Lazo Irrompible

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BARBARA CONTRERAS
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Lazo Irrompible
BARBARA CONTRERAS
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Titulos de la Serie
1 - Lazos De Sangre
2 - Lazo Irrompible
Proximamente
3 - Sin Titulo
El Portal Del Escritor
Titulo: Lazo Irrompible
Del texto: Barbara Contreras 2012©
Del diseño de portada y maquetación:
El Portal Del Escritor (Luis Sarmiento) 2012©
Numero de Registro: 190719452652
La reproducción total o parcial de este libro, no autorizada por
el
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Todos los Derechos Reservados
Lazo Irrompible
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All Rights Reserved
2013©
Supongo que así era como se sentía uno cuando amaba a
alguien, cuando lo amaba y le había perdido, incluso aunque
todavía le estrechara entre los brazos
— Kami Garcia & Margareth Stohl
«Hermosas Criaturas»
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Presagio:
D
eseo?… eso es todo lo que siento, no hay raciona-
miento alguno en mí, lo único que quiero es correr
y es lo que hago, correr para huir de tanto dolor, la
garganta se me está secando y necesito que este dolor pare pero
¿Cómo? Me detengo abruptamente, no puedo continuar, el can-
sancio llega a mí nuevamente, como si ya no pudiera simplemen-
te correr más, como si las baterías se me estuvieran acabando,
veo una rama de un árbol la llevo a mi mano y me hiero quiero
que algo me saque de este lapso pero… no siento nada, lo único
que quiero es quitar este dolor de mi pecho que se extiende hasta
mi garganta.
Sé lo que necesito, y hare lo que sea para conseguirlo.
Sangre.
Sangre.
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Capitulo 1
E
l sol… es una de las cosas que definitivamente más ex-
trañaré, poder acostarme en medio del patio, cerrar mis
ojos e intentar broncearme (Sin mucho éxito) pero aun
así sin que me haga daño, solo una pequeña insolación debido a
las interminables horas bajo éste, definitivamente será una de las
cosas que más extrañaré.
No sé cuánto tiempo llevo acostada en medio del patio pero
debe ser mucho, lo sé porque el reproductor de música regresa
a la primera canción que escuche hace algunas horas, tengo el
cuerpo entumecido por los interminables minutos que ha esta-
do sin uso, así que me preparo para volver a moverme, primero
me estiro como lo haría un gato, luego me quito los lentes y los
audífonos apartándome del estridente sonido de Green day, re-
gresando así a la realidad… a mi nueva realidad.
Miro el cielo, su color ha cambiado oscureciéndose un poco,
han pasado un par de horas desde que decidí acostarme aquí
para tratar de descansar y quizás con algo de suerte dormir, afor-
tunadamente logré hacerlo alrededor de treinta minutos (Eso es
mejor que nada) es una de las pocas veces en las que no he te-
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nido pesadillas, las veces que logro dormir profundamente me
encuentro nuevamente dentro del sótano, atada en una mesa y
decenas de cazadores me torturan, eso no fue lo que paso en
realidad pero, mi subconsciente juega un poco y recrea aquello
que no llego a pasarme, pero que si les ha pasado a mucha de
mi gente, y estoy segura de que continúa sucediendo, en algún
lugar del mundo alguien está sufriendo las terribles torturas de
un cazador sin corazón.
Mi estomago gruñe en el mismo instante en que me levan-
to de la silla de extensión en la que me encuentro descansando,
tengo hambre y mucha por lo que tendré que comer así sea un
poco. Antes de retirarme a la casa me tomo un minuto para ob-
servar los alrededores, sólo veo árboles y más arboles el único
sonido que escucho es el lejano canto de los pájaros, se siente tan
vacioahora, sin todos los humanos corriendo de aquí para allá en
sus tareas diarias, todavía no me acostumbro a su ausencia.
Los cazadores después de saber que su guarida había sido
destruida abandonaron la hacienda, y mi padre no quiso huir, no
era un cobarde para hacerlo además de que nuestro lugar es aquí,
Branfordes nuestro hogar por lo que ahora hoy, dos semanas
después de aquel incidente aún estamosaquí.
Varias cosas han cambiado, como que los humanos que traba-
jaron con nosotros por cuatro meses fueron despedidos,a veces
extraño a Bianca aquella señora que cocinaba mejor que cual-
quier chef y que se quejaba de que nadie en la casa probara su
comida, las razones que les dieron las desconozco no quisieron
darme detalles y yo tampoco indague mucho, ahora nuestros
sirvientes o son humanos coaccionados o vampiros, la seguridad
se incremento, justo ahora estoy en la puerta que da acceso a la
cocina, el patio trasero se ve vacio, los arboles del bosque pare-
cen estar en calma pero detrás de todo aquello hay varios ojos
cuidándonos, no se nos va permitir vivir sin seguridad otra vez.
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El olor a comida entra en mis fosas nasales cuando termino
de entrar a la cocina, Paulina la nueva cocinera esta allí, su ca-
bello marrón cae sujeto en un gran moño por su espalda, está
vertiendo algo a una olla que esta sobre la estufa, escucha el clip
que hace la puerta al cerrar pero no se gira a verificar quien ha
entrado, eso es lo que no me gusta de los humanos coacciona-
dos, parecen zombis, muertos andantes y sin sentimientos.
— ¡Hola! — Hablo para llamar su atención, se gira a mirar-
me, sus ojos negros parecen descoloridos,su rostro es bonito a
pesar de que en su frente y alrededor de sus ojos ya se están
comenzando a notar las arrugas, cuando era joven debió haber
sido una mujer muy guapa. Inclina su cabeza para saludarme
solo hace eso para regresar su atención al trabajo, así es siempre.
Jamás habla conmigo, en realidad, nunca lo hace con nadie que
no sea su amo directo, que justo ahora son mis padres.
Al salir de la cocina, paso frente a la sala, está sigue igual
aunque está vacía, mis padres tal vez estén en el despacho o en
su habitación, regresaron al hábito de dormir de día y vivir de
noche, lo normal entre nuestra especie pero que para darnos una
vida normal a mis primos y a mí habían decidido cambiar.
Subo las escaleras de dos en dos prácticamente corriendo,
cuando llego a la parte alta giro a la izquierda como un acto
reflejo, lo hago sin pensarlo, antes de ir a mi habitación a hacer
cualquier cosa que tenga que hacer, tengo que ver a Sebastián.
Cuando me detengo frente a su puerta, mi mano se alza incons-
cientemente para tocar pero es inútil, allí no hay nadie que me
abra la puerta así que agarro la manija para girarla y entro.
A primera vista está oscuro, enciendo la luz automáticamen-
te sin ni siquiera pensarlo mi cuerpo conoce el protocolo (Llevo
haciéndolo por dos semanas), cuando está iluminado lo veo. Jus-
to como estaba esta mañana, su cuerpo acostado en el medio de
la cama sin moverse siquiera un poco, una sabana azul marino a
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mitad de su cuerpo lo cubre, me acerco y me acuesto a su lado
abrazándolo. Una parte de mí desea que despierte y que me res-
ponda el abrazo, que se ponga sobre mí como antes y me bese…
Pero no lo hará.
Todos los que rescatamos del sótano fueron despertando len-
tamente uno por uno, pero han pasado dos semanas y Sebastián
sigue igual. No se mueve, no respira porque no lo necesita sien-
do un vampiro, pero no da señales de vida. Me acurruco más a su
cuerpo, mi mejilla que está sobre su pecho descubierto se enfría
un poco.
— Hoy he dormido un poco en el jardín y me ha ido bien…
no he tenido pesadillas, había olvidado que se sentía soñar cosas
lindas. — Le informo, sé que no me responderá pero desde que
regresamos a la hacienda he estado contándole todo lo que hago.
Algo me dice que puede escucharme y que si sigo hablándole
él al final me responderá. — Soñé contigo, me dijiste que fuera
fuerte que vas a regresar, que tuviera paciencia. — Me levanto
para verle a la cara, sus ojos cerrados, su rostro más pálido que
nunca. — ¿Lo harás verdad? ¿Despertaras? Tienes que hacerlo,
encuentra el camino a casa. — Las lágrimas salen de mis ojos, y
caen sobre su mejilla, las quito inmediatamente.
— Deberías estar estudiando para el examen de mañana o
mejor aún cenando. — La voz de mi madre está a mis espaldas.
No escuche cuando entro, la puerta no hizo ningún sonido. Me
giro para darle la cara, su presencia es tan imponente como siem-
pre, tan joven, como si no me llevase más de unos escasos años,
hasta se está vistiendo mejor que yo.
— No tengo ganas de estudiar y comeré en un rato. — Últi-
mamente estoy comiendo poco, se me nota en mi aspecto físico,
la ropa está quedándome grande, me siento más cansada pero no
puedo hacer nada, mi novio está prácticamente muerto o mucho
mas muerto que antes, es normal que me sienta así.
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— Sabes que debes comer, así como debe hacerlo él. — Sé a
qué se refiere. Mi madre se acerca a mí y me tiende la mano, se
la tomo para poder bajar de la cama. Últimamente están alimen-
tándolo diariamente porque su piel se agrieta rápidamente y se
pone mucho más frio de lo normal. — Caleb fue por la sangre
¿Quieres estar aquí cuando se la inyectemos? — Niego con la
cabeza, la sangre se le está inyectando ya que no es capaz de
tragar, no quiero estar aquí cuando lo hagan.
— Mamá ¿Crees que despierte?
— Estamos haciendo todo lo posible para mantenerlo cómo-
do y para mantener su cuerpo hidratado pero. — No me gusta
escuchar un pero en una frase eso solo viene seguida de un “Lo
siento” —Martí dijo que vio cuando era obligado a beber agua
bendita y…
— ¡Cállate! — Grito antes de que pueda seguir, sé eso, lo
he escuchado un montón de veces, la versión de Martí siempre
cambia un poco, primero dijo que había sido obligado después
que lo había hecho voluntariamente al ser amenazado, en con-
clusión no sabemos como fue pero el resultado es el mismo así
que ¿Qué importa?.
— Annie es así, si Sebastián tomo agua bendita las probabili-
dades de que despierte son pocas, sabes bien lo que eso nos hace.
— Nos paraliza para siempre. — Susurro, ella asiente, pue-
do ver sus ojos dilatados, mi madre también quiere a Sebastián
después de todo es como su hijo. Aunque lo alimenten y traten
de mantener su cuerpo llegara un momento en que todos se can-
saran y dejaran de hacerlo, estar en ese estado puede ser eterno
pero yo nunca me cansare, siempre estaré aquí para él, porque
sé que en algún momento regresara a mí, puede que no sea hoy,
ni mañana, tampoco en diez años ni en veinte pero regresara,
cuando su cuerpo logre eliminar toda el agua bendita despertara
y aquí estaré, a su lado, esperándolo para darle la bienvenida.
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La puerta vuelve abrirse, esta vez entrami padre, tiene una
cava blanca en sus manos, la sangre está dentro. Él me ve y
asiente en reconocimiento, miro otra vez a Sebastián antes de
irme, mamá se mueve hasta dóndeestá mi padre quien comienza
arreglar las cosas para alimentarlo así que aprovecho para ir de
nuevo junto a la cama, le doyun beso en los labios, los pego allí
fuertemente como si con eso hago que lo sienta.
— Vendré más tarde, lo prometo. — Susurro a su oído antes
de apartarme y salir.
Al salir me quedo junto a la puerta, esta fría pero no tanto
como está el cuerpo de Sebastián, los ojos me arden un poco,
pero no lloraré, me prometí ser fuerte y tengo que serlo, no gano
nada llorando, llorar es para los débiles.
El que ahora la casa se mantenga con vida de noche hace que
esté gran parte de la madrugada despierta porque no puedo sim-
plemente ir a dormir sabiendo que abajo el mundo sigue mo-
viéndose sin mí.
Andrés sale de su habitación a las diez, está vestido con un
traje elegante es la primera vez en mucho tiempo que lo veo con
corbata, cuando me ve sentada en uno de los muebles de la sala
se detiene.
— ¿Qué tal? — Me dice dándose la vuelta y a la vez acomo-
dándose los nudillos de la camisa.
— ¡Elegante! — Él me guiña un ojo para entrar de lleno a la
sala.— ¿A dónde vas?
— Tengo una cita. — Su cabello esta peinado a un lado con
demasiada gelatina y trata de acomodárselo aunmás mirándose
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en el reflejo de una de las ventanas, ¿Peinado? ¿Acaso sabe que
existen los cepillos? — Pero odio esto.
— ¿Una cita? ¿Con quién? — No puedo ocultar la incerti-
dumbre en mi voz, él nunca tiene citas o por lo menos ninguna
de la que alardee.
— Conmigo. — Escucho una voz conocida proveniente de
la puerta, cuando me giro Candice está en el umbral. Su cabello
oscuro está totalmente recogido en un moño alto, su flequillo
está a medio lado y tiene una diadema que parece de oro. Una de
las nuevas sirvientas Alexandraestá detrás de ella acomodándole
el vestido que parece sacado del siglo pasado, es de color azul
zafiro, el mismo tono de los ojos de Sebastián, esté le queda muy
ceñido en la cintura y termina cayendo en campana. Sus manos
están cubiertas por unos guantes blancos que le llegan hasta los
codos. Ese vestido tiene que ser de mi madre porque de donde
más podría haberlo sacado, ya no existen tiendas que vendan
este tipo de atuendos.
— ¡Impresionante! — Escucho decir a mi hermano, Candice
baja su rostro evidentemente avergonzada.
— Es difícil caminar con esto. — Admite casi en un susurro,
la chica por fin termina de anudarle el gran lazo en su espalda y
se marcha sin mirar a nadie como si nunca hubiese estado allí.
— Estoy lista.
— ¿A dónde van? — No puedo evitar preguntar, sé que ellos
han estado trabajando juntos desde hace semanas pero esas ro-
pas no son nada normales, no es como si en la ciudad o en el
pueblo puedan caminar así sin levantar sospechas porque aún
faltan semanas para halloween.
— Iremos a una fiesta de disfraces. — Candice saca una pe-
queña tarjeta blanca y me la tiende, prácticamente corro para
quitársela de las manos.
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Señorita Candice Monsters:
Estamos en el agrado de invitarle a usted y a un acompañante
a la gran fiesta de disfraces a efectuarse el día 13 de Octubre con
motivo de la celebración número 300 de la llegada de nuestro señor
a estas tierras.
Firma:
El club de Sangre
Leo la tarjeta rápidamente antes de regresársela, no es una
invitación con muchas florituras va directamente al punto. ¿Aun
continúan averiguando al club?
— Pero, si llegas con Andrés. — Recuerdo que la primera
vez que me hablo del club me dijo que a mi hermano solo se le
dejaba entrar al área de recepción y no a la VIP por ser un sangre
real y por consiguiente no confiaban en él.
— Candice y yo nos conocimos en el club de sangre. — An-
drés está a su lado ahora se movió tan rápido que ni siquiera lo
note. — Jamás en mi vida había visto una dama más hermosa y
mira que he visto muchas en mis treinta años.
— Tú no tienes treinta años. — Le dice ella ocultando una
risa.
— Eso no tienes que saberlo. — Le toma su mano derecha, se
inclina y le besa sobre el guante. Cuando vuelve a levantarse a su
estatura normal tiene una sonrisa en sus labios. Para él esto es un
juego, pero para ella no. El que este fingiendo estar enamorada
de Andrés no le es difícil. — Ahora somos inseparables, verdad
amor.
— Déjate de boberías y ya vámonos. — Quita su mano brus-
camente para iniciar la partida.Andrés ríe antes de decirle algu-
nas cosas que no logro escuchar porque se marcha detrás de ella.
Los veo alejarse a la salida, una vez que están fuera vuelvo a
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mi lugar en el mueble, medio acostada medio sentada, el cuader-
no está sobre mis piernas, si finjo estudiar no me dirán que suba
a dormir y podré escuchar cualquier cosa que se diga, comente
o sospeche.
El reloj marca las dos de la madrugada, el sueño esta apode-
rándose de mí y aun no sucede nada, papá está en el despacho,
hablando por teléfono con alguien y mamá está arriba en su ha-
bitación. Creo que ya es una buena hora para dormir, aunque
también puedo esperar a Candice y Andrés para saber que tal
les ha ido pero no tengo ni idea de a qué hora regresan. Bostezo
una vez más, tengo que estar despierta en cuatro horas, lo mejor
es que vaya a dormir.
Cuando estoy subiendo las escaleras mamá está bajando. —
¿A dónde vas? ¿Paso algo?
— ¡No! ¿Qué podría pasar? — Hay sorpresa en su rostro.
— ¡No lo sé! — Me mira confundida. — Mejor me voy a
dormir. —Asiente, pasa a mi lado, me volteo para mirarla bajar.
Es increíble lo paranoica que me estoy volviendo, solo esperan-
do que pase algo, que alguien llame y diga que sabe cómo hacer
que Sebastián despierte, pero no pasa.
Me peino frente al espejo de forma automática, estoy más
dormida que despierta, quiero seguir durmiendo pero debo ir
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a clases, el seguir con nuestra vida normal se lo tomaron bas-
tante a pecho, Candice también sigue asistiendo y de hecho le
encanta, tiene varias amigas, Ricardo después de unos días más
de descanso también comenzó asistir. Sé que para él es difícil
porque no tiene ni un mes como vampiro pero papá dice que eso
le ayudaráa hacerse más fuerte y aprender a resistirse, por eso en
su morral lleva siempre un termo lleno de sangre, cada vez que
una persona le parece demasiado apetitosa, saca su termo y le da
un sorbo. El primer día de su regreso se lo tomo en menos de
diez minutos de haber llegado.
— ¿Qué es esto? — Me pregunto mientras me peino, muevo
un poco el mechón que acabo de peinar y lo comparo con otro.
Uno está ligeramente más oscuro pero es imposible aun faltan
dos meses para mi cumpleaños, tal vez estoy viendo mal debido
al cansancio.
La puerta suena dos veces y Alexandra entra aun cuando no
he dicho que puede pasar, su uniforme perfectamente puesto sin
una sola arruga en él. — El desayuno está listo. — Me informa
parándose detrás de mí, toma el cepillo que tengo en las manos
y ahora es ella quien me peina, lo hace con demasiado cuidado,
evita mirarme a la cara a través del espejo mientras lo hace. Me
tomo estos segundos para examinarla de cerca, es la primera vez
que estamos en esta cercanía, su cabello rubioestá perfectamente
agarrado en una cola alta de caballo, ni un solo mechón fuera de
su lugar parece que la coleta está muy tensa en su cabeza. Ella
tiene más o menos mi edad, lo sé por su apariencia, aun es una
jovencita, entonces ¿Cómo puede estar coaccionada?
Sé que para que un humano le sirva a un vampiro este tiene
que decidirlo, por eso no son tan comunes, tiene que haber una
conexión entre el humano y el vampiro,al principio esos huma-
nos son como cualquier otro, pero con el tiempo empiezan a
perder su voluntad hasta hacerse unas simples maquinas. León
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el chico que me ayudo aquella vez y que murió en el cumpli-
miento de su deber, era un humano a nuestro servicio pero él
no estaba coaccionado, en sus ojos aun había brillo, había vida,
voluntad propia.
— Mírame. — Le digo a la chica, ella se detiene en su trabajo.
Titubea un momento pero después continúa peinándome. — Te
he dicho que me mires. — Ordeno con una voz que jamás había
empleado y entonces lo hace, sube su cabeza y la veo a través del
espejo, sus ojos azules aun resplandecen con el brillo de la vida.
— ¿Por qué lo haces?
— ¿Por qué hago qué señorita?
— ¡Esto! — Me levanto de un salto y me giro para mirarla
de frente. —Túeres libre aún ¿Por qué trabajas para nosotros?
— ¿Cómo… cómo lo sabes? — Por primera vez deja de ha-
blar con tanta formalidad y me observa directamente.
— Simplemente lo sé, Alexandra has visto como son todos,
has visto como pierden su voluntad poco a poco. ¿Por qué te
harías eso?
— Mi familia ha estado sirviendo a vampiros por generacio-
nes, no sé como hicieron ese trato ni por qué pero cuando nací
mi familia ya trabajaba para ustedes, no tengo elección más que
seguir mí legado… Sé que cuando tenga un amo este me sus-
tentara vida, viviré muchos más años que un humano común
y le serviré hasta que mi cuerpo pueda o hasta que éste deje de
alimentarme y muera.
— No es justo, eso no es justo. — Sus palabras parecen en-
sayadas, practicadas, memorizadas, no es para nada su elección.
— La vida a veces no es justa señorita. — Veo un atisbo de
tristeza en su mirada. — No he vivido lo suficiente como para
ver cómo evoluciona el ser alimentado por un amo, pero he vis-
to a muchos de los míos no ser capaces de pensar por sí solos,
pero ustedes son diferentes, solo Paulina esta coaccionada, los
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señores pidieron específicamente humanos con voluntad, por
eso estoy aquí ahora trabajando para su familia señorita.
— ¿Humanos con voluntad? — Digo un poco incrédula, y
pienso en las tres mujeres que ayudan en la limpieza, en el hom-
bre grande que se encarga del jardín y en el otro que siempre
está en el despacho con mi padre más los que se encargan de la
guardia durante el día. — Pero ustedes actúan como si no tuvie-
ran voluntad.
— Hemos sido criados de una manera diferente, les tenemos
que guardar respeto, si saben que estoy hablando así con usted
en este momento.
— Annie. — La interrumpo, ella se calla sin decir una pala-
bra. — Dime Annie.
— No puedo llamarla por su nombre de pila es contra las
reglas. — Responde inmediatamente, como si el solo hecho de
pensarlo fuera una aberración.
— ¿Las reglas de quién? ¡Vamos! Deja de ser tan formal aho-
ra trabajas para mí.
— ¿Qué quiere decir con eso?
— Ahora solo me obedecerás a mí, yo soy tu amo. — Ser
el amo de alguien es una gran responsabilidad pero no estoy
pensando en eso, simplemente pienso en que esta pobre chica
no puede terminar como Paulina, si depende de mí ella podría
tener una vida normal. — Y tú solo harás lo que yo te diga, sin
importar quién sea, mi padre mi madre mi hermano… — Su
mirada baja al piso inmediatamente cuando digo “hermano” y
se sonroja. — ¿Tú también?
— ¿¡Qué!? — Exclama muy nerviosa, tanto que me hace
sonreír.
— Te gusta mi hermano. — Ella abre la boca para decir algo
pero las palabras no le salen. Yo solo sonrió. Ahora que lo pienso
él es bastante popular con el sexo femenino. — Bien lo primero
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que harás será quitarte ese uniforme y ponerte algo más ligero,
tengo algo de ropa que podría quedarte pero eso lo haremos más
tarde, ahora tengo que ir a desayunar para irme a clases.
— ¿Qué haré mientras no esté?
— Algo muy fácil, no te separaras de Sebastián ni un segun-
do, mientras no esté él es tu responsabilidad.
— El joven Sebastián, pero tengo entendido que esta incons-
ciente ¿Por qué debería cuidarlo? — Las palabras que escuche
de Grigory la otra noche llegan a mi cabeza, debido a ellas es que
he estado tan paranoica, tan asustada por todo. “No se puede ha-
cer nada, él está sufriendo lo mejor es acabar con su sufrimiento”
— ¡Así es! Pero no puedo estar tranquila sabiendo que puedo
regresar y no encontrarlo.
— ¿Cree que se lo lleven?
— No algo peor… temo que lo asesinen.
Capitulo 2:
C
omo todas las mañanas estoy sola a la mesa, después
de todo nadie más come a excepción de los sirvientes
pero ni en sueños lo harían conmigo. Las frutas que
Paulina ha preparado para mí están muy frescas y disfruto su
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sabor en mi boca. El jugo de naranja esta algo ácido por lo que
decido no tomarlo.
— ¡Buenos días! — Candice entra en el comedor, luce fatal,
como si no hubiera dormido nada y aunque literalmente está
muerta también necesita descansar para regenerar sus energías.
Su cabello esta ondulado por el peinado que tenía anoche, y sus
ojeras están más pronunciadas no sé si por el cansancio o si es
por hambre.
— Creo que para ti no son tan buenos. — Le digo haciendo
hincapié por su apariencia.
— Llegamos hace una hora, solo tuve tiempo para bañarme y
cambiarme, estoy tan cansada.
— Pero ve a dormir. — No entiendo porque se concentra
tanto en los estudios humanos si son inútiles tampoco es que
pretenda ir a una universidad para sacar una carrera y después
ejercer dicha carrera, eso es imposible por no decir que sea una
mala idea.
— Tengo examen de biología a la primera hora. — Dice muy
normal como si esa fuera su mayor preocupación. Se recuesta
en la mesa y cierra los ojos, yo mientras tanto sigo con mi desa-
yuno hasta que aparece Karol otra de las nuevas ayudantes, su
uniforme es exactamente igual al de Alexandra pero hasta allí las
similitudes porque en apariencia son dos polos opuestos, está es
morena con el cabello marrón e intensos ojos negros, Karoltiene
un vaso de sangre en sus manos, lo coloca frente a Candice y se
marcha. — Un poco de esto para empezar bien el día y para re-
cuperar mis energías.— Se lo toma en su solo sorbo sin detener-
se a respirar. Pone mala cara cuando el vaso está completamente
vacío. — ¡Asqueroso!
Me sorprendo ante su reacción, casi hace que me atragante.
—¿Cómo?
— Es sangre animal, sencillamente asquerosa.
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— ¿Cómo estuvo la fiesta? — Sonríe con suficiencia parece
que esperaba que preguntara.
— ¡Genial! Me la pase muy bien aunque estar allí rodeados
de sangre y no poder tomar fue muy agotador, había muchos
vampiros de varias partes del mundo, algunos hablaban en nues-
tro idioma solamente y hacía que me resultara difícil entender-
los. — Hace una mueca cuando ve mi expresión, es obvio que no
quiero saber esos detalles. —El que estuviera en compañía de un
sangre real los inquieto, si fuera sola ya habría entrado de lleno
en el club después de todo piensan que soy una tonta vampira
rica que no haya en que gastar su fortuna recién heredada, ha-
blar con “El señor” es difícil, y más ahora sabiendo que también
es un sangre real y que evidentemente se está escondiendo de
ustedes.
— Porque está buscándome. — Le digo, ella asiente.
— Sabe que Andrés es tu hermano obviamente, pero no creo
que sepa que saben sus intensiones. Pero aun no logro cono-
cerlo, siempre que estamos en el club no llega o cuando lo hace
ya me he ido. Les he dicho que me dejen hacerlo sola, si logro
por una vez saber quién es puedo traerles la información que se
necesita… y hacerme su amiga o algo, lo que me salga sobre la
marcha.
— Es muy peligroso.
— Y eso es lo que dicen todos, iré a buscar un abrigo, te
espero afuera. — Asiento para volver a tomar el tenedor en mis
manos pero el apetito ha desaparecido. Aun falta media hora
para la primera clase tenemos tiempo suficiente para llegar. Dejo
de comer y me levanto de la mesa. Es mejor salir de aquí por un
rato.
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Le acaricio el hocico y ella se recuesta en mis manos, no sé
en qué momento le empecé a caer bien pero ahora cada vez que
vengo a verla se siente cómoda conmigo, aún no puedo montarla
pero siento qué hay algo más entre nosotras que una relación
yegua-jinete, somos más como amigas, y bueno ahora estoy
bastante escasa de ellas, así que si la amistad viene así sea de un
animal es bienvenida.
— Debo irme. — Han pasado pocos minutos desde que es-
toy aquí pero no puedo tardar mucho. — Regresare en la tarde.
— Lizzy hace un sonido con su nariz. — ¡Lo prometo! — Salgo
del pequeño establo y cuando estoy cerrando la puerta de su cu-
bículo una mano se presiona en mi espalda y otra tapa mi boca,
abro los ojos como platos, el corazón me late con fuerza.
— ¡Buuu! — Me dicen en el oído para soltarme, cuando lo
hace me giro y mis brazos se mueven solos, comienzan a golpear
el pecho de Rick. — ¡Annie!
— ¡No lo hagas! ¡No vuelvas hacer eso! — Sé que he perdido
la cordura pero no puedo evitar querer golpearlo hasta que le
duela. — No lo hagas nunca más.
— ¡Lo siento! Annie lo siento. — Dice pero no trata de pa-
rarme, sabe que estuvo mal lo que hizo, es más ¿Por qué lo ha
hecho? Desde hace unas semanas he estado teniendo pesadillas
donde los cazadores regresan por nosotros, donde soy secues-
trada otra vez y viene Ricardo y hace que sienta como si esto se
estuviera convirtiendo en realidad. — ¡Detente! — Sostiene mis
manos en el aire ahora para detenerme.
— No sabes, ¡Tú no sabes por lo que pasamos!— Estoy gri-
tando tan fuerte que creo que todos en la casa me han escuchado.
— Discúlpame. — Me hala hasta su cuerpo y me abraza, me
quedo allí con micabeza en su pecho, no recuerdo que fuera tan
Lazo Irrompible
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alto o que quizás yo soy muy pequeña, respiro con esfuerzo,
la ira está bajando poco a poco. — No sabía que… solo quería
hacerte una broma. — No respondo solo me dedico a respirar
para poder calmarme.
— No debí reaccionar así, lo siento. — Dije separándome,
es obvio que actúe de manera exagerada pero no se me puede
culpar por eso, él me mira fijamente. — ¿Qué pasa?
— ¿Cuántos meses faltan para tu cumpleaños? — Es un
cambio muy drástico de tema.
— Dos, dos largos meses. — Y en realidad muy largos, quie-
ro cambiar de una vez para dejar de sentir miedo, por primera
vez en mucho tiempo no quiero ser humana. — ¿Por qué?
— Tu corazón. — Cierra los ojos, el establo queda en total
silencio, ni siquiera Lizzy hace ruido. — No late como siempre.
— ¡¿Qué?! — Me llevo las manos instintivamente a mi pe-
cho, allí está el tamborileo de siempre, está un poco rápido por
el susto de hace un momento.
— Ya falta poco Annie, dentro de poco serás como todos. —
Sonrío por sus palabras porque lo deseo, deseo cambiar, aunten-
go miedo y pensar en beber sangre me repugna pero he aceptado
mi destino.
Candice se estaciona en el mismo lugar de siempre es como
si el lugar estuviese apartado aun cuando no hay nada que lo
aparte, a pesar de que hace calor está muy cubierta de ropa, al
igual que Ricardo parece que estuvieran en invierno, para todos
los estudiantes al principio era extraño pero ya están acostum-
brados a verlos vestidos de esa forma,y una vez que las personas
BARBARA CONTRERAS
24
se acostumbran dejan de tener sospechas sobre los demás y eso
es lo que los hace vulnerables. Observo como Ricardo inhala
mucho aire y luego lo suelta, no es necesario que respire pero
tiene que hacerlo por si en algún momento alguien presta mucha
atención y ve que no lo hace, el venir a diario a la escuela para él
es un verdadero martirio, es su propio infierno personal.
— ¿Trajiste tu abastecimiento? — Candice le pregunta antes
de que bajemos, como todos los días, él la mira con cara que dice
“Obviamente”pero antes de decirle algún comentario sarcástico
asiente, agarra su bolso y sale del auto. Candice termina de darse
últimos toques mirándose en el espejo retrovisor, por mi parte
no sé por qué rayos aun no termino de bajar.
— ¿Pasa algo? — Me pregunta cuando se da cuenta que aun
estoy aquí.
— Crees ¿Crees que mi transformación este cerca?
— No lo sé, es diferente para todos, cuando cumplí diecisiete
ya tenía muchos síntomas de la transformación sin embargo Ri-
cardo los cumplió y pasaron meses hasta que comenzaron.
— O sea que no empezaran al mismo tiempo que cumpla
años. — Niega con la cabeza. — Esta mañana Ricardo me dijo
que ya estaba cerca.
— Lo dice por tu corazón.— Como no digo nada ella conti-
núa. —Se escucha más apagado.
— Pero lo siento igual.
— Para ti no hay nada inusual pero para nuestro oído sí, no
te preocupes por eso, la transformación llegara, tarde o tempra-
no y cuando lo haga dejare de ser la única chica y podremos salir
a divertirnos. — Me sonríe y sale del auto, la imito, me coloco el
bolso al hombro y salgo a enfrentar el día.
Una vez afuera el ambiente escolar está en su mayor auge, Ri-
cardo ya no está por ningún lado y Candice pasa a mi lado para
ir a reunirse con unas chicas que están sentadas en las escaleras
Lazo Irrompible
25
de acceso al instituto. Se saludan con gran emoción, es increíble
que haya hecho su propio grupo aquí,me preparo para ir al sa-
lón para mi primera clase y así pasar, clase tras clase, deseando
que pasen rápido para poder regresar a casa, mientras Candice
es una chica muy popular yo soy una completa asocial, la chica
rara del lugar.
— ¡Hola! — Me giro ante el sonido de una voz que no me re-
sulta nada familiar, una chica de mi clase de matemáticas está de-
trás de mí, su cabello castaño rojizo está atado en una cola alta,
lleva unos pequeños lentes que asumo son de aumento y estos
ocultan sus ojos castaños, también tiene pequeñas pecas en las
mejillas, es unos centímetros más alta que yo y su ropa está muy
elaborada para asistir a la secundaria. Blusa blanca con pequeños
volados en la parte del cuello hasta la mitad del torso y una falda
alta negra que le queda un poco corta, ya sé porque es un poco
más alta que yo, los tacones de sus botines la ayudan. Esta es una
de las chicas que atraen las miradas de todos sin esfuerzo, una
de las más populares por decirlo de algún modo, miro mi ropa,
y me siento un poco cohibida, un simple pantalón negro, una
camisa de mangas largas blanca y converse, ¿Qué paso con los
días en que ponía empeño en vestirme bien? Ah sí se quedaron
atrás igual que mis ganas de seguir con una vida normal — Soy
Corina, vamos a la misma clase de matemáticas y castellano.
— Si te he visto en matemáticas pero al contrario no te he
visto nunca en castellano.
— Casi no entro, lo odio… leer y esas cosas no van conmigo.
– Eso se nota a leguas, prefieres un lápiz labial a un cuaderno y
un lápiz de grafito.Pienso para mí misma.
— Tengo clases debería entrar. — Quiero irme, no quiero
estar en medio del estacionamiento hablando con una descono-
cida.
— ¡Espera! Crees que solo vine hasta aquí para decirte hola.
BARBARA CONTRERAS
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— Frunzo el ceño, no tengo ni idea de que quiere esta chica.
—Esta noche habrá una fiesta, la dará Peter Archie no sé si lo
conozcas. — Niego con la cabeza, no tengo ni idea de quién es
Peter Archie. — Me preguntaba si querrías ir.
— ¿Me estás invitando a una fiesta? — Reprimo una risa iró-
nica, ¿Qué quiere lograr con eso?
— ¡Sí! Siempre te veo sola, desde que Natally se fue estás
sola, y tu prima no es que te haga mucha compañía, además, si
vienes… podrías traer a tu primo…
— ¿Me invitas porque quieres que Ricardo vaya a la fiesta?
— La pregunta no formulada fue respondida, por lo menos su
intensión no es tan malvada, no quiere hacerme pasar la peor
vergüenza de mi vida, haciéndome quedar como una tonta fren-
te a todos (creo que estoy viendo demasiadas películas adoles-
centes donde la chica popular invita a la nueva para hacerle pasar
un mal día y después burlarse de ella por el resto de la eternidad)
— No lo tomes así, si él no viene no hay problema, te estoy
invitando de manera muy cordial, quizá hasta seamos buenas
amigas.
¿Amigas?
— No lo creo. — Me giro para irme, el timbre sonara en
cualquier momento y no quiero llegar tarde.
— ¡Annie! Espera. — Corre para ponerse delante de mí y
cerrarme el paso. — Piénsalo, toma… — Saca un pequeño papel
de su bolso y anota unos números. — Este es mi celular si deci-
des ir puedo buscarte. — Lo estira pero no tengo intensión de
agarrarlo, por lo que ella toma mi mano derecha y lo pone allí,
aprieto el papel entre mis dedos. — Ya sabes piénsalo. — Dice
para darse la vuelta he irse. Candice estáaun en las escaleras de
acceso y me mira, obviamente escucho todo, cuando nuestras
miradas se encuentran hace un movimiento con los hombros.
El timbre suena indicando que la primera clase comenzara,
Lazo Irrompible
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tengo que apresurarme o llegare tarde.
Hacer un examen y no saber absolutamente nada es igual que
soñar que se está desnudo, entregar una hoja en blanco me da
mucha vergüenza, pero por más que intento responder nada se
me ocurre, anoche estudie un poco pero todo lo que leí se me
ha olvidado. Los minutos pasan más lentos que nunca, el reloj
sobre la pizarra se mueve muy lentamente, a veces parece que
la aguja retrocede. Un lápiz desde atrás me toca el hombro, me
sobresalto. Miro al profesor que está leyendo una revista, la chi-
ca de atrás vuelve a tocarme con el lápiz. Me giro levemente y
articulo un “Qué” con los labios. Estira su brazo rápidamente
y me extiende un papel, lo agarro aun sin saber que es, cuando
vuelvo a estar derecha en mi pupitre lo abro, allí están todas
las respuestas. Miro otra vez al profesor, este sigue absorto en
lo que sea que lee, esta es una oportunidad única, rápidamente
comienzo a escribir las respuestas, irónicamente ahora el reloj
parece ir más rápido, cuando el timbre suena, el profesor levanta
la cabeza y dice “lápiz fuera”indicándonos que dejemos de es-
cribir, el papel aun está en mis mano, se levanta para recoger las
hojas sobre nuestros asientos, disimuladamente bajo mi brazo e
introduzco el papel en el bolsillo de mi pantalón, este se siente
pesado. Cuando recoge mi hoja un alivio recorre mi cuerpo, no
sabía que había estado conteniendo la respiración
— ¿Pensabas que iban a cacharte? — La chica de atrás esta
ahora parada junto a mí. Asiento un poco aliviada.
— ¡Gracias! — Susurro para que nadie más nos escuche.
— Vi que no tenías ninguna respuesta y pues ya las tenía to-
BARBARA CONTRERAS
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das, estaba aburrida y decidí ayudarte. — Sonríe de forma que lo
hace todo tan sencillo, ella es una de las chicas que se la pasa con
Corinalas he visto juntas en la cafetería. Cabello corto en la nuca
y largo a los lados de color negro opaco, siempre se combina con
negro. Hoy trae con un vestido ceñido a su cuerpo y un sobreto-
do rosa del mismo largo que el vestido, unas medias negras altas
cubren sus piernas sobreexpuestas, su pelo tiene unos mechones
rosa en las puntas largas, algo me dice que esta ayuda me va salir
algo cara. — Vi cuando esta mañana Corina estaba invitándote
a la fiesta.
— ¡Ah eso! — Comienzo a guardar mis cosas, una vez que
está todo listo me levanto, ella es de mi tamaño y no lleva taco-
nes. — ¿Me ayudaste solo por eso?
— ¡No! Pero sería genial si vinieras, aunque no lo parezca y
estés siempre en otro mundo nos caes bien, y no es malo tener
una que otra amiga.
— Tal vez si Corina hablara como tú y no con toda su prepo-
tencia por delante habría aceptado.
— Ella es así, a veces es algo. — Junta sus manos como si
estuviera ahorcando a alguien. — Pero tiene buenas intenciones,
siempre te vemos sola por lo que quisimos darte una oportuni-
dad.
¿Una oportunidad? No sabía que estaba buscando una. —
No creen que es mi decisión. — Ella me mira ahora con más
atención. — El estar sola quiero decir.
— Eso no lo sabemos, pero sino quieres no podemos obli-
garte, de todas formas si decides ir, no dudes en llamar y pasa-
mos por ti.
En el resto de la mañana no vuelvo a ver a ninguna de las
chicas, Corina y la otra chica a la que decido ponerle la gótica
porque no tengo ni idea de cómo se llama desaparecieron, final-
mente a las dos de la tarde estoy junto a la puerta del conduc-
Lazo Irrompible
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tor del auto que ahora pertenece a Candice. Mi celular no tiene
ningún mensaje, le había dicho a Alexandra que me escribiera si
pasaba algo, eso es un alivio.
— Parece que alguien quiere irse a casa. — Candice ya está
aquí. Con un clip en las llaves quita el seguro del auto y se puede
abrir. Abrola puerta delantera y me monto. Ricardo llega segun-
dos después y se queja de que irá en la parte trasera pero no le
prestó mucha atención. Por fin comenzamos a salir del estacio-
namiento, en la distancia veo a Corina subirse en una camioneta
que la espera afuera, una señora maneja y un bebé va en la parte
trasera. Ella agita la mano cuando pasamos despidiéndose de mí.
— Parece que tienes una nueva amiga. — Murmura Candice
a mi lado.
— No es mi amiga, no tengo amigas.
— Solo porque uno de tus amigos resultase un maniático ca-
zador de vampiros e intentara matarte no quiere decir que no
puedas confiar en nadie.
— Nicolás no quiso matarme, su familia sí, pero eso es muy
diferente.
— Creo que es lo mismo. — Dice Ricardo inclinándose y
metiéndose en el medio de los dos asientos de adelante interfi-
riendo en nuestra charla. — ¿Haremos un debate sobre si Nico-
lás era buena persona o no?
— ¿Conoces a Corina? — Le pregunto volteándome en mi
asiento para mirarlo más de cerca y cambiar de tema drástica-
mente, él se mueve otra vez hacia atrás, y me ignora volteándose
a ver a la ventana. — ¡Oye! No me ignores… ¡Rick!
— Creo que vemos algunas materias juntos.
— Tengo su número, por si te interesa.
— ¡Y crees que yo no! — Me mira con sus ojos miel como
diciéndome que es obvio. — Es bastante molesta.
— Molesta en el término de “podría saber bien” o molesta
BARBARA CONTRERAS
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en el término “no puedo acercarme mucho a una humana” ¡Ay!
— Se queja Candice cuando un pie de Rick patea la parte trasera
de su asiento. — Si chocamos será tu culpa.
— Huele bien. — Dice pensativo, después de eso no vuelve
hablar en todo el camino, Candice y yo compartimos una mi-
rada pero ni eso hace que nos vuelva hablar en todo el trayecto.
— ¡Ricardo! —Le llamo en cuanto me bajo del auto ya que
cuando llegamos no espero que éste se estacionara bien para ba-
jar y correr al refugio de la casa en donde no lo molestará el
sol, Alexandra se encuentra en el porche esperándonos, o espe-
rándome no tengo idea. — ¡Rick! — Se detiene antes de subir
las escaleras del porche. — ¿Pasa algo con esa chica? — Por fin
estoy junto a él, comenzó actuar extraño desde que hablamos de
Corina en el auto.
— No pasa nada es igual que con todos los humanos, solo
que ella a veces se acerca demasiado.
— Esta noche hay una fiesta, me dijo que quería que fueras,
parece que le gustas.
— ¿Irás?
— ¡No lo sé! Papá no dejara que vaya sola, ahora mismo voy
al instituto solo porque ustedes están conmigo, ¿Crees que me
dejara ir a una fiesta?
— ¡Bien! Iré contigo, solo encárgate de decirle a mi tío. —
Asiento con una sonrisa tonta, no es que quiera ir a esa fiesta
pero sé que a Ricardo le gusta Corina y a ella también le gusta
él, porque no hacer una buena causa por primera vez en mucho
tiempo.
Lazo Irrompible
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Alexandra me saluda con un asentimiento de cabeza en cuan-
do paso frente a ella. — No ha habido novedad de ningún tipo.
— Susurra cuando paso a su lado.
— Perfecto. — Entrocasi corriendo, papá debería estar en el
estudio, cuando entro me encuentro con la sorpresa de que no
está allí. — ¿Alexandra has visto a mi padre?
— Hace… unos minutos estaba en… el estudio. — Me res-
ponde con un poco de titubeo, se le hace difícil hablar y mirarme
a la cara al mismo tiempo.
La habitación de Sebastián viene a mi cabeza de repente, co-
rro a todo lo que mis piernas dan, pero cuando entro en la habi-
tación está vacía, me quito el bolso este cae al piso con un soni-
do sordo, camino hasta la cama con el alivio extendiéndose por
todo mi cuerpo, me inclino y lo beso en la frente. — Me alegra
que estés bien, te extrañe… —Alexandra entra detrás de mí, en
sus ojos veo que siente pena por mí. — Necesito que te quedes
esta noche aquí, el mueble es suficientemente grande para que
duermas en él, no te preocupes no es incomodo ya he dormido
antes allí.
— Dormiría en el piso si me lo ordena.
— Jamás haría eso, si alguna vez no quieres hacer algo solo
debes decirlo... Esta noche iré a una fiesta, por eso quiero que te
quedes con él, tengo un mal presentimiento.
— El señor Grigory. - Dice de repente atrayendo toda mi
atención. — Vino esta mañana, yo estaba aquí, me ordeno que
saliera pero le dije que no podía obedecerlo así que solo se incli-
no, le dijo algo en el oído y salió.
— Dijiste que no había ninguna novedad. — Su rostro cam-
bia a uno de arrepentimiento por no haber mencionado eso an-
tes. — ¿Lograste escuchar que le decía?
— No, lo siento. — Se disculpa y bajasu rostro, sus manos se
juntan en su delantal jugando con el borde de esté.
BARBARA CONTRERAS
32
— Sería imposible que lo escucharas. — Digo después de
unos instantes, el oído humano no esta tan desarrollado como
para escuchar el susurro de un vampiro. — Esto no me gusta,
ahora no confió en Grigory, Sebastián tenía razones para no ha-
cerlo y aunque no se cuales eran ahora tampoco lo hago.
— No saldré de esta habitación en toda la noche si es nece-
sario.
Después de eso, abandono la habitación, Alexandra se queda
en ella desde ya para comenzar con su orden, me dirijo a la mía,
tengo que llamar a Corina para informarle que si tomare su ofer-
ta, abro mi bolso, el papel está arrugado en el fondo de la mo-
chila muevo todo para poder dar con él, a pesar de que esta todo
arrugado aún se ven los números, mis dedos piensan antes de
comenzar a marcar todavía con dudas, atiende al cuarto repique.
— ¿Aló? – No conoce el número por lo que en su voz hay
cierta desconfianza.
—Hola, es Annie Collins.
— ¡Annie! Hola sabía que me llamarías, ¿Qué decidiste?
— Iré. — Se escucha un gritillo de alegría. — Y mi primo
también. — Ahora se queda en silencio. — ¿Hola?
— No le dijiste que quería que fuera ¿Verdad? — Ups ¿Aca-
so no podía decirlo? Me siento como Natally aquella vez que me
invito a su casa diciéndome que Nicolás quería invitarme, claro
que eso fue una mentira en ese momento.
— ¡No! Claro que no, lo convencí con otras artimañas, en-
tonces ¿Vendrás a buscarnos?
— ¡Claro! iré a las ocho treinta, dicen que terminara tem-
prano porque mañana hay clases pero eso no lo creo, te llamare
cuando vaya saliendo a tu casa.
— Perfecto, este es mi número por si vas a llamarme.
— ¡Bien!… Annie. — Susurra cómo si estuvieran escuchán-
dola. — ¿Crees que le guste a Ricardo?
Lazo Irrompible
33
— Tendrás que averiguarlo tú misma porque no tengo idea.
Capitulo 3:
S
egura que no quieres venir? — Le pregunto una
vez más a Candice quien se encuentra en mi hab-
itación tumbada sombre mi cama mientras ter-
mino de arreglarme.
— Si segura, debo descansar un poco, estaré al pendiente de
Sebastián.
— Te lo agradezco. — Le digo dándome el último toque de
maquillaje, me levanto del tocador y voy hacia el espejo de cu-
erpo entero a mirarme por última vez antes de marcharme. Me
puse un short de blue jean un poco corto y una franelilla larga
de color gris sobre esta tengo una chaqueta azul marino, las san-
dalias son un poco altas y cerradas casi como si fuera un botín y
son del mismo color de la chaqueta. — ¿Crees que estoy bien?
— Sino supiera que amas al chico catatónico del otro pasillo
diría que vas a ligar. — Sonríe un poco evaluando mi aspecto.
— ¿Has visto como se viste Corina? Además quiero verme
bien.— Candice se levanta de la cama y viene hasta mí, a un paso
relativamente humano. — ¿Qué haces? — Pregunto cuando co-
mienza a tocarme el cabello.
BARBARA CONTRERAS
34
— Ondulándolo un poco, así se verá mejor ¡Ya está! — Me
miro otra vez más y es cierto se ve mucho mejor. — No te sien-
tas culpable por salir un rato y divertirte, Sebastián no querría
que te perdieras tus últimos días de humana.
— ¡Lo sé! Por eso lo hago, para que cuando despierte vea que
aunque estoy esperándolo fui lo suficientemente fuerte como
para seguir adelante.
Miro el reloj ya son las ocho, lo mejor será bajar y esperar
afuera, tomo un bolso rojo y me lo coloco a medio lado, me
despido de Candice y salgo de la habitación, escucho un “Cuí-
date” antes de cerrar la puerta. Papá se opuso al principio a que
fuera a la fiesta pero nadie pudo sacarme del “Quiero ir” así que
no tuvo de otra que decir que sí, había insistido después en que
llevara a uno de los nuevos guardias vampiros que nos cuidan
pero no me siento cómoda con ellos, ni siquiera sé cuando es-
tán cerca, parecen fantasmas, por lo que me rehusé, una vez que
supo que Ricardo también iría dejo de poner peros.
Hace algo de frio por lo que fue una muy mala idea el elegir
un short tan corto, estoy prácticamente helándome y aun estoy
en el porche cuando este en la fiesta que seguramente es en un
lugar abierto estaré temblando.
— ¿No comerás antes de irte? — Mamá sale de la casa, se
sienta a mi lado, viste un simple vestido largo negro, hace que su
piel blanca resalte aún más, su largo cabello negro cae en un halo
junto a su rostro.
— No tengo hambre. — Soplo mis manos, tratando de
calentarlas un poco.
— No me gusta esto. — No entiendo su comentario por lo
que me giro a verla, hay pregunta en mis ojos. — Verte así, estás
a la defensiva, como si todos aquí quisiéramos hacerte daño.
— Quieren hacerle daño a Sebastián que es prácticamente lo
mismo.
Lazo Irrompible
35
— ¿De qué hablas?
— Sebastián no despertará, estamos empleando demasiado
tiempo en él, el seguir alimentándolo así solo nos desabastece,
está sufriendo. — Comienzo a repetir todas las palabras que he
escuchado con el correr de los días. — ¿Cómo saben que no está
luchando para regresar? ¿Creen que él solo se daría por vencido?
Entonces no lo conocen, ni siquiera tú que eres como su madre.
— Las palabras salen sin control, estoy molesta y exhausta de ll-
evar una lucha interna con todos, unas luces aparecen en las rejas
principales, y se van acercando cada vez más. Corina está aquí.
— Hablaremos de esto cuando regreses ¿Okey? — Asiento
sin querer hablar, la camioneta es la misma de esta mañana, se
estacionafrente a la puerta, esta vez es Corina quien está detrás
del volante. Me mira por la ventana y saluda con la mano, se
libera del cinturón de seguridad y se baja, también lleva un short
solo que este es verde manzana y le queda alto, una blusa negra
por dentro y un gran cinturón en la cintura. Sus sandalias altas y
negras, no lleva los lentes y su cabello suelto cae hasta los hom-
bros.
— Buenas noches. — Nos saluda mientras sube los escalo-
nes, aunque el camino hasta aquí está lleno de piedrecillas no
titubeo ni un poco, si que sabe caminar con tacones.
— Hola. — Saludo al mismo tiempo que me levanto del sil-
lón, mi madre me imita. — Eres puntual. — Le dije, y es cierto
son exactamente las ocho y treinta.
Sonríe algo avergonzada por eso. — Hola soy Corina Bisho-
puna compañera de clases de Annie. — Le extiende la mano a mi
madre que está junto a mí.
— Mucho gusto, Casandra su hermana. — La misma cuarta-
da de siempre, las mismas mentiras que se repiten una y otra vez.
— Estás helada. — Mi madre aparta su mano inmediatamente
de la suya. —Hubieras invitado a tu hermana a la fiesta, va estar
BARBARA CONTRERAS
36
divertida.
— ¿De verdad? — Pregunta mi madre como queriendo auto
invitarse.
— ¡No! Es una fiesta del instituto para los del instituto ¿ver-
dad Corina? — Está a punto de decir que no pero por mí mirada
capta el mensaje claramente.
— Si es cierto, tal vez para la próxima te nos unes.
— Te tomare la palabra. — Me muevo rápidamente para en-
lazarme al brazo de Corina ambas bajamos las pequeñas escal-
eras y nos alejamos de mi madre.
— No la invites a ningún lado es muy aburrida. — Le su-
surro sabiendo que puede escucharme aunque hable muy bajo.
— Y ya sabes, todo el asunto de rivalidad entre hermanos.
— Lo sé, tengo treshermanos menores y es un caos.
— ¡Oigan piensan dejarme! — Ambas escuchamos el grito
de Ricardo a nuestras espaldas, él viene por la parte izquierda
de la casa directamente desde su nueva habitación en la otra ala.
Su ropa es bastante ligera, muchos en la fiesta se preguntaran el
porqué del cambio de estilo.
— Allí viene. — Siento como Corina se pone rígida a mi
lado. Sonrió para mis adentros, le gusta y mucho.
— ¿Cómo crees? — Le digo a mi primo cuando ya está cerca.
— No podíamos olvidarnos de ti.
— ¡Hola! — Se dirige a ella, ella también le dice hola y esa
es la única frase que ambos pronuncian, haciendo que haya un
silencio incomodo entre nosotros.
— Bien será mejor que nos vayamos. — Los dos asienten, sé
que ella esta así por el efecto que está causando mi primo por
todo el asunto de ser un vampiro y sentirse atraída a él, tal vez
solo por su apariencia, pero él esta así por su olor. Parece ser un
amor de novela que estoy dispuesta a juntar. Automáticamente
voy al asiento trasero para que Ricardo tome el delantero y así
Lazo Irrompible
37
pueda hablar de cerca con Corina.
Al principio el camino es incomodo, nadie dice nada somos
solo tres extraños sentados en una diminuta camioneta, así que
me veo en la obligación de sacar un tema de conversación, solo
pregunto ¿Qué clases comparten? Y lo demás fluye solo, ambos
comienzan a quejarse de algunos profesores y yo comento de
vez en cuando, aunque no estoy interesada en sus quejas.
Después de un momento dejo de prestarles atención y me
dedico a observar por la ventana, los arboles pasan a nuestro
lado, vamos a una velocidad normal, como para ver a uno que
otro animal mientras corre en la oscuridad, la fiesta se llevará a
cabo en el “Gran centro”, así se llama una parte del bosque que
carece de arboles en un gran círculo perfecto, no sé si será un
regalo de la naturaleza o si por el contrario es hecho por la inter-
ferencia humana. Nunca antes he estado allí y se me está haci-
endo el camino realmente largo, después de mucho tiempo Co-
rina estaciona detrás de un auto pequeño. La carretera en ambos
lados está llena de autos, parece que todo el instituto esta aquí.
— A partir de aquí tendremos que ir caminando. — Nos dice
al mismo instante en que comienza a quitarse el cinturón de se-
guridad.
