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Los centros históricos y la ciudad actual: instrumentos de ordenamiento, conservación, revitalización y uso

Arq. Francisco Covarrubias Gaitán

Actualmente, el Centro Histórico de la Ciudad de México ocupa una superficie de 310 hectáreas, equivalente a la que tenía la totalidad de la ciudad a principios del siglo XIX. Tal espacio ha sido y seguirá siendo el centro y sede de actividades, así como de manifestaciones políticas, económicas y culturales. Por todo ello, su valor patrimonial define un legado para las generaciones del siglo XXI. La fundación de las ciudades en el periodo novohispano respondió a diversos propósitos: fungir como centros administrativos, religiosos, de evangelización y misiones, centros mineros y de producción agropecuaria, ciudades de avanzada, presidios, haciendas y ciudades tanto portuarias como defensivas. En estas ciudades, se reconocen ideas urbanísticas, fruto de las utopías generadas durante el siglo XVI en Europa por hombres como Tomas Moro y Erasmo de Rotterdam, quienes influenciaron a Vasco de Quiroga, quien, a su vez, planteó y organizó con notable visión humanística los pueblos-hospital de la meseta purépecha, atendiendo a principios de habitabilidad —entendida ésta como elemento de la seguridad, la satisfacción de necesidades y la apreciación de la belleza—; asimismo, con esas ideas en mente, fray Bartolomé de las Casas y fray Alonso de la Veracruz, entre otros dieron a la evangelización un amplio sentido humanístico. Las ciudades, además, adaptaron modelos prehispánicos y renacentistas. Muchas tenían un trazo ortogonal, tomado de planos sencillos y prácticos, aplicado a cordel y apegado al lugar. La retícula se estableció alrededor de la Plaza Mayor, con carácter propio para

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La preservación de la arquitectura en los centros históricos