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Gutiérrez Escudero, Antonio, María Luisa Laviana Cuetos (coords.): Estudios sobre América: siglos XVI-XX.. Sevilla, AEA, 2005

















El poder del dinero en el México del siglo XVII:
el financiero don Antonio Urrutia Vergara


Virgilio Fernández Bulete
Universidad de Sevilla


El estudio de la élites socioeconómicas en el Nuevo Mundo está reci-
biendo cada vez más atención por parte de los investigadores,
1
quienes se
han ocupado también de los grupos oligárquicos novohispanos,
2
en algunos
casos centrándose específicamente en los grupos mercantiles o bien en su
dimensión social y política.
3

El objetivo de este trabajo es dar a conocer la figura del financiero
Antonio Urrutia Vergara. Por ello, en las próximas páginas trataremos de
dibujar los rasgos generales de la nueva aristocracia del dinero que estaba
surgiendo en México en el siglo XVII, comentaremos algunos de sus ejem-
plos más representativos, y destacaremos la figura de Urrutia Vergara como
uno de los más claros ejemplos de la élite mercantil que estaba emergien-
do en la colonia.



1 Entre otros estudios podemos destacar los siguientes: Yuste, C.: Comerciantes mexicanos en
el siglo XVIII, (selección de documentos e introducción por C. Yuste), UNAM, Instituto de
Investigaciones Históricas, México, 1991; Colmenares, G.: Cali: Terratenientes, mineros y comercian-
tes. Siglo XVIII (edición a cargo de H. Lozano Hormaza), Santa Fe de Bogotá, 1997; Mazzeo, C.A.:
Los comerciantes limeños a fines del Siglo XVIII. Capacidad y cohesión de una élite, 1750-1825,
Lima, 1999.
2 Véase al respecto, Alvarado Morales, M.: “El cabildo y regimiento de la ciudad de México
en el siglo XVII. Un ejemplo de oligarquía criolla”, Historia Mexicana, 28, México, abril-junio, 1979,
págs. 489-514; Peña, José de la: Oligarquía y propiedad en la Nueva España (1550-1624),
México, 1983.
3 Hoberman, L. S.: Mexico´s Merchant Elite, 1590-1660. Silver, State and Society, Duke
University Press, Durham, 1991; Israel, J. I.: Razas, clases sociales y vida política en el México colo-
nial, 1610-1670, México, 1980.


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EL ASCENSO DE LA ARISTOCRACIA DEL DINERO
EN EL MÉXICO DEL SIGLO XVII

Entre las diversas transformaciones que se producen durante el siglo
XVII en la estructura social de esta centuria —consolidación de los seño-
res de tierras y ganados, creciente protagonismo de los criollos, etc.— des-
taca el ascenso de los grupos vinculados al comercio y a la industria, que
representan el triunfo del “dinero” frente al retroceso de la “sangre”. En
efecto, el creciente protagonismo de los grupos empresariales y financie-
ros, ocupados en el negocio minero, en el comercio del azúcar, de los tin-
tes, del cacao y en el comercio por el Pacífico, así como en la industria de
los obrajes, hacía de estos sectores un grupo emergente, mientras que iban
quedando relegados a un segundo plano los grupos aristocráticos de los pri-
meros tiempos, representados por los descendientes de conquistadores y
beneméritos. Los legajos del Archivo General de Indias se encuentran
repletos de peticiones y quejas que demuestran el declive de esta primera
aristocracia, pero baste, como botón de muestra, la petición de Diego
Agudelo Cano Moctezuma, quien en 1654 solicitaba a la Cámara de Indias
que, dadas las escasas rentas que percibía, se le concediesen 2.000 pesos de
renta y un oficio de justicia para su hijo.
4

La nueva plutocracia, además de sus negocios, ejerció con frecuencia
oficios públicos, los cuales permitían una mayor influencia política y una
mejora de la posición social en un momento en el que todavía las activida-
des mercantiles no estaban bien vistas. En efecto, “con la guerra y las
letras, los oficios públicos se tenían por los únicos trabajos propios del
hidalgo. Al ocuparlos el mercader, le daban honra y además aumentaban su
poder”.
5
También participó esta oligarquía en el ayuntamiento capitalino,
ocupó cargos que requerían experiencia administrativa y contable, como el
monopolio de la renta de los naipes, o recaudó parte de los impuestos del
Estado mediante el sistema de asientos, funciones todas ellas que le daban
tanto la oportunidad de comerciar, como la de contar con una elevada cota
de poder. El resultado fue una creciente relación entre los mercaderes y el


4 Archivo General de Indias (en adelante AGI), México, 5, r. 6, n.º 234. Consulta de la
Cámara de Indias, 6 de noviembre de 1654. Afirmaba, sin duda exageradamente, que sólo gozaba de
36 pesos de renta a pesar de ser descendiente de D.ª Isabel de Moctezuma. La Cámara decidió reco-
mendarle para que el virrey le concediese un oficio, pero excusó concederle la renta alegando la esca-
sez de recursos disponibles.
5 Durand, J.: La transformación social del conquistador, México, 1953, vol. II, pág. 47


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aparato burocrático a través de diversas prácticas como el afianzamiento de
los alcaldes mayores a cambio de favores económicos, tantas veces critica-
dos por el visitador Palafox, la concesión de préstamos al tesoro real o,
incluso, actuando como banqueros de los virreyes, bien para sus necesida-
des personales o cubriéndoles en negocios comerciales prohibidos.
En el siglo XVII, esta élite mercantil adoptó posiciones de confronta-
ción frente a determinadas políticas de la Corona, principalmente respecto
a las restricciones comerciales impuestas al comercio por el Pacífico, fren-
te a las limitaciones para que los criollos ocupasen cargos en la
Administración, y respecto a las nuevas cargas fiscales que la Corona ten-
dió a establecer a partir de 1630. Todo ello generó diversas tensiones, mani-
festadas por ejemplo en la recaudación de la alcabala, que durante el XVII
estuvo arrendada al Cabildo de la ciudad de México y al Consulado de mer-
caderes, y que originó ciertos conflictos entre la colonia y la metrópoli.
6
La
oposición, sin embargo, se realizó no contra el propio sistema imperial, que
daba garantías a la élite de mantener su privilegiada posición, sino sólo
contra aspectos concretos de éste y, casi siempre, por medios indirectos,
tales como posponer los pagos, negociar con los representantes de la
Corona, participando en la recaudación de impuestos o mediante el contra-
bando, que alcanzaba proporciones enormes en el comercio con Filipinas.
Paralelamente al declive económico ocurrido entre 1630 y 1660, se produ-
jo también una tendencia a la concentración del capital, esto es, una reduc-
ción en el número de grandes mercaderes,
7
la cual es visible en la Casa de
la Moneda, donde a mediados de dicha centuria encontramos sólo a cuatro
grandes personajes que labraban plata: Simón de Haro, uno de los financie-
ros más relevantes del Virreinato, Esteban de Molina Masquera, Andrés
Fernández de Talavera y nuestro personaje, Antonio de Urrutia Vergara.
8

Paralelamente se fue produciendo una criollización de la burocracia,
a lo que no es ajeno el proceso de ventas de cargos públicos y la creciente
debilidad del poder central, que intentaba contener el exceso de autonomía
mediante residencias y visitas. La élite económica se aprovechó de la situa-
ción y compró oficios, principalmente para sus hijos, puesto que ello le per-

6 Véase al respecto Alvarado Morales, M.: La ciudad de México ante la fundación de la
Armada de Barlovento. Historia de una encrucijada (1635-1643), México, 1983; Hoberman, México`s
Merchant, pág. 192 y siguientes.
7 Hoberman, México`s Merchant, págs. 265-274.
8 AGI, México, 469, r. 8, n.º 47. Certificación de la Casa de Moneda de México de los mer-
caderes que actualmente entran a labrar en dicha casa. México, 18 de febrero de 1654. Los tres prime-
ros asistían personalmente, mientras que Urrutia lo hacía a través del capitán José de Xarava.