— Tendrías que haberme dicho que caminaríamos por el me-
dio del bosque y habría venido más cómoda. — Le digo pen-
sando en cómo caminare con tacones por la tierra. La última vez
que me adentre al bosque me prometí jamás volver hacerlo y
mírenme aquí, otra vez en lo mismo. Me bajo al mismo tiempo
que lo hace Rick. — ¿Estás bien?
— Si después de un rato es soportable, la música se escucha
algo lejos, tendremos que caminar mucho.
— No sé porque acepte venir a esto. — Le digo en un su-
surro, arrepintiéndome automáticamente de haber aceptado la
invitación.
BARBARA CONTRERAS
38
— ¡Chicos! Vamos, hay que ponerse en camino si queremos
llegar.
— Dame la mano. — Me dice mi primo, se la tomo sin du-
dar. Así se me hace un poco más fácil el caminar en medio de la
oscuridad.
Corina nos guía, es increíble como conoce el lugar exacto en
donde pisar, según sus mismas palabras pasan mucho tiempo en
este tipo de fiesta, tanto que la policía ya ni se molesta en venir y
hacer la redada de los primeros años, la música ahora es mucho
más alta, los arboles por encima de mi cabeza oculta todo rastro
del cielo, un olor a humo comienza a llegarme. Cuando por fin
logramos salir del abrazo de los arboles llegamos a un gran espa-
cio abierto, muchos chicos del instituto están aquí, en el medio
hay una pequeña fogata y algunos están parados cerca buscando
algo de calor, sin duda iré para allá porque tengo mucho frío.
— Bienvenidos a la fiesta de la fogata. — Nos diceCorina
girándose hacia nosotros, cuando mira nuestras manos aun en-
lazadas sube las cejas, Ricardo me suelta al instante. — ¿Quieren
algo de tomar?
— No, no tomo. – Dije, ya que lo único que se veo en las ma-
nos de todos son botellas de cerveza y nunca he tomado, no pi-
enso hacerlo ahora. Ricardo también se niega ya que él no puede
tomar nada que no sea sangre, aún es muy joven para intentar
tomar alcohol sin irse en vómito.
Al cabo de unos minutos me quedo sola, Corina viene a
mi tratando de que me integre con ella y con sus amigos pero
me niego, no quiero ir y sonreír falsamente, mi primo si se in-
tegra rápidamente, las horas van pasando y la música es buena,
después de un rato acepto el beber una cerveza, después son dos,
hasta que pierdo la cuenta.
— ¡Uno, dos! — Estoy tratando de caminar en línea recta,
pero cada vez que doy el segundo paso y trato de alinear el otro
Lazo Irrompible
39
para el tercero me voy de lado y estallo en risa, el mundo me da
vueltas y hace horas que no veo a Corina ni a Rick, estuvo mal
que tomara pero se siente tan bien, lo problemas ahora se ven
pequeños, insignificantes, lejanos porque lo único que quiero
hacer es reír. — ¡Uno, dos, tres! — El pie se me enredaotra vez
y voy directoal suelo, la botella cae de mis manos haciéndose
añicos al llegar a su destino, pero no intento detener la caída, no
puedo hacerlo no tengo suficiente coordinación en mis mov-
imientos, cierro los ojos esperando el golpe pero no llega, mi
torso queda en el aire, un brazo me sostiene por la cintura, cu-
ando me suelta me giro para ver quién me ha salvado de una fea
caída. Tengo que cerrar varias veces los ojos para poder enfocar
su rostro, estoy viendo borroso además de doble.
Cuando por fin lo enfoco me doy cuenta de que nunca lo
he visto, ni siquiera en el instituto, es mucho más alto que yo
aunque estoy en tacones, corpulento, blanco como la cal, cabello
negro y ojos verde-dorados, un color extraño, es la primera vez
que veo unos ojos de ese color, debe ser el efecto del alcohol.
El primer pensamiento que me viene a la cabeza es que él es un
vampiro.
— ¡Gracias! — Digo antes que cualquier otra cosa,ese chico
es bastante apuesto pero es una belleza conocida, como si sus
facciones fueran comunes, aunque nunca lo he visto se siente
mal el siquiera pensar que es guapo.
— No es seguro que estés por aquí sola. — Me dice y cuando
lo escucho veo a mí alrededor, es cierto, me he alejado del gran
centro de la fiesta, ¿En qué momento paso eso?
— Debí alejarme sin darme cuenta ¿De dónde apareciste de
todos modos? — Mi voz se escucha rara hasta para mis pro-
pios oídos, y aunque debería temerle a este chico desconocido
lo único que quiero es reír.
— Estaba por aquí, observándote, cuando vi que ibas a darte
BARBARA CONTRERAS
40
un buen golpe con eso. — Señala el piso a mis pies, si me hu-
biera caído habría estacionado mi cabeza sobre unas rocas, si me
hubiera golpeado habría muerto y adiós transformación porque
estaría oficialmente muerta.
— ¡Oh! Graciasy ¿Por qué estabas viéndome? ¿Cómo pud-
iste atajarme tan rápido?¿Eso quiere decir que estabas siguién-
dome?
— Algo así. — Se mueve a la izquierda, hasta un poco de hilo
de luz y sonríe, sus dientes delanteros, están un poco expuestos.
—Pasaba por aquí cuando…
— ¡Aléjate! —Cualquier signo de ebriedad se esfuma al mo-
mento en que el miedo me invade, mi primer pensamiento no se
había equivocado. — No te acerques. — Con toda esa música,
sería imposible que Ricardo escuchara mis gritos, acaso ¿Nunca
podré salir sin que pase algo?¿Sin que un vampiro o humano
intente hacerme daño?
— Tranquila no te alarmes. — Da un paso adelante y yo doy
uno atrás, me tropiezo con las rocas con las que iba a golpearme
antes, debido a que estoy ebria pierdo el equilibrio, esta vez si
me caigo cayendo sentada, mis manos trataron de evitar el golpe,
recibiendo gran parte del impacto, el dolor recorre mi mano in-
stantáneamente, una rama entro en ella, hiriéndome.
— ¡Maldición! — Digo cuando siento el líquidocaliente
recorrer mis dedos, llevo mi mano ala chaqueta para que el olor
no salga pero es estúpido, ya percibió el olor a sangre, solo faltan
segundos para tenerlo completamente transformado y fuera de
control.
— Te dije que no te alarmaras. — Camina hasta mí, rompe
su propia camisa y sujeta mi mano herida, la sangre aun sale y la
rama aun está allí, la quita antes de hacerme un torniquete con
la tela.
— Eres un vampiro. — Susurro, cuando termina de amarrar
Lazo Irrompible
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la tela me mira. — Pero, el olor no. — Antes de que termine de
hablar, el chico sale volando y choca contra un árbol, mis ojos
se abren como platos, Ricardo está frente a mí, en posición de
ataque, ha estado entrenando para pelear y aquí está mostrando
sus habilidades.
— ¿Estás bien? — Me pregunta aun sin mirarme, su mirada
fija en el otro chico que está levantándose ahora con dificultad.
— Detente. — Le digo cuando me levanto del suelo. — No
le hagas daño.
— ¡¿Qué?! — Cuando me pongo frente a él deja esa pose de
pelea. — Annie quítate.
— No me estaba haciendo daño. — Me giro para mirarlo, ya
está de pie, su mandíbula está en un ángulo extraño, con una de
sus manos la acomoda haciendo un chasquido en el proceso. —
¿Estás bien?
— Si, tú también eres como yo. — Se dirige a Ricardo. —
Eres un vampiro…
— Sí y si vuelves a acercarte a Annie no dudare en matarte.
— ¡Ricardo! — Exclamo exasperada por su comportamiento.
— Pero tú no lo eres. — El chico está ahora frente a mí. —
Tu olor es diferente, pero no eres como nosotros, no eres un
vampiro.
— Aun soy humana, pero seré un vampiro en pocos meses.
— ¿Hay una edad específica para transformarse? ¿Puede de-
tenerse? — Sus palabras son incoherentes, es como si no supiera
nada.
— ¡Oye! ¿Qué preguntas estúpidas haces? Un momento. —
Ricardo respira exageradamente para captar todo. — Tu olor,
eres un sangre real, ¡Rayos! Hueles a sangre real.
— ¿Sangre real? Es la segunda vez que me lo dicen, ¿Qué es
eso?—Él parece casi tan sorprendido como todos y comienza a
olfatearse.
BARBARA CONTRERAS
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— Los vampiros con la sangre más pura de todos, además de
que somos capaces de tener poderes, en verdad no sabes nada.
— Él niega con su cabeza. — Soy Annissa Collins y mi familia
es la única sangre real que queda con vida.
— ¿Eres un Collinens? — Dice nuestro verdadero apellido,
una gran sonrisa surca sus labios como si escuchar mi nombre
fuera lo más maravilloso que ha escuchado en años. — Vine a
este pueblo buscándolos, soy Daniel Gordon, y me dijeron que
esto pertenece a tu familia. — Saca algo de su bolsillo y lo ex-
tiende hacia mí. Lo agarro, se parece mucho a mi cadena, pero su
dije y la letra C con el rayo sobre él es más grande. — Cuando
huí de casa fue lo único que tome, mi padre me dijo que había
sido de mi madre, mi verdadera madre.
— Annie se parece al tuyo. — Ricardo me lo quita de las ma-
nos y lo eleva para verlo mejor. — Es idéntico al tuyo.
— Los he estado buscando por todas partes hasta que por
fin alguien me dio información de que estaban viviendo en este
pueblo, crees… ¿Crees que esto perteneció a mi madre y que ella
haya sido un vampiro?
— Eso es imposible, los Collins han estado extintos desde
hace décadas, la única Collins es mi tía y ella estoy seguro no es
tu madre. — Mi primo le regresa la cadena, él la toma, la lleva de
vuelta a su bolsillo.
— Entonces…
— Mi padre. — Digo casi en un susurro, el mundo sigue dán-
dome vueltas, debo concentrarme para procesar todo lo que está
sucediendo, ambos se callan y me miran expectantes. — Debe-
mos irnos de aquí, toda tu vida está en ti, mi padre podrá darte
respuestas, ven con nosotros.
Lazo Irrompible
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Capitulo 4:
L
e escribo un mensaje de texto a Corina explicán-
dole que me tengo que ir, se opuso ya que quería
llevarnos ella misma debido a que fue quien nos
BARBARA CONTRERAS
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trajo, pero le miento diciendo que un empleado de la casa ya
estaba en camino, y con eso se queda un poco más tranquila. Y
ahora estoy montada en la espalda de Ricardo y éste está cor-
riendo a gran velocidad por el bosque, mis ojos están fuerte-
mente cerrados y me aferro lo mas que puedo, no sé como hace
para no chocar con los arboles.
— Estamos a pocos metros. — Nos dice antes de que un sil-
bido se escuche muy alto, Ricardo se detiene al igual que Daniel
que está a nuestras espaldas.
— ¿Qué pasa? — Nos pregunta alerta, sus ojos escrudiñan
todo el lugar, y sus fosas nasales se abren, está percibiendo el
olor de todos los vampiros que nos rodean. — ¿Es una trampa?
¿Me trajeron a una trampa?
— ¡Por supuesto que no! Bájame. — Ricardo lo hace in-
clinándose un poco para que pueda bajar de su espalda, me tam-
baleo un poco, el alcohol aún sigue haciendo de las suyas con
mi coordinación. — Él está con nosotros. — Grito a la nada,
los que estén observándonos desde su punto táctico de ataque
tienen que escucharme.
— ¿Un nuevo amigo señorita? — Desde lo alto de un árbol
cae uno de los vigilantes, este es Julián uno de los que peor me
cae, sabe toda la historia del como fuimos atacados, y yo misma
escuche cuando le decía a algunos guardias que todo había sido
mi culpa por confiar en un cazador, por esos sus palabras en
estos momentos salen con cierto sarcasmo. — No cree que no
tiene criterio para eso.
A mi lado el cuerpo de Daniel se tensa, está preparándose
para luchar. — Creo que eso no es tu problema. — Hace un
bufido al escucharme. — ¡Vamos!
— No tengo órdenes de dejar entrar a nadie desconocido a
la hacienda. — Nos dice trancando el paso, los demás que lo
acompañan se limitan a observar desde sus posiciones, nadie le
Lazo Irrompible
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apoya. — Así que su amigo no podrá seguir con ustedes. — La
ira comienza a carcomerme lentamente por dentro.
— ¿Pasa algo? — Al instante en que se escucha esa voz, Ju-
lián, cae de rodillas, una pierna toca el piso y otra sigue en alto
en donde reposa su cabeza inclinada, los otros cuatro vampiros
hacen exactamente lo mismo, su rey está aquí. — ¿Annissa?
— Papá. — Corro a su alcance, con el rabillo del ojo veo
como Julián se tensa, ¡Qué hipócrita! A mí me trata mal y a mi
padre le teme. — Él es Daniel. — Señalo hacia atrás en donde se
encuentra con Ricardo junto al interpelado. —Es un vampiro
como ustedes, acabamos de conocerlo y trae algo consigo que.
— No sé cómo decirlo sin que suene como una locura. — Creo.
— Titubeo un poco. — Creo que él es un Collins.
No fue necesario que dijera algo más, el olor lo delató como
un sangre real pero ¿Cómo sé que es un Collins? pues sencillo
tieneel pendiente que solo pertenece a nuestra familia, y si mis
conjeturas son confiables, él no solamente es un Collins sino
que es alguien muy importante para mi familia.
Daniel está sentado en el sofá más grande, solo, mi padre está
arriba buscando a mi madre para decirle que tenemos visitas,
Ricardo aun esta aquí conmigo pero está algo alejado, sin em-
bargo yo quiero acercarme a él y preguntarle cosas pero no me
atrevo, sé que no se siente seguro, no confía en nosotros, estaba
buscándonos pero no por eso debe creernos.
Antes de que todos regresen subo corriendo a mi habitación,
BARBARA CONTRERAS
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agarro el joyero y saco mi propio pendiente, es una joya tan
hermosa y extravagante que me prometí que la usaría solo en
ocasiones especiales, pero necesito tenerlaconmigo en estos mo-
mentos. Cuando vuelvo a la sala aun está solo ocupada por Ri-
cardo y Daniel, ninguno se habla. La tensión es fuerte en ambos
lados, los dos esperan que el otro ataque para defenderse pero
obviamente ninguno lo hará o eso espero.
— Daniel. — Digo para atraer su atención. — Mira. — Él
me observa fijamente, sus ojos ahora en la luz se venmás verdes
que en la oscuridad, pero aun se nota el leve dorado que lo bor-
dea. — Está es mi cadena, se parece a la tuya. — Me siento a su
lado, se tensa un poco antes de relajarse, se la extiendo para que
la agarre, sus manos se acercan a las mías algo cohibidas, pero
después de varios segundos, tiene mi cadena en su poder.
— Es más pequeña.
— Porque es de mujer. —Explica mi padre en ese instante
que se encuentra entrando a la sala en compañía de mi madre,
ella viste una bata larga blanca, se ve más pálida que nunca, su
cabello es lo único que resalta entre tanta blancura. — ¿Puedo
ver el tuyo? — Daniel asiente y lo saca de su bolsillo, lo coloca
en la mesa frente a él para que lo tome. — ¿Por qué nos busca-
bas?
— Me dijeron que ese era el símbolo Collinens, no sabía nada
de él hasta hace unos meses, mi padre me dijo que perteneció
a mi madre,cuando empecé a transformarme, no sabía que me
pasaba, caí enfermo de repente, mis padres eran humanos pen-
saban que estaba muriendo, estuve recluido en el hospital por
varios meses, hasta que el hambre era insoportable, olía la sangre
por todas partes, la garganta me dolía y mis instintos me decían
que debía alimentarme… — Se calla durante varios segundos. —
Mate a una enfermera, no supe lo que estaba haciendo hasta que
ya estaba muerta a mis pies. Después de eso, todo mejoro pero
Lazo Irrompible
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necesitaba huir así que lo hice, después de alimentarme reco-
bre las fuerzas con el doble de intensidad, necesitaba huir, fui a
casa y tome lo más importante, pero a las pocas horas necesitaba
más, pero no era el tipo de sangre humana sabía que era algo
diferente.
— Necesitabas sangre de vampiro. — Dijo mi padre sentán-
dose frente a nosotros. — Sin ella la transición no estaría com-
pleta.
— Así me dijeron, estaba muriéndome en un basurero cu-
ando ella apareció… era la mujer más hermosa que había visto
en mi vida, dijo que me había olido a kilómetros y que era un
bebé en pleno nacimiento y la necesitaba para sobrevivir, no lo
entendía, se cortosu propia muñeca y me dio de beber, después
de eso, mi vida cambio…me convertí en esto.
— ¿Hace cuánto tiempo fue eso? — Los ojos de mamá están
cristalinos, la historia de Daniel la ha herido, un pequeño “bebé”
solo pasando por la transición.
— Hace seis años, tenía veinte cuando me transforme y desde
ese día estoy igual, se supone que tengo veintiséis años y estoy
exactamente igual que hace seis.
— Todo en ti es diferente. — Mi padre aprieta la cadena
fuertemente en sus manos. — Te criaste con humanos que no
sabían nada de este mundo, te convertiste a una edad diferente
a nosotros y tienes esto. – Levanta la cadena para que todos po-
damos verla. — Además de tu olor, eres un sangre real pero aun
se percibe un poco de olor a humano en ti, es leve pero si nos
concentramos bien podemos percibirlo.
— Solo quiero respuestas, créanme que no vengo buscando
una familia solo quiero saber ¿Quién soy? Y por qué si soy un
vampiro me crie con humanos.
— Tienes que permitirme ver en tu mente, si quieres respues-
tas solo déjame entrar a tus recuerdos. — Él asiente aunque no
BARBARA CONTRERAS
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sabe a qué se está refiriendo. — ¡Bien! Primero deja de descon-
fiar y dame tu mano. — Papá se levanta y se coloca frente a él
extendiendo su mano, Daniel la toma e inmediatamente cierra
sus ojos y la conexión se hace, lo sé por la forma en que espira
y se queda quieto, las pupilas de papá se mueven rápidamente
como si estuviera soñando. Estoy tan concentrada mirando lo
que está pasando que no percibo cuando mamá se mueve del
mueble y se detiene a mi lado.
— Hueles a alcohol. — Me acusa, su voz es dura por primera
vez. — ¿Estuviste tomando? — Me pregunta en un susurro que
hace que el miedo recorra mi espina dorsal.
— Estaba en una fiesta, en las fiestas se toma.
— Es la primera y la última fiesta a la que iras. — Dice con
una sonrisa en sus labios, eso indica que no hay discusión alguna
que valga, solo frunzo la boca, si quiero replicar ahora no es el
momento.
— ¡Listo! — Escucho a papá y mi atención se centra en él
nuevamente.
— ¿Qué viste? — No puedo esperar más, quiero respuestas
como todos en esta habitación.
— Casandra dile a Karol que prepare una habitación para
Daniel. — Mamá asiente aunque hay pregunta en sus ojos al
igual que enlos míos y en los de Ricardo. — ¡Ah! Y dile que
habilite la que está junto a la nuestra, Daniel es de la familia no
debe tener otra que no sea esa. — En nuestra ala aun hay tres
habitaciones vacías. Los chicos (Candice y Sebastián) son de la
familia pero siempre los han puesto en un ala diferente para dife-
renciar a la familia real de otros (Algo realmente tonto) eso solo
quiere decir que Daniel es un Collins, un verdadero Collins. —
¡Daniel! — Papá toma sus manos y le pone la cadena en ellas. —
Sé que no viniste buscando una familia pero estamos dispuestos
a serlo, las respuestas que quieras serán dichas mañana mejor ve
Lazo Irrompible
49
a descansar, este paseo a través de tu mente debe haberte dejado
exhausto. — Él solo asiente, se ve más débil que antes.
— ¿Eso que vi? ¿Es real? — Ya lo entiendo, él no abandono
su mente, pero la vez que papá estuvo en mi mente había sido él
quien había quedado débil no al contrario. Tal vez es el hecho de
que Daniel es un vampiro y yo no. — ¿Ella era mi madre?
— Los recuerdos del pendiente y los tuyos se unieron, sí, ella
era tu madre, te quiso, tus padres te amaron desde el principio.
— ¿Cazadores? — La voz sale con odio de sus labios. — La
mataron. — Se nota el odio en su voz. — ¿Y mi padre? ¿Le
conocen? ¿Tiene que ser un Collins? ¿Está vivo?
— Todas las respuestas que quieras las tendrás mañana, ve a
descansar.
— Ven conmigo. — Mamá está a su lado, su mano descansa
en la parte baja de su espalda guiándolo, él se deja guiar escaleras
arriba. En la sala solo quedamos papá, Rick y yo.
— ¿Qué fue todo eso? — Es mi primo quien habla primero.
— ¿En verdad es un Collins?
— No solo es un Collins, Ricardo él es un Collins y un san-
gre real, es tu primo y me gustaría que lo ayudaras a adaptarse a
esta vida, aun no sabe muchas cosas.
— ¡Claro! Tengo menos de un mes de vampiro y soy mucho
más experto que uno que ya tiene seis, eso es un milagro.
— ¿Papá? — Él me mira. — Daniel es ¿Mi sobrino? — Sonríe
antes de asentir, los ojos de Ricardo se abren como platos, eso sí
que no lo esperaba.
— Sera mejor que mañana hablemos de esto, vayan a dormir,
tienen que ir a clases en unas horas. — Ambos, mi primo y yo
nos quejamos pero no ponemos resistencia, así que nos fuimos a
nuestras respectivas habitaciones.
BARBARA CONTRERAS
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“Me besa las mejillas y baja lentamente hasta el cuello,
muerde los tiros de mi camisa para tratar de quitármela y poder
besar un poco más mi piel pero se detiene y ahora va a mi boca,
sus labios besan los míos con urgencia, con demasiada demanda
como si quisiera saborear lo más que pudiera. Cuando se separa
abro mis ojos para verlo, aquellos ojos inmensamente azules me
ven con deleite y brillan con excitación.
-Te amo. – Me dice en un susurro.
-También te amo.
-Déjame ir… - No lo entiendo, quiere que lo deje ir ¿A dónde?
– Te amo tanto pero necesito irme.
-¿A dónde? – Las lágrimas comienzan a salir de mis ojos. Mis
manos acunan su rostro, no quiero escuchar la respuesta. - ¿A
dónde quieres ir?
-Duele… Annie duele mucho.”
Abro los ojos de golpe, mi corazón esta martillando fuerte-
mente en mi pecho, mis manos van a mi cuello buscando al-
gún rastro de sus besos pero no están, solo fue un sueño, pero
parecía tan real. Tengo la respiración algo agitada por lo que me
siento en la cama tratando de poder respirar bien. Las lágrimas
comienzan a escocer mis ojos pero no quiero llorar, no quiero
siquiera pensar en que Sebastián esta diciéndome que quiere irse,
morir… y si es verdad lo que todos dicen y si está sufriendo, si
tenerlo así lo está torturando aun más que el morir.
No debo pensar eso, él va a regresar, ¡Lo sé!, él está luchando
y despertara, intento dormir otra vez pero es imposible, las pa-
labras de Sebastián aun están en mi cabeza por lo que decido
bañarme para tratar de despejarme un poco, cosa que no logro,
aun estando bajo el agua solo pienso en el terrible sueño que me
Lazo Irrompible
51
acaba de perturbar.
Al salir del baño Alexandra está esperándome sentada en el
borde de mi cama, lleva una simple falda blanca y una blusa roja,
eso me hace sonreír porque ya se ha deshecho del uniforme, cu-
ando me ve, se levanta e inclina su cabeza.
— Sabes que eso no es necesario. — Le digo sonriendo, ella
se avergüenza un poco. — Me ayudas a peinarme.
— ¡Claro! — Me siento frente al espejo, ella está detrás de mí,
le paso el peine y ella comienza a moverlo en mis hebras. Tuve
que lavarlo por toda la tierra que soporto ayer. — Anoche, la
señora entro a la habitación del joven Sebastián como a las diez.
— Me alarmo ante eso, la miro a través del espejo pero ella no lo
hace sigue inspirada peinándome. —Lo alimentó.
— ¿Otra vez? Pero ya lo habían hecho en la mañana.
— Dicen que el cuerpo del joven cada vez pierde los nutri-
entes más rápido y comienza a deteriorarse por eso hay que ali-
mentarlo continuamente.
“Duele… Annie duele mucho” las palabras que Sebastián
pronuncio en mi sueño se repiten en mi cabeza.
— ¿Crees…? — Me detengo al escuchar que mi voz sale en
un hilo y algo irregular. — ¿Crees que esté sufriendo?
— Eso es lo que dicen, el beber agua bendita para los vam-
piros es mortal, señorita, disculpa Annie, sé que es difícil acep-
tarlo pero no crees que lo mejor sería…
— Dejarlo ir. — Termino su oración, ella me mira a través del
espejo no queriéndome decir que eso era lo que pensaba pro-
nunciar. — No lo sé. — Y en verdad no lo sé, no quiero dejarlo
ir, no quiero que sufra, lo único que quiero es que despierte.
BARBARA CONTRERAS
52
Cuando entro a la habitación de Sebastián, Candice está a
su lado, sostiene un libro en sus manos y lee en voz baja, al es-
cuchar cómo se cierra la puerta baja el libro para mirar quién
llego, sus ojos se iluminan al verme.
— Sabía que vendrías, estaba leyéndole un poco, sé que odia
este tipo de historias así que vengo a torturarlo un poco. — Dice
con una sonrisa en sus labios.
— Gracias por venir y estar con él, estoy segura de que te lo
agradecerá.
— ¿Sebastián agradecerme algo? ni en un millón de años. —
Se levanta de un salto y me mira. — ¿Qué te pasa?
— ¿Qué debo hacer? — Le pregunto ya al borde de la deses-
peración. — Me he opuesto a lo que toda lógica dice, pero es
que no puedo dejarlo ir, Sebastián es mío no puedo simplemente
dejarlo ir y quedarme sola, él no querría dejarme sola… es tan…
es tan joven, tiene tanto por vivir no merece morir.
— ¿Crees que Caleb y Casandra simplemente lo tienen aquí
y así porque tú lo dices? — No respondo, he asumido eso. — El
que tú te opongas es solo una excusa que se dan a sí mismos,
ellos tampoco quieren perderlo, nadie quiere, pero sabemos
que el que despierte es casi imposible, el agua bendita es veneno
para nosotros pero no perdemos la esperanza de que despierte y
ocurra un milagro.
— No es justo… esta aquí porque no le permitimos irse,
porque no le permito irse, pero no sabemos qué es lo que él qui-
ere, y si quiere irse y si está sufriendo un dolor tan grande por
dentro y no lo sabemos.
— ¿Qué quieres decir Annie?
— Es tiempo… es tiempo de dejarlo ir. — Saco mis manos de
detrás de mi espalda revelando lo que tengo en ellas. Los ojos de
Candice se amplían el negro volviéndose más oscuro y comienza
Lazo Irrompible
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a negar.
— ¡No! ¡No! ¡No! ¿Estacarlo? ¡Absolutamente no!
— Sabes que hay que alimentarlo cada vez más porque la san-
gre no es suficiente, la estaca no lo matara pero nos dará tiempo
para conseguir una cura, para regresarlo a la vida.
— ¿Quién lo dice?
— ¡Lo digo yo! ¡Lo dicen todos! Solo que no quería en-
tenderlo — Grito tan fuerte que sé que todos en la casa me han
escuchado. — Quítate, dile a mamá y a papá que consigan un
lugar seguro para guardar el cuerpo de Sebastián. — Candice
no se mueve de su lugar, su cabeza se mueve de un lado a otro
negando. — No quiero que estés aquí cuando ocurra. — En-
tiende mi indirecta, tira el libro tan fuerte que pasa junto a mí
antes de chocar contra la pared que tengo detrás, no le gusta para
nada mi idea aun así se marcha dejándome sola con él.
Voy lentamente hasta la cama, no puedo retener más las lágri-
mas dentro de mis ojos por lo que comienzan a correr calien-
tes por mis mejillas. — ¡Hola! — Me acurruco a su lado como
siempre lo he hecho, pero este día se siente diferente, no es como
todas las mañanas esta vez me despediré y no sé cuando vuelva a
verlo. — Lo haré, parare tu sufrimiento, dejaras de sufrir por mi
culpa. — Las lágrimas mojan su pecho desnudo. — Te amo tanto
y te prometo que encontrare una cura, lo prometo así se me vaya
la vida buscándola. — Mis labios se juntas a los suyos ya agri-
etados y lo besan una y otra y otra vez, me arrodillo a su lado y
tomo la estaca con ambas manos, esto es lo que habían querido
hacer desde el principio y yo me había opuesto, pero es hora de
hacerlo, las manos me tiemblan, y no paro de sollozar,imágenes
de Sebastián comienzan a inundar mi mente, cuando nos vimos
por primera vez, cuando me beso en el parque de atracciones,
cuando me dijo que me quería, y muchísimas imágenes más sin
un orden especifico. — Te amo. — Digo para bajar mis brazos
BARBARA CONTRERAS
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con todas mis fuerzas y enterrar la estaca en su pecho, estallo en
llanto cuando escucho el crujido que hace ésta y como se unela
madera a su piel, me abrazo a él ahora con más fuerza. La estaca
no solo paraliza, es como matar a un vampiro, ya no necesitará
nada para sobrevivir porque está oficialmente muerto hasta que
la estaca searetirada.
— ¡Annie! — Papá me aparta del cuerpo inerte de Sebastián,
estoy llorando cada vez más fuerte ¿Qué he hecho?¿Por qué he
hecho esto? — Tranquila. — Sus manos se mueven por mi ca-
beza tratando de darme consuelo.
— Tenía que hacerlo… tenía que hacerlo… — Repito una y
otra vez, tratando de convencerme de que eso es lo ideal, de que
está bien.
— ¡Lo sé cariño! ¡Lo sé! — Me separo de su abrazo y limpio
mis mejillas con el borde del suéter, no gano nada llorando de
eso ya estoy más que segura.
— Solo asegúrate de que el cuerpo esté a salvo.
— No es necesario que me lo pidas, Sebastián es mi hijo,
me encargare de que este cómodo. — Le sonrío un poco antes
de levantarme de la cama, tengo que salir de aquí, yasí lo hago,
corro a mi habitación y voy por mi bolso, cuando vuelvo a salir
del cuarto Daniel está saliendo del que han dispuesto para él, ll-
eva las mismas ropas de anoche, ahora se ven mucho más sucias.
— ¿Te paso algo? —Me pregunta al verme pero no soy capaz
de responder, solo niego y corro para alejarme de él, necesito
estar sola, completamente sola.
Salgo a la parte trasera de la casa, si quiero estar sola en estos
alrededores será imposible, tal vez docenas de ojos miran cada
movimiento que hago. Tomo el celular del bolsillo del bolso y
marco un numero que me sé de memoria solo espero que aún
funcione, al tercer repique escucho su voz.
— ¡Hola! — El alivio me invade, escuchar esa voz tan famil-
Lazo Irrompible
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iar esreconfortante. — ¿Quién habla?
— Es Annie. — Nicolás en la otra línea se queda en silencio.
— ¿Hola?
— Aquí estoy es solo que no esperaba tu llamada. — Su voz
parece un susurro. — No deberías llamar.
— Nicolás, te necesito.
BARBARA CONTRERAS
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Capitulo 5
S
us preguntas se limitan a un ¿Estás bien? ¿Qué
pasa? ¿Estás a salvo? Estas salen una a una por se-
gundo y no deja que responda ninguna, no puedo
contarle nada, solo soy capaz de decirle que necesito hablar con
él, tal vez por correo electrónico o por algún otro medio que no
sea este, mi celular está intervenido así que esta llamada puede
ser escuchada en cualquier momento además de los muchos oí-
dos que están alrededor.
— ¡Bien! Tratare de encontrar una computadora para poder
hablar, pero no te aseguro nada.
— Está bien, si no puedes solo envíame un texto y lo sabré.
— ¡Annie! — Hace una pausa de varios segundos, solo es-
cucho su respiración a través del auricular, a pesar de lo lejos que
esta lo siento a mi lado, se siente bien tener a alguien en quien
confiar. — Me alegra que llamaras, escuchar tu voz es…
— ¡Lo sé! Siento lo mismo, escuchar tu voz llena un poco el
vacío que ahora hay en mi vida.
Lazo Irrompible
57
La puerta detrás de mí se abre haciéndome girar al instante,
Daniel esta en el umbral, sus brazos están cruzados en su pecho
y me mira fijamente como si supiera que estoy haciendo algo
malo. — Debo irme, esperare tu mensaje. — No escucho su re-
spuesta porque cuelgo la llamada, si él tiene el mismo súper oído
podría escuchar todo. — ¿Qué? ¿Qué haces aquí?
— No sabía que no podía salir, ¿Acaso soy prisionero? —
Levanta una ceja al preguntarlo, se inclina en la pared aun con
sus brazos cruzados, su cabello mojado cae en su frente, en esa
postura y a esta distancia se parece mucho a Andrés. — Dime.
— Iba hablar cuando ya lo tengo frente a mí. — ¿Soy un pri-
sionero?
— Por supuesto que no. — Digo mirándolo directamente
a los ojos, no lograra intimidarme si eso es lo que pretende,
además está el hecho de que aunque sea mayor que yo, tiene
que respetarme porque soy su tía, eso me da algo de derechos
aunque probablemente él aun no lo sepa. — ¿Ya hablaste con
mi padre?
— ¡No! Iba hacerlo pero vi que saliste llorando de tu habit-
ación y quería saber si te pasaba algo.
— Es una larga historia.
— Tengo tiempo. — Se acerca aún más a mí con su cabeza
inclinada hacia abajo para poder verme.
— ¡Annie! — La voz de mi hermano hace que Daniel de un
respingo y se aleje un poco pero aun así no se gira, sigue mirán-
dome fijamente. El sol está saliendo por el sur así que llega di-
recto a la puerta por lo que Andrés se encuentra un poco alejado
de ésta para que los recientes rayos de la mañana no lo toquen.
— ¿Quién es él? — Su voz es apenas un susurro, evitando así
que lo escuche alguien más que no sea yo.
— Mi hermano, ¡un momento! ¿Estás? El sol ¿No te mo-
lesta? —Pregunto algo estupefacta ya que esté está directamente
BARBARA CONTRERAS
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en su rostro y brazos, él me niega con la cabeza. — Otra cosa
interesante de ti.
— Y puedo comer algunas cosas. — Mi boca se abre en una
tremenda O. — Comida solida no solo bebidas.
— ¿Quién eres? – Mi hermano está detrás de Daniel, él se
gira lentamente, se verán por primera vez, anoche cuando llega-
mos, ni él ni Candice estaban aquí así que ellos no saben nada
sobre el recién descubierto Collins. — No eres un guardia, apes-
tas a sangre real.
— ¡Andrés! — Es obvio que él aun no sabe nada, últimam-
ente solo se despierta en las tardes y solo para planear el plan de
esa noche. — Él es Daniel.
— Anoche cuando llegamos la casa apestaba a ti, así que
quieres decirme ¿Quién eres? — La mano de Andrés está en
la camisa de Daniel atrayéndolo hacia él, sus dientes expuestos,
pero Daniel no hace nada, él solo se queda allí, mirándolo. —
¡Responde! — Le exige con enfado en su tono de voz, contenié-
ndose de atacarlo antes de que le dé una explicación.
— Suéltalo ahora mismo. — Papá está aquí también, no sé de
donde salió, pero su mano derecha está sobre la muñeca de mi
hermano sujetándolo fuertemente evitando así que esta se cierre
más fuerte en Daniel. — Andrés necesitamos hablar.
— ¿Sobre qué? Sobre que aceptas visitas en casa mientras
estamos en esta situación, estamos detrás deun sangre real los
cuales están extintos y aquí frente a nosotros tenemos uno,
¿Casualidad? O tal vez él es el dueño del club de sangre.— La
mano de mi padre se cierra más fuerte sobre su muñeca tanto
que suena como si se hubiera partido un hueso, Andrés lo suelta
sin ningún cuidado empujándolo, Daniel se tambalea un poco
pero no cae,él está simplemente absorto mirando a mi hermano,
en su visión tuvo que haberlo visto, de otra manera no estaría
prácticamente inmóvil.
Lazo Irrompible
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— Él es parte de la familia, es un Collins, Daniel enséñale. —
Él asiente e introduce la mano en su bolsillo sacando la cadena,
la gran C con el rayo a la vista, los ojos de Andrés se amplían y
su boca se abre ligeramente, conoce esa cadena, le había pertene-
cido una vez hasta que se la regalo a Abril como muestra de
que ahora ella era un miembro de los Collins, portadora de su
primogénito.
— ¿Dónde conseguiste eso? — Con un rápido movimiento
se lo quita de las manos. — ¿Quién te dio esto? — Esta gritando,
ver esa cadena le trae recuerdos muy dolorosos.
— Pertenecía a mi madre. — Al parecer Daniel ha encon-
trado su propia voz.
— ¡Imposible! Es imposible… es… — Ahora es él quien se
ha quedado sin palabras, mi padre y yo nos miramos al mis-
mo tiempo, nos entendemos perfectamente, estamos sobrando.
—¿Eres tú?— Camino hasta detenerme junto a papá, él me toma
la mano y comenzamos alejarnos, no fue la mejor forma de que
se conocieran pero es hora de dejarlos solos, Andrés hasufrido
por veintiséis años la pérdida de su mujer e hijo, y ahora apa-
rece su hijo, los milagros a veces si existen, cuando llegamos a
la puerta de la cocina, me giro a mirarlos, aun están en la misma
posición ninguno se ha movido un centímetro, sonrío, es hora
de que alguien pueda ser relativamente feliz.
El camino al instituto transcurre en silencio, Candice solo se
dedica a conducir y Ricardo está acostado en la parte trasera del
auto, según palabras suyas está muy cansado, y tiene sueño por
haber pasado una noche muy movida, la fiesta lo dejó exhausto,
BARBARA CONTRERAS
60
el tener tanta sangre junta y no poder dar una probada fue una
tortura.
Cuando entramos en el estacionamiento estoy decidida a
bajarme y salir corriendo a mi salón para así aunque sea entre-
tenerme en algo y no pensar en lo que acabo de hacer en casa,
cuando estoy quitándome el cinturón Candice habla.
— Aun estoy tratando de asimilarlo. — Levanto mi cabeza
para mirarla, no digo nada, pues veo que sus ojos están dilata-
dos, le pasa algo. — ¿Andrés tiene un hijo? — Las lágrimas caen
por sus mejillas. — ¿Un hijo? ¡Un hijo! — Dice la palabra como
si al repetirla varias veces perdiera sentido. – ¡Un hijo!
— ¡Candice! ¿Qué pasa?
— ¡Nada! es solo que pensé que. — Se detiene para agarrar
un poco de aire. — Pensé que tal vez él algún día se fijaría en mí,
que tal vez no lo había hecho porque no estaba preparado para
una relación pero… pero… él ya ha amado, es por eso que no
me hace caso, es por eso que para él solo sigo siendo como una
estúpida hermana menor. — Es la primera vez en mucho tiempo
que veo a Candice llorar, y lo está haciendo por un hombre, por
un amor no correspondido.
— ¡No! Por favor no te pongas así. — No es normal verla
en este estado y mucho menos con lágrimas en sus ojos cuando
se ve tan fuerte todo el tiempo, me inclino hasta ella y pongo
mis brazos sobre sus hombros atrayéndola a mí, su rostro en mi
cuello, sus lágrimas mojan mishombros. — Andrés es un idiota,
tú eres hermosa, divertida, además de fuerte, si vieras mas allá de
él te darías cuenta de que hay muchos chicos interesados en ti.
— Pero a mí me interesa él. — Se separa de mí, se limpia las
lágrimas con sus manos, se mira en el espejo tratando de quitar
todo rastro de estas. — Tú también eres fuerte, hacer lo que hi-
ciste hoy.
— No quiero hablar de eso. — Interrumpo antes de que sea
Lazo Irrompible
61
yo quien me ponga emocional, entiende mi indirecta, se quita
el cinturón, el cual se pone por costumbre porque no moriría a
causa de un choque, antes de salir me giro y comienzo a empujar
a Rick, él murmura algo que no logro entender. — Despierta,
hemos llegado.
— ¿Tan pronto? — Se estira un poco y da un gran bostezo,
no escucho nada de nuestra pequeña conversación. — Bajare en
un minuto debo alimentarme antes. — Asiento y me bajo del
auto, Candice hace lo mismo y juntas comenzamos a caminar
al instituto, nos despedimos en la puerta ya que su grupo de
amigas como siempre está allí,continúo mi camino al salón, po-
siblemente cuando este allí pueda pensar un poco en todo, pero
antes de cruzar por el pasillo una mano me hala por el codo
haciéndome girar.
— ¿Qué fue tan importante para dejarme sola anoche? —
Corina está frente a mí luciendo muy diferente a como luce
comúnmente. Sus ropas son muy deportivas y por primera vez
la veo sin sus grandes tacones y gafas.
— Emergencia familiar. — No miento del todo, en realidad
fue una emergencia familiar. — Además de que ya estaba algo
pasada. — Hago una señal en mi cabeza que indica que estaba
mareada, eso tampoco es una mentira, es extraño que esta ma-
ñana no haya despertado con resaca por haber tomado más de
lo que mi sistema puede soportar. — No acostumbro tomar al-
cohol.
— No tenía que haberte ofrecido alcohol en primer lugar, yo
tampoco debí tomar hubo un momento en que no sabía quién
era sino fuera por Claire que me llevo a casa quién sabe si hu-
biera llegado. — ¡Claire! Claro así se llamaba la chica gótica.
— No soporto el dolor de cabeza ¿Ya vas a clases? — Asiento.
— ¡Vamos! — Se engancha a mi brazo y comenzamos a caminar
juntas. ¿En realidad ahora se cree mi amiga? Solo por haber ido
BARBARA CONTRERAS
62
a la fiesta con ella.
Entramos juntas al salón que aun estávacío, solo tres chicas
están sentadas en la parte delantera, camino hasta una de las ul-
timas mesas, Corina se sienta sobre la tabla de la mesa. — Sabes
que Ricardo ayer estuvo a punto de besarme.
— ¡¿Qué?! — Por primera vez tiene toda mi atención. —
¡¿En serio?! — Asiente con una sonrisa en sus labios, se pone
nerviosa y comienza a buscar algo en su bolso, saca una pequeña
cajita roja dentro de esta están sus lentes, se los coloca, si son de
aumento después de todo.
— Ya estaba un poco mareada pero lo recuerdo, me dijo co-
sas raras como que lo que iba a ser era peligroso y que tal vez
después se arrepentiría pero le dije que no me importaba. — Sus
ojos castaños brillandetrás de la montura pensando en la noche
anterior. — Pero antes de que pudiera pasar se tenso y se fue
corriendo, no sé qué paso. — Fue en ese momento que perc-
ibió el olor de mi sangre. — ¿Por cierto que le paso a tu mano?
— Estáse encuentra vendada por el corte que me hice la noche
anterior.
— Estaba tan mareada que me caí y me corte pero nada serio,
entonces mi primo se cohibió contigo. — Digo tratando de re-
gresar al tema principal.
— ¿Cohibirse? Yo diría que huyo de mí. — El salón comien-
za a llenarse y el timbre suena indicando que la primera hora
está por empezar. — Es hora de irme, en la cafetería en el primer
receso, Claire también estará allí, necesitamos hablar.
— ¡Claro! — Y a pesar de todo lo que estoy pasando, me en-
cuentro deseando ansiosa la hora del receso para ver a las chicas,
puede serque solo deseo ser normal por unos pocos minutos.
Lazo Irrompible
63
Cuando entro a la cafetería el olor a la comida me abruma,
por primera vez siento el olor tan fuerte que quema mi nariz por
dentro, Corina y Claire están sentadas en la mesa del medio, hay
un par de chicos con ellas por lo que mecontengo un poco en la
entrada, pienso en dar la vuelta e irme pero Claire me ve y me
llama con sus manos, no tengo otra opción que acercarme, los
dos chicos que están en la mesa (Creo haberlos visto en la clase
de historia), se están levantando en el instante en que llego.
— Es hora de dejar a las chicas hablar de sus cosas. — Dice
uno de ellos, el otro solo asiente y se van juntos, el que no hablo
es Peter Archie aquel que organizo la fiesta el día anterior.
— Les dije que solo podían acompañarnos hasta que llegaras,
obviamente saben que hablaremos cosas que ellos no pueden
escuchar. — Dice Corina antes de darle un mordisco a su em-
paredado. — ¿No comerás?
— ¡No! No tengo hambre. — Y es cierto, no tengo hambre
aunque esta mañana tampoco desayune en casa. — Sabes que le
gustas a Peter verdad. — Le digo por la forma en que él la es-
taba mirando hace unos segundos y por como lo sigue haciendo
desde otra mesa.
— Por supuesto que lo sabe. — Claire interviene. — El pobre
ha estado detrás de ella desde primero, y míralo aquí cinco años
después aun babea por Corina.
— No babea por mí, no veo que deje un rastro detrás de
él. —Increíblemente me encuentro riendo ante ese comentario
junto con Claire, se siente bien, se siente normal, el sentarse y
hablar cosas de chicas, esto es lo que las personas normales de
mi edad hacen a diario, me he perdido de esto toda mi vida, a lo
mejor hacer amigas no sea una mala idea.
BARBARA CONTRERAS
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— ¿Y él está lejos? — Pregunta Claire, después de hablar de
muchas cosas sin sentido me preguntaron si tenía novio y les
respondí que si, ellas conocieron a Sebastián por los pocos días
que asintió aquí, la mentira que se dijo cuando dejó de asistir
fue que se inscribió en un instituto en el exterior, les aclare que
no es mi primo, sus padres habían sido amigos de los míos y
murieron juntos por lo que mis hermanos mayores decidieron
hacerse cargo de él hasta que fuera mayor de edad debido a que
no tenía ningún familiar directo.
— Sí pero me llama todo el tiempo, el que le saliera esa beca
fue lo mejor que le paso según sus propias palabras. — Estoy tan
acostumbrada a mentir que me sale de manera natural, me siento
mal al hacerlo, ellas no merecen mis mentiras.
— ¿Y tus hermanos no se opusieron cuando decidieron estar
juntos? — Corina está preguntando, obviamente pensando en
todo lo que implica el enamorarte de alguien tan cercano, en
los humanos es visto de mal modo. — Lo digoporque son casi
parientes.
— ¡No! Caleb respeta mis decisiones y Sebastián y yo nunca
nos vimos como familia. — ¡Rayos! Me siento mal al decir tantas
mentiras juntas, la cafetería empieza a quedarse vacía por lo que
de seguro pronto sonará el timbre anunciando la segunda ronda
de clases. — Pero mejor cambiemos de tema, ¿Desde cuándo…?
— Me detengo al sentir mi celular vibrar en mis bolsillos.
— ¿Desde cuándo qué? — Les indico que esperen con un
movimiento de mi mano, me ha llegado un mensaje de texto y
mi teléfono últimamente no suena demasiado por lo que debe
ser algo importante.
Lazo Irrompible
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“Es difícil conseguir una computadora, a las diez de la noche
en suelo sagrado, esperare por ti por una hora, sino vas me iré y
será como si no me hubieras llamado. — Nicolás —“
El timbre suena, ambas resoplan a mi lado, pero mi cabeza
solo está pensando en cómo saldré de casa sin ser vista cuando
hay miles de ojos vigilando, está es la única oportunidad de pod-
er ver y hablar con Nicolás.
— ¡Corina! ¡Claire! — Las llamo aunque aún las tengo frente
a mí recogiendo las bandejas de comida para llevarlas a su lugar.
— Necesito su ayuda.
— ¿Ayudarte en otro examen? — Claire sonríe cómplice
de nuestro truco el día anterior, pero no es eso lo que quiero
aunque bien podría ayudarme la próxima semana.
— ¡No! Es otra cosa. — Annissa Catalina Collins nunca
aprende, siempre término haciendo planes para escaparme que
nunca salen bien pero necesito ver a Nicolás, es ahora o nunca.
—Tengo que ver a una persona esta noche.
— ¿Y cuál es el problema con eso? — No sé cuál de las dos
lo pregunta porque estoy tranzando un plan mentalmente que
incluye a Corina ó a Claire la que quiera ser parte de esto.
— El verlo es una traición a mi familia. — Por primera vez en
toda la mañana digo la verdad, ambas siguen calladas esperando
más. — Solo necesito que llamen a casa y digan que me quedare
en una especie de pijamada o algo.
— ¿Y que se supone que harás? — Corina está muy seria,
como si esto no le estuviera gustando nada.
— Ver a un amigo, sino lo veo hoy perderé mi oportunidad
de hacerlo, es de vida o muerte, por favor ayúdenme. — Ambas,
Corina y Claire se miran, se comunican con una simple mirada
después me miran a mí. — ¿Por favor?
— Es imposible que diga que en mi casa habrá una pijamada,
somos demasiados allí, si tu hermana llama se descubrirá la men-
BARBARA CONTRERAS
66
tira.
— Haremos una pijamada en mi casa. — Claire también está
seria, es que acaso nunca han inventado algo a sus padres para
salirse de casa, ¿Qué clase de adolescentes son? — Pero una ver-
dadera, si vamos ayudarte tiene que ser perfecto, te buscaremos
en tu casa e iremos a la mía, mi madre trabaja de noche por lo
que salir después será fácil, te acompañaremos a ver a tu amigo,
pero Annie solo te ayudaremos si dejas que te acompañemos.
— ¡Hecho! – En este momento aceptaría cualquier cosa. —
Entonces tenemos una pijamada. — Una punzada en mi estom-
ago me trae recuerdos del día que fui a la iglesia con Natally,
pero ellas son diferentes, lo sé, Corina y Claire se preocupan por
mí aunque solo tenemos conociéndonos, hago un gran cálculo
mental para llegar a la conclusión de que es solo un día, creo que
ahora puedo decir que tengo amigas, espero no arrepentirme
después.
Capitulo 6:
Lazo Irrompible
67
E
ntrar en casa ahora se siente tan diferente, mi rutina en
las últimas semanas había sido el llegar, mantenerme
fuerte y tratar de seguir día a día, todo esto era recom-
pensado cuando pasaba la puerta de la habitación de Sebastián,
mirarlo me hacía sentir fuerte, me decía que debía continuar por
los dos, pero ahora, él no está, se ha ido y estoy sola.
Su olor aún está impregnado en la almohada, en las sabanas,
en sus ropas, parece como si solamente estuviera de viaje, tal vez
si me creo la historia que les conté a las chicas será más fácil so-
portar su ausencia, pero es imposible porque conozco la verdad,
él no está de viaje y no regresara a menos que haga algo, tengo
que encontrar la manera de regresarlo, estoy más que decidida a
encontrar una cura, porque sé que existe, debo aferrarme a eso
porque si no estoy segura de que me volveré loca.
Una mano fría se posa en mi mejilla haciéndome respingar,
no me di cuenta en qué momento me quede dormida, mamá está
frente a mí, bostezo un poco antes de ponerme completamente
alerta ¿Qué hora es?
— Corina ha llamado. — Me informa sentándose a mi lado,
hago lo mismo, me siento rápidamente, alerta. — Dijo que
tenían una reunión de chicas esta noche.
Asiento con algo de dudas, anoche me dijo que más nunca
iría a una fiesta aunque una pijamada no es necesariamente una
BARBARA CONTRERAS
68
fiesta. — ¿Qué hora es?
— Son las siete treinta, dormiste casi toda la tarde. — Es
cierto, recuerdo haber estado en la habitación de Sebastián pero
todo allí me recordaba a él así que me encerré en mi cuarto y
después de eso… nada. — Tu padre no quiere que vayas a esa
reunión con tus compañeras. — Abro la boca para objetar pero
no sé qué decir, perderé la única oportunidad que tengo de ver a
Nicolás, sino voy perderé esta única oportunidad. — Dice que
cada vez que sales pasa algo y estoy empezando a creer que es
cierto.
No tengonada con lo que defenderme, eso es completamente
cierto, posiblemente no me dejaran ir, se me forma un nudo en
el estomago de solo pensar que esta será la última vez que él se
arriesgue por mí. — Pero la madre de Claire llamo y dijo que no
habría problema con que te quedases en su casa. — Mi boca se
abre un poco por la sorpresa. —Diviértete. — Se inclina hasta
mí y me besa en la frente. — No te metas en problemas.
— ¡Mamá! — La detengo antes de que se levante y se vaya
de mi lado, me inclino fuertemente hasta ella y la abrazo, como
siempre huele estupendamente bien. — Discúlpame por favor,
discúlpame.
— ¿Por qué habría de hacerlo cariño?
— Los he tratado como si fueran los malos cuando querían
hacer lo mejor por Sebastián, sé que querían hacer lo correcto,
estar así era muy duro para el mismo.
— Annie. — Me separa de su lado, estamos muy cerca, mirán-
donos fijamente. — Has tenido que pasar por muchas cosas en
tan poco tiempo y te admiro porque eres fuerte,te prometo que
Sebastián regresara con nosotros. — Sonrío y creo en sus pal-
abras, ella es la mujer que más admiro, mi madre, aquella que
nunca me dejara caer sean cuales sean las circunstancias. Al cabo
de unos minutos se marcha dejándome sola, agarro mi celular
Lazo Irrompible
69
para escribirle a Claire, ha sido increíble que le dijese a su madre
que hablara con los míos, aunque ellas no supiesen eso.
Alexandra me ayuda a preparar algunas cosas para la pijama-
da, ropas de dormir, cepillo de dientes y cualquier tontería útil
para mantener la farsa.
— ¿Vendrán por usted?— Cuando alzo la mirada para verla
rectifica el usted. — Lo siento es difícil acostumbrarme, vendrán
por ti.
— Si, Corina me dijo que ya venía en camino. — Camino
hasta el armario y saco un suéter marrón, me quedaun poco
grande pero no importa, la puerta suena cuando estoy termi-
nando de arreglarme, Alex deja su labor y se dirige abrir.
— Noche de chicas. — Escucho la voz de papá a mis espaldas,
cuando me giro noto que estamos solos, Alexandra ya ha aban-
donado el lugar. — Enviare a Alejandroa buscarte en la mañana.
— El nuevo ayudante al que papá le confía su propia vida.
— No es necesario papá.
— ¡Lo es! No quiero tener que preocuparme una vez más
por ti, y el tenerte afuera esta noche no ayuda.
— Piensa en que solo quedan dos meses, en dos meses podrás
dejar de preocuparte por mí, dejaré de ser una débil humana y
seré como ustedes, ya no seré una carga.
— Siempre me preocupare por ti, siempre me preocupo por
todos. — Asiento y miro mi celular aun nada del mensaje de
Corina que indique que está afuera. —Ayer le pedí a Ricardo
que ayudase a Daniel en todo, él no sabe nada de nuestro mun-
do, es ignorante de todo, vine para decirte que lo ayudes tam-
BARBARA CONTRERAS
70
bién, es tu sobrino pero no te pido que lo trates como tal, míralo
más como un nuevo primo.
— ¿Cómo está Andrés? — Cuando llegue esta tarde no es-
taba ni él y tampoco Daniel por ningún lugar a la vista.
— En shock, pero es su hijo, el que tanto busco, así que no te
preocupes, está feliz, por primera vez creo que está feliz.
