela de Padua y del averroísmo del Renacimiento. El adla

de

la

mirable desarrollo que en nuestros días logra

erudición

filosófica,

penetrando en

los
el

senos más recónditos de

la historia intelectual,

para sorprender

pensamiento hasta de aquellas generaciones

y
la

siglos obscurísimos

que apenas han dejado rastro de su paso por
lo

vida,

no ha sido menos fecundo en
de
la
la

tocante á nuestras escuelas
del siglo xii ha ¡do apa-

cristianas

Edad Media. Entre las nieblas

reciendo
govia,

imponente personalidad

filosófica del

arcediano de Se-

Domingo Gundisalvo, el más lógico y radical de todos los panteístas de la Edad IMedia. Jourdain le descubrió, y Hauréau ha
los últimos

dado

toques en su misteriosa figura.

Y el

descubrimiento

de este singular metafísico, que convierte en sistema propio y audacísimo toda
la

ingente labor del colegio de traductores toledanos,
el

patrocinado por

arzobispo D. Raimundo, ha derramado inesperala historia

da luz sobre
ca,

el

punto más enigmático de
asistir á
el

de

la

Escolásti-

y hemos podido
las

aquella serie de extrañas elaboraciones,
el

mediante

cuales,

pensamiento semítico-español,

de los

Avempaces, Tofaiies y Gabiroles, última evolución del pensamiento alejandrino, se infiltra en las venas de la Escolástica para ir engendrando y determinando todas sus herejías, vacilaciones y desfallecimientos, á la vez que para despertar y avivar el pensamiento orto-

doxo de

los Albertos,
la

Tomases, Buenaventuras y Scotos, con

el

fermento de

contradicción

también, gracias á

y de la lucha. Y hemos aprendido Miguel Amari, cómo de España saltó á Sicilia la
merced á
las consultas

centella del libre pensamiento, y encendió,

Aben-Sabín y las traducciones de Miguel Scoto, aquella inmensa hoguera de la corte de Federico II. Judíos extrandel murciano
jeros son los que nos han enseñado á apreciar en su justo valor el

Pugio Fidel de aquel formidable
Martí, hebraizante sin segundo,
sófico,

atleta

de

la fe cristiana,

Raimundo
filo-

y

tan rico de su propio fondo

que todavía, andando

los siglos,

prestó á Pascal buena parte

de sus pensamientos. El nominalismo moderno, representado por Littré, no se ha desdeñado, en medio de su ciega aversión á la
Metafísica, de consagrar al Iluminado

Doctor
á lo

Ramón

Lull

un enor-

me volumen

que,

si

no por

el criterio,
el

menos por

la investiga-

ción pacienzuda

y honrada, y por

cúmulo enorme de datos, debe

DE LOS orígenes DEL CRITICISMO Y DEL ESCEPTICISMO
•movernos á envidia y aun á sonrojo. Son siete, por lo menos,
tesis,

I3I
las

ya alemanas, ya

latinas,

ya francesas, que conozco acerca de
las criaturas,
le

la

Teología

Natural ó Libro de

de Raimundo Sabuntradujo y aun
el

de, libro celebérrimo desde que Montaigne

le

co-

mentó á su modo en
portante bajo
el

el

mñs extenso de
filosófico.

sus Ensayos, y

más im-

aspecto
la

Pues

si

llegamos á

época del Renacimiento, no será menor

la

deuda que como agradecidos y leales debemos reconocer á la erudición extranjera. Si tenemos un libro fundamental y extenso sobre
todas las partes de
la

filosofía

de Suárez,

lo

debemos

al

alemán

Werner.
todos,
tain,

Si su Filosofía del

Derecho ha llegado á conocimiento de
ello el elegante

mucha parte tuvo en
si la

resumen del abate Bau-

y

Metafísica del eximio doctor granadino ha influido tanto
la

en

la

novísima restauración escolástica, quizá tenga

memoria de
distraí-

Suárez más que agradecer, en este punto, á Kleutgen, á Tongiorgi,
á Sanseverino,

que

á los

mismos neo-escolásticos españoles,
que
les

dos, sin duda, en controversias
cia.

parecerán de más importan-

Extranjeros fueron,

como Mackintosh, como Hallam, como
que primero hicieron
resaltar el singu-

Wheaton, como

Giorgi, los

larísimo mérito de nuestros tratadistas escolásticos en todo lo con-

cerniente á las cuestiones de Derecho público, y aun los aclamaron

como verdaderos padres
tes.

del

Derecho penal y del Derecho de genque por vivas y palpitantes se im-

Y no
al

sólo estas cuestiones,

ánimo más distraído y más ajeno de toda metafísica, sino aquellas que tocan á la esfera más pura y elevada de la especulaponen
ción teológica, siguen debatiéndose bajo
españoles,
la

bandera de nombres

y hoy, como en el siglo xvi, Báñez y Molina, Molina y Báñez, son las enseñas que guían al combate, lo mismo á los partidarios de
la

ciencia inedia,

que á

los defensores

de

la

predeterminale

ción física] lo

mismo

al P.

Schneemann que

á los dominicos que

impugnan.

Y

simultáneamente con esto,

la

ciencia independiente de nuestro
el

siglo XVI recibe del

neo-kantiano Lange

más espléndido homela

naje en su excelente artículo sobre Luis Vives, publicado en
ciclopedia

En-

mismo tiempo Francken, Bosch Kemper, Braam, monseñor Naméche y otros muchos, en repetidas
de Schmid; y antes ó
al

132

ENSAYOS DE CRITICA FILOSÓFICA

disertaciones y monografías,

exponen atentamente ya

las

teorías

pedagógicas del gran ñlósofo de Valencia, ya sus ideas sociales y filantrópicas, ya su doctrina del conocimiento, ya su teodicea, ya
su psicología y otros puntos de su sistema; B.

Zimmels examina

enseñanzas cosmológicas, psicológicas y .estéticas de León Hebreo; Luis Gerkrath, el escepticismo de Francisco Sánlas

profundamente

chez; ToUin, la cristología panteísta y

el

idealismo alejandrino de
corriente pesimista

Miguel Servet. ¿Qué más? Por
la

influjo

de

la

corriente agnóstica, extraiíamente mezcladas, el heresiarca
la

y de Mi-

guel de Molinos logra

más inesperada de
sobre

las

resurrecciones,

y

no solamente
Espiritual,

se traduce

en lengua inglesa y alemana su Guia
él

y

se escriben

disertaciones hasta en danés,

como

la

de C. E. Schaulling, sino que en Inglaterra se levanta una
el libro

verdadera secta de neo-quictistas, que toma por evangelio

de Molinos; se divulgan extractados sus pensamientos áureos; y, finalmente una novela de Shorthouse, escrita con verdadero talento
literario,

pone

el sello
la

á esta extraordinaria reivindicación, levan-

tando en alto

figura

de Molinos, como precursor del flamante

neo- biiddhismo.

Sería cosa

muy

fácil

prolongar esta enumeración. Pero para mi

objeto basta y aun sobra con lo expuesto.
al

Cuando

se torna la vista

camino que en menos de cuarenta años que han llegado á ser entre
al

se ha recorrido; á lo fa-

miliares

los

hombres de ciencia algunos
ánimo
se en-

nombres españoles;
una parte,
á lo

reconocimiento que hemos conquistado de
científico, el

menos, de nuestro caudal
días,

y hasta sueña con ver en plazo no remoto levantarse de nuevo en este erial en que vivimos, algo que se
sancha y augura mejores
parezca á pensamiento propio y castizo, no porque servilmente

vaya á calcar formas que ya fenecieron, sino porque adquiriendo
plena conciencia de
tudio de
la historia,

mismo, conciencia que sólo puede dar

el es-

y entrando, por decirlo así, en total posesión de su herencia, que ha desdeñado como harapos de mendigo cuando
era patrimonio de príncipe, empiece á realizar de un
ciente

modo

conssiglo

y

racional las evoluciones que desde hace

más de un

viene realizando con temeraria y ciega inconsciencia. Pueblo que no

sabe su historia es pueblo condenado á irrevocable muerte; puede

DE LOS orígenes DEL CRITICISMO Y DEL ESCEPTICISMO

1

33

producir brillantes individualidades aisladas, rasgos de pasión, de
ingenio

rán más y más

y hasta de genio, y serán como relámpagos que acrecentala lobreguez de la noche. Hoy ¿por qué no decirlo?
á ciegas, arrastrados por

caminamos

nn movimiento del cual no po-

demos

participar enérgicamente; agotando en esfuerzos vanos, indis-

ciplinados

y

sin

método, fuerzas nativas que bastarían acaso para

levantar montañas, afanándonos en correr tras todo espejismo de

doctrina nueva, para encontrarnos burlados luego y emprender

la

misma

carrera, siempre atrasados
la

dos por

y siempre punzados y mortificaconciencia de nuestro atraso, que no se cura, no, con im-

portaciones atropelladas, con retazos mal zurcidos de lo que ya se

desecha en otras partes,

ni

menos con
las

el

infame recurso de renegar

de nuestra casta y lanzar sobre

honradas frentes de nuestros

mayores

las

maldiciones que sólo deben caer sobre nuestra nece-

dad, abatimiento é ignorancia.

Y
mos

es triste ciertamente

que tan pocos nombres españoles poda-

unir

al

extenso catálogo de investigadores extranjeros que nos
la

han dado medio hecha que para probar á

historia

de nuestra ciencia antigua, de

la

única ciencia que poseemos.
el

Y es
los

sobre toda ponderación tristísimo

los

españoles que en España se ha pensado en

otras edades,

y para

evitar

que

preciados de científicos contesten

á nuestras demostraciones históricas con chistes que debían de ser

muy
lo,

chistosos en tiempo del abate
decirles

Marchena ó

del

abogado Cañue-

haya que

previamente que esas doctrinas españolas tan
la

vetustas han pasado por
y,

aduana de Berlín y aun por

la

de

París,
al-

por consiguiente, se
ellas

las

puede
la

recibir sin recelo.

¡Como que

gunas de
francesa,
la

han merecido
sin dejar

honra de ser expuestas en lengua
lengua de muclios sabios, es para

que

de ser

la

mayor parte de
la

los tontos

españoles

y ultramarinos

la

lengua satinta,

grada,

lengua por excelencia! Todavía están chorreando
tinta

y

aun menos
siense,

que

hiél, ciertos artículos

de famosa revista pari-

en que un

escritor,

ciertamente docto y digno de mejores

empresas, pero á quien continuamente azuzan sus odios y flaquezas de tránsfuga, que por una parte le hacen aborrecer y maldecir
hasta el

nombre de España, y por

otra parte le

impiden pensar

ni

«scribir de cosa

ninguna que no sea española (como queriendo

134
acallar

ENSAYOS DE CRITICA FILOSÓFICA

un remordimiento siempre

vivo), se desata

furibundo, enlos

apariencia, contra

la filosofía ibérica,

en realidad contra

que mal en

ó bien hemos defendido su causa.

Y

este hipercrítico no repara

y continúa escribiendo de Gómez Pereyra, de Huarte y de Doña Oliva, encomios mayores que los que ningún español ha podido lanzar en el delirio de su entusiasmo. Los que paque
él

mismo ha

escrito

sábamos por más audaces nos limitábamos

á afirmar

y

á probar

que

Gómez Pereyra
cesa.
tra filosofía,

era el precursor de Descartes y de la escuela escolos ojos del

Pues bien; á

novísimo y singular detractor de nuesvale él solo

Gómez Pereyra

más que Descartes, Locke
el

y
la

la

escuela escocesa, juntos y separados; es

verdadero padre de
sólo hizo

antropología moderna. Del

precursor de Lavater, sino
tales estudios
las relaciones

mismo modo Huarte no resulta de (3abanis y de Gall; y Doña Oliva
el

y descubrimientos sobre
de
lo

sistema nervioso

y sobre
libro

moral y

lo físico,

que hay que estimar su

como antecedente
sa),

necesario de la doctrina de Bichat.
el

Y

después

de confesar esto (como

Dr. Guardia tan brillantemente lo confie-

vengan

injurias

y

vituperios,

que no

faltará

pecho para

tolerar-

los ó repelerlos,

según parezca más conveniente; y de todos modos
el

no caerán sobre
creen inmunes de

noble rostro de

la

España

del siglo xvi, sino-

sobre algunos españoles de ahora, que por ningún concepto se
la universal

decadencia, ni tampoco aspiran á ser

casos raros entre su nación y gente.

Lo

único que puede

y debe

exigirse á cuantos en adelante traten estas materias, es

que prescin-

dan de aquel gastado recurso de
gioso y de la intolerancia, no

la Inquisición y del fanatismo relimenos que de contraponernos el

ejemplo de
cia;

la libertad filosófica

que, según dicen, ha gozado Fran-

pues de todo esto acaba de dar buena cuenta un escritor tan

pío

nos ofreció á

y timorato como Ernesto Renán, en un libro que el año pasado modo de testamento filosófico. El libro se llama El
ciencia,

Porvenir de la

y en

él

aprendemos, entre otras cosas, que
la libertad exterior,

«Francia no ha comprendido más que
la

y nunca
las

verdadera libertad del pensamiento

ni sus

grandes audacias,

cuales nada tienen que ver con las fanfarronadas del liberalismo
formalista, útil tan sólo para los agitadores

y para

las

medianías,

pero

fatal á

toda originalidad poderosas». «Nunca se ha pensado con.

DE LOS orígenes DEL CRITICISMO Y DEL ESCEPTICISMO

1

35

menos

originalidad (escribe vigorosamente Renán)

que cuando ha
se cuidan

habido completa libertad para hacerlo. Las ideas verdaderas y originales no piden permiso á nadie para salir á luz,

y

poco

de que se
cesitó de

las
la

reconozca ó no este derecho. El Cristianismo no ne-

libertad de imprenta ni de la libertad de reunión para
el

conquistar

mundo.

Si Jesús predicase

en nuestros

días, le

some-

terían á la policía correccional, lo cual es peor
do...»
libre

que ser

crucifica-

«Ved
la

á

España (prosigue Renán),

¿creéis

que esta nación tan

y

tan filosófica en el fondo como cualquiera otra, ha sentido

nunca

necesidad de una emancipación externa? ¿Creéis que
la

si la

hubiese querido formalmente no

hubiese conquistado.' Su libertad

es enteramente interior; gusta de pensar libremente en los calabo-

zos

y en

las

hogueras. Esos místicos, Santa Teresa, Juan de Ávila,
el

Granada; esos infatigables teólogos, Soto, Báíiez, Suárez, eran en
fondo pensadores tan atrevidos

como

Descartes ó Diderot. Preocu-

pémonos, pues (prosigue Renán), en pensar un poco más sabiamente,
3^

^preocupémonos algo menos de

la libertad

de expresar nuestro

pensamiento. El hombre que tiene razón es siempre bastante
libre» (l).

Y

ahora, con la autoridad de este Santo Padre de la iglesia ra-

cionalista,

en quien hemos venido á encontrar tan inesperado apoyo

los intolerantes
priori-,

y retrógrados, preocupémonos menos en

discutir

a

y estérilmente se ha discutido, si nuestros mayores tu\ieron ó no libertad para pensar, y persuadidos firmemente de que tuvieron la que necesitaron, y que si no pensaron
tan vana otro

como

más ó no pensaron de

modo
y

fué

porque no quisieron ó no

acertaron, tratemos de averiguar, exacta é imparcialmente, lo

que

pensaron. Esto es menos

fácil

quizá no tan divertido; pero de se-

guro es más

útil.

La
las

era de las polémicas ha pasado,

y hemos

lle-

gado á
lísimas. lo

la era

de

exposiciones desinteresadas, completas
los extranjeros

y

fide-

Es mala vergüenza que
se

nos den á conocer

desdeña ó se pondera á ciegas con frases vagas y comunes. Movido por esta consideración, hice, bastantes años ha,

que aquí

un minucioso estudio de

la filosofía

de

Gómez

Pereyra, y más ade-

(i)

VAvejtir de

la Science, págs. 358 á 369.

136

ENSAYOS DE CRÍTICA FILOSÓFICA

lante indagué las vicisitudes del platonismo español,
arrrollo

y

seguí

el

des-

de

las ideas estéticas

en nuestro suelo.

Hoy me propongo
no de
los

escribir otro capítulo
largos,

de nuestra historia

científica,

más

pero quizá de los más curiosos. Por eso

me

ha parecido tema

oportuno para un discurso académico.
Pero antes de entrar en materia, todavía he de hacer constar que

procedo con un

fin

enteramente

científico,

y que no

trato

de adular

el

sentimiento nacional con extravagantes paralelos, ó con fábulas

como
Garay

la

que, por tanto tiempo, ha venido atribuyendo á Blasco de

la aplicación del

vapor á

la

navegación. Sé lo que debo á este
á mí mismo,
el

ilustre auditorio

y

lo

que

me debo

como hombre honal

rado y sincero.

Y además,

no creo en

plagio filosófico, tratándose

de

filósofos

de verdad. Lo cual quiere decir que,
el pueril

hablar de pre-

cursores de Kant, no lo entiendo en

sentido de que

Kant

robase ó se apropiase sus ideas, que probablemente no conoció,
sino que encuentro

y hago

notar una coincidencia de pensamiento,

derivada, no de conceptos accidentales, sino de una general ten-

dencia
los

filosófica,

y aun de

la

semejanza profunda que media entre
el

dos grandes períodos críticos del pensamiento moderno:
la filosofía

pe-

ríodo del Renacimiento, que entierra

de

la

Edad Media
de
los últifilosófico, así

y abre la puerta á Bacon, á Descartes y á Leibniz, y mos años del siglo xvm, en que, agotado aquel ciclo
lógica, vuelve á

el

en su manifestación empírica como en su manifestación onto-psicoponerse en
tela

de juicio

el

valor

del conocimiento,
filosofía crítica

y nace de entre

las ruinas

y la legitimidad amontonadas por la
fenómeno se había

una nueva forma de pensar y un nuevo dogmatismo,
otro ninguno. Igual
la filosofía griega; el criticismo

más audaz y temerario que
dado en de
la

los

tiempos de disolución de
el

Academia nueva y
y, sin

positivismo científicamente formulado
las
la

por Enesidemo, parecían haber socavado

bases de toda certi-

dumbre;
tes el

embargo,

lejos

de borrar de

memoria de
ni

las

genfuer-

pensamiento de Platón y de Aristóteles,
(si

aun tuvieron

za para impedir

es

que indirectamente no
la

las

prepararon, lan-

zando

el

entendimiento á

desesperaciónl las grandes temeridades

especulativas del misticismo alejandrino.

De

aquí se infiere que

el

escepticismo y

el criticismo, vistos se-

ÜE LOS ORÍGENES DEL CRITICISMO Y DEL ESCEPTICISMO

1

37

Teñamente y á

distancia,

no deben ser estimados, según general-

mente

se los estima,

ventes, sino

como filosofías puramente negativas y disolcomo momentos obligados de la evolución filosófica,
el espíritu se

como puntos de parada en que

detiene para hacor

examen de conciencia y proseguir con más aliento su camino. Toman, por lo general, una forma violenta, como desafío al sentido
común,
á la autoridad

y

á

la

tradición; suelen nacer
siglos,

de un exceso
la

de dogmatismo impuesto por largos
larga, suscita rebeliones

y

que, á

corta ó á la

y

protestas, en las cuales, á trueque

de ne-

gar

el

valor de

la

ciencia oficial, se llega hasta la negación de toda
la

ciencia;

nacen otras veces del conflicto patente entre
la

experimenla

tación

y

especulación, de
el

la

imposibilidad de encerrar en
las

an-

tigua fórmula metafisica

cauda! de

nuevas intuiciones; nacen,

por último, y es
Pascal, de

el

caso de Algazel entre los musulmanes, y de

Huet y de Donoso Cortés entre los cristianos, de una especie de desolación mística, de un profundo sentimiento de la miseria

humana, de donde

resulta el desesperar de las fuerzas

de

la

razón,

y

hasta

el

afirmar su radical impotencia. Pero en todos estos

casos, el escepticismo
rio, del

no es mSs que estado provisional y
la

transito-

cual se sale, ó mediante

invención de una metafísica nueá cierto sistema

va, ó reduciendo las nociones del

mundo fenomenal

que nunca deberá llamarse metafísica experimental, puesto que la experiencia no puede contener ni producir la metafísica, pero que
merecerá
el

nombre de
el

síntesis científica; ó bien refugiándose
el

en

el

orden moral, en

orden estético 6 en

sentimiento religioso, y

fundando en

ellos

una nueva especie de

filosofía,

cuya base podrá

ser escéptica, pero cuyas conclusiones serán altamente dogmáticas

y

afirmativas.

No

presenta

la historia

de

la filosofía

género de es-

cepticismo que no haya tenido alguna de estas salidas. El escepti-

cismo puro es un mito absurdo, que nunca ha tenido existencia más

que en

los cuentos extravagantes,

y

sin

duda apócrifos, que Dióge-

nes Laercio nos refiere acerca de Pirrón y sus discípulos.
ral al

Lo

natu-

entendimiento

humano

es la afirmación relativa, incompleta,

limitada cuanto se quiera, pero afirmación al cabo. Así se ve á

Ene-

sidemo, después de haber impugnado todo criterio de verdad,
hasta
el

y

principio de causa, refugiarse en la doctrina de Heráclito,

.

138

ENSAYOS DE CRÍTICA FILOSÓFICA
la

verdadero hegelianismo de
liación

antigüedad, que aspiraba á

la

conci-

de

los contrarios.

Así en Sexto Empírico y otros escépticos

de

los últimos tiempos, se ve apuntar,

aunque
la

ligera

y vagamente

formulada, una síntesis positivista, basada en
los

ley de conexión de

fenómenos. Así Francisco Sánchez, que será principal objeto de
al

nuestro estudio, anuncia

terminar su

libro,

Quod

nikil scitttr,

que

se propone escribir otro, en que edificará la ciencia sobre funda-

mentos

sólidos,

y no sobre quimeras y
clasificarle,

ficciones;

y aunque

este libro
el

no llegó á imprimirse, bastantes indicaciones dejó sentadas en

que tenemos para poder
entre los que

no entre

los escépticos siste-

máticos (que más bien pudiéramos llamar escé^úcos fabulosos), sino

hoy diríamos neokantianos. Así Pascal

se abraza á la

Cruz, después de haber descrito con elocuencia trágica

y desgarrala

dora

las

contradicciones del ángel y
la

la bestia.

Así Kant encuentra
Crí-

puerto de refugio en
tica

moral estoica, y vuelve á levantar en
la Critica

de la razón práctica todo lo que

de la razón pura

había dejado vacilante é indefenso. Así William Hamilton, después

de haber inculcado de mil modos
conocimiento, restablece en
la

la

doctrina de la relatividad del

esfera de la creencia,

que

él

llama

«condición primera de
la esfera

la

razón», aquello

mismo que ha excluido de
el

de

la ciencia.

No

existe, pues, ni se
sí,

concibe siquiera

escepticismo absoluto;

existen,

diversos grados y maneras de escepticismo, palabra que
antítesis

tomamos aquí como
nimo áe filosofía

de

la filosofía

dogmática y como sinó-

crítica,

por más que muchos quieran distinguirlas,

preocupados quizá con esa quimera del absoluto pirronismo. Si hay
algún escéptico que se haya detenido en
lo
la la

suspensión del juicio, en

que llamaban

los pirrónicos la epoche

6 abstención, y también

apkasia, es porque, con apariencias de filósofo, no era

más que

un moralista como Montaigne ó un erudito como Bayle, que tomaban
la filosofía
la

y

la

vida no

más que como espectáculo

curioso. Qui-

zá sea ésta

casta de escépticos

que más abunda, y hasta puede
espíritu,

decirse que hay estudios que contribuyen á desarrollarla; pero esto

no es una doctrina, es una tendencia, una disposición de

una timidez para

la

afirmación,

más bien que una duda metódica.
han sido con

Los escépticos de verdad,

los escépticos filosóficos, lo

DE LOS orígenes DEL CRITICISMO Y DEL ESCEPTICISMO
dolor y angustia, con verdadero desgarramiento de alma,
cal,

1

39

como

Pas-

ó con cierta tristeza serena y resignada, pero no por eso menos
aflictiva,

honda y

como Kant, ó

lo

han sido con ardor de invención,
escep-

con arranque de demoledores,

como Francisco Sánchez. El
y de

ticismo, lejos de ser la filosofía de los tibios

los indiferentes,

ha solido ser
Tiene
el

la

palanca de los apasionados y de los violentos.

escepticismo su región propia y bien determinada: todas
el

sus fuerzas las congrega en un problema único, pero capital:

que

en

las escuelas
el

modernas
la

se llama universalmente

problema

crítico,
la

ó sea

del valor y

legitimidad del conocimiento.

Según sea

solución que á este problema se dé, habrá que clasificar al pensa-

dor entre
afirme
to,
el

los

dogmáticos ó entre los escépticos. Todo

filósofo

que

y no solamente el valor formal del conocimienserá dogmático; toda doctrina que no responda más que de los
valor real,

fenómenos, y de ningún

modo de
el

los

noúmenos, será doctrina radilos

calmente escéptica.

Y

que tenga por engañosos fantasmas

fenómenos, y sólo conceda realidad metafísica á los noúmenos, lejos

de ser escéptico,

sería idealista,

que es

el

grado más alto de dogcalificar

matismo que puede imaginarse. Sería una aberración

de

escépticos á los pensadores de la escuela de Elea, ni á Berkeley, ni

á Fichte.
la

No

lo

son en ningún sentido, puesto que tampoco niegan

realidad fenomenal (que nadie puede poner en

duda

si

está en su

juicio), sino

que entienden que

tal

género de realidad no es más

que una fugitiva posición y determinación de la realidad metafísica, ya sea una, ya múltiple, ya ontológica, ya psicológica. Es cierto

que del escepticismo puede nacer
aquella inundación de filosofías de
fo

el

idealismo; y

¿cómo olvidar
al

lo absoluto,

que sucedió

triun-

de

la crítica

kantiana? Pero también de la tesis escéptica puede

nacer,

ció, sino

y más comúnmente ha nacido, y aun en este mismo caso naque más tardíamente, el empirismo, el positivismo, el fenola

menalismo. El último de los escépticos de
existir íntegras

antigüedad,
lleva

el

que por

sus obras nos es
el

más conocido,

unido á su

nombre propio

de empírico: era médico y cultivador asiduo de

las ciencias naturales.

De

Francisco Sánchez, que también lo era,
el

ya veremos cómo pensaba sobre

conocimiento sensitivo. David

Hume

era sensualista acérrimo,

y

llegó á escéptico en fuerza

de su

140

ENSAYOS DE CRITICA FILOSÓFICA

propio nominalismo. Algunos apologistas de los escépticos clásicos
hasta dan á entender que
el

escepticismo griego sirvió útilmente

al

desarrollo de las ciencias positivas, apartando los entendimientos de
la

vana investigación de

las causas.

En

rigor, ni el idealismo ni el
el análisis

empirismo están necesariamente
la facultad
el

contenidos en
cer que

y descomposición de

de cono-

la filosofía crítica establece.

Aun

reducido

conocimiento

á una especie de fantasmagoría, virtualmente queda, es
lícito

como en

la

primera Critica de Kant
la

á cualquiera atenerse á

apariencia

fenomenal como

los positivistas; ó al revés, convertir su

propio

j/o

en único noúmeno, en principio incondicionado del conocimiento y de la existencia, poniéndose á sí mismo como actividad pura, y sien-

do

á

un tiempo

sujeto

y objeto, como quieren

los

más exaltados
á Hamllton,

idealistas.

Unos y

otros podrán con igual fundamento tenerse por

kantianos, sin que se niegue

tampoco
la

el

mismo nombre

que tanto empeño puso en salvar
conciencia.

primitiva unidad sintética de la

No
no
es

ha de juzgarse, pues, del escepticismo por sus consecuencias,
las

que pueden ser

más inesperadas y
filosofía, sino
la

contradictorias. El criticismo

un sistema de

una peculiar posición del espíritu

filosófico.

Tan

imposible es á

razón

humana no dudar nunca de
el

misma, como detenerse y aquietarse en esta duda. Todo

que

ha filosofado ha sido alternativamente, y en mayor ó menor
escéptico y dogmático. Dios ha puesto en nosotros
tico
el

escala,
crí-

germen

como estímulo para
y
la
la

la

indagación,

rutina

indolencia del espíritu,

como preservativo contra la y al mismo tiempo nos ha iminsensato es pasar
el límite

puesto

necesidad de la afirmación en todo aquello que se pre-

senta con caracteres de evidencia.

Tan

de

la

duda, cometiendo un verdadero suicidio racional que haría

imposible toda ciencia y toda ley de vida,

como descansar
que
fuere,

tranqui-

lamente en una fórmula escolástica, sea
sea
tida
la

ella la

aunque

misma fórmula de Kant, que en el mero hecho de ser repede memoria habrá perdido ya toda su eficacia crítica, convir-

tiéndose en una nueva imposición dogmática.

La autoridad

se que-

da para otras

esferas;

en

filosofía

nadie posee sino aquello que per-

sonalmente ha investigado y en propia conciencia ha reconocido.

DE LOS orígenes DEL CRITICISMO Y DEL ESCEPTICISiMO
Si esto es ser escéptico

I4I
la pala-

conforme

al

sentido etimológico de

bra, esto es, examinador, indagado}-, será

porque

la filosofía

misma
y parposi-

lleva implícito siempre cierto grado de escepticismo.

Pero no se
cial,

trata aquí de esta tendencia escéptica relativa

sino de aquel universal escepticismo que discute hasta
la

la

bilidad de la ciencia, ó

encierra en

el límite tal

infranqueable de un
es
el

puro subjetivismo.

Y

hoy nadie niega que

carácter de

la

doctrina de Kant, principal manifestación moderna de
crítica.

la filosofía

En medio

del desprestigio
la

y

ruina creciente de todo

dogmatismo
mislla-

á impulsos de

acerada crítica de David

Hume; en aquel estado
el

de indiferencia

filosófica

que con tanta energía nos describe
la

mo Kant

en

el

primer prefacio de su Critica de
del

Razón Pura,

mándole «tedio de pensar, engendrador
noche», apareció, de súbito,
el filósofo

negro caos y de
la

la

de Koenisberg con
el edificio

preten-

sión de renovar desde los cimientos todo
peculativa, no por el desacreditado

de

la

ciencia es-

medio de un nuevo sistema
clasifi-

igualmente dogmático que los anteriores, no por una nueva

cación más ó menos ingeniosa de los objetos del conocimiento, sino

por una

crítica del

aplicación del

conocimiento mismo. Y haciendo nueva y audaz método iniciado por Sócrates y renovado por Des-

cartes, llamó á su tribunal,

no

los

productos de

la

razón, sino la ra-

zón pura, despojada de todo elemento exterior á

ella.

El escepticismo de
convirtiéndole á salvar
cipios,

Hume
el

solicitó

y estimuló su pensamiento, y
universal de los prin-

carácter necesario

mediante un
tal

análisis

de

la

facultad de conocer. Si
ella

Kant

fra-

casó en

empresa, ó más bien obtuvo de

un éxito totalmente
la

contrario

al

que había imaginado;
le

si

en vez de menoscabar

fuerza

del escepticismo,

abrió

más ancha puerta con su
restaba en

crítica; si

luego

se esforzó en vano, con evidente falta de lógica, en asirse á la tabla
del deber moral, única

que

le

tal

naufragio, nada de esto

amengua
lítica,

la

grandeza del esfuerzo

inicial, la

maravillosa pujanza anafilósofo;
la

quizá no igualada por ningún

otro

menuda y

hábil disección de los
fluencia histórica,

fenómenos internos y la grandeza de la inmanifestada aún más que por sus pocos y mediafieles,

nos discípulos directos y

por todo

el

desarrollo de

la filosofía

j^2

ENSAYOS DE CRÍTICA FILOSÓFICA
ella, sin

moderna, puesto que toda

excepción, arranca

Kant, ya como derivación, ya
quiera
la

como

protesta. Aprecíese

y procede de como se
lícito
él

obra de este memorable pensador, á nadie es

hoy

filosofar sin
teó,

proponerse antes que todo los problemas que

plan-

y

tratar de darles salida. Asi
así la

sía

procede de Homero,

en

el

como en la antigüedad toda poemundo moderno toda filosofía
y contradice su
el

procede de Kant, inclusa

que

le niega

influencia,

de
lo

la cual

nadie se sustrae, sin embargo, puesto que
el

idealismo,

mismo que
Pura.,

materialismo, encuentra armas en la Crítica de la
parciales.

Razón
aquí

mirada desde puntos de vista relativos y
la filosofía

Sería hacer agravio á vuestra reconocida ilustración
la

emprender

exposición del contenido de

de Kant, desarrollade la Razín Pura,
vswiy notables

da principalmente en su obra magna,
impresa por pi-imera vez en
1

la Critica

78 1, y luego, con

y

trascendentales alteraciones, en l/S/.

En

sus puntos principales

nadie
ces

la

desconoce, puesto que ha sido expuesta innumerables ve-

y en todas formas, aunque no siempre con entera fidelidad. Todos sabéis que el escepticismo de Kant no llega hasta negar la pode
la Metafísica,

sibilidad

sino que reconociendo en

el

hombre una
la cien-

aptitud innata para esta ciencia, estima, sin embargo, que
cia está

por nacer aún, y exige previamente un

análisis

de

las leyes

de

la

razón, prescindiendo de sus aplicaciones

y

objetos.

Comienza

este análisis distinguiendo en el conocimiento el elemento formal,

necesario y universal,

y

el

elemento material, variable y
la filosofía
la

relativo.

Kant, de acuerdo en esto con toda

de su

siglo,

admite

que nuestros conocimientos proceden de
pero añade que
la

experiencia sensible,

experiencia sola no basta para explicarlos.
la

La

experiencia sólo nos puede dar
sv.

materia del conocimiento, pero

forma

tiene

que proceder del entendimiento mismo. Hay, pues,
ciertas

en

el espíritu

humano

formas subjetivas y a prior i indepen-

dientes del dato de los sentidos, pero sin las cuales sería imposible
la

misma

intuición empírica.
posteriori,

La materia de todo fenómeno nos
pero todas
las

es

dada solamente a
el

formas deben estar en

alma a

priori,

dispuestas para ser representativas,

ser

examinadas
la

con independencia de toda sensación.

y pueden Razón
abarca

Pjira es

que contiene estos principios, y su

crítica

DE LOS orígenes DEL CRITICISMO Y DEL ESCEPTICISMO

1

43

sucesivamente tres críticas parciales:
Ti-ascendeiítal)., la del

la

de

la

sensibilidad (Estética
la

entendimiento (Analítica Trascendental),

de

la

razón (Dialéctica Trascendental).

En
la

la

primera se exami-

nan

las

formas puras de

la

intuición sensible, es decir, el espacio
sensibilidad, el

el tiempo,

que son

el

elemento formal de

y molde

dentro del cual, necesaria y fatalmente, se da toda representación

fenomenal. Ni
tivo;

el

espacio ni
ni

el

tiempo tienen para Kant valor objeinherentes á la substancia, sino
lo

no son substancias

modos

meras condiciones subjetivas que poseen solamente

que llama

Kant una realidad empírica
parte de
la

ó una idealidad trascendental.

Una y

otra son base de conocimientos sintéticos a priori; la Geometría

idea del espacio, la Mecánica de la idea del tiempo.
la

Así

como

sensibilidad encierra formas
las

puramente

subjetivas, á

cuyo molde se ajustan
el

representaciones empíricas, así también

entendimiento posee elementos puros ó a priori, que Kant dis-

cierne en su Analítica Trascendental,

tomando por base

la clasifi-

cación de los juicios.

A

estas /or/waí del juicio ó del entendimiento

llama Kant categorías, y son cuatro: cantidad, cualidad, relación y modalidad. La categoría de la cantidad abarca la totalidad, la pluralidad
la
la

y

la

unidad;

la

categoría de
la

la

cualidad abraza

la afirmación,

negación y
substancia

la limitación;
el el

categoría de la relación

comprende
la reci-

y

accidente, la causalidad

y

la

dependencia,

procidad entre

agente y

el

paciente; la categoría de la modali-

dad, finalmente, comprende
sidad,

la posibilidad, la existencia
la

y

la

nece-

con sus
el

tres contrarios,

no existencia y

la

contingencia.
al

Tal es

cuadro completo de

las categorías,
la lista

que Kant sustituye

de

Aristóteles, rechazando de

de predicamentos dada por

éste todos los

que se fundan en datos empíricos. Estas categorías que une estas

son conceptos d priori, formas puras del entendimiento, condiciones
sine quibus non

de

la

experiencia. El tietnpo es

el lazo

categorías á los fenómenos

y hace

posible su aplicación en forma

de schemas ó representaciones sintéticas de carácter general. Hay
tantos schemas

como

categorías.

Éstas,

lo

mismo que

las

formas

de

la intuición sensible,

no tienen para Kant valor objetivo alguno.
la

La

crítica

kantiana no responde de

cosa en

sí,

ó sea del nonmeno,
sino so-

que

es

y será perpetuamente incognoscible para nosotros,

144

ENSAYOS DE CRITICA FILOSÓFICA

lamente del fenómeno.

No
la

responde tampoco (sino á precio de una

inconsecuencia y de una contradicción interna que basta para esterilizar la

concesión) de

unidad de la conciencia, ó sea de
sintética

lo

que

llama

Kant unidad primitiva
la

de la apercepción.

Lo que
lo

sobre este punto añadió en
había escrito en

la

segunda edición, invalida

que

primera, y riñe con otros pasajes que dejó sub-

sistir y con el espíritu general de su doctrina. Por lo cual creemos que en este punto no interpretaron bien á Kant los kantianos puros y ortodoxos, sino los modernos neo-kantianos, afines del positivis-

mo, á los cuales su maestro había trazado ancho camino, enseñando que «nos conocemos únicamente como fenómeno». La Estética
Trascendental sólo nos autoriza para decir:
representamos los objetos».

«De
la

esta

manera «oj
los objetos

Y
la

lo

único que

Analítica Trascen-

dental puede enseñarnos es

manera como pensamos

de

la intuición.

La

ruina de toda realidad no puede ser
las

más comlógicas,

pleta, puesto

que

categorías son por

meras formas
salir

vacías de todo contenido,

y

el

noununo nunca puede
es,

del vago

crepúsculo de
ción, sino

la posibilidad,

no siendo, como no

objeto de intui-

de una mera concepción ó hipótesis del entendimiento.

La

intuición

no da de

más que fenómenos, y cuando de
y que

ellos se

quiere pasar á los nonmenos, se incurre en un vicio de tránsito, que

Kant
con

apellida amphibolia

consiste en confundir lo empírico

lo trascendental.
el

Es sabido que Kant distingue entre
cendental. Así

entendimiento y
la

la

razón.

El estudio de esta facultad superior constituye

Dialéctica Traslas

como

el

entendimiento reduce á unidad
la

repre-

sentaciones sensibles por medio de las categorías, así

razón pura

reduce á unidad los conceptos intelectuales, por medio de los ele-

mentos a priori que posee, y que no son otros que
ideas o principios absolutos e incondicionados que

las ideas.

Estas

Kant

va extra-

yendo laboriosamente de
yuntivo, son:
el

los juicios categórico, hipotético

y

disla

yo ó
las

sujeto

que

piensa; el

mundo y

Dios, ó sea

unidad absoluta de
la

condiciones de todos los objetos del pensar,

condición suprema de todo lo que puede ser pensado. Cada una
tres ideas es base

de estas
teología:

de una

ciencia: psicología,

cosmología,
Dios.

ciencias trascendentales del alma, del

mundo y de

DE LOS ORÍGENES DEL CRITICISMO Y DEL ESCEPTICISMO

1

45

Pero ¿qué valor objetivo pueden tener estas ideas? Para Kant ninguno,

como no

¡e

tienen las representaciones sensibles ni los con-

ceptos intelectuales.

Y

Kant, poseído del vértigo de
los ojos

la

demolición,
psico-

emprende demostrar que, á
lógica, la tesis cosmológica

de

la

razón pura,

la tesis

y

la

tesis

teológica son un tejido

de

paralogismos y antinomias insolubles. Semejante á un hombre que
cerrase las ventanas para ver

más

claro,

Kant, encerrado en

la ciu-

dadela de lo trascendental, limpio de todo empirismo

y desdeñoso

de toda experiencia, coloca enfrente de esa misma razón pura cuyo

Novum Organiim

viene haciendo, una
n-i

x

insoluble
del

xón no puede afirmar

negar nada

del_yí?, ni

y eterna. La ramundo, ni de Dios,
Su desdén

so pena de perderse en un laberinto dialéctico en que toda posición es destruida fatalmente por la posición contraria.

de

la

psicología empírica le

mueve

á fantasear un j'o solitario, vacío

de toda forma y contenido, padre legítimo áfAyo fichtiano.
yo.,

De

este

que es puro sujeto lógico, no podemos afirmar nada,

ni la

sim-

plicidad ni la identidad siquiera, cuanto

menos
Kant

la espiritualidad

y

la

inmortalidad.

Como

la

conciencia para

pesar de que alguna

vez vaciló en este punto) tiene un valor

meramente fenomenal,
ni

tampoco puede servir como piedra de toque

criterio

de

certi-

dumbre para
los

el

dogma de
el

la

personalidad.
la

Kant

ni siquiera se atre-

ve á sospechar que

noúmeno,

entidad incógnita que produce
la

fenómenos

interiores,

sea distinta de

que produce

los fenó-

menos
gica, lo

exteriores.

A

sus ojos, en el terreno especulativo tanto vaotra.

lor tiene

una afirmación como

mismo puede defenderse que

En cuanto el mundo

á la tesis cosmolótiene límites

y ha

tenido principio,

como que

carece de una cosa y de otra; que está

compuesto de partes simples, ó que no hay sustancia alguna simple; que existe una causa libre, ó que todo depende de causas naturales que excluyen la libertad;
sario,

que

existe el ser absoluto

y nece-

ó que no existe.

Todo
ni

se

puede sostener y demostrar, ó más
género humano. Lógicael

bien no puede sostenerse

demostrarse nada, porque se trata de

noúmenos inaccesibles á
mente,
el
el

las facultades del
el

mismo

valor tienen

dogmatismo y

empirismo.

Aun

mismo
la

Dios, plenitud de toda realidad, ente realísimo,
lo ideal, si

no

saldría

de

nebulosa región de
Mehénoez
V Pelato.

Kant, después de haberse en10

— Ensayos de critica filosófica.

146

ENSAYOS DE CRÍTICA FILOSÓFICA

carnizado en la Critica de la Razón
gica, la cosmológica

Pura con

la

prueba físico-teolóla
la

y

la oníológica,

no abrazase amorosamente

prueba moral en
existencia del

la

Crítica de la

Razón Práctica, convirtiendo
los

Supremo Hacedor en uno de
lo

postulados del impe-

rativo categórico destinado á regir los actos

humanos. Lo que niega

á la razón especulativa,

concede á

la

razón práctica; lo que de-

clara insoluble en el

orden

dialéctico, lo afirma

y reconoce en

el

orden moral.
taban

Y

es

que en Kant había dos hombres que
el

se concer-

como
y

podían:

filósofo

critico,

inexorable en su agudeza
la

dialéctica,

el filósofo ético,

para quien

grandeza de
la del

la

ley moral

grabada en nuestros corazones no era menor que
llado.

cielo estre-

Y

ahora, señores, después de estas breves indicaciones, que he
lo posible
la

procurado abreviar todo

por tratarse de materia tan co-

nocida que ha pasado ya á
científicos,

categoría de los lugares
la

comunes

permitidme preguntar:

obra

crítica

del filósofo de

Koenisberg, tan original sin duda en su trabazón y forma dialéctica, tan original

en su impulso y tan original en sus conclusiones,
los

¿puede considerarse como absolutamente original en

elementos
las

que

la

componen? ¿Podría

aplicársela,

por caso único entre

cons-

trucciones filosóficas, aquel arrogante lema que con

mucha menos

razón que inmodestia estampó Montesquieu en
píritu de las Leyes: Prolem sine viatre creataví?

la

portada de

El Es-

Semejante prole sin madre no ha existido jamás en ninguna ciencia,

y menos que en

otras ha podido existir en filosofía,

donde todo

pensamiento nace de otro como desarrollo ó como

antítesis,

y donmislas es-

de un pequeño número de
cuelas del Indostán

tesis,

tan antiguas
las

como

la filosofía

ma, idénticas en nuestras aulas á

que ya se discutían en

y en
la

los pórticos

de Grecia, ejercitan y ejercifilosofía

tarán continuamente

actividad

humana, que en
del pensar,
historia

inventa

siempre por
por
lo

lo tocante á la

forma

tocante á su materia.

No hay
la

y no inventa nunca que presente en su
la

desenvolvimiento tan conciliadas
historia

unidad y

variedad,

como

la

de

la filosofía, ni

hay otra donde pueda seguirse más clara-

mente

la

genealogía de las ideas y de los hechos, que jamás apare-

cen como fortuitos y vagos, sino como enlazados por ley superior

DE LOS orígenes DEL CRITICISMO Y DEL ESCEPTICISMO

1

47
la

y

sujetos á cierto ritmo dialéctico.

Y

esto,

no tan sólo porque

historia

de

la

filosofía

haya sido comúnmente

escrita por filósofos

hegelianos 6 por pensadores armónicos que hayan querido introducir en ella un orden
artificial

que quizá no responde á
el

la

realidad

de

las cosas, sino

porque

así

como

sujeto de

la

historia universal

puede ser considerado (según aquella profunda concepción que por
primera vez explanó nuestro Orosio) como un solo hombre,
sujeto de
la historia

así el

de

la filosofía

puede

ser considerado"

en rigor

como un
glos,

solo

hombre que

filosofa,

á través de

conforme á

ciertas leyes dialécticas
la

que se cumplen

muchedumbre de silo mismo

en

el

individuo que en

especie.
la

Por eso no es de ningún modo
aparición de un sistema ó del

indiferente el punto

y hora de

menoscabo y ruina de

otro, ni sería lícito invertir los términos, hala filosofía

ciendo, verbigracia, que

socrática de los conceptos apala

reciese antes que la filosofía jónica de
lógica é históricamente necesario

naturaleza, sino

que era

que sucediese todo

lo contrario,

esto es, que

la

especulación filosófica partiese de lo exterior, é in-

tentase temerariamente la explicación del
tir los

mundo, antes de conver-

ojos á lo interior

miento. Ni es

y estudiar las propias formas del entendiposible imaginar tampoco el tránsito brusco de una

escuela dogmática á otra radicalmente opuesta, sino que hay que

suponer un período intermedio que disuelve y desmenuza la filosofía anterior, dejando sembrado el campo de ruinas y despojos, como
fué para Grecia el período

de

los sofistas.

Por esta razón,
pórtico de

la

Kritik der reinen Vermmft^ que aparece

como

la filosofía

novísima, ni pudo levantarse en otra edad que

á fines del siglo xviii, ni podía dejar de tener

muy

visibles prece-

dentes dentro de aquel mismo

siglo

y en todos aquellos períodos
se había presentado

más remotos en que
racteres análogos.

la crisis filosófica

con ca

La primera

influencia, la

más

visible, la

que

el

mismo Kant no
es

•disimuló nunca, había sido la del

famoso escéptico escocés David
siglo
xviii (l).

Hume,

el

pensador más

sutil del

Hume

más que

(i)

Véase, acerca de

Hume,

e! libro

de Hu.xley, publicado en i8So en

la

colección de Morley, English mcn of leílers.

148

ENSAYOS DE CRÍTICA FILOSÓFICA

escéptico: su fisonomía está compuesta exclusivamente de negaciones; es casi

un

nihilista del pensamiento,

un predecesor de

los

más

radicales agnósticos de nuestros días. Sin la primera parte de su^

Tratado de la naturaleza humana,
hubiera existido, ó sería
lectura de

la Critica

de la Razón Pura, o na-

muy

diversa de la que

hoy tenemos. La
el

Hume
le

era una sugestión continua para
le siguiese

espíritu de-

Kant, y no porque
sas en

en todo, sino hasta por aquellas co-

que más

combatía. El verdadero padre del fenomenalismoes

moderno, en su expresión más descarnada y más escueta,

Hume
matela

mucho más que Kant. Hume nada sabe
ria;

del espíritu ni de la

nada sabe tampoco de

las categorías ni

de

las

formas de

in-

tuición sensible,
la naturaleza

aunque habla de

ciertas

«cualidades originales

de

humana» que parecen tener alguna
la esfera

analogía con ellas;

Hume

reduce á
(l),

de
el

la

probabilidad hasta el conocimiento
la conti-

geométrico

y explica

origen de todas las ideas por

nuidad y por el hábito de una mera disposición subjetiva. Su argumentación contra la necesidad de la relación causal, bastaría para
darle
el

primer lugar entre los escépticos, como quiere Hamilton,

á.

pesar de los reparos y protestas de Stuart Mili.
espíritu

Lo que llamamoscolección de percepsi

humano no

era para

Hume más
si

que una

ciones diversas, de las cuales no se atrevía á afirmar

«procedían
el

directamente de los objetos, ó

eran engendradas por
si

poder

creador del espíritu, ó finalmente,
ser»,

emanaban

del autor
la

de nuestro

que no podía ser más que una hipótesis en

mente de quien

acababa de enseñar «que no hay necesidad absoluta ó metafísica

que
ner

exija,
la

para explicar

el

principio de cualquier existencia, supo-

presencia de una causa».

Hume

concibe

el

espíritu

humanO'

como una

especie de teatro donde muchas percepciones van apase-

reciendo sucesivamente, pasan, vuelven á pasar, desaparecen y

combinan en
para

infinita

variedad de formas

y

situaciones, sin

que haya
la

el espíritu

verdadera simplicidad en ningún
la

momento de
la

duración, ni identidad en

sucesión del tiempo.

Aun

compara-

ción de la escena resulta inexacta, porque son únicamente percep-

(i)

Á

lo

menos en su Tratado de
el rigor

la naturaleza

humana. Eq sus Ensayos

templó algo

de esta paradoja.

DE LOS orígenes DEL CRITICISMO Y DEL ESCEPTICISMO
•ciones sucesivas las

1

49

que constituyen

el espíritu,

y no tenemos noel teatro.

ción, ni aun la

más vaga,

del lugar en que las escenas se represen-

tan, ni de los materiales que han servido para construir

Todas

las discusiones relativas á la

identidad de

las
la

cosas colectivas
relación de las

son puramente gramaticales ó verbales, aunque

partes puede dar motivo á ciertas ficciones ó principios imaginarios

de unión.

De

este

modo,

el

subjetivismo cartesiano, reforzado
el

más bien que

contrariado en esta parte por

sensualismo lockista, venía á en-

gendrar, por último término de su evolución, un puro fenomenael nombre convenHume, de una serie de estados de conciencia en Kant, cuyo análisis penetró más á lo hondo, encontrando muy complejo lo que el filósofo de Edimburgo -encontraba tan simple, y distinguiendo en la misma intuición em-

lismo,

que paraba en considerar

el

alma como

-cional

de una serie de estados de sensación en

pírica elementos

á priori no suministrados por

la

experiencia.

Pero no

es sólo

Hume

el

precursor de Kant;

lo es

también, aun-

que de un modo más indirecto y

lejano, Descartes,
el contrario,

que en verdad
los

nada/ tenía de escéptico, siendo, por

uno de

pensa-

dores más afirmativos y más cerradamente dogmáticos que hayan
e.Ktstido,

pero que por su carácter de insurrecto
al

científico,

por su

pretensión de dotar
sofía, la

mundo de un nuevo
el

é íntegro cuerpo

de

filo-

haciendo tabla rasa de todo

pensamiento tradicional; por
al

predilección casi exclusiva que concedió

método psicológico
provisional

6 de observación interna, y sobre todo por
dialéctica de su

la ficción

y

duda metódica, ha ejercido una
el

influencia negativa

más

bien que positiva en

desarrollo de la filosofía moderna.
referir algunos

A

época mucho más remota hay que

de

los

elementos
á la erudi-

esenciales del pensamiento kantiano,

y no ha

sido
él

difícil

ción de nuestros días descubrir gérmenes de

hasta en la

misma

especulación griega, de

la cual

puede decirse que entrevio
la ciencia

casi to-

das

las direcciones posibles

de

racional y especulativa (l).

(i)

Además de
el

las historias

generales de

la filosofía griega,

entre las cua-

tes

merece

primer

lugar,

por universal sentencia de

los doctos, la

alemana
real-

•de Zeller,hay sobre el escepticismo clásico e.xcelentes monografías

que

ISO
Claro que
el

ENSAYOS DE CRITICA FILOSÓFICA
escepticismo no podía
existir, ni

aun en su forma
cuandoel

rudimentaria, en aquel primer despertar de

la inteligencia,

convertida toda
jeto
ble.

al

estudio de lo real, no distinguía aún entre

su-

y

el

objeto del conocimiento, ni entre lo sensible y lo inteligiasí

Pero

que

estas distinciones, no sospechadas
la

por

los pitagó-

ricos,

aparecen en

escuela eleática; así que los idealistas de esta

escuela comienzan á oponer lo uno á lo múltiple, lo absoluto á lo

contingente y, en

fin,

la

verdad á

la

apariencia; así que Zenón,
la

guiado, no ciertamente por ningún propósito escéptico, sino por

más ardiente
todas
las

fe

en

el

mundo de

lo

ideal,

emprende

la crítica

de

apariencias sensibles, incluso

sin encontrar en ellas

el movimiento y el cambio, más que una fuente de contradicciones y de el

absurdos;

así

que

la

Dialéctica empieza á invadir
la Filosofía la

puesto que antes

sin contradicción

ocupaba

de

la

Naturaleza, comienza á

insinuarse

la tesis

escéptica de

nulidad ó relatividad del conoci-

miento, en algunos filósofos obscuros,

como Metrodoro de Chío y
las representaciones senlas

Anaxarco de Abdera (que comparaba ya
sibles

con
el

las visiones

de un teatro ó con

imágenes engendra-

das por

sueño),

y

se levanta luego terrible

los Sofistas. Gorgias

enseñó que

el

ser no existe, porque

y amenazadora con no puede

ser ni eterno ni engendrado, ni finito ni infinito, ni continente ni

contenido, ni uno ni muchos. Protágoras, partiendo del carácter relativo é infinitamente variable

de
el sí

la

sensación, dedujo que todo es

verdad y todo es mentira, que
cosa puede ser y no ser á un

mismo que el no, que una mismo tiempo, y, finalmente, que el
vale lo
las
la

hombre
de

es la

medida de todas

cosas. Tales

máximas, aplicadas
la

cínicamente por los Sofistas á
la

conducta moral y á

gobernación

república, explican

y

justifican todos los rigores

con que Sócra-

mente han agotado la materia. Véanse especialmente la de Maccoll The Greek^ Pyrrho io Sextas (Londres y Cambridge, iS69);la tesis de Emilio Saisset sobre Enesidemo, reimpresa en 1S65, y el libro posterior y más completo de Víctor Brochard, Les Sceptiques Grecs (1887), premiado por la AcaScepiics from

demia de Ciencias Morales y políticas de Francia, siendo Ravaisson el ponente. Los fragmentos que nos quedan de los escépticos antiguos están
recogidos en
la

colección de Mullach, Fragmenta philosophorum Graccorum^

Nuestra exposición va fundada en estos fragmentos originales.

DE LOS orígenes DEL CRITICISMO Y DEL ESCEPTICISMO
tes

I51

explican también
quirir el

y Platón juzgaron á los tales profesores de virtud y sabiduria, y el deshonroso sentido que á la larga vino á ad-

nombre primitivamente
las

honorífico de sofista; sin que val-

gan en contra

muy

brillantes é ingeniosas páginas
los Sofistas,

que ha escrito

Grote en vindicación de
considera
res,

porque

el

gran historiador los

más bien como beneméritos
ellos á

retóricos

que como pensado-

y aun por eso incluye entre

hombres honradísimos como

(l). Pero bajo el concepto puramente filosófico, y todavía más bajo el concepto ético, la enseñanza de los Sofistas fué, y no pudo menos de ser, disolvente para la conciencia pública, no sólo

Isócrates

por su carácter de charlatanismo venal, sino por su

total carencia

de método

científico. Habilísima

para mostrar los puntos flacos de

los sistemas anteriores

tinomias, carecía la Sofística de toda virtud para resolverlas,

y para descubrir y plantear verdaderas any era
la

manifiestamente incapaz de elevarse á

consideración de las leyes
las

que rigen

el

mundo
las

instable

de

los

fenómenos y de

determina-

ciones accidentales. Esta fué la obra

seguida por
lécticay

escuelas socráticas:

comenzada por Sócrates y prola invención de una nueva dlapuramente nega-

de un sistema de conceptos generales, de una doctrina de

la

ciencia que, levantándose sobre los resultados

tivos

de

la crítica

de los

sofistas, evitase

también, aleccionada por

esta

misma

crítica, los escollos

en que respectivamente habían nau-

fragado los Eleatas, negando lo múltiple, lo contingente, lo mudable, tica

y

Heráclito, negando lo uno, lo inmutable, lo eterno.

