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Ejemplos de metáforas del libro ANCIEDAD

La ansiedad es un monstruo que se alimenta de nuestra adrenalina
En realidad, la ansiedad es un monstruo que vive y se alimenta de adrenalina. Cuando algo nos avisa de que hay un peligro, como cuando bajamos por una escalera mucho más empinada de lo que esperábamos, realizamos una descarga automática de adrenalina y el monstruo de la adrenalina que estaba dormido se despierta y hace que de forma automática nos agarremos a la barandilla y así nos ayuda a no caernos. Nos damos cuenta de que tenemos el monstruo dentro y que se ha quedado, porque mientras digerimos la adrenalina todavía le queda alimento para vivir y seguimos sintiendo ansiedad. Cuando pasa el tiempo sin que veamos un nuevo peligro, el cuerpo recupera su nivel normal de adrenalina y el monstruo hiberna. Cuando es el propio monstruo el que nos da miedo y luchamos para echarlo del cuerpo, para que desaparezca de inmediato, la lucha nos lleva a hacer otra descarga de adrenalina. El monstruo, encantado porque tiene más alimento, crece y se hace más amenazador, nos dice cosas terribles como que va a comernos el cerebro, que nos va a dañar el corazón y que nos va a paralizar la garganta para siempre. Si aceptamos al monstruo en nuestro cuerpo y no hacemos nada para que se vaya, entonces dejaremos de darle alimento y el monstruo hibernará de nuevo.

¿Son mis sensaciones fiables?
Si toco el ordenador en el que estoy escribiendo, lo siento y tengo el total convencimiento de que existe y es real. Nuestras sensaciones son el criterio más fiable que tenemos de la realidad. Podemos extrapolar el criterio a nuestras sensaciones internas. Si tengo una sensación de que me voy a morir o voy a perder el control o me voy a volver loco o…, puedo llegar a la misma conclusión: es real y totalmente cierto que va a ocurrir porque lo siento. Si, además, me comporto como si fuera totalmente real, puedo generarme un problema importante. Había un leñador que vivía con su mujer. Un día frío de invierno se levantó y le comentó a su esposa que había pensado que estaba muriéndose, que sentía que ese día iba a morir y que no podía saber si era verdad o no. La mujer le contestó: “¿Tienes las manos calientes? ¿Y la cabeza también? Déjate, pues, de rollos y vete a trabajar”. El leñador salió a su trabajo y, según iba llegando se dio cuenta de que sus manos estaban frías. “Estoy muriéndome”, pensó y sintió. “Entonces no puedo trabajar”. Se sentó a esperar y notó que

como el leñador del cuento. “Es cierto que me estoy muriendo y siento que no tengo ganas de hacer nada” y con el frío. Al cabo de un rato aparecieron unos lobos que se acercaron a él. sentimientos. sino comportarnos como si fuera totalmente cierto porque. . acabaremos lográndolo.su cabeza también estaba fría. lo único que conseguimos es aumentar nuestro sufrimiento. podemos alcanzar nuestros objetivos y además puede disminuir nuestro dolor . en el mando 2. efectivamente. Los lobos finalmente le atacaron y. Según pasaba el tiempo se sentía más frío y sentía más cerca su muerte. sensaciones y emociones”. En el mando 1 pone “Control de nuestros pensamientos. murió. El problema no es tener la sensación de que vamos a morirnos. Si manejamos el mando 1. no puedo hacer nada” y se quedó quieto. Los dos mandos de "control" de nuestra ansiedad Como consecuencia de la metáfora del monstruo de la adrenalina podemos concluir que en nuestro cuerpo tenemos dos mandos de control. Cuando manejamos el mando 2. cada vez tenía menos ganas de moverse. por eso se quedó muy quieto sentado. “Compromiso con nuestros valores y objetivos”. El leñador pensaba: “como estoy casi muerto.