…HACIA LA CONSTRUCCIÓN DE LOS PIES DEL PUEBLO.

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Cada franja del mundo popular es un universo complejo, donde se
superponen más de una dimensión de la existencia humana, que necesita se
reconozcan su particularidades como requisito ineludible para el ejercicio
eficiente y democrático de la acción concientizadora y organizadora. En estos
tiempos, nada resulta mas impropio que homogenizar un diagnóstico y la
acción que de él se deriva, más aún cuando la comprensión de las
particularidades aludidas, solo se pueden descubrir plenamente en el propio
proceso de organización y toma de conciencia que los explotados hagan de si
mismos, lo que debe verse correctamente reflejado en el adecuado grado de
“transitoriedad” de los objetivos, métodos y formas de organización en
desarrollo.


1.- La organización de los trabajadores está cuantitativa y cualitativamente
reducida
En el pequeño mundo popular politizado, hay dos temas que desatan
apasionadas controversias: “el partido” y “el sindicato”. Dos instrumentos
orgánicos (no los únicos) que se sitúan en el corazón del ciclo de acumulación
de fuerza desarrollado entre los años 20 y 70 del siglo pasado. Los siguientes 35
años, que suceden a la contrarrevolución neoliberal iniciada en 1973, han
modificado estructuralmente nuestro país, alterando muchos aspectos de la
realidad social que fueran determinantes en el desarrollo de estas formas de
organización.


1
Extraído de la revista “Construyendo, organización y consciencia de clase” N°2 Comunidad Militante, 2008.
Atrapado en una realidad jurídica y económica adversa, el Sindicato ha perdido
la capacidad de representar en forma efectiva los intereses de clase del
trabajador, ante el conjunto de la sociedad y ante el patrón. Su organización de
base ya no es la célula orgánica que reproduce el pensamiento obrero, donde se
concretiza la pertenencia y se construye día a día la identidad proletaria. En un
ambiente social desprovisto de referentes políticos revolucionarios, ha derivado
hacia manifestaciones gremialistas ampliamente extendidas, que han
contribuido a la despolitización del conjunto del pueblo.


2.- Los revolucionarios están desarticulados políticamente y atomizados
orgánicamente.
La izquierda independiente, se presenta hoy desintegrada, carente de una
política común capaz de cohesionarla (el Partido), derivando estos últimos
años hacia diferentes formas de micro organización, con fuertes contenidos
auto-referentes. Si bien, muchas de esas pequeñas “orgánicas” siguen vigentes,
parece adecuado comprender su conjunto, como el techo de un periodo de
resistencia popular, que poco a poco empezamos a abandonar, para transitar,
lentamente hacia un nuevo ciclo de acumulación de fuerza. Estas variadas
formas de organización, representan el piso de este eventual “nuevo
momento”, lo que tensa a sus protagonistas y los obliga a enfrentar el desafío
de su propia unificación, proceso complejo contenido en el llamado unitario
rotulado públicamente como “convergencia”.

La pretensión de construir nuevas formas de asociación mas amplias y
numerosas (convergencia) no encuentra su sentido en la coordinación o
expansión simple de la experiencia instalada, sino, en la búsqueda de nuevas
propuestas que hagan posible la “evolución histórica” de la organización
popular revolucionaria.

Afortunadamente, después de mas de tres décadas de explotación impune, la
búsqueda de “nuevas prácticas de lucha contra el capital” al interior de esa
pequeña franja de trabajadores que permanece organizada y la “unificación y
fortalecimiento de los revolucionarios” son dos procesos que empiezan
lentamente a marchar. Cada día parece haber mas señales, en el acontecer
nacional, anunciando que por fin los explotados comienzan a echar mano a sus
reservas históricas y empiezan a despertar. Tenemos que tener cuidado con
auto engañarnos, no es el reacomodo de los integrantes del “activo político” o
“activo social”, (el traspaso de sus integrantes de una experiencia a otra) lo que
nos puede sacar de la encrucijada. La cualificación y articulación del
mencionado segmento es sin duda importante, pero el horizonte estratégico
recién comienza a aparecer cuando las actuales fronteras de la estrecha franja
politizada del pueblo, se expanda.

3.- Las divergencias estratégicas emergentes en el mundo popular.
Si evaluamos nuestra actual situación desde la perspectiva de estar
acercándonos a los albores de un nuevo ciclo de acumulación de fuerza, hay
que considerar que no todo lo popular, en todo momento, da cuenta de los
intereses de la clase, ni mucho menos tan solo por ser popular es
revolucionario. Tempranamente se comienzan a perfilar, al menos, tres
variables que tensan el mundo del trabajo con sentido divergente. Las tres
tienen como denominador común la necesidad urgente de profundizar sus
propios procesos de inserción y construcción de tejido social.

La primera se origina en el bloque en el poder, ya que las clases dominantes,
tras la búsqueda de la legitimación del régimen y de prolongar su estabilidad,
no permanecerán indiferentes a este rebrote de las movilizaciones populares.
Es razonable esperar no solo nuevos niveles de represión y criminalización de
las luchas populares, sino además significativas novedades en el terreno de la
legislación como parte de otras importantes medidas tendientes a restablecer las
simetrías amenazadas. Probablemente, las clases dominantes estén dispuestas a
dar cuenta de la relación entre el trabajo y el capital, con nuevas lógicas,
distintas a aquellas heredadas de la dictadura, esta vez contextualizadas en la
actual fase de madurez y consolidación del proyecto contrarrevolucionario
(situación aun pendiente).