La

Sofísla

había destruido cada una de estas posiciones exclusivas con
la

posición ó tesis contraria; había destruido

filosofía

de Parménilos ar-

des con los argumentos de Heráclito, y

la

de Heráclito con

gumentos de Parménides. En
decir con Zeller,
Sofística

este

sentido,

y sólo en

éste,

cabe

y aun con Grote, que los griegos necesitaron la para llegar á tener un Sócrates y una filosofía socrática.
enseñanza de los Sofistas, especialmente por sus

El justo descrédito en que vino á caer, á pesar de sus transitorios servicios, la

aplicaciones, hizo

que

los escépticos posteriores

no gustaran de ser

confundidos con

ellos,

y procurasen buscar más honrada genealo4.* edición, 1S72,

(i)

A

Hisiory

of Grecce,

tomo

vii,

págs. 32 á 53.

152
gía.

ENSAYOS DE CRITICA FILOSÓFICA

La encontraron en algunas de las pequeñas escuelas socráticas, especialmente en la de Megara y en los Cirenaicos, y la encontraron, sobre todo, en los Pirrónicos por
silao

una parte; por
escuelas,

otra,

en Arce-

y en

la

Academia nueva. Estas dos
con aquella gran
los
crisis del

cuya aparición

casi coincide

mundo

helénico que pudiéla

ramos llamar
ción de
les,

funerales de Alejandro, anuncian también
filosófica

disolu-

la

gran monarquía

de Sócrates, Platón y Aristóte-

y

el

advenimiento de mil reyezuelos obscuros que comienzan á

repartirse los retazos de su

manto de púrpura. Los tiempos estaban
y
la époyr¡

maduros para una nueva
sancio filosófico, sino

fase crítica,

6 abstención pirrócan-

nica apareció á su debido tiempo, no sólo

como un síntoma de
la

como una prueba de que no

todas las an-

tinomias (xvxíGíaií Twv ÁÓywv) estaban resueltas en

gran cons-

trucción platónico-aristotélica, sino que restaba incógnito un

mundo
y

de cosas obscuras y misteriosas de
las

(áéSTjXa), el

mundo de

las esencias

íntimas relaciones de los seres. Pirron emprendía con es-

píritu grave,

austero

y aun

religioso,

correspondiente
el

al

carácter
crí-

sacerdotal de que estaba investido en
tica ella

santuario de Elis, una

análoga á

la

de

los Sofistas,

pero ahondando más y sacando de

consecuencias prácticas enteramente diversas.
el cual

Una manera de
la India,

quietismo búddhico, en
los

se ha querido ver cierta influencia de

gymnosophistas que Pirron había conocido en

una

es-

pecie de apatía ó de indiferencia trascendental (á5taoop!a), una
cierta serenidad negativa (á-xpaEía), era el fruto
tía

moral que promela

á sus secuaces esta doctrina, lejos de invitarlos á

conquista

del poder

y de

los deleites,

como habían hecho

los Sofistas.

La nueva
aun-

doctrina no negaba ni afirmaba nada, ni siquiera su propia duda: se
limitaba á abstenerse
(lxá)(etv),

y tomando por único
la

criterio,

que de valor puramente

subjetivo,

apariencia ó fenómeno {xb
lo restante,

oatvójisvov), suspendía el juicio sobre

todo

declarando

y fuery condensaba su doctrina en aquellas célebres fórmulas: «no defino nada (oCiOcV opí^w)», «no
za los argumentos en pro

insolubles las antilogias de la razón, por ser de igual poder

y en

contra;

digo

ni

que

ni

que no», «no afirmo

ni

una cosa

ni otra

(ouSáv

{JiaXXov)».

A

este sistema, que, entendido á la letra

y llevado á sus

últimas consecuencias, viene á constituir una especie de imbecilidad

DE LOS orígenes DEL CRITICISMO Y DEL ESCEPTICISMO
científica

1

53

y

reflexiva, le

daban

los Pirrónicos diversos

nombres, enel

tre ellos el

de áxaxaXvj'lta ó incomprensibilidad^ y también

de

aphasia, porque algunos de los iniciados, para ser en todo
principio de la abstención, procuraban hablar lo

fieles al

menos que podían,
sistema, se

evitando

así

que se

les

escapase alguna afirmación.
la

Como

Pirron, sin

duda por

prudencia inherente

al

abstuvo también de

escribir, su influencia

debió de ser práctica más
parte que puede atri-

bien que teórica, siendo hoy imposible
buírsele en los célebres

fijar la

argumentos de Enesidemo. Pero no hay

nado

duda que su enseñanza, más bien de moralista desengañado y resigá la inacción, que de lógico sutil y ardoroso controversista
iban á serlo Carneades y Enesidemo, no hubiera bastado por
sola para

como

engendrar aquel gran movimiento de
seis siglos,

filosofi'a

escéptica

que dura nada menos que
escribir

y cuyo testamento había de
el

Sexto Empírico. Es cierto que todos estos pensadores gusla

taron de poner sus ideas bajo

sombra y

patrocinio de Pirron,

cuya nombradía de asceta pagano y de poco menor que
la

filósofo
el

popular llegó á ser
la hábil dialéctica

de Sócrates; pero en
afiló

fondo

de Enesidemo no se

en

el taller

de

los pirrónicos, sino

en

la

Academia Nueva, que por extraña degeneración había ido pasando
del

dogmatismo platónico y del misticismo pitagórico á una especie
si

de probabilismo que,

no es

el

escepticismo puro, tiene con

él

es-

trechísimas relaciones. Las fórmulas dubitativas, que

como mero
y que

procedimiento

eristico se

emplean en

el

método

socrático,

suele usar Platón en sus diálogos, eran lo único que podía no legiti-

mar, pero

explicar, la extraña pretensión

que estos

filósofos afec-

taban de ser continuadores del autor del Theetetes y del Parménides.

En
de

rigor, la doctrina
la Sofística

de Arcesilao era un salto

atrás,

una renovación
Pero en

bajo la bandera de

la dialéctica platónica.

filosofía

no se dan nunca restauraciones completas,
el

ni

realmente se

pierde nunca

terreno ganado.

La

filosofía

de los conceptos era

una adquisición positiva, y de

ella tenía

que partir Arcesilao para

emprender
los

su crítica del conocimiento, dirigida especialmente contra
es,

excesos del dogmatismo estoico. Arcesilao

en

el

mundo an-

tiguo, el primer

pensador que legítimamente puede ser llamado
la

precursor de Kant, con

diferencia importante de

que Kant cree

154

ENSAYOS DE CRITICA FILOSÓFICA
Metafísica futura

en

la

y

posible,

aunque no en
el

la actual, la

y Arcesidiscusión

lao ni

en

la

actual ni en la futura. Hasta en
los estoicos

orden de

de Arcesilao contra
el

parece esbozado

muy

de antemano
ate-

plan de
v-a

la Crítica

de la Razón Pura, puesto que

el filósofo

niense

analizando sucesivamente los tres grados del conocimien-

to que sus adversarios distinguían; es á saber: la representación sensible (aavxxaíx
Y.'XZ'x7.r^~iiv.i\),

el

asentimiento del juicio á
el

la

repre-

sentación

(a'JY'í3''cá9cCts) y,

finalmente,

conocimiento comprensivo

y

racional, la verdadera catalepsis, única
la ciencia.

que puede dar

la

certidum-

bre y engendrar
criterio

Arcesilao contestaba que no tenemos
el

alguno para determinar
es, el

valor comprensivo de ninguna

representación, esto
to

que sea ó no adecuada á su objeto, pueslos

que tan reales son para nosotros
la locura,

fantasmas del sueño, de la
la vigilia

embriaguez ó de

como

las

representaciones de
la tal

ó del estado de salud.

Y
el

arruinada

jantasia cataléptica, que

era base de toda la lógica de los estoicos, deducía que, siendo im-

potentes los sentidos

y

razonamiento para darnos

la

verdad y

la

certidumbre, era preciso contentarnos con una especie de verisimilitud razonable feüXcyóv) que,
tífico,

aunque no fuese riguroso
deber y para
la

criterio cien-

podía bastar para
dicha humana.

la práctica del

consecución

de

la

Como

se ve, Arcesilao lo había previsto todo,

y tenía también su Critica de la Razón Práctica, menos imperativa y dogmática ciertamente que la de Kant, pero no distinta en su objeto y quizá mejor enlazada con la dirección general de su pensamiento. Así y todo, se
disciplina moral, después gico.
le

acusó de haber robado á los estoicos su

de haber desacreditado su sistema ideoló-

Otros sospecharon que su escepticismo no era más que un

ardid de guerra,

y que en el fondo conservaba adhesión
el criterio sensualista

al

idealismo

platónico, en beneficio del cual venía á resultar

(como ya indicó San
de
los estoicos-

Agustín) su campaña contra

Cicerón

(l)

parece indicar que existía entre los Académicos una

doctrina misteriosa y esotérica, de la cual sólo era preparación su

aparente escepticismo. Pero

ni se

comprende

la

razón de

tal

miste-

(i)

Acad.,

II,

xviu: ^Qtiae suni iandcm ista mystcria

atit

air

celaiis,

quasi

turfe aliquod, sinUntiam vesiramH

DE LOS orígenes DEL CRITICISMO Y DEL ESCEPTICISMO
rio

1

55 se

en un período de completa libertad

filosófica,

mucho más

si

trataba de una doctrina tan conocida ya, y, por otra parte, tan ideal

y

tan noble

como

la

de Platón, nacida no para enterrarse en condel sol,

ciliábulos obscuros, sino para brillar á la radiante luz

y

afrontar todo género de controversias; ni fuera de esto las vicisitu-

des sucesivas de

la

Academia Nueva nos inducen

á creer en tal dogir

matismo

oculto, puesto que, al contrario, la
la

vemos

deslizándose

cada vez más por

pendiente escéptica, cuando cincuenta años

después de Arcesilao aparece ruidosamente Carneades, á quien su

famosa embajada á
tra

los

romanos, sus predicaciones en pro y en condel senti-

de

la justicia,

y su expulsión de Roma por impulsos

miento tradicional ofendido, han granjeado una deplorable celebri-

dad

(l)

no de todo punto merecida. Carneades, cuando analizaba
los conflictos entre la utilidad
ni

sagazmente
charlatán,

y

la justicia,

no era un

un prestidigitador oratorio

un

sofista

corrompido: era
si

pura y sencillamente un escéptico, un
probabilista,

casuista, ó

se quiere,

un
el

que aplicaba á

las

antinomias del derecho natural

procedimiento de
las

la verisimilitud.,

que Arcesilao había aplicado á
la

antinomias de los sentidos y de
los

razón. Lejos de proponerse
la

conmover con vanas argucias
hacía penetrar Carneades en malista de los
al

fundamentos de

moral, más bien
utilitario

el espíritu

secamente

y

for-

romanos

el

presentimiento de un orden ético superior
la

que

se basaba

meramente en
las

costumbre, en

la utilidad,

en

el

mos majorunt, ó en

palabras del Carmen jurídico. La influencia

del escepticismo, aquí

como en

tantos otros casos, tuvo de positiva
dice expresamente que
el resul-

más que de negativa. Cicerón nos
tado de
la

enseñanza de Carneades fué excitar en los romanos

el

apetito de pensar: Excitabat
viejos patricios

ad

veri investigandi cupiditatem.

Los

y

el terrible

censor plebeyo que alejaron de

Roma
abso-

á Carneades no
luta,

lo hicieron,

en verdad, por amor á

la justicia

puesto que todos ellos estaban manchados con crímenes é in-

(i)

Véase

el

elegante estudio de Martha, Le philosophe Carneade a Rome,
I'

en sus Eludes Morales sur
U/i Probleme

Moral dans

I' Antiquite':

A nlijuile' {tS&i), y también el libro de R. Thamni, Étude sur la casuistiqut stoicienne, 1884,

escrito con espíritu favorable á los estoicos y hostil á Carneades.

156

ENSAYOS DE CRÍTICA FILOSÓFICA

justicias enormes, rapiñas

y devastaciones de provincias
la fe

enteras,

matanzas de prisioneros inermes, violaciones de
santidad de los tratados: lo hicieron por
cional;

jurada

y de

la

amor

á la disciplina tradi-

por odio á

las innovaciones, cualesquiera

que

ellas fuesen;

por una especie de superstición

militar,

para quien todo arte resul-

taba afeminado, toda filosofía temeraria

y

sediciosa.

A los

ojos

de

Catón

el

Antiguo, Sócrates no había sido más que un despreciador

de

las

leyes

y

corruptor de

la

juventud ateniense. Lo que se persefilosofía, el

guía en Carneadas no era su escepticismo: era su

mero

hecho de
suya, de

filosofar;
la

era, sobre
él

todo, aquella implacable dialéctica

cual decía

mismo

que,

como

el

pulpo, devoraba sus

propios miembros.

Carnead es no escribió cosa alguna, pero
suyas capitales, ya sobre
el criterio

ciertas

argumentaciones

de

la

verdad, ya sobre la exis-

tencia de los dioses, ya sobre el bien supremo, fueron conservadas

por

la tradición filosófica,

y han

llegado a nosotros, ora en las

com-

pilaciones de Sexto Empírico, ora en los libros de

Marco

Tulio,

que

nunca disimuló sus simpatías por

la

Academia Nueva, y
la

especial-

mente por
ta

el jefe áé\.

probabilisino.

De
de

todos estos testimonios resulrepresentación, negaba
el

que Carneades negaba
de
la dialéctica,

el criterio

criterio
las

y aconsejaba suspender el juicio hasta en proposiciones matemáticas. Su filosofía era esencialmente acatano admitía
(-tSaví^),
la

léptica:

comprehensión ni

la

evidencia, pero

sí la

opinión

probable

que implica

cierta distinción entre las representa-

ciones. Esta distinción entrañaba toda

una teoría del conocimiento,

sobremanera original é ingeniosa: un kantismo embrionario, pero

en que aparecen ya claramente
tivo,

distinguidos el punto de vista obje-

tivo que Carneades declara inaccesible,

y

el

punto de vista subje-

en

el

cual su

pensamiento se encierra, clasificando y ordeal

nando

las

representaciones conforme
los lógicos ingleses

principio de
la

la

asociación^ ni

más
lo

ni

menos que
la

de

escuela positivista. Valga

que valiere

probabilidad ó verisimilitud puramente fenomenal

así adquirida, basta,

según Carneades, para

la

ciencia

y para

la vida.

« Probabile aliquid esse et quasi verisimile, eaqtie se uti regula et in

agenda
rón,

vita, et in

quaerendo ac disserendo»

,

dice su discípulo Cice-

que

llevaba su entusiasmo hasta el punto

de comparar con los

DK LOS orígenes DEL CRITICISMO Y DEL ESCEPTICISMO
trabajos y hazañas de Hércules
el

1

57

servicio

que Carneades había
la

hecho arrancando de
ción precipitada y de

los espíritus «el fiero
la

monstruo de
(l).

afirma-

temeraria credulidad»

Y

ciertamente

que nadie
ñas contra

le

hará un cargo de impiedad por sus enérgicas campa-

el

panteísmo naturalista de los estoicos, contra
la

las mil

groseras supersticiones de

mitología popular, contra

el

arte de la

adivinización y de los presagios,

ó contra

la

inexorable ley del

fatutn, porque con todo su escepticismo dialéctico

habido defensor más ardiente de

la libertad

y moral, no ha humana que Carneades.
bajo el
Plii-

Después de
lon de Larissa
tioco de

él, la

Academia Nueva decae notablemente

régimen de maestros obscuros como Clitómaco y Charmadas:
la

modifica en sentido dogmático ó ecléctico, y
la

An-

Ascalón completa

ruina de la escuela pasándose á los

reales de los estoicos é intentando entre ellos
tástica armonía.

y Platón

cierta fan-

Pero cuando
del

la

reacción dogmática parecía haber
el

quedado dueña
de nuestro

campo; cuando

sincretismo alejandrino y
las

el

misticismo neo-pitagórico comenzaban á incubarse en
zas
nio,
filósofo

enseñan-

de Cádiz, Aloderato, de Alcinoo y de
el

Nume-

verdaderos precursores de Plotino, se ve retoñar
la

antiguo pitesis infini-

rronismo con más bríos que nunca, lanzando á

arena

tamente más radicales que
la

las

que había sostenido en ningún tiempo

Academia Nueva. Los
primero de nuestra

Pirrónicos nunca habían desaparecido to-

talmente, pero su historia es obscura
siglo
era,

y poco
la

interesante hasta el

en que (según

opinión

más probajusti-

ble) floreció cia el

Enesidemo, á quien se puede llamar con entera

David

Hume

de

la filosofía clásica. le

Para que

la

semejanza sea

más completa,

hasta se

parece en haber dirigido sus más formila

dables argumentos contra

idea de causalidad, principal

apoyo de

toda certidumbre metafísica. La argumentación de Enesidemo, ba-

sada en

la

imposibilidad del tránsito de lo corpóreo á lo incorpó-

reo, ó viceversa,

y en

las contradicciones
el

que ya había creído des-

cubrir

la

escuela de Elea en

principio de generación y en el paso

(i)

Herculis

qieendam laborem exanclatum a Carneade, qiiod ut feram ei imest,

manem

belluam, sic ex animis nostris adsensionem, id
lib. 11,

ofinaíionem ei temeri-

taíem exíraxisset. (Acad. Prioium,

cap. xxxiv.)

158

ENSAYOS DE CRITICA FILOSÓFICA
lo

de

uno á
la

lo múltiple, difiere

formalmente de
la

la

de Hume, que

reduce
\-iene

causalidad á
ella

mero producto de
la

experiencia, pero con-

con

en negar á

causa todo valor de cosa en sí y apre-

ciarla

como pura
fué,

relación mental sin valor alguno objeti\'o. Enesiel

demo
como
car
la

además,

que inventó, y

si

no

el

que inventó,

el

que

dio forma definitiva á los diez argunfentos llamados tropos, que eran
el

arsenal de antilogias de

que se

valía la escuela

para

justifi-

suspensión del juicio en todas

las cuestiones.

Sexto Empírinos conservó

co, farragoso compilador
los

de todas

las tesis pirrónicas,

nombres y

las definiciones

de todos estos lugares comunes ó cacierta curiosidad histó-

tegorías negativas, que
rica,

hoy mismo tienen

y

se reducen á mostrar

cómo

difieren las percepciones
el

en

los

diversos animales, y entre ellos y

hombre; y cuánto entre

los di-

versos hombres y entre un sentido y otro;

y cómo y

se modifican

en

virtud del cambio de circunstancias, hábitos
vigilia

disposiciones, en la
la vida,

y en

el

sueño, en las diversas edades de
el

en

el

reposo en

y en

el

movimiento, en

amor y en

el odio;

y cómo
la

influj^en

ellas las situaciones, las distancias, los lugares

y

cantidad, la

comque

posición,
la

la relación, la

frecuencia ó la rareza, la costumbre, la ley,

opinión, en una palabra, todas aquellas condiciones externas

los empíricos

de nuestros

días,
el

especialmente Taine, compendian
medio. El relativismo escéptico de
el

bajo

el

nombre genérico de

Enesidemo llevaba en sus entrañas
positivismo,

germen de una manera de
los

que luego se desarrolló plenamente en

médicos que

siguieron sus huellas, pero que está ya tan acentuado en su teoría

de

los signos,

que por
los

ella se le

ha comparado con Bain y con Stuart
la

Mili

y con todos

maestros de
si

lógica inductiva. Para ellos,
la

como
de
la

para Enesidemo,

por ciencia se entiende

de

las causas,

semejante ciencia es imposible: hay que contentarse con
inducción, que nunca pueden tener valor absoluto

los datos

y demosel

trativo, sino el
to.

de una pura asociación de ideas basada en

hábi-

Los fenómenos no son, por consiguiente, signos

indicatiz'os

(IvSetxTtxá) de las causas ocultas, sino'á ló

vos

(í)T:opiVY¡¡iax;y.á)

de

la

experiencia.

sumo signos conmemorati«No hay signo visible que reveEnesidemo
indicarlo

le las

cosas invisibles», son palabras de

citadas por

el

pa-

triarca Focio. Si es cierto,

como parecen

muchos testimo-

DE LOS ORÍGENES DEL CRITICISMO Y DEL ESCEPTICISMO
nios antiguos,
rías

1

59

que Enesidemo se
la

inclinó en algún

tiempo á

las

teo-

de Heráclito, afirmando
de
las cosas,

coexistencia de los contrarios
el

y

el

flujo universal

su evolución hacia

escepticismo posi-

tivista resulta tan natural

nuestro siglo lanzó á

la

y tan lógica como la que á mediados de extrema izquierda hegeliana hasta las fron-

teras del materialismo.

Agripa, Menodoto y Sexto Empírico, en especial los dos últimos,
sin añadir

nada nuevo á

la
al

parte crítica del sistema, aspiraron á

construir una dogmática
filosóficas,

revés,

un cuerpo entero de negaciones
los

una enciclopedia, no de

conocimientos humanos, sino

de

las

imposibilidades del conocimiento. Esta tentativa pedantesca
estudiarse,
si

puede

hay paciencia para

ello,

en
iii

las fastidiosas

comque

pilaciones del

médico Sexto Empírico

(siglo

de nuestra

era),

llevan los títulos de Hypotyposes Pirrónicas (IIup^tDyeta ói^oxuTiúaetc)

y npcj

[ia6r,tJia-ixoúi;,

bajo cuyo título se
las ciencias

comprenden dos tratados
profesores,

distintos:

uno contra todas

y sus

y otro con-

tra los filósofos dogmáticos.
el libro

Cuanto de
lo

original

y

filosófico contiene

de Sexto Empírico,

debe á sus predecesores, especialextracta,

mente á Carneades y á Enesidemo, cuyos argumentos
cuyas opiniones nos ha conservado, siendo ésta
la

principal,

y ya que

no

la sola

utilidad

de su

libro, rico

también en datos de historia
irre-

científica

que en vano se buscarían en otra parte. La pérdida

parable de tantos

y tan

preciosos libros de

!a

antigüedad, se suple

mal con estas sumas, repertorios y almacenes que tanto abundan

en

la literatura

griega decadente; pero en suma, algo y aun
ello.

nos han conservado, y merecen alabanza por

mucho Lo que no merece

ninguna es
las

la

parte que

podemos creer

original

de Sexto, es á saber,

mezquinas argucias, pueriles cavilaciones é ineptos sofismas con
las artes

que va combatiendo en particular cada una de
la

y

ciencias,
la

Gramática y

la

Retórica,

la

Geometría y

la

Aritmética,

Astro-

nomía y la Música, la Lógica, la Física y la Moral. Nunca se ha puesto mayor suma de pedantería escolástica al servicio de una
causa peor.

En manos de Sexto y de
positivista,

otros médicos, que formaban

una especie de secta en
Filosofía, sin

empírica en Medicina y escéptica
la

más

criterio
las

que

sensación 6

el

fenómeno (que

Menodoto, á juzgar por

impugnaciones de Galeno, había estudia-

1

6o

ENSAYOS DE CRÍTICA FILOSÓFICA
científica, fijando

do con verdadera precisión
ciones esenciales de
la

algunas de las condila hipótesis),

experimentación y de

se fué

extinguiendo gradualmente esta escuela,

mucho

antes de que el sol

de

la

antigua ¡Metafísica hubiese lanzado sus postreros

gloriosos resplandores en las escuelas de Alejandría

y todavía y en las que
siglos,

Proclo renovó en Atenas.

No
desde
la

parecerá hipérbole
el iv

el

decir que por

más de once

hasta el xv,

el

pensar humano revistió constantemente

forma dogmática. Porque aquí no tratamos de aquella especie
el

de piadoso escepticismo que conviene ciertamente con

escep-

ticismo filosófico en sus conclusiones respecto de la ciencia hu-

mana, teniéndola por cosa

incierta, baladí

y de poco momento,

y aun por mera vanidad y
cer
el

apariencia engañosa;

y

se deleita en ha-

proceso de

la

razón
el

y

rebajar sus fuerzas naturales,

rarla

emparentada con
al hijo

error

y con

el

absurdo,

al

cual sigue

y declaamode
o

rosamente como

de sus entrañas; pero que difiere profundaen cuanto no nace,

mente de

la scepsis racionalista,

como

ella,

un exceso

del espíritu de

examen y de
á priori en

curiosidad científica, sino al
los resultados positivos

revés, de una desconfianza

negativos de

tal

examen, puesto que

lejos

de suponer una

crítica

previa de los límites del conocimiento, los da desde luego por sabidos, con afirmación intolerante
logistas

y despótica. Declarar como

los

apo-

de

la

escuela africana, especialmente Tertuliano y Arnobio,

que todas
fía

las

especulaciones metafísicas son necias, que toda filosofalsa,

es inútil
la

y

que todos

los filósofos

son patriarcas de herejes,
del Evangelio
(l),

y que

curiosidad filosófica está

demás después

no era hacer obra de escepticismo, aunque en sus términos
lo pareciese, sino

literales

obra de durísima reacción contra
excesos de
la

el

mundo

anti-

guo y contra
fica.

Pero

tal

que hincha y no edireacción, por su misma violencia, tenía que ser poco
los

ciencia carnal,

duradera;

el

mismo Tertuliano

se veía obligado á invocar

el

testi-

monio

del alma naturaliter christíana,

y

entre los Padres griegos.

(i)

Cogitaíiones omnitim philosophorum stullas esse.

— Falsam ei

inanem

esse

philosophiam.

— Philosophis patriarchis haereticorum.-

Nobis cwiosilale opus non

estposí ChrisUtm, nec inquisilione post Evangelium.

DE LOS orígenes DEL CRITICISMO Y DEL ESCEPTICISMO

l6l

aun

los

más antiguos, predominó siempre aquella hermosa doctrina
ii,

de San Justino (Apol.
derramó
la

c.

8-IO) sobre el Xóyos a7tep(iaxcxós que

Sabiduría Eterna en todos los espíritus, para que pudielas solas fuerzas naturales, á
el

ran elevarse, aun por

una intuición ó

conocimiento parcial del Verbo diseminado en
los

mundo. «Todos

que han vivido conforme

al

Verbo

(decía

San Justino) pueden

llamarse cristianos, aunque hayan sido tenidos por ateos,

como

lo

fueron Sócrates y Heráclito entre los griegos. Pero ninguno de ellos

conoció

el

Verbo

sino en parte; la completa comunicación

y maniSan
sin

festación del
la

Verbo por obra de

Gracia, sólo se cumple mediante

revelación de Cristo.»

De

esta doctrina se acordaba todavía
(l):

Jerónimo cuando enérgicamente exclamaba
Cristo, ni deja
ticia».

«Nadie nace

de tener en

propio semillas de sabiduría

y de

jus-

Después que

tal

sentido se hizo universal en los apologistas de
la filosofía espiritualista

Oriente y de Occidente,

de

la

antigüedad, ya

platónica, ya aristotélica,
cia cristiana,

comenzó

á transformarse bajo la influen-

y haciendo

estrecha alianza con la disciplina teológica,

formó con

un maravilloso organismo, cuya última y más completa manifestación fué la Escolástica del siglo xiii. Los cuadros de
ella

la

enciclopedia aristotélica fueron los

mismos de

la

nueva

filosofía,

pero en su parte metafísica entraron importantísimos conceptos platónicos,

y aun algunas

ideas alejandrinas, derivadas principalmente

del pseudo-Areopagita. Imposible es encontrar en tal organismo,

esencialmente dogmático, resquicio alguno parala
escolásticos, lo

tesis

escéptica.Los

mismo que

sus maestros de la antigüedad, dan por

resuelto el problema crítico,

y

se abrazan, unos, al realismo de Pla-

tón; otros, los más, al conceptualismo peripatético.

Afirman ó nieal

gan

los universales;
las ideas

son
ó
al

idealistas ó

son nominalistas; se inclinan
las

mundo de mismo de
de

mundo de

formas; pero sobre

el

hecho

la certeza del

conocimiento no manifiestan duda

ni vaci-

lación alguna.

Por

los libros

de San Agustín sabíase obscuramente
lla-

la existencia

en otro tiempo de ciertos filósofos escépticos,
los cuales el

mados académicos, contra
Comm.

Santo había defendido vigo-

(i)

in Epist.

ad

Calatas,

lib.

i,

cap. v, v. 15.
fílesófica.

Mbníhdez t

V%l.L-¡0.— Ensayos Je criltca

II

102

ENSAYOS DE CRÍTICA FILOSÓFICA
el

rosamente

testimonio de conciencia, con argumentos psicológicos
al

bastante análogos

entimema de Descartes

(l).

En

esta demostra-

ción descansaban los espíritus

más

audaces, aun los abiertamente

heterodoxos,
los

los

Eriúgenas, Roscelinos y Abelardos, no
la Iglesia católica, los

menos que

grandes metafísicos de

Anselmos, Toma-

ses

quienes tenían tan alta idea de
la

y Buenaventuras. Mal podían dudar del entendimiento humano él, que le llamaban participación de
las

lumbre increada y espejo de

razones eternas. Si uno de vueslos

tros

más
de

ilustres

compañeros ha creído notar en

caprichosos

giros

la dialéctica

de Duns Scoto alguna remota analogía con las
kantiana, esta observación, ingeniosa sin

sutilezas

de

la crítica

duda

como de

quien es (aunque no haya pasado sin protesta de los herhábito del Doctor Sutil), ha de entenderse tan sólo en

manos de

cuanto á cierta semejanza de fisonomía, derivada del predominio
del espíritu crítico en

ambos

filósofos,

pues por

lo

demás,

ni Scoto,

ocupado en

criticar

menudamente
la

la filosofía

de Santo Tomás, em-

prendió nunca una crítica de

facultad de conocer; ni tal crítica
la

era posible en las condiciones de

filosofía

de su tiempo;

ni su

doctrina sobre la certeza parece diferir en cosa alguna de la
corría en las escuelas, por
los escolásticos

que

más que

se aparte
fe

de

la

generalidad de

en declarar verdades de

algunas que ellos tenían

por verdades

científicas

y demostrables;
si

lo cual

más bien induce á
lo

tenerle por místico
católicos

que por escéptico,

bien en algunos pensadores

ambas tendencias han
la religión ni
el

solido darse la

mano más de
la

que

conviniera ni á

á la filosofía. El

mismo nominalismo
Escolástica

de Occam, que fué

verdadero disolvente de

y

la

grande antinomia que surgió de su seno para devorarla, no implicaba en rigor una
tesis escéptica, sino

más bien una

tesis sensualista,

ó

si

se quiere positivista, pero de todos

modos

afirmativa
est

y dog-

mática,

como

lo indica la

famosa fórmula scientia

de rebtis sin-

gularibus.

(i)
lelligit,

Omnis qui se dtibitantem
certus est.

inielligit,

veriim intelligit, et de liac re

quam

in-

— A^on

enim Academicorum ai-gumeníum formido dicentium:
fallar, stim,

Quid si /alleris? Si enim
ac per hoc sum,
si fallar.

nam

qui non

est,

utiqíte

nec falli potesi;

— Si dubitat, cogitat: si dubitat; scit se nescire.

DE LOS ORÍGENES DEL CRITICISMO Y DEL ESCEPTICISMO

1

63

Hay que
hasta
la

desistir,

por consiguiente, del empeño de buscar ante-

cedentes del criticismo y del escepticismo, desde Sexto Empírico

época del Renacimiento.

A lo

sumo podrían encontrarse en

algún libro árabe,

como

el

Tehafot ó Destrucción de la Filosofía,

compuesto por

el

persa Algazel ó Algazali, que, sin saber de Enesicoincidió con
él

demo

ni siquiera la existencia,
si

en

la crítica

de
los

la

noción de causalidad,

bien con argumentos que,

más que
el

de

Enesidemo, recuerdan

los

de David

Hume

(i).

Pero

escepticismo

de Algazel, que llega hasta declarar imposible toda demostración,

no es mas que un tránsito á cierto misticismo ó iluminismo
co,

fanáti-

que nada tiene de común con
los
juicios, á

la filosofía crítica.

Otro tanto ha

de decirse de
sobre
lada,
el

veces extraordinariamente duros, que

la filosofía griega,

y aun sobre toda ciencia natural y no reve-

contienen los libros de algunos piadosos rabinos, especialmente

Kuzari de nuestro admirable y glorioso poeta toledano Judá Leví. Tales extremosidades nacen de un exceso de piedad y de celo religioso, y recuerdan algunos pasajes de Bonald, Lamennais, Donoso

y

otros famosos escritores tradicionalistas de

la

primera mitad de

nuestro siglo.

El verdadero escepticismo no podía volver á levantar
sino en

la

cabeza

un período de transición y de crisis filosófica, como lo fué el del Renacimiento, época la más brillante, animada y pintoresca del mundo moderno. Pudo aquella edad realizar totalmente su ideal
de perfección y hermosura, y lograr su definitiva fórmula
superior en algunos casos á
la

estética,
lo anti-

de

la

antigüedad,

y

rival

de

guo otras veces, en
peare y Cervantes,
sofía

las

obras de artistas tales
el

do de Vinci, Miguel Ángel y

Tiziano,

como Rafael, Leonarcomo el Ariosto, Shakesfilo-

como

Fr. Luis de

León y Spencer; pero en

no alcanzó tanta fortuna, no por culpa de aquella vigorosa ge-

neración, capaz de encontrar nuevos mundos, sino por culpa de los

tiempos, que todavía no estaban maduros para una nueva y
pleta determinación especulativa,

com-

como tampoco

lo

estaban para

una nueva

síntesis científica.

Fueron, en general,

los filósofos del

(ij

Vid. Schmoelders: Essat sur

les

¿coles philosophiques chez les

Ara-

bes, 1842.

164

ENSAYOS DE CRÍTICA FILOSÓFICA
los italianos

Renacimiento, especialmente

y

los españoles,
la

en fecun-

didad de invención, en

el

arranque genial, en

intuición luminosa

y prestísima, en
rrieron,

lo

en

el

calor

vasto y explanado de los horizontes que recoy efervescencia continua de espíritu que en ellos
la

provocaba

el

fermento de

contradicción y de

la

lucha, superiores

sin disputa á la

mayor

parte de los pensadores del siglo xvii, en es-

pecial á la pobre, pero

muy

reglamentada escuela cartesiana, que

fué la verdaderamente dominadora, á pesar del ejemplo de los dos

grandes metafísicos. Espinosa y Leibniz,
varon todavía del aliento bizarro y de
propia de
la
la

los cuales

mucho

conser-

intemperante especulación
el siglo xvi, filosó-

edad anterior. Pero

la

ventaja que

ficamente considerado, lleva

al xvii

en

fertilidad

de ideas y en abun-

dancia de conceptos renovadores, se convierte en desventaja cuando
se le mira bajo el aspecto de
la

continuidad y disciplina, tan convenecesarias para llevar á

nientes en todo trabajo

humano, tan

buen

punto

la

elaboración, y, sobre todo, la transmisión de
dialéctico,

la ciencia.

Más que movimiento ordenado y
de
la

semeja

el

movimiento

filosofía del siglo

xvi una insurrección formidable, en que,
los varios colores los ojos

mezclándose abigarradamente

de

las

banderas,

producen á un tiempo halago en
espíritu.

y

cierta confusión

en

el

Por eso

la historia

de

la filosofía del

Renacimiento no está

escrita

aún, y tardará en estarlo, por ser tantos, tan varios y tan dispersos
sus materiales, tan excéntricas

y tan individuales
la

las direcciones,

tan complejos los sincretismos. El entendimiento humano, aunque

abrumado por
haber vuelto

la

ingente carga de

tradición antigua, parecía
la

á aquel

período de espontaneidad en que floreció
al

especulación presocrática. Junto
física

idealismo de Elea renacían la
las explicacio-

jónica ó los

números de Pitágoras; enfrente de
la

nes místicas y teosóficas del mundo, se ensayaba
turalista.

explicación na-

Roto

el

cetro de la autoridad
la

y

triunfante la crítica de los

humanistas, aplicada á
al

interpretación de los textos, unos seguían
al

Platón del Parménides, otros
los

Platón del Timeo, otros

al

Platón

de

Alejandrinos, cuáles

al

Aristóteles de Averroes, cuáles al

Aristóteles de Alejandro de Afrodisia.

A deshora se levantaban del
la

sepulcro los átomos de Leucipo y de Demócrito,

moral de Zenón

DE LOS ORÍGENES DEL CRITICISMO Y DEL ESCEPTICISMO de Crisipo, las teorías astronómicas de .Arquitas

165

y de Philolao. y Del choque y conflicto de tanta variedad de opiniones, avivado por las luchas religiosas de la Reforma, debía nacer en algunos espíritus
el

cansancio,

la

desconfianza y, finalmente,

la

duda, que solía

ma-

nifestarse en paradojas

y

utilidad

de

la

más ó menos impertinentes contra el valor ciencia; así como en otros espíritus más reflexivos,
crítica

graves y severos, tenía que engendrarse, no esta manera superficial

de escepticismo, sino una verdadera tendencia
zando por llamar á
títulos

que, empesobre sus
el

juicio la ciencia actual, é interrogarla

de suficiencia, había de acabar lógicamente por hacer

progér-

ceso del entendimiento mismo, procurando descubrir en

él los

menes de

la metafísica futura.

A

la el

empírica, responde, entre otros,
lio

primera tendencia superficial y libro famoso de Henrico Corne-

Agripa,

De

incertitudine et vanitate scientiarum et aríium, atque

excellentia Verbi

Dei declamatio, compuesto, según parece, en 1526,

é

impreso en I530ha bastado
el

A los

que juzgan de

los libros

por sus

títulos,

les

de este famoso volumen para dar á Agripa un

puesto

muy

señalado entre los escépticos del Renacimiento. Pero á

los ojos

de quien estudia más atentamente esta singular compilación,

que

sólo en el

método recuerda algo

la

de Sexto Empírico, no apa-

rece Agripa

como verdadero filósofo, sino como un impostor y charlatán de filosofía, como un aventurero científico sin pudor y sin conciencia; tal, en suma, como nos le muestran todos los actos de
su novelesca vida, explotando la rica vena de
la

credulidad de los

y gustando de titularse á boca llena profesor de magia natural, de magia celestial y áe magia ceremonial. Es posible, y aun verisímil, que Agripa se
poderosos con
el

cebo de

las ciencias ocultas,

riera

de

mismo y de

los

demás cuando llamaba

á la teurgia <íhaec

perfectissima sumynaqiie scientia, haec altior sanctiorqtie philosopkia,

haec denique totius nobilissimae philosophiae absoluta consunimatio-i]

pero aunque

el

escepticismo y
lo
el

la superstición se

den á veces

la

mano

harto

más de

que pudiera imaginarse, yo

me
la

inclino á

creer que Agripa, en

fondo de su pensamiento, tenía

mucho más
parte de

de supersticioso que de escéptico. Se puede descartar
histrionismo,

que
la

fué grandísima en todos los actos
el

de su vida, no

menos que en

de Paracelso; pero para mí

Agripa legítimo es

1

66

ENSAYOS DE CRÍTICA FILOSÓFICA

el

autor de los libros
el

De

occtilta philosopkia, el

comentador de Herel

mes Trismegisto,
autor del tratado

cabalista, el alquimista, el pseudo-luliano,
el
^

De Geomantia,

que se daba á

propio los pom-

posos

títulos

de segundo Fausto fuente de la nigromancia, quiro-

mántico, astrólogo y mago,

y que parece haber
la

sido jefe

de una

sociedad secreta esparcida por varias partes de Europa,

y

dedifilo-

cada á perseguir
sofal.

las

quimeras de

panacea y de

la

piedra

El ejercicio de las ciencias misteriosas y de

las artes

ima-

ginarias

no excluye
el

cierta

ironía

trascendental,
la

y aun

es

muy
si

compatible con

menosprecio de
libertinaje

ciencia

positiva;

pero

puede ser escuela de
al

científico,

nunca ha podido dar
viril

espíritu la libertad racional, la
crítico exige.

emancipación

que

el

prosos-

blema

Y

en verdad que Agripa no llegó
le

ni á

pecharle; no hay en su libro una sola página en que

presienta.
le

Parece que

los

mismos escépticos de

la

antigüedad no

eran

familiares, puesto que, á pesar

de los formidables argumentos de
siquiera se le ocurre poner en

Carneades y de Enesidemo,
tela

ni

de juicio que

las

cosas sean tales

como

se nos aparecen.

Lo

que hace Agripa
cias

es declamar sin freno,
el

más que contra
enseñarlas,
la

las cien-

mismas, contra
la

vicioso

método de

cialmente contra
frailes,

Escolástica, contra

Iglesia
las

y más espey contra los
doctrinas que
la principal,

manifestando extraordinaria inclinación á
los luteranos.

comenzaban á divulgar
si

Quizá esta fuera
la

bien oculta, intención de su libro, siendo
el

paradoja extraleer,

vagante y ruidosa
que, á
la

medio que adoptó para hacerse
ella,

y para
el

sombra de

pasasen sin grave censura

las insinua-

ciones heréticas que cautelosamente iba sembrando por todo

discurso de la obra. ¿Quién iba á tomar por lo serio un libro de
filosofía

que terminaba haciendo pomposamente

el

elogio del asno,

y recordando entre

sus títulos de gloria que el fundador de la es-

cuela de Alejandría,

Ammonio

Sacas, había tenido un asno entre
allí

sus oyentes? Pero todas estas bufonadas no estaban

puestas sino

para encubrir

el

verdadero propósito del libro, que no es, como
la

vulgarmente se ha creído, un ataque contra

razón ni contra

el

principio de certidumbre, sino una sátira antiteológica y antimonacal, análoga á las Epistolae

obscurorum virorutn á
,

los diálogos

de

DE LOS ORÍGENES DEL CRITICISMO Y DEL ESCEPTICISMO
Ulrico de Hutten, y aun á los Coloquios y
al

1

67

Elogio de la locura, de

Erasmo
sentan

(l).

Los pensadores del
la

siglo xvi

que formal y científicamente repre-

dirección crítica, son principalmente tres españoles: Juan

Luis Vives, Francisco Sánchez y Pedro de Valencia. El primero y
el

último son propiamente filósofos críticos y académicos, descen-

dientes de Arcesilao y precursores de Kant. El segundo da un paso más. Escéptico en cuanto á la ciencia de su tiempo, inicia, como
los discípulos

de Enesidemo, una dirección

positivista

y neokan-

tiana.

Sería vano y temerario empeño querer encerrar en el breve marco de este discurso la gigantesca figura del gran polígrafo de Valencia.

Dos ó
la

tres

nombres hay que compiten con
que
le

el

suyo en

la historia

de

ciencia española: no hay ninguno
el

supere. Es

el

gran peda-

gogo del Renacimiento,
taurador de

escritor
el

más completo y enciclopédico
los

de aquella época portentosa,
las disciplinas.

reformador de
el

métodos,

el insla

Él dio
la

último y definitivo asalto á
él

barbarie en su propio alcázar de

Sorbona: en

comienza
la

la es-

cuela moderna. El restableció
filosófica,

el alto

concepto de
las

enciclopedia

perdido y casi olvidado entre

cavilaciones sofísticas

del nominalismo decadente. Él reconcilió la elegancia de las letras

humanas con
temente

la

gravedad del pensamiento

filosófico.

En una época

abierta á todo género de temeridades, profesó
el

y practicó constan-

gran principio de

la

ars nesciendi. Su admirable

estilo filosófico,

sobriedad y parsimonia científica, el bruñido, castamente

adornado, varonil y recio unas veces, otras suave y persuasivo, libre de empalagosas amplificaciones, suelto en su andar y en su estructura (muy al revés de la enfadosa afectación de los ciceronianos de
Italia)

fué espejo diáfano de aquel

pensamiento suyo tan poderoso
lu-

en su moderación, tan equilibrado en sus mayores audacias, tan

minoso é insinuante. Rodeado de eruditos que filosofaban
(i) lio

sin gran-

Hay dos
la

recientes y

muy

copiosas y esmeradas biografías de CorneC.

Agripa,

dres, 1856, 2

de H. Morley, The Ufe of H. vols.), y la de A. Prost, con el
a.u

Agrippa von Nettesheim (Lon-

título

un poco ambicioso de Les
vie et ses

Sciences et les Arts occultes

XVI'

siecle;

Corneüie Agrippa, sa

oejwres (París,

Champion,

1881-82).

1

68

ENSAYOS DE CRÍTICA FILOSÓFICA
clásicas

de originalidad y confundían sus reminiscencias

con cierto
sustituir
la

vago
la

espíritu

de innovación, creyéndose emancipados con
la

autoridad de Plotino á

de Aristóteles, invocó

el

testimonio de
los

razón

y no

el

de

los antiguos,

y formuló por primera vez
Precursor de Bacon se
le

cánones

de

la ciencia

experimental

(l).

ha llamado,

(

I

)

jVos iamen interea

aum hanc vitam

degimiis, sive quis

eam peregrinationem

sive exilium tiomineí.guaedam attnotavimtis huic itineri conducentia:

earum causas
utile,

inquirere ei utile est in praesens, et quia utile est in praesens,
ideo se hoc nobis

ei

quia nobis

natura magis indulgentem praebei quae paraiiora semper tribuit
enim aut quae viderunt
oculi, vel

quae prosunt.

Ex sitigulis

audierunt aures, et

ala sensus

in sua quisque functione cogtioverunt^

mens

riostra praecepta efficit

universalia, postquam illa inter se coniulisset, nec quicquam simile observar et in

contrarium: inctrta quidem haec saepe,
ei falsa

nam

res ei temporibus

mutantur

et locis,

deprehenduntur quae erant inter eruditos longo tempore receptissima, sed

qualiacicmque e re hominum fuit consignari et tradi per manus,

rara negligi quam non annotari

et

tradi frequentia: multi in

nam satius est unum contulerunt

quisque sua, et simul praesentes, ne in colligendo falleremur, nefieret tiniversalís

non ex uno aut altero experimento,

et

quia tempus res mutabat, vetustatem consuiis

luimus, cui prospexerunt maiores prodendis

quae ipsiusu suo observassent: tum

ne locorum variis naturis falleremur, quod operis quoque loco natura exerceret et

quasi miracjilum ostenderet, sumus scrutati. (De Prima Phitlosophia, sive de intimo naturae
opificio, lib.
i,

tomo

m de la edición de Valencia,

pág. 192.)
la

El mismo sentido baconiano predomina en muchos pasajes de

grande

obra De Causis Corruptarum Artium, hasta decir que los agricultores y los artesanos conocen la naturaleza mejor que los filósofos escolásticos: tSunt enim

earum rerum inexperti prorsus,

ei hiijus

naturae,

quam melius

agricolae etfabri
irati,

noruní quam ipsi tanti philosophi, qui naturae huic, quam ignorarent,
sibi confixerunt,
didisset,

aliam

nempe subtilitatum nugas de

iis

rebus quas Deus nuttquam con-

nempe tformalitates,
illi

hecceitaies, realitates, relationes, Platonis idaeas»,
ipsi

et

monstra, quae nec

quidem capiant

qui pepererunt, q uae quando aliud

non possunt,

certe digniiate cohonestant nominis, metaphysicam, appellantes, et si

ad commenta, ad somnia quaedam insanissima propensum, hunc dicunt habere ingenium mequis ingenium habet naturae hujus imperitum aut ab eo abhorrens,

taphysicum, ut de Scoto, in quo fortassi a callidis et acutis hominibus antiquitatc ?!ominis

deludimur ut ingenium esse metaphysicum sentiant, quasi extra hanc
et inusitata.^

naturam, in alia quadam nova
página
190.)

[De Causis,

lib. v,

cap. n,

tomo

vi,

Utidc nata est incredibilis in
laiissime diffusa,

hominum pectoribus socordia atque

inertia,

quae

pro dulcissimo habuit alienis oculis omnia intueri, aliena fide

omnia

credere, nihil ipsum quaere^e, nihil scrutari (pág. 188).

UE LOS ORÍGENES DEL CRITICISMO Y DEL ESCEPTICISMO

1

69

y

lo es sin

ninguna duda,

así

en

lo

que toca á

la
al

reforma de los mé-

todos,

como en la importancia que concedió
artificio, et

de inducción: tani-

madverso, quantum possit naturae
to

ad experimenta adjimcá la observación

pro

norma-¡>.
la

Pero

lo es sin el

exclusivo de Bacón, sin odio ni des-

dén hacia
interna

Metafísica, y con tanto

amor y respeto
(l),

como

á la externa. Por eso ha dicho con razón Lange, en su

eruditísima Historia del Materialismo

que Luis Vives,
,

«el

ma-

yor reformador de

la filosofía

de su época»

debe ser mirado á un

tiempo como precursor de Bacón y como precursor de Descartes,
puesto que
físicas,
si

por un lado, en

lo

tocante

al

estudio de las ciencias

aconseja á los verdaderos discípulos de Aristóteles que salel

gan de entre

polvo de los libros y consulten á
los antiguos, sin fiarse

la

naturaleza en

misma como hacían
ni

de una tradición ciega de

de hipótesis

sutiles,

sino estudiándola directamente por vía

experimentación; encarece también con no menos brío y con estricta
lógica harto olvidada por los puros experimentalistas, la aplicación

del

nos del

mismo método de observación y de experiencia á mundo interno: Consideraíio autem meiiiis opes
in se

los

fenóme-

scrittatur et

mentem quasi
quantumque

ipsam

reflecti

ut recognoscat quid cantinéate quale,

sit.

Esta dualidad de tendencias, psicológica

la

una y empírica

la otra,

ó (para llamarlas con sus nombres posteriores), cartesiana y baconiana,

que en

la filosofía

de Luis Vives advirtió Lange, y cuantos
cierta confusión

han llegado á conocerla, ha introducido
cios formulados acerca

en

los jui-

de su doctrina é influencia
ciertas frases de sabor

filosófica, contri-

buyendo á aumentarla
nico,

aparentemente platóello sólo

y

otras evidentemente escépticas.
la

La clave de todo
que

puede encontrarse en
lenciano profesaba,

teoría del conocimiento

el filósofo

va-

y

á la cual vienen á parar
la

como

á su centro lo

mismo
bien:

su doctrina de

experimentación, que sus ideas acerca de

la ^tacita cognitio'»

ó texperientia cujiisUbet intra se ipsiirm. Ahora
filosóficas,

leídas,

concordadas y meditadas sus obras

creo

haber llegado á una conclusión clara y decisiva en este punto. Luis

Vives admite y recomienda

la

observación externa y

la

observación

(i)

Tomo

I,

pág. 21

1.

,

170
interna,

ENSAYOS DE CRITICA FILOSÓFICA

mas en todo

lo

que se levante sobre

los límites

de

la

ob-

servación es un probabilista semejante á Arcesilao y á Carneades,

ó digámoslo más
las

claro, es

un kantiano en profecía. Pero aunque todas

tendencias de su espíritu le lleven á conclusiones análogas á las
la Critica

de

de la Razón Pura, otros impulsos no menos enérgicos

en aquel

espíritu tan bien equilibrado

y

tan enemigo de toda exage-

ración: su fe religiosa,

que era no sólo acendrada, sino ardentísima,
mediante una teoría de
escuela escocesa.

y

su respeto á las creencias universales del género humano, le hacen
el

salvar

abismo

crítico

la

conciencia, análo-

ga á

la

profesada por

la

En

suma, Luis V^ives es
el filósofo

un kantiano mitigado, una especie de William Hamilton,

más parecido

á

él

entre todos los modernos.

Facilísima es

la

prueba de estas proposiciones que en España pael

recen tan inauditas, pero que yo ciertamente no tengo

mérito de

haber inventado, puesto que algo y aun mucho de

ellas

ya ha corri-

do por Alemania en
Luis Vives
la

tesis doctorales.

Veamos, pues, cómo entiende
la

que

él

llama (l) veritatis examinandae Jacultas, á
si

cual consulta anheloso para ver
sa obscuridad

sus oráculos

pueden disipar
las

la

den-

que nuestro entendimiento comunica á

cosas mis-

mas

(obscuritatem hanc

a nobis

in res ipsas traducimus). Para esto,

Luis Vives, partiendo de una clasificación de las funciones del alma

ideada por Juan Philopono, pero dando á los términos un valor distinto

de que

les

asignaba aquel antiguo comentador de Aristóteles,
el

establece una distinción esencialmente kantiana entre

entendi-

miento que llama viens, y

la

Razón Pura que designa con
suministran

el

nombre

de dianoia ó

cogitatio.

El oficio de esta facultad superior es raciocile el

nar ó especular sobre los datos que

entendimiento

y

los sentidos.

¿Y cómo

es posible el ejercicio

de

la

Razón? Mediante

ciertas formas sintéticas ó

a priori, que Luis Vives llama naturales
(2).

informationes in omniutn animis impressas, insculptasque notiones

Estas informationes

naturales no

son ideas platónicas innatas

como
que

algunos han creído, sin hacerse cargo de que era imposible
admitiese quien profesaba,

las

como

Luis \^ives, una teoría esen-

(i)

(2)

En el libro De Disputatione. De Disputatione, líber unus.

DE LOS orígenes DEL CRITICISMO Y DEL ESCEPTICISMO
cialmente sensualista sobre
tiones naturales
el

I7I

origen de las ideas

(l).

Las injormael

en

la

doctrina vivista (y bien claro lo determina

maestro en su libro

De

Instrumento Probabilitatis), no son ideas,
catalepses,

sino formas de pensar,

meras anticipaciones ó

que no están

en acto, sino en potencia, y que, por tanto, no son conocimientos, sino semillas de conocimiento (2).

Es distinción
rial

esencial en

la crítica

kantiana

la del

elemento mate-

y

el

elemento ybrww/ del conocimiento. Pues bien: Luis Vives

establece la
essentiae,

misma
casi

distinción en su libro

De

explanatione cujusqtie

y

con los mismos nombres. El conocimiento resulta
el espíritu

de una
sae á

effectio

6 forma que

aplica coTa.o
(3).

fermentmn masla

la

materia de sus representaciones

Y

para que

seme-

janza sea
las

más completa. Vives compara estas formas de pensar con cápsulas ó con las redomas en que un farmacópola va enceel símil

rrando sus medicamentos.

Pero

no es del todo exacto, puesto que
del continente

el

espíritu hu-

mano
de

sólo

puede responder

y no

del contenido,

no

lo material, sino

de lo formal. Es consecuencia que Luis Vives
el

no rechaza, antes enseña que
de nuestras facultades, no de

modo

del conocimiento

depende

las

cosas (modus cognitionis lucisque
(4),

in assequenda veritate, nostrarum est mentium, non rerum)

y con
pues

más

claridad en otro pasaje (5), que por su singular importancia

me

habéis de permitir que os presente traducido á

la letra,

indica, entre otras cosas,

que ya nuestro

filósofo recelaba

que su

(i)

Prima

ergo cognüio est illa setisuum simplicissima, hinc reliquae nascunaliis, et crescunt,

tur omnes, aliae ex
(2)

augenturque.
habet cognaiionem atque amicitiatn

Mens

humana... naturalem

quandam

cum

veris illis

primis et ianquam seminibus unde reliqua vera nascuntur, quae

tanticipationes* atque <informationes> nominantur, a Graecis Kcaialepsesi.
(3)

E.x hac materia per universa diffusa sumit semper natura velut ex silva

et addit

suum

artificium, quasi

teffectione> aut t/orma>.
sitas

massae fermentum, nam fermentzim illud est pro Quemadmodum pharmacopolae et ungüentara dispoet naríhecía, ita

domi habent capsulas

natura omnia in suas velut píxides

distribuit, et cuique adscripsit

nomen,

illis

quae continerentur commune. (De ex-

planatione cujusque essentiae.)
(4)
(5)

De anima et vita, lib. 11, De Prima Philosophia.

cap.

ix.

172

ENSAYOS DE CRITICA FILOSÓFICA
el

doctrina pudiera ser confundida con
sofistas

escepticismo de los antiguos

y procuró prevenir
es,

la

confusión:

«Cuando decimos que una
la otra,

cosa es ó no

que

es de esta

manera ó de
la

que tiene

tales

ó cuales propiedades, juzgamos según
nuestro ánimo, no según las cosas
viiento es

sentencia y parecer de

7>i¿sinas,

porque nuestro entendicosas;

para nosotros

la única

medida de las

cuando decise-

mos que son buenas ó malas, útiles ó inútiles, no /as juzgamos gún son en si, sino según se nos muestran ó aparecen, aunque á
Juzgamos, pues, de
las cosas, no

ve-

ces el testimonio de los sentidos resulte contrario al de la razón.

según su propia naturaleza, sino

se-

gún
con

nuestra representación
la

y

juicio;

pero no por eso convenimos

sentencia de Protágoras Abderita, que afirmaba que las co-

sas eran tales

como

á cada

uno

le

parecían

{\),

puesto que seria gra-

ve contradicción que quisiéramos trasladar á nuestro propio juicio
la

verdad que no afirmarnos de

las cosas

mismas.»