— Todos lo estamos, desde que me mostro el pendiente supe
que era parte de esta familia. — Mi celular vibra en mis manos,
leo el mensaje que tanto he esperado. — Corina ya está afuera.
— Me gustaría conocerla, tráela mañana, pero si no quieres
lo entiendo.
— Les diré, pero papá recuerda que para ellas eres mi her-
mano mayor y no mi padre. — Él me mira con una cara que me
dice “lo sé” y ambos nos reímos. — Nos vemos mañana. — Voy
hasta él y le doy un beso en la mejilla.
Bajo las escaleras corriendo quiero salir de casa lo más rápido
posible, Candice está en la sala junto con Ricardo quien espía
por la ventana, mañana me burlare de él por el intento fallido de
beso que tuvo en la fiesta, ahora lo que necesito es irme.
La camioneta está estacionada frente a la puerta, el vidrio
baja automáticamente cuando estoy bajando los escalones.
— ¡Hola! — La saludo mientras me subo.
— Ya todo está arreglado. — Coloco un dedo en mis labios
para indicarle que no hable, si dice algo corro el riesgo de que
alguien nos escuche, ella asiente aunque de seguro no entien-
denada, ya estamos solas y podemos hablar lo que queramos,
cuando la camioneta sale de las rejas de la casa me permito rela-
jarme un poco, el aire que estuve conteniendo sale lentamente.
— Lista para una gran noche. —Me dice Corina mientras
enciende el reproductor de música, cuando me giro a verla, casi
grito al ver a Juliánen el sendero del bosque, observa el auto y
sonríe de una manera que me dice “Te pasara algo, lo sé”
Lazo Irrompible
71
— Sí, estoy lista. — “Completamente lista” pienso para mí
misma.
La casa de Claire está en el centro del pueblo, cerca de la
plaza, en una de las pocas zonas residenciales, todas las casas son
exactamente iguales solo los colores con que eran pintadas las
diferencian y también la magnitud del jardín. Corina se estacio-
na frente a una casa amarilla, con un jardín que solo consiste en
grama muy bien cuidada y en un pequeño arbolito de mediana
estatura. La puerta se abre y Claire sale a recibirnos, su cabello
está algo alborotado.
— ¡Bienvenida! — Me dice cuando estoy frente a ella, se inc-
lina hasta adelante y me abraza. — Hice que mamá llamara a tus
hermanos por si acaso te ponían “peros”
— Esa fue mi idea. — Objeta Corina a nuestro lado.
— No importa de quien haya sido la idea, solo quiero que
sepan que por eso fue que me dejaron venir. — Corina se lleva
sus dedos de la mano derecha a su cien y la señala varias veces.
— Entonces ¿Qué haremos?
Claire levanta los hombros como diciéndome que no tiene
idea, antes de caminar hasta su casa, Corina la sigue de cerca,
me acomodo el bolso al hombro y las sigo con el corazón mar-
tillándome fuertemente dentro de mi pecho, faltan pocas horas
para ver a Nicolás, dentro la casa es pequeña, al entrar estamos
de lleno en la sala la cual está adornada con muebles blancos y
floreros de rosas rojas artificiales en cada rincón, las escaleras
de la parte alta están en el fondo y junto a ella un pasillo que
dirige a las otras secciones de la casa. Roseta la madre de Claire
es enfermera por lo que algunas veces le toca trabajar de noche
como hoy, y ella se queda completamente sola ya que no tiene
hermanos y su papá hacía tiempo que no vivía con ellas.
Su habitación está en la planta alta, es algo pequeña pero bas-
tante acogedora, su cama es individual aunque bastante cómoda,
BARBARA CONTRERAS
72
las tres nos acostamos en la cama y comenzamos hablar o ellas
comienzan hacerlo porque mi cabeza está a kilómetros de aquí.
— ¿Y en donde veras a tu amigo? — Me preguntan al cabo de
un rato mientras hacen zapping en el televisor.
— En la que fue su casa mientras vivió aquí.
— Si vivió aquí entonces debimos conocerlo, tampoco es que
seamos una gran ciudad. — Los ojos castaños de Corina me mi-
ran interrogativamente — ¿Quién es?
— Nicolás Smith. — Ambas abren su boca en forma de O.
Nadie sabía porque los Smith habían huido del pueblo después
de que su hogar se había destruido. — Él es mi amigo.
Los minutos continuaron pasando, después de esa confesión
las cosas se pusieron algo frías, ellas saben donde habían vivido
los Smith y los rumores decían que habían huido porque estaban
involucrados con el terrorismo, el narcotráfico y un montón de
cosas más dignas de una película de policías y ladrones, casi las
mismas historias que se dijeron cuando mi familia llego a Bran-
ford, parece que las personas de aquí necesitaban con urgencia
algo de acción.
Cuando el reloj marca las 9:30 me levanto de la cama y me
voy asomar en la ventana, la iglesia queda en el otro extremo,
si voy caminando podre llegar por si ellas no quieren acompa-
ñarme pero se niegan a dejarme ir sola, se habían comprometi-
doa acompañarme y no se echarían para atrás ahora.
— Podemos ir caminando. — Les digo cuando ya estamos
fuera de la casa, las calles están vacías, y solo las farolas iluminan
Lazo Irrompible
73
algunos pequeños espacios.
— ¡No! Tardaríamos mucho en llegar, lo mejor es ir en la
camioneta. — Claire y yo estamos de acuerdo en seguida, cami-
nar por esas calles a estas horas solo es tentar a la suerte. — Bien
chicas, es hora.
Mi corazón martilla fuertemente en mi pecho, el camino
aunque es corto se me hace eternamente largo, cuando nos esta-
mos estacionando en el lindero de la carretera estoymuy nervi-
osa, las chicas en el asiento delantero se quitan los cinturones de
seguridad y se giran hacia atrás.
— ¿Quieres que te acompañemos? — EsClaire quien habla,
yo solo niego con la cabeza. — Pero esta oscuro.
— Conozco el camino, esperen aquí, no tardare mucho.
— ¡Vale! pero sino regresas en veinte minutos iremos por
ti. — Asiento creyendo su advertencia, cuando salgo la brisa fría
de la noche hace que se me ericen los vellos de los brazos, se
me olvido traer el suéter que me quite cuando entre en casa de
Claire.
Mis pasos son lentos cada vez que comienzo adentrarme
más y más al bosque por el camino de tierra que es diferente
al resto,el suelo crujebajo mis pies por lo que si hubiera alguno
de mi especie por aquí me escucharía. Los arboles comienzan a
despejarse un poco, estoy cerca, cuando salgo de la oscuridad,
la claridad de la luna iluminagran parte donde aun reposan las
ruinas de la iglesia, esa que fue tan imponente la primera vez que
la vi, aquella donde miles de vidas de vampiros fueron extinguié-
ndose, donde la vida de Sebastián también se extinguió. Se ve tan
desolado, tan vacío, el sonido de la puerta quemada se escucha
muy fuerte cuando está siendo apartada, en este momento estoy
arrepintiéndome de haber venido, y si es una trampa, ¿Por qué
pienso en eso justo ahora? ¿Por qué no lo pensé antes? Es algo
lógico, un mensaje de texto no me dice que fue él quien lo envió.
BARBARA CONTRERAS
74
Esto es una trampa.
— ¿Annie? — Lo veo salir y escucho mi nombre, es él.
Nicolás sale de la iglesia, su cabello rubio resalta entre tanta
oscuridad, cuando lo veo salir completamente, los ojos se me
dilatan, lo tengo frente a mí, Nicolás está aquí. Corro antes de
darme cuenta de que lo estoy haciendo, subo las escaleras trope-
zando con mis propios pies, pero no me importa caer, solo quie-
ro tenerlo cerca y ver que no es un sueño, lo abrazo fuertemente
guidándome de su cuello, él también me abraza fuertemente. —
Eres tú, eres tú. — Repite con su aliento en mis cabellos. — Aún
eres tú.
— ¡Sí! Soy yo. — Cuando nos separamos, Nicolás acuna mi
cara en sus manos, sus ojos también están dilatados, el verde
volviéndose más oscuro casi negro. — Te extrañe tanto.
— ¡Yo también! no sabes las ganas que tenía de verte, y de
pedirte perdón, por todo.
— No es tu culpa, nada de lo que paso es tu culpa. — Él niega
con su cabeza, las lágrimas quieren salir de sus ojos pero las re-
tiene. — Estás aquí, estás bien eso es lo importante, estás bien.
— Nos lleva algunos minutos el separarnos y dejar las emocio-
nes de lado, nos sentamos en los escalones que están mugrientos.
— Todo quedó inservible. — Me dice refiriéndose a las cosas
que habían dejado atrás al momento de la huida.
— ¿Tuviste problemas con tu familia? ¿Con los cazadores?
— Su mirada se pierde en el horizonte hasta que responde en un
hilo de voz.
— Las cosas han sido difíciles, mi padre está resentido y se
niega hablarme, evita estar en la misma habitación en la que es-
toy.
— Lo siento.
— No lo hagas, lo que hice fue mi propia decisión y no me
arrepiento, salve muchas vidas, te salve a ti. — Cuando me mira
Lazo Irrompible
75
hay una sonrisa en su rostro. — Y creo que eso es más impor-
tante que cualquier otra cosa.
— Por eso decidí buscarte, eres el único en quien puedo con-
fiar.
— ¿Y Sebastián? — Cuando me pregunta por él, una pun-
zada de dolor atraviesa mi estomago. — ¿Dónde está él?
— Por eso te llame, es por Sebastián, ese día cuando hui-
mos le hicieron algo que para nosotros es mortal. — Trago saliva
antes de continuar. — El medio que usaron para torturarlo fue
hacerlo beber agua bendita.
— ¡¿Qué?! — Se levanta de un salto, conoce lo que eso sig-
nifica. — Ellos. – Esta indignado, sus manos van directo a su
cabeza. — No me dijeron eso…
— No ha despertado desde entonces y muchos dicen que es
imposible que lo haga, si el suelo santo es perjudicial para no-
sotros el agua bendita es mortal.
— Annie. — Se arrodilla frente a mí y toma mis manos, está
tibio, siempre notare la diferencia entre su piel y la de Sebastián.
— Lo siento tanto.
— Necesito tu ayuda. — Sentencio, es esto lo que he estado
esperando. — Necesito que me ayudes a encontrar el modo de
regresarlo, eres un cazador tienes que tener información o tal
vez un lugar donde puedas encontrarla, lo que sea, solo quiero
buscar algo que me pueda ayudar a traerlo de regreso.
— ¿Existe una cura?
— ¡No lo sé! Pero me estoy aferrando a eso, porque si no
existe una cura, no querré la eternidad, no querré una eternidad
donde Sebastián no esté ¿Me ayudarás? — Su mirada es firme,
está pensando en todo lo que acabo de decirle, hasta que final-
mente accede.
— Estoy jugándome la permanencia entre los cazadores al
venir aquí pero necesitaba verte y saber qué había hecho que
BARBARA CONTRERAS
76
me llamaras, Annie hay un nuevo grupo que será enviado aquí,
pensé que ya estaban aquí y que necesitabas mi ayuda, necesitan
tenerlos vigilados, ten mucho cuidado, no confíes en nadie.
— Es fácil saber quién pertenece a la serpiente. — Le señalo
su antebrazo en donde reposa la gran X con la serpiente bor-
deándola. — Tú serás el único cazador con el que confraterniza-
re. — Sonríe levemente ante eso.
— ¡Es bueno saberlo! Trataré de averiguar lo que pueda, y te
escribiré, este número solo lo conozco yo. — Saca un bolígrafo
de su bolsillo y lo escribe en mi mano. — Nadie sabe que lo ten-
go por lo que es seguro, de allí me estaré comunicando contigo.
— ¡Bien! por mensaje es más seguro, mi celular puede estar
intervenido.
— Hay que tomar precauciones. —Me rio ante eso, él no
entiende el porqué, es una broma privada, Nicolás mira su reloj,
son las 10:35 las chicas seguramente ya están en camino aquí o
debatiendo si entraran o no al bosque. — Debo irme, salí desde
la mañana para poder llegar al pueblo.
— ¿En dóndeestás?
— En otro condado, no importa donde este, lo que importa
es que te ayudare, regresaremos a Sebastián te lo prometo. —
Nos abrazamos fuertemente otra vez, esta será una nueva despe-
dida. Quien sabe cuando nos volveremos a ver. — Ten cuidado.
—Lo tendré. — Me levanto de puntillas y lo beso la mejilla.
— Estás helada, mejor vete antes de que te enfermes.
— Los semi-vampiros no nos enfermamos. — Me ayuda a
ponerme en pie, la mano donde está anotado el número se si-
ente increíblemente pesada. — Ten cuidado también. — Él solo
asiente.
Comienzo mi camino de regreso al auto, una vez estando
cerca de los arboles me volteo para mirarlo una vez más, cuando
lo hago agita su mano izquierda en modo de despedida, lo imito
Lazo Irrompible
77
y con eso corro de regreso a la carretera.
Cuando salgo a la carretera, Corina y Claire están esperán-
dome fuera de la camioneta, cuando me ven ambas sueltan aire,
aliviadas. Claire corre hasta mí.
— Estábamos preocupadas. — En su cara se ve que es cierto,
estámucho más blanca de lo normal. — Queríamos ir a buscarte
pero está muy oscuro y…
— Entiendo, es peligroso internarse así en el bosque, pero
estoy bien.
— ¿Y pudiste ver a Nicolás? — Corina está preguntándome
con algo de ironía en su voz, no entiendo el porqué.
— ¡Sí! Gracias por esto chicas, no sabré como agradecérselos.
— No tienes porqué, vamos, es hora de ir a casa.
Una vez dentro de la camioneta, saco el celular de mi bol-
sillo y marco los números que están en el dorso de mi mano.
Lo guardo con el nombre de N para que nadie sepa quién esó a
quién se refiere, escriboun rápido mensaje que solo dice “Gra-
cias” cuando termino de enviarlo tengo una sonrisa en mi ros-
tro, las cosas van arreglarse, confío en que Nicolás encontrara la
forma de que Sebastián regrese a la vida.
BARBARA CONTRERAS
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Capitulo 7:
D
espertamos a las nueve de la mañana, o Claire des-
pertó y se encargo de que Corina y yo también lo
hiciésemos, ahora son las diez treinta y aun tengo
mucho sueño así que me dedico a bostezar libremente, Claire
hace el desayuno mientras la observo desde la mesa de la cocina,
en lo único que puedo pensares en poder dormir nuevamente. El
olor a huevo y tocineta es muy fuerte y hace que mi estomago
se mueva de forma extraña como con nauseas, nunca he sentido
esto por lo que no estoy muy segura.
Cuando coloca un plato frente a mí con toda la comida, estoy
a punto de vomitar encima de éste pero respiro lentamente para
alejar el malestar.
— ¡Corina el desayuno está listo! — Grita Claire en dirección
Lazo Irrompible
79
a las escaleras, ella aun se encuentra en la habitación supuesta-
mente organizándola, pero ambas sabemos que está durmiendo
un poco más, escuchamos un “Voy” a lo lejos. — Espero que te
guste. — Yo sonrío mientras agarro el tenedor que está frente a
mí, no puedo decirle que no me apetece comer o que no quiero
porque se tomo la molestia de cocinar.
Cuando el primer bocado entra en mi boca, los sabores se
disparan inmediatamente, haciendo que mi estomago se con-
traiga, cuando trago pasa raspando mi garganta. — ¿Te gusta?
— Hay duda en su voz como si escuchara mis pensamientos, o
probablemente estoy haciendo alguna mueca desagradable.
— ¡Delicioso! — Miento para no hacerla sentir mal, pero en
realidad, sabe horrible.
— ¡Buenos días! — Corina entra a la cocina, como solo ella
sabe lucir un domingo a las diez de la mañana, su cabello está
perfectamente liso, si nos comparan a Claire y a mí con ella
indudablemente dirían que parecemos dos indigentes, pero
¿Quién se arregla tan temprano? — Huele delicioso. — Se sienta
a la mesa junto a míy comienza a comer, hace sonidos aproba-
dores. — Claire, como siempre delicioso. — No entiendo por
qué me sabe mal, por qué el olor haceque el estomago se me
contraiga con ganas de vomitar.
“Poco a poco se va perdiendo el amor a la comida solida” pero
aun mi transformación no ha empezado, además de que la comi-
da empieza a reprocharse días después de la primera comida de
sangre, no entiendo nada.
A pesar de las nauseas me obligo a comerme toda la comida,
luego de varios bocados la aversión fue pasando y pude comer
tranquilamente, necesito hablar con mi padre de esto tal vez me
estoy enfermando por primera vez en mi vida. — Se me había
olvidado decirles que mi hermano las invita a pasar esta noche
en nuestra casa, quiere conocerlas.
BARBARA CONTRERAS
80
— Se ve que eres la menor. — Se burla Corina mientras come.
— ¿Y tu hermano es guapo como tú primo y como tu hermana?
porque siendo sinceras en tu familia todos parecen sacados de la
televisión.
— A excepción de mí. — Me burlo un poco, sé que los vam-
piros son físicamente más atractivos que cualquier humano y
que esa fachada hace que las presas se sientas atraídos, yo soy
humana por lo que aún no tengo esa belleza exquisita que po-
seen todos en casa. — Mi hermano es, si son guapos los dos.
— Escuchaste Corina son dos hermanos, uno para cada una.
— Ambas reímos cuando Corina casi se ahoga con la comida.
—¡Cierto!a ti te gusta es el primo de la familia.
— ¡Cállate! — Está completamente roja y muerta de vergüen-
za, cosa que nos hace reír aun más, Corina es tan segura de sí
misma en la escuela y fuera de ella, tiene un montón de chicos
detrás no solo a Peter Archie y aun así cuando le nombran a mi
primo es como cualquier otra chica del mundo,el timbre suena
haciendo que nos callemos un poco, Claire se levanta de la mesa
y va a ver quien visita tan temprano. — Annie, ¿Ricardo estará
esta noche?
— Es su casa donde más podría estar.
— Annie. — Claire aparece en el umbral, hay una mueca en
su cara. —Están buscándote, definitivamente la genética no te
beneficio en nada. — Seguramente es uno de los sirvientes de
la casa. — Dijo que te esperaba en el auto. — Tengo que subir
para buscar mi bolso, cosa que no me toma ni un minuto para mi
sorpresa la habitación si está ordenada, Corina no estaba dur-
miendo después de todo, cuando bajo me despido de las chicas,
haciéndolas prometer que irán esta noche.
Cuando salgo veo estacionado frente a la casa el mustang
naranja muy llamativo de Andrés, son casi las once de la mañana
¿Qué hace por la calle a estas horas? no creo que solo este bus-
Lazo Irrompible
81
cándome porque se preocupo por mí, camino directo al auto,
abro la puerta del copiloto sin siquiera mirar quien conduce,
cuando termino de sentarme y me girodoy un respingo cuando
veo a Daniel detrás del volante.
— ¡Hola! — Dicecon una sonrisa en sus labios. — ¿Tía?
— ¿Qué… qué haces aquí?
— Dijeron que alguien tendría que buscarte, por lo que me
ofrecí y ahora que tengo auto quería estrenarlo.
— ¿Auto? ¿Cómo que tienes auto? Este carro es de mi her-
mano.
— Mi padre, tu hermano es mi padre, por lo que todo lo suyo
me pertenece dijo algo parecido a eso. — Me toma unos segun-
dos detallar su ropa, es exactamente la talla de Andrés por lo que
ahora viste con algo de su closet,la cadena familiar sobresale en
su pecho. —Entonces ¿A dónde quieres ir?
— A casa. — Estoy molesta no puedo creer que lo hayan
enviado a él a buscarme.
— ¡Qué aburrida! Tenemos todo un domingo libre y quieres
ir a casa. — No le respondo. — Está bien te llevare a casa. —
Frunce el labio haciendo que una de sus comisuras se incline un
poco, exactamente igual a como hace Andrés cuando está moles-
to. — Pero antes quiero mostrarte algo, te prometo que estare-
mos en casa antes del medio día. — Es cierto que este chico es
mi sobrino, y que soy una de las responsables de que él pudiera
encontrarnos como familia, pero no sé porque justo ahora en
este momento sentada sola con él en un espacio tan pequeño me
siento extrañamente nerviosa,las palabras de Nicolás zumban en
mi cabeza “No confíes en nadie” — Entonces ¿Qué dices?
— ¡Okey! — Accedo, no tengo porque desconfiar, papá
navego en sus recuerdos, él no es peligroso, al contrario es uno
más de la familia y había sufrido mucho al no saber nada de sus
orígenes. Sonríe mostrándome sus dientes estos brillan por su
BARBARA CONTRERAS
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blancura, ahora que lo noto sus colmillos siempre están ligera-
mente expuestos, nunca completamente contraídos.
Después de varios minutos de haber iniciado la marcha no
pude contener más la interrogante. —Daniel — Le llamo él hace
un “Mmm” con su garganta. — Tus colmillos ¿Por qué nunca
están contraídos?
— No puedo contraerlos, ellos crecen mucho más cuando
tengo hambre o cuando me siento tentado por la sangre pero
nunca regresan al estado de antes, de cuando era humano quiero
decir, todos ustedes tienen sus dientes normales, yo no… por
más que intento contraerlos no puedo, siempre están así.— Me
muestras sus dientes.
— Casi no se nota. — Le dije para tranquilizarlo porque es
verdad, son un poco más largos que los otros dientes pero no se
nota a menos que sonría.
— Algunas chicas dicen que son sexys y eso es lo importante.
— Iba a reírme pero me contengo. — ¿Qué? — Me pregunta
cuando mira mi cara, mis labios apretados para evitar reír. —
¿Qué pasa?
— ¡Nada! No pasa nada. — Cuando hablo no puedo evitarlo
y me río.
— ¿Qué pasa? ¿De qué te ríes? ¿Tengo algo? — Comienza a
mirarse en el espejo retrovisor.
— Tú eres exactamente igual a mi hermano. — Dejade mi-
rarse en el espejo y vuelve su mirada a la carretera. — No cabe
duda que eres su hijo.
— Mi padre, es imposible que vea Andrés como mi padre, ni
siquiera aparenta veinte años, ni mis abuelos los aparentan.
— Juventud, ese es el beneficio de ser lo que somos, Andrés
estuvo muchos años pensando en ti, sufría en silencio por no
saber qué había pasado contigo y por haber perdido a Abril, por
favor, dale una oportunidad, puede que aparente ser un niño y
Lazo Irrompible
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créeme que su actitud a veces es igual a la de uno pero es tu padre
y te ama aun cuando no te conoce.
— ¡Lo sé! Vi los recuerdos de esto. — Su mano derecha toma
la C que cuelga en su pecho. — Los recuerdos de mi madre están
allí, se amaban y me esperaban, ansiosos.
— ¿Tu poder? También puedes ver los recuerdos. —Exhalo
de alivio al saber que hay otro poder inactivo en la familia.
— No sabía que podía hacer eso, hasta ayer, cuando Caleb
me tomo de las manos creo que eso lo activo, Andrés me dijo
que no lo controlo, porque cada vez que toco algo recuerdos de
eso vienen a mí, por ejemplo toque una lámpara y vi como era
limpiada días atrás, es una locura. —El auto de repente se de-
tiene, no me di cuenta de donde me había llevado hasta que vi al
frente, la costa oculta de Branford, está vacía como casi siempre
ya que está prohibido bañarse allí, es muy profunda y hay gran
cantidad de peces hasta quizás tiburones, desde que estoy aquí
solo he venido una sola vez con mis papás, después de ese día no
regrese, la carretera es muy cerrada para llegar, las grandes olas
chocan en la arena y hacen un gran ruido. — ¿Puedo? — Me
tiende su mano, quiere tomar la mía y ver a través de mis recu-
erdos, mi mano derecha descansa en la suya, he inmediatamente
se hace la conexión, mis ojos se cierran de golpe, no abandonare
mi mente lo sé porque también tendré ese poder dentro de poco.
Trato de centrar mis pensamientos en recuerdos de mi her-
mano, en como lo veo desde que era pequeña en el gran super-
héroe que siempre estaba allí para rescatarme, en lo maravilloso
que es, los recuerdos pasan muy rápido sin dejarme pensar en
uno en específico, parece como si Daniel estuviese buscando
algo, quiero soltarlo pero no puedo es como si mi mano estuvi-
ese pegada a la suya, mi cabeza da vueltas rápidamente pasando
de un recuerdo a otro hasta que se detiene.
Me veo corriendo a la iglesia la noche anterior en busca de
BARBARA CONTRERAS
84
Nicolás, estoy abrazándolo fuertemente, después estoy otra
vez en la misma iglesia, pero es de día y Nicolás y yo estamos
allí, besándonos, ese fue nuestro primer beso, el recuerdo salta a
otro, estoy con Sebastián, él está mordiéndome el cuello toman-
do de mí y luego está diciéndome que me quiere en un recuerdo
diferente, mi mano se suelta de la de Daniel, estoy respirando
entrecortadamente.
— Lo siento. — Me dijo. —No quería ver algo tan personal,
no lo controlo, no se centrarme en nada en especifico. — Tiene
sentido, no sabía que tenía un poder hasta hace unas horas. —
¿Dos chicos? ¿Un humano y un vampiro? ¿Cuál ganara? —
Sonríe pero no es una sonrisa de alegría sino una de ánimo.
— No hay ninguna competencia. — Sentencio para salir del
auto, la brisa alborota mis cabellos cuando estoy fuera, estoy
algo cansada por la exposición de mi mente, escucho el sonido
de la otra puerta al cerrarse.
— ¿Estás bien? — Cuando alzo mi cabeza está frente a mí, le
digo que sí aunque es mentira, quiero dormir y mucho, otra vez
me siento extraña, la última vez que vieron en mis recuerdos no
fui yo quien termino cansada. — Quería venir acá, hace unos
días cuando llegue al pueblo estaba apurado tratando de encon-
trarlos por lo que no pude detenerme, pero me prometí volver
y aquí estoy, tengo tiempo sin darme un buen baño, extraño
California. — Comienza a quitarse la camisa, el sol está casi en
su punto máximo y aun así no le hace ningún daño.
— ¿Eres de California? — Él asiente terminando de quitarse
los zapatos. —Sabes que está prohibida verdad. — Le recuerdo
cuando ya está listo para ir a bañarse.
— No me pasara nada, soy inmortal. — Cuando se gira y me
da la espalda lo veo, tiene un tatuaje en el omoplato izquierdo,un
círculo con insignias que sobresalen de los bordes y se unen a los
otros que sobresalen como si se tragaran entre ellos, como ser-
Lazo Irrompible
85
pientes. — ¿Vienes?
— ¿Qué significa? — Me acerco hasta él y no puedo evitar
tocar su tatuaje,su piel es tan fría como la de los demás vampiros.
— Tiene que significar algo.
— Unión, me lo hice cuando era humano, un adolescente in-
fluenciado por su primo mayor, si quieres hacerte uno no dudes
en decirme y te llevo.
— No se supone que tú seas una mala influencia para mí, eres
mi sobrino lo que me hace tener el mando.
— Aunque seas mi tía, eres una niña. —No me gusto la for-
ma en que lo dijo iba a replicarle pero corre muy rápido a la
playa, saltay cae en el agua, sé que es muy honda por lo que me
preocupe, pero Daniel es un vampiro no morirá ahogado, por lo
menos no existen reportes de que alguna vez haya pasado.
Daniel se estaciona detrás del auto rojo que ahora le pertenece
a Candice, si está allí es porque saldrá en cualquier momento. —
El auto de Candice está afuera, es muy temprano aún. — Dije
para empezar a quitarme el cinturón apresuradamente.
— ¿Candice? — También se baja y me sigue a la casa, cuando
entramos escuchamos risas provenientes de la sala. —¿Me falta
conocer a alguien más de la familia? — Asiento “Alguien que
probablemente ya te odia solo por el hecho de saber que existes,
aunque no a ti sino a tu madre que a pesar de que está muerta
fue el primer y único amor de tu padre” pero me guardo esos
pensamientos para mí misma, ambos vamos juntos a la sala, allí
están Andrés, Ricardo y Candice, ésta última con un vaso lleno
de sangre en sus manos, Ricardo se burla de ella por su reciente
BARBARA CONTRERAS
86
dieta de sangre animal, la cual se debe a que en las fiestas que of-
recen en el club de sangre se sirve mucha sangre humana, alguna
hasta proveniente de la propia vena por lo que Candice debe
ser muy fuerte para no caer en la tentación, ya que esa sangre
mayormente está infectada y drogada, una droga que aun no
sabemos que contiene, lo que sí sabemos es que hace actuar a
los vampiros de forma diferente, Ricardo fue expuesto una vez
a ella, haciendo que perdiera el control de sí mismo y se alimen-
tara a plena luz del día en el instituto, Candice también tomo un
poco de esa droga aunque de un brote diferente porque esta no
la hizo actuar de la forma en que actuó Rick, sino que la volvió
muy exasperante.
— A la cuenta de tres. — Le dijo Andrés que está sentado
dándonos la espalda, aun no se han dado cuenta de que estamos
aquí. — ¡Uno… dos… tres…! — Candice lleva el vaso a sus la-
bios y comienza a tomar sin detenerse, Daniel a mi lado aspira,
veo como sus colmillos crecen un poco, Andrés en ese momento
se gira y nos ve, sonríe dándonos la bienvenida no notando que
su hijo a mi lado esta algo incomodo por la sangre.
— ¡Lo hice! — Da un grito de triunfo cuando se termina el
vaso,se gira y se percata de nosotros, sus ojos se abren como
platos al ver a Daniel, aún no había tenido la oportunidad de
conocerlo, una gota de sangre cae por la comisura de sus labios,
no sé en qué momento Daniel se mueve de mi lado, lo hace muy
rápido, ahora se encuentra frente a ella, Andrés se levanta de
su asiento y Ricardo también se pone alerta,sin mediar palabra
Daniel se inclinahasta ella y pasa su lengua por la pequeña mar-
ca de sangre,Candice está sorprendida, está allí increíblemente
quieta, al igual que todos en la habitación, ahora los labios de
Daniel están sobre los suyos, besándola, cosa que deja a todos
petrificados, ¿Qué está pasando?
Veo como Andrés aparta la mirada y al instante desaparece
Lazo Irrompible
87
de la sala, pasa a mi lado como un rayo, Ricardo me mira desde
el otro lado de la sala y dibuja un corazón con sus dedos en el
aire.
— ¡Suéltame! – Candice lo aparta de un empujón, algo tarde
porque ya tienen varios segundos besándose. — ¿Quién… quién
rayos te crees para besarme? — Daniel pasa sus dedos por sus
labios, y sonríe, sus ojos se ven más brillantes.
— ¿No podía hacerlo? — Dijo con bastante sarcasmo en su
voz. — No es mi culpa que bebas sangre en mitad de la casa.
— No es mi culpa que seas un completo adicto.
— Daniel. — Él tono de voz de Andrés es bastante fuerte,
está de regreso a la sala, en ese momento es que Candice se da
cuenta de su ausencia, lo sé por como voltea a mirarlo, este trae
una bolsa de sangre en sus manos. — Toma — Le ofrece el líqui-
do, Daniel prácticamente corre hasta él.
— No sabía que tenía hambre hasta hace un segundo, siento
esto. —Al parecer se está disculpando, Andrés solo niega con la
cabeza. — Es verdad, la sangre nunca ha sido prioridad para mí,
he aprendido a controlarme, lo siento. — Esta vez se disculpa
con Candice, ella lo observa con una mirada asesina. —Iré a mi
habitación, permiso. — Cuando está detrás de Andrés se gira a
mirar a Candice y le guiña un ojo, ella voltea la cara para igno-
rarlo, está molesta, cuando pasajunto a mí que aun no me atrevo
a entrar a la sala hace un movimiento con sus hombros. —Dile
que lo siento. — Me susurra.
— Sé que no. — Le respondo, él sonríe con satisfacción.
— Es tan, es tan. — Candice está histérica y molesta, y la
entiendo completamente, un desconocido acaba de besarla y sus
disculpas fueron completamente falsas.
— No es su culpa, fue la sangre lo que le hizo hacer eso, dis-
cúlpalo. — Andrés está serio, muy serio.
— Entonces solo lo olvido y ya, cada vez que él quiera be-
BARBARA CONTRERAS
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sarme cuando este alimentándome tendré que dejarlo, si es así
entonces dímelo para estar preparada.
— ¡Bien! Parece que la diversión se acabo, mejor voy a dar
una vuelta por, lejos de aquí. — Nadie le responde a Ricardo
quien a pesar de lo que había dicho continúa en el mismo punto,
no se ha movido un solo milímetro.
— Ya lo escuchaste, nunca le había pasado, no volverá a pas-
ar. — Mi hermano continúa excusándolo.
— ¡Ricardo! — Le llamo. — Acompáñame a… ven conmigo.
— Hace caso y viene en mi dirección, juntos nos vamos alejando
para dejarlos solos. — ¿Qué haces? — Le pregunto por como
estira su cabeza hacia atrás.
— Trato de escuchar algo.
— Deja de ser tan. — Le doy un codazo en las costillas, sé
que no le hace daño pero se queja de dolor. — Candice está mo-
lesta.
— Está molesta porque Andrés continúa excusándolo, aún
ahora. — Por la inclinación de su cabeza está escuchando todo.
— Ahora ella está diciéndole palabras que parecen salidas de un
cabaret.
— ¿Qué dice?
— Créeme no querrás saberlo. — Rick por fin deja de es-
cuchar o de prestar atención a lo que sucede en la otra habitación
y bosteza, está cansado. — ¿Cómo te fue anoche?
— ¡Bien! Las chicas son geniales, es bueno tener un par de
amigas.
— No te encariñes tanto, tu transformación está cerca y cu-
ando eso pase lo que más desearas será clavarle los dientes.
— Tú mismo has aprendido a controlarte, creo que también
me controlare.
— ¿Crees que no quiero clavarte los dientes ahora mismo?
— Habla moviendo solo sus labios, sus dientes están apretados,
Lazo Irrompible
89
evitando así que los colmillos salgan. — El solo sonido de tu
corazón hace que mis dientes palpiten, siempre es así, y en el
instituto es peor.
— ¿Señorita? — Alexandra está detrás de Ricardo, piensa
que estoy en problemas, la forma en que está parada la delata y
mira la escena, pero yo no estoy asustada, él no me hará nada.
— ¿Necesita algo?
— No necesito nada Alex ¿Ricardo? — Voy a tocarle el an-
tebrazo pero él se aleja instintivamente, tiene sus ojos cerrados y
respira lentamente. — ¿Estás bien?
— ¡Sí! Necesito estar solo un rato.
— ¡Espera! — Se detiene a mitad de camino. — Corina y
Claire vienen esta noche, a Corina le gustaría verte, espero que
estés mejor para entonces. — No se gira a mirarme, sus hombros
se ponen tensos, estuvo por tres segundos inmóvil y después
sigue su camino.
— ¡Annie! — Alexandra está ahora junto a mí. — ¿Estás
bien? ¿No te hizo nada?
— ¿Qué podría hacerme? Ricardo nunca me haría daño.
— El joven Ricardo es un recién nacido, es totalmente in-
estable, puede perder el conocimiento en cualquier momento y
dejarse dominar por la sed, el ser como los señores y como to-
dos los vampiros mayores les lleva años. — Eso es cierto, puedo
verlo diariamente con la misma aptitud de siempre pero justo
ahora está teniendo una batalla interna de la que solo él es con-
sciente, Sebastián había perdido esa batalla desde el principio,
por eso se alimentaba de mí, necesitaba sangre humana, y por
eso Candice ahora es obligada a tomar sangre animal para poder
hacerse fuerte y resistirse a la humana que ve a diario, los vam-
piros jóvenes son tan vulnerables al hambre, ¿Y si no soy fuerte?
¿Si me dejo vencer?
— Él nunca me haría daño. — Impongo después de pensarlo
BARBARA CONTRERAS
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un poco, de eso estoy completamente segura, recuerdo la prim-
era vez que lo vi después de su transformación, fue su momento
más vulnerable y no me ataco, al contrario estaba arrepentido
por lo que había hecho horas antes.
— Estaba buscándote para decirte algo, Annabella quiere
verte, pidió que fueras a su habitación cuando llegaras. — Una
sonrisa surca en mis labios, Annabella es la mujer embarazada
que rescatamos del dominio de los cazadores, ella aún está aquí,
porque su situación es delicada debido a su estado, su esposo
había venido y ambos se estaban quedando en una de las hab-
itaciones de la otra ala, su esposo Alejandro es el nuevo guardia
mano derecha de mi padre.
— ¿Paso algo?
Lazo Irrompible
91
Capitulo 8:
Q
uería ver a mi padre para comentarle todo lo que es-
taba sintiendo, como la recién revelada aversión a la
comida, probablemente me estoy enfermando pero
decido ir a la habitación de Annabella. Esta se encuentra en el
área de huéspedes a tres puertas de la habitación de Ricardo,el
pasillo está oscuro y vacio, la luz del sol no iluminamas de unos
cuantos centímetros de la entrada y los bombillos siempre están
apagados tanta oscuridad hace que me inquiete, cuando estoy
frente a la puerta toco dos veces, a los pocos segundos Alejandro
abre, es relativamente guapo como todos los vampiros, su ca-
bello negro es largo y lo recoge al final de su espalda en una cola
que le llega hasta la cintura, sus ojos son profundamente negros,
lo ojos más negros que he visto en toda mi vida.
— ¡Hola! — Su voz aterciopelada me saluda abriendo más la
puerta para que entre con toda confianza. — Annabella te ha es-
tado esperando. — La vislumbrosentada en su cama, unasábana
blanca cubre la mitad de su cuerpo y un gran bulto resalta de-
bajo de esta.
— ¡Hola! — Le dije desde la puerta, ella se acomoda más
en el respaldo de la cama, su cara es una máscara de dolor. —
¿Estás bien? — Le pregunto estando ya junto a ella, agarro su
mano que está mucho más fría que la de cualquier vampiro y
sudada (No sabía que podía hiperventilar), ella asiente al mismo
instante que cierra sus ojos fuertemente.
— ¡Sí! — Responde después de unos segundos. — Es solo
BARBARA CONTRERAS
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que el bebé quiere nacer. — Sus manos se juntan sobre su vientre
abultado, él bebé quiere nacer, eso es grandioso, nacerá un nue-
vo vampiro después de casi diecisiete años. — Y quería pedirte
algo antes de que nazca mi hijo.
— ¡Claro! Lo que sea. —Aunque tengo pocas semanas de
conocerla y no es mucho el tiempo que pasamos juntas porque
aunque aparente un poco mas de mi edad ella es hasta mucho
mayor que mi madre y sus costumbres son muy diferentes a las
de esta época, le he agarrado cariño.
— Quiero que seas la kumade mi bebé, si algo me llegase a
pasar a mí o a mi esposo, estaría tranquila sabiendo que alguien
como tú cuidaría de él. —Que yo sea su madrina es decir como
su segunda madre, ser madrina de alguien es una gran respon-
sabilidad y mucho más ahora que la vida de los vampiros está
cada vez más expuesta. — ¿Qué me dices?
A pesar del gran compromiso no lo pienso dos veces. — Me
encantaría,seré la Kuma de tu bebé. —Mis manos instintiva-
mente van a su inmensa barriga, en ese momento se inclina hacia
adelante por un fuerte dolor.
— ¿Anna? — Su esposo ya está a su lado, toma su mano iz-
quierda, y ella la aprieta fuertemente. — ¿Quieres algo? — Ella
niega con la cabeza lentamente. — ¿Es hora? ¿Es eso?
— Creo que… si… — Este no es su primer hijo por lo que
ella debería saber con exactitud cuándo daría a luz un “creo” no
es suficiente no para mí que estoy viendo la escena completa-
mente asustada. — Es hora.
— ¿Debería llamar a alguien? ¿En qué puedo ayudar? — Pre-
gunto mientras me acerco a Annabella por el otro extremo de la
cama, Alejandro comienza a buscar cosas en la cómoda que está
junto al lecho.
— Solo espera afuera, esto tardara un poco, la ayuda ya vi-
ene en camino. — Cuando termina de hablar la puerta se abre
Lazo Irrompible
93
y Paulina entra, en sus manos lleva una manta blanca, detrás
de ella está Karol con una bañera vacía, mi madre también las
acompaña.
— Es mejor que esperes afuera te llamaremos cuando el bebé
este aquí. — Ellas serán las parteras de eso no hay duda, no me
opongo en lo más mínimo, observo una vez más a Annabella
quien lucha contra dolor, salgo rápidamente de la habitación
no pretendo mirar como es el nacimiento de un vampiro, segu-
ramente es igual al de los humanos pero no me siento mental-
mente preparada para ver todo eso.
Una vez fuera me recuesto en una de las paredes a esperar, la
puerta cerrada está frente a mí, y desde aquí escucho los peque-
ños gritos que da Annabella de vez en cuando, nadie más ha
venido a esperar conmigo, al parecer soy la única que cree que
este nacimiento es un milagro, no se tiene conocimiento de otro
humano-vampiro a excepción de mí, y pronto dejaré de serlo
por lo que para mí si es un milagro.
Los minutos van pasando, transformándose en horas, el sol
en la entrada del pasillo cada vez está más lejos, me cansé de estar
de pie por lo que ahora estoy sentada en el piso abrazándome
las rodillas, finalmente la puerta se abre, Paulina sale primero
dándome una mirada rápida para continuar su camino, Karol
está ahora en mi campo de visión, su perfecto peinado esta algo
desordenado.
— Ya puede pasar. — Cuando me habla me levanto de un
salto, aún no escucho el llanto del bebé.
Cierro la puerta detrás de mí al entrar, mi madre está de pie
en uno de los pilares de la cama con un bulto pequeño en sus
brazos envuelto en una manta blanca, Annabellaestáacostada
completamente quieta y su esposo está a su lado quitándole los
cabellos que se pegaron a su frente,el bebé no llora y tampoco se
mueve ¿Acaso? — ¿Mamá? — Me acerco lentamente hasta ella,
BARBARA CONTRERAS
94
tengo que verlo. — ¿Por qué no llora?
— Está bien. — Lo mueve un poco para que lo vea, es un
niño, tiene una pequeña mata de cabellos anaranjados en su ca-
beza, su piel está ligeramente morada, es como si no estuviera
respirando. — ¿Annabella?
— Cariño, debes despertar, el bebé debe alimentarse. — Su
marido le repite constantemente, cada vez habla más fuerte pero
ella no responde, solo sigue allí flácida con los ojos cerrados. —
Lo hare yo. —Dice rindiéndose.
Mamá camina hasta él y le tiende al bebé que aun no reac-
ciona, no entiendo nada ¿Por qué no llora? — Lo ideal es que lo
haga ella para que sea completamente sano pero tu sangre tam-
bién servirá.
— Solo necesita sangre, la de cualquiera. —Suscolmillos
salen de su boca, muerdeel dorso de su mano, cuando la san-
gre comienza a brotar de las pequeñas incisiones la cierra en un
puño y la coloca sobre la pequeña boca del bebé,las gotas caen
en su boca semiabierta,la lengua del bebé comienza a moverse y
lame sus labios, buscando el sustento, después de eso Alejandro
lleva el dorso de su mano directamente a la pequeña boca, veo
claramente como el bebé jala el liquido para tragarlo, su piel em-
pieza a agarrar color inmediatamente, esta agarrando vida.
— Estamos muertos, el que podamos reproducirnos es un
milagro. — Mamá está junto a mí ahora. – Pero el bebé que
traemos al mundo siempre nace muy débil, casi al borde de la
muerte por eso necesita sangre para poder vivir.
— Y esa sangre es la que nos convierte en vampiros.
— Es eso o dejarlos morir, por eso no entiendo como Daniel
pudo sobrevivir, es un vampiro y sin sangre nuestra sus proba-
bilidades eran nulas.
— Pero su madre era humana. — Mi mamá no responde, está
observando como el bebé continúa alimentándose de la mano de
Lazo Irrompible
95
su padre, hay un gran cariño en sus ojos. — ¿Crees que nos está
mintiendo?
— Es mi nieto, el que desconfié me convierte en una mala
persona pero aun así quiero respuestas.
Después de que el bebé es alimentado reacciona como cu-
alquier niño normal, llora por primera vez, el aire comienza a
llenar sus pulmones y su corazón comienza a latir normalmente,
Annabella despierta de su desmayo, y lo alimenta con un bib-
erón que consiste en agua con una mezcla de leche, a partir de
ahora es completamente humano, o lo será hasta que cumpla
diecisiete años,lo tengo en mis brazos por varios minutos, es
tan pequeño que siento que puedo quebrarlo, es tan tierno y
lindo como se supone que es todo bebé,Alejandro me pidió que
ayudara con la selección del nombre, hay una cantidad de nom-
bres para escoger pero al final por decisión unánime decidieron
llamarle, Threvor. Es un nombre que le acompañará toda la vida
por lo que tiene que ser acorde con esta época y con las que
vendrán.
La puerta suena dos veces antes de ser abierta, mi padre en-
tra un poco cohibido al principio, parece fuera de lugar en esta
pequeña habitación, Alejandro se levanta de su asiento e inclina
su cabeza al verlo.
— No es necesario. — Le dijo cuándo se acerca a la cama,
Annabella tiene al bebé en sus brazos. — He venido a conocer
a su hijo. — Ella se lo acomoda un poco en sus brazos, para
entregárselo. Papá lo agarra con bastante fluidez lo que dice que
tiene experiencia, mi madre está a su lado ahora. — Espero que
BARBARA CONTRERAS
96
este sea el primero de muchos nacimientos en nuestra raza, este
bebé será el intensivo que les dirá a todos que no están despro-
tegidos que tenemos derecho a reproducirnos y traer vida al
mundo.
— Ya he dicho que mi hijo a nacido, la noticia se extenderá
muy rápido por todas las colonias señor.
— ¿Qué nombre le han puesto? — La pregunta ha sido di-
rigida a Annabella que está muy callada.
— Threvor mi señor.
— ¡Threvor! Como la hoja de buena suerte, este niño es aho-
ra el único semi-humano que nos queda, su vida es más impor-
tante que la de cualquiera en esta habitación, inclusive la mía.
— Se inclina al hablar, una de sus rodillas toca el piso, mientras
la otra sostiene su cuerpo, extiende el pequeño cuerpo que tiene
en sus brazos hacia su madre. — Cuídalo y protégelo con la tuya
propia.
— Ese es mi deber señor, así lo hare. — Cuando Threvor está
en sus brazos otra vez, se levanta, es hora de dejarlos descansar,
así que a los pocos minutos salimos de la habitación.
Han pasado varias horas desde que había llegado de casa de
Claire y se me había olvidado por completo que las invite a pasar
esta noche en mi casa.
— ¡Papá! – Lo llamo cuando estamos entrando a la casa, el
sol ya se ha ocultado casi por completo en el horizonte, por lo
que seguramente ya todos los guardias merodean por los alred-
edores. — Necesito hablar contigo.
— ¿Pasa algo? — Mamá me pasa una mano por el rostro,
buscando algún signo de preocupación en mí.
— ¡Sí! ¿Podemos hablar?
— Ahora tengo una reunión con Grigory y Andrés ¿Es muy
importante?
— ¿Reunión? ¿Sobre qué? Me dijiste que querías conocer a
Lazo Irrompible
97
mis amigas y no estarás en casa. – Digo amigas pero el hecho es
que solo son unas conocidas que hasta ahora me han ayudado y
que me caen bien, pero eso mi padre no debe saberlo.
— Si estaré, cuando tus amigas lleguen me dices y me pre-
parare para ser tu hermano mayor. — Antes de que se retire y
me deje sin saber nada lo detengo.
— ¿De qué es la reunión?
— Esas son cosas de las que no debes preocuparte hija.
— ¿Es sobre Sebastián? ¿Tiene que ver con él?
— Sera mejor que vayas a darte un baño y a descansar, segu-
ramente tus amigas llegaran pronto. — Odio cuando mamá me
habla de ese modo, diciéndome tiernamente que hacer. — Ve
arriba. — No puedo refutar nada, papá sigue su camino y mamá
va con él, no tengo ni idea de qué pasa. ¿Qué podrían hablar
Grigory, Andrés y él?
— ¿Problemas en el paraíso? — Daniel entra a la cocina,
solo lleva un pantalón holgado, para tener un solo día aquí ya se
está tomando bastante bien el papel de ser el hijo de un príncipe
vampírico, lo ignoro por completo no tengo ánimos de hablar
con él, va a la nevera y saca un par de galletas de chocolate que
me pertenecen, sino fuera por la creciente aversión que estoy
experimentando se las habría quitado, comienza a comérselas y
sigue revisando las despensas.
Saca todo lo que encuentra haciendo mucho ruido en el pro-
ceso — ¿Qué buscas? — Le preguntoantes de que termine de
sacar todo y me desabastezca por completo.
— Comida, tengo hambre.
— Acabas de tomar sangre. —Le recuerdo, él se gira ahora
para mirarme.
— ¡Exacto! pero la sangre nunca es suficiente, además era…
— ¿Asquerosa? — La voz de Candice me hace girar al in-
stante, se ve menos molesta que la última vez.
BARBARA CONTRERAS
98
—Exactamente… asquerosa… estaba fría… vieja.
— Intenta probar la sangre de cordero, querrás vomitarla an-
tes de tragarla.
— ¡Okey! Podrían cambiar el tema por favor. — Me meto
en la conversación antes de que pida un vaso de sangre para mí
misma. —Candice, sabes por qué papá va a reunirse con Andrés.
— Lo único que sé es que esta noche no iremos al club, y no
tengo ni idea de la razón.
— ¿Qué club? Ya lo he oído nombrar varias veces hoy ¿Po-
drían decirme que es?
— Estas son cosas de familia. — Candice es muy cortante al
momento de responder.
— Yo soy de la familia.
— Se me olvidaba que también eres un Collins, eso me hace
¿Tu prima? ¿Tu tía?
— Absolutamente nada, podrías llevar otros títulos mucho
mejores por si te interesa.
— En unas horas vendrás dos amigas. — Corto su conver-
sación antes de que terminen peleándose. — Daniel, como eres
el único que todavía come, quiero que nos acompañes en la cena
y por favor podrían tratar de no discutir mientras estén aquí,
son humanas.
— Sé cómo tratar con los humanos, no daré problemas, si él
no los da.
— Viví con humanos toda mi vida, se como comportarme,
por mi tampoco los habrá “tía”. — Se burla en su última palabra,
lo sé por la forma en que me mira cuando lo dice. — Entonces
¿Quieres hablar de qué tipo de títulos llevarías?
Cuando Daniel sigue provocando a Candice es el momento
perfecto para retirarme, tengo muchas cosas en la cabeza como
para preocuparme por sus peleas,tengo que hallar una forma de
saber de qué trata esa reunión, con el solo hecho de escuchar el
Lazo Irrompible
99
nombre de Grigory desconfío por completo.
Subo las escaleras corriendo, papá dijo que tiene una reunión
con Andrés pero quizá él aun este en su habitación esperando ser
llamado, quizásaún tengo tiempo de hablar con él antes, cuando
cruzo el pasillo que da a nuestras habitaciones está saliendo de
la suya. — ¡Hermano! — Su cabeza se gira al escuchar mi voz.
— ¿Qué pasa? — Su pregunta es algo cortante y me dice
“habla rápido estoy tengo cosas que hacer”
— Vas al despacho de papá ¿Verdad? —Pasa a mi lado sin
responder. — ¡Andrés!
— ¡Sí! tenemos cosas que hablar, cosas de adultos.
— ¿Adultos? Acaso aún no soy lo suficientemente grande
como para saber de qué rayos hablaran. — Sé que estoy volvién-
dome algo obsesiva pero no lo puedo evitar, las palabras Grigory
y reunión en una sola frase me da un muy mal presentimiento.
— ¡Andrés! — Lo retengo sosteniendo la manga de su camisa.
— ¿Tiene que ver con Sebastián? — El rostro de mi hermano
no tiene ninguna emoción cuando se digna a mirarme, creo que
es por la forma en que lo miro, por la forma en que mis ojos
comienzan a dilatarse que se rinde, su mano derecha toca mi
mejilla.
— Grigory cree que es una muy mala idea lo que hiciste.
— ¿Lo que hice? Les quite una carga de encima, además eso
era lo que todos querían desde el principio, querían ganar tiem-
po, eso es lo que la estaca les da, Sebastián esta teóricamente
muerto.
— No lo comprendes. — No entiendo lo que quiere decir, así
que solo niego con la cabeza. — Lo que Grigory quiere es… su
argumento es que nunca despertara.
— No quiere. — La voz se me queda atrapada en la garganta.
— Lo que quiere es deshacerse completamente de él.
— No te preocupes. — Comienzo a negar con la cabeza, to-
BARBARA CONTRERAS
100
dos me dicen que deje de preocuparme, me canse de eso. — Papá
no permitirá que eso suceda.
— Entonces por qué se ve tan preocupado, ¿Por qué todos
se ven preocupados?
— Se armara una junta para decidir su destino. — ¿Una jun-
ta? ¿Cuándo había sido la última vez que se había formado una
junta? eso fue hace tanto tiempo que ni siquiera yo había nacido,
en esa reunión se decidió que lo mejor para nuestra superviven-
cia era que los vampiros se dejaran de reproducir, hasta que las
cosas se calmaran, en esas reuniones se trataban temas en los que
ser el rey significaba absolutamente nada, la democracia ganaba.
— Sebastián es un sangre real uno de los últimos que existen, no
se llegara a la conclusión que estas pensando tan fácil.
— Pero si creen que no es necesario mantenerlo se decidirá
exactamente lo que Grigory quiere, pero ¿Por qué? ¿Por qué él
quiere eso? — Andrés lleva su dedo a sus labios indicándome
que haga silencio, él con sus súper desarrollados sentidos es-
cucho algo, se inclina y me susurra al oído.
— Está aquí. — Acto seguido se da media vuelta y se va, mi
corazón late rápidamente, mis manos están hechas puños a mis
costados, en este momento lo único que quiero es correr a la
planta baja y preguntarle las razones que él tiene para esto, pero
no puedo, lo mejor que puedo hacer es quedarme aquí y esperar
por noticias, buenas o malas pero noticias.
Lazo Irrompible
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Capitulo 09:
BARBARA CONTRERAS
102
M
e encierro en mi habitación desde que Andrés
me dejo en el pasillo, llame a Claire y a Cori-
na segundos después para cancelar la cita que
teníamos, en estos momentos lo único que quiero es estar sola,
si ellas vienen a casa tendré que fingir que estoy bien cuando no
es así, ambas entienden y no me piden explicaciones, algo que
les agradezco.
La puerta suena sacándome de mis cavilaciones, no respondo
quien quiera que sea se irá al no escuchar respuesta tal vez pen-
sando que estoy dormida, pero no es así, el hilo de luz del pasillo
se cuela en mi cuarto, presiono más las sabanas a mi cara, no
quiero ver a nadie es que acaso no entienden la indirecta.