La constitución de una fuerza popular liderada por las representaciones
políticas patronales, no es un fenómeno desconocido en nuestra historia, ya
que en otros momentos ha jugado importantes roles en ella, con grados notables
de articulación y movilización, funcionales a la estrategia patronal. Esta
tendencia está en condiciones de operar hoy día teniendo como base material el
conjunto de las instituciones del Estado y las representaciones políticas de las
clases dominantes, aprovechando su amplio espectro de manifestaciones
político sociales, que van desde la UDI a la concertación. Las acciones
destinadas a encausar las demandas, desarrollar formas de organización,
incluso promover su movilización, pero en el mismo proceso domesticarlas y
despolitizarlas, no es algo nuevo ni desconocido por las clases patronales. Ellos
saben de sobra como detonar controladamente los estallidos sociales y convivir
largos años con ellos. De mantenerse esta tendencia al alza de las
movilizaciones, es muy probable que dé paso a grados importantes de
configuración y protagonismo de una franja de largo aliento, definitivamente
desclasada en el seno de este movimiento popular, algo muy diferente a la
simple des-configuración social que hasta la fecha hemos vivido.

Un segundo sector importante del mundo popular, se sitúa en los actuales
contextos, reeditando una antigua apuesta, con una “mirada bizca” de la
realidad, dirigida en un sentido hacia el campo popular, agitando e impulsando
las movilizaciones y en otro sentido (en forma simultánea) mirando hacia el
estado burgués y su institucionalidad, como espacio social donde se puede
encontrar el sustento para la construcción del movimiento popular en las
actuales circunstancias. Esta alternativa hoy opera teniendo como base
“material” las capacidades del PC y todos aquellos que “juntos pueden” y
luchan por poner fin a su propia exclusión de la institucionalidad dominante.
Esta vertiente se sustenta en un PC que emerge tras estos largos años de
contrarrevolución mas articulado orgánicamente y menos desarraigado
socialmente de lo que comúnmente se piensa. No por casualidad está presente
en los últimos grandes conflictos laborales, usando todas sus capacidades de
lucha y movilización en función de la generación del contexto propicio para el
logro de su primer objetivo. Si hoy, en los espacios locales muestra confusión en
su táctica, esta apreciación es solo transitoria ya que se explica en el sentido de
que está aun en pleno proceso de configuración de sus herramientas, y sin
duda en un futuro mas cercano de lo pensado, se invertirá con renovada fuerza
en la alineación de una potente franja en el seno del movimiento popular. Esta
alternativa solo alcanzará los grados de institucionalización aspirados (en este
actual Estado y régimen dominante) haciendo importantes concesiones político
ideológicas que terminarán en la gestación de un movimiento popular carente
de independencia y con notable subordinación al itinerario político de las clases
dominantes. Los “pacos rojos”, la reacción pastoral ante el asesinato del
compañero Cisterna, la aceptación de ese extraño rol mediador del clero, el
desconocimiento y abandono de esos grupos de trabajadores que pusieron el
componente mas violento en los últimos conflictos laborales y sociales, tal vez
no sean tan solo manifestaciones transitorias de vulneración de la ética
revolucionaria, sino, el comienzo de una tendencia que se hará permanente,
conforme avancen los compromisos con la actual institucionalidad burguesa.

La tercera vertiente a través de la cual se anuncian potencialmente las
iniciativas de reconstrucción del movimiento popular tiene relación con la
izquierda revolucionaria, independiente o rebelde, como quiera llamársele, (el
zoológico en pleno). Es la más atrasada en su desarrollo, en tanto carga con
mayor intensidad con las secuelas y consecuencias de la contrarrevolución. Hoy
está políticamente desarticulada, reducida y atomizada, con débiles expresiones
de enraizamiento en el mundo laboral. Enfrenta el doble desafío “histórico” de
politizar desde una perspectiva independiente a una franja de los explotados y
simultáneamente construir la base “orgánica” capaz de sustentar este esfuerzo,
para que las experiencias de lucha mas conscientes de la clase, den paso a un
efectivo proceso de acumulación de fuerzas, y no sucumban recién nacidas,
devoradas por las otras tendencias en pleno proceso de configuración en el
mundo laboral.