Obsérvese que Luis Vives rechaza
escéptica, sino, al revés,

la tesis

de Protágoras, no como

como

dogmática, por afirmar temeraria-

mente que

á cada

fenómeno de sensación responde un noúmeno de
el

valor puramente individual, es cierto, pero que para

sujeto se

convierte en

norma de verdad
intelectual,
el

absoluta. Esta anarquía

y atomisprincipio
la fa-

mo

del

mundo

que en Protágoras nacía de no haberse
lo

deslindado aún

concepto de

subjetivo,

pugna con

el

mismo de

la filosofía crítica,

que versa exclusivamente sobre

(i)

Ergo nos quae dicimus

esse

aut non esse haec aut illa, talia non
ipsis,

taita,

ex senieniia animi nosiri censemus, non ex rebus
sui mensura sed niens nostra: ?iam

illae

enim

tion

sunt nobis

guum

dicimus bona, mala,

utilia, inuiilia,
illis

non
vi-

re dicimus sed nobis, et sensus interdum adeo sequitnur dtices ut qiiomodo

deantur. Ha etiam pronuntiemus vulgo, quamlibet mens contrarium staiuat, quocirca censendae suni nobis res ?ton sua ipsarum nota, sed nostra aestimatione ac jndicio,

nec protinus sententiae accedimus Protagorae Abderitae, qui taita esse diceel Aristotele juste

bat qualia a quoqtu judicarenlur, de quo a Plalone
ditur, ñeque

reprehen-

enim qui dicim.is ex j udicio nos nos ir o de rebus siatuere, iidem et

veritaiem

rerum ad nosirum judicium deiorquemus: nos ergo cognitionem seujulib. i.)

dicium habemus sensum, pkantasiae, meniis. (De prima Philosophia,
otra parte del

En
non

mismo

tratado leemos: Qui in obscuris versantur

locts,

quid

sií

res audent dicere et affirmare, sed quid ipsis videantur; utilis esi haec

annotatio

ad

cognoscendi exercitationem.

DE LOS orígenes DEL CRITICISMO Y DEL ESCEPTICISMO
cuitad de conocer, nunca sobre su objeto.
casi idénticos á los

1

73

Kant

dice,

en términos

de Vives, que no tenemos ningún derecho de imla

poner nuestros conceptos a

naturaleza.
la del

Hay también

en Luis Vives una distinción semejante á
le

fe-

nómeno y del noúmeno. Al primero
sensatum. Otras veces
laíens.
le

denomina

sensile, al

segundo,

llama qniddam intimum; ó bien vis intus
fuerza que se manifiesta por acciones
es preciso

Le concibe como una

ú operaciones, como algo íntimo que de
ni la intuición

suponer que

resi-

in penetralibus cujusque rei (l), pero del cual no nos responde

empírica (sensus nostri

kebetes), ni el
lo

entendimiento
esencia,

(mens), ni

la

razón pura (dianoia). Quizá sea

que llaman

nombre que, según Luis Vives, no expresa
no del progreso de
las cosas,

otra cosa que el térmila

ora se verifique en

naturaleza,

ora

en nuestro

espíritu (sive naturae, sive nostrum) (2).

Un

paso más,

y de

ese kantismo en potencia saldría, por evolución natural, una

especie de idealismo hegeliano. Porque Luis Vives, lo que viene a

decir en

suma
el

es:

^Quién sabe

si

el

proceso de

las

cosas no será

mas que

proceso de los conceptos de nuestro entendimiento?
la

¿Y
las

cómo

esquivar esta consecuencia cuando tanto se insiste en

doc-

trina de que no

hay más medida de

las

cosas que el

ánimo que

mide? Omnis porro mensura rei non

est sed metientis animi.
la
la

A la luz de estos principios
ría

se

comprende perfectamente
la filosofía

exteo-

cepcional importancia que tienen en

de Luis Vives

de

la

causa y

la

de

la

probabilidad. Fué, según creemos, el primeresucitó estas cuestiones, olvidadas
los

ro que en

la filosofía

moderna

desde

la

antigüedad,

y que en

tiempos actuales conmueven, más
la

que ningunas

otras, el edificio

de

metafísica tradicional. Luis Visí

ves no era escéptico,

como Enesidemo, pero

probabilista,

como

(i)

Id quoa

sensili est teciwn et qitasi convesíitum,

quod appelhmus sane senociilis

saium, Utm quiddam intimum esse necesse est quoa nec

nec ulli sensui est

ptrvium a quo manant

actiones et opera...

Ñeque enim vim aui facultatem aut po-

tentiam ipsam cernimtis, nec sensu ullo nsurpamus, quae in penetralibus sita est

cujusque rei quo non penetrani sertsus nostri hebetes. (De Prima Philosophia,

li-

bro

I.)

(2)

Quaecwnque res semel

est

ad terminum

illum essentiae sive naturae, sive

nostrum, est illud quod, quod nanciscitur ex essentia nomen.

174
Arcesilao.
la analizó

ENSAYOS DE CRITICA FILOSÓFICA

de un

No negó el carácter necesario de la relación causal; pero modo que recuerda las sutiles disecciones de los
merecido homenaje. Distinguió entre causas ciertas y (l), y dijo en términos expresos que sólo por la
al

lógicos ingleses, quienes por boca de Hamilton no han dejado de
tributarle el

causas inciertas

experiencia de los sentidos llegábamos
sas (2).

conocimiento de

las

cau-

Por donde se

v-e

que

el

pensamiento de Luis Vives, en
al

aquellas horas en

que más se parece

pensamiento de Bacón, no

habría retrocedido ni siquiera ante las últimas consecuencias de la
lógica inductiva, tal

como

Stuart Mili la presenta.
las

El estudio de

la

probabilidad fué una de

grandes novedades

de Luis Vives en Lógica, como Barthélemy Saint-Hilaire reconoce.

Su sentido de

la

probabilidad era
la teoría

el

de los antiguos académicos,
6 inducción socrática, que

combinado con
él

de

la

epagoge
la

amplió hasta convertirla en

inducción moderna.
las

De

esos pro-

cedimientos modestos y desdeñados; de

verisimilitudes,

con-

jeturas é hipótesis; de aquellos razonamientos que, sin aspirar á la

certeza ni á la evidencia, se contentan con ser
los

más
la

verisímiles

que

argumentos contrarios

(3),

esperaba

el filósofo

valenciano

el fu-

turo progreso de las ciencias,
lástica ni del ejercicio

mucho más que de
La
disputatio

esgrima escoél

de

la disputa.

que

recomen-

daba,
et

y sobre

la

cual

compuso un

tratado entero, es aquella tacita
el

vera cujtisque secum disputatio,
el

soliloquio callado

en en

cual la verdad suele dejarse oir

y sincero, mucho más claramente que
realidades

el conflicto

externo, en que

el

ánimo, perturbado por contrarios

afectos, difícilmente presta atención desinteresada á las

que van pasando ante sus ojos
(i)

(4).

«Todas

las ciencias se in\-enta-

Véase

el libro

11

De Prima

Philosophia.

(2)

Nos

vero

quoniam

experitnentis se?isuum

omnia collegimus, experimenta

vero sunt effecius et actiones, Jit ut sic
losophia, lib.
(3)
II.)

ad cansas pervenerimus. (De Prima Phiesse,

Probabile est quod cuique videtur ita
sit contraria.

non certa

et evidenti

ratione

sed verosimiliore quam

Inductio socrática argumentaíio est conforita deberé esse in hoc.

mis naturae: quum in
putatione, liber unus.)
{4)

aliis ita sit

quae sunt similia,

{De Dis-

Tacita et vera cujusque secum disputatio,

vam

in commissa illa et compailla interio-

rata quae est duorum, non terinde potest verum cerni ac excudi, ut in

DE LOS orígenes DEL CRITICISMO Y DEL ESCEPTICISMO
ron por medio de
la

1

75

epagoge ó inducción (dice en otra parte), y sus
el artificio

leyes se formularon aplicando

de la wíí«í^

(las

anticipa-

ciones ó catalepses) á los experimentos singulares que nos mostra-

ban

los sentidos (l),

ó á los resultados experimentales de nuestra

propia conciencia.»

¿Cómo, después de
criticismo subjetivo

tales afirmaciones, capitales todas

dentro del

concesiones á

la

y fenomenalista, pudo hacer Luis Vives tales metafísica tradicional, al dogmatismo aristotélico,
libros

no ya sólo en sus

de moral y de teodicea, sino aun en los
las

mismos De Prima Philosophia, donde tanto abundan
ciones kantianas?
construir
la
la

adivina-

No

por otro impulso que

el

que movió á Kant á
la

Crítica de la

Razón Práctica, después de
la

Critica de

Razón Pura. Luis Vives había formulado

misma

distinción en

su tratado

De Anima etVita, separando
cuyo

la ratio

speculativa,

cuyo

fin

es la verdad, de la ratio practica,

fin

es el

bien.
la

La primera
voluntad.

termina en
la ratio

misma;

la

segunda pasa y trasciende á

Y

speculativa tampoco es simple, sino doble: hay una ratio

speailativa inferior que se ejercita sobre los datos aportados por
los sentidos

ratio superior,

y elaborados por la fantasía y el juicio; y hay otra que es la verdadera razón pura, la única que es carazón práctica
entendimiento
la

paz de las intuiciones trascendentales {altiores seu magis abditas) (2).

Tanto

la
al

como

la

razón especulativa inferior

(que£quivale
kantiana),

más bien que

juicio en la doctrina

y sobre todo

razón especulativa superior, contienen,
fórmulas anticipadas y

según

el

gran

filósofo valenciano, camiones ó

re, conjliclii

enim externo mentís acies turbatur, vel affectionibus suscitaiis vel
sutil foris

atieniione
te

ad ea quae

Melius fit per res quae omnia
líber tmus.)

liqíiidius a?ile

oculos siaiuuni ac apertius.
(i)

(De Disputatione,

Tum

artes omnes sic inventae, ex singularibus experímentis qtiae settsus

ostenderunt, collecta arlls regula, mentís artificio, etsi non raro etlam illa

ad

so-

lum animum pertineaiit. {De Censara Veri in Enuniiatione, líber secundus.) Unde dúplex exlstil dlscursus, tratio speculatlvan cujus finis estveritas, (2)
et tratio practica-a cujus finis est

bonum: prior

sistit,

altera translt

ad volunta-

tem.

Et

speculatrlx non est simplex,
iis collectis

nam

est vel in verltatlbus

quae sensu aui

fhantasia aut ex
in
iis
II,

ratlonlbus llcet consequi, quae vocatur inferior, vel
quce.

quae sunt altiora seu magis abdlta,
cap.
IV.)

superior.

(De Anima

et Vita, li-

bro

176
previas,
cia (l).
sin

ENSAYOS DE CRÍTICA FILOSÓFICA
las cuales

no es posible

el

specimen de ninguna cien-

Pero,
práctica,

además de su reconocimiento de
y da
conjunto de su
filosofía

los fueros

de

la

razón

hay otra doctrina suya que salva á Luis Vives del escepal

ticismo

un

sello

más escocés que
y espontáneo, á
condi-

kantiano.

Me

refiero á su teoría del juicio natural
el

su

fe

inquebrantable en

testimonio inmediato de conciencia, que
la

es para los discípulos de Hamilton

forma fundamental,

la

ción genérica de todos los

modos de nuestra actividad mental, en
que no eran de
la

suma,
los

la

condición universal de su existencia. Luis Vives no emplea
ni conocimiento inmediato,

términos conciencia

lengua filosófica de su tiempo, pero describe largamente

el juicio

natural y afirma su carácter

infalible,

base de toda certidumbre.

Y

para que todavía parezca mayor su semejanza con los últimos
sofos de la escuela de

filóvl-(\-

Edimburgo, observemos que pone en

el

va^ro de los juicios naturales (no de las ideas innatas,

que jamás
pue-

admitió) el de la existencia del Ente Absoluto, principio de toda
realidad. El acto de conciencia es original, necesario:

no se

le

de invalidar

sin

contradicción. Esos juicios primitivos

y espontáhechos.,

neos que Hamilton llama conocimientos de primera mano,
creencias, sentimientos fundamentales, son para
él,

como

para Vives,

elementos esenciales de nuestra constitución mental: «suponerlos
falsos valdría tanto

como suponer que hemos
el

sido creados capaces

de inteligencia para que
es

error nos arrastrase siempre; que Dios

un engañador, y

el

fondo de nuestra naturaleza una monstruosa

(i)

Anticipationes et informationes quas
ei

non didicimus a

inagislris ve^ usu,

sed hausimus

accepimus a naiura

Verum non habei mens nostra ante corpas

erudiiiontm, sed

quum

conderetur, accepit propensiones

ad vera poUus qtiam ad
,

falsa, et ex propensione ac congnuniia, i-canonesT sive <formulas* quas si disci-

plinariim

omnium semina
solertia

libeai nuncupare, nihil equidem repugno,

nam quemad-

modum

in ipsa ierra

semina sunl a Deo indita stirpitan omnium, quos ipsa uliro

quidem proferat,

iamen diligentiaque hominum excoluniur redduníurque
,

ad usum

aptiora, sic in menie uniuscujusque semina sunt, iniiia, origines artium,

prudentiae, scienliarum omnium, quo fit ut

ad omnia nascamur

idonei, nec ullaest
edere,

ars aut disciplina

citjus

non specimen aliquod mens nostra possit
(Ib.)

rude qui-

dem

ei

malignum, sed aliquid iamcn.

,

DE LOS orígenes DEL CRITICISMO Y DEL ESCEPTICISMO
mentira»
(l).

1

77

Hay
el

aquí, á lo

menos en

apariencia,

un círculo

vicioso

indicado ya por Stuart Mili

en su controversia con Hamilton
la

puesto que

si

valor del testimonio de conciencia depende de
la

veracidad del Creador,

afirmación de

la

existencia

de éste no no se
trata

puede depender
de

del testimonio de conciencia. Pero aquí

discutir los puntos débiles del psicologismo escocés, sino únicalas ideas

mente de mostrar su absoluta conformidad con
menos, no puede ser
lectura filosófica,

de Luis

Vives en este punto capitalísimo: coincidencia que en Hamilton, á
lo

fortuita,

puesto que aquel hombre de inlos escolásticos

mensa

y que conocía hasta
cita

más
la

obscuros, hacía grandísimo aprecio de las obras de Luis Vives, á

quien más de una vez

en sus ensayos 6 Discussions sobre

Lógica, llamándole pensador tan profundo como olvidado.
verisímil parece

Menos

que

le

hubiera leído Kant,

hombre más cuidadoso

de su propio pensamiento que del ajeno; pero son tan notables y singulares algunas de las semejanzas aun en el tecnicismo, que tampoco nos atreveremos á negarlo, mucho más
si

se tiene en cuenta

(i)
fía

Vid. en las Disserlaiions on Reid,
la

la

primera, queversa sobre

la filoso-

del sentido común, y obsérvese
i.

extraña analogía que presenta con
Philosophia:

el

siguiente pasaje del libro

De Prima

Et humana quidem judicia

suní guaedam naturalia, suni alia sive taríificialiay sive larbitrariat, libeat
appellare, sive etiam ^consulta*. Naiuraliter dicuntur judicari qtiae ab ómnibus

eodem modo
et

et semper, ut qtiae

usurpantur a senstbus: item quoe a parte máxima^

ab

iis

quorum ingenium

iniegriim est ac recíum, id est plañe

humanum non

de-

pravatum
infectum

vel stupore vel educatione
et

quadam ferina, non
non potest
esse

stiidüs ac persuasionibus
et

detortum: artis, sive arbilrii, sive consilii sunt quae ab alus aliter

alias censentur.

Quod naturale

esi

ex falso, ñeque enim falsas de

rebus opiniones humanis ingeniis Deus indidit, nec potest certius esse veri argu-

mentum quam omnes

naiuraliter sic sentiré, nam si magni alicujus et sapientissimi viri auctoritas jure habet momenti plurimum, quanto habebit majus auctoritas

generis humani, et quidem a natura, verissimo ac certissimo ducef Vult

Deus nos

opus suum, veras de se ac rebus ómnibus habere sententias.

Y

más

adelante, adparet ergo a natura esse nobis inditum
in iis aperlissime se

Deum

esse

....

7um
omnc

quae sunt naturalia
excludunt. (De

produnt

quct repentina consilium

Prima
el

Philosophia, liber primus.)

Acerca de Vives,
la Encyclopaedie des

mejor trabajo que conozco es

el

de Lange, inserto en
ix,

gesammten Erziehungs und Unterrichtswesens, tomo

pá-

ginas 737 á 814.

Mbhéhoez

y PELAro.

Ensayos de crítica filosófica.

12

178

ENSAYOS DE CRÍTICA FILOSÓFICA
las

que

obras del filósofo español nunca han sido raras, sino

muy

difundidas por toda Europa, y que precisamente en los años inmediatos á la aparición de la Crítica de la
á llamar sobre ellas la atención

Razón Pura, había vuelto
una nueva y magnífica

de

los doctos

edición salida de las prensas de Monfort en Valencia (l).

Lo que no parece
padre de
ciones, es
la el

tan verisímil

que hubiera llegado á manos del
dada
la

moderna
libro del

filosofía crítica,

rareza de sus tres edinobili

médico Francisco Sánchez, De multum

et prima, universali scientia

quod nihil
(2),

scitur,

publicado por prime-

ra vez,

que yo sepa, en
la

1

581

pero escrito en 1576,

como
las
al

del

prólogo y de

dedicatoria á Diego de Castro se infiere. Del autor

de este

libro singularísimo pocas noticias tengo, fuera

de

que ya
frente

consignó su primer biógrafo y discípulo,

Ramón

Delasse,

de

la

colección de las obras médicas y filosóficas de Sánchez, que

se imprimieron juntas en Tolosa de Francia en 1636, noticias
luego, con poca variedad, reprodujeron Nicolás
bliotheca

que

Antonio en su Bi-

Machado en

Hispana Nova, Bayle en su famoso Diccionario, y Barbosa su Biblioteca Lusitana. Dícese, ignoramos con qué fun-

damento, que era de origen judío, y podemos afirmar que nació por los años de 1 5 52; su patria fué, según unos, la ciudad de Túy, se-

gún

otros, la

de Braga ó algún pueblo de su archidiócesis, en tiemla

pos en que distaba mucho de estar consumada

funesta excisión

moral de

la

Península, y en que todavía

el

metropolitano Bracarenlas

se disputaba á

Toledo y á Tarragona

la

primacía de

Españas.

Por motivos que no se indican, pero que algo tendrían que ver con
su condición de cristiano nuevo,
el

médico Antonio Sánchez, padre

(i)

Tan evidente
la

es la analogía entre algunos conceptos de nuestro filósoel

fo

y otros de

doctrina kantiana, que

mismo Kantpudo

leer impresa

una

tesis

de Schaumann [De Ludovico

Vive Dissertatio, Halae, 1792),

en que se

hace notar esta analogía y se considera á Vives como precursor de Kant.
ha sido imposible adquirir esta disertación, de
la cual

Me
de

sólo tengo noticia por

una referencia de Lange en su artículo ya Schaumann en uno de los apéndices de mi
fía del Renacimiento, Madrid, 1903. (A. B.)]
(2)

citado.

[Inserté la disertación

libro sobre Luis Vives

y

la Filoso-

No he

visto esta primera edición,

pero sé que existe en

las bibliote-

cas

de Tolosa y Montpellier.

DE LOS ORÍGENES DEL CRITICISMO Y DEL ESCEPTICISMO

1

79

de nuestro

filósofo,

hubo de

Burdeos, donde ejerció

y establecerse en su profesión con mucho crédito y donde era
la

trasladarse á Francia

grande

el

concurso de españoles y duraba aún

fama del insigne

humanista valenciano Juan Gélida, llamado por Luis Vives alter
nostri temporis Aristóteles.

Comenzó Francisco Sánchez
Italia,

sus estudios

en Francia y

¡os

continuó en

haciendo larga residencia en

Roma. Pero

el

campo

principal de sus triunfos fué la escuela médila

ca de A'Iontpellier en

cual se

graduó de doctor en 1573, y desde edad, una de

pués de haber sido ayudante del famoso médico Huchet, obtuvo en
brillantes oposiciones, á los veinticuatro años
las

principales cátedras de aquel gimnasio,

la

cual

desempeñó por

es-

pacio de once años. Las guerras civiles llamadas de religión

y

los

tumultos del tiempo de
asilo

la

Liga

le

hicieron abandonar aquel quieto

de

la

ciencia, refugiándose en Tolosa,
la

donde

vivió el resto
le

de

sus días, ocupado en

práctica de

la

Medicina, que
los setenta

granjeó es(l).

timación y honores. Murió en 1623, á

años de edad

(i)

Un

distinguido profesor del Mediodía de Francia, y buen amigo de

España, Mr. Henry Fierre Cazac, que

me

honra preparando una traducción

francesa de algunos de mis ensayos filosóficos,

me

ha comunicado, con fecha
la

de

14

de Mayo, algunos detalles biográficos de gran novedad, relativos á

persona de Francisco Sánchez, y que rectifican ciertas fechas tenidas hasta ahora por seguras.

Consta en

el libro

de Astruc Memoires pour servir a

Vhistoire de la Faculté de
español, vino

Médécme

de MontpelUer (París, 1767, 4.°),

que Francisco Sánchez,
tanto,

á estudiar Medicina á MontpelUer, y se inscribió por primera vez en los registros de matricula en
1573.

Es imposible, por

que en esa fecha se

hubiese graduado de Doctor. Astruc añade que se graduó en años sucesivos;
chez, terminada su carrera, pasó

pero no dice una palabra de su profesorado, y 6n cambio advierte que Sánde MontpelUer á Tolosa, en cuya Universiil

dad obtuvo una regencia ó cargo de regente dont
dhonneur.

s'acquilia avec beaucoup

La dedicatoria

del

Carmen

de Cometa (1578) está datada

de Tolosa, donde

Sánchez enseñó Filosofía veinticinco años, y Medicina por espacio de doce. Existe en la sala de Actos de la Universidad de Tolosa el retrato de Francisco Sánchez con
te
la

siguiente inscripción, que rectifica

la

fecha de su

muer-

admitida por todos los biógrafos, y que también admití yo en la primera edición de este discurso. La inscripción dice así: Franciscus Sánchez Lusitanus, antecessor regins saluberrimae facultatis medicinae, in

alma UnwersUate

to-

.

1

8o
hijos Dionisio

ENSAYOS DE CRÍTICA FILOSÓFICA

Sus
la

edición general de sus obras, que

y Guillermo Sánchez hicieron imprimir en 1636 comprende gran número de

tratados de Medicina, entre los cuales descuellan los tres libros

De

Morbis
la

internisy los

dos de

De

Febribus

et

Summa
Los

Anatómica en cuatro
de

libros, sin

earum synptomatibus, y hacer mérito de muchos

comentarios á Galeno y de una Censura de las obras de Hipócrates (i).

libros

filosofía

no son mas que cuatro y

muy

bre-

losona, profesor. Obiit

anno

MDCXXIÍI,
como

aetaiis suae

LXX. — Quid? Liberalium

ariium cathedram prius occupaverat.
El Quid? es

may

significativo
al

divisa escéptica, y ninguna otra tan
filósofo.

apropiada para ponerse

pie de

un retrato de nuestro

El cambio

de 1623 por 1636 se explica fácilmente por un trastrueque de
venido pasando de unos á otros escritores.

letras,

que ha

Sánchez dirigió por espacio de treinta años

el hospital

de Santiago (Hdttl-

Dieu St.-Jacques) de Tolosa, según
nes
8.°, 1S23).

la

Biographie Toulousaine (dos volúme-

Describiendo
está el de

el

retrato de Sánchez, conservado en Tolosa (donde también

Raimundo Sabunde), me

dice el Sr. Cazac, que piensa reproducir<léte ¡ongue avec une ex-

le al frente

de su versión francesa de este discurso:
et Philosophica...

pression dt finesse, qui ne excluí pas une certaine bonhomiet
(i)
4.°,

Opera Medica

Tolosae Tectosagum,

apud Petrum Bosc.

1636. Contiene:

De Pe De De De De

Aíorbis internis,
Febribifs ei

lib.

iii.

earum synptomatibus,

lib. n.

Venenaiis ómnibus

cum

signis ei remediis.

Purgatione, liber singularis.
Phlebotomia.
loéis in

Homine.
medicamenta, ad Tyrones.

Observationes in Praxi.

De formulis praescribendi
Pharmacopeiae,
lib.
iii.

De
bri
IV,

Theriaca.
li-

E.xamen Opiatorum, Syruporum, Pilularumet Elec tuariorum sohdorum

In

lib.

Galeni de pulsibus,

ad Tyrones Commentarii.

In ejusdem, librum <De differentiis morborum> Commentarii.

In ejusdem,

lib. i

De

causis Morborum-i.

In ejjísdem, <íDe differentiis synptomaíumi>. In ^De Causis Synptomattimf
,

lib.

m, Commentarii.

Censura in Hippocratis Opera Omnia.

DE LOS orígenes DEL CRITICISMO Y DEL ESCEPTICISMO
ves
(l);

l8l

tres de

ellos

comentarios 6 más bien observaciones escép-

ticas

sobre algunos tratados aristotélicos
la
el

como

el

De

divinaiione peí

somnium y
El cuarto

Physiognoniia (este último tenido hoy por apócrifo).

y

más importante de todos

es el

Quod nihil

sciiur,

obra

que, á pesar de tener
dez, ligereza
tura,

muy

pocas páginas y estar escrita con rapi-

y

gracia de estilo que ciertamente convidan á su lecel

ha sido hasta

presente
la

mucho más

citada que leída. El título

paradójico que su autor
los críticos,

dio ha extraviado á la

mayor parte de

induciéndoles á creer que se trataba de una declamación

contra las ciencias, semejante á la de Cornelio Agripa.
lejano de la

Nada más
médico de

mente de Sánchez que imitar

el

mal ejemplo de aquel

charlatán filosófico. Sánchez,
los

hombre de

ciencia positiva,

más famosos de su tiempo, matemático y astrónomo que no dudó medir sus fuerzas con el mismo Cristóbal Clavio, no iba á perder su tiempo en un vano ejercicio retórico: su escepticismo no

podía ser mas que propedéutica]

si

atacaba

la ciencia

de su

siglo,
él

era

para preparar los caminos á una concepción científica que

tenía

por más racional y ele\ada. Es cierto que de su sistema no nos que-

da mas que

la

parte negativa ó destructiva, pero

el

autor anuncia

constantemente que dará luego una parte positiva, y que el actual opúsculo sólo puede considerarse como introducción ó trabajo previo (2).

Dondequiera anuncia su formal propósito de intentar
Anatómica,
lib. iv.

la re-

Summa
In Lib.

De Lóngüudine

ei brtvitaie vitae liber.

Aristoíelis Physiognomicotí

Commentarius.

De divinaiione posi somnium, ad Quod nihil sciiur liber.

Arisiotelem.

De

estos cuatro tratados filosóficos se hizo edición suelta en Rotterdam.

A

estas obras

de Francisco Sánchez hay que añadir un tratado De Semine,
et

unas Objectiones

Erotemata

sttper

Geométricas Euclidis demonstrationes
el

ad

Cristophorum Clavium, y un libro en verso sobre
el

cometa que apareció en
Diccionario de Moreri:

(i)

año 1577. Consta que existieron otros
las ciencias,

tres, citados

en

el

Método universal de

en castellano; Examen Rerum, Tractatus de
el

Anima. Gran descubrimiento sería

de estos

libros,

que quizá existan aún

en alguna biblioteca del Mediodía de Francia.
(2)

Parturimus propediem notinülla
4).

alia, quibus

hoc praevium esse oportet

(página

Mihi namque

in

animo estjirmam

et fácilem

quantum possim scientiam

1

82

ENSAYOS DE CRÍTICA FILOSÓFICA
la

construcción de
sino en la

ciencia, basándola

propia realidad de

las cosas,

no en quimeras y ficciones, huyendo de imposturas,

sueños, delirios y prestidigitaciones filosóficas. Su

empeño

es no
la sín-

menor que

lo fué

luego

el

de Descartes: rehacer totalmente
1."

tesis científica,

mostrando:
ser el

Si es posible saber

alguna cosa, y

2° Cuál puede
novísima.

método que nos

lleve á esta ciencia segura

y

Hay, pues, mucho que decir sobre el escepticismo de Sánchez, y para comprender su verdadera posición científica conviene oirle
á
él

mismo, que
tratado:

la

expone con toda

sencillez

y

lisura

en

el

prólogo

de su

«Innato es en los hombres

el

deseo de saber, pero á pocos es
esta parte

concedida
de
la

la ciencia.

Y

no ha sido en
los

mi fortuna diversa
fui

del

mayor número de
la

hombres. Desde mi primera edad
la
al

inclinado á

contemplación de

naturaleza

mente sus
tiempo

secretos.

Y

aunque

y á inquirir menudaprincipio mi espíritu, ávido de

saber, solía contentarse con cualquier solución, no se pasó
sin

mucho
ali-

que

la

saciedad

me

obligase á arrojar tan indigesto

mento. Comencé entonces á buscar algo que mi mente pudiese

comprender con exactitud, y en cuyo conocimiento pudiese reposar, pero no encontré nada que llenase mis deseos. Revolví los
libros

de

los antiguos, interrogué á los doctores presentes:

unos

me

respondían una cosa; otros, otra; nadie

me daba

respuesta que ver-

daderamente me

satisficiese.

Confieso que algunos sistemas mostra-

ban
la

ciertas

sombras y

lejos

de verdad, pero en ninguno encontré

ces

recto y sincero sobre las cosas. Entonmi mismo y comencé á poner en duda todas las cosas como si nadie me hubiese enseñado nada, y empecé d examinarlas en sí mismas, que es la única manera de saber algo. Me remonté hasta los primeros principios, y cuanto más pensaba, más

verdad absoluta,

el juicio

me

encerré dentro de

fundare: non vero chimoeris

ei ficüonibus

a rei veritate

alienis,

quaeque ad osten-

dendam
plenas...

soluin scribentis ingenii stibtilitatem,

non ad docendas res comparatae suní

Hoc

ego non scientiatn voco, sed imposturam, somnium, simile his quae

ab agryrtis

ei circulatoribus fiunt...

Interim nos ad res examinandas accingentes,

an aliquid

sciahir eí qiiomodo, ¡Helio alio praepoiiemus: quo
,

methodum sciendi

quantum fragi litas humana patitur txponemus (pág.

137).

DE LOS ORÍGENES DEL CRITICISMO Y DEL ESCEPTICISMO

1

83

dudaba; nunca pude adquirir conocimiento perfecto
ciones de desesperar, pero
persistí; volví

(i).

Sentí tenta-

á acercarme á los Maestros

y

les

pregunté por

la

verdad.

¿Y qué me

contestaron? Cada uno de

ellos se había

construido una ciencia con sus propias imaginaciones ó

con

las ajenas;

de

ellas inferian

consecuencias, y de estas consecuen-

cias otras

y

otras, sin atender á las cosas
sin

mismas, de donde resulta

un laberinto de palabras

fundamento alguno de verdad, y en vez
los

de una recta interpretación de un de
tejido

fenómenos

naturales, se nos ofrece

de fábulas y ficciones que ningún entendimiento sano pue¿Quién ha de comprender entidades que no existen:
las ideas

recibir.

los

átomos de Demócrito,
ras, los universales

de Platón,
el

los

números de Pitágo-

de Aristóteles,

intelecto agente?

Con

este

cebo pescan á

los ignorantes,
la

prometiéndoles que

les revelarán los

recónditos misterios de

Naturaleza. Los infelices lo creen, vuelan
los leen
el

á coger

los libros

de Aristóteles,

y releen,

los

aprenden de
recitar el

memoria, y es tenido por más docto
llaman blasfemo;
le

que mejor sabe
allí

texto aristotélico. Si les niegas algo de lo que
si

se contiene, te
sofista. ¿-Y

arguyes en contra, te apellidan

qué

vas á hacer? Si quieren vivir eternamente engañados, que vivan

en buen hora.

No

escribo para tales hombres, ni

me

importa que

lean ó no lean mis escritos.

No

faltará entre ellos
el

alguno que, leyénla

dolos y no entendiéndolos (porque
lira?)

asno ¿qué sabe del son de
le

querrá herirme con venenoso diente. Pero

sucederá lo que

á

la

culebra de la fábula de Esopo, que quiso morder la lima

y

sólo

consiguió quebrarse los dientes.

Yo me

dirijo tan sólo á aquellos
las palabras

que están acostumbrados
maestro y á examinar
los sentidos
las

á

no jurar en

de ningún
criterio
tal

cosas por

propios, sin
seas,

más
con

que

gas

la

y la razón. Tú, quienquiera que misma condición y temperamento que
el

que ten-

yo;

tú,

que tantas venaturaleza de

ces en

secreto de tu alma habrás

dudado sobre

la

las cosas,

ven ahora á dudar conmigo; ejercitemos juntos nuestras

(

I

)

Ad me
nihil

proinde memeiipsitm

retuli,

omniaque in

diibio revocans,

ac

si

a

quopiam

unquam
cogito,

dicium, res ¿psas

examinare

caepi: qui veras est sciendi

modas. Resolvebam usque ad extrema principia. Inde initium contemplationis faciens, qtio

magis

magis dubiio,

nil perfecie complecii possum (pág. 6J.

104

ENSAYOS DE CRITICA FILOSÓFICA

facultades mentales;

mi

juicio será libre, pero

no será

irracional.

Y

ahora
tantos

me
y
ti?

preguntarás: ¿qué novedad puedes traernos después de
la

tan ilustres sabios? ¿por ventura

verdad

te estaba

espe-

rando á
les

No me ha

esperado, ciertamente, pero tampoco antes

había esperado á
callar
la

ellos.

Porque Aristóteles haya

escrito,

¿me he
poder

de de

yo? ¿Por ventura Aristóteles llegó á apurar todo

el

naturaleza 6 á abarcar todo el ámbito de los seres?

No

lo

creeré,

aunque

me

lo

prediquen algunos modernos, doctísimos en
al

verdad, pero exageradamente adictos

Estagirita hasta llamarle
el

dictador de

la ciencia.

En

la

república de las letras, en
la

tribunal

de

la

verdad, nadie juzga, nadie tiene imperio, sino

verdad missutiles

ma.

Yo

tengo á Aristóteles por uno de los más agudos y
la naturaleza,

escudriñadores de
nios

y uno de

los

más admirables

inge-

que ha producido

la débil

naturaleza humana, pero afirmo

que

ignoró muchas cosas, que en otras muchas anduvo vacilante, que

enseñó no pocas con gran confusión, otras
otras las pasó en silencio ó

muy

sucintamente, que

no se atrevió á

tocarlas.

Hombre

era lo

mismo que

nosotros,
la

y muchas
los

veces, contra su voluntad, tuvo

que

dar muestras de

flaqueza humana. Tal es nuestro juicio. Suceden

tiempos á tiempos, y con
los

tiempos se

mudan

las

opiniones de
la

hombres; cada cual de
así

ellos cree

haber encontrado

verdad,

siendo

que de mil que opinan variamente, sólo uno puede estar
Séame, pues,
hacer
la

en

lícito, lo mismo que á los demás, y con misma indagación; quizá encontraré la verdad. Más fácilmente cogen la presa muchos perros que uno solo. Y

lo cierto.

ellos

ó sin

ellos,

no
á

te

admire que después de tantos y tan
esta piedra, pues
los lazos

ilustres

varones venga yo

mover

no será
al

la

primera vez que un ratoncillo

rompió

que sujetaban
la

león.

Y

no por eso
las

te

prometo

la

verdad, porque yo

ignoro lo

mismo que todas

demás
si

cosas;

pero te prometo inquirirla en cuanto yo pueda, para ver

sacán-

dola de las cavernas en que debe estar encerrada, puedes tú perseguirla en

campo

raso

y

abierto. Pero
ni

tampoco tengas muchas

es-

peranzas de poder alcanzarla nunca,

menos
fin;

detenerla: conténtate,

como

yo, con perseguirla. Este es mi
el

éste es

mi objeto; éste

debe ser también
las cosas,

tuyo.

Empezando, pues por
los

los principios

de

vamos á examinar

fundamentos que han puesto á su

DE LOS ORÍGENES DEL CRITICISMO Y DEL ESCEPTICISMO
doctrina los

1

85

más graves

filósofos.

Pero no

me

detendré mucho en

cuestiones particulares, porque quiero

llegar

pronto á exponer
la

aquellas nociones filosóficas que sirven de
cina,

fundamento á

Medi-

de

la

cual soy profesor. Si quisiera recorrer todo el vasto

campo de
bir asíl

la ciencia, la

vida

me
me

resultaría

muy

corta.

No

esperéis

tampoco de mí un

estilo culto

y adornado.

¡Ojalá pudiera

yo

escri-

pero entretanto que
la

pusiera á escoger las palabras y á

buscar giros elegantes,
nos.
Si

verdad se

me

escaparía de entre las
la

ma-

buscas elocuencia, pídesela á Cicerón, que
bastante bien habré escrito
si

tenía por

oficio; 3'o,

escribo la verdad.

Eso de
para

bellas palabras

quédese para los poetas, para

los cortesanos,

los amantes, para las meretrices, para los rufianes, aduladores, parásitos
el

bien hablar.

y otras personas semejantes á éstas y que precian en mucho Lo que á la ciencia le basta y lo único que en cienpropiedad de lenguaje.
gran reverencia con

cia se requiere, es la

Tampoco me

pidas

muchas autoridades
esto

ni

los

Maestros, porque

más bien

píritu libre

turaleza.

sería indicio de ánimo servil é indocto, que de un esy amante de la verdad. Yo sólo tengo por guía á la naLa autoridad manda creer; la razón demuestra; aquélla es
fe,

más

á propósito para la

ésta para la Ciencia.»

El pasaje es ciertamente largo. Pero ¿no es verdad, señores Académicos, que no tiene desperdicio? ¿Habéis leído alguna página del
siglo XVI escrita

con mayor libertad

filosófica

que

ésta.'

¿No

es

verdad

que en
insular

ella

aparece retratado de cuerpo entero nuestro
el

filósofo

pen-

con todo

bizarro desenfado de su estilo, con toda la arro-

gancia retadora de su espíritu conquistador y aventurero, marcado
tan hondamente con
el sello el

de

la

raza?
la

¿No

es cierto

que

al

pasar

por los labios de Sánchez

verbo de

emancipación

filosófica

pro-

clamado por Vives, Gómez Pereira y Huarte, parece como que adquiere un sabor más acre, una nota más aguda, y nos suena como
clarín estridente
záis á
es.

en medio de

la

algazara de

la

batalla?

Ya comenfilo-

vislumbrar por qué es escéptico Sánchez y en qué medida lo
ni

Él nos ha dado, sin ambajes

rodeos, su profesión de duda

sófica.

Y observadlo, señores:

esas palabras con que P'rancisco Sánla filo-

chez en 1576 nos declara que después de haber pasado por
sofía de las escuelas,

y por un período en que

le

invadió lo que

1

86

ENSAYOS DE CRÍTICA FILOSÓFICA
el tedio

Kant llama

de pensar, buscó una tabla á que asirse en
,

el

naufragio de todas las tesis dogmáticas

y

se encerró dentro

de su

propia conciencia y empezó á dudar de todo, hasta de los primeros
principios, son, punto por punto, las

mismas con que Descartes
el

había de encabezar en 1637 su Discurso sobre
ñores,

método.
el

Y ved, setomando
que con

cómo cada
la

día resulta

más evidente que
la filosofía

cartesianismo se

formó en gran parte con despojos de

española:

de Sánchez
cia;

duda metódica y

el el

replegarse en propia concien-

tomando de Gómez Pereira
silogismo ó

razonamiento
es

inicial

nombre de
psicológico.

entimema no

más que

la

afirmación

espontánea del hecho primitivo de conciencia, base del método

No
libro

esperéis de mí, ni cabe en los límites de este discurso,

que ya

va adquiriendo desusadas proporciones, un análisis completo del

de Sánchez.

Muy

corto

es,

pero no hay en

él

palabra perdida;

para mostrar toda su originalidad habría que pesarlas una tras otra.

Además,
tesis

este trabajo ha sido
la

ya brillantemente realizado en una

alemana, á

cual

me
(l)-

remito para todos los desarrollos que

aquí se echen de

menos

A

mi propósito baste indicar aquellos

puntes cardinales que, separando á Sánchez del escepticismo vulgar,
lo

convierten en verdadero precursor del criticismo positivista.
le

Otros pensadores, especialmente españoles, y también italianos,
habían precedido en sus violentos ataques contra
el

principio de
la

autoridad escolástica, en sus valientes afirmaciones de
científica

autonomía

y de

los

fueros del propio pensar, en su guerra contra
si

Aristóteles,

y aun

se quiere en su anticipado cartesianismo (2).

(i)

Franz Sánchez. Ein Beitrag
zeii.

ztir Gescltic/iie

der philosophischen Be'u;e^in-

gen im Anfange der naieren

Von Dr. Lttdwig Gerkrath, Privat-Docenien
1

der Philosophie an der Universitai zu Bon. Mien,
(2)

860, Wilhelm Braumüller, 4.°
fugitiva, sino resultado
la insistencia

Que
al

éste

no es en Sánchez una indicación
lo

de

una posición habitual de su espíritu,
vuelve

demuestra

con que

asunto en varias partes de su libro. Ot vero ad res me convertí, iunc

rejetta in totum priore fide potius

quam

scieniía, eas

examinare
scire

coepi,

ac si nun-

quam a

qjiopiam dictum aliquid fuisset:

quumque antea

mihi videhatur, tam

tune ignorare ei in dies magis: eoque usque res
scire posse sperem: quoque

duda

est,

ut nil scire videam vel
132).

magis rem coniempUr, magis dubiio (pág.

)

DE LOS ORÍGENES DEL CRITICISMO Y DEL ESCEPTICISMO

1

87

Pero

la

originalidad de Sánchez consiste en ser
á

un escéptico empeal

dernido en cuanto
los

toda realidad metafísica superior
los resultados

mundo de
la ciencia

fenómenos, y un fogoso creyente en

de

experimental,

como no podía menos de
la

serlo

un tan célebre anató-

mico como

él,

que, según refiere su biógrafo, había formado una esdisección de los cadáveres

pecie de sociedad secreta para hacer
del hospital de Toiosa (l).

Un

tan aventajado discípulo

y émulo de

Vesalio, de Servet, de Realdo

Colombo y de

Fallopio no podía

profesar, en cuanto á las ciencias naturales, aquella

manera de gro-

sero y plebeyo escepticismo que tanto ofende en las paradojas de

Cornelio Agripa. Tenía que ser un escéptico empírico,

como

lo fue-

ron los médicos alejandrinos sucesores de Enesidemo, como
por ejemplo, Menodoto,
el

lo fué,

adversario de Galeno.
las

A

primera

vista,

nada más radical que

primeras afirmaciones

de Sánchez:

ni siquiera está

seguro de que no sabe nada; se limita

á conjeturarlo

vehementemente de
la

mismo y de

los

demás
si
si

(2).

No

podemos conocer

naturaleza de ninguna cosa
la

nocemos, ¿'cómo ha de ser posible

Y demostración? Y
(3).

no

la co-

no pode-

mos demostrar
tenemos
la

nada,

¿cómo nos atrevemos á
las

definirlo? (4).

¿Cómo

audacia de poner nombres á
el

cosas que ignoramos?

Cuando

se define

hombre «animal
paso

racional mortal», ¿qué quiere

decir animal., qué quiere decir racional,

qué quiere decir mortal}

No
que

se

puede

salir del

como no

diferencias superiores, hasta llegar al
significa,

sea definiendo por géneros y Ente último, que nadie sabe lo

pero que ya no se define, porque no tiene género su-

perior.

Ente, sustancia, cuerpo, viviente, animal, hombre..., palapalabras.

bras

y

¿Qué quiere

decir «cualidad»,

qué «naturaleza,

alma, vida»? Cada filósofo entiende estos términos á su modo,

y

los

(

1

Dtím secreto conclavi defuncía nosocomii Tolosani corpora

dissecaret.

(2)

Nec unum hoc
12).

scio

,

me

nihil scire: conjector

lamen nec me nec

alios (pá-

gina
(3)

Rerum naturas

coguoscere non possumus, ego saltem. Si dicas
est (pág. 13).

te bene,

non

coniendam, falsum tamen
(4)

Quod
II).

si

non cognoscamiis, quo pacto demonstrabimus ? Nullo. Tu tamen

diffinitionem dicis esse quae rei

naturam demonstrat.

Da

mihi unam.

Non

¡tabes

{página

lS8

ENSAYOS DE CRÍTICA FILOSÓFICA

hace servir á su propósito.
gar,

Y

si

queremos guiarnos por
ni

el

uso vul-

tampoco encontramos uniformidad
es,

concordia.

Sánchez
las

por consiguiente, un nominalista acérrimo, para quien

palabras no son

más que signos de

sensaciones. Pero ^hemos de
la ciencia? Sí

creer por eso que no tenga un concepto de
tiene,

que

le

y

es cardinal en su filosofía; pero antes

de llegar á
est

él,

empie-

za por analizar

y rechazar

el

de Aristóteles scientia
:

habitus per

demonstrationem acquisitus. «Es definir

lo

obscuro por

lo lo

más obsque
es el

curo» (dice nuestro
hábito que lo que es

filósofo):

todavía entiendo

menos

la ciencia.

Y volvemos
serie larga

á enredarnos en la serie
el

de

los

predicamentos para venir á parar en

consabido Ente.

Y

¿•qué

son los predicamentos?

Una

de palabras inventadas

para que los lógicos disputen eternamente sobre su orden, sobre su

número, sobre sus diferencias y propiedades, sepultándose á sí propios y á los míseros oyentes en un caos profundísimo de inepcias,
de que está llena
la

misma

lógica de Aristóteles,

y mucho más

las

dialécticas posteriores.

A

esto se añade
la

la ficción aristotélica

de los

universales,

no menos vacía que

de

las ¡deas platónicas;

y esa

nueva quimera del entendimiento agente, abstrayente ó iluminante,

que más bien llamaríamos
rinto

obscureciente.
los

Así se forma todo ese labe-

de disputas eternas sobre

términos equívocos, unívocos,

análogos, denominativos, de primera intención, de segunda intención, categoremáticos, sincategoremáticos

y

otras innumerables de-

nominaciones. ¡Y á esto llamamos ciencia!
el

En

vez de perfeccionar

entendimiento, educamos generaciones de insensatos; en vez de

investigar las causas de los
el

fenómenos naturales,
las

las

inventamos, y

que

las multiplica

más y
de

hace más obscuras, pasa por más

sabio; una ficción resuelve otra ficción,
clavo.

y un

clavo impele otro

Más que

ejercicio

filósofos,

parece escamoteo de prestidi-

gitadores ó nigromantes.»

«¿Y cómo hemos de creer (prosigue Sánchez) que
ción pueda fundarse en
el

la

demostra-

silogismo?

Me dirás,

[oh, escolástico!,

que

soy blasfemo y que merezco ser apedreado. Tú sí que mereces palos; por dejarte engañar con tales trampantojos. Anda, pruébame

que
«el

el

hombre

es

un ente:
la

Y

empezáis á discurrir de este modo:
el

hombre

es sustancia,

sustancia es ente; luego

hombre

es

DE LOS ORÍGENES DEL CRITICISMO Y DEL ESCEPTICISMO
ente».
tanto,

1

89

Y
el

yo dudo de
la

lo

primero y dudo de

lo

segundo, y, por

dudo de

conclusión.

Y

tú sigues
el

probando: «el hombre es

cuerpo,

cuerpo es sustancia, luego
la

hombre

es sustancia».

Y
es

yo dudo de

mayor y de

la

menor.

Y tú

continúas: «el

hombre

viviente, el viviente es cuerpo; luego el

hombre

es cuerpo».

Y

como

prosigo en mis dudas,

me

lanzas este otro silogismo: «el

hombre

es animal, el animal es viviente; luego el

hombre
es

es vivien-

te». [Dios mío,

qué fárrago para probar que
la

el

hombre
lo

un

ente!

La prueba

es

más obscura que
lo

cuestión.

Y á todo esto

continua-

mos ignorando
lo

que

es ente, lo

que es sustancia,

que es vida,

que es animal y lo que es hombre. ¡jQué has adelantado con tus silogismos? Tan dudosa has dejado la demostración como estaba al
principio,

y aun

recelo

que ese Ente de que hablas haya quedado
ti

tan en

el aire,

que nos aplaste á

y

a

mí en su

caída. ¿Para

qué quie-

res engañarte

y engañarme con

esas concatenaciones de términos

verbales? Confiesa,

como

yo, que no

sabemos una palabra. Todos
la

esos grados intermedios no sirven
te

mas que para confundir

mense

y disimular
el

la

ignorancia. Casi todo eso

que llamáis Metafísica

reduce á puras definiciones nominales. Ignorando
nora
tes.

las partes se ig-

todo,

y

la

verdad es que no sabemos
la

ni el

todo

ni las

parlos

Pero yo tengo

ventaja de confesar mi ignorancia,

como

escépticos, académicos

y

pirrónicos,
si

excelente varón llamado Sócrates,

y como aquel sapientísimo y bien éste, á mi entender, afirdemás. Sin duda por eso no

demasiado cuando
lo

dijo

que no sabía nada, puesto que en rigor
los

ignoraba esto
escribió

mismo que todos
letra,

nunca una

y

yo,

mirándolo bien, debía seguir su

ejemplo, pues ¿qué cosa podré decir que esté libre de error ó de
falsedad?

Todas

las

cosas

humanas me parecen sospechosas, empe(l).

zando por estas mismas que voy escribiendo
ré, sino

Pero no

me

calla-

que diré libremente que creo ó sospecho que no sé nada,
tú, ¡oh, lector!,

para que

no

te fatigues

en \'ano esperando que al-

gún do

día vas á obtener la verdad;

y

si

después de haberte enseña-

esto llego á descubrir algo de lo que la naturaleza nos encubre,

(1)

Mihi enim humana omnia

siíspecta stint, et haec ipsa,

quae scribo modo

(página 23V

igO
ni

ENSAYOS DE CRITICA FILOSÓFICA

aun de este descubrimiento

me

todo es vanidad,

como

dijo el

cuidaré mucho, porque, al fin, hombre más sabio de este mundo.»

En suma, que
sible,

la ciencia,

suponiendo que en algún
ni

modo
ni

sea po-

no se obtendrá nunca

por método deductivo

por de-

mostración. La demostración es un sueño de Aristóteles, tan sue-

ño como

la

República de Platón.

No

existe ni es posible

demostra-

ción alguna. El silogismo no ha servido para fundar ninguna ciencia,

sino para echarlas a perder
la

y confundirlas todas
contemplación de
la

(l).

Sirve sólo

para apartar los hombres de
larlos é iludirlos

realidad y bur(2).

con sombras y apariencias engañosas

Sánchez declara que de Aristóteles y de sus discípulos nunca sacó su espíritu más positiva ventaja que la
resolución, Francisco

En

de moverle con sus contradicciones y dificultades á «huir de ellos y á refugiarse en la realidad de las cosas» (ad qiiamlibet rem contem-

plandam me accinxi... üs dimissi ad
turus).

res confugi, inde iudicium peti-

«La ciencia no

está en los libros, sino en las cosas.
el

El que
sino

me
que

muestra alguna con
ejercita la potencia
le

dedo no produce en mí

la \'isión,

visual para

que se reduzca á acto.» Gran
el

necedad

parece á nuestro escéptico
necesaria

suponer que

la

demostra-

ción puede tener fuerza

como

derivada de principios

eternos é inviolables, cuando, en primer lugar, es dudoso que tales
principios existan,

nosotros, que

y si existen son enteramente incógnitos para somos seres corruptibles y sobre manera viciables en
ciencia,
si

poquísimo tiempo. La verdadera
existe,

es

que alguna ciencia
si

ha de ser ciencia libre y nacida de libre entendimiento, y
la

no percibe
por

cosa en

misma, tampoco

la

percibirá obligada
(3).

los artificios dialécticos

de ninguna demostración

(i)

Ntílla his

unqnam parta
.

scieniia, iino deperditae

multae iurbataegue sunt

horum causa
(2)

(pág. 25

Tanta horum

esi stupiditas, scietitiaeque

Imjus syllogisiicae arguties, subti-

litasque, ut rebus in iotiim obliiis,
(scientiae) in rebus
est

ad umbras

se convertani (pág. 26.) Aliae sublile es/

enim

fundaniur: haec vero figmentum
revocet, in

nullmsque

usus...

guae homines a renim contetnplaiione

deque detineat (pág.

26).

(3)

Et

illud mi/ii

siuHum admodum videlur quod quídam astruuni, demonsei inviolabilibtis

trationem ex aeiertiis

necessario concludere et cogeré:

cum forqui

sam

ialia nulla sint,

aut

si

quae

sint, nobis

omnino incógnita ut

talia sunt

DE LOS orígenes DEL CRITICISMO Y DEL ESCEPTICISMO

IQt
tal

A

veces

el

menosprecio de

la

ciencia escolástica llega á

pun-

to en Francisco Sánchez, que, dirigiéndose á su interlocutor su-

puesto,

le

exhorta á que abandone

el

pueril ejercicio

de juntar

absurdas proposiciones para construir un silogismo bárbaro y se de-

dique á cualquier arte liberal ó mecánica, porque un buen arquitecto,

un buen

curtidor,

un buen zapatero, y hasta uno malo y remen-

dón, valen más que un inepto filósofo. Pero su

humorismo

escépti-

co

le

impone en seguida una salvedad

necesaria: «tú no

me puedes

entender, porque no sabes nada, y
todo,

tampoco

te podría persuadir

de

como yo también lo ignoro ello, por mucho que me empuede
existir

peñara».
Pero, en último caso,
si

la

ciencia existe, ó

en lo

sucesivo, nunca habrá de ser un fárrago de conclusiones dialécticas

y de especies
aliud est

varias, sino

una visión interna

(scientia autetn nil

quam

interna visio), una intuición directa de las cosas sin-

gulares 6 individuales.

De

aquí se infiere, y Sánchez lo deduce con

su rigor nominalista y fenoménico, que la ciencia sólo
ciencia de cada cosa en particular

puede ser
así

como de cada
percibir á

objeto no se

y no de muchas da mas que una visión
Pero

á

un tiempo,

(l).

No

es posi-

ble entender perfectamente dos cosas á la vez,

un tiempo dos

específica ó

como no es posible como todos los hombres, nominalmente, son un hombre solo, también la visión
objetos.
así

se llama una,

aunque sea de muchas

cosas,

visiones á un tiempo.
ciencia sola,

Y

así

podemos

decir que

y aunque sean muchas la Filosofía es una
cosas, cada una

aunque

sea contemplación de

muchas

de
ta,

las

cuales exige antes particular contemplación.

en rigor, para todo
«Para mí,
la

la ciencia.

Una ciencia basel mundo, y todo el mundo no basta para menor cosa de este mundo sería materia de
la

contemplación para toda

vida,

y no por eso tendría yo
los

la

espe-

ranza de haberla conocido bien. Créeme: muchos son

llamados

¿um máxime

corrupiibiles^

parxoque admodum iemporc violabiles mjiltum simus. quae
essei, libera csset, et

Quare contra vera

scientia, si

a ¡ibera mente, qiiae si
28).

ex se non percipiat rem ipsam, millis coacia devwnstrationibus percipiet (pág.
(i)

Ünius enim rei solum scieniia
est scientia, nec plurium simul,

solum
jectí

Imo uniuscujusque reí per se guemadmodum ei unius solum cujusque obesse potest.

'oisio

una (pág.

30).

192

ENSAYOS DE CRITICA FILOSÓFICA

y pocos
lizar

los escogidos, y si quieres hacer la prueba, ponte á anaun insecto y verás lo poco que llegas á saber» (l). La ciencia no puede ser un ejercicio de memoria, aunque la meni

moria sea necesaria para conservarla;

podemos afirmar que su
rigor, ni

objeto esté en nosotros, puesto que nuestras mismas facultades nos

son imperfectamente conocidas, y nada sabemos, en

de nues-

tro cuerpo, ni de nuestra alma, ni de nuestra inteligencia, ni de las

imágenes de nuestra

fantasía (2). Existan

ó no existan
la

las cosas,

y
la

respondan á
ser

ellas sus
ni

imágenes ó no respondan,
visión,

ciencia

no puede

un hábito

una cualidad, sino una
la

un acto simple de
(3).

mente, un acto perfecto desde

primera intuición

Y

esto no

por

la

reminiscencia platónica, que Sánchez combate largamente
las

con razones análogas á

de

los peripatéticos,

ni

porque en esa

intuición vaya envuelto el conocimiento de las causas, que en bue-

na doctrina escéptica son totalmente inasequibles,

como

nuestro
final
la

autor inculca en repetidos lugares, así respecto de la causa

como de
(lo

la eficiente;

no porque

lo relativo

pueda conocerse bajo

categoría de ¡o absoluto, que es incomprensible é ininteligible en

incondicionado de Hamilton, lo incognoscible de Herbert Spen-

cer), ni

porque tengan valor alguno
ni

los socorridos

conceptos de

materia y forma,
te

porque sea

lícito

decir con Aristóteles que exisla

una ciencia indemostrable de

los

primeros principios, porque

ciencia,

dado que

exista, tiene

es el entendimiento

y uno

el

que ser una y no múltiple, como uno acto de la intuición (4). La ciencia no
Mihi

(i)

Sufficit evim tina scieniia toíi orbi, nec tamen toius hic ti sufficit.

vel mínima

mundi res

toiius viiae contemplationi sai siiperque est, nec

iamen tán-

dem eam spero m^
contemplare,
(2)

nosse posse.

