Matilde

Mi madre nació en 1912 y murió en el año 2000. Es una personalidad digna de
ser conocida y reconocida; de aquellas que se destacan en todo lo que emprenden,
Estoy hablando de la doctora Matilde irilo!s"y de #reimer; poeta, abogada y
periodista, $e%os, la m&s grande poeta social de habla hispana de todos los tiempos.
'uienes la conocieron la han llamado Matilde a secas; y a(n hoy lo hacen. )an
as* era de impactante. +asta preguntar por Matilde en ,oogle, o cualquiera de los
buscadores de -eb, para !erla encabe.ar %unto a /anta Matilde y alguna que otra
Matilde importante, el listado de p&ginas.
0ue hi%a de inmigrantes rusos. 1ro!en*a de una madre 2peona de campo3 y de
un padre 2pro4esor de lenguas !i!as y muertas3 reciclado como maestro de
inmigrantes en la escuela de Escrinia, en las colonias de Entre 5*os. #on!ergieron en
ella la templan.a de su madre y la inteligencia de su padre. #olmó hasta el derrame el
deseo de los padres al doctorarse entre las primeras mu%eres abogadas del pa*s.
)u!o una in4ancia dur*sima en medio de una pobre.a similar a la actual, pero
absolutamente m&s digna. Era la sueña de una mirada tan 4ranca como su mano
e6tendida. 7nica propietaria de inmane%ables l&grimas saltando a borronearle sus
escritos; pero l&grimas que nunca alcan.aron a desdibu%ar su óptica acerca de los
problemas que le dol*an y la entristec*an.
)anto que no 4ue óbice para desarrollar una personalidad alegre y un 4in*simo
sentido del humor que solo perd*a cuando la entristec*a las misma ra.ones. /us 2lei
moti!38la niñe. abandonada8 la !e%e. ol!idada8 la desigualdad, el hambre o la
soledad. Ella lo dice en 2la poes*a del derecho3.
28En noches in4initas, sublim9 el hecho cotidiano, que en !igilia atormentó a la
abogada: la niñe. des!alida, la adolescencia cadenciada, la 4amilia en riesgo, la
delincuencia %u!enil en cuya sal!ación camin9 "ilómetros por pasillos tribunalicios y por
celdas carcelarias. $o !i!*, lo padec*, lo sublim93
'uiero que se sepa que su pro4esión le dio armas para luchar por esos grandes
moti!os que la des!elaban. 'ui.&s utili.ó la acción de amparo y el habeas corpus
como ning(n otro abogado; sobre todo si se tiene en cuenta que lograba resultados
positi!os, incluso cuando los perd*a.
;na an9cdota contada por el <ecano de la 0acultad de <erecho en la #olación
de grados de =ulio de 200> lo demuestra. Matilde, una madrugada despertó al %ue. en
lo 1enal <octor ?mar ?.a4rain y le interpuso lo que ella llamara 2un habeas corpus
tele4ónico3 a 4a!or de un menor de edad, /e trata de un 2@. @. de 1> años3 /eñor*a, le
di%o. Est& alo%ado entre delincuentes mayores en la ;nidad9; y terminó dici9ndole: el
tema 2no me de%a dormir3. El <octor ?.4rain se eno%ó mucho y le respondió
simplemente 2@o3, resol!iendo el pedido mediante lo que 9l tambi9n llamara 2un
recha.o sin l*mite tele4ónico3. El =ue. le di%o que 2no pod*a ser que no respetara la pa.
de su hogar, despert&ndolo en medio de la noche sin siquiera saber 2el nombre3 de 2su
de4endido3. 1ero media hora despu9s 4ue el =ue. quien llamo a Matilde
tele4ónicamente, dici9ndole que ahora era 9l quien no pod*a dormir. 5esumiendo; a las
tres de la mañana hicieron un procedimiento y encontraron a un niño de 1> años
padeciendo, entre adultos, un r9gimen carcelario reser!ado para mayores, En menos
de media hora se dispuso su traslado. $os des!elos de ambos no hab*an sido en !ano.

