THOMAS RUFF

La ventana indiscreta

JOSE JIMENEZ

LOS CUADROS DEL SIGLO XXI.- Las imágenes de Internet, como esencia palpable del final de siglo, están continuamente presente en la obra creativa de Thomas Ruff. Este fotógrafo, manipulador de instantáneas, tiene una obra que gira en torno al problema de la supuesta verdad del puro documento fotográfico. Sus temas rozan lo político, pero desde el punto de vista de que el ser humano es siempre político.

Thomas Ruff nació en 1958 en Zell am Harmersbach, Alemania. Vive y trabaja en Düsseldorf, ciudad en cuya Academia de Artes estudió entre 1977 y 1985. Tuvo como profesor al fotógrafo Bernd Becher. Desde su primera exposición individual en Múnich, en 1981, sus obras se han ido presentando en todo el mundo. En España, sus últimas muestras individuales tuvieron lugar en la Galería Estrany-de la Mota, de Barcelona, y en la Galería Helga de Alvear, de Madrid, en 1997. En la pasada edición de ARCO, su presencia fue notable. Actualmente puede verse un conjunto de fotografías suyas sobre edificios de los arquitectos suizos Herzog y de Meuron, en el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo, de Sevilla. Su reciente inmersión en Internet muestra el compromiso radical de este creador fotográfico.

. ¿Qué relación existe entre imagen y realidad? El proceso de la cultura moderna va unido a la utilización de la fotografía como documento notarial de «la realidad». De ahí su inmediata utilización en el sistema moderno de poder: los pasaportes, las fichas policiales, la prueba del crimen. La fotografía establece la determinación supuestamente objetiva de «la verdad» de personas y cosas. Quiénes somos. Qué somos. La obra del fotógrafo alemán Thomas Ruff, una de las más apasionantes y coherentes propuestas artísticas en la transición que vivimos hacia una nueva época, gira en torno a la problematización de esa supuesta verdad inmediata o documental de la fotografía. Thomas Ruff ha ido articulando su trabajo en series. En la primera: Interiores (1979-1983) mostraba detalles de los interiores de las viviendas de su entorno familiar. En ellas, a través de los espacios y objetos domésticos, con una ausencia del ser humano, encontramos el contexto en el que Ruff creció. Tras esta serie vendría la de los Retratos (1986-1991), ya en gran formato, y con la que siendo aún muy joven alcanzaría notoriedad internacional. Su mirada se dirige entonces a su generación, a la que presenta en unos términos de precisión y neutralidad. Son fotos directas, que transmiten un halo de la presencia del personaje, que nunca ríe o sonríe. Algo solicitado a los modelos por el propio Ruff, quien considera que reproducir la sonrisa es lo más difícil en un retrato.

La mirada objetiva sobre los interiores y sobre los jóvenes que habían vivido en ellos de niños no dejaba de transmitir una extraña sensación de desajuste. Por un lado, parecía que Ruff hubiera actualizado con la nueva fuerza expresiva de

la fotografía la representación analítica de la realidad. Pero, por otro, las imágenes de espacios y objetos, o los bustos de jóvenes de mirada fija, parecían ir más allá de un mero registro objetivo de «lo real». La paradoja es que Thomas Ruff había conseguido poner en pie un eficaz dispositivo de cuestionamiento acerca de las condiciones de vida en un mundo salido del gran drama de la guerra y volcado hacia la americanización global. El trasfondo era ya político, pero en la medida en que, como ser social, el ser humano es siempre político. Porque la cuestión decisiva giraba y gira en torno a la imagen fotográfica y a su capacidad de configurar o de cuestionar lo que entendemos como «realidad». Las series sucesivas no han hecho sino seguir incidiendo en ese problema central. Casas (1987-1997) presenta el curioso diálogo de Ruff con la arquitectura, que se establece particularmente a través del exterior de los edificios. Por vez primera, comienza a retocar las fotos, utilizando el ordenador. Según él mismo indica, «para resolver detalles que me molestaban». En Estrellas (1989-1992), compró y utilizó detalles de negativos profesionales de alta calidad para elaborar mapas estelares que nos sitúan ante el misterio de la noche astral. La serie Imágenes nocturnas (1992-1995) supone un importante punto de inflexión. Su motivación surge de las imágenes televisivas de la Guerra del Golfo (1991), una guerra decidida en Europa Occidental y en EEUU, por lo que Ruff decide declarar Düsseldorf, la ciudad en que vive, «zona de guerra», y comenzó a fotografiarla de noche con el mismo tratamiento técnico que aparecía en las imágenes nocturnas de la Guerra del Golfo en todas las televisiones del planeta. Estas fotografías nocturnas, de ambiente espectral y tonalidad verdosa, son para Ruff una especie de sinónimo del «voyeurismo del consumidor de televisión en el mundo occidental». Hacen pensar más en La ventana indiscreta, de Hitchcock, que en la Guerra del Golfo, ya que «cada lugar aparece como la escena potencial de un crimen».

En paralelo discurren las series Fotos de periódicos, que recoge ilustraciones de prensa recortadas por Ruff, y reproducidas al doble de su tamaño, y 3 D o Vistas estereoscópicas, un desdoblamiento de dos imágenes aparentemente iguales, que no lo son. Entre 1994 y 1995, Thomas Ruff trabajó en la serie Otros retratos, que se presentaría en la Bienal de Venecia de 1995. A diferencia de la anterior serie de Retratos, en este caso se trata de rostros manipulados con anticuados equipos utilizados por la policía en los años setenta para hacer retratos-robot. Son imágenes que realmente no existen, resultado de combinar los rasgos de dos caras distintas, «pero que son concebibles», nos dice Ruff. Que además puntualiza: «Quería mostrar la manipulación, quería que la gente se diese cuenta de que los retratos eran una ficción». Las últimas series son los Carteles (desde 1996) y los Desnudos (desde 1999). En el primer caso, se trata de audaces fotomontajes de imagen y texto, que recuperan el lenguaje gráfico de la propaganda política de los años 30 en una clave irónica y actual. Por ejemplo: Jacques Chirac y las pruebas atómicas francesas en los Mares del Sur, China y los sucesos de Tiananmen, o la imagen invertida de Helmut Kohl trasladándose a la nueva capital alemana. Imagen esta última que pudo verse en la pasada edición de ARCO, y reproducida en este periódico en su edición del pasado 10 de febrero. La última serie: Desnudos, de la que reproducimos una imagen en primicia, implica una aproximación al desnudo femenino Internet. Son imágenes pornográficas bajadas de la Red y manipuladas digitalmente. La fotografía pornográfica profesional, bastante dura, o la fotografía amateur, que exhibe a la novia o a la mujer, está disponible en ese nuevo universo virtual, donde pueden encontrarse prácticamente todas las prácticas y preferencias sexuales. «Es realmente increíble», señala Ruff, «cómo el anonimato de la Red fomenta el exhibicionismo e impulsa el voyeurismo. Por eso decidí trabajar con esas fotos».

En su Tratado de la pintura, Leonardo da Vinci caracterizaba al ojo como «ventana del alma». Lo que la obra de Thomas Ruff desvela es el papel de la fotografía en el proceso contemporáneo de elaboración y transmisión de la imagen. Lejos queda la idea del arte como ventana abierta a la representación simbólica de la naturaleza. La imagen artística es la réplica del ojo que todo lo ve, de la mirada deseante y a la vez exhibicionista. O de la mirada banalmente retórica, pero intensamente persuasiva del poder. Sólo que en esa réplica, la imagen artística descontextualiza y destruye la ilusión de «realidad», de la cadena de imágenes que condiciona nuestras vidas.

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