— ¿Estás aquí? — Conozco esa voz, me quito la sabana de
la cara rápidamente para verlo, está sentado junto a mí, sus ojos
azules brillan entre tanta oscuridad, Sebastián está frente a mí,
me abalanzo sobre él y me guindo de su cuello, está aquí, con-
migo. — ¡Hey! ¿Te pasa algo? — Algo está mal, él no debe estar
aquí, por qué siento como si el que estemos ahora frente a frente
es meramente una ilusión. — Te extraño. — Cuando escucho sus
palabras la conciencia viene a mí, él no está aquí, por eso siento
ese irreparable dolor al verlo, esa urgencia por tenerlo cerca, esto
es una ilusión, un sueño,las otras veces en que había soñado con
él (que es prácticamente todos los días) lo ignoro hasta que es de-
masiado tarde y estoy despierta pero ahora soy consciente de que
estoy soñando, soy dueña de mis propios deseos.
— ¡Sebastián! — Mis manos acunan su cara, quiero verlo por
más tiempo antes de despertar y él se esfume, se evapore frente a
mí y regrese a la realidad, aquella en la que no está.
— Escúchame Annie, lo que hiciste estuvo bien.
— ¿Qué? — Le pregunto en un susurro pero antes de que
pueda seguir el continúa.
Lazo Irrompible
103
— No voy a volver, nadie vuelve.
— ¿De qué estás hablando? ¿Por qué me dices eso? ¿Esto es
real?
— ¡No lo sé! Estoy aquíy de repente estás tú, vivo solo esper-
ando que estés aquí conmigo. — Sus labios se juntan a los míos.
— Los cazadores. — Se calla como si escuchara algo. — El agua
bendita es su arma para tenernos así, ¡Muertos! no soy el primero
y nadie vuelve.
Mis ojos se abren y un grito sale desde el fondo de mi gar-
ganta, me siento de golpe en la cama, mi corazón late a millones
de kilómetros por hora y casi no puedo respirar, las lágrimas no
tardan en llegar, sollozaba antes incluso de despertar, mis padres
entran en la habitación encendiendo las luces, mamá corre hasta
la cama y se sienta junto a mí, me inclino hasta ella, buscando
el abrigo de sus brazos para poder llorar con todas las fuerzas
que quiero, ella me acaricia la espalda y repite un “estás bien”
“solo fue un sueño” en un tono un tanto musical, al cabo de
unos segundos papá se fue dejándonos solas,es la primera vez
que despierto así, las semanas después del incidente, despertaba
algo sobresaltada pero nunca di un espectáculo como este en el
que mis padres salieran corriendo de donde sea que estuviesen
para venir a verme.
— ¡No regresara! ¡No regresara! — Es lo único que repito
mientras lloro, él no regresara, me lo está diciendo en sueños.
— Solo fue un sueño, Annie solo fue un sueño. — Escucho
lo que me dice pero no le prestó atención solo sigo repitiendo lo
mismo, mamá me toma por los hombros y me aparta de su lado,
ahora nos miramos fijamente, sus ojos verdes están dilatados, los
míos deben estar rojos e hinchados. —Escúchame Annissa, no
fue más que un sueño.
— ¡No lo fue! Sebastián me dijo que no regresara, él no va a
regresar. — Mi cara gira a la izquierda por el fuerte bofetón que
BARBARA CONTRERAS
104
recibe, mi mano derecha va hasta la mejilla, me ha pegado.
— ¡Lo siento!.. Pero tenías que reaccionar, eso fue un sueño,
Sebastián no pudo haberte dicho algo porque está muerto, al cla-
varle esa estaca en el corazón lo mataste, entiendes ¡Lo mataste!
— Está gritándome, por primera vez en toda mi vida veo a mi
madre de este modo. — Y los muertos no se comunican con los
vivos.
Las lágrimas siguen saliendo de mis ojos porque siento ese
sueño tan real, es como si hubiera estado con él realmente,
quizás no en este plano, a lo mejor él se está comunicando con-
migo, quiere dejar de sufrir, y si lo que Grigory quiere es lo
mejor y nosotros simplemente no queremos verlo, me hago un
ovillo en la cama, no volveré a dormir de eso estoy más que
segura pero tampoco quiero seguir mirando el rostro lleno de
lágrimas de mi madre.
No sé en qué punto de la noche se fue y me dejo sola, pero
cuando vuelvo a despertar el sol ya está entrando por el gran
ventanal que se encuentra frente a mi cama, después de todo si
pude conciliar el sueño, esta vez sin incidente, miro el reloj so-
bre la cómoda, son las once treinta de la mañana, nadie se tomo
la molestia de despertarme para ir al instituto,me siento en la
cama y abrazo mis rodillas con mis brazos, el sueño aun está
completamente nítido en mi memoria, pero ¿había sido un sue-
ño? Desde cuando creo haberme vuelto tan perceptiva en esas
cosas, mi celular en algún lugar de la habitación suena con el
sonido que indica que ha llegado un mensaje de texto por lo que
me obligo a salir de la cama para buscarlo, está en la peinadora,
en la pantalla leo el nombre de Corina, no lo abro, arrojo el ce-
lular nuevamente a donde lo encontréhaciendo que algunas de
las cosas caigan, perfumes, cremas, todo, en este momento no
quiero saber nada de nadie.
— ¿Puedo pasar? — No escuché si la puerta había sido toca-
Lazo Irrompible
105
da o no, pero veo por el espejo que Alexandra ya está con medio
cuerpo dentro de la habitación, me volteo para mirarla y asiento,
no duda ni un segundo en acercarse a mí. — Escuche que pasaste
mala noche. — Toma uno de los cepillos que tengo frente a mí y
comienza a peinarme el cabello, que está un poco más largo que
hace unas semanas, me pasa por varios centímetros los hombros.
— Lo escuche por casualidad esta mañana cuando me di cuenta
de que no bajaste a desayunar, venía a ver si te había pasado algo
y la señora le decía al señor que lo mejor sería dejarte descansar
por lo que te había pasado.
— Anoche. — Comienzo hablar en un hilo de voz, a penas es
un susurro. — Sebastián estuvo en mis sueños.
— Es normal que sueñes con él, le amas.
— Me dijo que no va a regresar que nadie regresa. — Aho-
ra ambas nos quedamos en silencio, solo las cedras del cepillo
suenan levemente al rasgar mi cabello. — Creo que se está co-
municando conmigo, tenemos una conexión de sangre, estamos
unidos, ¿Puede hacer eso? — Alexandra no me responde está
dejando que me exprese libremente, el celular vuelve a sonar,
nuevamente es Corina, se está tomando muy a pecho eso de
que ahora somos amigas, decido leer sus mensajes, el primero es
corto. “Necesitamos hablar, ahora mismo”voy al siguiente, “No
viniste a clases, ¿Por qué? Tenemos que hablar. Son mensajes de
verdad muy extraños, ¿De qué querrá hablar?
— ¿Ocurre algo? — Cuando levanto la cara al espejo veo que
Alexandra me mira con ojos llenos de preocupación.
— ¡No! Iré a bañarme, saldremos a dar una vuelta. — Sus
ojos se amplían por la sorpresa. — ¡Exacto! Irás conmigo…
BARBARA CONTRERAS
106
Entro a hurtadillas a la habitación de Sebastián, todo sigue
intacto, nada ha sido movido de su lugar, corro hasta el cofre de
oro que tiene sobre la peinadora principal. Esuna de sus pocas
pertenencias,que había sido rescatado de su clan por lo que para
él es algo muy importante, lo abro y allí está gran parte de sus
posesiones entre ellas las llaves de su auto, no creo que se mo-
leste porque las tomo prestadas.
Le dije a Alexandra que me esperase en la entrada principal,
son las doce del mediodía, el sol está en su punto máximo, los
guardias están descansando al igual que todos los vampiros de
la casa, solo los humanos son los que vigilan, la casa se siente
tan silenciosa que tengo que caminar lentamente para tratar de
no hacer tanto ruido,Karol pasa frente a mí cuando termino de
bajar las escaleras pero no me presta atención, sé por Alexandra
que ella no está subyugada pero parece como si lo estuviese por
la ausencia de su presencia cada vez que estácerca,cuando estoy
afuera Alexandra ya me espera, lleva un simple vestido blanco
de talle alto y zapatillas negras, su cabello cae suelto, este es muy
largo, parece una chica normal, no una que ha sido obligada a
servir a mi raza,yo por mi parte opte por un pantalón azul y una
sudadera del mismo color, mi cabello está recogido en una cola
alta,hace el intento de hablar pero me coloco un dedo en el labio
indicándole que no lo haga y obedece, bajolas pequeñas escal-
eras y comienzo a caminar a la derecha, en dirección al garaje,
Alexandra me sigue de cerca. Cuando estamos frente al portón
blanco me dirijo a un panel, la clave me la sé de memoria por
las veces que saque mi anterior auto, espero que no haya sido
cambiada, marco los números rápidamente, “Aceptado” grito
de alegría en mi interior cuando el portón comienza a elevarse,
es silencioso por lo que no alertara a nadie.
Una vez dentro corro hasta el BMW negro que está al fondo,
Lazo Irrompible
107
todos los autos están allí a excepción del rojo que indica que
Candice fue al instituto y que dice que los demás están en casa,
llamo a Alexandra con las manos para que entre, me meto en el
asiento del piloto, me abruma el olor, aun huele a él, es como si
su presencia estuviese impregnada para siempre en este asiento,
cuando enciendo el vehículo, ella ya está mi lado.
— ¿Nos estamos escapando verdad? — Aunque vinimos a
hurtadillas tratando de hacer el menor ruido posible espera que
le diga que no nos estamos escapando.
— Simplemente estamos saliendo sin informar.
— ¿Y porque no informas?
— Porque no quiero. — Dicho eso, presiono el acelerador
para salir del resguardo del garaje.
Salir de casa no fue realmente difícil, y a estas horas del día no
va a pasarme nada,además de que teóricamente debo estar en el
instituto,trato de conducir con cuidado, este es uno de los teso-
ros más preciados de Sebastián, creo que hasta más importante
que yo por lo que debo evitar hacerle algún daño.
— Van a correrme, van a correrme. — Me giro para mirar a
mi acompañante que está con la cabeza pegada al vidrio, no me
había fijado que está más blanca de lo normal y muy nerviosa. —
Van a correrme. — Sigue repitiendo constantemente.
— Claro que no te correrán eres mi humana, no pueden
echarte.
— Técnicamente no soy tu sirvienta, aun ni eres vampira, van
a botarme y a enviarme con alguna otra familia que me trata-
ran peor que aun perro cuando sepan que la familia real me ha
echado por haberme escapado con la princesa semi-humana.
— No seas paranoica, tú solo estás cumpliendo mis órdenes,
se supone que debes obedecerme en todo, dirás que fuiste ob-
ligada a venir y asunto arreglado.
— No puedes obligarme Annie. — Se calla por varios segun-
BARBARA CONTRERAS
108
dos en los que yo tampoco digo nada, estoy muy concentrada en
la carretera. — ¿A dónde vamos? — Señalo mi bolso, Alexandra
entiende mi mensaje así que lo agarrapara abrirlo, saca el celular
y comienza a tocarlo para leer los mensajes que me llegaron más
temprano. — Te escapas solo para ver porque tu amiga necesita
hablar contigo, haces todo esto por una tontería como esta. —
Sonrío, está frustrada, se está comportado más como una adoles-
cente que como una sirvienta. — ¿Qué pasa?
— Estás actuando como una persona normal, te hace bien
respirar aire fresco. — Alexandra vuelve a meter el celular en
el bolso y lo cierra, está apenada y con las mejillas sonrojadas
vuelve a su posición recta en el asiento. —Si quieres regresar a
casa podrás hacerlo con Candice, vamos al instituto, ella estará
allí, así dices que te obligue a salir y cuando te diste cuenta de
que estaba mal decidiste regresar.
— ¿Regresar con la señorita Candice? Prefiero ser botada,
ella es muy desesperante. — Sonríe un poco, y yo la imito, está
dejándome ver su verdadera personalidad, ella como cualquier
persona normal es capaz de decidir si una persona lecae bien o
mal, pero debe ser muy estresante servirle a alguien que no te
agrada.
El resto del camino continúa en silencio, no me tomo la mo-
lestiade colocar música, cuando llegamos al instituto me esta-
ciono lejos del auto rojo para evitar que Candice y Ricardo vean
que estoy aquí, aunque tal vez sea imposible, cuando me bajé
ella me imito, se pone a mi lado, veo el reloj de mi celular sonla
una, falta una hora para que terminen las clases del día, no estoy
dispuesta a esperar así que escribo un mensaje.
La respuesta es instantánea, “Voy enseguida” el corazón está
martillándome en el pecho, no sé porque algo me dice que Cori-
na va a decirme algo de verdad muy importante, aunque cabe la
posibilidad de que sea algo tonto, estas últimas horas estoy bas-
Lazo Irrompible
109
tante paranoica, la puerta principal se abre y Corina sale, como
siempre viste como si fuera a una fiesta.
— ¿Quieres que me aleje mientras hablas con ella? — Me
pregunta mi acompañante, le niego con la cabeza probablemente
lo que va a decirme se trate sobre un chico o sobre ropa, aunque
nunca hemos hablado de algo así por eso se me hace tan extraño
la urgencia de su mensaje.
Corina está a centímetros de nosotras en segundos, cuando
está frente a mi me abraza como saludo. — No pensaba que
vendrías.
— Tu mensaje fue muy explícito, querías hablar conmigo
¿Qué pasa? — Ella mira a Alexandra por una fracción de tiempo
como diciéndome que está sobrando pero yo alargo mi mano y
se la tomo, ella no se irá de mi lado.
— ¡Nicolás! — Suelta de repente, trago fuerte al escuchar
su nombre, sabía que había actuado raro cuando se entero que
quería ver a Nicolás la noche del sábado. — Mi familia ha estado
ajena a esto pero eso no quiere decir que estemos apartados de
este mundo. — Comienza hablar rápidamente. —Sabemos que
el incendio de la iglesia fue culpa de una familia de vampiros y
ahora lo sé… tú familia…
BARBARA CONTRERAS
110
Capitulo 10:
D
oy dos pasos hacia atrás cuando Corina me da esa
información, sino hubiera sido porque Alexandra
está a mi lado me habría caído de la impresión, ella
me sostiene. ¿Acaso es posible que todas las personas que se
me acerquen tengan algo que ver con vampiros? Por primera
vez creía haber encontrado amigas completamente ajenas a mi
mundo, pero no es así, nunca es así.
— ¡Es imposible! — Susurro. — ¿Tú? —Las palabras de
Lazo Irrompible
111
Nicolás hacen eco en mi cabeza “Enviaran un nuevo grupo de
cazadores”— ¡Eres del nuevo grupo de cazadores!
— ¡¿Qué?! ¡No! — Da un paso adelante pero yo me alejo
instintivamente, las imágenes de la iglesia regresan a mi cabeza,
la tortura, el rostro y las risas del padre de Nicolás, Sebastián en
mis brazos inerte. — ¡Annie!
— ¡Aléjate! Te creí… te creí mi amiga, ¡Te creí mi amiga! —
No sé en qué momento comienzo a gritarle.
— ¡Soy tu amiga! — Me responde también en un grito.
— ¡Podrían calmarse las dos! — Exclama Alexandra entre
nosotras, su cuerpo frente al mío como si me protegiera, no sé
si lo hizo conscientemente o si está allí por pura casualidad, sus
palabras hacen que me calme, me apoyo en una de las puertas
del auto y trato de respirar lentamente, noto que Corina y Al-
exandra están hablando pero no logro escucharlas. — ¡Annie!
— Su rostro busca el mío inclinándose un poco para mirarme.
— Escúchala. — Al decirme eso, se aleja de nosotras, camina
unos pocos metros, sabe que necesitamos privacidad, ella va
acercándose lentamente hasta donde me encuentro, cosa que le
agradezco, aun estoy procesando que ella es una cazadora.
— Quiero verlo. — Le digo, ahora estoy completamente er-
guida y la miro sin miedo alguno.
— ¿De qué hablas? — Me mirasin comprender que le estoy
pidiendo hasta que lo lee en mis ojos. — ¡Vale! — Se inclina
levemente y levanta su pantalón, en su tobillo se encuentra la X
rodeada por la serpiente, cuando mis ojos se encuentran con ella,
tengo que apartar la mirada rápidamente, la serpiente se mueve
como si tratara de morderme. — No es bueno que la veas.
— Eres una cazadora.
— ¡No! Bueno sí pero ya no. Trata de explicarme pero hay
dudas en mi expresión. — Mis padres lo abandonaron hace al-
gunos años, no querían que nosotros creciéramos en ese mundo,
BARBARA CONTRERAS
112
donde matar es lo único que importa.
— Entonces como sabes de nosotros.
— Mis padres ya no cazan como los demás pero trabajan
para ellos de forma más… pacifica, buscan información, ubican
a las nuevas familias en nuevas ciudades, se encargan de toda
la parte administrativa, pero no matan, cuando la familia Smith
llego al pueblo fueron ellos quienes los ubicaron en esa iglesia,
la señora Smith tiene cierta fobia de vivir en lugares que no sean
sagrados… He escuchado que hay un vampiro que la busca para
matarla pero no sé si es cierto, no sabía que tu familia eran los
sangre real que ellos estaban tratando de destruir no hasta hace
dos días cuando mencionaste a Nicolás, se dice que él se enam-
oro de una vampira y nos traiciono a todos, até los cabos y debes
ser tú, además de que en tu familia todos son muy jóvenesy
guapos estaba más que claro.
— ¿Desde cuándo sospechas de nosotros?
— El punto es que nunca sospeche, jamás había visto un
vampiro en mi vida, solo sé la parte teórica de todo esto, ¿Cómo
crees que reaccionaria mi familia si les cuento que estoy enamo-
rada de Ricardo Collins un vampiro?
— De verdad no sabías nada. — Ella niega con la cabeza. —Y
Claire ¿También es una cazadora?
— ¡No! Ella ni siquiera sabe porque salí corriendo de la clase,
sabes que podría haberme quedado callada, y no decirte que sé
lo que eres, después de todo no me interesa que seas un extrater-
restre con tres cabezas pero ayer después de que te fuiste de casa
de Claire llame a Nicolás, vi el número que tenias escrito en tu
mano y supuse que era el suyo. — Frunzo el ceño ante eso. —
Use la carta del “sino me cuentas diré todo” aunque él sabe que
no lo haré.
— ¿A dónde quieres llegar? ¿Por qué estas diciéndome todo
eso?
Lazo Irrompible
113
— Mi mamá se dedica a archivar todo lo relacionado con his-
toria vampírica, desde que nació está ligada a la historia, su linaje
se encarga de documentar todo. — Todo está tomando forma.
— Le pediste a Nicolás que investigara sobre si los cazadores
tenían información para traer a tu novio de regreso, pero él no
encontrara nada, los archivos que hay en las sedes son los bási-
cos, toda la historia está aquí, en este mismo pueblo, en la bib-
lioteca, en las puertas cerradas que jamás son abiertas al público
y yo soy la llave que te las abrirá.
Salimos del estacionamiento del instituto antes de que termi-
nen las clases por lo que ni Candice ni Ricardo me vieron allí,
así que podría decir que fue un éxito, pero cuando entro en la
hacienda y me estaciono, la puerta principal se abre, papá está
detrás del umbral no se supone que a esta hora debería estar
durmiendo, está mirándome fijamente, Alexandra a mi lado co-
mienza a temblar.
— ¡Tranquila! No tienes nada que temer, si van a regañar a
alguien es a mí. — Agarro mi bolso y salgo del auto, Alexandra
me imita, cuando me acerco a él se aparta del umbral para darme
paso, cuando estamos dentro cierra la puerta detrás de nosotras.
— Al estudio ahora mismo. — Es una orden, yo solo asiento
sin ningún temor, él se me adelanta por varios pasos, esta mo-
lesto.
— ¡Annie! — Ella me toma la muñeca antes de que me vaya
haciéndome girar. — ¿Quieres que te acompañe?
— No es necesario, deberías ir a comer algo o mejor espérame
para que comamos juntas. — Ella sonríe, con alegría en sus ojos,
BARBARA CONTRERAS
114
entro al estudio en el cual solo se encuentra mi padre, este está
sentado en el gran sillón que le da cierto aspecto de rey,me in-
dica con su dedo que me siente en uno de los sillones, no pongo
objeción. — ¿Tenía prohibido salir esta mañana? — No puedo
evitar sonar algo irónica.
— ¡No! lo que si me molesta es que hayas salido a hurtadil-
las en un auto que no te pertenece y llevándote a un sirviente
contigo.
— No salí a hurtadillas, todos estaban dormidos, y Alexan-
dra no es un sirviente, es mi humano personal.
— Aun eres humana no puedes tener un subyugado.
— Ella no es ninguna subyugada es mi amiga y cuando sea
vampira será oficialmente mi humana y la dejare libre, aun es
una niña no tiene porque ser como el resto. — Él suspira, hasti-
ado. —Pero sé que no me has hecho venir hasta aquí para hablar
de Alexandra ni de lo que estuve haciendo esta mañana.
— En eso tienes razón, Andrés me dijo que te informo acerca
de la junta. — El estómago me da una fuerte punzada. — Creo
que eso fue lo que hizo que te perturbaras anoche.
— Puede ser, desde hace años que una junta no ha sido nece-
saria, tú decides todo pero ahora es diferente, porque están de-
cidiendo sobre la vida de alguien que te importa y por lo que no
eres acto para tomar decisiones sin interponer tus sentimientos.
— El mismo día que Sebastián llego a esta familia me prometí
cuidar de él y no lo hice.
— No es tu culpa todo lo que paso, si hay que culpar a al-
guien es a mí.
— La junta será mañana, todos los grandes vampiros están
invitados a participar, la casa quedara protegida así que no hay
nada de qué preocuparse, me iré esta noche, solo espero que seas
prudente.
— Si deciden que lo mejor es matarlo ¿Se hará verdad?
Lazo Irrompible
115
— No podré hacer nada si se toma esa decisión, pero usare
todo lo que esté a mi alcance para que eso no suceda, Sebastián
es mi sucesor les guste o no a la mayoría.
— Papá antes de que te vayas necesito saber qué es lo prim-
ero que se siente al empezar la transformación.
— Los síntomas son diferentes, los sentidos se van ampli-
ando lentamente, hasta que sientes que la comida no es nece-
saria, asquea solo verla, te enfermas hasta que la primera sangre
llega,la evolución después de eso es rápida, aún falta mucho para
tu cumpleaños pero ya estas sintiendo los síntomas ¿Verdad?
— ¿Cómo lo sabes?
— Soy tu padre, mi sangre corre en tus venas. —En ese mo-
mento el significado de esas palabras tienen otro sentido.
— Vi como Alejandro le daba su sangre a Threvor cuando
nació ¿Fuiste tú quien me alimento la primera vez?
— Casandra estaba muy mal, cuando tuvo a Andrés casi
muere por lo que decidimos que no volveríamos a intentarlo
pero sentíamos que necesitábamos otro hijo por lo que decidi-
mos que ya era tiempo de tenerlo, esta vez fue peor, hay un lapso
de tiempo para poder alimentar al recién nacido, y el tuyo es-
taba pasando, la costumbre es que el primer alimento lo haga la
madre pero no es completamente necesario, por lo que lo hice…
Con Ian… — Su voz se apaga, Ian mi hermano menor, aquel que
no sobrevivió. — Él venía muy débil ni siquiera la sangre pudo
devolverle la vida, en ese momento nos dimos cuenta de que
Casandra no podía procrear más.
Recuerdo haber visto a mi madre con una gran barriga cu-
ando era pequeña, tenía alrededor de cinco años, y me decían
que pronto no sería la más pequeña de la casa, que pronto otro
niño estaría allí, Ricardo y yo tendríamos que cuidar de él, espe-
rábamos ansiosos ese bebé, pero no llego.
— La comida. — Él levanta una ceja diciéndome que con-
BARBARA CONTRERAS
116
tinúe. — Es lo mejor que hay en la vida no me veo desasiéndome
de ella en un tiempo cercano.
— Tu corazón late más despacio, y tu sangre comienza a oler
como a la nuestra, así que estas cerca de dar el próximo paso,
por eso quiero que seas prudente si te sucede algo y no estás
cerca. — Sus palabras quedan en el aire tal vez se imagina lo
que podría pasar si mi primera sangre llega mientras estoy lejos,
asiento y le sonrío para calmarlo, me levanto del sillón y corro
hasta donde él está, me le guindo del cuello y le doy un beso en
la mejilla.
— Tendré cuidado, ve tranquilo a esa reunión y di quien es
el que manda.
Después de eso salgo del despacho, a mi derecha en la sala
escucho las voces de Candice y de Daniel discuten por algo pero
no me interesa saber porqué, a lo lejos se escucha un pequeño
llanto, y en la cocina ollas son movidas de aquí para allá, cier-
ro mis ojos fuertemente, ayer no quería ni ver la comida y hoy
estoy escuchando todo más claramente, mis sentidos se están
agudizando y muy rápido tanto que ni cuenta me estoy dando
de los cambios, quería decirle a papá que esto ya estaba pasando
pero había tomado mi decisión a penas esta mañana y es irrevo-
cable.
Si se decide que Sebastián debe morir y no encuentro una
cura antes de que eso suceda, no me convertiré. No quiero la
eternidad si él no va estar conmigo, es algo drástico y dramático
pero si él muere, también lo haré yo.
Lazo Irrompible
117
Capitulo 11:
L
a despedida de mi padre fue algo rápida y sencilla,
después de comer algo en compañía de Alexandra
fui a mi habitación, me sentí cansada y dormí un
rato, cuando vinieron a llamarme ya había oscurecido y papá
estaba por irse, baje como a las ocho de la noche, la maleta es-
taba en el recibidor junto a la puerta y la familia estaba en la
sala, todos estaban allí cuando me sintieron llegar se callaron
y cambiaron de tema drásticamente, ellos creen que no me di
cuenta y les hice creer que así fue ya que no les preste atención
sé perfectamente porque lo hacen.
La puerta principal se abre y Grigory aparece, dijo algo
como que ya estaba todo preparado, comenzaron las indicacio-
nes del Rey para su sucesor aquí mientras él no se encontrara,
BARBARA CONTRERAS
118
Andrés se queja de todo, sabe perfectamente que hacer, que re-
sponsabilidades hay que cumplir, porque prácticamente siempre
eslo mismo, mi madre se acercaa él y lo besa en la mejilla antes
de que se vaya, se dicenpalabras que solo ellos pueden escuchar
o eso asumo al no poder escucharlas yo que estoy desarrollando
un oído más sensible, cuando papá pasa junto a mí coloca una de
sus manos en mi hombro izquierdo, me giro a mirarle el rostro,
tiene una sonrisa que me dice que todo está bien y por un mo-
mento le creo.
La reunión será en New York, donde se encuentra una de
las sedes más grandes de vampiros, aunque para los humanos
no existimos, las colonias aunque están apartadas de las grandes
ciudades y los que buscan una vida en solitario y normal lo ha-
cen en lugares menos poblados se suelen incorporar miembros
en sus propias narices como en el gobierno por ejemplo, aunque
no por mucho tiempo debido al problema de envejecimiento, a
pesar deque no les interesan las reglas humanas se suele moni-
torearlas por si acaso.
Estuve en la sala por varios minutos después de que papá se
marcho, todos están comentando a cerca de esa reunión y Daniel
está muy curioso con todo esto, quiere saber cómo funciona eso
de las colonias, y su padre se encarga de responderle cada una de
sus dudas, me doy cuenta de que esta obviando algunas cosas.
— Veras, anteriormente habían muchas colonias alrededor
del mundo, muy grandes pero a medida que pasaron los años
y que las cosas cambiaron con la llegada de la tecnología prác-
ticamente nos fuimos extinguiendo, las colonias quedaron re-
ducidas, muchos de nosotros viven entre humanos, aunque es
peligroso, hay muchos nómadas también.
— Y esas colonias ¿Saben donde están?
— Ni siquiera nosotros mismos sabemos dónde se encuen-
tran todas, cada país debe contar por lo menos con una, se moni-
Lazo Irrompible
119
torean, siempre hay un encargado que se comunica directamente
con el mundo exterior pero no sabemos dónde están, por lo me-
nos yo no manejo esa información.
— Exactamente como los bunques. — Cuando Candice se
da cuenta de que lo dijo en voz alta baja su mirada va al suelo,
avergonzada.
— ¿Bunques? ¿Qué es eso? — Daniel está muy interesado
en todo.
— Dejaremos esa charla para otro día, te dije que te llevaría a
dar una vuelta, es hora. — Andrés se levanta de su asiento, Dan-
iel lo imita, este es unos cinco centímetros más alto que su padre.
— ¿Vienes? — Se dirige a Candice, ella niega con la cabeza.
— Mi trabajo contigo está suspendido hasta nuevo aviso,
además no querría estropear una reunión padre e hijo.
— Candice tiene razón. — Mamá habla antes de que comien-
cen a discutir. — Lo mejor es que vayan ustedes, necesitan recu-
perar el tiempo perdido.
— Si van a cazar y de verdad por favor invítenme. —Ricardo
prácticamente les ruega, Andrés hace un movimiento con sus
hombros indicándole que no le importa, y acto seguido se van
los tres.
No tardo mucho tiempo en irme de allí dejando solas a Can-
dice y a mi madre, quiero volver a dormir, me sientoexhausta y
por primera vez en mucho tiempo quiero que la noche termine
para poder ir al instituto.
No soñé nada en toda la noche o no recuerdo haber soñado,
lo cual agradezco no soportaría otro sueño como el de la noche
BARBARA CONTRERAS
120
pasada, cuando bajo a desayunar el comedor está vacío como
siempre, Paulina me sirve un plato con cereal y leche, quise
vomitar en cuanto lo vi, esto está pasando con más continuidad
de lo que me gustaría pero aun así me obligo a comerlo todo,
todavía necesito los nutrientes que me proporciona la comida
solida.
— ¿Te sientes mal? — Me pregunta Candice cuando salgo al
porche, ella está sentada en uno de los sillones,su piel toda cubi-
erta de tela a pesar de que el solaunno termina de salir. — Tienes
cara de enferma. — Me dijo en cuanto le niego con la cabeza. —
¡Lo que tú digas! — El auto se estaciona frente a nosotras y uno
de los empleados humanos sale dejándolo encendido. — Es hora
de irnos. — Candice se levanta y en un segundo ya está dentro
del carro tocando la bocina, corro hasta allá.
— ¿Y Ricardo? — Le pregunto una vez que estoy con ella.
— En algún lugar de la casa embriagado de tanto que ha to-
mado.
— ¿Qué? — No entiendo que quiere decir con eso. ¿Em-
briagado?
— Anoche fueron a cazar estabas allí cuando se fueron o es-
tabas más dormida que despierta que no te diste cuenta. — El
auto comienza a moverse hasta la salida de la hacienda, la reja se
abre sola antes de que lleguemos, veo que el hombre que está allí
al vernos pasar baja la cabeza para evitar mirarnos.
— Claro que lo recuerdo, y asumí que irían a cazar algún
ciervo, o algún otro animal. — El sonido de la risa de Candice
hace que la mire más atenta. — ¿Qué pasa?
— ¿Ciervos? Nosotros no cazamos animales, estuvieron ca-
zando humanos toda la noche en la ciudad, Andrés se atrevió a
llevarse a Ricardo a cazar humanos, por el amor de Dios es un
novato.
— ¿Qué paso? — Algo me dice que las cosas no acabaron-
Lazo Irrompible
121
bien.
— Las cosas se salieron de control. — Sus manos aprietan el
volante con fuerza. — Andrés sabe muy bien que Ricardo es un
iniciado.
— Asesinó. — Sentencio porque noto que Candice no qui-
ere decir la palabra, ella solo continua manejando y nuestra con-
versación termina.
Aun cuando llegamos al instituto ninguna ha dicho nada, nos
separamos sin mencionarnos ni una sola palabra, cuando llega-
con sus amigas está con una sonrisa pero en cambio yo voy di-
recto al baño, tres chicas están allí, no me importa, abro el grifo,
meto mis manos y me enjuago el rostro, necesito que este calor
que estoysintiendo en mis mejillas baje un poco.
— ¿Estás bien? — Me pregunta una de las chicas, yo solo
asiento, ella mira a sus amigas las cuales intercambian una larga
mirada, pero ninguna hace otra pregunta, se ven por última vez
en el espejo y se marchan, cuando estoy sola me atrevo a mi-
rar mi reflejo, me sorprendo al mirarme a mí misma, mis ojos
están rojos, como si estuvieran inyectados en sangre y mis me-
jillas igual de rojas. Arden. No puedo estar enfermándome, es
imposible, los semi-vampiros no nos enfermamos,lo que me
mantiene erguida es que estoy sosteniéndome fuertemente en el
lavamanos, pero en algún momento cederé y caeré, la puerta del
baño se abre y Claire entra en compañía de Corina.
— ¡Annie! — Claire pone una de sus manos en mi cintura y
me atrae hasta ella, siento como me mueve y trata de sentarme
en el suelo. — Está ardiendo. — Le dice a su acompañante mis
ojos se cierran pesadamente y abrirlos cada vez es más difícil, lo
último que escucho es a Claire diciéndole a Corina que llame a
alguien.
Cuando vuelvo abrir los ojos estoy en una pequeña habit-
ación blanca, el techo es tan blanco como las paredes y la cama
BARBARA CONTRERAS
122
en la que estoy es muy dura, cuando me muevo y me levanto un
poco noto que es una camilla,un escritorio esta frente a la camil-
la y hay numerosas carpetas sobre él, al igual que un ordenador
portátil, detrás hay un estante lleno de medicinas, está debeser la
enfermería del instituto.
— Has despertado. — Una mujer morena entra al pequeño
espacio, lleva una bata blanca y el cabello marrón atado en una
cola alta. —Parece que te has desmayado esta mañana.
— ¿Qué… qué hora es? – Cuánto tiempo he estado incon-
sciente.
— Solo te has perdido el primer periodo, y el primer rece-
so… tus amigas estaban afuera querían verte pero les dije que
aun estabas descansando.
— Ya estoy bien.
— Annissa Collins. — Agarra una de las carpetas que evi-
dentemente es la que tiene mi nombre. — Tu informe médico
está bastante limpio nada inusual en tus otros institutos, hasta
hoy.
— Creo que fue por no desayunar y porque anoche no cene
y creo que tampoco almorcé. — Estoy diciendo mentiras evi-
dentemente pero es mejor que decirle que estoy pasando por la
transformación en que mi cuerpo me pide algo que no es comida.
— Sabes que la anorexia es una enfermedad muy peligrosa.
— La mujer se sienta en su silla y cruza los brazos en su pecho.
— Y tú ya eres la suficientemente delgada para dejar de comer.
— Sus palabras hacen que abra los ojos como platos, acaba de
decir ¿Anorexia?— Además. — Su mirada está fija en mi mu-
ñeca que está dirigida hasta ella, allí se pueden ver la marca de
los colmillos de Sebastián solo que no parecen colmillos sino
más bien como pequeños cortes. ¿Dónde estámi muñequera?
Mi otra mano cubre inmediatamente la muñeca expuesta qui-
ero salir de aquí lo más rápido posible, el sonido del timbre me
Lazo Irrompible
123
alerta.
— Debo ir a clases. — Le digo bajándome de la camilla, me
veo en el reflejo de la vitrina donde guardan las medicinas, mis
ojos y mi piel ya tienen su color normal.
— Es preocupante que una chica como tú presente síntomas
de mutilación, Annissa podemos ayudarte. — ¡Esto es estúpido!
Quiero gritarle pero veo en sus ojos preocupación verdadera así
que me contengo. — Sabemos que tienes problemas, que tus pa-
dres murieron pero lo que haces no es la solución.
Tengo que irme de aquí ahora mismo — Todo eso es una
equivocación, permiso. – Paso rápidamente junto a ella para di-
rigirme a la puerta, necesito salir de aquí.
Los pasillos estánvacios, nuevamente todos entraron a clases,
necesito aire fresco pero lo mejor será que vaya al salón, quizás
la doctora se encargará de averiguar si había entrado y si obtenía
una respuesta negativa lo vería como otra señal, los humanos
son muy entrometidos.
Cuando entro al aula nadie se fija en mí, así que voy directo
al último puesto, abro mis cuadernos y dejo que toda la infor-
mación sobre la historia lleguea mí o por lo menos lo intente,
y así pasa una clase tras otra, terminaba una y me iba práctica-
mente corriendo a la otra sin interesarme en los breves minutos
de descanso que hay entre una clase y otra, evitaba a Claire y
a Corina y porque no también a Candice, no se si ella está en-
terada del incidente de la primera hora pero más vale prevenir,
cuando salgo de la última clase, frente a la puerta está Corina,
sus brazos cruzados en su pecho y su boca fruncida.
— ¡Hola! — Le digo en un susurro, ella se acerca a mí me
hala de un brazo y entramos de nuevo en el salón.
— Fuimos a buscarte en la enfermería pero la doctora dijo
que aun estabas descansando, después volvimos a ir y nos dijo
que te habías marchado. — El lugar queda vacio, ella cierra la
BARBARA CONTRERAS
124
puerta dejándonos dentro protegidas de cualquier persona que
quisiese escuchar. — Esto es tuyo. — Saca de su bolsillo la mu-
ñequera que nunca me quito para ocultar las marcas de las mor-
didas, cuando mi mano sostiene el brazalete, Corina me agarra
y gira mi mano. — ¿Qué es eso? La doctora nos dijo que tenías
marcas en tu cuerpo que indican que te cortas pero las dos sabe-
mos que esa no es la razón. — Me suelto de un tirón.
— No es tu problema. — En este punto ya estoy molesta,
me coloco el accesorio en su lugar. — No tenían por qué qui-
tármelo. — Corina no dice nada espera una respuesta. — ¡Vale!
Son marcas de mordidas. — Su boca se abre, sé lo que está pen-
sando, que todos en casa se alimentan de mí. — Son marcas de
Sebastián.
— ¿Él te mordía? Y aun así quieres regresarlo.
— No es tan malo como piensas, él me mordía porque necesi-
taba sangre humana era su única opción viable, además de que
fue mi idea porque se estaba dejando morir de hambre, y no me
podía imaginar vivir sin él, desde que tengo uso de concienciasé
que él es la razón de mi vida.
— Sabias que eso es algo. — Hace un movimiento con sus
dedos junto a su cabeza, indicándome que estoy loca.
— Esto es algo que tú no entenderías. — Dije pasando por su
lado, este lugar cerrado está pareciéndome demasiado pequeño
y Candice seguro me espera histérica para ir a casa.
— Es que vas a irte así nada más. — Me detengo y me giro
para mirarla. — De verdad que estas enferma, tenemos que ir a
la biblioteca te acuerdas la investigación pendiente.
¿Cómo se me pudo olvidar eso? Ayer habíamos quedado en
que hoy iríamos a investigar un poco, en donde rayos tengo la
cabeza. — ¡Claro! — Cuando salimos al pasillo aun está atesta-
do de estudiantes, Claire nos alcanza antes de que lleguemos a la
salida, no tiene ni idea de que iremos a la biblioteca.
Lazo Irrompible
125
— Estaba a punto de ir a buscarte. — Nos dijo Candice en
cuanto estuvimos frente a ella, Claire ya se había marchado a su
propio vehículo. — hola. — Le dijo a mi acompañante aunque
aun no las he presentado formalmente y tampoco lo haré porque
seguramente ya se conocen.
— Necesito que nos lleves a la biblioteca. — Le dije cuando
abrí la puerta del copiloto.
— ¡¿Qué?! No sabía nada de eso, ¿Vamos a la biblioteca? —
Lanzo mi bolso dentro del auto y miro a Corina, asiento ante la
pregunta que hay en sus ojos. — ¿De qué me estoy perdiendo?
— Nos pregunta al ver que entre nosotras hay una comunicación
silenciosa, miro a los alrededores hay suficientes personas como
para que Candice no se abalance sobre Corina.
— Corina es. — No sé cómo decirlo sin que suene mal. —
Corina es una cazadora. — Esperaba que gritara que le saltara
encima e hiciera cualquier cosa menos lo que hace, se queda in-
móvil, mirándome fijamente.
— No puedes conseguir amigos normales Annissa. — ¡Ops!
Mi nombre completo, está molesta. — ¡Una maldita cazadora!
— Se gira hasta ella y la mira despectivamente de pies a cabeza.
— No es que te parezca mucho a uno. — Lo dice por la forma en
que está vestida, una pequeña falda con botas altas y una camisa
blanca bastante delicada.
— No soy una cazadora practicante si a eso te refieres, le dije
a mamá que hoy me encargaría de la biblioteca, tenemos que
llegar antes de que vaya a buscar a mi hermanita a la guardería y
llame a otra persona para que se encargue.
— Entonces me explicaras exactamente ¿De qué va todo
esto?
— ¡Claro! En el camino te cuento.
El instituto no está muy lejos de la biblioteca, aquella que
solía visitar casi a diario antes de empezar clases, no sabía que
BARBARA CONTRERAS
126
la señora que siempre me atendía en el mostrador es la madre
de Corina, ahora entiendo porque me miraba de aquella forma
tan peculiar y porque el día que vine con Nicolás pasaba cada
minuto cerca de nuestra mesa para indicar que nos calláramos,
no sé si Nicolás la conocía o no, pero él aseguraba que lo odiaba,
ella de seguro sospechaba que yo era un vampiro.
Corina baja sola de auto en cuanto nos estacionamos, su
madre no puede verla con nosotras o sospechara algo, ahora
Candice y yo estamos cerca de la plaza esperando, aprovecho
esos minutos para explicarle todo.
— Entonces has estado buscando un método para traer a Se-
bastián sin ayuda de nadie.
— Nadie estaría dispuesto ayudarme y recurrí a Nicolás
como última opción, el que la familia de Corina sea la encargada
de los archivos de historia de cazadores es una casualidad muy
grande.
— ¿No crees que su familia sea el grupo de cazadores del cual
te advirtió Nicolás?
— También lo pensé pero entonces por qué me ayudaría.
— ¡No lo sé! Todo esto es muy confuso, desde el último
ataque que recibimos el gran señor del club no volvió, se me ha
dicho que si pero he hecho amigos y es falso, además su olor no
es tan fuerte como antes. — Está dándome información de su
trabajo que no me es dicha. — Esa fiesta fue un total fracaso el
que este con Andrés es una pérdida de tiempo y ahora agreg-
uemos a la lista de preocupaciones que hoy en la noche se de-
cidirá qué harán con Sebastián, necesito sangre y por montones,
embriagarme un buen rato y ser feliz por unos segundos.
La ventanilla de mi puerta suena haciendo que Candice deje
de quejarse, Corina está allí diciéndonos que podemos bajar, es
tiempo de ver si en los archivos de los cazadores hay algún indi-
cio de qué puede traer a Sebastián de la muerte.
Lazo Irrompible
127
Capitulo 12:
BARBARA CONTRERAS
128
L
as tres entramos juntas a la biblioteca, como
siempreestá completamente ordenada no ha cam-
biado nada, el olor a libros viejos me llegaahora
más fuerte que antes, adoro ese olor, es simplemente reconfor-
tante.
Las mesas frente a nosotras están vacías, en un pueblo como
este a casi nadie le gusta leer, probablemente solo se llena cu-
ando llegan los exámenes finales. Corina se dirige al mostrador,
me detengo frente a ella, en el lugar en el que siempre esperaba
antes de que su madre me dejase llevar el libro que le solicitaba.
Comienza a marcar cosas en la computadora.
— Es muy silencio. — Candice está a mi lado susurrando
como si alguien fuera a callarla. — ¿Qué buscas? — No escucho
la respuesta de Corina, porque me aparto de allí, comienzo a
caminar por los largos pasillos llenos de estanterías, montones
de libros en fila, esperando ser leídos, esperando que alguien se
interesase en ellos, toco uno y un sentimiento de paz me invade,
cierro mis ojos y suspiro, por eso cuando una mano se posa en
mi hombro no puedo evitar gritar, un grito que por la antigüe-
dad del edificio y el eco se escucha multiplicado por mil.
— ¡Annie! — Escucho el grito de corina al mismo tiempo
que grito.
— Tranquila. — Me dicen girándome, ahora estoy frente a mi
atacante. — Soy yo. —Nicolás está frente a mí con una sonrisa
en sus labios, me abalanzo sobre él y lo abrazo fuertemente.
— ¡Annie! — Candice está ya en el otro extremo del pasillo,
su voz se escucha muy preocupada. — ¡Oh! Eres tú. — En ese
Lazo Irrompible
129
momento Nicólases apartado de mis brazos. — Cazador. —
Candice lo tiene ahora atrapado con su brazo en un gancho, su
espalda contra una de las estanterías.
— También me alegra verte Candice, tú siempre tan… — El
apriete de ella sobre su cuello se vuelve más fuerte. — Vampira.
— Antes de que pueda decirle que se detenga ella lo suelta y le
sonríe.
— Y tú para ser un cazador estás mal entrenado. — Le dice
jactándose de que lo había inmovilizado en un segundo.
— ¿Nicolás? — Corina está apareciendo por el pasillo, jade-
ando, había corrido hasta aquí cuando me escucho gritar. —
¿Qué haces aquí?
— Pensabas que iba a quedarme fuera de todo esto.
— ¿Cómo… Como entraste? — Ya estamos todos juntos,
Nicolás señala una de las ventanas, está abierta pero está de-
masiado alta como para que pudiera entrar por allí. — ¡Claro!
Las ventanas.
— ¿Tienes lo que necesitabas de esa computadora? — Pre-
gunta Candice acercándose a uno de los estantes y sacando un
libro, es de geografía por lo que bufa y lo vuelve a colocar en su
lugar.
— ¡Sí! Necesitaba saber si alguien vendría esta tarde a inves-
tigar algo, y no creo que algún estudiante venga así que he cer-
rado para nuestro beneficio, síganme.
La seguimos por un pasillo que está a nuestra derecha, las
estanterías hacen que el pasillo sea angosto, Candice al caminar
pasa sus dedos por el lomo de todos los libros de manera ca-
sual pero en el fondo sé que está nerviosa, llegamos a una puerta
que dice“No entre sino es empleado” cuando abre la puerta una
pequeña habitación queda al descubierto la luz alumbraprecari-
amente, en la pared derecha hay otra puerta, cuando Corina
la abre revela unas largas escaleras que llevan a algún tipo de
BARBARA CONTRERAS
130
sótano, primero entran ellos(los cazadores) yo dudo un poco,
lossótanos y yo no nos llevamos muy bien en estos momen-
tos, Candice toma mi mano derecha. — Estoy contigo. — Me
susurra, cuando giro a mirarla, sus ojos negros me miran con
determinación, me dicen que nada malo me pasara mientras este
con ella. Bajamos así, con las manos agarradas, cuando mis pies
tocan el último escalón veo lo más maravilloso del mundo, este
lugar es inmenso, exactamente del mismo tamaño que la bib-
lioteca de arriba y está invadida de grandes estantes llenos de
muchos manuscritos, libros e infinidad de información, mis ojos
brillan por la excitación.
— Tenemos que buscar en todas partes. — Nos indica Nico-
lás. — No sabemos exactamente qué queremos.
— Algo así como mitos, leyendas, y esas cosas. — Dijo Can-
dice moviéndose rápidamente a uno de los estantes, saca un gran
libro negro que suelta inmediatamente debido a que quema su
mano, este cae al piso haciendo un sonido sordo. — ¡Están ben-
decidos! — Exclama, Nicolás corre hasta ella y lo agarra del
piso. — Si todo aquí está bendecido no podre ayudar.
— No todo lo está, esa es una biblia por eso te repeló inmedi-
atamente. — Corina aparece con tres libros en sus manos.
— Estos son los registros más antiguos que tenemos, espe-
ro que te guste leer. — Los colocasobre una mesa, Candice se
mueve hasta allí, se sienta y comienza a hojear el primero.
— Es hora de ponernos a trabajar. — Dijo mi amigo a mi
lado, me da una palmada en los hombros y se pierde entre tan-
tos pasillos, por mi parte escojo uno que está en mi izquierda y
comienzo a buscar por título, algo tendrá que llamarme la aten-
ción.
Todo se encuentra clasificado, por año, origen, historia, y a
su vez todo se subdivide, tenemos que tener cuidado de dejar
todo en su lugar antes de irnos porque de seguro la madre de
Lazo Irrompible
131
Corina sabe el orden exacto de todo.
Agarro un libro grueso y de cubierta marrón que parece al-
gún tipo de tela que esta dura por la vejez,dentro hay hojas es-
parcidas parece una especie de diario, las hojas ya están amarillas
y muy débiles por lo que debo tocarlas con cuidado, comienzo
a leer la primera hoja, la letra es hermosa y perfectamente cor-
rida, en la parte superior dice 12 de Agosto 1745 Constance
Wright, cuando leo la primera palabra me doy cuenta de que
esto perteneció a alguien de mi especie¿Cómo pueden siquiera
tenerlo? Tal vez por los saqueos que se acostumbraban hace tan-
tos siglos atrás.
“Ayer mate… — Citó en las primera línea, quiero cerrarlo
esto no es de mi incumbencia eran los pensamientos de una chica
de una mujer pero. — No pude resistirme al impulso que sentía
por dentro, era más fuerte que yo, más fuerte que todos los años
de práctica que he tenido, el hambre siempre es más fuerte.Lo
peor de esto es que era mi propio hijo, mi propio hijo humano. —
No puedo continuar leyendo, esto es un diario muy cruel, una
vampira se había atrevido a alimentarse de su propio hijo, deseo
cerrarlo y dejarlo donde estaba pero la curiosidad por saber que
más le sucedió es más fuerte por lo que continúo leyendo —
No puedo creer que mi pobre Demetrio de solo tres tiernos años
este muerto, su sangre corre en mis manos, no merezco el perdón
de mi señor no merezco el perdón de mi familia de sangre ni el
perdón de Dios, una madre jamás asesina a sus hijos ni siquiera
los más viles animales cometen ese acto tan atroz, pero nosotros
no somos humanos ni animales somos demonios, somos escoria,
muertos en vida que solo vagamos por este mundo sedientos de
hambre, de un hambre que jamás es zaceada,merezco la muerte
que me he impuesto, merezco el castigo que por ley reclame yo
misma, merezco morir pero nunca recurrir al descanso eterno.
El no ver crecer a mis otros hijos es un castigo, el que ellos no me
BARBARA CONTRERAS
132
recuerden será mi perdición pero será lo mejor, no pueden vivir
con una madre que no puede controlarse y que podría matarlos
en cualquier momento. Los amo tanto como para poder estar con
ellos en una misma habitación. Espero jamás ser perdonada por
tan increíble acto que cometí. — La carta termina, las lágrimas
corren por mis mejillas, esa mujer estaba pasando por una in-
mensa pena. Había matado a su propio hijo por la sed de sangre.
¿En qué punto se sabía que un vampiro no era estable?
— ¿Annie? —Nicolás está agachado a mi lado. — ¿Qué te
pasa? — Uno de sus dedos levanta mi rostro. — ¿Por qué lloras?
— Esta carta, es tan… — Antes de que pueda explicarle algo
se enciende en mí, vuelvo a leer la carta una vez más esta vez más
detalladamente. — ¡Oh!
— ¿Qué pasa?
— “Merezco la muerte que me he impuesto, merezco el cas-
tigo que por ley reclame yo misma, merezco morir pero nunca re-
currir al descanso eterno” — Le cito las líneas. — Lo entiendes.
— Él niega con la cabeza. — Merezco morir pero nunca recurrir
al descanso eterno, necesitamos investigar a Constance Wright,
una estaca en el corazón es la muerte pero cuando es retirada
fácilmente se regresa a la vida. ¿Qué otra cosa hace que un vam-
piro parezca que está muerto pero no la está?
— Agua bendita.
— Constance tuvo que beber agua bendita o por lo menos
eso pienso. — Nicolás me quita la carta de las manos y comienza
a leerla. — Todas estas son cartas de ella pero ¿Escritas a quién?
Esa fue la última. — Le dije mientras miraba las fechas de las
anteriores, los años iban disminuyendo.
— Pero fue hace tantos años atrás que dudo que haya alguna
información. — Lo miro fijamente, quiero llevarme este diario,
leer más sobre esta mujer. — Guárdalo antes de que Corina se
dé cuenta de que estamos robando. — Lo meto en mi bolso que
Lazo Irrompible
133
por suerte no había soltado.
— ¡Encontré algo! — Candice grita desde donde se encuen-
tra, corremos hasta ella que aun lee seriamente uno de los docu-
mentos que le había tocado. — Mira esto. — Me dice señalán-
dome unas líneas, me acerco para leer sobre su cabeza.
“La guerra es injusta, más para nosotros que somos simples
humanos con la capacidad de un ratón en comparación con la
fuerza sobrehumana que poseen esos seres, nada parece hacerles
daño, solo el hecho de que nos escondamos durante la noche en
una iglesia hace que podamos sobrevivir.”
—Este es el diario de Spencer Snake, el primer cazador de
vampiros, pero esto fue cuando aún era un humano ordinario.
— ¿Cómo? ¿Cómo se convirtió en cazador sino sabía a qué
se enfrentaba?
— Magia. — La miro sin comprender. — Mas adelante lo
dice, ese tatuaje que los identifica no es hecho con tinta es de
nacimiento, es mágico, eso los identifica como los protectores
de demonios, porque lo creas o no Annie somos los malos del
cuento.
— Nuestra historia es irrelevante en este momento, creí que
dijiste haber encontrado algo. — Corina le quita el libro para
poder leer también.
— ¡Sí! Por supuesto que encontré. — El libro vuelve a estar
en su poder y comienza a hojear, las letras pasan rápidamente
frente a mis ojos, las fechas cambiando, estuvimos en 1265, 1480,
1560 en un segundo. — Aquí esta, fue escrito por Anne Marie
Fulles en 1745.
— “Los demonios nunca podrán tener el descanso eterno,
porque eso es lo que son, los vampiros no son más que eso, no
pueden poner un pie en la casa del señor, las figuras religiosas los
queman, el sol la energía más poderosa también les quema eso
solo quiere decir que Dios no quiere nada con ellos, he conocido
BARBARA CONTRERAS
134
a Constance desde que éramos unas niñas, el que ella resultase
un vampiro no cambio nuestra amistad. Pero lo que ha hecho…
mato a su propio hijo eso nadie podrá perdonárselo ni siquiera
ella misma, por eso voy ayudarla. Con mi ayuda tendrá el castigo
que se merece. Algo que solo está a mi alcance” — Candice deja
de leer. — Algo me dice que esa mujer tomo el peor veneno que
había en esa época para nosotros.
— Necesito esa hoja.
— ¿Qué? — Los oscuros ojos de Corina están abiertos de
par en par detrás de sus gafas. — No puedes llevártelo.
— Sera solo por hoy lo prometo, necesito ver que hay dentro
de estas líneas.
— Pero Annie, Caleb no está para que pueda ver dentro de
este papel.
— Hay otra persona que puede.
El sol aun está en el cielo para cuando llegamos a casa por
lo que no supuso ningún problema, mi madre aun duerme por
lo que no se entero de que llegamos unas horas más tarde de lo
normal, y Candice había telefoneado a mi hermano para que no
se preocupase así que se sentía bien entrar y no pensar que había
cometido un delito federal por llegar tres horas más tarde.
Nicolás prometió quedarse investigando un poco más en los
archivos, había tanta información que ni en diez años termi-
naríamos de leerla por completo.
— Tengo algo. – Informo a Candice cuando ambas entramos
a mi habitación, abro el bolso y saco el pequeño diario marrón.
— ¡No puede ser! Lo robaste. — Exclama con alegría en sus
Lazo Irrompible
135
ojos, me quitael diario de las manos y se tira en la cama.
