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San Clemente: el Santo y mártir romano cuyos restos reposan en Chile.

Según Ireneo de Lyon, Clemente el Romano, fue el cuarto Obispo de Roma, después de San Pedro, Lino y Anacleto. Él ejerció el Obispado entre los años 88 y 97 d.C. y según la tradición fue martirizado en el Mar Negro, donde habría sido arrojado con un ancla atada al cuello. Posteriormente sus seguidores habrían rescatado el cuerpo, sepultándolo en las catacumbas de Roma, lugar desde el cual habrían sido rescatadas entre los años 1492-1536. Los restos fueron resguardados por la Confraternidad de los Santos Ángeles Custodios, quienes las habían depositado en la Sacristía de la Capilla Paulina del Vaticano. Allí estuvieron hasta el año 1934, cuando el entonces Rector del Seminario Pontificio de Santiago don Juan Subercaseaux se los solicitó al Papa Pío XI para ser traídas a Chile. Don Juan

Subercaseaux, no era desconocido en el Vaticano, pues su padre Don Ramón Subercaseaux, era el Embajador del Gobierno de Chile ante la Santa Sede. Pio XI, no solo le entregó las reliquias a Mons. Subercaseaux, sino que lo promovió la Diócesis de Linares a cuya Iglesia Catedral, de San Ambrosio, fueron entregados los restos de San Clemente. Estas llegaron a Valparaíso en el Vapor “Orazio” en septiembre de 1936. Desde ahí fueron llevadas a la Casa Matriz de las Hermanas de la Providencia de Santiago, donde el Profesor de la Universidad Católica Dr. Ricardo Benavente recompuso el esqueleto, para su posterior ornamentación. El 11 de octubre de ese año fueron transportadas las reliquias de San Clemente desde la Casa de la Providencia al Seminario Pontificio, en una grandiosa fiesta presidida por el Arzobispo de Santiago Mons. Horacio Campillo y la mayor parte del Episcopado Chileno, llegando a Linares el 1º de enero de 1937 donde descansan hoy.