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Rosario a la Santa Muerte en Tepito

Emiliano Ruiz Parra

(Los primeros miércoles de cada mes, los fieles de la Santa Muerte le rinden
culto en la calle de Alfarería, en Tepito, uno de los barrios más peligrosos de
la Ciudad de México. Esta crónica se publicó en Reforma el 3 de marzo de
2005)

De repente, la multitud se queda callada. Apretada, se toma de las manos en una
cadena de fe que encabeza Enriqueta Romero, quien agarra con fuerza la imagen
de la Santa Muerte.

Así empieza el rosario a la "Santísima", en su principal altar, en el barrio de Tepito.

No tienen permiso de Gobernación para celebrar su fe en la vía pública, tampoco
fueron organizados por su iglesia. Sin embargo, los creyentes llegan uno a uno por
la calle Alfarería, libre de automóviles para esta ocasión, cerrada desde el
mediodía con cadenas.

Como cada primero de mes, desde hace cuatro años, los fieles cargan con
imágenes de su "Santa", con arreglos florales, y otros más hasta con mariachis.

Las expresiones de fe y los sacrificios de agradecimiento son la constante de esta
celebración masiva.

Ana Laura Villagrán bajó del Metro, caminó una cuadra por Manuel Doblado y
avanzó de rodillas los últimos cien metros, antes de llegar al altar.

"Esta vez sí me la puso pesada; la vez pasada que vine de rodillas no me dolió,
pero ahora me están doliendo mucho porque no le cumplí".

La joven de 18 años lamenta que los curas católicos de Los Reyes la Paz, donde
vive, le prohíban entrar al templo con el escapulario de la Santa Muerte.

"Preferí salirme de la misa, porque primero está Dios y después ella, pero en
primer lugar ella".

Los fieles se dicen católicos. Para ellos, la Santa Muerte es un santo más, una
intercesora ante Dios, como la Virgen de Guadalupe y San Judas Tadeo. Sin
embargo, en el altar no hay cruces ni retratos de Cristo.

"Los padres que iban a la cárcel sí nos bendecían nuestras imágenes de la
Santísima", recuerda Eduardo Ronquillo, quien estuvo en el Reclusorio Norte,
acusado de robo.
"Yo tenía ya una sentencia de 6 años, cuenta, pero un día me encomendé a la
'Santa Niña Blanca', luego de dos años adentro, y en un par de días ordenaron mi
preliberación".

Más adelante está Juan Carlos. Tiene enfrente una larga fila de creyentes
esperando que ahume sus imágenes con el cigarro de mariguana que trae en la
mano y que preparó exclusivamente para esta ocasión.

"A la Santísima le gusta que le echen humo. Yo no traigo el cigarro para cotorrear,
sino para ayudar a la gente y ahumar sus imágenes"

La reunión se hace masiva poco a poco. Para las 19:30 horas, la calle está
totalmente llena, iluminada con un reflector que instaló Doña Enriqueta, quien en
el 2001 colocó este altar, luego de que su hijo le regaló la imagen.

Pasadas las 20:00 horas, un hombre de aproximadamente 31 años llega al lugar.
Vestido de negro se presenta ante el tumulto como el dentista Jurek Páramo.

Antes de celebrar el rosario, Páramo dedica un tiempo para descalificar la marcha
que organiza para este viernes David Romo Guillén, el líder de la Iglesia católica
tradicionalista Mex-USA.

"No estamos con él y no vamos a ir".

Y es que desde el mediodía, Alejandra Martínez, seguidora de Romo, trató de
colocar pancartas para invitar a la marcha, pero los creyentes se lo impidieron.

Ante ello, corrió a su casa y anotó detrás de 100 estampitas de la Santa, la
invitación a marchar.

Romo Guillén, quien antes oficiaba las misas en el altar de Alfarería, aseguró que
se independizó para "fijar" el culto a laSanta Muerte dentro de la doctrina católica y
con ello celebrar misas, bautizos y bodas.

Ahora, su preocupación radica en que Gobernación le quite el registro.

Luego del rosario, la multitud se dispersó lentamente.

Doña Enriqueta repartió chocolate de leche y pan de dulce, a manera de
eucaristía.

Junto al altar a la "Santísima" tiene además a Oyá, Changó, Buda, el Mago Merlín,
Shiva y una reproducción de la Piedad de Miguel Angel. La única diferencia es que
en lugar de la Virgen María, la Santa Muerte es quien carga a Cristo.

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