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mitía gozar de mayor influencia y participar en mayor medida en las deci-
siones que le afectaban. Baste citar, a manera de ejemplo, algunos casos,
como el de Baltasar Rodríguez de los Ríos, prestamista y regidor del cabil-
do mexicano, que compró para su hijo el cargo de alguacil mayor de la
capital,
9
Cristóbal Bonilla, uno de los mercaderes más poderosos del
Virreinato, que adquirió también el mismo cargo,
10
el mercader Andrés del
Rosal, que compró para su hijo una plaza de contador del Tribunal de
Cuentas por 30.000 pesos,
11
o Francisco de Córdoba y Villafranca, que
adquirió también una futura de contador a cambio de 15.000 pesos.
12
Ante
ello, la Administración fue perdiendo capacidad de control sobre la colo-
nia, por lo que el fraude y el contrabando se incrementaron notablemente
en las décadas centrales del XVII. El fraude afectaba incluso a la recauda-
ción de los propios impuestos de la Corona, como demostró el visitador
Suárez de San Martín, quien en el quinto cabezón de la alcabala descubrió
que los administradores del Cabildo llevaban una doble contabilidad.
13
Las
redes personales y familiares, y los contactos de los mercaderes con la
burocracia, así como la necesidad para unos y otros de mantener el sistema
imperial, explican tanto la incapacidad del Estado para eliminar el fraude y
el contrabando como el mantenimiento de la estructura política y social.



ALGUNOS EJEMPLOS REPRESENTATIVOS

Serían muchos los ejemplos de la élite económica que se podrían
comentar, por lo que nos limitaremos sólo a los casos más representativos.
Algunos de sus miembros eran regidores de la capital virreinal, personajes
que su mayoría desarrollaron diversas actividades —ejercieron un oficio
público, como comerciantes, rentistas, hacendados, administradores de
rentas públicas...— lo que nos demuestra que no siguieron “una sola ruta
económica” a lo largo de su vida, afirmación extensible a muchos otros


9 Pazos, M.ª Luisa: El Ayuntamiento de la ciudad de México en el siglo XVII: continuidad
institucional y cambio social, Tesis de Doctorado leída en la Universidad de Sevilla, 1997, págs. 556-
557. La obra ha sido publicada con el mismo título por la Excma. Diputación de Sevilla en 1999.
10 Hoberman, México`s Merchant, pág. 242. Recibió dinero prestado del también poderoso
mercader Álvaro de Lorenzana, lo que refleja la tendencia a colaborar entre los propios miembros de
la élite.
11 AGI, México, 5, r. 2, n.º 53. Consulta de la Cámara de Indias, 5 de octubre de 1648.
12 AGI, Indiferente General, 766. Consulta de la Cámara, 12 de julio de 1649.
13 AGI, México, 93. El visitador Gonzalo Suárez de San Martín al Consejo, 28 de abril de 1672.


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individuos de la oligarquía económica aun cuando no formaran parte del
ayuntamiento capitalino.
Uno de los ejemplos más representativos de esta alta burguesía es la
familia de comerciantes Díaz de la Barrera, que mantuvo durante el XVII
una presencia constante en la vida municipal de la ciudad de México.
Alonso Díaz de la Barrera, propietario del oficio de correo mayor, fue un
importante comerciante y, posteriormente, las empresas familiares estuvie-
ron dirigidos por su hijo Pedro, que siguió la misma línea del padre de
comerciar por el Pacífico a pesar de las prohibiciones,
14
alcanzando un ele-
vado nivel de riqueza.
15
Pero los comerciantes de mayor peso en el cabildo
fueron los miembros de la familia Vera, quienes fueron tesoreros de la Casa
de la Moneda, si bien su principal actividad fue el comercio, actividad des-
arrollada en conexión con sus parientes sevillanos y como miembros del
Consulado mexicano, aunque siguiendo la tendencia del momento también
hicieron acopio de tierras y fundaron mayorazgos.
16
Asimismo, encontra-
mos importantes prestamistas, como Simón Enríquez, portugués originario
de Lisboa que colocó gran parte de su fortuna procedente del comercio en
préstamos, favorecido por su cargo de depositario general y por los “tratos”
que realizaba con mineros de San Luis Potosí, Pachuca y Zacatecas,
17
o
Fernando de la Barrera, hijo del comerciante Baltasar de la Barrera, quien
recibió de su padre censos sobre casas y haciendas y diversos capitales, rea-
lizando importantes préstamos y manteniendo una elevada fortuna hasta
que se arruinó en el desastre naval de Matanzas.
18

Lo común entre los miembros de esta oligarquía fue la mezcla de
actividades ya que casi en todos los casos se aprecia que tuvieron diferen-
tes ocupaciones a lo largo de su vida. Es el caso, por ejemplo, de Juan de
Alcocer, que tuvo a su cargo el asiento de los naipes y quien se había ini-
ciado como tratante de plata, aunque también tuvo negocios de azúcar y


14 Pazos, El Ayuntamiento, pág. 469. Mantuvo intercambios ilegales con el Perú, lo que llevó
a sus herederos a tener que pagar 16.000 pesos por las multas acumuladas en su contra.
15 AGI, Patronato Real, 4, r. 1, n.º 27. Su riqueza y posición se evidencia en el hecho de que
tenía una de las residencias más lujosas de la época en San Agustín de las Cuevas, lugar de descanso y
recreo de la oligarquía capitalina.
16 Pazos, El Ayuntamiento, pág. 477.
17 AGI, México, 260. Inventario de Simón Enríquez. 1622. Al igual que otros miembros de la
élite económica también invirtió buena parte de su fortuna en estancias y haciendas, por lo que se fue
transformando en propietario.
18 AGI, México, 263. Inventario de Fernando de la Barrera, 1622, Hizo préstamos a diferen-
tes personas, cosa bastante común entre la oligarquía económica de la época, entre ellos a algunos regi-
dores como Luis Pacho, hacendado e importante comerciante, y al citado Pedro Díaz de la Barrera.