Quomodo

igUiir toi scire unus
ie ipso

homo valeat? Imo, rem aliquam

crede mihi, mulli sunt vocati, pauci vero electi: i»

experire,

vermem

sivelis, eius

animam:

nil captare possis [péig. 30).
esse,

Non tamen

inde colligilur in nobis omnia

imo contrarium: cum sane

in nobis corpus, anima, intellectus, facultates, imagines,

plura quae tamen neuíi-

quam perfecte cognoscimus
(3)

(pág. 31).
est,

Scieniia qualitas non

nisi visionem qualitatem diceri velis: potius

mentís actio simplex, quae vel primo intuitu perfecta esse potest (pág. 32).
(4)

Deinde quid scieniia aliud

est

quam
una

intellectus reí? tune

enim scire aliquid

dicimus cum id intelligímus. Sed nec verum est duplicem esse scientiam: una enim
et simplex esset, si

quae

esset, sicut et

visio.

DE LOS orígenes DEL CRITICISMO Y DEL ESCEPTICISMO

1

93

puede

ser otra cosa

que

<el

conocimiento perfecto de

la

cosa»

(scientia est rei perfecta cognitio).

Y

¿qué es

el

conocimiento? Sán-

chez confiesa que no se atreve á definirlo. Llamarle comprehensión,
percepción, intelección, no es

mas que acumular sinónimos. No hay
cual dentro de

más remedio que encerrarse cada
El pensamiento
escépticos
(l).

testifica

de

propio, aun ante los

mismo y pensar. más declarados

Y

aquí surge una nueva fuente de discusión.
tú, del

Yo

res-

pondo de mi propio conocimiento;
pleito? ¿Quién

tuyo. ¿Quién fallará este
el

podrá discernir cuál de estos conocimientos es

verdadero? Nadie.

Y
es

entonces se

me

dirá (prosigue Sánchez): «¿Por
sé: lo

qué

escribes.^
lo

Escribo para decir lo único que

que yo pienso». hay que

Y

que piensa

que en

el

problema

del conocimiento

distinguir tres términos: la cosa
el ente

que ha de

ser conocida {res scienda),

nitio ipsa).
nitas,

que conoce (ens cognoscens), y el conocimiento mismo (cogLas cosas susceptibles de ser conocidas serán quizá infilos individuos, sino

no sólo en

en

las especies.

Por

lo

menos

nadie puede afirmar que su número sea limitado.
las antinomias: ni

Y

no paran aquí

tenemos derecho á decir que
múltiple. Nadie

la

materia sea una,
los espí(2).

ni

tampoco que sea

puede demostrar que
los

ritus

no tengan su materia propia, aunque

llamamos simples
el

Es

la

misma duda de Locke, que

llevaba en

germen todo

mate-

rialismo del siglo pasado.

Renunciando generosamente á

la

resolución de tan arduos prola ciencia,

blemas, Sánchez se limita á consignar que los objetos de

aunque sean múltiples, están enlazados entre

por cierta ley de

conexión ó de asociación, que hace que todas las ciencias se presten

mutuos

servicios

minio de

las otras,
las

y hagan continuas excursiones las unas en el dono porque exista una ciencia superior que pueda

dar leyes á

parecen conspirar

demás y resolver sus conflictos, sino porque todas al mismo fin (omnia tamen in unum conferunt),
el

y

«es indecible

encadenamiento de todas
Extrtmum remedium:

ellas {indecibilis

omnium

(1)

Quod

inferent?

tu tibi ipse cogita. Cogitas ti, mente-

que forsan cognitionem apprehendisti- sed nil minus. Ego eiiam mihi, comprehendisse videor (pág. 4
(2)
1

).

Qui?i et

an non

spiritibus propria est materia, quamvis simplices dicantur?

Sane (pág.

45).
r Pzi^íTO. —Ensayas de critica filosófica,
13

Mbnkndez

194

ENSAYOS DE CRITICA FILOSÓFICA

concatenatio). Cabe, pues, cierta

manera de

síntesis científica,

pro-

visional á lo

menos, que nuestro pensador no llegó á formular, re-

servándola sin duda para libros posteriores. Pero lo que en éste
afirma es que semejante síntesis estará siempre

muy

lejos

de

la

una

y verdadera

ciencia.

Los que hoy llamamos conocimientos
Para que todavía resulten más
infinito,
el

científi-

cos no son mas que rapsodias y fragmentos recogidos de pocas

y
el

malas observaciones

(l).

estériles, las

supuestas ciencias se han subdividido hasta lo

como

si

conocimiento de una sola cosa no exigiese
rables.

de otras innume-

Y

en vano se intenta suplir este conocimiento con

la

vacía inten-

ción de los universales.

En

el

mundo todo

es particular,

y

sólo se

perciben individuos

(2): los

géneros y

las especies

no son mas que

una vana imaginación.
carácter universal
fecta,

Y

en realidad, ¿qué podemos afirmar coa

y con

certeza?

La

ciencia

que hoy llamamos perque
el

mañana

resulta anticuada: ayer se decía
la tierra

Océano
hoy

cir-

y que la tierra tenía tres descubierto un nuevo mundo: ayer decíamos que
era inhabitable por
los
el

cundaba toda

partes;
la

se

ha

zona ecuatorial

excesivo calor, y

las tierras vecinas á los
lo

po-

por

el

excesivo

frío,

y hoy

la

experiencia convence de

con-

trario.

Hay que

construir otra ciencia, puesto que resulta falsa la
te atreves á hablar

primera.

«¿Cómo

de proposiciones eternas,

in-

corruptibles, infalibles, tú, miserable gusano, que ni siquiera sabes

quién eres, ni de dónde vienes,

ni á

dónde vas?»

(3).

Por otra parte,

(1)

Eae quae habemus
et

vaniiaiei suni, rapsodiae,

fragmenta observationuaf
fictiones, opiniones

paucarum
(página
(2)

malí habitarum: religua imaginaUones, inventa,

51).

De

individuis autem fater is nullam esse scieniiam, guia infinita suní.

At

species nil sunt,

aui saltem imaginatio qtieadam: sola individua sunt, sola haec
est,

percipiuniw: de his solum habenda scientia
tendi milU in natura
illa

ex kis capianda: sin minus, os-

tua universalia... Nil universale video: omnia particu—

laria (pág. 53).
(3)

Dicebas keri perfecta scientia tua, imo

et

a plurimus saeailis, ioiam terrant

Occeano circumflui, eamgue in tres dividebas partes universales, Aphricam Europant, Asiam.

Num

quid dices? novus est inventus mundus, novae

res, in

nova His-

pania, aut Indiis Occidentalibus Orientalibusgue. Dicebas etiam AleridionaUmet

sub Aequatore positam plagam inhabitabilem aesiu

esse,

sub Polis vero

et

extre-

DE LOS orígenes DEL CRITICISMO Y DEL ESCEPTICISMO
nos está vedado
el

1

95

acceso directo de

la

mayor

parte de

las

cosas

lejanas de nosotros, ya por razón del espacio, ya por razón del tiem-

po.

De

aquí tanta variedad de opiniones, tanta penuria de ciencia.

No

se le ocultaron á Francisco
v.

Sánchez algunas de

las

antinomias

kantianas:

gr.,

la

de

la

eternidad ó creación del mundo. Ter-

minantemente afirma que por racional discurso no puede probarse
ni

que

el
fin.

mundo

sea eterno, ni que haya tenido principio

y haya dey á nuesni

tener

Declarada de este

modo

la

impotencia de

la

razón para

resolver

tal conflicto,

se refugia en el testimonio de la

fe,

tro juicio sinceramente,

porque nada hallamos en sus escritos
él lo

en

su vida que nos muestre en

que hoy llamaríamos un librepen(l),

sador en materia religiosa. Sería de origen judío ó cristiano

pero

que tenía una creencia

positiva no es

dudoso para nosotros. Su bióel

grafo nos dice expresamente que jamás

pirronismo de Sánchez ni

sus cavilaciones escépticas tocaron á las cosas divinas, así

como

tampoco dudó nunca
nada

del testimonio de los sentidos (2).

La

Inquisi-

ción dejó pasar sin tacha ni censura todos sus escritos. Por otra parte,

le

obligaba á disimular,

y escribiendo como

escribía en

un

país

de relativa tolerancia
fácil le

religiosa,

después de Rabelais y poco
la

antes de Montaigne,

hubiera sido manifestar, ó insinuar á lo
si

menos, su indiferencia

religiosa,

realmente

hubiera profesado.

Cuando

tales audacias se toleraban
la

en escritores que hacían uso
el

constante de

lengua vulgar y escribían para todo
él,

mundo, ¿no

hubiera podido
iguales ó

con un poco de

artificio

de

estilo,

hacerlas pasar

mayores en un
las

libro escrito

en

latín

y

sólo para los
las

hom-

bres de ciencia? Si no

puso, fué porque realmente no

pensa-

mis zonis propter frigus. lam uirumque falsum
aliam
scietitiam,

esse osiendií experientia.

Sime

falsa enim iam prima

est.

Quomodo

ergo aeiernas, incorruptibi-

les, infatlibiles,

quae

aliter

haberi non possint, proposiiiones Utas asseris, misesis,

rrime vermis, qui vix quid sis, unde
(i)

quo

eis,

ac ne vis quidem scias? (píg. 62).

El origen judío de Francisco Sánchez no descansa en más testimonio

que

el

de

ia

Paíiniana y

el del

Diccionario de Bayle. Dista mucho, por consi-

guiente, de ser cosa averiguada, y Sánchez en sus escritos habla siempre

como
{2)

cristiano.

Non

eo

tamen Pyrroniorum moj-e
est,

se dubitandi vel potius cavillandi aestu

abreptum Sánchez crederidum

praesertim in rebus divinis et sensuum fide.

196

ENSAYOS DE CRÍTICA FILOSÓFICA

ba

ni las sentía.

No hay que
lo

leer entre líneas, ni buscar
el

en

el

Quod

nihil scítur
filosófica

mas que

que
tal,

autor quiso darnos.
si

La

intrepidez

de Sánchez era

que

realmente hubiese sido heterodo-

xo, no habría retrocedido ante

la

hoguera de Miguel Servet y de

Giordano Bruno.

No

llegaremos hasta suponer con Hamilton que
el

ninguna relación existe entre
cismo
filosófico;

escepticismo religioso y
la historia

el

escepti-

pero

la

verdad es que en

aparecen muorato-

chas veces totalmente separados,
ria

y no por mera precaución

ó social, sino por
se trata,

feliz

inconsecuencia de sus autores, 6 bien

porque
una

como

casi

siempre acontece, de tendencias escép-

ticas relativas

y

parciales,

ya que

el

escepticismo absoluto es casi
las

ficción

y un fantasma creado por
positiva,

necesidades de
el

la

polé-

mica. Se puede creer firmemente en Dios y en

en una revelación
él

como Sánchez

creía,

alma inmortal, y y condenar como

toda innovación religiosa (Time cultuní mutare deorum), y no
al

creer

mismo tiempo

ni

en

la Metafísica, ni

en

el

poder de

la de-

mostración, ni en
falta

la existencia

de

los universales.

Habrá en

esto una

de lógica como pretenden
es virtud sobrenatural, bien

los

dogmáticos, pero
ir

la fe cristiana

que
sica,

puede

unida á una mala Metafí-

ó no

ir

acompañada de ninguna, y acaso esa misma ausencia
la

de lógica honrará más
dor,

sinceridad

y aun

el talento

de un pensa-

que

lo haría el seguir
la

en línea recta un procedimiento rígido,

formal é impuesto por

tradición de una escuela. Sánchez nos dijo
sin

terminantemente que á sus ojos era crimen
cia contra la
fe,

excusa

la

contuma-

y á

tal

declaración

hemos de

atenernos, sin que

haya por qué dudar de su
de Pascal
ni del

espíritu religioso,

cuando nadie duda del

de Huet, que á su

modo

eran casi tan escépticos

como

él, ni

se

puede dudar tampoco que, aparte de sus errores de
cristiana el

secta, era

acendradamente
lo

alma de Hamilton, á pesar,
intuición ó conocimien-

de que negaba,

mismo que Sánchez, toda

to de lo Absoluto adquirido por racional discurso,

y relegaba la y espontánea. Es la misma tesis de nuestro autor, y síílo en apariencia la misma que con un sentido muy diverso sostienen hoy ciertos positivistas. «No
idea de Dios á la esfera de la creencia inmediata

puede haber comprensión mental de Dios
chez), puesto

(escribe Francisco Sán-

que para haberla

sería

menester cierta proporción del

DE LOS orígenes del CRITICISMO Y DEL ESCEPTICISMO

197

que comprende á
eterno»
Esta
á
el
la

lo

comprendido, y es evidente que no existe
lo finito

proporción alguna de
(l).

á lo infinito, ni de lo corruptible á lo

falta

de comprehensión ó adecuación de nuestroentendimiento

cosa comprendida sirve á Francisco Sánchez para negar no sólo
lo infinitamente

conocimiento de

grande, sino también

el

conoci-

miento de

lo infinitamente

pequeño. Privado todavía de

los
la

pode-

rosos medios que luego ha puesto en manos del

hombre

ciencia

experimental, y extraño, según parece, á las operaciones químicas,

apenas entrevé confusamente los misterios déla generación y de
corrupción,
si

la

bien manifiesta ciertas tendencias transformistas

(2),

siguiendo á Cardano

y

otros naturalistas del Renacimiento,

y colo

piando sus singulares narraciones de metamorfosis, no ya sólo de

una á otra especie animal, sino de plantas á animales. Pero
principalmente
le

que

llama

la

atención es

la infinita

mutabilidad,

el flujo
el

perpetuo de los accidentes, en cuyo rápido curso casi se anega
principio de identidad.

La identidad

es tan indivisible,

que con un

solo punto que se añada ó se quite á alguna cosa ya no es exacta-

mente

la

misma: y como

los accidentes

que pertenecen á

la

razón

in-

dividual varían sin cesar, es necesario que con ellos varíe también
el -individuo (3).

Y, por otra

parte, ¡iquién sabe lo

que son accidentes

ni lo

que es

sustancia ó cosa, per se? «Nuestra filosofía es un laberinto de Creta,

donde

es imposible escapar del terrible Minotauro.»
tristeza,

Sánchez

lo

dice

con amarga é íntima
(1)

dándonos una prueba
ntilla finUio,

muy

fuerte de

Deiis, aijus nulla

mensura,

nec subindc a mente comprehen-

sio aliqua esse potest.

Nec

inmérito: comprehendentis enim

ad comprehensum pro-

portio certa esse
finito
(2)

debei...

?iobis

autem aim Deo nulla proporiio, quemadmodum nec

cum
et

infinito,

nec corruptibili

cum

aeterno (pág.
los

7).

Página 67. Creo curioso, entre

ejemplos que

trae,

el

siguiente:

Aádit

Regí Francisco allatam concham, cui intus avicula /ere perfecta erai,
osíraci.

quae alarum fastigiis, rostro, pedibus, haerebet extremis oris

Acepta,

por de contado,
(3')

las

generaciones espontáneas (pág.

7).

Tanta quippe

est identiíatis indivisibiliias, ut si

puncium solum
sit:

vel

addas

vel detraxeris a re quapiam,

iam

tion

omnino eadem

accideníia vero de ineí

dividui ratione suni, quae
contigit (pág. 68).

mm perpetuo varientur, subinde

individuum variar

1


la

ENSAYOS DE CRITICA FILOSÓFICA
sinceridad de su escepticismo: «¡Este es
el fin

de

de nuestros esperpe-

tudios, este el

premio de tantas y tan vanas

fatigas, vigilias

tuas, trabajos, cuidados, soledad, privación
tes,

de todo género de delei-

vida semejante á

la

muerte, viviendo con los muertos, hablando

y pensando con ellos, absteniéndonos del trato de los vivos, abandonando la solicitud de los negocios propios, ejercitando el espíritu

y matando

el

cuerpo, de donde vienen
el delirio,

al

sabio innumerables enfer-

medades, muchas veces

¿Para qué nos consumimos en esta

y en breve tiempo la muertel lucha impotente con una hidra

más invencible que

la

de Lerna? Si logramos cortar una de sus ca-

bezas, siempre renacen otras ciento, cada vez

más feroces»

(l).

No es frecuente en Sánchez este tono desengañado y pesimista. En general el entusiasmo por las ciencias físicas, por la filosofía natural, sostiene

y

alienta á este
el

negador implacable de todo otro saber

humano. Es más:
dadero poeta y

fanatismo naturalista llega á convertirle en ver-

le inspira

versos dignos de Lucrecio, en un poemita

que compuso en 1577 para protestar contra el supersticioso influjo atribuido á los cometas y excitar los ánimos al estudio de las verdaderas causas de
los

fenómenos

celestiales (2). Allí,

en grandiosa

visión nos muestra á la Naturaleza, sacando la paz de la guerra

y

la

vida de

la

muerte, alentando
la

la

lucha por

la

existencia, apacentán-

dose con

sangre de los moribundos, inmortal, serena, perpetuael

mente desposada con

fecundo y eterno movimiento:
inier contraria rixas,

Sed fovet aeternas
Opponitque alus

alia, ei sic susciíat ignes:

Nam pacem
Motui

ex

bello,

vitamque ex fiinere ducit,

Aeternumque manei morienium sanguine pasta,
ei aelerno cotwivit foedtre nupta.

(i) (2)

Página 75.

Carmen de Cometa, anni

1577.

Nótense estos versos:
Sai facilis visus,facilisque adscensus Olympi: Noctes aique dies patet
alti janua Phebi,

Sed pettíírare gradus

coeli,

cognoscere vires

Astrorum, Phoebiqut pairis íonscendere currunt, Nec pater omnipotens patitur, discrimine magno

Nec

vacat„.

DE LOS orígenes DEL CRITICISMO Y DEL ESCEPTICISMO

igg

Pero esta especie de embriaguez de poesía naturalista

le

abando-

na pronto, y de su materia
que no
de

el

incurable escéptico reaparece, cuando después de
lo

habernos mostrado

vano é impotente del conocimiento por razón

(res cognita),

emprende mostrarnos

la

incapacidad de

nuestras facultades cognoscitivas {Ens cognoscens) para alcanzar algo
sea fenomenal, variable y limitado.

Todo conocimiento
las

viene

los sentidos,

pero los sentidos no conocen

cosas exteriores,

aunque nos pongan en contacto con

ellas. Si los

sentidos nos enga-

ñan, nuestro entendimiento nos engañará también, puesto que no
tiene

más dato que

el

de los sentidos,

ni

ve

las
(l).

cosas mismas, sino

sus imágenes, simulacros ó representaciones
las

Nuestra noción de
fábula

cosas exteriores parece aquel convite de
la

la

dado por

la

zorra á

cigüeña en redoma de boca estrechísima. Juzgamos de

las

cosas por sus simulacros; esto es, por meras representaciones de
accidentes, que

no tocan á

la

esencia,

ni

nos dan razón alguna

de

ella (2).

En

esta parte Sánchez se declara
le

expresamente secuaz

de Luis Vives, y

defiende contra Escalfgero, que había tachado-

de absurdo
{dice),

su criticismo prekantiano. «Si esta opinión es absurda
ser tenido por

yo quiero

hombre absurdísimo, puesto que
el

Vives se contentó con decir que
lleno de obscuridad,

conocimiento psicológico estaba
sólo es obscuro, sino calidificultades

ginoso, escabroso,
nes,
el
lo

y yo añado que no inaccesible, y con tales
la

y contradiccio-

que no han

sido, ni serán,

superadas por nadie.» Decimos que
la cosa,

conocimiento es

aprehensión de

y todavía no sabemos

que

es la aprehensión ni la percepción ni la intuición.

A

lo

sumo

podemos

distinguirla

de

la

recepción. Nuestros sentidos
el

recibe7i.,

pero no conocen. Podemos distinguir también

conocimiento prola

pio directo ó intuitivo, del conocimiento renovado por

memoria:
1.°,

Tres son

las

cosas que de diverso

modo conoce

la

mente:
3.°,

los

objetos externos; 2°, sus propias operaciones internas;

algo que
inter-

á un tiempo puede ser considerado como externo y como
(i)

Imagines rtrum tanium

respicit

quas oculus admisit: hac hinc indi spu~

tat, versal, inquirtndo,

quid hoc a quo iale? Curf Et hoc tanittm. Nec videi aliquid

ccrti (pág. 76).
(2)

Solum accidentium quae ad

rei esseniiam, ut dicunt,

nihü conferunt

(página 77).

200

ENSAYOS DE CRITICA FILOSÓFICA
El conocimiento de los objetos exteriores es mediato, por los

no

(l).

sentidos, pero el conocimiento de las operaciones internas es

inme-

diato

y per se, y el conocimiento de la tercera especie participa de lo mediato y de lo inmediato (2). Este conocimiento es el que algunos lógicos semipositivistas, especialmente Taine, admiten con el nombre
de conocimiento de abstracción, aunque
los positivistas

más puros,

como
cuyo

Stuart Mili,

no reconocen semejante facultad abstractiva
de sus accidentes á
la intuición sensible

oficio es despojar

y

elevarla á cierta generalidad

que ya traspasa

los

límites del

puro

empirismo. Naturam quandam sibi fingit contmunem, ut
dice Francisco Sánchez
tivo
(3).

potest,
rela-

Pero ¡qué poder de abstracción tan

que apenas procede mas que por negaciones y exclusiones, comparaciones y divisiones! Aun así no quiere concederla

y

limitado,

nuestro filósofo
opinión,
incierta

el nombre de verdadero conocimiento, sino de pura mucho más incierta que el testimonio interno, mucho más

que

el

testimonio de los sentidos, cuyas ilusiones

y

falacias

analiza largamente

Sánchez con argumentos y observaciones en que
ser sustancialmente las

no nos detendremos, por

mismas que habían

presentado Sexto Empírico y los antiguos escépticos.
advertir, sin

Hay que y

embargo, que Sánchez remoza toda esta antigua maadaptándola
al

teria filosófica,

progreso científico de su tiempo,

enriqueciéndola con los resultados de su propia observación anató-

mica y
cual se

fisiológica.

En suma,

«el entendimiento

humano

es una ciencia pasiva, á la
(4).

opone otra pasiva impotencias
siini

La imperfección de

los

(1)

Tria iamen

quac a mente dtversimode cognoscuntur. Alia omnino ex-

terna sunt, absque omni meniis aciione. Alia omnino interna, quorum
sine mentís opera suni. Alia
(2)

quaedam

non omnino sine hac (pág.

Si).

Quae auiem ab

inielleciu ipso

omnino

Jiunt,

quorumque

Ule pater est, et
et osten-

quat intus in nobis suni, non per alias
dunt
(3)

species,

sed per seipsa se produnt

intellectui (pág. S2).

Sunt denique plurima quae pariim per sensus ad eum deveniunt: partim ab
natura nullo modo sensu capi potest. Vestita ergo
colore,

eo fiunt. Canis, magnetis

magniiudine, figura, per sensus
tibus...

ad animum

deferiur.

Hic eam

illis

spoliat accidtn8211,

Denique naturam quandam

sibi fingit

communem, ut potest (pág.

(4)

Est haec passiva poieniia tantum, cui opponitur passiva alia impotentia

(página 97).

DE LOS orígenes DEL CRITICISMO Y DEL ESCEPTICISMO
instrumentos contradice á
la

20I

perfección de

la

obra.

Aquí expone
influjo

nuestro médico interesantes consideraciones sobre
físico

el

de

lo

en lo moral, encontrándose en muchas observaciones con

Huarte,

como

era natural, dada su
el

común tendencia
y de

antropológica.

Sánchez no admite que
sino del

entender sea función exclusiva del alma,
espíritu, indiso-

hombre

todo, en su unidad de cuerpo

luble en cualquiera de sus actos (I).

Pero sobre estos rasgos, dignos de ser considerados por su valor
propio en disertación ajena de nuestro asunto, y sobre
peroración
toda
to,
final,

la

bellísima

en que

el

autor ofrece

como

la

quinta esencia de

la

parte negativa y demoledora del criticismo del Renacimienestilo nervioso,

y da nueva vida en su
estilo

(verdadero

de insurrecto

literario

y de

impaciente y pintoresco periodista de oposición

filosófica) á lo

que en tono más reposado, y haciendo salvedades
escrito Luis

que

él

no hace, habían

Vives y sus discípulos, ya conel

tra los viciosos

métodos de enseñanza y
ciego y desacordado

abuso del argumento de
la

autoridad,

y

el

empeño de buscar
al

ciencia

solamente en
la

libros,
(2);

cerrando los ojos
la

maravilloso espectáculo de
la

naturaleza

ya contra

torpe ambición que convierte

cien-

cia

en miserable granjeria, en vez de amarla, con indomable amor,

por

deleites

misma, por su propia virtud y excelencia, y por los inefables que proporciona (3); ya contra el vano rumor de la dispu-

(i)

Quid?

dices:

a corpore non pendct
est,

intellectio,

sed solummodo ab animo
est dicere,
et

ptrficitur.

Hoc falsum

ut alibi probabimus.

Vanum

animum

intelli-

gere ut

et audire.

Homo uirumque

agU: utrobique corpore

animo

uíens, et quod-

cumque aliud cum utroque simul exequens (pág. 105). Qui naturam investigare dicuniur nil minus quam id (2)
nieve vobierit, non quid hoc illudve in natura
sit,

a^iint,

dum quid ¡tic

digladiantur: totamque in his

absumunt vitam,

símiles cani qui

visam umbram

in

aqua carnis quam ore ferebat,

hac dimisa, sectaiur irrito inanique conatu: tauroque qui ho ninem sectans (¡qué

comparación tan propia de un
que: sic
tes...

filósofo español!) invento hujus pallio,
se convertunt, illam

inmemor-

illi

naturam quaereníes, ad homines

omnino reliquen-

Qui autem naturam ipsam
1 1

in se scrutetur, vix ullus; aut saltcm

admodum

pauci (pág.
(3)

2).

Omnes aut ad laudem aut ad

dignitates aut divitias, vi.v

unus scicntiam

amplectitur propter seipsam, sicque tantum quisque laboral solum qua/¡tum su/-

202
ta,

ENSAYOS DE CRITICA FILOSÓFICA

que se va haciendo más encarnizado y ruidoso cuanto más
la directa
la

se alejan los contendientes de

inspección del objeto
el

en

litigio;

ya, finalmente, sobre
el

confusión que en

ánimo del

alumno induce

choque de encontradas opiniones; sobre todas
total del

estas cosas, digo,

pondremos siempre, como expresión
casi las
el

pen-

samiento de Sánchez, aquellas palabras,
asigna por únicos criterios á
crítica
les. la

últimas, en

que
la

ciencia futura,
las

experimento y

ó

el

juicio

que ha de fecundar

conclusiones experimenta-

«En vano
de
la

(dice Sánchez) se trabaja
silogística; su

por reparar
materia es

el

ruinoso edi-

ficio

demostración

está mal construido; cada día hay

y además que añadirle nuevos puntales
frágil

para impedir su completa ruina. El que quiera saber algo no tiene

más camino que contemplar

las cosas

en

mismas; pero
los límites

como

esta

contemplación directa no es posible, dados

en que se

mueve
y

el

conocimiento humano, hay dos medios subsidiarios que

no suministran ciencia perfecta, pero que, en suma, algo perciben
algo enseñan;
el

experimento y

el juicio,

pero no separados nunlibro.

ca, sino en íntimo enlace

y unión, como mostraré en otro

Los

experimentos son muchas veces falaces y siempre

difíciles,

y hasta

cuando llegan

á la perfección
la

nunca nos muestran mas que

los acci-

dentes extrínsecos, jamás

naturaleza de la cosa. El juicio recae

sobre los resultados del experimento, y por consiguiente no traspasa el límite de lo exterior, y aun esto lo discierne de una manera

incompleta, sin que sobre
conjetura.

las

causas pueda pasar de una probable
ciencia.

Se

dirá

que nada de esto es

Pues no hay otra»
suae...

(l).

ficiat

finis esse dehet alius

ad acquirenditm finem non scieniiae, sed ambitionis quam scire (pág. 109).
las ventajas del in docendo

Siudenti nullus

método es curioso el siguiente pasaje: Nihil enim momentum habet quantum metlwdiis quae subinde tam varia hotninibus esí (pág. 14). Pero este método no es el silogístico, contra el cual Sánchez acentúa más y más sus diatribas, hasta decir que, semejante al arte de Circe, convierte á sus secuaces en asnos: lam altera Circe Dialéctica esi:
Sobre
iantum
1

in asinos eos convertit...

Mihique fere eidem

accidiset nisi Vlyssis carminibus

adjtitus, incantantes vitassem...,

dominas Circeas syllogismorum figuras... Atque
mulii orbis domini (p&^.

oh! utinam Alercurius ego essem nostris, ut relicta infirma incantatrice Dialéctica,

ad naturam

se converterent: fierent forsan

121).

(O

Dúo

sunt inveniendae veritatis media miseris humunis: quandoquidem res

DE LOS orígenes DEL CRITICISMO Y DEL ESCEPTICISMO

2'

3

La

filosofía

de Sánchez

es,

mucho más que

la

de Luis Vives, un

verdadero ars nesciendi. Niega demasiado para ser un verdadero
escéptico;
sin

hoy más bien

le

llamaríamos agnóstico. Su libro termina,
quid,} análogo al

embargo, con una interrogación, con un
de Montaigne. Esta analogía y otras

Quela

sais-je?

muy
y

fortuitas,

como

de

llevar el

Quod

nihil scitur
1

la

fecha de

1

576,

ser la primera edi-

ción de los Ensayos de

580, habiéndose escrito

además una y otra
el

obra en países no

muy

distantes, ha

hecho suponer entre

pensa-

miento de ambos autores cierta analogía que, á nuestro entender,

no de

existe. El

escepticismo mitigado de Montaigne, aquella manera

filosofar tan personal suya, ejercicio fácil

y suave de una curio

-

sidad siempre activa; aquella tan simpática y continua observación

de

propio, es una

manera de sibaritismo
duda; por

intelectual,

más que de

filósofo,

de hombre de mundo, que gusta de dormir sosegadamente

sobre

la

almohada de
así

la

el contrario, el

escepticismo de

Sánchez, dado que

queramos

llamarle, es

una doctrina esencialel juicio, trae real-

mente batalladora, que aparentando suspender
mente
juicio definitivo

mas

filosóficos.

y formado sobre los más capitales probleMontaigne es un aficionado, que filosofa á sus

anchas, en lengua vulgar

y

sin cuidarse del

método, antes bien,
todos los caprichoes

haciendo gala de traducir fielmente en su
sos giros de su

estilo

humor

libre

y errabundo. Sánchez

un profesor,

preocupado de una doctrina, secuaz fanático de un método que
tiene por exclusivo.

Los dos son extraordinariamente sinceros, pero
literario
;

en Montaigne,
chez es
la

el

candor parece un refinamiento
,

en Sán-

expresión brusca

intemperante y feroz de una convic-

per

se sciri

non possunt, quas

si intcUigcre,

ut dcbcrcnt, posscnt, millo alto inadinvenere:

digerent medio: sed

cum hoc nequeant, adjumenta ignorantiae suae
scient, ferfecte saltem,

quibus propterea nil magis
tiuntqiie.

sed aliquod precipiunt, discu-

Ea

vero sunt experimentum Judiciumque.

Eorum neutrum
quod

sine alio
etsi per-

síare rede potest..

Experimentum fallax ubique,

difficileque est,

fecic habeatur, solu?n quid extrinsece Jiat, ostendit: naturas autem

rerum nullo
quod proin-

modo. ludicium autem super ea quae experimento comperta sunt,
de et de externis solum

fit:

utcumque

fieri potest, et id
scientia?

adhuc male; naturas autem

rerum ex eonjectura
alta (página 125).

tantum...

Unde ergo

Ex

Ais nulla.

Ai non sunt

204

ENSAYOS DE CRITICA FILOSÓFICA

ción arraigada, de un

amor
con

sin límites á las realidades concretas,
el

experimentadas por
Valverde.
lista los

él

cuchillo anatómico de Vesalio
ni discreteos

y de

No

son chispazos de escepticismo

de mora-

que nos da, sino un sistema

ag-nósiico

completo, una crítica

clarísima é implacable de nuestra facultad de conocer, una deter-

minación de su límite y de su objeto. Puede tener, y tiene, en efecto,

y y mal guarnecida por donde la tesis dogmática penetrará siempre en su campo; pero el sistema en sus
que son
la

contradicciones de detalle de que ningún escéptico se libra
parte endeble

líneas generales es claro, sencillo

y consecuente. Es

El programa de Sánchez, tan mal entendido hasta ahora, se re-

duce á dos palabras: «guerra

al

silogismo; paso á la inducción».

un degüello de todas
antigua,

las

entidades metafísicas, un 93 de la ciencia
la

como

decía Enrique Heine hablando de

Critica de la

Razón Pura. El escepticismo de Sánchez no
co, ni consecuencia

es ni alarde
la

de retórivariedad

de un dilettantismo enervado por

y

copia de lecturas

filosóficas, ni

explosión de un ánimo misantrópico
ni

y desengañado; no dialéctica, como lo
pero en
la

es

tampoco un estado provisional

una

ficción

es la

duda

cartesiana, de la cual parte Sánchez,
la

cual

no se detiene: es pura y sencillamente
los

expresión
la relati-

meditada de aquel aforismo capital entre

positivistas:

vidad del conocimiento.
lo todo:

No sabemos
la

nada, porque creemos saber-

renunciemos á

riqueza

ficticia

que nos proporciona
los

el

crédito metafísico,

y empecemos á

vivir

de

productos modestos,

pero seguros, de nuestra propia hacienda, hasta ahora tan descuidada.

No

necesito deciros, señores académicos, que esta filosolía dista,

y no poco, de la que yo profeso, porque yo no soy positivista ni enemigo de la Metafísica; pero basta para el caso que fuera la de
Francisco Sánchez, y en
el

fondo á nadie ha de pesarle que tales
salir,

voces salieran de nuestra patria, precisamente cuando debían
es decir, en el

momento solemne de la renovación de los métodos experimentales. No es preciso identificarse con las ideas de un filósofo para

comprender su genio
la

ni la

razón de su

influjo.

Los para-

logismos de que

argumentación de Sánchez abunda son hoy insuperior nos ha enseñado que la

ofensivos: una síntesis científica

DE LOS orígenes DEL CRITICISMO Y DEL ESCEPTICISMO

20 5
la

demostración es un procedimiento científico tan legítimo como
inducción, tan natural
al

espíritu

humano como

ella,

y que
es

es

una

insensatez querer mutilar nuestra inteligencia, así

como

una pre-

tensión temeraria aspirar

al

conocimiento de un objeto cuando éste
ciencia hoy, hasta

no

es

comprendido bajo razón de integridad. La

sin darse cuenta de ello, aspira á este conocimiento íntegro
así por razón del objeto

y

cabal,

como por

razón de

la inteligencia

conoce-

dora, y forzosamente ha de parecemos incompleta lo
lógica

mismo una

puramente deductiva, como vino á

serlo

en manos de sus

discípulos de decadencia la lógica de Aristóteles, que una lógica

puramente inductiva, de

las

que en lengua inglesa abundan
espíritu, excelentes

tanto.

Ambos
y

procedimientos del

cuando recta y ade-

cuadamente

se aplican á sus respectivos objetos, resultan estrechos ser

peligrosos en cuanto pretenden

únicos y emanciparse de
la

aquella primitiva intuición sintética dentro de

cual se razonan.
el

Pero es condición

casi ineludible

de

la

mente humana

proceder

por exageraciones contrarias; y á
tinados filosóficos

doctrina tanto

amocomo Sánchez, no hay que pedirles cuenta de la como del impulso, que en su tiempo fué generoso y
los espíritus violentos, á los
la

acompañó dignamente aquel heroico despertar de
desde Telesio y Cesalpino hasta
en otra ninguna ciencia humana.
la

ciencia física Galileo hasta
filosofia
al la

Galileo,

y desde

Newton. Sin un poco de fanatismo no se hacen milagros en
ni

Hay que

representarse

médinoche,

co bracarense ejerciendo

anatomía entre

las

sombras de

ó teniendo que
tir la

escribir seriamente tratados filosóficos para
la

combavirtud

creencia en

adivinación

y en

los presagios,

ó en

la

supersticiosa de los caracteres mágicos, de los espejos

y de

las rayas

de

la

mano, y de
(l).

los

aspectos favorables ó maléficos de
sentir tal

las

conste-

laciones

¿Cómo no había de

hombre hambre y sed de

(i)

De

Divinationc (pág. 70 de las Opera Medica): tSuperest non esse per

somnium

divinationetn miiltoquc
suis,

minus per vigiliam, quidquid
linces,

isti

impostores

characteribus

incaiitationibiis,

speculis,

aliisque fatuitatibus ei

Jallaciis ei chiromantici manualibus lineis, et astrologi Judiciarii domibus,
aspectibus, gcnerique

contrarium et intendant ei polliceantur. Quae omnia

si qiiis exacie pcrpendat examincfque, invenict esse futilia 'erroneaque, ei si

2o6
ciencia positiva,

ENSAYOS DE CRÍTICA FILOSÓFICA

y abominar de
la

la

ciencia oficial

que silogísticamente
cuesta poco trabajo

autorizaba y defendía semejantes dislates?

Hoy

hacer justicia á
siado lejos,
tica;

Escolástica ni á la

Edad Media; estamos dema-

y todo eso nos parece una amenísima leyenda romántal

pero no nos apresuremos á condenar de ligero á aquellos homciencia

bres del siglo XVI para quienes
tico, sino

no era un recuerdo poé-

una

tiranía actual

que durísimamente pesaba sobre sus

cuellos.

El tercero de

los

pensadores españoles del siglo xvi, á quien vela

mos preocupado con
bajo
el

cuestión de
el

la

certeza,

aunque más
el

bier»

aspecto histórico que bajo

especulativo, es

insigne hu-

manista extremeño Pedro de Valencia, sapientísimo varón, discípulo predilecto

de Arias Montano, criado á

los pechos

de su santa

y
y

universal doctrina^
te

como de

él

escribió Covarrubias.

La mayor parde

de

los trabajos

de Pedro de Valencia aun permanecen inéditos

dispersos en varias colecciones de manuscritos.
libros
el

Uno

los pocos-

suyos que han logrado los honores de
todos, es
el

la

estampa, y sin duda
judicio erga verum,
1

más importante de
la oficina

tratado

De

impreso en

plantiniana de

Amberes en

596.

No conozco
la

ningún ensayo de monografía histórico-filosófica anterior á

gran

compilación de Brucker, que pueda entrar ni en remota competen-

guid Juxta dicta contingat, id totum foriuilum
ciosum.^

esse

et

omnino inartifi-

Para

el

Quod nihil

scitiir rae

he valido constantemente de

la

edición

dt

Francfort, i5i8.

De mulíum
furiis,

nobili, et prima, universali scicntia, quod nihil scitur... Francommptibus Jacobi Benieri, Antto M. DC. XVIII. (Va unido al libro de

Mathurino Simón

«Z^í litterarum pereuntitim agone eiitsquc causis.»)
cita

No

he visto

la

primera edición que

Gerkraft en estos términos:

tFranciscus Sánchez philosophus et medicus doctor.

Quod nihil

scitur.

Lug-

duni apud Ant. Gryphium, 1581.

Brucker (Historia Critica Philosophiae,íoiao
el libro
1

rv,

parte i.^ pág. 542) dice que

de Sánchez fué reimpreso en 665 con una pobre refutación de Daniel

Hartnack titulada Sánchez aliquid sciens, additae sunt textui noiae refutatoriac
et praemissa esi historia breviuscula scepticismi veteris et recentis.

Teófilo Braga trae un breve, pero atinado artículo sobre Sánchez, en sus

Questóes de Literatura

e

Arte Portugueza, Lisboa, 18S1, págs. 274 á 281

DE LOS orígenes DEL CRITICISMO Y DEL ESCEPTICISMO
cia

20/

con

el

ensayo de Pedro de Valencia, limitado, es verdad, á una
(la

escuela sola

Academia Nueva), 6 más bien
el

á la posición

de un

solo problema,

del conocimiento, tal

como en
al

dicha escuela fué

formulado. Pero ¡qué riqueza
los detalles

y qué sobriedad
crítica tan
la filosofía

mismo tiempo en

de erudiciónl |Qué
del tecnicismo de

firme y tan segura! ¡Qué
griega en sus

hábil

manejo

monumen-

tos

ra

y tan severo! ¡Qué manede exponer tan enteramente moderna! Cuando leemos á Pedro

más obscuros! ¡Qué

estilo tan preciso

de Valencia nos parece leer á

Ritter,

y aun á
crítico,
el

Zeller.

Semejante

manera de

escribir la historia

de

la filosofía,

con espíritu desinterecon aquella intuición
sin

sado y sereno, con verdadero espíritu
retrospectiva

que ayuda á reconstruir
el

pensamiento ajeno

mezclarle torpemente con
el siglo XVI.

pensamiento propio, era novísima en
la

No hay mas que comparar
la física

Academia de Pedro de
y aun con

Valencia con los trabajos, por otra parte tan meritorios, de Justo
Lipsio sobre

y

la

moral de

los estoicos,
la

los

de

Gassendo sobre Epicuro, para advertir
co
les lleva.

ventaja que nuestro

críti-

Hoy mismo no

es

posible exponer mejor la disputa
dialéctica del Pórtico, los

entre Zenón y Arcesilao,

la sutil

argumen-

tos escépticos ó probabilistas de Antioco,

de Carneades, de Philon,
el

ó

la

verdadera doctrina de Epicuro sobre
vindicada con tanta
habilidad

testimonio de los sen-

tidos,

de

los

reparos

de Marco

Tulio.

El modesto carácter de libro de erudición y de filología que quiso dar Pedro de Valencia
te su
al

suyo

(l)

no impide que se transparenla tesis

pensamiento propio, bastante inclinado á
probabilismo de
la

de Arcesilao

y

al

nueva Academia. Todas sus simpatías le
el

llevaban hacia aquel

modo de filosofar que en
.

Renacimiento había

renovado Luis Vives

Su

libro

parece principalmente destinael

do á

vindicar, dentro de ciertos límites,

escepticismo antiguo,

dando interpretación racional

á aquellas opiniones, á primera vista

(i)

Nos

aiítem

mine Aec quaestionem ipsam examinamus

.

tiec

decretum inter-

ponimus nostrum, sed rem gestar» narramus, grammatico
id
est,

operi,

ut Galenus

aii,

velerum aiciis repeíendis
la

et in

médium adfercndis cperamim pendentes nos-

iram (pág. 170 de

edición de Cerda).

208
insólitas

ENSAYOS DE CRÍTICA FILOSÓFICA

y

paradójicas, que

cayendo en manos de

retóricos,

como

Cicerón, ó de compiladores,

y Sexto, habían llegado á degenerar en manifiestos absurdos. cYo (dice Pedro
Laercio, Plutarco

como

de Valencia), cuando oigo atribuir á hombres verdaderamente
tres opiniones

ilus-

de todo punto

ridiculas, irracionales
la

todo buen sentido, en vez de burlarme de
na, lo

y contrarias á pobre razón humapues ¿cómo

que hago

es

resistirme á creer que estén fielmente expues-

tas é interpretadas tales

como

ellos

las

profesaron,

es posible

que un absurdo que

salta á los ojos

de mi cortísimo en-

tendimiento haya podido ser enseñado, después de larga meditación, por

hombres tan grandes?>
el

(l).

Guiado por

este criterio

tan sano y tan firme, fué

primero que borró de

la historia

de

la

filosofía infinitas patrañas, atribuidas

no sólo á
él,

los

académicos, sino

á los epicúreos y á los estoicos. Para

antes de juzgar una doctri-

na

filosófica,

había que remontarse á
otra lengua

las fuentes,

ex

ipsis

primis fon-'
los

tibus,

y no en

que en

la

suya propia, puesto que de

traductores latinos, especialmente del de Sexto Empírico, se muestra

muy poco satisfecho. No sería imposible encontrar
si

otros vestigios de criticismo ó de
filosofía

escepticismo

penetráramos en nuestra

del siglo xvn.
res-

poco ó nada estudiada hasta hoy, decadente,
pecto de
falta
la

sin

duda alguna,

del siglo anterior, pero no enteramente infecunda ni
fal-

de originalidad, especialmente en sus moralistas. Que no

taron en aquella centuria quienes discutiesen de un

modo

ó de otro

(i)

Quae

ideo scripsimus

ut exemplo sint quam non sint antiquorum phüosodiciis aesiimanda.

fhorum dogmaia ex adversariorum
illustriiim

Atque ego quidem quum

quondam virorum absurda quaedam
ab

decreta, et praeter

communem

omnium sensum narrari et
liter, et ttti
illis

exsibilari audio, adduci non possum, ut

credam fidemulto

sentiebaniur et docebaniur, relata et inierpretata: qui enim
illi

ego nullius ingenii homo illorum absurdiíatem e vestigio pervideam,

ingenio mediíata ridicula tándem protule rini? (Académica, sive de indicio erga

verum, ex

ipsis

primis fontibus, opera Petri Valentiae Zafrensis

in

Extrema

Baetica, Antuerpiae, ex officina Plantiniana,

apud viduam

et

Joannem MoreRariora, de

tum, M.D.xcvi,

8.°)

(Reimpreso en
cialmente en

los

Claronim Hispanorum Opuscula Selecta
17S1,

et

Cerda y Rico, Madrid,
la

y también en varias ediciones de Cicerón, espedel abate OHvet y en la nuestra de la Imprenta Real.)

DE LOS orígenes DEL CRITICISMO Y DEL ESCEPTICISMO
las

209

bases de
el

la

certeza, nos lo prueba el

hecho de haber escrito

contra ellos

franciscano de Santander Castillo Calderón su libro

De

certitiidine invariabili
el

discursus

scientifici.

Y

que

tales

dudas no

se encerraban en
lares

recinto de las escuelas, lo indican libros

popu-

como

la

República Literaria, de Saavedra Fajardo, cuyo autor,

que no era

filósofo, sino

tico, manifiesta,

hombre de mundo, político y diplomáaunque no de un modo pedantesco, sino risueño,

ameno y
tico,

fácil,

aquel

mismo

espíritu escéptico, ó

más bien

sofís-

de detracción de
(l).

las ciencias,

que en Cornelio Agripa hemos

encontrado
(i)

Esta semejanza no se ocultó á los contemporá-

Hay un

escéptico sevillano del siglo xvi

más semejante á Cornelio

Agripa que á Francisco Sánchez. No he llegado á ver su obra, y sólo sé lo que de ella dice D. Bartolomé J. Gallardo, que en el Ensayo de una biblioteca
española de libros raros f curiosos
la

describe del

modo

siguiente:

Lupi Alphonsi a Cerrera,
die Sancti Lucae,

hispalensis. Oratio habita in

Academia Compluiensi

auno ab humanitate verbi 1530.

(Al

fin.)

Excussitnt Compluti

apud MichaeJein de Eguia, anno ab Orbe redemp-

to 1531.

Octavo, sin reclamos ni foliatura. Tiene 76 hojas.

Fué

este

Lope Alonso de Herrera padre ó hermano

del geopónico Gabriel

Alonso de Herrera y del revolucionario filosófico Hernán Alonso de Herrera, autor del rarísimo libro de la Breve disputa de ocho levadas contra Aristótily sus secuaces.

La oración
en 1530.
Gallardo

está dedicada á Benito Jiménez de Cisneros, sobrino del Car-

denal, y sirvió

como

discurso de apertura de

la

Universidad Complutense,

la califica

de «diatriba paradojal contra

las ciencias,

por

el estilo

de

de Juan Jacobo Rousseau», y copia algunos trozos de ella. Dice el autor en la dedicatoria: nAiCipe igitur declamatiumculam nostram
la

in

qua Sapientiae humanae de industria cotwicium fecimus,
Liíterarum*.

in

gratiam Divinarum

Esto puede ser escepticismo místico, ó
cierto es

tal

vez mera precaución oratoria.

Lo

que

el

autor era un acérrimo erasmista. «En su oración (dice Gallar-

do) léense algunos rasgos y pinturas brillantes, que representan el flaco de los tenidos por sabios en los varios ramos del humano saber, ó los vicios de
varios estados y clases de
la
la

sociedad, sin perdonar á los

más respetables por

santidad de su ministerio. AI clero secular da una cruel fraterna en la
al

hoja 37, y pasando

regular, traza la transición

de este modo:

<His proximi erant, aeque ac priores,

et aeque feliciter siudiis, dediti, quos

fratres vocant; quorum cum sint in Reges, in primores, in tribunalia, in magis-

Menéndez y PelATO. — Bnsavos de crittca filosófica*

14

210
neos,
lá,

ENSAYOS DE CRITICA FILOSÓFICA

y

así

vemos que

el

Dr. Forres, catedrático de griego en Alca-

autor de un docto
la

y

soporífero prólogo que

acompaña á
semejante á

la

Re-

pública en

edición de 1670, habla del libro que comenta
la

como de
la

una declamación paradoxal contra
Carneades contra
la justicia.

ciencia,

de

El fárrago de Sexto Empírico no deja-

ba de tener aficionados y

lectores, siéndolo

muy

asiduo

el

célebre

Deán de Alicante Manuel Martí, de quien nos refiere su biógrafo Mayáns que «en su juventud fué muy partidario de la secta de los escépticos y se empapó en las Hypotyposes Pirrónicas^ de Sexto
Empírico, haciendo de
ellas sus delicias á tal

punto, que

el

Carde-

nal Aguirre, su patrono, tuvo que apartarle de aquella lectura tan
asidua, temeroso de

que enfermase de gravedad con estudio tan

in-

digesto». Pero este escepticismo del
erudita,

Deán

era una pura recreación
intelectual

uno de aquellos alardes de gimnasia

que tanto

le

gustaba practicar,

empeño que simultáneamente había tomado de aprenderse de memoria el texto griego de Homero. Tampoco tienen que ver nada con nuestro asunto los numerosos
como
lo fué el

pensadores independientes que en todo
cialmente en su primera mitad, tomaron

el siglo xviii,

pero espe-

el

nombre de

escépticos re-

formados
por
el

(ó mitigados),
eclécticos.
el

que luego, con mejor acuerdo, trocaron
el

de

Estos escritores, entre los cuales brillan
el

P. Feijóo,

anatómico Martín Martínez y
el

P. Tosca, tenían

por

nota

común

ser adversarios de la escolástica

y partidarios del

método experimental aplicado

á las ciencias físicas; pero en todo lo

tratas, in urbes, in rura, in viras (addidissem et in faeminas nisi qtiia timare im->

pedior)

summum jus,poss!tnt tamen
este estilo

singuli dicere

cum Propheta: quoniam non
los

cogtwvi litteraturam, intraivi in patentias Domini.>

«Y por
frailes.

quemante (añade Gallardo) prosigue hablando de

«Esta oración, aunque tiene trozos sueltos llenos de primor y sentido, peca

mortalmente contra
curso,
t Porro

la

unidad de pensamiento... Ya cerca del
el

final

de su

dis-

cuando va atando cabos
sapientia

orador, deduce las

máximas

siguientes:

banam habet

et stuUitiae et insaniae

partem. Sapieniiam vero

ei stultitiae affinem et insaniae cofijiatctam esse necessitudine facile cuivis patehit...

Sapientia vel paululum citra insantam sita
catifinia.^

est,

vel in ipso

male sani

capiiis

jacei

No

diría

más Lombroso en

V Uomo di genio.

DE LOS orígenes DEL CRITICISMO Y DEL ESCEPTICISMO

211

demás disentían unos de otros, inclinándose ya al al atomismo gassendista, ya al baconismo y á su
diente
el

cartesianismo, ya

legítimo descenal

sensualismo lockista, direcciones todas extrañas
la filosofía crítica.

pensa-

miento dominante en

Cuando Martín Martínez

llamaba esccptica á su Filosofía y á su Medicina, no quería mas que

hacer constar su posición independiente respecto de Aristóteles y respecto de Galeno y reivindicar el principio del libre examen en
todas
las

cuestiones opinables. El P. Feijóo, con mejor acuerdo, no
la

gustó de llamarse esccptico, sino «ciudadano libre de
las letras».

república de

El renacimiento del criticismo en España ha sido obra del siglo
presente, revistiendo,

como no podía menos,
lo

su forma moderna, la

forma kantiana. Por todo

expuesto en este discurso se habrá

comprendido que

la

más

original

y

la

más

influyente de las tres

Críticas no carecía de precedentes en España, siendo los de Luis

Vives tan obvios y manifiestos, que sólo á la escasa lectura de sus obras inmortales puede atribuirse el que ningún español haya reparado en ellos hasta ahora. Por lo tocante á
Práctica, podíamos decir los españoles:
la Critica

de la Razón

a

ycrve prittcipiuvi, puesto

que

la

moral

estoica, tal

como

nuestro Séneca la entiende y explica,
la

tiene

más puntos de contacto y semejanza con
ética

moral kantiana,

que ninguna otra concepción
el

de cuantas se han sucedido en

transcurso de los siglos. Hasta tiene Séneca su imperativo categó-

rico.,

no

ligera

ria insistencia:

y vagamente formulado, sino reproducido con notoLo honesto por lo honesto, apetecible por si mismo y
recompensa de

por su propia virtud; en suma, una especie de moral desinteresada,

en que
premio

la virtud es

misma,
la

sin consideración al

ni á la pena.

Otro punto capital de

segunda

Critica, es á

saber, el postulado de la existencia de Dios

como fundamento

del

orden moral, es uno de
fuerza lógica desarrolla

los
el

argumentos que con más extensión y catalán Raimundo Sabunde en su Teolo-

gía Natural
(i)

(i).

Esta semejanza ha sido advertida ya por

el

abate Reulet, por Fr. Ce-

ferino González, y por otros. Para convencerse de ello basta
pítulo 82 del Liber Creaiurarum, con el párrafo
5.°,

comparar

el ca1.

cap.

2.°, lib. n,

parte

de

la Critica de la

Razón Práctica.

212

ENSAYOS DE CRITICA FILOSÓFICA
es

Aun
la

más extraordinaria

la

semejanza que se advierte entre

ciertos principios estéticos,

que son sobremanera fundamentales en

Critica de la facultad del juicio {Kritik der Urtheilskraft), y los que sobre idéntica materia sostuvieron un gran número de teólogos

españoles de los más ilustres, en los dos siglos xvi y

xvii,

por

mu-

cho que estos recuerdos alarmen y mortifiquen á ciertos escolásticos modernos, cuya estética, un tanto sentimental
suele
ir

y

asustadiza,

por otros

muy
me

diversos senderos.

No

es posible ni

conve-

niente detenernos aquí en materia ya extensamente tratada en otros
escritos míos,

y

así,

limitaré á recordar

que

la

hermosa fórmula
la filosofía

de

\z.

finalidad sin fin está contenida en germen en

esco-

lástica,

y especialmente en la de nuestros españoles del buen tiempo, que tanto ahondaron y tanto insistieron en esta distinción racional
entre lo bueno y lo bello. ¿Qué otra cosa, por ejemplo, nos enseña
el

frayjuan de Santo Tomás, sino
na,

subjetivismo de la estética kantia«la

cuando con tanta repetición inculca que
la

forma del arte no es
artífice-»;

mas que

regulación

y

conformación con la idea del

que

«/a disposición artificiosa es del todo independiente de la rectitud e intención de la voluntad,
contraria, sino

y

de la ley del recto vivirá, no porque sea

porque
la

«el arte,

en cuanto

arte,

no depende de
lo

la

voluntad»; «que
es ó no es en
facto que
la

verdad en

el arte

no se ha de regular por

que

realidad, sino por el fin del arte
hacerse-»,

mismo y

del arte-

ha de

considerado, es infalible,

y finalmente, que «el Arte, formalmente aunque por razón de su materia sea falible

y contingente»

(i).

Y

si

Kant nos enseña que

el

arte

nunca de-

(i)

Tsíae virtutes (artes)

non versantur circa veritatem necessariam

et infa-

llibilem ispeculative^, et prout

mensuratur per ipsum

esse vel

non

esse rei,

sed

circa Deritatem infallibilcm tpracticey, id est secundum conformitatem

ad

ipsas

regulas quibus res practica dirigifur... Alia est auiem mensura actionis liberae

ut libera, alia rei ut

artificiosae et factibilis...

Ex parte formae differunt (ars
ad ideam

et

prudentia) quia forma prudentiae... est regulaiio moralis in ordine ad debi-

tum finetn... At vero forma
cis...

artis est regulatio et conformiias

ariifi-

Sed tamem

ista regulatio artis differi

a regulatione morali, quia moralis

est

secundum legem imposiíam aciibus

liberis et j'uxía dispositionem

ad rede
intelli-

agendum:

artificiosa vero disposiiio objecti est

omnino independens a rectitudine

et intentione voluntatis, aut a lege recta vivendi, sed solum

rem ipsam

DE LOS orígenes DEL CRITICISMO Y DEL ESCEPTICISMO

2I3

pende de conceptos propiamente intelectuales, ya
que

el sutil

y arro-

jadísimo jesuíta Rodrigo de Arriaga nos había dicho, casi en iguales términos,
«el arte

nunca
las

se guía

por principios discutidos
el

científicamente»,

y que en

cosas de arte tiene

principal lugar

cierta facultad imaginativa

que procede

sin discurso ni ciencia.

Lo

cual no obsta (son palabras de Rodrigo de Arriaga,

aunque

lo mis-

mo

pudieran ser de Kant) para que las artes tengan ciertos princi-

pios generales que parecen razones a priori.