— No lo robe, lo devolveré además Nicolás sabe que lo ten-
go.
— Nicolás te dejaría traerte todo si se lo pidieras, hasta insta-
laría la biblioteca en nuestro sótano para que fueras feliz. —Me
siento a su lado en mi cama no prestándole atención a su comen-
tario fuera de lugar. — Son cartas.— Las hojea sin leerlas. —Los
años pasan descendentemente.
— Las revise todas y son de Constance.
— La amiga de Anne Marie ¿Crees que estemos cerca de
conseguir respuestas?
— De lo único que estamos cerca es de saber si esa mujer se
enveneno con agua bendita pero no sabremos si despertó…
— Entonces — Cierra el libro de golpe. — ¿Qué hacemos
con esto? y con el otro fragmento de las cartas de Anne Marie.
— ¡No lo sé! Quiero entender hasta que punto nos puede
dominar la sed.
— ¿Quieres saber eso? — Ríe de forma irónica. — Solo tienes
que bajar al sótano y darle un vistazo a Ricardo, allí tendrás una
visión en primera plana de cómo luce la sed de sangre, mejor me
voy. — Cuando llega a la puerta se gira a mí nuevamente. — Y
Annie no me dejes fuera de esto lo quieras o no estoy involu-
crada. — Asiento antes de que se marche.
Estoy cansada, quierodormir un poco pero tengo muchas
cosas que hacer además de que aún es temprano, agarro el diario
y lo guardo en mi bolso nuevamente no me arriesgare a que al-
guien lo vea y lo bote,paso junto a la puerta de la habitación de
mis padres, la luz dentro está apagada, quiero entrar y verificar
si mamá está despierta pero mejor no, voy a la planta baja. Algo
me dice que no vaya al sótano.
Tengo que ver en qué condiciones está mi primo, y si está
como el otro día, el día en que mi padre lo mato, esta vez no
BARBARA CONTRERAS
136
tendré a nadie para defenderme, pero por otra parte se que él
no me haría daño. Y si creo eso porque tiembla mi mano so-
bre la manilla de la puerta, porque mi corazón late con nervi-
osismo dentro de mi pecho. Finalmente tengo el valor para abrir
la puerta, la luz está apagada, tengo que bajar algunos escalones
para poder tocar el botón que encenderá los bombillos de abajo.
— ¡Annie no entres aquí! — La voz de Ricardo viene desde
algún lugar de la planta baja, me haolfateado incluso antes de
que entre por completo, cuando doy dos pasos en el primer es-
calón maldice. — Es que no escuchas que ¡No bajes! — Está
alterado de eso no hay duda.
— Déjame verte. — Le digo desde arriba, él no responde. —
¡Rick! ¿Puedo bajar?
— ¡No! Por favor no quiero que me veas así. — Su voz se
quiebra al final. No aguantomás y bajo corriendo las escaleras
sin importarme no ver nada, cuando llego abajo comienzo a lla-
marlo, está tan oscuro que no distingo ninguna silueta. Hayun
sonido a mi izquierda, como el movimiento de un pie. Fue bas-
tante pequeño pero pude escucharlo. — Sube antes de que…
— ¿Antes de que qué? Ricardo no me harás daño entiéndelo.
— ¿Cómo lo sabes? — Estádetrás de mí, su nariz en mi cuel-
lo olfateándome. — Eres humana y yo… yo soy un vampiro.
— Estas dejando que la sed te domine, Rick tú eres más
fuerte que eso. — Se aleja de mí, después de tantos minutos en
la oscuridad la vista se acostumbra, ahora distingo un poco más
en la penumbra, él está en un rincón, su espalda inclinada, sus
hombros se mueven como si se estuviera reteniendo. — Si dejas
que pueda más el hambre te perderemos.
— Ayer fui un depredador… ayer mate a una persona. — Su
cuerpo cae al piso lentamente hasta que está agachado abrazán-
dose a sí mismo. — Lo he hecho otra vez.
— ¡No! — Estoy a su lado en un instante, rodeo sus hom-
Lazo Irrompible
137
bros con mis brazos, él se deja llevar, su cabeza cae en mi regazo.
— Esas cosas suelen suceder.
— Pero me gusta Annie, me gusta… la sensación que sientes
cuando estas tomándole la vida a otra persona es tan… me gusta.
— ¿Por qué estás aquí encerrado? ¿Andrés lo dispuso así?
— ¡No! arriba hay muchos humanos debo estar controla-
do para poder subir no quiero causar problemas, el bebé… su
corazón late con más fuerza que la de cualquiera allá afuera.
— ¿Lo ves? — No me entiende solo me mira, sus ojos ámbar
están veteados con rojo. — Estas aquí porque no quieres causar
problemas, no quieres matar a nadie, esa sensación que sientes
es causada por el momento… debes aprender a controlarla y ali-
mentarte sin llegar a matar, no somos monstruos podemos con-
trolarnos.
— Me estoy perdiendo Annie… cuando cazó no soy yo.
— ¡Pero qué tonterías estás diciendo! — La luz se enciende,
haciendo que mi primo cierre sus ojos de golpe, la repentina
luminosidad le hiere, yo también tengo que cerrarlos un poco.
— Es hora de que dejes de auto compadecerte, ¿Mataste? si está
bien la vida sigue levántate el sol se puso debemos salir.
— ¿Qué? ¿A dónde van? — Candice se arrodillaa nuestro
lado.
— Hay mucha energía contenida aquí dentro. — Golpea
levemente el pecho de mi primo. — Tenemos que deshacernos
de ella, levántate antes de que te levante yo misma. — Él lo hace
lentamente. — ¡Buen niño!
Observo como ambos se van, Candice sube las escaleras cor-
riendo y alienta a Ricardo desde el último escalón para que se
apresure una vez arriba cierra la puerta dejándome sola, no sé en
qué consiste el irse a deshacer de la energía acumulada después
preguntare. Si el sol se ha puesto eso quiere decir que Andrés
está por despertar al igual que Daniel, aunque Daniel es mitad
BARBARA CONTRERAS
138
humano quizás este despierto y por allí desde hace rato.
Y efectivamente así es, lo encuentro en el patio trasero junto
con Lizzy, la tiene tomada por las riendas y le acaricia el hocico,
habla con ella, la yegua se ve muy feliz si es que los animales
pueden sentirse así.
— ¡Hola! — Le digo cuando ya estoysuficientemente cerca,
Lizzy da un resoplido y comienza a moverse frenéticamente
reclamando mi atención, me acercoa ella para saludarla, mis ma-
nos pasan por su hermoso pelaje blanco.
— Sabía que estabas cerca. — Yo solo sonrío. — Ella es mara-
villosa, con solo tocarla veo… mi madre está en todas partes.
— Ella debe terne muchos recuerdos de Abril…
— Demasiados. —Sonríe melancólicamente, extrañando
aquello que no conoció. — Era realmente hermosa, ya sabes era
una humana común y corriente pero aun así veo que era muy
hermosa.
— Lo mismo me dijo Andrés… Daniel… necesito tu ayuda.
— ¿Mi ayuda? Muy bien dime ¿A quién quieres que mate?
— ¡¿Qué?! ¡No! ¿Cómo crees que? — Me detengo cuando
escucho su risa estridente por el lugar. — Vale te gusta bromear
pero esto es serio ¿Cuento contigo?
Lazo Irrompible
139
Capitulo 13:
D
aniel me promete que me ayudara aun cuando no
sabe que le estoy pidiendo eso me alegra, le dije que
no dijera nada de esto a nadie especialmente a mi
madre, mamá puede que le cuente a papá y después mi vigilancia
estará el doble de intensificada. Luego de llegar a un acuerdo lo
deje en el patio con la yegua él tiene muchas cosas que ver aun
en ella, y le dejaría hacerlo en privacidad, entre a la casa por la
puerta delantera, no quise entrar por la cocina, Paulina seguro
estaba allí y no quería verla.
Cuando estoy pasando por uno de los pasillos Julián sale
del despacho su sonrisa al verme hace que mi corazón lata más
rápido. — Hola princesa. — Dice en un siseo, Alejandro está
detrás de él, su mirada seria, pasa por su lado y solo me asiente
en saludo. — No cree que es de mala educación no saludar a sus
lacayos señorita.
— No cuando estos no te caen bien. — Su sonrisa se ensancha
más, es obvio que él me odia y es obvio que yo le odio, no sé que
le he hecho para que me odie tanto,cuando da un paso adelante
BARBARA CONTRERAS
140
no puedo evitar dar uno hacia atrás, no lo quiero cerca de mí.
Aunque ¿Qué puede hacerme? Estoy en mi casa, mi hermano
detrás de la puerta que Alejandro cerró cuando salió, mi madre
en los pisos de arriba, mi sobrino en la parte trasera, pero aun así
me siento completamente sola, si él hace un movimiento rápido
puede quebrarme el cuello en cuestión de segundos. Continúa
caminando acercándose más. La pared me detiene ahora está fr-
ente a mí. —Aléjate de mí.
— No eres especial Annissa. — Su siseo bajo. — Entonces
dime ¿Por qué te desean tanto? — Mis ojos se abren como pla-
tos ¿De qué habla? Su mano fría me toca la mejilla, yo estoy
petrificada. ¿Acaso nadie puede escuchar lo que este tipo me
está diciendo? Nadie con súper odios vampíricos por ejemplo.
— Eres tan… —Cae al pisoinconsciente pero no tiene ninguna
herida en su cuerpo, cuando lo veo a mis pies, suelto la respi-
ración que había estado conteniendo.
— ¿Estás bien? — Mamá está a mi derecha, no la sentí llegar
y evidentemente él tampoco. Yo asiento pero no estoy del todo
convencida. ¿Dónde rayos estáAndrés? Mi madre se sostiene de
la pared para no caer.
— ¡Mamá! — Grito cuando sus piernas flaquean y cae de ro-
dillas. — Mamá ¿estás bien? — Es una pregunta estúpida porque
sé que no está bien, por eso Julián había caído sin ningún ras-
guño al suelo, ella uso su poder, aquel que nunca se atreve a usar
porque no puede controlarlo. — ¡Andrés! ¡Andrés! —Comien-
zo a gritar pero nadie sale del despacho.
— Estoy bien. — Me dijo reclinándose en la pared todos los
que estaban cerca y me escucharon corrieron hacia mi voz, los
sirvientes, hasta Paulina que no siente emoción alguna está con
todos ellos, su rostro serio, Alexandra es quien tiene valor para
acercarse y agacharse a mi lado para tratar de ayudarme.
— ¡Ann! — Daniel también me ha escuchado está movié-
Lazo Irrompible
141
ndose alrededor de la marea de cuerpos. Mamá frente a mí ya
tiene los ojos cerrados. — ¿Qué paso? — Cuando se agacha
junto a Alexandra sus ojos están estudiando el escenario, ve a
Julián a unos cuantos pasos detrás de nosotros inconsciente. —
¿Dónde está mi padre?
— ¡No lo sé! — Grito, estoy llamándolo a gritos y él no re-
sponde a mi llamado. — ¡Andrés! —Vuelvo a gritar pero nada.
Alejandro también está aquí hora.
— ¿Qué ha pasado? — Pregunta al ver toda la escena.
— Quédate aquí. —Daniel me ordena antes de levantarse e
irse hasta el despacho, cierro mis ojos fuertemente, para que las
lágrimas que se acumulan en mis ojos se queden allí.
— Alexandra, Karol lleven a mi madre a su habitación. —
Comienzo a dar órdenes sin siquiera saber que tengo que hacer.
— Todos los demás regresen a sus labores, Alejandro lleva a Ju-
lián al sótano.
— ¿Pero qué ha pasado? cuando él no me siguió supuse que
pasaba algo después escuche sus gritos…
— Haz lo que te digo. —Hay convicción en mi voz, estoy
dándole órdenes a personas que me doblan la edad y no me im-
porta. Todos comienzan a moverse, uno de los sirvientes hom-
bres ayuda a Alexandra y a Karol a llevar a mi madre arriba, cu-
ando ya están en los escalones voyal despacho, está vacío, Daniel
mira por una de las ventanas buscando algo en la oscuridad de la
noche, entre los árboles que nos rodean. — ¿Daniel?
— ¿Qué rayos paso? Un segundo estás conmigo y al otro
estás en medio del pasillo con tu madre en brazos totalmente
desmayada y uno de los vigilantes en las mismas circunstancias.
— Pasaba por aquí y Julián no seque trataba de hacerme pero
decía cosas incoherentes, mamá lo ataco, por eso esta desmayada
en estos momentos. — Daniel camina y se aleja de la ventana,
pasa una de sus manos por detrás de su cuello nerviosamente.
BARBARA CONTRERAS
142
— ¿Dónde estáAndrés? —Vuelve a preguntarme. — Su olor
aquí es débil puedo decir que no ha entrado en esta habitación
desde ayer.
— ¡No… no lo sé! — Esas palabras tienen que salir forza-
das de mi garganta. Estoy temblando, no puedo evitarlo, estoy
pensando de todo y no son cosas buenas. No veo a mi hermano
desde el día anterior y cuando Candice me dijo que le escribió
esta tarde no dijo nada de haber obtenido respuesta. — ¿Desde
cuándo no lo ves?
— ¡Maldición! — Grita dándole un fuerte golpe a la pared
que tiene frente a él, está se agrieta, su comportamiento me asus-
ta. Saca su celular de su bolsillo y comienza a marcar números.
¡Cierto! Porque no lo llamo. Corro hasta el escritorio y tomo el
teléfono, me sé el número de memoria, este repica, diciéndome
que Daniel no le llama a él. — Es Daniel. — Dice éluna vez que
su llamada es respondida, se aleja un poco de mí, los pitidos de-
trás de mi oído continúan.
— ¡Aló! —Escucho en la bocina, es su voz, la felicidad me
inunda a la vez que la ira comienza a invadirme. — ¿Madre? —
Su pregunta está llena de duda como si temiera que fuera ella.
— ¡¿Dónde rayos estás?! — Exploto, cuando grito mi sobri-
no gira a mirarme, murmura algo a su propia llamada y cuelga,
mi hermano dice algo pero no le estoy escuchando lo quiero
aquí y ahora. — Casi me atacan en medio de la casa y túestás en
una fiesta. — Lo digo por el sonido que escucho detrás.
— ¿De qué hablas?
— Ven a casa ahora mismo. — No doy más explicaciones
porque le cuelgo la llamada.
— Lo encontraste ¿Está bien? — Me exige que le responda,
cuando asiento libera el aire que había estado conteniendo. —
¡Rayos! Se supone que no debe salir de aquí. — Exclama mo-
lesto. — Le voy a partir la cara cuando lo vea.
Lazo Irrompible
143
— Tienes mi autorización para hacerlo. — Estoy cansada,
cuando salgo del despacho, Alejandro está esperándome afuera,
inclinasu cabeza al verme salir.
— Estamos verdaderamente conmocionados por lo que aca-
ba de pasar. — Me dijo cuando estamos frente a frente. — To-
dos los vigilantes están afuera esperando ser llamados para ser
juzgados, uno de los nuestros ha intentado atacarla en nuestras
narices y la Reina está…
— ¿Qué hacían en el despacho?
— El joven Andrés me ordeno estar al cuidado mientras él se
dirigía hacer otras cosas, estaba dando una vuelta por la casa cu-
ando encontré a Julián dentro del despacho, me dijo que estaba
allí por ordenes del señor Caleb, él es quien le da órdenes di-
rectas así que estaba buscando algo para él, le dije que tenía que
seguirme y seguir buscando cuando Andrés regresara y verificar
la autenticidad de su mensaje, pensé que venía detrás de mí cu-
ando salí de la casa, no pensé que él se quedaría allí con usted ni
que trataría de hacerle daño, todo fue en segundos, si hubiera
sabido que…
— No es tu culpa y regresaste justo a tiempo, mi hermano
ya está en camino de regreso, será mejor que le esperes yo voy
a… necesito estar con mi madre. — Él asiente y yo lo dejo atrás.
Subo las escaleras corriendo. Cuando entro a la habitación de
mis padres, Alexandra y Karol están allí, mamá esta acostada en
su inmensa cama, la sábanablanca cubre su cuerpo aunque esto
es por puro formalismo porque no puede sentir frío. Karol se
levanta al instante en que entro y se para rígida. — No es necesa-
rio. — Le digo un tanto agotada. ¿Acaso no puedo tener un día
normal? — Gracias por traerla.
— Annie pero ¿Qué fue lo que paso? ¿Por qué la señora esta
así? — Veo como Karol se sorprende al notar la forma en que
Alexandra se dirige a mí.
BARBARA CONTRERAS
144
— Es una larga historia. — Me siento junto a mamá. — Es-
tarás bien. — Le susurro acariciando su cabello. — Solo necesi-
tas descansar. — Cuando me inclino para besarle en la frente la
puerta se abre, Andrés entra dando fuertes pasos. Llego muy rá-
pido, al parecer no estaba tan lejos lo que me hace preguntarme
¿De dónde venía esa música?
— ¿Cómo está? — Se arrodilla a mi lado, y toma su mano
entre las suyas.
— ¿Cómo está? —Sueno algo irónica. — Se supone que cosas
como estas no deberían pasar, en qué piensas ¿Dónde estabas?
— Ocupado — Me dice levantándose del piso. — Crees que
estoy jugando pues no, ustedes salgan. — Les indica a las chicas
que están acompañándome, ellas obedecen inmediatamente. —
Alejandro ya me conto todo, ¿tú estás bien? — Asiento. — Ju-
lián ¿Está vivo? — Al decir su nombre hayodio en su voz, el
poder de mamá como el suyo es muy extraño, pueden entrar en
el cerebro de la persona y destruirlo por dentro, recuerdo la vez
que Sebastián se retorció de dolor frente a los ojos de todos cu-
ando intento atacar a mi padre en un ataque de ira. Andréssabe
controlarlo pero mamá no, cada vez que lo usadesaparece en su
propia mente por días.
— ¿Qué estabas haciendo? — Le pregunto, me levanto de la
cama, él camina alrededor de la habitación, va al armario y saca
una bata azul claro. — ¡Andrés!
— Madre sabía que nome encontraba en casa. — Con eso me
dice “No creas que estoy haciendo cosas a escondidas” — Toma
cámbiale la ropa, que este cómoda, dormirá por varios días. —
No recuerdo la última vez que estuvo así, de hecho creo que han
pasado muchos años, la primera vez que la vi eneste estado me
asuste mucho pensaba que la había perdido para siempre. — Es-
taré en el sótano por si me necesitas, intentare despertar a Julián
si es que aun está vivo. — Otra cosa que también pueden hacer
Lazo Irrompible
145
es regresarlos de su estado catatónico, pero eso mamá nunca lo
ha intentado.
— ¿Papá ya lo sabe? — Mi hermano se detiene en la puerta
antes de girar la manilla.
— Papá está muy ocupado en estos momentos, es la prim-
era reunión con el consejo, si le llamo no estará centrado y tal
vez pierda el caso, ¿Quieres eso? ¿Quieres que decidan que la
muerte es el destino de Sebastián? — No respondo, así que se
marcha dejándome sola.
No se me hizo difícil cambiarle las ropas por la pequeña bata
azul que Andrés había indicado que le colocara, me acuesto a su
lado, abrazándola. Está pérdida y tiene que encontrar su regreso
a casa, cuando papá se entere va a estar muy pero muy molesto.
La voz seca de Julián se reproduce una y otra vez en mi cabeza
“Entonces dime ¿Por qué te desean tanto?” ¿De qué estaba
hablando? ¿Me desean? Acaso hablaba del Sangre Real que esta
buscándome para quién sabe qué cosas.
Con esos pensamientos en mi cabeza me quedo dormida o
eso imagino porque la próxima vez que vuelvo abrir los ojos es
de día, la pequeña ventana de la pared izquierda esta levemente
iluminada por destellos de luz. Mis padres son viejos por lo que
el sol ya no les molesta tanto, pero tampoco tienen un gran ven-
tanal como yo, me imagino que esa pequeña ventana de 2x2 está
allí solo para indicarles cuando afuera está iluminado.
¿Iluminado? El sol sale aproximadamente a las 7:30 de la ma-
ñana y no ilumina de esta manera ¿Qué hora es? Tengo que estar
en clases. Le doy los buenos días a mamá antes de irme, no sé
si pueda escucharme pero no pierdo nada con ser educada, cu-
ando salgo al pasillo esta en silencio, corro a mi habitación y me
meto en la ducha aun sin saber si tendré tiempo de ir a clases.
Si empiezo a faltar la doctora de ayer seguramente comenzara a
sospechar cosas aun peores.
BARBARA CONTRERAS
146
Cuando salgo con la toalla aun enrollada en mi cuerpo se me
ocurre la brillante idea de ir por el pantalón que estaba tirado en
el suelo y sacar el celular para saber si aun había tiempo. ¡Rayos!
Son las 10.30 de la mañana ya me he perdido dos clases. Tengo
dos mensajes uno es de Corina se limita a preguntarme si acaso
voy a huir con la carta y el otro es de Nicolás, suspiro hastiada,
últimamente duermo mucho. Eso se debe seguramente al cam-
bio, dormir de día se convertirá en mi mejor opción para vivir de
noche, Candice y Sebastián se adaptaron bien a cambiar turnos
cuando comenzamos a vivir aquí y Ricardo tampoco dio mucho
problema en eso, en cambio yo… lo único que quiero es seguir
durmiendo.
La puerta suena haciendo que salga de mi trance en donde
miro la cama fijamente decidiendo si me acuesto o me visto para
empezar un nuevo día.
— ¡Adelante! — Dije pensando que es Alexandra, cuando
Daniel entra de lleno en mi habitación le grito que salga, estoy
con una diminuta toalla enrollada a mi cuerpo. — Si adelante
ríete todo lo que quieras. — Le digo cuando salgo al pasillo con
mucha ropa encima, una camiseta blanca con una sudadera abi-
erta negra, y pantalones azules, él está recostado a la pared frente
a mi puerta.
— ¿Estás bien? — Me pregunta a penas me ve, no hay risa
en él.
— ¡Sí! ¿Por qué?
— Luces algo. — Cuando dijo eso abro la puerta de mi hab-
itación otra vez y entro corriendo directo al espejo. Estoy roja,
mis mejillas están muy rojas. — Debes tener fiebre.
— ¡No! No es eso, no es nada. — Por lo menos mis ojos es-
tán normales y no inyectados en sangre como ayer. — Debe ser
el agua caliente de la ducha.
— ¿Estás segura? — No me cree absolutamente nada.
Lazo Irrompible
147
— Que otra cosa podría ser, los semi-vampiros no nos en-
fermamos.
— Yo me enfermaba, tengo algunas marcas de la varicela. —
Me anuncia. — Pero claro era más humano que tú.
— Exactamente hay sangre humana en ti en cambio en mí
no hay nada, estoy destinada a ser un monstruo desde que nací.
— Bromeo un poco, broma que no le hace ninguna gracia pero
¿Por qué está tan serio? — Parece que alguien amaneció de mal
humor.
— Anoche creí que había perdido al padre que recién en-
cuentro perdóname por amanecer de mal humor. — No séqué
responder a eso. — Dijiste que querías que te ayudara con algo
para eso estoy aquí. — Recuerdo inmediatamente las cartas
guardadas en mi bolso que aun reposa sobre mi cama, voy por
ellas, cuando ve el diario sus ojos se oscurecen un poco, el verde
parece negro, parecereconocimiento. — ¿Qué es eso?
— Lo encontré, son unas cartas escritas unos siglos atrás, son
de una vampireza, Constance se llamaba. — Me siento en el piso
de mi habitación, con mis piernas dobladas entre ellas, así como
cuando me sentaba cuando era niña, él hace lo mismo sentán-
dose frente a mí. — Mi padre sería el más indicado para ver los
recuerdos de esto pero hay un pequeño problema además del
hecho de que no está. — Él me mira y eleva una ceja esperando
por el problema. — Él no está enterado de que estoy tratando de
buscar una solución a lo de mi prometido por mi cuenta, y eso
te deja a ti en primera línea.
— Deberías saber que mi poder despertó apenas unos días,
no sabía que tenía esto hasta que mi abuelo me toco. — Primero
le dice padre a mi hermano, ahora abuelo a mi padre, se está
haciendo a la idea muy rápido. Solo espero que no comience a
llamarme tía. — Los recuerdos no son específicos.
— Te ayudare. — Le dije aun cuando no sé cómo. — Tendré
BARBARA CONTRERAS
148
tu poder también, y mi transformación esta cerca lo siento, por
eso creo que si tratas de ver en estas cartas conmigo guiándote
podrás ser mas especifico en lo que mires.
— ¿Estás segura de que funciona así?
— No tengo idea solo quiero intentarlo. — Daniel me ex-
tiende su mano izquierda, es grande en comparación con la mía,
la tomo, él la aprieta y comienza a hojear el pequeño libro. Es-
coge una carta al azar o eso creo. La toca, sus dedos circulan a
través de la perfecta letra, cierra sus ojos, yo también lo hago,
me centro en tratar de ver lo que él está viendo, tratando de que
sus imágenes sean precisas y no un borrón como está acostumb-
rado. Lentamente noto como detrás de mis propios parpados se
empieza a distinguir una forma, una mujer, hay una mujer detrás
de mis parpados, esta acostada en el piso y está llena de sangre,
sobre ella otra mujer se irgue con su boca llena de sangre.
Capitulo 14:
Lazo Irrompible
149
L
a mujer esta frente a nosotros, está limpia su boca
con desesperación como si haciendo eso se negara
a sí misma lo que acaba de hacer. Cae al piso, su
vestido verde oscuro esparcido a su alrededor, coloca sus brazos
doblados sobre sus rodillas y comienza a sollozar.
— Estamos viendo lo que está escrito en las cartas no solo el
recuerdo de lo que ella sintió al escribirlas. — Escucho la voz
de Daniel, no había notado su presencia a mi lado y aun sos-
teniendo mi mano. — Parece ser que la ha matado.
La puerta detrás de ella se abre y entra un hombre seguidos
por tres personas, son humanos de eso no cabe duda, se acercan
al cuerpo inerte. El hombre es guapo no puedo negarlo se agacha
junto a ella y trata de hacer que lo mire.
— ¡No me toques! — Chilla la chica, sus ojos están comple-
tamente rojos y sus colmillos expuestos. Uno de los humanos que
entró se agacha a su lado y expone su cuello. —¡No!¡Por favor
no!
— Debes alimentarte o morirás. — Escuchamos la voz del
hombre. — Es tu naturaleza debes hacerlo. — La agarra por el
cuello con su mano y la empuja hasta el hombre, cuando está allí
muerde sin remordimiento alguno. — Buena chica. — Le dice,
acariciándole el cabello. — Esta es mi hija”
Suelto el agarre de Daniel, él también pierde la conexión cu-
ando abre sus ojos, está respirando rápidamente, ese hombre era
el padre de esa chica y la estaba obligando alimentarse aun cu-
ando ella no quería, podía recordar la forma en que limpiaba su
boca no quería hacerle daño a nadie.
— Esa fue su primera alimentación real. — Me dice Daniel
sacándome de mis pensamientos, lo miro sin comprender. —
Aquí lo dice. — Me pasa la carta.
“Tenía que alimentarme o moriría debía hacerlo sabía que a
BARBARA CONTRERAS
150
la larga no podría seguir negándome a la transformación, pero
no quería sobrepasar los propios límites de alimentación, mate a
cinco personas en mi primera noche,desde este día sé que soy una
adicta, siempre estoy pensando en sangre”
— Se convirtió en una adicta desde la primera vez, eso es
posible he conocido vampiros que no están muy desarrollados
psicológicamente, no como todos nosotros. — Estoy sin voz, sé
que hay vampiros que les gusta tanto la sangre y hacen tanto mal
que se está permitido asesinarlos pero y si yo me convierto en
uno de esos. — ¿Quieres mirar las otras?
— ¡No! — Busco entre las hojas la más importante la de
Anne Marie. — Mira está, es de una cazadora ella era amiga de
Constance. — Él lo hace, a los pocos segundos tiene sus ojos
abiertos. — ¿Ya?
— No puedo, las imágenes son flashes que pasan a gran ve-
locidad, te necesito conmigo. — Su mano está extendida hasta
mí. — Eres tú quien hace que veamos el recuerdo tan nítido. —
Dudo un poco, no quierover más, me lleno de valor recordando
que esto no es por mí no se trata de mí, le doy la mano y cierro
mis ojos, me concentro tratando de mirar lo que sea, abriendo
mi mente.
El vestido choca en el frio piso lleno de nieve puramente blan-
ca, ella tiene su cabeza gacha y oculta tras una capucha, va cami-
nando muy rápido, pasando de casa en casa, lleva algo aferrado
en sus manos, como si eso fuera lo más importante en su vida.
Cuando pasa frente a una iglesia se santigua y se arrodilla un
poco para seguir si camino, el cielo esta encapotado y parece que
va a llover, Daniel y yo la seguimos por las calles vacías. Calles
vacía seguramente por miedo. Descendemos por una pendiente
algo inclinada, la mujer que seguimos se tropieza y dice una mal-
diciónpara seguir su camino ahora un poco coja.
— Sabía que vendrías. — Daniel y yo nos giramos porque la
Lazo Irrompible
151
voz llega desde nuestras espaldas, es Constance, está vestida con
una tela blanca muy clara y claramente se ve su ropa interior. Su
cabello negro es muy largo esté tiene algunos copos de nieve segu-
ramente tiene tiempo fuera y aun así se ve hermosa, no sabíaqué
tiempo había pasado desde su primera carta a esta pero estaba
exactamente igual, quien la viera diría que es una niña de escasos
17 años. Tan vulnerable y sola.
— Eres mi amiga o lo eras. — Me giro a ver a la mujer que
habíamos seguido, ella esAnne Marie, es una mujer mayor, ron-
dandolos sesenta años, cuando se quita la capucha su cabello
tiene rastros de gris sus ojos negros no expresan nada. — ¿Qué
has hecho? — Le pregunta. Daniel me mueve un poco para que
logremos mirar a las dos al mismo tiempo. Constance tiene san-
gre seca en sus manos, no me había fijado en eso.
— Fue un último bocado, un pequeño cachorro, espero que
nadie le eche de menos. — Baja su cabeza evitando mirar a la ca-
zadora frente a ella. — Es mejor acabar con esto, dámelo, dame
lo que te pedí Anne Marie sácame de mi miseria.
— Esto no te sacara de tu miseria, hará tu existencia errante,
sufrirás eternamente, estarás muerta pero jamás podrás morir
realmente, nunca podrás tener el descanso eterno y tu alma se
quemara por siempre.
— Eso es exactamente lo que quiero, por mi pequeño Deme-
trio... Eso es lo que me merezco. — En un segundo está frente a
la otra mujer. — ¡Dámelo! —Anne Marie le tiende sus manos y
allí hay un frasco transparente con un líquido blanco. — Siempre
estaré agradecida contigo, de verdad estoy agradecida contigo.
— Te despedirás de tus otros hijos antes de hacerlo. — La
chica niega con la cabeza alejándose. — Deberías hacerlo ellos
no saben nada de esto.
— Ellos son inocentes de todo, estaré muerta simplemente eso,
me olvidaran y continuaran con su vida.
BARBARA CONTRERAS
152
El recuerdo termina, ambos abrimos los ojos al mismo tiem-
po. Anne Marie nunca vio si ella se tomo el líquido que le había
llevado, por lo tanto no sabía si había sido revertido el efecto. Me
levanto rápidamente aturdida. — ¿Conseguiste lo que querías?
— Niego con la cabeza. — ¿Qué le paso a tu prometido? — Lo
llama así porque me había referido a él de ese modo hace un
momento.
— Los cazadores le dieron de beber agua bendita, no ha des-
pertado desde entonces.
— ¿Qué? ¿Ellos no son capaces de…?
— Como lo sabrías ni siquiera los conoces,no sabes todo lo
que pasamos antes de que llegaras.
— Sé que estuvieron cautivos pero también sé que eres amiga
de un cazador, así como también sé que por más guardias que
tengan los cazadores los tienen vigilados. — Se levanta del piso y
me dala espalda, su respiración hace que sus hombros se muevan
agitadamente.
Lo sigo, me levanto detrás de él, toco su hombro que está
muy rígido. — ¿Cómo? – Cuando se gira a mirarme sus ojos
verdes-dorados se tornan de rojo. — ¿Cómo lo sabes?
— Porque por eso entre a esta casa. — Las palabras me caen
como un balde de agua fría. ¿Qué está diciendo? Las manos me
tapan la boca antes de que salga mi grito. — No te asuste Annie
por favor déjame explicarlo.
— ¿Hay explicación? ¿Eres un maldito cazador? ¿Un vam-
piro cazador? ¿Cazas a tu propia especie? — Estoy alterada casi
gritando las preguntas.
— Soy su máquina desde que tengo uso de razón, pero ya no
más, todo lo que me dijeron desde el principio fueron mentiras,
cuando vi en los recuerdos del pendiente vi lo que le hicieron
a mi madre, ellos me dijeron que ella había sido asesinada por
mi propio padre y que ellos me habían protegido de él porque
Lazo Irrompible
153
pensaban que era humano, sabía que tenia poderes desde que me
manifesté pero jamás lo dije, eso me hacía un sangre Real y por
más que hubiera crecido con ellos no habrían dudado en sacrifi-
carme. — Habla sin detenerse, como si hubiera practicado varias
veces el mismo discurso, pero aun así parece sincero. — Todos
los recuerdo que Caleb vio eran ciertos pero pude maquillar al-
gunos para que no viera mi infancia no viera las razones por
las que estoy aquí, ellos son unos mentirosos siempre me man-
tuvieron engañadoy anoche pensé… anoche pensé que habían
capturado a mi padre…
— No sabes lo feliz que estámi hermano contigo aquí. – No
quiero ni pensar en cuando él se entere de esto. — Cuando.
— Ya lo sabe. — Me corta antes de que termine la oración.
— Quiero que las mentiras se acaben, ustedes son mi familia no
ellos, nunca me había sentido en casa no hasta ahora, Andrés
está decepcionado de mí y lo entiendo. — Antes de que continúe
hablando y lamentándose me inclino hacía él, mis brazos se cier-
ran en su cuello, mi cabeza reposa en su pecho. — Nunca quise
hacerles daño.
— ¡Lo sé! dijiste la verdad antes de que fuera demasiado
tarde.
— Sera mejor que baje se supone que soy el guardia de Ju-
lián si papá sabe que estoy aquí tendrá una razón más para gol-
pearme. — Cuando me quedo sola otra vez no puedo evitar
llorar.
Caigo al piso y lloro como nunca antes lo había hecho, las
esperanzas están pedidas, esas cartas no dicen nada, los caza-
dores no saben nada acerca de cómo regresar el efecto del agua
bendita. El mensaje de Nicolás hablaba de que habían revisado
casi toda la biblioteca y no había nada. No puedo hacerme a la
idea de nunca más mirar el rostro sonriente de Sebastián, tener
una vida sin él sería tan vacío, tan inútil.
BARBARA CONTRERAS
154
La segunda reunión del consejo será esta noche pero la de-
cisión tiene que estar tomada desde la primera. Lo que sea que
se haya decidido ya no tiene marcha atrás, y sé que es lo que
se había decidido. Las palabras que escuche en el recuerdo se
repiten en mi cabeza “sufrirás eternamente, estarás muerta pero
jamás podrás morir realmente, nunca podrás tener el descanso
eterno y tu alma se quemara por siempre” y después estaban las
palabras de Sebastián en mis sueños… “Duele Annie… duele
mucho” su alma se está quemando, está sufriendo tanto. Con
la estaca en su corazón dejaría de sentir dolor pero eso no está
verificado, si él tiene que morir yo también lo haré eso ya está
más que decidido.
Me hago un ovillo en el suelo y cierro mis ojos, las lágrimas
caen calientes por mi piel. Los sollozos trato de mantenerlos
dentro de mi garganta lo que lo hace más difícil, mi cuerpo tiem-
bla por el esfuerzo, al cabo de un rato mis parpados están pesa-
dos y mis mejillas pegajosas por las lagrimas pero no me muevo,
me librare del mundo por un rato, quedándome así, quieta en el
piso con mis sollozos.
Cuando vuelvo abrir los ojos me encuentro en mi cama, no
recuerdo haber sido movida, mis ropas también fueron cambia-
das y por el ventanal veo que afuera es de noche. Hay una mu-
jer de cabellos negros sentada en el mueble que esta frente a mi
cama está observando la luna llena. — ¿Candice? — Le llamo,
no puede ser nadie más, mamá esta inconsciente en la habitación
de enfrente y Alexandra es rubia. Cuando Candice no se gira a
verme salgo de la cama, el piso está muy frío. Tengo puesto un
gran camisón blanco que jamás he visto. — ¿Candice? — Le
coloco una mano en el hombro y cuando gira a mirarme veo que
no es Candice quien está frente a mí, cuando sonríe veo sus col-
millos completamente expuestos. Constance está sentada en mi
habitación con la misma ropa que tenía en el recuerdo, el mismo
Lazo Irrompible
155
aspecto desaliñado pero no sin la nieve en sus cabellos. — Estoy
soñando. — Digo en voz alta. — Este es un sueño.
— Si quieres creer eso adelante. — Su voz sale en un hilillo
infantil. Se levanta y veo que es muchos centímetros más baja
que yo. Su cabello negro le cae hasta la cintura y es un manojo
enredado parece que no ha sido peinado en años o siglos. — Te
vi esta mañana estabas husmeando en mi cabeza. — Con sus
dedos se golpea la cien varias veces como una demente. — Te
vi cuando me alimente la primera vez y volví a verte cuando mi
amada amiga me dio la droga para desaparecer de este mundo.
— ¿Cómo? — No entiendo nada.
— He visto a Sebastián también. — Me anuncia volviéndose
a sentar en el sofá. — No es justo que este aquí es muy inocente
para merecer este castigo.
— ¿Esto es un sueño?
— Eres un sangre real, dime tú si esto es un sueño o son parte
de tus poderes manifestándose. — Sonríeaún más. — Hueles
muy bien,¡Muy bien! — Se saborea sus labios, tengo miedo de
ella, sé que es inestable pero por qué tengo miedo si esto no es
más que un sueño. — Este mundo está lleno de dolor. — Está
detrás de mí, su nariz suelta aire frio en mi cuello.
— Nunca despertaste.
— No lo hice, pero conozco alguien que si, vino aquí para
hablar conmigo, necesitaba mi sabiduría, mi orientación, mis
poderes van más allá de los de cualquiera, te lo explicare, nos
podemos comunicar porque tenemos el mismo poder, sangre
Waked corre por tus venas.
— Mi familia nunca se mezclócon los Waked eso es impo-
sible.
— Los sabios Collinens no querían nada con los terri-
blesWaked, pero tú tienes mi sangre en tus venas la puedo oler.
— ¿Qué está diciendo? ella es una Waked. Pero en el diario decía
BARBARA CONTRERAS
156
Constance Wright, como si hubiera leído mis pensamientos me
dice. — En mis tiempos ser un sangre real era peligroso por eso
cambie mi apellido, mis hijos no corrieron con esa suerte,tú has
tomado sangre Waked por eso tu poder ha evolucionado por eso
ahora eres como yo.
¿Soy como ella? Ella es una loca psicópata que mata todo lo
que tiene sangre y respire, no soy como ella en absoluto. — No
soy como tú, no me compares contigo.
— En el fondo de tu corazón sabes que es así, deseas la sangre
aun cuando eres humana el instinto esta allí está despertando.
— Es cierto que había deseado sangre en algunos momentos,
como la de Nicolás aquel día en el hotel, la de Candice el día que
tomaba en la sala, aquella que estaba en el bunquer pero a la vez
me da asco siquiera imaginarme tomándola. — Puedo ayudarte
a traer a tu enamorado de regreso.
— ¿Qué? — Ella comienza a desvanecerse, miro hacia todas
direcciones. — ¡Espera! — Grito. — No te vayas.
— Eres tú la que se está marchando. — Vi mis manos, están
casi traslucidas. — Por favor dime… dime como regreso a Se-
bastián.
— Sangre, el necesita sangre Waked, pero no tu sangre hib-
rida necesita sangre real Waked.
— Estamos extintos, desde hace décadas, has estado perdida
del mundo por digamos 200 años.
— ¿El que no conozcas más sangre real los hace estar extin-
tos? Mi sangre podría servirle pero no, no merezco despertar de
mi sueño merezco mi castigo, tienes que buscar un Waked que
esté dispuesto a donar su sangre ¡Suerte!
Abro los ojos de golpe, aun estoy en el piso, mi mejilla con-
tra la fría alfombra, intento levantarme pero estoy muy débil,
demasiado a decir verdad ¿Fue un sueño? no pudo ser un sueño.
Había sido tan real, se había sentido tan real, aun siento su respi-
Lazo Irrompible
157
ración en mi cuello, aun siento su mirada en mí y si es cierto y si
mi poder ha evolucionado. Constance se había sentido tan real.
Necesito un sangre real para regresarlo pero donde lo conse-
guiré, estamos extintos, el único Waked existente es el mismo
Sebastián, aun está ese vampiro que me busca, pero no sabemos
qué línea de sangre le rige, pero y si es un Waked él podría ser
la salvación. Tengo que encontrarlo sea donde sea. La pregunta
es ¿Cómo?
Nicolás contesta al tercer repique. —Se me hacia raro no re-
cibir noticias de ti en digamos casi un día. — Dijo en de modo
de saludo.
— Espero que no tengas planes para esta noche. – Le digo en
respuesta tratando de sonar casual.
— ¿A dónde vamos pequeño monstruo?
— Dijiste que querías entrar a un club de Sangre hoy es tu
día de suerte porque iremos a uno, en la iglesia antes de que ano-
chezca. — Le cuelgo antes de que empiece a objetar, tengo que
encontrar a esesangre real y si no lo consigo tendré que obligar a
Constance a que me diga en donde está su cuerpo.
BARBARA CONTRERAS
158
Capitulo 15:
E
l día pasa muy lento, fuera las cosas están como si nada
hubiese pasado, baje al sótano solo para notar que Ju-
lián aun está inconsciente, mi hermano había desistido
de despertarlo ya que sería mejor que mi padre se encargara
personalmente de él y para mañana en la noche él estaría aquí
Lazo Irrompible
159
porque hoy sería la última reunión, Daniel era el guardia de
turno, de hecho estaba allí porque Andrés no quería verlo ron-
dando por la casa.
Mamá aun estaba dormida en su habitación, Alexandra y
Karol a su lado aunque no sabía para qué porque ella no necesi-
taría nada, pero tenían órdenes de no separarse de ella ni un se-
gundo. Candice no había asistido hoy al instituto pero tampoco
estaba por aquí y Ricardo estaba en su habitación, durmiendo
o lamentándose de sus acciones no tengo la menor idea,por eso
cuando comenzó a caer la tarde deseaba con todo mi ser que la
casa continuara así de vacía para que nadie notara mi ausencia.
Los guardias vampiros no saldrían hasta el anochecer y los hu-
manos eran pocos y había estado evaluando su posición desde el
mediodía sentada en el porche, se movían de posición cada dos
horas intercambiando flancos y tenían unos diez minutos para
descansar. Una de las chicas Rita creo que se llama les traía be-
bidas y algunos bocadillos y ahora que lo pienso no he comido
casi nada en lo que va del día.
Por eso cuando fui al garaje en busca del auto de Sebastián es-
taba segura de que nadie me encontraría huyendo otra vez, sería
el escape perfecto, pero cuando encendí el vehículo dos manos
chocan contra la capota fuertemente haciendo que me sobresalte
frente al volante. — ¿A dónde crees que vas? — Me grita desde
afuera, bordea el auto para estar en mi puerta la abre sin ningún
cuidado. — Annissa Catalina Collins estas escapando, ¿Por qué
será que eso no me sorprende? — Candice tiene el ceño fruncido
y está molesta, sus ojos llamean rojo.
— Déjame salir tengo algo que hacer. — Intento cerrar la
puerta nuevamente pero no la muevo ni siquiera un centímetro.
— Candice por favor. — Estoy rogándole tengo que salir ahora
mismo antes de que Andrés escuche esto, antes de que los guar-
dias comiencen su turno en el anochecer. — ¡Por favor! — Mi
BARBARA CONTRERAS
160
puerta se cierra pero antes de que pueda sentir alivio la del co-
piloto es abierta y ella se sienta a mi lado. — No puedes venir.
— ¿Por qué? — Me exige. — ¿Por qué no puedo ir?
— ¡Porque no! — Exploto sintiéndome inútil, se había arrui-
nado todo, Candice no podía venir no sin exponerse a sí misma
en el club. — Voy al club de sangre. — Dije sin mirarla, mis ma-
nos se aferran al volante fuertemente esperando que comience
a gritar y que mi hermano que está a metros de distancia la es-
cuche y me arruine todo.
— ¡Estás loca! ¿Has perdido la razón? Maldición Annie no
sabes cómo esta ese lugar de infectado por vampiros que no son
muy amigables.
— La he visto. — Solté para hacerla callar, ella me mira sin
comprender. Sus ojos negros están fijos en mí. — A Constance
la he visto.
— ¿Qué? ¿Constance la mujer de las cartas? Ella está muerta.
— Está muy convencida de sus palabras.
— No lo está, Daniel y yo vimos en las cartas, vimos dentro
de las cartas.
— ¿Cómo sabes que no fue un engaño? Daniel en este mo-
mento no es alguien en quien confiar, él es un cazador. — Es-
cupe las palabras con odio, con asco. — Él podría haber inven-
tado todo para meterse en tu cabeza por lo que sabemos puede
manipular los recuerdos.
— ¡No! Hable con Constance ella está viva, o lo está en algún
lugar, me dijo. — Candice niega con su cabeza, nada de lo que le
estoy diciendo parece tener sentido. — Tenemos el mismo poder
ella era un Sangre Real, es un Waked, me dijo que solo la sangre
de otro Waked puede despertar a Sebastián.
— Por eso vas al club, crees que el dueño de ese lugar es un
Waked, ni siquiera sabemos quién es mucho menos que línea lo
rige, Annie esto es una locura.
Lazo Irrompible
161
— ¡No me importa! Lo único que me importa es tener a Se-
bastián conmigo, porque… porque si él no regresa yo no me
transformare no quiero vivir sin él, entiendes eso si él muere yo
también moriré no me aferrare a una vida en donde él no este.
— ¿Quieres morir? — Sus ojos se dilatan, el negro difu-
minándose por el agua que se acumula allí. — ¿Eres capaz de
dejar a tus padres, a tu hermano, a tu primo… a mí? — Niego
con la cabeza, no se trata de abandonarlos es otra cosa, la vida en
estos precisos momentos carece de total sentido, una eternidad
en estas condiciones no se llamaría vida. — Entiendo,estaré en
el club a las nueve no vayas a entrar antes, no antes de que lle-
gue.— Va a dejarme ir. — Si sucede algo estaré allí protegiéndote
okey ¿Okey? — Asiento otra vez.
¡Gracias! — Dije antes de inclinarme hasta ella y darle un
abrazo. Cuando baja del auto y me quedo nuevamente sola, un
olor a cerezas me inunda, así huele Candice como las cerezas,
me dice adiós con su mano en cuanto el portón se abre y co-
mienzo a mover el automóvil.
Cuando estoy fuera de la hacienda me siento relajada, lo-
gre mi cometido, salí sin ser notada, bueno casi, ahora tendré
que recorrer unos cuantos kilómetros para llegar a la iglesia y
encontrarme con Nicolás, probablemente esta idea tampoco le
guste tanto, después de todo entraremos completamente solos
a la guarida de docenas de vampiros, ¿En qué rayos estoy pen-
sando? He perdido la razón.
Me estaciono en el lindero de la carretera lo más lejos posible
de los árboles no puedo arriesgarme a hacerle algún raspón a un
BARBARA CONTRERAS
162
vehículo que no me pertenece, cuando salgo agradezco haber
sido algo inteligente como para venir abrigada, la temperatura
está bajando junto con el sol, no tardara más de veinte minutos
en que este completamente oscuro y con ello el frío de la noche.
Me adentro en el bosque, por lo menos aun la tierra sagrada no
parece hacerme daño.
Cuando salgo del abrigo de los arboles veo a Nicolás sentado
en los escalones que aún quedan en pie después del incendio.
Está vestido completamente de negro se ve muy apuesto desde
esta distancia y bastante peligroso, se levanta en cuanto me ve,
yo me dirijo hasta él dispuesta a contarle todo. — ¿Al club de
sangre? — Me dice cuando estoy cerca. — ¿Quieres que nos
maten? — Me acusa, me paro frente a él mis brazos cruzados en
mi pecho.
— Creía que querías entrar allí.
— Los cazadores quieren entrar allí, lo que hacen es ilegal,
para nosotros dos solos es suicidio.
— Puedo entrar soy un vampiro.
— Aun no lo eres ¿Cómo lograras entrar? ¿Tienes invit-
ación? Ni siquiera estas vestida como si fueras a bailar a una
discoteca y por casualidad encontramos ese lugar. — Es cierto,
debería haber puesto más empeño en mi ropa y no dejarme lo
que me había puesto desde la mañana. — ¡Annie!
— Tengo un plan es muy bueno. — Le digo para que termine
de acusarme, esperaen silencio por mi plan, muy serio, el color
verde de sus ojos está más oscuro que nunca. —Candice estará
allí. — Acaso no podía decirle otra cosa salvo que tendríamos
una niñera dentro para protegernos.
— No me moveré de aquí hasta que me digas cual es el plan.
— Un sangre real no se negara a ver a otro de su clase, pediré
una audiencia con él, no entraremos a escondidas.
— ¡¿Qué?! — Da dos pasos hasta mí, el pequeño espacio que
Lazo Irrompible
163
nos separaba se cierra, su cabeza inclinada hacia abajo para mi-
rarme, su mirada es intensa, hay molestia en él. — Te ofrecerás
en bandeja de plata a un vampiro que está buscándote.
— Necesito hablar con él, Nicolás iré contigo o sin ti, no
me detendrás solo quería tener tu apoyo y no estar sola, y da
la casualidad de que tú eres la única persona en la que confió y
estaría dispuesto a acompañarme. — Sus manos se cierran en
mis brazos, me toma fuertemente para evitar que me mueva. —
¡Suéltame! no vas a impedir mi partida.
— Sería muy irresponsable de mi parte dejarte ir sola y lo
sabes, no puedo hacer eso. — Está susurrando, un sonido casi
imperceptible pero que por la cercanía logro escuchar. —Te es-
tás aprovechando de que no puedo decirte que no.— Estamos
muy cerca, puedo oler fuertemente el perfume que está usando,
un escalofríos recorre mi espalda, esto está mal, no tengo que
estar tan cerca de Nicolás, no tengo que estar sintiéndome bien
en sus brazos, mi frente se apoya en su pecho, necesito respirar
y pensar claramente, su mano derecha toma mi mentón y levanta
mi rostro, mi corazón está bombeando más fuerte de lo que lo
había hecho en mucho tiempo anticipando lo que pasara.—Pro-
méteme que no entraras sin mí, eso es lo único que te pido. —
Asiento, su mano cae soltando mi mentón y se aparta, ahora me
siento increíblemente sola. — Entonces vamos, es un viaje de
dos horas.
Fue una muy buena idea que trajera mi propio medio de
transporte porque Nicolás había regresado al pueblo sin nada
en sus bolsillos, había ido a una misión en donde solo se le dio
el dinero del pasaje de autobús, solo que no llego a su destino,
en estos momentos sus padres y su grupo pensaban que estaba
en la otra parte del país y no aquí en Branford colaborando con
los vampiros.
Decidí que sería mejor que el manejase así a mí me daría
BARBARA CONTRERAS
164
tiempo de pensar la estrategia porque admito que no tengo ni
idea de cómo hacer que me dejen entrar, los gorilas de la entrada
bien pueden dejarnos pasar o no y estotalmente estúpido que
sienta hambre en estos momentos. Cuando llegamos a la ciudad
nos detenemos en un centro de comida rápida, una hamburgue-
sa, papas fritas y un refresco serán suficientes. Esta es la segunda
vez que como este menú en compañía de Nicolás, él también
lo recuerda porque lo menciona una vez. Aquel día parecía una
tonta por nunca comer una de estas delicias que justo en estos
momentos no sabe tan bien.
Nos estacionamos dos cuadras antes del club tal como lo
hicimos la primera vez, Candice me escribió un mensaje de texto
en cuando entro, está muy nerviosa y no negare que ahora me
estoy arrepintiendo de esto.
— Toma. — Me dijo Nicolás pasándome una daga, me aparto
de él, no quiero que esa cosa me queme. — No es un arma de
cazador, mira. — Le da vueltas y no hay ninguna serpiente. De-
bajo de esos pantalones, esa chaqueta y esas botas, está armado,
lo sé incluso aunque no lo puedo ver después de todo es un ca-
zador, había sido entrenado para esto.
— Aparenta que no eres más que un sirviente, no hagas con-
tacto visual con nadie, actúa como sino fueras tú.
— Como un subyugado ¿Me tratarás como un humano sub-
yugado?
— Es lo único que se me ocurre para que puedas entrar con-
migo.
— ¡Está bien! — Después de que aceptó me enseña breve-
mente como usaría la daga, la tengo que agarrar por la parte
baja y apuntando hacia mí para que cuando mueva mi mano su
parte filosa pueda dirigirse a mi oponente. Nunca he usado nada
como eso así que espero no tener que necesitarlo.
Las calles aun están atestadas de personas, por lo que acercar-
Lazo Irrompible
165
nos al club fue sencillo. Este ya está funcionando, Nicolás mira
su reloj de muñeca, son las 9:40 de la noche esperaremos otros
diez minutos para intentar entrar. Varias personas entran sin
tener problema y otros entregan las invitaciones, desde nuestra
posición vemos perfectamente el movimiento. Los diez minutos
pasan rápidamente, es la hora.
— ¿Estás lista? — Me pregunta una vez más, a partir de ahora
estamos en manos de la suerte, estaremos entrando a la boca del
lobo.
— Si te digo que si estaría mintiendo. — Le digo, me toma
la mano y la aprieta fuertemente. — Es hora. — Juntos camina-
mos, él detrás de mí, con su cabeza gacha tal cual como lo pla-
neamos, evitando mirar a otra parte para no levantar sospechas.
Cruzamos la calle, el hombre que está en la puerta se cruza de
brazos en cuanto nos ve. Es un vampiro muy grande y muscu-
loso, habla inmediatamente en cuanto estoy frente a él.
— No aceptamos menores de edad. — Dijo con voz ronca.
Tengo que ser irónica no dejarme intimidar, mi voz tiene que
salir sin miedo o seria echada antes de entrar.
— Depende de qué significa para ti ser menor de edad. — Le
dije mirándolo directamente a la cara. Él se encrespa. — Déjame
entrar.
— Ve a casa niña. — El “Niña” fue muy despectivo, pude
sentir como Nicolás a mi espalda quería saltar sobre él y cla-
varle una estaca, pensándolo bien esa habría sido una buena idea
después de todo está solo en la puerta, pero ya es muy tarde para
cambiar de idea. — Vete antes de que yo mismo te quite de en
medio. — Miro alrededor la calle está ligeramente vacía. — Ve a
casa. — Eso sonó como una amenaza.
— Nicolás parece que no quiere dejarnos entrar, es tu turno.