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cacao, invirtiendo su patrimonio en una gran variedad de empresas, el cual
fue también tesorero y contador de la Santa Cruzada así como prior del
Consulado de mercaderes.
19
Pero en ocasiones, una actividad predo-
minaba sobre el resto, como fue el caso de Simón de Haro, dedicado pre-
ferentemente al negocio de la plata, quien en 1653 contrataba 250.000
marcos anuales, esto es, algo más de 2 millones de pesos, en la Casa de la
Moneda, siendo el principal sostén de las provincias mineras, lo que le
permitió negociar con la Corona reducciones de impuestos y otros favo-
res.
20
Su privilegiada posición se evidencia en que, como hemos visto, era
uno de los cuatro mercaderes que labraban plata en la Casa de la Moneda
en 1654, así como en su amistad con el visitador Pedro de Gálvez, de la
que se jactaba afirmando que éste iba a su casa de verano a comer y a
descansar.
21

Pero quizás quien mejor representa una buena posición es la podero-
sa familia de mercaderes Bonilla Bastida. El padre, Cristóbal, tuvo siete
hijos y uno de ellos, Nicolás, recibió la mayor parte de las propiedades de
la familia así como el codiciado oficio de alguacil mayor de corte. Una de
las hijas de Cristóbal casó con Antonio Urrutia Vergara con lo cual entron-
caron dos de las más destacadas fortunas del Virreinato. Nicolás tenía ren-
tas en varias casas y propiedades, también casó de forma prestigiosa y, al
emparentar con Urrutia, participaron como socios en algunas actividades
como el afianzamiento del racionero Juan Nieto Dávalos, nombrado por el
virrey Escalona tesorero, receptor y pagador de la fábrica de la catedral.
22

Asimismo, mantuvo relaciones económicas con otros miembros de la bur-
guesía, lo cual es una constante entre estos poderosos personajes, como
con Francisco de Córdoba y Villafranca, quien le prestó 21.000 pesos
cuando Nicolás fue a tomar posesión de la alcaldía mayor de San Luis
Potosí,
23
lo que sin duda implicaba algún tipo de interés económico con-
junto. Precisamente, Francisco de Córdoba y Villafranca es un ejemplo de
cómo se entremezclan las actividades mercantiles y el desempeño de ofi-
cios públicos pues fue supervisor del desagüe de México, alguacil mayor
de corte de la Audiencia, corregidor interino de la capital, contador mayor

19 AGI, Escribanía, 158-B. Pleito sobre el arrendamiento de los naipes, 14 de marzo de 1629.
20 Hoberman, Mexico´s Merchant, pág. 76. Dicha cantidad, a decir de la autora, representaba
alrededor del 55% del promedio anual de la producción registrada en esta década.
21 Ibídem, pág. 212.
22 AGI, México, 469, r. 8, n.º 47. Certificación de la Secretaría de Gobierno y Guerra de Nueva
España. 20 de febrero de 1654.
23 Hoberman, Mexico´s Merchant, pág. 176.


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del Tribunal de Cuentas, varias veces cónsul y prior del Consulado de mer-
caderes, juez de obrajes y administrador temporal del monopolio de los
naipes, a lo que se suma su función de prestamista pues al parecer prestó
al fisco real 40.000 pesos.
24

Podríamos seguir comentando numerosos casos más de estos influ-
yentes personajes, pero baste, para terminar con la muestra, recordar tan
sólo algunos nombres. Entre ellos no podrían faltar, por ejemplo, Baltasar
Rodríguez de los Ríos, prestamista destacado que prestó 125.000 pesos al
ayuntamiento capitalino;
25
Álvaro de Lorenzana, uno de los hombres más
ricos del Virreinato, cuya fortuna se decía ascendía a 800.000 pesos, quien
fue colaborador de Nicolás Bonilla y prestamista del virrey Alba de Liste,
26
lo que refleja la vinculación de la élite financiera con el poder político de
la colonia; Stefantoni Federiqui¸ importante mercader de cacao y banque-
ro, cuyos hermanos eran, desde el ayuntamiento de Sevilla, sus agentes
comerciales;
27
o, para terminar esta muestra, Sebastián Váez de Acevedo,
mercader que participó en el comercio de cacao por el Pacífico junto al
influyente Cristóbal de Bonilla, y que, por ser converso, se vio acusado de
judaizante por la Inquisición e inmerso en un auto de fe.
28




DON ANTONIO URRUTIA DE VERGARA (1598-1667)

Don Antonio Urrutia de Vergara y García de Espinosa se nos apare-
ce, en cierta medida, como representante de aquellos vascos que triunfa-
ron en el Nuevo Mundo. De hecho, simboliza el cambio del origen regio-
nal de los mercaderes mexicanos puesto de relieve por Hoberman, quien
señala que, junto a la salida de mercaderes conversos y portugueses, des-
de mediados del XVII se produce un claro avance de los vascos, que, por
otra parte, siempre tuvieron un destacado protagonismo en la colonia.
29




24 AGI, Indiferente General, 766. Consulta de la Cámara, 12 de julio de 1649; Hoberman,
Mexico´s Merchant, pág. 159.
25 Pazos, El Ayuntamiento, pág. 481.
26 Guijo, G.M.: Diario, 1648-1664, México, 1952-1953, vol. I, págs. 183-184; AGI, México,
76, r. 4.
27 AGI, México, 276. Año 1655; Hoberman, Mexico´s Merchant, pág. 123.
28 Israel, Razas, clases sociales, págs. 208, 216 y 248; Hoberman, Mexico´s Merchant,
pág. 127.
29 Véase al respecto Hoberman, Mexico´s Merchant, pág. 268.


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ASCENDENCIA FAMILIAR Y ACTIVIDADES ECONÓMICAS DESARROLLADAS

Su familia era originaria de la casa y solar de Urrutia, en Vergara, pro-
vincia de Guipúzcoa,
30
y se dedicó preferentemente a la carrera militar y
administrativa. Según afirma el propio Urrutia su padre, Juan de Vergara,
hidalgo vasco, murió sirviendo a la Corona, al igual que varios de sus her-
manos, pues a uno de ellos, José, lo mataron en Flandes, mientras que otro,
Andrés, murió saliendo en un galeón con su compañía en busca del enemi-
go y un tercero, Francisco, falleció sirviendo en la Armada Real.
31
Además,
varios de sus sobrinos sirvieron en la guerra de Cataluña, en la Armada y
en Nápoles, y algunos fueron alcaldes mayores de Sevilla, lo que nos
demuestra una familia bastante vinculada a la administración política y
militar del momento.
32

Su padre fue gobernador de Honduras y pagador de la Armada de la
Guardia de Indias, su madre fue María Pérez de Espinaredo, de la casa del
Principado de Asturias, y sus abuelos maternos fueron Pedro Urrutia e
Isabel de Torres. Pero aunque de raíces vascas, nuestro hombre era, al pare-
cer natural de la Villa de las Marismas, en Sevilla, sin duda algún lugar pró-
ximo a la ciudad del Guadalquivir, donde nació en 1598. Su ascendencia
hidalga influyó, seguramente, en que ingresara en la orden de Santiago en
1644,
33
cosa poco frecuente entre los mercaderes de la época.
Antonio de Urrutia se nos aparece como el típico gran mercader y
financiero de raíces vascas, que sigue el rastro exitoso de otros muchos vas-
cos en México y en muy diversas zonas del Nuevo Mundo.
34
Sus activida-
des económicas, siguiendo el patrón de la época, nos muestran a un gran
hombre de negocios dedicado a múltiples y diversificadas actividades pues
desarrolló prácticamente todas las propias de un gran hombre de negocios