4.- El fortalecimiento de las posiciones revolucionarias marcha por caminos
diversos.
La izquierda independiente, emerge de este largo periodo de resistencia
seriamente deteriorada. Pero, mas allá de sus deficiencias, representa junto a las
pequeñas franjas organizadas del pueblo, la única reserva histórica desde
donde el conjunto popular puede avanzar en la construcción de un futuro
movimiento con la independencia de clase necesaria para llegar a ser portador
algún día, de un proyecto de transformación social revolucionaria. En este
sentido, tras los esfuerzos por volver a configurar a la izquierda independiente
como un actor social significativo, parecen haber al menos tres caminos que
están siendo simultáneamente explorados en la búsqueda de unificar y
fortalecer las posiciones.

o El primero, intenta construir algunos instrumentos “centrales” que
permitan dotar de contenido de clase, coherencia política y
direccionalidad al conjunto de ex militantes y micro organizaciones
vigentes, coordinando, al menos, una franja de ellos, para volver a tener
un horizonte común que permita reestablecer el vínculo estratégico
extraviado entre este subconjunto, el llamado “activo político”, y los
productores que hoy permanecen mayoritariamente despolitizados.

o La segunda iniciativa, de cara al amplio mundo popular carente de
conciencia, pretende situarse más allá del “activo político” y avanzar en
la construcción de nuevas unidades orgánicas autosuficientes, que a
diferencia de los colectivos, esta vez efectivamente cuenten con las
capacidades mínimas necesarias para sustentar la ansiada “politización
del pueblo”. Unidades mínimas de acción político social, que actuando
en el ámbito local de sus relaciones y vínculos, sirvan de “base orgánica”
desde donde una franja del pueblo auto construya la capacidad de dar
dirección política a sus esfuerzos.

o Mientras, el tercer camino transitado por la izquierda independiente en
estos días, busca la revitalización de antiguas experiencias de
organización y lucha, apostando a que este discreto resurgimiento de
movilizaciones populares, que en alguna forma afecta la subjetividad del
conjunto de la clase, podría proporcionar el oxígeno necesario para
poner fin a su fase de contracción orgánica y política, iniciando un nuevo
periodo de expansión y fortalecimiento.

La reconstrucción de la izquierda independiente sin duda excede en muchos
planos los llamados simples a la unidad, o los esfuerzos por coordinar
fragmentos. Mas allá de la diversidad de formas con que hoy, las iniciativas en
desarrollo intentan adaptarse, a esta compleja realidad, todas ellas tienen como
denominador común el que su eventual éxito, solo se podrá evaluar de cara a la
capacidad que hayan tenido para transformar este resurgimiento de las
movilizaciones populares, (los de hoy o los que vendrán) en el inicio de un
proceso efectivo de acumulación de fuerza popular independiente. Aquellos
aspectos auto referentes a través de los cuales durante largos años hemos
evaluado nuestras existencias, para demostrar que estamos resistiendo los
embates de la barbarie neoliberal, ya no son suficientes, y empiezan a perder su
sentido y justificación histórica.

5.- El devenir espontáneo de los hechos no nos sacará de la encrucijada:
Si queremos que algo ocurra, cualquiera sea nuestro propósito en el terreno de
la política, es muy probable que nuestras aspiraciones nunca se lleguen a
cumplir si no nos preocupamos a tiempo de construir las condiciones y
herramientas necesarias para que esto sea posible. A un objetivo complejo no se
llega de improviso, de golpe. Su logro por muy rápido o violento que en
ocasiones parezca, siempre esconde tras él, muchos y variados elementos que
han tomado forma en distintos instantes del tiempo, y probablemente en
diferentes espacios de la realidad, que de una u otra manera se relacionan entre
sí, para hacer posible que algo ocurra. Es razonable por tanto pensar, que entre
esas muchas cosas que hacemos, o en las cuales nos vemos involucrados en el
presente, por muy necesarias y justificadas que resulten en lo inmediato, solo
algunas de ellas, anticipan las futuras realidades a las cuales aspiramos.

6.- La búsqueda simple, de la unidad, hoy no “hace” la fuerza.
En estos días asistimos a la proclamación de más de un llamado unitario, donde
algunos actores populares proponen, desde sus trincheras independientes, la
creación de nuevas centrales, coordinadoras y frentes obreros, que en algunos
casos tienen resueltos incluso los programas, en circunstancias que en los
actuales contextos sociales, marcados por la inexistencia de una tendencia
político social revolucionaria, efectivamente instalada en el seno del pueblo,
estos llamados unitarios generan complejas contradicciones.

En los escenarios que se avecinan, cada día va a ser más necesario agrupar y
unir, para controlar y cooptar posiciones, agrupar y unir a los explotados para
generar los contextos sociales que permitan poner fin a la exclusión política de
quienes aspiran a sumarse a la institucionalidad. También es necesario agrupar
y unir a los trabajadores, para construir una tendencia revolucionaria en el
mundo laboral y en forma simultánea sacar a la “izquierda independiente” de
su actual posición social, proyectándola a los grandes escenarios nacionales.

En estos términos, la “mítica unidad de la clase”, se instrumentaliza desde muy
diversas perspectivas, tan divergentes como lo son las propuestas emergentes
al interior de la franja organizada. Es en este escenario complejo donde se
sitúan los constructores del presente (incluidos nosotros obviamente) y se
debería actuar conforme a ello.

Estos llamados unitarios que en el presente se limitan a la coordinación de los
dirigentes mas conscientes, es posible y necesaria, pero requiere tener los pies
bien puestos en la tierra, a la hora de definir sus eventuales perspectivas y
logros, so pena de incurrir nuevamente en profundos autoengaños. Quienes
nos vemos llamados a participar de instancias de coordinación laboral tenemos
que reconocer que en dichos espacios actuamos como individuos, y no como
efectivos representantes de la clase, ya que, a diferencia de otros momentos de
nuestra historia, hoy existe una profunda brecha entre esa tímida vanguardia
de dirigentes conscientes que empieza a despuntar y la condición político social
de sus representados.