— Me giro para mirarlo, apunto a sus armas con mi boca él me
entiende perfectamente mi plan es cambiando en segundos, con
BARBARA CONTRERAS
166
un salto está sobre el vampiro, eso lo tomó por sorpresa ya que
no se lo esperaba, toma a Nicolás por sus hombros y lo lanza a
la calle, cuando se lanza hasta él otra vezNicolástiene una estaca
escondida en su mano por lo que cuando cae sobre él esta se
clava en su corazón. Él gritasintiendo el dolor más fuerte que se
podía imaginar.
— Tenías que haberla escuchado. — Le dice al hombre an-
tes de que este fuera cerrando sus ojos y cayera inerte sobre su
cuerpo, me acerco corriendo a él. El cuerpo del vampiro cae de
lado. — Tenemos que moverlo rápido, dejarlo en un sitio visible
para que lo vean y le quiten la estaca. — Esto no es normal en
un cazador,él tenía que matarlo, en cambio quiere que otros de
los nuestros lo encuentre para regresarlo a la vida. Moverlo fue
un problema, pesaba mucho y entre los dos pudimos jalarlo por
el pavimento por suerte nadie nos vio, lo dejamos en el calle-
jón junto al club aquí seria visto por alguno de los empleados
que vinieran a suplirlo y notaran su ausencia. Nicolás le da una
patada antes de abandonarlo. — ¿Qué? — Pregunta por como
lo estoy mirando. Suspiro, algunas costumbres son difíciles de
abandonar. — ¿Has entrado alguna vez a un club? — Me pre-
gunta cuando estamos frente a la puerta.
— ¡No! este es el primero, espero llevarme una buena im-
presión.
— Suerte con eso. — Su voz es irónica, me señala la puerta
con la cabeza indicándome que es la hora.
Abro la puerta, las luces estroboscópicas alumbran mis ros-
tro y parte de la calle, Nicolás entra detrás de mí cerrando el
acceso, y aquí estamos en la puerta dentro del club de sangre.
La música es estridente, suena muy fuerte y el olor a sangre está
bastante concentrado, tentador. No puedo evitar tragar saliva
ante ese olor que por primera vez se sienteapetitoso,frente a no-
sotros hay una gran barra con sillas frente a él, hay mesoneros
Lazo Irrompible
167
caminando de aquí para allá con bandeja en sus manos, hay unas
mesas que tienenunos tubos estos se elevan de esta y se sostienen
del techo mujeres bailaban allí al ritmo de la música, práctica-
mente están desnudas y parecen drogadas, definitivamente
humanas,a la izquierda hay pequeños cubículos, unos están cer-
rados con cortinas rojas, y otros aunestánvacios. Nicolás me
toca el brazo ligeramente debemos movernos o empezaríamos
a causar sospecha.
Busco a Candice con la mirada pero hay muchas personas,
esto está lleno. Sexo, sangre, drogas, aquí se reparte de todo, in-
cumple con todas las reglas establecidas de los vampiros aquellas
que ni siquiera fueron impuestas por mi padre, este lugar está
terminantemente prohibido y funciona en nuestras narices.
— ¡Hermoso! — Escuchouna voz, una mujer de cabello ne-
gro recogido en un moño alto sacado de una revista de siglos
atrás había acaparado a Nicolás, deteniéndolo varios pasos de-
trás de mí. Me acerco lentamente. —Mercancía nueva. — Dijo
casi gritando por el sonido de la música, no puedo reclamarlo
como mío porque para todos soy una simple humana, otra mer-
cancía.
— Y es mío. — Escucho una voz conocida a mi espalda, la
mujer también se gira. — Apártate de él Merlina, le he visto des-
de que entro, es mío. — La mujer arruga su boca, quiere pelear
pero antes de decir algo se aleja, Candice está hermosa, con un
vestido rojo ceñido a su cuerpo y con un escote muy pronun-
ciado. Pasa junto a mí como si no me conociera y se detiene
frente a Nicolás, se inclina, Nicolás me mira cuando sus ojos se
aprietan supe que Candice lo ha mordido, fue algo rápido, se
giro con sangre chorreando de la comisura de su labio, se lo lim-
pia y pasa a mi lado nuevamente. Esta vez me mira y me señala
uno de los cubículos vacios. Ella sigue su camino. Me meto allí
rápidamente, Nicolás detrás de mí, cuando cerramos la cortina,
BARBARA CONTRERAS
168
él comienza a quejarme silenciosamente, se toca el lugar donde
ella había mordido pero donde ya no hay nada. Solo él sentía
el pequeño dolor de la mordida. — ¿Qué fue eso? — Me dice
moviendo sus labios pero sin producir ningún sonido. La corti-
na se abre otra vez y Candice está allí. Una copa con vino rojo en
sus manos o lo que creo que es vino, cuando lo esconde detrás de
los sillones adivino que no es vino, ella tiene terminantemente
prohibido ingerir algo aquí.
— Lamento eso. — Susurra. — Estás marcado por mí nadie
puede tocarte por hoy, eres mi mascota. — Señala su muñeca,
allí está el tatuaje del ojo, tenía tiempo sin mirárselo, pero era
igual al primero, se borraría con los días.
— ¡Oh gracias! — Dijo algo irónico.
— Agradece que no escupí tu asquerosa sangre en medio de la
pista, El señor — Suelta la palabra señor como si no le importara
quien es. — Llegara en cualquier momento según he escuchado,
tienes que moverte y llegar a la parte VIP, entrar allí será difícil,
no puedo hacer que entres sin mostrar que te conozco. — Está
susurrando me cuesta escucharla. —Entretendré al guardia de la
puerta y entraras, una vez dentro estás sola, trata de llegar al jefe.
— Esperen no van a dejarme aquí. — Se queja Nicolás. — Me
lo prometiste.
— No puedo dejarlo, este lugar está infectado por vampiros
no puede quedarse solo.
— Yo lo cuidare, tú solo encárgate de lo que viniste hacer.
— Nicolás iba a objetar pero cuando mira a Candice decide cal-
lar, sus fosas nasales se abren ligeramente. — Está aquí. — La
música continúa, el ruido de afuera como si nada, tal vez todos
sienten que algo en el ambiente ha cambiado pero no cambian
nada de lo que ya venían haciendo. — Su olor es más fuerte pero
él nunca ha llegado tan temprano ni siquiera yo he sido capaz
de conocerlo personalmente ¡Vamos! — Me dijo para salir del
Lazo Irrompible
169
cubículo, miro a Nicolás buscando su apoyo él solo me niega
con la cabeza, lo entiendo se lo había prometido y lo estaba de-
jando detrás. Pero tenía que ser así.
Salí detrás de Candice, siguiéndola sin que se notase, las per-
sonas aquí están tan perdidas en sus propios mundos que no se
percatan de mí ni de Nicolás detrás de mí pegado fuertemente a
mi espalda, después de pasar a unas mujeres que parecen sacadas
de una cueva de leones por la cantidad de mordeduras vuelvo
a ver a Candice, está parada frente a un hombre, blanco, alto,
cabello negro, evidentemente vampiro.
— No me iré de aquí sin ti. — Me susurra en mi oído. Yo
asiento, eso me tranquiliza, no esperaba que esto fuera así,
quería una reunión con ese sangre real más formal que esto. Tal
vez que alguien le dijese que estaban buscándolo. Candice voltea
al hombre para que nos dé la espalda, él está embobado con el
escote que resalta sus pechos, sin previo aviso, la boca de él está
sobre la de ella. Las manos de ella se enredan en su cabello y con
uno de sus dedos me hace la señal, con que así era que lo entre-
tendría. Desde cuando Candice es tan determinada a ese tipo de
cosas. Me escurro entre las personas y llego a la puerta, la abro
rápidamente para entrar.
BARBARA CONTRERAS
170
Capitulo 16:
E
stá vacío, este lugar es exactamente igual al que deje de-
trás, hay una gran barra pero no hay ningún mesero de-
trás de ella, hay botellas allí también llenas de líquidos
de diferentes colores, un gran mueble negro cubre la paredde
la derecha y unas mesas con los mismos tubos de afuera están
esparcidas sin embargo no hay absolutamente nadie, las paredes
de la derecha e izquierda tienen afiches de mujeres humanas fa-
mosas con escases de ropa,una de las paredes del fondo se abre,
allí no hay ninguna puerta, claro el que no sabe que allí hay un
dispositivo no sabría que hay una puerta que no se ve, el ins-
tinto puedemás que lo que me trae a este lugar, doy pasos hacia
atrás hasta que estoy pegada completamente en la puerta con
ganas de girarme y salir corriendo. El hombre que sale de allí me
mira desde su posición,la pared detrás de él se cierra dejándonos
encerrados en este salón,vistede manera muy formal, no puedo
evitar pensar en que su rostro es hermoso, su cabello como el
carbón está peinado de lado, pero son sus ojos, increíblemente
Lazo Irrompible
171
azules como el zafiro son los que me dicen que es él. Él esla per-
sona a la que estoy buscando.
— No puedes estar aquí. — Me dice con voz ronca pero que
suena como si cantara, me tiene hipnotizada, su sola presencia
es imponente, ¿Así se sentirán todos cuando ven a un sangre
real? Su sola presencia hace que me sienta inferior. — A menos
que. — Se mueve a la barra lentamente dando pasos pequeños.
— Estés aquí para mí. — Cuando sonríe puedo ver sus colmillos
expuestos.
— No estoy aquí para ti pero si estoy aquí por ti. — Dije
casi en un susurro que el escucho perfectamente, se inclinaen la
barra, sus codos sostienen todo su cuerpo y me mira, hay ham-
bre en sus ojos, en su expresión, en su sonrisa. Me insta a con-
tinuar. — Sé lo que eres, sé que eres un sangre real por eso estoy
aquí, necesito saber si eres un Waked. — Su expresión cambia
levemente, es obvio que no sabe quién soy yo, para él quizás soy
solo una entrometida humana. — Mi nombre es Annissa Collins
y también soy como tú. — Su sonrisa se desvanece, está serio y
ahora me ve más atento que antes.
— ¿Annissa Collins? — Deja la posición en la que se encon-
traba, ahora está recto. — Es un verdadero placer conocer a la
hija de nuestro Rey, ahora. — No vi el momento exacto en que
se movió de su posición, tal vez salto la barra o solo se tele trans-
portó porque está frente a mí en un segundo. — Mi pregunta es
¿Qué haces aquí? Sabias que he estado detrás de ti desde hace
unos meses, tal vez he estado esperando por ti desde que naciste.
— Sé eso, descubrimos a unos de tus sirvientes que por cierto
matamos. — Él sonríe pero no hay gracia en ese gesto. — Eres el
único sangre real del que se tiene conocimiento hasta ahora por
eso estoy aquí.
— Sabes que he estado interesado en ti y aun así vienes a
mí. — Se mueve y va a sentarse al gran mueble negro, hace un
BARBARA CONTRERAS
172
gesto con sus manos para qué tome asiento y lo hago, me siento
unos cuantos metros lejos. — ¿Por qué? ¿Qué es tan importante
como para arriesgarte así?
— Tu sangre… necesito tu sangre. — Enarca las cejas, no en-
tiende una palabra de lo que le estoy diciendo. — Ella ayudara a
alguien muy importante para mí.
— ¿Por qué mi sangre? — El tono que está empleando, tan
condescendiente, tan tranquilo me hace darme cuenta de que
este hombre que tengo frente a mí aunque aparente ser joven
no más de veinticinco años es siglos mayor que yo, quizás hasta
mayor que mis padres.
— Tuvimos problemas con los cazadores hace unas semanas
atrás. — Él asiente como si lo supiera. — Él fue obligado a tomar
agua bendita.
— Veneno. — Dice sin expresión alguna. — Y mi sangre que
tiene que ver en eso.
— Solo servirá si resultas ser un Waked, si no es así no ser-
viría de nada y estaría aquí arriesgándome por nada.
— Ese chico del que hablas es un Waked, un sangre real, no
sabía que había aun alguien de ese clan con vida después de todo
fueron exterminados.
— El sobrevivió, mis padres se han encargado de él desde
entonces, pero el que haya tomado agua bendita es…
— Sé lo que es. — La puerta se abre haciendo que el ruido
de afuera retumbe por el salón en el que estoy ahora, una mujer
está allí, su vestido negro resalta su piel blanca, frunce el ceño
cuando me ve. — Estoy ocupado. — Le indica a la mujer que
acaba de aparecer. — Cuando te necesite te llamare. — Ella no
dijo nada, solo da media vuelta y se va. — ¿En que estábamos?
— Mis ojos están escociendo, este hombre no me dirá nada, está
jugando conmigo. Y yo me le he servido en bandeja de plata,
cuando mi padre sepa lo que he hecho no me lo va a perdonar,
Lazo Irrompible
173
y Andrés, no pensé en él, él será el responsable de todo esto. —
Soy un Waked. — Mi corazón se detiene por una fracción de
segundo. —DemetricWaked, pero sabes que mi ayuda tendrá un
precio. — Sabia eso, sabía que esto no sería de gratis.
— ¿Qué precio? — Estoy dispuesta a darle lo que sea, lo que
sea que me pida.
— Todo a su tiempo mí querida Annissa. — Se levantalenta-
mente de su asiento, camina hasta la barra, estando allí se inclina
para agarrar algo, un cuchillo noto segundos después, toma un
frasco transparente que estáallí, le saca la tapa y se corta la palma
de su mano, la sangre sale a borbotones, cierro los ojos para no
ver. — Tu transición esta cerca ver un poco de sangre debe pon-
erte. — Su voz se apaga. — Hambrienta. — Concluye. — Aquí
tienes. — Vuelvo abrir los ojos y lo tengo frente a mí con el
frasco transparente que ahora deja ver el líquido rojo frente a
mis ojos. Lo tomo como si de eso dependiera mi vida. — Ahora
puedo olerte. — Aspira el aroma. — Ya empiezas a oler como a
nosotros y es irresistible.
— Gracias por esto. — Dije antes de levantarme, cuando lo
hago y estoy a punto de marcharme me toma del brazo y me
hace girar, estoy a punto de decirle que me suelte pero no puedo,
hay una fuerza que me dice que no puedo decirle nada a este
hombre.
Miedo.
— Huelo tu miedo niña. — Vuelve a aspirar. — Tu visita
de hoy me ha dado dos buenas noticias, la primera es que por
fin logre conocerte, detrás de ese débil rostro humano se ve el
parecido de Casandra, ella es hermosa. — Cuando menciona
el nombre de mi madre quise golpearlo y más por el tono que
había empleado al decir “hermosa”. —Tu padre no estará muy
contento de saber que me has conocido…
— ¿Les conoces? – Me atrevo a preguntar.
BARBARA CONTRERAS
174
— Se autoproclamaron Reyes cuando ni siquiera tienen el
poder para hacerlo, contigo a mi lado una nueva generación de
sangre Real llegara. — Me dice como si estuviera convencido de
lo que se cumplirá. — Y ahora sé que no soy el único Waked por
lo que mi adorada Denise tiene una esperanza.
— No eres el único de tu clan con vida.
— Ve a casa y despierta a tu amiguito Annissa, desaparece
antes de que cambie de idea. — Cuando me suelta el brazo
no lo dudo. Camino lentamente (Nunca debes correr frente a
un vampiro) hasta la puerta y salgo sin mirar atrás, el guardia
me mira sin comprender como logre pasar pero aun así no me
prestamayor atención sabe que su señor está allí y si he salido es
porque él lo ha permitido, tengo el frasco pegado a mi cuerpo
y mi chaqueta lo tapa pero cuando paso junto a alguien este se
giraa mirarme, después de todo tengo sangre real en mis manos
no pasare desapercibida.
— ¡Annie! — Candice me encuentra entre tanta gente y me
lleva a uno de los cubículos vacios, Nicolás está allí. Cuando me
siento me doy cuenta de que estoy temblando, ellos me hablan
pero no logro escuchar nada. — ¡Annie! — Una fuerte sacudida
es la que me trae de regreso, pestañeo varias veces para enfo-
carme. — ¿Estás bien? — Asiento.
— Estaba a punto de irrumpir allí si no fuera por ese mon-
struo que llamas prima, me ha mantenido aquí toda la noche.
— Te gusto y lo sabes. — Le dijo en tono juguetón antes de
ponerse seria otra vez. — Lograste hablar con él ¿Cómo es? —
Dije algo pero que ni yo misma pude entender. — ¿Qué dijiste?
— Hermoso. — Volví a decir, ellos se miran sin compren-
der, tengo que sacudir varias veces mi cabeza para poder sacar el
aturdimiento, estoy bajo algún efecto de eso no hay duda. — La
tengo, tengo la sangre que despertara a Sebastián. — Candice
sonríe aunque al principio estaba un poco escéptica.
Lazo Irrompible
175
— ¿Hablas en serio? Te dio su sangre así nada más. — Abro
un poco el suéter para que vean el frasco. — ¡Lo tienes! — Mi
prima esta rebosante de felicidad. — Debemos irnos ahora mis-
mo.
Salir fue rápido, Nicolás guía el camino, el club está más lleno
ahora, los cuerpos sudados tanto de humanos comunes, como
de vampiros mezclándose al bailar al ritmo de la música, hay
humanos que ni siquiera saben que sucede simplemente están
aquí divirtiéndose y sirviendo de fuente de alimento de otros
sin siquiera saberlo después de todo al otro día no recordaran
nada, una vez fuera respiro aire puro, las calles están deshab-
itadas, Candice va al estacionamiento a buscar su auto mientras
Nicolás y yo vamos corriendo dos cuadras en busca del nuestro.
Unos dedos recorren mi mejilla haciendo que me despierte
de golpe, aún estoy en el auto, había dormido todo el camino de
regreso, a nuestro lado el coche en el que iba Candice pasa to-
cando la bocina, Nicolás le responde para indicarle que estamos
bien. Ella continúa su camino mientras nosotros nos quedamos
estacionados aquí.
— ¿Pasa algo? ¿Por qué no nos movemos? — Cuando me
inclino veo que ya estamos en el pueblo. A unos metros de la
plaza, el lugar está vacío después de todo es de madrugada.
— Debes manejar a casa, esta es mi parada. — Me informa
antes de dar un bostezo.
— ¿Dónde te estás quedando? — Por lo que sé no tiene ni un
centavo en su bolsillo y la iglesia no creo que sea apta.
— Por aquí, por allá— Señala varias partes del pueblo. —
BARBARA CONTRERAS
176
Tengo varios amigos que les encanta tenerme de compañía, ya
sabes por lo de ser el alma de las fiestas, me han dicho que soy
buena compañía.
— Ven a casa… — Se calla y me mira sin comprender. — Es-
tas aquí por mí, permíteme que te hospede esta noche, mi padre
no está en casa y mamá tampoco es que vaya a darse cuenta,
Andrés no me dirá que no. Además te necesito mañana… tengo
que ir hacia el lugar en donde tienen a Sebastián.
— ¿Segura que no habrá problema? — Por supuesto que lo
habría pero no se lo diría simplemente negué con la cabeza. —
¡Esta bien!
Cuando el auto se estaciona frente a la casa Andrés está allí
esperándome, Candice a su lado, sus hombros y cabeza gacha
evidentemente habían tenido una discusión en la que ella salió
perdiendo.
— ¡¿Estás loca?! — Explota en cuando salgo del auto, cier-
ra la puerta detrás de mí y sus manos están a ambos lados de
mi rostro, cierro los ojos esperando lo que sea. — ¡Dios! An-
nie ¿tienes alguna idea de lo que hiciste? — Su furia aumenta
cuando Nicolás sale del auto también. — ¿Tú? Debía suponer
que estabas metido en esto. — Nicolás no le responde, algo que
habla muy bien de su instinto de supervivencia.
— Andrés por favor, yo estaba con ellos.
— Tú ¡CÁLLATE! — Le grita a Candice que había salido en
nuestra defensa. — Crees que por tener una cara bonita puedes
protegerlos, que en el club te vean como un simple pedazo de
carne no te da autoridad. El que puedas meterte con cualquiera
no te da poder ¡Eres una simple niña! Hoy lo has demostrado.
—Ella no responde nada a sus acusaciones, simplemente da me-
dia vuelta y se marcha. Sé que esas palabras le duelen.
— Andrés por favor cálmate, mírame estoy bien, estoy bien.
— Acuno su rostro en mis manos. — Estoy bien.
Lazo Irrompible
177
— Papá acaba de llamar. —Me dice en tono sombrío, me
mira a los ojos, estos están pálidos. — Ya tomaron la decisión
Annie. — No fue necesario que preguntara la respuesta está allí.
— Mañana libraran a Sebastián de su agonía.
— Mañana Sebastián estará bien. — Él me mira sin compren-
der. — Tengo la cura, tengo sangre de otro Waked en mis manos,
mañana Sebastián estará con nosotros.
— ¿Mañana? — Él mira su reloj de mano. — Ellos ya vienen
en camino, dame las llaves. — Leindica a Nicolás, él se las lanza,
mi hermano las ataja en el aire. — Debemos ir ahora mismo,
móntense.
El auto va a máxima velocidad, la aguja que indica la veloci-
dad esta al final del gran círculo que indica los KM, Nicolás en
la parte trasera va en silencio al igual que yo, había pensado en
ir mañana en la mañana, reunir algo de sangre extra para poder
darle a Sebastián cuando despertara, tal vez arreglarme un poco
pero había poco tiempo, su ejecución estaba en lista,no tardarían
en llegar para matarlo y nadie me creería si decía que tenía la
cura y que esta me había sido dicha en sueños, cuando el auto
se interna en el bosque Nicolás pregunta. —¿No me taparan los
ojos como la última vez?
— No es necesario. — Responde mi hermano, sus nudillos
aprietan fuertemente el volante. — Lo estropee verdad. — Dijo
de repente.
— ¿De qué hablas?
— Con Candice, lo que le dije. — Se calla antes de que decir
más de lo que quería. — Es una niña. — El auto comienza a
BARBARA CONTRERAS
178
sacudirse bajo nosotros, después de casi dos horas de camino,
de chocar contra las puertas y el techo por lo movido del suelo
llegamos al mismo punto en el que nos habíamos estacionado un
mes atrás, a partir de aquí caminaremos. Andrés vuelve a ver su
reloj. — Faltan 2 horas para que amanezca tenemos que caminar
rápido.
— ¿Estaremos encerrados todo un día bajo tierra? — La idea
no parece agradarle a mi amigo.
— El sol no te lastima puedes salir cuando quieras y regresar.
— Continuamos caminando, numerosos animales se escuchan
a través del oscuro bosque, mi visión se ha agudizado un poco
y casi no tropiezo con las raíces, Nicolás está entrenado para
esto por lo que tampoco es un problema, sé cuando llegamos,
reconozco el lugar,allí está el árbol que esconde la palanca del
bunquer. Andrés va hasta allí y marca el código o lo que sea, la
tierra se abre frente a nosotros.
— ¡Deja vu! —Dice Nicolás algo divertido, es el primero en
bajar un mes atrás había estado reacio hacerlo como cambian las
cosas, yo lo sigo. Andrés viene de último, marca un código en
el panel de atrás y las compuertas se cierran, cuando llegamos al
final de las escaleras otro panel nos espera por lo que tenemos
que esperar por mi hermano, una vez allí marca el código y se
abre. — Mismo lugar diferente circunstancias. — Le hace eco a
mis pensamientos, el lugar está intacto, tal cual como lo dejamos
la última vez.
— ¿Segura que esa sangre ayudara? — Me pregunta una vez
más, lo había hecho casi todo el camino, y yo seguía dicién-
dole que sí, pero no entendía porqué estaba tan segura, no sabía
que Constance había visitado mis sueños no sabía ni quién era
Constance. — Nicolás puedes quedarte aquí o coger alguna
habitación, el despertar de Sebastián no será agradable y siento
decirte esto pero hueles a comida.
Lazo Irrompible
179
— Estaré aquí, quiero seguir respirando para cuando salga el
sol. — Lo observo desde mi posición, insegura de dejarlo aquí
solo, él me asiente, sabe que tengo miedo de dejarlo. — Estaré
bien ve a despertar al vampiro durmiente.
Andrés me dirige por el pasillo que antes no tuve oportuni-
dad de recorrer, aquí está más frio, es el lugar donde están las
neveras, una sala de entretenimiento y una de computación,
pero si los vampiros odian la tecnología, abre una puerta, los
vellos de mis brazos se erizan en el acto, está muy frio. — Así
se mantiene mejor el cuerpo. — Explica. — También deberías
esperar afuera aún eres humana.
— ¡No! yo estaré aquí. — Terminamos de entrar, esta es una
habitación como las otras, a diferencia de que es el doble de fría
parece una nevera. Seguramente antes había servido de refriger-
ación, solo hay una cama en el medio y en ella está el cuerpo de
Sebastián, la estaca sobresale de su pecho. — ¿Estará hambriento
verdad?
— Mucho, como nunca antes, iré a buscar algunas reservas de
sangre, espera a que este de regreso para despertarlo. — Asiento,
lo esperare, haré caso por primera vez en la vida.
— ¡Hola! — Le digo cuando estamos solos, su piel está gris,
sus labios agrietados, su cabello sin color y mucho más frio, tal
vez por la temperatura a la que está, me inclino y le beso los la-
bios, un beso que no es respondido. —Pronto estarás bien.
— Dame el frasco. — Andrés ya está a mi lado, se lo ex-
tiendo, desde que había salido del club no me había atrevido a
soltarlo, Andrés camina hasta el otro extremo de la cama, prim-
ero le quita la estaca, esta hace un sonido extraño cuando va
dejando el cuerpo. La piel inmediatamente comienza a adquirir
un leve color. — Bebé un poco hermano. — El frasco es puesto
en su boca, un poco del líquido entra en ella, pero aun así no
hace nada por responder, está allí, inerte. — Tal vez tenga que
BARBARA CONTRERAS
180
inyectárselo.
— ¡Espera! – Indico cuando veo como se mueve la garganta,
tragando lo que tenía en su boca. —Un poco más. — Andrés
vuelve a colocar el frasco en sus labios, esta vez el líquido baja
con más rapidez y Sebastián toma más fuerte. El sonido de su
garganta es música y después, se termina, la sangre se termino.
— Fue muy poca. — ¿Acaso tenía que tomar de la vena directa-
mente y por eso no ha funcionado? las lágrimas ya están acu-
mulándose en mis ojos porque el cuerpo de Sebastián sigue sin
responder. Mañana estará muerto, ese sueño tal vez fue solo eso
un sueño. Caigo sobre su cuerpo y comienzo a sollozar, la reali-
dad cayendo sobre mí, mañana a esta hora no será más que un
montón de cenizas, cuando una mano toca mi cabello.
— ¿Annie? — Una voz increíblemente pastosa me habla, me
elevo del cuerpo para mirarlo, sus ojos azules me miran, Sebas-
tián está despierto.
Lazo Irrompible
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Capitulo 17:
E
l tiempo se detiene, mi corazón también o eso creo
porque no siento nada, solo estoy mirando como los
ojos de Sebastián se obligan a estar abiertos, estos es-
tán pesados como si hacerlo le costara mucho, quiero tocarlo,
sentir su piel sobre mis manos cuando comienza a toser, Andrés
está detrás de mí enseguida y me aparta de él, me aleja lo más
que puede de la cama, Sebastián está ahora medio sentado, sigue
tosiendo como si intentara vomitar algo.
— Las luces. — Dice en medio de su ataque de tos, ésta suena
muy ronca, las luces deben estar muy fuertes para sus débiles
ojos que tienen tiempo sin ver claridad. — ¡Apáguenlas! —Gru-
ñe haciéndome respingar, cuando eleva su rostro veo que tiene
los ojos completamente rojos y sus colmillos están expuestos,
mi hermano me cubre con su cuerpo, espera que Sebastiánnos
ataque o algo. — Annie sal… sal de aquí. — No tiene que decirlo
dos veces porque Andrés me toma por un brazo y comienza a
llevarme a la puerta, no me quejo, no intento quedarme como se
supone que lo hiciese estoy completamente absorta mirando la
escena.
Una vez fuera me dejo caer en el piso. Las luces se apagan
dentro de la habitación, el pequeño hilo de luz que salía por la
rendija deja de iluminar, está despierto, después de todo resulto,
lo que Constance había dicho en mis sueños había sido cierto,
me abrazo a mí misma, no me moveré de aquí hasta que Andrés
BARBARA CONTRERAS
182
salga a decirme algo, lo que sea.
El estomago me da un vuelco al pensar en lo que está pas-
ando detrás de esa puerta, Sebastián está hambriento, debe estar
tomando sangre con desesperación, con tanta que no opone re-
sistencia a que está sea vieja y no venga directo de una vena.
Cuando abro los ojos agradezco estar en una cómoda cama,
se siente tan suave debajo de mi cuerpo tan cálido tan… un
segundo, me siento de golpe para ver en donde estoy, es una
habitación del bunquer de eso no cabeduda. ¿En qué momento
fui traída aquí? Quiero salir inmediatamente pero será mejor ir
primero al baño para lavarme el rostro y los dientes no quiero
ir por allí con el aliento de los mil demonios. Lo hago muy rá-
pido, me cepillo en cuestión de segundo y me arreglo un poco
el cabello que está hecho un caos, por lo menos debo estar pre-
sentable.
— ¡Buenos días! — Escucho a Nicolás en cuanto salgo a la
sala, él está sentado en uno de los muebles con un periódico en
su mano. — Prepare desayuno por si tienes hambre, no es la
gran cosa y no sé si todo lo que estaba en la nevera está vencido
por lo que puede que no sepa muy bien. —Niego con la cabeza,
aun no siento hambre.
— ¿Qué… qué hora es?
— Son las nueve de la mañana, has dormido por unas cuantas
horas.
— ¿Dónde está Andrés?
— No lo he visto, no desde que se perdieron por ese pasillo,
escuche sonidos raros y fui a ver qué pasaba te encontré dormi-
Lazo Irrompible
183
da en el suelo por lo que te traje a una habitación ¿Estuvo mal?
— ¡No! Gracias por eso. — Aun estoy un poco cansada y
quiero seguir durmiendo pero no puedo darme ese lujo.
— Sabes de qué año es este periódico. —Se refiere a uno que
tiene en sus manos antes de que pueda responderle el mismo lo
hace. — De hace tres décadas mira 24 de Abril de 1981, ¿Desde
cuándo no hacen mantenimiento en este lugar? Si un grupo de
vampiros se queda estancado aquí se morirán del aburrimiento.
Escucho unos pasos por lo que me precipito al pasillo, Nico-
lás se levanta también y me sigue, Andrés aparece frente a no-
sotros, se ve cansado, muy agotado después de todo no ha dor-
mido nada. — Estádescansado. — Informa. — Pero ya puedes
entrar,es seguro la sed ha pasado. — Cuando me sonríe sé que
todo está bien. Nicolás a mi lado también me sonríe y me hace
un movimiento con su barbilla que me indica que vaya. — Es-
taremos aquí. — Me advierte cuando comienzo a correr por el
largo pasillo.
Mi mano se queda inmóvil frente a la manilla, solo tengo que
cerrar el puño y girarla pero me está costando mucho hacerlo,
tengo miedo de que esto no sea real de que despierte en cuando
termine de entrar y que Sebastián aun este en las mismas condi-
ciones que antes, si eso resultase ser así no tendría las fuerzas
para levantarme de ese sueño y continuar con mi vida, me per-
mito unos cuantos minutos para tranquilizarme cuando estoy
cien por ciento segura de que esto es real entro.
Ya no está tan frio como esta madrugada parece que le han
subido la temperatura al lugar, mejor para mí ya que soy la única
que aun siente los cambios en el ambiente.
Sebastián está acostado en la cama, está a medio lado no como
había estado en todo este mes, acostado inerte boca arriba, me
detengo frente a él, está tan quieto, me acerco un poco solo para
comprobar si respira o si ya ha dejado ese habito, en cuanto es-
BARBARA CONTRERAS
184
toy cerca de su rostro sus ojos se abren. — ¡Ass! — Doy un res-
pingo hacia atrás. — Lo siento no quería… no quería… — ¿No
quería despertarlo? Eso es lo que he estado tratando de hacer las
últimas semanas, que estupidez estuve a punto de decir.
— ¡Annie! — En cuanto dice mi nombre una ola de alivio
me cubre, las lágrimas salen de inmediato de mis ojos, las había
estado reprimiendo por tanto tiempo, pero ahora me dejo llorar,
son lágrimas de felicidad.
— ¡Sebastián! — Me derrumbo, caigo de rodillas junto a la
cama, no pretendía hacer esto, no había pensado en como reac-
cionaria al verlo pero esto no estaba en mis planes. —¡Lo sien-
to!… no quería… — Hablo entre sollozos y ni siquiera sé que
incoherencias estoy diciendo,siento como el colchón se mueve y
como pierde el peso del cuerpo, Sebastián está a mi lado ahora,
sentado en el piso. Sus brazos me rodean los hombros y me atrae
a su cuerpo, lo abrazo también, huele a oxido el olor de la sangre.
— No puedo creer que estés aquí, estás aquí. — Su pecho
comienza a subir y a bajar rápidamente también.
— ¿Qué pasa? — Me aparto de su agarre para mirarlo.
— Estás bien… estás bien… — Me dice acunando mi rostro
con sus manos y recuerdo que lo último que él recordaría de
mí sería cuando me fui de la iglesia abandonándolo. Sus ojos
también están llenos de lágrimas. — ¡Oh por Dios Annie!… —
Sus labios se juntan a los míos, sus labios buscan los míos con
demanda y se siente bien, se siente bien el volver a sentir su boca
sobre la mía, moviéndose a un ritmo frenético, desbordante, su
lengua explorami boca con demasiada demanda. — Te amo tan-
to. — Dice entre jadeos. — Te amo y no me cansare de decírtelo
te amo…
— También te amo. — Continuamos besándonos hasta que
me quedo sin respiración, para quedarnos allí, sentados en el
suelo, yo entre sus brazos y él abrazándome como si nunca más
Lazo Irrompible
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fuera a soltarme, pasan minutos en los que solo estamos allí
respirando y sintiendo nuestros cuerpos cerca, su temperatura
está muy baja pero no me importa, amo sentir su piel fría en mi
mejilla, en mis brazos, en todo mi cuerpo.
— ¿Cuánto tiempo estuve…? — Se detiene en su pregunta,
me separo de su cuerpo para mirarlo a la cara. — ¿Cuánto tiem-
po estuve inconsciente? Aun eres humana no debe haber sido
mucho.
— Un mes, pero fue el peor mes que haya existido en mi vida.
— Su mano derecha acaricia mi cara. — Te extrañe tanto.
— Fue una tortura. — Abro mis ojos los cuales había cerrado
por el contacto de su mano en mi mejilla, Sebastián se levanta,
está mucho más flaco, la piel se le pega a las costillas, camina
hasta el pie de la cama y agarra una camisa blanca que anoche no
se encontraba allí, mi hermano tuvo que haberla traído — Pare-
cieron años… siglos…
— Pero ya estás aquí. — Le doy alcance, agarro sus manos,
no quiero dejar de tocarlo de sentirlo cerca. — Ya estás de re-
greso.
— No lo entiendes Annie. — Se aleja unos pasos de mí, se
coloca la camisa que le queda inmensamente grande, sus brazos
también han perdido sus músculos, esta es una nueva versión de
su cuerpo, está completamente deshidratado.—La tortura que
se siente al estar así, todos los días a cada hora te veía morir,
te veía alejarte, no sabía lo que era real y lo que no lo era, es
nuestro purgatorio… el dolor es insoportable todo se siente con
el doble de intensidad y todo se repite una y otra, y otra vez.
— Susurra como si alguien pudiera escucharnos. — Luego ella
me dijo que solo había una forma de dejar de sufrir y era morir
de verdad pero no tenia oportunidad de hacerlo por más que
deseaba morir no sucedía, intentaba mover mi cuerpo pero no
podía, a veces escuchaba voces a lo lejos pero no podía hacer
BARBARA CONTRERAS
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un mínimo movimiento para decir que estaba allí, lo único que
deseaba era morir.
— ¿Ella? ¿Estás hablando de Constance? ¿La conociste?
— Estacarme fue muy inteligente.
— Pero tú me lo dijiste, hablaste conmigo me dijiste… en un
sueño. — Su expresión cambia. — No lo recuerdas.
— Eso es imposible… ven acá. — Estirasu mano derecha en
mi dirección, se la tomo y él me hala a su cuerpo. — Conocí a
Constance, no sé como hizo para entrar a mi cabeza a mi propio
infierno personal pero ella estuvo conmigo todo el tiempo, tra-
taba de ayudarme ¿Cómo sabes tú de ella?
— Crees que he estado veraneando todo este tiempo, la in-
vestigación me llevo hasta ella, es una Waked como tú y fue
quien me dijo que necesitabas sangre de tu propio linaje para
despertar.
— ¿Y ella te ofreció su sangre? — Su pregunta está llena de
duda. — Annie ¿De quién fue la sangre? — Sus ojos destellan
rojo. — ¡Dime!
— No sé cómo hizo ella para entrar a mi cabeza pero me dijo
que no ha despertado me dijo que ustedes no eran los únicos
Waked con vida lo que me dejo solo a… — Sebastián me aparta
de su cuerpo, se pone rígido y sus manos pasan por su cabello
alborotándolo. — Era la única opción.
— El dueño del club de sangre. — Sentencia. — ¿Su sangre a
cambio de qué?
— ¡De nada! no me ha pedido nada, fue muy educado de
hecho muy amable. — No es del todo mentira, aun no me había
pedido nada. — ¡Haría cualquier cosa por ti!
— Entregarte a ti misma está incluido. — Me grita, estoy cien
por ciento segura de que Andrés y Nicolás lo han escuchado. —
No vale la pena, créeme.
Lazo Irrompible
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— Si lo vale porque prefiero tenerte vivo que muerto, no
lo entiendes, no soy nada sin ti… No me habría importado lo
que me hubiera pedido siempre y cuando me garantizara que te
ayudaría, sabes porque lo haría. — No responde, simplemente
se da media vuelta y sale de la habitación, corro para darle al-
cance pero cuando estoy en el pasillo ya no está, lo próximo
que escucho escuando algo en la sala principal cae al piso y se
quiebra, mis sentidos de alertan se despiertan inmediatamente,
Nicolás.
Lo primero que veo al entrar en la sala principal es que Se-
bastián tiene a Nicolás por el cuello de su camisa, Andrés está
saliendo de una de las habitaciones con sus sentidos algo apaga-
dos, se ve más dormido que despierto tal vez acudió al sonido
por inercia y no para verificar si pasaba algo. — ¡Detente! —
Grito al ver la escena, los colmillos de Sebastián están expuestos
y muy cerca de la garganta de su adversario que está más blanco
que nunca, lo había tomado con la guardia baja. — ¿Qué estás
haciendo? — Él no me mira, su vista está fija en Nicolás, y esté
tampoco aparta su mirada del vampiro, es como si mis gritos no
les importaran, de repente Sebastián cae al piso dando gritos.
— ¡Sal de mi cabeza! — Gruñe, está completamente trans-
formado, sus ojos, sus dientes, la ira en su rostro hace que lo
desconozca. — ¡Demonios Andrés sal! — Andrés deja de mi-
rarlo y el dolor que estaba sufriendo se termina.
— Me han despertado. Nos dice a todos como si eso fuera
lo más importante de todo el asunto. — Más les vale tener un
buen motivo.
Corro hasta Nicolás que ha caído sentado en uno de los
muebles, respira entrecortadamente, me siento a su lado, está
muy serio y mira a Sebastián con disgusto. — ¿Estás bien? — Es
una pregunta tonta pero necesitoescuchar un “si” él solo asiente.
— ¿Qué hace un cazador aquí? ¡Alguien podría explicárme-
BARBARA CONTRERAS
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lo! — La energía que había tenido se ha apagado ahora que ha
sufrido una invasión a su cabeza.
— Este cazador ayudo a traerte de regreso. —Se defiende
Nicolás al mismo tiempo que aparta mi mano que descansa en
su brazo. — Tengo que irme. — Andrés no hace nada solo se
apoya a una de las paredes con su celular en mano, Sebastián se
sienta en uno de los muebles, acaso Nicólas se va, ¿Solo? Cu-
ando camina hasta la puerta que dirige a las escaleras lo supe.
— ¡Nicolás! — Me dirijo hasta él que ya está allí aunque la
puerta no se abre, tiene que marcar el código para que logre
abrirse y no sabe cuál es. — No puedes irte, no así además esta-
mos muy lejos.
— Estaré bien… esperare en el auto si es necesario, pero Se-
bastián no me quiere aquí y lo entiendo.
— No puedes irte…
— Lo hará. — Andrés habla a mi espalda. — Lo haremos.
— Rectifica, antes de que pueda decir algo dice. — Nos iremos
todos, papá llegara en unas horas a casa y aun no sabe que Se-
bastián ha despertado, debemos irnos ahora mismo, regresemos
a casa. — Andrés marca el código una vez y la puerta se abre,
mi amigo sube de primero quiere dejar todo esto atrás. — ¡Ve!
— Me dijo señalando hacia donde se encuentra Sebastián para
así seguir a Nicólas, me dirijo hasta el mueble en el que aún se
encuentra, su cabeza entre sus manos y sus hombros se mueven
esporádicamente, cuando pongo mi mano en su hombro se so-
bresalta.
— Debemos ir a casa. — Le digo en un susurro, él solo asien-
te pero está ausente, su mirada está pérdida en algún punto de la
habitación. — Sebastián vamos. — Le extiendo mi mano, duda
un poco antes de tomarla. —Ya todo está bien… — Pero no es
así, cuando llegamos a la planta alta, y salimos a la superficie, Se-
bastián da un grito agudo y desgarrador, salta a las escaleras nue-
Lazo Irrompible
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vamente escondiéndose. — ¿Qué pasa? —Nicólas que estaba ya
de camino al auto regresa corriendo. — ¿Sebastián? —No me
atrevo a bajar, ¿Por qué ha gritado de esa forma?
— Estoy bien. – Habla desde la profundidad de las escaleras.
— Vayan al auto, iremos en unos minutos. — Andrés nos
está ordenando por lo que no podemos negarnos,Nicólas me
lleva prácticamente a rastras por el bosque, mi cabeza va en la
dirección contraria a la que camino por lo que me tropiezo var-
ias veces, cuando pierdo de vista el lugar donde dejamos a mi
hermano y a Sebastián me giro al frente.
— Lamento eso, Sebastián en estos momentos está. — Re-
cuerdo la forma en que me grito hace un rato en la habitación.
— Susceptible.
— Intento abrirme la yugular y dices que solo esta suscep-
tible. — Se queja y con toda razón, en sus ojos se ve el cansancio,
él tampoco ha descansado nada en casi toda la noche. — Me dijo
algo antes de que llegaras. — El auto por fin aparece en nuestro
campo de visión, deberíamos haber cambiado de coche antes de
venir. —Pero no vale la pena, no hoy… — Esperamos fuera en
silencio el único sonido que escuchamos es el de los pájaros al
cantar.
El sonido de sus pies al correr es lo primero que escucho,
el carro hace el sonido de abierto antes de que ellos lleguen, la
puerta del copiloto se abre antes de que me dé cuenta y se cierra
igual de rápido.
— Se puede saber ¿Quién les dio permiso de sacar mi auto?
— Nos pregunta cuando entramos. — ¿Annie? — Se gira en el
asiento para mirarme.
— Estabas muerto no te importaría. — Dije en mi defensa,
él solo sonríe y se girahacia adelante otra vez, lleva una chaqu-
eta muy gruesa encima, sus manos están ocultas en ella y tiene
la capucha sobre su cabeza, ahora entiendoel porqué retrocedió
BARBARA CONTRERAS
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tan rápido cuando llego a la superficie, es casi mediodía, el sol
más caliente, y él tiene un mes sin recibir los rayos UV por lo
que si antes era doloroso y mucho, ahora es insoportable, su
piel se ha vuelto mucho más vulnerable,masculla algo que casi
no escucho pero que suena como un “no te acostumbres a estar
detrás del volante” después de eso el camino de regreso se hace
eternamente largo.
Cuando por fin entramos en nuestras tierras estoy feliz de
estar en casa, Nicólas a mi lado bosteza y Sebastián se despierta
como si hubiera sentido que había llegado. — Aun está en pie la
propuesta de que te quedes aquí, estás cansado debes descansar.
— No creo que sea prudente. — Me dice señalando con sus
labios a mi prometido adelante. — Me dijiste que esta algo…
— Sé que todos en el auto escuchan nuestra conversación pero
nadie dice nada.
— No te preocupes por eso. — Aprieto su mano en un gesto
de apoyo diciéndole de que yo estoy con él y mientras este con-
migo nada puede pasarle.
La puerta principal se abre en cuanto nos estacionamos, Can-
dice está allí, la pequeña camisa que trae exponesu piel por lo
que aún está acobijada dentro del porche donde los rayos del sol
no la alcanzan.
— Tengo que ir hacer unas llamadas. — Andrés es el primero
en bajar seguido por Nicólas, este me espera fuera del auto como
dudando de si debería avanzar más.
— Estamos en casa. — Le digo inclinándome hacia adelante,su
cuello se gira para mirarme estátan cerca de mí que cuando habla
su aliento roza mis labios.
— Pero a qué precio Annissa ¿Qué precio deberás pagar por
esto?
— No pienses en eso, te amo y haría cualquier cosa por ti lo
sabes.
Lazo Irrompible
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— Y yo también hare cualquier cosa por ti no dejare que
nada ni nadie te haga daño. — Sus labios se juntan a los míos y
me besa, es el primer beso tierno que me da, el primero había
sido muy hambriento. — Bajemos. — Cuando estamos fuera
baja su cabeza para que la capucha cubra su rostro sin embargo
espera por mí, me extiende su mano para que caminemos juntos.
— ¡Sebastián! — Grita Candice desde adentro al verlo bajar,
hace un movimiento para salir pero se detiene, cuando estamos a
su alcance lejos del sol ella se precipita a nosotros. — ¡Sebastián!
— Lo abraza. — Funciono si funciono, ¡Estás vivo!
— ¿Me extrañaste? — Le pregunta en tono divertido ella
le da un golpe en el antebrazo y se vuelven abrazar, me aparto
un poco para que sigan saludándose. —Sabes que técnicamente
nunca estuve muerto.
— Solo decidiste dormir un poco para salir de todo este caos,
lo entiendo perfectamente.
— ¿Dónde está Ricardo? ¿Dónde está el niño? — Pregunta
cuando no lo ve por ninguna parte, el rostro de Candice cambia
de expresión al instante.
— Él está en su habitación justo ahora no está muy bien que
se diga deberías hablar con él, después de que todo esto de la
bienvenida pase.
— ¿Qué ha pasado? — Hay tantas cosas que no sabe, está
perdido.
— ¡¿Qué crees?! — Sebastián asiente en reconocimiento creo
que ya sabe que sucede con Rick, agarra el hombro de Candice
y lo aprieta.
— Lo haré, hablare con él. — Le promete, ha entendido per-
fectamente que ha pasado, ella vuelve abrazarlo. — Candice no
respiro pero me asfixiaras si sigues abrazándome así. — Ella por
fin lo suelta y terminan de entrar a casa,todos estamos ahora en
el recibidor que se hace muy pequeño para tantas personas. —
BARBARA CONTRERAS
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Creo que iré… a mi habitación. — Nadie dice nada, él solamente
sube las escaleras de una en una un acto que ha realizado tan-
tas veces pero que ahora hace con tanta inseguridad, lo observo
perderse en el piso de arriba.
— ¡Oh por Dios! Funcionó. —Candice explota en eufo-
ria. — No estabas del todo loca después de todo, iré a decirle a
Ricardo que Sebastián esta aquí, se pondrá feliz. — Cuando se
marcha solo quedamos Nicólas y yo, y es evidente que él está
muy incomodo.
— Vamos debes estar cansado te mostrare tu habitación. —
Cuando estamos subiendo Alexandra aparece en la cima de las
escaleras.
— La señora ha despertado. — Me informa antes de posar
sus ojos en mi acompañante. — Dice que lo ha sentido dice que
está aquí no sabemos a qué se refiere.
Yo sí sé a qué se refiere, ha sentido la presencia de Sebastián
en casa y eso la ha traído de regreso. — Iré a verla, Alex por fa-
vor lleva a Nicólas a una de las habitaciones de nuestra ala, creo
que la habitación que esta junto a la de Daniel está vacía.
— Annie no es necesario de verdad puedo ir a otro sitio.
— ¡No! Tú eres mi invitado y de honor, eres mi mejor amigo.
— Sus hombros caen en modo de redención. — Alexandra se
encargara de que no te falte nada mientras estés aquí ahora ve a
descansar.
— Sígame. — Le dice Alex que está muy colorada, sus mejil-
las están ardiendo cosa que me hace sonreír, después de todo
Nicólas es guapo es normal que ella se ponga así.
Mi madre está despierta y debo ir a darle las buenas noticias,
buenas hasta que sepan que esta felicidad que ahora siento tiene
un precio, un gran precio que estoy dispuesta a pagar.
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Capitulo 18:
C
uando llego a la habitación principal, veo a mamá sen-
tada en su cama, aún lleva puesta la bata azul que le
coloque por ordenesde mi hermano, su cabello está
recogido en una cola alta y varios mechones caen en su cara, en
cuanto entro siente mi presencia y levanta su rostro para mi-
rarme. Karol se levanta de su lugar, haceuna pequeña reverencia
y se marcha dejándonos solas.
— ¿Estás bien? — Le pregunto una vez que estamos solas,
mayormente se tarda más en despertar, ella asiente y me indica
BARBARA CONTRERAS
194
con sus manos que me siente a su lado, subo a la cama aun con
mis botas pero eso no parece importar, ella me rodea con sus
brazos.
— ¿Tú estás bien? — Susurra sobre mi cabeza. — Julián iba
hacerte daño.
— ¡Lo sé! parece que ya lo estas controlando solo lo man-
daste a dormir y despertaste muy rápido creo que…
— Fue solo suerte, me detuve en el momento indicado solo
fue eso, Annie, cuando desperté… — Me fue apartando de su
cuerpo y ahora me mira a los ojos, sus hermosos ojos verdes me
miran con duda. — Percibí un olor, él está aquí verdad… Sebas-
tián está en casa, ¿Su cuerpo está aquí?
— No solo su cuerpo, él está bien, ha despertado mamá, está
despierto. — Antes de que termine de hablar quedo sola en la
cama, mamá ya está de pie, no le importa estar prácticamente en
pijamas para salir de su habitación, me quedo sola en un instan-
te, su preocupación por mí había sido sustituida por la felicidad
de ver a uno de sus hijos en casa, técnicamente él no es su hijo
pero desde que fue adoptado por los Collins, para ella y para mi
padre es un miembro más de esta familia.
El correr de la tarde paso verdaderamente lento, estoy sola y
sin nada que hacer, solo esperar a que papá llegue,al parecer el
vuelo se ha retrasado y no salieron en la madrugada antes de que
saliera el sol y ahora tendráque esperar a que anochezca, mirep-
rimenda se está demorando más de lo planeado aun tengo algu-
nas horas para planear mi defensa, Candice está en algún lugar
de la casa en donde no pude encontrarla, Ricardo sigue negán-
Lazo Irrompible
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dose a ver a cualquier persona que respire y tenga sangre caliente
en sus venas, quise hablar con Nicolás pedirle nuevamente dis-
culpas por la forma en que Sebastián casi le abre el cuello pero
estaba dormido después de todo estuvo prácticamente toda la
noche despierto, le indique a Alexandra que se quedase con él
que no le dejara solo en ningún momento, no es que desconfíe
de Sebastián pero no quiero que un cazador se quede solo en una
casa llena de vampiros, sé que a ella no le agrado mucho la idea
pero no objeto en ningún momento.
Parte de la impaciencia que siento se debeprincipalmente a
que en el otro pasillo se encuentra él. Un frio recorre mi espina
dorsal cuando él se apodera de mis pensamientos, mi estoma-
go se llena de miles de mariposas que hacen erupción, quiero
simplemente estar a su lado para siempre, no perderlo de vista
nunca más, protegerlo de todo, pero… es mejor dejar a Sebas-
tián solo por un rato, que piense un poco en todo lo que le hasu-
cedido, tiene que tener espacio para sí mismo, después de todo
ha regresado de un infierno, solo él sabe que se siente estar en
el infierno y regresar. Probablemente necesite de tiempo para sí
mismo.
Decido escribirle a las chicas, sería una buena manera de
pasar el tiempo, el celular está sin batería por lo que tengo que
buscar por toda mi habitación el cargador, no recuerdo donde lo
deje la ultima vez por lo que me toma algo tiempo localizarlo,
cuando regresa a la vida suena por los mensajes recibidos, uno
es de Claire y otro de Corina, he faltado dos días a clases así
que no me extraña para nada sus mensajes, el de Claire era un
simple “Estas enfermaacaso que no has regresado, si así dime si
es algo contagioso necesito enfermarme antes de la semana de
exámenes”había sido enviado hace algunas horas, cuando fue el
primer receso, ya casi saldrían del instituto por lo que decidí
responderle. “Solo una pequeña gripe nada que dure más de dos
BARBARA CONTRERAS
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días no creo que te sirva… nos vemos mañana” aun no sé si eso
es del todo cierto, depende del como tomará mi padre la noti-
cia de que prácticamente me he intercambiado por un poco de
sangre.
El mensaje de Corina es más elaborado después de todo ella
sabe todo “¿Por qué no respondes mis mensajes? ¿Ha pasado
algo? Nicolás no está en la biblioteca y se supone que se que-
daría allí ¿encontraste algo en las cartas? por favor respóndeme”
se nota que está nerviosa, se me había olvidado por completo
responderle los anteriores mensajes que me había enviado, re-
sponderle por mensaje de texto se llevaría mucho tiempo por lo
que decido llamarla, me responde al segundo repique como si
estuviese esperando mi llamada.
— ¡Annie! — Hayserenidad en su voz al tener noticias de
mí. — Por fin has llamado.
— Lamento no haberlo hecho antes estaba algo ocupada. —
Puedo escuchar el ruido de las personas que pasan a su alrededor
aun está en el instituto, las voces de fondo se sienten tan irreales,
en mi mundo una vida como la que todos ellos llevan es im-
posible, por más que intente llevarla siempre termino dándome
cuenta que jamás podré encajar del todo, siempre me doy de
lleno con aquel vidrio que separa su vida de la mía, aquel vidrio
que me mantiene prisionera con mi especie. — Estoy en casa y
a decir verdad sin mucho que hacer que tal si… — Me detengo
cuando Corina susurra el nombre de mi primo, lo dice muy bajo
casi como un soplo pero su celular estápresionado cerca de su
boca así que pude escucharlo. — ¿Corina? ¿Estás allí?
— Tu primo está aquí, pensaba que ninguno de ustedes había
asistido hoy a clases.
— Y es así. — Le dije recordando que Ricardo estaba en un
confinamiento que él mismo se había impuesto. — Regresa al
instituto ahora mismo Corina.
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— ¿Por qué? ¿Qué pasa?
— Por favor regresa, ve a un lugar en donde hayan personas.
— Me obligo a callarme cuando escucho el “Hola” que mi primo
le dice a mi amiga, ella se aparta el celular del oído los sonidos
se escuchan más lejos. — No me hagas esto, ¿Corina? ¿Corina?