¿Qué más? Los Padres
no en
la

Carmelitas Salmanticenses, en su famoso Curso Teológico, hacen
consistir la

bondad ó

belleza de la obra artificial,
la

la

finalidad
la

objetiva ó teleológica, sino en

conformidad de

obra con

idea

é intención del

artífice,

finalidad peculiar del arte

mismo. Bueno

fuera que los novísimos filósofos ultra-escolásticos (de quienes bien

pudiéramos

decir,

comparándolos con

los antiguos, scholasticis scholo

lasticiores), antes

de lanzar atropellados anatemas sobre todo

que

á sus ojos lleva

el

signum

bestiae del espíritu
las

moderno, diesen un

repaso de vez en cuando á

obras de nuestros clásicos Doctores,
signo. Pero es cosa

donde ciertamente no temerán encontrar dicho
tristísima para los

veras lo

que creemos, respetamos y amamos de todas que creyó, respetó y amó la España antigua, ver que hasta
polémico que hoy se gasta parece género de impor-

el catolicismo

tación extranjera, resultando

muchos de

sus brillantes adalides, caitaliano.

tólicos traducidos del francés,

ó católicos traducidos del

gendam

vel cognoscendam vel

opcrandam

iii

se reclificans juxia finem artis,

non

ut rectificetur arbitrium operantis...

Ad
quod

debitum

modum

artis non requiritur

quod procedat

ai-tifex

cum

recta intentione vel eligens operam propter ipsam
sciens seu iníelligens operetur...

honestatem... sed solum requiritur

Ars

vero non dependet in suis regulis ex rectitudine moralis bonitatis: sic rectitudi-

nem

operis respicit, non boniíatem operaníis... Dicimus artem liberalem ess*

reciam rationem agibilium, non quatenus moralia sunt aut bonum redduni operatem, sed quatenus opus ipsum redduni bonum bonitate
operis...

Unde non
Cursus

res-

picit bonitatem operantis, nec curat de malitia, sed solum bonitatem seu rectiiu-

dinem operis in
gici in
1663.)

se.

{R. P. Joannis a Sto. T/iomo, Ord. Praed...

Tlieolo-

Primam Partem D. Thomae.
citas

To/nus Primus, pág. 194, edición de Lyón,

Otras muchas

semejantes pueden leerse en

el

segundo tomo de nues-

tra Historia de las Ideas Estéticas en Estaña.

214

ENSAYOS DE CRITICA FILOSÓFICA
ni

Pero esto no es del caso,

parece adecuada
sólo, trato

la

ocasión presente
filosó-

para estériles lamentaciones.
fica,

Hoy

de arqueología

materia desinteresada de toda controversia y único refugio

del espíritu que

compara

el

esplendor y

la

grandeza de

la

especu-

lación española de otros días, con el abatimiento presente.

Creo
el

haber demostrado que en ninguna de sus partes integrantes era
criticismo

novedad enteramente peregrina en España, cuando

muy

lenta, obscura

tiana en nuestras aulas, en fecha
te se cree,
si

y tímidamente comenzó á insinuársela doctrina kanmás remota de lo que generalmenla

bien posterior á

época de su introducción en Inglasuceder, dada la

terra

y en

Francia,

como no podía menos de
la casi
la

inferioridad en

que habíamos caído y
la

completa suspensión
Independencia y los
siguieron
(l).

de nuestros estudios durante
disturbios civiles

guerra de

que

casi

inmediatamente
la

la

Así y

todo,

ya en 1820, un profesor de
la

Universidad de Salamanca, don
el título

Toribio Núñez, daba á
ciencia social,
serlo, á lo

estampa, con

de Sistema de la

un

libro,

hoy

olvidado, pero no enteramente digno de
curiosidad, puesto

menos como objeto de

que

el

autor,

secuaz ardoroso,
utilitaria

como todos los liberales de su tiempo, de la teoría de Bentham en ciencias morales y políticas, rechaza, no
y
anticuada, la ideología sensualista en que
la crítica

obstante, por deficiente
el utilitarismo se

apoyaba, y proclama las excelencias de de Kant como base de toda metafísica futura (2).
(i)

Prescindiendo de algunos escritores de fines del siglo pasado (como
Ceballos) que hablan

el P.

mucho de un
el

tal

Cando, que á mi entender, no es
la pri-

el filósofo

de Koenisberg, sino

teólogo y filósofo wolfiano Israel Canz,

mera mención de Kant que encuentro en España está en una oda publicada en 1807 por el entonces Conde de Haro y luego Duque de Frías, D. Bernardino Fernández de Velasco, en alabanza del método pedagógico de Pestalozzi.

Allí,

después de un pomposo elogio de lord Bacón, se
Newton, Lock, Condillac, el ardua senda También hollaron con gloriosa planta; Y Vives, Herder, Kant, y aquel que Sabio Cual ninguno, en la Helvecia se levanta, Al mortal ignorante Le enseñan á pensar...

lee:

(2)

«Apreciando sólo del sistema de Locke cuanto dice relación coa

el

análisis

y mecanismo del lenguaje, es menester abandonar su sensualismo, y

DE LOS orígenes DEL CRITICISMO Y DEL ESCEPTICISMO
Tal recomendación se perdió por entonces entre
las
el

215

tumulto de

pasiones políticas, ferozmente exaltadas; pero andando los tiem-

pos,

y

restablecida en algún
el

modo
si

la disciplina

académica, volvió á

sonar

nombre de Kant, y
que
el

no puede decirse que su influencia

en

el

pensamiento español contemporáneo haya sido tan grande
la

como

ejerció

por algún tiempo

el

eclecticismo francés, y

más

y krausista; como todos estos sistemas presuponen en mayor ó menor grado el conocimiento previo de la analítica kantiana, algo y aun mucho
adelante

idealismo alemán en sus formas hegeliana

de ésta ha andado y anda revoloteando por
cátedras, sin contar con
cierta entidad,
si

el

recinto de nuestras

que pensadores

aislados,

y aun grupos de
el

bien de corta duración, han profesado ya

kan-

tismo tradicional y puro, ya el kantismo mitigado de los últimos escoceses, ya el neokantismo de algunos semipositivistas alemanes.

En medio

de

la

inmensa anarquía que caracteriza nuestra produc-

ción filosófica de este siglo, no dejan de notarse en ella ciertas direcciones, en las que,
si

bien de un

modo

tibio é indeciso,
los

parece

como que
rizaron
des.
al

todavía percibimos rasgos
triunfante
refiero

y matices de

que caracte-

y

glorioso pensamiento español de otras edala

Y

no me

en esto sólo á

restauración escolástica, que
es-

ya empieza á tomar color español en algunos de sus maestros,
pecialmente en los que pertenecen á
el

las

órdenes

religiosas,
la

donde

amor

á

la

tradición ha sido siempre

más

vivo, sino en
la

misma

filosofía cristiana

independiente, y aun en

filosofía

heterodoxa.

Y así como
más aúa
las leyes
el

el

innegable, aunque

no

muy

merecido, favor que por

drá indagarse,

de Condillac y Destutt-Tracy. Por el sistema de estos sabios pocomo se han indagado aceleradamente y sin tropiezo alguno,
los

de

cuerpos

físicos, el

y aun de

la

economía popular ó industria po-

pular,

en una palabra, todo

saber objetivo; pero aplicado aquel sistema á

la ciencia

del hombre, es decir, á su saber subjetivo, no

pudo menos de re-

trasar,
rales,

como ha
los

retrasado,

la

averiguación del origen de nuestras ideas mo-

de

de

la

piedra de toque que

fundamentos en que todas se apoyan y de que todas se deducen, las distingue y que las califica, y del grado de exac-

titud y evidencia de que eran susceptibles. El sistema de Kant conduce más seguramente en esta investigación.» {Sistema de la Ciencia Social.) Salamanca, 1820 (pág. 139).

2l6

ENSAYOS DE CRÍTICA FILOSÓFICA
el

muchos años obtuvo

armonismo

krausista, con detrimento

de

otros sistemas alemanes de

muy

superior potencia metafísica, quizá

pueda explicarse por aquella tendencia armónica del genio español

que ya apunta en

lo

poco que de metafísica

escribió Séneca,

y

luego se dilata vigorosa en Ben-Gabírol, Raimundo Lulio, Sabunde,

León Hebreo, Fox
to, así la

Morcillo

y todos

los platónicos del

Renacimienesencial en la

tendencia crítica

y

psicológica, no

menos

historia

de nuestra

filosofía, la

de Luis Vives, Gómez Pereíra y
las
la

Francisco Sánchez, parece que en nuestro siglo ha favorecido

aunque particulares y fugaces, apariciones de kantiana, ya en la forma escocesa de Hamilton y Mansel
diversas,

doctrina

(l), ys.

con-

(i)

Esta escuela está principalmente representada por pensadores catala-

nes,

como Martí de
fácil

Eixalá y Llorens.

De

las ideas del

primero, que apenas

alcanzó los trabajos de Hamilton, pero que puede decirse que los adivinó en

gran parte, es

adquirir conocimiento por sus publicaciones, aunque desni

graciadamente no son muchas

muy

extensas. Llorens nada imprimió fuera

de su discurso inaugural de 1854, y no ha dejado mas que apuntes y extractos de sus lecciones; pero fué un poderoso educador de inteligencias, cuya
influencia,
ritus

como

la

de Sócrates, no quedó archivada en libros, sino en espí,

humanos. Con más celo que discreción algunos discípulos suyos han
el

querido concederle

honor postumo de haberse inclinado en sus últimos
ni lo

tiempos

al

neo -escolasticismo. Ni mis recuerdos personales,
le trataron,

que he
tal

aprendido de quienes más íntimamente

me

permiten afirmar

cosa, ni Llorens lo necesita para que nadie

dude hoy (como nadie dudó en

vida suya) de su perfecta ortodoxia. Es cierto que en sus últimos años pareció

conceder más atención á

la

metafísica escolástica, y leyó con agrado
ella,

y

aun recomendó algunos expositores de

principalmente á Sanseverino,
la lógica

pero no sé que de aquí pasara nunca. Es cierto que
le

de Aristóteles

mereció siempre extraordinario aprecio y formaba parte integrante de su enseñanza, pero no aconsejaba que se estudiase en los intérpretes escolásticos, sino

en Trendelemburg principalmente.

No
el

creo que de este género

de aristotelismo pasase nunca. El formalismo escolástico, como todo formalismo exterior é impuesto, era incompatible con
interna que desde
rens. Para
el

método de observación

primero hasta

el

último día de curso preconizaba Llo-

imponer una doctrina cerrada hubiera tenido que convertirse en
la

otro hombre. Confiaba demasiado en

espontaneidad racional, para que
al

fuera á repetir el crimen del tirano Mezencio, encadenando
vivo. Vivió
sin

muerto con

el

y murió en la escuela de Hamilton, libremente interpretada, y rechazar nunca el poderoso elemento de la analítica kantiana, que la sir-

DE LOS ORÍGENES DEL CRITICISMO Y DEL ESCEPTICISMO
cretada á ciencias particulares,
cas (l)

217

como
la

la Filosofía

de

las

Matemáti-

y

la

Estética

(2),

ya en

forma del criticismo de Renou(4).

vier (3) 6 del

neokantismo de Kuno Fischer

Quizá hubieran

prosperado más todas estas direcciones, sobre
cortesía literaria,

las cuales,

en buena

debo suspender aquí todo

fallo, si

sus represenellos,

tantes hubieran cuidado
tro inolvidable para mí)
tiguo,

(como

sé que lo intentó
el

uno de

maesel

de soldar

criticismo

moderno con

an-

y buscar en nuestros libros del siglo xvi el germen de vida que todavía contienen. Algo de eso he intentado realizar en el presente estudio, que,

como

todos los míos, no se propone inculcar

doctrina alguna, sino presentar

y exponer lealmente
medio de

la

genealogía

de todas

ellas.

¿Y quién
sófica
?

se atreve á dogmatizar en

la actual crisis filo-

La Metafísica nada

tiene de ciencia exacta,

y en

este punto.

ve de indispensable preámbulo.

De
la

la Critica de la

Razón Pura no

infería él

ni el idealismo ni el materialismo, sino aquel tertium quid

de

la escuela

de
la

Edimburgo:

el

realismo natural,

distinción entre el sujeto y el objeto,

afirmación de lo contingente y condicionado, y la revelación de lo absoluto
é incondicionado, no en
la

esfera del conocimiento, sino en

la

esfera de la

creencia, y todo ello envuelto en el acto primitivo
Si acertaba

de

la

íntegra conciencia.

ó erraba en

esto,

no es del caso

discutirlo;

pero esto pensó y no

otra cosa ninguna, y esto
(1)

mismo había pensado Luis Vives.
de ¡as cantidades imaginarias {Madiid, 1865),
es, sin

La Teoría trascendental

del malogrado

Rey y Heredia,

duda,

la

obra más original que

el

mo-

vimiento kantiano ha producido en España. Véanse también su Lógica y su
jÉtica.

Véase la Este'tica de Núñez Arenas, y hasta cierto punto la Estética (2) de Milá y Fontanals. También hay tendencias marcadamente kantianas en los Prolegóme?ios de algunos catedráticos de Derecho.
(3)

Esta tendencia parece predominar en

las

numerosas publicaciones
viviente.

filosóficas del Dr.

Nieto y Serrano {Bosquejo de la ciencia

raleza, el Espíritu

y

el

Hombre, programas de enciclopedia filosófica.
etc.)

— La Natu— Filosofía
la

de la Naturaleza.
(4)
lla

— Biología del Pensamiento, etc.,

El malogrado é ingeniosísimo critico literario D. Manuel de

Revi-

siguió por algún tiempo esta dirección, importada á

del Perojo, traductor de la Critica

España por D. José de la Razón Pura con los prolegómenos
sobre el movimiento intelectual de

de Kuno Fischer, y autor de unos Ensayos
Alemania.

2l8

ENSAYOS DE CRÍTICA FILOSÓFICA

queriéndolo ó sin quererlo, todos somos más ó menos escépticos,

por supuesto, en
la Filosofía, si

el

buen sentido de

la

palabra.

¿Qué ha de enseñar

no enseña á ignorar á tiempo y á confesar razonada-

mente

esta docta ignorancia?

Por eso

el

gran filósofo de Valencia

la

definía ars nesciendi.

Pero también este arte es sobremanera resbaladizo, y hay modos

de ignorar que no son profesiones de modestia, sino disimulaciones de
la

soberbia. El agnosticismo

más

radical,

condensado en

la céle-

bre fórmula ^Ignorabimus-», envuelve una afirmación categórica,
tan temeraria

como

las

más temerarias afirmaciones dogmáticas.

Las fronteras del extremo idealismo de Berkeley y del extremo nominalismo de Hume, se tocan por muchos lados. El primer producto de
la crítica

kantiana fué
crítico
el

el

sistema de

la

universal identidad.
es el

En

el

mismo período
el

que actualmente atravesamos, no

elemento materialista

que domina, como vulgarmente

se cree;

no es siquiera

elemento

positivista: es el nihilismo ideológico,
la

que

Ravaisson llama enérgicamente «la doctrina de
versal».

disolución uni-

á las

La materia y la. fuerza han ido á acompañar en su panteón demás entidades metafísicas. ¿Ni por qué habían de tener me-

jor suerte? El
tiples

mundo de

los agnósticos es el

de

los

fenómenos múl-

y

difusos, sin unidad ni enlace, el

mundo

fantasmagórico de

las apariencias sensibles.

Por rara

fatalidad,

parecen condenados á
filósofos

vagar en
su
cer

el

país de las

sombras aquellos mismos
hijos

que

cifran

mayor arrogancia en llamarse

de

la tierra,

y en no recono-

como

existente, sino lo
la

que ven con sus ojos y palpan con sus

manos, envolviendo en
teología

desdeñosa calificación de misticismo toda
desde los Vedas hasta Plotino, y desde

y toda

filosofía,

Plotino hasta Hegel.

Pero en vano se intenta extirpar del entendimiento humano
raíz

la

de

la

aspiración trascendental. Sin Metafísica no se piensa, ni
tienen

siquiera para negar la Metafísica. Las abstracciones

vida

más dura y
absoluta

resistente

que

las

más duras

realidades. El

mismo

Stuart-Mill, después de haber

negado en su Lógica toda necesidad

y

relativa, dialéctica

y moral; después de haber
las

sustituido

las relaciones

de dependencia con

de concomitancia, y de haber

quitado á

la

inducción misma todo fundamento racional, dejándola

DE LOS orígenes DEL CRITICISMO Y DEL ESCEPTICISMO

aig

reducida á operación de puro instinto que enlaza mecánicamente

hechos análogos 6 semejantes; después de haber arruinado, en

suma, no ya
la

el

sistema de
ley,

las

causas teológicas ó escolásticas, sino
los principios

misma noción de

y todos

que legitiman

la

certidumbre
vergonzante,

científica,
el

tuvo que restablecer, aunque de un
el

modo
un

principio de causalidad con

extraño nombre de

antecedente incondicional.
keclio,

Y

este antecedente incondicional de

antecedente que no deja lugar para ningún hecho interme-

dio,

¿qué otra cosa puede ser sino una causa necesaria, con necesidad

lógica

y metafísica? Nunca la mera sucesión ó yuxtaposición de los fenómenos bastará á justificar la. previsión científica. Aun el empí-

rico

más

intolerante tiene

que admitir como implícito

el

anteceden-

te incondicional,

y hay quienes (y

Stuart-Mill es de ellos) aceptan,
posi-

como

posible á lo menos,

tivo, el antecedente universal,

y no reñido con el modo de pensar aunque se le conciba, al modo
creadora

espidel

ritualista,

como

inteligencia pura,

y conservadora

mundo.
Por otra parte, es imposible desconocer
algunas de
fico.
el

carácter metafísico de
del positivismo cientí-

las

más elevadas manifestaciones
se

En vano

clama sin cesar: ^.pensar
relativo».

es condicionar i),

«no co-

nocemos nada que no sea
idea de lo absoluto

Y entretanto, el
relativo

mismo Herbert
la ser-

Spencer reconoce que sólo podemos decir

en oposición á
todo

y de

lo

incondicionado, que podrá

lo

obscura, misteriosa é incognoscible que se quiera, pero que no

deja de ser

el

fondo mismo de nuestra inteligencia, y

la

única

me-

dida que tenemos para estimar, entender

y

clasificar las relaciones

y

lo relativo.

Aquella misma abstracción que Taine reconoce y ensalza,

lla-

mándola «facultad magnífica, intérprete de
las religiones
al

la

naturaleza,

madre de

y de

la filosofía,

única distinción verdadera que separa

hombre

del bruto

y

á los grandes

hombres de

los
la

pequeños»,

|jqué otra

cosa puede ser en último término sino
al

razón misma,
si

funcionando conforme

principio de causalidad, ó

se quiere,

conforme
dora de la

al

axioma de

las causas?
la

Llámese

ley

suprema

y genera-

ciencia,

como

llama Taine; llámese hipótesis necesaria,
metafísica entrará siempre por algún

como

la

llama Renán,

la tesis

220
resquicio,

ENSAYOS DE CRITICA FILOSÓFICA

ya como

tesis,

ya como

hipótesis, hasta

en

los

catecismos
finales,

de

la ciencia

experimental, donde no se hablará de causas
el

pero se hablará, como
cierta idea orgánica

mismo Claudio Bernard
un
tipo

habla, de una
finali-

y

creadora, de

armónico, de una

dad, en suma, sin la cual, á despecho de todos los determinismos del

mundo, no

se explica el

fenómeno de

la vida.

Si es verdad,

según

la

profunda sentencia de Leibniz, que «los

principios generales entran en todos nuestros pensamientos, aun-

que

los

poseamos

sin saberlo»,

firmemente hemos de creer que

el

actual angustioso

momento de crisis y desgarramiento filosófico ha de terminar, como terminaron sus similares en la historia, por una nueva y más completa síntesis especulativa, que levantándose sobre
el

las

determinismo puro, en vez de intentar
lo Í7iferior

combinaciones geométricas, mecánicas y químicas, y sobre la explicación de lo supe(tentativa

rior por

que

el

mismo Augusto Comte

declaró
luz

vana é infructuosa), convierta
refleja

los ojos al ideal eterno, sin

cuya

y dispersa no es

inteligible siquiera el

mundo de

la realidad.

Sólo entonces podremos arrancar de nuestras carnes esta ardiente
túnica de Nesso que

Kant imprimió sobre
el

ellas.

Sólo entonces,

y

no ciertamente por
ción no

camino de
la

la

Metafísica experimental (inven-

menos donosa que

del Dios ateo de cierto poeta), sino

por

ancho y triunfal camino del idealismo realista, idéntico en sustancia al que recorrió el genio semidivino de Aristóteles, poel

dremos

llegar á aquella libre síntesis del espíritu, presentida é invoel

cada hasta por
lismo.

neokantiano Lange en su Historia del materia-

Entonces y sólo entonces cesará
viven
la

el triste

divorcio en que

hoy

especulación

y

la

experiencia,

y podremos penetrar

inoffenso pede en los templos serenos de la antigua sabiduría, sin

aquella triste

mo menos
blas

y abrumadora preocupación que hoy embarga el ániY entretanto que acaban de disiparse las nieque todavía nos encubren el sol de la Metafísica futura, seamos
pesimista.
ni

prudentes, y no pequemos

por exceso de timidez
al

ni

por exceso

de confianza. Guardémonos mucho de añadir

testimonio de con-

ciencia nada que en él no esté virtualmente contenido.

Guardémo-

nos también de cercenar cosa alguna de lo que

él

contenga, ni de

DE LOS orígenes DEL CRITICISMO Y DEL ESCEPTICISMO
aislar

221

acuerdo y hostilidad con

uno cualquiera de sus elementos y considerarle como en deslos restantes. Practiquemos en todo aquel
sabio,

programa tan modesto, pero tan

de higiene intelectual que de inmenso sentido,

comprendió William Hamilton en

tres palabras

nunca más dignas de recordarse que en épocas de dura transición

como

la

presente: parsimonia, integridad, armonía.

He

dicho.

III

ALGUNAS CONSIDERACIONES
SOBRB

FRANCISCO DE VITORIA
Y LOS ORÍGENES DEL

DERECHO DE GENTES

CONTESTACIÓN AL DISCURSO DE ENTRADA

DE

D.

EDUARDO DE HINOJOSA EN LA REAL ACADEMIA DE LA
EL
I

fflSTORIA,

O DE MARZO DE I88O

Señores:

Son

las

Academias congregaciones de hombres
fin
la

estudiosos, insti-

tuidas para algún

de pública y superior enseñanza. Sus puertas,
vanidad endiosada,
al espíritu

cerradas siempre á

de improvisa-

ción y de aventura,

al

histrionismo ostentador
al

y

temerario, suelen
las

abrirse de par en par
las

mérito positivo y modesto, que
salir

más de
Las

veces ni aun necesita

de su

retiro para llamar á ellas.

honras académicas van por
quizá,

mismas á buscarle, á sorprenderle
dándole nuevo aliento para
el

en medio de sus

útiles vigilias,

continuarlas.

No

es título

de alarde y vanagloria

de académico;
la

no es

título

de jerarquía nobiliaria, puesto que no

hay en

la re-

pública de las letras: es, ante todo, título de función
sólo

y

oficio,

que

pueden desempeñar

los doctos
la

zañas de otro género tiene
dos,

y capaces. Para empresas y hasociedad otros premios más apeteci-

sólo

más envidiados y más brillantes; al hombre literato y estudioso le quedan las palmas que del estudio nacen y con el estudio

crecen. Así lo ha pensado nuestra

Academia de

la Historia,

llaman-

do á su seno á uno de
dores de los estudios

más proñindos y más modestos cultivahistóricos en España, al Sr. D. Eduardo de
los

Hinojosa, cuyo erudito y meditado discurso acabáis de oír con visibles

muestras de aprobación y respeto.
los

Desde
gustó

primeros años de su aprovechada y brillante carrera,
Hinojosa de seguir rumbo

el Sr.

muy

distinto del
la

que entre

nosotros priva, dirigiendo su actividad, no á
tan fáciles
las

conquista de lauros

como

efímeros, sino

al

conocimiento directo y formal de

fuentes del saber, conforme á un

método exacto y
el
el

riguroso.

Y

como

su inclinación

le llevase

muy

desde

principio á las ciencias

históricas

y jurídicas, á
y Pelayü.

las

que estudian y trazan

progresivo des15

Meskndbz

—Ensayos de critica filosóftca.

226
arrollo

ENSAYOS DE CRÍTICA FILOSÓFICA

de

la

noción del derecho en

la

conciencia de los individuos
familiares

y en

la

conciencia de las naciones,

comenzó por hacer

suyas aquellas lenguas que por excelencia llamamos clásicas, y en
las cuales

de un

modo más
el

exquisito

y soberano que en
la Justicia

otras al-

gunas se han revelado
Arte.
el

numen de

Dueño ya de
de
los textos

las

lenguas griega y

latina,
la

y el numen del comprendió que en

estado actual de los estudios no bastaba

mera interpretación

literal

para llegar á su cabal y perfecto sentido, en las múltiples relaciones que el conocimiento histórico abraza; y llevó á

término, con vigor verdaderamente digno de imitación y ejemplo,
otro trabajo aun
la cultura

más

lento

y más arduo,

el

de ponerse

al nivel él

de

general europea en aquellos conocimientos que

con

especial predilección

y ahinco

cultivaba. Aprendió, pues, el Sr. Hi-

nojosa, entre otras lenguas extranjeras, la lengua alemana, funda-

mental instrumento de cultura para todo hombre científico de nuestros días;

y con

tal

auxilio

dióse

al

estudio de cuantos trabajos

arqueológicos, epigráficos, numismáticos, geográficos y jurídicos nos

brinda en abundancia

la

exuberante producción de

las

Academias

germánicas.

En

tal

exploración, no le sedujo ni por un solo

mo-

mento

el

atractivo de la novedad:
lo

no se apresuró á dogmatizar con
no pretendió ser maesla

vanas teorías sobre
tro antes

que

iba aprendiendo:

que discípulo completamente formado: no concedió á
el

temeraria conjetura

lugar sólo debido á
el crisol

la

investigación prudente,

una y otra vez probada en

de

la

experiencia histórica: no
la

prestó oído á los cantos de sirena con que

imaginación, disfra-

zada de razón sintética y discursiva, suele arrastrar y fascinar á los

hombres de nuestra
de
la

raza;

no

sacrificó

nunca

la

augusta integridad

ciencia á preocupaciones del

momento, á vanas tramoyas de

partido

y de

escuela, á exhibiciones oratorias, á juegos de artificio,

que, aprovechando poco para la vida de las sociedades presentes,

convierten en vilísimo juego una cosa tan digna de respeto
vida de las sociedades que fueron, y que por
tar enterradas tienen
el

como

la

mero hecho de

es-

derecho plenísimo á

la

serena imparcialidad

del juicio desinteresado, único que en rigor puede llamarse histórico.

No

fué,

por consiguiente,

el Sr.

Hinojosa historiador de los que

se llaman populares; pero consiguió agradar á los pocos que

aman

la

ALGUNAS CONSIUERACIONES SOBRE FRANCISCO DE VITORIA
historia
ella se

2

27

la aplicación que de hace 6 puede hacerse en periódicos 6 en Congresos. Fué

por

misma, independientemente de

poco leído, pero le leyeron todos los que podían y debían leerle. Hizo muchas monografías, que andan esparcidas en revistas y en
colecciones eruditas, é hizo, sobre todo, dos libros, cuyos solos
tulos bastan para indicar las altas aspiraciones toria del
tí-

de su autor,

la

His-

Derecho

Romano conforme á
difícil

las últimas investigaciones, la
la

Historia del Derecho Español, obra de vastísimo plan, de

cual
la

va

publicado

el

primero y más

volumen, concerniente á

época

primitiva, á la

romana y

á la visigótica.
la

Grave empresa en todas partes

de una Historia del Derecho
estos estudios haro-

Romano; gravísima sobre todo en España, donde
bían sufrido un retroceso casi de medio
siglo;

donde pasaba por

manista profundo
cio

que en su juventud había decorado á Heinecy á Vinnio; donde todavía suelen alcanzar nombre y considerael

ción de jurisconsultos gentes para quienes no existe

más Derecho
ni el espíritu;

romano que
sin

el

contenido en

las
el

compilaciones justinianeas, sin que

de estas mismas comprendan

modo de
ni

formación
la

que de estas leyes

ni

de otras algunas penetren

razón

social,

ni el

medio

histórico en
lo

que nacieron,

el

fundamento
el

filosófico,

ni nada,

en suma, de

que legitima ó explica

que una

instituel

ción nazca ó muera. Contra esa absurda rutina de enseñar

Dere-

cho romano

como

si

se tratase de

un Código abstracto y cerrado,
los siglos;
las

y no de una construcción lentamente elaborada por
tra ese dislate

con-

de aspirar
sin

al título ni

de interpretes de

leyes de un

pueblo muerto,
costumbres,
lo
ni

conocer

su historia, ni su arqueología, ni sus

su literatura, ni su ciencia, ni nada, finalmente, de
los

que pensaban y sentían

esas leyes, había eficaz remedio en
la tradición

hombres que hicieron y aplicaron la tradición española; pero no en

nuestros padres alcanzaron, sino en

degenerada y corrompida, de rábulas y leguleyos, que la gran tradición de la cultura

española del siglo xvi, en los Agustines, Goveas y Covarrubias, y en la tradición del siglo xvii, más olvidada todavía, aunque no me-

nos gloriosa, puesto que vive, para quien sabe

leerlos,

en

los libros'

de D. Francisco de
dez de Retes y

Amaya y
del

de Melchor de Valencia, de Fernán-

Ramos

Manzano, de Nicolás Antonio y de Al-

228

ENSAYOS DE CRÍTICA FILOSÓFICA

tamirano Vázquez. Así lo entendieron nuestros grandes jurisconsultos del siglo pasado,

que fueron á
disciplinas

la

vez doctísimos en letras hu-

manas, peritos en

las

arqueológicas,
la

como

Finestres,

como Mayáns, como Dou.

]Ojalá

que

admirable carta latina con

que Mayáns encabezó en 1757 el Hermogeniano de Finestres, hubiera sido hasta hoy el programa de nuestros jurisconsultos y de
nuestros historiadores del Derecho! Pero no sé qué mala fortuna ó

qué

siniestra

preocupación ha separado entre nosotros dos ramas

de estudios que debieran permanecer eternamente unidas; y al mismo paso que es frecuente encontrar en los historiadores, en los
humanistas, en los críticos literarios, total ignorancia de
jurídica,
la historia

que

tanta luz da para penetrar en la vida de las genera-

ciones pasadas, es no
tir,

menos frecuente y no menos doloroso adveroficio

en

los

que han hecho

ó profesión del estudio de
la

las leyes,

un absoluto desconocimiento de
todavía más, de
las ideas

historia externa

y
la

política,

la historia intelectual é interna,

de

historia

y de

morales, científicas y artísticas, únicas que explican íntela

gramente
Así
lo

elaboración del hecho jurídico.
el

ha entendido

docto compañero á quien tengo hoy

el

honor de saludar en nombre déla Academia.

Y

por eso sus

libros,

difundidos por toda Europa, han alcanzado aplausos, á que están
bastante desacostumbrados los oídos españoles en nuestro tiempo.

Por eso su Historia del Derecho Romano,

síntesis paciente

y

feliz

del

estado actual de estos conocimientos, libro de apariencia modesta

y de mucho
boulaye en

jugo, mereció que el eminente Flach, profesor de la

Escuela de Ciencias Políticas de París, y sucesor de Eduardo Lala

cátedra de Legislación
la

Comparada

del Colegio de

Francia, dijera de
ella, se

obra de nuestro compatriota, que, mediante
la

inauguraba en España una nueva época para

enseñanza

histórica del

Derecho romano Derecho en
las

(i).

Por eso

la

Revue genérale de
ciencia;

Droit

la calificó

de aiadro fiel del estado actual de la
la

y Mis-

poulet, profesor de

Universidad de París, no dudó
la

en proclamar desde

columnas de

severísima Revue Critique
del Sr. Hinojosa era obra

d'Histoire et de Littérature, que

el libro

(i)

Nouvdle

Rei'ue Historiqíic de Droit, 1880.

ALGUNAS CONSIDERACIONES SOBRE FRANCISCO DE VITORIA
seria (es decir, sólida
iniciativa,

229

y y deseándole todo

grave), felicitando
el

al

autor por su inteligente

éxito que merece labor tan conla

cienzuda.

A

estos aplausos unió los suyos Rivier, profesor de

Universidad de Bruselas, y notable autor de una Crestomatía
dica, á los ojos del cual, la obra del Sr.

jurí-

Hinojosa era «brillante

muestra del Renacimiento de
Hüffer, profesor de
la

los estudios jurídicos

en España»
la

(l).

Universidad de Bonn, elogió

«copiosa eru-

dición del autor

terias» (2). Gatti,

y su habilidad para ordenar metódicamente las maprofesor en la Academia Histórico-Jurídica de
se-

Roma, considera su Historia como «Manual necesario y guía
guro para quien se dedique á estudios formales sobre
el

DereHino-

cho»
josa,

(3).

Y Zocco

Rosa decía recientemente del
orden de

libro del Sr.

en

la

Rivista Italiana di Scienze Giuridiche (1887), que «meel

rece todo aprecio, así por

la

exposición,
materia».

como por

el

conocimiento generalm'ente profundo de

la

Sería tarea interminable reproducir á la letra, ni siquiera en extracto, los juicios laudatorios

que ha merecido á doctos romanisSr. Hinojosa.

tas extranjeros el

Manual del

Unos

le elogian,

porque

siendo en apariencia parco de citas y de textos, para no distraer

con vano aparato

la

atención del estudioso, recoge
el

al

mismo tiempo
la

en breve suma cuanto es indispensable para
historia externa del

conocimiento de

Derecho romano,
parte de
las

así

público

como

privado,

alegando en

la

mayor

cuestiones los varios pareceres de
el

los doctos, é

indicando con sabio criterio cuál es
el

que prefiere

el

autor.

Ponderan otros
el

plan amplio
las

y

racional de este compendio,

que abarca todo

conjunto de

antigüedades políticas de Roma,
lo

con excelentes indicaciones bibliográficas en todo

que pertenece

á las ciencias auxiliares. Otros le conceden el mérito, nada vulgar,

de haber explanado con detenimiento ciertas partes del Derecho,
casi olvidadas ó

abandonadas hasta hoy, mostrándose dondequiera
las ricas

profundo conocedor de
los trabajos

fuentes de la erudición alemana, de

de Kuntze, de Schurer, de Corres, de Waitz, de Dahn,

de Kaufmann, de Arnold.
(1)
(2)
(3)

Revue de Droit International áe tSSo.
Litterarische Centralbtatt de 1881.
Sttidi e documenti di Storia e Diritto di

Roma,

18S0.

230

ENSAYOS DE CRITICA FILOSÓFICA
felogios

Mayores

alcanzó todavía, y

más vigor de entendimiento
el

y más
de
la

riqueza de doctrina muestra la Historia del Derecho Español.,
el Sr.

cual
la

Hinojosa ha publicado

primer volumen. Con ser
la

ardua

tarea de resumir en dos

tomos de pocas páginas

Histo-

ria del Derecho
jeras

Romano, aun había manuales y crestomatías extranque podían abrir camino al autor. Pero, ¿cómo buscarlas en la
miramos en su conjunto, adolece de aquel desorla

Historia de nuestro Derecho.' Nadie ha intentado exponerla cientí-

ficamente; y

si la

den

instintivo

y fecundo que preside á y en

elaboración de todas las
las

legislaciones dignas de tal
fluido en la vida
la

nombre, por ser

únicas que han in-

conciencia de los pueblos de un

modo

efi-

caz

y perenne,

que, por lo

mismo que no

está sujeto á los vulgares

cálculos de la previsión

humana,

es la manifestación

y prueba más

evidente del decreto
toria.

y

ley providencial que preside en la His-

Es, por tanto,

la

Historia del Derecho Español,

como

la historia

de toda nuestra

caltura, congregación

de mil arroyuelos dispersos,

lleva consigo

mezcla de razas y civilizaciones distintas, algo, en suma, que exige y conocimientos tan disímiles, como la arqueología

romana y
del

la

de

los antiguos

pueblos germánicos,
los

la
el

hebraica y

la

islamita, la legislación foral

de

tiempos medios,

renacimiento

Derecho romano y

las tentativas

de codificación moderna.
sufi-

Para abarcar tan largo y magnífico estudio, apenas parece
ciente
el

alma de un Savigny, de un Thierry ó de un Alommsen.
nadie, entre nosotros, lo haya intentado?
citar (fuera

¿Cómo admirarnos de que Un solo nombre hay que
mencionan) grande por
sería respetable
el silencio

de

los \ivos

que aquí no se

mismo, grande por su valor intrínseco, que
rodea antes y después de su apasuscitó

en todo país y todo tiempo; grande todavía más por
obscuridad que
le

y

la

rición magnífica,

que solamente en Portugal

un discípulo

digno de

él:

Martínez Marina, en suma, gloria altísima de esta Acala historia interna

demia, y verdadero fundador de

de

la

Península,

como en

sus últimos días tuvo á gloria confesarlo Alejandro Hercu-

lano; Martínez Marina, de quien ha podido decirse, con

más ó me-

nos fundamento, que en otras producciones suyas tentó ajusfar
violentamente
al

molde de sus preocupaciones

políticas la historia

1

ALGUNAS CONSIDERACIONES SOBRE FRANCISCO DE VITORIA

23

que

él

conocía tan bien, y que por

mismo, con tan perseverante

estudio y tan desinteresada afición, había indagado en sus años juveniles,

pero á quien nadie negará
la

el

lauro de haber sido

el

primero,

y hasta
pero en

fecha

el

único autor de un Ensayo histórico

critico

sobre

nuestra legislación de los tiempos medios, libro de poco volumen,
el

cual reunió su autor tesoros de inagotable enseñanza; libro
calificarse

que hoy podrá

de anticuado en algunas partes, de defi-

ciente en otras, pero libro que algo debe valer, cuando la genera-

ción presente, después de medio siglo de investigaciones, todavía

no ha encontrado otro mejor con que

sustituirle.

Honremos, señores,

el

nombre de Martínez Marina, no solamente

como Académicos,
que
se

sino

como

españoles; y sea cualquiera
Cortes-,

el

juicio

forme de

la

Teoría de las

de

la la

cual todavía

pueden
de par-

recogerse grandes enseñanzas, en medio de
tido
fica,

forma de

libro

que su autor

le dio,

contraviniendo á su propia índole cientí-

tan austera y tan grave;
la

veneremos siempre

al

autor del Enal

sayo sobre

antigua legislación castellana
el

y

leonesa;

primero
al

que penetró en
de

arcano de

la

formación de nuestros Códigos;
el

primero que osó internarse con planta segura en
fueros,
las

laberinto de los
al

cartas-pueblas y de los cuadernos de Cortes;
historia municipal; al

fun-

dador de nuestra
las ilusiones

que participando de todas
la justicia

de una generación enamorada de

abstracta

y de

los pactos sociales,

y de

las

declaraciones de derecho valedefeliz

ras para toda la eternidad, tuvo la

inspiración de buscar en

pergaminos viejos
abstractos,

el

fundamento histórico de esos mismos derechos
la libertad

y de comprender que
la

misma, con ser tan

alta

y

nobilísima condición de la persona humana, parece un huésped
casa del ciudadano cuando no viene protegida por
la

extraño en

inconsciente sanción
acierta á salir de la

costumbres, y que nunca esfera ideológica mientras no asienta su pie en el

y complicidad de
la

las

durísimo sedimento de

tradición,

que hasta cuando por

misma

no

es

verdad

ni

mentira, no es error ni es acierto, lleva en el hecho
la

mismo de
cer
esta
la

su duración una fuerza contra

cual no

pueden prevale-

protesta individual ni el hecho violento; porque á su
es

modo

misma duración de un estado social cuya sombra han vivido larga y gloriosa

una forma de

justicia, á

vida

muchas generaciones.

232

ENSAYOS DE CRITICA FILOSÓFICA
vida, por herencia

cuya

mucho más

fuerte

que

la

herencia

física,

es

todavía la nuestra.

Así

lo

mal aconsejados de su tiempo
él

comprendió Martínez Marina, y por eso cuando teólogos le tachaban de jansenista y de hereje,
buscar en nuestros grandes teólogos y canonistas del

iba á

siglo XVI,

en Suárez,

en Domingo de Soto y en Melchor Cano, en Vázquez y el fundamento y la justificación de sus teorías de Dereasí,

cho público; y

cuando
la

la

reforma constitucional, inspirada más

bien en los ejemplos de

Constituyente francesa que en tradicioél

nes españolas, alarmaba y escandalizaba á muchos espíritus,
sistía,

peral

con empeño quimérico cuanto se quiera, pero generoso

cabo, en aliar las nuevas doctrinas con la tradicional libertad castellana,
sa,

y ponía toda su enorme erudición al servicio de la nueva cauno porque fuese la de Rousseau y Condorcet, sino porque él, en
los Concilios
las

un extraño espejismo, había llegado á creer que sus conclusiones
convenían con cierta doctrina implícita transmitida de

de Toledo

al

de León y

al

de Coyanza, formulada luego en

Car-

tas municipales,

especialmente en aquellas que ordenaban los buenos

hombres de

la tierra
la

con una especie de democracia instintiva que
invasión del Derecho
del siglo xvi.

había resistido á
centralizador

romano y

al

movimiento

y absolutista

De esta tendencia de Martínez Marina podrá decirse cuanto se quiera,

y á

las rectificaciones

verdaderamente

científicas

nada tendre-

mos que oponer, aunque pluguiera á Dios que
son algunos, los que por
el

fuesen muchos,

como
valor

estudio directo de \os

documentos están
el

en aptitud de rectificarle ó completarle. Pero sea cualquiera

de estas rectificaciones y enmiendas, y aun concediendo (de
estamos

lo

que

muy

distantes) toda la razón á sus censores,

siempre habrá

que reconocer (y esta es la verdadera gloria de Martínez Marina) que hasta sus errores fueron fecundos, y que sin él no existiría la
historia del

Derecho español.
Martínez Marina, encerrado en
lo

Pero

ni

los límites

de

la

Edad

Media, y compendiando voluntariamente

que tan

á fondo sabía;

proponiéndose, en suma, hacer, más bien que un libro, un largo
discurso preliminar á nuestra edición académica de
ni

Las Partidas;

Sempere y Guarinos,

escritor

de juicio y

estilo

muy

vulgares.

ALGUNAS CONSIDERACIONES SOBRE FRANCISCO DE VITORIA
pero inteligente y benemérito rebuscador de noticias varias,

233

ni otros

que después de

él

citamos, esperando que

han venido, y que por ser contemporáneos no la posteridad dé á cada cual de ellos el gala

lardón debido, bastan hoy para satisfacer

curiosidad del estudioso,

jurisconsulto ó no, que va á buscar á una historia del Derecho algo

más que

resoluciones de casos prácticos,

y

algo

más que argumen-

tos en pro de una tesis política.

política se

El Sr. Hinojosa, que no es abogado de profesión, y que de la vida ha abstenido cuerdamente siempre; el Sr. Hinojosa, que
la historia

en

del

Derecho no ve otra cosa que

el

Derecho mismo,

es decir, la

sólo

más compleja manifestación de la vida nacional, y que por esto le ama y le estudia con amor puramente histórico,

desinteresado y retrospectivo, incompatible con cualquier otro

amor

que no sea
vacío,

la

santa caridad de

la

patria, ha aspirado á llenar este
el

no con uno de esos indignos manuales que son

oprobio de

nuestra enseñanza universitaria, y que nos hacen aparecer á los ojos de los extranjeros cincuenta años más atrasados de lo que realmente

estamos, sino con un trabajo de primera mano, bebido en

las

mis-

y sustancioso en la doctrina, tan libre de temeridades sistemáticas como de rutinarios apocamientos. Del valor de
esta obra

mas

fuentes, sobrio

tomada en conjunto habló dignamente Tardif, profesor
la

de

la

Escuela de Cartas de París, en un artículo publicado en

Noiivelle

Revue Historique de Droit Frangais
libro, dice,

et

Étranger

(.Abril

y

Marzo de l88o): «El plan de este

muy
tulos

claro; la exposición llena

de lucidez, y á

completo y cada uno de los capíes
los trabajos

muy

acompaña una copiosa

bibliografía

que indica

más
la

recientes

y estimables sobre cada cuestión publicados en toda
>.

Europa sabia

Abarca

el

único volumen impreso hasta ahora las instituciones

jurídicas de la
tica,

España primitiva, las de la España romana y visigóno completa esta última parte, puesto que debe empezar el segundo tomo con la definitiva redacción del Fuero Juzgo. La obra
es

modelo de manuales, y su originalidad

consiste,

no en aventurar
los

teorías extravagantes, sino en agrupar

con destreza y método

hechos averiguados, para que

ellos

mismos, apoyándose mutuasí

mente, revelen todo

el

sentido que en

encierran,

y que estará

234

ENSAYOS DE CRITICA FILOSÓFICA
los considere.

siempre velado para quien aisladamente
libro,

Con

este

que

ojalá llegue á ser el vade-viecum
fácil

de todo estudiante es-

pañol de leyes,

será penetrar en el estudio de los trabajos de

Mommsen, de Hübner, de
la epigrafía jurídica

nuestro doctísimo Berlanga, á quien debe

de
si

la

Península servicios que, en fuerza de ser

eminentes, no sé yo
superiores
al nivel

han sido bastante agradecidos, quizá por ser

de nuestra cultura.
del libro del Sr. Hinojosa;
al

Algo semejante puede decirse

y por

eso yo, aunque con íntima tristeza, auguro

autor que tarde ó

nunca llegará á hacerse popular en nuestras facultades de Derecho;
lo cual

no debe ser obstáculo, sino antes bien estímulo, para que
la

acelere
tas,

terminación de su obra; no para satisfacción de
ser,

los legis-

que suelen
la historia

de todos

los

ciudadanos, los menos interesados

en

de

las leyes,

cuando no son vigentes y de aplicación

onerosa ó lucrativa, sino para instrucción de todos aquellos que

aman
que

la historia

por

la historia
ella,

suele sacarse de

misma y no por la aplicación trivial y para quienes el Derecho viene á ser, no

un conjunto árido é irracional de fórmulas curialescas, sino un magnífico

poema donde
y
el

se refleja de igual

modo que

en

el

arte

y en

la

ciencia el sentir

pensar de los que nos transmitieron su sangre
espíritu, concretada

y

la

más pura esencia de su

leyes con no
tes,

menos vigor y
y
tierra.

eficacia

que en

los

y traducida en las mármoles respiran-

en

las tablas

animadas y en

las estrofas

que danzan con rítmico

pie entre cielo

Ultimo fruto de

los

granados estudios del
oir,

Sr.

Hinojosa es

el dis-

curso que acabáis de

monografía completa y llena de datos
los
el

nuevos acerca de uno de
siglo XVI
;

pensadores más
entendimiento y

ilustres
la

de nuestro

varón insigne por
la fortaleza
la

doctrina no
los

me-

nos que por
ilustres

de carácter; teólogo singular entre

más

que

Orden de Santo Domingo ha producido; restaurador
en pleno Renacimiento, ó más bien padre y creaal

de

la Escolástica,

dor de una nueva ciencia teológica acomodada

gusto y á

las nece-

sidades de los tiempos nuevos; verdadero Sócrates de la Teología,

como

sus discípulos le apellidaron, acordándose no sólo de su espí-

y de la eficacia y virtud generadora de su palabra, que tanto contrastaba con su parquedad en escribir, sino más aún.
ritu filosófico

ALGUNAS CONSIDERACIONES SOBRE FRANCISCO DE VITORIA

235
ciencia

de

las

nuevas é inmediatas aplicaciones que realizó de

la

divina que enseñaba, haciéndola descender de los cielos para tomar
parte en las contiendas de
la tierra,

no de otro modo que

el hijo

de

Sofronisco convirtió en ciencia ética, en ciencia de los deberes y de
los afectos

humanos,

lo

que hasta entonces había sido en manos de
ó esgrima dialéctica.
el

los jónicos

y de

los eleáticos, ciencia física

Y

no

es

que se

trate aquí

de rebajar en

lo

más mínimo

valor de la

especulación metafísica pura, desinteresada é

inútil, á la cual preci-

samente por esta noble condición de desinterés é inutilidad rendi-

mos
de
la

fervoroso culto, creyendo firmemente que no hay
la

generoso empleo del entendimiento humano, que

más alto y contemplación

verdad por

la

verdad misma:

ejercicio

verdaderamente divino,

en que se revela y manifiesta más que en ningún otro esfuerzo natural la participación

de

la

lumbre increada. Pero

así

como

es gra-

vísima aberración, indigna de un espíritu científico, tratar con des-

dén

las

llamadas sutilezas de filósofos y teólogos, no es yerro meel

nos grave, y en ciertas épocas ha sido funestísimo,
la

divorcio entre
arbitrariedad

práctica

y

la

especulación, y

el

dejar entregadas á

la

de

los empíricos, á la rutina
falaz

de

los leguleyos, al instinto

más ó mela

nos
el

de

los

hombres de acción, cosas tan

altas

como

Moral,

Derecho y

la Política.

No
,

lo

entendía
el

así

Francisco de Vitoria; y

en esto consiste su gloria mayor y
padre de una ciencia nueva

que merezca ser apellidado

fecunda en portentosas aplicaciones.

No

fué moralista

y

jurisconsulto,

á pesar de ser teólogo, sino que

lo

fué precisamente por su teología, deduciendo de ella corolarios

que

alcanzan á todas las grandes cuestiones sociales,

el

origen del poder
la

y
la

el

fundamento de

la

soberanía, los límites y relaciones entre
la civil, los

potestad eclesiástica y

derechos de

la

paz y de

la guerrai

esclavitud, la colonización

y la conquista. Era Vitoria discípulo de Santo Tomás y escolástico de

raza;

pero
volas

como
que
al

al fin vivió

en
los

hostiles

con

y en relaciones antes benégrandes humanistas de su tiempo, sin exel siglo xvi,

ceptuar

mismo Erasmo,

participó
el

ampliamente del

espíritu

de

generosa y libre indagación que

en vez de parecerse á los

Renacimiento trajo consigo; y degenerados nominalistas, que en su ju-

ventud alcanzó en

la

Universidad de París, y cuyas semblanzas du-

236
ran en
ticos
la

ENSAYOS DE CRÍTICA FILOSÓFICA
enérgica invectiva de Juan Luis Vives In Pseudo Dialécsus libros de causis corruptarum artium, tuvo á mérito
el

y en

y

gala,

no sólo

emplear cierto método y lucidez enteramente moartificio

dernos, cierta elegancia de exposición, y aun cierto
rio, visible

orato-

sobre todo en los proemios de sus Relectiones, exornala

dos sobriamente con los recuerdos de

antigua sabiduría

y aun

con

las flores del arte clásico, sino

yor conato en romper

los

que puso todo su empeño y maespesos muros que circundaban la palesmaestros á todo rumor de
la vida, atra-

tra escolástica, sordos sus

sados voluntariamente en dos siglos, y ociosamente ocupados en
tejer interminables telas
la luz

de araña. Con Vitoria penetró á torrentes

en

el

estadio antes inaccesible,
el

y un óleo nuevo
los

vigorizó á

raudales los miembros y
toria data la

espíritu

de

nuevos púgiles.

De

Vi-

verdadera restauración de
importancia soberana que

los estudios teológicos

en

España, y
él

la

la

Teología, convertida por
los atributos divinos
lle-

en ciencia universal, que abarcaba desde
las

hasta

últimas ramificaciones del derecho público y privado,

gó á ejercer en nuestra vida nacional, haciendo de España un pueblo de teólogos. En su escuela se formaron los más grandes del siglo xvi: un discípulo suyo,

Domingo de

Soto, escribió

el

más célebre tratado De
chor Cano, trazó, en

Justitia et Jure; otro discípulo suyo,

primero y Mel-

estilo

digno de Marco Tulio,
al análisis el

el

plan de una

enciclopedia teológica, remontándose
tades de conocer, y buscando en ellas
ciplina, que,

de nuestras faculla

organon para

nueva

dis-

merced

á sus esfuerzos, alcanzó carácter

plenamente
abismo se-

científico

y

positivo antes

que ninguna otra

ciencia.

Un

para toda
la

[la]

teología española anterior á Francisco de Vitoria, de

que

él

ron, valen

enseñó y profesaba; y los maestros que después de él viniemás ó menos en cuanto se acercan ó se alejan de sus

ejemplos y de su doctrina.

Todo

el

asombroso florecimiento

teoló-

gico de nuestro siglo xvi, todo ese interminable catálogo de doctores egregios

que abruma

las

páginas del Nomenclátor Litlerarius,

de Hurter, convirtiéndole
contenido en germen en
cia está

casi

en una bibliografía española, estaba

la

doctrina del Sócrates alavés. Su influen-

en todas partes; y sin que neguemos á insignes Maestros de

otras órdenes el lauro

que de

justicia se les

debe como iniciadores ó

ALGUNAS CONSIDERACIONES SOBRE FRANCISCO DE VITORIA
colaboradores en
el

237

renacimiento teológico; aunque pronunciemos
los

con respeto profundísimo

nombres de

Fr. Luis de Carvajal
Seráfica; del

y

de

Fr. Alfonso de Castro, timbres de la

Orden

Agus-

tino Fr.

Lorenzo de Villavicencio; del Benedictino Fr. Alfonso de

Virués; de los Jesuítas Salmerón
ni

por un momento que

el

impulso
partió

y Lainez; y aunque no olvidemos inicial de toda esta reforma de
de
los

los estudios eclesiásticos

libros

De

Disciplinis,

de

Luis Vives, y de
•de

algunos opúsculos de Erasmo, especialmente

su carta

al

Elector de Maguncia, oportunamente recordada por
las

nuestro compañero, siempre habrá que reconocer que

tenden-

cias erasmianas, por venir mezcladas de elementos sospechosos,

no

arraigaron ni fructificaron mucho, antes fueron miradas con cierta

prevención y hostilidad más ó menos violentas.
teólogos españoles que acabamos de
citar,

Y en

cuanto á los
catoli-

y cuyo ardiente

cismo y pura ortodoxia son bien notorios, ninguno de ellos, á pesar de su mérito excepcional, logró extender su acción pedagógica á

un círculo tan amplio como
graron en nuestras escuelas
libro

el

de Francisco de Vitoria, y nunca
en
las restantes

loel

ni

de

la

Cristiandad

De

Restituía Theologia, de Carvajal, ni el

De informando

stu-

dio theologico, de Villavicencio, aquel puesto verdaderan-

e único;

aquella reputación de obra magistral
el

y

clásica,

que disfrutó desde
-

momento de

su aparición la obra inmortal de Melchor
las

.no, tra-

sunto fidelísimo de

¡deas

y

interpretados por un espíritu
inquisitivo

método de Francisco de Vitoria, todavía más vasto, más genial, más
del

y audaz que el suyo, y dotado además de un poder y una magnificencia de estilo didáctico que su maestro parece haber
presentido y deseado más bien que poseído.
Inéditos aún sus comentarios á
fluencia
la

Suma de

Santo Tomás,

la in-

de Vitoria en

la

teología dogmática se prueba

más bien

por

los libros

de sus discípulos que por los suyos propios: hay que

buscarla, confesada ó no, en toda la pléyade

de teólogos dominicos,

en

los

dos Sotos, en Bartolomé de Medina, en Carranza, en Báñez,
si-

en Fr. Pedro de Herrera; dignamente continuados dentro del
glo XVII por los grandes atletas de las controversias de auxilüs,

Fray

Diego Álvarez y Fr. Tomás de Lemos, y por el perspicuo, valiente y profundísimo comentador Fr. Juan de Santo Tomás, uno de los

238

ENSAYOS DE CRÍTICA FILOSÓFICA
las

más copiosos y seguros intérpretes de la doctrina del Ángel de Escuelas. Los cuadernos de Vitoria, sus lecturas, amorosamente
piadas

co-

y piadosamente conservadas por
de su Orden,
á

los

que pudieron

oirle,

constituyeron una especie de fondo común, una doctrina tradicional dentro

cuyo fondo

fué
el

acumulándose
la

la

labor

de

los

nuevos profesores, durante todo

tiempo que

teología es-

pañola conservó alientos de renovación y bríos de juventud y esfuerzo racional sacado de sus propias entrañas. Así pudo, durante

dos

siglos, la

Orden de Predicadores exponer con
competencia con
los los

orgullo sus teó-

logos á
los

la terrible

Maldonados y Fonsecas, con

Salmerones y Toledos, con Molinas y los Vázquez, con los
si

Suárez, Valencias y x\rriagas, con los Ripaldas y Montoyas; y

para gloria de nuestra ciencia quedó indecisa
ble certamen, y no
vía

la

palma de tan no-

hubo en

rigor ni vencedores ni vencidos, todael

pudo

la

escuela de Francisco de Vitoria reivindicar
lo

patente

derecho de prioridad, no sólo en

dogmático, sino también en lo

positivo é histórico; á lo cual se añade

que

el

autor de las Relectiolos

nes Theologicae, que es en fecha
tas

el

primero de

grandes moralis-

que

la

Escuela produjo durante su edad de oro, puede reclamar
parte,

muy buena
casuistas,
ra, los

no en

los extravíos (bien ajenos

de su templanza

y sobriedad de

juicio),

pero

en los aciertos de aquella legión de

ayer tan denigrados y cuya rehabilitación comienza aho-

cuales apuraron hasta los últimos ápices la disección de los

actos humanos, de sus ocultos móviles, de sus extremas consecuencias,

de

los accidentes
las

que

los modifican,

y de

su calificación con-

forme á

leyes de

la ética cristiana.