Desde esta perspectiva el desafío parece consistir, en la coordinación de los
dirigentes de avanzada, pero no para desgastarse en construir referentes
artificiales cuyos acuerdos copulares, la mayor parte de las veces, no pueden
ser sustentados efectivamente por sus bases, sino a cambio de ello avanzar en la
resolución democrática de los problemas que demanda la politización del
pueblo desde una perspectiva independiente de clase. La coordinación de una
reducida franja de dirigentes conscientes hoy tiene poca relación con la unidad
efectiva de la clase, pero adquiere un tremendo sentido cuando se ponen en
práctica los principios de ayuda mutua en directa relación con dos diferentes
tareas de primera importancia:

o El auto-desarrollo político social interno de sus organizaciones de base,

o Hacer de la franja de trabajadores sindicalizados la principal base de
sustentación del proceso de organización de los productores que hoy
permanecen dispersos y desorganizados.

En estos tiempos “la unidad no hace la fuerza” en el plano general del quehacer
del trabajo. El legendario lema obrero todavía no se puede dotar de acuerdos
sustentables en el tiempo, ni en el terreno de los programas ni en el de las
prácticas político sociales, lo que reduce la magnitud de los “esfuerzos
unificadores amplios” a expresiones básicas relacionadas principalmente con la
solidaridad y la socialización de experiencias.

Esto traslada el centro de gravedad del problema al plano local, ya que es al
calor de las demandas reivindicativas, donde se contraponen directamente los
intereses del patrón y el trabajador sin tapujos ni segundas intenciones; donde
la unidad de los explotados adquiere en estos tiempos una tremenda
relevancia.. La unidad es una tarea urgente en el terreno local, donde se libran
día a día las confrontaciones parciales con el capital. Es ahí donde es necesario
empezar a demostrar, que los trabajadores unidos, posicionados correctamente
en su espacio local, son capaces de desplegar exitosamente sus primeras
fuerzas, empezando a ganar los conflictos parciales con el capital, ya que hoy la
mayor parte de éstos se pierden no solo por las limitantes legales, o por carecer
de asesoría jurídica sino por la falta de unidad local y la precaria planificación
política de ellos.

Sin duda la unidad de los trabajadores adquiere diferentes formas de
construcción según el marco estratégico en que se promueva. El
apresuramiento demostrado por algunos actores populares en construir
instancias unitarias nacionales, tan limitadas estructuralmente por las actuales
condiciones históricas, solo son explicables bajo la perspectiva de estrategias de
desarrollo político ajenas a la democracia popular revolucionaria, que
definitivamente no compartimos.

7.- La lucha hoy no se gana, sólo, movilizándose en la calle.
Imaginar las fuerzas sociales que fluyen espontáneamente, desbordando sus
propias cadenas, copando los espacios públicos, para realizarse como clase,
encierra verdades peligrosas. Sin movilización probablemente no hay
posibilidades de desarrollar un proyecto social revolucionario, pero no se
puede confundir, simplemente, la movilización, con la acumulación de fuerza
popular. Ambos no son lo mismo y es el segundo concepto, en tanto contiene al
primero, el que anuncia el desarrollo de una alternativa viable. La historia está
llena de ejemplos en que la movilización se desarrolla sin la adecuada
correspondencia con otros aspectos trascendentes, propios de un proceso
efectivo de construcción de una alternativa revolucionaria. Las clases
explotadas se pueden movilizar sin estar construyendo efectivamente un
proyecto social alternativo, y pueden terminar ganando la guerra pero en el
mismo acto perdiendo la revolución.

La revolución social seguirá siendo una quimera mientras no seamos capaces
de resolver, colectivamente, en el marco de la permanente confrontación entre
las clases, al menos los siguientes aspectos de una propuesta popular:

o Cómo logramos construir en este mundo des-estructurante formas de
asociación político-sociales independientes y estables.
o Cómo logramos hacer efectiva la participación amplia y democrática de
la clase en la elaboración de los programas que anticipan la nueva
sociedad a la que aspiramos.
o Cómo demostramos que esa nueva sociedad “prometida”, diseñada a
través de nuestros programas, es más productiva y justa que la actual.
o Cómo construimos las herramientas necesarias para reproducir,
defender e imponer la propuesta popular en plena lucha de las clases.
o Cómo hacemos de todo esto un único proceso, simultáneo y coherente,
en los planos local, sectorial y general, de nuestra vida social cotidiana.


8.- La hegemonía de las posiciones revolucionarias en el seno del pueblo:
En un escenario futuro, de complejidad creciente, las posiciones revolucionarias
se presentan como una alternativa potencial, pero con importantes
limitaciones. Desde una condición de tamaña precariedad como la que hoy
vivimos, no se puede esperar reaparecer convertidos en importantes
protagonistas de la historia, tan solo porque los contextos sociales evolucionen,
como si los otros actores que despliegan sus fuerzas en el mundo laboral no
existieran.

