Mis disculpas presento si a vos he ofendido queriéndole.

El amor es a veces una obra bastante extraña, y los humanos somos los elegidos de los dioses para representarla. Lo malo es que aún no se deciden. Disfrutan de la comedia tanto como lo hacen con las tragedias; lo que solo nos deja sostenidos por unos leves hilos y a merced de lo que el titiritero planee montar. Sin embargo, uno se cansa de ser muñeco después de un tiempo -ya que empiezan las reumas y los dolores de cabeza-, por lo que al primer descuido de este anciano de rostro afable se cortan rápidamente las riendas y uno comienza a hacer su propio destino, a escribir su propia obra, a elegir el propio papel a representar.. Yo ha poco que, de un tijeretazo corté 4 de las 5 riendas que me sujetaban. No son todas, pero si las suficientes para alcanzar a llegar hasta vos. Déme usted un poco de tiempo, se lo pido. O regáleme valor y unas tijeras más fuertes para deshilvanarme completamente. Es más, una sola palabra y roeré ese conecte hasta lograr zafarme de toda atadura y perseguir a vos hasta donde se me permita. Entonces, ya que esté entre vuestros amados brazos me dejaré poner cuantos hilos quiera para no alejarme nunca más. Le suplico, mi amado, que si con esto le ofendo, sepa perdonar a este corazón que le ama febrilmente y arde en deseos por estar a su lado... Lo sé, no os prometo mucho, solo que con un roce de nuestros labios, sabrá apreciar todo lo que esta señora siente por vos y desea para vos... Permítame ser lo que necesita, permítame ser sus logros y sus alegrías y jamás causarle una decepción, porque esto lo escribimos entre usted y yo. Permítame, por última petición, borrar sus pasadas penas y dejarle solo horas serenas a vuestro corazón. Con una sola condición... solo... solo si me perdonas, mi amor.