Pero una cosa hay que confesar, aunque con dolor se confiese.

Por entibiamento de

la fe,

por ligereza de espíritu, por insensato

desdén hacia

la

tradición nacional,

que

es

mucho más

fácil

negar

que conocer

á fondo, el

movimiento de nuestras escuelas teológicas

del siglo XVI, tan vivo, tan animado, tan pintoresco
tico

y hasta dramá-

en ocasiones, yace generalmente olvidado, y aun los mismos
traer en boca los

que más suelen

nombres de nuestros doctores, y
exclusivamente su aten-

más alarde hacen de
ción (curiosa

seguirlos, suelen fijar

y

bien intencionada,

y digna de agradecerse de todos
y de
dilettante superficial)

modos; pero

al fin

curiosidad de profano

ALGUNAS CONSIDERACIONES SOBRE FRANCISCO DE VITORIA
en
ciertas aplicaciones particulares
el

239

que, con valer mucho, parecen
la

una gota de agua en
la

vasto océano de
sus

ciencia de Dios, tal

como

profesaron Santo

Tomás y

más

ilustres

y

fieles discípulos.
el

Y

en verdad que parece rara ironía de

la

suerte el que dure

bre de Francisco de Vitoria; no por haber dado tres siglos

nommás de

vida gloriosa á una tradición que parecía completamente agotada;

no por haber reconciliado
haberse remontado á

el

Renacimiento con
de

la

Teología; no por

la crítica

las fuentes positivas

de demostra-

ción teológica; no por haber enterrado definitivamente las sutilezas

de

los nominalistas
la

y terministas ; no por su admirable doctrina
política,

sobre

potestad del Papa y del Concilio, que fué bandera de nues-

tros teólogos

en Trento; no por su doctrina
las sobrias

que suele bus-

carse
tiones-,

más bien que en
en
el

y

nerviosas páginas de las Relecellas hizo Fr.

difuso

comentario que de

Domingo de
mayor
fortu-

Soto, libro ciertamente de gran valor, pero todavía de
na,
scit

conforme
Sotum,

lo acredita el

sabido latinajo de nuestras escuelas, qui

scií

totum; no por lo que escribió de las relaciones y con-

flictos

entre la Iglesia

y

el

Estado

,

adelantándose á Melchor Cano,
las

el cual,

en su Parecer famoso, no dejó bastantes veces de sacar
al

cosas de quicio, cediendo
la

calor de

la

polémica contemporánea y á

natural extremosidad é intemperancia de su carácter, que tanto
la

contrastaba con

plácida moderación científica de su maestro; no

por ninguna de estas cosas, digo, sino por una circunstancia que
parece meramente fortuita; es, á saber, por
rada erudición de Grocio,
et pacis (que
el cual,

la

buena

fe

y

la

hon-

en su famoso tratado

De jure belli

con apariencias de meramente erudito fué un progreso

en

la

vida moral del género

alguno á difundir ideas de piedad
rancia, por todo lo cual

humano y contribuyó más que otro social, de mansedumbre y de tolela fuerza),

merece ser eternamente bendecido por
tuvo á
su obra
.,

todos los aborrecedores del brutal prestigio de
gala contar á Vitoria entre los

más egregios precursores de

humanitaria, citando con verdadero
Indis y

amor

las

dos Relectiones

De

De jure

belli.

Tal noticia, transmitida de Grocio á sus numerosos compendiadores é imitadores, despertó
la

atención de

la crítica

moderna en

cuanto se intentó formar una Historia del Derecho de gentes, y en-

240

ENSAYOS DE CRITICA FILOSÓFICA
la

tonces vióse á Mackintosh afirmar en

Revista de

Edimburgo

(l),

Derecho natural, del Derecho público y del Derecho internacional deben buscarse en la filosofía escolástica, _y

que

«los orígenes del

sobre todo en los filósojos españoles del siglo xvi, que estaban anima-

dos de un espíritu mucho más independiente que
lásticos,

los antiguos esco-

merced a

los

progresos que
añadía
el
el

el

Renacimiento había traído á

nuestras escuelas».

Y

célebre publicista escocés que Es-

paña, por haber sido en
política

siglo xvi la

primera potencia militar y

de Europa, y haber sostenido grandes ejércitos y guerras continuas, hubo de sentir antes que otro país alguno la necesidad

de asentar sobre bases
fué la patria de Vitoria

sólidas el

Derecho de

la

guerra, y por eso

y de

Baltasar de Ayala.

Más

adelante escri-

bió Mackintosh su célebre Historia de los progresos de la Etica {Pro-

gress of ethical pkilosopky), y

como

á él no le detuvo ni podía dete-

nerle la mala vergüenza que solemos sentir los españoles para elo-

giar nuestras cosas,
«la

no

se hartó de llamar a la

España

del siglo xvi

rar

más poderosa y magnífica de las naciones europeas>, y decladignos de memoria eterna á Francisco de Vitoria, «por haber
el

expuesto

primero

las

doctrinas de

la

escuela en

la

lengua del siglo

de León X», y á Domingo de Soto, por haber sentado el gran principio de que «el Derecho de gentes es el mismo para todos los
humanos,
ut reor,
sin distinción

de cristianos é

infieles»:

ñeque discrepantia,

est Ínter christianos et infideles,

quoniam jas gentium cunctis

gentibiis aequale est; principio

que

sirvió á

Domingo de Soto para

condenar

de negros, y había servido á Francisco de Vitoria y á Fr. Bartolomé de las Casas para condenar la esclavitud de los indios. «Apenas acierta un hombre de nuestros tiempos, añade
la trata

Mackintosh, á tributar todos los elogios que merecen estos excelentes religiosos,

que defendieron
las

los

derechos de hombres que jamás
el

habían visto, contra

preocupaciones de su Orden,

supuesto

interés de la religión, la ambición de su gobierno, la avaricia

y

el

orgullo de sus compatriotas

y

las

opiniones dominantes en su

tiempo.»

Siguiendo

las huellas

de Mackintosh, Wheaton,

el

historiador

(i)

Septiembre de 1816,

vol.

xxn.

1

ALGUNAS CONSIDERACIONES SOBRE FRANCISCO DE VITORIA
norteamericano de
los

24

progresos del Derecho de gentes en Europa

y

en América, extractó cuidadosamente en

1846

las Relectiones

5."

y 6/ de
no

Vitoria,

y

el

tratado

De

pire
«las

belli,

de Baltasar de Ayala,

sin advertir

previamente que
xvi

Universidades españolas pro-

dujeron en

el siglo

tivaron aquella parte de
ticia ».

una multitud de escritores notables que culla moral que enseña las leyes de la jus-

Y [tras

de Wheaton vinieron á repetir algo idéntico Rivier y

Nys, y todos los autores de monografías sobre el Derecho de gentes, y últimamente coronó este concierto de elogios en tan solemne
ocasión
sor de

como la del centenario de Alberico Gentili (1876), el profePadua A. de Giorgi, saludando á Francisco de Vitoria, no
inspirador y precursor de Gentili, sino
ciencia del

sólo

como

como verdadero

padre de la

Derecho internacional.

He

dicho.

llEnillDU T

PbUTO.— £«jayoj

di critica filosófica.

IV

APUNTAMIENTOS

BIOGRÁFICOS Y BIBLIOGRÁFICOS
DE

PEDRO DE VALENCIA(*)

(*)

Publicados en
10; págs.

la Revista histórica latina

de Barcelona (año 1875, númela

ros 9 y
nota:

247 á 254, y 302 á 305). El primer artículo lleva
este artículo

siguiente

cForma parte

de

la

Biblioteca de Traductores

que tiene en

preparación nuestro amigo y colaboradoi D. Marcelino Menéndez y Pelayo.. (A. B.)

En

el

año de

1

598, á los setenta
el

y uno de

su edad, espiraba en
el

Sevilla Arias

Montano,
el

gran

filósofo, el

eminente escriturario,

sabio humanista,

dulcísimo poeta, colosal figura en aquel siglo

de gigantes, que vio morir á Erasmo y á Luis Vives. Fatigado en
vida por
la

envidia

y

las

persecuciones, envuelto en dilatados pro-

cesos, acusado ora ante la Corte

de Roma, ora en
el

el

Tribunal de

la

Inquisición

Suprema, por émulos como

maestro León de Castro,

de

mejor helenista que hebraizante, ciego y descaminado perseguidor los varones más ilustres de su tiempo, consiguió, por fin, Arias
á salvo

Montano poner

de

tales

ataques

la

contrastada Polyglota de

Amberes. Pero, muerto
intentando obscurecer
Biblia Regia,

él,

volvieron á levantarse sus enemigos,

el brillo de su nombre y dar al traste con la monumento imperecedero de su gloria. A dicha, vino

á defenderla de tan enconada persecución un discípulo de Arias

Montano, educado por
el

él

en

las letras

hebreas y en

las griegas

por

Brócense. Retirado primero con su maestro en

la

peña de Ara-

cena,

lencia los

más tarde en un lugar de Estremadura, pasó Pedro de Vamás floridos años de su edad entregado á la soledad, al

estudio

y

á la contemplación de la Naturaleza.
la

Amamantado en
la

los

grandes modelos de
gico

antigüedad, era su estilo vivo, rápido, enér-

y

conciso,

más bien que periódico y cadencioso, en

lengua

latina,

un tanto incorrecto y desaliñado en

la castellana,

achaque

común
tación

á casi todos los humanistas de su tiempo, acostumbrados á
la

pensar y á escribir en una lengua estraña. Despreciador de

afec-

y

los

vanos adornos, su

estilo llevaba

siempre una fuerza

irresistible

de lógica. Su erudición era inmensa, había leído repetidas
texto hebreo de la Biblia; entre los libros de su

veces casi todos los autores griegos y latinos, conocía poco menos

que de memoria

el

246

ENSAYOS DE CRÍTICA FILOSÓFICA
el

tiempo, rarísimo era

que no había pasado por sus manos. Reunía

á tales cualidades un

amor

irresistible

á

la

verdad y un aliento
males del reino, clamó
gabelas,

generoso para proclamarla. Conocedor de

los

repetidas veces contra las pesadas imposiciones, pechos

y

que oprimían
la

al

pueblo; combatió la tasa del pan y

la

alteración de

moneda;

vio en la ociosidad el origen

de

los

males de España;
la tierra,

escribió sobre el acrecentamiento

de

la

labor de

tan de-

caída después de

la

expulsión de los moriscos, y solicitó ahincada-

mente que
en

se adoptasen ciertas disposiciones de policía sanitaria

los lugares atacados

por

la peste.

En un discurso

dirigido al Car-

denal Arzobispo de Toledo, inquisidor general de España, clamó contra
la

absurda y bárbara preocupación, que conducía á

la

ho-

guera infinidad de pobres mujeres, acusadas de brujas y hechiceras.

Fué

el

azote de todas las supersticiones,
la

el

terror de los falsarios
la

y

embaidores, descubrió
piana y de
las

impostura del pergamino de

torre

Tur-

láminas de plomo del Sacromonte de Granada, y á

haber vivido más tiempo, terrible contrario hubieran encontrado

en

él

Román de

la

Higuera y

los

demás

forjadores

de

falsos

cro-

nicones

y antigüedades

supuestas.

Defensor de los fueros de la
literario

lengua castellana y del buen gusto

en

la

poesía y en la

prosa, fué el primero en dar el grito de alarma contra las audaces

innovaciones de D. Luis de Góngora. Porque Pedro de Valencia
era teólogo, escriturario, jurisperito
(l),

economista, historiador,

filó-

logo y hasta entendido en achaques de Medicina, pero era sobre

todo y más que todo

crítico. Crítico

en

filosofía, crítico

en antigiie-

dades, crítico en moral y en política, crítico en literatura, crítico

en todo. Adornado con

tales dotes, lanzóse á la

defensa de Arias

Montano, á quien respetuosamente llamaba <mi señor>, y opúsose á la impresión de la paráfrasis caldea del P. Andrés de León,

que altaneramente pretendía menoscabar
tro.

la

reputación de su maes-

Apoyado en

esta lucha por casi todos los hebraizantes espa-

ñoles, discípulos ó

amigos de Arias Montano, obtuvo
ilesa del

el

triunfo

más

completo y señalado, sacando

combate

la gloria

de su señor,

cuyo nombre honró por cuantos medios estuvieron en su mano,

(i)

En

el original: «perisperito». (A. B.)

APUNTAMIENTOS DE" PEDRO DE VALENCIA

247

nombrándole con veneración en todas
hermoso
Por eso
epitafio latino,
al

sus

obras y componiendo un

que

se esculpió sobre la losa
irá

de su sepulcro. de su piadoso
literaria

nombre

del

maestro

siempre unido

el

discípulo.

Fué Pedro de Valencia una verdadera autoridad

en su tiempo; sus obras, todavía no bien quilatadas por

la crítica

y

desconocidas en su mayor parte, proporcionan hartos motivos de
alabanza

lección, pero

y admiración á hoy ¿quién

la

posteridad. Útil sería recogerlas en co-

se acuerda de su

nombre? ¿quién conoce

sus escritos? Y, sin embargo, la única obra suya que se ha dado á la

estampa, su admirable tratado Académica sive de judicio erga verum,

ha corrido

la

Europa, repetida en multitud de ediciones, desper-

tando

la

admiración de los sabios franceses, ingleses y alemanes,
igualarla,

que han desesperado de
José Olivet, colector de

cuanto más de excederla.
ni

En

España, nadie se acordaba del tratado
la

de su autor, hasta que

edición de

Marco Tulio ad usutn Del-

phini, tuvo la suerte de haberle á las manos,

y con admiración

vio

que era

el

mejor comentario á
las

más acabado resumen de
de nuestros conocimientos,

de Cicerón y el diversas doctrinas sostenidas por los
los libros filosóficos

filósofos griegos sobre la cuestión capital
el criterio

de

la Lógica,

la

certeza

de

la

verdad. Pasmóse de que

estuviera tan desconocido, reprodújole íntegro

en su regia impre-

sión francesa de las obras del príncipe de la elocuencia,

y desde

entonces acompañó á casi todas las ediciones completas de Cicerón,

hechas en

el siglo

pasado.

En España, donde

tanto entusiasmo se

mismo siglo, por nuestras glorias filosóficas, reprodújose dos veces y ambas con notable esmero. Hoy, ¿cuántos
despertó, á fines del

han leído

las

Academias de Pedro de Valencia, cuántos

las

conocen

siquiera de oídas?

Triste sería la contestación. El

nombre de
en su

este español insigne,

como
grafos

el

de tantos
críticos
sin

otros, está olvidado

patria.

Nuestros biblió-

y

apenas hacen mención de su persona y obras.

Exceptuamos,

embargo, á Nicolás Antonio, que en su copiosílos escri-

sima Bibliotheca hispana-nova nos da bastantes noticias de
tos

de Pedro de Valencia, pero

muy

pocas respecto á su vida, sin

duda, porque en su tiempo era de todos conocida. Nosotros hemos
tenido
la

suerte de hallar una biografía del sabio discípulo de Arias

24°

ENSAYOS DE CRITICA FILOSÓFICA
escrita sin

Montano,

duda por persona

muy
la

allegada á

él

y cono-

cedora de los sucesos de su vida. Existe entre los curiosísimos papeles que forman el códice R.

— 87

de

Biblioteca Nacional, pa-

peles que pertenecieron antes á D. Juan de Fonseca
sumiller de cortina del

y Figueroa,

Rey

Felipe IV. Por encargo suyo y contes-

tando á un interrogatorio, se extendieron las siguientes noticias
biográficas de

Pedro de Valencia, desgraciadamente incompletas.
la

Comienzan en
permanecido

página 135 del referido códice. Hasta hoy han

inéditas.

«Pedro de Valencia nació en Zafra (según otros, en Córdoba, de

una

familia oriunda
la

de Zafra;

él

se llama siempre Zafrensis, lo cual
el

corrobora

afirmación de su biógrafo), en

año de 1555, cerca

del fin del año; fueron sus padres

Ana

Melchor de Valencia y doña Vázquez; su padre fué de Córdoba y su madre de Segura de
allí la

León. Crióse en Zafra y aprendió

latinidad de

Antonio Már-

quez. Volvióse su padre á Córdoba

oyó

las artes

en

el

colegio de

la

y allí, siendo de muy corta edad, Compañía y emprendió la Teología
la

con grande admiración de su ingenio; sus padres, por no tener otro
hijo,

no quisieron que pasase adelante con
le enviarcjn
la

Teología, sino que

estudiase Leyes,

y así no perdiendo nunca
allí

á Salamanca, en

donde

las estudió,

afición é inclinación á las sagradas letras,
le

porque desde

pidió algunas veces
la

dejasen oir Teología. Ocu-

póse desde sus primeros años en
res,
ros,

lección de todos buenos auto-

y

así era

muy conocido
y
así,

entre los

demás

estudiantes,

y

los libre-

cuyas

librerías él

frecuentaba mucho, conocían su afición á

estos estudios,

habiéndole venido á Cornelio Bonardo, entre

otros libros, los Poetas heroicos griegos., en un tomo, que imprimió

Henrico Estéfano
agradó tanto del

el

año 1566,

le dijo

que se
allí

libro,

que saliendo de
las

lo comprase, y él se y encontrándose luego

con el maestro Francisco Sánchez (de
saber griego, por comprar aquel libro.

Brozas), le dijo que quisiera
este tiem-

Compró también en

po
y

los Psaltnos,

en verso

latino,

mucho
hijo,

se aficionó á su autor.

de Arias Montano y agradándole Estando en Salamanca murió su padre,

se volvió á Zafra su madre, la cual,

aunque no

le

quedaba otro

no quiso

traerle

y

tenerle consigo, sino que prosiguiese sus es-

tudios hasta graduarse en Leyes,

como

lo hizo.

Vuelto á Zafra,

APUNTAMIENTOS DE PEDRO DE VALENCIA

249

como

se hallaba con hacienda

muy

bastante para poder pasar honni divertirse

radamente,

quiso ocuparse en abogacía

á pretensio-

nes, sino dióse á la lección de todos autores antiguos, latinos

gos, sin olvidar las leyes,

y grieporque en ocasiones de importancia, por

amistad ú otros respectos, daba su parecer, con grande erudición é
ingenio. Salió la Biblia Regia,

y

él,

por

la

noticia

que

tenía

de

Arias Montano y afición á

las letras sagradas, pidió al

Dr. Sebastián

Pérez (Obispo que fué después de Osma), que estaba entonces en
Lisboa, por medio de un amigo suyo, que se la comprase, y se
la

compró y

envió; pasando después de Lisboa á

Madrid

el

Dr. Se-

bastián Pérez, salieron á un pueblo cerca de Zafra á verle,

agradeciéndole
tano,
la

el

cuidado,

le

pidió le diese á conocer á Arias

y allí, Mon-

que era amigo suyo. Escribióle luego Arias Montano desde
(de Aracena),
la

Peña

y

él

fué luego allá; introdújole Arias

Mon-

tano en
hebrea.»

lección de la Sagrada Escritura

y

enseñóle

la

lengua

Continúa esta noticia, contestando á

las siguientes

preguntas:

¿De qué edad
¿Cuántos hijos

y qué año, nombre y padres de su mujer? tuvo? ¿Cómo se llamaron? ¿Qué amigos tuvo de letras
se casó

y con quién
¿Qué
de
oficio le

trató? ¿Cuántos años vivió?

¿Qué año vino á Madrid?
del año, casó el
treinta

dieron y en qué

le

ocuparon mientras estuvo aquí?

«Ya
y dos

está dicho

que nació

el

año de 55
infiere

al fi"

87, por Octubre, de

donde se

que era entonces de

años; su mujer,

doña Inés de

Ballesteros, hija

de Gonzalo Mo-

reno y doña Beatriz Vázquez, hermana de doña Ana Vázquez, madre de dicho Pedro de Valencia, y así eran primos hermanos y casaron con dispensación, la cual se trajo de Roma, por orden de Arias

Montano, y fué
sino

sin causa

ninguna y

sin venir

cometida

al

ordinario,

que Su Santidad decía que por cuanto fulano y
casar,

fulana,

primos

hermanos, se quieren

Su Santidad

lo tenía

por bien y quería

que se casasen y dispensaba con ellos, de manera que llevándola por buen respeto á D. Diego Gómez de Lamadrid, que era Obispo
de Badajoz entonces, se espantó y dijo que
nada, que ya todo venía hecho de
los cuatro
él

no tenía de hacer
hijos,

Roma. Tuvo y dejó cinco
el

varones y una hembra:

Dr. Melchor de Valencia, cate-

drático de

Leyes de

la

Universidad de Salamanca; doña Beatriz de

250

ENSAYOS DE CRITICA FILOSÓFICA

Valencia, Benito Frías de Valencia, graduado en Cánones y Leyes,

D. Juan de Valencia, gentilhombre del excelentísimo señor duque

principal

de Feria; Pedro de Valencia, estudiante de Cánones y Leyes. El amigo fué el Dr. Benito Arias Montano, como ya hemos

dicho. El

más

antiguo,

y cuya amistad siempre

se continuó desde

estudiantes en Salamanca, fué el licenciado Fernando Machado, oidor

de presente en Indias, en Chile, persona de muchas

letras

y

virtud,

y como
tancia

á tal le

ha cometido
á

el

Consejo negocios de grande imporá visitar algunos del Consejo

y ahora ha venido

Lima

y de
el

la Cancillería

de aquel reino. Tuvo

muy

grande amistad con

licenciado Alonso Ramírez

de Prado, del Consejo, y después de

muerto

la

continuó con su hijo D. Lorenzo Ramírez de Prado,
pila.

á quien había sacado de

Con

el

licenciado Francisco

Machado,

doctísimo teólogo, y Juan Alonso Machado,

muy

docto

jesuíta, her-

mano
tez

del dicho

Fernando Machado; con

el

licenciado Pedro Bení-

Marchena, gobernador del estado de Feria, y con los licenciados Hernán Rodríguez de Mesa, Diego Duran y Tomás Núñez Maldonado, todos clérigos y doctos en su profesión de cánones y leyes. Con éstos solía comunicar, y á las tardes, después de haber

estudiado, salíanse á pasear por el campo y con el licenciado Juan Moreno Ramírez, su cuñado, que estuvo en casa y compañía de Arias Montano nueve años, hasta el de 1598, que fué en el que

murió

el

Dr. Arias Montano, á 6 de Julio, teólogo
la

y que

trata del

y así como si fuesen hermanos, habitaron juntos en una casa, y en suma hermandad y amistad con el trato se comunicaban de ordinario sus estudios. Tuvo otros muchos amigos que le veneraron grandemenlas

estudio de

Sagrada Escritura, y sabe

lenguas antiguas,

te: el

maestro Juan Alonso Curiel, Catedrático de Escritura en Sael P.

lamanca;

F. José de Sigüenza, de la

Orden de San Jerónimo,
de Su
Sevilla,

que murió prior del

Escorial; el Dr. Terrones, predicador
el

Majestad, Obispo de León;
grón;
el

Arcediano de

Luciano de Ne-

Dr. Sirrón de Tovar

y

el

Padre Francisco Sánchez de
le

Oropesa, insignes médicos, los cuales, y otros,

estimaban grande-

mente y
por
la

se

admiraban de

lo

mucho que

sabía de aquella facultad

lección que tenía de todos los autores griegos que escribieella.

ron en

Los maestros Fr. Gregorio de Pedrosa, Fr. Hortensio

APUNTAMIENTOS DE PEDRO DE VALENCIA
Félix Paravicino, Fr. Francisco de Jesús, predicadores de Su
jestad;

25!

MaCon-

Juan Bautista Lavaña.

De

los príncipes, el

Cardenal de ToFeria,
el
el

ledo D. Bernardo de Sandoval
destable, el

y Rojas, el Duque de Conde de Lemos, D. Juan de Idiaquez,
Vivió sesenta y cuatro años, con

Marqués de
salud,

Velada,

etc., etc.

muy buena

hasta un año antes de morir, que fué enflaqueciendo

y melancolizando de manera que pasaba con desconsuelo y desaliento, que fué creciendo hasta que murió (en el año 1619).»
Hasta aquí
tando,
llega la

anónima

biografía de

Pedro de Valencia,

fal-

como se ve, la relación de los últimos años de su vida. No obstante, podemos llenar este vacío con las noticias que nos da Nicolás Antonio.

Según

refiere este

eminente

bibliógrafo, Felipe III
el

llamó á su corte á Pedro de Valencia, dándole

cargo de cronista
la

suyo, sin otro objeto que tenerle á su lado. El autor de

Bibliotheca

Hispana pone

su muerte en el año 1620.

Los

escritos del sabio dishijo

cípulo de Arias de

Montano quedaron en poder de su

Melchor,

pasando después

al

de su hermano Juan, gentilhombre del duque

En

de Feria y autor de la comedia Nineusis seu de divite epidone. tiempo de Nicolás Antonio, conservaba una gran parte de los
papeles de Pedro de Valencia
el

Marqués de Agrópoli y después

de Mondéjar, D. Gaspar Ibáñez de Segovia, tan conocido por sus
obras históricas y cronológicas.

Tranquilo y respetado por su virtud y sus
Valencia los últimos años de su vida, sin que
tos ni persecuciones sus ideas políticas

letras,
le

pasó Pedro de

acarreasen disgus-

y económicas, audazmente
al

expuestas en varios escritos presentados

Rey,

ni su atrevida

im-

pugnación de

las brujas

y de
la

los duendes, ni su

desenfadado infor-

me
el

contra los falsarios de

Alcazaba de Granada. Fué respetada

siempre su autoridad como sabio; mantúvose en su mano vigorosa
cetro que había

empuñado Arias Montano. Muerto
y del estudio de
las

él,

la

deca-

dencia de
fué rápida

la crítica histórica

lenguas orientales

y patente.
la

A

fines del siglo xvii

apenas había en España
la vista

quien conociese

lengua hebrea. Apartemos

de tiempo tan

infausto para las letras

y recordemos

nuestra edad de oro, ilustralos cuales

da por tantos y tan egregios varones, entre
ocupar
el

no merece
el abis-

lugar postrero Pedro de Valencia. Bien conoció

252

ENSAYOS DE CRITICA FILOSÓFICA

mo

en donde iba á precipitarse nuestra
literario
el

patria;

por eso combatía el

mal gusto

en

la

persona del más grande de sus apóstoles,
la luz

apenas vio que
tinieblas.

príncipe de

se convertía en príncipe de las

Las obras de Pedro de Valencia en su mayor parte permanecen
inéditas; algunas se

han perdido;

muy

pocas han logrado los honolatín,

res

de

la

impresión en diversos tiempos; unas están en

otras

en

castellano;

muchas

originales, algunas traducidas del griego.

Las
son

que hemos podido
las siguientes:

ver,

y algunas más de que tenemos
la Biblioteca

noticia,

Manuscritos existentes en

Nacional.
el siglo

Aa, 216: Obras

varias, copia

hecha en

pasado. nuestro Señor.
al

Carta á Fr. Diego Mardones, confesor del
Zafra, 25

Rey

de Enero de 1606. Sirve de dedicatoria

tratado

si-

guiente:

«Acerca de

los

moriscos de España.
fin

Tratado de Pedro de Valencia.» Al

de este tratado se lee
la

la

nota siguiente: Está sacado y trasladado este tratado de
original, escrito

copia del
él,

y firmado de Pedro de Valencia, autor de
al

en

Avila, á 3 de Diciembre de 1613. Pág. 162: Discurso de P. de

V.

sobre

el

precio del trigo,

Rey N.

S.

En

Zafra, 25

de Julio de 1605.
la

Pág. 239: Discurso de Pedro de Valencia acerca de
vellón.

moneda de

Pág. 275: Respuesta á algunas réplicas qué se han hecho contra
el

discurso del precio del pan, para el reverendísimo confesor
S. M., el P.

de

M. Diego de Mardones. En
hecha en Madrid, á

Avila, á 3I de

Diciem-

bre de 161 3. Pedro de Valencia.

La copia
Códice Aa,

está
52:

l.°

de Noviembre de 1777bru-

Papeles varios. Contiene de nuestro autor:
las

«Discurso de Pedro de Valencia acerca de los cuentos de
jas

y cosas tocantes

á magia, dirigido al limo.

Sr.

D. Bernardo

de Sandoval y Rojas, Cardenal-Arzobispo de Toledo, Inquisidor general de España. > En él se inserta un largo trozo de las Bacantes,
de Eurípides, traducido en verso castellano.

En

la

pág. 276 se lee: «Este papel no se
el

pudo acabar por no en-

tenderse bien

de donde se sacaba».

APUNTAMIENTOS DE PEDRO DE VALENCIA

253

Al
sidad,

principio tiene este códice unas hojas con trazas de original,
del discurso referido; otro papel contra la ocio-

que contienen parte

firmado por Pedro de Valencia, en Madrid, 6 de Enero
se titulaba: «Descripción

de 1608 años; otro que
virtudes
(la

de

la

primera de

las

prudencia)» y otro, «descripción de

la justicia

en oca^

sión de querer Arias

Montano comentar

las leyes del

Reino». Ade-

más contiene una
libro
intitulado:

dedicatoria á la Reina
las

Doña

Margarita, de

un

De

enfermedades de niños, y una descripción ó

Pintura de las virtudes.

En

el

índice se dice existir en

el

mismo códice unos Apuntamienlas

tos sobre la labor de la tierra-,
trarlos.

pero nosotros no hemos podido enconhojas que los contenían,
si

Quizá hayan sido arrancadas

bien

el

códice no presenta señales de mutilación alguna.

Del discurso acerca de las brujas poseía copia Nicolás Antonio;
otra tuvimos ocasión de examinar en poder de un librero en Barcelona,

y

otras

muchas

se conservan en bibliotecas públicas
éste escrito el

y

parti-

culares.

Dio ocasión á

famoso auto de

fe

de Logro-

ño, celebrado en 1610.

Con escándalo y horror leyó Pedro de Va-

lencia la relación de aquel suceso: vio con ira

y

con lástima que hatres

bían sido condenadas por

el

Santo Oficio cincuenta y

personas

bastante imbéciles para confesarse hechiceras,
el

y reflexionando que en

asunto de los brujos había tanto de necedad
pidió licencia
al

como de

bellaque-

ría,

inquisidor general para exponer su sentir en la
el

materia. Regía entonces

Consejo de

la

Suprema D. Bernardo de

Sandoval y Rojas, Cardenal Arzobispo de Toledo; nombre caro á las letras españolas por la protección que dispensó á Cervantes. El
sabio

sólo otorgó á
le

y piadoso prelado, honra de la Iglesia española de su Pedro de Valencia la merced que solicitaba,

siglo,

no

sino

que

mandó extender por

escrito su dictamen. Manifestó el discípulo
la

de Arias Montano que no juzgaba conveniente

publicación de los

procesos y sentencias inquisitoriales por honor del mismo Tribunal,

y

para evitar

el

escándalo y mal ejemplo que en
el

la

multitud produ-

cían.

Bosqueja con erudición copiosísima en
los

origen de tales supers-

ticiones

pueblos del Oriente, y más tarde en Grecia y Roma;
ciertos prodigios

afirma, [que]

aunque

y

transformaciones no son im-

posibles

á

los ángeles caídos, es lícito,

prudente y debido examinar cada

254

ENSAYOS DE CRITICA FILOSÓFICA

caso en particular, debiéndose presumir siempre que ka sido por vía
natural,

humana y

ordinaria, no habiendo forzosa necesidad de acudir

á

tnilagro que altere el curso natural y
los

común de

las cosas,

porque el

ungüento de que usan
cerlos

que se tienen por hechiceros puede adorme-

y

exaltar su imaginación hasta el grado de contar sus sueños
se debe

como realidades. Opina que
están en su juicio, ó
si,

examinar

lo

primero

si los reos

por demoniacos, melancólicos ó desesperados,
los

han salido de
opina que se

él.

Parécenle

brujos

les

debe curar con azotes y palos,
el

más mentecatos que herejes, y mas no con infamias
pacto sea entre
ellos (los

ni sambenitos. Puede ser, añade, que
jos

bru-

y

las brujas)

y

que estén de acuerdo en confesar

tales disparates

antes que

lo cierto.

En

su opinión, los tales hechiceros no son otra
vivir,

cosa que gentes de mal

que buscaban

la

soledad

y

el

misterio

para ocultar sus maleficios. Concluye rogando que se examinen las
causas despacio y que se trate con blandura á los reos, en lugar

de exasperarlos para que confiesen desatinos y necedades. Nunca
se ha impreso este tratado,

y ciertamente que

lo

merecía. Escrito
el

con gran despreocupación y libertad de ánimo, era
tivo

mejor correcmágicas, del

que entonces podía oponerse á

las Disquisiciones

P. Martín del Río,

más sangre
baros.

á la

y otros libros ejusdem fúrfuris, que han costado humanidad que todas [las] invasiones de los bárde nuestro autor:
la

Dd,

30: Contiene

«Advertencias para declaración de una gran parte de
apostólica en los actos
cia,

Historia

y Epístola ad Calatas, por Pedro de Valen-

varón doctísimo y en todo género de letras
folios,

muy eminente.»
epigramas

Tie-

ne 95

y siguen de

la

misma
desde

letra cuatro

latinos.

Quedan en blanco
Esta era
cartas.
la

los folios

el

98

al

138.

obra predilecta del autor, según se deduce de sus

A, 80: Tiene 829
León».

folios.

En

folio.

«Observaciones sobre

la

Sagrada Escritura, del

P.

Andrés de

A,

Si: Tiene 581 folios.

En

folio.

la

«Advertencias de Pedro de Valencia y Juan Ramírez acerca de impresión de la paráfrasis caldaica del P. Andrés de León, de la
los Clérigos

Orden de

menores. >

APUNTAMIENTOS DE PEDRO DE VALENCIA
Pág. 59: Respuesta del licenciado Juan Moreno Ramírez á
jeciones que
el

255
las

ob-

P.

Andrés de León ha puesto á

los

censores que re-

probaron su obra.
Pág. 68: Respuesta á las objeciones hechas á
la

censura del

maestro Alonso Sánchez.
Pág. y y. Respuesta á
las

objeciones hechas á

la

censura del maesla

tro Francisco de Espinosa.

ídem á

las

objeciones hechas á

cen-

sura del Dr. Gante.
Pág. 80: Respuesta del licenciado Juan

Moreno Ramírez

á las

censuras que aprobaron

la

obra del P. Andrés de León.

Contiene

el

códice una multitud de documentos originales relati-

vos á tan ruidoso negocio.
mírez,

Hay muchas
Valencia.

contestaciones de Juan Ra-

y no pocas de Pedro de
citados

Ms.
del

por Nicolás Antonio, como

existentes en la Biblioteca

Marqués de Mondéjar.
Paulum V. Pont. Max.
en
ut festum Sti. Pauli in Ecla Biblioteca

«Dissertatio ad

clessia constituatur.» Existe

Nacional, códice B,

129, página 155-

«Censura sobre

los

comentarios de Jerónimo de Prado y Juan

Bautista Villalpando sobre Ezequiel.»

«Expositio primi capitis Céneseos.»
la

Con

este título se conserva en

Biblioteca Nacional un tratadito contenido en un códice marcado
la

con

signatura A, 165, pág. 184. Quizá sea
el título

el

que menciona Ni-

colás

Antonio con

de

«Respuesta á Arias Montano sobre unos lugares del Génesis.»
«Discurso sobre
el

acrecentamiento de

la

labor de

la tierra.»

Se

dice existir en la B. N., cód. O, 52, pero

yo no he podido
la

hallarle.

«Discurso sobre instruir á un grande de España en
estado.»

materia de

«Discurso sobre que deben comunicar los pobres á los ricos los
datos de
la

doctrina y entendimiento.»
el

«Discurso contra

Cardenal Baronio, sobre

la

venida de Sant-

Yago

á España.»

«Discurso á S. M. para que no cargue tanto á los reinos con imposiciones.»

256

ENSAYOS DE CRÍTICA FILOSÓFICA
el

«Discurso para

gobierno público de los lugares de España en

donde hay peste.»
«Discurso sobre materias de guerra y estado, compuesto
palabras

de

y

sentencias

de Demóstenes, juntas y traducidas del

Griego.»

«Defensa de

la

memoria de Arias Montano.»
al

«Respuesta á los argumentos que se oponen
acerca de
gio de
la

parecer del autor

admisión de colegiales naturales y forasteros del colePolifemo de D. Luis de Góngora.»

San Bernardo de Oropesa.»

«Juicio sobre las Soledades

y

el

Después hablaremos de
Colección de cartas:

este tratado.

Al Dr. Francisco Sánchez de Oropesa, sobre
unos lugares de Hipócrates.

la

interpretación de

Al Dr. Terrones, en alabanza de Arias Montano. Sobre
presión de sus obras.

la

im-

A D.
la

Pedro García de Galarza, sobre una voz griega que

se lee

en

oración dominical. Galarza era entonces Obispo de Coria.

A Fr. Joseph de Sigüenza,
Otra carta miscelánea.

sobre un lugar del cap. 53 de

Isaías.

Al Mtro.
lamanca.

Fr. Martín de Peraza, catedrático de Escritura en Sa-

A D. Pedro González de Acevedo, Obispo de Plasencia, sobre unos
lugares de San Juan Crisóstomo

y sobre un

lugar de

San Pablo ad

Philippenses:

«Non rapinam
la

arbitratus est, etc.». Sobrejel día de la

celebración de

Pascua.
Badajoz; en ella hace un jui-

Al Dr. Fernando Boan, Canónigo de
cio crítico

de

los
el

Anales del Cardenal Baronio.

—Sobre un lugar de
Roa en
el libro 3.°

Baruch: sobre

cual escribió el Padre Martín de

Singular, cap. ix et x.

Al Mtro.

Curiel.
Sevilla,

Al Mtro. Francisco de Medina, Canónigo de
versos de D. Juan de Arguijo, poeta sevillano.

sobre

la difi-

cultad de^interpretar el Apocalipsis: dos cartas.

En

alabanza de los

Al licenciado Montero, Cura de Monasterio, sobre que no son
profetisas.

las Sibilas

APUNTAMIENTOS DE PEDRO DE VALENCIA

257
la

A
de

Miguel Ferrer, Secretario del Duque de Béjar, sobre

lección

la Historia.

Al

P. Luis

de Alcázar, cuatro cartas sobre

la interpretación del

Apocalipsis.

Al racionero Pablo de Céspedes, sobre
etcétera, etc.

los

Syrios y los Ármeos,

En

la

Biblioteca Nacional se conservan algunas cartas,

dirigidas á persona desconocida,

que parece

ser el P. Sigüenza.
el

Dos
2."

de estas cartas han sido incluidas por D. E. de Ochoa en
de su Epistolario Español, que forma parte de
deneyra.

tomo

la Biblioteca

de Riva-

Ms. que vio Vázquez

Siruela.

«Explicación de dos lugares de S. Pablo.»

«Observaciones sobre

la escritura,

dirigidas al Cardenal- Arzobispo

de Toledo D. Bernardo de Sandoval y Rojas.» Las cita D. Martín de Herce Jiménez en su libro titulado «Predicación de St. Yayo en España», y afirma qne se conservan en
la

Biblioteca del Escorial.

«De
la

vita Christi», en lengua castellana. Dividido

en cuatro partes;
la

primera se titulaba «Preámbulos del Evangelio» y

cuarta «Fru-

tos del Evangelio». Poseía este manuscrito, según Nicolás Antonio,
el

Arcediano Dormer, que

le atribuía,

no sabemos con qué funda-

mento, á Pedro de Valencia.

«Tratado del
drigo

linaje

de

los Sepúlvedas.»

Desconocido. Le
los

cita

Ro-

Méndez de

Silva en su

«Memorial de

Sepúlvedas». El dicho

de este genealogista merece poquísima
«Tratado del odio de
cristiana.» Desconocido.

fe,

puesto que á renglón

seguido añade que Pedro de Valencia fué cronista de Felipe IL
los

pueblos hebreo y gentil,
el

Le menciona
Sigüenza.

y de la paz mismo Pedro de Valencia
la

en una de sus cartas
Ms. existente en

al P. la

Biblioteca del

Marqués de

Romana, hoy

agregada á

la

Nacional.
el

«Informe sobre

pergamino y láminas de Granada. Para

el ilus-

trísimo Sr. Cardenal Arzobispo de Toledo, D. Bernardo de Sandoval

y Rojas. Madrid, 26 de Noviembre de 1607.» Sobre este asunto véase la erudita «Historia de los falsos cronicones», escrita por el
señor

Meskndez

Godoy Alcántara y premiada por la Academia de r Pelaio. — Ensayos de crítica filosojica.

la

Histo17

25?
ria.

ENSAYOS DE CRÍTICA FILOSÓFICA

Pedro de Valencia, en su informe briosamente
graves daños que á
falsas reliquias
la Iglesia

escrito, manifiesla in-

ta los

española había de acarrear

vención de

y

libros supuestos.

Obras traducidas:
Ms. existente en
cristiana,
la

Biblioteca Nacional, Códice E.
los discípulos

33. Lección

que

es lo

que todos

de Christo comúnmente

deben saber y cada uno por su parte guardar, coUgido y brevemente
recopilado de la doctrina y reglas del Maestro, por el condiscípulo Benito Arias

Montano, para instrucción de

la

pequeña grey. Traducido

del latín. Porfiad á entrar por la puerta estrecha.

Después corrigió este

título
las

y

sustituyó:

«La lección Christiana ó

obligaciones

comunes y
la

particulares

de todos los discípulos de Christo, coligidos de los preceptos y reglas del maestro

y reducidas á un breve sumario para
el la

instrucción

de

la

pequeña grey, por

condiscípulo Benito Arias Montano.
latín.»

Porfiad á entrar por

puerta estrecha. Traducido del

Tampoco le gustó este título y volvió al
levísima alteración.

primero, haciendo sólo una

Antepuso

las

palabras «para instrucción de la pe-

queña grey» y pospuso «por el condiscípulo Benito Arias Montano». Prelación de Arias Montano, al christiano lector.
Esta versión, escrita de puño y letra del mismo Pedro de Valencia, tiene

muchas correcciones marginales de su mano. El Dictatum
aprobaciones de
edición latina, tradu-

Christianum, de Arias Montano, se imprimió en Amberes, 7 de Octubre de
1

574 años. Siguen
al

las

la

cidas igualmente

castellano. Fué publicada esta versión

porMayáns.
intitula peri

«Oración ó discurso de Dion Chrisóstomo que se

anachoretas, esto es, «el retiramiento», traducida del griego. Publi-

cado por Mayáns,

al fin

de sus Ensayos oratorios.^

«Christophori Plantini Epitaphium.»

«Petrus de Valentía lectoribus

|

Prefación á los Salmos de Arias

Montano.»
«Borrador de carta que escribió
al

licenciado Alonso Ramírez,

cuando fué proveído

fiscal

de Hacienda.»
la

«Apología de Lysias sobre
del griego.»

muerte de Eratóstenes. Traducida

No

está completa.

«Copia de un capítulo de carta del duque mi señor.»

APUNTAMIENTOS DE PEDRO DE VALENCIA

259

orationem doniinicam illam: Pater noster qui es in coeüs symbola.»

«Ad

«De

la tristeza,

según Dios y según

los

hombres. Consideración

sobre un lugar de San Pablo.»

«Sobre

las

guerras deFlandes, de Jerónimo Franchi Conestaggio.»

«De
los

los

autores de los libros sagrados y del tiempo en que se es-

cribieron.»

Memorial sacado por

la

mayor

parte de Sisto Senes y de

Anales del Cardenal César Baronio.
la

«Relación de
cia

traza de las virtudes,

hecha por Pedro de Valen-

y Juan Bautista Lavaña.»
ilustres

«Ejemplos de príncipes, prelados y otros varones
dejaron oficios

que

y dignidades y

se retiraron.»
et utilia.»

«De hebraeorum choro expensa quedam
contento

«Otro papel ó carta acéfala, que comienza:

La

vianijestación de

y gusto

con que he sido recibido de esta ciudad,

y más

seña-

ladamente de zm., me certifican
iodos, con

y

aseguran de las voluntades de

que se acrecientan mis deseos

y

las obligaciones con
etc., etc.»

que

vengo á servir y aprovechar á esta corona,

Eruditísima carta de Pedro de Valencia á D. Luis de Góngora,
fecha en Madrid. Junio de 1613. Es una censura del Polifemo

y

las

Soledades, escrita á ruegos del

mismo Góngora. Posee
al

el

original

don Aureliano Fernández Guerra.
Carta á persona desconocida,
ládese este papelean cuidado,

principio de

la

cual se lee: Tras-

y si pudiere

ser póngase el latín en letra

redonda; y adviértese que se haga párrafo aparte y distinción, donde está aquí en esta plana á la margen.

«Discurso sobre

el

texto: «Et posuerunt

omnes

qui adierant in

corde suo dicentes: Quis, putas, puer
mini erat

iste erit:

Et enim manus do-

cum

illo».

«Apuntes sobre algunos
«Discurso dirigido á
la

edificios

y templos famosos.»
Margarita.»

reina

Doña

«Otro discurso á

la

misma

reina.»
illustriora»
|

«Humanae
«Oda
sáfica

rationis

exempla

de diversa

letra:

dudo

que sea de nuestro

autor.
al

en alabanza de Arias Montano. Epigrama

mismo.»

De

la

misma

letra.

.

26o

ENSAYOS DE CRÍTICA FILOSÓFICA

Las últimas hojas, en deplorable estado de conservación, contienen

una traducción

del tratado griego de

San Epifanio, sobre

las

doce

piedras del racional del sacerdote hebreo.

Por no desmembrar
para este lugar
prende.
R.
la

la

descripción de este códice, he reservado
los tratados originales

enumeración de

que com-

— 213.

Comienza

este

cuaderno con un opúsculo titulado

«Refutantur

tamquam

apochriphi aliqui reges antiqui Hispaniae a
aliqui recentiores se-

Joanne Annio Viterbiensi introducti, quem
quuti sunt, per

M. fratrem Franciscum de Cabrera. Augustinianum.

Antiquarensem »
355-

«Theophrasti de igne liber singularis.» Al

fin se lee: Zafra,

Junii 2, id est Pentecoste anni I59I-

Faltan desde

el folio el folio
filii

29

al

354.
al

Faltan desde

370

439, en que comienza:

Thucydidis Olori

Historia sui temporis liber primas.

Estas dos versionas parecen de puño y letra del
Valencia.

mismo Pedro de
folios sin las ta-

Al
blas».

principio de este códice se lee: «Tiene

475

En

el

estado desastroso en que hoy se encuentra, no tiene

mas que
á 358).

54-

Acaba con un tratado de medicina en
sido arrancados por
la tabla.

latín (folios

354

Le han

mano

violenta los 42 1 folios

restantes,

además de

Ni aun podemos saber los tratados

que contenía
tancia,

este precioso códice,
lo indican los

que debieron ser de grande imporél

como

mutilados restos que de

se conservan.

Afirma nuestro autor en una de sus cartas haber traducido del
griego:

«8 homilías de San Macario»,

y haber corregido
tores.

varias interpretaciones latinas de diversos au-

Obras impresas.

Académica
tibus,
I

|

si ve

|

de indicio erga verum
Valentiae
|

|

ex

ipsis

primis fon.
|

opera
|

|

Petri

Zafrensis in
|

extrema Baetica
et

Antuerpiae

ex officina Plantiniana
596.

apud viduam

Joannem

Moretum

|

1

APUNTAMIENTOS DE PEDRO DE VALENCIA
Está dedicada á

261
III.

Don

García de Figueroa, Camarero de Felipe

Fecha en

Zafra, 1596. Este precioso tratado tiene por objeto ilus-

trar las mutiladas reliquias

que de

los

«Académicos» de Cicerón

han llegado á nuestras manos. Discútese principalmente en ellos la certeza de nuestros conocimientos, ó sea el criterio de la verdad:
judicium erga verum. Comienza Pedro de Valencia exponiendo
teoría de Platón sobre
te
el

la

juicio

de

la

verdad, seguida religiosamen-

introducido en
la

por sus discípulos, Espeusipo y Jenócrates; bosqueja el trastorno las doctrinas platónicas por Arcesilao, fundador de
el

segunda Academia; coteja su sentir con

de Zenón; estudia

el

parecer de los escépticos ó pirrónicos; hace un bellísimo análisis de
la

opinión estoica; habla de Carneades

y de

la

Nueva Academia;
y

indica las alteraciones introducidas por los sucesores de Carneades

en

la la

doctrina de su maestro, y termina hablando de los cirenaicos

de
la

escuela epicúrea, no sin advertir de pasada el nacimiento de
el

escuela ecléctica representada en

alejandrino Potamón. Difícil

es hallar

un

libro

que en tan reducido número de páginas contenga
doctrina,

tanta

y tan sabrosa

tomada siempre de
de

las

mismas
y á

fuentes.

La obra
llevó

está materialmente erizada

citas griegas,

tal

grado

Pedro de Valencia su escrupulosidad en este punto, que jamás

quiso valerse del testimonio de Sexto Empírico, sólo porque en su

tiempo no se había publicado aún

el

texto griego de este filósofo,

y

nuestro autor se fiaba poquísimo de los traductores latinos. Bosquejo
lo

acabadísimo de una historia de

la filosofía,
si

manifiesta bien claro
se hubiera dedicado

que hubiera hecho Pedro de Valencia
este linaje de estudios.
el

más á
él

José Olivet, en

prefacio á las obras de Cicerón, publicadas por
lo siguiente:

en París

el

año 1746, escribe

Pedro de

Valencia-,

natuen

ral de Córdoba., hombre
los

muy docto y quizáel que mejor ha penetrado
los

arcanos de

la filosofía griega^ de tal suerte ilustró

no con breves y
mutilados y

separados escolios, sino con un extenso razonamiento,

obscuros restos que de los «Académicos de Ciceróni> nos quedan, que

me parece

haberlos entendido él sólo. Esta obra rarísima y casi desco-

nocida se publicó en Amberes, el año i^gó.

Consecuente con este

juicio, insertó el tratado

de Pedro de Va-

lencia á continuación de los

«Académicos» y del «Lúculo».

202

ENSAYOS DE CRÍTICA FILOSÓFICA

La edición «ad usum Delphini» reprodújose en Ginebra, en Padua y en Amsterdam. En todas estas impresiones se añadieron los
«Académicos» de nuestro
completa de
autor.
luz

Mr. Durand, hombre erudito, se propuso dar á
las

una colección

obras filosóficas de Cicerón, en

latín

y en

francés,

añadiendo los mejores comentarios.
cluido en el
leído en

En un

artículo prospecto in-

tomo

15.°

de

la

Biblioteca Británica, dice: «Habiendo
las

un proyecto impreso en París un elogio notable de

Aca-

demias de Pedro de Valencia, verdadero comentario de

las

de Ci-

cerón, entré en grandes deseos de ver este libro; no habiéndole en-

contrado en Londres, acudi á

la

Biblioteca de Oxford,

donde sabía

que

estaba,

y

allí

tuve

el

placer de copiarle. Conocí que Olivet no

había sido bastante exacto en su edición, y con este auxiliar pude

comprender
un

el espíritu del original».

Alpoco tiempo publicó Durand
latin de Fédition de

libro titulado:

Acadéiniques de Cicerón avec

le texte

Cambrid-

ge et des remarques
ley et le

noiivelles otiíre les conjecturesde

Davies et de Bentdes metnbres

commentaire philosophique de Valentie.

de la Société Royale.

— A Londres, 1^40.
el

Par un
la

En

el

prefacio dice

editor, tratando

de

obscuridad de los

«Académicos»:
«Esto era
el cual
lo

que tanto
la

me

hacía desear el libro de Valencia, en

he hallado
el

mayor

parte de las ilustraciones que necesitaba.

Lleva

título

de Academias de Pedro de Valencia, que se dice

«Zafrensis, in extrema Baetica»,

aunque Olivet

le

hace de Córdoba.

Nuestros diccionarios históricos no hablan de
asegura ser jurisconsulto, y
ves ocupaciones en
al fin del

él.

En

su dedicatoria

comentario habla de sus gra-

el ejercicio

de su profesión. Promete un tratado

sobre

la

moral de los Stoicos. ¡Lástima grande que no llegase á espues con su profundidad y claro
útiles,

cribirle,

estilo

nos hubiera revelado

cosas

más

que

las

luchas entre ambas Academias, sobre todo

en

los diálogos «definibus», hasta

hoy tan obscuros! Mas, como
es escelente

quie-

ra que sea, el libro

que nos ha dejado
á Cicerón
al

en

mismo, neestos dos

cesario para

comprender

y particularmente

fragmentos. Parece inclinarse
renta mantener en
el fiel la

lado de los escépticos, aunque apa-

balanza.

Comienza

este tratado señalan-

APUNTAMIENTOS DE PEDRO DE VALENCIA

263

do un origen singular á
la paz;

la filosofía,

que llama
la

hija del placer

y de
fija

hace en seguida un gran elogio de
á los principios

doctrina socrática; pasa

de

allí

de Platón y

al criterio

de

la

verdad, que

principalmente en
á
la

el espíritu, sin

excluir los sentidos. Llega por fin

gran disputa entre Zenón y Arcesilao, y examina, siguiendo á
estensión
sutilezas

mayor ambos combatientes. Las
Cicerón, pero con

y

profijndidad, las armas de

del

Pórtico le ocupan
libro.

mucho
aquí

tiempo, y éste es quizá

el

trozo

más acabado de su

De

pasa á Pirrón, á Antioco, á Crisipo, á Carneades, á Filón, tan poco
conocido,

y

los caracteriza á todos

con un solo rasgo. Acaba por
el

Epicuro, cuyo verdadero sistema sobre

testimonio de los sentidos

desenvuelve con

la

misma

habilidad, presentándole bajo

un aspecto

mucho más
libro

favorable que Cicerón. Véase en general el contenido del

de Valencia, que

me

ha sido de no poco auxilio para dar á mi

traducción y á mis escolios cierto grado de claridad que acaso los
libre del olvido.

En reconocimiento por
el

qstos servicios,
libro

y para

agra-

dar á los curiosos, he reimpreso
rara

mismo

con una exactitud

y digna

del asunto, acordándome

muchas veces de aquel precep-

to de Plinio: «no hay cosa

más

bella ni

más digna de

la

modestia de

un hombre honrado, que confesar ingenuamente
de sus adelantos», aunque no
falten autores

á quien es

deudor

que obren de diverso

modo.» ¡He aquí cómo habla un
de Valencia!

sabio estranjero de nuestro Pedro

Los redactores de

la

Biblioteca Británica nos dieron

cuidadoso extracto de

las

breve noticia de su vida,

un largo y Academias de Pedro de Valencia y una tomada de Nicolás Antonio. Manifiestan
las

esperanza de que algún día se publiquen en colección

obras de

varón tan eminente. Hasta ahora en esperanza se ha quedado.
Trató de realizarla D. Francisco Cerda y Rico, incluyéndolas en
su colección de opúsculos selectos y raros de españoles
blicó
el

ilustres.
la

Pu-

primer tomo en

1

78 1, pero desgraciadamente
las

obra no
el título

continuó. El primer volumen contiene
siguiente:

Academias. Lleva

«Clarorum hispanorum
ilustrata
|

|

opuscula selecta et rariora
|

|

Collecta et

a Francisco Cerdano Rico
|

Valentino

|

Regi a Bibliothe-

ca,

academiae historiae socio

et

causarum patrono apud. Reg.

264

ENSAYOS DE CRÍTICA FILOSÓFICA
|

Consilium

Volumen
|

prius

]

Matriti,

anno

1

78 1

|

apud Antonium

de Sancha

in platea vulgo de la

aduana
la

vieja.^ Edición
la

muy

bien

hecha. Las Academias llenan desde

página 157 á

252.

Reimprimióse además en

la

siguiente colección:

«M. Tulii
I

Ciceronis

|

Opera.

Tomus duodecimus. Anno
las

1

797-*

Bellísima edición, tan buena
ta

como

mejores extranjeras. Cons-

de 14 tomos. Matriti ex typographia regia.
12.°

tomo

comienzan

las

En la pág. 443 del Academias de Valencia, que llenan lo resal

tante del tomo.

«Lección cristiana de Arias Montano, traducida

español por

Pedro de Valencia.» Madrid, 1739, por Juan de Zúñiga. Reimpresa, más tarde, en Valencia. Cuidó de esta edición D. Gregorio Mayáns
de quien son todos
los

documentos que acompañan á

la

obra.

«Ensayos oratorios de D. Gregorio Mayáns y
la

Sisear.

Va

añadida
al

oración de Dion Crisóstomo «del retiramiento», traducida
1

espa-

ñol por Pedro de Valencia. Madrid,

739.» Reimpresa en Valencia.
casi todos los escritos
(l).