Los tiempos que vienen, serán productivos si somos capaces de dar forma a una
tendencia independiente en el mundo del trabajo y a una tendencia
revolucionaria en el seno de la izquierda como conjunto. Hoy no está en juego
la hegemonía de las posiciones revolucionarias al interior de la clase. Hoy tan
solo está en juego la posibilidad de convertir las movilizaciones venideras en un
efectivo proceso de acumulación de fuerza popular. Ese es el desafío que
define el quehacer de los revolucionarios en estos tiempos: “configurar una
“tendencia - político – social - revolucionaria en el seno del pueblo”, ya que
estamos seguros que esto no ocurrirá espontáneamente, por la sola fuerza de la
movilización, si no nos preocupamos de construir oportunamente las
herramientas que lo hagan posible.


Intentar en alguna forma acotar los posibles logros de las posiciones
revolucionarias en el corto y mediano plazo, revisten de realismo las
prioridades que se hagan en relación a la construcción de una fuerza popular
independiente en el presente. Permite definir los acentos y ejes principales del
debate ideológico. Permite en alguna medida orientar la construcción hacia lo
que es necesario resolver efectivamente, y no desgastarnos en esfuerzos que
probablemente requieren de otra relación cuantitativa / cualitativa, en el
desarrollo de nuestras propias fuerzas, para poder lograrlo.

9.- Las “carencias estructurales” en los albores de un nuevo ciclo de
acumulación de fuerza.
De cara a un nuevo momento de la lucha de clases, los revolucionarios
enfrentan estos tiempos, afectados por profundas deficiencias y atrasos en su
desarrollo, tanto en relación al enemigo de clase como a otros actores que
operan en el mundo popular desde otras perspectivas de acción. La izquierda
independiente no será capaz de superar estas “desventajas comparativas”
mientras no atienda adecuadamente las carencias que se sitúan en la base
misma de su existencia social:

o Precariedad teórica, política- ideológica
Los revolucionarios emergen de este largo periodo de resistencia con un
sustento ideológico extremadamente pobre y distorsionado, dotado de
un conjunto de conceptos y categorías para la comprensión de la realidad
social, que en el presente se muestran claramente insuficientes para dar
forma al análisis y el discurso que debería acompañar la proyección de
la franja popular mas consciente hacia un “nuevo momento” de la lucha
de clases. Esta condición generalizada es producto de una nefasta
amalgama de circunstancias, la mayor parte de ellas, suficientemente
conocidas, donde se destacan el efecto traumático de la derrota popular,
la discontinuidad de la memoria social, la caída de los referentes
revolucionarios internacionales, la interrupción abrupta de una histórica
condición de dependencia ideológica que ello había provocado, el
prolongado periodo de resistencia y la sostenida acción erosionante del
proyecto social dominante desplegado prácticamente sin contrapeso por
mas de tres décadas. Si bien contamos con un diagnostico de la realidad
actual, instalado en la estrecha franja politizada aún, (que es infinitas
veces mas reducida, que la franja organizada del pueblo) hay mucho
trabajo por hacer todavía, en lo que se refiere a su socialización mas
amplia. Si bien este diagnóstico contiene elementos comunes a las
diferentes iniciativas en desarrollo, a la hora de transformarlo en una
herramienta efectiva de construcción, éste se abre como un abanico de
propuestas divergentes que solo denotan nuestra profunda precariedad
ideológica y en más de una ocasión simplemente nuestra ignorancia. En
el marco de tal diversidad o confusión teórica, hasta los conceptos mas
importantes terminan siendo vaciados de contenidos prácticos efectivos.


o Estrechez de las formas de organización político – social actual.
Tal vez una de las manifestaciones más importantes de esa larga lista de
secuelas de la contrarrevolución, hoy está relacionada con el desprestigio
del concepto de “partido”, en la franja politizada, y el desprestigio
general de la “política”, en el conjunto del pueblo. Probablemente existan
mas de una razón valedera para concluir evaluaciones críticas y
negativas al respecto, pero a partir de ello negar la necesidad de
construir “fuerza político - social organizada”, como un hecho ineludible
a la hora de elaborar colectivamente una alternativa social, es construir
concepciones teóricas al margen de la historia. Ningún discurso o
propuesta razonable puede eludir la necesidad de construir formas de
organización que permitan al pueblo dar dirección política (táctica y
estratégica) a sus propios esfuerzos, en la confrontación permanente
entre las clases. Como ya se había mencionado anteriormente, la
izquierda independiente enfrenta hoy el doble desafío de politizar una
franja del pueblo desde una perspectiva independiente, reconstruyendo
los componentes ideológicos propios de la clase, y en el mismo y
simultaneo esfuerzo, construir la “base organizacional” capaz de
sustentar este proceso.