30 AGI, México, 326. Antonio Urrutia de Vergara al Consejo, suplicando que, en su facultad
para fundar mayorazgos, se pongan todos sus servicios y que se le dé certificación de los 1.000 pesos
con que sirve. México. Sin fecha [1662].
31 Ibídem.
32 Ibídem.
33 Lohman Villena, G.: Los Americanos en las órdenes militares, 1529-1900, Madrid, 1947,
vol. I, págs. 162-163, indica que era señor de la casa solar de Urrutia en Vergara (Guipúzcoa) y natural
de Sevilla.
34 Israel, Razas, clases sociales, pág. 116. Véase al respecto las dos obras editadas por R.
Escobedo, A. de Zaballa y O. Álvarez sobre los vascos en América: Euskal Herria y el Nuevo Mundo
y Emigración y redes sociales de los vascos en América, ambas editadas por la Universidad del País
Vasco, Vitoria-Gasteiz, 1996.


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de la época. Fue prestamista de particulares y del tesoro real, comerció con
Filipinas, participó en el comercio de cacao, fue asentista de la renta de
los naipes, contador de la Santa Cruzada y mercader de plata. Además,
como hombre de su época, combinó los negocios mercantiles con
propiedades inmuebles, pues consta que tenía diversas casas “principales”
en la ciudad de México así como en su distrito, molinos de trigo,
haciendas de labor y de ganado, huertas y censos y dos ingenios de azúcar
en la provincia de Michoacán.
35
Su gran fortuna, sus numerosas
actividades y negocios lleva- ron al virrey Alburquerque a calificarlo, con
cierto tono despectivo, como
“el mayor mercader de las Indias” y según Cosío tuvo “enorme importan-
cia” en la colonia, tanto por sus dotes como por su gran fortuna, lo que le
permitió fundar tres mayorazgos.
36

Aunque la información obtenida no nos proporciona detalles al res-
pecto, los orígenes de su prosperidad económica están, probablemente,
relacionados con la posición de su padre como pagador de la Armada de
la Guardia de las Indias.
37
Sin duda, esto le sirvió de plataforma para, a
partir de sus inicios llevando en encomienda mercancías de otros,
convertirse en uno de los más influyentes hombres de negocios del
Virreinato. Así se explica que ejerciese como banquero de la propia
Administración pues según afirma el propio Antonio Urrutia realizó
importantes empréstitos y donativos a la Real Hacienda: contribuyó a la
fortificación del puerto y de la ciudad de Veracruz, a la Unión de Armas,
al asiento del batallón de la capital, a la renta de los naipes, asistiendo
también a los virreyes y visita- dores generales, especialmente al marqués
de Gelves, al visitador Martín Carrillo Alderete, al marqués de Cerralvo,
al obispo Palafox, al duque de Escalona, al conde de Salvatierra y al conde
de Alba de Liste.
38
Vemos aquí, pues, cómo orgullosamente hace valer su
condición de banquero oficial, función de la que la oligarquía económica
era consciente y de la que se sen- tía particularmente orgullosa. Y lo
mismo evidencia cuando afirma que también había socorrido en México a
muchas personas, y que había funda- do diversas obras pías, por lo que fue
reputado como “padre de los pobres y amador de la paz y servicio de
VM”.
39



35 AGI, México, 326. Antonio Urrutia al Consejo.
36 Martínez Cosío, L.: Los caballeros de las órdenes militares en México. Catálogo biográfi-
co y genealógico, México, 1946, págs. 188-189.
37 Hoberman, Mexico´s Merchant, pág. 244.
38 AGI, México, 326. Antonio Urrutia de Vergara al Consejo.
39 Ibídem.


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VIRGILIO FERNÁNDEZ BULETE

Como otros muchos miembros de la burguesía financiera, Antonio de
Urrutia comerció con Filipinas pues en la década de 1640 lo vemos nego-
ciar con hierro para ser vendido en estas islas, lo que le valió diversas crí-
ticas por haber recibido trato de favor debido a su amistad con algunos
ministros de la Audiencia.
40
Aunque las fuentes consultadas no nos propor-
cionan mucha información, sin duda sus relaciones con el comercio de
Filipinas, lejos de ser esporádicas debieron ser frecuentes, y sabemos que
en 1649 envió a Manila 3.000 pesos al capitán Gabriel Gómez del Castillo
para que le comprase diversas alhajas, pero dicha cantidad fue confiscada
por el gobernador de Filipinas, Diego Fajardo, alegando necesidades eco-
nómicas.
41
También participó en el comercio de cacao por el Pacífico junto
a Sebastián Váez de Acevedo y Cristóbal Bonilla, dos grandes personajes
del mundo de los negocios y, en palabras de Hoberman, los tres invirtieron
sumas importantes en este comercio en los años de 1630.
42
Esta práctica
de colaboración entre socios fue bastante común en la época, y además de
con los citados, también lo vemos asociado con algunos otros hombres de
nego- cios, como Nicolás de Salcedo, del que fue socio y al que sucedió
en el asiento de los naipes.
43

Participó también en el negocio de la plata pues, como hemos visto,
en 1654 era uno de los poco mercaderes que labraban plata en la Casa de
la Moneda, concretamente a través de su representante José Xarava y
Velarde.
44
Esto evidencia la afirmación de Hoberman de que en las décadas
centrales del XVII hubo una clara tendencia a la concentración del comer-
cio en pocas manos, afirmando que los proveedores de plata de la Casa de
la Moneda eran un reducido grupo,
45
lo cual sitúa a nuestro personaje entre
la cúspide de la élite financiera del Virreinato. Sin duda, José de Xarava
debía ser persona de su confianza pues en su nombre se hizo cargo también


40 AGI, Escribanía, 274 B, legajo 4.º de visitas a México, n.º 13, fol. 7v. Al parecer hizo pos-
tura de 20 pesos para vender 1.500 quintales de hierro para ser enviado en 1645 a Filipinas, cuando el
precio era mucho más elevado, y que dicha postura le fue permitida por el oidor Francisco de Rojas y
por el fiscal Pedro Melián al ser éste amigo íntimo de Urrutia.
41 AGI, México, 6, r. 1. Urrutia estuvo años solicitando la devolución de dicha cantidad.
42 Hoberman, Mexico´s Merchant, pág. 127.
43 Ibídem, pág. 166.
44 AGI, México, 6, r. 1. De los cuatro mercaderes de plata que labraban en la Casa, tres de
ellos, Simón de Haro, Esteban de Molina Masquera y Andrés Fernández de Talavera, acudían personal-
mente, mientras que, por el contrario, en nombre de Urrutia asistía José Xarava
45 Hoberman, Mexico´s Merchant, pág. 267. Las cantidades amonedadas por este grupo de
mercaderes de plata podían superar los 3 millones de pesos anualmente, lo que significaba una canti-
dad bastante elevada.


