1

CÓMO APRENDEMOS A LEER
Historia y ciencia del cerebro y la lectura
Maryanne Wolf

Lecciones de lectura según Proust y el calamar

No nacimos para leer. Los seres humanos inventamos la
lectura hace apenas unos milenios. Y con este invento
modificamos la propia organización de nuestro cerebro, lo que
a su vez amplió nuestra capacidad de pensar, que por su parte
alteró la evolución intelectual de nuestra especie. La lectura
es uno de los inventos más notables de la historia, una de
cuyas consecuencias es precisamente la posibilidad de dejar
constancia de esta última. El invento de nuestros antepasados
pudo aparecer sólo gracias a la extraordinaria capacidad del
cerebro humano para establecer nuevas conexiones entre
estructuras preexistentes, un proceso posible gracias a la
capacidad de moldearse de acuerdo a la experiencia. Esta
plasticidad intrínseca del cerebro constituye la base de casi
todo cuanto somos y de lo que podemos llegar a ser.
Este libro cuenta la historia del cerebro lector en el
contexto de nuestra evolución intelectual. Además abarca tres
áreas de conocimiento: los orígenes históricos del aprendizaje
de la lectura, desde la época de los sumerios hasta Sócrates;
el ciclo vital de desarrollo de los humanos, a medida que
aprendemos, con el paso del tiempo, a leer de maneras cada vez
más sofisticadas; y la historia y la ciencia de lo que ocurre
cuando el cerebro no es capaz de aprender a leer.
Comprender estos sistemas únicos predeterminados-
prefijados, generación tras generación, por la información
genética- mejora nuestro conocimiento de aspectos
insospechados que tienen unas implicaciones que sólo estamos
empezando a explorar.
Y entretejiendo las tres partes del libro hay una visión
particular de cómo el cerebro aprende lo que sea.
La aptitud del cerebro para aprender a leer es el
resultado de su proteica capacidad para establecer nuevas
conexiones entre estructuras y circuitos dedicados
originalmente a otros procesos cerebrales más básicos y que
han disfrutado de una existencia más prolongada en la
evolución humana, como son la visión y el habla. Gracias a
este diseño, llegamos al mundo programados con la capacidad de
cambiar lo que la naturaleza nos ha dado, de manera que
podamos superarlo. Estamos, se diría que desde el principio,
preparados genéticamente preparados para los avances.


2

Se puede aprender a leer gracias sólo a la plasticidad
del cerebro y, leyendo, el cerebro cambia para siempre, tanto
psicológicamente como intelectualmente. Gran parte de nuestra
manera de pensar y de aquello en lo que pensamos se basa en
las conclusiones y asociaciones generadas a partir de lo que
leemos.
En este libro se utilizó al célebre novelista francés Marcel
Proust como metáfora y al infravalorado calamar como analogía
para dos aspectos radicalmente distintos de la lectura. Proust
consideraba la lectura como una especie de santuario
intelectual, quedaba a los seres humanos acceso a miles de
realidades diferentes que, de otra manera, jamás hubiesen
podido conocer ni comprender. Cada una de estas nuevas
realidades era capaz de transformar la vida intelectual de los
lectores sin exigirles siquiera que abandonaran la comodidad
de su sillón.
En los años cincuenta del siglo XX, los científicos
utilizaron el largo axón central del tímido aunque astuto
calamar para comprender cómo se activan y comunican entre sí
las neuronas y los sistemas de reparación y compensación de
que disponen cuando algo sale mal. El estudio de lo que el
cerebro humano tiene que hacer para leer, es análogo a los
estudios del calamar en la neurociencia de antaño.
Se cuenta que Maquiavelo a veces se preparaba para leer
disfrazándose con ropa del período del escritor que estaba
leyendo y que servía la mesa para ambos. Era una muestra de
respeto por el talento del autor. Mientras leemos, podemos
abandonar nuestra propia conciencia y trasladarnos a la
conciencia de otra persona., de otra época, de otra cultura.
Cuando transmigramos a los pensamientos de un caballero, a
los sentimientos de un esclavo, al comportamiento de una
heroína y la forma que tiene un malhechor de arrepentirse o
renegar de sus fechorías, nunca regresamos a nosotros mismos
completamente iguales; a veces volvemos inspirados, a veces
apenados, pero siempre enriquecidos.
En cuanto esto sucede, ya no estamos limitados por los
confines de nuestro propio pensamiento. Estuvieran donde
estuviesen situados, nuestros límites originales son
desafiados, provocados y, poco a poco, movidos a un nuevo
lugar. Una expansiva sensación de ajenidad cambia lo que
somos y, lo que es de una importancia trascendental para los
niños, lo que creemos que podemos llegar a ser.
Hace años, el científico cognitivo David Swinney
contribuyó a descubrir el hecho de que, cuando leemos una
palabra sencilla como chinche, activamos no sólo el
significado más común (una criatura rastrera de seis patas),
sino las acepciones menos frecuentes de ese término: los
micrófonos ocultos, los problemas técnicos de un software.
Swinney descubrió que el cerebro no encuentra sólo un
significado para una palabra; antes, estimula un verdadero
tesoro de conocimientos sobre tal palabra y las muchas otras
relacionadas con ella.
Los niños con riqueza de vocabulario y de asociaciones
entre palabras extraerán de cualquier texto o conversación
una experiencia sustancialmente diferente a la de los niños
que no tengan la misma riqueza lingüística y conceptual.