Ya suficientemente se ha dicho, en muchas partes y oportunidades, que
los contextos sociales han cambiado sustancialmente con posterioridad a
la contrarrevolución de 1973. Esto limita las concepciones antiguas de
organización partidaria, y que además, las nuevas formas de
organización colectiveras surgidas en estas últimas décadas cargan con
su propio karma: haber sido concebidas durante un prolongado periodo
de resistencia. Ambas propuestas organizacionales, con sus micro-
expresiones prácticas, son el sustento orgánico fragmentado en el cual
descansa hoy la izquierda independiente, y resultan insuficientes para
proyectar, a un significativo segmento de la clase, a ese esperado “nuevo
ciclo” de acumulación de fuerza popular. Ambas concepciones orgánicas,
las partidarias tradicionales y las colectiveros emergentes, por si solas,
resultan extremadamente estrechas para dar forma a una tendencia
político – social revolucionaria, conforme a lo que demandan estos
tiempos.

o Carencia de vínculos estratégicos con los sectores productivos de la
sociedad
Si se consideran los logros alcanzados por las negociaciones laborales
estos últimos años, se empiezan a mostrar nuevas experiencias de lucha
protagonizadas por conjuntos laborales construidos en torno a
trabajadores subcontratados en la “industria exportadora estratégica”
(portuarios, forestales, mineros), quienes logran superar su propia
fragmentación sobrepasando la primera barrera de defensa del capital y
las normas legales que la definen. Estos trabajadores, además de
asociarse bajo nuevos criterios han sido capaces de reemplazar el
concepto clásico de “huelga” (negativa a trabajar), por la amenaza
efectiva a los medios de producción, tomándose y bloqueando los
accesos a las plantas productivas. Si bien estas luchas nos llenan de
optimismo, están aun lejos de generalizarse y representar avances en la
politización de sus protagonistas. La ausencia de una tendencia política –
social - revolucionaria en el mundo laboral se hace más patente que
nunca en la infinidad de conflictos ganables que se pierden por la falta de
una evaluación política adecuada de éstos. La izquierda independiente,
excluida casi totalmente del mundo de los productores se ha resistido a
desaparecer anclándose casi exclusivamente en segmentos poblacionales
y estudiantiles. La recomposición de los vínculos laborales es una
necesidad, y una tarea, de primera importancia, si se aspira a jugar un
papel significativo en el desarrollo de la conciencia y la organización de
los explotados.


10.-Tres tareas que nos preparan para enfrentar un nuevo momento en la
lucha de clases.

Sacar al trabajador, al estudiante, al joven poblador, del estrecho y solitario
circulo con que le atrapa el consumismo, la competitividad y el individualismo,
la superexplotación a que son sometidos diariamente, para obtener su
compromiso y participación en nuevas tareas colectivas que amplíen su
comprensión de la realidad social, desarrollando sus propias capacidades,
parece ser lo que hoy se puede entender como “politización del pueblo” con la
necesaria amplitud que requiere el concepto.

Superar gradualmente el mezquino rincón donde el capitalismo nos
recluye, nos asigna roles y objetivos funcionales a sus intereses, para dar forma
a una nueva experiencia colectiva paralela, donde seamos nosotros mismos,
pueblo explotado y dominado, quien se auto asigna nuevas tareas ajenas al
capital, esta vez conforme a nuestros propios intereses de clase, relacionadas
con la auto-educación, la reivindicación de nuestras muchas necesidades, la
defensa del medio ambiente, las comunicaciones y el arte popular, etc., es lo que
entendemos también por politización del pueblo, cual convocatoria amplia,
dirigida a ese mayoritario universo humano carente de experiencia colectiva
organizada y de conciencia de su propia explotación.

Después de esta contrarrevolución neoliberal, del derrumbe de las
antiguas construcciones populares (nacionales y mundiales), el trabajador no
puede seguir siendo entendido simplemente como tejido social, como el
“sustrato” donde se enraízan vanguardias elitistas, sino desde un principio,
como el viajero que construye el camino que transita. El tema central no
consiste en cómo se construye un instrumento orgánico que represente a la
clase, sino, en cómo la clase se constituye a si misma en un sujeto colectivo con
capacidades político – sociales. Esto no solo requiere voluntad, capacidad de
persuasión, discursos potentes y experiencias visibles, sino además, una base
organizacional nueva, un nuevo pensamiento colectivo depurado de
distorsiones y una nueva capacidad de lucha más amplia y certera.

Generar las condiciones para que un segmento del pueblo sea capaz de
comenzar a dotar de direccionalidad táctica y estratégica a los esfuerzos
populares, requiere con urgencia el compromiso colectivo en, al menos, las
siguientes tareas simultáneas:

o El rearme teórico de la clase
o La construcción de las bases orgánicas del pueblo politizado
o El desarrollo de la confrontación parcial con el capital

11.- El rearme teórico de la clase
La reconstrucción del pensamiento de los explotados, tras 35 años de imperio
impune del poder de las clases dominantes, demanda a su vez lo siguiente:

o El debate político – ideológico interno y fraterno
o La socialización de experiencia adquirida en la lucha cotidiana.
o El estudio riguroso de las ciencias sociales y políticas, asistido por
“especialistas”.

Es necesario abrir el más profundo e intenso debate político- ideológico posible
en el seno de las organizaciones populares existentes, a fin de depurar éstas, de
las evidentes deformaciones teóricas acumuladas no solo como consecuencias
directas de la derrota popular, sino además, como resultado esperado del
prolongado periodo de resistencia que por estos días intentamos abandonar.