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del asiento y administración de los naipes, al cumplir el asiento que estaba
a cargo el citado Nicolás de Salcedo. En efecto, el asiento se volvió a rema-
tar por otros nueve años, en septiembre de 1652, en el citado Xarava en vir-
tud de un poder concedido por Urrutia Vergara en el que se obligaba a
pagar 90.000 pesos anuales como se había acordado en el asiento anterior.
46

Antonio Urrutia estuvo también vinculado a las obras de la catedral de
México pues, como hemos visto, junto a Nicolás de Bonilla, Francisco
López de Peralta y el correo mayor Pedro Díaz de la Barrera, tres elemen-
tos claves de la élite mercantil, afianzaron por 9.000 ducados en cuartas
partes cada uno, a Juan Nieto Dávalos, tesorero, receptor y pagador de la
fábrica de la Catedral.
47
También se le cita como receptor de las alcabalas
en 1651, cuando éstas eran administradas por el Consulado,
48
de donde
podemos concluir que tenía alguna vinculación con éste aunque entre sus
méritos y cargos no consta que fuese cónsul ni prior de este organismo.
49

Un hombre con tantos negocios como Urrutia no era extraño que
tuviese conflictos y controversias legales. Así, por diversos testimonios de
tribunales y escribanos de México, sabemos los compromisos que hacia
1654 tenía con la Real Hacienda pues había realizado numerosas fianzas
que le obligaban, entre otras cantidades, por valor de unos 99.000 pesos en
el plazo de diez años.
50
Sabemos, por ejemplo, que además de comprome-
terse al pago de ciertas cantidades para los naipes, afianzó a numerosos
alcaldes mayores, entre otros a los de Xochimilco, Tlaxcala y a los de las
minas de Pachuca y de Taxco, lo que evidencia sus intereses en el negocio
de la plata. También dio fianzas para algunos oficiales reales como el de
San Luis de Potosí, y algún militar, como el capitán del presidio de La
Habana, fianzas que alcanzaban habitualmente los 3.000 ó 4.000 pesos de
cuantía, las cuales vienen a demostrar que disfrutaba de un importante res-
paldo financiero y que tenía intereses en múltiples lugares y sectores del


46 AGI, México, 469, r. 8, n.º 47. Certificación del escribano de Minas y Registros y Real
Hacienda de Nueva España, Antonio Gallo, de cómo Urrutia es asentista de los naipes. México, 19 de
febrero de 1654.
47 Ibídem.
48 AGI, México, 322.
49 A diferencia de otros colegas suyos, que figuran como cabildantes de la capital virreinal o
como cónsules o priores del Consulado, Antonio de Urrutia no figura en tales cargos, lo cual no deja
de llamar la atención, y quizás nos esté mostrando, o bien a alguien que prefiere estar actuando desde
una segunda línea, o bien a alguien que no necesita ocupar personalmente dichos cargos.
50 AGI, México, 469, r. 8, n.º 47. Testimonio de los tribunales, oficios reales y secretarías y
escribanos por donde constan las dependencias que con la Real Hacienda tiene D. Antonio Urrutia
Vergara.


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Virreinato. Urrutia también fue fiador del contador de alcabalas Perafán de
Rivera y de otros individuos, así como albacea del castellano Juan
Rodríguez de Barrientos, lo que corrobora su papel de gran hombre de
negocios, ya que todas estas fianzas, como es obvio, tenían su contrapes-
tración.
51

Por certificación del notario mayor del Tribunal de la Santa Cruzada,
fechada en febrero de 1654, también sabemos que Urrutia se vio envuelto
en pleitos sobre la Santa Cruzada. El motivo era un juicio existente en
dicho tribunal entre el fisco real y los bienes del difunto Pedro Díaz de la
Barrera, como hijo y heredero de Alonso Díaz. Aquél había afianzado a los
tesoreros Pedro y Francisco de la Torre en el cuarto asiento de la Cruzada
establecido en 1649, y dado que Fernando de Figueroa y Córdoba fió 4.000
pesos al tesorero de Cruzada Francisco de la Torre y que había arrendado a
Urrutia unas casas así como una dependencia en la que estaba la fábrica
de naipes, el embargo quedó impuesto sobre el citado Urrutia.
52




CARGOS Y OFICIOS DESEMPEÑADOS

Antonio Urrutia de Vergara se nos aparece como uno de los hombres
más influyentes del Virreinato no sólo por su fortuna sino también por los
cargos que desempeñó, como complemento a sus actividades mercantiles y
financieras. Residía en la ciudad de México y, al igual que otros represen-
tantes de la élite mercantil, ejerció diversos oficios públicos y fue asentis-
ta de la Corona, respondiendo así a los patrones de su época. En primer
lugar, observamos cómo el mercader acaparó títulos militares para dignifi-
car su persona, y lo vemos titularse alférez y capitán de compañías de
infantería, sargento mayor y maestre de campo del batallón de Nueva
España. De hecho, en 1643 fue nombrado por la Corona maestre de cam-
po de Nueva España, año en el que también se le concedió la alcaldía
mayor de Tacuba,
53
otorgándosele el título de maestre de campo en la mis-


51 Por certificación del escribano de la Audiencia José de Montemayor, fechada en 1654, cons-
ta que en ésta había un pleito contra Urrutia, como albacea y tenedor de los bienes de Barrientos, plan-
teado por el Defensor de Bienes de Difuntos por valor de 13.000 pesos.
52 AGI, México, 469, r. 8, n.º 47. Antonio de Urrutia era, además, fiador de Alfonso Flores de
Valdés, aspirante también al cargo de la Santa Cruzada.
53 AGI, México, 326. Antonio Urrutia de Vergara al Consejo; Escribanía, 274 B, Pieza
Segunda.


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ma forma que se le había concedido a su antecesor Andrés Pérez Franco.
Se estableció así que lo ejerciese durante las enfermedades e impedimen-
tos de Pérez Franco, y que la alcaldía de Tacuba la ocupase, cuando queda-
ra vacante, durante otros cinco años al igual que se le había concedido a su
antecesor en el cargo,
54
indicándose que el oficio de maestre de campo no
llevaba aparejado sueldo mientras ejerciera la alcaldía de Tacuba.
55
En rea-
lidad, el cargo se lo había concedido anteriormente el virrey Cerralvo en
diciembre de 1632, con un sueldo de 120 escudos mensuales pagaderos en
la caja de México, aunque con la salvedad de que no disfrutara del sueldo
hasta que el nombramiento fuese aprobado por la Corona. Dicho nombra-
miento no fue bien visto por la sociedad aristocrática del momento pues la
decisión fue criticada ya que Urrutia era un mercader y se había casado
también con la hija de un comerciante, si bien la designación se hizo a cam-
bio del pago de 112.500 maravedises, esto es, unos 12.000 pesos.
56
El honor
en esta sociedad, cuando no se tenía, se compraba, lo cual no dejaba de
levantar suspicacias por los valores vigentes. En todo caso, y a pesar de las
controversias y enemigos que tuvo, fue declarado buen ministro en su resi-
dencia como alcalde mayor de Tacuba, lo cual tampoco es sorprendente
teniendo en cuenta la escasa eficacia de las residencias en aquellos momen-
tos y las influencias de nuestro hombre.
También ejerció Urrutia el oficio de contador perpetuo del Tribunal de
Cruzada,
57
otro cargo comprado como se deduce de la declaración de su
yerno Antonio Alfonso Flores Valdés, en quien se despachó el título con
calidad de que cualquiera de sus poseedores lo pudiera vincular y conver-
tir en mayorazgo.
58
En efecto, en la solicitud presentada por el matrimonio
Urrutia para fundar mayorazgos, Flores Valdés afirmaba en una declara-
ción fechada en 1655 que el citado oficio se pagó con 60.000 pesos de oro
común, 16.000 de ellos abonados en Madrid el 17 de noviembre de 1654,
y los restantes en México el 16 de mayo de 1655, y declara que dicho ofi-