3

Volvamos a la dimensión biológica y miremos debajo de la
superficie del acto conductual de leer. Todos los
comportamientos humanos descansan sobre capas y capas de una
ingente actividad subyacente.
La autora de este libro Maryanne Wolf pidió a la
neurocientífica de Oxford y artista Catherine Stoodley que
dibujara una pirámide ilustrativa de cómo cooperan esos
diversos niveles cuando leemos una simple letra. En el vértice
de esta pirámide, leer la palabra oso es el acto superficial;
por debajo de éste se encuentra el nivel cognitivo, que se
compone de todos aquellos procesos de atención, de percepción
conceptual, lingüísticos y motores que utilizamos para leer.
Estos procesos cognitivos, que muchos psicólogos dedican toda
su vida a estudiar, se basan en estructuras neurológicas
tangibles formadas por grupos de neuronas dirigidas por la
interacción entre los genes y el entorno.
El proceso de lectura no depende de un programa genético
directo heredado. Por lo tanto, las siguientes cuatro capas
implicadas en él deben aprender la manera de formar de nuevo
los senderos necesarios cada vez que un cerebro aprende a
leer. Esto es lo que distingue la lectura de los demás
procesos, explica porque nuestros hijos no aprenden de manera
natural como aprenden a usar la visión o el habla, que están
preprogramadas.
Las propiedades del sistema visual son un ejemplo
magnífico de cómo el reciclado de los circuitos visuales
existentes hizo posible el desarrollo de la lectura. Las
células visuales poseen la capacidad de alcanzar un altísimo
grado de especialización y precisión, así como establecer
nuevos circuitos entre las estructuras preexistentes. Esto
permite a los bebés venir al mundo con unos ojos listos para
activarse y que son un modelo excepcional de diseño y
precisión. Poco tiempo después del nacimiento, cada una de
las neuronas de la retina del ojo empieza a comunicarse con un
conjunto concreto de células del lóbulo occipital.


4


De manera fascinante, las redes celulares que han aprendido a
cooperar a lo largo del tiempo elaboran representaciones de la
información visual, aun cuando esta información no esté
delante de nuestros ojos. En un experimento esclarecedor
llevado a cabo por el científico cognitivo de Harvard Stephen
Kosslyn, se pidió a unos lectores que serraran los ojos e
imaginaran determinadas letras. Cuando se les pidió que
pensaran en las letras mayúsculas, se produjo una reacción en
unas regiones diferenciadas del córtex visual responsables de
una parte del campo visual; por su parte, las letras
minúsculas activaron otras áreas distintas.
La lectura es un acto neuronal e intelectualmente tortuoso,
enriquecido tanto por los impredecibles rodeos de las
deducciones y pensamientos de un lector como el mensaje que
llega directamente a ojo desde el texto.

Cómo aprendió a leer el cerebro
Empezaremos en Sumeria,
Egipto y Creta, porque es en
la escritura cuneiforme
sumeria, los jeroglíficos
egipcios y una escritura
protoalfabética de reciente
descubrimiento donde podemos
encontrar el todavía
misterioso nacimiento del
lenguaje escrito. Los
principales modelos de
escrituras inventados por
nuestros antepasados
exigieron algo un tanto


5

diferente del cerebro, y esta circunstancia puede explicar que
transcurrieran más de dos milenios entre los sistemas de
escritura más antiguos conocidos y el notable casi perfecto
alfabeto desarrollado por los antiguos griegos.
En su origen, el principio alfabético implica la profunda
comprensión de que cada palabra del lenguaje hablado está
formada por un conjunto finito de sonidos que se pueden
representar por un grupo finito de letras. Este principio
aparentemente ingenuo constituyó una verdadera revolución
cuando surgió con el tiempo, porque permitió que cada palabra
hablada fuera traducida a escritura.