Cerda y Rico poseía originales ó copias de

de Pedro de Valencia, citados por Nicolás Antonio

(i)

He

transcrito los dos artículos
las citadas

de Menéndez y Pelayo,

tal

y

como

se

encuentran en

páginas de la Revista histórica latina. Ahora deben

consultarse además, acerca de Pedro de Valencia, á M. Serrano Sanz: Pedro
de Valencia: estudio biográfico

y

critico,

en

la

Revista de Archivos (1S99),

tomo

III,

págs.

144-176,

190-312, 321-334
iii,

y 392-416, y á C. Pérez Pastor:

Bibliografía madrileña, parte

págs. 489-491. (A. B.)

V

RAIMUNDO LULIO
PRÓLOGO DE LA EDICIÓN DEL
«

BL ANQU ER N A »

,

DE LULIO,

PUBLICADA EN MADRID, EN IS83,

POR LA BIBLIOTECA DE LA «REVISTA DE MADRID»

I.

Noticias del autor y de sus libros

Pasaron, á Dios gracias, los tiempos de inaudita ligereza científica

en que

el

nombre

del iluminado Doctor sonaba

como nombre

de menosprecio, en que su Arte 7nagna era calificada de arte deceptoria,

máquina de pensar, jerga

cabalística,

método de impostura,

ciencia de nombres, etc. ¡Cuánto

daño hicieron Bacón y nuestro Pa-

dre Feijóo con sus magistrales sentencias sobre Lulio, cuyas obras
declaraban enteramente vanas, sin haberlas leído! Es verdad que los
lulianos,

nunca extinguidos en España, se defendieron bien; pero
pasado gustaba más de decidir que de examinar, dio

como
la

el siglo

razón á Feijóo, y por lo que toca á España, sus escritos se convirtieron en oráculo. Hoy ha venido, por dicha, una reacción luliana,
gracias á los doctos trabajos é investigaciones de Helfferich, Reselló,

Canalejas,

Weyler y Laviña, Luanco,

etc.,

no todos parciales 6

apologistas de Lulio, pero conformes en estudiarle por lo serio antes

de hablar de
ó,

él (l).

Ya

no se tiene á

Ramón

Lull por un visionario,

á lo sumo, por inventor de nue\'as fórmulas lógicas, sino por pen(i)

Vid. Helfferich:

Raymond Lull und

die

Anfange der catalanischen Lite-

ratur (Berlín, 1858).— Reselló: Obras rimadas de Lull (Palma, 1859), y Biblioteca Luliana (inédita). — Canalejas: Las doctrinas del doctor iluminado R. Lulio
(Madrid, 1870), y otros opúsculos.

gado por

si

mismo (Palma, 1867) en

— Weyler y Laviña: Raymundo Lulio juz— Luanco: Raymundo Lulio considerado como
el

alquimista (Barcelona, 1870). [Acerca de Lulio véanse

discurso de

Menén-

dez y Pelayo, incluido por
de los heterodoxos españoles

él

La

ciencia española (3.^ edición), la Historia

(2.^ edición, tomo iii, págs. 257-289) y el opúsculo de D. Antonio Rubio y Lluch: Ramón Lull (Barcelona, 191 1). Los dos primeros capítulos del presente estudio son reproducción de los dos primeros pá-

rrafos del capítulo v, libro

111

de

los Heterodoxos. (A. B.)]

268

ENSAYOS DE CRÍTICA FILOSÓFICA
la unidad de la ciencia y quiso fundando una especie de realis-

sador profundo y original, que buscó
identificar la

Lógica y

la Metafísica,

mo

racional; por verdadero enciclopedista; por observador sagaz

de

la naturaleza,

aunque sus

títulos

químicos sean

falsos

ó dudosos;

por egregio poeta y novelista, sin
lanes de la forma didáctica

rival entre los cultivadores catala

y de
la

simbólica, y, finalmente, por

texto

y modelo de lengua en

suya nativa. El pueblo mallorquín
la fe católica: la Iglesia

sigue venerándole

como

á mártir de
se

ha aprotodo
las

bado este culto inmemorial, y
antiguas acusaciones contra
la

han desvanecido

casi del

ortodoxia luliana.

La vida de

Lulio, el catálogo de sus libros ó la exposición de su

sistema sería materia, no de breves páginas, sino de muchos y abultados volúmenes, sobre los ya existentes, que por

solos

forman

una cumplida

biblioteca.

La

biografía de Lulio es una novela: pocas ofrecen

más variedad
25 de Enero

y

peripecias (l). Nacido en
hijo

Palma de Mallorca

el

de 1235,

de uno de
la

los caballeros catalanes
la le

que siguieron á
entró desde

Don Jaime

en

conquista de

mayor de
llamaba

las Baleares,

muy joven

en palacio, adonde

lo ilustre

de su cuna. Li-

viana fué su juventud, pasada entre risas
torpes amoríos. Ni
del
el alto el

y devaneos, cuando no en
la corte

cargo de Senescal que tenía en

Rey de

Mallorca, ni

matrimonio que por orden del monarca
al

contrajo, fueron parte á traerle

buen camino. La tradición
el

(ins-

piradora de muchos poetas) ha conservado
res de

recuerdo de los amo-

Raimundo con

la

hermosa genovesa Ambrosia del Castello
en cuyo seguimiento penetró una vez á

(otros la llaman Leonor),

(1)

Vid. entre otros biógrafos de Lull: Doct. Petri Bennazar almae sedis
caitonici.

Maioricartim

Breve ac compendiosum rescriptum, nativitaíem,

vitam...

R. Lulli compleclens (Mallorca, 16S8).
Rai. Pasqtial (Aviñón,
1

— Vindiciae

Lullianae... Anctore

D. Ani.

77S).

— Vida y hechos del admirable Doctor y mártir RaHistoria del reino de
ínclito

món

Lull, por el Dr. Juan Seguí (Palma, 1606).

Mamár-

llorca,

por D. Vicente Mut (todo

el libro III).—

Vida admirable del

tir de Cristo

B. Raimundo Lulio, por Fr. Damián Cornejo (Madrid, 1686).

Disertaciones históricas del culto inmemorial de R. Lulio, por la Universidad
luliana (1700).

Acta B. R. L. Maioricensis, por Juan B. Soler (1708).

— Wad-

ding: Anales, etc. [Cons. también á

Mossen Joan Avinyó: El terciar ifrancescá

Beat Ramón

Llull; Igualada, 1912. (A. B.)]

RAIMUNDO LULIO
caballo por la iglesia de Santa Eulalia, con escándalo
los fieles

269

y horror de
la

que

asistían á los
la

Divinos Oficios.

Y

añade

tradición

que

sólo

pudo

dama

contenerlo mostrándole su seno devorado
él la

por un cáncer. Entonces comprendió

vanidad de
casa,

los deleites
hijos;

y de

la

hermosura mundana; abandonó su

mujer é

en-

tregóse á las

más duras
la

penitencias,

amores:

la

Religión y

y sólo tuvo desde entonces dos Ciencia, que en su entendimiento venían á

hacerse una cosa misma.

En

el

Desconort, su

poema más

notable,

recuerda melancólicamente los extravíos de su juventud:
Quant fui grans,
Oblidam
lo
e

senii del

mon sa vanUat,

Comencey d far mal:

e enirey en peccat;

ver Deiis: seguení canmliiat, etc.

Tres pensamientos

le

dominaron desde

el

tiempo de su conver-

sión: la cruzada á Tierra Santa, la predicación del Evangelio á ju-

díos

y musulmanes, un método y una
las
ella.

ciencia
la

nueva que pudiese

demostrar racionalmente

verdades de

Religión, para conven-

cer á los que viven fuera de

Aquí

está la clave de su vida:

cuanto trabajó,

viajó

y

escribió se refiere á este objeto

supremo.

Para eso aprende

el

árabe,

y

retraído en
fe

el

monte Randa, imagina

su Arte universal, que tuvo de buena
así lo
llorca,

da á entender en en 1275,
la

el

Desconort. Logra de

por inspiración divina, y Don Jaime II de Ma-

creación de un colegio de lenguas orientales en
los religiosos

Miramar, para que

Menores

allí

educados salgan á

convertir á los sarracenos: fundación que aprueba Juan

XXI

en

el

año primero de su pontificado.
¡Qué vida
tal
la

de Raimundo en Miramar y en Randa! Leyéndola

como

él la

describe en su Blanqnerna, se cree uno transportado
la vista la

á

la

Tebaida, y parece que tenemos á

venerable figura de

algún padre del yermo. Pero Dios no había hecho á Raimundo para
la

contemplación aislada y

solitaria:

era

hombre de acción y de
una elocuencia
le

lucha, predicador, misionero, maestro, dotado de

persuasiva, que llevaba tras
rigirse á

sí las

muchedumbres. Así
III la

vemos

di-

Roma

para impetrar de Nicolás
á Tartaria,

misión de tres

reli-

giosos de

San Francisco

mismo

la fe

á los musulmanes,

y el permiso de ir á predicar él y emprende luego su peregrinación

270

ENSAYOS DE CRITICA FILOSÓFICA
Siria,

por

Palestina, Egipto, Etiopía, Mauritania, etc. (l), dispu-

tando en Bona con cincuenta doctores árabes, no sin exponerse á
las iras del

populacho, que
él

le

escarneció, golpeó

y

tiró

de

las

bar-

bas,

según
á

mismo

dice.
la

Vuelto

Europa, dedícase en Montpelier á

enseñanza de su

Arte\ logra del Papa Honorio

IV

la

creación de otra escuela de lenla

guas orientales en Roma; permanece dos años en
París,
lás

Universidad de
insta á

aprendiendo gramática y enseñando

filosofía;

Nico-

IV para que llame

á los pueblos cristianos á una cruzada; se
la

embarca para Túnez, donde á duras penas logra salvar
facio VIII

vida

entre los infieles, amotinados por sus predicaciones; acude á Boni-

con nuevos proyectos de cruzada, y en Chipre, en
'sin

Armenia, en Rodas, en Malta, predica y escribe,
la

dar reposo á

lengua ni á

la

pluma.

Nuevos
misión en
Bugía;

viajes á Italia

y á Provenza; más proyectos de cruzadas,

oídos con desdén por
la

el

Rey de Aragón y por Clemente V;
donde se
salva casi

otra

costa de África,

de milagro en
le ofrecen

negociaciones con písanos y genoveses,
florines

que

35.000

para ayudar á

la

guerra santa...

(2).

Nada de

esto le
la

apro\echó, y otra vez se frustraron sus planes.
versidad de París
le

En cambio,

Uni-

autoriza en

1

309 para enseñar públicamente su
los averroístas,

doctrina, verdadera
allí

máquina de guerra contra

que

dominaban.
131
1

En
las

se presenta

Raimundo

al

Concilio de

Viena con varias

peticiones: fundación

de colegios de lenguas semíticas; reducción de

Ordenes

militares á una sola; guerra santa, ó por lo

menos de-

fensa y reparo á los cristianos de
hibición del averroísmo
sidades.

Armenia y Santos Lugares; pro-

y enseñanza de su arte en todas las UniverLa primera proposición le fué concedida: de las otras se
ayudasen
pode-

hizo poca cuenta.

Perdida por Lulio toda esperanza de que
rosos de
la tierra,

le

los

aunque

el

Rey de

Sicilia,

Don

Fadrique, se le
la

mostraba propicio, y determinado á trabajar por su cuenta en
(i)

Algunos tienen este primer

viaje

por fabuloso; pero

el Sr.

Roselló le

afirma.
(2)

Algunos niegan este hecho, que realmente es poco probable.

RAIMUNDO LULIO
conversión de los mahometanos, se embarcó en Palma
el
1

27

I

4 de

Agosto de

1

3 14

con rumbo á Bugía, y

allí

alcanzó

la

corona del

martirio, siendo apedreado por los infieles.

Dos mercaderes genolos

veses

le

recogieron espirante, y trasladaron su cuerpo á Mallorca,

donde

fué recibido

con veneración religiosa por

jurados de

la

ciudad, y sepultado en la sacristía del convento de

San Francisco
30 de Junio

de Asís.

La

fecha precisa de la muerte de

Raimundo

es

el

de I315.
El culto á la memoria del mártir comenzó

muy

pronto: decíase
los

que en su sepulcro

se

obraban milagros, y

la

veneración de

ma-

llorquines al doctor iluminado fué autorizada,
rial,

como

culto

inmemoha inten-

por Clemente XIII y Pío VI.
el

En

varias ocasiones se
II

tado

proceso de canonización. Felipe

puso grande empeño en

lograrla;

y hace pocos años qu
le

el

Sumo

Pontífice Pío IX, ratifican-

do su
to,

culto, le

concedió Misa y rezo propios, y los honores de Bea-

como

llamaron siempre los habitantes de Mallorca.

Este hombre extraordinario halló tiempo, á pesar de los devaneos

de su mocedad, y de

las

incesantes peregrinaciones

y

fatigas

de su

edad madura, para componer más de quinientos

libros,

algunos de

no pequeño volumen, cuáles poéticos, cuáles prosaicos, unos en
latín,

otros en su materna lengua catalana. El hacer aquí catálogo de

inoportuno y superfluo: vea el curioso los que formaron Alonso de Proaza (reproducido en la Bibliotheca, de N. Antonio);
ellos sería
el

doctor Dimas (manuscrito en

la

Biblioteca Nacional),

y

el

doctor

Arias de Loyola (manuscrito escurialense). Falta una edición completa; la

de ]\Iaguncia (1731 y siguientes), en diez tomos
mitad de los escritos lulianos.

folio,

no

abraza

ni la

Ha

de advertirse, sin em-

bargo, que algunos tratados suenan con dos ó tres rótulos diversos,

y que otros son meras repeticiones. Entre los libros que pertenecen al Arte 6
gunos de
descuella
(i)

lógica luliana (de al-

los cuales
el

hay colección impresa en Strasburgo, 1609)
et

Ars jnagna generalis
Lulli,

ultima

(l), ¡lustrada
ipso

por

el

Ars

Raymundi

Opera ea quae ad inventam ab

artem universalem,

scieniiarum, artiumque omnium... pertinent. Argeniinae, sumptibus Lazari Ztlz-

neri (i¡gg).

Con

los

comentarios de Cornelio Agripa y de Jordano Bruno.

272
brevis

ENSAYOS DE CRITICA FILOSÓFICA

y por

las diversas artes inventivas,

demostrativas y expositila

vas. Igual objeto llevan el

De

ascensu

et

descensu intellectus,
el

Tá-

bida generalis ad omnes scientias applicabilis, empezada en
to de

puer-

Túnez

el

15 de Setiembre de 1292 y, sobre todo, el
las

Arbor

scientiae,
ella la

obra de

más extensas y

curiosas de Lulio, que usó en
el

forma didáctica simbólica, ilustrando con apólogos

árbol

ejempUfical.

Entre
tatio

los opúsculos

de polémica

filosófica descuella la

Lamen-

duodecim principioriim philosophiae contra Averroistas.
grande obra es
el

Como
teólogo

místico, su

Liber contemplationis;
\-arias

como

racional, el

De

articulis fidei,

además de sus

disputas con los

sarracenos.

Numerosos tratados de

lógica, retórica, metafísica, dela

recho, medicina

y matemáticas completan
la caballería,
el

enciclopedia luliana.
el

Libros de moral práctica, en forma novelesca, son
el

Blanquerna y
el

del
los

Orden de

imitados por D. Juan Manuel en

De
la

Estados y en
la

Del Caballero y

del Escudero. Novelesca es

también en parte

forma del Llibre de maravelles, que contiene

única redacción española conocida del apólogo de Renart. Las
el Sr.

poesías de Lull, coleccionadas por

Roselló (que es de sentir

admitiese algunas, á todas luces apócrifas,

como

las Cobles

de

alqui-

mia y

la

Conquista de Mallorca, forjada indudablemente por algún

curioso de nuestros días), son: ya didácticas,

como

ü Aplicado de
líri-

Vart general,
cas,

la

Medicina del Peccat y

el

Dictat de Ramón; ya

como

el

Plant de nostra dona Santa María, Lo cant de Ramón,

y dos canciones intercaladas en el Blanquerna; ya lírico-didácticas, como el hermoso poema del Desconort, y hasta cierto punto Els
cent

Moms de Deu, donde
las

la

efusión
(l).

lírica

está

ahogada por

la

seque-

dad de

fórmulas lulianas

(i)

Debemos mencionar

algunas de

las

ediciones

más

asequibles de los

tratados antedichos. Buena parte de los filosóficos se hallará en la colección
intitulada:

Beati Raymundi
lutis

Lulli, doctoris illuminati et

marfyris Operum... Anno sa-

Domini

MDCCXXI.
folio.

Maguniiae, ex o/ficina typographica Mayeriana per

Joantiem Gregorium Hajfuer (con interesantes prolegómenos de Salzinger).

Diez tomos en

Nunca, ó rarísima vez, se hallará ejemplar íntegro.
et

B. Raymndi Lulli... Liber de ascensu

descensu iniellecius.

Valentiae im-

RAIMUNDO LULIO

275

Dos caracteres distinguen
Otro interno: es popular
dito:

á la doctrina luliana,

uno externo y
cita;

y armónica. Prescinde de todo aparato erulos escritos

apenas se encontrará en

de Lulio una

todo

aparece

como

infuso y revelado. Para herir el alma de las

muche-

dumbres
de

se vale el filósofo mallorquín del simbolismo., de los scke-

mas (como ahora
ría, la

se dice) ó representaciones gráficas, de la alego-

narración novelesca

y

del ritmo: hasta metrifica las reglas

de

la lógica.

Construye Lulio su sistema sobre
ciencia: toda ciencia particular,
casillas

el

principio de unidad de
atributo, entra

la

como todo
á lo ideal

en

las

de su Arte, que es á

la

vez lógico y metafísico, porque

R. Lulio pasa sin cesar de

lo real

y de

la

idea

al

símbolo.

Pero no

me

pertenece hablar aquí de

la lógica luliana. ni del

juego
siste-

de

los términos, definiciones, condiciones

y

reglas, ni

de aquel

ma
oro

prodigioso que en
el

el

Árbol de la Ciencia engarza con
el del espíritu,

hilo

de

mundo de
anno 1512
1744.
ei

la

materia y

procediendo alterna-

prestís
lis

nunc Palmae Alajoricarum anno 1744.
8.".

Ex

typis

Michae-

Cerda...,
el

En

Hay una traducción

castellana del siglo

pasado

muchas obras de Lulio). La edición de Zetzner, ya mencionada, no contiene mas que el Ars brevis, el De
(en
cual se reimprimieron y tradujeron

auditu Kabbalistico, Lamenlalio contra Averroistas, Lógica, Tractatus de conversione subjecti et p.raedicati.
articulis fidei.

De

venatione medii, Rhetorica,

Ars Magna y De

Árbol de la ciencia, del iluminado maestro Raimundo Lulio, nuevamente traducido y explicado por D. Alonso de Cepeda

y Andrada.

Bruselas, 1664. (Dio

ocasión á un notable opúsculo del judío Isaac Orobio de Castro contra los

Luüanos.)

B. Raymundi

Lulli...

Líber magnus contemplationis. (Palmae, 1746).

El Blanquerna se imprimió en Valencia (1521) por Juan Jotre, traducido al
valenciano, es decir,

remozado en

el estilo,

por mossén Juan Bonlabii.

Hay

una traducción castellana: Blanquerna. maestro de
los esíadus
ca...

la perfección cristiana en

de matrimonio, religión, prelacia, apostólico señorio

y vida

eremíti-

Con

licencia.

Año

1749.

En

Mallorca, por la viuda de Frau. El traductor

tuvo á

la vista

un antiguo manuscrito catalán. De otro semejante ha presen*

tado extractos mi amigo A. Morel-Fatio en su curioso artículo Le

Roñan
el

de

Blanquerna {Romanía, tomo
Sobre

v\).

El libro del Orden de la caballería y
la

De

maravillas están en prensa para
el

Biblioteca catalana de D. Mariano Aguiló.

segundo de estos

libros véase el opúsculo
Z.a//

de Hofmann: Ein Katala-

nisches Thierepos von

Ramón

(München,

1872).
18

MxsBHDKZ r PsLATO.

Bn-ayos de critica jilosójica.

274

ENSAYOS DE CRITICA FILOSÓFICA
análisis,

tivamente por síntesis y
cias

tendiendo á reducir

las discordan-

y resolver venzay

las

antinomias, para que, reducida á unidad la
el

mu-

chediimbre de las diferencias (como dijo
lianos),

más elegante de

los lu-

triunfe y

ponga su

silla,

no como unidad

panteística,

sino
lla

como

última razón de todo, aquella generación infinita, aque-

espiración cumplida, eterna e infinitamente pasiva ji activa

á

la

vez,

en quien

la

esencia y la existencia se compenetran, fuente de

luz
la

y

foco de sabiduría

y de grandeza. Esto me
la cual

trae á los lindes
las

de

teodicea luliana, en

debo entrar, ya que

audaces no-

vedades del ermitaño mallorquín fueron calificadas por Eymerich y
otros de manifiestas herejías, punto que conviene poner en claro.

II.

— Teología

racional de Lulio.

— Sus

controversias

CON LOS AVERROÍSTAS

Para no extraviarnos en
todo
la
tes

el juicio

conviene tener presente ante
la fe
iii

la

doctrina de las relaciones entre
el

y
la

la ciencia, tal

como

expone Santo Tomás. En
leemos
(l):

capítulo

de

Summa
lo

contra gen-

«Hay dos órdenes de verdades en

que de Dios se

afirma: unas

que exceden toda facultad

del entendimiento

humano,
la

verbigracia, que Dios es trino y uno; otras

que puede alcanzar
es uno, lo cual

razón, por ejemplo, que Dios existe

y que
ii)

demos-

traron los filósofos guiados por la sola razón natural».

Y

en

la

Suma

Teológica (part.

i.^,

q.

ii,

art.

añade: «iVb son estos ar-

tículos de la fe, sino

preámbulos a

los artículos^.

La

fe,

por

lo tanto,

no está contra
Santo Tomás

la

razón, sino sobre la razón. Infiérese de aquí,

y

lo dice

expresamente, que

la fe

no puede ser demos-

trada, porque trasciende el

humano

entendimiento,

y que en
la fe,

las dis-

cusiones contra infieles no se ha de atender á probar
(i)

sino á

«Est autem in his quae de

Deo

confitemur, dúplex veritatis modus.

Quaedam namque...
nis

sunt de Deo, quae omnetn facultatem
esse trinum et

excedunt ut

Deum

humanae ratiounum. Quaedam vero sunt, ad quae

etiam ratio naturalis pertingere potest, sicut est

Deum

esse:

quae etiam phi-

losophi demostrative proba verunt, ducti naturalis lumioe rationis>.

RAIMUNDO LULIO
defenderla. Yerran, pues, los

275

que

se obstinan en

probar racional-

mente

la

Trinidad y otros misterios, en vez de contentarse con deni

mostrar que no encierran imposibilidad

repugnancia.

^Fué
no,

fiel

á estos principios

Ramón

LulI? Forzoso es decir

que

aunque tiene alguna disculpa. Encontróse con
fe

los averroístas,

que disimulaban su incredulidad diciendo: «La

y

la

razón son
la fe,

dos campos distintos: una cosa puede ser verdadera segün
falsa

y

según
la

la

razón».

Y

Lulio juzgó que

la

mejor respuesta era pro-

bar por

razón todos

los

dogmas, y que no había otro camino de
pretende Lulio (que aquí estaría
la he-

convencer á

los infieles.
el

No

terodoxia) explicar
sible

misterio,

que es por su naturaleza incompren-

y

suprarracional, ni analizar exegética é impíamente los doglo

mas, sino dar algunas razones que aun en

humano convenzan de

su certeza. La tentativa es arriesgada, está á dos pasos del error, y error gravísimo, que en manos menos piadosas que las de Lulio hubiera acabado por hacer racional la teología., es decir, por destruirla.

Tiene, además, una doctrina sobre

la fe propedéutica.,

verdadeel

ramente digna de censura, aunque profunda é ingeniosa. En
capítulo

Lxm

del Arte

Magna leemos
fe está

este curioso pasaje,
el

que ya

he citado antes de ahora: «La
el

sobre

entendimiento,

como
que

aceite sobre el agua... El
es: el filósofo

hombre que no
es.

es filósofo cree

Dios

entiende que Dios

Con

esto el entendimiento
la

sube con
cia.

la intelección á

aquel grado en que estaba por
la fe,
el

creen-

No
si

por esto se destruye

sino que sube

un grado más,
ella el aceite.

como
da con

añadiésemos agua en

vaso subiría sobre

El entendimiento alcanza naturalmente muchas cosas. Dios
la fe

le

ayu-

y entiende mucho más. La fe dispone

y
la

es

preparación

para

el
al

entendimiento,

como
fe

la

caridad dispone á
el

voluntad para
la inte-

amar

primer objeto. La

hace subir
el

entendimiento á

lección del ser primero.

Cuando

entendimiento está en un grado,
llegar á la

la fe le dispone para otro,

y

así

de grado en grado hasta
reposar en
él,

inteligencia del primer objeto

y

identificándose fe

entendimientos
jante á un

.

«El entendimiento

— dice en otra parte —
pies por

y
el

es seme-

hombre que sube con dos
el pie

una
el

escalera.

En

primer escalón pone

de

la fe,

y luego y

del entendimiento

cuando

el pie

de

la fe

está en el segundo,

así

va ascendiendo. El

276
fin del la fe

ENSAYOS DE CRÍTICA FILOSÓFICA

entendimiento no es creer, sino entender, pero se sirve de
instrumento. La
fe

como de

es

medio entre
el

el

entendimiento

y

Dios. Cuanto

mayor

sea la

fe,

más crecerá
fe,

entendimiento.

No

son contrarios entendimiento y

como

al

andar no es contrario

un pie

al

otro»

(l).

Cabe, sin embargo, dar sentido ortodoxo á muchas de estas proposiciones, aun de las que parecen

más

temerarias.

Cuando llama
se refiere al
la razón,

Raimundo
por
lo

á la

fe

preparación para

d entendimiento,
de suplir á

hombre rudo
existencia y

é indocto, en quien la fe ha
las

aun

que toca á

verdades racionalmente demostrables;

v. gr., la

esos grados tienden á confundir las esferas de la

unidad de Dios. Pero no ha de negarse que esa escala y fe y de la razón,
qiwd fides
est

aunque

Lulio, fervoroso creyente, afirma á cada paso

superiiis et intellectus inferías. Él
cipio

comprendía que

la

verdad

es prin-

común d
i//a

la fe

y

al entendimiento-, y empeñado en demostrar
sit per Jidem,

que
en

¡ex

quaecumque

oporíet qiiod sit vera, erraba

el

método, aunque acertase en
el

el principio.
si

En
bar su

Desconort dice: «Ermitaño,
ijpodría culpar

el

hombre no pudiese prosi

fe,

Dios á los cristianos,

|no la

mostrasen

á los infieles? Los infieles se podrían quejar justamente de Dios,

porque no permita que
el

la

mayor verdad
la

fuese probada, para que
la

entendimiento ayudase á amar

Trinidad,

Encarnación»,

(1)

Et

sic fides ascendit

super intellectum, sicut oleum ascendit super

aquam... Et tune inteilectus ascendit ad illum

gradum

intelligendo, in

quo

erat credendo... Sicut charitas disponit voluntatem ad

amandum objectum

primum,

fides disponit intellectum

ad intelligendum... Et quando intellectus

est in aliquo gradu intelligendo, fides disponit illum in illo gradu credendo, ut ascendat in alium

gradum

intelligendo, et sic

de gradu

in

gradum, quous-

primum objectum et in ipso quiescit intelligendo... Fides est médium cum quo intellectus acquirit meritum, et ascendit ad primum objectum, quod quidem influit intellectui fidem, ut ipsa sit intellectui unus pes ad ascendendum. Et intellectus habet alium pedem de sua natura, videlicet intelligere: sicut homo ascendens scalam cum duobus pedibus.
que
intellectus ascendit ad

Et in primo scalone ponitur pes

fidei.

Et

in illomet

pes intellectus, ascen-

dendum
tamen

gradatim... Credere

non

est finis intellectus, sed intelligere,

verum-

fides est
etc.

suum instrumentum...

fides consistit inter intellectum et

Deum»,

RAIMUNDO LÜLIO
etcétera.
(l).

277
¿si el

Y

replica el ermitaño:
fe,

«Ramón,

hombre pudiese

demostrar nuestra
nito ha de

perdería

el

mérito de

ella?

Y ¿cómo
contesta

lo infi-

comprender

lo finito?» (2).
fe

A
al

lo cual

como

puede Raimundo: «De que nuestra

se

pueda probar, no se sigue
ente increado, sino que

que

la

cosa creada contenga ni abarque
él

entiende de

aquello que

le

es concedido» (3\
la

En
idea:

la

introdución á los Artículos de ¡a fe (4) explana
la fe

misma
razón,

«Dicen algunos que no tiene mérito

probada por

la

y por esto aconsejan que no se pruebe la fe, para que no se pierda el mérito... En lo cual manifiestamente yerran. Porque ó entienden
decir que la fe es fuera
tirla.

más probable que improbable, ó al contrario. Si más improbable que probable, nadie estaría obligado á admique
es improbable en
sí,

Si dicen

pero que se puede probar

su origen divino, sigúese que es probable, porque viene de Dios,

y

verdadera y necesaria, por ser Él

la

suma verdad y
provar,

sabiduría (5).

(i)

iNermitá,

si la fe

hom no pogués
volon mostrar;

Donch Deus

ais christians

no pográ encolpar,

Si á los infaels

no

la

Els infaels se pogren de Deus per dret clamar;

Car major veritat no lax argumentar;
Perqué l'entendiment
Cora mays
(2)

ajut á nostra amar,

am
si

trinitat é

de Deus l'encarnat>,
nostra

etc.

«Ramón,

hom pogués demostrar

fe,

Hom
Tota

perderá merit

Encara qu'el huma entendre no conté
virtut

de Deu qu'infinida es man é
ella

Tant, que causa finida tota
(3)

no

té».

«E si bé's pot provar, ao's segueix que creat Contengua é comprena trestot l'ens incre?t,

Mas qu'en entén

aytant,

com en

eyl s'en es dat>.
333.)

[Obras rimadas, págs. 331 á
(4)

Articuli fidei sacrosanctae ac salutiferae legis christiattae
qtíos illuminatus

cum eorumdem

perpulchra introductione:

Doctor Magister Raymiindus Lullius

rationibus necessariis demostrative probai. (Págs. 941 y siguientes de la edición

de Strasburgo.)
(5)

«Dicunt etiam quod

fides

non habet meritum cui humana

ratio

prae-

bet experimentura, et ideo dicunt, quod non est

bonum probare

fidem ut

278

ENSAYOS DE CRÍTICA FILOSÓFICA

El decir que por razones naturales puede desatarse cualquiera objeción contra
la fe,

pero que

las

pruebas directas de

ella

pueden

también destruirse racionalmente, implicaría contradicción. El que
afirma, v. gr.,

corrupción, afirma

y prueba por razones necesarias que en Dios no hay y prueba que hay genei'ación» (l).
el

Repito que

error de Lulio es de método:

él

no intenta dar exes convertir

plicaciones racionales de los misterios: lo
positiva la argumentación

que hace

en

negativa.

Ahora conviene dar alguna
él

muestra de esas demostraciones, para

más necesarias
se

y

potisimas

que

las

demostraciones matemáticas.

A eso

encamina

el libro

De

artículis fidei, escrito en

Roma
los

en 1296

(2). la

Después de probar en

primeros capítulos

existencia del

ente suinme boniiin, infinite

magnum,
sin duda,
(3):

eteino, infinito en potestad,
el

sumo en
taja

virtud

y uno en
el

esencia,

apoya

dogma de

la

Trinidad

en estas razones, profundas, de dejar intacto

misterio

y que además «Si la bondad

tienen la venfinita es

razón

non amittatur meritum... Ostendunt

se manifestissime ignorantes.
sit

Quia aut

intendunt dicere quod ipsa fides in se
lis...

magis improbabilis quam probabi-

probabilis, sed probabile est

Aut intendunt dicere quod ipsa fides in se est magis improbabilis quam quod sit a Deo. Et in hoc casu si probabile est quod sit a Deo, sequitur quod ipsa est probabilis, et si est verum quod sit a
est vera et necessaria.>
(i)

Deo, ipsa

Si quis

autem dixerit quod objectiones quae possunt

fieri

contra fidem,
fieri

possunt solví per rationes necessarias, et probationes quae possunt

pro

ñde possunt
dictionem...

frangí per rationes necessarias, dicimus

quod implicat contra-

Qui autem intendit improbare per necessarias rationes quod

corruptio non est in Deo, et ipsum oportet tenere quod generatio est in

Deoí,
(2) to, et

etc.

cFactus fuitiste tractatus

Romae anno Domini MCC nonagésimo

sex-

completus ibidem in
«Sed bonitas

vigilia Beati

Johannis Baptistae...» (Así acaba el

libro.)
(3)

finita est ratio

bono

finito,

de se bonum

finitum: ergo bonitas infinita erit ratio

quod producat naturaliter et bono infinito, quod pro-

ducat naturaliter et ex se
nita,

bonum

infinitum: ergo

cum

in

Deo

sit

bonitas

infi-

producet bonum infinitum. Nihil autem aliud a Deo potest esse
est:

infini-

tum, sed solus Deus, ut probatura

ergo Deus,

cum

sit

bonum

infinitum,

producet

bonum

infinitum, et per

consequens idem
et

et aequale sibi in bonidis-

tate essentiae et naturae... ínter

producens

productum oportet esse

RAIMUNDO LULIO
para producir naturalmente y de
ta será razón
sí el

279
finito, la

bien

bondad

infini-

que produzca de

naturalmente
el el

el

bien

infinito:

Dios

es infinita bondad: luego

producirá

bien

infinito, igual

á El en

bondad, esencia y naturaleza. Entre

que produce y

lo

producido

debe haber distinción de supuestos, porque nada se produce á

mismo.

A estos supuestos Wa-mamos personas...
más noble que

El acto puro, eterno

é infinito, obra eterna é infinitamente lo eterno

y

lo infinito: sólo
lo

Dios es acto puro: luego obra eterna é infinitamente
infinito...

eterno

y

lo

El acto es

la

potencia

y

la

privación,

y
lo

Dios es acto puro y ente nobilísimo: luego obra eternamente
perfecto

y

absoluto...

A la

persona que produce llamamos Padre,

á la producida Hijo... Resta probar la tercera persona, es decir, el

Espíritu Santo. Así
natural en el Hijo

como

es natural

en

el

Padre engendrar,

así es

amar

al Padre...

y

perfecto, requiere de necesidad

Todo amor verdadero, actual amante., amado y amar... Imposila

ble es

que

el

amor

sea un accidente en
el

esencia divina, porque ésta
é
el

es simplicísima: luego

amor de Padre
el

Hijo es persona.

Tan
las

actual y fecundo es en Dios

amar como
el

engendrara.
ternario,

Y por este
que

camino sigue especulando sobre
tinctionem suppositorum,

número

sin

possitse ipsum producere... Utrumquod est purus actas, aeternus et infinitus, agit aeterne et infinite et aeternum et infinitum: alias non esset purus actus aeternus et infinitus: sed Deus est purus actus aeternus et infinitus: ergo agit

cum ídem non
id

que dicimus

personara...

Omne

aeternaliter et infinite et aeternum et infinitum... ergo

Deus producit Deum...
infinitum est et infini-

Nobilius est illud ens quod

bonum

est et

bonum

facit,

tum facit, aeternum est et aeternum facit, perfectum est et perfectum facit quam illud quod non facit, alias potentia et privatio essent nobiliora quam
sit

actus», etc.

«Probato quod

sit in

Deo persona

Patris et Filii, restat probare, tertiam

personara, scilicet Spiritum Sanctum... Sicut ergo naturale est patri filium

generare,

ita

naturale est et filium amare, cura

sit

infinite

bonus...

amor

verus, actualis et perfectus requirit de necessitate amantera,

Omnis amatum

et amare, sed in

Deo

est

amor

verus, actualis et perfectus... Impossibile est

in divinis esse aliquod accidens,

cum
si

essentia divina, ut probatura est, sit

simplicissima et nobilissima, sed
esset

amor

patris et

filii

non

esset persona,

amor

accidentalis: ergo necesse est illum

tae actualitatis et fecunditatis est amare in

amorem esse personara. TanDeo sicut generare, sed per gefilii

nerare exit persona de persona, ergo de amore patria et

exit persona.»

28o
frases

ENSAYOS DE CRÍTICA FILOSÓFICA

que usa de

boniíicaiis^ bonificatum, bonificare^

magnificans,

magnijicatum, magnificare puedan torcerse en sentido heterodoxo

y

antitrinitario,

como

pretendía Nicolás Eymerich, á pesar de las

repetidas declaraciones de Lulio.

Largo

sería

exponer

las

pruebas que alega éste de

la

Creación,

del pecado original, de la Encarnación, de la Resurrección,

de

la

Ascensión, del Juicio
otras traídas

final, etc.,

pruebas demasiado

sutiles á veces,

muy

de

lejos,

pero casi siempre ingeniosas y hábil-

mente

entretejidas. Si este precioso tratado fuese
la

más conocido,

quizá no lograría tanto aplauso

Teología Natural de

Raimundo
y has-

Sabunde, que en muchas partes

le copia.

Explanó LuU sus enseñanzas teológicas en muchos
ta

libros,
la

en un poemita, Lo dictat de Ramón, donde prueba
visto,

Trinidad,

como ya hemos

y

la

Encarnación; porque
deificar
crear...

Mays val un hom
Que mil
milía

mons
sin

Al adoptar
que hasta
tos,
el

esta forma, quería

duda

el

filósofo

mallorquín

pueblo y los niños tomasen de memoria sus argumenlos infieles (l).
el

y supiesen contestar á
\i). Solicitó

«Raymundo
el

Lulio fué (dice Renán)

héroe de

la

cruzada contra

averroísmo»

en

el

Concilio de V^iena

que

los pesti-

jeros escritos del comentador se prohibiesen en todos los gimnasios
cristianos.
nio, etc.,

En

los catálogos

de Alonso de Proaza, Nicolás Anto-

constan los siguientes tratados antiaverroístas:
et effectii. (París, et

Liber de efficiente

Marzo de 1310.)

Disputalio Rayinundi

Averroystae de quinqué quaestionibus.

(i)

Obras rimadas, págs. 370 á 3S2. Acaba:

«A honor del Sanct Sprit Comenzá é finí son escrít Ramón, en vinent de Paris El comaná á Sanct Loys

E

al

noble rey d'Aragó

Jacme, en l'encarnació

De
(2)

Christ

M.CC.XC

nou...»

Averrois

et

I'

Averroisme, págs. 225.

1

RAIMUNDO LULIO
Líber contradictionis ínter

28
et

Ravmundum

Averroystam, de cen1
1

tum

syllogisints circa
libro del

mystcrium Trinitatis.

(París,

310.)

Otro

mismo argumento.

(Montpelier,

304.)
objection.es

Liber utrum fiddis possit solvere et destruere omnes

quas
rís,

infideles

possunt faceré contra sanctam fidem catholicam. (Pa1.)

Agosto de 131

Líber dispuíatíonis

intellectas

et fidei.

(Montpelier,

Octubre

de 1303.)
Líber de conveníentia qiiam habent fides
Liber de existentia
et
et intellectns

in objecto.

agentia Dei contra Averroem. (París, 1311-)

Dedaratio Ray.

Lililí

per

modmn

dialogi edita contra

CCXVIII

Opiniones erróneas aliquorum phílosophoruní, et

damnatas ab Epísco-

po Parisiensí.

Ars

Tkeologiae et philosophiae mysticae contra Averroem.
se,

De

ente simpliciter per

contra errores Averrois.

Liber de reprobatione errorum Averrois.
Liber contra ponentes aeternitatem mundi.

Lamentatio duodecím príncípiortun philosophiae contra Avcrroistas (i). Este es el

más conocido, y

fué escrito en París el año 1310.

Está en forma de diálogo, con estos extraños interlocutores: /¿rw^a,
materia, generación, corrupción, vegetación, sentido, imaginación,

movimiento, inteligencia, voluntad y memoria, todos acordes en decir

que

la filosofía est

vera et legalís ancilla Theologiae, lo cual con-

viene tener

mo de

muy en cuenta para evitar errores sobre el racionalisLulio. No pretendía éste que la razón humana pudiera alcansí

zar á descubrir por

las

verdades reveladas, sino que era capaz de

confirmarlas y probarlas. El empeño de Lulio era audaz, peligroso, cuanto se quiera, pero no herético.

De

las

demás proposiciones que

á éste se achacan,

apenas es ne-

cesario hacer memoria.

Unas son meras

cavilaciones de Eymerich,
los escritos lulianos,
le

á quien cegaba

el odio; otras

no están en

y

pertenecen á Raimundo de Tárrega, con quien algunos

han con-

fundido. Ciertas frases, que parecen de sabor panteísta ó quietista,
(1)
tio € Duodecím

principia Philosophiae

M. Raymundi

Lu'Ji,

quae

et

lamenta-

seu exposíulatio Philosophiae contra AverroistaST. (Dedicado á Felipe el Her1

moso.) Págs.

17 á 153

de

la

edición de Strasburgo.

282

ENSAYOS DE CRÍTICA FILOSÓFICA
al

han de interpretarse benignamente mirando

resto del sistema,

y

tenerse por exageraciones é impropiedades de lenguaje, disculpables en
la

fogosa imaginación de Lulio
tildan á éste de cabalista.

Algunos
lo:

y de otros místicos. Realmente escribió un opúscuscientias iníroductorium,

De

auditu Kabbalistico sive
la

ad omnes

donde define
ratiottalis

Cabala superabundans sapientia y kabitus animae

ex recta ratione divinarum rerum cognitivus; pero leído
(l),

despacio y sin prevención

no se advierte en

él huella

de

etna-

natisnio ni grande influjo de la parte metafísica de la Cabala, de la cual sólo

toma

el artificio lógico,

las

combinaciones de nombres y

figuras, etc.,

acomodándolo á una metafísica más sana.
monoteísmo, que fundía los rasgos capitales del judaisel Sr.

Cuanto

al

mo, del viahometismo y del cristianismo, achacado por
lejas

Canaen
las

y

otros á Lulio, no he encontrado (y
el

me

huelgo de

ello)

obras del filósofo palmesano
jante. Creía
él,

menor

vestigio de aberración

seme-

como creemos todos
y que
el

los cristianos,

que

el

mosaísmo

es la ley antigua,

islamismo tiene de bueno lo que
la

Mahoma

plagió de

la

ley antigua y de

nueva: ni más, ni menos. Por eso

intentaba la conversión de judíos y musulmanes, apoyándose en las

verdades que

ellos

admiten.

Lo mismo hacían y hacen todos
infieles, sin

los

predicadores cristianos cuando se dirigen á
se les acuse de sacrúegas fusiones.

que por eso

Terminaré esta vindicación
mártir, á quien
los

(si

vindicación necesita aquel glorioso

veneran

los habitantes

de Mallorca en

el

número de
un

bienaventurados) repitiendo que los artículos de
las

la fe

son siempre

en

demostraciones de Lulio
trate

el

supuesto, no

la

incógnita, de

problema que se

de resolver, y que esas demostraciones no pasan de un procedimiento dialéctico, más ó menos arriesgado,

donde

la

Teología da

el

principio,

y

la Filosofía, cotno

humilde

sier-

va, trata de confirmarle por medios naturales (2).

(i)

Páginas 44 á

116.

Nótese este lugar: UbifhilosophiaPlatonisdesinit,
ortodoxia de Ramón, y le
Sería curioso un paralelo

ibi incipit (2)

Kabbala sapientia.
la

Los franciscanos han defendido siempre

tienen por hermano suyo, aunque de la tercera Orden. Es en muchas cosas

semejante á los poetas de aquella religión en
entre Lull y Jacopone de Todi.

Italia.

RAIMUNDO LULIO

283

III.

—Del

«blanquerna» y de la edición presente

Sobre

el libro

título entre los cinco

que de nuevo estampamos, y que figura con justo ó seis principales monumentos de la literatura
ar-

catalana,

han discurrido largamente: Helfferich, exponiendo su
las

gumento; Canalejas, mostrando

analogías entre

el libro

de Rai-

mundo

Lulio

y

el

de

los

Estados, de D. Juan Manuel; JNIorel-Fatio,

describiendo y extractando uno de los códices

más antiguos y

esti-

mables, harto más primitivo y correcto que

el

impreso de Valencia.

Como

la

presente edición no se dirige á los filólogos, sino á los estu-

diosos de la doctrina del Doctor Iluminado,

y además no
así,

se estam-

pa aquí

el

texto catalán (que ya es hora que se llame

y no ma-

llorquín, provenzal ni lemosino,

como

sigue diciéndose á despecho
las

de

la historia),

tenemos que prescindir de todas

cuestiones relacrítica

tivas á la pureza é integridad del original.

Urge una edición

de esta obra maravillosa, que convendrá acrisolar con presencia de
los códices

que aun subsisten en

París,

en Palma de Mallorca y en

Madrid, los cuales, aunque ya algo apartados del tiempo del beato

Ramón, están muy
las

lejos

de alterar

el

nativo sabor de sus frases con

impertinentes

y nada

felices alteraciones del editor valenciano,

á quien siguió harto fielmente el traductor, cuya versión reimprimi-

mos á
ni

falta

de otra mejor.
de

Como

quiera (é importa consignarlo),

estas variantes, importantísimas para el filólogo romanista,

no llegan
externa.

tocan á

lo esencial

la

obra, sino á su vestidura

más

Fué
ta,

el
tal

beato

Ramón una
ni

naturaleza mixta de pensador

y de poe-

de

manera, que

su arte dejó de ser didáctico nunca, ni

sus ideas se le presentaron, á no ser raras veces, en forma especulativa

y

abstracta, sino de un

modo

figurativo

y arreadas con
mito

los

colores de la poesía simbólica.

Y

así

como

el

y

la

ironía

son son

elementos perpetuos y esenciales en

la filosofía platónica, así lo

en

la filosofía luliana la alegoría, el

apólogo y

las

representaciones

gráficas
la

en forma de árboles y de

círculos. El carácter

popular de
el

doctrina contribuye á esto, y bien puede decirse que

bien-

284

ENSAYOS DE CRÍTICA FILOSÓFICA
filosofó sino

aventurado mártir nunca

por colores y figuras. Sus

mismas

aficiones cabalísticas

y

las misteriosas virtudes

que parece

reconocer en los números y en los nombres, encierran un elemento
estético,

aunque de orden
sencillo simbolismo,

inferior:

el

elemento combinatorio. El

árbol de la ciencia es un paso más, y dependientes de aquel vasto,

aunque
dos por
logo,

aparecen ya
fin

los apólogos,

subordinados

casi siempre, es verdad, á
lo

un

de prueba y de enseñanza, y dota-

general de

más

virtud silogística
difícil el el

que

estética.

Del apó-

aun concebido

así,

no era

tránsito á la novela trascen-

dental y docente, representada en

vasto conjunto de las obras de

Lulio por

el

Libro de maravillas,
el

el

Del orden de
la

la caballería

y

el

del Blanqiierna. Contiene

primero, en

sección llamada Libro de

las biJSiias, la única forma española conocida hasta ahora de la in-

mensa epopeya
tiene el

satírica

de

la

Edad Media

(el

Román

de Renart),

y
el

segundo

la gloria

de haber sido no ya imitado, sino tradu-

cido casi á

la letra

por D. Juan Manuel; pero á uno y otro vence

Blanquerna por
das
las

concepción, y por tener intercalapáginas más bellas que en prosa escribió su autor: el Cántico
la
la

grandeza de

del amigo y del amado, verdadero joyel de nuestra poesía mística,

y

digno predecesor de los encendidos cantos de San Juan de

ia

Cruz.

Es
de
las

el

Blanquerna una novela utópica, pero no

fantástica

y fuera
la

condiciones de este mundo,

como

la Repiíblica

de Platón ó

Utopia de

Tomás Moro, ó
la

la

Ciudad del

sol

de Campanella, ó
contrario,

la

Oceana de Harrington, ó
Lulio, tenido
rece, en este

Icaria de Cabet.

Al

Raimundo

comúnmente por entusiasta y aun por fanático, apalibro suyo, hombre mucho más práctico y de más recto
y
políticos

sentido que todos los moralistas
ficar
les,

que se han dado á
las

edi-

ciudades imaginarias.

No hay

una sola de

reformas socia-

pedagógicas ó eclesiásticas propuestas por

Ramón LuU, cuyo
de
la

fondo no esté dado en alguna de
dia

las instituciones

Edad Me-

y de su

patria catalana, ninguna de las cuales él intenta destruir,

sino avivarlas por la infusión del espíritu cristiano, activo y civilizador. Cierto

que á través de

las peripecias

de
la

la

novela, y mezclados

con sus raptos y efusiones místicas y con
su teodicea, va persiguiendo el beato

exposición popular de
los propósitos

Ramón

y pre-

ocupaciones constantes de su vida:

la

liberación de Tierra Santa; la

RAIMUNDO LULIO
enseñanza de lenguas orientales;
el
la

285
los averroístas,
la fe.

polémica con

y

querer probar por razones naturales los dogmas de

Pero

todo esto, que con ser más ó menos aventurado é
tenece sin duda á
la

irrealizable, perla acti-

esfera

más

alta

de

la

especulación y de
la

vidad humana,

es,

en cierto sentido, independiente de
la cual,

utopía

y

de

la

fábula novelesca,

á decir verdad, está cifrada en los

ejemplos de perfección que en sus respectivos estados nos dan

Evast y Aloma, y su

hijo

Blanquerna.

Será bueno que no abra este libro quien busque solamente, en

y pasajero deleite. No le abra tampoco el que y desconozca en absoluto la alta misión del apóstol mallorquín en la historia de la ciencia humana. No se acerque á él, finalmente, quien no tenga el ánimo educado para
lo

que

lee,

un

frivolo

se pare sólo en la corteza,

sentir lo primitivo, lo rústico

y

lo

candoroso. Nunca se vio

mayor

simplicidad de palabras cubriendo
tidos.

más

altos

y trascendentales sen-

Todo

es aquí natural

y

llano:

todo plática familiar y cuasi

desaliñada, en cuyos revueltos giros centellean de vez en
las

cuando

iluminaciones del genio. Si

la

lengua que

el

autor usa conserva
es enteraeso, lengua

todavía algún dejo

y resabio de provenzalismo, y no
es,

mente

la

lengua del pueblo de Cataluña,
las

con todo

eminentemente popular, no tanto por

palabras y por los giros,
fraile

como por
humildes.

el

jugo y

el

sabor villanesco: verdadero estilo de
los

mendicante avezado á morar entre

pobres y á consolar á los

De

aquí cierta ingenuidad infantil y pintoresca, que verel

daderamente enamora en

texto catalán,

y que nunca podría

pasar íntegra á otra lengua, aunque todavía quedan rastros de ella

en

la

traducción que publicamos.
era el alma del autor tan hermosa,

Y

y de

tal

modo,

á pesar
la

de
Di-

su larga experiencia mundana, había vuelto, por auxilio de

vina Gracia, á

la

pureza de los párvulos y de los pobres de espíritu,

que

nadie,

al

leer

una buena parte de sus capítulos, recuerda

al

gran filósofo sintético, llamado por alguien con frase audaz el Hegel
cristiano de los siglos medios, antes la primera impresión
siente es

que se

que

tal libro

debió brotar del espíritu de un hombre rudo
celestiales

y

sin letras, pero

amantísimo de Dios y encendido en

y

suprasensibles fervores.

286

ENSAYOS DE CRÍTICA FILOSÓFICA
sin

Y,

embargo, ¡cuánta doctrina! Pero toda
al

ella

popular y acoel

modada

entendimiento de

las

muchedumbres, para quien
Aríe

beato
del

misionero escribía.

Aquí

está el último fruto del
la

Magna y

Libro del ascenso y del descenso, pero no en

forma aceda conve-

niente á paladares escolásticos, sino todo en acción, en movimiento,

en drama.
histórico,

Y

este

drama

tiene para nosotros otro valor, el valor

lando á

como que puede decirse que todo el siglo xiv va desfinuestra vista. Aquí penetramos en el cristiano hogar de
las castas

Aloma, y asistimos á

y reposadas Aquí en
el

pláticas

de

los padres

de Blanqiierna y á su conversión á Dios entera y heroica, fecundísima en frutos de buen ejemplo.
la

delicadísima figura

de Cana,

la

monja y

la

abadesa, renace con todos sus místicos es-

plendores y sua\ísimas consolaciones
sas

huerto cerrado de las espo-

de

Cristo.

Aquí

el

caballero feudal robador
la

siempre domado por
taño.

voz

y

las parábolas del
las

y tirano, aparece monje y del ermi-

Aquí vemos poblarse de anacoretas

benditas soledades de

Miramar y de Randa, y es tal el encanto de realidad contemporánea que el libro tiene, que á ratos nos parece recorrer las plazas
de alguna ciudad catalana de
los siglos medios,

tráfago de mercaderes, juglares
el

y

menestrales,

séquito de los Cardenales por las calles
la

y mezclarnos en el y á ratos acompañar de Roma, y oir en el
las rúbricas del

Consistorio

voz del Papa Blanquerna, repartiendo

Gloria in excelsis.

Exhala todo este
es venero

libro suavísima fragancia

de poesía

cristiana:
la vida;

de consolaciones para

los casos desastrosos
la

de

enseña á esperar y á no rendirse, y á no separar
plativa de la acción,

vida contem-

como no

as separó nunca su autor, aquel
el

sublime

loco,

cuya divina insensatez sólo será cumplida

día en

que

la

unidad ponga su trono sobre lo ideal y
armónica, en
tales
la vida,

lo real, juntos

en

síntesis

en

la ciencia,

en

el arte.

Ciertamente
la

que en

hombres no desmiente

la

humanidad

semejanza

divina que en ella está impresa.

Hay
prosa,

en

el

Blanquerna algunos versos intercalados, pero
Cántico del amigo

lo

más
en

poético de
si

él es el

y

del amado, que está

bien partida en versículos.

Como

ya tuve ocasión de juzlo

garle en

un discurso académico, repito ahora

que entonces

dije,

RAIMUNDO LULIO
aspirando á condensar en breves palabras
la

287

grandeza

artística del

bienaventurado apóstol de África.

«Y

cuando llegó

el

siglo

xiii,

la

edad de oro de

la civilización

cristiana, á la vez
tóteles, purificada

que de

la teología

dogmática y

la filosofía

de Aris-

la liga la

neoplatónica y averroísta, se reducían
Tkeologica, y en la Summa contra ya adulta y capaz de informar un
los

á naétodo y forma en

Summa

gentes^ la inspiración mística,
arte, centelleaba

y resplandecía en
visión de
la

áureos tercetos del Paradiso,

sobre todo en

la

divina esencia
los

que

llena el canto xxviii,

y llegaba á

purificar é idealizar

amores profanos en algunas

canciones del

mismo Dante, y
los

corría por el

mundo de
el

gente en

gente llevada por
dador, que
si

mendicantes franciscanos, desde

santo fun-

no es seguro que hiciera versos
Solé), fué á lo

(sea ó no

suyo

el

himno de Frate
actos de su vida

menos soberano poeta en todos

los
la

y en aquel simpático y penetrante amor suyo á

naturaleza, hasta Fr. Pacífico, trovador convertido, llamado en el
siglo el
tica,

Rey de

los versos,

y San Buenaventura, cuya
el

teología mísel

aun en

los libros

en prosa, en

Breviloqumm, en

Itinera-

rium mentís ad Deum, rebosa de lumbres y matices poéticos, no indignos algunos de ellos de que Fr. Luis de León los trasladase
á sus odas.

Y en

pos de

ellos,

Fra Giacomino de Verona,

el

ingenuo

cantor de los gozos de los bienaventurados,
Todi, que no

y

el

Beato Jacopone da

compuso

el

Stabat, dígase lo que se quiera (porque
frailesco,

nadie se parodia á
beatífico

mismo), pero que fué en su género

y popular, singularísimo poeta, mezcla de fantasía ardiente, de exaltación mística, de candor pueril y de sátira acerada, que a veces trae á la memoria las recias invectivas de Pedro Cardenal.
»iiY á

quién extrañará que enfrente de toda esta literatura fran-

ciscana,

cuyo más

ilustre representante solía

Morar porque no se
el

ama
del

al amor, pongamos, sin recelo de quedar vencidos,

nombre

peregrino mallorquín que compuso

el libro

Del Amigo y del Amado}
de nuestros
los

¡Cuándo llegará

el

día en que alguien escriba las vidas

poetas franciscanos con tanto primor y delicadeza
Italia

como de
novelista,

de

Ozanan! Quédese para

el

afortunado ingenio que haya de

trazar esa obra, tejer digna corona de poeta

y de

como

ya

la tiene

de sabio y de

filósofo, al

iluminado doctor y mártir de

288
Cristo,

ENSAYOS DE CRÍTICA FILOSÓFICA

Ramón

I.ull,

hombre en quien
y

se hizo carne

y sangre

el

espíritu aventurero, teosófico

visionario del siglo xiv,
xiii.

juntamente

con

el

saber enciclopédico del siglo

En

el

beato mallorquín,

artista hasta la

médula de

los huesos, la teología, la filosofía, la

con-

y unimisman, y todas las especulaciones y ensueños armónicos de su mente toman forma
la

templación y

vida activ-a se confunden

plástica

y

viva,

y

se traducen en viajes, en peregrinaciones, en pro-

yectos de cruzada, en novelas ascéticas, en himnos fervorosos, en
símbolos y alegorías, en combinaciones cabalísticas, en árboles
círculos concéntricos,

y y representaciones gráficas de su doctrina, para que penetrara por los ojos de las muchedumbres, al mismo
tiempo que por sus oídos, en
la

monótona

cantilena de

la

Lógica

metrificada y de la Aplicado de Vart general.
pular, el primero

Es

el

escolástico polas ideaá

que hace servir

la

lengua del vulgo para

puras y

las

abstracciones, el que separa de la lengua provenzal la
la

catalana,

y

bautiza desde sus orígenes, haciéndola grave, austera

y
la

religiosa, casi

inmune de

las eróticas liviandades

y de

las desolla-

doras sátiras de su hermana mayor, ahogada ya para entonces en

sangre de los albigenses.