—Estoy hablando sola, ha marcado el botón para finalizar la
llamada, ahora está sola con Rick, pero ¿Por qué estoy tan nervi-
osa? Me levanto de un salto de la cama, halo el celular tan fuerte
que el cargador que estaba conectado cae al piso, se me había
olvidado por completo que lo tenía conectado al tomacorriente,
necesitoencontrar a Candice ahora mismo, el primerlugar al que
me dirijo es a su habitación corro hasta allí entro sin tocar pero-
está vacía, la cama está hecha un caos y hay ropa por todo el piso,
muy típico de ella. ¿Dónde podría estar? Cuando paso junto a la
puerta de Sebastián una parte de mi quiere entrar allí y pedir su
apoyo pero no es lo mejor, seguir de largo fue realmente difícil.
Solo tengo una opción. Cuando entroa la habitación en la que
está descansando Nicolás, Alexandra está allí, sentada en uno de
los muebles algo alejada de la cama, cuando me ve se levanta y
me pregunta con una simple mirada ¿Qué pasa? No tengo tiem-
po de explicar nada, corro hasta la cama. — ¡Nicolás!¡Nicolás!
— Lo estoy moviendo para que despierte,él se queja, se mueve
para evitar que sigamolestándolo. — Nico por favor despierta.
— Lo hace sus ojos comienzan abrirse lentamente.
— Quieres que muera de un susto. — Susurra antes de termi-
nar de abrir bien los ojos. — Verte como primera cosa al desper-
tar no es… — Detiene su monologo cuando ve mi rostro, debe
estar muy afectado. — Era broma. — Bosteza. — ¿Qué pasa?
No tengo que explicarle muy bien todo cuando él ya está en
movimiento, se coloca su chaqueta rápidamente y comprueba
todas las armas que tiene escondidas entre las ropa, no es que
vaya a necesitarlas. Cuando estamos bajando las escaleras re-
BARBARA CONTRERAS
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marco el número de Corina una y otra vez pero no responde, el
celular simplemente suena y suena hasta que me envía a buzón.
— ¿A dónde creen que van? — Cuando ponemos un pie
afuera Andrés aparece de la nada. — Si tengo que vigilar la casa
yo mismo para que no salgas lo haré, de hecho lo estoy haci-
endo.
— ¿Dónde está Candice? — Nicolás pasa a mi lado y junto
Andrés sin importarle lo que ha dicho está decidido a marcharse,
él no tiene por qué seguir sus órdenes.
— La vi salir hace un rato con Ricardo parece que estaban
algo apurados, se fueron sin auto, están empleando todo su pod-
er vampírico a esta hora de la tarde, puedes creer que estén por
allí con este sol, debe estar matándolos de dolor.
— Ricardo puede estar atacando a un humano en este mismo
momento. — Nicolás suelta, en un momento está con nosotros.
— Según lo que Annie me ha contado esta inestable y Corina
puede que este con él.
— Ricardo no está atacando a nadie, esta inestable no se los
negare pero Candice está con él. — Andrés está muy tranquilo
como si lo que pudiera estar pasando no le afectara en nada.
— ¿Y desde cuando confías en ella? — Nicolás pregunta en
un gruñido, estoy preparada para la pelea que habría a continu-
ación pero mi hermano simplemente lo mira con el ceño frun-
cido. — Debemos ir y ver qué pasa, si algo le sucede, hace unos
meses él asesinó en el instituto, quién dice que no lo hará de
nuevo… y si vuelve hacerlo.
— Si vuelve hacerlo qué. — Están pecho contra pechoAndrés
es varios centímetros más alto que Nicolás pero eso pareceno
importarle. — Dime cazador. — La última palabra sale con algo
de sarcasmo.
— Lo mataré. — Nicolás sale volando del gran empujón
que mi hermano le proporciona, cae sobre uno de los muebles
Lazo Irrompible
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que adornanel porche, no sé en qué momento él había sacado
algo alargado, parece una pequeña lanza pero completamente
de metal de su ropa, tal vez la tenía en la manga de la chaqueta
negra, la punta es muy filosa. — Seguro que quieres pelear. — Se
levanta con agilidad. — Estoy entrenado para matar cosas como
tú.
— ¡Inténtalo! — Andrés sonríe, sus colmillos están expues-
tossu cuerpo se pone en postura de ataque, si dejo que peleen
esto no irá nada bien, Nicolás tiene el arma bien agarrada en
sus manos pero aun no se mueve, y yo estoy petrificada, esto
no puede estar pasando. — ¿Qué pasa pequeño? — La mirada
de Nicolás se intensifica más por la molestia pero fue bajando la
altura de su brazo derecho hasta que queda completamente flá-
cido junto a su cuerpo, la lanza afilada apuntando directamente
al piso.
— ¿Podrían dejar esto? — Exploto, mientras ellos están aquí
discutiendo como niños, Corina podría estar en peligro. — Co-
rina puede estar en peligro. — Hago eco de mis pensamientos.
— ¡Ella está bien! no sé qué métodos está utilizando Candice
para que él empiece a confiar más en sí mismo, para que no deje
que sus instintos lo dominen pero de lo que estoy seguro es de
que ella sabe lo que hace. — Al decir eso entra en la casa deján-
donos a Nicolás y a mí solos con eso nos dice que somos libres
de elegir el marcharnos o no.
— ¿Estás bien? — Me acerco hasta él después de todo había
sido empujado desde unos cuantos metros y su columna había
pegado contra unos de los muebles. — ¡Estás demente! Que no
se te ocurra volver a pensar en pelear con Andrés.
— Hablaba en serio Annie. — Me aparta empujándome por
el hombro lejos de él, la lanza filosa que tiene en la mano cae al
piso haciendo un sonido alrededor, sus manos se aprietan en la
baranda de madera. — Si tu primo vuelve asesinar lo informare,
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es peligroso… esos son los vampiros que nosotros cazamos.
— Vete. — La palabra sale antes de que si quiera la piense, él
no se gira a verme simplemente se inclina para recoger su arma.
— Ya obtuviste lo que querías, Sebastián está aquí no me
necesitas. — Comienza alejarse, a qué se refierecon eso, acaso
piensa que solo estaba con él porque lo necesitaba.
— ¡Nicolás! — No se detiene, continúa su camino sin inmu-
tarse, tengo que correr tras él para darle alcance. — ¡Nicolás! —
Lo sostengo con mis dos manos haciendo que se detenga. — No
quise… dijiste… dijiste que matarías a Ricardo… crees que eso
es algo que simplemente acepte, es mi primo, parte de mi familia.
— ¡Y es un vampiro peligroso también! — El celular comien-
za a sonar en mis manos cuando verifico es el numerode Corina,
su mensaje solo dice“Tu primo es muy HOT” escribió la palabra
en inglés y en mayúscula, sonrío después de todo me había alar-
mado por gusto.
— Corina está bien. — Cuando comienza alejarse nueva-
mente me veo en la obligación de seguirlo. — ¡Espera! ¿De ver-
dad te vas? ¿Estás molesto? Dime qué rayos pasa.
— Debo irme Annie, ahora mismo. — Cuando se gira a ver-
me sus ojos están dilatados. — Sabes por qué. — No quiero que
lo digasimplemente asiento, no vale la pena que lo diga — Ayud-
arte a traer a Sebastián créeme que lo hice con la mejor intensión
me sentía culpable por eso tenía que enmendar mi error pero…
¿Crees que puedo estar en la misma habitación en donde estén
los dos juntos? ¿Crees que no me duele que estés enamorada de
él?
— Detente. — Susurro, no quiero que siga hablando pero
él parece no escucharme porque sigue diciendo cosas una y
otravez, sus palabras salen a borbotones.
— Lo intente de verdad que lo intente… quise ser tu amigo
pero me muero por besarte ahora mismo y no puedo.— Mis
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propios ojos se dilatan también, siento el dolor por el que está
pasando pero no puedo hacer nada para calmarlo, no quiero que
se sienta así, lo quiero mucho como para querer que sufra y más
por mi culpa, tal vez si nunca hubiese estado enamorada de Se-
bastián le habría dado una oportunidad a Nicolás pero eso es
imposible, Sebastián siempre será el dueño de mi corazón. —
Todo habría sido mejor sino me hubieras despertado, nada de
esto estaría pasando, me habría ido al caer la tarde y no estaría
haciendo este patético espectáculo.
— ¿Para siempre? — No quiero saber la respuesta a esa pre-
gunta, no me quiero imaginar que esta será la última vez que nos
veamos. — ¿Te irás para siempre?
— Estoy retrasado para una misión, aún no deben saber que
tome el autobús equivocado y estoy aquí así que debo irme, mi
vida está con los míos.
— Matando a los míos.
— Es la cadena de la supervivencia. — Es algo irónico pero
eso es lo que él es, yo sé eso, él que nos conociese, nos tratase
y hasta me quisiera no deja de lado que su naturaleza es la de
un cazador de vampiros, está en su sangre, ha sido entrenado
desde pequeño para serlo, su reacción de hace un momento me
explico que aunque conociese a Ricardo no le dará una segunda
oportunidad si este vuelve a matar, si tan solo supiera que ya lo
ha hecho hace solo unos días y esa es la causa de su inestabili-
dad. — Estaré en contacto, lo prometo.— No soy capaz de re-
sponder nada, tengo un nudo en la garganta así que solo asiento.
— Quizás la próxima vez que te vea ya seas una vampira.
— Y tal vez tengas que matarme.
— Lo hare si es necesario.
— Te creo… y te lo agradecería, nada me haría más feliz que
seas tú quien me mate si me salgo de control. — Lo digo en se-
rio, muchos de nosotros no sonconsientes de sus acciones, sim-
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plemente se dedican a comer y a matar en el proceso. Constance
fue una adicta pero aun así era consciente de que estaba mal por
eso tomo esa radical decisión. Él asiente y me mira fijamente, un
segundo después sacude su cabeza y se gira para irse, observo
como camina hasta las rejas negras, allí está uno de los emplead-
os este le abre la puerta de acceso de personas, suena muy fuerte,
cuando está fuera se gira a mirarme por una última vez.
Cuando voy de regreso a la casa, mi estomago ruge, me está
dando hambre, aun soy humana después de todo. Tendré que
decirle a Paulina que me prepare algo.
La cocina está deshabitada por lo que comienzo a revisar la
nevera en busca de lo que sea. — Es duro. — La voz de mi madre
suena a mi espalda. — Vi como terminaron las cosas entre tu
amigo y tú.
— No terminaron… él… no pertenece aquí no pertenece a
nuestro mundo.
— Lo quieres. —No es una pregunta, más bien es una sen-
tencia. — Annie tú lo quieres mucho,¿Estás segura de que es a
Sebastián a quien amas y no a ese chico?— Me quedo helada
ante su pregunta. ¿A qué se refiere con eso? — No tienes que es-
tar con Sebastián solo porque así se ha planeado desde siempre y
mucho menos si estás enamorada de otro… ya has visto a Dan-
iel… es un sangre real aunque es hijo de una humana tal vez…
— ¡Cállate! — Pongo mis manos en mis oídos para que su
voz no siga entrando en mi cabeza. — No sabes lo que dices…
— Sebastián está arriba puede escuchar esto y si cree que es
cierto, por Dios me había intercambiado por él que más prueba
de amor se necesita, pero claro mamá no sabe eso. —No tengo
ninguna duda nunca ha existido nadie más…
— Es un milagro que Sebastián allá despertado así de la nada
el mismo día que se dictamino su sentencia de muerte… An-
nie… — Está frente a mí, sus manos en mis hombros. — ¿Qué
Lazo Irrompible
203
hiciste?
— ¡Nada! No hice nada. — Me voy corriendo de la cocina.
Necesito estar sola, pero cuando entro a mi habitación él está
allí, las cortinas están cerrando el ventanal para que el sol no
entre, su cabello aun se pega en su cabeza por estar mojado del
baño que seguramente acaba de tomar, levanta la vista en cu-
anto me siente e inmediatamente la aparta. — ¡Hola! — Digo
en un susurro, mi mano derecha se fue a la parte trasera de mi
cuerpo para cerrar con pestillo la puerta, algo que hago por puro
formalismo porque si alguien de mi familia quisiera entrar una
puerta con llave no se lo impediría. — Si has escuchado algo
de lo que… — Pone su dedo en suslabios indicándome que me
calle, lo cual hago inmediatamente, camino hasta él y me siento
a su lado, huele increíblemente bien, es una fragancia que jamás
había sentido.
— Solo vámonos. — Susurra en un hilo de voz para que na-
die lo escuche. Articulo un “Qué” — Por hoy solo vámonos,
cuando el sol se ponga solo seremos tu y yo, vámonos.
BARBARA CONTRERAS
204
Capitulo 19:
S
us palabras aun hacen eco en mi cabeza, solo él y
yo pero a donde iríamos, acaso escaparíamos de
casa, se supone que no podemos salir hasta que
papá y todas las personas o parte de aquellas que fueron a la
reunión estén aquí. — No podemos… papá estará. — Sus labios
sobre los míos hacen que las palabras se queden en mi garganta.
— Furioso. — Termino de decir cuando nuestras bocas se sepa-
ran.
— Estuve atrapado en mi propio cuerpo por un mes necesito
sentirme libre. — Susurra, su aliento pega en mi cara. — Solo
serán unas horas en donde solo seremos nosotros dos, cuando
huiste con Nicolás de la iglesia creí que jamás volvería a verte,
estaba resignado a que moriría allí pero aun sabiendo eso es-
taba feliz porque tu lograrías sobrevivir… — Sus manos acunan
mi cara. — Antes de empezar con todo el caos de mi regreso
necesitamos estar solos, yo necesito sentir que solo somos no-
sotros, unas horas para ser normales.
— Sabes que la casa está vigilada por todos los flancos. — Le
recuerdo en un susurro, él siente. — ¿Cómo nos iríamos?
— No te preocupes por eso ya tengo todo planeado. — Cu-
ando sonríe sus colmillos están ligeramente expuestos, parece
como si aun tuviera hambre y estuviese a punto de comer, o en
su defecto comerme pero sabía que eso no se debe a mí, Sebas-
tián ha estado pasando hambre por un mes entero, la abstención
Lazo Irrompible
205
debe ser fuerte y justo ahora debe sentirse muy hambriento.
— ¿Tienes hambre? — Es una estupidez de mi parte el pre-
guntarlo porque sé la respuesta pero las palabras salieron sin mi
autorización.
— Como la primera vez. — Confiesa, nos quedamos en si-
lencio por unos cuantos minutos. —Estaré aquí cuando el sol
se oculte ¿vale?— Asiento en respuesta, me da un último beso
antes de abandonar mi habitación.
Faltan horas para eso, cuando me deja en mi habitación me
siento increíblemente sola, pero eso no se debe a él, tengo la
certeza de que estará aquí más tarde, esto se debe a otra cosa,
una lágrima rueda por mi mejilla izquierda, y un hueco se instala
en mi estómago, Nicolás se ha ido probablemente para siempre.
Cuando estoy bajo la ducha me permito llorar, desahogo todo lo
que tengo por dentro, él nunca aceptara lo que yo soy, aunque
se diga que me quiere, aunque se admita a sí mismo haberse en-
amorado de un semi-vampiro él no me acepta, hace unos pocos
minutos había jurado asesinar a un miembro de mi familia si este
se salía de control no importándole que le conociera, me juró
matarme a mí misma si me salía de control, eso se lo agradecería
si llegase a suceder pero eso solo me demuestra que la cuerda que
nos une es tan delgada que en algún momento puede romperse.
Alexandra está en la habitación para cuando salgo de la du-
cha, tengo la toalla enrollada en mi cuerpo el cabello me gotea
por toda la espalda,su expresión es cautelosa para cuando me
muevo a mi armario decide hablar. —Escuche conversaciones
abajo, se dice que el joven Sebastián ha despertado, ¿Es eso cier-
to?
— ¡Sí! Lo logre… sabía que podía traerlo de regreso, que no
estaba perdido.
— Pero ¿A qué precio? — Dejo de mover mis manos que
buscaban a tiendas algún atuendo para esta noche, acaso nadie
BARBARA CONTRERAS
206
entiende que no me importa el maldito precio, lo único que me
importa es el hecho de que él está respirando teóricamente en
el otro pasillo. — ¡Annie! —¡No! si les importaba, sabía que
todos estaban felices por lo que había conseguido pero ahora en
estos momentos están más preocupados por saber que hará ese
vampiro para reclamar su ayuda. Mi propio hermano me ayudó
para traer a Sebastián de regreso en el último minuto pero ahora
él mismo se encuentra vigilando la hacienda a plena luz del día.
— No hay ningún precio Alex, no lo hay. —Hago lo que
mejor me sale, mentir.
No sé a dónde me pretende llevar Sebastián, quizás solo ire-
mos a dar una vuelta al pueblo o al bosque, lo cierto es que no
creo que vayamos a algún lugar lejos de casa, por eso opto por
vestirme con un simple pantalón y sudadera para prevenir el frío
de la noche. Nada especial. Tampoco es que eso importe mucho.
Mi puerta suena una vez, corro hasta ella, cuando me encuentro
con su cuerpo inclinado en el marco no puedo evitar sonreír, mi
corazón martilla a mil kilómetros por hora, como hace tiempo
no lo hacía. — ¡Hola! — Me dice en voz ronca, su piel blanca
resalta debajo de todo su atuendo negro, su cabello está despei-
nado como siempre lo había tenido y sus ojos brillan, abro un
poco más la puerta para que logre entrar. Cierra sus ojos y se
concentra en algo. Está escuchando algo, intento concentrarme
también después de todo mis sentidos se están agudizando día
con día, escucho unas suaves voces en el piso de abajo, es Can-
dice y Ricardo puedo identificarlas a esta distancia aunque no
logro entender del todo lo que dicen. — Candice y Ricardo es-
Lazo Irrompible
207
tán discutiendo sobre control… Ricardo esta algo inquieto por
alguien ¿Quién lo tiene así? — Me pregunta antes de que logre
entender del todo lo que abajo se habla, hagouna señal con mi
mano indicándole que todo se lo contaría después. — Andrés
está afuera por la parte sur, Casandra está hablando por teléfono
desde hace un rato supongo que con Caleb y vi a un chico bajar
al sótano, también tendrás que decirme quién es, no parece un
simple guardia.
— Tendremos tiempo de hablar de todo eso, antes que nada
podrías explicarme como saldremos de aquí. — Sonríe con sorna
en sus labios increíblemente apetecibles, camina con gran agili-
dad hasta el ventanal que aún permanece cerrado, comienza a to-
carlo por las puntas, ¿Acaso intentara quebrarlo? No es que no
pueda pero haciendo eso no será muy silencioso que digamos, se
agacha y empujaun poco el vidrio, este se mueve, mi boca forma
una gran O. — ¿Cómo…?
— No son permanentes, cuando no soportes el sol deberán
quitarlo. — Lo empuja más hasta que queda de manera horizon-
tal sobre nuestras cabezas, la fría brisa de la noche se cuela en mi
habitación. Me extiende una mano. — ¡Ven! — Dudo un poco,
ya sé como bajaremos, estamos en el segundo piso por lo que
saltaríamos. Tomo su mano, caminamos juntos hasta el borde,
una vez allí me aprieta a su cuerpo elevando mis pies del suelo
para que cuando cayésemos sea él quien ceda a la fuerza de la
gravedad. Junto mis brazos fuertemente en su espalda abrazán-
dome más a su cuerpo, nos miramos por unos segundos antes de
que él salte, cae al suelo sin hacer ningún ruido, tal cual como
un gato. No tuve tiempo ni de gritar una exhalación porque fue
increíblemente rápido, devuelta a mis pies comenzamos a cami-
nar, Sebastián está atento a todas las direcciones, los vampiros ya
se encuentran en su guardia si alguien nos encuentra estaríamos
dentro en minutos. Me muevo lo más sigiloso que puedo, esta-
BARBARA CONTRERAS
208
mos por el lado derecho de la casa, el que conduce directamente
al bosque, de allí no sé haciadónde podemos agarrar, está oscuro
y mis ojos humanos aun no se adaptan del todo.
— Aquí estamos solos. — Dijo después de que caminamos
varios metros fuera de los jardines que bordean la hacienda,
habíamos pasado la carretera y estamos en el otro flanco los
guardias no llegan a estas direcciones, sé que cerca de aquí está el
pequeño arroyo. — No nos detectaron.
— Fue muy fácil. — Mi respiración está ya algo agitada por
el cansancio. — Pero ¿A dónde vamos? Sin auto no podemos
llegar muy lejos.
— ¿Quién necesita auto? — Pregunta para tomarme de la
mano y cogerme entre sus brazos como si fuera un bebé. —
Cierra los ojos. — Comienza a correr antes de que pueda darme
cuenta de que es lo que está haciendo, cierro los ojos fuerte-
mente, mi cabeza pegada en su pecho y evitoa toda costa mirar
cómo se mueve el bosque a nuestro alrededor, cuando por fin
nos detenemos estamos en un campo abierto.
— Sebastián. — La luna llena sobre nuestras cabezas alum-
bra en todo su esplendor, las estrellas están por todo el cielo, la
arena en nuestros pies, el mar frente a nosotros,esta es una parte
diferente de la costa, no la que había visitado con Daniel unos
días atrás, este es un lugar al que nunca había venido, a nuestra
derecha el bosque se termina para darle paso a un gran peñasco
en el cual las olas chocan, hay una especie de cueva allí en la que
seguramente millones de animales se ocultan, el olor a sal y mar
es increíble, en medio entre nuestra posición y el mar hay una
manta roja con una pequeña cesta, unos almohadones junto a
ella. — Esto es…
— Me habría gustado prepararte algo mejor pero estuve re-
clutado durante el día, Candice me ayudo con eso.
— Es perfecto. — Me giro hasta él, para mí esto es romántico,
Lazo Irrompible
209
un picnic a mitad de la noche y lo más importante con él, esto es
lo mejor que me ha pasado en la vida. — ¡Te amo! — Al instante
en que termino de decirlo su boca está en la mía, nuestros labios
se mueven al mismo tiempo como si nunca se hubiesen separado
por tanto tiempo, su lengua recorre la mía en una maraña de
enredo y placer, en medio del beso el contiene un gruñido en
su garganta y yo suspiro, solo me separopara poder tomar aire.
No sé en quémomento caemos sobre la manta, Sebastián sobre
su espalda y yo sobre su cuerpo, está caliente, de eso no tengo
dudas, su cuerpo se siente ahora mucho más cálido sobre el mío,
sus manos se cuelan dentro de mi sudadera tocando mi espalda
desnuda haciendo que me arquee un poco hacia arriba pero no
me aparto de su boca, no quiero hacerlo, necesito más.
En un movimiento estoy debajo con mi espalda sobre la
manta roja, Sebastián está inclinado sobre mí, sus ojos están ro-
jos, y lucha por regresarlos a su color natural, el hambre está
presente, muevo mi cuello en invitación, deseo eso.
— ¡No! — Dice antes de bajarse de mi cuerpo y caer justo
al lado, su brazo cubre sus ojos y su boca estásemiabierta. — Ya
me he alimentado antes Annie, no puedo simplemente volver a
comer.
— ¿Por qué no? — Me inclino para poder mirarlo, le apar-
to el brazo de sus ojos, ya están regresando a su color normal.
— Quiero que te alimentes de mí… ¡Hazlo! — Me mira con el
ceño fruncido. Estoy pidiéndole algo que odia, pero que quiere,
necesito que se alimente de mi vena. — Hazlo… tal vez sea la
última. — Eso lo alerta.
— ¡¿Qué?!—La expresión de su rostro cambia drástica-
mente. — ¿Qué quieres decir con eso?
— Mi transformación está cada vez más cerca, la siento.
— Aun es muy pronto. — Sentencia volviendo a su posición
de redención en la arena.
BARBARA CONTRERAS
210
— No quiero comer, la comida cada día que pasa me parece
más asquerosa, mi olfato está desarrollándose, al igual que mi
audición y hace unos días me enferme por primera vez en mi
vida… esta cerca Sebastián lo sé, conozco mi cuerpo y los cam-
bios por los que está pasando, dentro de poco seré como tú. —
Se levanta rápidamente dejándome allí sola, cuando le busco con
la mirada está cerca de la orilla, el agua moja sus zapatos. — ¿Se-
bastián? — Me acerco, mi mano toca su hombro él ni siquiera se
inmuta. — ¿Pasa algo?
— No quiero que seas esto. — Abre sus brazos para indicarse
a sí mismo. —Un asesino, si tan solo hubiera una manera de
que continuaras siendo humana de que no compartieras nuestro
destino.
— ¿Qué? Pero tú. — Mis propias dudas pasadas pasan rá-
pidamente por mi cabeza, dudas que no tenía derecho a tener
y que se habían disipado, porque ser humana solo significa ser
débil, el mismo me lo había dicho.
— Annissa si fueras una simple humana nada de esto estaría
pasándote, tendrías una vida normal, un sangre real no te quer-
ría para él, para cumplir con quien sabe que cosas, crecerías, te
casarías tendrías hijos envejecerías viendo crecer a tus nietos y
serías feliz.
— Pero no lo soy, nunca lo he sido, mi destino estuvo escrito
desde que nací… la sangre de mi padre me hizo lo que soy, una
vampira.
— ¡Lo sé! eres un monstruo. — Sus palabras fueron frías. —
Al igual que yo, somos monstruos, asesinos, solo me gustaría
que tu no tuvieras que manchar tu vida y condenarte. — Sus
manos están sosteniéndome por los hombros, mi corazón está
martillando dentro de mi pecho. — Tu corazón. – Me dijo. —
Esta más lento… no lo había notado.
— Bebe. —Exijo una vez más, esta vez no es necesario que
Lazo Irrompible
211
se lo repita, sus colmillos salen de sus encías, sus ojos se inyectan
en sangre, muevo mi cuello y cierro los ojos fuertemente. Para
cuando sus colmillos se cierran en mi cuello estaba preparada,
cuando llega la primera succión estoy en el paraíso, me aferro a
su cuerpo guindándome de su cuello, mi cuerpo va mojándose
poco a poco, me está guiando al agua, sus manos fueron a la par-
te alta de mis muslos y me alzaron para llevarme a sus caderas,
mis piernas se cierran allí para acomodarme mejor.
Fue rápido, el pinchazo se termina y su lengua cierra las inci-
siones, estamos dentro de la playa, las olas están tranquilas, me
baja de su cuerpo pero aun me sostiene por mis caderas porque
mis pies no llegan al fondo, me mirafijamente, sé lo que él quiere
porque es exactamente lo que yo también deseo.
Mis manos van hasta el borde de su camisa que está por de-
bajo del agua y la alzo para quitársela, él deja que lo haga, cu-
ando la tengo en mis manos él me la quita y con su fuerza la
tira a la arena, su cuerpo no es ni la sombra de lo que había sido
unos meses atrás, las costillas se le marcan y sus brazos no están
tan torneados como antes,nos abrazamosdejando que la marea
nos lleve a la deriva, hasta que salimos a la orilla, me toma en
sus brazos y me lleva hasta el lugar en donde haríamos el pic-
nic solo que lo olvidamos por completo, sus manos se cierran
en mi cara cuando me acuesta y apartan el cabello que se está
pegado en mi frente, me besa allí, después en las mejillas y de
ultimo un beso fuerte en la boca, cuando sus manos quitan mi
sudadera no albergo ninguna duda,mis dedos buscan el botón
de su pantalón para desabrocharlo, lo encuentro exitosamente,
lo empujo un poco, y él me ayuda con lo demás de este, después
de quitarse el suyo vaa por el mío, sus dedos se congelan en el
botón de mi pantalón antes de por fin desabrocharlo, cuando lo
hace quedo expuesta ante él, solo estoy en ropa interior, las otras
veces nos habíamos detenido antes de llegar a esto,ninguno dice
BARBARA CONTRERAS
212
nada, estamos en total silencio el único sonido de fondo son las
olas cuando chocan con las rocas, cuando se acomoda sobre mi
cuerpo de una manera para que yo no soporte todo su peso está
temblando.
— ¿Qué pasa? — En estos momentos la que debería estar
temblando de frío soy yo, después de todo soy la única que sien-
te el cambio de temperatura. — ¿Estás bien? — Llevo mis manos
a su rostro para apartarle el cabello de los ojos y frente.
— ¡Sí! — Susurra, sus colmillos aun están expuestos pero
sus ojos, lo más hermoso de todo su rostro ya que me muestra
la pureza de su alma aun son azules, perfectos. — Es solo que…
— Estás nervioso. — Le digo no como broma, sino como un
hecho, yo también lo estoy, no me dice nada pero su mirada me
dice que sí. — Yo también.
— Podemos parar ya lo sabes.
— ¡No! no te atrevas. — Y lo halo a mi cuerpo, su boca sobre
la mía en un beso voraz, abrazador, que me enciende en todas las
partes precisas, sus manos dibujan mi silueta, y yo por mi parte
enredo mis dedos en sus cabellos para atraerlo más a mí.
Escucho como las olas chocan levemente con las rocas, es-
cucho la respiración regular de mi acompañante que está dor-
mido, su cabeza en mi pecho, con mis dedos juego con sus ca-
bellos negros, mi mirada fija en las estrellas que adornan el cielo,
aquellas que fueron testigo de la mejor noche de toda mi vida, de
la noche que no olvidareen toda mi existencia, a partir de ahora
pertenezco en cuerpo y alma a este hombre, mi hombre me dice
una vocecita interna,el rastro de sus besos aun arde en cada parte
Lazo Irrompible
213
de mi cuerpo, las nuevas sensaciones que experimente eran to-
talmente desconocidas pero aun así increíbles, rememoro todo
en mi cabeza una y otra vez.
— Estás despierta. — Su voz me sobresalta, bajo la mirada
para encontrarme con la suya.
— Sí, no quería correr el riesgo de que al despertar esto fuera
un sueño.
— No lo es. — Me asegura, nos quedamos tumbados allí
por varios minutos en silencio solo observándonos, sabemos
que ahora las cosas son diferentes entre nosotros, ya no somos
unos niñatos que tenían un enamoramiento, habíamos sellado
nuestro amor. — Creo que ahora debemos tener nuestro picnic.
— Cuando se eleva de mi cuerpo para buscar la cesta cierro mis
ojos, estoy desnuda él está desnudo, no puedo evitar sentir algo
de vergüenza. — ¿Qué pasa?
— ¡Nada! Es solo que… — Abre la cesta, dentro hay una
botella de champan, dos copas, manzanas y fresas. Sebastián se
levanta de su lado de la manta y la dobla para colocarla sobre
mi cuerpo, sabe perfectamente a que me refería, a él parece no
importarle estar así frente a mí, el sonido del “Bung” que hace la
botella al ser abierta me hace gritar, él se ríe como antes, toma las
dos copas y las llena ofreciéndome una. — ¡Salud!
— ¡Salud! — Nuestras copas suenan al ser chocadas.
No tenemos reloj para saber a qué hora estamos regresan-
do pero la luna se ha movido bastante en el cielo por lo que el
amanecer no debe tardar, nuestras ropas no están tan mojadas
BARBARA CONTRERAS
214
pero nuestros cabellos si lo están y estostraen una gran cantidad
de arena en él.
Intentamos ser discretos en nuestra entrada pero Sebastián
por más que lo intenta está tan torpe que me hacereír le atribuyo
eso al alcohol, tapo mi boca con mis propias manos para poder
detenerme pero es imposible. Para cuando entramos en mi hab-
itación por la ventana que está abierta estamos riéndonos por
toda la adrenalina del momento, está oscura, no recuerdo haber
apagados las luces al irme, pero no le prestó atención, Sebastián
me toma entre sus brazos y me besa, había perdido la cuenta de
las veces que nos habíamos besado, cuando las cosas se estaban
poniendo calientes otra vez la luz se enciende, haciendo que nos
separemos inmediatamente.
— Pensaba que tenía que esperarlos toda la noche. — Mi pa-
dre está de pie junto al interruptor que enciende los bombillos,
sus brazos cruzados en su pecho. — Me han ahorrado el tener
que enviar una tropa a buscarlos.
— ¿Papá? — Sabía que esto podía pasar, él estaba en camino
a casa y lo primero que querría ver sería a Sebastián para com-
probar que había regresado y al no encontrarnos a ninguno de
los dos asumen que estábamos juntos.
— Todo esto es mi culpa Caleb. — Papá cierra los ojos e in-
hala el aire a su alrededor.
— ¿Qué estaban haciendo? — Su voz sale con molestia, está
controlándose, no sé porque pero algo me dice que él lo sabe,
acaso lo tengo escrito en la frente, acaso tengo un cartel con lu-
ces encendiéndose y apagándose que dice“Acabo de perder la
virginidad”Sebastián me mueve un poco para ocultarme detrás
de su cuerpo.
— Lo que Annie y yo hagamos no creo que sea de su incum-
bencia.
— ¡Sí lo es porque es mi hija! — Grita tan fuerte que no dudo
Lazo Irrompible
215
que todos en la casa lo hayan escuchado, sus ojos se vetean de
rojo y respira notoriamente, me está asustando. — Estaré en el
despacho lo que queda de la noche, los quiero allí en una hora,
báñense antes de ir a verme apestan a sexo.
Cuando nos quedamos solos, mis mejillas están encendidas
en rojo. — ¿Annie? — Su mano derecha toca mi mejilla su con-
tacto lo siento más frio que nunca, mi piel está caliente, la sangre
ha subido a mis pómulos, ¿Escuche bien? Mi papá sabe lo que
hicimos. Sebastián sigue hablándome pero bloqueo su voz, los
oídos me pitan, el corazón me late tan rápido y fuerte que es-
cucho mis propios latidos. — ¿Ann? — Aparto su mano de mi
rostro y corro al baño, necesito estar sola, cierro la puerta con
el pestillo y caigo al suelo, la puerta comienza a sonar con los
nudillos. — Annie, ábreme… por favor abre la puerta.
— Déjame sola por favor. — Murmuro, sé que me escucha
pero aun así no se mueve, puedo sentir su cuerpo apoyado en la
puerta. — Sebastián por favor déjame sola unos minutos.
— Perdóname. — Escucho desde el otro lado, esa palabra
hace que levante mi rostro de entre mis piernas, ¿Perdón? ¿De
qué se está disculpando? Acaso piensa que estoy así por lo que
hicimos, que estoy arrepentida. Cuando abro la puerta la habit-
ación está vacía, se ha ido.
BARBARA CONTRERAS
216
Capitulo 20:
C
ada vez que la esponja llena de jabón pasa por mi cu-
erpo siento los besos de Sebastián desvanecerse, no
quiero que la sensación de estos desaparezca pero a
la vez no quiero tener su olor en mi cuerpo, lo que habíamos
hecho era algo privado, no algo que todos los que tienen un olf-
ato desarrollado puedan oler, eso es algo que solo nosotros dos
Lazo Irrompible
217
deberíamos saber, por eso mientras paso con todas mis fuerzas la
esponja por mi cuerpo, lagrimas caen por mis mejillas.
Salgo del baño y aun goteo agua, la ropa que debo ponerme
está ya sobre la cama, es el vestido verde pijama, seguramente
mamá ha pasado por aquí y lo dejo allí para mí, termino de se-
carme y me visto, mi cabello por más enjuague que le aplique
sigue enredado, aunque ya no queda nada de arena en él, me
peino lo mejor que puedo tratando de quitar los nudos y me
hago una cola, no quiero bajar, solo me han dado una hora pero
no sé cuánto tiempo había pasado, aun no amanece lo que me
dice que no he pasado mucho tiempo en el baño, las piernas me
duelen un poco al igual que otra parte de mi cuerpo pero no es
un dolor por el que me echaría a morir es una pequeña molestia
que me recuerdalo que he hecho.
Me detengo frente a la puerta varios minutos, no tengo fuer-
zas para bajar, papá me está esperando, seguramente mamá tam-
bién esté allí, Andrés, Ricardo, Candice y todos los que viven
en esta casa. Suspiro y abro, no hago nada pensando en lo que
podría pasar cuando termine de bajar las escaleras.
La casa está tranquila, no se escucha a nadie y se supone que
llegarían varias personas con papá, quizás estén descansando en
sus habitaciones o quizás no vinieron no tengo la menor idea.
Cuando estoy frente a la puerta del despacho vuelvo a dudar, mi
corazón martilla fuertemente en mi pecho, y comienzo a sentir
frío, un frío que solo indica que tengo miedo.
— Puedes pasar Annie. — Escucho la voz de mi padre desde
el otro lado de la puerta, por supuesto que sabe que estoy allí,
siempre lo sabrá, lo primero que observo cuando entro es a Se-
bastián, está apoyado en la ventana con sus brazos doblados en
su pecho, su rostro no tiene expresión alguna, papá escribe algo
en una laptop, mamá no está y tampoco todas las personas que
había imaginado, solo Daniel está sentado en uno de los sofás.
BARBARA CONTRERAS
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Me quedo apoyada en la puerta que ya había cerrado, Sebas-
tián solo me miró cuando entre después su atención se fijó en
algún lugar del exterior. — Dame un minuto. — Me dijo aun
sin mirarme, parece que está peleando con el aparato que tiene
enfrente, por más que quisiera avanzar en la tecnología su men-
talidad es la de una persona que no sabe manejar este tipo de
cosas, las odia de hecho. No tengo porque quedarme allí por
lo que camino lentamente hasta uno de los muebles, Daniel me
sonríe en cuanto me siento, no sé porque está él aquí. — ¡Bien!
— Exclama después de varios minutos.
— El amanecer está cerca. — Dijo Sebastián aun mirando al
exterior, sus nudillos están apretando sus brazos. — Lo siento
en mi piel.
— Entonces deberías apartarte de la ventana, a menos que
quieras convertirte en pan tostado. — Mi sobrino habla como
si lo conociese de toda la vida, Sebastián lo hace, se mueve de
ese lugar, se ubica junto a la puerta, el sol apenas comenzará a
salir por lo que no llegara a ese lugar. — ¿Qué hacemos aquí?
— Daniel hace eco de mi pregunta, aunque mi pregunta original
sería qué hace él aquí.
— Entiendo que Sebastián y yo lo estemos, pero por qué él.
— Exclamo, si va a decirme algo no quiero que el hijo de mi her-
mano este para escucharlo, apenas y lo conozco no quiero que
se entere de mis intimidades, de hecho nadie debería enterarse.
— Daniel, Andrés me informo que eres un cazador. — Papá
se levanta de su asiento y va junto a la ventana para correr la cor-
tina y así evitar el paso de la luz solar, noto como el semblante de
Sebastián cambia, la palabra cazador hace que le hierva la sangre,
debe estarse controlando para no atacarlo y eso solo me dice que
ya sabe quién es él. — ¿Qué de cierto hay en esa información?
— ¡Todo! — Pasa en un borrón, en un segundo Daniel está
en el sofá y al otro estácontra la pared, esta se agrieta por el
Lazo Irrompible
219
fuerte golpe que recibe, Sebastián lo tiene agarrado por el cuello,
sus dientes están expuestos.
— Tranquilo Sebastián. — Papá está a su lado con su mano
en su hombro izquierdo yo por mi parte me había levantado del
sillón por acto reflejo. Sebastián sigue apretando el cuerpo de
Daniel contra la pared y lo mira con ganas de querer matarlo,
teóricamente Daniel es capaz de quitarse de encima a otro vam-
piro pero al parecer ni siquiera lo intenta, está allí flácido miran-
do los ojos de Sebastián. — No puedes hacerle daño, es mi nieto.
— Es un cazador. — Su voz suena extraña, debido a la furia.
— Todos los cazadores deben ser exterminados.
— Daniel fue criado por lo cazadores pero es un vampiro, es
parte de la familia, suéltalo ahora mismo. — Lo hace, de mala
gana pero lo hace, lo jala por la camisa y lo empuja lejos de él. —
Sera mejor que te retires Sebastián, sino puedes controlarte vete.
— Puedo controlarme. — Comienza a objetar pero no es
suficiente si había reaccionado así ahora podría pasar otra cosa
peor después, en estos momentos no se puede confiar en sus
instintos.
— He dicho que salgas. —No dice nada más, solo mira por
última vez a Daniel y se va dejándonos solos. Mis manos están
sudando, Sebastián ahora odia mucho más a los cazadores que
antes y en parte lo entiendo yo también los odiaría tengo que
evitar a toda costa que se entere de que tengo otra amiga caza-
dora. — No es una bonita manera de conocer a otro miembro
de la familia.
— ¡Esta bien! Sé su historia me sorprende que no me matase
en un segundo.
— ¿Por qué nos llamaste a los tres aquí? — Ambos descu-
bren mi presencia que había sido ignorada por completo, papá
camina a paso lento hasta llegar al sofá que está frente a mí, se
deja caer, se ve exhausto, tenía dos días en otro estado y segura-
BARBARA CONTRERAS
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mente no ha descansado lo suficiente.
— Daniel me conto lo de las cartas, el no solo ver los recuer-
dos de las palabras escritas sino ver el recuerdo exactamente…
necesito verlo de ti, o de ustedes. — Se corrige.
— Aun tengo el diario puedo buscarlo y podrías mirarlo por
ti mismo.
— Solo vería los recuerdos de las cartas no lo que ustedes
experimentaron.
— ¿Por qué? — Daniel es quien pregunta. — Es cierto que
fue muy extraño el ver todo eso como si estuviera sucediendo
pero no se supone que ese es nuestro poder.
— El mío si se basa esencialmente en eso, el tuyo ha variado
puedes engañarme y hacerme ver recuerdos que no son reales.
— Le dice sonriendo un poco quizás recordando que alguno de
los recuerdos que observo de él no eran reales. — Pero el de An-
nie… parece que tú eres capaz de llegar más allá, no solo ver el
recuerdo sino transportarte directamente a la escena que quieres
ver y ser parte de ella.
— Es por la sangre de Sebastián. — Ahora ambos me miran
esperando más. — Constance me visito después de que vi las
cartas, pensaba que era un sueño pero se sentía tan real, todos
los sueños que tuve se sentían muy reales… me dijo que cuando
tome sangre Waked hice que mis poderes evolucionaran.
— ¿Tomaste sangre? ¿Siendo humana?
— Necesitábamos la conexión entre ella y un vampiro, una
conexión eterna, por lo que Sebastián era la mejor opción. — Mi
padre responde en mi defensa por lo que había hecho unas sema-
nas atrás. — Annie, aun eres humana por lo que tú solo guiabas
sin saber cómo a Daniel, ahora quiero que vuelvas hacerlo, no
es necesario que sostengan la carta porque los recuerdos están
allí, ahora forman parte de tu memoria, solo necesito tomarlos
a los dos y mirar ¿Pueden hacer eso? — Coloca sus dos manos
Lazo Irrompible
221
delante de su cuerpo, Daniel se sienta en el piso junto a él y toma
su mano derecha, yo dudo un poco, regresar a esas escenas no
resulta nada tentador, pero tengo que hacerlo, me estiro un poco
y tomo la mano de mi padre, en ese momento siento como si
me cayera muy rápido de una montaña rusa, el estómago da un
vuelco y todo se pone negro.
Estoy en mi casa, en mi habitación pero sé que algo no anda
bien, el aire se siente pesado, se siente diferente. Camino hasta
el ventanal, afuera el cielo esta negro, es de noche pero aun así
no hay oscuridad algo ilumina desde algún lugar. — No sabía si
volvería a verte. — Me giro al escuchar su voz. Constance está
en el umbral de mi puerta. Se ve cansada y no tan altanera como
la última vez.
— ¿Por qué… sigues apareciendo en mis sueños?
— Eres con la única persona con la que hablo en siglos, es
normal que quiera compañía después de todo me quitaste a Se-
bastián. — Camina hasta mí a paso lento, como si estuviera es-
tudiando a su presa. — Pero me alegro de que ya no esté aquí…
— Y qué es aquí.
— Justo aquí. — Se da una vuelta señalándome mi propia
habitación. — Es tu casa, me puedo meter en tu cabeza pero no
sabes cómo es el “aquí” Sebastián si lo sabe, él lo vivió, vivió aquí
conmigo por lo que él cree fue una eternidad.
— ¿Qué quieres de mí?
— La sangre de Sebastián puede traerme a la vida eso es lo
que quiero.
— ¿Qué? Pero habías dicho que… — Me detengo cuando veo
BARBARA CONTRERAS
222
que su rostro cambia, sus fracciones se vuelven desesperadas. —
Tú lo decidiste, tú quisiste esto…
— Necesito detenerlo, lo que él quiere hacer es catastrófico,
estoy muerta pero sé lo que está bien y lo que está mal… encuen-
tra mi cuerpo por favor.
— ¿No sabes dónde está? ¡Me engañaste! me dijiste que no
me decías donde estaba tu cuerpo porque…
— ¡No lo sé! ¿Cómo voy a saberlo estoy atrapada? Necesi-
taba que Sebastián despertara para poder tener su sangre.
— ¿A quién debes detener?
— A mi hijo.
Abro los ojos de golpe, estoy en el sillón grande del despa-
cho. Completamente sola. Otro sueño, ahora ella estará inva-
diendo mi cabeza cada vez que quiera pero, no puedo simple-
mente ignorarla. Tengo que ayudarla después de todo se lo debo.
La puerta se abre y Ricardo está con medio cuerpo dentro,
me mira desde allí, le indico con una mano que puede entrar.
Él lo hace algo dudoso. — Supe lo que paso ayer en la mañana,
la discusión que tuvo Andrés con Nicolás… y que se fue… lo
siento.
— ¿Por qué te disculpas?
— Fue por mi culpa, te escuche en la línea del celular de Co-
rina, te asustaste, pensaste que iba hacerle daño, entiendo que no
confíes en mi… estoy fuera de control.
— ¡No! — Me levanto y corro hasta él, agarro sus manos. —
Tú deberías perdonarme a mí, no teníapor qué desconfiar de ti,
lo que ha pasado no ha sido tu culpa pero… Nicolás… él dijo
que tenía que matarte y no puedo tener de amigo a alguien que
piense en lastimar a mi familia.
— Escúchame… no volverá a pasar te lo prometo, no volveré
a matar, no me lo perdonaría a mí mismo, Candice está ayudán-
dome, sus métodos son muy extraños pero estoy dispuesto a
Lazo Irrompible
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escucharla, no puedo dejar que la sed me domine y terminar
como cualquier delincuente.
— Eres fuerte y lo lograras, lo sé. — La puerta vuelve abrirse,
esta vez Candice está allí, tiene una gran sonrisa en su rostro
perlado, tenía tiempo que no la veía tan feliz.
— Reunión familiar. — Suena divertida. — ¿Por qué no me
invitan?
— No es ninguna reunión. — Mi primo se aleja un poco de
mí, algo apenado por la forma en que sostenía sus manos. —
Aunque podría serla, me pueden decir como hicieron para des-
pertar a Sebastián, las cosas han estado algo tensas.
— Caleb vio todos tus recuerdos Annie… no fue buena idea
que dejaras que tocase tu mano. — ¡Rayos! Cuando accedí a
dejarle ver lo de la carta a través de mí le di permiso de que vi-
era todo, inclusive, mis mejillas se encienden. — Estas como un
tomate.
— Debo… debo… ¡Oh por Dios! — Mis manos van a mi
cabeza para sostenerla en su lugar. — ¿Dónde está papá?
— En el sótano parece que despertaran a Julián. — Ricardo
está sentado en el asiento grande de mi padre, tiene un abrecartas
en su mano y le da vueltas en sus dedos. — Como siempre los
niños debemos quedarnos lejos de la diversión, podría acostum-
brarme a sentarme aquí, qué dicen ¿Me veo bien?
— ¿Podrías dejar de jugar? Esto es serio, cuando Julián de-
spierte van a torturarlo para sacarle información hasta que deje
de respirar, técnicamente no tiene por qué respirar pero ustedes
entienden a qué me refiero. — Un escalofrío recorre mi cuerpo,
lo que dice Candice tal vez no sea del todo mentira. — Lo mejor
será que hoy estemos bajo perfil, hay muchas personas en casa,
seamos responsables.
— Quién eres y qué hicistecon mi prima. — Rick se impulsa
de su asiento y salta sobre el cuerpo de Candice, se tambalean
BARBARA CONTRERAS
224
y caen sobre el suelo, Candice muestra sus colmillos y lo aparta
de un empujón. — ¡Oye! — Se queja cuando sale volando al
otro lado de la habitación, milagrosamente no cae sobre ningún
objeto.
— Vuelves a tumbarme así y te juro que te parto el cuello. –
Cada vez están más agresivos, pasar tanto tiempo juntos no les
estéayudando. — Hablo en serio, Julián trabaja para Demetrio
de eso no hay ninguna duda.
— ¿Demetrio? Que nombre tan anticuado.
— No debería sorprenderte es mayor que Caleb y Casandra
juntos. — Ellos continúan hablando pero bloqueo sus voces, es-
toy armando un rompe cabeza en mi cabeza y Constance está en
él, primero estaba alimentándose por primera vez y después es-
taba diciéndole a su amiga que había cometido el peor pecado al
matar a su propio hijo… su pequeño Demetric, después estaba
el reciente sueño, donde ella me decía que necesitaba detener a
su hijo. Las piezas comienzan a encajar perfectamente.
— ¡Es él! — Mis primos se callan para prestarme atención. —
Demetrio es el hijo de Constance la mujer de las cartas, la mujer
que invade mis sueños.
— ¿No crees que sean solo sueños?
— ¡No! ella me dijo que necesitaba sangre de un sangre real
Waked para regresar a Sebastián, igualmente acaba de decirme
hace unos minutos que necesita despertar para detener a su hijo.
— ¿¡Qué!? — Los ojos negros de Candice se abren como
platos. — ¿Quiere despertar? Pero ella es una adicta si despi-
erta después de tantos siglos acabara con medio pueblo en un
día. — Cuando no respondo los dos se miran fijamente, cuando
Ricardo asiente ella habla. — Vas a despertarla.
— Ella me ayudo se lo debo… además dice que…
— No sabes si lo que dice es cierto, puede estarte mintiendo,
puede estar buscando una excusa para despertar. — Cuando la
Lazo Irrompible
225
puerta se abre todos nos callamos y nos fijamos en quien acaba
de entrar, mamá está allí. Su silueta en un largo vestido rojo y
su cabello cae suelto por su espalda. Está vestida de una mane-
ra muy formal seguramente se debe a que hay varios visitantes
muy importantes en casa, la mayoría vampiros muy antiguos.
— He estado escuchándolos. — Nos dice cuando cierra
la puerta tras ella. Ninguno de los tres dice nada, es como si
hubiéramos sido cachados en alguna travesura. — Despertar a
Constance es una muy mala idea.
— Es lo que trato de decirles. — Candice cae en uno de los
muebles con una mano en su pecho respirando de alivio.
— Sin embargo. — Mamá camina alrededor del despacho, no
vaa ningún lugar en específico, solo está tratando de ordenar las
palabras que quiere decirnos. — Demetrio. Pensamos que había
muerto en el atentado contra los Waked. — Su memoria se fue
a otro lado, cierra sus ojos y cuando los abre se ve terror en el-
los. — Si Constance dice que quiere detener a su hijo yo le creo.
— ¿Madre? ¿Qué pasa?
— Demetrio puede… él puede matarnos a todos con solo
chasquear sus dedos, si está vivo no entendemos por qué no lo
ha hecho pero Annie todos estamos en peligro.
— ¿Es tan peligroso así? — Ricardo suena desconfiado como
si no creyese nada. — Si ha estado vivo todo este tiempo por qué
no atacar porqué solo esconderse y aparecer ahora, ¿Qué ganaba
con eso?
— Eso es lo que Caleb trata de averiguar, Annie tememos por
ti, por el trato que hiciste con él, Caleb vio todo… no sabemos
qué quiere contigo pero si sabemos que no es nada bueno,por
eso si Constance dice que quiere regresar para destruirlo yo
misma me encargare de encontrarla.
BARBARA CONTRERAS
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Lazo Irrompible
227
Capitulo 21
J
amás había visto esa mirada en los ojos de
mi madre, jamás había visto como su mirada
cambiaba de color, sus ojos verdes fueron
tornándose rojos a medida que su ira aumentaba. — Candice,
Ricardo podría dejarme a solas con mi hija. — No necesitó
decirlo dos veces, ellos se levantaron y nos dejaron solas, mi
corazón late fuertemente en mi pecho, espero que no quiera
tener “La conversación” otra vez,caminó hasta mí y se sentó a
mi lado. — Anoche cuando Caleb llego lo primero que hizo fue
preguntar por Sebastián, no creía que había despertado después
de todo no teníamos nada que pudiera revertir lo que el agua
bendita nos hace. — En mi estómago se hace un nudo, sabía por
dóndevenía esta conversación. — Pero no lo encontraron en su
habitación y tú tampoco estabas en la tuya.
— ¡Mamá!
— ¡Shhh! — Me interrumpe haciendo que me calle. —Sé lo
que ha pasado y no porque tu padre me lo haya contado, no
porque pueda olerlo en ti y tampoco porque lo haya escuchado,
lo sé porque soy tu madre y sabía que tarde o temprano pasaría.
— Esto es incómodo mamá, muy pero muy incómodo.
— Lo sé, solo espero que estés muy convencida de tus sen-
timientos por Sebastián porque si decides pasar el resto de tu
vida con él será para siempre…
— Lo amo, le amo más que a mi propia vida. —Agarra mis
BARBARA CONTRERAS
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manos y las lleva a su pecho donde su corazón ya no late. — Cu-
ando tu corazón deje de latir la persona que amas será tu nuevo
corazón, será el nuevo motor que impulsara tu vida, estoy feliz
de que hayas encontrado el tuyo, Sebastián fue la mejor elección
que pudiste haber hecho, sabias que estabas destinada a él por
ser el único sangre real pero también sabes que si te hubieses en-
amorado de otra persona igual te habríamos apoyado… porque
somos tus padres y queremos lo mejor para ti. — Esta conver-
sación se está volviendo rara, como si se estuviera despidiendo.
— Mamá ¿Pasa algo?
— Alexandra está haciendo tus maletas en este momento.
— ¿Qué? — Me levanto de un salto. — ¿Mis maletas? ¿Por
qué? — Ni siquiera espero que me responda porque salgo dis-
parada a mi habitación, subo las escaleras de dos en dos y casi me
caigo al llegar al final, cuando entro en mi habitación evidente-
mente están haciéndome las maletas, mi ropa está esparcida por
toda la cama. — ¿Qué haces?
— Son órdenes directas de la señora.
— Tú solo me obedeces a mí. — Corro hasta la maleta que
está siendo llenada y comienzo a sacar todo lanzándolo en todas
direcciones, no quiero irme, y dejar todo atrás, mi familia, mis
amigas, mi vida. — ¡No! — Le grito cuando comienza a llenarla
otra vez con las ropas que he sacado.
— ¡Alexandra! — Ella pega un salto al escuchar una voz mas-
culina a su espalda. — Déjanos solos. — Solo asiente y se retira
sin mirar a otra parte que no sea el suelo, por mi parte continúo
sacando todo. — Annie… — No le prestó atención. — ¡Annie!
— Agarra mis muñecas fuertemente. – ¡Detente!
— Entiendes esto, entiendes que me sacaran de casa, de la
ciudad tal vez del país.
— Es lo mejor. — Contraataca. ¿Cómo puede decir eso? —
Entiende…
Lazo Irrompible
229
— ¡No! entiende tú, si me voy… toda mi vida está aquí, túes-
tás aquí, no quiero irme. — Lo abrazo, no quiero dejarlo ahora
que lo he recuperado, no soportaría estar lejos de él una vez más.