 Cómo aprende a leer el cerebro de un niño y los cambios que experimentamos a lo
largo de la vida.
Son varios los puntos que relacionan la historia de la
escritura humana con el desarrollo de la lectura en el niño y
que dan mucho que pensar. El primero es el hecho de que,
aunque nuestra especie le costó dos mil años conseguir el
avance cognitivo necesario para aprender a leer con un
alfabeto, en la actualidad nuestros hijos tienen que alcanzar
ese mismo dominio de la letra impresa en apenas dos mil días.
Después están las implicaciones evolutivas y educacionales de
tener un cerebro reorganizado para aprender a leer. Si no
existen genes específicos exclusivos de la lectura, y si
nuestro cerebro tiene que conectar las viejas estructuras de
la visión y el lenguaje para adquirir esta nueva habilidad,
todos los niños de cada generación tienen que realizar una
ardua tarea. Para adquirir este sistema antinatural, los
niños precisan de unos entornos educativos que sustenten todas
las partes del circuito que han de ser fijadas para que el
cerebro lea.
La comprensión del período de desarrollo, que se
extiende desde la infancia hasta el inicio de la edad adulta,
requiere entender todos los componentes del circuito del
cerebro lector y su desarrollo. También implica entender la
historia de dos niños que tienen que aprender cientos y
cientos de palabras, miles de conceptos necesarios para el
desarrollo de los principales componentes de la lectura.
El aprendizaje de la lectura empieza la primera vez que
se toma en brazos a un bebé y se le lee un cuento. Con qué
frecuencia ocurra esto, o deje de ocurrir, durante los
primeros cinco años de vida, resulta ser uno de los mejores
índices de predicción de la capacidad de lectura posterior.
Un sistema poco estudiado divide de manera invisible nuestra
sociedad; las familias que proporcionan a sus hijos un
entorno fecundo en oportunidades del lenguaje escrito y oral
se alejan poco a poco de aquellas que no lo hacen o no pueden
hacerlo. Un importante estudio determinó que ya en el jardín
de infancia una brecha de treinta y dos millones de palabras
separa a algunos niños de hogares empobrecidos
lingüísticamente de sus coetáneos.
La plasticidad de nuestro cerebro nos permite aprender a
leer y después de esto cambia para siempre, psicológica e
intelectualmente, con la lectura modificamos la organización
de éste. En otras palabras, así lo expresa Maryanne Wolf. “El
aprendizaje de la lectura empieza la primera vez que se toma


6

en brazos a un bebé y se le lee un cuento”. Los niños que
escuchan y utilizan miles de palabras, cuyos significados ya
han comprendido, clasificado y almacenado en su cerebro,
tienen ventaja en el campo de su educación. Los niños que por
el contrario no se les lee un cuento, y que jamás se imaginan
dragones o princesas, tienen una gran desventaja, a esto se le
llama pobreza léxica, o cuándo el cerebro no es capaz de
aprender a leer, se habla de dislexia.
Aprendemos a leer basándonos en las conclusiones y
asociaciones generadas a partir de lo que leemos, la lectura
permite que las personas vayan más allá de la información que
se les proporciona y así crear infinidad de pensamientos.
Ahora, sobre la historia de la aparición de los primeros
sistemas de escritura, nos encontramos con la escritura
cuneiforme, implementada por los sumerios, de la que luego los
Acadios conservaron muchos símbolos, los jeroglíficos egipcios
y una escritura pro alfabética, tenemos más tarde la invención
del alfabeto griego. En términos generales, el alfabeto tiene
tres grandes contribuciones, una es la economía de caracteres,
lo que permite una escritura eficaz y lectura fluida; la
segunda contribución es la ampliación de límites para pensar y
escribir, “estimulo el pensamiento novedoso” y por último
incremento la conciencia del habla. El desarrollo del lenguaje
escrito se debe a su vez al desarrollo de elementos de la
lengua hablada, cómo lo son el fonológico, semántico,
sintáctico, morfológico y pragmático.