Al otro d*a, el habeas corpus 4ue recha.ado por cuestiones 4ormales, pero ya no
importaba8 se hab*an puesto las cosas en su lugar. Esto muestra como era Matilde y
tambi9n como era el =ue. ?.a4ra*n.
/u segunda pasión, 4ue el periodismo. <espuntó ese !icio, como ella le
llamara, en sus programas literarios que alternaban por 5adio 1ro!incia y ;ni!ersidad.
En ellas entre!istó a los grandes escritores de la 9poca. 0ue colaboradora de
innumerables publicaciones en el 1a*s y en el esterior, 1ero su m&s destacada labor la
desplegó en el <iario El <*a de la 1lata, donde atendió su columna de cultura. Ese
diario la honró, a los setenta años, al hacerla su corresponsal de guerra en el teatro de
operaciones de Mal!inas, en 19B2.
#laro que su tercera 4aceta, la literaria, 4ue la m&s consagratoria; all* ella es
Matilde Alba /-ann y sus ocho poemarios lo demuestran. Cncluso se dio el lu%o de
de%ar preparado un no!eno libro, in9dito aun, pero pronto a !er la lu.. /u #olegio de
Abogados la propuso para el premio @obel de $iteratura en 1992.
1robablemente su poema 31obre.a a los die. años3 sea el m&s conocido,
aunque no el me%or.
)oda mi angustia tu!o la 4orma de un .apato.
<e un .apatito roto, opaco, descla!ado.
El patio de la escuela8 Apenas tercer grado8
'u9 largo 4ue el recreo, el m&s largo el año.
Do sent*a !ergEen.a de mostrar mi pobre.a.
Fubiera pre4erido tener rotas las piernas
y entero mi cal.ado. D all* contra una puerta
recostada, mirando, me in!ad*a el cansancio
de !er cómo corr*an los otros por el patio.
Gapatos con cordones, .apatos con tirillas,
todos .apatos sanos, Me sent*a en pecado
!encida y diminuta, mi cora.ón sangrando8
/i supieran los hombre cu&nto a los die. años
1uede su4rir un niño por no tener .apatos8
'u9 anticipo de angustia, )oda!*a perdura
<oli9ndome el pasado. El patio de la escuela
D aquel recreo largo8
Mi piecesito tr9mulo, miedoso, acurrucado.
Mi in4ancia entristecida, mi mundo de derrumbado.
;n p&%aro sin alas, tendido al pie de un &rbol.
$a pobre.a no tiene perdón a los die. años.
Ella utili.ó a la poes*a como el conducto natural para comunicarse con su amigo <ios,
a quien tuteaba. /e le plantaba y mano a mano Hy en4undada en su (ltimo embara.oI,
le dec*a:
Do no temo /eñor, esto
Me iguala a ti, que me creaste.
8.
<el 4ondo de mi entraña,
)orbellino de sombras,
)us siete d*as nacen.
$uciano 5om&n, periodista del <iario El <*a la de4inió en cinco palabras cuando di%o:
2ella, a pulmón, entre la poes*a y el derecho3.
/upo decir en un poema in9dito, llamado 1ermanencia:
@o me ol!ides del todo,
Fa.me un hueco
En la herida de ayer,
'ue m&s te duela,
D sostenme
#ontigo.
8..
@o me ol!ides del todo,
)e%e un nido
En la rama m&s honda de tu sueño,
D mantenme a tu abrigo.
/e 4ue como ella lo anunciara en su poema 3he de irme3:
81artir9 con un cielo tan a.ul y tan di&4ano
'ue pare.ca incre*ble.
D cantar9 al espacio con la !o. imposible
de mis !enas sin sangre,
para todos los niños que se duermen sin madre.
1or encima del &rbol, m&s all& de los p&%aros,
Al borde de las nubes se e6tender& mi abra.o.
<es!anecida en luna penetrar9 en el rayo
'ue ilumine la almohada de los que quiero tanto.
D !ol!er9 en la l&grima de los que su4ren,
D !ol!er9 en beso sobre su pie descal.o.
Fe de irme de%ando
Mi ruego de piedad por los rincones
En la hora incre*ble,
Acariciando8
#omo di%era en su poes*a, Matilde sab*a que !i!ir*a en su descendencia. $o
que no creemos es que haya imaginado siquiera la intensidad de su presencia y la
actualidad de su poes*a. /us cinco hi%os sabemos que ella sigue latiendo en nosotros
tanto como alguna !e. nosotros latimos en ella. Esa es la ra.ón por la que no
encontrar&n, aqu*, una sola 4rase redactada con imparcialidad, D si de originalidad
hablamos, solo encontrar&n la que pro!iene de su poes*a y de su prosa.
Fasta nuestra generación, ella acaparó toda la originalidad de la 4amilia. @o
sabemos qu9 pasar& luego de nosotros, aunque alg(n nieto y alguna bi.nieta ya
empe.aron, como ella y como la peona de campo, a pedir cancha reclamando espacio
propio.
0C@
5icardo ,usta!o #reimer

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