Es que acaso no lo entiende. — No puedo dejarte.
— Escucha, es por tu bien, no sabes de lo que es capaz Deme-
trio, él va a cobrarte muy caro el haberte dado su sangre, por eso
debes estar oculta, es lo mejor para ti.
— Lo mejor para mí es estar contigo, no entiendes eso.
— ¡Lo sé! — Junta su frente a la mía, está encorvándose para
poder estar a mi altura. — Lo sé. — Vuelve a repetir. — Deja que
Alexandra termine de hacer tus maletas, y ven ayudarme con las
mías. — ¿Qué dice? ¿Acaso? — Iré contigo no me quedare aquí,
siempre estaré contigo Annie.
La maleta de Sebastián ya está abierta en cuanto entramos a
su habitación lo que me dice que no es una decisión que acaba
de tomar, es algo que ya tenía planeado, él va directo a su closet
y comienza a sacar montones y montones de camisas de sus gan-
chos, por mi parte me siento en su cama, me alegra que venga
conmigo pero aun así, no quiero irme, esta es mi casa, mi hogar.
— ¿Te pasa algo? — Mi mente se había perdido en algún
lugar, tanto que Sebastián se dio cuenta de mi lejanía, asiento,
es evidente que me pasa algo, él acomoda como puede las ropas
que tiene en sus manos dentro de la maleta y me mira, espera
una respuesta.
— Es todo esto… no quiero irme. — Antes de que me dijese
que era por mi propia seguridad hablo. — Aquí están todos,
mis padres, mi hermano, mis primos, nunca he vivido sin ellos…
además ¿A dónde iremos?
— No lo sé, solo sé que Caleb quiere que no estés aquí para
cuando Andrés despierte a Julián, es normal que quiera alejarte
de la línea de fuego.
Entiendo a mi padre, Demetrio vendrá a cobrarme el favor
BARBARA CONTRERAS
230
que me ha hecho, ellos le conocen saben de lo que es capaz vi
el miedo en los ojos de mi madre cuando lo menciono. — ¡Está
bien!… todo estará bien siempre y cuando tú estés conmigo. —
Él asiente y sonríe, su mirada me dice cosas, el calor sube a mis
mejillas y él se ríe estrepitosamente. — ¿Qué? — Exijo saber.
— ¡Nada!será mejor que ayudes a Alexandra con tus cosas o
terminare mordiéndote ahora mismo. — Me levanto lentamente
de la cama y me acerco a él, lo abrazo por la espalda.
— Es una oferta tentadora. — Le susurro, el disimula un gru-
ñido que sale de su garganta. — Continúa con tus cosas yo iré
hacer las mías.
Alexandra está nuevamente en mi habitación, ya una maleta
está hecha y comienza con una nueva, su cabello cae suelto por
primera vez y oculta su rostro pero veo como sus manos tiem-
blan ligeramente. — ¿Alex?
— Debo terminar antes de que anochezca porque usted sal-
drá en cuanto el sol se ponga. — Nuevamente el usted. — Debo
apurarme.
— Alex… ¡Alex!— Le detengo las manos, el vestido que
doblaba no da para más. — ¿Qué pasa?
— Nada no es nada. — En cuanto me ve, noto las enormes
lágrimas que salen de sus ojos. — No sé cuándo volveré a verte.
— Estalla. — Solo es eso.
— Sera pronto lo prometo. — La abrazo, tan fuerte que pa-
rece que la asfixiare, ella es mi amiga, y la extrañare, también
extrañare a Corina y a Claire, ¡Rayos! Por eso es que no debo
socializar con humanos, eso solo me hace más débil. En algún
lugar de mi habitación mi teléfono celular comienza a sonar, se-
guramente alguna de las chicas, Alexandra lo encuentra por mí.
— ¿Bueno? — No conozco el número de hecho no es un
número local. — ¿Aló?
— ¿Hablo con Annie? — Esla voz de una chica, pero no es
Lazo Irrompible
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ninguna que conozca.
— Sí, ¿Quién habla? — Me muevo hasta uno de los muebles,
Alexandra me sigue de cerca.
— Es Natally tu mejor amiga. — Eso suena algo irónico, casi
se me cae el celular de la impresión, ¿Qué hace llamándome? —
¿Bueno? ¿Annie? ¿Sigues allí?
— Sí aquí estoy, ¿Qué quieres? O solo llamas para decir
“hola”
— Créeme que no me gusta estar haciendo esta llamada pero
estoy desesperada, si mi papá sabe que seguimos teniendo contac-
to contigo nos matara. — Está preocupada, su voz suena extraña,
algo está pasando.
— Natally ¿Qué pasa?
— Tenemos que vernos, necesito hablar contigo, estoy a unas
horas del pueblo, veámonos en la biblioteca, Corina estará allí,
será seguro, trae a tus primos contigo sino confías en mí. — He
inmediatamente se termina la llamada, el “pipipipi” se repite en
mi oído pero no me quito en celular de la oreja.
— ¿Paso algo? — Cuando Alexandra me habla salgo del
trance en el que había entrado, marco inmediatamente el núme-
ro de Corina, ella atiende en el segundo repique.
— Natally Smith viene en camino al pueblo. — Es su modo
de saludarme evidentemente también había recibido su llamada.
— ¿Qué está pasando? No creo que solo venga a saludarme.
— Acaba de llamarme, en la biblioteca en una hora, tuve que
salirme de clases, ven acompañada por favor no confió en ella.
— No sabes para qué viene.
— No tengo la menor idea.
BARBARA CONTRERAS
232
Le dije a Sebastián que necesitaba despedirme de mis amigas,
el no cree que hubiera hecho amigas en su ausencia y como es
de día no puede salir, en su lugar le dije a Ricardo que me acom-
pañase, en el camino le conté todo, acerca de llamada de Natally
y de que ni Corina sabía porque estaba de regreso en Branford.
Cuando entramos en la biblioteca está vacía como de cos-
tumbre, la madre de Corina estáen el mostrador, cuando nos
mira entrar se pone rígida, ya sabe lo que somos o lo sospecha.
— Buenas tardes. —Digo de manera casual, ella solo siente.
— ¡Hola! — Corina aparece con un carrito lleno de libros.
— Estuve buscando libros que nos ayudasen en la investigación.
— Nos dice como si estuviésemos allí para estudiar. — Mamá ya
los conoces verdad, son Annie y Ricardo Collins, tenemos una
actividad de historia que entregar el Lunes.
— No sabía que fueran amigos. — Masculla la señora, está
muy incómoda con todo esto.
— Pero mejor esperemos por Claire, ella tiene que llegar en
eso de media hora, porque mejor no la esperamos en la plaza. —
Su madre iba a protestar pero ya está de camino a la salida.
— Permiso. — Es Ricardo quien se despide, cuando estamos
fuera vemos a Corina esperándonos al final de las escaleras, su
rostro denota que ahora está aliviada. -— ¿Qué fue todo eso?
— Le pregunta acercándose a ella, le toma la mano, como si eso
fuera lo más natural del mundo, como si estuviera acostumb-
rado hacerlo.
— Pensaba que se iría en cuanto llegara pero no lo hizo, ella
sabe lo que son, es cazadora tontosy tú y mi madre juntos… no
es buena combinación, no quiero que te mate cuando apenas
empezamos a salir. — Él le sonríe y yo estoy completamente
sorprendida, ¿Están saliendo? Como ¿De verdad? Pero… — No
lo sabías. — Me dijo en cuando ve mi cara, niego con la cabeza.
Lazo Irrompible
233
— No he tenido tiempo de contárselo hemos estado algo
ocupados.
— Tendré que alejarme de los vampiros. — Escucho una voz
detrás de mí, cuando me giro ella está allí, su hermoso cabello
rubio cae suelto en su espalda y este baila con el viento, sus ropas
muy diferentes a lo que usaba cuando vivía aquí. Está vestida
de cuero, su abdomen al descubierto y sus botas debende gol-
pear muy fuerte. — Parece que terminamos enamorándonos del
enemigo. — Se refiere a Corina y a Ricardo que aún tienen sus
manos entrelazadas pero ni por ese comentario se sueltan. —
Viniste, me alegro.
— ¿Qué quieres? — Soy cortante, si estoy aquí es porque
su voz sonaba rara al teléfono, bien podía estar engañándome.
— Tu ayuda, después de todo me lo debes. — Que yo le debo
algo, acaso ella había hecho algo por mí aparte de hacerse pasar
por mi amiga para engañarme y llevarme directo a la boca del
lobo para que este me comiera y escupiera todos los pedazos. —
Es Nicolás. — Se explica ante la duda en mi rostro.
— ¿Qué pasa con él?
— Sé que estaba aquí, estaba cubriéndolo con mis padres y el
resto de la serpiente. — Eso es cierto él me lo había mencionado.
— Me llamo eljueves, me dijo que su misión con los Collins
había terminado en buen término y que se marcharía a la misión
que se le había encomendado. — Hace una pausa para sacar su
celular. — La última llamada que recibí fue esa, 04:03 pm… — A
qué se está refiriendo.
— ¿Qué quieres decir?
— Se suponía que me llamaría en cuanto llegara, o por lo
menos enviarían el reporte a la serpiente pero no ha llegado, me
preocupe al igual que mi madre así que llamamos y Nicolás no
ha llegado, el último reporte que se tiene de él fue cuando llego
a Milford después de eso… ¡Nada!
BARBARA CONTRERAS
234
— Debe estar respirando aire puro ya sabes sin tener que
estar rodeado de psicóticos como ustedes. — Mi primo bromea,
al mismo segundo en que se da cuenta de que su novia también
es una de ellos. — Sin ofender. — Se dirige a su compañera, ella
solo niega con su cabeza.
— Eso es imposible, mi hermano nunca haría algo así, lo úni-
co que sé es que esta desaparecido y que la última persona que lo
vio fuiste tú Annie, así que dime si le hicieron algo, si tu familia
tiene algo que ver con esto. — Deja de hablar en cuanto siente el
contacto de mi mano en su mejilla, fue un acto reflejo, me sentí
ofendida por sus acusaciones.
— ¿Cómo crees? ¿Cómo crees que mi familia le haría daño a
Nicolás después de todo lo que ha hecho por nosotros?
— Ya no sé qué creer, en estos momentos puede estar muerto
y si continua desaparecido, tu familia estará en el punto de mira.
— ¿Y por qué? — Ricardo está alerta, su cuerpo preparado
para atacar en cualquier momento aunque parece una pose ca-
sual.
— Mi padre solo busca una excusa para acabarlos y así no
tenga pruebas que los involucre las encontrara o las inventara,
pero yo solo quiero, solo quiero encontrar a mi hermano.
Todo está sucediendo muy rápido, Nicolás yéndose de mi
casa, Nicolás diciéndome que se encargaría de matarme si me
volvía una loca vampira con sed de sangre y ahora Nicolás desa-
parecido. — Debemos encontrarlo.
— Annie te vas en unas horas.
— ¿Qué? ¿Cómo que te vas? —Corina exige respuesta pero
no era el momento para ellas.
— Pues no me iré, Nicolás es más importante, debemos en-
contrarlo.
Lazo Irrompible
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Capitulo 22:
E
n el mismo instante en que el auto entra en el jardín el
olor de los humanos alerta a los vampiros, Candice está
detrás de una de las ventanas observando, Andrés está
esperándonos en la puerta y quizás en sus habitaciones todos los
nuevos visitantes están pensando que les traen un festín, para
cuando nos aparcamos ya es obvio que traigo visitas. Lo que
no saben es que son dos cazadoras, una practicante y otra que
BARBARA CONTRERAS
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solo lleva el tatuaje en su pierna porque no sabe ni sostener un
cortaúñas.
— Esto no me gusta. — Dijo Natally en cuanto se bajó, su
mano está en la parte baja de su espalda, algún arma debe llevar
allí. Ricardo camina hasta Corina y le toma la mano, si las cosas
se ponen feas él se encargará de protegerla.
— Tenemos visitas. — Mi hermano sale del umbral, el sol
aun no lo golpea por completo. Olfatea el aire. — Huelen a ca-
zadores.
— Ella es Natally, la hermana de Nicolás. — Informo antes
de que las cosas se calienten. — Necesitamos hablar con papá,
algo está pasando.
— Adelante. — Él se aparta para que podamos subir las
pequeñas escaleras,le hago señas a Natally para que vaya de
primera, ella está dudosa pero después de varios segundos lo
hace, voy justo detrás de ella,mi primo y Corina están detrás
de mí.
En la sala ya está toda mi familia completa reunida, hasta Ale-
jandro está allí junto a su esposa y el bebé. Es la primera vez que
los veo fuera de sus habitaciones. Quiero ir hasta allí y tomar al
pequeño Threvor pero es mala idea, Natally se pone rígida, está
en un salón inundado de vampiros completamente sola.
— Ya se está haciendo costumbre de mi hija el traer caza-
dores a casa. — Es papá quien habla levantándose de su asiento.
Sebastián está algo alejado de todo el grupo, sus brazos cruzados
en su pecho y se aprieta fuertemente los bíceps. — Eres bien-
venida en mi hogar Natally Smith pero esta visita no es por mera
cortesía. — Ella asiente. — ¿En qué podemos ayudarte?
— Mi hermano. — Dijo en un susurro. — No hemos tenido
noticias de él desde que dejo esta casa, hace dos días.
— ¿Existe la probabilidad de que se esté escondiendo de ust-
edes? — Pregunta mi madre, en su rostro se nota que está preo-
Lazo Irrompible
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cupada. Natally niega antes de hablar.
— Él nunca haría algo como eso.
— Entiendes que no confiamos en ti. — Sebastián la corta de
manera tajante. — ¿Quién nos dice que no estás aquí para ten-
dernos una trampa? Tal vez tu hermano también está implicado.
— Sabremos si dice la verdad o no Sebastián… Natally pu-
edes darme tu mano. — Él se viene acercando lentamente hacia,
ella da un paso atrás dudosa.
— Está bien, solo vera tus recuerdos es todo. — Digo para
tranquilizarla. — Estaré a tu lado todo el tiempo.
— ¡Está bien! Si esa es la única forma de que me crean. —
Ella misma estira su mano, mi padre la toma e inmediatamente
cierran sus ojos. A nuestro alrededor todos están alertas. Can-
dice está ahora junto a Ricardo y Corina, son como una pared
delante de ella, mamá aún está sentada en uno de los sofás, An-
drés y Daniel están a la izquierda muy cerca de Sebastián tal vez
por si intentaatacar o algo, Annabella y Alejandro más alejados
en una esquina sosteniendo a su bebé.
— Dice la verdad. — Papá corta la conexión en unos minu-
tos. — Pero tus padres comenzaran a buscarte en cuanto sepan
que también desapareciste.
— No me importa, no saben que estoy aquí, solo quiero sa-
ber si ustedes saben dóndeestá Nicolás.
— Lamentablemente no sabemos nada de ély no tenemos ni
idea de donde pueda estar.
— Pero lo buscaremos. — Hablo antes de que se dijera algo
que no quería escuchar. — Verdad papá, ¿Lo buscaremos?
— Annie hay cosas más importantes en las que preocuparnos
ahora mismo.
— ¡¿Qué?! ¡No! Nicolás también es importante, puede estar
secuestrado.
— Bien, lo buscaremos, pondremos a un escuadrón a buscar-
BARBARA CONTRERAS
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lo, pero necesito que no estés en la ciudad. — Coloca su mano
en mi hombro. — Los planes no han cambiado, te vas de aquí
hoy mismo.
— Me iré solo si me prometes que lo buscaran de verdad.
— Yo me encargare de que eso sea cierto, yo misma liderare
esa búsqueda. — Mamá habla desde su posición. — Puedes estar
tranquila.
Eso me tranquiliza, cuando mi madre promete algo lo
cumple, después de unos minutos, todos se marchan dejándonos
solos en la sala, hasta Sebastián se marchó, Candice y Ricardo
son los únicos vampiros aquí.
— ¿Crees que lo buscaran de verdad? — Hay mucha vulner-
abilidad en su pregunta, está muy nerviosa. Le tomo las manos.
— Mi madre no miente, si por mi fuera me quedara para bus-
carlo.
— Entonces por qué no lo haces, ¿Por qué no te quedas?
— No puedo, están pasando cosas que… — No puedo con-
fiar en ella para contarle lo que está pasando. — No puedo.
— Gracias por ayudarme. — Sin mediar palabras me abraza.
— Sabia que lo harías, siempre me caíste bien por eso ayude
tanto a Nicolás y no me arrepiento.
— Bueno es hora de que las lleve al pueblo a las dos. — Ri-
cardo hace sonar las llaves en sus manos, Natally asiente en su
dirección. — Estaré afuera esperándolas.
— Una vez más gracias. — Me dijo antes de levantarse y
seguir a mi primo. Corina aún está aquí. Sus manos están nervi-
osas frente a su cuerpo.
— ¿Volverás? — Es lo único que pregunta, me levanto y voy
hasta ella, nos abrazamos. — No es justo que te vayas así nada
más, de un día para otro.
— Hice algo que requiere mi marcha inmediata, para poder
tener a Sebastián hice algo que pone en riesgo mi vida por lo que
Lazo Irrompible
239
debo irme lo antes posible, no me gusta huir pero debo hacerlo.
— Estaré aquí para cuando regreses seas humana o no, le diré
a Claire que le envías tu despedida.
— Y es cierto, lamento no poder hacerlo personalmente.
— Te extrañare mucho. — Hay lágrimas en sus mejillas que
intenta quitarse con las manos pero choca con sus lentes, ambas
reímos. — Debo irme. — Una sonrisa triste surca sus labios, mis
propios ojos se dilatan, no sé si volveré a verla pronto. Observo
como se va, como su espalda se pierde de mi vista.
— Estará aquí para cuando regreses, todos estarán aquí. —
Sebastián está detrás de mí, sus manos en mis hombros, me atrae
a su cuerpo, me siento segura allí, siempre que esté a su lado
estaré segura.
No soy partidaria de las despedidas, de hecho nunca soy yo
la que se tieneque despedir por lo que esto es nuevo para mí. Mi
madre está abrazándome y pequeñas lágrimas caen en mi sué-
ter. — Recuerda obedecer en todo. — Repite una y otra vez,
aun no sé a dónde iré pero si sé que estaré con TeresaMoniet,
una vampira francesa que conocí cuando tenía 5 años, lo poco
que recuerdo de ella es que es muy pero muy estricta y que tiene
como mil años, espero que este siglo la haya ablandado un poco.
— Estaré contigo en cuanto las cosas se calmen, no dejare que
pases tu cumpleaños sola. — Mi cumpleaños indica que mi ini-
ciación al mundo vampírico estaría cerca por lo que dejarme sola
en esos momentos era inaceptable.
— Estaré bien. — Le dije una vez que me soltó.
— Me gustaría llevarte a la ciudad pero tengo cosas que hacer
por aquí. — Andrés estáahora frente a mí. — Tú solo disfruta
estos días de vacaciones. — Me guiña un ojo, me pongo roja al
solo pensar a que se está refiriendo. Daniel, mi sobrino solo me
asiente en la distancia y me dice adiós con una de sus manos.
— Seré la única chica en esta casa, no crees que eso es muy
BARBARA CONTRERAS
240
pero muy. — Se detiene al ver el rostro de mamá. — Lo siento
Casandra pero ya sabes a qué me refiero. — Todosríen, ella es
muy vieja como para que Candice simplemente quede con ella.
— Te extrañare mucho. —Me abraza. — Cuando Casandra vaya
a visitarte no dudare en acompañarla.
— Las estaré esperando, por favor, cuida a Corina… y a
Claire.
— Tus amigas son mis amigas, es raro que Ricardo aun no
haya regresado. — Comenta cuando ya todos se han despedido
de mí.
— Y ya deben irse. — Papá que había estado hablando con
Sebastián miro su reloj por quinta vez,es hora de partir, las male-
tas ya están en el auto, el conductor, uno de los sirvientes huma-
nos nos espera. — Llámenme en cuanto estén en la ciudad.
— ¡Eso haremos! — Sebastián está a mi lado y toma mi
mano, antes de irme me giro a mirarlos a todos, el corazón se me
contrae. Tal vez esta es la última vez que los mire con mis ojos de
humana, todos nos acompañan hasta el porche, esparciéndose
por aquí y por allá, cuando estoy en la puerta no puedo evitar
girarme para mirar esta casa por última vez, quizás pase mucho
tiempo antes de que vuelva aquí, la nostalgia me invade.
El auto arranca en cuanto estamos dentro, la música que
escogió el conductor es algún tipo de balada instrumental, lo
cual me hace bostezar, me acurruco al lado de Sebastián, este me
abraza a su cuerpo. — ¿Estás cansada?
— ¡Sí! — Dije entre un bostezo. — Pero no quiero dormir…
no quiero…
— No quieres que Constance vuelva aparecerse…
— Tengo miedo… — Su boca está sobre la coronilla de mi
cabeza.
— No tienes nada que temer.
El auto da un frenazo, no tenemos ni veinte minutos de haber
Lazo Irrompible
241
salido del pueblo, si nos giramos aún podría ver las luces de los
faroles. — ¿Qué pasa? — PreguntaSebastián al conductor.
— Un auto bloquea la carretera. — Nos dijo antes de colocar
las luces más altas, cuando lo hace lo veo, un auto negro está es-
tacionado en forma vertical y no da acceso a nadie, tres hombres
inmensamente grandes están fuera de este, vampiros. Sebastián
se mueve en su lugar queriendo salir, pero lo detengo, me aferro
a su brazo.
— ¿Qué haces? ¿A dónde vas?
— Quédate aquí. — Me ordena, en sus ojos hay fuego, estos
están cambiando de color, se inclina y me da un beso en los la-
bios. — Ya regreso.- Antes de que salga el conductor es sacado
por el parabrisas por uno de los hombres, grito al escuchar el es-
truendo, Sebastián sale rápidamente del auto, yo estoy comple-
tamente inmóvil, el miedo atravesando cada parte de mi cuerpo.
El cuerpo inerte del conductor cae al asfalto.
— ¿Qué quieren? — Es la pregunta que les hace Sebastián al
colocarse frente a ellos, son tres contra uno qué está tramando,
¿Protegerme? Al diablo con eso, me bajo del auto.
— La buscamos a ella. — Dijo el mismo que se había encar-
gado de sacar al chofer y darle muerte.
— Annie entra al auto ahora mismo. — A pesar de que él
no se había girado a mirarme sabe muy bien que estoy fuera. —
Tendrás que matarme para poder tenerla, lo sabes verdad. — El
vampiro se impulsa para moverse pero se queda allí donde está,
su cuerpo no le reacciona, los otros dos intentan lo mismo pero
tampoco pueden moverse.
— ¡Sebastián! — Estoy a su lado, su mirada está fijamente en
ellos, evitando que se muevan, su poder actuando.
— Te dije que entres al auto… y cuando lo hagas regresa al
pueblo ve directo a la hacienda y avisa de esta emboscada… si
ellos saben que estabas saliendo es porque hay otros traidores
BARBARA CONTRERAS
242
en casa. — Uno de los vampiros comienza a moverse, está com-
batiendo contra el poder paralizante de Sebastián, en cuanto él
se dacuenta, su mirada se intensifica más y segundos después
está ardiendo en llamas, él grita fuertemente, los otros a su lado
también son tomados por las llamas. — Vete ahora mismo. —
Asiento, es obvio que las cosas aquí están más que resueltas
pero cuando estoy a punto de entrar de nuevo al auto se escucha
el sonido de dos palmas al ser chocadas como en aplauso. Y la
puerta trasera del vehículo se abre.
Demetrio está aquí, cuando sonríe sus colmillos salen ex-
puestos, con un chasquido de sus dedos hace que las llamas de
los dos vampiros que aún no se convierten en cenizas cesen. —
Sebastián Waked. — Su tono mortífero.
— ¿Tú? — Sebastián intenta moverse pero está paralizado,
intenta hacerlo pero le es imposible. — Tú eres Demetrio.
— El adorado hijo de mi querida hermana, había escuchado
que había un sobreviviente de nuestro clan, jamás habría imagi-
nado que eras tú.— Se conocen, él conoce a Sebastián. — Hola
Annie. — Me dijo por primera vez dirigiéndose a mí. — He
venido a cobrarte un favor.
Lazo Irrompible
243
Capitulo 23
C
uando abro mis ojos todo está oscuro, tengo un fuerte
dolor en la parte derecha de mi cabeza como si me
hubiera golpeado con algo, intento recordar lo que
había pasado y donde estoy. Demetrio había salido del auto que
nos esperaba a mitad de la carretera, había impedido que Sebas-
tián pudiera moverse para atacarlo y después me había obligado
a que me montase en su auto, recuerdo los gritos de Sebastián
diciéndome que no lo hiciera pero estaba hipnotizada, mis pies
se movían solos, por más que intentaba no hacerlo estos seguían
en línea recta. Después de eso salí del trance antes de montarme
en el vehículo pero él me empujo y me golpee con la ventana,
después nada… todo se había puesto negro.
Quiero tocar la parte de mi cabeza que está titilando pero
cuando quise mover mis manos estas no ceden más de medio
centímetro, comienzo a moverla fuertemente pero solo hace
que las cadenas que las atan suenen al chocar y que las espo-
sas se presionen más a mis muñecas, ¡Genial! Estoy otra vez en
calidad de prisionera. Este es el peor deja vu que experimento,
hace unas semanas estaba en esta misma situación pero a decir
verdad aquella vez tenía más oportunidades de sobrevivir que
ahora, está tan oscuro que no puedo ver nada, ni siquiera con
BARBARA CONTRERAS
244
los sentidos agudizados como los tengo ahora, bien puedo estar
atada al borde de un precipicio o en medio de mil bestias y no
las vería, pero el lugar está tranquilo. El piso debajo es frio, con
una de mis uñas comienzo a escarbarlo es cerámica, debo con-
centrarme, tratar de respirar tranquilamente para poder idear un
plan, uno que incluya el poder desatarme.
Las luces se encienden cegándome, bajo mi rostro para poder
proteger mis ojos, cuando por fin me adapto a la nueva lumino-
sidad miro mí alrededor. Estoy en una pequeña habitación de
aproximadamente 4x4 es extremadamente pequeña, las paredes
están pintadas de color caoba, el lugar está vacío a excepción de
mí en uno de los rincones, la puerta es blanca y tiene un cuadro
con un vidrio transparente en ella. Si tan solo pudiera moverme
hasta allí, pero no puedo moverme aunque estoy muy cerca.
¿Qué se supone que busca Demetrio con esto? ¿Me tendrá aquí
hasta que llegue mi transformación?
— Bienvenida a casa. — No me percato que la puerta ha
sido abierta y Demetrio está en el umbral, sus ojos zafiros están
mirándome, retándome con la mirada. — No esperaba que des-
pertaras tan pronto.
— Bonita forma de tratar a tus invitados. – Hablohaciendo
que las cadenas suenen detrás de mi espalda.
— No podía permitir que te pusieras histérica otra vez. —
¿Otra vez? un recuerdo pasa por mi mente, habían unas manos
tratando de bajarme del auto una vez que este se había estacio-
nado no sé en qué lugar y yo me puse a luchar, con brazos y
piernas, evitando que me cogieran. — Serás fuerte Annissa. —
Al decir eso se mueve hasta mí y se pone a mi altura en el suelo
mirándome directamente a los ojos, estos a pesar de ser del mis-
mo color de los de Sebastián son tan pero tan diferentes. — En
eso no te pareces a Casandra.
— No la nombres, no tienes ningún derecho a decir su nom-
Lazo Irrompible
245
bre. — Su mano va a mi garganta, apretándola. Me está cortando
la respiración.
— Y tú no tienes ningún derecho de hablarme así niña. —
Hace énfasis en el “niña” — Tengo vidas en mis manos de per-
sonas que son muy queridas por ti.
— ¡¿Qué?! — A penas pude susurrar debido a que su mano
me tapa el aire, Sebastián viene a mi mente de inmediato. Asumí
que había sido dejado en la carretera una vez que había sido atra-
pada. — ¿Dónde está Sebastián? — Preguntocuando me suelta,
toso varias veces.
— ¡Sebastián! — Dice su nombre con deleite. —El hijo de mi
adorada hermana… Sabía que había un superviviente de nuestro
clan pero jamás hubiera imaginado que fuera él.
— Podría haber sido cualquiera acaso hay algo especial en
que haya sido Sebastián.
— ¡Por supuesto! Mi querida Denise será muy feliz cuando
escuche esa noticia. — Nuevamente el nombre de esa mujer es
mencionado. — Pero no es por él por quien deberías preocu-
parte.
— Entonces por quién — Se levanta y se aleja unos pocos
pasos de mí. — ¡Dime! — Estoy rogándole, a quién puede tener
él que me importe. La puerta vuelve abrirse, dos mujeres están
allí, visten de blanco, como si fueran doctoras pero son vampi-
ras, la forma de su rostro, el color de su cabello, la forma en que
me miran, todo eso las delata, cuando una de ellas comienzaa
moverse en mi dirección, sé que no está bien.
— Es como música. — Dijo Demetrio cerrando sus ojos. El
sonido de mi corazón es tan fuerte debido a que está saltando
dentro de mi pecho. — Apresúrate Grace. — Ella se acercaaún-
más, cuando se agacha para estar a mi altura intento alejarme lo
más que puedo pero la pared impide que me mueva, una de sus
manos va a mi brazo derecho. De su bata blanca saca una jeringa
BARBARA CONTRERAS
246
con un líquido rojo en él.
— ¿Qué…? — Comienzo a mover mi brazo para tratar de
zafarme pero no puedo, ella es mucho más fuerte que yo. —
¿Qué es eso? ¿Qué van hacerme?
— Tranquila. – La mujer frente a mí habla, sus ojos marrones
son duros en ese rostro tan hermoso. — No te dolerá. —Tengo
una sudadera que se ajusta a mi piel pero eso no parece impor-
tarle cuando su mano va por mi antebrazo, siento el pinchazo
fuerte, pero gritode agonía cuando el líquido va entrando en mi
cuerpo. Es muy espeso. — Ves, no dolió. — Dicho eso tiro la
jeringa muy lejos de nosotras. Comienzo a marearme inmedi-
atamente.
— ¿Cómo te sientes? — A penas y pude girar el rostro hasta
donde está Demetrio junto a la otra mujer. Tengo los parpados
muy pesados. — Dime Annie ¿Cómo te sientes? — Quiero re-
sponder, mandarlo al demonio pero tengo la lengua engarrotada,
sé que digoalgo pero ni yo misma me entiendo.
— ¿Annie? — Su voz es distante, pero es suya puedo recon-
ocerla. — ¿Annie? — Siento su mano fría sobre mi mejilla, cuan-
do abro los ojos está frente a mí con rostro preocupado. — ¡Por
fin despiertas!
— Sebas… — Aun siento la lengua adormecida, tengoque
tragar saliva varias veces para poder tenerla un poco despierta.
— ¿Estás… bien?
— Al diablo si estoy bien, ¿tú estás bien? — Me levanto
lentamente y una de mis manos va a mi cabeza, aun me duele, me
sorprendo cuando puedo llegar hasta ella, ya no estoy atada, me
Lazo Irrompible
247
miro las manos, las marcas de las esposas aún están allí y ahora
que me fijo estamos en una gran habitación, estoy acostada en
una gran cama y sobre unas mantas azules, no tiene ninguna
ventana y una gran pantalla plana ocupa la pared frente a la cama
además de un x-box y unos sofás muy cómodos para poder ju-
gar. Esta es una habitación de invitados muy bien proporcio-
nada. Miro a Sebastián este no tiene ningún rastro de herida.
Está perfectamente bien.
— ¿Has estado aquí todo el tiempo? — Le dije aun mirando
a todas partes, en el lado izquierdo hay una puerta que supongo
da a la salida porque no hay otra a menos que se entre por un
portal mágico.
— Cuando desperté estaba aquí, intente encontrar la salida
pero parece que no hay. — Mira en la dirección a donde estoy
mirando. — Ese es el baño, también pensé que era la salida.
— Parece que hay favoritismo en este lugar. – Dije un poco
aturdida, él me toma las manos y mira las marcas rojas. — ¡Auch!
— Me quejo cuando me toma los brazos.
— ¿Dónde te tenían? — Su mirada se ha intensificado, vuelve
apretarme los brazos, como vuelvo a quejarme se preocupa más.
— ¿Que tienes? — Comienza a subirme la manga. No quiero
que vea mi antebrazo, yo misma siento que está horrible, el
lugar en donde me habían inyectado está caliente. — ¡¿Qué de-
monios es eso?! — Cierrolos ojos cuando lo escucho hablar. No
quiero girar mi rostro y mirar, seguramente está muy feo. Pero
la curiosidad puede más, es mi cuerpo necesito saber que hay
mal en él. Me trago un grito en cuando lo veo.
El lugar donde había estado la aguja está rojo y este se ex-
tiende por gran parte de la piel y donde este termina está morado
e hinchado además de que las venas se ven claramente sobresa-
liendo de mi piel. — ¿Qué…? – Pierdo mi propia voz. Los ojos
comienzan a escocerme. Cuando miro a Sebastián me derrum-
BARBARA CONTRERAS
248
bo, hay tanto miedo en sus ojos. — Me inyectaron algo. — Le
explico. — No tengo ni idea que fue.
— ¡Demetrio! — Salta hacia una de las paredes y comienza a
golpearla. — ¡Demetrio! Maldito degenerado aparece cobarde.
— ¿Qué haces?
— Cuando te trajeron esta pared se abrió, debe ser algún tipo
de puerta, un modo seguro de mantenernos adentro. — Se aga-
cha y comienza a mirar por los bordes de esta, por mi parte bajo
la manga no quiero ver lo que le está pasando a mi brazo. — En-
contraremos una manera de salir de aquí.
— ¿Cómo? Sebastián estamos atrapados… tal vez no salga-
mos de esto.
— ¡Cállate! — Grita, es la primera vez que lo veo de esta
forma. — Te digo que encontrare una forma de sacarte de esta…
lo prometo. — Es bonito lo que dice pero sé que son falsas espe-
ranzas, como podría hacerlo, somos las ratas en un laboratorio.
O por lo menos yo lo soy. Sebastián regresa a mi lado y toma
mi mano, no está tan fría al tacto. — Annie… — Levanto mi
rostro para mirarlo. Pone un mechón de mi cabello detrás de mí
oreja. — Tu temperatura está bajando. — Sus manos fueron a
mis mejillas y frente.
— No estás frio. — Digo sintiendo todos sus contactos en mi
piel. — De hecho se siente… bien.
— No está bien, estás pálida también, y tus ojos… — Se cal-
lay nos miramos por varios minutos sin decirnos nada, el enten-
dimiento nos golpea como un balde de agua fría. — Adelanto tu
transformación.
Lazo Irrompible
249
Sus manos se sienten increíblemente tibias sobre mi piel y
yo aunque quiero dejar de moverme como lo hago no puedo,
siento que me quemo por dentro, los huesos me suenan cada vez
que me muevo como si se me estuviesen rompiendo uno a uno
y estos vuelven a su sitio haciendo sonidos horribles, la voz de
Sebastián se siente tan cerca que quiero gritarle que se calle, pero
sé que solo está susurrando, y su única palabra es“aguanta” una
y otra vez, así se supone que se siente la transición por eso me
impedían verla, por eso se los llevaban de casa cuando estaba su-
cediendo. Es muy doloroso, solo quiero que alguien acabe con
esto, el ardor en mi garganta es insoportable, estoy muy seca,
como nunca había estado, y deseo algo por sobre todas las cosas,
no quiero palabras de consuelo, no quiero que se me haga sentir
bien lo único que quiero es sangre.
— Respira, Annie trata de respirar. — Susurra Sebastián pero
se siente el doble de fuerte contra mi oído, intento hacerlo, obe-
dezco lo que me dice pero respirar se hace cada vez más difícil y
siento como el aire pasa por mi garganta y la raspa. —¡Maldita
sea! — Grita, mis manos van inmediatamente a mis oídos, lo
había escuchado tan fuerte que sentí que se me quebraban los
tímpanos. — Demetrio. — Vuelve a golpear la pared tratando de
encontrar algo que la accione y se abra, Sebastián está histérico.
— Demetrio…
— No… no grites… — Susurro una y otra vez, pero parece
que no me escucha porque sigue haciéndolo.
— Necesitas sangre. — Está a mi lado otra vez con sus ma-
nos sobre las mías. — Si te doy la mía… no… debe ser sangre
humana primero. — Habla incoherencia.
— Sebastián… — Se calla solo para prestarme atención. —
Estoy bien…
— No lo estás. — Acuna mi rostro en sus manos, me eleva
un poco para que me siente, aprieto mis ojos cuando estoy más
BARBARA CONTRERAS
250
o menos recta, el dolor en mis huesos es insoportable. — Deme-
trio no puede simplemente dejarte aquí para que mueras, ¿Cuál
sería su propósito entonces? — Cuando termina de hablar la
pared que había estado tocando se abre y la misma mujer que me
inyecto, Grace recuerdo su nombre, aparece, cuando da un paso
dentro Sebastián usa su poder para inmovilizarla. — Necesita
ayuda. — Dijo antes de moverse e ir en su dirección. Sus manos
están sobre su bata.
— Evidentemente, necesita sangre. — Indica ella sin mostrar
ninguna emoción en su rostro.
— Dale la sangre que necesita o te matare aquí mismo, ard-
eras en llamas en el momento en que pestañee.
— Crees que te tengo miedo Sebastián. — La forma en que
dijo su nombre me sorprende, es como si lo conociese. — Si
me matas Demetrio no la ayudara, soy indispensable para él. —
Me remuevo en la cama, quiero llegar hasta ellos. — He venido
ayudarla. — Sebastián deja que se mueva, ella viene a mí y me
toca la frente. — Los síntomas pasaran en unos minutos, son
más fuertes debido a que adelantamos todo el proceso.
— ¿Por qué hicieron eso?
— Ella nos sirve más de vampira que de humana, es la princ-
esa de todo el reino… su vida vale oro.
— A dónde vas a llevarla. — Su voz es de alarma, estoy sien-
do alzada de la cama, no puedo resistirme, no tengo fuerzas para
hacerlo. — Voy contigo.
No puedes, te prometo que estará bien solo será alimentada,
tú debes estar tranquilo Denise no tarda en llegar estará muy
contenta de verte.
— ¿Quién es Denise? — Pregunto aun contodo el aturdimien-
to que siento, abro mis ojos y miro a Sebastián antes de que la
pared se cierre detrás de él.
Salimos a un pasillo y después estamos en una especie de as-
Lazo Irrompible
251
censor que asciende y asciende es como si hubiéramosestado en
el mismo centro de la tierra. Ella huele a medicinas y a algo más
pero no puedo distinguir que es ese algo más.
Estamos caminando por un pasillo largo, esta vez sí había
puertas y estas tienen el espejo en la parte alta de estas, como
la primera habitación en la que había estado. Escoge una de las
puertas. Cierro mis ojos, estoy muy cansada. Cuando escucho el
sonido de cadenas los abro, hay alguien más aquí.
— ¡Ricardo! — No sé de donde saco fuerzas para gritar pero
lo hago en cuanto lo vislumbro, él está igual a como había estado
yo, atado de manos a una de las paredes por cadenas de hierro.
Pero está diferente. Sus colmillos están expuestos y sisea, sus
ojos están rojos, pero ¿Qué hace él aquí? Se supone que está
tranquilo y en paz en casa, él había salido de casa a llevar a Co-
rina y a Natally, ¡oh por Dios! “Tengo vidas en mis manos de
personas que son muy queridas por ti” a eso se refería, por eso
Ricardo no había estado en la despedida, porque había sido atra-
pado. Pero ¿Qué le han hecho? Lo que tengo enfrente, tiene su
rostro, sus ropas, pero no es él, él no es mi primo.
— Estamos probando un nuevo tipo de droga. — Me explica
antes de tirarme al piso, Ricardo se mueve de su lugar, quiere
alcanzarme. En su mirada hay hambre. — No te acerques tanto
a menos que quieras ser comida.
— Son unos… — No puedo terminar de hablar porque me
fijo en la pared que tengo a mi espalda, esta se parece a la hab-
itación en la que había estado pero tengo un gran espejo frente
a mí. Puedo ver mi rostro, estápálido, está tomando el color de
los vampiros, mi piel parece de porcelana, todos mis poros cer-
rándose, mis ojos, están rojos, muy rojos, como si estuvieran
inyectados en sangre, y mi pelo, aunque aún es castaño empieza
a oscurecerse en las raíces. No puedo evitar tocarme y mirar al
monstruo que tengo detrás de mí, lo que queda de mi primo, eso
BARBARA CONTRERAS
252
es una cascara vacía, Ricardo ya no está allí y una parte dentro
de mí me dice que faltan pocas horas para que yo misma este así.
El espejo frente a mí comienza aclararse para dejar ver al
otro lado. Ricardo se retuerce en su lugar. Yo solo puedo tapar
mi boca con mis manos para no gritar, detrás de ese vidrio solo
apartadas por una pared, están Corina y Natally, Corina llora y
solloza, en cambio Natally está en posición de ataque como si
quisiera protegerla pero no tiene ningún arma con ella, de eso
estoy segura. Corina grita algo al mirarme. Se mueve y corre
hasta el vidrio, comienza a golpearlo con sus puños.
— ¿Por qué hacen esto? — Mi voz suena extraña para mis
propios oídos.
— Son cazadoras. — La vampira está detrás de mí. — Su san-
gre es fuerte, debes escoger una.
Mis fuerzas están regresando o solo es la adrenalina del mo-
mento. — No me alimentare, prefiero morir.
— Una de ellas debe morir para que tú puedas vivir Annie
es simple biología, si no lo haces igual ellas terminaran muertas.
Son el enemigo.
— ¡Son mis amigas! — Grito. — Ellas no tienen nada que
ver con esto.
— Por supuesto que tienen mucho que ver, el hambre será
mucho más fuerte en unas horas, cuando caiga el sol, estarás ce-
gada por el hambre y mataras está en tu naturaleza.
— ¡No! — Me giro para golpearla pero ya está lejos de mi
alcance en la puerta, la cierra delante de ella, dejándome aquí
encerrada con Ricardo. — Rick… - Me dirijo hacía la cosa que
tengo frente a mí. — Sé que estas allí, en alguna parte, por favor
Rick. — Él se agazapa en el rincón, quise acercarme pero salta,
grito cuando casi me alcanza, la saliva corre por la comisura de
su boca, Corina detrás del vidrio ve todo, está viendo a su novio
convertido en un monstruo. Ella me dice algo pero no puedo
Lazo Irrompible
253
escucharla, voy hasta ella y coloco mis manos en el vidrio, ella
coloca la suya sobre la mía. Y articula un “¿Estás bien?” ella está
a punto de ser comida por mí o por cualquier vampiro sediento
de sangre y me pregunta si estoy bien. Yo asiento. Me señala a
Natally que aún está donde la había visto por primera vez.
— ¿Qué le pasa? — Pregunto aun cuando no me escucha.
Pero puede leer mis labios. Corina le dijo algo a Natally y ella
se mueve, en su muslo hay una gran herida abierta. Sangre. El
líquido brilla intensamente. Me tengo que alejar del vidrio. Las
encías comienzan a doler. Corina sigue golpeando el vidrio
tratando de llamar mi atención.
Tengo que alejarme de ellas, la puerta está cerrada, Ricardo a
mi lado está eufórico, quiere morderme, quiere morder a la chica
que está detrás del vidrio, no me reconoce y mucho menos a su
novia, aquella de quien está enamorado.
Las encías están doliéndome cada vez más, mi lengua toca la
punta de mis colmillos, están comenzando a salir, pero si estos
no salen hasta después de unos meses. Lo que me han inyecta-
do está acelerando todo, seguramente por eso el hambre es tan
fuerte.
No sési pasaron minutos u horas he perdido la noción del
tiempo, lo único que siento es dolor, mis oídos escuchan todo
con mayor claridad.
— Crees que saldremos de esto. — Le dice Corina en la otra
habitación a Natally quien se queja del dolor de su herida.
— Sera mejor que empieces a rezar por todos tus pecados en-
tre ellos el enamorarte de un monstruo. — Le dijo por respuesta,
BARBARA CONTRERAS
254
está dando por sentado que morirán allí.
Tengo los ojos cerrados porque el brillo de la luz hiere mor-
talmente mis ojos, y el olor, huele a sangre por todas partes, es
la primera vez que siento el olor de la sangre de esta manera,
siempre había olido como algo metálico hasta ahora, ahora es
lo único en lo que puedo pensar. Me remuevoen el rincón que
reclame como mío. Los huesos ya no me duelen tanto y pu-
edo moverme, hasta cuándo van a tenerme así, hasta que decida
de quién beberé, Natally, viene su nombre a mi cabeza, ella me
había traicionado hace meses además de que tiene una herida ab-
ierta en su muslo, se está desangrando, morirá de todas formas,
entonces Corina mi amiga puede tener oportunidad de vivir.
— ¡No! — Me respondo a mí misma a la vez que me le-
vanto lentamente. ¿Cómo puedo pensar eso? Natally también
me había ayudado mucho, ella había ayudado tanto a Nicolás
además de que es su hermana, él nunca me lo perdonaría y yo
misma tampoco me lo perdonaría. Recuerdos de Natally cuando
estábamos en el instituto vienen a mi cabeza. De hecho recu-
erdos de toda mi vida humana están pasando rápidamente por
mi mente, mis padres están en todos, ¿Qué estarán haciendo en
estos momentos? ¿Papá podrá sentir mi transformación? ¿Es-
tarán buscándome? O pensaran que estamos de camino a donde
sea que me enviaban, sabrían que Ricardo estaba desaparecido
o asumirían que estaba de fiesta cuando él nunca sale de fiesta.
Extrañaré la vida, la muerte parece ser solitaria.
— Debes tener hambre. — Escucho la voz ronca de Ricardo
a mi izquierda, me giro a mirarlo, su rostro está cambiado. —
¿Annie? — Me dijo por la forma en que estoy mirándolo.
— ¿Eres tú?
— Sí… el efecto de la droga parece estar pasando ¡rayos!
Huele a sangre.
— Natally tiene una herida abierta en la otra habitación. —
Lazo Irrompible
255
Señalo con un dedo la parte trasera. — Debemos salir de aquí.
— Iba a moverme para quitarle las cadenas.
— ¡No! aléjate de mí…
— Pero dijiste…
— Sé lo que dije, el efecto aún no ha pasado por completo, si
me sueltas partiré ese vidrio y le hace daño a Corina y a Natally,
debes alimentarte ahora mismo o morirás.
— Si no me lo dices no me habría dado cuenta. — El enten-
dimiento llega a mí. — Por eso estas aquí. — Él me mira con
pregunta en sus ojos. — Necesitan sangre de algún familiar mas-
culino para terminar la transición, por eso estás aquí.
— Genial, seré tu banco de sangre, pero por qué hacerme
pasar por ese infierno, por más que quería detenerme no podía,
mi cuerpo no obedecía.
— Decían que estaban probando. — Se me está haciendo
difícil hablar, el oxígeno se queda en mitad de mi garganta. —
Una nueva droga.
— Estas al límite. — La puerta se abre, Grace está allí otra
vez al parecer es la encargada de nosotros.
— Estás consiente. — Le dice a Ricardo sin importancia. —
¡Bien! ¿Te has decidido? ¿De quién te alimentaras?
— ¡No! ¡No puedo!
— ¡Está bien! Si no quieres alimentarte por las buenas. –
Vienehasta mí y me agarra por el brazo, Ricardo gruñe en su
posición y comienza a moverse pero las cadenas le impiden que
haga mucho. — Lo harás por las malas.
— ¡Annie! ¡Annie! — Grita Ricardo mientras soy jalada en
alguna dirección.
La mujer me lleva a rastras por un largo pasillo, después gi-
ramos a la derecha y allí hay una puerta, cuando la abre, el aire
golpea mi rostro. Soy echada fuera de un empujón, caigo de tra-
bas sobre la tierra. El olor a tierra, arboles, es muy fuerte, estoy
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respirando con dificultad, me levanto lentamente. ¿Qué se su-
pone que haga ahora? ¿Buscar mi propio alimento?
El viento alborota mis cabellos y trae consigo un aroma,
volteo a todas direcciones, el olor es de humano, trato de cen-
trarme y no pensar en eso, tengo que averiguar dónde estoy, me
giro para mirar de donde he salido, es una mansión, esta consta
de tres pisos y tiene muchas ventanas, las cuales a estas horas de
la noche están abiertas,a mi alrededor hay muchos árboles, esta
mansión esta en medio de un gran bosque, quizás aún estoy en
Branford si corro lo suficiente podré llegar a casa, donde estaré
a salvo, donde podrán alimentarme, caigo al suelo otra vez, mis
pantalones se sienten calientes, quiero quitármelos al igual que la
sudadera, lo hago, me la quito quedando con la franelilla blanca
que tenía abajo, hace calor, aunque se supone que los vampiros
no sienten ningún tipo de calor o frio pero técnicamente aun no
soy un vampiro y no lo seré hasta que me alimente, hasta que le
quite la vida a alguien más.
Pisadas, hay pisadas en algún lugar, alguien corriendo, al-
guien huyendo, mis instintos me dicen que corra pero no pu-
edo frenarme, quiero correr, quiero ir detrás de esa persona que
corre, puedo sentir sus olores, porque son varios olores y uno de
ellos lleva la esencia de la sangre. Cierro mis ojos y para cuando
los abro no puedo contenerme.
¿Deseo?… eso es todo lo que siento, no hay racionamiento
alguno en mí, lo único que quiero es correr y es lo que hago,
correr para huir de tanto dolor, la garganta se me está secando y
necesito que este dolor pare pero ¿Cómo? Me detengo abrupta-
mente, no puedo continuar, el cansancio llega a mí nuevamente
como si ya no pudiera simplemente correr más, como si las bat-
erías se me estuvieran acabando, veo una rama de un árbol la
llevo a mi mano y me hiero, quiero que algo me saque de este
lapso pero… no siento nada, lo único que quiero es quitar este
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dolor de mi pecho que se extiende hasta mi garganta, sé lo que
necesito, y hare lo que sea para conseguirlo… sangre…
Sigo corriendo hasta el sonido de esos pasos que quieren ale-
jarse, hacia el olor a sangre, voy lo más rápido que puedo, cayé-
ndome en el proceso, para cuando veo tres figuras alejándose
noto que tengo una sonrisa en mi rostro, me muevo por el flanco
derecho los emboscare, y así los tomare por sorpresa. Y lo hago,
me pongo frente a ellos de un salto. Una de las mujeres grita. La
conozco, sé que la conozco.
— ¡Annie! Eres tú — Dice sonando aliviada. — Pensábamos
que… — Se calla al mirarme de cerca. ¿Annie? ¿Ese es mi nom-
bre? No puedo recordarlo, paso del rostro de la chica y me fijo
en los dos chicos que están casi abrazados, ambos son rubios y
se parecen un poco. La sangre de la mujer corre por su muslo.
— ¿Annie?
— Ella ya no es Annie. — Dice el chico rubio, mueve a la
chica que tiene en brazos y la coloca detrás de élquitándome la
vista de la sangre. — Corina, quiero que te muevas lentamente
hacia mí, no corras, quiero que te coloques cerca de Natally.
¿Corina? ¿Natally? Esos nombres me resultan tan familiares,
pero no logro ubicarlos, sé que conozco esos nombres. Una im-
agen pasa por mi cabeza, haciendo que tenga un poco de lucidez
en este momento. — ¿Nicolás? — Mi voz suena como un siseo,
como de alguien que se está preparando para atacar. — ¿Qué
haces aquí? — Las palabras de Demetrio vuelven a mi cabeza
“personas queridas” él tenía a Nicolás por eso estaba desapare-
cido.
— ¿Annie? — Su voz es dudosa, duda entre venir a mí o
correr. Su corazón late con fuerza, cada vez que este bombea mi
propio corazón late anticipando lo que vendrá, quiero probar la
sangre por primera vez, la deseo. Me agacho y tapo mis oídos,
no quiero seguir escuchando eso. Siento los pasos cuando estos
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se van corriendo, con todas mis fuerzas me impido mirar, si los
veocorriendo mis instintos actuaran por encima de mi voluntad
he iré por ellos. — ¡Está bien! — Escucho su voz muy cerca, tal
vez por lo de desarrollar un oído súper sensible porque estaba
en el mismo lugar donde estaba antes.
— Por favor vete. — Le suplico. — No sé cuánto tiempo
más podre retenerme. — Llevo mis manos a mi garganta, se está
quemando. — ¡Vete! — Grito.
— Debo quedarme, Corina y Natally deben lograrlo… —
Me mira con una sonrisa en su rostro. — No sabía que las cosas
terminarían así. — Su camisa está mugrienta, se mueve el cuello
exponiéndomelo. La vena late allí. Puedo ver como esta sube y
baja.
— ¿Qué haces?
— Te quiero Annie, sino te alimentas ahora morirás.
— Y si lo hago tu morirás.
— No me importa. — Se acerca a mí, se agacha y está a mi es-
tatura. —Después de que te alimentes, serás tú otra vez y podrás
ayudar a Natally, se está desangrando y ella no puede morir,
está aquí por mi culpa, porque estaba buscándome y… es mi
hermana.
— No me pidas que haga eso. — Estoy intentado no respirar
pero es imposible, aun lo necesito, tenerlo así de cerca hace que
la garganta me duela aun más, las llamas en mi estomago arden
con mas fuerzas. — No me pidas que te asesine.
— Una parte de mi estará contigo siempre, viviré por siem-
pre. — Acuna mi rostro. —Annie ¡Hazlo! — Estamos a centí-
metros, nuestras narices se tocan, nuestros labios están muy
cerca, y sucede lo inevitable, su boca busca la mía.
Nuestros labios juntos se mueven con sincronía, mis dedos
se enredan en sus cabellos para acercarlo más a mí, si está mal
entonces por qué no siento que lo está, Sebastián está cerca pero
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aun así no me importa, no siento que esté traicionándolo porque
lo amoa él no ha Nicolás, entonces ¿Por qué lo beso? cuando
su lengua busca la mía, mis colmillos quisieron salir, me duele,
continuamos besándonos hasta que es imposible, los colmillos
están fuera y lo hace imposible.
— ¡Gracias! — Susurra. — Sé que no me quieres pero gracias
por esto.
— ¡Nicolás! — No se hablar con colmillos, estos hacen que
mi lengua se enrede al momento de decir su nombre. Entonces
aquí estamos en medio del bosque, nuestros corazones latiendo,
el de él fuertemente tan fuerte que me aturde y el mío lenta-
mente, esperando para paralizarse por completo,y debo decidir
si morir o beber la sangre de mi mejor amigo, y eso significaría
su muerte. — ¡No puedo!
— ¡Sí! si puedes… por favor Annie hazlo. — Empuja mi ca-
beza hasta que esta queda en su cuello, aspiro su aroma, sudor
más que todo y un leve rastro de jabón pero muy leve, mi boca
se abre lentamente y sin que yo se lo ordenase, mis instintos to-
mando parte de mi cuerpo. — Solo… hazlo. — No necesito que
me lo repita. Voy por su vena sin ningún cuidado, mis colmillos
se cierran en su garganta.
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