Los comienzos del desarrollo de la lectura o no

Imagínense la siguiente escena. Un niño pequeño está sentado,
embelesado, en el regazo de un adulto querido, escuchando
palabras que se mueven como el agua, palabras que hablan de
hadas, dragones y gigantes de lugares lejanos e imaginarios.
El cerebro del niño pequeño se prepara para leer bastante
antes de lo que uno jamás sospecharía, y utiliza para ello
casi toda la materia prima de la primera infancia, cada
imagen, cada concepto y cada palabra. Y lo hace aprendiendo a
utilizar todas las estructuras importantes que constituirán el
sistema de lectura universal del cerebro.
Decenios de investigaciones demuestran que la cantidad
de tiempo, que un niño escucha leer a sus padres y a los demás
seres queridos predice con bastante exactitud el nivel de la
lectura que alcanzará años después.
De qué manera aprende a leer un niño es un cuento de
magia y hadas o uno de oportunidades perdidas
innecesariamente. Estos dos panoramas corresponden a dos
infancias muy diferentes: en una ocurre casi todo lo que
esperamos, en la otra se cuentan pocos cuentos, se aprende
poco vocabulario y el niño se queda cada vez más rezagados,
antes incluso de empezar a leer.
EL PRIMER CUENTO:
Trabajar con bebés prematuros pone de relieve la
importancia dl tacto en el desarrollo. Un principio parecido
es aplicable al desarrollo ideal de la lectura. En cuanto un
bebé puede sentarse en el regazo de quien lo cuida puede
aprender a asociar el acto de leer con el sentimiento de ser


7

querido. La asociación entre oír leer y sentirse amado
proporciona los mejores cimientos para este proceso, que
ningún científico cognitivo ni investigador de la educación
podría haber diseñado mejor.

UN SERIO JUEGO DE PALABRAS:
En el siguiente paso en el proceso es una comprensión
cada vez mayor de las ilustraciones: el niño adquiere la
capacidad de reconocer las imágenes que ilustran unos cuantos
libros que no tardarán en acabar sobados y con algunas
esquinas dobladas. Este avance se debe a que el sistema visual
ya funciona a pleno rendimiento hacia a los seis meses, la
atención tiene un largo camino por delante hasta la maduración
y el sistema conceptual crece día a día a pasos agigantados. A
mediad que la capacidad de atención aumenta, mes a mes,
también se incrementa el conocimiento que el bebé tiene de las
imágenes familiares y crece su curiosidad por las novedades.
Al tiempo que la capacidad de atención y percepción
aumentan, éstos enfrascan en el antecedente más importante de
la lectura, el desarrollo temprano del lenguaje, con el
descubrimiento fundamental de las cosas. A los adultos les
puede costar alejarse de su propia visión del mundo cotidiano
para darse cuenta de que los niños muy pequeños no saben que
todas las cosas de este mundo tienen un nombre.
Poco a poco, los niños aprenden a etiquetar los elementos
destacados de su mundo, empezando, por lo general, por la
gente que los cuida. Pero la conciencia de todos tiene su
propio nombre suele aparecer alrededor de los dieciocho mese,
y es éste uno de los pocos conocidos hitos que se alcanzan
durante los dos primeros años de vida.
Detrás de cualquier manifestación de un niño se esconde
la capacidad de su pequeño cerebro para relacionar e integrar
información procedente de varios sistemas: visual, cognición y
lenguaje.
Cuando los niños son capaces de nombrar las cosas, el
contenido de los libros desempeña un papel todavía más
importante para los pequeños porque, a partir de este momento,
pueden elegir lo que se lee. Esto desencadena una notable
dinámica de desarrollo: cuando más se le lea a los niños,
mejor comprenderán todo el lenguaje que lo rodea y más
ampliarán su vocabulario.
El genio lingüístico se debe a diversos elementos de la
lengua hablada que, más tarde, todos incorporamos al
desarrollo del lenguaje escrito. El desarrollo fonológico: la
evolución de la capacidad de un niño para oír, distinguir,
separar, y manipular los fonemas que forman las palabras abre
camino al descubrimiento esencial de que éstos están hechas de
sonidos; por ejemplo gato se componen de cuatro sonidos
distintos g/a/t/o. el desarrollo semántico: el aumento del
vocabulario de un niño constituye a la progresiva comprensión
del significado de las palabras, que alimenta el motor de
crecimiento del lenguaje en su conjunto. El desarrollo
sintáctico: la asimilación y el uso de las relaciones
gramaticales del idioma allana terreno para comprender la
complejidad de las oraciones de los libros. El desarrollo
morfológico: el niño adquiere y utiliza las unidades mínimas


8

de significado; esto contribuye a que el niño entienda de que
clase gramatical son y que funciones gramaticales tienen las
palabras que encuentra en frases y cuentos. Por último, el
desarrollo pragmático: la aptitud de un niño para percibir y
utilizar las normas socioculturales del lenguaje en sus
contextos naturales proporciona la base para entender las
formas posibles de utilizar las palabras en las incontables
situaciones descritas en los libros.