54 Martínez Cosío, Los caballeros de las órdenes, pág. 156; Guijo, Diario, vol. I, pág. 28;
Gantes Tréllez, M.: “Aspectos socio-económicos de Puebla de los Ángeles (1624-1650)”, Anuario de
Estudios Americanos, XL, Sevilla, 1983, págs. 497-613. Andrés Pérez Franco fue también nombrado
alcalde mayor de Puebla y, en 1649, el obispo Torres y Rueda le designó corregidor interino de México.
55 AGI, México, 13. Año 1642.
56 AGI, México, 6, r. 1; México, 14. Año 1656.
57 Martínez Cosío, Los caballeros de las órdenes, pág. 224. Además de contador de la Santa
Cruzada lo sitúa también como alcalde ordinario de México en 1676, pero debe tratarse de un error,
pues M.ª Luisa Pazos no lo cita como cabildante y, además, para esa fecha ya había fallecido.
58 AGI, México, 326. Antonio Urrutia de Vergara al Consejo.


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cio despachado en Valdés pertenece a Urrutia Vergara, por haberlo pagado
éste con su dinero.
59
De hecho, el oficio de contador de la Cruzada era muy
valorado, como se aprecia en la elevada cuantía que alcanzó el pago, debi-
do a las oportunidades que ofrecía para realizar negocios.
60

Da la sensación que Urrutia tal vez era un hombre que prefería estar
en los negocios en segundo plano, motivo por el que quizás no asistía per-
sonalmente a labrar plata, por el que tal vez hizo el asiento de naipes a tra-
vés de José Xarava mediante un poder, y por el que quizás asumió el cargo
de contador de la Cruzada a través de su yerno. Por el contrario, la docu-
mentación proporciona indicios de que debía ser un hombre interesado que
no dudaba en reclamar aquello que consideraba suyo, aunque no significa-
ra una cuantía relevante para una fortuna tan sólida como la que él disfru-
taba. Así, en 1659 les vemos reclamar el pago del sueldo de maestre de
campo desde que dejó la alcaldía mayor de Tacuba, basándose en que
Cerralvo se lo había concedido con 120 escudos de sueldo mensuales y en
que otros maestres de campo habían recibido igual salario. La Cámara de
Indias rechazó esta petición alegando que cuando se le concedió el oficio
se había hecho para que lo ejerciera sin sueldo, y para que quedase supri-
mido cuando Urrutia causara vacante, y remitía también un informe de la
Contaduría del Consejo demostrando que no se hallaban maestres pagados
en aquel reino. Además, alegaba la Cámara, no constaba que su antecesor,
Pérez Franco, hubiese cobrado el sueldo de maestre al cesar como alcalde
mayor de Tacuba.
61
El mismo año le vemos solicitar la devolución de los
3.000 pesos que el gobernador de Filipinas, Diego Fajardo, le había confis-
cado diez años antes, pidiendo que se le devolviera dicho dinero de la caja
de México. Ante ello, el Consejo decidió despachar cédula real al virrey
Alburquerque para que se le pagara del socorro anual que se hacía a
Filipinas descontando dicha cantidad en dos envíos, 1.500 pesos cada vez,
y que se ordenase a los gobernadores de aquellas islas que en el futuro
evi- taran utilizar caudales particulares.
62




59 Ibídem.
60 AGI, México, 469, r. 8, n.º 47. Testimonios de los tribunales, oficios reales y secretarías y
escribanos de México, por donde constan las dependencias que con la Real Hacienda tienen don
Antonio Urrutia de Vergara. El nuevo asiento se remató en 1652 al terminar el de Salcedo, que se había
iniciado en 1643, por un período de otros 9 años pagando 90.000 pesos anuales, como en el asiento pre-
cedente.
61 AGI, México, 6, r. 1. Consulta de la Cámara de Indias. Madrid, 10 de febrero de 1659.
62 Ibídem.


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SUS RELACIONES CON EL PODER

Como hombre influyente, Antonio Urrutia tuvo importantes contactos
con los más altos funcionarios del Virreinato. En su larga estancia en Nueva
España, vio pasar ante él nada menos que a nueve virreyes, manteniendo
con ellos relaciones amistosas en algunas ocasiones y tensas en otras.
Personaje muy controvertido, para unos fue un genio del mal y, para otros,
en cambio, una víctima inocente de los muchos enemigos que tenía.
Concretamente, tuvo excelentes relaciones con los virreyes Cerralvo y
Alba de Liste pero, en cambio, fueron difíciles con Cadereita, con
Alburquerque, y con el conde de Baños.
Respecto al primero, según J. Israel, Antonio de Urrutia fue cómplice
y amigo del virrey Cerralvo y, junto a su cuñado el regidor Díaz de la
Barrera y el escribano mayor Fernando Carrillo, fueron los agentes del
virrey en el ayuntamiento mexicano.
63
En la misma línea se pronuncia
Hoberman, quien afirma que también fue confidente de Cerralvo el merca-
der Cristóbal de Bonilla, y que Urrutia, yerno de éste, hacía de intermedia-
rio en la venta de oficios de guerra y de justicia.
64
No es extraño, pues, que
Cerralvo le concediese el título de maestre de campo en diciembre de 1632,
y posiblemente algún favor más puesto que la residencia de este virrey, rea-
lizada por Pedro de Quiroga, tuvo muchas denuncias y durante ella
parecía que el virrey y Urrutia podrían ser procesados. Sin embargo,
Quiroga murió en Acapulco mientras investigaba el fraude fiscal, lo que
obligó a suspender la residencia y además Cerralvo recibió permiso para
regresar a España, con el consiguiente enfado de su sucesor, el marqués de
Cadereita, que se había alineado con la oposición a su antecesor.
65
De
todos modos, poco después Urrutia fue a parar a prisión, tal vez por las
denuncias plan- teadas durante la residencia o bien por la política de
Cadereita, aunque a mediados de 1637 escapó refugiándose en el mismo
monasterio dominico que, años antes, había sido asilo de Melchor de
Varáez.
66

Aunque la información conseguida no nos aporta muchos datos, el
virrey Cadereita debió proceder contra él por oponerse a su política de


63 Israel, Razas, clases sociales, pág. 181.
64 Hoberman, Mexico´s Merchant, pág. 178.
65 Israel, Razas, clases sociales, pág. 194.
66 Ibídem, págs. 141 y 201. En 1621 Varáez, junto con algunos miembros de la Audiencia y
otros personajes influyentes, había especulado con el precio de los cereales durante el mandato de la
Audiencia gobernadora, motivo por el que había sido denunciado.


