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Conservadurismo o innovación en la Pintura del siglo XIX

Conservadurismo o innovación en la Pintura del siglo XIX

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Explicación de las dos grandes tendencias en el arte del siglo diecinueve y sus grandes representantes.
Explicación de las dos grandes tendencias en el arte del siglo diecinueve y sus grandes representantes.

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Conservadurismo e Innovación en la pintura del siglo XIX

Momento Histórico
El siglo XIX estuvo marcado por el eclecticismo derivado de los beneficios de
la revolución industrial, que, aunque originada en Inglaterra, se extendió
rápidamente por los países del noroeste europeo, siendo Francia uno de sus
grandes benefactores, al mismo tiempo que propulsó el desarrollo de la
economía política empresarial burguesa. La introducción de la máquina de
vapor por el escocés James Watt y los experimentos eléctricos de Michael
Faraday, inician la construcción del motor que generó la posibilidad de crear
nuevas máquinas e impulsar el transporte, que hizo posible la apertura de vías
que facilitaron las comunicaciones, no solo en el continente europeo, sino
también en Norte América.
La idea que origina un simple invento, en ocasiones, produce cambios de
grandes proporciones. El motor eléctrico, por ejemplo, trasformó una
economía cambista y mayoritariamente campesina en otra burguesa
empresarial. El telégrafo transformó las comunicaciones interpersonales en
inter-espaciales. El oscilógrafo convirtió la percepción visual del objeto
inmediato en la percepción visual del objeto lejano. El computador transformó
la individualidad del aislado en conectividad global. Estos pequeños inventos
que producen grandes transformaciones, pareciera que se hubieran puesto
todos de acuerdo para despertar en el siglo XIX. La industrialización, junto con
la absorción de influencias extranjeras, ocasionó un incipiente eclecticismo. Y
en particular, el papel de la prensa en la difusión de ideas liberales contrarias al
absolutismo francés, fue el gran gestor de los cambios sociales, filosóficos,
científicos y artísticos.

En 1920 Francia se transformó en el segundo lugar más poblado de Europa y el
área total de tierra colonizada bajo la soberanía francesa alcanzaba 13.000.000
de km², lo cual es el 8,7% del área terrestre del mundo. En este ambiente
privilegiado, coleccionar era casi un ejercicio competitivo. Y el arte era una
posibilidad de demostrar el estatus social del coleccionista. Hubo dos grandes
predominios entre los coleccionistas, unos patrocinaron a los conservadores y
otros a los innovadores. Paul Durand-Ruel hijo de un comerciante de arte
francés, que coleccionaba obras de la Academia de Barbizón de tendencia
conservadora, fue uno de los grandes coleccionistas interesado en
impresionistas como: Edgar Degas, Édouard Manet, Claude Monet, Berthe
Morisot, Camille Pissarro, Pierre-Auguste Renoir, Alfred Sisley, a los que
posteriormente expuso en Londres y en Nueva York, siendo uno de los
promotores de este nuevo movimiento.


Grandes industriales adquieren capital e invierten en arte originando galerías
donde comercializar los cuadros. El impresionismo y sus consecuentes
derivaciones expresionistas o incluso informalistas, sorprendieron al público
por sus atrevimientos contrarios a la tradición aristocrática cortesana,
defensora de la nobleza y sus postulados. La innovación de la pintura
vanguardista encontró apoyo entre los defensores de las ideas del Conde de
Saint-Simon un aristócrata ilustrado francés, de tendencia socialista y de
muchos adherentes al liberalismo económico de Adam Smith y David
Ricardo. A ellos se debe gran parte de la promulgación de “obras de arte no
tradicionales” que justificaban la imperante tendencia relativista.

Es lógico pensar que las insuficiencias sociales provoquen la necesidad por
resolverlas, Ni la aristocracia fue como su nombre explica “el gobierno de los
mejores”, ni la monarquía reinó para el bien de todos, ni la democracia fue
capaz de educar a la mayoría para disponer de autonomía a pesar de la
intensidad en el descubrimiento de nuevas maneras de gobernar.