Ramón

Lull fué místico, teórico

y prác-

tico, asceta

y contemplativo, desde que en medio de los devaneos
le

de su juventud
la luz del cielo;

circundó de improviso,
la flor

como

al

antiguo Saulo,

pero

de su misticismo no hemos de buscarla

en sus Obras rimadas., que, fuera de algunas de índole elegiaca,

la

como el Plant de nostra dona Santa Maria^ son casi todas (inclusa mayor parte del DescoHort) exposiciones populares de aquella su
exaltada por unos

teodicea racional, objeto de tan encontrados pareceres

como

revelación de lo alto,
el

punto menos que de herética, por
razones naturales todos los
la

y censuras, y tachada por otros empeño de demostrar con
hasta
la

dogmas
el

cristianos,

Trinidad

y

Encarnación, todo con
fe

santo propósito de resolver

la anti-

nomia de
parar
la

y

razón, bandera de la impiedad averroísta, y de pre-

conversión de judíos y musulmanes, empresa santa que

toda su vida halagó las esperanzas del bienaventurado mártir.
!»La

verdadera mística de

Ramón
está

Lull se encierra en una obra
la

escrita

en prosa, aunque poética en
del

sustancia: el Cántico del

Amigo y

Amado. El Cántico

en forma de diálogo, tejido de

RAIMUNDO LULIO

289

ejemplos y parábolas, tantos en número como días tiene el año, y su conjunto forma un verdadero Arte de contemplación. Enseña

Raimundo que

«las sendas por

donde

el

Amigo busca

á su

Amado

son largas y peligrosas, llenas de consideraciones, suspiros y llantos, pero iluminadas de amor.> Parécenle largos estos destierros, durísimas estas prisiones: «¿Cuándo llegará
la

hora en que

el

agua, que

acostumbra á correr hacia abajo, tome

y costumbre de subir hacia arriba?> Entre temor y esperanza hace su morada el varón de deseos, vive por pensamientos y muere por el olvido; y
la inclinación

para

él

es bienaventuranza la tribulación padecida por amor. El
la

entendimiento llega antes que

voluntad á

la

presencia del
viva cosa es

Amado,

aunque corran

los

dos

como en certamen. Más
el

en corazón amante, que

relámpago y
la

el

trueno,

el amor y más que el

viento que hunde las naos en
el suspiro,

mar.

Tan

cerca del

Amado
al

está

como de
dan

la

nieve

el

candor. Los pájaros del vergel, can-

tando

al

alba,

al solitario

entendimiento de amor, y

acabar

los pájaros su canto, desfallece

de amores

el

Amigo, y
los

este desfalle-

cimiento es mayor deleite é inefable dulzura. Por
selvas busca á su amor; á los

montes y
ya que en

las

que van por
la tierra

los

caminos pregunta
la

por

él,

y cava en
se

las ni

entrañas de

por

hallarle,

sobrehaz no hay

vislumbre de devoción.

Como

mezcla de vino
la

y agua
el

mezclan sus amores, más inseparables que

claridad

resplandor,

más que

la

esencia

y

el ser.

La

semilla de este
el

y amor

está en todas las almas: ¡desdichado del

que rompe

vaso precioso

y derrama

el

aroma! Corre
gentes
si

el

Amigo por
el

las calles

de

la

ciudad,

pregúntanle

las

ha perdido

seso,

y

él

responde que puso

en manos del Señor su voluntad y entendimiento, reservando sólo
la

memoria para acordarse de

Él.

¥.\

viento que

mueve

las

hojas

le

trae olor de obediencia; en las criaturas ve impresas las huellas del

Amado; todo se anima y habla y responde amor: amor, como le define el poeta, «claro,
y
fuerte,

á

la

interrogación del

limpio

y

sutil,

sencillo

hermoso y espléndido,

rico en

nuevos pensamientos y en

antiguos recuerdos»; ó

como en

otra parte dice con frase no

menos

galana: «hervor de osadía
sigue) los

y de temor». «V^enid á mi corazón (proamantes que queréis fuego, y encended en él vuestras
la

lámparas: venid á tomar agua á
Mbhéndez t PüLiro.

fuente de mis ojos, porque yo
19

Ensayos de critica jilosójica.

290

ENSAYOS DE CRITICA FILOSÓFICA
nací,

en amor
bito.»

y amor me
el

La

naturaleza de este

profundamente como

y de amor vengo, y en el amor haamor místico nadie la ha definido tan mismo Ramón LuU, cuando dijo que «era
crió,

medio entre creencia
extático

é inteligencia, entre fe

y
se

ciencia».

En

su grado

y

sublime,

el

Amigo y
la

el

Amado
y

hacen una actualidad

en esencia, quedando á

vez distintos

concordantes. ¡Extraño

divino erotismo, en que las hermosuras
se

y

excelencias del
la

y Amado

congregan en

el

corazón del Amigo, sin que

personalidad de

éste se aniquile
la

y destruya, porque

sólo los junta

voluntad vigorosa, infinita

y

eterna del
la

y traba en uno Amado] ¡Admirable

poesía,

que junta como en un haz de mirra
la

pura esencia de cuanto
el

especularon sabios y poetas de

Edad Media sobre

amor

divino

y

el

amor humano, y

realza

provenzales de canciones

y santifica hasta las reminiscencias de mayo y de alborada, de vergeles y pámanera á Giraldo de Borneií

jaros cantores, casando por extraña

con Hugo de San Víctor!»

VI

DISCURSO
PRONUNCIADO POR

DON MARCELINO MENÉNDEZ Y PELAYO
EN LA SESIÓN DEL PRLMEK CONGRESO CATÓLICO NACIONAL ESPAÑOL (mADRId)
DEL DÍA
2

DE MAYO DE

I

SSo

Tema: La

Iglesia y las escuelas

teológicas en España.

Emmo. Señor:
ExcMos. Señores:
Señores:

El grande y trascendental acontecimiento que hoy inunda de
júbilo toda alma creyente,

y congrega bajo

las

augustas bóvedas

de este histórico templo todos

los esfuerzos, todas las
la

voluntades
voz de sus
la

y todas

las

esperanzas del catolicismo español, dócil á
la
el

prelados,
Iglesia,

y alentado por
la

bendición del Supremo Jerarca de

requiere y exige

concurso aun de los más humildes, y

les

permite levantar
to,

voz por breves instantes en este sagrado recinla

para que nazca de

adhesión de todos libremente manifesta-

da un solo pensamiento y una voluntad común. Sin este imperioso

mandato de mis superiores y de mi conciencia, que ha acabado por vencer y disipar todos mis escrúpulos y recelos, nunca me hubiera atrevido a tratar en breve discurso

y en forma que

necesa-

riamente ha de ser superficial, una materia tan ardua, tan grave y tan erizada para mí de peligros y dificultades, como la tesis 32 de
nuestro cuestionario, formulada en
Iglesia
los

términos siguientes: «La

y

las escuelas teológicas

y

filosóficas

en España».

Materia, señores, no para un discurso que, además, por ser mío,

ha de resultar forzosamente pálido y sin
ridad de que yo carezco,

eficacia,

sino

para una
la

obra de grandes dimensiones, compuesta por quien tuviese
el

auto-

profundo saber en

letras divinas

y hu-

manas de que continuamente dan espléndido testimonio tantos
príncipes de nuestra Iglesia, y tantos ilustres sacerdotes españoles,

294

ENSAYOS DE CRITICA FILOSÓFICA
el tacto, la

y también

mesura,

la

discreción perfecta con que

en

estos tiempos nuestros, tan agitados

y confusos, conviene huir de y

todo lo que puede fomentar

la

discordia de los entendimientos

entibiar en los corazones el santo fuego de la caridad, tan necesario

para todas

las

obras del espíritu.
el

Los términos generalísimos en que

tema está redactado

impli-

can, á la vez que una excursión por las épocas anteriores de nuestra ciencia para determinar el propio

y peculiar

valor de la tra-

dición española en orden á estos altísimos conocimientos, alguna

consideración sobre

el

estado actual y sobre los medios
el

más conal-

ducentes para lograr que recobren por entero

esplendor que
la

canzaron, con gloria nuestra y general provecho de

Cristiandad,

en otros lejanos, pero inolvidables
la índole

días.

En todo
la

seré breve,

como

de este acto

lo

reclama, y quiera Dios

que

la

grandeza

del

tema no quede enteramente deslucida por

cortedad de mi

ingenio y de mi doctrina.

Es

la

Teología (según yo alcanzo á comprender, esa ciencia su-

blime, cuyos rayos sólo

muy

de

lejos

han herido mi

espíritu),

un

organismo

científico

que, partiendo de las verdades reveladas y
(sagrado depósito de
la

tomando por base
Iglesia)

la Escritura, la tradición

y

la

doctrina de los Santos Padres, concierta todos estos

elementos en unidad de método, en sistema de enseñanza, saca de
ellos todas sus implícitas consecuencias, y,

mediante

la

rigurosa dis-

ciplina

que impone

al

entendimiento,

es,

á la vez que base, funda-

mento y supuesto de toda ciencia cristiana, altísimo y necesario complemento de todos aquellos saberes que puede lograr el hombre mediante
(Aplatisos.)
el

natural esfuerzo de su razón en

esta vida terrena.

De donde
ciones

se infiere que, así

como

la

Metafísica, en sus especulaella

más

altas,

implica
el

la

Teodicea, y con
la fe el

una preparación

teológica que pone en

umbral de

alma naturaliter chris-

ttana, así la Metafísica, llegada al

término de su carrera, siente y

reconoce

la

necesidad de otra ciencia más alta que llene sus vacíos
deficiencias, é ilumine

y aclare sus
sible tantos

con

los rayos del sol suprasen-

y

tantos puntos

como

deja á oscuras esta débil lucecilla
las

de

la

razón,

que suele andar tan amortiguada en nosotros por

LA IGLESIA Y LAS ESCUELAS TEOLÓGICAS
nieblas

295

cual

mundo derramó el primer pecado, pero de la no podemos decir mucho mal, puesto que al fin es «impresión
que en
el

de

las

razones eternas, participación de

la

lumbre increada,

simili-

tud déla verdad eterna que resalta en nosotros», y (para decirlo

todo con una palabra de Santo Tomás), «potencia en cierto
infinita

modo

para todo

lo inteligible!. [Aplaicsos.) la

Que

tan alta han puesto siempre

razón

humana

los

doctores

católicos,

y

si el

nombre de racionalismo no
lícito

estuviera ya profanado

por execrable abuso,

nos sería afirmar, como quien afirma un

lugar común, que la filosofía racionalista por excelencia es la filosofía cristiana,

única que nos presenta
la

el

orden racional íntegro y no

mutilado, única que abarca
lo

totalidad de la conciencia,

y que, por
sis-

mismo que
la

la

concibe en su integridad, rechaza esos pobres

temas que

niegan capacidad para lo absoluto,

como

si

no

la

aque-

jase en todo

momento
la

la

inextinguible sed de las aguas que

manan

de

la

fuente de

vida, únicas

que dan entendimiento de verdad y
cier-

de hermosura. [Aplausos.)
Si por

una torcida, aunque bien intencionada, dirección de

tos apologistas cristianos, se ha presentado alguna vez en el

campo

de
sino

la

Teología (y casi nunca en manos de verdaderos teólogos,
doctrina popular
la fe

más bien como

y

recreativa) la extraña banla salva-

dera que quiso poner

en
el

el

orden sobrenatural bajo
la Iglesia

guardia del escepticismo en

orden natural,

ha rechazado
las

constantemente tan extraño maridaje, y hoy, después de
de nuestro Beatísimo Padre sobre
decirse que
las católicas,
la

solem-

nes declaraciones del Concilio Vaticano y de la admirable Encíclica
los estudios filosóficos,

puede

el

tradicionalismo ha muerto para siempre en las escuees

y que

ya indisoluble

el

pacto y

la

concordia entre
en los granla

razón y

la fe (fides

quaerens intellectum),

como

lo fué

des días de

la filosofía escolástica,

como

lo

había sido en

escuela

catequética de Alejandría, en

manos de

los Pantenos,
el

Clementes y
la eter-

Orígenes, y

como vive y resplandece para

tiempo y para

nidad en
S'into

las páginas inmortales

de San Agustín, San Anselmo y

Tomás. (Grandes aplausos.)
la

En

creación
el

y

desarrollo de este organismo filosófico,

compe-

netrado por

dogma, tuvo nuestra raza papel gloriosísimo desde

•296

ENSAYOS DE CRÍTICA FILOSÓFICA

los

primeros siglos de nuestra

Iglesia,

y

tai,

que entre

las glorias

españolas,

muy

pocas pueden envanecernos tanto

como

ésta,

por-

que

la

Teología española no es una galería de nombres aislados, á
separe entre
la

los cuales

larguísimo espacio de tiempo, sin otra
ella,

conexión que

identidad de sangre y de patria, sino que en

más que en

otra alguna de las

manifestaciones del pensamiento
la

ibérico, brilla

y aparece de manifiesto

vigorosa unidad

y

la

ca-

dena nunca rota de nuestro genio nacional, en términos
ni

tales,

que

nuestro

mismo

arte, ni nuestra literatura, ni nuestra

misión pro-

videncial en la historia

pueden

ser enteramente comprendidos, á lo
sin la llave
la

menos en su razón más honda,
logía,

maestra de nuestra Teo-

que fué por

siglos

en España

ciencia universal
al

y
las

enciclo-

pédica, no porque anulase á las restantes, sino,

contrario,

porque á
informó
sin

todas las abrigó amorosamente bajo su

manto yá todas
la filosofía

con su generoso y fecundo

espíritu.

Y aunque

sea cierto,

como
el

duda

lo es,

que en

el

vastísimo cuadro de

española, to-

mada

esta palabra en su acepción

más

lata, es decir,

como

conel

junto de las nociones metafísicas, conocidas ó elaboradas por

pensamiento español desde
tro pueblo,

la

primera aparición histórica de nuesla

quedan fuera del radio de

ciencia teológico-cristiana

manifestaciones tan importantes
el

como
el

la

moral estoica de Séneca,

gnosticismo de los priscilianistas,

panteísmo ideológico ó intela

lectualista

de Averroes,

el

panteísmo emanatista de Avicebrón,
el

concordia mosaico-peripatética de Alaimónides,
tista

misticismo quie-

de Tofail

y, finalmente, la cristología panteística

de Miguel

Servet; también es cierto
ciales, las

que

estas tendencias
la

y desviaciones par-

unas por ser anteriores á

verdadera historia de España,
el

las otras

por haberse desarrollado en

seno de razas que, con ha-

berse españolizado mucho, nunca llegaron

más que

á salpicar con

algunas gotas de sangre semítica

el

torrente circulatorio de nuestra

aria, y los otras por ser aberracionos y descarríos parciales, que por su mismo carácter de excepción confirman más y más la

sangre

regla general, ofrecen,

sí,

grande interés histórico, pero son diso-

nancias que acaban por perderse, y apenas se disciernen en la grandiosa armonía
final,

en

el

siitsum corda que toda

la

ciencia espa-

ñola levanta en honor del Dios personal

y

vivo.

Y

hasta puede

LA IGLESIA Y LAS ESCUELAS TEOLÓGICAS
afirmarse que
reflejos
el

297

estoicismo de Séneca, iluminado ya por lejanos
le

de

la

doctrina nueva que en parte

quitan

el

áspero é in-

humano carácter que había tenido en manos de Zenón y de Oleantes, es como vago crepúsculo que anuncia el sol que va á alzarse
disipando
las nieblas

y ceguedades del paganismo.

Y

en

las doctri-

nas de procedencia oriental, ya árabe, ya hebrea, todavía, á des-

pecho de

la

levadura panteística, se descubren generosos, aunque

infructíferos esfuerzos, para salvar del naufragio

de

la

emanación

la

conciencia individual, cuyo sentimiento ha sido siempre tan enérgico en nuestra raza, así

como tampoco puede

ocultarse á

ojos

atentos cierto sentido armónico, cierta aspiración á conciliar los dos
capitales términos del

problema metafísico, conciliación que, buses, sin

cada por recto ó torcido sendero,
racterísticas

duda, una de las notas calas

de nuestra ciencia, y una de
el

que más
hasta
el

la

determinan,

desde
el

el

Keter Malknth y
la Ciencia

Árbol de

y

el

Arte Magna, y Libro de las Criaturas; desde el artificio
la

Makor Hayim

dialéctico
aristotélica

de Fernando de Córdoba, hasta de Fox Morcillo. (Aplausos.)
la

concordia platónico-

Pero todavía más que armónica,
mática aun dentro de

ciencia española ha sido dog-

en

y por eso ha encontrado y la forma más adecuada á su interno desenvolvimiento, forma que de
las escuelas críticas,
el el

dogmatismo teológico
pasó á
los

campo

natural de sus triunfos

las escuelas

la

acción y penetró en

la

vida, llegando á hacer
historia, algo

de España, en
ni antes ni

dos siglos más influyentes de su
el el

que una

después ha vuelto á verse en

mundo,

es decir,

nación de teólogos armados. Nunca, desde

tiempo de Judas Macael

beo, hubo un pueblo que con tanta razón pudiera creerse

pueblo

escogido para ser
aplausos.)

la

espada y

el

brazo de Dios.

{Estrepitosos

Toda
bía

su historia le preparaba para

tal

misión.

La

Iglesia nos ha-

educado á sus pechos con sus mártires y confesores, con sus Padres, con el régimen admirable de sus Concilios. Por ella fuimos
nación y gran nación, en vez de muchedumbre de gentes colectinacidas para presa de la tenaz porfía de cualquier vecino codi-

cias,

cioso.

No

elaboraron nuestra unidad
la

el

hierro de

la

conquista ni

la

sabiduría de los legisladores;

hicieron los dos Apóstoles y los sie-

agS

ENSAYOS de crítica filosófica

te varones Apostólicos; la regaron con su sangre el diácono
zo, los atletas del circo
cia, las

Loren-

de Tarragona,

las

vírgenes Eulalia y Engrala escri-

innumerables legiones de mártires cesaraugustanos;

bieron en su draconiano Código los Padres de

Ilíberis; brilló

en Nifrente

cea y en Sardis sobre

la

frente

deHosio, y en

Roma

sobre

la

de San Dámaso;
triunfó del

la

cantó Prudencio en versos de hierro celtibérico:
del gnosticismo oriental, del arrianismo

maniqueísmo y

de
la

los

bárbaros y del donatismo africano; civilizó á los suevos por
cristiano;

voz de San Martín Dumiense, verdadero Séneca
los visigodos la
la

hizo
las

de

primera nación del Occidente; escribió en

Etimologías

primera enciclopedia; inundó de escuelas
los

los atrios
la

de nuestros templos; comenzó á levantar entre
antigua doctrina
el

despojos de

alcázar

de

la ciencia escolástica,

por manos de

Liciniano, de Tajón y de San Isidoro; dio el jugo de sus pechos que infunden eterna y santa fortaleza á los restauradores del Norte y á los mártires del Mediodía, á San Eulogio y Alvaro Cordobés,

á Pelayo y á Omar-ben-Hafsun;

mandó

á Teodulfo, á Claudio, á

Prudencio Galindo á

civilizar la

Francia carolingia; dio maestros á

Gerberto, y por ellos difundió las ciencias matemáticas en Europa; amparó bajo el manto prelaticio del Arzobispo D. Raimundo, y
bajo
la

púrpura del Emperador Alfonso VII,

la

ciencia semítico-

española;

y como portentosa conjunción de todos los esfuerzos armónicos de nuestra raza, engendró á fines del siglo xiii el Lulismo,

es decir, la teodicea popular, la escolástica en la lengua del vulgo,

saliendo de las cátedras para difundirse por los caminos
zas, la metafísica realista é identificada

y por

las pla-

con

la lógica, el

imperio del

símbolo,

la

cabala cristiana que predicaba á
la

la

muchedumbre aquel

bienaventurado mártir, aventurero de

idea

de

la filosofía,

asceta y trovador, novelista

y caballero andante y misionero, en quien
el

toda concepción del entendimiento se calentó con
pasión y se vistió

fuego de

la

y coloreó con

las

imágenes y

los

matices de

la

fantasía. (Inmensos

y ruidosos

aplausos. Aplausos prolongados y uná-

niynes en la tribuna de la prensa.)

No

está representada

España hasta
de

el

siglo xvi

en

los anales

de
los

la escolástica

por una cadena interrumpida de doctores, como
las aulas

que ennoblecieron

París;

pero

las

veces que en

la

Edad

LA IGLESIA Y LAS ESCUELAS TEOLÓGICAS

299

Media suena

la

voz de sus teólogos es siempre para grandes y sin-

gulares esfuerzos. Así tenemos, de trecho á trecho, á
tos luminosos: en el siglo
vii,

modo de punlas

fárdente spiro d'hidoro y

Senellas,

tencias de Tajón, á quien

pudiéramos llamar «maestro» de
el

con más razón histórica que á Pedro Lombardo; en
Prudencio Galindo, vindicando
la
la

siglo ix á

doctrina de la predestinación y
el siglo xii, á
el

de

la

personalidad divina contra Scoto Eriúgena; en
á

Domingo Gundisalvo y

Juan Hispalense, intérpretes de todo
el siglo xiii, la

saber filosófico de los orientales; en

portentosa y
del

nunca igualada erudición rabínica del dominico Ramón Martí,
cual
los

hoy mismo confiesan
nacidos fuera de
los
la

los judíos

más doctos que ninguno de
talmúdica

Sinagoga ha llegado á penetrar tan honla

damente

arcanos de

ciencia

como

el

autor del
arabista,

Pugio Fidel, que no fué sólo incomparable hebraizante y

sino profundo autor de teodicea, que inspiró á Pascal una gran parte

de sus celebrados Pensamientos.

Y
losa

todavía en

el

último y decadente período de

la

escolástica,

cuyo imperio
guna de

se dividían místicos

y nominalistas, apareció en Tosin
al

de Francia un profesor barcelonés, que,
las

pertenecer á nin-

banderías militantes, ni ajustarse
las escuelas,

método y forma
la

generales en

antes puesta

la

mira en

reforma del

método y de toda enseñanza, como si respondiera á la voz del Renacimiento, que comenzaba á enseñorearse de la ciencia al mismo
tiempo que del
arte, concibió la traza
ni

de un

libro único,

no fundado
de ningún

en autoridades divinas
doctor llevase á
vación y en
la la

humanas, que

sin alegar textos

inteligencia de todos; libro fundado en la obser-

experiencia,

y sobre todo en
autem

la

experiencia de cada

cual dentro de

mismo

{nulla

certior cognitio

quam per
el

ex-

perientiam

máxime per experientiam cujuslibet intra trazando sobre esta base, que hoy diríamos cartesiana,
et

se ipsum),

plan de

una Teología natural, donde
cual
los
si

la

razón fuese demostrando y leyendo,
el

estuviesen escritos en

gran libro de

las criaturas

todos

dogmas

del espiritualismo cristiano. Libro que, por rara casua-

lidad,

hubo de caer sesenta años después en manos de un caballero
el

gascón, antítesis viva del piadoso catedrático del siglo xv,

cual

caballero se entretuvo en verter de la Teología natural en encan-

30O

ENSAYOS DE CRITICA FILOSÓFICA

tadora prosa francesa, que aquel escéptico alcalde de Burdeos hablaba y escribía
hablar,

como pocos

ó ninguno

la

han vuelto á

escribir

y

y no

satisfecho
escribir,

con traducirle, tomó pie del libro de Sa-

bunde para
tención, su
logía

con más agudeza de ingenio que piadosa in-

más extenso y curioso ensayo, que, con título de Apo(aunque de todo tiene más que de esto), anda desde entonces
los aficionados á ingeniosas filosofías

en manos de todos
enfados de
estilo.

y á des-

Pero
al

ni

Sabunde

ni

otro ninguno de los doctores del siglo xv,

cual dio inmarcesible gloria una legión de teólogos, escriturarios
canonistas, famosos algunos en la Iglesia universal, no ya sólo en

y
la

de España; San Vicente Ferrer, águila de

la

elocuencia cristiana,
la

á quien el

asombro de sus contemporáneos apellidó
el

trompeta

del Apocalipsis;

insigne converso Pablo de Santa María, autor

del Scrutinium Scripturartim; su hijo, D.

Alonso de Cartagena, á
con gran
Tostado,

quien llama Eneas Silvio decus praelatorum, y de quien dijo Eugenio IV: «Si el Obispo de Burgos en nuestra corte viene,

vergüenza nos asentaremos en

la Silla

de San Pedro>;

el

cuyo nombre basta; su digno adversario Juan de Torquemada; Juan
de Segovia, lumbrera del Concilio de Basilea; Fr. Alonso de Espina,
martillo

de

los judíos

en su Fortalitium Fidel; Fr. Alonso de Oro-

pesa, defensor de la causa de los conversos, en su

Lumen Dei ad
se

rtvelationem gcntimn;

Fernando de Córdoba, cuya sabiduría
el

miró

como
los

prodigio, hasta
la

punto de haberse reunido en conciliábulo

doctores de

Universidad de París para decidir que aquel

hombre que

se sabía

de memoria

la

Biblia

y todos
y
el

los escritos

de

Alberto Magno, Santo Tomás, Alejandro de Hales, Scoto y San

Buenaventura, y

el

cuerpo del Derecho

civil

cuerpo del De-

recho canónico, y
pócrates,
caldeo,
el

los textos

de medicina de Avicena, Galeno é Hi-

y hablaba con
griego y
le

singular facilidad el hebreo, el árabe, el

el latín,

y en
él,

las

disputas públicas convencía á
el

todos y nadie
cristo ó

convencía á

no podía menos de ser

Anti-

alguno de sus secuaces...; ninguno de estos doctores, digo,
ilustres,

con ser tantos en número y tan
en rigor no tuvo hasta
el

pudo dar á España

lo

que

siglo xvi:

una escuela propia y floreciente
la

de Teología, entendida esta palabra como

entendieron los gran-

LA IGLESIA Y LAS ESCUELAS TEOLÓGICAS
des maestros de aquella centuria; es decir,
versal,

301
ciencia uni-

como una

que abarcaba desde

la

doctrina de los atributos divinos

hasta las últimas ramificaciones del Derecho público privado. Esta
gloriosa y última etapa de la Teología española fué favorecida de un modo eficaz por el renacimiento de las letras clásicas, y que

influyó en

la

erudición sagrada tanto, por lo menos,
al

como en

la

profana, llevando la atención de los doctos
las fuentes,
así

estudio y crítica de

en

lo

que toca

al

texto de las Sagradas Escrituras

y de
gos

sus

más antiguas

interpretaciones,

como en

lo

perteneciente

á las obras de los Santos Padres y apologistas cristianos, así grie-

como
si

latinos, los cuales

nunca se vieron en mayor grado que
de temeridades (como no

entonces ilustrados, comentados y defendidos.

Y

es verdad

que no anduvo

libre

suele estarlo ninguna ciencia nueva) esta labor
helenistas

y

esfuerzos de los

y

hebraizantes, también es cierto que, después de la inlos teólogos

mensa alharaca que
del largo sopor en

puramente dogmáticos y
la

escolásti-

cos promovieron contra los que venían á despertar á

escolástica

que desde

el siglo
la larga,

xiv había caído, esa nueva
llegó á constituir la
la

infusión de sangre científica, á

hermosa

Teología positiva que hoy conocemos, y en

que

al

antiguo ele-

mento especulativo y metafísico, en el cual fueron águilas los docla Edad Media, y especialmente el Ángel de las Escuelas, vino á aiíadirse un elemento histórico, ya escriturario, ya patrístico:
tores de

que da nervio y
católica

fortaleza

y verdadera originalidad

á la teología

de

las

escuelas modernas.

No hay duda que la
les,

Teología, en cuanto á sus principios esenciafijeza

participa de

la

inmutabilidad y

adamantina propias de

la

dogmática
todo
el

religiosa,

que por esto mismo aparece levantada sobre

fragor y tumulto de las opiniones humanas; pero también
el

es cierto que

dogma mismo, en cuanto
la

al

modo de

ser entendido

y

desarrollado metódicamente en forma de disciplina ó enseñanza

científica,
las artes

obedece á

misma

ley de progreso

que empuja

á todas

y

ciencias hacia su perfección,
la

San Justino no es
nes, ni la

de Tertuliano,
la la

ni la

y por eso la Teología de de Tertuliano la de Orígeni la la

de Orígenes
ni

de San Agustín,

de San Agustín

la

de San Anselmo,

de San Anselmo

de Santo Tomas; no

302

ENSAYOS DE CRITICA FILOSÓFICA
el

porque

objeto de esta ciencia divina, que son

las

\-erdades reve-

ladas, cambie, sino

porque cambia
es

el

sujeto

que

las

entiende y las
al

enseña, y que

hoy

un

filósofo platónico

convertido

cristianis-

mo, mañana un retórico

africano, á quien todo el fuego de las calla

cinadas arenas en que nació arrastra á

declamación,

al énfasis,

y

á

la

extremosidad en todo; otro día un
las fuerzas

sutil dialéctico,
el

que ha agu-

zado todas
Aristóteles

de su espíritu en

juego de esgrima de

Porque es excelencia y privilegio divino de la doctrina católica, que por eso se llama así y ostenta como primera nota suya la de universalidad, acomodarse á todos los gra-

y de

Porfirio.

dos y esferas de

la

cultura humana,

y

ser manjar

de

vida,

lo

mis-

mo

para

los sencillos

de corazón y humildes de entendimiento, que

para aquellas inteligencias privilegiadas donde más de resalto aparece
la

impresión y
las

el reflejo

de

la

lumbre divina. Las mismas verque
las

dades son
ejercitan
y, sin

que deletrea

el

rústico en su Catecismo
la

que

la

sagacidad del teólogo en
la

Summa

de Santo Tomás;

embargo, ¡cuan diferente es
el

capacidad que ambos libros

exigen, cuan patente

carácter científico del segundo

y

el

carácter

popular del primero! Nadie se escandalice, pues, cuando oye hablar

de progreso y de desarrollo en
baría su ignorancia!

Teolog^ía. ¡Tal escándelo sólo pro-

La Teología

tiene su

historia

como

todas

las

dice historia, dice algo de relativo, transitorio

ciencias, y quien y mudable. Donde

hay un organismo de verdades y un entendimiento que le comprenda, queda siempre la posibilidad de una comprensión más alta. Y
si

esto es verdad de la Teología, cuyas premisas trascienden del

orden natural, y están dadas por una revelación superior, ¡cuánto

más no ha de

serlo

de

la filosofía,

entregada eternamente á las

dis-

putas de los hombres! Ciencia absoluta, ciencia eterna, ciencia in-

mutable, ciencia única, que resuelva en una ley general todos los
casos particulares, sólo en
la

mente de Dios

existe,

y fuera vano
si

empeño

buscarla en esta pobre sabiduría humana, que
es tanto lo

algo tiene

de grande, no

que posee cuanto

el

estímulo creciente de

perfección que Dios puso en sus entrañas. Mientras prosigan na-

ciendo seres racionales, nadie podrá decir que
tencia metafísica está agotada. ¿Quién sabe
si el

la virtualidad

ó pollora

infante

que hoy

LA IGLESIA Y LAS ESCUELAS TEOLÓGICAS

3O3

en

la

cuna podrá llevar estampado sobre su mente
los

el sello

que hizo

á Aristóteles privilegiado entre

hijos

de los hombres?
los

De

fijo

que aquellos oyentes de Sócrates, que solemos llamar
socráticos^ creían

pequeños

de buena
la

fe

que no era posible en
sin

el

mundo doc-

trina

más

alta

que

del hijo de Sofronisco, y,

embargo, des-

luego

pués de Sócrates vino Platón, y después de Platón Aristóteles, y la filosofía cristiana, que los depuró y los concordó hasta

cierto punto.

Y

esta filosofía ni está ni

puede estar agotada, poral

que

la infinita

bondad de

Dios, que hizo

hombre capaz de todo
la

inteligible,

no puede consentir que caiga sobre su espíritu

som-

bra de

la

inacción, todavía

más pesada que

la

de

la

muerte.

Así

lo

entendieron nuestros teólogos del siglo xvi, y por eso,
la

siendo fidelísimos á
ciencia. Original

tradición, resultó,

no obstante, tan

original su

en

el

método, que comenzaron á reformar Fran-

cisco
cio,

de Vitoria, Fr. Luis de Carvajal y Fr. Lorenzo de Villavicenlos

aprovechando

progresos de
llevó á
feliz

las letras

humanas y

del espí-

ritu crítico,

empresa que
de
las

término Melchor Cano con su

profundo

análisis

fuentes del conocimiento teológico, verda-

dero organon ó aparato enciclopédico, que puede servir para los
tópicos de otras

muchas
en

ciencias.
las

Original en las aplicaciones, en

las ciencias derivadas,

nuevas ramas que brotaron como por

encanto del tronco teológico que parecía tan marchito á ñnes del
siglo xv; el

derecho penal con Alfonso de Castro,
el

el

derecho
el

inter-

nacional con Francisco de \'¡toria,
Vitoria,

derecho público con
el

mismo
tan-

con Domingo de Soto, con
la

eximio Suárez. Original,

finalmente, dentro de
to alcance
físico

más severa ortodoxia, en doctrinas de
el

como

la

de Gabriel Vázquez sobre

fundamento meta-

de

la

ley puesto en la razón de Dios,

y no en su voluntad;
la

y
la

las

dos contrapuestas de Molina y Báñez sobre

concordia entre
la filo-

gracia

y
la

el libre arbitrio,

doctrinas que trascienden á toda

sofía

de

voluntad, materia predilecta de nuestros teólogos y calos

suistas,

que apuraron hasta

últimos ápices

la

disección de los

actos humanos, de sus ocultos móviles, de sus extremas consecuencias,

de

los accidentes
las leyes

que

los

modifican y de su calificación con-

forme á

de

la ética cristiana.

Ya

lo

he dicho en otra parte: apenas hay memoria de hombre

304

ENSAYOS DE CRITICA FILOSÓFICA
á todos, ni siquiera á
los

que baste á recordar

más preclaros de

aquella invicta legión. Pero, ¿cómo olvidar que Fr. Alonso de Castro recopiló

en su grande obra De haeresibus cuantos argumentos

se habían formulado hasta entonces contra todo linaje de errores, disputó con tanta sabiduría teológica

y

como

jurídica de justa haere-

ticorum punitione; que

Domingo de Soto

trituró las doctrinas proet gratia;

testantes de la justificación,

en su obra De natura

que

el

Cardenal Toledo impugnó más profundamente que ningún otro teólogo
la

interpretación que los luteranos dan á la epístola á los rolas

manos; que Fr. Pedro de Soto, reformador de
Dillingen

Universidades de

y de
la

Ingolstadt, hizo increíbles esfuerzos, con la
al

pluma y
las
la

con

la

enseñanza, para volver

gremio de
el

la

Iglesia á los rebeldes

subditos de

Reina María; que

eximio Suárez redujo á polvo
el

doctrinas cesaristas del
Iglesia anglicana;

Rey Jacobo y
libro

torpe fundamento de

que

el

de Gregorio de Valencia,

De
la

rebus

Jidei hoc tempore coiiíroversis, fué asombro de los
tes

mismos protestany por
argu-

alemanes por

la

abrumadora copia de

ciencia

mentación sobria y potente, hasta el punto de aclamar á su autor scriptor aeternitate dignissimus; que D. Martín Pérez de Ayala vindicó sabiamente
el

valor que en la Iglesia tiene

el

sagrado depósito

de

la tradición;

que Martínez de Ripalda, en
la luz

el libro

De etite

stiper-

naturali,

derramó á torrentes

sobre los más obscuros proble-

mas

ontológicos; que Rodrigo de Arriaga,

hombre de ingenio

sutil

y

paradójico, nacido para los
la

más delicados

análisis, llevó á los úl-

timos términos

libertad de discusión,

osando apartarse del mismo

Santo Tomás y de Suárez; que Diego Ruiz de Montoya organizó, ó

poco menos,

la

Teología positiva, adelantándose á Petavio y á Thola

masino; y, finalmente, que todo este asombroso florecimiento de

dogmática y de

la

controversia no estorbó, sino que antes bien dio

nuevas

alas al

vuelo extático del misticismo español, de cuya ensalió

cendida fragua de afectos
na,

más

acrisolado el oro de
el

la

doctri-

y tampoco detuvo,

sino

que favoreció y estimuló

arranque

general de los pensadores, críticos é independientes, tales Vives,
te

como
esco-

Gómez
la

Pereira

y Fox Morcillo, precursores respectivamen-

de

inducción baconiana, del psicologismo cartesiano

y

cés,

y

del

armonismo

idealista?

Y

así

como

fuera del recinto de la

LA IGLESIA Y LAS ESCUELAS TEOLÓGICAS

305

escuela se disputó libremente de todo lo opinable, así también dentro de ella coexistieron

más ó menos

pacíficamente, tejiendo entre

todos

la

variadísima trama de nuestra ciencia, los tomistas puros

los molinistas

y «congruistas»,

los escotistas

y comentadores, lo y Enrique de Gante y el Doctor «Resolutísimo», Juan Bacón, y hasta los mismos nominalistas.
ron secuaces
naventura,

y y los lulianos, y logramismo San Anselmo que San Bue-

Seguir
el

la

decadencia de estos estudios desde
actual,

el siglo

xvm

hasta

momento

que ciertamente no

es

de apogeo, aunque co-

miencen á advertirse señales de mejora, daría materia á una larga
disertación, en

que es imposible entrar,

visto lo

avanzado de

la

hora.

A la sabiduría de los

Prelados asistentes á este Congreso toca
los

poner oportuno remedio á

males que todos deploramos, volel

viendo á nuestra enseñanza teológica
castizo

carácter nacional,

el sello

de

la

que nunca debió perder, y que en nada se opone á la unidad doctrina. Vuelvan á andar en manos de nuestros aspirantes al

sacerdocio los grandes

monumentos de
pasado
(l)

la ciencia católica

de nues-

tros padres; cese ese aluvión de superficiales

compendios extran-

jeros que desde

el siglo

inundó nuestras Universidades

y Seminarios,
recíbase,
sí,

sin ventaja alguna ni

de

la

piedad

ni

de

la

doctrina;

lo

bueno de todas

partes, pero recíbase
siglos la

con discreción,

sin olvidar

que nuestra Teología fué por

primera del mun-

do,

y que en la dogmática, en la moral y en la controversia todavía podemos vivir de sus inagotables riquezas; difijndase, mediante la
fundación de una Biblioteca de teólogos españoles (pensamiento
ciado muchos años hace por
el

ini-

sabio Dominico que
el

hoy

se sienta

en

la

cátedra metropolitana de San Isidro)

conocimiento de esos

libros,

muchos de

ellos rarísimos

ya

é inasequibles; ábranse,

con

el

apoyo moral y material de

los católicos, concursos

y certámenes
todas las

para estudiar críticamente, en forma de monografías,

grandes figuras de nuestra ciencia, cuya difusión

y ensalzamiento
católica;

no puede menos de contribuir

al triunfo

de

la

verdad
el

y
el

finalmente (y esto es más importante que todo), cese
vorcio entre los estudios sagrados

funesto di-

y

los profanos;

y ya que en

(1)

El xvm. (A. B.)

Meníhdsz y Pblato. — Ensayos

de critica filosófica,

30

306

ENSAYOS DE CRÍTICA FILOSÓFICA

actual estado de la enseñanza enteramente laica

y secularizada no
en nuestras Uniciencia, traba-

nos sea
la

lícito ni

soñar siquiera con

la

esperanza de ver de nuevo á

Reina de todos

los saberes penetrar triunfante
el eje

versidades para ser otra vez

de oro de nuestra

jemos á una clérigos y laicos, en cualquier grado de la enseñanza donde la voluntad de Dios nos haya puesto, para que la savia del
espíritu teológico vigorice

de nuevo
fe

el

entendimiento y

e!

carácter
sen-

nacional;

y

así será

nuestra

racional obsequio

y no femenil

timentalismo, ni cálculo social, ni pesimismo desalentado, ni alarde

de un momento,

ni

odio á

la

razón disfrazado con máscara de piedad.

Busquemos,

sí,

la libertad

de

la ciencia,

pero busquémosla por
el

aquel camino que ya nos marcó, con ser gentil,

más antiguo de
la

nuestros filósofos: Parere Deo libertas. El que obedece á Dios, ¿qué

ha de temer?

Y

¿qué importan

los

mayores arrojos de
la frente

especulala

ción en labios de quien empieza por doblar
infalible

ante

verdad

y eterna? No apoquemos
los cielos ni

lo

que de suyo

es tan

grande que

no cabe en
tad

en

la tierra.

Trabajemos con limpia volun-

y entendimiento sereno, puestos los ojos en la realidad viva, sin temor pueril, sin apresuramiento engañoso, abriendo cada día modestamente de
el surco,

y rogando
respetar
la

á Dios

que mande sobre
al

él el

rocío

los cielos.

Y

al

tradición,

tomarla por punto de
ciencia es progresiva

partida

y de arranque, no olvidemos que

la

por su índole misma, y que de esta ley no se exime ninguna cienaunque quisiéracia: Patet ómnibus ventas: nondum est ocaipata.

Y

mos detenernos

sería

empeño

imposible, porque la impiedad no se

detiene y cada día levanta nuevas máquinas de guerra contra la

ciudad espiritual en que nacimos. Las exigencias de
ligiosa
la

la

polémica re-

son ya

muy

otras

que en

el siglo xvi.

Entonces aun era rara
le-

negación escueta del orden sobrenatural: hoy esa negación se

vanta por todas partes brutal y amenazadora, amagando con los

mismos golpes
negado, desde

á la religión
el

y á

la Metafísica.

Todo

se niega ó se ha

principio de identidad hasta el principio de causa;

todas las nociones primeras de nuestro entendimiento andan hoy

en

tela

de

juicio.
si

Hasta

el

ateísmo empieza á parecer anticuado.

Y

¿cómo no

a los ojos de

un agnóstico

el

ateísmo no puede ser

otra cosa que una tesis teológica vuelta del revés?

Y

entretanto

la

LA IGLESIA Y LAS ESCUELAS TEOLÓGICAS

307
ciencias nala vieja

concepción monista, desbordándose del campo de
turales, invade la ciencia social, allana los

las

fundamentos de

antropología, socava

la

noción del derecho, se impone á los legisla-

respeto de

dores y á los jueces y proclama la ruina del la preocupación teológica.

dogma

moral, último

¡Y entretanto

los católicos

españoles (doloroso es decirio, pero

estos son días de grandes verdades), distraídos en cuestiones estúpidas, en

amargas recriminaciones personales, vemos avanzar con
la

la

mayor

indiferencia

marea de

las

impiedades sabias y corromper
ni á la

cada día un alma joven, y no acudimos
abierta de
la

brecha cada día más

Metafísica, ni á la de la exégesis bíblica, ni á la

de

las

ciencias naturales, ni á la de las ciencias históricas, ni á ninguno de
los

campos donde
las

siquiera se dilatan los
batallas!

pulmones con

el

aire ge-

neroso de

grandes

Un

rayo de luz ha brillado en medio
al

de estas

tinieblas,

y

los

más próximos

desaliento
el

hemos sentido

renacer nuestros bríos viendo en este Congreso

principio de una

nueva era para

el

catolicismo español

y para

la

ciencia española, in-

separable del catolicismo. (Ruidosísimos aplausos y
dos.

muy

continua-

El

Sr.

Menénd£z y Pelayo

es

ymiy felicitado.)

VII

EXAMEN

CRÍTICO

DE

LA

MORAL

NATURALISTA

CONTESTACIÓN AL DISCURSO DE RECEPCIÓN
DEL EXCELENTÍSIMO SEÑOR DON ANTONIO DE MENA Y ZORRILLA,
LEÍDA EN LA REAL ACADEMIA DE CIENCIAS MORALES Y POLÍTICAS,
EL DOMINGO
1 1

DE DICIEMBRE DE

1

892

Señores:

tiempo

Grave responsabilidad pesa sobre mí por haber dilatado tanto el cumplimiento del honroso encargo que recibí de esta
ello la fructuosa

Academia, retardando con

colaboración del señor

Mena y

Zorrilla

en

las tareas

propias de nuestro Instituto. Vanas

serían cuantas excusas pudiera

yo alegar en

esta parte, reducidas

en rigor á una

abrumadora carga de varios y desemejantes trabajos que pesa en España sobre cuantos nos dedicamos
sola,

que es

la

á la vida de la enseñanza
testarse,

y de

las letras.

Á

todas ellas podría conel

con razón, que debí renunciar en tiempo oportuno

en-

cargo, dejándolo á persona

más

diligente ó

menos

atareada; ó bien
lle-

que no debí aceptarlo,

si

es

que no

me

consideraba capaz de

varlo á término dentro del plazo acostumbrado. Pero otra razón

más

fuerte

que

ésta,

un deber personal de
con
el Sr.

gratitud,
Zorrilla,

que desde hace

bastantes años

me

liga

Mena y

me
la

impedía dela

clinar en otro señor

Académico

la

honra de llevar

voz de

Cor-

poración en

el día

de su entrada en este recinto. Apenas salido yo
al Sr.

de

las aulas,

enteramente obscuro y desconocido, debí
entonces de Instrucción Pública,

Mena

y

Zorrilla, Director

la

protección

oñcial

tinuar

y los medios indispensables para ampliar mis estudios y conmi educación literaria en las universidades y bibliotecas extranjeras. Al Sr. Mena y Zorrilla, pues, y al eficaz concurso de la
Diputación y del Ayuntamiento de Santander, se debieron
los frutos

de aquel
quien

viaje,

exiguos sin duda para

la

general cultura, por ser

yo
la

le llevó á

cabo, pero trascendentales en grado

sumo para

formación de mis ideas y para mi personal instrucción. La exquisita modestia del Sr. Mena y Zorrilla no ha de impedir que yo reconozca

y proclame aquí

lo

mucho que

le

debo, ya que

él

mismo parece

haberse olvidado del beneficio. Por eso, aun á riesgo de molestaros

312

ENSAYOS DE CRITICA FILOSÓFICA
al se-

con este recuerdo enteramente personal, quería yo contestar
ñor

Mena y

Zorrilla.

Patentes son los méritos del nuevo Académico
sagración, no sólo á las ciencias sociales, sino á

y su asidua conla Filosofía

pura,

que

es raíz

y madre de
la

todas

ellas.

Las arduas tareas de

la

vida
él

forense

y de
las

vida política nunca han sido para entibiar en
al cultivo

sus

primeras aficiones, dirigidas especialmente
sica

de

la

Metafí-

y de
los

Matemáticas. Despertóse su vocación en

las aulas

de

Sevilla,

por

formando parte de aquel grupo juvenil y alentado que, años de 1840, iniciaba, ya en Academias privadas, ya en la
el

enseñanza universitaria,
sóficas: el

estudio de las modernas direcciones
el

filo-

kantismo con Rivero,

hegelianismo con Contero y Raal Sr.

mírez.

Su acendrada ortodoxia

salvó

Mena y

Zorrilla

de

los

escollos inseparables de tales especulaciones, haciéndole detenerse

en

los límites del esplritualismo cristiano,

con sentido análogo

al

que por entonces difundían en aquella misma ciudad D. Alberto
Lista
el

y

sus discípulos,

que gradualmente habían ido pasando, desde
el

sensualismo mitigado de Laromiguiére, hasta

eclecticismo cou-

siniano, procurando depurarle de la levadura panteísta, de que

no
el

estaba exento en su primitiva forma.
Sr.
lla

En

tales

enseñanzas basó

Mena un curso de Estética, que como preliminar al de Oratoria
y

dio en la Universidad de Seviforense, asunto adecuado á las

especiales dotes de su talento

á la afición fructuosa
al

y persevecon

rante que siempre mostró á las buenas letras y
los

trato familiar

modelos

clásicos; afición fortalecida

en

él,

como en

tantos otros,

por

la disciplina

discípulos

y consejo del venerable Lista y de aquel de sus que más fielmente conservó el tesoro de su doctrina, el

inolvidable Rector

y sabio humanista D. Antonio Martín
la Filosofía,

Villa.

Aquella fructuosa alianza de

de

las

Matemáticas y del

buen gusto

literario

que

Lista, á

ejemplo de

los antiguos,

recomendó

y

practicó siempre, llevó

muy temprano

á nuestro

compañero por

los

caminos de
la

las ciencias del cálculo,

llegando á sustituir á su

maestro en

cátedra de Mecánica Racional, que explicó durante
universitaria,

un curso entero. Su carrera

aunque prematuramente

cortada por atenciones de otra índole, fué en extremo laboriosa,

abarcando materias tan diversas como los Cálculos Diferencial é

EXAMEN CRITICO DE LA MORAL NATURALISTA
Integral

3X3

y

el

Derecho Penal, cuya cátedra desempeñó también doS
la

años seguidos. La dura ley de
el culto

vida

le

hizo abandonar

muy

pronto
las

abstracto

y puro de

la ciencia,

lanzándole primero á

luchas del foro

y muy pronto

á las agitaciones

de

la política,

en que

siguió aquella tendencia

sesuda y á

la

rectitud

Orador pulcro,
tradición

que más cuadraba á su índole templada y y firmeza de sus principios conservadores. razonador y diserto, como formado en excelente

y

escuela, ha logrado, durante su larga carrera forense

y

parlamentaria, verdaderos triunfos, cuyo recuerdo se conserva aún,

á pesar de
siones.

lo

rápidamente que hoy pasan y se borran

tales

impre-

Su defensa

del célebre periódico Padre Cobos, que por vez
el

primera logró absolución bajo
discurso pronunciado en
el

patrocinio de
la

tal

abogado, y
Italia

el

Congreso sobre

cuestión de

en

que consolidaron en Madrid
de
Sevilla.

Marzo de 1 86 1, fueron en su tiempo acontecimientos muy ruidosos, la justa fama que el Sr. Mena traía
Varios escritos suyos, pequeños en volumen, pero no
el relativo

en doctrina, entre los cuales recuerdo
extradición, prueban lo que el Sr.

á los delitos de

Mena y

Zorrilla hubiera valido
él,

como

jurisconsulto filósofo,
la

si

no hubiese pesado sobre

como

sobre tantos otros,

dura tiranía del papel sellado.

Nuevo
en
él

testimonio de la cultura de su espíritu y del interés que

despiertan los graves problemas de la Ética especulativa, sin
la ciencia
oir,

cuyo apoyo fácilmente degenera en empirismo
leyes,

de

las

tenemos en
al

el brillante

discurso que acabáis de

consa-

grado

examen y

refutación del

sensualismo
invasión del
cia,

utilitario-,

que remozado en nuestros
los

moderno epicurismo, ó dígase días, merced á la
órdenes de
la

método experimental en todos

cienlas

y prevalido
el

del creciente descrédito en

que van cayendo

antiguas hipótesis metafísicas, avanza

como

torrente aselador, no ya
el

por

campo de

la ciencia

abstracta

y desinteresada, sino por
la

de

la

vida del Derecho, minando los fundamentos de

conciencia

moral y quitando á la ley su sanción más alta. En pos de la crisis ideológica ha venido la

crisis

moral;

y

los

que no

se habían aterrado ante ningún abismo, los que,

en aras

del subjetivismo kantiano, habían inmolado

como

fantasmagorías

y quimeras

todas las entidades metafísicas, lanzan ahora gritos de

314
angustia
al

ENSAYOS DE CRITICA FILOSÓFICA
encontrarse
al fin

de

la

jornada con que no bastan los
la

generosos é inconsecuentes postulados é imperativos de

razón

práctica para salvar del inminente naufragio la noción de bien, la

noción de

justicia,

la

noción de derecho y de responsabilidad
lógicos

moral; porque otros

más

y más temerarios que
consecuencias del

ellos se

han

encargado de sacar
perpetrado por
el

las últimas

estéril

suicidio

idealismo alemán;

y renegando de

la Metafísica,

después que ésta había ya renegado de

misma, han retrogradado,

hasta
hasta

con los varios nombres de evolucionistas, monistas y positivistas, el atomismo de Leucipo y Demócrito en Filosofía natural,
el

hedonismo de
utilidad, el

la

escuela cirenaica en Filosofía moral;
la

y

el

placer, la

interés,

sensación han vuelto á ser pro-

clamados

criterio

sos días de Helvetius,

y base de toda certidumbre como en los afrentoD'Holbach y La Mettrie. Hay ciertamente
la

profundas diferencias entre
tan superficial

plebeya

filosofía

del siglo pasado,

y en el fondo tan poco experimental, y la que hoy procede armada con todos los recursos que, á manos llenas, le proporciona
el

gigantesco desarrollo de las ciencias

físicas las

y de

las

ciencias antropológicas; pero ni

puede decirse que
el

conclusiones

sean diversas, ni difiere
los

mucho

punto de partida, aunque lleven

modernos evidente ventaja en

el rigor del

método y en

la

extra-

ordinaria riqueza de los detalles. Centro de este movimiento, por
lo

que toca á

la Etica,

no menos que en

lo

perteneciente á
la

la

Lógi-

ca, es la escuela

inglesa contemporánea, de
la

cual son derivacioal distinto

nes más violentas en

expresión,

como cuadra
Italia.

genio

de los meridionales,

las

exposiciones de materialismo práctico que
El

continuamente aparecen en Francia y en
realmente angustioso para
parece que se nos cierra
la

momento

es

vida del espíritu: por

todas partes

el cielo;

y

la

dignidad humana, rebajada

y empequeñecida con
ideal,

esta continua

y

feroz

campaña contra

lo

apenas encuentra refugio sino en los consuelos de un pseudo-

misticismo vago, sin contenido y sin objeto, ó en las negras cavilaciones del pesimismo,

y en
al

el

opio enervante del nirvana búddhico,
el

que comienza

á roer

sordamente

árbol de la civilización europea,
al

arrastrando los espíritus
sar,

quietismo desesperado,

tedio de pen-

á

la

abdicación de toda actividad

y de

la

propia conciencia.

EXAMEN CRITICO DE LA MORAL NATURALISTA

3I5
espiritua-

Empiezan
lista,

á notarse, es cierto, síntomas

de regeneración

pero ¡tan aislados, tan pálidos, tan fugaces, que más bien palas

recen los últimos destellos de un sol moribundo, que
luces de una nue\'a auroral

primeras

Hay

sed y apetito de creencia,

y

algo

es esto, aunque no sea todo; pero en generaciones desecadas por
los crueles abusos del análisis,

pervertidas por una concesión
literatura brutal,
la

me-

cánica del

mundo, desfloradas por una
el

mucho ha

de tardar

germen místico en romper
duda

dura tierra y producir de

nuevo sus rosas inmortales.

Grande
Querer

es sin

la

tribulación de los espíritus, pero la

misma

gravedad de

la crisis

puede darnos alguna esperanza de remedio.
una
ilusión,

vivir sin metafísica es ciertamente

de que mu-

chos participan, aunque filosofen sin saberlo y aunque en su mis-

ma

negación vaya envuelto

el

concepto metatísico; pero vivir

sin

moral, sin

norma de
el

vida, es

un estado monstruoso é inhumano que

puede darse en
duradero.

individuo, pero

que en

la

sociedad nunca será
el

De

aquí proceden las innumerables tentativas con que
fe la

pensamiento contemporáneo persigue de buena
del ideal ético,
sin

determinación

arredrarse por

la

frialdad

demoledora con que
de
tales

una

crítica

implacable va demostrando

el vicio dialéctico

construcciones.

Desde

el positivista

que

se refugia en el altruismo,

hasta el pesimista que proclama la ley ascética

como medio de
la

emanciparse del universal dolor y aniquilar
la existencia;

el

funesto prurito de
belleza

desde
el

el

pensador estético que identifica
el

con

el bien,

hasta

neo-kantiano encastillado en

dogmatismo
moral en
el esfuer-

estoico

del^« en

si,

á despecho de su criticismo fenomenista, todos
otro, á salvar los

aspiran, de
el

un modo ó de
la

Penates de

la

espantoso incendio de

ciudad metafísica. Generoso es
el la

zo,

pero ya impotente y tardío: desde que se proclamó

enemigo está en

el

corazón de

la plaza:

relatividad del conocimiento

y

se declaró guerra cruda á todo lo trascendental, se

imponía como

forzosa consecuencia la relatividad del deber, la

mera inmanencia

de

la

ley moral. Si

el

pensar metafísico es una abstracción vacía,
el interés

tienen razón los moralistas utilitarios:

extendido

al

mayor
de

número,

el

hedonismo universal, se impone como <