RISAS, LÁGRIMAS Y AMIGOS:
Sin embargo, ninguna de estas aptitudes lingüísticas se
desarrolla en el vacío. Todas se asientan en los cambios
subyacentes del cerebro en el desarrollo, en el conocimiento
conceptual del niño en constante aumento en las contribuciones
concretas de las emociones a la evolución del niño y a su
capacidad de comprender a los demás.
Este período de la infancia sienta las bases para una de
las habilidades sociales, emocionales, cognitivas más
importantes que un ser humano puede adquirir: la capacidad de
ponerse en el lugar del otro. Entender los sentimientos e los
demás no es sencillo para los niños de tres a cinco años. Hay
un ejemplo de esto en Sapo Sepo, la serie de Arnold Lobel.
En uno de los cuentos, sapo está enfermo, y sepo acude en su
ayuda sin pensarlo dos veces, movido sólo por la empatía.
Sepo da de comer a Sapo todos los días y se preocupa por él,
hasta que un día Sapo se pude levantar de la cama y puede
volver a jugar. Este breve cuento da un ejemplo muy sencillo
de lo que significa entender lo que siente otro y cómo esto
puede convertirse en la razón para ayudarlo.

LO QUE EL LENGUAJE DE LOS NIÑOS NOS ENSEÑA A TODOS
Más o menos en la época en que empezamos a reconocer los
sentimientos que, por un lado, nos unen a los demás y, por
otro, establecen los límites que nos separan de los otros,
realizamos otro descubrimiento intelectual forma parte de otro
mayor y más tácito, a saber, que los libros tienen un lenguaje
propio.
En primer lugar, lo más evidente, es que el vocabulario
especial de los libros no se usa en la lengua oral. Piensen en
aquellos cuentos que les deleitaban, cuyas historias empezaban
así:
Érase una vez, hace mucho tiempo, un lugar sombrío y
solitario donde nunca se había visto el sol, habitado por un
duendecillo de mejillas hundidas y tez blanca como la cera,
pues ninguna luz había acariciado jamás su piel.”
Nadie habla de esta manera. Sin embargo forman parte de
del lenguaje literario y dan a los niños las claves que los
ayudan a predecir de qué clase de cuento se trata y lo que
puede suceder.
Pero el lenguaje literario no es sólo especial como fuente de
vocabulario. Igualmente importante es la sintaxis, las
estructuras gramaticales que no suelen aparecer en el habla
cotidiana. Los niños aprenden este uso por contexto.
Otra característica del lenguaje literario es que implica
una comprensión incipiente de los recursos de la escritura,


9

tales como el lenguaje figurativo y, en especial, la metáfora
y la comparación.
Otras de las características del lenguaje literario es un
grado de comprensión mayor por parte del niño. Cuanto más
coherente es la historia para el niño, más fácil le resulta
recordarla; cuanto más fácil recuerda mayor será su
contribución a los esquemas de conocimientos emergentes del
niño; y cuantos más esquemas desarrolle un niño, más
coherentes encontrará las historias y mayor será la base de
conocimientos para las lecturas futuras.
¿Qué hay en el nombre de una letra?
Cuando los niños van familiarizándose con el lenguaje
literario, empiezan a desarrollar una conciencia más útil de
los detalles visuales de las letras. A medida que se
familiarizan con las formas concretas de algunos renglones,
algunos niños pueden identificar letras de colores en trozos
de papeles.
Sin duda alguna, la edad a la que un niño es capaz de nombrar
las letras varía considerablemente entre individuos y de una
cultura a otra. Se debería animar a los padres a que ayuden a
los hijos a nombrar letras siempre que estos parezcan
dispuestos.

¿Cuándo debería empezar a leer un niño?
El acto de leer depende de la capacidad de nuestro cerebro
para relacionar e integrar diversas fuentes de información. En
concreto, el área visual con las áreas auditiva, lingüística y
conceptual. Esta integración depende de la maduración
independiente de cada zona y de la velocidad a la que esas
zonas pueden ser conectadas e integradas.
El mejor material conductor de la naturaleza, la mielina,
forma una capa de envuelve los axones. Cuanta más mielina
reviste el axón, con más rapidez puede la neurona conducir su
carga. El aumento de mielina sigue un calendario de
crecimiento que difiere de una región a otra del cerebro (por
ejemplo, los nervios auditivos se mielinizan en el sexto mes
de embarazo; los nervios ópticos, en el sexto después del
parto).