Así como existen métodos de pensamiento inductivo y deductivo, también
existe la dualidad entre lo totalitario y lo democrático, el tema está en
descubrir cuál de los dos es el más adecuado en la jerarquía de valor. Claro
que la experiencia histórica de los sistemas totalitarios o imperialistas, ha sido
nefasta porque originaron estructuras de opresión extremas y los sistemas
democráticos tampoco han sido capaces de sostener la continuidad de una
sociedad sin limitar sus libertades.
La tendencia a estos cambios fue recibida por los artistas plásticos en dos
grandes y diferentes modos de expresión. Por un lado, los conservadores de la
tradición clásica, conservadores de los grandes valores y por otro lado los
reaccionarios a la conservación de dichos valores. Estos últimos, se orientaron
en el análisis y desarrollo de valores individuales, por sobre los valores
universales.

Pintura del siglo XIX

Se tiende a pensar que la pintura del siglo XIX se caracterizó por el empuje
innovador revolucionario de un fervoroso “modernismo” que obligaba a
reformar la condición de la nueva burguesía conservadora de tradiciones
ajenas a la libertad y autonomía de la naturaleza humana. En este sentido, el
arte adquiere un predominio en el desarrollo de ideas librepensadoras, que
abrieron paso a postulados tan innovadores como los trabajos de Gaudí, o
pinturas como El Sol Naciente de Monet.

Pintores Conservadores de la tradición en el oficio de la pintura.

En Francia

Escxuela de Paris y Escuela de Barbizon y Escuela de Pont-Aven
La academia de Bellas Artes de Paris fundada en 1816 agrupaba desde el siglo
XVII tres grandes ramas: Literatura y Bellas Artes, Música y Arquitectura. Lo
que caracterizó la destacada calidad cultural de sus alumnos. El estricto
sistema de la escuela parisina motiva a un grupo de pintores en 1830, a buscar
un ambiente natural boscoso donde pintar al aire libre y forman la Escuela de
Barbizón, como contraparte al realismo romántico de Gericault o Delacroix.

Los pintores se independizan de la protección del mecenas interesado en las
grandes gestas y optan por el marchante que comercialice sus obras.
El realismo predominante en Francia de las manos de Courbet, Corot, Millet y
Daumier derivados de la escuela de Barbizón (que no debemos confundir con
el realismo contemporáneo, porque persiguen propósitos distintos; en el
realismo contemporáneo predomina la figuración, mientras que el del siglo
XIX postulaba la representación dramática de la realidad humana y su
entorno cotidiano), tuvo como contraparte al recién iniciado movimiento
impresionista, una nueva asociación de pintores que se originó en una pequeña
comuna de Bretaña llamada Pont-Aven y cuyo representante más conocido fue
Gauguin. La influencia de esta escuela, a donde llegaban los alumnos de la
Escuela de Paris en busca de tranquilidad y belleza, originan grandes e
importantes cambios en tendencias como el impresionismo, el puntillismo, o
el simbolismo. Pero en paralelo, se mantiene una fuerte predisposición al
romanticismo y la pintura neoclásica cuyos representantes franceses,
Gericault, Bouguereau, Ingres y Delacroix, a pesar de su importancia, no
fueron tan publicitados como los propulsores de tendencias liberales e
innovadoras del impresionismo, coincidentes con la imperante tendencia
social a la abolición de la nobleza y sus monarquías, que verían
posteriormente suplantadas por el liberalismo propulsor de las libertades
sociales “democráticas”.

En España
La Real Academia de San Fernando creada en 1752 bajo el patrocinio de la
corona, también educaba en las Bellas Artes, arquitectura y música. Quizá el
gran representante de ese tiempo fuese Goya, sin olvidarnos de Casado del
Alisal o Federico Madrazo, o Rosales entre otros muchos.
Carlos de Haes, pintor Belga, fue profesor de la Real Academia de San
Fernando de Madrid, e influyó mucho en la orientación impresionista del
paisaje. Dario Regoyos, Aureliano Beruete, fueron los más destacados en esa
tendencia.
No debemos olvidar la importancia de la Escuela de Artes y Oficios de
Barcelona, conocida como La Lonja, orientada en sus inicios a la estampación.
En 1780 Barcelona poseía la concentración más grande de Europa en la
actividad manufacturera de la estampación de indianas. Pero de a poco fue
formando artistas de calidad como Mariano Fortuny o Picasso.
Santiago Rusiñol y Ramón Casas, Ignacio Zuloaga y Joaquin Mir, sin ser
propiamente impresionistas, son los artistas españoles que más se acercan a
ese estilo.

