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La familia como un ecosistema o el ecosistema familiar

Mtro. Jaime Botello

Un ecosistema está compuesto de descomponedores, depredadores, además de sistemas hídricos o acuáticos (mares, lagos, ríos, humedales, arroyos), montañosos, desérticos, etc. La vida de la pareja se asemeja mucho a un ecosistema, ya que hay flujo de estímulos desde el exterior al interior que alteran su estabilidad, de igual manera, desde el interior de la ecofamilia, llamémosle así, se dan procesos con los cuales sus miembros pueden estimular o afectar a la ecomunidad, esto significa que hay una reciprocidad en el intercambio de comunicación e información intra y extra familiar. En la interacción familiar se desarrollan toda una diversidad de eventos, como lo son los conflictos, que en sus etapas previas se presentan con ciertos signos con los cuales la pareja se puede percatar de que algo anda mal: se eleva la voz, se dejan de hacer actividades que normalmente se llevan a cabo para el funcionamiento de la familia, como tender la cama, servir el desayuno, salir de compras como pareja, hacer paseos familiares, comunicarse con afecto, relacionarse {íntimamente la pareja, percibiéndose posteriormente un ambiente de frialdad, que si no se aclara en un momento oportuno dará inicio a un problema, es en este momento cuando entran los descomponedores de la ecofamilia a realizar su función: alterar la relación que se desarrollaba con una cierta normalidad. Cuando la familia atraviesa por situaciones tensionantes, es como si se adentrara en un desierto, no hay agua, casi no hay vegetación es decir, no hay comunicación, se suspende el deseo de compartir y amar. No es recomendable dejar de darle importancia a estos sucesos, ya que los depredadores, como una variable extraña, hacen su presencia en la pareja, son las personas que se aproximan a uno de los miembros y roban el afecto, dirigido inicialmente a su esposo-a.

Los sistemas tienden naturalmente al equilibrio, al crecimiento y evolución positiva, es la base para esperar que la ecofamilia vuelva a su estabilidad inicial. Si la pareja procede a tomar resoluciones o decisiones, sin haber aclarado la fuente del problema, quizá abra la puerta a una relación extramarital, que lo único que va a aportar es aumentar la disfuncionalidad matrimonial. Por otra parte, los hijos son el resultado del amor íntegro de la pareja, reflejan el bienestar o malestar de los padres y son ellos, en algunas ocasiones, los canales o ductos por los que los esposos ventilan su conflictiva, son como la lluvia que refresca y contribuye a la armonía del hogar, pero si no, son como los vientos huracanados, las tempestades y los ríos desbordados, que arrasan con todo, ya que alteran la balanza de la relación para uno u otro lado, prueba de ello son los hijos drogadictos, alcohólicos, delincuentes, sociópatas, pandilleros, producto del desamor, lejanía, separación o divorcio disfuncional. Finalmente puedo afirmar que el amor une, el desamor destruye y desintegra la mejor relación o el mejor deseo de buena voluntad en el matrimonio. Permítase expresar el amor en los momentos más variados e inusuales a su pareja e hijos. ¿Desea una sociedad íntegra? Empiece por su familia.