Promover en todos los espacios posibles, locales, sectoriales y globales, las
iniciativas de autoformación, basadas en la socialización y análisis de
conocimientos y experiencias para que los “descubrimientos”, o nuevos
conocimientos teórico – prácticos, que el pueblo obtiene como fruto de la lucha
cotidiana, encuentre un camino que permita su conocimiento amplio y se
acumulen en forma creciente las enseñanzas que de ellos se desprenden.

El debate político - ideológico fraterno, y la socialización de la experiencia en
desarrollo, se presentan como pilares fundamentales de la formación colectiva,
pero además, no hay que olvidar que la humanidad ha acumulado un extenso
legado de conocimientos cuya aprehensión resulta determinante a la hora de
ampliar nuestros horizontes de constructores.

El pueblo como conjunto mantiene una de sus más valiosas reservas teóricas en
los docentes e investigadores comprometidos con el mundo popular.
Profesores, científicos y estudiosos especializados, que formando parte del
pueblo trabajador, no han olvidado el origen, que en la eterna confrontación de
las clases, tiene el conocimiento que en el presente atesoran, y conforme a ello
están dispuestos a compartirlo. En estos tiempos en que con bastante frecuencia
y con una vulgaridad que denota solo ignorancia, se desprecia la educación y
formación teórica de los trabajadores. La realización de “escuelas populares
permanentes” adquieren una importancia trascendental. Estas escuelas donde
el “conocimiento científico” se funde con la visión crítica del alumno
constructor social, son el tercer eje indispensable en la reconstrucción de
nuestro pensamiento independiente.

12.- La construcción de las bases orgánicas del “pueblo politizado”.

La superación de la estrechez de las formas de organización existentes, que no
dan el ancho para sustentar un efectivo proceso de politización del pueblo,
requieren, en primera instancia, (dada la necesaria transitoriedad de las actuales
propuestas) invertir los esfuerzos en relación a tres criterios básicos que
resultan de enorme importancia para abrir y potenciar el desarrollo de la
organización popular actual hacia nuevos y futuros horizontes:

o La redefinición de la unidad orgánica mínima
o La redefinición del militante
o El respeto de los ejes básicos de articulación de la orgánica popular
emergente

La redefinición de la unidad orgánica mínima.
Hoy, donde lo que buscamos es generar nuestras propias capacidades de
síntesis y elaboración política, es necesario que el trabajador se una con sus
iguales ya sea sindicalizándose, o asumiendo otras formas de organización,
pero además, junto con eso y en forma paralela, tiene que salir del estrecho
rincón de su fábrica, para asociarse a otros actores populares, y en la
interacción política fraterna que se genere entre ellos, ampliar su percepción
del acontecer social. La unidad orgánica mínima debe concebirse como una
unidad político social, que considere necesariamente, (cual micro dirección)
integrantes de diverso origen sectorial para que en las actuales condiciones sean
posibles, los procesos de análisis, síntesis y elaboración en la misma base de la
organización. La unidad mínima de trabajo político social, “idealmente”, en
estos tiempos de intensa des estructuración, debe estar constituida al menos por
un trabajador, un poblador, un estudiante, un artista y un ambientalista, si
efectivamente lo que se quiere es ampliar la visión que éstos tienen del mundo,
y junto con ello potenciar las capacidades propias y autónomas de dar
dirección política a sus luchas.

La redefinición del militante

Ya no basta con la auto proclamación de intenciones, con la inscripción formal
en determinada tendencia política, agregando un número más a las estadísticas
con que comúnmente se abultan cuantitativamente las orgánicas. Ese militante
constituido en base a la auto referencia política, dispuesto a ser conducido
pasivamente, ya no sirve para enfrentar los desafíos del presente. En el otro
extremo, también se muestra anacrónico el súper militante, ese verdadero
marciano eximio conocedor de técnicas que van desde la sipona a las artes
marciales, pero incapaz de construir junto a sus compañeros de trabajo un
triunfo reivindicativo para el conjunto. La condición de militante en estos
tiempos en que se construyen cimientos, no pude ser definida tan solo, por sus
doctos conocimientos ni su propia auto referencia, sino de cara a las
necesidades que la lucha de clases con el dinamismo que le es propio, demanda.
El militante constructor no es un “grado” que asigna la orgánica, sino es mas
bien una forma de vida, que se auto constituye a si misma, en la medida que
efectivamente participa de un proceso de auto formación sistemático y
permanente, forma parte de una unidad político / social (núcleo orgánico) y
finalmente, en la medida que junto a otros integrantes del espacio local donde
transcurre su vida cotidiana, es capaz de implementar planes de trabajo social
independientes, planificados, ejecutables y evaluables.

El estudio permanente, la capacidad de dar dirección política a lo que
construye, y su práctica social consecuente, es lo que definen al militante
constructor de estos días.
El respeto de los ejes básicos de articulación de la orgánica popular
emergente.