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mayor presión fiscal sobre la colonia, ya que en octubre de 1639 el Consejo
ordenó al virrey suspender la acción legal contra Urrutia y dejar el asunto
en manos del visitador Palafox. De hecho, sabemos que Urrutia se había
opuesto al virrey junto a un círculo de personas influyentes formado por el
fiscal de México Gómez de Mora, Fernando Carrillo, el conde de
Calimaya, Juan Cervantes Casaus, el ayuntamiento de México, dirigentes
criollos, y varios oidores de la Audiencia.
Al llegar Palafox en 1640 a la capital virreinal, ordenó comenzar los
procesos pendientes, empezando por los de Urrutia y Gómez de Mora.
Aquél fue declarado culpable de sedición, pero sólo recibió la suave pena
de 2.000 ducados de multa y deportación de Nueva España, mientras que
Gómez de Mora resultó absuelto.
67
Al parecer, Palafox le impuso un destie-
rro de dos años por haberse fugado de la cárcel, pena que le fue levantada
poco después por real decreto cuando se le nombró maestre de campo y
para la futura de la alcaldía mayor de Tacuba.
68
Curiosa transformación
experimentada por nuestro personaje que, de ser perseguido pasaba a reci-
bir cargos públicos, a cambio, eso sí, de una respetable cantidad de dinero
que para Urrutia debía significar la rehabilitación de su nombre. Cambio
que, sin duda, también se explica porque se tendía a pacificar el Virreinato
y a eliminar las tensiones generadas en tiempos de Cadereita. Seguramente
es por ello que Palafox actuó en estas causas pues en las diligencias hechas
sobre el “retraimiento” de Urrutia Vergara se comenta el proceso seguido
contra Francisco de la Torre —que había sido asentista de la renta de los
naipes y quizás rivalizaba con Urrutia— y contra otros individuos que uti-
lizaron testigos falsos acusando a éste último de conspirar y fomentar albo-
rotos.
69
Sin duda, éste debía tener numerosos enemigos pero también
importantes influencias, ambivalencia de relaciones que no es de extrañar
si tenemos en cuenta las raíces vascas de Urrutia, ya que los vascos des-
pertaban amplia animadversión en numerosos sectores peninsulares y
criollos.
70

En cuanto a las relaciones con los virreyes Escalona, Salvatierra y
Alba de Liste, las fuentes consultadas no nos informan de mucho. Tan
sólo encontramos que el propio Urrutia afirma que asistió al duque de
Escalona,


67 Ibídem, pág. 208.
68 AGI, México, 13. Año 1642.
69 AGI, Escribanía, 274 A. Cuaderno quinto y último de diligencias hechas por el obispo-visi-
tador sobre el retraimiento de D. Antonio de Vergara.
70 Israel, Razas, clases sociales, págs. 120-121.


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al conde de Salvatierra y al de Alba de Liste, lo que nos induce a pensar
que mantuvo con ellos cordiales relaciones.
71

Peores y complicadas fueron, en cambio, las mantenidas con el virrey
Alburquerque pues Urrutia, mercader e influyente en los círculos más altos
del gobierno, representaba lo que más detestaba el nuevo virrey, deseoso de
incrementar el control metropolitano sobre la colonia. No extraña, pues,
que Alburquerque acusara a los oidores Pardo de Lago y Fernández de
Castro de estar aliados con Urrutia, entonces en la cima de su riqueza e
influencia, quien según el virrey era el jefe de quienes deseaban que en
Nueva España existiese una administración corrompida. Sin duda, ante el
gobierno más estricto y exigente del nuevo virrey, algunos elementos de la
colonia mostraron su oposición, y probablemente Urrutia entre ellos. Así se
entiende que Alburquerque, al igual que anteriormente su suegro el virrey
Cadereita, tuviese pésimas relaciones con nuestro personaje, al que reco-
mendó incluso ante la Corte para que le dieran algún cargo en otro lugar de
Indias y así lo sacaran de Nueva España.
72

A pesar de ello, Urrutia prestó 15.000 pesos al sobrino del virrey
Pedro Fernández de Villarroel, préstamo por el que ambos fueron a juicio
ante la Audiencia. Urrutia pretendió que la causa se siguiera por el fuero de
guerra, lo que fue nuevo motivo de discordia ya que el virrey se opuso argu-
mentando que no tenía sueldo ni plaza de maestre de campo, y que además
los maestres de campo no podían ser mercaderes, ni tener tienda ni el asien-
to de naipes como él tenía. De hecho, Alburquerque escribió a Madrid en
1659 acusando a Urrutia de reclamar más dinero del que había prestado a
Villarroel, y afirmando que la causa no podía acogerse al fuero de guerra
ya que resultaría inaceptable que, cuando se procediese contra Urrutia
como mercader, se refugiara en el fuero de guerra, y que cuando estuviese
en éste se acogiera al del Consulado como mercader, y que cuando se pro-
cediera en el Consulado se valiese del fuero del hábito de Santiago, con lo
que no tendría nunca un juez único.
73
De todos modos, a pesar de las ten-
sas relaciones no parece que la situación llegara a deteriorarse en exceso
pues no hemos encontrado indicios de ello.


71 AGI, México, 326. Antonio Urrutia de Vergara al Consejo.
72 Israel, Razas, clases sociales, pág. 257.
73 AGI, México, 38, n.º 68. Alburquerque al Consejo, 17 de septiembre de 1659. El virrey
adjuntó a su informe numerosos testimonios de escribanos que afirmaban que en los numerosos
pleitos que Urrutia había tenido a lo largo de su vida nunca antes había tratado de que se siguieran por
el fue- ro militar.


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Tampoco tuvo relaciones amistosas con el conde de Baños pues este
virrey primó en exceso a sus parientes y amigos, desplazando de los nego-
cios a antiguos comerciantes, como Urrutia, a quien desterró de la capital.
74

De hecho, un amplio sector de la colonia mantuvo una actitud de oposición
frente al virrey a causa de su gobierno corrupto y parcial, lo que pronto se
conoció en Madrid. La oposición al virrey se manifestó públicamente en el
entierro del comandante de la guarnición de Veracruz, que había sido
encarcelado por el conde de Baños, pues Urrutia, el obispo Osorio de
Escobar y otros muchos que se oponían al virrey asistieron a los funerales
del comandante, convertidos de este modo en un acto simbólico en contra
de Baños, que pronto fue cesado por su mal gobierno.
75