Predominio innovador por sobre el conservador
Goya que comienza ligado con los Borbones y posteriormente con la Casa
Real, termina realizando sus pinturas negras, después de ser acusado por la
Inquisición de ser obsceno por haber pintado la “Maja Desnuda”.
Mario Fortuny fue enviado por la Diputación de Barcelona a Marruecos para
realizar una crónica pictórica sobre la Guerra. Federico Madrazo retrata a la
nobleza española. En el siglo XIX se rompe la tradición del mecenazgo de la
iglesia o la nobleza sobre los artistas. Dos de los grandes pintores con
tendencias impresionistas de finales de siglo fueron Ignacio Zuloaga y Joaquín
Sorolla.

El impresionismo y las nuevas tendencias no figurativas adquieren, una vez
superada la lógica oposición de los conservadores, un predominio popular que
produce la sensación de ser los únicos reinantes en el mercado del arte. Su
apogeo tuvo tal acogida que logró cegar los imponentes y admirables trabajos
de artistas como Casado del Alisal, Eduardo Rosales, José Madrazo, o
Mariano Fortuny, incluso los de Santiago Rusiñol o Joaquín Sorolla en
España. Y las obras de Bouguereau en Francia o las de Alma Tadema en los
Países Bajos, Caspar David Friedrich en Alemania o las de Iliá Repin en
Rusia. Y por qué no mencionar también a los chilenos Pedro Lira, Pablo
Burchard, Alfredo Valenzuela Puelma y Juan Francisco González que basados
en la pintura clásica francesa, dejaron un importante legado en nuestro país.

Los pintores a los que agrupamos dentro de lo que calificamos como
conservadores de los procedimientos técnicos de la pintura tradicional, o
neoclásicos, se dedicaron a representar temas de caracterización romántica,
histórica o costumbrista, generalmente en grandes formatos, difíciles de
trasladar, por ejemplo, las pinturas negras de Goya fueron pintadas sobre la
pared, por esa razón fueron menos expuestos al público.

El surgimiento del impresionismo, expresionismo y la abstracción tiene sus
razones sociales. No solo la revolución industrial generó cambios, también se
deben estos a la enorme transformación del pensamiento filosófico
epistemológico de la Ilustración basados en la necesidad humana por
encontrarse y comprenderse a sí mismo. Y los estudios sobre psicología y
sociología que postulan el entendimiento axiológico y ontológico de la
Naturaleza Humana. Rousseau por ejemplo, fue el inspirador del
romanticismo pictórico y André Breton fue el padre del surrealismo.
La proliferación de la pintura en el siglo XIX fue en aumento, tal vez
estimulada por la fuerza de una inercia social hiperactiva. Pero no debemos
olvidar que ambas tendencias, la conservadora y la innovadora existieron en
paralelo.
La individualidad y el drama, se abrieron frente al historicismo y la nueva
burguesía independiente de la aristocracia acogió gustosa las propuestas
independientes, no solo en la pintura, sino también en la música, donde
aparecen los solistas o las pequeñas obras como las de Chopin o de Frank
Liszt. Siendo Maurice Ravel conocido como el impresionista.

La Innovación dio paso en la repetición de preferencias, a la manifiesta
singularidad del creativo habituado a repetir sus procedimientos, generando de
ese modo, lo que se conoce por estilo. Estilo es una caracterización singular
que nos indica que en el siglo XIX la individualidad fue un predominio.

Toda expresión contiene ciertos valores que completan la dignidad de lo
expresado. Valores temático, compositivo, gráfico, tonal, cromático y técnico
que facilitan la comunicación, la originalidad y el intercambio emocional,
intelectual o motivacional entre el comunicador y el apreciador. Los artistas
orientados en el desarrollo de los grandes valores, generalmente reciben el
reconocimiento de las grandes sensibilidades. Eso no quita, que, quienes
manifiesten menos elementos de valor no sean apreciados por quienes
encuentren correlatividad en su sensibilidad con ellos.
Martin Soria











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