Lograr la asociación amplia de, al menos, una franja significativa de la clase, en
forma paralela e independiente a la articulación (o desintegración) que el
sistema de dominación le impone desde la perspectiva de sus mezquinos
intereses, solo puede ser comprendido como una iniciativa de carácter político
social en lo orgánico, si se espera que sean los mismos explotados los que
resuelvan los desafíos teóricos, orgánicos, prácticos, etc. que ello demanda. Una
iniciativa de tal magnitud, sin duda, excede lo que comúnmente se conoce como
puramente social o puramente partidario en sus acepciones tradicionales,
adquiriendo un carácter re- fundacional.

Lo dable a esperar en momentos como los que vivimos, es la dispersión
coherente de las capacidades de síntesis y elaboración a lo ancho y largo de
todos los espacios sociales de construcción, de manera que se retroalimenten
complementándose mutuamente, pero sin subordinarse unos a otros,
fundando las bases de la autonomía e independencia y en el mismo esfuerzo
aproximarnos a una nueva dimensión (efectivamente en desarrollo) de la
anhelada democracia popular.

En este sentido, son tres los ejes mas importantes de desarrollo, cada uno, con
sus propias particularidades y dinámicas: el anclaje local, las referencias
sectoriales y el eje global o general (o multisectorial), como quiera llamársele.
Acceder a la existencia política en estos tiempos, requiere que el trabajador se
asuma en tres dimensiones simultáneas: Primero, como integrante de una
comunidad local (su lugar de trabajo, su población, por ejemplo) donde cada
uno tiene nombre, historia conocida, problemas y demandas específicas.
Segundo, como integrante de un sector social (trabajadores, pobladores,
estudiantes, etc.) donde los problemas y necesidades comunes exceden su vida
individual cotidiana. Y finalmente, como integrante de un movimiento popular
emergente donde nuevamente la existencia social y sus problemas adquiere una
dimensión aun más amplia, esta vez, de carácter multisectorial. Cada una de
estas dimensiones del tiempo y el espacio donde el ser humano practica en
forma simultánea su existencia social constituye un todo diferente, que
debemos ser capaces de respetar para fortalecerlos y articularlos a través de una
propuesta político social coherente. El trabajador debe escapar al destino que
las clases dominantes le tienen preparado, para comenzar a dotarse, a si
mismos, de las herramientas teóricas, orgánicas y prácticas que le permitan
acceder a dimensiones cada vez mas amplias y plenas de su existencia social,
hoy sometida y subordinada.


13.- El desarrollo de la confrontación parcial con el capital

La politización del conflicto laboral
Es importante y urgente potenciar el conflicto laboral más allá de los límites
jurídicos establecidos por la legislación vigente. Al respecto, hay mucho que
hacer todavía en lo que se refiere al conocimiento “amplio y profundo” del
código del trabajo, y las funciones de la dirección estatal respectiva, sin
embargo, no basta con esto. Un alto número de conflictos hoy se pierden u
obtienen pobres resultados por la precariedad política de los análisis en que se
basó su planificación y ejecución.

Hay que desarrollar una nueva visión del conflicto laboral, que además de sus
aspectos jurídicos considere éste como una acción compleja de movilización
popular que debe ser cuidadosamente planificada desde una perspectiva
política en todas sus fases:
o el proceso en el cual las necesidades son transformadas en demandas,
o la fuerza propia que se construye para la movilización,
o las expectativas desarrolladas por el conjunto movilizado y los máximos
logros posibles
o los eventuales aliados,
o los agentes que es necesario neutralizar
o a quiénes se enfrentará definitivamente.
o la posición que los protagonistas ocupan en la formación económica y
social.
o la configuración de la contraparte
o el uso gradual de la fuerza disponible
o demostrar que somos capaces de sustentar y defender lo logrado etc.
o el horizonte político establecido con posterioridad a una movilización.

El listado precedente ilustra algunas de las complejas interrogantes que es
necesario resolver colectivamente en el marco de una negociación laboral si se
enfrenta con responsabilidad y posibilidades reales de éxito. Se presentan tan
solo como una manera de ejemplificar que el desarrollo de un conflicto laboral
excede con creces los límites establecidos por la ley, en lo que se refiere a su
planificación y ejecución desde una perspectiva popular y no se resuelven
simplemente con una eficiente asesoría jurídica, pero ello requiere emprender
seriamente el trabajo de sistematización y socialización de su conocimiento.

La configuración de una “tendencia político social independiente” en el mundo
laboral, hace necesario e imprescindible que sus protagonistas empiecen a
ganar efectivamente las confrontaciones parciales con el capital (al menos las
que son ganables) y no reincidir en movilizaciones tan comunes por estos días,
en que la fuerza popular carente de visión política se diluye en medio de
costosos fracasos, o imbuida de una falsa radicalidad, no hace sino auto-
atraparse en complejos y estrechos zapatos chinos sin salida racional.

La implementación simultánea de acciones destinadas a reconstruir el
pensamiento independiente de los explotados, construir una base
organizacional que permita articular, al menos, una franja significativa de los
productores y promover un nuevo ciclo de movilizaciones populares, son las
tareas que nos acercan al objetivo identificado para estos momentos de nuestra
historia: “jugar un papel activo en la transformación de las movilizaciones
populares en un efectivo proceso de acumulación de fuerza social y
programática, que se encarne en la configuración de una “tendencia político
social revolucionaria” al interior de la clase.