DESCENDENCIA, PARENTESCO Y BIENES

Antonio de Urrutia se casó con María de Bonilla y Bastilla, hija de
Cristóbal de Bonilla, que había sido alcalde mayor de Guadalcanal (Espa-
ña),
76
y quien fue también un personaje muy influyente en el Virreinato. Su
esposa, nacida en México,
77
era hermana de Nicolás Bonilla, quien recibió
la mayor parte de la herencia de don Cristóbal y el cargo de alguacil mayor
de corte que le había comprado su padre. Esta boda permitió, además de
llevar al matrimonio la respetable dote de 32.000 pesos, entroncar a dos de
los linajes económicamente más potentes del Virreinato. Aunque ambos
eran comerciantes, los Urrutia Vergara disfrutaban de un status social supe-
rior, pues el nacimiento de don Antonio Urrutia no había sido humilde sino
que su padre era hidalgo de Vergara, en Guipúzcoa.
78
Sus excelentes rela-
ciones familiares no terminan aquí pues, por otro lado, era cuñado del regi-
dor de la ciudad México Pedro Díaz de la Barrera,
79
como hemos visto un
importante mercader y regidor de la capital, perteneciente a otra de las
familias más influyentes de Nueva España.
Tuvo dos hijas, a cada una de las cuales dio como dote 50.000 pesos,
y tras casi una vida entera en Nueva España tendió a perpetuarse en México


74 AGI, México, 77. Ginés Morote al Consejo, 26 de mayo de 1663.
75 Israel, Razas, clases sociales, págs. 265-266
76 Martínez Cosío, Los caballeros de las órdenes, pág. 187.
77 Lohman Villena, Los americanos, t. I, pág. 163.
78 Hoberman, Mexico´s Merchant, pág. 244.
79 Israel, Razas, clases sociales, pág. 181.


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pues aspiró a fundar algunos mayorazgos con sus bienes, consistentes,
según él, en “diferentes casas principales en la ciudad de México y en su
distrito, como molinos de trigo, haciendas de campo de ganados y todas
labores, huertas y censos, y en la provincia de Michoacán dos ingenios de
hacer azúcar, todo con sus esclavos y aperos”.
80

Sus hijas, nietas del importante financiero Cristóbal de Bonilla, hicie-
ron buenos enlaces matrimoniales, consiguiendo lo que muchos miembros
del gremio mercantil hubiesen deseado, esto es, entroncar con familias de
elevado linaje, hecho que también nos refleja el alto grado de prestigio
que debía tener nuestro personaje. Su hija María casó con el conde de
Orizaba, y una nieta, Luisa de Vergara y Flores, con el conde de Peñalva.
81
Su otra hija, Ana, casó con Antonio Alfonso Flores, natural de Asturias y
caballe- ro de Calatrava, y ambos heredaron un mayorazgo del padre de
ella, funda- do en agosto de 1666.
82

Según Cosío, nietos de Urrutia Vergara fueron Antonio de Urrutia,
que nació en México y fue caballero de Santiago, y Agustín de Urrutia, que
también poseyó, como el primero, otro mayorazgo de su abuelo Antonio.
83

Sus hermanos y sobrinos entraron al servicio de la Corona, aunque al pare-
cer con suerte bastante negativa, pues según el mismo Urrutia afirma,
murieron sirviendo a la Corona cinco sobrinos en diversos puestos: a Pedro
de Vergara lo mataron en la guerra de Cataluña siendo capitán, José murió
de alférez en la Armada, mientras que otros dos, Antonio y Juan, sirvieron
en Filipinas como capitanes. Otro más, Pedro, fue también caballero de
Santiago, sirvió en Nápoles y fue alcalde mayor de Sevilla, igual que su
sobrino Francisco.
84

La práctica habitual de la época de fundar mayorazgos la vemos
también en don Antonio de Urrutia, que fundó al menos dos —según Cosío
tres— para sus hijas. Así, unos años antes de su muerte, hacia 1662 lo
vemos solicitar con su mujer fundar uno o varios mayorazgos a fin de que,
como él mismo afirma, a la muerte del matrimonio dichos bienes quedasen


80 AGI, México, 326. Antonio Urrutia de Vergara al Consejo.
81 Ibídem.
82 Martínez Cosío, Los caballeros de las órdenes, pág. 224; Hoberman, Mexico´s Merchant,
pág. 244. Pensamos que Hoberman se equivoca cuando dice que su hija Juana casó con Nicolás de
Vivero de Jaso, tercer conde del valle de Orizaba, debiéndose tratar de un error en el nombre pues que
sepamos no tuvo ninguna hija llamada así.
83 Martínez Cosío, Los caballeros de las órdenes, págs. 187-188; Lohman Villena, Los
Americanos, t. I, pág. 423.
84 AGI, México, 326. Antonio Urrutia de Vergara al Consejo.


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vinculados e indivisibles. A cambio de dicha solicitud, la Cámara de Indias
acordó que Urrutia sirviese con 1.000 pesos, y en mayo del citado año la
Cámara concedió al matrimonio la facultad de fundar varios mayorazgos,
haciéndose efectivo el pago de dicha cantidad el 16 de dicho mes.
85
No deja
de llamar la atención la modesta cuantía establecida a cambio de la citada
concesión, que no debía suponer apenas nada para el abultado patrimonio
de Urrutia, cuando los precios de cargos y concesiones estaban muy altos.
Por último, sabemos que en 15 de agosto de 1666 don Antonio Urrutia fun-
dó un mayorazgo que heredaron su hija Ana y su esposo Antonio Alfonso
Flores, por remate hecho por el mismo Urrutia Vergara y por ser éste con-
tador perpetuo de la Santa Cruzada,
86
oficio que fue comprado por don
Antonio para su yerno,
87
con lo que el linaje seguía así la tendencia de ejer-
cer oficios de administración de rentas, una constante en los financieros de
la época. En realidad, doña Ana tuvo dos mayorazgos que ilustran la diver-
sificación de inversiones de su padre y de su abuelo Cristóbal de Bonilla.
El primero, evaluado en 294.500 pesos, incluía cierto patrimonio en
España, las casas principales de los alguaciles mayores, el oficio de conta-
dor mayor de la Cruzada, dos haciendas y molinos de azúcar en
Michoacán, una casa y campo en Tacuba, regalos a los virreyes Cerralvo,
Alba de Liste y Salvatierra, un censo sobre equipamiento de extinción de
fuego y una capellanía. El segundo, más modesto, incluía casas principa-
les, sus tiendas y rentas en Tacuba, una hacienda de trigo en Malacatepec,
dos molinos y haciendas en Texcoco, una hacienda con licencia para cons-
truir un molino, 6 caballerías de tierra de labrar y diversas joyas.
88

Para concluir sabemos que, ya casi anciano, don Antonio Urrutia falle-
ció en la ciudad de México el 14 de julio de 1667, a los 69 años de edad y
gobernando en México el virrey marqués de Mancera. Su prestigio y pree-
minencia quedan puestos en evidencia por el hecho de que fue sepultado
solemnemente en la catedral el domingo día 17.
89
Su viuda aún le sobrevivió
ocho años, falleciendo en 1675, momento en el que sus bienes se estimaban
en más de 500.000 pesos, patrimonio sólo al alcance de unos cuantos perso-
najes del Virreinato,
90
que evidencia que nos encontramos ante uno de los
más claros exponentes de la élite económica mexicana del siglo XVII.

85 Ibídem.
86 Martínez Cosío, Los caballeros de las órdenes, pág. 224.
87 Hoberman, Mexico´s Merchant, pág. 244.
88 Ibídem, págs. 244-245.
89 Martínez Cosío, Los caballeros de las órdenes, pág. 189.
90 Hoberman, Mexico´s Merchant, pág. 244.


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