En la mayoría de casos, las regiones que necesitan están
mielinizadas para leer no lo están lo suficiente hasta los 5
años de edad, o incluso después.


10

En un estudio realizado por la especialista en lectura Usha
Goswami y su equipo, se descubrió que los niños europeos que
aprendían a leer a los 5 años lo hacían peor que aquellos que
empezaban a leer a los siete. De modo que, si nos esforzamos
para que un niño aprenda a leer demasiado precozmente, ello
puede ser contraproducente para su aprendizaje.
Por supuesto, existen excepciones de niños que empiezan a leer
antes. La escritora Penélope Fitzgerald lo hico a los 4 años.
Pero en general, lo más apropiado para el desarrollo óptimo de
los niños es que dejemos que sean niños.

Tipos de lectores:
Por otro lado, el desarrollo de la lectura, según Wolf, se
debe a un proceso de evolución, con cinco fases o mejor, cinco
tipos de lectores. El primero es el pre lector incipiente, es
éste quien sentado en el regazo de sus padres, escucha y
aprende sonidos, palabras, conceptos, es una etapa de
percepción, segundo, el lector novel, su principal
descubrimiento es el concepto de que las letras corresponden
con sonidos del lenguaje; luego, vienen los lectores
descifradores, quienes empiezan a entender los que leen; ahora
el lector de comprensión fluida “acumula conocimiento y está
preparado para aprender de cualquier fuente” y por último el
lector experto, que es la fusión de los procesos cognitivo,
lingüístico y afectivo.
La estancia en la primera tiene una duración de
aproximadamente 5 años, tiempo durante el cual los niños están
familiarizándose con las letras creando una conexión entre el
sistema visual y el auditivo, es aquí donde aprenden la mayor
parte de las palabras que les servirán de base para el
aprendizaje posterior de la lectura; de esta estación no
debería avanzar nadie que no haya logrado este objetivo ya que
esto representa un futuro déficit en su capacidad para
descifrar el código lector. En esta primera etapa encontramos
al Prelector Incipiente.
En la segunda estación los niños comprenden que las palabras
impresas representan sonidos de nuestro lenguaje y logran
diferenciar las unidades que componen unas palabras, empezando
por las sílabas y finalmente reconociendo las unidades más
pequeñas que son las letras. Con este conocimiento consiguen
descifrar los textos y comprenden los conceptos representados
en él, aunque sólo en parte. Es aquí donde hallamos al Lector
Novel.
En la tercera estación tenemos al Lector Descifrador que se
diferencia considerablemente del anterior en la seguridad y
desenvolvimiento que alcanza en la lectura de una forma
semifluida preparándose para leer fluidamente a través del
aprendizaje de vocabulario y la adquisición de rapidez en la
deducción y la interpretación de nuevas palabras a través del
contexto del texto.
Finalmente en las últimas dos estaciones se encuentra al
Lector Fluido quien es capaz de descifrar lo que dice en el
texto y el Lector Experto que comprende y asocia la lectura
con sus conocimientos previos. Sin embargo, no todas las
personas alcanzan el nivel del lector experto, esto se debe
generalmente a falencias presentadas durante la infancia ya


11

sean estas problemas médicos como la dislexia y las
infecciones de oído, o sociales que tienen que ver con el
entorno y la educación que recibe en su casa. Está demostrado
que leer a los niños antes de los 5 años les brinda una
predisposición al aprendizaje del código escrito y no hacerlo
genera una falta considerable de vocabulario que se verá
reflejada en el rendimiento educativo futuro del menor. Se
debe tener en cuenta que mientras más lea el niño, y participe
en conversaciones, mas vocabulario tendrá para hacer
asociaciones pertinentes. La lectura consta de dos partes: la
asimilación de sistemas fonológicos, sintácticos, emocionales,
afectivos, morfológicos y prácticos antes mencionados y la
segunda que es la perfección en estas medidas que hacen del
proceso, una comprensión profunda. Como conclusión general,
Wolf expone que aprender a leer no tiene fin, algo que se
podría apoyar con el hecho de que estamos en constante
búsqueda de lectura: una receta, un aviso, instrucciones,
cartas, correos electrónicos, etc.